Los arquetipos:
De manera esquemática podría pensarse en los «arquetipos en sí» como una especie de imágenes
en potencia y de contenedores temáticos sin contenidos. Es decir, en sí mismos, los arquetipos son
sólo tendencias y entes potenciales (Progoff, 1967). Jung los definió como «factores y motivos que
ordenan los elementos psíquicos en ciertas imágenes... pero de tal forma que sólo se pueden
reconocer por los efectos que producen» (Jung citado por Sharp, 1994: 29), en tanto las
«representaciones arquetípicas» serían «las variaciones personales que se remiten a esas formas
básicas que son los arquetipos en sí» (Jung, 1991a). Estos planteamientos son completamente
compatibles con el enfoque de los etólogos como Lorenz, que sostiene que cada especie animal
está dotada de un repertorio de comportamientos (por ejemplo, los comportamientos específicos
que desarrolla un ave para construir un nido) disponibles en su sistema nervioso central, para
activarse tan pronto como se encuentran los estímulos apropiados en el entorno. Con los
arquetipos sucede algo parecido. Representan la posibilidad de que ciertas ideas, percepciones o
acciones sucedan ante determinadas circunstancias del entorno. De esta manera, los arquetipos
predisponen al ser humano a enfocar la vida y a vivirla de determinadas formas, de acuerdo con
pautas anticipadas previamente dispuestas en la psique (Stevens, 1994). Muchos de estos
arquetipos se relacionan con situaciones típicas de la humanidad. Como el proceso de desarrollo
interior es también un hecho típico del ser humano, son especialmente importantes los arquetipos
de la individuación.
Los sistemas de la personalidad
ESTRUCTURA DE LA PSIQUE: YO, INCONSCIENTE PERSONAL E INCONSCIENTE COLECTIVO Basado
en parte en sus observaciones clínicas con pacientes esquizofrénicos como el joven empleado
visionario, y en su propio autoanálisis, Jung desarrolló algunas otras diferencias con Freud y la
forma en que éste entendía la personalidad. En opinión de Jung, un problema importante que
Freud no había resuelto era cómo explicar las fantasías y sueños que incluían símbolos y temas
que era poco probable que formaran parte de las experiencias estrictamente personales del
individuo. Como habrás notado, Jung empezó por plantear la existencia de un inconsciente
colectivo, además del yo y el inconsciente personal de Freud, como parte de la psique. También
hizo modificaciones importantes a las ideas de Freud sobre el inconsciente personal y sus
funciones. En la teoría de Jung, la psique (“alma” en griego) es la suma total de todos los
contenidos conscientes e inconscientes de la mente, incluyendo al yo consciente, los
pensamientos y sentimientos, recuerdos, emociones superficiales y profundas, el inconsciente
personal, el inconsciente colectivo y una multitud de arquetipos que incluyen los más espirituales.
La psique es por mucho más amplia que la propia experiencia y personalidad individual del sujeto.
Dentro de la psique hay espacio para todas las psicodinámicas, transformaciones y crecimiento
sobre el cual Jung especulaba
El yo consciente Para Jung, el yo consciente corresponde aproximadamente a lo que Freud se
refería por el mismo término. El yo, que funciona como la parte consciente de la personalidad,
incluye todas las impresiones sensoriales externas, los pensamientos y la conciencia de
sentimientos y de sensaciones corporales. La conciencia está formada por todos los sucesos
internos y externos de los que estamos al tanto en un determinado momento.
El inconsciente personal La segunda división de la mente según Jung, el inconsciente personal, es
muy similar y en parte diferente de lo que Freud denominó el inconsciente. Jung consideraba que
el inconsciente personal era el aspecto superficial necesario del inconsciente.
Jung coincidía con Freud en que el inconsciente personal contiene ideas e impulsos que fueron
sacados de la conciencia por la represión. Dicho contenido se mantiene inconsciente porque
implica la represión de motivos que, de ser conscientes, representarían una amenaza para el yo
(1931, p. 151). Esta parte del inconsciente personal de Jung corresponde de una forma general a la
dinámica inconsciente de Freud.
Jung también incluyó el contenido mental del cual, por el desuso o la falta de atención, no se
tiene conciencia por el momento pero que puede hacerse consciente a voluntad. (Freud habría
llamado preconsciente a dicho contenido de momento latente). Sin embargo, aunque estén fuera
de la conciencia, todas las actividades que de manera normal ocurren conscientemente también
se registran en el inconsciente (Jung, 1931, p. 144.) Por tanto, el inconsciente personal también
incluye todos esos contenidos que se volvieron inconscientes por el simple hecho de que
perdieron su intensidad y se convirtieron en recuerdos al parecer olvidados.
Jung consideraba que el inconsciente personal tiene funciones diferentes a la dinámica
inconsciente mental de Freud. Para Jung, el inconsciente personal tiene aspectos tanto
retrospectivos como prospectivos. Está orientado por el pasado del individuo y también por sus
anticipaciones del futuro. Jung advirtió que sus pacientes a menudo tenían sueños que era
acertado describir como una “mirada al futuro” en el sentido de que, aunque el individuo todavía
no tenía conciencia de su decisión o de sus sentimientos, un sueño revelaba que el inconsciente ya
había resuelto algún problema o había tomado alguna decisión (1916, p. 255).
La función de exploración puede contribuir a la adaptación del individuo a la vida. Por ejemplo, un
individuo puede enfrentar un problema al parecer sin solución y es posible que en la mañana de
repente aparezca una solución en la mente, como si se hubiese trabajado, de manera continua, en
el problema mientras el individuo dormía. Jung también pensaba que la gente puede tener
corazonadas precognitivas precisas acerca de acontecimientos futuros, que en ocasiones se basan
sólo en un conocimiento intuitivo interno (Jung, 1961). Además, según Jung el inconsciente
personal tiene una función compensatoria o complementaria. Cuando la actitud consciente de un
individuo se inclina de manera demasiado parcial en una sola dirección, el inconsciente puede
compensar el desequilibrio por medio de sueños o fantasías que resaltan la tendencia opuesta
(Jung, 1916, pp. 252-253). Por ejemplo, una persona con una existencia tranquila puede tener
sueños que impliquen aventuras emocionantes. La compensación también puede verse en sueños
que ponen a disposición de la conciencia todo lo que era subliminal o a lo que no se prestó
atención durante el día.
El inconsciente colectivo
A un nivel más profundo que el inconsciente personal se encuentra el inconsciente impersonal o
transpersonal. Este dominio transpersonal está “separado de cualquier cosa personal y es común a
todos los hombres, puesto que sus contenidos pueden encontrarse en todos lados” (Jung, 1917, p.
66). Jung denominó inconsciente colectivo a este estrato del inconsciente. Dentro de los recovecos
del inconsciente colectivo se almacenan las imágenes e ideas primordiales que han sido comunes a
los seres humanos. Esas imágenes representan posibilidades de acción; predisposiciones a
responder de maneras específicas a sucesos externos y posibilidades de moldear la experiencia en
ciertas direcciones. En resumen, son plantillas o modelos flexibles que puede seguir la experiencia
actual. Jung denominó arquetipos a esos importantes contenidos del inconsciente colectivo (Jung,
1936, pp. 66 ss).
Por otro lado, Jung nos habla de 2 actitudes básicas para la personalidad:
La introversión: las personas son guiadas hacia dentro, se preocupan mas en ver
como el mundo les afecta a ellos mismos, sintiéndose mejor solo con su mundo interior y
los sentimientos propios, pero no con los del resto.
La extraversión: las personas son guiadas hacia lo externo y ven como ellos
logran dar un impacto hacia el mundo, orientándose hacia las relaciones sociales, el
mundo y las cosas.
Por esto, tanto la introversión como la extraversión no son puras, si bien es cierto que
unos suele predominar, estas varían dependiendo el contexto o la situación, ya que estas
dos guardan relación con la funciones de pensamiento, sentimiento , sensación e
intuición.
Así mismo, estas últimas, se encargan de establecer ciertos parámetros para la formación
de nuestra personalidad.
Según Jung, las personas encontramos nuestra personalidad cuando dejamos de lado
nuestra careta o máscara (PERSONA) y cuando logramos reconocer que todos tenemos
un lado oscuro (SOMBRA) pero que somos mucho más que eso, entonces al poder
afrontar todo esto, encontramos nuestra verdadera personalidad (EL SELF).
Por ello, el Self es el equilibrio, es aquí donde logramos reconocernos a nosotros mismos,
la culminación del individualismo y la armonía con uno.