LAS LICENCIAS DEL NOVELISTA
Y LAS MÁSCARAS
DEL CRÍTICO
BIBLIOTECA DE CIENCIAS SoCIALES y HUMANIDADES
SERIE LITERATURA
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'LAS LICENCIAS DEL NOVELISTA
Y LAS MÁSCARAS
DEL CRÍTICO ' l
LETICIA~GABA MARTÍNEZ)
UNIVERSIDAD
AUTONOrvtA
METROPOUTANA
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Casa a~erta al tiempo Aztapotzalto
1997
2894316
UAM
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25 .. 1.3
Rector General
Dr. Julio Rubio Oca
Secretaria General
M . en C. Magdalena Fresán Orozco
Rectora de la Unidad Azcapotzalco
Mtra . Mónica de la Garza Malo
Secretario de la Unidad
Mtro . Jordy Micheli Thirión
Secretaria Académica de la División de Ciencias Sociales y Humanidades
Lic. Ma. Concepción Huarte
Jefa del Departamento de Humanidades
Mtra . Begoña Arteta Gamerdinger
Coordinación Divisional de Publicaciones
Mtra . Silvia Pappe
Primera edición, 1997
Los derechos de reproducción
de esta obra pertenecen a sus respectivos autores.
© Para la presente edición, Universidad Autónoma
Metropolitana-Azcapotzalco
ISBN 970-654-111-X
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Se prohibe la reproducción por cualquier medio sin el
consentimiento de los tiwlares de los derechos de las obras.
Este libro se terminó de imprimir en agosto de 1997 en los
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03330 México D.F. Tel. 604 7263. El tiro
consta de 1 000 ejemplares más sobrantes de reposición
Impreso en México
Printed in Mexico
Contenido
Introducción
13
Capítulo I
La polémica histórica
23
Capítulo 11
La polémica literaria
53
Capítulo lIT
La estratagema
101
Bibliografía
141
Hemerografía
151
A la memoria de mi padre
Tomás Algaba Gómez
Introducción
EN MARZO DE 1861 el presidente Benito Juárez ordena al diputado
Vicente Riva Palacio recoger del Arzobispado el archivo de la Inqui-
sición y apenas dos semanas más tarde dispone la publicación de las
causas célebres" del tribunal. El arma que esgrime Juárez contra la
11
Iglesia y el Partido Conservador buscará el estatuto de medida nacio-
nal a través de un decreto del Congreso de la Unión, táctica que dejaría
fuera de sospechas el espíritu de partido. La respuesta del clero no se
hizo esperar: la Suprema Corte de Justicia solicitó al Congreso le
entregase los archivos del Santo Oficio. La cortapisa fue discutida a
solicitud del diputado Riva Palacio, quien advirtió en la petición de la
Suprema Corte una táctica dilatoria para la publicación, enmascarada
en el prurito de llevar los archivos a un lugar seguro por ser algunas
causas inquisitoriales de interés para la hacienda pública.
El diputado Juan Antonio Mateos defendió el asunto; sabía que
el proyecto de los liberales podría coronarse con la exhibición de
las crueldades del pasado cometidas por la ideología progenitora
del Partido Conservador. Y en un discurso apasionado señalaba el
alcance del arma de los liberales:
El día de la verdad ha llegado, el sol ilumina esos antros donde se
han perpetrado tantos crímenes que la historia guarda en sus pági-
nas, acusados en esos archivos que hoy abre la revolución. En vano
los hombres del pasado quieren ocultar a una generación los extra-
víos de sus antepasados ... 1
1 Citado en Ortíz Monasterio, Historia y ficción. Los dramas y las novelas
de Vicente Riva Palacio, 1993, p. 64.
13
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
El debate finalmente favoreció la postura liberal; sin embargo no
se publicaron los documentos "cómplices del fanatismo y del
pasado", en palabras de Mateos. Luego de la aprobación del decre-
to en el Congreso de la Unión, apareció el "Prospecto" en El Monitor
Republicano firmado por los editores Pantaleón Tovar y Vicente
Riva Palacio. El texto ofrece claves para comprender la futura
empresa literaria de Riva Palacio siete años después; algunas pala-
bras constituyen la prueba de que él era el autor del "Prospecto",
como lo señala José Ortíz Monasterio. 2 Invocando el gusto y la
curiosidad de los lectores sobre sucesos prohibidos que el secreto
logra convertir en hechos legendarios, el novelista en ciernes des-
cubre el recurso supremo: la peripecia, ese ingrediente que dará
clímax a la intriga, dosificará las entregas y mantendrá la expecta-
tiva del lector, combinatoria que lo convertirá en narrador prolífico
y exitoso:
Autorizados por el Supremo Gobierno para publicar algunas de las
célebres causas que forman el archivo de la extinguida Inquisición,
y que por el interés histórico que pueden ofrecer en sus peripecias,
son dignas de darse a la prensa .. .Hay cierta solemnidad en levantar
de esta manera el velo a documentos reservados hace tantos años, y
extraídos, por decirlo así, del dominio público. Hay cierta curiosidad
ávida e insaciable de conocer los mil pormenores contenidos en
aquellos procesos, que a nadie ocurrió llegar a descubrir alguna
vez .. ?
"Levantar el velo" para exhibir la crueldad inquisitorial será la
frase clave que levantará la polémica objeto del presente estudio.
2 El investigador encontró el manuscrito original del"Prospecto" de puño y letra
de Riva Palacio, en el Archivo Personal. Véase, Ibid., p. 45.
3 Citado en Ibid., p. 45.
14
INTRODUCCIÓN
Indudablemente Riva Palacio preludiaba en el "Prospecto" citado
la intención de echar luz sobre la Colonia, de avivar la memoria de
aquella etapa; tal propósito ilumina también el subtítulo Historia de
los tiempos de la Inquisición para Monja y casada, virgen y mártir, que
abre una serie de novelas sobre el pasado. En estrecha relación con
el lector, indicio tanto del dramaturgo como del periodista, Riva
Palacio colocará el mensaje de la ideología liberal mediante un
recurso que gobernará sus novelas: el excecrable pasado debe ser
exhibido en aras de su destrucción. El derrumbe del antiguo edifi-
cio ideológico obedece al espíritu reformista prevaleciente, antes
que al mero interés partidista:
No dudamos por lo núsmo que el público se apresurará a leerlos con
el núsmo afán con que hemos visto frecuentados en estos días los
edificios de los conventos extinguidos, cuya clausura anterior llama
la atención de manera irresistible. La lectura de las piezas curiosas
del Archivo de la Inquisición no tiene un interés de partido político.
Los que aplauden, como los que murmuran o contemplan indiferen-
tes esas obras que materializan los pensanúentos de reforma de la
época, todos se reúnen delante de ellas, se detienen a contemplarlas.4
El "Prospecto" reafirma el sentido político de la decisión del presi-
dente Juárez: un decreto del Congreso de la Unión arrebataría a la
Iglesia los archivos del Santo Oficio para que los mexicanos pudie-
sen leer ahí los extravíos del conservadurismo que las Leyes de
Reforma y la Constitución de 1857 intentaban destruir. La poderosa
arma política se dirigía a la consolidación de la Carta Magna que
apenas había entrado en vigor. Precisamente durante el período en
que Riva Palacio y Mateos fueron diputados, el Congreso ejercía
plenamente sus facultades. Un año después de la publicación del
"Prospecto" varias veces citado, comenzó la guerra contra la Inter-
4 Loe. Cit.
15
LETIClA ALGABA MARTÍNEZ
vención francesa; el libro no se publicó pero la semilla tuvo un fruto
nueve años más tarde: El libro rojo escrito por Rafael Martínez de la
Torre, Manuel Payno, Vicente Riva Palacio y Juan Antonio Mateos.
Aunque no sólo se ocupa de casos inquisitoriales, sí parece corres-
ponder al fervoroso discurso de Mateos en la Cámara de Diputa-
dos: los emisarios del clero, los conservadores, intentaban impedir
la publicación de algunas" causas célebres", testimonio de que" sus
ideas negras resaltan sobre el rojo de la situación".
Así, en 1870 El libro rojo ponía en perspectiva un pasado
teñido por la crueldad de los extravíos de la intolerancia. Pero
antes, en 1867, con el reestreno de la República, Vicente Riva
Palacio emprenderá un proyecto novelístico que, a mi parecer,
sustituye la frustrada publicación que el Congreso decretó en
1861. Con las armas de la literatura, acaso las únicas que enton-
ces escapaban de la censura, transita a sus anchas por el pasado
colonial sustrayendo hechos nefastos de la Iglesia y el clero,
casos sonados de la Inquisición, signos oscuros que contrasta-
rían con la luminosidad de algunos intentos independentistas,
gérmenes del espíritu de la doctrina liberal. En la búsqueda de
su herencia ideológica, Riva Palacio descubrirá la de sus adver-
sarios, los conservadores, y animará en sus lectores la resolución
de la encrucijada luego del triunfo de la República, incipiente
aún en la vida social.
En posesión del archivo de la Inquisición, Riva Palacio tenía las
verdaderas pruebas de los horrores perpetrados en el Santo Tribu-
nal. Esto se convierte en el móvil de las novelas, del que sólo se
escapa la primera, Calvario y Tabor,la única sobre el presente vivido
por el autor, publicada por entregas durante el primer semestre de
1868. Inmediatamente después, en julio, el periódico La Orquesta
inserta el "Prospecto" de Monja y casada, virgen y mártir, que señala
las consultas a "secretos y polvosos" archivos históricos, palabras
notoriamente semejantes a las del "Prospecto" del frustrado libro
sobre las "causas célebres" del Santo Oficio. A fines de agosto del
16
OORODUCCIÓN
mismo año de 1868, la última entrega de la citada novela anuncia
la continuación en otra con el título de Martín Garatuza.
La intriga de Monja y casada, virgen y mártir desarrolla las
vicisitudes de la joven criolla Blanca Mejía alusivas al título de la
novela. La codicia del español Pedro Mejía, medio hermano de la
protagonista, sobre la herencia paterna, coarta los amores de la
joven con César de Villaclara. Sobreviene el ingreso de Blanca al
convento y la fuga de éste años después. El reencuentro con el
mundo y la boda no consumada con Villaclara, serán los signos del
camino de la expiación y el martirio de Blanca en la cárcel inquisi-
torial, de la que escapará para encontrar la muerte durante el acoso
de un nuevo verdugo. En paralelo al destino de Blanca Mejía
discurre el de Luisa, su antagonista en amores. La pertenencia a la
raza negra fortalece el impulso de ascenso social del personaje; será
éste el móvil de la venganza. La maldad tiñe las acciones de Luisa,
de ahí que se le inflinjan severos castigos. Éstos la llevarán a la
expiación de sus actos en el momento en que Blanca Mejía sufre las
consecuencias del tormento inquisitorial, instante en que sobrevie-
ne la peripecia, como preludio de la muerte cristiana de Luisa y el
inicio del martirio de Blanca.
La intriga de Monja y casada ...s discurre entre otras historias
adyacentes que ocurren en la Ciudad de México por los años veinte
a treinta del siglo XVIT. Riva Palacio eligió dos sucesos históricos:
la fundación del Convento de Santa Teresa la Antigua (1617) yel
Gran Tumulto de 1624. En ambos acontecimientos, la acerba crítica
al clero a través de la conducta del Arzobispo Juan Pérez de la Serna
s Debido a la longitud del título y el subtítulo de la novela, en adelante se
abreviará con la primera frase: Monja y casada ..., seguida del tomo, correspon-
diente a la edición de 1982 de Porrúa, con Prrl. de Antonio Castro Leal. (Colección
Escritores Mexicanos, 18 y 19). Conviene aclarar que el subtítulo Historia de los
tiempos de la Inquisición desapareció en las ediciones que de la novela se han
hecho en el siglo xx.
17
LETICIA ALGABA MARTtNEZ
discurre con amplitud y la Inquisición ocupa un lugar preeminente
en el destino de las protagonistas; la presunta herejía cometida por
Blanca coincide con el caso de Sor Blanca del Corazón de Jesús,
cuyo Edicto se transcribe en la novela, al igual que las descripciones
de los tormentos a los procesados.
Como ya había mencionado, Monja y casada ... se publicó por
entregas durante los meses de julio a septiembre de 1868; con la
última entrega se anunció la continuación en Martín Garatuza,
novela sobre las dilatadas aventuras del personaje que le da el título
y que había tenido un papel subversivo en el Tumulto de 1624.
Otros personajes de Monja y casada ... reaparecen e intentan cobrar
venganza por la trágica muerte de Blanca Mejía. Inmerso en la
densa intriga figura el caso de las hermanas Carbajalllevadas a la
hoguera en un célebre Auto de Fe.
El funcionamiento de la institución eclesiástica durante la Co-
lonia en las dos novelas difería de la perspectiva que sobre el
pasado tenían los conservadores. La combatividad de Monja y
casada ... fue captada de inmediato por la prensa conservadora. La
Revista Universal responde acremente al crudo realismo de ciertas
escenas, las tacha de "horripilantes" y propias de los dramas
románticos6 . Las frases seguramente venían del presbítero Mariano
Dávila, quien a propósito de unos artículos que el citado periódico
publicaba sobre la historia de la Inquisición, reaccionaba sobre la
cruel versión que la novela de Riva Palacio daba. El combate contra
las "escenas horripilantes" serán el preludio de la extensa polémica
del Presbítero, representante del conservadurismo más extremo.
Durante las entregas de la novela, Dávila previsiblemente planeó
el contraataque: una extensa crítica que, emulando la difusión de
la novela, se publicó por entregas en La Revista Universal, inmedia-
tamente después del término de la novela y cuando se iniciaba la
publicación de Martín Garatuza. La táctica es por demás ilustrativa
6 La Revista Universal, agosto de 1868.
18
lNrRoDucaóN
del marco político en el que se inscribía la novela y la equivalencia
de ésta con el frustrado libro sobre las causas célebres de la Inqui-
sición. Riva Palacio retoma el proyecto de 1861 y, haciendo uso de
la licencia literaria, coloca en la ficción la crueldad del Santo Tribu-
nal y las conductas viles de los prelados de la Iglesia. El móvil será
desmentido por Dávila, quien discute el subtítulo Historia de los
tiempos de la Inquisición oponiendo fuentes historiográficas, con las
que pretende aclarar y sobre todo restar méritos al historiador Riva
Palacio. El Presbítero entendía, sin embargo, que debía enfrentar la
novela desde el terrero literario; surgirá entonces un exhaustivo
análisis con los modelos transhistóricos del neoclacisismo dirigi-
dos a demostrar que a la novela de Riva Palacio le falta arte.
Mediante una hábil estratagema Dávila expande la guerra contra
Monja y casada ...: lee minuciosamente la novela e imprime sesgos,
de modo que el lector tenga una nueva versión; hace precisiones
históricas y pone en tela de duda su calidad estética; se burla e
ironiza sobre las "luces" de un novelista liberal, y entre este versátil
recorrido va imaginando una novela, en cuyos fragmentos coloca
los signos de su ideología. Semejante tarea no hace más que resaltar
@ 1 plan beligerante de Riva Palacio en aquél año de 1868, apenas en
el umbral del triunfo del proyecto liberal. El escritor supo que la
novela era la mejor arma; ésta tuvo reposo hasta 1872, cuando
quizás él veía un tanto apaciguados los ánimos partidistas. Nunca
volvió a frecuentar el género novelístico; por los años ochenta
reflexionó sobre la literatura y dejó breves rastros sobre su expe-
riencia como novelista7 •
Muchos años antes del triunfo de los liberales, cuando en la
Academia de Letrán un grupo de intelectuales se empeñaba en
mexicanizar la literatura, José Joaquín Pesado escribió El Inquisidor
7 Particularmente en Los Ceros. Galería de Contemporáneos, publicado en
1882; de particular interés lo es también el Prólogo a la novela Carmen, de Pedro
Castera, publicada también en 1882.
19
LETICIA ALGABA MARTINEZ
de México, novela corta que inicia el tratamiento del Santo Oficio,
uno de los temas más atractivos para la valoración del pasado
colonial. Los yerros de la intolerancia se anudan en la novela de
Pesado en la persecusión de los judíos y los crímenes, señales de la
"bárbara jurisprudencia" de la Inquisición. La inocencia de Sara,
presunta judía, adquiere mayor fuerza dramática con la peripecia
y la anagnórisis, el reconocimiento de su padre, el Inquisidor Ruiz
de Guevara. Este personaje se transforma al saber que ha dictado
sentencia a su hija, expía las culpas por sus actos injustos y se
arrepiente. La piedad del inquisidor no logra, sin embargo, salvar
a su hija, quien, tocada por las llamas de la hoguera del Auto de Fe,
se recupera, pero muere después abrasada por la tristeza. Antes de
morir, la protagonista se había convertido al catolicismo, hecho que
señala la intención moralizante de Pesado y su perspectiva ante el
Santo Oficio. Si bien señala sus errores y su crueldad, es un narra-
dor escrupuloso ante el lector pues modera la conmoción que
pueden suscitar los pormenores de los interrogatorios y las torturas
contra los procesados. A Pesado le interesa más deslindar el honor
de la institución eclesiástica pues frente a la rigidez de los dictados
inquisitoriales opone la piedad y generosidad del Sumo Pontífice,
quien perdona a Sara y ruega a Dios porque se convierta al catoli-
cismo. Este acto ilustra la ideología católica que la Inquisición había
sesgado. Las señales de la ideología de Pesado dejan ver la sustrac-
ción de un hecho particular -el funcionamiento del Santo Oficio-
dentro de un amplio espectro temporal, en una perspectiva que
otorga justeza a la institución eclesiástica. Y en paralelo a lo anterior
el novelista traspola esa imagen de ·la Iglesia hacia su presente en
el destino último de Sara y su salvación dentro del catolicismo.
En 1848, Justo Sierra O'Reilly escribe La hija del judío, novela que
retoma la Inquisición y es precursora a la vez de la trama folleti-
nesca parcialmente presente en las novelas de Riva Palacio. Como
Pesado, el escritor yucateco presenta la persecución de judíos por
el Santo Oficio y, además, una fuerte crítica. al gobierno virreinal.
20
INTRODUCCiÓN
En la intriga de La hija del judío son reconocibles los conflictos
románticos de Luis y de María -la hija del judío- que anteceden a
su matrimonio. La codicia del Santo Oficio ante la cuantiosa heren-
cia de María merecen la defensa del Prepósito, un jesuita que
representará un sector combativo de la Iglesia frente al poder
omnímodo de la Inquisición. En el triunfo de este personaje, Sierra
O'Reilly sugiere el contrapunto respecto del gobierno virreinal
asentado en el centro y absolutamente ajeno a los asuntos de la
provincia. Desde su circunstancia particular, resaltaba la vocación
federalista del Estado de Yucatán, sus separaciones del centro del
país, hechos en los que el escritor había participado y cuya cercanía
con el lector posibilitaba la verosimilitud de las acciones centralis-
tas del gobierno virreinal en el ámbito de la novela. La perspectiva
de Sierra O'Reilly sobre el pasado colonial se acerca a la de Pesado.
En La hija del judío no hay una condena total de la Iglesia pues una
parte del clero actúa en defensa de los principios del catolicismo;
el jesuita reivindicador de María reparte la fortuna de ésta en obras
pías. Por cuanto a los descuidos del poder virreinal, Sierra O'Reilly
parece ver en la herencia colonial conductas nefastas todavía al
acecho.
Cabe notar, por lo tanto, que las novelas de Pesado y de Sierra
O'Reilly pretenden separar los extravíos de la Inquisición de la
ideología conservadora; ilustran más bien la regeneración de la
Iglesia. En sentido precisamente opuesto, las novelas de Riva Pa-
lacio exhiben sin cortapisa las vejaciones, los tormentos, la mons-
truosidad de la intolerancia. El realismo de las escenas avivó el
debate sobre el pasado colonial, aunque Mariano Dávila eligió el
problema ético del novelista que se postula como historiador y,
además, el estético respecto de ese realismo exagerado, en demérito
del arte equilibrado, como lo observaba Hegel en las obras román-
ticas.
La desmesurada reacción del Presbítero subraya el propósito de
Riva Palacio: conmover al lector, a la sociedad, ante las yagas del
21
LETIClA ALGABA MARTlNEZ
pasado, vía de expiación para comprender los valores de la razón
y la tolerancia que se encontraban en el presente pero todavía con
cierta fragilidad. En lo anterior se funda el presente estudio, que
intenta profundizar en los móviles de Riva Palacio y de Dávila,
para comprender los términos y el sentido de una guerra política
enmascarada en la libertad de la escritura literaria.
22
Capítulo 1
La polémica histórica
HISTORIA DE LA POLÉMICA
Apenas unos meses después de la restauración de la República,
cuando las palabras conciliar y renovar intentaban dar cimiento al
proyecto de un nuevo Estado mexicano, el general Vicente Riva
Palacio, ya entonces prominente liberal y una de las voces que
solicitaba y ejercía la concordia, conmovido aún por la lucha de los
chinacos, los soldados con quienes compartió el triunfo sobre las
fuerzas del Segundo Imperio el 20 de junio de 1867, escribe sobre
tal suceso Calvario y Tabor, su primera novela. Incursiona en el
género con una pluma bien experimentada en el periodismo, el
drama y la comedia, géneros que proporcionan la relación inme-
diata con el público. Las primeras páginas de la novela fueron
leídas en una Velada Literaria del mes de marzo de 1868. Los
comentarios sobre la lectura destacan la índole de la obra: " .. .la
primera en su género ... Histórica y de costumbres ...encierra hechos
y descripciones que sólo pudo hacer quien, como su autor, ha
visitado los lugares en que pasan los sucesos que relata"8.
La sugerencia para la publicación fue aceptada de inmediato; el
26 de marzo, el periódico La Orquesta da a conocer el "Prospecto" .
En éste se resalta nuevamente la calidad del autor en cuanto
" ... testigo de los sucesos que refiere", de ahí que " ...no podrá
8 La Orquesta, 21 de marzo de 1868, p. 3.
23
LETICIA ALGABA MARTfNEZ
dudarse de su veracidad. Observador de las costumbres y de los
paisajes que describe, nadie como él puede presentarlos al público
con tan vivos colores"9.
De marzo a junio de 1868, Riva Palacio cumplía puntualmente
con la escritura de las entregas de Calvario y Tabor, de igual modo
que Manuel C. Villegas, el editor, las enviaba a numerosos suscrip-
tores que fueron aumentando luego de las primeras entregas pues
a principios del mes de mayo se habían agotado seis mil ejempla-
res lO . Autor, editor y lectores formaron pronto y con éxito una
relación armónica, que abre el camino para la siguiente novela con
el curioso título de Monja y casada, virgen y mártir, cuyo "Prospecto"
aparece en La Orquesta el 16 de junio y la destaca como" ...magní-
fica novela histórica y de costumbres, sacada de los Archivos de la
Inquisición"l1. El lector, se advierte, deberá estar seguro de que el
autor seguirá los mismos pasos del narrador de Calvario y Tabor y
también, de que para la confección de la novela " ...ha tenido que
registrar las crónicas de otros tiempos"12.
Las palabras de la cita anterior son una especie de aval
respecto de la índole histórica de la novela y, a la vez, permiten
suponer que entre la crónicas de otros tiempos", Riva Palacio
11
consultaba documentos del archivo de la Inquisición en su poder
presumiblemente desde 1861. En este año el presidente Benito
Juárez le ordenó al novelista, por entonces Diputado, recoger del
arzobispado aquel archivo, a fin de publicar algunas causas
célebres del tribunal. Naturalmente, la orden presidencial lleva-
ba un fuerte contenido político y, por ello, fue avanzando estra-
tégicamente, según lo referí con amplitud en la Introducción del
9 Ibid., 8 de abril de 1868.
10 Ibid., 9 de mayo de 1868.
11 Ibid, 18 de junio de 1868.
12 Ibid., 23 de julio de 1868.
24
LA POLÉMICA HISTÓRICA
presente estudio. Conviene ahora recordar sólo algunos puntos
importantes. Juárez buscó el aval del Congreso de la Unión: un
decreto, es decir, el asentimiento nacional para conocer los crí-
menes perpetrados por los extravíos de la intolerancia religiosa.
Ante tal iniciativa presidencial, el clero y el Partido Conservador
intentaron frenar el decreto. Tocaría a los diputados Vicente Riva
Palacio y Juan Antonio Mateos defender el decreto, en una alianza
tan fervorosa y eficaz, como cuando escribían al alimón dramas y
comedias. El decreto finalmente se aprobó; el Monitor Republicano
dio cabida al "Prospecto" del libro sobre las causa célebres de la
Inquisición, pero éste nunca se publicó. Durante los siete años
que corrieron entre el frustrado proyecto y la publicación de
Monja y casada ... Riva Palacio siguió en posesión de los documen-
tos inquisitoriales y fueron, como era de esperarse, fuentes pri-
mordiales para las siete novelas sobre el pasado colonial subse-
cuentes a Calvario y Tabor, la única que se refiere al pasado
inmediato.
Riva Palacio se vio favorecido por el público lector desde su
primera novela, en cuyo prólogo Altamirano le otorgaba dimen-
siones épicas en abono tanto de la índole literaria como del triunfo
de las ideas liberales. De mayor significación resulta el tránsito del
narrador que fue testigo de los sucesos al que lee documentos de
la historia colonial para su segunda obra, Monja y casada, virgen y
mártir, paso ambivalentemente referido en el "Prospecto" .
A mediados del mes de julio se publica la primera entrega de
Monja y casada ... Con ésta se anuncia también que constará de
dieciocho a veinte, que las estampas se darían al término de la
publicación cuyo fin se garantiza. Riva Palacio al frente del perió-
dico La Orquesta, aunque embozado en el nombre de Juan de Jarras,
y Manuel C. Villegas, uno de los editores de aquél, no cesaban de
promover Monja y casada, virgen y mártir, título desolemnizado en
el siguiente aviso: "Advertimos a nuestros corresponsales que vean
los anuncios, que no vayan a creer que se trata de la Constitución
25
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
delS7, sino de una novela"13. Asimismo, autor y editor registraban
cuanta mención hacían de la novela otros periódicos; con esto, la
reputación de aquéllos se acrecentaba pues hubo elogios a la regu-
laridad de las entregas, el bajo precio -un real cada una- que
satisfacía con creces la magnífica impresión en muy buen papel,
marco digno de una preciosa novela, a decir de La Opinión Nacional.
Este advertía un narrador que sabía graduar las expectativas del
lector:
Es de precepto en buena literatura, que se economicen al principio
las escenas llamadas a producir sensaciones fuertes; de no hacerlo
así, muy pronto se fatigaría la imaginación del lector, y el señor Riva
Palacio ha sabido no tropezar con ese escollo, por lo que su tarea
literaria merece los elogios que generalmente le tributan los mismos
que también saben apreciar las galas del lenguaje en que se expresa
el galante escritor a que nos referimos 14 .
El 8 de septiembre La Orquesta anuncia que con la entrega número
20 concluirá la novela y, a la vez, inserta el "Prospecto" de Martín
Garatuza, continuación de Monja y casada ..., obra cimentada en
iguales garantías: el autor ha abrevado en fuentes históricas de los
tiempos pasados.
Desde los inicios de la publicación de la primera novela de Riva
Palacio, La Revista Universal, periódico de posturas diferentes a La
Orquesta y, por ende, a las ideas liberales, informaba de las entregas;
lo mismo ocurrió con Monja y casada ... A propósito de la cuarta
entrega la "Gacetilla" firmada por J.J. Arriaga decía:
...con gusto hemos notado que es el producto de serios estudios
sobre los sucesos, las costumbres y el lenguaje de la época que
l3 lbid., 29 de julio de 1868.
14 Loc. cit.
26
LA POLÉMICA HISTÓRICA
describe, y que haciendo a un lado las exageraciones vulgares, que
tanto han desacreditado este género de literatura, excita con su bien
combinada narración el más vivo interés ~ los lectores para conocer
en todos sus detalles las aventuras de los personajes que figuran en
su obra.15
El comentario bien puede ser un testimonio de la caracterización
que de la Revista Universal había formulado La Orquesta 16 a propó-
sito de una polémica entre aquélla y La Opinión Nacional:
Beata o no, la Revista Universal es un colega que conforme a la ley de
imprenta y a las ideas que profesamos, se ha lanzado a la arena
periodística, tratando las cuestiones que se presentan, si bien bajo
un aspecto en que nosotros no podemos convenir, sí con la caballe-
rosidad digna de un publicista, sin ocuparse de personalidades ni
de injurias como acostumbra la Opinión Nacional que tanto afecta a
la Revista, fundado nada más en que es un órgano del Partido que
sucumbió con Maximiliano. Desearíamos que la Opinión desplegara
15 La Revista Universal, 29 de julio de 1868.
16 En 1868, paralelamente a la efervescencia política y cultural, surgieron nuevos
periódicos. Uno de éstos fue La Revista Universal, defensora de los principios
del catolicismo y del clero. Un año antes, en junio de 1867, La Orquesta, periódico
liberal, inicia su tercera época con Vicente Riva Palacio como redactor en jefe. En
1868, sobresale el espíritu conciliador sin desviar la línea opositora frente al
gobierno, iniciada en 1861, año en que se fundó . Tanto La Revista Universal
como La Orquesta mantenían posturas doctrinarias, defendían las ideas conser-
vadoras o liberales, hecho común a casi todos los periódicos de la época. Véase al
respecto Reed Torres, "De Juárez a don P01f irio (1868-1879)", en El Periodismo
en México: 500 años de historia, 1995, pp. 211-218. También Ortíz Monasterio,
"La Orquesta (1861-1877). Periódico omniscio, de buen humor y con caricatu-
ras", en La Orquesta, vol. Il, núm. 7, mayo-junio de 1987, pp. 34-39.
27
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
ese lujo de caballerosidad que ha distinguido siempre al Partido
Liberal y no abusara de la superioridad que le presta la situación en
que se encuentra la 'Revista rodeada de enemigosP
A principios del mes de agosto la Revista Universal publica un largo
artículo sobre la Inquisición y Santo Domingo en torno al cual hizo
observaciones El Siglo XIX a propósito del Santo "tostador". La
respuesta del primer periódico al segundo es comentada en La
Orquesta en los siguientes términos: los redactores de la Revista
Universal declaran su propósito de tratar la Inquisición desde un
punto de vista histórico y con ello " ...combatir los errores de los
nuevos moralistas buscadores de escenas horripilantes, para confec-
cionar dramas románticos ... "18 El comentario se produce cuando
ya había salido a la luz la quinta entrega de Monja y casada ..., hecho
que evidencia la alusión a la novela; de ahí el asentimiento de La
Orquesta ante la petición del periódico El Constitucional para dedi-
car al asunto un "Obligado" a la defensora de la Inquisición:
y la Orquesta,
a quien le cuesta,
muy poco o ningún trabajo,
sin esquivar nunca el bulto
por toda contestación
dice: no tuvo razón
la Revista Universal,
y hará mal, muy mal, remal
en no esquivar la pelea,
pues por muy hábil que sea,
y por más que alce el hisopo,
17 La Revista Universal, 27 de junio de 1868.
18 .
La Orquesta, 8 de agosto de 1868.
28
LA POLÉMICA H ISTÓRICA
ha de ver más hasta el más topo,
que aunque sujetos a errores
no buscan los buscadores
asuntos edificantes,
pues no es preciso buscar
donde se pueden hallar,
como quien dice, al acaso,
o más bien a cada paso,
en las pasadas edades
mil innegables verdades,
que según miro y contemplo,
son cada uno como un templo.19
La disquisición anterior se convertirá en el primer paso de La
Revista Universal para desacreditar la novela de Riva Palacio arro-
gándose el derecho de cierta moralidad -la católica- según se
desprende de los conceptos programáticos que el diaiio refrendaba
a propósito de su primer aniversario, el3 de agosto:
... la Religión, a quien debemos los mexicanos tantos beneficios como
origen de nuestra civilización, como madre de las ciencias, como
protectora de las artes; la Independencia, que constituye nuestro ser
político, y la Unión de todos los que de buena fe quieren y trabajan
por la felicidad de la patria; la unión de los que forman la parte
morigerada para destruir a los eternos dañadores de la sociedad, o
al menos para quitarles la posibilidad de dañar .20
Como ya se había dicho, la última entrega de Monja y casada aparece
en septiembre de 1868 e inmediatamente comienza a publicarse
Martín Garatuza. El primer día del mes de diciembre, la Revista
19 Loc. cit.
20 La Revista Universal, 13 de agosto de 1868.
29
LETICIA ALGABA [Link]ÍNEZ
Universal publica sin firma de autor el artículo "Monja y casada,
virgen y mártir. Breves observaciones sobre esta moderna novela"
en la Sección Literaria del periódico. En contraste con el título, el
artículo se alarga hasta el mes de marzo de 1869, con una periodi-
cidad irregular, de aproximadamente una o dos veces por semana.
Ciñéndose inicialmente al subtítulo de la novela: Historia de los
tiempos de la Inquisición,21 el autor discute la intención expresa de
Riva Palacio por esclarecer ciertos sucesos de la Colonia, especie de
garantía que la obra desmiente al tornarse en un instrumento para
atacar a la institución eclesiástica.
Apenas dos semanas después de haberse iniciado la publicación
de las "Breves observaciones", La Orquesta descubre la identidad
del autor:
La "Revista Universal". ¿Qué representa como periódico la Revista?
¿El partido liberal? Imposible. ¿Al moderado? No existe. ¿Al Con-
servador? Tampoco. Pues a .. .AI Padre Dávila y socios. Vamos a esta
cuestión; si la Revista es un periódico ultrarreligioso y conservador
como finge serlo, ¿en dónde tiene la licencia que necesita de su
prelado para escribir acerca de las" cosas sagradas". La Revista es
más papista que el Papa, aun en su mismo terreno, anda a tientas, y
con arreglo a las leyes de la Iglesia, que ella pretende defender" está
prohibida su lectura" . ¿Qué es la Revista? Misa de tres ministros. 22
Sobre la atribución de los artículos al presbítero Mariano Dávila, la
Revista Universal afirma: " ...poco importa al público el nombre de
21 El subtítulo es de la primera edición (Manuel C. Villegas Editor, 1868). En
las ediciones del siglo xx, el subtítulo desapareció (1917, Periódico El Demócrata;
1945, la. ed., Porrúa, Escritores Mexicanos; 2a ed. 1958; 4a. ed., 1982. 1986:
Editorial Océano).
22 La Orquesta, 19 de diciembre de 1868.
30
LA POLÉMICA HISTÓRICA
los autores, y sí mucho el esclarecimiento de la verdad histórica" .23
En aras de ésta señala un anacronismo: en la novela figura un
personaje, Martín Garatuza, que no vivía en la Ciudad de México
por el año de 1615 tal y como se le sitúa en la obra, según fuentes
de primera mano: el proceso inquisitorial que se le formó al perso-
naje, citado por Orozco y Berra en el Diccionario de Historia y
Geografía. Y, además, en abierto reto solicita a La Orquesta pruebas.
Ésta comienza a dar respuestas un tanto elusivas como el que más
tarde comprobará conductas revoltosas del Arzobispo Pérez de la
Serna, alIado de una muy precisa: todo cabe en el tejido de la fábula
porque Monja y casada es una novela. A esto la Revista Universal
responde con una nueva descalificación:
Nosotros estamos convencidos de que las novelas son un tejido de
escenas fantásticas, inverosímiles, propias solo para entretener a la
gente incapaz de otras lecturas útiles y provechosas. La Orquesta ha
confirmado más nuestra opinión ... poniendo de manifiesto lo que se
puede esperar de las que se apellidan históricas ...24
Así, por la Navidad de 1868, Mariano Dávila y Vicente Riva Palacio,
aunque el primero jamás lo nombra en su crítica y el segundo se
escuda en el seudónimo Juan de Jarras, mantienen una polémica
que los retrata de cuerpo entero: solemnidad versus sentido del
humor. Por el Día de Reyes de 1869, La Orquesta reitera la filiación
de la Revista Universal:
La Revista Universal
se está metiendo a patriota,
y enarbolando el cirial
grita a la gente devota.
23 La Revista Universal, 15 de diciembre de 1868, p. 3.
24 !bid., 21 de diciembre de 1868.
31
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
Pero, entre proclamas tales
y entre tan bellas teorías,
trasciende a olor de misales
y aromas de sacristía
¿Por qué habla del extranjero,
de Patria y patriotismo
el periódico del Clero,
sin acusarse a sí mismo?
El que en los crudos reveses
que ha sufrido la nación,
dio dinero a los franceses
y trajo la Intervención
Que hay un lenguaje prohibido
para hombres de bandera,
porque habrá gato escondido
mas con la cola de fuera. 25
A mediados de 1869 los artículos de Dávila forman el volumen
intitulado Breves observaciones sobre la moderna novela titulada '''Mon-
ja y casada, virgen y mártir" (Historia de los tiempos de la Inquisición).
Aceptación de un tremebundo reto, con el seudónimo de Alguien. 26 La
25 La Orquesta, 7 de enero de 1869.
26 Opúsculo publicado en la "Revista Universal", México, Imprenta Literaria,
1869. El libro de Dávila es mencionado por Clementina Díaz y de Ovando, a quien
debemos estudios pioneros sobre la obra de Riva Palacio. Castro Leal, en el prólogo
a Monja y casada ... menciona el libro de "Autor anónimo" (La novela del
México colonial, 1977, t. Il) . Ortíz Monasterio es el primer autor que estudia el
volumen de Dávila en Historia y ficción . Los dramas y las novelas de Vicente
Riva Palacio, 1993.
32
LA POLÉMICA HlSfÓRICA
publicación seguramente intentaba divulgar a un público más
amplio la descalificación de la novela toda vez que la obra había
tenido muy buena acogida entre los lectores, según lo informaba
La Orquesta a propósito de la venta de las entregas. Tal éxito, por
otra parte, será continuamente aludido por el Presbítero.
Si en el paso de los artículos por entregas a la reunión de un
volumen se advierte la emulación de Dávila al proceso editorial de
la novela de Riva Palacio, en el título quedará señalada la comba-
tividad en la figura de un reto que se asume sin la petición y menos
aún la aceptación del presunto duelista. Este primer indicio no hace
más que descubrir el perfil del retador.
José Mariano Dávila y Arrillaga tuvo una larga vida; nace en
1789 y muere al parecer27 en 1870: 81 años en los que mantuvo
una relación muy estrecha con la Compañía de Jesús, por no
haber podido pertenecer a ella enteramente. Durante la primera
restauración de la Orden en México -Mayo de 1816- ingresa
Dávila al noviciado, del cual se retira sin profesar en 1821, fecha
de la nueva supresión de la Orden. Se dedica entonces al estudio
de la Medicina, trabaja en un hospital, se casa y pronto enviuda,
circunstancia que lo encamina nuevamente a la vida religiosa en
la que profesa en 1857. Antes, en 1853, Santa Anna restablece la
Compañía de Jesús; es entonces cuando se funda el Colegio de
San Gregorio y una Escuela Gratuita para niños, tareas que
encabezan cuatro hombres destacados: Lyon, Rivas, Icaza y
Basilio Arrillaga, tío de Mariano Dávila (aunque era dos años
menor que su sobrino). Recién ordenado sacerdote, Dávila fue
domiciliado en Michoacán y después fue nombrado Director del
Instituto Literario de Toluca; el período de su estancia no está
27 Los editores de la Continuación de la Historia de la Compañía de Jesús
del P. Francisco Javier Alegre, obra póstuma de Dávila (1888-1889), advierten
en el prólogo que la muerte del Presbítero pudo haber ocurrido en 1869 o en 1870.
Otras fuentes dan la fecha de 1870.
2894316
33
LETlCIA ALGABA MARTÍNEZ
documentado pero sí se sabe que fue desterrado por el gobierno
liberal. Regresó a Michoacán y años después fijó su residencia en
la Ciudad de México hasta su muerte.2B
Es numerosa la bibliografía de Dávila. Las obras más importan-
tes confirman la opinión de sus biógrafos: Tuvo un profundo amor
al Instituto Ignaciano, a cuya historia y defensa consagró las faenas
de su activa pluma. Es autor de la Continuación de la Compañía de
Jesús en Nueva España, del P. Francisco Javier Alegre (obra publicada
en 1888, después de su muerte), Defensa de la Compañía de Jesús
(1842), obra en la que Dávila ofrece datos de sí mismo: cuando era
novicio publicó el periódico religioso El Ilustrador católico en 1846,
y en 1848 el Observador católico; hizo traducciones, entre las que
destaca el Discurso sobre la excelencia de la religión católica. Opúsculo
del Cardenal de La Luzerne.29 Su intervención en el Diccionario Uni-
versal de Historia y Geografía es notoria pues se encargó de la parte
eclesiástica y de los tres tomos del Apéndice, en la que incluyó
muchas curiosas historias sobre la Iglesia.
JUEGO DE PERSPECTIVAS
¿Cuándo la historia ha dejado de ser alterada por la acalorada
imaginación de los poetas y romanceros, o completamente desmen-
tida por la encarnizada pasión del espíritu de partido ?30
2B Cf Valverde Téllez, Biobibliografía eclesiástica mexicana, 1949, t.3, p.125.
29 Dávila, Continuación de la historia de la Compañía de Jesús de P.
Francisco Javier Alegre, 1888-1889, v. 1.
30 Dávila, Breves observaciones ... 1869, [Link] abrevia el largo título Breves
observaciones sobre la moderna novela titulada "Monja y casada, virgen
y mártir" (Historia de los tiempos de la Inquisición) Aceptación de un
tremebundo reto, 1869. En adelante omitiré la fecha por ser la única edición.
34
LA POLÉMICA HISTÓRICA
Con tales palabras Mariano Dávila sintetiza la ruptura que en su
expectación creó Monja y casada ..., cuyo subtítulo y anuncios alu-
dían a la historia de los tiempos de la Inquisición. La cuestión que
plantea el fragmento citado abre la defensa de la verdad histórica
a través de un minucioso cotejo de los sucesos históricos elegidos
por Riva Palacio. El procedimiento, como sabemos, es frecuente
entre los estudiosos de la novela histórica.3I Lo singular es el
anteponer la verdad histórica a la ficción literaria para defender la
moralidad católica y la institución que la funda.
Sabedor de que en la selección de ciertos sucesos históricos
radica la postura ideológica del novelista, Dávila se detiene en la
fundación del Convento de Santa Teresa la Antigua, El Tumulto de
1624 y el funcionamiento del Santo Oficio durante las primeras
décadas del siglo XVII. El presente y continuo desapego del nove-
lista a ciertas fuentes historiográficas recibe todo género de repro-
ches por parte del Presbítero; desde su desconcierto por la supuesta
ignorancia de autores tan conocidos como Carlos María de Busta-
mente, y José María Luis Mora y de obras como el Diccionario de
Historia y Geografía, hasta la franca burla sobre el afán expreso de
Riva Palacio por esclarecer hechos desconocidos del pasado colo-
nial, precisamente tratados por las fuentes antedichas.
Las primeras páginas de la novela se refieren a la construcción
del Convento de Santa Teresa la Antigua por el año de 1617.25 En
31 En el caso de las novelas históricas de Riva Palacio, por ejemplo, los prólogos
de Castro Leal incluyen la precisión histórica de los sucesos, de modo que el lector
discierna entre la veracidad y la ficción. Véase al respecto Algaba Martínez y Díaz
Arciniega, u Antonio Castro Leal, esforzado constructor de una tradición ", en
Historiografía de la Literatura mexicana. Ensayos y Comentarios, 1996, pp.
319-323.
32 Ortíz Monasterio precisa que corresponde al Convento de San José, pero se le
denominaba con más frecuencia de Santa Teresa la Antigua. Al respecto, véase Historia
y Ficción. Los dramas y novelas de Vicente Riva Palacio, 1993, p. 214.
35
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
este suceso Dávila espera encontrar el asunto o la historia principal;
sin embargo, al llegar a la mitad de la obra observa que se va
diluyendo y sólo ha servido como "ardid" para señalar ciertos
enredos ilustradores de los medios turbios con los que la Iglesia
adquiría sus bienes; también para poner de relieve el fanatismo de
Beatriz, dama de la Virreina, que cedió los terrenos para la cons-
trucción del convento.
Con absoluto rigor documental Dávila esclarece la cesión de los
terrenos y advierte otros anacronismos como el uso del término
"fanatismo" que Riva Palacio aplica a la acción de Beatriz de Ribera,
pues en el siglo XVII no era palabra corriente ni mucho menos el
resorte de las "obras pías", a favor de los monacatos que eran
" ... retiro honesto; escuela de virtud de todas las clases ... "33 Como
último y contundente desapego a la verdad histórica, el Presbítero
señala que la selección de sucesos remotos es falliqa por cuanto que
el Convento de Santa Teresa es precisamente el más moderno.
El Tumulto de 1624 es objeto de un cuidadoso análisis, pues tal
suceso es tomado por Riva Palacio para ilustrar un momento crítico
de la sociedad novohispana, en el que afloran los privilegios mal-
habidos de la élite enriquecida -españoles, criollos- en contubernio
con funcionarios de la Audiencia. Se trata del breve período virrei-
nal de Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, Marqués de Gelves
y Conde de Priego (1614-1624), gobernante que llega a la Nueva
España con una delicada misión: Combatir la corrupción que había
alterado gravemente todos los órdenes de la vida social. Uñ asunto
importante era el monopolio de productos básicos de la alimenta-
ción; el encarecimiento aumentaba la pobreza y con ésta una serie
de conductas delictuosas y un manejo turbio de la justicia. En la
elección de ese periodo crítico Riva Palacio realzará puntos oscu-
ros: los males derivados del exceso de privilegios y la desmesura
del poder. La mejor coyuntura ocurre en la rivalidad entre el Virrey
33 Dávila, Breves observaciones ..., p. 13.
36
LA POLÉMICA HISTÓRICA
y el Arzobispo, los representantes de las dos esferas que regían
social y moralmente la Nueva España.
La naturaleza de la revuelta provocó varias versiones historio-
gráficas, campo fértil en el que Dávila actuará finamente y con ello
subrayará su fuerte oposición a las fuentes presuntamente consul-
tadas por Riva Palacio quien eligió "la más parcial y desacredita-
da". El Presbítero precisa los registros historiográficos del Tumulto
de 1624: las relaciones que sobre el suceso se habían remitido a Italia
al exjesuita Andrés Cavo quien a principios del siglo XVIII prepara-
ba la Historia civil y política de México, obra impresa en 1836 por
Carlos María de Bustamante, bajo el título Los tres siglos de México.
Ésta constituyó la fuente para otras tres versiones, la de José María
Luis Mora, la anónima del Diccionario Universal y otra que Dávila
dice haber leído en una novela española. De las cinco versiones,
tres favorecían al Virrey de Gelves y las otras dos le eran adversas,
es decir, estaban a favor del Arzobispo Pérez de la Serna.
Una vez deslindado el terreno, el historiador Dávila resalta el
hecho de que las distintas versiones coinciden con la descripción
de los temperamentos y las acciones del Virrey y el Arzobispo. La
similitud de caracteres se convertirá en detonador de la revuelta
social; los dos personajes eran imprudentes e iracundos, a la vez
que ardientes defensores de sus terrenos y su misión, elementos,
ya se ve, susceptibles de confrontación. Frente a lo anterior Dávila
explicita:
Arrebatado era el Virrey y celoso en extremo de su autoridad; pero
no le iba en zaga el Arzobispo, que fácilmente se dejaba arrastrar en
defensa de su jurisdicción, fulminando excomuniones a roso y
velloso, con un celo indiscreto e imprudente, que el apóstol llama
non secundum scientiam, y que acaso precipitó el Tumulto y ocasionó
tantas desgracias .34
34 Ibid., p. 39.
37
LETrCIA ALGABA MARTINEZ
La conducta singular del Arzobispo pertenecía sólo a él, añade el
Presbítero, y no debió, por lo tanto, extrapolarse a todo el clero,
como sucede en la novela de Riva Palacio, quien le otorga un papel
sedicioso en el Tumulto de 1624.
Es de notar también la diferencia en el carácter y la actuación
del Virrey de Gelves en la novela. Se presenta como un buen
gobernante, recio de carácter, implacable en su misión, sensible a
la desorganización social. De aquí la réplica de Dávila: tenía el
Virrey un genio fogoso, demasiado duro y arrebatado, caprichoso
en la aplicación del derecho, severo en los castigos, al grado de
aumentar el número de ahorcados sobre el de los ladrones. Su
terquedad se puso de manifiesto en la interrupción de las obras del
desagüe, lo cual provocó una de las peores inundaciones en la
ciudad. Fue, en suma, el prototipo del más "terrible militarismo y
no menos arbitrario cesarismo". A este respecto, el Presbítero anuda
el mayor reproche: incomprensible que un novelista liberal omita
tales vicios y le dé un sitio destacado entre los gobiernos virreinales.
En efecto, Riva Palacio coloca al Virrey de Gelves inmediatamente
después del Virrey Conde de Revillagigedo.
Con mayor precisión todavía, Dávila descubre las fuentes de
Riva Palacio: las calumnias al clero figuran en la relación de Bram-
bilia y Arriaga, canónigo de Oaxaca, "de no muy buen olor";
también de un enemigo del clero, Tomás Gage "¡otro que bien
baila!" Y al respecto, surge un reclamo de fuerte aroma conserva-
dor: Si se atribuyen al clero acciones encaminadas a derrocar al
gobierno español, de hacerse eco del espíritu de los criollos para
independizarse de España; si éste es un delito, "¿En qué predica-
mento quedan los Hidalgos y Morelos, los Matamoros y Correas,
declarados hoy héroes beneméritos de América septentrional?" .35
Las palabras de Dávila se reiteraron en varias obras de historia y,
35 !bid,. p. 40.
38
LA POLÉMICA HISTÓRICA
desde luego, pasaron al siglo xx en la Historia de la Iglesia en México
del jesuita Mariano Cuevas.
La recreación novelesca del Tumulto de 1624 es objeto de un
análisis fino por parte del Presbítero, a partir de la hipérbole que él
nota. No obstante admitir que las revueltas sociales son campo
fértil para interpretaciones fabulosas, considera que Riva Palacio
ha errado en el punto de vista, en la perspectiva que todo narrador
debe cuidar. La supuesta infracción reside en que se sitúa en las
alturas, como si fuese a describir desde la cumbre de una montaña
el paisaje de la planicie, recurso que provoca rasgos increíbles y
grandiosos al Tumulto de 1624. Proceso éste distinto al del narra-
dor que se acerca" ... transladándose con la imaginación al teatro de
los sucesos y a la época en que acontecieron", con lo cual, insiste
Dávila, " ... desaparecen como por encanto nuestras dudas todas y
vacilaciones; tanto más cuanto mayor es el grado de experiencia
que tenemos de este género de acontecimientos" .36
Es éste justamente el punto de vista seleccionado por Dávila
para contrarrestar el efecto dramático que la recreación del Tumul-
to de 1624 toma en el escenario de la novela. Por aquellos años,
contrasta el Presbítero, la gente estaba acostumbrada, como cual-
quier pueblo, a tales turbulencias. La inferencia, ya se ve, opera
como un ejemplo del quehacer del historiador, precisamente cen-
trado en el concepto de verosimilitud. Aunque no se usa este
término, se infiere del recurso de "transladarse con la imaginación
al teatro de los sucesos y a la época en que acontecieron", movi-
miento que ya la retórica clásica atribuía al historiador para dar la
verdad posible, probable o creíble, elementos de lo verosímil,
concepto que emparienta al historiador con el poeta. Dávila acepta
tal parentesco pero rechaza la exageración, lo inverosímil. Del
falseamiento de la verdad históricéÍ, señala, se forma en la novela
un suceso" espantoso":
36 !bid., p. 35.
39
LETICIA ALGABA MARTíNEZ
un motín terrible, alterando la paz pública y comprometiendo los
intereses generales y particulares de una población, la primera de la
Nueva España, su Capital, su Metrópoli ... He aquí la horrible mon-
taña distante de nosotros ... y tan lejana como dos siglos y medio.
Venzamos esta enorme distancia, sin declinar empero de la vía recta
a las tortuosas; guiados por la razón y la crítica, no por la pasión y
el espíritu de partido, por la verdad no por la imaginación?7
Mientras Mariano Dávila cotejaba fuentes y mostraba la verdad
que éstas registraban para denostar una novela histórica y, sobre
todo, con el fin de denunciar los orígenes del espíritu de partido a
pesar de los llamados a la concordia, Riva Palacio se burlaba de la
embestida del Presbítero y más bien parecía advertir en las" Breves
observaciones" la mejor propaganda para su novela. Así se aprecia
en el "Obligado" toque que La Orquesta dedica" Al gran Perlado
Don Dávila por su crítica de la novela Monja y casada":
¿Qué vos movió buen Perlado?
¿De dónde vos ocurrir
fablar esa larga historia,
e buscando el galardón
que todos somos tenidos
de dar a nuestro señor,
facer injuria a los buenos
con lo que nadie leyó
e llamar breve reseña
la cansada relación?
Que más valiera que leerla
yogar un año de prisión,
que más parecen denuestos
37 !bid., pp. 35-36.
40
LA POLÉMICA HISTÓRICA
a la Santa religión,
que defensa de Perlado
Don Dávila, por favor,
si non callades muy presto
se acaba la suscripción,
e le facéis grande tuerto
al santo vuestro editor38
La historia y la función del Santo Oficio ocupan buena parte de la
polémica histórica de Dávila porque en la novela las protagonistas
son llevadas al tribunal y ahí son torturadas. De aquí surgen
"escenas horripilantes", justamente las que habían sido criticadas
en la Revista Universal. Por otra parte, Riva Palacio transcribe el
Edicto del Santo Oficio sobre" .. .la llamada Blanca Mejía en el siglo
Sor Blanca del Corazón de Jesús, profesa en el convento de Santa
Teresa de la Orden de Carmelitas descalzas, de donde con gran
escándalo y perturbación ha huido, y viviendo en relajada vida
pretende contraer o ha contraido matrimonio ... "39 Es de notar que
las minuciosas precisiones y defensa de la Inquisición seguramente
atentaban contra el anonimato del autor de las "Breves observacio-
nes" pues con las siglas J.D., el Presbítero firmó el capítulo sobre la
Inquisición para el Diccionario Universal de Historia y Geografía. 40
Dávila comienza por establecer la falla inicial de Riva Palacio:
ignora el estatuto real del Santo Oficio, en el que se lee que su Tribunal
38 La Orquesta, 23 de enero de 1869.
39 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. JI, 1982, p. 107.
40 Cf Orozco y Berra et al. Diccionario Universal de Historia y Geografía,
1854, t. IV, pp. 270 a 292. Gutiérrez Casillas señala que en otros artículos del
Diccionario, Dávila usaba las siglas J.M.D., cf Jesuitas en México durante el
siglo XIX, 1972.
41
LETICIA A LGABA M ARTlNEZ
actuaba corno cualquier otro del orden civil, es decir, carecía de
procedimientos específicos, según aparece en la novela, donde
figura una descripción incorrecta del tormento a la que se vio
sometida Blanca Mejía. Corno señal de apego a la verdad, el crítico
opone otra descripción tornada del libro La conjuración del Marqués
del Valle (1843). Y si en puntos tan esenciales corno los anteriores
Riva Palacio falta a la verdad, en los accesorios sobran ejemplos.
El reproche mayor se centra nuevamente en la exageración del
novelista sobre el número de penitenciados -800- que fueron llevados
a la hoguera. Retornando a Torquemada, el Presbítero torna del
Diccionario Universal el siguiente recuento: de 1574 a 1815,lapso en que
funcionó el Santo Oficio hubo 30 Autos de fe; 405 Reos juzgados; de
ellos, quemados vivos 9 y después de muertos, 12; fusilado, 1, ejecu-
tados en estatua, 69. Por lo tanto, no llegan ni a tres por año los que
sentenció el sangriento tribunal,41 corno se le califica en la novela. Al
respecto, Riva Palacio no perdió la oportunidad de poner en tela de
duda las cuentas de Dávila; retornando parte de un Editorial de El
Siglo XIX acerca del Santo Oficio y la ejecución de personas, ya sea
ahorcadas, quemadas o enterradas vivas en los Países Bajos, donde
llegaron a cien mil entre los años de 1520 a 1550, el novelista hace el
siguiente "Traslado": "Aplíquese al reverendo Dávila esos cien mil,
para cuenta de mayor cantidad y rebaje los doce que sostiene que
fueron quemados únicamente por el Santo Oficio" .42
DESLINDE
La breve glosa de la polémica histórica de Mariano Dávila permite
ilustrar su intento por clarificar aquellas frases del Prospecto de
Monja y Casada ... dirigidas a incidir en las expectativas del público
41 Dávila, Breves observaciones ..., pp. 88-89.
42 La Orquesta, 7 de julio de 1869.
42
LA POLÉMICA HISTÓRICA
lector: éste tendría la curiosidad de leer una novela cuyo autor
había consultado "secretos y polvosos archivos" de los primeros
años de la Conquista. El esclarecimiento de la verdad histórica
pretende subrayar un problema ético: Riva Palacio promete refe-
rirse a la historia de los tiempos de la Inquisición mas no se apega
a la verdad. Las finas precisiones de Dávila exhiben los errores de
Riva Palacio a través de un enfrentamiento de fuentes historiográ-
ficas que delatan el largo y sustancioso camino de dos formas de
abordar el pasado colonial. Dos anclas con las que los historiadores
del siglo XIX pretendían sustentar el proyecto del país apenas
independizado de España.
En ese nuevo ser la forma de gobierno abrirá el debate sobre el
pasado. El pensamiento conservador veía más natural el segui-
miento de las tradiciones por ser éstas la esencia del carácter y la
organización social de los pueblos; de ahí su defensa de la monar-
quía como forma de gobierno. La idea conservadora, como sabe-
mos, funda el partido de igual nombre tomando como suyo el
programa de Lucas Alamán, en cuya Historia de México (1849-52)
puede advertirse la visión del pasado como tres siglos de paz y
prosperidad que configuraron en la sociedad costumbres, credo
católico y adecuación al régimen monárquico. La defensa de la
tradición colonial no tuvo reposo en casi todo el siglo pasado; de
ella se expresaba la nostalgia de un pasado mejor, reacción que se
veía favorecida por la larga cadena de conflictos políticos y sociales
durante el siglo XIX.
Frente al conservadurismo, otros intelectuales condenaron la
dominación española; la veían como W1a larga pesadilla de tres
siglos. Ante la devastación pensaban el futuro como la oportunidad
de innovar, por lo cual pusieron su mirada en los países anglosa-
jones industriosos y liberales. Ahí estaban "las luces del siglo" dice
Edmundo O'Gorman y, agrega, para "los hombres de pluma",la
independencia era: "Como el despertar agitado de un sueño pro-
fundo y tenebroso para amanecer en, un mundo de risueñas pro-
43
LETICIA ALGABA MARTINEZ
mesas" .43 El terrible sueño, puede notarse, destila esencias román-
ticas. Y la modernidad política tendría que depositarse en el mode-
lo republicano como forma de gobierno.
La exacerbada reacción de Mariano Dávila obedece a una pugna
vigente aún en 1868, año de la publicación de Monja y casada ... Riva
Palacio recrea el pasado colonial y ahí subraya los excesos de la
institución eclesiástica, el fanatismo,la intolerancia, indicios de una
sociedad dogmática ante los que lucha y opone los nuevos valores
de la razón, la libertad de cultos, indicios del pensamiento liberal.
Se trata entonces de una denuncia inmersa en la ambigüedad
propia de una novela, recurso con el que se actualizan porme-
nores del funcionamiento de la Inquisición y conductas sedicio-
sas del clero. Y, como Riva Palacio había advertido años antes,
cuando se publicó el "Prospecto" del libro sobre las causas
célebres del Santo Oficio, éstas ofrecían peripecias que segura-
mente colmarían las expectativas del lector . El frustrado libro se
tornó en memorias vivas, según los subtítulos de las novelas
subsecuentes a Monja y casada ...,44 señales de que el novelista se
proponía iluminar puntos oscuros de la sociedad colonial, cuyas
bases seguía defendiendo el Partido Conservador y la Iglesia
todavía en 1868. En este sentido, puede comprenderse cabal-
mente el hecho de que Mariano Dávila sea el vocero del conser-
vadurismo más extremo, postura que encontró campo fértil en
su carácter belicoso y sus dotes eruditas.
43 O'Gorman, "En trance de república", en Occidente, marzo-abril de 1945, p.
117.
44 Martín Garatuza continuación de Monja y casada... apareció con el
subtítulo Memorias de la Inquisición (1868, Manuel C. Villegas Editor), el cual
se repite en Las dos emparedadas (1869). Después en 1869, Los Piratas del
golfo inauguran el subtítulo Novela Histórica, que se repetirá en La vuelta de
los muertos (1870); Memorias de un impostor, don Guillén de Lampart,
rey de México, y Un secreto que mata, publicada póstumamente en 1917.
44
LA POLÉMICA HISTÓRICA
Arrogándose el derecho de defender un pasado que Riva Pala-
cio aborda desde una perspectiva alejada del "teatro de los aconte-
cimientos", Dávila lo acusa por incomprender el orden social re-
sultante de la Conquista, acción que la Providencia divina tenía
reservada a España. En los designios de aquélla la Iglesia resulta
crucial por cuanto la siembra de la fe católica.
El Providencialismo, implícito en la crítica, cobra el mayor de
los sentidos en el sacerdote Dávila y se ve aún más potenciado por
el pensamiento jesuita, siempre atento a las transformaciones so-
ciales. Baste recordar el importante papel de la Compañía de Jesús
frente a la formación de la burguesía europea, de ese nuevo orden
y hombres nuevos que, adueñados de sí mismos, asumían sus
éxitos y fracasos en la vida y, por ello, no necesitaban ya de la
Providencia divina. Ante el cambio diametral, los jesuitas supieron
adecuar algunos puntos del dogma católico y a la vez conservar la
idea del orden y del tribunal divino después de la muerte.45
Del pensamiento jesuita en México, Dávila obtuvo el mejor de
los aprendizajes en su tío Basilio Arrillaga y Barcárcel, considerado
como uno de los sacerdotes más importantes del siglo XIX. Dotado
de una alta educación, Arrillaga instruyó a Mariano Dávila en la
escritura de la historia desde que éste era novicio -no de la Com-
pañía de Jesús entonces suspendida- y le confió precisamente la
defensa de la orden (Defensa de la compañía de Jesús) en 1842, cuando
en la prensa se debatía su posible restauración. La estrecha relación
entre sobrino y tío inició en años cruciales para la Iglesia mexicana.
Primero en los 30, década en que surge el primer proyecto de las
Leyes de Reforma; Arrillaga sostuvo entonces una ácida polémica
con José María Luis Mora, a propósito de los bienes eclesiásticos, a
la que me referiré en el Capítulo III. Cabe notar ahora que la
presencia de Arrillaga en el ámbito político va en paralelo con los
45 Cf Groethuysen, La formación de la conciencia burguesa en Francia
durante el siglo XVIII, 1981, pp. 90-95.
45
LETIGA ALGABA MARTÍNEZ
periodos de mayor fuerza del pensamiento conservador. La vida
pública del jesuita inicia en 1835, cuando es diputado en el Congre-
so del Distrito Federal y donde sus discursos lograron acuñar la
frase "Este fraile huele más a pólvora que a incienso" . De 1844 a 49
fue Rector de la Universidad mientras que Dávila, como señalé
antes, escribía la Defensa de la Compañía de Jesús. Durante el Segundo
Imperio, Arrillaga fue Rector del Colegio de San Ildefonso, cargo
del que fue removido en 1865, acaso por la polémica que sostuvo
con el Abate Testory, capellán del emperador Maximiliano y en la
cual retoma la defensa de los bienes de la Iglesia ante la confirma-
ción de las Leyes de Reforma. 46
En la relación de Mariano Dávila con su eminente tío se encuen-
tra además una labor que para la polémica con Riva Palacio resulta
fundamental: la censura de libros. Dávila aprendió muy bien las
lecciones de Arrillaga seguramente en su biblioteca, de la que se
sabe era una auténtica mina del saber universal y permanentemen-
te actualizada. Este camino de lecturas aunado a una argumenta-
ción dotada de la retórica que nutría la proverbial enseñanza de los
jesuitas, tuvo un papel clave en la Dirección del Instituto Literario
de Toluca que Dávila asumió en los años 50 bajo un gobierno
conservador. En un estudio sobre la estancia de Ignacio Manuel
Altamirano en el Instituto Literario de Toluca, Nicole Giron señala
la profunda intolerancia de Dávila, referida por el propio escritor
cuando muchos años después escribió la biografía de Ignacio Ra-
mírez. A propósito del plebiscito que Santa Anna ordenó antes de
continuar la presidencia durante el que sería su último período, de
1853 a 1855, Altamirano recuerda que los alumnos del instituto
acudieron a votar contra el dictador. La oposición recibió un castigo
que proyectó los trazos de la ideología de Dávila:
46 Cf. Valverde Téllez, Biobibliografía eclesiástica mexicana, t. 3, 1949. En
esta fuente y en Jesuitas en México durante el siglo XIX, de Gutiérrez Casillas,
se resalta la figura y la trascendencia de Arrillaga y Barcárcel.
46
LA POLÉMICA HISTÓRICA ·
La ira que provocó semejante alarde de independencia juvenil fue
inmensa. El coronel español Pérez Gómez organizó una serenata, y
fue a gritar al pie de las ventanas del Instituto esa misma noche:
"Mueran las ciencias y las artes"; los alumnos votantes fueron
expulsados, el colegio no se cerró pero los pocos alumnos que
quedaron sufrieron mil vejaciones, las obras de Voltaire, de Rosseau,
de Diderot y de D'Alambert que existían completas en la biblioteca,
fueron quemadas de orden del director, un clérigo llamado Dávila
y parecieron volver por un momento los tiempos inquisitoriales.47 ,-.
El intento del Presbítero por desterrar las obras de los pensadores
de la Ilustración será persistente, y en la polémica con Riva Palacio
cobrará gran importancia. Poco después de la quema de libros, en
1856, con el gobierno liberal, el Congreso del Estado de México
decretó la supresión del Instituto Literario.
La defensa del pasado colonial que Dávila opone a la selección
de sucesos elegidos por Riva Palacio en Monja y casada ... dejan ver
al historiador no sólo de la orden jesuita en México sino de su
nutrida colaboración en el Diccionario Universal de Historia y Geogra-
fía (1853-56) centrada en el largo apartado sobre La Inquisición,
autoría que él desmiente cuando comienza a publicar por entregas
sus "Breves observaciones ... a Monja y casada ..." La defensa de la
Inquisición confirma esa intransigencia frente a las ideas modernas
que caracterizó a los jesuitas y en la cual Martín Quirarte denuncia
como el lado más conservador frente al pasado colonia1.48 A pesar
de que en 1868 resultaba anacrónico defender el Santo Oficio,
Dávila no cesa de hacer enmiendas para contrarrestar la visión
47 Altamirano, Escritos de literatura y arte, en Obras completas, vol. XIII,
1988, pp. 130-131. Citado en Giran, Ignacio Manuel Altamirano en Toluca,
1993, p. 160.
48 Cf Quirarte, El problema religioso en México, 1967.
47
LETlCIA ALGABA MARTINEZ
cruel manifiesta en Monja y casada ... Más que el recuento de sacri-
ficados en el santo tribunal", le importa rechazar la exhibición
11
ante los lectores -de la novela y de sus propios artículos- del
funcionamiento de aquél: la inserción del Edicto de acusación a Sor
Blanca del Corazón de Jesús, documento en el que seguramente
Riva Palacio se inspiró para crear el personaje de Blanca Mejía. Pero
lo más intolerable para el defensor de la moral católica, recorde-
mos, son las escenas horripilantes" relativas al tratamiento que
11
Luisa y Blanca Mejía reciben en la cárcel y ante el tribunal. Destaca
la tortura a que es sometida Blanca Mejía:
Mira lo que vas a padecer -le gritaba el confesor ... Tus carnes se
abrirán, tu sangre goteará y correrá, tus músculos se harán pedazos,
y sentirás todos los tormentos del infierno en esta vida y en la otra:
confiesa ...
y de la tortura psicológica él la física, en detrimento del pudor de
la víctima: " ... lanzó un grito porque los carceleros habían arranca-
do el último cendal de su cuerpo ... " Pero si la desnudez de la
víctima es censurada por el sacerdote Dávila, de mayor peso inmo-
ralle resultaba el comentario del narrador:
Tal vez ni un pensamiento impuro cruzó por la cabeza de aquellos
hombres al contemplar a Blanca, porque estaban acostumbrados a
esas escenas, y porque hay una especie de lascivia en la crueldad que
ahoga todos los sentimientos.49
La crueldad inquisitorial ya había sido denostada en novelas ante-
riores a Monja y casada ..., mas en ésta los recursos parecen extremar-
se; resultan distantes de El Inquisidor, de 1838, obra en la que José
49 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. II, pp. 181-82.
48
LA POLÉMICA HISTÓRICA
Joaquín Pesado abrevia las escenas, producto de "las ideas y bár-
bara jurisprudencia" del Santo Oficio:
-¡Condenada Sara al tormento! exclamó Duarte, ¡Oh! no; yo soy el
culpado y no ella. Desde luego me confieso delincuente. Inútil sería
cansar al lector con la serie de preguntas y respuestas que siguieron
a esta confesión. En virtud de ellas obtuvo el tribunal cuantos datos
eran necesarios para cerrar el proceso, y fulminar a pocos días la
sentencia a que se hicieron acreedores los reos en virtud de perma-
necer impenitentes.50
Monja y casada ... ya no sugiere los mecanismos, descubre e ilumina
el secreto: "el alma, el resorte, nervio poderoso de la Inquisición",51
como reiterará el historiador Riva Palacio quince años después en
el capítulo sobre el Virreinato en México a través de los siglos. En
sentido opuesto, una década más tarde Joaquín Carda Icazbalceta
señalaba los errores de perspectiva frente al pasado colonial de
quienes sustraían hechos particulares, como si fuese "un solo punto
de tiempo el dilatado espacio de tres siglos ... el juicio general
debiera fundarse en el conocimiento íntimo de aquél período, y
deducirse, no de hechos aislados, sino del carácter general del
conjunto" .52 La aprehensión del pasado colonial bulle en la polé-
mica de Dávila y, aparentemente, el asunto del Santo Oficio es el
principal, por las "pruebas" que Riva Palacio dice tener, según
50 Pesado, El Inquisidor de México, en La novela corta en el primer
romanticismo mexicano, 1985, p. 209.
51 Riva Palacio, "El Virreinato", en MéJtico a través de los siglos, t. III, ed.
sin fecha, p. 411.
52 Cit. en Martínez, "Joaquín Carcía Icazbalceta", en Historiografía de la
Literatura mexicana. Ensayos y comentarios, 1996, p. 36-37.
1111111111111111
2894316
49
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
podemos leer después de los capítulos en los que figura el Edicto
mencionado y las escenas de tortura de la protagonista:
En los límites de una novela no se puede tratar una cuestión de esta
clase; sin embargo, si alguien levantase la voz negando los hechos
que referimos y defendiendo al Tribunal de la Inquisición, docu-
mentos irreprochables tenemos para confundirlos.53
Ante tal declaración, el Presbítero responderá con la parte segunda
de sus Breves observaciones ... intitulada liLa Inquisición. Un reto". El
gran espacio sobre el tema verifica la preocupación del historiador
Dávila por divulgar la verdad sobre una cuestión que
"las luces" del siglo han vuelto tan confusa, tan oscura y complicada,
por las diversas y variadas formas con que ha sido y es tratada por
los llamados reformadores y progresistas, en sus libros y discursos, sus
periódicos, novelas y comedias ... cuestión con que han logrado
infundir, con sólo iniciarla o pronunciar su nombre, el más pánico
terror y general alarma que han presenciado los tiempos ...54
La reiterada defensa de la verdad histórica en una novela fue
cobrando mayor dificultad; Dávila sabía que la recreación del
Tumulto de 1624 en Monja y casada ... era una pieza clave del
entramado narrativo pues ahí se anuda el ataque al clero mexicano,
según sus propias palabras. Surge entonces su exhortación a revi-
sar fuentes históricas para denostar las que presuntamente consul-
tó Riva Palacio.
Las pruebas que Dávila acumuló para tal finalidad hubiesen
bastado a su competencia de historiador; entendía, sin embargo,
53 Riva Palacio, Monja y casada ...t. II, p. 223.
54 Dávila, Breves observaciones ..., p. 60.
50
LA POLÉMICA HISTÓRICA
que se enfrentaba a una novela de tesis, doctrinaria, la cual era a su
parecer una muestra más de los" dramas románticos" que el Folle-
tín había puesto en boga. El Presbítero sabía que su espíritu jesuita
tan combativo como parecía ser la novela, debía descalificarla y
exhibir las "pruebas" -esa palabra clave en los recursos del pole-
mista- de que la novela no alcanzaba la categoría artística. Su
decisión fue incitada seguramente por una de las respuestas soca-
rronas y absolutamente pertinentes de Riva Palacio ante el gran
acopio de datos por parte de Dávila:
¿Qué podremos decir ante la severa y juiciosa crítica de nuestro
amable Presbítero ... La verdad, nada, porque sería preciso escribir
un libro entero. La verdad es que nosotros estudiamos la historia
por otro autor muy distinto del que se la enseñó al padre Dávila, y
allá cada uno de los que han leído crítica y novela mediten, darán
razón al que la tenga, que esto es tan fácil, que a nadie le parecerá
cosa del otro jueves.55
55 La Orquesta, 8 de enero de 1869.
51
Capítulo II
La polémica literaria
EL PARADIGMA
Si en la polémica histórica Mariano Dávila defendió la presunta
verdad con el fin de resaltar un problema ético inherente a la
imaginación del novelista Riva Palacio, empeñado en hacerse pasar
por historiador, en la polémica literaria abordará el problema
estético para descalificar Monja y casada ... El análisis de la novela
discurre en paralelo con las precisiones históricas, en virtud de un
recurso hábil y soterrado: Dávila lee la obra y, simultáneamente,
rastrea la trama y la intriga; las descompone y las enmienda. El
resultado, ya podrá imaginarse, es una nueva versión de la novela
que, desde luego, evita a los lectores los aspectos inmorales. En la
táctica aflora, por lo demás,la emulación del crítico con el novelista.
Es este recurso uno más de entre un conjunto susceptible de varias
calas y que abordaré en el Capítulo III. Conviene ahora tener
presente que la táctica mencionada antes posee también un efecto
inmediato: el Presbítero intenta robarle público a Martín Garatuza,
-continuación de Monja y Casada ...- pues la primera entrega de
"Las breves observaciones sobre Monja y Casada ..." aparece ello.
de diciembre de 1868 en La Revista Universal, cuando ya habían
aparecido las primeras entr~gas de}[Link]ín Garatuza.
Los parámetros a los que es sometida la novela indican la
adhesión a una poética neoclásica corriente en la segunda mitad
del siglo XIX. Aunque Dávila menciona vagamente sus fuentes,
53
LETICIA ALGABA MARTINEZ
aplica preceptos que ya habían remontado algunas de las enseñan-
zas de Luzán en el mundo hispánico, mas aún cautas frente a la
estética romántica. Esta línea tiene acaso su mejor representante en
la obra de Manuel de la Revilla y Moreno, autor en boga durante
la década de 1870; si bien es un poco posterior, su preceptiva
coincide en gran medida con el análisis de Monja y casada ... pues
seguramente hay fuentes comunes.
Al definir el propósito de sus Breves observaciones ... Dávila resal-
ta su expectativa sobre el autor de Monja y casada ... :
...algunos artículos periodísticos que hemos visto de su pluma, lo
acreditan de hombre sensato, pensador, y sobre todo muy ajeno del
espíritu de partido, que por desgracia caracteriza a ciertos escritores
del día; y por otra parte, habiendo oído recomendar su literatura con
especialidad en la difícil ciencia histórica, nos formamos juicio de
que en la exposición de los hechos que se proponía presentar a sus
lectores, bajo el agradable aspecto de un romance, no se apartaría
un ápice de la verdad, sabiendo distinguir lo falso de lo cierto, lo
apasionado de lo justo, lo dudoso de lo probado: reuniendo a lo
dulce lo útil, y lo que es más importante en este siglo, llamado de
ilustración y de progreso, de crítica y de filosofía, llenando cumplida-
mente las dos condiciones indispensables de la poesía, -lo bello y lo
bueno- bello en la forma, bueno en el fondo: ley universal, siempre
acatada y jamás puesta en duda. 56
La forma y el fondo son, efectivamente, los ejes del análisis. La
primera ha de responder a lo bello, la segunda a lo bueno, y éste
designa la moralidad de la obra, mientras que en su belleza radican
las cualidades reales y verdaderas que son: la variedad, la unidad,
la regularidad, el orden y la proporción, gobernadas por las si-
guientes reglas: la uiüdad de acción, la verosimilitud de los sucesos,
56 Dávila, Breves observaciones ..., p. 4.
54
LA POLÉMICA LITERARlA
la relación de los episodios y la moralidad del objeto. Los concep-
tos, según se aprecia, corresponden al modelo neoclásico más
corriente, por así decirlo; pero "lo bueno", continente de lo moral,
es un elemento peculiar, pues de acuerdo a este marco preceptivo,
no corresponde a las obras literarias, sino a las didácticas y de
oratoria, discursos en cuyos fines y medios resulta comprobable la
moralidad. El sesgo que imprime Dávila era, sin embargo, común
en algunos críticos españoles y franceses, quienes no cesaban de
calificar a los novelistas románticos como más cuidadosos de las
formas que del fondo, de la moralidad.57
La expresión de la belleza en la forma en Monja y casada ...no pasa
del todo el examen del crítico. La unidad y la variedad son aquí los
conceptos clave. De modo semejante a Revilla, Dávila identificará
la unidad con la existencia de un solo asunto, una sola idea, un solo
plan, una sola inspiración. En la variedad -elemento específico de
la novela- comprenderá la acción expresada mediante episodios
-muy numerosos- y los personajes.58 Y, finalmente, decidirá que
la combinación de la unidad y la variedad es la que logra una obra
armónica, viva, es decir, bella. Monja y casada ..., según el Presbítero,
tiene varios asuntos, muchísimos episodios y, acaso lo más pecu-
liar, asuntos o historias59 desconectados entre sí.
Antes de profundizar en algunos ejemplos al respecto, conviene
recordar brevemente la organización, el contenido de la obra y las
condiciones de su recepción. La novela está dividida en cuatro
libros y cada uno en capítulos, ordenamiento al que se atiene
Dávila; a esto hay que añadir la publicación por entregas, efecto
que tiende a diluirse cuando, muy pronto, los fascículos integraron
57 [Link], Principios generales de Literatura e Historia de la Literatura
Española, 1877, pp. 427s5.
58 Cf Ibid.
59 Dávila usa indistintamente asunto e historia.
55
LETlClA ALGABA MARTÍNEZ
un volumen. A grandes rasgos, las historias -efectivamente son
varias- comienzan en el siguiente orden: la fundación del Conven-
to de Santa Teresa la Antigua da pie a la primera historia, sobre los
amores entre Beatriz de Ribera y el Oidor Fernando Quesada.
Intercalada en esa historia, aparece la de un esclavo, Teodoro,
degradado en su pertenencia a la clase noble de su raza negra. Entre
estas dos historias comienza a tejerse la historia central cuyas
protagonistas son dos mujeres: Luisa y Blanca Mejía, esta última la
monja y casada, virgen y mártir, como se titula la novela.
Colmada de sinuosidades derivadas del destino de las protago-
nistas, la historia central aparece y desaparece intensificando el
suspenso indispensable para aumentar las expectativas del lector
que periódicamente recibe las entregas. En suma, Monja y casada ...
tiene una historia central y varias adyacentes.
Dávila, y acaso cualquier lector, espera que la primera historia
enlazada a la fundación del Convento de Santa Teresa la Antigua
en 1615 sea la principal y la única, debido a su notable extensión.
Este elemento, aunado a que el narrador recarga la crítica a las
instituciones eclesiásticas, es materia de las más detalladas preci-
siones en cuanto a la verdad histórica, como ya mencioné en el
Capítulo 1. En el terreno literario, el Presbítero nota su progresiva
desaparición, indicio para él de que es un "ardid" para exhibir los
desmanes del clero. En efecto, Riva Palacio pone de relieve el
fanatismo religioso rector de los destinos de las mujeres novohis-
panas y ciertas argucias de las autoridades eclesiásticas para apo-
derarse de bienes. Atinadamente el crítico advierte en la primera
historia una especie de detonador de la historia central, aunque
para él, consecuente con su perspectiva de análisis, la novela ya no
obedece a un solo plan. Irá comprobando luego las dimensiones de
los otros asuntos o historias en los que, de paso, observa títuios y
subtítulos ajenos al contenido. Omite el recurso del narrador orien-
tado a aumentar el suspenso y, a la vez, a mantener un juego
humorístico con el lector. Ejemplos: "Cómo 'en donde menos se
56
LA POLÉMICA LITERARIA
piensa"'; "Donde el' diablo tira de la manta"'; "En que se sabe cosa
increíble pero verdadera" .
El juicio sobre el Libro III intitulado" Monja y casada" ilustra la
acuciosidad de Dávila:
En efecto, aquí se verifican ambas condiciones. Pero tan al vapor, que
más que asunto de un libro, cualquiera le diría episodio. Juzgándolo
aritméticamente, hallaremos que de la página 293 a la 437 en que da
principio el siguiente ... por 144 fojas ... apenas hay 29 en que se hace
relación de su fuga del convento, de su matrimonio y aprehensión,
pues aunque por todas son 41, de las restantes 3 se ocupa del Santo
Oficio ...otras tantas contiene el regreso de Felisa y el Sacristán, sus
cómplices de fuga, al monasterio, y las restantes hacen poco a la
historia. 60
La dilatación de secuencias es, en contraste, advertida por el narra-
dor con una excusa humorística y eficazmente trasladada a la
cotidianeidad de sus lectores:
Como dicen vulgarmente, que cuidados mayores quitan meno-
res, por seguir el hilo de nuestra historia hemos abandonado
desde hace mucho tiempo a dos personas que, no por su poca
representación dejan también, como dicen los modernos políti-
cos, de haber contribuido con su grano de arena" . Tal vez el
11
lector no recuerde ya a Felisa, la muchacha del convento de Santa
Teresa, y al sacristán su novio, a quienes abandonamos en los
momentos mismos en que la ronda se cansaba en su persecución.
Los abandonamos en el momento del peligro, pero es en estos
tiempos cosa muy común. 61
60 Dávila, Breves observaciones ..., p. 25.
61 Riva Palacio, Monja y Casada, t. II, p. 166.
57
LETIClA ALGABA MARrtNEZ
Enseguida y trazando un movimiento inverso en la narración, se
condensarán elementos claves del destino de una de las protago-
nistas de la historia central, como en preparación de un momento
climático antecesor del desenlace. La rapidez con que se dan indi-
cios definitivos para entender el Libro IV (l/Virgen y mártir") indi-
can nuevamente la dosificación del plan del narrador. No es ésta la
opinión de Dávila, por supuesto; él sigue empeñado en perseguir
una historia lineal, sin tantos vericuetos.
Respecto a la falta de correspondencia entre el título del Libro
III, "Monja y Casada", y el contenido de sus 19 capítulos, es decir las
1/144 fojas" ajenas a la historia central, constituye uno de los juicios
más representativos de la argumentación de Dávila. Este dilatado
espacio, conviene aclarar, se inicia con una crónica sobre el estado
socioeconómico de la Nueva España en 1624, que propiciará la
inserción del segundo suceso histórico en el ámbito novelesco: el
Gran Tumulto de aquel año. Riva Palacio hace una doble conexión;
por un lado, con la fundación del convento de Santa Teresa la
Antigua, pues el entonces arzobispo Juan Pérez de la Serna se había
encargado de adquirir los terrenos para erigirlo, y de otro lado, con
la historia central porque nueve años más tarde, en 1624, del mismo
Arzobispo depende el trámite de la dispensa de votos de Blanca
Mejía y así abandonar el convento. Dicho de otro modo, el autor
eligió dos sucesos que ponen de relieve ciertos excesos de la Iglesia
y del Arzobispo, quien por el año de 1624 sostenía un acalorado
pleito con el virrey Marqués de Gelves. Ambos protagonistas del
suceso histórico ingresan a la historia ficticia central o, inversamen-
te, como subraya Dávila, los personajes ficticios figuran en el suceso
histórico. De ahí que diga:
Qué relación haya tenido este escandaloso acontecimiento con la
novela histórica de una monja, que aburrida de un estado, que si se
quiere abrazó forzada por la tiranía y la codicia de su hermano, en
desprecio de las censuras de la Iglesia, se fuga del claustro, se alza
58
LA POLÉMICA LITERARIA
con un nombre supuesto, y cae en consecuencia en poder de la
Inquisición ... nosotros no la alcanzamos a comprender; tanto más,
cuanto que ese añejo y desfigurado episodio a nada conducía para
el fin que se proponía el autor de dar a conocer una monja a la vez
casada, y también virgen y mártir, ni hacía la menor falta para desen-
volver cumplidamente su plan. Empero desde el principio de la
leyenda algo se entrevió, por la narración del acto de posesión de
las casas legadas para el convento de Santa Teresa, fuertemente
disputadas por el heredero del fundador ... Desde luego comprendi-
mos el espíritu de la novela. Bajo aquel extraño título que se le daba
para llamar la atención, nada menos se proponía que -según la
moda del siglo- zaherir al arzobispo Pérez de la Serna y al clero
mexicano de esos tiempos.62
Las últimas frases del Presbítero muestran que está enfrentándose
a una novela de tesis, con una postura ideológica distinta de la
suya, no obstante para descalificarla se está valiendo de una pre-
ceptiva que definía la novela histórica con ingredientes de difícil
ejecución. Aquí nuevamente hay coincidencias con Revilla, quien
precisa para este tipo de obra una combinatoria de dos acciones, la
histórica y la ficticia. En estas dos vertientes el narrador debe:
unirlas indisolublemente sin faltar a la verdad histórica, ni siquiera
a la verosimilitud; retratar con fidelidad y animación las costum-
bres, ideas, sentimiento de la época; idealizar y embellecer la acción
-histórica sin que falte a la verdad de los hechos; no desfigurar el
verdadero carácter de los personajes históricos y, por último, iden-
tificar los personajes ficticios con el espíritu de la época. Semejante
tarea rara vez se cumple, según acepta el propio Revilla, pues nin-
gún autor de novela histórica cabría en esta rígida preceptiva.63
62 Dávila, Breves observaciones .. ., p. 35.
63 ef Revilla, Principios generales de Literatura e Historia de la Literatura
Española, 1877, p. 424.
59
LETIOA ALGABA MARTlNEZ
Sin duda, las novelas de Walter Scott son el paradigma de la
novela histórica del siglo pasado; en ellas la historiografía y la li-
teratura constituyen vasos comunicantes. Chateaubriand y todos
los historiadores románticos emulan al narrador de la novela,
miran al pasado y lo narran no como fue, sino como hubiesen
querido que fuese, según lo señala el historiador Juan Antonio
Ortega y Medina:
Historiadores como Chateaubriand, Agustín Thierry y, sobre todo,
Amable Barante recurren a estas engañosas y rebuscadas recreacio-
nes y cifran casi todo su interés en damos una matizada y animada
narración en lugar de asegurar la verdad de ésta. Escriben para
narrar no para-probar. (Scribitur ad narrandum, non ad probandum),
como lo aconsejara Quintiliano. La Historia no tenía, por consiguien-
te, que analizar con frialdad, sino emocionar como la poesía, puesto
que, a fin de cuentas, la verdad poética, como lo había proclamado
Aristóteles, era superior a la verdad histórica. 64
ASÍ, la verdad poética, la verosimilitud, proveniente de la poética
clásica emparienta las novelas de Walter Scott con la historiografía
romántica; en tanto que los neoclásicos como Revilla -y Dávila-
solicitan al novelista no faltar a la verdad histórica ni siquiera a la
verosimilitud, idealizar y embellecer la acción histórica sin que se
falte a la verdad de los hechos. Tales preceptos intentan sobreponer
la presunta verdad histórica sobre la ficción para contrarrestar la
imaginación del novelista, del narrador romántico, insoportable
para quienes sujetan la novela a reglas y a modelos más bien
virtuales y, sobre todo, transhistóricos.
En Europa la pasión por la historia abarcó todo el siglo XIX y no
fue territorio exclusivo de los románticos. Thiers se opuso al color
local, a la exageración, a los efectos artísticos que pudieran ir en 11
64 Prólogo a W.H. Prescott, Historia de la Conquista de México, 1970, p. xw.
60
LA POLÉMICA LITERARIA
detrimento de laverdad" y decía: "Mentir en el fondo, mentir en
la forma, en el tono, es algo intolerable ... la historia debe ser
verdadera, simple, sobria" .65
El antirromanticismo de autores como Thiers no parece haber
limitado ni frenado el parentesco ineludible entre los narradores
así de la ficción como de la historiografía. Alfredo de Vigny, por
ejemplo, veía en la historia un auxiliar de la literatura y a la novela,
consecuentemente, le otorgaba superioridad por cuanto realza las
ideas, refuerza los caracteres y domina o armoniza los hechos
contradictorios o confusOS.66
Monja y casada ... no posee la belleza formal que solicitan los
preceptos neoclásicos; como cualquier romántico, Riva Palacio
imprime unidad a la acción y al conjunto pues como subrayé antes
la historia central atrae a las secundarias con movimientos sinuosos
que abrevian, o alargan o suspenden, recurso eficaz que cubre un
doble propósito: mantener la expectativa de un lector que recibe
las entregas; distender la emoción ante los destinos de personajes
que se debaten en la pasión amorosa, o en la opresión del fanatismo
religioso o en el intento de acceder o, siquiera obtener, un mejor
lugar en la sociedad. El plan responde entonces a unos principios
básicos de la narración, pero ésta se desarrolla mediante distintos
recursos, sin reglas fijas, como decía Víctor Hugo para el drama y
" ...según las condiciones propias de cada asunto" .67
UN PROBLEMA DE VEROSIMILITUD
Una novela no es la historia -es verdad; pero un panorama tampoco
es un verdadero paisaje, y sin embargo, si las reglas de la perspectiva
10 Cit. en Picard, El romanticismo social, 1947, p. 210.
11 Cit. en Ibid., p. 212 .
12 Víctor Hugo, "Prefacio" a Cromwell, 1977, p. 20.
61
LETiCIA ALGABA MARTÍNEZ
no son bien observadas, si los árboles no estriban en el suelo, si los
hombres son más grandes que las casas; si los caballos vuelan por
el aire y las nubes se arrastran por la tierra, las gentes separarán los
ojos con fastidio; porque el sentimiento de los verdadero que tene-
mos en nosotros será ofendido, y porque el pintor habrá obrado en
oposición a los principios del arte que debe imitar a la naturaleza. 68
Este fragmento es citado por Dávila sin dar de su autor más que
el dato significativo de haberse ocupado de El Conde de Monte-
cristo de Alexandre Dumas. Define el concepto de verosimilitud
con el que se analizará Monja y casada ... y esclarece un punto
clave: el traslado de la realidad a la obra literaria que, como
sabemos, constituye el centro de las teorías poéticas. Copiar,
imitar o recrear la naturaleza son los términos de los que se
desprenden distintos conceptos de verosimilitud. Privilegiando
el punto de vista del narrador, el fragmento indica el proceso de
la mimesis, en el que se fragua la verdad artística. De modo tal
que la realidad llevada a una novela no es la realidad de la
historia; compete al narrador, sin embargo, imaginar o inventar,
en su imitación de la naturaleza, lo que cabe o puede haber en
ella, esto es, lo verosímil. Aquí estriba la cuidadosa tarea del
novelista, o como recomienda Dávila a Riva Palacio: "Para men-
tir y comer pescado hay que tener mucho cuidado".
El fragmento al servicio de la argumentación de Dávila toca
el problema del realismo en la novela, objeto de polémicas en
Europa desde los años cuarenta del siglo pasado con el surgi-
miento del Folletín, y hasta los ochenta, a propósito del Natura-
lismo. En España, por ejemplo, menudeaban las críticas al realis-
mo por cuanto las obras pintaban vicios, miserias morales; se
pedía, en cambio, fantasía, fidelidad parcial a la realidad. Asi-
mismo, hacia la década de los cincuenta, abundaron las críticas
68 Dávila, Breves observaciones ..., p. 43.
62
LA POLÉMICA LITERARIA
a las novelas con lecciones políticas o morales, se las consideraba
arte utilitario; la novela social carecía de belleza por su realismo,
amenazante para los lectores de la clase media, a quienes se mostra-
ban los temas de la clase socialmente oprimida. 69 A fines de los
años setenta Revilla recomendaba no copiar servilmente a la na-
turaleza sino " ... representarla con 'libre idealidad' ...eligiendo
en la realidad los objetos, rasgos y momentos más bellos, dejando en
la sombra o usando como contraste lo feo ... "70 pues, subrayaba
" ...es innegable que la ficción artística es más bella que la reali-
dad",71 conceptos de clara filiación a la estética de Hegel.
Dávila analizará Monja y casada ... bajo algunos conceptos hege-
lianos aunque insistirá en discutir el problema de la verosimilitud
desde su realización en el relato historiográfico; por eso, invocará
las "reglas de la perspectiva", a fin de resaltar las exageraciones,
las hipérboles. Solicitará, por lo tanto, una doble verosimilitud, la
histórica y la artística, un hipotético y peculiar realismo, yen éste
defenderá el privilegio de lo bello,la no inclusión de lo feo, es decir
lo opuesto a la estética romántica de Víctor Hugo, quien señalaba
que lo bello forma una simetría absoluta mas restringida pues "lo
feo existe a su lado" .72
La verosimilitud, lo sabemos, ocurre en la relación entre la obra
y el lector . El efecto más buscado por el autor y el de mayor eficacia
sobre el lector consiste, como apunta Roman Jakobson, en no
privilegiar la adecuación con el referente, sino la adhesión con el
69 ef Zavala, Ideología y política en la novela española del siglo XIX, 1971,
pp. 17188; también El texto de la historia, 1981 .
70 Revilla, Principios generales de la Literatura e Historia de la Literatura
Española, 1877, p. 82 .
71 !bid., p. 78.
72 Víctor Hugo, "Prefacio a Cromwell", 1977, p. 10.
63
LETIClA ALGABA MARTÍNEZ
destinatario.73 Es justamente en tal efecto donde ahora percibimos
la verosimilitud en Monja y casada ... Dávila lo sabía también pero
desde la perspectiva de su tiempo, la del momento mismo de la
escritura de la novela; de ahí el rechazo a la desbordada licencia del
novelista, la excesiva libertad, el gran vuelo de la imaginación, la
osadía, en última instancia, de recrear el pasado colonial en una
mixtura con el presente.
Como he señalado varias veces, el desapego a la verdad histó-
rica produce inverosimilitud en los personajes, según Dávila, quien
a lo anterior añade un aspecto moral, la ausencia de virtud en ellos:
todos poseen alguna mancha, sea el fanatismo religioso, sea la
servidumbre del estado amoroso o bien los bajos intereses munda-
nos. En otras palabras, Riva Palacio exhibe las miserias humanas.
En el Capítulo 1 mencioné algunas precisiones de Dávila sobre el
"verdadero" carácter de los personajes históricos; los rasgos del
arzobispo Pérez de la Serna y el virrey Marqués de Gelves son
tergiversados para depositar en el primero el afán de poder que lo
lleva a usar medios deshonestos, y en el segundo un temple equi-
librado para gobernar y apaciguar el afán de la máxima autoridad
eclesiástica que se había aliado con los Oidores.
El importante papel del personaje Martín Garatuza es desmen-
tido por Dávila justamente al inicio de sus Breves observaciones ... La
existencia del personaje, según sus fuentes historiográficas, no
coincide con la edad que se le adjudica en la novela. En 1615, año
de la fundación del convento de Santa Teresa la Antigua, era un
niño de diez años y no un joven capaz de superar a un soldado en
el uso de las armas y menos aún podría ser el hombre de las
73 El concepto de verosimilitud y sus distintas acepciones en las varias y, a veces,
controvertidas definiciones de realismo, están magistralmente especificadas en el
artículo de Roman Jakobson "Du realism en art", en Quéstions de Poétique,
1973, pp . 31-37. Citado también en Beristáin, Diccionario de Poética y Retó-
rica, 1985, p. 482.
64
LA POLÉMICA LITERARIA
confianzas del arzobispo Pérez de la Serna, cuando éste se ocupaba
de la cesión de los terrenos para el convento, según sucede en Monja
y casada ...:
¿Quién será ese Martín, de tanto valor, confianza y actividad, a quien
el Arzobispo hace su brazo derecho en este célebre negocio ... ¿Pero no
hay tantos Martínez, Martinillos y Martinetes en el mundo ... ? ¿lo
creerán nuestros lectores? era ... ¿será una verdad histórica a la que no
se puede faltar? ...era ¿y no nos caemos muertos del asombro, o
desmayados, al menos, por el golpe violento y sorprendente de una
risa homérica? ...pues era ... ¡el señor Bachiller don Martín de Villa-
vicencio y Salazar (a) Garatuza, y por posteriores (aa) "Martín Droga,
Martín Lutero y Chepe Garatuza", cuya vida ha hecho sudar las
prensas para ejemplo y común edificación, y ¡ en honra y gloria de
la literatura mexicana! 74
La revelación del anacronismo en el personaje exhibe las fallas del
historiador Riva Palacio, pero en el plano literario el Presbítero
critica la elección de un personaje que ya había sido retomado en
otras obras -aunque no las menciona-; es decir, subraya la falta de
originalidad. Al respecto Dávila hará en otro lugar propuestas de
personajes inéditos, que se encuentran en, por ejemplo, los archivos
de La Acordada, en vez de los de la Inquisición, donde figura
Martín de Villavicencio y Salazar, alias Garatuza, vicioso, hábil
estafador y otros cargos. Ciertamente Riva Palacio elige específica-
mente a un joven de conducta oscura:
Martín era un perdido, un truhán ... estaba en relación con la peor
canalla de la ciudad, muy joven, muy valiente, con gran inteligencia
pero lleno de vicios. Martín de Viravicencio y Salazar, alias Garatu-
za, como le decían sus compañeros, debía figurar, y figuró, como
74 Dávila, Breves observaciones ..., pp. 7-8.
65
LETIGA ALGABA MARTINEZ
una notabilidad por sus crímenes en el siglo XVIII. Pero en medio de
todo, era un tipo de lealtad y de abnegación hacia sus amigos ...
cualquier sacrificio estaba dispuesto a hacer en servicio suyo, porque
Martín era un hombre de corazón75
Naturalmente, Dávila reprobará la elección del personaje por cuan-
to su importante papel en la novela como aliado del arzobispo
Pérez de la Serna en el Tumulto de 1624. A propósito del suceso,
Riva Palacio da a Martín Garatuza toques de heroicidad y lo ubica
en la cúspide del poder novohispano, acaso en preparación de un
espacio mayor en el que discurrirán las dotes benignas del perso-
naje, fraguadas en la miseria del estrato social más bajo. Ese espacio
será la novela que lleva el nombre del personaje y es continuación
de Monja y casada ...
La mixtura de los personajes históricos con los ficticios es el
centro de la crítica de Dávila. Imposible creer, señala, que Martín
Garatuza, El Ahuizote y Luisa, integren la l/falange revolucionaria 1/
del Prelado. Lo inverosímil reside en que se presentan como pri-
meros actores no sólo ante el populacho bárbaro e ignorante", sino
1/
ante el propio Virrey y el resultado es un l/lunar que afea" y no una
escena creíble. Cabe notar que la fealdad referida en el comentario
va más allá del problema estético; en éste se desliza más bien uno
de orden social: el populacho ignorante sí puede aceptar la impos-
tura de los personajes, lo cual no cabe en la sabiduría de la máxima
autoridad novohispana. Planteado así el asunto, el Presbítero in-
tenta neutralizar el efecto de la fusión de clases sociales ante los
lectores de la novela. Dávila no acepta personajes del estrato más
bajo de la sociedad; su juicio en 1868 es un tanto anacrónico y más
bien semejante al de Luis de la Rosa, quien en 1844 ve en la li-
teratura el mejor instrumento para l/propagar la instrucción y la
moralidad"; sin embargo no se dirigía a todos los miembros de la
75 Riva Palacio, Monja y casada ..., U, p. 54.
66
LA POLÉMICA LITERARIA
sociedad. La novela, decía, se degeneraba y se volvía banal cuando
el argumento "tomaba las costumbres de las clases ínfimas, en las
que por lo común no hay pasiones sino vicios".16 Un personaje
como Martín Garatuza, o el Ahuizote, no debían figurar en Monja
y casada ... según de la Rosa y Dávila, pero Riva Palacio los pone
como representantes de la opresión ~ocial, y en Martín Garatuza
deposita el anhelo de la libertad, indicios de la estética romántica
diversa de la de Luis de la Rosa. Este concibe la literatura como una
forma de instruir a la manera neoclásica privilegiando la belleza.
Dávila con toda pertinencia se detiene en los personajes de "baja
ralea"; en ellos rechaza incluso indumentarias que puedan sugerir
cambios de estrato social y, sobre todo de época, como en el caso
de El Ahuizote presentado así en la novela:
un hombre de raza indígena pura, su tez cobriza, su pelo negro y
lacio, sin barba y con escaso bigote. Vestía una ropilla ordinaria de
velludo, con calzón de escudero y sus medias calzas de venado;
estaba envuelto en tabardo gris, y conservaba en su cabeza un
sombrero de anchas alas ...77
Dávila comenta: "¡Copia exactísima de un indio del siglo XVII! Pero
si se sustituye al sombrerote la gorra de terciopelo negro con su
pluma: ¿quién no diría ser el retrato de un paje del Mariscal Byron,
o de Sancho Ortíz de Roelas?".18
La apreciación anterior constituye uno de los mejores ejemplos
del fondo de la disputa: los personajes de Monja y casada ... se sitúan
en la sociedad novohispana mas se caracterizan y actúan como los
76 De la Rosa, "Utilidad de la literatura en México", en La misión del escritor.
Ensayos mexicanos del siglo XIX, 1996, p. 93.
77 Riva Palacio, Monja y casada ... t. 1, p. 77.
78 Dávila, Breves observaciones ..., pp. 16-17.
67
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
del siglo XIX. La inverosimilitud proviene del traslado del presente
del novelista al pasado, movimiento aparentemente inverso en la
perspectiva de Dávila y sobre todo inesperado en una novela
histórica, cuyo autor ha dado garantías de mostrar verdades ocul-
tas de la etapa colonial.
Las presuntas infraccion~s a la verosimilitud aluden a la sub-
versión que del orden social propone el personaje romántico. Mar-
tín Garatuza y El Ahuizote ascienden momentáneamente -aunque,
a la inversa, las acciones se alarguen- en la escala social, hasta la
cúspide, hasta el lugar de las autoridades política y eclesiástica de
la Nueva España; en sentido contrario, el Arzobispo y los miem-
bros de la Audiencia descienden y se alían con los representantes
del más bajo estrato social. Esta ilusoria movilidad seguramente
conmovería a los lectores de Monja y casada ..., muy distantes ya del
siglo XVII y, por eso, inmersos en un orden social distinto del
colonial, que facilitaba aspiraciones de ascenso. Como ya señala-
mos es en la relación obra-lector donde se crea la verosimilitud. La
aceptación del lector ocurre cuando puede identificarse con los
personajes; éstos le representan sus aspiraciones, sus fantasías, sus
ilusiones, los cuales se erigen en modelo y pueden ser emulables.
Riva Palacio subvierte el orden social, indicio de su filiación román-
tica, y elemento amenazante para la moral católica decimonónica
que insistía en conservar un orden social gobernado por los desig-
nios de la Providencia divina.
En Monja y casada ... Riva Palacio aboga por el orden social que
se había venido gestando desde la Independencia y en él resalta los
principios de la tolerancia y el libre pensamiento, esos ingredientes
modernos del proyecto político de los liberales que culminaron en
las Leyes de Reforma. Y como bien observa Mariano Dávila, se vale
de una novela para contrastar los yerros y lacras del orden social
de la Colonia que todavía durante el siglo XIX era defendido por los
conservadores. La versión novelesca sobre ciertos sucesos históri-
cos alcanza la verosimilitud en el sentido señalado por Roman
68
LA POLÉMICA LITERARlA
Jakobson: el privilegio de la búsqueda de adhesión con el destina-
tario, el lector decimonónico, el del presente del narrador, en
detrimento de la adecuación con el referente, los años tempranos
de la Colonia. Esta perspectiva se antoja normal en nuestro presen-
te, pero en 1868, apenas un año después de la restauración de la
República, Monja y casada ... resultaba combativa pues como he
señalado 'íarias veces el "espíritu de partido" no había cesado, y
ante el futuro subsistía la pugna historiográfica sobre la incorpora-
ción del pasado colonial, desde el lado conservador o desde el
liberal.
La presunta inverosimilitud de la sociedad novohispana en
Monja y casada ... toca, por otra parte, los puntos más sensibles del
espíritu jesuita de Mariano Dávila. Ese conservadurismo prove-
niente de las doctrinas sociales de la Iglesia europea tangible aún
en el siglo XVIII y que ponían énfasis en el orden providencial, donde
cada hombre tenía su lugar y su función en la sociedad. Frente al
surgimiento del nuevo orden burgués, los jesuitas, asumiendo su
papel de educadores, adecuaron aquel orden divino para acceder
a la paz y la concordia en una sociedad que necesariamente tendría
relaciones de autoridad y subordinación, clases sociales, ricos y
pobres junto a la clase media. Sin embargo, el pensamiento jesuita
encontró graves dificultades en los hombres ilustrados, cuya he-
rencia permea el siglo XIX, y es vista como perniciosa por Dávila.
De ahí su incesante ataque a las "luces" yel "progreso" inmersos
en la ideología liberal de Riva Palacio.
La moralidad de Monja y casada ... se discierne bajo el término de
lo "bueno" en la perspectiva del análisis de Dávila, sobre todo en
el destino de Luisa y Blanca Mejía, las protagonistas. En este punto
se aprecia el sentido de la crítica contemporánea a la escritura de
la novela; la inmediatez pone de ). elieve los valores éticos, la
sensibilidad de los lectores y la función misma del crítico frente a
ellos, elementos que normalmente tienden a diluirse con el paso
del tiempo. Antes de glosar e interpretar el choque estético y moral
69
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
entre Dávila y Riva Palacio, resulta pertinente hacer una breve
referencia a los personajes protagónicos.
LAS PROTAGONISTAS: DESTINO Y SALVACIÓN
La intriga de Monja y casada ... se desarrolla en dos esfer~, elemento
observable en el devenir de Blanca Mejía y Luisa, los personajes
protagónicos. La primera esfera reúne la lucha por el poder tangi-
ble sobre todo en la recreación del Tumulto de 1624, suceso ilustra-
dor de ciertas tensiones de la sociedad novohispana, a través de la
pugna entre las autoridades virreinal y eclesiástica. La intervención
de Blanca Mejía y Luisa en esta esfera se da respecto de su inserción
social. Ahí Luisa, animada por la venganza, remonta la esclavitud
propia de su raza negra, mientras que Blanca Mejía, criolla de la
élite social, se presenta como víctima de la ambición de su medio
hermano español y a punto de ser despojada por él de la cuantiosa
herencia paterna. Es en esta zona de la intriga donde se vuelve
explícita la índole doctrinaria de la novela; bastaría con apreciar la
conexión del enfrentamiento del Virrey contra el Arzobispo, suceso
del siglo XVII versus la eficacia de la separación Iglesia-Estado a
partir de los últimos cuarenta años del siglo XIX.
Respecto de lo anterior, la segunda esfera de la intriga novelesca
posee una existencia peculiar por cuanto que es un espacio soterra-
do donde se desdobla el perfil de las protagonistas. En esta zona
discurrirán la afectividad y la vida espiritual de Luisa quien en la
primera zona deja su condición de esclava y se coloca en los salones
de la alta sociedad como una aristocrática dama española, movi-
miento exitoso, en el que Riva Palacio señala las raíces de la
aristocracia novohispana formada no pocas veces en la impostura.
En el espacio de la interioridad de las protagonistas, Blanca Mejía
prosigue como víctima pero accede a una serie de estados que
presagian su destino trágico.
70
LA POLÉMICA LITERARIA
La singularidad de dicho espacio reside en la vivencia de la
pasión amorosa, centro de la dinámica de las protagonistas. Ligado
a esa pasión, el anhelo de la libertad actúa como gozne que comu-
nica las dos zonas de la intriga: así como en el Tumulto de 1624 se
resalta el deseo libertario de la sociedad novohispana, en la pasión
amorosa de Blanca Mejía y Luisa flota aquél deseo inmerso siempre
en su contrario.
En la voz de Luisa el narrador postula el amor como elemento
imprescindible de la condición femenina con términos propios de
la moral cristiana decimonónica: "debéis saber que las mujeres, y
sobre todo las jóvenes, necesitamos tener el corazón lleno con un
gran afecto, con una pasión grande: la religión, el amor,la ternura
de un hijO ... "79
Los términos, no obstante, se extreman hasta el punto de con-
vertirse en signos trágicos. De nuevo, los contrarios aportan el
recurso al narrador: ángel y demonio encaman en Blanca Mejía y
Luisa, respectivamente. El conflicto de las protagonistas podrá
notarse, es plenamente romántico, y el universo novelesco se sus-
tenta de modo ambivalente en dos ejes temporales: el pasado
colonial y el presente decimonónico. Junto a los rasgos anteriores
cabe subrayar que las protagonistas poseen una vida interior, y por
eso adquieren singularidad respecto de la caracterización de los
personajes del Folletín y la novela por entregas, a los que suele
afiliarse Monja y casada ... y todas las novelas de Riva Palacio. De
aquellos personajes se ha dicho que carecen de rasgos psicológicos
pues se presentan con caracteres definidos. so En Monja y casada ...,
por el contrario, Blanca Mejía y Luisa despliegan subrepticiamente
sus anhelos dentro de la pasión amorosa, como señal de una
79 Riva Palacio, Monja y casada ... t. J, p. 138.
'so Cf Rivera, El folletín y la novela popular, 1977. También en Ferraras, La
novela por entregas: 1840-1900. Por su parte, Castro Leal en su prólogo a Monja
y casada ... sugiere semejantes términos.
71
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
interioridad yen natural correspondencia con el privilegio de la
subjetividad.
Blanca Mejía y Luisa se presentan como dos mujeres novohispanas
con algunos índices de verosimilitud. Como se sabe, en el siglo XVI las
mujeres españolas se situaron en la cúspide de la pirámide social y,
posteriormente, en ésta fueron ubicándose algunas criollas. Unas y
otras sometieron a las indígenas a los trabajos domésticos, servidum-
bre a la cual ingresaron durante el siglo XVII las negras y las mulatas.81
De modo que Luisa podría ser efectivamente representante de una
minoría racial oprimida en grado superlativo, y la esclavitud resalta
aún más en su condición femenina. Asimismo Blanca Mejía reúne
ciertas características de las criollas ricas frecuentemente impedidas
para disfrutar de su fortuna, o bien obligadas a ejercer su religiosidad
en los conventos. Sin embargo, en la novela Luisa transgrede su
condición y nivel social, asciende, pero se debate internamente en el
anhelo amoroso, ajena al propósito de convertirse en una mujer
honorablemente casada o madre de familia. Y Blanca Mejía convier-
te el espacio conventual en un hito más del sufrimiento por el amor
a César de Villaclara. Los destinos de los personajes, a ninguno se
le podrá escapar, han sido fraguados desde el presente del narra-
dor; ellas son heroínas románticas antes que mujeres novohispa-
nas, dóciles a su inserción social. De ahí que Mariano Dávila haya
captado muy bien la índole de Monja y casada ... : Riva Palacio
promete asentar la intriga en la sociedad novohispana apoyándose
en datos históricos cuando en realidad inventa personajes conflic-
tuados desde la óptica romántica.
81 Carnier, "Estereotipos femeninos en el siglo XIX ", en Presencia y transpa-
rencia: la mujer en la historia de México, 1987. La autora señala, además, la
lentitud en los cambios en la condición femenina entre el siglo XVI y el XIX, a pesar
de que en el siglo XVIII se acentuó el acceso femenino a la educación; la fuerza de
la tradición masculina y el enorme influjo de la moral católica no se destruyeron
fácilmente.
72
LA POLÉMICA LITERARIA
Como ya señalé, en la dualidad ángel-demonio resulta percep-
tible el destino de las protagonistas. Es éste un rasgo del escritor
romántico, de su aceptación singular del esquema cristiano: decide
arrebatarle a Dios algo de su poder y para conseguirlo se alía con
el demonio. En esta paradoja, como señala Jorge Ruedas de la
Serna, el romántico "Diviniza a la mujer porque la sigue conside-
rando un ser angélico y demoniaco" .82 Los vestigios demoniacos
son depositados en la seducción como instrumento de la venganza
de Luisa: "Aquella mujer era un demonio, con un rostro tan hechi-
cero y un alma tan infernal".83
Sin embargo, antes de mostrar su faz diabólica, sabemos que
Luisa sufrió la esclavitud, vivió el amor y renunció a él para
vindicar su condición. En otras palabras, en Luisa la palabra ven-
ganza abarca el sentido lato de la vindicación, de ahí que sea el
personaje más dinámico de la intriga. El mejor indicio de su prota-
gonismo es que el narrador le da la voz para postular reiterada-
mente una especie de "deber ser" femenino. De modo tal que la
procedencia de este discurso opera en sentido contrario ante los
lectores: en boca de una mujer malvada, las lectoras, sobre todo,84
inferirían que las luchas por el poder político en las que Luisa
interviene son más bien asuntos masculinos; asimismo que las
82 Ruedas de la Serna. Los orígenes de la visión paradisiaca de la naturaleza
mexicana, 1987, p. 62.
83 Riva Palacio, Monja y casada ... U, p. 129.
84 Tanto la novela por entregas como el Folletín europeos eran leídos por un
público mayoritariamente femenino. Aunque en México no se dieron las mismas
formas de producción que caracterizan al Folletín europeo, sí es posible suponer a
las lectoras como destinatarias principales, \..omo es el caso de las novelas de Riva
Palacio y, en particular Monja y casada ..., a propósito de esa especie de "deber
ser" femenino. Véase al respecto, por ejemplo, Ruedas de la Serna, "La novela corta
de la Academia de Letrán ", 1985, pp. 55-58.
73
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
mujeres audaces y seductoras logran un éxito fugaz pues en su
interior existe un talón de Aquiles, el deseo amoroso.
Una de las representaciones del anhelo amoroso de Luisa aflora
en un sueño:
Era un campo que yo contemplaba desde los balcones de mi casa, y
era por demás florido y bello, y había en él un hermoso pichón
blanco: yo tenía en mis brazos una paloma, que solté; llegó hasta
donde estaba el pichón, y apenas comenzaron a arrullarse amorosa-
mente retumbó el trueno, y un humo denso y color de sangre eclipsó
todo, y no vi más. Pero yo he soñado ya esto muchas veces. 8S
La imposibilidad del amor perceptible en el sueño recurrente con-
firma la exacerbada fantasía del personaje contraria a las acciones
movidas por la venganza orientada a resarcir la esclavitud propia
de su pertenencia racial. El sueño descubre el interior de Luisa y al
ser interpretado por la bruja Sarmiento se inscribe en el ámbito de
la hechicería que otorga la fatalidad en el deseo amoroso de Luisa:
el pichón es un caballero, Luisa la paloma; el trueno y el humo los
indicios de grandes y sangrientos" sucesos.
11
Las venganzas que surgen del corazón malo de Luisa le dan sólo
satisfacciones parciales, pues no ha podido vivir el amor con César
de Villaclara, el novio de Blanca Mejía. No obstante haberse con-
vertido en esposa de hombres poderosos, Luisa no desea seguir
una vida honorable. Cuando planea su última venganza piensa en
tener luego una vida disipada: "Consumada mi venganza ... yo me
lanzaré para sumergirme efllos placeres de los últimos resplando-
res de mi juventud, aun cuando después me aguarde la miseria y
la muerte en los jergones de un hospital".86
85 Riva Palacio Monja y casada ... t. 1, p. 164.
86 lbid ., t. Il,p. 19.
74
LA POLÉMICA LITERARIA
Si bien la declaración del personaje confirma su maldad y el
permanente impulso de venganza, destila cierta ambigüedad sobre
el deber ser femenino que el narrador reitera. En su estudio sobre
las novelas de Riva Palacio, María Teresa Solórzano señala atina-
damente que el personaje femenino es fundamental por ser el eje
de la familia -y de la sociedad-, institución que el liberalismo
ponderaba para sustituir a la Iglesia. 87 Al respecto, conviene recor-
dar que dicha atribución figuraba ya en la expresión literaria de los
años cuarenta del siglo pasado. Un ejemplo que subraya el paren-
tesco de Luisa con sus antecesoras, se encuentra en el concepto de
"hogar doméstico" que Francisco Zarco (Fortún) delineaba en 1853:
en esa cuna del hombre donde se hallan la idea de la patria yel
orgullo nacional, la mujer es como un pilar en su función de madre
y esposa; ella es un "ángel" pero también puede ser un demo- 11
nio".88
Inmerso por igual en la moral cristiana y en la herejía del héroe
romántico obsesionado por la venganza, Riva Palacio concibe el
castigo para Luisa: el retomo a su condición original, a la negritud
física, sinónimo de esclavitud. Las armas del castigo elegidas por
sus examantes movidos también por la venganza provienen de la
alquimia, es decir, de la mente y la mano humanas. El castigo
corporal precede al movimiento interno del personaje: la culpa, el
arrepentimiento y la expiación, a semejanza de la Magdalena cris-
tiana, paradigma de la pecadora.
La venganza individualista de Luisa no le dieron la felicidad;
logró ascender a la élite social mas no obtuvo el amor y, por lo
tanto, no se reivindica. Heroína romántica, Luisa se asemeja a
87 Cf La propuesta ideológica de la novela mexicana de folletín en el siglo
XIX: la novela de Vicente Riva Palacio. Tesis de Maestría, UNAM, 1991.
88 Cf Mora, "La provincia en la poesía del siglo XIX mexicano. Claves para
la alquimia de Ramón López Velarde" en Tema y Variaciones de Literatura,
núm. 5,1995, pp. 178-179.
75
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
Monte Cristo, el supremo vengador magistralmente interpretado
por el crítico brasileño Antonio Candido, quien señala la deshuma-
nización gradual del personaje en la ejecución de la venganza
individual y que, en última instancia, daña la función providencial.
Monte Cristo recorre "un periplo completo, la ascensión, y la caída,
la embriaguez del poder y el arrepentimiento, la venganza y la
piedad".89
La figura del ángel delinea el rostro de Blanca Mejía:
Dieciséis años tenía y era esbelta como el tallo de una azucena, con
esas formas que la imaginación concibe en la Venus del Olimpo.
Doña Blanca era Wl ensueño, una ilusión vaporosa, espiritual; pare-
cía deslizarse al andar, como las náyades en la superficie de los lagos;
era de esas mujeres que la imaginación concibe, pero que ni el pincel
ni la pluma pueden retratar .90
El halo etéreo de la semblanza subraya la paradoja celestial-terrenal
y, a la vez, es indicio del imaginario romántico que dota al perso-
naje de ambigüedad: una vida terrenal adversa y, por ende, orien-
tada al espacio ideal-celeste-localizado en la pasión amorosa. En
el retrato de la protagonista, cabe notar, surge con nitidez la inten-
cionalidad del narrador impresa en los valores sentimentales y en
el efecto de éstos sobre los lectores. Catorce años después de la
escritura de Monja y casada ..., Riva Palacio defenderá la "palabra
dulce" del novelista orientada a aliviar las penas del lector, a
propósito de la publicación de Carmen, novela de Pedro Castera
(1882). Los escritores, dice, pintan a las mujeres" como ellos quieren
89 Ruedas de la Serna, Los orígenes de la visión paradisiaca de la naturaleza
mexicana, 1987, p. 63.
90 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. J, p. 45
76
LA POLÉMICA LITERARIA
que sea, como ellos la conciben, en medio de las ilusiones de su
amor o del ardiente deseo de verla perfecta" .91
Por otra parte, estas palabras resaltan la ubicación de la mujer
en la perspectiva de los escritores liberales. Dentro del concepto de
un amor espiritual indispensable para el matrimonio, la belleza
femenina se afiliaba a la divinidad; en su existencia terrena, vivía
en un mundo de perfección.92
Blanca Mejía vive un noviazgo fugaz con César de Villaclara, el
cual se ve coartado por el hermano quien se encarga de arreglar un
destierro de nueve años para el novio y el ingreso de Blanca al
convento. Ahí continuará desplegando su fantasía amorosa: aquí 11
mi corazón me quema, me abraza, se me figura que me apasiono
de cualquiera que veo dos o tres veces en el templo ... Yesos
hermosos ángeles que están colgados en los cuadros del claustro
me parece que me miran algunas veces con afición ... "93
Como señalé antes, la vida monacal es el primer tramo del
sufrimiento amoroso de la protagonista. Al cabo de ocho años, el
ángel refleja las huellas de aquél:
Sor Blanca ya no era la niña tímida que hemos conocido en casa
de don Pedro, era una joven perfectamente desarrollada, el dolor
y el llanto habían borrado los colores encendidos del rostro, pero
su palidez, el brillo febril de sus ojos y su sombra dulcemente
azulada que rodeaba su párpados, aumentaba el interés de su
fisonomía .94
91 Riva Palacio, "A Pedro Castera", en Pedro Castera, Carmen, 1950, p. 22.
92 Cf Dávalos, "El amor eterno y el efímer0 matrimonio", en Cuidado con el
corazón. Los usos amorosos del México moderno, 1995, pp. 57-64.
93 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. II, p. 53.
94 1bid., t. II, p. 15.
77
LETICIA ALGABA MARTíNEZ
El encierro conventual subrayará entonces el supremo valor de la
libertad: Blanca busca la dispensa de los votos pero el retraso la
anima a pensar en la fuga, es decir, a reivindicarse: "El sacristán
abrió y Sor Blanca se encontró en la calle y sintió el aire de la libertad
en su rostro, alzóse el velo para respirar y lanzó un suspiro que ella
misma no sabía si era de pena o de contento" .95
Sin embargo, la libertad es nuevamente efímera, acorde en una
monja que tras de haberse fugado sin la dispensa de los votos, se
encuentra con su antiguo novio y contrae matrimonio con él. Los
sacrilegios son descubiertos por el Santo Oficio; Blanca es aprehen-
dida inmediatamente después de la ceremonia matrimonial reali-
zada entre los peores augurios:
Blanca, trémula y confusa, pronunció sus nuevos votos y la bendi-
ción del anciano vagó sobre aquellas dos hermosas cabezas ... Eran
las ocho de la noche y repentinamente se escuchó a lo lejos el clamor
triste de las campanas de la Catedral, y luego el de todas las iglesias
de la ciudad, que se elevaba en el silencio de la noche como un
presagio sombríamente siniestro. ¡Jesús nos ampare! exclamó el
anciano religioso cayendo de rodillas. ¿Pues qué es eso, señor?
preguntó Blanca más pálida que un cadáver.- La maldición de Dios
sobre esta ciudad desgraciada contestó el religioso- Tocan entredi-
cho ...¡Jesús nos valga! dijo Blanca desmayándose.96
La escena anterior en paralelo con el Tumulto de 1624 ilustra la
fusión de las dos esferas de la intriga y se resaltan dos imposibili-
dades: las nupcias entre la libertad y el amor en Blanca Mejía yel
aliento libertario de la temprana sociedad novohispana.
La imposibilidad del amor y su signo trágico . aparecen de
distintos modos en las protagonistas. El narrador da avisos me-
95 Ibid ., t. JI, p. 56.
96 Ibid ., t. 11, p. 112.
78
LA POLÉMICA LITERARIA
diante la hechicería, efectos sobrenaturales del mundo indígena, la
alquimia o el inconsciente volcado en el sueño, en el caso de Luisa.
Mientras que en Blanca Mejía, el ingreso al convento y la fuga
delinean un camino previamente trazado: sobrevendrá el martirio,
primero con las torturas en la cárcel inquisitorial, y luego con las
de su último verdugo al borde del precipicio, del que la protago-
nista finalmente se despeñará.
Los presagios sobre el destino de Luisa ocurren entre la aparien-
cia y el auténtico ser del personaje: el triunfo sobre su condición de
esclava, que discurre en la primera esfera de la intriga, se toma en
fracaso en la segunda pues nunca accede al amor. El personaje,
empero, se reivindica socialmente y también en su interior pues se
arrepiente y, generosamente, ofrece su vida a cambio de la de
Blanca Mejía. Luisa es, por ello, un personaje aparentemente escin-
dido: una malvada ante la sociedad que le niega un sitio digno y
una mujer cristiana en lo interno, capaz de expiar sus pecados.
Mientras que Blanca Mejía se aproxima cada vez más a su
muerte, el destino de Luisa ha dado un giro; su cuerpo ha sido
ennegrecido, ha retomado a su origen racial por obra de la alqui-
mia, efecto misterioso que el tribunal del Santo Oficio sólo puede
atribuir al demonio. La peripecia irá acompañada de la anagnórisis
en una cambinatoria semejante a la que suele ocurrir en la tragedia
griega, la cual suscitaba la compasión y el temor del expectador y
era considerada la más perfecta por Aristóteles.97 La esencia de la
figura retórica clásica pasa al drama romántico y, en el caso de
Monja y casada .., se evidencia en el accidente físico de Luisa -el
ennegrecimiento de su cuerpo- destructor de su identidad; no es
ya la hermosa mujer seductora, rica y poderosa, sino una negra
vulgar empeñada en deshacer lo inexplicable ante el tribunal de la
Inquisición a donde fue llevada. Ahí compartirá el sórdido calabo-
zo con Blanca Mejía, moribunda por los efectos de la tortura que
97 Aristóteles, Poética, 1973, p. 517.
79
LETlCIA ALGABA MARTINEZ
logran su cometido: la confesión de su pacto con el demonio para
huir del convento. Cuando Luisa ve las huellas del tormento en el
cuerpo de Blanca y la reconoce, siente el remordimiento pues unos
años antes había fraguado con el hermano de la joven su ingreso al
convento y con ello el impedimento para casarse con César de
Villaclara, el hombre de quien ella estaba también enamorada. La
culpa invade a Luisa y acude a la sala de audiencia para confesar
la historia de sus crímenes. Bajo el efecto de este acto sobreviene el
cambio de papeles: Luisa se pone en el lugar de Blanca, se convierte
voluntariamente en víctima al proponerle que sea ella la que aban-
done la prisión. La oscuridad del calabozo y el automatismo de los
carceleros actúan favorablemente y Luisa muere, mientras Blanca
es llevada a la cárcel de la que se fugará después.
La peripecia y la anagnórisis producen un cambio profundo en
la faz demoniaca de Luisa; la compasión y el arrepentimiento la
convierten en ángel según sus palabras: "sentía ella tan variado su
corazón, tan diversos sus sentimiento, que se creía feliz en medio
de todas sus desgracias" .98
Siguiendo el trayecto del héroe romántico, Riva Palacio actua-
liza la peripecia bajo la intención doctrinaria de su novela. Por una
parte, la muerte de Luisa a causa de un "error" de los carceleros es
interpretada por el Inquisidor como un castigo de la Providencia
cuya mejor expresión es la frase "Dios lo ha dispuesto así". El peso
del dogmatismo puesto en boca del Inquisidor no hace más que
poner de relieve la acerba crítica del novelista al Santo Oficio por
cuanto su papel de agente de la Providencia. Los agentes de ésta
fueron los carceleros; ellos detentaron un papel inamovible pues
en la novela aparece condenatorio per se, es el verdadero tribunal
divino. Por otra parte, Luisa actúa también como agente de la
providencia: desea por igual recompensar a Blanca y castigar al
Santo Oficio. Sin embargo fracasa, la peripecia se sobrepone, ter-
98 Riva Palacio, Monja y casada ... , t. II, p. 263.
80
LA POLÉMICA LITERARIA
mina como víctima pues su desgracia había comenzado con su
retomo a la negritud. El cambio de papeles entre Luisa y Blanca se
inscribirá también en el dogmatismo de la sociedad colonial pues
Luisa muere pero Blanca no logra su plena libertad, morirá también
y con ello subrayará la imposibilidad de la reivindicación. Luisa y
Blanca acceden a la felicidad momentáneamente; el devenir de las
protagonistas es una metáfora de los extravíos de la Inquisición, de
una Iglesia dogmática del pasado colonial, que se actualiza en la
fatalidad romántica.
La perspectiva sobre el pasado colonial en Monja y casada ... es
distinta a El Inquisidor de José Joaquín Pesado, novela en la que la
peripecia es también fundamental. Ruiz de Guevara, el inquisidor
reconoce a su hija Sara, coI}denada por él a la hoguera. La revela-
ción es dada por Ribeiro; éste actúa como agente de la Providencia.
Sobreviene la conmoción del Inquisidor; sale a la calle y camina
entre la multitud congregada para asistir al Auto de Fe y logra
salvar a su hija. En el trayecto ocupa el papel de la condenada; la
vivencia del dolor le permite ver los yerros de la "bárbara jurispru-
dencia" del Santo Oficio y se toma en un amor profundo a Sara,
decisivo para que ella se convierta al catolicismo. La peripecia
envuelta en la anagnórisis cambia por igual la fortuna de la que
había sido condenada a muerte que el destino del Inquisidor, antes
al servicio de la defensa de la fe católica. A diferencia de Riva
Palacio, Pesado ve en los agentes de la Providencia el cambio de la
institución eclesiástica ya en 1838, año de la escritura de su novela,
cuando los siglos coloniales habían quedado atrás, mientras que en
Monja y casada ...acechan todavía algunas tendencias rígidas en la
Iglesia y en los conservadores que la defienden.
Monja y casada ... es una novela centrada en la salvación de las
protagonistas. En su trayecto resultan perceptibles tres tópicos con
los que Hegel caracteriza el arte romántico: la figura de la Magda-
lena cristiana en Luisa y la imitación de la vida de Cristo, en Blanca
Mejía, inmersos en la exacerbación del sentimiento amoroso. Los
81
,
LETIOA ALGABA MARTÍNEZ
numerosos obstáculos que aparecen en el destino de las protago-
nistas de Monja y casada ... no hacen más que señalar mayor fuerza
en la subjetividad que en la posibilidad real del amor. Éste se vive
como la "religión del corazón," frase con la que Hegel caracteriza
los conflictos amorosos del arte romántico, los cuales encuentran
su lúnite en la suprema subjetividad que puede hacer de la elección
amorosa un capricho o, inclusive, una obsecación. En este extremo
se pierde el contenido objetivo de la existencia humana: la familia,
la patria, los deberes de la profesión, la religiosidad; lo que impera,
señala el filósofo alemán, es el yo del sujeto deseoso de recibir el
sentimiento reflejado por otro yo: "todo gira sólo en que esta
persona ama por cierto a esta otra, y ésta a aquélla".99
La salvación de Luisa ocurre a semejanza de Magdalena, la
pecadora, cuando comparte la celda inquisitorial con Blanca Mejía,
quien llega casi moribunda luego de haber sido torturada:
¿Por qué se le trataba ahí como culpable? .. . en aquellos momentos,
la mujer perdida que sólo había pensado en saciar sus pasiones, se
acordó de Dios, se volvió creyente y cayó de rodillas, sollozando ...
Más de una hora permaneció Luisa con la cara cubierta con sus
manos orando y llorando al mismo tiempo, y dejando correr al
través de sus dedos el torrente de lágrimas que brotaba de sus ojos ...
Aquellas primeras lágrimas eran precursoras de una redención,
aquella alma comenzaba a purificarse en el martirio. IOO
En lo esencial, la escena anterior muestra en el personaje un alma
delicada, bella, un sentimiento genuino de dolor vertido en lágri-
mas, acordes con la imagen de María Magdalena, esa bella pecado-
ra tantas veces recreada en la pintura italiana. Pero en lo físico Luisa
no es ya una mujer hermosa, es una negra de rasgos despreciables
99 Hegel, La forma del arte romántico, 1985, p. 93.
100 Riva Palacio, Monja y casada ... , t. II, pp. 234-35.
82
LA POLÉMICA LITERARIA
socialmente, elemento que descubre un novelista empeñado en
imprimir tonos personales a un tópico romántico: la escena confir-
ma la belleza interior de Luisa aunque en el exterior domina la
fealdad, la degradación. Esta combinatoria de lo bello y lo feo no
hace más que resaltar la cúspide y el final del personaje, señal de
un novelista preocupado por la salvación de Luisa, en el personaje
diabólico, ángel caído, en cuya reivindicación se aprecia un efecto
moral sobre las lectoras de Monja y casada ..., quienes podrían captar
el triunfo de virtudes cristianas como la caridad y la compasión,
elementos que atraen el arrepentimiento por las fallas cometidas.
De darse así la lección moral, la escena que vindica a Luisa es
inconveniente en lo estético, desde la óptica de Hegel, quien seña-
laba en la bella pecadora,-María Magdalena cierta banalización
entre el pecado y la santidad pues el primero resulta "tan atrayente
como el arrepentimiento:' .101
En el destino trágico de Blanca Mejía es perceptible el grado
extremo de la pasión amorosa, semejante al camino de los mártires
en su emulación de la vida de Jesucristo. Indefensa ante los desig-
nios de su medio hermano, Blanca Mejía, ensimismada, recorre un
camino sinuoso que culmina en el martirologio, una especie de
viacrucis cuando en la Inquisición es acusada de hereje y obligada
a confesar que un pacto con el diablo la había ayudado a salir del
convento. Sufrirá entonces la flagelación de la carne, justamente en
las "escenas horripilantes" que Dávila rechaza.
La crueldad que el personaje romántico se impone a sí mismo,
o del que es objeto por parte de otros en la emulación del martiro-
logio de Cristo, lastiman el sentido de la belleza, dice Hegel, y por
ello es uno de los temas peligrosos para el arte:
los martirios ... la mutilación y la dislocación de los miembros, los
tormentos corporales ... son exteriorizaciones en sí mismas odiosas,
101 Hegel, La forma del arte romántico, 1985, p. 68.
83
LETICIA ALGABA MARTINEZ
viles, repulsivas, cuya distancia de la belleza es grande para que ellas
puedan ser elegidas como temas de un arte equilibrado. 102
La tortura inquisitorial confirma el terrible augurio en la boda de
Blanca Mejía, aquel toque de las campanas a entredicho por la
inminencia del Tumulto de 1624, es interpretado por el personaje
como castigo divino. El martirologio como vía de redención no
termina en la cárcel inquisitorial. Blanca Mejía, ya condenada a
muerte, logra escapar gracias a la generosidad de Luisa cifrada en
la figura de la peripecia y la anagnórisis, acciones que distienden
la posibilidad del encuentro amoroso y la realización del matrimo-
nio de Blanca Mejía para crear un desenlace singular: un nuevo
verdugo la coloca en el borde del abismo, del que ella cae y se pierde
en el torrente de las aguas.
La narración del descenlace se asemeja a una escena cinemato-
gráfica: con la mirada en la voz, al narrador se coloca a lo lejos, junto
a Teodoro, el posible salvador de Blanca, y con él va aproximándo-
se hasta el momento culminante:
Doña Blanca estaba al borde del abismo y parecía hablar; Guzmán
estaba cerca de ella. Teodoro iba a continuar su camino, cuando la
escena cambió, Guzmán dio un paso adelante y un grito agudo
atravesó los aires. Doña Blanca desprendióse de la roca, cayó en el
abismo y se perdió entre las alborotadas espumas del torrente.
Guzmán dio un grito y se echó atrás, espantado, para no precipitarse
también. Teodoro cayó de rodillas. El torrente siguió su curso tran-
quilo, sin que nada indicara que sus ondas habían sido el sepulcro
de la pobre Blanca.48
102 Ibid ., p. 63.
103 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. Il, pp. 364-65.
84
LA POLÉMICA LITERARIA
En virtud del recurso del narrador, el desenlace puede interpretar-
se como un suicidio o como una salida moral que eleva al personaje:
Blanca Mejía prefiere morir antes que ser mancillada. En la ambi-
valencia descansa la intención de satisfacer las expectativas de los
lectores: cada quien eligiría un final, romántico expresado en el
suicidio, recurso último de la fatalidad del personaje, o bien el triun-
fo de la virtud cristiana y la culminación de un sacrificio redentor.
Cabe señalar, por último, que el desenlace ambiguo, de todos
modos trágico, podría caracterizar Monja y casada ... y a su autor,
Riva Palacio, por la recreación de tópicos plenamente románticos,
aunque en los extremos se inserta una intención moralmente
ejemplar. _
Respecto de tal finalidád resultan iluminadoras las opiniones
que el novelista pone en la voz de Teodoro, el salvador fallido de
Blanca Mejía, en la novela Martín Garatuza, continuación de Monja
y casada ... 104 Consumada la venganza de César de Villa clara contra
los verdugos de Blanca Mejía, con el apoyo de Teodoro y Martín
Garatuza, los tres acuden al sitio en que Blanca fue acosada por
Guzmán, lugar ahora señalado por una cruz. Teodoro narra a
Villaclara la escena del desenlace de Monja y casada ... con términos
semejantes; César reza y llora por la desaparición de la amada e
intenta luego arrojarse al abismo pero es detenido por Teodoro: su
mano fuerte disuelve el impulso del amante deseoso de reunirse
con la amada esgrimiendo su particular interpretación: ella se dio 11
muerte por salvar su pureza; es una mártir, está en el cielo, en el
coro de las vírgenes escogidas" .105 Si bien el epílogo de la novela
continuadora de Monja y casada ... se podría interpretar como una
disolución de la ambigüedad entre el elemento moralizante y la
104 La primera entrega se publicó en sepciembre de 1868, inmediatamente
después de la última entrega de Monja y casada ..., y la última en enero de 1869.
105 Riva Palacio, Martín Garatuza . Memorias de la Inquisición, 1965,
p. 337.
85
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
fatalidad romántica impresa en la muerte de Blanca Mejía, se
vuelve campo fértil para continuar en la ambivalencia porque la
salvación de ella y de Luisa es materia por igual del paradigma del
héroe romántico y de la moralidad cristiana que Riva Palacio y los
escritores liberales de su gener.a ción intentaban resguardar en su
proyecto cultural.
Es la opresión la marca definitiva en el destino de las protago-
nistas de Monja y casada ... Valiéndose de la suprema libertad del
imaginario romántico, Riva Palacio crea una analogía entre el
destino de las protagonistas y el de la sociedad colonial. El enfren-
tamiento entre opresión y libertad está en continua tensión en las
vidas de Blanca Mejía y Luisa, tensión precisamente equivalente en
el ámbito social. Tal concepción no hace más que volver percepti-
bles las intenciones de Riva Palacio. Una de ellas, acaso la más
obvia, es la de exhibir el dogmatismo de la sociedad colonial
representado en la novela por el fanatismo religioso, esa arma que
pendía sobre la fe católica y que la Iglesia esgrimía incesantemente
en la defensa de su poder sobre la sociedad. La denuncia muestra,
sin embargo, que Riva Palacio estaba buscando en el pasado la
herencia, en la cual hay rasgos oscuros, execrables y, sin embargo,
ineludibles; junto a éstos existen rasgos luminosos, aquellos inten-
tos de sublevación, de rebeldía ante un orden social injusto, inci-
pientes e infructuosos como los intentos libertarios de las protago-
nistas de Monja y casada ... Es la tensión entre las contradicciones la
que permite la analogía de los actos sociales con los de los perso-
najes de la ficción .
Es de notar, por lo tanto, que en la propia tensión entre libertad
y opresión reside el significado de esa especie de balance sobre el
pasado; no obstante, éste no limita la figura retórica, más bien lo
expande y lo reitera en las luchas por la libertad, por el ascenso
social, por el amor, en las acciones de las protagonistas de Monja y
casada ... El lector tiene ante sí una gama de sufrimientos, el dolor
de los personajes no sólo lastima el alma, la~era también el cuerpo.
86
LA POLÉMICA LITERARIA
El grado extremo de la representación de los conflictos sentimen-
tales suscita un desequilibrio estético, reprochado por Hegel. Con
la inmoderación, Riva Palacio no hace más que buscar la conmo-
ción del lector, quien bajo el efecto de la verosimilitud, ese proceso
de identificación con los personajes ficticios, seguramente se apia-
daría de los horrores de la opresión de la época colonial, compren-
dería esos puntos oscuros de nuestra historia, y en la conmoción
encontraría los signos de la redención. En última instancia, el
conflicto amoroso que plantea Monja y casada ... estremece los valo-
res del hombre en la sociedad, según lo apuntaba Hegel, recurso
que Riva Palacio adapta a sus fines: extender el sentimiento de las
protagonistas para poner simultáneamente en crisis el pasado
colonial. ~
Es en tal proceso donde residen, a mi parecer, las claves para
desentrañar la mirada hacia el pasado en Monja y casada ... Las
marcas negativas imborrables se actualizan en la ficción novelesca
mediante destinos trágicos que cumplen la función de expurgar las
adversidades y, simultáneamente, de enaltecer el espíritu de la
lucha frente a aquéllos, es decir, valorar la posibilidad de la reivin-
dicación. En ésta naturalmente se involucra el porvenir, idea que
completa el propósito de Riva Palacio: ir al encuentro con el pasa-
do, desde un presente momentáneo y urgido de futuro. Y ese
presente, lo sabemos, era crucial: en 1868 el proyecto de futuro del
país todavía luchaba con el orden social antiguo. La intención del
novelista quedó plasmada en Monja y casada ... y muchos años
después, en 1882, sería ardientemente defendida frente a las teorías
científicas sobre la herencia. Riva Palacio se oponía a la teoría de
Darwin sobre el talento y las virtudes del hombre, en tanto resul-
tado de la selección y las transformaciones progresivas. Éstas, decía
el científico, vuelven a las "razas nobles y a los hombres grandes";
el hombre de genio, por ende, no brota como "una centella" de una
familia vulgar. A estas ideas, el novelista opone otra concepción en
la que acaso se refleja su propia herencia: hay hombres cuyos
87
LETICIA ALGABA MARTíNEZ
ascendientes no son ni príncipes de la inteligencia, ni héroes: lo
valioso es, entonces, la riqueza del espíritu. Y siguiendo la idea de
la acumulación advierte: la familia que no ha venido acumulando
las riquezas del espíritu "tendrá por víctima expiatoria a sus des-
cendientes, víctimas sin esperanza de la redención" .106
Ante los resultados desalentadores de la ciencia, Riva Palacio
rescatará la función de la literatura, la misión del escritor que pone
las "palabras dulces" en la amargura de las adversidades, la men-
tira que actualiza sufrimientos, esos puntos oscuros del pasado e
ilumina los valores de la lucha por el presente y por el porvenir:
Todo eso de que hablan los poetas, todas esos cuadros de
sentimentalismo y de grandeza que retratan los novelistas, todos
esos colores con los que se revisten las cosas del mundo, ese encanto
con que se presenta el porvenir, ¿todo eso es mentira? .. todas son
mentiras, queremos confesarlo. i Y qué! ¿No producen todas esas
dulces mentiras mas consuelo, más esperanza, a esa humanidad
desgraciada y doliente ...? 107
LAS PROTAGONISTAS DEL PRESBÍTERO
El enorme peso ideológico que gravita sobre las protagonistas de
Monja y Casada ... mereció, como señalé antes, un minucioso análisis
por parte de Mariano Dávila. No debe haberle agradado mucho
que Riva Palacio tocara el asunto de la salvación desde una óptica
cristiana impregnada de signos distintos a los de la moral católica.
Nuevamente el Presbítero comenzará por envolver el problema de
la verosimilitud con la defensa de la institución eclesiástica y la
moral que pregona.
106 Riva Palacio, "A Pedro Castera", en Carmen, 1950, p. 20.
107 1bid ., p. 21 .
88
LA POLÉMICA LITERARIA
Al formar parte de los entretelones del pleito entre el Virrey y el
Arzobispo, Luisa se alía a la causa del segundo en el Tumulto de 1624.
Por la noble acción el Prelado la considera heredera de Judith, Esther
y Débora, atribución que desata una de las más agrias respuestas de
Dávila aunque intenta un tono de asombro por la inverosimilitud:
Con el mismo (motivo), con que empeñado en denigrar hasta lo
sumo la memoria del antiguo prelado de México, que bastante
ingrato es su recuerdo por la violencia de su genio, y el nada
reverente paso que dio en San Juan Teotihuacán ... lo representa el
novelista en sus entrevistas en el convento de Santo Domingo con
don Melchor Pérez de Varaez, una de las principales causas, si no la
única del Tumulto. Állí vuelve a figurar la mulata y prostituida
Luisa ... de la manera más degradante para el arzobispo. ¿Lo dudan
los lectores? Pues he aquí que el Ilustrísimo Pérez de la Serna ...no
sólo se deja acompañar de ella ... en la escena preliminar a su destie-
rro, serviéndole, dice el autor, de angel malo en sus consejos ... sino
-¡asómbrese el cielo y pásmese la tierra!- no economiza frases en su
elogio, hasta llamarle en su misma presencia Judit, Ester, Débora, y
repitiendo otra vez esos sacrílegos encomios hablando con su su-
puesto marido, diciéndole: "Vuestra esposa es una de las mujeres
fuertes de la Biblia, y el de Gelvez caerá como los filisteos, atacado
por todos lados ... 108
En el destino de Luisa el Presbítero observa con pertinencia que sus
principales acciones están gobernadas por los [Link] de la Bruja
Sarmiento; ésta predice que morirá emparedada, profecía que
provoca la burla:
¡Mirabile dictu! Lo que discurría un ingenio de esta corte a los dos
tercios del siglo XIX, siglo de ilustración y de progreso, para formar el
108 Dávila, Breves observaciones ..., p. 41 .
89
LrnclA ALGABA MARTÍNEZ
plan de su romance, lo adivinó una hechicera en el primero del siglo
XVII, época de oscurantismo y retroceso, para que sirviera de verdad
histórica .109
La ironía de Dávila permite confirmar esa búsqueda de los rasgos
hereditarios en el pasado colonial a los que me referí antes. Efecti-
vamente resalta la ausencia de cortapisas en la intención del nove-
lista, pues lo mismo señala las efectos del fanatismo católico en, por
ejemplo, el personaje de Beatriz de Ribera al donar los terrenos para
la construcción del convento de Santa Teresa la Antigua, que el
fanatismo de Luisa frente a la hechicería.
Las dos referencias funcionan, sin embargo, en contrapunto. El
fanatismo católico de Beatriz es interpretado como una sumisión
inexorable: "El fanatismo religioso era en aquellos tiempos el terri-
ble contagio de todas las almas, y Doña Beatriz era la azucena que
se marchitaba con el fuego del fanatismo." 110 Mientras que en las
creencias de Luisa, negra y esclava, la hechicera representa los
indicios de la cultura prehispánica que intentaba conjurar un orden
social impuesto por la fuerza. Cabe recordar que dentro del tópico
del amor imposible los augurios de las hechiceras forman parte del
deseo del enamorado por culminar la unión con el amante cuando
ésta infringe normas sociales. I11 En el caso de Luisa, la hechicera
parece reforzar la presencia de las tradiciones aborígenes, signos
de la herencia más antigua. Riva Palacio las aviva, e igualmente
109 Ibid., p. 18.
110 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. 1, p. 39.
111 En su estudio sobre "Mujeres y familias en la Nueva España", Franfoise
Giraud se refiere al papel de la hechicera novohispana en las relaciones eróticas y
resalta su función como mediadora de una realidad social ingrata. En Presencia
y transparencia ...1987, pp. 61-78.
90
LA POLÉMICA LITERARIA
advierte los daños del fanatismo católico, de ahí la ardiente defensa
de los bienes eclesiásticos por parte de Dávila.
Junto a las predicciones de la bruja Sarmiento, al Presbítero le
parecerá de lo más ajeno a la ideología de un liberal el castigo que
los exmaridos de Luisa le inflingen, ese "horroroso cambiamiento
de su raza", en palabras del crítico, la vuelta a la negritud y, por
ende, a su origen mediante la alquimia. Este toque de "moderni-
dad", prosigue, es falso pues ya existía en épocas anteriores, ade-
más los científicos consideran imposible variar la pigmentación de
la piel. La ignorancia de Riva Palacio refleja su afán de seguir la
moda de revivir avances científicos, juzga el Presbítero y, en segui-
da, propone una solución: el tatuaje, fórmula más verosímil en un
personaje de raza negra: ::-
Si en lugar de contarnos la sabia operación ejecutada a brochazos,
nos hubiera puesto al operador y ayudantes armados de luengas
y agudísimas agujas, traspasando finamente la epidermis de la
hermosa Luisa, sin dejar el menor punto ileso, que a todo se
prestaba la acción del licor que la tenía insensible, frotándola
después con pólvora o carbón, hubiéramos comprendido al mo-
mento .. y2
La propuesta anterior cierra la fuerte ironía sobre las "luces" del
.liberalismo de Riva Palacio pues el tatuaje es otro indicio de la raza
aborigen, y a lo ojos de Dávila un signo retrógrado del que no
escapa el tormento corporal, elemento absolutamente combatido
en la práctica inquisitorial por el novelista. Es de notar entonces la
perspectiva opuesta del novelista y del crítico respecto del pasado,
lo cual verifica que Monja y casada ... lograba avivarlo.
Apoyándose en críticos franceses, aunque calla sus nombres,
Dávila comenzará a señalar paralelismos entre las protagonistas de
112 Dávila, Breves observaciones ..., p. 46.
91
LETICIA ALGABA MARTINEZ
Monja y casada ...y los personajes de novelas de Dumas y Sue. En el
destino de Luisa encuentra rasgos semejantes a los de Flor de
María, en Los misterios de París. Nota los cambios de papeles, la
peripecia que efectivamente ocurre entre Luisa y Blanca Mejía,
cuando señala que la malvada puede ser también" casada y mártir"
y hasta "virgen", semejante a Flor de María quien era pura de
corazón pese a ser una ramera que vivía entre rufianes.
La relación entre el personaje de la novela de Sue y Luisa es
parcial pues Flor de María posee un espíritu analítico apto para la
reflexión; con la ayuda de un cura comprende que el medio social
abyecto en el que creció la condujo a la prostitución; en ésta jamás
conoció el amor, sus sentimientos se mantuvieron "aletargados y
fríos". El personaje sufre intensamente su pasado vergonzante,
limpia su alma y luego mira el profundo abismo en que estuvo
sumergida. 113
En el gran éxito de Los misterios de París (1845), cabe recordar,
subyace la intención de Sue por señalar los males sociales en
relación directa con la organización de la sociedad. De ahí que
se le atribuya el papel de reformador, más interesado en denun-
ciar las lacras que el remedio para ellas. En este sentido, Riva
Palacio elige a Luisa, personaje oprimido, pero la dota del ins-
trumento de la venganza para autovindicarse socialmente a
semejanza del personaje de Sue; le construye un camino de
salvación, pero en éste retoma el tópico de María Magdalena, la
pecadora cristiana.
El parentesco que Dávila observa entre Flor de María y Luisa
ilustra su conocimiento de la crítica literaria europea sobre el
Folletín, aunque también es previsible que hubiese leído los comen-
tarios que sobre las novelas de Sue se d,a ban en México a la par que
él escribía Los misterios de París. En El Liceo Mexicano, por ejemplo,
un artículo sobre el escritor francés destacaba:
113 Sue, Los misterios de París, t. 1, p. 286.
92
LA POLÉMICA LITERARIA
En medio de la imaginación del novelista, algunas veces alIado de
la paradoja se reconoce siempre al observador perspicaz, que ve al
derredor de sí el mal, y hace constar el triunfo de la perfidia y la
violencia .59
Si la interpretación de Dávila no es del todo pertinente, sí ayuda a
apreciar el temple romántico de Riva Palacio, moderado por su
relación con Sue, y extremado en la pasión amorosa de las prota-
gonistas, muestra de un subjetivismo llevado al límite y ajeno a los
valores universales, según la crítica de Hegel.
La figura de la Magdalena cristiana impresa en Luisa es signi-
ficativamente omitida por Dávila, señal de su rechazo a la transfor-
mación del personaje malévolo. En la ética del sacerdocio de Dávila
no cabía el arrepentimiento de un personaje "lúbrico" como Luisa,
en cuya voz Riva Palacio dosifica el deber ser femenino, propósito
moralizante neutralizado por Dávila, quien lo señala como "lec-
cioncillas de amor" a la manera de Ovidio. Antes que a un crítico
se escucha aquí el discurso del sacerdote en el púlpito de la iglesia,
procedimiento seguramente eficaz ante las lectoras de La Revista
Universal. Imposible, de una parte, que el Presbítero acepte la
bondad interna de Luisa cuando en ella ha sobresalido la maldad,
y de otra parte, él predica el castigo último sobre los pecados
únicamente a través de los designios providenciales y, por ello,
opuestos a esa serie de augurios procedentes de la hechicería o
producto de la alquimia.
Si el modelo perverso de Luisa" afea" la novela de Riva Palacio,
el destino de Blanca Mejía, la monja y casada, virgen y mártir, será
objeto de un exhaustivo análisis por parte de Dávila, en el que
resalta el hecho de enmendarle la plana a Riva Palacio y así postular
una monja más verosímil, esto es, r.<ovohispana, en lugar de la
heroína romántica que se consume en la pasión amorosa. La intro-
114 El Liceo Mexicano, t. 1, 1845, p. 74.
93
LETlCIA ALGABA MARTÍNEZ
misión del crítico me permitió reconstruir un texto, "La novela de
Dávila" que incluyo al final del presente estudio.
Respecto de las incongruencias con la verdad histórica, el Pres-
bítero señala lo absurdo en la fuga de una monja recoleta, puesto
que Sor Blanca pertenecía al Convento de Santa Teresa la Antigua.
En el castigo inquisitorial aflora, según señalé en el capítulo 1, el
rechazo a las escenas de la tortura pues" afean", conspiran contra
el buen gusto que debe despertarse en el lector. De mayor relevan-
cia es la crítica a la paradoja de ser monja y casada. En la rebeldía
y el rechazo a la vida conventual, Dávila opone y tergiversa argu-
mentos de Rousseau. Los deseos de Blanca Mejía por volver al
mundo y reencontrar a su novio, es decir,la dulzura de la libertad
y la "necesidad de amar y ser amada" que Riva Palacio subraya en
el personaje, no son los únicos ni los mejores; según se lee en la
Nueva Eloísa, de la que Dávila cita: "Esta necesidad es quimérica y
conocida únicamente por las gentes de mal vivir: todas esas pre-
tendidas necesidades no tienen su origen en la naturaleza, sino en
la voluntaria depravación de los sentidos" .115 Y extremando su
argumento considera que Riva Palacio conduce a Blanca Mejía al
matrimonio, sacramento indispensable para formar el estamento
de la sociedad, sin embargo no asegura una vida feliz.
En la defensa de la vida monacal, el crítico previene sobre las
"bellas pinturas" que los románticos hacen del matrimonio subra-
yando de éste el comenzar "por alegres idilios" continuar con
"triste alegías" y terminar con "dolorosas endechas"; empero,
añade, "A esta felicidad se convidaba a Sor Blanca". La descalifica-
ción más parece orientada a la disolución del matrimonio, el divor-
cio, que ya aparecía en las novelas europeas de la época.
La interpretación sobre la muerte de Blanca Mejía contiene
varios elementos singulares. Con toda pertinencia Dávila nota
115 Dávila, Breves observaciones ..., p. 27.
94
LA POLÉMICA LITERARIA
ambigüedad en la escena final de la novela, secuencia narrada
' desde lejos. El presbítero señala que el grito agudo, oido por
Teodoro, no se sabe si lo dio Guzmán o Blanca, en señal de arre-
pentimiento. 116 En principio, descalifica la escena:
...en esta muerte, diremos con un escritor ¿se nos presenta siquiera
el bello espectáculo de un delincuente arrepentido, que procura
borrar con su llanto la memoria de sus crímenes, y que conmueven
el alma de los que oyen con el sentimiento profundo, y la expresión
pura y enérgica de su dolor? Nada de eso. El autor sólo dice que se
oyó un grito ..y7
Esta cita, por cierto, reitera-la omisión de Dávila frente al arrepen-
timiento de Luisa: ¿por qué no es un bello espectáculo el dolor y el
arrepentimiento de la malvada? La respuesta acaso se encuentra en
la perspectiva del espíritu jesuita sobre el terror que los católicos
deben tener ante el tribunal divino después de la muerte, de mayor
peso en quienes han obrado mal.118
Objeto de burla es el hecho de que Blanca Mejía no reciba el
"honor" de la sepultura cristiana y se presente, en cambio, la
desaparición del personaje en la profundidad de las aguas: "La
Monja y casada, virgen y mártir fue a recibir la palma y la corona en
la barranca de la ¡Monja maldita! No faltó ni la canonización" .119 La
escena, prosigue Dávila, muestra un fin trágico comparable al de
Flor de María, el personaje de Sue, quien muere ante el recuerdo
116 Ibid., p. 57.
117 Ibídem.
118 La idea del infierno fue incesantemente utilizada por los jesuitas. ef Groet-
huysen, La formación de la conciencia burguesa en Francia durante el siglo
XVIII,1981.
119 Dávila, Breves observaciones ..., p. 54.
95
LETICIA ALGABA MARTfNEZ
de su deshonra, expresión del sentimiento de humillación y ver-
güenza. La fatalidad, tantas veces presagiada en el personaje, es
bien advertida por el Presbítero, de ahí que oponga su propia
versión: la Providencia castiga a los infractores de las leyes divinas:
...sucumbe herida por los mismos filos de la pasión que la hubiera
arrastrado al olvido de sus más sagrados deberes. Dejó dominar su
corazón del amor profano, cuyos recuerdos ocupaban su fantasía y
servían de tema a sus idilios y pláticas: esa misma pasión, en sus
punibles y detestables excesos, debía ser su oprobio, su vergüenza,
su cuchillo. 120
En este punto no puede ser más nítido el choque ideológico entre
el novelista y el crítico.
El romántico, lo sabemos, reconoce el poder divino de la Provi-
dencia, encargada de premiar y castigar las acciones de los hom-
bres; discrepa del sentido que le otorga Dávila -y el catolicismo-
en algo fundamental: el novelista es el instrumento clarividente de
la Providencia. Ésta, dice Antonio Cándido: "entra sutilmente en
su personalidad como racionalización, -que le permite desarrollar
con método los planes de su arbitrio, atribuyéndolos al cumpli-
miento de la voluntad divina, a la cual transfiere así la responsabi-
lidad" .121 Con los designios providenciales, el novelista romántico
sustituye la fatalidad de los clásicos pues no pertenecía a la esfera
humana: era una "mala jugada de los dioses" .122
Dávila, en cambio, tiene la certeza de que el premio y el castigo
descienden directamente de la Providencia. Por ello reprueba la muer-
te de Blanca Mejía, en la cual nota semejanza con Claudio Frollo
120 Ibid., p. 57.
121 Cit. en Ruedas de la Serna, liLa novela corta de la Academia de Letrán", en
La novela corta en el primer romanticismo mexicano, 1985, pp. 19-53.
122 Cf. Ibidem.
96
LA POLÉMICA LITERARIA
quien al caer de la torre de Nuestra Señora de París, grita la palabra
fatalidad en griego, nombre que designa su ira y su despecho .
. El destino signado por la fatalidad del romántico es, justamente,
ese "elemento disolvente" de las teorías modernas, esa "moda
perniciosa" absolutamente amenazante para la moralidad católica
que Dávila debe resguardar. Y, como señala Jorge Ruedas de la
Serna, el novelista romántico plantea una justicia individualista,123
tal y como sucede con Luisa quien, dotada del instrumento de la
venganza, logra vindicarse en el plano social.
De la intensa descalificación de lo "bueno o moralidad del
fondo" en Monja y casada ... Dávila concluye: la novela lleva la
intención de halagar las pasiones humanas, antes que "dirigirlas
por las seguras sendas del espíritu para bien de los individuos y de
la sociedad entera" .124
En el presunto privilegio de lo malo en Monja y casada ... Dávila
se acerca a la estética hegeliana; para ésta el mal en sí, lo falso, sólo
produce falsedad. Aunque lo malo puede representarse, no debe
constituir el fondo de la obra pues despoja la belleza de la forma.
El Presbítero aplica tales conceptos a las "pinturas voluptuosas y
sin ningún velo que eviten los peligros a la juventud"; los persona-
jes "históricos" inescapables a alguna mancha: ninguno es virtuo-
so; a los hombres "más perdidos y las más disolutas y despreciables
mujeres en toda su horrible desnudez", a quienes se les dan los
papeles principales; unidos todos en "inverosímiles y fantásticas
aventuras" para denostar al clero mexicano.
El peso mayor de la inmoralidad en la novela de Riva Palacio
se centra en la defensa de lo malo y lo feo; ninguno de los dos
contribuye a lo bello y, por lo tanto sano, pues se les otorga valor
123 ef Ibidem.
124 Dávila, Breves observaciones ..., p. 54.
97
LETlCIA ALGABA MARTINEZ
propio y resultan, por ende, malsanos. El mejor ejemplo, lo he
resaltado varias veces, es el arrepentimiento de Luisa .
I
Semejantes conceptos fluían en ciertas preceptivas y críticas
literarias en México, por los años en que Dávila escribe sus artícu-
los. En 1844 Luis de la Rosa resaltaba la primacía de la verdad y la
belleza en la obra literaria, producto del ingenio humano que
"jamás hará que aparezca como bello ni lo absurdo, ni lo que es
mounstruoso, ni lo que ofende el pudor y a los más nobles instintos
de nuestra alma"125 Y dos décadas más tarde, por los años en que
Dávila escribe sus artículos, Francisco Pimentel, seguidor de Revi-
lla y de Campillo Correa, repudiaba el "ultrarromanticismo" ex-
presado en obras que embellecían las malas pasiones y pervertían
los sentimientos morales. Tales obras, decía el mexicano, exageran
y falsean los sentimientos, efecto que en el lector puede producir
un "funesto influjo" y así perder el "sentido práctico de la vida,
convirtiéndola en un teatro de ilusiones que no pueden producir
más que desengaños" .126
De ahí que Pimentel defendiera un realismo" discreto, decente,
honesto", resultado de la mímesis, proceso en el que el artista no
copia pero tampoco debe falsificar la realidad, a través de un acto
de libertad mesurada. A favor de un realismo semejante estaría
Dávila según mostré en la discusión sobre la verosimilitud.
Cabe notar, por último, que en el análisis de la novela Dávila ha
infringido sistemáticamente los principios de la crítica literaria
incluidos frecuentemente en las preceptivas de su tiempo. A pesar
de declarar imparcialidad sobrepone el "espíritu de partido", un
terrible conservadurismo frente a un novelista romántico y asume
un reto -tremebundo según apunta el subtítulo de sus Breves
125 De la Rosa, "Utilidad de la literatura en México", en La misión del escritor.
Ensayos mexicanos del siglo XIX, 1996, p. 89.
126 Pimentel, Obras Completas, 1903,v. 5, p. 266.
98
LA POLÉMICA LITERARIA
observaciones ...-, es decir, involucra el carácter personal, elemento
perteneciente más a la sátira que a la crítica artística. De ésta toma
mañosamente un elemento que Revilla menciona: el crítico debe
ejercer una acción educadora frente al criterio tornadizo del pú-
11
blico", mediante juicios fundados en la pertinencia social de la
obra, su lugar en el movimiento literario y el sentido que entraña.
El sentido positivo de todo lo anterior debe asentarse en un tono
prudente enfocado a la obra más que al autor. 127 Por el contrario,
el Presbítero no sólo analiza Monja y casada ..., sino que la lee a su
público expurgando y demorándose en la trama para dar una
nueva versión. Son éstas las señales de que, en paralelo con Riva
Palacio, está preocupado por los destinos de los personajes, desea
su salvación y la de esos lectores. Pero, cabe preguntarse, ¿por qué
todo un arsenal para demoler una novela a la que le falta arte? ¿Por
qué oponer la crítica estética a un problema de perspectiva histórica
sobre el pasado colonial? Algunas posibles respuestas han sido ya
despejadas; todas giran alrededor de una cuestión central: ¿Cuáles
sucesos del pasado inciden y cobran vigencia en el presente? Es
aquí donde reside el móvil de la exacerbada reacción de Dávila, y
éste se desliza subrepticiamente en una hábil estratagema, materia
del siguiente capítulo.
127 ef. Revilla, Principos generales de Literatura e Historia de la Literatura
Española, 1877.
99
Capítulo III
La estratagema
LAS TÁCTICAS PARA LA GUERRA
Como señalé en el Capítulo I, apenas siete meses después del
triunfo de la República, Vicente Riva Palacio inició la escritura de
siete novelas, que abarcará un lapso de cuatro años. De aquel
triunfo translada la epicidad a Calvario y Tabor, obra de magnífica
recepción tanto por el tratamiento de un suceso reciente como por
la calidad de testigo del narrador. La venta de seis mil ejemplares
confirmaron lo anterior. A mediados del mes de julio de 1868 se
inician las entregas de Monja y casada ..., la primera novela sobre el
pasado colonial; en septiembre comenzará su continuación en
Martín Garatuza. El hecho de que un escritor publique casi tres
novelas en un año es prueba fehaciente de un plan y, sobre todo,
de una incidencia eficaz en los lectores. Ese plan de Riva Palacio
había tenido ya algunos indicios en el "Prospecto" del frustrado
libro sobre las "causas célebres" de la Inquisición, de 1861. Ahí,
como señalé en el Capítulo I, el escritor descubría la peripecia, el
sugerente recurso en el que podrá sustentarse el "interés histórico
por conocer los procesos cruentos del tribunal inquisitorial". El
anuncio, por otra parte, ponía de relieve también la singular capa-
cidad del futuro novelista para atraer al público lector, como bien
señala José Ortíz Monasterio.1 28 El citado libro no se publicó pero
128 ef Ortíz Monasterio, Historia y ficción. Los dramas y las novelas de
Vicente Riva Palacio, 1993, pp. 45-65.
101
LrnCIA ALGABA MARTÍNEZ
Riva Palacio mantuvo en su poder el archivo de la Inquisición, hecho
que seguramente animó el proyecto de una serie de novelas sobre el
pasado colonial. Previsiblemente Mariano Dávila captó las intencio-
nes del novelista e inmediatamente asumió un reto -"tremebundo",
palabra del subtítulo de su libro-, a la manera de un hidalgo que acusa
de "alevoso" a otro ~l novelista- "obligándose a mantenerlo en el
campo", de acuerdo con la definición del Diccionario de Autoridades.129
En el desafío, según referí en el Capítulo I, Riva Palacio se mantuvo
un tanto elusivo, con salidas humorísticas, muy a tono frente a la
embestida rigurosa, erudita y tergiversadora de Dávila. Entre burlas
y veras, Riva Palacio sabía que la crítica de su oponente ponía en juego
dos perspectivas sobre el pasado colonial y, desde luego, la de Monja
y casada ... estaba recibiendo más propaganda pues, aunque ésta se
daba en el espacio de la oposición, La Revista Universal, la novela
mantenía presencia y, seguramente, ganaba más lectores.
El éxito de Monja y casada ... tuvo una primera repercusión que
conviene ahora recordar. Cuando la novela se aproximaba a su
término, el periódico La Revista Universal dedicó un extenso artículo
a la Inquisición y Santo Domingo, el cual produjo una discusión
entre aquél diario y El Siglo XIX, retomada, a la vez, por El Constitu-
cional. La polémica tuvo una respuesta singular de parte de La
Revista Universal: los artículos en cuestión se proponían tratar la
Inquisición desde un punto de vista histórico y con ello" combatir
los errores de los nuevos moralistas buscadores de escenas horripi-
lantes, para confeccionar dramas románticos" .130
Un toque "Obligado" de La Orquesta respondió a la clara alusión
a Monja y casada ...:
,.. aunque sujetos a errores
no buscan los buscadores
129 Madrid, 1976, (O-Z), p. 605.
130 La Orquesta, 8 de agosto 1868.
102
LA ESTRATAGEMA
asuntos edificantes,
pues no es preciso buscar
donde se pueden hallar,
como quien dice, al acaso,
o más bien a cada paso,
en las pasadas edades,
mil innegables verdades,
que según miro y contemplo,
son cada una como un templo.1 31
El otro elemento de importancia es que por lo mismos días del mes
de agosto, La Revista Universal cumplía su primer aniversario y
subrayaba su programa editorial: la Religión, la Independencia, la
Unión de quienes" forman la parte morigerada para destruir a los
eternos dañadores de la sociedad, o al menos para quitarles la
posibilidad de dañar" .132
Así, durante el verano de 1868 bullían los ánimos ante la revi-
sión del pasado colonial, concretamente por la divulgación de
ciertas prácticas del Santo Oficio. En tales circunstancias Dávila
seguramente comenzó a planear sus Breves observaciones ... bajo dos
ejes: las polémicas histórica y literaria, según su propia denomina-
ción y que he explorado en los dos capítulos anteriores. En esta
parte me detendré en la índole de las entregas (capítulos, cuando
formaron un volumen) de dicha obra. Como ya había mencionado,
las entregas se publican en La Revista Universal entre diciembre de
1868 y abril del año siguiente. Sólo dos días de diciembre no
aparecen entregas; en enero de 1869 el periódico incluye un escaso
número, apenas siete y solamente cuatro en febrero; durante los
meses de marzo y abril son esporádicas.
131Ibidem.
132 La Revista Universal, 13 de agosto 1868.
103
LETIClA ALGABA MARTÍNEZ
Lo anterior indica que en diciembre y enero los artículos de
Dávila competían abiertamente con las entregas de Martín Garatu-
za, sobre todo porque en las primeras treinta y cinco se encuentra
lo más jugoso de la crítica; ésta decae cuando da paso a un detenido
y farragoso apartado sobre la Inquisición incluido en las entregas
de febrero a abril. Por ello no resulta forzado inferir que el Presbí-
tero trataba de robarle público a la novela de Riva Palacio y,
simultáneamente, desplegaba un hábil juego con el público lector
de La Revista Universal, según iré mostrando.
Si Dávila anuncia y cumple la aceptación de un reto, correspon-
de descubrir su estratagema, término acaso extraño en la crítica
literaria, por cuanto designa la "acción realizada hábilmente y
generalmente con engaño para conseguir una cosa y su ámbito
natural es la guerra".133 Se ajusta, sin embargo, al supuesto del
Presbítero: Riva Palacio ha declarado su pretensión de esclarecer
hechos oscuros de la etapa colonial; ha consultado archivos de la
Inquisición, pero no ha respetado la "verdad histórica", señales
todas de un engaño, arma que el crítico retoma en abierta provo-
cación al duelo con Riva Palacio, quien, como mencioné en el
Capítulo 1, advierte haber aprendido la historia por fuentes distin-
tas a las de Dávila. La estratagema de éste confirma su espíritu
jesuita definido en la fundación del Instituto Ignaciano: serían los
soldados de Cristo, como un ejército defenderían su Iglesia, espíri-
tu por demás apto para convertirse en vocero del pensamiento
conservador mexicano y del Partido que lo sustentaba.
Las estrategias del crítico son variadas por su dirección a distin-
tos fines. Uno de éstos es dar al lector una glosa de la novela. Más
que una relectura, se trata de una lectura tamizada, expurgada, con
detenciones, sesgos y omisiones bien ca1culados. Así las Breves
Observaciones ... empiezan bajo el mismo orden que los libros y los
capítulos de la novela, incluso frecuentemente con los mismos
133 Moliner, Diccionario del uso del español, (A-G), 1991, pp. 1233.
104
LA ESTRATAGEMA
subtítulos. Sobre el Libro 1 intitulado "El convento de Santa Teresa
la Antigua" cuenta la intriga y aclara los" errores" históricos de tal
suceso (véase Capítulo 1). El recorrido por el Libro 11 titulado "Las
dos profesiones" es rápido y, como vimos en el Capítulo 11, se
dedica a combatir los yerros de una novela ajena a un plan y, por
lo tanto, con episodios inconexos, elementos típicos de las novelas
de folletín que son, dice Dávila:
una especie de albañales en que se amontonan todo género de
inmundicias, adulterios, asesinatos, suicidios, con que bajo la capa
de moralidad, de amor a la religión, y de encomios al orden, se
pintan mil cuadros voluptuosos e intrigas infernales, y se hacen un
sinnúmero de revelaciones vergonzosas, que manchan la imagina-
ción de los lectores, corrompen los corazones y ofrecen un mortífero
veneno a la candorosa juventud de ambos sexos, que si al principio
de su lectura se sonrojan, acaban tal vez por emular la vergonzosa
gloria de esos tipos de inmoralidad y corrupción. 134
La brevedad del comentario sobre el Libro 11, puede apreciarse, se
encuentra bien potenciada por el rechazo a las novelas de folle-
tín;135 éste actúa como advertencia al lector, indicio, por otra parte,
de la equivalencia del espacio del periódico al púlpito de la iglesia.
Pero esa señal explícita resulta más bien rara en el conjunto estra-
tégico de la crítica de Dávila.
134 Dávila, Breves observaciones ..., 1869, p. 20.
135 Dávila retoma juicios de críticos españoles que combatían el influjo pernicioso
de la novela de folletín francesa . Las características de la producción y su gran
impacto sobre el público lector, suscitarOrl la reacción en frases como éstas:
"introducen la ponzoña en las familias"; "propagan máximas disolventes"; "aten-
tan contra los principios de la educación religiosa", etc. ef Iris Zavala, Ideología
y política en la novela española del siglo XIX, 1971, pp. 266-267.
105
LETICIA ALGABA MARrtNEZ
Sabedor de que a partir del Libro I1I, titulado "Monja y casada",
comenzarán a discernirse los destinos de Luisa y Blanca Mejía, las
protagonistas de la novela, el Presbítero varía la estrategia: emu-
lando la tarea del novelista anticipa conceptos claves de la moral
católica que defiende. Es en este libro donde ocurre la fuga de
Blanca Mejía del convento, ante lo cual Dávila aprovecha las dudas
de la monja: ¿hará bien o mal en fugarse? La voz del sacerdote
prepara a los lectores: "Pronto saldrá de dudas y conocerá por
experiencia propia que con Dios no hay burlas, y existe una Provi-
dencia para el bueno y para el malo" .136
Posteriormente vuelve a narrar la huida de Blanca Mejía con un
tono burlón dirigido a contrarrestar el halo trágico del personaje.
En los preparativos de la fuga del convento, observa el "poco
criterio" del novelista puesto que eligió un convento recoleto; el
suceso resulta "extravagante" y, además, un "agravio a la opinión
que el narrador había inculcado a los lectores sobre Sor Blanca".
Dávila reconstruye así la escena: en su estrecha celda amueblada
escasamente, Sor Blanca tenía en una alacena embutida en la pared
una caja oculta; toma la caja y
comienza a sacar algunos objetos ... ¿de fuga? No, de tocador, en
castellano; en francés, de toilette. Un espejo, ante el que arrodillada
se quita la toca, y se desprende la más hermosa cabellera del mundo,
no de una mujer, de una deidad, acto continuo, se viste un soberbio
traje de brocado blanco; cubre sus manos y su cuello de soberbias
alhajas; oprime sus delicados pies, -¿sin medias o calzas?- en unos
borceguíes -¿datilados?- no; de tafilete rojo bordados de oro y sus
cabellos en una redecilla de seda y oro ... ¡Vaya! pat~nte está el plan.
Pondrás e en seguida unas soberbias alas ... Se presentará a las monjas,
las cuales, creyéndola sin duda un arcángel, se postrarían a sus pies,
136 Dávila, Breves observaciones ..., p. 32.
106
LA ESTRATAGEMA
abrirían a su voz las puertas y ... Doña Blanca respiraría en la calle ...
el benéfico aire de la libertad .137
La fuga del convento que el novelista impulsa por el deseo amoroso
del personaje, se toma en escena humorística, irónica, banal e
inverosímil, elementos distractores del aliento libertario. Y en la
ironía dirigida a derribar la figura angelical de Blanca Mejía aflora
la desviación que el personaje tiene respecto de la moral católica:
el ángel de Riva Palacio deja el convento, ese privilegiado espacio
de la castidad, donde adquirían las mujeres, tanto las casadas como
las solteras, el linaje de la vida angelical, según lo expresaba Juan
Manuel Orti Lara, uno de los defensores más ilustres del dogma
católico:
Así engrandece el catolicismo a la mujer: con la castidad elevada a
su mayor altura, la despega de la tierra, la transporta a una atmósfera
que las posiciones no alteran ni corrompen; y así elevada, ofrécela a
los ojos del hombre como no se qué de celestial y divino, que
sobrepuja todo sentido carnal, y levanta al espíritu y amor de la
eterna belleza .138
La ironía de Dávila cobra mayor eficacia ante el lector que la
defensa de la vida conventual referida en la polémica literaria; una
y otra tácticas, sin embargo, denuncian a un crítico versátil, que
hace calas diferentes en los asuntos morales amenazantes para los
lectores católicos.
Los múltiples obstáculos que va encontrando Blanca Mejía son
ridiculizados por Dávila. En los aliados de la protagonista como el
137 Dávila, Breves observaciones. pp.28-29.
138 Orti Lara, Ensayos sobre el catolicismo y sus relaciones con la alteza
y dignidad del hombre, 1864, p. 239.
107
LETIClA ALGABA MARTÍNEZ
negro Teodoro, su posible salvador, nota un carácter postizo de
"nuevos Eneas"; en el refugio fugaz, aclara que no es precisamente
el "ubi Troja fuit". La táctica se dirige a enfriar ante los lectores el
difícil camino luego de la evasión del convento; de esta manera
combate la fatalidad, ese elemento constantemente rechazado por
su índole romántica opuesta al sentido católico de la Providencia
divina.
Para el Libro IV "Virgen y mártir", el Presbítero perfecciona la
estrategia anterior. En principio anuncia la postergación de la
"leyenda 'd el martirio" a propósito de una de las respuestas de Riva
Palacio, argumento para asumir el reto y contestar retomando una
cita de un crítico francés --calla el nombre- a propósito de El conde
de Montecristo de Dumas en la que se discute la verdad artística, es
decir, el realismo en el arte, la verosimilitud, elementos absoluta-
mente cuestionados según señalé en las polémicas histórica y
literaria (Capítulos 1 y 11), lo que adquiere ahora relevancia es la
ubicación de tal referencia, precisamente después de postergar la
"leyenda del martirio". En sustitución, el crítico ilustra el sentido
de la cita inventando una Comedia, donde acomodará la desgracia
de Luisa, quien es vuelta a la negritud en un acto de venganza de
sus examantes y con ello se inicia su arrepentimiento, semejante al
de la Magdalena cristiana. Dávila dice poco sobre el asunto; sabe
que funciona como mal ejemplo en la moral católica, de ahí la
solución eficaz: una comedia dividida en cuatro actos. La velocísi-
ma descripción de las acciones del personaje, de sus aliados y sus
enemigos, imprime el tono humorístico propio del sainete: en-
tran y salen personajes del escenario dando lugar así a sucesos
inexplicables o, como sugiere el Presbítero, inverosímiles. De
este modo contrarresta la intervención de elementos mágicos y
alquímicos que han ido rodeando el destino del personaje; dicho
de otro modo, las señales de la fatalidad bien advertidas por el
crítico. De nuevo aflora el choque ideológico: fatalidad versus
Providencia divina.
108
LA ESTRATAGEMA
Las desgracias de Luisa y sus remordimientos, dice Dávila,
la convierten ... la vista de Sor Blanca la corunueve ... llora,le pide mil
perdones ... se acordó de Dios, se volvió creyente, caritativa, mártir,
etc., etc., ya acabó toda su maldad, porque -agrega el novelista- de 11
la pecadora Magdalena a la santa, no hay mas que el paso de la noche
a la aurora ... " ¿No más? No nos metamos en honduras. 139
La comedia termina con el fragmento citado, pero Dávila continúa
narrando en el mismo tono para burlarse de los obstáculos de la
nueva fuga de Blanca Mejía de la cárcel inquisitorial, con lo cual
inicia el desenlace de la novela. También el Presbítero comienza a
hacer un balance del "rápido análisis de esta novela de más de 600
páginas", respecto de lo bello y lo bueno, ejes de la preceptiva que
ha aplicado (véase Capítulo u). Para finalizar, retoma al cuestiona-
miento inicial: ¿por qué la novela de Riva Palacio ha tenido gran
aceptación? La respuesta verifica el gusto de los lectores por las
novelas de folletín y retomando a Mr. Michelet -seguramente Jules
Michelet- Dávila considera que tales obras se escriben en el marco
de una sociedad que va en descenso y, por ello, está colmada de .
mediocridad. A modo de conclusión retoma frases de un "autor
liberal" español-sin decir su nombre-ligado al Monitor Republica-
no, de quien cita lo siguiente: "Cuando la literatura, la política, la
moral y el gobierno tienen por directores los principios del siglo
XVIII legados al XIX, ¿deberá extrañarse la calidad de los escritos de
moda y la fortuna de que disfrutan?"l40
La parte segunda de las Breves observaciones ... como mencioné al
principio, se dedican a la Inquisición. El gran espacio dedicado a
su historia desmerece en el conjunto estratégico de Dávila pues los
139 1bid ., p. 47.
140 Ibid., p. 59.
109
LETIClA ALGABA MARTÍNEZ
conceptos del dogma católico y las causas de la fundación y la
función del Santo oficio no eran -ni antes y ahora- accesibles para
el lector común. Sin embargo, la táctica forma parte del conoci-
miento de la verdad y la defensa, notablemente anacrónica del
tribunal, explicable en el inquisidor que es Dávila, figura terrible si
recordamos aquella hoguera con los libros del pensamiento ilus-
trado en el Instituto Literario de Toluca. Ante la imposibilidad de
repetir abiertamente un acto de brutal intolerancia con Monja y
casada ... planeó una exhaustiva crítica, cuya ferocidad seguramente
movió a los lectores católicos de La Revista Universal pues a media-
dos de junio de 1869 apenas tres meses después de la última entrega
de Las breves observaciones ..., el periódico La Orquesta inserta un
Auto de fe" que dice:
11
Con fecha 6 del corriente nos escriben de Ixtlahuaca lo que sigue:
"Escribo a usted bajo la dolorosa influencia que produce en mi
corazón la noticia que en este instante acabo de recibir, referente a
que en el pueblo de San Felipe del Obraje, municipio perteneciente
a este Distrito, existen unos misioneros que han tenido la audacia de
extraer de sus dueños todos los ejemplares de Martín Garatuza,
Monja y casada y Piratas del golfo, los que han quemado excomul-
gando a los que los leyesen. No hay duda, eSos prisioneros son
las almas en pena del antiguo fanatismo religioso que arrojado
de las ciudades por los conjuros de la civilización, se retiran a los
pueblos esperando encarnar en la ignorancia; pero se equivocan;
esa ignorancia no existe como creen, la vuelta de las preocupa-
ciones que produjeron y alimentaron a la Inquisición, no resuci-
tará jamás entre nosotros, por que los mexicanos decimos a
semejante resurrección, lo que los discípulos de Jesús en el sepul-
cro de Lázaro: "señor, ya apesta".141
141 La Orquesta, 9 de junio de 1869.
110
LA ESTRATAGEMA
En su anacronismo el "Acto de fe" pone de relieve tanto al novelista
como al crítico; uno y otro sabían que el pasado colonial estaba
vivo, a pesar del triunfo de los liberales.
En el largo pasaje sobre la Inquisición cabe notar, por otra parte,
que el propio Dávila descubre su autoría tanto del parágrafo dedi-
cado a aquélla en el Diccionario Universal de Historia y Geografía
(1854),142 como la de los artículos que dieron pie a una polémica
entre la prensa conservadora y la liberal. Sin embargo, a la mitad
de sus Breves observaciones ... no parece importarle ya mucho a
Dávila conservar el anonimato pues afirma "haber cruzado lanzas
con El Constitucional, Siglo XIX y Opinión Nacional", señal, por otra
parte, de que éste es, efectivamente, el germen del reto pues nue-
vamente el crítico solicita respuestas de Riva Palacio:
... a nuestras observaciones publicadas el 19 y el 26 de agosto no
osaron decir "esta boca es mía" ... ¡Ya se ve! todavía no se habían
descubierto los documentos irreprochables y preciosos datos. Y ahora
que tan felizmente se han encontrado los archivos secretos, ¿se fijará
la contestación ad Calen das graecas?, o hablando en castellano ... en
los tres célebres plazos: Tarde, mal y nunca.143
La incitación al duelo no recibe en ese momento la respuesta de
Riva Palacio; su táctica había sido descubrir inmediatamente el
nombre de Dávila y luego con sentido del humor aludir a la extensa
crítica del Presbítero, en la que seguramente veía la mejor propa-
ganda para Monja y casada ... La táctica de Riva Palacio cambia
cuando Las breves observaciones ... se publicaron en un volumen a
mediados de 1869 -apenas tres meses después de la última entrega
en La Revista Universal- y acaso también por la quema de ejempla-
142 Cf pp. 270 a 292.
143 Dávila, Breves observaciones ..., p. 59.
111
LrnCIA ALGABA MARTÍNEZ
res de sus novelas en el pueblo de San Felipe del Obraje, citado en
La Orquesta, el 9 de junio. La respuesta del novelista ya no es
embozada ni humorística, con su firma y en La Orquesta leemos:
Como en las críticas que se han hecho a mi novela histórica Monja y
casada, al través de lo que pudiera llamarse crítica de la novela, veo
claramente un ataque a todas nuestras instituciones modernas y a
las conquistas de la Reforma, muy pronto entrará en prensa para ver
la luz pública, un libro que me ocupo en escribir y que contendrá
todos los datos irrecusables de la verdad histórica que se refiere a
dicha novela. En ese libro probaré: que los sombríos cuadros que he
presentado al público, no son parto de mi imaginación, sino un
transcrito fiel de los episodios que tenían lugar en aquella sociedad
que gemía bajo el yugo del fanatismo y de la Inquisición. Para
entonces, aplazo a mis adversarios, advirtiéndoles que la desventaja
está de mi parte, porque yo combato a cara descubierta y dando mi
nombre, y ellos me injuriaron en cuestiones que nada tienen de
personal en la salvaguarda del anónimo. El Partido Liberal cuenta
en su apoyo para vencer, con la razón y la historia. l44
La segunda parte de las Breves observaciones ..., como ya habíamos
señalado al principio, coincide con la irregularidad de las entregas
en La Revista Universal. Este hecho pone de relieve la primera parte;
ahí descansa la estratagema de Dávila; es ahí donde despliega las
tácticas para atacar y, a la vez, competir con la publicación de
Martín Garatuza,la continuación de Monja y casada ... Dávila previ-
siblemente planeó su crítica y le debe haber sorprendido el "Pros-
pecto" de Martín Garatuza; éste le habrá llevado a comprender que
Riva Palacio, en posesión del archivo de la Inquisición, seguiría
novelando las causas célebres pues en escasos doce meses las
entregas de tres novelas ocupaban el interés del público lector. La
144 La Orquesta, 16 de junio de 1869.
112
LA ESTRATAGEMA
rapidez y la eficacia del novelista obligó al Presbítero a descalificar
la veracidad de Martín Garatuza, personaje subversivo en Monja y
casada ... y a desentenderse un tanto de las aventuras que el perso-
naje prometía desde las primeras entregas de la novela con su
nombre, para centrarse en el debate en tomo a la Providencia
divina que le suscitaban las protagonistas de Monja y casada ... y en
el ataque a la defensa del clero, en el presunto" ardid" de la novela.
La estratagema de Dávila intenta atacar por todos los frentes, como
en la guerra, pero a medida que se desarrollan las tácticas, se aprecian
los mismos elementos que él deposita en Riva Palacio, como son la
alevosía y el engaño. Las tácticas se mueven entre la reiteración y la
omisión. Las precisiones acerca de los sucesos históricos de la novela
ejemplifican la redundancia. La elisión envuelve el hecho beligerante
que la novela actualiza: una imagen oscura de la Iglesia mexicana. El
supuesto móvil o "ardid" de Riva Palacio tiene un doble filo: ocurre
en el pasado colonial pero todavía representa una herencia viva y
nefasta en el presente. Sabedor de que la novela podía ser tomada
como lección de historia, Dávila introduce un exhaustivo análisis
literario al servicio de varios fines: denostar la obra y a su autor;
expurgar el texto para evitar modelos perversos ante el lector, y
elaborar una nueva versión de la novela según ciertos preceptos del
arte literario. Son éstas las máscaras del Presbítero: la del historiador,
la del crítico literario y la del novelista. Por eso Dávila expande la
estratagema; cubre la novela entera, a la manera de un engaño, un
obstáculo, más agradable desde su perspectiva, ante el posible lector
de las novelas de Riva Palacio.
Los ENTRETELONES DEL" ARDID" NOVELESCO
...el objeto de sus inverosímiles y fantásticas aventuras, no es otro, y
lo conocerá hasta quien sólo vea las cosas por tela de cedazo, que
deIÚgrar al antiguo clero mexicano, que si como formado de hom-
113
LETICIA ALGABA MARTfNEZ
bres cometió algunas faltas, jamás éstas oscurecerán la fama de sus
distinguidos e importantes servicios prestados a favor de la civiliza-
ción y la libertad de su país, servicios a que nunca llegarán los de
otras clases, y ahí está la historia de cerca de cuatro siglos que lo
145
acredita con indelebles caracteres.
A manera de conclusión del análisis de Monja y casada ... Mariano
Dávila descubre en las líneas citadas el presunto" ardid" embozado
en la novela y paralelamente descubre el móvil de sus Breves
observaciones ... Si la disección de la novela se orientó a describir la
verosimilitud anclada en el presente del novelista y, por lo tanto, a
discutir problemas de orden estético, en el fragmento arriba citado
aparece un reproche de orden ético centrado nuevamente en la
aprehensión del pasado colonial.
La recreación novelesca del Tumulto de 1624 logra reunir pun-
tos frágiles del poder eclesiástico eficazmente potenciados por la
imagen del claroscuro, tanto en la vida social de la ciudad de México,
como en el perfil y las acciones de los personajes, sobre todo los del
Virrey y el Arzobispo. El recurso es bien advertido por Dávila:
... en la pintura de las actualidades de la Nueva España en 1623, muy
tristes por cierto ... vemos cumplida la antigua profecía latina: Pejora
videmus ... pintura en la que se agotaron los más bellos colores para
retratar al virrey Marqués de Gelves, así como los más oscuros para
caricaturizar a sus enemigos ...146
Omite, sin embargo, la luminosidad, el contraste, en el que Riva
Palacio fusiona el presente con el pasado: de éste recupera impul-
sos, capacidades del pueblo frente al régimen virreinal para colo-
145 Dávíla, Breves observaciones ..., p. 55.
146 lbid ., p. 25.
114
LA ESTRATAGEMA
carlos en el México independiente, y con mayor precisión en la
Reforma como signo de modernidad por cuanto la separación
Iglesia-Estado. En tal eje se mueve el carácter doctrinario de la
novela. A la luz de la crítica de Dávila recobra una fuerte comba-
tividad, sentido que tiende a diluirse con el paso del tiempo. El
denominado "espíritu de partido", tantas veces traído a colación
por el Presbítero, aflora y ayuda a comprender la belicosidad
todavía no depuesta en 1868: Riva Palacio deseaba la conciliación
pero escribe una novela en la que defiende un proyecto político;
Dávila -y los conservadores- tampoco desea la conciliación y sigue
pugnando en favor de un orden social que se había venido fractu-
rando a partir de las "luces" de los reformistas. Las vertientes
ideológicas los alejan y, sin embargo, el asunto del pasado los
acerca.
La reacción de Mariano Dávila sobre el ingreso del Tumulto de
1624 al universo novelesco permite apreciar redundancias; aunque
de mayor interés son algunas omisiones. Antes de entrar en ellas,
conviene hacer un recorrido por las principales escenas de aquella
revuelta y la conducta de sus protagonistas.
Una sociedad lacerada por la codicia de españoles y criollos en
contubernio con la máxima autoridad eclesiástica y algunos miem-
bros de la Audiencia, permiten al novelista figurar el lado oscuro
potenciado con el empobrecimiento y la delincuencia, signos de un
régimen gubernamental descompuesto, al que ha de enfrentarse el
virrey de Gelves. El personaje novelesco del gobernante está dota-
do de rasgos positivos, que entran en oposición con los del Arzo-
bispo. La responsabilidad del Virrey en su cargo se pone de relieve
en sus paseos nocturnos por la ciudad para apreciar por sí mismo
las necesidades del pueblo. Y para acentuar la desolemnización del
personaje, en uno de esos paseos se en amora fugazmente de una
bella dama criolla de la que conoce después su identidad: era
Blanca Mejía quien disfrutaba, también fugazmente, de la libertad
luego de su huída del convento. Así, los rasgos de bonhomía en el
115
LET!CIA ALGABA MARTÍNEZ
virrey de Gelves acentuarán la defensa de la autoridad civil frente
a la eclesiástica.
La desmesurada codicia de los grupos elitistas se subraya en el
monopolio de granos y otros alimentos básicos, en detrimento de
los estratos más bajos de la sociedad. Tampoco tenían éstos acceso
a la justicia, la cual se hallaba sujeta al mejor postor. En tal estado
de cosas, las acciones del arzobispo Pérez de la Serna se suman y
con ello ponen en entredicho su conducta personal y aun la obra
civilizadora de la Iglesia. No de otra manera puede leerse el Capí-
tulo III del Libro IV cuyo subtítulo es una especie de detonador:
"Cómo se conspiraba en el Palacio del señor Arzobispo de México
del año de 1623". Ahí se describen las alianzas y las tácticas para la
revuelta.
A través de una larga escena, Riva Palacio confiere un papel
subversivo a la Iglesia y a sus doctrinas. El Arzobispo no duda en
servir de enlace con la gente marginada pero, sobre todo, con
viciosos y delincuentes, para ir contra la autoridad civil:
... siendo para el servicio de Dios y de su religión y para la guardia
de estos reinos de su Majestad, que de otra manera serían perdidos,
no es obstáculo, que así en las santas cruzadas fueron todos los que
habían recibido las aguas del bautismo a la reconquista de los Santos
Lugares de Jerusalén sin que se exceptuaran los pecadores, y quizá
camino sería éste de salvación para muchas almas perdidas o dor-
midas en culpa. 147
En la voz del Arzobispo, podrá notarse, el novelista deposita un
asunto de gran peso, el problema de la salvación de los pecado-
res: los designios providenciales llegarán a éstos mediante la
intervención del máximo Prelado. Y, sin embargo, el minucioso
147 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. JI, p. 25.
116
LA ESTRATAGEMA
Presbítero Dávila omite la escena, no la toca, la encubre frente a sus
lectores toda vez que ya había elegido la táctica de la descalifica-
ción estética.
La alianza del arzobispo Pérez de la Serna con el grupo que
intenta defender sus intereses frente al Virrey toma carácter perso-
nal pues el Prelado monopolizaba la venta de carnes; era compra-
dor y revendedor: " ... se llamaban 'regatones' ... entre los cuales se
contaba el mismo Arzobispo, que tenía en su casa una carnicería
que le hizo quitar el Virrey" .148
Sobre tal conducta deshonesta tampoco hay réplica por parte
de Mariano Dávila; se dedica más bien a esclarecer el anacronismo
del personaje Martín Garatuza, su inverosímil cercanía con el Arzo-
bispo y a descalificar en iguales términos a Luisa, lo mismo que al
Ahuizote, personajes viciosos, la "falange revolucionaria" del Ar-
zobispo, en palabras del crítico.
Objeto de enorme rechazo para Dávila es el liderazgo de Martín
Garatuza, quien en la novela recibe toques de heroicidad. En plena
revuelta, sitiado el Virrey en el palacio de gobierno por una multi-
tud que gritaba vivas a la fe, a la Iglesia, al Rey, y mueras al "hereje
excomulgado" (el Virrey), se lanza en pos de la bandera que
ondeaba en el palacio:
... Martín, cubierto con una rosela y con una espada desnuda,
subió hasta arrancar aquella flámula ... Entre gritos de triunfo y
llevando en la mano el trofeo de su victoria, Martín fue llevado
en brazos de los más entusiastas hasta dentro de la misma Cate-
dral y recibió allí felicitaciones de todo el clero, que no se atrevía
a declararse militante, pero que desde el templo animaba y exci-
149
taba la insurrección.
148 Ibid., p. 9.
149 Ibid., t. II, p. 154.
117
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
Apegándose a fuentes auténticas y oficiales tales como el informe
al Rey de España sobre los sucesos por parte del Ayuntamiento de
México y del propio arzobispo Pérez de la Serna, Dávila niega la
calumnia al clero en cuanto haber celebrado y difundido la exco-
munión al Virrey y de haberse reunido en la Catedral durante los
momentos culminantes del Tumulto. El Presbítero juzga de mane-
ra peculiar el episodio protagonizado por Martín Garatuza:
... todo esto es falso conforme a los documentos citados. El mismo
autor lo confiesa, al atribuir a Garatuza que no era clérigo, sino un
bribón, el hecho del estudiante vestido de sotana y turca, que
arrebató la flámula real del balcón de Palacio. Y para que no quedara
duda de esta farsa en que representa al clero, añade, que el Ahuizote,
otro bandido, disfrazado con traje clerical, arengaba al pueblo,
repitiendo lo que apuntaba Luisa, -siempre los mismos malvados-,
vestida de hombre. ISO
El argumento, cabe notar, delata contradicciones. El recurso del
disfraz en los personajes de Martín Garatuza y Luisa, máscaras que
les otorgan la versatilidad, ingrediente indispensable para sus
acciones exitosas, es visto como natural en una novela y, sin em-
bargo, en la polémica literaria fue objeto de reproches desde la
verosimilitud. Esta táctica es por demás relevante, constituye un
indicio de que el historiador Mariano Dávila se dio cuenta que
debía pasar al terreno literario y desde ahí derribar el" ardid" de la
novela.
Otro ejemplo de las elisiones de Dávila se da en un elemento de
la fuga del convento de Blanca Mejía. Ella acelera su salida ante el
retraso del trámite a cargo al arzobispo Pérez de la Serna:
ISO Dávila, Breves observaciones ..., 1869, p. 40.
118
LA ESTRATAGEMA
-Es necesario ...salir de aquí... saldré, y si al fin el Arzobispo relaja
estos vínculos, que yo por mi voluntad no he formado, mejor, si no
viviré ... libre. Yo no tengo obligación de estar aquí, el Pontífice ha
dicho que si los votos me fueron arrancados por la fuerza ... sea yo
libre. 151
Si el destino de la protagonista recibió un verdadero asedio, el
Presbítero calla la atribución casi omnímoda que Riva Palacio pone
en el Arzobispo: de él depende el futuro de Blanca Mejía.
El crucial asunto del destino y la salvación de las protagonistas
está regido por la fatalidad en el sentido romántico. Dávila lo captó
y seguramente advirtió también que Riva Palacio atribuye al Arzo-
bispo, en tanto personaje, los caminos, las líneas de los destinos,
rasgo confirmatorio del narrador romántico,152 pero en justa opo-
sición a los designios de la Providencia divina. La omisión de este
delicado asunto indica que Dávila está sancionando la herejía con
su tenaz estrategia de echar por tierra la versión "parcial y desacre-
ditada" que sobre el Tumulto de 1624 eligió Riva Palacio. Igual
tenacidad en la versión del suceso histórico mantendría Riva Pala-
cio desde su espíritu de partido. Muy poco después de la escritura
de Monja y casada ... y de otras novelas, preparó en colaboración con
Manuel Payno, Rafael Martínez de la Torre y Juan Antonio Mateos
el Libro rojo. En éste figura una selección de hechos violentos que
ponen en tela de duda el régimen colonial. Con pertinencia, José
Ortíz Monasterio sostiene la hipótesis de que dicho libro es el que
Riva Palacio tenía en la mente en aquella respuesta frontal, impul-
sada por la publicación de la crítica de Dávila en un volumen y
acaso por el acto inquisitorial sobre sus novelas: anuncia la publi-
151 Riva Palacio, Monja y casada ..., t. 1I, p. f)1.
152 Cf Cándido, citado en Ruedas de la Serna, "La novela corta de la Academia
de Letrán ", en La novela corta en el primer romanticismo mexicano, 1985,
pp. 19-53.
119
LETICIA ALGABA MARTfNEZ
cación de un libro con las pruebas de que "los sombríos cuadros"
no son "parto de mi imaginación, sino transcrito fiel de los episo-
dios que tenían lugar en aquella sociedad que gemía bajo el yugo
del fanatismo y de la Inquisición" .153 Junto con la hipótesis de Ortíz
Monasterio, me parece que El libro rojo equivale también a la publica-
ción de las "causas célebres" del Santo Oficio, que tenía como aval el
Decreto del Congreso de la Unión. Cabe notar, sin embargo, que El
libro rojo no está dedicado enteramente a casos inquisitoriales, mien-
tras que cuatro de las siete novelas de Riva Palacio aluden a juicios
célebres y todas se publicaron años antes que El libro rojo, de 1870.
Puedo sostener entonces que las novelas cubrieron en mayor medida
y más eficazmente las expectativas de aquel libro con el que el
presidente Benito Juárez intentaba denostar el dogmatismo de la
sociedad colonial y con ello apuntalar el proyecto político de los
liberales en 1861, ante la inminencia del Segundo Imperio.
El Tumulto de 1624 figura en El libro rojo y es narrado por
Manuel Payno. Sobre el estado social del año 1613, a la llegada del
virrey Marqués de Gelves, se subrayan los mismos problemas que
figuran en Monja y casada ... Acerca del clero el juicio va también en
paralelo:
Los frailes de las diversas órdenes religiosas, poseedores de grandes
bienes y habiendo perdido las virtudes cristianas de que dieron
ejemplos años antes los doce apóstoles de las Indias y sus sucesores,
se entregaban a ruidosas cuestiones y a complicadas intrigas para
obtener los puestos elevados en los conventos ... l54
Tanto la novela como la versión de Payno en una obra de carácter
historiográfico parecen defender el pasado más remoto, los inicios
de la obra española, pervertida muy pronto por las ambiciones de
153 La Orquesta, 16 de junio de 1869.
154 El Libro rojo, t. 1, 1905, p. 24.
120
LA ESTRATAGEMA
riqueza de españoles, criollos, autoridades. Así, en el perfil del virrey de
Gelves, no obstante su papel peligroso de reformador y su despotismo
para corregir vicios, se realza su intento por "refrenar el papel inmenso
del clero" y su intromisión en "negocios civiles".
El detenido relato sobre la rivalidad entre el Virrey y el Arzo-
bispo confirma el halo novelesco que el suceso de por sí tuvo.
Abiertamente Payno muestra el papel subversivo del clero en la
conducción de la muchedumbre: " ...acaudillados por frailes o clé-
rigos, que en una mano tenían un arcabuz o una espada y en la otra
un crucifijo y alentaban a la multitud al asalto" .155 La toma de la
sede del poder político culmina con el incendio; Payno señala como
líder de esta última acción a un clérigo de apellido Salazar. El
apellido, por cierto, puede asociarse al nombre de Martín Garatuza:
Martín de Villavicencio y Salazar, según se especifica en las prime-
ras páginas de Monja y casada ...
Años más tarde, a principios de 1880, Riva Palacio escribe el
capítulo sobre el Virreinato para México a través de los siglos. Al
ocuparse del Tumulto de 1624 su versión es casi idéntica a la de
Payno en El libro rojo. Persiste el hecho curioso de la carnicería del
arzobispo Pérez de la Serna alusivo a su oficio de "regatón" y, por
ende, alejadísimo de su misión. Muy semejante a la atmósfera
terrorífica que rodea la boda de Blanca Mejía en Monja y casada ...
Riva Palacio narra el "clamoreo de las campanas" a entredicho
ordenado por el Arzobispo y en paralelo con sus excomuniones:
En aquella época un entredicho era causa más que suficiente para
conturbar las conciencias de los que creían que por sólo ese hecho
quedaban fuera de la iglesia católica y expuestos a los más terribles
156
castigos del cielo.
155 Ibid., p. 389.
156 Riva Palacio, "El Virreinato" en México a través de los siglos ..., s/f. t. IV,
p.118.
121
LETICIA ALGABA MARTINEZ
El comentario anterior seguramente habría sido desmentido por
Dávila con la misma táctica de aclarar anacronismos: en 1614 no se
tachaba de fanáticos a las personas que entraban en pánico por los
repiques que presagiaban castigos.
Sobre el virrey de Gelves, el historiador Riva Palacio reprocha
en el conjunto de sus acciones contra el Arzobispo el haber usado
"el término medio" y no el ataque de raÍZ, propicio en las grandes
crisis sociales, momentos en que resultan necesarios los 11caracteres
indomables y enérgicos y medidas extremas y terribles" .
Quizá para su fortuna, Mariano Dávila ya no leyó ni en El libro
rojo ni en el capítulo sobre el virreinato de México a través de los siglos
la versión del Tumulto de 1624 pues murió apenas un año después
de la publicación de sus Breves observaciones ... sobre Monja y casada ...
De haberlo hecho acaso habría pensado que su fina y hábil estrata-
gema en nada había mellado a su oponente, quien ve en el Tumulto
de 1640 la semilla del México independiente:
El pueblo habría comprendido que era fuerte y conocido que con
facilidad podría sacudir el yugo de los virreyes, y esto, además de
ser peligroso ejemplo en la colonia, sembraba los gérmenes de la
independencia y libertad en el corazón de los nativos de Nueva
España. 157
La enorme cercanía de las palabras anteriores al asunto doctrinario
que permea Monja y casada ... expresado en el tópico romántico del
deseo libertario de las protagonistas y en los toques de heroicidad
a Martín Garatuza, revela la persistencia de un punto de vista sobre
el pasado colonial tanto en el ámbito novelesco como en el relato
historiográfico. En todo caso, la comparación es de gran ayuda para
esclarecer la riña entre Dávila y Riva Palacio en aquel año de 1868.
En tal perspectiva, por otra parte, se fragua la índole histórica de
157 Ibid., p. 126.
122
LA ESfRATAGEMA
Monja y casada ... Como otros escritores de su generación y de la
Academia de Letrán, Riva Palacio retoma los asuntos históricos
desde el aliento romántico. Se translada a los primeros años de la
Colonia, elige sucesos de cierta importancia, los eleva y los inmis-
cuye por igual en la historia pública y la historia privada en una
combinatoria que caracterizará todas sus novelas. El tránsito del
pasado hacia el presente, como he resaltado contantemente, permi-
te notar diferencias respecto de la novela histórica europea de gran
auge en el siglo XIX, tantas veces inspirada en la Edad Media y de
la cual se sustrajeron leyendas y mitos diabólicos, por ejemplo. Este
gusto por lo histórico del novelista romántico se daba retrocedien-
do muchos siglos atrás, desde un horizonte temporal que subraya-
ba los valores sociales y morales ya extinguidos. El romántico vivía
en un orden social distinto y, por lo tanto, poseía una perspectiva
equilibrada sobre el pasado. No es éste el caso de los escritores
mexicanos que, como Riva Palacio, tenían un horizonte temporal
de tres siglos, distancia breve hacia la dominación española y la
vida colonial, cuyos rasgos no habían desaparecido por completo.
Sobre ese lapso, Menéndez y Pelayo asentó una serie de argu-
mentos para señalar la debilidad del romanticismo mexicano. En
su Historia de la poesía hispanoamericana31 examina la infancia en
tanto rasgo específico de los pueblos americanos y señala el inelu-
dible carácter de su literatura: es colonial, obra de criollos, no de
indios. Con mayor fuerza aún califica de "gran temeridad y error"
querer introducir los recuerdos y las leyendas ocurridas apenas
hace trescientos años. El escritor decimonónico, continúa el crítico
español, podía explorar con curiosidad sus tradiciones pero quizá
158 La obra se publicó en 1910 pero tuvo su origen en los prólogos que Menéndez
y Pelayo escribió para las antologías de poesía de los países latinoamericanos a
propósito del IV Centenario del Descubrimiento de América ya petición de la Real
Academia de la Lengua.
123
LETICIA ALGABA MARTlNEZ
las consideraría exóticas por cuanto su mentalidad no era indígena
sino criolla, enraizada en valores morales cristianos. Y los recuer-
dos de la conquista, "demasiado históricos y demasiado cercanos"
transcritos profusamente en las crónicas, se convierten en datos
documentales no susceptibles para la imaginación y la fantasía del
escritor, que sólo intentaría restar el brillo a las crónicas de Bernal
Díaz del Castillo o a la poesía del inca Garcilaso. Respecto de la
etapa colonial observa todavía mayores inconvenientes pues
los asuntos tomados de la pacífica vida colonial, apenas turbada por
rápidas incursiones de piratas ingleses y holandeses, por competen-
cias entre los diversos tribunales y jurisdicciones, por altercados de
visitas y residencias, o por leves conflictos domésticos, materia más
bien de la comedia de capa y espada que del drama terrorífico y
espeluznante que cultivaban con predilección los románticos. 159
No podía el escritor americano, dice Menéndez y Pelayo, retomar
como Walter Scott o Zorrilla los castillos medievales, las catedrales
góticas, la esencia de las leyendas para lograr esa "misteriosa
compenetración del paisaje y de la historia" pues en América está
ausente "el peso de la larga historia". Si tomáramos desde tal
perspectiva la índole histórica de las novelas de Riva Palacio que-
darían efectivamente en entredicho. Los argumentos del crítico
español reconstruyen la visión historicista del romanticismo; la
huella de Victor Hugo resulta perceptible por cuanto la división de
la historia en edades; él veía que los pueblos europeos estaban en
la vejez, metáfora de la cual derivaba el carácter melancólico del
romanticismo. Siguiendo el modelo huguiano, algunos escritores
americanos derivaban de la vejez europea la infancia de sus países,
159 Menéndez y Pelayo, Historia de la poesía hispanoamericana, 1948, t. J,
p.125.
124
LA ESTRATAGEMA
los consideraban "pueblos niñOS". Esta visión de la historia se
convirtió en un verdadero tópico, según apunta Jorge Ruedas de la
Sema,160 adoptado también por Menéndez y Pelayo para explicar
las limitaciones del romanticismo mexicano.
El estatuto de la novela histórica ha sido siempre materia de
debate y de intentos por sujetar la ficción a la presunta verdad
histórica, como demuestra la polémica de Dávila apoyada en una
retórica conservadora, según lo referí en el capítulo 11. Vale recordar
por último que en nuestro siglo, Antonio Castro Leal caracteriza
las obras selectas para los volúmenes de La novela del México colonial
(1964) refiriendo las influencias europeas, ante todo la de Walter
Scott, para luego construir un origen americano, la Conquista,
momento en el que nace la novela, idea de Henríquez Ureña, a
propósito de la sorprendente originalidad de la naturaleza ameri-
cana recreada novelescamente por los españoles. El origen se en-
cuentra en el siglo XVI, nuestro pasado más remoto, apenas distante
del siglo XIX, elemento propio de la juventud de América. Como los
escritores del siglo XIX y principios del xx, Castro Leal se acoge al
tópico de los "pueblos niños" quizás por la misma necesidad de
definir la expresión literaria mexicana.I 61
En Monja y casada ...se evidencia un juicio arbitrario sobre la
etapa colonial porque Riva Palacio sustrajo algunos sucesos de un
orden social, hechos particulares y no el conjunto. Y en el destino
de las protagonistas, según lo exploré en el capítulo 11 está advir-
tiendo vestigios de elementos dogmáticos como el fanatismo reli-
gioso en las mujeres decimonónicas, las de su presente. Este se
160 Ruedas de la Serna, Los orígenes de la visión paradisiaca de la natura-
leza mexicana, 1987, pp. 66-67.
161 Véase Algaba Martínez y Díaz Arciniega, "Antonio Castro Leal, esforzado
constructor de una tradición ", en Historiografía de la Literatura Mexicana.
Ensayos y Comentarios, 1996, pp. 312-327.
125
LETIOA ALGABA MARTÍNEZ
afinca en la atmósfera novohispana para construir un espacio de
doble temporalidad, que se vuelve caracterizador de Monja y casa-
da ...En sentido precisamente opuesto al juicio de Menéndez y
Pelayo, Riva Palacio aprovechó los instantes que turbaban esa
"pacífica vida colonial" pregonada sitemáticamente por españoles
y mexicanos; la llegada de los piratas a las costas mexicanas en la
novela Los piratas del 'GiJifO (1869), yesos asuntos que el crítico
santanderino denomina "leves conflictos domésticos", de supremo
interés en esa búsqueda de la herencia colonial, en ese balance sobre
el pasado para articular el presente y avizorar el porvenir; tal
urgencia se inscribe en la búsqueda de la identidad nacional que
propiciaba la restauración de la República y el triunfo del proyecto
político de los liberales. Por lo tanto, Monja y casada ...se inscribe en
la singularidad de la novela histórica americana, discurre en el
horizonte temporal de tres y medio siglos, en los que subsisten
algunos valores morales. Apenas en el umbral del triunfo del
proyecto de los liberales, Monja y casada ... recobra el sentido político
y cultural de aquél año según lo definía Altamirano:
La novela hoy, no es solamente un estúpido cuento forjado por una
imaginación desordenada ... la novela hoy ocupa un rango superior,
y aunque revestida con las galas y atractivos de la fantasía, es
necesario apartar sus disfraces y buscar en el fondo de ella el fondo
histórico, el estudio moral, la doctrina política, el objeto social, la
predicación de un partido o de una secta religiosa ... 162
Así en Europa como en América se había advertido el enorme
potencial de la novela, el "quinto poder del Estado", en palabras
de Manuel de la Revilla.
162 Altamirano, "Revistas literarias de México", en Escritos de literatura y
arte, t. 1,1988, pp. 230-31.
126
LAESfRATAGEMA
UNA DERROTA NO ADMITIDA
¿Por qué Dávila pretende detener ese fuerte detonador social que
es la novela? Aunque muchas de las respuestas han salido a flote,
en la estratagema parece esconderse una táctica redundante: Si
Riva Palacio aviva el asunto de las Leyes de Reforma tomando
lacras de la Iglesia y el clero novohispanos ¿por qué no emular la
subversión temporal y reavivar dicho asunto? En la óptica del
Presbítero la separación Iglesia-Estado constituye la peor de las
derrotas pues en 1833 Basilio Arrillaga y Barcárcel, su eminente tío,
sostuvo una ácida polémica con José María Luis Mora. El magiste-
rio de Arrillaga en Mariano Dávila salta a la vista en las tácticas
para la argumentación y en la rigidez frente a una idea moderna
que había tomado cuerpo ya en algunos países europeos. Si en 1833
podría considerarse una reacción esperable en Arrillaga, todavía
anclado en el espíritu jesuita que se había visto lesionado con las
ideas del pensamiento ilustrado de la centuria anterior, en 1868
parece un anacronismo de Dávila el retomar con tanta beligerancia
el asunto. Es en la trayectoria de la obra historiográfica del Presbí-
tero, siempre en estrecha relación con su tío Basilio Arrillaga,
donde se encuentran las claves.
En su Defensa de la Compañía de Jesús del año 1842, Mariano
Dávila aprendió a oponer los principios jesuitas a los ataques de la
prensa respecto de la posible restauración de la orden; ahí ejercitó
el combate a la ignorancia, precisamente a oponer la verdad al
servicio de la moral y el orden social de los principios ignacianos.
Apoyándose en fuentes historiográficas esclarece hechos para ta-
char de parcialidad a quienes calumniaron la obra jesuita cuando
un grupo de "beneméritos e ilustradores patriotas", portavoces de
los "deseos de cierto partido" solicitaban la reinstalación de la
Orden. Las voces contrarias a ésta no aducen "razones y hechos",
más bien reviven" odios" y "querellas" antiguas, argumentos ana-
crónicos, no sólo contra la Compañía sino también contra personas
127
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
respetables tratándolas como "ilusas", "fanáticas", en tonos indig-
nantes, con el fin de "seducir a los incautos, deslumbrar a los
pueblos y corromper su opinión" .163 Ya en aquélla su obra primi-
genia, Mariano Dávila sintetiza la estrategia que caracterizará a las
posteriores: "Si la filosofía y la historia son dos armas con que se
hace necesariamente una guerra literaria en cualquiera materia,
nosotros hemos procurado oponerlas con constancia a los adver-
sarios de los jesuitas" .164
Semejantes armas había esgrimido Basilio Arrillaga contra José
María Luis Mora, el caudillo ideológico del primer proyecto de las
Leyes de Reforma. Mediante el recurso epistolar, el jesuita descali-
fica la argumentación de Mora sobre la índole civil de los bienes
eclesiásticos. Haciendo gala de erudición teológica muestra que las
proposiciones de Mora son heréticas mediante el descubrimiento
del estilo y a la luz de la definición de Tertuliano: los enemigos de
la Iglesia se valen de la seducción, prometen "indagar la verdad"
y con ello despiertan "la duda, la inquietud y el espíritu de inves-
tigación". Pero una vez que el lector la asume, puede encontrar,
que" dan por definido" y sostienen la materia que presuntamente
"iban a averiguar" .165
Arrillaga ahondará en el estilo argumentativo de Mora y dedu-
cirá el influjo de Voltaire quien, en palabras del jesuita, es el
"consumado maestro del sofismo y el error". En esta atribución
descargará el mayor reproche a Mora: ¿Son éstas las luces del siglo
de que tanto nos habla? ¿Son éstos los fundamentos del progreso?
Idénticos reproches adererazá por doquier Mariano Dávila en sus
observaciones a Monja y casada ... treinta años más tarde.
163 Dávila, Defensa de la Compañía de Jesús, 1842, p. 66.
164 !bid., p. 48.
165 Arrillaga y Barcárcel, Cartas dirigidas al doctor D. José M. Luis Mora,
1839, Carta IV, p. 157.
128
LA ESTRATAGEMA
La defensa de la adquisición de bienes frente a los turbios
intereses que figuran en el asunto de la fundación del convento de
Santa Teresa la Antigua en Monja y casada ... supuso el esclareci-
miento por parte de Dávila de la cesión de los terrenos bajo el
concepto de "obras pías" en oposición al fanatismo religioso de
Beatriz de Ribera, según referí en la polémica histórica (Capítulo 1).
y en la literaria, el Presbítero puso en tela de duda el plan de la
novela y con ello omitió la conexión entre la fundación del conven-
to consumada en 1617 por el arzobispo Pérez de la Serna y el
Tumulto de 1624, del que es también protagonista.
En cuanto a la versión novelesca de la fundación del convento,
el Presbítero aplicó las enseñanzas de Arrillaga, las tácticas contra
los argumentos de Mora pertenecientes a la oratoria de acuerdo con
Quintiliano. De su obra Instituciones, el jesuita cita los elementos
indispensables: la "historia, la justicia y la verdad". Sin éstos el
discurso del orador estará vacío y sin sentido. Al parecer de este
concepto surge el problema ético que permeará la polémica histó-
rica de Mariano Dávila contra Riva Palacio, problema ajeno a una
novela, si bien incitado por el novelista en el subtítulo Historia de
los tiempos de la Inquisición.
El primer aprendizaje de Dávila en las estrategias jesuitas ocurre
paralelamente al plan reformista que constituía una seria amenaza
para la Iglesia, pues encima del menoscabo de su poder económico
estaba el desafío a su autoridad: la libertad religiosa o de concien-
cia. El proyecto fracasó porque no existían las condiciones para un
movimiento reformista. El germen tendría frutos veinte años des-
pués gracias al aliento de una generación más audaz, señala Martín
Quirarte, y sobre todo menos sensible al influjo de la tradición" .166
11
En la reacción del clero mexicano frente al primer proyecto de
reforma, las cartas de Arrillaga a Mora constituyen, además, la
166 Quirarte, El problema religioso en México, 1967, p. 191 .
129
LETlClA ALGABA MARTÍNEZ
defensa de la orden jesuita, que en el siglo XVIII se había convertido
en una de las congregaciones más poderosas; esta posición fue
blanco de ataques por parte de los filósofos pues temían que sus
ideas fueron combatidas por la intransigencia de los jesuitas ante
la modernidad. En la Nueva España, ellos educaron a criollos y
españoles ricos, de ahí su alianza con terratenientes; supieron
allegarse haciendas a "medio hacer", cuyo valor no era cuantioso
como sí lo eran los productos obtenidos. Tales adquisiciones cre-
cieron al grado de que la orden no gravitaba sobre el tesoro real;
por el contrario, repartía generosamente limosnas a los pobres. 167
La proverbial beligerancia de los jesuitas y sus tácticas en de-
fensa del antiguo orden social nunca cesaron, lo cual provocó su
ida y regreso al escenario nacional. En 1856, apenas tres años
después del restablecimiento de la orden, se examinó la necesidad
de suprimirla como medida de prevención ante una estrategia
pertinentemente sintetizada años después por Justo Sierra. El es-
critor admiraba la obra educativa de los jesuitas, mas los conside-
raba peligrosos para las ideas modernas de emancipación y liber-
tad de pensamiento. Ejercían el magisterio, dice Sierra, con
aparente flexibilidad; orientaban dulcemente hacia la doctrina con-
trarrevolucionaria
... de la incompatibilidad entre la supremacía humana de la razón en
que se funda el liberalismo y la supremacía divina de la Iglesia y su
sacerdote sumo. A todo se someten, todo lo obedecen por necesidad,
pero encienden su ideal delante de los espíritus, que está precisa-
mente en el polo opuesto del ideal de emancipación intelectual.168
En la década de 1850 ocurrieron las batallas decisivas entre el
pensamiento conservador y el liberal. Desde el Plan de Ayutla de
167 ef Ibid.
168 Sierra, Evolución política del pueblo mexicano, 1940, pp. 110-111 .
130
LA ESTRATAGEMA
1854 comienza a perfilarse el ideario de Melchor acampo sobre las
relaciones Iglesia-Estado. El siguiente año, Juárez, Ministro de
Justicia y Negocios Eclesiásticos, expide una ley que frena los
privilegios del clero y el ejército. Un año después la Ley Iglesias
exime a las clases pobres del pago de derechos y obvenciones
parroquiales; el mismo año se suspende la Compañía de Jesús y se
expide la Ley Lerdo, que pone en circulación los bienes de "manos
muertas". El año de 1857 se significa por las discusiones en tomo
a la Constitución. La libertad de cultos fue un verdadero reto para
los liberales; algunos titubeaban frente a sus propias creencias y
sobre todo ante la raigambre católica del pueblo mexicano. Otros,
como Francisco Zarco, reconocían su credo católico, pero pensaban
que la tolerancia religiosa era un signo de alta civilización. La
guerra de tres años, señala Martín Quirarte, resalta la lucha de una
minoría, de los liberales, quienes con audacia y tenacidad se en-
frentaban al deseo de la mayoría defensora de hábitos y creencias
seculares. Y la Iglesia, por su parte, lanzaba excomuniones, más
que en defensa de sus bienes temporales, contra principios, como
el de la tolerancia religiosa, que destruirían su dogma. La década
de 1850 queda signada por la lucha entre la tradición y la moder-
nidad.169
En aquélla década Mariano Dávila dirigió el Instituto Literario
de Toluca;170 ahí censuraba libros y envió a la hoguera las obras del
pensamiento ilustrado. En 1856, el gobierno liberal y la prensa
masónica provocaron su salida del Instituto y su nuevo domicilio
en Michoacán. La vecindad de este estado con el de México segu-
ramente favorecieron que el Presbítero estuviera muy al tanto de
la polémica (1852) entre Melchor acampo y el obispo Murguía,
169 Quirarte, El problema religioso en México, 1967, pp. 250-55.
170 El período de su estancia en el Instituto no está documentado; sólo se sabe de
su salida el año de 1856.
131
LETICIA ALGABA MARTfNEz
paradigmática de la defensa de la Iglesia frente al derecho del
Estado para sentar las nuevas bases de la organización civil.
Por los años sesenta las ideas del Presbítero se nutrieron aún
más con autores europeos católicos muy destacados. En 1864 cir-
cularon en México las traducciones al español de dos libros con
igual título: La revolución. Los autores son los sacerdotes franceses
Gaston Segur, citado por Dávila en sus Breves observaciones a Monja
y casada ... y Juan José Gaume. Este abarca en la idea de revolución
desde la reforma religiosa hasta el siglo XIX, cuando Francia y
España, los países de mayor influjo en el pensamiento religioso
mexicano, sufrían turbulencias políticas mientras que en la mayor
parte del mundo cristiano se iban asimilando las ideas reformistas,
las cuales se reflejaban en los regímenes republicanos y la separa-
ción entre Iglesia y Estado. El sacerdote Gaume ve en esto la
destrucción de la sociedad, la pérdida de la organización dictada
por Dios.
Otro autor de influencia en Mariano Dávila es el jesuita francés
Celestino José Félix, autor de El cristianismo considerado como fuente
de progreso en las sociedades (Puebla, 1863), obra que Dávila explicó.
Los efectos de la revolución son resumidos ahí por Félix: "Todos
los principios falseados, los poderes envilecidos, la fe cada día más
debilitada" .171 Los conceptos que se destruyen con la revolución
son la autoridad, derecho proveniente de Dios y, por lo tanto,
opuesta a la tesis liberal de otorgar la soberanía al pueblo. La
libertad, diversa del libre albedrío en el catolicismo. La igualdad,
inaceptable en un orden social integrado por clases; a lo más que
se puede aspirar, señala Félix, es a un orden más justo. Por último,
la familia, base de la sociedad y de la civilización católica, de ahí el
rechazo al matrimonio civil y a su disolución.
171 En Adame, El pensamiento político y social de los católicos mexicanos,
1981, p. 37.
132
LA ESTRATAGEMA
Otros escritores .católicos aceptaban la distinción entre Iglesia y
Estado, mas no la separación. Para quienes distinguían el papel de
la Iglesia, lo subrayaban como sociedad fundada por Dios para la
salvación de los hombres, y en el Estado veían la sociedad querida
por Dios para la felicidad temporal de los hombres. En la separa-
ción radicaba, por el contrario, dos morales distintas: la humana y
la divina. l72
Las ideas de los pensadores antedichos ayudan a comprender la
extrema reacción de Mariano Dávila ante el triunfo liberal de 1867; en
él veía consumada la supresión de un orden social que se fue gestando
desde el inicio de su propia trayectoria como escritor. En su espíritu
jesuita la derrota cobraba magnas dimensiones: las "luces" yel"pro-
greso", la herencia del siglo xvm al XIX habían triunfado.
Con las Breves observaciones sobre Monja y casada ..., Mariano
Dávila libró su última batalla, un año antes de su muerte. El intento
de menoscabar la recepción de una novela doctrinaria, ofensiva
para el clero mexicano, no parece ajeno a un móvil personal: un
desagravio a Basilio Arrillaga y un consecuente homenaje al erudi-
to y combativo jesuita, su maestro. El agravio ocurrió cuando
Arrillaga, el propio Dávila y otras figuras políticas 173 destacadas
durante el Segundo Imperio, fueron confinadas unos días después
del triunfo de la República. Mientras permanecían incomunicados
172 lbid ., p. 53.
173 Cf Rivera, Anales mexicanos. La Reforma y el Segundo Imperio, 1994.
Al registrar los sucesos del 21 de junio de 1867, el autor refiere la orden de Porfirio
Díaz para que se presentaran todos los que habían desempeñado un cargo durante el
imperio de Maximiliano. Los empleados del orden legislativo y judicial quedaron presos
en el excovento de la Enseñanza Antigua; entre 1<,s más natales cita a "Basilio Arrillaga,
provincial de los jesuitas y a José Mariano Dávila, jesuita". La pertenencia a la orden
ignaciana es inexacta, pero delata la enorme cercanía de Dávila con su tío Arrillaga
y el trabajo que seguramente realizaron siempre.
133
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
el gobierno confiscó la biblioteca de Arrillaga; unos cuantos días
después murió. Se sabe que los jesuitas intentaron defender la
biblioteca de Arrillaga; las fuentes sobre la biografía del jesuita así
lo indican. Valverde Téllez transcribe la siguiente nota de El Moni-
tor Republicano:
"El 30 de abril a las 5 de la mañana, la policía sorprendió in fraganti
delito a varios miembros de la Compañía de Jesús en la calle de San
Lorenzo n. 24 y 25. Se dice que se había recogido una biblioteca que
tiene más de 20,000 volúmenes, y multitud de documentos de que
sacará gran provecho la nación".174
Por su parte, Gutiérrez Casillas afirma que el gobierno se apoderó
de los libros de Arrillaga y llevó algunos a San Agustín, a donde
llegaron 12,725 volúmenes valuados en $16,187.36. 175 El suceso
anterior se transforma en varias frases de Dávila. Todas aluden a
los actos bárbaros de los liberales: destruyen iglesias, conventos,
bibliotecas, contraviniendo las "luces" de la razón, la tolerancia
ideológica, la idea del "progreso". En tales actos el Presbítero veía
las pruebas de la desacreditación de las Leyes de Reforma; él sabía
que los lectores se sentían agraviados por la destrucción de los
lugares en que había transcurrido el culto católico que todavía en
1868 no era fácil de tocar:
¿Pero por qué no se les dice también (a los lectores), cuando han sido
amortizadas tantas bibliotecas públicas y alguna particular muy
copiosa, por una ilegal ficción y arbitrario pretexto, a qué lugar, día
y horas deben concurrir los invitados, a salir de sus dudas, y sacudir
el polvo de sus hondas preocupaciones?176
174 Valverde Téllez, Biobibliografía eclesiástica mexicana, 1940, p. 47.
175 Gutiérrez Casillas, Jesuitas en México durante el siglo XIX, 1972, p. 125.
176 Dávila, Breves observaciones ..., p. 119.
134
LA ESTRATAGEMA
Yen el que considero un homenaje a la memoria de su tío Arrillaga,
no es forzado suponer que en sus Breves observaciones a Monja y
casada ... Dávila continuaba la defensa de aquél frente al proyecto
de José María Luis Mora y la última de 1863 ante el abate Testory,
capellán de Maximiliano, a propósito de la ratificación de las Leyes
de Reforma. No obstante su participación en el gobierno imperial
Arrillaga polemizó reviviendo los mismos argumentos que había
usado contra Mora.5o El mejor homenaje de Mariano Dávila es el
de haber ido más allá que Arrillaga pues supo que los viejos
argumentos ya no serían suficientes en un país que comenzaba un
nuevo trayecto dirigido por las palabras porvenir y futuro lanzadas
por los triunfadores. Emprende entonces un nuevo camino: derri-
bar desde la estética la novela de Riva Palacio, un liberal nada
moderado en sus posturas frente al pasado colonial y el más
reciente. Y para completar esa nueva estrategia, el Presbítero le
roba el papel al novelista: a partir de observaciones y enmiendas
sobre la intriga, va imaginando una novela.
LA NOVELA DE MARIANO DÁ VILA
EL PLAN
En armonía con la preceptiva de análisis de Monja y casada ... y con
algunos modelos europeos, Dávila va sugiriendo la composición
de su novela. El espacio y el tiempo no han de sujetarse a precisio-
nes; sin embargo, los sucesos cercanos o inmediatos cubren mejor
las expectativas del lector . Así, los personajes cobrarán verosimili-
177 Arrillaga y Barcárcel, Algunas observaciones sobre el opúsculo intitu-
lado: El imperio y el clero mexicano del señor Alberto Téstory Capellán
mayor del ejército francés en México, 1865.
135
LETICIA ALGABA MARTÍNEZ
tud y harán fluir un asunto original dosificado con sorpresas que
mantengan el interés y la diversión de los lectores. Los toques de
originalidad provendrán de consultas a fuentes historiográficas
poco o nada conocidas; por ejemplo, el archivo de la Acordada,
pleno de casos de personajes populares de vidas novelescas. Éstos
acompañarán a los protagonistas que se debatirán por alguna
injusticia. Los personajes serán mujeres, sucedáneas de algunas
heroínas de novelas españolas, o d~ leyendas o tradiciones mexi-
canas lo cual otorgará un halo prestigioso al oficio del narrador.
DE LOS FRAGMENTOS A LA RECONSTRUCCIÓN
Las enmiendas y las sugerencias sobre Monja y casada ... constituyen
por sí mismas una nueva versión de la novela de Riva Palacio. La
inventiva de Mariano Dávila expresada en el plan y unos breves
fragmentos, me llevaron al intento de reconstruir la novela que
acaso el Presbítero hubiera deseado escribir. La intriga se sitúa en
la Ciudad de México en una época parecida a la colonial pues el
orden social está apuntalado moralmente por la Iglesia católica;
ésta frena los excesos a través del Santo Oficio. En esa sociedad cada
hombre tiene su lugar y se acoge a los designios de la Providencia
divina.
Imaginariamente narro la intriga y el desenlace: En un conven-
to de la Ciudad de México, Blanca Mejía no logra aceptar el encie-
rro; desea salir al mundo, se rebela ante su medio hermano español
que la ha confinado para arrebatarle la herencia paterna. Su espíritu
católico y el buen ejemplo de su madrina Beatriz de Rivera, funda-
dora del convento al que ingresó luego de la muerte de su novio,
no logran desterrar las tentaciones mundanas. En ese debate re-
cuerda que al morir, su madrina fue sepultada fuera del convento,
gracias a una dispensa especial. Comienza entonces a planear la
fuga en un féretro pues recordó también la lectura de la novela
136
LA ESTRATAGEMA
española Muerta y resucitada. La exitosa salida al mundo se haría
más facil con un vestido de hombre: recordó también la leyenda de
la Monja Alférez. Como ella, tendría que mantener un tiempo su
presunta identidad. Mientras tanto, conocerá a personas de baja
ralea con las que se divertirá y se asombrará de la pobreza en que
viven. Se aliará con el "Médico Rey", con "Bigotes y cachetes", se
hará amiga de la "Trillanes", la "Pilatos" y la "Pinacata", personajes
enormemente parecidos a aquellos delincuentes de la época de la
Colonia como "Pillo Madera" y el "Sevillano" , cuyos casos, alguien
le había dicho, eran verdaderos y se encontraban en el archivo de
la Acordada. 178
Las aventuras de Blanca Mejía terminan pronto pues una de-
nuncia ante el Santo Oficio la lleva a la cárcel. Ahí se encuentra con
Luisa, una mulata demoniaca que había sido su rival de amores.
En la celda las antiguas enemigas toman conciencia de sus peca-
dos. Blanca Mejía se conmueve ante el castigo que ha sufrido Luisa:
su belleza fue estropeada por un tatuaje sobre su cuerpo entero.
Imagina el dolor causado por las finas agujas que lograron enne-
grecer su piel. Entendió el castigo divino a sus pecados puesto en
las manos de los examantes de Luisa. Ésta aumentó su conmoción
cuando los carceleros pusieron a Blanca Mejía en una jaula, un
"guauhcatli", un cerco tan estrecho que seguramente sería su tum-
ba. Blanca Mejía y Luisa lloran, rezan, se arrepienten de sus peca-
dos, esperan con resignación el tribunal divino más allá de la
muerte.
Luisa muere por las secuelas del tatuaje; Blanca Mejía perece
postrada en el" guauhcatli" antes de contestar los cargos frente al
tribunal de la Inquisición. Fueron suficientes el antiguo tormento
preshispánico y, sobre todo, los remordimientos por haber cedido
a las tentaciones del mundo y nc, haber conservado una vida
espiritual plena en el convento.
178 Dávila, Breves observaciones .. ., p. 89.
137
LETlCIA ALGABA MARTÍNEZ
UN DUELO INTERMINALBE
Los fragmentos de la hipotética novela de Dávila se encuentran
atrapados en la de Riva Palacio, pues en el análisis literario ocurre
la inventiva del Presbítero, testimonio del reto asumido por él y
nueva prueba de su deseo por competir con Riva Palacio, de robarle
lectores.
La imaginación de Dávila se mueve estratégicamente: retoma a
las protagonistas de Monja y casada ... y les otorga un destino ape-
gado al catolicismo. No evita la cárcel inquisitorial pero limpia el
escenario y lo convierte en la frontera de la vida hacia la muerte en
el sentido católico. Con ello resta oscuridad al ambiente y cede
negrura y horror al tatuaje de Luisa y al guauhcatli prehispánico.
Con absoluta pertinencia, Dávila combate los dos signos adversos
a su ideología: la "modernidad", sospechosamente vertida en los
actos bárbaros y criminales de los indígenas, anteriores a los del
Santo Oficio.
El reproche a Riva Palacio así lo señala:
Mas ya que el plan era oscurecer todo lo posible ... la Inquisición, bien
pudo ocurrir a nuestra historia antigua y, tomar de allí un color más
negro y detestable, colocando a su heroína en una más estrecha
prisión que la que le dio, como la llamada guauhcatli, hecha a guisa
de jaula para asegurar más su persona, distinta al martirio, y evitar
así su fuga y el desgraciado fin de su tan predilecta Luisa, bastante
castigada más que con la muerte, con la pérdida de su singular
hermosura y el horroroso cambiamiento de raza. ¡Cuánto se lo
hubieran agradecido no sólo su enamorado Varáez, sino el fiel
Teodoro y hasta la misma Sor Blanca, que habría logrado un sepul-
cro más honorífico que el del barranco de la Monja maldita!179
179 Ibid, p. 81 .
138
LA ESTRATAGEMA
Los fragmentos de la novela del Presbítero delatan que la compleja
estratagema para contraatacar Monja y casada ... entraña contradic-
ciones de orden estético. Aunque Dávila opone irónicamente una
muerte distinta para las protagonistas, éstas reciben torturas o son
cruelmente castigadas; si bien la solución es irónica, sí crea una
imagen inconveniente en lo estético. El tatuaje de Luisa y el confi-
namiento de Blanca en el guaucahtlí no son escenas bellas; el dolor
del tormento es un "lunar que afea", como dice el Presbítero a
propósito de Monja y casada ..., es un elemento inherente a las
pasiones exacerbadas y a las mentes turbias y, por ello, no son
ejemplos de lo bueno en el sentido moral que él defiende. Es de
notar, por lo tanto, que lo bello y lo bueno, conceptos preeminentes
para exhibir el desequilibrio estético de Monja y casada ... son tam-
bién infringidos por Dávila; su novela es inmoral por cuanto dichas
escenas muestran un realismo exagerado, resultado de lo opuesto
a una mimesis que idealiza lo real, discrimina lo bello de lo feo,
para fraguar un equilibrio sano, agradable, según lo concebía
Hegel.
En la defensa de los designios providenciales centra el Presbí-
tero el destino de sus heroínas, como signo de apego al orden social
de la época colonial. Previsiblemente Dávila aprobaría El Inquisidor
de México de José Joaquín Pesado, novela en la que el personaje
Ribeiro actúa como instrumento de la Providencia. Y, desde luego,
comulgaría con el mensaje moral que Pesado anuda en el desenlace
de Sara, la protagonista, quien tras sufrir el proceso inquisitorial,
recibe el perdón del Sumo Pontífice, indicio de que la "bárbara
jurisprudencia de la Inquisición", en palabras del novelista, son un
punto oscuro, una particularidad que no debe extrapolarse a toda
la institución eclesiástica.
Puedo igualmente suponer qUE; también Mariano Dávila se
entusiasmaría aún más con La hija del judío de Sierra O'Reilly, toda
vez que el defensor de María, la protagonista, es un jesuita. Éste
despliega toda una estrategia para defender a la joven de las garras
139
LETlCIA ALGABA MARTÍNEZ
temibles de la Inquisición. La esforzada lucha del jesuita resulta
exitosa e ilustra que el clero actuaba a favor de las víctimas de la
intolerancia. Seguramente Dávila se sentiría orgulloso de que el
Prepósito allegara la cuantiosa herencia de la protagonista a esas
"obras pías" que la Compañía de Jesús sabía distribuir entre los
pobres de aquella provincia de Yucatán, alejadísima del gobierno
central del virreinato. En el espíritu de los "soldados de Cristo" del
Instituto ignaciano reencontraría Dávila la defensa del clero y de
una Iglesia más sensible a las necesidades sociales que los propios
virreyes de la Nueva España.
Pero aquellas alusiones al orden social de la colonia orientadas
a deslindar las manchas de la luminosidad comenzaron a resque-
brajarse. Entre 1838 y 1842, años en que Pesado y Sierra O'Rei1ly
escriben sus novelas, y 1868, año en que Riva Palacio publica Monja
y casada ..., la perspectiva sobre el pasado había ido cambiando. Los
liberales tendían a verlo como un "solo punto de tiempo", como
decía Carcía Icazbalceta, y por ello defendían un nuevo orden
social, base de un futuro promisorio. En la pugna entre la tradición
y la modernidad, Dávila defiende el proyecto conservador e inven-
ta una novela para contraatacar la de Riva Palacio; esgrime una
última táctica acaso para dejar una constancia más de un duelo
interminable que pone de relieve el enorme acercamiento entre la
crítica y la creación literaria. Son éstas las armas enmascaradas para
la guerra política y las que nos permiten ahora subrayar la función
de la Literatura en una encrucijada de la historia de México.
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R4.6 Las licencias del novelis
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