UN DÍA DISTINTO
Había una vez un otoño que era especialmente bonito y bueno. Cuando me desperté aquel día,
sobre el cual te quiero hablar, el azul del cielo no estaba cubierto por ninguna nube. El sol
calentaba vagamente, sus rayos hacían brillar las gotas del rocío en las otoñales flores de
nuestro jardín. El viento cálido arrojaba sobre la hierba las primeras hojas doradas del castaño
que, cayendo, bailaban con hermosura en el viento. Enfrente de la casa, el jardín estaba
incendiado por los colores del otoño: rojo, amarillo, verde, naranja y el viento acunaba con
suavidad las ramas de los árboles frutales. Detrás del viejo roble se halla un camino hacia una
pequeña casita de madera con contraventanas verdes y un techado inclinado de color amarillo.
Era muy humilde, pero tenía su encanto. Precisamente en esta pequeña y acogedora casita vivía
mi familia –desgraciadamente ya no completa…
Mis papás llevaban una vida tranquila y yo era feliz, me sentía querida. Me gustaba mirar
cuando mi mamá abrazaba a mi papá, como se reían y hablaban con ternura. Siempre hacían
todo juntos. Me encantaba cuando mi papá le regalaba a mi mamá flores y regalos. Todas las
mañanas nos sentábamos a desayunar juntos después de lo cual papá abrazaba a mamá… a mí,
me acariciaba la oreja y decía – Lulú, pórtate bien, estudia mucho y hacele caso a mamá. A
menudo íbamos al parque y después nos tomábamos helados de chocolate, nuestros preferidos.
Lo que más me gustaba era pasar tiempo en mi habitación que era muy grande y luminosa,
dominada por el color rosa pálido.
En este precioso día de otoño no había señales de que dentro de poco pasaría algo malo. Como
siempre, mi mamá vino a buscarme al colegio, pero esta vez estaba muy nerviosa y con la cara
de haber llorado y me dijo - ¡Lulú, ve rápido a cambiarte los zapatos que nos vamos!
¿Mamá, que ha pasado? ¿Por qué lloras? – pregunté preocupada.
Cariño, simplemente me duele la cabeza – enseguida respondió mi madre.
¿Entonces por qué estás tan triste?
¡Lulú, deja de hacerme preguntas y entra rápido en el auto!- respondió nerviosa. No entendía
nada, pero presentía que había pasado algo horrible. Me sentía aterrada. Durante todo el camino
hacia casa estaba observando a mi madre. Quise consolarla de alguna manera entonces, le
pregunté si le podía contar cómo me ha ido hoy en el cole. Me contestó nerviosa que mientras
conducía no debía molestarla. Eso me preocupo aún más.
No entendía nada de lo que estaba pasando, pero si todos los días mi mamá me preguntaba por
el cole. Solía hacerme preguntas: ¿Con quién has jugado? ¿Qué has hecho hoy?
Salí del auto muy triste y, sin entender lo que estaba ocurriendo me fui directa a mi pieza.
Mamá se quedó en la cocina y se puso a cocinar. Yo no tenía ganas de jugar ni de estudiar.
En un momento, mientras miraba por la ventana, se sintió el ruido del auto de papá; yo salí
corriendo a saludarlo. Pero cuando me asomé a la escalera, me di cuenta de que mis padres
estaban discutiendo. Me sentí invadida por la tristeza. No me gusta nada cuando mis padres se
gritan. Muy nerviosa bajé rápidamente las escaleras y empecé a enseñarles mis dibujos, con la
intención de que cambiasen de tema.
Papá muy nervioso me gritó
- ¡Muy bonitos los dibujos, pero no es el momento! ¡Estoy hablando con tu madre!
Tú no estás hablando – dije tímidamente en voz baja pero después con más fuerza añadí:
¡Estás discutiendo! ¡Siempre estáis discutiendo, ya no me quieren! Me tapé los oídos y empecé
a llorar.
A pesar de los oídos tapados escuche la voz de mamá que me decía: Lulú, cariño, claro
que te querremos y siempre te vamos a querer.
Quite las manos de las orejas y pregunté enfadada:
¿Qué significa la separación?
¿Dónde has oído esta palabra?- me pregunto papá todavía muy nervioso.
Tú has dicho que querías la separación, lo escuché todo.
Te lo explico luego pero ahora quiero terminar de hablar con mamá. Vete a jugar al jardín.
Y entonces pensé en Timoteo, él siempre sabía que hacer frente a un problema. Entré en el
jardín, por donde estaba paseando mi sabio amigo. Cuando lo vi, me acerqué corriendo hacia él
y le dije con una voz muy triste: Timoteo, querido amigo, ha pasado algo terrible. - casi no
pude aguantar las lágrimas. Lulú, ¿Qué ha pasado? – preguntó muy preocupado.
Yo…, yo… – no pude decir ni una palabra- no entiendo nada… Mi mamá estaba llorando.
No sé si le dolía la panza, pero creo que no, porque hasta cuándo se encuentra mal siempre está
cariñosa y habla conmigo. Pero hoy no quiso hablar conmigo, solo estaba llorando.
Papá tuvo una discusión muy fuerte con ella y habló de una separación. ¿Por qué nada es tan
fácil como antes?
Timoteo me escuchó con atención y cuando terminé dijo muy seriamente:
Verás Lulú, tus padres a pesar de que discuten entre ellos, te quieren muchísimo. Hasta
cuando están tristes o preocupados, también te quieren mucho. No lo olvides.
Timoteo, ¿Por qué los padres de mi amiga Malena no discuten nunca, y los míos discuten
cada vez más?
Tal vez sus padres se llevan mejor por tener más cosas en común. - respondió mariposa muy
pensativa.
¿Y qué significa una separación? – pregunté.
Es una pregunta muy difícil Lulú. Una separación significa, que tus padres han decidido
dejar de vivir juntos, porque ya no se llevan bien, pero eso no significa que no puedan tener una
relación amistosa.
Me quedé de piedra. No era capaz de decir ni una sola palabra. El único que pensé era:
¿Cómo qué vamos a vivir separados? ¿Quién? ¿Cuándo? Y no sé cuánto tiempo me quede así,
al final pregunté:
¿Timoteo, se separarán también de mí?
No Lulú, de ti no se separarán nunca, tus padres te quieren demasiado. El padre que se muda
de casa, normalmente viene de visita para poder pasar tiempo con sus hijos.
No pude hacer nada con todo lo que sentía. Estaba triste, aterrorizada y enfadada. Las lágrimas
se me caían por mis cachetes. Entonces, oí como me llamaba mi mamá. ¡Ya voy mamá! –
grité.
Ven aquí y hablamos. Siéntate sobre mis rodillas – dijo papá y cuando me senté, me abrazó
tan fuerte, como si quisiera decirme con esto, que soy su mayor tesoro.
Lulú – dijo papá- hemos decidido juntos con mamá, que nos vamos a separar y que
viviremos en casas distintas. Yo me mudaré a una casa cerca de aquí y cuando quieras podrás
visitarme. Y los fines de semana, como siempre, te voy a llevar a tomar tus helados favoritos. -
Sonrío tristemente, y sus ojos se llenaron de lágrimas - También, de vez en cuando, te recogeré
del colegio, acordándolo antes con mamá. Todas las fiestas las pasaremos juntos, te lo prometo
Toña - papá volvió a abrazarme con mucha fuerza y me besó tiernamente. ¿Papi, pero por
qué te tienes que ir? ¡Yo no quiero! ¡No quiero!- todo mi mundo se cayó de golpe. Toña, te
prometo que siempre estaré contigo, cuando me necesites ¿Me oyes hijita?