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Cultura y dictadura en Uruguay y Chile

Las últimas dictaduras de los años 70 en el Cono Sur buscaron permanecer en el poder a través de mecanismos como plebiscitos constitucionales, como en Uruguay y Chile. Una característica clave fue la incorporación de civiles a cargos públicos y la tensión entre ideas tradicionales y modernización. Este trabajo analiza el proceso vivido por la sociedad y la cultura durante estos regímenes cívico-militares para comprender cómo las ideas conservadoras y sectores afines se reformularon e integraron hasta hoy.

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Cultura y dictadura en Uruguay y Chile

Las últimas dictaduras de los años 70 en el Cono Sur buscaron permanecer en el poder a través de mecanismos como plebiscitos constitucionales, como en Uruguay y Chile. Una característica clave fue la incorporación de civiles a cargos públicos y la tensión entre ideas tradicionales y modernización. Este trabajo analiza el proceso vivido por la sociedad y la cultura durante estos regímenes cívico-militares para comprender cómo las ideas conservadoras y sectores afines se reformularon e integraron hasta hoy.

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Tesis para defender el título de

Maestría en Ciencias Humanas, opción Estudios Latinoamericanos

«Los “rinocerontes” y el Estado.


Aproximaciones al campo cultural durante la dictadura
en Uruguay (1975-1980) y Chile (1977-1983)»

Lic. Mariana Monné


Director y tutor de tesis: Dr. Aldo Marchesi
Montevideo, 2014
Agradecimientos:

A los docentes de FHCE que respondieron mis dudas, leyeron borradores de este
trabajo y/o me brindaron bibliografía: Carlos Demasi, Esther Ruiz, Graciela Barrios,
Roger Mirza y Susana Dominzaín; a los investigadores de Geipar por sus lecturas
atentas y aportes; a Eduardo Darino, Fabrizio Scarabino y Luis Elbert por el diálogo
y la disposición; a mi tutor y director, Aldo Marchesi, por toda su paciencia y
generosidad intelectual; a mi familia.
[…]

- Enrique Pons Echeverry (EPE): No va a haber nunca un divorcio entre las Fuerzas
Armadas y los civiles porque siempre habrá civiles que acepten la supremacía. […]
siempre hay rinocerontes, siempre. […] Políticos y no políticos que quieran actuar
en política […]
- Néstor Bolentini (NB): me resisto a admitir el calificativo de rinoceronte para todos
los civiles que han entendido que su función patriótica era colaborar con las Fuerzas
Armadas.
- Enrique Viana Reyes (EVR): Nos han dicho cosas peores…
- EPE: Si los políticos son corruptos, los colaboradores pueden ser rinocerontes,
Coronel, no hay que enojarse por eso.
- NB: No, yo no me enojo, si yo no me estoy enojando… yo no soy civil, yo soy
militar […] y mi actuación en el campo político ha sido una incidencia de mi carrera
militar, no otra cosa […] relevar a Acosta y Lara quince días antes de que lo
mataran. Pero dejemos eso de lado, que no tiene nada que ver… Mi conciencia se
rebela contra ese calificativo de rinoceronte a todos los civiles que han colaborado
con este gobierno en este momento crítico, en este gobierno cívico militar.
- EPE: Mire que yo no he dicho a todos los civiles, yo digo que siempre hay
1
rinocerontes, [porque] pueden colaborar por convicción, sin ser rinocerontes…

1
Este debate, televisado la noche del 14 de noviembre de 1980 por Canal 4 (Montecarlo) y
moderado por los periodistas Carlos Giacosa y Asadur Vaneskaian, tuvo por eje el plebiscito de
reforma constitucional promovido por la dictadura. El resultado, para un total de 85% de
habilitados, fue de un 57,9 % de votos por el «No» y 42 % por el «Sí». La cita pertenece al
fragmento de la desgrabación publicado el 5 de diciembre de 2000 en el sitio de Radio El
Espectador (Uruguay): [Link]/text/especial/no/[Link]
ÍNDICE

Presentación I
Introducción VI

PRIMERA PARTE 1

1. La historia cultural del pasado reciente 1


2. Los «nuevos autoritarismos» 7

SEGUNDA PARTE: Uruguay 12

1. El régimen cívico-militar uruguayo 13


2. Breve repaso de las ideas conservadoras en el Uruguay 29
3. El proyecto cultural autoritario 35
4. El giro conservador a principios de los 70 44
5. Estudio de casos uruguayos: 55
Eduardo Darino 59
Arturo Sergio Visca 70
Miguel Ángel Klappenbach 89
Fernando Assunçao 108
6. Intelectuales/ funcionarios, instituciones, redes 122
La Fundación de Cultura China 123
La Academia Nacional de Letras 126

TERCERA PARTE: Chile 131

1. El «tancazo» 134
2. La dictadura de Pinochet 139
3. La cultura oficial 144

CONCLUSIONES GENERALES 159

BIBLIOGRAFÍA 166
RESUMEN ABSTRACT

Las últimas dictaduras del Cono Sur de los años Last dictatorships in the south South America
70 fueron innovadoras porque a diferencia de during the 70s differed from traditional regimes
las dictaduras tradicionales buscaron because they intented to stay in power. This is
permanecer. Es lo que se ha llamado el rasgo what has been called the “foundational aspect”,
“fundacional”, plasmado en los intentos de visible in the fact, for example, that both
búsqueda de legitimidad vía plebiscitos de uruguayan and chilean regimes called elections
reforma constitucional en Uruguay y Chile. De attempting to modify their constitutions.
todos modos, una característica de estos However, one important feature of these civil-
gobiernos cívico-militares fue, precisamente, su military governments was, indeed, the addition
incorporación de civiles en cargos públicos, así of civilians to the public office, as well as the
como la constante tensión entre la tradición y la constant tension between traditional and modern
modernización en sus ideas y prácticas. ideas and practices. Currently, the academy
Actualmente la academia propone que estos claims that these civil-military regimes managed
regímenes cívico-militares lograron conformar to build some social base and a certain
una cierta base social y una cultura propia de authoritarian and conservative culture. What's
corte autoritario y conservador. Lo interesante, interesting is, then, to review the process
entonces, es volver a repasar el proceso vivido experienced by the social space and the cultural
por el espacio social y el campo cultural durante field during the term, to see what ideas belonged
el período, ver qué ideas tenía la dictadura, de to the dictatorship regime, where they came
dónde provenían y quiénes las llevaron adelante, from and who applied them, in order to try to
para intentar comprender cómo estos proyectos understand how those cultural projects, those
culturales, ideas y sectores conservadores, se ideas and those conservative factions
reformularon e incorporaron hasta el presente. reorganized and merged in the present.

Palabras claves: dictadura, conservadurismo, Key words: dictatorships, conservative


derechas, cultura ideology, right factions, culture
Los «rinocerontes» y el Estado.
Aproximaciones al campo cultural durante la dictadura en
Uruguay (1975-1980) y Chile (1977-1983)

Presentación

En esta investigación abordamos una de las cuestiones menos estudiadas de la


historia reciente de nuestro país: la participación de civiles en cargos públicos del
gobierno durante la última dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1984) y la
conformación de un campo cultural oficial en Uruguay y en Chile (1977-1983). Si bien
el campo de estudios sobre pasado reciente se ha revitalizado en los últimos años (en
especial en 2013 por el aniversario de los 40 años del golpe de Estado, tanto en Uruguay
como en Chile) y el tema de la «colaboración» civil ha motivado algunas
investigaciones y publicaciones, entendemos que todavía queda mucho por analizar y
entender sobre las actitudes sociales frente a los neoautoritarismos latinoamericanos.2
En esta línea intentaremos avanzar.
Nuestro enfoque busca evitar los lugares comunes de las investigaciones
anteriores que utilizan «colaboracionismo» con una connotación negativa, para preferir
términos menos cerrados que nos permitan visualizar los matices en esa participación.
La mirada dicotómica no nos permite avanzar en esos matices ni entender por qué
algunos civiles se involucraron en el proyecto conservador (social, educativo, cultural)
del régimen, los distintos grados de compromiso con la propuesta, las modalidades de
esa participación, sus trayectorias y motivaciones profesionales y personales.
Este enfoque es desarrollado ampliamente por investigadores argentinos que se
preocupan en particular por la vinculación de docentes y profesores en las políticas
educativas de la dictadura (1976-1983)3 y en sus políticas económicas;4 y ha dado más

2
Alfonso, Álvaro. Cuando los civiles también juegan (Montevideo: Planeta, 2013). A nuestro entender se
trata de un libro sin rigor histórico que aporta poco y nada sobre el tema; el énfasis, una vez más, está en
señalar culpables más que en comprender las lógicas de involucramiento civil en proyectos autoritarios.
Sin embargo, dentro de la academia conocemos varios proyectos de investigación que sí poseen otras
perspectivas; esperemos que ellos amplíen el campo historiográfico sobre colaboración civil en la última
dictadura uruguaya.
3
Ver por ejemplo: Rodríguez, L. Civiles y militares en la última dictadura. Funcionarios y políticas
educativas en la provincia de Buenos Aires (1976-1983) (Rosario: Prohistoria, 2012) y Católicos,
nacionalistas y políticas educativas durante la última dictadura (1976-1983) (Rosario: Prohistoria,
2011); Frederic, S.; Graciano, O. y G. Soprano (Coordinadores) El Estado argentino y las profesiones
liberales, académicas y armadas (Rosario: Prohistoria, 2010); Aguila, G. «Dictadura y sociedad en
Rosario entre 1976 y 1983: actitudes y comportamientos sociales en una perspectiva de análisis regional»,

I
de una publicación en Chile, donde el foco se dirige más que nada a los empresarios y
profesionales (economistas, abogados) así como a figuras destacadas de la
intelectualidad y la cultura nacional identificados con la derecha que configuraron la
base social del régimen del general Augusto Pinochet.5
Por nuestra parte, realizamos un recorte del campo de estudio que prioriza la
participación civil en el proyecto conservador de las dictaduras uruguaya y chilena en
sus etapas fundacionales (o con pretensión fundacional6), para el caso uruguayo entre
1975 y 1980 y para el chileno entre 1977 y 1983, en el área cultural entendida en
sentido amplio. Nuestro objetivo es identificar los diferentes grados de aproximación y
compromiso de algunos civiles (funcionarios públicos en su mayoría) con el proyecto
cultural conservador de la dictadura. En el caso uruguayo nos acercamos a la
construcción de un campo cultural oficial por parte de la dictadura a partir de las
trayectorias individuales de cuatro civiles: Eduardo Darino, Arturo Sergio Visca,
Miguel Ángel Klappenbach y Fernando Assunçao. Para el caso chileno el abordaje será
a partir de las políticas públicas en materia de educación y cultura, intentando echar luz
sobre el modelo ideológico-cultural del régimen y su alcance al presente.
La fundamentación teórico-metodológica de recomponer el estado del campo
cultural oficial durante los períodos analizados (en el caso uruguayo a partir de
trayectorias individuales y en el chileno a partir de las políticas del gobierno de facto) se
basa en la teoría de los campos de Pierre Bourdieu. Entendemos que los civiles
vinculados al Estado durante el período y encargados de impulsar sus políticas
culturales cumplieron, desde sus cargos públicos, la función de «agentes culturales» en

en Bohoslavsky, E.; Franco, Ma.; Iglesias, M. y D. Lvovich (Editores) Problemas de historia reciente del
Cono Sur, tomo 2, (Buenos Aires: Prometeo, 2010).
4
Ver por ejemplo: Pucciarelli, A. (Coordinador) Empresarios, tecnócratas y militares. La trama
corporativa de la última dictadura (Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2004); Quiroga, H. El tiempo del
«Proceso». Conflictos y coincidencias entre políticos y militares 1976-1989 (Rosario: Fundación Ross,
1984); Schvarzer, J. Martínez de Hoz: la lógica política de la política económica (Buenos Aires: Cisea,
1984); Beltrán, G. «Las reformas neoliberales en Argentina. El papel del Estado, los empresarios y los
intelectuales en el proceso de cambio» (Universidad de Buenos Aires: 2003). Tesis de maestría en
Ciencias Sociales.
5
Ver por ejemplo: Osorio, V. e I. Cabezas. Los hijos de Pinochet (Santiago de Chile: Planeta, 1995);
Arriagada, R. «“El Mes de la Patria” a través de la prensa nacional y el proyecto político-cultural
pinochetista: El Mercurio y La Tercera, 1980-1988» (Chile, Universidad Concepción, enero de 2013).
Tesis de la Licenciatura en Historia; Moulian, T. Chile actual: anatomía de un mito (Santiago de Chile,
LOM-Arcis, 1997); Gomes, G. «Los aspectos corporativos de la dictadura chilena (1973-1990)», en
Bohoslavsky, E. Las derechas en el Cono Sur, siglo XX (Universidad Nacional General Sarmiento, 2011);
Valdivia, V. Nacionalistas y gremialistas. El «parto» de la nueva derecha política, 1964-1973 (Santiago:
LOM, 2008); Villagrás, Fernando; Agüero, Felipe; Salazar, Manuel y Manuel Delano. Represión en
dictadura: el papel de los civiles (Chile: LOM, 2004), 56.
6
Caetano, Gerardo y José Rilla. Breve historia de la dictadura (Montevideo: Ediciones de la Banda
Oriental; 1994), 9-10.

II
tanto promotores de un determinado modelo ideológico-cultural de la dictadura. El
poder, dirá Michel Foucault, no reside en las posiciones que estos civiles ocuparon sino
en las relaciones que establecieron y desarrollaron entre ellos. La idea en definitiva es
evidenciar el entramado social que conformó cierta base social y posibilitó el desarrollo
de políticas públicas orientadas a construir el consenso7 que mantuvo el poder ilegítimo
de las dictaduras uruguaya y chilena por tanto tiempo. Dicho consenso no implicó
necesariamente la existencia de un bloque de apoyo a la dictadura sino que estuvo
compuesto por voluntades disímiles, un abanico de matices que fue desde el
compromiso total y explícito con la propuesta del régimen hasta el desconocimiento y la
indiferencia. En este estudio intentaremos mostrar esa diversidad de posturas,
motivaciones y alcances.
El presente texto se divide en tres partes: en la primera, el Capítulo 1 expone los
antecedentes de la presente investigación y los devenires del campo de estudios sobre
pasado reciente latinoamericano desde los últimos años de las dictaduras hasta el
presente; en el Capítulo 2 explicamos algunas terminologías que serán utilizadas a lo
largo del trabajo, entre ellas qué entendemos por «nuevos autoritarismos» y sus
características.
La segunda está dedicada a Uruguay y comienza con un breve repaso de la
historia de las ideas conservadoras en nuestro país desde el terrismo hasta los años 70.
Creemos —y abundante bibliografía especializada lo respalda— que existen algunas
continuidades entre los sectores que apoyaron el golpe de Terra en los 30 y los que
alentaron el golpe del 73 y acompañaron el desarrollo de la dictadura al menos hasta
fines de los 70. En el segundo apartado nos adentramos en el proyecto conservador del
régimen en el campo de la cultura a partir del desplazamiento hacia la derecha que se
vivió bajo el gobierno de Jorge Pacheco. Este desplazamiento fue el que permitió la
emergencia de los sectores más reaccionarios del campo político y social nacional que, a
fin de cuentas, fueron los que reclamaron «mano dura» y un cambio de orientación
política que llegaría con Juan María Bordaberry. Finalmente, realizamos el estudio de
casos que anunciábamos más arriba, en el que recorremos la trayectoria de cuatro civiles

7
Utilizo el término como lo plantea Daniel Lvovich, quien lo retoma de Phillippe Burrin: « […] el
término consenso simplifica la complejidad de las actitudes hacia el poder de los actores individuales,
que habría que situar en una escala en torno a dos posiciones: la aceptación y el distanciamiento. La
primera comprendería la resignación, el apoyo y la adhesión; la segunda, la desviación, la disidencia y
la oposición. Lo más común y frecuente en la realidad es encontrar en un mismo individuo una mezcla de
varias de estas actitudes». Lvovich, D. «Dictadura y consenso ¿Qué podemos saber?», en Puentes,
(Buenos Aires, 17/4/2006), 42.

III
que colaboraron con el proyecto conservador de la dictadura: Darino, Visca,
Klappenbach y Assunçao.
En la tercera nos abocamos al caso chileno como una forma de abordar dos
ejemplos latinoamericanos, contemporáneos pero disímiles, pero no debe confundirse
con una comparación. No aplicamos el mismo esquema que en el caso uruguayo, dado
que en él estudiamos a cuatro civiles funcionarios de la dictadura y en el caso chileno
nos concentramos en las políticas de Estado en materia educativa y cultural; esto se
debe a que no contamos con fuentes primarias (archivos particulares o prensa del
período, testimonios, etc.) ni tenemos acceso a bibliografía especializada. El caso
chileno mantiene diferencias y similitudes con el nuestro, por lo que funcionará como
un significativo contrapunto para entender los comportamientos sociales vinculados a
los neoautoritarismos latinoamericanos.
Las dictaduras de los años 70 en el Cono Sur fueron al mismo tiempo un
fenómeno nacional, regional y transnacional. La bibliografía sobre el tema da cuenta de
los múltiples factores nacionales que propiciaron en cada país los sucesivos golpes de
Estado y si bien casi todos ellos se presentan en algún grado (crisis económica y
política, vacío de poder, movilización social, violencia armada de izquierda y
paraestatal, influencia de la Revolución cubana, injerencia de Estados Unidos), en cada
caso hubo un encadenamiento y un énfasis distintos. Este diálogo con lo regional obliga
a un movimiento constante entre lo que vemos en Uruguay y el resto del continente, por
ejemplo Chile. Y en la elección por Uruguay y Chile pesaron, justamente, las
diferencias en las historias políticas previas a los golpes de Estado, su concreción, los
desarrollos de las respectivas dictaduras, los sectores civiles con más peso en las caídas
institucionales y en los regímenes impuestos, la forma en que cada país transitó su
retorno a la democracia y los tipos de democracias postdictadura que construyeron. A
pesar de haber tantas diferencias, algunos elementos y aspectos de los procesos en
Uruguay y Chile se parecen, lo que lleva a obtener conclusiones generales acerca del
comportamiento civil en los nuevos autoritarismos y ya no solo en el marco de las
conformaciones particulares de cada sociedad e historia nacional.
Los proyectos conservadores de estas dictaduras no deberían entenderse como un
plan a priori sino como un conjunto de medidas y políticas formuladas e implementadas
desde la degeneración de la democracia y/o su caída que hoy pueden leerse como un
todo, con algunas inconsistencias pero con un fin evidente a posteriori. Este nuevo tipo
de dictadura instalado en Uruguay y Chile no fue un gobierno de ideología homogénea

IV
sino que la dirección que tomó cada etapa, cada coyuntura, fue producto de una lucha de
«interfuerzas» (Laura Rodríguez, 2012). Lo interesante es ver, en cada caso, los civiles
involucrados en estas instancias.

V
Introducción

Para la recomposición del campo cultural tomamos como marco teórico-


metodológico la teoría de los campos de Bourdieu, que nos permite analizar la
trayectoria de cada agente cultural en el sistema de dominación simbólica ejercido por
el Estado en el espacio social. Es decir, esta teoría nos permite demarcar los espacios de
actuación de cada agente cultural y su vínculo ya sea con el Estado y el público de las
políticas públicas así como con el propio objeto de esas políticas (los sectores menos
favorecidos, la juventud, las mujeres, etc.) a través de la promoción de modelos
educativo y cultural.
Joaquín Brunner explica que la cultura conforma un campo autónomo con
procesos específicos de producción, transmisión, consumo y reconocimiento que abarca
un conjunto de interacciones comunicativas.8 Los agentes culturales son todos aquellos
sujetos que intervienen en esas interacciones comunicativas y ocupan posiciones
específicas según su capital cultural.9 Según Bourdieu,

La extensión del poder semiinstitucionalizado que cada agente puede ejercer en cada una de las
posiciones de poder que ocupa, su «peso», como se dice, depende de todos los atributos de poder
que, por otra parte, posee […] y de todas las posibilidades de intercambio que puede extraer de
esas diferentes posiciones. […] Cada agente importa a cada una de las instituciones secundarias el
peso que detenta genéricamente, pero también personalmente […] en tanto que miembro de la
institución más alta de la que forma parte y a la que los miembros de la institución de rango
10
inferior […] aspiran por definición.

Un análisis de este tipo explicaría por qué el Estado promovió ciertas formas de
sociabilidad y producciones culturales en lugar de otras (por ejemplo la preeminencia
del folclore nativista o rural por sobre el de protesta, del cine sobre el teatro, del deporte
sobre los bailes u otras formas de socialización de la juventud, etc.). No olvidemos que
el consumo fue pautado por estas políticas culturales, materializadas por la acción y
discurso de los civiles y militares desde los organismos y dependencias vinculados al
proyecto cultural conservador de la dictadura;11 entendiendo por políticas culturales a la
intervención deliberada en la esfera pública, macrosocial e institucional de la cultura

8
«Prólogo» en Brunner, José Joaquín y Gonzalo Catalán. Cinco estudios sobre cultura y sociedad
(Santiago de Chile: Flacso, 1985), 9.
9
Brunner, J.J. y G. Catalán. Cinco estudios sobre cultura (1985), 10.
10
Bourdieu, Pierre. Homo academicus (Buenos Aires: Siglo XXI, [1984] 2008), 115-116. Trad. Ariel
Dilon.
11
Sobre pautas de consumo cultural ver: García Canclini, Néstor. Ideología, cultura y poder (Buenos
Aires: Universidad de Buenos Aires, 1997), 40.

VI
con un determinado fin.12
Según Néstor García Canclini, el mérito de Bourdieu radica en que estudia a
través de las estructuras simbólicas (ideológico-culturales) cómo las clases hegemónicas
construyen la legitimidad de su poder y cómo lo eufemizan.13 Su propuesta sería
básicamente relacional, en tanto articula la acción del agente con la posición que éste
ocupa en el espacio social que la genera; dicha posición se define por las coordenadas
que tiene el agente en cada uno de esos campos y no tiene sentido en sí misma sino en
relación con las demás: «el espacio social está construido de tal modo que los agentes o
los grupos son distribuidos en él en función de sus posiciones en las distribuciones
estadísticas según dos principios de diferenciación que, en las sociedades más
avanzadas […] son sin ninguna duda los más eficientes: el capital económico y el
capital cultural».14 Martín Vicente lo resume con claridad:

La teoría de los campos, así, es el mayor aporte conceptual del sociólogo galo para estudiar la
diferenciación de funciones y roles en las sociedades modernas. Inseparables del concepto de
campo, se encuentran las nociones de «habitus» y «capital». El juego relacional tripartito implica
una construcción dentro de parámetros ligados al estructuralismo y el funcionalismo: el campo
actúa como una estructura mayor donde se encastran funcionalmente los movimientos de agentes,
signados por el habitus, en torno del capital.15
Bourdieu considera por capital a toda aquella «energía» susceptible de producir
efectos, de forma consciente o no, como instrumento en las competencias sociales. Los
agentes competentes en cada campo, los que manejan el código específico, son los que
luchan por mantenerlo y acumularlo mediante estrategias conservadoras (violencia
simbólica), mientras los otros pelean por su apropiación. Según el autor, «la violencia
simbólica es la forma suavizada y larvada que toma la violencia cuando la violencia
abierta resulta imposible»16 y «no se cumple más que a través de la comunicación bajo
la cual se disimula».17 Las relaciones de dominación se hacen, deshacen y rehacen en y
por la interacción de estos agentes.18 El autor explica que si el Estado cuenta con el
monopolio del uso legítimo de la violencia física y simbólica en un territorio dado y

12
Brunner citado por Marchesi, Aldo. El Uruguay inventado. La política audiovisual de la dictadura,
reflexiones sobre su imaginario (Montevideo: Trilce, 2001), 13.
13
García Canclini. Ideología, cultura y poder (1997), 27.
14
Bourdieu, P. «Espacio Social y espacio simbólico. Introducción a una lectura japonesa de La
distinción» (1989), en Capital cultural, escuela y espacio social (México: Siglo XXI, 1997), 30.
15
Vicente, Martín. «Rastros de azufre. La intelectualidad del liberal-conservadurismo argentino, entre la
obturación retrospectiva y las lógicas de la última dictadura militar» (Universidad de San Martín, 2008),
31. Tesis de Maestría en Ciencia Política.
16
Bourdieu, P. Los modos de dominación (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias, [1974]
1987), 18. Trad. Beatriz Diconca. Original en Actes de la recherche en sciences sociales (1974).
17
Bourdieu. Los modos de dominación (1987), 24.
18
Bourdieu. Los modos de dominación (1987), 1.

VII
sobre un conjunto de la población es porque se encuentra dotado de los mecanismos y
estructuras necesarios para naturalizar objetiva y subjetivamente su poder.19 Y la clave
de todo es la eufemización y naturalización del poder.
El Estado es el lugar por excelencia de la concentración y ejercicio de los poderes
político y simbólico que se imponen al espacio social mediante los sistemas simbólicos
(arte, religión y lengua), los que como instrumentos de conocimiento y comunicación
ejercen una función estructurante en virtud de que ellos mismos son estructurados. Esto
quiere decir que son sistemas construidos que crean una realidad que tiende a establecer
un determinado orden y posibilitan un consenso social que habilita, a su vez, la
reproducción de ese orden. Los sistemas simbólicos cumplen una función política en la
imposición o legitimación de la dominación, asegurando la violencia simbólica que
ejerce veladamente el Estado sobre la sociedad:20

El poder simbólico como poder de constituir lo dado en la enunciación, de hacer ver y creer,
confirmar o transformar la visión del mundo y, por ello, la acción sobre el mundo; poder casi
mágico que permite obtener el equivalente de lo que es obtenido por la fuerza (física o
económica), gracias al efecto específico de movilización, no se ejerce sino si él es reconocido, es
decir, desconocido como arbitrario. Esto significa que el poder simbólico no reside en los
«sistemas simbólicos» sino que se define en y por una relación determinada entre los que ejercen
el poder y los que lo sufren, es decir, entre la estructura misma del campo donde se produce y se
21
reproduce la creencia.

En este contexto, el papel de los agentes sociales cobra importancia; según


Bourdieu: «pertenecer al campo intelectual implica intereses específicos, no sólo –en
París como en Moscú– un lugar en la academia, sino también signos de reconocimiento
y de gratificaciones que son a menudo imperceptibles para quien no es miembro de ese
universo, pero a través de los cuales se pueden ejercer toda clase de presiones y de
censuras sutiles».22 Para el autor las instituciones claves para el Estado en su tarea de
reproducir el orden y ejercer violencia simbólica para mantenerlo son la escuela y la
familia,23 dado que «la dominación fundada en el capital cultural es mucho más
estable, mucho más fuerte que una dominación fundada solamente en el capital
económico».24 La escuela porque contribuye al afianzamiento de la distribución vigente
del capital cultural y con ello a la reproducción de la estructura del espacio social y la

19
Bourdieu, P. Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario (Barcelona: Anagrama,
[1992] 1995), 49-62. Trad. Thomas Kauf.
20
Bourdieu, P. Intelectuales, política y poder (Buenos Aires: Eudeba, [1999] 2007), 65-73. Sin mención
del traductor.
21
Bourdieu. Intelectuales, política y poder (2007), 71-72.
22
Bourdieu, P. Sociología y cultura (México: Grijalbo, 1990), 113. Trad. Marta Pou.
23
Bourdieu, P. «El nuevo capital. Introducción a una lectura japonesa de La nobleza del Estado» (1989),
en Bourdieu, P. Capital cultural, escuela y espacio social (1997), 108.
24
Bourdieu. Capital cultural, escuela y espacio social (1997), 173.

VIII
familia porque detenta dicho capital cultural en una primera instancia educativa:

No es tanto a través de las ideologías que produce lo que inculca, que el sistema de enseñanza
contribuye a suministrar a la clase dominante una «teodicea de su propio privilegio», como dice
Max Weber, más bien es a través de la justificación práctica del orden establecido, que procura,
disimulando bajo la relación patente que garantiza, entre los títulos y los cargos, la relación que
registra subrepticiamente, bajo la apariencia de la igualdad formal, entre los títulos obtenidos y el
capital cultural heredado, es decir, a través de la legitimación que también aporta la transmisión de
25
esa forma de herencia.
Entonces, los agentes de mayor injerencia serían los vinculados a estas dos
instituciones: a la educación, al campo cultural y a la familia.
La teoría de los campos de Bourdieu debe mucho a la noción de poder disperso de
Foucault, quien propone que el poder «no es más que un tipo particular de relaciones
entre los individuos» que lleva a que «determinados hombres [puedan] decidir más o
menos totalmente sobre la conducta de otros hombres».26 El autor explica:

[…] Que no se pueda estar «fuera del poder» no quiere decir que se está de todas formas atrapado
[…] el poder es coextensivo al cuerpo social, no existen, entre las mallas de su red, playas de
libertades elementales; […] las relaciones de poder están imbricadas en otros tipos de relación (de
producción, de alianza, de familia, de sexualidad) donde juegan un papel a la vez condicionante y
condicionado; […] dichas relaciones no obedecen a la sola forma de la prohibición y del castigo,
sino que son multiformes [, cuyo] entrecruzamiento esboza hechos generales de dominación […]
no conviene pues partir de un hecho primero y masivo de dominación (una estructura binaria
compuesta de «dominantes» y «dominados»), sino más bien de una producción multiforme de
27
relaciones de dominación que son parcialmente integrables en estrategias de conjunto.
Una de nuestras primeras preguntas es por qué los civiles que estudiamos fueron
convocados por el régimen para formar parte del proyecto conservador autoritario y por
qué aceptaron participar, y quizás la respuesta sea precisamente la posibilidad de
detentar este poder que describe Foucault.
Como sostiene Álvaro Rico, algunas claves del presente deben buscarse en las
prácticas que se instalaron en el país desde los años de la dictadura.28 Indagar en ellas
nos permite comprender el tipo de democracia que tenemos hoy, la forma en que nos
relacionamos con la política y nuestro modo de procesar algunos traumas nacionales.
Varios autores proponen que las generaciones comparten ciertos gustos y posiciones
políticas debido a la vivencia común de ciertas experiencias («marcas generacionales»)
durante sus primeros años de madurez y que los que vivieron períodos de guerras o
crisis nacionales ven el mundo y se posicionan frente a él de una forma, mientras los

25
Bourdieu. Los modos de dominación (1987), 7-8.
26
Foucault, Michel. «Omnes et singulatim: hacia una crítica de la razón política» (1979), en La vida de
los hombres infames (La Plata: Altamira, 2008), 204. Trad. de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría.
27
Foucault, M. Microfísica del poder (Madrid: Las Ediciones de la Piqueta, 1992), 181. Ed. y trad. de
Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría.
28
Rico, Álvaro. Cómo nos domina la clase gobernante. Orden político y obediencia social en la
democracia posdictadura. Uruguay 1985-2005 (Montevideo: Trilce, 2005).

IX
que vivieron épocas de prosperidad lo hacen de otra.29 Coincidente, Eugenia Allier
explica que las generaciones son fenómenos sociales que colocan a sus integrantes en
espacios históricos análogos y que dentro de ellas existen unidades o grupos concretos
con vivencias y destinos comunes.30 En este marco resultaría interesante descubrir por
qué el nacionalismo en estos hombres, representantes de determinados sectores
conservadores y/o de derecha de la sociedad, fue más fuerte que el apego a la
democracia (o una forma de apego a la democracia) y cómo construyeron para sí
mismos y para el mundo el argumento de que colaborando con el proyecto autoritario
estaban defendiendo el «verdadero ser nacional». Aldo Marchesi y Jaime Yaffé
sostienen que

En el caso de los liberales, su preocupación por el orden, en situaciones de conflicto social y


político fuerte, puede derivar hacia la defección para con la libertad, con tal de preservar el orden y
la autoridad que lo garantiza. En el caso de la derecha conservadora, su extrema valoración de la
autoridad, legitima fácilmente la supresión de las libertades en situaciones en que la autoridad
estatal se ve desafiada. En el caso de la izquierda socialista, especialmente aquella identificada con
el pensamiento leninista, la escasa valoración de la democracia formal, considerada como
instrumento de dominación burguesa, y la concepción de la vía insurreccional como un momento
definitorio de la toma de poder, son considerados como factores de predisposición hacia las
prácticas desleales por parte de las organizaciones socialistas independientemente del grado de
31
integración efectiva de sus expresiones partidarias al sistema político.

No existen a la fecha estudios sobre la opinión pública uruguaya que indiquen el


nivel de indiferencia y desconocimiento que se tenía por entonces sobre el accionar
ilegítimo del Estado ni tampoco sobre el papel de los medios de comunicación masiva
en el ocultamiento y tergiversación de la información que circulaba dentro y fuera del
país, salvo algunos trabajos como el de Aldo Marchesi32 y Virginia Altieri.33 Según una
encuesta de Gallup, en 1976 el 50 % de la población uruguaya consultada «aceptaba» la

29
Flores, Manuel y Lucía Selios. «Perfiles generacionales en las preferencias políticas de los uruguayos»,
en Revista Uruguaya de Ciencia Política 20 (Montevideo: Facultad de Ciencias Sociales, 2011). En este
sentido es que deben entenderse los altos porcentajes de preferencia joven por el «voto verde» en el
plebiscito de 1989. Por más información sobre el tema ver: Allier, Eugenia. Batallas por la memoria
(2010), 88; y Rama, Germán. «Plebiscito sobre amnistía a los militares y policías en el Uruguay», en
Contribuciones Programa Flacso-Chile 61 (Santiago de Chile: Flacso, 1989), 9.
30
Allier, E. Batallas por la memoria (2010), 153.
31
Marchesi, Aldo y Jaime Yaffé. «La violencia bajo la lupa. Una revisión de la literatura sobre violencia
y política en los sesenta», en Revista Uruguaya de Ciencia Política 19 (Montevideo, 2010), 23.
32
Marchesi, A. El Uruguay inventado. La política audiovisual de la dictadura, reflexiones sobre su
imaginario (Montevideo: Trilce, 2001). Sirva como ejemplo de tergiversación la noticia de los ocho
cuerpos encontrados sin vida y con signos de violencia y mutilación en la costa de Colonia entre 1975-
1976 y 1978 y que, haciendo eco del informe de Prefectura, se dijo que eran de origen chino o coreano.
Por más información ver la sección sobre NN en el tomo 2 de la investigación sobre detenidos
desaparecidos en el sitio de Presidencia:
[Link]/wps/wcm/connect/presidencia/portalpresidencia/comunicacion/informes/investi
gacion-historica-sobre-detenidos-desaparecidos
33
Altieri, Virginia. Entrelíneas: la radio en la dictadura 1973-1985, Tesis de grado de la Licenciatura en
Ciencias de la Comunicación Social (Montevideo: Universidad Católica del Uruguay, 1998).

X
destitución del presidente Juan María Bordaberry, un 50 % consideraba «beneficiosa» la
participación militar, un 6 % la entendía «perjudicial» y un 44 % se abstenía de
opinar.34 Independientemente de lo representativo o no de una encuesta en esas
condiciones de censura y represión, no puede ignorarse que un sector importante de la
sociedad vivió el golpe de Estado y el traspaso del poder del presidente a los militares
con relativa indiferencia o complacencia.35 Las anécdotas cuentan que ese día se jugaba
un partido de fútbol que pocos uruguayos dejaron de ver.
Silvia Dutrénit sostiene que frente al golpe y el reposicionamiento de los militares
en el poder la sociedad y el elenco político mostraron dos posturas radicales de apoyo o
resistencia, aunque en medio fue conformándose un «centro partidario» cuya dinámica
terminó pautando el futuro del país.36 Según la autora, el primer grupo estuvo
compuesto por los políticos nucleados en la Unión Colorada y Batllista (encabezada por
Jorge Pacheco Areco) y los nacionalistas bajo el liderazgo de Martín Echegoyen y del
general Mario Óscar Aguerrondo. Estos dos políticos fueron oficialistas en sentido
estricto, participando en varias instancias gubernamentales e incluso formando parte del
Consejo de Estado. El segundo grupo, la oposición, se conformó con la izquierda y
algunos sectores del Partido Nacional (movimientos Por la Patria y de Rocha). El
historiador Carlos Demasi señala que todos los sectores oficialistas aceptaron la
participación militar a condición de detener el acceso de la izquierda al poder político,
ya fuera a través de militares progresistas o elecciones nacionales,37 dado que «todavía
la disolución del Parlamento no hacía de Bordaberry un político tan
“antidemocrático” como lo era el Frente Amplio».38 Coincidente, el doctor Julio María
Sanguinetti recuerda que todos los partidos tuvieron sectores con una actitud
«complaciente» y «colaboracionista» desde antes del golpe: «quienes colaboran con el
34
Demasi, Carlos. «La evolución del campo político en la dictadura», en Demasi, Carlos; Marchesi,
Aldo; Markarian, Vania; Rico, Álvaro y Jaime Yaffé. La dictadura cívico-militar. Uruguay 1973-1985
(Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2009), 53.
35
Ver Rico, Álvaro. ¿Qué hacía usted durante el golpe de Estado y la huelga general? Curiosidades de
una épica uruguaya (Montevideo: Fin de Siglo, 1994).
36
Dutrénit, Silvia. El maremoto militar y el archipiélago partidario. Testimonios para una historia
reciente de los partidos políticos (Montevideo: Instituto Mora-ECS, 1994), 28-29. Charles Gillespie
incluye en su libro Negociando la democracia. Políticos y generales en Uruguay (Montevideo:
Fundación de Cultura Universitaria, [1991] 1995) algunos estudios estadísticos sobre el tema, ver por
ejemplo el Cuadro 4.3 sobre «Apoyo de los grupos al régimen autoritario» en la página 76.
37
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 33.
38
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 15. El doctor Sanguinetti señalaba, respecto al
supuesto «progresismo» del general Álvarez en oposición al sector «gorila»: «nosotros nos vamos a
poder entender algún día con el sector gorila, pero no con el progresista […] que quiere sustituir al
político, porque se considera él un buen político, [mientras el gorila] es una especia de bombero
anticomunista que apaga el incendio, recoge la manguera y se va». Sanguinetti citado en Dutrénit. El
maremoto militar (1994), 136.

XI
régimen de facto son personas que ya tenían alguna afinidad con estas situaciones» –
señala– el sector «golpista y partidario» del Partido Nacional fue el herrerismo, mientras
entre los colorados, en cambio, no hubo un sector claramente partidario aunque
posteriormente los «pachequistas» aceptaron las reglas de juego de los militares. El
sector batllista, concluye, «estuvimos en contra».39
Esta supuesta mansedumbre de algunos sectores políticos tradicionales uruguayos
fue aprovechada por los militares que, al momento de crear el Consejo de Estado40 que
sustituyó al Poder Legislativo entre 1973 y 1985, echaron mano a las figuras más
destacadas y proclives a aceptar. El Consejo estuvo presidido inicialmente por el doctor
Echegoyen, primer titular en el Colegiado blanco de 1959 y presidente del Directorio
hasta 1970, y los presidentes posteriores fueron electos entre la Junta de Oficiales
Generales y los propios consejeros de Estado.41 Algunos de los consejeros ocuparon
cargos de gobierno en las democracias posteriores, según consigna Álvaro Alfonso en
su investigación (2013).
Como evidencia el debate televisado entre Tarigo, Pons Echeverry, Bolentini y
Viana Reyes, mediados por los periodistas Giacosa y Vaneskaian, a propósito del
plebiscito de 1980 en Uruguay,42 con el retorno de la democracia la actuación de los
«colaboradores» fue juzgada en bloque más allá del grado de compromiso que cada uno
de ellos mantuvo con la dictadura o las diversas razones que pudieran haber tenido para
hacerlo. Sin embargo, ya no estamos en ese momento histórico; hoy la discusión ya no
consiste solamente en dirimir si hay que superar o no el pasado para construir el país del
futuro sino que, una vez institucionalizada la impunidad en democracia (por la segunda
ratificación de la Ley de Caducidad vía plebiscito), comenzamos a preguntarnos acerca

39
Sanguinetti citado en Dutrénit. El maremoto militar (1994), 135. Por más información sobre los
«pachequistas» a los que refiere el doctor Sanguinetti, ver Ferreira, Pablo. «Los primeros “pachequistas”
y la movilización social en los tempranos años cincuenta», en IV Jornadas de Investigación y III
Jornadas de Extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Montevideo:
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 8-11/11/2011). Digital.
40
Si bien el Consejo de Estado se creó al mismo tiempo que se disolvieron las Cámaras y las Juntas
Departamentales de todo el país, por el Decreto Nº464 del 27/6/1973, recién el 19 de diciembre de ese
año se instaló en sustitución de la Asamblea General.
41
Los demás integrantes fueron: Alberto Demicheli, Hamlet Reyes, Aparicio Méndez, Aurora Álvarez de
Silva, Gladys Freire de Addiego, María L. Coolighan Sanguinetti, Emilio Siemens Amaro, Julio C.
Espínola, José A. Varela, Jesús Rubio, Daniel Rodríguez, Juan Rodríguez, Mario Arcos, Rodolfo
Saccone, Alfredo Lamaison, Mario Gaggero, Raúl Clerc, José Franca, Osvaldo Soriano, Enrique Viana
Reyes, Alfredo Cardozo, Eduardo Praderi, Mario Copetti y Jorge Spangenberg. En 1976 la presidencia
recayó en H. Reyes y se incorporó Alejandro Végh Villegas y en 1981, durante el gobierno de facto del
general Álvarez, se incorporaron Néstor Bolentini, Pedro W. Cersósimo y Fernando Assunçao, por
nombrar algunos.
42
Ver epígrafe en este trabajo.

XII
del grado de responsabilidad social y moral que nos compete como sociedad y a
reflexionar acerca de la naturaleza de estas otras «culpas».
Si recordamos el análisis del «malestar» de la sociedad alemana pos Holocausto
judío realizado por Karl Jaspers, cuando el aparato del genocidio salió a la luz y la
comunidad internacional condenó al país, y su intento de discriminar grados de
responsabilidad mediante una clasificación de la «culpa alemana» en cuatro tipos
(criminal, política, moral y metafísica), podríamos aprovechar algunas de sus categorías
para intentar comprender esta nueva etapa del proceso vivido por las sociedades
conosureñas postdictadura. La culpa política —dice Jaspers— implica «responsabilidad
de todos los ciudadanos por las consecuencias de las acciones estatales, pero no culpa
criminal, y moral de cada ciudadano con respecto a los crímenes que hayan sido
cometidos en nombre del Estado».43 El autor señala, por otra parte, que «los actos de
Estado son al mismo tiempo actos personales. De ellos son responsables y han de
responder personas singulares»,44 aunque siempre debemos tener presente que «cuando
hablamos de una culpa de los otros, esta palabra puede resultar confundente. Si han
posibilitado, con su comportamiento, los acontecimientos, ello constituye una culpa
política. Pero en su examen no debe olvidarse ni por un momento que esa culpa se
encuentra en un plano diferente al de los crímenes de Hitler».45
Desde el retorno de la democracia el Estado uruguayo venía realizando
reparaciones a las víctimas de la dictadura (perseguidos políticos, exiliados, presos),
especialmente a partir del informe de la Comisión para la Paz donde se establecía la
responsabilidad del Estado ante estas y otras violaciones a los derechos individuales de
la sociedad uruguaya. El pedido de perdón simbolizaba, por un lado, un cambio en las
dinámicas de la memoria del pasado reciente (con una primacía de la memoria resistente
desde el gobierno) y por otro, el retorno del debate y el inicio del proceso de
reconciliación nacional o al menos el intento.
Ernesto Garzón señala que «la responsabilidad por el desastre político-moral
alemán no podía ser imputada tan sólo a las decisiones adoptadas por los jerarcas
nazis ya que las dictaduras necesitan también de la complicidad activa o pasiva de
buena parte de la ciudadanía. [Los “Führers”] fueron posibles porque tantas personas

43
Jaspers, Karl. El problema de la culpa. Sobre la responsabilidad política de Alemania (Barcelona:
Paidós, [1965] 1998), 54.
44
Jaspers, K. El problema de la culpa (1998), 75.
45
Jaspers. El problema de la culpa (1998), 104.

XIII
no querían ser libres, no querían ser autorresponsables».46 Jaspers estima más
adecuado hablar de «corresponsabilidad»,47 coincidiendo con Hannah Arendt cuando
esta señala que «los delitos como el de Eichmann […] fueron cometidos, y únicamente
podían ser cometidos, bajo el imperio de un ordenamiento jurídico criminal y por un
Estado criminal»48 y «lo más grave, en el caso de Eichmann, era precisamente que
hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos,
sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales».49
Entonces, nos importa el accionar de voluntades singulares, personas concretas en
pleno uso de sus facultades bajo un estado de «abuso de poder» por parte del gobierno
de facto. Ahora bien, para que se permitiera ese abuso de poder debió instalarse una
«atmósfera de sometimiento»50 que en varios países fue propiciada por el fuerte
anticomunismo y anti-izquierdismo de la época, reforzados por el consenso sobre la
legitimidad del uso de la violencia para promover o contener la situación revolucionaria.
Esa misma atmósfera fue, luego, la que promovió la institucionalización de la
impunidad. Creemos que ese sometimiento es el que a fin de cuentas anula desde
entonces toda posible autocrítica de la sociedad y reconocimiento de corresponsabilidad
social. En esta línea Rico señala que «a una sociedad criminalizada le corresponde un
Estado policial. Los componentes ideológicos anticomunista, antiobrero,
antiuniversitario y antisubversivo irán prefigurando los enemigos concretos e
ilustrarán el giro del liberalismo democrático al liberalismo conservador».51 Es decir,
la presencia de elementos antinacionales legitimaba la necesidad de tomar medidas
tendientes a controlar la subversión/ sedición y recuperar la normalidad de un orden
que, según varios autores, nunca existió.
Las investigaciones que abordan el tema de la actitud social frente al régimen
ponen en evidencia que efectivamente existió cierto consenso,52 en parte registrado por

46
Garzón, Ernesto. «Introducción» en Jaspers. El problema de la culpa (1998), 31-32.
47
Garzón, E. «Introducción» (1998), 34.
48
Arendt, Hannah. Eichmann en Jerusalén (Barcelona: Debolsillo, [1963] 2006), 382. Cursivas en el
original.
49
Arendt, H. Eichmann en Jerusalén (2006), 402.
50
Jaspers. El problema de la culpa (1998), 37.
51
Rico, A. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 54.
52
« […] durante la dictadura, e incluso después, hubo un segmento de la población que apoyó el régimen
cívico-militar […] Hoy en día es reconocido que en toda dictadura hay sectores que respaldan al
régimen. En algunos casos se trata de sectores económicos que se ven beneficiados en sus políticas
económicas. Pero en otros casos se trata […] de segmentos de población desfavorecidos
económicamente que, con la dictadura, se ven favorecidos. […] se puede suponer que en el caso
uruguayo estos sectores continuaron apoyando a las Fuerzas Armadas ya en democracia». Allier.
Batallas por la memoria (2010), 86.

XIV
las cámaras de televisión cuando se inauguraban obras públicas, en los ciudadanos que
funcionaron como delatores de sus colegas de trabajo y entre compañeros de estudio y
los otros tantos que se incorporaron al proyecto de la dictadura porque no lo veían como
algo malo, se identificaban con los valores defendidos o creían que desde su lugar
estaban haciendo algo bueno por el futuro del país. Este consenso social, tan diverso, es
el que nos interesa analizar cuando nos aboquemos a la recomposición de los campos
culturales en Uruguay y Chile durante las últimas dictaduras, en el primer caso a partir
de las trayectorias de vida de los intelectuales funcionarios vinculados al proyecto
cultural conservador y en el segundo, a partir de las políticas educativas y culturales
promovidas por el régimen de Pinochet.

XV
PRIMERA PARTE

En esta primera parte describimos el estado del campo de investigación sobre


pasado reciente, especialmente en la línea de la historia cultural que es en la que
adscribimos la presente investigación. Luego realizamos una contextualización
histórico-cultural de la emergencia de los nuevos autoritarismos del Cono Sur de
América Latina en los años 70. Una vez hecho esto, podremos avanzar sobre las
características de las dictaduras uruguaya (segunda parte) y chilena (tercera) y de sus
proyectos fundacionales y de corte conservador en los campos educativo y cultural.

1. La historia cultural del pasado reciente

La expresión «historia reciente» remite tanto al conjunto de hechos y procesos del


pasado reciente como a la disciplina con perfil historiográfico que los tiene por objeto.53
En 2008 el historiador Carlos Demasi explicaba que si bien no hacía mucho de la
constitución de este campo específico, «al instituirse como tal […] las experiencias
anteriores de investigaciones “recientes”, que antes eran simplemente “historia”,
[quedaban] incluidas como antecedentes dentro de esa nueva delimitación».54 En
definitiva, el interés por el pasado reciente se ha dado en todas las épocas y lo que
cambia justamente es lo que se entiende por «reciente»: el cambio de planes de 1976
introdujo la crisis del 60 en el programa escolar, haciendo explícita una voluntad de
justificar la presencia militar en el gobierno, y el regreso de la democracia trajo
múltiples debates sobre la enseñanza del período dictatorial y los contenidos de cada
ciclo,55 a pesar del abandono casi total que sufrió el tema entre la aprobación de la Ley
de Caducidad en 198656 y el primer gobierno de izquierda (2005), cuando se adecuaron

53
Acosta, Yamandú. «La idea de democracia entre la profundización de la modalidad y las emergencias
de la transmodernidad», en IV Jornadas de Investigación y III Jornadas de Extensión de la Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación, 8 al 11 de noviembre de 2011). Digital.
54
Demasi, Carlos. «2006: el año de la historia reciente», en Rico, Álvaro (Coordinador) Historia reciente,
historia en discusión (Montevideo: CEIU-Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2008),
31.
55
Demasi, C. «2006: el año de la historia reciente» (2008), 38-41.
56
Ley de la caducidad de la pretensión punitiva del Estado Nº 15.848. Disponible en:
[Link]/leyes/[Link]?Ley=15848&Anchor=. Sobre las consecuencias de
su aprobación ver: Demasi, C. «El día después: el impacto inmediato de la Ley de Caducidad», en IV
Jornadas de Investigación y III Jornadas de Extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la

1
los programas e instrumentaron cursos de especialización en Historia de la segunda
mitad del siglo XX para docentes de Secundaria. La historiadora Ana Frega señala que

Para unos, la proximidad en el tiempo de los acontecimientos impide «una visión objetiva»; para
otros, es necesario «dar vuelta la página» y pensar en el «futuro del país»; para aquellos que
reconocen el interés de diversos sectores de la sociedad en el tema, las acciones se orientan a
incorporar «su versión» de lo ocurrido. En nombre de la «verdad histórica» suele presentarse un
esquema interpretativo rectilíneo, «de acción y reacción», que reduce la explicación de todo el
proceso a un mero enfrentamiento entre dos fuerzas antagónicas —«dos demonios»—, en un
modelo discursivo que deliberadamente omite la complejidad y no da cuenta de los aspectos
57
estructurales y coyunturales de corte local, regional e internacional que marcaron ese período.
Todo discurso histórico es susceptible de ser utilizado con fines políticos, por eso
algunos sectores han intentado reducir este debate a las distintas versiones partidarias
sobre lo ocurrido, pues «controlar el pasado reciente en su dimensión práctico-política
significa domesticar su proyección simbólica e incidencia en el imaginario de la
sociedad posdictadura».58 Según Álvaro Rico, mantener viva la «teoría de los dos
demonios»59 como explicación de la crisis del 60 y la violencia política civil y estatal
(interpretación promovida por la memoria dominante) es, en definitiva, justificar el
accionar ilegal del Estado y sus agentes ante la «amenaza» de la subversión y dejar
abierta la posibilidad de un nuevo golpe de Estado de darse las mismas condiciones. Un
claro ejemplo de la materialización de esta teoría se dio en las campañas a favor del
plebiscito de reforma constitucional de 1980 y en contra del referéndum de derogación
de la Ley de Caducidad en 1989. Un cambio relevante en el discurso del Estado sobre la
memoria del pasado reciente lo presenta el gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010), el
cual realiza una «interpretación» de la Ley de Caducidad y propone la exclusión de una
serie de casos que pasan a ser investigados por la Justicia. Sin embargo, su proyecto del
«Día del Nunca Más» (19 de junio, coincidiendo con el natalicio de Artigas) no es

Educación (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 8 al 11de noviembre de


2011). Digital.
57
Frega, Ana. «Combates por la «historia reciente» en Uruguay», en Rico (2008), 16. Sobre la discusión
suscitada en torno al curso y a sus docentes (Carlos Demasi, Álvaro Rico y Vania Markarian) ver:
Sempol, Diego. «La historiografía blanca sobre el pasado reciente: entre el testimonio y la historia», en
Cuadernos de Historia Reciente 2 (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2007), 23-24; y Demasi,
C. «El debate sobre la historia reciente en Uruguay», en Bohoslavsky, E.; Franco, M.; Iglesias, M. y D.
Lvovich (Editores) Problemas de historia reciente del Cono Sur (Buenos Aires: Prometeo, 2010), I: 37-
55.
58
Rico, Álvaro. Cómo nos domina la clase gobernante. Orden político y obediencia social en la
democracia posdictadura. Uruguay 1985-2005 (Montevideo: Trilce, 2005), 115.
59
Explicación de la caída de la democracia argentina desarrollada por el escritor Ernesto Sábato en su
prólogo al informe Nunca Más de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, creada en
1983 por Raúl Alfonsín. Se ha generalizado para otros países del Cono Sur, adoptada por aquellos que
justifican el accionar de las fuerzas armadas y/o de la extrema derecha en que por aquellos años existía
una amenaza a la democracia por parte de la izquierda armada. En el caso uruguayo es claro que no
aplica, dado que el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros fue neutralizado en 1972 y el golpe
de Estado fue en 1973.

2
compartido por las organizaciones de derechos humanos, que ven en la propuesta de
«reconciliación nacional» un intento de punto final.60
Aldo Marchesi y otros (2003) esquematizaron la producción historiográfica sobre
el pasado reciente de nuestro país en tres etapas según los enfoques de corte
socioeconómico, político o de énfasis en la subjetividad, los derechos humanos y la
memoria de la represión. Esta producción coincide bastante con lo que fue el proceso
social y político vivido desde la crisis democrática hasta la asunción del Frente Amplio.
Los primeros estudios aparecieron a mediados de los años 60 buscando explicar el
avance de los «nuevos autoritarismos» en América Latina y fueron abordajes regionales
que privilegiaron el aspecto económico, la mayoría de corte «cepalino» y
«dependentista»,61 y cuestionaron entre otras cosas la correlación entre desarrollo
económico y democracia.62 Una década después comenzó a estudiarse el vínculo entre
el desarrollo de los procesos políticos y las respectivas transiciones hacia la democracia;
esta etapa se destacó por una abundante producción académica (compilatoria,
cronológica, panorámica), testimonial y periodística, que evidenciaba una intención de
contemplar el proceso dictatorial en su conjunto, desde las crisis de la democracia a
fines de los 60 hasta las reaperturas democráticas de los 80. Finalmente, a comienzos de
los 90 surgió otro tipo de estudios como contrapunto de los trabajos provenientes de la
llamada «transitología»,63 buscando integrar aspectos relegados como la violencia y sus
secuelas, la memoria, el exilio y la figura del detenido-desaparecido. Según Eugenia
Allier, se contaba con dos marcos teóricos para abordar estos temas: los estudios
culturales y los usos políticos del pasado,64 pues como señalan Marchesi y otros,

[Este] nuevo clima intelectual [conocido] como «posmodernidad» […] condensó una serie de
inquietudes intelectuales que ya se venían procesando durante la democratización: la reflexión
acerca de las fronteras entre literatura e historia, la inquietud en torno al papel de las minorías

60
Por más información ver: De Giorgi, Álvaro. «Pasado reciente y mitologías (re)fundacionales en
Uruguay…», en Bohoslavsky et al. Problemas de historia reciente (2010), I: 147-169; Iglesias, Mariana.
«El “Día del Nunca Más” en Uruguay (2006-2007)…», en Bohoslavsky et al. Problemas de historia
reciente (2010): I: 171-189; y Allier, E. Batallas por la memoria (2010), 245 y ss.
61
Nos referimos a jóvenes economistas formados en la Comisión Económica Para América Latina
(Cepal) y en las «teorías de la dependencia». Ver Garcé, Adolfo. «Investigación y políticas públicas.
Planes de desarrollo en Uruguay en tiempos de la Alianza para el Progreso», en Contemporánea 2
(Montevideo, 2011), 31-51.
62
Marchesi, Aldo; Markarian, Vania; Rico, Álvaro y Jaime Yaffé (Compiladores) El presente de la
dictadura. Estudios y reflexiones a 30 años del golpe de Estado en Uruguay (Montevideo: Trilce, 2003),
8.
63
La «transitología» o estudios de las transiciones (traspaso de poder del régimen militar a la sociedad
civil mediante un jerarca y/o los partidos políticos) es una rama dentro de las ciencias políticas que
analiza las razones que provocan los quiebres democráticos, la instalación de regímenes autoritarios y las
políticas que deben seguirse para reinstalar democracias fuertes una vez superados esos procesos.
64
Allier. Batallas por la memoria (2010), 10.

3
étnicas y los enfoques de género, la revalorización de los estudios en torno de la cultura y su
65
relación con la política y las críticas a los enfoques más estructurales.

Entonces, desde los campos de la historia y la literatura se comenzó a reflexionar


en torno a las relaciones entre cultura y política, como lo evidencian los trabajos de
Mabel Moraña,66 Hugo Achugar y Gerardo Caetano,67 Marcelo Viñar,68 Isabella Cosse
y Vania Markarian,69 Álvaro Rico,70 Aldo Marchesi,71 Maren Ulriksen de Viñar72 y
Elizabeth Jelin.73 Destacamos el análisis de Marchesi (2001) sobre las políticas
culturales de la dictadura, a partir de sus noticieros para cine y películas, por su carácter
de inédito en el país; y el trabajo de Jelin y un grupo de investigadores74 buscando
detectar y analizar las coincidencias y distancias entre la dictadura y las democracias
posteriores en los países de la región, porque en este proyecto los autores dan cuenta de
los usos políticos de las memorias nacionales en los países latinoamericanos durante
dichos procesos, dejando en evidencia los puntos de contacto entre los gobiernos
previos, los de facto y los transicionales, y dando cuenta de las corrientes de
pensamiento que atraviesan las épocas y emergen, algunas radicalizadas, en situaciones
de crisis nacionales.
Marchesi explica que a finales de los 80 primó en la academia la idea de que
dictadura y cultura eran términos excluyentes y solo se consignaba lo perdido.75 Esta
forma de ver el periodo como una etapa oscura y regresiva aparece en varios enfoques
como los de Saúl Sosnowski,76 Hernán Invernizzi77 y Judith Gociol,78 José Luis De

65
Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 13.
66
Moraña, Mabel. Memorias de la generación fantasma (Montevideo: Monte Sexto, 1988).
67
Achugar, H. y G. Caetano (Compiladores) Identidad uruguaya: ¿mito, crisis o afirmación?
(Montevideo: Trilce, 1992).
68
Viñar, M. Fracturas de memoria: crónicas para una memoria por venir (Montevideo: Trilce, 1993).
69
Cosse, I. y V. Markarian. 1975: Año de la Orientalidad. Identidad, memoria e historia en una
dictadura (Montevideo: Trilce, 1996).
70
Rico, A. (Compilador) Uruguay: cuentas pendientes. Dictadura, memorias y desmemorias
(Montevideo: Trilce, 1995).
71
Marchesi, A. El Uruguay inventado. La política audiovisual de la dictadura, reflexiones sobre su
imaginario (Montevideo: Trilce, 2001).
72
Ulriksen de Viñar, M. (Compiladora) Memoria social. Fragmentaciones y responsabilidades
(Montevideo: Trilce, 2001).
73
Jelin, E. Memorias de la represión (Madrid: Siglo XXI, 2002b).
74
Jelin, E. (Coordinadora) Las conmemoraciones: las disputas en las fechas «infelices» (Buenos Aires:
Siglo XXI, 2002a).
75
Marchesi, A. «“Una parte del pueblo uruguayo feliz, contento, alegre”. Los caminos culturales del
consenso autoritario durante la dictadura», en Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 325.
76
Sosnowski, S. (Compilador) Represión, exilio y democracia, la cultura uruguaya (Montevideo:
Universidad de Maryland-Ediciones de la Banda Oriental, 1987) y Represión y reconstrucción de una
cultura: el caso argentino (Buenos Aires: Eudeba, 1988).
77
Invernizzi, H. «Los libros son tuyos». Políticos, académicos y militares: la dictadura en Eudeba
(Buenos Aires: Eudeba, 2005).

4
Diego,79 Virginia Martínez80 y Pablo Rocca81 quienes realizan una asociación entre las
dictaduras del Cono Sur y los fascismos europeos entendidos como regresivos que lleva
a una correlación de nuestras dictaduras como contraculturales y contracivilizatorias,82
sin pensar en un factor clave para nuestra investigación: si la dictadura uruguaya anuló
la cultura nacional (sea lo que eso represente) y desplazó del espacio público a sus
agentes y referentes ¿con qué cubrió ese vacío?, ¿quiénes ocuparon esos lugares?83
Los enfoques que en esta etapa incursionaron en los estudios culturales vinculados
a la historia del pasado reciente realizaron un cambio sustancial en la forma tradicional
de abordar el tema, pues habilitaron la posibilidad de que la cultura también fuera
patrimonio del régimen y que éste fuera promotor de un proyecto cultural propio, sobre
todo en el campo de la cultura popular y de los medios de comunicación. Otra diferencia
importante es que a partir de este momento el énfasis se trasladó desde el aspecto
coercitivo hacia el persuasivo, es decir, focalizando la atención en la búsqueda de
consenso social que realizó la dictadura mediante un proyecto cultural de corte
conservador y autoritario. En 1975: Año de la Orientalidad (1996), Vania Markarian e
Isabela Cosse realizan un primer acercamiento al ensayo fundacional de la última
dictadura uruguaya, develando el trasfondo de los festejos del Sesquicentenario en
1975; por su parte, Aldo Marchesi en El Uruguay inventado (2001) analiza los
noticieros para cine realizados por la Dinarp creada en 1975 y utilizada por la dictadura
con el fin de construir un «nuevo Uruguay». Estos trabajos constituyen un mojón
importante en la bibliografía sobre pasado reciente, especialmente dentro de los estudios
de historia cultural, porque son dos de los primeros enfoques históricos donde se vuelve
explícito el intento «fundacional» del régimen y se priorizan las políticas culturales en
su búsqueda de consenso social; especialmente en «“Una parte del pueblo uruguayo
feliz, contento, alegre”» (2009) Marchesi retoma el tema de la búsqueda de apoyo civil

78
Invernizzi, H. y J. Gociol. Un golpe a los libros. Represión a la cultura durante la última dictadura
militar (Buenos Aires: Eudeba, 2002).
79
De Diego, J. L. ¿Quién de nosotros escribirá el Facundo? Intelectuales y escritores en Argentina
(1970-1986) (La Plata: Ediciones Al Margen, 2003).
80
Martínez, V. Tiempos de dictadura 1973/ 1975. Hechos, voces, documentos. La represión y la
resistencia de cada día (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2005).
81
Rocca, P. «Sobre las letras y la dictadura (reflexiones básicas)», en Rico, Álvaro (Coordinador)
Historia reciente, historia en discusión (Montevideo: CEIU-Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación, 2008).
82
Otros autores en cambio se concentran en la resistencia, por ejemplo Roger Mirza. La escena bajo
vigilancia. Teatro, dictadura y resistencia. Un microsistema teatral emergente bajo la dictadura en el
Uruguay (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2007).
83
Retomo esta interrogante propuesta por Aldo Marchesi en «“Una parte del pueblo uruguayo feliz,
contento, alegre”», en Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 325-398.

5
por parte de la dictadura, por lo que se vuelve una investigación imprescindible al
momento de reconstruir el proyecto conservador a posteriori, teniendo a la vista las
transformaciones operadas en la educación durante el periodo y en el campo de la
cultura popular,

[…] una visión de la cultura entendida como parte del conflicto «psico-político» de la guerra fría
que promovía la despolitización de todo acto cultural o intelectual; el avance de los medios
masivos de comunicación, fundamentalmente la televisión y, por último, el impulso de una
tecnocracia influenciada por el pensamiento neoliberal.84
Otro de los trabajos fundamentales que junto a la investigación de Markarian y
Cosse y la de Marchesi constituyen nuestros antecedentes, es la tesis de maestría de
Antonio Romano, De la reforma al proceso (2010), sobre la intervención de la
Enseñanza Secundaria entre 1955 y 1977. En su investigación, Romano deja al
descubierto la ideología de la dictadura en Secundaria, profundizando una línea ya
iniciada por Ema Massera, Niurka Sala y Silvia Campodónico en Ideología y educación
durante la dictadura (1991). La educación fue uno de los campos que más interés
despertó en el régimen en su afán fundacional, por cuanto le permitía formar a las
nuevas generaciones en los valores del «nuevo Uruguay», en contraste con las
generaciones de jóvenes que habían vivido activamente las transformaciones de los años
60 y la dictadura consideraba «irrecuperables».
La periodización tradicional de la dictadura en tres etapas (1973-1985)85 sufre
algunas modificaciones cuando se piensa en los procesos que comenzaron a finales del
pachecato86 y se extendieron al primer gobierno de Sanguinetti (1985-1990); para el
caso de la cultura sería más preciso hablar de emergencia del proyecto entre 1973-1975,
impulso e implementación de sus propuestas entre 1975-1980 y, desaceleración y
abandono de las políticas «fundacionales» en el marco de la transición democrática
entre 1980-1985.87 Pero, como dijimos, ya encontramos algunos antecedentes de este
proyecto autoritario en los tempranos 70.

84
Marchesi. «“Una parte del pueblo contento, feliz, alegre”» (2009), 325-326.
85
González, Luis E. «Transición y restauración democrática», en Gillespie, Charles; Goodman, Louis;
Rial, Juan y Peter Winn (Compiladores) Uruguay y la democracia, 3 vols. (Montevideo: Ediciones de la
Banda Oriental, 1984).
86
Término con el que se conoce el gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972).
87
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 331.

6
2. Los «nuevos autoritarismos»

La sucesión de golpes de Estado e instalación de dictaduras en Brasil (1964),


Argentina (1966 y 1976), Bolivia (1971), Uruguay (1973) y Chile (1973) llevó a que la
intelectualidad latinoamericana reflexionara sobre este nuevo tipo de autoritarismo,88
enfatizando las diferencias con las dictaduras tradicionales surgidas en torno a caudillos
civiles o militares entre los años 1920-1930.89 A diferencia de éstas, las nuevas se
enmarcaron en una «ofensiva conservadora y contrarrevolucionaria»90 que alcanzó su
punto máximo con el derrocamiento de Salvador Allende en Chile, con la injerencia
documentada de Estados Unidos:91

Mientras la región del Cono Sur de América Latina atravesaba por los golpes de Estado y las
dictaduras de «nuevo tipo», a nivel mundial se entraba en una etapa de crisis del llamado
«capitalismo tardío», del Estado de Bienestar, la sociedad de masas y el mundo del trabajo, e
ingresaba en otra fase denominada de diversas maneras según los distintos autores que se
consulten: pasaje del imperialismo al imperio (M. Hardt, A. Negri); de la sociedad disciplinaria a
la sociedad de control (M. Foucault, G. Deleuze, F. Guattari); de la sociedad moderna a la
sociedad posmoderna (F. Lyotard, J. Baudrillard, F. Lipovetski, [Link]); de la sociedad
industrial a la sociedad programada (A. Touraine); de la sociedad industrial a la posindustrial (D.
92
Bell); y otras categorizaciones.

La modernidad de las nuevas dictaduras radicó, entre otras cosas, en el despliegue


del sistema represivo transnacional, coordinación que se conoce como «Plan Cóndor» y
que desde 1975 fue base del terrorismo de Estado de los países latinoamericanos.93 Otra
de las características fue la participación institucional de las fuerzas armadas, que ahora
buscaban cambiar el sistema político y fundar una nueva era, así como la juridización e
institucionalización de las relaciones de dominación, lo que marcó una diferencia

88
El Estado autoritario se funda en un principio de autoridad no democrático que, sin embargo, no
pretende ser totalitario. G. Preterossi citado por Rico (2009), 200. Abarca en el caso latinoamericano los
fenómenos no democráticos: dictaduras tradicionales, militarismos, populismos, corporativismos. Demasi
et al. La dictadura cívico-militar (2009), 226.
89
Rico señala que entre 1930 y 1933 hubo diez golpes de Estado en América Latina, de los que resultaron
cinco dictaduras (Uruguay, Argentina, Brasil, Perú y Venezuela); diez dictaduras más entre los años 40 y
50 (guerra fría), y ocho golpes de Estado, entre ellos en Argentina y Brasil, entre 1960 y 1966 (luego de la
revolución cubana). Los de los años 60 y 70 son los que llamamos «nuevos» o «neoautoritarismos».
90
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 237.
91
Ver Kornbluh, Peter. The Pinochet file: a desclassified dossier on atrocity and accountability (Nueva
York: New Press, 2003).
92
Rico. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 103-104.
93
Por más información sobre la coordinación represiva en el Cono Sur, ver McSherry, Patrice. Los
Estados depredadores. La Operación Cóndor y la guerra encubierta en América Latina (Montevideo:
Ediciones de la Banda Oriental, 2009). Trad. Raúl Molina; y Dinges, John. Operación Cóndor. Una
década de terrorismo internacional en el Cono Sur (Santiago de Chile: Ediciones B, 2004). Trad.
Gabriela Tenner. Sobre la coordinación entre agrupaciones armadas de izquierda en Uruguay, Bolivia,
Chile y Argentina ver Marchesi, A. «Geografía de la protesta armada: nueva izquierda y
latinoamericanismo en el Cono Sur. El ejemplo de la Junta de Coordinación Revolucionaria», en II
Jornada académica, partidos armados en la Argentina de los setenta, revisiones, integrantes y problemas
(Buenos Aires, 2008).

7
importante respecto a las viejas dictaduras: mientras las tradicionales imponían la
arbitrariedad de su poder político y militar sobre el derecho constitucional, las
emergentes establecieron una «praxis legal autoritaria» que les permitió gobernar
mediante decretos y medidas prontas de seguridad.94
Como señala Rico, estos «neoautoritarismos» se destacaron por un rasgo
denominado, según los autores, «fascista dependiente», «fascista», «totalitario» o
«burocrático autoritario». De todos estos, el último término (propuesto por Guillermo
O’Donnell) permite designar al mismo tiempo a regímenes que no tuvieron el mismo
nivel de modernización (como Argentina y Brasil) pero que compartieron un desarrollo
capitalista en proceso de transformación. O’Donnell realiza una lectura comparada de
los nuevos autoritarismos en la región separándolos en dos momentos según los
intereses de las fuerzas armadas: mientras en los años 60 éstas irrumpieron en la escena
política con una intención preventiva (el comunismo no era ni se percibía como una
amenaza real), en la década siguiente se produjo una radicalización en la actitud militar
que se explicitó en la doble intención de restauración del orden preexistente y
normalización de la economía, contando con el apoyo de un sector civil de perfil
conservador que vio con temor la inminencia de un golpe de izquierda que haría peligrar
sus privilegios.95 El autor señala que en los años 70 la percepción de la crisis como de
máxima gravedad se reflejó en la confluencia de demandas golpistas de los extremos del
espectro ideológico al punto que, tanto para unos como para otros, los golpes de Estado
significaron el final tan ansiado de una etapa crítica.
Tanto en Argentina, Brasil como Uruguay (aunque el modelo brasileño se
desmarque bastante de los otros dos),96 el Estado se erigió como organizador del nuevo
orden social y de la política económica a seguir y en los tres casos surgió un sector
«tecno-burocrático civil y militar» que instrumentó y efectivizó esas políticas. Es lo que
O’Donnell señala como la vertiente «liberal tecnocrática» escindida de la derecha
tradicional; si bien en Uruguay la derecha tradicional tuvo un peso importante en el
devenir del proceso, en Chile ese protagonismo lo tuvo la vertiente liberal tecnocrática,
por la coincidencia con los militares en ciertos valores de cuño cristiano y en el interés
94
Rico. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 49.
95
O’Donnell, Guillermo. Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización
(Buenos Aires: Paidós, 1997), 103.
96
Waldo Ansaldi señala como características de la dictadura brasileña la política económica desarrollista,
una alianza tecno-burocrático-militar, una importante intervención estatal, una dictadura con formato
representativo y un menor grado de violencia en la represión de la oposición. Ansaldi citado por
Pucciarelli, Alfredo (Coordinador) Empresarios, tecnócratas y militares. La trama corporativa de la
última dictadura (Buenos Aires: Siglo XXI, 2004), 33.

8
estratégico por mantener sus privilegios a cualquier costo.97 Los tres casos parecieron
aceptar el esquema «desarrollo capitalista dependiente» que se tradujo, desde el punto
de vista ideológico y cultural, en una defensa de la nación y de la moral apoyada en
instituciones tradicionales como la Iglesia y la familia, mediante la censura y el
disciplinamiento social.
Brunner sostiene que todo grupo social que llega al poder postula su propio
modelo cultural que transmite y socializa determinada concepción del mundo y del
orden moral, otorga sentidos sobre hechos pasados y postula interpretaciones de la
realidad.98 El autor agrega que las «revoluciones capitalistas autoritarias» posibilitaron
el traspaso de la dirección económica a la burguesía y a sus cuadros técnico-
burocráticos, a efectos de una «reapropiación clasista de la conducción de los procesos
de acumulación y comunicación» y que, en este marco, el disciplinamiento social tomó
la forma de una organización autoritaria de la cultura99 bajo dos modalidades: «cultura
del miedo» (censura, delación, represión) y «cultura del silencio» (autocensura,
inmovilismo).100 Junto a la atomización del tejido social y la interrupción de la
solidaridad orgánica dentro de las colectividades, se produjo una modificación del
sistema de enseñanza que se reorientó a interiorizar el nuevo modelo de organización
cultural, reproduciendo la desigualdad social de origen, instalando la competencia de
rendimientos y restringiendo el acceso de los grupos subalternos.101 Según Brunner, la
lucha por la cultura representa la expresión más compleja de la política, es decir, la
disputa por mantener o transformar las determinaciones cotidianas de la conciencia.102
En este punto es que cobra importancia la Doctrina de la Seguridad Nacional, que
significó una militarización del pensamiento sociopolítico y cultural y funcionó como la
ideología de las fuerzas armadas de cada nación, que surgieron como las depositarias
del destino nacional, garantes de la unidad política y mesías que debían salvar al mundo
de la crisis que produjo la subversión del orden establecido, es decir, del comunismo y
el marxismo.103 A pesar de que Brunner proponga que la Doctrina de Seguridad
Nacional no fue la ideología base de los autoritarismos sino una respuesta a los

97
O’Donnell. Contrapuntos (1997), 103.
98
Brunner, J.J. La cultura autoritaria en Chile (Santiago de Chile: Flacso, 1981), 79.
99
Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981), 29-31.
100
Destouet, Óscar. «Los misterios del Ministerio. Documentación secreta de Relaciones Exteriores.
Historias de hombres grises», en Cuadernos de Historia Reciente 4 (Montevideo: Ediciones de la Banda
Oriental, 2008), 21-40.
101
Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981), 32-35.
102
Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981), 80.
103
Garretón, Manuel Antonio. El proceso político chileno (Santiago de Chile: Flacso, 1983), 94-95.

9
problemas suscitados al momento de implantar un nuevo patrón de dominación y que se
incorporó con los años a la concepción autoritaria del mundo, para el autor esta
ideología permitió soldar la alianza cívico-militar en el poder: los primeros dedicados a
la conducción de la economía y los segundos a la seguridad nacional.104
Descartando la asimilación de estas dictaduras a los fenómenos europeos, Rico
señala como diferencias fundamentales los desarrollos capitalistas en cada época, los
distintos bloques dominantes que conformaron los regímenes y la ausencia en el Cono
Sur de una ideología totalitaria o un partido del Estado con una base social fuerte.105 Las
similitudes se dieron en el carácter conservador y contrarrevolucionario de ambas
experiencias y en la lectura localista de la Doctrina de Seguridad Nacional, vinculada al
lugar que ocuparon estos países en el proyecto estadounidense, subordinados política y
militarmente al nuevo imperialismo. Los nuevos regímenes se imponían
discursivamente la eliminación del caos que amenazaba a la nación, pero el verdadero
objetivo era desarticular y desmovilizar a la sociedad revolucionada.106
El golpe de Estado en Brasil en 1964 abrió un ciclo de regímenes autoritarios de
nuevo tipo en América Latina, que se cerró con la dictadura argentina iniciada en 1976.
Estos «nuevos autoritarismos» aspiraron a quedarse en el poder y a transformar la
sociedad a través de proyectos culturales de corte conservador. En algunos casos, la
cultura se vio afectada por las iniciativas en materia económica, como fue el caso de
Chile, en otros resultó afectada por las políticas aplicadas al sistema educativo, como
puede ser el caso de Argentina; en nuestro país, la cultura fue protagonista en tanto
reservorio de la identidad nacional, foco del proyecto fundacional del régimen
uruguayo. Estos autoritarismos se caracterizaron por instalar al mismo tiempo
mecanismos de coerción y de legitimación. La dimensión represiva, si bien presente en
todas las dictaduras conosureñas, tuvo diferente énfasis en casa país; en Chile y Brasil
logran conformarse partidos de gobierno y los proyectos fundacionales, salvo en Chile,
se vieron frustrados a poco de lanzarse, en Uruguay por el plebiscito del 80, en
Argentina por el fracaso de la guerra de las Malvinas. El apoyo social (civil) a los
distintos proyectos fue dispar, en Argentina la guerra de las Malvinas le sirvió al
régimen como aglutinante, en Chile le dio el triunfo al plebiscito del general Pinochet
(1988), mientras que en Uruguay sucede algo curioso: mientras solo el 42,51 % votó el

104
Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981), 51-52.
105
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 239.
106
Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981), 50.

10
«Sí» en el plebiscito de 1980 (frente al 56,83 % del «No»), ya en democracia la Ley de
Caducidad fue aprobada y ratificada dos veces (1989 y 2009).

11
SEGUNDA PARTE

En esta segunda parte comenzamos con el estudio de dos casos latinoamericanos:


primero, el ensayo fundacional de la última dictadura uruguaya (1973 y 1985) entre
1975 y 1980 y, en la Tercera Parte, el del ensayo fundacional de la chilena (1973 y
1990) entre 1977 y 1983. La estructura de los capítulos en cada caso será distinta por las
características propias de cada proceso político y cultural; no podemos obviar que
mientras en Uruguay la dictadura fue el desenlace de un proceso que comenzó en 1968
con la democracia autoritaria de Pacheco, en Chile fue la consecuencia de un golpe de
Estado contra el gobierno socialista de Allende. Esta es una de las principales
diferencias entre los procesos de ambos países y va a ser una de las determinantes de
que el alcance de los análisis sea diferente en cada caso, lo que sumado al amplio acceso
a fuentes primarias en el caso uruguayo y solamente a secundarias en el chileno hará
variar también el estudio concreto en cada caso.
Nuestro objetivo final es aproximarnos al campo cultural oficial que conformaron
aquellos sectores civiles dóciles al régimen, que ayudaron (con su capital cultural, sus
redes, etc.) a construir cierto consenso social que mantuvo a estos militares en el poder.
Buscaremos aplicar las mismas categorías de actitudes sociales para ambos casos, es
decir, identificar intelectuales, funcionarios públicos, empresarios y otros tipos sociales
que hayan mostrado diversos grados de compromiso con el proyecto dictatorial en el
campo de la cultura (desconocimiento, indiferencia, oportunismo, convencimiento) a
través de una aproximación a sus historias y trayectorias de vida y a las políticas
públicas en materia educativa y cultural a su cargo, entendiendo que de este modo
estaríamos echando luz sobre un aspecto del campo cultural que otros estudios
anteriores han dejado afuera por considerar que los autoritarismos latinoamericanos de
los años 70 no fueron propositivos, ni contaron con un proyecto cultural propio ni con el
apoyo social necesario para desarrollarlo.

12
URUGUAY

1. El régimen cívico-militar uruguayo

Rico ha denominado «proceso de degeneración de la democracia» o «camino


democrático de la dictadura» al período 1967-1973 de la historia reciente de nuestro
país, coincidiendo con las presidencias de Pacheco Areco (1967-1972) y Bordaberry
(1972-1973). Según el autor, dicho proceso no se debió al fracaso de la izquierda en su
intento de tomar el poder sino a la «voluntad conservadora» y las «políticas públicas
exitosas» de los civiles y militares que dieron el golpe de Estado; y propone analizar
este período en tres etapas: una primera (1967-1971), marcada por la coexistencia entre
la democracia plena y el Estado de excepción; una segunda (1971-1972), donde se
añade a la realidad anterior la institucionalización del autoritarismo dentro del propio
Estado de derecho, justificándolo jurídicamente; y una tercera (1973), donde se degrada
el derecho, se trasgrede la legalidad e impone el poder autoritario pero aún en
democracia.107 Según Marchesi, en el campo de la cultura bajo dictadura estas etapas se
mantienen con leves modificaciones:

[...] un primer momento comisarial [1973-75] donde la prioridad fue perseguir a aquellos agentes
culturales que fueron considerados como una amenaza para el régimen; un segundo momento
fundacional [1975-1980] donde se apostó a construir un nuevo tipo de propuesta cultural
enmarcada en lo que debía ser el «nuevo Uruguay» que los dictadores aspiraban a construir; y por
último un tercer momento [1980-1984] donde dicho proyecto tendió a fragmentarse en el contexto
108
de la transición democrática.

Nuestro interés se concentra en el momento fundacional, especialmente el año


1976 que marcó un quiebre con el desplazamiento de Bordaberry y la afirmación de los
militares en el poder. Según Rico, la particularidad del golpe de Estado en Uruguay
frente a los otros neoautoritarismos de la región radicó en que fue realizado por el
propio presidente de la República, un civil con antecedentes de militancia en los dos
partidos políticos tradicionales del país,109 y que una vez ejecutado éste fue desplazado
de la titularidad del proceso por los militares en una especie de «golpe dentro del
golpe».110 Tanto la presidencia de Bordaberry como la de su antecesor (Pacheco) fueron
gobiernos de crisis o emergencia que oscilaron entre la no democracia y la dictadura,111

107
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 198.
108
Marchesi. «“Una parte del pueblo contento, feliz, alegre”» (2009), 331.
109
Rico. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 52.
110
Jorge Batlle citado por Dutrénit. El maremoto militar (1994), 72.
111
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 188.

13
apelando a la ley para imponer su «abuso de derecho».112
Los años 60 estuvieron marcados por una fuerte radicalización de las medidas del
gobierno blanco y la percepción de un aire enrarecido por la guerrilla urbana y las
señales autoritarias promovidas por algunos sectores políticos y la prensa, en defensa de
la democracia y las instituciones amenazadas por el enemigo externo (comunismo)
materializado, sin embargo, en un enemigo interno (Movimiento de Liberación
Nacional-Tupamaros, Partido Comunista del Uruguay y Partido por la Victoria del
Pueblo, mayoritariamente). Este anticomunismo fue en realidad un anti-izquierdismo
exacerbado. Fue entonces que aparecieron las primeras acciones violentas de la
izquierda armada y de la ultraderecha, ésta última de fervor demócrata y anticomunista
contra individuos e instituciones.113
La historiadora Magdalena Broquetas señala a propósito de las repercusiones del
«caso Eichmann»114 en Uruguay que, si bien el antisemitismo en nuestro país se
remonta al siglo XIX, a fines del 50 y comienzos del 60 emergió una nueva ola asociada
al anticomunismo que se extendía hacia el antisemitismo.115 Por su parte, Alfredo
Alpini sostiene que el antisemitismo en Uruguay data incluso de fines de los 40,
evidente en una proliferación de publicaciones antidemocráticas, antiliberales y
profascistas (algunas además católicas y de derecha),116 cuyo punto de contacto era su
idea de nación y la pretensión de sustituir al Estado por un «sistema corporativo».117
Corrobora esta percepción temprana de la violencia la aparición en 1955 del
Movimiento de Acción Democrática (MAD) quemando casi completa la primera

112
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 191.
113
Ver Bruno, Mauricio. «La caza del fantasma. Benito Nardone y el anticomunismo en Uruguay 1960-
1962)», en Colección Estudiantes 28 (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
2007); Broquetas, Magdalena. «A propósito de las repercusiones del “caso Eichmann”. Antisemitismo y
anticomunismo en Uruguay (1960-1962)», en Revista Encuentros Uruguayos 3 (Montevideo: CEIU-
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2010); y Aldrighi, Clara. Antisemitismo en
Uruguay (Montevideo: Trilce, 2000).
114
Otto Adolf Eichmann fue un funcionario nazi secuestrado en Buenos Aires en 1960 y enjuiciado en
Jerusalén en 1961, acusado de quince delitos (crímenes contra el pueblo judío, de lesa humanidad y de
guerra). Las características del secuestro y del juicio abrieron un fuerte debate internacional. El libro de
Hannah Arendt señala, precisamente, que el error fue haberlo hecho en nombre de la venganza del pueblo
judío. Las palabras de Ben Gurión así lo expresaban: «en este histórico juicio, no es un individuo quien se
sienta en el banquillo, no es tampoco el régimen nazi, sino el antisemitismo secular». Arendt. Eichmann
en Jerusalén (2006), 37.
115
Broquetas, M. «A propósito de las repercusiones del “caso Eichmann”» (2010), 48-59.
116
Corporaciones (órgano del movimiento Acción Revisionista del Uruguay), Fragua (Movimiento
Revisionista), Audacia (Acción Nacional), el periódico España Nacionalista (Vanguardia Nacionalista
Española en Uruguay), El Orden (Unión Nacional del Uruguay), Combate (Renovación Nacional) y
Atención (Movimiento Comercial Nacional Antijudío). Alpini, Alfredo. «Uruguay en la era del
fascismo», en Relaciones (Montevideo, 1999), 6.
117
Alpini, A. «Uruguay en la era del fascismo» (1999), 6-7.

14
edición del poemario Tata Vizcacha de Washington Benavídes por considerarlo
«comunista». El MAD era un movimiento estudiantil que defendía «los sagrados
valores por los cuales tenemos el orgullo y la felicidad de ser libres y mejores».118
Estos hechos violentos, especialmente los que se concentraron entre 1961 y 1962 contra
individuos y organizaciones comunistas y judíos, simultáneamente en Uruguay y
Argentina (Tacuara nace entre 1962-1963), evidencian una coyuntura violenta regional
producto de la guerra fría, donde

[el] despliegue de una campaña anticomunista difundida a través de grandes medios de


comunicación y dirigida fundamentalmente a la construcción de una opinión pública de rechazo
hacia varias expresiones de cambio social y político englobadas bajo el rótulo «comunista»,
aunque también se estructuró sobre la base de acciones violentas, ejercidas desde el Estado o en un
marco de llamativa permisividad del mismo [...] coincidió con la llegada a Uruguay en 1962 de un
nuevo embajador estadounidense y con replanteo en la modalidad de injerencia del gobierno
119
estadounidense en los asuntos locales.

Leandro Morgenfeld señala que en este período se produjo una serie de cambios
en la posición política de América Latina en el mundo debido a la implementación del
«Plan Marshall»,120 la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, la
creación de la Organización de Estados Americanos y la «Alianza para el Progreso»;121
y a que el gobierno estadounidense reconoció y apoyó las dictaduras en América Latina
bajo la consigna de la «seguridad nacional» para preservar sus intereses económicos,
promoviendo la inserción del american way of life en el mundo, lo que ha dado en
llamarse «guerra fría cultural». Ésta era definida como una «contienda psicológica», la
«fabricación del consentimiento por métodos “pacíficos”, del uso de la propaganda
para erosionar las posiciones hostiles».122 En 1974, un militar uruguayo sostenía:

Hoy es evidente que se ha descuidado la formación de las inteligencias […] los principios éticos e
intelectuales que pasaron a ser primero piezas de estudio y especulación puras y luego piezas de
museos. En su lugar se erigieron como sagrados, postulados falsos y pretenciosos, henchidos de
soberbia. Primero los del Renacimiento y la Reforma, luego los liberales y finalmente los
123
marxistas...

118
Según un suelto del MAD publicado en La voz del pueblo (Tacuarembó, 16 de julio de 1955).
Benavídes (2012), 14.
119
Broquetas. «A propósito de las repercusiones del “caso Eichmann”» (2010), 57 y 61.
120
El «European Recovery Program» fue creado por el Secretario de Estado George Marshall con la idea
de poner en marcha la política de Harry S. Truman de «ayuda a los pueblos libres». Una doctrina de
contención del comunismo y afianzamiento de Estados Unidos en regiones donde tenía poca o nula
presencia. Morgenfeld, L. «El inicio de la guerra fría y el sistema interamericano. Argentina frente a
Estados Unidos en la Conferencia de Caracas (1954)», en Contemporánea 1 (Montevideo, 2010), 77.
121
Morgenfeld. «El inicio de la guerra fría» (2010), 78.
122
Saunders, F. La CIA y la guerra fría cultural (Madrid: Debate, [1999] 2001), 35.
123
Caviglia Cámpora, Benito. Psicopolítica. Ps-P. Verdadera dimensión de la guerra antisubversiva,
(Montevideo: Ediciones Azules, 1974), 205. Ediciones Azules es la editorial del semanario Azul y Blanco.
Caviglia era teniente coronel de reserva del ejército uruguayo, doctor en derecho y estudiante de filosofía,
economía y sociología, asesor del Esmaco en 1972 e integrante de la Junta de Vecinos de Montevideo

15
Para el teniente Benito Caviglia Cámpora el comunismo era una consecuencia
lógica del liberalismo,124 una síntesis del «marxi-comunismo» definido como una
«enfermedad de la mente, del alma, moral, provocada por la soberbia intelectual o por
las demás pasiones o deficiencias morales que el comunismo explota con perversa
habilidad».125 Nadie se salvaba: los culpables del trastorno de la realidad eran los
liberales pero también los intelectuales, que pecaban de soberbios y representaban una
«incultura letrada»,126 al igual que los gobernantes, esa «cáfila de politicastros
demagogos e infatuados que infecta nuestro Parlamento».127 Por la ausencia de
referencias hacia el Partido Nacional a lo largo del libro y las alusiones negativas hacia
Pacheco y Sanguinetti, pero concesivas hacia Bordaberry (que recién comenzaba su
gestión), Caviglia parece promotor de la «línea dura», lo que conjugado con su explícito
perfil católico da como resultado comentarios como el siguiente:

[Las huelgas y ocupaciones estudiantiles y obreras son «injustas» e «ilegales»] Debe tenerse
presente además que las ocupaciones estudiantiles de centros docentes dan lugar a inmoralidades
de toda índole y son ocasión cierta de degradación moral de las jovencitas estudiantes. Por tanto
128
quienes toleran esas ocupaciones son verdaderos promotores de la prostitución juvenil.
Según Caviglia, el marxismo calaba en la masa de hombres «pobres de espíritu» y
por esto la verdadera guerra subversiva se daba simultáneamente en el plano ideológico
y el cultural;129 esta pobreza de espíritu solía coincidir con la riqueza económica, de allí
que los comunistas fueran de clase media y alta, con un buen nivel cultural y vivieran en
barrios como Pocitos, Carrasco y Prado.130 Coincidente, un periodista (iniciales WGC)
escribía en 1977 que «lo curioso de estos inefables es que, a semejanza de quienes
capitanearon la insana sedición —hay parecidos que matan— son personas de muy
buen pasar». Los «inefables» a los que refiere el periodista eran los «comunistas filos o
cretinos útiles […] especie de quinta-columna, acicalada y de vida confortable [que]

desde 1973. Su libro era presentado por los editores como el primer volumen de una serie de textos
formativos, «con el fin de transmitir una concepción apta para detener y erradicar definitivamente la
subversión». Caviglia, B. Psicopolítica (1974), 17. Se trata de una recopilación de sesenta y cinco
artículos periodísticos aparecidos en la sección «fuerzas armadas» del semanario Azul y Blanco, en la
serie «La guerra subversiva esa gran desconocida. Psicopolítica en su esencia y su verdadero nombre»,
entre el 26 de abril de 1972 y el 14 de noviembre de 1973. Pocos años después, el teniente publicó
«Psicopolítica» (artículo) en Ejército. Revista de las armas y servicios (Madrid, 1976), donde se lo
presentaba como «especialista en los problemas socio políticos y estudioso de los temas militares», cuyo
enfoque «tal vez, bien aplicado podría cambiar el curso, hasta hoy desfavorable para Occidente, de la
agresión mundial del comunismo». Caviglia, B. «Psicopolítica» (1976), 15.
124
Caviglia. Psicopolítica (1974), 62.
125
Caviglia. Psicopolítica (1974), 71.
126
Caviglia. Psicopolítica (1974), 92.
127
Caviglia. Psicopolítica (1974), 64.
128
Caviglia. Psicopolítica (1974), 96.
129
Caviglia Psicopolítica. (1974), 15 y 76.
130
Caviglia. Psicopolítica (1974), 91-92.

16
echan a correr rumores […] inventando historias de persecuciones, secuestros o
torturas con la implícita preocupación de resquebrajar el apoyo de un pueblo que
acepta lo realizado como salida salvadora».131 Esta visión conservadora estaba muy
extendida en ciertos sectores de la sociedad que veían el nuevo estilo de vida moderno y
liberal como subversivo porque permitía el divorcio, la pornografía, el amor libre, el
alcohol y las drogas,132 el abuso de los medios masivos y la «generalmente nefasta
influencia» de los centros de enseñanza, especialmente de la Universidad de la
República.133 Para ellos el Estado tenía la obligación de impartir moral y cultura134 pero
no cualquier moral sino una de cuño cristiano. Al parecer, el descontento de estos
sectores databa del proceso de secularización vivido entre el Novecientos y el
neobatllismo.135 Los intelectuales, la enseñanza y la prensa de izquierda estaban en la
mira de algunos sectores conservadores y empresarios de la comunicación. En abril de
1974, Bordaberry expresaba:

De la inagotable fuente de actos de fe democrática, recordamos que el objeto y fin del gobierno
debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y de los pueblos [...] y que
no se moleste ni se persiga a nadie por sus opiniones particulares, siempre que los que profesan
diferentes ideas a las nuestras, no intenten perturbar el orden y envolvernos en nuevas
revoluciones. [...] porque el tiempo de la libertad no se asegura mientras existan entre nosotros
esos enemigos ocultos o descubiertos, siempre inflexibles e irreconciliables. [...] la tremenda
importancia de una sana y patriótica educación inspirada en propósitos acordes con los fines
nacionales generales. [Los jóvenes] para que sean virtuosos y útiles a su país [,] no podrán recibir
esta bella disposición de un maestro enemigo de nuestro sistema.136
Y citando a Artigas sobre los medios de difusión, agregó: «debe velarse para que
no se abuse de la imprenta. La libertad de ella [...] imprime en los malvados el prurito
de escribir con brillos aparentes y contradicciones perniciosas a la Sociedad».137 Si
bien debemos realizar la salvedad de que las palabras de Bordaberry, aun las citas de
Artigas interpretadas por él, no representan la totalidad de la perspectiva del gobierno de
facto luego de 1975, sí debemos señalar esta insistencia en la «libertad restringida» en la
131
WGC. «Los inefables», en El País (Montevideo, 24 de marzo de 1977), 5. Desconocemos a quién
corresponden las iniciales.
132
Precisamente en 1973 fue creada la Brigada de Narcóticos y Drogas Peligrosas en la Dirección
Nacional de Información e Inteligencia (DNII) de la Jefatura de Policía de Montevideo, orientada por
Víctor Castiglioni desde 1970. En el órgano de difusión de la Policía de Montevideo (Orden) Castiglioni
fundamentaba la creación de la brigada en la «teoría de la escalera»: el consumo de drogas va de menor a
mayor, desde la marihuana hasta la heroína. Ver Sin Firma. «Hippies maconheiros», en La Diaria
(Montevideo, 21 de setiembre de 2012), 2; donde se reseña el libro Marihuana y otras yerbas.
Prohibición, regulación y uso de drogas en Uruguay (Montevideo: Debate, 2012) de Guillermo Garat.
133
Caviglia. Psicopolítica (1974), 76
134
Martínez, Martín. «Educar: impartir moral y cultura», en El País (Montevideo, 10 de marzo de 1977),
5.
135
Ver Caetano, Gerardo y Roger Geymonat. La secularización uruguaya (1859-1919). Catolicismo y
privatización de lo religioso (Montevideo: Taurus, 1997).
136
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 565. Negritas nuestras.
137
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 565.

17
vida cotidiana, desde los jóvenes que debían pedir permiso para festejar un cumpleaños,
los medios de comunicación y el medio artístico donde operó mucho más la autocensura
que la censura propiamente dicha y sobre todo en la enseñanza, donde se controlaron y
sustituyeron muchos contenidos, docentes y procedimientos, generando en todos los
casos una especie de limbo donde no se sabía exactamente qué se podía hacer y qué no.
A partir de 1976 los militares explotaron al máximo este temor al error, al punto que
pocas veces se hizo explícita la prohibición y donde todo podía potencialmente afectar
la seguridad de la nación.
Clara Aldrighi señala la injerencia de Estados Unidos en los años previos al golpe
de Estado y en la primera etapa militar, cuando el Departamento de Estado
estadounidense recomendó la reestructura del Servicio de Inteligencia y Enlace (SIE)
creado en setiembre de 1947 (el mismo año que se creó la Agencia Central de
Inteligencia), dando como resultado la Dirección Nacional de Información e
Inteligencia (DNII) en 1967:

[…] en una reunión del CNG con las jerarquías policiales, los ministros del interior y defensa,
comandantes del ejército y la fuerza aérea y el director de inteligencia militar; motivada por el
despliegue logístico mostrado por el MLN entre diciembre de 1966 y enero de 1967. El proyecto
fue presentado por el comisario Alejandro Otero, director de inteligencia y enlace, bajo la guía de
138
[William] Cantrell.
Se recomendó y asesoró en la coordinación de las Fuerzas Conjuntas en 1971,
ante el peligro que representaba el crecimiento de la izquierda bajo la forma del Frente
Amplio hacia las elecciones nacionales; según la autora, «las elites intelectuales y
profesionales uruguayas eran una espina en el flanco de la embajada», preocupación
evidente en el siguiente fragmento, extraído del Country Analysis and Strategy Paper-
Uruguay de abril de 1973:

[…] es necesario revertir el clima derrotista que existe en Uruguay. Una orquestada maquinaria
propagandística marxista y la dominación marxista de la Universidad, de la educación y de los
grupos intelectuales, envenena la atmósfera contra los planes de acción políticos, económicos y
sociales que nosotros apoyamos. Nuestra imagen especialmente entre estudiantes e intelectuales es
139
generalmente negativa.
Caviglia sostenía que era necesario un estudio metódico del marxismo que
permitiera crear una doctrina de contrainsurgencia y educar «a las generaciones futuras
para que progresivamente ocupen los puestos de conducción política que permitan

138
Funcionario de la Agencia Central de Inteligencia adscripto al programa de asistencia policial de la
Agencia para el Desarrollo Internacional en Uruguay. Aldrighi, C. «La injerencia de Estados Unidos en el
proceso hacia el golpe de Estado. Informes de la misión de Seguridad Pública y la embajada en
Montevideo (1968-1973)», en Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 47.
139
Citado por Aldrighi. «La injerencia de Estados Unidos» (2003), 46.

18
construir un orden respetuoso de la naturaleza de las cosas, es decir un Orden
Estructural, verdadero y justo».140 Es decir, urgía la implementación de lo que los
militares llamaban una doctrina nacional «positiva», «coherente» y «anclada en la
verdad objetiva del orden natural»:

La «Doctrina Nacional» debe apuntalar en primer lugar, las verdades naturales que la filosofía
marxista niega y destruye; y debe tenerse presente que el marxismo no es más que la
culminación de un paulatino proceso filosófico de destrucción, de degradación del
pensamiento humano, especialmente del legado cultural greco-latino-cristiano; proceso de
destrucción que hay que conocer para estar en condiciones de poder contrarrestar verdaderamente
141
al marxismo en el plano filosófico.
La doctrina nacional debía tender dos ofensivas complementarias: una destinada a
la recuperación de las mentes de los hombres conquistados por esta ideología y otra a
destruir los principios que la sostenían, recuperando la unidad nacional amenazada por
el marxismo que dividía al país en dos sectores: una minoría (medios) que corrompía a
una mayoría (agentes).142 El autor ponía como ejemplo lo que sucedía en la interna de
las fuerzas armadas: el medio lo representaba la lectura directa de los textos marxistas,
que podía generar la ideologización del militar, por lo que recomendaba el abordaje de
«estudios que al mismo tiempo [resumieran] sus teorías y las [fueran] refutando»;143 y
el agente podía sintetizarse en la figura del general Líber Seregni, que desde el interior
de las fuerzas armadas «contagiaba» el comunismo.
Frances Stonor Saunders recrea, a modo de historia novelada, las peripecias de la
guerra fría cultural, en especial la interna del «Congreso para la Libertad Cultural», un
programa creado en 1950 por la Agencia Central de Inteligencia norteamericana con el
objetivo de contrarrestar la influencia soviética sobre la cultura y los intelectuales del
mundo. El «Congreso» era la fachada de las acciones secretas de la Agencia Central de
Inteligencia en Europa y América (contaba con 35 filiales dispersas por el mundo) en el
campo de la cultura,144 una especie de versión anticomunista, pronorteamericana y
capitalista del «Congreso de Escritores de Berlín Oriental», ideado por la Oficina de
Información Comunista en 1947 para desafiar la «doctrina Truman» y el «Plan

140
Caviglia. Psicopolítica. (1974), 16
141
Caviglia. Psicopolítica. (1974), 131. Negritas en el original.
142
Caviglia. Psicopolítica (1974), 88 y 99.
143
«Para ser abordado, el estudio ideológico del marxismo requiere una previa formación filosófica, es
preciso que la inteligencia esté armada con una sana filosofía. De no estar acostumbrada a razonar, la
lectura de las obras de Marx además de una inútil pérdida de tiempo resultaría peligrosa. Sin dicha
formación filosófica se corre el riesgo de intoxicarse gravemente. En cualquier caso siempre se corre el
riesgo de morir de tedio». Caviglia. Psicopolítica. (1974), 63. Negritas en el original.
144
Saunders. La CIA y la guerra fría cultural (2001), 13.

19
Marshall».145 El «Congreso» estadounidense nucleaba a intelectuales disidentes del
comunismo y reaccionarios defensores del «estilo americano de vida», algunos
realmente convencidos de que Estados Unidos era la cuna del liberalismo y que su
política era de apoyo «a los pueblos libres que se resisten a ser sometidos por minorías
armadas o por presiones exteriores», ayudándolos «a forjar sus propios destinos en la
manera en que ellos elijan».146
Según Saunders, la Agencia Central de Inteligencia fue la primera organización de
inteligencia norteamericana en «tiempos de paz» con el cometido de coordinar la
inteligencia diplomática y militar.147 Creada por la Ley de Seguridad Nacional del 26 de
julio de 1947, donde también se creó el Consejo de Seguridad Nacional, un apéndice
ultrasecreto encomendaba al Director de la Agencia emprender «acciones psicológicas
encubiertas» que apoyasen la política anticomunista, entendiendo por éstas toda aquella
actividad clandestina en naciones extranjeras disimulando el origen estadounidense.148
Esta intervención encubierta se desarrollaba mediante el financiamiento de individuos y
grupos abocados a la lucha anticomunista en el plano local,149 con dinero que provenía
de Estados Unidos y de fundaciones como la Ford150 y la Rockefeller,151 dos ejemplos
de grandes empresarios vinculados a los intereses del gobierno de Estados Unidos. En
Uruguay, la Agencia Central de Inteligencia financió varias agrupaciones estudiantiles
anticomunistas y publicaciones e incluso asesoró e instruyó a personal policial y militar
uruguayo en la lucha antisubversiva bajo la fachada de la «seguridad para el desarrollo»
—que invertía la consigna de 1967 y proponía que la seguridad interna era una
condición necesaria para el desarrollo económico—.152
La presencia cada vez mayor de hechos violentos en la vida nacional y su
interpretación condicionada desde los medios de comunicación habilitó, desde fines de
los años 50, la discusión sobre su legitimidad como instrumento para promover o

145
Saunders. La CIA y la guerra fría cultural (2001), 48.
146
Truman en el «Congreso» (12 de marzo de 1947), citado por Saunders. La CIA y la guerra fría
cultural (2001), 46 y 49.
147
En 2012 el Ministerio de Defensa de Estados Unidos anunció la creación del Servicio de Espionaje
Clandestino, que ejercerá «la inteligencia de defensa más allá de las zonas que ya se encuentran en
conflicto, con el objetivo de anticipar una eventual acción militar», esto es: vigilará incluso a las naciones
con las que se encuentra «en paz». Ver Sin Firma. «Planes para espiar. Washington creó una nueva
agencia de inteligencia llamada Servicio de Espionaje Clandestino», en La Diaria (Montevideo, 27 de
abril de 2012), 9.
148
Saunders. La CIA y la guerra fría cultural (2001), 64-65.
149
Saunders. La CIA y la guerra fría cultural (2001), 92.
150
Saunders. La CIA y la guerra fría cultural (2001), 198.
151
Saunders. La CIA y la guerra fría cultural (2001), 205.
152
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 34.

20
contener el cambio social y una fuerte crítica hacia la democracia, vista como incapaz
de controlar la situación. Por esto, el análisis del período a nivel regional, teniendo por
común denominador la caída de las democracias y la instalación de gobiernos
autoritarios, exige la inclusión del factor de la violencia civil, en tanto condicionó la
percepción social sobre el fenómeno concreto y el proceso de deterioro que se daba en
simultáneo. José Rilla señala que la violencia en nuestro país tradujo la dinámica de la
guerra fría reflejando en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, por
ejemplo, los movimientos de la «nueva izquierda» protagonizados por la revolución
cubana, por un lado, y en los militares golpistas la adecuación de la Doctrina de la
Seguridad Nacional norteamericana por otro.153 En este marco, la visita del «Che»
Guevara a la Universidad de la República en 1961 despertó los bajos instintos de los
anticomunistas, que ahora sin temor a la luz pública reclamaban un respaldo legal y
policial para las prácticas persecutorias que realizaban de hecho.
Los proyectos de leyes de Defensa de las bases fundamentales de la nacionalidad
y de los derechos individuales y Ley de Ordenamiento financiero (que consagraba la
injerencia del poder político en la vida sindical), la campaña orquestada entre políticos y
medios de comunicación contra la Universidad, acusada de ser la vía de infiltración del
comunismo en Uruguay, y el patrullaje de la ciudad por tropas armadas del Ejército
dejaban en claro que el gobierno estaba siendo receptivo a dichos reclamos.154 Dentro
del gobierno el anticomunismo fue defendido especialmente por Benito Nardone, un
gremialista vinculado a la estación montevideana de la Agencia Central de Inteligencia,
«desde donde se implementaban operaciones políticas y de espionaje para evitar la
influencia soviética en el país y en la región y para neutralizar la movilización social y
política que se resistía a varias de las medidas gubernamentales».155 Nardone era líder
de la Liga Federal de Acción Ruralista, surgida en 1951 al escindirse de la Federación
Rural (fundada en 1915), y autor de Peligro rojo en América Latina (1965); su perfil
conservador autoritario, antiliberal156 y proestadounidense lo llevó a apoyar el
derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala y el gobierno de Alfredo Stroessner en
Paraguay, distanciándose del sector herrerista de tradición conservadora, nacionalista y
153
Rilla citado por Marchesi y Yaffé. «La violencia bajo la lupa» (2010), 106. Los autores lo toman de:
Rilla, J. «Prólogo» a Real de Azúa, Carlos. El impulso y su freno. Tres décadas de batllismo y las raíces
de la crisis uruguaya (Montevideo: MEC, 2009).
154
Bruno, M. «La caza del fantasma» (2007), 105-106.
155
Broquetas. «A propósito de las repercusiones del “caso Eichmann”» (2010).
156
Contrariamente, Washington Reyes Abadie señala: «Nardone era liberal; era un hombre de
cosmovisión liberal occidentalista». Reyes Abadie, W. «Cómo conocí a Nardone», en Hoy es Historia 3
(Montevideo, 1984), 12.

21
antiimperialista del Partido Nacional.
El mérito de Nardone, según Washington Reyes Abadie, fue haber «intentado
colocar las bases del modelo de convivencia político-social del Uruguay sobre su
realidad esencial de país agropecuario».157 El historiador refiere a la coincidencia entre
Nardone y Domingo Bordaberry (padre de Juan María), quienes cofundaron el Diario
Rural que Raúl Jacob señala como continuador de La Campaña, el órgano del Partido
Ruralista salteño, con componentes de movimientos de ultraderecha europeos, matriz
católica integrista y afinidad con el corporativismo fascista.158 De hecho, la Federación
Rural respaldó la dictadura de Terra y apoyó el golpe de Estado de Baldomir, línea que
se continuó con la Liga Federal en el apoyo a las medidas prontas de seguridad en 1952
y el pedido de «mano dura» en los 70. Si bien el ruralismo se consideraba artiguista y
por ello suprapartidario (de allí que su escudo tuviera dos franjas, una roja y otra azul,
utilizara «El Pericón» como cortina musical de las emisiones radiales de «Chico-
tazo»159 y revitalizara los «cabildos abiertos» como forma de reunión e intercambio,
suplantando los clubes políticos de los partidos tradicionales), Nardone convocó a los
sectores conservadores de ambos partidos y por necesidad se plegó al liderazgo de Julio
Herrera, de reconocida preocupación por el campo.160
Luego de la muerte del líder blanco, en la interna del partido se produjeron
algunos desplazamientos que llevaron a que el ruralismo quedara en relativa ventaja,
pues si bien estaba en una relación de dos contra cuatro frente al herrerismo, ocupaba
importantes cargos en entes autónomos y servicios descentralizados, así como en la
cúpula militar: «es a partir de estos recambios cuando comienzan a acceder a puestos
de poder los mandos militares ideológicamente más propensos a recibir favorablemente
los postulados de la doctrina de la seguridad nacional [y] la línea conservadora-
autoritaria de Nardone parec[e] ganar un importante espacio de manejo de la cosa
pública».161 Esta faceta derechista del ruralismo, que apoyó públicamente el accionar de
Alerta y arengó a los militares a tomar el poder, provocó la ruptura de viejas alianzas.
Según el historiador Mauricio Bruno, el discurso ruralista intentó asociar la historia y
realidad de nuestro país con la de Estados Unidos y monopolizar la figura de Artigas,
157
Reyes Abadie, W. «Cómo conocí a Nardone» (1984), 11.
158
Jacob citado por Bruno. «La caza del fantasma» (2007), 21. Por más información ver Jacob, Raúl.
Brevísima historia del Partido Ruralista (Montevideo: Arpeador, 2006).
159
Seudónimo de Nardone en radio y prensa. Algunos autores ven una referencia a «Chico Carlo», el
personaje de Juana de Ibarbourou en el libro homólogo, pero no hay nada concreto al respecto.
160
Methol Ferré, Alberto. «¿A dónde va el Uruguay? Reflexiones a través del nuevo ruralismo», en
Tribuna Universitaria 6-7 (Montevideo, 1958), 136-173.
161
Bruno. «La caza del fantasma» (2007), 29.

22
desarrollando un artiguismo apartidario fuertemente antibatllista y contrario a la reforma
agraria,162 que poco tenía que ver con el nacionalismo tradicional. Gabriel Bucheli
señala que el proyecto de Ley de Defensa de la nacionalidad fue promovido por Alerta
especialmente tras la muerte de Serafín Billoto,163 como denuncia al vacío legal para
defender al país de la agresión comunista:164

La justificación de la propuesta se centra en la impostergable necesidad de la defensa del país


amenazado, de «destrucción total», «al amparo de consignas, directrices y apoyo financiero
brindado con largueza por el imperialismo soviético y sus satélites». El país requiere entonces de
la «inmediata sanción de un régimen represivo que tienda a proteger la forma democrática
republicana… consubstanciada desde los orígenes de nuestra nacionalidad con los principios que
nos legara Artigas. […] » Se entiende que existe un vacío legal, ya que «… el Código Penal
vigente [de 1934] no prevee [sic] esta nueva forma delictuosa… simplemente porque en aquel
165
entonces no existían estas manifestaciones de actividad contra la Patria».
Del texto surgía, explícitamente, que la idea había sido planteada a Nardone en
1960 cuando estaba al frente del gobierno y decía contar con su apoyo.166 En 1964 éste
moría y el ruralismo quedaba en manos de Benito Madero, Juan María Bordaberry y
Juan José Gani,167 lo que abrió un nuevo capítulo en la historia del sector. El año
siguiente estuvo marcado por la crisis bancaria, el retorno a los lineamientos del Fondo
Monetario Internacional, la presentación del primer Plan Nacional de Desarrollo de la
Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE) para el periodo 1965-1974 y
una crisis ministerial, pero sobre todo fue un año marcado por el conflicto social y el
recrudecimiento de la represión, haciéndose públicas varias denuncias de torturas a
militantes de toda la izquierda en dependencias policiales.168 En un contexto mundial
inestable («crisis de los misiles» en Cuba, asesinato de J. F. Kennedy, bombardeos en
Vietnam, conferencias de los países no alineados, invasión de Estados Unidos a la
República Dominicana, golpes de Estado en Brasil, Bolivia y Argentina), pensar en el
contacto entre militares uruguayos, brasileños y argentinos para impedir un golpe rojo

162
Bruno. «La caza del fantasma» (2007), 42-43.
163
Billoto era un «trabajador demócrata» que murió en 1961, fruto de un enfrentamiento en un acto de
repudio a la revolución cubana. Por más información ver Di Segni, Rossana y Alba Mariani. «Los blancos
al poder», en Enciclopedia Uruguaya 59 (Montevideo, 1969).
164
El Diario (Montevideo, 14 de diciembre de 1960) y El Día (Montevideo, 15 de diciembre de 1960),
citados por Bucheli, Gabriel. «La radicalización anticomunista a comienzos de los años 60: el caso de la
Asociación para la Lucha Ejecutiva y Repudio de los Totalitarismos de América (Alerta)», en X Jornadas
de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales (Montevideo: Facultad de Ciencias Sociales, 13 y
14 de octubre de 2011b).
165
«1961 Año de la victoria sobre el comunismo», en La Mañana (Montevideo, 19 de enero de 1961), 2.
Citado por Bucheli «La radicalización anticomunista» (2011b). Cursivas en el original.
166
Bucheli. «La radicalización anticomunista» (2011b).
167
Alonso, Rosa y Carlos Demasi. Uruguay 1958-1968. Crisis y estancamiento (Montevideo: Ediciones
de la Banda Oriental, 1986), 35.
168
Broquetas, M. «Liberalización económica, dictadura y resistencia. 1965-1985», en Frega et al.
Historia Uruguaya (2008), 167.

23
en algo así como el último bastión democrático del Cono Sur no sonaba tan
descabellado, al menos no para los que manejaban la opinión pública uruguaya. Temor
que se aprovechó al máximo durante la campaña de las elecciones nacionales a
celebrarse en 1966, resaltando la inoperancia de los blancos en el gobierno ante la
«infiltración comunista» en los sindicatos y la educación, los hechos violentos de la
guerrilla y la crisis económica.
La CIDE había realizado una serie de recomendaciones para que su Plan de
Desarrollo fuera exitoso, que implicaban algunos cambios en la legislación, y con ese
objetivo fueron presentados varios proyectos de reforma constitucional a plebiscitarse
junto a las elecciones nacionales, incluyendo una propuesta interpartidaria que fue la
que finalmente resultó ganadora (papeleta color naranja) junto al candidato a la
presidencia general Gestido, con el 40% de los votos colorados y el 20 % del respaldo
del electorado.169 Gestido murió en diciembre de 1967, dejando en su lugar a Jorge
Pacheco Areco y con él el gobierno dio un vuelco hacia la derecha, tal como se aprecia
en el proyecto de Ley de emergencia y la rápida implantación de Medidas Prontas de
Seguridad que provocaron la renuncia de varios ministros. El nombramiento de un
equipo técnico de corte fondomonetarista, apoyado por el sector de Jorge Batlle,
comprobó el abandono definitivo del modelo batllista para la adopción de uno
neoliberal. Según consigna Demasi, en octubre solo cuatro ministros eran políticos
frente a una mayoría técnica o conformada por empresarios vinculados a los altos
círculos financieros.170
El gobierno de Pacheco, de perfil netamente autoritario (restricción de libertades,
concentración del poder en el Ejecutivo, desconocimiento de los demás poderes y de las
autonomías funcionales, imposición mediante decretos) no tuvo demasiados apoyos,
salvo el de Alianza Nacionalista (PN) liderada por Martín Echegoyen, el sector de
Alberto Gallinal y las gremiales empresariales que pedían «mano dura» y acompañaban
la nueva orientación económica del gobierno.171 Dentro del Partido Colorado, Amílcar
Vasconcellos propuso una alternativa a la Unión Colorada y Batllista y Zelmar
Michelini y Alba Roballo abandonaron el lema para unirse al Frente Amplio, al igual
que el Movimiento Blanco Popular y Progresista del Partido Nacional.172 Hugo Cores
señala que fue la figura de Jorge Batlle en la lista 15 la que alejó a estos senadores,

169
Alonso y Demasi. Uruguay 1958-1968 (1986), 40-49.
170
Alonso y Demasi. Uruguay 1958-1968 (1986), 62.
171
Nahum et al. Historia Uruguaya (1993), 58.
172
Nahum et al. Historia Uruguaya (1993), 64-65.

24
conformando un equipo con otro perfil:

Hay un grupo político-económico que funciona desde la muerte de Luis Batlle. Cuando se
reescriba la cronología en el país, se va a ver que el día que Jorge [Batlle] se quedó con la 15 y
organizó el grupo de [Alejandro] Végh [Villegas], [Eduardo] Paz Aguirre, Julio Mª Sanguinetti,
[Manuel] Flores Mora, y que expulsó […] a los ocho senadores, a Glauco Segovia, Roballo,
Vasconcellos… Ese día se estaba produciendo algo importante en la vida del país: es la ruptura
con la forma uruguaya del populismo, con la concepción estatal y popular que de un modo u otro
venía impulsando Luis. El que lleva adelante esa ruptura es Jorge, que queda un poco dueño de
Acción. Y me parece que ahí lo que hay es el juego de ese grupo de intereses, que […] desarrollan
una gravitación muy grande en algunos sectores de la industria, en particular la pesca. Es un grupo
económico y político de presión que tiene algún grado, también, de promiscuidad con algunos
173
sectores militares.
Frente a la intensa presencia de la violencia (según la opinión pública y los
voceros del Estado, monopolizada por la izquierda), Pacheco encarga la lucha
antisubversiva a las Fuerzas Conjuntas (militares y policías) en 1971 y crea el Estado
Mayor Conjunto (Esmaco) presidido por el general Gregorio Álvarez. También de este
año data la creación del Departamento de Operaciones Psicológicas (Decreto Nº
380/971) que trabajará junto al Ministerio de Defensa en la tarea de «destruir la
voluntad de resistir del enemigo».174 Aldrighi señala que desde la asunción de Kennedy
en 1961, Estados Unidos había desarrollado su política exterior para América Latina
con foco en los programas de asistencia económica y de apoyo para la defensa nacional
y que esta política se reforzó entre 1971 y 1972 ante el crecimiento del Frente Amplio,
señalando como mojones la creación de las Fuerzas Conjuntas y la designación de
personas vinculadas a la línea dura y de confianza de la embajada como ministros y
subsecretarios del Interior y Defensa.175 El Subsecretario para Asuntos
Latinoamericanos del Departamento de Estado de Estados Unidos expresó en 1975 que
su misión era formar un gran imperio y estructurar una política internacional de
preservación de la seguridad nacional de Estados Unidos ante la vinculación de varios
países latinoamericanos con la Unión Soviética. Según el Subsecretario, la única forma
de «rescatar» a estos países de las «garras» del comunismo era fortaleciendo sus
Ejércitos, como sucedió en Brasil, Santo Domingo y Chile.176 Carlos Pirán, secretario
personal de Pacheco, supervisaba el Escuadrón de la Muerte en Uruguay, una
continuación de los «grupos de tareas» de los 60 que luego dio recursos humanos al
«Plan Cóndor»; todo indicaría que Pacheco estaba al tanto del accionar del aparato que,
entre 1970 y 1971, funcionó como una fuerza paralela al Estado y permitió controlar a

173
Cores citado por Dutrénit. El maremoto militar (1994), 282.
174
Altieri. Entrelíneas (1998), 34.
175
Aldrighi en Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 35-50.
176
Citado por Maggiolo, Óscar. La Universidad uruguaya bajo la dictadura (1988), 20.

25
los civiles.177
En 1972 asumió la presidencia Juan María Bordaberry, quien llegaba luego de
haber sido presidente de la Liga Federal de Acción Ruralista, senador por el Partido
Nacional (1963) y ministro de Ganadería y Agricultura durante el gobierno de Pacheco.
Básicamente era un hombre por fuera de los partidos políticos, que una vez al frente del
gobierno estrechó relaciones con el general Augusto Pinochet en Chile y con el mítico
Juan Domingo Perón en Argentina (con quien firmó el «Tratado de límites del Río de la
Plata y su frente marítimo»), mostrando la línea que pensaba seguir. Su gabinete estuvo
compuesto por políticos de la lista 15 colorada y de la 400 de Washington Beltrán, del
echegoyenismo y del heberismo, aun cuando estos dos habían apoyado la candidatura
del general Aguerrondo. Esta negociación fue conocida como «Pacto chico» y prometía,
como contrapartida del apoyo electoral, la preservación de la soberanía y la seguridad
del Estado, la aplicación de reformas modernizadoras en la enseñanza y la
implementación de planes de desarrollo económico.178 Reformas que habían sido
sugeridas y pautadas por el equipo de la CIDE desde hacía años.
El accionar de la guerrilla y la respuesta excesiva de las fuerzas armadas
colocaron al país en el centro de un espiral violento donde ninguno parecía tener el
poder. Esta situación permitió que Bordaberry decretara el estado de «guerra interno»,
habilitando la suspensión de las garantías individuales y respaldando implícitamente el
desborde militar. En poco tiempo se creó la Comisión de Represión contra los Ilícitos
Económicos, primer organismo cívico-militar que dejaría a la luz la corrupción, y varios
sectores políticos y de la sociedad consideraron el golpe de Estado como una salida
deseable. Algunos especialistas señalan que los sectores civiles, en estas situaciones,
«prefieren» el orden y la estabilidad que propone una dictadura antes que la
imprevisibilidad de una guerra como la antisubversiva. La crisis de febrero del 73179
finalizó con un acuerdo entre el presidente y los generales sublevados y la remoción del
flamante ministro y del comandante de la Armada, Juan Zorrilla. Esta «compatibilidad
de la legalidad democrática con la participación de los militares» resultó, como

177
Mc Sherry, P. «Escuadrones de la muerte» (2007), 112.
178
Nahum et al. Historia Uruguaya (1993), 84-85.
179
El presidente Bordaberry designó al general Antonio Francese como ministro de Defensa Nacional y el
ejército y la Fuerza Aérea lo desconocieron, emitiendo los Comunicados 4 y 7, en los que además
planteaban querer una participación activa en la vida política del país. Ver Cuadernos de Marcha 68
(Montevideo, 1973).

26
señalan Magdalena Broquetas e Isabel Wschebor,180 la clave del golpe. Luego de estos
episodios, Bordaberry se reunió con los militares en la Base Aérea «Capitán Juan
Manuel Boiso Lanza», aceptó sus reclamos y creó el Consejo de Estado,
institucionalizando la participación militar en el gobierno. Inicialmente esto fue bien
recibido por el elenco político, a condición de que los militares (históricamente
batllistas) no viraran hacia la izquierda181 y se mantuviera al margen al Frente Amplio,
liderado por el general Líber Seregni y muy cercano al Movimiento por la Patria del
nacionalista Wilson Ferreira Aldunate. El malestar comenzó cuando los militares
quisieron sustituir cargos y vetar designaciones en las direcciones de los entes
autónomos,182 recién entonces los políticos en el gobierno entendieron que los militares
habían llegado para quedarse.
En marzo, las fuerzas armadas divulgaron la venta de oro realizada por el
gobierno el año anterior, mostrando el cambio de intenciones: una vez anulada la
guerrilla, iban por el gobierno. Dutrénit señala que éstas insistían en que la
responsabilidad del pasado no era de los partidos políticos tradicionales sino de sus
dirigentes, lo que explica las discrepancias con Bordaberry que causaron su
desplazamiento del poder en 1976.183 La crisis institucional se precipitó de cara a la
tradicionalmente polémica Rendición de Cuentas al Parlamento. El 27 de junio el
presidente de la República decidió disolver las Cámaras, con la esperanza de contar con
el apoyo de todos los ministros184 pero solo dos firmaron el Decreto Nº 464/973: los de
Defensa doctor Walter Ravenna y del Interior, coronel doctor Néstor Bolentini, en
medio de la huelga general más importante en la historia del país y la solidaria
ocupación de los centros de enseñanza por estudiantes y docentes.185 Las diferencias
entre Bordaberry y los militares se hicieron evidentes en varios aspectos, desde el rol de
los partidos políticos en el quehacer gubernamental hasta la realización de elecciones

180
Broquetas, Magdalena e Isabel Wschebor. «El tiempo de los militares honestos. Acerca de las
interpretaciones de febrero de 1973», en Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 75.
181
Según señalan las autoras, los Comunicados 4 y 7 fueron interpretados como programas
antioligárquicos, antiimperialistas y nacionalistas. Por la coincidencia entre la izquierda frenteamplista y
el batllismo clásico ver, por ejemplo, Duffau, Nicolás. «Figuritas del pasado», en La Diaria (Montevideo,
5 de setiembre de 2012).
182
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 33.
183
El 12 de junio de 1976 el presidente de la República fue finalmente destituido y en su lugar asumió el
presidente del Consejo de Estado, doctor Alberto Demicheli. Ver Dutrénit. El maremoto militar (1994),
27; y Pucciarelli, A. Empresarios, tecnócratas y militares (2004), 42.
184
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 37.
185
Ver Rico, A.; Demasi, C.; Radakovich, Rosario; Wschebor, I. y V. Sanguinetti. 15 días que
estremecieron al Uruguay. Golpe de Estado y huelga general, 27 de junio-11 de julio de 1973
(Montevideo: Fin de Siglo, 2005). También el documental A las cinco en punto.

27
nacionales en 1976, tal como lo establecía la Constitución de 1967. Camino a las
elecciones, la figura del presidente fue desplazada así como el discurso de la defensa de
la Constitución fue cambiando por la propuesta de un nuevo texto redactado por los
propios militares.186 Se conformó el Consejo de Seguridad Nacional (Cosena), presidido
primero por Alberto Demicheli y luego por el general Gregorio Álvarez, dejando en
evidencia el proyecto fundacional con que la dictadura encaraba la nueva etapa. Como
señala Waldo Ansaldi, las fuerzas armadas uruguayas se diferenciaron de las demás de
la región en que no hicieron uso del poder formal en forma directa sino hacia el final del
periodo, cuando el general Álvarez fue designado como presidente de la Junta de
Oficiales Generales en 1981, rumbo a las elecciones internas de 1982 y las nacionales
de 1984.187
La transición a la democracia comenzó con el triunfo del «No» en el plebiscito
constitucional de 1980 y se extendió hasta la ratificación de la Ley de Caducidad vía
plebiscito en 1989. Incluyendo el primer gobierno del doctor Sanguinetti, que algunos
autores refieren como una «democracia tutelada» por los militares, quienes conservaron
parte de su poder y capacidad de presión en los primeros años posdictadura.

186
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 195.
187
Ansaldi citado por Pucciarelli. Empresarios, tecnócratas y militares (2004), 37.

28
2. Breve repaso de las ideas conservadoras en Uruguay

Según Gerardo Caetano, las clases altas de las sociedades latinoamericanas fueron
las encargadas de formular el «evangelio conservador autoritario» en materia política y
si no se desplazaron hacia el autoritarismo fue porque el sistema político bipartidista
supo escucharlas y encausar sus reclamos de clase.188 Carlos Real de Azúa asigna a este
sector uruguayo parte de la responsabilidad en el proceso dictatorial del 70, en tanto
actuó como «factor de amortiguación», confundiendo «privacidad, seguridad,
tranquilidad y ocio como sinónimos de libertad, de justicia, de paz, de bienestar».189
Fue este pensamiento tradicionalista y conservador proveniente del ruralismo, entre
otros, el que propició el avance del autoritarismo que comienza con el pachecato y la
reforma constitucional de 1967. Rico señala que la alianza herrero-ruralista en las
elecciones de 1958 fue la antesala del golpe de Estado de 1973, permitiendo la
reaparición de algunos rasgos provenientes del terrismo y de ciertos grupos e ideas de
derecha latentes en la sociedad y emergentes en la crisis, vertiente que el autor
denomina «liberalismo conservador».190
Durante mucho tiempo los partidos políticos tradicionales fueron como una
segunda piel del Estado.191 El Partido Colorado que se jactaba de ser «el partido de la
civilización» por su afán racionalista, progresista y legalista, definía su identidad en
oposición al Partido Nacional, «el partido de la barbarie» de Rosas y Oribe compuesto
por los sectores conservadores, católicos y aristocráticos.192 El historiador José Pedro
Barrán explica que los sectores conservadores uruguayos tuvieron históricamente dos
vertientes: una laica (católica o no) y otra liberal (anticlerical).193 A las características
defensa del orden establecido y oposición a las reformas, se añadió en la vertiente
católica la diabolización de la revolución y del jacobinismo, socialismo, anarquismo y
comunismo, el desprecio por el racionalismo y el diferente, la exaltación de la autoridad

188
Caetano, G. La república conservadora (1916-1929) (Montevideo: Fin de Siglo, 1992), I: 8.
189
Real de Azúa. Uruguay ¿una sociedad amortiguadora? (1984), 66-89.
190
Rico, A. 1968: el liberalismo conservador. (El discurso ideológico desde el Estado en la emergencia
del 68) (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias-Ediciones de la Banda Oriental, 1989).
191
Panizza, Francisco. Uruguay: batllismo y después. Pacheco, militares y tupamaros en la crisis del
Uruguay batllista (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 1990), 67.
192
Panizza, F. Uruguay: batllismo y después (1990), 43-58.
193
El autor señala que utiliza laico para referir al pensamiento conservador de personas ajenas al clero,
católicas o no, y liberal como sinónimo de anticlerical, con todos sus matices: desde tolerante (Rodó,
Herrera) hasta jacobino (Batlle y Ordóñez, anarquistas y socialistas). Barrán, J.P. Los conservadores
uruguayos 1870-1933 (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2004), 23-24.

29
y la naturalización de la desigualdad social.194 El conservadurismo no católico, por su
parte, si bien compartía la percepción de la revolución como un mal y la oposición al
racionalismo, sustituía la religión por la patria como entidad superior a la legalidad. El
punto de contacto más notorio entre estas vertientes era el rechazo hacia el otro y hacia
el número, tanto que —según el autor— la verdadera disputa entre la burguesía liberal y
la Iglesia no era tanto ideológica sino política: la cuestión radicaba en cuál de ellas
ejercería su hegemonía cultural sobre la sociedad.
La alianza de algunos sectores del Partido Nacional y las clases conservadoras se
produjo progresivamente conforme el batllismo se afianzaba en el gobierno, lo mismo
sucedió con los partidos católicos, los creyentes y la Unión Cívica. El golpe de Terra en
1933 marcó un antes y un después en la política nacional y si bien no fue el primer
golpe ni desgraciadamente el último, estableció una nueva dinámica en la sociedad,
ahora dividida entre «marzistas» (golpistas, terristas o «fascistas») y «demócratas»
(antiterristas). Según Esther Ruiz, en la figura de Terra coincidían posturas de
ultraderecha y conservadoras con ciertos aspectos del batllismo que lo convertían en un
paradigma del período entreguerras. Las sucesivas reformas en 1934 (constitucional),
1935, 1936 y 1938 buscaron, al mismo tiempo, legalizar una situación de hecho y
desanimar las alianzas de la oposición.195 Resulta interesante la mirada de Alpini sobre
este período, quien señala que cierto sector del espectro político (los «nacionalistas
revolucionarios») no se veían a sí mismos como conservadores porque precisamente
buscaban cambiar una realidad que los partidos tradicionales, para ellos los verdaderos
conservadores, alimentaban.196 Curiosamente, en los años 50 los batllistas también
rechazaban el mote, con el argumento de que fueron ellos mismos quienes colocaron al
país a la cabeza del continente y estructuraron una legislación admirada por todos:
«aceptamos el término en tanto nos consideramos conservadores del progreso, de la
justicia y de la libertad», decían.197
Según Francisco Panizza este período acompañó dos procesos fundamentales, uno
regional y otro mundial: el panamericanismo por un lado y la consolidación de Estados

194
Barrán, J. Los conservadores uruguayos (2004), 11-14.
195
Ruiz, Esther. «Del viraje conservador al realineamiento internacional. 1933-1945», en Frega et al.
Historia del Uruguay (2008), 89-93.
196
Alpini, A. «Uruguay: la revolución conservadora (1930-1940)», en Relaciones (Montevideo, octubre
de 2002), 27-28.
197
Efraín González Conzi en 1951 citado por Ferreira. «Los primeros “pachequistas”» (2011). Real de
Azúa sostiene que el esplendor batllista no fue solo fruto de la gestión gubernamental de avanzada sino,
sobre todo, de una coyuntura histórico-económica propicia. Real de Azúa en Nuestra Tierra 34
(Montevideo, 1969), 24.

30
Unidos como potencia mundial por el otro, asimismo señala que la posguerra fue la hora
de los populismos en América Latina, bajo los modelos de Getúlio Vargas en Brasil y
Perón en Argentina.198 A fines de los 50 el neobatllismo realizó un giro conservador
fruto de la crisis económica, la creciente conflictividad social y las inconsistencias del
sistema político, además, como señala Rico, en el marco de la guerra fría comienza un
proceso de recambio de las elites dirigentes que da como resultado una generación de
políticos de ideas conservadoras liberales que defenderán el orden establecido.199 En
este marco, los conflictos sociales provocaron temor en los sectores más conservadores
del país, que comenzaron una campaña de desprestigio que buscaba asociar las
demandas y movilizaciones de trabajadores y estudiantes con el avance del comunismo
en la región.
Los historiadores Rosa Alonso y Carlos Demasi analizan este período de «crisis y
estancamiento» en tres etapas: los años 50 marcados por el desequilibrio económico, los
60 con un aumento de las tensiones sociales y políticas y los 70, donde se concreta el
quiebre institucional.200 Como dijimos anteriormente, la radicalización de los sectores
conservadores uruguayos se hizo patente en las elecciones de 1958 y en las medidas
adoptadas por el gobierno, con un perfil cada vez más autoritario. La alianza herrero-
ruralista encabezada por Nardone obtuvo la mayoría dentro del Partido Nacional y éste
casi el 50 % del total de los votos, la votación más alta en su historia, otorgándole
mayoría absoluta en el Parlamento, sin embargo, las discrepancias a la interna
evidenciaron la particularidad de esta «alianza político-gremial».201 Los «nacionalistas
revolucionarios» del 30 (antisocialistas, antiliberales), los simpatizantes de ideas
fascistas (profundamente anticomunistas) y los antibatllistas (terristas, riveristas,
sosistas, vieristas, herreristas) llegaron a los años 60 bajo otras formas pero con más
fuerzas, aunque el anticomunismo ya no era el mismo, desde la propia construcción del
concepto de enemigo y la materialización de la amenaza —ahora posible— de un golpe
rojo.202
Ernesto Bohoslavsky propone que dentro del sector conservador latinoamericano
existieron varias derechas con al menos dos perfiles: uno liberal, empresarial y

198
Panizza. Uruguay: batllismo y después (1990), 61.
199
Rico. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 56-57.
200
Alonso y Demasi. Uruguay 1958-1968 (1986), 9.
201
Alonso y Demasi. Uruguay 1958-1968 (1986), 32.
202
O’Donnell. Contrapuntos (1997), 98.

31
proestadounidense y otro antiliberal, nacionalista y autoritario.203 El autor explica que
en los años posteriores a la segunda guerra mundial, las derechas liberales
conservadoras tendieron a asimilar el populismo con el fascismo y el totalitarismo, para
luego fanatizarse con el anticomunismo.204 Es decir, la tradición de derecha dominante
hasta entonces era liberal demócrata, antifascista y antitotalitaria, pero a partir de 1947
la identidad antifascista y antipopulista (en Argentina, antiperonista) fue dejando lugar a
otra, donde el comunismo era lo más importante. Esta «nueva derecha» se orientó hacia
Estados Unidos, desarrolló un fuerte anticomunismo (anti-izquierdismo) y promovió la
libre empresa.205
Este planteo coincide con el de Bucheli, quien analiza dos corrientes de derecha
en el Uruguay a principios de los 60: una de matriz liberal, donde entrarían
movimientos como Alerta206 (vinculado al Rotary Club de Montevideo) y el MEDL207 y
sectores como el Ateneo de Montevideo, y otra de matriz fascista, donde el autor coloca
al grupo LOAS208.209 Según el autor, la reacción derechizante de comienzos de los 60
respondió a la percepción de ciertos sectores de la sociedad frente a la penetración de la
izquierda en la cultura y la educación nacionales, especialmente la Universidad donde
predominaba el tercerismo210 que luego desembocó en el marxismo y en una «nueva
izquierda» asociada a la revolución cubana.211 Precisamente, la «nueva derecha»
parecería surgir en el plano de la educación para defender la enseñanza del ataque
comunista materializada en dos propuestas: conquistar a los estudiantes, desplazar a la

203
Bohoslavsky et al. Problemas de historia reciente (2010), II: 23-24.
204
Bohoslavsky et al. Problemas de historia reciente (2010), II: 19-20.
205
Bohoslavsky et al. Problemas de historia reciente (2010), II: 37.
206
Asociación para la Lucha Ejecutiva y Repudio de los Totalitarismos de América.
207
En 1959 el Mondel creó el MEDL, que nucleaba a los más jóvenes del movimiento y se encargaban de
la lucha anticomunista en el plano estudiantil. Según algunos historiadores estaba financiado por la
Agencia Central de Inteligencia.
208
Liga Oriental Antisemita.
209
Bucheli. «El combate por la Universidad: la ofensiva “demócrata” en los albores de los años 60», en II
Jornadas de investigación «Cine, arte y política: aproximaciones desde la historia intelectual» del
Archivo General de la Universidad (Montevideo: Archivo General de la Universidad-Udelar, octubre de
2011a). Bucheli propone que los incidentes entre 1960-62 y 1968-73 forman parte de un solo movimiento
de derecha/s nacional. Hipótesis planteada por el autor en el seminario de tesis de la Maestría en Ciencias
Humanas, opción Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
2012.
210
Ver Real de Azúa. Tercera posición, nacionalismo revolucionario y tercer mundo. Una teoría de sus
supuestos (Montevideo: Cámara de Representantes, [1963] 1996), II. Apéndices: polémica entre el autor
y Arturo Ardao y El tercerismo en el Uruguay de Aldo Solari. Edición especial de las obras inéditas de
Real de Azúa: el tomo I contiene El problema del origen de la conciencia nacional en el Uruguay
(conocido también como El Uruguay como cuestión nacional, 1975) y el III, El poder de la cúspide:
elites, sectores dirigentes, clase dominante (1970).
211
Teoría revolucionaria desarrollada por Ernesto Guevara y Regis Debray. Se trata de la dispersión de
focos revolucionarios en un territorio dado con el fin de desestabilizar el régimen establecido. Ver
Guevara, E. La guerra de guerrillas (Montevideo: Lucha, 1960).

32
izquierda del poder (léase Estados Unidos) dentro de la Universidad y promover la
creación de una Universidad de la República en el Interior del país que descentralizara
dicho poder y abriera el campo a las universidades privadas.212 El autor señala que esta
última iniciativa era respaldada por los «catorcistas»213 y la primera por los
nacionalistas y la Unión Cívica.
A fines de 1968 se creó el Movimiento Pro Universidad del Norte en Salto
concretando un proyecto que databa de los años 40, con la pretensión de reactualizar la
corriente tradicional conservadora del departamento, descentralizar la cultura y
despolitizar la enseñanza; con este fin se creó la Juventud Salteña de Pie, organización
de derecha, antiliberal y anticomunista, que luego se transformaría en la Juventud
Uruguaya de Pie (JUP). Frente a esto, la Universidad de la República decidió adoptar el
proyecto como propio y crear la Casa de la Universidad en la ciudad de Salto (hoy
Regional Norte), generando una división entre aquellos salteños que apoyaban la
descentralización bajo su órbita y los que preferían deslindarse.214 La crisis de fines del
60 provocó el divorcio definitivo entre la Universidad y el poder político y económico
del país, como promotora de la formación de «hombres capaces de pensar y resolver
autónoma y creativamente los problemas del país».215 La Universidad para el
desarrollo, como la denominó el por entonces ministro de Educación y Cultura,
Federico García Capurro,216 dejaba de lado el cogobierno y la tradición educativa
universitaria para volcarse hacia una institución más desarrollista según indicaciones de

212
María Eugenia Jung señala que «la habilitación para crear universidades privadas fue realizada en la
etapa final de la dictadura. las autoridades emitieron un decreto [Nº 343/984] al respecto el mismo día
que fue decretado el cese de la intervención en la Universidad de la República». Jung, M.E. «Educación
Superior y derecha radical. El Movimiento Pro Universidad del Norte de Salto (1968-1973)», en IV
Jornadas de Investigación y III Jornadas de Extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 8 al 11 de noviembre de
2011). Digital.
213
El historiador Pablo Ferreira estudia el desplazamiento ideológico del sector en torno a la lista 14 del
Partido Colorado a mediados de los 50 como un viraje conservador: «el batllismo “pachequista” aparece
como una expresión temprana del cambio ideológico de signo conservador que realizaron una parte
importante de los republicanos y liberales uruguayos en el marco de la crisis y los avances de la
movilización autónoma de la sociedad civil», evidente, por ejemplo, en los editoriales de El Día donde
predominaba un discurso anticomunista. Ferreira. «Los primeros “pachequistas”» (2011).
214
Por más información sobre la Universidad de la República en el Interior del país desde su fundación
hasta 1973, ver Archivo General de la Universidad. Antecedentes históricos de la Universidad en el
interior del país (1906-1973). Cronología y selección documental (Montevideo: Archivo General de la
Universidad-Comisión Coordinadora del Interior, 2012), I. Edición a cargo de M.E. Jung.
215
Maggiolo. La Universidad uruguaya bajo la dictadura (1988), 10.
216
Miembro del Partido Colorado, ministro de Salud Pública en los 50 y de Educación y Cultura ante la
renuncia de Roballo, durante el gobierno de Pacheco. Permaneció en el cargo hasta 1970. Fue consejero
de Estado durante la dictadura. Jung. «Educación Superior y derecha radical» (2011).

33
la CIDE,217 con énfasis en el aspecto técnico y carreras más cortas (curiosamente, este
proyecto fue tomado como suyo por la izquierda en el gobierno desde 2005 y
viabilizado por rectorado de Rodrigo Arocena).218 Si bien el proyecto de entonces se
pausó con la renuncia de Capurro y se sumió en el olvido durante el ministerio de su
sucesor, Carlos María Fleitas, resurgió luego del golpe de Estado ante las gestiones de
Edmundo Narancio, el Rector interventor y nuevo ministro de Educación y Cultura de
la dictadura (1973-1975). En 1975 se reabrió la Casa de la Universidad de Salto, ahora
intervenida, y se dictaron cursos de arquitectura, ingeniería, veterinaria y agronomía.219

217
La CIDE fue creada en enero de 1960 en el marco de la Alianza para el Progreso con el cometido de
elaborar planes de desarrollo que permitieran resolver los problemas económicos y sociales de América
Latina. Estuvo integrada por técnicos y especialistas universitarios hasta 1967, cuando se la convierte en
la OPP y la Universidad de la República decide abandonar el proyecto. Por más información ver Alonso y
Demasi. Uruguay 1958-1968 (1986), 102 y ss.
218
Por más información ver [Link]/blog/
219
Jung. «Educación Superior y derecha radical» (2011).

34
3. El proyecto cultural autoritario

Los únicos remedios que la derecha concibe son la bomba y la cultura.


220
Uno es demasiado radical y el otro es demasiado poco.

Los campos educativo y cultural de las décadas 60 y 70 estuvieron colonizados


por los intelectuales de izquierda, algunos de ellos «de armas tomar». Según Brunner
hay dos formas de entender el papel del intelectual en la sociedad, ya sea con foco en su
relación con la cultura (creador, letrado, artista) o con el poder (político, experto,
ideólogo),221 aunque el modelo de intelectual comprometido haya eclipsado en el
espacio público al intelectual puro a partir del «J’acusse» de Émile Zola.222 Por esto es
que Simone de Beauvoir dice que la palabra intelectual está doblemente condenada: por
la derecha, que la usa en tono peyorativo, y por la izquierda, que desconfía de los
intelectuales porque los considera burgueses.223 El escritor argentino Ricardo Piglia
decía: «[los intelectuales estamos] unidos al mundo burgués por nuestras costumbres y
a la clase obrera por nuestra ideología, no pertenecemos verdaderamente ni a uno ni a
otra. Nadie puede afirmar que nuestra situación es cómoda».224
Las dos tradiciones principales en los estudios sobre intelectuales priorizan la
posición del intelectual respecto a la cultura, tomando por referentes su trayectoria y
ocupación o su relación con el poder, prestando más atención a su función de productor
de ideologías e inserción en las luchas por la hegemonía. Mientras la primera se
corresponde con la perspectiva de Max Weber (de quien Bourdieu toma la noción de
habitus), la segunda lo hace con Antonio Gramsci, quien también recurre a Weber y su
noción de organicidad:225 Weber sostiene que si bien los intelectuales se autoposicionan
alejados de la clase dominante, en los hechos no lo están, y que todo grupo que aspira a
llegar al poder crea sus propios agentes orgánicos; por su parte, Gramsci propone que
hay dos tipos de intelectuales: los tradicionales y los orgánicos, estos últimos

220
De Beavoir, Simone. El pensamiento político de la derecha (Buenos Aires: Leviatán, 1956), 15. Trad.
Osiris Troiani.
221
Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981), 24.
222
En 1898 Zola publicó una carta abierta al presidente de Francia reclamando por la condena al capitán
Alfred Dreyfus injustamente acusado de traidor. El caso fue conocido en todo el mundo como el «affaire
Dreyfus» y dividió, desde entonces, a los intelectuales de «derecha» e «izquierda». Martín Vicente realiza
un recorrido exhaustivo del concepto «intelectual» y del proceso que concluyó con su politización y
posterior vínculo con la izquierda, ver: Vicente, M. «Rastros de azufre» (2008).
223
De Beauvoir, S. El pensamiento político (1956), 20.
224
Piglia citado por Sigal, Silvia. Intelectuales y poder en la década del sesenta (Buenos Aires: Puntosur,
1991), 137.
225
Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981), 28.

35
conectados con clases o empresas que los «utilizan» para organizar intereses, aumentar
su poder y afianzar el control que ya ejercen.226
Parece haber consenso en que todos los hombres son intelectuales cuando trabajan
en la producción y/o distribución de conocimiento, aunque no todos cumplen la función
de los intelectuales en la sociedad.227 La intención de este apartado es reformular la idea
de «intelectual orgánico» que se aplica por defecto a aquellos hombres de ideas,
referentes en su materia, que se incorporaron a los proyectos o al gobierno, para
utilizarlo como categoría en el análisis de civiles que colaboraron con el proyecto
autoritario e incluso fueron funcionarios públicos de la dictadura.
Carlos Altamirano propone que el concepto «intelectual» es irreductible a una
categoría socioprofesional que agrupa a un conjunto de individuos con conocimientos
especializados, generalmente conectados entre sí mediante instituciones, círculos,
revistas, movimientos, etc., y que como en otras elites culturales «su ocupación
definitiva es producir y transmitir mensajes relativos a lo verdadero».228 Edward Said,
por su parte, coincide en que son intelectuales todos aquellos profesionales, expertos y
consultores cuya misión es la de revestir de autoridad las iniciativas en las que
participan, a cambio de beneficios.229 Entonces, la función del intelectual de la que
hablaba Bourdieu230 vendría a ser esta transmisión de lo que se considera «verdadero»,
transformándolo en verdadero durante el proceso mismo de la trasmisión, obteniendo
réditos a cambio.
En todo caso, la caracterización del intelectual, sus funciones y relación con el
poder y la sociedad han ido cambiando a lo largo del tiempo y del lugar y lo que se
considera verdadero y es objeto de transmisión social, también; en definitiva, «el
intelectual no es más que un tecnócrata o un altoparlante», como expresa Ariel
Dorfman.231 Tulio Halperín Donghi sostiene que entre el hombre ilustrado del siglo XIX
y el intelectual moderno no hubo continuidad sino metamorfosis, debido a la
reconfiguración del espacio social donde las elites y los intelectuales desempeñaron

226
Gramsci citado por Said, Edward. Representaciones del intelectual (Barcelona: Paidós, 1996), 23.
227
Gramsci, Antonio. La formación de los intelectuales (México: Grijalbo, [1963] 1967), 24-26; y Said,
E. Representaciones del intelectual (1996), 28.
228
Altamirano, Carlos (Coordinador) Historia de los intelectuales en América Latina (Buenos Aires:
Katz, 2008), I: 14-15. Ed. Jorge Myers.
229
Said. Representaciones del intelectual (1996), 16.
230
Ver Introducción en este trabajo.
231
Ariel Dorfman en Sosnowski, S. (Editor) El intelectual y el Estado: Venezuela-Chile (Maryland,
1980), 48.

36
tradicionalmente su papel.232 En las dos últimas décadas del siglo XIX surgieron en la
región cuatro nuevos arquetipos de intelectual latinoamericano, que en más de una
ocasión coincidieron en una misma persona: el científico (estudioso de las ciencias
sociales, bajo la línea de Comte y Spencer), el militante de la revolución social
(marxistas y anarquistas vinculados a la clase obrera), el modernista (en su «torre de
marfil», al estilo de Julio Herrera y Reissig)233 y el escritor popular de folletines,
generalmente sobre gauchos y motivos nativistas.234 La narrativa del regionalismo o
criollismo tuvo en la cuenca platense un protagonista peculiar: el gaucho. La literatura
gauchesca, cuyo paradigma es el Martín Fierro (1872 y 1879) de José Hernández,
derivó luego de extinguido éste en la literatura campesina, campera o rural denominada
criolla o criollista, en torno a los tipos humanos del peón de campo, el pequeño o
mediano productor y el chacarero. Según Mántaras y Arbeleche, fue de las más
ideologizadas desde sus orígenes, por momentos militante y combativa, otras veces
«enmascaradora y servicial del statu quo de las clases dominantes […] de amplia
difusión popular siempre».235
En el Uruguay del 70 había dos modelos de intelectual vigentes: uno surgido en el
Novecientos y otro en los años 30, el primero de origen pequeñoburgués,
extrauniversitario, generalmente autodidacta y «de café»236 y otro con una fuerte
impronta universitaria, fomentada por la democratización del acceso a la educación
superior. Según el historiador Roberto Ares Pons:

En el Uruguay hubo varias generaciones de intelectuales: los letrados de la Revolución, en cuya


formación intervinieron la escolástica rezagada, la Enciclopedia y la Ideología, la generación
romántica de mediados y fines del siglo XIX, con su principismo y sus brotes «socialistas», la
intelectualidad positivista de fines del mismo siglo. Pero solo en dos instancias podemos hablar de
grupos de «intelligentsia». […] podemos fijar en el 900 el punto de partida de la primera
[generación], que se extiende hasta 1920, mientras la segunda arranca en 1930 prolongándose
237
hasta nuestros días [mediados de los 50].

232
Halperín Donghi citado por Altamirano, C. Historia de los intelectuales (2008), I: 18.
233
La personalidad de Herrera y Reissig es muy interesante. Ver por ejemplo Mazzucchelli, Aldo. La
mejor de las fieras humanas. Vida de Julio Herrera y Reissig (Montevideo: Taurus, 2010); y Romiti,
Elena. «Fuera del sistema-nación: Julio Herrera y Reissig», en Revista de la Biblioteca Nacional 6
(Montevideo: Biblioteca Nacional, julio de 2012), 143-154.
234
Myers, Jorge. «Los intelectuales latinoamericanos desde la colonia hasta el inicio del siglo XX», en
Altamirano. Historia de los intelectuales (2008), I: 47-49.
235
Mántaras Loedel, Graciela y Jorge Arbeleche. Panorama de la literatura uruguaya entre 1915 y 1945
(Montevideo: Academia Nacional de Letras, 1995), 41.
236
«[…] en las mesas del Polo Bamba, en las reuniones del Centro Internacional, interferían la Bohemia
y el Sindicalismo, el Dandysmo y la Anarquía». Ares Pons, R. La inteligencia uruguaya y otros ensayos
(Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 1968), 40. Mayúsculas en el original.
237
Ares Pons, R. La inteligencia uruguaya (1968), 38. Ruben Cotelo aclara en su presentación del libro
que existen dos versiones: una primera, publicada en la revista Nexo en 1955 y una segunda, corregida y

37
La del Novecientos238 fue la primera generación del siglo XX y correspondió con
la segunda ola modernista. Estuvo encabezada, entre otros, por Julio Herrera y Reissig,
Florencio Sánchez, José Enrique Rodó, Delmira Agustini, Ernesto Herrera y María
Eugenia Vaz Ferreira. La bisagra entre esta generación y la siguiente, la del 20, fue la
muerte de Rodó, enmarcada en el «alto» de Viera239y las primeras noticias de la
Revolución Soviética.240 Según Graciela Mántaras y Jorge Arbeleche, Horacio Quiroga
fue la primera figura de la generación pos Novecientos:

[…] Quiroga vuelve visible a un creador hasta ahora fantasmático, envuelto en un halo de
misterio, rareza, escándalo. Ahora pueden contar con él en tanto que escritor: esa otra cosa que no
es ni un orientador de conciencia marcador del «deber ser» (Rodó); ni el dandy caprichoso y
extravagante que se complace en el escándalo (Roberto de las Carreras); ni un artista cultivador
del purismo, las falsas drogas el prescindente (mentiroso) orgullo aristocrático (Herrera y
Reissig); un escritor: alguien que escribe «porque es su orgullo, su pasión y su desgracia» (dirá
mucho después un fronterizo como él: Onetti), pero que además se gana la vida con su escritura:
vive, come de eso.241
Si entendemos por intelligentsia a aquel grupo que reclama la independencia,
como señala Ares Pons, la del Novecientos lo fue solo discursivamente pues de hecho
tanto intelectuales como obreros ocuparon cargos oficiales durante el primer batllismo.
En todo caso, podría hablarse de una «independencia relativa»242 en tanto los
intelectuales se posicionaron como agentes de la clase dominante; y, mientras lo que
Ares Pons denomina la «década rosada» (1930-1940) se debatía entre la izquierda y la
derecha, la intelligentsia uruguaya dejaba atrás sus aspiraciones de independencia y se
volcaba mayoritariamente hacia el polo rojo:

La vasta producción literaria de la generación del 900 era remota e ilegible. Así, segregada de la
historia, rodeada de «tabúes», la nueva promoción de «intelligentsia» rechazaba el ensueño y el
lirismo y tendía hacia el realismo sólido del materialismo dialéctico. […] La línea del VII
Congreso [de la Internacional Comunista, en 1935, posibilitó en nuestro país] el entendimiento, la
parcial fusión [entre la nueva y la vieja intelectualidad]. El resultado fue la constitución de una
nueva «intelligentsia» donde predominó el matiz rosáceo. Las simpatías de la Dictadura, de sus

aumentada, editada como folleto por la Agrupación Nuevas Bases en 1961. En la edición consultada por
nosotros se reproduce la primera versión del texto.
238
El esquema teórico indica que las generaciones emergen cada quince años, para el caso de Uruguay: la
del Novecientos (1895-1910), la del 15 (del 17 o del 20), la del 30 (o del Centenario), la del 45 (del 39 o
«crítica») y la del 60 (o «de la crisis»). Por más información ver Mántaras Loedel, G. y J. Arbeleche.
Panorama de la literatura (1995), 30.
239
Feliciano Viera (1872-1927), presidente de Uruguay entre 1915-1919. Su gobierno detuvo las
reformas iniciadas por José Batlle y Ordóñez (1903-1907 y 1911-1915) y seguida por sus sucesores —
menos Viera—, significando un retroceso político en el proceso de modernización del país. Por más
información ver Nahum, Benjamín (Coordinador) Estadísticas históricas del Uruguay (1900-1950), I
(Montevideo: Facultad de Ciencias Económicas-Udelar, 2007). Disponible en:
[Link]/archivos/estadisticas%20historicas%[Link]
240
Mántaras Loedel y Arbeleche. Panorama de la literatura (1995), 31-32.
241
Mántaras Loedel y Arbeleche. Panorama de la literatura (1995), 32. Negritas en el original.
242
Said. Representaciones del intelectual (1996), 17.

38
hombres, de su prensa, por los regímenes fascistas, contribuyeron a sellar esta fusión que tuvo su
243
apogeo en los años de la guerra de España [1936-1939]...

El golpe de Estado de 1942 devolvió al país su democracia formal y a finales de


los 50 llegó al Río de la Plata un nuevo modelo de intelectual. La «generación crítica»
que se desarrolló entre 1939 y 1969 tuvo por eje el año 1955, marcado por la crisis
económica; la primera promoción de intelectuales fue testigo de la descomposición del
liberalismo y a ella pertenecen los escritores, ensayistas y poetas Mario Benedetti, Idea
Vilariño, Washington Lockhart, Arturo Sergio Visca, Emir Rodríguez Monegal y Carlos
Maggi, entre otros. Según Rama la expresión social de la crisis se hizo patente en las
elecciones nacionales del 58:

Las dos alas que separan el año 1955 pueden definirse por conceptos opuestos: internacionalismo
primero, nacionalismo después. En los años que aproximadamente van de 1938 a 1955, la nota
internacionalista preside la vida uruguaya, otorgándole ese carácter [de] país europeo dentro de
América Latina […] Ese internacionalismo será signado por el progresismo antifascista, la
adhesión a los Aliados en la segunda guerra mundial merced a la cual el país se suma, un mucho
retóricamente, a la guerra contra el Eje […] De 1955 en adelante asistiremos a un renacimiento del
244
nacionalismo que se presenta como un reencuentro con el país.

Gustavo Espinosa señala que la «generación crítica» apareció como consecuencia


y contestación del derrumbe: «Fueron aquellos escritores […] quienes se propusieron
como los oficiantes de la anagnórisis o de la des-ilusión, que venían a revelar
amargamente la falsedad del Uruguay megalómano y optimista, la impostura de
Rodó…».245 El ascenso del Partido Nacional se produjo en parte debido a la
descomposición política y al caudillismo ruralista de Nardone, acompañado por un
equipo de intelectuales signados por el nacionalismo, el agrarismo y la tradición
histórica, entre ellos Washington Reyes Abadie, Alberto Methol Ferré y Carlos Real de
Azúa.246 Precisamente, 1955 es la fecha en que Ares Pons escribe su reseña sobre la
intelligentsia uruguaya, cuando ésta ocupaba casi en bloque la «tercera posición»,

243
Ares Pons. La inteligencia uruguaya (1968), 42-47. Agrupación de Intelectuales, Artistas,
Profesionales y Escritores. Sobre esta agrupación se señala: «[La creación de la Aiape en 1935] le
permitió al comunismo conformar exitosamente un espacio cultural sobre la apelación antifascista y la
“defensa de la cultura” que tuvo efectos perdurables. La reivindicación de la tradición democrática y
liberal contra la barbarie representada por los fascismos se constituyó en el prisma a través del cual los
intelectuales comunistas combinaron su adhesión incondicional a la Unión Soviética con la defensa de
una herencia cultural amenazada por los embates del catolicismo y el nacionalismo tradicionalista».
Rocca, Pablo. Dos revistas culturales de la Guerra Civil española. Literatura e imágenes en Boletín
Aiape y Ensayos de Montevideo 81936-1939) (Montevideo: Sadil-Facultad de Humanidades y Ciencias
de la Educación-Centro Cultural de España, 2009a), 54.
244
Rama, Ángel. «El boom en perspectiva» en Rama, Ángel; Sosnowski, Saúl y Tomás Eloy Martínez.
La crítica de la cultura en América Latina (Venezuela: Biblioteca Ayacucho, 1972), 23-24.
245
Espinosa, Gustavo. «Restaurant Sede Rodó. De la muerte de Ariel al pragmatismo postupamaro» en
Larroca, Óscar (Compilador)...Luego existen. Trece intelectuales uruguayos de hoy (Montevideo:
Cisplatina, 2013), 72.
246
Rama, A. «El boom en perspectiva» (1972), 24-25.

39
donde el autor decía incluirse.247 La segunda promoción de intelectuales conocida como
«generación de la crisis» (1955-1969) incluye a Anderssen Banchero, Methol Ferré,
Ruben Cotelo, Juan Fló, Omar Prego Gadea, Mauricio Rosencof, Heber Raviolo,
Fernando Aínsa y Eduardo Galeano, entre otros.248 Estuvo marcada por la crisis y el
nacionalismo y funcionó como contrapunto de la primera en varios aspectos,
especialmente en la relación entre el intelectual y el medio rural. Según Espinosa,

Se ha dicho que los intelectuales uruguayos de ese período no ejercieron una ruptura respecto a la
generación del 45, la que por esos años («luego de ahincada pelea») ya era parte del mainstream
cultural uruguayo. Por el contrario, se suele sostener que la promoción del 60 tomó epigonalmente,
y en todo caso radicalizó, cierta gestualidad intelectual y política de sus predecesores. Parte de esas
actitudes de la «generación crítica», que fueran luego replicadas, aparecen en la breve y
fragmentaria cita de [Carlos] Maggi.249
Lo que caracterizó a esta generación (también llamada «del 45» o «de Marcha»,
por el semanario en torno al cual gravitó) fue su fuerte descontento e inconformismo,
que la llevó no solo a cuestionar la viabilidad del país sino a construir un
contraimaginario al desarrollado por el primer batllismo.250 El segundo grupo de esta
generación se caracterizó por compartir estos cuestionamientos pero desde una posición
más sociologista y politizada, como se puede apreciar en el surgimiento de revistas
como Tribuna Universitaria de la FEUU y Nexo.251 En 1958 Methol Ferré escribía:
«hemos recorrido el itinerario desde «como el Uruguay no hay» hasta el escepticismo.
Pareciera ya que todo estuviera desviado, sin vocación de deslindes. Que nadie fuera lo
que dice ser».252
Este involucramiento progresivo del intelectual en el mundo de la política se
conjugó en los años 60 con la revolución cubana, proyectando un modelo de intelectual
comprometido (altamente politizado) que luego se radicalizaría en el revolucionario. La
idea de compromiso tomada de Sartre y la influencia del «foquismo» llevaron a que
247
Ares Pons. La inteligencia uruguaya (1968), 58-59.
248
Rama. «El boom en perspectiva» (1972), 51.
249
Espinosa, G. «Restaurant Sede Rodó» (2013), 73. Cursivas en el original. La cita a la que refiere el
autor dice: «El Ariel de Rodó creció y dio sombra reparadora y fruto en un mundo desaparecido. Ya no
nos sirve en sí mismo sino como antagonista. Nos sirve para ir contra él y derribarlo, trozarlo y clavar
los dientes en él (…) Ariel es el lujo de las vacas gordas (…) lo que dice Ariel es verdad, pero al vida es
antes que la verdad; y se nos viene encima (…) la juventud de América —de Latinoamérica que es la que
escuchó de un modo u otro la palabra de Rodó— está enfrentada a otro drama y requiere soluciones y no
consejos sublimes». (2013), 72.
250
Entendiendo por «imaginario» la definición de Bacsko: «representaciones de la realidad social (y no
simples reflejos de ésta), inventadas y elaboradas con materiales tomados del caudal simbólico, [que]
tienen una realidad específica que reside en su misma existencia, en su impacto variable sobre la
mentalidad y los comportamientos colectivos […] todo poder se rodea de representaciones, símbolos,
emblemas, etcétera, que lo legitiman, lo engrandecen y que necesita para asegurar su protección».
Citado por Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 27.
251
Cotelo, Ruben (antología y prólogo) Narradores uruguayos (Caracas: Monte Ávila, 1969), 23.
252
Methol Ferré, A. «¿A dónde va el Uruguay?» (1958), 137.

40
muchos adhirieran a la causa cubana y un grupo de ellos llegara, incluso, a abandonar la
labor intelectual o subordinarla a la lucha armada.

[…] Estas consignas emergen y se convierten en praxis con la aparición, por aquellos años, del
Movimiento de Liberación Nacional. Algunos escritores del 45 (Mario Benedetti, Idea Vilariño,
Sarandy Cabrera), o algunas de sus obras de la época, proclaman pertenencia o afinidad respecto
de la guerrilla. El desprecio literario por los «floripondios» moralizantes de Rodó, por el desapego
de la prédica arielista respecto de la realidad, es análogo al desdén de los Tupamaros no solo por la
retórica de los partidos tradicionales (empantanados en épica vanilocuente y en inoperancia
burocrática), sino también por las construcciones ideológicas y discursivas de la izquierda
histórica, acusada de abstracción e ineficacia para intervenir en la urgencia del drama.253
Algunos se cuestionaron, entonces, si el arte bastaba para cambiar al mundo y si
era posible ser un intelectual y un soldado al mismo tiempo, los que no se involucraban
perdían para el resto el derecho a llamarse intelectuales:

So pena de excluirse del campo, aquellos a los que […] califican de «intelectuales de derechas» ya
no tienen derecho a esa sana inocencia y su afán por afirmar sus franquezas estatuarias de
intelectuales les lleva a distanciarse de las verdades primeras del conservadurismo primario,
aunque para recuperarlas con más fuerza al final de la polémica con los «intelectuales de
izquierdas»: la sencillez o la claridad a las que recurren pretende ser un rechazo deliberado de la
vana complejidad de aquellos a quienes llaman, desde afuera, «los intelectuales», es decir «los
intelectuales de izquierdas». La fórmula generadora de su discurso está contenida íntegramente en
el famoso título de Raymond Aron El opio de los intelectuales [1955], juego de palabras que da la
vuelta al eslogan marxista sobre la religión como «opio del pueblo», en contra de los intelectuales
consagrados a la religión marxista del «pueblo», y en contra de su pretensión al estatuto de
254
despabiladores de las mentes.
La llegada de Allende al gobierno chileno fue una segunda bocanada de aire para
el proyecto revolucionario latinoamericano, esta vez promoviendo una vía socialista,
desarmada. Este nuevo panorama cambió la forma de pensar el cambio social desde la
intelectualidad y el impacto de la revolución cubana siguió desvaneciéndose y
perdiendo pie con la realidad, aunque nunca del todo.
La mayor parte de la bibliografía disponible sobre el período parece coincidir en
que la intelectualidad de la década del 60 procede de la izquierda política, o al menos
postula que lo que interesa del período es el proceso de politización y radicalización de
la intelectualidad de izquierda, por ejemplo los trabajos de Beatriz Sarlo,255 José
Aricó,256 Sigal (1991), Óscar Terán257 y Gilman (2003). Por aquellos años la
pertenencia a la izquierda legitimaba la práctica intelectual y decir «intelectual
progresista» era redundante, dando por sentado que la derecha no tenía ideas y que solo

253
Espinosa. «Restaurant Sede Rodó» (2013), 73.
254
Bourdieu, Pierre. Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario (Barcelona: Anagrama,
[1992] 1995), 330. Trad. Thomas Kauf. Cursivas en el original.
255
Sarlo, B. «Intelectuales ¿escisión o mímesis?», en Punto de Vista 25 (Buenos Aires, 1985).
256
Aricó, J. La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina (Buenos Aires: Puntosur, 1988).
257
Terán, O. Nuestros años sesenta (Buenos Aires: Puntosur, 1991).

41
hablaba de cuestiones sin asidero como la Tradición, Dios y la Patria.258 El otro del
intelectual debía ser el Estado y el motor, el cambio social:259 no había lugar para
reaccionarios y así lo demuestran las críticas que despertó El opio de los intelectuales
(1955) de Raymond Aron y, una década después y por diferentes razones, Emir
Rodríguez Monegal con su revista Mundo Nuevo, publicada en París y financiada por el
«Congreso para la Libertad Cultural» de la Agencia Central de Inteligencia.260 A
mediados de los 50 Aron se preguntaba: «¿Existen estas dos clases de hombres [de
izquierda y de derecha], de filosofías, de partidos, fuera de la imaginación de los
historiadores, engañados por la experiencia del proceso Dreyfus y por una
interpretación discutible de la sociología electoral?».261 Su respuesta era que no, pues
para él no era posible encontrar esas categorías en sentido puro en la realidad o, dicho
de otro modo, «en todos los niveles [existían] los dos tipos de hombres»,262 así como él
mismo podía pertenecer a la izquierda o la derecha según se considerara su opinión
acerca de «la política económica [francesa], del África del norte o de las relaciones
entre el este y el oeste».263 Finalmente, el autor concluía que izquierda, revolución y
proletariado no eran otra cosa que las réplicas tardías de viejos mitos: progreso, razón y
pueblo.264
La perspectiva tradicional sobre las dictaduras latinoamericanas de los 70 deja
afuera, a nuestro entender, algunos aspectos importantes. Si solo atendiéramos el
«apagón cultural», como lo hacen algunos autores (Rocca, Moraña, etc.), estaríamos
dejando de lado una dimensión significativa del proceso por cuanto no fueron todos los
sectores los que se sintieron perseguidos ni la totalidad de las manifestaciones culturales
las reprimidas por el régimen. Los enfoques que emergen en los años 90 sobre el pasado
reciente, preocupados por el aspecto cultural de las políticas dictatoriales (Markarian y
Cosse, Marchesi, entre otros), abrieron la perspectiva hacia la búsqueda de consenso por

258
Gilman. Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina
(Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2003), 42-57. El término «progresista», contrapuesto a
«reaccionario», es utilizado por la autora (2003), 57.
259
Según Rico la noción de «cambio social» estaba asociada en aquellos años «a la idea de
modernización (Gino Germani), desarrollo (pensamiento cepalino y CIDE), liberación (teoría de la
dependencia y teología de la liberación) y, sobre todo, la idea de revolución y sus equivalentes
(marxismo y otras corrientes de la época)». Rico. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 134.
Cursivas en el original.
260
Ver Cortínez, Carlos. «Emir Rodríguez Monegal de vacaciones» (entrevista), México: Revista de
Bellas Artes 31, s/f, 28-38. Disponible en: [Link]
261
Aron, R. El opio de los intelectuales (Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte, [1955] 1967), 15. Trad.
Enrique Alonso.
262
Aron. El opio de los intelectuales (1967), 16.
263
Aron. El opio de los intelectuales (1967), 10.
264
Aron. El opio de los intelectuales (1967), 99.

42
parte del régimen en su afán de fundar una nueva nación. A raíz de estos trabajos es que
se comienza a pensar en los apoyos sociales de los neoautoritarismos en sus diversas
formas (activa, pasiva, indiferencia, desconocimiento, etc.) y a pensar los diferentes
alcances de los proyectos conservadores. Desde los primeros años los militares
intentaron construir el apoyo social que los legitimara en el poder, mediante canales
alternativos a los utilizados por los gobiernos anteriores y dirigiéndose a grupos
específicos de la población:265

La ideología dictatorial asumía una noción que Hosbawm tipifica como de «consenso común»: la
apelación a grupos humanos «considerados como los depositarios de la tradición y la continuidad
histórica». Firmeza, virilidad, confianza, abnegación y austeridad eran virtudes de los hombres de
campo que todos los orientales deberían asumir. Algunas provenían de la herencia hispánica o de
sus principios cristianos; pero otras habían surgido de la victoria sobre las inclemencias del paisaje
266
autóctono, conformando el tipo humano representativo del «alma nacional».

Este proyecto político que buscaba (re)fundar una nueva identidad nacional tenía
varias facetas: fomentar las reformas económicas que permitieran mejorar la situación
financiera nacional y con eso, el nivel de vida de la sociedad uruguaya, para ganar más
adeptos dentro y fuera del país (liberalismo económico); mejorar la realidad del interior,
marcando una distancia con los gobiernos anteriores y erigiéndose como bisagras en la
historia nacional (articulación entre pasado y presente); desarrollar transformaciones
culturales que permitieran construir una nueva identidad, basada en nuevos (viejos)
valores y, en ella, criar las generaciones del futuro (políticas culturales, educativas y
hacia la juventud); recuperar lo que hacía que esa cultura fuera nacional para el
régimen: lo vinculado al interior, reducto de las tradiciones, manifiestas a través de lo
rural, lo nativista y el folclore (fomento de una cultura conservadora).
Una nueva identidad, un nuevo imaginario social, permitirían construir una base
social afín a una democracia que, sin prescindir de los partidos políticos tradicionales,
mantuviera la presencia de los militares y fuera el sostén de un país libre de comunismo,
probablemente antiestadounidense y con una economía neoliberal.

265
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 69-74.
266
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 82. Cursivas en el original.

43
4. El giro conservador a principios de los 70

En 1988 el poeta Jorge Castro Vega se preguntaba si en nuestro país había


existido alguna vez una «derecha cultural» o un «proyecto cultural de derecha». Su
conclusión era que sí y que todo había comenzado con la Ley de Educación de 1973.267
Poco antes del golpe de Estado, Mario Benedetti denunciaba un ataque autoritario
con tres frentes: las leyes de Seguridad del Estado y Orden Interno,268 de Educación269 y
de «servicios culturales»,270 que le otorgaban el control pleno al Poder Ejecutivo sobre
casi todos los aspectos de la vida social del país.271 Estas leyes no eran sino la
materialización del avance del liberalismo conservador (Rico) entre 1968 y 1973:

[…] cuando finalmente se impone la dictadura como un nuevo régimen político-estatal en el país,
muchos de los presupuestos autoritarios, en el plano político, jurídico, discursivo y militar, estaban
ya prefigurados en la institucionalidad democrática (violación a los derechos humanos, torturas,
desaparición forzada, encarcelamiento masivo, tipificación de guerra interna, ampliación de la
jurisdicción militar, militarización de los trabajadores, ilegalización de partidos y grupos políticos,
272
existencia de un Escuadrón de la Muerte, violencia estigmatizadora, etc.).

En 1972 se puso a consideración un proyecto de ley de subvención de servicios


culturales por medio de una Lotería Deportiva (LODE). El mismo tenía por antecedente
la Ley Nº 11.630 del 3 de marzo de 1951 por la cual se destinaba una suma proveniente

267
La cultura es el proceso de producción de fenómenos que contribuye, mediante la representación o
reelaboración simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir y/o transformar el sistema
social y engloba a todas las prácticas e instituciones destinadas a la administración, renovación y
reestructuración del sentido de una sociedad. García Canclini. Ideología, cultura y poder (1997), 60. Las
políticas culturales son intervenciones formales que realiza el Estado sobre el espacio social a efectos de
controlar el campo cultural y sus circuitos o estructuras, el mercado de bienes simbólicos y el acceso
social diferencial a ellos. Moccini, Laura. «Valoración de la democracia y resignificación de «política» y
«cultura»: sobre las políticas culturales como metapolíticas», en Mato, Daniel (Coordinador) Estudios y
otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder (Caracas: Clacso-Ceap-Faces-
Universidad Central de Venezuela, 2002), 189-200.
268
Ley de Seguridad del Estado y el Orden Interno Nº 14.068, del 10 de julio de 1972. Disponible en:
[Link]/leyes/[Link]?Ley=14068&Anchor= y su modificación que
traspasa los juicios de los civiles detenidos a la órbita del Poder Militar:
[Link]/leyes/[Link]?Ley=14099&Anchor=
269
Ley sobre Enseñanza Pública Primaria, Normal, Secundaria e Industrial, denominándola Consejo
Nacional de Educación Nº 14.101 del 3 de enero de 1973. Se la conoce como Ley de Educación General
o Ley de Sanguinetti, por su promotor desde el Ministerio de Educación y Cultura. Disponible en:
[Link]/leyes/[Link]?Ley=14101&Anchor=
270
El proyecto de Ley de 1972 —al que se refiere Benedetti— hablaba de la creación de un Fondo
Nacional de Servicios Culturales, por eso se lo conoce con ese nombre, sin embargo, la ley definitiva
(aprobada recién en junio de 1985) pone el énfasis en la creación de la Lotería Deportivo Social (Lodes).
Disponible en: [Link]/websip/lisficha/[Link]?Asunto=91379. Esta ley tuvo un
añadido en 1986: el proyecto de ley que buscaba crear el Prodes (Pronósticos Deportivos), una nueva
modalidad de juego de azar que en realidad nunca terminó de aprobarse. Proyecto de ley disponible en:
[Link]/websip/lisficha/[Link]?Asunto=91378
271
Benedetti, M. «Embestida contra la cultura», en Marcha (Montevideo, 3 de noviembre de 1972), 6.
272
Rico. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 48 y 29.

44
de la Lotería Nacional para cubrir los gastos de la Comisión Nacional de Educación
Física (CNEF).273 Según resaltaba un periodista anónimo de El Día, el proyecto de la
LODE destinaría el 6 % de lo recaudado a la asistencia de las entidades participantes en
confrontaciones deportivas y el remanente distribuido, por partes iguales, entre el
Tesoro Nacional y el Fondo de Actividades Culturales creado a esos efectos. La
propuesta presentada por los ministros de Educación y Cultura (doctor Julio María
Sanguinetti) y Economía y Finanzas (doctor Francisco Forteza) junto al director de
Loterías y Quinielas (contador Pedro Vidal) intentaba «hacer de todos los instrumentos
culturales del Estado, palancas más dinámicas y más activas en el desarrollo de una
cultura auténticamente popular».274
Al mismo tiempo se creaba un Fondo de Servicios Culturales administrado por el
MEC, destinado a la conformación de un Fondo de Fomento a la Cultura Física y se
establecía la obligatoriedad de la actividad física en la educación pública (lo que sería
reafirmado poco después por la Ley de Educación). Esta nueva etapa implicaba no solo
su obligatoriedad en la educación formal sino la renovación edilicia de plazas y
gimnasios y la realización de festivales y campeonatos deportivos, mostrando el
temprano interés del gobierno de facto en formar a los más jóvenes en valores como el
esfuerzo, la disciplina y el trabajo colectivo.275 Los logros del deporte (al igual que hoy)
eran considerados logros nacionales y la CNEF señalaría, unos años más tarde, estar
«forjando una juventud físicamente apta, moralmente sana y mentalmente capaz,
protagonizando con su patriótico esfuerzo la afirmación de una vida mejor para todos
los orientales».276 Con esta ley se creaban también la Academia Nacional de Ciencias y
el Consejo de Investigaciones Científicas, el Instituto Nacional para el Desarrollo de las
Artes, la Dirección General de Bibliotecas y la Comisión Coordinadora de Bibliotecas
Públicas, la Comisión Técnico Honoraria de Conservatorios Musicales dependiente del
Ministerio de Educación y Cultura, el Instituto Nacional Para las Artes Plásticas y el
Fondo Nacional de Cinematografía administrado por ésta última. Finalmente,
deslindaba del Sodre la administración de la danza y el teatro, que desde ese momento
pasarían al emergente Teatro Nacional, dependiente del MEC y administrado por un

273
Disponible en [Link]/leyes/[Link]?Ley=11630&Anchor=
274
Sin Firma. «Inclusión de la LODE. Fue aprobado el proyecto de ley cultural», en El Día (Montevideo,
19 de agosto de 1972), 6.
275
Por más información ver Marchesi. El Uruguay inventado (2001), Cap. III.
276
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 110-114.

45
director general designado por el Poder Ejecutivo como cargo de «especial
confianza».277
En este marco, la coordinación de las bibliotecas públicas a través del Instituto del
Libro buscaba «reactivar la publicación de algunas colecciones que el país publicó en
otras épocas y [desarrollar] la acción editorial hacia otros ámbitos aún no recorridos
hasta el presente», de lo que se desprende que el boom editorial de los años 60278 no era
considerado una expresión positiva porque había sido encabezado por la generación del
45, esencialmente crítica y signo de quiebre en las relaciones entre el Estado y el campo
cultural. La propuesta de la Ley de servicios culturales buscaba volver a los escritores
del Novecientos —según Sanguinetti— los verdaderos autores del «alma del pueblo»,279
coincidiendo con el parecer de Emilio Oribe:

Nuestra literatura comienza a existir como acontecimiento universalizable con los autores de fines
del s. XIX y con el esplendor, aún no bien comprendido ni destacado, de principios de siglo.
Cuando uno reflexiona sobre lo que representan para el idioma y para la cultura de América,
hombres como Zorrilla de San Martín, Rodó, Vaz Ferreira, Reyles, Sánchez, Herrera y Reissig,
Viana, Vaseur, María Eugenia, etc., no puede menos que reconocer que esa época nos proporcionó
sin exageración, un verdadero milagro. Yo me formé espiritualmente en la admiración hacia la
generación anterior. […] Nuestra generación fue admirativa y no crítica. Nos formamos a la
sombra de esos hombres.280
La Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación creada en
1971 pasaba ahora a la órbita del MEC bajo el control del Poder Ejecutivo, integrada
por los directores generales del Museo Histórico Nacional, del Archivo General de la
Nación, de la Biblioteca Nacional, del Museo Nacional de Artes Plásticas y del Museo
Nacional de Historia Natural, además de un representante del ministerio. Al parecer el
objetivo era colocar la totalidad del campo cultural bajo la órbita del Poder Ejecutivo,
privilegiar la actividad cultural de algunas instituciones nacionales por sobre otras,
entendidas algunas como posibles centros de injerencia foránea. Ciertamente, este
proyecto evidenciaba una mirada conservadora de la cultura y de su vínculo con el
Estado y la sociedad, en palabras del ministro de Educación y Cultura:

[Este proyecto de ley] pretende hacer una gran afirmación nacional de las instituciones culturales
del país. Es decir, de aquellos servicios que en el orden de la ciencia, de la investigación
humanística y de la cultura física, representan instituciones capitales en el desarrollo de la
educación nacional. Se basa y es su filosofía, el pensar que hoy en el mundo contemporáneo, la
acción cultural de los Estados cumple una función que integra el concepto mismo de desarrollo
[…] El propio debilitamiento de los valores fundamentales que el mundo entero vive, es en cierto

277
Sin Firma. «Inclusión de la LODE» (19 de agosto de 1972), 6-7.
278
Sobre el tema ver Rama. «El boom en perspectiva» (1972).
279
Sin Firma. «Inclusión de la LODE» (19 de agosto de 1972), 6.
280
Mántaras Loedel y Arbeleche. Panorama de la literatura (1995), 33-34.

46
modo la consecuencia de una crisis de las instituciones culturales y de un cuestionamiento de los
281
valores que ellas representan.

Carlos Martínez Moreno aplaudió que se quisiera crear un código cultural pero
rechazó el proyecto (con 118 artículos) por considerarlo «un código de las formas
muertas y congeladas de la cultura».282 La Universidad de la República, una de las más
perjudicadas con la propuesta, también se pronunciaba en contra porque el «título y la
mayor parte del articulado se vinculan con la cultura nacional, ámbito en que la
Universidad tiene responsabilidad asignada por Ley. Por otra parte, el proyecto se
refiere concretamente a varios de los cometidos que la Universidad tiene a su
cargo».283 En efecto, el proyecto reducía considerablemente la participación de la
Universidad en el Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica (Conicyt) y
en la Comisión Nacional de Energía Atómica y la suprimía en la Comisión de
Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural. Como si la oposición intelectual y
universitaria no fuera poco, algunos políticos también se mostraron recelosos a la
creación de la LODE. Cuando los ministros Sanguinetti y Forteza presentaron el
proyecto, Carlos Julio Pereyra (Movimiento de Rocha, PN) presentó una contraofensiva
que prohibía todas las formas de apuestas vinculadas al fútbol284 pues, tal como
señalaba Benedetti,

[…] que una ley como la de Servicios Culturales, base su financiación nada menos que en la
LODE (lotería deportiva), habla también de la indignidad fundamental del régimen. Que la cultura
apoye la posibilidad de su incremento, en el incremento de un vicio social […] es elocuente
síntoma de las categorías éticas que maneja el gobierno […] Cabe señalar aquí que en la
introducción al proyecto, se dice con admirable desparpajo: «podría argüirse, con más efecto
retórico que razón, que el juego de azar en general es inmoral y que el Estado no debe autorizarlo
y menos aun explotarlo. El argumento demostraría demasiado y trascendería la específica
cuestión que tratamos, para situarnos en un plano filosófico relativo a los fines del Estado y a los
medios éticamente legítimos para conseguirlos. La doctrina vigente en nuestro país es la que el
juego de azar, cuya práctica no constituye una virtud y cuya afición excesiva es perniciosa,
285
constituye un mal irremediable al que la legislación represiva no consigue extirpar».

Como el vicio era difícil de erradicar, lo institucionalizaban. A pesar del empuje


inicial, en 1979 la propuesta seguía sin aprobarse y un titular de El País señalaba que el
proyecto pasaba a «estudio del Ministerio de Educación y Cultura. Informes favorables

281
Sin Firma. «Inclusión de la LODE» (19 de agosto de 1972), 6.
282
Martínez Moreno, C. «El gobierno custodia sus bienes culturales», en Marcha (Montevideo, 24 de
agosto de 1972), 10.
283
Sin Firma. «Servicios culturales», en Marcha (Montevideo, 13 de octubre de 1972), 5.
284
Chifflet, G. «Reportaje a Carlos Julio Pereyra ¿estatizar la ilusión?», en Marcha (Montevideo, 24 de
agosto de 1972), 15.
285
Benedetti. «Embestida contra la cultura» (1972), 6. Cursivas en el original.

47
en las oficinas de Economía y Finanzas».286 La reseña recordaba que el proyecto había
sido presentado seis años atrás y que entonces se había decidido cubrir el rubro (los
servicios culturales) con los juegos de apuestas ya existentes, básicamente la Quiniela.
El periodista consignaba como antecedente la propuesta del coronel Yamandú Trinidad,
presidente de la CNEF, que había elaborado un proyecto de Ley del Deporte también
rechazado. En 1979 las dificultades radicaban, primero, en la necesidad de un programa
de computación que permitiera registrar apuestas hasta el último momento y determinar
certeramente al ganador y segundo, en la previsibilidad del fútbol nacional, que los
defensores del proyecto de la LODE ofrecían compensar con los resultados extranjeros.
Lejos de descartarse, el proyecto volvía con fuerza y con él regresaba la discusión sobre
el destino de los fondos a recaudar: la Cámara del Bien Raíz, por su parte, proponía
utilizar un porcentaje en la construcción de viviendas para «necesitados» y
«recientemente desalojados», gestionadas por el Banco Hipotecario del Uruguay.287
En junio de 1985 finalmente el proyecto fue aprobado como un «concurso de
pronósticos deportivos» denominado Lotería Deportivo Social (Lodes)288 y mientras la
elaboración del programa periódico del concurso le competía a la CNEF, la Dirección
Nacional de Loterías y Quinielas debía confeccionar y distribuir los formularios
(tarjetas de apuestas) así como encargarse de la recaudación, determinación de los
ganadores y entrega de los premios. La recaudación de las apuestas se distribuiría de la
siguiente forma:

[...] el 33% para el pago de aciertos; b) el 42% para el Ministerio de Educación y Cultura; c) el 8%
para los clubes deportivos afiliados a la Organización de Fútbol del Interior; d) el 8% para los
clubes deportivos afiliados a la Asociación Uruguaya de Fútbol; e) el 4% para los clubes
deportivos que practican fútbol amateur, no comprendidos en los apartados anteriores; y f) el 5%
289
para los agentes receptores por concepto de comisión.
La referencia explícita a la subvención de los servicios culturales llega recién en el
9º artículo, donde se aclara que el porcentaje otorgado al MEC tiene por destino el
«desarrollo y promoción de actividades culturales […] para lo cual se creará el Fondo

286
Sin Firma. «LODE: Proyecto pasa a estudio del Ministerio de Educación y Cultura», en El País
(Montevideo, 3 de enero de 1979), portada. El 23 de marzo de 1977 se había aprobado un nuevo
Reglamento orgánico y de funcionamiento de la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas (Decreto Nº
163/977).
287
Sin Firma. «LODE: Proyecto pasa a estudio» (3 de enero de 1979). El Plan Nacional Quinquenal de
Viviendas (1973-1977) preveía un Fondo Nacional de Viviendas que quedó prontamente desfinanciado.
Ver: Ley Nº 13.728 del 17 de diciembre de 1968.
288
Ley de la Lotería Deportivo Social (Lodes), del 26 de junio de 1985. Disponible en:
[Link]/sesiones/[Link]?Url=/sesiones/diarios/senado/html/19850625s00
[Link]
289
Ley de la Lotería Deportivo Social (Lodes), del 26 de junio de 1985.

48
Nacional de los Servicios Culturales».290 La exposición de motivos del senador Luis
Bernardo Pozzolo (PC) resaltaba el desfinanciamiento de la cultura y los servicios
culturales, la inexistencia de programas de desarrollo y difusión cultural, la falta de
recursos económicos para actualizar el acervo de la Biblioteca Nacional y promover las
ediciones del MEC, así como para el funcionamiento elemental del Instituto del Libro y
de las Comisiones Editoras, luego se refería con pesar al incendio del Auditorio del
Sodre que había ocurrido quince años atrás y no había señales de restaurarlo.
Finalmente, felicitaba la llegada de la ley de servicios culturales que en países como
Brasil (según el senador, desde 1969, con destino a los programas de Asistencia a la
familia, infancia y adolescencia, Educación física y deportes y Alfabetización) y
Argentina (desde 1971, con destino al Ministerio de Bienestar Social) ya se encontraba
vigente.291
En enero de 1986, tan solo seis meses después de aprobada la ley de creación de
la Lodes en Uruguay, se propuso constituir el Prodes, un juego de pronósticos
deportivos similar al de los países vecinos.292 En el Diario de Sesiones de la Cámara de
Senadores, entre el 8 y 9 de enero de 1986, aparece la discusión sobre el proyecto que
finalmente no fue aprobado.293 El senador Carlos Cigliuti (PC) puso a consideración
levantar el receso de la Comisión de Hacienda, donde se encontraba en esos momentos
el proyecto para su estudio,294 a efectos de tratar cuanto antes el tema y llegar con la ley
vigente a mayo de 1986, fecha del Campeonato Mundial de Fútbol con sede en
México.295 La Cámara de Senadores negó la solicitud pero antes se produjo un
intercambio con argumentos a favor y en contra casi calcados de las discusiones sobre la
creación de la LODE en 1972. El senador Cigliuti argumentó que el Prodes sería de
«extraordinaria importancia» para las instituciones deportivas y el Consejo del Niño,
canalizando los beneficios que hasta entonces concentraban otras personas u empresas.
La inclusión del Consejo del Niño resulta una novedad. Según Cigliuti, el fomento del
juego de pronósticos permitiría, en resumidas cuentas, sacar a la juventud de otros sitios

290
Ley de la Lotería Deportivo Social (Lodes), del 26 de junio de 1985.
291
Ley de la Lotería Deportivo Social (Lodes), del 26 de junio de 1985.
292
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores (Uruguay, 8 al 9 de enero de 1986), 315-318.
293
El proyecto fue rechazado el 14/7/1993. Hacienda lo tuvo a estudio entre 1986 y 1991 y desde
entonces hasta 1993 se dio una discusión que concluyó en el rechazo. Las sesiones están disponibles en:
[Link]/websip/lisficha/[Link]?Asunto=81378
294
Desde la Ley Nº 11.923 de 1953 la Administración Nacional de Loterías y Quinielas dependía del
Ministerio de Hacienda, luego Ministerio de Economía y Finanzas. Ver: [Link]
295
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores (Uruguay, 8 al 9 de enero de 1986), 317.

49
y reencauzarlos a las canchas de fútbol y las plazas de deportes.296 En la posición
opuesta, el senador Carminillo Mederos (PN) consideraba que el país se había
transformado en una «inmensa “timba”», que con la promoción del juego se corrompía
al pueblo y a la juventud y que, en definitiva, el proyecto era un «vejatorio de la
dignidad nacional».297 Finalmente, se despachaba diciendo: «el legislador tiene que ser
fundamentalmente un docente y tiene que rechazar estos fenómenos que tienden a
degradar al ser humano. […] El Uruguay está enfermo de juegos de azar. Lo que
necesitamos son fábricas trabajando».298
Rico señala que «desde fines de los años sesenta, lo que ha variado
definitivamente con relación al Uruguay batllista y neobatllista es la fundamentación
de los motivos de la obligación política para los ciudadanos y del principio de
autoridad estatal para la sociedad».299 Es decir, desde el pachecato se dispuso una
«praxis legal-autoritaria» que escaló hacia el golpe de Estado y preparó el terreno para
el abuso de poder sobre todo desde la sospecha de fraude electoral del 71, la asunción
de Bordaberry en enero y el estado de guerra interno decretado en abril de 1972, éste
último reemplazado por la Ley de Seguridad del Estado y Orden Interno (Nº 14.068) en
julio de ese mismo año. Finalmente, la Ley de Represión y Prevención de Ilícitos
Económicos, de noviembre de ese año, terminó de establecer el nuevo escenario.
La ley de Seguridad de Estado estaba orientada al control de la subversión, más
que nada comunista, al igual que su modificación (Ley Nº 14.099 del 22 de diciembre
de 1972) tenía como objetivo al sector civil revolucionado, habilitando la posibilidad de
realizar juicios militares a cualquier sospechoso de sedición. A grandes rasgos aludía a
la competencia militar en los delitos de lesa nación y un sinfín de variedades que
implícitamente tenían por cometido penalizar el accionar guerrillero: atentado contra la
integridad del territorio nacional, inteligencia con el extranjero con fines de guerra,
atentado contra la Constitución, asociaciones subversivas y asistencia a estas
asociaciones, etc. Asimismo dedicaba un capítulo a los delitos de imprenta: divulgación
maliciosa de noticias falsas, excitación al desprecio de la Nación, apología de personas
requeridas por la justicia. Entre las «Disposiciones Generales» se modificaban algunos
artículos de la Ley Nº 13.892 del 19 de octubre de 1970 referidos a las autoridades
militares encargadas de los juicios, autorizando a actuar como Jueces Militares a

296
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores (Uruguay, 8 al 9 de enero de 1986), 316.
297
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores (Uruguay, 8 al 9 de enero de 1986), 316.
298
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores (Uruguay, 8 al 9 de enero de 1986), 318.
299
Rico. Cómo nos domina la clase gobernante (2005), 54.

50
«coroneles o capitanes de Navío que no posean título de abogado». Lo más interesante
quizás sea lo que aparece hacia el final, en el artículo 45 sobre la promoción y ascenso
de los Oficiales de Policía, «sin necesidad de haber cumplido con aprobación del curso
de pasaje de grado» y en el 46, donde se deja en suspenso por cuatro años los mínimos
exigidos por la Ley Orgánica Policial (Decreto Nº 75/972 del 1º de febrero de 1972).
El avance del Estado policial se complementó en febrero con la creación del
Cosena (Consejo de Seguridad Nacional) por Decreto Nº 163/973 del 23 de febrero de
1973, con influencia sobre el campo económico y social, pues se trataba de una
coordinación entre los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores, Defensa y
Economía y Finanzas, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y la Junta de
Comandantes de las tres armas; y en abril con la creación del Esmaco por Decreto Nº
239 del 3 de abril de 1973, con injerencia en el campo político. Luego, el 1º de junio de
1973 se aprontó el golpe con el Decreto Nº 393 que suspendía indefinidamente las
garantías individuales, invocando el artículo 168 de la Constitución de 1967. Esta
suspensión habilitó la detención de personas sospechosas, algo que se hizo corriente
especialmente a partir de la Ley Orgánica Militar de 1974 por la que se las encargaba de
la defensa de la seguridad nacional, un concepto que sufre una redefinición en la nueva
coyuntura.
La Ley de Educación General o «Ley Sanguinetti» como se la conoce fue
aprobada en enero de 1973 y, según Antonio Romano, dio cuenta de la centralidad de la
educación para las nuevas autoridades, significando una ruptura con la tradición de
autonomía educativa y una continuidad con lo que vino después, la intervención.300 El
texto de la ley exponía que «Su meta esencial [era] asegurar, coordinar y armonizar la
adecuada educación permanente de todo el pueblo oriental, la continuidad del proceso
educativo personal, la constante superación de todos los miembros de la comunidad, la
defensa de la soberanía nacional, el orden y la seguridad integral del Estado y el
desarrollo del país».301 La incorporación de la idea de desarrollo a la educación venía
de mediados de los 60 por influencia de la CIDE, cuyo «Plan de Educación» era un
engranaje más en el Plan Nacional de Desarrollo 1973-1977. La CIDE recomendaba
orientar la educación hacia el crecimiento económico, respaldado por la calidad de la
mano de obra, y la creación de un Consejo Superior de Educación que estableciera las

300
Romano, Antonio. De la reforma al proceso. Una historia de la Enseñanza Secundaria (1955-1977)
(Montevideo: Trilce, 2010), 109.
301
Disponible en: [Link]/leyes/[Link]?Ley=14101&Anchor=

51
líneas generales de política educacional y una Oficina de Planeamiento Educativo.302 Y
esto fue lo que hizo, precisamente, la Ley de Educación: en su Capítulo II, artículo 7,
creó el Consejo Nacional de Educación (Conae) que pasó a regir, coordinar y
administrar la enseñanza pública primaria, normal, secundaria e industrial, colocando a
los consejos anteriores (Enseñanza Primaria y Normal, Enseñanza Secundaria y
Universidad del Trabajo del Uruguay) bajo la órbita de tres consejos nuevos; en su
Capítulo XII, artículo 51, creó la Comisión Coordinadora de la Educación con la
competencia de coordinar la educación pública entre el Conae y la Universidad de la
República y en el Capítulo XIII, artículo 53, la Oficina de Planeamiento Educativo en la
órbita del MEC para la actualización permanente de la administración de la educación y
sus métodos de planeamiento en correlación con los planes de desarrollo nacional.
El Conae estaba integrado por cinco miembros que duraban cinco años en sus
funciones y eran designados por el presidente de la República en acuerdo con el
Consejo de Ministros (capítulo IV, artículo 15). El presidente y vice-presidente del
Conae se denominaban rector y vicerrector, nominados por el Poder Ejecutivo. Entre las
competencias del Conae estaba, por ejemplo, el «ejercer una estricta vigilancia sobre la
forma en que se mantiene el orden en dependencias del Ente, y se preservan los
principios del orden democrático y republicano por parte de todos sus funcionarios y
educandos», así como dictar su propio reglamento. Por su parte, los nuevos consejos
estaban integrados por tres personas designadas por el Conae. El Consejo de Educación
Primaria debía velar por el uso de la lengua materna así como promover la laboriosidad
del niño,303 exaltar los valores de la familia y de la nacionalidad. Los maestros tenían
entre sus obligaciones presentarles a los jóvenes un «análisis objetivo de las
manifestaciones sociales, políticas, económicas, técnicas y morales del mundo» y
prepararlos para el desempeño de un trabajo «útil y adecuado al desarrollo del país»
(artículo 12). Otra vez nos encontramos ante un lenguaje desarrollista, tal como aparece
en las competencias del Consejo de Educación Secundaria Superior: «orientar la
formación de los profesionales que el país requiere en las diversas ramas de la ciencia,
las letras y la tecnología, de acuerdo con criterios de eficacia social, para contribuir al
desarrollo nacional» (artículo 13). Lo más notorio en esta amalgama entre ideología

302
«Plan de Educación» de la CIDE citado por Garcé, A. Ideas y competencia política en Uruguay (1960-
1973) Revisando el «fracaso» de la CIDE (Montevideo: Trilce, 2002), 68-69.
303
La idea de laboriosidad será retomada durante la dictadura como modelo de hombre humilde y
trabajador, en referencia explícita al trabajador rural en oposición al ciudadano urbano, que
supuestamente se deja convencer por ideas foráneas, no defiende a su patria y se subleva.

52
desarrollista y adoctrinamiento moral que atraviesa la ley aparece cuando se refiere al
poder paternalista de las autoridades de la educación:

Los directores de establecimientos de educación deberán emplear la diligencia propia de un buen


padre de familia en el cumplimiento de sus obligaciones funcionales, así como para vigilar,
prevenir daños y hacer desistir a los educandos de cualquier actitud o comportamiento incorrecto,
reputado ilícito o prohibido, no permitiendo que los educandos experimenten presiones o
304
compulsiones individuales o colectivas.
Los egresados de la educación pública debían servir al país, estudiando carreras
que la nación necesitaba para desarrollarse económicamente y competir a nivel mundial
y por otro lado, el espacio educativo debía ser una extensión del familiar, donde la
autoridad tenía deberes paternales y no solo funcionales. Lo mismo sucede con el
artículo 39 de las «Disposiciones Comunes», donde se les exigía «conducta moral
acorde con sus obligaciones» a los directores de las instituciones educativas. El resto
del articulado insiste en la delación, el control, la vigilancia, la sumisión al sistema y
deja abiertas ciertas puertas que luego durante la intervención fueron aprovechadas
como, por ejemplo, la capacidad de trasladar funcionarios sin su voluntad, cesarlos,
designarlos en forma directa, etc.305 En definitiva, señala Romano,

Lo que se está poniendo en juego es un nuevo concepto de la autoridad que, en nombre del orden y
la paz, reafirme su primacía a cualquier costo. Todos debemos rendir culto al principio de
autoridad. Orden y autoridad pasan a fusionarse, subordinando la ley a su arbitrio. La suspensión
de garantías individuales que votó el Parlamento no abarca solamente la defensa legal en los
juzgados, sino que también tiene una traducción en términos de funcionamiento cotidiano en las
306
instituciones educativas.
Dice Sanguinetti, en su libro sobre la caída de la democracia, que a mediados de
los años 60 nace un nuevo grupo social que no comparte las necesidades económicas de
los «más pobres» y que se instala como un factor de «permanente revuelta».307 El ex
mandatario parecería estarse refiriendo a los jóvenes estudiantes de clase media; y
agrega: «En este ambiente liceal sopla un fuerte viento de izquierda, que viene de un
profesorado al que llega el cambio de signo de la intelectualidad nacional,
encolumnada ahora tras la revolución cubana. Los mentores intelectuales de la
rebeldía, literatos o universitarios, seducen a los docentes medios y estos, a su vez,
trasladan ese sentimiento revolucionario a sus alumnos».308 Si entendemos bien,
Sanguinetti no solo subestima el espíritu crítico de los estudiantes sino también el de los

304
Capítulo VII, artículo 20. Negritas nuestras.
305
Para un análisis riguroso del texto de la Ley ver «La Ley 14.101» en Romano (2010), 109-113.
306
Romano, A. De la reforma al proceso (2010), 113.
307
Sanguinetti, J. M. La agonía de una democracia. Proceso de la caída de las instituciones en el
Uruguay (1963-1973) (Montevideo: Punto de Lectura, 2010), 32. Negritas nuestras.
308
Sanguinetti. La agonía de una democracia (2010), 32.

53
docentes de Secundaria, que supuestamente se dejaron seducir por las ideas de los pares
universitarios, los verdaderos mentores de la rebeldía. Y fiel a su versión de la historia,
añade: «No se sabe bien dónde termina el movimiento estudiantil y dónde empieza la
organización subversiva».309 Lo que nos interesa es evidenciar cómo cuarenta años
después el discurso conservador se mantiene fiel a sus argumentos en contra de la
movilización estudiantil entendida como vía de ingreso y apoyo de la subversión,
justificando una y otra vez el accionar represivo del gobierno autoritario con el fin de
salvaguardar las instituciones amenazadas por estudiantes, obreros y tupamaros, tipos
sociales que —según se desprende del texto— eran tratados como la misma cosa.
Si, como decía el ministro de Educación y Cultura en 1972, el mundo
contemporáneo atacaba las instituciones y valores culturales obligando al Estado a
desplegar acciones culturales que contenían en sí mismas el concepto de desarrollo, la
lectura de Benedetti era acertada: mediante las tres leyes (de Seguridad de Estado,
Educación y Servicios culturales) el Estado buscaba detener y reencauzar el proceso que
vivía la sociedad y la cultura a comienzos de los 70, cuando las transformaciones de los
60, especialmente aquellas promovidas por la revolución cubana y el mayo francés, ya
no tenían marcha atrás.310

309
Sanguinetti. La agonía de una democracia (2010), 74.
310
Ver Trochón, Yvette. «El sexenio crítico (1967-1973)» en Escenas de la vida cotidiana. Uruguay
1950-1973. Sombras sobre el país modelo (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2011), 307-360.

54
5. Estudio de caso: civiles uruguayos en el gobierno de facto

El desarrollo del proyecto conservador de la dictadura uruguaya suele ubicarse en


el llamado «ensayo fundacional» entre 1975 y 1980, sin embargo algunas ideas venían
de antes. En el plano estatal podemos mencionar el Movimiento Pro Universidad del
Norte nacido en Salto en 1968, la intervención de Secundaria en 1971 y la Ley de
Educación del doctor Sanguinetti, como ejemplos del avance de ciertas corrientes
conservadoras y liberales. La conformación de las Fuerzas Conjuntas en 1971 y la Ley
de Seguridad de Estado y Orden Interno, ambas de 1973, son dos hechos significativos
al momento de pensar el «proceso de degeneración de la democracia» (Rico).
Luego del golpe de 1973, la conformación del Cosena y del Esmaco revelan la
relevancia que va tomando la doctrina segurista entre los civiles y militares del
gobierno, lo que se explicita con la nueva Ley Orgánica Militar de 1974. En 1975, con
los festejos del Sesquicentenario de los hechos de 1985 y los ciento veinticinco años del
Desembarco de los Treinta y Tres Orientales en la Agraciada, el «ensayo» toma forma:
la creación de la Dinarp da cuenta de la necesidad que siente el régimen de transmitir lo
que hace y por qué lo hace, en definitiva, la búsqueda del consenso social que lo
legitime. La constitución del «Año de la Orientalidad» y de la Comisión Nacional de
Hechos del Sesquicentenario, el llamado a concursos para crear la condecoración
«Protector de los Pueblos Libres general Artigas» y la proyección arquitectónica del
Mausoleo (que se concretará en 1977) son coherentes con la justificación histórica del
discurso y accionar del régimen cívico-militar. A saber: la recuperación de la figura de
Artigas, mal habido en manos de la izquierda en los 60, de regreso a su hogar, el seno
militar; la exaltación de la cultura del Uruguay profundo, el Interior en oposición a la
ciudad de Montevideo, capital batllista por excelencia y, por extensión, la preferencia de
las manifestaciones nativistas, criollistas, gauchescas, etc., por sobre lo urbano y lo de
ascendencia europeísta (y, para algunos sectores del gobierno, también por sobre lo
estadounidense, fundamentado en el profundo antiimperialismo característico de
nuestras fuerzas armadas). Los festejos del «Año cívico-literario» también en 1975,
junto a la conmemoración del «Año de la Mujer» declarado por la ONU, permite
reconocer en la figura de Juana de Ibarbourou a la escritora ideal y el centenario de los
nacimientos de algunos escritores del Novecientos (Julio Herrera y Reissig, María
Eugenia Vaz Ferreira, Florencio Sánchez) le permite al régimen adscribirse a una de las
referencias más fuertes de la cultura letrada nacional.

55
En 1975 se concreta la creación de la Casa de la Universidad en Salto, una forma
de debilitar a la Universidad ya intervenida, y en 1976 se reforman los planes de estudio
y se producen diversas reestructuras a la interna del sistema educativo, por ejemplo, la
creación y eliminación de carreras universitarias y el traslado de carreras de una
facultad a otra, la disminución de 4 a 3 años en el Instituto de Profesores «Artigas» (lo
que lo dejaba por fuera del rango de «educación superior»), con las diversas
consecuencias que todo esto conlleva. Por estos años se reforzó la persecución política
dentro de la educación, en todos sus niveles, consiguiendo generar vaciamientos en
ciertas áreas de enseñanza e investigación, así como un aumento del número de
exiliados y presos políticos. En 1978 el Ministerio de Educación y Cultura emprende
una campaña de «buen uso del idioma» contra las voces vulgares o populares de la
lengua y los extranjerismos de origen brasileño y estadounidense, que reproduce el
purismo lingüístico y nacionalista que respaldó la creación de las academias uruguayas
de la Lengua en 1923 y de Letras en 1943.
En todo caso, el público objetivo de la mayoría de las medidas adoptadas por el
Estado durante la dictadura fue la juventud y los niños, lo que se percibe claramente en
las iniciativas en materia cultural que vieron luz en 1979, el «Año del Niño» declarado
por la Unesco: la película Gurí (sobre un niño huérfano que se convierte en gaucho), el
disco «Gurí. Folclore para niños» y los numerosos festivales musicales, entre otros,
todos de corte nativista y con énfasis en la cultura gaucha como el mejor exponente del
Interior del país, un folclore que a diferencia del surgido en los 60 y principios de los 70
no «protestaba». Si bien este interés por los niños y jóvenes continúa un poco más, con
la realización del «Mundialito» (o «Copa de Oro de Campeones Mundiales» como fue
designado oficialmente) de 1980-1981, en conmemoración del cincuentenario de ese
primer campeonato en 1930, cuya mascota era un niño con una pluma en la cabeza (por
aquello de la «garra charrúa»), vestido con la camiseta de la selección nacional,
pateando una pelota con rayos como el sol de la bandera uruguaya (con reminiscencias
del sol en el logo del Sesquicentenario). A pesar de que nuestro país salió campeón,
igual que en 1930, el «ensayo» se eclipsó con el resultado del plebiscito de reforma
constitucional impulsado por el régimen para perpetuarse, seguramente envalentonados
por la experiencia chilena.
En 1981 Gregorio Álvarez sustituye a Aparicio Méndez y comienza el proceso de
retorno a la democracia, con las elecciones internas de 1982 y las nacionales de 1985, y
que a pesar de concretarse con la asunción del doctor Sanguinetti en 1985, no es visto

56
como una democracia plena sino hasta después de 1989, con la ratificación de la Ley de
Caducidad y la clausura (temporal) del «pasado reciente».
Para entender qué sucedió con el campo cultural uruguayo entre 1975 y 1980,
durante el último año del gobierno de Bordaberry y los primeros años del gobierno de
facto, acudiremos a la trayectoria de cuatro civiles que se incorporaron al régimen a
partir de un vínculo funcional. La idea subyacente es que estos civiles desempeñaron
cargos públicos pero fueron en su mayoría hombres de ideas, verdaderos intelectuales,
algunos de ellos referentes de sus áreas de competencia. Primero repasaremos la
actuación de Eduardo Darino, que trabajó junto a la Dinarp en 1979 para la realización
de la película Gurí; luego la de Arturo Sergio Visca, director interventor de la
Biblioteca Nacional entre 1976 y 1984; seguiremos con la de Miguel Ángel
Klappenbach, decano interventor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Universidad de la República entre 1974 y 1984; y, finalmente, abordaremos la de
Fernando Assunçao, asesor del régimen en temas folclóricos e históricos, especialmente
como parte de la Comisión Nacional de Hechos Históricos que desplegó una serie de
actividades en 1975 y después.
Intentaremos recomponer el campo cultural durante el período a partir de las
actuaciones de los civiles intelectuales funcionarios del Estado seleccionados y a partir
de sus diferentes posturas frente al proyecto conservador, lo que nos permitirá ver los
matices que esa colaboración civil pudo adoptar. Estos civiles fueron elaborando una
justificación de su participación de acuerdo a su grado de compromiso con las ideas
conservadoras del régimen; las trayectorias muestran, de hecho, el proceso vivido por
cada uno antes, durante y después del período dictatorial. Sus participaciones deben
analizarse a la luz del momento que estaban viviendo y considerando, al mismo tiempo,
quiénes eran y qué procesos personales vivían. A lo largo del repaso, desde Darino que
realizó un trabajo puntual y se mantuvo «ajeno» a las ideas de la dictadura, hasta
Assunçao, un civil jugado por la causa, pasando por Visca, un intelectual indiferente por
las acciones ilegítimas del gobierno de facto, y Klappenbach, un oportunista que no
desaprovechó la chance de implementar su propio proyecto interventor; parece evidente
que las ideas conservadoras y de derecha jamás desaparecen de la historia nacional, sino
que según los momentos emergen o se camuflan esperando una coyuntura propicia para
desplegarse, y que las bases sociales de las dictaduras bien pueden haber estado
compuestas por hombres muy comprometidos con la vida de su país, convencidos de
promover el proyecto conservador para salir adelante y hombres que poco les importó

57
qué podía pasar o ni se lo imaginaron y aprovecharon las oportunidades laborales o de
ascenso social que les presentaba un campo cultural vaciado de referentes «legítimos».

58
Eduardo Darino

Eduardo Darino (Montevideo, 1944) es un cineasta uruguayo, autodidacta,


especializado en ciencia ficción y efectos especiales que estuvo vinculado inicialmente
al Instituto de Cinematografía de la Universidad de la República (ICUR), cuando era un
joven estudiante de Derecho y sentía cierta simpatía por el socialismo.311 En sus
comienzos participó en el Cine Club del Uruguay, ilustró tapas de ediciones de Arca y
caricaturas para prensa, animación junto a Alberto Monteagudo para el programa
«Telecataplúm» (humorístico televisivo), varias presentaciones para «Telemundo»
(noticiero de Canal 12) y comerciales televisivos para los periódicos BP Color
(matutino católico), Mundo Color (vespertino de El País), Extra (vespertino de BP
Color) y De Frente, éste último dirigido por Federico Fasano, donde Darino se
desempeñó como Jefe de Espectáculos. Fue autor de la primera película de stock312
uruguaya hecha con animación, pintada a mano y con banda de sonido (1963)313 y de la
primera hecha con computadoras.314 En 1961 produjo Sombras sin luces, sombras y
luces y El suicida, al año siguiente Copihues rojos, un documental para el Consejo de
Educación Primaria coproducido con Chile, sobre el intercambio de maestros entre
ambos países. En 1964 se asocia a Pablo Zir y surge Delito, un corto que obtiene los
premios de la Asociación de Críticos del Uruguay, de Cine Nacional «Cine Club
Fax»315 y Nacional de Cinematografía Consejo Departamental de Montevideo. Un año
después filma y dirige el documental Orates frates sobre la festividad de San Cono en el
departamento de Florida (Uruguay) y Cóctel de rayas, recreada digitalmente en 2011.
En 1966 aparece El ídolo y en 1968 Apex, el primer corto cinemascope hecho en el país
utilizando pasterizado de imagen, según dicen las fuentes incluso antes que Andy
Warhol que lo habría hecho en 1970.316
Previo al período dictatorial, Darino produjo Pontoporia, el delfín del Plata
(1972) por encargo del doctor Rodolfo Tálice, un documental filmado en Punta del
Diablo (departamento de Rocha, Uruguay) con participación de científicos japoneses y
la presencia de René Guy Busnel, esposa del reconocido Jacques-Yves Cousteau. Luego

311
Darino entrevistado por nosotros, febrero de 2011.
312
Las películas de stock son aquellas realizadas con imágenes de archivo.
313
Tomado de [Link]
314
Correcaminos o Caminante (s/f). Tomado de [Link]
315
Este cine funcionó en Montevideo entre 1960 y 1968.
316
Tomado de [Link]

59
realiza el documental Pasaporte Uruguay,317 impulsado por los hermanos Horacio y
Daniel Scheck de Canal 12, cuando éste último estaba preparando Campeón de
campeones para el diario El País.318 En 1981 produce Lápiz mágico para el Ministerio
de Turismo.
El vínculo entre Darino y el doctor Tálice data de la coincidencia de ambos en el
ICUR. Éste fue creado a fines del 50 por iniciativa de Tálice a su regreso de Europa y
estaba orientado a la difusión del cine científico, cultural y documental con fines
educativos. Tálice había sido el fundador del Departamento de Biología General y
Experimental de la Facultad de Humanidades y Ciencias en los 40 y propulsor del ICUR
y de Televisión Universitaria en las décadas posteriores; fue quien, una vez intervenida
la Universidad, habría gestionado la beca que le permitió a Darino viajar, estudiar y
trabajar en Estados Unidos en los 70.319 Con el paso de los años, el ICUR fue
conformando un equipo técnico dirigido por el propio Tálice de forma honoraria y hacia
1963 su laboratorio se encontraba en la Facultad de Humanidades y Ciencias,320 con la
Intervención el ICUR y el Servicio de Televisión Universitaria fueron incorporados al
Departamento de Medios Técnicos de Comunicación de la Universidad (DMTC) creado
ese año.
La disolución del ICUR tiene relevancia en el marco del interés que mostró el
gobierno de facto por los medios de comunicación, especialmente el cine (la mayor
parte de la producción cinematográfica se concentra entre 1976-1980)321 y su afán por
registrar su pasaje por la historia nacional. Asimismo, interesa porque el ICUR fue uno
de los espacios claves para el desarrollo del cine social de los 70 (Mario Handler se
incorpora a fines del 60)322 y la dictadura se propuso postular modelos culturales

317
Coproducción Dinarp-Zenit (1979). El montaje, el guión y la animación son de Darino, los
camarógrafos fueron Jorge Díaz, John Da Silva y Roberto Gardiol. El sonido estuvo a cargo de Opus
Montevideo y la narración de Juan Jones, Tabaré Rivera, Adelina Giordano y el Grupo San Felipe y
Santiago.
318
Según recuerda Darino, posteriormente Daniel Scheck le pidió que realizara una película sobre la
historia del fútbol uruguayo, que el cineasta llamó Campeón de campeones (1981), con una duración de
18 minutos (coproducción Uruguay-Estados Unidos).
319
Darino entrevistado por nosotros, febrero de 2011.
320
Ariadna Islas en Paris de Odonne, Blanca (Coordinadora) Historia y memoria. Medio siglo de la
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. 1945-1995 (Montevideo: Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación-Udelar, 1995), 227.
321
Wschebor, Isabel. «La producción del “nuevo Uruguay”. El Departamento de Medios Técnicos de
Comunicación de la Universidad de la República (1973-1980)». Inédito. Avance de Tesis presentado en
el seminario interno Geipar (Montevideo, 2012). Isabel Wschebor dice que entre 1975 y 1980 se
produjeron treinta películas, tres de ellas de corte científico. Recordemos que Marchesi (2001) señala a
Gurí como la única ficción del periodo. El resto, se deduce, fueron documentales.
322
Ver por ejemplo Carlos, cine-retrato de un caminante (1965), Elecciones (1967), Llamadas (1967),
Cañeros (circa 1965), El entierro de la Universidad (1967). Wschebor, I. «La producción del “nuevo

60
alternativos a los que se socializaron por esos años vinculados a la izquierda. Entre 1960
y 1973 el ICUR produjo fundamentalmente documentales de carácter científico y social,
pero a partir de su reconfiguración se abocó a colaborar con la Dinarp.323

El cine: del documental a la propaganda

El director interventor del DMTC fue Adolfo Fabregat (ex jefe del Departamento
de Filmaciones de Canal 5), el jefe de Servicios de Comunicación fue Walter Acosta
(vinculado a la publicidad) y el de Servicios de Fotocinematografía fue Mario
Raimondo Souto, antes funcionario de los departamentos de Fotocinematografía de la
Armada y de la Comisión de Turismo.324 Según consigna Isabel Wschebor, el personal
original del ICUR y de Televisión Universitaria, incluido el director honorario, fueron
destituidos y reemplazados por nuevos funcionarios. El renovado DMTC, ahora
dependiente de la División General de Extensión Universitaria, participó del diseño del
plan de estudios de la carrera en Ciencias de la Comunicación, creada a partir de
acuerdos entre la Universidad y el BID, cuyos cursos comenzaron hacia 1984.325 El cine
del DMTC en la década del 70 no fue acorde a su tradición (de corte educativo) ni como
el del 60 (de denuncia política), sino que consistió en una producción de patrocinio: en
función de intereses particulares, priorizando los aspectos técnicos;326 un ejemplo de
este nuevo tipo de cine fue la ficción coproducida entre la Dinarp y Zenit internacional
en 1979 y dirigida por Eduardo Darino.
Nos referimos al documental costumbrista Gurí, una coproducción entre Zenit,
una empresa especializada en materiales didácticos para el mercado estadounidense, y la
empresa Darino Films, creada en 1973, y ambas en vínculo con la Dinarp. La película
tiene dos versiones, una en español y otra en inglés, con dos elencos levemente
diferentes (el protagonista es Eli Wallach para Estados Unidos y Enrique Guarnero para

Uruguay”» (2012). La autora señala que la producción de Handler no partía de la misma base que la
promovida por Tálice: mientras el primero se abocaba a la denuncia y al cine de corte político, el otro se
orientaba hacia el campo educativo.
323
Reseña del ICUR realizada por el Archivo General de la Universidad donde se encuentra actualmente
su archivo cinematográfico, tomada del sitio del Programa de Desarrollo académico de la Información y
la Comunicación de la Universidad (Prodic):
[Link]/sites/default/files/Ficha%20nueva%[Link]
324
Wschebor. «La producción del “nuevo Uruguay”» (2012).
325
Wschebor. «La producción del “nuevo Uruguay”» (2012).
326
Wschebor. «La producción del “nuevo Uruguay”» (2012).

61
Uruguay), lleva el mismo título que un texto del escritor nacional Serafín J. García y
trata sobre la vida de un niño huérfano que aprende a «convertirse» en gaucho.
Entrevistado por nosotros en 2011, Darino relató las peripecias que lo llevaron a
dirigir esta película para la Dinarp: en 1974, ya en Estados Unidos usufructuando una
beca Fulbright, el MEC le realizó un sumario administrativo por «abandono» de su
cargo en el ICUR, que no era tal dado que tenía una beca de estudio en el extranjero. En
virtud de que el sumario le impedía volver al país, Darino consiguió renovar su beca
para la obtención de un máster, al cabo del cual se contactó con Richard Allen y John
Zenit para realizar un film juntos. Allen era de la idea de realizar al menos tres películas
temáticas en lugar de una sola, condición que Darino aceptó. El plan consistía en que
Darino y su equipo viajaran a Uruguay a filmar y luego completaran las «tomas» y la
edición final en Estados Unidos. Los tres libretos fueron aceptados pero le
recomendaron comenzar por «el del gaucho», tema que recibía mucha atención en
Uruguay gracias al énfasis que hacía la dictadura en lo nativista como parte de su afán
por recuperar las raíces de la orientalidad. El coronel Alberto Larroque, Director
Nacional de la Dinarp,327 fue el encargado de supervisar la filmación en Uruguay y
quien pidió que el asesoramiento histórico lo realizara Fernando Assunçao; por su parte,
Darino propuso a Roberto Gardiol para la fotografía, a Hugo Jasa para la música,328 al
menos una aparición del músico Santiago Chalar329 y a la actriz Maruja Santullo330 en el
papel de la madre del niño. Eli Wallach y Guarnero actuarían como los padres, según se
tratase de la versión norteamericana o la uruguaya. Un comunicado de prensa de Zenit
explicaba que a la condición de la Dinarp de añadir un prólogo histórico antes de la
película, ellos habían exigido que se contratara a un actor estadounidense. El prólogo
del documental era breve, pero eficaz:

El Uruguay rural de hoy es un moderno y tecnológico productor de carne, lana y granos, pero a
comienzos de este siglo, la vida en el campo era primitiva, nómade y pastoral. Para sobrevivir

327
El Subdirector Nacional era el Coronel Juan Ángel Tucci.
328
Ver [Link]/ver_biografia.php?id=29404
329
Seudónimo de Carlos Paravís Salaverry (1938-1994), médico traumatólogo y músico minuano,
encargado del Ministerio Extraordinario de la Parroquia de Minas y fundador del festival «Minas y abril»,
inaugurado en 1986 para recaudar fondos para el Hospital «Vida y fuentes» de Minas, del que Paravís era
director. En 2012 el Partido Colorado reclamó para sí la popularidad de Chalar, dentro de un rescate de
personalidades coloradas relevantes del quehacer nacional como, por ejemplo, Carlos Gardel. Ver Sin
Firma. «Sin historia oficial», en La Diaria, (Montevideo, 2 de abril de 2012). Disponible en:
[Link]
330
Maruja Santullo (Argentina, 1922-Uruguay, 1995) fue una de las cuatro actrices más destacadas del
teatro nacional en el 60 junto a China Zorrilla, Estela Medina y Estela Castro. Fue esposa de Guarnero en
la película y en la vida real, conociéndose en el mundo del radioteatro hacia 1936. Ingresó a la Comedia
Nacional en 1948 y fue directora de la Escuela Municipal de Arte Dramático. Recibió el Premio Florencio
en dos oportunidades: 1971 y 1990.

62
alcanzaba con tener un cuchillo y un caballo. En este momento, el «gaucho» apareció. Un hombre
libre, amigable, valiente, sediento de vida, mujeres y música. El alambrado de la tierra y la
imposición del orden marcaron el comienzo del fin para este tipo de hombre, pero su espíritu sigue
vivo. En Argentina y Uruguay, los jinetes trabajadores son llamados gauchos, en Chile son
«huasos», en Venezuela y Colombia, «llaneros», en Brasil «gaúchos» y, en Paraguay, «vaqueros».
Anselmo deseaba crecer rápido para poder partir a conocer nuevos lugares y personas. El tiempo
pasaba tan lentamente en la campiña que pensó que la infancia era interminable, pero la vida lo
331
despertó.

Gurí fue la única película de ficción producida por la dictadura, las demás fueron
documentales realizados en coordinación con diferentes entidades del Estado (DMTC,
Comando General de la Armada, Departamento «Artigas» del Ejército, etc.), que tenían
por objetivo dos tipos de público: el interno, sobre temas culturales e históricos y
emprendimientos del gobierno y, el externo, sobre las virtudes del país turístico y la
gestión económica y social de la dictadura.332 La película de ficción, por su parte, tuvo
una amplia repercusión en la prensa nacional e internacional, resultando ganadora de
varias distinciones (festivales Internacional de Cine y TV de Nueva York, de las
Américas de Nueva York e Internacional de Houston, entre otros) sobre todo en su
versión en inglés.333 Marchesi señala que el éxito de la película era bienvenido por la
dictadura en su necesidad de revertir la campaña en contra que realizaban algunos
referentes nacionales en el exilio (por ejemplo Wilson Ferreira), sin embargo algunos
medios de prensa nacionales mostraron disconformidad con la imagen del país
difundida por la Dinarp. Un artículo de Roberto Fattoruso da cuenta de la corta vida del
gaucho en Uruguay, la fuerte influencia de la inmigración y la deuda intelectual con la
cultura occidental;334 sin embargo, los titulares de la prensa destacaban el vínculo con
Estados Unidos, el triunfo de la película en festivales internacionales (que se volvían
triunfos del gobierno de facto y su reconocimiento afuera del país),335 el avance hacia un
cine nacional hecho en y sobre Uruguay336 y la representatividad de la cultura popular
plasmada en la vida de un niño gaucho.337 Se lo describía como un film «auténtico»,

331
Tomado de la versión norteamericana de la película (proporcionada por el propio Darino, dado que la
versión uruguaya se extravió). Transcripción y traducción del inglés de Santiago Val.
332
Marchesi cita como ejemplos a Proa al desarrollo, Operación Belén y Constitución y Artigas.
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 26.
333
Película de 16 mm, 60 minutos, narración en off, con Eli Wallach. La versión en español es de 16 mm,
ampliada a 35, 70 minutos, sonido y color y la actuación de Enrique Guarnero.
334
Fattoruso, R. «Una parte de lo que debe ser», en Noticias (Montevideo, 25 de setiembre de 1980).
Citado por Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 20.
335
H.S. «Los gauchos uruguayos», en Mundo Color (Montevideo, 2 de octubre de 1980), 16; Sin Firma.
«Lauro para Uruguay. Darino y la película Gurí premiados en Estados Unidos», en La Mañana
(Montevideo, 11 de noviembre de 1980); Sin Firma. «Filme uruguayo Gurí es finalista en dos festivales»,
en El País (Montevideo, 28 de octubre de 1980). Desconocemos a quién corresponden las iniciales.
336
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 19.
337
Sin Firma. «Se estrena a mediados de setiembre. Gurí: otro paso hacia un cine uruguayo», en El
Diario (Montevideo, s/f); Álvarez, José Carlos. «El disfrutable sabor nacional», en La Mañana

63
«humilde y humano»338 que generó gran expectativa en el país, especialmente por su
prestigioso elenco: Guarnero como padre del gurí, papel realizado por Pedro Manuel
Nieto, Maruja Santullo como la madre, Juan Jones como el tío, Hugo Mazza en la
decoración339 y la actuación de los grupos Los Cimarrones y San Felipe y Santiago
como pobladores nativos del campo. El libreto era una adaptación del texto de García
realizada por Darino, con comentarios de Roberto J. Boulton. Los jefes de producción
fueron Juan José Torraca (conocido meteorólogo uruguayo), Juan Della Nave, Nicky
Kaplan y Susana Estellano; de hecho la investigación histórica estuvo a cargo de
Estellano con el asesoramiento de Assunçao, tal como fuera solicitado por el director de
la Dinarp. Las coreografías eran de Yamandú Rodríguez, la música de Jasa, los solos de
guitarra de Francisco Grillo, la canción «Mi china» de Chalar y otras musicalizaciones
por el grupo Los Nocheros.340 En una reseña de El Día sobre otra película de Darino
(Pasaporte Uruguay) publicada en abril de 1980, se preparaba el estreno de Gurí de este
modo:

El público uruguayo podrá conocer el argumento de “Gurí” dentro de poco tiempo, ya que un
disco simple será lanzado con el tema central del filme, titulado “Mi china” perteneciente a
Santiago Chalar y Liborio Tellechea, e interpretado por el primero, y “Gurí”, una canción que si
bien no figura en la película resume el argumento de la misma. Este tema pertenece a Hugo
Ferrari, y es interpretado por la cantante salteña Graciela Castro».341
No hemos podido dar con el disco que señala el periodista anónimo de El Día,
aunque sí existe un elepé intitulado «Gurí. Folklore para niños» editado por Sondor en
1979. Darino nos explicó que la preferencia por Serafín J. García en lugar de Javier de
Viana, por citar otro de los costumbristas que curiosamente también tiene un libro
titulado Gurí,342 fue una cuestión de afinidades personales, según él hubo una visita de
rigor para pedirle permiso a García para adaptar su cuento y éste se mostró contento con
la idea, ofreciéndole incluso otros textos para filmar una serie gauchesca. No resulta
extraño que el escritor aceptara formar parte de algún modo de una película producida

(Montevideo, 4 de octubre de 1980); A[lvarez], J[osé] C[arlos]. «Gurí, una película uruguaya de
exportación», en Platea (Montevideo, 11 de octubre de 1980), 3; Castiglioni, Juan Carlos. «Gurí,
Pasaporte Uruguay pasado y presente de nuestro país», en El Día (Montevideo, s/f).
338
H.S. «Eduardo Darino y Gurí la autenticidad sobre todo», en Mundo Color (Montevideo, 28 de abril
de 1980); Martin, Gaby. «Gurí un cine humilde y humano» (sin datos).
339
Mazza (1925-2010) fue un pintor y escenógrafo encargado de la decoración de la película. Antes de la
dictadura trabajó con el elenco del Teatro Circular de Montevideo.
340
La información fue tomada de [Link]/title/tt1418141/
341
Sin Firma. «Se informó sobre filme uruguayo recientemente galardonado», en El Día (Montevideo:
22/4/1980).
342
J. de Viana (Canelones-Uruguay, 1868-1926). Participó de la Revolución de Quebracho (1886) y fue
periodista y escritor. Gurí data de 1901. Toma parte de los acontecimientos de 1904, cae preso, se exilia
en Argentina y a su retorno al país es electo diputado suplente en San José (banca que ocupa en 1923).
Tomado de [Link]/academiadeletras/DANNOMBRE/[Link].

64
por la dictadura, puesto que cuando de joven había estado vinculado a la institución
policial en el departamento de Treinta y Tres durante la dictadura de Terra fue que
recibió su primer reconocimiento, el Premio del Ministerio de Instrucción Pública por
su libro Tacuruses (1936), del que el gobierno dispuso se repartieran cientos de
ejemplares entre las Jefaturas de Policía del país y a raíz del cual fue ascendido a
Subcomisario de Santa Clara del Olimar. Por otra parte, ya en 1974 se lo había
designado miembro de la Academia Nacional de Letras, propuesta que aceptaría recién
con el retorno de la democracia (desconocemos las razones). En todo caso, García
constituye el «último avatar» del criollismo, bajo la forma del nativismo (vertiente de la
vanguardia), junto a la canción de protesta y el canto popular.343 Según Mántaras y
Arbeleche,

Las masas rurales desposeídas y explotadas (el «pobrerío rural» temido por la Asociación y la
Federación Rural, desatendido por el reformismo batllista), serán las protagonistas de una
literatura que las reivindica. La más representativa de este nuevo cauce es la poesía de Serafín J.
García. También la de mayor vigencia. Se constituyó en uno de los antecedentes del fenómeno que
en los años 60 se llamó Canción de Protesta y que luego, durante la dictadura, tomó el nombre de
Canto Popular que hoy mantiene. Importa señalar que la poesía gauchesca, en todas sus formas y
denominaciones, ha sido la única literatura consumida masivamente en el Uruguay; la reedición de
estos libros es frecuente y Tacuruses es el más reeditado.344
Los nativistas se distanciaban de los criollistas en tanto se consideraban la
vanguardia: un arte moderno que se nutría del paisaje, de la tradición o del espíritu
nacional (pero no regional), trayendo consigo la «superación estética» y el
«agrandamiento geográfico» —según palabras de Fernán Silva Valdés— del viejo
criollismo que apenas se inspiraba en tipos y costumbres del campo.345 Marchesi rescata
del olvido un artículo aparecido en Opinar en 1983 que evidencia una «disputa
simbólica entre el imaginario que los militares proponen y las ideas que ciertos sectores
de la oposición» buscan mantener del imaginario batllista. Para los opositores, los
nativistas eran los actores de una patria ficticia, «congelada en el siglo XIX», solo viva
en las fiestas de las fechas patrias.346 De ese modo «El nativismo era un fenómeno
inquietante [...] pero limitado, circunscripto a un campo muy bien delineado». Con la
llegada de la dictadura, decía el periodista, lejos de querer extender el nativismo al resto
de la sociedad, lo que se hizo fue combatirlo. Los nativistas, entendidos como los

343
Mántaras Loedel y Arbeleche. Panorama de la literatura (1995), 45.
344
Mántaras Loedel y Arbeleche. Panorama de la literatura (1995), 84-85. Negritas en el original.
345
Silva Valdéz, Fernán. «Precisiones sobre el nativismo» en La Cruz del Sur 18 (Montevideo, 1927).
Citado en Capítulo Oriental 23, «Poesía y campo. Del nativismo a la protesta» (Montevideo, junio de
1968), 355.
346
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 58.

65
pregoneros de una visión oficial de la Tradición —según el periodista— no pudieron
matarla porque (y he aquí algo interesante) la Tradición es «algo de la democracia»:

Ellos, tan prontos a fogonear al primer pretexto, nunca le han dedicado un modesto asado (ni
siquiera con cuero) a esa vieja costumbre uruguaya, a esa Tradición [...] Y lo único que demuestra
este pequeño hecho desagradable, esta fidelidad no prevista por los señores disfrazados de los
desfiles oficiales, es que una vez y quizás irremediablemente, están separados de lo que de veras es
este país. El Uruguay del que tanto se llenan la boca, sigue adelante sin ellos.347

La tradición de algunos

Luego de filmar Gurí en Uruguay, Darino y su equipo volvieron a Estados Unidos


para editarla. En Montevideo quedaron todos aquellos que habían participado del
proyecto, entre ellos Roberto Gardiol que ya estaba vinculado a la Dinarp desde la
creación del DMTC, para la realización de la segunda etapa de los informativos para
cine junto a Henrio Martínez. Marchesi define dos momentos en los informativos para
cine de la dictadura: «Panorama» (Raúl Solá, 1978) y «Uruguay hoy» (Roberto Gardiol,
1979). Según el autor, los primeros buscaban recrear los informativos de los 50
realizados por empresas privadas y abordaban diferentes aspectos de la vida social y su
fracaso se debió a la resistencia del Centro Cinematográfico del Uruguay348 por lo
anacrónico del estilo y la abundancia de publicidad (a cambio de no proyectarlos, el
CCU se comprometió a respaldar económicamente otros emprendimientos futuros de la
Dinarp); por el contrario, los «Uruguay hoy» acataron estas críticas y presentaron un
noticiero sin avisos publicitarios. Sus realizadores Martínez y Gardiol, que ya contaban
con el laboratorio Tecnocine, formaron Cineprensa que funcionó en coordinación con la
Dinarp.349
En 1979, Darino produjo Pasaporte Uruguay (20 minutos, documental sobre el
Uruguay colonial y las costumbres gauchescas) tras algunas conversaciones con Daniel
Scheck, gerente de Canal 12, como test de una serie que, según recuerda Darino, se
realizo finalmente pero con elenco del canal. Por esos años el diario El País estaba
organizando «Mundialito» y, supone Darino, Scheck pensaba usar la serie como
promoción.350 La prensa uruguaya resaltó los múltiples premios del director y de la
película en festivales de cine internacionales (entre ellos el Golden Reel Film Award y

347
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 59-60.
348
Agrupación de distribuidores de cine, video y salas de exhibición.
349
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 16-18.
350
Eduardo Darino entrevistado por nosotros, diciembre de 2013.

66
el II Festival de la Independent American Film Center, donde obtuvo mejor premio a
película, diseño y animación)351 y que con ésta ya eran cuatro las coproducciones
Dinarp-Zenit Internacional (Pasaporte Uruguay, Gurí, Joaquín Torres García, su vida y
su obra352 y Naturalmente carnes uruguayas353). El telegrama, repetido por la prensa
uruguaya casi sin cambios, señalaba: «excelente amalgama de animación y documental
con vistosos efectos especiales y amplia información al mejor nivel educativo», dado
que la película iba dirigida al mercado educativo estadounidense, en principio, y al resto
del mundo luego distribuida por Zenit, y agregaba: «la versión en inglés combina la
narración de Paul Stern, Erick Faulkner y Nicky Kaplan con las voces de Juan Jones,
Adelina Giordano y Tabaré Rivero».354 Según la reseña de El Día (abril 1980), la
película sería preestrenada en función especial en el Auditorium de las Naciones Unidas
a principios de mayo de ese año, oportunidad en que se le haría entrega del «Carrete de
oro» al coronel Alberto Larroque, director de la Dinarp.
Lápiz mágico (1981) fue una película encargada por la Dinarp vía el Ministerio de
Turismo a Darino. Se trató de un cortometraje de 15 minutos con efectos especiales, con
fotografía de Roberto Gardiol, asesoría turística del arquitecto Mattos,355 música
«cortesía» del Sodre y la actuación de niños de la Escuela Experimental de Malvín.356
Con el retorno a la democracia todo lo que se vinculaba a la dictadura fue tildado
de negativo, aunque no lo fuera y aunque, paradójicamente, estaba siendo resignificado
por los nuevos gobiernos y planteado como algo propio del Uruguay democrático, por
ejemplo, la relación entre el Estado y los medios: «el Estado mantuvo una actitud de
mayor discreción con los medios y en la exposición de sus logros a través de ellos. Sin
embargo, sostuvo gran parte de la legislación en materia de medios creada durante la
dictadura».357 Marchesi señala que el «imaginario autoritario» (la promoción de un
modelo de joven vinculado al deporte, el fomento de los festejos folclóricos y nativistas,
el cronograma festivo) se «desintegró» junto a la dictadura, sin embargo creemos
encontrar ciertas líneas que atravesaron el periodo autoritario, desde el terrismo y hasta

351
Sin Firma. «Se informó sobre filme uruguayo recientemente galardonado», en El Día (Montevideo:
22/4/1980).
352
Documental realizado por Adolfo F. Fabregat en 1978.
353
Documental realizado por Roberto Gardiol para la Dinarp en 1981.
354
Sin Firma. «Filme uruguayo gana gran premio», en El Día (Montevideo: 27/3/1980), 17.
355
Se trata de Armando Mattos, director de la Dirección Nacional de Turismo (Dinatur) dependiente del
Ministerio de Industria y Energía, al igual que el Consejo Nacional de Turismo. Díaz Pellicer, Laura. «El
turismo receptivo en Uruguay (1930-1986)», en Documentos de Trabajo 65 (Montevideo: Facultad de
Ciencias Sociales, 2004), 12-30.
356
Sin Firma. «“Lápiz mágico” de E. Darino, es galardonado» (sin datos).
357
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 136.

67
el presente, evidentes en fechas como el Bicentenario de 1811 (festejado en 2011) que
supuso una serie de actividades y disposiciones desde el Estado que involucraban a toda
la sociedad y mantenían varias semejanzas con el Sesquicentenario festejado en 1975.

Comentarios finales

Cabe preguntarse por qué la dictadura apeló al cine como forma de llegar a los
sectores aparentemente más receptivos a su proyecto cultural (algunas zonas del
Interior, conservadores, derecha liberal, nacionalistas, nativistas) y no al teatro, que
resulta más familiar al modo en que el régimen materializó sus interpretaciones sociales
e históricas (desfiles militares, fiestas patrias en plazas públicas, inauguración de obras
públicas en fechas que conmemoran mojones de la historia nacional, etc.).358 No
podemos obviar el poder que tiene el cine como propaganda,359 junto a la radio, y
concordamos con Marchesi en que el cine le permitía a la dictadura «pasar a la
posteridad», algo que ni el teatro ni la televisión ofrecían por esos años;360 por otra
parte, el teatro fue una de las manifestaciones culturales más asociadas a la izquierda en
las décadas previas a la dictadura. Es decir, no fue tanto una elección por el formato que
permitiera más masividad, si bien el cine tuvo su venta máxima de entradas (19
millones) entre 1953 y 1954 cuando contaba con ciento seis salas de cine y múltiples
festivales nacionales e internacionales,361 sino más bien una intención de desmarcarse
del teatro como espacio intelectual por excelencia, asociado al ámbito universitario y a
los sectores sociales más críticos al sistema. No fue casualidad que el teatro de los 60
(más que nada el independiente, fascinado con las obras de Bertolt Brecht362) fuera
impulsado por los intelectuales de la «generación crítica», contribuyendo entre otras
cosas a la formación de un autor y un público nacionales.

358
Ver por ejemplo Irigoyen, Emilio. La patria en escena. Estética y autoritarismo en Uruguay. textos,
monumentos, representaciones (Montevideo: Trilce, 2000).
359
Pensamos en Metrópolis (1926) de la militante nazi Thea von Harbou, esposa de Fritz Lang. Por más
información ver Gubern, Román. Historia del cine (Barcelona: Lumen, [1989] 1997), 144. Sobre el
gobierno y cine soviéticos: Gubern (1997), 233. Sobre la aparición de Stalin en películas de cine: Gubern.
Historia del cine (1997), 277. Hay una selección de artículos muy interesante sobre el tema en Block de
Behar, Lisa y Eduardo Rinesi (Editores) Cine y totalitarismo (Buenos Aires: Universidad Nacional
General Sarmiento-Ediciones La Crujía, 2007).
360
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 23.
361
Trochón, Y. Escenas de la vida cotidiana. (2012), 181 y ss.
362
(Alemania, 1898-1956). Poeta y dramaturgo creador del teatro épico o dialéctico, muy influyente en el
siglo XX por su postura política y sus obras paradigmáticas. Sobre su influencia en Uruguay ver por
ejemplo Mirza. La escena bajo vigilancia (2007), 89-91.

68
En este marco, resultó interesante acercarnos a la producción cinematográfica de
la dictadura durante su momento más propositivo (1975-1980) a partir de las
(co)producciones de Darino, realizadas para distintos organismos del Estado
(ministerios, Dinarp), de las que se desprende una concepción estática de la identidad
nacional, reducida a las costumbres y tradiciones del Interior del país y a un sector
político definido (no batllista). Resulta relevante que la participación de Darino no se
haya debido a una oportunidad laboral, es decir, la Dinarp (o el Estado) no le adjudicó
estos trabajos por estar presente en el momento justo, como podría decirse de Roberto
Gardiol (que formaba parte del ICUR antes de su intervención y transformación en
Departamento Técnico y que continuó trabajando), sino que Darino acudió desde
Estados Unidos, donde se encontraba usufructuando una beca de estudios universitarios
sobre animación en cine. Si bien es meritorio que quisiera trabajar en producciones
sobre, en y para su país de origen, cabe cuestionarnos acerca de sus motivaciones
personales a la hora de aceptar un trabajo encargado por la Dirección de Relaciones
Públicas de una dictadura que, para 1979, estaba totalmente instalada y ya había
mostrado su perfil más violento y conservador.

69
Arturo Sergio Visca363

Arturo Sergio Visca (Montevideo, 1917-1993) fue un intelectual importante entre


los años 40 y 50. Contemporáneo de los críticos Ángel Rama y Emir Rodríguez
Monegal y del ensayista Carlos Real de Azúa, Visca constituyó a la cabeza del grupo
Asir una de las dos vertientes de pensamiento preponderantes en la generación del 45,
junto al cosmopolitismo de Número. La revista Asir surge en 1948 en Mercedes
(Soriano), radicándose una década después en Montevideo. A fines de los años 50 su
director era Washington Lockhart, su redactor responsable Domingo Luis Bordoli y el
Consejo de redacción estaba compuesto por Guido Castillo, Dionisio Trillo Pays, Julio
C. da Rosa, Héctor Bordoli, Omar Moreira y Arturo Sergio Visca. El Nº 1 de la revista
expresaba la intención de recuperarse como sujetos «menos sumisos» a las imposiciones
sociales,364 oponiéndose así al eje Número-Marcha y a los abordajes de corte
psicologicista, histórico o social que surgieron por entonces. Frente a la revista Número
que apelaba a la racionalidad, Asir mostraba una tendencia literaria y filosófica
tradicionalista y católica, con una inclinación natural hacia el Interior del país, la vida
menuda de los pueblos y el folclore; su labor fue importante para la búsqueda de un
canon y una literatura nacionales que —en palabras de Lockhart— debía alejarse de las
novedades de la actualidad y concentrarse en las obras más representativas de la
«personalidad nacional». El grupo buscaba arraigar en el Uruguay profundo,
desdeñando de toda interpretación del arte que no pusiera en relieve cuestiones como el
ser nacional y su autenticidad. En la primera edición de su Antología del cuento
uruguayo contemporáneo, Visca advierte: «desearíamos que esta antología
contribuyera a la difusión en el mayor número de lectores de la labor de los narradores
uruguayos […] Una lectura atenta de la literatura uruguaya permite afirmarse en la
convicción de que hay en ella auténticos valores. ¿Cómo no desear que se conozcan,
que actúen sobre la conciencia nacional?» 365
Según Real de Azúa, Visca era quien sintetizaba el parecer del grupo Asir con su
«mentalidad cristiana de viejo cuño» y «esfuerzo ímprobo por edificar una tradición
363
Presentamos un avance de este capítulo en II Jornadas del Archivo General de la Universidad «Cine,
arte y política: aproximaciones desde la historia intelectual» (Montevideo: Archivo General de la
Universidad-Udelar, 13 y 14 de octubre de 2011). También en una compilación de Stephen Gregory sobre
intelectuales conservadores (en esa oportunidad, el artículo combina información sobre Klappenbach y
Visca), en vías de publicarse por Ediciones de la Banda Oriental bajo la dirección de Gerardo Caetano.
364
Rocca, P. Revistas culturales del Río de la Plata (1942-1964) Campo literario: debates, documentos,
índices (Montevideo: FHCE-CSIC, 2009 b), 71.
365
Visca, A. S. Antología del cuento uruguayo contemporáneo (Montevideo: Udelar, 1961), 7.

70
cultural auténticamente nacional»;366 este espiritualismo significaba en los hechos la
supresión del sustrato económico y la ratificación de «valores eternos e inalienables de
la oligarquía nacional» que —en palabras de Rama— fueron utilizados por los
gobiernos regresivos que ocuparon el poder a fines de los 60, bajo una consigna
nacionalista pero retórica, sin contenido popular.367 En 1951 Benedetti analizaba la
dicotomía entre evasión y arraigo en los escritores nacionales en términos de localismo
(regionalismo o criollismo) y universalismo y en 1962 consideraba que la oposición
debía ser entre sinceridad y falsedad (el autor hablaba de «fallutería»), señalando que
los escritores nacionales no se leían entre sí por considerar la literatura uruguaya (propia
y ajena) como menor frente a la extranjera, especialmente la europea. Los escritores
uruguayos —decía Benedetti— se posicionaban de frente al mar, cuando solo es un río,
y de cara a España, Francia o Inglaterra, dándole la espalda al resto del país. Sin
embargo esta situación parecería haber cambiado en 1960, producto de la crisis nacional
y la influencia de la revolución cubana:

Hasta 1960 coexistieron —y no siempre fue una coexistencia pacífica— los escritores que venían
de lo real, y aquellos otros, exiliados de la Arcadia. A partir de 1960, tal vez sigan coexistiendo
gacelas insólitas y verosímiles criaturas, pero la diferencia estará en que hasta hace poco el público
entendía que corzas y literatura nacional eran sinónimos, mientras que ahora supone que la
368
literatura uruguaya es el equivalente de realidad nacional.
Con los años se produjo un desplazamiento del arte del centro de la atención que
desembocó en la aparición, entre otras, de las revistas Nexo369 (revisionista) y Tribuna
Universitaria370 (desarrollista),371 básicamente enfocadas en temas de historia y ciencias
sociales. Este proceso acompañó la politización del intelectual y su vuelco hacia la
izquierda, y en algunos casos la lucha armada, pero no todos los intelectuales de los 60
se comprometieron con la causa revolucionaria. Durante ese tiempo Asir se mantuvo al
366
Real de Azúa, C. «La crítica localista», en Capítulo Oriental. La historia de la literatura uruguaya 35,
«Los críticos del 45» (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 1969), 550.
367
Rama. «El boom en perspectiva» (1972), 50-55.
368
Benedetti, M. «La literatura uruguaya cambia de voz» (1962), en Literatura uruguaya del siglo XX.
Primera parte 26 (Montevideo: Ediciones de La República, 1991), 58.
369
Los primeros directores fueron Roberto Ares Pons, Alberto Methol Ferré y Washington Reyes Abadie.
El Nº 1 postulaba: «Nexo aspira a promover actitudes relacionadas con la problemática sociológica,
económica, cultural y política de Hispanoamérica y de nuestro país considerado como parte de esa gran
unidad histórica en formación». Tomado de Rocca. Revistas culturales del Río de la Plata (2009b), 99.
370
Publicada por la FEUU (1955-1963), sus directores fueron: Carlos A. de Mattos, Héctor J. Apezechea,
José A. de Torres y Daniel A. Waksman. Consejo de redacción: Mariano Arana, Luis Camnitzer, Lorenzo
Garabelli, Jesús García Vellozo, Rosendo Heller, Juan Carlos Genta, Mario Molinari, Arturo Navarro,
Heber Raviolo, Aroldo Sabarrós y Sergio Tomasso. En el Nº 5, de abril de 1958, se abordaba la crisis del
país desde una perspectiva estructural según el impacto en cada estrato social; la falta de aprovechamiento
de las ventajas naturales (por ejemplo, las aguas nacionales); el imperialismo; el movimiento sindical; el
desarrollo económico y social; el movimiento estudiantil; y el medio rural. La revista digitalizada puede
consultarse en: [Link]
371
Cotelo. Narradores uruguayos (1969), 23.

71
margen de la historia o, como lo explicaba Real de Azúa, «mientras el elenco
“cosmopolita” [se dejó] arrastrar desde el principio por la ancha ola de pasión
americana que, hacia 1958, la Revolución Cubana levantó, el grupo presuntamente
“arraigado” se [hurtó] mayoritariamente a ella».372 En paralelo a lo que vivía su
generación producto de la revolución cubana, Visca prosiguió a título personal con la
iniciativa del grupo Asir y con el correr de los años fue presidente de la Academia
Nacional de Letras, director de la sección «Arte y Cultura» del diario El País (1958-
1975), director del Departamento de Investigaciones Literarias de la Biblioteca Nacional
y director de la misma, así como colaborador en la sección «Libros» del semanario
Búsqueda junto a Roberto M. Fattoruso.
Elegimos estudiar su trayectoria porque en él se combinan dos características
interesantes: por un lado, una carrera reconocida como escritor y ensayista de la
generación del 45, redactor de una de las dos revistas más importantes de su período y,
por otro, un perfil conservador cristiano «de viejo cuño» (Real de Azúa), de filiación
nacionalista y una inclinación natural hacia el nativismo y el tradicionalismo, elementos
comunes a la propuesta cultural de la dictadura.

La Biblioteca eficiente

La designación de Visca como director general interventor de la Biblioteca


Nacional en 1976, a poco de comenzar el ensayo fundacional de la dictadura, revela una
búsqueda por parte de los militares de determinado modelo de intelectual alternativo a
los vigentes y quizás una afinidad de Visca hacia la propuesta dictatorial que lo volvía
un nombre probable. Por otra parte, la propia designación no es algo menor, dada la
impronta del cargo dentro del campo cultural nacional: tradicionalmente el director de la
Biblioteca Nacional, así como el presidente de la Academia Nacional de Letras, son
funciones desempeñadas por intelectuales vinculados a las letras con un amplio respaldo
social. Es decir, son cargos que se otorgan como reconocimiento político a la trayectoria
y se configuran como posiciones de poder relativo desde donde proyectar el prestigio

372
Real de Azúa. Antología del ensayo uruguayo contemporáneo, 2 vols. (Montevideo: Udelar, 1964),
442-444.

72
personal. Tener un intelectual de peso en estas áreas realza la gestión del gobierno de
turno y da respaldo a casi cualquier política cultural que se emprenda.373
La Biblioteca Nacional junto a la Academia Nacional de Letras funcionaron como
dos pilares de las políticas lingüísticas y culturales del régimen, con un espectro de
acción similar al que podrían tener hoy para cualquier política estatal en ese campo pero
con el énfasis de que había una propuesta concreta (léase canon nacional) que debía
defenderse ante los supuestos enemigos de la nación. Esa «cultura nacional» iba mucho
más allá de la norma y los usos lingüísticos aconsejados y de la lectura de un puñado de
autores y obras representativas de la «esencia oriental» porque alcanzaba a formas de
relacionamiento social y costumbres del «pueblo uruguayo» en desmedro de otras, a
veces apelando a argumentos de poco peso. El peso lo daban, seguramente, las personas
al frente de estas dependencias, las caras visibles de esta cultura amenazada. Durante la
dictadura, los sillones académicos de la Academia Nacional de Letras fueron ocupados,
como siempre de forma vitalicia, por los siguientes referentes:
Sillón Bartolomé Hidalgo: María de Montserrat (1976-1995);
Sillón Carlos Reyles: Juan E. Pivel Devoto (1968-1997);
Sillón Carlos Vaz Ferreira: (Juan Llambías de Azevedo entre 1966 y 1971) Fernando García Esteban
(1974-1982) y Aurelio Lucchini (1983-1989);
Sillón Dámaso A. Larrañaga: Santiago Dossetti (1972-1981) y Serafín J. García (1981-1985);
Sillón Delmira Agustini: Carlos Sabat Ercasty (1943-1982) y Atilio Lombardo (1982-1984);
Sillón Eduardo Acevedo Díaz: Emilio Oribe (1943-1975) e Ildefonso Pereda Valdés (1976-1996);
Sillón Ernesto Herrera: Fernán Silva Valdés (1969-1975) y Julio C. da Rosa (1970-2001).
Sillón Florencio Sánchez: Arturo S. Visca (1969-1993);
Sillón Francisco Acuña de Figueroa: Domingo L. Bordoli (1966-1982) y Guido Zannier (1984-1996);
Sillón Francisco Bauzá: Juana de Ibarbourou (1960-1979), Rolando Laguarda (1972-1983) y Nieves A.
de Larrobla (1983-1993);
Sillón Horacio Quiroga: Justino Jiménez de Aréchaga (1963-1980) y Aníbal L. Barbagelata (1980-
1982);
Sillón Javier de Viana: Ariosto González (1952-1972) y Aníbal Barrios Pintos (1976-2011);
Sillón José E. Rodó: Clara Silva (1974-1976) y Ángel Curotto (1977-1989);
Sillón José M. Pérez Castellano: Antonio María Barbieri (1943-1979) y Miguel Barriola (1979-1989);
Sillón José P. Varela: Pedro L. Ipuche (1968-1976) y Élida Miranda (1976-1987);
Sillón José Zorrilla de San Martín: Alberto Zum Felde (1943-1976) y Luis Bausero (1976-1999);
Sillón Julio Herrera y Reissig: Carlos Rodríguez Pintos (1959-1986);
Sillón María E. Vaz Ferreira: Clemente Estable (1943-1976);

373
Directores de la Biblioteca Nacional (1816-2013): Antonio Larrañaga, Comisión directiva (José
Guerra, Ramón Masini, Francisco Magariños, Franciso García de Zúñiga, Juan Giró), Comisión directiva
(Tomás Vilardebó, Larrañaga, Masini, Bernardo Berro, Manuel Errazquin, Cristóbal Salvañach),
Francisco Acuña de Figueroa, Emeterio Regúnaga, Pedro Sagrera, Junta económico-administrativa,
Joaquín Reyes, Comisión (Cándido Joanicó, Florentino Castellanos, Ricardo Huges, Adolfo Vaillant),
José Tavolara, Mariano Ferreira, Tavolara, Pedro Mascaró y Sosa (dos períodos), Comisión (José Enrique
Rodó, Juan Paullier, Víctor Pérez Petit), Mascaró, Juan Antonio Zubillaga (i), Felipe Villegas, Arturo
Scarone, Alberto Zum Felde, Juan Silva Silva, Carlos Gamba, Dionisio Trillo Pays (dos períodos),
Albana Larrinaga de Olave (i), Adolfo Silva Delgado, Arturo Sergio Visca, Enrique Fierro, Luis Alberto
Musso, Rafael Gomensoro, Raúl Vallarino, Tomás de Mattos y Carlos Liscano. Tomado de Batto
Ochoteco, Mabel; Fernández, Alicia; Souto, Antonio y Óscar Villa. «Biblioteca Nacional del Uruguay»,
en Boletín de la Anabad, 3-4: XLII (1992), 459-460. Disponible en:
[Link]/publicaciones/[Link]

73
Sillón Raúl Montero Bustamante: Celia Mieres (1969-1995).374

De lo anterior podemos concluir, en primer lugar, que en los 70 quedaban cinco


de los diecinueve académicos fundadores de 1943 y que el período 1972-1979 fue un
momento de recambio, en el que varios sillones cambiaron de «dueño». Interesa
particularmente la trayectoria de Visca que se mantuvo como académico de número
entre 1969 y 1993, año de su muerte, y la de Llambías de Azevedo que de no morir en
1971 seguramente habría proseguido hasta los 90. Entonces, Visca compartió sus
tiempos entre la Biblioteca y la Academia, coincidiendo en ambas instituciones en el
período 1976-1984. Como relata Lourdes Rodríguez, en 1975 el hasta entonces director
de la Biblioteca, profesor Adolfo Silva Delgado, afirmaba que «la extensión cultural y
la educación permanente [eran] prioritarias para toda biblioteca moderna». Silva
Delgado había sido responsable, entre otras cosas, de un artículo (353) de la Ley de
presupuesto que creaba veinticinco cargos para egresados de la Universidad de la
República, a razón de cinco por año desde 1973, y un Departamento de patología del
libro que se dedicaría a la restauración y prevención del acervo de la Biblioteca.375
El diario El País festejó la asunción conjunta de Visca como director general y del
coronel Jorge Marfetán como Interventor Contable y Administrativo de la Biblioteca
Nacional,376 aclarando que la elección había sido acordada la noche del 21 de marzo de
1977 entre el presidente de facto Aparicio Méndez (1976-1981) y el ministro de
Educación y Cultura, doctor Daniel Darracq (antes consejero del Conae): «Arturo
Sergio Visca accede a su cargo de particular confianza», escribía el periodista anónimo
de El País, insinuando que Visca era una persona cercana a los militares. Es probable
que su elección como director haya respondido a su amistad con Méndez, con quien
compartía lo que podría llamarse un recorrido político: ambos se habían vinculado
inicialmente al Partido Nacional y luego al nacionalismo independiente de Carlos
Quijano, desembocando finalmente en el wilsonismo.377 En 1972 Visca le escribe al por
entonces director del Museo Histórico Nacional, profesor Juan Pivel Devoto, para
felicitarlo por su carrera política y manifestarle su adhesión, aclarándole: «no he

374
Tomado de [Link]/academiadeletras
375
Rodríguez, Laura. «Las palabras y las cosas», en La Diaria (Montevideo, 27/6/2013), 10-11. Edición
especial por los 40 años del golpe de Estado en Uruguay.
376
Sin Firma «Arturo Sergio Visca asumirá hoy en la Biblioteca Nacional», en El País (Montevideo, 22
de marzo de 1977), 5.
377
Caetano y Rilla. Breve historia de la dictadura (1986), 104.

74
participado nunca en forma activa en la vida política del país [aunque] he sido votante
de Wilson Ferreira Aldunate, a quien a la vez, admiro y respeto».378

Algunas publicaciones de la Biblioteca Nacional entre 1975-1980

La Revista de la Biblioteca Nacional Nº 7 de diciembre de 1973 estuvo dedicada


por entero al Novecientos: Rodó, Roberto de las Carreras, el Martín Fierro (por su
centenario en 1972), Acevedo Díaz y un apartado sobre Carlos Vaz Ferreira por el
primer centenario de su muerte (1872-1972), escrito por su hija Sara Vaz Ferreira de
Echevarría. La Nº 9, ya en julio de 1975, continuando la línea de las anteriores y en
especial por el «Año de la Orientalidad» y el «Año cívico-literario» estaba dedicada a
Delmira Agustini (por Visca), a Sócrates y a los romances populares, y cerraba con un
artículo sobre el coronel Ramón de Cáceres. La edición Nº 10 de setiembre de ese año
tenía trabajos sobre la cruzada libertadora desde los géneros testimonial, literario (por
Visca) e histórico (a cargo de Inés Lizaso de Fiermari); el número siguiente (11), de
diciembre de 1973, se abocó por entero a Florencio Sánchez. La Revista aparecida en
febrero de 1976 (Nº 12) estaba dedicada a María Eugenia Vaz Ferreira, continuando con
la lógica del «Año cívico-literario» en honor a la generación del Novecientos. En esa
misma línea, el Nº 13 estaba destinado a Julio Herrera y Reissig y el Nº 16, aparecido en
diciembre, abordaba la vida y obra del poeta Álvaro Figueredo (Maldonado, 1907-1966)
y de Rafael Barret (España, 1876-Francia, 1910).379 Sobre Figueredo, Alfredo Fressia
dice en El País:

De los varios enigmas que rodean la obra del poeta Álvaro Figueredo (Pan de Azúcar, 1907-1966),
uno es siempre reiterado por los asedios críticos, a saber, la inexplicable distancia que se estableció
siempre entre esa obra admirable y el reconocimiento público, demasiado precario, al menos para
una obra poética estupenda como fue la suya. En el Prefacio de su Poesía (1974), Arturo Sergio
Visca decía: «Álvaro Figueredo es, sin duda, uno de los mayores poetas uruguayos, aunque su
obra, todavía poco difundida, no ha alcanzado aún el amplio reconocimiento (o, mejor,
conocimiento) que se le debe». Más de treinta años después, en la presente Antología poética del
autor, prologada por Jorge Albistur se lee: «El país no fue generoso con él y pagó con el silencio

378
Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta O-Q, carpetín P. Carta de ASV a Juan Pivel
Devoto, Montevideo, 15 de marzo de 1972.
379
Por más información sobre este ingeniero, matemático, periodista y escritor español, ver
[Link]/. Rafael era abuelo de Soledad Barret (Paraguay, 1945-Brasil, 1973), quien durante
su exilio en Uruguay protagonizó uno de los primeros episodios violentos de un grupo de aspiración
neonazi que le tatúo cruces gamas en sus piernas con una navaja. Este hecho ocurrido en 1962 es
mencionado por varios autores que analizan la extrema derecha en los tempranos sesenta y los brotes de
antisemitismo en el Uruguay, por ejemplo: Broquetas. «A propósito de las repercusiones del “caso
Eichmann”» (2010). Soledad, que tenía militancia política, fue asesinada en enero de 1973 en Recife, a
los 28 años, estando embarazada. Su muerte, junto a la de seis «subversivos» más, es conocida como la
«Masacre de Chácara de São Bento».

75
su elegante soledad aldeana». Se ensayan explicaciones para esa falta de repercusión. Para Visca,
Figueredo «vivió siempre obsedido por el acto creador, que es lo sustantivo, y no por la ambición
publicitaria, que es lo accesorio». La reserva que sería propia de su carácter —humildad y cierta
comprensible soberbia, agrega Albistur— explicaría que el poeta haya publicado solo dos libros, y
con una distancia de veinte años entre sí (Desvío de la estrella en 1936 y Mundo a la vez en 1956).
Los otros muchos poemas quedaron desperdigados en diarios y revistas. Hasta ahora las
publicaciones póstumas han sido la poesía para niños de El ABC del Gallito Verde, de 1977, los
cuentos reunidos en la Revista Nacional en 1976 y algunos ensayos de temas literarios, y porque
Figueredo fue efectivamente maestro y profesor de Literatura, en Maldonado. La Poesía que Visca
organizó en 1974 y la actual Antología… remedian en parte esa aparente incomprensión o esa
indiferencia uruguaya frente a su obra.380
La labor de la Biblioteca durante la gestión de Visca tuvo aciertos, como el rescate
de algunos autores generalmente «olvidados» por la academia, aunque la tónica general
fue de acompañamiento a las directivas estatales en materia de cultura, sobre todo en el
marco de los festejos de 1975. Los números posteriores al «Año de la Orientalidad» no
se alejaron del tema, debido a que en realidad los festejos fueron una excusa para que
los militares en el poder dieran rienda suelta a sus intereses históricos y culturales. Por
ejemplo, la Revista Nº19, de junio de 1979, contiene artículos sobre la Leyenda Patria
de Juan Zorrilla de San Martín, sobre Yamandú Rodríguez, Horacio Quiroga, la novela
histórica y la fotografía histórica desde una perspectiva nacional. El número siguiente,
de diciembre de 1980, vuelve al canon con trabajos sobre Eduardo Acevedo Díaz, Javier
de Viana y Ernesto Herrera. Tiene sentido, entonces, pensar que las líneas de
investigación de la Biblioteca Nacional eran afines a la propuesta cultural de corte
conservador de la dictadura, por lo que cabría eximir a la Biblioteca de haber trabajado
«para» el régimen y decir, más bien, que el hecho de coincidir en ciertas ideas base
sobre lo que era la cultura, cómo debía preservarse y demás cuestiones, le dio un
impulso (una vitalidad) que en otros momentos no tuvo. Recuérdese que a fines de los
60 los intelectuales , estudiantes y funcionarios vinculados a la cultura reclamaban más
presupuesto para la cultura y en especial para las instituciones públicas que debían
fomentarla, por ser una de las áreas más relegadas desde el impacto de la crisis.

La visión y la misión

La posibilidad de consultar la correspondencia de Visca, depositada en el Archivo


Literario de la Biblioteca Nacional, nos permitió entrever sus intereses y preocupaciones
durante el periodo estudiado; cuando respondía cartas de exalumnos radicados en el

380
Fressia, Alfredo. «Antología de Álvaro Figueredo (1907-19066). El inolvidable poeta secreto», en El
País (Montevideo, 4 de abril de 2008). Disponible en:
[Link]

76
exterior rara vez hablaba de la realidad nacional y evitaba comentar hechos concretos,
incluso cuando se le hacían preguntas explícitas: hablaba de la dictadura como si se
tratara de cualquier gobierno legítimo aunque, eso sí, alertaba sobre la inseguridad del
Correo uruguayo y se preocupaba de la filtración de información confidencial y del
«extravío» de las cartas. Quizás esta ceguera autoimpuesta respondiera a que su único
objetivo era la difusión de lo que él consideraba la cultura nacional —al parecer, una
noción compartida con el gobierno de facto— sin atender a esos aspectos oscuros del
régimen.
En diciembre de 1973, el Nº 7 de la Revista de la Biblioteca Nacional comentaba
con orgullo que vivía un «extraordinario incremento de [su] actividad cultural y de
extensión» que en los últimos meses la obligaba a realizar varias actividades a la misma
vez, especialmente las vinculadas a la literatura uruguaya debido al otorgamiento del
Premio Nacional de Literatura al presidente de la Academia Nacional de Letras y
director de la Sección de Literatura Uruguaya de la Biblioteca Nacional, A. S. Visca.
Nada en su cronograma de actividades contemplaba la nueva realidad del país, ni una
sola conferencia o reunión social para debatir sobre la nueva situación política y cultural
del Uruguay bajo la recién comenzada dictadura.381 En 1975, la revista realiza una
incorporación temática: hacia el final del volumen se incluye la biografía del coronel
Ramón de Cáceres (h) confeccionada por Armando Cáceres Brie, quien sostenía

Es en la fuente viva de la historia donde se abrevan los valores cívicos de aquellos varones que no
supieron de renunciamientos cuando tuvieron que enfrentar […] a las fuerzas que pretendían
arrasar con los bienes y las conquistas que conformaban el acervo nacional. […] La imagen de la
patria debe prender y filtrarse en la mente de las nuevas generaciones con sus valores reales y
sagrados, no con las deformaciones que tienden al escarnio del idealismo y la pureza que
constituyeron la esencia de nuestra NACIONALIDAD. Por tanto, debemos integrarnos a la
militancia de la tradición que gestó nuestro destino, rindiendo culto a un pasado pleno de glorias
382
que se proyecta hacia el porvenir.

Esta «militancia de la tradición» parece ser una de las explicaciones para la


confluencia de Visca en el proyecto autoritario, sin embargo, en el modo en que se
desarrolló su asunción como director encontramos algunos elementos curiosos, por
ejemplo que no todos dentro y fuera del gobierno recibieron la noticia con satisfacción.
En una carta fechada el 19 de junio de 1977, Visca escribía: «desde el 23 de marzo soy
director general de la Biblioteca Nacional, y lo soy […] no porque tal haya sido mi
voluntad sino porque he estimado que […] era una obligación moral aceptar. Sobre

381
Revista de la Biblioteca Nacional 7 (Montevideo: Biblioteca Nacional, diciembre de 1973), 127-36.
382
Revista de la Biblioteca Nacional 9 (Montevideo: Biblioteca Nacional, julio de 1975), 117.
Mayúsculas en el original.

77
esto no puedo explayarme por carta. Ni tampoco sobre el accidentado —y muy penoso
y casi inconcebible— proceso previo a la designación».383 Más allá de su supuesto
gesto abnegado, nos preguntamos cuáles habrán sido esos obstáculos que no podía
contar. En lo que se conserva de su correspondencia del periodo nunca llegó a
describirlos y resulta difícil determinar qué sectores del gobierno o de la sociedad se
opusieron a que él ocupara el cargo, ya que desde varios años antes se desempeñaba
como presidente de la Academia Nacional de Letras, vicepresidente para las Artes y
Letras en el Instituto Cultural Uruguayo-Argentino384 y director del Departamento de
Investigaciones de la Biblioteca Nacional, con una trayectoria —hasta donde
sabemos— intachable. Entre los que no vieron con buenos ojos su aceptación del cargo
en la Biblioteca se encuentra el crítico Jorge Ruffinelli, quien en su balance de los
estudios literarios de los 70, escribe: «solo quiero señalar que así como hubo silencio y
un vacío culturales […] también hubo quienes colaboraron en funciones públicas con
el régimen. Arturo Sergio Visca fue director de la Biblioteca Nacional y allí publicó sus
libros de ensayos; también reeditó su Antología del cuento uruguayo, de la cual extirpó
a Mario Benedetti, autor que no gozaba, obviamente, del favor de la dictadura».385
Frente a estas acusaciones entendemos que si bien es cierto que Visca publicó
varios libros durante su gestión en la Biblioteca, no fue porque aprovechara esa posición
de privilegio sino porque existía un consenso sobre su obra y la crítica lo premiaba con
distinciones municipales y nacionales en cuanto concurso de literatura se realizaba;386 y
que si Visca no «extirpaba» a Benedetti —intelectual comprometido por excelencia,
referente nacional de la revolución cubana— ningún libro suyo, ni de nadie, pasaba la
revisión; por otra parte, Visca no era afín a la obra de Benedetti, porque éste no solo
formaba parte del grupo de Número sino que desarrollaba una literatura cosmopolita y
urbana que se planteaba como diametralmente opuesta a la que defendía Asir y, de
hecho, Benedetti tampoco era lector de Visca, a quien consideraba «monótono» y
«aburrido».387

383
Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta C II. Carta de ASV a Hortensia Campanella,
Montevideo, 19 de junio de 1977. Negritas nuestras.
384
Montero Bustamante, Raúl y José María Cantilo. «El Canciller Argentino en el Instituto Cultural
Uruguayo-Argentino», en Revista Nacional 19-20-21 (Montevideo, julio-setiembre de 1939), 7: 25-33. El
Instituto se fundó en 1937 con el fin de consolidar y preservar el «patrimonio rioplatense».
385
Ruffinelli, J. «La crítica de los estudios literarios en el Uruguay de la dictadura (1973-1985)», en
Hispamérica 56-57 (Pittsburgh, 1991), 21-29. Cursivas en el original.
386
Premio Ensayo en Concurso Literario Municipal 1962, Premio Nacional de Literatura 1971, Gran
Premio Nacional 1979 (bianual), entre otros.
387
Benedetti, M. «Arturo Sergio Visca y la contemplación activa» (1961), en Literatura uruguaya del
siglo XX (Barcelona: Seix Barral, 1997), 237.

78
Como si le respondiera a Ruffinelli, la periodista Ana Inés Larre Borges explica
que para los que siguieron de cerca la gestión de Visca resulta evidente su «resistencia»
a la dictadura, por ejemplo cuando resguardó los papeles de Francisco «Paco» Espínola
de la destrucción policial.388 Precisamente, Benedetti no fue el único extirpado de la
Nueva antología del cuento uruguayo, pues en la tercera edición del 76 tampoco se
incluyó a Espínola ni a Alfredo Gravina.389 Sin embargo no cabe leer una aversión por
Espínola, dado que el Nº 8 de la Revista de la Biblioteca Nacional, publicado en
diciembre de 1974, estaba dedicado a ese autor. Quizás las dos perspectivas fallan en su
intento de querer salvar o condenar a Visca por su cargo en la Biblioteca —vale decir,
por su participación en la dictadura— sin pensar en los objetivos intelectuales y morales
que éste persiguió toda su vida. No sabemos si cualquier otro intelectual en su posición
no hubiera hecho lo mismo: excluir a Benedetti de una antología y preservar el archivo
de Espínola, sobre todo en un momento histórico donde no se tienen todas las opciones
a la vista.
En una carta a su amigo Domingo Luis Bordoli, Visca se excusa por su ausencia
de los últimos tiempos, fruto de las demandas de la Biblioteca, y le dice: «deseo eviten
toda mala interpretación, porque, desgraciadamente, en este mundo de chismes y
rumores, ya me han llegado rumores y chismes al respecto […] tengo empeño en que
una amistad de treinta años no se empañe».390 Esto muestra que a pesar de todo Visca
intentaba mantener sus viejas alianzas y amistades previas a la dictadura y suponemos
que los rumores versaban sobre su colaboración con el gobierno, eso que Larre Borges
llama el «signo negativo». Como contracara, el crítico Ángel Rama desde Washington
le escribía a Alicia Casas de Barrán, en los años 70 directora del Departamento de
Secretaría y encargada de la edición de la Revista de la Biblioteca Nacional antes y
durante la dirección de Visca, preguntándole quiénes quedaban del «viejo grupo» en la

388
Larre Borges, A. I. «Arturo Sergio Visca», en Brecha (Montevideo, 1993), 25. El escritor, afiliado al
Partido Comunista del Uruguay, murió en 1973. Sus restos iban a ser velados en la Universidad de la
República pero al estar intervenida la ceremonia se realizó en la sede del Partido Comunista. Marchesi et
al. El presente de la dictadura (2003), 23.
389
Agradecemos esta información y la sugerencia de bibliografía al profesor Pablo Rocca, quien nos
aclaró que las tres ediciones de la antología representan, en realidad, tres libros distintos con leves
variaciones en el título, editados en Montevideo en 1963, 1968 y 1976, respectivamente. La primera
edición incluía a los narradores: Montiel Ballesteros, Pedro L. Ipuche, José Monegal, Juan M.
Magallanes, Juan J. Morosoli, Enrique Amorin, Francisco Espínola, Santiago Dossetti, Felisberto
Hernández, Víctor Dotti, Serafín J. García, Juan C. Onetti, Dionisio Trillo Pays, Giselda Zani, Eliseo S.
Porta, Alfredo Gravina, Carlos Martínez Moreno, Mario Arregui, Luis Castelli, Mario Benedetti y María
Inés Silva Vila de Maggi.
390
Archivo Literario de la Biblioteca Nacional. Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta B.
Carta de ASV a Domingo Luis Bordoli, Montevideo, 24 de julio de 1977.

79
Biblioteca (recordemos que Rama trabajó muchos años allí, en la Sección de
Adquisiciones) y comentándole el «alivio» que le producía la presencia de Visca, quien
representaba un «resguardo intelectual en épocas difíciles y una garantía».391 Entonces,
si tanto para Rama, que estaba en el exilio y había tenido su pasaje por el cubanismo,
como para Méndez, que era el presidente de facto, Visca representaba una persona de
confianza en quien delegar la complicada tarea de resguardar la cultura nacional,
¿quiénes se opusieron a su designación?

El guardián de la cultura

Al parecer, Visca como director interventor era el tutor académico de la Biblioteca


y el Interventor contable y administrativo, coronel Marfetán, el apoyo logístico. Según
testimonios de funcionarios de esa época, Marfetán fue responsable de la eficacia y la
pulcritud de la Biblioteca por esos años, pues siempre estaba pendiente de la higiene del
local, de que los muebles y los adornos combinaran, así como del ahorro de energía y la
buena atención al público, ampliando el horario hasta la noche y abriendo los domingos
y feriados.392 El flamante director general interventor y el interventor contable y
administrativo mantenían una relación cordial que, con el tiempo y el trabajo
compartido en la Biblioteca, se volvió una amistad o —para usar las palabras del
general Edgardo Ubaldo Genta,393 también amigo de Visca— con los años se
convirtieron en «dos calificadas personas unidas por el afecto y la función».394
Marfetán provenía de una larga lista de familiares militares y al parecer tenía
aspiraciones literarias que Visca festejaba, vaya uno a saber si convencido o no del
talento del coronel. La lectura de la correspondencia de Visca nos permitió confirmar
que sus relaciones con el aparato cultural de la dictadura no eran nuevas, pues desde

391
Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta R. Carta de Ángel Rama a Alicia Casas de
Barrán, Washington, 17 de setiembre de 1982.
392
Rodríguez, L. «Las palabras y las cosas» (2013), 11-12.
393
El 19 de junio de 1977, a «pocas horas para la inauguración del Mausoleo» de Artigas, el diario El
País publicaba «en exclusividad un vibrante poema escrito por el general Edgardo Ubaldo Genta, en el
que subraya[ba] con unción patriótica la relevancia del episodio que se [inscribía] entre los momentos
más emotivos y sublimes de la Historia Nacional». Assunçao, Fernando y Wilfredo Pérez. Artigas.
Inauguración de su Mausoleo y glosario de homenajes (Montevideo: Palacio Legislativo, 1978), 537.
Entre las páginas 537 y 539 se puede leer el poema completo. Se trata del mismo general que en la
víspera del 25 de agosto de 1975 estrenaba su obra teatral Artigas, sol de América en el Teatro Solís, con
el elenco de una Comedia Nacional intervenida desde 1973. Por más información sobre la obra ver Mirza.
La escena bajo vigilancia (2007), 243-245.
394
Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta G. Carta del general Edgardo Ubaldo Genta a
ASV, Montevideo, 16 de febrero de 1979.

80
antes de su asunción en la Biblioteca participaba de las actividades culturales del
régimen, especialmente en los festejos del «Año cívico-literario» en 1975.
El calificativo «cívico-literario» ponía en claro la intención del gobierno: se
trataba de una iniciativa del pueblo uruguayo, no institucional ni gubernamental, que
buscaba un retorno a la cultura del Novecientos con un afán moralizante,395 con el
pretexto del centenario de los natalicios de los escritores María Eugenia Vaz Ferreira,
Florencio Sánchez y Julio Herrera y Reissig, tres personalidades paradigmáticas del
Novecientos. Según Cosse y Markarian: «el autoproclamado régimen cívico-militar
rendía honores a tres escritores que habían sido llamado cívico-literarios en su época.
Se recuperaba un apelativo que connotaba la intención patriótica de los escritores más
antiguos y la contribución de los más recientes a la literatura nacional […] se trataba
de rescatar a las letras nacionales de su asociación a los ámbitos de creación cultural
denostados por la dictadura».396 Se trataba, en definitiva, de difundir una literatura
canónica que sustituyera los últimos hitos literarios (Benedetti, por ejemplo)
desprendiéndola de su circunstancia más íntima, por ejemplo, en el caso de Florencio
Sánchez se resaltaba lo humilde de su narrativa pero se obviaba mencionar que era
anarquista. En la misma línea, las autoras señalan que lo que se intentaba realizar era
una lectura fuertemente nacionalista que sobrevolara los contenidos y atendiera más a lo
simbólico, a lo que estos escritores significaban y no necesariamente lo que habían sido
o hecho en realidad.
El establecimiento del canon bibliográfico fue de la mano del canon lingüístico,
en tanto se implicaban mutuamente. En Uruguay entre enero y julio de 1979 el MEC
desarrolló una campaña de purismo lingüístico en los medios de comunicación
nacionales, especialmente la prensa escrita, bajo la consigna «El buen uso de su idioma
es uno de los más significativos índices de la cultura de una nación». Graciela Barrios y
Leticia Pugliese analizan esta campaña lingüística y concluyen que en este tipo de
procesos es cuando se exalta el carácter nacionalista de la lengua y se tiende al purismo
en dos sentidos: contra lo foráneo (en los 70 contra la invasión del portugués
brasileño)397 y lo incorrecto (frente a lo establecido por la Real Academia Española).398

395
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 112.
396
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 110-111. Cursivas en el original.
397
Por ejemplo, en agosto de 1978 el tema del Congreso Nacional Departamental de Educación Primaria
tuvo por eje el fortalecimiento de la enseñanza del español, especialmente en las localidades de frontera.
Ver «Preocupa la penetración de TV y radios de países limítrofes», en El País (Montevideo, 23 de agosto
de 1978). Citado por Barrios, Graciela y Leticia Pugliese. «Política lingüística y dictadura militar: las
campañas en defensa de la lengua», en Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 156-159.

81
La campaña de purismo lingüístico realizada por el gobierno de facto en prensa
escrita se desarrolló entre el 17 de enero y el 22 de julio de 1978, a través de sesenta 69
textos diferentes que aparecieron con una frecuencia casi diaria. El encargado de la
campaña fue el MEC, cuyos «propósitos [y] también los expertos que estarán a su
cargo garantizan una real preservación de los valores lingüísticos comprometidos por
la infiltración fronteriza y la distorsión que se opera a través de distintos medios de
difusión», según señalaba El País en noviembre de 1978, vinculando el buen uso del
idioma con los valores de la nación y las «buenas costumbres»:399

[…] el carácter nacionalista de la campaña: a través del buen uso del idioma se eleva la cultura de
un pueblo, y por lo tanto se contribuye a exaltar los valores de la nación. Se estimula así la
propiedad de arraigo […] de la lengua estándar, mediante la cual se destaca que la lengua está
ligada al acervo histórico de la comunidad hablante en cuanto sociedad culturalmente
400
identificable.
En el Decreto-ley Nº 10.350 del 10 de febrero de 1943 por el que se funda la
Academia Nacional de Letras se alude a la lengua como el «mayor tesoro que nos legó
España» continuando el discurso del siglo XIX uruguayo; un discurso purista que en
nuestro país tuvo dos corrientes, una uruguayo-americanista y otra conservadora
hispanófila, y un alto componente nacionalista —según Mariela Oroño— identificado
con el proceso de modernización iniciado por la dictadura del coronel Lorenzo Latorre,
cuyo interés central fue ordenar la campaña y contrarrestar la presencia brasileña en el
norte del país y la alta inmigración.401 La doble «construcción» que analiza Oroño, del
Estado-nación y de la lengua nacional durante el siglo XIX, fue realizada por intermedio
de dos objetos discursivos: el del ciudadano y el del español uruguayo-americano, en
este contexto el papel protagónico lo tuvo la escuela, encargada de «establecer cuáles
eran los límites dentro de los cuales se enmarcaba la lengua del Estado, que todo buen
ciudadano debía conocer y aceptar».402 La importancia del purismo idiomático
responde a que la lengua era considerada el instrumento de la cultura (en los 40
sinónimo de literatura) nacional.403 La pureza de la lengua se condecía, según el decreto

398
Durante el periodo se realizó además una Campaña Nacional de Alfabetización. Barrios y Pugliese.
«Política lingüística y dictadura militar» (2003), 158.
399
Barrios y Pugliese. «Política lingüística y dictadura militar» (2003), 157-159.
400
Barrios y Pugliese. «Política lingüística y dictadura militar» (2003), 160.
401
Oroño, Mariela. «Lengua, escuela y Estado: la construcción del idioma nacional en los albores de la
construcción del Estado-nación uruguayo», en Behares, Luis (Compilador) Actas del V Encuentro
Internacional de Investigadores de Políticas Lingüísticas (Montevideo: AUGM-Udelar, 2011), 99.
Disponible en: [Link]
content/uploads/2012/08/[Link]
402
Oroño, M. «Lengua, escuela y Estado» (2011), 104.
403
Asencio, Pilar. Temas de sociolingüística: representación y norma lingüística en Uruguay
(Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2006), 7-11.

82
fundacional de la Academia, con la «conducta intachable» de sus miembros. Lo que
quedaba manifiesto en la designación de sus primeros académicos de número, que
tomaron posesión el 20 de febrero de 1943: Antonio María Barbieri, Víctor Pérez Petit,
Raúl Montero Bustamante, Emilio Frugoni, Álvaro Armando Vasseur, Juana de
Ibarbourou, Emilio Oribe, Alberto Zum Felde y Carlos Martínez Vigil. Este grupo
inicial eligió a los diez académicos restantes (por cooptación) para completar los
diecinueve exigidos: Carlos Vaz Ferreira, José Irureta Goyena, Daniel Castellanos, José
María Delgado, José Pedro Segundo, Clemente Estable, Dardo Regules, Adolfo Berro
García, Carlos Sabat Ercasty y Fernán Silva Valdés.404
En 1978 el régimen designó los diecinueve sillones académicos con los nombres
de personalidades uruguayas del siglo XIX y del Novecientos: José Manuel Pérez
Castellano, Dámaso Antonio Larrañaga, Bartolomé Hidalgo, Francisco Acuña de
Figueroa, José Pedro Varela, Francisco A. Bauzá, Eduardo Acevedo Díaz, Juan Zorrilla
de San Martín, Javier de Viana, Carlos Reyles, José Enrique Rodó, Carlos Vaz Ferreira,
Julio Herrera y Reissig, Florencio Sánchez, María Eugenia Vaz Ferreira, Horacio
Quiroga, Raúl Montero Bustamante, Delmira Agustini y Ernesto Herrera. Esto revelaba
el canon literario que defendía la dictadura, el mismo que explícitamente se venía
trabajando desde la Academia, pues la generación del Novecientos fue para muchos
estudiosos y críticos el abrevadero de las generaciones posteriores, el momento
histórico, político y cultural en que se edificaron las bases de la identidad nacional y las
corrientes principales de su cultura. El purismo lingüístico que resurge en los 70 tiene,
según Barrios y Pugliese, el mismo sustrato que el que dio origen a las academias
Uruguaya de la Lengua (1923-1938) —la «correspondiente» (filial) española— y
Nacional de Letras (1943 al presente). Como señala Asencio,

[El purismo tiene] su origen, para el español de América, en corrientes reaccionarias


«restauradoras» latinoamericanas, con inclinaciones hispanófilas, que son un espejo de la
contrarreforma española, con su nostalgia por el tiempo pasado que invariablemente era mejor, su
deseo de retorno a los orígenes (o sea al español), su creencia en que la lengua se hacía en España
y se aceptaba, o bien se corrompía, en América, etc. […] sin embargo, es posible distinguir estas
405
corrientes puristas de otras más matizadas, moderadamente americanistas, dentro de las cuales
incluye posturas como la de Bello que, si bien también propone conservar lo más castizo de la

404
Según el Artículo 3º de los Estatutos de la ANL para ser Académico de Número se requiere: «a) Ser
uruguayo, haber cumplido 30 años y residir en la República; b) Haberse distinguido por superior labor
intelectual, preferentemente en el cultivo de las letras o en investigaciones y estudios idiomáticos; c)
Observar conducta intachable». Tomado de Asencio, P. Temas de sociolingüística (2006), 16.
405
Rama, Carlos. Historia de las relaciones culturales entre España y América Latina. Siglo XIX
(México: FCE, 1982). Citado por Asencio. Temas de sociolingüística (2006), 31.

83
lengua, lo hace con el fin de preservar la unidad americana o bolivariana y no caer en un proceso
406
de vulgarización análogo al que sufrió el latín.

Pero esta defensa del idioma no es exclusiva de los regímenes dictatoriales sino
que emerge cuando el Estado (que es quien viabiliza su poder de control social a través
del sistema educativo y las demás instituciones culturales estatales, como la Academia)
siente que su idea de cultura, de identidad y/o de nación está siendo amenazada. Esta
función política de la lengua que excede el término «políticas lingüísticas» toma forma
en los análisis de sociolingüística, por ejemplo el de Barrios, quien analiza el vínculo
entre el purismo lingüístico y las políticas nacionalistas y las imperialistas, dos
situaciones en que las academias de lengua trascienden su función filológica e
incursionan en el campo político de la construcción y defensa de la nacionalidad y la
identidad nacional. En este sentido, la autora señala que

Las lenguas estándares forman parte del acervo histórico de las comunidades, que necesitan anclar
sus lenguas en una dimensión histórica. Un idioma es arraigado no solo porque se remonta a
orígenes considerados limpios y valiosos, sino por su relación con una tradición cultural viva
(Gallardo 1978).407 En el caso de lenguas de colonización como el español, el inglés o el
portugués, ocurre un replanteamiento en términos de arraigo que acompaña el desarrollo de
normas lingüísticas locales, que establecen a su vez un campo de posibles conflictos identitarios
entre colonizadores y colonizados.408
Entonces, lo que ha cambiado desde la fundación de la Academia de Letras a esta
parte es la «amenaza» (el habla popular y los extranjerismos primero, la invasión del
portugués y la postulación de una lengua oral como el «portuñol» después, los
préstamos del portugués y del inglés —extensivo a lo cultural, especialmente la música
rock— como erosivos de una lengua auténticamente uruguaya, sea lo que esto fuere,
durante la dictadura) porque en líneas generales el discurso conservador, purista y
nacionalista siempre fue el mismo y tiene similitudes con los discursos de «defensa del
idioma» que aparecen en crisis políticas en todo el mundo.

1975: el año oriental, literario y femenino

En 1975 al caso de María Eugenia Vaz Ferreira se le sumó el reconocimiento a


Juana de Ibarbourou con la condecoración «Protectora de los Pueblos Libres general
Artigas» creada ese año, en el marco del «Año Internacional de la Mujer» declarado por

406
Asencio. Temas de sociolingüística (2006), 31.
407
Gallardo, Andrés. «Hacia una teoría de la lengua estándar», en Revista de lingüística teórica y
aplicada 16 (1978), 85-119.
408
Barrios, Graciela. «La función política de las academias de la lengua», en Behares, L (Compilador)
Actas del V Encuentro Internacional (2011), 31-36.

84
la ONU. Esta condecoración fue propuesta por la CNHS el 4 de febrero de 1975 al
entonces presidente de la República, Juan María Bordaberry, como una distinción a
ciudadanos uruguayos y personalidades extranjeras que hayan prestado «relevantes
servicios» al país y se trataba de algo nuevo en Uruguay, que jamás otorgó este tipo de
reconocimientos. Bordaberry secundó la iniciativa, como uno de los homenajes que
celebraba el Sesquicentenario, momento más que «propicio para resaltar los valores
morales y espirituales que fundamentan el ser colectivo de la patria».409 El 25 de agosto
de 1975 el presidente tuvo la iniciativa de conferir dicha condecoración a la escritora
Juana de Ibarbourou, «en cuanto su labor literaria constituye no solo un legítimo
orgullo para nuestro país, sino también y así lo ha reconocido y proclamado en
reiteradas oportunidades para todo el continente americano, lo que le ha valido el
título de “Juana de América”». Ibarbourou se destacaba, también, en la «exaltación del
habla española» y en poseer «las mejores virtudes de la mujer oriental».410
La escritora y poetisa Juana Fernández (Melo, 1892-1979) —que prefería utilizar
el apellido de su esposo, el capitán del Ejército Lucas Ibarbourou, haciéndonos descartar
así su supuesto feminismo— es una figura emblemática de la literatura nacional de corte
conservador. Provenía de una familia saravista, machista, católica y vinculada a las
fuerzas armadas. En su paradigmático libro Chico Carlo (1945), texto escolar al menos
hasta los 90, Ibarbourou es Susana, una niña apadrinada por Aparicio Saravia, la mejor
amiga y enamorada de Francisco Carlos («Chico Carlo»), un niño pobre, hambriento y
solitario y amante de las escopetas. En el cuento homólogo, Juana/ Susana recuerda:

¡Cómo me gustaba cantar! Sabía décimas y vidalitas, lo único que una niña puede aprender
espontáneamente en un pueblo del interior del Uruguay. La décima es nuestro romance. La vidalita
nuestra balada. Yo amaba estas canciones y las repetía hasta cansarme, arrullándome en su ritmo,
viviendo en el amor y la epopeya de sus héroes, sin entenderlos, pero sintiéndolos ya en la
411
adivinación de mis sueños del porvenir.
Resulta curiosa la intensidad y los ribetes eróticos de sus primeras poesías y a la
vez entendible que la dictadura haya hecho caso omiso de libros como Las lenguas de
diamante (1919), para preferir otros como éste (dentro de sus «textos escolares») o Raíz
Salvaje (1922) de fuerte tono telúrico. Fue condecorada en 1929 como «Juana de
América» en el Palacio Legislativo de la mano del «poeta de la patria», Juan Zorrilla de
San Martín, en 1959 ganó el Gran Premio Nacional de Literatura (en su primera

409
«Condecoración “Protector de los Pueblos Libres General José Artigas”» en Assunçao y Pérez. Artigas
(1978), 477-478.
410
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 483.
411
De Ibarbourou, J. Chico Carlo (Buenos Aires: Kapelusz, [1953] 1965), 20.

85
entrega) y en 1975 recibió la condecoración creada por la dictadura, en medio de los
festejos del 25 de agosto. En 1979, cuando la poetisa murió a los 84 años de edad, la
dictadura decretó duelo nacional realizándole un sepelio con honores de ministro de
Estado.412
En simultáneo a su actividad en la Academia Nacional de Letras, Visca realizó
suplementos literarios («fascículos») para el diario El País, ferviente seguidor de los
festejos, y desde la Biblioteca Nacional publicó una colección en honor al
Sesquicentenario. La labor era demandante según expresó en varias cartas de la época,
pero lo movía el «deber intelectual» pues «aunque me complica la tarea, es también
una obligación. En la actual situación, es necesario más que nunca abrir camino a
aquellos que han de continuar sosteniendo los valores de la cultura nacional».413
Consideraba que su labor en la Biblioteca ayudaba a sostener los valores de la cultura
nacional y así lo veía también el gobierno, quien promovía mediante sus políticas
culturales, sobre todo los productos de la Dinarp, una idea tradicionalista de la cultura
nacional que la mostraba como un conjunto de valores atemporales que debían
resguardarse de los eventuales enemigos de la nación.414 Los encargados de preservar y
difundir estos valores no eran otros que los niños y los jóvenes de la dictadura, ellos —
señalaba Visca— eran el objetivo primero de su abnegada labor.
En una carta de mayo de 1985 Visca aclara que su cese en la dirección de la
Biblioteca Nacional no respondió a cuestiones políticas sino a la necesidad de «dejar
vacíos donde ubicar a personas con las que había algún compromiso. O, quizás
[también] al deseo de cambiar todo para que todo quede como estaba pero dejando la
sensación de que se había producido un cambio».415 Respecto a lo que se insinúa, solo
podemos comentar que los directores de la Biblioteca suelen ser personalidades del
mundo de las letras (profesores de literatura, escritores reconocidos, críticos literarios),
regla que se cumple hasta hoy: entre 1951 y 1971 se desempeñó en el cargo el escritor
Dionisio Trillo Pays, quien fuera compañero de Visca en la revista Asir, en el período

412
Sin Firma. «Decretaron en la fecha duelo oficial. Falleció a los 84 años de edad a raíz de un síncope
cardíaco», en El País (Montevideo, 16 de julio de 1979). Sobre la personalidad literaria de Ibarbourou en
el campo nacional ver De Torres, María Inés. «La raíz salvaje de Juana de Ibarbourou: miradas urbanas
de la naturaleza en el centenario uruguayo», en Revista de la Biblioteca Nacional 6 (Montevideo:
Biblioteca Nacional, julio de 2012), 157-169.
413
Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta F. Carta de ASV a Emma Fernández-Colmeiro,
Montevideo, 17 de julio de 1975.
414
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 57.
415
Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta D. Carta de ASV a Mirella Dicandro de
Moracchini, Montevideo, 26 de mayo de 1985.

86
1972-1976 estuvo el profesor de historia Adolfo Silva Delgado, interrumpido en 1974
por Albana Larriaga de Olave. Podría decirse que Silva Delgado fue una excepción por
provenir de la historia, pero en realidad se movía más que nada en el campo de las letras
y en medios de prensa: fue el primer director del diario El Pueblo de la ciudad de Salto
y columnista de La Mañana de Montevideo, además de frecuentar las reuniones de José
Pedro Díaz y su esposa Amanda Berenguer. En 1976 asumió Visca, manteniéndose
hasta 1984, cuando lo cesa la «democracia» y nombran al poeta Enrique Fierro en su
lugar.416
Respecto a su desvinculación, Visca confiesa: «no dejó de mortificarme
inicialmente mi cese. Me pareció absurdo que tras haber sorteado todas las zancadillas
cívico-militares —incluida una amenaza de muerte— me destituyera el régimen
democrático».417 Ciertamente a Visca le dolía que lo hubiera destituido la democracia,
lo que lo emparentaba con el régimen saliente, volviéndolo un signo negativo. Respecto
a la «amenaza de muerte» podría decirse que suena exagerado cuando se trata de un
director de una biblioteca, aunque sea la Biblioteca Nacional. ¿Qué se pretendía?,
¿quién estaba interesado en que Visca abandonara el cargo? Lo único que podemos
interpretar es que había otros candidatos que se consideraban más aptos o con derecho a
ocupar ese cargo, no olvidemos el poder simbólico que pueden concentrar ciertos
intelectuales vinculados al poder político y ubicados en posiciones de privilegio dentro
del campo cultural.

Comentarios finales

El caso de Visca resulta propicio para abordar hasta qué punto hubo por aquellos
años, mediados de los 70 y 80, tal desconocimiento e indiferencia ante la realidad y,
como consecuencia, la indefinición política o la no toma de posición dentro del campo
cultural nacional respecto a la dictadura y su accionar por fuera de la cultura. Por lo
pronto, Visca sabía lo que sucedía, siempre fue un intelectual interesado por la vida
social y cultural del país y para un hombre como él hubiera sido imposible pasar por
alto la censura de los libros, por ejemplo, o el exilio de sus coetáneos. Sin embargo,

416
Como curiosidad cabe comentar que Enrique Fierro es la pareja actual de la poetisa Ida Vitale,
exesposa del crítico Ángel Rama. Dato relevante para pensar qué perfil se buscaba en el 80 para la
Biblioteca Nacional y qué idea de «cultura nacional» se intentaba restituir.
417
Archivo documental ASV. Correspondencia, carpeta D. Carta de ASV a Mirella Dicandro de
Moracchini, Montevideo, 26 de mayo de 1985.

87
también es cierto que su interés en la construcción de un canon nacional y en la
preservación de determinados valores sociales y morales lo llevaron a aceptar lo que
veía bien en el planteo del régimen: el retorno a la familia, a la cultura folclórica, a los
jóvenes estudiando y doblegando sus impulsos revulsivos en el deporte, los noviazgos a
la vieja usanza, el cuidado de las apariencias, en fin, Visca compartía el grueso del
planteo conservador de la dictadura en cuanto a los usos sociales y la cultura y cuando
se trataba de los otros aspectos, los que podrían resumirse como «terrorismo de Estado»,
el ensayista se encerraba en la Biblioteca y hablaba con sus alumnos y compañeros de
trabajo a la distancia, por carta, narrando sus largas jornadas atrincherado en la
biblioteca. Como señala Alicia Casas de Barrán, «cada uno en su noche», incluso
Visca.418

418
Alicia Casas de Barrán entrevistada por nosotros, octubre de 2012. La expresión refiere al título del
libro de poemas de Ida Vitale, publicado en 1960.

88
Miguel Ángel Klappenbach419

El licenciado en Ciencias Biológicas Miguel Ángel Klappenbach (Soriano, 1920-


Montevideo, 2000) fue consejero por el Orden de Egresados de la Facultad de
Humanidades y Ciencias en los años previos a la Intervención, como titular de la lista
única «Frente Universitario» (de izquierda) que en las elecciones de setiembre de 1973
obtuvo 76 votos para la Asamblea General del Claustro y 71 para la Asamblea del
Claustro de la Facultad;420 pero nunca estudió en la Facultad de Humanidades y
Ciencias. Se le otorgó el título cuando, a fines de los 60, el Consejo Directivo Central de
la Universidad aprobó un reglamento sobre «reválidas parciales o globales y de
competencia notoria» que titulaba a investigadores universitarios en el área de las
ciencias, con el objetivo de permitir que el Consejo de Facultad alcanzara el número de
egresados suficiente en las dos ramas para poder sesionar.421 Por entonces, Klappenbach
complementaba sus labores en el Museo Nacional de Historia Natural con la docencia.
Fue ayudante de Zoología, de Laboratorios del Museo y del Departamento de Zoología
del Instituto de Investigaciones Biológicas «Clemente Estable», realizando las primeras
expediciones científicas al Mato Grosso y a la Guayana venezolana con un grupo de
jóvenes investigadores. Las expediciones fueron filmadas y dirigidas por el entonces
estudiante y camarógrafo Roberto Gardiol, que veinte años después se encargaría de los
informativos para cine de la Dinarp durante la dictadura.422 Los dos cortometrajes

419
Un avance de este capítulo puede consultarse en IV Jornadas de Investigación y III Jornadas de
Extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Montevideo: Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación, 8 al 11 de noviembre de 2011). Digital. También en una
compilación de Stephen Gregory sobre intelectuales conservadores (en esa oportunidad, el articulo
combina información sobre Klappenbach y Visca), en vías de publicarse en Ediciones de la Banda
Oriental bajo la dirección de Gerardo Caetano.
420
Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 175-176. Otros titulares de la lista: C. Zubillaga, A.
Fernández, J. Cuinat, J. Moreno, H. Sirio, R. Jacob, E. Hager, E. Nunes y M. Díaz (estos dos últimos
junto a Klappenbach por Ciencias).
421
Ariadna Islas en Paris de Oddone, B. Historia y memoria (1995), 230. En su memoria de los dos
decanatos en la flamante Facultad de Ciencias, Mario Wschebor señala que el primer egresado de
Ciencias data de 1956. Wschebor, M. Facultad de Ciencias. Los primeros siete años. Memoria del
decanato (Montevideo: Udelar, 1998). Por su parte, Paris de Oddone consigna al primer docente de
Ciencias con dedicación total en 1962. (1995), 30. El primer egresado de Ciencias data de 1956,
Klappenbach obtuvo su título revalidado en 1969, Álvaro Mones en 1971, Braulio Orejas-Miranda en
1969, José Olazarri en 1974, Víctor Scarabino en 1977 y Raúl Vaz Ferreira en 1968. Tomado del Anuario
de la Facultad de Ciencias (Montevideo: Facultad de Ciencias, 1995), 135 y ss.
422
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 16-20. Asimismo, Gardiol dirigió los siguientes
documentales: Frigoríficos (1975), Machucamiento (1978), Organización Internacional del Trabajo
(1978) —encargado por Andebu para obsequiar a los participantes del Congreso—, 150 años de la Policía
(1979), Hacia el tercer milenio (1980), Naturalmente carnes uruguayas (1981) y Palmar (1982). Tomado
de la Base de datos digital de la producción audiovisual uruguaya de la Eubca de la Udelar:
[Link]

89
(Makiritare y Una aldea makiritare) se estrenaron en 1957 y fueron cofinanciados entre
el ICUR y el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN).423 Por esa época este tipo
de salidas de campo eran importantes y necesarias para la formación de los
investigadores universitarios y, por esto, financiadas por la propia Universidad. Con la
crisis económica que vivió el país desde los 60 el presupuesto universitario se vio
afectado y estas actividades, junto a las becas estudiantiles, el comedor y tantos otros
beneficios, tendieron a reducirse o incluso desaparecer.

El museo y la facultad

En los 60 el MNHN era una especie de extensión o complemento de la Facultad


de Humanidades y Ciencias compartiendo docentes, investigadores e intereses. Según
Álvaro Mones (secretario docente de Klappenbach durante su decanato), por esos años
«había buen espíritu de colaboración», especialmente entre las áreas de ciencias
biológicas, y «era tradicional la reunión de camaradería (internamente conocida como
“ágape cordial”) que el Museo organizaba a fin de año y a la cual se invitaba a todos
los colegas del área de biología, sensu lato, de la Facultad de Humanidades y Ciencias,
Instituto Clemente Estable, Museo Zoológico Larrañaga, etc. Solíamos ser más de 100
personas».424 Fundado en 1837, el periplo del Museo se confunde con la historia de la
investigación científica en el Uruguay. El primer artículo sobre ciencias puras en
nuestro país fue publicado en 1838, cuando el Museo estaba ubicado en la «Casa del
Gobernador», donde hoy se encuentra la Plaza Zabala en la Ciudad Vieja de
Montevideo.425 Desde esos comienzos su vida estuvo vinculada a las letras nacionales:
su primer director fue Francisco Acuña de Figueroa, autor del «Himno nacional» y
director de la Biblioteca Nacional. En los hechos esto respondía a la forma de concebir a
estas instituciones como partes de un todo, algo así como el «conocimiento nacional».
En 1856 el Archivo Administrativo, la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional
conformaron un solo ente que entre 1858 y 1870 pasó a depender de la Junta
Económico-administrativa de Montevideo. Recién en 1868 se distingue entre ciencias y
humanidades y se crea el cargo de Director científico para que se ocupe específicamente

423
Mones, A. «Miguel Ángel Klappenbach» (2001), 2.
424
Mones entrevistado por nosotros, octubre de 2012.
425
Mones, A. «Apuntes para una historia» (2011), 2.

90
del Museo Nacional426 y en 1875 se aprueba el Reglamento donde se detallan sus
responsabilidades. Cuatro años después, el Museo se traslada al ala oeste del Teatro
Solís, luego de haber pervivido en el edificio del Correo uruguayo. Por aquellos años el
acervo estaba subdividido en Historia Natural, Bellas Artes e Historia, hasta que en
1880 se escinde de la Biblioteca Nacional y en 1911 las distintas partes cobran vida
propia, creándose los Museos Nacionales de Historia Natural, de Bellas Artes (hoy
Museo Nacional de Artes Visuales) e Histórico Nacional, que hasta 1926 fue conocido
como Archivo y Museo Histórico.427
Según Mones, el doctor Carlos Berg y José Arechavaleta fueron los dos primeros
«eslabones de una cadena de directores científicos […] responsables del incremento
patrimonial continuado que [llevó] a la actual riqueza del Museo». Luego de escindido,
el Museo Nacional contaba con dos directores: Juan Mesa a cargo de las secciones
Bellas Artes, Historia y Archivo y el doctor Berg al frente de Historia Natural.428 Tras la
muerte de Arechavaleta en 1912 la dirección recayó en Garibaldi Devincenzi, quien al
retirarse dejó la labor en manos de Ergasto Cordero. Éste último muere en 1951 y en su
lugar asume Diego Legrand, quien se desempeñará hasta 1970 cuando se incorpora
Klappenbach en la dirección y el doctor Héctor Osorio en la subdirección del Museo de
Historia Natural. Cuando Klappenbach se jubila en 1984, Osorio asume la dirección
hasta 1998 con la subdirección del licenciado Álvaro Mones, quien luego será director
del Museo hasta el 2004.

El director y el decano

Klappenbach había trabajado en un banco comercial del departamento de Artigas


hasta mediados de los 50, cuando pasa «en comisión» al MNHN y desde allí con el paso
del tiempo fue vinculándose en las otras instituciones de investigación científica, como
el «Clemente Estable» y la Facultad de Humanidades y Ciencias. A fines de los 60
formaba parte del círculo nacional de referentes científicos, fruto de varios viajes de
investigación y formación, numerosas publicaciones, por ejemplo dos números de la
serie Nuestra Tierra (uno en coautoría con Víctor Scarabino y otro con Braulio Orejas-

426
Mones. «Apuntes para una historia» (2011), 4.
427
Mones. «Apuntes para una historia» (2011), 12.
428
Mones. «Apuntes para una historia» (2011), 9.

91
Miranda429) publicación en la que desfilaron los investigadores e intelectuales más
importantes de la época y de todas las áreas, y varias becas. Orejas-Miranda fue un
maestro de Enseñanza Primaria, licenciado en Ciencias Biológicas de la Facultad (título
obtenido por «reválidas globales»), herpetólogo de amplio reconocimiento en la
Smithosonian Institution (Washington DC) y funcionario de las Naciones Unidas muy
cercano a Klappenbach. En 1974 le escribió a José Olazarri430:

[…] Encontré al alemán muy duro, creo que se está operando algún tipo de cambio en él, no
soportó ni oír a Zitarrosa, estuvo ocho días en casa, no me ha escrito. Posiblemente esté pensando
que yo he cambiado mucho y soy irrecuperable (a lo mejor tiene razón). La verdad es que
encontramos poquitísimos temas para hablar y los dos nos cuidamos de tocar otros: él, creo yo,
está desarrollando una extrema sensibilidad ante ciertos temas. Me dijo que el sistema está
obsoleto (yo también creo que la democracia es obsoleta) pero no creo que esto se esté llendo [sic]
431
al diablo precisamente por la democracia.

Cuando Diego Legrand432 se jubila como director del Museo (1951-1970), en


lugar de sucederlo el subdirector Fernando Mañé Garzón,433 el entorno de Klappenbach
propició que el MEC lo designara a él; desplazamiento que Mañé Garzón recordó
entrevistado por el semanario Brecha:

Cuando llegó el proceso, tuvimos que retirarnos Legrand y yo. El museo quedó en manos de gente
que no tenía preparación para esto y ahí es donde vino el colapso. Klappenbach era un hombre que
no tenía terminada la enseñanza media, esto produjo un bajón tremendo. […] Es en esta época que

429
Uno de ellos fue Klappenbach, M. A. y Víctor Scarabino. «El borde del mar», en Nuestra Tierra 2
(Montevideo, marzo de 1969). Víctor Scarabino, padre de nuestro entrevistado y actual director del
Museo Nacional de Historia Natural, se interesó en la malacología prácticamente desde su ingreso al
liceo, recolectando y clasificando caparazones en cuanta salida al borde del mar pudo participar —Luis
Elbert (2012)—, estudió Ciencias Biológicas y fue docente de la Facultad, investigador del Instituto de
Investigaciones Biológicas «Clemente Estable» y del ex Instituto Nacional de Pesca, así como
colaborador del Instituto de Investigaciones Pesqueras de la Facultad de Veterinaria y primer doctor en
Oceanografía de Uruguay (Universidad de Marsella). El otro artículo es una coautoría entre Klappenbach,
M. A. y Braulio Orejas-Miranda. «Anfibios y reptiles», en Nuestra Tierra 11 (Montevideo, junio de
1969).
430
J. Olazarri (Montevideo, 9 de diciembre de 1939), licenciado en Ciencias Biológicas (Facultad de
Humanidades y Ciencias), colaborador de la Asociación Malacológica del Uruguay, vinculado al Museo
Nacional de Historia Natural desde 1961, fundador de la Sociedad Taguatí y becario de la Smithosonian
Institution. Tomado de [Link]/munhina/[Link]
431
Carta de Braulio Orejas-Miranda a José Olazarri, Washington, 11 de noviembre de 1974. Archivo de
la Sección Malacología del Museo Nacional de Historia Natural.
432
Su nombre completo fue Carlos María Diego Enrique Legrand Lasserre (Montevideo, 1901-1982). Se
desempeñó como director del Museo de Historia Natural entre 1951, a raíz de la muerte de Ergasto H.
Cordero, y 1970, cuando se jubila. Por información sobre sus publicaciones y aportes a la botánica ver
Klappenbach, M.A. y María Emilia Philippi. «Diego Legrand. Breve nota biográfica, lista de sus
publicaciones y de nombres introducidos en la nomenclatura botánica», en Publicación Extra. Museos
Nacionales de Historia Natural 40 (Montevideo: Museo Nacional de Historia Natural, 1987).
433
Médico clínico, pediatra, historiador de la ciencia. Durante veinte años fue docente y director del
Departamento de Zoología-Invertebrados de la Facultad, en forma paralela a su labor como médico. Es
cofundador de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina (1971), anterior a la cátedra homóloga en
la Facultad de Medicina. Por más información ver Tapia, Carlos. «El Dr. House de la pediatría», en El
País (Montevideo, 19 de setiembre de 2010); Olveira, Armando. «Con Fernando Mañé Garzón. La
memoria de un pediatra», en El País Cultural (Montevideo, 22 de febrero de 2008). Ambas son
entrevistas.

92
ellos (Klappenbach y Mones) asumieron el decanato de la Facultad de Humanidades y Ciencias y
firmaron el decreto de destitución de Ardao y de toda la elite de la Facultad de Ciencias, yo me
434
salvé no sé cómo.

Luego de esto, su designación como decano de la recién intervenida Facultad de


Humanidades y Ciencias era esperable, por su popularidad y su posición al frente del
Museo. Algunos dicen que también porque su segunda esposa y secretaria, Susana Rey
de Klappenbach, estaba vinculada al gobierno de facto, aunque esto no está
confirmado.435

La intervención de la Universidad

La escalada autoritaria en el país comenzó con el retorno del Partido Colorado al


gobierno en 1967,436 con la radicalización de las políticas económicas para detener la
inflación, el recrudecimiento de la represión contra los movimientos sindical y
estudiantil y contra la izquierda en general. Esta situación nacional repercutió en la
Universidad y en su relación con el poder político, vínculo que ya venía
resquebrajándose por una campaña de desprestigio realizada por algunos medios de
prensa y radio.437 La profundización de la deuda del Estado con la Universidad fue
acompañada por el avance de la disconformidad social y la violencia ejercida por
grupos de ultraderecha y de la izquierda armada; la prensa insistía en vincular esta
izquierda con la Universidad, acusándola de fomentar y albergar la sedición. «La asfixia
económica de los entes de enseñanza se usará doblemente, como una saludable
economía en un reordenamiento financiero que confunde los intereses del país con los
de la minoría gobernante y, a la vez, como medio de presión contra consejos directivos
demasiado independientes, demasiado celosos de su autonomía», escribía el historiador
Ares Pons en ocasión de la primera Intervención de Secundaria.438

434
Martínez, Ana Marta. «Una mudanza molesta a mucha gente. ¿Qué será del Museo de Historia
Natural?», en Brecha (Montevideo, 2 de junio de 2000), 20-21. Agradecemos la referencia del artículo a
Fabrizio Scarabino.
435
Este rumor nos ha llegado de varias personas pero no hemos dado con documentos que lo prueben.
Luis Elbert expresa «No sé nada de Susana Rey más allá de su función estricta en la secretaría. Es
curioso, pero nunca nos llegaron chismes de que fuera la segunda esposa de Klappenbach ni algo por el
estilo. Recién me entero». (2012).
436
Caetano y Rilla, Breve historia de la dictadura (1994), 221.
437
Paris de Oddone, B. La Universidad de la República. Desde la crisis a la intervención 1958-1973
(Montevideo: Udelar, 2010), 107-108 y 130. Edición a cargo de Vania Markarian.
438
Ares Pons, R. «La crisis de enseñanza secundaria», en Cuadernos de Marcha 48 (Montevideo, abril de
1971), 6. Sobre la razón de la intervención ver en el mismo número: «La designación del director
general», 11-19; e «Intervención y clausura», 43-50.

93
La tensión luego del golpe de Estado del general Juan Carlos Onganía en
Argentina renovó la discusión sobre la autonomía universitaria en nuestro país,
generando fuertes discusiones entre el Poder Ejecutivo y la FEUU y una mayor
percepción social de la violencia. Los acosos, allanamientos y demás violaciones a los
derechos individuales realizados por las Fuerzas Conjuntas en los años previos al golpe,
sumados a la muerte de estudiantes en manos de la represión, delataban una clara
intención de intervenir la Universidad respondiendo, entre otras cosas, a los reclamos de
ciertos sectores que veían con temor la «dimensión universal que adquiría la presencia
estudiantil como actor social».439 La resistencia ante la nueva Ley de Educación, los
resultados previsibles de las elecciones universitarias celebradas en setiembre y la
explosión de una bomba casera en la Facultad de Ingeniería (que cobró la vida del
estudiante Marcos Caridad Jordán), dieron el marco ideal para una Intervención de la
Universidad en 1973 (Decreto Nº 921/923 del 28 de octubre de 1973) que había sido
programada mucho tiempo antes. La votación ratificaba la orientación política
universitaria vigente, la «izquierda oficialista» (FEUU) que —según El País— obtenía
así una amplia mayoría en el Claustro General y una mayoría relativa en las asambleas
de ocho de las diez facultades. La oposición conformada por nacionalistas e
independientes era mayoría en el claustro de las facultades de Derecho y Veterinaria.440
El Rector de entonces, contador Samuel Lichtensztejn, recuerda que antes del
golpe algunas personas ligadas al Ejército le habían advertido sobre el empeño del
profesor Edmundo Narancio en intervenir la Universidad.441 Éste último había sido
director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades y
Ciencias entre 1954 y 1955, integrado a la dictadura en julio de 1973 como ministro de
Educación y Cultura y desde octubre como rector al frente de la intervención
universitaria. El ministro sostenía que la autonomía universitaria estaba «hipertrofiada»
y que eso permitía el adoctrinamiento en «filosofías y acción totalitaria» y la formación
de «combatientes a favor del imperialismo marxista»;442 pero estas ideas no eran nuevas
sino que habían sido expresadas mucho antes por el Dr. Sanguinetti (ministro de
Educación y Cultura entre marzo y octubre de 1972, luego diputado oficialista hasta el
golpe de Estado), quien en un editorial de El Día hablaba de la explosión de la bomba
en Ingeniería explicando que «si la Intervención [era] inconstitucional más lo [era] la

439
Paris de Oddone. La Universidad de la República (2010), 112-114.
440
Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 182.
441
Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 191.
442
Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 228.

94
bomba que la [había provocado]», pues «la Universidad misma [germinó] en su seno la
semilla de su propia destrucción [persistiendo] en el error trágico de aniquilar la
autoridad interna y disminuir el rigor técnico para hacer posible la demagogia
progremial y la difusión masiva del marxismo, en un país cuyo pueblo no es marxista ni
su sistema es marxista».443
Al momento de asumir en su doble función, Narancio explicó que no aceptaba la
exclusión de las ideas de izquierda de los contenidos educativos pero que sí estaba en
contra de una enseñanza «totalitaria» que solo abordara el marxismo-leninismo, pues
este tipo de educación sesgada había llegado —según él— a generar temor en los
ámbitos académicos, «en que la gente no se pronuncia por sus auténticas ideas, en que
algunos […] han confesado el pudor que sienten por ocupar determinadas posiciones
pero que las ocupan por miedo».444 Para el ministro todo eso debía terminar, no de
forma violenta sino mediante la persuasión y de una serie de procedimientos que no
venía a cuento mencionar.445 Algo semejante se produjo en el proceso político
argentino, donde la intervención de la educación también tomó ribetes moralizantes,
bajo la consigna de restituir los valores esenciales de la nación y extirpar las ideas
foráneas: la Junta Militar argentina designó al doctor Llerena Amadeo (ex subsecretario
de Educación del general Onganía446 y miembro de la Corporación de Abogados
Católicos San Ildefonso María Ligorio) como ministro de Cultura y Educación (1978-
1981), asociándose así en el ámbito educativo el liberalismo económico con la derecha
católica. Según recuerda Óscar Terán, el ministro habría dicho que «quienes estaban
alejados de sus padres, no creían en Dios…».447
En 1975, con la segunda Intervención de Secundaria, ingresaron los militares a
ocupar los cargos de dirección: el coronel Julio Soto como vicerrector y Elzeario Boix
como rector del Conae, eliminándose el carácter colegiado dado por la Ley de

443
Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 219.
444
Aparentemente Narancio hablaba con conocimiento de causa: al parecer sí había personas que se
sentían atemorizadas de mostrar su pensamiento tal cual era en la predictadura. En 1975 la cantante
Amalia de la Vega (seudónimo de María Celia Martínez, 1919-2000), conocida en Argentina como «la
señora del folclore», relataba que había regresado «en gran medida, porque comprendí que se habían
dado las condiciones para que pudiera expresar mi mensaje, sin temor […] Ahora puedo expresarme con
libertad, porque vamos hacia el rescate de lo nuestro […] Hay un verdadero renacer del Uruguay. Y, el
folklore también ha resurgido con su auténtico significado». Citada por De Alencar Pinto. Los que iban
cantando (2013), 50-51. Cursivas en el original. Tomado por el autor de: «La mítica figura de Amalia de
la Vega supo del cariño de Durazno», en El País (Montevideo, 20 de enero de 1975).
445
Edmundo Narancio al asumir en el MEC, 11 de julio de 1973. Citado por Marchesi et al. El presente
de la dictadura (2003), 83.
446
Dictador argentino entre 1966 y 1970.
447
Terán. «La Junta Militar y la cultura. El discurso del orden», en Cuadernos de Marcha 2 (México,
julio-agosto de 1979), 51.

95
Educación de 1973;448 en la Universidad las autoridades tendieron a concentrar el poder:
el ministro de Educación y Cultura era Administrador general de la Universidad y rector
interventor, desempeñándose también como Consejo Directivo Central y Claustro
General; los decanos interventores, por su parte, sintetizaban al Consejo y al Claustro de
cada facultad.449 Tras verificar la dificultad de la doble empresa, se mantuvo a Narancio
en el Ministerio (hasta 1975, cuando lo sustituye Daniel Darracq) y se designó al
arquitecto Gustavo Nicolich como rector interventor y a Gonzalo Fernández como
vicerrector en 1975.450
Jorge Landinelli explica que desde su origen la Universidad de la República se
configuró como un circuito académico integrado al conjunto de servicios estatales, con
el cometido de encausar la intervención pública en la reproducción social, pero
concentrando funciones docentes y científicas que en otros países radicaron en diversos
organismos de estudios superiores.451 Las sucesivas reformas constitucionales le fueron
otorgando una autonomía progresiva respecto al Poder Ejecutivo, en tanto «recinto
privilegiado, provisto de propósitos, normas, valores y objetivos especiales, definidos
por individuos cuya condición de agentes creadores de ciencia y de cultura debía
asegurar su funcionalidad y eficiencia operativa».452 En 1952 se le reconoció el
principio del cogobierno, reglamentado por la Ley Orgánica de 1958. Las funciones de
la Universidad única del Estado son, entre otras, aportar al desarrollo de la sociedad y a
los avances tecnológicos y científicos, así como generar conocimientos que ayuden a
elevar los niveles de vida de la población y enriquezcan su identidad cultural. Landinelli
señala que en los 60 la funcionalidad de la Universidad entró en crisis porque dejó de
cumplir el papel que le asignaban los grupos dominantes (reproducción del orden
social), lo que llevó a que entre 1968 y 1973 apareciera como un factor crítico y
renovador de la sociedad, «inserto conflictivamente en el marco de las instituciones del
Estado con una tonalidad marcadamente indócil».453
La dictadura tuvo un interés particular por la educación y la Intervención
universitaria cumplió un papel destacado dentro de los planes del gobierno de facto por

448
Pujol, Patricia. «Historia de la memoria. La Intervención de Secundaria como parte del proyecto
educativo del régimen», en La Diaria (Montevideo, 27 de junio de 2013), 15.
449
Islas en Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 78.
450
Nicolich fue designado originalmente como decano interventor de la Facultad de Arquitectura, cargo
que posteriormente recayó en Elzeario Boix Larriera.
451
Landinelli, J. «La Universidad como problema político (1968-1973)», en Revista Uruguaya de Ciencia
Política 3 (Montevideo: Facultad de Ciencias Sociales, 1989), 74-75.
452
Landinelli. «La Universidad como problema político» (1989), 76.
453
Landinelli. «La Universidad como problema político» (1989), 78.

96
obtener jóvenes afines al proyecto fundacional. En los años previos el Poder Ejecutivo
aprovechó la dependencia económica de la Universidad para sancionarla, aumentando la
conflictividad con el movimiento estudiantil, vinculado estrechamente a otros sectores
populares movilizados. La Intervención tuvo por cometidos la depuración y
disciplinamiento de estos elementos «disruptivos», buscando moldear una juventud
acrítica que no ofreciera resistencia al afán controlador del régimen. Precisamente, la
represión fue más fuerte en aquellos espacios considerados peligrosos para el proyecto,
en tanto fomentaban la libertad de acción y reflexión. La Facultad de Humanidades (y
no tanto el ala de las Ciencias) fue prioritaria en el plan de «saneamiento»
implementado por el ministro de Educación y Cultura: la supresión de las partidas
específicas para la investigación, así como la reestructura de las Facultad, dan cuenta de
ello. La FHC permaneció cerrada entre octubre de 1973 y enero de 1974. Al momento
de asumir Klappenbach como decano interventor, de 241 cargos docentes 80 estaban
vacantes, 63 eran interinos y 98 efectivos.454 Por nueva disposición el decano
interventor tenía derecho a designar Secretarios docentes y personal de confianza que lo
asistieran: en 1974 Klappenbach designó como secretario docente al licenciado en
Ciencias Biológicas y docente del Departamento de Paleontología Álvaro Mones,455 y
en 1979 creó otro cargo para el licenciado en Letras Aldo Conserva.456
Mones había ingresado al MNHN en 1971. Como «gran amigo» de Klappenbach,
fue éste quien le «abrió las puertas del Museo y [lo] estimuló para que se convirtiera en
un colaborador honorario en el Departamento de Paleontología que estaba acéfalo.
También fue él quien insistió para que lo acompañara en el Decanato de la Facultad de

454
Marchesi et al. El presente de la dictadura (2003), 225.
455
Mones ingresó a la Facultad como estudiante «especial» en 1959 para cursar las Técnicas de
Histología del profesor Dr. Héctor Franco Raffo, del Departamento de Citología, y en 1969 accedió a su
primer cargo como ayudante de investigación junto al profesor Dr. Julio César Francis. Mones (2012).
Según Carlos Demasi, Mones era comisario en ejercicio. El historiador debe confundirse con Aldo
Conserva que era inspector y director de la Escuela de Policía, quien —según recuerda Elbert (2012)— al
jubilarse sustituyó a Mones en la secretaría docente de la Facultad. Sin embargo, Islas da a entender que
Mones y Conserva trabajaron en forma conjunta y no sucesiva. Islas en Paris de Oddone. Historia y
memoria (1995). Los estudiantes «especiales» constituían, en 1965, más de la mitad de los ingresos en la
rama de Ciencias. Esta categoría fue eliminada en 1970. Fernández, Julio; Sprechmann, Pedro; Carbonell,
Carlos y Eduin Palerm. Contribución al estudio de la Facultad de Humanidades y Ciencias (Montevideo:
Facultad de Humanidades y Ciencias, 1973), 55.
456
Islas en Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 80. Mones recuerda que renunció a su cargo en
1979 a raíz de los «desencuentros» que mantenía con rectorado a propósito del espíritu que debía motivar
a la Facultad: la cuestión, al igual que hoy, se debatía entre pensar carreras de inserción laboral o
promover el estudio y perfeccionamiento de las personas independientemente de su «utilidad». En la
entrevista, Mones comentó: «Hice una propuesta para ofrecer un el Doctorado, pero ahora la oposición
mezquina [la oposición “tradicional” era entre la Facultad y el Instituto de Profesores “Artigas”] vino de
otras facultades de la Udelar (fundamentalmente Medicina, Veterinaria, Agronomía) y tampoco prosperó
a nivel del Rectorado». (2012).

97
Humanidades y Ciencias (un poco a “contrapelo” de [su] parte)».457 Se desempeñó
como director del Museo entre la jubilación de Héctor Osorio en 1998 y agosto de 2004,
cuando pasa a la figura de investigador honorario que mantiene hasta hoy. Fue becario
Fulbright y de la Fundación Alexander von Humboldt, autor de numerosos trabajos
sobre paleontología y miembro de número del Instituto Histórico y Geográfico del
Uruguay458 y del homólogo brasileño, así como de la Real Academia de Historia de
España. En 2001 publicó la única bio-bibliografía de Klappenbach y en 2011 la reseña
histórica más completa sobre el Museo, donde ambos trabajaron durante tantos años.
El cargo de secretario docente fue clave durante la Intervención de la Facultad
porque le competió, entre otras cosas, las reformas de los planes de estudio, el vínculo
directo con los docentes y el control de la aplicación de todas las disposiciones
universitarias. La modificación de los planes de estudio fue una preocupación temprana
en las autoridades interventoras, que hablaban de una gran reforma de la educación que
apuntaba a un mejor aprovechamiento del presupuesto, instituyendo un sistema que
buscando la excelencia seleccionaba a unos pocos privilegiados que podrían estudiar sin
costo y egresar con trabajo asegurado. Según Mones, «con el cambio de planes se
intentaba darle a las carreras de la Facultad de Humanidades y Ciencias una forma
más académica y con mejores condiciones de inserción laboral de los egresados
mediante la inclusión de cursos de Pedagogía», es decir, una inserción como docentes
en franca competencia con los egresados del Instituto de Profesores «Artigas».
Precisamente, «se trataba de abandonar un poco aquella posición idealista de Vaz
Ferreira del “estudio por el estudio”. Lamentablemente, esa oposición cerrada desde el
Instituto de Profesores “Artigas” poco ayudó en este aspecto (¿resabio de la
confrontación Vaz Ferreira-Grompone?)».459
En la Facultad el cambio de planes significó la supresión de aquellas áreas de
estudio que implicaban un gasto «innecesario», suplantándolas por otras que «servían»

457
Mones (2012).
458
Mones señala haber conocido a Edmundo Narancio (según pudimos recabar, bastante enemistado con
Klappenbach) recién a su ingreso a este Instituto, habiéndose entrevistado con él solo una vez, uno como
ministro de Educación y Cultural y el otro como jefe del Departamento de Paleontología del Museo.
(2012).
459
Antonio Grompone fue el promotor de la creación del Instituto de Profesores «Artigas» (IPA). Mones
(2012). La reforma de los planes de estudio del Instituto, que databan de 1951, se realizó en 1977. Una de
las modificaciones más importantes es que desde entonces (y hasta 1986) las carreras duraron 3 años, lo
que junto a la normativa de aceptar el ingreso de hasta diez alumnos por especialidad, generó que el
Instituto dejara de ser un centro de estudios con rango universitario y perdiera presencia en el campo
educativo nacional. Sobre el conflicto Vaz-Grompone remitimos al libro de Zubillaga, Carlos. Historia e
historiadores en el Uruguay del siglo XX (Montevideo: FHCE, 2002), 205.

98
al país, brindándole egresados altamente capacitados en temas en vías de desarrollo. En
este sentido se realizaron las primeras modificaciones en la oferta educativa separando
en 1974 las licenciaturas en Psicología y Musicología de la Facultad y creando, en el
mismo año, los departamentos de Geología, Ecología y Antropología, algo largamente
esperado desde las visitas del antropólogo brasileño Darcy Ribeiro al país. Al año
siguiente se trasladó la carrera de Traductorado de la Licenciatura en Letras a la
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y se creó la Cátedra de Meteorología. Tras las
primeras tentativas, el año 1976 resulta un momento clave: en enero el ministro de
Educación y Cultura aprobó un nuevo «Reglamento general» para los estudiantes de la
Facultad (distinto al reglamento del resto de los universitarios) y en marzo el decano
interventor y su secretario docente comenzaron la reforma de los planes de estudio «con
un criterio uniformador y restrictivo».460 A partir de entonces, los estudiantes que
desearan ingresar a la Universidad debían realizar una «Declaración jurada de
comportamiento estudiantil» (que se sumaba a la declaración de «Fe democrática») y
podían perder su calidad de estudiantes por diversos motivos sin precedentes. Al mismo
tiempo, los planes de 1976 definían la duración de las licenciaturas en cuatro años,
transformando asignaturas anuales en semestrales con una mayor carga horaria semanal,
asistencia obligatoria y un fuerte sistema de previaturas, además de incluir en todos los
planes tres cursos de pedagogía.
Justamente, en el marco de esta reforma se organizaron los departamentos de
Oceanografía y Ciencias de la Educación, creándose la Licenciatura en Ciencias de la
Educación en 1978 a iniciativa de la maestra Emy Feijó de Ballesteros.461 Las
autoridades interventoras tenían un gran interés en formar formadores, pues para llevar
adelante una reforma integral de la educación hacía falta reformistas que la
implementaran. En el «Primer simposio universitario sobre metodología de la enseñanza
superior» realizado ese mismo año se concluía que «para llevar adelante cualquier
reforma educativa [era] necesario contar con un docente capacitado en las áreas del
conocimiento, de la técnica y de sólida base moral, teniendo en cuenta que la función
del educador universitario no debe limitarse a la transmisión de conocimientos, sino

460
Islas en Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 107.
461
La Sra. Hilda Reboledo (actual jefa de Bedelía de grado de la Facultad de Humanidades y Ciencias de
la Educación) nos relató que la profesora Feijó fue directora del liceo Instituto «Batlle y Ordóñez» (IBO)
y del Departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad hasta 1984, cuando se la sumarió por
hurto. No sabemos si fue realmente así, el único dato que tenemos es la referencia al expediente del
sumario que consigna Alicia Casas de Barrán en Documentos de la intervención (2004).

99
que debe apuntar a la formación integral del educando».462 Según Ariadna Islas, el
«interés en el control centralizado de la educación y el manifiesto objetivo de
propugnar la “reeducación de la juventud”» había sido expresado tempranamente por
el director interino del Departamento de Bienestar Estudiantil, profesor Gunther
Tchiersky.463 En marzo de 1977 un editorial de El País elogiaba la evolución del
Departamento de Bienestar Estudiantil desde la Intervención, donde se había propiciado
el cambio radical del estudiante que «dejó de ser un enemigo de la sociedad, un
sedicioso en potencia. Ahora […] estudia, se recibe».464 Con esta reforma se apuntaba a
reducir el tiempo del estudiante en la Universidad para bajar los costos que implicaba
para el Estado, pero también para evitar surgimiento y fortalecimiento de vínculos
intergeneracionales. Recordemos que antes del 76 las carreras llevaban entre seis y once
años, lo que permitía crear amistades y/o vínculos profesionales entre compañeros de
carrera y de vida.465
Fabrizio Scarabino recuerda que Mario Demicheli466 le comentó que en
determinado momento Mones propuso destruir los expedientes de los estudiantes que no
culminaran sus estudios en un plazo dado y que encargó al bedel Luis Elbert que lo
hiciera, pero éste desoyendo la orden los habría resguardado en su propio domicilio y
restituido a la Facultad con el regreso de la democracia, permitiéndoles a los estudiantes
proseguir con sus carreras.467 Consultado Elbert sobre la realidad de la Facultad bajo la
Intervención, éste señaló que durante el decanato de Klappenbach se logró trabajar en
«condiciones administrativamente razonables» y que «el fichero de estudiantes, todo
escrito a mano, era el resumen centralizado de muchísimos datos de aquella época sin
computación; desconocer ese fichero, o atropellarlo, hubiera significado un caos
administrativo que no nos llegó a ocurrir».468 Sin embargo sí hubo fichas
desaparecidas, sustraídas seguramente cuando no había nadie, que correspondían a
estudiantes sin actividad que eran requeridos o estaban exiliados, cuya falta pasó en
principio desapercibida porque no había actividad estudiantil que registrar en ellas.
Elbert recuerda que las fuentes (listados de cursos con los nombres de los estudiantes

462
Islas en Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 103.
463
Islas en Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 102.
464
Sin Firma. «Un servicio encomiable: Bienestar Estudiantil», en El País (Montevideo, 24 de marzo de
1977), 5.
465
Clara Aldrighi citada por Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 152.
466
Investigador del Museo Nacional de Historia Natural orientado a la fauna marina, docente de Historia
Natural en Enseñanza Secundaria y miembro de la Sociedad Malacológica del Uruguay.
467
Scarabino entrevistado por nosotros, agosto de 2012.
468
Elbert (2012).

100
aprobados, actas de exámenes, resoluciones del Consejo previas a la Intervención,
reválidas, etc.) de esas fichas nunca fueron alcanzadas por agentes e intereses externos a
la vida rutinaria de la Facultad porque no estaban «a mano», que una de las fichas
desaparecidas fue la del secretario docente Álvaro Mones y que probablemente también
haya faltado la del decano, Miguel Klappenbach.469 Sobre el episodio puntual que
refiere Scarabino, Elbert lo recuerda de otro modo:

[F. Scarabino] debe referirse sin duda a la situación de los estudiantes que al 28 de febrero de 1979
no se hubieran recibido por los planes anteriores a la Intervención; esos estudiantes, que habían
ingresado en 1975 o antes, debían pasar a regirse por los planes nuevos implementados en 1976,
bastante más complicados. Fue lo que pasó, pero la proporción de estudiantes afectados fue
relativamente chica; cuando se vino el plazo encima, logré que esta fecha no fuera la de haberse
recibido aprobando todas las materias del plan, sino la de entrega de los trabajos finales que debían
pasar a corrección de los respectivos tribunales, que demoraban en general de uno a tres meses en
expedirse. Así que por los planes viejos se fue recibiendo gente durante buena parte de 1979. De
los que no llegaron, varios siguieron por los planes nuevos, otros abandonaron, y algunos se
470
reengancharon en 1985. Nadie dejó de tener su ficha de estudiante.

Todos estos cambios se coronaron en 1980 con la implementación del examen


general de ingreso a la Universidad de la República (desde 1977 se exigía en
Odontología y Medicina), que debía «determinar el nivel de conocimientos del
aspirante y estimar su aptitud para realizar estudios universitarios».471 El ingreso
selectivo a las carreras universitarias tenía como objetivo limitar el acceso de los
estudiantes y controlar el número de egresos al mercado laboral. El licenciado Mones
explicaba «de modo que accedan a [las licenciaturas] los más aptos, sin otra distinción
que la que emane de sus talentos o virtudes472 […] propiciar el ingreso selectivo no es
otra cosa que [determinar quiénes] podrán capitalizar toda la inversión que la sociedad
hace en ellos por la vía de la enseñanza gratuita y rendir luego altos dividendos
sociales e individuales».473 Esta lógica empresarial aplicada a la Universidad es
característica de la Intervención y del decanato de Klappenbach, quien apuntó a una

469
Elbert (2012). Curiosamente, el entrevistado dice haberse percatado de la falta de la ficha de Mones al
ir a buscar una ficha vecina alfabéticamente. Es posible que fuera la de un pariente nuestro, seguramente
se tratase de nuestro tío paterno, Miguel Ángel Monné, ingeniero agrónomo especializado en
Entomología (1970) y licenciado en Ciencias Biológicas especializado en Zoología. Su nombre era muy
frecuente en los artículos de la vieja Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias. Sobre esta
última remito a nuestro trabajo «La Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias, 1947-1965. Notas
sobre un proyecto» (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2007).
Disponible en [Link]/revistasuruguayas2008/textos/mariana_monne.htm
470
Elbert (2012).
471
FHC. Régimen de ingreso (Montevideo: Facultad de Humanidades y Ciencias, 1979), 3.
472
Aquí Mones parafrasea la Constitución de 1830, Artículo 132: «Los hombres son iguales ante la ley,
no reconociéndose otra distinción entre ellos sino los talentos y virtudes». Disponible en
[Link]/archivos/Art%C3%ADculo%[Link]. Agradecemos la referencia a Fabrizio
Scarabino.
473
Mones citado por Islas en Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 109.

101
mayor profesionalización y priorizó el fomento de las ciencias naturales y exactas por
sobre casi cualquier otra disciplina, a excepción de las ciencias de la educación que
fueron consideradas un instrumento para una reforma más integral. Coincidente con las
recomendaciones de la CIDE en 1963, se pasó de la asociación educación-
modernización474 a la dupla educación-desarrollo. En 1969 Mario Otero475 sostenía que
«el país no se desarrolla; se enrolla y rápido» y explicaba que el desarrollismo era

[…] una ideología quietista en lo fundamental: aunque la sociedad por ahora no cambie mucho,
hay que aumentar la productividad para que algo empiece a cambiar; es una ideología típicamente
reaccionaria porque, al dejar indeterminados los resortes del cambio social, al limitarlo a la mera
acumulación multiplicada, al desconocer las contradicciones entre clases, entre naciones, entre
grupos de naciones, posibilita que la concentración de los resultados de la producción sea creciente
476
y la deshumanización también.
En la Provincia de Buenos Aires, bajo el ministerio de Educación del general
Ovidio Solari (1976-1980) se creó el Ciclo Polivalente y se introdujo la Educación
Práctica como forma de generar técnicos y así apoyar el «quehacer industrial y
económico del país».477 Según Laura Rodríguez, estas políticas eran originadas y
defendidas por organismos internacionales como el Centro Interamericano de
Documentación e Investigación sobre Formación Profesional, el Programa Regional del
Empleo para América Latina y el Caribe, la Comisión Económica para América Latina
y el Caribe y la Organización Internacional del Trabajo.478 Análogamente, se dio un
fuerte impulso a las ciencias en nuestro país. De hecho, durante la gestión de Narancio
en 1974 se creó la Academia Nacional de Medicina (Ley Nº 14.260) de carácter
honorario y con un cuerpo de entre veinte y cuarenta miembros médicos de destacada
labor.479 La primera renovación de su comisión directiva fue en 1976 (en esa instancia
se incorporó Rodolfo Tálice) y en 1978 comenzaron las reuniones de las Academias del
Plata en Buenos Aires, donde se realizaban intercambios sobre los avances científicos
474
Demasi en Bohoslavsky et al. Problemas de historia reciente (2010), I: 49.
475
Otero fue un filósofo, profesor titular de Epistemología en la Facultad, docente de Teoría e Historia de
la Ciencia en el IPA y de Matemáticas en la Universidad del Trabajo del Uruguay, encargado de la
Sección de Filosofía de la Ciencia de la Udelar. En 1995 renunció a este cargo por discrepancias con el
programa de interacción entre la Facultad de Humanidades y la de Ciencias, en relación a los cursos de
Historia y Filosofía de la Ciencia. Wschebor, M. Facultad de Ciencias (1998), 64.
476
Otero, M. «El Sistema educativo y la situación nacional», en Nuestra Tierra 7 (Montevideo, enero de
1969), 6. El desarrollismo es invocado por María Eugenia Jung en su ponencia sobre el Movimiento Pro
Universidad del Norte, en el marco del apoyo económico que Estados Unidos le brindó a los países
latinoamericanos subdesarrollados con la exigencia de que éstos establecieran políticas en ciencia y
tecnología, repensando el papel de las universidades nacionales y su vínculo con la economía. Jung, M.
«De la Universidad del Norte a la Universidad para el desarrollo (1968-1973)». Inédito. Avance de Tesis
presentado en seminario interno del Geipar (Montevideo, agosto de 2012).
477
Rodríguez, Laura. Civiles y militares en la última dictadura. Funcionarios y políticas educativas en la
provincia de Buenos Aires (1976-1983) (Rosario: Prohistoria, 2012), 145.
478
Rodríguez, L. Civiles y militares en la última dictadura (2012), 146.
479
Por más información ver [Link]

102
aplicados a la salud. Desde 1977 y durante veinte años se entregó el «Gran Premio
Nacional de Medicina»480 y en 1981 (y durante cinco años) se entregaron los premios
«Ministerio de Salud Pública», «El País» y «Laboratorio Spefar», en 1983 se entregó
por única vez el «Premio Cincuentenario del Ministerio de Salud Pública».
Las ciencias del mar, en las antípodas de la medicina, también estuvieron de
parabienes por entonces, sobre todo en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Según
indica Fabrizio Scarabino, la Licenciatura en Oceanografía Biológica surgió por
iniciativa del capitán Mario Bolívar (uno de los militares que se acuartelaron en el 73,
técnico del Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada
Nacional),481 quien la llevó adelante con fondos del PNUD. Si bien, como señala
Scarabino, existía una demanda de estudios en oceanografía debido al trabajo de
divulgación científica de Cousteau por la época, también debe vincularse al interés del
gobierno por el desarrollo del sector pesquero y al propio empuje y visión del capitán
Bolívar. Los años 70 fueron de impulsos y transformaciones en cuanto a investigación y
desarrollo marítimos. Entre los emprendimientos de la época resulta interesante la
creación del Cuerpo de Fusileros Navales en 1972, el Centro de Estudios Históricos,
Navales y Marítimos el 6 de febrero de 1973 (y su Museo en marzo de 1981), el
acondicionamiento del buque «Tacoma» como cárcel «flotante» en junio de 1973 y la
oficialización del Instituto Antártico Uruguayo en agosto de 1975.482 También fueron
años de proliferación de publicaciones especializadas en el área de las ciencias en
general y de las ciencias del mar en particular; Mones señala que entre 1973 y 1985 se
publicaron 42 números del Boletín del Museo Nacional de Historia Natural de
distribución gratuita y que el período 1975-1978 estuvo protagonizado por textos
didácticos, de investigación y recreación vinculados al mar, por ejemplo Armada
Nacional: estudio histórico-biográfico (1977) de Homero Martínez Moreno,
Montevideo nació en el mar (1977), El triunfo del mar (1978), Los corsarios de
Montevideo (1978) de Agustín Beraza y Los corsarios de Artigas (MEC, 1978) A esto
deben sumarse los boletines de los distintos servicios del Estado y de la Armada así
como las comunicaciones de las diferentes asociaciones vinculadas a la temática.

480
La primera entrega fue para el trabajo «Siete años de experiencia con marcapasos nacionales» del
doctor Orestes Fiandra.
481
El Servicio Hidrográfico fue creado en 1916 y en julio de 1973 pasó a denominarse Sohma. El Sohma
forma parte del Comando General de la Armada, ex Inspección General de la Marina, que cambió su
nombre en 1970. Por más información ver [Link]
482
Tomado de [Link]

103
Su padre, Víctor Scarabino, fue docente de Oceanografía Biológica hasta 1986
cuando renuncia por desacuerdos con el por entonces decano de la Facultad de
Humanidades y Ciencias, Mario Otero.483 Desde entonces la Licenciatura en
Oceanografía Biológica pierde protagonismo y termina suprimiéndose a poco del
retorno de la democracia, cuando se la consideró asociada al proyecto dictatorial, y
desde 1986 es sustituida por la orientación Hidrobiología del nuevo plan de la
Licenciatura en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias. A principios de julio de
1986 el Consejo Directivo Central aprobó la repatriación de quince científicos
uruguayos que habían emigrado por la dictadura y un año después el Consejo de la
Facultad de Humanidades y Ciencias emitió un artículo titulado «Hacia una Facultad de
Ciencias» donde el decano Otero proyectaba la creación de una Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales (o Básicas), lo que se concretó en 1991.484 Recién entonces y con el
apoyo de organismos internacionales, la oceanografía retomó su impulso en el marco de
una búsqueda mayor de profesionalización de la ciencia en la Universidad.485

El retorno de la autonomía

En 1980 el sector Humanidades de la emergente Asociación Social y Cultural de


Estudiantes de Enseñanza Pública (ASCEEP) le solicitó al decano interventor la
modificación del «Reglamento de Estudios de la Facultad de Humanidades y Ciencias»
aprobado por Darracq en 1976, que era mucho más restrictivo que el aprobado para toda
la Universidad ese año. Klappenbach no fue receptivo y tras varias presiones y
conflictos con los estudiantes se jubiló en 1984, dejando el cargo al doctor Rodolfo Gori

483
Otero fue decano de la Facultad en dos períodos: junio 1972-octubre 1973 (interrumpido al decretarse
la Intervención) y marzo 1985-agosto 1989. Según Fabrizio Scarabino, las discrepancias entre Víctor
Scarabino y Otero radicaron en la persecución que realizaba éste sobre los docentes e investigadores de
oceanografía, lo que provocó finalmente la desvinculación del primero. En los 90 el tema de la
oceanografía y el propio Scarabino retornaron a la Universidad con el decanato de Mario Wschebor, esta
vez en la novel Facultad de Ciencias. Entrevista realizada por nosotros a Fabrizio Scarabino, agosto de
2012.
484
En «Hacia una Facultad de Ciencias», nota de Mario H. Otero en Facultad de Humanidades y
Ciencias informa (Montevideo, abril 1987), 3; el decano explicaba que la discusión sobre la escisión de
los servicios (humanidades y ciencias) había llevado a la distinción de cinco áreas dentro de la vida
universitaria: ciencias básicas, ciencias agrarias, tecnología, ciencias de la salud y ciencias humanas y
sociales. Es curioso que lo que decía Otero en 1987 se haya concretado recientemente con la
conformación de las áreas, luego macroáreas, de la Udelar. Sobre el proyecto de la Facultad de Ciencias
que promovía Otero ver Fernández, Julio Ángel. «La contribución de Mario H. Otero a la creación de la
Facultad de Ciencias», en Galileo. Publicación dedicada a problemas metacientíficos (Montevideo, 19 de
diciembre de 2009), 17-18. Edición homenaje al Prof. Mario H. Otero, disponible en:
[Link]/[Link]
485
Wschebor. Facultad de Ciencias (1998), 55 y 104.

104
Carrara, decano interventor y luego Decano «transitorio».486 Podría pensarse, como
señala Scarabino,487 que en 1984 Klappenbach ya contaba con la edad suficiente para
jubilarse y avizoraba un retorno de la democracia y una universidad donde no tendría
cabida. Gori Carrara debía formar el Consejo transitorio para comenzar a recuperar la
autonomía de la Universidad de la República, pero su bajo perfil lo convirtió en un
decano ausente y meramente simbólico. Finalmente, a fines de 1984 se realizaron las
elecciones universitarias en el Paraninfo de la Universidad, reintegrando en sus cargos a
todas las autoridades destituidas por la dictadura, y como decano de la Facultad retornó
el profesor Otero. En 1990 la FHC se escinde en la Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación y la Facultad de Ciencias, separando sus bienes, personal y
locales a fines de diciembre de ese año;488 con esto la historia de la vieja facultad se
quiebra y se pierde el interesante diálogo entre la ciencia y las ideas humanísticas. A
poco de su creación, la Facultad de Ciencias propone adaptar el Museo Nacional de
Historia Natural en un Museo de la Ciencia, a ubicarse en el amplio predio que la rodea
en el barrio Malvín Norte de Montevideo,489 pero las autoridades del museo se niegan:

Lamentablemente, el actual Museo se ha convertido en un lugar que, poseyendo un acervo


material y documental valioso y que podría servir como punto de partida a un buen museo, es
meramente reducto de algunas personas que no han podido superar la mentalidad de cerco que
desarrollaran durante la Intervención de la Universidad, cuando formaban parte de su plantel de
autoridades. Esto se reflejó en el muro que levantaron a su alrededor, ante la propuesta de la
Facultad de Ciencias, en ese momento recién fundada, de establecer un programa que permitiera la
490
utilización de ese acervo para la enseñanza y la investigación.

En el fragmento citado, el primer decano de la Facultad de Ciencias, profesor


Mario Wschebor, se refiere al grupo en torno a Klappenbach que con el regreso de la
democracia fue desplazado de la Facultad y se acuarteló en el Museo, aislándolo del
resto del circuito científico. Mones, con el retorno de la democracia y su desvinculación
del Museo, se radica con su esposa en Alemania donde permanecen hasta hoy.
Entrevistado por nosotros dijo que su viaje fue una «coincidencia» y no tuvo una
motivación política, que en todo caso pudo haber ayudado la reposición de Otero como
decano y el retorno de la vieja enemistad:

486
En simultáneo también se jubiló de la dirección del Museo Nacional de Historia Natural.
487
Scarabino (2012).
488
La Facultad de Ciencias comenzó con sus autoridades interinas, hasta que se realizaron elecciones
universitarias y se designaron las efectivas para Decanato y Consejo por el periodo ordinario.
489
Originalmente el Rector Mario Cassinoni proyectaba albergar allí el Hogar Universitario. Oddone,
Juan y M. B. Paris de Oddone. Historia de la Universidad de la República. Tomo 3. Selección
documental. La Universidad del militarismo a la crisis 1885-1958 (Montevideo: Udelar, 2010), 31.
490
Wschebor. Facultad de Ciencias (1998), 35.

105
Su primera acción fue dejarnos cesantes (a Úrsula y a mí, mayo de 1985), sin respetar los
concursos por los que habíamos ganado los cargos, los tribunales integrados por docentes que
fueron mantenidos en sus puestos. Todos los docentes del Departamento de Paleontología —
491
designados por la intervención— mantuvieron sus puestos hasta el día de hoy.

Comentarios finales

Dado que durante la intervención universitaria los órganos de cogobierno no


funcionaron, no contamos con actas del CDC ni del consejo de la FHC para consultar y
obtener, de primera mano, las marchas y contramarchas de la Facultad bajo el decanato
de Klappenbach. Por esta razón hemos tenido que valernos de los testimonios de
aquellos que conocieron y trabajaron junto a él en aquel momento. Para los que
formamos parte de la institución resulta más que interesante adentrarnos en su historia
«oscura», materializada en el cuadro con fondo negro que corresponde a Klappenbach
(y a su sucesor, el doctor Rodolfo Gori Carrara) en la Sala del Consejo entre otros
decanos de los que la actual Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación sí se
enorgullece. Siempre nos pareció extraño este desentenderse del pasado, especialmente
cuando en esos años se forjaron no todas pero algunas de las claves del organigrama
(qué decir de la idiosincrasia de los funcionarios, docentes y estudiantes, y sin duda de
esos egresados) del presente. Los planes de estudios de 1986 pasaron raya a las
reformas del 76 pero durante esa década egresó el grueso de los docentes actuales de la
Facultad, lo que no es menor.492 Cabe, entonces, reflexionar acerca de la negación de la
sociedad y especialmente de la Universidad ante todo lo que proviene de la (época de
la) dictadura ciegamente, sin detenerse por ejemplo en que, una vez libres de ciertas
ataduras de los 40 y 50, la Facultad del 70 pudo abrirse hacia otras áreas de
conocimiento u otras formas de vivir la enseñanza antes despreciadas o censuradas. Al
parecer, desde la nueva Ley Orgánica de 1958 la Universidad se debatía acerca de los
modos y fines de la enseñanza universitaria y el alcance de la extensión. Vania

491
Mones (2012). Úrsula Kühl egresó de la Facultad, de la Licenciatura en Letras opción Lingüística (por
entonces eran una sola), en 1974; fue asistente en la cátedra de Lingüística entre 1976 y 1977 y profesora
titular de la misma entre 1977 y 1985. Entrevistada por nosotros, nos comentó que «no fui reelecta como
profesora titular por ser “esposa de Álvaro Mones” (textuales palabras)». Kühl (2012).
492
Entre 1945 y 2013 egresaron 1580 licenciados de la Facultad de Humanidades y Ciencias (de la
Educación). Entre 1976 (cambio de planes que dejó atrás los de 1969) y 1991 (nuevo cambio de planes,
esta vez ligado a la escisión de la Facultad), egresaron 446 estudiantes de la rama Humanidades,
incluyendo Música y Psicología; cerca de una treintena de ellos son docentes actuales de la Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación, muchos en cargos de dirección. Ver Libro de registro de títulos
de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, en el Archivo de la Administración de
Coordinación de la Enseñanza, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación-Udelar.

106
Markarian y Laura Reali recuperan en su investigación los debates a la interna del
Orden Estudiantil, donde algunos consejeros enfatizaban en la necesidad de reforzar la
investigación y la seriedad de las pesquisas en vez de perder tiempo con los «devaneos
intelectuales», asimismo, el Claustro de FHC estaba preocupado por la inserción
profesional de los egresados, cuestión que concentra la atención hasta hoy.493 Otro
ejemplo fue la propuesta, durante la dictadura, de lanzar la Licenciatura en Turismo
dentro del Departamento de Geografía de la Facultad, sobre todo a partir de la Ley Nº
14.335 del 2 de enero de 1975 que declaraba al turismo como una «actividad de interés
público» y «factor de desarrollo económico y social».494 Si bien entonces no tuvo
cabida,495 en los 90 se retoma la idea y se concreta, convirtiéndose en una de las carreras
(licenciatura y tecnicatura, ambas en el Interior y una de ellas binacional —con Entre
Ríos, Argentina—) con más empuje y vigencia en el presente de la Facultad.
La participación de Klappenbach en estas transformaciones operadas en la
Universidad intervenida devela una personalidad que esperaba ver la luz. Klappenbach
no fue cooptado por el régimen porque pudiera eventualmente ser funcional sino que
parecería haberlo sido siempre, subrepticiamente, antes de que esas ideas de corte
conservador y esa necesidad de llevar orden y eficiencia a la educación tomaran forma y
llegaran al poder. Con su designación como decano de la Facultad de Humanidades y
Ciencias parece haberse producido lo que Zubillaga denomina «fenómenos de
revanchismo personal o institucional»,496 fruto del rencor que le produjo la marginación
o desplazamiento dentro del campo académico sufridos a lo largo de los años.

493
Markarian, V. y L. Reali. «Nuevos cauces para una trayectoria cuestionada (1958-1973)», en Blanca
Paris de Oddone. Historia y memoria (1995), 47.
494
Disponible en [Link]/leyes/[Link]?Ley=14335&Anchor=. Esta ley
creó en Consejo Nacional de Turismo en la órbita del Ministerio de Industria y Energía y el Fondo
«Fomento al turismo».
495
Un docente del Departamento de Geografía realizó la propuesta y Klappenbach la informó al Oficial
de Enlace entre la Universidad y el Esmaco, finalmente el director de la Oficina Nacional de Turismo,
mayor retirado Alberto Casabó, dio la negativa. Islas en Blanca Paris de Oddone. Historia y memoria
(1995), 106.
496
Zubillaga. Historia e historiadores (2002), 43.

107
Fernando Assunçao

Fernando Assunçao (Montevideo, 1931-2006) fue un historiador especializado en


temas identitarios rioplatenses, como el gaucho y el mate,497 y estaba casado con
Margarita Corallo, una reconocida intérprete de danzas folclóricas. Fue miembro de
número de los institutos Histórico y Geográfico del Uruguay y del Brasil, del
Panamericano de Geografía e Historia de la OEA,498 de las academias de Historia de
Argentina, España y Portugal, creador y director del Museo del Gaucho de Montevideo,
cocreador junto a Jorge Páez Vilaró del Museo de Arte Americano de Maldonado y
curador de Colonia del Sacramento, declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad
por la Unesco.
Junto a Assunçao el gobierno de facto revitalizó asociaciones y actividades
tradicionalistas del Interior del país, dejando de lado otras expresiones más
montevideanas como el carnaval o el tango (ni hablar del rock) y reduciéndolas a su
dimensión puramente turística. El profesor, junto al general Esteban Cristi (comandante
de la División del Ejército Nº1) y al profesor de literatura Alfonso Llambías de
Azevedo, formó parte de la Comisión Nacional de Homenaje del Sesquicentenario de
los Hechos Históricos (CNHS) de 1825 creada en 1975 para organizar la celebración del
«Año de la Orientalidad». En perfecta alianza entre la historia y las letras, Llambías de
Azevedo fue un buen compañero de Assunçao en la empresa; había sido director de la
Revista Iberoamericana de Literatura de la FHC entre 1959 y 1962 (primera época)499 y
en 1976 publicó, bajo el sello de la CNHS, El modernismo literario y otros estudios,500
un trabajo acorde con el canon literario que la dictadura buscaba rescatar en su «Año
cívico-literario».
La propuesta de los festejos del Sesquicentenario fue realizada por el presidente
Bordaberry al Consejo de Estado el 30 de abril de 1974, por el aniversario del

497
Dentro de sus publicaciones se destacan Génesis del tipo gaucho en el Río de la Plata (1957), El mate
(1967), Pilchas criollas (1976), Artigas, Inauguración de su Mausoleo y Glosario de Homenajes (1978),
El tango y sus circunstancias (1998), El perro cimarrón (2006), Bailes criollos rioplatenses (2012).
498
Ver [Link]
499
En la primera época se publicaron 4 números, en la segunda época, entre 1966 y 1970, bajo la
dirección de Ángel Rama, 2. Tomado de Barité, Mario y María Gladys Ceretta. Guía de revistas
culturales uruguayas. 1895-1985 (Montevideo: Ediciones El Galeón, 1989), 70-71. Con prólogo de Jorge
Ruffinelli.
500
El modernismo literario se desarrolló entre 1887 (por Azul de Rubén Darío) y 1910. Fue un
movimiento con ascendencia clásica, idealista, aristocrática, de conceptos y expresiones moderadas y
equilibradas. Entre los exponentes americanos más conocidos encontramos a Rubén Darío, José Martí,
Leopoldo Lugones, Amado Nervo, Delmira Agustini y Julio Herrera y Reissig.

108
Desembarco de la Agraciada, la Declaratoria de la Independencia y las batallas de
Rincón y Sarandí, «que señalaron la etapa de mayor trascendencia en el largo proceso
de nuestra formación nacional».501 En esa instancia se propuso, también, la
conformación de la Comisión Nacional encargada de proyectar, organizar y coordinar
las celebraciones a lo largo de 1975, la acuñación de monedas y la creación de un
mausoleo en la Plaza Independencia, donde se expusieran «a la veneración pública» los
restos de Artigas, «en el sitio elegido por la voluntad ciudadana [...] no en bronce, ni en
piedra, ni en mármol. Un Artigas de cemento armado. Recio, viril, imponente. En
actitud meditativa…».502 En este sentido, Bordaberry señalaba:

Es, pues, momento de volver los ojos al pasado y de resaltar el amor a la patria y al solar nativo, la
hidalguía y el desinterés, el heroísmo y el sacrificio, a través de los cuales, desde el inicio de
nuestro proceso de formación, fuimos edificando, sobre el noble legado hispánico fundador, las
virtudes que nos dieron jerarquía de Patria y nos permitieron en nuestra limitada dimensión
material formar una Nación digna y soberana.503
Durante el «ensayo fundacional» (1975-1980) la dictadura uruguaya buscó una
voz propia dentro de los relatos históricos sobre el origen de la nación. El «Año de la
Orientalidad» implicó la conmemoración de diez hechos relacionados a 1825 durante
todo el 1975504 e instauró una coordinación entre el Estado y sus dependencias a través
de la CNHS, los sectores privados, los intelectuales afines y la sociedad, ésta última
participando activamente a veces a través de agrupaciones folclóricas y patrióticas
(rotarios y leones, comisiones de fomento, instituciones educativas, etc.) y otras
formando parte del público presente. Durante esta etapa se acentuaron las referencias
implícitas al terrismo, especialmente en los argumentos de algunas modificaciones
legislativas,505 ciertos aspectos de la cultura nacional vinculados al Interior del país
(fiestas criollas, conmemoraciones locales) y la relación entre el Ejército y el sector civil
(desfiles cívico-militares con presencia escolar obligatoria), haciendo énfasis en el perfil
servicial de los militares, su sensibilidad hacia los más necesitados y abnegada
disposición para ayudar.
No debe pensarse que esto fue exclusivo del Uruguay, pues la dictadura argentina
iniciada en 1976 también mostró un interés por lo no capitalino, en ese caso la

501
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 511.
502
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 476.
503
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 512.
504
19 de Abril (Desembarco de la Agraciada), 29 de Abril (Abrazo del Monzón), 7 de Mayo (Sitio de
Montevideo), 19 de Junio (Natalicio de Artigas), 18 de Julio (Jura de la Constitución), 25 de Agosto
(Declaratoria de la Independencia), 7 de Setiembre (Declaración de la libertad de vientres), 24 de
Setiembre (Batalla del Rincón), 12 de Octubre (Batalla de Sarandí) y 31 de Diciembre (Toma de la
Fortaleza de Santa Teresa).
505
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 128.

109
«frontera», a la que dedicó buena parte de sus políticas públicas con el argumento de
defender la patria de los extranjeros (Brasil y Chile) y resguardar la cultura nacional que
se encontraba depositada justamente en los pueblitos del Interior argentino. Otra
coincidencia se da en la campaña contra Chile en 1978, donde el gobierno de Videla
apela a una construcción selectiva del pasado semejante a la que realiza la CNHS en
Uruguay, Laura Rodríguez relata que en 1978 se realizaron varias «campañas
nacionales» emprendidas entre el Ministerio de Educación y Cultura y la Gendarmería
para «generar consenso alrededor de una guerra con Chile [y] mejorar su imagen
pública reproduciendo una noción de la frontera como un territorio olvidado por los
gobiernos anteriores, sumido en el «atraso» y la «pobreza» y falto de cultura y
educación, situación que solo ellos podían revertir».506

La cultura coordinada

La Dinarp fue creada por el Decreto-ley Nº 14.416 del 8 de agosto de 1975 pero
oficializada recién en 1977, subordinada a Presidencia y cocoordinada por la Policía de
Montevideo.507 El organismo estuvo presidido por un Directorio de tres representantes
de la Presidencia, la Junta de Comandantes en Jefe de las fuerzas armadas y la
Secretaría de Planeamiento, Coordinación y Difusión. La estructura consistió en este
directorio, tres divisiones técnicas (Investigación y evaluación, Planes y programas y,
Ejecución y difusión), el Departamento administrativo y una Asesoría jurídica.508 Tenía
la doble tarea de producir información que los medios de comunicación debían replicar
y censurar la que éstos producían.509 Los productos de la Dinarp buscaron materializar
el discurso fundacional del régimen, reforzando el conflicto Montevideo/ Interior,
tomando partido por este último tradicionalmente relegado por los gobiernos colorados
y enfatizando en los progresos del país bajo el gobierno militar. La aprobación del
Poder Ejecutivo de la conmemoración del Sesquicentenario de 1825 dirimía la discusión

506
Rodríguez, Laura Graciela. «Políticas educativas y culturales durante la última dictadura militar en
Argentina (1976-1983) La frontera como problema», en Revista Mexicana de Investigación Educativa 47,
vol.15 (México DF, octubre-diciembre 2010), 1254.
507
Altieri, V. Entrelíneas (1998), 28 y 154.
508
Marchesi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 340.
509
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 11-13. Sin embargo, todos los coroneles entrevistados por
Virginia Altieri señalaron que no había censura por parte de la Dinarp, salvo los decretos que databan de
los gobiernos de Gestido y Pacheco y algunas actitudes puntuales de jefes de policía, que se atribuían el
derecho a prohibir cantantes o medios de prensa que personalmente no les gustaban; lo que sí había,
dijeron, era una fuerte autocensura por parte de los periodistas nacionales. Altieri. Entrelíneas (1998).

110
entre las dos corrientes identificadas con los partidos políticos tradicionales que
promovían las fechas 25 de agosto de 1825 (Declaratoria de la Independencia) y 18 de
julio de 1830 (Jura de la Constitución) como nacimiento del país independiente. Demasi
explica que los calificativos «oriental» y «uruguayo» fueron apropiados por los partidos
políticos Nacional y Colorado y sus respectivas áreas de influencia, el campo y la
ciudad, durante los batllismos, cuando se oficializó una identidad nacional capitalina,
cosmopolita y europeizante, al tiempo que la expresión «República Oriental del
Uruguay» representaba el triunfo parcial de una idea de la identidad con base rural,
autóctona y americanista promovida por los blancos:510

Los enfrentamientos entre blancos y colorados en gran medida respondían al antagonismo entre el
afán centralista y modernizador de la burguesía montevideana, —históricamente próxima al
Partido Colorado, ligada al comercio, las manufacturas y el puerto— y los estancieros y paisanos
de la campaña partícipes de otra cultura y otra visión del mundo, identificados con el Partido
Nacional e interesados en retener espacios de poder político. El pobrerío rural, las clases
subalternas del campo, revistaron mayoritariamente en las montoneras lideradas por los caudillos
blancos. Los de la ciudad, lo hicieron enrolados en el Ejército que respondía al Partido
511
Colorado.
La elección del 25 de agosto y la referencia a la orientalidad mostraban, una vez
más, el perfil antibatllista del régimen. El gobierno de facto aprovechaba la coyuntura
festiva para desmarcarse de la historia política oficial y elaborar una propia, con énfasis
en el papel del sector militar en la Independencia y vinculándola a esta «segunda
independencia» que decían llevar adelante. Este proyecto fundacional tuvo una alta
carga de segurismo, aunque ya no como en la primera etapa de la dictadura: la Doctrina
de la Seguridad Nacional llenaba el vacío del proyecto político pero no lo era realmente,
sino el pasaje desde una primera etapa de irrupción y desarticulación políticosocial
hacia una segunda de «rescate de la identidad y expresión populares» que permitiera
una rearticulación ideológica,512 pues «el proceso revolucionario que orienta y conduce
el gobierno de la República debe ser conocido y comprendido por la opinión pública, a
efectos de propender con su consenso y adhesión al logro de los objetivos
nacionales».513 Dice Demasi:

510
Demasi citado por Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 24. Ver también
Rodríguez Villamil, Silvia. Las mentalidades dominantes en Montevideo (1850-1900) La mentalidad
criolla tradicional. La mentalidad urbana y europeizada (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental,
2008).
511
Cores, Hugo. «Aproximaciones a los orígenes de la violencia política en el Uruguay», en Cuadernos de
Historia Reciente 2 (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2007), 44. Texto póstumo preparado
por Raúl Olivera Alfaro.
512
Garretón, M. El proceso político chileno (1983), 80.
513
Decreto Nº 166/795 citado por Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 12.

111
Se puso en marcha una operación ideológica que aspiraba a sustituir la visión del país hasta
entonces predominante […] El mecanismo se apoyaba en la instalación de un artefacto ideológico,
el «nuevo Uruguay», que construía dilemáticamente una fractura radical con el pasado […] El
control de los medios de comunicación y el consenso favorable que normalmente construye el
Estado en la sociedad, les permitía presentarse como la voz de la nación y calificar a sus
514
adversarios de minorías.

En este sentido, Assunçao representó un aliado ideal pues, como él mismo


señalaba en las palabras preliminares a su estudio sociocultural del gaucho:

El gaucho es el producto axial de la cultura de la zona litoral platense, de la que fue epicentro
geográfico nuestro actual territorio nacional. No fue, ni pudo ser jamás, el marginal que han
pretendido señalar, en llamativa coincidencia, los tecnócratas agraristas, ultras en su teorización
mercantilista y los escribas de la «intelligentsia» marxista-leninista, zurdos de entre casa [sic], con
515
la verborrea clásica del materialismo dialéctico.
Por lo cual, se tenía
[…] la necesidad de estos estudios, procurando cultivar y fomentar en nuestra juventud un
patriotismo sano, vital, vigoroso, auténtico, constructivo, viril, optimista; un nacionalismo
sólidamente apoyado en las tradiciones espirituales y culturales que definen, precisamente, nuestro
ser como nación, en el pleno conocimiento de esas tradiciones, y en la consciente participación e
integración a ese ser nacional. Orgullosos de formar parte de él, pero sin la vanidad agresiva del
fanatismo que es, paradojalmente, la presa más fácil de otros ismos que excitan esa vanidad y se
valen de su superficialidad materialista para inducir a los más grandes desvíos ideológicos que
terminan, fatalmente, en los peores renunciamientos y caídas de los valores que se pretende
516
defender y exaltar.
El «nuevo Uruguay» intentó captar a las masas descreídas de los gobiernos
tradicionales señalados como corruptos. Marchesi sostiene que en los años 70 se elaboró
un contraimaginario antibatllista que no se afianzó, entre otras cosas, por la instalación
de la dictadura. «En los momentos donde se percibe una pretensión fundacional, es
posible advertir una intención de crear un nuevo imaginario», señala el autor.517 En
1976 los militares se sentían parte de un proceso revolucionario que intentaba cambiar
la historia del país y para legitimar su presencia buscaron crear un relato histórico que
los justificara y un proyecto político propio, apoyados en la educación y la cultura, que
los incluyera en el futuro nacional. Uno de sus historiadores oficiales, Assunçao, en
ocasión de la inauguración del Mausoleo el 19 de junio de 1977 extrapolaba al presente
las palabras de Artigas cuando dijo «los ciudadanos aspiran generalmente a concertar
la fuerza y la razón en un Gobierno que pueda conservar sus derechos… y conciliar su
seguridad con sus progresos».518 Y más tarde señalaba:

514
Demasi et al. La dictadura cívico-militar (2009), 54.
515
Assunçao, F. El gaucho. Estudio socio-cultural (Montevideo: Dirección General de Extensión
Universitaria-Udelar, 1987), 9. Con ilustraciones de Federico Reilly.
516
Assunçao. El gaucho (1978), 11. Cursivas en el original, negritas nuestras.
517
Marchesi. El Uruguay inventado (2001), 24.
518
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 15.

112
[…] esta generación de orientales, que rechazó la locura terrorista y se afirmó sobre los sólidos
estribos de sus tradiciones y enhorquetada en el potro bravío de su conciencia y patriotismo,
teniendo como escudo a sus heroicos soldados, desafió y derrotó a la barbarie; esta generación que
hizo realidad la profecía del poeta, sacando esos sus soldados de hoy, de sus vainas las espadas de
Artigas en Las Piedras, de Rivera en Rincón, de Lavalleja en Sarandí, para que así se confirmara
aquello de que «los fulgores de esas tres espadas se cruzarán a través de nuestro sagrado
territorio, como los fuegos de inexpugnables baterías combinadas; como los vértices del cuadro
que debe forma nuestro Uruguay, el día que el alma de la patria vuelva a tocar a llamada en el
viejo clarín de Sarandí». Esta generación debía levantar el altar.519
La articulación de la Doctrina de la Seguridad Nacional con la vida cotidiana de la
sociedad uruguaya encontraba tierra fértil en ciertos sectores de la sociedad: el aspecto
cultural de la doctrina (la recuperación y afianzamiento de los valores morales de
Occidente, la implementación de medidas restrictivas sobre la vida social) tenía el
respaldo y se hacía eco de los viejos reclamos de un sector hasta entonces invisible
compuesto por católicos, nacionalistas y conservadores, muchos de ellos radicados en el
Interior del país o vinculados con el sector empresarial. Ésta fue la base social de la
revolución nacional que intentaron llevar adelante los civiles y militares en el poder a
partir de 1975. La importancia de la base histórica, señala Frega, radicaba en

[…] la necesidad de brindar fundamentos a la «nación» o contribuir al mantenimiento y


reproducción del orden social, [la disciplina histórica] fue ejercida durante mucho tiempo, además,
por «políticos historiadores». Estos intelectuales participaban en cierta medida de esos objetivos,
produciendo elaboraciones discursivas del pasado tendentes a la justificación o reivindicación de
520
determinado grupo o Estado.

El uso político de la historia

Durante la última dictadura pueden mencionarse varios ejemplos del papel que
jugó la historia en la reproducción del orden político y social con énfasis en el carácter
moralizante;521 como señalan Cosse y Markarian, «La conciencia histórica hace una
contribución esencial a la conciencia ética moral»,522 entendiendo por ésta al producto
complejo de una «circularidad cultural» entre la historia oficial y las diferentes
versiones del pasado común (académicas, familiares, políticopartidarias, de grupos de
interés, etc.) donde los museos, el calendario y la nomenclatura oficial, los programas
educativos y las fiestas, por nombrar solo algunos, son los lugares y las formas en que la
sociedad se relaciona con su pasado y se alimentan los relatos que a fin de cuentas

519
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 497.
520
Frega en Rico. Historia reciente, historia en discusión (2008), 25.
521
Frega en Rico. Historia reciente, historia en discusión (2008), 27.
522
Cosse, I. y V. Markarian. Memorias de la historia. Una aproximación al estudio de la conciencia
histórica nacional (Montevideo: Trilce, 1994), 14.

113
tienen por función legitimar el poder;523 lo que se da en el marco de lo que Eric
Hobsbawm define como «tradiciones inventadas»:

[un] conjunto de prácticas normalmente regidas por reglas aceptadas en forma explícita o implícita
y de naturaleza ritual o simbólica, que tienen por objeto inculcar determinados valores y normas de
conducta a través de su reiteración, lo que automáticamente implica la continuidad con el pasado.
[…] Lo que hace es darle a cualquier cambio deseado (o cualquier resistencia a la renovación) la
sanción del precedente, de la continuidad social y de la ley natural según se expresa en la
524
historia.
Como vimos, la participación de Assunçao en la CNHS fue funcional al discurso
del régimen, ayudando a la elaboración de un relato histórico particular y legitimante. A
pesar de que desde el presente se intente desmarcar su figura de lo que significa la
dictadura en la historia nacional, por ejemplo en las palabras del diputado Luis Lacalle
Pou (PN) en 2006, en ocasión de su muerte:

[…] el 12 de enero de 1931, de la unión de Octavio Assunçao, portugués, y María Dolores


Formica Corsi, uruguaya, nació Fernando Assunçao, referente ineludible cuando hurgamos en
nuestra tradición y en nuestra historia. […] Todas y cada una de las actividades que realizó las
puso al servicio de la tradición, del reencuentro con sus raíces, con nuestras raíces. […] También
fue una persona de fuertes convicciones políticas, de fuertes creencias políticas, como gran parte
de nuestros compatriotas. Pero en la búsqueda de nuestras raíces, en la curiosidad por la historia,
jamás utilizó el conocimiento adquirido en beneficio propio, en el de su colectividad o, aun peor
—como algunas veces lo vemos—, para dividir a nuestra sociedad y a nuestros compatriotas. Se
basó en sus estudios para fortalecer los cimientos de nuestra nación, cimientos cada vez más
525
importantes en el mundo globalizado de hoy.
Lacalle Pou señala que la orientalidad era el lazo que convertía al pueblo
uruguayo en una gran familia bajo la paternidad del prócer y se materializaba en una
simbología que incluía, entre otras cosas, el reposicionamiento simbólico y geográfico
de algunas figuras secundarias como Rivera, Lavalleja, Latorre y Oribe. Resulta
particularmente curiosa la intención de fijar los nombres de los 32 orientales que
acompañaron a Lavalleja en el desembarco526 y bastante evidente la pretensión de
acaparar todo lo que se vinculara a lo nacional, por ejemplo, la obligación de que Radio
Nacional cambiara su nombre y que la Asociación de Empleados Bancarios del
Uruguay quitara de las paredes de su sede una reconocida frase de Artigas.527
El interés por Artigas era común a los sectores políticos y militares porque
siempre había sido una figura suprapartidaria, pero lo que la dictadura buscaba era

523
Cosse y Markarian. Memorias de la historia (1994), 7-9.
524
Hobsbawm, E. «La invención de tradiciones», en Revista Uruguaya de Ciencia Política 4
(Montevideo: Facultad de Ciencias Sociales, 1990), 97-98.
525
Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes (Uruguay, 7 de junio de 2006). Disponible en:
[Link]/sesiones/[Link]?Url=/sesiones/diarios/camara/html/20060607d00
[Link]#numeral7
526
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 39.
527
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 68.

114
cambiar las connotaciones que el prócer había adquirido en manos de la izquierda en los
años 60:528

Repetimos, conviene recordarlo hoy [a Artigas], porque por tanto tiempo los enemigos de su
memoria, los miopes espirituales de la Historia, a los que ésta solo recuerda por eso, por haber sido
sus enemigos, hicieron del Jefe de los Orientales el blanco de sus dicterios, el centro de sus juicios
adversos, mezquinos, en los que se pretendía desconocer la magnitud de su obra, la nobleza de su
alma inmensa y la auténtica superior inspiración de sus actos. Y, como quien dice ayer, surgió
como la otra cara ponzoñosa de los agresores de su inmaculada memoria, la actitud de los malos
hijos, que usaban frases y expresiones del Prócer, como pretendido respaldo a posturas y actitudes,
a conceptos e ideas, diametralmente opuestos a aquellos por los cuales él luchó. Olvidando
intencionalmente que fue Artigas quien condenó a los que buscan «aprovecharse de los momentos
desgraciados para cimentar la desconfianza de los pueblos y para introducir la confusión».529

Asimismo, intentaba resignificar su imagen a partir de otras coordenadas que


privilegiaran, por ejemplo, su faceta militar. En el discurso del comandante en Jefe del
Ejército, teniente Julio Vadora, en ocasión de la inauguración del Mausoleo de Artigas
en 1977, el prócer aparece como «un soldado por vocación personal» y se mencionan
sus «sobrias y permanentes maneras castrenses».530 Sus diez años de actividad pública
eran vistos como «intensísimos en acontecimientos militares, absorbentes al máximo,
que, aparentemente, impedían extenderse en especulaciones teóricas, obligaban
continuamente a la acción y poco dejaban a la serena actividad del pensamiento por las
urgencias del diario batallar”.531 La idea era mostrarlo como un hombre de acción antes
que uno de ideas, despreciando implícitamente a los intelectuales y fomentando, como
aparece en la reforma de planes de 1977, las profesiones técnicas por sobre las
reflexivas o de espíritu crítico. En su discurso, Vadora sostiene:

Artigas no tuvo solo ideas; expuso programas y su principismo se tradujo en decisiones y hechos
concretos, que señalaron como deben aplicarse prácticamente muchos conceptos —aun
filosóficos— traduciendo en acciones y realizaciones lo que en algunas partes de la tierra sigue
siendo hoy una aspiración, una mera enunciación conceptual.532
Por otra parte, se asociaba a los militares libertadores con los de la cruzada contra
la subversión: «A nuestro pueblo, debemos reiterarle —con la misma constancia del
general Artigas para con sus principios— que tenga fe, que renueve esfuerzos y
continúe su aporte de trabajo silencioso y en paz, apoyando el desarrollo de este
proceso que nos compromete»;533 construyendo la crisis y la dictadura en clave de relato

528
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 68.
529
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 14-15.
530
Teniente Julio Vadora, discurso inaugural del Mausoleo del general José Gervasio Artigas, 19 de junio
de 1975, transcrito íntegramente en Assunçao y Wilfredo. Artigas (1978), 562.
531
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 14.
532
Vadora en Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 566.
533
Bordaberry en Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 568-569. El 30 de abril de 1974, a propósito de la
creación de la condecoración «Protector de los Pueblos Libres general José Artigas».

115
épico: «la idea de pueblo organizado contra la agresión extranjera, promoviendo el
desarrollo del país y la seguridad de su estilo de vida».534

La noche había caído sobre el alma de los orientales. El terrorismo, forma moderna de expresarse
los enemigos de la patria, impelidos desde fuera por el marxismo esclavista, intentaba por el
latrocinio, la coacción física y moral, y el baño de sangre, trasfundir su propia locura intrínseca a
toda la comunidad nacional; trastocar los valores, negar las esencias, blasfemar sobre las
tradiciones, provocar, en fin, el caos total, como modo de asaltar el poder y crear la más tremenda
de las dictaduras, esa que niega al hombre los valores propios de su condición humana. El Poder
Ejecutivo Nacional, con la presidencia del señor don Juan María Bordaberry, resolvió proteger los
sagrados restos del Héroe del ataque aleve de que podían ser objeto por parte de los apátridas que
ya habían rapiñado uno de los símbolos materiales de la gesta heroica de los orientales solos en
1825.535
Los autores están refiriendo al robo de la bandera de los Treinta y Tres Orientales
por parte del MLN-T en 1969. Lo que se desprende de la cita es, por otra parte, una
insistencia en el carácter sagrado del prócer (Juan Zorrilla de San Martín dirá que es «un
enviado de los dioses»536), muy frecuente en los nacionalismos. En cierto pasaje del
poema «La epopeya de Artigas» de Zorrilla de San Martín aparece el temor ante la
figura de Artigas, quien «ha surgido de la muerte» y «siendo el más grande de los
muertos, es el mayor entre los vivos»,537 semejanza con el Jesús cristiano que Assunçao
y Pérez refuerzan expresando que «él, como en el misterio evangélico, es hijo, esposo y
padre de la Patria».538 En simultáneo, el rescate de la figura del gaucho intentaba
asociar la esencia de esa orientalidad nacida con el Prócer con cualidades atribuidas al
Interior del país, a la supuesta tranquilidad, pureza y autenticidad del campo frente a la
supuesta falsedad, superficialidad y ruido de la ciudad. El diputado Lacalle Pou
proseguía:

A este cultor de lo nacional, a este cultor de lo oriental, en este momento me lo imagino sentado al
lado de Elías Regules,539 a quien tanto admiró, contándole que la tradición no ha muerto, que la
tradición está viva; que hoy hay muchachos y muchachas que cada vez se apegan más a nuestro
folclore y a la vestimenta tradicional de nuestro país; que muchos están cambiando el «jean» o
el vaquero por la bombacha de campo; que por nuestra capital la gente anda de bombacha de
campo y de alpargatas; que el trabajo que Elías Regules y tantos otros hicieron no fue en vano.
También me lo imagino ahora conversando con Santiago Chalar y contándole la emoción que fue
escuchar hace pocos meses en el Paraninfo de la Universidad a su hijo, a Santiago Chalar hijo,

534
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 77. Cursivas en el original.
535
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 495-496. Negritas nuestras.
536
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 495.
537
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 77.
538
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 9.
539
Elías Regules (1861-1929) establece la línea lírica del criollismo con sus Versos criollos (1894).
Según María Rosa Olivera-Williams, esta poesía culmina con la mitificación del gaucho: «El gaucho
como símbolo de autoctonía debe ser representado en un pasado ahistórico, para dotarlo de todos los
atributos deseados para “la raza humana”. El gaucho en esta poesía es el pasado, es la infancia social
de un pueblo, que a la luz de la mitificación criollista, parecería idílica». Olivera-Williams, M.R.
«Modernización y fin de siglo. Naturalismo y criollismo», en Achugar, Hugo y Mabel Moraña
(Coordinadores) Uruguay: imaginarios culturales. Desde las huellas indígenas a la modernidad
(Montevideo: Trilce, 2000), 297.

116
tocando una de las canciones que a su padre más le gustaban, en un homenaje a Elías Regules.540
Fernando Assunçao cumplió con su mandato como oriental. Yo creo que no hay mejor
homenaje a estos personajes tan relevantes de nuestra historia que no olvidar lo que somos, que no
541
olvidar que somos orientales y no olvidar, sobre todo, por qué somos orientales.

En 1978, a iniciativa de Assunçao y otros promotores de la cultura gauchesca y


con la anuencia de la dictadura se creó, dentro del Museo de la Moneda (ideado por el
Dr. Alejandro Gallinal en 1923 y fundado en 1943), el Museo del Gaucho-Motivos
Populares Uruguayos, con el objetivo de «ocuparse de la Historia Nacional y las Bellas
Artes»542 y entendiendo al gaucho como «protagonista de nuestra gesta patria y de las
artes populares más caracterizantes del quehacer de nuestros mayores». En este marco,
el Museo debía servir «para que sus visitantes, orientales y extranjeros, conozcan mejor
estos aspectos, los más emotivamente íntimos del ser cultural de nuestro pueblo rural,
para así mejor comprendernos y que contribuya, con la mayor eficacia, a la formación
de nuestra juventud».543 Assunçao fue responsable no solo del proyecto museográfico,
que sirvió de guía al arquitecto que refaccionó el Palacio Heber Jackson para que el
Museo pudiera instalarse, sino también de aportar la colección original, conformada en
parte por sus propias búsquedas e investigaciones, así como por piezas que
pertenecieron a colecciones privadas nacionales y de Argentina. Las «artes populares»,
en este marco, comprenden una vasta colección de objetos tradicionales vinculados al
campo y al gaucho, entre ellos artesanías en plata, cuero, guampa, madera,
mampostería, cuchillos y facones, espuelas, etc.

El folclore que no protesta

Como acompañando la propuesta cinematográfica de Gurí, en 1979 apareció en el


mercado el elepé colectivo «Gurí. Folklore para niños»,544 en el «Año Internacional del

540
Elías Regules (1861-1929) fue un médico, escritor y político, fundador de la Sociedad Universitaria,
antecedente del Ateneo de Montevideo. Dentro de su faceta como escritor se destacó como poeta nativista
y dramaturgo y participó de la publicación El Fogón, la más importante de la región en el género
gauchesco. En 1946 se declaró el 22 de mayo como «Día de la Tradición», fecha del nacimiento de
Regules.
541
Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes (Uruguay, 7 de junio de 2006). Negritas nuestras.
542
Objetivos, documento firmado por el Directorio del BROU, en:
[Link]/web/guest/institucional/rs/cultural/gaucho
543
Objetivos en [Link]/web/guest/institucional/rs/cultural/gaucho
544
Editado por Sondor. Canciones que incluye (autor - intérprete): «Baile de la negra Sole y pico» (J.J. de
Mello), «La tortuguita» (M. Rugeles - Larbanois/Carrero), «Historia del niño cantor» (W. y C.
Benavídes), «Chiquillada» (J. Carbajar - Los del yerbal), «El paseíto» (L. Jiménez - Adriana Lapalma),
«El leñerito» (Serafín J. García - Santiago Chalar y Santiaguito), «Un son para niños antillanos» (L.
Hernán y Nicolás Guillén - Los Zucará), «Que nuestro canto se vuelva flor» (J.E. Rimbaud - Carlos María
y Ximena Fossati), «El mangangá» (Ruben Lena - Los del yerbal), «Duendecito comelunas» (J.C. Guerra

117
Niño» declarado por la ONU, el mismo año en que hacía aparición el primero de dos
volúmenes de «Canciones para no dormir la siesta» (Sondor, 1979 y 1982)545 que
también mostraba una influencia fuerte del folclore latinoamericano, pero esta vez
incluyendo la murga y el candombe.
Varios autores han señalado que una de las características de la censura cultural en
nuestro país fue su arbitrariedad: el desconocimiento acerca de si algo trasgredía o no la
ley generaba mucho más temor que el conocimiento pleno de los límites; otro de los
rasgos fue su falta de continuidad o coherencia: salvo contadas excepciones, las
prohibiciones dependieron del día, del inspector de turno, de cualquier excusa eventual
que pudieran proporcionar los músicos, etc. En una ocasión se censuraba a un músico
pero al día siguiente se le permitía cantar, censurándole las canciones o se le prohibía
subir al escenario, pero no necesariamente actuar; la situación se volvió tragicómica en
una ocasión cuando, en un intento de rebeldía, se terminó colocando un tocadiscos sobre
el escenario porque eso no estaba prohibido. En todo caso, el fenómeno llegó a ribetes
ridículos cuando algunos artistas que contaban con el beneplácito del gobierno
interpretaron canciones de músicos proscritos, como sucede con el disco larga duración
del que hablábamos antes.546 Leo Maslíah recuerda que la dictadura realizó
comunicados públicos y oficiales sobre la censura en solo dos oportunidades: en 1974,
para prohibir la difusión y venta de los discos del grupo Los Olimareños, y en 1976,
cuando detuvo a Braulio López (uno de sus integrantes) durante todo un año.547 Según
Maslíah, la dictadura intentó conformar su propio elenco de músicos uruguayos para
contrarrestar el recuerdo del movimiento cultural de los 60 en el marco de la revolución
cubana: «cada año el Ministerio de Cultura de la dictadura organizó en la ciudad de
Durazno un festival al que invitaba, ofreciendo miles de dólares de pago, a solistas y
conjuntos alineados tras el rótulo “canto popu”»,548 entre ellos podríamos citar a
Santiago Chalar y al conjunto Los Nocheros. Lo que hizo la dictadura fue despojar al

y O. Romano - Los bacheros) y «Para dormir un ratón» (L. Muñiz). Información tomada de
[Link]
545
Grupo de talentosos músicos uruguayos (Jorge Bonaldi, Horacio Buscaglia, Nancy Guguich, Leticia
Moreira, Gonzalo Moreira, Jaime Roos, Walter Venencio, Susana Bosch, Guzmán Peralta, Gustavo Ripa,
Jorge Lazaroff, Pippo Spera, Urbano Moraes, Cecilia Prato) reunidos originalmente en torno al ambiente
teatral (El Galpón primero, El Circular después), que dominó la escena musical infantil entre 1975 y
1990. Por más información ver De Alencar Pinto, Guilherme. Los que iban cantando. Detrás de las voces
(Montevideo: Ediciones del TUMP-MEC, 2013), 136 y ss.
546
Por más información ver De Alencar Pinto, G. Los que iban cantando (2013), 32.
547
Maslíah, L. «La vida de los otros (II) La música popular, censura y represión» (1968), en Cuadernos de
Historia Reciente 3 (Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 2007), 48.
548
Maslíah. «La vida de los otros (II)» (2007), 53.

118
nativismo de sus características o componentes contestatarios, desvinculándolo de la
canción de protesta de los años 60, que —según varios críticos— era su continuidad
estética e histórica.
Por esa época recibieron un fuerte apoyo gubernamental las asociaciones
nativistas como El Pericón, Los Tizones de Ansina, Dr. Elías Regules y Potros y
Palmas, se realizó el 1º Congreso de Municipios y Fuerzas Productivas de la Región en
el este del país y se estableció el «Día de la juventud agraria». De este modo, el Interior
fue siendo progresivamente recuperado del supuesto olvido en que lo habían sumido los
gobiernos de los partidos tradicionales. Bordaberry decía en abril de 1974: «Cada vez
que el mundo toma rumbos decepcionantes, cada vez que el espectáculo exterior nos
deprime [...] nuestra gente tiene el infinito recurso de mirar hacia adentro y recobrar
fuerzas por el culto a la tradición viva de nuestra gesta, por la profesión de la
orientalidad de que estamos imbuidos...».549
Con el cometido de promocionar la música tradicional y las manifestaciones
nativistas el MEC, la Dinarp y las agrupaciones folclóricas locales fomentaron la
realización de festivales musicales, certámenes literarios y otros eventos semejantes; la
sucesión cronológica pone en evidencia la extensión del entusiasmo de cada
departamento en este afán orientalista: en 1973 se realizó el 1º Festival Nacional de
Folclore «Todo el Uruguay canta en Durazno» (al que se refería Maslíah más arriba),
que otorgaba el premio «Charrúa de oro» a la figura más relevante;550 en 1974 el
Festival Nacional de Folclore de Cerro Largo; en 1975 el Festival «Canciones para mi
patria» que mencionábamos antes y el Festival «Folclórico Oriental» de Minas de
Corrales (Rivera), cuyo cierre se realizaba en el Teatro Solís de Montevideo con entrada
libre y donde se otorgaba el «Cardo de Oro» (18 quilates), brindado por El País a los
ganadores;551 el de Canto y Música Nativa en Paysandú, el de Treinta y Tres, etc. En
1976 y 1976 se desarrollaron los festivales de Folclore Policial, organizado por el
Departamento de Relaciones Públicas del Ministerio del Interior.552
En 1975 y 1976 la Dinarp lanzó junto a Sondor dos elepés denominados «Álbum
de la Orientalidad», volúmenes I y II. El sol que aparecía en el primer volumen era el
logo del Sesquicentenario, establecido por la CNHS. En el primer álbum estaba «A don

549
Assunçao y Pérez. Artigas (1978), 568.
550
Por más información ver De Alencar Pinto. Los que iban cantando (2013), 50.
551
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 80.
552
De Alencar Pinto. Los que iban cantando (2013), 52.

119
José», canción de Rubén Lena interpretada por el grupo Los Fogoneros553 y apropiada
por los militares desde sus incursiones radiales de 1971. En el segundo continuaban los
clásicos del cancionero nacional (el «Himno nacional», por ejemplo), las referencias a la
identidad del pueblo y a las figuras destacadas de los partidos tradicionales.554 Ambos
discos reúnen a los ganadores del 1º y 2º Festival Nacional «Canciones para mi patria»,
un certamen que surgió de la iniciativa conjunta de El País y el MEC, transmitido por
los canales televisivos 4 y 5 y por Radio Carve, que buscaba rescatar el folclore local y
vincularlo al campo nacional, de modo que las experiencias y hazañas de cada pueblo se
transformaran en vivencias de toda la nación. El certamen constaba de tres rondas, una
en Minas, otra en Rosario y la final en Montevideo.555 El coronel retirado Regino
Burgueño le relató a Altieri, en una entrevista, que fue él quien inició el Festival con la
colaboración de Juan Carlos Blanco, un empleado de la Dinarp vinculado al área rural.
Asimismo, se adjudica la creación de «La gesta oriental», una actividad que consistía en
recorrer el país con un grupo de cantores, payadores, etc., donde parecería haber
(re)emergido Santiago Chalar, quien por entonces acababa de actuar en el Festival de
Cosquín;556 además, Burgueño dijo haberse encargado de las gestiones para la actuación
de Los Nocheros en Estados Unidos.557
En otro orden, a fines de 1974, con motivo de sus 56 años El País designó un
equipo asesorado por Fernando Assunçao e integrado por Cristina Scheck, Judith
Lasarte de Carlotta y el maquillador Julio Pierotti para coordinar las actividades
relativas a la «moda cardo»: «los gauchos de Blanes, la flora nativa y materiales nobles

553
Lista de canciones (autor - intérprete): «Yo creo en ti» (H. Ferrari - Los Nocheros), «Cielito del 25» (J.
Villalba), «Mis tres banderas» (N. Ríos y A. Casaravilla - Los trovadores del Yi), «Dos cielos y un
general» (M. Quadros y J. Gurascier), «Pericón Nacional» (G. Grasso - V. Ascone y su Banda Sinfónica),
«P’al que lo sea» (J. Villalba y Los Boyeros), «Disculpe» (H. Ferrari — Los Nocheros), «A don José» (R.
Lena - Los Fogoneros), «Memorias a Artigas» (L. Ayestarán - A. de la Vega) y «Mi bandera» (J. R.
Usera y N. Bonomi - V. Ascone y su Banda Sinfónica). Información tomada de
[Link]
554
En el segundo volumen encontramos: «Paloma blanca», «Por Ansina», «Gato del 25», «Himno
nacional uruguayo», «P’al del otro lado», «El oriental», «Soy el primero», «Guitarra oriental», «Vamos
hermano», «Presente mi general», «Marcha policial» y «Es tiempo de dar». No tenemos las referencias de
los autores ni de los intérpretes. Información e imagen tomadas de
[Link]
555
Cosse y Markarian. 1975: Año de la Orientalidad (1996), 79.
556
«Nacido en 1938, Chalar tenía una edad intermedia entre las de Zitarrosa (1936) y Viglietti (1939), y
lanzó su primer disco en 1961 [el disco incluía dos canciones de Osiris Rodríguez Castillos]. Su
producción discográfica se discontinuó hasta la década de 1970 debido a sus estudios de medicina, con
lo cual Chalar esquivó definirse públicamente por la protesta o no. No parece haber padecido la clase de
persecuciones de los cantores de protesta, y su carrera ganó fuerza al tiempo que varios de sus colegas
fueron siendo acallados. En el Año de la Orientalidad, fue, junto a Teresita Minetti, uno de los
protagonistas musicales del gran espectáculo [«folclórico patriótico»] oficialista La Gesta Oriental». De
Alencar Pinto. Los que iban cantando (2013), 54. Negritas en el original.
557
Altieri. Entrelíneas (1998), 147.

120
y autóctonos como la lana y el cuero […] la línea buscaba rescatar la identidad
cultural y reformularla».558 El debut de la «moda cardo», entendida como un
movimiento dentro de la estética nativista, fue en La Quinta del barrio montevideano
Pocitos Nuevo, acompañado por un despliegue gastronómico de comidas criollas. El
lema «Moda oriental de exportación» iba dirigido a la prensa argentina que fue
especialmente convocada y con la que Assunçao tenía una excelente relación, dado que
desempeñaba sus estudios y profesión de docente tanto aquí como en Buenos Aires. El
cierre de la velada estuvo a cargo de Los Nocheros. En 1976 se repitió la actividad,
añadiendo al equipo de coordinación al escenógrafo Claudio Goeckler para el diseño de
joyas a tono con el «cardo».559

Comentarios finales

La participación de Assunçao en el proyecto conservador de la dictadura uruguaya


admite una lectura lineal: el historiador estaba convencido de que la propuesta cultural
era la mejor posible en ese contexto, sino la más esperada por él y por el sector que
representaba (criollistas, nativistas). La idea de tradición arraigada en el campo y la
cultura gauchesca, con sus ribetes bucólicos, le era afín, como le fue afín la
interpretación que hizo el régimen del pasado nacional, patente en los festejos del
Sesquicentenario, en los que colaboró activamente. Podríamos decir, utilizando las
palabras de Zubillaga, que su participación fue consecuencia de un «reclutamiento
burocrático» como suele suceder en las «comunidades historiográficas cerradas», que
fue básicamente lo que instaló el régimen con la institución de 1975 como «Año de la
Orientalidad» y sus festejos, obras de teatro, ediciones de libros y demás producciones y
expresiones artístico-culturales oficialistas. Sin embargo, no podemos obviar todo lo
realizado por Assunçao a favor de la recuperación y conservación de nuestro
patrimonio, aunque sí con una idea restrictiva de lo que éste comprendía: el Museo del
Gaucho o incluso la curaduría de Colonia del Sacramento son hasta hoy emblemas de la
identidad oriental, lejos del consenso y conflictiva pero identidad al fin, y del ser
uruguayo.

558
Langleib, Macarena. «Páginas a la moda», en Paula, revista femenina de El País (Montevideo, 2008).
559
Langleib, M. «Páginas a la moda» (2008).

121
6. Intelectuales/ funcionarios, instituciones, redes

El campo cultural durante la dictadura sufrió un colapso producto de varios


cambios simultáneos, algunos abruptos y otros largamente anunciados, entre ellos la
«desaparición» (por persecución, exilio y asesinato) de muchos de sus referentes los
años antes del golpe y las transformaciones en las relaciones entre los agentes
culturales, el Estado y el mercado. Bajo dictadura hubo al menos dos campos culturales:
uno reprimido, que desarrolló nuevas formas y lenguajes para subsistir (y donde
debemos ubicar al importante movimiento de oposición y resistencia a la dictadura), y
otro oficial u oficialista. Éste último es el que nos interesa en este trabajo, por cuanto
surge tanto por la iniciativa y el fomento del Estado así como por voluntades personales,
individuales, de agentes culturales que durante el período asumieron roles de liderazgo
en ciertas áreas de interés para el régimen, como el cine de propaganda (a veces
camuflado en fines educativos), la música folklórica y las expresiones nativistas en
general y la conformación de un relato histórico nacional propio, por todos los medios
posibles, especialmente la conmemoración y difusión de fechas patrias. En este marco,
el régimen se vio en la necesidad de buscar y captar agentes culturales que le fueran
afines y lo ayudaran a desarrollar e implementar su proyecto cultural propio que, como
luego vimos, fue de corte conservador. El campo cultural oficial, entonces, se generó
bajo dictadura resignificando o reelaborando algunos sentidos, captando o cooptando
agentes de referencia en las áreas de su interés y fomentando la ramificación de
relaciones institucionales y culturales entre actores y espacios que con anterioridad
habían sido en su mayoría descuidados o desplazados, por ejemplo por el batllismo con
su perfil metropolitano y cosmopolita y su cohorte de intelectuales de izquierda.
Durante la dictadura la Biblioteca Nacional adquirió nuevos bríos y si bien no
recibió mayores influjos económicos, volvió a ser un referente en el campo cultural
nacional para la conformación del canon; por su parte, la Comisión Nacional en
Homenaje a los hechos del Sesquicentenario, nueva entidad creada por el Estado en
1975 para los festejos del «Año de la Orientalidad» funcionó, durante el periodo
estudiado (1975-1980), como un espacio central para la cultura oficial y la elaboración
de una mística histórica en torno a la presencia militar en el gobierno. La CNHS fue por
excelencia el lugar donde varios de los hombres, intelectuales y funcionarios que
estudiamos se cruzaron en sus diferentes áreas de especialidad, entre ellos Darino y
Assunçao, pero también Visca tuvo una presencia constante aunque lateral desde su

122
cargo en la Biblioteca, un brazo más de la Comisión en sus celebraciones.
Hemos tenido noticia, aunque no demasiados datos al respecto, sobre la existencia de
un Instituto Cultural Uruguayo Argentino donde habrían convergido Visca y
Klappenbach, el primero por el área de las Artes y las Letras y el segundo por las
Ciencias; un instituto creado en 1939 con el fin de preservar el patrimonio rioplatense
que, suponemos, durante la dictadura recobró su fuerza inicial en el marco de la defensa
de la nacionalidad que emprendían los militares contra la «contaminación» comunista y
estadounidense, aunque sobre ésta última no había consenso.
Finalmente, dos casos que veremos con detenimiento: la Fundación de Cultura
China, donde podemos ver cómo el anticomunismo y las redes culturales de la dictadura
se articulaban en algo concreto, como un viaje a Taiwán de algunos civiles intelectuales
y funcionarios del Estado con fines político-culturales; y la Academia Nacional de
Letras, cuya naturaleza de dependencia relativa con el Estado la volvió un espacio
particular que, al igual que la Biblioteca, también cobró importancia en el periodo,
quizás por la doble pertenencia y liderazgo de Visca en ambas instituciones.

La Fundación de Cultura China

Mónica Naymich reseña que en 1967 se constituyó la Liga Mundial


Anticomunista (LMA) con sede en Taiwán,560 con el objetivo de defender la
civilización occidental y el mundo libre y con cierta autonomía de la política
anticomunista norteamericana de Lyndon Johnson (1963-1968) y su sucesor, Richard
Nixon (1969-1974). La LMA tenía como antecedente la Asian People’s Anticommunist
League formada en 1954. En 1972, durante la VI Asamblea de la LMA en México DF,
se lanzó la alianza transnacional latinoamericana anticomunista bajo el título
«Conferencia Anticomunista Latinoamericana».561 En el congreso de la LMA en
México se reforzó la idea de emprender una ofensiva latinoamericana contra el
comunismo y se propuso la creación de un Comité de Solidaridad con los Movimientos
Nacionalistas de América Latina con representación en Chile, Bolivia y Uruguay, sede
560
Congresos: 1967 (Taipei), 1968 (Saigón), 1969 (Bangkok), 1970 (Kyoto), 1971 (Manila), 1972
(México DF). Este viraje en las locaciones de los congresos desde lugares asiáticos hacia América Latina,
según la autora, marca la nueva tónica de la Liga y el interés que estaba cobrando el continente como
terreno abonado para el comunismo desde la revolución cubana. Naymich, Mónica. «Historia de una
colaboración anticomunista transnacional. Los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara y el
gobierno de Chiang Kai-Shek a principios de los años setenta», en Contemporánea 1 (Montevideo, 2010),
147.
561
Naymich, M. «Historia de una colaboración» (2010), 134-135.

123
en Buenos Aires y dirigido por Luis Ángel Dragani.562 Éste encabezaba, también, la
propuesta de formar una Regional Latinoamericana Anticomunista de Informaciones y
Divulgación como filial de la LMA. Según Naymich, esta regional se parecía mucho a
lo que luego fue el «Plan Cóndor».563
En 1949, al finalizar la guerra civil china entre Chiang Kai-Shek y Mao Tse-Tung
con el triunfo de la revolución promovida por éste último, Mao proclama el nacimiento
de la República Popular China (RPCh) y Chiang se refugia en la isla de Taiwán,
instaurando el gobierno de la República China Nacionalista. Desde entonces, los
gobiernos estadounidenses utilizaron el gobierno de Chiang para presionar diplomática
y económicamente a la RPCh y la comunidad internacional reconoció como legítimo al
primero.564 El Uruguay dictatorial mantuvo relaciones diplomáticas con Taiwán (lo que
implicaba un intercambio económico y cultural) y recién en febrero 1988 —luego de un
proceso de reconstitución de la imagen de nuestro país, que lentamente retornaba a la
democracia en un nuevo marco internacional— el gobierno democrático reconoció a la
RPCh.565 Estados Unidos había reanudado sus relaciones con ella en 1972, cuando fue
incorporada a la ONU y expulsados, por consiguiente, los representantes del gobierno
de Chiang. Esto produjo el reconocimiento sucesivo de varios países latinoamericanos:
Allende lo había hecho antes, en 1970, México y Argentina en 1972, Venezuela y Brasil
en 1974, Ecuador y Colombia en 1980, Bolivia y Nicaragua en 1985, Uruguay en
1988.566 Según Javier Bonilla y otros,

América Latina nunca enfrentó cuestiones estratégicas relevantes con la RPC. Ésta tenía poca
influencia en la región —la más importante era la que ejercía sobre el grupo peruano Sendero
Luminoso— y, en realidad, el movimiento comunista latinoamericano estaba dirigido directamente
desde Cuba y la Unión Soviética, «competidores» implacables de Beijing. Los 70s fueron los años
de los autoritarismos militares en América Latina. Muchos países del continente sufrieron golpes
de Estado y gobiernos de facto anticomunistas que tendían, naturalmente, a preferir a Taiwán
frente a la RPC. El paradigma de estos gobiernos fue la «Doctrina de Seguridad Nacional», que
otorgaba a las fuerzas armadas la tarea de enfrentar al marxismo-leninismo. La dicotomía «China
Popular vs. Taiwán» era una disyuntiva perfectamente adecuada para practicar el rechazo al
comunismo y ello contribuyó enormemente a cimentar la influencia de Taiwán en América Latina.
A pesar de ello, muchos gobiernos latinoamericanos optaron por vincularse con la RPC en los años
70s. Algunos como Cuba y Chile —bajo Salvador Allende— lo hicieron por simpatía ideológica,

562
Argentino. Presidente del Movimiento Nacional de las Juventudes y de la Federación de Entidades
Democráticas Anticomunistas. También habría sido coordinador nacional de la Federación de
Movimientos Católicos de Laicos (sic), según consta en un aviso publicado en febrero de 1972 en ABC de
Sevilla, disponible en
[Link]
563
Naymich. «Historia de una colaboración» (2010), 152.
564
Naymich. «Historia de una colaboración» (2010), 145.
565
Bonilla Saus, Javier; Brum, Pablo; Castro, Guzmán y Diego Da Ronch. Un caso exitoso de negociación
diplomática: el reconocimiento de la República Popular China (Montevideo: ORT, 2007), 5. Disponible
en [Link]/facs/pdf/[Link]
566
Naymich. «Historia de una colaboración» (2010), 148.

124
otros, por razones diversas. Brasil lo hizo bajo una dictadura militar de derecha, México bajo la
tradicional retórica antinorteamericana del Partido Revolucionario Institucional y Venezuela en
régimen democrático.567
En mayo de 1982 el embajador chino en Uruguay, Konsin Shah, decía que las
relaciones económicas y culturales entre Uruguay y China estaban «cada día más
cerca».568 El representante había llegado a nuestro país para responder consultas e
incrementar el comercio mutuo, «mientras tanto —habría dicho Shah— los uruguayos
admiran mucho la cultura china y, gracias al esfuerzo conjunto de los chinos y los
uruguayos se estableció una «Fundación de Cultura China» en Montevideo».569
Asimismo, propuso al gobierno enviar más profesores para que aprendieran chino y lo
enseñaran en Uruguay y, en la misma línea, una delegación económica uruguaya
(empresarios) encabezada por Antonio Santin (presidente de la Corporación del Acero y
de la Cámara de Construcción) y once personas más, realizó una visita de una semana a
China con el objetivo de conseguir cooperación industrial. Cumpliendo con lo previsto,
entre el 4 y el 15 de octubre de 1982 tres profesores uruguayos viajaron a Taiwán:
Miguel Ángel Klappenbach, Arturo Sergio Visca y una tercera persona que, según
Alfredo Alzugarat, sería el profesor de Historia del Instituto «Alfredo Vázquez
Acevedo» (IAVA) José María Traibel Neicis, apodado «el chancho».570
En abril de 1984 se realizó la conmemoración del segundo aniversario de la
Fundación Sino-Uruguaya. Entre los más de cien invitados se encontraban el ministro
de Educación y Cultura uruguayo, doctor Juan Schroeder y su predecesora, la doctora
Raquel Lombardo de Bertolaza, el presidente de la Fundación, doctor José Echeverry y
el embajador chino, Konsin Shah. Según se consigna allí, Lombardo de Bertolaza habría
viajado a China poco antes del encuentro. Una de las revelaciones es que también
presente en la reunión estaba nuestro embajador en China, Benito Buenaventura
Caviglia, el autor del libro Psicopolítica (1974), un acérrimo anticomunista.
Ese año, el embajador Shah ofreció una conferencia sobre economía china para
cerca de 150 uruguayos. Según la reseña del Taiwan Review, «el gobierno de China
Libre, bajo la guía del presidente Chiang Ching-kuo, ha logrado realizar con mucho
567
Bonilla et al. Un caso exitoso de negociación diplomática (2007), 5.
568
«Con Uruguay: fortalecimiento de las relaciones», en Taiwan Review (26 de mayo de 1982).
Suponemos que este medio digital (desconocemos si existe en papel) debe ser una gaceta con información
de China para difundir en América Latina. En la web el contenido está en español, aunque la plantilla está
en inglés. La reseña está disponible en
[Link]
569
Sin Firma. «Con Uruguay: fortalecimiento de las relaciones» (26 de mayo de 1982).
570
Esta suposición pertenece a Alfredo Alzugarat, a quien agradecemos los datos del viaje de ASV a
China. Según las fuentes relevadas por Alzugarat, la comitiva uruguaya se hospedó en el Grand Hotel de
Taipei y, dato anecdótico, durante el viaje Klappenbach se habría quebrado una pierna.

125
éxito un estado de bienestar y de igualdad, reduciendo así la brecha entre ricos y
pobres. El embajador agregó que los logros económicos de nuestro país han sido
posibles gracias al equilibrio existente entre la educación, la economía, la justicia y la
ley».571 Según Bonilla y otros, la única razón por la que Uruguay mantuvo relaciones
con la China de Chiang hasta el final (fuimos los últimos en reconocer a la RPCh como
gobierno legítimo) fue porque el gobierno de Taiwan apoyaba al uruguayo con dinero,
más que el anticomunismo.

La Academia Nacional de Letras

En abril de 1973 la Comisión Directiva de la Academia Nacional de Letras (ANL)


estaba compuesta por Emilio Oribe, Clemente Estable, Juan Pivel Devoto, Domingo
Bordoli, Arturo Sergio Visca, Celia Mieres, Rolando Laguarda Trías, Julio C. da Rosa y
Santiago Dossetti. La presidencia recaía en Carlos Rodríguez Pintos y la vicepresidencia
en Visca, quien pasó a primer plano en junio de ese año, luego de la renuncia de
Rodríguez por razones de salud. Dossetti asumió como vice.572
El 14 de junio de 1973 la Academia recibió la visita del Ministro de Educación y
Cultura, Daniel Darracq, por el interés mutuo de revitalizar la Revista Nacional con
presupuesto del ministerio. A partir de este encuentro comenzó un proceso de
acercamiento entre el MEC y la ANL que desemboca, entre otras cosas, en el traslado
provisorio de la Academia a la Biblioteca Nacional y luego, a partir de 1974, al primer
piso del Palacio Taranco.573 Podríamos interpretar que parte de este acercamiento se
debió al menos a tres razones: por un lado, las necesidades operativas de la Academia
que venían siendo demoradas o desplazadas del interés estatal desde los años 50; por
otro, al interés del Estado en recuperar a la Academia como un espacio gravitante en el
campo cultural a través del cual incidir en la cultura y la educación nacionales; y,
finalmente, algunas ideas en común, por ejemplo la voluntad de celebrar los
aniversarios de los nacimientos de María Eugenia Vaz Ferreira y Julio Herrera y Reissig
en 1975, a los que el MEC añadió el de Florencio Sánchez, a través de la propuesta de
concursos nacionales en abril de 1975 que desplazaron del primer plano el concurso

571
Sin Firma. «Embajador Shah ofreció conferencia sobre economía china», en Taiwan Review (16 de
agosto de 1984). Disponible en [Link]
572
Archivo de la ANL. Libro de Actas de la Junta Directiva de la Academia Nacional de Letras (en
adelante: Libro de Actas de la ANL) Nº 2, Actas Nº 419 a 422, abril-junio de 1973.
573
Libro de Actas de la ANL Nº 3, Acta Nº 432 del 8/5/1974.

126
ideado por la Academia en junio de 1974.574 La afinidad de la Academia con el MEC
iba, incluso, a contrapelo del parecer de algunos de sus integrantes: en junio de 1976,
cuando la ANL debía elevar la candidatura uruguaya al Premio Miguel de Cervantes de
ese año, se produjo un episodio representativo: originalmente la Academia había
propuesto dos candidaturas, la de Juan Carlos Onetti y la de Juana de Ibarbourou, pero
ante la insistencia del MEC de que debía pronunciarse por una sola la Academia
«prefirió» a Juana, «por entender que, más allá de los valores literarios de su obra,
convergen en ella otros valores que la elevan a la categoría de figura nacional y
americana».575 Esta pasión por Juana de Ibarbourou será, sin dudas, una de las
coincidencias más fuertes del emblemático 1975.
En noviembre de 1974 comienza a manifestarse algo que será característico del
vínculo MEC-ANL y que podría interpretarse como una especie de convenio recíproco:
el MEC refuerza el respaldo económico a la ANL (a lo que ésta responde con demandas
viejas y legítimas pero ahora escuchadas) e insiste en recuperar el rol de la Academia en
el campo cultural, solicitándole constantemente su asesoramiento y opinión en diversas
temáticas, a lo que la Academia se resiste y accede la mayoría de las veces. Por
ejemplo, en cierta ocasión el MEC le solicitó «información acerca de los dos poetas
nacionales más importantes»,576 a lo que la Academia responde que los poemas más
relevantes a nivel nacional podrían ser Tabaré de Juan Zorrilla de San Martín y Las
lenguas de diamante de Juana de Ibarbourou, «El primero por ser, en cierto modo, el
poema nacional uruguayo; el segundo, por pertenecer a la poetisa más ampliamente
conocida y reconocida en el mundo hispánico».577 En otra oportunidad, el ministerio le
derivó una solicitud de la Sociedad Argentina de Escritores de «una nómina de los
principales escritores» nacionales, a lo que la Academia convino que no podía
responder este tipo de pedido de asesoramiento y le encomendó a Visca mantener una
comunicación privada con el subdirector de Cultura.578 Otra de las estrategias del MEC
tendientes a reponer a la ANL en el campo nacional fue su inclusión en el plan de
ediciones del Archivo Artigas579 y de un representante de la Academia en la Comisión
de Cultura que funcionaba de enlace con los programas para la educación y la cultura
574
Libro de Actas de la ANL Nº 3, Acta Nº 435 del 27/6/1974. Concurso Premio ANL 1973: «Refranero
criollo del Uruguay» y 1974: «María Eugenia Vaz Ferreira y Julio Herrera y Reissig y el modernismo
rioplatense».
575
Libro de Actas de la ANL Nº 4, Acta Nº 452 del 30/6/1976. Énfasis nuestro.
576
Énfasis nuestro.
577
Libro de Actas de la ANL Nº 3, Acta Nº 440 del 6/11/1974.
578
Libro de Actas de la ANL Nº 4, Acta Nº 448 del 24/2/1976.
579
Libro de Actas de la ANL Nº 3, Acta Nº 443 del 18/4/1975.

127
promovidos por la OEA en Uruguay.580 Asimismo, el MEC propuso gestionar una
partida especial para la actualización de la biblioteca de la Academia y otros gastos
varios, como las becas de trabajo «José Enrique Rodó» (que se desempeñaban en la
Biblioteca Nacional) o el sepelio de Alberto Zum Felde en 1976.581
Uno de los pedidos de asesoramiento más complejos para la Academia era el que
tenía que ver con las pensiones graciables a personas vinculadas a la vida cultural del
país. En varias oportunidades el MEC le consultó a la ANL si correspondía o no acceder
al pedido de pensión elevado por tal o cual persona, a lo que la Academia respondía
elusivamente, haciendo énfasis en que si bien no podía «valorar» a la persona lo que se
debía tener en cuenta era el mérito de su obra. En todo caso, lo que se ponía de
manifiesto era el interés expreso de las autoridades del MEC por participar a la
Academia de la vida cultural del país, por involucrarla en las cuestiones más nimias y
burocráticas, reforzando su nombre y respaldándose en ese nombre para emprender
otras campañas. Ante estos recurrentes pedidos de consejo, la Academia resolvió crear
una comisión especial integrada por Julio C. da Rosa, Fernando García Esteban y
Aníbal Barrios Pintos (académicos incorporados en el transcurso 1974-1978), para
arribar a un criterio a futuro «ante planteamientos que se estima no corresponden a la
misión encomendada [a la ANL] por sus estatutos y por su reglamento».582 Así, la
relación vivía un vaivén permanente; en mayo de 1978 el MEC le solicitó a la
Academia que contratara (lo cual es curioso, porque la ANL no contaba con cargos
propios sino mediante la autorización y bajo el presupuesto del ministerio) a una señora
que realizaba extensión cultural en el Interior del país, a lo que la Academia respondió
que «[la ANL] desconoce los antecedentes de la obra así como la labor desarrollada
por la peticionaria, pero como criterio general expresa que la actividad cumplida por
la solicitante es tan plausible como la llevada a cabo por otras personas que pueden
tener similar jerarquía, sin configurar situaciones en las que debe contemplarse
remuneración económica de tipo especial».583 Como se aprecia, la relación ANL-MEC
tenía bemoles y la Academia, definitivamente, mostraba «cintura» frente a las presiones
implícitas del régimen.
Del otro lado del péndulo, la Academia respaldaba el accionar del Estado en
materia cultural, por ejemplo desistiendo de realizar un homenaje propio a Horacio

580
Libro de Actas de la ANL Nº 3, Acta Nº 446 del 2/12/1975.
581
Libro de Actas de la ANL Nº 4, Actas Nº 452 del 30/6/1976 y Nº 450 del 4/6/1976 respectivamente.
582
Libro de Actas de la ANL Nº 4, Acta Nº 472 del 5/4/1978.
583
La señora era Angelina Silveira Aguar. Libro de Actas de la ANL Nº 4, Acta Nº 473 del 5/5/1978.

128
Quiroga para plegarse al festejo institucional y, en clara coincidencia con la propuesta
cultural de la dictadura, a iniciativa de Barrios Pintos se decidió denominar los sillones
académicos con los nombres de los iniciadores y las personalidades más relevantes del
Novecientos.584 Junto a la concordancia en torno a la figura de Juana de Ibarbourou,
otro de los puntos en común importantes entre ambas instituciones fue la campaña por
la corrección idiomática o «defensa del idioma» emprendida por el MEC en 1979, a la
que se le sumó la Academia de forma temprana, voluntaria y decidida en setiembre de
1978:

[...] se han movilizado las autoridades de Enseñanza ante el problema de la penetración del
portugués en la región fronteriza [...] el punto ya fue tratado en el Congreso Nacional de
Inspectores Departamentales de Educación Primaria, en Cerro Largo. [El presidente estima] que la
Academia no puede permanecer indiferente ni guardar silencio ante este problema.585
Al retorno de su entrevista con el MEC, Visca informa que la campaña de defensa
constaba, al momento, de dos líneas de acción: la primera destinada a exaltar
personalidades nacionales y la segunda a corregir defectos en el uso del idioma.586 En
este marco y con la anuencia del MEC, la ANL designa una comisión especializada en
idioma español presidida por Nieves A. de Larrobla e integrada por Julio C. da Rosa,
Anunciación Maztella de Bevilacqua, Brenda Versi de López, Olga Rienzi y Anaís
Pereira; y comienza a participar de un proyecto conjunto MEC-OEA (el Pemed 19),
redactado por Adolfo Elizaincín, para un «diagnóstico lingüístico de la región» en
Artigas, Rivera, Cerro Largo, Treinta y Tres y Rocha, consistente en recabar los usos y
defectos del idioma en las escuelas públicas del país.587

Comentarios finales

Con este breve repaso de las instituciones culturales durante el período estudiado
lo que nos interesaba resaltar era, en definitiva, que si bien algunas redes y círculos
sociales ya existían cuando se instaló la dictadura en nuestro país, éstos fueron o bien
suprimidos y silenciados en el caso de aquellos opositores o disidentes, o cuando eran
afines apropiados y reconducidos hacia la construcción de un campo oficialista que
legitimase al gobierno de facto. De allí la búsqueda de estos civiles e instituciones, su

584
Libro de Actas de la ANL Nº 4, Actas Nº 473 del 5/5/1978 (sobre Horacio Quiroga) y Nº 474 del
7/6/1978 y Nº 476 del 28/9/1978 (sillones académicos). Cursivas nuestras.
585
Libro de Actas de la ANL Nº 4, Actas Nº 476 del 28/9/1978.
586
Libro de Actas de la ANL Nº 4, Actas Nº 479 del 19/12/1978. Cursivas nuestras.
587
Pemed son las siglas de Proyecto Especial Multinacional de Educación. Ver Archivo de la ANL, carta
de la ANL al ministro de Educación y Cultura, Dr. Daniel Darracq, con fecha 17/4/1980.

129
cooptación y reposicionamiento en el campo y de allí, también, su accionar al servicio
de un proyecto cultural estatal: en el caso de los civiles, desde la posición de
funcionarios públicos o contratados por alguno de los organismos o espacios creados
dentro del Estado como la Dinarp, la Dinatur, la CNHS, etc.; en el caso de las
instituciones, por su necesidad de respaldo económico y recuperación de injerencia
cultural en el medio y por su confluencia de ideas, siempre medió la subvención estatal
presionando implícitamente a responder de forma acorde.
Estos civiles e instituciones representaron al régimen en sus áreas de actuación,
camuflando las nuevas posiciones en sus viejas posiciones (trayectorias nacionales),
transfiriendo el capital simbólico que poseían a la dictadura, significando que en tanto
ellos estaban interesados en promocionar determinado canon cultural nacional, las
autoridades también lo estaban y, así, las intenciones de(l) poder y las relaciones de
dominación pasaron a operar en un segundo plano haciéndose más efectivas.

130
TERCERA PARTE

En esta última parte comenzaremos por presentar los antecedentes del golpe de
Estado contra el gobierno de Salvador Allende (Santiago de Chile, 1908-1973) el 11 de
setiembre de 1973, para luego centrarnos en las características del régimen instalado por
el general Augusto Pinochet y la Junta Militar hasta 1989. En particular nos interesa
entender el vínculo de algunos civiles y sectores sociales con la dictadura en el marco
de su proyecto cultural conservador, por lo que repasaremos las políticas públicas en esa
materia durante el periodo 1977-1983, definido por su pretensión «fundacional».
A diferencia del caso uruguayo, en el chileno debimos cambiar la estrategia de
abordaje pues no contamos con fuentes primarias (no hemos podido consultar archivos
ni realizar entrevistas) y la bibliografía específica disponible en nuestro país es muy
escasa. Sin embargo, hemos intentado compensar esas carencias con bibliografía que
nos acercaron algunos colegas y los contenidos de archivos chilenos online, buscando
entender el proceso sociopolítico, la relación de algunos sectores civiles con el régimen
y su proyecto cultural en el marco regional, teniendo siempre presente las cercanías y
distancias con el caso uruguayo. Las dictaduras vividas por estos dos países son
diferentes por varios motivos, entre ellos el hecho de que la dictadura de Pinochet no se
impuso sobre un régimen de partidos tradicionales en crisis sino sobre un gobierno
socialista, el primero en acceder al poder de forma pacífica en América Latina; llegaba
entonces para detener una serie de cambios que Allende y la Unidad Popular (UP)
intentaban aplicar en los campos político y económico, en la educación y el desarrollo
social, por eso algunos autores plantean que lo que se vivió fue una
«contrarrevolución», en tanto se emuló el estilo de la UP al tiempo que se la borraba del
imaginario social chileno.588
Por todo esto, no vamos a desarrollar aquí un estudio de casos de civiles
involucrados con el proyecto educativo y cultural del régimen chileno sino un repaso de
sus políticas públicas en esas materias, las que nos darán una idea del modelo
ideológico-cultural que la dictadura intentaba imprimir en la sociedad, modelo que —
intentaremos evidenciar— arraigó al punto de tener incidencia hasta hoy.
Karen Donoso explica que como el arte fue uno de los elementos centrales

588
Según Verónica Valdivia, el gremialismo dio paso a una derecha agresiva, racionalista y con aspiración
de ser también «popular», pues en tanto contrarrevolucionario emuló muchos de los estilos de su
antagónico, la UP. Valdivia, V. Su revolución contra nuestra revolución. Izquierdas y derechas en el
Chile de Pinochet (1973-1981) (Santiago de Chile: LOM, 2006), 100.

131
desarrollados por la UP con una política que profundizó el papel del Estado y el apoyo
de los intelectuales y artistas, el golpe de 1973 fue particularmente devastador, tal como
lo evidencian las persecuciones y la política de exterminio que caracterizó a los
primeros meses del régimen de Pinochet. Brunner sostiene, por su parte, que la
dictadura llegó para erradicar la «cultura del compromiso», en crisis durante el gobierno
de Allende:

En Chile se desarrolló, más bien, una cultura y una organización de la cultura que puede
denominarse adecuadamente de liberal-progresista: en rigor, una verdadera cultura de
compromiso cuyo núcleo fue, esencialmente, de orientación política. […] A nivel del Estado la
cultura instauraba un ámbito de integración (compromiso) y aquél aparecía entonces como un
actor homogéneo, capaz de actuar «por encima» de los intereses particularistas de las clases y
grupos sociales. Pero a la vez, el Estado era percibido como fuente de distribución de beneficios
específicos, y, en ese sentido, aparecía como el locus donde debían resolverse los conflictos
reivindicativos de carácter corporativista. […] emergía asimismo un peculiar estilo cultural de
grupos medios, caracterizado por una ideología distributivista que reclamaba la extensión del
status sobre la base de la educación y la vivienda como canales de ascenso social, y fundado en
una ética del trabajo de cuello y corbata, la comodidad del hogar y la valoración de los servicios
para el desarrollo de una «buena vida».589
Durante el período de conflicto previo al golpe la organización liberal-progresista
se encontraba en proceso de desintegración (1970-1973), la crisis afectaba a todo el
sistema de identidad nacional y el golpe militar vino a «corona[r] exitosamente la
insurrección del bloque conducido por la burguesía» y significó «el inicio de un
proceso revolucionario destinado a resolver esa crisis […] Lo que estuvo en juego el 11
de septiembre de 1973 fue, por decirlo con fuerza, el curso de la historia moderna del
país».590 Modernidad y modernización fueron confundidas y, así, el desarrollo social y
el progreso del país fueron vistos en clave económica. En La herencia de los Chicago
boys (1989), Manuel Delano y Hugo Traslaviña proponen que los economistas de
Chicago lograron una renovación global del capitalismo en Chile, lo que trajo una
subordinación del Estado al libre juego del mercado, su reducción y una mayor
presencia de iniciativas privadas en las cuestiones más elementales de la economía (qué
producir, cómo, para quién), así como en los principales servicios (salud, educación,
etc.). Según los autores, «El afán por el lucro individual ha reemplazado […] la
búsqueda de respuestas colectivas a los grandes problemas nacionales»,591 y agregan:

Con el derrumbe del Estado democrático afloraron elementos reprimidos en la sociedad por la
forma de gobierno, la institucionalidad, la hegemonía cultural y la democratización participativa

589
Brunner. «La cultura de compromiso en Chile» en La cultura autoritaria en Chile (1981), 24. Negritas
en el original.
590
Brunner. «La cultura de compromiso en Chile» (1981), 28.
591
Delano, Manuel y Hugo Traslaviña. La herencia de los Chicago boys (Santiago de Chile: Las
ediciones del ornitorrinco, 1989), 8. Disponible en
[Link]/archivos2/pdfs/[Link]

132
que venía de los años veinte. El arribismo de los sectores medios, predominantes en los militares,
surgió sin restricciones, salvo las que imponía la derecha […] actuando como catalizador el
anticomunismo remanente, vivo en amplios sectores [.] Manifestaciones multitudinarias saludaron
592
en Santiago el primer aniversario del golpe militar.

Los jóvenes economistas de Chicago que pasaron por el régimen le heredaron a


las nuevas generaciones una nueva mentalidad: mayor aspiración a ganar dinero, la
búsqueda por la eficacia tecnológica, el «ansia de pasarlo bien». Los cambios se dieron
sobre todo en el campo sociocultural, impactado por la caída del socialismo real y la
consolidación de Estados Unidos como superpotencia, lo que trajo como consecuencia
ruptura de redes de solidaridad, depredación de recursos naturales, crisis ambiental,
polarización política e implantación de pautas morales estrechas y entrelazadas con un
integrismo religioso renegante del modernismo y posmodernismo; lo que Osorio y
Cabezas definen como «un modo de pensar asfixiante», favorecido por el control de los
medios de comunicación en pocas manos y promoviendo un doble estándar de virtudes
públicas y vicios privados subordinado a la economía.593
Entonces, estudiar el proyecto conservador de la dictadura chilena importa no solo
para intentar comprender el proceso vivido esos años en toda su dimensión, sino
también por el impacto que tuvo esa transformación cultural en el futuro de la sociedad
chilena, en la reconstrucción de la democracia y la reconfiguración de la identidad y la
cultura nacionales vigentes hasta hoy. Por otra parte, analizar el vínculo entre los
sectores sociales y la dictadura nos proporcionará una idea de si lo que sucedió en las
dictaduras de los 70 fue producto de una dinámica propia de cada país o una forma local
de un nuevo modo de ser de estos neoautoritarismos en la región.

592
Osorio, Víctor e Iván Cabezas. Los hijos de Pinochet (Santiago de Chile: Planeta, 1995), 20.
593
Osorio, V. e I. Cabezas. Los hijos de Pinochet (1995), 27-28

133
CHILE

1. El «tancazo»

El 29 de junio de 1973 se produjo un intento de golpe al gobierno de la Unidad


Popular. Allende había llegado al poder en las elecciones de 1970, las primeras en
incluir votantes analfabetos y jóvenes de entre 18 y 21 años,594 con una coalición de
partidos marxistas cuyo programa constaba de cuatro ejes: redistribución del ingreso,
ampliación de programas y servicios gubernamentales, control estatal sobre industrias
claves y expansión de la reforma agraria.595 El hecho, conocido como «el cuartelazo» o
«tancazo», fue protagonizado por seis tanques del Regimiento Nº 2 del Ejército contra
la guardia presidencial; las fuerzas armadas chilenas legalistas no secundaron la acción
y organizaron un contraataque al mando del general Carlos Prats. El Partido Nacional y
su brazo armado, Patria y libertad, se declararon autores del ataque. El Partido
Comunista y un sector de la izquierda respaldaron a Allende y consideraron apoyarse en
las fuerzas legalistas para enfrentar la amenaza al gobierno, entre las que se encontraba
el general Pinochet. Una de las estrategias posibles de defensa propuesta por el general
Prats era declarar estado de sitio para controlar la crisis social generada por el ataque,
pero el Poder Ejecutivo la descartó, seguramente para no darle «poderes especiales» al
presidente.
Desde hacía años se venían viviendo tiempos críticos, con un clima de fuerte
polarización política y debilitamiento gradual de la economía,596 inflación, conflictos y
movilización social, surgimiento de grupos paramilitares y rumores de conspiración
política;597 lo que favoreció que, al día siguiente del intento de golpe, se conformara un
Comité con quince oficiales de las tres armas y un Gabinete de Seguridad Nacional.598
La mañana del 11 de setiembre de 1973 la Fuerza Aérea chilena bombardeó el
palacio presidencial de La Moneda y ese mismo día Allende murió y con él toda
posibilidad de concretar la revolución y de obtener el cambio social por la vía pacífica
del socialismo, en oposición a la vía armada emprendida por Cuba. Según Sergio
Villalobos-Rumniott,

594
Valenzuela, Arturo. El quiebre de la democracia en Chile (Santiago de Chile: Flacso, 1978), 152.
595
Valenzuela, A. El quiebre (1978), 174 y 281-282. La UP reunía a los partidos Socialista, Comunista,
Radical, Izquierda Cristiana, Acción Popular Independiente y Movimiento de Acción Popular Unitaria.
596
Valenzuela. El quiebre (1978), 190.
597
Valenzuela. El quiebre (1978), 227.
598
Valenzuela. El quiebre (1978), 249-272.

134
[...] el 11 de setiembre de 1973 marcó también el cierre del periodo histórico abierto con el fin de
la Segunda Guerra Mundial y que se expresó, en el contexto de la Guerra Fría, como una disputa
integral entre proyectos alternativos de sociedad (democracia versus totalitarismo, por un lado;
socialismo o barbarie, por el otro). El fin de la «vía chilena al socialismo» no solo fue el fin de un
proceso pacífico e institucional de reforma social, sino también marcó el agotamiento de los
modelos políticos y culturales de la izquierda latinoamericana tradicional.599
El 11 de setiembre de 1973 a primeras horas de la mañana, en un comunicado
radial emitido desde La Moneda, Allende explicó que un sector de la Marina había
tomando Valparaíso mientras la Fuerza Aérea sobrevolaba el palacio presidencial y los
oficiales sublevados le pedían que abandonase el gobierno. Allende se negó, su guardia
abandonó el Palacio y él quedó junto a cuarenta civiles esperando el ataque. A pesar del
bombardeo, los defensores resistieron tres horas. A la noche, una vez muerto Allende,
una Junta Militar compuesta por el general Pinochet, el almirante José Toribio y los
generales César Mendoza y Gustavo Leigh le hablaron al país por televisión,
anunciando que mantendrían el Poder Judicial y la asesoría de la Contraloría pero
suspenderían las Cámaras.600

Los antiupepistas

Las ideas que sostuvieron ideológicamente a la dictadura de Pinochet deben


rastrearse en los sectores opositores al gobierno de la UP, como el tecnocrático-liberal y
los católicos nacionalistas.
En los años 60 Chile vivió una serie de cambios socioculturales que
acompañaban fuertes transformaciones políticas (migración hacia las ciudades,
ampliación de las relaciones mercantiles, incorporación de nuevos sectores al consumo
y la educación, etc.). Se vivía una nueva ciudadanía: «las políticas de la Promoción
Popular del gobierno de Eduardo Frei Montalva, así como las del Desarrollo Social,
aplicadas por el gobierno de Allende, favorecieron ampliamente la organización
vecinal, que vino a sumarse al sindicalismo obrero y campesino».601 En este marco,
según Verónica Valdivia, se vio emerger una nueva derecha política chilena que se

599
Villalobos-Ruminott, Sergio. «Modernidad y dictadura en Chile: la producción de un relato
excepcional», en A Contracorriente 1: 6 (2008), 15. Disponible en
[Link]/acontracorriente/fall_08/[Link]
600
Tomado del documental La batalla de Chile: la lucha de un pueblo sin armas de Patricio Guzmán
(1975).
601
Jans, Sebastián. «Los medios de comunicación y su rol en el cambio cultural en los últimos treinta
años en Chile» (sin más datos), en Archivo Chile. Disponible en
[Link]/Medios_de_Comunicacion/html/text_gen/[Link]

135
concretó en la década siguiente, encabezada por el Partido Nacional y el Movimiento
Gremial. El Partido Nacional, fusión de los partidos Conservador (liderado por
Francisco Bulnes), Liberal (Pedro Ibáñez) y Acción Nacional (Jorge Prat), era heredero
de la antigua derecha: fuertemente anticomunista, aunque ya no con las mismas bases
sociales, y de actitud ofensiva; se trataba de una derecha moderna que buscaba
convertirse en un partido de masas y, según Valdivia, la idea de crearlo podría
remontarse a 1965, ante la imposibilidad de lograr un acuerdo con la DC.602
En 1968 Jarpa, candidato nacional, señalaba los mitos político-históricos de Chile
que era necesario eliminar, entre ellos el de la «derecha retrógrada», supuestamente
contraria a la renovación, el progreso y la justicia social; según Jarpa, el Partido
Nacional recogía el legado histórico de los fundadores de la nacionalidad chilena, la
conciencia nacional y el «peor daño» de la izquierda era precisamente atentar contra ese
espíritu al ir contra la tradición y vincularse con movimientos políticos
internacionales.603 Esta es la perspectiva «contrarrevolucionaria» que mencionábamos al
comienzo. El «proyecto modernizador de la derecha» de carácter antiestatista y
neoliberal, o al menos uno de los proyectos de las derechas, provenía de la derecha
económica, de un nuevo estrato de tecnócratas formados en Chicago pero también de un
nuevo tipo de empresario chileno, menos paternalista.604 El Movimiento Gremial de la
Universidad Católica también surgió a mediados de los 60, en la Escuela de Derecho, y
cobró importancia con la reforma universitaria de 1967. Estaba liderado por Jaime
Guzmán, con los años «el más importante ideólogo de la nueva derecha política
chilena» y su movimiento «la base del partido de derecha más importante del nuevo
siglo».605
Guzmán (1946-1991) fue un abogado y profesor universitario de Derecho de la
Universidad Católica (UC), que inició su actividad política en la Juventud del Partido
Conservador cuando estaba en la secundaria. Según Osorio y Cabezas, «fue uno de los
miles de jóvenes que firmaron una declaración de FIDUCIA606 protestando ante el
gobierno de Eduardo Frei Montalva, por haber modificado la garantía constitucional

602
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 81-82.
603
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 186-187.
604
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 47.
605
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 123.
606
Fiducia (en latín, confianza), título de la revista del grupo ultraconservador fundado por Plinio Correa
de Oliveira, que más tarde se transforma en la Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y
Propiedad (TFP). Por más información ver González, Luis Eduardo. «Fiducia y su cruzada en contra de la
democracia cristiana, Chile 1962-1967», en Revista Divergencia 1 (enero-junio de 2012), 21-33.
Disponible en [Link]/docs/ediciones/01/02_fiducia_y_su_cruzada.pdf

136
de la propiedad privada, medida necesaria para aprobar después la Ley de Reforma
Agraria».607 En 1965 Guzmán formó el Movimiento Gremial en la Facultad de Derecho
y al poco tiempo el movimiento fue extendiéndose por toda la universidad para, luego,
trascender los claustros y convertirse en una de las principales líneas opositoras al
gobierno de Allende. Según Valdivia, si la emergencia del Partido Nacional fue el
primer «parto» de la derecha política del 70, el «gremialismo» fue el segundo, en el
marco de las transformaciones sociales y culturales que propiciaron la aparición de la
juventud como nuevo actor social mundial.608 Las elecciones de 1970 fueron
significativas para estos dos tipos de derecha política, que pensaron con optimismo en
ganar la elección presidencial con el reposicionamiento logrado por el Partido Nacional
y el arrastre de su abanderado, Jorge Alessandri.609

[...] los grupos que levantaron y sostuvieron la candidatura derechista de Jorge Alessandri
desarrollaron solo una alianza táctica y no estratégica, no logrando una verdadera comunidad, pues
sus objetivos eran distintos, no pudiendo constituirse en una alternativa real. Seguía siendo una
derecha multiproyectual, que coincidía en la necesidad de grados mayores de autoritarismo, pero
no en sus basamentos ideológicos, lo cual mantenía la pugna interna. No obstante esto, era en su
conjunto una derecha «ariete» [ver Patricio Dooner], es decir, decidida y preparada para el
combate, desarrollando un nuevo estilo.610
Su estrategia buscaba crear la conciencia de que el golpe de Estado era el
desenlace natural para la crisis histórica que estaba viviendo el país. En 1971 apareció el
Frente Nacionalista Patria y Libertad, con Guzmán como dirigente de su Juventud. El
Frente fue al menos hasta mediados de 1972 un instrumento del alessandrismo,611 con el
cual rompió por el uso de las armas pero sobre todo por el acercamiento del primero con
los sectores empresariales. Según Valdivia, la derecha de Guzmán adhirió a los
postulados militares en tanto compartía la idea de una «seguridad externa amenazada»
y «una anarquía interna que proyectaba el desgarramiento social».612 Al momento del
golpe, señala la autora, Guzmán y los gremialistas habían demostrado el estilo que
caracterizaría a la nueva derecha, compenetrada con algunas bases sociales que
aseguraban el verdadero poder y habían avanzado, aunque no del todo, hacia la
superación de las contradicciones internas (por ejemplo el corporativismo). En este
marco es que gremialistas y neoliberales se aliaron contra Allende.

607
Osorio y Cabezas. Los hijos de Pinochet (1995), 271.
608
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 125.
609
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 215.
610
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 126.
611
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 354.
612
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 383.

137
Los años posteriores a 1973 fueron años de pugna entre distintos proyectos
ideológicos de derecha (liberalismo vs corporativismo), especialmente el año 1977
marca una inflexión con el discurso del general Pinochet en Chacarillas, cuando la pelea
comenzó a resolverse a favor del neoliberalismo.613 La vieja derecha fue reemplazada
por los jóvenes universitarios (los gremialistas), que prefirieron la acción política a la
cooptación e incorporaron la movilización social (rasgo propio de la izquierda), y la
dictadura le ofreció el espacio y el soporte para mostrarse y afianzarse. Resulta
interesante que haya sido la propia derecha la que mantuvo viva en el imaginario una
idea de la izquierda que estaba en franco repliegue del ámbito público, como
responsable de la crisis vivida y peligro todavía latente. Una de las diferencias claves
entre esta generación y su antecesora (nacionalistas) fue la capacidad de generar un
proyecto propio: «la sociedad libre donde reinara el mercado, o la sociedad organizada
y despolitizada que ofrecería el corporativismo».614

613
Valdivia. Su revolución contra nuestra revolución (2006), 209.
614
Valdivia. Su revolución contra nuestra revolución (2006), 220.

138
2. La dictadura de Pinochet

Podría decirse que la dictadura chilena tuvo al menos dos momentos con eje en
1983; según Tomás Moulián, si el Chile actual mirara hacia atrás vería tres inflexiones:
setiembre de 1973, abril de 1975 y el plebiscito de 1980.615 Éste último fue una
instancia clave, puesto que se dio en un contexto particular: conflicto con Argentina
(por el Canal Beagle),616 con Bolivia (por la salida al mar)617 y con Estados Unidos (por
el atentado contra el matrimonio Letelier-Moffitt);618 en 1978 se decretaba la Ley de
Amnistía y un año después la sociedad civil había comenzado a movilizarse, primero el
8 de marzo, declarado universalmente el «Día de la mujer», y luego el emblemático 1º
de mayo, «Día de los trabajadores».619 El autor explica que entre los plebiscitos de 1980
y 1988 se da una «descompresión política» con la firma del Acuerdo Nacional el 25 de
agosto de 1985, a partir del que se entrevé la posibilidad de un cambio gradual de
régimen y una oposición emergente.
Moulian sostiene que el Chile actual es producto del Chile dictatorial.620 Según el
autor, la realidad política chilena proviene de una revolución capitalista y de una
dictadura revolucionaria como reacción a un movimiento popular ascendente. La
revolución capitalista tuvo a su disposición una capa de intelectuales liberales, sin los
cuales «es posible que el movimiento militar hubiese adoptado, como en Brasil,
orientaciones mucho más estatistas o, como en Argentina, se hubiese debatido entre
populismo y liberalismo».621 El general Pinochet era el comandante en jefe del ejército,
un militar típico chileno, muy perceptivo a las ideas de la derecha; según Soto, los
militares chilenos tenían una variedad de influencias que convergían en esa forma
conservadora y arcaica de concebirse y concebir a la nación: «prejuicios, mitos

615
Moulian, Tomás. Chile actual: anatomía de un mito (Santiago de Chile, LOM-Arcis, 1997), 15.
616
Se trata de un conflicto que data de 1888 pero tuvo su punto culminante en 1978, cuando las fuerzas
armadas argentinas quisieron ocupar las islas en disputa. En 1970 Chile y Argentina se habían sometido a
un arbitraje internacional (Reino Unido) y en 1977 se conoció la sentencia. Chile la reconoció y dictó una
ley, Argentina la rechazó e intensificó su presión sobre Chile. Por más información ver Lacoste, Pablo.
«La guerra de los mapas entre Argentina y Chile: una mirada desde Chile» (2002), disponible en
[Link]/[Link]?script=sci_arttext&pid=S0717-71942002003500009&lng=es&nrm=iso
617
En el marco del conflicto Argentina-Chile, Bolivia se solidarizó con Argentina desde su reclamo por la
salida al mar, perdida luego de la guerra del Pacífico (conocida también como «guerra del salitre»). Sobre
este tema ver [Link]/555/[Link]
618
Orlando Letelier (Temuco, 1932- Washington DC, 1976) fue un exiliado chileno asesinado en Estados
Unidos por la dictadura de Pinochet. En el atentado asesinaron, también, a su asistente estadounidense,
Ronni Moffitt, e hirieron a su esposo que también se encontraba en el auto cuando explotó la bomba.
619
Moulian, T. Chile actual (1997), 234-235.
620
Moulian. Chile actual (1997), 102.
621
Moulian. Chile actual (1997), 24-26.

139
patrióticos, religiosidad, prusianismo, influencias inglesas y norteamericanas,
admiración por la eficiencia y una profunda convicción antizquierdista [sic],
anticomunista más específicamente, anterior a la guerra fría», que se sumaba a la
Doctrina de la Seguridad Nacional.622
El factor corporativista de las últimas dictaduras chilena y argentina está siendo
estudiado entre otros por la investigadora Graciela Gomes, quien sostiene que a pesar de
la presencia de los neoliberales en la cartera de economía del régimen chileno de alguna
forma prevalecieron las tendencias corporativistas.623 La autora comparte el concepto de
corporativismo que manejan O’Donnell y Schmitter, quienes lo entienden como «un
tipo de representación de intereses basado en grupos no competitivos, oficialmente
autorizados y supervisados por el Estado, en oposición al modelo pluralista basado en
grupos autónomos que siguen sus intereses».624 O’Donnell sostiene que el Estado
Burocrático Autoritario latinoamericano implicó la exclusión política y económica del
sector popular conjugando dos dimensiones, una privatizante y otra estatizante. El
resurgimiento de estas ideas se coló, a través de varios intelectuales, en los economistas
de la Universidad Católica y se plasmó en el Movimiento Gremialista. El gremialismo,
dice Gomes retomando las palabras de Valdivia, «representó un giro drástico respecto
de la derecha tradicional, en cuanto abandonaba explícita y activamente el liberalismo
y reivindicaba un capitalismo libre y un corporativismo anti-estatal, de raíz en el
tradicionalismo católico».625 En este sentido es que Gomes afirma que los civiles con
mayor influencia en el régimen pinochetista fueron, precisamente, los «Chicago boys» y
los gremialistas.

622
Hernán Soto en Osorio y Cabezas, Los hijos de Pinochet (1995), 24-27.
623
Gomes, Graciela. «Los aspectos corporativos de la dictadura chilena (1973-1990)», en Bohoslavsky,
E. Las derechas en el Cono Sur, siglo XX (Universidad Nacional General Sarmiento, 2011). Disponible
en [Link]/areas/publicaciones/420/
624
Gomes, G. «Los aspectos corporativos» (2011). La autora refiere al libro de O’Donnell, G. Acerca del
corporativismo y la cuestión de Estado (Buenos Aires: Cedes, 1975) y al artículo de Schmitter, P.
«Continúa el siglo del corporativismo», en Lázar, Jorge (Compilador) El fin del siglo del corporativismo
(Caracas: Nueva Sociedad, 1998).
625
Gomes. «Los aspectos corporativos» (2011). La autora refiere al libro de Valdivia. Nacionales y
gremialistas (2008).

140
La dictadura revolucionaria y los intelectuales-publicistas626

Valdivia sostiene que el régimen pinochetista arraigó en grupos ajenos al


empresariado y la clase alta y que su campaña contrasubversiva se mezcló con los
conflictos que por entonces tenían con el gobierno demócratacristiano por cuestiones
presupuestales y no tanto por una amenaza subversiva real.627 Las teorías
contrasubversivas, dice la autora, adquirieron consistencia recién hacia 1976. Al
parecer, el anticomunismo histórico de las fuerzas armadas chilenas se agudizó con el
problema de la propiedad privada y la confrontación azuzada por la oposición; el
memorando del «tancazo» en junio de 1973 señalaba que Chile estaba siendo
«amenazado por el fraccionamiento social, la parálisis económica, la indisciplina
social, las tomas ilegales, el debilitamiento del sentido de autoridad y el clima de
violencia que destilaban los medios de comunicación».628
Rodrigo Arriagada señala que pueden determinarse dos momentos en la labor
realizada por el régimen a través de la Dirección Nacional de Comunicación Social
(Dinacos):629 entre 1973 y 1980, donde la dictadura se propone una reeducación de la
ciudadanía en shock,630 y entre 1980 y 1988, cuando se produce un resurgimiento de la
sociedad civil.631 Para este autor el poder se reproduce a través del discurso y la
ideología del gobierno de facto, un humanismo nacionalista y cristiano.632 La dictadura
chilena utilizó el cristianismo para justificarse y la lucha contra el marxismo era
representada como una «cruzada» en defensa de la civilización cristiana occidental, a
pesar de no tener la anuencia de la Iglesia católica.
El periodo que vamos a estudiar se encuentra delimitado por los decretos de 1977,
que según Moulian constituyeron el preludio de un cambio político, la «preparación de
la fase institucionalizadora» que concluyó con la aprobación de la Constitución de

626
Término que tomamos prestado de Moulian (1997).
627
Valdivia, Verónica. «“¡Estamos en guerra, señores!”. El régimen militar de Pinochet y el “pueblo”,
1973-1980», en Historia 3: 1 (enero-junio de 2010), 169.
628
Valdivia, V. «“¡Estamos en guerra, señores!”» (2010), 170.
629
La Dinacos fue la Dinarp chilena. Hay poca información sobre su funcionamiento salvo: Chadwick,
Luz María; Justiniano, Valentina; Martín, Victoria y Daniela Riutort. Dinacos: la historia no contada
(Universidad Diego Portales, 1999). Tesis de grado de la Licenciatura en Comunicación Social.
630
El autor alude a las consecuencias de la política de shock aplicada a la economía en 1975.
631
Arriagada, Rodrigo. «El “Mes de la Patria” a través de la prensa nacional y el proyecto político-cultural
pinochetista: El Mercurio y La Tercera, 1980-1988» (Universidad Concepción, enero de 2013), 7. Tesis
de grado de la Licenciatura en Historia. Disponible en
[Link]
632
Arriagada, R. «El “Mes de la Patria”» (2013), 52.

141
1980,633 y 1980, cuando se realiza el plebiscito de reforma constitucional. En 1977
Pinochet pronuncia su famoso discurso en Chacarillas, en un momento de transición que
dividió en dos el «dispositivo saber» de la dictadura.634 En esos años, además, se
disuelve la DINA635 y se crea su reemplazo, la Central Nacional de Informaciones
(CNI). El período completo, 1973-1980, es definido por Moulian como la «etapa
terrorista» (en contraste con la etapa constitucional, 1980-1988) en la que se conjugan el
saber, el terror y el derecho: un derecho formal sin legitimidad, un poder concentrado en
el aparato militar y un terror «elástico» que sostiene el orden con el fin de disciplinar a
la sociedad.636 El «dispositivo saber», entonces, se inscribe en una dinámica de terror:
«Las dictaduras revolucionarias, que son un tipo específico y diríamos “superior” de
dictaduras, nacen de la poderosa aleación entre Poder normativo y jurídico (derecho),
Poder sobre los cuerpos (terror) y Poder sobre las mentes (saber)».637 En la etapa del
terror el derecho (que define lo prohibido) y el saber (que define el proyecto) se
imponen priorizando el castigo, es decir que el orden se afirma en el ejercicio físico del
poder.638 Durante la etapa del derecho lo que primó fue la ausencia de una división de
poderes y casi todas las medidas tendieron a legalizar la represión. Por su parte, el
«dispositivo saber» constó de dos momentos: 1973-1977, en el que el régimen se abocó
a establecer sus políticas (sobre todo económicas, con la ayuda de los «Chicago boys»)
como verdades incuestionables, y 1978-1980, cuando una vez alcanzado el éxito
económico permitió la existencia de una pluralidad discursiva.

Los asesores del régimen

Según Valenzuela, a medida que el discurso de la guerra iba dejando lugar a la


intención fundacional, la organización de la administración fue cambiando así como la
influencia relativa de ciertos grupos o individuos en el régimen. El autor identifica tres
grupos que tuvieron un papel decisivo en la evolución de la dictadura chilena: los
civiles que se desempeñaron como asesores políticos y legales, la policía secreta y los
tecnócratas; al principio predominaron los asesores informales, hasta que en 1978 se

633
Moulian. Chile actual (1997), 225.
634
Moulian. Chile actual (1997), 201.
635
Dirección de Inteligencia Nacional, la policía secreta del régimen de Pinochet entre 1973 y 1977. Su
reemplazo, la DNI, sumó a sus funciones anteriores las de inteligencia. Se disolvió en 1990.
636
Moulian. Chile actual (1997), 171.
637
Moulian. Chile actual (1997), 22.
638
Moulian. Chile actual (1997), 171.

142
creó la Oficina Nacional de Planificación (Odeplan) y las secretarías de gobierno
comenzaron a pensar nuevas políticas. Según Valenzuela, la inflexión se dio con la
aprobación de la Constitución de 1980 y el traslado de Pinochet a La Moneda, cuando
ingresó un gran contingente de civiles a los cargos ministeriales.639
Estos asesores representaban diferentes líneas dentro de los partidarios del
régimen: portavoces de los partidos tradicionales de la derecha política, de intereses
empresariales, de la «nueva derecha» libremercadista o de la derecha autoritaria que
promovía la continuación del régimen militar y unipersonal. Pinochet, sin embargo, no
era identificado con ninguno de estos grupos, lo que le permitió aumentar su poder y
desempeñarse como una especie de árbitro que supervisa y concilia, muchas veces
aprovechando la incomunicación entre ellos para pedirles a todos el mismo trabajo. Para
Valenzuela los civiles que tuvieron peso en el desarrollo de la dictadura, aunque no todo
el que hubieran querido, fueron paradójicamente aquellos situados en una zona
periférica al aparato estatal: el grupo económico neoliberal con Guzmán a la cabeza, los
nacionalistas y aquellos de tendencia «autoritaria».640 Según Eduardo Silva, hasta 1981
los «Chicago boys» cumplieron con lo que Pinochet y la Junta Militar esperaban de
ellos,641 por otra parte, el proyecto ultraliberal no se limitó a lo económico sino que
extendió los principios del libre mercado a la organización de los servicios sociales y a
la administración de los servicios públicos, por ejemplo, privatización de la seguridad
social y descentralización administrativa del Estado.642

639
Valenzuela, Arturo. «Los militares en el poder: la consolidación del poder unipersonal» en Drake, Paul
e Iván Jaksic. El difícil camino hacia la democracia en Chile, 1982-1990 (Santiago de Chile: Flacso,
[1991] 1993), 101-102.
640
Valenzuela, A. «Los militares en el poder» (1993), 110.
641
Silva, Eduardo. «La política económica del régimen chileno durante la transición: del neo-liberalismo
radical al neo-liberalismo “pragmático”», en Drake y Jaksic. El difícil camino hacia la democracia en
Chile (1993), 195.
642
Silva, E. «La política económica del régimen chileno» (1993), 201.

143
3. La cultura oficial

En comparación con Argentina y Uruguay, según Valdivia, la dictadura chilena


realizó una lectura mucho más ideológico-programática orientada a cambiar la forma en
que las personas entendían la política y se relacionaban con los partidos; se buscó
extirpar el marxismo del imaginario popular y restituir la institucionalidad quebrantada,
la «unidad nacional perdida», así como alcanzar el desarrollo económico y la justicia
social que según el régimen mejor posicionaran al país.643 Según esta perspectiva, el
subdesarrollo económico era peligroso porque permitía la emergencia del marxismo:

Nuestra reciente evidencia nacional confirma este análisis. Se acentúa así la relación entre
seguridad y desarrollo nacional, ya que obviamente todas aquellas lacras propias de una
institucionalidad anticuada, del subdesarrollo económico y de la injusticia social, crean
condiciones de inestabilidad política y en última instancia conforman una latente y poderosa
amenaza a la seguridad nacional, al ser explotadas por activistas.644
Al imponerse el régimen una de las primeras acciones que emprende es este
intento de «cambio de mentalidad» mediante el control del campo cultural. Brunner
plantea que al mismo tiempo en que se constituyen un campo cultural oficial y otro
subalterno y relativamente marginal respecto a su relación con el mercado, se produjo
un cambio en las relaciones entre política y cultura que trajo como consecuencia un
control político-administrativo de la autonomía del campo cultural.645 El autor señala
que a su interior se redujo notoriamente la competencia y la regulación del conflicto se
realizó mediante la expulsión de los sectores disidentes; dentro del campo cultural
oficial, en cambio, no existía la competencia y se tendía al conservadurismo y el
«patrocinio», así como a la reorientación del consumo a determinadas obras y
autores.646 El lugar central de la televisión y sobre todo de la diversión comenzó a forjar
la mentalidad chilena que, según Moulian, el Chile actual heredó de la dictadura.
Valdivia coincide con Brunner en que parte de la política cultural del régimen se
basó en un intento de ideologizar la familia, tomando a la mujer como reproductora de
los roles tradicionales y como «agente de socialización ideológica»:647 «la mujer debe
entender que entre las cacerolas también puede servir a Chile […] nuestra gran tarea

643
Valdivia. «“¡Estamos en guerra, señores!”» (2010), 173.
644
Valdivia. «“¡Estamos en guerra, señores!”» (2010), 174.
645
Brunner. «El campo cultural y su funcionamiento» en La cultura autoritaria en Chile (1981), 57.
646
Brunner. «El campo cultural y su funcionamiento» (1981), 58.
647
Valdivia. «“¡Estamos en guerra, señores!”» (2010), 185.

144
[…] es integrar, […] todo campo de divisiones es explotado por el marxismo».648 La
dictadura de Pinochet fue profundamente patriarcal y promovió el retorno de la mujer al
seno familiar, sobre todo en su rol de madre. La legislación, por ejemplo, mantuvo hasta
después de 1989 la «potestad marital» que le daba al marido derechos sobre la persona y
los bienes de la esposa y durante la dictadura se eliminaron algunas protecciones a la
madre trabajadora.649 En todo el proceso, solo dos mujeres ocuparon cargos públicos en
el régimen, sin embargo desde un principio éste buscó su apoyo político y la consideró,
junto a las fuerzas armadas, como dos aliados apolíticos claves para defender y
transmitir los «valores nacionales».650
El interés de la dictadura estaba centrado en lo que definía como «el pueblo
chileno», es decir, todos aquellos que se habían levantado contra los socialistas y
apoyado el intervencionismo militar (los antiupepistas), y la razón de ser de la Dirección
de Organizaciones Civiles dependiente de la Secretaría general de gobierno
(reformulada para mediar entre los ministerios y la Junta de Gobierno) de donde
surgieron luego las Secretarías Nacionales de la Mujer, de la Juventud y de los Gremios,
era canalizar la participación social al tiempo que desmovilizaba a todos los que
quedaban por fuera de esa categoría. En el caso de la mujer, buscó canalizar la
participación política emergente en la década anterior por la vía de los «ejércitos de
voluntarias» comandados por Lucía Hiriart de Pinochet: el CEMA-Chile,651 donde se
agrupaban las esposas de militares y se mantenían sus parámetros e incluso los grados
de jerarquía, y la Secretaría Nacional de la Mujer, donde se agrupaban las mujeres
civiles. Las actividades estaban orientadas, más que a cambiar su condición de
oprimidas, a mejorar su desempeño doméstico, enseñándoles a ser buenas madres,
esposas y jefas de hogar. Según María Elena Valenzuela, de este modo «contribuían a
mantener la vigencia del modelo económico y a disminuir el potencial del conflicto
social provocado por la reversión de la tendencia redistributiva de las últimas décadas
democráticas».652

648
Gisella Silva, directora de Organizaciones Civiles en 1973, citada por Valdivia. «“¡Estamos en guerra,
señores!»” (2010), 181. Tomado por la autora de Qué pasa (16 de noviembre de 1973), 11.
649
Valenzuela, María Elena. «Las mujeres en la transición democrática» en Drake y Jaksic. El difícil
camino hacia la democracia en Chile (1993), 309-310.
650
Valenzuela, M. E. «Las mujeres en la transición democrática» (1993), 311-312.
651
Centro de Madres-Chile. Fundación creada en el 50 por Graciela Letelier de Ibáñez, esposa de Carlos
Ibáñez; en 1971 pasó a denominarse Coordinadora de Centros de Madres (Cocema) y luego del golpe
volvió a ser CEMA-Chile, agrupando a esposas de militares. Por más información ver [Link]
652
Valenzuela. «Las mujeres en la transición democrática» (1993), 313-315.

145
Los primeros años después del golpe el neoliberalismo no era aún un proyecto,
aunque en materia político-cultural desde un principio primó la línea de Jaime Guzmán
de corte liberal-conservador. Bajo su dirección el gremialismo consiguió fortalecer su
influencia sociopolítica a través de la Secretaría Nacional de la Juventud y desde 1975
del Instituto de Estudios y Capacitación «Diego Portales», cuyo director, Edmundo
Crespo, era también coordinador general de la Secretaría. El Instituto contaba con un
currículo con cuatro líneas principales: valores y principios cristianos que ayudaran al
nacimiento de una «nueva actitud», elementos para comprender la «grandeza de su
patria», la elaboración y entrega de elementos de carácter doctrinario y, finalmente,
«herramientas de acción contingente». De esta forma se buscaba homogeneizar el
pensamiento de la juventud, creando un movimiento juvenil que fuera el sustento de la
gestión de Pinochet.653 Desde 1977 el Instituto se independizó, aunque prosiguió bajo la
Dirección de Organizaciones Civiles y amplió su alcance a los sectores femeninos,
laborales y vecinales.654 Entre 1975 y 1976 Guzmán había creado el Frente Juvenil de
Unidad Nacional, cuyo primer coordinador nacional fue Javier Leturia, quien lo anunció
como un ente que pertenecía «solo a la juventud chilena», coherente con el afán
antipolítico de los gremialistas.655 El Frente contaba con cuatro sectores juveniles:
secundaria, universitaria, comunal y profesional; según Leturia «La Secretaría presta
servicios a la juventud, pero por su naturaleza misma no logra militancia o una
adhesión permanente. Nosotros, sin embargo, podemos crear un compromiso en la
juventud que se traduce en ideales y apoyo al gobierno del general Pinochet».656
El investigador Luis Errázuriz estudia las actividades y manifestaciones artísticas
promovidas por el régimen y plantea que entre 1973 y 1975 Chile vivió un «golpe
estético» como consecuencia del golpe militar. El autor entiende por golpe estético al
proceso de transformación de la vida cotidiana producto del quiebre del proyecto
sociocultural de la UP.657 Este ejercicio de violencia simbólica, dice el autor, se realizó
a través de dos líneas de acción: la destrucción del legado marxista (desmantelamiento
del proyecto político-cultural de la UP) y la campaña de restauración (recuperación del

653
Valdivia. Su revolución contra nuestra revolución (2006), 87.
654
Valdivia. Su revolución contra nuestra revolución (2006), 90.
655
Valdivia. Su revolución contra nuestra revolución (2006), 91.
656
Citado por Valdivia. Su revolución contra nuestra revolución (2006), 95.
657
Errázuriz, Luis. «Dictadura militar en Chile. Antecedentes del golpe estético-cultural», en Latin
American Research Review 2: 44 (2009), 136-157. Disponible en [Link]
[Link]/larr/prot/fulltext/vol44no2/errazuriz_44-[Link]

146
patrimonio cultural y reivindicación de la «chilenidad» con un propósito
nacionalista).658

La «chilenidad»

La «operación limpieza» se orientó a desmantelar todo lo que existiera vinculado


a Allende y a la UP y abarcó desde la persecución y muerte de sus militantes hasta la
limpieza de los muros, cortes de pelo y barba, cambio del nomenclátor, entre otros.
Según Errázuriz, «el efecto nocivo del gobierno del presidente Allende fue considerado
más allá del ámbito público y económico, vale decir, también se había propagado a las
costumbres, el uso del lenguaje, el aseo, entre otros»;659 y esto llevó a la instauración de
una «noción militarizada de la estética cotidiana, caracterizada por rasgos tales como
la depuración, el orden y la restauración fervorosa de los símbolos patrios».660 Incluso
se prohibieron los colores «violentos» para las fachadas de las casas y edificios,
estableciendo un periodo anual para efectuar su limpieza (entre el 10 de julio y el 10 de
setiembre). Una de las razones posibles, dice el autor, pudo haber sido el afán del
régimen por mostrarse al mundo como un país ordenado, disciplinado, estable y en vías
de desarrollo.661 Respecto al aspecto personal, según consigna el autor, en Paraguay y
en Argentina ya se habían desarrollado campañas en contra de la minifalda y el pelo
largo, considerados una estrategia comunista para subvertir el orden y las buenas
costumbres; en 1973, El Mercurio expresaba que las peluquerías chilenas debían
enfrentar largas colas de jóvenes ansiosos por exteriorizar el «espíritu viril y renovador
que [recorría] la República».662
Por otra parte, la política estatal de «restauración» se abocó a la reconstrucción
nacional a partir de la recuperación del patrimonio cultural y la esencia del ser nacional,
vale decir, la «chilenidad». Se preservaron y erigieron monumentos, iglesias y casas de
campo, se remodelaron y embellecieron ciudades, propiciando espacios para homenajes
a héroes y mártires del proceso. La chilenidad quiso recuperarse a través del
redescubrimiento de artistas nacionales de la pintura, la música, los libros y las
artesanías. La idea era volver a las tradiciones, especialmente a través de la difusión del

658
Errázuriz, L. «Dictadura militar en Chile» (2009), 138.
659
Errázuriz. «Dictadura militar en Chile» (2009), 140.
660
Errázuriz. «Dictadura militar en Chile» (2009), 141.
661
Errázuriz. «Dictadura militar en Chile» (2009), 142-143.
662
Errázuriz. «Dictadura militar en Chile» (2009), 145.

147
folclore (Los Huasos Quincheros, por ejemplo),663 editando grabaciones y realizando
festivales y concursos, como el de «Nuevas Canciones para los Quincheros». Las
canciones, sin contenido político, debían cantarle «a las cosas simples, al paisaje, al
romanticismo».664
En el campo editorial se promovió la publicación de libros de historia nacional,
mostrando una vez más las coincidencias entre los regímenes del Cono Sur, en los que
el proyecto fundacional necesariamente debía apoyarse en un relato histórico afín al
discurso nacionalista y a los proyectos político y cultural de corte conservador. Isabel
Jara propone que desde el campo editorial (especialmente la Editora Nacional Gabriela
Mistral, antes de la UP y entre 1973 y 1976 del gobierno de Pinochet) se desarrolló una
idea conservadora del «paisaje chileno» que convertía a la región en el reducto de la
chilenidad. La interpretación del paisaje, dice la autora, fue más que estética o
geopolítica un argumento histórico que debía respaldar al nuevo sistema político, sin
parlamento ni partidos, que representaba la dictadura. Para los nacionalistas y
conservadores la chilenidad se había conformado en la sociedad colonial, donde se forjó
el carácter «fuerte, hecho de voluntad, acción, nobleza, austeridad, honor y fe» de los
chilenos.665 En el discurso nacionalista la Doctrina de la Seguridad Nacional se
conjugaba con una lectura defensiva del paisaje, muy afín al pensamiento militar y, en
este marco, algunas ediciones estatales funcionaron como un complemento de la
operación limpieza:

No llama la atención que, entre las diversas narrativas de nación, la vinculada al pensamiento
conservador-nacionalista hiciera del paisaje (y de uno en particular) un ícono identitario. Su
tradición intelectual y trayectoria política así lo disponían, facilitándole la doble operación
ideológica de convertir la relación entre nacionalidad y territorio en una de dependencia mutua,
por un lado, y de presentar esa dependencia como un sello de autenticidad, por otro. Su idea de una
«chilenidad» surgida de la fusión de dos pueblos «guerreros», de las batallas y de los gobiernos
autoritarios, tanto como su idealización de la Independencia, enraizaron el pensamiento
nacionalista-conservador en la simbología «patriota» y nacionalista decimonónica. De allí que
fuera él quien retomara insistentemente las primeras alegorizaciones paisajísticas de la
666
«chilenidad», pero purgándole sus resabios americanistas.
Según Jara, el nacionalismo conservador realizó una idealización (folclorización,
663
Al igual que el proceso vivido en Uruguay, el folclore se vio escindido en dos tipos, uno oficial y otro
prohibido: el tradicionalista o nativista y el de protesta, respectivamente. En el caso uruguayo el folclore
de protesta estaba (y está hasta hoy) vinculado al Frente Amplio y, por su parte, el chileno era asociado a
la UP, como los Illapu y Quilapayún. Respecto al vínculo entre el folclore uruguayo y el latinoamericano,
especialmente el chileno, es muy recomendable la primera parte del libro de De Alencar Pinto. Los que
iban cantando (2013).
664
Errázuriz. «Dictadura militar en Chile» (2009), 149.
665
Jara, Isabel. «Politizar el paisaje, ilustrar la patria: nacionalismo, dictadura chilena y proyecto
editorial», en Aisthesis 50 (Santiago, diciembre de 2011), 230-252. Disponible en
[Link]/[Link]?pid=S0718-71812011000200013&script=sci_arttext#n1
666
Jara, I. «Politizar el paisaje» (2011).

148
hispanización) de la cultura campesina y popular, purgándola de su carácter mestizo,
indio o «roto»,667 desembocando luego en una sustitución del roto por el «huaso»668
como arquetipo nacional, reservando al primero para el recuerdo de los hechos heroicos.
La autora señala que el discurso conservador de la dictadura realizó dos tipos de
reducciones: de la cultura nacional a la cultura rural y del paisaje chileno al paisaje de la
«zona huasa», y si bien esto devino en una idea esencialista de la derecha, también
puede encontrarse en algunas de las variantes del discurso americanista. La chilenidad,
entonces, fue interpretada como «cultura huasa», de ahí la declaración de la cueca como
danza nacional en 1979.669
Errázuriz señala que el régimen tuvo desde el principio una intención explícita en
elaborar políticas culturales de corte nacionalista, no solo por el desarrollo social sino
porque el país necesitaba proyectar hacia el exterior una imagen más favorable que la
que tenía. Las primeras medidas implementadas en el marco de estas políticas culturales
fueron explícitamente autoritarias, con el fin del adoctrinamiento y control ideológicos,
como queda manifiesto en la creación de los Institutos Culturales Comunales. Estos
institutos debían promover, además del desarrollo cultural regional, la convivencia
social y los valores morales, debían pintar sus fachadas de blanco y atestarse de
símbolos patrios confeccionados por las mujeres de la ciudad.670 La historiadora Karen
Donoso polemiza con Errázuriz: según su investigación, no hubo una política cultural
como tal durante la dictadura sino una serie de medidas propuestas y aplicadas por
distintos actores, con diferentes perfiles ideológicos, desde el gobierno y que si bien
hacia fines de los 80 puede entreverse un proyecto con cierta hegemonía, éste no logra
instalarse sino hasta después de la reapertura, durante el gobierno de la Concertación.
Dicho proyecto cultural resultó, dice la autora, afín al sistema económico neoliberal y
consolidó el papel subsidiario del Estado en la cultura y las artes. La confusión de
Errázuriz radicaría en pensar que la política cultural de la dictadura chilena tuvo por
base el nacionalismo, pero éste no habría sido sino una etapa: «las bases de [la]
refundación no se establece en torno a la patria y la unidad nacional, sino en el marco

667
Según el diccionario de la Real Academia Española: andrajoso, persona mal educada, grosera (RAE,
2001).
668
Según el diccionario de la Real Academia Española no existe «huaso» sino «guaso»: vergonzoso (que
se avergüenza con facilidad), campesino, persona poco habituada a las costumbres de las grandes
ciudades (RAE, 2001).
669
Jara. «Politizar el paisaje» (2011). La cueca es un baile de parejas común a Colombia, Bolivia, Perú,
Argentina y Chile. Aunque es típica de Bolivia fue declarada danza nacional en Chile. Se dice que
proviene de la jota española.
670
Errázuriz. «Política cultural del régimen» (2006), 73. Énfasis nuestro.

149
de un país “moderno”».671
Donoso coincide con el autor cuando señala que la cultura chilena se caracterizaba
por su origen cristiano occidental, lo que motivó que paralelamente al resurgimiento del
tradicionalismo de la vida agraria, encarnado en las figuras del «huaso» y la «china», se
diera una militarización de los rituales cívicos (de los veintinueve eventos anuales,
veintidós correspondían a hechos históricos asociados a héroes militares o guerras,672
además de decretar el 9 de julio como «Día de la bandera»);673 y con Valdivia cuando
ésta alude a la relevancia del papel de los sectores populares otorgado por los militares
en el desarrollo de la historia y la cultura chilenas. Sin embargo, dice Donoso, el
nacionalismo y el conservadurismo solo fueron una vía para definir la cultura como
vehículo de la herencia social y base de la nación, aunque se contradijera con los
lineamientos del neoliberalismo aplicado al campo y el anti-dirigismo cultural. Como
decía el asesor cultural Enrique Campos Menéndez: «conservar y conocer lo que hemos
reunido y heredado por derecho propio es conservarnos y conocernos como nación…
cuando una sociedad no tiene clara la conciencia del patrimonio que le corresponde,
rompe la continuidad».674
Campos Menéndez (Chile, 1914-2007) fue un diplomático, político, empresario y
escritor chileno que se desempeñó como el primer asesor cultural de la Junta Militar. En
los años 50 fue diputado por el Partido Liberal y tras el golpe de Estado se desempeñó
como director de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) entre 1976 y
1986. Entre otras actividades fue vicepresidente del Consejo de Monumentos
Nacionales, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua (1976), director
de la Sociedad de Escritores de Chile, miembro correspondiente de la Sociedad
Histórica Argentina y del Instituto Histórico del Brasil. En 1982, con el inicio del
gobierno de Patricio Aylwin, fue nombrado como Embajador de Chile en España (1982-
1984) y embajador concurrente en Grecia. En 1986 recibió el Premio Nacional de
Literatura, pues además de diplomático era escritor (según cuentan, se lo arrebató a José
Donoso),675 y ese mismo año viajó a Madrid donde permaneció hasta 1990.676

671
Donoso, Karen. «Discurso y políticas culturales de la dictadura cívico militar chilena, 1973-1988»
(Universidad de Santiago de Chile, 2012). Disponible en
[Link]
672
Resolución del Ministerio de Educación Pública Nº 1707 del 27 de marzo de 1975.
673
Decreto del Ministerio del Interior Nº 1100 del 3 de julio de 1974.
674
Campos Menéndez, Enrique. «Informe Dibam 1973-1984». Citado por Donoso, K. «Discurso y
políticas culturales» (2012), 12.
675
Errázuriz, L. «Política cultural del régimen militar chileno (1973-1976)», en Aisthesis 40 (Santiago,
2006), 69.

150
Pinochet le tenía estima desde la época de Allende y a poco de instalarse la
dictadura fue uno de los primeros civiles en incorporarse al gobierno de facto a su
pedido expreso, para que le escribiera los discursos (fue autor de la «Declaración de
principios» de 1974) y lo asesorase en las políticas de comunicación. El cargo de asesor
cultural de la Junta ocupado por Campos Menéndez fue creado especialmente para él,
por Decreto-ley del 10 de diciembre de 1974, con las funciones de «[…] asesorar,
proponer las medias, políticas y programas que deban adaptarse para difundir,
armonizar, perfeccionar y en general incentivar el desarrollo cultural del país y
dignificar sus medios de difusión, en términos que preserven la tradición histórico
cultural del mismo y permitan proyectarla al futuro con un sentido de nacionalidad».677
Isabel Jara comenta que sus publicaciones Política cultural del Gobierno de Chile
(1974) y Objetivo nacional de Chile (1975) fueron las que relacionaron de manera más
concreta la seguridad nacional con los supuestos culturales de la dictadura.678 Para
Errázuriz, la primera puso de manifiesto la voluntad de un control total de la cultura,
una política estatal caracterizada por sus propósitos «nacionalistas, mesiánicos y
geopolíticos»,679 sostenida en dos patas: la civilización cristiana occidental y la
chilenidad.680 Donoso, que niega la existencia de una política cultural a priori, rescata la
injerencia de Campos Menéndez como gestor de la Comisión de estudio y reforma de la
legislación cultural conformada en 1975, a efectos de revisar y modificar las normas
vigentes en esa materia con el fin de «lograr una legislación armónica y adecuada al
desenvolvimiento cultural del país».681 De la labor de esa comisión se desprende que
Campos tenía intenciones de crear los institutos del Libro y de Protección a la
Artesanía, un Consejo Musical, un centro cultural por región y una importante revista
cultural, pero poco de eso sucedió. Lo que sí se creó, resalta Donoso, fue la Dirección
Nacional de Cultura basada en la Dibam, en el seno del Ministerio de Educación, cuyo
objetivo era «preservar e incrementar el patrimonio cultural chileno y su utilización
científica orientada en favor de toda la población del país»;682 en 1977 se crearon el

676
Por más información ver
[Link]/temas/[Link]?id_ut=enriquecamposmenendez%281914-%29
677
Artículo 1º del Decreto-ley citado por Errázuriz. «Política cultural del régimen» (2006), 70.
678
Jara. «Politizar el paisaje» (2011).
679
Errázuriz. «Política cultural del régimen» (2006), 74.
680
Errázuriz. «Política cultural del régimen» (2006), 76.
681
«Comisión de estudio y reforma de la legislación cultural», Decreto-ley Nº 457 del 29 de mayo de
1975, citado por Donoso. «Discurso y políticas culturales» (2012), 24.
682
«Hacia un eficiente desarrollo cultural», en El Mercurio de Valparaíso (12 de setiembre de 1977), 7.
Citado por Donoso. «Discurso y políticas culturales» (2012), 25.

151
Departamento de extensión cultural (con elencos estables de ballet, teatro y orquesta
sinfónica) y en 1979 los «Ciclo itinerantes» (giras artísticas por el país con entradas a
bajo costo y en algunas localidades incluso gratuitas), en el marco de una política
denominada «Arte para todos».683
Según varios autores, el desinterés del Estado durante la dictadura por crear una
política cultural unificada y el repliegue y por momentos abandono del campo cultural
generó un «apagón cultural»: «una dramática caída de las actividades artísticas y de la
libre expresión, que producía la absoluta inhibición para la creación y la producción
artística, la circulación de libros y publicaciones...».684 Sin embargo, ésta impulsó la
ampliación del acceso a la televisión de todos los hogares chilenos por cuanto le
permitía vehiculizar la cultura oficial. Según Brunner,

[...] el autoritarismo no tardó en descubrir las potencialidades de la industria y de los mercados


culturales para apoyar sus pretensiones de generar un nuevo tipo de conformismo [y] puso todo el
peso de su acción en la ampliación y desregularización de los mercados de bienes simbólicos,
manteniendo simultáneamente el control sobre los principales medios de producción cultural.685
Entre 1973 y 1980, el mercado desplazó al Estado como mecanismo de regulación
de la actividad artística, mientras el principal esfuerzo oficialista buscaba recolocar a
Chile en el circuito artístico internacional, transformando ciertas instituciones locales en
plazas atractivas para los referentes de la cultura mundial. Uno de los escenarios más
privilegiados que además funcionó como caja de resonancia de la política cultural del
régimen fue el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, creado en 1959.686
Este retraimiento del Estado se sumó a la privatización de una serie de empresas o bien
históricamente estatales o que habían sido recuperadas por la UP; Donoso nombra
algunos ejemplos, de los que resultan más paradigmáticos el sello discográfico Industria
Nacional de Radio y Televisión,687 la Editora Nacional Quimantú (luego Editora
Nacional Gabriela Mistral) y la empresa autónoma, aunque con capitales de Corfo,688
Chile Films. Este último caso es particularmente interesante porque confirma una vez
más el interés de las dictaduras del Cono Sur por la producción de un cine oficialista,
siguiendo el molde de los totalitarismos europeos aunque muchas veces con menos

683
Donoso. «Discurso y políticas culturales» (2012), 26-27.
684
Jans, S. «Los medios de comunicación» (sin más datos).
685
Brunner, J.J. «Políticas culturales: apuntes a partir del caso chileno», en Papers. Revista de Sociología
35 (1990), 126. Disponible en [Link]
686
Torres, Rodrigo. «Música en el Chile autoritario (1973-1990): crónica de una convivencia conflictiva»,
en Garretón, Manuel Antonio; Sosnowski, Saúl y Bernardo Subercaseaux. Cultura, autoritarismo y
redemocratización en Chile (Santiago de Chile, 1993), 202-203.
687
Por más información, ver Fuenzalida, Valerio. La industria fonográfica chilena (Santiago: Ceneca,
1985).
688
Corporación de Fomento a la Producción.

152
recursos. Luego del golpe de Estado, la empresa Chile Films fue clausurada y se
intentaron realizar algunas películas como Los mil días basada en el Libro Blanco del
cambio en gobierno (escrito por el historiador Gonzalo Vial) que solo quedó en
maqueta. El Estado no supo qué hacer con la empresa y en 1977 se la vendió a Radio
Nacional,689 una radio creada por decreto del régimen (14 de enero de 1974) a partir de
las radios confiscadas tras el golpe.
Gonzalo Vial (Santiago de Chile, 1930-2009) fue un abogado egresado de la UC,
reconocido historiador y periodista. Formó parte de la Academia Chilena de la Historia
(de la cual recibió el Premio Miguel Cruchaga) y de la Real Academia Española de la
Historia, también integró los consejos de Defensa de Estado (hasta cumplir los 75 años)
y de Ética de los Medios de Comunicación Social y presidió la Fundación Educacional
Barnechea, la que cofundó junto a su esposa, María Luisa Cox. Con su ideología
nacionalista-hispanista funcionó como nudo de la alianza nacionalgremialista, desde el
Instituto de Estudios Generales (junto a Jorge Prat y Jaime Guzmán) y la Editorial
Portada, donde este grupo difundía sus ideas. Cofundó y dirigió las revistas Portada y
Qué pasa y fue columnista de La Segunda de El Mercurio hasta su muerte.690 Dentro
del ámbito político se desempeñó como secretario privado del ministro de Hacienda
Jorge Prat y entre 1978 y 1979 fue ministro de Educación de Pinochet, siendo separado
de su cargo (según aparece en prensa, sin detalles) de forma «abrupta». Varias fuentes
señalan que durante la dictadura criticó la situación de los derechos humanos, con el
retorno de la democracia integró la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación
(1990-1991) que elaboró el Informe Retting (conocido así por quien la presidió, el
jurista y político Raúl Retting) y participó de la Mesa de diálogo (1999-2000) sobre el
tema de los detenidos-desaparecidos por la dictadura pero no firmó su declaración final.
Como historiador, que es su faceta más interesante, podemos consignar el Libro
blanco del cambio de gobierno en Chile que apareció en octubre de 1973, redactado por
Vial bajo la supervisión del almirante Patricio Carvajal. Fue anunciado en ceremonia
oficial presidida por el coronel Pedro Ewing Hodar, secretario general de gobierno y,
según Vial, surgió desde Cancillería como respuesta a una campaña de desprestigio que
se realizaba desde el exterior contra el gobierno de Pinochet. En este libro el historiador
justifica el golpe de 73 en un plan de «autogolpe» diseñado por la UP, teoría basada en

689
Por más información ver Hurtado, María de la Luz (Editora) La industria cinematográfica chilena:
desafíos y realidad (Santiago: Ceneca, 1986).
690
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 368.

153
unos documentos de la UP encontrados en la caja fuerte del subsecretario del Interior,
Daniel Vergara, en los que se detallaban los pasos del supuesto plan de la izquierda
política. Según los documentos el autogolpe contaba de varias etapas, la primera
implicaba la eliminación física de los altos oficiales de las fuerzas armadas chilenas y de
carabineros, así como de dirigentes y gremiales opositores a la UP, esto es lo que se dio
a conocer como «Plan Z». Luego se buscaría instalar una «dictadura popular».691
Asimismo fue autor de la Historia de Chile (1891-1973), editada en doce
volúmenes y publicada como fascículos por La Segunda, una especie de continuación
de la Historia de Chile de Francisco Antonio Encina que va precisamente hasta 1891.
Según Valdivia, con este emprendimiento Vial «se autoasignó la tarea de auscultar los
últimos cuarenta años de la historia de Chile, haciendo hincapié en la polarización
ideológica de la izquierda en los sesenta, que explicarían los grados de lucha política a
la que llegó y la ruptura del sistema».692 Vial explica el quiebre institucional por
razones «lejanas» e «inmediatas»: por un lado, la crisis que vivió el país en los años 50
y que con el tiempo no hizo más que agravarse, sumada a la pérdida del equilibrio
político, proporcionado por un gobierno de centro-izquierda (según el autor, parecido a
la Concertación, donde el centro era el Partido Radical y la izquierda los partidos
Socialista y Comunista); por otro lado, la pluralidad de partidos y agrupaciones políticos
de gravitación que había en los 70 y como corolario su «oscuro» financiamiento por
parte de grupos de poder y empresas. En medio, los años 60, de cambios radicales en
muchos planos, trajeron nuevos tipos de partidos: aquí Vial retoma el término de Mario
Góngora, partidos de planificación global, que traen un modelo de sociedad y son
«inmodificables, impostergados», como la Democracia Cristiana y la FRAP (luego UP).
Para el historiador, la intransigencia de estos nuevos partidos fue lo que produjo la
polarización política que, gracias a la Revolución cubana y el guevarismo, convirtió a
«esa gente» en «inmanejable».693
La perspectiva de Vial se inscribe en el relato del «excepcionalismo chileno», una
de varias explicaciones que Claus Offe denomina «teorías conservadoras de la
crisis»:694 «en términos generales, el golpe habría sido una ruptura que realiza el
proceso excepcionalista chileno, interrumpiéndolo y confirmándolo a la vez, después

691
Secretaría General de Gobierno. Libro blanco del cambio de gobierno en Chile (Santiago de Chile,
1973), 23.
692
Valdivia. Nacionales y gremialistas (2008), 15.
693
Vial, Gonzalo. «Las razones del quiebre institucional de 1973» (entrevista), en
[Link]/ech/pro/app/detalle?id=200047
694
Villalobos-Rumniott, S. «Modernidad y dictadura en Chile» (2008).

154
del naufragio populista», señala Villalobos-Rumniott. Este excepcionalismo refiere no
solo a su supuesta estabilidad institucional y madurez cívica, sino también a su belleza
natural y carácter heroico. Es un relato evolucionista, pues la historia chilena se
representa como un progreso moral y jurídico permanente del Estado y la sociedad.695
Según este autor, en el marco de la dictadura el excepcionalismo adquirió dos
significados complementarios: uno jurídico, la dictadura es una excepción que
interrumpe la crisis populista, y otro republicano, dicha interrupción confirma el
carácter excepcional de la larga tradición republicana del país; «Así, el golpe sería una
excepción disciplinante aplicada sobre la excepción histórica de la Unidad Popular» y
la transición democrática «será coherentemente leída como recuperación de una
tradición suspendida por el breve pero necesario intervalo militar».696

Políticas educativas

Si bien al comienzo las medidas impulsadas por el régimen fueron más que nada
una reacción, con el tiempo comenzó a perfilarse un proyecto de reconstrucción o
refundación nacional basado en una lectura localista de la Doctrina de la Seguridad
Nacional combinada con retóricas nacionalistas, gremialistas, corporativistas y católico-
tradicionalistas. La ideología autoritaria final consistió, a grandes rasgos, en una idea
del desarrollo social basado en el mercado (componente neoliberal) y en un Estado
tutelado por las fuerzas armadas.697 Según Brunner la consolidación del régimen llegó
con la aprobación de la nueva constitución en 1980, cuando la violencia y la represión
fueron dejando lugar a una nueva intención del régimen: construir consenso o
conformismo:

La progresiva sustitución del Estado por el mercado como mecanismo coordinador y proveedor, en
variados sectores como la salud, la educación, la previsión social y la vivienda, debía en efecto
reducir el alcance de la política y de los conflictos en torno a la satisfacción de necesidades,
698
relegando su regulación y su satisfacción a la esfera privada de la competencia individual.
La política del régimen en materia educativa tuvo dos momentos: 1973-1975 y
1976-1979, al primer período le corresponde la construcción de las bases del proyecto
(«limpieza» y desarticulación de la organización educativa anterior) que recién en el
segundo momento se concretará (control de la educación con dos frentes: Ministerio de

695
Villalobos-Rumniott. «Modernidad y dictadura en Chile» (2008).
696
Villalobos-Rumniott. «Modernidad y dictadura en Chile» (2008). Cursivas en el original.
697
Brunner. «Políticas culturales: apuntes a partir del caso chileno» (1990), 120-121.
698
Brunner. «Políticas culturales: apuntes a partir del caso chileno» (1990), 123.

155
Educación y jerarquías militares). Así, en un primer impulso se buscó cambiar la forma
y en el segundo el contenido del proceso pedagógico.699 Brunner explica que entre 1973
y 1975 la dictadura concentró sus fuerzas en controlar el sistema educativo con un
discurso segurista de «guerra social»: se cancelan todos los tipos de participación social
en la orientación y conducción del sistema educativo, al tiempo que se verticaliza su
administración bajo control militar; se producen quemas de libros, se ordena el corte de
cabello en los jóvenes y se limita la vestimenta a lo «decente», etc.; el «operativo
limpieza» al que aludíamos al comienzo, que no es otra cosa que el Estado invadiendo
los espacios privados de la vida social.
A nivel intraescolar, entre 1976 y 1979, las políticas se orientaron hacia el
contenido curricular, según Brunner, «lo que importa es transmitir una cultura
acumulada y organizada, que permite al alumno adquirir parcelas de conocimiento
evaluables y, por ende, una formación escolar que sucesivamente debe ir llevándolo
desde la educación básica hasta la superior».700 De este modo, el sistema educativo
amplió la brecha entre los educados y los no-educados, acentuando el carácter selectivo
de la educación. Por otra parte, el currículo rígido rompía con el universo temático,
separando la ciencia de la técnica, anulando el contexto histórico y la discusión como
forma de aprendizaje, así, «el primer dispositivo de control intraescolar funciona más
por la organización de la enseñanza que por su “ideologización” pura y simple». La
ideología nacionalista no penetró abiertamente en la escuela sino a través de otras
formas más sutiles, por ejemplo los ritos vinculados a la patria.701
En marzo de 1979 se dio a conocer la Directiva Educacional, donde aparece
explícitamente el diseño que la dictadura quiere para la educación, que se ordenó en
torno a tres ejes: «[1] privatización del crecimiento educacional futuro; [2] adecuación
del desarrollo educacional al modelo de acumulación impulsado por el bloque en el
poder; [3] adaptación de la educación a las demandas de constitución de una sociedad
disciplinaria y autoritaria».702 Primero, interrumpir el proceso histórico de la
educación chilena hasta el momento, pasando de una educación pública estatal y
masificada a una educación selectiva y sujeta a iniciativas privadas. Según Brunner, esto
convierte a la educación —hasta entonces un «hecho social, regido por un paradigma

699
Brunner. «El diseño autoritario de la educación» en Brunner. La cultura autoritaria en Chile (1981),
111.
700
Brunner. «El diseño autoritario de la educación» (1981), 109.
701
Brunner. «El diseño autoritario de la educación» (1981), 110.
702
Brunner. «El diseño autoritario de la educación» (1981), 112.

156
ético y legal»— en un valor de cambio en un paradigma mercantil que, por las
consecuencias que esto trajo (disminución del crecimiento educacional, segmentación
del mercado educativo, ocupación según clase social, entre otras), tendió a legitimar y
normalizar las desigualdades sociales. En segundo lugar, el desarrollo científico y
tecnológico quedó sujeto a la inversión extranjera, mientras el Estado se concentraba en
asegurar una educación básica que formara buenos trabajadores, ciudadanos y patriotas.
El autor explica que suele reconocerse que la enseñanza primaria masiva disciplina a la
población, por ejemplo, por la obligación de cumplir un horario y respetar la autoridad;
entonces, el interés del Estado en fomentar la formación básica radicaba en formar
futuros trabajadores que supieran incorporarse al mercado de trabajo con todas sus
obligaciones. Finalmente, el tercer objetivo de la Directiva Educacional se orientó al
carácter fuertemente selectivo del sistema educativo, cuyo alto nivel de exigencia
obligaba a quienes no tuvieran la vocación o la capacidad necesarias a derivar hacia
otras alternativas, esto es, el mercado laboral. El autor señala que la política educativa
en este segundo período realizó una identificación entre la estructura de clases y la
estratificación del sistema de enseñanza que trajo como consecuencias una educación
compartimentada, donde los destinos ocupacionales se transmitían por medio de la
familia y una participación estratificada en el consumo cultural.703

Comentarios finales

La dictadura chilena, a diferencia de la uruguaya, mostró una planificación de


intervención en las áreas de la cultura y la educación, especialmente luego de 1979.
Mientras los militares uruguayos «delegaban» en los civiles interventores de los
ministerios y las instituciones educativas y culturales muchas de las decisiones diarias
(que por diarias no tenían necesariamente menos alcance), la Junta Militar chilena
generó una estructura vertical de control y un dispositivo derecho (una regulación legal)
que dejaba poco a la improvisación individual.

Contrariamente a lo que ocurría en Perú, Brasil, Uruguay y Argentina, donde la oficialidad en su


conjunto determinaba los ocupantes de los más altos cargos solo después de intensos y
prolongados procesos de consulta interna dentro de las instituciones armadas, en Chile la autoridad
ejecutiva llegó a concentrarse de manera inusitada en las manos del Comandante en Jefe del
704
Ejército, quien, a su vez, retuvo el cargo de Presidente durante todo el período.

703
Brunner. «El diseño autoritario de la educación» (1981), 114-118 y 122.
704
Valenzuela. «Los militares en el poder» (1993), 59.

157
No olvidemos que en Uruguay la censura operó muchas veces como conocimiento
popular y de hecho más que por la vía legal, por lo tanto, tiene sentido pensar que los
civiles involucrados en estas materias en vínculo (o delegación) del Estado hayan sido
más importantes para las políticas educativas y culturales en Uruguay, mientras las
políticas como tales, emanadas desde los órganos competentes, fueron las protagonistas
de los procesos de reconfiguración vividos por la educación y la cultura chilenas. En
Chile tanto en la cultura como en la educación dichos procesos consistieron en por lo
menos dos momentos que varios autores resumen como de «limpieza» y «restauración»
o «refundación», quizás porque en este caso (y no tanto en el uruguayo, donde el Frente
Amplio no llegó a ganar las elecciones de 1971) los gobiernos de Frei y Allende habían
comenzado un proceso de cambio social tan profundo que hizo falta detenerlo y
«sanear» el campo para poder sembrar una nueva «chilenidad».
Ahora bien, las intenciones de la dictadura chilena parecen haber tenido éxito si
atendemos a algunos aspectos, como por ejemplo la despolitización de la juventud
formada en esos años o la instalación del consumismo como modo de vida. El éxito de
las políticas económicas de la dictadura funcionó como base para el consenso posterior
a 1989, según Moulian, en el que el olvido de lo que había significado realmente la
dictadura para la historia chilena inhibió cualquier tipo de autocrítica o proceso de
justicia así como una debida «purga» del Estado de todos aquellos elementos vinculados
al régimen (políticos, leyes y disposiciones, etc.).
Hoy la sociedad chilena se divide entre aquellos que todavía defienden la teoría
del excepcionalismo y justifican el golpe del 73 como necesario y los que reclaman por
los derechos humanos avasallados por la dictadura y alertan sobre las consecuencias que
el capitalismo y el componente neoliberal en el Estado tienen sobre la cultura y la
sociedad desde hace más de cuarenta años.

158
CONCLUSIONES GENERALES

La teoría de los campos de Bourdieu nos permitió abordar el estudio de la cultura


oficial de la dictadura en Uruguay y Chile como un campo a la vez autónomo y
condicionado por varios factores. La forma en que el autor plantea su configuración, a
partir de las relaciones entre las diferentes posiciones de los actores o agentes culturales
y entre los diferentes campos, funcionó como marco ideal para nuestro acercamiento a
los comportamientos sociales (civiles, sectores) dentro del aparato estatal bajo
autoritarismo. En esta línea, la idea de poder disperso que maneja Foucault nos
posibilitó considerar otros tipos de vínculo entre el Estado represor y estos civiles, así
como otra forma de hacer política(s); las iniciativas estatales en materia educativa y
cultural muchas veces fueron pensadas, impulsadas e implementadas por estos civiles y
de allí la importancia de su capital cultural y motivación (sus trayectorias o historias de
vida) para hacerlo. De fondo, el estudio de las mentalidades tan cultivado por Barrán
nos llevó a considerar el universo de lo subjetivo al momento de, por ejemplo,
apropiarse e incorporarse a un determinado proyecto de sociedad impulsado por la
dictadura o apoyar las propuestas culturales que ésta ponía a disposición de la sociedad
con el fin último de generar consenso y mantenerse en el poder. La consideración de las
voluntades individuales como acciones fundamentadas y no meros impulsos o
automatismos (cumplimiento de órdenes superiores) permitiría, si fuera el caso, graduar
la responsabilidad de estos civiles en el éxito o fracaso de los proyectos culturales de
estas dictaduras.

II

La noche del 14 de noviembre de 1980 se transmitía en vivo en Uruguay por


Canal 4 (Montecarlo) un debate que pasó a la historia nacional como una bisagra entre
el pasado y el futuro del país. Moderado por los periodistas Carlos Giacosa y Asadur
Vaneskaian, el debate tuvo por eje el plebiscito de reforma constitucional promovido
por la dictadura ese año, que dio como resultado el 57,9% de votos por el «No» y el
42% por el «Sí» en un total de 85% de habilitados. Durante el intercambio, Pons
Echeverry hablaba de los «rinocerontes» del régimen en clara guiñada a los personajes

159
de la obra El rinoceronte (1959) de Eugène Ionesco, donde los habitantes de un pueblo
francés se transformaban uno a uno en rinocerontes porque iban convenciéndose de que
«había que seguir los tiempos» y «evolucionar»; todos lo hacían menos el protagonista,
Berenguer, y pronto se volvieron una mayoría: «todos tienen un pariente rinoceronte»
porque —según Berenguer— éstos son «muy eficaces» en su expansión y la gente «se
acostumbra».705 La obra fue llevada al cine en 1973 con la dirección de Tom O’Horgan
y estrenada en Uruguay en 1975 por el Club de Teatro en una de las salas expropiadas
de El Galpón, bajo la dirección de Héctor Manuel Vidal.706 Resulta curioso que pudiera
ser representada sin inconvenientes con la Dinarp cuando su trama tenía tantos puntos
de contacto con el contexto autoritario uruguayo; según Roger Mirza lo que sucedió fue
que tanto la obra como su autor para entonces ya integraban el repertorio universal y,
aunque la obra formaba parte del «microsistema de resistencia» del teatro uruguayo bajo
la dictadura, debido a su condición de texto canonizado contaba con cierta protección
frente a la censura.707
Treinta años después, el cantante Jorge Bonaldi editó el disco «Los rinocerontes»
donde la canción homónima (consta de dos partes: «Somos todos tupamaros» y
«Décimas») es una crítica a los tupamaros, que llegaron a la presidencia en la persona
del exguerrillero José Mujica en 2010. En un pasaje de la primera parte, Bonaldi canta:

Ahora gracias a la papeleta, jubilados de la metralleta


Ya más nunca seremos los raros, que ahora somos todos tupamaros
Hemos vuelto y hoy somos millones, tupamaros de cuatro cojones,
Tupamaros de cuatro por cuatro, tupamaros de obra de teatro
Pesadilla de final endemoniado, somos todos mutantes ensartados
708
En el cuerno sangriento, gigantesco, del senil rinoceronte de Ionesco.

Tras consultarlo éste descartó utilizar la metáfora de los rinocerontes en alusión a


la obra de Ionesco, sin embargo la referencia es explícita, además, el cantautor dice
desconocer el uso que se hizo del término en el debate de 1980. En todo caso, es curiosa
la forma en que cada época parecería tener sus «rinocerontes», hombres de ideas cuyas
acciones favorecen el desarrollo de determinados proyectos «revolucionarios»: en los
80, Pons Echeverry explicaba que se podía actuar (colaborar con los militares) por
705
Ionesco, E. El rinoceronte. Disponible en [Link]/doc/66663837/Eugene-Ionesco-El-
Rinoceronte
706
Mirza. La escena bajo vigilancia (2007), 65 y 123.
707
Mirza. La escena bajo vigilancia (2007), 150.
708
El disco contiene por orden: «Los 23», «Algún culo va a sangrar», «Toussaint Louverture», «Los
rinocerontes», «Fueye en empeño», «Los demás son versos» (Sondor, 2010). Disponible en
[Link]/watch?v=dwGL7FLetok

160
convicción sin ser rinoceronte pero le espetaba el mote a los políticos corruptos y a los
militares golpistas; treinta años después, Bonaldi utiliza el término para aludir a los
tupamaros, que abandonaron la vía legal y se unieron al Frente Amplio para acceder al
poder. Quizás una de las conclusiones posibles es que todos podemos ser
potencialmente «rinocerontes», basta que se dé la circunstancia en que nuestros
intereses estén en peligro, o dicho de otro modo, no todos los rasgos autoritarios de las
sociedades actuales podrían provenir de los años autoritarios709 sino que parecerían
atravesar las épocas y formar parte de las culturas e idiosincrasias de los pueblos y
emerger cuando sus valores, tradiciones, identidad, etc. son amenazados.
Entendemos que en esa línea deberían analizarse y entenderse las actitudes civiles
vinculadas a los proyectos conservadores y con pretensión fundacional de los regímenes
de los años 70, dado que si los nuevos autoritarismos promovieron la conformación de
un campo cultural autoritario, y en algunos casos tuvieron cierto éxito, fue porque hubo
agentes culturales y un entramado de redes (sociales, políticas, culturales, etc.) que lo
propiciaron.

III

Los neoautoritarismos de los 70 se distanciaron de las dictaduras tradicionales en


al menos dos aspectos que resultan relevantes para nuestro trabajo: la tensión
innovación-tradición y el afán (re)fundacional. Cada proceso político comportó además
características propias en el marco de su historia nacional, la que conjugada con las
tensiones con el pasado y los proyectos de futuro así como con las nuevas intenciones
de los militares en el poder, dio en cada proceso un peso diferente a cada una de las
«interfuerzas» (Rodríguez) en juego y mayor o menor éxito en la concreción de los
proyectos propuestos. De este modo nos encontramos ante dos casos cercanos pero
diferentes como lo fueron el uruguayo y el chileno: el primero vivió un proceso de
«degeneración de la democracia» (Rico) con predominio de la derecha tradicional,
desembocando en una dictadura militar que intentó refundar la nación a través de una
relectura del pasado (de la historia nacional, pero sobre todo de los orígenes de la
nación) y una proyección hacia el futuro donde las fuerzas armadas se incorporarían al

709
Erosa, Daniel; Gatti, Daniel; Touriño, Rosario y Rosalba Oxandabarat. «Un golpe en etapas» en
Brecha (Montevideo, 28 de junio de 2013). Edición especial por los 40 años del golpe de Estado en
Uruguay. Entrevista a los historiadores Vania Markarian y Álvaro Rico y al periodista Alfonso Lessa.

161
sistema de partidos tradicionales como un actor más, una vez erradicada toda la
corrupción política. En el caso chileno, sin embargo, el proceso de caída de la
democracia fue radicalmente distinto: el golpe llegó para detener los cambios
promovidos por el socialismo de Allende, no se dio para impedir el ascenso de la
izquierda al poder como sucedió en Uruguay (las elecciones internas de 1971 mostraron
el «peligro» del crecimiento del Frente Amplio) sino para derrocar un gobierno de
izquierda ya instalado. El boicot y consiguiente desgaste del gobierno de la UP
emprendido por las derechas chilenas obligaron al presidente a incorporar cada vez más
militares al gabinete menguado, en pos de calmar al pueblo convulsionado y obtener los
acuerdos necesarios para salir de la crisis, pero algunos militares antes «legalistas»
(como el general Pinochet) también se volvieron en su contra.
Nos encontramos ante dos neoautoritarismos distintos, que se desarrollaron con
diferencia de meses (junio y setiembre de 1973) y mantuvieron luego, con el correr de
los años, vínculos fuertes en su lucha contra el comunismo (y la izquierda toda) y
fueron parte de una coordinación militar conosureña conocida como «Plan Cóndor». Y
si bien los proyectos políticos fueron diferentes, los educativo-culturales mantuvieron
algunos puntos de contacto como la recuperación y reformulación de la cultura
gauchesca (Uruguay) o huasa (Chile) como fundamento de la nacionalidad y las
políticas públicas de corte conservador, con un fuerte acento en el control vertical y el
impulso de la formación técnica. En el caso uruguayo, con las connotaciones cristianas
(énfasis en la familia, el trabajo y la eficiencia, por ejemplo) que nuestra cultura laica
mantiene como parte de la cultura occidental; en el caso chileno, el énfasis en la familia
y la Iglesia fue mayor, por el catolicismo expreso del sector militar y de algunos
sectores involucrados (especialmente los nacionalistas).
Como decíamos al comienzo de este trabajo, todo grupo social que llega al poder
postula su propio modelo cultural que socializa determinada concepción del mundo,
otorga sentidos sobre hechos pasados, postula interpretaciones de la realidad y se
proyecta hacia el futuro (Brunner). Cada modelo cultural es un producto histórico de
ciertas políticas y acciones que lo caracterizan; la lucha por la cultura representa la
expresión más compleja de la política, es decir, la disputa por mantener o transformar
las determinaciones cotidianas de la conciencia, en este marco el gobierno
estadounidense reconoció y apoyó las dictaduras en América Latina bajo la consigna de
la «seguridad nacional» para preservar sus intereses económicos, promoviendo la

162
inserción del american way of life en el mundo, lo que ha dado en llamarse «guerra fría
cultural»: la «fabricación del consentimiento por métodos “pacíficos”» (Saunders).
Además de la lectura local de la Doctrina de la Seguridad Nacional, las
similitudes entre los neoautoritarismos uruguayo y chileno se dieron en el carácter
conservador y contrarrevolucionario de ambas experiencias, aunque con diferente
acento en cada país. Los nuevos regímenes latinoamericanos se imponían
discursivamente la eliminación del caos que amenazaba a la nación pero el verdadero
objetivo era desarticular y desmovilizar a la sociedad revolucionada (Brunner), por lo
que instalaron al mismo tiempo mecanismos de coerción y de legitimación. La
dimensión represiva, si bien presente en todas las dictaduras conosureñas, tuvo diferente
énfasis en cada una: en Chile y Brasil lograron conformarse partidos de gobierno y los
proyectos fundacionales —salvo en Chile— se vieron frustrados a poco de lanzarse, en
Uruguay por el plebiscito del 80 y en Argentina por el fracaso de la guerra de las
Malvinas. El apoyo civil a los distintos proyectos también fue dispar: en Argentina la
guerra de las Malvinas le sirvió al régimen como aglutinante, en Chile le dio el triunfo a
la propuesta del general Pinochet en el plebiscito de 1988, mientras que en Uruguay
sucedió algo curioso, mientras el 42,51 % votó el «Sí» en el plebiscito de 1980 (frente
al 56,83 % del «No»), en democracia la Ley de Caducidad fue aprobada y ratificada dos
veces (1989 y 2009).
Bohoslavky señala que dentro del sector conservador latinoamericano existieron
varias derechas con al menos dos perfiles: uno liberal, empresarial y proestadounidense
y otro antiliberal, nacionalista y autoritario. El autor explica que en los años posteriores
a la segunda guerra mundial, las derechas liberales conservadoras tendieron a asimilar el
populismo con el fascismo y el totalitarismo para luego fanatizarse con el
anticomunismo. Es decir, la tradición de derecha dominante hasta entonces era liberal
demócrata, antifascista y antitotalitaria, pero a partir de 1947 la identidad antifascista y
antipopulista (en Argentina, antiperonista) fue dejando lugar a otra donde el
anticomunismo era lo más importante. Esta «nueva derecha» se orientó hacia Estados
Unidos, desarrolló un fuerte anticomunismo (anti-izquierdismo) y promovió la libre
empresa.710 En cada caso estudiado, estas derechas tuvieron un peso diferente en los
desenlaces políticos: en Uruguay primó la derecha tradicional, conservadora, de origen

710
Bohoslavsky et al. Problemas de historia reciente (2010), II: 37.

163
nacionalista y ruralista; en Chile la tecnocrática liberal, identificada comúnmente con el
sector empresarial.

IV

De la primera parte de nuestro trabajo podemos concluir que todos los hombres
son intelectuales cuando trabajan en la producción y/o distribución de conocimiento
aunque no todos cumplen la función de los intelectuales en la sociedad (Gramsci).
Nuestra intención última era reformular la idea de «intelectual orgánico» que se
aplicaba por defecto a aquellos hombres de ideas referentes en su materia que se
incorporaron al proyecto de gobierno de las izquierdas en los 60, para utilizarlo como
categoría en el análisis de civiles que colaboraron con el proyecto autoritario y fueron
funcionarios públicos de las dictaduras de los 70. Altamirano proponía que el concepto
«intelectual» era irreductible a una categoría socioprofesional que agrupaba a un
conjunto de individuos con conocimientos especializados, generalmente conectados
entre sí mediante instituciones y redes y que, como en otras elites culturales, su
ocupación definitiva era transmitir una versión de lo «verdadero». Estas definiciones
nos permitieron desarrollar nuestro estudio en torno a las redes sociales y las
trayectorias civiles que configuraron el campo cultural oficial y oficialista durante el
ensayo fundacional de los regímenes uruguayo y chileno para recomponerlo a partir de
casos concretos (en el caso chileno, más que a través de trayectorias, basándonos en sus
políticas educativas y culturales). Nos pareció que el marco ideal lo daba la teoría de los
campos de Bourdieu, que nos permitía pensar el campo cultural oficial durante los
ensayos fundacionales en términos de posiciones intercambiables y fuerzas de
dominación y subordinación pautadas, en algunos casos más que en otros, por el capital
simbólico de cada individuo en cada posición del campo.
Esta perspectiva (la mirada a las trayectorias individuales, la incorporación de la
noción de consenso social como base para la instalación y permanencia de los
neoautoritarismos latinoamericanos de los 70, consenso obtenido a través de la
construcción de un campo cultural oficialista) nos parece novedosa, al menos frente a la
perspectiva tradicional que suele dejar por fuera algunos aspectos importantes: si solo
atendiéramos el «apagón cultural» estaríamos olvidando una dimensión significativa del
proceso por cuanto no fueron todos los sectores los que fueron perseguidos ni la
totalidad de las manifestaciones culturales las reprimidas, ni tampoco podemos asumir

164
que todos los civiles involucrados en el proyecto político y cultural respaldaban
totalmente el gobierno de facto. Los enfoques sobre el pasado reciente preocupados por
el aspecto cultural de las políticas dictatoriales, emergentes en los 90, abrieron la
perspectiva de estudio hacia la búsqueda de consenso por parte del régimen en su afán
de fundar una nueva nación, es decir que a raíz de estos trabajos se comenzó a pensar en
los apoyos sociales de los neoautoritarismos ya no como bloques de resistentes o
colaboradores sino en sus diversas formas de participación (indiferencia,
desconocimiento, oportunismo, convencimiento, entre otras) y diferentes motivaciones
personales para hacerlo (trayectorias, historias de vida).
Desde los primeros años los militares intentaron construir el apoyo social que los
legitimara en el poder mediante canales alternativos a los utilizados por los gobiernos
anteriores y dirigiéndose a grupos específicos de la población (Cosse y Markarian). La
ideología dictatorial asumía así una noción que Hosbawm tipifica como de «consenso
común»: la apelación a grupos humanos «considerados como los depositarios de la
tradición y la continuidad histórica». Estos grupos conformaron el sostén de las
políticas culturales de corte conservador, políticas propuestas, promovidas e
implementadas por los civiles a cargo de estas áreas en los gobiernos de facto. Los
funcionarios mostraron grados de compromiso con las propuestas de las dictaduras y
esos matices son los que nos llevan a priorizar las trayectorias, a tratar de entenderlos y
entender por qué, en ese momento y ese lugar, creyeron que era mejor «colaborar» con
el régimen que mantenerse al margen. Como dijimos anteriormente, considerar las
voluntades de estos civiles que idearon y/o implementaron las políticas estudiadas
permitiría, dado el caso, graduar sus responsabilidades en el éxito o fracaso de los
proyectos fundacionales de estas dictaduras.

165
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