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INSTITVTIONE

Josep Mar tí Ferrando

INSTITUCIONES
Y S O C I E D A D VA L E N C I A N A S
EN EL IMPERIO
DE CARLOS V

Biblioteca Valenciana

CONSELLERIA DE CULTURA I EDUCACIÓ


DIRECCIÓ GENERAL DEL LLIBRE, ARXIUS I BIBLIOTEQUES
© Josep Martí Ferrando, 2002
© Direcció General del Llibre, Arxíus i Biblioteques

Reservados todos los derechos. No se permite reproducir,


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chos de la propiedad intelectual.

Diseño de la publicación: R. Ramírez Blanco

Biblioteca Valenciana

CONSELLERIA DE CULTURA I EDUCACIÓ


DIRECCIÓ GENERAL DEL LLIBRE, ARXIUS I BIBLIOTEQUES

Director: José Luis Villacañas Berlanga

ISBN: 84-482-3079-5

Depósito Legal: V-1507-2002

Impresión: Gráficas Hurtado, S.L.

BIBLIOTECA VALENCIANA
Monasterio de San Miguel de los Reyes
Av. de la Constitución, 284
Valencia (España)
El mar ahogado en la arena
F. G.

Veig el mar cada dia més lluny


F. P.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
7
ÍNDICE

PRESENTACIÓN ......................................................................................9

ABREVIATURAS .....................................................................................11

I. LAS INSTITUCIONES DEL REINO: GENERALIDAD


I. Y JUNTA DE ESTAMENTOS..............................................................13
1.1. Orígenes, función y competencia de las instituciones .............15
1.2. La política defensiva en el Reino de Valencia...........................30
1.3. El problema de la flota de galeras .............................................53
1.4. La batalla de Argel y la financiación del esfuerzo bélico.........63

II. EL ESTAMENTO ECLESIÁSTICO ...................................................81


2.1. Articulación territorial de la Iglesia en Valencia ......................82
2.2. Órdenes militares ........................................................................93
2.3. La Inquisición ...........................................................................102
2.4. Un aspecto de la religiosidad popular: las cofradías ..............104
2.5. Conflictos de jurisdicción.........................................................107

III. EL ESTAMENTO MILITAR: RÉGIMEN SEÑORIAL


III. Y NOBLEZA....................................................................................121
3.1. Intervención del poder real en los asuntos nobiliarios ..........124
3.2. Interacciones entre los militares y el poder real.....................127
3.3. Conflictos entre nobles .............................................................138
3.4. El duque de Gandía ..................................................................143
3.5. Intervención política del estamento militar ............................150
3.6. Las bregas nobiliarias: un aspecto del orden público ............155

IV. EL ESTAMENTO REAL:


IV. LOS MUNICIPIOS JURISDICCIÓN REAL ...................................167
4.1. La ciudad de Valencia ante las presiones del emperador ......168
4.2. Endeudamiento municipal: censales .......................................194
4.3. La provisión de oficios en los municipios valencianos ..........199
8
4.4. El peligro de pérdida de la condiciónreal de algunos
4.4. municipios valencianos. Conflictos con el duque
4.4. de Segorbe .................................................................................216
4.5. Reducción a la Corona .............................................................226
4.6. Oro y moneda en Valencia .......................................................227
4.7. Contradicciones en torno a la exportación de la seda
4.4. en Valencia ................................................................................239
4.8. El problema del abastecimiento de trigo ................................248
4.9. El “seminario” del bandidaje popular: vagabundos,
4.4. prostitutas, rufianes y jugadores..............................................264

V. LOS MARGINADOS: MORISCOS ...................................................277


5.1. Los intentos de asimilación......................................................278
5.2. La atracción de “allende del mar” ...........................................292
5.3. La polémica en torno al desarme morisco..............................307
5.4. El bandidaje morisco................................................................317
5.5. Los estamentos ante la cuestión morisca................................323

VI. APÉNDICE DOCUMENTAL...........................................................331


EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
PRÓLOGO 9

Tras el amargo trago de las Germanías los valencianos observaron có-


mo en su capital se instalaba la fastuosa corte virreinal de doña Úrsula
Germana de Foix y de don Fernando de Aragón, duque de Calabria. El
retrato de aquellos personajes lo efectuó en su tiempo Almela i Vives y
ahora lo ha analizado Ferran Muñoz: cacerías, aventuras galantes, es-
pectáculos, esparcimientos e, incluso, la vida en la ciudad; mientras, los
municipios valencianos habían de contribuir con las composiciones o
pagos impuestos por la revuelta agermanada.
En 1536 moría la que había sido última mujer del rey Católico que-
dando el duque de Calabria como virrey o lugarteniente general en el rei-
no de Valencia. Supliendo al virrey en sus largas ausencias: fiestas, cace-
rías o atendiendo a sus particulares señoríos de Jadraque, Manzanera,
Jérica o Viver, quedaba el viejo Jeroni de Cabanyelles, señor de
Benisanó. Por encima de ellos estaba todo el engranaje del gobierno de
la Monarquía: los secretarios, el príncipe que regía los territorios hispá-
nicos en ausencia de su padre y, el propio césar, quien a pesar de la dis-
tancia —pues en estos tiempos casi siempre anduvo por Europa—, siem-
pre se mostró informado de los asuntos españoles.
Este es el cuadro en el que se inserta la sociedad valenciana de la
época. Una sociedad falta de un proyecto colectivo; una sociedad en la
que cada una de las partes —estamentos— trataba de obtener su parti-
cular beneficio; una sociedad seriamente amenazada por un encadena-
miento de conflictos internos que se veía incapaz de encontrar solucio-
nes, precisamente por las contradicciones en que se hallaba sumida.
Sobre lo que fue esta sociedad, sus límites, sus roces con las diversas es-
feras de poder, sobre la minoría morisca que trataba de sobrevivir, es so-
bre la que este libro trata de profundizar. No es éste un ejercicio de me-
ra erudición, pero tampoco es un libro amable. La reflexión sobre las
interacciones entre la sociedad y el poder, entre las aspiraciones de los
diversos sectores sociales y cómo actuaron sobre ellos las diversas ra-
mificaciones del poder real, exige un sacrificio por parte de la presunta
lectora o lector quien, a mayor abundamiento habrá de suplir, en un es-
10
fuerzo complementario, las limitaciones del autor. Pensamos, no obs-
tante, que el esfuerzo de sumergirse en esta época de nuestra historia
merece realizarse cuando la recompensa es, quizás, una mayor com-
prensión de las limitaciones y posibilidades de la Valencia que se yergue
sobre el siglo XXI.
Sólo me queda la obligada referencia a los agradecimientos que, en
ningún caso me gustaría que se confundiese con una mera nómina de
corteses cumplimientos. Un libro nunca es una aventura enteramente
individual; más aún, este. En primer lugar —puesto que se trata de un
libro de historia sigo el orden cronológico— el total reconocimiento a mi
maestra, la doctora Emilia Salvador, de quien partió la idea original y a
quien tanto debo: sus sugerencias, estímulo constante e inestimable ayu-
da; a Gonzalo Gil, técnico del Archivo Municipal de Valencia y a los anó-
nimos funcionarios que a lo largo de tantos años me han atendido en los
diversos archivos; a Miguel Navarro Sorní por la bibliografía facilitada;
a mi amigo Francesc B. Salas por haberme servido durante tantos años
de lazarillo en el laberinto informático; al profesor José Luis Villacañas
por su decidido apoyo e impulso a los estudios sobre el pasado valen-
ciano; a la Biblioteca Valenciana por la edición de este libro y, a mi mu-
jer, como ya he dicho en alguna ocasión, por todo. Para mi absoluta y
particular incumbencia quedan los defectos y limitaciones de esta obra
que la lectora o lector tiene en sus manos y a quien apelo en demanda
de benevolencia y paciencia.

Burjassot, septiembre del año 2001


EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
ABREVIATURAS 11

ACA: Archivo de la Corona de Aragón.


ACV: Archivo de la Catedral.
AGS: Archivo General de Simancas.
AMV: Archivo Municipal de Valencia.
Ap. doc.: Apéndice documental.
ARV: Archivo del Reino de Valencia.
BVNP: Biblioteca Valenciana, fondo Nicolau Primitiu.
f.: folio.
ff.: folios.
leg.: legajo.
p.: página.
pp.: páginas.
S.: Siglo.
s.: sueldo.
S. A.: su Alteza.
S. M.: su Majestad.
t.: tomo.
vº: vuelto.
Vid.: véase.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
13
CAPÍTULO I

LAS INSTITUCIONES DEL REINO:


GENERALIDAD Y JUNTA DE ESTAMENTOS

La imagen de un emperador preocupado y ocupado por sus asuntos


europeos, discurriendo por un itinerario errante que cruza todos los ca-
minos de Europa en una lucha continua e inacabable con sus inconta-
bles enemigos como don Quijote en pos de su Dulcinea, puede llevar a
la presunción, equivocada, de que algunas de sus posesiones, como el
reino de Valencia, puede quedar al margen de la política imperial, del
entramado de intereses que el césar entreteje para conseguir su ansiado
imperio cristiano universal. Ahora bien, estas pretensiones de universa-
lidad no implican un desconocimiento de lo que ocurre en sus territo-
rios: bien al contrario, siguiendo el ejemplo de su abuelo Fernando, la
habilidad del primer monarca Habsburgo consiste en edificar un entra-
mado de poderes y contrapoderes que permitirá controlar y hacer pre-
valecer la voluntad real hasta en el último rincón del imperio. Este sis-
tema de dominio, legado del césar, permitirá que, más allá de la aptitud
o ineptitud de los sucesivos monarcas, el imperio o, si se prefiere, la do-
minación hispánica, perdure en el continente americano, por ejemplo,
hasta los inicios del siglo XIX.
Debido a estas exigencias imperiales, sobre el territorio valenciano se
precipitaban, a modo de cascada, multitud de instituciones emanadas
del poder real que permitían el ejercicio de una autoridad efectiva en es-
te ámbito. Ahora bien, el poder, no obstante su carácter autoritario, ne-
cesitaba un cauce de representación de los intereses más o menos gene-
rales que, se suponía interesaban a los habitantes del país valenciano. Es
evidente que esta máxima representación del reino la ostentaban los
brazos reunidos en las Cortes. Ahora bien, el problema deviene cuando
se trata de dilucidar cuál era el organismo que se erigía en la voz del rei-
no entre las asambleas. La cuestión mirada desde una óptica aragonesa
o catalana puede parecer simple, ya que los diputados elegidos para las
Cortes conservaban su poder hasta la legislatura siguiente, y a ellos
14 competía la defensa de los fueros y constituciones de su reino o princi-
pado. En Valencia, sin embargo, la cuestión es mucho más compleja al
ser dos las instituciones que pueden arrogarse la representación del rei-
no entre las Cortes. Generalidad y Junta de Estamentos intervenían, de
hecho, en aquellos momentos, en diversas facetas como portavoces del
territorio. Aunque no sería sino más tarde cuando se desataría abierta-
mente la pugna entre ambos organismos, durante el reinado del empe-
rador, no puede decirse con los datos hallados, sino que hubo una coe-
xistencia entre las dos instituciones.
Para estudiar las relaciones que la Generalidad y los estamentos man-
tuvieron con el poder central y el poder territorial, así como el límite de
las actuaciones de cada uno de ellos, hasta donde ha sido posible esta-
blecerse, y siempre partiendo de la provisionalidad de unas conclusio-
nes basadas en una contundente parquedad de datos, se ha abordado, en
primer lugar el origen y la misión de estas instituciones. Para adentrar-
se y deslindar el problema de las competencias, se ha observado la fun-
ción de la Junta y la Diputación ante una convocatoria del regente
Cabanillas para asuntos de defensa o moriscos y se ha comprobado la
coordinación entre instituciones para salvaguardar la percepción de de-
rechos. Asimismo, se ha analizado el comportamiento de los estamentos
y la Diputación ante los problemas que planteaba la defensa, la jerarquía
eclesiástica, la administración de justicia o los moriscos. Finalmente, se
examina el protagonismo de los diputados en relación con las atribu-
ciones de la doctrina foral y se establecen las consideraciones globales,
conviene recordarlo una vez más, para una época precisa y con una ba-
se precaria de datos.
Asimismo, en este capítulo se abordan los diversos aspectos defensi-
vos, cuestión esta tuvieron que solventar las dos principales institucio-
nes representativas del reino, así como otros organismos que, específi-
camente, fueron creados para colaborar en las tareas defensivas. La es-
trategia defensiva del reino pasaba por la protección de la costa, la cual
podía ser activa (construcción y sostenimiento de una flota de galeras)
o pasiva (construcción de una serie de baluartes defensivos a lo largo del
litoral). En cualquier caso, más allá de las opciones el territorio valen-
ciano, dada su particular geografía, abierto en arcos sucesivos a la cos-
ta del Magreb, fue escenario de numerosos encuentros hostiles, así co-
mo del activo intercambio de personas, mercancías y dinero que cons-
tantemente se produjo con el lado de allá. De ahí que en sucesivos apar-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
15
tados se intente una aproximación a la política defensiva del reino, las
galeras la batalla de Argel y la financiación del esfuerzo bélico, aspectos
todos en los que las instituciones valencianas tuvieron un papel prota-
gonista.

1.1. ORÍGENES, FUNCIÓN Y COMPETENCIA


DE LAS INSTITUCIONES

Ciertamente se hace difícil establecer una línea divisoria nítida entre


las competencias de la Generalidad y la Junta de Estamentos, pues el he-
cho de que ambos organismos desenvolviesen sus actividades simultá-
neamente, no implicó un solapamiento de funciones. Parece confirma-
do el hecho de que la Generalidad se ocupó básicamente de cuestiones
pecuniarias. Y en ese campo encontró el apoyo y protección de la Junta
de Estamentos. Esto puede demostrarse con las acciones emprendidas
por esta última institución ante la exportación de la seda, de moneda y
metales preciosos o de la repulsa ante el regente Urgellés, por citar unos
ejemplos. En efecto, cuando estas instituciones ven amenazados los in-
tereses de los grupos sociales a los que representan (patricios y oligar-
cas de los diversos estamentos), ya no hay rivalidad institucional, sino la
unión de esfuerzos y convergencia de actitudes y fines para lograr la
neutralización de la amenaza común. Cuando ambos organismos se
ocupaban de un mismo tema, como podía ser la defensa, cada uno de
ellos abordaba una faceta distinta. Si en el campo militar recaía sobre la
Generalidad el aspecto logístico, tanto de armas como de sustento eco-
nómico, a la Junta de Estamentos correspondía tratar con el virrey el
planteamiento general de la cuestión defensiva; la “dirección política”,
si es que se puede aplicar esta locución extemporánea. En otras ocasio-
nes, llegaron a incidir sobre un mismo asunto concreto, como fue la re-
acción ante las actuaciones del comisionado Urgellés tratando de poner
orden y concierto en las finanzas del reino. En esa ocasión concreta que
puede considerarse modélica, la coordinación entre las actuaciones de
los estamentos y la Diputación es total.
Porque, efectivamente, una característica propia de la Junta de
Estamentos es que a ella le corresponde tratar con el virrey de aquellos
asuntos que conciernen al reino; sean las mencionadas cuestiones de-
fensivas, las diversas facetas de la cuestión morisca, o las relaciones con
la cúpula de la jerarquía eclesiástica o judicial. El momento más inten-
16 so que en ese sentido vivió esta institución correspondió sin duda a la
convocatoria y desarrollo del Parlamento de Alzira, en que la Junta pug-
nó directamente contra la autoridad del virrey, aunque luego hubo de
matizar sus actuaciones ante el príncipe. No obstante, la Diputación
también mantuvo relaciones con el poder central. Las embajadas que se
han expuesto en el párrafo relativo al protagonismo de los diputados, no
hacen sino confirmar las anteriores aseveraciones, ya que dichas emba-
jadas se organizan por cuestiones de su estricta competencia, como
complemento de las iniciativas de la Junta o bien porque consideran le-
sionados los intereses, no tanto de la institución sino de los propios di-
putados. En cualquier caso, parece que la ostentación y el fasto no es-
tuvieron ausentes de los diputados cuando organizaban sus comitivas
ante las autoridades.
Una última simplificación de los términos podría indicar que mien-
tras a la Generalidad le incumbían tareas de infraestructura, sobre todo
en el campo económico, con todo el boato y dignidad que a sus repre-
sentantes les correspondía, la Junta de Estamentos se relacionaba más
con las cuestiones políticas que afectaban al reino y, que debía debatir
ante el virrey o, el gobierno central.
Hasta este momento se ha hecho uso del término “representación” en
referencia a los organismos que en diversos momentos aspiraron a ma-
terializar el simbolismo del reino. Pero conviene matizar que, ninguna de
las instituciones en litigio era, en sentido estricto, la representante del
reino, ni podía serlo. Los grupos eclesiástico y militar, obviamente se re-
presentaban a sí mismos, no a la gente que vivía en las baronías de ju-
risdicción eclesiástica o señorial. Quedaba el sector real: cuando se tra-
taba de las Cortes acudía el brazo real con emisarios de las distintas vi-
llas y ciudades reales y, en el caso de los estamentos solamente acudían
los de la ciudad de Valencia, pero en cualquier caso, no se trataba de de-
legados del pueblo, sino de las oligarquías dominantes en las diferentes
ciudades y villas reales como ya habrá ocasión de ver. Estos grupos vela-
ban, en la mayoría de las ocasiones, por sus propios intereses e, incluso
en las Cortes, lo que realmente se ventilaba era el pago de un subsidio al
rey (que, por supuesto no costeaban los delegados en las Cortes sino, es-
ta vez sí, el pueblo llano) y la confirmación o concesión por parte del rey
de viejos y nuevos privilegios. De ahí que las diversas instituciones cons-
tituidas por estas corporaciones difícilmente pudiesen representar algo
más que los intereses de las minorías que las componían.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
17
***

La guerra que en la segunda mitad del siglo XIV dirimieron los mo-
narcas aragonés y castellano, conocida como “la guerra de los Pedros”,
obligó a Pedro el Ceremonioso a convocar Cortes sucesivas para obtener
donativos con que financiar la contienda. Aprovechando la crítica si-
tuación, las Cortes pugnaron para conseguir que los nuevos gravámenes
viesen ampliada la base de los contribuyentes, así como su control. En
las Cortes de Monzón de 1362-1363, dada la urgencia de dinero y la crí-
tica situación política, la asamblea pudo obtener la creación de un nue-
vo impuesto indirecto, así como la fundación de un órgano para su ges-
tión. En estas Cortes, además del fuerte subsidio ofrecido de 250 000 li-
bras, aparecía uno nuevo cuya cantidad dependendería de lo recaudado
a través de las nuevas gabelas creadas; su nuevo nombre era
“Generalitats”1.
El producto de los nuevos impuestos no iría directamente a la real
hacienda; antes bien, sería repartido entre los estados de la Corona de
Aragón, de acuerdo con las condiciones establecidas en las generali-
dades. Los encargados de dar cuenta de la gestión de las cantidades
percibidas eran los diputados. Estos eran elegidos por las Cortes; de-
biendo elegir cada brazo a los que posteriormente serían designados
como tales. Los diputados, no sólo debían cobrar y administrar los im-
puestos, sino también asoldar jinetes, transportar máquinas de guerra,
tramitar correos, despachar embajadas y, en definitiva, aprestar todos
los medios necesarios para la defensa2. El estado del patrimonio real
en los inicios del siglo XV obligó a los monarcas a mantener el nuevo
organismo como medio de obtención de recursos financieros. Tras sal-
var los años del interregno 1410-1412, la Generalidad se vio consoli-
dada, alcanzando su legitimidad como órgano permanente en el año
14183. Esta institución alcanzó competencias que sobrepasaban el ám-
bito económico: la pacificación
interna, la defensa del sistema fo-
ral, las relaciones exteriores, la
1
MUÑOZ POMER, Mª Rosa, Orígenes de la resolución de conflictos fronteri-
Generalidad Valenciana,Valencia, 1987, p. 55-57.
2
zos, la defensa del comercio, la
MARTINEZ ALOY, J. La Diputación de la
Generalidad del Reino de Valencia,Valencia, 1930, p. 146. intervención en la problemática
3
ROMEU ALFARO, Silvia, Les Corts Valencianes, del reino inclusive las luchas no-
València, 1985, p. 165. biliarias, eran poderes que, aun-
18 que las Cortes no le habían asignado, el nuevo organismo había asu-
mido de hecho4.
Durante la época foral moderna, la Generalidad continuó su activi-
dad recaudatoria y aumentó considerablemente su burocracia: los fun-
cionarios, el endeudamiento y los gastos inherentes a la manutención de
la compleja maquinaria institucional. De este modo el mencionado or-
ganismo alcanzaba una dimensión política que, justo en los albores de
la Edad Moderna, iba a a ser erosionada, tanto por instancias superio-
res del poder central, como desde el interior del reino. No fue ajeno al
menoscabo político de la entidad el propio rey Católico quien, en suce-
sivas misivas, fue revocando los privilegios que había disfrutado la Casa,
como la libertad de elección de los oficiales de la Generalidad o la im-
posición de los arrendatarios de los derechos, entre muchos otros. Los
privilegios que, posteriormente obtuvo, cuando el monarca necesitó un
fuerte subsidio para la conquista del litoral africano fueron, en gran me-
dida, una reproducción de los anteriores5.
Entre los capítulos otorgados por Fernando de Aragón referentes a la
Diputación, se hallan los “Actes de Cort de la insaculatio per a les elec-
cions de deputats comptadors: clauari e administradors del General del
Regne de Valencia per lo stament militar offerts”, así como la “Rubrica de
la restitucio de la eleccio de deputats e comptadors a les ciutats e viles re-
als”. Con ello restituía a los mencionados brazos la capacidad de elección
de los cargos en la Generalidad mediante el sistema de insaculación para
el brazo militar6. Pero el sistema de elección de diputados era autónomo
sólo en apariencia, pues, quien decidía quiénes eran los que debían ser
elegidos, no eran estrictamente los implicados, sino el príncipe Felipe,
quien en ausencia de su padre, el césar Carlos V, permanecía en la penín-
sula ostentado, entre otros cargos, el de gobernador general de la Corona
de Aragón. Era él quien dirigía a su virrey, el duque de Calabria, la men-
cionada nómina de elegibles ya
confeccionada en exclusividad. El
4
MUÑOZ POMER, Mª R. Orígenes de la virrey, a su vez, debía entregar la re-
Generalidad..., pp. 366-388. lación o “ceda” a los diputados pa-
5
MARTINEZ ALOY, A. La Diputación..., pp. 268 y ra que procediesen, según el siste-
271. ma acostumbrado, a la insacula-
6
BELENGUER CEBRIA, Ernesto, Cortes del reinado
de Fernando el Católico Valencia, 1972, pp. 157-162.
ción de los nombres aquellas perso-
7
Notificación al virrey: ACA, Cancillería, 3984, f. 5vº; nas que optaban a la elección de di-
Valladolid, 16 de diciembre, 1544. Comunicación a los putados y oficios7. A este respecto
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
19
había dos listas, una para nobles y, otra para caballeros y generosos; asi-
mismo, se incluían militares de diversos municipios del país.
Si bien desde el poder central los propios monarcas habían intenta-
do menoscabar la dimensión política de la Generalidad, también desde
el interior del reino su faceta de organismo representante del reino se
vio contestada por otra institución que había ido asumiendo la voz del
reino entre las asambleas: era la Junta de Estamentos.
Este organismo había empezado a funcionar ya en anterioridad a
Fernando el Católico, aunque su funcionamiento no quedó establecido
sino hasta el reinado de Felipe II. A diferencia de lo que ocurriría más
tarde, en que las juntas debían contar con el “expresso consentimiento
de Su Magestad”8, durante el reinado de Carlos V las reuniones se cele-
bran según la necesidad de los intereses de los propios estamentos. En
ocasiones la Junta se reúne por expreso deseo del príncipe, caso de la
convocatoria del Parlamento de 1544, que derivó en una auténtico pul-
so entre el virrey y la Junta. En efecto, esta convocatoria fue aprovecha-
da por estos portavoces terrioria-
les para obtener el reconocimiento
diputados: Ibidem f. 5vº. Los nobles cuyos nombres apa-
de su peso específico como orga-
recían incluidos en la ceda eran: don Françes Juan, señor nismo representante del reino9. En
de Benifaraig; don Juan—-; don Luys Muñoz; don Jaume otras ocasiones, es el mismo prín-
García de Aguilar, olim don Berenguer Martí de Torres; cipe quien sugiere al virrey que
don Francisco de Villarrasa; don Ximen Pérez de trate con los mencionados esta-
Calatayud; don Pedro Boïl; don Francisco de Castellví.
mentos los asuntos de interés que
En cuanto a los caballeros y generosos: mossen Enrich,
Miguel Juan de Blanes, Baltasar Esplugues, mossen Pere afectan al reino.
Rochamar de Xàtiva, mossen Juan Guilart de Morvedre, En cuanto a la composición de
mossen Federich de Penarroja, en Jaume Sanramón, la Junta, en el estamento religioso
mossen Jeronimo Gacull, mossen Nofre García, micer intervenían las voces propias de la
Diego Ystella, mossen Françes Juan Sanctescreus. sede valenciana; posteriormente,
Gaspar Ruiz de Oriola, Jerónymo Torrellas de Xàtiva,
Jaume Ortiz de Oriola (Ibidem, f. 6-6 vº).
para dilucidar quienes asistían a
8
MATHEU Y SANZ, Lorenço Tratado de la celebra- las reuniones de la Junta por dicha
cion de Cortes Generales del Reino de Valencia. Valencia, corporación, el brazo eclesiástico
1982, pp. 126-127. logró que una disposición de las
9
MARTÍ FERRANDO, J. El poder sobre el territorio. Cortes garantizase que todas las
Biblioteca [Link]ència, 2000, p. 308 y ss.
10
voces del mencionado organismo
CISCAR PALLARES, E. Las Cortes valencianas de
Felipe III,Valencia, 1973, capítulo XXII. El mecanismo de gozasen de un procurador perma-
delegación se basaba en el capítulo CCLXV de las nente en la ciudad de Valencia pa-
Cortes de 1585. ra asistir a las sesiones10. El esta-
20 mento militar estaba conformado, según consta en las actas propias de
sus deliberaciones por los nobles y generosos residentes en Valencia
que tenían facultad para formar parte de él; aunque para asistir a las
reuniones y salvar el mandato del principio de unanimidad, elegían de-
legados por medio de “electores” y “examinadores” o por el síndico del
propio estamento aconsejado por dos nobles y dos generosos o caballe-
ros11. Por lo que se refiere al estamento real estaba integrado por el ra-
cional, los jurados y el síndico de la ciudad de Valencia, sin que hubie-
se más intervención de los demás municipios de jurisdicción real del
país12.

***

El hecho de que dos organismos podían arrogarse la representativi-


dad del reino en el período entre sesiones de Cortes plantea el problema
de las competencias. La pugna entre las instituciones no se resolvió ní-
tidamente ni en el ámbito jurídico ni el plano de la realidad. La polémi-
ca estaba servida; autores de la época foral ensalzarían una u otra insti-
tución en aras de su propia filiación. Escolano y Lorenzo Matheu, como
cualificados representantes de sus instituciones, argumentaron a favor
de la Generalidad y de la Junta de Estamentos, respectivamente. Así,
Escolano, como cronista del reino a cargo de la Diputación, atribuiría a
la Generalidad la función de portavoz del reino entre las Cortes, pero di-
cho planteamiento sería puesto en duda por Matheu y Sanz quien, co-
mo jurista y como miembro del estamento militar, aduciría que las
Cortes nunca le habían adjudicado a la Generalidad una función signi-
ficativa del reino, pues:

“En Valencia los Oficios de Diputados se instituyeron para cobrar, y admi-


nistrar los derechos del General, y jamàs se les ha concedido jurisdiccion, ò
poder para otra cosa, con que no pueden tener representacion del Reino pa-
ra mas”13.

En consecuencia, es a los esta-


mentos a quienes les corresponden
11
todos los honores y preeminencias
Esta segunda opción era la más usual. MATHEU
Y SANZ, L. Tratado de la celebración..., p. 129. del reino fuera de las Cortes. A
12
ROMEU ALFARO, S. Les Corts..., p. 167. ellos compete la representación del
13
MATHEU Y SANZ, Tratado..., p. 118. reino entre las asambleas:
EL IMPERIO DE CARLOS V
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INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
“Los estamentos aunque no tenga tan cabal representacion del Reino, como 21
en las Cortes, tiene esta forma de juntarse la necessaria para tratar, y resol-
ver quanto no se oponga à los fueros”14.

El hecho de que a finales de la época foral aún colease la polémica,


convierte en baladí el intento de averiguar cuál de los organismos era el
preeminente en la primera mitad del siglo XVI; momento que, por otro
lado es todavía demasiado incipiente para poder realizar afirmaciones
categóricas en este sentido. Cabe, no obstante, discernir si se había lle-
gado a un cierto reparto tácito, no escrito, de los asuntos o competen-
cias para cada una de las instituciones. A falta de estudios científicos
que delimiten las jurisdicciones estrictas de la Generalidad y la Junta de
Estamentos, a continuación se analizan sus actuaciones, con el fin de
discernir hasta qué punto fue preponderante una u otra de las institu-
ciones en función de las respuestas halladas a través de la documenta-
ción general utilizada.
Una primera aproximación puede ofrecérnosla una citación que el
regente de la lugartenencia, Jeroni de Cabanyelles, efectuó en el otoño
de 1547 a ambas instituciones. Aunque no consta de manera explícita
el tema, la urgencia de la convocatoria y la referencia; dada la urgencia
con que el regente había tratado de reunir a los estamentos, y su refe-
rencia a “lo desesperado de ver los enemigos en casa y no hallar forma
como hecharlos”, debía de tratarse de una cuestión morisca o pirática15.
Con todo, el tema es una cuestión secundaria; como también lo es el he-
cho de que los religiosos y los militares tuviesen problemas para acudir
a la reunión convocada por el regente. Lo importante de estas citas, es
que denotan el funcionamiento de ambas instituciones. Convoca a los
estamentos y convoca a los diputados, de lo que se colige el funciona-
miento simultáneo de ambas instituciones: Generalidad y Junta de
Estamentos. Las referencias de Cabanyelles muestran el funciona-
miento autónomo de ambos organismos, con autonomía y competen-
cia propias en un mismo momento. Cuando el regente cita a los dipu-
tados, lo ha hecho, consciente o
no, en un plano secundario: “tam-
14
bien he junctado a los diputados”.
Ibidem…, p. 126-127.
15
La segunda parte del comentario
El regente Jerónimo Cabanillas al duque de
[Link], Estado-Aragón, 300, f. 134;Valencia, 23 de indica la finalidad con la que ha-
noviembre, 1547. bía convocado a los miembros de
22 la Generalidad: “y dizen claro que no tienen hun real ni le pueden dar
con lo que hagora han hecho en las cortes”. Este párrafo es muestra de
lo que parece va a ser una constante en el funcionamiento de la
Generalidad: el suministro de recursos económicos. La Junta, al con-
trario, se perfila como órgano de dirección política o, cuanto menos,
decisorio en lo que puede ser competencia de los erigidos como repre-
sentantes del reino. Ahora bien, conviene matizar que Jeroni de
Cabanyelles mantuvo una particular disputa con el estamento militar,
con motivo de la pretendida sucesión de su hijo, Jeroni de Cabanyelles
menor, en el cargo de “portantveus de general governador”.
Otro campo en el que puede apreciarse cómo interactuaban las men-
cionadas instituciones es el de la exacción de tributos. En este campo la
Generalidad tuvo un protagonismo indiscutible. Recaudaba todos los
derechos que le eran propios, entre otros el de la exportación de seda.
Los regnícolas, tanto en las Cortes como en cualquier otra situación,
siempre se mostraron celosos de la correcta percepción de los impues-
tos pertenecientes a la Diputación. Los diputados, dos por cada uno de
los brazos de las Cortes, eran quienes se encargaban de averiguar la can-
tidad que la institución podía aportar como contribución al servicio
ofrecido al monarca, y la cifra que podía cargar a censal. Sin embargo,
en las Cortes de 1542, una disposición encomendaba el gobierno de la
recaudación de las 110.000 libras del servicio a una comisión formada
por representantes de los tres brazos.
La Junta de Estamentos nunca tuvo, al menos en este período, una
fuenta de ingresos propia como la pudo tener la Generalidad. Antes al
contrario, los estamentos eran conscientes de que los intereses econó-
micos del General eran los suyos propios, por lo que siempre se mos-
traron celosos de su conservación o aumento. Ante conflictos concre-
tos que podían suponer una mengua de ingresos para la Generalidad,
los estamentos apostaron por defender los derechos de la Diputación,
caso del conflicto surgido ante la exportación de la seda o monedas de
metales preciosos. Ahora bien, el hecho de que la Junta no contase con
una estructura propia para la percepción de derechos, no implicó que
renunciase a su papel de control político en este campo. Al resolver las
Cortes que una comisión de los brazos debía supervisar la exacción del
servicio, se estaba superponiendo a la Generalidad un organismo de
control que le restaba protagonismo en aras de los propios estamen-
tos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
23
La defensa fue uno de los cometidos que, desde un principio, fue
asignado a la Generalidad. Escolano explica la participación de este or-
ganismo en las tareas de defensa, resaltando el respaldo económico que
la Diputación prestaba a la guarda del reino:

“De la Diputacion y su gouierno depende la casa de las Armas (...). Hay en


ella vna vniversal armeria compuesta del dinero del General, sin que falte ar-
ma ofensiua ni defensiua de las modernas...”16 .

Ciertamente, los diputados se mostraron celosos del aparejo técnico


de la defensa. Ante el peligro de que unas piezas de artillería que se ha-
bían desembarcado en Alicante, los diputados habían tratado de organi-
zar una embajada de dos personas para tratar el asunto con su Majestad.
Ello motivó la inmediata reacción de los reyes de Bohemia, lugartenien-
tes generales del emperador en España, quienes escribieron al duque de
Calabria para que trabajase en desanimar a los delegados de la
Generalidad de su viaje, y en el caso de que ya hubieran partido, debería
enviar un correo para detener la comitiva17. Los reyes no sólo escribieron
al virrey: también lo hicieron directamente a los diputados, dándoles ins-
trucciones concretas para disuadirles de su proyectada marcha18.
Ahora bien, el orgullo que el cronista del reino sentía por la Casa de
Armas “que sin encarecimiento, es la mas hermosa, mas llena, y mas lu-
zida de toda España”, no implicaba una correlación estricta del prota-
gonismo político de esta institución en la dirección de las funciones de-
fensivas; la cual fue, compartida con la Junta de Estamentos. La inje-
rencia de este organismo en las cuestiones militares queda reflejada in-
directamente en las quejas que diversos personajes acusan de la poca co-
laboración que los miembros de esta institución prestan a la defensa del
reino. El comisionado que había llegado a Valencia para dirigir las obras
de la defensa se quejaba del “mal
aparejo de los stamentos deste
16
ESCOLANO, G. Décadas de la Historia de Valencia. reyno, no pudiendo sacar fructo
Valencia, 1611-1972; libro V, columna 1089. ninguno dellos”19, y también el vi-
17
ACA, Cancillería, 3991, ff. 28 vº-29 vº;Valladolid, 22 rrey lamentaba por este motivo:
de mayo, 1549. “se ha hecho y haze todo lo possi-
18 Ibidem, f. 29 vº.
19
ble, ahunque con tan poca ayuda y
Al “muy alto y poderoso principe y señor” AGS,
Estado-Aragón, 287 f. 194;Valencia, 23 de julio, 1543. socorro destos estamentos que es
20
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 240;Valencia, 10 de di- verguença dezirlo”20. El hecho de
ciembre, 1543. que los brazos no se hubiesen mos-
24 trado en ocasiones entusiasmados ante la idea de colaborar material-
mente en la defensa, no implicaba que estuviesen desinteresados por el
asunto. Bien al contrario, el mismo príncipe daba órdenes al virrey pa-
ra que juntase los brazos del reino y, de acuerdo con ellos, diese las ór-
denes oportunas para la defensa del reino21.
Tanto la Junta de Estamentos como la Diputación gozaron de la esti-
ma del arzobispo y colaboraron en tareas de interés común. Los diputa-
dos elaboraron unos capítulos sobre el tema de los coronados, quienes
por tener las órdenes menores gozaban del amparo de la jurisdicción
eclesiástica, lo que acarreaba no pocos problemas de competencias. Los
estamentos, paralelamente, enviaban correo propio para solicitar del
emperador la permanencia del arzobispo en su jurisdicción, lo cual era
deseado vivamente por el prelado. Había sido iniciativa de los militares,
el tratar que todos los Estamentos se juntasen para conseguir que los de-
signios imperiales que intentaban llevar al prelado valentino a Trento no
tuviesen efecto. Ciertamente, creían ver en la figura del arzobispo, una
persona capaz de llevar la tranquilidad, la “paz” al reino, tanto en el te-
ma morisco como “de altres moltes coses”:

“Que sia merce de aquells revocar lo manament que es stat fet al


Reverendissimo arquebisbe de Valencia ab lo qual li es stat manat que partis
per al Concili, e aço per la molta necessitat que en te lo regne, aixi per a la vi-
sita dels novament convertits com de moltes altres coses que son necessaries
per al repos y custodia y exemple que que dona en aquesta ciutat e regne”22.

Consecuentemente, las relaciones entre la Junta de Estamentos y el


arzobispo eran lo suficientemente fluidas como para que éstos solicita-
sen el amparo de su prelado cuando creían amenazados sus intereses.
Intentaron la complicidad del mitrado de Valencia en su afán por des-
embarazarse del canciller, el abad Pastrana o, en su defecto, de los doc-
tores que le aconsejaban. Según los comentarios del virrey, el arzobispo
había logrado disuadirlos, dado
que su nombramiento se debía a
los intereses de su Majestad23. Con
21
AGS, Estado Aragón, 291, f. 172; Valladolid, 12 de todo, el arzobispo tendría oportu-
enero, 1544.
22
nidad de interceder por los esta-
ARV, Real Cancillería; Deliberaciones del Estamento
Militar, 523; f. 86-86 vº; 9 de junio, 1545. mentos: cuando estos se hallaban
23
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 61; Valencia, 11 de ju- enzarzados en su pugna con el re-
nio, 1541. gente de la Cancillería Onofre
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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25
Urgellés, el prelado avaló la embajada que habían organizado para pro-
testar contra las actuaciones del mencionado regente, intercediendo en
su escrito para que el príncipe los recibiese24. Los estamentos mostraron
su rechazo y recurrieron contra aquellos oficiales de la administración
de justicia que no consideraban acordes con sus intereses. El mencio-
nado regente Urgellés, el canciller y algunos doctores de la Real
Audiencia sufrieron el abierto rechazo de la Junta de Estamentos. Ahora
bien, la intervención de ésta en los asuntos de la justicia no se limitaba
a las manifestaciones de repudio. Fueron, en efecto, los estamentos
quienes se mantuvieron expectantes para impedir el quebranto de la le-
galidad con el nombramiento de consejeros o regentes extranjeros. Con
la partida de Onofre Urgellés al Consejo de Aragón se había corrido el
escalafón jerárquico de la Audiencia; el duque de Calabria deseaba in-
tervenir nombrando a un extranjero, aunque su empeño chocaba con
los intereses de los representantes de los regnícolas: “pero como los es-
tamentos del reyno no esten puestos por sus fueros en no consentir que
les entre extrangero...”25.
Los estamentos no se limitaron a intervenir en el nombramiento de
oficiales de justicia: también recurrieron cuando lo creyeron oportuno
las sentencias de los tribunales. Los reyes de Bohemia, regentes de la
monarquía hispánica, hubieron de consultar a su Majestad sobre la sen-
tencia que pendía en la causa de doña Anna Costa contra don Jerónimo
y don Pascual Ribot, en virtud del recurso que los representantes del rei-
no habían presentado al emperador por considerar que el fallo no se ha-
bía ajustado al ordenamiento foral. Estos, de hecho, habían conseguido
de su Majestad que se respetasen los fueros, correspondiendo la causa
principal a la jurisdicción real, y la matrimonial a la eclesiástica. En
consecuencia, Maximiliano y María notificaron al emperador cómo
habían obedecido sus órdenes en la causa de apelación, respetando los
fueros según la instancia de los portavoces del territorio, de modo que
quedaban esperando las nuevas
órdenes del emperador26.
24
“Humilmente supplico a vuestra Alteza los oya Los conflictos que la conviven-
con la clemencia y benignidad que suele” AGS, Estado- cia entre cristianos viejos y moris-
Francia, K-1707, f. 50;Valencia, 2 de febrero, 1548.
25
cos suscitaba, exigía de una direc-
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 48; Utiel, 29 de enero,
1546. ción política que encaminase la
26
ACA, Cancillería, 4281, f. 191-191 vº;Valladolid, 30 coexistencia en torno a los intere-
de junio, 1550. ses que las oligarquías urbanas,
26 aristocráticas o religiosas considerasen. De ahí que la Junta de
Estamentos asumiese de hecho la representación del reino en este con-
flicto. Los interlocutores del virrey para tratar del problema de las fugas
de los moriscos habían sido los propios estamentos. Como la cuestión
era interminable, la Junta tuvo diversas ocasiones de intervenir en ella.
No puede obviarse la resolución que en enero de 1543 habían tomado
para enviar una persona ante el comendador mayor de León con el fin
obtener el perdón para los nuevos convertidos. Esta embajada habría
podido quedar reseñada como una entre tantas que los valencianos acos-
tumbraban a enviar a la corte, pero aquello que la singulariza es la acti-
tud que el virrey tomó y que ejemplifica su relación con los estamentos.
El hecho en sí es sencillo: ante la próxima visita de un emisario a
Valladolid, el duque de Calabria notifica las intenciones, ya menciona-
das, de obtener el perdón de los moriscos, pero avisando de que no se pu-
blicase ninguna resolución hasta la llegada del emisario. De ese modo, la
determinación que el poder central había tomado sobre el asunto sería
anunciada como una concesión a los representantes del reino y podría
afirmar a los valencianos que su Majestad aceptaba a cambio de las con-
traprestaciones que le pareciese, al tiempo que los representantes de los
valencianos quedarían contentos de pensar que lo habían conseguido
con su negociación: “porque desta manera creheran todos que tal es la
voluntad determinada de su Magestad conforme a la qual se encamina-
ra lo que mas cumple a su servicio”27. En otra ocasión los estamentos di-
rigieron sendas misivas al emperador para tratar de obtener el perdón
para los nuevos convertidos, ya que pensaban atajar las deserciones con
la pacificación y quietud de los moriscos. Asimismo, presentaban a Joan
Aguilón como su embajador ante el monarca para exponer más cumpli-
damente el asunto28. Las cartas y embajada que los estamentos enviaron
cabe el emperador surtieron efec-
to, al menos en el reconocimiento
27
A Cobos. AGS, Estado-Aragón, 287, f. 286;Valencia, de ser ellos los interlocutores váli-
31 de enero, 1546. dos del virrey. Esto es lo que se
28
“Los del bras y stament ecclesiastich” AGS, desprende de las instrucciones que
Estado-Francia, K-1706, f. 105,Valencia, 15 de abril, 1546; posteriormente tramitó al duque.
Estamento militar de Valencia, Ibidem, f. 109,Valencia, 16 En ellas le indicaba que procurase
de abril, 1546; “Los jurats de Valencia”, Ibidem, f. 110,
Valencia, 16 de abril, 1546.
con los estamentos para lograr una
29
AGS, Estado-Negociación de Alemania, 642, f. 103; solución que evitase la huida de los
Ratisbona, 2 de agosto, 1546. nuevos convertidos29.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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27
La Junta intervino en otros aspectos relacionados con los moriscos,
tales como el colegio de los nuevos convertidos, cuya puesta en funcio-
namiento se veía entorpecida por el problema de la ubicación; ya que el
obispado de Tortosa que también era sufragáneo del proyecto, preten-
día que el nuevo centro educativo se abriese en la comarca tortosina. La
reacción de los representantes valencianos fue la de lograr que el cole-
gio se abriese en el reino de Valencia. Mediante el correo expusieron al
príncipe que un colegio en Tortosa no contribuiría al adoctrinamiento
de los niños moriscos30.
Hubo también un problema de protagonismo. Para Matheu y Sanz
los diputados en Valencia nunca habían gozado del poder que habían te-
nido en Aragón o Cataluña. Según este autor, las visitas de carácter ce-
remonial ante el monarca, o el recibimiento de las visitas regias, corres-
pondía a los síndicos y electos de los estamentos31. Sin embargo, la
Generalidad no estuvo exenta de mantener sus propias embajadas y bo-
ato ante el príncipe en aras de un protagonismo, más de índole proto-
colario que real. En los finales de 1546 los diputados decidieron acudir
ante el príncipe para suplicar algunos asuntos concernientes a la Casa.
Cuando el virrey notificó al gobierno de la Monarquía esta embajada cri-
ticó los gastos que el viaje acarreaba y expuso sus gestiones para tratar
de disuadirles de un viaje tan costoso:

“Para lo qual estan puestos en hir tres diputados con sus offiçiales y mi-
nistros, que he echado la cuenta del salario que llevan y otros gastos y des-
pessas que hazen siempre que van camino, montaria por lo menos el gasto
que en este harian tres mil y quinientos ducados o çerca de quatro. Y ahun-
que yo he procurado lo que he podido en estorvarles este viaje paresçiendo-
me escussado y mucho mas la costa por ser grande, sabiendo quanto cum-
ple conservar el General para cosas que se offreçen del serviçio de su
Magestad, por no hauer en este rreyno cosa a que hechar mano en tiempo de
neçessidad sino del dicho General”32.

En la segunda parte del frag-


mento de la misiva del virrey se
30
AGS, Estado-Aragón, 303, f. 75;Valencia, 10 de abril, aprecia la concepción de la
1545.
31
Generalidad como fuente de re-
MATHEU Y SANZ, L. Tratado..., p. 128.
32
El duque de Calabria a “muy reverendo Señor”. cursos económicos del reino. En
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 75;Valencia, 4 de diciembre, cuanto a la embajada en sí, el du-
1546. que procuró que delegasen en un
28 síndico y que el príncipe les escribiese atendiendo a sus peticiones y des-
aconsejando el viaje para ahorrarle gastos a la institución. Don Felipe,
ciertamente, escribió desautorizando la comitiva, lo cual mereció los si-
guientes comentarios del virrey: “la hida de estos diputados se embarre-
ra y çesara como su Alteza lo manda”33.
Al igual que la Junta de Estamentos, la Generalitat también intervino
en las conversaciones que trataban sobre el cese de Onofre Urgellés.
Este comisionado había justificado su actuación violenta y extraforal
como único medio de obtener pruebas contra los oficiales reales co-
rruptos. La argumentación de los diputados ante el príncipe fue doble:
justificación, en aras del beneficio económico, el peligro que suponía pa-
ra el reino las pesquisas y molestias que se ocasionaba a los mercaderes,
así como la necesidad de expresar el autoboato, narrar los orígenes de
la institución y el beneficio que los censales suponían para el reino. La
misiva al príncipe daba cuenta de los poderes otorgados a Baltasar
Mascó como síndico del General para tratar que su Alteza reparase lo
que dicha institución consideraba como un “greuge”34.
En su intento por lograr que las piezas de artillería desembarcadas en
Alicante no fuesen trasladadas, los diputados habían intentado formar la
ya mencionada comitiva ante su Majestad. Maximiliano, además de es-
cribir al duque, también encomendó al obispo de Elna la tarea de disua-
dir el cortejo que consideraba como “fuera de razon”35. Ahora bien, con el
impedimento final del viaje ante el emperador, pues “sólo” habían com-
parecido ante Maximiliano y María, los diputados consideraron que se ha-
bían vulnerado los fueros y los privilegios promulgados en favor del
General y que les amparaban para acudir directamente a su rey, sintién-
dose perjudicados en sus derechos. En consecuencia, Maximiliano hubo
de explicar al virrey que su intención no había sido la de quitarles la li-
bertad de emprender el viaje y recurrir a su Majestad “lo que nunca ha si-
do ni es nuestra voluntad” , sino la de parar la embajada hasta saber la
causa de ella. Aun cuando es com-
prensible el doble lenguaje emplea-
33
El duque de Calabria al “muy reverendo Señor”. do ante los diputados, no deja de
AGS, Estado-Aragón, 301, f. 93; Valencia, 7 de enero, sorprender el hecho de que emple-
1547. ase semejante táctica ante el duque
34
AGS, Estado-Francia, K-1707, f. 49;Valencia, 2 de fe-
brero, 1548.
de Calabria, cuando las instruccio-
35
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 219; Valladolid, mayo, nes internas que anteriormente ha-
1549. bía cursado al virrey eran bien ex-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
29
plícitas: “procurareys por todas vias y formas que no vayan”36. Y era el vi-
rrey quien quedaba encargado para explicar a los diputados el porqué de
aquella decisión, así como de incitarles a que tuviesen

“cuydado de mirar por el bien y augmento de la Generalidad y de la exaction


de los drechos de aquella, certificandoles que en todo en lo que en nosotros
fuere pues no sea en prejuyzio o derogacion de la preheminencia de su
Magestad y buen gouierno y administracion de la Justicia, no dexaremos de
hazer todo lo que les convenga”37.

A raíz de las protestas de los diputados, el tono del regente general de


la monarquía había pasado a ser, ciertamente, conciliatorio con los di-
putados. Además de encargarle al virrey la ingrata tarea de justificar lo
difícilmente justificable, Maximiliano escribía directamente a los dipu-
tados en vernáculo:

“A XXII de maig scriuirem al duch don Fernando y bisbe d˘Elna per a que pro-
curassen que·s sobregues en la anada dels dits don Miguel y don Balthasar a
Flandes, y parassen fins que nosaltres, informats dels pretersos agravis, si era
cosa que la poguessem proueyr, remediassem, inferint de aço que per haver
scrit dites letres, y ser vinguts aci dits embaxadors vos haviem llevat la libertat
de recorrer a sa Magestat. E perque la voluntat ni intencio de sa Magestat ni
nostra no es estada ni es de llevarvos en res la facultat de venir y recorrer a ell
per totes coses licites y honestes, y si us escrivirem de aquella manera no fonch
a effecte de impedir la anada, sino de entendre la causa della per a remediar·ho
com ho havem remediat y excusar com havem excusat a aquella Generalitat
un gasto tant notable com se li recrexia d·esta anada”38.

El pavor que sentía Maximiliano, tanto a la embajada de los diputa-


dos primero, como al alcance de su descontento posterior, no se debía
tan sólo al loable hecho de recortar los gastos de una institución públi-
ca dirigida por unos diputados deseosos, ciertamente, de fasto y de au-
toboato. La reacción de Maximiliano fue similar ante todos los inten-
tos de creación de una comitiva para visitar al emperador. El rey de
Bohemia pretendía solucionar los
problemas domésticos en el seno
36
del ámbito peninsular, pues el he-
Ibidem, ff. 28 vº-29.
37
cho de acudir al emperador supo-
Maximiliano y la reina al “duci don Ferdinando”
ACA, Cancillería, 3991, f. 52 vº;Valladolid, 5 de septiem- nía, además de la lógica irritación
bre, 1549. del césar ante unos delegados de
38
Ibidem, f. 53-53 vº. un reino lejano que le interrumpí-
30 an en su tarea de forjador del imperio, la presumible certeza de que su
delegado en España no había sabido zanjar la cuestión, lo cual, real-
mente, sí era peligroso para Maximiliano. De ahí que el lugarteniente ge-
neral común, como en otras ocasiones, había intentado dejar bien claro
que, en ningún caso, se debía acudir ante el emperador. En este sentido
resulta muy esclarecedor el matiz que dicho regente general introduce
en sus primeras instrucciones al duque para frenar el viaje: no importa
tanto que se haga como que llegue a noticias de su Majestad que está
tramándose. Sus palabras, en este sentido, son muy elocuentes: “nos
desplazeria, y mucho mas a su Magestad si llegase a su noticia”39.
El protagonismo de los diputados del General no se circunscribía a
las cuestiones de protocolo. Los diputados, en tanto en cuanto eran ele-
gidos con carácter periódico y eran los gestores de la más formidable
institución generadora de recursos en el reino de Valencia, estaban so-
metidos a los rigores de las visitas de los jueces de residencia. Cuando el
regente Urgellés recibe la orden de reincorporarse al Consejo de Aragón
también debe llevar consigo la “platica de lo de la visita de la Diputacion
y General, de como se haura de hazer”40.

1.2. LA POLÍTICA DEFENSIVA EN EL REINO DE VALENCIA

Carlos V se creía llamado a mantener la unidad de la Cristiandad bajo


su gobierno imperial y a defenderla de los embates musulmanes. Ahora
bien, la política imperial preconizada por los humanistas de su corte o el
gran canciller Gattinara, iba a encontrar no pocas resistencias. La sólida
Francia se encontró cercada por la red de enlaces diplomáticos que astu-
tamente había tejido Fernando el Católico. De hecho, el imperio de Carlos
V presionaba a Francia por todas sus fronteras; al norte con los Países
Bajos y Artois, al este el Franco Condado, al sur España y el Mediterráneo.
Ante el cerco imperial, el rey Cristianísimo se encontró forzado a buscar
cualquier tipo de alianzas que le ayudasen a romper el asedio de los
Habsburgo, tanto en el Papado, como entre los protestantes o en el mis-
mo Turco. El papado, por su parte, receló en no pocas ocasiones del po-
der imperial que atenazaba los
Estados Pontificios, tanto por el sur
39
Ibidem, ff. 28 vº-29. Nápoles, como por el norte Milán.
40
Su Alteza al regente de Valencia. AGS, Estado- A mayor abundamiento, el empera-
Aragón, 303, f. 153; 28 de julio, 1548. dor reunía, heredadas o consegui-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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31
das, no pocas regalías de la Iglesia, tales como los nombramientos ecle-
siásticos o la jurisdicción. En otro ángulo de cosas, el papa recelaba de al-
gunos objetivos religiosos del césar, porque al intentar asegurar a sus va-
sallos protestantes por vías conciliatorias, podía apartarse de la ortodoxia
católica. Al problema suscitado por el protestantismo en Alemania, se su-
maba el político, el de la falta de efectividad de la política imperial por la
resistencia de los príncipes alemanes, quienes reafirmaban su propia in-
dependencia y la soberanía de sus estados. Carlos V se vio obligado a con-
temporizar con los protestantes en no pocas ocasiones, sobre todo, ante el
peligro turco que llegó a consumar una invasión de Austria. Ahora bien,
el protestantismo había devenido una organización política y militar y, si
bien la alianza con el papa y los recursos económicos de España propi-
ciaron la victoria de Mühlberg, la causa imperial no por ello consiguió im-
ponerse. En el otro extremo del Mediterráneo se había erguido otro im-
perio, el turco, que compartía con el de Carlos la pretensión de ubicuidad.
Por la cuenca del Danubio las tropas de la Sublime Puerta amenazaban
Viena y el imperio. En el mar, dada la lejanía entre ambas fronteras marí-
timas, podría parecer que el peligro era menor; pero el Turco encontró un
aliado inmejorable en el pirata Barbarroja, quien habiéndose declarado
vasallo del sultán, hostigaba las costas mediterráneas occidentales. Con
todo, la oportunidad de atacar directamente las costas españolas le vino
al sultán con la alianza con el rey Cristianísimo, la cual permitía que la
flota turca hibernase en Marsella.
La dispersión del imperio exigía de ingentes recursos para el sosteni-
miento de su defensa, no siendo extraños los aportados desde el reino
de Valencia. Si bien el césar estaba asistido por una potente infantería,
el poder marítimo era realmente frágil. Falto de marinos, de galeotes, de
astilleros —en decadencia los de Barcelona— y de madera para la cons-
trucción naval en los mares españoles, la defensa marítima de las costas
mediterráneas hispánicas se veía agravada porque gran parte de la pro-
ducción naval se desviaba hacia América. Carlos V concedió poca aten-
ción a las condiciones básicas de la situación marítima en España, re-
curriendo a contratos con navieros privados en lugar de formar una ar-
mada real permanente41.
Al contrario de la posición geo-
estratégica que presentaban los
41
LYNCH, J. España bajo los Austrias/1. Imperio y ab- otros estados de la Corona de
solutismo 1516-1598, Barcelona, 1987, pp. 104-105. Aragón, Valencia presentaba ex-
32 clusivamente una frontera marítima, y para su defensa contaba básica-
mente con sus propios recursos. En este caso, como en tantos otros, los
intereses del reino y del imperio eran dispares. El comentario de Román
Piña Homs sobre los diferentes modos de entender la defensa desde el
poder central o desde el territorio referidos al reino de Mallorca, pueden
extrapolarse enteramente a Valencia sin perder por ello un ápice de ve-
racidad: “Para el reino, no había mejor solución que la vigilancia per-
manente en aguas baleares. Para la monarquía, no había mejor sistema
que el de unas sólidas fortificaciones. En el primer caso el gasto recaía
en la Corona. En el segundo sobre las espaldas de los habitantes del rei-
no, que con sus impuestos debían atender los gastos de fortificación”42.
En efecto, no obstante las múltiples llamadas efectuadas desde el reino
de Valencia para que una flota permanente recorriese la fachada orien-
tal de la península, el gobierno central decretó que fuesen fortificados
los principales puntos estratégicos. El sistema de defensa pasiva motivó
no pocos castigos de las flotas enemigas en la costa valenciana43.

***

El emperador será quien decida, en función de los intereses imperia-


les, las disposiciones generales que afecten a la defensa del reino, sobre
todo en lo relativo a la cantidad que éste habrá de aportar al manteni-
miento del sistema bélico imperial. Asimismo, establecerá la aportación
de soldados y capital para la defensa del territorio valenciano. El prín-
cipe, como regente general de España, será el encargado de aplicar las
disposiciones globales emanadas de la política imperial; por ello, dis-
pondrá de los soldados y del armamento en función de las posibilidades
reales. El gobierno central contaba en el reino con la información espe-
cífica suministrada por los visita-
dores, así como por los comisiona-
42
“Las tensiones entre el reino de Mallorca y el po- dos destinados al efecto. Estos,
der central en la segunda mitad del siglo XVI” en formaban parte de las comisiones
Centralismo y autonomismo en los siglos XVI y XVII. establecidas para la defensa, y, ob-
Homenaje al profesor Jesús Lalinde Abadía. Barcelona, viamente transmitían al poder
1990, p. 347.
43
central las actas y opiniones sobre
Y no sólo los valencianos. En las Cortes de 1547
los catalanes solicitaron que seis galeras castellanas pa- dichas reuniones.
trullaran la costa. GARCIA CÁRCEL, R. Historia de En cuanto al virrey, atendía al
Cataluña. Siglos XVI y XVII. Barcelona, 1987; t. II, p. 56. nombramiento de capitanes para
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
33
la defensa de las villas y del territorio. Estos, sin embargo, solían ejer-
cer durante escaso tiempo su mandato, dado el eterno problema del
duque de Calabria para encontrar numerario con que satisfacer a los
capitanes. Asimismo, el lugarteniente general se ocupaba de la organi-
zación general de la defensa del territorio; a tal efecto, recorría el reino
acompañado de sus colaboradores. Encargaba tareas de defensa a los
oficiales reales, sobre todo de vigilancia y adiestramiento del personal
de defensa aportado por las villas. Se ocupó, igualmente de la distribu-
ción general de armas. En este campo, como en tantos otros, tuvo que
afrontar la escasez monetaria, puesto que las villas solían retrasar el pa-
go de las armas asignadas, además de sortear las dificultades añadidas
que resultaban de su transporte a través de los reinos y señoríos de la
península.
El virrey, como capitán general, tenía la responsabilidad de la de-
fensa del reino. Ahora bien, en su tarea no se hallaba solo: recibía in-
formes de los movimientos militares que se sucedían en los diversos
frentes que el emperador solía tener abiertos; tampoco le faltaba aseso-
ramiento, pues militares especialistas solían llegar comisionados para
inspeccionar las obras y las disposiciones defensivas. Y, en sentido in-
verso, también circulaba la información. Además de las misivas, que
con regularidad llegaban del virrey o su regente, la Administración cen-
tral destacaba personajes para que le enviasen informes sobre el estado
de la defensa en el país, aunque también encargaba informes específicos
a sus propios delegados habituales.
Como se ha comentado, el emperador y el príncipe mantenían in-
formado al virrey e, incluso, a los estamentos de los principales movi-
mientos de los enemigos del im-
perio, fundamentalmente, de las
44
armadas hostiles44. Asimismo, le
Además de los ejemplos citados en estas páginas,
apremiaban para que tuviese a
el aprestamiento a las armas de todos los vasallos ap-
tos para defenderse de la gran armada turca (ACA, punto las fortalezas del reino. Un
Real, Varia, 4276, sin foliar, Barcelona, 30 de marzo, comentario del emperador a su
1545). El virrey también debía avisar a la isla de mujer, la emperatriz Isabel, indi-
Mallorca del grave peligro que corría, pues se habían ca, precisamente, esta convenien-
avistado siete galeras y diez galeotes en el cabo de
cia:
Palos (ACA, Cancillería, 3984, ff. 30-31;Valladolid, sep-
tiembre, 1545). La copia de un aviso del príncipe en “Fue muy bien scrivir al duque don
ACA, Cancillería,Varia, 4276,Valladolid, 10 de julio, 1543. Hernando que tuviesse cuydado de prove-
Vid. Ap. doc., 10. er a Peñíscola y las otras fuerças impor-
34 tantes del Reyno de Valençia, y devesele tornar a encargar que si no lo hu-
viere hecho lo haga en todo caso para que esten como conviene y no pueda
succeder algun inconveniente”45.

El príncipe tampoco descuidó los preparativos militares del reino.


En 1536 habían naufragado unas galeras de don Álvaro de Bazán, per-
diéndose algunos cañones de bronce. Pasados los años y ante el peligro
de que los turcos volviesen por las costas de Vinaroz, el heredero de la
Corona escribió a los oficiales de dicha villa para que tomasen del lu-
garteniente de la Gobernación de la Plana dos piezas que se habían res-
catado, las pusiesen en orden con las municiones y las encabalgasen pa-
ra aprovecharlas en tiempo de necesidad46.
Su Alteza estaba pues, al tanto de los avances de las obras de defensa,
y no dejaba de dar prisa para que se terminasen lo antes posible, sobre
todo, las de la ciudad de Valencia47, impulsó fortificaciones como la de
Sagunto48 y desplazaba oficiales al
reino para que estuviesen apercibi-
dos de las obras y el estado de la
45
AGS, Guerra Antigua, 8, f. 11, Génova, 9 de no- defensa. Así, Álvaro de Loazes,
viembre, 1536.
46
Se trataba de dos medios cañones. ARV, Real,
contador general de la Inquisición
329, ff. 178 vº-179; Madrid, 16 de febrero, 1546. Al go- quedó encargado de tomar cuenta
bernador le ordenó que cumpliese todo lo establecido de los daños que presentaban los
en la provisión anterior; Ibidem f. 179. arcabuces viejos vendidos por el
47
No obstante las cartas ya citadas sobre la forti- capitán Aldana49; Juan de Cervellón
ficación de Valencia, se ofrecen, por significativas, estas
fue comisionado para revisar las
líneas extraídas de una minuta dirigida al duque de
Calabria: “En la fortificaçion dessa çiudad hareis dar fortificaciones de la costa50; Onofre
mucha prissa, pues ya se ha començado con el pares- Oliver, que marchó a la fortaleza de
çer del maestro de campo Guevara. Y puede que se Peñíscola, se encontró con la resis-
comiençe por lo mas neçessario, pues por estar el tencia del vizconde Oliver y de su
tiempo tan adelante conviene que se haga anssy” hijo. La Administración central, a
(AGS, Estado-Aragón, 291, f. 154; Valladolid, 8 de abril,
1544). Pero las prisas no se circunscribían sólo a la ciu-
su vez, recibía informes de diversas
dad de Valencia, sino que se generalizaban a todas las fuentes sobre el estado de las de-
villas reales: “Assimismo, os rogamos mucho que ten- fensas del reino. El secretario
gais special cuydado que se de prissa en fortificar las Gonzalo Pérez pedía al visitador
villas reales” (Ibidem f. 164; Valladolid, 1 de marzo, Pedro de la Gasca que le enviase
1544).
48
“relaçion de lo que en este reyno
Ibidem.
49
Ibidem, f. 60;Valladolid, 18 de octubre, 1544. estava proveydo para la defensa” y,
50
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 256. efectivamente, una semana más
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
35
tarde el informe estaba listo51. Pese a esta relativa rapidez, Gasca, no de-
jaba de excusarse por no haberlo enviado antes: “y si antes de agora no
lo he dado ha sido por tener por çierto que vuestra Señoria lo tiene con-
tinuamente y porque soy poco amigo de me entrometerme en lo que no
se me manda, pero ya que vuestra señoria se sirve dello, la dare de todo
lo que de aqui en adelante sucçediere”. El obispo de Calahorra tampoco
dejó de enviar sus informes sobre la situación de la defensa del reino52; a
su vez, el duque de Gandía, notificaba a Cobos la extrema necesidad en
que se hallaba el reino para la defensa, especialmente de artillería53.
Pedro de Castroverde, que estaba al mando de la artillería de Alicante,
comentaba lo costoso que era trasladar las piezas de lugar, siendo que es-
taban muy bien emplazadas por don Fadrique de Portugal54.
En ocasiones, desde el gobierno central se comunicaba a los valen-
cianos la imposibilidad de atender las demandas del reino en materia
defensiva. En 1549, Maximiliano comunicaba al obispo de Elna lo mu-
cho que le pesaba la amenaza de las fustas de moros y lo justo que sería
proporcionar remedio, pero no podía “por estar todas las galeras de su
Majestad perdidas con otras cosas”55.
Uno de los cometidos del virrey en la defensa del reino era el del nom-
bramiento de los capitanes de las diversas guarniciones del reino. Estos
nombramientos tenían un carácter temporal, pues se limitaban a los
momentos en que había una mayor urgencia defensiva. Así, en 1537, an-
te el peligro de las “muchas arma-
das turcas”, el virrey nombró capi-
51
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 66 en HAMPE MAR- tán de la defensa de la ciudad de
TINEZ, T. Don Pedro de la Gasca (1493-1567). Su obra Valencia a Camilo Cerverán, el
política en España y América. Lima, 1989; pp. 54 y 277- cual tendría a su mando la gente
294. Asimismo, en ARV, Real Audiencia, Procesos, Parte que le sería proporcionada por los
Tercera, Apéndice, libro 567, sin foliar; Valencia, 20 de oficios, con capacidad para elegir
enero, 1545.
52
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 222; Valencia, 10 de
las personas que habían de ocupar
marzo, [Link]. Ap. doc., 9. los empleos de alférez y sargento,
53
Ibidem, f. 285; 20 noviembre, 1543. así como dos atambores; también
54
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 164; Alicante, 14 de quedaba facultado para destituir-
abril, 1544. El inventario que también se le había solici- los cuando lo creyese conveniente
tado, lo envió por vía de Murcia, por lo que no se ha-
y castigar a los desobedientes.
lla en el informe.
55
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 209; 1549. Esta gente permanecería en su ca-
56
ARV, Real, 1318, ff. 26 vº-28 vº;Valencia, 30 de ju- sa y no saldría más que a socorrer
lio, 1537. alguna ciudad o villa del reino56.
36 En otras ocasiones dejaba en manos de los regidores de las villas la or-
ganización de la defensa, pero esto ocurría en las plazas de interior, don-
de el peligro de un ataque turco era indirecto. Cuando el virrey tuvo no-
ticias, a finales de 1547, de que galeras, galeotes y otras embarcaciones
de turcos y moros habían salido de la ciudad de Argel con destino a las
costas del reino, y principalmente de la Marina, ordenó a los justicia, ju-
rados y demás oficiales de las villas de Alcoy, Onteniente, Biar, Jijona y
Bocairente para que aprestasen en orden de guerra a toda la población
de las villas y facilitasen el posible socorro de otras poblaciones vecinas.
Ellos mismos debían hacer la elección de capitán, y suministrar gente pa-
ra la guarda del castillo de Benidorm57.
Un problema con el que se encontraba el virrey era el de la falta de
personal cualificado, capaz de dirigir las plazas militares del reino. La
dificultad para satisfacer los honorarios motivaba que los capitanes no
durasen mucho tiempo al mando de las plazas. El caso de Camilo
Cerverón pude servirnos de ejemplo. A finales de julio de 1537 había si-
do nombrado capitán de la defensa de Valencia, pero a mediados de sep-
tiembre, mosén Pedro de Exarch ocupaba su puesto en las mismas con-
diciones58. Al tiempo que el virrey designaba los capitanes de las fortale-
zas, indicaba el número de personas que podían auxiliarles. Al igual que
los oficiales, los soldados tenían el contrato por un tiempo limitado, y
era también el virrey en sus funciones de capitán general quien estable-
cía los requisitos que habían de cumplir los soldados59. Con todo, cuan-
do la necesidad apremiaba, no sólo debían disponerse para la resisten-
cia los soldados profesionales, sino también toda la gente útil que pu-
diese acudir en su ayuda. A título de ejemplo puede citarse la situación
creada en Castellón cuando la flu-
ta turca amenazaba la costa: Joan
Feliu, baile de la villa recibió la or-
57
Ibidem, ff. 221 vº-222 vº; Valencia, 26 de diciem- den de reclutar por todas las po-
bre, 1547.
58
blaciones y castillos de los alrede-
Ibidem, ff. 40 vº-41; Valencia, 15 de septiembre,
1537. dores la gente necesaria para la de-
59
Cuando el virrey dio facultad a don Onofre fensa, tanto de a pie como de a ca-
Oliver de Bataller para contar con veinticinco arcabu- ballo, con toda clase de armas. El
ceros de confianza para la fortaleza de Peñíscola, una baile recibió poderes para forzar,
condición era que no fuesen hombres casados o con con imposición y ejecución de pe-
familia. Ibidem, f. 82 vº;Valencia, 15 de junio, 1538.
60
ARV, Real, 1321, ff. 146 vº-147;Valencia, 13 de ju-
nas, a los que rehusasen resistir las
lio, 1547. invasiones turcas del mar60.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
37
En materia defensiva el virrey no se limitaba a la creación de nuevos
oficiales, también asignaba a los de jurisdicción ordinaria suyos las ta-
reas que les incumbían en la guardia. Los alguaciles eran quienes habi-
tualmente ejercían el cometido de tener apercibida la gente de la costa.
Cuando había peligro de desembarco o ataque enemigo por mar, estos
oficiales recibían la orden de ir por todo el litoral del reino obligando a
los funcionarios correspondientes a hacer los fuegos y humaredas que
se acostumbraba en semejantes ocasiones, apremiando para que en los
diversos lugares marítimos la guardia estuviese dispuesta para que no
pudiesen ser asaltados por sorpresa61.
Los lugartenientes del “portantveus” también se ocupaban de la de-
fensa. Tras la racia efectuada por los turcos en Almenara, el virrey orde-
nó a Lluís Ferrer, lugarteniente del “portantveus” de Valencia, que como
capitán general de guerra en la gobernación “dellà Uxó” y de la villa de
Sagunto, fuese personalmente a Castellón de la Plana y a Sagunto para
organizar la defensa y tener en orden de guerra a la gente, de modo que
quedase garantizada la guarda de las villas62. Posteriormente, el lugarte-
niente de gobernador “ultra riu Uxó” recibió un cometido semejante: vi-
sitar toda la frontera marítima de su lugartenencia de gobernación has-
ta Peñíscola para mantener a toda
la población vigilante63.
61
No sólo era el virrey. Ante la inminencia de la lle- En su misión de atender la de-
gada de la flota de Dragut, el regente de la lugartenen- fensa del reino, el virrey se encar-
cia comisionó al alguacil extraordinario Jaume Valero
gaba de procurar que todas las
para realizar dicho cometido por las costas de Levante
del reino ARV, Real, 1322... f. 110-110 vº;Valencia, 11 de plazas estuviesen provistas de ar-
abril, 1550 . El alguacil Miquel Sanç fue comisionado pa- mas. Con el fin de responder a la
ra lo mismo en todos los lugares marítimos de la par- carencia de suministros bélicos,
te de Poniente del reino Ibidem, f. 111 . publicó edictos de declaración de
62
ARV, Real, 1318, ff. 90 vº-91 vº;Valencia, 27 de ju- armas, pero cuando tuvo la rela-
lio, 1538.
63
ARV, Real, 1320, ff. 271-272;Valencia, 20 de agos-
ción de las armas y municiones
to, 1545. que había en cada una de las villas
64
Una de ellas ordenaba a todos los artilleros y reales, pudo comprobar que falta-
maestros de artillería a comparecer ante el virrey y ban arcabuces, picas y otros apa-
presentar el balance de sus municiones. Asimismo, to- rejos de guerra, que la gente esta-
dos los que poseían arcabuces, escopetas, picas, pólvo-
ba desarmada y mal preparada pa-
ra, salitre u otras armas y municiones de guerra, que-
daron obligados a declarlas, so pena de perderlas y pa- ra la defensa del reino64. Ante la si-
go de 25 libras de multa. Ibidem, f. 91; “crida” promul- tuación de indefensión práctica-
gada en Valencia el 9 de julio de 1543. mente generalizada, ordenó la
38 provisión de armas y municiones para la guerra y que éstas fuesen re-
partidas entre las ciudades y villas reales, por medio de mercaderes o
personas habilitadas al efecto65.
El año de 1543 había sido un año de fuertes preparativos bélicos, y el
duque de Calabria en persona partió para inspeccionar el estado de las
defensas. Las órdenes de pago a los alguaciles que le acompañaban per-
miten recomponer, en parte, su itinerario tanto por las partes de
Levante, al norte de la capital valenciana, como por las de Poniente, al
sur66. Con el virrey iban, además del alguacil, el notario, el escribano y
el abogado fiscal67.
En cuanto el virrey tenía noticias de la probable llegada de fustas ene-
migas, hacía extensivo el aviso por diversos medios. A los más impor-
tantes miembros de la nobleza, en su condición de señores territoriales,
les enviaba una misiva específica, que podía ser como la siguiente:

“Molt illustre e amat de sa Magestat e nostre. Ahir a hora de tarda arriba aci
hun correu per lo qual reberem una letra de sa Magestat ab la qual nos do-
na avis de la armada de mar del turch e del recel que es te del dany que po-
ria fer e causar en lo present regne juntant·se ab la del rey de França segons
que dita letra, copia de la qual ab la present vos trametem per que millor se
puixa per vos proveir lo que conve a la
pretentio e guarda de la terra”68.

65
Ibidem, ff. 80 vº-81;Valencia, 31 de mayo, 1543. Ahora bien, es en una misiva del
66
Tanto en la expedición de Levante como en la de regente Cabanyelles, dirigida preci-
Poniente, le acompañó el alguacil Alonso Delgadillo. El
primer viaje fue el de Poniente, y visitaron Cullera,
samente al duque de Calabria, don-
Dénia, Jávea, Calpe, Benidorm, la Vila Joiosa, Alicante, de se hallan contenidas las dificul-
Guardamar, Orihuela, Jijona, Ontinyent, Alzira y otras tades que encontraba para organi-
villas; partieron el 3 de abril y regresaron el 26 de ju- zar la defensa del reino69. La impor-
nio (ARV, Real, 1320, ff. 166-166 vº;Valencia, 26 de ju- tancia de este informe radica, pre-
nio, 1543). La inspección de Levante abarcó las villas de
cisamente, en su verosimilitud, ya
Peñíscola, Morella, Castellón, Burriana y Sagunto; par-
tieron el 1 de junio y regresaron el 21 (Ibidem, ff. 165- que no estaba concebido para obte-
165 vº;Valencia, 21 de julio, 1543). ner algo, sino que se trataba de un
67
Batiste de Besant, Jaume Vallés y Martí Ponç, res- documento confidencial en el que
pectivamente. Ibidem, ff. 171 vº-175. se repasaban las cuestiones urgen-
68
A los duques de Segorbe y de Gandía, condes de tes relativas a la defensa. De la lec-
Oliva y de Albaida y maestro de Montesa. ARV, Real,
1320, f. 89 vº;Valencia, 5 de julio, 1543.
tura del mencionado expediente se
69
AGS, Estado-Aragón, 300 f. 134;Valencia, 23 de no- desprenden las carencias que, a ni-
viembre, 1547. vel político y económico, afectaban
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
39
a la defensa del reino: la anteposición de los intereses particulares de los
estamentos al bien común, en este caso la defensa; la pobreza de Valencia
y falta de dinero; la ausencia de un organismo rector estable que dirigie-
se la política defensiva del reino; la dispersión de los nobles principales,
con lo cual se dificultaba la dirección de la defensa y el aporte de hom-
bres; la falta de mando para dirigirse a los hombres que engrosaban las
huestes de emergencia.
El virrey, efectivamente, más allá de las amplias facultades delegadas
por la Monarquía, hubo de sacar provecho de todas sus habilidades ne-
gociadores y transigir en algunas ocasiones ante los representantes del
reino, pues era dependiente de las instituciones específicas del reino pa-
ra la obtención de recursos fiscales. Esta dependencia se había puesto
de manifiesto durante los conflictos de las Germanías y de Espadán, por
lo que en cierto modo, se vio obligado a contemporizar, en no pocas oca-
siones, con los estamentos y otros organismos territoriales en la políti-
ca defensiva del reino70.

***

De entre los diversos estamentos, el eclesiástico era el que tenía una


menor participación directa en los planes militares, pero sí gozaba de
una cierta influencia en los aspectos defensivos del reino, pues tenía voz
y voto para la concesión de cargamentos de censales e intervención di-
recta en la asignación de las cargas fiscales para la defensa. Por ese mo-
tivo los eclesiásticos tuvieron algunas diferencias con el virrey, quien pre-
tendía que asumiesen la parte correspondiente del gasto de la fortifica-
ción de la ciudad. La carta que el duque escribió a los militares recoge to-
dos los argumentos para que dicho grupo fuese obligado a la nueva con-
tribución:
“El braç eclesiastic preten no esser tingut ne obligat en la dita fortificacio e
despeses en aquella fahedores, ans esser exempts de aquelles, attes que la dita
fortificacio designada no es per ornar ni embellir la dita ciutat, mas totalment
per a la necessaria deffensio de aquella (...) per ço que lo benefici que de la di-
ta fortificacio redundara es comu, mixt e universal a tots los dits staments
com per aquella sien e puixen esser defen-
sats e custodits aixi los clergues y religio-
70
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del reino. Carlos sos com encara los pobres, debils e viudes
V,Valencia y el Mediterráneo. Madrid, 2001, p. 433. als quals les persones eclesiastiques son
71
El duque pidió a los síndicos que reuniesen a sus tengudes e obligades”71.
40 Asimismo, el estamento eclesiástico participaba de las deliberaciones
de la “Fabrica” y de los impuestos que para subvencionar la defensa pre-
tendía asignarles el virrey. Ahora bien, la presencia del estamento reli-
gioso en la política defensiva no puede cifrarse sólo en las colaboracio-
nes de aspecto técnico o de apoyo económico. Más allá de la táctica y de
la estrategia, la Iglesia era la institución que aportaba a Carlos V, a sus
huestes y vasallos, el fermento moral para la lucha.
Por lo que respecta al estamento militar cabe afirmar que, por su pro-
pia idiosincrasia tuvo una intervención específica en los planes y tareas
relativos a la defensa del reino. Además de su capacidad directiva en los
asuntos bélicos, que muchos de los nobles habían demostrado en la gue-
rra de las Germanías, había el aspecto territorial: una gran parte el rei-
no estaba bajo su jurisdicción directa. Lo que ocurría en los territorios
señoriales era incumbencia casi exclusiva de los barones, por lo que,
tanto el rey como su lugarteniente general habían de contar con ellos a
la hora de organizar la defensa.
Tarea de los militares era asesorar al virrey en las reuniones que al
efecto solía tener para tratar de la defensa. Igualmente, el emperador co-
municaba al estamento militar algunas disposiciones generales sobre
defensa y los nobles acudían a él cuando consideraban que la ocasión lo
requería. También se ocuparon los nobles de dilucidar con su voto si la
“Fabrica de Murs i Valls” aportaba los fondos necesarios para la villa.
Dentro de la nobleza, los grandes títulos asumieron con mayor inten-
sidad el papel de garantes del reino. Ello obedecía, entre otros motivos, a
su poder específico y a su mayor proximidad a la Corona. A tal efecto pue-
de evocarse el desembarco de setecientos turcos al sur de Cullera buscan-
do los lugares de moriscos de la Vall d’Alfandec: el duque de Gandía, Juan
de Borja, y el sobrino del conde de Oliva, Francisco de Cetelles fueron
quienes en primera instancia, sin esperar refuerzos de infantería, salieron
a repeler el ataque al frente de
ochenta jinetes. Tanto don Juan co-
respectivos estamentos para que en tres días nombra- mo don Francisco fueron heridos
sen una persona para la tacha correspondiente a la en la refriega, lo que permitió el re-
fortificación. AMV, Lletres missives, g3-50; 21 de diciem- pliegue de los musulmanes72.
bre, 1543. Como consecuencia de los dis-
72
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio.
Política militar en la Valencia de Carlos V. Tesis doctoral di-
positivos bélicos del rey de
rigida por el Dr. D. Rafael Benítez Sánchez-Blanco, Francia a lo largo de la frontera
València, 1997, p. 193. pirenaica, el emperador alertó al
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
41
organismo militar valenciano, pues las costas del reino de Valencia es-
taban expuestas no sólo al peligro tradicional de las galeras y fustas de
Argel e infieles de África, sino también a las armadas francesa y del
Turco. El emperador pidió a los militares que dispusiesen sus tierras
en el mejor orden de guerra que pudiesen73, y éstos determinaron cre-
ar una comisión de seis miembros para tratar el asunto con su
Excelencia74.
Al igual que su padre, el príncipe también se dirigió al grupo militar
para avisarles del peligro enemigo. En el verano de 1543, eran ciento
treinta las velas turcas que ya habían doblado el faro de Messina, pro-
duciendo algunos daños en las costa de Calabria. Ante el peligro de que
se juntasen con la armada del rey de Francia, don Felipe dispuso que la
gente del reino de Murcia y del marquesado de Villena se preparase y, en
caso necesario, acudiese a la “deffension desse Reyno”. Por esos motivos
solicitaba a los militares valencianos que pusiesen en orden sus casas y
tierras y estuviesen a punto de acudir donde la necesidad se ofreciese,
cuando y cómo lo ordenase el duque de Calabria75. No obstante, el esta-
mento determinó no contestar la carta porque el duque no les había
consultado76.
Cuando el maestre racional les notificó que el duque quería hablar
con ellos, comisionaron al noble don Pero Maça y a don Eximen Pérez
Pertusa, los cuales fueron a la casa donde les esperaba don Fernando de
Aragón. Este les notificó la necesidad de fortificar la costa, y para ello
les propuso cargar algunas cantidades sobre la fábrica de “Murs e Valls”.
Cuando la institución militar escuchó la propuesta del virrey, eligieron
a dos miembros para que notificasen al duque su apoyo, eso sí, condi-
cionado a que no se perdiesen de los beneficios de los censales sobre la
Fabrica. El “braç militar”, por tan-
to, se hallaba
73
ARV, Real, 523, ff. 14vº-15; Madrid, 22 de enero, “prompte per a prestar e donar lo assenti-
1543. ment per sa Excellencia demanat al dit
74
Ibidem, ff. 14-15 vº;Valencia, 17 de febrero, 1543. strenu braz, tot temps que per sa
Años más tarde, y a propuesta del virrey, se volvería a Excellencia sera donada e trobada forma
reunir otra comisión similar para tratar de la vigilancia com donat lo dit assentiment no sia fet ni
de la costa ante los ataques de Dragut Ibidem f. 157- causat preiuhi algu a la dita fabrica de
158;Valencia, 10 de junio, 1550 . Murs y Valls e drets de aquella, ne als çen-
75
Ibidem, f. 25 vº;Valladolid, 10 de julio, 1543. salistes ne altres creedors de la dita
76
Ibidem, ff. 24-26;Valencia, 18 de julio, 1543. Fabrica a coneguda del dit strenu braç
77
Ibidem, ff. 26-27;Valencia, 21 de julio, 1543. militar”77.
42 Antes de otorgar el consentimiento, aún se dirigieron al virrey para
averiguar si los diputados de la Generalidad podrían asegurar el pago de
los censales78. La respuesta debió de ser positiva. En cualquier caso, el
“strenu braç militar”, ante la urgente necesidad, determinó dar su con-
sentimiento para que se cargasen censales sobre la “Fábrica de Murs e
Valls” hasta 15.000 libras, salvaguardando todos los pactos y seguridades
recibidos en acta del 25 de julio, como el de que en la distribución de las
cantidades intervendrían tres nobles y tres caballeros79. Este no fue el úni-
co servicio que facilitó la corporación militar valenciana: a finales del año,
el duque de Calabria les pedía un nuevo esfuerzo, esta vez de 30.000 li-
bras. El párrafo más significativo de la respuesta se condensa en estas lí-
neas:
“E aixi lo dit braç militar, per lo que es raho y es deu fer en semblant cas (...),
ab acte per aquell fet ha consentit y donat poder per a carregar dites XXX mi-
lia lliures sobre lo dit dret e fabrica de Murs y Valls e, o quantitat necessaria
per a dites obres, y donada facultat per a augmentar dit dret ab tot lo que es
necessari donar y consentir per part del dit braç per a que les obres promp-
tament se facen”80.

En 1544 se había realizado un Parlamento en Alzira, en el cual el esta-


mento nobiliario se enfrentó gravemente con el virrey; tras las tormento-
sas sesiones de la asamblea, quizás en un intento de congraciarse de nue-
vo con el lugarteniente general, los militares entendían en la construcción
de las obras de defensa de la ciudad de Valencia, y mostraban su voluntad
de continuarlas hasta su conclusión, al tiempo que entendían en dar todas
las facilidades al comisionado del
virrey al efecto, don Pedro
78
Ibidem, ff. 27 vº-28;Valencia, 23 de julio, 1543. Guevara81.
79
Los elegidos, “por sombrero”, fueron, los nobles Los militares también se ocupa-
don Lluís Mascó, don Joan Vallterra y don Pedro Boïl,
ron de aspectos de suministro de
señor de Manises; los caballeros fueron mosén Eximen
Pérez Pertusa, mosén Pere Roca y mosén Lluís Vidal, material bélico. Fue, como ya se ha
antes Cifre (Ibidem, ff. 29 vº-31; Valencia, 29 de julio, indicado, un noble quien resultó
1543). comisionado en nombre de todos
80
Ibidem, f. 56 vº-59; Valencia, 22 de diciembre, los estamentos para ir a ver al prín-
1543. cipe y solicitarle en préstamo unas
81
AGS, Guerra Antigua, 27, f. 34;Valencia, 29 de abril,
1544.
piezas de artillería, de Alicante o de
82
ARV, Real, 523, ff. 50 vº-51 vº;Valencia, 8 de octu- donde pudiese, para la defensa de
bre, 1543. la ciudad de Valencia82. Asimismo,
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
43
se encargaron de temas colaterales a la defensa, como averiguar si su
Majestad estaba obligada a pagar el derecho del General de cierta artille-
ría desembarcada en Alicante, tema que fue tratado por una comisión
creada al efecto83. La determinación final que se tomó fue la de formar
una embajada para allegarse hasta su Majestad y exponerle el caso.
Maximiliano y la reina escribieron alertados al virrey para que impidiese
una embajada que consideraban totalmente desproporcionada por los
enormes gastos que suponía84.
Las ciudades y villas de jurisdicción real, principalmente la capital,
Valencia, aportaban, cuando la ocasión lo exigía, los recursos necesarios
para la defensa. No obstante las disposiciones generales, en caso de pe-
ligro los ediles suministraban armas y municiones. Mediante una red de
torres de vigilancia, que abarcaba toda la costa, las villas anunciaban
con humo la llegada de naves enemigas; en esas ocasiones la ciudad de
Valencia ponía en marcha el sistema de defensa activo y los vigilantes se
aprestaban en sus puestos de guardia específicos distribuidos por los
puntos estratégicos de los términos generales de la ciudad. Asimismo, la
ciudad de Valencia, junto con otras ciudades mediterráneas, formaba
parte de la red “transversal” de comunicación del peligro de naves mu-
sulmanas.
El estamento real además de
suministrar gran parte de los re-
83
Ibidem f. 135 vº-136 vº; Valencia, 23 de febrero, cursos necesarios para la defensa
[Link]. apartado 1.2. de esta obra.
84
de las ciudades y villas de juris-
ACA, Cancillería, 3991, ff. 28 vº-29. Vid, apartado
“Los Estamentos ante la defensa”. dicción real, jugaban cierto papel
85
Así, se acordó pagar a Jaume Yvarç, “polvorista”, en la dirección de la política de-
45 libras, 8 sueldos debidos por el precio de 9 arrobas fensiva propia de su ámbito. La
y 18 libras de pólvora que se le habían comprado para ciudad de Valencia asumía los
los “tirs del baluart que la dita ciutat ha fet en lo Grau costos de la munición que se pre-
de la mar de aquella”; lo que no indica el acta es la fe-
cisaba para su defensa85. Cuando
cha de construcción de la defensa del puerto (AMV,
Manuals de Consells, A-68; 15 de diciembre, 1536). La la necesidad acuciaba, las dispo-
ciudad era consciente de la importancia de la defensa siciones de los jurados podían
del Grao, y ésta no fue descuidada por los jurados. Más contravenir incluso las disposi-
tarde ordenaron que al artillero Pedro Carrasco se le ciones generales sobre armas.
pidiesen “24 lances, 12 alabardes y 6 arcabuços ab tots
Así lo estableció el “Consell
los arreus y recaptes de la dita ciutat per obs de la
guarda y tuhicio del baluart del Grau de la mar de la General” que trató el tema de la
present ciutat” (AMV, Manuals de Consells, A-71; 27 de distribución de armas entre la
julio, 1540). población:
44 “Com la ciutat de Valencia tinga necessitat de tenir abundancia de armes per
la occurrencia de les guerres e entre les altres de tota natura, de tretes que ti-
ren ab ballesta (...); qualsevol persona partiucular encara que no sia colle-
giada de ningun offici, puixa fer e vendre qualsevol natura de tretes que ab
ballesta se puga tirar, la qual dispensacio se fa no obstant qualsevol capitol
e capitols en contrari disposants e la sobredita ordinacio dure a beneplacit
del dit insigne consell86.

La ciudad estaba siempre presta a afrontar la posible llegada de na-


ves enemigas. Cuando éstas se avistaban, o se tenía noticias de su ve-
cindad, los jurados ordenaban que se prendiesen las piras preparadas
con el fin de avisar mediante el humo del peligro. De ese modo, corría
el aviso a lo largo de todas las torres de la costa. Las señales de Valencia
se captaban directamente desde Sagunto hasta Cullera; aunque la red de
vigilancia se extendía hasta el monasterio de la Rápita en el norte y
Guardamar al sur. Por ello, cuando los jurados tienen aviso

“de les moltes fustes de moros e turchs que van per la costa fent tot lo mal e
dan que poden, proveheixen que sien fetes fumades en lo campanar de la Seu
de la present ciutat, les quals responguen y se entenguen ab Morvedre e
Cullera, e de alli ab les altres viles e lochs maritims del present regne”87.

La ciudad no sólo asumía la defensa pasiva, es decir, el aviso de las


naves enemigas, sino que organizaba la vigilancia personal en los pun-
tos estratégicos de la costa de sus términos generales. Ante la noticia de
la llegada de naves turcas, la orden cursada por los jurados y del síndi-
co de la ciudad permite conocer el sistema de defensa vigilante:

“Per los avisos de les moltes fustes de moros e turchs que van per la costa
del present regne fent tot lo mal e dan que poden, provehexen e ordenen que
los lochs davall nomenats sien tenguts e guarden cascuna nit en la part que
davall vos sera assignada de la present platja en e per la forma seguent:
- loch del Puig Puçol, aigua dels Plans, ya en la partida de Rafelbunyol fins
a l·aigua del Moli, dos alabardons.
- Rafelbunyol e Maçamagrell fins a l·estany d·Albuixech , tres alabardons.
- Museros, dos alabardons e Macalfacar,
hun alabardo fins a l·estany d·Alabalat.
86
AMV, Manuals de Consells, A-73; Valencia, 30 de - Alboraya, Bonrepos, Almacera e les
mayo, 1544. Tavernes fins a l·aigua d·en Bonanat, tres
87
AMV, Manuals de Consells,A-71; 28 de junio, 1540. alabardons.
88
AMV, Manuals de Consells,A-69; 31 de mayo, 1538. - Benimaclet e del cami de Morvedre fins
Se produjeron ordenaciones semejantes el 6 de julio al Grau de la dita ciutat de Valencia”88.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
45
Además de los conductos oficiales, los jurados de la ciudad tenían un
sistema de información complementario. No de otro modo, los cónsules
y factores que la ciudad tenía desparramados por el Mediterráneo pasa-
ban las noticias de los movimientos de las flotas enemigas. El fragmen-
to de la carta de agradecimiento extendida a los cónsules de Mallorca,
indica la eficacia de una red de información que habían tejido las ciu-
dades hispánicas del Mediterráneo occidental paralela a los canales ofi-
ciales; pues se patentiza el compromiso de transmitir un canal trans-
versal, no jerárquico, de información sobre defensa, pasando a Mallorca
el aviso de la presencia de fustas enemigas cuando las hubiese:
“En lo dia de huy havem rebut letra de vostres magnificencies de dos de de-
hembre com semblant a altra que reberem axi de dit, a la qual en lo mateix
dia responguerem, y puix que aquesta que huy havem rebut es per a altre
effecte, mes de dar·nos avis de les fustes que en aqueixa ciutat y regne eren
arribades al que ya tenim respost y les diligencies que nosaltres havem fet
en avisar nostres circumvhins, sols aquesta sera per agraciar molt a vos-
tres magnificencies la solicitud y diligencia que han tengut de donar·nos
aquest avis, y en aço coneixem la voluntat y amor que haveu a aquesta pa-
tria. Nosaltres tostemps que semblants coses se offerran, tindrem la mate-
xa diligencia en avisarlos per lo benefici que en insurtix a aqueixa ciutat y
regne”89.

Y no sólo los cónsules de Mallorca. El aviso de que la armada de


Dragut, con cuarenta y cuatro bajeles entre los que se encontraban seis
“galeres grosses”, había saqueado en la ribera de Génova una “grossa
vila”, llegó de la señoría de Génova al virrey de Cataluña. Los emisa-
rios de esta ciudad no perdieron el tiempo y pasaron aviso el 30 de
marzo de 1550 a los jurados de Valencia. De ese modo, el 12 de abril
los regidores de la capital podían hacer extensiva la alarma a las villas
costeras del reino90. E incluso antes, en 1549, se había recibido un avi-
so semejante de las correrías de Dragut por Cataluña, pero en el aviso
que daban los de Barcelona pedí-
an que enviasen un correo especí-
de 1538, el 26, 27 y 30 de junio de 1539 y el 8 de julio fico a Alicante por encontrarse
de 1539 (AMV, Manuals de Consells, A-70). allí muchas naves:
89
A “los consols e deffenedors de la mercaderia de
la ciutat e regne de Mallorques” (AMV, Lletres missives, “Pregant·vos en continent despatxeu co-
g3-50;Valencia, 18 de diciembre, 1546). rreu aposta per Aliquant per avisar alli
90
AMV, Lletres missives, g3-50. molts vexells que creuen seran alli, axi per
91
Ibidem, Valencia, 13 de julio, 1549. aqui com per aci”91.
46 Casi todas las villas reales del reino con fachada marítima y aun al-
gunas del interior se sometieron a obras de remodelación de sus siste-
mas defensivos. Con respecto a la remodelación de los baluartes defen-
sivos el emperador había propuesto la renovación de las murallas de sus
plazas estratégicas. Como indica el profesor Francisco Pardo: “la fortifi-
cación ‘a la moderna’ concilió la república urbana con la autoridad mo-
nárquica y la defensa de la fe”92. Los avances científicos y técnicos del
Renacimiento habían tenido el correspondiente correlato en el ámbito
militar, por lo que la concepción de las fortificaciones hubo de adaptar-
se a las innovaciones técnicas fundamentadas, sobre todo, en el uso de
la artillería. En consecuencia, los esfuerzos de acondicionamiento se re-
alizaron, sobre todo, en tres plazas situadas estratégicamente para cu-
brir todo el litoral, Peñíscola en el extremo norte, Valencia en el centro
y Alicante en el sur. Aunque el poder territorial era quien dictaba las ór-
denes oportunas para que se remozasen las plazas, cuando éstas eran de
una gran envergadura, se elevaban las consultas pertinentes al gobierno
de la Monarquía antes de acometer las obras. Cuando se trataba de em-
presas de menor envergadura, el virrey autorizaba directamente las mis-
mas. En el control directo de estas tareas intervenían personas de la má-
xima confianza del virrey; a saber: el “portantveus” Vilarrasa, el maestre
racional Escrivà de Romaní o el capitán de la guardia personal del virrey
Pedro Castroverde. Los estamentos intervinieron autorizando présta-
mos y subvenciones para las obras de modernización. Estos trabajos te-
nían un elevado coste que era sufragado en su integridad por el propio
reino. Cuando la plaza tenía suficientes recursos, caso de Castellón, la
villa podía aportar directamente hasta el 75 por 100 del coste, aunque en
ese caso el virrey autorizaba la emisión de censales. Si la plaza era de re-
cursos insuficientes, caso de Peñíscola, eran las otras villas las que tení-
an que corresponsabilizarse del coste de las obras. También hubo oca-
siones en que la bailía general aportó capitales de sus fondos para estos
menesteres, como ocurrió con Morella o Alpuente. Solía ocurrir que pa-
sado el peligro las obras se abandonaban, siendo en el mejor de los ca-
sos, reiniciadas en el siguiente aviso de peligro. En ese sentido, las su-
cesivas llamadas de urgencia emi-
tidas por el virrey cuando el peli-
92
PARDO MOLERO, J. F.“Proyectos y obras de for- gro acuciaba, denotan que las vi-
tificación en la Valencia de Carlos V” en Estudis. Revista llas amenazadas no mantenían
de Historia Moderna (2000) nº 26, pp. 138-139. una estrategia defensiva constan-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
47
te. Aunque durante todo el período se sucedieron las tareas de acondi-
cionamiento de las defensas, fue sobre todo a raíz de la llamada imperi-
al de 1543 cuando se acometieron casi todas las obras militares de ma-
yor envergadura.
Sin embargo, los esfuerzos constructivos fueron insuficientes para
intimidar a los piratas, quienes efectuaron ataques constantes a la cos-
ta valenciana durante gran parte del reinado del emperador. El esquema
era muy similar en todos los ataques piráticos, generalmente efectuados
por Dragut y Barbarroja. Durante las estaciones de buen tiempo, aun-
que también en las temporadas de climatología adversa, embarcaciones
argelinas o turcas caían por sorpresa durante la noche o durante el día
sobre lugares costeros para saquear, tomar cautivos y recoger los mo-
riscos y retirarse rápidamente. Cuando los refuerzos de las poblaciones
vecinas o las organizadas por el poder territorial llegaban, los atacantes
solían haberse retirado. Aunque sobre el litoral valenciano siempre pen-
dió la amenaza de los turcos e, incluso de los franceses, fueron los pira-
tas berberiscos, fundamentalmente argelinos, quienes con mayor asi-
duidad acecharon las costas valencianas. A pesar de que el virrey o su
lugarteniente cursaban los pertinentes avisos de peligro, el emperador
no llegaba a dar soluciones perennes y definitivas al problema; se limi-
taba a reprender, “a posteriori” por el desastre a algún oficial de rango
inferior. El príncipe se limitaba poco más que a notificar avisos. Por otra
parte, en el reino los estamentos se mostraban remisos a costear la in-
tegridad de los gastos de las operaciones de castigo, lo que a su vez re-
troalimentaba la espiral de ineficacia e ineptitud.
Las acciones bélicas que se dieron por la frontera del mar, no siem-
pre tuvieron fueron favorables a los atacantes. Para incentivar a los ha-
bitantes de la costa para que a su vez se hicieran a la mar, las Cortes so-
licitaron mayores exenciones tributarias para aquellas presas que fue-
sen capturadas por la población. El hecho de que esta bonificación no
se consiguiese, no impidió que marinos valencianos practicasen a su vez
el corso contra los piratas. En el resumen de los encuentros reseñados
por Escolano, puede apreciarse la iniciativa de las gentes de la Vila
Joiosa capturando naves enemigas. Naturalmente, no fueron los únicos.
Los ataques de turcos y magrebíes a las costas valencianas provocaron
el fenómeno inverso, la formación del corso valenciano. Ya en 1525, y
aprovechando la presencia de la Armada imperial en Valencia, mosén
Jeroni Almunia, señor de Jaraco, Baltasar Vives, señor de Verger, Joan
48 Corts de Dénia y Genís de Ribes, de Calpe, se comprometieron ante los
jurados de la capital valenciana a armar tres fustas para la guarda de la
costa durante ocho meses. La escuadra corsaria se completó con la fus-
ta de Vicent Buxola. Juntos, o por separado, hicieron varias presas y los
beneficios fueron netos, puesto que la Corona les eximió del pago del
quinto real93.
Efectivamente, para contrarrestar los efectos que los moros y turcos
causaban con sus galeras en el reino, el virrey facultó a Genís de Ribes
a practicar el corso en toda regla, autorizándole a armar navíos:

“Portar, guiar e capitanejar certs vexells de armada que vajen descorrent per
la costa de dit regne per a comprimir e en son cas punir la audacia de algu-
nes fustes e fragates que per no trobar resistencia alguna fan los dans que es
notori per la temeritat dels novament convertits que de cada dia se·n passen
ab ells en Africa a renegar...”

La autorización de corso que el virrey otorgaba a Genís de Ribes es-


tipulaba que Genís se ofrecería a servir por todo el mes de septiembre
con un bergantín de doce bancos, una fragata de nueve y otra de siete
armándolos de acuerdo con la costumbre. Asimismo, se veía obligado a
sostener muy bien los navíos con gente de armas todo lo que quedaba
de julio y los meses de agosto y septiembre completos; y a no salir de la
costa del reino: desde “la illa de Sancta Pola fins al cap de Orpesa”, sal-
vo que estuviese seguro de que en los Alfaques hubiese alguna fragata y
debiera ir a tomarla. El pacto obligaba a pagarle 300 ducados, la mitad
inmediatamente, un cuarto en agosto y el otro en septiembre. En el hi-
potético caso de que el corso capturase a algunos moriscos “aixi de la te-
rra com tagarins, alarps enbarcats en fustes de moros ab barques furta-
des en la costa del regne de Valencia per pasar·se·n allende, que aquells,
sien homens com dones (…) sien quinze anys props de aquell”, podría
disponer de ellos a su voluntad, vendiéndolos como esclavos o rescatán-
dolos, entendiendo lo mismo de las demás joyas, oro, plata u otros mue-
bles que llevaran consigo; pero si los bienes que llevaren hubiesen sido
robados a pobladores del reino, se restituirían liberalmente a sus due-
ños. El virrey, por su parte, se comprometía a hacer las gestiones opor-
tunas para dejarlo exento del dere-
cho del quinto perteneciente a su
93
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio..., pp. Majestad de todo lo que tomase a
183-184. los moros enemigos durante el
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
49
tiempo indicado; asimismo el regente de la Cancillería y los doctores del
Real Consell no harían efectivos los salarios judiciales de “bona guerra”
de las presas que obtuviesen. Asimismo, el virrey se reservaba la facul-
tad de castigar corporalmente a los moriscos que los corsarios pudiesen
capturar94.
En 1541 un caballero valenciano se ofreció a armar tres fustas para
la guardia del reino que, a semejanza de las que en 1537 había regido
Genís de Ribes, guardando la costa valenciana, la Generalidad y la ciu-
dad de Valencia se comprometieron a auxliarle, aunque no consta que
esta tentativa tuviese realmente efecto95. En el contexto de las Cortes de
1547 el virrey facultó a Vicent Penyarroja a capitanear una empresa de
corso auxiliado por el ya veterano Genís de Ribes, quienes armaron un
par de fustas con el sistema de financiación acostumbrado. Sin embar-
go las promesas de exención fiscal sobre las capturas se esfumaron
cuando capturaron dos embarcaciones musulmanas con más de cien
corsarios: los funcionarios del Real Patrimonio quisieron cobrarles los
impuestos más las tasas96.
Aunque no se tratase exactamente de corsarismo, Damià Doménec,
de la vila de Penáguila, había capturado un cierto número de turcos y
los llevaba prisioneros a la Real Audiencia97. En 1543 el regente
Cabanyelles ordenaba al alguacil Francisco de Torrres recibir informa-
ción sobre tres moros piratas fugitivos de una fragata que se había cap-
turado, los cuales estaban prisioneros en el Puig98. En 1544 era “un mo-
ro de la mar” el que se hallaba pre-
so en la Pobleta e iba a ser trasla-
dado a Valencia para obtener de él
94
ARV, Real, 1418, ff. 239-240 vº;Valencia, 11 de ju- información99 y, en 1550, el corsa-
lio, 1537.
95
rio valenciano Juan Canete llegó
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio..., p.
336. hasta Argel, en donde intentó in-
96
Ibidem, pp. 386-392. cendiar la flota berberisca fondea-
97
El regente Cabanillas ordenó a Andreu de la da en el puerto, aunque hay que
Tanda que fuese con un notario a recibir información hacer notar que este asiduo caza-
del hecho. ARV, Real, 1319, ff. 100-101; Valencia, 20 de dor de las costas de Berbería tenía
octubre, 1540.
98
ARV, Real, 1320, f. 68-68 vº; Valencia, 5 de mayo,
su base en Mallorca100.
1543. Ahora bien, a pesar de esta rela-
99
Ibidem, f. 180;Valencia, 26 de agosto, 1544. ción de iniciativas navales valencia-
100
Braudel, F. El Mediterráneo y el mundo mediterrá- nas, lo que resulta evidente es que
neo en la época de Felipe II. Madrid, 1980, t. II, p. 296. las respuestas corsarias regnícolas
50 no tuvieran el mismo alcance y gravedad que las iniciativas turcas y ber-
beriscas sobre el litoral valenciano. Ciertamente esta disimetría de la acti-
vidad corsaria cabe explicarla desde una doble óptica: una de carácter es-
peculativo y, otra más pragmática, de índole económica. Quizá la proyec-
ción teórica más compleja sobre esta cuestión la aporte Ortega y Medina,
quien indica que la actividad corsaria precisa de libertad, pero esta liber-
tad no podía ser tolerada por la monarquía hispánica, que se sustentaba
en un triángulo conformado por el propio rey, la nobleza y la Iglesia. De
ahí que el corsarismo resultase incompatible con el sistema implantado
por los Austrias que, para sustentarse, precisaría de un monolitismo inte-
lectual sin fisuras que no podía consolidarse sin un férreo control sobre la
actividad marítima: el “monopolio absoluto ejercido por el Estado-Iglesia
estranguló todas las vías y posibilidades de desarrollo burgués. El poder
central hizo todo lo posible e imposible para anular mediante su control
la iniciativa particular (...) los gobiernos españoles de los siglos XVI y XVII
conspiraron contra toda adecuada, audaz y libre política naval”101.
Ahora bien, como ha podido observarse, el virrey autorizó y, estimu-
ló incluso, la acción corsaria valenciana. Y el gobierno de la Monarquía
no era ajeno en absoluto a las inciativas del lugarteniente general. El
corso valenciano, como ha podido mostrarse con anterioridad, existió y,
aunque no tuviese la misma envergadura que el musulmán, no puede
afirmarse, de ninguna manera, que el emperador e, incluso su hijo el
príncipe, impidieron la actividad pirática valenciana.
Más ajustada a la realidad de esta época se muestra la tesis de
Braudel, quien en relación con la escasa actividad pirática cristiana en
el Mediterráneo a lo largo del siglo XVI se interroga: “pero, ¿qué podía
capturarse a lo largo de estas costas [las del Magreb], hacia 1560? Unos
cuantos indígenas, una barca, tal vez un bergantín cargado de barakans,
es decir, de paño tosco de lana o mantequilla rancia” Y concluye tajan-
te, pero irrefutable: “a tan raquítico botín, corresponde una piratería no
menos raquítica”102.

***

101 Los ataques piráticos a las cos-


ORTEGA Y MEDINA, J. A. El conflicto anglo-espa-
ñol por el dominio oceánico (siglos XVI y XVII). Málaga, tas mediterráneas españolas no
1992, p. 147. pueden entenderse sin la relación
102
BRAUDEL, F. El Mediterráneo... t. II, pp. 295-296. con los moriscos. Y es que había
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
51
una realidad obvia: en las tierras valencianas los moriscos constituían el
34 por 100 de la población total. El dato lo aportó el profesor Reglá y esa
fuerza numérica llegó a constituir un peligro auténtico para la conser-
vación del reino. Los informes del regente Cabanillas, por citar a un per-
sonaje de la época, aluden al peligro, a la presión interna de los moris-
cos. Esta cuestión llevó al aludido profesor a acuñar unos párrafos ne-
tamente irrefutables:

“Disidentes en materia religiosa y, por tanto, en tipo de civilización, los mo-


riscos españoles constituyeron siempre la “quinta columna” en potencia -en
algunas ocasiones, incluso en acto- vinculada a cualquier eventualidad de
la lucha mediterránea entre los imperios hispánico y otomano”103.

Y si el principio general es válido en el ámbito hispánico, mucho más


lo es en el valenciano, dada la especificidad de la geografía valenciana
con su inmensa fachada marítima y su proximidad a la costa africana.
Fray Diego de Haedo narró con mucha exactitud la actividad y procedi-
mientos de los moriscos que se habían afincado en Argel. En su obra re-
lata cómo los tagarinos prosperaban en Argel y no dejaban de constituir
un peligro para España:

“Muchos y diveros oficios, porque todos saven alguna arte. Unos hacen ar-
cabuces, otros pólvora, otros salitre (...) y todos en general son los mayores
y el corsario valenciano Juan Canete fracasó en su intento de incendiar la
flota berberisca fondeada en el puerto de Argel, pero este asiduo cazador de
las costas de Berbería tenía su base en Mallorca. Más crueles enemigos que
los cristianos en Berbería tenemos, porque nunca jamás se hartan o se les
quita la hambre grande y sed que tienen entrañable de la sangre cristiana
(...); habrá de todos estos en Argel hasta 1.000 casas”104.

A mayor abundamiento, relata Haedo que los moriscos de Granada,


Valencia y Aragón eran los maestros constructores de las fragatas que
asolaban las costas del Levante español. Estos moriscos, con la ayuda de
los arráeces y turcos armaban sus
embarcaciones en Argel y salían
103
REGLA, Juan; Estudios sobre los [Link], para las costas españolas en las
1971, p. 139. que mantenían sus contactos:
104
“Topographia e historia general de Argel”,
Madrid, 1927-1929; citado por CAMAMIS, Georges; “Llegados que son en alguna parte, entie-
Estudios sobre el cautiverio en el Siglo de Oro, Madrid, rran el bergantín con todo el aparejo de-
1977, pp. 71-72. bajo de la arena, en una fosa y hoyo gran-
52 de; y entrando en la tierra en hábito cristianesco, y hablando muy bien es-
pañol, y siendo muy bien recogidos en lugares de otros moriscos, atajan fá-
cilmente los caminos, principalmente de noche, y maniatando todos los cris-
tianos que topan los traen a la marina y desenterrando el bergantín, se vuel-
ven con ellos, muy a placer a sus casas”105.

Las fecundas incursiones en las costas españolas les llevaba a prospe-


rar rápidamente y en poco tiempo los moriscos españoles ascendían a
arráeces. Pero, además de las crónicas y la evidencia de los informes ofi-
ciales mencionados106, hubo acusaciones probadas de esta connivencia.
Las ejecuciones de sentencias del “morro de vaques” o verdugo indican
cómo no fueron infrecuentes los ajusticiados “per portar letres a
Berberia”107. Los inquisidores, por su parte, se encargaron de encontrar
pruebas al efecto. Los interrogato-
rios de Fernando de Loazes a
105
Ibidem, pp. 72-73. Zacarías Alzamar, antes Alfaquí
106
Dicha connivencia se puso de manifiesto cuan- Mahomat, natural de la villa de
do hubo que aplicar las medidas decretadas por el em- Aspe, indican bien claramente el in-
perador para desarmar a los moriscos. El poder terri-
torial y los militares temían la conexión entre los mo-
tercambio de musulmanes, moros
riscos y los moros de “allende”.Vid. el apartado “La po- y moriscos, que había entre las dos
lémica en torno al desarme morisco”. riberas del Mediterráneo. Los nue-
107
El 6 de diciembre de 1541 fueron sometidos a vos convertidos viajaban a Argel,
dos tormentos cada uno y ejecutados en la horca, los regresaban y se volvían a instalar,
“tagarins” Francisco Torrelles y Hernando del Merta.
continuaban manteniendo sus con-
ARV, Real 1320..., ff. 9-11 vº. El 11 de mayo de mayo de
1542 el “morro de vaques” aplicaba al “moriscat” Joan tactos, intercambiaban correspon-
Çalenia cuatro tormentos, y el 13 de mayo lo colgaba de dencia y seguían los movimientos
la horca por “recaptador de moros de Barberia e co- de las armadas108.
bridor de moros de la terra” Ibidem, f. 52-54 . Aunque La transcripción, precisamente,
no se especifica si es morisco, el 11 de febrero de 1547 de una carta enviada desde Argel a
era Johan López quien recibía dos tormentos por llevar
cartas a Argel ARV, Real 1321... f. 222 vº-223 vº .
los moriscos de Elda, indicativa de
108
“La relacion que embiaron los inquisidores de cómo, desde la otra orilla, se hací-
Valencia del morisco que prendieron” AGS, Estado- an llamadas a la esperanza para
Francia, K-1700, f. 91;Valencia, 9 de octubre, 1541. que los moriscos se mantuviesen
109
“Copia de una carta scrita en arabigo en Alger por alerta. Esta motivación se mante-
Azmet Verveluz a sus hermanos de la villa de Elda fecha
nía despierta con el aviso del pró-
el ultimo de agosto del presente anno de quarenta uno,
en la qual les scrive ciertos havisos” AGS, Estado-Francia, ximo desembarco en la costa va-
K-1700, p. 52 en MONTESINOS, J. y MARTÍ, J. Textos d’- lenciana y para ello se daban ins-
història valenciana. Alfons el Magnà[Link]ència, 2000, p. trucciones concretas con la actitud
193 y ss. a seguir por los moriscos109.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
53
1.3. EL PROBLEMA DE LA FLOTA DE GALERAS

Como indica John Lynch, la debilidad del imperio de Carlos V que-


daba de manifiesto en el mar: “Se trataba ante todo de un problema de
población. Al lado de los recursos humanos del Turco y de los piratas de
Argel, Carlos se encontraba tristemente falto de marinos preparados pa-
ra manejar las galeras de la flota del Mediterráneo. A falta de suficien-
tes remeros, la Armada española tuvo que abastecerse sobre todo de
presidiarios y prisioneros de guerra, y aún así no podía hacer frente a
las tareas encomendadas”110.
Teniendo en cuenta la fachada marítima valenciana y su exposición
permanente a los ataques piráticos, en este apartado se realiza una apro-
ximación a la función que las galeras de España desempeñaron en re-
lación con el reino de Valencia. Para ello se indican los aportes de for-
zados que desde el país valenciano se hacía a las naves de su Majestad.
Cabe discernir si verdaderamente estas galeras navegaron durante todo
el tiempo que la necesidad lo requería y con la intensidad que los pro-
pios capitanes reclamaban y la relación que el poder territorial mantu-
vo con los capitanes de las galeras.
A la falta de galeotes había que sumar, como puede intuirse, la falta
de navíos. Cada vez que las necesidades del imperio lo exigían el poder
central decretaba el embargo de naves. Esta decisión obedecerá princi-
palmente a dos motivos, el acondicionamiento directo de las naves para
la acción bélica o al transporte de tropas. Llegado el momento, los al-
guaciles partirán para hacer efectivo el retén de las naves, lo cual impli-
caba el cobro de una fianza a los patrones extranjeros. Cuando alguno
de ellos zarpe sin permiso se solicitará un escarmiento ejemplarizante,
pero como podrá observarse, solía ocurrir que después de ordenada la
prevención de los navíos, ésta se levantaba porque ya no eran requeri-
dos para tal menester.

***

De entre los múltiples proble-


mas que tenían las galeras de
España, el reino de Valencia inten-
110
LYNCH, J. España bajo los Austrias/1..., pp. 103- tó contribuir, principalmente, a la
104. solución de dos de ellos. Por una
54 parte, desde el país valenciano fueron constantes los aportes de forzados
castigados a servir a las galeras de su Majestad. Había ocasiones, sin em-
bargo, en que transcurrido el plazo legal de condena los galeotes conti-
nuaban sirviendo en las galeras por problemas burocráticos. Otro pro-
blema que se le planteaba al emperador era el de las comunicaciones.
Dada la situación central que la costa valenciana ocupa en el arco me-
diterráneo español, el lugarteniente general del reino de Valencia ejercía
funciones de enlace entre los capitanes de las galeras y el gobierno de la
Monarquía, tarea en la que era auxiliado por los otros personajes desta-
cados por el emperador en el territorio valenciano como era el caso de
los visitadores reales. Los mensajes eran transmitidos en ambos senti-
dos.
Como se ha apuntado, los aportes humanos que desde el reino de
Valencia se hicieron a las galeras no fueron escasos. Los presos enviados
a galeras eran condenados normalmente por la Real Audiencia, pero
también los hubo castigados por el tribual de la Inquisición. Cuando en
1539, veinticuatro condenados eran trasladados a servir a su Majestad
en las galeras al puerto de
Cartagena, seis habían sido casti-
111
El 4 de enero de 1539, según la orden de pago gados por la Real Audiencia, pero
en ARV, Real, 1318, f. 140-140 vº;Valencia, 22 de abril. dieciocho habían sido condenados
112
ARV, Real, 1320, f. 154 vº-155. por la Inquisición, acusados de he-
113
El 16 de septiembre el regente Cabanyelles en- rejía111; en 1544 eran veintiséis los
tregaba a don Bernardino de Mendoza a Joan Benedito
por tiempo de dos años (ARV, Real, 1319, f. 168); el 22
hombres trasladados a dicho puer-
de septiembre de 1541 entregaba a Joan de Leva, pas- to112. Además de estas entregas ma-
tor y Domingo Vaziero, pescador, por tres años sivas, durante todo el período fue-
(Ibidem); el 6 de octubre de dicho año el regente en- ron numerosos los presos entrega-
tregaba a Pedro Cerda por tres años y a Francisco dos a servir a galeras113. Estas en-
Barranco por diez años Ibidem f. 169 ; el 19 de abril de
tregas no estaban exentas de inci-
1543 el regente entregaba a Pere Torrelles y Manuel
Enrriques por dos años, a Hieronym Alacreu por tres dencias. El vergueta Francisco de
(Ibidem f. 65-65 vº); Pere Scriva, fue entregado a servir Jaén hubo de acudir en socorro del
en las galeras a perpetuidad (Ibidem, f. 65 vº-66); Joan alguacil Adzuara, cuando llevaba a
Busimundi había sido hecho prisionero en la Vall de Cartagena veinticuatro galeotes
Alfandech y trasladado a la prisión de Valencia, allí con- para darles de comer y guardarlos,
fesó que servía en las galeras y había huido, por lo que
fue entregado de nuevo (Ibidem f. 66); el 22 de octu-
pues la galera “La Capitana” de
bre de 1545 el regente entregaba a Matheu Boy, ma- don Alvaro de Bazan literalmente
llorquín y a Pedro, antes Alí, cristiano nuevo de Fez, a había desplegado sus velas y se ha-
servir perpetuamente en las galeras (Ibidem ff. 288 vº- bía fugado:
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“havent·se seguit que al temps que alla arriba lo dit alguatzir que fon a 11 de 55
janer, troba que la galera capitana bastarda de don Alvaro de Bacan era al-
çada e havia fugit en Africa e no hi hague altres galeres (...) e aixi hague de
consultar a nos. E, entretan que nos donarem rao del que passava a sa
Magestat li convingue residici en dita ciutat e guarda dels homens”114.

Otro tipo de incidencias era el que se producía cuando alguna galera


naufragaba. Entonces los forzados aprovechaban para fugarse y la guar-
dia había de recorrer la costa en su busca: a finales de 1536, cinco gale-
ras de don Alvaro de Bazán naufragaron a la altura de Vinaroz; la que
mandaba el capitán dio a tierra en Oropesa y los galeotes y esclavos de
dos ellas aprovecharon para huir. Aunque el gobernador de la Plana ha-
bía capturado a algunos de ellos, aún quedaban más, por lo que el virrey
comisionó al alguacil Lluís Çaydia, para que acudiese a Sagunto u otros
lugares de la “volta de Aragó” para prender a los forzados y esclavos, así
como a cualesquier marineros “y tenguts a galeres que·s pogues dubtar
si son de dites galeres”115. Es evi-
dente que el sueño de todo género
de cautivos, incluidos los galeotes
289); el 28 de noviembre de 1545, el duque certificaba
es la libertad, de ahí que aprove-
la entrega al príncipe Andrea Doria del nombrado
Matheu Boy, de Miguel Mesa, antes Helado, por tres chasen cualquier ocasión para
años y de Pedro, esclavo de don Jeroni de Cabanyelles buscarla. El ansia de libertad que
a servir a perpetuidad (Ibidem f. 301 v º); el 19 de mar- lógicamente sentían los remeros
zo de 1546 el virrey entregaba a Zuillum de Ariaga a forzados se veía incentivada, ade-
servidumbre de su Majestad en trirremes por tiempo más, por la tardanza en conseguir
de cuatro años (ARV, Real, 1321, ff. 58 vº-59); el 11 de
octubre de 1547 el regente entregaba a don
la libertad más allá del fin teórico
Bernardino de Mendoza a Gaspar, morisco de Bicorp, del cautiverio, pues solía suceder
condenado a servir en galeras por diez años (Ibidem, que transcurrido el tiempo previs-
f. 212 vº); el 9 de julio de 1549 el virrey entregaba a to de condena, los galeotes no eran
don Bernardino a Johan Richat, mallorquín, condenado puestos inmediatamente en liber-
a servir en galeras por tres años, a Joan Bordonada por
tad, pues ésta se demoraba perdi-
seis años y a Joan Bernabeu, antes Brotons, por cuatro
años (Ibidem, f. 39-39 vº). da por los laberintos de la buro-
ARV, Real, 1318, ff. 119-120;Valencia, 28 de ene- cracia .
114
116

ro, 1539. El virrey, efectivamente, dio aviso al empera- La Armada real que había co-
dor de la defección. AGS, Estado-Aragón, 275 f. 52; menzado su andadura en 1523 es-
Valencia, 15 de enero, 1539. taba al cuidado del marino vizcaí-
115
ARV, Real, 1317, ff. 103 vº-104;Valencia, 25 de di-
ciembre, 1536.
no Rodrigo de Portuondo y, en
116
ARV, Real, 1322, ff. 69 vº-70;Valencia, 8 de octu- 1527 el rey encargó a Álvaro de
bre, 1549. Bazán la tarea de unificar la de-
56 fensa de la costa mediteránea española al mando de, lo que con el tiem-
po se denominaría las “Galeras de España”117. Bazán sería sustituido en
1537 por Bernardino de Mendoza118, mientras que las galeras italianas
estaban a las órdenes del príncipe Andrea Doria119, por lo que don
Bernardino era quien con mayor asiduidad recorría las costas del
Mediterráneo occidental, aunque, obviamente, no estaba destacado pe-
rennemente sobre el litoral valenciano.
Consciente de la escasez de recursos propios, Bernardino de
Mendoza propuso aumentar los recursos de la flota, pues ésta se veía
impotente para vigilar todas las costas que en el Mediterráneo occiden-
tal tenía asignadas. Asimismo, apercibió al poder central de las “mu-
danzas nuevas de guerra”, pues si tradicionalmente se habían aprove-
chado las estaciones de bonanza, ahora se hacían incursiones incluso en
invierno, y la costa se hallaba totalmente desprotegida. No obstante la
eficacia de esta flota, y la constatación de sus capturas y de su eficacia
disuasoria cuando estaba presente, la talasocracia correspondió a los
marinos del otro lado, pues fueron los que con mayor intensidad man-
tuvieron su presencia en las costas del Levante español.
Don Bernardino apercibía a la Administración central de las necesi-
dades de la Marina española en el
Mediterráneo occidental y de los
117
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio... p. movimientos de la flota enemi-
211. ga120. La Administración, de acuer-
118
Ibidem, p. 331.
119
GONZÁLEZ PALENCIA, Ángel, La España del
do con los informes recibidos le
Siglo de Oro, Madrid, 1940, p. 18. daba las instrucciones concretas121.
120
“En otras letras de seis de noviembre di aviso El duque de Calabria ejercía en no
de la venida de Haçençija a Constnantina, el qual par- pocas ocasiones de puente entre el
tio della a cuatro de noviembre con mil y seteçientos poder central y don Bernardino.
turcos y moros del rreino de Granada y Valençia y
La situación en la que se hallaba,
otros muchos moros”. AGS, Estado-Costas de África y
Levante, 464; La Goleta de Túnez, 12 de noviembre, tanto físicamente como en la jerar-
1536; rubricada. quía del imperio, era inmejorable
121
Instrucciones a don Bernardino de Mendoza. para cumplir con dicha función.
AGS, Estado-Armadas y galeras, 443; Madrid, 15 de abril, El licenciado Pedro de la Gasca
1540 y 16 de julio, 1540.A esta última pertenece el si- también se ocupaba de pasar las
guiente encabezamiento: “Vuestra cartas de XXIX de
mayo, XII, XXVIIII de junio havemos visto y agradesçe-
instrucciones que recibía del go-
mos os y tenemos en servicio el cuydado que terneis bierno de la Monarquía a don
de avisarnos siempre de lo que se os offresçe y donde Bernardino. En septiembre de
os hallais, hazello eys siempre assi”. 1545 había que hacer llegar un co-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
57
municado del príncipe al capitán general de las galeras de España; el vi-
rrey explicaba al príncipe sus gestiones en ese sentido:

“El pliego que tenia de vuestra Alteza para don Bernardino de Mendoça con
hotra carta que para el tenia de Cartagena con aviso de çiertas galeras y fus-
tas con que el hijo de Barbarroja vino y le aguardava le he imbiado en este
dia con hun bergantin aposta para que se lo diesse donde quiera que lo to-
passe. Y no topandole que fuesse a Mallorca y diesse el pliego al visorrey don
Felipe de Çerbellon para que el lo encamine como cosa que mucho importa
al serviçio de su Magestad, de manera que tengo por muy çierto que terna to-
do buen recaudo”122.

A su vez, el visitador Pedro de la Gasca escribía al príncipe sobre el


envío del mensaje a don Bernardino:

“Antes de ayer, ya tarde, recibi esta carta del bayle de Alicante y otra del al-
cayde de Cartagena para don Bernardino ( ... ). Y luego lo fui a comunicar
con el señor duque y paresçiole que devia armar y embiar una fragata con la
carta del alcayde y otras que de su Alteza su Excelencia tenia para don
Bernardino. Y ansi, a toda la priessa que pude, procure que se armasse de
doze remeros muy buenos y un marinero y se partio ayer a buscar a don
Bernardino y darle la carta...”123.

Aunque desde el gobierno central se le daba orden para que hiciese


la derrota de Cataluña y Valencia, sus propuestas de aumentar la capa-
cidad de la flota fueron postergadas. Tradicionalmente las flotas actua-
ban durante las estaciones de buen tiempo, pero don Bernardino adver-
tía de “las mudanzas de la manera de guerra, reposando el verano y an-
dando el invierno”. Desde Madrid se le mandaba que se aprestase para
aparejarse también durante el invierno, aunque para ello había que es-
perar a los movimientos de la armada enemiga124.
Además de las galeras de España al mando de don Bernardino, hací-
an guardia ocasionalmente por las costas del Levante español las gale-
ras de Juanetín Doria, sobrino del príncipe Andrea, o a las de don Alvaro
de Bazán. Muestra de la efectivi-
dad de estas armadas son las órde-
122
AGS, Estado, 297, ff. 146;Valencia, 3 de septiem- nes de captura que desde el poder
bre, 1545. territorial se extendían a los diver-
123
Ibidem, f. 257;Valencia, 3 de septiembre, 1545. sos oficiales para que capturasen a
124
Ibidem, Madrid, 30 de julio, 1540. los náufragos de las fustas enemi-
58 gas que habían llegado a tierra. En tales casos los turcos eran entrega-
dos al capitan general de las galeras de España y los moriscos a las cár-
celes de la ciudad125. Juanetín Doria también hizo dar con sus galeras “al
traves en terra ciertas fustes de turchs e moros cossaris”, los cuales ha-
bían huido y andaban escondidos por Xalo, Parcent, y otros lugares de
la gobernación de Xàtiva, lo que obligó al virrey a ocuparse de ellos126.
El reino siempre había aspirado a tener su propia flota de galeras, y
no estar al socaire de las eventuales protecciones de las galeras de
España que cubrían una zona demasiado amplia como para poder pres-
tar el auxilio concreto que precisaba la costa valenciana. Sin embargo,
los intentos de mantener una flota perenne en las costas mediterráneas
españolas no fructificaron, por lo que éstas siempre se hallaron a re-
molque de la iniciativa de las flotas y piratas enemigos. Por otra parte el
gobierno central alentó la posibilidad de formar una armada propia va-
lenciana, pero el proyecto nacía muerto desde el momento en que no te-
nía el respaldo financiero adecuado. De hecho, proyectos hubo, alenta-
dos desde el gobierno central, para que Valencia contase con la protec-
ción de sus propias galeras: “En lo del hazer las galeras desse reyno,
acordad y haced instancia para ver la forma que se podia dar en la exe-
qucion”127. Naturalmente, esta propuesta del príncipe no incluía la fi-
nanciación de la futura flota autónoma, por lo que, dadas las dificulta-
des financieras de la ciudad y del
reino, la posibilidad de una protec-
125
ción propia era inviable sin el
De la orden de captura de turcos y renegados
extendida a Miquel Fenollar (ARV, Real, 1321, ff. 71 vº- aporte financiero del rey128.
72; Valencia, 25 de agosto, 1546); a Joan Martínez de Es por ello que, cuando las ne-
Vera, caballero, baile de la ciudad de Alicante (Ibidem, cesidades imperiales lo requerían,
f. 73-73 vº;Valencia, 31 de agosto, 1546) y a Joan Vaca, el virrey ordenaba el embargo ge-
gobermador de la villa y marquesado de Elche, para neral de embarcaciones, las cuales
que entregase el turco que tenían prisionero (ARV,
debían engrosar la flota imperial.
Real, 1423, f. 90-90 vº).
126
ARV, Real, 1321, ff. 52 vº-53;Valencia, 4 de junio, Entonces, la actividad habitual
1546. quedaba interrumpido hasta que
127
Al regente de Valencia, 28 de julio, 1548; AGS, las sucesivas disposiciones del vi-
Estado-Aragón, 303, f. 153. rrey permitían el retorno a la nor-
128
Sobre la frustración de una flota de galeras que
malidad. Llegada la ocasión el lu-
custodiase la costa valenciana, vid. el artículo de PAR-
DO MOLERO, J. F.“Per terra e no per mar. La actividad garteniente general mandaba ha-
de naval en la defensa del reino de Valencia en tiempos cer inventario de todas las embar-
de Carlos V” en Estudis... 21 (1995). caciones que se hallaban en los
EL IMPERIO DE CARLOS V
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59
puertos de la costa del reino de Valencia, incluidas las que tan sólo se
encontraban de paso en el reino. Posteriormente remitía al emperador
la relación de navíos y solicitaba información del puerto de destino las
naves para que los mercaderes entregasen las fianzas correspondien-
tes129. Con todo, la vigilancia no resultaba extrema. Un gascón alzó las
velas de su galeón fondeado en el puerto de Alicante y ante el peligro de
que el ejemplo cundiese entre las otras embarcaciones, el virrey se diri-
gió al poder central para que el atrevimiento fuese castigado130.
En una ocasión, el emperador había deliberado hacer una “grossa
armada (...) contra el turch nostre enemic principal, infectant continua-
ment la cristiandat, e senyaladament estos regnes”, pero se encontraba
con el inconveniente de no tener un número suficiente de galeras como
para oponerse al enemigo. El duque de Calabria ordenó que se embar-
gasen y detuviesen todas las naves que reuniesen las condiciones ade-
cuadas:

“les charavales y escorpins que es poran haver levant totes les veles, do-
nant·nos avis de quina tinguda son, perque conve que sien de setanta fins a
cent tonells (...) e si stan en orde, e que els falta, e si sera necessari provehir
per a que estiguen en orde. E axi mateix, quina artilleria poran portar. E
quants diners seran mester per a totes les dites coses”.

Inclusive había que tener en cuenta otras embarcaciones que, aunque


no aptas para navegar en primera línea, servían de apoyo logístico a las
galeras. De este modo podía navegar un buen número de “caraveles,
azabres, pataches y sorchapins bien armados”, embarcaciones que se te-
nían como muy apropiadas para reforzar la acción de las galeras131. Las
naves tenían que sufrir forzosas
adaptaciones técnicas para servir
129
a la marinería de guerra. En este
AGS, Guerra Antigua, 11, f. 199; Valencia, 5 de fe-
brero, 1538.
punto los patrones, expertos y
130
El duque de Calabria a “Magnifico señor”. Ibidem, prácticos, criticaron abiertamente
f. 219;Valencia a 19 de febrero, 1538. la cédula del emperador, pues con-
131
Según comunicación al “surrogat de governador sideraban que eran técnicamente
de la ciutat de Alacant e balle e altres officials de aque- inviables. Todas las embarcacio-
lla; governador de Denia, balle de Cullera e altres of-
nes que arribasen a puertos del
ficials de les viles, lochs maritims de la costa de
Ponent” ARV, Real, 1319, ff. 19 vº-20; Valencia, 14 de reino de Valencia con las caracte-
enero, 1540. rísticas técnicas requeridas debían
132
De la “Memoria de lo que se ha echo hasta el ser embargadas132. Las naves que
60 se precisaban, o gran número de ellas, se hallaban dispuestas en las pla-
yas de Valencia. Muchas provenían de Cataluña y se habían reunido las
que tenían una capacidad de 70 a 100 toneladas; pero la demora de los
preparativos imperiales terminó haciendo innecesaria la presencia in-
mediata de las naves valencianas en la Armada. Dado que los bajeles, en
principio, no iban a ser necesarias hasta pasado el mes de marzo, el vi-
rrey ponderó los daños que la demora podría ocasionar a los señores de
los navíos, así como la consecuente sangría para las arcas reales (que ha-
brían de satisfacer el costo de tantas embarcaciones varadas) y obró en
consecuencia. Dio instrucciones para que cuando los propietarios en-
tregasen fianzas suficientes que garantizasen el regreso de las naves a
las playas de la ciudad de Valencia durante el mes de marzo siguiente,
los dejasen zarpar libremente133.
La licencia de las embarcaciones no iba a ser provisional, sino defi-
nitiva. Pronto en los planes del emperador dejaron de ser precisos los re-
fuerzos valencianos, y el virrey dio orden de desmovilizar totalmente la
“flota” valenciana hasta recibir nuevas instrucciones del monarca:

“Per certs e bons respectes havem manat licenciar qualsevol navilis que es-
tos dies per manament de sa Magestat son stats detenguts, e per ço se mana
que sien cancellades qualsevol obligacions que, per dita rao sien stades fetes.
E que no sien detinguts navilis alguns com la intencio de sa Magestat sia per
ara no servirse de aquells”134.

Otra circunstancia en que el césar precisó del refuerzo naval valen-


ciano se dio en los comienzos de 1543. Su Majestad volvía a precisar
muchos navíos y le comunicó al virrey la necesidad de embargar cua-
lesquier “naus” y “navilis” que se
encontrasen por la costa valencia-
primero de hebrero en el detenimiento de los navios na. En esta ocasión, a diferencia
de Valencia” AGS, Estado-Aragón, 279, f. [Link]. doc., de lo ocurrido en 1541, el embargo
5. llegó a tener efecto. El virrey orde-
133
Instrucciones dadas a los “amats e feels nostres” nó a los alguaciles que se despla-
ARV, Real, 1319, f. 30;Valencia, 4 de febrero, 1540. zasen por la costa y embargasen
134
Al “surrogat de governador, balle (...) de Alacant;
balle, justicia (...) Peniscola i governador, justicia (...)
todos los navíos que encontrasen,
Denia” ARV, Ibidem, f. 39 vº; Valencia, 27 de febrero, levando velas y timones para que
1540. los mandatos el emperador fuesen
135
El alguacil Francisco de Torres recibió orden de cumplidos135. Asimismo, debían
partir hacia Denia para embargar todas las naves y na- percibir la “treta dels moços”, tra-
víos que encontrase en el puerto, así como de impo- yendo todos los muchachos que
EL IMPERIO DE CARLOS V
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61
encontrasen en Cullera, Sueca y otros lugares como Riola para el servi-
cio del rey136. Llegado el 30 de marzo, el virrey puso de nuevo en marcha
a los alguaciles con instrucciones para ir a Alicante, Dénia y demás par-
tes marítimas del reino, donde debían ordenar a los patrones y oficiales
de las naves que se pusiesen en camino con toda diligencia hacia
Barcelona137. Allí debían presentarse ante Francisco Duarte, provisor de
la Armada en dicha ciudad138.
Las naves no sólo se requisaban para servir directamente en el com-
bate, pues también eran requeridas para servicios logísticos como el
desplazamiento de las tropas. A este respecto, en 1544 el príncipe preci-
só de la colaboración del virrey de Valencia para el traslado de tropas.
Se trataba de enviar a los soldados alemanes que habían servido en la
frontera de Cataluña a Italia, pues
ya no hacían falta en el principa-
ner grandes penas para que no zarpasen sin licencia de do. Para el caso de que no se ha-
su Majestad. El alguacil debía enviar rápidamente la re- llaren los navíos necesarios en
lación de embarcaciones que podría llevar para el ser- Cataluña, el duque de Calabria de-
vicio real. ARV, Real, 1320, ff. 40 vº-41; Valencia, 6 de bía proveer que se enviasen con
marzo, 1543 . Según las dietas que el virrey ordenó que
toda la rapidez posible los bajeles
se le pagasen al alguacil Luis Çaydia, éste partió de
Valencia junto con Miguel Angel Buergal, notario; que se encontrasen en las costas
Francisco de Jaén y Antoni del Vem, “verguetas”, por valencianas y que fuesen aptos pa-
desplazarse hasta Alicante en donde embargaron todas ra ese menester. Debían zarpar ha-
las naves que encontraron. Salieron el 7 de marzo y cia Rosas, en donde ya se tenía
volvieron el 16 del mismo mes ARV, Ibidem f. 49-49 vº; disponible el dinero necesario pa-
Valencia, 20 de marzo, 1543 .
136 ra sufragar la operación139.
Ibidem, f. 40-40 vº;Valencia, 5 de marzo, 1543.
137
Ibidem, f. 55-55 vº;Valencia, 30 de marzo, 1543. Los navegantes se hallaban so-
138
Según consta en las instrucciones dadas a don metidos, además de a los avatares
Alonso de Mendoça, gobernador del marquesado de propios de las contiendas bélicas
Denia, y otros oficiales para el patrón de la naveta generales, a las necesidades pun-
“Nostra Senyora de Monserrat”, quien debía presen-
tuales del emperador. El virrey, en
tarse, como los demás, ante el citado provisor. Ibidem,
ff. 51 vº-52;Valencia, 29 de marzo, 1543. esos momentos, debía intervenir
139
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 60; Valladolid, 18 de las naves, generalmente de foráne-
octubre, 1544. os del reino. En esos casos, auto-
140
Caso de la nave “Santeluz”, capitaneada por Joan rizaba la partida de las naves pre-
Martí, de Vilafranca de Niza, que pudo zarpar tras el vio pago de la fianza para termi-
pago de las correspondientes fianzas. La embarcación
nar su camino previsto y, después,
pudo partir para descargar la sal en la gabela de Niza;
aunque, una vez allí, debía dirigirse al príncipe Doria y presentarse a las órdenes de los
ponerse a sus órdenes. ARV, Real, 749, f. 104-104 vº; oficiales reales140.
62 En la primavera de 1546 se efectuaban los preparativos para llevar
dos mil infantes a Lombardía. El Consejo de Guerra del dos de mayo
aprobaba el plan para la formación de compañías y el traslado de los
hombres. Se crearon siete capitanes que mandarían sendas compañías.
Cinco de ellas se formarían en Aragón y Valencia, las otras dos en
Castilla, en el marquesado de Villena y en el reino de Murcia. Cada pun-
to costero de la geografía hispana contribuía en algún aspecto a los pre-
parativos de la expedición. Málaga aportaría las picas, Barcelona los ar-
cabuces, Cartagena, Rosas y Tortosa las provisiones. Málaga, Cataluña o
Valencia, entregarían los otros suministros, donde más barato saliese y
de donde mejor le viniese a don Bernardino de Mendoza141. El príncipe
comunicó al emperador los acuerdos tomados y la disposición de los
preparativos. Don Bernardino de Mendoza debía indicar el punto de la
costa del reino de Valencia en que mejor se podía efectuar el embarque,
o si bien era mejor Tortosa. Los virreyes de Aragón y Valencia recibieron
los correspondientes comunicados
para que diesen las máximas faci-
Valencia, 23 de febrero, 1538. En trance semejante se
lidades y la operación se resolviese
encontró la nave “Sanct Joan” que había sido detenida
por órdenes del virrey. Dicha embarcación pertenecía con la máxima rapidez142. Sin em-
al patrón gallego Fernando de Xaxo, y se hallaba en el bargo, don Bernardino decidió
puerto de Alicante cuando recibió la orden de reten- que la embarcación de las cinco
ció[Link] el pago de una fianza de 1000 ducados el vi- compañías que se formaban en
rrey otorgó licencia para que continuase su ruta para Aragón y Valencia se produjese en
recoger carga en Cálig, y, posteriormente, presentarse
a los oficiales reales (Ibidem, ff. 114 vº-115;Valencia, 7
Tortosa, y las dos del marquesado
de marzo, 1538). de Villena y Murcia, en Cartagena.
141
“Lo que se resolvio en el Consejo de la Guerra, Ocurrió en no pocas ocasiones
martes XI de mayo, 1546, en Madrid, sobre los dos mil que, o bien el césar, o bien su hijo
infantes que se embarcaron a Italia” AGS, Estado- el príncipe, ordenaban el traslado
Castilla, 73, f. 126.
142
de armamento, municiones, apro-
AGS, Estado, leg. 73, ff. 127 a 131; Madrid, 18 de
mayo, 1546 en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus..., visionamiento y material diverso;
vol. II, pp. 470-471. pero ello ocasionaba no pocos pro-
143
Caso del bizcocho para la Armada. AGS, Guerra blemas con la legalidad foral y los
Antigua, 12, f. [Link], Ibidem, 16, f. 198,Valencia, 14 derechos esgrimidos por los gre-
de enero, 1539. El bizcocho constituía la base de la ali- mios y otras entidades que se con-
mentación de la tripulación de las galeras que surcaban
el Mediterráneo: “Daban a cada uno veintiséis onzas
sideraban perjudicadas en sus de-
de bizcocho, pero si estábamos en donde no lo podí- rechos al transitar por el territorio
an tomar, que era tierra de enemigos, veinte onzas y valenciano mercancías que ellos
una almueza de mazamorra. Para el bizcoco toman la mismos elaboraban143. Y no sólo se
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
63
transportaban tropas: por el reino de Valencia transitaba material béli-
co de paso hacia las fronteras calientes de la geografía hispana. En esos
casos el gobierno central avisaba al territorial para que no se cobrasen
los derechos habituales144. Sin embargo, cuando el duque de Calabria so-
licitó que parte de la artillería que estaba depositada en Alicante se que-
dase en el territorio valenciano, el príncipe respondió que se trasladaba,
pero a Perpiñán y Barcelona. El regente Cabanyelles respondió grave-
mente a su Alteza, pues tal decisión había hecho sentir en Valencia “el
trago de la muerte”, ya que en Perpiñán sobraba mucha artillería y en
Barcelona faltaba poca. Para el regente de la lugartenencia el problema
estaba en los veinticinco mil moriscos que habitaban en el reino, por lo
que la ciudad debía estar muy bien fortificada. Como también faltaba el
favor del príncipe, el viejo don Jerónimo lo veía “todo perdido”145. La pa-
tética misiva del regente no mudó la determinición tomada por el go-
bierno central. Pero las protestas no menguaron por ello. Los de
Alicante hiceron patente su descontento porque consideraban que en
Barcelona estaban más fortificados que ellos. El virrey, asumió real-
mente los intereses alicantinos; escribió sobre ello al comendador
Francisco de los Cobos para que les escuchase, pues se hallaban des-
consolados porque el esfuerzo realizado en fortificar la ciudad podía re-
sultar estéril si la ciudad quedaba desprovista de su artillería146.

1.4. LA BATALLA DE ARGEL


Y LA FINANCIACIÓN
harina sin cerner y hácenla pan; después aquello há-
cenlo cuartos y recuécenlo hasta que está duro como DEL ESFUERZO BÉLICO
piedra y métenlo en la galera; las migajas que se des-
moronan de aquello y los suelos donde estuvo es ma- La conquista que el emperador
zamorra, y muchas veces hay tanta necesidad, que dan realizó del territorio de Túnez rea-
sólo esta (…) ¿Pensáis que son mejores las de los cris- vivó los deseos, no sólo de los va-
tianos? Pues no son sino [Link], C. Viaje a
lencianos, sino de todos los habi-
Turquía. Edición y prólogo de Antonio G. Solalinde. Madrid,
1965, p. 39. tantes del Levante español de ac-
144
Cuando habían de llevar de Cartagena a tuar sobre Argel, verdadero centro
Barcelona por vía terrestre doscientos cincuenta ba- de actuaciones corsarias y piráti-
rriles de pólvora para la defensa de aquella ciudad. cas. Prescindiendo del análisis es-
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 91;Valladolid, mayo, 1544.
145
tratégico y militar se incide en la
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 190;Valencia, 25 de ju-
lio, 1543. colaboración prestada a la Armada
146
AGS, Estado-Aragón, 293 f. 67;Valencia 10 de ene- o los aprovisionamientos efectua-
ro, 1544. dos al ejército y, obviamente, la in-
64 cursión argelina se aborda desde el ángulo valenciano. De hecho, para
la empresa de Argel la ciudad y el reino de Valencia brindaron su total
apoyo. El virrey y la ciudad concertarán los servicios de sendos bergan-
tines (dos y uno respectivamente) que deberán conectar constantemen-
te la galera imperial con tierra. De este modo el puerto de Valencia que-
dará convertido en el punto de enlace entre el césar y la península. Con
todo, estas embarcaciones se revelarán ineficaces debido a los fuertes
temporales que predominarán durante toda la campaña. El inicio de las
operaciones sorprenderá a Cabanillas al frente de la regencia de la lu-
gartenencia, aunque al saber que se han desatado las hostilidades el vi-
rrey dejará su estancia de recreo y asumirá sus funciones de capitán ge-
neral. Los nobles valencianos participarán directamente, pero el lide-
razgo del duque de Gandía sufrirá un duro golpe cuando una enferme-
dad le obligue a abandonar su embarcación. El desastre final supondrá
un cúmulo de problemas para el reino, principalmente para la ciudad de
Alicante que albergará un gran número de marinos y soldados que re-
gresan de Argel. Un peligro capital será el del desabastecimiento de la
mencionada ciudad, pues las tropas pueden desmandarse y provocar a
los moriscos del interior. Todo ello causará una serie de disfunciones en-
tre el virrey y el cardenal de Toledo que serán suprimidas de raíz en-
viando a un comisario con poderes especiales: el secretario Juan Peña,
con instrucciones directas del poder central de coordinar la llegada y el
reenvío de las tropas. Así, unas serán reembarcadas y otras conducidas
a pie, por el reino de Valencia, hacia la frontera de Perpiñán.
En relación con el esfuerzo bélico se analiza una de las fuentes de fi-
nanciación. Las diferentes bulas de cruzada concedidas por los pontífi-
ces supondrán unos saneados ingresos para costear el esfuerzo bélico en
el Mediterráneo. Su recaudación exigirá de una compleja estructura dis-
puesta al efecto. En la cúspide central el tesorero receptor, en las cir-
cunscripciones territoriales, los comisarios de la cruzada. Para evitar in-
terferencias y retrasos en el cobro se constituirá un tribunal único para
la resolución de las cuestiones referentes a estos subsidios. El poder cen-
tral emitirá las instrucciones necesarias para el cobro del subsidio y el
poder territorial organizaba la suscripción de la bula; pero todas las dis-
posiciones al efecto no podrán evitar la proliferación de la picaresca en
torno a las bulas de cruzada.
Consecuencia lógica de los encuentros hostiles y de las actividades pi-
ráticas será la captura de cristianos reducidos a la esclavitud a la espe-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
65
ra de un hipotético rescate. Con respecto a la redención de cautivos, hay
una división bastante nítida entre las funciones del gobierno de la
Monarquía y la lugartenencia general. Desde la más alta instancia se
otorga el permiso genérico para comerciar con la ciudad prohibida, pe-
ro es el virrey quien concreta, en función de las circunstancias, la cuan-
tía concreta de mercancías que pueden transportar en cada viaje. Al
príncipe también recurren los particulares, generalmente procedentes
de otros reinos para conseguir permiso de recaudación de limosnas.
Desde el poder territorial se conceden los permisos concretos para mar-
char hacia Argel; se facilita la labor de la Orden de los Mercedarios, de-
dicada al rescate de cautivos y, llegado el caso, interceder directamente
al gobernador de Argel para que facilitase la labor de los mediadores. La
exposición de los sucesos acaecidos a Pedro Narváez, mostrará cuán in-
cierta era la ruta de Argel, y el fraude que se sucedía con motivo del res-
cate de cautivos.

***

La batalla de Argel fue una empresa bélica, ahora ofensiva, por la


que apostaron todos los estamentos del reino. José María Jover alude
a la inversión de intereses de Isabel de Portugal y Carlos V con res-
pecto a las fronteras pirenaica y mediterránea. Mientras la emperatriz
cifraba su atención e inquietud en la frontera mediterránea: la facha-
da meridional y levantina de los reinos, las plazas africanas y las is-
las, con un relativo desinterés por la frontera pirenaica; el emperador
manifestó unas preocupaciones opuestas, insistiendo en la necesidad
de tener bien guarnecida la frontera del Rosellón147. La emperatriz in-
sistió en la necesidad de atender la frontera mediterránea, en termi-
nar con la plaza de Argel, auténtico nido de cobijo de las naves ene-
migas. La tenacidad de la emperatriz y de los propios reinos, termi-
naron suscitando en el emperador la necesidad de acometer la em-
presa de Argel:

“Por las causas que muchas vezes me ha-


veys escripto, Señora, y por las conteni-
das en las relaçiones de los del nuestro
147
JOVER, José María Carlos V y los españoles, Consejo de la guerra y por otros buenos
Madrid, 1985, pp. 149-150. respetos, deseo que se hyziese la empresa
148
FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus... t. I p. 313. de Argel”148.
66 A principios de agosto de 1541 el duque de Calabria solicitaba direc-
tamente al emperador que le confirmase, secretamente, la empresa de
Argel. El virrey se ofrecía para acudir él mismo “con una buena banda
de cavalleros destos reynos que no me faltaran para ella”149. Cuando ya
se sabía que él había de acudir a Mallorca, el regente Cabanyelles escri-
bió al “portantveus de general governador della Sexona” para que acon-
dicionase su residencia150. Desde que se inició la expedición a Argel, en
todas las iglesias y monasterios del reino se iniciaron las rogativas por
el feliz éxito de la misma. Pero en Valencia no sólo se rezaba: el duque
de Calabria había hecho embargar dos bergantines para tener perma-
nentemente comunicada la costa peninsular con el grupo expediciona-
rio151.
Ahora bien, aunque los bajeles se habían tomado, llegado el momen-
to de su uso parece ser que aún no se habían adaptado. Ello obligó al re-
gente de la lugartenencia general, Jeroni de Cabanyelles, a recurrir al
bergantín que la ciudad y los diputados habían concertado por su cuen-
ta para saber constantemente nuevas de la batalla de Argel. En cualquier
caso, la nave dispuesta no pudo zarpar debido al gran temporal que azo-
taba la costa. Se ha mencionado al regente Cabanillas; efectivamente,
fue él quien estuvo en Valencia durante los primeros días de la campa-
ña, pues el duque de Calabria se encontraba en su finca de caza “La
Garrofera”. Los despachos que llegaban para él desde la Administración
central se los remitía el regente a su finca. En la misiva que Cabanyelles
dirigió a Cobos comunicando las nuevas de la empresa no dejó de ocul-
tar su amargura: “Al tiempo que llego el correo no estava aca el señor
duque; ni lo esta agora; ni los vergantines estavan tan a puncto como era
menester...”152.
El regente no se confió sólo al navío concertado por la ciudad. Dio avi-
so para concertar dos bergantines más que le habían dicho que estaban
fondeados en Dénia y Cullera, pues
la experiencia le indicaba que los
149
AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 32; Viver, 9 de mensajes que se enviaban por mar
agosto, 1541. habían de ser duplicados por los
150
ARV, Real, 1319, f. 168 vº; Valencia, 23 de sep- riesgos de la travesía. Finalmente,
tiembre, 1541.
151
sólo se utilizaron dos bergantines,
El duque de Calabria al comendador mayor de
León. AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 96; La Garrofera, el concertado por la ciudad y otro a
11 de octubre, 1541. cuenta de las arcas reales. Este úl-
152
Ibidem, f. 111;Valencia, 21 de octubre, 1541. timo cobraba el sueldo entero
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
67
cuando navegaba, y medio sueldo cuando estaba aparejado en el puer-
to. Según confiaba el duque al secretario Cobos, no faltarían navíos pa-
ra comunicarse con el rey, pues todos los patrones deseaban servir al
emperador; lo cual no dejaba de tener su explicación, ya que la victoria
de la armada imperial significaría una mayor seguridad para la navega-
ción comercial153.
El doctor Bartomeu Sarçola comunicó al virrey la llegada de un ber-
gantín de Mallorca con noticias de la campaña. El rey había llegado a
Mallorca, donde estaba concentrada toda la flota con más de cuatro-
cientas velas entre goletas, naos y otras embarcaciones. Al cuerpo expe-
dicionario el rey había agregado cuatrocientos soldados que se hallaban
en la guarnición de Bona154. Cuando el duque de Calabria supo que se
embarcaba el emperador, “en la misma hora dexo todas sus caças y pas-
satiempos y se vino a Valencia”, con lo cual fue el virrey quien de nuevo
ejerció la lugartenencia general155. Fueron jornadas de climatología muy
adversa. Los correos que había tenido que enviar el regente habían te-
nido que esperar por el fuerte temporal. No de otro modo, sería el tiem-
po el encargado de frustrar los propósitos imperiales. La primera vícti-
ma fue el duque de Gandía. Ciertamente, el duque comandaba una se-
lecta fuerza expedicionaria que había costeado de sus propias pecunias.
Veinticinco o treinta caballeros principales le acompañaban. A tal fin
había reunido una nave principal junto con otras dos más pequeñas y él
se embarcó en la galera de don Bernardino de Mendoza. Sin embargo,
a causa del mal tiempo, “se le quebro la vexiga”, por lo que, a pesar de
sus propios deseos, fue desembarcado y con gran pesar recluido en su
casa de Gandía, en donde no recibía a nadie ni contestaba a los correos.
La fuerza expedicionaria preparada por el duque continuó su rumbo, es-
ta vez al mando de su hijo156.
Lo que sucedió en Argel es historia sabida. El emperador, después de
visitar Flandes, Alemania e Italia,
el 29 de septiembre de 1541 salió
153
Ibidem, f. 119;Valencia, 31 de octubre, 1541. de Génova. Después de costear por
154
“Al excellentissimo principe y senyor el senyor Córcega llegó a Mallorca el 12 de
duque de Calabria, etcetera, mi senyor”, Sarçola. octubre con las armadas de
Ibidem, f. 108;Valencia, 19 de octubre, 1541. Nápoles y Sicilia. La armada de
155
De la misiva del regente Cabanillas a Cobos.
Ibidem, f. 120;Valencia, 31 de diciembre, 1541.
España estaba aguardando en
156
Del regente Cabanyelles a Cobos. Ibidem, f. 99; Formentera, pero ya no regresó a
Valencia, 12 de octubre, 1541; e Ibidem, f. 120. Mallorca; el emperador dio orden
68 al duque de Alba de partir directamente hacia Argel, a donde llegaban el
20 del mismo mes. Desembarcó toda la gente de guerra e infantería y lle-
gó a tomar una cota que defendían los de Argel. Desembarcaron caba-
llos y “gente muy luzida”, artillería y bastimentos; pero el martes

“amaneçio una tempestad tan grande que no solamente no se pudieron des-


embarcar las vituallas y artilleria, pero muchos navios pequeños que no po-
dian resistir ni hazerse a la mar dieron a traves, y asimismo, treze o catorze
galeras...”157.

La galera del emperador también dio a tierra, la tempestad arreció y


los italianos comenzaron a retirarse, al igual que los argelinos que se re-
fugiaron en la ciudad, hasta donde los persiguieron algunos caballeros,
principalmente de la Orden de San Juan. Desde que habían desembar-
cado, la mayor parte de los soldados no había comido más que hierbas
del campo y carne de sus caballos, que el emperador autorizó a matar
porque en los navíos tampoco había nada para ellos. Carlos V guió a su
gente hasta el cabo de Meta, a tres o cuatro leguas de Argel; pero como
no podía utilizar la artillería, acordó suspender la operación y volverse
sin recibir ningún daño de los argelinos. El césar con todos sus grandes
se embarcó en las galeras que quedaron y, después de embarcados, su-
cedió otra tormenta aún peor que la primera. El tres de noviembre or-
denó que la gente de Italia se volviese a Cerdeña y las islas. La armada
española tocó Bugía y de allí pasó a Cartagena158.
Mientras, en el reino se hacían los preparativos necesarios para abas-
tecer a la Armada. Los mercaderes recibieron, según el virrey, buen tra-
to, e hicieron acopio de vino, arroz y otros productos de la tierra159. A las
dificultades generales que suponía la acción del reenvío de la tropa, se
añadía el obstáculo de las comunicaciones, pues el temporal no arrecia-
ba y era difícil saber el paradero
del emperador. Los despachos que
157
AGS, Estado-Costas de África y Levante, 475. desde la Administración central le
158
Eduardo Ibarra indica que el reembarque fue el dirigían se quedaban detenidos en
2 de noviembre; España bajo los Austrias..., p. 72. Valencia a la espera de nuevas más
159
AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 119. ciertas160. Los jurados de Alicante
160
En carta del duque de Calabria a Cobos. AGS,
escribían al virrey sobre el desas-
Estado-Francia, K-1700, f. 195; Valencia, 13 de noviem-
bre, 1541. tre de Argel, el destino de los sol-
161
Ibidem, f. 123; Alicante, 17 de noviembre, 1541. dados y la próxima llegada del em-
Vid. Ap. doc., 7. perador a Cartagena161. Aunque el
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
69
emperador no desembarcó en Alicante, a su puerto llegaron numerosas
naves con los soldados que regresaban de la frustrada expedición. Este
regreso fue realmente tumultuoso, puesto que muchas de las naves que
habían de zarpar pasar a Lombardía, Cerdeña o Italia, debido al tem-
poral, desembarcaron en Alicante; otras lo habían hecho en Mallorca.
Cuando los jurados de la ciudad avisaban al virrey, eran ocho las naves
que habían desembarcado a sus soldados, españoles e italianos. Eran
tantos que según los jurados “ya empieçan a darnos enojo tanta gen-
te”162. Con tres mil hombres deambulando por la ciudad, el virrey temía
por el momento en que escaseasen las vituallas, pues suponía que podí-
an adentrarse por las morerías y estallar tumultos. Por ello, escribía al
cardenal de Toledo, con el fin de que enviase una persona lo suficiente-
mente importante como para imponerse y trasladar a toda la soldades-
ca a Cartagena163. Ante la avalancha de personal, el duque de Calabria
cursó instrucciones para asegurar el orden público. Dispuso al alguacil
Alonso Delgadillo con órdenes de hacer buen recibimiento a todos los
que llegasen, estar atento para que no sucediese ningún tumulto, que en
la ciudad se mantuviese el orden necesario y, sobre todo, tratar de con-
vencer a los capitanes para que prosiguiesen su viaje a causa de la more-
ría164. Pedro Maza de Lizana, “portantveus” del gobernador en Orihuela,
recibió instrucciones semejantes; debía partir hacia Alicante, en donde
debía establecer su residencia y tratar con cortesía a los que llegaban y
dar a entender a los capitanes que no sería conveniente desembarcar en
la ciudad a causa de las morerías contiguas, y proseguir el viaje165.
Como se sabía que muchas embarciones no arribarían a Cartagena, si-
no a Alicante o, incluso, a Dénia, el cardenal de Toledo escribió a su vez al
virrey, advirtiéndole para que los
maestres de los navíos declarasen
162
en la llegada al puerto el material
Justicia y jurados de Alicante al duque de
perteneciente a su Majestad con el
Calabria. Ibidem, f. 124; Alicante, 11 de noviembre,
1541. que se habían embarcado y con el
163
AGS, Guerra Antigua, 22, f. 98;Valencia, 13 de no- que regresaban. Desde el gobierno
viembre, 1545. Copia en AGS, Estado-Francia, K-1700, f. central se sospechaba que, con mo-
126. tivo de la tempestad, en los navíos
164
ARV, Real, 1319, ff. 171 vº-172;Valencia, 10 de no- no se habían embarcado realmente
viembre, 1541.
165
Ibidem, f. 172-172 vº.
los suministros y provisiones, si-
166
AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 127; 14 de no- no que habían sido tomados por
viembre, 1541. la marinería para ser vendidos166.
70 El duque de Calabria, a su vez recibió otras órdenes, según las cuales, to-
dos los soldados y gente de guerra que venía de Argel debía reunirse de
nuevo en la isla de Ibiza. El cruce de órdenes enojó al duque de Calabria,
quien se dirigió al comendador mayor de León, explicándole la situación,
y cómo no quería “tornar a consultar con el dicho señor cardenal sobr·ello,
fuera muy a repelo, lo que no sera con vuestra merced, hallandose tan a
mano”167. No obstante, el mismo día en que escribía a Cobos, hizo lo mis-
mo con su Eminencia, a quien explicó las instrucciones que había recibi-
do para reembarcar al personal hacia Ibiza y las últimas noticias llegadas
de Alicante168; la relación pedida por el cardenal, finalmente se llevó a tér-
mino169. No de otro modo, las noticias que al virrey le llegaban del empe-
rador procedían en su mayor parte de Alicante, pues los flamantes ber-
gantines contratados por la ciudad y por la lugartenencia general para se-
guir constantemente los movimientos de su Majestad se habían revelado
inútiles: al no poder salir en los días de tormenta, no sabían dónde dirigir-
se exactamente para localizar al emperador170.
Mientras, en Alicante, la situación no hacía más que empeorar. Cada
vez arribaba más gente a la ciudad. El subrogado del “portantveus”, el
justicia y los jurados de la ciudad escribían angustiados al virrey en de-
manda de auxilio, pues ni la ciudad ni la comarca podían dar cabida a
tanta gente como había desembarcado171. Con todo, el duque de Calabria
recibió instrucciones concretas que venían a poner orden en el caos en
que se había instalado el reino. El secretario Peña fue comisionado a
Alicante para materializar las ór-
denes del emperador. La Armada
167
Ibidem, f. 131;Valencia, 18 de noviembre, 1541. de don Alvaro de Bazán que iba a
168
AGS, Guerra Antigua, 22 ff. 96 y 97;Valencia, 19 de llegar a Alicante, debía continuar
noviembre, 1541. su viaje sin detenerse; y si llegaba
169
En la “Relaçion de la artilleria y muniçiones que sin suministros, el duque de
Pero Martines de Vera, bayle de la çiudad de Alicante
tiene a su cargo de la azienda de su Magestad de la jor-
Calabria debía adquirir trigo de
nada de Argel” AGS, Guerra Antigua 29, f. 29. Albacete; en cualquier caso debía
170
De la misiva del duque de Calabria a Cobos, dar las máximas facilidades al se-
AGS, Estado-Francia, K-1700 f. 125; Valencia, 13 de no- cretario Peña para cumplir las ór-
viembre, 1541. denes que traía172. Algunos solda-
171
Ibidem f. 129;Alicante, 15 de noviembre, 1541. El
dos, en lugar de ser reembarcados,
duque de Calabria, a su vez, hizo partícipe de la situa-
ción a Cobos (Ibidem, f. 131). emprendieron viaje a pie al
172
Ibidem f. 132; 19 de noviembre, 1541. Rosellón para guardar la frontera
173
El alguacil Jaume Valero debía acompañar al ca- de Perpiñán173; otros partirían ha-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
71
cia Cartagena, y en ambos casos fueron acompañados por alguaciles del
reino, que les facilitaban el viaje, procurándoles alojamiento y comida174.
Carlos V tenía previsto desembarcar en Cartagena, pero cuando arri-
baba a la costa quiso tocar tierra en Alicante. Don Bernardino de
Cárdenas, duque de Maqueda y marqués de Elche, le aconsejó que no lo
hiciese, al no tratarse de una ciudad capaz para recibir a su Majestad
convenientemente, pues ni la ciudad ni el puerto reunían las condicio-
nes suficientes. El cronista relata cómo el emperador estuvo a punto de
desembarcar en la ciudad:

“Pero como la Ciudad le hiciese una brava salva con su Artillería y le envia-
se a la isla de santa Pola, donde descansó (...) un donativo de algunos rega-
los y volatería como sabe hacer la ciudad en semejantes ocasiones, lo reci-
bió con mucho agrado y dijo: <Duque, mirad que estos servicios y regalos
no salen de lugares chicos y de por ay como me habeis dicho>. Excusóse el
Duque, pero debió hacerlo por no empeñarse a título de que tenía cerca su
marquesado. Después dice que le enviaron un cuadro del asiento de la
Ciudad y dicen le pesó de no haber desembarcado en ella”175.

El emperador desembarcó en Cartagena y hacia allí enviaron las ciu-


dades del reino sus comitivas para darle la bienvenida176. Los jurados de
Mallorca que también habían fleta-
do un bergantín para saber nuevas
pitán Antoni Moreno, hasta la “ralla de Catalunya” y del emperador, habían perdido su
asegurar que fuesen bien tratados durante el viaje por rastro debido a la tormenta, y des-
el reino (ARV, Real, 1319, f. 173; 19 de noviembre,
1541). La paga de las dietas por acompañar a la comi-
conocían el puerto al que se dirigía
tiva, Ibidem f. 191-191 vº;Valencia, 17 de enero, 1542. el monarca; por ello se encamina-
174
El alguacil extraordinario Joan Alemany debió ron al virrey de Valencia en busca
procurar alojamiento y buen tratamiento al capitán de noticias más ciertas177. La proxi-
Antonio de Torres, que se dirigía con 300 hombres a midad del monarca propició las pe-
Cartagena, acompañándolo hasta la “ralla de Castella”.
ticiones y favores; el virrey le supli-
El virrey no dejaba de recomendar que consiguiese las
vituallas a buen precio. Ibidem, f. 174;Valencia, 30 de no- có que atendiese a Lluís Marrades
viembre, 1541. que iba a interceder por su herma-
175
BENDICHO,V. Crónica... , XII, p. 185. no Gaspar, prisionero junto con
176
Ibidem, 148. don Joan de Aguilón y don Carlos
177
AGS, Guerra Antigua, 17, f. 40 (copia); la comunica- de Luna, del rey de Francia178.
ción del virrey al poder central de las nuevas de
Mallorca en Ibidem, f. 40; Valencia, 28 de noviembre,
Todavía los valencianos intenta-
1541. rían que se realizasen nuevas cam-
178
Ibidem f. 151;Valencia, 7 de diciembre, 1541. pañas sobre Argel, y en las Cortes
72 de 1547 ofertaron al príncipe 10 000 libras adicionales para sufragar otra
acción sobre Argel; pero el mismo impulso que había llevado a Carlos V a
abordar las campañas africanas, le llevó después a acometer otras empre-
sas a las que estaba obligado como emperador:

“La noción de guerra contra el infiel entró dentro de la propia concepción


que tenía el Emperador de sus obligaciones universales, seguramente el mis-
mo nivel que aquellas otras referentes a la paz universal y al Imperio, la mís-
tica dinástica y el deber de defender la Fe. En conjunto estas ideas tiraron so-
bre él en distintas direcciones, indicándole constantemente nuevos objetivos
a cubrir y ambiciones que satisfacer”179.

***

Uno de los principales problemas (si no el principal) que había de re-


solver el emperador a la hora de diseñar sus estrategias bélicas era el de
la financiación. En este sentido, un caudal que se mostró muy regular
(si bien no fue ni el único ni el más importante) y que también fue ali-
mentado por el reino de Valencia fue el de de las bulas de cruzada.
En efecto, las rentas eclesiásticas conformaban una de las fuentes de
ingresos más seguras de la Hacienda real y, dentro de ellas, la cruzada
era la más codiciada por los banqueros, pues la tenían conceptuada co-
mo más segura. Esta era otorgada por el papa a la Corona en forma de
bula de cruzada. Concedía beneficios espirituales a los fieles a cambio
de una estipulación económica. Conferida originariamente para luchar
contra los musulmanes en España, seguían dispensándola los papas al
emperador para que prosiguiese la causa católica180. El 19 de diciembre
de 1542, Paulo III otorgaba al emperador una bula de cruzada contra el
Turco que venía a suponer la concesión de la cuarta parte de los frutos
y rentas eclesiásticos181; la cual era renovada por término de un año el 3
de noviembre de 1543182.
Desde el reino dirigían la operación los jueces comisarios para la pre-
dicación de la cruzada. En el trie-
nio de 1542-1544, fueron nombra-
dos comisarios del territorio va-
179
RADY, M. Carlos V. Madrid, 1991, p. 118. lenciano el licenciado Miranda, in-
180
LYNCH, J. España bajo los Austrias/1... pp. 171-
172.
quisidor de Valencia, don Miguel
181
AGS, Patronaro Real, Cruzada y Subsidio, 19, f. 56. Vich, don Luis Castellví y
182
Ibidem, f. 57. Bartolomé Parente, canónigos de
EL IMPERIO DE CARLOS V
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73
Valencia183, y para el trienio 1545-1547, don Luis Castellví y Miguel Pérez
de Miedes184. El presidente y el consejo del emperador intentaron asumir
para sí y para las cancillerías todas las apelaciones que se suscitasen en
torno a la cobranza de la bula. El emperador optó por continuar el sis-
tema tradicional, de modo que todas las apelaciones debía resolverlas el
comisario de la cruzada como juez apostólico, asistido por dos letrados
del consejo185. De ese modo, aseguraba un cauce central que impedía el
descontrol de los impuestos percibidos, ya que la dispersión de tribuna-
les acarrearía una mayor dilación en la cobranza del subsidio por la ma-
yor posibilidad de apelaciones.
Sobre este asunto, el gobierno de la Monarquía cursó instrucciones a
los oficiales reales en el territorio sobre la bula de cruzada: las motiva-
ciones que por las que se concedía y la necesidad de suscribirla para po-
der seguir haciendo frente a los enemigos del mar. Asimismo, las auto-
ridades valencianas recibieron el encargo de poner todos los medios pa-
ra facilitar la tarea de la exacción del dinero186. Procedentes de las ren-
tas eclesiásticas, el reino de Valencia debía contribuir con 10.000 duca-
dos. Las cartas y órdenes del cardenal de Sevilla respaldaban la opera-
ción y, para asegurarla, estaba permitido el auxilio del brazo real: la pi-
caresca era inevitable187. Incluso al príncipe habían llegado las noticias
de las numerosas personas que andaban divulgando gracias, indulgen-
cias y otras bulas diversas, de las que los súbditos de su Majestad cató-
lica recibían engaño. Para atajar el fraude, el príncipe cursó instruccio-
nes al duque con el fin de que se pregonasen por las villas y ciudades en
donde hubiese imprentas y que los impresores no editasen bulas ni in-
dulgencias188.
En otra ocasión el príncipe es-
cribía al virrey con motivo de una
183
nueva bula concedida por Paulo
Ibidem, f. 63-bis.
184
III. Según el lugarteniente general
Ibidem, f. 63-1.
185
AGS, Patronato Real, Cruzada y Subsidio, 20, f. 32; común, el papa había considerado
Bruselas, 1 de diciembre, [Link]. Ap. doc. 13. la necesidad extrema en que se ha-
186
ARV, Real, 329, ff. 30 vº-32;Valladolid, 6 de abril, llaba el emperador por sostener
1544. Ibidem, f. 90-92 vº; Valladolid, 20 de septiembre, las ciudades y villas de Africa, así
1544. Ibidem, f. 54-55;Valladolid, 7 de octubre, 1544.
187
como las galeras y armadas que
Ibidem, ff. 43 vº-44;Valladolid, 7 de julio, 1544.
188
Ibidem, f. 6-6 vº; 31 de diciembre 1543; 1544, en guardaban los reinos. Por todos
el texto, debido al cambio de fecha según estilo nota- estos motivos el pontífice “ha con-
rial . cedido una muy sancta bulla con
74 grandes gracias e indulgencias y facultades para todos sus reynos y se-
ñorios”. Ahora, competía al virrey, arzobispo y demás autoridades favo-
recer a los comisarios apostólicos que fuesen a predicar la cruzada189.

***

De todas las presas susceptibles de ser capturadas por los piratas, las
personas eran las más codiciadas. No sólo las grandes flotas, sino tam-
bién las pequeñas fustas, capturaban a tantos cristianos como podían.
Si los cautivos eran acaudalados, sus mismas familias atendían al res-
cate. Para socorrer a los prisioneros pobres, surgieron en toda la
Cristiandad instituciones religiosas que intentaban salvar sus almas y
también rescatar sus cuerpos. Para ello debían obtener limosnas en tie-
rras cristianas que les permitiesen pasar a Berbería y, allí, so pretexto de
adquirir cautivos, obtener un pasaje de vuelta190. En el territorio valen-
ciano era la Orden de la Merced la que fundamentalmente se dedicaba
a estos menesteres. La autorización para la recaudación de limosnas con
el fin de rescatar cautivos correspondía, indistintamente, tanto a la
Administración central como a la periférica. Un ejemplo de estas auto-
rizaciones es la realizada en 1537 por el virrey para el rescate de ciento
treinta monjes del monasterio de San Pantaleón, de la Orden de San
Basilio, cerca de la ciudad de Salónica; los cuales habían sido hechos
prisioneros por los turcos, debiendo atender a un rescate de 1 100 du-
cados de oro a pagar en ciertos términos. Como los monjes no tenían po-
sibilidad de pagar, el papa Paulo III había autorizado una bula para pro-
curar su rescate. Un tal Constantino era el encargado de recoger las li-
mosnas, y para él solicitó el virrey un trato humano y caritativo191.
Asimismo, duque de Calabria solicitó que los frailes mercedarios fuesen
recibidos con todos los honores y pompas necesarios cuando convoca-
sen al pueblo y predicasen las indulgencias para el rescate de cautivos192.
Consecuencia del capítulo ge-
neral de la orden de la Merced ce-
189
ACA, Cancillería, 3984, ff. 95 vº-98; Alcalá, 4 de lebrado en 1544, fue la orden del
febrero, 1548. maestro general de redimir a los
190
BRAUDEL, F. El Mediterráneo..., t. II, pp. 314-315. cautivos en la ciudad de Argel; ello
191
ARV, Real, 1419, ff. 45 vº-46 vº; Valencia, 18 de indujo al virrey a ordenar a cuales-
agosto, 1537.
192
ARV, Real, 748, ff. 116 vº-117;Valencia, 25 de agos-
quier oficiales del reino que, cuan-
to, 1537. do los padres redentores lo solici-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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75
tasen, los dejasen embarcar y pasar libremente a Argel, junto con sus
criados y todo el oro y plata necesario para liberarlos; también recordó
que debían propiciar un buen recibimiento a los cristianos cuando re-
gresasen193. Efectivamente, las grandes ceremonias al regreso de los li-
berados, con procesiones y acciones de gracias, eran comunes a todas
las ciudades de la región mediterránea194. Y Valencia no fue una excep-
ción. La misión de los frailes mercedarios fue un éxito, puesto que un
pregón municipal ordenaba una procesión de la entrada de los cristia-
nos que venían del cautiverio de Argel. Significativamente, entraría por
el “portal de la Mar”: “Per quant los redemptors del Orde de la
Sacratissima Verge Maria de la Merce han portat molts catius chris-
tians, los quals pochs dies han redemit de poder de infels en la ciutat de
Alger”195. Ahora bien, con la llegada de los cautivos a la ciudad, no se ha-
bían terminado las penalidades. Como estaban sin dinero, muchos de
ellos no podían emprender el camino de regreso a su casa. Ese fue el ca-
so de Pedro Deydom, Simón de Bonanno, Nicolás Tallaferro y veinti-
cuatro cristianos, que después de ser liberados gracias a los religiosos,
hubieron de solicitar subvenciones para regresar a sus casas196.
Como indica Braudel, con el intercambio de hombres se formó una
nueva geografía de mercados y circuitos comerciales, multiplicándo-
se los viajes de redentores, que portaban en sus naves numerario o
mercancías. Así, el virrey, para redimir a los cristianos naturales del
reino de Valencia en tierras sarracenas autorizaba a Andrés de
Medina, mercader, para cargar productos en las playas de Valencia y
Gandia por valor inferior a 2 000
ducados197.
193
ARV, Real, 1422, ff. 168 vº-169; Valencia, 18 de En otras ocasiones, el virrey
abril, 1545. concedía la licencia después de
194
BRAUDEL, F. El Mediterráneo..., t. II p. 315. que el príncipe hubiese otorgado
195
AMV, Manuals de Consells,A-74;Valencia, 21 de ju-
el permiso. Miguel Juan Celles, vi-
lio, 1545.
196
ARV, Real, 1320, ff. 291 vº-292 vº;Valencia, 10 de cario de Gandia, obtuvo el visto
noviembre, 1545. bueno del príncipe el 8 de marzo,
197
“Trescents de grava, quatre item, trescents scar- y el mes siguiente el virrey conce-
latins, altres quatre item, una peça vintiquatre scarlati, día la aprobación a Antonio Ros,
item trenta pecores trentens i vintiquatre scarlati, item
Pedro Juan Piera y un tal Antonio
tres peces velluts, item cent cinquanta peces bordats,
item cinquanta draps de les muntanyes de diverses cin- para que, en lugar del vicario, fue-
tes e colors”.ARV, Real, 1419, ff. 167-167 vº;Valencia, 29 sen a las tierras de Africa a resca-
de noviembre, 1538. tar a Juan Celles y a otros cristia-
76 nos vasallos del rey198 . Y no fue esa la única licencia concedida por el
virrey como consecuencia de la intervención del príncipe. También ob-
tuvieron anuencia para viajar a la ciudad prohibida con el aparente fin
de rescatar cautivos, fray Jerónimo de la Parra199, Bernat Cap de Denia
200, Pedro de Malea201 o Pedro
Gallego202.
198
Después de partir el príncipe
ARV, Real, 1423, ff. 203 vº-204; Valencia, 29 de
Felipe hacia Europa, parece ser que
abril, 1547.
199
Obtuvo privilegio del príncipe el 14 de enero de el virrey autorizaba directamente
1547 y licencia del duque el 19 de abril del mismo año, los viajes a Argel sin interferencias
para que Alfonso Cantalapiedra, fabricante de licores del poder central; de hecho, Gaspar
de la ciudad de Valencia pasase, a África a rescatar a los Antonio, cerero de la ciudad de
frailes, sin sobrepasar las 1 000 libras. El contenido de Valencia, recibió permiso del lugar-
este cargamento -licores- revela la liberalidad de la ciu-
dad portuaria de Argel. Ibidem, f. 222-223 vº; Valencia,
teniente general para redimir cris-
19 de abril, 1547. tianos en Africa por una suma infe-
200
Con privilegio del príncipe de 13 de mayo de rior a los 1 000 ducados203. El viaje a
1548, pudo alquilar, con dos amigos, un navío para lle- Africa no estaba exento de riesgos.
var mercaderías a Berbería sin sobrepasar los 300 du- Este mismo personaje, cuando llegó
cados para liberar a su [Link], Real, 1425, ff. 23 vº-24;
a Argel supo lo que era perder su
Valencia, 7 de febrero, 1549.
201
Recibió permiso en las Cortes de Monzón pa- propio navío (“se os fue el navio en
ra llevar mercancías y el virrey le autorizó para que que erades hido”); de manera que
las llevase con Alfonso Cantalapiedra sin sobrepasar para poder regresar tuvo necesidad
las 1 000 libras. Ibidem, ff. 31-32;Valencia, 10 de febre- de “pedir al rey que os diesse algun
ro, 1549. navio en que os pudiesedes venir”.
202
Con permiso del príncipe de 6 de mayo de
1548, obtuvo licencia para ir a África con mercancías
Tras obtener prestada una fragata,
no prohibidas por valor inferior a 300 ducados. Ibidem, dejó como fianza ropas y su palabra
ff. 56-57;Valencia, 26 de marzo, 1549. de regresar; por ello el virrey le dio
203
Ibidem, ff. 34 vº-35;Valencia, 16 de febrero, 1549. nueva licencia para ir a Argel y traer
204
Ibidem, ff. 167 vº-168;Valencia, 15 de julio, 1549. cera, producto que escaseaba en el
205
Obtuvo permiso para llevar cera y otras mer-
reino, y algunos paños y otras mer-
cancías no prohibidas a Argel por valor inferior a los
600 ducados y permutarlas por cristianos cautivos en cancías no prohibidas por valor de
la provincia de África. Ibidem, f. 209-209 vº;Valencia, 8 350 ducados204. Martin Dança, teje-
de octubre, 1549. dor de seda de Valencia205, y
206
Los moros de Berbería le habían secuestrado a Francesc Mingot, calificado como
su hijo Joseff Mingot de 11 años, y doña Caterina de “pobre y miserable”206, obtuvieron,
Cardona y de Coloma, movida por la piedad, ofreció
toda la sal que fuera necesaria de las salinas de la Mata
asimismo, el permiso del duque pa-
para rescatar al muchacho. El virrey le concedió per- ra rescatar a sus familiares u otros
miso para llevar 200 cahíces, manifestando la mercan- cristianos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
77
El virrey hacía algo más que conceder permisos para negociar con
Argel pues, de hecho, llegó a mediar directamente con el rey de la ciu-
dad prohibida. Después de haberse firmado paz y tregua entre su
Majestad y el gran Turco, habían sido hechos cautivos Joan Çaragoça,
Cosme Loret, Francesc Johan Orts y Nadal Orts de la Vila Joiosa por
moros corsarios y llevados a Argel. Ante esta situación, el duque de
Calabria entregó unas cartas para el rey de Argel a un nuevo convertido,
Mallen Varber, de Orcheta, quien debía ir a aquella ciudad junto con
Ausias Linares y otros, y procurar que fuesen liberados207.
Desde el gobierno central se concedieron licencias para pedir limos-
nas con que socorrer a los parientes cautivos. Antonio de Quirante de
Vélez de la Gomera pudo mendigar en el reino de Valencia para resca-
tar a sus hermanos secuestrados por los agarenos208; Pedro Aragonés de
Orihuela pudo pedir limosna para recoger los 340 ducados que necesi-
taba para redimir a su padre y hermanos209. Para rescatar a Bernardo
Martínez, que naufragó en el litoral de Argelia y posteriormente fue
vendido a los agarenos del reino de Fez, autorizó que se recaudasen los
300 ducados en que se tasaba su libertad210. La nómina de beneficiados
para mendigar con este fin es, ciertamente, abultada: Natalio Marco de
Segorbe, consiguió anuencia para reunir los 157 ducados que, según
los dominicos de la ciudad de Argel exigían los sarracenos por su res-
cate211; para rescatar a Juan Candell y Pedro Navarro de Xàtiva212.
Ursula de Joanna consiguió la autorización necesaria para pedir limos-
nas con que rescatar a su marido,
Pedro de Granada, capturado por
cía al baile. ARV, Real, 1322, f. 106-106 vº;Valencia, 8 de los sarracenos cuando iba de
marzo, 1550. Valencia a Sicilia213; y Jorge Juan,
207
ARV, Real, 1425, ff. 37 vº-38; Valencia, 18 de fe- diácono de Valencia, que quería
brero, 1549. rescatar a su padre de edad avan-
208
ARV, Real, 330, ff. 48 vº-49; Madrid, 19 de julio,
1546.
zada, cautivo en Argel, pudo pedir
209
Ibidem f. 61-61 vº; Madrid, 20 de agosto, 1546. los 120 ducados que necesitaba214.
210
Ibidem, ff. 122 vº-123; Madrid, 15 de enero, 1547. En otras ocasiones la persona in-
211
ARV, Real, 322, ff. 1-2; Monzón, 19 de septiembre, teresada se dirigía directamente al
1547. príncipe; como Joana Frigola, de
212
Ibidem, ff. 94-95.
213
Valencia quien, capturada por los
ARV, Real, 332, ff. 174-175 vº;Valladolid, 7 de ju-
lio, 1548. agarenos en la travesía de
214
Ibidem, ff. 202 vº-203 vº; Valladolid, 19 de sep- Valencia a Mallorca, iba a ser sa-
tiembre, 1548. cada al mercado de Argel por 122
78 ducados215. Cuando el príncipe, con el fin de rescatar cautivos concedía
licencias para comerciar con Argel, confiaba al virrey la cantidad má-
xima de mercancías que podía cargar 216.
Los viajes a Argel no estaban exentos de avatares que, en ocasiones,
desembocaban en el más absoluto infortunio. Historias peregrinas que
incitaban a los agraviados a dirigirse al gobierno de la Monarquía en
busca de protección. Ejemplo de una de estas biografías complejas es la
de Pedro de Narváez, vecino de Cartagena, quien fue a Argel con permi-
so de don Bernardino de Mendoza a redimir cautivos en el navío de
Alonso Rodríguez tripulado por gallegos y cargado con 3 000 ducados de
ropas. Después de haber efectuado el rescate y

“stando despachando con los captivos y otras cosas del servicio de su


Majestad, Alonso Rodriguez y sus marineros concertaron y acometieron un
hurto en casa de Zomaga, que entonces era governador de Argel en compan-
nia y por industria de unos captivos suyos, y saltaron en el barco del navio
y se fueron en Spanna, dexando alli a vos, el dicho Narvaez y unos eijados
vuestros. Y sabido el hurto por el dicho Zumaga os mando prender y se en-
trego en la ropa y otras cosas que teniades en suma de 3 500 ducados”.

En la casa del gobernador de Argel habían entrado con el concierto


de cautivos cristianos, y rompieron una caja que contenía 1 000 doblas
y ciertos ducados de oro y una espada. Los gallegos al partir dejaron allá
a Narváez, a su criado, a los cautivos rescatados y todo lo que allí tenía
por valor de 3 500 ducados, que fue lo que prendió Zumaga. Este, ob-
viamente, detuvo a Narváez, su hacienda y a los cautivos; pasados algu-
nos días, a ruego de cristianos y algunos alcaydes, “le dio licencia y le
solto para que viniesse en seguimiento de los gallegos”. Cuando los fu-
gitivos llegaron a Denia hicieron el reparto, entre “Alonso Rodriguez y
marineros y Joan Bernal y Bartholome Rodriguez con otros de la mes-
ma compañia”. Algunos emprendieron camino de Pontevedra, pero las
aventuras no habían terminado: a la salida de Xàtiva los capturaron los
guardias de Valencia y les tomaron
260 doblas, 13 ducados y 7 sueldos
215
que estaban en poder del síndico
Ibidem, ff. 189-190;Valladolid, 8 de agosto, 1548.
216
Alonso de Valldeolivos, vecino de Albarracín, pu-
de la bailía, más 148 doblas moris-
do fletar un navío con mercaderías lícitas hasta la can- cas, 6 ducados, 14 sueldos, 3 mo-
tidad que el duque estipulase. Ibidem, ff. 187 vº-188; riscos, que fueron a las arcas del
Valladolid, 20 de julio, 1548. baile general. Narváez se dirigió al
EL IMPERIO DE CARLOS V
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79
príncipe para que le entregasen el dinero que oficialmente había podido
recuperarse en compensación de lo que Zumaga le había tomado. En
una primera instancia, el príncipe remitió el caso al virrey para que, oí-
das las partes hiciese justicia217. En otra ocasión, se dirigió al baile ge-
neral para que entregase a Narváez o a su procurador las 142 doblas, 6
ducados en oro, o su equivalente218. Otro rescate que hubo que atender
desde las administraciones central y periférica y que hubo de resolverse
en las diferentes legislaturas, fue el de los defensores de Oropesa.

217
Los oficiales tomaron el dinero en junio de 1544.
La orden del príncipe, expedida en Valladolid, data del 13
de febrero de [Link], Real, 174, f. 11 vº-12 vº.
218
ARV, Real, 332, f. 152 vº-153 vº; Valladolid, 6 de
mayo, 1548.
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81
CAPÍTULO II

EL ESTAMENTO ECLESIÁSTICO

Las diócesis valencianas poseían una enorme cantidad de fieles de


procedencia musulmana forzosamente convertidos. Los prelados valen-
cianos procuraron aplicar diversas medidas pastorales, como la publi-
cación de instrucciones para los moros convertidos o la creación de nue-
vas rectorías específicas para los nuevos convertidos, pero su inserción
en la fe cristiana siempre resultó dificultosa o nula. Asimismo, y desde
la óptica cristiana, el clima de lasitud moral en que los valencianos en
general, y los eclesiásticos en particular, se hallaban inmersos, fue otro
de los problemas que hubieron de abordar los prelados valentinos. Pero
las dificultades para la Iglesia en Valencia no se circunscribían a las
cuestiones evangélicas. De hecho los párrafos que se suceden no se re-
fieren a las cuestiones pastorales estrictas o a las formas de espirituali-
dad, sino principalmente a las relaciones que la Iglesia estableció con el
poder real y con el grupo nobiliario.
Es por ello que en las páginas siguientes se aborda la distribución ter-
ritorial de las diócesis con incidencia en el reino de Valencia, sin obviar
los conflictos mantenidos al sur, en la gobernación oriolana, con los
murcianos por la consecución de un prelado propio. Las órdenes mili-
tares, y sobre todo la de Montesa, tenían una fuerte presencia en el te-
rritorio valenciano. Durante el virreinato del duque de Calabria se suce-
dieron dos elecciones para elegir el maestre de la Orden; la segunda de
ellas fue la última que celebraron los freiles de Montesa, por lo que no
deja de abordarse la influencia del poder real en esos sucesos. Creada a
finales de la centuria anterior, la Inquisición no dejó de auxiliar al mo-
narca y su gobierno para intervenir en los asuntos del reino, sin impor-
tar el estamento o los parapetos forales. Asimismo, el poder central y el
poder territorial no dejaron de intervenir sobre ciertos aspectos de la vi-
da religiosa, tales como los monasterios, obispados o cofradías. Las po-
sesiones señoriales de la Iglesia en el territorio valenciano eran inferio-
res a las que poseía en otros territorios de la Corona de Aragón, mas no
82 por ello dejan de abordarse las intervenciones de la jurisdicción real des-
de cada uno de sus niveles jerárquicos, así como los aspectos conflicti-
vos de la cuestión territorial.

2.1. ARTICULACIÓN TERRITORIAL DE LA IGLESIA EN VALENCIA

El territorio valenciano se articulaba eclesiásticamente en cuatro dió-


cesis. Valencia y Segorbe tenían su sede en el propio país (aunque esta
última, durante el reinado del emperador, no estaba vinculada al arzo-
bispado de Valencia). Al norte, la mitra de Tortosa ocupaba buena parte
de la lugartenencia de gobernación de Castellón y, al sur, la diócesis de
Cartagena se extendía por la gobernación de Orihuela y algunas zonas
de la lugartenencia de gobernación de Xàtiva.
La pugna por los derechos de la Iglesia de Valencia se había iniciado
antes de que las tropas cristianas penetrasen en la ciudad. Tanto el me-
tropolitano de Toledo, el guerrero y primado Rodrigo Jiménez de la
Rada, como el metropolitano de las diócesis de Aragón y Cataluña, el ar-
zobispo de Tarragona, el obispo Ximeno de Albarracín-Segorbe y el ar-
zobispo de Tarragona, Pedro de Albalat, enviaron delegados desde el ini-
cio de la reconquista valenciana para asegurarse el dominio de la dióce-
sis valenciana. Con la conquista de la capital, y aún antes, realizaron di-
versas acciones sacramentales y jurídicas tendentes a confirmar sus pri-
vilegios sobre la sede valentina219. Contribuyendo a la hostilidad de los
arzobispos estaban los intereses encontrados de Aragón y Castilla. El
primado de Toledo planteó personalmente su demanda en Roma en
1238, aproximadamente en el momento de la conquista de la ciudad de
Valencia. Toledo obtuvo una primera sentencia favorable, pero des-
pués de una doble apelación, por orden de Inocencio IV, se resolvió de
manera propicia para Tarragona en 1245220 . Cerca de dos siglos y me-
dio más tarde, Inocencio VIII elevó la diócesis valentina a sede metro-
politana, el 9 de agosto de 1492,
nombrando a Rodrigo de Borja,
después Alejandro VI, primer ar-
219
CHABAS, Roque. Episcopologio valentino. zobispo. Sufragáneas del arzobis-
Investigaciones históricas sobre el cristrianismo en Valencia y
pado de Valencia son las diócesis
su archidiócesis. Siglos I al [Link], 1909, t. I, pp. 360-
364. de Mallorca, Menorca, Orihuela-
220
BURNS, Robert I. Jaume I i els valencians del segle Alicante, Segorbe-Castellón y
[Link]ència, 1981, pp. 69-70. Albacete, desde la fundación de
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
83
esta diócesis221. Ahora bien, las situaciones conflictivas no le venían da-
das a la Iglesia valenciana tan sólo por cuestiones territoriales: la propia
archidiócesis de Valencia arrastraba el vacío de su pastor desde que
Alfonso de Borja —quien más tarde devendría Calixto III—, se había
ocupado de ella —y durante pocos meses— en 1429. La lejanía estable-
cida entre el pastor y su grey, además de las lógicas consecuencias en el
plano espiritual, había creado hábitos de conducta muy determinados
en el capítulo valentino, quien se había visto acostumbrado a desenvol-
verse sin su tutor.
El cabildo, aprovechando la coyuntura agermanda, había intentado
recuperar un antiguo privilegio de proveer la sede, por lo que eligió por
unanimidad arzobispo al arcediano mayor Gaspar Jofré de Borja; pero
el pontífice León X no confirmó esta elección, nombrando arzobispo, el
18 de marzo de 1520 al alemán Erardo de la Marca, obispo de Lieja y de
Carboy222. Erardo, quizá por la coyuntura bélica en la que se encontraba
el reino, no visitó su nueva sede, permaneciendo siempre en su princi-
pado de Lieja, en donde falleció el 27 de febrero de 1538223. Con la pro-
visión del arzobispado de Valencia a Jorge de Austria, hijo del empera-
dor Maximiliano, hermano de
Felipe I de Castilla y, por tanto, tío
221
DELEGACIÓN DIOCESANA DE INFOR- del emperador, se quiebra la tradi-
MACION Y ESTADÍSTICA DEL ARZOBISPADO ción secular de absentismo episco-
DE VALENCIA, Guía de la Iglesia en la diócesis de pal en Valencia, que duraba ya
Valencia. Valencia, 1963, p. 1. más de cien años. Jorge de Austria
222
CÁRCEL ORTI, V. Historia de la Iglesia en
Valencia. Arzobispado de [Link], 1987, p.
se encontraba en Puzol el viernes
150. santo de 1539; hizo su entrada
223
OLMOS Y CANALDA, E. Los prelados valen- triunfal en Valencia y el día de
tinos. Consejo Superior de Investigaciones Pascua tomó las primeras órde-
Científicas-Instituto Jerónimo Zurita. Madrid, nes224, el segundo día de estancia en
1949, p. 150.
224
la capital se ordenó de presbítero y
SANCHIS SIVERA, J. Libre de Antiquitats.
Valencia, 1925, pp. 114-115. No obstante, Olmos y el tercero recibió la consagración
Canalda Los prelados valentinos..., p. 153 y, Cárcel episcopal de manos de su obispo
Ortí Historia de la Iglesia..., p. 150 afirman que ya auxiliar Francisco Estaña225. El
era diácono. nuevo prelado, aunque permaneció
225
SANCHIS SIVERA, J. Libre de Antiquitats..., p. casi cuatro años en territorio dioce-
115.
226
CÁRCEL ORTI, V. “La archidiócesis de
sano, residió casi siempre en Villar
Valencia en tiempos de San Luis Bertrán. Reforma del Arzobispo, en donde la mitra
del clero valentino en el siglo XVI” en Corrientes valenciana poseía propiedades226.
84 Inició una reforma del clero e impulsó un plan de evangelización de los
moriscos. Su renuncia en 1544, al acceder al obispado de Lieja, dejaba li-
bre de nuevo la sede valenciana, aunque Jorge de Austria no olvidaría to-
talmente su antigua sede en la capital del Turia: la Iglesia y arzobispado
de Valencia le quedaban deudos de una pensión de 3 000 ducados227.
Esta asignación que se confería al antiguo arzobispo sobre los fondos
de la Iglesia valentina, fue motivo de una cierta polémica, en la que hu-
bo de intervenir su sobrino el emperador. El antiguo arzobispo valencia-
no pretendía que se le abonasen las pensiones debidas, pero los valen-
cianos alegaban que Jorge de Austria estaba obligado a reparar las casas
y edificios arzobispales, a lo que el agraviado replicaba que en el tiempo
en que había sido arzobispo había gastado más en reparaciones y edifi-
cios que ninguno de sus predecesores. El emperador, tomando partido
por su tío, sugería al virrey que se acelerase el pago de las deudas:
“Que las cosas que tocaren al dicho don Jorge han de ser miradas y favore-
cidas con el respecto que es razon. Paresçe que haviendo gastado en el dicho
reparo como dize lo que era obligado, y aun mas por el tiempo que fue arco-
bispo de la dicha iglesia, es justo que no se le de mas molestia228.

Asimismo, le rogó que hablase con el arzobispo para remediar el


asunto, de manera que su tío co-
brase las pensiones atrasadas. El
nuevo prelado valentino también
espirituales en la Valencia del siglo XVI 1550-1600 . recibió una carta del emperador al
Actas del II Symposion de Teología Histórica 20-22 abril
respecto, para que don Jorge no
[Link], 1983, p. 38.
227
En la misma carta en que Carlos V presentaba recibiese “agravio, antes toda la
a Tomás de Villanueva como prelado de Valencia, or- gratificacion que se pudiere y hu-
denaba que de los ingresos del arzobispado valencia- viere lugar”229.
no se debían sustraer anualmente “tres mil ducados La opinión que al virrey le me-
de pensión para don Jorge de Austria, demás de los recían los arzobispos que habían
dos mil perpetuos que están asentados sobre esta
dignidad para el colegio de los nuevamente converti-
accedido a la sede valenciana, no
dos del reino” GUTIERREZ, David, “Santo Tomás de era precisamente muy halagüeña.
Villanueva visto por sus contemporáneos” en La En un informe que enviaba a la
Ciudad de Dios. Revista agustiniana, 1958 nº 4. A Santo corte, relataba en el apartado con-
Tomás de Villanueva en el tercer centenario de su cano- cerniente a las dificultades con la
nización, p. 560.
228
jurisdicción eclesiástica, los pro-
El emperador al duque don Hernando. AGS,
Estado-Negociación de Alemania, 642, f. 91; Ratisbona, blemas que había tenido con los
29 de julio, 1546. obispos que él había padecido en
229
Ibidem. Valencia:
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
“La principal causa de todo ello —de favorecer a los coronados230— ha sido 85
haver residido por los arçobispos passados en esta yglesia despues que yo
tengo este cargo, por gente perdida idiota y de poca conçençia con quien nin-
gun medio bueno se ha podido jamas tomar”231.

El 26 de junio de 1544 Carlos V, haciendo uso del derecho que Sixto


IV había concedido a los Reyes Católicos, nombró para la sede arzobis-
pal valentina a un religioso agusti-
no, llamado fray Tomás de
Villanueva, y el 10 de octubre de
230
Vid. apartado “conflictos de jurisdicción eclesiás- 1544 Paulo III firmaba la bula de
tica-real”. elección232. De una gran austeri-
231
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 236; Valencia, 21 de dad, y al mismo tiempo de firmes
agosto, 1544.
232
RANO GUNDIN, B. “Notas críticas sobre los
convicciones, residirá durante el
57 primeros años de Santo Tomás de Villanueva” en La período de su arzobispado al fren-
Ciudad de Dios..., nº 4, p. 717. te de la diócesis, llevando a térmi-
233
NAVARRO SORNI, M.“La Iglesia y la expansión no una serie de reformas de índo-
mediterránea de la Corona de Aragón” en La Corona le espiritual, que supondrán el fin
d’Aragó. El Regne de València en l’expansió mediterrània
del “estado de postración espiri-
(1238-1492).València, 1991, p. 161.
234
El secretario había optado inicialmente en car- tual” en que se hallaba sumida la
ta escrita al emperador el 14 de mayo de 1544 por el diócesis desde el siglo XV233. El du-
joven Antonio Granvela, tanto por los méritos de su que de Calabria no ocultaba su sa-
padre como “por las buenas cualidades que concurren tisfacción al saber el nombramien-
en su hijo, el obispo de Arras”. Más tarde, rectificando to: “Pues agora, Dios y su
sabiamente, comentaba a Carlos V el 17 de septiem-
bre de 1544 la elección del fraile agustino: “Las provi-
Magestad han sido seruidos de
siones de las iglesias han parescido muy bien, señalada- proueernos arçobispo de tan bue-
mente la del arzobispado de Valencia en la persona de na vida y exemplo como todos di-
fray Tomás” “Colección de documentos inéditos para zen”. La opinión del duque se su-
la historia de España”, V. 74 y 86 en GUTIERREZ, P. maba así a la del propio Cobos
David “Santo Tomás de Villanueva visto por sus con-
quien, a pesar de sus reticencias
temporáneos” La Ciudad de Dios... 1958, nº 4, pp. 545-
547. iniciales, acabaría diciendo de
235
Miguel Vich tomó posesión en nombre del arzo- fray Tomás: “él es tan bueno”234. De
bispo el 22 de diciembre de 1544, un día después de lle- su entrada triunfal en Valencia
gar las bulas a la sede valentina, y el 31 hacía su entrada dieron buena cuenta los dietaris-
en la ciudad el arzobispo. SANCHIS SIVERA, J. Libre de tas de la época235. El propio virrey
antiquitats... pp. 135-137. CARRERES ZACARES, S. Llibre
de [Link], 1930-1935, p. 854. En ambos die-
escribía al príncipe comunicándo-
tarios se señala como año de entrada el de 1545 por ha- le las esperanzas que la llegada del
berse producido después de la Navidad. arzobispo había suscitado en las
86 gentes: “el Arzobispo fue generalmente bien recibido de todos, porque le
esperaban con deseo por su buena fama”236.
El proceso renovador supuso un afianzamiento de la autoridad epis-
copal, que hubo de imponerse sobre las veleidades de los canónigos del
capítulo, ya que se habían acostumbrado a regir los destinos de la dió-
cesis en las perennes ausencias de los sucesivos titulares. El afianza-
miento de la autoridad de la mitra valenciana en el seno del cabildo con-
dujo, al mismo tiempo, a una mayor definición de la jurisdicción ecle-
siástica frente a la potestad real237. El nuevo arzobispo rechazó las pro-
posiciones que le instaban a ir a Trento, alegando para ello motivos de
salud y, dada su gran influencia en la corte, envió cuando lo creyó opor-
tuno informes sobre cuestiones de la ciudad. Para conseguir la reforma
moral del arzobispado convocó un sínodo diocesano para el 12 de junio
de 1548238, el cual transcurrió durante tres días. Los capítulos sinodales
contenían una serie de medidas tendentes a conseguir un mayor encua-
dramiento del clero. Entre las medidas adoptadas cabe citar la que obli-
gaba a los párrocos a residir en sus parroquias vistiendo el hábito talar,
y a no dedicarse a los negocios. Los sacerdotes que mantenían con mu-
jeres relaciones maritales se vieron amenazados con graves penas, y los
laicos amancebados y adúlteros
podían incurrir en censuras ecle-
siásticas. Otro orden de capítulos
236
GUTIERREZ, P. David “Santo Tomás de regulaba la administración de los
Villanueva...” en La Ciudad de Dios... 1958, nº 4 p. 549.
237
sacramentos, la cuestación de li-
El fraile agustino encontró serias dificultades pa-
ra hacer prevalecer su autoridad ante un capítulo mosnas o las fiestas de precepto,
acostumbrado a la ausencia total de su prelado con- que fueron disminuidas. El arzo-
viene recordar que Jorge de Austria pasó la mayor par- bispo fomentó la formación cris-
te de su estancia en tierras valencianas en el Villar del tiana de los moriscos, a quienes
Arzobispo . Lograda su afirmación ante el cabildo, pro- encontró excesivamente islamiza-
tagonizó un serio conflicto de jurisdicción cuando el
gobernador prendió al canónigo Elfo de Próxita.
dos239.
238
SANCHIS SIVERA, B. Libre de antiquitats... p. 149. Para la realización del sínodo
239
Los capítulos del “Sínodo de Santo Tomás de se había engalanado conveniente-
Villanueva, arzobispo de Valencia, celebrado à 12 de mente la catedral, y todos los con-
Junio de 1548: copiado del exemplar rarísimo, y acaso vocados lucieron sus mejores or-
el único que se conserva en la Biblioteca de Santo
namentos. El primer día el arzo-
Domingo de la misma ciudad, impreso por Juan Mey, el
mismo año”, se hallan en LORENZO VILLANUEVA, J. bispo expuso las causas del síno-
Viaje literario à las iglesias de España. Madrid, 1803, t. I, do, y propuso a los eclesiásticos
pp. 192-201. presentes que expusieran las opi-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
87
niones que podrían contribuir al enderezamiento espiritual de la dióce-
sis, cosa que muchos hicieron. En el segundo día se realizaron diversos
ceremoniales y se continuaron las discusiones. En el tercero se conclu-
yó el sínodo. Sin embargo, antes de publicar las ordenaciones y consti-
tuciones sinodales ordenadas por Tomás de Villanueva,

“age·y molts protests per lo Capitol de Xativa y de Gandia y de altres parti-


culars persones eclesiastiques, y los que ultims y darrers protestaren y ape-
llaren y no consentiren en les dites constitucions sinodals foren los molts re-
verendissims, nobles y magnifichs senyors Canonges representat tot lo
Capitol de la insigne y metropolitana Seu de Valencia ‘varios renglons en
blanc’ “240.

Con su resistencia a las conclusiones sinodales los canónigos pre-


tendían defender los privilegios y exenciones que durante siglos habí-
an acumulado. El razonamiento jurídico defendido se basaba en que
las constituciones aprobadas no podían promulgarse contra personas
que estaban exentas por privilegio de Roma. Diversas crónicas de raíz
eclesiástica vinculan el sometimiento de los canónigos a la asunción,
por parte del arzobispo, de la defensa del también canónigo Elfo de
Próxita.

***

Por lo que respecta al nacimiento del obispado de Segorbe pre-


cedió al acto de la conquista del reino de Valencia. El primer señor de
Albarracín, don Pedro Ruiz de Azagra, solicitó del arzobispo de Toledo
la restauración de la antigua diócesis Arcabricense en Albarracín, como
medio de consolidar su independencia. El arzobispo de Toledo, don
Cerebruno, teniendo como objetivo principal Valencia, accedió a ello,
procediendo a la erección del obispado de Albarracín y consagrando en
1173 al canónigo toledano don
Martín como primer obispo241. Sin
embargo, a los tres años, en 1176,
240
SANCHIS SIVERA, J. Libre de antiquitats..., p. 152. el arzobispo declaró haberse equi-
241
BLASCO AGUILAR, J. Historia y derecho en la ca- vocado, pues Albarracín dependía
tedral de Segorbe. Antecedentes histórico-jurídicos y derecho
privilegiado. Universidad Pontificia de Comillas en
en la época visigoda de la diócesis
Madrid-Facultad de Derecho Canónico,Valencia, 1973, p. Segobricense y, hasta que la ciu-
73. dad de Segorbe fuese reconquista-
88 da a los musulmanes, Albarracín sería la sede del nuevo obispado242. El
arzobispado de Toledo, de quien dependió la diócesis de Segóbriga en
tiempos de los godos podía con esta decisión, ampliar sus fronteras e in-
troducirse, llegado el momento, en territorio valenciano. Venida la hora
de la conquista de las tierras valencianas, dos obispos de Albarracín, su-
cesivamente, acompañaron a las tropas cristianas, por su propio interés
y por el de Toledo. El decreto real de 1236, según el cual todas las igle-
sias del nuevo reino pertenecerían al metropolitano de Tarragona, fue
refutado por lasos breves apostólicos de Gregorio IX favorables a
Segorbe243. La diócesis valentina contaba con el apoyo del rey y negaba
la vinculación de la antigua Segóbriga con Segorbe, por lo que procedió
a anexionarse todo lo que pudo del territorio que, en principio, pertene-
cía a Segorbe. Inocencio IV ligó decididamente la diócesis de Segorbe a
Albarracín. La buena marcha de este obispado sería el motivo que im-
pulsó al obispo de Valencia, Arnau de Peralta, a presentarse en Segorbe
al mando de una tropa armada y expulsar a su obispo por la fuerza. De
este modo el de Valencia procuraba hacer suya una iglesia que conside-
raba parte integrante de su diócesis244. Después de un largo proceso, la
diócesis de Segorbe, ligada a Albarracín, sobrevivió en las tierras del in-
terior de Valencia. La diócesis de Segorbe-Albarracín, surgida en la
Reconquista como consecuencia de las aspiraciones de independencia
política del señorío de Albarracín y de las ambiciones jurisdiccionales
del arzobispo de Toledo, resultó siempre una institución geográfica e
históricamente artificial. Para garantizar su supervivencia se había de-
cretado la “unión perpetua” de Segorbe y Albarracín que condujo a un
original cabildo con residencia y coro precarios en dos catedrales su-
mamente lejanas245. Años más tar-
de, Felipe II, atendiendo a motivos
242
administrativos y de buen gobier-
GARCIA EDO, V. El obispado de Segorbe-
Albarracín en el siglo XIII. Caja Segorbe, ed. Segorbe,
no, procuró “que las divisiones
1989, p. 10. eclesiásticas se conformen en lo
243
BURNS, R. I. Jaume I..., p. 73. posible a las de los reinos”246.
244
GARCIA EDO, V. El obispado de Segorbe- Aprovechando por ello que las dió-
Albarracín..., pp. 44-45. cesis de Segorbe-Albarracín y
245
BLASCO AGUILAR, J. Historia y derecho..., pp.
Zaragoza estaban vacantes, impul-
328-329.
246
Mansilla, D. “La reorganización eclesiástica” en só en Roma el proyecto de separa-
Anthologica Annua, 4 1956 “, pp. 172-174; citado en ción de Segorbe y Albarracín. El
BLASCO AGUILAR, J. Historia y derecho..., p. 329. 21 de julio de 1577, Gregorio XIII
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
89
expidió la bula “Regimini” que consumaba la segregación de las dióce-
sis247.
La mitra de Segorbe-Albarracín fue ocupada durante el virreina-
to del duque de Calabria por Gaspar Jofré de Borja. El que fue obispo
de Segorbe era natural de Valencia y había sido arcediano de su cate-
dral. Muerto el arzobispo don Alfonso de Aragón, el cabildo lo eligió su-
cesor en 1520, pero el nombramiento quedó sin efecto cuando el papa
León X desginó arzobispo de la capital valenciana a Erardo de la Marca.
Pero Gaspar de Borja no se quedaría sin sede, ya que el papa Clemente
VII le nombró obispo de Segorbe-Albarracín. Tomó posesión el 6 de fe-
brero de 1531 y ese mismo año ya celebró un sínodo en Chelva248. Asistió
a las Cortes de Monzón en la legislatura de 1533, aunque en las diversas
asambleas hubo de afrontar el problema de la legalidad de su presencia,
que fue cuestionada por los restantes miembros del brazo religioso.
Tomó parte en las tareas del concilio de Trento, en donde estuvo pre-
sente durante la segunda parte obedeciendo la convocatoria de Julio III.
Allí acudió con el doctor Jaime Ferruz, y regresó tras la sesión del 28 de
abril de 1552, reincorporándose a su diócesis249.
Además de los conflictos sostenidos directamente con el virrey por
cuestiones de competencias de jurisdicción, el obispo de Segorbe pleiteó
con el síndico y procurador de la Gran Cartuja. El duque de Calabria
promulgó sentencia el 1 de enero de 1538 favorable al síndico de la car-
tuja y contra el obispo, condenando a este último a pagar 2 600 sueldos
debidos por el obispo por razón de las pagas de un censal del que res-
pondía al mencionado monasterio. Las deudas del obispo hubo de su-
fragarlas la población de Jérica, pues hacia aquella villa encaminó el vi-
rrey al vergueta Antoni Puig, para
que tomase de los frutos y rentas
247
pertenecientes al tercio del obispo
Ibidem, p. 334.
248
la cantidad debida250.
LORENZO VILLANUEVA, J. Viaje literario a las
iglesias de España; t. III, 1802, pp. 82-83.
249
AGUILAR, F. Noticias de Segorbe y de su obispado ***
por un sacerdote de la diócesis de Segorbe. Segorbe, 1890,
pp. 216-225. Durante la conquista del territo-
250
A los 2.600 sueldos debidos había que sumar los rio valenciano Jaime I había pro-
gastos propios de las dietas que alcanzaban 27 libras,
10 sueldos y 5 dineros, más los de sellos y registro que
curado situar el obispado de
sumaban 7 libras, 4 sueldos y 6 [Link], Real, 1420, Valencia bajo la obediencia ecle-
ff. 11-12 vº;Valencia, 6 de marzo, 1539. siástica de Tarragona; aunque no
90 había hecho lo mismo con las Baleares y la zona de Dénia y Orihuela, a
las que un antiguo acuerdo suscrito a mediados del siglo XI por
Muyahid, emir de Dénia y Baleares, con Ramón Berenguer I de
Barcelona, situaba a los mozárabes de ambas regiones bajo la jurisdic-
ción del prelado de Barcelona a cambio de la protección que el conde de
Barcelona brindaba al emir. Por el tratado de Almizra el sur del reino va-
lenciano había pasado a Murcia. El reino murciano conservó sus límites
políticos y eclesiásticos hasta que la sentencia arbitral de Torrellas reco-
noció la pertenencia a Valencia de la zona de la demarcación oriolano-
alicantina, aunque a nivel eclesiástico continuaron sujetas al obispado de
Cartagena. Jaime II obvió el tema del obispado oriolano cuando des-
membró el territorio de Murcia, y su omisión supondría para Orihuela
un largo pleito con Murcia que duraría dos siglos y medio251. Durante el
transcurso de tan dilatado período, Orihuela no siempre encontró el apo-
yo decidido de Alicante y otras poblaciones de su gobernación, quizá por
el recelo que la ciudad de Alicante experimentaba ante la preponderan-
cia oriolana. Asimismo, Orihuela no se encontró respaldada por su mo-
narca como lo estuvo Murcia, pudiendo influir en este aspecto la ascen-
dencia castellana de los Trastámara. A pesar de los obstáculos encontra-
dos, la ciudad del Segura obtuvo para la causa de su catedral un decidi-
do apoyo en la capital valenciana. Valencia, efectivamente, también en
este tema jugó el papel de defensa de las ciudades y villas del reino.
Además del decidido respaldo mostrado en las Cortes, los jurados de
Valencia en el mencionado pleito entre la ciudad de Orihuela con el ca-
pítulo de Cartagena y la ciudad de Murcia sobre la erección de la catedral
oriolana, escribían al rey en su defensa: “nosaltres, en nom de aquesta
ciutat, per lo interes particular de aquella per esser dins aquest regne
constituhida la dita ciutat de Oriola”252. Los compromisarios de la ciudad
de Murcia no habían comparecido el día asignado, pues estaban citados
en Barcelona para dar conclusión al asunto; por ello, los jurados de
Valencia rogaban al emperador que ordenase resolver la causa. Los edi-
les, en efecto, habían asumido la defensa de la causa oriolana: “tenint la
dita ciutat de Oriola per recomana-
da en sos drets e justicia”. La idea
251
medular para los jurados, más allá
VILAR, J. B. Orihuela, una ciudad valenciana en la
España moderna. Murcia, 1981, p. 769.
del asunto del obispado, era que
252
AMV, Lletres misives, g3-49, f. 132;Valencia, 14 de Orihuela pertenecía al reino y sus
abril, 1543. derechos estaban lesionados desde
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
91
territorio no valenciano. Defendieron Orihuela como en otras ocasiones
había defendido a otras villas que veían amenazada su vinculación a la
Corona. Asimismo, Orihuela encontró apoyo desde otra sede episcopal
valenciana: Segorbe. El canónigo Gaspar Rubio dio sugerencias a los
oriolanos para continuar su proceso. Por iniciativa del segorbino se pre-
sentó recurso ante el tribunal de la Rota, por haber sido obligada
Orihuela a suscribir una sentencia sin haber sido escuchada antes en
Roma253.
El recelo de los oriolanos hacia el obispo de Cartagena se manifestó
visiblemente en diversas ocasiones. Una orden de pago al lugarteniente
del tesorero Gaspar Marrades indica que, debido a los insultos que ha-
cían en Orihuela contra el obispo de Cartagena y de Murcia, tuvo que
acudir el duque de Calabria personalmente a la sede de la gobernación
del sur, llevando con él a diversos oficiales. Bartolomé Sarçola254, el es-
cribano Juan Fernández de Soto, los verguetas Lorenzo del Pueyo y
Francisco de Jaén, el alguancil Lluís Çaydia y el notario Antich
Armengol, hubieron de acompañar al duque de Calabria en la misión de
apaciguamiento, que transcurrió entre el 1 y el 20 de marzo de 1540255.
Los regidores de la ciudad no permanecieron ociosos en este asunto y
no dudaron en recurrir al poder central. Habían comisionado a su sín-
dico a Madrid pero, como más tarde recordarían en las Cortes, no hizo
lo mismo el de Murcia, pues su técnica era la dilatoria. Por ello redac-
taron un memorial en el que resumían sus puntos de vista y las vejacio-
nes sufridas a causa de los murcianos en este aspecto256. A punto ya de
embarcarse el emperador, los jurados de Orihuela enviaban a Pedro de
Loazes para que le hiciese cumplida relación del asunto257.
Hasta tal punto llegaba el inte-
rés de los oriolanos por desembar-
253
zarse de la tutela eclesiástica de
VILAR, J. B. Orihuela, una ciudad valenciana... p.
Cartagena, que alcanzaron a bus-
779.
254
Sarçola era doctor en “cascun dret” y del Real car fórmulas parciales que les
Consejo. Por las provisiones reales de Barcelona 11- compensasen, aunque fuese de
II-1538 y de Toledo 7-III-1537 debía ser satisfecho manera incompleta, de la ausencia
por razón de su salario como “jutge de Cort” (ARV, de un prelado oficial y evitasen, en
Real, 1318, f. 132-133). la media de lo posible, la sumisión
255
ARV, Real, 1319, f. 101vº-[Link], 3 de agos-
to, 1540.
a la diócesis de Cartagena. A tal
256
AGS, Estado-Castilla, 62 f. 213; sin datación. efecto, buscaron la presencia de
257
Ibidem, f. 214; Orihuela, 31 de marzo, 1543. un obispo en toda regla: el obispo
92 de Belén, quien desde su residencia en Orihuela ejercía las funciones del
ordinario, lo cual provocó las correspondientes reacciones en
Cartagena.
Entre el poder virrey y el obispo de Cartagena surgieron numerosos
conflictos, pues se sumaban las cuestiones propias de jurisdicción a las
de territorialidad. Hubo, sin embargo, colaboración entre ambas potes-
tades; una misiva del virrey al “portantveus” de Orihuela así parece su-
gerirlo. Cuando el procurador fiscal del obispo, obedeciendo órdenes del
prelado; pretendió llevarse a un presbítero, no encontró ayuda en los ofi-
ciales de la ciudad. El virrey escribió al “portantveus” Guillermo de
Rocafull para que efectuase no sólo el mencionado traslado, sino todos
aquellos que instasen los oficiales del obispo258.
Con la ascensión de Fernando de Loazes, natural de Orihuela, a la
mitra de Tarragona, sus paisanos obtuvieron un decidido apoyo para su
causa, así como un valioso consejero. Como presidente del brazo ecle-
siástico catalán y portavoz de los tres estamentos del principado, pudo
aconsejar convenientemente. Loazes contaba con el apoyo de los dipu-
tados valencianos y además obtuvo el apoyo de los síndicos catalanes.
Los tiempos estaban a favor de los oriolanos, pues con la creación del
obispado en Orihuela la diócesis de Cartagena podría incorporarse a la
archidiócesis de Toledo, y Córdoba sería desgajada de dicho arzobispa-
do para incorporarse al de Sevilla. Además, había un argumento de ín-
dole religioso, cual era el de la desatención pastoral de los moriscos259.
El rey accedió a las peticiones que se le formularon en Monzón relativas
a Orihuela. El primero de mayo de 1564, remitía Felipe II a Roma un
memorial sobre la forma en que había de hacerse la erección, y el 14 de
julio de 1564 Pío IV accedió a la constitución del obispado de
Orihuela260.

***

258
ARV, Real, 1322, f. 57-57 vº; Valencia, 4 de sep- Por lo que respecta al obispado
tiembre, 1549. de Tortosa, su jurisdicción se ex-
259
VILAR, J. B. Orihuela, una ciudad valenciana..., pp. tendía, al sur del río Sénia, por
781-782.
260
buena parte de la lugartenencia de
GONZALEZ NOVALIN, J. L. “La Reforma y las
corrientes espirituales de la Iglesia española” en Gobernación “dellà lo riu de Uxó”.
Historia General de España y América. Madrid, 1986, [Link], Las relaciones que el obispo y ca-
p. 339. bildo de Tortosa entablaron con el
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
93
resto del brazo religioso de Valencia se refieren en el capítulo dedicado
a los moriscos.

2.2. ÓRDENES MILITARES

Las primeras órdenes militares, Templarios y Hospitalarios, surgie-


ron en Palestina en el marco histórico de las cruzadas que se sucedieron
por la posesión de los Santos Lugares. Con motivo de la Reconquista es-
tas órdenes se extendieron por la península Ibérica a partir del siglo XII,
y también en este siglo se fundaron las órdenes españolas de Calatrava,
Santiago y Alcántara. Se constituyeron siguiendo el ejemplo de los
Templarios, con el fin de ayudar a los reyes cristianos del norte en su lu-
cha contra los musulmanes del sur261. Por lo que respecta a la Corona de
Aragón fueron los Templarios y los Hospitalarios quienes desempeñaron
un papel preponderante en determinados momentos, tales como la mi-
noría de edad de Jaime I o participando activamente en la conquista de
Valencia a los musulmanes. Cumplida la etapa de la conquista, ambas
órdenes centraron su interés en sus respectivos señoríos. Mientras, la
caída de San Juan de Acre, último bastión cristiano en Tierra Santa, pu-
so en entredicho la función de este tipo de milicias eclesiásticas. Si bien
los Hospitalarios con la toma de Rodas pudieron justificar su razón de
subsistir en la lucha contra los turcos, los caballeros Templarios “más ri-
cos y más comprometidos en operaciones financieras, eran más vulne-
rables, pues, evidentemente, les faltaba ya el entusiasmo para la cruza-
da y para las obras de caridad”262. La Orden de los Templarios, en efec-
to, fue disuelta por toda una serie
de causas inscritas en la lucha por
el control del Papado. Clemente V,
261
WRIGHT, L. P. “Las órdenes militares en la so- en bula de 22 de marzo de 1312,
ciedad española de los siglos XVI y XVII. La encarna-
ordenaba la mencionada disolu-
ción institucional de una tradición histórica” en J. H.
Elliott ed. Poder y sociedad en la España de los Austrias, ción. Y en los diversos reinos los
Barcelona, 1982, p. 15. monarcas pasaron a ocupar los se-
262
LUTRELL, A. “La Corona de Aragón y las ñoríos de la orden disuelta. Si bien
Ordenes Militares durante el siglo XIV, “VII Congreso en el concilio reunido en Vienne se
Historia Corona Aragón”, Barcelona, 1962, p. 68; citado
deliberaba que los bienes de los
por GUINOT RODRIGUEZ, E. en “La fundación de la
Orden Militar de Santa María de Montesa” en Saitabi Templarios debían pasar a la
XXXV, 1985, Universidad de Valencia, Facultad de Orden del Hospital, el monarca
Geografía e Historia, p. 74. aragonés Jaime II temía por la ex-
94 cesiva concentración de bienes y de poder en una sola mano que, ade-
más, podía ser controlada por papas extranjeros263. Hubo toda una serie
de embajadas y negociaciones, en las que el rey pedía la constitución de
una orden militar nacional que recogiese la “herencia” de los caballeros
Templarios, mientras que el pontífice quería que se integrasen en los
Hospitalarios. La muerte de Clemente V posibilitó el acuerdo con
Jaime II, reflejado en la fundación de la Orden de Santa María de
Montesa. Aunque el monarca apetecía una orden militar que abarcase
sus diversos estados, hubo de conformarse con una circunscrita al rei-
no de Valencia; y, si bien estaba muy directamente controlada por el
rey, dado su escaso patrimonio territorial, su fuerza y poder eran más
bien escasos comparados con las otras órdenes hispánicas264. A conti-
nuación se aborda el estudio de ciertos momentos decisivos que la
Orden de Montesa experimentó y algunos de ellos lo serían por última
vez, durante el reinado del emperador y con el fin de calibrar el grado
de independencia efectiva de la Orden, se detalla el proceso de las su-
cesivas elecciones para maestre y comendador mayor de Montesa.
Precisamente, la injerencia de la penetración del poder real sobre
Montesa, planteó la posibilidad de asimilación del Maestrazgo por la
Corona, por lo que no dejan de analizarse las iniciativas que por dicho
motivo se suscitaron. Con una visión general sobre las otras órdenes
militares con presencia en el reino de Valencia se concluye el presente
apartado.

***

La nueva Orden Militar de Santa María de Montesa quedaba fundada


mediante la bula expedida por Juan XXII, el 17 de julio de 1317. Su pa-
trimonio fundacional estaba constituido por todos los bienes proceden-
tes de los Templarios así como de la Orden del Hospital en el reino de
Valencia, más la villa real de
Montesa en la que radicaría el con-
vento principal de la Orden. Los
263
Ibidem. Hospitalarios en compensación re-
264
Ibidem.
265 cibieron todos los bienes del
GUINOT RODRIGUEZ, E. Feudalismo en expan-
sión en el norte valenciano. Antecedentes y desarrollo del Temple en el resto de la Corona de
señorío de la Orden de Montesa. Siglos XIII y XIV Aragón265. Desde el punto de vista
Diputación de Castellón; Castellón, 1986, p. 170. religioso, la nueva Orden quedaba
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
95
bajo la observancia de la Orden de Calatrava. El maestre de Calatrava te-
nía derecho de visita anual a la Orden de Montesa, asesorado por los
abades de los monasterios cistercienses de Santes Creus y Valldigna.
Ambas Órdenes quedaban, en consecuencia, incluidas dentro de la gran
familia del Císter.
Con la toma de Granada se culminaba la Reconquista y con ello el
propósito fundamental y fundacional de las órdenes militares. Al igual
que anteriormente Jaime II de Aragón, los Reyes Católicos, advirtiendo
el peligro que suponía semejante concentración de riqueza en manos
privadas, procedieron a tomar el control real de estas instituciones.
Fernando el Católico asumió los maestrazgos de las órdenes castellanas,
y una bula de Adriano VI de 1523, ratificó la incorporación perpetua de
las Órdenes a la Corona. Y, aunque las órdenes no conformarían nuevos
ejércitos, sobrevivieron como una fuente primordial de ingresos, patro-
nazgo y prestigio. Sobre las tierras que habían pertenecido a los grandes
maestres, el emperador pudo concertar diversos préstamos con los
Fugger, pues dichas tierras permanecería en adelante en poder del césar.
Los monarcas no sólo aprovecharon económicamente a las órdenes por
medio de arrendamientos. La toma del hábito de una de las órdenes
constituía una prueba de nobleza y sangre familiar, al tiempo que un pa-
so en la escala jerárquica nobiliaria: “la masa de los caballeros veía en
el hábito sólo una prestigiosa recompensa debida al favor, a sus servi-
cios o al dinero y una posibilidad de obtener una encomienda”266. Las en-
comiendas fueron una gran fuente de ingresos para la Corona; además
procuraban un enorme prestigio a quienes las poseían. Francisco de los
Cobos permutó su encomienda de Azuaga por la encomienda mayor de
León, menos provechosa económicamente, pero mucho más honorífica;
en adelante Cobos sería apelado como “comendador mayor de León”.
Los comendadores contraían ciertas obligaciones hacia sus vasallos; al-
gunas de ellas en el campo religioso, pero se suplían costeando a algún
clérigo con las rentas de la encomienda267.
La Orden de Montesa no escapará a la regla general. Efectivamente,
en este contexto no resultan extra-
ños los conflictos que se sucedie-
266
ron a raíz de las elecciones en el
DOMINGUEZ ORTIZ, A. “Aspectos sociales en
la vida eclesiástica de los siglos XVII y XVIII” en seno de la Orden de Montesa por
Historia de la Iglesia en España, t. IV, Madrid, 1979, p. 29. la ocupación de sus altas dignida-
267
Ibidem. des. La pugna por alcanzar los ele-
96 vadas jerarquías de la Orden reflejan, por una parte, las divisiones que
obran en el seno de la congregación, y por otra, el alto nivel de injeren-
cia de la jurisdicción real sobre Montesa. Asimismo, en los conflictos
desatados por el control del Maestrazgo se pone de manifiesto cómo las
grandes familias valencianas rivalidan por la ocupación de los altos car-
gos. En ese sentido cabe destacar la casa de Gandía que presentó candi-
datos a los diversos cónclaves. El poder real, en sus diversas instancias,
desde el emperador hasta el virrey, mantuvo su tradicional apoyo a los
sucesivos candidatos de Gandía, para lo que puso a su disposición in-
cluso la maquinaria de la Real Audiencia.

***

La encomienda mayor suponía un gran prestigio, y su posesión, como


ya se ha indicado, resultó motivo de
fuertes tensiones. En la elección de
comendador mayor de la Orden
268
Teresa Canet la recoge en su obra La Audiencia hubo grandes enfrentamientos en-
valenciana en la época foral moderna. Valencia, 1986, p.
tre los principales candidatos: frey
159, y la matiza en cuanto a “la situación de sus miem-
bros, en lo referente a sus acciones personales y des- Enrique de Borja y Aragón, hijo de
de su consideración como sujetos individuales”; aun- los duques de Gandia, y frey
que el propio Wright también afirma “la repetición de Francesc Llansol de Romaní. La
esta prohibición a lo largo de los siglos XVI y XVII ha- dura pugna por el control de la
ce pensar que era poco respetada (“Las órdenes mi- Orden acabaría por provocar la in-
litares...” p. 17) . Cabría, quizá, distinguir la diferencia
orgánica entre las ordenes castellanas y las aragone-
tervención del virrey, ya que fue
sas. Las primeras habían sido anexionadas a la Corona evocada la Real Audiencia. En este
y adscritas al Consejo de Ordenes que se encargaba sentido, cabe recordar la indica-
de su administración cotidiana; mientras que la ción de Whright sobre la inhabilita-
Orden de Montesa habría de esperar al reinado de ción de las Audiencias reales en los
Felipe II para ser anexionada. En todo caso, la actua-
pleitos de las órdenes militares268.
ción del virrey, interviniendo en el proceso elector del
maestre de Montesa, vendría a reforzar la tesis de En esta época el pleito que se susci-
Canet Aparisi. tó con motivo del nombramiento y
269
Don Enrique de Borja y de Aragón, tercer hijo posesión de los cargos principales
varón del matrimonio de Don Juan II de Borja y de la orden de Montesa, denotan el
Enríquez con doña Juana de Aragón, había nacido hacia papel e influencia de las diversas
1518, acumulando, como miembro de la familia Borja,
diversas prebendas eclesiásticas. Desde pequeño había
instituciones en este ámbito.
sido encaminado hacia la Orden de Montesa. BAT- Enrique de Borja y Aragón, hijo
LLORI, Miquel “L’enaltiment de la família Borja del se- de los duques de Gandía269, había
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
97
sido designado como nuevo comendador mayor, sin embargo, el maes-
tre había nombrado por su parte a Francesc Llansol de Romaní, por lo
que ambos se creyeron con derecho a desempeñar la encomienda.
Enrique de Borja se presentó en el castillo de Montesa, pretendiendo ser
recibido con los los honores propios de los comendadores mayores.
Ante la aspiración del Borja, los caballeros nombraron una comisión pa-
ra que se le hiciese comprender que debía deponer su actitud. Enrique
volvió a Xàtiva en donde se encontraba su padre, el duque de Gandía,
quien contaba con el apoyo del duque de Calabria270. Con este respaldo
el aspirante de los Borja acudió a la Real Audiencia y expuso que, ha-
biendo muerto el maestre de Montesa, el comendador don Francesc
Llansol se hallaba en dicho castillo, en donde se encontraba el cuerpo
del maestre, haciendo actos de comendador mayor y citando a los ca-
balleros. El duque de Calabria lo relataba en la provisión dirigida al su-
brogado del lugarteniente del gobernador de Xàtiva:

“Francesc Lançol comina de voler fer y exercir actes de possessio de comana-


dor major y expedir en dit nom, lletres de convocacio als comanadors que vin-
guen y asestixquen en lo dit castell per a fer electio de mestre, supplicantnos,
per tal que cesse tota manera de greuge e de novetat, stant com esta litis pen-
dencia sobre la possessio del dit offici de comanador major, que sia de nostra
merce provehir e manar al comanador Lancol, ab imposicio de grans penes,
no expedeyxca ni proveheixca en lo dit nom lletres algunes de convocatio, e si
per cas ne hagues fet e provehit, sien anullades. E no faça actes alguns, di-
rectament o indirecta, concernents lo dit offici de comanador major. E que sia
manat, sots les mateixes penes, els comanadors que trobaren dins lo dit cas-
tell, que no obehixquen ni regoneguen, en res ni per res, al dit comanador
Lançol e comanador major per los motius continguts en la súplica271.

El virrey procedió a ordenar al lugarteniente del gobernador que se


personase en el castillo de Montesa y mandase a Francesc Llansol que
realizase innovaciones que pudie-
sen interferir en el litigio pendien-
gle XIIé al XVIé” en La Corona d’Aragó. El regne de te en la Real Audiencia, so pena de
València..., p. 163. decreto de nulidad. En el caso de
270
SAMPER, Hipólito. Montesa Ilustrada. Valencia, que ya hubiese actuado en ese sen-
1669, parte III, pp. 542-543. tido, debía hacer las revocaciones
271
El duque de Calabria a don Joan Carroz,“surro- oportunas. El lugarteniente del go-
gat de loctinent de gobernador della lo riu de
Xuquer”. ARV, Real 758, f. 76vº-78, Valencia, 6 de julio,
bernador de Xàtiva debía repetir
1537. las mismas instrucciones al otro
98 aspirante, “sots decret de nullitat e les mateixes penes”. La Orden con-
vino en anular los nombramientos de ambos, designando interinamen-
te al anciano Lluís Pelegrí de Aragón, quien convocó a una nueva reu-
nión el mismo día de su nombramiento272. Congregados los montesia-
nos, el 17 de julio de 1537, Francesc Llansol de Romaní era elegido co-
mo nuevo maestre de la Orden de Montesa273 y Enrique de Borja era de-
signado comendador mayor. Para el cronista de la mencionada institu-
ción, éste fue el final feliz en que cesaron “las discordias ntre los ban-
dos”274. Sin embargo, el tercer varón de don Juan II de Borja aún conti-
nuaría su batalla, ya perdida, por medios judiciales, exigiendo en la Real
Audiencia que el notario de Xàtiva, Joan García, le hiciese copia autén-
tica del acta de nombramiento275. Enrique de Borja alcanzó la púrpura
gracias a la protección del pontífice Pablo III, quien le ordenó obispo de
Squillace, pero le alcanzaría la muerte en Viterbo el 16 de septiembre de
1540, cuando se dirigía hacia Roma a presentar su homenaje al papa
Farnese276.
El maestre Francesc Llansol de Romaní, por su parte, tampoco sobre-
vivió largo tiempo a su antiguo contrincante, al fallecer el 12 de marzo de
1544. La sucesión del maestre iba a desencadenar otra batalla por la dig-
nidad vacante y, como había sucedido en 1537, otro Borja contendía por
la sucesión. Pedro Luis Garcerán de Borja había recibido ya a los 12 años
la Encomienda mayor de la Orden, aunque debido a su corta edad fue ad-
ministrada por un procurador;
ahora, con apenas 17 años, se
272
aprestaba a hacer valer sus dere-
SAMPER, H. Montesa... parte III, p. 543.
273
ESCOLANO, G. Décadas... libro IX, col. 1395. chos. Los vocales hubieron de deci-
274
FERRAN Y SALVADOR,V. El Castillo de Montesa. dir entre la juventud de Galcerán de
Historia y descripción del mismo, precedido de un bosque- Borja y las canas de frey Guerau
jo histórico de la Orden Militar de Santa María de Montesa Bou, clavero mayor de la Orden. El
y San Jorge de Alfama,Valencia, 1926, p. 64.
275
cónclave había sido convocado pa-
La primera orden del virrey en este sentido
ARV, Real 758..., f. 107vº-108 , expedida en Valencia el ra el 5 de abril de 1544 por el co-
31 de julio de 1537, no debió de tener demasiado éxi- mendador mayor, Jerónimo Pardo
to, pues el 3 de agosto hubo de repetirla al surrogado de la Casta, quien en el interregno
de gobernador y al notario ARV, Real 758... f. 112vº- era considerado por el lugartenien-
113 . te general como maestre277. Era, en
276
BATLLORI, M. “L’enaltiment de la família
efecto, una de las medidas toma-
Borja...”, p. 178.
277
ARV, Real, 1422, ff. 50-51;Valencia, 23 de marzo, das por el duque de Calabria, ante
1544. la certeza de la áspera pugna por la
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
99
mayor dignidad de Montesa. Dada la trascendencia de la elección, el vi-
rrey comunicaba al poder central los acontencimientos, demostrando es-
tar perfectamente enterado de lo que estaba fraguándose en el castillo de
Montesa:

“Despues que murio el maestre de Montesa estan juntos en aquel convento


todos los comendadores y freyles de aquella orden sobre la eleccion de nue-
vo maestre. Y segun las passiones y zizañas que entre ellos concurren, se cre-
he y se tiene por çierto que no podran concordarse, antes elegiran dos y que
haura entrellos pleyto y grande discordia. Y con esta sisma seran forzados de
recorrer a su Magestad y a Roma, de que avisare a vuestra merced con co-
rreo aposta en declarandose la dicha elecçion que sera presto. Y si necessa-
rio fuere, porne secresto en el Maestrazgo y me informare si es verdad lo que
publicamente se dize, que se han vendido los votos y que han concurrido mi-
llares de ducados sobrello, para que conforme aquello se provea en todo lo
que mas al serviçio de su Magestad cumpla”278.

Tres son los datos que ofrece el fragmento de esta misiva del virrey.
En primer lugar, el anuncio de la escisión en dos del capítulo de
Montesa; en segundo, el dinero oculto que corría para ganarse las vo-
luntades y los votos; por último, la capacidad del virrey para intervenir
en los asuntos de Montesa, llegando si era preciso a secuestrar todos los
frutos del Maestrago. Después de un capítulo agotador, que se prolongó
desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche, la votación no había
dado un Maestre, sino dos: Guerau Bou obtuvo veinticinco votos y
Garcerán de Borja veintiuno279. La particularidad que presentó este ca-
pítulo fue su condición de irrepetible, pues era la última vez que se tra-
taba de la elección de un maestre por sufragio: “Este fue uno de los
Capitulos mas reñidos que tuvo la
Religion, el qual no pudo servir de
exemplo para lo succesivo, porque
278
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 91;Valencia, 4 de abril,
fue el ultimo que se celebró con el
1544.
279
SAMPER, H. Montesa..., III parte, pp. 548 y 549. fin de elegir Maestre”280.
Según palabras del propio autor:“Muchas vezes he vis- Dada la imposibilidad de llegar
to la Eleccion original; con todo este fundamento es- a un acuerdo entre las partes en
crivo”. conflicto, a la mañana siguiente
280
VILLARROYA, J. Real Maestrazgo de Montesa. partían hacia Roma dos procura-
Tratado de todos los derechos, bienes y pertenencias del
dores, uno por cada pretendiente.
patrimonio y maestrazgo de la real y militar orden de
Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama,Valencia, El virrey informó rápidamente al
1787 y en edición facsímil, 1991, p. 16. gobierno de la Monarquía de lo su-
100 cedido y el príncipe en misiva a su padre, dedicaba unas cuantas líneas a
la cuestión sucesoria de Montesa, notificando el interés del duque de
Gandía en el asunto. El emperador daba instrucciones para que cesasen
las divisiones pero intuyendo la dificultad que habría en terminarlas, de-
jaba entrever su opción: “siendo los votos del hermano del duque de
Gandía de los más ancianos y qualificados como dezís, fauorezcan su jus-
ticia de nuestra parte en todo lo que huviere lugar”281. En el mes de ma-
yo de dicho año el papa tomaba partido por el Borja282. En esta serie de
acontecimientos cabe resaltar es el poder del duque de Gandía, quien, a
través de sus misivas al virrey y al príncipe, consiguió que el propio em-
perador tomase partido por su hermano; logrando que en brevísimo
tiempo Garcerán de Borja fuese reconocido como maestre de Montesa.
A propósito de la elección del maestre de Montesa, el príncipe escri-
bió al emperador para exponerle sus reflexiones sobre la incorporación
del Maestrazgo a la Corona, lo que consideraba que era la mejor solu-
ción:
“Bien se acordará v. Md. de lo que se ha hablado otras veces sobre este
Maestrazto, y lo que se escriuió a Su Santidad para que tuuiesse por bien in-
corporarlo en la corona real, como lo están los de Castilla por los grandes y
evidentes beneficios que dello se siguen. Y como entonçes no se despachó,
agora, con esta ocasión desta scisura y diuisión que hay entre los dos elegi-
dos, paresce que habría buena coyuntura para tornar a supplicarlo a Su san-
tidad, y que V. Md. debría escriuir a Juan Vega para que con todo calor y ins-
tancia lo procurasse”283.

Carlos V, más prudente en este tema, pues era quien controlaba todas
las piezas del enorme entramado imperial, desaconsejaba la incorpora-
ción del Maestrazgo, aplazando el
tema para mejor ocasión: “Y en lo
281
Carlos V a Felipe II, AGS, Estado-500 f. 78; Metz,
demás que acordáys que con esta
6 de julio, 1544 en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus
documental de Carlos V. Salamanca, 1975, t. II, pp. 250- diuisión hauría buena occasión
251. para incorporar a la Corona este
282
Según Hipólito Samper, el pontífice no llegó a Maestradgo, como antes de agora
dictaminar en la causa, pues Guerau Bou renunció a se ha platicado, el tiempo no es
sus derechos el 17 de septiembre de 1545, quedando muy oportuno ni el stado con que
como maestre Pedro Luis Garcerán de Borja Montesa
están las cosas con el Papa para
Ilustrada, III, p. 550..
283
Carta ya citada en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. procurar esta reunión”284.
Corpus documental..., II, p. 223. Con todo, el visitador Pedro de
284
Carta ya citada. Ibidem, p. 250. la Gasca, aprovechando la coyun-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
101
tura, propuso al secretario Cobos la incorporación del Mastrazgo a la
Corona. Con ello, Gasca confiaba en que en las Cortes y Junta de
Estamentos, el rey tendría asegurado un voto en el brazo eclesiástico
—el del maestre de Montesa—, por su especial vinculación a la Corona.
Asimismo, los caballeros de Montesa se convertían en súbditos fieles del
monarca285. Aunque el visitador mantenía que la razón principal de la
anexión no era de índole económica, a la corte llegaba un “Memorial de
los lugares y rentas del Maestrado de Montesa”286. El informe se com-
pletaba con las casas que integraban las diversas poblaciones pertene-
cientes a Montesa, y además de señalarse las rentas que producía cada
una de ellas se insertaban diversos comentarios sobre las villas. El prín-
cipe recibió la información suministrada a Cobos por Gasca. Puesto que
los datos del visitador servían para los propósitos anexionistas del joven
Felipe, en misiva despachada a su padre, valoraba muy positivamente la
sugerencia del visitador:

El licenciado Gasca ha visto las diferencias y contienda que ay sobre·l Maes-


trazgo de Montesa, scrive la carta que yra con esta sobre la incorporacion en
la corona real. Y aunque yo he scripto a Vuestra Magestad otra vez sobre es-
to, todavia me ha parescido embiarla porque Vuestra Magestad la pueda
mandar ver y hazer en ella la provision que mas viere convenir; que si ello se
pudiesse alcançar seria cosa de muy grand momentos287.

El emperador esta vez se hizo eco de las noticias relativas a la posibili-


dad de incorporación del Maestrazgo a la Corona, y en carta despachada
en Maastritcht el 5 de mayo de 1545, afirmaba que “si esto se pudiesse
acabar no dexamos de conoscer que sería de muy gran momento”288; al
tiempo que no dejaba de conside-
rar la prudencia con que debía con-
285
AGS, Estado, 297, ff. 307-308. Carta de Gasca a tinuarse el caso. Ciertamente a la
Cobos;Valencia, 20 de enero, 1545. Citado por HAM- Orden de Montesa no le había lle-
PE MARTINEZ,T. en “Don Pedro de la Gasca, visitador
gado aún la hora de su incorpora-
general en el Reino de Valencia (1542-1545)” en
Estudis. Revista de Historia Moderna, 1987, nº 13, p. 92. ción a la Corona, pero ésta, a tra-
286
AGS, Estado-Aragón, 297, f. 57. Sin especificación vés de sus delegados, intervenía en
de fecha y lugar; por el contexto del legajo, 1545. asuntos tan decisivos como la
287
El príncipe al emperador. Ibidem, f. 313; original. elección del maestre. El virrey,
Mejorada, 3 de abril, 1545. efectivamente, maniobraba para
288
AGS, Estado, leg. 501, ff. 46 al 48, original; en
FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus documental..., p.
que el nombramiento recayese en
380. la persona deseada, y el príncipe
102 no dejaba por menos de reconocer su comportamiento. Por ello le alen-
taba: “La diligencia que haveis hecho en la election del maestre de
Montesa para que se haga canonixamente y como conviene, ha sido muy
buena. Avisadnos como scrivis que lo hareys”289.
La jurisdicción real llegaba por medio de sus delegados territoriales
a controlar los asuntos de las otras órdenes del reino. No de otro modo,
el virrey es quien decide en caso de litigio la posesión de la encomienda.
En este sentido las órdenes oportunas para que a Joan Pertusa Cernes se
le otorgase la posesión de la encomienda de Torrent290 o para que a
García Exarch le diesen la posesión de los lugares de Tinent y Picaña291.

2.3. LA INQUISICIÓN

La Inquisición medieval fue establecida en el siglo XIII, siendo intro-


ducida al mismo tiempo en la Corona de Aragón para prevenir el conta-
gio de la herejía del catarismo que se cernía sobre el Languedoc. En el
siglo XV los inquisidores en los estados aragoneses eran totalmente in-
activos; y cuando la Inquisición se extinguía en Europa a finales del si-
glo XV, comenzaba a funcionar en Sevilla un nuevo tribunal de la
Inquisición, instituido por Sixto
IV a propuesta de los Reyes
289
Al duque de Calabria del príncipe. AGS, Estado- Católicos292. Modificada en diver-
Aragón, 291, f. 154;Valladolid, 8 de abril, 1544. sas ocasiones por los sucesivos
290
Por disposición del virrey, el alguacil Lluís Çaydia
pontífices, la nueva Inquisición
debía ir al lugar de Torrent y entregar a Joan Pertusa o
a su procurador la real posesión de la encomienda de adquirió una importancia nunca
Torrent, haciéndole dar los homenajes y otras cosas igualada por la medieval. Los com-
necesarias en señal de verdadera posesión. ARV, Real, plejos motivos que originaron la
1420, ff. 92 vº-93;Valencia, 17 de diciembre, 1539. creación de la Inquisición moder-
291
ARV, Real, 1422, ff. 62-63; Valencia, 23 de mayo, na escapan al presente estudio,
1544.
292
LLORCA, B. La Inquisición española. Madrid,
aunque cabe indicar que uno de
1986, p. 14. sus principales objetivos iniciales
293
BENASSAR, Bartolomé “Modelos de la mentali- fue combatir la herejía judaizan-
dad inquisitorial: métodos de su “pedagogía del miedo” te293.
en Inquisición española y mentalidad inquisitorial. El alto tribunal había puesto en
Barcelona, 1984, pp. 174-175.
294
poder de los monarcas un sistema
Esta idea, y la de que la Inquisición habría sido
creada para despojar a los ricos de sus bienes y a los judicial al que todos los estamen-
poderosos de su autoridad, fue expuesta inicialmente tos, incluso los más privilegiados,
por LLORENTE, Juan Antonio “Historia crítica de la estaban obligados294. Este hecho
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
103
ha motivado una amplia polémica sobre si la Inquisición fue una insti-
tución realmente eclesiástica o si, por el contrario, fue una institución
civil. Esta discusión tuvo una extraordinaria importancia durante las
Cortes de Cádiz, con motivo de su abolición, si bien entonces se des-
arrolló una disputa más de carácter político que científico. En la actua-
lidad el dilema es considerado como falso, ya que la “Inquisición fue
una institución eclesiástica que gozó de una amplia autonomía interna
y que sirvió a sus propios intereses por encima de todo”295. Ahora bien,
ello no contradice el hecho de que la Inquisición, en tanto abarcaba to-
dos los estamentos y traspasaba los muros y parapetos forales, fuese uti-
lizada por el poder central, precisamente para controlar el reino a tra-
vés de los visitadores. No de otro modo se expresa el príncipe Felipe
cuando se plantea enviar a Valencia un nuevo visitador:

“Con el ultimo correo se scrivio a vuestra Majestad que con la venida del
obispo de Segovia se entenderia en despachar al dean para lo de la visita de
Valençia. Y como siempre ha paresçido que no convenia que fuesse sin titu-
lo de inquisidor, assy para que aquello en
que ha de entender se tracte con mas au-
toridad por la que el Santo Officio tiene
Inquisición de España”, Madrid, 1822 y posteriormente
en aquel reyno”296.
desarrollada por Leopold von Ranke en 1837, edición
española: “Pueblos y Estados en la época moderna”
México, FCE, 1948, pp. 323-327 y Karl Joseph von El hecho de que fuese un tribu-
Hefele en “El Cardenal Jiménez de Cisneros y la Iglesia nal extranjero, explica las críticas
española a finales del siglo XV y principios del siglo generalizadas que el nuevo orga-
XVI”. La síntesis del razonamiento medular de estas nismo recibió en los estados ara-
obras fue expuesta por NETANYAHU, BENZON,
goneses, aunque también en
“Motivos o pretextos? La razón de la Inquisición” en
Inquisición española y mentalidad... pp. 24-28. Castilla. En Valencia la oposición
295
ALVAREZ DE MORALES, Antonio “Inquisición, se basó en las disposiciones fora-
¿Institución eclesiástica o institución real?” en les. Los regnícolas no pretendían
Centralismo y autonomismo... p. 66. De la misma opinión abiertamente que la Inquisición ce-
es Domínguez Ortiz, quien afirma que “la organización
sase, pero sí que fuese llevada por
inquisitorial, delineada en las bulas fundacionales y
mantenida hasta el fin con muy escasas alteraciones, naturales del reino y que se elimi-
todo se mantiene dentro del ámbito religioso; su per- nase el testimonio secreto. El rey
sonal era eclesiástico, y si se admitían seglares los ‘fa- Católico reaccionó firmemente, re-
miliares’ , era en calidad de meros agentes ejecutivos”. cordando que que los valencianos
“Regalismo y relaciones Iglesia-Estado en el siglo XVII” no habían protestado en las Cortes
en Historia de la Iglesia..., p. 114.
296 de Tarazona de 1484 en las que se
AGS, Estado-Castilla, 73, f. 128. Sin datación
1546. había aprobado la Inquisición.
104 Asimismo les recordó que los fueros no debían ser usados jamás para
encubrir una herejía297. Las críticas perduraron hasta los inicios del si-
glo XVI; dirigiéndose, fundamentalmente, hacia las competencias que
mantenía el Santo Oficio, así como hacia la extrema severidad de sus
castigos 298.
En Valencia, durante la revuelta de las Germanías, las competencias
de la Inquisición se vieron ampliadas con motivo de los bautismos co-
lectivos que los agermanados habían impuesto a los mudéjares299. La
Inquisición, que en sus inicios se había dirigido fundamentalmente ha-
cia los judaizantes, después de la década de 1530 dejó de ser el terror de
los conversos para dedicarse, principalmente a los moriscos300. A partir
de 1532-42, García Cárcel observa un repliegue de la actividad inquisi-
torial, pues la mencionada institución parece abdicar de muchas de sus
prerrogativas, al tiempo que constata un entendimiento con las fuerzas
vivas locales, tanto la jurisdicción eclesiástica ordinaria como la real301.

2.4. UN ASPECTO DE LA
297
RELIGIOSIDAD POPULAR:
KAMEN, Henry La Inquisición Española. Nueva
LAS COFRADÍAS
edición totalmente reescrita y puesta al día por el autor.
Barcelona, 1988, p. 57.
298
KAMEN, Henry Vocabulario básico de la Historia Aunque pueda parecer que el
Moderna, (España y América, 1450-1750). Barcelona, estudio de las cofradías sea tarea
1986, pp. 120-121. pertinente de los estudiosos de las
299
KAMEN, H. La Inquisición española..., p. 85. mentalidades, no pueden obviarse
300
“El judaísmo desde 1530 tuvo una presencia mí-
nima en Valencia (...) Los moriscos constituyeron sin
la importancia social que estas ins-
duda en el siglo XVI la víctima sobre la que incidió con tituciones tuvieron en el entramado
más frecuencia la agresividad de la Inquisición, natural- cívico de las ciudades durante el
mente en los tribunales en cuya jurisdicción existían Antiguo Régimen. Precisamente
moriscos. En este sentido, lógicamente, destacó el por la importancia que alcanzaron,
Tribunal de Valencia” GARCIA CÁRCEL, Herejía y so-
su creación y reglamentación no
ciedad en el siglo XVI. La Inquisición en Valencia, 1530-
1609. Barcelona, 1980, pp. 220-221. podía escapar y, de hecho no esca-
301
Ibidem, p. 20. pó, al control de la Monarquía. A
302
José Trenchs Odena y Milagros Cárcel Ortí ex- mayor abundamiento, por el gran
pusieron en una clarificadora síntesis los puntos y ob- arraigo que tuvieron en la sociedad
jetivos fundamentales de estudio en las cofradías me- de la época, su estudio permite
dievales y modernas “Notas en torno al estudio de las
cofradías medievales y modernas: la Cofradía del
profundizar en las costumbres y
Santísimo Cristo del Salvador de Valencia 1616-1618” formas de sociedad y vida religio-
en Annals 3, 1984, sin paginar; mas, como ya se ha indi- sa302.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
105
Durante este período se fundarán numerosas cofradías bajo una ad-
vocación religiosa. Unas tendrán fines caritativos: socorro de huérfanos,
estudiantes pobres o dotación de doncellas casaderas; otras resaltarán
más su carácter religioso. Cabe destacar el florecimiento de las cofradí-
as dedicadas a la Sangre de Cristo por toda la geografía del reino. El vi-
cario general aprobará los capítulos fundacionales de estas asociacio-
nes, pero será al lugarteniente general a quien corresponderá la función
de sancionarlos.

***

En la Edad Media las cofradías agrupaban a los trabajadores del


mismo ramo, congregándolos bajo una advocación religiosa, general-
mente el titular del gremio, con finalidades religiosas y de asistencia
mutua. En otras ocasiones acentuaban su faceta caritativa, caso de las
cofradías hospitalarias o de elite social, como lo fue la Cofradía de San
Jaime que agrupaba a los nobles303; pero como indica Pons Alós: “En to-
dos los casos hay unas manifestaciones comunes que van desde la fies-
ta a la caridad, de la existencia de unos capítulos al sostenimiento eco-
nómico de la misma y desde el apoyo-acompañamiento mutuo, sobre
todo en el momento de la muerte, al cumplimiento de un ideario, ex-
presivo de una mentalidad que pasa por la piedad, la religión y la cari-
dad; por el culto e ideal confraternal304.
Como exponente de esta cofra-
día, herencia de la mentalidad
cado, lo que importa es indicar las nuevas cofradías medieval en que la agrupación
que se fundan en este período y el papel que la profesional se forma en torno a
Cronona, por medio de sus delegados, desempeña en una advocación religiosa, gene-
su nacimiento. ralmente el santo patrón, cabe se-
303
CÁRCEL ORTI, Mª Milagros y PONS ALOS,
Vicente “Religión y sociedad en [Link]ón
ñalar la fundación de la cofradía
al estudio de sus cofradías siglos XVI-XVIII “ en Al-ge- de zapateros de Morella, que
zira. Revista d’Estudis Històrics-Ribera Alta, 2, octubre agrupaba a los artesanos de esta
1986, p. 134. Asimismo, la del Cristo del Salvador, fun- villa y sus aldeas. El motivo prin-
dada ya en los principios del XVII,TRENCHS ODENA, cipal que había inducido a agru-
J. y CÁRCEL ORTI, Mª M. “Notas en torno al estu-
parse a estos zapateros era el te-
dio...”.
304
Testamentos valencianos en los siglos XIII-XVI: tes- mor a la competencia de los za-
tamentos, familia y mentalidades en Valencia a finales de la patos importados de Córdoba,
Edad Media. Tesis doctoral,Valencia, 1987, p. 241. por lo que siguiendo el ejemplo
106 de la ciudad de Valencia “mare, maestra exemplar de totes les altres vi-
les e lochs del regne” , los jurados de la ciudad procedieron a exami-
nar a los zapateros, pidiéndoles que “tallassen borreguins, plantoses
de diversos talles e modos de sabates e altres coses tocants al dit offi-
ci”. Comprobada la habilidad de los primeros maestros zapateros de
Morella, los jurados establecieron las primeras ordenaciones del gre-
mio, que una vez presentadas al virrey merecieron su aprobación 305 .
Se ha aludido al carácter caritativo de muchas de las cofradías, mas
no por ello su fundación quedó relegada al medievo; bien al contrario,
durante la Edad Moderna a lo largo del territorio valenciano se mantu-
vieron en vigor las diversas cofradías que por todo el país se habían ins-
taurado306. Las cofradías de la Virgen María en Valencia y Xàtiva fueron
autorizadas para hacer peticio-
nes307. Si bien uno de los fines
305
El primer capítulo prohibía la venta, el comercio usuales en estas agrupaciones era
u otras actividades relativas al zapato para los que no el de socorro de huérfanos y la do-
estuviesen examinados, salvo los días de feria y los jue- tación de doncellas casaderas, hu-
ves de mercado, bajo pena de 60 sueldos y pérdida de bo cofradías que se aprobaron con
la mercancía. La segunda medida autorizaba a los ma-
yorales de la cofradía a realizar exámenes ante los ofi-
la finalidad específica de “colocar”
ciales de la villa y a vigilar la calidad de las piezas tal y huérfanas, como la del Colegio del
como se hacía en Valencia, pero asistidos por el almo- Santísimo Nombre de María
tacén. Una tercera norma obligaba a pertenecer a la Virgen, que preparaba la dote de
cofradía a todos aquellos que quisieran presentarse a las mozas que pretendían casarse
las pruebas de zapatero. ARV, Real, 1420, ff. 200-207;
o ingresar en un convento. Los es-
Valencia, 26 de noviembre, 1540.
306
CARCEL ORTI, Mª M; TRENCHS ODENA, J. tatutos explicitaban la finalidad
“Cofradías y hermandades de Valencia 1721-1882 . moral que con la fundación del
Documentos de tipo judicial” en la revista Estudis Colegio se pretendía:
d’Història Contemporània del País Valencià nº 3 València,
1982, pp. 290-319. En este estudio especificaron la mul- “la grandissima necessitat que en la ciutat
titud de cofradías del período referido, de los que se de Valencia es trobava en les dones, aixi
conserva documentación en el Archivo Diocesano de donzelles com no donzelles, e per falta de
Valencia. no tenir per a que les reben en les cases re-
307
La de Valencia en las iglesias Mayor y del ligioses no poden servir al Senyor en vida
Hospital, parroquias de Santa Catalina y Santa Cruz y religiosa, o per no tenir dot no poden con-
monjas de san Cristóbal. ARV, Real, 751, ff. 193-194 vº; traure matrimoni (...) de hon cauen en
Valencia, 24 de abril, 1539. molts enormes inconvenients i sentines
308
De los estatutos fundacionales del “[Link] de la de mals”308.
Caritat sots invocatio del dulcissim y sanct nom de
Maria”. ARV, Real, 1420, ff. 59-66;Valencia, 8 de agosto, En 1540 se instauraba otra fun-
1539. dación con objeto de asistir a los
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
107
estudiantes pobres en sus necesidades. La cofradía creada al efecto se
construyó en el Hospital con el fin de acoger a los jóvenes estudiantes
que llegaban a la capital con el fin de cursar estudios en la Universidad
de Valencia309. Las advocaciones religiosas eran diversas, pues fueron va-
riando según las corrientes espirituales predominantes en cada mo-
mento, y en esta etapa histórica la devoción predominante fue, sin nin-
gún género de dudas la de la Sangre de Cristo. A fines de la Edad Media
habían aparecido hermandades de flagelantes que participaban en las
procesiones de Semana Santa, y en 1535 se fundaba la primera cofradía
bajo esta advocación310. Las fundaciones se prodigaron con inusitada ra-
pidez311. En 1541 los cofrades de la Purísima y Preciosísima Sangre de
Jesucristo de la ciudad de Xàtiva sometieron los capítulos fundaciona-
les a la aprobación del duque de Calabria312; en 1544 los cofrades de
Sagunto313 y los de Ontinent hacían
lo propio314 y en 1545 los de
Elche315. El vicario general certifi-
309
PERALES, J.B. Historia General de Valencia. caba la entrega de los capítulos
Valencia, 1878-1880, t. III, p. 618. fundacionales de la cofradía de
310
Milagros Cárcel Ortí expone las diversas ver-
Cullera el 7 de julio de 1546, y aun-
siones sobre el origen en Valencia de la devoción a la
sangre de Cristo en “Capítulos de la Cofradía de la que dos días después ya estaban
Sangre de Cullera” en Quaderns de Sueca III, 1982, pp. aprobados por dicha autoridad
84 y 85. eclesiástica316, el virrey no los san-
311
Mª Milagros Cárcel Ortí, con los datos suminis- cionaba hasta casi un año más tar-
trados por Sanchis Sivera en su Nomenclator y sus de317.
propias investigaciones, constata la existencia de esta
cofradía en Denia 1604 , Enguera, Gandía y Xàtiva, es-
tas dos últimas en 1617. “Aportación al estudio...” p. 2.5. CONFLICTOS
393. La fundación de la cofradía de Xàtiva, según se es- DE JURISDICCIÓN
pecifica, es bastante anterior.
312
ARV, Real, 1420, ff. 184 vº-192;Valencia, 8 de fe- “El Estado absolutista nunca fue un árbi-
brero, 1541. tro entre la aristocracia y la burguesía ni,
313
ARV, Real, 1422, ff. 79-83; Valencia, 20 de mayo, mucho menos, un instrumento de la na-
1544. ciente burguesía contra la aristocracia:
314
Ibidem, ff. 90-98;Valencia, 4 de septiembre, 1544. fue el nuevo caparazón político de una
315
Ibidem, ff. 156-161;Valencia, 4 de marzo, 1545. nobleza amenazada”318.
316
CÁRCEL ORTI, Mª M. “Capítulos de la cofra-
día...”, pp. 86 y 89. Esta cita de Anderson nos re-
317
ARV, Real, 1423, f. 193-193 vº; Valencia, 12 de
cuerda que el Antiguo Régimen,
abril, 1547.
318
ANDERSON, P. El Estado absolutista. Madrid, organizado en estamentos, no es-
1983, p. 12. taba sustentado en la teórica igual-
108 dad de los individuos: cada estamento procuraba por asegurar sus pri-
vilegios. La justicia, en consecuencia, no se fundamentaba en un ideal
de equidad, puesto que la sociedad estaba basada en la división, así in-
franqueable, de los grupos sociales a los que se pertenecía por naci-
miento. Si la justicia no era igual para todos, había diversas jurisdiccio-
nes para los diversos estamentos. Había la justicia del rey, que afectaba
directamente a sus súbditos, tanto los de las tierras de realengo como los
nobles. Había, igualmente, la justicia que administraba el señor en sus
posesiones, ya que a menudo gozaba del “mero y mixto imperio”. Por úl-
timo, los clérigos se regían por el derecho canónigo, y escapaban a la ju-
risdicción real. Este complejo sistema legal conllevaba necesariamente
múltiples fricciones. Los roces se producían entre las diversas jurisdic-
ciones, ya que la frontera entre ellas era muy esquiva. Los individuos su-
jetos a la acción de la justicia procuraban esquivarla siempre que podí-
an, alegando para ello la pertenencia a un estamento distinto al del bra-
zo instigador. Así, ante el acoso de los procuradores fiscales, numerosos
acusados alegarán pertenecer al brazo eclesiástico; ante la jurisdicción
del señor, muchos buscarán el amparo de la justicia real; e, incluso, ha-
brá clérigos que en algún momento dado procurarán el asilo de los ofi-
ciales reales. Las combinaciones, por tanto, son múltiples. El hecho
siempre es el mismo: la búsqueda, cuando se tienen medios para inten-
tarlo, del paso a la jurisdicción más conveniente.
La cuestión, sin embargo, no era tarea sencilla. Cada organismo o
institución administradora de justicia guardaba celosamente sus com-
petencias, por lo que no admitía, fácilmente, la fuga de individuos de su
jurisdicción. El litigio entre los estamentos por la posesión de las perso-
nas a las que se creían con derechos era inevitable; de ahí que hubiese
una compleja trama foral, que arbitrase los contenciosos de jurisdic-
ción, y que en las Cortes de Carlos V, a las que se alude, no fuesen in-
frecuentes los fueros que tratasen este tema.
El presente apartado se abre con un breve planteamiento histórico de
los conflictos de jurisdicción entre las potestades real y eclesiástica.
Asimismo, se observa la actitud que los diferentes poderes implicados
mantuvieron sobre la vacilante figura jurídica del tonsurado, auténtica
fuente de conflictos entre los ámbitos real y eclesiástico. La llegada del
arzobispo Villanueva, dispuesto a seguir una política de firmeza con su
propio clero, abrió nuevas expectativas para la solución de este foco de
conflictos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
109
***

De entre las diversas variedades de conflictos institucionales, no ca-


be duda que los conflictos generados entre las jurisdicciones eclesiásti-
ca y real fueron, con mucho, los que se produjeron con una mayor fre-
cuencia. La asiduidad con que se sucedieron las tensiones entre los ofi-
ciales del rey y de la Iglesia siempre fue muy superior a la que hubo con
otras instancias. Teresa Canet sintetiza las causas de los conflictos en
torno a la jurisdicción criminal: “Las autoridades seculares se veían im-
posibilitadas de actuar contra los clérigos delincuentes por las inmuni-
dades de que éstos gozaban; las autoridades eclesiásticas, por su parte,
se mostraban, en demasiadas ocasiones, remisas en sus actuaciones.
Otro factor complicaba todavía más esta penosa situación: la cuestión
de los simplemente tonsurados”319.
La tonsura, grado preparatorio para recibir las antiguas órdenes me-
nores, que confería el prelado con la ceremonia de cortar al aspirante un
poco de cabello, era suficiente para alegar, el que la poseía, la pertenencia
al estado clerical. Aunque la jurisdicción real nunca transigió con los ton-
surados, a los que siempre consideró de competencia propia, no sería si-
no hasta 1552 cuando el príncipe Felipe determinó el sometimiento de los
tonsurados sin otras órdenes mayores a la justicia del rey, lo cual sería
sancionado por el Breve de Julio III de 24 de noviembre de 1553320. Sin
embargo, hasta llegar a dicha solución, hubo una larga nómina de perso-
najes, muchos de ellos simplemente tonsurados, objeto de fricción o dis-
puta por las autoridades eclesiásticas o reales. De igual modo, las autori-
dades delegadas del rey habían te-
nido que escribir numerosos infor-
mes, clamando por el abuso que
319
CANET APARISI, T. La Audiencia Valenciana..., pp. suponía que aquellos que habían
140-141.
320
alcanzado la tonsura pudiesen bor-
Ibidem, p. 141.
321
Por el tratamiento dado al receptor de la misi- dear e, incluso, escapar a la justi-
va “Illustre señor”, así como el resto del encabeza- cia. De hecho, el duque de Calabria
miento de la carta, parece casi seguro que se trata del se expresaba en términos muy du-
comendador mayor de León: “Illustre señor, a lo de v. ros para referir al comendador ma-
m. de XIIII del presente tengo poco que responder...” yor de León “los continuos trabajos
AGS, Estado-Aragón, 293-236; Valencia, 21 de agosto,
1544. Citado por CANET APARISI en La Magistratura
que aqui nos da la inmunidad ecle-
Valenciana (ss. XVI-XVII).Valencia, 1990, apéndice docu- siastica y con quanta dificultad y a
mental, documento nº 1. fuerça de braços se haze justicia”321.
110 En verdad, la expresión “a fuerza de brazos” no era inusual en el duque;
la había empleado ya en otras ocasiones, por ejemplo cuando se refería
a su finca de caza en Llíria “La Garrofera”, que según refería también
había levantado con su esfuerzo muscular. Más allá de la mera anécdo-
ta lingüística, de la expresión ya hecha, queda el significado de la metá-
fora. La justicia tenía dificultades para materializarse, precisamente por
la dificultad añadida que le suponía la inmunidad eclesiástica.
Muchos de los tonsurados que delinquieron y fueron objeto de dis-
puta entre las jurisdicciones eclesiástica y real estuvieron, tal y como in-
dica Regina Pinilla, acusados de vivir con una virgen, con mujer o estar
casados322. Fueron muchas las variantes de estos conflictos, tanto de los
coronados como otros personajes situados entre las dos jurisdicciones.
Muchos de estos personajes aparecen esporádicamente en los registros
de citaciones y luego su rastro se pierde definitivamente en el anonima-
to del tiempo. Sin embargo, hay algunos que aparecen reiteradamente y
que fueron objeto de fuertes disputas entre las autoridades civiles y ecle-
siásticas.
De entre la pléyade de casos de conflicto de jurisdicción que se suce-
dieron durante el reinado del emperador, cabe mencionar, por la reper-
cusión que tuvo en la sociedad valenciana, el relativo a Joan Penya. Este
personaje fue uno de los pretendidos clérigos que convivía con una vir-
gen. Natural de Onda, fue acusado de ser hombre facineroso, sanguina-
rio, homicida y, según la jurisdicción real, mero laico; fue capturado por
el “portantveus” Joan Llorenç de Vilarrasa cuando, armado, pretendía
huir de la justicia del rey. La acusación concreta respondía a la muerte
que Penya le había causado a un tal Rius, también de Onda. Ahora bien,
detenido en una cárcel real, el canónigo Ribelles intimó a la justicia se-
cular para que en tres horas restituyese al acusado a la justicia eclesiás-
tica bajo pena de excomunión y 200 ducados. El regente de la lugarte-
nencia, Jeroni de Cabanyelles, exigió que renunciase a tan “insólita agre-
sión”, que revocase sus cartas y, si
fuese preciso, nombrase árbitros.
En todo caso, debía persuadirse
322
PINILLA PEREZ DE TUDELA, R. El virreinato con- que el cautivo pertenecía al “por-
junto de doña Germana de Foix y don Fernando de Aragón tantveus” y, con respecto a la ame-
(1526-1536). Fin de una revuelta y principio de un conflic-
naza de excomunión, le recordaba
[Link] doctoral. Universidad de Valencia, 1982, p. 544.
Una publicación resumida de esta obra ha sido editada que representaba al imperio real y
por el Consell Valencià de Cultura, serie Minor. que podía proceder contra él y sus
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
111
bienes, por derecho y por la concordia de la reina Leonor323. Horas más
tarde, el regente de la lugartenencia volvía a escribir al canónigo
Ribelles, comunicándole que sólo le entregaría a Penya en el caso de que
los árbitros así lo decidiesen324 . Al día siguiente, Cabanyelles remitía
nuevos escritos exigiendo la revocación y la anulación de todos los re-
gistros y procedimientos del caso, para que se conservase la preeminen-
cia real y la concordia o en caso contrario actuar contra el canónigo y
sus bienes325. Los oficiales reales procedieron a la ejecución de Penya. El
dietarista Jeroni Soria, fue testigo de lo ocurrido:

“Divendres a XXXI de Dehembre (...) ab provisio del exçelent Duch de


Calabria ( ...) donaren hun garrot a hun home de Onda que a nom Penya
(...), y apres de ser ofegat, lo posaren a la porta de la cort del Governador en
terra (...), de hon posaren entredit ans de ofegarlo y enebits tots los ofeçials
y no obstant axo lofegaren, de que era jutge apostolich del dit home don
Jeroni Montagut Valero de Ribelles, canonge de la Seu de Valencia (...). Apres
lo exselent Duch de Calabria, sobredit, y don Jordi de Austria, arquebisbe de
Valençia, feren crida per Valençia que dengu que sabes rendes del dit don
Jeroni de Ribelles, axi de la esglesia com de bens sensals realenches, que no
li fossen dats y aso feren perque avia po-
sat encomunicasio contra los sobredits
ofeçials reals”326.
323
ARV, Real, 1319, f. 108-108 vº. Jeroni de
Cabanyelles a Jeroni de Ribelles canónigo .Valencia, 27 El virrey había estado ausente,
de diciembre, 1540 (aunque en la documentación debido a sus nupcias con doña
consta 1541, dada la costumbre de la época de cambiar
Mencía de Mendoza en Ayora, tie-
la fecha del año pasada la Navidad). Sebastián Salvador
se la dio en propia mano al canónigo Ribelles a las 12 rra de la marquesa del Zenete y
del mediodía. ahora duquesa de Calabria327. Aún
324
“Entregada a les 9 hores de la nit” ARV, Real, no había llegado a la ciudad y ya
1319, ff. 109 vº-110 vº;Valencia, 27 de diciembre, 1540. había sido advertido por el doctor
325
ARV, Real, 1319, ff. 110vº-111 vº Valencia, 28 de del Real Consejo, Francisco Ros,
diciembre, 1540.
326 así como por alguaciles reales, de
SORIA, J. [Link], 1960, p. 202.
327
“Any 1541, entrada de la marquesa, muller del las excomuniones que se habían
duch de Calabria”, BUV, Manuscrito 160: “Dietari de va- publicado contra ellos en las pa-
ries coses sucseides en lo reyne de Valencia y en altres rroquias e iglesias de la ciudad de
parts escrites per un capellâ del rey don Alonso el V. de Valencia. El duque exigió al canó-
Aragó fins al âny 1478. Anyadides altres memories dia-
nigo Ribelles que en tres horas re-
ries des de 1516 hasta 1588”, f. 734.
328
ARV, Real, 1319, f. 112-112 vº; Catarroja, 5 de vocase todas las actas contrarias y
enero, 1541. “Raphael Dolç, regent de verguer de la públicas, nombrando árbitro a
Real Audiencia, ell huy, entre les 8 e les 9 hores de mig- Martí Ponç328. Dos días después,
112 también desde Catarroja, comparecía ante el duque Juan Pellicer, nota-
rio de Jeroni de Cabanyelles, para hacer constar que el famoso canóni-
go no había respetado la legislación al respecto. El virrey hubo de expe-
dir dos misivas al canónigo exigiendo la revocación de la excomunión,
del entredicho, así como el nombramiento del árbitro correspondiente a
la Iglesia329, pero no debieron de surtir mucho efecto las primeras cartas
del duque, porque días después hubo de repetirlas330. Finalmente,
Fernando de Aragón, mandó promulgar una crida, en la que cualquier
tipo de negocio o transacción con Jerónimo Ribelles quedaba prohibi-
da331. Del mismo modo, ordenó que no le pagasen censos tributos, cen-
sales u otras deudas. En el pregón se explicaba que la causa de todo ello
era haber procedido contra el regente de la lugartenencia, los doctores
del Real Consejo y otras personas. Igualmente, se consideraba que el ca-
nónigo había “lesionado” la jurisdicción real y la preeminencia del dicho
regente, del “portantveus de general governador”, Joan Llorenç de
Vilarrasa, y otros.
Cuando el canónigo emprendió el camino de oposición a la juris-
dicción real, lanzando la serie de excomuniones, de las que no se ha-
bían librado ni Cabanyelles, ni Vilarrasa, ni los doctores de la Real
Audiencia, ni el verdugo que ejecutó a Penya, la mediación del lugar-
teniente general resultó ineficaz. En consecuencia, hubo de intervenir
la más alta instancia política del reino: el rey. Efectivamente, Carlos
V se hallaba en la península y pudo seguir, en cierta manera, el pro-
ceso de cerca. Informado por el virrey, el monarca consideró que
Ribelles se dedicaba a ayudar a “hombres malhechores, escandalosos
y de mala vida”. Aconsejó al du-
que que hablase “blandamente”
jorn, haver intimada, notificada e dexada la preinscrip- al clérigo y le persuadiese para
ta patent provisio ( ... ) al dit noble don Hieronym de
que revocase lo que había hecho;
Ribelles” .
329
Ibidem, ff. 113 y 113 vº-[Link] en Catarroja, el virrey habría de emplear con el
7 de enero, 1541. canónigo un doble lenguaje: le
330
Ibidem, ff. 114-115 vº; Catarroja, 11 de enero, halagaría prometiendo sanciones
1541. para los oficiales que hubiesen
331
Ibidem, ff. 117vº-118 vº. Publicó la “crida” Pere cometido alguna incorrección, al
Miró en nombre de Joan Andreu Borja, trompeta real,
el 21 de enero, 1541.
tiempo que le reprendería “algo
332
ARV, Real Cancilleria, Curia Valentinae, 252, ff. aspero de estos y de otros sus
112vº-113. El rey al duque de Calabria. Madrid, 16 de desacatos, scandalos y atrevi-
febrero, 1541. mientos”332. El mismo día que es-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
113
cribía al duque de Calabria, se dirigía a su tío, el arzobispo Jorge de
Austria, para que procurase que el canónigo se arrepintiese de la ex-
comunión y, asimismo, que ayudase al virrey por todas las vías que le
pareciese de manera que Ribelles revocase lo hecho. A cambio le pro-
metía el castigo para los oficiales que hubiesen hecho cosas indebi-
das, según la legislación al efecto333. Al mismo tiempo, escribió al abo-
gado fiscal para que instase al canónigo a que revocase lo que había
hecho prometiendo, eso sí, que en el caso de que hallare culpables a
los oficiales los haría castigar. Posteriormente, debería apremiar a la
Real Audiencia a la ejecución de sus bienes, procediendo si fuera ne-
cesario a la ocupación de sus temporalidades. El rey le recordaba que
debía comunicar todo al duque y al Consejo, avisándole a él de todo
lo ocurrido con diligencia334. Finalmente, escribía al propio canónigo
Ribelles:

“Tenemos no poco sentimiento que para que no se haga justicia de los ma-
los accepteys tales bienes y useis d·ellos contra nuestros officiales en perju-
dicio de nuestra jurisdiction, lo que es muy ageno de vuestro habito y de lo
que deveis a nuestro servicio”335.

El emperador, por último, ordenaba al canónigo que cumpliese las


instrucciones que el duque más detalladamente le daría. Todavía en el
mes de marzo, el rey solicitaba que se informase a su Santidad de la
vida y costumbres de Ribelles y que, de su parte, le suplicasen que tu-
viese a bien conceder un “breve enderezado”. Para que pudiesen pro-
ceder por inquisición, denuncia y acusación “ex oficio” contra dicho
clérigo y alzar el entredicho que había impuesto, enviaría el breve a
España, al vicecanciller, poniendo en ello “toda industria y diligen-
cia”336.
Y es que para la jurisdicción real, la Iglesia, había cifrado “todo su
fin en amparar y favoreçer malhechores, salvando y librando aquellos
de mis manos”. Al igual que los
visitadores, el virrey tenía pocas
333
Ibidem. El rey a don Jorge de Austria, arzobispo esperanzas en la capacidad de los
de Valencia. Madrid, 16 de febrero, 1541. juristas eclesiásticos valencianos
334
Ibidem. El rey al abogado fiscal. Madrid, 16 de fe- para administrar una justicia
brero, 1541.
335
Ibidem, ff. 114-114 vº; Madrid, 16 de febrero,
recta, ya que los creía sometidos
1541. a las presiones de sus conciuda-
336
Ibidem, ff. 114 vº-116; Madrid, 24 de marzo, 1541. danos. Sin embargo, este panora-
114 ma de desconfianza y recelo hacia la jurisdicción eclesiástica vendría
a cambiar con la llegada del nuevo arzobispo Tomás de Villanueva
quien, ciertamente, despertó muchas expectativas entre los oficiales
reales valencianos. En ese sentido, no deja de ser elocuente la men-
cionada misiva de Fernando de Aragón a Francisco de los Cobos soli-
citando un provisor castellano (se le suponía imparcial) y rechazando
a los oficiales eclesiásticos naturales de Valencia:

“Importa mucho que vuestra merced le haga hablar para que trayga de alla
hun prouisor castellano, hombre de letras y buena conçiencia que le sirva de
offiçial y vicario general, porque siendo tal, le descansara mucho y assenta-
ra esto como conviene al seruiçio de Dios y de su Magestad, sin dar lugar a
las vellaquerias que en esta Yglesia se han consentido y consienten con las
parçelidades y amistades que los dichos officiales han tenido, lo que no po-
dra escusarse siempre que se tome para·l regimiento de dicha Yglesia, hom-
bre de por aqua. Y (...) que Su alteza mande al dicho arçobispo que tenga
conmigo toda buena ineteligencia sobre todo lo que se ofreçera al seruiçio de
Su Magestad y de Su Alteza, porque d·esta manera botaran todos los vella-
cos y malhechores, y la tierra quedara llana como la palma, sin que los di-
chos tengan aquel refugio tan çierto como agora lo tienen (...) Y, hotramen-
te, si se ponen hombres naturales de aqui, ni platicos en dissimular y fauo-
reçer semejantes vellaquerias, vuestra merced crea que todo es por demas,
ahunque el prelado sea santo”.

Las expectativas que la llegada del nuevo arzobispo se habían des-


pertado en el ánimo del virrey no se habían visto totalmente defrauda-
das. Villanueva se mostraría como un arzobispo totalmente celoso de
sus clérigos, pero también había comprendido que la tonsura realmen-
te servía para que muchos laicos buscasen un amparo para la impuni-
dad de sus acciones delictivas. Sus declaraciones, siendo todavía arzo-
bispo electo de Valencia, muestran su disposición para colaborar con el
virrey, tanto en el tema de la corona como en el de los moriscos, y en “to-
do lo demas que cumpliere al servicio de Dios y de su Magestad y bue-
na gobernacion de aquel reino”. Su buena voluntad se concretaba en
agrias palabras para con los coronados que buscaban amparo en la jus-
ticia eclesiástica:

“Yo, señor, siempre estuve mal con estos insultos que se hacen con favor de
la corona, y he deseado que en esto se pusiese algun remedio porque Dios y
la justicia desto se ofende y el pueblo recibe gran detrimento, y en esto seré
en ayudar al Señor Duque para que los malos sean castigados, y en suplicar
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
á Su Excelencia que así lo haga, porque poco aprovecharía la doctrina, si no 115
se ejecutase la justicia”337.

Su preocupación para con el tema de los tonsurados por convenien-


cia le había llevado a redactar unos capítulos junto con el virrey y el vi-
sitador Pedro de la Gasca338, para que fuesen expuestos en el Concilio
que ya se desarrollaba en Trento. En la carta del licenciado Pedro de la
Gasca a Cobos se sintetizan los acuerdos adoptados por el arzobispo, el
virrey y el mismo Gasca. Estos capítulos abarcaban dos grandes blo-
ques.
Uno, haría referencia al problema de los jueces apostólicos, quienes
hacían gala de una pródiga magnanimidad para con sus reos. Estos
jueces eran calificados generalmente como “de manga”. Los delin-
cuentes que a ellos llegaban, según el visitador, quedaban libres y sin
castigo de los “homiçidios y otros delictos” que hubiesen perpetrado.
Los acusados, que a ellos llegaban, salían más envalentonados viendo
como los sentenciadores apostólicos les habían librado, tanto de los
jueces eclesiásticos como de los ordinarios “sin dar el castigo ny aun
fatiga de carçel”.
La otra cuestión referida por el
visitador era la de los “coronados”.
337
Tomás de Villaneuva a Francisco de los Cobos. La propuesta que el visitador ha-
Monasterio de Nuestra Señora del Pino, 8 de septiem- cía llegar al secretario era que la
bre, 1544; AGS, Estado, 293 en FERNANDEZ NAVA- adjudicación de “coronas” fuese
RRETE, M; SALVA, M.; SAINZ DE BARANDA, P.
competencia de los Ordinarios, de
Colección de documentos inéditos para la Historia de
España, t.V, Madrid, 1844, p. 83. manera que no hubiese tan excesi-
338
“El señor duque embia los capitulos sobre lo que vo número de tonsurados. Esta
aca ha paresçido que de parte de lo seglar se deveria medida para ser eficaz precisaba
pedir en conçilio” El licenciado Gasca a Cobos AGS, que los propios obispos examina-
Estado-Aragón, 297-64 Valencia, 5 de julio, 1545. El padre
sen a los súbditos que pretendie-
Luis Alvarez cita, asimismo, la carta, llegando a trans-
cribir los aspectos fundamentales en apéndice “Santo sen la tonsura; pues lo que ocurría
Tomás de Villanueva y el Concilio de Trento” en La ciu- era que mediante las letras apostó-
dad de Dios..., 1958, nº 4, pp. 627 y 643. Sin embargo, licas se enviaba la relación de as-
como indica que se halla “sin foliar”, y en el presente pirantes a tonsura a los obispos
trabajo se ofrece la cita completa, se mantendrá la lla- que las habían de otorgar, quienes
mada en su original. El arzobispo no podía llevar los ca-
generalmente las concedían sin
pítulos a Trento, pues aunque había sido convocado, las
protestas surgidas en Valencia y, más tarde, un certifi- mediar examen o consideración
cado médico, le eximieron de su presencia. alguna. Para aludir a la abundan-
116 cia de tonsurados, Gasca, elocuentemente, escribía: “seria camino de
evitar el exçesso de las coronas que por letras apostolicas se dan, y spe-
çialmente en esta tierra que apenas hay en ella carnizero, sastre ny ça-
patero que no la tenga”.
Con todo, algo había empezado a cambiar con respecto a la inmuni-
dad de los tonsurados. El juez de residencia en la misma misiva hacía
mención al sosiego y pacificación que se respiraban en la capital del rei-
no desde la llegada del arzobispo agustino. En efecto, el prelado habría
anunciado en sus sermones que no impediría la justicia seglar que cas-
tigase a los delincuentes coronados. Pero si el cambio de relaciones en-
tre los jueces eclesiásticos y Ordinarios era todavía un deseo anunciado,
el rigor para con los delincuentes tonsurados, que caían en manos de los
jueces de la Iglesia, era ya una incipiente realidad. El arzobispo habría
comenzado a actuar con inclemencia con aquellos tonsurados que bus-
caban su refugio en la inmunidad eclesiástica, condenando a algunos de
ellos, y haciendo de las cárceles recintos más severos. Para continuar la
política de severidad con los delincuentes tonsurados, el licenciado pro-
ponía dos iniciativas.
Así, para estimular al arzobispo y a su provisor para que no cejasen
en su empeño de atajar las injusticias que los tonsurados y los jueces
apostólicos provocaban, el visitador pretendía que se les escribiese lo-
ando la rectitud con la que procedían. Con ello, Gasca creía que los jue-
ces apostólicos abandonarían su tradicional magnanimidad, y los ton-
surados se cuidarían más de delinquir. La otra medida disuasoria pro-
puesta por el visitador consistía en que el rey llamase a aquellos jueces
apostólicos que pusiesen impedimentos a las medidas reformadoras pa-
ra que comparecieran con sus procesos ante él. De hecho, esta medida
no era totalmente novedosa, pues el soberano ya la había utilizado en
una ocasión anterior. La consecución de una política de firmeza por par-
te del arzobispo en el asunto de los tonsurados habría llevado a una dis-
minución de los conflictos de jurisdicción, en tanto que la justicia ema-
nada de los jueces eclesiásticos habría sido igual de severa que la de los
Ordinarios, pero la conflictividad entre ambas jurisdicciones no remitió
de manera considerable tal y como la documentación de los registros de
Cancillería demuestra.
Ahora bien, todos estos buenos deseos se habían expresado en el pri-
mer semestre de la permanencia de Tomás de Villanueva en Valencia.
Cabe, en consecuencia, averiguar cuál era la realidad que se imponía a
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
117
más largo plazo. Pronto Pedro de la Gasca iba a desaparecer de la esce-
na valenciana y el clima de entendimiento que se había apreciado entre
las altas instancias de las jerarquías eclesiástica y real, se desdibujaría
con la ausencia del juez de residencia que tan buenos oficios había des-
empeñado coordinando a las cúpulas de las mencionadas potestades y,
no estando el juez de residencia, el arzobispo escribía su propio informe
al príncipe sobre la mejora del orden público que la ciudad había expe-
rimentado debido a la renovación que el propio arzobispo había llevado
a término en su diócesis, aunque se lamentaba por el recurso de salva-
ción que los delincuentes habían hallado en los ya célebres “jueces de
manga”339. El recurso consistía en denunciar el caso a Roma, con lo que
el papa designaba los jueces apostólicos —de manga—, quienes mostra-
ban una inusitada magnanimidad para con sus acusados; aunque la de-
nuncia que el arzobispo planteaba del portillo legal por el que ahora se
escabullían los tonsurados, no era realmente una innovación, por cuan-
to el virrey ya había denunciado anteriormente la actuación de los jue-
ces apostólicos. Desde el otro lado, desde la cúspide de la administra-
ción real, transcurridos apenas unos meses de la partida de Pedro de la
Gasca, se solicitaba al secretario Cobos, directamente, sin ambages, que
el príncipe escribiese al arzobispo:
“mandandole que mire mucho lo que provee en esto de las coronas, que con
el favor que por su parte se les da, no solamente se perturba la buena execu-
çion de la justiçia (...) y ahunque el es muy buena persona y de buenas le-
tras y vida, son tantas las passiones de por aqua, que con ellas hallan los
malos harto mas favor que con los buenos. Y con esto le hazen torcer en al-
gunas cosas, que si tuviera platica dellas
y de los que los procuran, no las haria”340.
339
Las palabras del arzobispo eran: “Despues que Un suceso concreto parecía que
en esta ciudad y diócesis se comenzó a haçer justicia
había enfrentado directamente al
en el foro eclesiástico, luego se conosció la mejoría de
los insultos que antes solían hacer; mas agora que los virrey y al arzobispo.
delincuentes, visto que les era cerrado aquel portillo, En el lugar de Albalat, pertene-
han buscado otro para cometer sus delitos, que es ciente al duque de Gandía, el justi-
acudir al Papa...” El arzobispo al príncipe. Valencia, 12 cia había reunido a un grupo de
de octubre, 1545. AGS, Estado-297 en FERNANDEZ gente armada, a repiques de cam-
NAVARRETE, M. y SAINZ DE BARANDA, P. Colección
pana, para ir contra un alguacil re-
de documentos inéditos..., t.V, p. 97.
340
AGS, El duque de Calabria al Illustre señor, el se- al. Las huestes del virrey reaccio-
cretario Cobos. AGS, Estado-Aragón, 299, f. 70 Valencia, naron capturando al justicia y le
5 de enero, 1546. hubiesen administrado el garrote
118 de no haber mediado el fiscal de arzobispo, quien presentó al virrey su
carta alegando corona. El duque de Calabria se lamentaba por no poder
aplicar la pena capital al justicia de Albalat; de ahí que esperase la lle-
gada del canciller: para que pudiese “venir a morir a mis manos”. Con la
marcha de Pedro de la Gasca faltaba el elemento concilidador que ten-
diese el puente de diálogo entre el arzobispo y el lugarteniente general.
El tono entre ambas potestades adquiría matices ásperos. El virrey para
reafirmar su potestad frente a la jurisdicción eclesiástica, tal y como lo
expresaba en el caso del justicia de Albalat, iba a fundamentarse rápi-
damente en la figura del canciller341.
El virrey, como también lo había hecho el arzobispo, defendió su ges-
tión enviando escritos al comendador mayor de León exponiendo que la
delincuencia había disminuido en la ciudad gracias a la represión sobre
los coronados, cifrando la merma de homicidios en un 90 por 100: “Y se
dice por experiençia que de diez partes de los hombres que se matavan
en esta çiudad, con el gran favor que allavan los matadores dandose a la
corona, no se mata agora huna”342. Había, sin embargo, una diferencia
fundamental con el informe emitido por el arzobispo: mientras éste no
dudaba en atribuir la disminución de la delincuencia a la justicia efec-
tuada por el “foro eclesiástico”, el virrey consideraba que el temor de los
delincuentes se debía a que habían de “pasar por manos del cançiller y
de sus açessores y ser bien examinados si gozan della o no”.
Con todo aún hubo otro episo-
dio de gran tirantez entre las auto-
341
ridades eclesiásticas y las reales
La relativa falta de “protagonismo” había estado
motivada, como se justifica en párrafos sucesivos, por surgido como consecuencia de un
la suspensión del oficio de canciller realizada por el conflicto de jurisdicción: el de Elfo
juez de residencia. Aunque, en principio, solicitaba la de Próxita, quien en una porfía
llegada de otros cancilleres, pronto reahibilitaría al can- con el alguacil real Miguel Angel
ciller titular, el abad Pedro Pastrana. Nogueroles, “cosió a puñaladas al
342
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 61.
343 alguacil junto a las piedras berro-
LLIDO VICENTE, R. La entrada de Tomas de
Villanueva en Valencia, 1545-1945. Con introducciones del queñas de la Lonja”343. Este hecho
Excmo y Rvdmo. Sr. Arzobispo y del Excmo. Sr. Alcalde de coincidía, según los cronistas ecle-
[Link], 1945, p. 59. siásticos, con la resistencia que los
344
En el apartado 2.1. Articulación territorial de la canónigos ofrecían al arzobispo
Iglesia de Valencia, ya se indicaba que la vinculación en-
con motivo del sínodo que el pro-
tre la aprobación de los capítulos sinodales y el caso
Elfo de Próxita se debía exclusivamente a crónicas pio Tomás de Villanueva había
eclesiásticas. Bien pudiera suceder que, un año des- convocado344. Sin embargo, la ac-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
119
ción del gobernador supuso para los canónigos un ataque contra la in-
munidad eclesiástica, perpetrado contra uno de los suyos. Atemorizados
por el precedente que podía suponer, acudieron en busca de protección
al arzobispo, quien aprovechó la ocasión para fortalecer su autoridad
ante ellos. Una vez sometido el capítulo, el prelado desplegó una pro-
tección a ultranza de los individuos sometidos a su jurisdicción, recu-
rriendo para ello a las más graves penas sobre la ciudad. Ello obligó a
intervenir a los reyes de Bohemia e, incluso al propio emperador.
Finalmente, fue el visitador Miguel Puig, obispo de Elna, quien despla-
zó al propio virrey en las negociaciones consiguiendo restablecer la nor-
malidad, aunque el “portantveus” de gobernador Joan Llorenç de
Vilarrasa hubo de hacer públicas muestras de arrepentimiento345.

pués, los canónigos aún se hallasen en rebeldía respec-


to a la autoridad que sobre ellos pretendía el arzobis-
po. Pero es imposible que esta relación efecto-causa se
diese entre el encarcelamiento de Próxita y la aproba-
ción de las ordenaciones y capitulaciones sinodales,
puesto que habían sido publicadas el 14 de junio de
1548, después de que el arzobispo oyese las protestas
de los eclesiásticos.A mayor abundamiento, ese mismo
día concluyó el sínodo (SANCHIS SIVERA, J. Libre de
antiquitats... p. 152). Este nexo entre ambos sucesos, así
como su conexión temporal —año 1548—, también
ha sido mantenida por Sanchis Guarner, quien afirma
que los canónigos hubieron de someterse “a corre-cui-
ta, per tal que el fur de l’arquebisbe pogués rescatar
del poder del governador un canonge empresonat per
temptativa d’homicidi 1548 (La ciutat de València. Síntesi
d’Història i de Geografia Urbana. València, 1981, p. 256).
345
Sobre el contencioso de las jurisdicciones ecle-
siástica y real a raíz del caso Elfo de Próxita, vid. MARTÍ
FERRANDO, J. “La corte virreinal en el reinado del
emperador” en Estudis, 2000, 26, p. 105 y ss.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
121
CAPÍTULO III

EL ESTAMENTO MILITAR: RÉGIMEN SEÑORIAL Y NOBLEZA

En el debate desarrollado durante las pasadas décadas en torno al


cambio del sistema feudal al capitalista, los historiadores llamaban la
atención sobre la difícil clasificación del sistema económico imperante
en Europea occidental durante los siglos XV y XVI: feudal, burgués o al-
go intermedio entre feudal y capitalista345. El obstáculo que cabe inter-
poner a la cuestión, planteada en esos términos, es que se circunscribe
al ámbito anglosajón, obviando la realidad del sur europeo346; ya que, co-
mo indica Císcar Pallarés: “Al margen de polémicas y discusiones ter-
minológicas estériles, Europa se
halla definida básicamente por el
Feudalismo, entendido como mo-
345
El debate sobre la transición del feudalismo al do de producción en que las rela-
capitalismo quedaba centrado en parecidos términos ciones sociales están forjadas en
por Maurice Dobb en su “Respuesta” en la miscelánea torno a la tierra porque reposan
de estudios dedicados a este tema: La transición del feu- sobre una economía de predomi-
dalismo al capitalismo edición de Rodney Hilton;
nio agrícola”347.
Barcelona, 1982, pp. 85-86.
346
En su “Contribución al debate” Ibidem, p. 93 , El sistema feudal en las tierras
Kohachiro Takahashi incide en la escasa atención pres- valencianas se mostró extraordina-
tada “a los trabajos franceses y alemanes sobre el te- riamente complejo. Según la afir-
ma”. Sería el propio Dobb quien, a su vez señalaría la mación de James Casey, “lo que
nueva insuficiencia de Takahashi: “para ser más preci- más sorprende quizás es la gran
sos, podría haber añadido que en mi trabajo ignoro ca-
si por completo la experiencia de la Europa meridio-
diversidad que caracterizaba el ré-
nal, en particular la de España y la de Italia” “Nuevo gimen señorial en un territorio tan
comentario” Ibidem, p. 137 . pequeño”348 . Dada esta compleji-
347
Tierra y señorío en el País Valenciano (1570-1620), dad: —son extraordinarios los esti-
Valencia, 1977, p. 32. los deste Braço” asevera Matheu y
348
CASEY, James “La situación económica de la no-
Sanz349—, cabe utilizar el término
bleza valenciana en vísperas de la expulsión de los mo-
riscos” en Homenaje al Dr. D. Juan Reglà Campistol. genérico de “régimen señorial” que
Valencia, 1975, vol. I, p. 521. abarca con mayor precisión el
349
Tratado de la celebración..., p. 91. complejo entramado social que
122 afectaba a gran parte del señorío valenciano; concepto, por otra parte,
más genérico que el específicamente militar o noble, que comprende
una parte, aunque preponderante, del sistema350. Junto con los nobles en
sentido estricto, aparecen los caballeros y generosos y, aunque no perte-
nezcan al brazo militar, los ciudadanos poseedores de jurisdicción se-
ñorial.
Los señores o barones gozaban del prestigio de la antigüedad y, aun-
que no todos tenían la jurisdicción total sobre sus territorios, muchos te-
nían un poder casi omnímodo sobre sus estados351. Con todo, los peque-
ños señoríos alcanzarían la jurisdicción alfonsina, pues, aunque no go-
zaban de las competencias propias del mero imperio, sus titulares per-
cibían la mitad del importe de las penas pecuniarias en los procesos cri-
minales que escapaban a su competencia352.
Los nobles en sentido estricto, herederos de los antiguos barones e in-
cluso con prestigio de sangre real, ostentaban las mayores propiedades
patrimoniales. Sus miembros, como explica Gil Olcina, “aparecen capi-
taneados por los Grandes de raigambre valenciana, es decir, los duques
de Gandia, Segorbe y Villahermosa y los marqueses de Dénia y
Guadalest; a la cabeza de todos, muy destacada, la Casa de Gandia”353.
Había, asimismo, una nobleza de abolengo inferior, pero propietaria
también, de posesiones nada desdeñables. Integraba el grupo más nu-
trido de poseedores de lugares, el de caballeros, cuyos señoríos estaban
poblados por vasallos que oscilaban en número entre cien y doscientos.
En el último peldaño de la jerarquía nobiliaria se hallaban los genero-
sos: descendientes de los antiguos conquistadores, su número era infe-
rior al de caballeros. Fuera, aunque lindantes con el estamento nobilia-
rio, se hallaban los ciudadanos, al-
gunos de los cuales eran poseedo-
350
res de vasallos354. Asimismo, ciu-
Se sigue la definición de “Régimen Señorial”
ofrecida por Eugenio Císcar Pallarés en Tierra y señorío
dades y villas de jurisdicción real
..., p. 73. ejercían su dominio sobre otros lu-
351
LALINDE, J. La institución virreinal en Cataluña. gares o aldeas.
Barcelona, 1964, p. 419. Es por ello que el estudio del
352
La mencionada jurisdicción se alcanzaba gracias brazo nobiliario se refiere, no tanto
al privilegio concedido por Alfonso II en 1329. GIL OL-
a la composición del brazo o del es-
CINA, Antonio, La propiedad señorial en tierras valencia-
nas,Valencia, 1979, pp. 16-17. tamento militar en sí, como a las in-
353
Ibidem, p. 14. terrelaciones con otras jurisdiccio-
354
Ibidem, p. 16. nes y grupos de poder, así como al
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
123
estudio de las contradicciones internas en que se vio sumido el grupo no-
biliario. A tal fin se analiza, en primer lugar, la influencia del emperador
y de la máquina de poder a su servicio sobre la jurisdicción nobiliaria; tan-
to desde el poder territorial como desde el central, con el fin de confirmar
que el poder real no fue, en absoluto, una amenaza para el régimen seño-
rial, dado el escaso interés si no en favorecer, en permitir las reducciones
a la Corona, o paso de lugares de jurisdicción de las baronías a real.
El análisis de los conflictos entre las jurisdicciones real y nobiliaria,
es el segundo de los apartados de este capítulo. Gobernadores o lugar-
tenientes, oficiales reales e, incluso, las propias ciudades entraron en
confrontación más o menos fuerte con las diferentes jerarquías de mili-
tares. La abundancia de incidentes denota, no tanto el celo de los ofi-
ciales reales en proteger a los ciudadanos y vasallos del rey, como en po-
tenciar sus propias prerrogativas particulares ante otras formas de po-
der competidoras de la propia.
Los militares agotaron gran parte de sus energías y recursos en con-
flictos, muchas veces estériles, por lo que una visión general de los liti-
gios suscitados entre las principales familias permite comprender el al-
cance de este desgaste. La jurisdicción de los señores se desarrollaba en
los lugares que les eran propios, pero la pertenencia de estos lugares
muchas veces debía ser resuelta por los tribunales. Por ello, se adjunta
una relación de las poblaciones objeto de litigio, así como de los baro-
nes contendientes y se analizan los límites del esfuerzo nobiliario. Una
reflexión sobre la despoblación del lugar de Manises tras el largo litigio,
sostenido por los hermanos Boïl por su posesión, permitirá afirmar que
los costes de las veleidades señoriales eran sufragadas en su mayor par-
te por los vasallos. La monarquía tenía trazado ya el modelo de noble
que pretendía. Un apartado dedicado a la relación del cuarto duque de
Gandia con el poder real muestran la afinidad que esta familia mostró
para la Corona y la recompensa que ésta supo brindarle.
Ahora bien, los militares como grupo encontraron el cauce de su co-
hesión en el estamento militar. El análisis del libro de actas de los baro-
nes valencianos permite interpretar la actuación política de este grupo.
Si bien la política defensiva o de atención a los moriscos se observa en
los capítulos correspondientes, los enfrentamientos con el poder terri-
torial por los contrafueros cometidos por el virrey o denunciados por los
militares, no fueron una excepción en este período. El estamento mili-
tar ejerció una función no desdeñable como mediador entre los sectores
124 sociales: el religioso y el real. En los conflictos suscitados entre estos dos
últimos, el militar fue, en no pocas ocasiones, un valedor eficaz.

3.1. INTERVENCIÓN DEL PODER REAL EN LOS ASUNTOS


NOBILIARIOS

José Antonio Maravall mantenía que el retroceso del régimen seño-


rial lo fue sólo en términos políticos, puesto que no sólo se conservaron,
cuando no se incrementaron, los nuevos señoríos con facultades juris-
diccionales355. De ahí que en este apartado se pretenda confirmar para el
territorio valenciano esta tesis genérica.
En principio, todos los barones están sometidos a la constitución fo-
ral, y el poder real se erigirá como supremo árbitro entre los contencio-
sos. El poder territorial intervendrá como mediador en la jurisdicción
nobiliaria cuando se halle dentro del señorío, por opresión de los súbdi-
tos, por atentar contra el propio barón, en las causas de regalía y en las
que atañían a caballeros. Con todo, el virrey mediará en las causas de
barones cada vez que lo considere conveniente para salvaguardar la pre-
eminencia de la jurisdicción real, violentando, si es preciso, la ordena-
ción foral. Al monarca o al príncipe compete la potestad de creación de
nuevos nobles y de legitimación de hijos naturales.
Aunque por competencias de jurisdicción el poder real sostendrá mu-
chos litigios directamente con los señores, no habrá por parte del mo-
narca o de su lugarteniente general una planteamiento, sistemático o no,
de ampliación de su jurisdicción mediante la reducción de señoríos a la
corona, pues la Corona no asumirá una política de asimilación de seño-
ríos, porque ello supondrá el quebranto del orden estamental en el que se
encuentran inmersos los propios monarcas; pero además, tampoco ha-
brá, al menos durante este período, demasiadas presiones por parte de
los vasallos para sustraerse a la jurisdicción dominical. Esta tesis viene
confirmada, además, por la respuesta del poder real ante el intento de pa-
sar una población de jurisdicción señorial a la Corona, ya que ésta no
mostró demasiado interés en que la incorporación se llevase a término.
Pero la Corona no permitirá ninguna veleidad de erigir o constituir
un poder propio, pero fueron re-
compensados en los aspectos es-
355
Estado moderno y mentalidad social. Madrid, trictamente señoriales, ya que ve-
1972, t. II, p. 7. rán confirmados, cuando no acre-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
125
centados, sus derechos sobre las baronías, sobre las que el poder real no
mostrará ningún género de apetencias. No resulta contradictorio, por
tanto, el hecho de que el régimen señorial experimente un aumento
cuantitativo durante el reinado del emperador.

***

El virrey, en sintonía con la actitud mantenida por el poder central en


relación con los señoríos, no mostró una actitud favorable a la reduc-
ción de señoríos a la Corona. Con esta expresión de “reducción a la
Corona” se entiende el paso de un territorio y de sus habitantes al cam-
po de la jurisdicción real, abandonando la señorial a que pertenecía an-
tes356. En principio esta actitud de no favorecer el paso de poblaciones
de régimen señorial a la jurisdicción real se debía a que el propio brazo
militar desempeñaba un papel nada desdeñable en la política defensiva.
Al mismo tiempo, el propio duque de Calabria ejercía el dominio direc-
to de señor sobre sus propios estados de importancia notoria. Por ello,
cuando tiene oportunidad de sustraer lugares a la jurisdicción señorial
confirma la posesión dominical, concediendo jurisdicción omnímoda a
los señores357. El proceso de am-
pliación de las competencias seño-
356
LALINDE, J. La institución..., p. 420. riales no se limitaba al aspecto
357
No de otro modo ocurrió cuando el respetable
cuantitativo o territorial, sino
don Miguel Ximénez de Urrea, conde de Aranda, soli-
citó la jurisdicción total sobre el lugar de Beniloba, al también a la potestad que los no-
amparo del privilegio del rey Alfonso, sustrayéndola a bles podían ejercer sobre sus vasa-
la jurisdicción de la villa de Penáguila que pretendía lo llos, otorgando licencia para que
contrario, ordenando a la villa y a su síndico “scilen- los barones pudiesen “conexer, de-
tium perpetuum” sobre el tema. ARV, Real, 1424, f. 96- clarar, determinar, decidir y sen-
99 vº;Valencia, 9 de febrero, 1542.
358
En ese sentido, puede observarse la ampliación
tenciar” las causas civiles y crimi-
de jurisdicción concedida al noble don Joan de Pallás, nales que se suscitasen en sus lu-
señor de la baronía de Cortes para que, sin incurrir en gares358.
penas y observando los fueros y privilegios del reino, Las intervenciones del poder
pudiese tratar las causas civiles y criminales que se sus- territorial en los asuntos nobilia-
tanciasen ante él como señor de su baronía entre su
rios obedecían a diversos motivos.
procurador fiscal y los vecinos, así como de los veci-
nos entre sí, pudiendo tener presos a los delincuentes Siguiendo el esquema trazado por
en las cárceles de la ciudad. ARV, Real 1425, f. 30 vº-31; el profesor Lalinde359, encontra-
Valencia, 9 de febrero, 1549. mos que el lugarteniente general
359
La institución virreinal..., p. 422. interviene en los señoríos:
126 a) Cuando se hallaba dentro del señorío. Ciertamente, cuando el virrey
penetra en los estados del duque de Gandia a raíz de los sucesos de
Polinyà de Xúquer, dispone hasta que abandona el territorio.
b) Por opresión de los súbditos. En efecto, aunque la política general,
ya se ha comentado, no era la de reducción a la Corona, ello no impli-
caba en absoluto que, cuando los vasallos suplicaban razonadamente
amparo al virrey, éste desplegase la protección real hacia aquellos cuya
integridad se hallaba amenazada por sus propios barones. Así, cuando
los habitantes de Mogente y Xàtiva, hubieron de acudir a testificar en
la causa que se sucitaba ante la Real Audiencia entre el doctor Joan
Francesc Benavent y doña Brianda Maça, el virrey ordenó la protección
de todos los testigos incluidos los setabenses, pues también tenían pro-
piedades en Mogente360.
c) Delitos contra el propio barón. Tal era el caso de aquellos vasallos,
generalmente moriscos, que abandonaban indebidamente el señorío.
Esta situación se dio, sobre todo, en los casos de moriscos que marcha-
ban de sus lugares sin licencia de los señores.
d) Causas de regalía. Debido a la regalía “Iudicium in curia datum”,
el virrey tuvo bastantes ocasiones para perseguir en los señoríos, bus-
cando aquellos barones que se resistían a las sentencias dictadas por la
Real Audiencia. Incluso la regalía “Camini et Strate” motivó que el po-
der real sustrajese al señorial vasallos que habían cometido delitos en
los caminos reales.
e) Causas que atañen a caballe-
ros. El virrey interviene en los liti-
360
El problema se había suscitado porque los testi- gios suscitados entre los nobles,
gos habían depuesto en poder del arzobispo; y los que apaciguando a los barones para
no eran vasallos de doña Brianda tenían propiedades evitar violencias mayores. Cuando
en Mogente u otras tierras suyas, y temían que sus ofi- entre ellos se desata la violencia,
ciales les causasen vejaciones o extorsiones por haber despliega los ministros necesarios
testificado en la causa; por lo que suplicaron que, sin
perjuicio de las fidelidas debidos por algunos a doña
con el fin de impedir que la llama
Brianda, fuesen admitidos bajo la protección y salva- del odio se propague. En ese senti-
guarda reales. La respuesta del duque fue ciertamente do, la mayor tensión se desató en-
contundente: amenazó con penas de 5.000 ducados de tre los señores de Picassent y
oro directamente a doña Brianda o a cualquier otra Monserrat; la intervención del lu-
persona que molestase por cualquier vía o motivo a
garteniente general fue rápida y
los testigos que ahora estaban bajo jurisdicción real.
ARV, Real, 1322, ff. 76-77; Valencia, 9 de noviembre, expedita, pues los personajes eran
1549. considerados como “principales” y
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
127
capaces de levantar bandos por todo el reino. Asimismo, cuando entre
dos barones pendía litigio por alguna población, el virrey intervenía
mandando ocupar las temporalidades, preservándolas hasta la sustan-
ciación de la causa. Obviamente, no todas las intervenciones del virrey
hacia los militares gozaron del carácter mediador. Aunque el duque de
Calabria formaba parte del estamento nobiliario, y como tal había sido
habilitado por las propias Cortes, era el principal representante del rey,
y en el cometido de salvaguardar las prerrogativas reales procuró cuan-
tas veces intervino sofocar lo que él o sus oficiales consideraban lesiones
a la preeminencia real. Consecuentemente, cuando los militares creían
que el virrey transgredía lo que ellos consideraban como legalidad foral
elevaban a través del cauce estamentario la correspondiente protesta de
contrafuero.
En cuanto al monarca, tenía un cometido principal en el seno del
grupo militar: era el supremo hacedor de los títulos nobiliarios.
Asimismo, legitimaba los nacimientos fruto de amores clandestinos y
confirmaba las legitimaciones de los nuevos miembros del brazo mili-
tar. De entre todos los títulos conferidos por el emperador en este perí-
odo quizá convenga resaltar el del conde de Oliva, que consiguió el al-
mirante de Aragón, Fernando de Cardona, para su hijo natural y primo-
génito, con todos sus castillos, hombres, vasallos y la posesión de tierras
cultas e incultas361. Otro cometido principal ocupaba al poder central en
relación con los nobles: el monarca o su lugarteniente general común se
erigía como árbitro supremo entre los infinitos contenciosos que entre
los nobles se suscitaban.

3.2. INTERACCIONES ENTRE LOS MILITARES


Y EL PODER REAL

Los “portantveus” y sus lugartenientes, siguiendo la tendencia gene-


ral a erigirse en oficiales autónomos del lugarteniente general, se en-
frentarán en numerosas ocasiones, y por motivos de supremacía, con los
señores. Sólo el “portantveus deçà lo riu de Xixona” y su lugarteniente,
que también lo era “dellà lo riu de Xúquer”, por su estrecha vinculación
con el poder territorial, parece que
escaparon a la tendencia centrífu-
361
ACA, Cancillería, Privilegiorum, 3945, ff. 101-105 vº; ga de los oficiales de la goberna-
Valladolid, 2 de junio, 1537. ción más periféricos que se mani-
128 festará en las usurpaciones de jurisdicción señorial al margen de las indi-
caciones del poder territorial. Este, por su parte, sostendrá enfrentamien-
tos con miembros de la alta nobleza por la jurisdicción sobre prófugos de
la justicia; si bien, en algunas ocasiones, cuando el desacato a la “preemi-
nencia real” sea demasiado evidente, el virrey intervendrá directamente.
Normalmente serán alguaciles y verguetes quienes traten de imponer los
designios del poder territorial. Los oficiales reales velarán porque los ex-
cesos de jurisdicción de los barones no afecten a la supremacía real.
Con todo, entre los funcionarios del rey y los barones habrá puntos
de colaboración; fundamentalmente cuando los señores precisen recu-
perar o escarmentar a sus vasallos huidos. En esas ocasiones el lugarte-
niente general no dudará en dictar las órdenes oportunas para que los
fugitivos sean apresados. La relación de los nobles con las ciudades ten-
drá un matiz conflictivo, pues los jurados se mostrarán muy celosos de
salvaguardar para sí sus competencias. Otros puntos de fricción impor-
tantes estarán motivados por la jurisdicción sobre señoríos: los que os-
tentan las ciudades y los de barones sobre lugares enclavados en los tér-
minos generales de los municipios reales.
Si bien es cierto que no hubo una política consecuente de reducción
a la Corona, no por ello es menos cierto que los oficiales reales se mos-
trarán celosos de salvaguardar la jurisdicción real, acaso no tanto por la
mera fidelidad al monarca, como por preservar su propia parcela de po-
der. En el cruce de líneas de fuerza entre oficiales reales y barones se ha-
llan los meros vasallos, quienes tratarán de acogerse a aquella jurisdic-
ción que en cada momento pueda serles más ventajosa.
Estos contenciosos se desarrollan cuando barones y oficiales reales
consideran que determinados siervos se encuentran sometidos a su pro-
pia jurisdicción. Durante el reinado del emperador se contempla una va-
riada gama de variaciones sobre el mismo hecho central: la disputa de
oficiales del rey y señores por uno o varios vasallos. En ocasiones serán
los militares quienes consideren que los oficiales del rey detentan un
feudatario que ha sido sustraído a su jurisdicción; en otras, bien al con-
trario, serán los oficiales quienes afirmen que el preso debe ser restitui-
do a la jurisdicción del rey por haberse atentado a la preeminencia del
monarca. En este apartado, además de analizarse las disputas entre ofi-
ciales reales y señores por cuestiones de jurisdicción sobre vasallos, se
especifican los puntos de colaboración; pues estos existieron, sobre to-
do, a la hora de capturar a los plebeyos prófugos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
129
***

Como se ha apuntado, una gran parte de esta conflictividad es, si no


motivada, sí protagonizada por los “portantveus” o sus lugartenientes.
Estos oficiales tendían a convertir su poder en autónomo, afirmándolo
frente al propio poder territorial. Con mayor motivo, tendían a revalidar-
lo frente a los señores territoriales. Así, el lugarteniente de la Plana prota-
gonizó un enfrentamiento con el conde de Aranda, cuya resonancia al-
canzó al propio emperador. Aprovechando el contexto de las Cortes, el
conde explicó al emperador que en el camino real de Vilafamés de juris-
dicción real habían matado a un vasallo suyo. Sus oficiales prendieron a
dos vasallos del lugar de la Alcora, sometido a fuero de Aragón; sin em-
bargo, estando presos, el lugarteniente de gobernador los sacó de la cár-
cel y se los llevó a Castellón de la Plana. Los procuradores del conde ins-
taron al justicia de Aragón para que los restituyese conforme a los fueros
de dicho reino, pero el oficial del rey ya no los quiso entregar alegando
que por fueros del reino de Valencia los presos se hallaban libres de “cul-
pa actual en el dicho caso, salvo de sospecha de haver recibido en ello”. A
mayor abundamiento, cuando se presentaron los notarios con las certifi-
catorias del Justicia de Aragón avalando los derechos del conde, Diego
Ladrón (lugarteniente de gobernador de la Plana) respondió metiéndolos
en prisión por haberle presentado semejantes cartas. El conde consideró
una injusticia el hecho de que los notarios continuaran en la cárcel y que
si la Real Audiencia les concedía la libertad fuese bajo fianza, por lo que
recurrió directamente al emperador. El césar escribió al regente de la lu-
gartenencia para que se informase del caso, al tiempo que le daba ins-
trucciones. Si lo narrado por el conde era cierto, debía restituir a los pre-
sos, liberar a los notarios de la fianza y permitir que el conde administra-
se justicia a los facinerosos. Pero, si don Diego en 30 días se afirmaba le-
gítimamente en su actuación, debía remitir los presos al propio rey, pa-
ra que el Real Consejo administrase justicia362.
Los deseos del conde, e incluso
las buenas intenciones del empe-
rador intentando dar una solu-
362
El emperador a los “conseieros nuestros don ción al conflicto, tropezaron con
Hieronimo de Cavanillas, regente la lugartenencia ge-
neral, regente la Cancillería y doctores del Real
la maquinaria burocrática propia
Conseio. ACA, Cancillería, Itinerum, 3924, ff. 323 vº-324 del sistema foral. No fue, sino al
vº; Monzón, 31 de octubre, 1537. cabo de un lapso de ocho meses,
130 cuando el virrey solicitó al lugarteniente de gobernador de la Plana que
el fiscal de la villa le enviase una relación escrita de todo lo que había
pasado para que, teniendo la información, pudiese proveer lo que con-
viniese363. No deja de sorprender que, apenas unos años más tarde, los
términos se hallaban totalmente invertidos. Ahora serían las autorida-
des delegadas del ilustre almirante de Aragón en Betxí quienes se en-
frentasen, y en ocasiones sucesivas, a los oficiales reales. En efecto, el
duque había comisionado a un alguacil para traer presos a Jeroni y
Martí Romeu, los cuales se hallaban en la cárcel de Betxí y, según las
actas notariales, el lugarteniente del señor y el de justicia de la villa se
negaron a entregarle los presos. El motivo alegado consistía en que el
almirante de Aragón era señor absoluto en su tierra y tenía jurisdicción
civil y criminal. Los procuradores fiscales suplicaron al virrey que
“semblants atreviments temeraris e indeguts sien castigats”, y éste en-
vió a otro alguacil para prender a los hermanos Romeu y sus bienes,
así como a los lugartenientes del señor y de justicia, a quienes habían
de ejecutar sus bienes muebles e inmuebles. Para asegurar el éxito de
la operación, ordenaba la ayuda de los oficiales de Betxí, Villarreal,
Onda, y otras poblaciones de la comarca364. Las resistencias efectuadas
en Betxí a la jurisdicción real no se habían cerrado con este episodio.
Una orden de prendimiento otorgada al doctor micer Luys Sarçola re-
fiere los excesos, desobediencias y resistencias hechas a los oficiales re-
ales en Betxí. Con ocasión de los mismos desacatos, el alguacil Lluís
Çaydia recibía poderes para tomar esta población en manos de la Regia
Cort y realizar con dicho fin todas las disposiciones, como poner en la
población jurados reales365.
Si este conflicto se sucedía en el
norte, al sur las tensiones tenían un
363
cariz semejante. Tras las interven-
ARV, Real, 1318, f. 78-78 vº;Valencia, 1 de junio,
ciones iniciales del virrey en el con-
1538.
364
Al alguacil mosén Luys Ç[Link], Real, 1319, ff. tencioso entre el “portantveus” pro-
106 vº-[Link], 9 de diciembre, 1540. visional del sur, Eximen Pérez
365
Ibidem, ff. 220-221;Valencia, 24 de mayo, 1542. Pertusa, y el duque de Maqueda, es-
366
El notario del duque de Maqueda informó ante te último había acudido al príncipe
la Real Audiencia que los despachos del virrey del 4 de por unos vasallos de Elche y
febrero no habían sido cumplidos por Pertusa, además
de otros abusos cometidos, en principio, por el “por-
Crevillente que el mencionado du-
tantveus”. El regente de la lugartenencia ordenó a que aseguraba que pertenecían a su
Pertusa que no se entrometiese en causas que no eran jurisdicción366. El virrey, temeroso
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
131
de que las actuaciones de su “portantveus” contra los “officials e vasalls
del dit Marquesat e de sa jurisdiccio” podían perjudicar la jurisdicción
real, ordenó el sobreseimiento de cualquier procedimiento concernien-
te a la jurisdicción del marqués hasta que el propio virrey resolviese367 .
En este caso concreto la decisión fue bastante rápida. La Real Audiencia
dictaminó a favor del marqués de Elche y su gobernador, Juan Vaca368.
Otro conflicto protagonizado por este gobernador por motivo de ju-
risdicción de vasallos acaeció con doña Aldonza Boïl, señora de
Albatera. Este caso ofrece la particularidad de reflejar en el documento,
desde la lógica perspectiva parcial, la efectiva concreción de la pugna
entre oficiales reales y señores. Doña Aldonza consideraba que tenía
ambas jurisdicciones, alta y baja, mero y mixto imperio sobre el lugar
de Albatera, por lo que había prendido a un hombre que había acuchi-
llado a otro, vasallo suyo. Según la versión de la señora, los oficiales del
gobernador habían entrado con gran alboroto en la casa del señor para
tomar al preso:

“E ab gran impetu e avalot entraren en la casa del senyor dos alguazirs ab


molts porters provehits, segons deyen, per lo magnifich mossen Pertusa.
Despres de haver scorcollat la dita casa, sens sperar la clau, agueren de po-
lleguera la porta de la preso e romperen lo cadenat de aquella, se·n portaren
lo dit home y essent a la porta de dita casa, l·altre de aquell, cavalcant en hun
cavall, anava [quemado] resistencia. Sens haver·hi persona contradient ni
impedint portaren aquell a la ciutat de Oriola”369.

Como es obvio, los conflictos no eran suscitados tan sólo por los go-
bernadores o sus lugartenientes. El propio virrey tuvo fricciones con
otros representantes de la alta nobleza valenciana. Con los sucesivos du-
ques de Gandia tuvo serios roces.
Si con el cuarto duque habían
de su incumbencia ARV, Real, 760, ff. 42-43 vº;Valencia,
acaecido los graves sucesos de
26 de febrero, 1547 . Polinyà de Xúquer370, con el terce-
367
Ibidem, ff. 202 vº-203;Valencia, 24 de abril, 1547. ro de los señores ducales, Juan de
368
Ibidem, ff. 237 vº-239 vº; Valencia, 13 de junio, Borja y Enríquez, hubo de afron-
1547. En la misma fecha conminaba a Pertusa a cumplir tar el problema motivado por el
la sentencia bajo pena de 1.000 florines de oro Ibidem,
intento de fuga de unos moriscos.
ff. 239 vº-240 .
369
ARV, Real, 760, f. 19-19 vº;Valencia, 1 de febrero, La cuestión se inició cuando los
1547. oficiales del duque de Gandia cap-
370
Vid. el apartado “El duque de Gandia”. turaron a unos moriscos que in-
132 tentaban embarcarse hacia Africa371; sin embargo, no remitieron a la
Real Audiencia más que a tres de los fugados. Como los procuradores
fiscales habían considerado que la jurisdicción de los moriscos pertene-
cía a su Majestad, el virrey comisionó al alguacil para hacerse cargo de
los detenidos. En ese sentido, mandaba al duque de Gandia que le en-
tregase a los moriscos que custodiaba y le facilitase toda la información
sobre las circunstancias en que fueron prendidos. Obviamente, todos los
implicados en la frustrada huida debían ser remitidos a las cárceles de
la ciudad de Valencia.
Otro contencioso se originó cuando un antiguo vasallo del tercer du-
que de Gandia demostró con papeles ante la Real Audiencia que hacía
muchos años que era súbdito del rey, y aún cultivaba sus heredades en
Riola y mantenía un ganado de cuatrocientas cabezas que el procurador
del duque le había hecho vender, aplicándole directamente el precio.
Este acto fue considerado como un atentado a la jurisdicción del rey,
pues no se le podía aplicar un precio estando en posesión de su fuero co-
mo vecino de Valencia. El regente de la lugartenencia ordenó al duque o
a su procurador que dejase al suplicante administrar libremente sus
bienes372.
Las relaciones entre los duques de Calabria y de Segorbe fueron de
auténtica rivalidad personal. Don Alonso de Aragón, duque de Segorbe,
ordenó a treinta personas que saliesen de dicha ciudad para buscar a un
súbdito de su Majestad llamado Colomi, quien fue encontrado en Faura,
y preso fue llevado por el camino real a Segorbe. Enterado el virrey, or-
denó a los alguaciles que partiesen hacia Segorbe373: debían informarse
del caso, averiguar dónde estaba preso Colomi, y traer a todos los cul-
pables con el fin de restituir la ju-
risdicción real y administrar justi-
371
ARV, Real, 1319, f. 137-137 vº; Valencia, 27 de cia374. El duque de Segorbe no sólo
abril, 1541. mantuvo contenciosos con los ofi-
372
ARV, Real, 753, ff. 103-104 vº;Valencia, 16 de oc-
tubre, 1540.
ciales reales de Valencia por los
373
“Mossen Luys Çaydia y Alonso Delgadillo, al- vasallos: cuando quiso trasladar a
guatzirs”; ARV, Real, 1320, ff. 33 vº-34 vº;Valencia, 8 de unos presos desde el condado de
febrero, 1543. Ampurias a Segorbe, el monarca
374
Con los alguaciles partió el doctor del Real escribió al duque de Calabria, co-
Consejo Lluís Sarçola, quien fue a tratar con el duque
mo también había escrito al gober-
de Segorbe el caso, según se desprende de la orden de
pago de dietas del 20 de marzo de dicho año Ibidem, nador de Cataluña, para que facili-
f. 50 . tase el paso de los presos por el rei-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
133
no de Valencia hasta Segorbe375. Con ocasión del naufragio de unos es-
clavos de don Alonso de Aragón en las costas de Cadaqués, se sucedió
un hecho significativo de la suspicacia con que el rey y los nobles enca-
raban la cuestión de los vasallos. El duque de Segorbe, también conde
de Ampurias, ofreció los esclavos al monarca: “y que como suyos los to-
masemos y nos sirviessemos dellos”. De ese modo, el duque se ganaba
las simpatías de su monarca. Don Carlos, sin embargo, no se mostraba
dispuesto a deber favores de modo gratuito. Prefirió remitir el asunto al
justicia de Barcelona “porque es bien saber la ley y costumbre que hay
en esto de los naufragios”. Así, en el caso de que los esclavos le pertene-
ciesen realmente, se ahorraba el deberle una gracia al duque376.
Los oficiales del marquesado de Dénia se encontraron con la hosti-
lidad del poder territorial que administraba justicia directamente a va-
sallos, cuyos delitos eran considerados competencia de la jurisdicción
de su Majestad. Cuando don Alonso de Mendoza y don Juan de Palafox
enjuiciaron directamente a unos moriscos que habían pretendido pa-
sarse a África, los fiscales consideraron que se habían extralimitado al
realizar funciones reservadas al rey: “attentat de coneixer de dits crims
e delictes e lo que mes fort es, han pres dit moriscos y aquells han posat
en galeres occuppant la jurisdictio tan solament pertanyent a sa
Magestat”377. El virrey ordenó a un alguacil que se desplazase a Dénia y
Calpe para que le entregasen los moriscos. Asimismo debía citar a los
responsables, para que en el término de seis días compareciesen ante la
Real Audiencia con toda la información sobre dichos cristianos nuevos.
Como en tantas ocasiones solía ocurrir, los dictados del poder terri-
torial se diluían, no ya ante sus au-
toridades delegadas, sino también
375
ante las de otras jurisdicciones. La
ACA, Cancillería, Itinerum, 3926, ff. 69 vº-70 se-
gunda mano;Toledo, 31 de marzo, 1539.
potestad conferida al alguacil en
376
Previniendo que realmente podían pertenecerle Miquel Luis Adzauara resultó in-
los náufragos, ya había escrito al regente de la tesore- suficiente para vencer la resisten-
ría para que se los entregase a don Bernardino de cia de los oficiales del marquesado
Mendoza, quien los destinaría a sus galeras. ACA, de Dénia y el virrey hubo de repe-
Cancillería, 3899, ff. 143 vº-144; Toledo, 17 de junio,
tir la orden. Esta vez, fue el ver-
1539.
377
ARV, Real, 1318, f. 177-177 vº; Valencia, 29 de gueta Lorenzo del Pueyo el encar-
agosto, 1539. gado de hacer prevalecer la juris-
378
Ibidem, f. 177-177 vº; Valencia, 29 de agosto de dicción real378. Resulta paradójico,
1539. en principio, el hecho de que la se-
134 gunda comisión se encarga a un oficial de menor rango. Este hecho bien
pudo deberse a la mayor contundencia del vergueta, demostrada dos
años después al ser herido en Cocentaina ejerciendo su oficio379, o a un
deseo del virrey de no quedar demasiado en evidencia.
El celo por defender la propia jurisdicción impelía a los oficiales rea-
les a interesarse no sólo por los grandes señores, sino también por los de
menor rango jerárquico. Aunque no cabe referir toda la casuística al efec-
to, sí se indican varios casos paradigmáticos del celo mostrado por los
funcionarios de la Corona en la defensa de sus atribuciones con los súb-
ditos del rey. A este respecto puede citarse al señor de Benimuslem,
Francisco de Castellví, quien prendió a Bertomeu Pardal, vecino de Alzira
“ab cadena al coll e les dos cames en lo grill”, con el pretexto de haber co-
metido diversos crímenes y delitos, Enterados los procuradores fiscales
instaron al virrey para que lo reclamase, pues consideraban que el señor
de Benimuslem no tenía jurisdicción alguna sobre el detenido por perte-
necer a la jurisdicción real. El virrey ordenó al baile de Alzira que, me-
diante notario, tomase relación verídica del caso y se la remitiese380.
Los oficiales reales no sólo estaban atentos a los excesos que los se-
ñores cometían directamente con vasallos de su Majestad. Respondían
también ante los excesos de jurisdicción de cualquier índole perpetrados
por los militares. Como consecuencia del levantamiento de una picota
por el señor de Herbes, Honorat Abbat, procurador patrimonial del rey,
expuso que su Majestad tenía las jurisdicciones alta y baja, mero y mero
y mixto imperio en la villa de Morella, y que dicha picota constituía un
menosprecio a la jurisdicción real y a las provisiones reales. El alguacil
Miguel Sanz partió, con orden del virrey, hacia Herbes para demoler la
picota y para recibir testimonios de que dicha erección no había causa-
do perjuicio a nadie en los dere-
chos que competían a barón381.
379
ARV, Real, 753, ff. 195 vº-196 vº; Valencia, 28 de
Las tensiones de los señores
enero, 1541. con sus vasallos no siempre aboca-
380
ARV, Real, 1318, ff. 21 vº-22;Valencia, 2 de agos- ban al prendimiento o castigo de
to, 1537. estos últimos. Miguel Fardet, nue-
381
El duque ordenó a mosén Berthomeu Valls, que vo convertido, vasallo y vecino de
así se llamaba el señor de Herbes, que so pena de
la baronía de Alberic, compareció
1000 florines de oro, no construyese ni levantase pi-
cota [Link], Real, 1321, ff. 298 vº-294 vº bis (la nu- ante el virrey, quien ordenó el
meración retrocede al 294 bis);Valencia, 9 de octubre, prendimiento, entre otros acusa-
1548. dos, de mosén Honorat Joan, se-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
135
ñor del lugar de Tous382. Los procuradores fiscales desencadenaron, asi-
mismo, el proceso de prendimiento de Joan Mercader, señor de Cheste,
y de varios vasallos, y su traslado a la prisión de Valencia, debido a la
“enormidad” de delitos que había cometido. Las rentas pertenecientes al
señor quedaban confiscadas383. Como cabía esperar, el viaje del alguacil
Miguel Sanz resultó infructuoso. Días más tarde partió un trompeta con
el cometido de realizar la pertinente “crida” de citación384.
En ocasiones, los señores acudían al poder central sin intermediarios
en demanda de ayuda. Don Baltasar Mercader y doña María de
Mendoza solicitaron directamente del príncipe la devolución de unos
vasallos de Buñol que habían emprendido la huida, siendo posterior-
mente apresados en el lugar de Parcent. Pedían además que les hiciera
gracia de la parte que le correspondía al rey por el apresamiento. Su Al-
teza solicitó al duque la información de todos los pormenores385.
Oficiales reales y señores encontraron vías de colaboración cuando
trataban de capturar vasallos, cuya huida perjudicaba a ambos. La soli-
citud de cooperación de los señores se daba cuando éstos no eran lo su-
ficientemente fuertes como para albergar esperanzas de triunfo en soli-
tario: doña Brianda Maça, como señora de Novelda, denunció conjun-
tamente con los procuradores fiscales a Julia Monet y Rafel Taçinet por
crímenes que no quedaron especi-
ficados. El lugarteniente general
382
ARV, Real, 760, ff. 206 vº-207 vº; Valencia, 18 de ordenó al alguacil Joan Pla que
agosto, 1547. partiese hacia Novelda para pren-
383
ARV, Real 1322, ff. 84-85 vº; Valencia, 3 de di-
ciembre, 1549.
derlos386. La expedición del algua-
384
Ibidem ff. 87-88;Valencia, 22 de diciembre, 1549. cil, como solía ocurrir, no tuvo éxi-
385
“Veays y entendays muy particularmente lo çier- to. Fue entonces mosén Lluís
to que sobrello yasse. Y si todas las dichas personas Despuig, gobernador de Novelda,
son naturales y basallos del dicho lugar de Buñol, y si quien quedó encargado de captu-
ay algunos que lo sean de otros lugares y particulares
rarlos387 y el trompeta real Miguel
desse reyno, y que quantos son los que fueron deteni-
dos y presos y liquidados de las personas y de sus ha- Borja de realizar los pregones de
ziendas, y que parte la que toca a su Magestad dellos, citación para los prófugos de la
y de todas las otras particularidades que os paresçie- justicia foral388.
ren neçessarias y convenientes”.ACA, Cancillería, 3981, La función mediadora del vi-
ff. 169 vº-170. Madrid, 4 de marzo, 1547. rrey abarcaba los conflictos entre
386
ARV, Real, 762, f. 188-188 vº;Valencia, 10 de sep-
tiembre, 1549.
los nobles. En las disputas entre
387
Ibidem, f. 220. barones por los lugares de señorío,
388
Ibidem, f. 220 vº;Valencia, 16 de octubre, 1549. el lugarteniente general podía lle-
136 gar a decretar la toma de posesión de los frutos y rentas de un lugar co-
mo medida preventiva hasta que la justicia dictaminase al poseedor le-
gítimo. En este sentido, en alguna ocasión llegó a decretar la toma de un
lugar entero en manos de la Real Cancillería. A título de ejemplo puede
citarse la orden del virrey al alguacil mosén Carlos Torrellas para que,
junto con el notario Antich Armengol, tomase del señor de Alaquàs to-
dos los bienes muebles e inmuebles, frutos y otros emolumentos que en-
contrase en la mencionada villa389: dos días después, el moribundo en
Jaume García, señor de Alaquàs modificaba su anterior testamento de
13 de diciembre de 1538 y unos días más tarde el mencionado señor ex-
piraba390. La colaboración podía llegar hasta la orden de detención de
habitantes de villas reales. Así, don Ramón Lladró, señor de la baronía
de Castalla y Picassent, obtuvo de los procuradores fiscales la acusación
criminal de ciertos vecinos de Biar. De acuerdo con ella, el regente de la
Cancillería ordenó el prendimiento de los acusados391.
En otro orden de cosas, entre los municipios de jurisdicción real y el
estamento militar se sostuvo una cuestión principal: el acceso de los no-
bles propiamente dichos al regimiento de las ciudades. Cuando el noble
don Lluís Mascó se ausenta de Valencia y su hermando don Baltasar lo
sustituye en todos sus cargos en el seno del estamento militar, una de las
funciones primordiales que se le encomienda es, precisamente, que rue-
gue ante su Majestad que los nobles puedan acceder al cargo de jurado
y demás oficios del gobierno de la ciudad392. Ahora bien, los regidores
de la ciudad se mostraron celosos de sus prerrogativas protocolarias.
Un atentado a ellas, dirigido por un miembro del grupo militar, podía
acarrear su incapacidad de acce-
der al gobierno o beneficios del
389
ARV, Real, 1320, f. 94 vº-95; Valencia, 8 de julio, municipio. Con motivo de un in-
1543. cidente producido entre un noble
390
JUAN REDAL, E.“Dades per a l’estudi de la so-
y un oficial de la ciudad, el con-
cietat valenciana del segle XVI: els últims codicilis tes-
tamentaris i l’inventari de béns d’en Jaume García sistorio tuvo ocasión de dar la
d’Aguilar, senyor d’Alaquàs” en Quaderns d’Investigació oportuna y contundente respues-
d’Alaquàs 1988,VII, p. 9 y ss. ta: don Baltasar Mercader, señor
391
Orden dada al alguacil Francisco de Torres. ARV, de Buñol, hirió con su espada al
Real, 756, f. 108-109,Valencia, 14 de abril, 1543. Como “verguer” Jeroni Yvarra, por lo
el alguacil no pudo prenderlos, hubo de dar orden de
pronunciar bando de citación de 30 días.
que el Consell lo privó de todos
392
ARV, Real, 523, f. 10 vº; Valencia, 8 de febrero, los oficios y franquicias de la ciu-
1543. dad, de modo que ni por vía di-
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VALENCIANAS EN
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137
recta o indirecta pudiese “alegrarse” de cualquier beneficio de la capital393.
El repudio municipal hizo meditar al noble, quien halló el perdón del
consistorio tras suplicarlo por dos veces:

“El noble don Balthasar Mercader, senyor de Bunyol, per cert insult que
feu a (...) Hieroni Yvorra, verguer dels magnifichs jurats, a XXX de juny
any MDXXXXIIII fonch privat dels officis e benefficis e franquees de la
present ciutat, e ara lo dit senyor de Bunyol sia vengut a venia dos vega-
des del dit insult e haja pregat a ses magnifficencies lo volguessen restitu-
hir in pristinum statum com ho era ans de la dita privacio (...) Revoca e
ha per revocada la dita privacio al dit senyor de Bunyol feta de officis e be-
nefficis”394.

Además, hubo conflictos concretos en algunas ciudades con miem-


bros del brazo militar. La ciudad de Orihuela pleiteó contra don
Gregorio de Rocafull, don Juan de Rocamora, don Jaime Ruiz y don
Pedro Marquesa por la imposición de la derrama. La sentencia que, fa-
vorable a la ciudad había fallado el duque de Calabria, fue recurrida por
los nobles395.
Algunas ciudades o villas reales ejercían su jurisdicción sobre otros lu-
gares y aldeas. Esta situación moti-
vó no pocos pleitos con los barones.
393
Las espadas se desenvainaron con motivo de la dis- Además del que sostuvo la ciudad
cusión suscitada en torno al itinerario y salida de la Roca de Valencia con el duque de
del Misterio del Infierno en la procesión del [Link] he- Segorbe, don Alonso de Aragón, por
cho fue considerado como un notorio insulto, menospre-
los lugares de Paterna, Benaguasil y
cio y desacato a los jurados. AMV, Manuals de Consells,
A-73; Consell General, 30 de junio, 1544. la Puebla396, hubo otros pleitos de
394
AMV, Manuals de Consells,A-77; Consell General, ciudades con señores. La jurisdic-
23 de junio, 1550. ción de los lugares de Alcántara,
395
Ante el recurso nobiliario, el síndico de la ciudad Beneixida y Ràfol se vio disputada
de Orihuela recibió orden de presentarse ante el
por don Pedro Despuig y la ciudad
Consejo Supremo para dar sentencia definitiva a la
causa. ARV, Real 171, f. 412-412 vº; 11 de febrero, 1540. de Xàtiva. Don Pedro Despuig puso
La causa aún tardaría en sustanciarse: los oficiales rea- fianza ante la Real Audiencia por-
les recibieron orden de enviar copia de las actas. que veía amenazada, lo que él con-
Ibidem, f. 435-435 vº; Madrid, 11 de mayo, 1540. sideraba su posesión de “exercir to-
396
Vid. apartado “El peligro de pérdida de la condi- ta la jurisdiccio en los dits lochs e
ción real en algunos municipios valencianos. Su conflic-
senyaladament en lo dit loch de
to con el duque de Segorbe”.
397
ARV, Real, 1425, ff. 190 vº-191; Valencia, 18 de Alcantara”, por los oficiales de la
septiembre, 1549. mencionada ciudad397.
138 Bien al contrario, dentro de los términos generales de las ciudades o
villas reales los señores ejercían su jurisdicción sobre lugares o aldeas.
Cuando esto sucedía, las poblaciones del monarca sentían con mayor o
menor intensidad la presión de la jurisdicción señorial sobre ellas. Esta
situación indujo al síndico de Sagunto a exponer ante el príncipe que los
señores y ricohombres con poder sobre los lugares vecinos de la villa ve-
jaban a sus habitantes por las cuestiones que surgían entre ellos. El sín-
dico, para evitar los excesos de los barones, pedía que un oficial real de
la ciudad de Valencia tuviese cargo especial de la villa. El príncipe orde-
nó al baile y receptor general don Lluís Carròs que desplegase su pro-
tección sobre Sagunto398.

3.3. CONFLICTOS ENTRE NOBLES

Los contenciosos entre los nobles fueron perennes, por lo que acaba-
ron siendo víctimas de sus propias rivalidades, pues en ellas invirtieron
enormes dosis de recursos y energías. A modo de ejemplo se refieren al-
gunos de los principales pleitos que se suscitaron entre las familias no-
bles. La casuística que, al efecto brevemente se expone, es indicativa de
cómo los pleitos entre nobles ocuparon una buena parte de sus energí-
as. La Real Audiencia, como tribunal de apelación del reino, se verá col-
mada para resolver las diferencias de los barones. Estos, cuando el fallo
del lugarteniente general les sea adverso, no dudarán en recurrir al
Consejo de Aragón. De hecho, muchos señores, ya antes de fallar el tri-
bunal territorial, habrán solicitado el amparo de la Corona. Pero aunque
las causas no lleguen a sustanciarse ante el consejo de Aragón, el go-
bierno de la Monarquía ejercerá su tutela sobre los procesos cuya enti-
dad requiera de control. A través del correo privado, el virrey recibirá las
instrucciones precisas del príncipe o del representante cualificado del
mencionado gobierno, quien no tendrá más remedio que obrar en con-
secuencia.
Obviamente, la nómina de pleitos durante el reinado del emperador
fue inmensa y muchos fueron tam-
bién los lugares objeto de disputa,
398
cuya relación y comentario exce-
ARV, Real, 332, f. 62 vº-62; Monzón, 8 de octubre,
1547. den de los límites y objetivos del
399
Sobre este punto, MARTÍ FERRANDO, J. Poder presente volumen399. La referencia
y sociedad..., t. II, p. 202 y ss. a los hermanos Boïl que se arrui-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
139
naron entre sí, y arruinaron el lugar de Manises en su particular con-
tencioso por el mencionado señorío, resulta paradigma del modo de ser
y actuar de gran parte de los militares valencianos del siglo XVI.

***

Las diferencias suscitadas entre los militares permitían al monarca y


sus oficiales mantener más fácilmente su preeminencia. Bien desde el
reino bien desde el engranaje de la corte, la monarquía se erigía en ár-
bitro de los numerosos contenciosos surgidos entre los nobles. El poder
territorial, a quien apelaban en primera instancia las familias conten-
dientes, era tutelado desde el poder central cuando la entidad de las cau-
sas lo requería. El siguiente fragmento de una misiva dirigida por el du-
que de Calabria al príncipe es bien significativo: “En los pleytos y dife-
rencias que el duque de Gandia tiene en este consejo se ha mirado y mi-
ra como vuestra Alteza lo manda por su real carta. Y se le terna todo el
respecto que buenamente aya lugar, y ansi se le ha tenido hasta aqui sa-
biendo que en ello servia a su magestad y a vuestra Alteza”400.
Doña Anna de Castellví, hija de don Jerónimo de Castellví y casada con
don Federico o Fadrique de Cardona, sostuvo un largo pleito con la no-
ble doña Magdalena de Castellví y su hijo don Baltasar de Castellví por las
baronías que habían pertenecido a don Jerónimo en los reinos de Sicilia
y de Cerdeña401. En total eran once las villas en litigo. Los favores de don
Fadrique al emperador sirvieron para que éste ordenase a don Fernando
de Aragón que, mientras continua-
se el proceso y se determinase la
400
AGS, Estado-Francia, K-1707, f. 90;Valencia, 30 de sentencia, se le devolviese la pose-
abril, 1548. sión de las once villas que por or-
401
ARV, Real Audiencia, Procesos, parte tercera, 2567.
402
den del obispo de Argel le habían
“y nos, teniendo respecto a lo susodicho y a lo
bien que el dicho don Fadrique nos ha servido en es- sido secuestradas en el proceso402.
ta jornada de Alemania”. El rey al “spectable lugarte- El favor del emperador no le resul-
niente y capitan general”. ARV, Cartas Reales, Juana rei- tó enteramente gratuito a don
na, 74; Nuremberg, 27 de marzo, 1547. Federico, quien había de satisfacer
403
La causa de Anna de Castellví fue continuada el importe de la fianza por si la sen-
por el obispo de Elna y tratada ante los reyes de
Bohemia. ACA, Cancillería, 3991, f. 167;Valladolid, abril,
tencia le era adversa403.
1550. Don Pedro Boïl y Berenguer,
404
Era hijo de don Pedro Boïl y de Escrivà, deci- decimotercer señor y sexto barón
mosegundo señor y quinto barón de Manises. Si el pa- de Manises , hubo de afrontar el
404
140 largo pleito que le sostuvo su hermano don Juan por el lugar de Manises
y demás bienes que habían pertenecido al padre de ambos. El príncipe
intentó la mediación del licenciado Gasca405, la cual no sirvió de mucho,
pues don Juan recurrió ante el príncipe, quien solicitó información y pa-
recer al virrey en diversas ocasiones 406. Los regentes generales
Maximiliano y María siguieron el desarrollo de la causa desde la corte,
solicitando información y parecer al obispo de Elna407.
Los procesos iniciados en las familias sobrevivían a los miembros que los
engendraban. El almirante de Aragón sostuvo un pleito con el tercer duque
de Gandia por los lugares de Real,
Beniopa, Benipeixcar, l’Alqueria
dre ejerció su dominio desde 1504 hasta 1529, el hijo Nova, en Foxet, Benisa y Benicane-
lo hizo desde 1529 hasta 1559. NICOLAU BAUZA, J. ma que no pudo dictaminarse en
Páginas de la historia de Manises (siglos XIV a XVIII)
tiempos de don Juan de Borja408.
Manises, 1987, pp. 119 a 141.
405
ARV, Cartas Reales;Valladolid, 19 de agosto, 1544. Aunque el virrey dictaminase
406
ARV, Real 330, ff. 179-180; Madrid, 29 de abril, en las causas suscitadas entre los
1547 y, solicitud de copia fidedigna del proceso, ARV, nobles, los que se consideraban
Real, 331, ff. 58 vº-59. agraviados proseguían, si tenían
407
ARV, Real, 337, f. 49;Valladolid, 23 de septiembre, posibilidades, la causa ante el
1548.
408
El 20 de noviembre de 1537, el regente
Consejo de Aragón. Cuando el re-
Cabanyelles solicitaba la deposición de testigos en la gente de la lugartenencia falló a fa-
causa entre el egregio Sancho de Cardona, almirante de vor del militar valenciano Felipe
Aragón, y el duque de Gandia (ARV, Real 749, f. 25-25 Penarroja en el proceso contra don
vº) . Este último apeló ante el Consejo Supremo, por lo Joan de Vallterra, éste apeló ante
que el emperador solicitó del duque de Calabria el en-
el Consejo Supremo, lo que le valió
vío de la causa cuando estuviese acordada la sentencia
(ARV, Real, 171, ff. 464 vº-466 vº; 4 de agosto, 1540) . El una nueva sentencia adversa409.
fallo se iba a demorar al menos durante seis años, ya que Las familias Ferragut y Monta-
no es sino el 27 de mayo de 1546, ya en tiempos de gud llevaron hasta el Consejo de
Francisco de Borja, cuando el duque de Calabria orde- Aragón sus diferencias por la heren-
na el envío sellado de una copia de la causa al Consejo cia y bienes de Guillermo de
Supremo (ARV, Real, 759, ff. 119-120 vº ).
409
ARV, Real, 171, ff. 430 vº-432 vº; Madrid, 20 de
Montagud, militar que había sido
marzo, 1540. de la Orden de Santiago410. En este
410
El monarca ordenó al duque que preparase la caso, y dada la laxitud de la justicia
sentencia en el plazo de tres meses y la remitiese en Valencia, el monarca hubo de in-
cuando estuviese a punto. Ibidem, f. 434. tervenir para que se fallase en la
411
A instancias de los Montagud, y porque no tení-
causa411.
an otros bienes, ordenó al virrey que aplicase la sen-
tencia favorable a ellos promulgada el 5 de diciembre Doña Caterina Constanza Bou y
de 1537. Ibidem, f. 434; Madrid, 29 de abril, 1540. de Moncada, como tutora de sus
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
141
hijos menores, y el noble Guillermo Raimundo de Moncada apelaron la
sentencia dada por la curia de Valencia favorable a Juan de Moncada,
conde de Aytona412. Don Fernando de Próxida, conde de Almenara, re-
currió la sentencia en su pleito contra don Juan de Próxida413. El almi-
rante de Aragón protestó la sentencia dada en la causa contra don Luis
Mascó, porque había promulgado el fallo sin ver él las actas en que se
fundaba Mascó414. Este personaje, don Juan de Cardona, fue uno de los
más asiduos contendientes en los tribunales. A su vez, doña Caterina de
Cardona protestó una sentencia favorable que había obtenido el almi-
rante de Aragón, por lo que éste había de comparecer ante el Supremo
Consejo415. El conde de Rigaborza consiguió un amparo sobre todas las
provisiones de gracia promovidas por el príncipe de Salerno en el pleito
que entre ellos se suscitaba por el ducado de Villahermosa416.
En cuanto a los gastos suntuarios y los producidos por los eternos
pleitos, contribuyeron, sin ningún género de dudas, a provocar el en-
deudamiento generalizado de los nobles. Cuando los barones llegaban a
la bancarrota se producía la ejecución de bienes del lugar, siendo los va-
sallos los más perjudicados. Otra salida violenta de la situación límite
era la huida hacia adelante, formando bandos auspiciados por los pro-
pios nobles, tal y como se refleja en el apartado referente al bandoleris-
mo nobiliario.
Lo sucedido en torno al comentado pleito entre los hermanos Boïl
resulta paradigmático del límite al que podían llegar los militares en sus
diferencias. El noble don Giner de Perellós reclamaba a don Pedro Boïl
el pago de unas deudas que importaban 20 000 ducados. Naturalmente,
el señor de Manises no podía satisfacer lo reclamado y don Giner llevó
el asunto a la Real Audiencia, en
donde obtuvo una real provisión
412
ordenando el embargo de los bien-
Diveros son los actos que jalonan este proceso:
es del deudor. En consecuencia, los
Ibidem, ff. 363; 388-388 vº y 400 vº-401; este último, da-
do en Madrid, 15 de enero, 1540. oficiales reales fueron a Manises a
413
Ibidem, ff. 366 vº-367; Mallorca, 22 de octubre, tomar todos los bienes necesarios
1539. para satisfacer la deuda del señor.
414
Ibidem, ff. 369-370; Madrid, 29 de octubre, 1539. El cronista describe los efectos del
415
Ibidem, f. 362-362 vº; Madrid, 19 de octubre, secuestro de bienes: “se incauta-
1539.
416
En consecuencia, el duque de Calabria debía vol-
ron de todos los bienes muebles y
ver a su primer estado todas las actas sobre el proce- semovientes que hallaron, tanto
so. Ibidem, f. 347 vº-348 vº; Madrid, 30 de julio, 1539. en el mercado como en las tiendas
142 y en las del Grao. Luego pasaron a inventariar todos los frutos y cose-
chas de las tierras y heredades del término de la villa, los cuales fueron
igualmente secuestrados. Con ello se armó en la villa un alboroto indes-
criptible, de tal modo que todos los vecinos del lugar se ausentaron de
él junto con sus mujeres e hijos, dejando abandonadas casas y viviendas,
el trabajo de los talleres y el cultivo de los campos”417. Don Pedro, efecti-
vamente, acusó a don Giner de Perellós y a don Juan Boïl del despobla-
miento del lugar de Manises. Acudió a la Real Audiencia en demanda de
amparo, pero el duque de Calabria había dictaminado que continuase la
ejecución que don Giner instaba contra “la universitat y singulars per-
sones de aquella”. El señor de Manises llegó hasta los reyes de Bohemia,
porque al enviar los porteros a exigir el cobro “serien anats los vasalls y
que molts dells conforme a fur es farien vassalls de altres senyors y
llochs”. Ahora bien, lo que realmente le preocupaba al señor no era tan-
to la situación en que podían quedar las gentes del lugar, sino cómo po-
día quedar él mismo, pues con la despoblación quedaba privado por vía
indirecta de las rentas. La reacción de los reyes de Bohemia estuvo en
consonancia con la petición señorial. Maximiliano y María indicaron al
duque de Calabria que la exacción se hiciese de tal manera que no se
causasen daño a los derechos de barón418.
Un elevado porcentaje de las disputas nobiliarias tenía por razón la
consecución de una herencia, que llevaba aparejada la posesión efectiva
de lugares de señorío. Obviamente, el esfuerzo que los nobles desplega-
ron en ese sentido no comportó más que el empobrecimiento de los que
contendían. Empobrecimiento que, en última instancia, era sufragado
por los vasallos, cuyo lugar había sido objeto de disputa. El ejemplo
mostrado del lugar de Manises resulta paradigmático de cómo un lugar
se despuebla debido a que sus bienes son enajenados para costear las
deudas del señor. Deudas que contrajo, precisamente, en la disputa por
la posesión del lugar. Cuando el barón recurra la ejecución de bienes, no
lo hará motivado por aumentar la felicidad de sus súbditos, sino porque
la desertización del lugar, comportará su empobrecimiento, ya que no
tendrá quien le pague las rentas. Y cuando el poder real decida que las
ejecuciones no deben hacerse vio-
lentamente, lo que tratará de evi-
417
NICOLAU BAUZA, J. Páginas..., p. 126. tar es el mayor empobrecimiento
418
ARV, Real 338, ff. 30-31 vº;Valladolid, 19 de mar- del señor. La propia idiosincrasia
zo, 1550. del grupo militar, su concepción
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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143
del honor, su voracidad insaciable de recursos económicos para soste-
ner el nivel de fastuosidad y apariencias que las nuevas formas de vida
exigían, propiciaron la dinámica generalizada de contenciosos entre los
nobles. Estos litigios entre militares resultaron tan frecuentes que pro-
vocaron una seria hemorragia pecuniaria, por lo que terminaron siendo
uno de los motivos fundamentales de descapitalización de muchas de
las principales familias nobiliarias, pues pocas fueron las que pudieron
sustraerse a la atracción e influjo de los tribunales.
Con los nobles enfrascados en pleitos seculares, el poder real pudo
mantener más cómodamente su preemiencia al tiempo que ejercía de
mediador entre los contendientes. En una primera fase, la Real
Audiencia sustanciaba las causas de los nobles, pero los que recibían la
sentencia adversa solían recurrir al Consejo de Aragón en busca de sa-
tisfacción. El objetivo de muchas de estas querellas era la titularidad de
señoríos, pero el esfuerzo desplegado en estas controversias que se eter-
nizaban entre tribunales y apelaciones llevó a muchos de los barones a
la más absoluta ruina, generándose entonces las consiguientes causas
de ejecución de bienes.

3.4. EL DUQUE DE GANDIA

Durante el período en que Francisco de Borja encabezó el ducado de


Gandia, la casa de Borja continuó su tradicional línea de apoyo sin re-
servas al soberano. Ello no fue óbice para que el IV duque de Gandia co-
lisionase con el virrey y sus asesores y oficiales. Unas veces el enfrenta-
miento estará motivado por intereses particulares, tales como el litigio
por las presuntas minas de metales preciosos. En otras ocasiones los
conflictos con el lugarteniente general se deberán a cuestiones institu-
cionales. Uno de los roces más trascendentes sucederá como conse-
cuencia de la agresión de un alguacil real en territorio del duque de
Gandia. En esta situación Francisco de Borja no se verá desamparado
por el poder central, tal y como lo prueba el hecho de que Fernando de
Aragón haya de recurrir a la corte para hacer valer sus consideraciones,
lo que no evitará que la balanza final se incline a favor del jefe de la ca-
sa de Gandia.
No obstante las desavenencias surgidas, el virrey encontrará el apoyo
del duque de Gandia cuando la ocasión lo requiera. Francisco de Borja no
vacilará en contribuir con hombres a caballo para las tareas de defensa y
144 se interesará directamente por el adoctrinamiento de los moriscos; aunque
su contribución más valiosa quizá sea la de haber ejercido como mediador
entre el virrey y los militares que se le enfrentarán a raíz del caso Masquefà.
El poder central corresponderá a los servicios del duque. Le distin-
guirá personalmente en ocasiones graves, como la muerte de la duque-
sa, y atenderá las peticiones particulares de la familia; aunque tampoco
obtendrá siempre una respuesta positiva inmediata para los cargos soli-
citados, la casa de Gandia terminaba obteniendo beneficios de sus rela-
ciones con el emperador y su gobierno, siendo quizás el ejemplo más no-
table la obtención del maestrazgo de Montesa por parte de Pedro Luis
Galcerán de Borja.

***

La casa de Borja se había caracterizado por su entrega sin reservas a


la causa real. A su imparable ascenso habían contribuido las combina-
ciones matrimoniales y sus vinculaciones europeas. Asimismo, los mo-
narcas habían recompensado la fidelidad mostrada por esta dinastía.
Como señala Tulio Halperin Donghi, la corona precisa de unos aristó-
cratas cuya conducta ante cualquier dificultad pueda servir de pauta de
comportamiento a los demás nobles. La “conducta intachable” del du-
que de Gandia, su fidelidad al rey, estuvo incluso por encima de sus in-
tereses inmediatos. El ejemplo fue digno de ser imitado: “La arisca no-
bleza valenciana se va acostumbrando a modos de vivir más apacibles.
Símbolo de ello: en la capital comienzan a erigirse las casas y palacios
de los nobles; es la nobleza que comienza a dar el tono en esta ciudad de
comerciantes y artesanos”419.
Los comentarios que se suceden aluden a las repercusiones que tuvo
para el marqués de Llombai la asunción del ducado de Gandia, tanto a
nivel familiar —con los diversos pleitos que hubo de sostener con los
hermanos de la segunda mujer de su padre— como a nivel personal,
asumiendo la titularidad del ducado, residiendo en él y velando por sus
estados. Esta residencia, casi fija en el reino, le llevó a mantener unas re-
laciones no siempre fluidas con el virrey. El análisis de estas situaciones,
así como sus vinculaciones con el
poder central concluye las consi-
419
HALPERIN DONGHI,T. Un conflicto nacional: mo- deraciones sobre el duque de
riscos y cristianos viejos en Valencia; Valencia, 1980, p. 34. Gandia.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
145
Juan de Borja y Enríquez, tercer duque de Gandia, había contraído
un primer matrimonio con doña Juana de Aragón y Gurrea, del cual na-
cieron siete hijos. Tras la muerte de doña Juana, ocurrida el 23 de fe-
brero de 1520, el duque don Juan de Borja y Enríquez se casó en se-
gundas nupcias con doña Francisca de Castro Pinós y de Arborea, des-
pués de haber firmado los capítulos matrimoniales en Fréscano,
Aragón, el 13 de marzo de 1523. El segundo matrimonio aportó al ter-
cer duque otros doce hijos420. El 8 de enero de 1543 fallecía en Gandia
el tercer representante de la Casa ducal, padre de Francisco de Borja y
de Aragón, marqués de Llombai. Francisco tenía una larga nómina de
servicios al emperador; paje, gentilhombre y mayordomo, habían sido
algunos de sus cargos421. El deceso convirtió a Francisco, a la sazón vi-
rrey de Cataluña, en el IV duque de Gandia. El nuevo duque comunicó
la noticia al emperador, al tiempo que solicitaba permiso para ausen-
tarse temporalmente con el fin de poner en orden sus asuntos. Carlos V
le enviaría su pésame, rogándole que continuase sirviéndole con la mis-
ma fidelidad y ordenándole, asimismo, que no abandonase Barcelona
para visitar Gandia, debido a la delicada situación en la frontera, donde
se temía por un posible ataque francés422.
La muerte de Juan de Borja originó un largo pleito entre la viuda,
Francisca de Castro, y el IV duque de Gandia. Francisco acudió al prín-
cipe para exponer, a él y al Consejo Supremo, la causa que se llevaba en
la Real Audiencia entre los procuradores de Pedro Luis Galcerán de
Borja, Diego de Borja, Manuel de Borja y los otros hijos del segundo ma-
trimonio del tercer duque de Gandia, junto con doña Francisca de
Castro, de una parte, y él mismo, de otra, por los frutos y censales que
prestó a la Generalidad, así como por otros motivos contenidos en el
proceso de la causa. El príncipe, atendiendo a la calidad del litigio, or-
denó al virrey que, después de ha-
ber reconocido la causa, amparase
420
BATLLORI, M. A través de la història i la cultura los bienes, propiedades y pensio-
Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1979, pp. 192- nes423.
201. El pleito, que en primera instan-
421
BOIX, V. Historia de la ciudad y reino de Valencia. cia había sido sustanciado a favor
Valencia, 1845-1979, p. 51. de la madrastra y hermanastros de
422
DE DALMASES, C. Francisco de Borja. Madrid,
1983, pp. 57-58.
Francisco, fue apelado sucesiva-
423
ARV, Real, 330, f. 79-79vº; Madrid, 27 de septiem- mente. El príncipe una vez más es-
bre, 1546. cribía al duque de Calabria al res-
146 pecto: “En lo de los pleytos y differençias que el duque de Gandia tiene en
esse consejo, os tornamos a encargar se mire la justiçia como os lo tene-
mos ya scripto”424.
Con la asunción del ducado de Gandia por parte de Francisco de Borja,
se le abría un doble camino: continuar con el cargo de virrey de Cataluña
o dedicarse a la administración de sus estados. Sin embargo, el emperador
guardaba una tercera tarea para el nuevo señor de Gandia. Cuando el cé-
sar llegó a Barcelona ya para embarcarse en abril de 1543 comunicaría a
Francisco sus deseos de que éste fuese mayordomo mayor de la infanta
María Manuela, hija de los reyes de Portugal y prometida al príncipe
Felipe; la duquesa de Gandia sería la camarera mayor de la princesa María.
La partida del emperador y la resistencia de los padres de la princesa María
fueron factores determinantes para que los deseos del emperador no llega-
ran a cumplirse425, por lo que Francisco, pasado un período de expectación,
prolongó su estancia en la ciudad ducal hasta 1550, año en el que abando-
nó sus posesiones para dedicarse enteramente a la Compañía de Jesús.
El nuevo duque de Gandia, libre ya de sus compromisos directos con
la Monarquía, se dedicó a la administración de sus posesiones. Mas su
vinculación con los mecanismos del poder de la corte seguía existiendo
incluso desde su permanencia en el ducado. Sus relaciones con los se-
cretarios del emperador no se limitaban a cuestiones particulares o
anecdóticas. Muestra de su vinculación a la causa imperial es la misi-
va dirigida a Francisco de los Cobos en la que relata la situación de los
cristianos nuevos, quienes se hallaban “muy socegados” a pesar del pa-
so de la Armada enemiga. Informaba también de cuestiones de defen-
sa, como la urgencia de la fortificación de la ciudad o una mayor con-
cesión de artillería; aunque también manifestaba estar “con cuydado de
saber de su Majestad”426
Por lo que respecta las relaciones del duque de Gandia con el duque
de Calabria cabe afirmar que no siempre fueron idílicas. En efecto, uno
de los contenciosos que mantuvie-
ron fue el sostenido a raíz de la
afirmación de un minero. Este ha-
424
Al duque don Hernando. AGS, Estado-Aragón, bría aseverado “que avia una mina
303, f. 118; Madrid, 12 de junio, 1548. de que se podia sacar gran canti-
425
DE DALMASES, C. Francisco..., p. 59.
426
El duque de Gandia al comendador mayor de
dad de oro”. El duque, sin embar-
León y de Castilla. AGS, Estado-Aragón, 287, f. 285; go, no parecía dar demasiado cré-
Gandia, 20 de septiembre, 1543. dito a las fabulosas noticias del in-
EL IMPERIO DE CARLOS V
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147
formante: “Y como muchas vezes e oydo hablar en estas minas y no he
visto salir ninguna alumbre, tuvelo por burla. La duquesa todavia quiso
escrivir a Vuestra Señoria, suplicandole que lo pidiesse a su Alteza para
mi señora doña Maria”427. Ahora bien, aquello que había importunado al
duque de Gandia era la injerencia del virrey, quien no obstante las apa-
rentes afirmaciones de desprecio, también se hallaba interesado por se-
mejantes descubrimientos:

“Agora avra tres o cuatro dias que vino por aqui un alguazil real, el cual me
dixo que el señor duque de Calabria a sabido este negoçio. Y que a avido es-
ta tierra que se ha sacado de la mina, y que la manda llevar para hazer espi-
riencia della”428.

Y no sólo había enviado el duque de Calabria al alguacil real. también


había suplicado al príncipe que le diese “licencia y facultad de poder bus-
car, descubrir y sacar los dichos mineros”. Así habían entrado en con-
flicto los intereses del lugarteniente general con los del duque de Gandia,
quien aseguraba que la duquesa, su mujer, tenía licencia del príncipe pa-
ra “sacar alguna cantidad de tierra”. Doña Leonor de Castro ciertamen-
te, tenía, por provisión del príncipe, permiso para que las personas que
ella designase pudiesen, por el término de un año, “cavar, saquar y des-
cubrir en qualquier parte del dicho reyno de Valencia, assi en tierras de
realenco como de baronias, todos los mineros de oro, plata, cobre y otros
metales qualesquier que en el dicho reyno se hallaren”429. Por todo ello,
esperaba que el secretario hablase
con el príncipe y que enviase la res-
puesta con la mayor rapidez a tra-
427
El IV duque de Gandia a “Muy Illustre Señor”
vés de Jerónimo Ruiz, pues
Cobos. Ibidem, f. 153. Gandia, 21 de diciembre, 1543.
428
Ibidem. “entretengo estos hombres con muy gran
429
Siempre que, obviamente, no se hallasen descu- trabajo, pues estan tan amedrentados de
biertos con anterioridad. Don Philippe a la Illustrissime los alguaziles reales segun ellos dizen, que
ducisse Gandie, donne Elyonoris de Castro. ARV, Real, pienso que no se fiaran de guiajes ni de
329, ff. 38vº-39vº. Valladolid, 30 de mayo, 1544. nada. Y como los prinçipales d·ellos sean
430
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 153. moriscos, sienpre se a de estar con reçelo
431
Al menos, así lo consideraba el duque de no se pasen allende”430.
Calabria, quien en instrucciones a Pedro de Olasso in-
dicaba: “Al señor comendador mayor de Leon le di-
El duque de Gandia aún man-
reys que, haviendose hecho en Poliña, lugar de la baro-
nia de Corbera, que es del duque de Gandia, resisten- tendría otro contencioso, de regis-
çia a Çespedes, alguazil real, la mas brava que en el tro más grave con el virrey431 por
148 un conflicto de jurisdicción situado en Polinyà de Xúquer, lugar que per-
tenecía a Francisco de Borja. El duque de Calabria envió sus emisarios
al comendador mayor de León y escribió al mismo secretario432 y al
príncipe433. El duque de Gandia tampoco le fue a la zaga, ya que elevó
sus protestas al heredero434, obteniendo de éste una resolución favorable.
Al menos, así lo entendió el virrey, quien hubo de elevar al príncipe sus
consideraciones ante el veredicto435. Un año más tarde el príncipe cerra-
ría definitivamente el contencioso al reconocerle a Francisco de Borja
todos sus privilegios y la costumbre de ejercer la jurisdicción en su te-
rritorio436.
En el proceso de canonización de Francisco de Borja, se produjeron
abundantes testimonios de sus sentimientos de justicia social y de su ge-
nerosidad con los pobres y necesitados. La desavenencia aludida fue
motivo para que los vasallos del duque de Gandia le demostraran el afec-
to que sentían por su señor. La resistencia mostrada a la jurisdicción re-
al parece confirmar los testimonios aportados para la canonización. El
propio virrey había de admitir la impopularidad de la jurisdicción real
ante la del duque de Gandia: “Se levantaron todos los del dicho lugar
con las armas en las manos, repicando las campanas y diziendo ‘mueran
los traydores que han hosado entrar en las tierras del duque de
Gandia’”437.
Asimismo, el duque de Gandia
se dirigió al príncipe con el fin de
Reyno de Valençia se ha hecho en muchos años, fuy a lograr para su hijo segundo, la lu-
ella en persona”. AGS, Estado-Aragón 299, f. 48 “Lo que
vos, Pedro de Olasso, gentilhombre de nuestra casa,
gartenencia de la gobernación de
haveys de hazer cuando, plazyendo a Dios, llegueys a Xàtiva: “Lo de la resignaçion de la
Madrid, donde por nuestro mandato vays, es lo si- alçaydia y governaçion de Xativa
guiente”. Utiel, 28 de enero, 1546. en vuestro hijo segundo, no se pue-
432
Ibidem, f. 70. de passar aca por ser de los cargos
433
Ibidem, f. 156.
434
que su Magestad dexo expressa-
“Por parte del Illustrisimo duque de Gandia nos
ha sido hecha relaçion (...)” El príncipe al duque en mente reservados a su provision”.
Ibidem, f.162 y Estado-Francia, K-1707, f. 88; Madrid, 5 No obstante, el príncipe, para dejar
de marzo, 1546. bien patente su buena predisposi-
435
“Pues la voluntad de vuestra Alteza es de hazer ción hacia el duque, hacía escribir:
merçed al dicho duque y sus serviçios la mereçen (...)” “Pero yo le scrivire sobre ello con
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 157.
436
Philippus a Francisci de Borgia. ARV, Real 332, ff.
la buena voluntad que es razon” ;
132-134. Monzón, 26 de octubre, 1547. aunque en una anotación al mar-
437
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 70. gen se matizan las buenas inten-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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149
ciones: “dizen que por ser vuestro hijo de tan poca edad, suele Su
Magestad hazer difficultad”438.
Si el duque de Gandia creía poder obtener beneficios de la
Monarquía era porque previamente había ofrecido sus servicios a la
Corona. El 28 de marzo de 1544 escribía al príncipe para comunicarle
que había ofrecido al duque de Calabria 500 hombres y que “le seguiria
en toda cosa”. Como el virrey no se hallaba con muy buena salud se
brindaba incluso a continuar su tarea: “no dexaria con mi persona y
gente de seguir su orden, dandome el alguna para mejor poder hazer lo
que cumpliese”439.
Aún suplicaría el cuarto duque de Gandia el título de protomédico
“de la parte del rio de Xucar en el reyno de Valencia” para el doctor
Ruiz. El césar, en la consulta en la que se le hizo llegar la petición, de-
claró: “Que su Alteza informe si seria esto en perjuizio de tercero”440. Al
amparo de Francisco, otros miembros de la dinastía Borja también
prosperaban. Pedro de Borja recibiría noticias de la recomendación del
emperador para el maestrazgo de Montesa441.
No obstante sus inquietudes espirituales, Francisco hubo de acudir
a las Cortes de Monzón de 1547 por voluntad del emperador como
uno de los principales consejeros del heredero Felipe442. No era la pri-
mera vez que acudía a una asamblea legislativa, ya que en 1542 lo ha-
bía hecho como virrey de Cataluña. El duque de Gandia acudió a las
Cortes, siendo él uno de los fir-
mantes de los fueros y actos de
438
Su Alteza al duque y duquesa de Gandia. AGS, corte pactados en aquella legisla-
Estado-Aragón, 291, f. 10;Valladolid, 18 de marzo, 1544. tura443.
439
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 219; Gandia, 28 de Francisco de Borja había hecho
marzo de 1544. profesión solemne de unirse a la
440
AGS, Estado-Aragón, 303, f. 173. “Consulta de
Compañía de Jesús el 1 de febrero
Valençia”. Augusta, 31 de julio, 1548.
441
“Los pies de vuestra Alteza beso çien mil vezes de 1548. Sin embargo, había con-
por la merced que fue servido hazerme con lo que el seguido con el permiso de Paulo III
Emperador nuestro señor se escrivio en mi recomen- la facultad de seguir ocupándose,
daçion sobre el maestrazgo de Montesa” AGS, Estado- por espacio de tres años, de los ne-
Aragón, 293, f. 252. Sobre el pleito que sostuvo Pedro gocios de Gandia. De ahí que, en
por el maestrazgo de Montesa, vid. apartado “Órdenes
militares”.
abril de 1549, escribiese al príncipe
442
DOMINGUEZ, M. Els Borja; La Safor, 1985, p. 259. sobre la necesidad de atender a la
443
GARCIA CÁRCEL, R. Cortes del reinado de Carlos catequesis de los nuevos converti-
[Link], 1972, p. 224. dos del reino, acuerdo tomado en
150 las Cortes de Monzón de 1547; ya que “cada dia va cresciendo en offen-
sas de Dios nuestro Señor y perdimiento de las almas que El redimio
con su sangre preciosa”444. Como el obispo de Cartagena no había acep-
tado el encargo para la reforma de los moriscos, proponía al obispo de
Oviedo para que llevase a término la tarea445. Francisco, interesado ca-
da vez más de las cuestiones espirituales, se había distanciado, de facto,
de las tensiones que a finales del virreinato del duque de Calabria sacu-
dían a la nobleza del reino de Valencia, las cuales se habían desatado a
raíz del caso Masquefà que, prácticamente, había escindido a la noble-
za valenciana en dos bandos irreconciliables, situándose el virrey en uno
de ellos446. Quizá por ese motivo, “personas de buen zelo” le habían re-
clamado en la capital valenciana447. El hecho de no tener parientes impli-
cados en el asunto ni intereses personales en él, le permitió hablar sere-
namente con el duque “porque yo he olvidado mis propios negoçios por
tener con el toda buena inteligen-
cia”, con los caballeros ofendidos y
emitir posteriormente un informe
444
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 29; Gandia, 26 de abril, con sus propias opiniones al prínci-
1549.
445 pe448. Coincidiendo prácticamente
Cristóbal de Rojas y Sandoval, obispo de
Oviedo era pariente de san Francsco de Borja. con el final del virreinato y de la
GARCÍA HERNÁN, E. Francisco de Borja, Grande de vida de Fernando de Aragón, el du-
España, Institució Alfons el Magnànim, 1999,València, p. que de Gandia partió hacia Roma
124. el 31 de agosto de 1550, tan sólo
446
MARTÍ FERRANDO, J.“La corte virreinal…”, p.
dos meses antes de que su viejo ri-
101 y ss.
447
“Estando muy apartado de tratar cosas d·este val, el duque de Calabria, fallecie-
Reyno, porque no suelo entender en ellas, sino es of- se449. Con su partida cerró el capí-
freciendose alguna que toque al servicio de Vuestra tulo de relaciones con el poder
Alteza, me forcaron agora los mesmos negocios movi- central desde el ducado de Gandia,
do por personas de buen zelo a que llegasse a Valencia puesto que renunciaría al título
para entender y tocar con la mano la neçessidad del
ducal en favor de su primogénito,
Reyno, mostrandose obligatoria mi yda” AGS, Estado-
Aragón, 304, f. 25. El duque de Gandia a su Alteza. Carlos de Borja, quinto duque de
Gandia, 20 de agosto, 1549. Gandia450.
448
García Hernán indica que las opiniones de
Francisco de Borja sobre la cuestión “han dejado huella 3.5. INTERVENCIÓN POLÍTICA
por su dureza, pues recomendaba que se llevara todo
DEL ESTAMENTO MILITAR
por vía de justicia y si hiciera falta decapitaran a todos
los culpables para poner paz” Francisco de Borja... p. 125.
449
DOMINGUEZ, M. Els Borja..., p. 261. Las deliberaciones del estamen-
450
DE DALMASES, C. Francisco..., p. 15. to nobiliario quedaron recogidas
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
151
en su propio libro de actas, el único que se conserva para esta época de
uno de los sectores sociales del reino.
El estudio del libro de actas de los nobles valencianos permite anali-
zar el funcionamiento interno de su grupo: la mecánica de sus reunio-
nes, los rituales de elecciones de síndico, la formación de comisiones pa-
ra abordar temas específicos como los contrafueros o ultrajes a los pri-
vilegios de los estamentos, los impuestos, participación en la defensa, en
los asuntos de moriscos o mediaciones con los otros grupos de portavo-
ces del reino.
El estamento militar se reunía para abordar sus cuestiones internas,
tales como nombramientos de síndico o delegados e, incluso los proble-
mas ocasionados por el impago de los caballeros a su propio cuerpo. En
este sentido cabe resaltar la provisión de don Pedro Pardo, señor de la
Casta y síndico del brazo y estamento militar, que, considerándose con
poder suficiente para enviar a los porteros reales a cobrar o embargar
los bienes de aquellos caballeros que no contribuían a sostener las car-
gas del estamento, envió al portero Pere Aparici a recaudar lo debido
por los caballeros morosos. De lo cual cabe deducir una primera premi-
sa: no todos los militares contribuían, al menos de buen grado, a soste-
ner las cargas de su propio grupo451. Pero el grupo también actuó en de-
fensa de aquellos miembros que fueron objeto de contrafuero por parte
del virrey o los oficiales reales. Sin embargo, este tipo de protestas tuvo
un éxito muy escaso, pues en muy pocas ocasiones lograban alterar las
decisiones tomadas por el emperador o sus delegados. Las iniciativas
que este grupo desplegaba no se agotaron con la defensa de sus miem-
bros particulares, sino que alcanzaron a recurrir aquellos nombramien-
tos y decisiones del poder real que consideraban que podían lesionar sus
intereses concretos. La forma de trabajar obedecía siempre al mismo es-
quema: el síndico exponía la cuestión a tratar y la asamblea descargaba
en una comisión que siempre estaba integrada a partes iguales por no-
bles y caballeros.
En cualquier caso en sus movimientos no se aprecian propósitos de
envergadura, ni tan sólo que sirviesen a sus propios intereses. Las ac-
ciones del conjunto militar se hallaban en gran medida condicionadas
por iniciativas ajenas, como las
propiciadas por el poder real, e in-
451 ARV, Real, 523..., ff. 127 vº-128 vº.Valencia, 4 de cluso por la dinámica inquisito-
abril, 1548. rial, cuando ésta afectaba a los va-
152 sallos moriscos. En efecto, el grupo militar ejercía funciones de media-
ción entre los grupos real y eclesiástico, principalmente por cuestiones
de impuestos y apoyó aquellas iniciativas de los otros sectores que no
perjudicaban sus intereses. Obviamente, los militares intervinieron con
enorme interés en las decisiones que afectaban a los moriscos, ya que es-
taban sus propias intereses en juego. De modo que esta minoría social
tuvo una presencia efectiva en las deliberaciones que se tomaron para
con este grupo social.
La inmensa mayoría de los esfuerzos de los militares se dirigió a resol-
ver los contrafueros que consideraban perjudiciales para sus bienes.
Algunos de estos contrafueros eran simples lesiones del poder delegado
contra los intereses particulares de los miembros del estamento. Entre el
listado de los que se consideraban ofendidos cabría considerar a don
Ramón Lladró, señor de Castalla y
Picassent452; don Gonçalvo Dixer453;
don Guillem Bellvis, quien conside-
452
Fue don Ramón Boïl quien reclamó la ayuda de raba lesionada su jurisdicción por
los militares, alegando que los jueces seculares hacían el virrey454; don Ramón de Rocafull,
algunos agravios contra los fueros del reino “e parlant
señor de Albatera455 o a don Vicent
dels coronats e declarats gozar del privilegi clerical y
que per ço, aquells dits contrafurs havien e han de es- de Castellví. Este último personaje
ser tornats a loch per a la deguda conservacio de se hallaba preso en Xàtiva por or-
aquells”. Una selección de nobles escogidos por den del virrey por lo que su herma-
Ramón Boïl suplicaría al duque la aplicación del orde- no, don Josef de Castellví, suplicó
namiento de las últimas Cortes sobre la administra-
ayuda a los compañeros de grupo456.
ción de justicia. ARV, Real, 523, f. 5-5 vº; 17 de noviem-
bre, 1542. La comisión al efecto consiguió al-
453
Este noble afirmaba llevar más de doce días en go positivo: el duque, efectivamen-
la cárcel sin ningún cargo en su contra por provisión te, ordenaba al alguacil Jaume
del virrey y del regente de la Cancillería. Ibidem, f. 50 Valero partir hacia Xàtiva y mandar
vº-51; 8 de octubre, 1543. al alcaide del castillo la restitución
454
Un grupo quedó encargado de examinar el per-
de Vicent de Castellví a las prisiones
juicio que el virrey causaba en la jurisdicción que tenía
en sus baronías, dado que los alguaciles del Real de Valencia457. Esta medida no fue
Consejo penetraban con comisiones en sus tierras. suficiente para aplacar a la corpo-
Ibidem, f. 100-101; 3 de septiembre, 1546. ración de barones: los nobles consi-
455
Defendido por don Diego Ladrón en los inicios deraron que se le seguía haciendo
del caso Masquefà. Ibidem, f. 22 de marzo, 1547.
456
contrafuero al no haber incoado
Ibidem, ff. 138 vº-139; 6 de noviembre, 1549.
457
ARV, Real, 1322, ff. 75 vº-76; Valencia, 9 de no- contra el preso causa alguna458.
viembre, 1549. La expedición que el duque de
458
ARV, Real, 523, ff. 142-143 vº; 3 de enero, 1550. Calabria realizó por los estados del
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
153
duque de Gandia provocó la unión del grupo militar en torno al jefe de
la casa ducal de Gandia. En consecuencia, el virrey hubo de soportar las
presiones de los militares, quienes fundamentaron su protesta en el he-
cho de que en su expedición, don Fernando de Aragón, sólo se había de-
jado aconsejar por Joan Francesc Benavent, obviando las súplicas que le
había hecho el síndico de los barones459. El “portantveus” tampoco esca-
pó a las iras de los militares: en este caso Joan Mascó, quien expuso en
el seno del grupo sus quejas contra el “portantveus” Joan Llorenç de
Vilarrasa, obteniendo la habitual formación encargada de examinar el
contrafuero460. De manera similar, Jeroni de Cabanyelles, menor, no ha-
bía escapado a las iras del resto de nobles, quienes nombraron embaja-
dor para elevar ante el príncipe las quejas que tenían del aspirante a go-
bernador461.
Y no sólo fueron los representantes del poder territorial quienes fue-
ron objeto de las comisiones de investigación nobiliaria. Los portavoces
de las instituciones vieron cómo sus nombramientos se veían recurridos
por los militares. Al regente de la Cancillería micer Antoni Piquer le cupo
afrontar las pesquisas de, al menos,
dos comisiones de barones; una,
459
Ibidem, f. 87 vº-88 vº; 18 de diciembre, 1545. ante el clamor general del estamen-
460
Ibidem, f. 80-84; 2 de enero, 1546. to462; otra, a propuesta de Pere
461
Ibidem, ff. 95 vº-96; 24 de enero, 1546. Sobre es- Roca, quien se consideraba perju-
ta cuestión vid. MARTÍ FERRANDO, J. El poder sobre el dicado por los contrafueros come-
territorio…, p. 131 y ss.
462
tidos por la Real Cancillería y los
Los militares consideraban contrafuero su nom-
bramiento. Integraron la comisión los nobles don Luis procuradores fiscales463. El regente
de Borja, don Guillem de Bellvis, don Francisco Boyl, Onofre Urgellés sufrió embates
don Luis Munyoç, don Luis Masco, don Pedro Pardo, y parecidos del grupo nobiliario, al
los caballeros mosén Melchor y Luis Pellicer, mosén considerar que procedía contra los
Eximen Perez, mosén Francesc Calaceyt, mosén Enrich fueros y privilegios del reino464.
Tolza, mosén Joan Battiste Alpont (Ibidem, f. 16-17; 20
de marzo, 1543). Posteriormente consideraron que
Los militares prepararon actua-
seis nobles y seis caballeros eran muchos comisiona- ciones conjuntas ante aquellos
dos para ser operativos y resolvieron facultarse para acontecimientos que consideraban
reducir su número hasta dos (Ibidem, ff. 19 vº- 20vº. El que les afectaban en su globalidad.
rechazo de los estamentos al regente de la Cancillería Ante la convocatoria de Cortes de
puede observarse en el apartado correspondiente.
463
1547, el “estrenu braç” o brazo no-
Ibidem, f. 52-52 vº; 20 de octubre, 1543. Sobre
esta cuestión vid. MARTÍ FERRANDO, J. El poder sobre biliario se reunió para formar la co-
el territorio..., p. 65 y ss. misión que había de preparar los
464
Ibidem, ff. 120 vº-125 y ff. 126-127. memoriales, contrafueros y demás
154 actuaciones en Monzón465. Asimismo, protestaron la pragmática publica-
da el 25 de septiembre de 1545 sobre el asiento de los nuevos convertidos,
porque incluía algunos contrafueros en perjuicio de los señores466. Otro
pregón contestado fue el de 8 de agosto de 1550, ya que los nobles consi-
deraban que causaba graves “greuges” a las libertades del brazo467.
Evidentemente, las lesiones a los derechos de los militares eran asimismo
atentados a sus intereses económicos. Claro ejemplo fue la comisión or-
ganizada para revocar una “crida” preconizada por el baile general que
pretendía regular el pago del impuesto del tercio diezmo, pues atentaba
contra los privilegios otorgados por los reyes anteriores468.
En otro orden de cosas, los militares colaboraron con los eclesiásti-
cos en asuntos generales que afectaban a los fueros y libertades del rei-
no. No faltó el apoyo nobiliario a los religiosos valencianos de la Orden
de San Juan de Jerusalén en su litigio por mantener sus derechos en las
encomiendas de la castellanía de Amposta recayentes en el principado
de Cataluña, los cuales eran contestados por los estamentos y caballeros
catalanes469.
Los organismos militar y ecle-
siástico supieron encontrar diver-
sas vías de colaboración. Cuando
465
Ibidem, ff. 109 vº-110 vº; 24 de mayo, 1547. Las los religiosos chocaban con el esta-
últimas actas de 1547 consignadas en este libro son las mento real, los canónigos de la Seo
de 25 y 27 de mayo. recurrían al “estrenu braç” para
466
Ibidem, ff. 86 vº-87 vº; 4 de noviembre, 1545. que encontrasen con los jurados de
467
Incluso a los “particulars de aquell, e encara con-
tra les jurisdictions dels barons del regne que tenen
Valencia algún medio de concordia.
mer e mixt imperi en nostres baronies”. Ibidem, ff. 158 Uno de estos episodios fue el suce-
vº-160; 9 de agosto, 1550. dido por la forma en que los jura-
468
Ibidem ff. 78 vº-79; 26 de junio, 1544. dos de Valencia habían determina-
469
Ibidem, ff. 20 vº-21 vº; 25 de abril, 1543. do quitar los censales, ya que los re-
470
A decir de los religiosos: “en la forma e modo
ligiosos se consideraban agravia-
que porten en los quitaments dels censals de Valencia
tinguessen respecte a les rendes y censals que les sgle- dos470. Otro momento estelar en que
sies tenen en dita ciutat y segueixen per a distribucions la entidad militar media entre los
quotidianes e altres obres pies quant se offereix la or- otros dos, es el del pronunciamien-
de de boxart en lo quitament dels dits censals”. Don to de entredicho por el arzobispo
Lluís Mascó y en Joan Guillem Català quedaban encar- de Valencia en su contencioso par-
gados de mediar, junto con los del capítulo y los jura-
dos, para lograr una solución satisfactoria. Ibidem, f.
ticular con el gobernador Vilarrasa
106-106 vº; 18 de enero, 1547. por la prisión del canónigo Elfo de
471
Vid. apartado “Conflictos de jurisdicción”. Próxita471.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
155
Dentro del clima de entendimiento entre ambos estamentos, fue el
nobiliario quien tomó la iniciativa para lograr que el arzobispo
Villanueva no abandonase las tierras valencianas camino de Trento; pa-
ra ello, formaron una comisión que reunía a los otros sectores del reino
encaminada a lograr que el virrey escribiese sobre el asunto al prínci-
pe472. En otra ocasión, valiéndose los nobles de sus relaciones con la
agrupación eclesiástica, nombraron una delegación que debía procurar
por la liberación de mosén Melchior Pellicer, preso a la sazón por la cau-
sa que contra él llevaban los inquisidores y el Consejo Supremo del
Santo Oficio473. Había, sin embargo, situaciones en que la fuerza del pro-
pio estamento no era suficiente para procurar la liberación de un miem-
bro del grupo y había de recurrirse al auxilio de los otros estamentos del
reino. Así ocurrió cuando las tres instituciones representantes del reino
se vieron impelidos a recurrir al príncipe, suplicando la liberación de
don Tomàs Jeroni Ribot y don Gaspar Jeroni Ribot. Estos personajes, si-
guiendo las instrucciones del príncipe facilitadas por el virrey, se diri-
gieron a Valladolid, pero una vez allí fueron encarcelados474; ello fue con-
siderado un grave contrafuero por los tres organismos, quienes escri-
bieron a don Felipe suplicando por la reparación del daño475. Sin em-
bargo, las gestiones resultaron infructuosas, ya que tres años más tarde,
ahora en solitario, el estamento militar reincidía en la súplica.
Del análisis de la documentación sobre los nobles valencianos como
grupo estamental, cabe confirmar para el reino de Valencia las afirmacio-
nes que Maravall trazó en rasgos
genéricos para toda la nobleza his-
pánica durante el siglo XVI: sus in-
472
La comisión estaba integrada por dos nobles: dividuos se mostraron “doblegados
don March Antoni Borja del Milà y don Luis Vich; así co- ante el incompartido e inalcanzable
mo por dos caballeros: mosén Joan Batiste Alpont y poder real” y su peso político espe-
mosén Jaume Stanyà, Ibidem, f. 86-86 vº; 9 de junio,
1545. Para las gestiones tendentes a impedir la partida
cífico fue prácticamente nulo476.
del arzobispo, vid. pp 24 y 86.
473
Formaban la delegación los nobles don Luys 3.6. LAS BREGAS
Mascó, don Berenguer Aguilar, y los caballeros mosén NOBILIARIAS: UN ASPECTO
Joan Hieronym Almunia y mosén Hieronym Artes. DEL ORDEN PÚBLICO
Ibidem, f. 101 vº-102; 6 de noviembre, 1546.
474
Don Gaspar fue encerrado en la Mota de
Medina y don Thomás en la Corte. Como explica Jesús Lalinde, el
475
Ibidem, f. 155-157; 18 de julio, 1547. orden público entendido desde la
476
MARAVALL, J. A. Estado moderno..., t. II, p. 6. concepción del hombre actual
156 nunca existió, y no tanto como consecuencia de un fracaso de la polí-
tica gubernativa, sino porque no se correspondía con las categorías
mentales propias de la época. Los deseos de paz y seguridad, que in-
dudablemente se tenían durante el mandato de los primeros Austrias,
se veían mediatizados por el “complejo de concepciones políticas, mo-
rales, sociológicas y jurídicas que determinan el modo de vivir, y has-
ta que ese complejo no evoluciona y nuevas ideas vienen a sustituir a
las otras no es posible cambiar aquél”477. Si no hay “un” orden público,
porque cada barón en su señorío particular ejerce su jurisdicción sin
conexión con la general establecida por el monarca, no puede haber
una solución global, estática cuyo efecto sea la tranquilidad global del
reino. La adscripción a los diversos bandos no puede estar prohibida,
y el ejercicio de la guerra particular entre señores no puede impedirse
mientras se respeten las normas que la regulan. Obviamente, la
Monarquía no impulsó las bregas entre los nobles, pero ciertamente
salía beneficiada con ellas, pues la división entre los señores feudales
redundaba en una mayor seguridad del poder real. Con todo, cuando
los conflictos adquieran dimensiones alarmantes que puedan poner en
peligro el sistema establecido, el virrey se amparará en el recurso de
paz y tregua para obligar a los barones a cesar en sus hostilidades.
Como el bandolerismo catalán hundía poderosamente sus raíces en las
guerras civiles que habían azotado a aquellas tierras durante el siglo XV, el
valenciano también parece emerger de los reinados de Juan II y Fernando
el Católico478; pero si el bandolerismo catalán persistió por los aportes hu-
manos que provenían de los Pirineos, por los privilegios de armas y “ban-
dolejar” concedidos por los reyes ante el peligro francés, o por la partici-
pación de la nobleza, por citar algunos ejemplos, las bregas nobliarias va-
lencianas, aunque con unos rasgos comunes a los del entorno mediterrá-
neo, no dejaba de presentar características propias.
El análisis del orden público durante el reinado del emperador cobra
sentido cuando se somete a un doble parámetro de comparación: sin-
crónico y diacrónico. Así, el alcance del bandolerismo se entiende cuan-
do se confronta con el que se pro-
duce en otros estados similares a
477
Valencia durante los mismos mo-
LALINDE ABADÍA, J. La institución virreinal…, p.
332.
mentos, tales como la Cataluña de
478
GARCIA MARTINEZ, S. Bandolers, corsaris i mo- Francisco de Borja o el marqués
[Link]ència, 1980, p. 23. de Aguilar. La yuxtaposición de la
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
157
represión del bandolerismo y del mundo del hampa con la que se gesta-
rá más tarde a partir de los virreinatos de los duques de Maqueda y de
Segorbe permite una aproximación a la evolución histórica de este fe-
nómeno.
Cabe matizar, por otra parte, el alcance de las afirmaciones que so-
bre el mantenimiento del orden público en el reino de Valencia durante
este período se han vertido. Muchas de ellas han hecho referencia a un
crecimiento más o menos vertiginoso de la delincuencia en el reino de
Valencia durante el virreinato del duque de Calabria, sobre todo en los
años finales479. Sin embargo, las investigaciones de los últimos trabajos
parecen abonar la tesis contraria480 y este trabajo, coincide con este últi-
mo planteamiento, pues entiende que el bandidaje y la delincuencia cre-
cieron a ritmo lento durante este período.
Con el fin de aproximarse a este fenómeno y siguiendo la tipología esta-
blecida por Sebastián García Martínez, a saber, bandidaje aristocrático, po-
pular y morisco, en primer lugar se abordan los conflictos más importan-
tes surgidos entre los barones del reino. Por lo que respecta al bandoleris-
mo popular y al bandolerismo mo-
risco, se estudian en sus respectivos
apartados temáticos. Con todo, cabe
479
“A partir de la conjuntura postagermanda, tot hacer una matización terminológica
ens fa pensar que el bandolerisme va seguir un ritme ya indicada por la profesora Emilia
paulatinament creixent fins culminar els anys quarantes Salvador: la palabra “bandolerismo”
i cinquantes, com segurament demostraria un estudi remite a la acción propia de los ban-
detallat del virregnat del duc de Calàbria, sobretot a
partir de la mort de na Germana de Foix 1536-1550
doleros, entendidos estos como la-
“. Ibidem, p. 24 y, también del mismo autor “La vida po- drones y salteadores de caminos; pe-
lítica” en Nuestra Historia,Valencia, 1980, p. 141. En ese ro como ya se ha indicado anterior-
sentido Rafaela Rodríguez Raso calificó como “caos sin mente los nobles, cuando se dedica-
ley” la Valencia regida por el duque de Calabria en esos ban a sus bregas, no estaban come-
años (Maximiliano de Austria. Madrid, 1963, p. 45).
480
tiendo actos punibles, puesto que di-
Así, Pablo Pérez García, refiriéndose al período
postagermanado, indica: “La calma social y la consi- cha actividad estaba perfectamente
guiente reducción del número de delitos substanciados regulada por los fueros. Otra cosa es
por la magistratura entre 1519 y 1548 no tuvo conse- que la frontera entre lo permitido y
cuencias funestas -al menos inmediatamente- en la te- lo prohibido fuese, en verdad, muy
sorería del Justiciazgo criminal” (El justicia criminal de difusa, ya que en no pocas ocasio-
Valencia 1479-1707. Una magistratura urbana valenciana
ante la consolidación del Absolutismo; Generalitat
nes los bandos organizados por los
Valenciana; Cnselleria de Cultura, Educación y Ciencia. barones terminaban cometiendo
Valencia, 1991, p. 243). actos fuera de la legalidad foral.
158 De entre todos los conflictos nobiliarios sucedidos durante el virreina-
to del duque de Calabria destacó, sin ningún género de dudas, el acaecido
en torno a la sucesión del señorío de la Daya, perteneciente a Jaume
Masquefà, que terminó enfrentando a algunos componentes del clan de
los Masquefà de Orihuela con otros poderosos linajes valencianos. En
efecto, Anna Isabel Masquefà, era la joven heredera del mencionado se-
ñorío de la Daya, lo que motivó que dos familias se disputasen su mano.
Una era la de don Ramón de Rocafull, señor de Albatera (tío carnal de la
joven) que la pretendía para su hijo y el otro joven en litigio era Baltasar
Masquefà i de Soler, primo segundo de la joven. Este último negó a su ri-
val el derecho a acceder a la joven por ser menor de edad, motivo por el
cual apeló al virrey. Este, considerando el peligro que para él podía supo-
ner la concentración de poder en manos de la familia de los Rocafull en-
vió al alguacil Carlos Torrellas para que localizase a la joven y la citase a
declarar, junto con don Ramón de Rocafull y don Ramón Lladró, con lo
que este último clan también entraba en el juego. Mientras, el “portant-
veus” o encargado de la gobernación de Orihuela, decretó la muerte de
Baltasar Masquefà por proceso de ausencia y los padres de la joven exigí-
an al príncipe el cumplimiento de la sentencia. Pero Baltasar Masquefà lo
que había hecho era denunciar ante el virrey a don Ramón de Rocafull
por haber invadido su casa con gente armada para matarlo. Esto fue su-
ficiente motivo para que el duque de Calabria decretase la prisión de don
Ramón. Su posterior fuga y refugio en el marquesado de los Vélez no lo
libraron de la persecución implacable del virrey quien logró que, final-
mente, se le ejecutase. Con esta muerte el virrey logró la oposición de gran
parte de la nobleza valenciana y no pocos quebrantos al gobierno de la
Monarquía, que se vio con dificultades para reconducir la situación. Con
no pocos esfuerzos el emperador pudo lograr la mediación del duque de
Gandia en el conflicto abierto. Don Francisco de Borja pudo lograr, efec-
tivamente, una pacificación aparente y calmar a la mayor parte de los no-
bles enfrentados; sin embargo, la enemistad entre los “Ruyços”, “Roques”
y “Masquefàs”, las familias más directamente involucradas, perduraría en
el tiempo. A título de anécdota puede mencionarse el hecho de que los hi-
jos de don Ramón de Rocafull acabaron con la vida de Baltasar
Masquefà i Francesc Martí hijo salió al encuentro de Diego Lladró y lo
acuchilló en la cara. Sucesos que no resultaron únicos ni episódicos.
El bandolerismo nobiliario, tuvo otras manifestaciones de alcance
menor que en el mencionado conflicto de los Masquefà en cuanto al nú-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
159
mero de implicados, mas no por eso dejó de ocasionar problemas al po-
der territorial. No fueron escasos los litigios entre nobles que se diluci-
daron por medios no pacíficos desembocando en bandosidades de tipo
nobiliario. Con el fin de hacer una aproximación a este fenómeno se co-
mentan algunos de los conflictos, especificando los linajes contendien-
tes al tiempo que se establecen las implicaciones sociales e institucio-
nales de cada uno de ellos481.
Una de estas desavenencias suscitada en este período fue la protago-
nizada por los señores de Real de Montroy y Picassent quienes se en-
frentaron unos contra otros con “gran desasosiego del reino”. Ellos eran
el celebérrimo don Ramón Lladró (señor de Picassent) y don Ximen
Pérez de Calatayud (señor de Real de Montroy y Monserrat). Como uno
y otro eran considerados como personajes principales, sus diferencias
implicaban, como expresaba la orden de apaciguamiento, a casi todo el
reino. El doctor de la Real Audiencia Bertomeu Lluís Çarçola fue comi-
sionado para tomar todas las medidas necesarias tendentes a la pacifica-
ción de los bandos nobiliarios482. Días más tarde era delegado un vergue-
ta para prender a los alcaldes de la zona y varios implicados moriscos483.
Esta es una de las escasas ocasiones (en esta época) en que aparece do-
cumentada la participación de nuevos convertidos en las bregas entre ba-
rones. Las medidas adoptadas, como solía suceder, no resultaron todo lo
eficaces que el virrey hubiese deseado, pues los alguaciles Nicolau
Comaleres y Jaume Falcó resultaron delegados para establecer su resi-
dencia en aquellos lugares con el
fin de evitar que sus habitantes da-
ñasen mutuamente, y encerrar a
481
MARTÍ FERRANDO, J. “La corte virreinal...”, los que encontrasen culpables. La
pp. 101-105. perennidad de la medida quedaba
482
ARV, Real, 1319, fol. 47 vº-48;Valencia, 12 de abril, establecida por la indicación del
1540. Tres días estuvo el comisionado deshaciendo
ajustes y prendiendo culpables junto con el notario
virrey que les obligaba a prolongar
Joan Mayo y los verguetas Pedro de Layta y Jaume allí su asentamiento hasta la nueva
Tomàs, según la correspondiente orden de pago del orden del duque484. Como resultado
servicio; Ibidem, f. 50 vº-51,Valencia, 17 de abril, 1540. de los bandos, el alcaide, el justicia
483
Ibidem, 48-49;Valencia, 17 de abril, 1540. de Picassent485 y los jurados486 y di-
484
Ibidem, 52;Valencia, 30 de abril, 1540.
485
versas personas recibieron sendas
Según la comisión al vergueta Diego de Soto.
Ibidem, f. 54 vº-55. órdenes de detención.
486
Según comisión al vergueta en Joan Ros. Ibidem, La formación del bandolerismo
f. 60-60 vº;Valencia, 10 de junio, 1540. nobiliario no siempre se debía a
160 cuestiones seculares. Durante el verano de 1541 surgió un incidente en-
tre caballeros que hubo de afrontar el regente de la lugartenencia Jeroni
de Cabanyelles487. El inicio de esta parcialidad puede establecer una ti-
pología de esta suerte de conflictos, así como la reacción del poder ter-
ritorial y su posterior comunicación al poder central. Don Bernardino
Cervellón desafió a siete caballeros “muy principales d·esta ciudad po-
niendo carteles en las puertas de sus casas”. El reto sorprendió al re-
gente quien no esperaba nada de lo sucedido. Don Jerónimo hizo valer
toda su autoridad. Según sus propias palabras tenía “harto trabajo”, ya
que temía que la chispa surgida en Valencia prendiese en el reino.
Efectivamente, cabía la posibilidad de, que los caballeros, a su vez des-
afiasen a otros y “revolviessen todo el reyno”; por lo que Cabanyelles hu-
bo de hacer todas las diligencias acostumbradas al efecto. Cuando la for-
mación de bandos alcanzaba cierta entidad, el gobierno de la
Monarquía era avisado de lo sucedido. Así, el regente envió un memori-
al con todos los datos al emperador, y una notificación al secretario
Cobos, para que desde la corte tomasen las últimas disposiciones sobre
la cuestión.
Don Álvaro, don Francesc Joan, don Baltasar Mascó, don Joan Boïl,
don Joan Vives (señor de Alcalá), los dos hijos del mestre racional y otros
caballeros valencianos protagonizaron diversos escándalos de los que re-
sultaron varias sentencias de muerte por proceso de ausencia promulga-
das por el duque de Calabria488. Por otra parte, don Joan Carrós, señor del
lugar de Cotes, y don Angel Crespí, señor del lugar de Sumacàrcer, se ha-
bían enfrentado. En consecuencia el alguacil Miquel Lluís Adzuara reci-
bió orden de personarse en aquellos lugares. Una vez allí debía publicar
sendos pregones de disolución de
los bandos que cada uno de los se-
487
ñores había formado. Los señores,
El gobernador Cabanyelles al comendador ma-
so pena de 5 000 ducados, debían
yor de Leó[Link], Estado-Francia, K-1700 f. [Link],
18 de agosto, 1541. despedir a las gentes que habían
488
Uno de ellos fue Alvaro de Madrigal, caballero ajustado y que, obviamente, se ha-
de la orden de Santiago, quien recibió palabra del rey llaban armadas. Debía arrestar a
de quedar asegurado —él y sus bienes— para perma- los que perturbasen y procurar que
necer en la villa de Monzón con toda la hacienda ne- entre ellos hubiese “fecunda” paz y
cesaria. ARV, Real, 325, f. 396-397; Monzón, 5 de julio,
1542.
tregua489.
489
ARV, Real, 1320, 129 vº-130 vº;Valencia, 7 de fe- El acoso sufrido por Pedro
brero, 1544. Cherta ofrece una cierta particula-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
161
ridad, pues este personaje era procurador fiscal y se hallaba intimidado
de tal manera por don Joan y don Acasio de Ribelles, que no osaba sa-
lir de casa. La cuestión no era ligera, pues tanto el rey como el príncipe
intentaron establecer garantías que, sin embargo, no produjeron al in-
teresado la sensación de seguridad que pretendían. El 9 de octubre de
1542 el emperador emitía al menos dos misivas en relación con este te-
ma. Una tenía como destinatario al duque de Calabria, y pretendía fa-
vorecer y amparar a Cherta. Incluso el virrey debería hablar, en caso ne-
cesario, con los Ribelles sobre la cuestión490. Otra era para el propio
Cherta:

“Entendido havemos que ha mas de dos años que estays retraido en uestra
casa sin hosar salir d·ella por miedo de algunas personas que diz que os tie-
nen mala voluntad a causa de cierta question de que un hijo vuestro fue in-
culpado, no embargante que vos diz que hayays mostrado y provado vuestra
desculpa e innocentia y hayays obtenido sentencia absolutoria en vuestro
favor (...) no es bien que por miedo de nadie esteys d·esa manera, siendo of-
ficial nuestro, sin poder exercer vuestro officio”491.

El emperador mandaba a su oficial que ejerciese con libertad su ofi-


cio, tal y como hacía con anterioridad al enfrentamiento con los
Ribelles. Ahora bien, las instrucciones dadas por el césar en Monzón,
eran contempladas de manera muy distinta por el procurador fiscal en
Valencia, quien seguía temiendo la presión ejercida por sus adversarios.
En efecto, no dejaron de pasar cinco años antes de que Pedro Cherta vol-
viese a recurrir al príncipe sobre la misma cuestión. Seguía retraído en
su casa junto con su hijo y, por supuesto no cumplía con sus obligacio-
nes. El príncipe escribía ahora, también desde Monzón, al regente de la
Cancillería y a los doctores de la Real Audiencia porque parecía ser que
no sólo no habían disminuido, sino que habían aumentado los recelos
de su oficial:

“[las personas] que los tienen amenaza-


dos, que es la casa de los Ribelles, es de
490
ARV, Real, 325, f. 477 vº-478 vº; Monzón, 9 de oc- hombres muy poderosos y de continuo
tubre, 1542. persiguen y opprimen al supplicante con
491
ARV, Real Cancillería, Cartas Reales, Juana reina, mayores amenazas y en tanta manera que
58; Monzón, 9 de octubre, 1542 y ARV, Real, 325, f. 478 aun ni ossa hablar algunas cosas que de-
vº-479. vria por su officio contra los dichos
492
ARV, Cartas Reales, príncipe Felipe, 35; Monzón, 9 Ribelles ni sus parientes ni sus ami-
de agosto, 1547. gos”492.
162 El príncipe decretó la protección de Cherta, de su hijo y su familia de
los Ribelles y sus amigos y daba un paso más tendente a la solución de
esta persecución que se desarrollaba ya durante más de un septenio, de-
cretando sin “retiçençia y escusacion” el arresto de los Ribelles hasta
que asegurasen que no continuarían acosando a Cherta. Asimismo, el
arzobispo y el gobernador Cabanyelles recibían instrucciones para que
Pedro Cherta y su hijo fuesen asegurados y pudieran salir libremente de
su casa, ejerciendo su oficio el procurador fiscal. Como ya había indica-
do al regente y los doctores de la Cancillería, los Ribelles debían garan-
tizar la seguridad de Cherta o ser detenidos hasta que la ofreciesen493.
Igual cometido recibía el “venerable inquisidor”494. Finalmente, el prín-
cipe concedía protección, guía y salvaguarda a su familia y bienes, man-
dando al duque que, siempre que lo requiriese Cherta, tomase las medi-
das oportunas para garantizarle su seguridad495. Más tarde, Pedro
Cherta, como procurador fiscal, fue puesto en residencia por el visitador
general don Diego Hernández de Córdova, suspendido en su oficio y, pa-
radojas de la vida, vuelto a recluir en su domicilio, esta vez por impera-
tivos de la residencia:

“En cumplimiento del mandato hecho por su Majestad, por provision del
muy alto y muy poderoso principe don Phelipe (...) tenemos deliberado de
vos poner en residencia, e para que mas libremente puedan pedir justicia
las personas particulares y universales de este Reyno que pretendieran es-
tar agrabiadas, vos suspendemos de dicho officio, y en nombre de su
Majestad os mandamos que dende el dia que esta provision hos fuese no-
tifficada, no useys ni exerçays el dicho officio ni casa alguna a el tocante,
el tiempo que la dicha residencia durare, señalandohos como por la pre-
sente hos señalamos para la dicha residencia las casas de vuestra morada,
que son de doña Beatriz de Bobadilla, sita en la calle de Cavalleros”496.

Don Ximén Pérez de Calatayud y don Ramón Lladró, según palabras


del licenciado Pedro de la Gasca, eran de los “que mas tienen y com-
prenden en esta ciudad y reyno” y debido a sus diferencias, se suscita-
ron bandos y banderías cuyo des-
pliegue, en unos momentos de
493
amenaza de la armada turca, hacía
ARV, Cartas Reales, príncipe Felipe, 36.
494
Ibidem, 37. temer por la seguridad del reino.
495
Ibidem, 44. Aunque el duque de Calabria in-
496
ARV, Real Audiencia, Procesos, Parte III, Apéndice, tentó mediar entre las partes, don
6061 fol. 66;Valencia, 17 de marzo, 1554. Ximén desafió en secreto a su con-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
163
trincante. Ambos se reunieron en el campo con sus respectivos hijos.
Según las referencias de Gasca, don Ramón, ya dispuesto para el des-
enlace y considerando que no había suficientes motivos para la acción
que iban a emprender, intentó disuadir a don Ximén, mas al parecer fue
sin efecto alguno, puesto que tras el combate quedaron heridos en tie-
rra el desafiador y su hijo don Luis, al tiempo que los desafiados salían
del campo sin hacer deshonor a los heridos; lo cual no fue una anécdo-
ta, pues don Luis continuaba obcecado en la venganza. El virrey y el vi-
sitador habían tratado la cuestión y acordaron como mejor solución que
el fogoso joven fuese llamado a la corte al servicio de su Majestad. Ante
la ausencia del lugarteniente general, fue el juez de residencia quien pro-
puso al secretario Cobos esta conclusión497.
Las cuestiones de honor en numerosas ocasiones no eran más que de-
rivaciones de litigios surgidos por
motivos económicos. En unos mo-
mentos en que gran parte de la no-
497
AGS, Estado-Aragón, 293 fol. 122;Valencia, 29 de bleza valenciana se hallaba enzar-
octubre, 1544.
498
zada en disputas con el duque de
Don Pedro Maza de Lizana Carroz y de Arborea
tuvo dos hijas, las cuales murieron sin descendencia. La Calabria por las consecuencias del
hermana de don Pedro, doña Brianda, renunció a sus caso Masquefà, una herencia, la de
derechos en favor de su sobrino don Juan, hijo natural doña Brianda Maza Carrós de
de don Pedro; empero don Juan Maza murió el 20 de Arborea, fue la que enfrentó al fa-
agosto de 1547, por lo que doña Brianda quedó como moso don Ramón Lladró, señor de
legítima señora de los estados de los Maza. La señora
Castalla con los Moscó y otros ca-
obtuvo privilegio del príncipe para disponer de la casa
de los Maza en usufructo, por lo que hizo entrega de balleros de la ciudad de Valencia.
ésta a don Ramón Lladró, señor de las baronías de En juego se hallaban los lugares y
Castalla y Picassent, sucediéndole en los señoríos de bienes pertenecientes a la mencio-
los Maza su hijo Baltasar Lladró. A esta donación se nada dama498. Los ánimos de am-
opusieron el conde de Almenara, don Juan Cascante y
bos contendientes se hallaban tan
don Luis Moscó, quien ya se había opuesto a la suce-
sión de doña Brianda tras la muerte de don Juan. exaltados que el obispo de Elna se
Finalmente, fue don Ramón Lladró quien, tras senten- veía obligado a dar cuenta al prín-
cia favorable de la Real Audiencia, confirmada por el cipe de lo sucedido, temiendo “que
Supremo de Aragón, tomó los estados de los Maza ba- no entren en una gran bandosidad
jo el nombre de don Pedro Maza, condición ésta im- que comprehendiera todo este rey-
puesta por doña Brianda. ROS BIOSCA, J. Mª. Historia
no”499. Dadas las vinculaciones de
de Fuente la Higuera Játiva, 1922; facsímil Burjassot,
1984, pp. 128-129. don Ramón con la gobernación de
499
AGS, Estado-Francia, K-1707 f. 98;Valencia, 13 de Orihuela, el visitador temía las im-
marzo, 1548. plicaciones que el litigio podía te-
164 ner en aquella zona. Don Ramón fue extraído de la jurisdicción eclesiás-
tica para ser vejado, según sus propias quejas, por el alguacil Gonzalo de
Céspedes, quien le había maltratado y encarcelado en una prisión no
acorde con su condición social: “teniendole en parte donde los mayores
facinerosos del mundo y de baxa condicion suelen estar”. Todo ello a cau-
sa de la cuestión de doña Brianda; por ello, Maximiliano y doña María
escribieron al duque de Calabria para que les informase sobre los pre-
tendidos agravios que se habían cometido con don Ramón. Asimismo los
reyes de Bohemia ordenaron al duque que proveyese lo necesario para
que no le sucediese a don Ramón “algun acto irretractable ni irrepara-
ble”500.
Parejo al anterior conflicto, se suscitaba otro en Valencia, aunque es-
ta vez parece que por cuestiones estrictas de honor. Don Juan Luis de
Vilarrasa501, sobrino del “portantveus” don Joan Llorenç, después de seis
meses de convivencia con la hija de don Gaspar de Monsoriu, señor de
Estivella, dijo que no la quería por mujer, lo que le llevó a enfrentarse di-
rectamente con don Gaspar y don Guillem Ramón de Monsoriu. La cau-
sa del matrimonio fue llevada ante el arzobispo de la ciudad, pero ello
no evitó que, de nuevo, la ciudad de Valencia se escindiese en dos ban-
dos. Enterado el príncipe, escribió al mencionado “portantveus” don
Joan Llorenç de Vilarrasa para que tuviese en arresto a su sobrino Juan
Luis hasta que se dispusiese sobre el caso502. El duque de Calabria, a su
vez, fue llamado a intervenir en el
caso. Informado el príncipe de que
500
por los fueros del reino no podía
ACA, Cancillería, 3991, f. 36vº-37;Valladolid, 28 de
mayo, 1549. mandar hacer las paces, dio ins-
501
Este era hijo de don Lluís de Vilarrasa, ya difun- trucciones al virrey para que orde-
to, sobrino del gobernador don Joan de Vilarrasa y se- nase treguas reales por tiempo de
ñor de Faura. El carácter impetuoso de este joven se seis meses. Durante ese plazo, el
manifestaría de nuevo en 1550, cuando por proteger a lugarteniente general debía tratar
un morisco se vio procesado por la Inquisición.
Soslayada la causa por el Santo Oficio, su arrogancia le
de pacificar los bandos y solucio-
llevaría a tener nuevos problemas con la Santa. El clan nar la cuestión503.
familiar y de amistades de la nobleza de Valencia le lle- Mas no parece que las gestiones
varía a un relativo triunfo sobre el [Link], del duque de Calabria resultasen
Bernard Minorías y marginados en la España del siglo enteramente satisfactorias. Cuando
XVI, Granada, 1984, pp. 199-214.
502
el obispo de Elna realizaba su visita
ACA, Cancillería, 3981, f. 170-170 vº; Madrid, 7 de
marzo, 1547. en Valencia, los ánimos estaban
503
Ibidem, f. 170 vº-171. bastante revueltos y los caballeros
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
165
mantenían reuniones secretas. Cuando daba cuenta al poder central, mos-
traba el mismo temor que todos los representantes u oficiales del poder re-
al ante estos episodios: que se produjese una reacción incontrolada capaz
de enzarzar entre sí a los militares del reino. Presente estaba aún la re-
vuelta agermanada en el recuerdo, y el temor a una segunda germanía obli-
gaba al poder real a ser cauto ante los estallidos que podían arrastrar en su
torbellino a un conflicto generalizado. Miguel Puig lo expresaba clara-
mente:

“Son cosas que si no se remedian de presto (...) se ensendera tan gran fue-
go que con fatiga se podra apagar. Y podria venir a tanto que seria una se-
gunda germania como fue en tiempo de las comunidades. Y como este
pueblo sea amigo de novedades, aparejado para semejantes cosas, con
muy poca dificultad se le disuara con gran danyo d·ellos mismos”504.

Sin embargo, la fogosidad nobiliaria seguía prendiendo: los oficiales


del conde de Albaida habían llegado a hacer una congregación de qui-
nientos hombres, los cuales habían ido a los lugares de don Guillem de
Bellvís y de don Pedro de Bellvís, profiriéndose diversos insultos. El su-
brogado del lugarteniente de gobernador “dellà lo riu de Xúquer” se pre-
sentó allí para extinguir el fuego de las bandosidades que ya se oteaba
en el horizonte, pero se encontró con la resistencia de la gente. Ante la
gravedad de la situación el regente Cabanyelles ordenó al vergueta
Antoni Roca que se desplazase a Xàtiva para recibir del mencionado su-
brogado y sus oficiales toda la información que tuviesen sobre el caso505.
Aunque pueda parecer que el conflicto de los Masquefà había tenido
un efecto de catarsis sobre los militares del reino, ésta no fue la única
contienda en la que se vieron involucrados los nobles valencianos. Los
tribunales no resultaron suficientes para aplacar las cuestiones de ho-
nor y económicas, que entre los aristócratas valencianos se suscitaban y
durante este período no fueron pocos los nobles que continuaron recu-
rriendo a la violencia para saldar sus diferencias, aunque con una viru-
lencia menor a la que se produciría en décadas posteriores. La particu-
lar gravedad de estos enfrentamientos radica en que no sólo afectaban
a los principales, sino que se formaban los consecuentes bandos y con
los señores padecían las enemista-
das sus vasallos y lugares. Ahora
504
AGS, Estado-Francia, K-1707 f. 98. bien, la violencia nobiliaria que
505
ARV, Real, 1322, f. 71 vº-72. sufrió el reino de Valencia en estos
166 años no parece que resista la comparación con la experimentada du-
rante el mismo período en Cataluña, en donde el virrey Francisco de
Borja tuvo que sofocar tres potentes focos de conflictividad nobiliaria506.
Asimismo, el bandolerismo nobiliario hasta 1553 fue sensiblemente in-
ferior al de los decenios posteriores. De hecho, los duques de Maqueda
y de Segorbe se vieron obligados a publicar bandos y pragmáticas duras
contra los nobles que, abusando de sus privilegios acudían a la violencia
para solventar sus diferencias507. Si bien es cierto que con anterioridad a
la mencionada fecha de 1553 había estallado el asunto Masquefà, no hu-
bo necesidad de recurrir hasta dicho año a bandos genéricos prohibien-
do la violencia militar.

506
GARCIA CARCEL, Ricardo Historia de Cataluña.
Siglos XVI-XVII vol. II, pp. 56-59.
507
SALVADOR LIZONDO, Mª D. Los virreinatos de
los duques... p. 50.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
167
CAPÍTULO IV

EL ESTAMENTO REAL:
LOS MUNICIPIOS DE JURISDICCIÓN REAL

Los grandes municipios, las ciudades y villas reales, constituían al-


go parecido a lo que hoy se concibe como “grupos de presión”, quizá
por ser las ciudades los núcleos de población que, desde los tiempos
de la constitución del reino cristiano de Valencia, albergaban un ma-
yor número y porcentaje de cristianos viejos, amén de constituirse en
puntos de concentración de la riqueza. Las ciudades, con una in-
fluencia creciente desde la Edad Media, pugnaban por obtener una
mayor participación en el gobierno, tendiendo en todas partes a cons-
tituirse en repúblicas municipales. Si en el Mediterráneo se daba un
predominio del ámbito urbano, Valencia, como recordaba Maravall,
no era una excepción508. La inercia que las llevaba a convertirse en un
estado dentro del Estado se vio atemperada por el surgimiento del po-
der absoluto del príncipe. Sin embargo, aunque permanecieron, ge-
neralmente, sometidas al gobierno territorial, éste no pudo despre-
ciarlas, pues las necesitaba para obtener las finanzas con que subve-
nir al Estado509.
Pero ya a nivel europeo, las ciudades no respondían a las exigencias
históricas del momento. Las necesidades comerciales de las urbes des-
bordaban su propia área de influencia, pues no podía suministrar ni los
alimentos necesarios ni el conjunto de medios materiales y de recursos
humanos que las nuevas iniciativas colectivas exigían510. Era preciso en-
sanchar el estadio de autosuficiencia urbana para alcanzar los horizon-
tes propuestos por la sociedad renacentista emergente. En ese contexto
el príncipe se sobrepuso a las ciu-
dades y la presión en el ámbito his-
508
pánico fue mucho mayor. El pode-
MARAVALL, J.A. Estado Moderno..., t. I, p. 87.
509
PIRENNE, H. Las ciudades en la Edad Media. río español, señala Anderson, obs-
Madrid, 1980, pp. 148-149. taculizó el dinamismo de las ciuda-
510
MARAVALL, J.A. Estado moderno..., p. 89. des de la Italia del norte y de la mi-
168 tad de los Países Bajos511, aunque hay que matizar que los municipios va-
lencianos ya habían sufrido con anterioridad las injerencias del sobera-
no. Amén de los tradicionales aportes económicos de los municipios al
emperador por medio de préstamos y subvenciones en Cortes, las toda-
vía recientes revueltas agermanadas supusieron fuertes imposiciones
económicas —composiciones—512 y políticas. La presión política del em-
perador en los municipios se tradujo en la pérdida temporal de la capa-
cidad de autoelección de sus representantes, pero, en todo caso, signifi-
có el aumento de la inserción del poder central en el control de los mu-
nicipios del país.

4.1. LA CIUDAD DE VALENCIA ANTE LAS PRESIONES


DEL EMPERADOR

Las motivaciones para acercarse a algunos aspectos de la municipa-


lidad de la capital del reino son muchas. El hecho de ejercer Valencia co-
mo núcleo y capital del reino, su enorme presión demográfica y econó-
mica que se traduce a su vez en apuesta política, son algunas de las cau-
sas que impiden obviar las relaciones que la ciudad establecía con el po-
der central, las diversas instancias del reino y, por qué no, con las otras
ciudades y municipios valencianos.
Es por ello que, en primer lugar, se considera la desavenencia surgi-
da en torno a la designación del racional por parte del rey. Este oficio de
racional era sumamente importante en el municipio; de hecho, este fun-
cionario era el verdadero hombre del monarca en el consistorio; de ahí
que por la provisión de esta vacante se desatasen ciertas hostilidades en-
tre los ediles y el poder central, al que el virrey asistirá como ejecutor de
la voluntad real. Otro punto de fricción se suscitará con motivo del ju-
ramento del príncipe en las Cortes de Monzón de 1542. La ciudad con-
siderará un auténtico contrafuero el hecho de que el don Felipe jure sin
haber visitado la ciudad. En am-
bos casos, la pugna por el raciona-
511
ANDERSON, P. El Estado..., p. 56. lato o la jura del heredero, acabará
512
Las composiciones o multas que se impusieron a imponiéndose la aplastante fuerza
las ciudades, gremios y particulares como castigo por las de la voluntad real. Entre los en-
revueltas agermanadas, se hallan exhaustivamente expli-
citadas en el apartado “Composiciones” del capítulo
cuentros no conflictivos se hallan
“Jurisdicción civil y criminal” en PINILLA PEREZ DE TU- las embajadas que por diversas cir-
DELA, R. El virreinato conjunto de doña Germana de Foix...” cunstancias los ediles dirigieron al
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
169
soberano y la visita real que el emperador y el príncipe giraron a
Valencia tras la celebración de las Cortes de 1542. El análisis del présta-
mo que la ciudad realizó al soberano en 1548 con el respaldo de las vi-
llas reales, y la actuación del visitador Miguel Puig, cierran el apartado
específico de la ciudad de Valencia.
La formación de los gobiernos en las ciudades y villas reales tendía
hacia el procedimiento de la insaculación, pero no todos los municipios
reales habían adoptado este método. La ciudad de Valencia, por ejem-
plo, se regía por el procedimiento de la “ceda”, mientras que otras villas
lograrían este sistema de provisión de cargos durante el reinado del em-
perador.

***

En las relaciones del monarca con la capital valenciana es clave la fi-


gura del racional. Este oficial servirá de instrumento para que el mo-
narca acceda a controlar los resortes del municipio; de ahí que la elec-
ción de dicho cargo sea de gran interés para la Corona. La importancia
de este oficio motivará que en 1538, en torno al nombramiento del ra-
cional, se mantenga un pulso abierto entre el monarca y los jurados de
la ciudad. El seguimiento de este desacuerdo hasta su culminación deja
entrever la correlación de fuerzas efectivas de cada una de las partes im-
plicadas. Así, la pretensión de los jurados de hacer cumplir la normati-
va foral chocará frontalmente con los intereses del césar, quien median-
te la aplicación de la presión adecuada sobre los jurados conseguirá que
el antiguo racional continúe prestando sus servicios; por lo que en la
desavenenciua establecida entre la ciudad y el emperador, sólo habrá un
vencedor: este último. Al virrey le corresponderá ejercer totalmente su
papel de transmisor y ejecutor de la voluntad real.
La elección de racional en los albores del siglo XVI no estuvo ausen-
te de polémica, por las divergencias entre los puntos de vista de la mo-
narquía y de la ciudad; así ocurrió con la elección de estos altos funcio-
narios Nicolau Benet Dalpont (1516) y Vicent Çaera (1520)513. En 1535,
cuando se cumplía el trienio de
Nicolau Benet Dalpont, se proce-
513
FERRERO MICO, R. La Hacienda municipal va- dió a la elección de nuevo racional.
lenciana durante el reinado de Carlos [Link], 1987, p. En el consejo general celebrado el
44. 9 de julio, el “jurat en cap” notificó
170 la carta recibida del rey por la que éste indicaba que “ponreys al dicho
Joan García en la possessión e exercicio del dicho officio de Racional”514.
Será en 1538, finalizando el primer trienio de Joan García, cuando en-
trarán en colisión los intereses del gobierno de la Monarquía y los del
propio municipio al intentar el monarca prolongar el racionalato de
García frente al criterio de los jurados que consideraban antiforal la pre-
tensión regia.
Fernando II de Aragón en las Cortes de 1510 había prohibido median-
te acto de corte que nadie fuese elegido en el oficio de racional por más de
un trienio, pues caso de producirse el nombramiento no se haría efectivo.
Con esta medida, el rey Católico esperaba obviar el hecho de que la pro-
longada familiarización del oficial con el cargo pudiese llevar a tentacio-
nes de desfalco. Con todo, el emperador, alegando los buenos oficios del
mencionado racional, mediante carta del 26 de julio, pretenderá que los
jurados vuelvan a elegir a Joan García515. Los jurados responderán con to-
da celeridad adjuntando la relación de personas hábiles para el ejercicio
del oficio516 y desoyendo abiertamente la llamada del emperador. Esta res-
puesta era un desacato a la llamada de Carlos V. La reacción del sobera-
no fue escribir a su virrey dándole instrucciones precisas respecto a la
elección del mencionado funcionario. De acuerdo con las directrices reci-
bidas, el duque de Calabria informará cumplidamente al monarca de los
sucesos acaecidos en Valencia en la elección del racional. De hecho esta-
ba obligado a hacerlo, ya que había recibido cartas del monarca al res-
pecto de la votación de dicho agente. El duque informaba que en el con-
sejo que se celebró en la ciudad el 14 de agosto “vispera de la Assumption
(…) hize presentar por el bayle general, como se acostumbra, la carta de
Vuestra Magestad para los jurados y consejo”517. Con lo cual, el virrey se
constituía en el verdadero nexo entre el municipio y la Corona; quedando
el baile como figura protocolaria que informaba al consejo.
Según el virrey, algunos ciudadanos pretenderían el oficio de racio-
nal, “de juro y de heredad”, tenien-
do “algo amotinados” a los jura-
514
AMV, Manuals de Consells, A-68, ff. 58-59; en dos. Consecuentemente, los ediles
Ibidem, p. 45. se mostraron reacios a efectuar las
515
AMV, Cartas Reales, h3-4, f. 64; en Ibidem, p. 46. órdenes reales. Los que habían
516
Ibidem, p. 46.
517
Informe del duque don Hernando de Aragón a “procurado este motín” eran los
Su [Link], Estado-Aragón, 276, f. 66; Valencia, 19 candidatos que los jurados incluí-
de agosto de 1548. an en su misiva. De los tres pre-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
171
tendientes, dos habían sido racionales, y para el lugarteniente general
no habían desempeñado su oficio con la suficiente diligencia como pa-
ra repetir en el empleo, pues “entre otros daños que por culpa d·estos es-
ta ciudad ha recevido, es la perdida de seys mil ducados o poco menos
que perdio en la claveria de Malrique”518. Las cartas del rey y las infor-
maciones del duque enconaron todavía más a los jurados que “por la
causa susodicha pusieron mucha dificultad y contradiction”. El virrey
autorizó a los regidores a consultar directamente al monarca. Con ello
esperaba forzar la aceptación parcial del candidato regio, pues durante
el tiempo que la consulta directa exigía, Joan García regiría temporal-
mente el oficio, cumpliéndose así las órdenes del soberano. Sin embar-
go, la invitación mediadora del virrey no llegó a aceptarse, pues “ni es-
so haun quisieron hazer, antes en el consejo propusieron de tal manera
que los consejeros no tubieron libertad de encomendar el dicho officio
a Joan Garcia, y en el mismo consejo propusieron que se hiziesse em-
baxada para contradezir a esta nomination fecha por vuestra magestad
de la persona del dicho Joan Garcia; y a la fin, queriendo hazer en con-
clusion, se hallo que no havia numero sufficiente de consejeros para
concluhir, por donde el negocio quedo sin resolucion”519.
En vista de los acontecimientos, el lugarteniente general ordenó
otro consejo general para el 20 de agosto. En efecto, ante el fracaso de
las negociaciones, el virrey consideró que había llegado la hora de im-
poner el criterio del césar forzando, por dicho motivo, la elección del
candidato oficial. Todo este asunto había supuesto para el virrey, “mu-
cho desacatamiento de vuestra Magestad y de su preheminentia y pos-
session, que es de nombrar racionales, no solo para hun triennio, em-
pero para dos y mas”.
Los jurados, reunidos con sus asesores y candidatos a racional, deci-
dieron realizar el cónclave, pero sin incluir la elección de Joan García en
el orden del día. Eso sí, propusieron que para los gastos de embajada po-
drían desembolsar 1 500 ducados, llegando alguno de los presentes a vo-
tar que se les diese facultad para gastar hasta 4 000 ducados520.
El conflicto por la elección del racional coincidió temporalmente con
el ataque turco a la Vila Joiosa.
Cuando el virrey solicitó a la ciu-
518
Ibidem.
dad ayuda material para hacer
519
Ibidem. frente a la incursión, con la pro-
520
Ibidem. mesa de que el rey devolvería el di-
172 nero adelantado, los jurados respondieron que “la ciudad no tenia pos-
sibilidad”. El duque se lamentaba porque “a la postre, me offrescieron
quatrozientos hombres pagados por quinze dias, haziendo cuenta que
no se havia de effectuar este offrescimiento porque para esto havian de
convocarse muchos”521. El lugarteniente general juzgó escandaloso el he-
cho de que no hubiese dinero para las necesidades generales, tales como
la defensa del reino, y que el erario de la cosa pública sirviese para cum-
plir pasiones particulares. Con ese motivo propuso al rey que escribiese
a los jurados ordenando que, no obstante las razones alegadas por ellos,
si no se había realizado la elección de Joan García, la hiciesen sin más
dilación, y que, en lugar de gastar en embajadas, lo hiciesen en cosas ne-
cesarias, como la defensa del reino contra los moros. El Llibre de
Memòries recoge parte del proceso y, sobre ello, realiza los siguientes co-
mentarios:

“A 2 de Agost 1538 arriba lletra de Sa Magestat manant que Juan García fos
confirmatr en lo offici de Racional, ab carta Real dada en Barcelona a 26 de
Juliol 1538, y replicant la Ciutat, torna lo Rey ab altra carta de molt senti-
ment a manarlo de nou, y axí fon dos triennis Racional ( ... ) La segona lle-
tra fon dada a 28 de Agost 1538 en Valladolit”522.

El mismo Carreres Zacarés, a pie de texto comenta: “Es tractà aques-


ta qüestió en el Consell de 20 d’agost; l’Emperador en una lletra de 28 d’a-
gost, contestant a altra dels Jurats del 30 de Juliol els diu: ‘E no solo no
tuvistes consideracion y respeto a cumplir lo que hos mandamos pero ni
aun distes lugar a que entretanto que se nos consultava sobre ello el di-
cho Joan Garcia tuviesse encomendado el exercicio de dicho officio’”
La misiva imperial adquiere el tono admonitorio sugerido por el du-
que “mostrandoles algun sentimiento de lo hecho por ser todo en deser-
vicio de Vuestra Majestat y real preheminencia”. Asimismo, la postrera
carta real recoge los temas apuntados por el lugarteniente: “Si cuando
esta carta recibides no lo huviereis executado (...) sin otra dilación o du-
da alguna ni esperar otra carta o consulta nuestra hagays la elección del
dicho Joan García para el dicho
oficio de racional por el trienio
521
que os esta mandado”523. La misiva
Ibidem.
522
CARRERES ZACARES Llibre de Memories..., p. 844.
imperial dio el resultado previsto y
523
AMV Cartas Reales, h3 4, f. 64, en FERRERO MICO, los jurados y el consejo eligieron
R. La Hacienda..., p. 46. en 3 de septiembre como racional
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
173
a Joan García, jurando en dicha fecha el cargo524. Cabe preguntarse cuál
fue la razón que motivó el “viraje” de los ediles municipales. El esque-
ma de actuación, como se aprecia en otros episodios, no es único. A una
iniciativa real, corresponde una airada reacción municipal; ante las nue-
vas órdenes del gobierno de la Monarquía, el grupo municipal, a rega-
ñadientes, haciendo todos los considerandos oportunos y convenientes,
acepta. Quizá, porque en última instancia, en el municipio intuían el re-
lativo poder e importancia que podían arrogarse frente una monarquía
que alcanzaba los visos de la universalidad, y de cuya manu militari ha-
bían tenido la amarga experiencia de las Germanías. Por ello, cuando el
virrey propone al emperador la misiva “definitiva”, asegurándole que ya
no se atreverán a desobedecerle, lo hace consciente de que “no obstan ni
aran las manos a Vuestra Magestad”.
No obstante, el elemento de fuerza con que el emperador pudiera
contar para hacer prevalecer sus deseos, tampoco iba desprovisto de ar-
gumentos jurídicos. En la sección de Estado del Archivo de Simancas se
halla un informe, rebatiendo los razonamientos de los jurados que pre-
tendían que el oficio de racional siempre se había cumplido por trienios.
En él, se establecen los precedentes de ejercicio del racionalato durante
más de un trienio a lo largo del siglo XV. Se rebate el argumento que la
ciudad esgrimía, pretendiendo valer el acto de corte del rey Católico
efectuado en las Cortes de 1510, porque se había efectuado a súplicas de
los brazos eclesiástico y militar y con los votos en contra del brazo real.
Además, fue el propio rey Católico quien proveyó tres trienios continuos
a Joan Figuerola, no pudiendo culminar el último por habérsele reali-
zado proceso. Después de las libertades que los jurados se tomaron en
1516, cuando el rey aún se encontraba en Flandes, y de las conmociones
populares, una carta real de 1523 estableció que, “todas las cosas que to-
caban al officio de racional volbiessen y fuessen reduzidas al estado en
que eran en tiempo del rey Catholico”525. Alegaba el experto que, por vir-
tud de la mencionada carta, los racionales, al jurar, lo habían hecho no
según los establecimientos ordenados por los jurados, sino conforme a
los mandatos del rey Católico. Las
conclusiones eran tajantes:
524
CARRERES ZACARES, Llibre de Memories..., p. “Por lo susodicho, paresce que su
844. Magestad libera facultad de nombrar la
525
Informe anónimo sobre “Lo que se pretiende por persona que le paresciera, y no solo para
parte de los jurados...” AGS, Estado-Aragón, 276, f. 67, hun triennio, empero para dos y mas. Y no
174 se deve dexar de dezir, que si la persona que ha regido hun triennio este officio
es persona legal y tal que de su govierno la ciudad haya recevido beneficio, y se
espere que ha de ser bien governado el officio, la ciudad deva interceder por el,
porque es cierto que mas obra el continuando lo principiado que otro que ven-
ga de nuebo, por ser incierto el fruto que hara”.

Si el racional había adquirido desde finales del siglo XV un puesto


político preponderante, la pugna que se estableció entre el poder central
y el poder municipal en torno a este cargo confirma que la tendencia se
había afianzado durante el siglo XVI, convirtiéndose en uno de los ofi-
ciales de confianza del monarca.
Joan García, después de su azarosa elección, ejerció su oficio hasta
1542. En enero de ese año el virrey escribía al comendador mayor de
León, comunicándole las murmuraciones y descontento que se cernía so-
bre la ciudad, debido al tiempo excesivo en que Joan García estaba al fren-
te del cargo. Por ello, sugería el nombre de Baltasar Granulles como can-
didato para dicho cargo público, previniendo asimismo las objeciones
que le encontraba: ser “de condicion aspera y muy arrimado, que para
Cortes podría dar trabajo”, así como el haber alegado “corona” en algu-
na ocasión526. De manera que, diplomáticamente, el virrey no se com-
prometía demasiado apostando por este personaje: “supplicando a vues-
tra merced que si el dicho Granulles no conviene para el tal officio, que
se provea en otro, pues no se çuffre estar de la manera que agora esta”.
Baltasar Granulles fue elegido para el trienio 1542-1545. En un bre-
ve informe, enviado probablemente al comendador mayor de León, se
adivina el papel del racional como agente u hombre del rey en el ayun-
tamiento: “por otra tengo hecha relacion a vuestra señoria de lo que
aqua passava sobre la comission que su Magestad me mando dar para
ver como se suministrava el patrimonio d·esta ciudad, que principal-
mente es de su Magestad”527. En su relación indicará cómo sus investi-
gaciones están molestando a aquellos que han tenido que ver en la ad-
ministración del patrimonio real, ya que “lleva camino de verse” el re-
sultado de sus pesquisas. Por ese
motivo, los que estaban compro-
metidos, como no podían impedir
526
AGS, Estado-Francia, K-1628, f. 160;Valencia, 11 de las investigaciones en Valencia,
enero, 1542.
527
preparaban una embajada a la
Baltasar Granulles, racional de Valencia, al “muy
illustre señor”.AGS, Estado-Aragón, 287, f. 219; Valencia, 26 Corte “para que su Magestad man-
de marzo, 1543. de revocar la comission para que
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
175
no se pueda ver la verdad, ni su Magestad saber lo que en esta ciudad
se ha hecho hasta hoy en las cosas de la tabla y en lo demas”. Para
Granulles era muy importante transmitir el estado de depravación en
que se hallaba el consistorio valenciano, por lo que decidió enviar a don
Pedro Juan para que informase directamente de este asunto; incluso el
racional llegó a ofrecerse para, llegado el caso, explicar él mismo el es-
tado de la hacienda municipal en la corte, no obstante la importancia
de su presencia en Valencia para el servicio del cargo. La idea reitera-
da por el racional de la dilapidación del patrimonio real acaso preludia
la venida del visitador Pedro de la Gasca. Cuando, otro visitador fisca-
lice las cuentas de la ciudad —el obispo de Elna—, volverán a suceder-
se las informaciones sobre los fraudes a la cosa pública en el munici-
pio.
Faltando poco para que expirase el racionalato de Granulles, el virrey
volvió a emitir expediente sobre el oficio de racional de la ciudad de
Valencia, abogando de nuevo por Joan García. En el fragmento que a
continuación se extrae, puede apreciarse el mecanismo interno por el
que se proveía el racional: informes desde el poder territorial y nom-
bramiento desde el poder central. Cabe anotar que las sugerencias del
virrey acerca de los candidatos idóneos al oficio de racional no fueron
vanas.
“Suplicarle que en lo del offiçio de raçional d·esta çiudad se provea con bre-
vedad por cumplir su trienio el que agora rige a los treze de abril primero ve-
nidero, y es bien que para entonçes se halle aqui la çedula y provision para
que el que hoviere de entrar en su lugar al regimiento del dicho offiçio; çer-
tifficando a vuestra merced, que ninguno he hallado tan abil (sic) y suffi-
çiente para el dicho offiçio como es Joan Garçia, por quien ya tengo escri-
to”528.

García volvió a ejercer el racionalato en el trienio 1545-1547. El prín-


cipe había mandado escribir a Valencia para comunicar que tenía infor-
mes muy buenos sobre él: “en quien concurren la abilidad y otras quali-
dades que se requieren para el
buen regimiento del officio de ra-
cional”; por lo que, habiendo des-
528
El duque de Calabria al señor comendador mayor empeñado el oficio en otros trie-
de Leon. AGS, Estado-Aragón, 297, f. 151; Valencia, 31 de
nios, quería que lo ejerciese tam-
marzo, 1545.
529
ARV, Real, 329..., f. 100-100 vº;Valladolid, 9 de abril, bién en el siguiente529. El príncipe
1545. ordenaba que en el momento debi-
176 do lo eligiesen y nombrasen racional de la ciudad para el trienio siguien-
te, el cual debía iniciarse el día en que cesase Baltasar Granulles530.
Se ha indicado la misión del racional como hombre del rey en el ayun-
tamiento; pero esa posición indicaba que, en última instancia, se hallaba
presionado por la autoridad del municipio, del cual había sido extraído, y
por la autoridad del monarca, que en definitiva era quien le había ratifi-
cado en su puesto. Por eso su papel era, en cierto modo, de mediador. De
ahí que, en ocasiones, cuando se dirija al poder central, su función de in-
formador incluya la de intercesor o valedor del municipio. Es por ello que,
cuando Joan García escriba en 1545 al secretario Gonzalo Pérez, afloren
unas significativas expresiones de soledad o incertidumbre por no haber
llegado las instrucciones de la corte, por no haber obtenido respuesta a
sus reiteradas misivas: “Estoy el mas espantado hombre del mundo por-
que con toda verdad tengo scritas hasta hoy cinco o seys cartas y de nin-
guna tengo respuesta”531. Varios eran los asuntos que inducían al racional
a reclamar la atención del secretario. Comunicaría la elección que los ju-
rados de la ciudad habían hecho en la persona de Gonzalo Pérez para tra-
tar en la Corte e informaría de la gran penuria de trigo que atravesaba la
ciudad. Ante las noticias que del rey se habían recibido en la ciudad, man-
dando embargar las naves que se encontraban en el reino, Joan García
ejercería su papel de valedor, exponiendo que dichas órdenes vendrían a
agravar la situación por no poder desplazarse las embarcaciones a Sicilia
en busca del preciado grano, con el “grandissimo peligro que se puede se-
guir”. Estas disposiciones habían originado una auténtica oleada de car-
tas de los diversos organismos del reino: el virrey escribía al mencionado
secretario y al príncipe, los jurados, a su vez, se dirigían al secretario
Gonzalo Pérez, así es que el racional se veía apremiado “como mas servi-
dor de vuestra merced” a informar y suplicar a Gonzalo Pérez que “en-
tienda en el remedio d·esta nuestra necessidad con la diligencia y volun-
tad que todos confiamos”.
En otra misiva el racional inci-
diría en el sentimiento de soledad,
nacido de la esterilidad de su ta-
530
ACA, Cancillería, 3984, f. 4 vº;Valladolid, 8 de abril, rea. Era, posiblemente, el mismo
1545. estado de abandono experimenta-
531
“Joan Garcia, racional de Valencia, al muy reveren-
do y muy magnifico señor mossen Gonçalo Perez, secre- do por aquellos hombres del rey
tario y del consejo de su Magestad. AGS, Estado-Aragón, que habían tratado de tomarse en
297, f. 137;Valencia, 30 de noviembre, 1545. serio su tarea. En cuanto a los
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
177
contenidos propiamente dichos, además de reseñar la dificultad de co-
municarse con el poder central, apunta el desastroso estado de las “co-
sas d·esta ciudad”:
“Yo dejo de escribir muchas veces a V. M. porque se le sobran los negocios
y la falta de tiempo para ellos. Deseo en extremo se ofreciese disposicion
y lugar para informar de palabra a V. M. de las cosas desta ciudad, las cua-
les no tienen remedio, porque no venga en algún daño y enconveniente.
Yo, senyor, no dexo de hacer todo lo que puedo en mi officio, y pues por
carta es imposible poder dar a V. m. la información que conviene, dexo de
escribir más en ello”532.

A la muerte, en 1547, del racional Joan García533, los jurados que


permanecían en la ciudad escribieron a sus compañeros desplazados a
Monzón para que estuviesen cabe el virrey y con el fin de lograr que el
príncipe nombrase a su candidato534. En ese sentido se dirigieron, igual-
mente, al virrey y al príncipe en diversas ocasiones para que se nom-
brase el racional de la ciudad. Los jurados expondrían la necesidad que
la ciudad tenía de dicho oficial,
principalmente a causa de la “tau-
la” y de los muchos deudores que
532
Misiva fechada el 21 de abril de 1546. GONZA- tenía. Por ello, el “Consell” había
LEZ PALENCIA, A. Gonzalo Pérez, secretario de Felipe II.
Madrid, 1956, p. 57.
encargado dicho oficio a Guillem
533
CARRERES ZACARES, S. Llibre de Memories..., p. Ramon Çaera, “persona que vostra
857 anota que en “El Consell de 8 de juny” fueron nom- Excellencia coneix molt be y en
brados “per a representar la Ciutat en les corts convo- qui cab molt be la dita comanda”,
cades a la vila de Montçó, per al 23 de juny, ensemps ab ya que conocía muy bien las cosas
En Joan Garcia, ciutadà Racional...” Sin embargo, no llega-
ría a representar a la ciudad, pues el 29 de julio del mis- de la ciudad y ya había ejercido
mo año los jurados escribirán una carta al virrey y otra como regente del racionalato a la
semejante al príncipe, comunicando, además de las in- muerte de Joan García. Los jura-
cursiones piráticas turcas y de los altercados de los mo- dos concluían la súplica de “voler
riscos, la muerte del racional, suplicando a Su Alteza que nos procurar que Sa Altesa nome-
provea persona para dicho oficio (AMV, Lletres missives,
g3-50). Al Escellentissimo (...) don Ferrando de Arago; ne tal persona per al dit offici”535.
Valencia, 29 de julio, 1547; y, Al molt alt (...) don Felip, Guillem Ramon Çaera, según los
princep de Arago,Valencia, 29 de julio, 1547. Para FERRE- deseos de los ediles, sería nombra-
RO MICO (La Hacienda..., p. 79), el racionalato de Joan do racional de la ciudad. La docu-
García perdura hasta 1548.
534
mentación coetánea así lo atesti-
AMV, Lletres missives, [Link] jurats de Valencia
en Monç[Link], 31 de julio, 1547. gua. En carta destinada por los ju-
535
A don Ferrando de Arago. Ibidem, Valencia; 31 de rados al racional sobre los im-
julio, 1547. puestos de Sicilia, se dirigirán al
178 “molt magnifich senyor en Guillem Ramon Çaera, rational e enbaixador
de la insigne ciutat de Valencia en cort”536.
En los finales del virreinato y de su vida, la opinión de Fernando de
Aragón para el nombramiento del racional de Valencia pareció no con-
tar con la total anuencia de Valladolid. Los reyes de Bohemia, escribie-
ron al duque para indicarle que su recomendado para el oficio de racio-
nal para el trieno siguiente Joan March, no había obtenido el “placet” de
la Corte. Consideraban que la adhesión que el mencionado March ma-
nifestaba a Jerónimo Masquefá, podía ser un obstáculo para el cobro de
las deudas que la ciudad tenía; ya que la ciudad, según los reyes, se ha-
llaba interesada en el tema y había “otras circunstançias”. No obstante,
antes de decidir, los lugartenientes generales de la monarquía hispánica
habían querido consultar con él. Con todo, le indicaron que querían evi-
tar a toda costa un rompimiento en la ciudad537.

***

Otro “coup de force” de los jurados con el rey se produjo durante las
Cortes generales de 1542, a raíz del juramento del príncipe. El empera-
dor pretendía que los estados de la Corona de Aragón jurasen a don
Felipe como príncipe, cuestión que fue considerada por los ediles de la
capital como contrafuero. Los jurados que ostentaban la representación
de Valencia en las Cortes remitieron a sus colegas una misiva el 21 de ju-
lio del mencionado año, en ella comunicaban el estado de las diferentes
negociaciones que se tramaban en la asamblea, pero también hacían
mención explícita al deseo imperial respecto al mencionado juramento.
Por ello, sin dilación de tiempo, el 27 de julio contestaban los jurados
desde Valencia, dando instrucciones a sus correligionarios en Monzón.
Confiaban en que los representantes en las Cortes no ignorarían nada
que fuese necesario para la conservación de las libertades, favores, pri-
vilegios y fueros de la ciudad y rei-
no de Valencia, por lo que “nosal-
tres no tenim necessitat de parlar
536
Ibidem, Valencia, 8 de febrero, 1548. en dit regne, sino dexar·ho tot a la
537
ACA, Cancillería, 4281, f. 248 vº-249;Valladolid, 6 prudencia, providencia e discrecio
de octubre, 1550.
538
“Als jurats, advocats e sindichs de la ciutat de
de vostres merces”538.
Valencia en Monco”.AMV, Lletres missives, g3-49, f. 104- El 26 de agosto de 1542 los ju-
104 vº;Valencia, 21 de julio, 1542. rados de Valencia volvieron a reci-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
179
bir nuevas de sus compañeros, en las que daban cuenta del negocio del
juramento del príncipe. Conscientes de que era contrafuero “cosa que
ens ha posat en gran pensament” optaron, antes de recibir la carta per-
tinente del emperador, por enviar correo propio a Monzón para averi-
guar los pormenores del asunto: lo que pensaban los otros brazos, así
como los otros territorios de la Corona y, por supuesto, la opinión de los
colegas destacados en la mencionada villa. Decidieron, por tanto, espe-
rar a que los otros estados deliberasen, en un intento de ganar tiempo.
Por ese motivo, dictaminaron las instrucciones para los jurados que
permanecían en Monzón:

“E mes, diem a vostres merces que, si tindran per be, los trametran poder per
al dit jurament, aixi limitat y estret que no puixen aderir a dit jurament res
que primer los regnes de Arago e Cathalunya no hagen consentit en dit jura-
ment, encara los altres staments de aquest regne ho hagen delliberat fer·se (...)
ab lo avis que de aqui nos trametra, car per al dit negoci millor poden vostres
merces consellar·nos a nosaltres que nosaltres a ells”539.

Desde la sede las Cortes, sin embargo, las cartas de los jurados del 31 de
agosto daban cuenta de la presión del emperador, de sus prisas y de lo
avanzado de la cuestión. De la respuesta de los jurados que habían perma-
necido en Valencia se deduce el fuerte deseo del rey de ver a su hijo cum-
plimentado por los regnícolas con el juramento, así como los efectos de la
coacción imperial, que habían conducido a un punto ya sin retorno el pro-
ceso de la manifestación de fidelidad pública del reino al príncipe. En con-
secuencia, después de la última carta recibida de Monzón, los jurados de
Valencia comentaban “que par que no haja loch consell ni deliberacio”540.
No pudieron hacer otra cosa más que, desde una forzada resignación, in-
tentar salvar los restos del naufragio de las antiguas libertades forales:

“No sabem dir altre, sino donar poder a vostres merces. Confiam tot
temps en la prudencia y sagacitat de aquelles que, mirant la occorrencia
dels temps, les necessitats de Sa Magestat, les causes per les quals lo dit
jurament se demana y les delliberacions
dels altres braços y regnes, facau lo que
conve al servey de Deu y beneffici de
539
A jurats de Valencia en Monço. Ibidem, f. 110 vº- aquesta ciutat y regne, conservacio dels
111;Valencia, 29 de agosto, 1542. furs, privilegis y llibertats de aquells;
540
A jurats de Valencia en Monço. Ibidem, f. 112 vº- puix que vostres merces tendran lo po-
113;Valencia, 5 de septiembre,1542. der, usaran de aquell, segons los pa-
541
Ibidem. rra”541.
180 Efectivamente, el 6 de septiembre, el “Consell General” deliberaba y
resolvía enviar formalmente poderes a los jurados en Monzón para el ju-
ramento542; y, en la misma fecha, escribían al emperador, disculpándose
por no haber contestado todavía a la carta imperial del 28 de agosto de-
bido a un desastre del correo. Le comunicaban los poderes otorgados a
los ediles en Monzón para el juramento y le suplicaban, en un intento
por congraciarse, que, cuando tuviese la oportunidad, visitase la ciudad
con el príncipe543.

***

No obstante la apariencia de tensión continua que de los mencionados


sucesos parece desprenderse, las relaciones entre el municipio y su rey no
estuvieron, de manera alguna, marcadas indefinidamente por el carácter
reivindicativo. Antes bien, los ya mencionados deseos del municipio de re-
cibir a su rey dejan entrever otra facies, quizá más emotiva, pero no por
ello menos real, de dichas relaciones. Así, uno de los modos de mostrar el
municipio valenciano su adhesión hacia el monarca fue el envío de emba-
jadas. Dada la imposibilidad del monarca o de su lugarteniente general en
las tierras hispánicas, de permanecer e, incluso, visitar con asiduidad el rei-
no de Valencia, en determinados momentos, los jurados resolvían enviar
embajadas a la corte. Por ello, ante las cada vez más prolongadas ausen-
cias reales, la capital veía incrementados sus deseos de acceder al contac-
to directo con el rey. De este modo, además de cumplir con las necesidades
protocolarias, podía acceder, bien al monarca, bien al lugarteniente gene-
ral común de la monarquía para exponer los contrafueros y problemas
causados, en numerosas ocasiones, por los propios oficiales reales.
En ocasiones se organizaron embajadas para solucionar aspectos
concretos, como en septiembre de 1541. En esta ocasión, ajustados los
jurados, acordaron con el regente
de racional, que el síndico de la
542
AMV, Manuals de Consells, A-72. Sin foliar. Fecha ciudad fuese a la corte de Su
mencionada supra. Majestad en Castilla para obtener
543
AMV, Lletres missives, g3-49, f. 114;Valencia, 6 de “sacca de forments” por la necesi-
septiembre, 1542. dad urgente en que se hallaba
544
AMV, Manuals de Consells, A-71, 12 de septiem-
bre, 1541. Por dicho viaje se le pagarían a Tomas
Valencia de granos544. Apenas un
Dassio, síndico, 100 libras de ayuda de costa para com- mes más tarde, en octubre de
prar caballos y 70 libras para dietas. 1541, los jurados de la ciudad, jun-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
181
to con los otros grupos representantes del reino, habían hecho elección
del canónigo Miedes, de la misma ciudad, para besar las manos del rey,
pero también para solucionar un problema que la Inquisición había sus-
citado con la publicación de un cartel referente a los vasallos moriscos,
que los brazos consideraban como contrafuero y perjudicial para los no-
bles y señores de moriscos545.
En 1548, y debido a las pesquisas que realizaba Onofre Urgellés con-
tra las personas que extraían joyas o metales preciosos del reino, los ju-
rados, racional y síndico, ajustados en la cámara del “Consell Secret”546,
determinaron comisionar a Guillem Ramon Çaera, racional; micer
Dimas Aguilar, abogado, y Joan Onoffre Dassio. Como este último esta-
ba indispuesto, sería sustituido por sus otros compañeros. Los miem-
bros del estamento militar realizaron elecciones para determinar la
composición de la embajada547.
En cuanto a los viajes a la corte organizados para festejar a la reale-
za, cabe destacar los que deliberó dispuso el municipio en torno a 1548;
tanto para despedir al primogénito Felipe, como para celebrar la venida
de los príncipes Maximiliano y María. Ante la partida del príncipe, el
municipio escribirá al secretario del rey, Gonzalo Pérez, para discernir
sobre el comportamiento más adecuado, pues la ciudad no tenía pre-
vistas partidas presupuestarias para una embajada imprevista. Antes ya
habían consultado sobre el caso al virrey, quien era del parecer que con-
sultasen con el secretario sobre la conducta a seguir, tanto en la despe-
dida del príncipe Felipe, como en la venida del príncipe Maximiliano.
De este modo los representantes municipales se aseguraban de que “la
ciutat no caygua en algun descuyt”548. Sin embargo, tras haber determi-
nado los regidores el desplazamiento a Barcelona de los jurados, racio-
nal y síndico, junto con los abogados y otros oficiales y ministros, su
Alteza reconoció el afecto que la
ciudad le profesaba, pero declinó
545
Notificación de los jurados a Su Majestad de la la presencia de los representantes
comisión del canónigo. AMV, Lletres missives, g3-49, fol de la ciudad de Valencia en
27;Valencia, 1 de octubre, 1540. Barcelona: “todavia por algunas
546
AMV, Manuals de Consells, A-75. Consell Secret causas que aqui se os dira, sere-
de 21 de enero, 1548. mos mas servido que se scuse, y
547
Ibidem; Consell Secret de 24 de enero, 1548.
548
Consulta a mossen Gonçalvo Perez, secretari de
señaladamente porque nuestra
Sa Magestat. AMV, Lletres missives, g3-50; Valencia, 7 de embarcacion sera tan breve y tan
septiembre, 1548. de prissa, que podriades no ser alli
182 a tiempo, y tambien por la falta que hareis a los dos cargamientos”549. Y,
en efecto, esta última era la cuestión que preocupaba al príncipe, la de
los cargamentos a censal que había de efectuar la ciudad para materia-
lizar los préstamos al rey. Al tiempo, el príncipe, mostraba una cierta
sensibilidad realista a los problemas del país que le hacían diferir el pro-
tocolo: “y allende desto, por escusar los gastos y costas que se recresce-
rian a essa ciudad, que para segun la pobreza en que esta, se podrian de-
xar de ser muy grandes”550.
El ahorro de la ciudad era, pues, el motivo principal que indujo al
príncipe a mandar a los jurados “que escuseis vuestra yda a Barcelona”.
Economía que para el heredero tenía un doble fundamento: el poder ha-
cer frente a los préstamos que se avecinaban y el socorrer a la ciudad en
la situación de pobreza en que se hallaba. Felipe, no obstante, se com-
prometía a proveer para que su venida no hiciese falta; porque caso de
querer tratar algún asunto, como el de los cargamentos, tenían el recur-
so de avisarle y tratarlo con el duque de Calabria.
A la llegada de los príncipes Maximiliano y María, el municipio envió
al síndico de la ciudad para darles el parabién551, lo cual halagó al nuevo
lugarteniente general de España; pero, al mismo tiempo, agradeció las
gestiones del duque don Fernando
para disuadir la embajada que pre-
tendían hacer los jurados de la ciu-
549
El príncipe a los jurados de [Link], Estado- dad. El motivo era el mismo que
Aragón, 303, f. 161;Valladolid, 28 de agosto, 1548. había inducido al príncipe Felipe a
550
Ibidem.
551
AMV, Lletres missives, g3-50. Memorial e instruc-
desaconsejar la despedida que le te-
tio del que lo magnifich en Joan Nofre Dassio, sindich nían preparada: “os rrogamos que
de la ciutat de Valencia, ha de fer essent arribat a la siempre travajeys de relevarlos de
Cort en lo viatge que esta provehit per los magnifichs gastos superfluos, que dello Su
jurats: “Essent arribat en Cort procurara de besar les Magestad sera servido y nosotros
mans als serenissims princeps de Ungria e de Bohemia
rescibiremos mucho contenta-
e los donara la lletra dels magnifichs jurats, e de part
de aquells e de la ciutat mostrara ab les mes ornades miento”552. Por la misma causa es-
paraules que pora la molta alegria e consolatio que cribió a los jurados, agradeciéndo-
aquesta ciutat te de la seua benaventurada venguda, les la carta del 15 de diciembre e in-
matrimoni, e govern”. De este memorial, fechado en dicándoles lo que se holgaría de
Valencia el 12 de diciembre de 1548, sólo consta el pri- que siguiesen las indicaciones del
mer capítulo, del cual se ha extraído el anterior frag-
mento.
duque “çerca de no embiar mayor
552
Maximiliano al duque don Hernando. AGS, embaxada para este efecto, porque
Estado-Francia, 303, [Link], enero, 1549. en todo deseamos hazer merced y
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
183
relevar de costa a esa çiudad, como lo havemos dicho mas largamente al
dicho sindico”553.
El sistema de embajadas no fue el único utilizado por el ayunta-
miento de Valencia para expresar su efusividad a la realeza. En 1542,
tras el anuncio hecho por el duque de Calabria de la próxima venida
del emperador y del príncipe, la ciudad decidió festejar el aconteci-
miento. El “Consell General”, después de haber obtenido el asenti-
miento de las catorce personas del “quitament”, determinó que se car-
garan a censal 100 000 sueldos; pues era la primera visita del prínci-
pe y Valencia debía hacer “major demostracio de alegria e festes”554.
La ciudad planeó concienzudamente los fastos para festejar la llega-
da del emperador y del príncipe555. A saber, una justa real, “lo pali”,
“cent marchs de argent”, los oficiales ajustados, banderas, calles con
palios para la entrada, tres días de fiesta declarados por el “Consell
General” de la ciudad y los gastos a cuenta del clavario común de la
ciudad556. Las crónicas coetáneas narran con todo lujo de detalle la ca-
lurosa recepción557. La síntesis, de la visita, tan inusual, ya que, de he-
cho, era la primera del príncipe, quien ya había sido jurado, y la se-
gunda del emperador, es obligatoria. A tal efecto se recoge la del
Llibre de memòries:
“L’Emperador entrà el dia 4 a les sis de la vesprada, sense cap de festa pel
portal dels Serrans, dirigint-se al Real; el Príncep, el dia següent entre tres i
quatre de la vesprada pel mateix portal montant a cavall portat per En Lluís
Vich, En Joan Llorenç de Villarrasa, En
Joan Vallterra i atres cavallers, anant a la
Seu; el dia 6 fon la festa a càrrec dels
553
Ibidem. Oficis i Mesters de la ciutat, i el Duc de
554
Consell [Link], Manuals de Consells,A-72; Gandia envià al de Samarmó un present
6 de noviembre, 1542. que fon l’admiració de tots doncs li pre-
555
Para un análisis e interpretación simbólica de los sentà 72 atzembles carregades de vitua-
fastos, vid. MONTEAGUDO ROBLEDO, Mª P. El espec- lles, dos porcs vius, un bou ab les banyes
táculo del poder. Fiestas reales en la Valencia moderna. dorades, i atres coses; va haver festa en el
Ajuntament de València,València, 1995, p. 88 y ss. Real, joc de l’anell pel Príncep i atres ca-
556
Consell General. Ibidem, 20 de noviembre, 1542. vallers, caceria a l’Albufera, focs artifi-
557
CARRERES ZACARES, Llibre de memories..., pp. cials, lluminaries, justes reals en les que
850-851; DIAGO, F. Anales del Reino de Valencia..., p. 122; guanyaren els premis En Lluis Ferrer i el
SORIA, J. Dietari..., pp. 209-212; SANCHIS SIVERA, Duc de Calabria, passeig del Príncep pels
Llibre de Antiquitats..., pp. 128-133. carrers de Valencia, bous i canyes i estant
558
CARRERES ZACARES, S. Llibre de Memories..., p. obsequiat ab un abondant present de co-
851. El mismo Zacarés presenta todos los pormenores hets i pastes. L’Emperador i el Príncep se-
de la visita en su Ensayo de una bibliografía de fiestas ce- ’n anaren el dia 17 per Alcalà”558.
184 A partir de la mencionada fecha las relaciones de la ciudad con el rey
y el príncipe volverían a ser epistolares, o a través de los intermediarios
reglamentarios, salvo cuando las ocurrencias de los tiempos aconseja-
sen las mencionadas embajadas.

* * *

El diálogo entre el emperador y la capital valenciana presentó tam-


bién, cómo no, otra faceta caracterizada por los intereses económicos.
Amén de los capitales aportados por las ciudades y villas reales concer-
nientes al servicio de su Majestad en las sucesivas Cortes, de los diver-
sos impuestos, o de las composiciones por las Germanías, las entidades
locales valencianas hubieron de afrontar otros servicios económicos a la
causa imperial. De una manera directa, la ciudad de Valencia socorría al
rey a través de préstamos. Sin embargo los préstamos a la monarquía,
que durante el siglo XV llegaron a ser tan numerosos —según estudió
Belenguer Cebriá—, durante el reinado de Carlos V no lo fueron tanto559.
Hay, sin embargo, un empréstito560, que fue de los más importantes que
se materializaron bajo la égida del emperador y en el que se vieron im-
plicadas cinco villas reales. El hecho de que también se involucrasen
cinco villas reales en el socorro
monetario a la monarquía, justifi-
ca, o puede justificar su análisis.
lebradas en Valencia y su antiguo reino precedido de una
En abril de 1548 el príncipe co-
instrucció[Link], 1925, t. I, pp. 239-260 y t. II, pp. 128-
135. municaba al duque de Calabria que
559
Según las aportaciones de FERRERO MICO, R. la corte se hallaba “exhausta”561, y
en La Hacienda municipal... que era necesario tomar para el ser-
560
Ibidem, p. 115. vicio de su Majestad 21 400 duca-
561
Lo mismo le comunicaba al emperador sobre la dos del último servicio del reino
consignación de 65.000 escudos para la casa del prínci-
“y lo mas prompto (...) cargarse a
pe Maximiliano:“Yo envié a mandar a los del Consejo de
la Hacienda que lo viesen y platicasen para que se pu- censal sobre essa ciudad y sobre
diese avisar a V. M. de lo que acá se podría hacer, los cua- las villas reales desse reyno donde
les me han respondido que, como a V. M. últimamente se mejor y con mas commodidad se
escribió, las rentas ordinarias y otras tantas rentas des- pudiere”. El virrey ejercía, una
tos Reinos están tan gastadas y todo tan al cabo, que no
vez más, de intermediario entre la
hay para cumplir ninguna otra cosa de las que se ofres-
cieron” cursiva en el original .AGS. Estado, leg. 76, ff. 45 maquinaria imperial y el munici-
y 46. Madrid, 12 de junio, 1548. En FERNÁNDEZ ÁLVA- pio. De ahí que tuviese que expli-
REZ, M. Corpus documental..., p. 627. car, una vez más, a los jurados de
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
185
la ciudad, las necesidades del gobierno de la Monarquía y conseguir
que cargasen sobre la ciudad toda la cantidad que pudiesen. El carga-
mento debía empezar a correr el 1 de enero de 1549, y

“para la satisffaccion d·ellos se les ha de senyalar y consignar, assi para la


quantidad principal como para las pensiones, otra tanta quantidad como
aquellas montaren, advirtiendo que de los primeros dineros del dicho servicio
han de ser primero (...) pagados 30 000 ducados que estan consignados a los
Fuçares (...) y en caso que no lo pudiese tomar o recaudar por completo, los
recaudase el mestre racional a las villas reales sobre el dicho cargamento, a
los quales scrivireys lo que convenga de nuestra parte”562.

El príncipe también escribió sobre esta cuestión al racional de la ciu-


dad y, asimismo, también le solicitó que interviniese en las conversacio-
nes entre el virrey563, los jurados de la ciudad de Valencia564 y los de las
villas reales565. El “Consell General” de 6 de septiembre de dicho año
otorgaba poderes a los jurados, racional y síndico para efectuar las ca-
pitulaciones pertinentes566. El racional, efectivamente, cumplía con su
papel de hombre del emperador urgiendo a la ciudad de Valencia a la
materialización del crédito de 53 970 libras. Informó del compromiso
del soberano de consignar sobre la ciudad el residuo del servicio, así co-
mo 24.000 libras a pagar hasta en seis años si fuese necesario sobre las
sacas ordinarias del trigo de Sicilia. Para más seguridad, su Alteza ha-
bía ofrecido que las mencionadas poblaciones de Morella, Villareal,
Sagunto, Peñíscola y Burriana, pagarían las pensiones de los censales
por suma de 63 000 libras con esa
seguridad. Estas gestiones del ra-
cional resultaron positivas, ya que
562
ARV, Real, 332..., f. 150-150 vº; Valladolid, 30 de informó al virrey del consenti-
abril, 1548. miento que las catorce personas
563
Ibidem, ff. 150 vº-151.
564
Ibidem, f. 151-151 vº.
del “Quitament” habían dado para
565
Ibidem, ff. 151 vº-152. la materialización del crédito, así
566
AMV, Manuals de Consells, A-76. como del detalle de las negociacio-
567
A don Ferrando de Arago, loctinent y capita ge- nes567. El 8 de septiembre, ante la
neral. AMV, Lletres missives, g3-50; Valencia, 3 de sep- urgencia del emperador para ser-
tiembre, 1548.
568
virse del dinero, se pactaron entre
Los capítulos, después de ser examinados por el
príncipe y el Sacro Real Consejo, fueron aprobados y la ciudad y el príncipe los capítu-
otorgados, constituyendo en procurador al tesorero los concernientes al préstamo de
general don Enrique de Toledo. ARV, Real, Curia la ciudad568. Con este anticipo se
186 involucraban, además de la capital, las otras villas reales del reino. De
ahí que su Alteza notificase a los jurados, prohombres y consejos de es-
tas poblaciones que debían obligarse a la ciudad de Valencia y a su cla-
vario en 2.600 libras, las cuales habían de pagarse en 6 años según se es-
pecificaba en la capitulación569. En esencia, los capítulos pactados entre
la ciudad y el príncipe se concretaban en:

* La ciudad prestaría al soberano 53 970 libras, las cuales habría de car-


garlas a censal al interés usual de 15 000/millar.
* A la ciudad correspondía afrontar los intereses, los salarios del nota-
rio y demás gastos del préstamo.
* El monarca se comprometería ante los justicia y jurados, clavario y
síndico de la ciudad a restituir y quitar los censales cargados por dicha can-
tidad para satisfacer el préstamo.
* El emperador trasladaría a la ciudad o al “clavari del quitament” to-
dos sus derechos sobre los tres brazos del reino y sus clavarios para ase-
gurarse del pago.
* Los clavarios librarían a la ciudad o al mencionado clavario las 66 666
libras, 13 sueldos, 4 dineros, según la costumbre.
* Se exigiría juramento a los clavarios de los tres brazos para que estos
recaudasen rápidamente el dinero.
* Los clavarios sólo pagarían al “clavari del quitament”, y responderían
con sus bienes.
* A su vez el rey juraría que no mandaría pagar a nadie que no fuese el
“clavari del quitament”.
* A los clavarios les correspondía jurar que las cantidades recibidas por
este concepto serían depositadas en la “Taula de Valencia” a nombre del
mencionado clavario.
* Sólo podría pagarse mediante la “Taula de Valencia”.
* Los jurados serían quienes darían instrucciones al “clavari del quita-
ment” sobre la forma de “luyr e quitar los dits censals carregadors”. Cuando
hubiese cantidad suficiente para quitar alguno de los censales, en 15 días ha-
bría de cesar el curso de las pensio-
nes correspondientes; pero si la can-
tidad en poder del clavario no fuese
Diversorum, 332, ff. 219-226; Valladolid, 8 de septiem-
suficiante para la “luycio y quita-
bre,1548.
569
Ibidem, f. 226 vº-227 vº; Valladolid, 28 de sep- ment” de alguno de los censales, no
tiembre, 1548. cesaría el pago de sus intereses.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
187
* El emperador otorgaría poderes al tesorero general, don Enrique de
Toledo, para recibir las 66 666 libras, 13 sueldos, 4 dineros, sustituir al
procurador, darle poder y pagar los gastos.
* El emperador daría poder al racional para examinar las cuentas de
entrada y salida.
* El escribano de la sala de la ciudad de Valencia recibiría los carga-
mentos, daría las oportunas certificaciones y cancelaría las deudas por
razón del préstamo.
* En caso de retraso en la ejecución de la tacha, el soberano no pro-
cedería contra la ciudad, pues la mencionada extracción era competen-
cia de los clavarios de la tacha.
* Como el servicio no comenzaría a correr sino hasta el 1 de enero de
1553, la ciudad habría de satisfacer 6 años de censales antes de cobrar
cantidad alguna, por lo que el rey consignaría a la ciudad 3.600 libras
anuales en concepto de intereses.
* El emperador daría garantías suficientes para que ningún oficial,
incluido el virrey, pudiese impedir dicha consignación.
* Para asegurar el pago de las 3 600 libras anuales durante 6 años, el
rey obligaría a satisfacer dicha cantidad a las villas de Sagunto, Villarreal,
Morella, Peñíscola y Burriana.
* La ciudad tendría poder suficiente paga ejecutar a estas poblacio-
nes por las 3 600 libras.
* La ciudad no estaría obligada a firmar mientras los municipios
comprometidos no hubiesen efectuado la correspondiente obligación.

Después de embarcarse el príncipe Felipe en Barcelona, el visitador


obispo de Elna escribió al emperador para dar cuentas del estado en que se
hallaba el cargamento de la ciudad, de los tratos efectuados con los jurados
y con las cinco villas reales que se constituían en fiadoras y principales obli-
gadas. Además de las cuestiones técnicas del préstamo, ya reseñadas, cabe
destacar del informe del visitador el talante con el que las villas lo realiza-
ron: “lo deve Vuestra Majestad agra-
decer, pues con tan buena voluntad
570
lo hizieron”570. Lo cual permite apli-
El obispo de Elna, visitador de Valencia, a su
car para la definición de lo que ocu-
Majestad. Dese en manos de Su [Link], Estado-
Aragón, 304, f. 12; Valencia, 3 de diciembre, 1548. En la rre en estos momentos entre las po-
contraportada de la misiva, erróneamente, indica “tres blaciones valencianas y el empera-
de septiembre MDVLVIII”. dor las palabras que Ferrero Micó
188 referió en referencia a la ciudad de Valencia: “la benevolencia de los jura-
dos, racional y síndico ante las exigencias reales no conocía límites.
Prestaban su consentimiento a cualquier petición que hiciera el rey”571. Con
todo, el visitador habría de excusarse por no haber podido concluir la ne-
gociación tan rápidamente como deseaba el príncipe, pues había que coor-
dinar intereses muy diversos: “en verdad no se ha podido mas hazer con
tantas consultas que entre la ciudad y villas reales ha havido”. En la si-
guiente misiva al emperador, el obispo de Elna le comunicaría que ya ha-
bía enviado el despacho y capitulaciones de la emisión de censal que la ciu-
dad había efectuado para el servicio real. En ella, como de una idea-fuerza,
volvía a incidirse en la alegría con el que municipio lo había efectuado: “es-
ta çiudad por servicio de vuestra Magestad es contenta hazer el servicio.
Espera d·ello respuesta si Vuestra Magestad se tiene por servido”572.
Y el príncipe, desde Trento, concluiría las últimas disposiciones res-
pecto a las villas reales y sus obligaciones con la ciudad de Valencia con
motivo del préstamo:
“Per la conclusio e total effectuacio dels carregaments de les 53 970 lliures
valencianes que del servey de les Corts del any 1547, les quals foren necessa-
ris per no haver hi altra forma mes prompta per a ajudarnos del dit servey,
foren apuntats e concertats certs capitols entre la Cesarea Majestat y nos de
una part, e les viles de Morella, Morvedre, Villareal, Borriana, Paníscola del
Regne de Valentia per raho de la erictio que nos e la dita Cesarea Majestat
havem de fer a les dites viles reals sobre la obligacio que les dites viles reals
han de fer a la ciutat de Valencia per raho dels dits carregaments”573.

Estos capítulos establecían las obligaciones y garantías de los munici-


pios reales de la lugartenencia de gobernación de la Plana y Sagunto, re-
feridas a los intereses que de los censales cargados por la ciudad de
Valencia, para poder materializar el
préstamo al rey, habían de respon-
der las mencionadas poblaciones.
571
FERRERO MICO, R. La Hacienda municipal..., p. Capítulos que, resumidos, se con-
123.
572
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 30; Valencia, 27 de
cretaban en los siguientes puntos:
marzo, 1549. * Los municipios habían de pa-
573
La cifra correspondiente a las libras, en números
gar, anualmente durante 6 años a
romanos en el original. ACA, Cancilleria, Curia, 3986, ff.
6-13vº.Trento, 28 de enero, 1549. la ciudad de Valencia 3 600 libras
574
Dado que el valor del ducado era de 21 sueldos por el cargamento de los 51 400
y el de la libra de 20, los 51.400 ducados eran equiva- ducados574 que había de hacer la
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
189
ciudad. El príncipe se comprometía, por provisión del 28 de septiembre
de 1548, a no lesionar los intereses de las villas por motivo de dicha obli-
gación575.
* El pago se haría según fuero y jurisdicción del racional de la ciudad
de Valencia.
* El compromiso de las villas se debía únicamente al servicio del po-
der real.
* El pago lo harían sobre el impuesto ordinario de la saca de trigos
de la isla de Sicilia, o sobre cualesquier otras cantidades que por la sa-
ca de trigo de dicha isla se hubiesen de pagar.
* Si la ciudad de Valencia no quisiese usar de dicha consignación im-
puesto de trigo, ejecutaría la principal obligación de dichas villas.
* Las villas no efectuarían la consignación ni validarían las capitula-
ciones sin que primero su Majestad hubiese firmado y jurado solemne-
mente la capitulación.
* Si la cesión y consignación de Sicilia no fuese aceptada, habrían de
depositarse las rentas en la “taula de Valencia” a nombre del clavario de
las villas, al modo del derecho del morabatín, jurando el baile general y
los locales.
* De una misma cantidad no se harían cesiones ni ejecutorias dupli-
cadas.
* De la cesión y ejecutoria se harían dos traslados y copias auténticas
expedidas en forma pública según estilo de la Real Cancillería.
* El rey consignaría a las villas reales todas y cualesquier rentas y de-
rechos reales sin detrimento algu-
no de la consignación.
* Las rentas reales de las villas
lentes a las 53.970 libras. Ambas cantidades valían serían vistas y llevadas por ellas
107.900 sueldos. mismas, de manera que sus bailes
575
Y aún prometía más el príncipe:“E promet relle-
var e servar indemnes a les dites viles, e obliga a da-
locales pudiesen tener las rentas en
quelles totes e qualsevol vendes e drets reals, axi ordi- depósito.
naris com extraordinaris, del dit regne. E specialment * Los precios de los arrenda-
obliga e vol que tinguen missio entre mans dites viles mientos del tercio del diezmo, ren-
en son cars e lochs de les rendes e drets reals que en tas y derechos reales de las cinco
dites universitats y termens de aquelles se responen a
villas y sus términos generales, es-
la regia Cort sens detriment de la dita general obliga-
cio. E mana que la dita provisio real tinga forces de con- tarían en poder de los bailes loca-
tracte, stipulant davant testimonis per notari publich ab les para entregarlas al clavario de
les solemnitats degudes e acostumades”. las villas.
190 * El colector del derecho del morabatín perteneciente a su Majestad
en el reino de Valencia, para mayor seguridad, depositaría las cantida-
des en “la taula de Valencia”.
* El rey nombraría exactor del derecho del morabatín mientras du-
rase la obligación y los censales que por ella habrían de cargar estas po-
blaciones.
* En el caso de que la ciudad quisiese ejecutar a las villas, éstas po-
drían cargar censales y pagar a la ciudad o, pagar los censales que car-
garían para pagar las 3 600 libras anuales.
* El rey haría cesión a las villas y su clavario receptor de todos los de-
rechos pertenecientes a su Majestad que pudiesen corresponder a los
tres brazos del reino, por montante de lo pagado por las villas reales por
razón de su obligación.
* El rey habría de jurar que los clavarios de las Cortes sólo entregarí-
an las cantidades al clavario receptor.
* Las villas tendrían facultad de enviar un comisionado a la isla de
Sicilia para exigir y cobrar las 3 600 libras, y enviar personas a la Corte
real.
* Asimismo, tendrían facultad para convenir y ajustarse los jurados y
síndicos en el lugar que dispusiesen.
* El clavario receptor de las cinco villas sería de Morella, con un suel-
do 75 libras anuales de las pecunias de la clavería.
* Si por motivos de la obligación se ejecutase a las villas, el clavario
habría de satisfacer a aquellas de las pecunias de la clavería.
* Si el clavario hiciese tarde los pagos, y por su culpa se origina-
sen gastos o daños a las villas, habría de satisfacerlas de sus propios
bienes.
* La obligación de las villas a Valencia sería “simul et insolidum et
non divisa”; siendo divisa si entre ellas tuviesen beneficio de división y
participación de la obligación.
* Todas las dietas y salarios por razón de la obligación se harían en-
tre las villas, pagando el clavario de las pecunias del derecho del mora-
batín.
* Por motivo de esta obligación no se crearía en el futuro perjuicio al-
guno a las villas, no pudiendo estar obligadas a firmar otras obligacio-
nes, ni en lo sucesivo se habrían de sacar consecuencias por el rey o sus
sucesores.
* El rey habría de jurar todos los capítulos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
191
* Las villas no estarían obligadas a firmar hasta que lo hubiese hecho
su Majestad.

Ciertamente, estas capitulaciones serían firmadas por el príncipe576.


Con la sanción de los capítulos del préstamo, quedaba concluido un lar-
go camino para conseguir una fuerte suma del reino que se diluiría en
la inmensa vorágine de las vastas necesidades del imperio.

***

El municipio era un poder autónomo, que en gran medida escapaba a


la autoridad delegada del virrey. El personaje de confianza del monarca
dentro del ayuntamiento, ha podido observarse, era el racional, mas su ex-
tracción procedía del mismo municipio; y, solía encontrarse con serias di-
ficultades cuando intentaba aclarar las cuentas del consistorio. De ahí que
el monarca se valiese de una persona de condición “extranjera” que fuese
menos sensible a las presiones de los sujetos de las posibles pesquisas pa-
ra controlar las cuentas, velar por el patrimonio real y, con amplia capa-
cidad de maniobra para actuar según los designios reales. El personaje
era, obviamente, el juez de residencia o visitador. De entre los visitadores
de la época, son los informes hallados del obispo de Elna, los que mejor
pueden contribuir a esbozar el balance fiscal del municipio valenciano.
Ya desde los primeros mensajes dirá el visitador que “en la casa de la
çiudad hay mucho mal”, ya que había encontrado que la ciudad se ha-
llaba acreedora de la nada desdeñable cantidad de 120 000 ducados. El
origen de una deuda tan inmensa estribaba en que los mencionados du-
cados estaban en poder de particulares, quienes, por respetos mutuos,
no se ejecutaban los unos a los otros. El hecho de que tamaño déficit no
asombrase en demasía a los conciudadanos e, incluso al rey, puede de-
berse a que el municipio de Valencia estaba acostumbrado, histórica-
mente, a soportar fraudes seme-
jantes577. Los funcionarios munici-
576
Ibidem. pales no gozaban de una gran con-
577
En los inicios de 1482 se hablaba, para Valencia, sideración para el visitador: “muy
de un fraude acumulado durante los años superior a descuydados de lo que toca a sus
los 100.000 florines. BELENGUER CEBRIA, [Link]
en la crisi..., p. 91. Un apartado de la mencionada obra
officios, salvo de ser bien pagados
está dedicado, precisamente, a “Els malversaments eco- de sus salarios”. A muchos de
nòmics de la ciutat”, pp. 168-185. ellos, incluso, había tenido que
192 suspenderles el sueldo hasta que cuadrasen sus libros. Estableció la pa-
ga a estos oficiales de acuerdo con el orden de la casa real y les ordenó
que rigiesen directamente sus oficios. Se habían creado muchos oficios
nuevos en muy poco tiempo, y los funcionarios que los regían llevaban
“passados de quinientos ducados de salarios sin servir”. De todo ello,
concluía el visitador que “padeçen los pueblos y pobres, augmentadoles
de cada dia los drechos, creçiendo el precio de los trigos en excessiva
quantidad”578.
El obispo escribirá —no podrá remediarlo— sobre la dureza de su ofi-
cio, el recelo con que es tratado por los “de la sala o casa de la ciudad”,
por el temor a que se “les miren las manos y les hagan bolver passados de
ciento y cinquenta mil ducados que a la çiudad se deven”579. Con ello, la
primera cifra aventurada sobre el montante de la corrupción en la ciudad
se incrementaba, en apenas un año, en 30.000 ducados, lo cual indica el
estado de depravación en que, según el visitador, se hallaba la hacienda
de la capital valenciana. De sus pesquisas580 no resultaron indemnes ni el
carcelero ni su mujer “por diez mil robos y malos tractos y muchas su-
ziedades hechas por ellos y permetidas en la carçeles”; por lo que fueron
condenados a ser azotados por la ciudad y desterrados del reino; habien-
do de servir el carcelero dos años de galeras y restituir a los presos todo
lo que había recibido de ellos ilegalmente. Al regente del justicia criminal
lo apartó de su cargo, siendo inhabilitado para servir otros oficios reales.
Además, hubo de reponer todo lo que había acumulado fraudulentamen-
te, siendo desterrado del reino por un período de tres años. Al almotacén
de la ciudad también le había mandado devolver todo lo que había reci-
bido por caminos no ortodoxos. Hubo, asimismo, de reembolsar al hos-
pital los ducados que había adquirido “por cosas inciertas y mal exigi-
das”. Aunque, era “buen hombre y provo como sus ministros lo cobraron
dandole a entender que lo podia recibir y que anci lo hazian y havian he-
cho los otros passados”. El lugarteniente del almotacén tampoco salió in-
demne de la investigación: además
de reintegrar muchas cosas a los
agraviados, fue privado de su ofi-
578
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 12; Valencia, 3 de di- cio, inhabilitado para muchos
ciembre, 1548.
579
otros y le correspondió pagar al te-
El obispo de Elna a Su [Link]. Estado-Aragón,
304, f. 10;Valencia, 10 de noviembre, 1549. sorero real cierta cantidad. Uno de
580
El obispo de Elna a Su Majestad. Ibidem, f. 30; los que tenía los libros de la tabla,
Valencia, 27 de marzo, 1549. falsificaba partidas en los mencio-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
193
nados libros, aprovechando para extraer fraudulentamente todo el dine-
ro que podía. Aunque el visitador temía que “le han de librar con favores
y sin castigo, y hecharan a perder el credito de la tabla por sus particula-
res passiones”. El obispo concluía de manera tajante: “y si Vuestra
Majestad no manda proveer en lo de la ciudad, ella se pierde del todo”.
Sin embargo, la intervención del obispo de Elna no había dejado de ser
eficaz. Los datos, tal y como el obispo de Elna facilitaba, eran aplastantes.
Las rentas reales que menos habían aumentado lo habían hecho en no
menos de 25 000 sueldos; de las que más incremento habían experimen-
tado, no se han hallado los cifras. De las cuentas atrasadas, el visitador ha-
bía conseguido extraer más de 2 000 ducados, y él mismo indicaba: “y
ahun somos en principio de la cobrança por la difficultad que hay en co-
brar deudas viejas y en las execuciones”, ya que se hallaban “gran parte de
las fianças muertos y los bienes passados en manos de otros”581. Ante tal
situación, el visitador optó por ser consecuente. Continuó con los proce-
sos. Se quejó del poco tiempo que tenía, de la inmensidad del trabajo por
la multiplicidad de las causas debido a que “se bivia aca dissolutamente,
con gran libertad y poca iusticia”, lo que suponía “mucho que hazer en re-
formallo y ponello en buen assiento”. Siguiendo el ritmo de trabajo em-
prendido, pensaba terminar otras ocho sentencias para la Pascua si-
guiente582.
Las soluciones que el visitador proponía, eran punitivas respecto a
los hechos fraudulentos, pero no se atisban en sus escritos medidas efi-
caces que hubieran podido prevenir las falsificaciones o engaños. Y es
que la génesis de tamañas tretas se enraizaba en la médula misma del
sistema de designación directa de los oficios por el monarca. Este mé-
todo, que ya había sido adoptado por Fernando el Católico sería conti-
nuado por su nieto Carlos y no garantizaba los suficientes controles so-
bre los oficiales municipales que,
mediante la ceda, eran nombrados
581
Ibidem. de entre la oligarquía local. Por
582
Toda la andanada de informes del visitador sobre ello, las conclusiones de Belengur
las malversaciones económicas valencianas parece Cebriá en este aspecto son total-
contradecir la afirmación de Ferrero Micó: “los meca- mente válidas también para el si-
nismos o núcleos de ganancia están bastante claros.
glo XVI: “I per això, pel sistema
No aparece ningún escándalo como el descrito por
Belenguer en una etapa inmediatamente anterior” La oligàrquic imperant a la ciutat , la
Hacienda Municipal..., p. 70 . mala administració econòmica
583
València en la crisi..., p. 91. n’és un efecte immediat. En una
194 hora i mitja o, tot estirar, dues, el racional dóna raó, la vigília de
Pentecosta, de totes les compatibilitats ciutadanes de llarg a llarg d’un
any de gestió municipal, cosa impossible sense cap mena de dubte”583.
Los comentarios sobre la opacidad de los funcionarios públicos y sus
cuentas se refieren a la ciudad de Valencia pero, según los apuntes del pro-
pio visitador, la situación en las otras ciudades y villas reales no diferiría
en exceso: “Vuestra Majestad sera servido. Quando hare la visita por el
reyno por las cosas de la justicia, continuare la cabrevaçion de su patri-
monio real en las villas reales, de que se sacara redreço y provecho”584.
La tarea investigadora del obispo de Elna había puesto al descubierto el al-
to grado de corrupción que se encontraba gran parte de los oficiales de la
ciudad. Acaso en este inmenso magma de podredumbre quepa buscar una
respuesta que también contribuya a explicar el hecho de que el emperador
siempre acababa consiguiendo sus propósitos sobre la ciudad, incluso
cuando se trataba de los más evidentes contrafueros. Puede ser que no ha-
ya que descartar totalmente la posibilidad de un entendimiento tácito en-
tre el monarca y el círculo de personas sobre el que solían gravitar los car-
gos del gobierno valenciano. Ello explicaría el porqué de la laxitud del po-
der central con los oficiales del municipio, al tiempo que no atendía con la
diligencia que cabía esperar al oficial encargado de velar por los intere-
ses del monarca en el municipio, es decir, el racional.

4.2. ENDEUDAMIENTO MUNICIPAL: CENSALES

Aunque Arcadio Garcíaz Sanz en su ya clásico estudio sobre el cen-


sal advirtió sobre el peligro de identificar el censal con la actual deu-
da pública, lo bien cierto es que ése fue el método seguido usualmen-
te por los municipios para adquirir dinero con rapidez para cubrir las
demandas que se les presentaban con urgencia. Dicho acto económi-
co-jurídico fue definido por el mencionado autor como “el derecho
garantizado con hipoteca, de percibir una pensión dineraria anual,
adquirido por compra con pacto de retro”. La diferencia más impor-
tante respecto a cualquier otro tipo de préstamo con hipoteca, es que
no se garantizaba la devolución
del capital, sino una renta o pen-
584
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 30.
sión periódica, ya que la reden-
585
“El Censal” en Boletín de la Sociedad Castellonense ción del capital era incumbencia
de Cultura; vol. XXXVII, 1961, pp. 286-287. del deudor585.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
195
El censal se cubría con las aportaciones monetarias de instituciones
y particulares, que de ese modo aseguraban una renta para su capital sin
asumir riesgos, ya que el propio municipio se erigía en garante de la
emisión. El interés de los censales no siempre estaba contenido en la or-
den de amortización de un censal. Pero muchas veces con la licencia ve-
nía explícita la cuantía de la pensión, la cual se indicaba en orden in-
verso; a saber, la cantidad precisa para devengar un millar por razón de
intereses. Cuando era el virrey quien establecía el rédito, podía ordenar
una cantidad fija o una banda fluctuante, según las concesiones. De he-
cho, el virrey concederá las autorizaciones para el cargamento de cen-
sales por parte de las ciudades y villas reales; incluso en las poblaciones
no sometidas a la jurisdicción directa del monarca, era su lugarteniente
general en el reino de Valencia quien otorgaba la autorización definiti-
va para cargar censales.
Gran parte de los municipios valencianos arrastraban un proceso de
deudas desde los tiempos medievales, por lo que era usual que adqui-
riesen el capital necesario mediante préstamo586, pero durante el reina-
do del emperador algunos municipios se verán obligados a recurrir a la
carga de censales, por lo que en este apartado, entre otros aspectos, se
pretende discernir cuáles eran los móviles más usuales que impelían a
los municipios a solicitar su autorización para endeudearse: general-
mente pretenderán liquidez monetaria para satisfacer necesidades in-
mediatas, tales como el abastecimiento o el socorro ante catástrofes,
aunque algunas villas como l’Alcúdia recibirán autorización para en-
deudarse con el fin de pasar a la jurisdicción real587. Tampoco se omiten
en estas páginas algunas referencias a la constitución de los censales o
al tipo de interés o “for” de esta modalidad de endeudamiento munici-
pal, que era variable, pero cuando una emisión tenía buena acogida la
siguiente ofrecía un “for” más reducido; usualmente oscilaba en una
banda situada entre el 5 y el 6 por 100.

***

Las emisiones de censales, que


por valor de 20 000 sueldos cada
586
ANDRES ROBRES, F. Crédito y propiedad de la tie-
una se otorgaron en 1538 a la ciu-
rra en el País Valenciano;Valencia, 1987, p. 18. dad de Alicante, conforman un
587
Vid. apartado “Reducción a la Corona”. ejemplo del segundo grupo. La pri-
196 mera emisión había de responder con intereses que oscilaban entre una
banda de 6,25 por cien mínimo y 7,14 máximo y entre el 7,5 y el 8,5 el
segundo588. El censal concedido al mes siguiente por la misma cantidad
estaba condicionado por una rentabilidad bastante menor: entre el 5,88
y el 6,66589. La razón habría aconsejado bajar el tipo de interés sería la
rápida acogida que había tenido el primero. Los intereses que devenga-
ban los censales concedidos a otras villas fluctuaba, según las villas, en-
tre el 5 y el 6 por 100. En un censal autorizado por el regente Cabanillas
a la ciudad de Elche a expensas de Melchor Aguilar y Cristóbal Bosch,
el rédito era del 5,8 por 100590. El crédito público de 45 350 sueldos que
el virrey concedió a Penáguila suponía un interés del 5,4 por 100591. La
autorización de otro préstamo al mes siguiente, implicaba un provecho
del 5,0 por cien592.
Era el virrey quien supervisaba y otorgaba el permiso a los municipios
para amortizar o desamortizar los censales. Los motivos por los que los
municipios recurrían a los censales era muy variados: defensa, suministro
de trigo, socorro de inundaciones y otras catástrofes e, incluso, para redu-
cirse a la corona. A continuación y, a modo de muestra significativa sobre
lo que fue el conjunto de cargamentos de censales por parte de los muni-
cipios valencianos durante el reinado del emperador, se expone una mues-
tra de la casuística sobre el cargamento de censales que algunas ciudades
y villas reales solicitaron al lugarte-
niente general:
588
La ciudad de Alicante solicitó el
La terminología al uso indica 16 000 sueldos por
millar y 14 000 por millar. ARV, Real, 1419 f. 82-82 vº. cargamento de un censal de 16 000
589
Había de responder a razón de 17 000 o 15 000 sueldos para satisfacer la obliga-
por millar. Ibidem, f. 86-86vº. ción de una sentencia contraria fa-
590
Sobre un censal de propiedad de 38 989 sueldos, llada por la Real Audiencia593. El
2 dineros, había que afrontar pensiones anuales de 2275 virrey hizo la concesión, pero exi-
[Link], Real,1424, ff. 15 v º-17;Valencia, 8 de octu-
bre, 1547.
gía como condición que el dinero
591
El pago concreto era de 2 456 sueldos, 5 dine- se destinase a ese fin, obligándose
ros anuales, a razón de 13 dineros por libra al año. los jurados, síndicos y la propia
592
El censal, de propiedad de 4 200 sueldos, había ciudad como procuradores. Los
de rentar 210 suueldos censales anuales. ARV, Real, jurados de esta ciudad obtuvieron
1424, f. 69-70 vº;Valencia, 10 de marzo, 1548.
593
nuevos censales cuyo destino no
A los herederos de Bartolomé Calbo, difunto
mercader. ARV, Real, 1419, ff. 1 vº-2 vº; Valencia, 28 de siempre se especificaba. Los de
junio, 1537. menor cuantía solían cargarse so-
594
A Joan Babtiste Alpont y Gevesi Castelló. ARV, bre un particular: 1 050 libras594,
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
197
900 libras595. Los que precisaban de un capital mayor concretos como
20 000 sueldos596 y 8 000 libras597, no iban destinados a particulares concre-
tos, aunque hubo censales de menor monto en los que no se especifica el
censalista598.
La capital de la gobernación “dellà lo riu de Xixona”, Orihuela, hubo
de recurrir a la emisión de deuda para la adquisición de trigo. A finales
de junio de 1545, debido a las inundaciones sufridas, la cosecha se da-
ba por perdida en el campo de la Vega Baja. No se había cosechado na-
da, y los jurados de Orihuela para asegurarse el trigo “creuit” y “extra”
solicitaron y consiguieron del virrey licencia de cargar a censal 3 000 li-
bras para la compra de trigo599. La cantidad solicitada debió de resultar
insuficiente, pues a finales de aquel año los jurados y prohombres de es-
ta ciudad volvieron a hacer sentir la “suprema” necesidad que tenían de
las mencionadas variedades de trigo, el cual sería adquirido en Castilla
debido a la cercanía y a la abundancia de grano. Ahora el virrey les per-
mitió tomar mediante censo 6 000 libras para la adquisición de “for-
ment”600. En 1548 el virrey autorizaba la venta de censales por trigo de
10 000 libras601, aunque cuatro
años antes había consentido otro
Real, 1423, ff. 85-86 Valencia, 12 de agosto, 1546. censal de similar cantidad602.
595
A Melchor Pellicer, militar de la ciudad de Las inundaciones no habían
Valencia. ARV, Real, 1424, ff. 17 vº-18 vº;Valencia, 10 de afectado sólo a las tierras de la go-
octubre, 1547. bernación de Orihuela. Los pro-
596
El duque a los “juratos et proborum hominum in
hombres y jurados de Alzira tam-
civitatis Alicantis” ARV, Real, 1419, f. 182-182 vº;
Valencia, 26 de marzo, 1538. Ibidem, f. 86-86 vº; bién informaron al duque de
Valencia, 13 de abril, 1538. Calabria de campos anegados y
597
ARV, Real, 1424, f. 182 vº- 183 vº;Valencia, 17 de perdidos por el agua y los aluvio-
julio, 1548. nes, de dos cosechas inútiles, y de
598
Como el que autorizó a los justicia, jurados y la necesidad de obtener capital
síndicos de la ciudad por valor de 500 libras ARV, Real,
1425, f. 79 vº-80;Valencia, 11 de abril, 1549.
para la adquisición de trigo y sub-
599
ARV, Real, 1422, ff. 231-232;Valencia, 25 de junio, sistencias. El virrey les otorgó las
1545. 1 000 libras solicitadas con las que
600
ARV, Ibidem, ff. 288-289 vº;Valencia, 1 de dicem- comprarían trigo de las mismas
bre, 1545. variedades que los oriolanos603.
601
ARV, Real, 1424, ff. 185-186 vº;Valencia, 24 de ju-
Asimismo, autorizó a que la villa
lio, 1548.
602
ARV, Real, 1422, ff. 4-5. adquiriese 5 000 sueldos de una
603
ARV, Real, 1423, ff. 40 vº-41;Valencia, 29 de mar- herencia sin sucesores. La escasez
zo, 1546. de trigo obligó a los justicia, jura-
198 dos y consejo del lugar de Montaverner a solicitar licencia para cargar
censales. El virrey facultó a que dicho lugar pudiese adquirir del noble
don Miguel de Bellvís de la ciudad de Valencia hasta 100 libras, desti-
nándose la parte principal a trigo, pero no a otros usos604.
La villa de Penáguila solicitó sucesivas concesiones de censales, que
fueron concedidas por el lugarteniente general o su regente. Este último
autorizó a los justicia, jurados, síndico y consejo de la villa que cargasen
censales a doña Catalina de Cardona por importe de 330 libras605. El du-
que autorizó otro censal de 45 350 sueldos que debería quitarse en un
decenio606.
En Guardamar la solicitud de censales estuvo en estrecha relación
con las necesidades defensivas. El virrey concedió facultades a la fábri-
ca de muros y valladares de dicha localidad para imponer uno o varios
contratos de censales anuales de 3 500 sueldos, con las cláusulas y cau-
telas necesarias para su redención607.
El virrey aprobó las diversas solicitudes de emisión de deuda que ha-
bían tramitado en Elche: una petición de 2 000 libras sobre el castillo608,
o la adjudicación directa de un censal de 6 000 libras a de Melchor
Ferrández de Mesa, domiciliado en dicha villa609. Para atender las nece-
sidades de la defensa, el duque de Calabria autorizó otro préstamo me-
diante censal de 2 000 libras610.
Cuando mediaba alguna senten-
cia de la Real Audiencia, el lugar-
604
Ibidem, ff. 32 vº-33;Valencia, 1 de febrero, 1546. teniente general o su regente deci-
605
ARV, Real, 1424, ff. 33-34;Valencia, 10 de diciem-
bre, 1547.
dían a qué persona se le debían
606
Ibidem, ff. 54 vº-55 vº; Valencia, 6 de febrero, abonar las pensiones de los censa-
1548. les. Por ese motivo, el regente
607
El duque a “dilectorum et fidelium regiorum, jus- Cabanyelles ordenó a los oficiales
ticie, juratorum, consilii et universitatis oppidi de la villa de Sax611 y Villena612 que
Guardamar”. Ibidem. ff. 138-140v. Valencia, 5 de mayo,
todas las pensiones de censales de-
1548.
608
ARV, Real, 1421, ff. 124 vº-125;Valencia, 20 de ju- bidas al marido de doña Caterina
nio, 1542. de Cardona le fuesen abonadas a
609
Ibidem, ff. 151-152;Valencia, 9 de septiembre, 1542. ella. Y si alguna pensión de censa-
610
ARV, Real, 1422, f. 149-149 vº;Valencia, 21 de fe- les había revertido al fisco, el inte-
brero, 1545. rés por percibirlas, no era escaso.
611
A los “justicia, jurados, alcalde e otros officiales
de la villa de Sax”. ARV, Real, 1423, f. 263-263 vº;
Un modesto censal de 40 libras
Valencia, 25 de julio, 1547. que respondía a la herencia de
612
Ibidem, f. 264-264 vº. Manuel Sabata en Llíria, ofrecía
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
199
un interés de 50 sueldos 6,25 por 100. Para percibir el rédito o el quita-
miento del capital, el virrey cursó órdenes a todos los particulares que
respondían al censal de que entregaran los capitales debidos al “locti-
nent de general Tesorer”613.
El príncipe intervino en órdenes de pago de pensiones o de carga-
mento de censales a instancias de particulares. Jeroni Tagell suplicó an-
te el príncipe la confirmación de un censal otorgado por el rey Católico
y su Alteza ordenó al maestre racional que le informase al respecto614. Al
mismo oficial ordenó el pago de algunas pensiones debidas615; al baile
general mandó que quitase un censal de 13 200 sueldos propiedad de
Joan de Montagudo porque su dueño necesitaba el capital para cumplir
ciertas obras pías616.
Asimismo, cursó instrucciones en sentido contrario. Dispuso que los
jurados de Valencia admitiesen 15 000 ducados de doña Guiomar de
Castro, hija de la condesa de Faro. Esta cantidad procedía de la dote de
la dama, viuda de Joan Maça, a quien el príncipe profesaba “muy gran-
de voluntad”, por lo que los jurados debían tener a bien tomar los 15 000
ducados sobre esa ciudad a cuenta de lo que se había de cargar por el
servicio617. Al conde de Oliva también le concedió permiso para amorti-
zar 200 libras para la iglesia parroquial de Oliva, para atender los loa-
bles fines de aumentar el culto divino y posibilitar la redención de las al-
mas618.

4.3. LA PROVISIÓN
DE OFICIOS
613
ARV, Real, 1320, ff. 163vº-164; f. 164; f. 164 vº; ff. EN LOS MUNICIPIOS
164 vº-165;Valencia, 28 de junio, 1544. VALENCIANOS
614
ARV, Real, 330, f. 123 vº-124; Madrid, 24 de ene-
ro, 1547.
615
Como ha podido observarse en
Bernat Vallterra pudo cobrar 880 sueldos de los
1000 debidos desde el 22 de enero de 1504 por el las páginas anteriores, el empera-
censal cargado por los diputados del General para la dor, por medio de sus ministros y
utilidad del rey don Juan. ARV, Real, 331, f. 37 vº-38 vº; oficiales intentaba controlar lo
Monzón, 31 de agosto, 1547. más directamente posible los mu-
616
ARV, Real, 332, f. 96 vº-97; Monzón, 3 de noviem- nicipios de su jurisdicción. Quizá
bre, 1547.
617
el caso más significativo sea el de
Ibidem, f. 199; Valladolid, 15 de septiembre,
1548. la ciudad de Valencia regido por el
618
Ibidem f. 205-207 vº;Valladolid, 19 de septiembre, procedimiento de la “ceda”. En
1548. otras poblaciones era el baile
200 quien disponía el equipo de gobierno, por lo que algunos de ellos inten-
taron, y consiguieron, adoptar el sistema de insaculación. En un inten-
to de aproximación a algunas de las facetas del régimen municipal va-
lenciano durante este período se ofrecen algunos ejemplos de reorgani-
zación de la vida de tantos municipios valencianos en los que se aprecia
cómo el gobierno real controla, o intenta controlar, los municipios de su
jurisdicción mediante la inspección de los candidatos a los oficios ma-
yores de los municipios. En unos casos será mediante el sistema de la
“ceda”, caso de Valencia; en otros se recurrirá a la insaculación, proce-
dimiento al que se irán sumando aquellos municipios cuyo método de
provisión de oficios escapaba a la vigilancia real. Así, villas como Alcoy,
Llíria y Ontinyent verán adoptar el sistema de insaculación en este perí-
odo; otros municipios, como la ciudad de Alicante, lo recuperarán y ex-
perimentarán una reordenación del sistema. El período de celebración
de las Cortes será el momento adecuado para que en algunas de estas vi-
llas se desencadene el inicio de la adopción de esta norma de adjudica-
ción de oficios. Ahora bien, tanto un procedimiento —la ceda— como el
otro la —insaculación—, serán igualmente seguidos por el virrey, o el
príncipe. Las concesiones de este último método de provisión de los ofi-
cios municipales no obedecerá sino a una estrategia de mayor control
sobre las personas que van a regir los municipios; exonerando de la res-
ponsabilidad de los nombramientos al baile. Podrá observarse que no
serán escasas las intervenciones del poder real para aceptar o rechazar
candidatos óptimos o non gratos; y, en último extremo, más allá del sis-
tema de regimiento municipal adoptado, los consistorios no dejarán de
ser regidos, mayoritariamente, por las oligarquías locales.

***

La elección de los cargos municipales fue dispar para la capital va-


lenciana respecto a otras ciudades y villas reales del territorio. En efec-
to, en Valencia seguía siendo habitual en este período el procedimiento
de la “ceda”, el cual consistía en la elevación al rey por parte del racio-
nal de una nómina de personas que consideraba idóneas para los car-
gos, con el fin de que aquél la aprobase. La ciudad, en el siglo, anterior
había intentado en varias ocasiones desasirse de este procedimiento de
provisión de cargos; mas no había logrado su objetivo. Entrado el siglo
XVI, y con el vacío de poder creado tras la muerte del rey Católico, los
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
201
jurados intentarían adoptar el sistema insaculatorio, haciendo caso
omiso de las “cedas” enviadas por el monarca con la argucia de que no
había jurado los fueros del reino619 e intentado consolidar este último
sistema en las revueltas agermanadas. Con el triunfo de las fuerzas rea-
les se volvió al sistema de la ceda, mediante el cual el monarca contro-
laba directamente a las personas que accedían a los oficios municipales.
En 1548, el príncipe enviará al duque de Calabria620, baile general621,
racional622 y jurados la “ceda” o relación de sujetos que pueden optar a
los cargos públicos del consistorio valenciano623. De la ceda de este año,
escogido al azar, se extrae la nómina de componentes con el fin de ras-
trear sus vinculaciones políticas y económicas. Así, entre los caballeros
figuran mosén Joan Baptiste Alpont, mosén Enrique Sagra, Gaspar
Cruilles, Joan Jeroni Almunia, Jeroni Artés, Michel Pelegrí Català,
Gaspar Almunia, Joan Lluís Figuerola, Francés Pelegrí, Enric Tosca,
Baltasar Esplugues, Christòfol Pons; mientras que entre los ciudadanos
constan: Miquel Jeroni Berenguer, Tomas Roig, Miquel Jeroni García,
Jeroni Tagul, Honorat Joan Figuerola, Simeón Verneçal, Nofre Làzer
Enyego, Baltasar Granulles, Miquel Olaso, Pere Joan Navarro, Gaspar
Pasquet y Honorat Granada.
Muchos de estos personajes pertenecían a la oligarquía local que
apuntaba Ferrero Micó. A nivel económico —tomando como base el lis-
tado de rentistas censales que presenta la mencionada autora624 y, que co-
mo ella misma indica, no es el único baremo para conocer las fortunas
locales, puesto que había otras maneras de hacer rentable el dinero—
cabe destacar entre los caballeros a Gaspar Cruilles, generoso, con 2 000
sueldos; Joan Jeroni Almunia con 4.110 sueldos y 10 dineros; Jeroni
Artes, generoso, con 3 719 sueldos; y de entre los ciudadanos, a Baltasar
Granulles, con una renta nada despreciable de 8 957 sueldos, y a Nofre
Lazer Enyego con 4 855 sueldos, 4 dineros.
A mayor abundamiento, sus nombres no eran ajenos en absoluto al
gobierno municipal. Así, Joan
Jeroni Almunia había sido “jurat
en cap” en 1542; Miquel Jeroni
619
FERREROS MICO, R. La Hacienda... pp. 37-42. Berenguer, jurado en 1540 y 1543;
620
ACA, Cancillería, 3984, ff. 101-102.
621
Tomàs Roig, jurado en 1538 y
Ibidem, ff. 101 vº-102.
622
Ibidem, ff. 103-103 vº. 1548; Miquel Jeroni García, jurado
623
Ibidem, f. 103 vº. en 1544; Jeroni Tagell, jurado en
624
FERRERO MICO, La Hacienda..., pp. 81-85. 1548; Honorat Joan Figuerola, ju-
202
rado en 1545; Nofre Làzer Enyego, jurado en 1542 y 1549; Miquel Olesa,
clavario en 1549 y Pere Joan Navarro, clavario en 1540.
En otras ciudades y villas reales había ido implantándose desde el si-
glo XV el sistema insaculatorio, mediante el cual se pretendía limitar el
poder de las oligarquías locales. Con este método, se extraían al azar
una serie de nombres, protegidos cada uno de ellos en cápsulas de cera
o “redolins”, de entre todos los contenidos en una bolsa u otro recipien-
te preparado a tal efecto. Para poder ser elegido por este sistema, había
que estar previamente habilitado; condición que se obtenía mediante un
largo y complejo procedimiento625. Aunque el trámite concreto variase
de unas villas a otras, sustancialmente las elecciones tenían lugar en de-
terminados momentos del año, según los oficios, y obedecían a un ritual
establecido en las ordenanzas. Sin embargo, el sistema insaculatorio no
estuvo exento de problemas. Los registros de la Real Cancillería, princi-
palmente de Diversorum Lugartenencia en el Archivo del Reino de
Valencia, testimonian los conflictos que se sucedieron en torno al pro-
ceso insaculatorio en diversos municipios y de los que hubo de resolver,
tanto el virrey como el príncipe.
De entre tantas desavenecias registradas en torno a la provisión de
oficios municipales se comentan, a título indicativo, los surgidos en
Alicante, Alcoy, Alzira, Forcall, Ontinyent, Orihuela y Xixona.
Alicante había obtenido de Juan II el sistema insaculatorio en ma-
yo de 1476626, creándose dos bolsas en las que se introducían los nom-
bres de todas aquellas personas consideradas hábiles para regir los
oficios municipales. En julio de 1493 Fernando II concedió un privi-
legio por el que quedaban fijados todos los habilitados para la insa-
culación 627. Posteriormente, en
1502, dicho rey otorgó el privile-
625
gio en el que se “plasmó con ma-
Vid. para la ciudad de Alicante, ALBEROLA RO-
yor exactitud y profundidad las
MA, A. Jurisdicción y propiedad de la tierra en Alicante ss.
XVII y XVIII , pp. 91-92. líneas maestras de la organiza-
626
ARQUES JOVER, Fr. A. Nobiliario Alicantino. ción municipal perfiladas de mo-
Transcripción y notas de MAS Y GIL, L. y ESQUERDO do somero en sus anteriores dis-
RIBERA, J. M. Alicante, 1966, p. 81. posiciones”628. Sin embargo, la re-
627
Ibidem, pp. 84-91.
628
vuelta agermanada supuso el
ALBEROLA ROMA, A. Jurisdicción y propiedad...,
p. 90. control directo de los oficios del
629
ARV, Real, 1320, ff. 170-171. Valencia, 4 de agosto, municipio por parte del rey, aun-
1544. que después le fuese restituido al
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
203
consistorio la facultad de escoger a sus dirigentes por el sistema in-
saculatorio.
En 1544 el control del virrey sobre el municipio alicantino era muy
estricto. Podía dar órdenes directas para el nombramiento de determi-
nados personas o, por el contrario, para exigir su cese. Así, escribió al
baile de Alicante para que él o su lugarteniente obligasen a Gaspar
Tàrrega y a Pere Sena a cesar y no usar más de su oficio de jurados. En
la misma orden pediría el nombramiento como jurados de la ciudad de
mossen Melchor Vallebrera y mossen Gaspar Mayques, caballeros629.
Después de la elección y creación de jurados de Alicante, el duque de
Calabria ordenó “prenguessem a mans e poder nostre los sachs, privile-
gis e provissions de la insaculacio”. Posteriormente, y en virtud de la
provisión del 15 de febrero de 1528 que restituía la insaculación, conce-
dió a los oficiales y consejeros del municipio la facultad de regimiento
de los oficios, habiendo de respetarlo, so pena de 3 000 florines630.
Para acceder a los oficios mayores del municipio alicantino, a saber,
justicia, jurados y almotacén, había que estar insaculado en el “sac ma-
jor”, y para ello era condición imprescindible poseer un caballo propio
de tres años de edad, valorado entre 25 y 30 florines631, y tener armas de
un valor determinado632. No obstante, la disposición de 21 de mayo de
1545 sobre restitución de este proceso de elección en la ciudad de
Alicante, recordará algunas de las condiciones de la providencia de fe-
brero de 1528: que ningún insaculado en el “sac major” pueda ser ad-
mitido a oficio si no tiene caballo propio valorado en más de 20 duca-
dos, que sus bienes y patrimonio asciendan a una suma de 7 000 suel-
dos y que no haya alegado “corona”, es decir, no haya optado por la ju-
risdicción eclesiástica. Estas condiciones habían de cumplirlas todos los
aspirantes a los oficios municipales so pena de ver extraído su nombre
del saco633.
En 1546, cuando el virrey escri-
ba al síndico de Alicante sobre las
instrucciones de la insaculación,
630
ARV, Real, 1422, A los justicia, jurats, consellers... recordará que todos los preten-
de la ciutat de [Link], 21 de mayo, 1545. dientes deben cumplir los requisi-
631
ALBEROLA ROMA,A. Jurisdicción y propiedad..., p.
tos de la mencionada disposición
92.
632
ARQUES JOVER, Fr.A. Nobiliario Alicantino..., p. 82. del 21 de mayo de 1545. Tenía que
633
ARV, Real, 1422, ff. 189-190.A los justicia, jurats e contener a todas las personas que
consell de la ciutat de Alacant. quedasen en los sacos del primer
204
sorteo, incluyendo a Baltasar Pasqual, quien resultó elegido jurado el
mismo año. Baltasar no fue el único miembro de la saga Pasqual que lo-
gró formar parte del gobierno municipal. Una abultada nómina con di-
cho apellido rigió los oficios municipales en el Alicante del siglo XVI.
Sólo para estos años se encuentra a Guillem Pasqual como jurado en
1536, 1543 y 1547; a Jaume Pasqual, jurado en 1538; a Pere Pasqual,
doncel, justicia en 1539 y jurado en 1547 y 1550; a Juan Pasqual, jura-
do en 1542 y justicia en 1547; a Jaume Miquel Pasqual, justicia en 1543;
a Thomas Pasqual, hijo de Juan, jurado en 1544, y a Alfonso Pasqual,
justicia en 1548634. En 1547 llegaron a ejercer el oficio de justicia y dos
de las tres juraderías. Y no era éste el único clan. Los Sánchez o
Doménech ostentaban una similar posición. Con lo cual, las aseveracio-
nes de Alberola Romá se validan perfectamente: “Este método de dota-
ción de oficiales por la extracción de azar de un nombre de entre todos
los contenidos en una bolsa preparada al efecto, no consiguió paliar la
influencia de las clases más pudientes, cuyos miembros siguieron con-
trolando el gobierno municipal, aunque eso sí, por elección y no por im-
posición de la autoridad real”635.
El 12 de junio de 1547 Lorenço Malters, escribano del consejo, testi-
ficaba que en la vigilia de la Pascua del Espíritu Santo, haciendo la in-
saculación para los jurados, salió el “redolí” correspondiente a Guillem
Pasqual, quien no había sido habilitado en la última reseña, por lo que
se tomó la decisión de consultar al virrey636. El hecho mismo de la con-
sulta denotaba la grado de incidencia que el poder territorial había lo-
grado alcanzar sobre el municipio alicantino; al menos, en materia de
elección de los oficiales. Las misivas que, redundando el tema, dirigía el
virrey a la ciudad de Alicante se sucederían al mínimo atisbo de hetero-
doxia. Por ello, unos días después, el virrey volvería a dirigirse a los ofi-
ciales de la ciudad para indicarles que al sacar, abrir, leer y publicar los
“redolins” y nombres que contenían, debían guardarse las formas esta-
blecidas. A saber, que en las elec-
ciones se extrajesen las suertes pú-
blicamente, en presencia de perso-
634
ARQUES JOVER, Fr. A. Nobiliario Alicantino..., pp. nas que asistiesen a la sala o cá-
187-188.
635
mara en donde acaecían las elec-
Jurisdicción y propiedad..., pp. 88-89.
636
“Al surrogat de governador, surrogat de batle, ciones. En el caso de que al abrir
justicia, jurats e consell de la ciutat de Alacant”. ARV, alguno de los billetes hallare que
Real 1321, f. 56-56 vº;Valencia, 12 de junio, 1546. perteneciese a alguna persona im-
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205
pedida, no habilitada, habría que seguir extrayendo boletos de los sacos
hasta obtener un nombre adecuado a las condiciones exigidas637.
Exponente de la vigilancia que el virrey demostraba sobre las perso-
nas que ocupaban los oficios clave del ayuntamiento de Alicante serían
las órdenes tendentes a dicho control. Sebastià Bonarin, natural de la
ciudad de “Sahona”, había expuesto que hacía más de ocho años que re-
sidía en “Spanya”. Estaba casado y vivía en la ciudad con su mujer y fa-
milia, y en la última habilitación que se había producido en la ciudad
para las personas que debían entrar “en lo sach del regiment de aquella”
fue admitido como candidato. Tenía caballo y reunía todas las condi-
ciones para ser insaculado, y como le faltaban cuatro años de residen-
cia en la ciudad suplicó ser admitido para todos los oficios. El regente
de la lugartenencia, Cabanyelles, determinó que a pesar de los cuatro
años que le faltaban, lo incorporasen a la concurrencia de todos los ofi-
cios de la ciudad, principalmente el de justicia638.
Otro ejemplo de intervención del lugarteniente general en el procedi-
miento insaculatorio se dio en abril de 1547. En aquel tiempo se había
de cumplir la elección y nombramiento del “clavari del quitament”639
que se celebraba anualmente. Con tal motivo ordenó que eligiesen y
nombrasen a mosén Antoni Guasch para dicho oficio640. En septiembre
del mismo año, teniendo información de que mosén Jaume Domenech,
doncel, era persona adecuada para el desempeño de los oficios munici-
pales, ordenará que lo incluyan con los otros militares insaculados en
los oficios de justicia, jurados y
“mustaçaf”641. La orden de incorpo-
ración al proceso de elección no
637
Al surrogat de governador, balle, justicia e jurats sería vana; pues este personaje,
de la ciutat de Alacant. ARV, Real, 1423, f. 74-74vº; vinculado al mencionado clan de
Valencia, 30 de junio, 1546.
638
los Doménech, alcanzaría la condi-
Als amats e feels de Sa Magestat. ARV, Real, 753,
f. 165-165 vº;Valencia, 17 de diciembre, 1540. ción de jurado en 1549642.
639
Clavario encargado de vigilar todas las opera- Vinculado a la ciudad de
ciones de creación y amortización de censales. Alicante estaba el lugar de Monfort
640
“Al batle, justicia, jurats, officials e consellers de (“aldea o carrer” de dicha ciudad),
la ciutat de Alacant”. ARV, Real, 1423, f. 203-203 vº;
el cual había visto desaparecer su
Valencia, 22 de abril, 1547.
641
Don Hieronym de Cabanyelles als justicia, jurats, sistema insaculatorio desde los
prohomes e consellers de la ciutat de [Link], tiempos de las Germanías. Según la
Real, 1424, ff. 5 vº-[Link], 16 de septiembre, 1547. versión oficial en el tiempo de “la
642
ARQUES JOVER, Fr.A. Nobiliario Alicantino..., p. 188. Unio e prava Germania, per los
206 Germans e rebelles fou lo dit sach desfet e romputs los privilegis”; por lo
que los justicia, jurados y demás representantes municipales, habían soli-
citado que se restituyese la “dita insaculacio”. En consecuencia, el virrey
les concedió los capítulos por los que habrían de regirse en adelante643.
Alcoy fue otra de las villas reales donde hubo un control efectivo de
la lugartenencia general sobre los medios para acceder a los oficios del
municipio. El inicio del proceso insaculatorio en Alcoy se inicia cuando
Joan Bonavida, síndico de la ciudad, en las cortes de 1537, expuso en
nombre de la villa que en ella había muchas “disenciones y altercacio-
nes” por las elecciones de los justicia, jurados y “mustaçaf”, porque el
baile de la villa hacía los nombramientos entre personas “a el afectados
(...), no siendo habiles y suficientes para regir dichos oficios, dexando de
poner otros honrados y suficientes”. El síndico consideraba que esta si-
tuación debía ser evitada para que la villa estuviese bien gobernada; lo
cual sucedería “si en ella se hiciesse saco”. El virrey dictaminó: “(...) pro-
veays una persona ydonea (...) que vaya a la dicha vila de Alcoy a facer
la dicha insaculacion”644. En mayo del año siguiente, y basándose en la
anterior provisión, el lugarteniente general del reino ordenó que sus ofi-
ciales se desplazasen a la mencionada localidad, para que llevasen a
término la incorporación de los nombres de las personas capaces de go-
bernar y regir los oficios de justicia, jurados y almotacén de este muni-
cipio. Esta disposición debía ser cumplida tal y como había sido ema-
nada, a pesar de la “ferma de dret” puesta por el baile de la villa645.
El sistema insaculatorio, efectivamente, debió de resultar implantado
en Alcoy, puesto que en mayo de 1544 el duque de Calabria accedía a la sú-
plica de Pere Stanyà, doncel y vecino de Alcoy, quien por razón de su edad
—70 años— había solicitado estar exento y relevado de todo cargo de res-
ponsabilidad municipal646. De igual modo, la petición realizada al duque
por Francesc Joan Cardona, notario, procurador fiscal y patrimonial del
rey, y Vicent Sanç, procurador de
Honorat Joan Bodi, escribano del
643
ARV, Real, 1420, ff. 31-40; Valencia, 22 de abril, consejo de la villa de Alcoy, el 23 de
1539. octubre de 1546, confirma la im-
644
ARV, Real, 1419, f. 91-91vº. Monzón, 16 de no- plantación del sistema insaculato-
viembre, 1537. rio. El procurador y el escribano ha-
645
ARV, Real, 750, ff. 3vº-5. Valencia, 31 de mayo,
1538.
bían solicitado que los jóvenes “que
646
Al “baiulo, justicia et juratos ville de Alcoy”.ARV, no haien pres mullers ni tinguen
Real, 1422, ff. 35 vº-36;Valencia, 2 de mayo, 1544. cases poblades” no fuesen incorpo-
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207
rados hasta que gozasen de dicho estado, estar casados y con casa pobla-
da. Asimismo, y debido a que muchas de las personas agregadas habían fa-
llecido, instaban a que se insaculase a otras capaces que hubiese en la vi-
lla. El virrey dictaminó que, en cuanto les llegase su resolución, debían
proceder a habilitar e insacular a todos aquellos que fuesen aptos para los
oficios, según la habilidad de cada uno. Todas estas disposiciones mues-
tran que el virrey, como representante del gobierno de la Monarquía en el
territorio, había determinado seriamente la implantación del proceso por
sorteo en Alcoy como medio de control más directo del municipio, sin las
injerencias de funcionarios intermedios. De ahí que el lugarteniente gene-
ral indicase expresamente que los mencionados oficios se obtuviesen por
vía de suertes. El escribano debía intervenir en todas las elecciones levan-
tando acta. La pena impuesta a los que pudiesen infringir las disposición
ascendía a 1 000 ducados647.
Por lo que respecta a la villa de Alzira, las Cortes de Monzón de 1542
tuvieron una especial repercusión en su ordenamiento municipal. El
síndico alcireño expuso al monarca que a los consejos generales de la vi-
lla asistía, desde mucho tiempo, gran número de personas “molt inha-
bils e insuffitients” y el consejo quedaba determinado por el parecer de
tales personas, que a veces estaban pagadas por “alguna particular per-
sona interessada a la qual donen llur parer e vot, lo qual redunda en
molt dan de la sobredita vila”. Por ese motivo, propuso la reducción del
consejo a cuarenta personas, las cuales se elegirían anualmente; a saber:
catorce de la villa, cuatro de cada arrabal, cuatro de Algemesí, cuatro de
Carcagente, cuatro de Guadasuar, dos de El Toro, dos de Cogullada, una de
Cabanyes y otra de Ternils. El monarca, sin embargo, no respondió direc-
tamente, sino que remitió el asunto al lugarteniente para que examinase
las pretensiones y determinase lo más conveniente648. Con motivo de las
mencionadas Cortes de 1542, el virrey reconocía que en Alzira, “per haver
molt de temps que no es estada feta
adequada per nos comissio per re-
parar les capses del regiment de la
647
Al batle, justicia e jurats de la vila de Alcoy. ARV, sobredita vila”, muchas personas
Real, 1423, ff. 112 vº-115; Valencia, 4 de noviembre, no habían podido ver sus nombres
1546.
648
convenientemente insaculados en
ARV, Real 172, f. 147-147 vº; Monzón, 9 de octu-
bre, 1542. las cajas de los diversos oficios mu-
649
Al balle, justicia e jurats de Algezira. ARV, Real, nicipales649. Aprovechando la co-
172, f. 144 vº-145; Monzón, 9 de octubre, 1542. yuntura asamblearia diversos par-
208 ticulares solicitaron que se insacularan sus credenciales para ejercer los
cargos representativos de Alzira. En todas las ocasiones el virrey remitía
el asunto al baile, justicia y jurados de la villa, con lo que el círculo de
apelaciones se completaba. Con todo, había también había particulares
que intentaban probar la suerte apelando directamente al emperador,
pero la respuesta de este era similar a la del virrey: devolver la petición
a los oficiales de la villa650. La maniobra dilatoria pretendía obtener un
efecto ejemplarizante: que no acudiese a Monzón, villa de celebración
de las Cortes generales, un aluvión de individuos solicitando cualquier
tipo de merced o gracia en el período legislativo. De hecho, las personas
que vieron admitida su solicitud de insaculación, la consiguieron fuera
del período asambleario y por el virrey; caso, por ejemplo, de Francesc
Joan Boncompte, gran terrateniente de Algemesí651; mosén Nicolau
Loqui, de Alzira, quien era considerado persona hábil y suficiente652 y
Joan Jeroni Talavera, maestro en artes y doctor en medicina653 que vio
aprobada su instancia de admisión a las suertes. Como había ocurrido
en la legislatura de 1542, las Cortes de Monzón de 1547 fueron aprove-
chadas por aquellos que pretendían del príncipe su participación en el
regimiento del municipio. Jaume Pinalt, síndico de Alzira, solicitó para
su hermano Cosme Pinalt654 y para Matheu Soler, Miquel Talens, Antoni
Figuerola y Joan Gaus, vecinos de Alzira, la insaculación en los oficios.
El príncipe accedió a la súplica, dado que los candidatos eran “persones
caudaloses, dels quals la dita universitat a son temps y loc pot esser sub-
venguda”655. El síndico de Alzira
volvió a incidir ante el príncipe so-
bre el ordenamiento municipal,
650
ARV, Real, 172, f. 150. Monzón, 9 de Octubre, pero esta vez respecto a los lugares
1542. que integraban el término, pidien-
651
Al balle, justicia e jurats de la vila de Algezira. do para ellos la insaculación.
ARV, Real, 1423, f. 125 vº; Valencia, 16 de noviembre,
1546. No obstante esta provisión, once días después
Expuso que el partido de Alzira lo
hubo de repetir la misma providencia. Ibidem, f. 133; integraban, además de la propia
Valencia, 27 de noviembre, 1546. villa, siete lugares: “Algemesi,
652
Ibidem, f. 141 vº;Valencia, 9 de diciembre 1546. Carcaxent, Guardacuar, Cabanyes,
653
Als amats e feels los balle, justicia e jurats de la lo Toro, Cugullada e Ternils” y dos
vila de Algezira. Ibidem, f. 205-205 vº;Valencia, 12 de ma-
arrabales: “lo arraval de Sanct
yo, 1547.
654
Als justicia e jurats de la vila de Algezira. ARV, Agusti e de la Verge Maria”. El jus-
Real, 332, f. 40 vº-41; Monzón, 28 de septiembre, 1547. ticia mayor, acompañado del baile,
655
Ibidem, f. 66-66 vº; Monzón, 10 de octubre, 1547. jurados y oficiales, iba a dichos lu-
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209
gares en Navidad y en cada uno de ellos ponía dos lugartenientes que ju-
raban en poder del baile. Sin embargo, el síndico afirmaba que ya no se
miraba la calidad de las personas y se admitía a jóvenes inexpertos que
no eran idóneos. El síndico proponía por ello que se hiciese elección de
veinte de las personas más convenientes de los lugares de “Carcaxent”,
Algemesí, Guadasuar y los dos arrabales que juntaban más de cien ca-
sas para que se conformasen su propia caja insaculatoria. El príncipe es-
cribió al duque para que examinase la petición del síndico. Si conside-
raba el sistema de suertes provechoso, debería recabar información so-
bre las personas que podrían insacularse y redactar las correspondien-
tes ordenaciones y estatutos656.
En el lugar de Forcall y en torno a la elección de justicia, se le pre-
sentó un litigio al virrey. Joan Fort, quien se consideraba baile de
Forcall, tenía un contencioso con Joan Maçaner, el baile que había sido
nombrado por el duque de Calabria. El contencioso se agravaría cuan-
do Joan Fort nombrase a un tal Joan Cervera como justicia. El duque
hubo de intervenir, imponiendo, so pena de 1 000 florines, la renuncia
del mencionado Joan Cervera, pues consideraba que había sido elegido
por persona que no tenía poder adecuado para ello657. El lugarteniente
general del reino eligió como justicia a Joan Rosselló de entre la terna
presentada por el justicia y jurados de Forcall. Con el fin de que se efec-
tuase el juramento ante el justicia mayor de Morella, hubo de ordenar
que sólo Roselló ejerciese dicho oficio durante ese año. El justicia de
Morella no debía tomar más juramento que el de Roselló; en el caso de
que ya lo hubiese tomado a Joan Cervera, sería revocado por el virrey658.
Esta situación había acarreado problemas subsidiarios. La elección de
los jurados de ese año, celebrada en el sábado de la vigilia de la Pascua
del Espíritu Santo, había recaído sobre Joan Linyo y Pere Sorribes; pe-
ro debido al pleito que se dilucidaba en la Real Audiencia entre el baile
de Morella de una parte y Joan Maçaner de otra, Linyo y Sorribes no sa-
bían en poder de quién habían de
hacer el juramento, por lo que el
lugar estaba sin jurados. Ante se-
656
Ibidem, ff. 57-58 vº. Monzón, 1547. mejante dilema, Jaume Piquer pi-
657
ARV, Real, 1422, f. 139-139 vº;Valencia, 12 de ene-
ro, 1545.
dió consejo al virrey, quien deter-
658
“A en Joan Guerau, justicia maior de la vila de minó que Joan Rosselló, justicia
Morella e aldees de aquella”. ARV, Real, 1422, f. 138 vº- ese año en el lugar de Forcall, re-
[Link], 12 de enero, 1545. cibiese el juramento: “lo dia de la
210 festa del Sanctissim Cos Precios de Jesuchrist (...) o lo diumenge o festa
que a vos appara, en la sglesia del dit loch, a la hora que es celebra la mis-
sa major, poch ans que es diga y cante lo Evangeli, si e segons se acostu-
ma, rebau dels dits Joan Linya e Pere Sorribes en jurats per al present
any (…)”659. En el contencioso de Forcall, el transcurso del tiempo resul-
tó favorable al virrey. Joan Fort falleció en 1546, lo cual solucionó el con-
flicto de la duplicidad de bailes. Por ese motivo pudo escribir a las auto-
ridades de Morella y prohombres de Forcall indicándoles que el baile de
este último lugar era Joan Maçaner, a quien debían reconocer todos los
honores, privilegios y salarios concernientes a dicho oficio660.
Llíria sería otra de las villas reales que adoptaría durante el reinado
del emperador el sistema insaculatorio como propio de provisión de ofi-
ciales. El baile era quien designaba a los candidatos para el consejo, jus-
ticia, jurados y otros oficios de la villa. El baile de Llíria fue, hasta la sus-
pensión por parte del visitador Pedro de la Gasca, el propio regente de
la lugartenencia general, Jerónimo de Cabanyelles, quien a su vez os-
tentaba el señorío de Benisanó. Esta situación no dejaba de entrañar di-
ficultades, pues Jeroni de Cabanyelles tenía interés en el control de la vi-
lla, debido a los largos pleitos que había mantenido con Llíria, como se-
ñor de Benisanó, lo cual le hacía merecedor de la doble condición de ser
juez y parte. Además, ambas localidades mantenían sendos litigios por
cuestiones de agua. Consecuentemente, los lirianos intentaron desasirse
del control que Cabanyelles ejercía sobre el municipio. A tal efecto tra-
mitaron embajada para lograr que la provisión de los oficios fuese me-
diante el sistema insaculatorio. El regente de la lugartenencia, enterado
de la maquinación del municipio, no dudó en enviar su propio informe
al secretario Cobos para contrarrestar los efectos de la embajada. En el
siguiente fragmento del informe no dejan de apreciarse los efectos de la
residencia de Pedro de la Gasca sobre el ánimo del viejo “portantveus”:

“Yo tengo escrito tanto a vuestra merced acerca de las cosas de Lirya, que ya
temo importunarle. Supplico a vuestra merced me perdone, que las passio-
nes de dicha villa andan de manera que
no puedo desar de hazerlo porque yo he
sabido que han inviado ay un hombre
659
“A en Joan Rossello, justicia en lo present any del con supplicacion para su alteza para que
loch de Forcall”.ARV, Real, 1422, ff. 208-209;Valencia, 29 los officios de dicha villa salgan por insa-
de mayo, 1545. culacion, lo que seria en gran perjuizio del
660
ARV, Real, 1423, ff. 49-50; Valencia, 22 de mayo, baile, porque toda la preeminencia que
1546. tiene de dicha bailia es hazer el justicia y
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si tal se admitiesse seria quitarle el officio, porque estos desta villa no andan 211
sino por hecharme a mi y a mi hijo de la villa. Atorgandoles esto, saldrian
con sus danyados desseos (...) Supplico a vuestra merced quanto puedo,
procure a que no se de lugar a esto tan contra nuestras honras, que despues
de una residencia tan rezia seria sacarme los ojos y seria hecharnos de la vi-
lla. Y, porque se que vuestra merced lo hara como yo lo supplico, en esta no
dire mas, sino que beso las manos a vuestra merced”661.

El príncipe, sin embargo, consideraba que el sistema de provisión de


oficiales de la villa a través del baile no redundaba en el bien público, si-
no en los intereses del regente Cabanyelles, por lo que ordenó al duque
de Calabria que se presentase en Llíria y, una vez allí, conferido de auto-
ridad real “plenissima”, obtuviese información de primera mano sobre la
habilidad de las personas que podrían ser insaculadas para justicia, ju-
rados y oficiales; procediendo, posteriormente, a insacular a las que hu-
biese considerado idóneas, “haziendo los redolinos de un mismo peso y
de una misma manera como se acostumbra (...) y deve fazer y, fecha por
vos la dicha insaculacion para los dichos officios”, hiciese las provisiones
oportunas662. La pena de 10 000 florines que aguardaba a quienes no si-
guiesen el procedimiento indicado por el virrey, indica la magnitud que
el tema tenía para gobierno de la Monarquía. El sistema de suertes, aun-
que quedó instalado en Llíria, no permaneció exento de problemas du-
rante sus primeras andaduras. Antes de la vigilia del “benaventurat ar-
cangel Sanct Miquel”, que era la fecha en que se acostumbraba a hacer
elección de oficios, el duque hubo de ordenar que no se hiciese elección
y nombramiento de los oficios de “mustaçaf” y “cequier”, debiendo con-
tinuar en dichos empleos, hasta que dispusiese lo contrario, los anterio-
res titulares: Martí de Gurrea “mustaçaf” y Pere Asensi “cequier”. Todo
ello, debido a la súplica efectuada por Joan Cardona, regente del oficio
de procurador patrimonial, en aras a la pacificación, bien y reposo uni-
versal de la villa. La cuantía im-
puesta a los que contraviniesen la
orden era asimismo elevada: 2 000
661
Cabanyelles a muy reverendo señ[Link], Estado- florines de oro663. Asimismo, el sín-
Aragón, 297, f. 140;Valencia, a 30 de noviembre, 1545. dico de la villa de Llíria aprovechó
662
Al duque de Calabria. ARV, Real, 329, ff. 157-158 las Cortes de 1547 para exponer
vº; villa de Madrid, 5 de diciembre, 1545.
663
“Al justicia, jurats, officiales e consellers de la vi-
un proyecto de mejora del sistema
la de Llíria”.ARV, Real, 1423, ff. 96 vº-97;Valencia, 25 de de elección en su municipio.
septiembre, 1546. Explicó que el virrey había efec-
212 tuado la insaculación de las personas de la villa por tiempo de un año;
pero que convendría que se alargase por tiempo de diez años, para lo
cual habría de disponerse de dos bolsas: una con los nombres de los can-
didatos para los oficios de justicia y jurado; la otra contendría los nom-
bres de aquellos que hubiesen de concurrir a todos los demás oficios.
Este procedimiento, con varias cajas o sacos distintos para los oficios
“mayores” y “menores”, que era el más usual de entre los utilizados por
las villas reales que se regían por el sistema insaculatorio, fue el que de-
cidió adoptar el príncipe664.
La villa de Ontinyent también adoptaría el mencionado procedi-
miento de elección de oficios en estos años. Lluís Revert, síndico de la
villa, expuso ante el emperador durante las Cortes de Monzón de 1537
la necesidad que había en Ontinent de personas capaces para regir los
oficios, al tiempo que facilitaba algunos de los nombres que él conside-
raba convenintes: Jaume Roca, Pere Roca y Lluís Febrer. El emperador,
como solía ser habitual, respondió ordenando al duque que abriese una
información sobre el tema665.
De modo similar el síndico argumentó que el baile otorgaba los ofi-
cios de la villa según su voluntad, prefiriendo a personas inexpertas. Al
ser el baile quien designaba los oficiales, gran parte de la población pro-
curaba atraerse su favor y se generaban bandos y parcialidades, con la
consiguiente decadencia de la villa. Este cúmulo de situaciones le indu-
jo a solicitar del emperador el sistema insaculatorio para Ontinyent. El
emperador, conforme a su proceder habitual, descargó el asunto en su
lugarteniente general, quien debía informarse sobre la conveniencia de
la adopción del sistema insaculatorio en esta villa; pudiendo, a su vez,
subdelegar el virrey en una persona de confianza666. La práctica de la in-
saculación quedó instaurada en
Ontinyent, puesto que diez años
664
Al duque de Calabria. ARV, Real, 332, ff. 39-40;
más tarde Joan Segria, habitante
Monzón, 27 de septiembre, 1547. de dicho municipio, indicaba que
665
ACA, Cancilleria, Itinerum, 3924, f. 329-329 vº; por tener más de 66 años y por re-
Monzón, 31 de octubre, 1537. sidir por algún tiempo en la ciu-
666
El virrey debía procurar que se hicieran bolsas dad de Valencia, no podía regir ni
para los oficios de justicia, jurados y almotacén, insa-
administrar los oficios de jurado y
culando el número que le pareciese y poniendo en
ellas los nombres de las personas que considerase idó- otros, por lo que suplicaba no ser
neas para dichos oficios. Ibidem, ff. 329 vº-330 vº; insaculado. El resultado fue que el
Monzón, 31 de octubre, 1537. virrey decretó que no lo eligiesen
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
213
para los cargos; pero este modo de provisión de oficios ya se había afian-
zado en la villa de Ontinyent667.
La ciudad de Orihuela se regía en la época foral moderna por un con-
sejo integrado por dieciséis componentes del brazo militar, diecisiéis ciu-
dadanos mayores o del brazo real y ocho ciudadanos menores o del co-
mún; siendo en total cuarenta consejeros que formaban un concejo de ca-
rácter francamente oligárquico668. Sin embargo, como consecuencia de la
revuelta agermanada, el privilegio de insaculación quedó suspendido du-
rante un año669. El ceremonial de las elecciones se iniciaba la víspera de
Santo Tomás, haciendo alarde los caballeros de sus monturas. Durante las
elecciones propiamente dichas los ciudadanos afortunados aprovechaban
para hacer un “ostentoso y vano despliegue de riquezas en vestuario, jo-
yas, arreos de cabalgaduras y servidores”670. La impronta aristocrática del
concejo oriolano quedaría manifiesta a raíz de los hechos protagonizados
en 1545 por un grupo de caballeros y notables oriolanos, quienes habían
irrumpido en Elche para liberar, a mano armada, a otros caballeros que
se hallaban prisioneros. En consecuencia, fueron detenidos por el asalto
y retenidos por el gobernador y sus oficiales671. Ahora bien, como para
concurrir a los oficios de la ciudad, los caballeros debían efectuar el “alar-
do” o exhibición de sus caballos y
aparejos de armas dos veces al año
por Pentecostés y por Santo Tomás,
667
“Dirigitur baiulo, justicie, juratis (...) Ontinyent”. los nobles que habían participado
ARV, Real, 1423, f. 207;Valencia, 21 de mayo, 1547.
668
en el asalto no habían podido con-
VILAR, J. B. Orihuela, una ciudad valenciana..., t. II,
p. 631. currir al ritual de la ostentación.
669
Carta de Carlos V al “consell” oriolano, de El virrey sintiendo tal vez el peso
Valladolid, 8 de mayo, 1523 en Ibidem, p. 648. político del grupo de personas re-
670
VILAR, J. B. Los siglos XIV y XV en Orihuela..., p. levantes implicado, consideró que,
104.
671
si lo excluía, quedarían muy pocas
Los asaltantes eran, entre otros, don Pedro de
Rocafull, don Gregorio de Rocafull, don Juan de personas para optar a los oficios
Rocamora señor del lugar de Grangie, don Juan Ruiz, principales de la ciudad. Juzgó,
señor de Coix y Jacobo Tosores, señor de Xacarella. asimismo, que estaban absueltos y
Los liberados en este asalto a mano armada fueron remisos de sus penas. En conse-
Martí Fernández de Mesa, Luis soler, Gregorio Ortís, cuencia determinó que, por esa
Jeroni Caroy y Joan Tullos. ARV, Real, 1422, ff. 290-298;
vez solamente, a pesar de no haber
Valencia, 27 de noviembre, 1545.
672
“Als amats e feels justicia e jurats de la ciutat de hecho la preceptiva ostentación de
Oriola”. Ibidem, ff. 299 vº-300;Valencia, 5 de diciembre, caballos en el “alardo”, podían ser
1545. admitidos a la insaculación 672.
214 Exponente, asimismo, de la presencia de los caballeros en la ciudad de
Orihuela, fue la presión nobiliaria surgida ante la orden del regente de
la lugartenencia, Jeroni de Cabanyelles, de insacular a mosén Jaume
Roca, caballero, y a mosen Jaume Roiz673. La provisión del regente,
efectivamente, no había producido el efecto deseado, ya que días des-
pués hubo de repetirse. Melchior Centoll, notario, como procurador de
los implicados había tenido que recurrir ante la Real Audiencia para ar-
gumentar que, tanto Jaume Roiz como Jaume Roca, ya habían regido
los oficios de la ciudad. Los jurados y oficiales que habían de sacar los
oficios les ponían obstáculos; aunque el procurador consideraba que no
había ningún impedimento, pues no habían intentado pasar a la juris-
dicción eclesiástica. La cuestión, sin embargo, no era tan sencilla como
pretendía el notario. Jaume Roiz pertenecía al bando de los “Ruyços”
de Orihuela, el cual estaba enfrentado al bando del gobernador Guillem
de Rocafull. En 1548 el regente de la gobernación, Pérez Pertusa, ya le
había hecho conocer los rigores del presidio por haber mostrado un
“pasquino” sobre la cuestión de los bandos; motivo por el que hubo de
suplicar la libertad al virrey. Ahora, con los Rocafull en el poder, tenía
más difícil el acceso al gobierno municipal. El regente de la lugarte-
nencia, por tanto, hubo de repetir la orden de admisión a la concu-
rrencia de los oficios674.
La ciudad de Orihuela, aunque de jurisdicción real y regida por el siste-
ma de insaculación, estaba inmersa en la dinámica emanada de los bandos
y luchas nobiliarias. Las tensiones de los clanes locales tenían repercusión
en el gobierno municipal. Las fuertes disensiones que en la ciudad se pro-
ducían cuando había consejos, en los que se deliberaban acuerdos y provi-
siones concernientes a la urbe, motivaron la intervención del virrey. El lu-
garteniente general promulgó unos capítulos y ordenaciones estableciendo
el modo en que debían efectuarse los consejos y el modo de proceder de
sus componentes. Confiaba que dichas disposiciones redundarían en el au-
mento del real patrimonio y de la debida administración de justicia, y que
con ellas se alcanzaría el orden que
el virrey consideraba imprescindi-
ble en las ciudades y repúblicas
673
“Als justicia, jurats e consellers de la ciutat de bien administradas. Justicia, jura-
Oriola”. ARV, Real, 1425;Valencia, 27 de abril, 1549.
674
dos, oficiales, consejeros, e incluso
A los “justicia, jurats e consellers de la ciutat de
Oriola”. ARV, Real, 1425, ff. 94 vº-95; Valencia, 27 de la ciudadanía, se vieron afectados
abril, 1549. por la reforma del duque de
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
215
Calabria675. Con las nuevas disposiciones, el virrey regulaba el funciona-
miento del municipio, controlaba a las oligarquías locales y se asegura-
ba, en última instancia, una mayor intervención en la vida local oriola-
na. Los primeros preceptos aludían al justicia y los jurados, quienes no
podían adoptar acuerdos sin haber hecho primero las oportunas convo-
catorias y emitir el parecer y el voto sobre los diversos temas tratados.
En las declaraciones debía estar presente el abogado de la ciudad y le-
vantar acta el escribano de los jurados sin la intervención de notarios.
La infracción de estas observaciones se penalizaba en cien libras. La
convocatoria del Consejo había de realizarla el justicia o los jurados y la
materializaba el veguer de los jurados con el concurso del trompeta o he-
raldo. También había una referencia para quienes estuviesen presentes
en la reunión del Consejo: no podrían abandonarlo hasta que se hubie-
se adoptado una resolución sobre el tema que se estuviese tratando. Con
esta medida pretendía impedir el abuso que protagonizaban algunos
ediles que abandonaban la reunión con lo que impedían que se llegase
a un acuerdo. Para aquellos que infringiesen la norma había reservado
un pago de cien libras. Otra modalidad de desbaratar la reunión y con-
seguir arrastrar a otros regidores para que se sumasen a la opinión de
los consejeros interesados era emitir el voto y parecer antes de llegar al
momento establecido para la votación, por lo que el virrey estableció un
pago de 10 libras para quienes alterasen el orden del día establecido.
Había, por último, una referencia a los viajes del síndico a la ciudad de
Valencia, u otros lugares. Los desplazamientos ocasionaban los consi-
guientes gastos que los oficiales pretendían que fuesen afrontados por la
ciudad. El lugarteniente general ordenó que sólo debían restituirse los
gastos a quienes conservasen la orden de viaje. Respecto a aquellos que
no hubiesen conservado el mandato, no podrían ser satisfechos sin el
voto y parecer de todos los justicia, jurados y abogado. Si surgieran dis-
crepancias en torno a los desembolsos, deberían remitir al virrey todos
los votos y opiniones para que pudiese emitir su veredicto.
La villa de Jijona administraba la provisión de oficiales por la norma
de la insaculación, aunque el procedimiento en estos años no estuvo exen-
ta de incidentes. Sirva de ejemplo lo ocurrido en 1548. Al haber fallecido
Jeroni Morazil, apto para regir los
oficios de la villa, el duque ordenó
675
ARV, Real, 1424, ff. 276-278. Valencia, 19 de di- que se admitiese a Andreu Morat
ciembre, 1548. como candidato por reunir todas
216 las cualidades necesarias para administrar los oficios676. Apenas dos me-
ses después, la adjudicación de los cargos se había convertido en una ar-
dua tarea. Altercados, debates y grandes discusiones, se sucedían en tor-
no a la insaculación y extracción de los oficios de la villa. Esta situación
obligó al duque a actuar rápida y contundentemente. Ordenó al alguacil
Carlos Torrellas, alguacil, y al escribano Jeroni Oliver que fuesen a la villa
de Xixona para reconocer las bolsas para el sorteo de los oficios y com-
probar que las personas admitidas lo estaban conforme a los fueros.
Todos los nombres que hubiesen insaculado sin guardar la forma estable-
cida debían ser retirados, haciéndose la suplencia de acuerdo con las dis-
posiciones forales. Una vez reconocidos todos los nombres y puesta en or-
den la relación de personas aptas para la elección, debían proceder a la ex-
tracción del saco mayor al día siguiente de Santo Tomás. Siempre que las
personas que saliesen en suerte no estuviesen legítimamente impedidas,
debían comenzar a regir sus oficios al día siguiente. Estos oficiales debí-
an aprovechar el viaje para recibir información de todos los insultos y de-
más altercados producidos, para que no quedase la justicia sin la oportu-
na respuesta677.

4.4. EL PELIGRO DE PÉRDIDA DE LA CONDICIÓN REAL


EN ALGUNOS MUNICIPIOS VALENCIANOS.
CONFLICTOS CON EL DUQUE DE SEGORBE

Las villas reales, el virrey y el gobierno de la Monarquía iniciaron


una especial relación en los albores de 1543. En efecto, el emperador
pretendía tomar para la Corona el condado de Ampurias en aras de la
defensa y fortificación de Cataluña. El mencionado condado pertenecía
al duque de Segorbe, don Alonso de Aragón y, como compensación por
la pérdida de Ampurias, quería que se le recompensase con villas reales
de renta equivalente en el reino de Valencia.
Es por ello que se considera la estrategia planteada por los munici-
pios afectados, así como al papel que jugará el virrey en esta desave-
nencia, aunando la defensa de la
integridad del reino y sus intereses
676
personales. La ciudad de Valencia,
“Dirigitur justicie, juratis... ville Sexone”. ARV,
Real, 1424, f. 275;Valencia, 5 de noviembre, 1548. aunque obedeciendo a sus propias
677
ARV, Real 1425, ff. 14-15; Valencia, 28 de enero, motivaciones, también jugó, como
1549. siempre solía, a favor de las villas
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
217
del reino. Al final, el emperador obtendrá su propio beneficio.
Asimismo, se examina el conflicto particular de la ciudad de Valencia
con el duque de Segorbe por los lugares de Paterna, Benaguasil y la
Puebla; litigio que cierra este apartado.

***

La noticia de la posible desafección a la Corona motivó que los mu-


nicipios de jurisdicción real afectados (principalmente Castellón,
Villarreal y Burriana) elevasen un memorial al duque de Calabria, soli-
citando su mediación ante el emperador para detener el proceso. En su
defensa, los municipios, además de emplear sus argumentos jurídicos,
dejaron translucir sus más profundos temores e intereses. El documen-
to678 se iniciaba con una batería de recursos de contrafuero. La villa que
había de alienarse pertenecía a Cataluña, mientras que los municipios
afectados pertenecían al reino de Valencia; lo cual consideraban un con-
trafuero, al igual que la medida de enajenación de una villa real, prohi-
bida por fueros desde la época de Jaime el Conquistador. Asimismo, es-
grimieron el fuero de Pedro II, dado en la Iglesia Mayor de Valencia el
18 de octubre de 1336, por el que las villas reales del reino de Valencia,
entre las cuales se hallaban las afectadas por el peligro de transmisión,
quedaban indisolublemente incorporadas, y a perpetuidad, a la corona
real.
Además de estos argumentos jurídicos, los síndicos de las villas rea-
les conscientes, quizá por la experiencia, de las manipulaciones que, en
caso de convenir al emperador, podían hacerse con la letra de los fueros,
esgrimieron razones de interés patrimonial y económico. Así, indicaron
que las villas reales “son molt rentables e de molta qualitat e importan-
cia e tenen tota interdictio alta e baixa, mer e mixt imperi”. Subrayaron
la consideración de estos municipios por su gran territorio y población,
y por su interés para la capital va-
lenciana a la cual abastecían de di-
versas vituallas como trigo, ceba-
678
Gasparem Bermell, síndico de la villa de Castellón da, algarrobas y otras provisiones.
de la Plana, Franciscum Mascarell y Michaelem Avinent,
Al suministro también contribuí-
notarios, síndicos de Villarreal, y Franciscum Nicholau,
síndico de Burriana al “Excellentissimo senyor”, el duque an con los rebaños (“bestiars així
de [Link], Estado-Aragón, 287, f. 197; 23 de enero, grossos com menuts”), que pacían
[Link]. doc., 8. en los extensos pastos de las villas.
218
Como conclusión, la capital necesitaba de los municipios de la Plana pa-
ra su aprovisionamiento.
Adujeron también motivos de índole gubernativa, al considerar
que, tanto la ciudad de Xàtiva como Castellón, eran sedes de las lu-
gartenencias de gobernación, donde los delincuentes y facinerosos,
que a veces huían de la capital, eran hechos prisioneros y castigados.
El servicio que las Cortes ofrecían al rey también quedaría afectado
por una posible enajenación de villas reales. Este servicio era sufraga-
do por los tres brazos del reino. El brazo real contribuía con el repar-
to que se hacía con las villas reales y otros lugares del reino, por lo que
si el número de poblaciones de jurisdicción real disminuía, el brazo re-
al debilitado no podría soportar el pago del tercio del servicio, lo cual
supondría una “gran confussio en los dits braços per respecte del dit
donatiu”.
Un brazo real menguado, además de afectar negativamente al patri-
monio real, supondría, para los representantes de los municipios ame-
nazados por la transacción, una merma de las capacidades defensivas
del reino. Los síndicos consideraban que el país no podría bastarse pa-
ra costear un sistema de vigilancia y defensa de los ataques turcos y pi-
ráticos, que fundamentalmente atañía a las villas marítimas, porque las
otras villas reales no podrían sostener los gastos de un ejército y de la
defensa, lo que causaría un gran perjuicio al resto del reino.
Razonamientos jurídicos, de avituallamiento de la capital, gubernati-
vos, del servicio al rey, de defensa, de la integridad del brazo real y, en
definitiva, del reino, eran los pilares en que se basaba el ruego al virrey
para que abanderase su súplica de continuación y pertenencia a la
Corona. Clarificador, respecto a las relaciones que en un momento de-
terminado adoptan los municipios respecto al poder territorial, es la
consideración de éste como “protector de la dita ciutat e regne e de la
corona”:
“Suppliquem humilment a vostra Excellencia esser merce de aquella, per es-
ser protector de la dita ciutat e regne e de la corona e patrimoni real, en lloc
e nom de Sa Magestat, li placia scriure e notificar a la prefacta real Magestat
ab la celeritat que requereix la importancia e qualitat de semblant negoci,
supplicantli notificar los contrafurs e privilegis que·s farien (...) e de los
dans e lesions ques farien a la corona e patrimoni real de la dita alienacio.
Axi per lo dit, com encara per esser un regne tan gich com es lo present reg-
ne de Valencia, seria molt gran lesio desmembrar de la dita sua corona real
tantes viles e tant importants e en tal lloch situades”.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
219
Previamente, Fernando de Aragón había escrito al comendador ma-
yor de León para adjuntar un informe económico sobre las ciudades y
villas reales con el número de casas y de habitantes de cada una de ellas,
así como lo que rentaban y de lo que respondían cada año679. Pero sus
escritos en este tema no fueron neutrales. Ejerció el papel de defensor
de los intereses del reino, siendo imposible deslindar en qué medida esa
defensa era realmente asumida o motivada por los sentimientos perso-
nales de antipatía que albergaba contra el duque de Segorbe, fruto de los
intereses contrariados que los separaban o, posiblemente, una mezcla
de ambas cosas. La petición de protección efectuada por las villas pues-
tas bajo el amparo del virrey junto con la animadversión personal que
éste mantenía con el duque de Segorbe, fueron factores que propiciaron
la asunción del papel de valedor de las villas reales que el lugarteniente
general iba a asumir.
El virrey calculaba que, para poder reunir los 2 500 ducados que ha-
bían de rentar los municipios anexionables al duque de Segorbe, sería
preciso entregarle la mitad de las villas, pues éstas eran de “mas calidad
e importancia que de renta”. Ante esta disyuntiva, quizás un tanto exa-
gerada, de entregar la mitad de las villas del reino para cumplir con el
duque de Segorbe, el lugarteniente general aventuraba frases en la de-
fensa del territorio que ni los municipios afectados, al menos en su in-
forme, habían osado: “ni esta ciudad ni reino consentiria, segun he en-
tendido”. La frase, en principio, hubiera podido ser genérica: ‘el reino no
consentiría’; mas, hay una apostilla muy significativa: ‘segun he enten-
dido’. Aunque parrafadas semejantes eran pronunciadas por los brazos
del reino ante las lesiones a sus fueros y libertades, estas palabras signi-
ficaban una postura de fuerza colectiva conscientemente asumida. Para
llegar a semejante conclusión eran precisos los contactos previos y el
asentimiento expreso del poder territorial.
La ciudad de Valencia, defendiendo sus propios intereses, asumió la
defensa de las villas amenazadas por la enajenación. No consentiría que
pasasen a manos del duque de Segorbe, entre otros motivos, “por el
principal interesse que en ello va a la dicha ciudad”. El hecho de que
pensasen enviar una embajada con
el racional, indica el alto grado de
679
El duque de Calabria al “Muy magnifico señor”
compromiso con que el municipio
(Cobos). AGS, Estado-Aragón, 287, f. 200; Valencia, 8 de valenciano se implicaba en el asun-
enero, 1543. to. La capital valenciana se veía es-
220
timulada, además de por los sentimientos solidarios que pudiese alber-
gar, por las movitaciones económicas esgrimidas por los síndicos en su
súplica al lugarteniente general. La representación con unos objetivos
perfectamente definidos, estaba dispuesta a llegar hasta el rey para su-
plicarle “que en ninguna manera mandasse proveher tal, porque seria
causa de se rebolver e perder este Reyno antes de consentirlo”.
El duque de Calabria pensaba actuar disuadiendo a los interesados
de su embajada. Les explicaría que el asunto no estaba tan adelantado
como para tomar fuertes determinaciones; y como primera medida es-
cribiría sobre ello al emperador, adjuntando al informe su parecer. Sin
embargo, la novedad en la actuación del virrey estribaba en que, caso de
que sus mediaciones no rindiesen fruto, “podran ellos dezir lo suyo y ha-
zer las diligencias que sobrello les paresciesse”. Actitud que, desde lue-
go, no era la habitual en el lugarteniente general, quien siempre inten-
taba disuadir totalmente de las delegaciones o de aquellos otros proce-
dimientos que pudieran causar estorbo o molestias al rey. Las propues-
tas alternativas de Fernando de Aragón ambicionaban que el duque de
Segorbe fuese recompensado con territorios en otros estados de la
Monarquía o con indemnizaciones de otra índole. Anotó que se le podía
ofertar la recompensa en el mismo principado de Cataluña, que era don-
de en última instancia le pensaba tomar las tierras el emperador. En el
supuesto de que allí no hubiese lugares disponibles, podría tomar algu-
na de las encomiendas de Aragón “pues las hay buenas en aquel reyno”;
y, caso de que tampoco se las pudiese tomar en el reino vecino, siempre
quedaba el recurso de las compensaciones sobre la seda de Granada,
“haziendo cuenta que se toman aquellos lugares de las hordenes y en-
comiendas como Su Majestad los acostumbra de tomar y recompensar”.
El virrey no era partidario de recompensar al duque de Segorbe con
excesiva largueza, ni darle más de lo que ya tenía, tanto por su compor-
tamiento privado como público. Según el duque de Calabria, don
Alonso de Aragón no podía vivir con lo suyo debido a su mala adminis-
tración; asimismo no colaboraba con la jurisdicción real, puesto que ja-
más había podido prender ni castigar a alguno de los numerosos delin-
cuentes que en su tierra se amparaban, con total burla de la justicia.
Consideraba, en últimas reflexiones, que más allá del daño que podría
soportar la ciudad con la desmembración de las villas reales, o del que
ellas mismas sufrirían con su separación de la corona, estaba el hecho
de que lo que más iba a pesarles, “sin comparacion”, era el verse en ma-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
221
nos del duque de Segorbe. El virrey recapitulaba, finalmente, con pala-
bras muy sustanciosas:

“Que la recompensa recaya en alguna de las partes susodichas o donde el


dicho duque tiene otras rentas, y no en este reyno tan miserable y de poca
sustancia que, a sacar del los dichos dos mil y quinientos ducados de ren-
ta en vassallos como se pide, quedaria tan poco que hazer en el govierno
ni patrimonio real del como lo entendera vuestra merced por el dicho me-
morial y por lo que el señor Joan Bazquez, levador d·esta, dira a quien me
remitto”.

Las noticias que el virrey tenía sobre este tema se las había facilitado
el secretario Cobos la noche antes de partir de la ciudad, presumible-
mente con el séquito del emperador. De ahí que el primero de año, an-
tes de haber culminado el informe sobre las villas reales del reino y por
temor a que en la tardanza el duque de Segorbe escogiese la villa de
Llíria, escribiese a Cobos680; ya que tanto Llíria como Alpuente, ya habí-
an sido solicitadas por el lugarteniente al rey.
El duque de Calabria tenía fuertes razones para preocuparse. Para
comprenderlo conviene recordar que para acceder a sus villas de la cabe-
cera del Palancia no podía seguir, por razones obvias, la vía de Segorbe;
había de pasar por Llíria hacia Viver, Jérica y por El Toro y Barracas ha-
cia Manzanera. También podía acceder a Manzanera por Abejuela, pero
en cualquier caso tenía que cruzar por Llíria. Si el duque de Segorbe con-
seguía esta villa, el virrey habría de escoger entre su residencia en
Valencia o en Jérica. Y no sólo se trataba de una cuestión de estrategia,
puesto que el duque de Calabria tenía muchos intereses en juego. De he-
cho, en el mencionado escrito al todopoderoso secretario Cobos explicó lo
mucho que había trabajado para conseguir en Llíria una de las mejores
dehesas del reino, en la cual monteaba. De igual modo, le expuso los te-
mores por la suerte de sus vasallos de Jérica, quienes privados de su so-
corro al no poder acceder a ellos, serían fácil presa del duque de Segorbe
como ya lo habían sido en el pasado. Con esta base argumental le rogaba
que, en caso de mencionarse la villa de Llíria entre las pretendidas por el
duque de Segorbe la desestimase como propuesta.
Días después, el lugarteniente
general agradecía al secretario
680
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 173;Valencia, 1 de ene- Cobos la memoria que había de-
ro, 1543. mostrado en el asunto de las villas
222 reales681, particularmente Llíria y Alpuente, al parecer las preferidas por
el duque de Segorbe. En su misiva, el virrey explicaba que había disua-
dido a las villas de las embajadas que preparaban, argumentando que el
asunto no estaba lo suficientemente adelantado, comprometiéndose a
avisarles en cuanto hubiese necesidad de ello. “Y con esto se han repo-
sado”; el virrey, una vez más, cumplía con su deber. No obstante, volvía
a recurrir al secretario con el mismo argumento:

“Mandara vuestra merced ver sus peticiones y proveher sobr·ellas lo que mas
al servicio de su majestad cumple, pues cierto como tengo escrito, no cum-
ple en ninguna manera dar recompensa en este reyno al dicho duque mas de
lo que ya tiene en el”.

El asunto de la conmutación de las villas distó mucho de tener una


solución rápida. Como solía suceder en tantísimos pleitos del Antiguo
Régimen, éste también se arrastraba por el tiempo. El lugarteniente ge-
neral ordenó la confección de un memorial con la población y las rentas
de las diversas ciudades y villas reales valencianas para elevarlo al go-
bierno de la Monarquía. El expediente lo confeccionó el racional si-
guiendo las indicaciones del virrey pues, amén del número de casas y de
las rentas que proporcionaba, se añadía un pequeño comentario a cada
una de ellas; estas notas no se limitaban a aportar datos económicos, an-
tes bien, había consideraciones
políticas; tendentes todas a la con-
681
servación de las mencionadas vi-
“Beso las manos a vuestra merced por la me-
moria que tiene de lo que escrivi de Llíria y Alpuente llas bajo la jurisdicción real682. En
y de las otras villas que en este reyno pidio el duque un memorial posterior683 vuelven a
de Segorbe en recompensa de lo de Ampurias”. AGS, perfilarse las villas que podrían ce-
Estado-Aragón, 287, f. 286;Valencia, 31 de enero, 1543. derse al duque de Segorbe. Se tra-
682
AGS, Estado, 287, f. 201 “Memorial de las casas de ta de un informe no fechado y sin
las ciudades y villas reales del presente reyno y de lo
que poco mas o menos suben y abaxan en cada un año
firma, ni especificación del lugar
las rendas de aquellas, las quales son las siguientes”. No de expedición, aunque por el con-
consta el lugar, fecha ni firma; mas, como se ha indica- texto documental puede datarse
do, había sido encomendado por el duque de Calabria en 1547. Las villas que se perfila-
a instancias del secretario Cobos, y fue expedido en ban con peligro de ser cedidas a
enero de 1543.
683
don Alonso de Aragón eran
“Memorial de las tierras que se podrian dar al
duque de Segorbe en recompensa del condado Villarreal, Castellón de la Plana,
dAmpurias, assi en el reyno de Valençia como en el de Sagunto y Burriana, a las cuales se
Cataluña” AGS, Estado-Aragón, 300, f. 121. unía el comentario “las rentas rea-
EL IMPERIO DE CARLOS V
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223
les d·estas villas son muy pocas”. Por ello, se recurría también a la villa
de Onda, cuyas rentas pertenecían a la orden de Montesa y ascendían a
12.000 sueldos anuales, estando la jurisdicción dividida entre la corona
y la orden de Montesa, considerándose que Onda también podría incor-
porarse al conjunto de villas que se ofrecerían al duque. Observaba el in-
formador que el rey podría dar “cumplidamente (...) tal recompensa a la
dicha religion, que no quedaria agraviada en nada, como otras vezes en
semejante caso se ha hecho”. Los argumentos que se empleaban a favor
del duque de Segorbe eran nítidos:
“Pues Su Magestad es servido de tomar a sus manos este condado, el qual
pacificamente possee el duque, que se le de recompensa de manera que la
pueda libremente y sin pleytos ni contienda gozar”.

El ejemplo que se ponía para la consecución de tal fin, era el del du-
que de Calabria, quien había recibido del rey la villa de Jérica y su te-
nencia, cuyos nexos de unión a la corona real no eran menores que los
de las villas reales que ahora pretendía el de Segorbe. Por tanto, igual
que “se hallo remedio en aquello, se puede hallar en esto, en speçial
siendo por via de recompensa, y dexando como dexa el duque la pro-
piedad y tierra de tanta qualidad, renta, importançia, preeminençia y ju-
risdicçion”. Lo contrario, según el informante, supondría para el duque
de Segorbe entrar en una dinámica de pleitos y trabajos no convenien-
tes para el duque en su vejez, lo que el emperador no podía consentir,
pues los servicios prestados por don Alonso de Aragón lo merecían.
Hay una relativa coincidencia entre la relación de villas reales que se
pensaba adjudicar al duque de Segorbe y la de villas que contribuyeron
a sostener el préstamo real de 1548. Tres de los cinco municipios que
contribuirían al préstamo (Morella, Peñíscola, Villarreal, Burriana y
Sagunto), se habían hallado en trance de ser anexionadas por el duque
de Segorbe. De las que habían estado en esa situación, sólo había esca-
pado indemne Castellón, la cual tenía a su favor el hecho de ser sede de
la lugartenencia de la gobernación “dellà lo riu de Uxó”. Onda guardaba
una vinculación especial a la Corona, por hallarse también bajo la féru-
la de la orden de Montesa. Por ello, y dada la proximidad temporal con
el préstamo, no sería desdeñable aventurar, a falta de comprobación do-
cumental, alguna especie de compromiso o pacto entre dichas villas y la
corona. En cualquier caso, en este desacuerdo se observa cómo la posi-
bilidad de desmembración de un número indeterminado de villas reales
224 suscitó la “solidaridad”, al menos, de las villas implicadas del brazo re-
al y de la misma ciudad de Valencia. El papel valedor que la ciudad mos-
tró no fue ajeno a la estrategia de velar por sus propios intereses.
Asimismo, el resto de las ciudades reales tenían intereses concretos que
defender, pues el paso de un municipio a la jurisdicción señorial impli-
caba un aumento de las contribución de las otras poblaciones en la ta-
cha real. A su vez, las villas implicadas no apetecían, en absoluto, de un
cambio de jurisdicción a favor de la potestad de un barón. Sus argu-
mentos, jurídicos, económicos y políticos, no consiguieron alejar el fan-
tasma de la desmembración, que varios años después seguía amenazan-
do. Con una cierta coincidencia, varias de las villas implicadas en la po-
sible alienación eran después las que respondían del préstamo real de la
ciudad de Valencia.
El virrey en todo el proceso mantuvo la actitud, solicitada por las
mismas villas, de “protector”; mas no se sabe hasta qué punto dicha pro-
tección era desinteresada. La animadversión personal hacia el duque de
Segorbe y el miedo a una posible ocupación de la villa de Llíria, que le
impediría el acceso a sus estados de Jérica, fueron, sin duda, acicate pa-
ra la asunción del papel de valedor del reino. Sin embargo, para este per-
sonaje, el calificativo que le merecía el territorio que administraba era
de “miserable y de poca sustancia”, aunque siempre podrá presumirse
que era un desprecio calculado para evitar la desmembración. De hecho,
en los diversos informes sobre las villas reales que se remitirán al go-
bierno de la Monarquía, se recurrirá al argumento de la minusvalora-
ción aduciendo sus pocas rentas y escasa economía, su importancia es-
tratégica y la fidelidad mostrada hacia la causa real durante el conflicto
agermanado, todo con el fin de intentar salvar las villas para la jurisdic-
ción real. Como epílogo a la cuestión de la permuta de las villas reales
cabe citar el hecho de que inmediatamente después de la muerte del vi-
rrey Fernando de Aragón, apenas cinco días, el duque de Segorbe escri-
bió a su Alteza recordando la permuta y, solicitando, asimismo, el oficio
de virrey684.

***

Ahora bien, el mencionado du-


que de Segorbe no apetecía sólo las
684
AGS, Estado, 305, f. [Link]. Ap. doc., 23. villas de la Plana como consecuen-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
225
cia de la permuta del condado de Ampurias. El ducado mantenía un lar-
go pleito con la ciudad de Valencia por la posesión de las baronías de
Paterna, Benaguasil y la Pobla, desde que el rey Alfonso V, para finan-
ciar sus empresas de ultramar, se vio obligado a solicitar subsidios a los
diferentes estados aragoneses y empeñar villas y lugares del real patri-
monio685. Sin embargo, los abogados de don Alonso de Aragón pretendí-
an que dichas baronías habían sido entregadas al infante, abuelo del du-
que, como recompensa de las muchas tierras y dignidades que había de-
jado en Castilla686.
En 1540, desde Madrid, se daba noticia a los jurados de Valencia de
que se había escrito al duque don Fernando de Aragón para que conclu-
yese el pleito entre el duque de Segorbe y el síndico de la ciudad por las
baronías. La finalización del litigio era muy deseada, por lo que supondría
para el bien y pacificación de la ciudad687. Meses más tarde, Miquel Jordà,
mercader, clavario común de la ciudad, pagaba “al honorable e discret en
Luis Beltran, notari, 31 lliures, 5 sous. E son per la ciutat, del salari tocant
a pagar a la dita ciutat per la sentencia que s·es donada entre lo Excellent
Duch de Sogorb, de una, e la dita ciutat de part altra sobre dita recupera-
cio de les baronies de Paterna, la Pobla y Benaguazir”688.
Sin embargo, el contencioso distaba de haberse dilucidado. En 1547,
en el informe sobre las tierras que se podrían dar al duque de Segorbe en
recompensa del condado de Ampurias, se recordará que el duque ya ha-
bía obtenido dos sentencias favorables, que la ciudad estaba condenada
a restituir las baronías y que la Real Audiencia jamás había podido hacer
ejecución de ellas. El problema, debido al estado económico en que se
hallaban las poblaciones en el momento de la entrega, tenía difícil solu-
ción. Cuando el rey Alfonso hizo donación de las baronías, éstas estaban
empeñadas con la ciudad de
Valencia, por lo que primero habí-
685
El Consejo de Valencia había decidido el 13 de
an de desempeñarse, y la clarifica-
octubre de 1430 que “lo Senyor Rey (...) transporte e ción y resolución de las cuentas
aliene los lochs de la Pobla de Benaguzir e Benaguzir e podía aplazarse sine die, con lo
Paterna ab tota jurisdiccio alta e baxa” MARTI FE- cual se eternizaba el momento de
RRANDO, L. Benaguasil, villa y baronia, 1991, pp. 99-100. la entrega de las localidades al du-
686
AGS, Estado-Aragón, 300, f. 121.
687
que. Por ello, en el informe se soli-
“A los amados y fieles nuestros los jurados de
Valencia”. AMV, Manuals de Consells, A-70,Volumen I-2º citaba que el rey enviase a un ex-
Parte; Madrid, 15 de marzo, 1540. perto que examinase las cuentas y
688
Ibidem, 12 de mayo, 1540. aclarase lo que se debía, pues
226 “Si el duque lo ha de tratar por via de pleyto, no saldra jamas al cabo d·ello
por lo que se ha visto en lo passado, a causa de las passiones particulares de
los que rigen aquel reyno y se provechan d·esta tierra, de que la çiudad no
tiene ni reçibe utilidad alguna”689.

Inmediatamente después de la muerte de Fernando de Aragón, el du-


que de Segorbe escribirá al príncipe para recordarle, en una serie de sú-
plicas y peticiones, que aún no ha sido recompensado convenientemen-
te de la pérdida del condado de Ampurias:

“Vuestra Alteza me haria mucha merced de supplicar a su magestad que se


me diesse, y assi tambien pues viene a la cuenta, aquella tierra de Xerica, pa-
ra que aquella con la mas se me diesse a trueque del condado de Ampurias,
si su Magestad tuviere la mesma voluntad del que asta aqui ha tenido.
Vuestra Alteza me escrivio desde Rosas que, por faltar algunas cosas en es-
to, no se rematava esta negociacion entonçes y quedava para quando vues-
tra Alteza fuesse con su Magestad”690.

En este largo conflicto que la ciudad de Valencia, arrastró con el du-


que de Segorbe por las baronías de Paterna, la Pobla y Benaguasil, la
lentitud de la maquinaria judicial y la lejanía del monarca jugaron a fa-
vor de la ciudad, que pudo sostener durante este período su jurisdicción
sobre dichos lugares.

4.5. REDUCCIÓN A LA CORONA

Así como algunos municipios reales habían corrido el riesgo de ser


absorbidos por señores y pasar a jurisdicción nobiliaria, hubo intentos
de algunos municipios de sustraerse al dominio de los barones para pa-
sar a la demarcación real. Este proceso de reversión al poder directo del
monarca es lo que se conoce como “reducción a la Corona”. El caso más
nítido en este sentido fue el promovido por los habitantes de l’Alcúdia.
Como se ha indicado anteriormente, el poder real, desde el centro y des-
de la periferia, no se mostró partidario de reducir las baronías a la
Corona. En el caso que ahora se observa el virrey estuvo ausente hasta
una fase avanzada del proceso, ya
que fue promovido por los propios
689
AGS, Estado, 300, f. 121. habitantes y el visitador Miguel
690
AGS, Estado, 305, f. 215. Al muy poderoso señor. Puig. A mayor abundamiento, el
Arbeca, 1 de noviembre, 1550. desenlace muestra el escaso inte-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
227
rés de la Corona en asumir, al menos en esta ocasión concreta, los luga-
res de jurisdicción señorial.
Este lugar había estado durante muchos años en posesión de la fa-
milia Ribelles, quienes ostentaban la jurisdicción criminal, mero y mix-
to imperio. Sin embargo, los malos tratos que el señor don Juan de
Ribelles dispensaba a sus vasallos motivaron que éstos solicitaran
emanciparse, a sus propias expensas, de la jurisdicción señorial. El me-
diador elegido para iniciar el proceso no fue, según el virrey, sino el obis-
po de Elna.
El visitador Miguel Puig tramitó la petición a los lugartenientes ge-
nerales en la monarquía, Maximiliano y María, quienes a su vez escri-
bieron al duque de Calabria y al propio obispo lo que convenía sobre la
petición de reducción a la Corona del mencionado lugar. El proceso ini-
ciado no se perfilaba sencillo, pues como había sucedido en tantas otras
ocasiones las conversaciones en la cúpula del poder central revelan un
juego político cargado de dobles significados:

“Al qual al duque avisamos d·ello para que este advertido que con sinistra in-
formacion no haga merced d·ella al dicho don Juan de Ribelles ni a otro, por-
que ahunque sea poca cosa, pero porque seria hazer daño y aggravio a los di-
chos vassallos, haviendolo ellos pagado de sus propios dineros, seria tambien
en prejuyzio de los privilegios de union e incorporacion a la real corona, que
dizen tienen por ser constituido el dicho lugar dentro los terminos generales de
la villa de Alzira, redundaria en decervicio de vuestra Magestad por lo que es-
ta empeñado y enagenado del Real Patrimonio en aquel Reyno y en Cathaluña,
en lo qual se deve en todo tiempo mucho mirar, specialmente en esto por fe-
necer en el año que viene la prorrogacion de las luyciones”691.

Si bien hasta el propio don Juan de Ribelles iba a quedar ignorante


de la maniobra, el proceso de reducción iniciado por los habitantes de
l’Alcúdia iba a quedar estéril ante los intereses propios de la Monarquía.

4.6. ORO Y MONEDA EN VALENCIA

En la primera mitad del siglo XVI numerosos estados europeos se ha-


llaban en dificultades por la esca-
sez de oro. Aunque las transaccio-
nes comerciales se realizaban me-
691
ACA, Cancillería, 3991, f. 34-34 vº; Valladolid, 28 diante papel, llegaba un momento
de mayo, 1549. en que el país beneficiario insistía
228 en cobrar en moneda internacionalmente válida. Los soberanos trataban
de aplazar el mayor tiempo posible el pago de la deuda, precisando de pa-
gos de intereses cada vez más fuertes, pero llegaba el momento en que,
tras aplazar al máximo los réditos, había que hacer efectiva la deuda, pre-
cisando para saldarla de los metales preciosos, oro o plata692. La necesidad
de oro indujo a numerosos países a hacer ajustes en sus monedas inter-
nas, siendo la tendencia general la reducción del oro en la circulación
monetaria. Para tal fin podían seguir un triple camino: disminuir el con-
tenido de oro o de plata de las monedas, acuñar monedas de ley inferior
o aumentar el valor nominal de las ya existentes693. Y los ajustes no sólo
afectaban a la economía interna de los países. Francia recurrió a todo gé-
nero de argucias tendentes a ingresar moneda de oro extranjera, sobre to-
do procedente de España, de modo que la moneda de buena ley quedaba
atrapada en el régimen monetario francés. Esto tuvo como consecuencia
que la moneda de bajo cuño sustituyó a la buena y los escudos franceses
llegaron a extenderse de tanto que llegaron a prevalecer incluso sobre los
ducados, de tal modo que los soldados mercenarios preferían ser pagados
en escudos franceses a pesar de ser de ley inferior694. Si todo ello fue en de-
trimento del oro español en general, aún fue más intenso el efecto sobre
la moneda de oro valenciana, la cual era de una ley superior a la de los es-
tados vecinos y tenía una cotización muy inferior a la usual en los otros
reinos hispánicos y europeos, por lo que fue objeto de fuertes presiones
especulatorias que provocaron su virtual desaparición del mercado.
Los estados hispánicos se hallaban encuadrados, obviamente, en el
marco general del occidente europeo, y en consecuencia, no fueron
una excepción a la regla. En Castilla, en las Cortes de Valladolid de
1518 y 1523 se había solicitado que los ducados fuesen sustituidos por
escudos de 22 quilates para equiparar su moneda con la francesa. En
Portugal, las Cortes de Torres
Novas de 1525 y 1535 plantearon
692
VILAR, P. Oro y moneda en la Historia (1450- la misma cuestión. Una pragmáti-
1920). Barcelona, 1982, p. 99. ca del emperador de 1537 permi-
693
Ibidem, p. 117. tió para Castilla la acuñación de
694
CARANDE, Ramón, Carlos V y sus banqueros, coronas según la ley de 22 quila-
Barcelona, 1990, t. I, pp. 228-229. tes que se había solicitado695. Esta
695
MATEU Y LLOPIS, F. La Ceca de Valencia y las acu-
ñaciones valencianas de los siglos XIII al XVIII. Ensayo so-
decisión iba a tener consecuen-
bre una Casa Real de Moneda de uno de los Estados de la cias inmediatas en el territorio
Corona de Aragón; 1929, p. 109. valenciano.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
229
Este apartado se centra, fundamentalmente, en los problemas que
ocasionó la infravaloración del oro en Valencia. Ciertamente, la facili-
dad con que se adquiría el metal áureo en dicha ciudad provocaba la ex-
portación de este tipo de moneda hasta el punto de hacerla casi inexis-
tente. Pero las medidas policiales adoptadas por el virrey, incluyendo la
creación de un comisario especial, se revelaron como totalmente inefi-
caces; de ahí que se buscasen soluciones que incidiesen sobre la causa
de la extracción de dicha moneda. Ante este problema los regidores de
Valencia reaccionaron solicitando el incremento del contenido de oro de
ducados castellanos o la disminución de dicho contenido en los ducados
valencianos. El licenciado Gasca, además de plantear el problema, pro-
puso una solución ecléctica adoptando parte de las diferentes propues-
tas. Ante el retraso con que el poder central tomaba sus decisiones, el vi-
rrey decidió acuñar moneda de menor ley. Esta decisión, técnicamente
lógica, motivó la respuesta del príncipe: una reprimenda en toda regla
para el lugarteniente general por haber usurpado una de las regalías ex-
clusivas de la Corona. La indecisión primero, y la áspera respuesta a la
iniciativa del virrey después, estaban motivadas por la ganancia que el
monarca tenía en cada acuñación, muy superior a la que percibía en
Castilla. Sin embargo, cuando el gobierno de la Monarquía adoptó me-
didas para terminar con el comercio ilegítimo de la moneda de oro, la
Generalidad, los estamentos e incluso el municipio, elevaron sus pro-
testas reclamando el libre tráfico del metal precioso. Este cambio en la
política comercial del municipio, partidario ahora del libre comercio,
no se reflejará tan sólo en la libre circulación del oro, sino que se apli-
cara a otras áreas comerciales como la exportación de seda, motivo de
un auténtico “viraje” municipal.
Asimismo, la moneda de plata estuvo sometida a la codicia de los es-
peculadores, hecho que obligó al regente de la lugartenencia, de acuer-
do con los jurados, a disponer nuevas acuñaciones con una ley de pure-
za inferior. Los fueros del reino disponían las máximas penas para los
falsificadores de moneda, cuyo delito se consideraba de lesa majestad.
Los casos en que este tipo de falta se registran permiten observar la ce-
leridad con que el virrey dispuso para atajarlo; asimismo se estudian las
medidas que al respecto tomó el municipio y los problemas que esta va-
riedad de fraude ocasionó.

***
230
En el reino de Valencia, las acuñaciones realizadas por los Reyes
Católicos conjuntamente, después por Fernando II en solitario y, por úl-
timo, por Carlos V, habían sido numerosas, pero el oro estaba infravalo-
rado respecto su relación de mercado. Si en 1522 la relación era de 9,82
a 1, con la reforma castellana de 1537 se llegó a una situación peligrosa,
pues Castilla elevó su relación de 10,6 a 1696. Ello provocó una desestabi-
lización del sistema monetario y, consiguientemente del económico en
dicho reino. La diferente cotización efectiva del oro, con saldo netamen-
te favorable a la moneda valenciana favoreció que los ducados valencia-
nos fueran rápidamente sacados del reino de Valencia con destino, prin-
cipalmente, hacia los reinos de Italia, Francia, Castilla y Portugal.
Ante los problemas que la infravaloración del oro ocasionaba en
Valencia, el virrey procuró diversas medidas. Por medio de las crides
oportunas intentó frenar la ya indefectible salida del oro en Valencia,
como la del 18 de octubre de 1539 que prohibió terminantemente la ex-
tracción de oro del reino, salvo permiso expreso del rey o suyo propio697.
A partir de este primer pregón se sucedió una larga serie de bandos en
los que se reiteraba la proscripción de sacar las monedas del reino. De
hecho, apenas unos meses después, el 27 de septiembre del mismo año,
se emitía otro pregón ordenado por el virrey que vetaba la evasión de di-
visas de oro, so pena de confiscación de las monedas y pase de las per-
sonas y sus bienes a disposición real. Tan sólo se exceptuaba el pago de
oro al exterior para la adquisición de trigo y carne con destino a la ciu-
dad o al reino698. Ahora bien, como lo que prohibían los bandos era la
extracción de moneda, los evasores de divisas se servían de un subter-
fugio legal: fundir las monedas para hacer planchas y mediante esta ar-
timaña sacaban el oro del país. Esta estrategia de los especuladores in-
dujo al duque de Calabria a pro-
mulgar una nueva “crida”, prohi-
696
HAMILTON, E. J, El tesoro americano y la revolu-
biendo la salida de metal precioso
ción de los precios en España, 1501-1650, Barcelona, valenciano en rieles, planchas u
1983, p. 123. otras formas, incluyendo las jo-
697
ARV, Real, 325, ff. 353 y ss.; en MATEU Y LLOPIS, yas699.
F. La Ceca de Valencia ... p. 110 La falta de oro era tan acuciante
698
La incitación a la delación era realmente tenta-
que llegó a suponer un peligro para
dora. La mitad de lo capturado pertenecería al delator,
y la otra mitad al fisco. ARV, Real, 1318, ff. 174 y 175- la vida económica de Valencia. El
176 vº;Valencia, 27 de agosto, 1539. virrey convocó a los jurados,
699
ARV, Real, 1319, f. 6-7. Consejo, estamentos y a los pro-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
231
pios mercaderes para tratar la cuestión. El resultado de las negociacio-
nes fue un bando por el que se consideraba necesario admitir las coro-
nas de oro que se batían en Castilla, valorándose en 19 sueldos, 7 dine-
ros, moneda real de Valencia700. Los jurados valencianos, por su parte,
habían solicitado al príncipe Felipe dos medidas: apreciar la ley de los
ducados castellanos, de manera que se perdiese la ganancia cuando se
evadiesen los ducados valencianos, o batir moneda del mismo peso y ley
que el de Castilla. El príncipe, tras ponderar las observaciones que el vi-
rrey le había remitido sobre el tema, le confirió poder para tratar y con-
certar con los jurados y racional de la ciudad la forma más adecuada de
acuñar la moneda de la misma calidad que las últimas monedas caste-
llanas. Asimismo, recibió “licencia y facultad y todo el poder necessario
a quien se hubiere de fazer”701. El poder recibido por el virrey no resul-
tó convincente quizá ni para él mismo, pues los jurados, el visitador
Pedro de la Gasca y el duque de Calabria seguían colaborando en la bús-
queda de una solución y, aunque ensayó fórmulas parciales para aliviar
la fuga de oro, no pudo autorizar la acuñación de moneda hasta el mes
de agosto de dicho año. Mientras, Gasca informaba a Francisco de los
Cobos de las reuniones habidas con los delegados municipales al res-
pecto: los responsables de la ceca, micer Ros y Pallas y Ruiz, que tenía
un cargo en la Taula de Canvis de Valencia702. El problema que se trata-
ba de abordar era doble. Por una parte se hallaba el problema del pre-
cio del oro que en Valencia era inferior a Castilla lo que era causa de su
salida del reino; por otra, la proporción de oro que el soberano se lleva-
ba en cada batida era superior a la de Castilla. Para estar en igualdad de
condiciones ambos reinos, en Valencia había que quitar cinco marave-
díes por cada corona de los derechos reales, cosa que, naturalmente, no
podía admitir el soberano, quien
no se hallaba dispuesto a dejar de
700
tener ganancias. Si, de otro modo,
ARV, Real, 1320, f. 123 vº-124 vº; pregonada en la
ciudad de Valencia el 5 de diciembre de 1543. el descuento se hacía sobre los
701
Don Felipe al duque don Fernando de Aragón. particulares que llevaban el oro
ARV, Real, 329, ff. 13 vº- 14 vº; Cigales, 8 de febrero, para acuñar moneda, por tal de
[Link]. Ap. doc., 11. evadir los impuestos se llevarían el
702
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 11. Teodoro Hampe
metal para batirlo en Castilla. El
Martínez, cita esta misma carta (AGS, Estado-293, f. 13
y Estado-297, ff. 167 y 257), en el resumen que de la ac- juez de residencia como represen-
tuación del mencionado inquisidor hace en Don Pedro tante de la junta apuntaba las tres
de la Gasca..., p. 62. soluciones que se veían posibles
232 para que el gobierno de la Monarquía tomase la determinación que cre-
yese más pertinente:
a) que las coronas valencianas valiesen tres dineros y medio más que
en Castilla, con lo cual no se sacarían hacia Castilla como ya había su-
cedido con los ducados;
b) que las coronas valencianas fuesen de menor ley que en Castilla,
con lo cual se dejaría de pasar moneda al reino vecino. La posibilidad de
que fuesen sacadas de Castilla a Valencia quedaba descartada por la
compensación de los mayores gravámenes existentes en Valencia. Con
todo, cabía la posibilidad de que la moneda castellana se aprovechase
para joyería;
c) que las coronas valencianas fuesen de la misma ley y valor que las
castellanas, aunque de menor peso. Esta solución tenía el inconvenien-
te de dificultar el intercambio comercial.
Pero Gasca consideraba que su deber no era quedarse en el estadio
de transmisor de problemas al poder central. Debido a que todas las so-
luciones aportadas tenían sus propios inconvenientes, el juez de resi-
dencia hizo su propia aportación personal. Esta consistía en una com-
binación de las tres propuestas de la junta: reducir un tercio los dere-
chos, añadir un tercio más de “liga” y aminorar en un tercio su valor. De
este modo, repartiendo las costas, reducía los inconvenientes y sumaba
los beneficios de las propuestas. La relación de Pedro de la Gasca ter-
minaba con la súplica al príncipe para que diese rápida solución a un
problema cuya dilación no hacía más que engendrar nuevas dificulta-
des.
Mientras llegaba la solución definitiva el virrey intentaba otra solu-
ción parcial al problema. Ante la súplica de los jurados de Valencia al
propio lugarteniente para valorar los ducados a 22 sueldos con el obje-
to de impedir su desaparición, el duque de Calabria dio su consenti-
miento tácito. Seguidamente comunicó al gobierno de la Monarquía la
resolución tomada, remarcando de nuevo las dos únicas salidas posibles
para salir del estado en “que stamos y vivimos con mucha confusion”; a
saber, batir coronas o subir los ducados del reino a razón de 22 suel-
dos703. Pero esta iniciativa del virrey, que entraba en la lógica de los po-
deres recibidos en la resolución
del príncipe de 8 de febrero, trope-
703
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 16;Valencia, 10 de ju- zó con el rechazo frontal del joven
lio, [Link]. Ap. doc., 12. Felipe, quien consideraba que los
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
233
asuntos de la moneda eran potestad exclusiva de la Corona. La amones-
tación de su Alteza le llegó por escrito a su lugarteniente general en
Valencia:

“Ellos lo hizieron y vos lo dissimulastes por el beneficio que paresçia que se


seguia dello, a lo qual no devierades dar lugar por ser esta regalia que sola-
mente toca a su Magestad y no a otra persona ninguna, mayormente por lo
que se os havia scripto que no haviendose aca platicado sobr·ello quando lo
consultades, no paresçio que convenia”704.

En la misma minuta el príncipe daba cuenta a los jurados de la visi-


ta del síndico de la ciudad para tratar sobre la valoración de los duca-
dos y la batida de moneda de oro y, sobre ambos asuntos, se remitía a lo
escrito al duque de Calabria. Finalmente, el 2 de agosto de 1544 el virrey
autorizaba al maestro de la ceca a batir coronas de ley de veintiún qui-
lates y siete octavos, valiendo cada una de ellas 19 sueldos, 8 dineros,
moneda real de Valencia705. Dicha medida la había tomado el duque de
Calabria tras recibir la autorización del príncipe. Según las instruccio-
nes de don Felipe, la batida debía ajustarse a la relación que el virrey le
había enviado, y debía tener cuidado en que “las estampas de los scudos
sean quales conviene”706. En el proceso de autorización de batida de mo-
neda también había intervenido el licenciado Gasca. Las anotaciones
que el visitador había hecho llegar al príncipe sobre la acuñación de mo-
neda fueron consideradas pertinentes. Gasca era informado del proceso
de autorización de la batida de moneda, y recibió instrucciones para ha-
cer llegar sus sugerencias al virrey707.
Equiparando la moneda de oro valenciana a la castellana, los regní-
colas creían que se había terminado con el problema de la extracción de
oro del reino; sin embargo, pronto los genoveses dirigieron su atención
hacia la nueva moneda y hubo de recurrirse a un nuevo cambio de 20
sueldos la corona para evitar la fu-
ga del nuevo efectivo. Fue el dieta-
704
Al duque don Hernando. AGS, Estado-Aragón, rista Jeroni Soria quien dedicó un
291, f. 110;Valladolid, 27 de agosto, 1544.. breve capítulo a la batida, especu-
705
ARV, Mestre Racional, leg. 357 en MATEU Y LLO- lación y recuperación de la corona
PIS, F. La Ceca de Valencia..., p. 110. Asimismo, en ARV,
en Valencia:
Real, 1320, ff. 175-176 vº.
706
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 110. “A XX de Agost, 1544, los Jurats de
707
Al licenciado Gasca del Consejo de la Santa Valençia feren provisio que fessen corones,
General Inquisición; Ibidem, f. 157. com nos trobasen ducats en Valençia, e
234 posarenles a XVIII sous, VIII, e los genovesos que abitaven en Valençia, mer-
caders, ne tragueren tanta suma de amagat pera Genova perque y guanyaven
en elles, que no sen trobaven, de hon sague de manar en lo almodi de Valençia
y en les taules de la Lonja, axi de Valençia com la de Nofre Lluís Garçia, com
la de Alonso Costa, que hui son les dos en lo enllosat fora la Lonja, que les
prenguessen a XX sous la corona e aço sens ferne crida e axi feren pesals a ra-
ho de XX sous, de on sen trobaren tantes sens ferne novament que es cosa de
meravella”708.

Pasado el efecto de la medida de choque las extracciones de moneda de


oro continuaron produciéndose. El licenciado Gasca informaba de nuevo
al príncipe del desorden que continuaba produciéndose en la salida de
moneda del reino, y autorizaba como remedio la renovación de pregones
renovando las penas. Su Alteza pedía que “por todas las vias que ser pu-
diere se eviten y escusen los fraudes que en esto se cometen”709.
En enero de 1546 el virrey comisionaba a Francisco de Montesa,
“salvaguarda dels drets reals e coses vedades”, para que vigilase el
cumplimiento de las prohibiciones de evasión de metal precioso.
Recibió el bastón de alguacil y todo el poder necesario para ir a cual-
quier lugar del reino y tomar todas las medidas necesarias para hacer
efectivas las normas contra la extracción de oro y otros artículos ve-
dados. Debía entrar en casas, registrar mercancías y naves, vigilar
puertos, y aprisonar todos los que infringieran los pregones sobre ex-
portaciones clandestinas. Francisco de Montesa podía dar poder nota-
rial a su hermano Martí de Montesa, Anthoni Pedrola y Jaume Mateu
para que pudiesen ejecutar estos mandatos710. Sin embargo, la medida
no debió de resultar muy eficaz. El propio Francisco de Montesa hubo
de acudir al príncipe porque, a pesar de su nombramiento, no había
encontrado el auxilio necesario. Don Felipe, en efecto, le prestó su am-
paro, ordenando a todos los oficiales del reino, so pena de 1000 flori-
nes de oro de Aragón, que ayudasen a Montesa cada vez que les requi-
riese en su comisión contra el sa-
queo de coronas de oro. Como
Pedrola había muerto y Mateu es-
708
SORIA, J. Dietari..., p. 216. taba cautivo, podía contar con
709
ARV, Cartas Reales, Felipe Príncipe, nº 17; otros dos ayudantes711. Los jura-
Valladolid, 3 de febrero, 1545.
710
ARV, Real, 1423, f. 17-17 vº.
dos estaban convencidos de que
711
ARV, Real, 332, f. 106 vº-110 vº; Monzón, 3 de no- una gran parte de la responsabili-
viembre, 1547. dad la tenían dos particulares que
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
235
tenían dispuesta una tabla o banco de cambio y argentería. Tras faci-
litar información al secretario Gonzalo Pérez, habían determinado tra-
mitar embajada al príncipe para exponerle el problema:

“de anar dos de nosaltres a supplicar a vostra Alteza tingues per be procehir
en que dits banchs o taules promptament fossen levats, que seria stanyar di-
ta treta de moneda de or e reparo de aquesta ciutat e republica de aquella”712.

Por su parte, los propietarios de la tabla no se resignaron pasiva-


mente: protestaron ante el príncipe haciendo valer sus derechos históri-
cos conforme a las disposiciones forales y privilegios de la ciudad. El
príncipe, como solía ocurrir en estos casos, evadió la respuesta, indi-
cando al virrey que llamadas y oídas las partes hiciese justicia conforme
a los fueros713. Si bien los jurados habían tomado diversas medidas para
evitar la evasión de monedas de oro, cabe la duda razonable de si hubo
realmente una política decidida del consistorio para terminar con la ex-
portación del oro valenciano. La duda es pertinente, puesto que, como
puede observarse en las páginas siguientes, en torno a la exportación de
seda el municipio da, a partir de 1546, un auténtico viraje en su política
proteccionista de esta materia prima para conseguir el restablecimiento
de la libertad de exportación del producto. Acaso la política “librecam-
bista” que desempeñaron instituciones como la Generalidad o el propio
consistorio de la capital alcanzó igualmente a la exportación de mone-
da de metales preciosos.
Onofre Urgellés fue comisionado por el príncipe para inquirir, pre-
cisamente, contra aquellos que habían extraído dinero, oro, plata y jo-
yas del reino de Valencia714. Ante los modos de proceder de Urgellés en
materia de prevención de la exportación clandestina de moneda el es-
tamento militar y la Generalitat instaron a la protesta. Esta reacción
se reproduciría con motivo de la
polémica que, en torno a la venta
de seda, no tardaría en desatarse.
712
También debían informar a “comanador major Ambas instituciones invitaron al
de Leo, comanador major de Castella, micer Noffre ayuntamiento de Valencia a su-
Urgelles, Goncalvo Perez, mutatis, mutandis” AMV, marse a la embajada que iba a
Lletres missives, g3-50;Valencia, 27 de abril, 1546.
713
tramitarse ante el príncipe para
ARV, Real, 330, ff. 23-25 vº.
714
Sobre las reacciones de las diveras instituciones del protestar por la actuación de este
reino ante el comportamiento del comisionado, MARTÍ comisionado. El “Consell” asu-
FERRANDO, J. El poder sobre el territorio..., p. 65 y ss. mió el hecho de que, con la comi-
236 sión y los procedimientos de Urgellés, los pueblos del reino se estaban
alterando por el grave e intolerable daño que estaba produciendo en el
comercio. Se extrañaban los ediles porque desde que se habían inicia-
do las pesquisas no cesaba la actuación contra los mercaderes acusa-
dos de exportación fraudulenta de metales preciosos. La conclusión a
la que llegaban era que iban a caer totalmente los ingresos por per-
cepción de derechos de la ciudad. Aducían la mengua producida en el
mes de enero, aunque los regidores parecían ignorar el hecho de que
el mes aún no había concluido, pues todavía faltaban diez días para
que expirase. Las palabras recogidas por el acta expresan la dureza
con que los jurados rechazaban la actuación del comisionado
Urgellés715. El tono era demasiado áspero como para tratarse de una
simple protesta. Obviamente, se aprobó la resolución de enviar una
embajada para protestar ante el príncipe.
Días más tarde volvieron a reunirse los ediles valencianos.
Determinaron que el síndico de la ciudad tomase parte en la causa de
protesta que se llevaba contra Onofre Urgellés por su “inquisicio contra
les persones que han tret del present regne e de huns lochs en altres de
aquell moneda de or, argent e altres coses”. Aprobaron, asimismo, la ges-
tión que el síndico de la ciudad había realizado hasta la fecha contra di-
cho comisionado716.
Ciertamente, era muy brusco el cambio de actitud producido en el
municipio. La experiencia obraba en el propio consistorio debido a la
variación operada en la exportación sedera durante 1546. Sin embargo,
a diferencia de lo ocurrido entonces, ahora no había ningún dato con-
creto con que contrastar la gestión del comisionado. Ahora bien, había
una larga experiencia acumulada en la desaparición de libros contables
reclamados por la justicia que obligaba a los comisionados a actuar con
rapidez antes de que los interesados escondiesen los libros en los que
se reflejaba su dudosa gestión. Así, tomando la cita que de Casey hace
Ernest Belenguer: “Hom admira la calma serena dels funcionaris mu-
nicipals mentre sumaven les cares del crèdit i el dèbit en el llibre de
comptes mentre els creditors trucaven a la porta (...), els llibres de
comptes eren un frau monumen-
tal”. Y, siguiendo las propias con-
715
Consell Secret. AMV, Manuals de Consells, A-75;
clusiones de Belenguer: “amb tots
Valencia, 21 de enero, 1548. els matisos que hom vulgui per a
716
Ibidem;Valencia, 24 de enero, 1548. poder aplicar aquestes afirma-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
237
cions a la primera meitat del segle XVI, penso que en essència són co-
rrectes”717.
El temor a que la madeja de corrupción y tramas ocultas aflorase
cuando los visitadores reales intentaban desentrañar las finanzas mu-
nicipales, era lo que provocaba el pánico que, en esta ocasión, excedía
al propio consistorio. La oligarquía valenciana se había sentido soli-
daria y, desde las diversas instituciones, ante el peligro común que re-
almente podía amenazar sus intereses, orillando las rencillas en que
habitualmente se entretenían sus miembros, hizo causa conjunta para
extirpar al perturbador, en este caso el comisionado Urgellés que pre-
tendía acabar con la trama de la exportación ilícita de capitales de
Valencia. Lo cual, por otra parte, no era ninguna novedad. El caso más
paralelo había sido el de la actuación irregular —por usar un término
benigno— de las minorías italianas en Valencia. A pesar de los prego-
nes, de los duros escritos y calificaciones, los genoveses y florentinos
eran amparados, tanto por los propios mercaderes valencianos como
por los altos funcionarios en Valencia y en la Corte. Así, cada intento
de clarificación en las finanzas municipales originaba una respuesta
refleja de grandilocuentes palabras referidas a fueros vulnerados, ame-
nazas de ruina de la ciudad y reino, junta de los síndicos, embajadas
de contrafuero y demás protestas sonoras en las que el municipio in-
tentaba disolver su propia realidad.
Y el problema no se circunscribía sólo a la moneda de oro: por lo que
a la moneda de plata respecta, debido a la costumbre de cercenar las pie-
zas su mera presencia en el territorio había llegado a una situación peli-
grosa. Hasta los reales castellanos que habían sido aceptados en el reino
se hallaban a punto de desaparecer. En 1536, estando el reino falto de mo-
neda blanca, se acordó la acuñación de 3 000 marcos de plata. En 1539 se
realizaron nuevas acuñaciones de plata, pero aún esta segunda aportación
de moneda blanca siguió siendo insuficiente para las necesidades del co-
mercio718. En 1544 el municipio valenciano procedió a establecer el patrón
de ley de la plata valenciana. Pere
Lluís Sunyer, mercader de plata en
717
la ciudad y Pere Mir, platero mar-
BELENGUER, E.“Estudi introductori” en Història
cador, habían invertido seis libras y
del País Valencià. De les Germanies a la Nova Planta, t. III,
Barcelona, 1989, pp. 33-34. diecisés sueldos en la adquisición
718
MATEU Y LLOPIS, F. La Ceca de Valencia..., pp. 108 de los útiles necesarios para esta-
y 111. bler el patrón de la ley argéntea de
238 la ciudad y reino de Valencia719. Muchas de las monedas de plata habían
sido fundidas y, con la escasez de moneda el comercio se resentía. Los ju-
rados de la ciudad acordaron enviar a Dionís Climent para que, entre
otros asuntos, suplicase al príncipe la importación de moneda de plata
castellana para batir moneda blanca:

“Nos faça merce de donar·nos treta per a sis milia marchs de argent per a
que se puga batre moneda valenciana, la qual nos pot traure per no estar
avalarada fora de aquest regne e, ab aquella, aquesta ciutat stara provehida
de moneda sens pensament que d·ella se puga traure suma alguna e, ab
aquella los comercis tornaran y seran conservats e ab aço cessara la treta de
moneda castellana, axi de or com de argent”720.

No puede establecerse una relación de causa efecto entre la súplica


de los jurados y la resolución del regente de la lugartenencia, Jeroni de
Cabanyelles, de batir moneda blanca, ya que la resolución de tramitar
al síndico ante el príncipe no está datada. Pero el hecho fue que el re-
gente, tras deliberar con los jurados, cursó orden al maestro de la Ceca
real de Valencia, Alonso Sanchis, para que procediese a batir 5 000 mar-
cos de plata “en reals senars e doblons de tres sous, trahent de cada
marc noranta hun reals de la liga acostumada”. Asimismo, el mencio-
nado maestro recibió orden de batir “15 000 marchs de menut” en la
misma ley de plata721. El municipio garantizó en la tabla de la ciudad el
cambio del marco de plata a razón de 6 libras 16 sueldos para todos
aquellos que aportasen el metal ar-
génteo para batir moneda blan-
719
AMV, Manuals de Consells, A-73; Valencia, 7 de ca722. Una “crida” de finales de
agosto, 1544. 1548 cursaba las instrucciones
720
También debía informar a “Gonçalvo Perez, se- pertinentes para la batida de mo-
cretari de sa Magestat” y a “Noffre Urgelles, doctor del neda blanca. El mercader y dipu-
Real Conselll del Emperador” AMV, Lletres missives, g3-
tado Francesc Joan Sunyer, quien
50; sin datar.
721
ARV, Real, 1423, f. 262-263; Valencia, 24 de di- ya había intervenido en el estable-
ciembre, 1546. Mateu y Llopis sitúa esta orden en 1547 cimiento de la ley de plata valen-
(“Arch. Gral. de Val. M. R. leg. 357 c. 8550” en La Ceca ciana, quedaba comisionado para
de Valencia..., p. 112). la inspección de la operación723.
722
Cambra Daurada. AMV, Manuals de Consells, A- La falsificación de moneda era
75,Valencia, 4 de agosto, [Link]. Ap. doc., 21.
723
“Crida de portar los marchs de pesar or e ar-
uno de los problemas permanentes
gent e moneda per a regoneixer e reffinar aquells” del reino. En las licencias de aper-
AMV, Manuals de Consells,A-76; 17 de diciembre, 1548. tura de ferias o mercados, en las
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
239
amnistías que se propiciaban en las Cortes, siempre estaban excluidos los
falsificadores de moneda. Varias eran las tretas de las que se valían los al-
teradores de moneda: falsificación propiamente dicha, cercenamiento,
disminución de peso o aceptación de moneda defectuosa entre otras724.
Durante esta época hubo al menos un falsificador que operaba en la lu-
gartenencia de gobernación de Xàtiva. Fue el alguacil Gonzalo de Céspedes
quien recibió la orden del virrey para trasladarse a aquella ciudad con la
misión de trasladar a Valencia a un corsario y su vasallo que tenía presos
el “loctinent de governador dellà lo riu de Xúquer” por falsificadores de
moneda. Junto con los presos debía traer las pruebas (cuñas, cazos, y de-
más instrumentos), las actas y los procesos. El alguacil debía aprovechar
el viaje para practicar diligencias en torno al caso; sobre todo recibir in-
formación de testigos. Tanto las pruebas como la información hallada de-
bía entregarlas a micer Jeroni Salvador, doctor en ambos derechos725.

4.7. CONTRADICCIONES EN TORNO A EXPORTACIÓN


DE LA SEDA DE VALENCIA

La seda era, según expresión de las propias Cortes, “lo principal fruyt
del dit regne”726. Obviamente, las páginas siguientes no tratan del proce-
so de producción, ni siquiera de su comercio en sentido estricto; más
bien de las contradicciones dialécticas en que en que se vieron envuel-
tos los sucesivos representantes del brazo real, según la variación de los
intereses respectivos, y las relaciones, también cambiantes, que por di-
cho motivo se mantuvieron con el poder central.
En el camino que va del intento de conseguir una pragmática pro-
teccionista hasta la derogación de dicha medida, puede observarse el
caótico comportamiento de los oficiales reales: un virrey que por sí mis-
mo aplaza la promulgación de la prohibición, un asesor del baile que, a
cambio del edicto, exige a los interesados el pago en especies mientras
negocia con los exportadores el aplazamiento de la publicación, y los
funcionarios que obran según sus intereses personales. Y en el telón de
fondo, las presiones de la
Diputación, el organismo que más
724
tenía que perder con la veda a la
LALINDE ABADIA, J. La Institución virreinal..., p.
366. exportación, pues veía seriamente
725
ARV, Real 1321, ff. 90v-91vº. amenazada una de sus principales
726
Cortes 1547, 3-3 vº. vías de ingreso.
240 Si en la situación inicial se da un planteamiento netamente pro-
teccionista, cuando el gobierno de la Monarquía asume las reivindi-
caciones regnícolas y promulga la pragmática vedando la exportación
de seda, se suscitan reacciones en contra que gradualmente asumen
los diversos estamentos del país. El estudio de la documentación per-
mite observar el errático comportamiento de los oficiales reales en el
cumplimiento, o incumplimiento, de las órdenes que al efecto llega-
ban del poder central. El estamento municipal, que fue el que con
mayor ardor había clamado por la prohibición, fue también el prime-
ro en variar sus planteamientos. De ahí que se incida en el estudio de
los nuevos planteamientos librecambistas del ayuntamiento, esta vez
aplicados a la política de la exportación sedera. Por último, se alude
a la política municipal de contentamiento al sector artesanal de la se-
da.

***

La elaboración de la seda exigía de la producción artesanal; su produc-


ción requería de todo un conjunto de trabajos previos antes de la actividad
en el telar: hilar, torcer o devanar la seda eran tareas propias de una in-
dustria doméstica; pero al mismo tiempo, esta actividad gremial permitía
la “injerencia del capital comercial”727. Todavía en 1545 los jurados de
Valencia mantenían unas tesis y prácticas “proteccionistas” que velaban
por el mantenimiento del oro y de la seda en los límites del reino. Por lo
que respcta a la actividad sedera, con las restricciones a la exportación se
pretendía fomentar el desarrollo de la transformación de la seda en los lí-
mites del país. A finales de dicho año, los ediles, en un escrito al príncipe,
conceptuaban el comercio de la seda como uno de los “maiors comercis e
negocis” valencianos. Los jurados eran conscientes del efecto dinamizador
que la seda suponía para la economía del reino, especialmente en los di-
versos grupos de artesanos que la trabajaban, y al dirigirse a su Alteza pre-
tendían llamar la atención sobre el peligro que para ellos suponía la ex-
portación en bruto que se hacía de la seda en madeja, pues con las extrac-
ciones se destruía la industria arte-
sanal sedera. Aludían, para influir
727
mejor en el ánimo del príncipe, a la
SANTOS ISERN,V. M. Cara y cruz de la sedería va-
lenciana (siglos XVIII-XIX). Alfons el Magnànim,València, mengua de percepción de derechos
1981, pp. 16-17. que se produciría con el hundi-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
241
miento de la actividad sedera728. Las tesis de los grupos municipales diri-
gentes en estos momentos eran suscritas también por los oficiales de la
bailía, quienes prevenían al príncipe del gran daño que se sucedía con las
exportaciones de seda valenciana a los reinos no peninsulares como
Francia e Italia, y solicitaban la restricción de las exportaciones a Castilla,
Aragón y Cataluña previo pago de los derechos reales y multa de 500 du-
cados. Estos oficiales también avisaban de la caída de los derechos reales.
El príncipe, ante el cúmulo de peticiones proteccionistas, envió al virrey
una plica con cartas y testigos para que brevemente le informase sobre las
repercusiones que cualquier tipo de medidas en ese sentido tendría en el
reino729. Las preocupaciones del joven Felipe en esta materia, no obstante
su fama de prudente, estaban fundamentadas, habida cuenta de la verda-
dera importancia que esta actividad tenía en el reino. Había mercaderes
cuya inversión en seda se elevaba a 20.000 libras, lo que aseguraba una só-
lida y nítida entrada de numerario para el fisco real.
A principios de marzo del siguiente año, el duque aún no había en-
viado su informe al príncipe, pero éste continuaba presionado, esta vez
por los oficiales del arte de la seda, por lo que el lugarteniente general
de la monarquía hispánica volvió a indicar al duque de Calabria que
contestase con su opinión particular730. La respuesta del virrey debió de
ser negativa, ya que el príncipe, a principios de junio sancionó la prag-
mática sobre extracción de seda en el reino de Valencia731. El baile, por
su parte, se había manifestado partidario de la libre exportación de se-
da valenciana, tanto a Italia como a otros reinos.
Ahora bien, apenas había pasado un mes y ya comenzaban los proble-
mas. El príncipe había enviado la pragmática al baile junto con la provi-
sión para que se pregonase, pero los “velluters” y otros oficiales de la se-
da hubieron de apelar porque, estando la pragmática a punto de publi-
carse, el estamento militar ya había
mostrado su rechazo hacia ella: “lo
sindic del bras militar se oposa a
728
AMV, Lletres missives, g3-50 Valencia, 2 de no- que no·s publicas y que axi dona
viembre, 1545. peticio sobre aço en la Real
729
ARV, Real, 329, ff. 172 vº-173 vº; Madrid, 15 de di- Audiencia que alla se celebra”. Los
ciembre, 1545.
730
partidarios del proteccionismo de
Ibidem, ff. 188 vº-189; Madrid, 13 de marzo,
1546. la seda también tenían motivos pa-
731
ACA, Cancillería, 3983, ff. 117 vº-119 vº; Madrid, ra preocuparse pues, mientras el
5 de junio, 1549. asesor postergaba la publicación de
242 la pragmática, los comerciantes seguían extrayendo esta materia prima.
El príncipe ordenó al baile que, sin dilación, cumpliese y publicase la
pragmática. Este escrito fue remitido en términos muy similares al duque
de Calabria732.
En la misma fecha, don Felipe enviaba otros escritos, tanto al duque de
Calabria como a los abogados y procuradores fiscales. En ellos recogía el
conflicto surgido entre el síndico de los terciopeleros y el asesor del baile
general, micer Soriano. Este último, aprovechando la coyuntura que pro-
piciaban algunos oficiales reales que se resistían a la publicación y ejecu-
ción de la pragmática, habría solicitado del mencionado síndico repetidos
favores, cada vez más cuantiosos, para dar validez al mencionado edic-
to733. Paralelamente, habría negociado con los mercaderes el retraso de la
publicación de la nueva normativa hasta que aquéllos hubiesen exporta-
do sus reservas de seda. El duque recibió instrucciones para que se infor-
mase de todo lo sucedido y actuase según criterios de justicia, mientras
los procuradores fiscales debían iniciar las instrucciones pertinentes734.
Fue el abogado fiscal quien, el 15 de septiembre, enviaba una carta al
príncipe comunicándole la continuación del proceso contra el menciona-
do asesor, micer Soriano. Por ello, cuando el emperador también se inte-
resó por las irregularidades cometidas por Bernard Soriano, el virrey re-
cibió órdenes expresas de continuar recibiendo información “sobre qual-
sevol delictes per aquell comesos” y que reabriese el sumario iniciado por
el visitador Pedro de la Gasca734. El duque de Calabria a la vista de las irre-
gularidades manifiestas había solicitado del príncipe poderes para sus-
pender al asesor del baile de su oficio, los cuales le fueron prontamente
conferidos736. El abogado fiscal también recibió órdenes para que el fisco
hiciese “sin alçar la mano” todas las instancias necesarias737.
Si los que intentaban impedir la
salida de la seda habían reacciona-
732
ARV, Real, 330, ff. 49 vº-50 vº; Madrid, 20 de julio,
do con diligencia, los que pretendí-
1546. Ibidem, f. 50 vº-51 vº. an exportarla no se habían demora-
733
Primero solicitó un terciopelo, pero luego pidió do menos. Los diputados de la
“nou y de pel y mig” ACA, Cancillería, 3983, f. 121-122; Generalidad notificaron el gran da-
Madrid, 20 de julio, 1546. ño que los derechos del organismo
734
Ibidem, f. 122-122 vº.
735
que representaban y los otros dere-
ARV, Real, 330, ff. 101 vº- 101 bis; Madrid, 30 de
noviembre, 1546. chos populares recibirían por la
736
Ibidem, f. 101 bis vº. prohibición de exportación de seda
737
Ibidem, f. 101 bis vº-102. sin obrar. Fundamentaron su argu-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
243
mento con la exposición de las pérdidas concretas que la prohibición iba
a suponer. La seda en madeja cotizaba a razón de 6 dineros por cada libra
exportada, por lo que la Generalidad dejaría de percibir 4.000 ducados.
Para lograr que su petición tuviese un mayor efecto sobre el príncipe, no
omitieron que con los impuestos obtenidos por la exportación se paga-
ban los censales cargados para materializar los servicios ofrecidos a su
Majestad, así como las necesidades urgentes del reino. La conclusión
era obvia: solicitaban del príncipe el sobreseimiento de la prohibición
quien, ante la reacción de un sector tan importante del reino, ordenó al
duque de Calabria que le informase738.
Los problemas que la seda valenciana ocasionaba a su Alteza no ha-
bían hecho más que empezar. A las protestas de los militares pronto se
sumaron las de los propios jurados de la ciudad de Valencia. Estos tam-
bién intentaron conseguir la revocación de la pragmática. Hicieron ca-
so omiso a lo que habían defendido los regidores anteriores poco tiem-
po atrás y, sencillamente, dijeron que la medida sancionada por el prín-
cipe había estado motivada por los jurados precedentes. Argumentando
tesis contrarias a las que el consistorio había defendido oficialmente
hasta casi aquellos mismos instantes, los nuevos ediles se alarmaban
porque la abundancia de seda haría caer los precios. Y para no ser me-
nos que sus compañeros del estamento militar, hacían una evaluación
de las pérdidas aún más superlativa: 100.000 libras o aún más. Claro es-
tá que las pérdidas previstas por los diputados militares se ceñían a la
Generalidad, mientras que los jurados hacían evaluaciones de impacto
global en el reino739.
El porqué de ese cambio de planteamientos en el seno del consistorio
valenciano es un interrogante para el que no se halla una respuesta con-
tundente. El primer intento de aproximación debe partir del estudio
comparativo de las personas que rigieron el municipio en el ejercicio
1545/46 y 1546/47 con el fin de averiguar si, en su conjunto poseían inte-
reses distintos. Los jurados que estuvieron el consistorio hasta el cambio
de 1546 fueron: “mossen Joan
Guillem Cathala, generos; en
738
Guillem Ramon Çaera, ciutada;
ARV, Real 330, ff. 54 vº-55; Madrid, 29 de julio,
mossen Juan Luis Figuerola, gene-
1546.
739
“Los jurats de Valencia a don Phelip, princep de ros; en Joan Hieronim Gil, ciutada;
Arago”.AMV, Lletres missives, g3-50;Valencia, 5 de agos- en Honorat Joan Figuerola, ciuta-
to, 1546. da; en Honorat Benet Vidal, ciuta-
244 da”. A falta de datos concretos sobre las personas vinculadas al comercio
de exportación en Valencia a mediados del Quinientos o vinculadas al co-
mercio de la seda, sólo cabe el recurso compensatorio de examinar las lis-
tas de jurados poseedores de rentas superiores a las 100 libras anuales de
los censos de la ciudad de Valencia quienes, en principio, estarían más in-
teresados en la exportación de seda en bruta. De la relación general de
rentistas ofrecida por Remedios Ferrero se desprende que los ediles ren-
tistas eran Guillem Ramon con 2250 libras y 4 sueldos y Onorat Benet
Vidal con 14 369 libras, 4 sueldos740.
De la nómina de personas que el príncipe había enviado al virrey pa-
ra la nueva elección de jurados que había de efectuarse en la víspera de
la Pascua de Pentecostés de 1546 fueron nombrados jurados: “mossen
Alonso March, cavaller; en Baltasar Miquel, ciutada; mossen Pere
Rocha, cavaller; en Nicolau Benet Cirera, ciutada; en Antoni Luis
Belluga, ciutada; en Baltasar Codo, ciutada”741. Estos regidores fueron
los que, en conjunto, desarrollaron una política favorable a la exporta-
ción de la seda en bruto. Ahora bien, tomando la misma referencia que
la utilizada para la corporación anterior —los niveles de renta sobre las
pensiones de censales emitidos por la ciudad— se encuentra que Alonso
March gozaba de una renta de 2.200 libras y Baltasar Miquel, de 4.267
libras. Nicolau Benet Cirera man-
tendría vínculos de parentesco con
Nicolau Benet Delpont, quien ha-
740
La hacienda municipal de Valencia durante el reina- bía sido racional durante el perío-
do de Carlos V. Valencia, 1987, pp. 77 y ss.
741
Entre los caballeros se encontraban “mossen
do 1532/35 y jurado en el ejercicio
Melchior Pellicer, mossen Joan Hieroni Catala, mossen 1540/41.
Hieroni Pelegri, mossen Hieroni Artes, mossen pere Todos estos datos demuestran
Rocha, mossen Alonso March, mossen Gaspar que la correlación entre niveles de
Cruelles, mossen Jaume Estanya, mossen Enrrich Tolza, renta e intereses exportadores o
mossen Joan Hieroni Almunia, mossen Ximen Perez
proteccionistas no es válida, dado
Pertusa, mossen Lluis Vidal antes Cifre. Los ciudadanos
con opción a ser designados jurados eran Simeon que en ambos grupos —los jurados
Vernegal, Balthasar Miguel, Hieroni Berger, Bertomeu de 1545/46 y los de 1546/47— hubo
Mora, Gaspar de Sanct Pere, Nofre Lazer Enyego, Luis intereses similares en los censales
Navarro, Nicolau Benet Çirera, Gaspar Villa Spinosa, de la capital. Por otra parte, el
Damia Ferrer, Antoni Luc Belluga, Miquel Desa”. cambio de actitud del municipio
Comunicación al duque de Calabria (ACA, Cancillería,
3984, f. 72 vº; Madrid, 28 de mayo, 1546); al racional
tampoco fue circunstancial, ya que
(Ibidem, ff. 72 vº-73); a los jurados (Ibidem, f. 73-73 vº); se mantendría más allá del reinado
relación (Ibidem, ff. 73 vº-74). del emperador. Conviene pues, ha-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
245
cer una brevísima mirada retrospectiva sobre lo que había sido la activi-
dad sedera en Valencia desde finales del siglo XV hasta mediados del si-
glo XVI: en 1479 había en la capital del reino ciento setenta y nueve te-
lares de terciopelo, satenes y damascos y unos doscientos tornos de seda;
en 1519, vísperas del movimiento agermanado, eran mil doscientos los
telares y entre doscientos cincuenta y trescientos los tornos de seda; pe-
ro en 1532, los telares habían descendido a cuatrocientos, prácticamen-
te un tercio de los que había antes de la revuelta, según los datos extraí-
dos de las actas municipales por Germán Navarro. De acuerdo con el
mencionado autor esta decadencia de la manufactura sedera en Valencia,
además de los efectos de la revuelta agermandada, estaría “en consonan-
cia con el nuevo apogeo de la sedería toledana y los centros textiles me-
nores del reino de Valencia en protoindustrialización”742. El patriciado
urbano, ciertamente había apostado por la ubicación en la ciudad de to-
das las fases de confección de la seda, pero este mismo patriciado pro-
curó beneficarse, a través de la fiscalidad, del auge de la mencionada ac-
tividad: “de ahí vinieron los pleitos de los artesanos con los arrendadores
de los impuestos reales y municipales, auténticos receptores de altos in-
gresos fruto del gravamen de la rica producción y comercialización”743.
Lo ocurrido en las Cortes de 1542 solicitando y obteniendo la prohibición
de exportación de seda, no dejaría de ser un intento de los manufacture-
ros por revitalizar la perdida prosperidad de la actividad gremial sedera
anterior a la guerra agermanada.
Cabe pensar, asimismo, en un mimetismo respecto a otros estamen-
tos o algún tipo de acuerdo con los otros grupos sociales, o más exacta-
mente en las presiones de la Generalidad en su conjunto. En los comu-
nicados que se emiten al príncipe, siempre está presente la pérdida de
ingresos de la institución. Es una manera de presionar al poder real, pe-
ro también es indicativo del malestar que se podía sentir en el reino an-
te la caída a corto plazo de los derechos. Porque en la pugna entre los
intereses a largo plazo de protección y desarrollo de la manufactura au-
tóctona y el negocio inmediato que la exportación suponía, la balanza
recaería, inexorable, sobre la segunda opción. La variación de intereses
municipales no se debió pues, tan-
to a las mudanzas de índole perso-
742
NAVARRO ESPINACH, G. Los orígenes de la se-
nal como a un cambio de estrate-
dería valenciana, siglos XV-XVI,València, 1999, p. 55. gia global que afectaba al reino,
743
Ibidem, p. 57. dado que había otros estamentos
246 interesados, y que la nueva política de exportación no fue coyuntural, si-
no que perduró en el tiempo744.
Los nuevos ediles acudieron al virrey para expresarle su nuevo punto de
vista. Sorprendentemente, o quizán no tanto, éste asumió los plantea-
mientos de la exportación de seda y accedió, según información de los ju-
rados al príncipe, al sobreseimiento de la pragmática745. Ahora bien, de las
misivas, los estamentos del reino pasaron a las embajadas. De su gestación
quedó constancia por la reunión convocada en el seno del grupo militar pa-
ra informar sobre la nueva pragmática de la seda. Significativamente, fue
el propio síndico de la Generalidad, don Baltasar Mascó, quien advirtió a
la institución militar de la comisión que los nobles y diputados del General
pensaban hacer a su Alteza para remediar los perjuicios y daños que iban
a recar sobre la Generalidad por la pragmática sobre la prohibición de ex-
portar seda746. La rivalidad entre las dos instituciones, Junta de Estamentos
y Generalidad, sería orillada ante un peligro real que podría amenazar, da-
da la similitud de su composición a los integrantes de ambas.
Llegadas las Cortes de Monzón de 1547, una de las primeras preocu-
paciones del brazo real fue la derogación de la pragmática de la seda. En
una misiva dirigida al duque de Calabria, los regidores que permanecí-
an en Valencia le expresaron su temor porque algunos “sindicats” querí-
an personarse en las Cortes para suplicar y obtener confirmación de la
pragmática de la seda. Los jurados le suplicaban que hiciese lo que se
acostumbraba en semejantes oca-
siones747. En el mismo día despa-
744
Todavía en el siglo XVIII, y con motivo de la apli- charon otro correo dirigido a sus
cación de un impuesto sobre el consumo en 1729 los compañeros en la villa de Monzón
cosecheros “hallaron ventajoso para ellos el ponerse con noticias sobre las Cortes, entre
en contacto con los comerciantes extranjeros, quienes las que se incluía el aviso sobre los
realizaban su negocio a base de canalizar hacia el ex- partidarios de la pragmática:
terior la cosecha valenciana de seda, burlando la pro-
hibición oficial de hacerlo, reanudando así una vieja tra- “De huns quants dies enca se ha tengut al-
dición”. SANTOS ISERN,V. M. Cara y cruz..., p. 44. gun sentiment que certs particulars me-
745
AMV, Lletres missives, g3-50; 5 de agosto, 1546. nestrals de aquesta ciutat y per ventura ab
746
ARV, Real, 523, f. 102 vº-103 vº; 1 de diciembre, alguns sindicats volen attentar de anar a
1546. eixes corts e obtenir confirmacio de la
747
Al “Excellentissimo lo senyor don Ferrando de pracmatica de la seda”748.
Arago, loctinent y capita general en la present ciutat y
regne de Valencia”. AMV, Lletres missives, g3-50; 13 de
julio 1547. La estrategia de los jurados de la
748
Ibidem, g3-50; 13 de julio, 1547. ciudad dio el resultado deseado. Los
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
247
brazos repitieron el argumento de la pérdida de 6 000 libras para la
Generalidad por la caída de las exportaciones. El príncipe revocó la prag-
mática con el reconocimiento de la “real preheminencia”749. Con esta me-
dida resultaban claramente perjudicados los artesanos de la seda. Ellos
fueron quienes con mayor ahínco habían procurado que se promulgase
la real pragmática y, con la derogación, además de encarecerse la mate-
ria prima, se favorecía indirectamente a la competencia. Salvados los in-
gresos que provenían de la exportación de la seda, el municipio conti-
nuó interesándose por la perfección de todos los procesos de elabora-
ción que con la seda en bruto se realizaban en la ciudad. La filosofía que
se desprende del preámbulo de la nueva crida sobre tintoreros de seda,
no dejaba de ser un elogioso canto a la fabricación sedera:

“Abundant lo present regne de tanta suma de seda de la propia collita, nos-


tres passats ab suma diligencia han procurat per totes les vies que la dita se-
da se obras e texis en la present ciutat e regne de Valencia per la grandissima
utilitat que de aqui se segueix als drets de la present ciutat, reals e de la
Generalitat, e augment de la poblacio de la present ciutat, perque es cert que
cascun teler de seda dona vida a quatre, cinch o sis persones y aixi, aug-
mentant lo exercici de la seda y numero de telers e torns de seda, necessa-
riament se segueix augment de poblacio. Y perque per al dit augment es ne-
cessari que les teles de seda sien fetes molt legittimes, perque anant a les fi-
res sien creditades, entre altres coses es necessari que sien tennides per per-
sones expertes en dit offici de tenyir e ab tints molt verdaders...”750.

No deja de sorprender, cómo en el preámbulo del pregón de los tinto-


reros de la seda se vierte tan encendido elogio del arte de la seda. Las re-
ferencias a la necesidad de trabajar la seda en el propio país, las loas a los
oficios sederos podrían parecer un sarcasmo, pero también una puerta
abierta a la reconciliación. Como si después de asegurada la exportación,
se hiciese necesario un cierto refuerzo “moral” para los artesanos que tra-
bajaban con esta materia prima; el cual bien pudo deberse a las presiones
que ellos mismos efectuaban, o a la necesidad de estimular una produc-
ción de calidad que posteriormente reportase unos beneficios económicos
interesantes.
El conflicto surgido en torno a
la exportación de seda guarda un
749
Cortes 1547, 3-3 vº.
enorme paralelismo con el acaeci-
750
De la “Crida” 9 de agosto 1549 sobre los capí- do en la fuga de moneda de oro.
tulos de la seda;Valencia, 9 de agosto, 1549. En ambas situaciones se dan tres
248 actos. En una primera situación, desde el reino, y con más insistencia
desde el ámbito municipal, se reclama al poder central que actúe contra
la exportación; el virrey ante el clamor general se suma a las peticiones.
En el segundo acto el poder central toma medidas y en el tercero se ge-
neralizan las protestas, esta vez contra las normas que los propios regní-
colas previamente han solicitado.
La derogación de la pragmática de la seda separa con nitidez el per-
fil de los dos grupos afectados. En el bando de los beneficiarios se ali-
nean los productores y grandes exportadores que habían observado
con preocupación cómo peligraban sus ingresos. Instituciones como la
Diputación e, indirectamente el monarca, obtuvieron igualmente un
saldo positivo al continuar percibiendo los ingresos que proporciona-
ban los derechos de las exportaciones. Bien al contrario, resultaron cla-
ramente perdedores con la revocación de la pragmática los artesanos
de la seda. Ciertamente, ellos habían sido los que con más ardor habí-
an luchado para conseguir arrancar de los oficiales reales encargados
la orden de publicación. A ellos les cupo sufrir, finalmente, las conse-
cuencias de la derogación, tanto por la escasez y carestía de la materia
prima, como por la competencia que indirectamente se favorecía.

4.8. EL PROBLEMA DEL ABASTECIMIENTO DE TRIGO

El trigo tenía una importancia extraordinaria, tanto para la alimenta-


ción de los valencianos del Quinientos, como para el resto del ámbito me-
diterráneo. La relación entre su precio y su valor nutritivo lo hacía más
competitivo que los otros cereales panificables, aunque en momentos de
escasez era sustituido por otros cereales de menor calidad. Dado que el
trigo en el Mediterráneo era un cultivo fundamentalmente extensivo que
requería de grandes extensiones para su labranza, la huerta valenciana no
producía grano suficiente como para satisfacer la demanda, pues el clima
y el suelo no eran los más adecuados para el desarrollo de esta gramí-
nea751. Como en los años de cosecha abundante la producción propia sólo
alcanzaba para cubrir la demanda de cinco meses, las medidas de abaste-
cimiento de este cereal ocuparon buena parte de las energías de los diri-
gentes de la ciudad de Valencia.
Jurados, racional, síndicos y electos
751
BLANES ANDRES, R. Los silos de Burjassot (1573- del Abasto eran los encargados de
1600). Burjassot, 1987, p. 17. la adquisición, conservación y dis-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
249
tribución del trigo. Todo el cereal que compraba, vendía o distribuía la
ciudad pasaba por la organización del Almudín, el cual garantizaba el
abasto, y atenuaba las fuertes alzas que se producían en tiempo de esca-
sez752.
Había, por tanto, una gran actividad en torno a la compra de trigo,
así en el interior como en el exterior de las fronteras, haciéndose nece-
saria la planificación de viajes para la adquisición del cereal, así como
numerosas gestiones para conseguir su transporte a Valencia. Los silos
de Burjasot que paliarían la necesidad de trigo de la capital, no daban
servicio todavía durante el reinado del emperador, ya que su construc-
ción no se inició hasta 1573753.
Las gestiones de los jurados e, incluso, del virrey se encaminaron en
dos direcciones complementarias: la búsqueda de trigo y la prohibición
de la exportación del cereal del reino, por lo que se analizan las tareas
que, en torno al cereal, realizaron las diversas esferas de poder con in-
cumbencia en el país valenciano. La distribución del trigo en el interior
del reino, los mecanismos de control que los diversos poderes adopta-
ron, y el seguimiento de alguno de ellos, son los aspectos fundamenta-
les que se tratan en este apartado.

***

De la búsqueda de trigo se encargaban, en primera instancia, los jura-


dos de la ciudad. Había factores perennemente destinados en los puntos
neurálgicos de la producción tri-
guera. Asimismo, la ciudad comi-
sionaba a particulares para obtener
752
PEREZ APARICO, C. “El trigo y el pan en el cereal de aquellos puntos en que
Valencia, 1700-1713” en Cuadernos de Historia Instituto podía adquirir un suplemento adi-
Jerónimo [Link] revista Hispania, 5. Estudios sobre
cional754. Según la necesidad apre-
el reino de Valencia. Madrid, 1975, p. 306.
753
BLANES ANDRES, R. Los silos..., p. 47. miaba se empleaban, además, los
754
Una medida de esta índole fue la tomada por los recursos políticos. Se recurría a
jurados y el regente del racional para que Pere Luesa ellos, fundamentalmente, cuando
marchase hacia el lugar de Siete Aguas y la villa de fallaba el suministro de trigo de
Requena para traer trigo a la ciudad de Valencia, ade- Sicilia. En esos momentos se diri-
más de informarse de algunas cosas concernientes al
avituallamiento de la ciudad según el memorial entre-
gían primero al lugarteniente gene-
gado al efecto. (AMV, Manuals de Consells, A-71, 1 de ral y en segundo término apelaban
septiembre, 1541). al rey o al príncipe. Otra gestión
250 usual de los jurados de la capital valenciana era negociar ante el lugarte-
niente general la promulgación de bandos para lograr la contención de tri-
go en aquellas partes del reino donde se sospechaba que estaba exportán-
dose el grano ilegalmente755. Al gobierno central solicitaban la concesión
de grano de otros reinos peninsulares, principalmente de Castilla y
Aragón, para aplacar las endémicas necesidades de la población valencia-
na. A tal fin, los regidores de la ciudad no dudaban en comisionar al sín-
dico para que lograse de la Corona la “sacca de forments”756, buscando pa-
ra ello el amparo de personajes influyentes de la corte como el secretario
Gonzalo Pérez757.
Otra medida a la que hubieron de hacer frente los jurados de Valencia
con relación a esta semilla fue la impositiva. Este tipo de disposiciones
hubo de tomarse, por ejemplo, con motivo de la llegada de una gran par-
tida de trigo: los ediles bajaron ex-
cesivamente el precio del grano,
755
Los jurados y el regente del racional acordaban por lo que sufrieron “molta suma
que el magnífico Jeroni Blay, ciudadano y comisario del de peccunies”; el plenario de la
regente de la Lugartenencia General, fuese junto con un ciudad convino en que las pérdi-
notario a la villa de Morella y sus términos generales pa- das se habían producido en benefi-
ra ejecutar la comisión otorgada por el regente de la
Lugartenencia a “supliques de la ciutat per la urgent ne-
cio de la ciudad, “per acomodar lo
cessitat que occorre en la present ciutat”. (AMV, poble de la preesent ciutat”, y en-
Manuals de Consells,A-71, 13 de septiembre, 1541). contraron que la mejor manera de
756
Así ocurrió, cuando los jurados acordaron con el resarcirse era imponiendo “tres
regente del racional que el síndico fuese a la “Cort de sa sous e casola per cascun caffis” de
Magestat en Castella para obtener la sacca de forments
trigo o harina que saliese del al-
per la urgent necessitat que occorre en la present ciutat
de Valencia de forments e altres negocis en beneffici de macén municipal de trigo, más
la dita ciutat”.(Ibidem, 12 de septiembre, 1541). seis sueldos por saco a cada hor-
757
Los jurados precisaban de 3.000 cahíces de trigo nero758. De igual forma los jurados
para la ciudad que habían de ser sacados de Aragón. se ocupaban de la distribución del
Además de la carta preceptiva al príncipe, se dirigieron al trigo dentro de la ciudad: ellos
mencionado secretario para que influyera cabe su Alteza.
(AMV, Lletres missives, g3-50 Valencia, 19 de abril, 1548).
eran quienes entendían a la regu-
758
AMV, Consell General, Manuals de Consells,A-76, lación interna del Almudín y para
Valencia, 31 de julio, 1548. ofrecer las máximas garantías del
759
El 10 de junio el regente del oficio de tromepta almacén municipal de grano, el
del “Almodí i alcasser de aquell” hacía pública la “cri- guardia del mencionado organis-
da” ordinaria del Almudín con las obligaciones que de-
mo tenía capacidad de emitir pre-
bían observar los usuarios del almacén municipal AMV,
Manuals de Consells, A-71, 5 de junio, 1541. Los capítu- gones ordinarios que regulaban la
los de la crida, en sus prohiciones, indican las costum- actividad de la mencionada casa759.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
251
De manera similar los regidores tomaban medidas para tener el men-
cionado depósito siempre bien provisto de grano, subvencionando para
ello el trigo que se traía por mar
para entregarlo a la ciudad760. El
municipio supervisaba el escanda-
bres propias de los usuarios del Almudín: nadie debía llo y la medida que se realizaba del
desenvainar sus armas so pena de rompérselas; se pro-
trigo importado, disponiendo para
hibía jurar en el Almudín sobre la Virgen pues se incu-
rría en las penas impuestas por la ciudad; quedaba pro- ello de los oficiales municipales
hibido el juego en el almacén (10 sueldos por cada correspondientes761.
vez); los arrieros debían seguir las instrucciones sobre Otros municipios deficitarios
ganado (1sueldo); ningún molinero podía tomar saco o hubieron de hacer frente al défi-
talega alguno (10 sueldos); los arrieros que dejasen sus cit triguero endeudándose. La vi-
bestias sin atar debían satisfacer 1 sueldo; los vende-
dores no podían vender o tomar talegas que no fuesen
lla de Alzira había tenido que
suyas (10 sueldos); los cribadores no lanzarían la tierra cargar un censal de 2 000 libras
del trigo a la puerta 5 sueldos; nadie de la casa lanza- para comprar trigo destinado, so-
ría piedras por los escándalos 5 sueldos; se prohibía bre todo, a las personas pobres:
confeccionar sacos en la plaza del Almudín y donde el repartió entre los vecinos y lo pa-
guardia tenía las alfombras y cribas (5 sueldos); se pro-
garon en la cosecha de San Juan.
hibía orinar en el Almudían y poner hierba frente a la
casa (5 sueldos). Cuando se cobró el precio del tri-
760
Como la subvención que en mayo de 1540 se go y el dinero estuvo en poder de
aprobaba de dos sueldos por cahíz para cualquier tri- los clavarios, el príncipe autorizó
go que, llegado por mar de Sicilia, Cerdeña, Málaga, el quitamiento del censal, cuyos
Andalucía u otras partes, se entregase a la ciudad de intereses habían de pagar, preci-
Valencia. (AMV, Manuals de Consells, A-71, 19 de mayo,
1541). De similar contenido era la provisión que, un
samente, los más pobres762.
año más tarde aprobaban los jurados de la capital. Era por tanto el virrey quien
(Ibidem, 13 de junio, 1541). disponía de la circulación de gra-
761
Estas operaciones se efectuaban por los “mesu- míneas en el interior del reino de
rers y garbelladors” de la ciudad, quienes tras realizar Valencia. Procuraba que se em-
el correspondiente juramento, efectuaban la medida o
barcase grano de diversos puer-
escandallo en las tiendas o instituciones que habían en-
cargado el trigo. tos del litorial valenciano para la
762
ARV, Real, 332, ff. 54-55; Monzón, 10 de octubre, capital763, llegando incluso a re-
1547. quisar las barcas necesarias para
763
A pesar de las prohibiciones, los oficiales de cargar las naves con áridos764 y,
Alicante y Elche debían permitir el embarque de trigo y cuando la necesidad lo exigía,
cebada para Valencia a Joan Parent, de Alepús (ARV, Real,
1423, f. 71-71vº;Valencia, 21 de julio, 1542) y a Joan Martí,
hasta las bestias para llevar el tri-
“perayre de la ciutat de Valencia” (Ibidem, ff. 71vº-72) . go al embarcadero765. Pero no to-
764
Según lo establecido en la disposición de 3 de do el cuidado era para la capital.
enero de 1545, dirigida a los “justicies, jurats e altres Cuando era preciso, escribía a las
252 autoridades locales correspondientes para que permitiesen la salida de
áridos con destino a otra localidad valenciana necesitada766.
De igual modo, el virrey o su re-
gente disponían para que se hicie-
officials de les viles e lochs de Peniscola, Benicarlo e ran las relaciones del cereal exis-
Binaros”. (ARV, Real,1422, ff. 137 vº-138;Valencia, 3 de tente y de las previsiones de cose-
enero, 1545). cha para coordinar el abasteci-
765
Para llevar el trigo hasta el puerto de Peñíscola,
miento de la ciudad de Valencia767.
en donde era embarcado para Valencia. Ibidem, f. 138-
138 vº;Valencia, 11 de enero, 1545. Asignaba el trigo necesario para ca-
766
Autorización para llevar trigo de Orihuela a sas de notables como el baile gene-
Elche (ARV, Real, 1424, f. 171-171 vº;Valencia, 4 de ju- ral768, el duque de Gandia769, la pro-
lio, 1548). Orden de abastecer del grano de Aragón pia duquesa de Calabria770, o mo-
que se embarcaba en Peñíscola y Benicarló a San
nasterios como el de San Miguel de
Mateo y otras poblaciones en las que urgía (ARV, Real,
751, ff. 107 vº-109;Valencia, 1539). los Reyes771.
767
Crida para obtener el inventario del “forment, La exportación de trigo estaba,
ordi, civada, arroz blanquejat e per blanquejar” en ARV, naturalmente, prohibida en todo el
Real, 1318, ff. 110vº-111; Valencia, 11 de diciembre, reino. Pero las disposiciones res-
1538. Asimismo, en ARV, Real, 1424, ff. 74 vº-75. trictivas se cumplían mal en las zo-
768
Aurización de 150 cahíces de cebada y otros
nas de producción o costeras. El
tantos de trigo de Orihuela para la provisión de su ca-
sa (ARV, Real 1423, f. 91-91 vº;Valencia, 2 de septiem- “portantveus” de Orihuela recibió
bre, 1546). instrucciones recordando la obliga-
769
En Alcoy se negaban a entregar trigo para el du- ción de cumplir la normativa772 o
que de Gandía, aludiendo a la prohibición de sacar el para que convocase a los oficiales y
árido. El mencionado duque había solicitado 200 cahí-
consejo de la ciudad con el fin de
ces de trigo para su casa y villa. El regente Cabanyelles
a los justicia y jurados de Alcoy. (ARV, Real, 1421, ff. 157 establecer las disposiciones necesa-
vº-158;Valencia, 19 de septiembre, 1542). rias para que no saliese el grano773.
770
El virrey ordenó al subrogado de gobernador y Alicante774, Cullera775, Denia, Oliva o
oficiales de la ciudad de Alicante, que, a pesar de las Calpe776, recibieron la visita de los
prohibiciones, dejasen comprar y sacar de la mencio- oficiales que vigilaban el cumpli-
nada ciudad, hasta 50 cahíces de trigo y 500 de ceba-
miento de las medidas de conten-
da, para provisión de la casa de la duquesa (ARV, Real,
Communium lugartenientae, 759 f. 191-191 vº;Valencia, 3 ción, lo que en cierto modo denota
de agosto, 1546). la importancia de la exportación
771
Orden del regente Cabanyelles a los oficiales de clandestina. Muy frecuentes fueron
Alzira autorizando el peso del trigo para el monaste- también las órdenes de captura de
rio (ARV, Real, 1424, f. 32 vº;Valencia, 7 de noviembre,
trigo que se presumía que estaba en
1547).
772
Fueron muy abundantes, a título de ejemplo los lugares costeros para exportar-
ARV, Real, 752, ff. 6vº-7; Valencia, 18 de septiembre, se, aunque la frecuencia de estas
1539. disposiciones y la escasez de comi-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
253
siones concretas de detención, parecen indicar que la lucha contra el frau-
de no fue muy positiva. En las series de Curia y Diversorum de la lugarte-
nencia del Archivo del Reino de
Valencia, apenas se hallan medidas
de ejecuciones de bienes a los de-
773
ARV, Real, 1321, ff. 274 vº-275;Valencia, 20 de ju- fraudadores777.
nio, 1548.
774
Aunque la exportación de trigo
ARV, Real, 1321, f. 80-80 vº; Valencia, 16 de no-
viembre, 1546. del reino estaba muy restringida,
775
ARV, Real, 752, f. 50-50 vº; Valencia, 31 de octu- tanto el soberano como su lugarte-
bre, 1539. niente cursaban órdenes que per-
776
ARV, Real, 1320, ff. 19-20 vº;Valencia, 30 de ene- mitían la salida de trigo del reino
ro, 1543. con el fin de adjudicarlo a sus legí-
777
Una de ellas la recibió el alguacil Lluís Çaydia para
timos propietarios. El obispo y ca-
prender a Jaume Pérez de la ciudad de Orihuela y
Nicholau Periz, mercader de la ciudad de Valencia, ARV, pítulo de Tortosa intercedieron an-
Real, 1319, ff. 42-43;Valencia, 8 de abril, 1540; asimismo, ac- te el rey778 y el duque de Calabria
tuó contra más culpables cuyos nombres iban en memo- con el fin de lograr para sí el trigo
rial aparte (Ibidem, ff. 43-44 y ff. 55 vº-56). Más complica- que consideraban de su propie-
do resultó el caso de Jeroni [Link] de contra-
dad779. El virrey cursó varias ins-
venir los mandatos reales de no exportar trigo, fue cap-
turado por el alguacil Lluís Çaydia y, bajo “sacrament y ho- trucciones al “portantveus” de
menatge”, quedó retenido en una casa asegurando que Orihuela para permitir la salida
no se iría, pero se fugó a Orihuela y con su prendimien- del trigo a Murcia780 y Castilla781.
to se originó un auténtico motín: por lo que el doctor Los permisos de exportación de
Martí Ponç recibió el encargo de ir a Orihuela y prender cereal no se limitaban al trigo;
a todos los culpables, cuyos nombres constaban en un
cuando las necesidades comercia-
memorial (Ibidem, ff. 64 vº-65 vº; Valencia, 25 de junio,
1540). Posteriormente, Jeroni Rossell apelaría al empera- les lo aconsejaban, el duque de
dor (Ibidem ff. 215-216;Valencia, 15 de mayo, 1542). Calabria permitía la exportación
778
Provisión al duque, dada en Madrid el 19 de oc- de arroz782.
tubre de 1539 y 4 de abril de 1542. ARV, Real, 172, f. Con el fin de hacer el seguimien-
112 vº-112 y 109-110.
779
to de los intentos de control de co-
El duque ordenó que permitiesen sacar de
Morella hasta 500 cahíces de trigo para la provisión de mercio de trigo, se ha seguido un
“ses cases y familia y almoynes ordinaries”. El duque año (1540), de manera aleatoria, a
ordenó que se sacara dicha cantidad (ARV, Real, través de la serie “Communium” de
Communium lugartenientae, 752, ff. 11 vº-12;Valencia, 18 la lugartenencia del Archivo del
de septiembre, 1539), incluso a pesar de la oposición Reino de Valencia (ya que ésta es la
de los oficiales de la villa y sus aldeas (ARV, Real, 1421,
que más información contiene rela-
ff. 150 vº-151,Valencia, 7 de septiembre, 1542).
780
ARV, Real, 1424, f. 156;Valencia, 2 de junio, 1548. tiva a disposiciones de control del
781
Lluís Ferrer, lugarteniente de gobernador y co- comercio de grano). Para averiguar
mendador de Cieza obtuvo permiso para exportar el alcance aproximado de estas ór-
254 denes que el poder territorial emitía a instancias del municipio, en los pá-
rrafos siguientes se realiza el seguimiento de uno de los intentos de con-
trolar la salida de vituallas del reino, que se produjo en torno al verano de
1540. La serie de órdenes obedece a un mismo esquema:
a) llegada de noticias de exportación clandestina de trigo en algún
puerto valenciano,
b) petición del síndico de la ciudad para que se prohíba tal actividad,
c) renovación de los pregones y comisión al alguacil,
d) salida del alguacil hacia la zona de presumible exportación, reno-
vación de los pregones de prohibición, información y captura de los cul-
pables.
De acuerdo con este esquema de funcionamiento, el síndico de la ciu-
dad de Valencia se quejó porque algunos vecinos de Alicante y Orihuela,
valiéndose de secretas artimañas, contravenían las órdenes reales que pro-
hibían sacar trigo del reino. El virrey, en consecuencia, envió al alguacil
Lluís Çaydia hacia dichas ciudades para publicar las crides. Este oficial re-
cibía instrucciones para intervenir los barcos cargados con vituallas y de-
legar en una persona la vigilancia de la extracción de víveres783. La acción
del alguacil era, por definición, puntual. No podía quedarse demasiado
tiempo en un puesto determinado, lo cual era muy ventajoso para los de-
fraudadores de las pragmáticas. De ahí que, en la orden del virrey, apa-
rezca la cláusula de delegación de funciones del alguacil. Esta disposición
tenía por objeto suplir las limitaciones del poder territorial en el control
del comercio del cereal. Los regidores de la ciudad de Valencia, los más
directamente interesados en prevenir los fraudes, habrían instado, con to-
da probabilidad, la designación de un comisario permanente en la gober-
nación que más problemas presentaba para intervenir eficazmente la ex-
portación de cereales, pues de ese modo aseguraban un mejor abasteci-
miento a la capital. El municipio, por tanto, destacaría a un comisionado
propio permanente que cubría las principales ciudades del sur, Alicante y
Orihuela, con poder expreso del al-
guacil para prevenir “in situ” las sa-
lidas ilegales de trigo.
150 cahíces desde Orihuela a dicha villa. ARV, Real, Todo ello se desprende del análi-
1424, f. 238 vº,Valencia, 12 de octubre, 1548. sis de la postrera reunión que en la
782
ARV, Real, 1421, ff. 231 vº-232; Valencia, 26 de
cambra del Consell Secret celebra-
agosto, 1543.
783
ARV, Real, 752, f. 213-213vº;Valencia, 10 de junio, ron los jurados de aquel ejercicio
1540. 1539-40. Consideraron que, en
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
255
cuanto fuesen elegidos los nuevos regidores, éstos debían ocuparse de la
fuga de grano que se producía en la gobernación de Orihuela. Basándose
en la comisión que, a instancias del municipio, el duque había efectuado
al alguacil Lluís Çaydia, los regidores establecieron que Miquel Jeroni
Garcia debía partir hacia Alicante y Orihuela. Este ciudadano no era un
extraño en el municipio; había sido edil en el ejercicio 1530-31, clavario de
censales durante 1539-40 y volvería a ser jurado en 1544-45. Miquel Jeroni
iba a partir con comisión del virrey, para residir en la gobernación del sur;
allí vigilaría, haría publicar las crides y realizaría todas las acciones preci-
sas. Del mismo modo, debía comprar, en nombre de la ciudad, alguna su-
ma de trigo. Las instrucciones de los jurados señalaban el proceder, no
exento de astucia, que debía observar el comisionado del municipio:

* Acceder a Alicante y, en cuanto llegase, hacer publicar las crides


d’inhibició, teniendo cuidado de que no se sacase el trigo procedente de
los diezmos o de cualquier otro origen.
* No debía decir, cuando llegase a Alicante, que había ido allí a com-
prar trigo, sino que residía para hacer ordenar las inhibiciones.
* En el caso de que alguien hubiese comprado trigo diciendo que era
para fuera del reino, por los poderes que tenía, debía llevárselo por el
mismo precio.
* Si algún mercader tenía comprado trigo para llevarlo a la ciudad de
Valencia, lo dejaría ir tomando las oportunas seguridades.
* Comprar el trigo de los diezmos lo más barato posible, hasta llegar
a 45 sueldos por cahíz. Si no pudiera ser, debería consultar784.

Las disposiciones que la corporación saliente había efectuado se vie-


ron respaldadas por el virrey. No de otro modo, el duque de Calabria
otorgaba poderes a Miquel Jeroni. Este ciudadano quedaba facultado
para dictar instrucciones a los vecinos de la gobernación de Orihuela
que quisieran llevar cualquier tipo de grano a la ciudad de Valencia. El
comisionado además, debía publi-
car los pregones del trigo por los
784
lugares acostumbrados: “y los por-
“Instructions per los magnifichs Jurats de la
taran al loch o lochs on designa-
Insigne ciutat de Valencia per al magnific en Miquel
Hieronym Garcia per la anada que aquell ha de fer ab ran, e que de alli portaran letra
comissio de sa Excellencia a les parts de Alaquant y certificatoria com hay alli depart
Oriola” AMV, Manuals de Consells,A-71; 1 de julio, 1540. los predits forments, ordis o civa-
256
des sots pena de perdre aquells e altres penes a vostre arbitre imposa-
dores”785.
El comisionado actuaba en virtud del poder que le delegaba el virrey,
pero era realmente la iniciativa de la ciudad la que forzaba un mayor con-
trol sobre la distribución de grano en la gobernación del sur. El municipio,
por tanto, ocupaba en el control de la fuga de trigo, el lugar que dejaba va-
cante el poder territorial. La tarea de perseverancia y perennidad queda-
ban relegadas, prácticamente, a la iniciativa de los regidores de la capital.
Efectivamente, el mismo problema que había planteado la goberna-
ción del sur, se presentaba, casi al unísono, en la lugartenencia de go-
bernación dellà lo riu de Uxó. La respuesta del poder territorial a las de-
mandas del síndico de la ciudad, iba a ser similar. El virrey, en esta oca-
sión, ordenaba al alguacil, que recorriese la lugartenencia de goberna-
ción de la Plana para publicar la crida que, expresamente se le entrega-
ba. Además de comprobar que las naves no zarparían con cereal de con-
trabando, el alguacil debía comisionar, a su vez, a una persona en cada
lugar en que se publicase el pregón contra el comercio ilegítimo de ce-
reales786. Era esta una diferencia con respecto a la gobernación del sur,
ya que no se comisionaba a una persona con poderes específicos ema-
nados del propio virrey que cubriese la zona, antes bien, se optaba por
dejar un comisario en cada punto sospechoso.
Las funciones concretas que en la prevención o represión del comer-
cio ilegal de trigo efectuó el alguacil quedaron reflejadas en uno de los
expedientes conservados en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu787.
Además de constar la orden original del virrey para que el aguacil Lluís
Çaydia se desplazase a la lugartenencia de gobernación dellà lo riu de
Uxó, se halla el texto de la crida y los posteriores actos que el alguacil
mandó efectuar. Tal y como se ha indicado, Lluís Çaydia dejó nombra-
dos, a lo largo de su itinerario, diversos comisarios que en adelante ve-
larían para el cumplimiento de las disposiciones que prohibían la venta
de trigo exterior. La mencionada
documentación permite seguir el
camino de este funcionario, y a tra-
785
El duque de Calabria a “Miquel Hieronym vés de los registros certificados,
Garcia, ciutada”.ARV, Real, 753, f. 4-4 vº;Valencia, 16 de
puede observarse cómo los mencio-
julio, 1540.
786
ARV, Real, 753, ff. 19 vº-20;Valencia, 4 de agosto, nados comisarios estaban vincula-
1540. dos, a su vez, a la Administración.
787
BVNP, 300, f. 25. Entre las personas destacadas se
EL IMPERIO DE CARLOS V
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INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
257
hallaba un baile, cuatro justicias y cinco notarios. Para el desempeño de
estas funciones, los comisarios de Morella extendían su jurisdicción a
Vilafranca, Castellfort y otras localidades. El desplazamiento del algua-
cil para este cometido indica las siguientes etapas:

25 de agosto: Burriana, Guillem Valldemoll, baile.


26 de agosto: Almazora, Pere Renau, justicia.
27 de agosto: Vila-real, Pere Gil, justicia.
28 de agosto: Castelló, Nicolau Giner.
30 de agosto: Alcalá, John Baldó, notario.
31 de agosto: Peñíscola, Gabriel Ayça, justicia.
1 de septiembre: Benicarló, Miquel Borràs, justicia.
1 de septiembre: Vinaròs, Francés Adell, notario.
3 de septiembre: Traiguera, Miquel Domenech, notari.
3 de septiembre: Rosell, Nicolau Roca.
3 de septiembre: Canet, Andreu Ponç, notario.
4 de septiembre: Morella, Miquel Joan Guerau, justicia y Gaspar Miró, no-
tario. Sin constancia de fecha: Vilafranca, comisarios de Morella.
4 de septiembre: Chert.
5 de septiembre: Pobla de Alcoleja.
6 de septiembre: Forcall.
7 de septiembre: Castellfort, comisarios de Morella.

El alguacil cumplió su cometido. Siguiendo su recorrido de sur a nor-


te, entrevistó a las autoridades municipales en los diversos puertos de la
costa castellonense. A continuación se ofrece un extracto para facilitar
una mejor comprensión de conjunto:

BURRIANA: El justicia indicó que diez días antes de la entrevista un


navío había cargado 200 cahíces de cebada, diciendo que eran para el vi-
rrey y el baile general de Valencia. Debido a la estricta vigilancia no se
contravenían las disposiciones. Sólo un particular había adquirido 150
cahíces de trigo para Valencia, teniendo guardados en silos 130. El ju-
rado coincidió en su declaración.

ALMAZORA: El justicia aseguró que los oficiales disponían mucha


vigilancia para impedir que se sacase el trigo. Tan sólo Pere Feliu, baile
de Castellón, cargó cebada para el virrey. El jurado coincidió en su de-
claración.
258
CASTELLON: El jurado manifestó el cuidado que se tenía en que no
se sacase el trigo u otras provisiones en general. Después de san Juan,
un joven criado de mercaderes de Valencia compró 200 cahíces, y no se
los dejaron sacar hasta que presentó las cartas de los jurados de
Valencia. Según el justicia, el trigo era para el gobernador de Valencia,
y hubo muchos altercados hasta que trajo las cartas de Valencia.

ALCALÀ DE XIVERT: Un jurado expuso que tan sólo en el tiempo de


la siega apareció un catalán de Tarragona que compró ciertas sumas de
trigo. Otro jurado proporcionó datos más precisos. El catalán había
comprado 10 cahíces de trigo a Gabriel Ebri, pero no los pudo sacar de-
bido a las prohibiciones. Llamado a declarar, el vendedor aseguró que
Noffre March le había comprado 10 cahíces de trigo que tenía deposi-
tados en un silo al no poder exportarlos.

PEÑISCOLA: El justicia afirmó que no se habían sacado granos, ex-


cepto en la víspera de san Juan en que Juan Ortiz, vecino de la villa, car-
gó en el navío de Alonso del Río 60 cahíces de trigo y “sorra” para
Valencia. El jurado coincidió en su deposición.

Podría convenirse, por las declaraciones oficiales, que todo estaba


bajo control. Apenas algunos mercaderes aislados habían ido por cere-
ales. Otros habían ido por grano para el virrey, gobernador y otros altos
cargos residentes en la capital valenciana. No parece que sea mera coin-
cidencia el hecho de que los mayores obstáculos fueron puestos para el
emisario del gobernador de Valencia. El único mercader foráneo que
aparece especificado, catalán de Tortosa, enterado de las restricciones,
había depositado el trigo en silos. Todas las deposiciones recogidas en
forma debida por los funcionarios que acompañaban al alguacil, hicie-
ron estéril el viaje: el virrey no pudo conseguir ni un sólo caso que con-
traviniese las exportaciones.
Sin embargo, no todas las irregularidades que el comercio de trigo
engendraba se producían con motivo de la exportación clandestina,
pues también defraudaban algunos cónsules encargados de la gestión
del trigo en las islas del Mediterráneo. Los empeños de aclarar la docu-
mentación de Alonso Castillo, procurador real de Cerdeña, en torno a
las negociaciones del trigo tropezaron con los obstáculos interpuestos
por los interesados, quienes obstruyeron seriamente el sumario de la
causa. Una provisión real desataba la maquinaria judicial: el rey orde-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
259
naba el reconocimiento de los libros de Alonso Sánchez con interven-
ción de los oficiales del maestre racional para extraer la documentación
concerniente a Castillo788. Pero el examen de la contabilidad no resultó
tarea sencilla; la familia de Alonso Sánchez negó el acceso a los libros,
y la viuda elevó su protesta ante el príncipe. Como la orden primitiva ha-
bía partido del propio monarca y su Alteza no podía negarla, hubo de
sugerir que “cautamente” tomasen los libros, sacasen copias y los resti-
tuyesen a sus dueños789. En el mismo sentido escribió al regente rogán-
dole sagacidad y prudencia para que los Castillo no recurriesen de nue-
vo790. Las órdenes del príncipe quedaron sin cumplir o se cumplieron
mal, ya que hubo de repetirlas en ocasiones sucesivas791. Cuando la cau-
sa se examinó en el Consejo de Aragón, después de tanto tiempo y tan-
tas órdenes, la documentación aún no estaba dispuesta. Ante la peti-
ción del vicecanciller en ese sentido, el príncipe ordenó al maestre ra-
cional que volviese a tomar los libros de Alonso Sánchez para que cul-
minase el traslado auténtico de las cuentas; es decir, de nuevo como al
principio792.
Y es que incluso las gestiones del virrey en torno a la exportación
de cereal distaban de ser diáfanas o, si se prefiere, no totalmente des-
interesadas. Cuando se temía por la venida de trigo de Sicilia, el virrey
intercedía ante el poder central para intentar conseguir el permiso de
importación de grano de Castilla, Aragón u otros reinos peninsulares.
Así ocurrió en la primavera de
1548; las naves de trigo siciliano
788
ARV, Real, 1420, f. 23 vº-24.
se habían retrasado por el mal
789
ARV, Real, 329, f. 11 vº-12;Valladolid, 26 de enero, tiempo y el virrey había solicitado
1544. trigo aragonés, pero en dicho rei-
790
Ibidem, f. 15. no se había exportado casi toda la
791
Al “Magnifico y amado nuestro” (ARV, Real, 329, cosecha anterior y en Teruel, que
ff. 65vº-66;Valladolid, 24 de octubre, 1544) y al obispo
era de donde procedía el trigo pa-
de Argel del Consejo del Emperador (Ibidem f. 66 vº).
792
ARV, Real, 329, ff. 104vº-105;Valladolid, 2 de ma- ra Valencia, la cosecha no era na-
yo, 1545 . da halagüeña. Con todo, el prínci-
793
En ambas provisiones está en blanco el espacio pe, al considerar la necesidad
destinado a la cantidad de cahíces que se permite sa- existente en Valencia, autorizó la
car de Teruel. La minuta comprende la comunicación salida de trigo aragonés y comuni-
general al virrey y las provisiones de autorización a los
jurados y al lugarteniente general. Sin embargo, esta úl-
có su resolución al duque de
tima, por un curioso error, se dirige al “Illustre conde Calabria y a los jurados de
nuestro pariente, lugarteniente y capitan general”, tra- Valencia793.
260 Ahora bien, en las transacciones de grano, como en tantas otras, era
difícil establecer el lindero exacto entre lo público y lo privado. Es difí-
cil juzgar si cuando el virrey solicitaba la importación de trigo aragonés
pensaba en el beneficio de los pueblos del interior, o en la salida del tri-
go almacenado en su villa de Manzanera. Examinando el párrafo de con-
testación del duque a su Alteza sobre el trigo anteriormente mencionado,
se observan manifiestas contradicciones semánticas. Agradece, besando
“mil veces las manos” por la gracia concedida de extraer el trigo aragonés,
comenta la llegada de dos naves cargadas con grano de Sicilia, y la espe-
ra de otras cuatro que se han dispersado debido al mal tiempo y, he aquí
la contradicción, con esas naves que aún no han llegado, espera “que no
sera menester por este año la dicha saca y tambien por ser el trigo de
Aragon tan caro y de poco provecho que·n ninguna manera conviene
traello aca. Sino a mas no poder, y assi no se usara de la dicha saca, si-
no en tal caso”794.
Al trigo aragonés le adjudicaba el virrey de Valencia dos cualidades
muy negativas, ser caro y malo. No tenía por qué mostrarse tan despre-
ciativo cuando aún no se tenían noticias de las cuatro naves que falta-
ban por llegar (“estarán por estas yslas circunvecinas”). De resultar tan
malo el trigo aragonés, no tenía más que haber solicitado la licencia de
importación de otro reino peninsular, Castilla por ejemplo. La paradoja
halla su explicación en el hecho de que el duque de Calabria ya tiene la
cédula de importación de cereal aragonés y puede usarla cuando le pa-
rezca oportuno, cuando el trigo siciliano comience a escasear.
El asunto del trigo de Aragón puede entenderse mejor analizando las
importaciones de 1546. En dicho año, habían llegado a la ciudad de
Valencia diez naves cargadas de trigo siciliano, y en Alicante otra nave
había dejado a aquella ciudad bien provista. El problema, según el vi-
rrey, lo presentaban las poblaciones interiores próximas a la frontera de
Aragón, las cuales acostumbraban
a proveerse del reino vecino; pero
ese año se había prohibido la saca
tándose claramente de Valencia (AGS, Estado-Aragón, de trigo aragonés y se hallaban
303, f. 166).Aunque no consta la datación de lugar o fe- dispuestos guardas al efecto. El vi-
cha, las comunicaciones del príncipe datan del 22 o 23
rrey puso gran empeño en este
de abril de 1548, según la contestación del propio du-
que (AGS, Estado-Francia, K-1707, f. 90). asunto. Su secretario Iciz pidió a
794
El duque de Calabria a su Alteza. AGS, Estado- Gonzalo Pérez el “pronto despa-
Francia, K-1707 f. 90,Valencia, 30 de abril, 1548. cho de licencia para la saca de tri-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
261
go de Aragòn que deseaba el Duque”795. El lugarteniente general también
insistió al secretario Pérez en la saca de trigo de Aragón: “habiendo tan-
ta abundancia en aquel Reino como hay de trigo, que mueran los parti-
culares por echarlo acá, y no pueden hacer otra cosa por tener tanto de
lo viejo que se les pierde”796. En términos parecidos se dirigió a Cobos ex-
plicando que disponía de trigo almacenado de cuatro años y una cose-
cha excelente en perspectiva, dejó entrever que si no entraba el trigo ara-
gonés en el reino de Valencia era porque había mandado que no pasase
por su tierra “un sólo grano de trigo”. De ese modo pretendía dar ejem-
plo a los demás y que no se dijese que daba lugar a fraude. Tras explicar
el “agravio y novedad” con que sus villas valencianas consideraban tal
medida, ya que en Manzanera había tanto trigo, solicitó al secretario
Cobos que le enviasen licencia para extraer mil cahíces de grano de
Aragón. Una cierta contradicción acompañaba la súplica del virrey; si
realmente la importación era necesaria, no tenía por qué dar lugar a una
rebaja inicial de hasta 500 cahíces: “y si le pareçieren muchos, sea de
quinientos”797.
El permiso fue concedido. El comendador mayor de León envió al vi-
rrey la cédula para extraer mil cahíces de trigo de Aragón, con lo cual po-
día dar salida al grano almacenado en sus tierras de Manzanera. Aunque
hay que enmarcarla en la retórica al uso del momento, no dejan de ser ex-
presivas las palabras de agradecimiento con que el duque de Calabria ma-
nifestó el favor concedido por el todopoderoso secretario Cobos:
“Beso las manos a vuestra merced por la çedula que para el vissorrey de
Aragon me ha imbiado para poder sacar de aquel reyno mil cahices de trigo.
Yo sacare los menos que pudiere, pues segun la abundançia que Dios nos ha
dado dello, en Valençia, traydo por mar de
Siçilia, sera poco menester”798.

795
Aún no había llegado la cose-
AGS, Estado, legajo 299, en GONZALEZ PA-
LENCIA, A. Gonzalo Pérez..., p. 56. cha del verano de 1546, que se es-
796
Escrita en Valencia, 6 de enero, 1546. Ibidem, p. peraba buena, y ya sobraba el tri-
57. go en Valencia, según se despren-
797
AGS, Estado-Aragón, 299 f. 70;Valencia, 5 de ene- de del escrito que el duque de
ro, 1546. Calabria dirigía al marqués de
798
Ibidem,Valencia, 4 de febrero, 1546.
799
A Barcelona habían llegado las naves de Sicilia
Aguilar, virrey de Cataluña, en el
con seis mil salmas de trigo, de las que, tanto el mar- que rechazaba la oferta de sumi-
qués de Aguilar, virrey de Cataluña, como el príncipe, nistro de grano del principado799.
262 La abundancia de grano comentada por el duque, hace más difícil com-
prender la necesidad de importar trigo aragonés dicho año, al cual pa-
rece ser que no renunció, como tampoco tuvo que renunciar a las im-
portaciones que le autorizó el príncipe en 1548.
Con estas actuaciones del duque, rechazando unas veces el trigo que
oficialmente llegaba de Sicilia vía Barcelona para adquirirlo en Aragón,
y rechazando otras nominalmente el aragonés en aras del todavía in-
cierto cereal de Sicilia, el dilema inicial aún es más difícil de dilucidar,
y quizá tampoco tenga mucho sentido el hacerlo. La evidencia muestra
una conjunción de la presunta necesidad de grano para las comarcas del
interior y la salida del trigo del virrey con la complicidad de los secreta-
rios del emperador, quienes poco tenían que perder con estas operacio-
nes. Bien al contrario, los permisos aseguraban y confirmaban la com-
plicidad y fidelidad del lugarteniente general de Valencia.
Dado que el abastecimiento de grano quedaba fundamentalmente en
manos del lugarteniente general, el monarca en estos asuntos intervenía
más bien poco. Y cuando lo hacía era por asuntos que escapaban a la
competencia de su virrey, como las ya comentadas licencias de importa-
ción del trigo de unos reinos peninsulares a otros, tarea de la que no se
ocupaba directamente el emperador, sino el príncipe. Al monarca, por
ejemplo, recurrieron los particulares oriolanos que habían sido acusados
por los procuradores fiscales de extracción de trigo en Orihuela. Estos re-
mitieron al emperador sus razones, las cuales eran de naturaleza jurídica
y técnica. Los argumentos del primer grupo se basaban en los privilegios
reales de la capital de la gobernación del sur que, según los interesados,
permitían a sus vecinos sacar y vender el trigo que se recogía en la ciudad
y su término, libremente y sin incu-
rrir en pena alguna. Las explicacio-
nes de tipo técnico aludían a que el
habían pretendido que Valencia tomase alguna canti-
dad. El virrey de Valencia, por su parte rechazaba la trigo sólo podía conservarse duran-
oferta con estas palabras:“Con confianza d·este reyno te cuatro meses, dañándose a partir
no se detenga el dicho trigo, sino que vaya con la ben- de ese período. El recurso no les fue
diçion de Dios donde mas valga y aproveche, pues aca de provecho a los oriolanos, ya que
no tiene expedida”. AGS, Estado-Francia, K-1706, f. 142; el monarca remitió el asunto al vi-
Valencia, 25 de mayo, 1546.
800
rrey para que, escuchadas ambas
Los que habían apelado al monarca eran
Jerónimo Rossell, Nicolau Pérez y otros vecinos de partes, dictaminase justicia800.
Orihuela. ARV, Real, 171, f. 436 vº-437; Madrid, 13 de Asimismo, el emperador inter-
mayo, 1540. vino ante la petición concreta que
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
263
los municipios. Cuando el síndico de Ontinyent suplicó la concesión de
un almudín para su villa, debido a los inconvenientes que tenía para
aprovisonarse de cereal en la ciudad de Valencia, ordenó al virrey que se
informase de la petición y proveyese lo que considerase conveniente801.
Sebastián Gombau planteó al soberano el problema que presentaba
la venta de trigo y cebada en el Almudín de Xàtiva por no tener “medi-
da cierta ni medidor ordinario” como en la ciudad de Valencia. Esta si-
tuación era causa de numerosos fraudes que afectaban a los setabenses.
Sin embargo, la petición no era totalmente desinteresada, ya que
Gombau, tras recordar los servicios prestados a la monarquía en tiem-
po de las revoluciones, insinuó que él mismo podía asumir la medida del
grano. El monarca propuso al virrey que, con el consejo de los doctores
de la Real Audiencia, elaborase un informe sobre la propuesta, remi-
tiéndola al Sacro Supremo Consejo802.
A los jurados de las ciudades o villas correspondía, por tanto, tomar las
medidas necesarias para la distribución de los víveres en el interior de sus
municipios. La capital valenciana, por su elevado número de habitantes y
la poca producción de cereal que se daba en sus alrededores, fue el muni-
cipio que más acusó la falta de este producto básico; por ende, sus ediles
desplegaron una incesante actividad para tratar de asegurar el abasteci-
miento de la ciudad. A tal fin, además de sus agentes en las zonas produc-
toras, comisionaban embajadores para conseguir del gobierno de la
Monarquía sacas de víveres extraordinarias. Asimismo, presionaban al vi-
rrey para obtener pregones y otras medidas que favoreciesen el abasteci-
miento de la ciudad. De hecho, el cuidado del correcto aprovisionamien-
to del reino era una de las competencias del virrey. A él competía garan-
tizar el suministro de los productos básicos por todo el reino, tomando
para ello las medias necesarias: promulgando edictos y enviando algua-
ciles y comisionados que hiciesen cumplir las normas. En la gobernación
de Orihuela un alguacil real llevará directamente la inspección. Al norte,
en la lugartenencia de gobernación “dellà lo riu de Uxó” se optará por
nombrar diversos comisionados, uno en cada villa visitada. La inspec-
ción que el alguacil cursó en am-
bas demarcaciones no permitió
801
descubrir ni un sólo caso de co-
ARV, Real, 325, f. 474-474 vº; Monzón, 9 de octu-
bre, 1542. mercio ilícito de grano, quedando
802
ARV, Real, 171, f. 382-382 vº; Madrid, 3 de di- la apariencia de una normalidad
ciembre, 1539. absoluta.
264 La exportación fraudulenta era, pues, una obviedad. Lo evidencia la re-
petida emisión de pregones en ese sentido; pero las medidas represivas no
eran suficientes, porque el comercio ilícito de granos tenía muchas ramifi-
caciones y conexiones. Burócratas u oficiales reales en diversos puntos de
la Administración contribuían con el manejo a su antojo de los libros con-
tables a dar la apariencia de normalidad que la realidad negaba. Buena
prueba de la aplicación de estos oficiales fue la dificultad que el propio
príncipe encontró para la revisión de los libros. Ante la escasez generaliza-
da de este tipo de productos, el duque de Calabria hubo de repetir los pre-
gones que prohibían su extracción; sin embargo, no pudo sustraerse a la
tentación de provocar decisiones que favorecían la salida del trigo que se
acumulaba en sus estados de la Corona de Aragón.
El gobierno de la Monarquía ejerció una tutela lejana sobre el abaste-
cimiento del trigo del reino en general, y en concreto sobre el suministro
de trigo. Los jurados de Valencia y el virrey acudían al monarca, al lugar-
teniente general común o a los secretarios para lograr sacas extraordina-
rias de trigo de los otros reinos hispánicos, o al contrario, para conseguir
licencia de exportación de trigo. También tuvo que ocuparse de recursos
particulares cuya resolución precisó de los informes de la Real Cancillería.

4.9. EL “SEMINARIO” DEL BANDIDAJE POPULAR:


VAGABUNDOS, PROSTITUTAS, RUFIANES Y JUGADORES

Además de las partidas de bandoleros armadas por los propios no-


bles, hubo otro tipo de bandolerismo, el denominado popular en con-
traposición, precisamente, al aristocrático. Como afirmó Sebastián
García Martínez, esta modalidad de delincuencia se configuraba a par-
tir del “‘seminari’ del bandidatge: els vagabunds, desocupats (...), en de-
finitiva tota la briva menor del País i de la capital, a punt perquè un fet
violent —robatori amb assassinat, mort en brega o qualsevol altre anà-
leg— els fes rompre les darreres amarres amb la societat i tirar-se al
camp”803.
Es por ello que en este apartado se atiende, en primer lugar, al se-
minari menor, al conjunto de marginados que, en el interior de las ciu-
dades vivía en el constante límite
de lo permitido: tahúres, vagabun-
dos, rufianes, hostaleros, prostitu-
803
GARCIA MARTINEZ, S. Bandolers..., p. 25. tas legales e ilegales, jugadores y
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
265
demás habituales del submundo urbano. El mundo del hampa estaba
íntima y definitivamente ligado al ritmo de vida que se desarrollaba en
las grandes urbes y no sólo esto, sino que por su propia idiosincrasia,
el desenvolvimiento autónomo de este microcosmos rozaba los límites
de lo tolerado por el poder establecido. Mediante el estudio de las re-
soluciones municipales de la ciudad de Valencia y las emanadas por el
poder territorial, se intenta una aproximación al mundo de marginali-
dad y delincuencia endémico a las ciudades. De modo análogo, se ana-
liza el fenómeno de las partidas organizadas por este bandolerismo804.

***

Las ciudades se veían obligadas, en expresión de Braudel “a desem-


barazarse por motivos de higiene pública, de los pobres que en ellas pu-
lulaban: los locos, los lisiados reales o fingidos, las gentes sin oficio ni
beneficio que se hacinaban en plazas, tabernas y puertas de los conven-
tos que distribuyen sopas. Se les expulsa, pero vuelven o vienen otros a
sustituirlos”805. Los aportes documentales de la Real Cancillería confir-
man que las expulsiones no son más que “gestos de rabia”, en los que se
manifiesta la impotencia de las autoridades por eliminar a los margina-
dos del reino.
Uno de los primeros edictos de este período se promulgó por delibera-
ción de la Real Audiencia, data de octubre de 1537806. Con esta medida se
pretendía la expulsión de los vagabundos, pues ordenaba la salida de la
ciudad y término de Valencia a todos los que no tuviesen trabajo, oficio o
no estuviesen con amo en los tres días siguientes tras la publicación. Un
año más tarde se hace referencia a
la multitud de vagabundos que vol-
804
vían a la ciudad y los muchos hur-
Fuera del alcance de este apartado queda el he-
cho de las graves disensiones ocurridas en 1541 en
tos y daños que causaban en los
torno al intento de resurgir la germanía, para lo cual despoblados de la ciudad. La orden
me remito a la excelente obra de Pablo Pérez García era similar a la promulgada en el
y Jorge Antonio Catalá Epígonos del encubertismo. año anterior, pero ahora se preve-
Processos contra los agermanados de 1541, editada por la nía a los hostaleros para que no co-
Biblioteca Valenciana en el año 2000.
805
bijasen vagabundos, les diesen de
BRAUDEL, F. El Meditérraneo...., t. II, p. 118.
806
ARV, Real, 1318, f. 42 vº. comer o dormir en sus posadas sin
807
Ibidem, f. 187-187 vº; “crida” publicada en la ciu- comunicarlo a su Excelencia, so
dad de Valencia el 11 de septiembre de 1539. pena de 10 libras807. En 1540 se
266 constataba el hecho de la multitud de vagabundos que pululaba por la ciu-
dad y el daño que ocasionaban, por lo que se estableció un plazo de tres
días para que estos marginados abandonasen la ciudad y término. Los
remisos serían azotados y posteriormente expulsados808. La orden pro-
mulgada en abril de 1544 era más radical y su contenido no se circuns-
cribía a la ciudad. El virrey ordenó que en el plazo de un día todos los va-
gabundos abandonasen la ciudad, y en cuatro días el reino. A los que no
lo cumpliesen les aguardaba, además de las penas que pudiese imponer el
lugarteniente general a su arbitrio o las contenidas en otras crides, la de
servidumbre en las galeras del rey por término de tres años809. Sin embar-
go, en agosto del mismo año se hizo necesario promulgar otro pregón de
características similares. Ahora se ampliaba el plazo de expulsión de la
ciudad a tres días y en cinco habían de abandonar el reino810. En casi to-
dos los bandos sobre la cuestión se repitieron las alusiones a los hostalers,
para que no amparasen a los vagabundos. Con todo, la proliferación de
vagabundos no parece que llegó a las cotas alcanzadas durante el decenio
1553-63 en que hubo necesidad de repetir hasta once bandos para la ex-
pulsión de los vagabundos811.
Eran los hostaleros quienes regentaban la actividad comercial del bur-
del, tenían cuidado de las mujeres y
les arrendaban todo lo necesario
para el ejercicio de su oficio812; pero
808
ARV, Real, 1319, f. 47;“crida” pregonada el 10 de el Consejo de la ciudad de Valencia
abril de 1540.
809
juzgó excesivo el alquiler de ropas
ARV, Real, 1320, f. 146; promulgada en Valencia el
22 de abril de 1544. de los hostalers del publich a las
810
Ibidem, f. 181-181 vº; dada en Valencia el 31 de mujeres que se ganaban allí la vi-
agosto de 1544. da , por lo que se reguló el precio
813

811
SALVADOR LIZONDO, Mª D. Los virreinatos de que habían de pagar por la ropa814.
los duques de Maqueda y de Segorbe (1553-1563). Al sur del territorio valenciano el
Configuración del bandolerismo, presión islámica y proble-
mática de sus gobiernos. Tesis doctoral, Universitat de
subrogado del portantveus en
València, p. 206. Alicante había iniciado unos proce-
812
GRAULLERA SANZ, Vicent: “Un grupo social sos contra “les dones no castes e de
marginado: las mujeres públicas El burdel de Valencia guany inhonest vivints e contra los
en los siglos XVI y XVII “ en Actes du Ier colloque sur le bodeguers o hostalers de aquelles”.
Pays Valencien à l’époque [Link], 1980, p. 83.
813
Para asegurar la efectividad de la
Consell [Link], Manuals de Consells,A-75;
18 de mayo de 1548 medida había provisto que se toma-
814
Consell [Link], Manuals de Consells,A-76; 9 sen fianzas en las casas en que las
de noviembre de 1548 mujeres ejercían su negocio, y en
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
267
su defecto encarcelando a los que contraviniesen sus órdenes. Todo ello
fue considerado como un exceso de jurisdicción por el justicia de la ciu-
dad. El síndico de Alicante y el procurador del justicia lograron del virrey
una provisión por la cual el alguacil Gonzalo de Céspedes fue a Alicante
para excarcelar a “los dits bodegoners o hostalers de les dites dones”. El
subrogado había de devolver fianzas y presentarse en la Real Audiencia
para hacer las oportunas alegaciones 815.
Un médico comisionado por la ciudad tenía cuidado de las mujeres del
burdel, pero su salario era muy bajo. Una deliberación del Consell Secret
ordenaba al clavario común el pago del médico de las mujeres públicas:

“Sien pagades a mestre Genís Vidal, cilurgia, deu sous cascun mes, co es, co-
mençant lo primer del present mes de agost fins per tot lo mes de maig primer
vinent e any MDXXXXVII (…) per los treballs que aquell ha de sostenir en vi-
sitar les dones que estan en lo publich de la dita ciutat per procurar aquelles
si tendran mal de siment”816.

Quizá a causa del salario tan escaso, dos años después era otro el mé-
dico que reconocía a estas mujeres817.
Durante la Semana Santa les dones mundanes eran apartadas del bur-
del y recogidas en la casa de las
arrepentidas para evitar el comer-
cio carnal en esas fechas e intentar
815
ARV, Real, 1423, f. 60-60 vº;Valencia, 18 de junio, su regeneración818. Los adminis-
1546. tradores de la “Casa de las muge-
816
AMV, Manuals de Consells, A-74; Valencia, 18 de
agosto, 1546.
res peccadoras y arrepentidas” ex-
817
En 1548 fue nombrado el cirujano Maestre plicaban al emperador que “la de-
Pedro para residir en el hospital de la ciudad y reco- votion ha sido tanta que muchas
nocer a las mujeres del “Publich”. GRAULLERA SANZ, mujeres se han retraido en ella”819.
V. “Un grupo social...” p. 87. Para facilitarles el abandono de su
818
Ibidem, p. 91.
819
oficio, a las mujeres arrepentidas
Pretendían comprar la casa que les había alqui-
lado Hieronymo Quintana, pero éste les pedía un pre- se les condonaba las deudas y se
cio abusivo. El emperador determinó que la tasasen les otorgaba una pequeña dote. En
“dos hombres de bien” y no se pagase más de su va- la Semana Santa de 1550 habían
[Link], Real, 325, ff. 446 vº-447 vº; Monzón, 10 de sep- sido nueve las prostitutas que ha-
tiembre, 1542. bían dejado su oficio, para las cua-
820
Diez libras para dos mujeres que se habían ca-
sado y 21 libras a repartir entre las otras siete muje-
les el municipio consignó 31 libras
res. “Consell Secret” de 28 de abril de 1550. AMV, de ayuda820; pero los ediles tam-
Manuals de Consells, A-76. bién había tenido que adoptar me-
268 didas para evitar la picaresca, ya que algunas profesionales recurrían al
ardid de mostrar su arrepentimiento para luego regresar a su antigua
ocupación libres de sus deudas821.
El lugarteniente general se mostró firme en la represión del juego por
los trastornos sociales que acarreaba. Como en los intentos de coerción de
las otras formas de delincuencia social, numerosas disposiciones legales
pretendieron terminar con esta práctica y, como solía ocurrir, el mismo
dato de sus repeticiones muestra lo difícil del intento. El 17 de mayo de
1537 se publicaba una pragmática de prohibición que fue complementa-
da por una disposición de 1538822. En ella se referían los efectos que el ex-
ceso del juego provocaba en los adictos:

“dels jocs de pilota, naips, taules e daus que huy en la present ciutat se fren-
quenta jugant a deure e ab fermances e ab modes esquisits, se han seguit (...)
grans e innumerables inconvenients, factures e disaparicions de sustancies
e perdues notables de patrimonis”.

La extensión de esta práctica, que provocaba adicción, indujo al virrey


a dictar que las deudas del juego no tendrían carácter oficial y nadie esta-
ría obligado a pagarlas ni a dar cualquier tipo de fianzas por ellas en cual-
quier modalidad de juegos: pelota, naipes, dados y otros. La represión del
juego no se circunscribía a la ciudad de Valencia: el lugarteniente de justi-
cia de la villa de Alzira pretendió castigar a Antoni Gilberto por tener en su
casa juego prohibido en contra de las pragmáticas, pero cuando fue lleva-
do a prisión, el vicario de la iglesia mayor de la villa, dos hijos del preso y
muchos otros, so pretexto de corona, maltrataron al oficial y liberaron al
prisionero. El virrey ordenó al alguacil Lluís Çaydia que se informase de
los insultos y daños y prendiese a los que participaron en la algarada823.
Como suele suceder en estos ca-
sos, no obstante la represión, la
821
Para evitar estas acciones el municipio acordó
práctica del juego se mostraba fir-
que los “hostalers” que acogiesen a estas mujeres se me. El virrey consideró que los pe-
obligarían a pagar sus deudas a la ciudad más una mul- cados, vicios y delitos públicos que
ta de 10 libras.“Consell General” de 23 de junio, 1545. quedaban sin castigo provocaban
822
ARV, Real, 1318, ff. 97 vº-98 vº;Valencia, 4 de sep- la cólera divina y eran motivo de
tiembre, 1538.
823
guerras, sequías y plagas, por lo
Ibidem, ff. 192 vº-193 vº; Valencia, 7 de octubre,
1539. que un extenso pregón se ocupó de
824
ARV, Real, 1543, f. 24-32 vº.“Crida” pregonada el la moralidad pública en toda regla,
24 de enero de 1543. empezando por el juego824. Los artí-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
269
culos de esta crida sobre vicios revelan, en sus artículos de prohibición las
costumbres sobre ciertas modalidades de vida y diversión:

* Con ocasión de los juegos de “daus, cartes e naips e de altres illicits


jocs” se cometían blasfemias, por lo que se prohibió la tenencia y prácti-
ca de dichos juegos so pena de veinticinco libras o treinta días de prisión.
* Nadie vendería o prestaría dados en la ciudad o el reino de
Valencia. Se establecía la misma pena que en el artículo anterior.
* Quedaba prohibido el préstamo de dinero para el juego o se perde-
ría lo prestado más veinte sueldos. Si el préstamo se realizaba para el jue-
go de “onze per dotze o a algun guany”, el prestamista sería azotado pú-
blicamente y si era persona honrada, la pena sería de cien sueldos o un
mes de prisión.
* Se estableció una graduación de penas para los jugadores que juraran
según la gravedad de la blasfemia.
* Los que con su lengua y boca blasfemaran sobre de Nuestro Señor
o su Gloriosa Madre serían azotados por la ciudad con un clavo en la
lengua, y ésta sería colocada después en el castillo. Si se trataba de una
persona honrada, pagaría cincuenta morabatines.
* Los que recurriesen a adivinos y nigromantes serían azotados ca-
balgando sobre un asno y los recurrentes pagarían también cincuenta
morabatines de oro.
* Los rufians o alcavots que frecuentaban el burdel y vivían de él de-
berían salir en tres días o serían azotados por la ciudad.
* Las “putanas” vivirían en su bordell o pobla de putada bajo pena de
sesenta sueldos y aun de azotes. Sobre este aspecto se especificaba más:
“e les dones que viuen enamorades sien apartades e separades dels ca-
rrers principals hon stan e habiten les persones de be”.
* Ningún hombre mullerat presumiría de tener amiga o concubina es-
pecial en sus casas o se le correría por la ciudad con azotes. Las perso-
nas honradas pagarían sesenta morabatines.
* En los hostales y tabernas no se acogerían mujeres para hacer pe-
cado, de lo contrario pagaría veinte morabatines la mujer y otros veinte
quien la acogiese y juntos serían corridos a azotes por la ciudad. Los
hostaleros quedaban obligados a sacar a las mujeres que tuviesen en dos
días.
* Si algún padre o madre entregase a su mujer o hija para fornicar,
serían azotados hasta la muerte con allases en la cabeza. Si alguien con-
270 sentía el adulterio iría por la ciudad también con allases —hojas de una
planta— en la cabeza.
* Los usureros perderían la cantidad prestada, pasando los objetos de
la fianza al poder de su Majestad.
* Nadie sería corredor, tercero o entero, del reprobado contrato de
usura, ni recibiría o tendría prendas, pues sería privado para siempre
del oficio de corredor.
* Aquellos que entrasen de noche, pública o secretamente, en los con-
ventos de monjas para hablar con ellas irían diez días a la prisión o pa-
garían diez morabatines.
* Los hostaleros de los burdeles no acogerían a los que fuesen con
amigas o mujeres públicas en el burdel, so pena de cincuenta morabati-
nes.
* Ningún hostalero tendría mujer para ganar sin permiso del justicia.
Antes de acogerla debería presentarla al justicia o, de lo contrario, se le
exigirían cincuenta sueldos.
* Los hostaleros no prestarían joyas a las mujeres públicas sin licen-
cia del justicia, de la que recibirían carta pública. Si no lo hacían así per-
derían lo prestado e incurrirían en pena de quinientos sueldos.

El pregón aún contenía más artículos sobre los temas ya reseñados:


burdeles, la prohibición de llevar armas en la ciudad y la partida en
tres días de todos los jugadores y marginados. Tres años más tarde vol-
vía a promulgarse otra crida, prohibiendo los juegos de dados y nai-
pes. Esta nueva medida se justificaba por la cantidad de hurtos, ho-
micidios y adulterios que se cometían por motivo de dichos juegos.
Igualmente se prohibía tener mesas de juegos de naipes o dados. Si
contravenía las disposiciones un noble o caballero le aguardaba un
pago de 50 libras y una estancia de ocho años en el castillo de Xàtiva; si
era de otra condición, abonaría 25 libras y sería desterrado de la ciudad
y su término.
Esta reiteración de la publicación de bandos para expulsar a los va-
gabundos y, por extensión, por eliminar a los tahúres, proxenetas y de-
más gente del hampa que acampaba en las ciudades, no hace más que
confirmar la tesis general de Braudel: “En España los vagabundos in-
festan todos los caminos, acampan en todas las ciudades”. Los pregones
emitidos por la Administración regnícola no fueron letra muerta. Los
castigados ejecutados por motivo de incumplimiento de “bandeig” y va-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
271
gabundeo por el morro de vaques así lo confirman. Hay, por otra parte,
un dato a tener en cuenta en la valoración global del orden público en
Valencia: las últimas crides sobre vagabundos están datadas en 1544 si-
guiendo, claro está, el hilo de la misma serie documental. Ello no im-
plica que no se diesen más pregones o que el problema quedase zanja-
do, pero sí es un síntoma de que la cuestión había dejado de ser acu-
ciante. Asimismo, se repitieron bandos tratando de eliminar las otras
formas de parasitismo social, y aunque el empeño era imposible, sí pa-
rece que la marginación social llegó a estar controlada. Varios indica-
dores lo confirman. El grupo más numeroso de castigados por vaga-
bundos fue de ocho en 1544, y las últimas expulsiones consignadas en
las cuentas del verdugo se produjeron en 1548.
El virrey y sus auxiliares también se preocupaban porque la norma-
lidad cotidiana se alterase lo menos posible. Una de las formas de trans-
gresión social era el disfraz y la máscara, la cual era doblemente peli-
grosa por lo que tenía de simbólico y por la impunidad que otorgaba a
quien la usaba. Aunque no se hayan obtenido datos concretos para este
período, la máscara era un medio habitual utilizado por los salteadores
de caminos para evitar ser reconocidos825. Acaso por ello el virrey aludía
a la experiencia cuando prohibió mediante bando, quizá preparatorio de
los carnavales, “desfreçarse ne cridar, ne fer torneos, justes, jocs de can-
yes, correr de sortija...” sin licencia pedida y obtenida. La pena era, cier-
tamente, elevada: la pérdida de la vida826.
Por su parte, el gobierno de la Monarquía, a súplicas de los síndicos
de la ciudad de Valencia, también dispuso sobre máscaras. Una notifi-
cación al virrey y demás oficiales indicaba que su confección y uso que-
daban prohibidos:

“Per quant a supplicacio dels sindichs de


825
SALVADOR LIZONDO, Mª D. Los virreinatos... la nostra ciutat de Valencia havem tengut
pp. 210-211. Sin embargo, las penas contenidas en las per prohibir y vedar com ab la present
“cridas” de 1556 pérdida de las vestimentas y encierro prohibim y vedam que masqueres ni des-
durante 30 días en la torre de la ciudad, eran sensible- fresses alguns se puxen fer en la dita ciu-
mente menores a las que mantenían los pregones del tat de Valencia, pux de aquells ningun
duque de Calabria. fruyt y effecte bo se segueix (...) que per la
826
ARV, Real, 1318, f. 123 vº-124; “Crida” promulga- dita causa se causen molts danys e incon-
da el 22 de febrero de 1539. venientes en la cosa publica (...) guardeu e
827
ARV, Real, 332, ff. 41-42; Monzón, 26 de septiem- observar fasseu la present nostra prohibi-
bre, 1547. tio”827.
272 Fundamentándose en la provisión del príncipe el virrey promulgó
varias cridas al efecto, prohibiendo hacer máscaras y utilizarlas828.
Más peligrosa aún debió de resultar para el poder establecido la prác-
tica de la sátira expresada a través de “cobles, letres, libells infamatoris”,
pues su uso provocaba, según el virrey, “debats, differencies e coses
scandaloses e de fet en dan e perturbacio de la republica”. Por ello dis-
puso la prohibición de esta práctica:
“Negu gose ne presumeixca fer ne scriure cobles, cartes o letres ne scriptures
e ni qualsevol forma e manera que dir ni excogitar se puguen que sien diffa-
matories en perjuhi de la honra e persona alguna sots pena de la vida, sens
venia ne merce alguna”829.

Las graves penas contenidas en la crida no consiguieron erradicar la


“funesta” manía de escribir. Algunas personas con poco temor de la co-
rrección real y la justicia se atrevían a ordenar, ponerse a escribir y leer
libelos difamatorios de distinta clase, por lo que un nuevo edicto prohi-
bió hacer libelos, en rim y en prosa. La pena de muerte también aguar-
daba a quienes pegasen o leyesen los carteles en lugares públicos: pla-
zas, esquinas y puertas830. En otra ocasión, con el aparente fin de evitar
daños, en este caso incendios, se prohibió tirar “cuets e tronadors la ves-
pra e dia de Sanct Dionis e alguns dies ans e apres”831.
Atendiendo a las manifestaciones no individuales, sino organizadas,
aquello que primero llama la atención es la distribución geográfica de es-
ta distorsión del orden establecido. Ciertamente, puede trazarse una níti-
da frontera entre el norte y el sur del Turia. Prácticamente todos los ban-
dos populares que se organizan lo hacen desde la ciudad hacia el sur. La
lugartenencia de gobernación dellà lo riu de Xúquer y la gobernación de-
llà lo riu de Xixona son el escenario
principal de las bandas organiza-
828
ARV, Real, 1321, f. 227-227 vº y ARV, Real, 1424, ff.
das, al menos de las que queda
47-48 vº. constancia documental en los re-
829
ARV, Real, 1318, ff. 100-101; promulgada el 12 de gistros consultados. En todo caso,
septiembre, 1538. no deja de ser significativa la pro-
830
ARV, Real, 1319, f. 46-46 vº; pregón publicado el porción. Los motivos concretos por
10 de abril de 1546.
831
los que surgen estas partidas no
La pena reservada era de 10 días de prisión y 60
sueldos, tanto para los que los echaban como para los son extraños a los apuntados por
“speciers e altres que acostumen de vendre aquells”. García Martínez. Uno de los prime-
Ibidem, f. 1-1 vº; crida de 8 de octubre de 1539. ros brotes aparecido en Alzira,
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
273
Xàtiva y lugares próximos obedecía a “certes mans, insults, delictes, ex-
cessos” que se produjeron entre sus habitantes832. Así, en 1538 diversos
bandos surgían por el país y el “portantveus” de gobernador Vilarrasa
recibía orden de reprimirlos833. En 1540 el virrey daba cuenta del des-
asosiego reinante en Xàtiva, en donde había mucha gente armada con
peligro de novedades y desórdenes, los cuales afectaban también a
Ollería834. Los altercados en esta ciudad no terminaron fácilmente; se su-
cedieron bregas, revueltas y disensiones que ocasionaron numerosos he-
ridos y se esperaba la formación de bandas organizadas que ya empe-
zaban a surgir en Alzira. Un alguacil fue el encargado de terminar con
el conflicto835. Un año después era en el extremo norte del país en donde
estallaban las revueltas: Jaume Mestre, notario, y Joan Díaz, de Portell,
capitaneaban en Morella sendos bandos que arrastraban el suficiente
número de hombres armados como para que el virrey ordenase al justi-
cia de la villa la detención de los culpables y el inicio de los trámites pa-
ra que los contendientes firmasen la paz; medida complementaria fue la
prohibición de llevar armas836.
El 28 de septiembre de 1543 el heraldo Joan Balaguer publicaba un
pregón por el que se prohibía lanzar piedras con o sin honda, bajo pena
de cien azotes. Lo accesible de esta modalidad de pelea facilitaba su di-
fusión, por lo que las penas alcanzaban a aquellos padres cuyos hijos o
criados participasen en estas contiendas populares, disponiendo 25 li-
bras de multa o una estancia de 20 días en la prisión común para los que
consintieran que sus pupilos participasen en los apedreamientos. Las
medidas cautelares abarcaban a los cordeleros y tenderos que vendiesen
hondas o cáñamo para hacer hondas, incurriendo en la pena anterior-
mente descrita aquellos que la contraviniesen. Las penas estaban en
proporción con el mal que se que-
ría atajar, ya que según el texto de
832
El alguacil Bertomeu Sarçola recibió orden del la crida, cada día se producían en
regente Cabanyelles de presentarse en dichas pobla- la ciudad de Valencia y fuera de
ciones para tomar información de los sucesos y pren- ella muertes en las bregas que se
der a los [Link], Real, 1318, ff. 47 vº-49;Valencia, resolvían a pedradas837.
6 de noviembre, 1537. En 1544 unos vecinos de
833
Ibidem, ff. 84-85;Valencia, 1 de julio, 1538.
834
Sumacàrcer detuvieron a otro del
ARV, Real, 1319, f. 54;Valencia, 12 de mayo, 1540.
835
Ibidem, ff. 59 vº-60;Valencia, 12 de junio, 1540. lugar de Cotes; por lo que habitan-
836
Ibidem, ff. 154 vº-155;Valencia, 30 de junio, 1541. tes de este último pueblo prendie-
837
ARV; Real, 1320, f. 114-114 vº. ron en el camino de Sumacárcer a
274 Xàtiva a dos criados de la casa del noble don Angel de Crespí, lo que mo-
tivó las consabidas reacciones populares. Debido a ello, el alguacil Lluís
Adzuara recibió orden de desplazarse a aquellos lugares para tomar in-
formación de los sucesos y prender a los culpables838. Y no fue éste el
único incidente que se produjo en los caminos. Luis Ponz Dixar, arma-
do y con mucha gente, asaltó a Beatriu de Torrella y de Abba, viuda, mal-
tratando violentamente a dos hombres que la acompañaban, quitándo-
les las armas y profiriéndoles palabras injuriosas y amenazadoras.
Según la demandante el salteador de caminos se paseaba tranquilamen-
te por Valencia, por lo que el príncipe escribió al duque para que con-
cluyese la causa y diese sentencia839.
En 1546, en el seno de la familia Muñoz de Borriol se produjeron fuer-
tes discrepancias cuyos ecos llegaron al gobierno central. Luis Muñoz, tu-
tor de su sobrina Anna Casalduch, en un viaje a Valencia dejó a su pu-
pila encomendada a su hermano Miguel, con lo cual demostró su inge-
nuidad. No de otro modo, Miguel aprovechó la ausencia de su herma-
no para raptar a la sobrina que ya tenía 14 años: “olvidado y postpues-
to el temor de Dios, de su Majestad y nuestro y sin tener respecto a la
encomienda que de la dicha Anna le habia sido hecha, ni a la deuda que
por ser hija de su hermana con aquella tenia”840. Miguel, valiéndose de
una treta hizo salir a la muchacha de casa. Esta salió con un tercer her-
mano de Miguel, Francisco. Ambos hermanos con cinco hombres a ca-
ballo y armados emprendieron la huida después de haber tomado vio-
lentamente a Anna Casalduch en el puente de Villarreal y “no contentos
d·esto el dicho don Francisco ha casado y usa de aquella a su voluntad”;
por lo que Luis recurrió al príncipe. Este además de escribir al duque
para que favoreciese al deman-
dante, escribió a los lugartenien-
838
tes generales de la corona de
Ibidem f. 127-127 vº;Valencia, 4 de febrero, 1544.
839
ARV, Real, 329, ff. 42 vº-43;Valladolid, 26 de junio,
Aragón para que detuviesen a la
1544. banda de raptores y librasen a la
840
ARV, Real, 330, ff. 34-35 vº; Madrid, 5 de junio, muchacha841. En 1547 fue en
1546. Carcagente en donde se organizó
841
“Don Philippe a lugartenientes y capitanes gene- una brega considerable. En conse-
rales en el reyno de Aragon, principado de Cathalunya
cuencia, el regente Cabanillas co-
y condados de Rossellon y Cerdanya y qualesquier of-
ficiales y subditos en los dichos reynos, principados y misionó al alguacil Sebastià Semer
condados y en el reino de Valencia...” Ibidem, ff. 35 vº- para que tomase información de
37. los sucesos y prendiese a los culpa-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
275
bles842. El año siguiente fue pródigo en revueltas. Una de ellas fue en
Puzol, lugar perteneciente a la jurisdicción del arzobispo. Según los pro-
curadores fiscales se habían producido dos parcialidades que amenaza-
ban la estabilidad del lugar, por lo que el virrey se hacía eco de ciertas

“bregues y en aquelles fetes nafres y que per dita ocasio dit loch esta posat en
armes en dos pacialitats, de hon si promptament no si provehex de ynfras-
crit remey de justicia se te per cert que si siguirien moltes morts. E com lo
reverendissimo Archebisbe de Valentia, lo qual te en dit loch la jurisdictio ci-
vil del fur, sia stat acusat de dites coses; a nos, per part de aquell, haja fet
supplicat que hi manassem provehir de condecendent remey de justicia”843.

Fue el alguacil Joan Pla quien resultó encargado de trasladarse al lugar.


El cometido que recibió era el usual: expulsar a los forasteros, desarmar a
los que portasen armas de cualquier especie y mandar a todas las parciali-
dades que se aviniesen a firmar la paz.
Mas no todas las bandas que se formaban eran de oriundos. Algu-nas
de ellas estaban integradas por forasteros que, amparándose en las trabas
de la legalidad foral buscaban refugio en el reino de Valencia cuando se
sentían acosados en el suyo de origen. Así, la banda de Pitarque operaba
en Murcia cerca de la raya de Valencia, por lo que buscaba refugio en el
reino tras cometer sus fechorías844. Como el condado de Oliva era el lugar
de refugio de esta banda que había causado graves destrozos muertes, sa-
queos e incendios, el príncipe se veía obligado a escribir al conde de Oliva:
“No crehemos que ha venido a vuestra noticia porque no creemos dierades
lugar a que hombres tan facinerosos e inculpados de tales crimenes y de-
lictos fuessen receptados”845. El príncipe ordenó al conde que procurase
por todos los miembros que los
malhechores no se refugiaran en
842
sus tierras y, que en el caso de que
ARV, Real, 1321, ff. 211-211 vº;Valencia, 19 de ju-
lio, 1547.
los prendiese, los entregase al du-
843
Ibidem, ff. 287 vº-288;Valencia, 8 de agosto, 1548. que. Ello podía resultar difícil, pues
844
Volvía al reino de Valencia, en donde eran “re- una de las características de las
ceptados en tierras del conde de Oliva y de otros lu- bandosidades era la connivencia
gares de señorio, que ha sido causa que no han podi- entre los miembros de las bandas y
do ser castigados de sus delictos”. El príncipe al duque
los señores.
en ARV, Real, 326, ff. 223-224 vº; Valladolid, 7 de julio,
1548. La constitución de partidas or-
845
Al “egregio conde de Oliva, pariente”. Ibidem, f. ganizadas de malhechores no al-
224 vº-225. canzó, ni por su número ni por su
276 intensidad la magnitud que tuvo este problema en los decenios siguientes.
Varios son los datos que confirman esta aseveración. El Maestrazgo, que
durante los virreinatos de los duques de Maqueda y de Segorbe estuvo so-
metido a la presión del bandolerismo, en esta época no lo sufrió de una
manera acuciante. La compañía personal del virrey no intervino de forma
tan activa como lo hizo en épocas posteriores. La búsqueda y captura de
bandoleros quedó, en gran medida, en manos de los oficiales reales: al-
guaciles y verguetas. No se produjo la ayuda social a los bandoleros que se
prodigó en épocas posteriores, o al menos, no fue lo suficientemente im-
portante como para que se dictasen medidas legales prohibiendo acoger a
los bandoleros846. Quizá debido a ello, el duque de Calabria no llegó a
utilizar los procedimientos no jurídicos que se vieron obligados a em-
plear los lugartenientes generales posteriores: el pacto con los bandidos
y el recurso económico847. Todo lo cual vendría a corroborar la afirma-
ción de Perales: la proliferación de bandidos se produjo al término de
las guerras emprendidas por Carlos V848.

846
SALVADOR LIZONDO, Mª. D. Los virreinatos de
los duques..., pp. 89 y 90.
847
GARCIA MARTINEZ, S. Els fonaments del País
Valencià [Link]ència, 1968, p. 61.
848
Citado por SALVADOR LIZONDO, Mª D. en
Los virreinatos de los duques..., p. 88.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
277
CAPÍTULO V

LOS MARGINADOS: MORISCOS

En un momento en el que están fraguando los diversos estados, los


príncipes necesitan de unas iglesias nacionales que no rivalicen con su
propio poder; antes bien, éstas deben constituirse según el modelo del
propio Estado. Las potencias católicas no fueron una excepción a este
fenómeno, Francia y España participaron de él849. El sentido de la histo-
ria impedía la coexistencia en los dominios del príncipe de una minoría
disidente en materia religiosa que, además, daba síntomas evidentes de
connivencia con los enemigos tradicionales de los cristianos españoles.
Por ello, la Iglesia con el impulso del poder real y, sobre todo, de la Junta
de Estamentos del reino, desplegó enormes esfuerzos, con resultado ex-
tremadamente pobre para asimilar, mediante un proceso de aculturiza-
ción o evangelización a los moriscos. Los resultados, dado el desenlace
final de la minoría morisca, fueron evidentes; los que ofrece el reinado
del emperador en este ámbito también. No obstante la profusión de me-
dios desplegados para lograr la asimilación de esta minoría, las expre-
siones contemporáneas más objetivas coinciden: “estos siguen tan mo-
ros como el primer día”.
Para aproximarse a la cuestión morisca en este período —a caballo
entre las grandes sublevaciones de Espadán, Benaguasil y la sierra de
Bernia y la eclosión del problema morisco que se produciría años más
tarde— se ha atendido a los intentos de asimilación efectuados por el po-
der establecido para tratar de eliminar el hecho diferencial religioso y
cultural de esta minoría. En otro apartado se refiere la fascinación de
África sobre los moriscos, la tierra donde cifraban todas sus expectativas
y de donde llegaba el aliento y la esperanza; asimismo se analiza la reac-
ción consiguiente del poder real: impedir el acercamiento de los nuevos
cristianos a la costa. Objetivo de es-
te capítulo será discernir los moti-
849
NAEF,W. La idea del Estado en la Edad Moderna. vos por los que esta minoría inten-
Madrid, 1973, pp. 13-14. tó constantemente su éxodo parti-
278 cular y el alcance y las limitaciones de las medidas que el poder real to-
mó al efecto.

5.1. LOS INTENTOS DE ASIMILACIÓN

Los acuerdos entre los enviados de los moriscos y del emperador con
el consentimiento de la Inquisición marcan el inicio de la evangelización
de la minoría morisca. Tras la resolución de la validez de la conversión
forzosa las prácticas heréticas suscitaron no pocos problemas, por lo
que, tanto el poder real como los Estamentos, reclamaron la llegada de
los breves pontificios que perdonasen las culpas pasadas como base de
un entendimiento y pacificación; pero la consecución de estos escritos
no fue fácil. Los esfuerzos por ver materializado el rescripto son el ob-
jeto de análisis del segundo apartado. Paralelamente la Iglesia diocesa-
na continuó llevando a término sus planes de evangelización, siendo la
principal ofensiva evangelizadora la que se dio en 1543. Las páginas so-
bre los intentos de asimilación de los moriscos concluyen con las líneas
dedicadas a los colegios de los nuevos convertidos y a los conflictos que
estas instituciones ocasionaron entre las diversas instancias y jerar-
quías. Tampoco se obvian las instituciones de esta índole que en aque-
llos momentos surgieron con el impulso de la iniciativa privada.

***

Tras la conversión general y forzosa de los mudéjares valencianos, las


diferentes instancias de poder aprovecharon para profundizar en el pro-
ceso de evangelización o de aculturación y asimilación. El inquisidor ge-
neral encargaba al vicario general de Valencia, en agosto de 1525, que
ayudase al Santo Oficio en su tarea de instrucción de los nuevos bauti-
zados y poco después los predicadores empezaban su tarea de evangeli-
zación, en la que se encontraron con la hostilidad, cuando no la indife-
rencia de los moriscos, quienes continuaron practicando con carácter
más o menos clandestino su religión850. Como consecuencia de la orden
de expulsión promulgada por el
emperador de todos aquellos mu-
850
BORONAT Y BARRACHINA, Pascual. Los moris-
sulmanes del reino de Valencia que
cos españoles y su expulsión. Estudio histórico-crítico; no quisieran bautizarse para el 31
Valencia, 1901, vol. I, pp. 147-150. de diciembre de 1525, y en general
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
279
para el 31 de enero de 1526, se sublevaron los moros de Benaguasil. A
esta revuelta siguió una serie de levantamientos parciales, el más im-
portante de los cuales fue el de la sierra de Espadán. Las insurrecciones
desembocaron en una concordia entre los moriscos valencianos y el po-
der real, con el asentimiento del Santo Oficio. Dos delegados musulma-
nes, pertenecientes a un estrato social elevado y por tanto más acomo-
daticio, se habían trasladado a la corte y, aunque no lograron remover
el punto principal, el de la conversión forzosa, sí conseguían algunos
atenuantes. Mediante un servicio de 40.000 ducados los notables moris-
cos habían conseguido ciertas garantías de continuar con sus tradicio-
nes y de no ser molestados por la Inquisición851.
Tras el edicto de conversión general, el poder central dispuso un plan de
actuación general, no sólo para los moriscos de Valencia, sino también pa-
ra los granadinos852. Así, un primer grupo de “misioneros”, conformado por
los comisarios inquisitoriales Antonio de Guevara, franciscano, y micer
Juan Suñer, fueron nombrados para evangelizar a los moriscos del sur del
reino. Ciertamente, entre marzo y julio de 1526 anduvieron los principales
territorios señoriales del sur del Júcar; entre noviembre y y diciembre los
mismos comisarios recorrieron la parte norte del reino. Una visita tan rá-
pida y sin continuidad no podía ofrecer más que resultados superficiales853.
Fruto de las capitulaciones entre
los moriscos y el emperador fue la
851
real cédula de 1528, en la que por
DOMINGUEZ ORTIZ, A.; VINCENT, B.
Historia de los [Link] y tragedia de una minoría.
orden del inquisidor general era
Madrid, 1978, p. 24. nombrado para instruir a los moris-
852
Paralelamente a lo ocurrido en Valencia, los cos en la fe católica fray Bartolomé
moriscos granadinos, a cambio de un servicio de de los Angeles. Este predicador, jun-
80.000 ducados para la Corona y con el favor com- to con Miguel Pérez de Miedes, con-
prado de algunos cortesanos, consiguieron que la
feccionó un censo como fruto de la
Inquisición no les confiscase los bienes y que du-
rante un plazo de tiempo a determinar por el em- inspección cursada a las parroquias
perador pudiesen seguir llevando sus trajes moris- de nuevos convertidos854. Medida
cos. BENITEZ SANCHEZ BLANCO, R. “Carlos V y complementaria para la asimila-
los moriscos granadinos” en Historia de la Inquisición ción de los moriscos fue la orden
en España y América; Madrid, 1984, pp. 478-480. de que se terminase con los ba-
853
Tesis mecanografiada de A. Redondo “Fray
Antonio de Guevara” en ORTIZ y VINCENT Historia
rrios segregados en que aquéllos
de los moriscos..., p. 96. vivían. La tarea de integración se
854
LAPEYRE, Henry, Geografía de la España mo- vio obstaculizada desde dentro
risca;Valencia, 1986, p. 30. del reino. Cuestión sintomática
280 fue la denuncia contra el propio fray Bartolomé; denuncia que el mis-
mo inquisidor general sospechaba que estaba inducida para terminar
con su tarea. En cualquier caso, el arzobispo de Sevilla escribió a sus
oficiales de Valencia para que nombrasen nuevos procuradores855.
Las opiniones de los historiadores divergen sobre el mayor o menor
grado de benignidad con que fueron tratados los moriscos en las décadas
posteriores a la concordia. Para Pascual Boronat la benignidad que mos-
tró el reino de Valencia para con los moriscos está fuera de duda; la pro-
tección de los nobles y la escasa presión que la Inquisición mostró con
los nuevos convertidos convertían el reino de Valencia en una tierra de li-
bertad a los ojos de los moriscos de otros reinos856. Según Henry Charles
Lea, tras la concordia la Inquisición redobló su actividad. Para realizar
esta afirmación se basó en los datos que los legajos de la Inquisición de
Valencia aportaban sobre el número de procesados y el de condenados a
la hoguera. En 1540 se produjo una reducción pasajera en las actividades
de la Inquisición valenciana, pues no se instruyó ninguna causa por he-
rejía; pero la vía de la persuasión quedó abortada en 1544 cuando la
Santa reanudó sus actividades, para volver en 1547 a una política de mo-
deración tras la partida del comisionado apostólico, Antonio Ramírez de
Haro, que no fue suplida, sino hasta años más tarde857. La opinión de
Henry Kamen es que hasta los primeros años del reinado de Felipe II,
“los esfuerzos que llevó a cabo la
Inquisición para mantener a los
855
moriscos dentro de un cristianis-
BORONAT Y BARRACHINA, P. Los moriscos
españoles..., t. I, pp. 175-178. Para Henry Charles Lea, mo nominal fueron poco más que
la actuación contra este predicador había venido da- un gesto”. Y ello debido a dos mo-
da por sus [Link] le reconoció que sabía tivos. Uno de índole político: la
árabe, “por desgracia, su pésimo carácter hacía de él creencia, tanto del poder real co-
la persona menos indicada para una tarea semejan- mo del eclesiástico, de que la me-
te”; pero según el mismo autor “a principios de 1544
se le acusó de connivencia con los moriscos y de co-
jor manera de afrontar el proble-
hecho” (Los moriscos españoles. Su conversión y expul- ma morisco era mediante un pro-
sión. Estudio preliminar y notas de Rafael Benítez grama de conversión eficaz. Otro
Sánchez-Blanco, Alicante, 1990, pp. 180 y 188). factor influyente sería la presión
856
BORONAT Y BARRACHINA, P. Los moriscos señorial protectora del particula-
españoles..., t. I, pp.188-189.
857
rismo morisco858.
LEA, Henry Charles, Los moriscos españoles...,
pp. 148-150. Para Domínguez Ortiz y Bernard
858
KAMEN, Henry La Inquisición española, Vincent, los acuerdos finalizados
Barcelona, 1988, p. 144. en enero de 1526 marcaron el ini-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
281
cio de una etapa que se prolongó durante tres décadas, en las que el po-
der real osciló entre la política de represión y la política de asimila-
ción859. No de otro modo pueden explicarse los vaivenes apuntados por
Henry Charles Lea. No obstante la estrecha implicación entre la
Inquisición y el poder real, cabe distinguir entre la actuación de ambos.
Así, en la pugna entre el sostenimiento de la línea dura más propia del
Santo Oficio, y una política de asimilación tolerada por el poder real du-
rante la primera mitad del siglo XVI, fue esta última la predominante.
En consecuencia, la tensión que posteriormente se desataría entre los
inquisidores, partidarios de la confesión escrita de las culpas de los mo-
riscos, y los integrantes de la Junta de Estamentos, partidarios de que
éstos manifestasen sus delitos tan sólo a sus confesores, conforme a la
petición de los señores, y tras un plazo de instrucción en que el Santo
Oficio no procedería contra ellos, esta última tesis fue la vencedora.
Como indica el profesor Benítez:

“Carlos V, acuciado por los problemas alemanes, para no complicar más la


situación creando malestar en señores y moriscos, se inclina por la modera-
ción, es decir, por la opinión de Haro, y otorga un plazo de dieciséis años pa-
ra la instrucción de los nuevos convertidos”860.

Ante la evidencia de los intereses imperiales la Inquisición abandonó


este campo de acción. Los inquisidores de Valencia y Murcia recibieron
orden de no entrometerse en las causas concernientes a moriscos y los
planes de evangelización pasaron a ser competencia plena de Ramírez
de Haro, obispo de Segovia en 1543, Juan Silíceo y el confesor fray
Pedro de Soto. De hecho, el inquisidor territorial Miranda no recorrió el
reino hasta 1551, y hubo que esperar hasta 1560 para que se sucediera
una visita del tribunal central de la Inquisición a tierras valencianas861.
Los breves pontificios con el perdón de los moriscos debían permitir
la pacificación de esta minoría y
facilitar el proceso de asimilación.
Pero la resolución de este asunto
859
Historia de los moriscos..., p. 26. competía al pontífice o, más exac-
860
BENITEZ SANCHEZ-BLANCO, R.“Un plan pa- tamente, a la presión que el empe-
ra la aculturación de los Moriscos valencianos:‘Les or-
rador debía efectuar para su con-
dinacions’ de Ramírez de Haro 1540”, en Les moris-
ques et leur temps p. 130. cesión, lo cual entraba en el orden
861
GARCIA CÁRCEL, R. Herejía y sociedad..., p. 37- de preocupaciones inmediatas del
38. césar. Para conseguir con la mayor
282 brevedad el rescripto, se realizaron numerosas peticiones desde el reino.
El obispo de Segovia, figura principal en el programa de evangelización
de los moriscos valencianos, e, incluso, la Junta de Estamentos instaron
al poder central para la consecución de los breves, y el príncipe no dejó
de escribir a su padre para tratar de romper la inercia de desgana con
que dicho asunto se tramitaba en las altas instancias diplomáticas y cu-
yo primer fruto no fue más que un breve inútil por defecto de forma. En
las líneas que se suceden se intenta desentrañar, precisamente, la made-
ja de intervenciones que en torno a este asunto fue tejiéndose a lo largo
de un excesivo número de años.

***

En 1532 el arzobispo de Valencia seguía ausente y, para lograr una di-


rección unificada en la tarea de evangelización de los moriscos el papa
Clemente VII concedió en este sentido un breve al inquisidor general
Alonso Manrique, al que sucedió, en 1540, otro del pontífice Paulo III di-
rigido al inquisidor general Tavera. Estos breves concedían a los respec-
tivos inquisidores generales poder para seleccionar a los sacerdotes que
habían de ocuparse de la evangelización de los moriscos, para erigir
nuevas parroquias, nombrar y cesar a sus rectores e, incluso, dirimir los
conflictos entre las diversas jerarquías eclesiásticas862. Ante la queja de la
Santa Sede por la apostasía de los moriscos, y ante la falta de prelados,
en enero de 1534 se enviaron hacia Valencia dos comisarios apostólicos,
fray Antonio de Calcena y Antonio Ramírez de Haro. El primero alcan-
zaría posteriormente el obispado de Tortosa; el segundo obtendría las
mitras de Calahorra, Ciudad Rodrigo y Segovia, sucesivamente. En fe-
brero del mismo año se avisaba a los inquisidores valencianos que po-
dían extender de nuevo el perdón a los moriscos “relapsos”. Sobre “esta
idea de la reversibilidad —escribe García Cárcel—, girará toda una pra-
xis docente sustentada sobre la figura del enviado especial-predicador-
visitador, cuya misión es un reciclaje catequítico de moriscos, sujetos
pacientes del casuismo teológico863.
El perdón no dejaba de tener
una importancia económica, ya
862
LEA, H. Ch. Los moriscos españoles..., pp. 180 y que los bienes confiscados a los
181. moriscos por herejía o apostasía
863
GARCIA CÁRCEL, R. Herejía y sociedad..., p. 29. recaían sobre el fisco real. Un pri-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
283
vilegio de 1533 permitía a los familiares de los bautizados forzosos ad-
quirir sus bienes, y aunque las Cortes intentaron ampliar dicho privile-
gio para todos los moriscos, la medida no surtió efecto. Lo que sí inten-
tó el poder central fue la promulgación de un breve de perdón para los
nuevos convertidos, medida esta que fue largamente deseada por los es-
tamentos del reino, quienes la consideraban una herramienta indispen-
sable en el proceso de pacificación de los moriscos. En 1543 los porta-
voces del reino enviaron un embajador cabe el poder central para tratar
del perdón de los moriscos. Un año más tarde el gobierno de la
Monarquía había asumido la cuestión: el emperador comunicaba a su
hijo que había escrito a Roma pidiendo los pontificios sobre los moris-
cos de Valencia para Ramírez de Haro, ya obispo de Segovia864. En su
respuesta, el príncipe aludía precisamente al daño que ocasionaba la di-
lación de la entrega del rescripto. Incluso el obispo de Segovia, cansado
de esperar, instaba para regresar a su diócesis, por lo que el virrey hubo
de pedirle que se quedase hasta la llegada del breve, y desde el poder
central se le escribió que durante ese intervalo continuase las negocia-
ciones865. El emperador, creído de que los pontificios ya habían llegado,
dio prisas a Juan Vega para que consiguiese los correspondientes a los
reinos de Granada y de Valencia866.
El príncipe siguió instando para la consecución del tan anunciado res-
cripto que nunca llegaba867, lo cual aumentaba los deseos del obispo de
Segovia de regresar a su diócesis. El emperador, que anteriormente había
ordenado al obispo de Segovia su permanencia en Valencia, permitía que
el Consejo considerase el regreso del prelado, pues su presencia era menos
necesaria con la presencia del arzobispo Villanueva y la próxima llegada
del deán de Segovia como inquisidor868. El gobierno central había dispues-
to la permanencia de Ramírez de Haro en Valencia, pero las instrucciones
del emperador forzaron nuevas medidas al respecto. El obispo quedaría en
Valencia hasta la llegada del breve y
del deán de Segovia con el fin de de-
864
AGS, Estado, leg. 500, ff. 51 a 57 en FERNÁNDEZ jarle introducido en el asunto869; pe-
ÁLVAREZ, M. Corpus documental..., t. II p. 245. ro el nuevo retraso de la respuesta
865
AGS, Estado, leg. 64, ff. 57 al 61 en Ibidem, p. 275. papal indujo al príncipe a ordenar
866
AGS, Estado, 501, ff. 46-48 en Ibidem, p. 378.
867
al obispo de Segovia su incorpora-
Ibidem pp. 392 y 396.
868
AGS, Estado, 501 ff. 68 al 71 en Ibidem, p. 437. ción a la diócesis y el deán de
869
AGS, Estado, 69 f. 64 en Ibidem, p. 439. Segovia partiría en cuanto le llega-
870
AGS, Estado, 73, ff. 91 al 95 en Ibidem, p. 463. se el título de inquisidor870.
284 Con todo, Ramírez de Haro aún pudo entender en el breve aunque só-
lo fuese para rechazarlo por inservible, pues había llegado defectuoso871.
Este hecho movilizó a los estamentos, quienes se dirigieron directa-
mente al emperador para solicitar el perdón de los moriscos. Ante los ra-
zonamientos del obispo de Segovia, el césar recurrió de nuevo ante Juan
de Vega para que consiguiese un breve correcto872. En 1548 el joven
Felipe llamó al obispo de Segovia para que participase en una reunión
con el arzobispo de Sevilla, inquisidores, teólogos y letrados de todos los
consejos en número de 18. El príncipe les indicó que plasmasen sus opi-
niones por escrito para remitirlas al emperador, y que llegasen a un pun-
to de unanimidad para la mejor comprensión del césar y facilitarle la to-
ma de decisiones873.
La red de parroquias que en las zonas de asentamiento morisco valen-
ciano se debían haber establecido como consecuencia de la conversión
forzosa, sobrepasada una década, aún no se había cumplimentado, por lo
que no podía llevarse a término el encuadramiento eclesiástico de los nue-
vamente convertidos. Por dicho motivo en 1535 llega a Valencia el comi-
sario apostólico Antonio Ramírez de Haro a quien se le había delegado,
además de la autoridad seglar y eclesiástica, el título de inquisidor ordi-
nario para impedir que el Santo Oficio interfiriese en el plan de acultura-
ción de los moriscos. El comisario apostólico recibió el encargo de fundar
parroquias en los lugares con mayoría de población morisca. La creación
de estas nuevas parroquias no estaba exentas de problemas, sobre todo de
índole financiero, ya que los diezmos que teóricamente debían nutrir las
parroquias eran tomados por los señores, quienes consideraban que tení-
an derecho a ellos, alegando que eran compensación de los servicios to-
mados a los moros; por otra parte la Corona estaba aquejada de una cró-
nica falta de recursos. Esta falta de respaldo económico conllevó el hecho
de que la Iglesia diocesana no pudiese desplegar todos los medios necesa-
rios que la tarea de evangelización de moriscos requería.
Las ciento veinte parroquias que fueron creadas en la zona morisca
se dotaron, pues, con una parte mí-
nima de los diezmos, con propie-
871
dades que habían pertenecido a las
AGS, Estado, 73, ff. 127 a 131 en Ibidem, p. 467.
872
mezquitas y, sobre todo, con una
AGS, Estado, 642, ff. 71 y 72 en Ibidem, p. 485.
873
AGS, Estado, 76, ff. 51 al 56 en Ibidem, p. 652. subvención de 2 000 ducados de la
HALPERIN DONGHI, T. Un conflicto nacional..., mesa arzobispal valenciana . Ello
874
874

pp. 152-155. implicaba que las parroquias mo-


EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
285
riscas apenas si podían contar con una renta de 30 libras, pues los in-
gresos por encargos de misas eran lógicamente escasos. A estas dificul-
tades había que sumar la de una feligresía aparentemente cristiana, pe-
ro con una vivencia interior musulmana, por lo que el número de cléri-
gos dispuesto a ejercer en la zona morisca llegó a ser muy escaso. La ad-
ministración personal de la mitra valenciana por don Jorge de Austria
dejó bien pronto sentir sus efectos. Para García Cárcel, será en 1540
cuando se inicie lo que él denomina “la gran ofensiva contra los moris-
cos”875. Ciertamente, hay datos que inducen a confirmar esta asevera-
ción, como el proceso de don Sancho de Cardona en 1540; pero en rea-
lidad el año anterior ya se había promulgado la primera pragmática en
toda regla sobre los moriscos y se habían iniciado las conversaciones pa-
ra la fundación de un colegio para los niños de los nuevos convertidos.
A su vez, el arzobispo de Toledo ratificaba a Ramírez de Haro como in-
quisidor, no obstante su condición de obispo de Ciudad Rodrigo876 y po-
co más de un año más tarde se reforzaba el aparato inquisitorial, al
nombrar inquisidor al doctor Fernando de Loazes, obispo de Elna, “si-
mul et insolidum” con el venerable Joan González877.
En 1542 se sucedió otro proceso ejemplarizante contra Rodrigo de
Beaumont, como señor protector de moriscos. El arzobispo, por su par-
te, atendió a la reorganización de la diócesis en aras de la pastoral mo-
risca, escribiendo en colaboración con Ramírez de Haro un pequeño ca-
tecismo para la instrucción de los nuevos convertidos.
Con don Jorge de Austria rigiendo la mitra de Valencia, desde el
gobierno central se dio un nuevo impulso a la campaña que ya se ha-
bía iniciado en 1534. Ramírez de Haro fue designado por el empera-
dor para recorrer, a instancias del arzobispo de Valencia, el reino con
el doctor micer Joan Gonçalez, consejero de su Majestad. A ellos les
acompañaría micer Joan de Gais, canónigo de la catedral, vicario ge-
neral y comisario del rey. El programa de la visita era ambicioso.
Atender a la instrucción y doctrina de los conversos, a la dotación de
las nuevas rectorías, a consolidar las iglesias que aún no se hubiesen
afianzado o a la fundación de un
colegio para los hijos de conver-
875
sos, eran los puntos más impor-
Herejía y sociedad..., p. 30.
876
AMV Cartas Reales, h3-4 f. 68-68 vº; Madrid, 9 de tantes del viaje apostólico. El vi-
mayo, 1540. rrey escribió a todos los oficiales
877
Ibidem, f. 84-84 vº; Madrid, 28 de abril, 1541. del reino para que les dispensa-
286 sen todas aquellas medidas que les pudiesen favorecer en su misión,
tales como buenas posadas, avituallamiento, vigilancia en los malos
pasos o precios asequibles878. El plan de actuaciones trazado por el ar-
zobispo y el visitador Ramírez de Haro no descuidó los aspectos di-
dácticos. En paralelismo con el talante conciliador de Carlos V, Haro
con la colaboración de Jorge de Austria diseñó Les ordinacions, con las
que se pretendía conseguir el objetivo general de la aculturización com-
pleta de los moriscos, pues la cristianización de esta minoría con el po-
so cultural arábigo que arrastraban era poco menos que imposible. A tal
fin, Les ordinacions “desarrollan un proyecto coherente de aculturiza-
ción, en el que se fijan unos objetivos, se marca un ritmo, se configuran
unos medios”879.
En 1543 se sucedió otro intento de asimilación de los moriscos. El
consejo formado por el confesor real Pedro de Soto, el obispo de
Cartagena, Juan Silíceo, el de Calahorra, Ramírez de Haro y algunos
miembros de la Inquisición —o, como indica el profesor Benítez, la
opinión de Haro, Silíceo y el confesor real— acordó la intensificación
de las campañas de evangelización. La campaña contaba con el bene-
plácito y colaboración de la más alta instancia del poder central, el
emperador. Este, en verdad, escribió al virrey para que concediese el per-
dón a todos los moriscos que, después de haber pasado a Africa, hubiesen
pedido reconciliarse para vivir “en arrepentimiento y contencion”, siempre
que obrase conocimiento de Antonio Ramírez, que como miembro de su
consejo y comisario apostólico, partía con la autoridad del emperador al
reino de Valencia. El virrey, por tanto, había de absolver a todos los nuevos
convertidos que el obispo y el comisario designasen, imponiendo silencio
al fisco880. Con el fin de evitar que de los crímenes de herejía y aposta-
sía cometidos por los moriscos valencianos se pudiesen aprovechar
los nuevos convertidos de otros reinos, el emperador dispuso las me-
didas pertinentes que, básicamente establecían un castigo de mil flo-
rines de oro a los moriscos de
Granada, Castilla, Aragón o
Cataluña que entrasen al reino de
878
ARV, Real 1319, f. 121 vº-122 vº, 7 de febrero, Valencia, salvo para comerciar,
1541; carta citada por BENITEZ SANCHEZ-BLANCO,
durante el tiempo que durase la
Rafael en “Un plan para la aculturación...”, pp. 128-129.
879
Ibidem, p. 133. instrucción y doctrina; similar pe-
880
ARV, Real, 252 f. 203-203 vº; Madrid, 28 de mar- na recaía sobre aquellos oficiales
zo, 1543; carta citada en Ibidem, p. 130. reales que fuesen negligentes en la
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
287
aplicación de la norma anterior, permitiendo la entrada en el reino a
moriscos foráneos881.
El emperador, en una misiva general, se dirigió al duque de Calabria,
al arzobispo y demás oficiales reales y eclesiásticos, así como a los baro-
nes del reino para presentarles a don Antonio Ramírez de Haro, y que
dispusiesen lo necesario acerca de la instrucción y doctrina de los mo-
riscos882. La misión del citado personaje debió de ceñirse fundamental-
mente a las tareas de dirección y supervisión del colegio de nuevos con-
vertidos. El fue quien trazó las directrices de la línea pastoral de los pre-
dicadores, quienes humildemente solicitarían permiso a los señores para
predicar a sus vasallos moriscos; éstos, a su vez, recibirían un trato “man-
so, benigno, piadoso”. Fiel a su línea conciliadora y didáctica, Ramírez
de Haro hizo hincapié en que los predicadores tuviesen la persuasión co-
mo norma fundamental de procedimiento, expusiesen sus cuestiones de
forma sencilla y sin entrar en polémicas con los alfaquíes883. El francis-
cano fray Bartolomé de los
Angeles, quien después de sus po-
881
lémicas actuaciones anteriores
ARV, Real, 252, f. 206 vº-207 vº.
882
A tal fin, debían cumplir y observar las patentes ejercía de comisario de los conven-
dadas en Toledo a 14 de febrero y 7 de marzo de 1534. tos franciscanos de Andalucía, fue
Ibidem f. 204-205. llamado a participar en esta cam-
883
El comentario a estas instrucciones en BENI- paña884.
TEZ SANCHEZ-BLANCO, R. “Les ordinacions...” pp. Florencio Janer expuso en su
131-132.
884
obra sobre los moriscos la copiosa
ORTIZ, A. y VINCENT, B. Historia de los moris-
cos..., p. 96 y 97. serie de documentos que dieron so-
885
Los documentos XLV a LVIII de la colección di- porte legal y técnico a la nueva mi-
plomática de Florencio Janer (Condición social de los mo- sión evangelizadora, la cual tomó
riscos de España; Madrid, 1857, facsímil en Barcelona, cuerpo definitivo en julio de 1543885.
1987, pp. 228-241) son los referentes a fray Bartolomé
Previamente a fray Bartolomé, el
de los Angeles. El primero de ellos es la comisión del
emperador al predicador, el último, un fragmento del virrey había comisionado al fraile
proceso que posteriormente se abrió contra él. Debido Joan Micó, “prior de Sant Onofre
a que no están especificadas las fuentes documentales ministre en sacra Theologia”, para
de esta serie sobre fray Bartolomé, se indican las que que predicase la doctrina e instru-
hacen referencia a la lugartenencia general: LIII, refe- yese en sus casas a los nuevos con-
rente a la facultad concedida por el virrey para predi-
vertidos; debiendo velar todos los
car a los moriscos, de Valencia, 12 de julio de 1543 en
ARV, Real, 1320, f. 91 vº; LIV, referente a la ayuda nece- oficiales reales para que el predi-
saria que los barones han de prestar al predicador, de cador fuese obedecido. Los con-
Valencia, 12 de julio de 1543 en ARV, Real, 1320, f. 92. versos obedientes serían tenidos
288 como verdaderos vasallos, los que no lo fuesen serían castigados como
rebeldes886. Los barones, a su vez, eran alertados para que prestasen al
comisionado toda la ayuda necesaria para que la predicación surtiese
todos sus efectos887. La predicación, en principio, dio buenos resultados.
Al menos así lo entendió el obispo de Calahorra, quien escribió a fray
Bartolomé por la alegría que le daba la “buena succession de vuestro
exercicio spiritual y claridad cristiana”888, pero fray Bartolomé “se en-
contró frente a la oposición conjugada de los señores y de los curas, los
cuales explotaron sus benévolas disposiciones hacia las prácticas mu-
sulmanas”. Sometido a juicio, escapó del convento franciscano de
Valencia en donde se hallaba recluido y la misión fue abandonada has-
ta que se organizó otra “ofensiva misional”, ya en 1567889.
Con todo, el arzobispo Tomás de Villanueva aún preparó los planes
de otra actuación global para con los nuevos convertidos. Propuso el
desarme de los moriscos, el corte de sus contactos con Argel, que los se-
ñores no protegiesen su resistencia, la prórroga de la autorización con-
cedida al comisario apostólico para perdonar sin castigo la herejía y
apostasía. Pero el aspecto fundamental de la nueva postura del arzobis-
po es el señalado por Halperin Donghi: ahora Villanueva ya no aspirará
explícitamente a la conversión sincera de los moriscos, le parecerá sufi-
ciente que se consiga que “no bivan publicamente como moros”890; pero
los planes del arzobispo ya no se verán plasmados.
Uno de los intentos de aculturiza-
ción de los moriscos que pudo resul-
tar más eficaz fue el de la instrucción
886
Ibidem, f. 73 vº-74;Valencia, 31 de mayo, 1543. de sus niños en colegios específicos.
887
Ibidem, f. 73. De hecho, la fundación de un colegio
888
JANER, F. Condición social..., Diplomática LV, p. para niños de nuevos convertidos
239.
889
contó con todos los beneplácitos del
DOMINGUEZ ORTIZ,A. y VINCENT, B. Historia
de los moriscos..., p. 97. poder central. Muestra del interés
890
Un conflicto nacional..., p. 162. que la Corte tenía en esta fundación,
891
“Todos speramos a Vuestra Señoría que se de la es la prisa con que el vicecanciller
mas priessa que pudiere, porque la negociacion resci- micer May pedía a Ramírez de
be daño con la dilacion.Y lo mismo se ha scripto a los Haro que se culminasen las con-
Reverendisimos de Valentia y Tortosa, para que al me-
certaciones para la realización de
nos en el termino sean a puncto”. AMV, Cartas Reales,
h3-4 f. 80 vº; Madrid, 15 de diciembre, 1539. dicho colegio a finales de 1539891, y
892
Ibidem, f. 81; Madrid, 21 de febrero, 1540. [Link]. en la que después intervendría di-
doc., 4. rectamente el propio emperador892.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
289
El interés del césar en esta tema persistía; el 3 de mayo de 1540 escribía al
virrey sobre la instrucción de los moriscos893.
En cuanto a Rodríguez de Haro, recibió el encargo de atender, no só-
lo la reforma e instrucción de los nuevos conversos sino, de esclarecer,
sobre todo, las cuentas de los dineros obtenidos para el colegio de los
nuevos convertidos. Se trataba de averiguar el destino de los dos mil
ochocientos ducados, que el arzobispado de Valencia (dos mil ducados)
y el obispado de Tortosa (ochocientos ducados) debían haber reunido
con tal fin894. Los dos mil ducados derivados de la diócesis de Valencia no
se dedicaban íntegros al colegio; pues el obispo de Segovia aplicó dos ter-
cios de esta cantidad a las necesidades de las nuevas rectorías, y un ter-
cio de la renta al colegio895. Pero pronto surgiría un obstáculo inesperado
que truncaría todas las esperanzas puestas en la tarea: cuando se inicia-
ron las sesiones del concilio de Trento, Haro, obispo de Segovia, recibió
orden de partir, delegando sus funciones en el arzobispo de Valencia. La
noticia de la partida de Haro sorprendió al virrey, quien se dirigió por es-
crito al gobierno central, argumentando que no debía partir por dos mo-
tivos: uno la salud realmente quebrantada, otro hacía referencia a su mi-
sión con los moriscos. El duque dudaba de que, tras la partida del obis-
po, el arzobispado continuase facilitando los ducados anuales para el
sostenimiento del colegio y de las nuevas rectorías:

“Porque como de las rentas d·este arçobispado se hayan de pagar dos mil du-
cados cada año para dotaçion de las reptorias de los lugares de moriscos y
para alimentos al colegio como agora se pagan, si hoviesse destar a dispusi-
çion del dicho arçobispo y de sus sucçessores, no hay duda sino que dura-
ria poco”896.

El virrey no dejaba de apuntar


otro inconveniente, y es que el
893
BORONAT Y BARRACHINA, P. Los moriscos es- nombramiento de director del pa-
pañoles..., t. I, p. 185. tronato debía hacerse por presen-
894
Al “padre y consejero Antonio Ramirez de Haro, tación del patronato real y no del
obispo de Calahorra y de la Calçada”. Ibidem, f. 205- arzobispo. Con todo, se presenta-
205 vº. ban aún más dificultades para el
895
AGS, Estado-Aragón, 300 f. 4 “Informacion de las
colegio. Según el recurso presen-
nuevas rectorias y del collegio de los nuevos converti-
dos de la ciudad y diócesis de Valencia”. tado por el estamento militar al
896
AGS, Estado-Aragón, 297, f. 151; Valencia, 31 de príncipe, de los 800 ducados que
marzo, 1545. debería aportar la mitra de
290 Tortosa para el colegio, el emperador había hecho concesión de 300 du-
cados a los frailes del monasterio de predicadores de Tortosa; pero aún
se cernían nuevas amenazas sobre los 500 ducados restantes, ya que los
frailes habían solicitado que esa cantidad se destinase al colegio de nue-
vos convertidos que iba a erigirse en Tortosa. Ello motivó la súplica de
la corporación militar para que la ya reducida aportación de Tortosa no
acabara extinguiéndose897.
Las sospechas de los representantes de los barones no estaban desenca-
minadas. Desde el poder central se había ordenado erigir otro colegio pa-
ra niños de nuevos convertidos en Tortosa, el cual debía proveerse de los
quinientos ducados que quedaban después de apartar los trescientos para
el convento de predicadores de aquella ciudad. El obispo de Segovia ante
la inevitabilidad del hecho, propugnó que primero atendiese a las nuevas
rectorías que estaban sin dotar; pero el gobierno de la Monarquía conside-
raba que debían ser atendidas desde la mesa episcopal y que los trescien-
tos ducados destinados al convento de predicadores de Tortosa se entrega-
sen enteramente a los frailes898. En este sentido el virrey recibió instruccio-
nes para que el obispo de Segovia rindiese cuentas de los 800 ducados que
tenía tomados del obispado de Tortosa a fray Joan Izquierdo, y que el di-
nero sobrante lo repartiese conforme a las instrucciones recibidas899. Con
la misma finalidad de saber de las cuentas que debía rendir el obispo de
Segovia, así como de los comentarios y reticencias de éste, el príncipe es-
cribió al obispo de Tortosa900. El obispo de Segovia, efectivamente, rindió
cuentas de los ochocientos ducados gastados en el colegio de los moriscos,
pero el virrey también solicitó trescientos libras para que se publicasen por
todo el reino las gracias y concesiones de los breves y atender a algunas li-
mosnas901. A primeros de 1547 ya se había adquirido una casa con un huer-
to grande en el que instalar el colegio. En él había treinta niños, el rector y
dos personas que les atendían. En el
informe sobre las nuevas parro-
897
Ibidem, f. 169;Valencia, 10 de mayo, 1545. quias y el colegio de nuevos conver-
898
ACA, Cancillería, 3984, f. 13-15 vº; Valladolid, 30 tidos de la ciudad de Valencia, ela-
de junio, [Link]. Ap. doc., 14. borado probablemente por el arzo-
899
Ibidem, f. 15 vº-16 vº; Valladolid, 20 de junio, bispo, se pedía que poco a poco se
[Link]. Ap. doc., 15. alzase el nuevo colegio; pero tam-
900
Ibidem, f. 16 vº-17 vº; Valladolid, 20 de junio,
[Link]. Ap. doc., 16.
bién se anunciaban medidas más
901
El príncipe al duque don [Link], Estado- restrictivas. Además de las cantida-
Aragón, 297 f. 213; Madrid, diciembre, 1545. des que había dejado de percibir del
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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291
obispado de Tortosa, aún parecían llegar más restricciones al colegio. Para
atender la dotación de las parroquias, hacían falta 106 libras, 13 sueldos 11
dineros, que se pedía extraer de los fondos destinados al colegio902.
La partida del obispo de Segovia significó, como había previsto el virrey
la entrada del colegio si no en un período de decadencia, sí de irregulari-
dades. En agosto de 1549 el colegio de Valencia presentaba una deuda de
ochocientas libras, que el visitador Miguel Puig intentaba negociar con el
duque de Calabria y la Rota903; pero las cuentas del colegio no se aclaraban
con la celeridad debida904, por lo que los reyes de Bohemia habían de es-
cribir al virrey para que instase al administrador del colegio que con la ma-
yor brevedad rindiese las cuentas y las facilitase al obispo de Elna905.
Durante el siglo XVI no fueron escasos los proyectos de evangeliza-
ción de moriscos. Algunos de ellos tenían como soporte la creación de
un colegio para los niños de nuevos convertidos, pero pocos fueron los
que llegaron a erigirse906. Sin em-
bargo algunos de los colegios para
niños de moriscos auspiciados por
902
AGS, Estado-Aragón, 300 f. 4; publicado en FER- particulares llegaron a materiali-
NANDEZ NAVARRETE, M; SALVA, M.; SAINZ DE BA-
RANDA, P. Colección de documentos inéditos..., t.V, pp. 92-
zarse. El duque de Gandia planeó
93 y reseñado, asimismo, por LEA, H. Ch. Los moriscos abrir una escuela en la capital de
españoles..., p. 186. su ducado para hijos de nuevos
903
Maximiliano y doña María, reyes de Bohemia al convertidos, pero por consejo de
obispo de [Link], Cancillería, 3991 f. 49;Valladolid, 1 Ignacio de Loyola, el colegio fue
de agosto, 1549.
904
abierto no sólo para los moriscos,
Los reyes de Bohemia al obispo de Elna; ACA,
Cancillería, 4281 ff. 70 vº-72 vº; Valladolid, 15 de octu- sino para todos sus vasallos.
bre, 1549. Confiado a los jesuitas el colegio
905
Ibidem f. 72 vº;Valladolid, 15 de octubre, 1549. de niños moriscos devino en un
906
El proyecto del doctor Juan Diego Mancebón de auténtico fracaso, pues tan sólo
crear un seminario de niños moriscos en la ermita de asistían dieciocho alumnos beca-
Nuestra Señora de las Virtudes de Villena para recoger
niños de la diócesis de Orihuela y Cartagena, posible-
rios: “12 de los de sus estados, 6
mente “quedaría sin realización”. BENITEZ SAN- del marquesado de Denia... El 31
CHEZ-BLANCO, R.“Arbitrio del Dr. Mancebón para la de agosto de 1548 retiró del cole-
reforma de la ermita de Nuestra Señora de las gio a sus doce moriscos; los de
Virtudes de Villena y creación de un colegio de niños Denia continuaron asistiendo has-
moriscos (1587-88)” en Homenatge al doctor Sebastià
ta 1551”907.
Garcia Martínez... I, p. 295.
907
Citado por CARDAILLAC, L. Moriscos y cristia- El resumen de tanto esfuerzo lo
nos. Un enfrentamiento polémico 1492-1640; Madrid, reflejó Joan Fuster con su cáustica
1979, p. 45. pluma:
292 “Calgué missionar entre ‘aquel ganado protervo’. Van preparar-se plans d’ac-
ció, es reclutaren predicadors, es van recaptar mitjans econòmics, van do-
nar-se ordres explícites. Els resultats, però, van ser mediocres, per no dir
nuls. L’arquebisbe don Jordi d’Àustria va dimitir de la mitra de València des-
coratjat; un altre tant va estar a punt de fer fra Tomàs de Villanueva”908.

5.2. LA ATRACCIÓN DE “ALLENDE DEL MAR”

Desde el inicio de la Reconquista los reinos cristianos necesitaron pa-


ra su normal desenvolvimiento mantener su población musulmana. La
libertad de movimiento de este contingente humano se vio por ello res-
tringida, la emigración sometida a controles y, en ocasiones, incluso
prohibida. La legislación al respecto alternó las prohibiciones absolutas
con limitaciones a la emigración, según los intereses económicos pre-
dominantes en cada ocasión. Obviando la emigración clandestina, los
monarcas toleraron de mayor grado las emigraciones por el beneficio
que, a corto plazo, suponían debido a las recaudaciones que por este
concepto se realizaban y que pasaban a engrosar las arcas reales. Los
regnícolas, a través de las Cortes, se mostraban partidarios de mantener
la población musulmana en el reino909. Ahora bien, la guerra de las
Germanías primero, la consiguiente conversión forzosa y las sublevacio-
nes de esta minoría en Benaguasil y las sierras de Espadán y Bernia, for-
zaron un proceso emigratorio que los cristianos viejos, por su propia iner-
cia histórica y por los intereses de
la oligarquía económica, no podían
908
Poetes moriscos i capellans,València, 1962, p. 102. consentir. Efectivamente, muchos
909
SALVADOR, E. “Sobre la emigración mudéjar a de los musulmanes del reino prefi-
Berbería. El tránsito legal a través del puerto de rieron el extrañamiento a la abju-
Valencia durante el primer cuarto del siglo XVI” en ración y, posteriormente, la costa
Estudis, 4,Valencia, 1975, p. 40. africana en general y la ciudad de
910
Leopoldo Peñarroja Torrejón aporta los datos
de las familias que del Valle de Uxó pasaron a África.
Argel en particular, no dejaron de
Basándose en el “Libro de casas y tierras de los que se ejercer un constante magnetismo
pasaron por mar de 1527 a 1534”, Archivo de los sobre los nuevos convertidos del
Duques de Medinaceli, Segorbe, 4-7 y otra documen- reino910.
tación del mencionado archivo, concluye que unas 147 A los intereses económicos que
cabezas de familia emprendieron el camino del exilio,
aconsejaban no desaprovechar la
lo cual representaría con respecto a la población de
1526, un porcentaje oscilante entre el 35 y el 40 por mano de obra musulmana, había
cien. Moriscos y repobladores en el Reino de Valencia: La que añadir los estratégicos. La pe-
Vall d’Uxó (1525-1625) I,Valencia, 1984, pp. 70-73. ligrosidad que se derivaba de la
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
293
connivencia entre los musulmanes “de allende” y los nuevos convertidos
valencianos era obvia. Por todos estos motivos fueron diversas las dis-
posiciones para impedir que los moriscos se acercasen a la costa. Y ello
con un doble objetivo: acabar con el éxodo que dejaba a las baronías sin
sus laboriosos vasallos y, evitar el contacto de los moriscos del reino con
turcos y moros. Sin embargo, a pesar de todas las pragmáticas y órde-
nes publicadas al efecto, los moriscos del reino o, más exactamente,
gran número de ellos, optaba por desafiar todas las leyes y prohibicio-
nes y emprender el camino de Berbería. La prolijidad de órdenes estéri-
les de captura de los moriscos es exponente de la magnitud del éxodo
clandestino. Este hecho, aunque todavía era negado por la Junta de
Estamentos en 1540, perduró durante el reinado del emperador.
Así como para la emigración a Berbería antes de la cristianización
forzosa de los mudéjares hay fuentes específicas, debido a su carácter
legal y a las derivaciones fiscales que de dicho proceso se derivaban, pa-
ra determinar la magnitud de la salida clandestina de los moriscos hay
que recurrir a fuentes indirectas. Por ello, para intentar establecer el
verdadero alcance del éxodo, se analizan las intervenciones que, de fac-
to, realizó el lugarteniente general en su intento por detenerlo. Las me-
didas para contener la desbandada general de los nuevos convertidos
contó con el soporte de las disposiciones legales que se establecieron pa-
ra entorpecer el tránsito de los moriscos en el reino y evitar, con ello, que
se acercasen a la costa. Los moriscos del reino no fueron los únicos que
se encontraron con dificultades de movimiento. Granadinos, castellanos
y aragoneses llegaban hasta las tierras valencianas, muchos de ellos pa-
ra intentar pasar a Africa; aunque otros, principalmente los aragoneses,
eran simples arrieros, lo que ocasionó no pocos problemas.
La constante repetición de las medidas restrictivas para los moriscos
no puede entenderse más que con los datos reales sobre los incumpli-
mientos de la norma. Por supuesto, los datos que llegaban a la Real
Cancillería sólo eran una parte de los que realmente sucedían, pero de-
notan la magnitud del éxodo de una parte no desdeñable de la minoría
morisca que seguía prefiriendo arriesgarse a pasar a Africa. En las lí-
neas siguientes se analizan algunas de las intervenciones que en ese
sentido realizaron el virrey y su regente en la lugartenencia general, or-
denando el prendimiento de moros, nuevos convertidos y “renegados”
que participaron, o intentaron participar, en la aventura del cruce del
mar.
294 ***

El año de 1539, según las propias noticias de la Real Cancillería, fue


pródigo en salidas de moriscos del reino, aprovechando para ello la lle-
gada de embarcaciones de África. La travesía la había iniciado las fami-
lias de los moriscos, quienes habían huido con todas las pertenencias:

“embarcant e trames primer ses mullers, fills e familia ab tota sa roba e ha-
ver, no havent tengut possibilitat lavors ells de passar, son restats aci, e van
per alguns lochs del regne, sperant que la armada dels moros ( ... ) tornen per
a recolli·rse en ella e passar·se·n”

Luego, el virrey ordenó al alguacil Francisco de Torres y otros oficiales,


que se desplazasen al marquesado de Dénia para investigar dónde estaban
los nuevos convertidos, si habían quedado restos de pertenencias y pren-
der, tanto a los cristianos nuevos que se habían quedado, como a los vie-
jos que habían colaborado en la fuga911. Para asegurar el éxito de la ope-
ración, el virrey solicitó la colaboración de las autoridades del marque-
sando, mandando que aconsejasen y ayudasen al alguacil912. En septiem-
bre de dicho año, era don Gaspar Sanç, alcaide de la fortaleza de
Benidorm, quien recibía la orden de prender por todas las vías y formas
posibles a los moriscos que habían ido y, posteriormente, vuelto de Africa.
En esta comisión hay un dato que no debe pasarse por alto: cuando par-
tió el alguacil Francisco de Torres, debía capturar a los cristianos viejos
que hubiesen colaborado; pero en la nueva orden la colaboración se espe-
cifica, ya que se trata de detener también a los cristianos viejos que han
participado en el negocio. Es decir, que al igual que ocurría con el comer-
cio furtivo con Argel o el norte de Africa, con el traslado de los moriscos
a Berbería se había organizado un negocio clandestino, en el que la villa
de Dénia parecía ocupar el centro de operaciones. No de otro modo, el
procurador del marquesado de Dénia, don Alonso de Mendoza, recibía ór-
denes de prender, del modo en que
fuese posible, al baile de Polop (y
también a todos los nuevos conver-
911
ARV, Real 1318..., f. 179-180 vº; Valencia, 30 de tidos que habían ido y regresado de
agosto, 1539.
912
Africa)913, todo lo cual indica hasta
Al “noble e amat de ses Magestats”. Ibidem, f.
180vº-181;Valencia, 30 de agosto, 1539. qué punto había un entramado ins-
913
Ibidem, f. 189-190; Valencia, 9 de septiembre, titucional participando del negocio
1539. de los viajes ilegales a Argel.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
295
Durante el mismo año llegó a noticias del virrey que, en poder del no-
ble don Joan de Palafox quedaban las pertenencias, acémilas, bestias,
ropas, e incluso algunos moriscos que no habían podido cruzar el mar.
Un alguacil recibió orden de inventariar y recibir, las pertenencias y
traérselas al virrey914. El negocio de facilitar el pase de los moriscos a
“allende” parece que florecía por doquier. En 1540, era el justicia de la
villa de Penáguila quien recibía el encargo de tomar testimonios para
averiguar quiénes eran los que procuraban, por dinero, pasar a los nue-
vos convertidos y “alarbs” a Africa, así como recibir a los que venían de
aquellas partes. El justicia debía averiguar cuáles eran los móviles que,
en cada caso, inducían a la gente a cometer el grave crimen de acoger
a los fugitivos que transitaban en cualquiera de los dos sentidos y tra-
mitar la información en secreto al virrey para entender mejor en el ca-
so915.
Los nobles, cuyos vasallos se fugaban, denunciaban ante la Real
Audiencia la huida para que la Regia Corte tomase las medidas oportu-
nas. Don Bernat Angel Crespí, señor del lugar de l’Alcúdia, determinó
que los bienes de los nuevos convertidos Joan Abis, “lo Coxo”, y Gaspar
Massot, “Cassari”, pasasen a poder de la Corte, porque dichos vasallos
“se·n seran anats ab ses mullers y fills del dit loch sens comptar paga ne
licencia del dit supplicant”, sin observar fueros ni pragmáticas del rei-
no; el virrey indicó al alguacil Francisco de Torres que detuviese a los
moriscos fugados916. En ocasiones también se sucedían interferencias
entre los barones por la posesión de los vasallos fugados. Don Joan Boïl
como procurador de la baronía de Ribarroja, expuso ante la Real
Audiencia que se iban muchos vasallos moriscos con sus mujeres, hijos
y ropa a Africa; pero el problema concreto radicaba en que, teniendo
aviso de que iban a escaparse, los detuvieron, y, tras dar fianzas para no
irse, huyeron sin pagar lo que debían al señor y fueron acogidos por el
gobernador de Perpuchent. Cuando el alcaide de Ribarroja le pidió que
se los entregase porque “se·n fu-
gien per passar en terres de mo-
ros”, el sobrino del comendador
914
Ibidem, f. 163 vº-164 vº; Valencia, 7 de agosto, respondió que “vinguessen a la di-
1539.
915
ta vall hun dia el altre se·n anas-
ARV, Real, 1319, f. 56 vº-57;Valencia, 28 de abril,
1540. sen, perque·ls rescataria ab lo preu
916
ARV, Real, 753, f. 129-129 vº; Valencia, 6 de no- de la heretat”. El virrey encargó al
viembre, 1540. alguacil Francisco de Torres que
296 fuese a Perpuchent a tomar a los moriscos y recabar información de las
palabras del sobrino del comendador917.
En 1541 era sorprendidos unos moriscos de Crevillente cuando inten-
taban pasar a Africa con su familia. El alguacil Alonso Delgadillo recibió
el cometido de solicitar del justicia de Alicante la entrega de los moriscos
con sus ropas y joyas que inventariarían públicamente. El virrey estaba
interesado en desmantelar la infraestructura que permitía la salida de los
nuevos convertidos, de ahí que el alguacil debiese recabar información
sobre el pasaje que hacían los moriscos y de los que estaban involucra-
dos en la huida918. Apenas un mes más tarde, era Ausias Porta, comisario
de la villa de Peñíscola, quien resultaba encargado de trasladarse al lugar
de Beniloba y prender a los moriscos que él mismo había capturado
cuando querían embarcarse en la “Volta de Palop”. En esta ocasión los
moriscos habían intentado hacer el viaje con sus mujeres, y todas sus
pertenencias, acémilas, ropa y dinero. Por ello, el comisario debía hacer
inventario de todos los bienes para entregarlos en Valencia. El procura-
dor del marquesado de Denia capturó en 1542 a un morisco oriundo de
la misma villa “que poc ha era tornat de Berberia”, el cual debía ser en-
tregado a un vergueta para ser trasladado a la prisión de Valencia919.
Asimismo, fue capturado en esta villa un grupo de moriscos cuando zar-
paba hacia Africa después de haber cometido otros delitos920.
En 1543, los oficiales y otra gente de la Val d’Alfandech y de la villa
de Gandia habían sorprendido a unos moriscos cuando se iban camino
de la mar para salir hacia tierra de moros. Estos viajaban con sus muje-
res y pertenencias, ropas y cabalgaduras. Los prisioneros debían ser en-
tregados al alguacil Lluís Adzuara para ser juzgados921. En noviembre
del mismo año, se hallaba en la prisión de Alzira un hombre del que se
decía “seria de alende y spia”;
Lluís Adzuara hubo de trasladarse
917
para tomar testimonios y traer al
Ibidem, ff.195 vº-196 vº; Valencia, 28 de enero,
1541. prisionero922. Nuevamente un al-
918
Ibidem, ff. 129 vº-130 vº; Valencia, 8 de marzo, guacil, Carlos Torrellas, fue comi-
1541. sionado para desplazarse a la
919
Ibidem, ff. 191 vº-192;Valencia, 15 de marzo, 1542. Marina: Dénia, Jávea, Calpe y
920
Ibidem, ff. 209-210;Valencia, 11 de mayo, 1542. otros lugares vecinos para recibir
921
ARV, Real, 1320, f. 33-33 vº; Valencia, febrero,
1543.
información sobre los nuevos con-
922
Ibidem, ff. 120 vº-121;Valencia, 7 de noviembre, vertidos que abandonaban los lu-
1543. gares de Palop y Gata, llevándose
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
297
los enseres sin pagar lo que debían a los señores para fugarse a Africa,
así como de la gente que les facilitaba la huida923. En junio de 1544, don
Próspero Castro resultaba comisionado para ir por el reino e investigar
y tomar ciertos turchs e moros de allende, así como moriscos que querí-
an encontrarse con sus correligionarios del sur, tarea a la que dedicó 22
días924. En 1545, antes de la publicación de la nueva pragmática sobre el
traslado de moriscos que sustituiría a la de 1541, se trató de contener la
huida de moriscos por el mar e impedir la entrada de moriscos grana-
dinos en el reino comisionando para ello al alguacil Joan Pla. este fun-
cionario recibió facultades para ir por todo el reino incluyendo, tanto lu-
gares eclesiásticos como de barones y de jurisdicción real con el fin de
detener a todos aquellos que contraviniesen las pragmáticas al efecto925.
Durante 1546 fueron varios los comisionados por el poder territorial pa-
ra intentar detener el éxodo de los moriscos hacia Africa. Domingo de
Villanova, debía ir personalmente a cualquier parte del reino a capturar
a cualesquier moriscos, fuesen o no del reino que, contraviniendo las
pragmáticas reales, abandonasen sus domicilios en lugares próximos a
la mar para hacer la travesía hacia el sur. Y no sólo debía tomar las per-
sonas: debía hacer acopio de los ganados y cabalgaduras que portasen926.
Más concreta resultó la comisión otorgada a Miquel Fenollar. Ante la di-
ligencia que los moriscos mostraban para cruzar el mar, debió partir ha-
cia la lugartenencia de gobernación dellà lo riu de Xúquer y prender
cualquier moriscat, tanto del reino de Valencia como de otras partes,
que, dejando sus domicilios, fuese hacia la mar para embarcarse hacia
Africa. Como en otras comisiones semejantes, debía tomar las ropas y
demás bienes que los moriscos lle-
vasen consigo927.
Y no sólo fue en la lugartenen-
923
Ibidem, ff. 112-113; Valencia, 28 de septeimbre, cia de gobernación de Xàtiva. Los
1543.
924
Ordenes de pago en Ibidem f. 285-285 vº de 28
procuradores fiscales Pere Cherta
de septiembre e Ibidem f. 302 de 2 de diciembre. En la y Francesc Cardona instaron a la
primera ocasión recibió la orden de pago 24 libras, 4 Real Audiencia para que en la go-
sueldos mosén Gaspar Marrades; en la segunda, Ximén bernación de Orihuela fuesen per-
Pérez Pertusa. seguidos y capturados los moriscos
925
Ibidem, ff. 258 vº-259 vº; Valencia, 10 de junio,
que, fugitivos, causaban desasosie-
1545.
926
ARV, Real, 1321, ff. 19 vº-20;Valencia 4 de marzo, go e inquietud en los poblados de
1546. aquella demarcación. El alguacil
927
Ibidem f. 51-51 vº;Valencia, 21 de mayo, 1546. Joan Farizes fue el encargado de ir
298 hacia Orihuela y Alicante para detener a todos los implicados, así como
a los moriscos e alarps que contravenían las pragmáticas habitando en
lugares de la costa928. Aunque no era alguacil, mosén Joan de Torres, go-
bernador de la villa y marquesado de Dénia recibió el cometido de ir a
cualquier ciudad, villa o lugar, de “allà o deçà Sexona” para encarcelar a
cualquier morisco con sus bienes que se dispusiese a viajar a tierras de
musulmanes y llevarlo a las cárceles de la ciudad929.
En marzo de 1547 el regente Cabanyelles ordenaba a Jaume Roca, ca-
ballero de la villa de Gandia prender a todos los nuevos convertidos,,
tanto del reino como de fuera, que encontrase infringiendo las pragmá-
ticas de no cambiar de domicilio, acercándose a lugares prohibidos pa-
ra embarcar hacia tierras de “infieles”930. Ese mismo mes llegaban noti-
cias a la curia valenciana de la Vila Joiosa. Algunos moros de la mar, y
aún muchos nuevos convertidos, habían sido hechos prisioneros. Estos
últimos habían dejado sus domicilios para embarcarse en las fustas de
moros que allí había junto con muchas acémilas, ropas, joyas, oro, pla-
ta y dinero que llevaban. El mencionado regente ordenó al alguacil Joan
Pla que, de los oficiales de la villa, tomase a los prisioneros y sus bienes
para traerlos a la ciudad; los moros y nuevos convertidos irían a la pri-
sión y los bienes al regente del lugarteniente del tesorero general931. En
abril del mismo año habían prendido en el lugar de Murla a muchos
nuevos convertidos del reino de Valencia con sus mujeres e hijos, bes-
tias, ropa, oro, joyas, plata y dinero que llevaban consigo, teniéndolos
presos don Miguel de Centelles. En esta ocasión fue el alguacil Gonçalbo
de Céspedes quien recibió la orden de traerlos a Valencia932. Mientras,
unos “tagarins” habían llegado al lugar de Mascarell y otros lugares marí-
timos para embarcarse hacia tierras de Africa y, entre otros, se hallaban
Conde, su mujer e hijos, también con mucha ropa, joyas y dinero. De nue-
vo fue comisionado Gonzalo de Céspedes para salir a la captura del tal
Conde con su familia y pertenen-
cias933. Posteriormente se trasladó
a Polop, en donde once moriscos
928
Ibidem f. 49-49 vº;Valencia, 11 de mayo, 1546. habían sido sorprendidos cuando
929
Ibidem ff. 51 vº-52 vº;Valencia, 21 de mayo, 1546. se disponían a zarpar hacia
930
Ibidem f. 108-108 vº;Valencia, 2 de marzo, 1547.
931
Berbería934. El lugar de Mascarell
Ibidem ff. 115-116;Valencia, 31 de marzo, 1547.
932
Ibidem ff. 119 vº-120 vº;Valencia, 2 de abril, 1547. volvió a ser escogido como punto
933
Ibidem f. 134-134 vº;Valencia, 28 de mayo, 1547. de embarque hacia Africa por die-
934
Ibidem ff. 134 vº-135. ciséis familias de moriscos, quie-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
299
nes procedentes de ése y otros lugares, esta vez consiguieron su objeti-
vo de partir. Con todo, los oficiales de Nules pudieron impedir llevaran
consigo sus joyas, ropas y demás enseres. El alguacil extraordinario
Jaume Valero partió por orden del regente de la lugartenencia hacia
Nules para recibir información mediante notario de las cosas que deja-
ron los moriscos, obligar a devolverlas a aquellos que las hubiesen to-
mado y capturar a los culpables935.
En 1549 fueron sorprendidos en Almenara y Quartell unos moros y
moriscos que querían escapar a Africa. Según la orden del regente
Cabanyelles, el alguacil Gonzalo de Céspedes se trasladó a dichos luga-
res para tomar a los presos y sus bienes y llevarlos a Valencia936. Al año
siguiente se hallaba preso en la cárcel de la ciudad García Arado, árabe,
por haber vulnerado las reales pragmáticas; mas no sólo fue él.
Gonçalvo de Caraveral, vergueta, partió hacia Chiva para prender a
Anna Hernández, mujer del preso, y sus hijos, así como las joyas, ropa,
bestias y demás pertenencias. La mujer y los hijos irían a la cárcel y los
bienes al regente del lugarteniente del tesorero937.
Regina Pérez de Tudela explica cómo los moriscos, desarmados y con
la misma situación jurídica anterior a su conversión forzosa, sometidos
a la jurisdicción criminal de sus señores como cuando eran moros, ini-
ciaron “un trasiego, un éxodo, procurando acercarse a las costas y pasar
a Africa”. Con el despliegue de las órdenes y pragmáticas oportunas, el
emperador esperaba impedir que los nuevos convertidos deambulasen
por el reino sin permiso. Dos medidas dispuso el césar para conseguir
dichos objetivos, las restricciones para cambiar de señor y la prohibi-
ción de acercarse al mar; pero el goteo de fugas de moriscos continuó al
tiempo que las quejas de los barones por la pérdida de sus vasallos938.
Cuando en 1539, a la corte valenciana llegaban noticias de los muchos
excesos que los nuevos convertidos y alarps del reino de Valencia hací-
an, se tenía conocimiento preciso
de la colaboración entre los musul-
manes de ambas orillas del mar; el
935
Ibidem ff. 150 vº-151;Valencia, 28 de julio, 1547. alguacil Francisco de Torres y de-
936
ARV, Real, 1322, f. 27-27 vº; Valencia, 6 de mayo, más oficiales debían ir por todas
1549.
937
las partes del reino para recibir in-
Ibidem f. 124-124 vº;Valencia, 21 de junio, 1550.
938
PINILLA PEREZ DE TUDELA, R. Apartado formación de los tratos y negocia-
“Prohibición de cambiar de domicilio” en El virreinato ciones que posibilitaban las hui-
conjunto.... pp. 395-402. das:
300 “tractes e intelligencies ab los moros e turchs que venen de de Africa per ro-
bar lo present regne, segons es publich e notori, lo que no es faria si no fos
la intelligentia e practica que ab ells se te”939.

Por ello no se hicieron esperar las disposiciones legislativas que du-


rante este período dieron soporte legal a la prohibición para que los mo-
riscos trasladasen sus domicilios a las poblaciones próximas al mar y,
junto con ellas, las que pretendían limitar el uso de armas de fuego y ba-
llestas entre los nuevos convertidos. Control del movimiento de los mo-
riscos y de sus armas, por lo tanto, fueron las principales medidas adop-
tadas para controlar a los moriscos.
Efectivamente, el 18 de agosto de 1539 el virrey promulgaba la prag-
mática sanción que impedía el cambio de domicilio a los moriscos940.
Los infractores perderían sus bienes a manos de los que les prendiesen,
de sus señores y de las arcas reales. Para aquellos que les diesen cobijo
o les protegiesen, había reservada una pena de quinientos florines de
oro. Las disposiciones sobre el movimiento de los moriscos no sólo era
cuestión del poder real. El 4 de junio de 1540 los inquisidores de la ciu-
dad y reino de Valencia aprobaron un cartel o mandato, que posterior-
mente sería publicado en la catedral de Valencia, por el que en virtud de
la santa obediencia y so pena de excomunión mayor se ordenaba que
ningún morisco cambiase de domicilio sin permiso de los inquisidores:

“Ningunes persones, axi homens com dones novament convertits de moros,


vehins e habitadors en la dita ciutat y regne, ixquen del dit regne ni muden
de uns lochs a altres ab ses persones e bens ni ab ses mullers y fills sens li-
çentia y manament dels inquisidors, ab cominacio que si lo contrari per al-
gu o algu de aquells sera fet, que en tal cas se procehira [Link] qui dels dits
nous convertits se passaran de uns lochs a altres o sen exiran del dit e pres-
ent regne sens licencia y manament dels matexos inquisidors com contra
persones suspectes en la fe”941.

La excomunión también aguardaba a todos aquellos que, sabiendo de


moriscos del reino que fueran a sa-
lir de él, cambiar su domicilio o,
939
por el contrario, que entrasen en
ARV, Real, 1318, ff. 153 vº-154;Valencia, 9 de ju-
lio, 1539.
tierras valencianas desde los reinos
940
Ibidem, ff. 168 vº-169 y ff. 171-172 vº;Valencia, 18 de Aragón, Castilla o Portugal con
de agosto, 1539. sus mujeres, familia y bienes, no lo
941
AMV, Lletres missives, g3-49 f. 28 vº-38. manifestasen al Santo Oficio en el
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
301
término de seis días; pasado dicho plazo, estarían excomulgados, incu-
rriendo en las mismas penas que los encubridores de herejes y apósta-
tas. Esta iniciativa inquisitorial fue inmediatamente contestada por los
estamentos. Paradójicamente, estos defendían la postura de que los mo-
riscos no se fugaban, precisamente, por el respeto que producía en sus
vasallos moriscos la presencia de los señores.
Pero los hechos venían a contradecir los argumentos de los grupos so-
ciales. En 1541 una nueva pragmática reincidía en la prohibición de tras-
ladarse los moriscos a la costa, aunque ahora las penas eran mucho más
graves, pues se les podía aplicar hasta la pena de muerte inclusive. Otros
artículos importantes de la pragmática impedían a los señores aceptar va-
sallos moriscos sin licencia o pena de quinientos ducados. Igualmente,
quedaba totalmente prohibido auxiliar a los moriscos que tratasen de pa-
sar a África. Esta disposición también les impedía portar armas ofensivas
o defensivas942. En 1543 se reformó el apartado de la pragmática que esta-
blecía que ningún converso podía llevar armas ofensivas o defensivas. La
experiencia había demostrado que los moriscos seguían haciendo ostenta-
ción de sus armas: arcabuços, scopettes e ballestes, cometiendo crímenes y
delitos que el virrey no dudaba en calificar de excesivos y enormes; por to-
do ello, las penas que se aplicaron a los moriscos portadores de armas se
vieron aumentadas. Si algún nuevo convertido presumía de llevar armas
sin estar acompañado de su señor, alcaide u oficial, incurriría en pena de
muerte943. Días más tarde surgió una duda en la aplicación del edicto de
prohibición de armas referente a si también estaban incluidas las armas
blancas. Con el fin de corregir las imprecisiones el virrey ordenó una crida
corrigiendo las lagunas del edicto
anterior. Ahora sólo se menciona-
ban en la prohibición los arcabuces,
942
Documento justificativo número 8 aportado por escopetas y ballestas, excluyendo es-
BORONAT Y BARRACHINA, P. (Los moriscos españo-
padas o puñales y, si alguien maltra-
les... t. I, pp. 469-473). Don Pascual Boronat remitía a
una hoja impresa de la colección particular de don taba a algún morisco por llevar esta
Manuel Danvila y Collado; en cuanto a la referencia do- clase de armas, sería azotado según
cumental actual, ARV, Real, 1319, ff. 158-161: “Ultima la categoría de la persona944.
pragmatica sobre los moros e nous convertits”; En octubre de 1544 el príncipe
Valencia, 3 de agosto, 1541. aconsejaba que se renovasen los
943
ARV, Real, 1320, f. 41-41 vº. El edicto fue publica-
do el 7 de marzo de 1543.
pregones de prohibición de armas
944
Ibidem, f. 47-47 vº. “Crida” publicada el 16 de de esta minoría y que se ejecutasen
marzo de 1543. con rigor las penas. Su Alteza se
302 mostraba convencido que de ese modo sufrirían mejor “lo que despues
se hiziere e intentare contra ellos en el desarmarlos”945. Efectivamente,
las medidas de prohibición pretendían ser preparatorias del desarme
general que el gobierno de la Monarquía tramaba. En ese sentido, a fi-
nales de 1544, con el fin de ajustarse a las instrucciones emitidas por el
príncipe y también como consecuencia de las agresiones causadas por
las cuadrillas de moriscos, se renovaron los pregones de prohibición de
llevar armas de fuego y ballestas los moriscos946. En 1545 se incidió de
nuevo en el tema de las armas de los moriscos. Estos seguían despre-
ciando los pregones de prohibición de llevar armas y seguían mostran-
do aún mayor audacia. Una nueva crida dispuso que la aplicación de
pena de muerte para aquellos moriscos que portasen armas prohibidas
—escopetas, arcabuces y ballestas—, se ejecutase con toda diligencia947.
En la renovación de estos pregones había tenido una influencia induda-
ble el licenciado Pedro de la Gasca, quien había insistido para que no lle-
vasen armas de fuego y ballestas. La similitud con los anteriores edictos
se hizo para que “menos causa huviesse de paresçerle cosa nueva”. El
duque, quizás obligado por las circunstancias, esta vez se mostraba dis-
puesto “en hazerlos guardar y executar las penas”948.
La fuerza de los hechos mostraba el desfase de la pragmática de 1541,
y se hacía necesario promulgar otro marco legal que apoyase las nuevas
sanciones a los moriscos. Los procuradores fiscales habían presentado
a su Excelencia una nueva pragmática sanción, suplicando que fuese
publicada y preconizada por todas
las partes del reino949. Y, efectiva-
945
AGS, Estado-Aragón, 291 f. 60;Valladolid, 8 de oc- mente, el 22 de septiembre de
tubre, 1544. 1545, el duque de Calabria sancio-
946
Gasca al comendador mayor Cobos. AGS, naba una nueva Pragmatica sobre
Estado-Aragón, 293 f. 127;Valencia, 9 de diciembre, 1544. los tagarins e nous convertits950. La
947
Ibidem, ff. 252 vº-253. “Crida” promulgada el 29
flamante declaración endurecía
de mayo, 1545.
948
AGS, Estado-Aragón, 297, f. 65. sensiblemente las penas para to-
949
Ibidem f. 254;Valencia, 8 de junio, 1545. dos aquellos nuevos convertidos,
950
BORONAT Y BARRACHINA, P. Los moriscos es- habitantes del reino o no, que pre-
pañoles... I, pp. 499-504. El autor se basó en una impre- tendiesen acercarse clandestina-
sión de la época y en una copia fidedigna sacada del mente hacia la costa, pues a los
Archivo del Reino de Valencia. La signatura del docu-
adultos se les podía aplicar la pena
mento en el mencionado archivo es Real, 1320, f. 275-
278 vº: “Pragmatica sobre los tagarins e nous conver- capital. La misma multa se reser-
tits”. vaba para cualquiera, fuese cristia-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
303
no viejo o nuevo, que de alguna manera ayudase a los turcos o moros de
la mar; para los acogedores de moriscos en tránsito se mantenía la pe-
na de quinientos florines de oro. En marzo de 1547, el regente de la lu-
gartenencia ordenó que se promulgase de nuevo la pragmática de sep-
tiembre de 1545 en sus mismos términos951.
Ahora bien, en 1546, desaparecido de la escena valenciana el visita-
dor Pedro de la Gasca, parece que hubo una relajación de la postura ofi-
cial mantenida hasta entonces sobre los moriscos. No sería ajena a ella
la ofensiva llevada a término por los estamentos a raíz de la llegada de
un breve papal que no perdonaba totalmente las culpas anteriores de los
moriscos. La Junta envió un representante ante el emperador denun-
ciando este hecho, solicitando mayor vigilancia en la costa y un trato de
favor para los nuevos convertidos. Quizá por ello, el virrey revocaba to-
das las comisiones que había otorgado a diversos oficiales para la cap-
tura de moros, turcos y moriscos; exceptuando las entregadas a Miquel
Fenollar y Genís de Ribes. La influencia señorial era evidente. Ahora, ni
tan sólo los comisionados podrían entrar en tierras de barones; se hacía
mención expresa de los lugares y baronías de Polop y Benidorm perte-
necientes a don Alonso Fajardo952.
Si la pragmática de 1539 prohibía acoger los moriscos de otros reinos
“granadins, alarps e tagarins”, las disposiciones de 1541 y 1545 intentaron
cerrar más aún la entrada a los mo-
riscos foráneos. En 1541 se orde-
951
naba la expulsión de los que estu-
“Francesc Vives e Miquel de Vilasancta, vergueta
viesen menos de cinco años en el
y encara pregonero e trompeta real per nos en lo dia
de ahir, creat per a publicar la pragmatica sanctio men- reino so pena de muerte y confis-
cionada (...) en la ciutat de Segorb e viles de Morvedre, cación de bienes ; en 1545 los
953

Almenara, la Vall de Uxo, Nules, Bechi, Onda,Villarreal, moriscos de Castilla y Aragón que
la Vall de Almonazir, Xerica, Alpont, Castellfabib, entrasen en el reino incurrían tam-
Ademus, Chelva, Llíria, Benaguazir,Vilamarchant, Chiva,
bién en pena de muerte natural y
Bunyol, Cortes, Cofrents, Ayora, Penaguila, Guadalest,
Planes, Murla, Xalo, Beniça, Oliva,Vilalonga, Gandia, la Vall confiscación de bienes . Las ac-
954

de Alfandech, Cullera, Algezira, Alcantera, Alberich, ciones contra los moriscos de


Carlet, Llombay” ARV, Real, 1321, f. 113-113 vº;Valencia, otros reinos no se iniciaroncon a
26 de marzo, 1547. raíz de la promulgación de las
952
ARV, Real, 1321, f. 65 vº-66;Valencia, 29 de julio, pragmáticas. Antes, en 1537, el re-
1546.
953
gente Cabanyelles ya había esta-
BORONAT Y BARRACHINA, P. Los moriscos es-
pañoles... p. 472. blecido algunas disposiciones en
954
Ibidem, pp. 502-503. su contra. El motivo: el hecho de
304 que entraban en territorio valenciano con sus mujeres, ropas y bienes
para acercarse a las zonas costeras, contactando con los moriscos del
reino para pasar a África y destruir el reino (“tenen los dits moros o
turchs diversos tractes, e ab intelligencia, favor e consell dels novament
convertits vehins dels dits llochs maritims del dit regne, entenen en ro-
bar e destruhir aquell”)955. En esos momentos, eran los moriscos de
Aragón los que preocupaban al regente. El alguacil Jaume Falcó partió
hacia Callosa y los estados del duque de Gandia para prender a los ta-
garins y recibir información sobre los tagarins y alarps que hubiesen en-
trado en aquella partida956. Asimismo, los señores de lugares de la
Marina recibieron orden de no acoger moriscos forasteros e impedir que
sus vasallos los ayudasen; la pena para los infractores era inusualmente
alta: dos mil florines de oro957.
Las normas que se habían pretendido generales para todos los mo-
riscos forasteros del reino, tropezaron sin embargo con la realidad de
que eran éstos, los moriscos de Aragón, quienes se dedicaban al trans-
porte de mercancías entre ambos reinos. Cuando el virrey se ausentó de
Valencia en su viaje de inspección de las defensas costeras, llegaron no-
ticias a la capital de la detención de unos “tagarins” arrieros en Jérica,
que iban de paso hacia Valencia con sus mercancías:

“Com (...) nos haiam remes certes informacions rebudes per vosaltres sobre
certs tagarins traginers del regne de Arago que venien ab carregues e merca-
deria a la dita ciutat, prenent aquells pretenentse aquells haver contravengut
la pragmatica e crida real prohibint que traginers del regne de Arago no en-
tren en lo present regne; screvint·nos que manassem despachar ab brevetat
dit negoci mitjançant justicia”.

Cabanyelles, después de consultar con el regente de la Cancillería y el


abogado fiscal, determinó que los
moriscos arrieros no habían contra-
955
ARV, Real,1317, f. 137 vº-138;Valencia, 7 de mar- venido la pragmática y “crida” real.
zo, 1537. Consecuentemente ordenó la inme-
956
Ibidem, ff. 137 vº-138 y ff. 138 vº-139. diata liberación de los traginers sin
957
Recibieron estas instrucciones don Alonso pena ni castigo alguno para que pu-
Fajardo, señor de Polop, don Joan de Palafoix, señor de
dieran proseguir su camino hacia la
Altea, Calp y Beniça; don Goncalo Depus, señor de
Palo y Gata, y demás señores de lugares marítimos. ciudad de Valencia y, posteriormen-
Ibidem f. 150 vº-151 vº;Valencia, 26 de abril, 1537. te, volver al reino de Aragón958.
958
Al “alcayt, justicia, jurats e altres officilas de la vi- Acaso en esta resolución favorable
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
305
para los arrieros no había dejado de influir el hecho de que la detención se
había dado en territorio del duque de Calabria, pues los oficiales de Jérica
aludían a una disposición que prohibía expresamente la entrada de los
arrieros de Aragón. Ahora bien, algún tipo de vacío o contradicción legal
debió de haber cuando el virrey ordenó un pregón sobre el tema.
Efectivamente, en una crida se prohibía a los conversos de musulmanes del
reino de Aragón, hombres, mujeres o chicos, entrar pública o secretamen-
te en el reino de Valencia, con la sola excepción de los arrieros, los cuales
habrían de traer licencia del justicia y jurados de la villa o lugar de proce-
dencia si era de realengo; en el caso de venir de una población de señorío,
la traerían firmada por los señores959. En la misma disposición se ordena-
ba la salida de todos los moriscos de Aragón que se encontrasen en el rei-
no en un plazo de 20 días tras la publicación del bando; lo cual indica que
la efectividad de la pragmática no había sido completa, pues se tenía
que repetir otra orden de expulsión después de la ordenada en 1541.
No fue la de Jérica la única excepción. Con motivo de la pragmática
del 22 de septiembre de 1545, don Juan Ferrández de Heredia, conde de
Fuentes y comendador de Alcañiz, expuso que la observancia del capí-
tulo referente a la prohibición de entrar los moriscos de Aragón en el
reino redundaba en gran daño de la villa de Egea de Albarracín, por
cuanto la contratación de ellos era en el reino de Valencia. El virrey, en
atención a los beneficios que acarreaba la entrada en el reino de los ve-
cinos de la mencionada villa, ordenó que se permitiese el paso hacia
Valencia a los vasallos del conde de Fuentes vecinos de Egea para tratar
y negociar en la ciudad ropas y mercaderías, para lo que debían traer,
obviamente, los oportunos certificados del conde o del alcaide del casti-
llo960. Tras las excepciones interesadas se sucedían las irregularidades: al
cabo de tres años de la exención concedida a los habitantes de Egea,
Marco Tenderet, natural de la men-
cionada villa, con su familia y
otros muchos tagarins, había apro-
la de Xerica”. ARV, Real, 756, ff. 106 vº-107;Valencia, 18 vechado la oportunidad que tenían
de abril, 1543. La misma orden de liberación en ARV, los vecinos de Egea y había pasado
Real, 1320, ff. 64 vº-65. a refugiarse a Benaguasil. El algua-
959
Ibidem f. 54-54 vº;Valencia, 23 de abril, 1543.
960
cil Alonso Delgadillo recibió las ór-
ARV, Real, 1423, f. 204 vº-205;Valencia, 4 de ma-
yo, 1547. denes oportunas para salir a pren-
961
ARV, Real, 1321, f. 228 vº-229;Valencia, 22 de ene- der a los moriscos que estaban
ro, 1548. quebrantando la pragmática961.
306 Estas órdenes no fueron las primeras que se despacharon contra mo-
riscos foráneos que penetraban en el país. Después de la crida regulado-
ra de la entrada de moriscos aragoneses de 1543, el virrey ordenaba tras-
ladar a Valencia a unos tagarins e faraonins que, contraviniendo las pro-
hibiciones reales habían entrado en territorio valenciano y se hallaban
detenidos en Alpuente962. Unos años más tarde Rodrigo López y Joan
López de Almoradí, de la guarda de su Majestad en el reino de Valencia,
eran los encargados por el duque de buscar, por cualquier parte del rei-
no, a unos alarps que habían entrado en el país contraviniendo las prag-
máticas para pasarse a Africa963.
Toda la batería de disposiciones de distinto rango prohibiendo la en-
trada de moriscos forasteros en el reino de Valencia por el peligro de
“contagio” que suponía su contacto con los moriscos del país chocó con-
tra un doble frente. Por una parte, la realidad de que eran los moriscos
aragoneses quienes ejercían de arrieros trasladando mercaderías entre
Aragón y Valencia; por la otra, estaban los intereses de los señores de va-
sallos. Debido a los intereses de estos últimos, se sucedieron las excep-
ciones a las prohibiciones generales. Establecidas éstas, la pérdida del
control era inevitable. Igualmente, cabe resaltar que, las diversas captu-
ras que se sucedieron, así como las órdenes de detención y repetición de
las prohibiciones, indican hasta qué punto la penetración de los moris-
cos foráneos fue constante durante el período.
Ahora bien, con ser evidente el éxodo, no lo es tanto la causa o causas
que lo motivaron; pues la respuesta al porqué del camino del exilio no tie-
ne una fácil respuesta. Regina Pinilla expone cómo “despojados de todos
los que ellos creían sus derechos, atrapados entre los intereses nobiliarios
y reales, molestados por la iglesia con su adoctrinamiento y perseguidos
por la inquisición como herejes”, los moriscos se hallaban ante un sencillo
pero terrible dilema: “aceptar la situación o huir a Berbería”964. La abru-
madora realidad, que superaba to-
das las disposiciones legales y todo
962
Fue el alguacil Joan Alemany el encargado de el aparato coercitivo de que era ca-
trasladarlos. ARV, Real, 1320, ff. 109 vº-110; Valencia, 1 paz el reino, llevó a sus máximos di-
de octubre, 1543. rigentes a plantearse también esta
963
Se trataba de Leonor, “alarba”, una hija suya de cuestión; pues todos los indicios
6 o 7 años, Antoni y María,“alarps” y un hijito de aqué-
lla de 5 a 6 años. Ibidem f. 35 vº-46 (salta la numera-
apuntaban a que en Berbería no se
ción diez folios); Valencia, 14 de abril, 1546. encontraban en mejor situación
964
El virreinato conjunto... p. 402. económica, sino todo lo contrario.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
307
Cuando en 1545, aprovechando las proximidades de la armada turca,
un mayor número de moriscos se había empezado a desplazar y otros
muchos andaban con ese deseo, el virrey pretendió averiguar el motivo
por el que se iban. La conclusión que Gasca adelantaba a Cobos era que
“paresçe que agora no la hay”965. Las razones del visitador para aportar
dicha respuesta eran la libertad de que gozaban en el reino y el bienes-
tar económico. Con respecto al primer apartado, el de la libertad, es sig-
nificativa la frase que Gasca tachó y no pudo leer Cobos: “pues quanto
a lo que toca a su seta ellos viven en ella tan libremente como en
Berberia”. El fragmento en cursiva es el que tachó antes de remitirlo a
Valladolid. El nivel de vida de los moriscos venía definido por Gasca por
los siguientes parámetros: “Y cuanto a lo demas ellos tienen aca su ha-
zienda y naturaleza”, cosas ambas de las que no parecían disfrutar los
correligionarios de la otra parte del mar. Según las informaciones de
Gasca había otro problema añadido. Los que llegaban allá no recibían
buen trato “antes se les quita lo que llevan y a vezes las mugeres”. Para
esclarecer la cuestión llamaron a algunos moriscos, quienes en princi-
pio no supieron indicar unos motivos concretos. Sin embargo, apunta-
ron que al reino llegaban muchos alárabes que habían sido esclavos en
Castilla y en otros reinos con el propósito de pasarse a Africa; para ello
persuadían a los moriscos del reino para que hiciesen lo mismo, ape-
lando a la confraternidad religiosa. En los moriscos regnícolas encon-
traban además ayuda económica, pues venían pobres, y los naturales es-
taban mejor situados. La búsqueda de una tierra en la que podían vivir
sin trabas su religión parecía ser, según los informantes, la principal
causa del éxodo morisco, pues “en lo que mas se afirman es que estos
son muy de coraçon moros”.

5.3. LA POLÉMICA EN TORNO AL DESARME MORISCO

Una gran parte de las disposiciones de los moriscos habían tenido co-
mo objetivo la prohibición de portar las armas de tipo más ofensivo, de
fuego y ballestas. Estas medidas,
con ser importantes, no habían si-
965
do más que un primer estadio en
Borrador en ARV, Real Audiencia, Parte Tercera
Apéndice, 567. La carta remitida en AGS, Estado-Aragón
lo que se pretendía el gran objeti-
297 f. 65;Valencia, 7 de junio, 1545 (datación tomada de vo final en este aspecto: el desar-
HAMPE MARTINEZ,T. Don Pedro..., p. 418). me de los moriscos; desarme que,
308 con carácter general, ya se había producido en 1525 en tiempos del vi-
rreinato de doña Germana. Pero como había sucedido con los intentos
de control de las armas, la consecución de un nuevo desarme ya no po-
drá materializarse durante el reinado del emperador debido, principal-
mente, al cruce de intereses contrapuestos. No será, sino en el reinado
de Felipe II, cuando se producirá el segundo desarme de moriscos (“con
singular acierto” apuntará Boronat) en el reino de Valencia el 8 de fe-
brero de 1563966.

***

Es una evidencia que durante el reinado de Carlos V predominó lo


que el profesor Benítez califica como “postura moderada”, caracteriza-
da por el reconocimiento de la necesidad de la instrucción de los moris-
cos, al tiempo que se dictan medidas concretas tendentes a la represión
de los hábitos culturales967. Ahora bien, la llegada del visitador Pedro de
la Gasca vino a sacudir la tradicional manera de enfocar la cuestión mo-
risca en el reino con su postura de firmeza, aunque al final las inercias
generadas habían de superar los intentos testimoniales de llevar una po-
lítica coherente con los nuevos convertidos. Todo esto es lo que se puso
de manifiesto con motivo de la campaña de desarme de los moriscos.
Tras su llegada a Valencia, el visitador manifestó firmemente su convic-
ción de que los moriscos habían de ser desarmados. Este concepto, cier-
tamente, no era original suyo o, al menos, cuando él escribía a Cobos
que con semejante maniobra se afianzaría “la seguridad del reyno968, ya
se había tratado la cuestión a nivel territorial. La idea flotaba en un am-
biente determinado por la idea de resistencia a la agresión que, en aquel
año se esperaba por mar, y para la que todo el reino se había preparado.
A nadie escapaba el peligro que resultaba de la unión de los atacantes
del mar y de los moriscos, pero al
mismo tiempo, faltaban medios y,
sobre todo, se temía herir dema-
966
BORONAT Y BARRACHINA, P. Los moriscos es- siado fuertemente a los moriscos.
pañoles...., t. I, p. 237. El conde de Oliva en el memorial
967
BENITEZ SANCHEZ BLANCO, R. “Los moris- que escribió como consecuencia
cos valencianos hasta la expulsión” en Nuestra historia,
IV, p. 198.
del viaje a Valencia ordenado por
968
AGS, Estado, 257, f. 43 en HAMPE MARTINEZ,T. su Majestad, hacía referencia al
Don Pedro..., p. 45 y 46. enojo que causaría a los moriscos
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
309
el verse privados de sus armas, y el poco resultado práctico que se se-
guiría de dicha acción969. En julio de 1543 el duque de Calabria ya había
tenido alguna reunión de carácter un tanto informal con los señores y
barones del reino, pero no encontraban ningún remedio al hecho de que
los moriscos estuviesen armados, salvo la protección otorgada desde el
poder central: “pues ya por agora no hay otro remedio sino supplicar a
vuestra merced no nos olvide al tiempo de la necessidad pues en ningu-
na parte se espera tan grande como en esta”970. En octubre de aquel año
la posibilidad de que pudiera procederse a un desarme general de los
moriscos había sido asumida por el gobierno de la Monarquía. El prín-
cipe confiaba al duque los deseos de su padre de que los moriscos fue-
sen desarmados971 y además le comunicaba que el emperador le escribi-
ría sobre el tema. De hecho, Carlos V estaba dispuesto a enviar hasta mil
quinientos soldados castellanos para efectuar la operación de desarme.
El porqué del deseo imperial de desarmar a los moriscos, responde a los
mismos motivos que habían llevado a sus delegados en Valencia a inte-
rrogarse sobre la conveniencia del desarme. A saber, en el otoño de
1543, se estaba a la espera de un formidable ataque enemigo, al tiempo
que el emperador solicitaba todos los recursos disponibles para sus ac-
ciones europeas, de modo que se preparaban parlamentos en los estados
aragoneses para que cada uno de ellos asumiese su defensa. Esta idea de
librarse de los posibles enemigos internos para poder hacer frente a los
del exterior es la que induciría a Carlos V a solicitar el desarme de los
moriscos. El tiempo apremiaba. El césar pretendía que la operación se
efectuase en invierno para que los moriscos no recibiesen auxilio del ex-
terior. El virrey no estaría solo. El príncipe había recibido el encargo de
llevar la alta supervisión. A nivel territorial, el duque de Calabria estaría
asistido por el licenciado Gasca, por el duque de Segorbe y por las per-
sonas más capaces del reino.
Tras leer en las misivas del
969
AGS, Estado-Aragón, 287; Oliva, 28 de enero, príncipe los deseos del emperador
1543. de proceder al desarme de los mo-
970
El duque de Calabria a “Muy magnifico señor” riscos el virrey convocó una reu-
(Cobos). AGS, Estado-Aragón, 287, f. 225; Valencia, 6 de nión para tratar de esta cues-
julio, 1543.
971
tión972. Es conveniente saber la
AGS, Estado-Aragón, 286, f. 16, 23 de octubre,
1543. identidad de los convocados: los
972
El duque al príncipe. AGS, Estado-Aragón, 287, f. obispos de Segovia y Ciudad
91;Valencia, 6 de noviembre, 1543. Rodrigo, el licenciado Pedro de la
310 Gasca y el regente micer Piquer. Tan escaso número de asistentes evi-
dencia las sonoras ausencias de los más altos oficiales reales. Ello se de-
bió a la prudencia del duque, quien no quiso convocar a las otras auto-
ridades porque la mayoría de ellas tenía vasallos moriscos y, consecuen-
temente, eran parte interesada, amén de que el virrey, al margen de su
opinión personal, creía que el éxito de la operación, caso de llevarse a
término, radicaba en su secreto. La reunión se prolongó por espacio de
dos días. Excepto el visitador Pedro de la Gasca, todos veían más in-
convenientes en emprender la operación de desarme que en mantener la
situación vigente. Al término del debate se resolvió enviar dos memo-
riales al poder central: el confeccionado por el licenciado Gasca, con sus
argumentos a favor del desarme, y el confeccionado por el regente, con
los argumentos en contra de quitar las armas a los moriscos, de modo
que trasladaban al poder central ambos razonamientos para que consi-
derase la decisión.
Con todo, el virrey aconsejaba el máximo secreto como pieza clave
del éxito de la posible operación. El sigilo necesario ya había empeza-
do a resquebrajarse, según el duque de Calabria, por ciertas insinua-
ciones que don Alonso de Aragón, duque de Segorbe habría deslizado,
con lo que ya habían comenzado a desatarse entre algunos caballeros
los rumores sobre la requisa de armas a los nuevos convertidos. Acaso
las opiniones de Fernando de Aragón estaban mediatizadas por la ani-
madversión personal que le suscitaba la persona de Alonso de Aragón;
pues el deseo de apartar al duque de Segorbe de las conversaciones no
fue tenido en cuenta por el poder real, que persistió en su política de re-
cibir informaciones de diversos canales y no desestimó, sino todo lo
contrario, las aportaciones don Alonso. Aunque no se haya registrado
el sentido de sus manifestaciones, su opinión había sido muy tenida en
cuenta por el poder central, y el príncipe le comunicaba que sería avi-
sado de cualquier novedad que se sucediese en el asunto973. El secreto
debía ir acompañado de la toma militar de las sierras de Espadán y de
Bernia para evitar que los moriscos pudiesen refugiarse allí a la espera
de la ayuda por mar. Pues, llegado ese caso, haría falta un ejército muy
numeroso para vencer a tantos enemigos, y cabía la posibilidad de ex-
tender el conflicto por todo el rei-
no. Recibidos los informes de la
973
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 233; Al duque de reunión celebrada en Valencia, el
Segorbe, minuta;Valladolid, 11 de enero, 1544. príncipipe reunió al Consejo de
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
311
Estado. Allí, ante la presencia del joven Felipe, se examinaron ambos
memoriales, el favorable y el contrario al desarme de los moriscos.
Todos fueron del parecer que el desarme “seria de muy gran provecho
y beneficio a esse reyno y gran bien para la seguridad del”. Los incon-
venientes surgían a la hora de plantearse el modo de ejectuar el desar-
me; pues el Consejo había elevado considerablemente el número de sol-
dados, que en un principio se habían considerado necesarios para apo-
yar la operación. Ahora se creía imprescindible contar con el resplado
de cinco o seis mil castellanos; los cuales no se podían sostener tan só-
lo con el esfuerzo de Castilla, pues se contaba poco con el de Valencia.
El Consejo, por otra parte, había dejado prácticamente aplazada la ope-
ración hasta la temporada siguiente, ya que por pronto que se iniciase
sería a finales de febrero, con lo cual la estación estaría ya tan avanza-
da que las armadas enemigas podrían acudir en socorro de los moris-
cos974. El virrey quizá se reafirmaría en su posición de no desarmar a los
moriscos, ya que el príncipe no quiso dejar de advertirle que había
otros pareceres favorables al desarme, aprovechando la coyuntura del
Parlamento y que los moriscos ya estaban lo suficientemente encona-
dos como para que los enemigos mostrasen mayor indisposición de la
que ya tenían:

“No queremos dejar de advertiros que a algunos paresce que no seria mala
coyuntura para hacerlo porque los cavalleros d·esse reyno, vista quan pre-
sente esta la necessidad, vernia mejor en ello que despues que fuesse passa-
da. Y tambien que si del Parlamento que se ha convocado resulta como spe-
ramos alguna buena provision de gente y se ha de levantar por esse reyno o
en estos para su defension, con ella y con alguna ayuda mas que de aca se
podria dar y con apoderarse de las sierras, paresçe que se podria mejor ef-
fectuar. Porque vista la mala voluntad que los moriscos muestra tener pa-
resçe que esta sola no seria causa bastante para levantarse ny tampoco mo-
veria a los enemigos a mostrar su mala intençion mas de lo que se entiende
ya que la tienen”975.

Los preparativos de la campaña se habían previsto con tiempo. En


los comentarios que a principios del verano el emperador hacía a su hi-
jo sobre el desarme de los moris-
cos, recapitulaba las reuniones y
974
Ibidem., f. 172;Valladolid, 12 de enero, 1544. pareceres que sobre ese punto se
975
Del príncipe al duque don Ferrando. Ibidem. f. habían efectuado, aprobando el
164;Valladolid, 1 de marzo, 1544 minuta. parecer de que la campaña debía
312
iniciarse con la llegada del invierno. Para ello el príncipe debía escribir
al duque para que dispusiese del tiempo necesario y, llegado el momen-
to podría utilizar de las instrucciones secretas que en memorial adjun-
to enviaba a su hijo. No dejaba el emperador de pasar por alto el ofre-
cimiento del duque de Segorbe para llevar adelante el desarme de los
moriscos, pues confiaba en que su actitud serviría de ejemplo para los
otros señores. Debido a la proximidad de la armada turca hivernando en
Francia, el emperador no quería que la operación se aplazase para más
tarde. Como anteriormente el virrey, el césar no dejaba de recomendar
sigilo para que los moriscos no se soliviantasen antes de hora976. La ini-
ciativa del desarme de los moriscos era promovida, pues, por el gobier-
no central. Y el principal valedor en el estadio territorial era el licencia-
do Pedro de la Gasca. Quizá por ese motivo cuando el secretario Cobos
escribe en la misma fecha al virrey y al visitador, es a este último a quien
recuerda que no deben dilatarse más los preparativos porque, caso de
efectuarse, habrá de ser ese mismo invierno977.
La respuesta de Gasca a Cobos es muy reveladora de los preparativos
que a nivel territorial estaban efectuándose para la confiscación general
de las armas. El virrey, el obispo de Segovia, el licenciado Gasca y el se-
cretario Iciz se reunieron unas cuantas veces y acordaron enviar un me-
morial con sus conclusiones. No obstante el memorial, el licenciado
Gasca enviaba, como siempre, su opinión particular sobre lo que estaba
sucediendo. Aunque el virrey con su mucha prudencia pidiese tres mil
quinientos hombres, el visitador creía posible efectuar la operación con
menos soldados. Asimismo atribuía al duque un desconocimiento de las
realidades de las sierras de Espadán y de Bernia; ya que el licenciado
Gasca mediante circunloquios había hablado del tema con el capitán
Aldana que estuvo en la guerra de la Sierra de Espadán y llegó a la con-
clusión de que con menos de quinientos hombres se podía controlar la
sierra. Cuando el licenciado Gasca tuvo hecha su composición de lugar,
habló con el duque para que se iniciase la instrucción de la gente que
había de participar en la opera-
ción cubriendo los pasos y los re-
976
fugios de las sierras, disponiendo
AGS, Estado, leg. 500, ff. 58 al 63, 6 de julio, 1544
para ello de las personas que tu-
en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus..., t. II pp. 238-
239. viesen conocimiento exacto de las
977
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 126; Valladolid, 2 de montañas. El visitador también
septiembre, 1544. había sugerido al virrey que se hi-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
313
ciese una relación de los lugares de moriscos para que fuesen distribui-
dos por bailías. El duque asintió a estas medidas concretas: “y dixo ser
necessario porque el no tiene tampoco particular noticia de las fuerças
ni de los lugares de moriscos como se requiere para hazer instrucçion
destas dos cosas”978.
El príncipe, por su parte, había escrito al duque de Calabria para que
se efectuase lo dispuesto por el emperador a principios del verano, con-
firmando que había de ejecutarse en el próximo invierno cuando no hu-
biese posibilidad de ayuda de Argel y, llegado el momento, se pondría en
ejecución el plan enviado por el emperador979. El regente general de la
Monarquía recibió el memorial que el duque había enviado al secretario
Cobos con los acuerdos tomados sobre el modo de llevar a término el
desarme. El informe fue juzgado como muy bueno por el poder central.
Aunque algunos eran partidarios de realizarlo por negociación y no por
fuerza, en Valladolid ya se había resuelto que “se desarmen proveyendo
para ello las cosas que seran necessarias como lo vereis en parte por las
respuestas particulares que se han hecho a cada capitulo de vuestro me-
morial”980. El 30 de noviembre aún parecía que la operación iba a lle-
varse a término. Así lo creía al menos Carlos V, quien aprobaba todos los
planes realizados y esperaba que se realizase en el tiempo fijado. El du-
que debía estar prevenido “para que esté para entonces a puncto lo que
fuere menester para la execución”981.
Sin embargo, los planes tan cuidadosamente elaborados no se lleva-
ron a término. Había pasado el primer invierno debido a que el empe-
rador dio la orden demasiado tarde; empero el segundo corrió la misma
suerte aunque, obviamente, ya no se podía achacar a la falta de tiempo.
A nivel territorial continuaron las
discusiones con el reparto de pape-
978
les ya sabido. En diciembre de
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 100; Valencia, 14 de
1544 se celebró una de ellas982; en
septiembre, 1544.
979
AGS, Estado, leg. 64, ff. 57 al 61;Valladolid, 17 de febrero del año siguiente otra, cu-
septiembre, 1544 en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. yas actas, o mejor dicho un resu-
Corpus..., t. II, p. 273. men de las opiniones que allí se ex-
980
AGS, Estado Aragón, 291, f. 60;Valladolid, 18 de oc- presaron, se conocen a través de la
tubre, 1544. relación de Gasca. Ahora el núme-
981
AGS, Estado, leg. 500, f. 8, 30 de noviembre, 1544
en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus..., t. II, p. 292.
ro de conocedores de la operación
982
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 127;Valencia, 9 de di- se había ampliado. El capitán
ciembre, 1544. Aldana, Melchor de Perellós y Juan
314
de Vilarrasa se habían incorporado y se les había tomado juramento de
mantener en secreto las deliberaciones. En un fragmento del acta, ex-
tractado por Teodoro Hampe, se menciona la causa que motivaba el pa-
recer del retraso de la operación, la tardanza en llegar de las galeras que
debían cubrir la operación para contener una posible agresión por
mar983. Hubo aún más reuniones con la asistencia del arzobispo, quien
anteriormente ya había mostrado su disposición favorable al desarme
de los moriscos984. Fruto de la reunión, el virrey envió a los principales
señores del reino misivas con un memorial sobre la operación del des-
arme; al duque de Segorbe, al duque de Gandía y al conde de Oliva, co-
municándoles que el también iba a comenzar por desarmar los moris-
cos de Alberic y Alcocer, que eran de las principales morerías del rei-
no985. De ese modo se evitarían la desconfianza de otros señores, pues
mostraban recelo de estar entre los primeros y, que debido a las protes-
tas la operación se suspendiese, con lo cual se habían granjeado la ene-
mistad de sus moriscos con el peligro de que entonces se fugasen a
Africa. El virrey confiaba en que con la colaboración de los grandes no-
bles y la llegada de unos breves que esperaba de Roma “se hiria con ellos
a toma y daca”. El duque de Calabria se hallaba pues, determinado a lle-
var adelante el desarme aunque los breves no llegasen a tiempo y la ope-
ración no fuese del parecer de los señores. Despejados prácticamente to-
dos los inconvenientes, aunados los pareceres (pues ya no se precisaban
las galeras como soporte fundamental de la operación), con Perellós y
Aldana mostrándose partidarios de reducir la intervención de soldados
extranjeros (cuando no de obviar-
la), estando ya todo a punto, el re-
sultado final fue que la operación
983
AGS, Estado, 297 f. 60, en HAMPE MARTINEZ,T. de desarme no se produjo.
Don Pedro de la Gasca..., p. 47. Es la correspondencia cursada
984
Antes de llegar a Valencia, el arzobispo ya había
entre el príncipe y el emperador la
mostrado su disposición favorable al desarme de los
moriscos: “En lo de las armas, veo que todos los pa- que aclara el resultado final del
resceres estan conformes en que se execute, aunque fracaso de la operación de desar-
el modo es dificultoso y peligroso. Entretanto que es- me morisco. Cuando el joven
to no se hiziese, pienso que aquel reyno no estara se- Felipe se quejaba a Carlos V por la
guro”. Monasterio de nuestra Señora del Pino; 8 de
tardanza de la llegada del breve de
septiembre, 1544.
985
Estas baronías las regentaba el duque de Roma, aludía a las dificultades
Calabria ya que pertenecían a su segunda mujer, doña que el retraso ocasionaba para el
Mencía de Mendoza. desarme de los moriscos. Había,
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
315
además, otro inconveniente añadido, el económico. El gobierno de la
Monarquía había comunicado al duque de Calabria que no se le podía
auxiliar económicamente para la operación. Era él quien debía buscar
alternativas para encontrar dinero con qué pagar a la gente que debía
intervenir en el desarme: “porque como acá no los hay, escribiósele que
él allá los buscase y proveyese”. El príncipe quedaba esperando la reso-
lución que Fernando de Aragón debía tomar para conseguir los fondos
con que realizar la operación986. El emperador seguía interesado en el te-
ma. Pedía que le enviasen las opiniones del duque de Calabria y demás
personajes de Valencia que en el último correo no le habían podido co-
mentar, y no por ello dejaba de instar que “sy houiese medio de poderse
hazer conforme a lo que tenemos scripto y se nos ha respondido, esto
sería lo mejor, porque la dilaçión no puede dexar de traer inconuenien-
te”987. En la carta dirigida por Cobos a Carlos V, el secretario alude al de-
seo que tenían todos de realizar el desarme, “pero los inconuenientes
que se offrescían de presente eran tan grandes que no se ha podido ha-
zer otra cosa”988; aunque los breves de Roma seguían sin llegar, ésta ha-
bía devenido ya una cuestión secundaria. El príncipe excusó el incum-
plimiento de la operación que se había aprobado en el Consejo, basán-
dose en los pareceres desfavorables que el virrey había remitido de
Vilarrasa, Perellós y Aldana (“Redana” en la misiva), quienes opinaban:

“Que en ninguna manera se deuía por agora executar, assy porque se podrí-
an los moriscos leuantar como por el fauor que podían sperar de las velas de
los cossarios y de los de Argel, y que puesto que no se leuantassen, se podrí-
an passar allende que sería dar mucho esfuerço y armas a los enemigos”989.

La resolución acordada en consejo remitía para mejor ocasión el


asunto del desarme de los moriscos. Mientras, se renovarían los prego-
nes de prohibición de llevar armas y se procuraría tener los breves de
Roma. La nueva política planifica-
da por el gobierno de la Monarquía
preveía quitar primero una parte
986
AGS, Estado 69, ff. 20 al 26 en FERNÁNDEZ de las armas por las buenas y, pos-
ÁLVAREZ, M. Corpus documental...II p. 365. teriormente, mediante el uso de la
987
AGS, Estado 501, ff. 36 al 38 en Ibidem p. 378.
988
AGS, Estado, 69, f. 41;Valladolid, 5 de mayo, 1545
fuerza, acabar de quitarlas todas.
en Ibidem, p. 386. Los acuerdos tomados por el po-
989
AGS, Estado 69, f. 38; 5 de mayo, 1545 en Ibidem, der central de acuerdo con las infor-
p. 384. maciones llegadas desde Valencia
316 no dejan de sorprender. En primer lugar porque según el acta remitida por
Gasca a principios de febrero, las opiniones de Vilarrasa, Perellós y Aldana,
eran las de reducir el número de soldados extranjeros, pero no hacía men-
ción a una discrepancia sobre la operación misma; lo único que entonces
se esperaba era el refuerzo de las galeras. Aún más contradictorio resulta
el acuerdo del poder central con las opiniones que el duque de Calabria en-
viaba a mediados de marzo, en las que mostraba todo dispuesto para efec-
tuar el desarme e, incluso, la disposición de efectuarlo aunque no hubie-
sen llegado los breves de Roma. Ante la imposibilidad de proceder al des-
arme de los moriscos, se sucedieron los pregones de prohibición de llevar
determinados tipos de armas.
La cuestión del desarme de los moriscos deviene paradigma, no sólo
de la política territorial con respecto a los nuevos convertidos, sino del
modo de actuar genérico del virrey y de la jerarquía de oficiales a sus ór-
denes. Una orden dada desde la cúspide del poder central se demora por
espacio de dos años, hasta que finalmente no se ejecuta. La “prudencia”
del duque, los intereses de los señores, el desinterés de los oficiales,
frente a la perseverancia del licenciado Gasca y, finalmente, del arzo-
bispo cuando llega, hacen inevitable el fracaso final. Las manifestacio-
nes tan favorables e, incluso, entusiastas del duque de Calabria en mar-
zo de 1545, llegaron casi a título póstumo, cuando los rigores del in-
vierno ya habían pasado y la presencia de las naves argelinas ayudando
a los moriscos podía ser algo más que una posibilidad.
Del comportamiento de los diversos elementos que intervinieron des-
de el poder central, no puede extraerse como consecuencia la unidad de
criterio y, menos aún, la firmeza de voluntad suficiente para llevarlo a
la práctica. En un principio, a pesar de las opiniones prudentes del du-
que, el Consejo se muestra partidario de realizar el desarme, aunque se
aplace la decisión por estar la estación avanzada, y hasta se mostraba
dispuesto a conceder cinco mil hombres castellanos para la operación.
Posteriormente, cuando desde Valencia se halla todo dispuesto, el
Consejo resuelve aplazar el desarme indefinidamente, apoyándoese pa-
ra ello en los pareceres de los oficiales reales, lo cual denota que la
Administración central tampoco tenía una política definida respecto a
los moriscos y que fluctuaba según sus intereses inmediatos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
317
5.4. EL BANDIDAJE MORISCO

El profesor García Martínez trazó la tipología del bandolerismo pro-


tagonizado por los moriscos valencianos: “El bandolerismo morisco
presenta dos vertientes básicas: una, ya indicada, como brazo armado
de la aristocracia latifundista, y otra, al margen del servicio nobiliario,
paralela y análoga —en motivaciones, tácticas y módulos— a la seguida
por los cristianos viejos, y que hizo eclosión en la década de los ochen-
ta”990. Ahora bien, esta caracterización del bandidaje morisco trazada
para el reinado de Felipe II precisa de ciertas acotaciones para el virrei-
nato del duque de Calabria.
No cabe duda alguna de que los moriscos tendrían un papel destaca-
do en las reyertas entre los nobles, pero cabe destacar que se han halla-
do muy pocos datos concretos sobre esta participación, puesto que la
documentación alude a los protagonistas, y cuando hay que prender a
los integrantes de los bandos, se da la orden genérica, o bien se indica
que los nombres van en memorial aparte. En los casos en que los ofi-
ciales reales encuentran la oposición de los vasallos de los señores, los
nombres de los principales opositores se corresponden a cristianos vie-
jos. Sin embargo, el bandolerismo estricto de los moriscos que, según la
mencionada cita, había experimentado un fuerte auge a partir de 1580,
durante el reinado del emperador mantuvo una presencia constante que
obligó a los oficiales reales, alguaciles y verguetas, a realizar múltiples
intentos de captura que se mostraron ineficaces o, al menos, insuficien-
tes. La persistencia de estas bandas obligó a la Cancillería a concertar
los servicios de particulares para acabar con ellas. La organización de
bandas de cristianos nuevos, pues, no fue proporcionalmente menor a
la de cristianos viejos. Antes al contrario, las numerosas órdenes de
prendimiento indican las cotas alcanzadas por el bandidaje morisco.
En los siguientes párrafos se sintetizan algunas de las acciones que la
Cancillería valenciana emprendió en relación con la delincuencia de los
nuevos convertidos, así como las referencias indirectas que aluden a
ella, lo cual permite una aproximación a la evolución del bandolerismo
morisco, así como establecer para-
lelismos con el desarrollado en
990
GARCÍA MARTÍNEZ, S. Bandolerismo, piratería y otros reinos peninsulares.
control de moriscos en Valencia durante el reinado de Felipe
II Valencia, 1977, p. 6. ***
318 En 1538 el virrey tenia noticias de una partida de moriscos integrada
por Çaedon Abdulazis, Alonso Matari (antes Alfaqui) y Hamet Abdulazis;
vecinos de Ondara y con numerosos crímenes en su currículum, por lo que
recayó sobre ellos una orden de captura991. Unos años más tarde, en 1541,
el bandolerismo organizado de los moriscos dio nuevas muestras de exis-
tencia. Cuando el alguacil Francisco de Torres llevaba presos a los nuevos
convertidos Joan Abis y Gaspar Marat, unos moriscos se enfrentaron al al-
guacil y consiguieron la liberación de sus correligionarios992. En la Pobla
del Duc, una partida de árabes y moriscos causaba “dessossech en totes
aqueixes partides” y el virrey solicitaba al justicia de dicha población la for-
mación de partidas de gente armada para esperar a los moriscos en los pa-
sos y lugares por donde pasaban para sorprenderlos. El vergueta Ramón
Bernat y el alguacil Lluís Çaydia llegarían más tarde con amplias comisio-
nes para llevarse a los prisioneros que hubiesen tomado993. Este oficial,
efectivamente, recibió la oportuna comisión para ir a la Puebla del Duch,
con el fin de sorprender a los árabes y moriscos que se esperaba iban a pa-
sar con más gente bien armada, lo cual indica que la banda no estaba in-
tegrada tan sólo por moriscos, sino por bandoleros de ambas culturas994.
La curia valenciana tenía tipificado otro delito específico para los moros y
tagarins llegados del Magreb: el proselitismo efectuado para conseguir que
los nuevos convertidos abandonasen el reino y se trasladasen a Argel o
Berbería. Cabanyelles escribió al gobernador del marquesado de Dénia pa-
ra que encarcelase a todos aquellos moros o moriscos que, llegados de
Argel y escondidos por el reino, intentaban persuadir a sus correligionarios
de pasarse a África995. En 1542 unos moriscos o moros de la mar habían ro-
bado en el huerto, la casa y el propio monasterio de Aguas Vivas, lleván-
dose maniatados a un frailecillo, un capellán y dos cristianos viejos, de-
jando al prior (por ser viejo) atado de manos y amordazado. El menciona-
do regente dispuso las comisiones
necesarias para la detención, prohi-
991
ARV, Real, 750, f. 48 vº;Valencia, 17 de julio, 1538. biendo acoger a los moriscos y otor-
992
ARV, Real, 1319, ff. 115 vº-117;Valencia, 9 de ene- gando una recompensa de 21 du-
ro, 1541. cados a quien pusiese en manos de
993
Ibidem, ff. 142 vº-143;Valencia, 31 de mayo, 1541. la justicia a los culpables996. Al año
994
Ibidem, f. 143-143 vº;Valencia, 30 de mayo, 1541. siguiente, a juzgar por las órdenes
995
Ibidem, f. 145 vº-145 bis;Valencia, 16 de septiem-
bre, 1541.
de captura, hubo una verdadera
996
ARV, Real, 1320, ff. 6 vº-7 y 7-7 vº;Valencia, 10 de eclosión del bandidaje morisco.
octubre, 1547. Diversos alguaciles obtuvieron co-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
319
misiones para traer presos moriscos y moros997. Unas bandas de moriscos
armados actuaban por Llíria, la Pobla, Bétera y otros lugares de la comar-
ca, cautivando y robando ganado, refugiándose después en las montañas;
Alonso Delgadillo fue el encargado de acudir a terminar con dicha ban-
da998. Otro grupo de moriscos salteadores operaba por Alzira y Corbera;
cuando los vecinos organizaron una partida para ir por ellos, hubo una
verdadera brega entre los bandos, en la cual murió Miquel Joan, y fue he-
cho prisionero a un tal Pascuarets999. En Chulilla y Gestalgar se escondían
otros moriscos armados, que habían llegado a tomar presos a cuatro cris-
tianos viejos y degollado a su amo. El regente de la lugartenencia
Cabanyelles ordenó al alguacil Carlos Torrellas que ajustase una partida de
gente experimentada que, sin exponer sus vidas pudiese capturar a los mal-
hechores, especialmente a los que habían cometido el crimen1000.
Entre los moriscos también hubo colaboracionistas con el poder re-
al. Lluís Bepit, nuevo convertido del lugar de Cocentaina, fue comisio-
nado por el duque de Calabria para prender a cualquier morisco que,
contra las disposiciones legales, dejase su domicilio, fuese malhechor o
formase parte de alguna banda; pues algunos renegados entraban tierra
adentro por Cocentaina, cometiendo grandes daños, robos y muertes a
los cristianos viejos1001.
Cuando en 1544 el licenciado Pedro de la Gasca urgía para el desar-
me de los moriscos, dos de ellos atracaron, entre Villarreal y Burriana a
un cristiano viejo al que le toma-
ron todo lo que llevaba y, tras mal-
997
Alonso Delgadillo partió hacia Cheste para traer
tratarlo, lo echaron a un pozo de
a un morisco acusado de diversos crímenes y delitos donde fue sacado por unos cami-
(Ibidem, f. 21 vº; Valencia, 31 de enero, 1543). Miquel nantes. El visitador indicaba que
Lluís Adzuara fue a la Vall de Algar para traer a un mo- ya se había procedido contra los
ro de “allende” que estaba preso (Ibidem, ff. 22 vº-23). asaltantes y los moriscos que les
En Alcoy se encontraba prisionero el morisco Corbo;
auxiliaron1002. Al año siguiente el
el justicia debía mantenerle custodiado (Ibidem, f. 23).
998
Ibidem, ff. 38 vº-39;Valencia, 22 de febrero, 1543. doctor Joan Francesc Benavent re-
999
Ibidem, ff. 66 vº-67;Valencia, 2 de mayo, 1543. cibió la orden de prender unos
1000
Ibidem, ff. 83 vº-84 vº;Valencia, 9 de junio, 1543. moriscos de Xàtiva, Canals y
1001
Ibidem, ff. 106 vº-108; Valencia, 24 de septiem- Sumacàrcer acusados de varios
bre, 1543. crímenes1003: Vicent Honorat Julià,
1002
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 127,Valencia, 9 de di-
ciembre, 1544.
notario de Benaguasil, era comi-
1003
ARV, Real, 1320, f. 230-230 vº; Valencia, 18 de sionado por el virrey para ir a
marzo, 1545. cualquier parte del reino con el fin
320
de detener a unos moriscos inculpados en varios delitos y cuyos nom-
bres, para mayor seguridad, iban en un memorial aparte1004. Jerónimo
Romero, vecino de la ciudad de Valencia, recibió una comisión para
prender a Gimete Bernabeu y Melic Moreno quienes, contraviniendo las
pragmáticas, habían ido a Villamarchante y allí amenazaban de muerte
a los oficiales y a otros vecinos de la población1005. También en ese año
se había publicado la última pragmática sobre moriscos, en la que se re-
afirmaba la prohibición de que los nuevos convertidos llevasen armas
ofensivas. La flamante medida no parece que tuvo un éxito rotundo,
puesto que desde la misma Cancillería valenciana se reconocía que mu-
chos moriscos contravenían esta disposición llevando escopetas, arca-
buces y ballestas. Lluís Pelegri de Aragó, estaba conceptuado como co-
nocedor de los delincuentes moriscos “y aquells no tement·se de vos, fa-
cilment porien esser presos per vos, tenint·ne de vos comissio”; conse-
cuentemente, recibió orden de capturar a todos los nuevos convertidos
que encontrase infringiendo la pragmática y de llevarlos bien seguros a
la prisión de la ciudad1006.
En 1546 unos moriscos secuestraron a un cristiano viejo en el barran-
co del Juncar, ubicado en el camino de Valencia a Segorbe; lo cual pare-
cía ser un suceso bastante usual en aquella partida. El alguacil Joan Pla
partió hacia la zona con el fin de esclarecer los hechos y detener a los cul-
pables1007. Algo similar ocurría en Burriana, en donde diversos ciudadanos
recibieron orden de prender a todos los moriscos que contraviniendo las
pragmática se habían asentado en aquella villa, cautivaban cristianos vie-
jos y causaban graves daños en bienes y personas1008. Fue en 1547 cuando
el regente Cabanyelles ordenaba al alguacil Joan Pla traer a Valencia a un
renegado que tenía preso el subrogado de la lugartenencia de goberna-
ción de la Plana1009. Asimismo, ordenaba a mosén Francesc Vives de
Canamas, caballero, la detención
de un tal Escualla, morisco acusa-
1004
Ibidem, f. 239-239 vº;Valencia, 6 de mayo, 1545. do de diversos crímenes y delitos,
1005
Ibidem, f. 269-269 vº;Valencia, 3 de agosto, 1545. jefe de una banda de nuevos con-
1006
Ibidem, f. 303;Valencia, 3 de diciembre, 1545. vertidos, a los cuales también debía
1007
ARV, Real, 1321; 8 de mayo, 1546. apresar, porque iban asaltando los
1008
Recibieron la comisión Guillem Vallmall, Martí
caminos reales, cautivando y ma-
Venedits, Francesc Nicolau, Miquel Tarragó, Joan Valero
y Jaume Gacell de Burriana. Ibidem ff. 59-60;Valencia, 1 tando cristianos viejos; debía cap-
de julio, 1546. turar también a los moriscos que
1009
Ibidem, f. 147 vº;Valencia, 16 de julio, 1547. contraviniesen las pragmáticas rea-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
321
les y se acercasen a las playas1010. Don Baltasar Mercader, señor de Buñol,
recibió otra comisión del regente para acabar con la banda del morisco
Esitalla, que, como las otras partidas de moriscos, se dedicaba a asaltar
por los caminos secuestrando y matando cristianos viejos1011.
En marzo de 1548 los procuradores fiscales pusieron una denuncia
por diversos motivos contra unos moriscos del lugar de Mascarell; el al-
guacil Joan Pla recibió la orden de ir a arrestarlos1012. Don Pedro del
Milà, señor de Masalavés, tenía preso a Francisco, morisco de Thous,
acusado de crímenes cuyo conocimiento sólo competía a su Majestad y
al duque, por lo que hubo de entregarlo a Miquel Morato, alguacil ex-
traordinario1013. Cahet Ayet y el hijo de Abrahim Fartall estaban presos
en el lugar de Alberic por haber hurtado varias vacas en el lugar de
Alcocer; el alguacil Lluís Çaydia
fue el encargado de traerlos a
Valencia y prender a otros culpa-
1010
Ibidem, ff. 155 vº-156; Valencia, 16 de agosto, bles del hurto, si los hubiese1014. El
1547. baile de Callosa tenía presos a cua-
1011
El comisionado llevaría bastones como los co- tro moriscos, tres de los cuales se
misarios y alguaciles reales e iría acompañado de gen-
te armada, visitando cualesquier ciudades, villas, luga-
llamaban Guerri de Alger, Cassaci
res, castillos o valles del reino, hasta acabar con la ban- de Alcolega y Castellana; el algua-
da del mencionado Esitalla. Ibidem ff. 223 vº-224; cil Gonzalo de Céspedes recibió la
Valencia, 15 de diciembre, 1547. orden de tomar a los cuatro hom-
1012
Ibidem, f. 238-238 vº; Valencia, 21 de marzo, bres que estaban en el castillo del
1548.
1013
lugar, aunque los nombres de los
Ibidem, f. 237 vº;Valencia, 4 de abril, 1548.
1014
Ibidem, f. 266 vº-267;Valencia, 30 de mayo, 1548. moriscos estuviesen equivocados y
El alguacil se trasladó con un notario y un vergueta pa- fuese falsa la relación1015. En el
ra traer a los culpables, aunque hubo de concertar los mismo año de 1548 se sucedieron
servicios de dos labradores con dos cabalgaduras para diversos órdenes de prendimiento
trasladar a los detenidos. Un cirujano, “mestre” de delincuentes moriscos. Don
Guillem Vidal, hubo de curar las heridas e hinchazones
causados a Luis Ayet por los tormentos y el “aptheca-
Joan Carrós de Eslava, señor de
ri” Pere Ribes suministrar las medicinas. Ibidem f. 281- Cárcer, después de prender a un
282;Valencia, 7 de julio, 1548 . afamado tagarín llamado “lo
1015
Valencia, 4 de junio, 1548. El alguacil partió con Tagarí dels dos Polces”, lo había
dos verguetas y trajo a los cuatro moriscos, según entregado a don Francisco Ferrer,
consta en la orden de pago de 6 de febrero de 1550.
subrogado del lugarteniente de la
ARV, Real, 1322, ff. 118-119;Valencia, 6 de febrero, 1550.
1016
El alguacil Jaume Valero fue a Xàtiva para reali- gobernación de Xàtiva1016. El al-
zar el traslado del preso. Ibidem ff. 268 vº-269;Valencia, guacil Gonzalo de Céspedes partió
6 de junio, 1548. hacia Murla para terminar con la
322 banda que operaba por aquella villa1017. El “trompeta” en Joan Balaguer
publicó un bando de citación para el grupo de moriscos que actuaba en
Mascarell1018. Incluso el notario Vicent Honorat Julià recibió la orden de
detener a unos moriscos delincuentes cuyos nombres y delitos consta-
ban en un memorial adjunto1019.
La abundante casuística sobre órdenes de captura de los moriscos
por motivos de orden público, indica cómo la delincuencia protagoni-
zada por los moriscos fue constante a lo largo del virreinato del duque
de Calabria. Tanto la delincuencia esporádica como la agrupada en cua-
drillas se manifestó durante todo el período, pero 1543 fue un año en
que la delincuencia organizada de los moriscos desbordó las posibilida-
des de actuación de la Cancillería.
Hay momentos en que alguaciles y verguetas no dan, literalmente,
abasto para sofocar los diversos brotes de bandolerismo organizado.
Ante la imposibilidad del poder territorial de acabar por sus propios me-
dios con las partidas de forajidos de los nuevos convertidos, hubo de re-
currir al contrato de particulares que quedaban comisionados para aca-
bar con esta forma de delincuencia mediante la detención de los cabe-
cillas e integrantes de las bandas. Incluso algunos moriscos colaboraron
con el poder establecido en la detección y captura de sus correligiona-
rios agrupados en partidas fuera de la ley.
Por otra parte, el bandolerismo protagonizado por los nuevos con-
vertidos en el reino de Valencia parece hallarse lejos del carácter resis-
tente que impregnó el bandolerismo morisco andaluz del siglo XVI. En
Andalucía los brotes de bandolerismo morisco se habían manifestado
con gran rapidez tras la toma de
Granada. El hecho de la conver-
sión forzosa, además de contribuir
1017
Ibidem, ff. 292 vº-293 vº; Valencia, 20 de sep-
a la rápida aparición de este fenó-
tiembre, 1548.
1018
Esta banda era mixta de cristianos viejos y nue- meno, lo caracterizó de un cierto
vos: Johan Sparça Garrido, Rodrigo Çoro, Johan mesianismo religioso. Por esta ra-
Barmus, la viuda de Quaranta, Amador Montesinos zón, mientras que el “monfí es hé-
Rodrigo, Abuyt Faqui Alastrat, Pedro Rosat, Ferrando roe de la libertad para los moris-
Verdejo, alias Alux menor y Pedro Tambormo cos, y quizá hasta un hombre san-
Manamet. Ibidem f. 294;Valencia, 22 de agosto, 1548.
1019
to a los ojos de los musulma-
ARV, Real 1322, ff. 97 vº-99;Valencia, 29 de ene-
ro, 1550. nes”1020, las bandas de moriscos del
1020
VINCENT, B. Minorías y marginados en la España territorio valenciano parece que
del siglo XVI. Granada, 1976, p. 176. carecieron del carácter redentor
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
323
de sus correligionarias del sur. A tenor de los ejemplos expuestos puede
observarse cómo las partidas valencianas de delincuentes moriscos no
presentan otras características que las propias de las infracciones de ti-
po común, sin referir cuestiones relativas a proselitismo o peligro aña-
dido de exaltación musulmana.
De las diversas órdenes de captura emanadas de la corte del lugarte-
niente se desprende una evidente lectura geográfica. El bandolerismo
morisco actuó sobre una vasta superficie del reino. Tanto la costa como
el altiplano interior fueron escenario de actuación de las cuadrillas de
los nuevos convertidos. Tan sólo los territorios al norte de la villa de
Castellón parece que estuvieron exentos de este tipo de delincuencia, pe-
ro esta zona estaba poblada exclusivamente por cristianos viejos, la pre-
sencia morisca era escasa y las posibilidades de refugio para las bandas
eran menores.
De todo ello se colige que ya en el reinado de Carlos V y durante el vi-
rreinato del duque de Calabria existía una delincuencia de los nuevos
convertidos que, además de presentar manifestaciones más o menos es-
pontáneas, ofrece una innegable vertiente de bandidaje organizado sufi-
ciente como para distraer a numerosos oficiales reales en el intento, no
logrado, de su eliminación. Años más tarde se desarrollaría un tipo de
delincuencia morisca que, en este período aún no había llegado a su
eclosión, o al menos no se han hallado datos documentales al respecto.
Se trata de las bandas de moriscos ejerciendo como brazo armado de
sus señores nobiliarios. Durante el virreinato del duque de Calabria los
nuevos convertidos no participaron con carácter exclusivo en las ban-
derías aristocráticas, sino mezclados con todo el resto de “out-siders”
que conformaban este tipo de huestes.

5.5. LOS ESTAMENTOS ANTE LA CUESTIÓN MORISCA

Los nobles defendieron como colectivo sus intereses sobre los moris-
cos, pero también individualmen-
te. Algunos recurrieron al poder
1021
central, caso de los hijos del señor
Don Luis Pallás, señor de Cortes, había sido ata-
de Cortes, que solicitaron las com-
cado y muerto por los moros “a traición” cuando,
obedeciendo órdenes del rey, se disponía a deportar a pensaciones correspondientes por
unos vasallos moros de dicho valle. El emperador mos- la muerte de su padre durante la
tró su voluntad de que las composiciones por dicha sublevación de los moros1021. Los
324 recursos al poder central tuvieron casi siempre como motivo la solicitud
de ayuda para capturar a los vasallos fugados.
Otros acudían al poder territorial cuando sus vasallos se fugaban.
Don Joan Pérez Calvillo de Coloma, señor de la baronía de Elda y luga-
res de Petrel y Salinas acusó que “han mudat sos domicilis e o se·n son
fugits e anats certs novament convertits ab ses mullers e familia e cases
contra disposicio de forma dels furs”. El virrey avisó a don Gaspar Sanç,
capitán de la fortaleza de Benidorm, y a los oficiales de las villas coste-
ras para que procurasen averiguar el paradero de los vasallos fuga-
dos1022.
En ocasiones la fuga era tan importante que el síndico del brazo mi-
litar intercedía ante el virrey para procurar remedio. A don Berenguer
Martí de Torres y de Aguilar, señor de Estivella, se le fueron con sus mu-
jeres y familia los hermanos Joan y Jaume Jayer, Pere Chupiona (antes
Alí Chipiona), y los también hermanos Jaume (antes Jayer), Pere Roig
(antes Çale) y Jaume Jayer (antes Jayer). Todas las denuncias de fugas
de moriscos realizadas por los señores presentaban una característica
común: sus vasallos se habían marchado sin pagar los derechos corres-
pondientes al señor. El caso de don Berenguer Martí no se desvió de la
regla, sus vasallos se fueron “sens haver comptat ab dit don Berenguer
e haver pasar a d·aquell”. El síndico del brazo militar intercedió ante el
duque, quien comisionó primero a un alguacil y, ante su fracaso, al lu-
garteniente del justicia criminal de Sagunto1023.
El estamento militar en sí tuvo actuaciones específicas en la cuestión
morisca. A finales de 1542, cuando
la llegada del emperador a Valencia
estaba próxima, cuatro nobles (don
muerte fuesen para los hijos de don Luis Pallás, por lo Sancho de Cardona almirante de
que escribió sobre ello al duque de Calabria y a mo- Aragón, don Lluís Mascó, don Joan
sén Miguel Sánchez Dalmau para que, deducidos los
gastos de la reducción de dichos moros y de su bau-
Borja y don Pedro Boïl de Manises)
tismo, entregase a los hijos de don Luis todo lo que tu- y cuatro caballeros (mosén Jaume
viese en su poder por razón de las composiciones. Stanyà, mosén Lluís Vidal, mosén
ACA, Cancillería, Itinerum, 3921, ff. 38 vº-40. Joan Guillem Català y mosén
1022
ARV, Real, 750, ff. 29-30; Valencia, 22 de junio, Bertomeu Lluís Sarçola) fueron co-
1538.
1023
misionados para deliberar con su
ARV, Real, 756, ff. 116 v º-117;Valencia, 4 de ma-
yo, 1543. Majestad el remedio, tanto de las
1024
ARV, Real, 523, f. 4; Valencia, 16 de noviembre, fugas de los moriscos como de los
1542. moros que venían “de allende”1024.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
325
En aquellas fechas el emperador se refirió a quitar las armas a los mo-
riscos. Tres nobles y tres caballeros obtuvieron poder para procurar lo
que por parte de los tres estamentos se había solicitado a su Majestad,
es decir la revisión y perdón general de los nuevos convertidos y un
tiempo de gracia para ellos1025.
Otros aspectos tratados por el grupo nobiliario fueron el alejar la
Inquisición de los moriscos, el obtener para ellos el perdón general y re-
mediar las fugas. Para tratar de ello con el poder central, determinaron
que don Baltasar Mascó fuese a la corte de Valladolid a entregar las car-
tas con sus puntos de vista1026. La política que, en general, los estamentos
mantuvieron con respecto a los moriscos no fue más que una prolonga-
ción o asentimiento de la propugnada por los señores de moriscos con-
gregados en torno al grupo nobiliario. La actitud que la Junta de
Estamentos mantuvo para con los nuevos convertidos puede seguirse a
través de dos momentos significativos. El primero de ellos a raíz de la pu-
blicación de un pregón de la Inquisición que prohibía el traslado de do-
micilio de los moriscos. La Junta reaccionó inmediatamente oponiéndo-
se al Santo Oficio y protegiendo a los nuevos convertidos. En esos mo-
mentos, según los estamentos, no se daba el éxodo de moriscos, sencilla-
mente porque los señores estaban junto a sus vasallos y éstos por respe-
to no se iban. El segundo momento se refiere a la movilización de la
Junta a raíz del envío de un breve de perdón de los moriscos, insuficien-
temente magnánimo para la opinión de los representantes del reino; aun-
que en esta segunda ocasión los representantes del reino ya denuncian la
fuga de nuevos convertidos y solicitan al emperador que aumente la vi-
gilancia de la costa. Pero en todo momento se observa la protección, que
los nobles en particular y los demás grupos en general dispensaron a los
moriscos. Aún hubo una tercera movilización de los estamentos: obede-
ciendo al programa de la Junta respecto a los moriscos, los representan-
tes del reino entre las Cortes, persiguieron el perdón de los moriscos y el
aumento del tiempo de gracia para los nuevos convertidos.
En 1540 la Inquisición había iniciado una ofensiva que pretendía la
fijación de los vasallos moriscos. Esta medida enfrentó a los estamentos
y la Inquisición, llevando a los pri-
meros a formar la correspondien-
1025
Ibidem, ff. 5 v º-6 v º;Valencia, 17 de noviembre, te comisión para intentar que su
1542. Majestad derogase el “cartel” pro-
1026
Ibidem, ff. 10 v º-14;Valencia, 9 de febrero, 1543. mulgado por el Santo Oficio.
326 Inclusive, los argumentos que los síndicos libraron a su emisario, per-
miten averiguar el punto de vista de los señores de moriscos y, por ex-
tensión, de todos los representantes del reino. En este aspecto, hay una
distancia abismal entre los emisarios del poder central y el poder terri-
torial por una parte, y las oligarquías del reino por otro. La idea-fuerza
propugnada por estas últimas, era que la presencia de los señores en sus
lugares había evitado la huida de los nuevos convertidos por el respeto
que dichos señores infundían a sus súbditos. Ahora bien, la entrada en
vigor del “cartel” induciría a los barones a abandonar sus territorios, lo
que permitiría la desbandada de los moriscos. Con ello, el argumento de
los representantes del poder real, del apoyo de los señores a sus vasallos
moriscos, cobraba plena validez. Sin embargo, en la concatenación de
razonamientos de los estamentos se advierte que falta el motivo por el
que los barones se creían obligados a abandonar sus lugares. Ello, se-
gún sus propias manifestaciones se debía a un problema de conciencia:
mantenerlas “ilesas” . Los nobles mantenían que con la publicación del
cartel de la Inquisición su permanencia en las baronías era incompati-
ble por “descargo de sus conciencias” debían apartarse de sus vasallos y
no residir en donde ellos estuviesen. Los representantes del reino, pues,
no dejaron de advertir que si los moriscos no se desplazaban de sus lu-
gares en donde estaban era por temor y respeto a los señores: “molts
d·ells per lo respecte e por de sos senyors e molts d·ells per los bons trac-
taments que los senyors los han fet e fan”. En estricta coherencia el hi-
lo argumental llegaba a su corolario: si los moriscos no veían a los ba-
rones se irían por las por las montañas, cerca del mar sin ningún rece-
lo, de donde con mayor facilidad podrían pasar a Africa y otras tierras
de moros cometiendo muchos homicidios y sacrilegios, tal y como hi-
cieron cuando se “desmandaren e desmandats aiustaren en les serres de
Spadan, Bernia y en altres”. Los miembros de la Junta se mostraron
“molt admirats com sien coses noves en dita ciutat” y decidieron im-
pugnar la resolución del Santo Oficio promulgada en la catedral de
Valencia. La medida fue achacada al desconocimiento que dicha insti-
tución tenía de la legislación foral, pues en caso contrario no la hubiese
promulgado, ya que según los fueros cualquier vasallo moro de la ciu-
dad y reino de Valencia podía cambiar de domicilio a otro lugar del rei-
no siempre que hubiese contado con su señor y satisfecho sus deudas y,
cualquier señor de vasallos moros y nuevamente convertidos podía ad-
mitir como vasallo a cualquiera de ellos, siempre que hubiese cumplido
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
327
las condiciones anteriores. También se argumentaba que con las nuevas
medidas los moriscos verían que no se podían desplazar de un lugar a
otro, por lo que se tendrían por cautivos más que por vasallos. El efecto
sería similar al descrito anteriormente, los nuevos cristianos se irían a
“star e habitar en lochs deserts e muntanyes prop de la mar, stants en los
quals lochs los senyors de aquells no seran part per a poderlos destorbar
si en volen passar en Africa y en altra part de moros”. Para los esta-
mentos, pues, la experiencia demostraba que en los lugares poblados
por nuevos convertidos, los vasallos no se habían ido ni pasado a Africa
por el respeto que les merecían sus señores. Ahora bien, si se veían cons-
treñidos por las nuevas medidas, se marcharían a Africa, con lo cual
afloraba un nuevo problema de conciencia: si se iban se perderían para
la fe católica, lo cual con ser grave, aún lo era más al afectar a los hijos
de moriscos. La acción propugnada por los portavoces territoriales fue
la de entregar un memorial con los razonamientos que procalamaban el
rechazo al cartel de la Inquisición al canónigo Miedes, quien partiría en
busca del rey para lograr la derogación de la medida1027.
En 1543 los representantes territoriales habían dispuesto lo necesario
para enviar a otra persona para procurar el perdón de los nuevos conver-
tidos así como el tiempo que se les había de dar de gracia. Las referencias
de esta acción estamental no son directas, sino mediatizadas por el virrey,
quien en una verdadera maniobra manipulativa alertó al poder real de la
visita, aconsejando que las medidas que pensasen adoptar al respecto no
las pusiesen en práctica hasta que se efectuase la visita del emisario de los
portavoces del reino1028. Unos años más tarde los estamentos hubieron de
volver a ponerse en acción. Si en la primera ocasión la Junta podía pro-
clamar que no había fuga de moriscos, ahora, en 1546, la situación del rei-
no era alarmante debido a que “cascun dia molts dels novament conver-
tits se·n passen en Alger”, y todos coincidían en solicitar una mayor guar-
da y vigilancia de los lugares costeros. Los representantes del reino en-
contraban otro motivo de insatisfacción en la insuficiencia del breve pa-
pal para otorgar el perdón a los moriscos por sus culpas anteriores, lo cual
había motivado que el obispo de
Segovia que tenía a su cargo la ins-
1027
trucción de los moriscos, hubiese
AMV, Lletres Missives, g3.49 f. 27; Valencia, 1 de
octubre, 1540.
dejado de ejercer algunas de sus
1028
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 286, Valencia, 31 de funciones. Los tres estamentos ha-
enero, 1546. bían coincidido en señalar los dos
328
puntos más candentes que en ese momento, según ellos, afectaban al rei-
no; pero había diferencias de matiz. Si los eclesiásticos instaban para que
se cortase la fuga de moriscos era para “tenir·los per a voler y esperar to-
ta bona instructio de vida cristiana e apartar·los de les males obres acos-
tumades”1029. La misiva dirigida por los militares era harto significativa. A
diferencia de los otros grupos, ellos habían escrito una carta de conside-
rable longitud; siendo comunes los puntos tratados por todos, los milita-
res fueron mucho más prolijos y expresivos, indicando al emperador el
agravio comparativo que suponía el hecho de que los moriscos de
Granada hubiesen obtenido el perdón de sus culpas y, en similar situa-
ción, los de Valencia no lo habían logrado. El lenguaje empleado para ello
era harto significativo: “Es necessari que dits moriscos sien afalagats ab
altra forma de perdo e altres gracies y bones obres”. Tampoco dejaron de
hacer referencia a la falta de vigilancia de la costa que favorecía las fugas
de moriscos y sus contactos con Argel1030. En cuanto a los jurados de la
ciudad de Valencia, fueron los más escuetos. Solicitaron del emperador
remedio para evitar la destrucción del reino, para lo cual había que dete-
ner el éxodo de los moriscos, así como conseguir el perdón de las culpas
pasadas de los nuevos convertidos1031.
En las ocasiones en que la Junta trató la cuestión morisca, y a pesar del
paso de los años, se observan unas constantes, a saber, la defensa a ul-
tranza de los moriscos, así como de los privilegios de las oligarquías del
reino; cuestiones coincidentes ambas, pues protegiendo a los moriscos los
señores creían defender sus intereses inmediatos. En 1540 los estamentos
se enfrentan a la Inquisición por la cuestión del cambio de domicilio de
los moriscos, precisamente porque con la intervención del Santo Oficio
los portavoces del territorio creen ver lesionados sus intereses. La protec-
ción directa e inmediata de los moriscos les llevó a atacar una medida,
que tiempo después serán ellos mismos los primeros en reclamar.
Cabe resaltar cómo en la cuestión morisca vuelve a apreciarse lo que
ya parece ser una característica de
los estamentos en este período, la
mudanza de criterios en cuestio-
1029
“Los del bras y stament ecclesiastich”. AGS, nes fundamentales. Lo que en
Estado-Francia, K-1706, f. 105;Valencia, 15 de abril, 1546.
1540 era atacado, en 1546 era de-
Vid. Ap. doc., 17.
1030
Ibidem, f. 109; Valencia, 16 de abril, 1546. Vid. fendido. So pretexto de la parque-
Ap. doc., 18. dad del breve de perdón —otra
1031
Ibidem, f. [Link]. Ap. doc., 19. manifestación de la defensa de los
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
329
moriscos por parte de la Junta—, ahora los representantes del reino
abogaban por una mayor vigilancia de la costa para detener el éxodo
de vasallos nuevos convertidos. La contradicción era evidente. O bien
de 1540 a 1546 se había producido un espectacular aumento de las fu-
gas, lo que no parece probable, o bien en 1540 de lo que se trataba era
de frenar el avance de una institución (el Santo Oficio) que se mostra-
ba ubicua y omnipotente por su capacidad de traspasar todas las fron-
teras, tanto las intrapeninsulares como las humanas, así como por afec-
tar a todos los miembros del reino, pertenecientes a cualquier estado o
condición.

***

Desgraciadamente para el reino esta oscilación en criterios fundamen-


tales para su propia supervivencia política (ha podido observarse a lo lar-
go del presente volumen), no fue exclusiva de la Junta de Estamentos. Los
principales organismos representativos del reino no sólo vacilaron, sino
que, a lo largo del reinado del emperador se mostraron contradictorios si-
guiendo el vaivén de los intereses de las oligarquías respectivas que en ca-
da momento se encontraban en el poder. No pudieron o, sencillamente no
les interesaba, mantener una unidad de criterio general del país ni ante el
emperador ni ante su hijo el regente de la monarquía hispánica. A lo su-
mo, alguna entidad alcanzó a hacer llegar sus voz discrepante solitaria,
sin el apoyo del resto de las instituciones del territorio y, casi siempre pa-
ra salvar las apariencias de los privilegios ultrajados. Si a ello le sumamos
los efectos disuasorios de las Germanías sobre los regnícolas, quienes hu-
bieron de probar la amarga purga suministrada por el emperador1032, así
como el hecho, nunca olvidado por la Monarquía, de ser el territorio de
Valencia un país conquistado por ella misma (no constitutivo desde el
origen de la Corona, como lo fue-
ron el reino de Aragón estricto y
Como indica la profesora Emilia Salvador el rei- Cataluña) comprenderemos, en
1033
1032

no de Valencia había sido el primero de la Corona de no poca medida, el por qué los re-
Aragón en revelarse contra la Monarquía (después se- presentantes valencianos apenas
guiría Aragón en tiempos de Felipe II y, mucho más tar- pudieron mantener una política co-
de lo haría Cataluña) y, obviamente, lo había pagado
herente que defendiese los intere-
caro.
1033
Debo esta sugerencia a la amabilidad de don ses generales de las gentes del reino
Jesús Lalinde Abadía. de Valencia.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
331
VI. APÉNDICE DOCUMENTAL

1.
1532, enero, 18, Lovaina.

El rey exhorta al cabildo eclesiástico de Valencia a no amparar de-


lincuentes o personas escandalosas bajo la inmunidad eclesiástica.

El rey.

Venerable y amados nuestros. Vimos vuestra carta de XIIII de octu-


bre en que respondeys a otra nuestra, dandonos vuestra disculpa en lo
que nos informaron sobre el abuso y excesso que en essa yglesia se ha-
zia de emparar y defender delinquentes y malhechores. Y pues en ello
pongays el remedio devido, nos tenemos por bien de mandaros guardar
la inmunidad ecclesiastica, pero todavia hos encargamos mucho que en
la dicha yglesia no consintays se acojan personas escandalosas y de ma-
la viuda, nio otras quye hayan cometido graves y enormes delictos. E
que vosotros hareys lo devido y nos dareys causa de conservaros lo que
perteneçe a vuestro habito y profession, y tener las cosas vuestras y des-
sa yglesia por speçialmente encomendadas.

Dat en Lovayne a XVIII dias de enero del año MDXXXII.

Yo el rey.
Urries secretario.
A los [ven]erables y amados nuestros [cano]nigos y cabildo de
Valençia.
Rebuda a II de març MDXXXII.

ACV, Cartes reals, carta número 4.


332 2.
1537, noviembre, 16, Monzón.

A súplicas de los brazos, el rey insta al inquisidor general para que


los ministros del Santo Oficio guarden los fueros, especialmente
los de consolidación de la útil señoría con la directa.

Don Carlos, por la divina clemencia emperador de romanos, siempre


augusto rey de Alemanya, de las Spanyas, de las dos Sicilias, de
Hierosalem, etc. Muy reverendo in Christo Padre cardenal de Sicilia, in-
quisidor general de la heretica pravedad por nuestros reynos de Spanya,
salud. Con acrescentamiento de todo bien, los tres braços o stamentos
de nuestro reyno de Valencia, han recorrido a nos diziendo que como
quiera que por fueros del dicho reyno y ultimamente por fueros de las
Cortes del año MDXXXIII este dispuesto y ordenado que la util señoria
de los bienes que seran por crimen de lesa Majestad o de hiergia o otra-
mente confiscados, sea consolidada con la directa, y hayamos mandado
por nuestras patentes provisiones que dichos fueros sean guardados y
observados, senyaladamente a las personas eclesiasticas, diz que por
vuestros ministros en dicho reyno no han querido guardar dichos fueros
ni provisiones reales, antes de fecha han tomado muchas casas y here-
dades por razon de dicho crimen de heregia, los quales estavan debaxo
dicha señoria del cabildo de Valencia y otros ecclesiasticos beneficios en
mucho daño y perjuizio de aquellos y en violaçion y quebrantamiento de
dichos fueros por nos jurados; supplicandonos muy humildemente que
assi por lo que ha respecto al descargo de nuestra consciencia como por
proveer de condesçendente remedio, porque ha parescido mandar scri-
vir esta por la qual hos rogamos con toda voluntad qaue proveays con
los officiales y ministros del Sancto Officio en dicho reyno de Valencia
que en todo lo que a ellos pertenezca acerca de dicha consolidaçion de
util señoria con la directa, guarden y observen dichos fueros y todo lo en
ello contenido sin que en ello haya falta alguna. Que de mas proçeder as-
si de nuestra voluntad nos hareys en ello muy accepta y singular com-
plazencia. Dat in villa de Moncon, a XVI del mes de noviembre del año
mil quinientos treynta y siete años.

Yo el rey.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
333
Al cardenal inquisidor general a supplicacion de los tres brazos de
Valencia que provea los inquisidores de Valencia que en lo que a ellos
pertanezca acerca la consolidacion de la util señoria con la directa,
guarden y observen los fueros.

ACV, Cartes reals, 660, carta número 85.

3.
1539 (?), Valencia

Joyas pertenecientes a doña Mencía de Mendoza que llevó Joan


Pérez a Valencia.

Valence, —1539?—
Note des bijoux appartenant à dona Maria de Mendoça.
Las joyas que llevo Mossen Joan Perez à Valençia.
Copie (sans date ni autres indications).

Memoria de las joyas que lleva mossen Juan Perez de mi señora do-
ña Maria de Mendoça son las siguientes.

Un collar de piedras y perlas que son quatro diamantes. Dos tablas,


una grande en medio y otra mas pequeña y una punta grande y otro
triangulo. Seys rubies, los çinco camujones beruecos y el otro tabla.
Onze perlas, unas mayores que otras y todas muy buenas. Assy que son
todas las pieças veinteydos, con una que no lleva perla ni piedra que va
al cabo adonde ha de juntar el collar.

Lleva mas una flor de lis de diamantes que son cinco, el uno grande
y los otros mas pequeños para hazer la forma de la flor de lis en ella.
Tres pinzantes de seys perlas, las tres grandes y las tres mas pequeñas
porque son los pinzantes a manera de calabaucos. La pieça en que esta
flor de lis esta assentada esta esmaltada de colores al tpo. viejo.
334 Mas lleva una çinta de pieças de piedras y perlas assentadas en ter-
çiopelo negro en que lleva las pieças siguientes: una charuela de relieve
que lleva tres rubies camujones grandes y seis perlas grandes y buenas
redondas, mas veyntiçinco pieças de oro con veinteyçinco rubies gran-
des y medianos y todos camujones de calicud y quatroyveinte pieças de
oro con tres perlas cada pieça no tan grande como las de la charuela, si-
no mas pequeño, y son mas pequeñas y son muy redondas y parosas y
blancas de muy buen color.

AGS, Estado-Francia, K-1694, f. 16.

4.
1540, febrero, 21, Madrid.

Instrucciones al obispo de Ciudad Rodrigo para la instrucción y


doctrina de los nuevos convertidos.

El rey. Reverendo in Christo padre obispo de Ciudad Rodrigo, del


nuestro Conseio.

Ya sabeis lo que se os scripto para que luego viniessedes a Valentia a


juntaros este mes de hebrero con el Illustre arcobispo de Valentia y obis-
po de Tortosa por dar cumplimento en lo que esta ordenado para la ins-
truction y doctrina de los nuevos convertidos y en la fundacion del co-
llegio que alli se ha de hazer. E, porque despues murio el dicho obispo,
y en su lugar havemos nombrado al Inquisidor de Valentia, muchos os
encargamos que si ya no fueredes partido, luego vengais a la dicha ciu-
dad de Valentia, y si no fuere mucho el rodeo, passeis por aqui, donde
se os dira algo de nuestra intincion, porque d·ella vays mas informado.
Y en vuestra partida no aya dilation por ningun respecto, que assi cum-
ple al servicio de Dios y nuestro.
Madrid, 21 de febrero, 1540.

AMV, Cartes reals, h3-4, f. 81.


EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
335
5.
1540 (?), Valencia.

Relación del estado de los navíos retenidos en Valencia por orden


de su Majestad.

Memoria de lo que se ha echo hasta el primero de hebrero en el de-


tenimiento de los navios de Valencia.

Aca no ay maestro de navio y caravela que por ningun preçio quiera


hazer partido de emprender de armar su navio conforme a las condi-
çiones puestas en el memorial de su Majestad. Y esto se ha provado en
todas maneras y no lo quieren emprender, sino que su Majestad les de
las armas, artilleria y otras muniçiones como mas convenga a su real
serviçio, que ellos no tienen mas de sus navios y personas para servir
con ellas a su Majestad. Y que todas las armas, artilleria y otras muni-
ciones que se pusieren en dichos navios lo tomaran y restituyran por
cuenta si no se gastare en serviçio de su Majestad.
Quanto al mudar a los escorchapines las velas cayres en velas latinas,
todos los nuestros marineros y hombres platicos dizen que no es possi-
ble que los dichos escorchapines puedan navegar, sino con sus mismas
velas cayres como son usados, porque a causa de tener poca stilla en la
carena y ser navios lanos, no podran navegar con vela latina, pero que
para que puedan dublar hun cabo y ayudarse en tiempoo de calma por-
nan los seys remos por costado que su Majestad manda. Y esto dis que
les aprovechara mucho mas que las velas latinas.
Hasta oy que somos el primer de hebrero, estan detenidos en sta pla-
ya de Valençia nueve escorchapines catalanes entendidos y comprendi-
dos los cinco que fueron en otro memorial; algunos de los quales legan
a las LXX toneladas que su Majestad manda. Y los otros seran de cin-
quenta hasta LX toneladas. Y porque de los mismos patones y otros
hombres platicos de la mar se ha havido informaçion çierta que tanto
servira en sta jornada el navio de L toneladas como el de LXX, asi para
traer gente como para çufrir el artilleria, se han enbargado y detenido
no obstante que no leguen todos a las dichas LXX toneladas, porque en
la jornada de Tunez asi dizen que se hizo, y todos sirvieron porque to-
dos son de una echura, y para tanto es el menor como el mayor, asi pa-
ra la mar como para çufrir la artilleria y levar gente, a los quales se ha
336 dado liçençia que vayan donde quisieren confome al memorial con ha-
verles puesto muchas penas y echo dar buenas fianças. Que por todo el
mes de março acudiran aca para servir a su Majestad, y si para el dicho
tiempo que seran bueltos pareçiere darles libertad por ser pequeños,
ellos lo ternan por bien.
En los otros puertos [Link] Reyno esta bien proveydo que, siempre
que acudan semejantes navios seran embargados y detenidos. Y hasta oy
no an aviso de mas de hun escachupin que esta detenido en un puerto
pero todos los que vinieren se deternan.
Estos navios cathalanes no levan ninguna artilleria ni otras armas. Y
no levan mas de çinco o seys marineros, los quales diz que bastan para
hazer el marinage del navio. Haseles dicho la gente que su Majestad
manda en el memorial que han de traer; dizen que ellos no suelen traer
mas marineros ni offiçiales de lo dicho, pero que pagandolo su
Majestad, ellos creçeran de los marineros y ofiçiales que su Majestad
mandare.

AGS, Estado-Aragón, 279 f. 60.

6.
1541, abril, 27, Valencia.

Órdenes del virrey para capturar unos moriscos que han intentado
embarcarse rumbo a Berbería desde territorios del duque de Gandia.

Don Carlos. Al amat alguatzir de sa Magestat mossen Luys Çaydia,


donzell, salut e dilectio. Com los procuradors fiscals de la Regia Cort nos
haien humilment expposat que lo illustre duch de Gandia havent fet ell
prendre les persones e bens de Pere Roig de la Vall de Carcre, Beneyto
Torreboni, Joan Faquinet o Audi de Cotes e [ ]1034 muller de Adi e dos fills
del dit o Audi nomenats [ ] e la so-
gra del dit o Audi nomenada [ ] e
en [ ] Pico e na [ ] muller del dit
1034
Espacios en blanco, en el original. Pico e dos fills del dit Piquo nome-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
337
nats [ ] e [ ] Joyal de Alcantara e [ ] de la orta de Xativa, tots novament
convertits perque·s diu mudarien sos domicillis e se·n volien passar en
terra de moros enemichs de nostra fe Catholica, pretenent dits fiscals
que la jurisdictio e conexença de aquestes coses pertany a sa Magestat,
e que havent solament de tots dits novament convertits trames a nos los
dits Pere Roig, Beneyto Torreboni e Joan Faquinet y no los dits altres,
nos supplicaren que manassem portar aquells ab los bens que·ls son
stats presos y rebre informacio de dites coses. E nos, admessa la dita
supplicacio y precehint deliberacio en lo Real Consell feta manarem fer
les presents. E a vos, de la fe, industria e legalitat del qual confiam esser
dirigides, per les quals expressament e de certa sciencia per la real auc-
toritat e per primera e segona jussions vos diem, cometem e manam que
encontinent aquestes presentades vos seran, ensemps ab los ministres
de vostre offici necessaris e acostumats, e ab en Miquel Angel Burgal,
notari, accedixcau e aneu en la dita vila de Gandia e qualsevol altres
parts del present regne hon sabreu que los dits novament convertits se-
ran e los bens de aquells e prengau a mans vostres e de la Regia Cort les
persones, diners, joyes, roba e bens de aquells que se·n portaren, fent·los
restituhir als detenidors mijançant scripcio e annotacio faedora per lo
dit notari. Manant com nos manam ab aquestes mateixes expressament
al dit illustre don Joan de Borja, duch de Gandia, que encontinent vos
liure e restituheixca les persones y bens dels dessus dits o faça restituhir
aquells, e rebreu informacio de com y en quin loch foren presos aquells
y lurs bens, y la volta y cami que feyen, y encara de les persones que ab
ells en dites coses han cabut e sabut. E los dits novament convertits, pre-
sos e ben guardats, diners, roba, tutament e segura portareu a la pres-
ent ciutat e aquells posareu en la preso comuna e dels dines e roba fa-
reu lo que per nos vos sera manat. Car en e circa les dites coses ab los
incidents, dependents e emergents de aquelles e a elles annexes e con-
nexes etcetera, nostres veus, loch, forces, ple e bastant poder vos con-
fiam, havent vos hi etcetera. Manant per lo mateix tenor de les dites
sciencia, auctoritat e jussions al dit illustre duch de Gandia e a univers-
es e sengles officials, axi majors com menors, vassalls e subdits de sa
Magestat e altres qualsevol perso-
nes en lo dit regne constituhits sots
1035
La pena habitual para los incumplidores de las incorriment de la ira e indignacio
órdenes del virrey oscilaba, usualmente, entre los 500 de ses Magestats en pena encara
y 1000 florines de oro de Aragón. de tres mil florins1035 de or dels
338 bens de qui lo contrari fara, que no podem creure, irremissiblemt exhi-
gidors e als reals cofrens applicadors que en fer, exercir e complir les di-
tes coses e sengles de aquelles, per res no us perturben ni impediment
algu facen, ans a vos assistixquen, donen e presten tot consell, favor e
auxili necessaris e acostumats, he us donen gent per a que us acompan-
yen, aquella que menester haureu, si la gracia de sa Magestat tenen ca-
ra e en la pena dessus dita disjan no encorrer. Dat en Valencia a vint i set
de abril any MDXXXXI.

ARV, Real, 1319, f. 117-117 vº.

7.
1541, noviembre, 7. Alicante.

Relación que de la campaña del emperador en Argel hacen los ju-


rados de Alicante al virrey de Valencia.

Excellentissimo senyor

Haunque por hun barco que llego a este puerto el domingo de la set-
mana passada que se contava a venyte y tres de octubre teniamos aqui nue-
va de algun desatiento que la armada de mar de su Magestad tuvo el mar-
tes que contamos deciocho del dicho, pero como dezia que su Magestad es-
tava fuerte en tierra con toda la infanteria y que los navios perdidos eran
siete galeras y dos naves y trenyta o quarenta navios pequenyos, y que se
havia de desembarcar la artilleria y otras municiones, no quesimos scrivir
ni scampar tal nueva sperando dar otra meior a vuestra Excellencia.
Empero, agora que aquella se a certificado por unos navios que han llega-
do aquí, y ahun a crescido, harto nos a parescido dar a vuestra Excellencia
aviso d·ello como es razon.
Lo que dizen unos criados de don Alonso, hijo del duque de
Maqueda, que han llegado aqui es que la fortuna fue tanta que se per-
dieron quatorze galeras, las doze de Andria Doria y una d·Espanya de las
dos de don Enrique, y otra de la Religion, y muchos navios pequeños y
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
339
hartas naos. Y como no son hombres de mar, no saben dezir quantas, si-
no que han sido parte de storvar la empresa, y su Magestad se a enbar-
cado con toda la infanteria y otra gente de guerra, que no se a perdido
hombre, sino algunos criados de señores, y los marineros de los navios
pequenyos que la gente de las naves y galeras se defendio en las naos y
galeras hasta que su Magestad les socorrio y los recogio. Duro tanto la
fortuna que los de tierra no se podian valer de las naves y no tenian que
comer. Ya comieronse todos los cavallos, no solamente los que tenian en
tierra, pero los de las naves, ansi por tener de comer, como porque cu-
piesse mas gente en ellas. Su Magestad partio viernes, dia de san Simon
y Judas con las galeras. Dizen que para Bogia, que es buen puerto. Las
naves de los soldados dizen se van para Ytalia; otros dizen que los spa-
ñoles han de quedar parte en Sicilia y parte en Serdenya. Nuestro
Senyor los encamine y trayga su Magestad con salvamiento, que con el
primer buen tiempo pensamos verna a Cartagena. E guarde Nuestro
Senyor la muy excellente persona de vuestra Excellencia con acrescen-
tamiento de vida y stado. De Alicante, a VII de noviembre de MDXXXXI
anyos.
Muy ciertos servidores que las manos de vuestra Escellencia besan

Justicia e jurados de Alicante.


Alicante. Al duque de Calabria. De la ciudad de Alicante. Con la mis-
ma de lo succedido en Aljer.
Excellentissimo senyor. El señor de Calabria.

AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 123.


340
8.
1543, enero, 23.

Los síndicos de unas villas reales defienden su vinculación a la


Corona.

Excellentissimo senyor

Vostra Excellencia ja sap la gran alteracio que·s huy en lo present reg-


ne de Valencia en les ciutats e viles reals e senyaladament en la part de
llevant en les viles de Castello, Vilareal, Borriana, les quals han secrit e
trames missagers a vostra Excellencia a causa de la intelligencia e sen-
timent que tenen que sa real Magestat de l·emperador e rey nostre sen-
yor enten alienar certes villes del braç real del dit regne per via de con-
canvi e permutacio ab altres viles e llochs que son en lo pincipat de
Catalunya, les quals, segons se diu son les dites viles Castello de la Plana,
Vilareal e Borriana. Per hon considerant lo gran dan e lecio que·s cau-
saria contra los furs e privilegis del dit regne e libertats de la dita ciutat
e Regne e altres infinits dans e lessions a la conservacio de la dita ciutat
e regne son estats forçats donar·ne noticia a vostra Excellencia. E axi
mateix reduhir·li a la memoria los contrafurs e privilegis que redunda-
rien de la dita alienacio e concambi si aquella tingues effecte assi que
n·hajau de notificar vostra Excellencia a sa real Magestat e fer part ab
les dites viles per a conservacio dels dits furs e privilegis e evitar los dits
dans, los quals son molts y senyaladament per fur de l·alt rey en Jan el
conquistador del present regne en rubrica de la cort lo capitol stablint lo
dit senyor rey ab lo dit fur promete y s·obliga per si e sos successors que
en ningun temps no vendria ni empenyoraria ni en altra manera aliena-
ria a temps ni per totstemps la cort de la ciutat de Valencia ni de alguna
vila real del regne ni les rendes de la cort per si specialment ni general-
ment ab les altres rendes a clergues, cavallers e a persones religiosses ec-
clesiastiques com per serien a tenor del dit fur mes llargament appar. E
perque al servir·se per via de concambi e no altra manera les dites viles
reals se siguiria alienacio de la lloctinencia de governador della lo riu de
Uxo y dels diners de les dites viles reals e de les dites rendes reals seria
la dita alienacio e concambi contra fur. E axi mateix seria dit concambi
contra lo privilegi real de lo alt rey en Pere segon dat en la Iglesia major
de Valencia a dihuyt de les calendes de octubre de l·any mil ccccxxxvi, la
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341
qual preffata real Magestat en Corts generals a supplicacio de tots los
tres braços de la dita ciutat e regne de Valencia uni e incorpora perpe-
tualment a la sua Corona real y patrimonial indesolublement e per via
de pacte e contracte los juraments e ab moltes altres clausules del pres-
ent regne y entre les altres les dites viles de Castello, Vilareal e Boriana,
abdicant·se sa Magestat a si e a sos successors tot poder de donar e alie-
nar per via de concambi y en altra manera en tot ni en part algun de les
dites viles reals. E aço per la conservacio de son real patrimoni e per lo
benefici e utilitat de son patrimoni real e de los serenissims reys de
Arago sos successors, e per la conservacio e be universal de la republica
del dit regne, ab lo qual fonch pactat y contractat lo privilegi de la dita
incorporacio e abdicacio de la dita alienacio, assi que lo dit regne no fos
anichilat ni la Corona real del dit regne e la Corona real de aquell per via
de les dites alienacions. E la mateixa incorporacio e abdicacio de alie-
nacions fonch en apres feta e attorgada ab tres privilegis del serenissi-
mo rey don Alfonso Tercer de alta recordacio, ab los quals indiferent-
ment fonch feta incorporacio de altres viles reals e feta abdicacio de
aquelles en Corts generals que sa Magestat ni sos successors no pogues-
sen alienar per via de concambi, ni en altra manera, les dites viles haver
import de aquelles e altres del present regne ab clausules molt derroga-
tories e anullatives de semblants concambis e alienacions, los quals furs
e privilegis reals foren jurats per les prefates reals magestats en les Corts
generals en lo principi de son benaventurat regiment, e per la cessarea
real Magestat son stats jurats en lo seu benaventurat regiment e succe-
sio del dit regne, jurant aquells los dits tres braços representant la dita
ciutat e regne los dits furs e privilegis e prometent no contravenir als
dits furs e privilegis e libertats de la dita ciutat e regne sots religio de ju-
rament e altres obligacions e clausules en dit jurament contengudes. De
hon si·s feya la dita alienacio e concambi, no sols seria contravenir los
dits furs e privilegis reals, si encara se causaria gran lesio a la Corona
real de sa Magestat y a la dita ciutat e regne en moltes maneres, e sen-
yaladament perque les dites viles reals son molt notables e de molta qua-
litat e importancia e tenen tota jurisdiccio, alta e baixa, mer e mixt im-
peri, tot exercici de aquell e tenen gran territori e poblacio per les dites
viles reals. E de aquells e dels dits termens es avituallada la dita ciutat
de moltes vitualles e provehida axi de forments, ordis, civades, garrofa e
altres vitualles molt necessaries per a l·avituallament de dita ciutat; la
qual, per la stretura del dit regne e la sterelitat de aquell, te necessitat de
342 avituallar·se de les dites viles. e perque aquelles, axi mateix la dita ciutat
y encara les dites viles, ab les grans pastures que tenen los termens de
aquelles crien molts bestiars axi grossos com menuts, los quals servixen
hi·s convertixen en avituallament de la dita ciutat ab tota libertat sens
empaig ni contradictio alguna. Com per lo semblant lo dit regne per la
conservacio del regiment de la justicia esta axi ordenat que a la una par-
tida de aquell, que·s la ciutat de Xativa resideix un lloctinent de gover-
nador y en l·altra partida que·s della lo riu de Uxo resideix un altre lloc-
tinent de governador, la qual te lo seu tribunal e residencia en la dita vi-
la de Castello. E estant axi ordenat los dits regnes ab dits lloctinencies
los delinquents e facinerosos a vegades fugen de la dita ciutat son pro-
cessos en les dites lloctinencies, hi·s fa proces en aquelles contra los dits
delinquents, e aquells son punits en sos delictes. E a vegades los reme-
ten al portantveus de general governador a la present ciutat, segons la
qualitat de dits delictes, y axi es conservat lo bon regiment de la dita ciu-
tat e regne en lo exercici de la jurisdiccio e en les altres coses dessus de-
duhides. E per lo semblant quan se celebren Corts generals per sa real
Magestat per los regnicoles del dit regne, lo servey que s·offereix a sa
Magestat preparats e pagat per los braços ecclesiastichs, militars e real.
E lo dit braç real per supportar e pagar lo carrech del dit servey que li
toca per lo compartiment que·s fa en les dites viles reals e altres llochs
del dit regne. E si les dites viles reals se disminuhien hi segrestaren de
la dita Corona real, no porien la dita ciutat e braç real supportar e pagar
lo dit servey e donar·ni que li toca, de hon se siguiria gran lesio e dany
a la dita ciutat e braç real en no poder supportar lo dit carrech del dit
servey. Hi·s seguiria gran confusio en los dits braços per respecte del dit
donatiu y encara se siguiria gran lesio e dan, que quant se recelen de al-
gunes armades de turchs o moros, la ciutat e regne fan e procuren ses
guardes y exercit per a custodia del dit regne e senyaladament per les
dessus dites parts flaques a part de la dita Marina. E quan se han de fer
altres despesses aquelles no/se poden supportar ajudant·hi a contrabu-
hir les viles e llochs reals del dit regne e axi·s pot supportar e custodir·se
la dita carrega e custodir·se lo dit regne y conservar·se aquell, y diminu-
hint·se de la Corona real les dites viles reals no poria lo dit regne bastar
a les despesses de les dites guardes y exercit, de manera que·s causaria
lesio e dan a les dites ciutat e regne, axi en lo avituallament de la dita
ciutat, com en lo exercici y assiento de la jurisdictio real, ab la qual se
conserva lo dit regne ab la de que te per los furs del dit regne statuhits
EL IMPERIO DE CARLOS V
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343
antiquissimament, com en lo servey e donatius de les Corts e altres des-
pesses que cascun dia se fan per a la conservacio e custodia del dit reg-
ne. Per hon atesses les dites lessions e danys que·s farien a la dita ciutat
e regne en los furs e contra privilegis que·s causarien si·s feia la dita alie-
nacio e concambi de les dites viles reals, notificant aquelles a vostra
Escellencia, li suppliquen los dits sindichs vullau entendre en lo remey
que sera necessari per obviar a dits dontrafurs e rellevar les dites viles
de les dites lesions e dans. Per ço los sindichs de les dites viles suppli-
quen humilment a vostra Escellencia esser merce de aquella per ser pro-
tector de la dita ciutat e regne, e de la Corona e patrimoni real, en lloch
e nom de sa Magestat, li placia scriure e notificar a la prefacta real
Magestat ab la celeritat que requerix la qualitat e importancia de sem-
blant negoci; supplicant volent·li notificar lo contrafur e privilegis que·s
farien si·s fes lo dit concambi e dels dans e lesions que·s seguirien a la
Corona e patrimoni real de la dita alienacio; axi per lo que dit es, com
encara per esser un regne tan gich com es lo present regne de Valencia,
seria molt gran lesio desmembrar de la dita sua Corona real tame viles
e tant importants e en tal loch situades, confiant e tenint per molt cert
los dits sindichs de les dites viles que essent certificat sa Magestat per
vostra Excellencia y tenint noticia del q dit es en no donar lloch per sa
benignitat que·s faca dit concambi e alienacio ans voldra conservar·lo
dit patrimoni real e inseparacio de aquell per conservacio dels presents
furs e privilegis y en semblant cars ha attorgat a semblats viles e jurats
per aquell.

Altissimus

Die xxiii Januarii MDXXXXIII oblata per Gasparem Bermell, nota-


rii sindicum ville Castellonis Planicie i pr Franciscum Mascarell et
Michael d·Ontinent, notarii sindicos Ville Regalis et Franciscum
Nicholau sindicum ville Borriane.

AGS, Estado, 287, f. 197.


344 9.
1543, marzo, 10. Valencia

Notificación del obispo de Calahorra sobre el estado de la defensa


del reino de Valencia.

Al muy illustre señor, mi señor el comendador mayor de Castilla.

Despues de haver dado mis letras al secretario del excellente señor


duque don Fernando para que despachasse al correo, el qual havia de
ser partido dos o tres dias ha, hovimos resolucion con su Excellençia
que para las costas que han de hazer los cinquenta de cavallo y los cin-
quenta peones los quales son muy necessarios para asegurar los cami-
nos, escrivan supplicando a su Magestad mande contribuir con la terçe-
ra parte y aca pagaran las dos. Si esto ha de ser de dineros de los con-
vertidos no veo inconveniente.
Al señor duque he soliçitado estos dias con toda instançia para que
execute algunas diligencias que conviene al vien de la seguridad y paçi-
ficaçion del reyno. Y ansi me dixo que partira el lunes proximo que se-
ran dos de abril para visitar los lugares de la Marina, y vuelto dize hira
a Peñiscola.
Hallan que en la cibdad y huerta haura para la defensa a lo menos
hasta onze o dosse mil hombres escogidos, y hazen cuenta de dossien-
tos cavalleros. Antes que el señor duque parta me disse proveera que los
capitanes d·esta gente queden nombrados. Tienen gran falta de artille-
ria. Seria bien mandar que todo estoviesse aperçivido para muchos fi-
nes, las otras privisiones de contar la gente del reyno y aperçibirla y re-
partir las armas me dize el duque que se ha encomendado prinçipal-
mente a don Luys Ferrer y a don Diego Ladron, su cuñado. No daña a
la paz ni a la guerra que se entienda en Françia y en Africa que los vas-
sallos de su Magestad no estan descuidados. Quando se hovieren de
comprar estas armas paresçe sera bien traerlas de Vizcaya por evitar el
peligro de la mar si embiassen por ellas a Genova. Paresçido ha que pri-
mo que se publique a los stamentos y braços y a los cristianos nuevos el
benefiçio que se les procura se tenga palabra del duque de Sogobre por-
que le seguiran muchos cavalleros, a fin que en recompenssa d·esta mer-
çed, estos dexen las armas o aseguren el serviçio, y ansi esta ordenado
que el obispo de Calahorra mueva esta pratica y la trate con el duque.
EL IMPERIO DE CARLOS V
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345
Hazerse ha y dare aviso de lo que sucediere. Provea en todo nuestro se-
ñor y conserve la vida y salud de su muy illustre persona.

En Valençia, X de março, 1543 años.

A serviçio y mandato de V. Sª.


Su servidor el obispo de Calahorra.

Al muy Illustre señor mi señor el comendador mayor de Leon, con-


tador mayor de Castilla.
Balencia. Al comendador mayor. 1543.

Que se ha resuelto que su Magestad pague la tercia parte del sueldo


de los L cavallos y L peones para los caminos y no se halla inconveniente
que sea de los nuevamente convertidos.

AGS, Estado-Aragón, 287, f. 222.

10.
1543, julio, 10, Valladolid.

Amados y fieles nuestros.

El príncipe notifica que la armada del Turco ha asolado las cos-


tas de Calabria y apresta a la defensa en previsión de un ataque.

Ya teneis entendido por los avisos que se tienen como la armada del
Turco en numero de ciento y treinta velas era salida, estava en el faro de
Meçina, haviendo hecho muchos danyos en las costas de Calabria, y lo
que se teme que, junctandose con la de Francia, venga a hazer daño en
esas costas, y aunque siendo la necessidad tan urgente y mayor que nun-
ca se offrescia, tenemos por cierto que vosotros hareis lo que sois obli-
gados y soleys. Todavia vos encargamos y mandamos que hagais luego
poner en orden la gente d·essa villa y su tierra y que sten a punto con
346 sus armas y todo lo que mas necessario para acudir con ella donde se of-
fresciere la necessidad y huviere mayor peligro como se os ordenara;
que de mas que hareis en ello lo que deveis a la deffension de vuestra
propria patria. Al Emperador hareis en ello mucho servicio.

Dat en Valladolid, a deu dies de juliol de mil DXXXXIII.

Yo el príncipe.

ACA, Cancillería, Varia, 4276, sin foliar.

11.
1544, febrero, 8, Cigales

El príncipe concede al virrey plenos poderes para concertar con


los jurados de Valencia el asunto de la acuñación de moneda en
la ceca valenciana.

Civitatis Valentiae

Don Phelippe, etcetera. Al Illustrissimo duque don Fernando de Aragon,


nuestro muy caro e muy amado primo lugarteniente y capitan general en
el reyno de Valencia, salud e dilection. Por parte de los jurados d·essa ciu-
dad de Valencia se ha recorrido a nos diziendo que por la mudança de la
moneda de oro que nuevamente por orden y provision del emperador y rey
mi señor se ha hecho en estos sus reynos de Castilla, a la dicha ciudad de
Valencia ha convenido por conservar el tracto y comercio de aquel reyno
con estos apreciar las coronas de oro que aca se baten a razon de dezinue-
ve sueldos y siete dineros de la moneda d·esse dicho reyno; lo qual valor y
precio es mayor de lo que solia valer el marco de oro, de que se ha seguido
que por haver subido el oro en precio, los ducados y castellanos que en es-
se reyno se hallan corriendo al precio que agora corren, vienen a valer me-
nos de su justo precio, por donde si no se provee de breve remedio tienen
por cierto que en poco tiempo se sacaran todos para Francia e Italia como
EL IMPERIO DE CARLOS V
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347
se ha hecho en otras partes. Lo qual dicen que se puede remediar en una
de dos maneras, a saber, que es apreciando los ducados castellanos en tal
precio que cesse la manera que se haze en sacarlos o batiendose moneda
de peso y ley que se bate en Castilla, lo que no podiendo hazer sin licencia
e facultad de su Magestad o nuestra, por parte de dicha ciudad nos ha sido
supplicado que hacerlo assi proveer y mandar. E nos, desseando el bien de
la republica y la conservacion y augmento d·essa ciudad por lo bien y mu-
cho que siempre ha servido a la real Corona de Aragon, visto lo que vos nos
scrivisteis y el parecer y consejo que sobr·esto nos inbiasteis de personas
prudentes y platicas de cosas y negocios d·esta qualidad, porque se haga y
provea como conviene y se tome en ello el mejor expediente que pudiere,
con madura deliberacion y acuerdo deste real Consejo, acordamos de lo re-
mittir a vos segun que con tenor de las presentes, de nuestra cierta sciencia
y auctoridad y poderio real de que plenamente usamos y consenttimos y co-
metemos y os damos pleno y bastante poder y facultad para que vos, dicho
Illustrissimo duque, lugarteniente general en nombre y por parte de su
Magestad y nuestra, podays tractar y concertar con la dicha ciudad o con
los jurados y racional d·ella y con quien mas convenga, la forma y manera
de batir la dicha nueva moneda de oro al mismo peso, ley y valor de las di-
chas coronas que postreramente se han hecho y batido en Castilla, y para
ello en el dicho nombre podays dar y licencia y facultad y todo el poder ne-
cessario a quien lo hubiere de hazer por quanto fuere la voluntad y bene-
placito de su Magestad y nuestro. Con reservacion, empero, de qualesquier
derechos a la regia corte pertenescientes y acostumbrados llevar por la re-
gia Corte y pagarse por la fabrica y batimento de la dicha moneda. Y assi
mesmo podays assegurar a la dicha ciudad que no se consentira por su
Magestad ni por nos la dicha moneda batirse en otra parte d·esse reyno, si-
no solamente en la casa de la seca de essa ciudad de Valencia. Y cerca lo
susodicho, con sus dependencias y emergencias annexidades y connexida-
des, podays en el dicho nombre proveer y dispiensar en todo lo que con-
venga. Para lo qual, con las mesmas presentes os damos y conferimos no-
estras vezes vezes (sic), lugar y poder cumplido y bastante. Y prometemos
en nuestro beneplacito y palabra real, de tener por firme y valido todo lo
que vos cerca lo susodicho assi hizierides, concertaredes y proveyeredes en
el dicho nombre, y contra ello, no venir ni hazer por alguna via. Y por las
mismas presentes, mandamos a los portantvezes de general governador,
bayles generales, maestre racional, advogados y procuradores fiscales, jus-
ticias, bayles, jurados, consejos y universidades del dicho reyno de
348 Valencia, y a otras cualesquier singulares personas y subditos nuestros, a
quien pertenesca, por primera y segunda jussiones, so incorrimiento de la
yra e indignacion de su Magestad y nuestra y pena de cinco mil florines de
oro de los bienes de cada uno que lo contrario hiziere exhigderos y al fisco
real applicaderos que en virtud d·esta nuestra comisssion y poder vos hi-
zieredes, concertaredes y proveyeredes, lo que tengan, cumplan, observen
y guarden como si por su Magestad o por nos fuesse personalmente pro-
veydo y mandado, guardandose attentamente dejar o consentir que lo con-
trario se haga si la gracia de su Magestad y ira tienen chara y la pena suso-
dicha temen incurrir. Dat en Cigales a VIII dias del mes de febrero año del
nascimiento de Nuestro Señor de Mil Quinientos Quarenta y Quatro.

Yo el principe.

ARV, Real, Diversorum Valentiae, 329, f. 13 vº-14vº.

12.
1544, julio, 10, Valencia.

El virrey de Valencia recoge la petición de los jurados de acuñar


moneda por la gran escasez y la eleva a a su Alteza.

Illustre senor. En dias passados escrivi a su Alteza por ruegos de los ju-
rados y conseio d·esta ciudad, supplicandole nos quissiesse hazer aca mer-
cer dar y otorgar licentia de batir coronas por la falta que entonçes havia
de monedas, o subir los ducados a veynte y dos sueldos d·esta moneda. La
respuesta fue que presto se embiaria el recaudo que para tal negotio se re-
queria y requiere y hasta ahora no ha venido tal despacho: por deffecto del
qual en esta dicha ciudad y reyno se ha tenido y tiene gran falta de dichas
monedas: en tanto que ahora pocos dias ha los dichos jurados me dixeron
que si no les dava licentia para subir los ducados a razon de de XXII suel-
dos que en breves dias la tabla con la qual la dicha ciudad es fiança se ve-
ria en grantissima necessidad: por donde hauria de cargar sobre lo que ya
sta cargado por lo menos cinquenta mil ducados y seria el daño irrepara-
EL IMPERIO DE CARLOS V
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349
ble por la reputation en que la dicha tabla sta. Y ahunque vi que los in-
convenientes eran ciertos les dixe que no lo podia hazer. Ellos vista la di-
cha necessidad, usando de lo que hotras vezes han acostumbrado y acos-
tumbran hazer, pensandose algo remediar, dieron orden de mi voluntad
que en la dicha tabla y almodin que son lugares de los quales ellos tienen
cargo se tomassen a la dicha razon XXII sueldos porque el que los tuvies-
se los sacasse. Y yo lo dissimule como se suele hazer y puesto caso que por
haver hecho dicho su hinvento los hayan sacado por tomarlos a la dicha
razon en la dicha tabla y almodin hay otros inconvenientes muy grandes.
El uno es porque fuera de los dichos lugares la gente no los quiere tomar
a la dicha razon, ni para ello puede ser nadie compellido, porque los dichos
jurados no pueden ni suelen proveer para hotras partes de las susodichas.
El hotro que sobre los pagamientos que se han de hazer en ducados y fue-
ra de la tabla hay infinitas altercaciones. El hotro es que visto que el dicho
despacho de batir dichas coronas tarda tanto: se sacan los pocos ducados
que quedan para hotras partes a donde valen mas de lo que aca valen y no
stan en manos de nadie poderlo remediar. Por las quales razones y otras
muchas stamos y vivimos con mucha confusion: la qual como tenga ne-
cessidad de remedio presto me han rogado los dichos jurados y Conseio les
quisiesse favorecer con su Alteza y vuestra merced, por donde me ha pa-
rescido y he tenido por bien supplicarle me haga señor merced mandar re-
mediar dicho negotio con toda la celeridad que sea possible: que es el des-
pacho de batir coronas o de subir los ducados por todo este reyno a razon
de XXII sueldos. El sindico de la dicha ciudad esta hay por dicho negotio
y otros. El le solicitara por ello: nuestro señor la vida y estado de vuestra
merced guarde y acresciente como mas señor desea. De Valencia, a Xª de
julio MDXXXXIIII.

A lo que vuestra merced mandara.


El duque de Calabria.

Al muy illustre señor el comendador mayor de Leon en corte.


Balencia. Al comendador mayor. 1544. El duque de Calabria a X de
julio 1544.
Insta mucho en lo dabir las coronas, o que se alçen los ducados en to-
do el reyno a razon de xxii sueldos y los inconvenientes que se siguen si
no se procura con brevedad.

AGS, Estado-Aragón, 293, f. 16.


350 13.
1544, diciembre, 1, Bruselas.

Debido a la importancia que el subsidio de la Cruzada tiene para


la hacienda real, el rey pide al Consejo que se tenga gran mira-
miento en todo lo relacionado con dicho subsidio.

El Rey.

Presidente y los del nuestro Consejo. Ya sabeis como el comisario de


la Cruzada como juez apostolico, asy para la execucçion della como de
las quartas y subsidios que se nos conçede por su Santidad, proçede ape-
llaçiona e rrevoca tanto contra los clerigos y religiosos como contra las
yglesias y legos. Y asy, señor, ha hecho rrelaçion que diz que siempre
dende que ay cruçadas y subsidios, se ha tenido este estilo y se ha guar-
dado, y no se podria hazer otra cosa por ser hazienda y que se ha de co-
brar de los legos mas que de los eclesiasticos, porque ellos son los que
toman las bullas, y son los çobradores, tesoreros, escrivanos y alguazi-
les que para esto se diputan. Y asimismo otros legos que publican ques-
tas y demandas y perdones en perjuizo de la pedricaçion y contra el te-
ner de la bulla y en daño de la hazienda y contra la forma y condiçiones
de los tratos contra quien es neceçessario proçeder. Y demas d·esto, ay
otros que piden la publicaçion y se entiende que dizen algo de las bullas
y de los ministros d·ellas, injuriandolos estando so nuestra guarda y am-
paro. Y que como algunas vezes es neçessario proçeder contra estos, se
haze por virtud de dicha bulla, y conforme a lo que nos tenemos pro-
veydo y mandado en el contrato y assyento hecho contra los tessoreros
que en cosas de la Cruzada, y dependiente y tocante en ella, no pueda
conoçer el otro juez, sino solo el dicho comisario. Y ansi, el da las co-
misiones y señala todo lo que nos firmamos. Y allende d·esto, tenemos
diputados dos letrados del nuestro Consejo para que asistan con el
quando es neçessario. Y que agora vosotros diz que quereis pedir quen-
ta y razon de lo que se haze, assi en prender los legos y castigarlos co-
mo en otras cosas que no se han hecho hasta aqui por ser cosa aparta-
da de lo que vosotros entendeys. Y tambien, que si se apela del dicho co-
misario que pueda hazerlo para ese consejo y para las chancillerias, lo
qual es cosa nueba y de tal calidad que sy se diese lugar a ello se per-
verteria la cobrança de la dicha Cruzada y la buena horden que en ello
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
351
se tiene. Porque, conforme a la bulla se proçede apelaçion en remota, se
executa hasta que ante todas cossas paguen lo que deven. Y el que qui-
siere apelar para Roma, lo haze; lo qual no hay ynconbiniente, pues ay
muchos conservadores de quien apelar para su Santidad y perlados, y
que conforme a derecho y buena governaçion ni razon no se deve con-
sertir que, en lo que toca a la hazienda y dependiente d·ella aya de ha-
ver apelaçion de juez conservador de nuestra hazienda para otros tribu-
nales porque si se diese lugar a ello, entendiendo que no han de ser opre-
midos por el dicho comisario sin ser oydos, pornian escussas y dilaçio-
nes. Y como esto es cosa de pagar dineros, jamas auria cobrança de ellos
como se ve, conoçe y entiende por experiençia. Y que para que esto tu-
biese el efecto para que se hizo, se hordeno que hoviese letrados, conta-
dores, alguazil y fiscal como en los otros tribunales, lo qual aprovaron y
loaron los Reyes Catolicos que ayan gloria. Ya assy lo executava el dicho
comisario sin consentir que otro ninguno se entrometiese en ello. Y que
nos, conforme a lo sobredicho havemos dado mas çedulas para que con
las chançellerias ny pidan proçesso por via de fuerça, ny admitan ape-
laçion ni petiçion tocante y dependiente a Cruzada ni susidio, sino que
lo remitan al dicho comisario, y asy lo hazen. Y que lo mismo deuria-
mos mandar por çedula nuestra que se hiziese en ese Consejo. Y porque
ymporta mucho a nuestro serviçio el remedio de esto, hos mandamos
que, teniendo respecto al daño e inconvenientes que podrian resultar a
nuestra hazienda y lo tocante a ella, si se hiziesse novedad en lo que has-
ta aqui se ha acostumbrado, lo mireys y considereis como conviene. Y
de vosotros confiamos para que se escuse qualquier enbarço que pueda
haver en la buena y breve expediçion de los negoçios tocante a la dicha
Cruzada y subsidio, por manera que antes sean favoreçidos y endereça-
dos por vosotros como es razon que se haga que no ynpedirlos que en
ello nos tenemos de vosotros por muy servido. Seha, en Brussellas, a pri-
mero de dizienbre de 1544 años.

Yo el rey (rubricado).

AGS, Patronato Real, Cruzada y Subsidio, 20, f. 32.


352 14.
1545, junio, 20, Valladolid.

Instrucciones del príncipe sobre el colegio de Tortosa y rectorías


del arzobispado de Valencia para nuevos convertidos.

El Principe.

Reverendo in Christo, amado consejero de la Cesarea Magestad, del


emperador y rrey mi sennor y nuestro. Havemos visto lo que nos scrivis
açerca de la divysion y applicaçion consignacion de los ochocientos du-
cados de la pension de Tortosa que havemos hecho, los trezientos para
el colegio real de los frayles de Sancto Domingo y los quinientos al co-
legio de los nuevos convertidos. Y en lo que dezis que primero se prove-
yese a lo de las rectorias, y porque ay muchas en aquel obispado que no
son doctadas y otras, que ahunque estan doctadas no tienen suffiçiente
porçion, y lo demas que se hizo en la doctaçion de las rectorias con el
obispo Calçena siendo comisario apostolico, y que siendo obispo las dis-
minuyo y a otras unio y annexo con otras a fin de no pagar a las recto-
rias lo que debia par descargar la mesa episcopal, y que [Link] ereçtion
y dactaçion no se haze mention en el privilegio que mandamos dar y
despachar a los frayles del dicho collegio, sobre lo qual siguiendo nos la
voluntad e intencion de su Magestad queremos que los dichos trezientos
ducados se den enteramente a los dichos frayles como en el dicho nues-
tro privilegio esta dispuesto si no ay neçesidad de alguna parte [Link]
para la sustentaçion de las rrectorias de aquel obispado. Y sera bien que
se vean y sepan quantas son estas rectorias y que es lo que abian de me-
nester, y que esto lo comuniqueys con el obispo de Tortosa al qual scre-
vimos sobre ello, porque tenemos relacion suya que no ay necesidad de
cosa alguna para erguir nuebas rectorias ni menos para doctar aquellas
porque ya estan doctadas todas de las pabordias y otras dignidades y
rectorias de aquella diocesis y yglesia.
Quanto a lo que escrivis que en caso que no se puedan haver para el
dicho colegio de Tortosa muchachos de nuebos convertidos que pagadas
las doctes de las dichas rectorias seria bien que scriviese la restante
quantidad para el colegio de Valencia y que otra parte se aplicase para
casar hijas de nuevos convertidos pobres con christianos viejos, y que
haveis visto el privilegio en el qual dezis ay una clausula en la qual se
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
353
dispone que en caso que no se hallasen hijos de nuevos convertidos que
pongan estudiantes de christianos viejos, y que no se haze mençion de
los matrimonios de las nuevamente convertidas con cristianos viejos.
Nuestra entençion e voluntad fue, siguiendo la de su Magestad, porque
sabemos que ay munchos christianos nuevos en el dicho obispado, asi
en el principado de Cathalunia en la rribera de Ebro, como en el reyno
de Valencia y se hallaran munchos mas de los que la rrenta del dicho
colegio podra sustentar, y esto para munchos años, que la memoria
[Link] deverna a perder, y en tal caso dispusimos que no hallandose ya
[Link], entrasen hijos de christianos viejos de lugares del dicho obispa-
do que tubiesen neçesidad de doctrina. Todavia en declaraçion de aque-
llo dezimos con la presente que, no hallandose numero conpetente de
christianos nuevos que entren en el dicho colegio segun la rrenta de
aquel y sobrare algo de la dicha rrenta, aquello que sobra queremos que
se empece en casamientos de christianos nuevos pobres con hijos de
christianos viejos de la dicha diocesis de Tortosa y no en sustentar hijos
de christianos viejos en el dicho colegio.
De los ochocientos ducados que cobrastes del obispo de Tortosa, por-
que nos mandamos dar instrucion a fray Juan Izquierdo, maestro en
Sacra Theologia, entre las otras que se le dieron que os pidiese aquellas
como havreis visto por la provision que a parte le mandamos despachar.
Y porque nuestra voluntad es que aquello que sobrare y en vuestro po-
der huviere, se le de para que se empece en lo que le tenemos ordenado
y mandado. Sera bien si os parececiere, que asi de lo uno como de lo
otro deys la quenta conforme a vuestra instrucion a quien el illustrisimo
duque don Hernando de Aragon, nuestro muy caro primo, lugartenien-
te y capitan general de su Magestad en ese reyno os nombrare, que se-
ran o el licenciado la Gasca o el regente micer Philibert, sobre lo qual le
scrivimos la que con esta va. Darsela heis, y de lo que rrestare en vues-
tro poder lo deys al dicho fray Joan Yzquierdo o a quien para ello su po-
der huviere, declarandoles la parte que [Link] viene a los frayles por ra-
zon de los trezientos ducados. Y lo mismo al colegio de Tortosa de los
nuevos convertidos respectivamente por razon de jurata de los quinien-
tos ducados.
Tanbien havemos visto lo que screvis acerca de las rrectorias que se
han eregido en el arçobispado de Valencia que dezis son ciento y qua-
renta o cerca [Link], y lo que algunos dizen que se podrran rreduzir a
menor numero, pues en esse rreyno ay muchas parrochias contiguas
354 quales tienen algunos lugares de nuevos convertidos circunvezinos y que
aquellos podrian yr a oyr misa y baptizar sus hijos en aquellas yglesias
dando algun stipendio al rector por la administracion de los sacramen-
tos y que con esto se escusaria alguna suma de dineros que se applica a
estas rectorias y que podria servir en otros usos. Visto lo que vos dezis
en la consideracion que se tuvo al tiempo que las erigieron de la distan-
cia de los lugares y numero de los vezinos, y a la qualidad y peligro de
los pueblos, y como visto todo hallais que tienen cada una tres, quatro,
cinco lugares anexos, y que la administracion de aquellos esta enco-
mendada a un solo clerigo, el qual fue eregido por rector y tiene cuida-
do de dezirle sus misas los domingos y fiestas, assi en la parrochial co-
mo anexas, y para la efectuacion de las dichas rrectorias dezis que
abeys dado un capitulo al arçobispo acerca d·ello que sus visitadores de-
ben executar en la visita de los lugares de los nuevos convertidos de su
diocesis para que aquellos reçiban informaçion del asiento de cada rec-
toria de los dichos nuevos convertidos y de sus anexos y distançia, y que
rrectorias estan bien doctadas y quales no, y si convernia ynovar alguna
cosa de lo hordenado separando a unos lugares de otros, y unidos de
nuevo con otras yglesias para que vista su ynformaçion vos, juntamente
con el, podais entender en dar el asiento que para la perpetuydad de
aquellas conviene aplicandoles de nuevo sufiçiente dotaçion, lo qual hos
ha paresçido muy bien, y sera de menesterse ponga toda diligençia con
la mayor comodidad que pudieredes, trabajando con el dicho arçobispo
para que asi se haga y efectue y tanbien en que en los breves de Roma
vengan las clausulas necesarias para esse efecto.
Asi mesmo havemos visto lo que scrivis y lo que aca se dezia que se
deven doctar las rectorias lo menos que se pueda porque siempre van
aumentando las cosas eclesiasticas y que de aqui a cient annos ni a do-
zientos no rrentaran mas de lo que agora, pues no estan doctadas en
fructos de las quales se espera creçimiento en el valor, sino tan sola-
mente en los dineros que se pagan de las dos mill y quinientas libras que
vos con vuestra buena industria haveis adquirido de personas particula-
res y de los dos mil ducados de pension que el arçobispo haze porque no
tiene los rrectores emolumentos de pie de altar ni besamano. Y pues de-
zis que en caso que viniesen a valer grande suma como se dize, que vos,
antes de que se de conclusion ninguna en el, dareis tal horden para que
siempre que los comisarios nombrados por su Magestad o por nos para
la administracion d·estos negoçios pareçiere que el valor de las dichas
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
355
rrectorias es excesivo, que puedan applicar la cantidad que tuvieren por
bien por erection y doctaçion de otros benefficios, o para la fabrica del
collegio que en essa ciudad se ha de hazer, o para convertir aquello en
los usos y necessidades que convinieren. Y como quiere que no se dexa
de tener esperança de las dichas rectorias han de venir en aumento con
el tiempo, porque no esta el fructo y util [Link] solo en las decimas y pie
de altar, sino en fundaçion de missas y aniversarios, legados y en otras
munchas maneras, nos ha parescido muy bien con que se rreserve la fa-
cultad a su Magestad y a nos para aumentar y disminuir lo que huvie-
redes asignado, y lo demas hareis conforme a la comision que de su
Magestad y de nos teneis, procurando en efectuar aquella y en dar con-
clusion en lo que açerca [Link] os esta ordenado, que [Link] su Magestad
y nos recibiremos de vos mucho servyçio. Dacta en Valladolid, a XX dias
de junio, 1545 annos.

Yo el principe.

ACA. Cancillería, Curia Administracionis Domnini Principis, 3984, f.


13-15 vº.

15
1545, junio, 20, Valladolid.

Instrucciones del príncipe al duque de Calabria para que se ave-


rigüen las cuentas de la pensión del obispado de Tortosa para co-
legio de nuevos convertidos.

El principe

Illustrissimo duque, nuestro muy charo primo, lugarteniente y capitan


general. Por quanto nos, con nuestro real privilegio havemos dado horden
en la pension de los ochocientos ducados que el obispo de Tortosa haze en
cada un año de rreparto los trezientos ducados al colegio de los frayles de
Sancto Domingo, y los quinientos para el colegio de los nuevos converti-
356 dos que en Tortosa, conforme a la voluntad e intincion de su Magestad
mandamos edificar, y porque el obispo de Segovia conforme al orden que
de su Magestad y de nos tenia, ha tomado ochocientos ducados del obispo
de Tortosa, y nos le scrivimos que de quenta de aquellos en que se han gas-
tado, y de los que le sobran a fray Joan Yzquierdo a quien havemos dado
horden de pedirle aquellos para la edificacion de los dichos colegios o a su
legitimo procurador, declarandoles la parte que d·ellos viene al colegio de
los frayles por razon de los trezientos ducados y lo mesmo al colegio de los
nuevos convertidos por razon de su rrecta proporcion, afectuosamente os
rrogamos y encargaamos que para oyr y ver las dichas quentas y aberiguar
aquellas, nombreis, o al rregente micer Fhelibert o al licençiado la Gasca,
mandandoles de parte de su Magestad y nuestra que entiendan con el di-
cho obispo de Segovia en la la aberiguacion de la quenta de los dichos
ochocientos ducados, en que y quantos ha gastado d·ellos, y los que le que-
daren que los rreparta conforme a la orden que le esta dada como esta di-
cho, que nos havemos mandado escrivir al dicho obispo para que asi lo ha-
ga, porque lo que de aquellos restara se puedan gastar en los efectos que
tenemos hordenado y mandado, y de lo que en ello se hiziere nos dareis
aviso por vuestras letras. E sea. Illustrisimo duque nuestro muy charo pri-
mo, Dios nuestro Señor en vuestra continua protection y guarda. En
Valladolid, a XX dias del mes de junio de MDXXXXV annos.

Yo el principe.

ACA, Cancillería, Curia Administracionis Domini Principis, 3984, f. 15


vº-16 vº.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
357
16.
1545, junio, 20, Valladolid.

Instrucciones del príncipe al obispo de Tortosa sobre la pensión


para el colegio de nuevos convertidos.

El principe.

Reverendo in Christo padre, amado consejero de la cesarea


Magestad, del emperador y rey mi señor y nuestro. Por quanto nos, si-
guiendo la yntençion y voluntad de su Magestad, al tiempo que manda-
mos despachar el privilegio de la fundaçon y doctaçion d·essos collegios,
dimos horden a fray Joan Yzquierdo que pidiese al obispo de Segovia los
ochocientos ducados que vos le distes de la pension que en cada un an-
no haveis de pagar a los dichos colegios, y el dicho fray Yzquierdo si-
guiendo mi horden y comission haya pedido aquellos al dicho obispo, el
qual rehusa darselos sin consultarnos la yntinçion y darnos razon de lo
que por esta comission le stava en el mandado, y asi nos scrive en su car-
ta que seria razon que primero se proveyesen las rectorias porque ay
muchas en esa diocesi que no stavan doctadas y otras que aunque esten
doctadas no tienen harto suffiçiente portion, y nos le havemos manda-
do scrivir sobr·ello, diziendole la relacion que tenemos que no ay nece-
sidad de cosa alguna para doctar aquellas, porque estan ya todas dota-
das de las pabordias y otras dignidades y rectorias d·essa diocesi e ygle-
sia, todavia le havemos dado horden que de quenta de lo que ha gasta-
do de los dichos ochocientos ducados, y lo que restare en su poder lo de
al dicho mestre Yzquierdo o a quien su poder huviere para que se rre-
parta en las obras d·essos colegios prorrata lo que a cada uno d·ellos cu-
piere por lo mucho que deseamos que la obra y effectuaçion de aquellos
se cumpla. Y porque queremos que las dichas rectorias queden indocta-
das le havemos scricto que sera bien que os comuniqueis los dos para
que sepamos quantas son y que es lo que haura menester. Y assi, os de-
zimos y mandamos que os comuniqueis los dos por cartas sobr·ello, y de
lo que en esto con comunicacion de ambos se rresolviere, nos embieis
relacion para que vista aquella mandemos proveer lo que mas al servi-
cio de Dios, de su Magestad y nuestro y bien d·essos nuevos convertidos
convenga, que esta es nuestra voluntad y en ellos seremos de vos muy
servidos. Dacta en Valladolid, a XX dias de junio 1545 annos.
358 Yo el principe.

ACA, Cancillería, Curia Administracionis Domini Principis, 3984, f. 16


vº-17vº.

17.
1546, abril, 15,Valencia.

El estamento eclesiástico de Valencia suplica a su Majestad que


interceda ante el pontífice para la remisión de las culpas pasadas
de los moriscos.

Muy magnifico señor

Sacra, Cesarea, Catolica, Real Magestat


Aquest vostre regne de Valencia esta constituit en molta necessitat y
perill a causa que cascun dia molts dels novament convertits se.n passen
en Alger en gran deservey de Deu e opprobi de nostra religio religio (sic)
cristiana. E los moros ab tota seguretat venen en aquest regne per a por-
tar·se·n dits moriscos y causar molts danys e mals en aquell e donen mes
animo y vountad aquells per a passar·se·n, per on ni se pot entendre en
la instructio e correctio de aquelles en vida cristiana ni fer obra que bo-
na sia per no estar lo regne provehit com seria necessari per a impe-
dir·los lo cami que tenen y tan facil per a pasar·se·n y disposicio per a
posar·ho per obra. E axi lo bisbe de Segovia que te lo carrech de la ins-
tructio y correctio de aquells atengue per be de sobreseure al pressent en
algunes coses que entenia fer per al bon assunto de aquells, senyalada-
ment en la execucio del poder que per lo summo pontifice li es stat do-
nat per a remetre les culpes pasades per no venir dit poder del modo que
convenia per aquietar y reposar aquells y per no estar dit regne ab tal
guarda suficient y necessaria per a resistir a los que se·n pasen e tenir·los
per a voler y esperar tota bona instructio de vida cristiana e apartar·los
de les males obres acostumades. Per ço supplicam humilment a vostra
Magestat per lo que devem al servey de Deu e a la salut de les animes y
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
359
benefici del regne, sia servit donar algun remey ab lo qual aquest regne
sia guardat e no vinga en ruyna. E dits moriscos tan facilment no se·n
passen. E axi matex procurar ab son favor e intercessio sa Sanctedat do-
ne lo perdo de les culpes passades del modo que mes e millor convinga
per a persones tan ignorants de les obres cristianes y no acostumats fer
aquelles, y fer·los merce de altres gracies y privilegis que molt conferi-
xen y son necessaris per afalagar dits moriscos, y reposarlos per a de-
gudament ser informats e instituits com deuen, segons mes particular-
ment los militars o scriuen e suppliquen a vostra Magestat e don Joan
Aguilo mes complidament li dira de paraula. Supplicam a vostra
Magestat li done fe y crehenca en lo mes que sera necessari, e infor-
marlo del esser del regne y en lo que hui en aquell ocorre per la conser-
vacio de aquell y lo molt que importa al descarrech de vostra real cons-
ciencia e al servey de nostre Senyor, lo qual guarde y prospere vida e im-
perial estat de vostra sacratissima y real persona com vostra Magestat
volrria y tots los seus susdits desigen. De vostra ciutat de Valencia a XV
de abril any MDXXXXVI.

De vostra Cesarea, Catolica, Real Magestat.


Humils subdits y vassalls que les seues reals mans besen.
Los del bras y stament ecclesiastich de Valencia.

AGS, Estado-Francia, K-1706 f. 105.

18.
1546, abril, 15, Valencia.

El estamento militar solicita el perdón de los moriscos y aumen-


to de la guardia del reino.

Sacra, Cesarea, Catolica, Real Magestat

Tanta es la facilitat que tenen los moriscos de aquest vostre regne de


Valencia y tantes parts y lochs per a embarcar·se y passar·se·n en allende y
360 tan poca la defensa per a que non executen (sic) que es la causa que cas-
cun dia se·n passen y los moros de Alger y turchs vinguen ab tota segure-
tat a molts dels lochs de dit regne, stiguen y reposen ab aquells, pratiquen
ab dits moriscos y concerten de passar·los e causar·los molts dans y mals
en dit regne. Senyaladament per trobar en dits moriscos molta voluntat de
passar·se·n y poca per a fer vida christiana ab recel tostemps y temor de ser
compellits a fer aquella y castigats si fan la vida passada, de hon succeheix
que no se ha trobat com no·s troba fins a huy forma y modo per a instituir
e informar aquells en obres y pratiques cristianes, ni per a compellir·los a
vida christiana e punir·los si altrament volen viure, tan promte tenen lo ca-
mi y porta per a passar·se·n y la voluntat per a posar·ho per obra, tant que
en ells al present no se y troba disposicio de fer alguna bona obra ni pas-
sar avant lo perdo y remissio de les culpes passades ab lo poder y comissio
que per lo sumo pontifice es stat atorgat al bisbe de Segovia, qui ab orde
donat per vostra Magestat te lo carrech de instruir e tenir cura de dits mo-
riscos, axi per venir lo dit poder per a perdonar junctament ab poder per a
castigar, com per esser donat lo poder per a perdonar precehint confessio
de culpes en persones que no les regoneixen e abjuracio de aquelles en qui
no u enten ni alcanca, ni es estat instruit be en vida e obres de religio chris-
tiana e jurament de no tornar·hi en homens que tostemps han vixcut e
viuen com a moros, e obligarse a pena de relabs sabent alora tornarien a
cometre dites culpes. Que per esser donat lo dit poder ab tals condicions e
qualitats e aquells al present no haver loch en tals persones, lo dit bisbe de
Segovia, qui ha portat y porta dit carrech ab zel qual conve a la salut de les
animes e ab la moderacio necessaria al repos y conservacio de dit regne, a
tengut per be sobreseure en effectuar dita remissio fins tant lo poder se ob-
tinga mes larch per a donar·los lo perdo liberament e absolre·ls sens algu-
na condicio de la forma y modo que diu se dona als de Granada, en los
quals no y hague mes causa que en aquestos, puix lo temps designat en lo
poder basta per a provehir·se en tot lo que conve al servey de Deu y repos
[Link] y benefici de dit regne, e al present sobreseure e ab molt justa causa
no sols en lo que ha respecte a dit perdo, pero en qualsevol cosa que en
aquells lo dit bisbe entenia fer y entendre, considerat que sols la publicacio
de dit poder y comisssio atorgada a dit bisbe hauria causat molta commo-
cio en dits moriscos, e molts per aquesta causa alora se han passat en
Alger. E aço per star lo regne ab tan poca, mas ninguna, guarda per a de-
fendre·ls no se·n passen. Es necessari que dits moriscos sien afalagats ab
altra forma de perdo e altres gracies y bones obres, axi de temps de gracia
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
361
per a esser sols castigats moderadament, y no segons forma de dret cano-
nich y de altres privilegis y beneficis com diverses vegades se ha supplicat
a vostra Magestat, y per aquell es stat offert, per a poder·los algun tant re-
posar y conservar, per a que jatsia ells no sien quan volrien, los descendents
de aquells sien y vixquen com a cristians, o almenys tinguen perduda la
guarida de Alger ab alguna sufficient guarda de mar, o almenys guardat lo
regne de tal forma que sols defense be lo [Link].n y en ells se puixa fer
tota bona obra, y constituit lo regne en quietut y repos ab voluntat de
aquells o per força quant no u vullen. Supplicam com a vostra Magestat
humilment sia servit manar donar orde aquest regne tinga la guarda ne-
cessaria per a conservar aquell y posar remey en los dans y mals que po-
den succehir en tan gran deservey de Deu y total perdiçio de aquesta terra
y procurar del summo pontifice se obtinga lo perdo de les culpes passades
mes larch y de altre modo com se pot y es conforme a raho de impetre per
a tals persones de tal manera convertides y tan poch instruides. E axi ma-
teis, les altres gracies y privilegis que molt confereixen a persuadir los dits
moriscos a vida christana y reposar en dit regne per lo molt que Deu ne se-
ra servit y lo regne conservat e algunes animes de aquelles, ja que no totes
salves, segons que mes complidament de paraula don Joan Aguilo dira a
vostra Magestat, a qui benignament supplicam li vulla donar fe y crehença
en lo que mes lo informara de dit negoci de les necessitats del regne y re-
mey de aquelles, qual apres de nostre Senyor lo speram de vostra Magestat,
la vida y prosperitat del qual Deu guarde per sa immensa clemencia e aug-
mente la pau y tranquilitat de vostres subdits e triumpho dels enemichs de
nostra fe christiana com vostra sacratissima y real persona desija y tots vol-
riem. De Valencia, a XVI de abril del any MDXXXXVI.

De vostra Sacra, Cesarea, Real Magestat.

Humils subdits y vassalls qui les sues reals mans besen.

Don Galçeran Carros


Juan Guillem Catala
Don Luys de Vich
Jaume Destanya
Don Baltazar Masco
Luis Vidal, olim Çifre

AGS, Estado-Francia, K-1706 f. 109.


362 19.
1546, abril, 16, Valencia.

El estamento real suplica que se tomen medidas para evitar el


éxodo de moriscos, así como su perdón.

Sacra, Cesarea, Catolica, Real Magestat

Aquest vostre regne de Valencia esta constituit en molta necessitat y


perill a causa que cascun dia molts dels novament convertits se·n passen
en Alger en gran deservey de Deu e opprobi de nostra religio christiana.
E los moros ab tota seguretat venen en aquest regne per a passar·se·n,
per hon ni se pot degudament entendre en la instructio d·ells en vida
christiana, ni fer obra que bona sia per no estar lo regne provehit com
seria necessari per a impedir·los lo cami que tenen, y tan facil, per a pas-
sar·se·n y disposicio per a posar·ho per obra. E axi, lo bisbe de Segovia,
qui te lo carrech de la instruccio y correctio de aquells, ha tengut per be
sobreseure al present en algunes coses que entenia fer per al bon assen-
to de aquells, senyaladament en la execucio del poder que per lo sumo
pontiffice li es estat donat per a remetre·ls les culpes passades per no ve-
nir dit poder del modo que convenia per a quietar y reposar aquells, y
per no estar dit regne ab tal guarda sufficient y necessaria per a resistir
als que se·n passen, e tenir·los per a voler y spirar tota bona instructio
de vida christiana e appartar de les males obres acostumades. Per ço
supplicam humilment a vostra Magestat, per lo que devem al servey de
Deu e a la salut de les animes y beneffici del regne, sia servit donar al-
gun remey ab lo qual aquest regne sia guardat e no vinga en ruyna e dits
moriscos tan facilment no se·n passen; e axi mateix procurar ab son fa-
vor e intercessio sa Sanctedat done lo perdo de les culpes passades del
modo que mes y millor vulga per a semblants persones, tan ignorants de
les obres christianes y no acostumades fer aquelles, y fer·los merce de al-
tres gracies y privilegis que molt confereixen y son necessaris per affa-
lagar dits moriscos y reposar·los per a degudament ser informats e ins-
truits com deuen, segons mes particularment los militars ho scriuhen e
suppliquen a vostra Magestat e don Joan Aguilo mes cumplidament li di-
ra de paraula. Supplicam a vostra Magestat li done fe y crehença en lo
mes que sera necessari en informar·lo del esser del regne y en lo que en
aquell huy occore per a la conservacio de aquell y lo molt que importa
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al descarrech de vostra real consciencia e al servey de nostre Senyor
Deu, lo qual, la vida e imperial stat de vostra Magestat guarde, augmen-
te y prospere com desija. De la vostra ciutat de Valencia, a XVI del mes
de abril, any MDXXXXVI.

Sacra, Cesarea, Catolica e Real Magestat

Humils subdits e feels vassals qui les seues imperials mans besen.
Los jurats de Valencia.
Juan Guillem Catala, Guillem Ramon Çaera, Luis (?) Figuerola,
Honorat Benet Vidal, Johan Iheroni Gill, Honorat Figuerola.

AGS, Estado-Francia, K-1706, f. 110.

20.
1547, julio, 14, Valencia.

Los jurados de Valencia suplican a su Alteza provea para la de-


fensa del reino, así como la concesión de cinco piezas de artille-
ría que se encuentran en el Grao de la ciudad.

Molt alt y molt poderos senyor

Lo Regent la loctinencia general de aquest vostre regne de Valencia


nos ha convocat per a que, juntament ab los officials reals del dit reg-
ne, vessem y entenguessem quina forma se tendria per a lançar, axi de
la terra com de les parts maritimes de aquest regne, los turchs e mo-
ros que anaven ab XIII o XIIII fustes captivant christians de la terra,
prenent veixells e les provisions e mercaderies que ab aquells venien a
la present ciutat, e desembarquant molt numero de dits turchs e mo-
ros en moltes parts maritimes, e prop de alguns lochs de poca pobla-
cio per por dels quals etiam se deixa de portar provisio a la present ciu-
tat, e causen cada dia y speren que·s causaran tants danys e tants grans
que quant se voldra posar remey no y haura forma. E vist que al pre-
364 sent no·s trobava tal forma e que de altra part no·s podia dexar de pro-
curar lo remey, paregue en dita congregacio e ajust que dita necessitat
fos feta saber a vostra Alteza, e axi crehem que dit regent e officials re-
als ho hauran fet com ha persones a les quals mes principalment toca
y [Link] semblant carrech. E per lo que a nosaltres toca, per lo que
devem al servey de vostra Alteza, e al carrech de la administracio d·es-
ta ciutat, ha paregut scriure la present, e per nostre descarrech suppli-
cant a vostra Altesa tinga per be manar provehir de remey condescent,
y ab la brevetat que la qualitat del negoci requerix, per lo que conve a
sa real auctoritat e servey e al benefici de aquest regne.
E axi mateix supplicam sa real Alteza tinga per be que cinch peçes
de artilleria de bronze, les quals estan en esta platja de Valencia e di-
huen que son de sa Magestat per que foren preses en la batalla en la
qual fonch pres lo rey de França, e axi estan totes les dites peces sem-
brades ab les armes del rey de França. E aquest yvern passat, venint a
la platja de esta ciutat una nau genovesa de un mercader que.s diu
Spindola, genoves, dona al traves en dita platja e tragueren dita arti-
lleria. Esta ciutat te molta necessitat d·ella per a guardar lo Grau d·es-
ta ciutat, lo qual esta junt ab la mar, per ço supplicam sa Alteza tinga
per be que esta artilleria reste aci pagant per ella lo que sera just. E de
aço la dita ciutat restara en perpetua obligacio a sa Alteza e a sa
Magestad segons que mes largament informaran los sindichs residents
en exes Corts generals a vostra Alteza. E nostre senyor Deu, la molt al-
ta e molt poderosa persona de vostra real Alteza guarde e son real stat
augmente e prospere com vostra reverent Alteza es desijat.

De la vostra ciutat de Valencia a XIIII dies del mes de juliol del any
MDXXXXVII.
De vostra real Alteza.
Humils subdits e feels vassalls qui les seues reals mans besen, los ju-
rats de Valencia.
Miquel Nofre Claramunt, Jaume Marzilla, Berthomeu Marti, Bernat
Cimo, Bernat Vidal.

AGS, Estado-Aragón, 300, f. 126.


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21.
1547, agost, 4, Valencia.

Autorización para la recepción de plata con la que acuñar mone-


da blanca.

Cambra Daurada.

Que en Pere Ros, caixer de menut en la taula de la dita ciutat, reba


de qualsevol persona totes les sumes e marchs de argent que volran a for
de 6 lliures, 16 sous lo march de argent, per lo que aquell pesara a raho
de manera de Valencia, sens mans ne soldadures algunes, les quals su-
mes de argent prenga a raho com si fossen comptants, e lo dit argent lo
lliure a Miquel Angel Pallas, locthinent de mestre de la sequa de la pres-
ent ciutat per obs de batre moneda blanca, cobrant cautela de aquell, lo
qual dit Pallas se obligue en la dita cautela que fara lliurar en poder del
dit en Pere Ros en lo dit nom de caiser en comptants en reals valencians
o menuts lo valor del argent que haura rebut.

AMV, Manuals de Consells, A-75.

22.
1550, noviembre, 1. Arbeca.

Muerto el duque de Calabria, el duque de Segorbe solicita el em-


pleo de virrey así como la villa de Jérica en compensación por la
de Rosas.

Muy poderoso señor

Todos mis cargos tengo puestos debaxo del amparo de vuestra


Alteza porque como estan muy quebradas tienen necessidad d·esta
soldadura, acordadome para esto que me dixo vuestra Alteza, aca en
este lugar, que su Magestad havia dexado de hazerme algunas merce-
366
des que le tenia supplicadas para hazerme otras que mas me convi-
niessen. Si para todo esto fuesse llegado este tiempo offresciendose
por el fallecimiento del duque don Hernando el cargo de aquel Reyno
de Valencia, vuestra Alteza me haria mucha merced de supplicar a su
Magestad que se me diesse, y assi tambien pues viene a la cuenta
aquella tierra de Xerica para que aquella con lo mas se me diesse a
trueque del condado de Ampurias si su Magestad tuviere la misma
voluntad del que asta aquí ha tenido. Vuestra Alteza me scrivio den-
de Rosas que por faltar algunas cosas en esto no se rematava esta ne-
gocacion entonces y quedava para quando vuestra Alteza fuesse con
su Magestad. Supplico a vuestra Alteza que de todo esto tenga acuer-
do porque con este no podia quedar mi parte llastimada. Nuestro
Señor guarde la muy poderosa persona de vuestra Alteza con acrescen-
tamiento de mayores reynos y señorios. De Arbeca. El primero de no-
viembre de MDL.
De Vuestra Alteza.
Rubricado.

AGS, Estado, 305, f. 215

23.
1573, julio, 15, Milán.

Sobre el destino de algunas de las joyas de la duquesa de Calabria1036.

Muy Illustre señor.

Haura el marques (de Ayamonte) entregado a vuestra Señoria dos jo-


yeles y una punta de diamante en un anillo y tres rossarios que es lo que
va en esta memoria. Son residuos
que quedaron de la herencia de mi
1036
señora, la duquesa de Calabria que
Del siguiente despacho se han obviado los pá-
rrafos ajenos al interés específico de este apéndice do- este en el cielo. Y por los pleytos
cumental. que sobre ella huvo y sentencias
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que se dieron, estoy obligado a vendello todo y empleallo en Castilla. Y
el año de sesenta y quatro vendio ay un criado mio por treze o 14 mil
ducados de joyas de la misma herencia, y aunque no deve de haver ago-
ra para ello tan buena sazon como entonçes, me ha paresçido suplicar a
vuestra Señoria como lo hago, mande a un criado suyo o al consul
Çornoça, vean si lo podran vender, que la tasacion [Link] es la que va en
la dicha memoria. Y aunque algunos me han dicho que valen mas, yo
me contentaria con la tasa. Y bien veo que fue descuydo no embiallas en
haziendose la paz, que quiça cupieran estos balajes entre las otras cosas
del presente que el baylo y embaxador llevan a Constantinopla. Pero po-
co se perdera en que se prueve agora si ay alguno tan rico que es im-
pertinencia suplicar a vuestra Señoria cosa tan menuda. Pero hazeme
vuestra Señoria tanta merced en las que no lo son, que me atrevo tam-
bien a cargalle con estas, supplicandole a vuestra Señoria que me lo
perdone, pues en todas las que huviere servire yo a vuestra Señoria con
la voluntad que le devo, cuya muy Illustre persona Nuestro Señor guar-
de y acresciente como se dessea.

En Milan, a 15 de julio, 1573.


Besa las manos a Vuestra Señoría.
Don Luis de Requesens (rubricado).
Al muy illustre señor el Señor Guzman de Silva.

AGS, Estado, Diversos de Venecia, 1509, f. 4.

24.
1573, octubre, 14, Milán.

Sobre el destino de algunas de las joyas de la duquesa de Calabria.

Illustrisimo señor

El señor comendador mayor partio a las cinco para Flandes y entre


otras cosas que su Excellencia me ha dexado mandado en estas partes
368 es el tocante a las joyas que tiene en poder de vuestra Señoria
Illustrissima sobre que tratado en Viqueven le dixe que, si conforme la
orden que ha dado en todo este mes no se vendiesen, de mi opinion se
podrian quedar alli hasta mi buelta de la corte a do su Escellencia me
manda yr por cosas de su servicio, como en lugar de mejor parage que
otro para la salida [Link], creo haura scrito su Excellencia despues aca
que se contenta se puedan dar la dichas joyas (sic) por tanto menos de
lo contenido en la lista de la precio. Vuestra Señoria lo vera alla mas to-
cante a la punta de diamante. Sera servida no hallandose por ella lo que
esta en la dicha costa entretenella porque crehere que d·esta por aca se
hallara adelante mejor salida. Si en la corte oviere en que servir a vues-
tra Señoria illustrissima rescebire nueva merced que me lo embie a
mandar. Cuya illustrissima persona Nuestro Señor guarde en mejor es-
tado como sus servidores deseamos.

De Milan, XIIII, de octobre, 1573.


Antonio de Espinola (rubricado).

AGS, Estado, Diversos de Venecia, 1509 f. 104.

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El mar ahogado en la arena
F. G.
Veig el mar cada dia més lluny
F. P.
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
VALENCIANAS EN
EL IMPERIO DE CARLOS V
7
ÍNDICE
PRESENTACIÓN ........................................
8
4.4. El peligro de pérdida de la condiciónreal de algunos 
4.4. municipios valencianos. Conflictos con el duque 
4.4. de Se

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