Pepe Cabana Kojachi “Mukashi Mukashi”
Otras publicaciones Desde el día en que unieron sus vidas, una pareja de ancianos llevaba
un gran deseo en el corazón. Soñaban con un hijo que completara su Pepe Cabana Kojachi
Rosita de Lima ”Mukashi Mukashi”
familia y colmara de alegría su hogar.
Jenny Varillas Paz
Cuando menos lo esperaban, la felicidad llegó de una manera especial: Promotor cultural y diseñador
Las travesuras de Joaquín
¡en un melocotón! Sin embargo, ellos no saben que también trae una gráfico de ascendencia
Jorge Eslava
gran aventura que está por empezar. Adaptación de un cuento popular japonés peruano-japonesa. Dirige los
Un dragón en los Andes proyectos Mukashi Mukashi,
Pepe Cabana Kojachi Raymi Kamishibai y Leer es
La aventura que nació de un melocotón
“Mukashi Mukashi” Para Todos, con los que lleva
la magia de los cuentos por
Rayo vuelve a casa distintos lugares del Perú y el
Iván Herrera mundo. Para ello, recupera
la memoria de los pueblos
Blas, el zorrito audaz
Celeste Viale Yerovi que ha llegado a nuestros
días gracias a la tradición oral,
Los sueños de Charito y la trasmite con la técnica
Carlos Garayar japonesa del kamishibai, cuyo
diseño ha fusionado con el del
Abdón en el jardín del retablo ayacuchano.
Altiplano Su pasión por el diseño y por
Jéssica Rodríguez
los cuentos lo inspiraron para
Vacaciones en Sicuani escribir e ilustrar sus propias
Luis Nieto Degregori historias como Un dragón
en los Andes (2015) y otras
El pájaro de la lluvia publicaciones.
Carla Iglú
La aventura que nacio de un melocoton [Link] 2 10/16/17 5:00 PM
Ilustraciones y canciones del autor
Adaptación de un cuento popular japonés
Dedicado a todos aquellos
que se embarcan en sus sueños
y navegan juntos para conseguirlos
La aventura que nació de un melocotón
Cuidado de la edición: Daniela Alcalde
Diseño y diagramación: Max Castillo
© Texto: Pepe Cabana Kojachi “Mukashi Mukashi”
© Portada e ilustraciones: Pepe Cabana Kojachi “Mukashi Mukashi”
© Editorial Panamericana Perú SAC
Calle Mercaderes 114, urbanización Las Gardenias, Santiago de Surco. Lima, Perú.
[Link]
Impreso en Perú
Impreso por Industria Gráfica Cimagraf S.A.C.
Pasaje Santa Rosa N° 140 Sec. Santa Angélica, Ate. Lima, Perú.
Impreso en enero 2019
Primera edición: octubre 2017
Primera reimpresión: enero 2019
Publicado en enero 2019
Tiraje: 2000 ejemplares
ISBN: 978-612-4347-12-2
Registro de Proyecto Editorial: 31501401801333
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú: 2018-20426
Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra
sin el permiso previo y por escrito de los titulares de los derechos de propiedad intelectual.
M ukashi, Mukashi.
Hace mucho, pero m u c h o tiempo…
En un lugar del Japón, había una pareja de ancianos
que, desde el día en que unieron sus vidas para siempre,
sintieron nacer en ellos la gran ilusión de ser padres, de
formar una familia. Tenían una bonita casa, mucho trabajo
y abundante comida, pero había un gran vacío en sus
corazones. Los años p a s a b a n y p a s a b a n,
pero no lograban tener un hijo.
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Un día la anciana se encontraba lavando la ropa al borde del río e iba
cantando como siempre:
De pronto, vio que venía flotando un melocotón muy, pero MUY
GRANDE. A mi esposo le gustan los melocotones, pensó la anciana;
así que con mucho cuidado ingresó al agua, tomó el gran melocotón
y volvió a casa.
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Cuando llegó el anciano, saludó a su esposa y, al ver sobre la
mesa el gran melocotón, exclamó: «¡SUGOI!», que en japonés
quiere decir «sorprendente».
Muy agradecido, no salía de su asombro cuando de repente el
fruto empezó a moverse por sí solo de un lado a otro, cada vez
más y más rápido. Y cuando se detuvo, se abrió por la mitad.
¡Vaya susto que se llevaron! Pero la curiosidad por descubrir
lo que había dentro fue más grande. Y más grande aun fue su
sorpresa al ver que un niño salió del melocotón. ¡Qué felices
se sintieron! Por fin habían recibido el hijo tan esperado y
cantando le dijeron:
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Y así, días, semanas, meses y años pasaron rápidamente. Niño
Melocotón crecía fuerte y lleno de bondad. Por las mañanas
acompañaba a su mamá en el río, al mediodía iba al campo para
llevar el almuerzo a su papá, y los fines de semana visitaba el pueblo
para realizar algunas compras.
Una de esas veces, Niño Melocotón escuchó a los vecinos decir con
mucho temor:
—Hay que tener cuidado con los onis. Son una especie de ogros muy
terribles que están destruyendo nuestras cosechas, quemando casas
y robando.
—Es imposible enfrentarse a ellos —recalcó uno de los vecinos.
—Son muy grandes y fuertes. Viven en una isla muy protegida y
nadie tendría el valor de ir hasta allá para recuperar todo lo perdido
—comentó otro.
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Niño Melocotón regresó a casa con una firme decisión, así que les dijo
a sus padres:
—Papá, mamá, es necesario que alguien detenga a los onis y los
convenza de devolver todo lo robado. Permítanme, por favor, ir en su
búsqueda.
Los ancianos sintieron mucho temor, pero sabían que Niño Melocotón
era muy responsable y solidario con los demás, así que lo animaron a
seguir adelante.
El día de la partida, su mamá le preparó unas deliciosas bolas de arroz
para el viaje y su papá lo ayudó dándole un traje muy especial. Con
todo listo, Niño Melocotón se despidió muy temprano por la mañana
e inició su aventura cantando:
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No había pasado mucho tiempo cuando se le cruzó un perro que
le dijo:
—Niño Melocotón, buenos días. ¿Adónde vas tan alegre y qué llevas
en ese bolso?
—Buenos días, inu san (que significa «señor perro» en japonés), voy a
la isla de los onis a recuperar lo que le han robado a mi pueblo. En mi
bolso llevo comida para el camino —respondió Niño Melocotón.
—Un noble gesto de tu parte —dijo el perro—. Pero pienso que
podría acompañarte. Mi ladrido asusta a muchos y juntos podemos
enfrentarnos a ellos. Lo único que te pido es que compartas tu comida
conmigo.
Niño Melocotón aceptó la propuesta y junto al perro retomó el camino.
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Por la tarde, se detuvieron debajo de un árbol a descansar cuando
de pronto saltó un mono sobre ellos, y el perro empezó a ladrar. El
mono pidió disculpas por el susto y dijo:
—Niño Melocotón, buenas tardes. ¿Adónde te diriges junto a un perro
y qué llevas en ese bolso?
—Buenas tardes, saru san (que significa «señor mono» en japonés),
vamos a la isla de los onis a recuperar lo que le han robado a mi pueblo.
En el bolso llevamos comida para el camino.
—Admirables sus intenciones —dijo el mono—. Soy hábil para saltar,
subir árboles y escalar montañas. Si me uno a ustedes, serán más
fuertes. Compartan su comida conmigo por favor.
A Niño Melocotón y al perro les gustó la idea. Ahora eran tres.
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Al llegar la noche buscando un lugar para dormir, bajó del cielo un
faisán. El mono dio un brinco y el perro empezó a gruñirle. Entonces,
el faisán dijo:
—Buenas noches. No quise asustarlos, pero… ¿qué hace un niño junto
a dos animales y qué llevan en ese bolso?
—Buenas noches, kiji san (que significa «señor faisán» en japonés), nos
dirigimos a la isla de los onis para recuperar lo que le han robado a mi
pueblo. En el bolso llevamos comida para el camino —respondió Niño
Melocotón.
—Podría ser una gran aventura —dijo el faisán—. Puedo volar muy alto
y advertirles de cualquier peligro. Compartan conmigo la comida que
llevan y juntos venceremos a los onis.
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Niño Melocotón, el perro y el mono aceptaron. Los cuatro aventureros
decidieron descansar y levantarse muy temprano para retomar su
camino.
A primeras horas de la mañana, llegaron a la orilla del mar. De
inmediato, pusieron manos a la obra para construir un bote con todos
los materiales que lograron encontrar. Una vez lista la embarcación, se
hicieron a la mar con dirección a la isla de los onis. Iban cantando:
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Navegaron largas horas hasta que por fin divisaron la isla a lo lejos. Al
cabo de unos segundos, ya estaban acordando todo sobre EL PLAN.
Ya en tierra, se dirigieron a la gran fortaleza de los onis. Al llegar, Niño
Melocotón tocó la gran puerta con valentía y sus amigos se colocaron
detrás de él.
Salió un oni, los miró y preguntó con tono burlón:
—¿Qué desean un niño, un perro, un mono y un faisán? Ja, ja, ja.
—Buen día, por favor necesitamos hablar con el jefe de los onis para
pedirle que ustedes devuelvan todo lo que han robado. De lo contrario,
se arrepentirán —respondió Niño Melocotón.
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—Ja, ja, ja, si tú y tus amigos quieren eso, están perdiendo el tiempo.
Son tan pequeños que no podrán hacernos daño. Es más, serán nuestro
almuerzo. ¡Heyyy! ¡Vengan todos que llegó nuestra comida! —dijo el
oni, dirigiéndose a sus amigos.
Inmediatamente salieron muchos onis y los cuatro amigos pusieron
en práctica su plan. El perro empezó a lamerles los pies, el mono les
hacía cosquillas en la barriga, el faisán les picaba en la cabeza y Niño
Melocotón los empujaba haciéndolos caer. Uno a uno iban cayendo
los onis. Nada parecía detener a estos cuatro amigos.
Al final del día, ante la derrota inminente, el jefe oni pidió perdón por
todo lo que habían hecho y devolvieron todo lo robado.
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Los aventureros regresaron muy contentos al pueblo. Al llegar,
desarmaron el bote y con los mismos materiales construyeron una
carreta. Fueron recibidos como héroes. Todos les preguntaban cómo
lo habían conseguido. Niño Melocotón respondió cantando con sus
amigos:
Y fue así, amigos de los cuentos, como esta historia sucedió hace
mucho, pero m u c h o tiempo…
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En Japón, desde hace mucho pero mucho tiempo, se cuenta esta
maravillosa historia cuyo personaje principal es conocido como
“Momotaro”. El trabajo en equipo, la amistad y el aporte de los talentos
que cada uno posee en beneficio de los demás han hecho que sea
una de las más populares y favoritas en ese país como en el resto del
mundo.
La tradición oral japonesa siempre me ha fascinado por los mensajes
que comparte. Eso me ha motivado a realizar la adaptación de este
cuento, dibujarlo y escribirle canciones para que puedas disfrutarlo
junto a tus amigos y a tu familia.
Ahora te invito a una nueva aventura: construir tu propio barquito de
papel para navegar junto a Niño Melocotón, inu san, saru san y kiji san.
Para ello, sigue paso a paso las indicaciones de la siguiente página.
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