HISTORIA DE LA MONEDA A NIVEL MUNDIAL
La moneda representa riqueza, un medio para un fin y mucho más; ha experimentado una
evolución larga e histórica que se remonta a los orígenes de la propia civilización humana. El
uso de la moneda está entrelazado con la historia del dinero, que según su definición más
común es un medio de intercambio de bienes y servicios.
El dinero es algo que usamos a diario al comprar diversas cosas, pero rara vez nos ponemos a
pensar... ¿de dónde surgió el dinero? ¿cómo se pagaban las cosas en tiempos ancestrales?
Origen del dinero: el trueque
Lo primero que surgió como manera de obtener alimentos y otras cosas fue el trueque, La
moneda representa riqueza, un medio para un fin y mucho más; ha experimentado una
evolución larga e histórica que se remonta a los orígenes de la propia civilización humana. El
uso de la moneda está entrelazado con la historia del dinero, que según su definición más
común es un medio de intercambio de bienes y servicios. Pero poco a poco fue cambiando, ya
que se hacía difícil, sobre todo, porque ambas partes debían estar interesadas en los productos
intercambiados. Además, debían llegar a un acuerdo en cuanto al valor que tenían dichos
objetos para que el cambio fuera equitativo. Así, el trueque empezó a quedar de lado y
evolucionó al dinero.
Evolución del dinero: primeras monedas
Con el desarrollo de la agricultura y la escritura posterior en Mesopotamia desde el octavo
milenio antes de Cristo en adelante, el uso de granos para el comercio se convirtió en algo
común. Generalmente se cambiaban alimentos como la sal, el maíz, el cacao, pescados y
carnes por oro, plata y/o bronce. El problema era que estos metales eran muy pesados,
porque venían en forma de lingotes. Para pesar estos lingotes se usaba la medida “siclo”, que
le daba cierto valor. Por lo tanto, en realidad, el dinero se pesaba, no se contaba.
Fue así como, de acuerdo con lo que pesaba cada lingote, se le fue dando un “valor” y un
nombre a cada pieza de esos materiales, como el “denario romano”, origen de la palabra
dinero. Con esto, ya podemos hablar del concepto de dinero.
La principal dificultad que surgió en los inicios del dinero es que este tenía que pesarse, por lo
que era necesario tener una balanza, pero no todos los comerciantes poseían una. Aquí es
donde surge la idea de las monedas.
Las primeras monedas nacieron en la actual Turquía (Lidia en el siglo VII A.C.), de la idea del rey
Argos. Los materiales utilizados para elaborarlas eran oro y plata, ya que eran los metales más
valiosos en ese momento. Así, se creó un medio más fácil y cómodo para intercambiar
productos, quedando de lado granos, lingotes e incluso ganado.
La moneda se fue expandiendo por varias regiones, hasta incluso comenzar a tener símbolos o
dibujos en sus caras. De hecho, uno de los primeros en tener su cara en una moneda fue
Alejandro Magno.
Como las monedas eran pesadas y había que transportarlas, se hacía un poco complicado su
manejo. Además, existía el riesgo de que fueran robadas. Así fue que nacieron los billetes,
como una forma de recibo que se daba para intercambiar objetos.
Papel moneda: primeros billetes
Los chinos también innovaron ya que fueron los primeros en utilizar papel moneda. Como los
primeros en fabricar papel alrededor del año 100 utilizando materiales como lino, cáñamo,
bambú y corteza de morera, los chinos ya habían desarrollado la práctica de escribir notas de
crédito en papel y pieles de ciervo como garantía para el comercio a larga distancia. Los
billetes de papel aparecieron por primera vez durante la dinastía Tang de China alrededor del
siglo VII en el Valle del Río Amarillo.
En el siglo XI comenzaron a aparecer los primeros billetes de la mano del emperador mongol
Kubali Khan. En este caso, los billetes eran certificados sobre la existencia de un depósito de
oro en un banco, lo que se asimila a lo que conocemos hoy en día como un cheque.
El uso del billete continuó expandiéndose. En Europa, los primeros billetes aparecieron en
Suecia en el año 1661, impresos por el cambista Johan Palmstruch, que los entregaba como
recibo o resguardo a quienes depositaba oro o plata en el Banco de Estocolmo.
A España llegaron en 1780 durante el reinado de Carlos III y su uso se popularizó rápidamente
por ser mucho más cómodos de llevar que las monedas.