Comentario de San Agustín a Salmos 132-134
Comentario de San Agustín a Salmos 132-134
FUENTES
SAN AGUSTÍN DE HIPONA
A LOS SALMOS GRADUALES1
Introducción
1
Introducción, traducción y notas del P. Abad Fernando Rivas, osb, de la Abadía San
Benito de Luján (Pcia. de Buenos Aires, Argentina).
2
RAVASI, G., Il Libro dei Salmi, vol. III (101-150), Bologna 1988, 688. 67
2. La asamblea de fieles israelitas y la comunidad de los primeros cristianos
FUENTES
3
Vs. 5-6.
4
VERHEIJEN, M., Saint Augustin, en Théologie de la Vie Monastique, Bellefontaine
1961, 201-212.
5
VOGÜÉ, A. de, Monachisme et Église dans la pensée de Cassien, en Théologie de la Vie
Monastique, Bellefontaine 1961, 212-215.
68 6
Cfr. RONDEAU, M.-J., Les commentaires patristiques du psautier, [Link]: Exégèse proso-
“Por tanto, el ungüento descendió desde la barba hasta el borde
que hay en la parte principal del vestido, en donde se halla la aber-
FUENTES
tura para el cuello. Éstos son los que habitan unidos; y así como,
al vestirse, la cabeza del hombre entra por esta abertura, también
Cristo, que es nuestra Cabeza, entra, a través de la unidad de
corazones entre los hermanos, para vestirse, y así la Iglesia se une
a Él (Sal 132, n. 9)”.
pologique et théologie, Roma 1985. Utilizamos también las conclusiones del clásico estudio
de Balthasar FISCHER, Le Christ dans les Psaumes en La Maison-Dieu 27 (1951), 88-97
y también Les titres pour les Psaumes, en La Maison Dieu 27 (1951), 109-113. 69
Cuerpo de Cristo en Pentecostés la encontramos también en Pacomio7 y
Doroteo (Conferencia VI, 76-78), entre otros.
FUENTES
7
Cfr. VEILLEUX, A., La liturgie dans le cénobitisme pachômien, Roma 1968, 167-248.
8
VERHEIJEN, M., Saint Augustin, en Théologie de la Vie Monastique, Bellefontaine
70 1961, 201-203.
Iglesia, de la comunidad monástica, ha sido recibido en sus “primicias” y
por eso en lugar de encerrarse en la Jerusalén-Sión de este mundo, anhela
FUENTES
la plenitud de su realidad y vive proyectada escatológicamente hacia la ciu-
dad de Dios definitiva, donde está su Cabeza que los atrae hacia arriba:
9
Cfr. VERHEIJEN, M., Pèlerinage vers le haut, pèlerinage vers le centre, en “Nouvelle
approche de la Règle de Saint Augustin”, Louvain 1988, 87-90.
10
Sal 61,5. 71
siglo, es decir, para siempre. Hay muchos que, amando esta vida
terrena, maldicen a sus enemigos. ¿Y por qué? Por esta vida, por
FUENTES
72 11
LUBAC, H. de, Corpus Mysticum, Paris 1949, 23.
oración), sin embargo cita los versículos que le siguen como consecuencia,
estableciendo esa unidad Eucaristía-vida de la comunidad. Sin embargo
FUENTES
en estos textos aparece el otro concepto inseparablemente unido al voca-
bulario eucarístico de la communio: la unidad (in unum) y la comunión de
bienes (omnia communia), forma concreta y viva de realizarse la comu-
nión eucarística.
Es por eso que los atributos de una de las tres realidades puede
12
1 Tm 2, 5. 73
Señor, si el hombre comió el pan de los ángeles? Pues el hombre
no vive por una razón, y el ángel por otra: Él es la verdad, Él es la
FUENTES
“Estas palabras del Salterio, esta dulce canción, esta grata melodía
para cantar y también rica por su contenido, dio origen a los
monasterios. A causa de esta voz se dieron ánimos los hermanos,
que anhelaban habitar unidos. Este verso fue la trompeta que
sonó para ellos por toda la tierra, y así se congregaron los que se
hallaban dispersos. El clamor de Dios, el clamor del Espíritu
Santo, el clamor profético, no se oía en Judea, pero fue escucha-
do en toda la tierra (Sal 132, n. 2)”.
13
Jn 1, 1.3.14.
74 14
Sal 115, 12.13.
5. La ley fundamental del Cuerpo de Cristo:
la caridad y comunión de bienes
FUENTES
De esta identificación fundamental san Agustín deriva la obser-
vancia monástica no simplemente como una ley que hace al obrar del
monje, sino a su ser mismo. La caridad, como “alma una” de la comuni-
dad monástica, es ley de vida, no simplemente del obrar. Sin la caridad no
Pero así como el Cuerpo Eucarístico del Señor llena a todos con
todo bien y dulzura, del mismo modo los que forman la unidad en su
Cuerpo, todos los miembros, deben encontrar en el Cuerpo de la comu-
nidad todo lo que necesitan para su vida. De otro modo sería una con-
tradicción entre el sacramentum y la realidad que él significa15:
15
Cfr. TILLARD, J.-M.-R., Chair de l’Èglise, chair du Christ. Aux sources de l’ecclésiologie
de communion, Paris 1992, 53-67.
16
Hch 2,44-45.
17
Hch 4,32. 75
de los hermanos. Al decir: Hagan votos y cúmplanlos al Señor, Dios
suyo18, se prometió algo a Dios (Sal 132, n. 2)”.
FUENTES
TEXTO
Salmo 132
18
Sal 75,12.
19
1 Co 15,54.
76 20
Cf. Mt 7,7.8; 10,1.
2. Estas palabras del Salterio, esta dulce canción, esta grata melodía
para cantar y también rica por su contenido, dio origen a los monasterios.
FUENTES
A causa de esta voz se dieron ánimo los hermanos, que anhelaban habitar
unidos. Este verso fue la trompeta que sonó para ellos por toda la tierra, y
así se congregaron los que se hallaban dispersos. El clamor de Dios, el cla-
mor del Espíritu Santo, el clamor profético, no se oía en Judea, pero fue
escuchado en toda la tierra. Muchos de aquellos que cantaban este salmo, se
21
Is 52, 15
22
Cf. Enarrat. in ps. 126, 4.
23
1Co 15, 6
24
Hch 2, 44-45.
25
Hch 4, 32.
26
Sal 75, 12
27
Qo 5, 4 77
espíritu debe estar preparado para prometer y cumplir, no vaya a ser que,
juzgándose incapaz de cumplir, evite prometer. Y, efectivamente, nunca
FUENTES
28
Los circunceliones eran un movimiento que surgió en el norte de África hacia fines del
siglo IV. Todo parece indicar que primeramente fueron meros revoltosos que promovían
el desorden social y económico, pero, finalmente, terminaron aunándose a ciertas faccio-
nes de la herejía donatista, tan fuerte entonces en aquella región. Su nombre deriva de su
costumbre de vagar en torno a las tumbas y santuarios de los mártires. Se dice, de hecho,
que una de las formas de ganarse la vida que estos vándalos tenían era la venta de reliquias
de los mártires. Mostraban, también, cierta postura rigorista y ascética, pero algunos
Padres refieren que era sólo en apariencia, pues en realidad cometían toda clase de exce-
sos. Uno de sus rasgos más destacados era la violencia con la que asaltaban las propieda-
des y los pequeños poblados y la brutalidad con la que trataban a los cristianos, especial-
mente a los clérigos. Ver LEPELLEY, C., voz Circumcelliones en Augustinus-Lexikon, Basel-
78 Stuttgart, Schwabe & Co. AG, 1992, col. 930-936.
ros, hermanos míos, que en otro momento les mencioné29, y creo que más
de una vez, tienen en su seno buenos y malos. Justamente, de estas tres
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clases de hombres se dijo: Habrá dos en el campo: uno será tomado y otro
dejado; habrá dos en el lecho: se tomará a uno y se dejará al otro; habrá dos
en el molino: una será tomada y la otra dejada30.
Los que gobiernan la Iglesia son los que se hallan en el campo, por
eso dice el apóstol, y fíjense si no estaba en el campo: Yo planté, Apolo regó,
29
Cf. Enarr. in ps. XCIX, 13.
30
Lc 17, 34.35
31
1Co 3, 6
32
1Co 7, 31.32
33
Mt 19, 24-26 79
cuenta de que todas las cosas pasan y perecen, que nada trajo a este
mundo y nada ha de llevarse de él; que recuerda cómo el rico, que ardía
FUENTES
en las llamas del infierno, deseó que lo aliviara una sola gota de agua del
dedo de aquél que anhelaba las migajas de su mesa; y, pensando estas
cosas, hacen lo que dice el apóstol: No ponen la confianza en lo incierto de
las riquezas, sino en Dios vivo, que nos da en abundancia todas las cosas para
disfrutarlas. Sean ricos, prosigue el apóstol, en buenas obras, sean dadivosos
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
y limosneros. Y esto, ¿de qué les sirve? Atesoren un buen fundamento para el
futuro a fin de que consigan la verdadera vida34. Aquí están las que serán
tomadas del molino. Sin embargo, el rico, que se vestía de púrpura y de
lino, y comía con abundancia todos los días, despreciaba al pobre que
yacía a las puertas de su casa35; él será dejado, porque una será tomada y
la otra dejada.
34
1Tm 6, 17-19
35
Lc 16, 19-24
36
Ez 14, 13-16
37
Gn 7
38
Dn 6; y 14, 28-39
80 39
Dn 10, 11
probó que Job adoraba a Dios gratuitamente: no por las cosas que había
recibido, sino sólo por Dios. Después de perder todas estas cosas en una
FUENTES
prueba repentina y dolorosa, después de perder la herencia y los herede-
ros, conservando únicamente a su esposa, pero no para que lo consuele,
sino como tentación, él dijo lo que ustedes ya saben: El Señor me lo dio,
el Señor me lo quitó; como al Señor le agradó, así se hizo. Sea bendito el nom-
bre del Señor40. En él se cumplió lo que cantamos diariamente, si también
6. ¿Qué dicen, entonces, los que nos agreden a causa del nombre
de monjes? Quizás nos dirán: “Los nuestros no se llaman circumceliones;
ustedes los llaman así con un nombre ofensivo, pero nosotros no les deci-
mos así”. Bueno, dígannos cómo los llaman, para que lo escuchemos.
Ellos los llaman “luchadores”. También nosotros reconoceríamos que es
un nombre más respetuoso si, realmente, se ajustara a la realidad. Por
ahora, piénsenlo ustedes. Ellos nos dicen: “Muéstrennos dónde está escri-
to el nombre de monjes”; que ellos antes nos muestren dónde se escribió
el de “luchadores”. Replican: “Los llamamos así porque luchan, y el após-
tol dice: Combatí el buen combate42; por tanto, como luchan contra el dia-
blo y lo vencen, estos soldados de Cristo se llaman luchadores”. ¡Ojalá que
fuesen soldados de Cristo y no del diablo! Pero, ellos, que se saludan
diciendo: Alaba a Dios43, suscitan más temor que el rugido del león. Ellos
también se atreven a ofendernos, porque los hermanos, al encontrarse con
alguien, los saludan diciendo: Las gracias sean dadas a Dios. Ellos dicen:
¿Qué significa las gracias sean dadas a Dios? ¿Puedes ser tan tonto que no
sabes lo que quiere decir las gracias sean dadas a Dios? El que dice esto, está
ya dando gracias a Dios. Fíjate si un cristiano no debe dar gracias a Dios
cuando ve a su hermano. ¿Acaso no es motivo de alegría que se encuen-
tren los que habitan en Cristo? Y, sin embargo, ustedes se ríen de nuestro
Las gracias sean dadas a Dios; y, por el contrario, los hombres lloran ante
40
Jb 1
41
Sal 33, 2
42
2Tm 4, 7
43
“Deo laudes” era, según se deduce de aquí, el refrán que caracterizaba a los circumcellio-
nes, y, en cambio, “Deo gratias” era el propio de los cristianos y de los monjes. San Agustín,
se verá más abajo, los entiende como traducción de la disposición del espíritu: en uno se
acentúa el esfuerzo humano de alabar a Dios, y en el otro, se subraya la misericordia de Dios
y la condición creatural del hombre, llamado a reconocer y a agradecer el don de Dios. 81
el verso de ustedes: Alabanzas a Dios.
Ciertamente, explicaron por qué los llaman luchadores. Está bien
FUENTES
que los llamen así, los felicitamos. Ojalá que combatan contra el diablo y
no contra Cristo, a cuya Iglesia persiguen. Sin embargo, como luchan,
ustedes los llaman luchadores y encuentran motivo, porque el apóstol
dijo: Combatí el buen combate.
Entonces, ¿Por qué nosotros no vamos a poder llamar monjes, tal
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
como dice el salmo: Vean qué bueno y agradable es que los hermanos habi-
ten unidos? Monos en griego significa uno, y no uno cualquiera, porque la
muchedumbre, en definitiva, también es uno ya que, estando formada de
muchos, también puede llamarse uno; pero no puede llamarse monos, es
decir, único. Monos significa uno solo. Los que viven tan unidos que cons-
tituyen un solo hombre, de modo que en ellos se cumple lo que está escri-
to, son una sola alma y un solo corazón; son muchos cuerpos, pero no
muchas almas; son muchos cuerpos, pero no muchos corazones; con
razón, pues, se los llama monos, es decir, uno solo. Por eso, se dice tam-
bién que sólo uno se curaba en la piscina.
Entonces, que quienes mancillan el nombre de monjes nos res-
pondan y expliquen por qué aquel hombre que llevaba treinta y ocho años
soportando una enfermedad respondió al Señor: Al ser movida el agua, no
tengo quien me arroje a ella, y otro baja antes que yo44. Bajaba uno solo y no
bajaba nadie más. Sólo uno se curaba, simbolizando la unidad de la
Iglesia. Es previsible, entonces, que ultrajen el nombre de la unidad, quie-
nes se apartaron de ella. Es previsible que vean con malos ojos el nombre
de monjes, porque ellos no quieren habitar en unión con los hermanos,
pues, siguiendo a Donato, abandonaron a Cristo. Todo esto referente a lo
de “unidos”; hasta aquí me han escuchado hablar exclusivamente de esto,
sigamos adelante y disfrutemos de lo que sigue en el salmo. Es breve y
podemos explicar todo, en la medida en que el Señor lo inspire: creo que,
por las cosas que ya mencionamos, las que siguen pueden llegar a ser más
fáciles de entender, aunque, en un primer momento, parezcan oscuras.
82
44
Jn 5, 5.7
dote, sino el que fue víctima y sacerdote; el que, al venir al mundo, no
encontró nada puro para ofrecer y se ofreció a sí mismo? El ungüento está
FUENTES
en su cabeza, porque el Cristo total es también con la Iglesia. Pero, el
ungüento bajó de la cabeza. Cristo es nuestra Cabeza; fue crucificado y
sepultado; resucitado, subió al cielo, y vino el Espíritu Santo, enviado por
la Cabeza. ¿Adónde? A la barba. La barba simboliza los fuertes. La barba
simboliza a los jóvenes, a los valientes, a los diligentes, a los activos, a los que
9. Así pues, los monjes eran como barba; algunos fueron fuertes
y padecieron muchísimas persecuciones. Fíjense, si el ungüento no hubie-
ra descendido desde la barba, ahora no tendríamos monasterios. Pero,
como descendió también hasta el borde del vestido, pues dice: Que des-
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
cendió hasta el borde del vestido, apareció la Iglesia, que engendró luego a
los monasterios. Las vestiduras sacerdotales simbolizan a la Iglesia, a esto
se refiere el apóstol, cuando dice: Para presentarse a sí mismo a la Iglesia
gloriosa, que no tiene mancha ni arruga48. Se lava para que no tenga man-
cha, se extiende para que no tenga arrugas. ¿En dónde se extiende? Sobre
un leño. Todos los días vemos que los lavanderos “crucifican”, por decir-
lo de algún modo, las túnicas para secarlas, y de este modo, quedan sin
arrugas. ¿Qué significa “borde del vestido”?
Hermanos míos, ¿qué hemos de entender por “hasta el borde del
vestido”? El borde es el final del vestido. ¿Qué significa “final del vestido”?
¿Quiere decir que al fin de los tiempos la Iglesia tendrá hermanos que
habiten unidos? ¿O entendemos la palabra “borde” como “perfección”,
porque el vestido se acaba en el borde, y por tanto, perfectos son aquellos
que saben vivir unidos? Son perfectos los que cumplen la ley. ¿Cómo
cumplen la ley de Cristo los que habitan unidos? Escucha al apóstol:
Lleven las cargas de los otros y así cumplirán la ley de Cristo49. Éste es el
borde del vestido. Pero ¿cómo entenderemos, hermanos míos, que el
ungüento pueda descender hasta el extremo del vestido? No creo que el
salmista se hubiera referido también al borde lateral del vestido, pues,
ciertamente, los costados también son “bordes”.
Por tanto, el ungüento descendió desde la barba hasta el borde
que hay en la parte principal del vestido, en donde se halla la abertura
para el cuello. Éstos son los que habitan unidos; y así, como, al vestirse, la
cabeza del hombre entra por esta abertura, también Cristo, que es nues-
tra Cabeza, entra, a través de la unidad de corazones entre los hermanos,
para vestirse, y así la Iglesia se une a Él.
10. ¿Qué más dice? Como rocío del Hermón que desciende sobre los
montes de Sión. Aquí, quiso se entendiera, hermanos míos, que los her-
manos habitan unidos debido a la gracia de Dios, no a causa de sus fuer-
47
Hch 7, 51.59
48
Ef 5, 27
84 49
Ga 6, 2
zas; no por sus méritos, sino sólo por la gracia de Dios, que es como rocío
del cielo. La tierra no se llueve a sí misma, todo lo que nace se secaría si
FUENTES
la lluvia no bajara desde arriba. Otro salmo dice: Lluvia voluntaria derra-
marás, ¡oh Dios!, para tu heredad.50 ¿Por qué la llamó voluntaria? Porque
no se debe a nuestros méritos, sino a su voluntad. ¿O acaso merecimos
algún bien nosotros, pecadores? ¿Qué bien merecimos los inicuos? Tengan
en cuenta que de Adán procede Adán, y tras Adán nacen muchos peca-
50
Sal 67, 10
51
Jn 3, 30 85
12. Los “montes de Sión”, son grandes en Sión. ¿Qué es Sión? La
Iglesia. ¿Y quiénes son sus montes? Los grandes. Los montes simbolizan a
FUENTES
los mismos que simbolizaba la barba y el borde del vestido. Sólo se entien-
de por barba a los perfectos, pues únicamente habitan unidos aquellos, en
quienes la caridad de Cristo es perfecta. Porque en quienes no habita la
perfecta caridad de Cristo, aunque vivan unidos, odian, molestan, ator-
mentan, perturban con su malhumor a los demás y andan buscando algu-
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
na razón para pelearse. Les pasa lo que al burro, que se molesta cuando le
sujetan una carga: no sólo no tira, sino que rompe a coces lo que le car-
garon. Pero, si posee el rocío del Hermón, que baja sobre los montes de
Sión, es manso, reposado, humilde, tolerante y ora en vez de murmurar.
En cierto lugar de la Escritura, se pinta admirablemente un retra-
to de los murmuradores: El corazón del murmurador es como las ruedas de
un carro52. ¿Qué quiere decir esto? Que va cargado de heno y rechina. La
rueda del carro no puede dejar de murmurar. Así hay muchos hermanos,
que sólo corporalmente están unidos. Pero ¿quiénes son los que habitan
unidos? Aquellos de quienes se dice: Únicamente había en ellos un alma y
un solo corazón en Dios; y nadie tenía cosa propia, sino que todas las cosas les
eran comunes53. Han sido designados, han sido descritos los que pertene-
cen a la barba, los que pertenecen al borde del vestido, los que son conta-
dos entre los montes de Sión. Si allí existen algunos murmuradores, que
se acuerden de lo que dijo el Señor: Uno será tomado y otro dejado54.
13. Pues allí mandó Dios la bendición. ¿A dónde? Entre los her-
manos que habitan unidos. Allí mandó la bendición, allí los que habitan
en armonía bendicen al Señor, porque en la discordia no puedes bendecir
al Señor. No puedes decir que tu lengua alaba a Dios, si el corazón está
callado. Con la boca bendices y con el corazón maldices. Con su boca ben-
decían y con su corazón maldecían55, dice un salmo. ¿Acaso son palabras
mías? Aquí se está señalando a algunos. Bendices a Dios cuando oras, y,
continuando tu plegaria, maldices a tu enemigo. ¿Te parece que esto es
aquello que escuchaste del Señor: Amen a sus enemigos? Si obras, y amas a
tu enemigo, si rezas por él, allí mandó Dios su bendición, y tendrás allí la
vida del siglo, es decir, para siempre. Hay muchos que, amando esta vida
terrena, maldicen a sus enemigos. ¿Y por qué? Por esta vida, por los inte-
reses mundanos. ¿Con qué te amenazó tu enemigo para que te veas obli-
52
Si 33, 5
53
Hch 4, 32
54
Mt 24, 40
86 55
Sal 61, 5
gado a maldecirle? ¿Te afligió en esta tierra? Emigra de ella; habita en el
cielo. Preguntas: “¿Cómo habitaré en el cielo siendo carne, entregado a la
FUENTES
carne?” Adelántate con el corazón adonde quieres que vaya el cuerpo. No
oigas, sin prestar atención, aquello de: ¡Levantemos el corazón! Ten tu cora-
zón en alto, y en el cielo, nadie te va a contristar. Y así, con gran habili-
dad, continúa en el salmo siguiente.
1. Ahora bendigan al Señor todos los siervos del Señor, que están en
la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios. ¿Por qué agregó en
los atrios? Los atrios son los lugares más espaciosos de una casa. El que está
en el atrio, no se siente sofocado ni oprimido por la construcción, sino
que se halla a sus anchas. Si tú permaneces en la anchura, podrás amar a
tu enemigo, porque no amas las cosas por las que tus enemigos pueden
causarte angustias. ¿Cómo sabes si estás en los atrios? Permanece en la
caridad, y estarás en los atrios. La amplitud está en la caridad, y la estre-
chez en el odio. Escucha al apóstol: Ira, indignación, tribulación y angus-
tia (habrá) en toda alma del hombre que obra el mal56. ¿Y qué dice de la
anchura de la caridad? La caridad de Dios se difundió en nuestros corazones
por el Espíritu Santo que nos ha sido dado57. Al oír que se difundió, entien-
de anchura; al oír anchura, piensa en los atrios del Señor, y tendrás la ver-
dadera bendición del Señor porque no maldices a tus enemigos.
El Espíritu Santo habla aquí a los que padecen tribulación; y,
exhortándoles a que se gloríen en ella, les dice: Ahora bendigan al Señor
todos los siervos del Señor. ¿Qué quiere decir Ahora? En este tiempo, por-
que, cuando hayan pasado las tribulaciones, nos dedicaremos exclusiva-
mente a bendecir al Señor, según lo que se dijo: Bienaventurados los que
moran en tu casa; por los siglos de los siglos te alabarán58. Los que van a ben-
decir sin interrupción, ya ahora empiezan a bendecir al Señor; aquí, en las
tribulaciones, en las tentaciones, en las incomodidades, en las adversida-
des del siglo, en medio de las insidias del enemigo, en medio de los enga-
ños y los ataques del diablo. Esto es Ahora bendigan al Señor todos los sier-
vos del Señor que están en la casa del Señor. ¿Qué significa que están? Que
perseveran. Pues de uno que fue arcángel, se dijo: No permaneció en la
56
Rm 2, 8.9
57
Rm 5, 5
58
Sal 85, 5 87
Verdad59; y en cambio, del amigo del esposo: El amigo del esposo permane-
ce en pie, y le oye, y se alegra gozoso oyendo la voz del esposo60.
FUENTES
2. Por eso, los que están en la casa del Señor, en los atrios de la casa
de nuestro Señor, por las noches levanten sus manos hacia el santuario y ben-
digan al Señor. Sería fácil bendecir durante el día. ¿Qué significa “duran-
te el día”? En los acontecimientos prósperos. La noche es un hecho triste,
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
59
Jn 8, 44
60
Jn 3, 29
61
Jb 1, 14-21
88 62
Jb 2, 7-10
modo que nuestra tierra daba su fruto63. En las noches, elevad vuestras manos
hacia el santuario y bendecid al Señor.
FUENTES
3. El Señor, que hizo el cielo y la tierra, te bendiga desde Sión.
Exhorta a muchos a que bendigan y bendice al único, porque Él, de
muchos, hace uno, ya que es bueno y agradable que los hermanos habiten en
uno64. La palabra hermanos está en plural, y vivir en uno en singular; por
Salmo 134
1. Debe sernos muy dulce lo que este salmo tiene para decirnos,
y por ser tan dulce debe llenarnos de alegría. En efecto, dice: Alaben el
nombre del Señor. Y enseguida agrega la causa por la cual es justo que ala-
bemos el nombre del Señor: Alaben, siervos, al Señor. ¿Qué puede ser más
justo, qué más digno, qué más agradable? Pues, si los siervos no alabaran
al Señor, serían soberbios, ingratos, impíos. ¿Y qué consiguen no alaban-
do al Señor? Experimentar su severidad. El siervo ingrato nada consigue,
si no quiere alabar al Señor, y es como si no fuera, en realidad, su siervo.
Tú eres siervo: alabes o no; pero, si lo alabas, lo tendrás a tu favor; y si no
le alabas, le ofenderás. Por tanto, la exhortación es buena y útil; de aquí
que debamos poner más empeño en ver cómo debe ser alabado Dios que
en cuestionar si conviene. Así pues, alaben el nombre del Señor. El salmo,
el profeta, el Espíritu de Dios y, finalmente, el mismo Señor, nos exhor-
tan a alabar a Dios. Pero, Dios no crece con nuestras alabanzas, sino no-
sotros. Dios no se hace mejor porque le alabes, ni peor porque lo agravies;
pero tú, alabando al bien, serás mejor; y agraviándolo, peor. Sin embargo,
Él sigue siendo bueno. Si Él enseña a sus siervos, a quienes Él mismo con-
fiere bienes, a los predicadores de su palabra, a los que dirigen a su Iglesia,
a los que reverencian su nombre, a los que obedecen sus mandatos, que
retengan en su conciencia la dulzura de su vida buena, de modo que no
se corrompan con las alabanzas, ni se quiebren con los reproches de los
63
Sal 84, 13
64
Sal 132, 1 89
hombres, ¿cuánto más acertado es decir que el Inmutable, que está sobre
todas las cosas y que enseña todo esto, no se hará ni mayor porque tú lo
FUENTES
siempre fueron siervos, ¿cuánto más deben alabar al Señor siendo siervos,
para que merezcan ser también hijos?
65
Sal 32, 1.
66
Si 15, 9.
90 67
Sal 49, 23.16.17.
el que piensa estas cosas y no es desagradecido, se anonada por completo
a sí mismo ante el amor de su Señor, por quien recibió tantos dones; y
FUENTES
como él no tiene nada con qué pagar a Dios por tantos beneficios, única-
mente le resta darle gracias, sin buscar recompensarlo. Propio de la acción
de gracias es tomar el cáliz del Señor e invocar su santo nombre68. Porque
¿qué cosa retribuirá el siervo al Señor por todos los beneficios que recibió
de él? Por eso Alaben al Señor los que están en la casa del Señor, en los atrios
68
Sal 115, 12.13.
69
Gn 1, 31.
70
Mt 19, 17. 91
como Él es el origen de todas, aunque me agraden, me vuelvo, inevita-
blemente, hacia Aquel, por quien existen, para entender que el Señor es
FUENTES
bueno. Por otra parte, cuando me adentro en Él, en la medida de mis posi-
bilidades, veo que está muy por encima de mí, más hondo en mi interior
que yo mismo71. El Señor es tan bueno, que no necesita de estas cosas para
ser bueno. En síntesis, no puedo alabar todas estas cosas olvidándome de
Él; sin embargo, a Él lo encuentro perfecto, excelente, inmutable, sin estas
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
cosas, sin necesidad de buscar el bien de nadie por crecer, ni temer el mal
de ninguno que lo haga disminuir. ¿Qué más puedo decir? En la creación
encuentro un cielo bueno, un sol bueno, una luna buena, unas estrellas
buenas, una tierra buena; y buenas las cosas que proceden de la tierra y
que están fijas en ella por las raíces; buenos los seres que se mueven y
andan, y buenos los que vuelan en el aire y nadan en las aguas. También
digo que el hombre es bueno, pues el hombre bueno saca cosas buenas del
tesoro de su corazón72. Lo mismo, digo que el ángel es bueno; el que no
cayó por la soberbia ni se hizo diablo, pues se adhiere por la obediencia a
Aquel que lo hizo. Todas estas cosas son buenas; pero, sin embargo, las
llamé a cada una con su propio nombre: cielo bueno, ángel bueno, hom-
bre bueno; sin embargo, cuando hablo de Dios, creo que es mejor decir
únicamente que es bueno. El mismo Señor Jesucristo dijo: Hombre bueno;
y también: Uno solo es bueno, Dios. ¿Es que, entonces, no nos estimuló a
investigar y a distinguir las diferencias entre un bien y otro, y cuál es el
bien en sí? Por tanto, ¡Qué bueno es Aquel que hizo buenas todas las
cosas! No encontrarás en absoluto ningún bien que no sea bien si no es
por Él. Como es propio del bien hacer cosas buenas, podemos concluir
que Él es el bien. Las cosas que hizo existen, y, no lo ofendemos cuando
decimos que ya no existen las cosas que Él hizo. ¿Por qué las hizo, si ya no
existen? ¿Qué fue lo que hizo, si ya no existe? En realidad, aunque las
cosas que hizo existan, al compararlas con Él, es como si Él solo existiera,
por eso dijo: Yo soy el que soy, y así dirás a los hijos de Israel: “El que Es me
envió a ustedes”. No dijo: “El Señor Dios, omnipotente, misericordioso y
justo”. Si lo hubiera dicho, ciertamente hubiera dicho la verdad. Dios,
sacando de en medio todos los nombres con los que pudiera ser llamado
y denominado, respondió que se llamaba “ser”; y como si éste fuese su
nombre propio, agrega: Esto les dirás: “El que Es, me envió”. Así, entonces,
Él es, y, comparadas con Él, todas las cosas que han sido hechas no son.
Si no las comparamos con Él, podemos decir que son, porque son por Él;
pero, comparándolas con Él, no son, porque Él es el Ser inmutable, el
71
interiores mihi et superiores invenio.
92 72
Mt 12, 35.
único que verdaderamente es. Por tanto, el Ser es, y, como el bien de todos
los bienes, es el Bien. Observen y piensen que toda otra cosa que alaban,
FUENTES
es alabada porque es buena. El que alaba lo que no es bueno, está loco. Si
alabas al inicuo por ser inicuo, ¿no eres inicuo también tú? Si alabas al
ladrón por ser ladrón, ¿no te haces su cómplice? Si alabas al justo por ser
justo ¿no tienes tú parte con él? No alabarías al justo si no lo amaras; y no
lo amarías si no tuvieras parte con él. Por tanto, si lo que alabamos, lo ala-
73
1Tm 2, 5. 93
de Él? Según está escrito: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba
en Dios, y el Verbo era Dios, por el cual fueron hechas todas las cosas. Tú
FUENTES
¿cómo le percibes? El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros74. Para que
el hombre comiera el pan de los ángeles, el Creador de los ángeles se hizo
hombre. Por tanto, salmodien en honor de su nombre, porque es suave. Si lo
pueden gustar, canten salmos; si perciben qué suave es el Señor, canten
salmos; si es rico lo que saborean, alábenlo. ¿Quién es tan ingrato que, al
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
74
Jn 1, 1.3.14.
94 75
Ex 3, 14.15.6.
y lo que dije: el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, te per-
tenece a ti; y, por tanto, si no puedes comprender lo que yo soy para mí,
FUENTES
entiende lo que soy para ti. Para que nadie pensara que lo que dijo: Yo soy
el que soy; y: El que Es me envió a vosotros, únicamente era su nombre eter-
no; y lo que dijo: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de
Jacob, era su nombre temporal, cuando Dios dijo: Yo soy el que soy: y: El
que Es me envió a vosotros no se preocupó de especificar, que éste era para
76
Ga 3, 29.
77
Rm 11, 17-18. 95
escuchas: “El Israel de Dios, el Israel que pertenece a Dios”, no pienses
que no perteneces a Él. Es muy probable que hayas sido acebuche, pero
FUENTES
ahora eres una rama que participa de la fecundidad del olivo. ¿Quieren
saber cómo fue injertado el acebuche en Abrahán, en Isaac, en Jacob, y así
dejen de creer que no pertenecen a este árbol, porque no descienden por la
sangre del linaje de Abrahán? Cuando el Señor se admiró de la fe del cen-
turión, que no era del pueblo de Israel, sino del pagano, dijo: por esto les
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
digo que muchos vendrán del oriente y del occidente. Miren bien: aquí el ace-
buche está ya en manos del que lo va a injertar: Muchos vendrán del orien-
te y del occidente. Veamos qué lleva para injertar, veamos en dónde lo injer-
ta. Dice: Y se sentarán en la mesa con Abrahán, con Isaac y con Jacob, en el
reino de los cielos. Vemos qué injerta y en dónde. ¿Qué dice de las ramas
naturales y soberbias? Pero los hijos del reino irán a las tinieblas exteriores,
allí será el llanto y el rechinar de dientes78. Cosa anunciada y cosa cumplida.
96 78
Mt 8, 11.12.
conocer viendo; que entonces, alaben lo que hizo. Es suave; el Señor eligió
para sí a Jacob, a Israel, en posesión suya. Lo alaba porque yo conocí que es
FUENTES
grande el Señor. Habla el profeta que penetró en el santuario de Dios, que
quizá oyó palabras inefables79 para el hombre, imposibles de expresar, que
dijo lo que puede declararse a los hombres y retuvo en sí lo que no puede
manifestarse. Prestémosle atención, en cuanto a lo que podemos entender,
y tengamos fe ante lo que no podemos. Respecto a lo que podemos, escu-
79
2Co 12, 4.
80
1Co 8, 5-6.
81
Sal 81, 1.6. 97
los abismos? Por tanto, si no podemos conocerlas todas, indudablemente
debemos retener y creer que todo lo que hay en el cielo, en la tierra, en el
FUENTES
mar y en todos los abismos fue hecho por Dios, porque, según ya dijimos,
hizo todo lo que quiso en el cielo, en la tierra, en el mar y en todos los abis-
mos. No se vio obligado a hacer todo lo que hizo, sino que hizo todo lo que
quiso. La causa de todo lo que hizo es su voluntad. Tú construyes la casa,
porque, si no quieres hacerla, te quedas sin morada; es decir, la necesidad
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
11. ¿Piensas que nosotros hacemos algo por libre voluntad? Las
cosas que mencioné las hacemos por necesidad, porque, si no las hiciéra-
mos, permaneceríamos pobres y necesitados. ¿Encontraremos algo que
hacemos por libre voluntad? Sin duda que sí: alabar a Dios cuando le
amamos. Cuando amas lo que alabas, lo haces por libre voluntad, pues no
lo haces por necesidad, sino porque te agrada. Por eso, Dios les es agra-
dable a sus justos y a sus santos, incluso cuando los castiga. Cuando Dios
les desagrada a todos los inicuos, les agrada a los justos; por eso, hallán-
dose bajo su azote en la aflicción, en los trabajos, en las heridas, en la indi-
gencia, alabaron a Dios; no les desagradó ni siquiera en medio de los tor-
mentos. Esto es amar gratuitamente, no con el propósito de recibir un
premio, porque tu premio supremo será el mismo Dios, a quien gratuita-
mente amas. Debes amar de modo que no dejes de desear nunca como
recompensa al mismo Dios, que es el único que te podrá saciar; así lo
deseaba Felipe, cuando decía: Muéstranos al Padre y nos basta82.
Ciertamente, hacemos esto libremente, lo hacemos y lo debemos hacer
por libre voluntad, porque hallamos deleite en ello, cuando lo hacemos
amando; y, aunque estemos siendo castigados por Él, jamás deberá ser
desagradable para nosotros, porque Él siempre es justo. Esto es lo que
señala el que lo alaba: En mí están, ¡oh Dios!, tus votos, que cumpliré en tu
alabanza83; y en otro lugar: Voluntariamente te sacrificaré84, ¿Qué quiere
decir voluntariamente sacrificaré? Voluntariamente te alabaré. El Señor
82
Jn 14, 8.
83
Sal 55, 12.
98 84
Sal 49, 23.
dice: El sacrificio de alabanza me glorificará. Si te vieras obligado a ofrecer
a tu Señor un sacrificio grato y aceptable, así como se ofrecían antes los
FUENTES
sacrificios, que eran sombra de lo que vendría después, tal vez, no encon-
trarías entre tus animales, un toro que le fuera agradable, ni un macho
cabrío, que fuera digno del altar del Señor, ni un carnero, aceptable para
ser víctima ofrecida a tu Dios; y, si no los encuentran, preocupados por lo
que deben hacer, quizás digan a Dios: “Quiero, pero no tengo” ¿Acaso
85
Lc 2, 14.
86
Ga 5, 17. 99
cia contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, para que no hagáis lo que
queréis, no hacía en sí mismo lo que quería; por eso, gemía en su interior,
FUENTES
13. Forma las nubes del confín de la tierra. Veamos estas obras del
Señor ejecutadas en su criatura. Aparecen nubes, venidas del confín de la
tierra y llueve, pero no sabes de dónde vienen; pero el profeta lo indica,
diciendo: Desde el confín de la tierra, ya sea, desde el abismo o desde los
extremos de la tierra, Él hace las nubes donde quiere, pero, claro está,
desde la tierra. Convierte el relámpago en lluvia. Los relámpagos sin lluvia
te aterrarían y no servirían de nada. Convierte el relámpago en lluvia.
Relampaguea, te aterrorizas; llueve, te alegras. Convierte el relámpago en
lluvia; el que provocó tu temor, te ha llenado de alegría. Saca los vientos de
sus tesoros por causas ocultas, que desconoces. Tú sientes el soplo del vien-
to; pero ignoras por qué sopla o de dónde saca su fuerza. Sin embargo,
debes creer piadosamente a Dios, porque no soplaría el viento, si Él, que
lo hizo, no lo ordenara
100 87
Rm 7, 22-25.
soberbios egipcios. Contra Faraón y contra todos sus siervos. Poco hubiera
sido haber hecho esto en Egipto ¿Qué pasó después que el pueblo salió de
FUENTES
allí? Hirió a muchas naciones que ocupaban la tierra que Dios quería dar a
su pueblo. Y mató a reyes poderosos: a Seón, rey de los amorreos, y a Og, rey
de Basán, y a todos los reinos de Canaán. Así como el salmo menciona bre-
vemente todas estas cosas, las podemos encontrar en otros libros de la
Escritura; y también en ellos se ve el excelso poder del Señor. Cuando tú
Dios y campo de Dios. También dice: ¿Quién planta una viña y no come
de su fruto?89, y asimismo: Yo planté, Apolo regó, pero Dios dio el crecimien-
to90. También en su Iglesia, y en sus predicadores, y entre su pueblo hizo
todo lo que quiso, como en el cielo y la tierra. Poco hubiera sido obrar
sólo en ellos; por eso hizo también cuanto quiso en el mar y en todos los abis-
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
mos. El mar son todos los que aún no creen, y en ellos también hizo cuan-
to quiso. Pues éstos no se ensañarían si Él no lo permitiera; ni se los casti-
ga, por su perversidad, si antes no lo ordena Aquel que creó todos los pue-
blos. Piensa que es mar y no tierra. Pero ¿acaso por esto está exento del
poder de Dios omnipotente? En el mar y en todos los abismos hizo cuanto
quiso. ¿Quiénes son los abismos? Las cosas que ocultan los corazones de
los mortales, los pensamientos secretos de los hombres. ¿Cómo hace allí
Dios lo que quiere? Porque el Señor pregunta al justo y al impío, pero el que
ama la iniquidad odia su alma91. ¿En dónde le pregunta? En otro sitio se
escribió: La interrogación tendrá lugar en los pensamientos del impío92. Así
pues, hizo lo que quiso en todos los abismos. El corazón bueno oculta cosas,
igualmente el malo; hay un abismo en el corazón bueno, e igualmente lo
hay en el malo; pero los dos están desnudos ante Dios, a quien nada se le
oculta. Consuela al corazón bueno y atormenta al malo. Hizo todas las
cosas que quiso en el cielo y en la tierra, en el mar y en todos los abismos.
17. Forma las nubes del confín de la tierra. ¿Qué nubes? Los pre-
dicadores de su Palabra, que es la verdad. Cuando se llenó de ira contra
su viña, mencionó estas nubes, al decir: Mandaré a mis nubes que no dejen
caer agua sobre ella93. Poco es haber suscitado nubes de Jerusalén o de
Israel, a las que envió a predicar su Evangelio a toda la tierra. De ellas dijo:
Por toda la tierra se oye su sonido, y en los confines de la tierra sus palabras94.
Poco es esto. Pero como el mismo Señor dice: Este Evangelio del reino se
predicará por toda la tierra para testimonio de todas las gentes, y entonces ven-
drá el fin95, por eso suscita nubes de los confines de la tierra. Porque al
89
1Co 9, 7.
90
1Co 3,9.10.6.
91
Sal 10, 6.
92
Sal 1, 9.
93
Is 5, 6.
94
Sal 18, 5.
102 95
Mt, 24, 14.
difundirse el Evangelio, ¿de dónde saldrán predicadores del Evangelio
para los confines de la tierra, si no levanta allí nubes desde el confín de la
FUENTES
tierra? ¿Qué hace con estas nubes? Convierte los relámpagos en lluvia.
Convirtió las amenazas en misericordia, del terror produjo el riego.
¿Cómo puede regar con el terror? Cuando Dios te amenaza por el profe-
ta y por el apóstol y temes ¿no te está atemorizando el relámpago? Pero,
cuando te arrepientes, te corriges y reconoces que se hizo esto por miseri-
96
Ct 4, 8 (LXX).
97
2Co 4, 16. 103
los que suscitan escándalos en la Iglesia, aunque se llamen cristianos, dan
muerte a sus primogénitos. Por tanto, serán infieles, serán engañosos, pues
FUENTES
de allí? Los hombres dicen lo que quieren”. Sin embargo, es cristiano; pero,
mató a su primogénito, mató a su fe, y esto desde el hombre hasta el ganado.
Hermanos, diré lo que me creo: En los hombres, me parece que se simbo-
liza a los doctos, debido al alma racional, propia de la naturaleza humana;
y en el ganado, a los indoctos, pero que tienen fe, porque, de lo contrario,
no tendrían primogénito. Hay hombres doctos que afligen a la Iglesia pro-
vocando las divisiones y las herejías. Por eso, no encontrarás fe en ellos,
porque se hicieron Egipto, es decir, aflicción para el pueblo de Dios.
Mataron a sus primogénitos y arrastraron tras de sí a muchos hombres
ignorantes; ésos son el ganado. Esta aflicción que hace sufrir a la Iglesia:
muere la fe en los que la afligen; y mueren también los primogénitos, tanto
de los doctos como de los indoctos, porque Dios mató los primogénitos de
los egipcios, desde el hombre hasta el ganado o la bestia.
19. Obró señales y prodigios en ti, ¡oh Egipto! Contra Faraón y con-
tra sus siervos. Faraón era el rey de los egipcios. Presten atención al nombre
y fíjense cómo hace Dios todo esto. El rey es el personaje más importante
de cualquier pueblo. Egipto significa aflicción, y Faraón dispersión. Es
decir, la aflicción tiene por rey a la dispersión, porque los que afligen a la
Iglesia, la afligen desde distintos puntos. Es más, para afligirla se dispersan.
Pero como el rey guía y el pueblo lo sigue, primero va la dispersión y luego
la aflicción. Escuchen, escuchen bien estos nombres en su sentido figura-
do y profundo, y se van a dar cuenta de que de ninguno de estos nombres
se entiende algo bueno. Por eso, en ellos Dios obró con su ira.
FUENTES
la tentación de los ojos va delante y sigue la provocación. También esto
sucedió al diablo, porque la tentación de los ojos, para él, fue el transfor-
marse en ángel de luz. Que la mano del Señor acabe con éste y con aqué-
llos; a éste para que no haga caer a los otros, de modo que éstos se corri-
jan. Efectivamente, cada hombre mata en sí mismo a este rey cuando con-
98
Sal 18, 30.
99
Jn 14, 6.
100
Sb 5, 8. 105
beneficio, cuando se castiga con la humillación. Por tanto, Canaán signi-
fica ahora “soberbio”. Todo impío y todo infiel ensalza su corazón, al rehu-
FUENTES
sarse a creer en Dios. Pero esta exaltación prepara la humillación para el día
del juicio, pues entonces será humillado el que se había rehusado a creer;
algunos son vasos de ira, preparados para la condenación. Que, entonces,
ahora se engrían, se burlen, se arrojen sobre los creyentes, que se rían de
ellos, se mofen de los cristianos, y digan: “Las cosas que dicen del día del
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
106 101
1Co 10, 11.
Fueron cegados los soberbios e iluminados los humildes. Por eso, juzgó a
su pueblo. Isaías anunció este juicio, cuando dijo: Y ahora tú, casa de Jacob,
FUENTES
ven; caminemos en la luz del Señor; esto es poco. ¿Qué sigue? Pues aban-
donó a su pueblo, a la casa de Israel103. La casa de Jacob es la casa de Israel,
porque Jacob es Israel. Conocen las Santas Escrituras, y pienso que se
acuerdan de que Jacob, cuando luchó con el ángel, recibió el nombre de
Israel104. Jacob e Israel son un solo hombre, una sola persona. Así, pues, la
102
Jn 9, 39.
103
Is 2, 5.6.
104
Gn 32, 28.
105
Mt 27, 39-43; Lc 23, 34-35.
106
Rm 11, 1-2. 107
tos; quieren creer. Les decimos: “¿Qué quieren?” y responden: “Conocer
la gloria de Dios”. Créanme hermanos; me admiro y me lleno de gozo ante
FUENTES
107
Is 54, 13; Jn 6, 44-45.
108
Rm 3, 23.
108 109
Sb 15, 15.
movimiento a las manos, ni agilidad a los pies.
FUENTES
24. ¡Oh hombre!, sin duda, ya te debes estar burlando de lo que te
fabricaste, ahora que conoces al que te hizo a ti. ¿Qué se dice de los que no
le conocieron? Todos los que hacen ídolos son semejantes a ellos, y todos los que
confían en ellos. Créanme hermanos: ellos se parecen, en cierto modo, a los
ídolos, no precisamente en la carne, sino en su hombre interior, porque tie-
25. Todos los días hay hombres que creen por los milagros de
Cristo; todos los días se abren los ojos de los ciegos, y los oídos de los sor-
dos, y percibe la nariz de los insensatos, y se desata la lengua de los mudos,
y se robustecen las manos y los pies de los lisiados, y se levantan de estas
110
Mt 11,15.
111
So 2,11.
112
2Co 2, 15. 109
piedras hijos de Abrahán113. Que a todos éstos les digan: Bendice al Señor,
casa de Israel. Todos son hijos de Abrahán; Y si de estas piedras se levan-
FUENTES
tan hijos de Abrahán, es evidente que son más bien los que pertenecen a
la casa de Israel, al linaje de Abrahán, no por la carne, sino por la fe. Casa
de Israel, bendice al Señor. Procura pertenecer a esta casa y ser contado
entre el pueblo de Israel. Por eso, creyeron los apóstoles y miles de cir-
cuncisos. Casa de Israel, bendice al Señor; casa de Aarón, bendice al Señor;
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)
26. Por tanto, digamos todos, a una voz, lo que sigue: Sea bendi-
to desde Sión el Señor, que habita en Jerusalén. Desde Sión hasta Jerusalén.
Sión significa contemplación, y Jerusalén visión de paz. ¿En qué Jerusalén
ha de morar ahora? ¿En la que fue destruida? No, sino en nuestra madre,
que está en los cielos, de la cual se dijo: Muchos más son los hijos de la aban-
donada que los de la que tiene varón114. Así pues, el Señor ahora es bende-
cido desde Sión, porque contemplamos, esperando su venida, pues ahora,
mientras vivimos en la fe, nos hallamos en Sión. Terminado el viaje, habi-
taremos en aquella ciudad que jamás será destruida, porque el Señor habi-
ta en ella y la protege: en aquella ciudad, la eterna Jerusalén, que es visión
de paz; de la paz de Aquel, hermanos míos, a quien la lengua no puede
alabar como conviene y en donde no sentiremos ya enemigo alguno ni en
la Iglesia, ni fuera de la Iglesia, ni en nuestra carne, ni en nuestro pensa-
miento, pues la muerte será vencida115 y nos dedicaremos a ver a Dios en
paz eterna, hechos ya ciudadanos de Jerusalén, la ciudad de Dios.
113
Mt 3, 9.
114
Is 54, 1; Ga 4, 26-27.
110 115
1Co 15, 54.