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Comentario de San Agustín a Salmos 132-134

Este documento presenta el comentario de San Agustín sobre los Salmos Graduales 132-134. San Agustín explica que estos salmos cantan la unión fraternal en la fe, como se vivía en Jerusalén y como se vive en la Iglesia. También describe cómo la vida monástica cristiana continúa esta unidad comunitaria vivida en Jerusalén. Finalmente, señala que la comunidad de los discípulos nacida en Pentecostés no es solo un efecto de la enseñanza de Cristo, sino que es el verdadero C

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Comentario de San Agustín a Salmos 132-134

Este documento presenta el comentario de San Agustín sobre los Salmos Graduales 132-134. San Agustín explica que estos salmos cantan la unión fraternal en la fe, como se vivía en Jerusalén y como se vive en la Iglesia. También describe cómo la vida monástica cristiana continúa esta unidad comunitaria vivida en Jerusalén. Finalmente, señala que la comunidad de los discípulos nacida en Pentecostés no es solo un efecto de la enseñanza de Cristo, sino que es el verdadero C

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EL COMENTARIO DE

FUENTES
SAN AGUSTÍN DE HIPONA
A LOS SALMOS GRADUALES1

Cuadernos Monásticos 164 ( 2008) 67 - 110


(SAL 132-134)

Introducción

1. Los Salmos Graduales y la vida comunitaria

Los Salmos Graduales cantan la subida a Jerusalén, y ahora, con los


Salmos 132-134, el salmista ha llegado a la meta. Y con ello se produce un
cambio muy fuerte en la tónica de los salmos. Desde el clamor inicial, en
singular, del Salmo 119: En mi aflicción clamé al Señor, y Él me respondió,
ahora el salmista, en el Templo, en Jerusalén, deja de hablar de una expe-
riencia personal para referirse, en plural, a la vida de los hermanos en
comunión. Porque Jerusalén no es sólo el lugar material de reunión de los
israelitas, sino que su valor más alto es el de simbolizar la unión sin ruptu-
ras de los hermanos en una sola casa, que es la casa del Señor.
Esta realidad es la que ha llevado desde la exégesis rabínica hasta
san Agustín a considerar estos salmos finales como un canto de exaltación
de la unión fraterna en la fe, así como también el modelo de toda vida,
tanto del piadoso israelita (Si 50,13) como del cristiano en la Iglesia.
Y esa comunión de los hermanos tiene un nombre tras el cual
marcharon los peregrinos: “Jerusalén”. Su significado etimológico es
“visión de paz”, y esa paz se hace manifiesta en la congregación de los fie-
les viviendo en la unidad en la casa del Señor.
Como señala Ravasi, la Regla de la Comunidad de Qumrán pare-
ciera ser un largo desarrollo en torno al núcleo del Salmo 132. Y en el
Rollo de los Salmos encontrado en la gruta XI se conserva el texto del Salmo
utilizado por la comunidad esénica2. De allí que la lectura que hará san
Agustín esté totalmente inscrita dentro de esta gran tradición bíblica.

1
Introducción, traducción y notas del P. Abad Fernando Rivas, osb, de la Abadía San
Benito de Luján (Pcia. de Buenos Aires, Argentina).
2
RAVASI, G., Il Libro dei Salmi, vol. III (101-150), Bologna 1988, 688. 67
2. La asamblea de fieles israelitas y la comunidad de los primeros cristianos
FUENTES

Ya en el comentario al Salmo 1313 san Agustín había introducido


el tema que en estos últimos Salmos Graduales se hace manifiesto: la vida
monástica. Se podría estar tentado de decir que san Agustín hace una lec-
tura o exégesis cristiana-monástica de estos salmos. Sin embargo ello trai-
cionaría su intuición más importante: la vida monástica de los cristianos
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

es el intento de hacer continua esa unidad en la caridad y en la fe de los


israelitas en Jerusalén. Por eso en esta interpretación de los Salmos
Graduales no está en juego un problema de exégesis textual sino de reco-
nocer una continuidad histórica de realidades que, como es lógico, tienen
para san Agustín su clave en el libro de los Hechos de los Apóstoles4. Es por
eso que en estos comentarios que hoy se presentan san Agustín no se limi-
ta a presentar un ideal espiritual de vida cristiana. La Iglesia no reduce el
mensaje de Cristo a una espiritualidad. Tal como se da en los Hechos de
los Apóstoles, la venida del Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo resucitado,
mueve a los discípulos a constituir esa fraternidad en la caridad que es
unión de corazones y de bienes y es lo que san Agustín contempla en los
Salmos 132-134. Es en esa comunión donde se realizaba la antigua
Jerusalén y ahora cobra vida en la Ciudad de Dios como anticipo y mani-
festación visible de la que se realizará al fin de los tiempos cuando Cristo
sea “todo en todos”.
Esta identificación de la vida monástica como prolongación de la
comunidad de Jerusalén fue un patrimonio común a la tradición y se hace una
verdadera leyenda acerca de su origen, tal como señala A. de Vogüé respecto de
la interpretación que da Juan Casiano en sus Instituciones II (ns. 4-6)5.

3. La comunidad de los cristianos y el Cuerpo de Cristo Resucitado

Sin embargo esta comunidad de los discípulos que nace en el día de


Pentecostés tampoco se reduce a un simple efecto, secuela, de la enseñanza
de Cristo. Se trata del verdadero Cuerpo de Cristo resucitado, que es la
Iglesia, y se hace visible en la comunidad que vive en la unidad de la caridad6:

3
Vs. 5-6.
4
VERHEIJEN, M., Saint Augustin, en Théologie de la Vie Monastique, Bellefontaine
1961, 201-212.
5
VOGÜÉ, A. de, Monachisme et Église dans la pensée de Cassien, en Théologie de la Vie
Monastique, Bellefontaine 1961, 212-215.
68 6
Cfr. RONDEAU, M.-J., Les commentaires patristiques du psautier, [Link]: Exégèse proso-
“Por tanto, el ungüento descendió desde la barba hasta el borde
que hay en la parte principal del vestido, en donde se halla la aber-

FUENTES
tura para el cuello. Éstos son los que habitan unidos; y así como,
al vestirse, la cabeza del hombre entra por esta abertura, también
Cristo, que es nuestra Cabeza, entra, a través de la unidad de
corazones entre los hermanos, para vestirse, y así la Iglesia se une
a Él (Sal 132, n. 9)”.

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


Los grandes maestros de la vida monástica consideran la
Resurrección de Cristo como el momento constitutivo de la más profun-
da realidad de la vida monástica: la formación de la nueva humanidad del
resucitado. Ya san Antonio lo señalaba en forma repetida en sus Cartas:
sin ser un maestro de la vida cenobítica sabía que la realidad esencial del
Misterio Pascual es la constitución de los fieles como miembros, unos de
otros, de un solo Cuerpo:

“Entonces Dios, desbordante de amor, vino a nosotros diciendo


por boca de sus santos: Hijo de hombre, prepárate lo necesario para
una cautividad (Ez 12,3). Y Él, la imagen de Dios (2 Co 4,4), no
pensó en arrebatar el rango que lo igualaba a Dios; al contrario, se
anonadó y, tomando la condición de esclavo, se hizo obediente hasta
la muerte y muerte de cruz. Así Dios le dio el Nombre sobre todo nom-
bre, de suerte que al nombre de Jesucristo toda rodilla se doble en el
cielo, en la tierra y en los infiernos y, en adelante, toda lengua confie-
se que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre (Flp 2,6-11).
Ahora, muy queridos hermanos, se ha realizado entre nosotros esta
palabra: Para salvarnos, el amor del Padre no perdonó a su Hijo
Único, sino que lo entregó por nuestra salvación, a causa de nuestros
pecados (Rm 8,32). Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido
por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus
llagas hemos sido curados (Is 53,5). Su Verbo omnipotente nos ha
reunido de todos los países, de un extremo a otro de la tierra y del
universo, resucitando nuestras almas, perdonando nuestros peca-
dos, enseñándonos que somos miembros unos de otros (Carta 2)”.

Esta identificación de la vida monástica con la constitución del

pologique et théologie, Roma 1985. Utilizamos también las conclusiones del clásico estudio
de Balthasar FISCHER, Le Christ dans les Psaumes en La Maison-Dieu 27 (1951), 88-97
y también Les titres pour les Psaumes, en La Maison Dieu 27 (1951), 109-113. 69
Cuerpo de Cristo en Pentecostés la encontramos también en Pacomio7 y
Doroteo (Conferencia VI, 76-78), entre otros.
FUENTES

Es fruto de esta perspectiva cristológica que san Agustín establece


en su teología, según M. Verheijen, una ecuación entre Cuerpo de Cristo
Resucitado, la Iglesia y la comunidad monástica8:

“¡Vean qué bueno y agradable es que los hermanos habiten unidos!


El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

¿Qué está mostrando al decir: Vean? Hermanos, nosotros también


lo vemos y bendecimos a Dios, y decimos cuando oramos: Vean.
Y el salmo dice a qué cosa se parecen los hermanos unidos: Como
ungüento en la cabeza que desciende a la barba, la barba de Aarón,
que desciende hasta el borde de su vestido. ¿Qué era Aarón?
Sacerdote. ¿Quién es este sacerdote, sino el único sacerdote que
entró en el santo de los santos? ¿Quién es este sacerdote, sino el
que fue víctima y sacerdote; el que, al venir al mundo, no encon-
tró nada puro para ofrecer y se ofreció a sí mismo? El ungüento
está en su cabeza, porque el Cristo total lo es también con la
Iglesia. Pero, el ungüento bajó de la cabeza. Cristo es nuestra
Cabeza; fue crucificado y sepultado; resucitado, subió al cielo, y
vino el Espíritu Santo, enviado por la Cabeza. ¿Adónde? A la
barba. La barba simboliza los fuertes. La barba simboliza a los
jóvenes, a los valientes, a los diligentes, a los activos, a los que
están preparados. Por eso, cuando describimos gente así, decimos
que son hombres con barba. El primer ungüento descendió sobre
los apóstoles, descendió sobre los que soportaron el primer ataque
del mundo; sobre ellos descendió el Espíritu Santo. Porque quie-
nes primeramente comenzaron a habitar unidos, soportaron la
persecución, pero, como había descendido el ungüento a la barba,
padecieron, pero no fueron vencidos. ¡Ya había precedido en el
sufrimiento la Cabeza de donde descendió el ungüento! y con tal
ejemplo como precedente, ¿quién podría vencer ya a la barba? (Sal
132, n. 7)”.

En este pasaje san Agustín emplea su conocida expresión “Cristo


total” para designar la Iglesia y la comunidad monástica. Cristo resucitado es
Cabeza y Cuerpo, formado por sus fieles que viven en esta ciudad del mundo.
Sin embargo, reconoce Agustín, ese Espíritu que es el alma de la

7
Cfr. VEILLEUX, A., La liturgie dans le cénobitisme pachômien, Roma 1968, 167-248.
8
VERHEIJEN, M., Saint Augustin, en Théologie de la Vie Monastique, Bellefontaine
70 1961, 201-203.
Iglesia, de la comunidad monástica, ha sido recibido en sus “primicias” y
por eso en lugar de encerrarse en la Jerusalén-Sión de este mundo, anhela

FUENTES
la plenitud de su realidad y vive proyectada escatológicamente hacia la ciu-
dad de Dios definitiva, donde está su Cabeza que los atrae hacia arriba:

“Y esto se hace realidad porque vive la primogénita, es decir la fe,


de la cual también dice el apóstol: y también nosotros, que tene-

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


mos las primicias del espíritu, es decir, que, habiendo dado a Dios,
las primicias de nuestro espíritu, esto es, la misma fe, como nues-
tros primogénitos, sin embargo, gemimos en nuestro interior,
anhelando la adopción de hijos y la redención de nuestro cuerpo.
Si es una inmensa gracia de Dios que se conserve nuestra fe, es un
gran castigo matar los primogénitos. Esto sucede cuando los hom-
bres redimidos, pierden la fe y se vuelven aflicción para la Iglesia,
pues afligen a la Iglesia cuando pierden la fe; y Egipto significa
también aflicción. Por eso, todos los que afligen a la Iglesia, todos
los que suscitan escándalos en la Iglesia, aunque se llamen cristia-
nos, dan muerte a sus primogénitos (Sal 134, n. 18)”.

Dentro de la polémica donatista san Agustín no hace de la vida


monástica una élite respecto al resto de los fieles, que vivirían un cristia-
nismo de segunda categoría. La vida monástica pertenece a la Iglesia y
hace visible (¡Vean...!) lo que de otro modo sería difícil de percibir. San
Agustín llama a los monjes a elevar su corazón allí donde está su Cabeza
por medio de la santidad de vida y la alabanza9:

“Pues allí mandó Dios la bendición. ¿A dónde? Entre los herma-


nos que habitan unidos. Allí mandó la bendición, allí los que habi-
tan en armonía bendicen al Señor, porque en la discordia no pue-
des bendecir al Señor. No puedes decir que tu lengua alaba a Dios,
si el corazón está callado. Con la boca bendices y con el corazón
maldices. Con su boca bendecían y con su corazón maldecían10, dice
un salmo. ¿Acaso son palabras mías? Aquí se está señalando a algu-
nos. Bendices a Dios cuando oras, y, continuando tu plegaria, mal-
dices a tu enemigo. ¿Te parece que esto es aquello que escuchaste
del Señor: Amen a sus enemigos? Si obras, y amas a tu enemigo, si
rezas por él, allí ordenó Dios su bendición, y tendrás allí la vida del

9
Cfr. VERHEIJEN, M., Pèlerinage vers le haut, pèlerinage vers le centre, en “Nouvelle
approche de la Règle de Saint Augustin”, Louvain 1988, 87-90.
10
Sal 61,5. 71
siglo, es decir, para siempre. Hay muchos que, amando esta vida
terrena, maldicen a sus enemigos. ¿Y por qué? Por esta vida, por
FUENTES

los intereses mundanos. ¿Con qué te amenazó tu enemigo para


que te veas obligado a maldecirle? ¿Te afligió en esta tierra? Emigra
de ella; habita en el cielo. Preguntas: “¿Cómo habitaré en el cielo
siendo carne, entregado a la carne?” Adelántate con el corazón
adonde quieres que vaya el cuerpo. No oigas, sin prestar atención,
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

aquello de: “¡Levantemos el corazón!” Levantemos el corazón, y en


el cielo, nadie te va a contristar. (Sal 132, n. 13)”.

Estas expresiones las vuelve a repetir en el comentario al Salmo 133,


dándole a estos tres salmos un verdadero valor de doctrina monástica:

“El Señor te bendiga desde Sión. Bendice la unidad. Sé uno y reci-


birás la bendición (Sal 133, n. 3)”.

Debido a esta dignidad de la comunidad monástica como Cuerpo


de Cristo, san Agustín no puede callar su rechazo a las formas de vida
monástica que son un falso testimonio de este Misterio de Cristo presen-
te en el mundo por su Iglesia.

4. La experiencia de la suavidad del Cuerpo de Cristo:


la alabanza en la Eucaristía

Ahora bien, como señala de Lubac11, esta identificación del


Cuerpo de Cristo con la unidad de los hermanos en la caridad no signifi-
ca olvidar el papel que juega aquí la Eucaristía. En el lenguaje y mentali-
dad de estos grandes Padres de la Iglesia no siempre se hace explícito lo
que para ellos se presentaba de un modo natural, aunque no para el cris-
tiano de hoy. Nos referimos a esta equiparación del Cuerpo de Cristo con
la Iglesia y con la Eucaristía. Ellos veían una identidad total pero, como
indica de Lubac, el sacramentum se identifica con la misma realidad que
significa. La Eucaristía es la fuente y origen de la Iglesia, por eso al hablar
del Cuerpo de Cristo Agustín no duda en afirmar que es la comunidad de
los fieles reunida en la caridad, como fruto de la Eucaristía, del Misterio
Pascual de Cristo. Si bien en estos textos que hoy presentamos san Agustín
no cita expresamente Hechos de los Apóstoles 2, 42 (Los discípulos se mante-
nían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la fracción del pan y en la

72 11
LUBAC, H. de, Corpus Mysticum, Paris 1949, 23.
oración), sin embargo cita los versículos que le siguen como consecuencia,
estableciendo esa unidad Eucaristía-vida de la comunidad. Sin embargo

FUENTES
en estos textos aparece el otro concepto inseparablemente unido al voca-
bulario eucarístico de la communio: la unidad (in unum) y la comunión de
bienes (omnia communia), forma concreta y viva de realizarse la comu-
nión eucarística.
Es por eso que los atributos de una de las tres realidades puede

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


pasarse a la otra con una total coherencia y continuidad: para san Agustín
la experiencia eucarística de la suavidad de Dios se puede gustar en la
comunidad de los hermanos en el monasterio:

“¿Cuánto más podré agregar de su bondad? ¿Quién concebirá o


comprenderá qué bueno es el Señor? Volvamos a nuestro interior
y reconozcámoslo en nosotros; alabemos al Artífice por sus obras,
porque no somos capaces de contemplarlo directamente a él
mismo. Y si llegara el caso en que alguna vez pudiéramos hacerlo,
será cuando nuestro corazón sea purificado por la fe, para que,
finalmente, llegue a gozar con la verdad. Pero, como ahora no
podemos verlo, veamos sus obras a fin de no quedarnos sin ala-
barlo. Dije: Alaben al Señor, porque es bueno; salmodien en
honor de su nombre, porque es suave. Quizás sería bueno, pero
no diría “suave” si no te diera la posibilidad de gustarlo. Sin
embargo, se ofreció a los hombres de tal modo, que para enviar-
les pan del cielo entregó a su Hijo, igual a Él, que es lo mismo que
Él, para hacerse hombre y dejarse matar para el bien de los hom-
bres, a fin de que, haciéndose lo que tú eres, tú puedas gustar lo
que no eres. Era demasiado para ti gustar la suavidad de Dios,
porque se hallaba lejana y demasiado alta, y tú demasiado bajo y
yaciendo en el abismo. En medio de esta inmensa separación
envió al Mediador. Tú, hombre, no podías llegar a Dios; enton-
ces Dios se hizo hombre, y el Mediador de los hombres, el hom-
bre Cristo Jesús12, para que, si como hombre puedes acercarte al
hombre y no a Dios, por medio de este hombre te acerques a
Dios. Si únicamente fuera hombre, siguiéndolo, jamás llegarías a
Dios. Y, si sólo fuera Dios, sin poder comprender lo que no eres,
jamás llegarías a Él. Por eso, Dios se hizo hombre para que,
siguiendo a un hombre, lo que puedes hacer, llegues a Dios, lo
que antes no podías. Él es Mediador, así Él se hizo suave. ¿Qué es
más suave que el pan de los ángeles? ¿Cómo no ha de ser suave el

12
1 Tm 2, 5. 73
Señor, si el hombre comió el pan de los ángeles? Pues el hombre
no vive por una razón, y el ángel por otra: Él es la verdad, Él es la
FUENTES

sabiduría, Él es la fortaleza de Dios. Aunque, tú no puedes gozar,


como los ángeles gozan de Él. ¿Cómo gozan de Él? Según está escri-
to: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el
Verbo era Dios, por el cual fueron hechas todas las cosas. Tú ¿cómo le
percibes? El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros13. Para que el
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

hombre comiera el pan de los ángeles, el Creador de los ángeles se


hizo hombre. Por tanto, salmodien en honor de su nombre, porque es
suave. Si lo pueden gustar, canten salmos; si perciben qué suave es
el Señor, canten salmos; si es rico lo que saborean, alábenlo. ¿Quién
es tan ingrato que, al deleitarse en alguna comida, no dé gracias, o
felicite al cocinero, o al que lo invitó, alabando lo que come? Si no
nos callamos cuando se trata de estas personas ¿nos callaremos
cuando se trata de Aquél, que nos dio todas las cosas? Salmodien en
honor de su nombre, porque es suave (Sal 134, n. 5)”.

A su vez la unidad de la comunión fraterna se manifiesta en la


suavidad de la salmodia, que ahora es una realidad eucarística en cuanto
acción de gracias y sacrificio de alabanza presentado por los hermanos al
Señor, su Cabeza:

“Propio de la acción de gracias es tomar el cáliz del Señor e invo-


car su santo nombre14. Porque ¿qué cosa retribuirá el siervo al
Señor por todos los beneficios que recibió de él? Por eso Alaben al
Señor los que están en la casa del Señor, en los atrios de la casa de
nuestro Dios (Sal 134,2)”.

La salmodia, como la eucaristía, es para san Agustín fuente y cul-


men de la vida monástica:

“Estas palabras del Salterio, esta dulce canción, esta grata melodía
para cantar y también rica por su contenido, dio origen a los
monasterios. A causa de esta voz se dieron ánimos los hermanos,
que anhelaban habitar unidos. Este verso fue la trompeta que
sonó para ellos por toda la tierra, y así se congregaron los que se
hallaban dispersos. El clamor de Dios, el clamor del Espíritu
Santo, el clamor profético, no se oía en Judea, pero fue escucha-
do en toda la tierra (Sal 132, n. 2)”.
13
Jn 1, 1.3.14.
74 14
Sal 115, 12.13.
5. La ley fundamental del Cuerpo de Cristo:
la caridad y comunión de bienes

FUENTES
De esta identificación fundamental san Agustín deriva la obser-
vancia monástica no simplemente como una ley que hace al obrar del
monje, sino a su ser mismo. La caridad, como “alma una” de la comuni-
dad monástica, es ley de vida, no simplemente del obrar. Sin la caridad no

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


puede realizarse el mismo Misterio de Cristo, la “ley” de su vida:

“Hermanos míos, ¿qué hemos de entender por hasta el borde del


vestido? El borde es el final del vestido. ¿Qué significa “final del ves-
tido”? ¿Quiere decir que al fin de los tiempos la Iglesia tendrá her-
manos que habiten unidos? ¿O entendemos por la palabra “borde”
como “perfección”, porque el vestido se acaba en el borde, y por
tanto, perfectos son aquellos que saben vivir unidos? Son perfectos
los que cumplen la ley. ¿Cómo cumplen la ley de Cristo los que
habitan unidos? Escucha al apóstol: Lleven las cargas de los otros y
así cumplirán la ley de Cristo [Ga 6,2] (Sal 132, n. 9)”.

Pero así como el Cuerpo Eucarístico del Señor llena a todos con
todo bien y dulzura, del mismo modo los que forman la unidad en su
Cuerpo, todos los miembros, deben encontrar en el Cuerpo de la comu-
nidad todo lo que necesitan para su vida. De otro modo sería una con-
tradicción entre el sacramentum y la realidad que él significa15:

“Todos eran de Judea y ellos fueron los primeros que habitaron en


común, porque vendieron cuanto poseían y colocaron sus bienes a
los pies de los apóstoles, de acuerdo con lo que leemos en los
Hechos de los Apóstoles: Y se distribuía a cada uno conforme cada
uno lo necesitaba, y nadie tenía propiedad, sino que todas las cosas les
eran comunes16. ¿Qué significa unidos? Que tenían una sola alma y
un solo corazón en Dios17. Ellos fueron los primeros en escuchar:
¡Vean cuán bueno y agradable es que los hermanos habiten unidos!
Fueron los primeros en escucharlo, pero no los únicos, sino que el
regocijo por la caridad y la entrega a Dios, también se extendió a
los que vinieron después, a quienes llegó la bendición y la unidad

15
Cfr. TILLARD, J.-M.-R., Chair de l’Èglise, chair du Christ. Aux sources de l’ecclésiologie
de communion, Paris 1992, 53-67.
16
Hch 2,44-45.
17
Hch 4,32. 75
de los hermanos. Al decir: Hagan votos y cúmplanlos al Señor, Dios
suyo18, se prometió algo a Dios (Sal 132, n. 2)”.
FUENTES

De este modo, con esa culminación en la asamblea de hermanos


reunidos en la unidad por Cristo, san Agustín termina todo su
Comentario a los Salmos Graduales diciendo:
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

“Terminado el viaje, habitaremos en aquella ciudad que jamás


será destruida, porque el Señor habita en ella y la protege: en
aquella ciudad, la eterna Jerusalén, que es visión de paz; de la paz
de Aquel, hermanos míos, a quien la lengua no puede alabar
como conviene y en donde no sentiremos ya enemigo alguno ni
en la Iglesia, ni fuera de la Iglesia, ni en nuestra carne, ni en nues-
tro pensamiento, pues la muerte será vencida19 y nos dedicaremos
a ver a Dios en paz eterna, hechos ya ciudadanos de Jerusalén, la
ciudad de Dios (Sal 134, n. 26)”.

TEXTO
Salmo 132

1. Este salmo es breve, pero ya bastante famoso y conocido. ¡Vean


qué bueno y agradable es que los hermanos habiten unidos! y es tan agrada-
ble esta canción, que incluso algunos que ignoran el Salterio cantan este
verso. Es tan dulce como la caridad, que hace habitar en unión a los her-
manos. ¡Qué bueno y agradable es que los hermanos habiten unidos!
Hermanos, esto no necesita interpretación, ni explicación; pero lo que
sigue encierra algo que debe aclararse a los que llaman20. Sin embargo,
examinemos en profundidad, una y otra vez, este primer versículo, y así,
a partir de él, podremos reconocer toda la estructura del salmo; veamos,
entonces, si de todos los cristianos se ha dicho: ¡Qué bueno y agradable es
que los hermanos habiten unidos! Porque, tal vez, haya algunos determina-
dos y perfectos, que habitan en unión; y, entonces, esta bendición no se
refiere a todos, sino a algunos en especial, desde quienes, sin embargo,
llega a todos los demás.

18
Sal 75,12.
19
1 Co 15,54.
76 20
Cf. Mt 7,7.8; 10,1.
2. Estas palabras del Salterio, esta dulce canción, esta grata melodía
para cantar y también rica por su contenido, dio origen a los monasterios.

FUENTES
A causa de esta voz se dieron ánimo los hermanos, que anhelaban habitar
unidos. Este verso fue la trompeta que sonó para ellos por toda la tierra, y
así se congregaron los que se hallaban dispersos. El clamor de Dios, el cla-
mor del Espíritu Santo, el clamor profético, no se oía en Judea, pero fue
escuchado en toda la tierra. Muchos de aquellos que cantaban este salmo, se

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


taparon los oídos para no oír este sonido, pero otros los abrieron; de ellos se
dijo: Lo verán aquellos a los que no se habló de Él y le entenderán quienes no
le oyeron21. De todos modos, queridos hermanos, si examinamos con dete-
nimiento, vemos que primero recibió esta bendición el lado de la circunci-
sión. Pues ¿acaso murieron todos los judíos? ¿De dónde procedían los após-
toles, hijos de los profetas, hijos de los sacudidos22? Les menciono esto, por-
que ya lo conocen. ¿De dónde eran aquellos quinientos que vieron al Señor
después de la resurrección, según recuerda el apóstol Pablo23? ¿De dónde
eran aquellos ciento veinte que se hallaban juntos, en un solo lugar, después
de la resurrección y la ascensión al cielo del Señor, aquellos sobre los que, el
día de Pentecostés descendió el Espíritu Santo, enviado desde el cielo, según
había sido prometido?
Todos eran de Judea y ellos fueron los primeros que habitaron en
común, porque vendieron cuanto poseían y colocaron sus bienes a los pies
de los apóstoles, de acuerdo a lo que leemos en los Hechos de los Apóstoles:
Y se distribuía a cada uno conforme cada uno lo necesitaba, y nadie tenía pro-
piedad, sino que todas las cosas les eran comunes24. ¿Qué significa unidos? Que
tenían una sola alma y un solo corazón en Dios25. Ellos fueron los primeros en
escuchar: ¡Ved cuán bueno y agradable es que los hermanos habiten unidos!
Fueron los primeros en escucharlo, pero no los únicos, sino que el regocijo
por la caridad y la entrega a Dios, también se extendió a los que vinieron
después, a quienes llegó la bendición y la unidad de los hermanos. Al decir:
Hagan votos y cúmplanlos al Señor, Dios vuestro26, se prometió algo a Dios.
Sin embargo, mejor es no prometer que prometer y no cumplir27: pero, el

21
Is 52, 15
22
Cf. Enarrat. in ps. 126, 4.
23
1Co 15, 6
24
Hch 2, 44-45.
25
Hch 4, 32.
26
Sal 75, 12
27
Qo 5, 4 77
espíritu debe estar preparado para prometer y cumplir, no vaya a ser que,
juzgándose incapaz de cumplir, evite prometer. Y, efectivamente, nunca
FUENTES

cumpliría nada si piensa que lo va a realizar por sus propias fuerzas.

3. El nombre de monjes se originó en el vocabulario de este


salmo; por tanto, que nadie recrimine a los católicos el uso de esta pala-
bra. Cuando ustedes desaprueban, con razón, a los herejes, por ejemplo
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

los circeliones, para que se avergüencen y se salven, ellos los insultan


diciéndoles: “Monjes”. Ante todo, fíjense ustedes mismos si pueden ser
comparados: si fuera necesaria alguna explicación, ya tendrán ocasión de
brindarla. Pero, por ahora, únicamente es necesario que cada uno de uste-
des se fije; que simplemente examine y compare. ¿Qué necesidad tenemos
de aclaraciones? Se comparan los borrachos con los sobrios, los precipita-
dos con los reflexivos, los locos con los sencillos, los vagabundos con los
congregados. Y, sin embargo, ellos acostumbran a preguntar: “¿Qué quie-
ren decir con el nombre de monjes?” Pero, con más razón diremos no-
sotros: ¿Qué significa el nombre de circeliones28? Pero nos dicen: “No nos
llamamos circeliones”. Tal vez, nosotros estemos usando un nombre equi-
vocado. ¿Quieren que les diga cuál es su nombre propio? Quizás se deno-
minan circunceliones (vagabundos) y no circeliones. Pero, entonces, si se
llaman así, que aclaren qué son.
En efecto, se denominan circunceliones los que vagan por las cel-
das o cavernas. Suelen, pues, andar de aquí para allá, sin tener jamás un
lugar fijo; y cometen las barbaridades que ustedes ya saben, y que también
ellos conocen, quieran admitirlo o no.

4. ¡Qué pena queridos hermanos, que haya también monjes fal-


sos! Todos nosotros los conocemos, y, sin embargo, no se destruye la pia-
dosa fraternidad por causa de los que sacan provecho de aquello que no
son. Hay monjes falsos, como clérigos falsos y fieles falsos. Estos tres géne-

28
Los circunceliones eran un movimiento que surgió en el norte de África hacia fines del
siglo IV. Todo parece indicar que primeramente fueron meros revoltosos que promovían
el desorden social y económico, pero, finalmente, terminaron aunándose a ciertas faccio-
nes de la herejía donatista, tan fuerte entonces en aquella región. Su nombre deriva de su
costumbre de vagar en torno a las tumbas y santuarios de los mártires. Se dice, de hecho,
que una de las formas de ganarse la vida que estos vándalos tenían era la venta de reliquias
de los mártires. Mostraban, también, cierta postura rigorista y ascética, pero algunos
Padres refieren que era sólo en apariencia, pues en realidad cometían toda clase de exce-
sos. Uno de sus rasgos más destacados era la violencia con la que asaltaban las propieda-
des y los pequeños poblados y la brutalidad con la que trataban a los cristianos, especial-
mente a los clérigos. Ver LEPELLEY, C., voz Circumcelliones en Augustinus-Lexikon, Basel-
78 Stuttgart, Schwabe & Co. AG, 1992, col. 930-936.
ros, hermanos míos, que en otro momento les mencioné29, y creo que más
de una vez, tienen en su seno buenos y malos. Justamente, de estas tres

FUENTES
clases de hombres se dijo: Habrá dos en el campo: uno será tomado y otro
dejado; habrá dos en el lecho: se tomará a uno y se dejará al otro; habrá dos
en el molino: una será tomada y la otra dejada30.
Los que gobiernan la Iglesia son los que se hallan en el campo, por
eso dice el apóstol, y fíjense si no estaba en el campo: Yo planté, Apolo regó,

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


pero Dios dio crecimiento31. Quiso, en cambio, que se entendiera que los
que estaban en el lecho, son los que aman el reposo, pues por lecho sim-
bolizó el descanso; éstos no se mezclan con las muchedumbres, no se
hallan en el tumulto del género humano: sirven a Dios en el descanso; y,
sin embargo, también allí, uno será tomado y otro dejado. Allí hay vir-
tuosos y condenados. No tengan miedo porque allí se encuentren también
réprobos, que están escondidos y son los que aparecerán al final. Y por
último, se menciona a dos personas en el molino, pero en género femeni-
no: duae, porque está haciendo referencia al pueblo. ¿Por qué estaban en
el molino? Porque se hallaban en este mundo, simbolizado por el molino,
ya que se mueve como la piedra del molino. ¡Ay de aquellos a quienes tri-
tura! De tal modo se mueven allí los fieles buenos, que una de ellas es
abandonada y otra aceptada. Los que aman este mundo, los mentirosos,
los tramposos, cometen acciones que son propias del mundo. Otros viven
en él como dice el apóstol: Disfrutan de este mundo como si no disfrutaran.
Pues, la figura de este mundo pasa, y quiero que vosotros estéis sin cuidados.32
¿Oyes quién será tomada del molino?
Sin duda se ven muchos pecados en los que son ricos. Teniendo
más trabajo, administrando más asuntos, defendiendo negocios familiares
más importantes, difícilmente suceda que no cometan más pecados; de
ellos se dijo: Más fácilmente entra un camello por el ojo de una aguja que un
rico en el reino de los cielos. Pero, como los discípulos se entristecieron a
causa de aquellos que ya veían condenados, el Señor los consoló, dicien-
do: Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios33. Escucha al
apóstol, y no eches en saco roto lo que dice: Manda a los ricos de este
mundo que no se engrían. Sin embargo, también encontrarás a un pobre
soberbio y a un rico humilde; verás a un cristiano que realmente se da

29
Cf. Enarr. in ps. XCIX, 13.
30
Lc 17, 34.35
31
1Co 3, 6
32
1Co 7, 31.32
33
Mt 19, 24-26 79
cuenta de que todas las cosas pasan y perecen, que nada trajo a este
mundo y nada ha de llevarse de él; que recuerda cómo el rico, que ardía
FUENTES

en las llamas del infierno, deseó que lo aliviara una sola gota de agua del
dedo de aquél que anhelaba las migajas de su mesa; y, pensando estas
cosas, hacen lo que dice el apóstol: No ponen la confianza en lo incierto de
las riquezas, sino en Dios vivo, que nos da en abundancia todas las cosas para
disfrutarlas. Sean ricos, prosigue el apóstol, en buenas obras, sean dadivosos
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

y limosneros. Y esto, ¿de qué les sirve? Atesoren un buen fundamento para el
futuro a fin de que consigan la verdadera vida34. Aquí están las que serán
tomadas del molino. Sin embargo, el rico, que se vestía de púrpura y de
lino, y comía con abundancia todos los días, despreciaba al pobre que
yacía a las puertas de su casa35; él será dejado, porque una será tomada y
la otra dejada.

5. Así habla también Ezequiel de tres personas, en las que no sin


razón interpretamos estos tres géneros: Cuando el Señor envíe la espada
sobre la tierra, aunque en medio de los hombres estuvieran Noé, Daniel y Job,
no se librarán los hijos y las hijas, sino que ellos solos se salvarán36. Estos, hace
ya mucho tiempo, fueron liberados, pero en estos tres nombres se simbo-
lizan otros tres géneros de hombres. Noé representa a los que gobiernan
la Iglesia, porque él gobernó el arca en el diluvio37. Daniel eligió la vida
reposada: sirvió a Dios, en el celibato, es decir, no tuvo mujer; era varón
santo, llevando una vida impregnada de los deseos del cielo; muchas veces
fue tentado, y en todas fue encontrado como oro puro. ¡Qué tranquilo
estaba entre los leones!38 Por tanto, en el nombre de Daniel, quien tam-
bién fue llamado varón de deseos39, pero sin duda castos y santos, se halla-
ban simbolizados los siervos de Dios, de los que se dice: ¡Vean qué bueno
y agradable es que los hermanos habiten unidos!
En el nombre de Job se representaba una de aquellas dos mujeres
que fue tomada del molino, pues él tenía mujer, hijos, y abundantes
riquezas; y tenía tantas en este mundo, que el diablo lo tentaba diciendo
que no adoraba a Dios gratuitamente, sino por lo que había recibido de
Él. Esto recriminó al santo hombre; sin embargo en sus tentaciones se

34
1Tm 6, 17-19
35
Lc 16, 19-24
36
Ez 14, 13-16
37
Gn 7
38
Dn 6; y 14, 28-39
80 39
Dn 10, 11
probó que Job adoraba a Dios gratuitamente: no por las cosas que había
recibido, sino sólo por Dios. Después de perder todas estas cosas en una

FUENTES
prueba repentina y dolorosa, después de perder la herencia y los herede-
ros, conservando únicamente a su esposa, pero no para que lo consuele,
sino como tentación, él dijo lo que ustedes ya saben: El Señor me lo dio,
el Señor me lo quitó; como al Señor le agradó, así se hizo. Sea bendito el nom-
bre del Señor40. En él se cumplió lo que cantamos diariamente, si también

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


nosotros acompañamos el canto con nuestras obras: Bendeciré al Señor en
todo tiempo; su alabanza está siempre en mi boca41. En estos tres nombres
se simbolizan los tres géneros de hombres, lo mismo que en aquellos tres
del Evangelio, que antes mencioné.

6. ¿Qué dicen, entonces, los que nos agreden a causa del nombre
de monjes? Quizás nos dirán: “Los nuestros no se llaman circumceliones;
ustedes los llaman así con un nombre ofensivo, pero nosotros no les deci-
mos así”. Bueno, dígannos cómo los llaman, para que lo escuchemos.
Ellos los llaman “luchadores”. También nosotros reconoceríamos que es
un nombre más respetuoso si, realmente, se ajustara a la realidad. Por
ahora, piénsenlo ustedes. Ellos nos dicen: “Muéstrennos dónde está escri-
to el nombre de monjes”; que ellos antes nos muestren dónde se escribió
el de “luchadores”. Replican: “Los llamamos así porque luchan, y el após-
tol dice: Combatí el buen combate42; por tanto, como luchan contra el dia-
blo y lo vencen, estos soldados de Cristo se llaman luchadores”. ¡Ojalá que
fuesen soldados de Cristo y no del diablo! Pero, ellos, que se saludan
diciendo: Alaba a Dios43, suscitan más temor que el rugido del león. Ellos
también se atreven a ofendernos, porque los hermanos, al encontrarse con
alguien, los saludan diciendo: Las gracias sean dadas a Dios. Ellos dicen:
¿Qué significa las gracias sean dadas a Dios? ¿Puedes ser tan tonto que no
sabes lo que quiere decir las gracias sean dadas a Dios? El que dice esto, está
ya dando gracias a Dios. Fíjate si un cristiano no debe dar gracias a Dios
cuando ve a su hermano. ¿Acaso no es motivo de alegría que se encuen-
tren los que habitan en Cristo? Y, sin embargo, ustedes se ríen de nuestro
Las gracias sean dadas a Dios; y, por el contrario, los hombres lloran ante

40
Jb 1
41
Sal 33, 2
42
2Tm 4, 7
43
“Deo laudes” era, según se deduce de aquí, el refrán que caracterizaba a los circumcellio-
nes, y, en cambio, “Deo gratias” era el propio de los cristianos y de los monjes. San Agustín,
se verá más abajo, los entiende como traducción de la disposición del espíritu: en uno se
acentúa el esfuerzo humano de alabar a Dios, y en el otro, se subraya la misericordia de Dios
y la condición creatural del hombre, llamado a reconocer y a agradecer el don de Dios. 81
el verso de ustedes: Alabanzas a Dios.
Ciertamente, explicaron por qué los llaman luchadores. Está bien
FUENTES

que los llamen así, los felicitamos. Ojalá que combatan contra el diablo y
no contra Cristo, a cuya Iglesia persiguen. Sin embargo, como luchan,
ustedes los llaman luchadores y encuentran motivo, porque el apóstol
dijo: Combatí el buen combate.
Entonces, ¿Por qué nosotros no vamos a poder llamar monjes, tal
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

como dice el salmo: Vean qué bueno y agradable es que los hermanos habi-
ten unidos? Monos en griego significa uno, y no uno cualquiera, porque la
muchedumbre, en definitiva, también es uno ya que, estando formada de
muchos, también puede llamarse uno; pero no puede llamarse monos, es
decir, único. Monos significa uno solo. Los que viven tan unidos que cons-
tituyen un solo hombre, de modo que en ellos se cumple lo que está escri-
to, son una sola alma y un solo corazón; son muchos cuerpos, pero no
muchas almas; son muchos cuerpos, pero no muchos corazones; con
razón, pues, se los llama monos, es decir, uno solo. Por eso, se dice tam-
bién que sólo uno se curaba en la piscina.
Entonces, que quienes mancillan el nombre de monjes nos res-
pondan y expliquen por qué aquel hombre que llevaba treinta y ocho años
soportando una enfermedad respondió al Señor: Al ser movida el agua, no
tengo quien me arroje a ella, y otro baja antes que yo44. Bajaba uno solo y no
bajaba nadie más. Sólo uno se curaba, simbolizando la unidad de la
Iglesia. Es previsible, entonces, que ultrajen el nombre de la unidad, quie-
nes se apartaron de ella. Es previsible que vean con malos ojos el nombre
de monjes, porque ellos no quieren habitar en unión con los hermanos,
pues, siguiendo a Donato, abandonaron a Cristo. Todo esto referente a lo
de “unidos”; hasta aquí me han escuchado hablar exclusivamente de esto,
sigamos adelante y disfrutemos de lo que sigue en el salmo. Es breve y
podemos explicar todo, en la medida en que el Señor lo inspire: creo que,
por las cosas que ya mencionamos, las que siguen pueden llegar a ser más
fáciles de entender, aunque, en un primer momento, parezcan oscuras.

7. ¡Vean qué bueno y agradable es que los hermanos habiten unidos!


¿Qué está mostrando al decir: Vean? Hermanos, nosotros también lo
vemos y bendecimos a Dios, y decimos cuando oramos: Vean. Y el salmo
dice a qué cosa se parecen los hermanos unidos: Como ungüento en la cabe-
za que desciende a la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde
de su vestido. ¿Qué era Aarón? Sacerdote. ¿Quién es este sacerdote, sino el
único sacerdote que entró en el santo de los santos? ¿Quién es este sacer-

82
44
Jn 5, 5.7
dote, sino el que fue víctima y sacerdote; el que, al venir al mundo, no
encontró nada puro para ofrecer y se ofreció a sí mismo? El ungüento está

FUENTES
en su cabeza, porque el Cristo total es también con la Iglesia. Pero, el
ungüento bajó de la cabeza. Cristo es nuestra Cabeza; fue crucificado y
sepultado; resucitado, subió al cielo, y vino el Espíritu Santo, enviado por
la Cabeza. ¿Adónde? A la barba. La barba simboliza los fuertes. La barba
simboliza a los jóvenes, a los valientes, a los diligentes, a los activos, a los que

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


están preparados. Por eso, cuando describimos gente así, decimos que son
hombres con barba. El primer ungüento descendió sobre los apóstoles, des-
cendió sobre los que soportaron el primer ataque del mundo; sobre ellos
descendió el Espíritu Santo. Porque quienes primeramente comenzaron a
habitar unidos, soportaron la persecución, pero, como había descendido el
ungüento a la barba, padecieron, pero no fueron vencidos. ¡Ya había prece-
dido en el sufrimiento la Cabeza de donde descendió el ungüento! Y con tal
ejemplo como precedente, ¿quién podría vencer ya a la barba?

8. A esta barba pertenecía san Esteban. No fue vencido, porque la


caridad no es vencida por los enemigos. Los que persiguieron a los santos
creían que vencían. Ellos herían y eran heridos, ellos mataban y eran mata-
dos. ¿Quién no creería que unos vencían y otros eran vencidos? Pero como
la caridad no es vencida, por eso, el ungüento descendió a la barba. Miren
a Esteban. La caridad se inflamaba en él, provocaba a quienes lo escucha-
ban; y, cuando lo apedrearon, rogó por ellos. ¿Qué era lo que decía? Duros
de cerviz e incircuncisos de corazón y de oído; ustedes resisten continuamente
al Espíritu Santo. Fíjense, la barba es la fortaleza. ¿Acaso él prefirió adular?
¿Acaso tuvo miedo? Esteban acometía, arremetía con las palabras y amaba
con el corazón, y su caridad no fue vencida. Ellos, al oír estas cosas que
decía en su contra, y aborreciendo estas palabras, así como las tinieblas
huyen de la luz, comenzaron a juntar piedras, y las arrojaron a Esteban. Ya
que antes ellos fueron apedreados por las palabras de Esteban, ahora arro-
jan sus piedras a Esteban. ¿Cuándo creen que Esteban se enojó más: cuan-
do lo apedreaban o cuando lo escuchaban? Observen el detalle: cuando lo
apedreaban, mostró mansedumbre, y, cuando lo escuchaban, él los acome-
tía. ¿Por qué arremetía cuando lo escuchaban? Porque quería cambiar a
quienes le oían. Pero, ni siquiera al caer las piedras sobre él fue vencida su
caridad, porque el ungüento descendía desde la Cabeza a la barba, y había
oído de la Cabeza misma: Amen a sus enemigos y oren por los que los persi-
guen45. Había oído a la misma Cabeza, que pendía de la cruz, decir: Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen46. Por eso, como el ungüento des-
45
Mt 5, 44
46
Lc 23, 24 83
cendió de la Cabeza a la barba, Esteban también, al ser apedreado, de rodi-
llas, dijo: Señor, no les tomes en cuenta este pecado47.
FUENTES

9. Así pues, los monjes eran como barba; algunos fueron fuertes
y padecieron muchísimas persecuciones. Fíjense, si el ungüento no hubie-
ra descendido desde la barba, ahora no tendríamos monasterios. Pero,
como descendió también hasta el borde del vestido, pues dice: Que des-
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

cendió hasta el borde del vestido, apareció la Iglesia, que engendró luego a
los monasterios. Las vestiduras sacerdotales simbolizan a la Iglesia, a esto
se refiere el apóstol, cuando dice: Para presentarse a sí mismo a la Iglesia
gloriosa, que no tiene mancha ni arruga48. Se lava para que no tenga man-
cha, se extiende para que no tenga arrugas. ¿En dónde se extiende? Sobre
un leño. Todos los días vemos que los lavanderos “crucifican”, por decir-
lo de algún modo, las túnicas para secarlas, y de este modo, quedan sin
arrugas. ¿Qué significa “borde del vestido”?
Hermanos míos, ¿qué hemos de entender por “hasta el borde del
vestido”? El borde es el final del vestido. ¿Qué significa “final del vestido”?
¿Quiere decir que al fin de los tiempos la Iglesia tendrá hermanos que
habiten unidos? ¿O entendemos la palabra “borde” como “perfección”,
porque el vestido se acaba en el borde, y por tanto, perfectos son aquellos
que saben vivir unidos? Son perfectos los que cumplen la ley. ¿Cómo
cumplen la ley de Cristo los que habitan unidos? Escucha al apóstol:
Lleven las cargas de los otros y así cumplirán la ley de Cristo49. Éste es el
borde del vestido. Pero ¿cómo entenderemos, hermanos míos, que el
ungüento pueda descender hasta el extremo del vestido? No creo que el
salmista se hubiera referido también al borde lateral del vestido, pues,
ciertamente, los costados también son “bordes”.
Por tanto, el ungüento descendió desde la barba hasta el borde
que hay en la parte principal del vestido, en donde se halla la abertura
para el cuello. Éstos son los que habitan unidos; y así, como, al vestirse, la
cabeza del hombre entra por esta abertura, también Cristo, que es nues-
tra Cabeza, entra, a través de la unidad de corazones entre los hermanos,
para vestirse, y así la Iglesia se une a Él.

10. ¿Qué más dice? Como rocío del Hermón que desciende sobre los
montes de Sión. Aquí, quiso se entendiera, hermanos míos, que los her-
manos habitan unidos debido a la gracia de Dios, no a causa de sus fuer-

47
Hch 7, 51.59
48
Ef 5, 27
84 49
Ga 6, 2
zas; no por sus méritos, sino sólo por la gracia de Dios, que es como rocío
del cielo. La tierra no se llueve a sí misma, todo lo que nace se secaría si

FUENTES
la lluvia no bajara desde arriba. Otro salmo dice: Lluvia voluntaria derra-
marás, ¡oh Dios!, para tu heredad.50 ¿Por qué la llamó voluntaria? Porque
no se debe a nuestros méritos, sino a su voluntad. ¿O acaso merecimos
algún bien nosotros, pecadores? ¿Qué bien merecimos los inicuos? Tengan
en cuenta que de Adán procede Adán, y tras Adán nacen muchos peca-

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


dos. Todo el que nace, nace de Adán; condenado de condenado, y, vivien-
do mal, añade pecados sobre Adán. ¿Qué bien, pues, mereció Adán? El
que es misericordioso lo amó: el Esposo amó y no a la que era hermosa,
sino para hacerla hermosa. Por eso, llamó “rocío del Hermón” a la gracia
de Dios.

11. Pero deben saber qué es el Hermón. Es un monte que está


lejos de Jerusalén, es decir, de Sión. Por eso, es extraño que el salmista
diga: Como rocío del Hermón que desciende sobre los montes de Sión, si el
monte Hermón está lejos de Jerusalén, al otro lado del Jordán.
Analicemos, entonces, qué significa Hermón. Es un nombre hebreo; y
sabemos su significado gracias a los que conocen aquella lengua, y dicen
que Hermón significa luz encumbrada. El rocío procede de Cristo, porque
ninguna luz fue encumbrada fuera de Cristo. ¿Cómo fue exaltado?
Primero en la cruz, después en el cielo. Fue exaltado en la cruz cuando fue
humillado, pero su humillación necesariamente terminó en exaltación. El
protagonismo del hombre disminuía cada día más y más; éste se hallaba
simbolizado en Juan. El protagonismo de Dios crecía en la persona de
nuestro Señor Jesucristo, lo que se da también a conocer por los días de
su nacimiento, pues Juan nació, según la tradición de la Iglesia, el 24 de
junio, cuando los días comienzan a menguar, y el Señor nació el 25 de
diciembre, cuando los días comienzan ya a crecer.
Escucha al mismo Juan, que dice: Es necesario que Él crezca, y yo
disminuya51. También sus muertes dan a entender esto. El Señor fue levan-
tado en la cruz, Juan fue menoscabado, cuando le cortaron la cabeza.
Cristo es, entonces, la luz exaltada, de donde procede el rocío del
Hermón. Pidamos este rocío que baja desde allí, para habitar unidos, ya
que si no, no van a poder cumplir lo que prometieron, ni podrán prome-
ter, a no ser que Él haga oír su voz; y tampoco podrán sobrevivir si les falta
su alimento, ya que éste baja sobre los montes de Sión.

50
Sal 67, 10
51
Jn 3, 30 85
12. Los “montes de Sión”, son grandes en Sión. ¿Qué es Sión? La
Iglesia. ¿Y quiénes son sus montes? Los grandes. Los montes simbolizan a
FUENTES

los mismos que simbolizaba la barba y el borde del vestido. Sólo se entien-
de por barba a los perfectos, pues únicamente habitan unidos aquellos, en
quienes la caridad de Cristo es perfecta. Porque en quienes no habita la
perfecta caridad de Cristo, aunque vivan unidos, odian, molestan, ator-
mentan, perturban con su malhumor a los demás y andan buscando algu-
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

na razón para pelearse. Les pasa lo que al burro, que se molesta cuando le
sujetan una carga: no sólo no tira, sino que rompe a coces lo que le car-
garon. Pero, si posee el rocío del Hermón, que baja sobre los montes de
Sión, es manso, reposado, humilde, tolerante y ora en vez de murmurar.
En cierto lugar de la Escritura, se pinta admirablemente un retra-
to de los murmuradores: El corazón del murmurador es como las ruedas de
un carro52. ¿Qué quiere decir esto? Que va cargado de heno y rechina. La
rueda del carro no puede dejar de murmurar. Así hay muchos hermanos,
que sólo corporalmente están unidos. Pero ¿quiénes son los que habitan
unidos? Aquellos de quienes se dice: Únicamente había en ellos un alma y
un solo corazón en Dios; y nadie tenía cosa propia, sino que todas las cosas les
eran comunes53. Han sido designados, han sido descritos los que pertene-
cen a la barba, los que pertenecen al borde del vestido, los que son conta-
dos entre los montes de Sión. Si allí existen algunos murmuradores, que
se acuerden de lo que dijo el Señor: Uno será tomado y otro dejado54.

13. Pues allí mandó Dios la bendición. ¿A dónde? Entre los her-
manos que habitan unidos. Allí mandó la bendición, allí los que habitan
en armonía bendicen al Señor, porque en la discordia no puedes bendecir
al Señor. No puedes decir que tu lengua alaba a Dios, si el corazón está
callado. Con la boca bendices y con el corazón maldices. Con su boca ben-
decían y con su corazón maldecían55, dice un salmo. ¿Acaso son palabras
mías? Aquí se está señalando a algunos. Bendices a Dios cuando oras, y,
continuando tu plegaria, maldices a tu enemigo. ¿Te parece que esto es
aquello que escuchaste del Señor: Amen a sus enemigos? Si obras, y amas a
tu enemigo, si rezas por él, allí mandó Dios su bendición, y tendrás allí la
vida del siglo, es decir, para siempre. Hay muchos que, amando esta vida
terrena, maldicen a sus enemigos. ¿Y por qué? Por esta vida, por los inte-
reses mundanos. ¿Con qué te amenazó tu enemigo para que te veas obli-

52
Si 33, 5
53
Hch 4, 32
54
Mt 24, 40
86 55
Sal 61, 5
gado a maldecirle? ¿Te afligió en esta tierra? Emigra de ella; habita en el
cielo. Preguntas: “¿Cómo habitaré en el cielo siendo carne, entregado a la

FUENTES
carne?” Adelántate con el corazón adonde quieres que vaya el cuerpo. No
oigas, sin prestar atención, aquello de: ¡Levantemos el corazón! Ten tu cora-
zón en alto, y en el cielo, nadie te va a contristar. Y así, con gran habili-
dad, continúa en el salmo siguiente.

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


Salmo 133

1. Ahora bendigan al Señor todos los siervos del Señor, que están en
la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios. ¿Por qué agregó en
los atrios? Los atrios son los lugares más espaciosos de una casa. El que está
en el atrio, no se siente sofocado ni oprimido por la construcción, sino
que se halla a sus anchas. Si tú permaneces en la anchura, podrás amar a
tu enemigo, porque no amas las cosas por las que tus enemigos pueden
causarte angustias. ¿Cómo sabes si estás en los atrios? Permanece en la
caridad, y estarás en los atrios. La amplitud está en la caridad, y la estre-
chez en el odio. Escucha al apóstol: Ira, indignación, tribulación y angus-
tia (habrá) en toda alma del hombre que obra el mal56. ¿Y qué dice de la
anchura de la caridad? La caridad de Dios se difundió en nuestros corazones
por el Espíritu Santo que nos ha sido dado57. Al oír que se difundió, entien-
de anchura; al oír anchura, piensa en los atrios del Señor, y tendrás la ver-
dadera bendición del Señor porque no maldices a tus enemigos.
El Espíritu Santo habla aquí a los que padecen tribulación; y,
exhortándoles a que se gloríen en ella, les dice: Ahora bendigan al Señor
todos los siervos del Señor. ¿Qué quiere decir Ahora? En este tiempo, por-
que, cuando hayan pasado las tribulaciones, nos dedicaremos exclusiva-
mente a bendecir al Señor, según lo que se dijo: Bienaventurados los que
moran en tu casa; por los siglos de los siglos te alabarán58. Los que van a ben-
decir sin interrupción, ya ahora empiezan a bendecir al Señor; aquí, en las
tribulaciones, en las tentaciones, en las incomodidades, en las adversida-
des del siglo, en medio de las insidias del enemigo, en medio de los enga-
ños y los ataques del diablo. Esto es Ahora bendigan al Señor todos los sier-
vos del Señor que están en la casa del Señor. ¿Qué significa que están? Que
perseveran. Pues de uno que fue arcángel, se dijo: No permaneció en la

56
Rm 2, 8.9
57
Rm 5, 5
58
Sal 85, 5 87
Verdad59; y en cambio, del amigo del esposo: El amigo del esposo permane-
ce en pie, y le oye, y se alegra gozoso oyendo la voz del esposo60.
FUENTES

2. Por eso, los que están en la casa del Señor, en los atrios de la casa
de nuestro Señor, por las noches levanten sus manos hacia el santuario y ben-
digan al Señor. Sería fácil bendecir durante el día. ¿Qué significa “duran-
te el día”? En los acontecimientos prósperos. La noche es un hecho triste,
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

y el día uno alegre. Cuando te va bien, bendices al Señor. Cuando deseas


un hijo y nace, bendices al Señor. Tu esposa superó los peligros del parto,
bendices al Señor. Estaba tu hijo enfermo, y sana, bendices al Señor. Pero
está tu hijo enfermo, y tú, quizá, consultaste al adivino; tal vez prorrum-
piste en alguna maldición contra el Señor, no con palabras, sino con
acciones, maldiciendo con tus costumbres, con la maldición de una mala
forma de vivir; no te gloríes de bendecir con la lengua, si maldices con el
modo de vivir.
Si preguntas: ¿Cómo es que puedo maldecir con mi vida? La res-
puesta está en los que dicen: “Éste es cristiano, miren cómo son los cristia-
nos” y por culpa tuya se habla mal de Cristo. ¿De qué te sirve bendecir con
la lengua si maldices con tu vida? Por tanto, bendice al Señor. ¿Cuándo? En
las noches. ¿Cuándo bendijo Job? En la trágica noche. Le quitaron todo
cuanto poseía; le arrebataron los hijos, para quienes guardaba lo que tenía.
¡Qué noche tan tétrica! Pero veamos si, a pesar de todo, bendice en la noche:
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; como al Señor le agradó, así se hizo.
Bendito sea el nombre del Señor61. ¡Qué noche tan triste! Cubierto de pies a
cabeza con heridas, se deshacía en podredumbre. Entonces Eva se atrevió a
tentarle, diciéndole: Di algo contra Dios y muérete. Escucha lo que contesta
el que bendice en la noche: Hablaste como una de las mujeres necias. Si hemos
recibido los bienes de la mano del Señor, ¿no soportaremos los males?62 Miren
aquí qué es lo que significa: En las noches levanten sus manos hacia el san-
tuario y bendigan al Señor. ¿Qué dijo Job? Hablaste como una de las mujeres
necias. Es como si Adán, ya corrompido, rechazando a Eva, le hubiera
dicho: “Que te baste que por tu causa, fui hecho mortal. En el paraíso esta-
bas indemne, pero ahora te hallas vencida y entre la escoria”. ¡Sublime gra-
cia de Dios! Pero ¿Cómo se originó esto? Porque el rocío del Hernón había
descendido sobre el alma de Job y el Señor le había dado la suavidad, de

59
Jn 8, 44
60
Jn 3, 29
61
Jb 1, 14-21
88 62
Jb 2, 7-10
modo que nuestra tierra daba su fruto63. En las noches, elevad vuestras manos
hacia el santuario y bendecid al Señor.

FUENTES
3. El Señor, que hizo el cielo y la tierra, te bendiga desde Sión.
Exhorta a muchos a que bendigan y bendice al único, porque Él, de
muchos, hace uno, ya que es bueno y agradable que los hermanos habiten en
uno64. La palabra hermanos está en plural, y vivir en uno en singular; por

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


eso dice: El Señor, que hizo el cielo y la tierra, te bendiga desde Sión. Que
nadie de nosotros se atreva a decir: “A mí la bendición no me alcanza”.
¿Sospechas quién es aquel único a quien dijo: Te bendiga el Señor desde
Sión? Bendijo al que es Uno: sé tú uno y te llegará la bendición.

Salmo 134

Canto de acción de gracias

1. Debe sernos muy dulce lo que este salmo tiene para decirnos,
y por ser tan dulce debe llenarnos de alegría. En efecto, dice: Alaben el
nombre del Señor. Y enseguida agrega la causa por la cual es justo que ala-
bemos el nombre del Señor: Alaben, siervos, al Señor. ¿Qué puede ser más
justo, qué más digno, qué más agradable? Pues, si los siervos no alabaran
al Señor, serían soberbios, ingratos, impíos. ¿Y qué consiguen no alaban-
do al Señor? Experimentar su severidad. El siervo ingrato nada consigue,
si no quiere alabar al Señor, y es como si no fuera, en realidad, su siervo.
Tú eres siervo: alabes o no; pero, si lo alabas, lo tendrás a tu favor; y si no
le alabas, le ofenderás. Por tanto, la exhortación es buena y útil; de aquí
que debamos poner más empeño en ver cómo debe ser alabado Dios que
en cuestionar si conviene. Así pues, alaben el nombre del Señor. El salmo,
el profeta, el Espíritu de Dios y, finalmente, el mismo Señor, nos exhor-
tan a alabar a Dios. Pero, Dios no crece con nuestras alabanzas, sino no-
sotros. Dios no se hace mejor porque le alabes, ni peor porque lo agravies;
pero tú, alabando al bien, serás mejor; y agraviándolo, peor. Sin embargo,
Él sigue siendo bueno. Si Él enseña a sus siervos, a quienes Él mismo con-
fiere bienes, a los predicadores de su palabra, a los que dirigen a su Iglesia,
a los que reverencian su nombre, a los que obedecen sus mandatos, que
retengan en su conciencia la dulzura de su vida buena, de modo que no
se corrompan con las alabanzas, ni se quiebren con los reproches de los

63
Sal 84, 13
64
Sal 132, 1 89
hombres, ¿cuánto más acertado es decir que el Inmutable, que está sobre
todas las cosas y que enseña todo esto, no se hará ni mayor porque tú lo
FUENTES

alabes, ni menor porque lo agravies? Pero como nos conviene a no-sotros


alabar al Señor, misericordiosamente dispuso que lo alabemos sin arro-
gancia. Escuchemos, entonces, lo que dice: Alaben el nombre del Señor;
alaben, siervos, al Señor. No hacen nada extraordinario los siervos que ala-
ban al Señor, pues si ustedes mismos debieran alabar al Señor, puesto que
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

siempre fueron siervos, ¿cuánto más deben alabar al Señor siendo siervos,
para que merezcan ser también hijos?

2. Pero como se escribió en otro salmo: A los rectos conviene la ala-


banza65; y también en otro lugar: No es hermosa la alabanza en la boca de
los pecadores66; y asimismo se dice en otro salmo: El sacrificio de alabanza
me glorificará; y allí está el camino en el cual le mostraré la salud de Dios; y,
en consecuencia: Dios dijo al pecador: “¿Por qué cuentas tú mis justicias y
tomas mi alabanza en tu boca? Tú aborreciste la enseñanza y echaste a tus
espaldas mis palabras67, para que no suceda que tal vez alguno, porque dice:
Alaben, siervos, al Señor, piense, suponiendo que hubiera en esta gran casa
algún siervo malo, que se aprovecha de la alabanza del Señor; por eso acla-
ra quiénes son los que deben alabar al Señor, diciendo: Los que están en la
casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios. Los que están de pie,
no los que se desploman. Se dice que están de pie los que perseveran en
sus preceptos, los que sirven a Dios con fe no fingida, con esperanza firme
y con caridad sincera; los que honran a su Iglesia y no escandalizan con
su mal vivir a los que quieren venir a ella y encuentran en el camino pie-
dras de tropiezo. Por tanto los que están en la casa del Señor, alaben el nom-
bre del Señor. Sean agradecidos; estaban fuera, y ahora ya están dentro.
¿Les parece poco estar en donde debe ser alabado el que los levantó de la
postración y los hizo estar en su casa, conocerlo y alabarlo? ¿Acaso es un
beneficio pequeño el que estemos en la casa del Señor? Mientras estamos
aquí, en esta peregrinación, en esta casa, que también es llamada “tienda
de peregrinación”, ¿debemos mostrarnos poco agradecidos por estar aquí?
¿Acaso debemos dejar de pensar que estamos aquí? ¿No vamos a pensar
que somos criaturas? ¿No vamos a considerar en dónde yacíamos y de
dónde fuimos recogidos? ¿No vamos a tener en cuenta que ningún impío
buscaba al Señor, y que Él buscó a los que no le buscaban, y que, hallán-
dolos, los levantó, los llamó, los introdujo y los hizo estar en su casa? Todo

65
Sal 32, 1.
66
Si 15, 9.
90 67
Sal 49, 23.16.17.
el que piensa estas cosas y no es desagradecido, se anonada por completo
a sí mismo ante el amor de su Señor, por quien recibió tantos dones; y

FUENTES
como él no tiene nada con qué pagar a Dios por tantos beneficios, única-
mente le resta darle gracias, sin buscar recompensarlo. Propio de la acción
de gracias es tomar el cáliz del Señor e invocar su santo nombre68. Porque
¿qué cosa retribuirá el siervo al Señor por todos los beneficios que recibió
de él? Por eso Alaben al Señor los que están en la casa del Señor, en los atrios

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


de la casa de nuestro Dios.

3. ¿Qué puedo decir del por qué de la alabanza? Porque el Señor


es bueno. Brevemente, en una palabra, se explicó el motivo de la alabanza
del Señor, Dios nuestro: porque el Señor es bueno. Pero es bueno no como
son buenas todas las cosas que hizo, pues Dios hizo todas las cosas sobre-
manera buenas. No sólo buenas69, sino muy buenas. Hizo el cielo, y la tie-
rra, y todas las cosas buenas que hay en ellos, y las hizo sobremanera bue-
nas. Si hizo buenas todas las cosas, ¿cómo será el que las hizo? Pues,
habiéndolas hecho buenas, es mucho mejor el que las hizo que las mismas
cosas que hizo. Por tanto, no encontrarás cosa mejor que puedas decir de
Él sino que el Señor es bueno, si entiendes precisamente qué es el bien, por
el cual son buenas todas las demás cosas. Él hizo buenas todas las cosas;
pero Él es bueno, y nadie lo hizo. Él es bueno por su propio bien, no por
participación de otro bien. Él es el bien por su mismo bien, sin adherirse
a otro bien. Para mí lo bueno es unirme a Dios, quien no necesitó que
nadie lo haga bueno; sin embargo, las demás cosas necesitan de Él para ser
buenas. ¿Quieren saber con exactitud qué bueno es Él? Cuando le pre-
guntaron al Señor, respondió: Uno solo es el bueno, Dios70. No quiero dejar
pasar, sin hacer notar esta peculiaridad de su bondad, pero no tengo capa-
cidad para elogiarla suficientemente. Temo que, si paso a la ligera esto, sea
ingrato; y temo también que, al pretender explicar esta bondad, me fati-
gue con el peso de una alabanza de Dios tan colosal. Entonces, hermanos,
consideren que soy el que alaba, pero que no llega a hacerlo como debe-
ría; y así, si mi explicación de su alabanza no llega a ser completa, que al
menos sea útil el fervoroso esfuerzo del que desea alabar. Que Él apruebe
que yo así lo haya intentado y me perdone no haberlo conseguido.

4. Me lleno de inefable dulzura cuando escucho: Bueno es el


Señor; y, considerando todas las cosas y examinando las que veo fuera,

68
Sal 115, 12.13.
69
Gn 1, 31.
70
Mt 19, 17. 91
como Él es el origen de todas, aunque me agraden, me vuelvo, inevita-
blemente, hacia Aquel, por quien existen, para entender que el Señor es
FUENTES

bueno. Por otra parte, cuando me adentro en Él, en la medida de mis posi-
bilidades, veo que está muy por encima de mí, más hondo en mi interior
que yo mismo71. El Señor es tan bueno, que no necesita de estas cosas para
ser bueno. En síntesis, no puedo alabar todas estas cosas olvidándome de
Él; sin embargo, a Él lo encuentro perfecto, excelente, inmutable, sin estas
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

cosas, sin necesidad de buscar el bien de nadie por crecer, ni temer el mal
de ninguno que lo haga disminuir. ¿Qué más puedo decir? En la creación
encuentro un cielo bueno, un sol bueno, una luna buena, unas estrellas
buenas, una tierra buena; y buenas las cosas que proceden de la tierra y
que están fijas en ella por las raíces; buenos los seres que se mueven y
andan, y buenos los que vuelan en el aire y nadan en las aguas. También
digo que el hombre es bueno, pues el hombre bueno saca cosas buenas del
tesoro de su corazón72. Lo mismo, digo que el ángel es bueno; el que no
cayó por la soberbia ni se hizo diablo, pues se adhiere por la obediencia a
Aquel que lo hizo. Todas estas cosas son buenas; pero, sin embargo, las
llamé a cada una con su propio nombre: cielo bueno, ángel bueno, hom-
bre bueno; sin embargo, cuando hablo de Dios, creo que es mejor decir
únicamente que es bueno. El mismo Señor Jesucristo dijo: Hombre bueno;
y también: Uno solo es bueno, Dios. ¿Es que, entonces, no nos estimuló a
investigar y a distinguir las diferencias entre un bien y otro, y cuál es el
bien en sí? Por tanto, ¡Qué bueno es Aquel que hizo buenas todas las
cosas! No encontrarás en absoluto ningún bien que no sea bien si no es
por Él. Como es propio del bien hacer cosas buenas, podemos concluir
que Él es el bien. Las cosas que hizo existen, y, no lo ofendemos cuando
decimos que ya no existen las cosas que Él hizo. ¿Por qué las hizo, si ya no
existen? ¿Qué fue lo que hizo, si ya no existe? En realidad, aunque las
cosas que hizo existan, al compararlas con Él, es como si Él solo existiera,
por eso dijo: Yo soy el que soy, y así dirás a los hijos de Israel: “El que Es me
envió a ustedes”. No dijo: “El Señor Dios, omnipotente, misericordioso y
justo”. Si lo hubiera dicho, ciertamente hubiera dicho la verdad. Dios,
sacando de en medio todos los nombres con los que pudiera ser llamado
y denominado, respondió que se llamaba “ser”; y como si éste fuese su
nombre propio, agrega: Esto les dirás: “El que Es, me envió”. Así, entonces,
Él es, y, comparadas con Él, todas las cosas que han sido hechas no son.
Si no las comparamos con Él, podemos decir que son, porque son por Él;
pero, comparándolas con Él, no son, porque Él es el Ser inmutable, el

71
interiores mihi et superiores invenio.
92 72
Mt 12, 35.
único que verdaderamente es. Por tanto, el Ser es, y, como el bien de todos
los bienes, es el Bien. Observen y piensen que toda otra cosa que alaban,

FUENTES
es alabada porque es buena. El que alaba lo que no es bueno, está loco. Si
alabas al inicuo por ser inicuo, ¿no eres inicuo también tú? Si alabas al
ladrón por ser ladrón, ¿no te haces su cómplice? Si alabas al justo por ser
justo ¿no tienes tú parte con él? No alabarías al justo si no lo amaras; y no
lo amarías si no tuvieras parte con él. Por tanto, si lo que alabamos, lo ala-

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


bamos porque es bueno, no hallarás mejor motivo, más grande y más
firme para alabar a Dios que el ser bueno. Así pues, alaben al Señor, por-
que es bueno.

5. ¿Cuánto más podré agregar de su bondad? ¿Quién concebirá o


comprenderá qué bueno es el Señor? Volvamos a nuestro interior y reco-
nozcámoslo en nosotros; alabemos al Artífice por sus obras, porque no
somos capaces de contemplarlo directamente a él mismo. Y si llegara el
caso en que alguna vez pudiéramos hacerlo, será cuando nuestro corazón
sea purificado por la fe, para que, finalmente, llegue a gozar con la verdad.
Pero, como ahora no podemos verlo, veamos sus obras a fin de no que-
darnos sin alabarlo. Dije: Alaben al Señor, porque es bueno; salmodien en
honor de su nombre, porque es suave. Quizás sería bueno y pero no diría
“suave” si no te diera la posibilidad de gustarlo. Sin embargo, se ofreció a
los hombres de tal modo, que para enviarles pan del cielo entregó a su
Hijo, igual a Él, que es lo mismo que Él, para hacerse hombre y dejarse
matar para el bien de los hombres, a fin de que, haciéndose lo que tú eres,
tú puedas gustar lo que no eres. Era demasiado para ti gustar la suavidad
de Dios, porque se hallaba lejana y demasiado alta, y tú demasiado bajo y
yaciendo en el abismo. En medio de esta inmensa separación envió al
Mediador. Tú, hombre, no podías llegar a Dios; entonces Dios se hizo
hombre, y el Mediador de los hombres, el hombre Cristo Jesús73, para
que, si como hombre puedes acercarte al hombre y no a Dios, por medio
de este hombre te acerques a Dios. Si únicamente fuera hombre, siguién-
dolo, jamás llegarías a Dios. Y, si sólo fuera Dios, sin poder comprender
lo que no eres, jamás llegarías a Él. Por eso, Dios se hizo hombre para que,
siguiendo a un hombre, lo que puedes hacer, llegues a Dios, lo que antes
no podías. Él es Mediador, así Él se hizo suave. ¿Qué es más suave que el
pan de los ángeles? ¿Cómo no ha de ser suave el Señor, si el hombre comió
el pan de los ángeles? Pues, el hombre no vive por una razón, y el ángel
por otra: Él es la verdad, Él es la sabiduría, Él es la fortaleza de Dios.
Aunque, tú no puedes gozar, como los ángeles gozan de Él. ¿Cómo gozan

73
1Tm 2, 5. 93
de Él? Según está escrito: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba
en Dios, y el Verbo era Dios, por el cual fueron hechas todas las cosas. Tú
FUENTES

¿cómo le percibes? El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros74. Para que
el hombre comiera el pan de los ángeles, el Creador de los ángeles se hizo
hombre. Por tanto, salmodien en honor de su nombre, porque es suave. Si lo
pueden gustar, canten salmos; si perciben qué suave es el Señor, canten
salmos; si es rico lo que saborean, alábenlo. ¿Quién es tan ingrato que, al
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

deleitarse en alguna comida, no dé gracias, o felicite al cocinero, o al que


lo invitó, alabando lo que come? Si no nos callamos cuando se trata de
estas personas ¿nos callaremos cuando se trata de Aquél, que nos dio todas
las cosas? Salmodien en honor de su nombre, porque es suave.

6. Escuchen, entonces, cuáles son sus obras. Tal vez, ustedes


intentaban ver el bien, fuente de todos los bienes, el bien que hace bue-
nas todas las cosas, el bien sin el cual nada es bueno y el bien que sin las
demás cosas es bueno; intentaban verlo, y quizá, al forzar la mirada del
espíritu, se sentían desfallecer. Esto lo sé por experiencia; así me pasa a mí.
Pero, si hay alguno, como puede suceder y es bastante habitual, que tenga
una inteligencia más penetrante que la mía y que puede concentrar su
atención por largo tiempo en aquello que es: ¡Que alabe cuanto pueda,
que alabe como nosotros no somos capaces de hacerlo! De todos modos,
demos gracias a Aquél, que en este salmo supo atemperar su alabanza para
que fuera de los fuertes y de los débiles. Porque también en aquella misión
que dio a su siervo Moisés cuando le dijo: Yo soy el que soy; y: Dirás a los
hijos de Israel: “El que Es me envió a vosotros”, porque era difícil para la
mente humana comprender al mismo Ser y a los hombres era enviado un
hombre, aunque no era un hombre quien lo enviaba, en seguida Dios sua-
vizó su alabanza y dijo de sí mismo lo que podía comprenderse, dulce-
mente; y no quiso permanecer en las alturas que se alababa, donde no
podía llegar el que alababa, y por eso dijo: “Vete y di a los hijos de Israel:
El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me envió a ustedes;
éste es mi nombre eternamente”. Es cierto, Señor, que también tienes aquel
nombre, pues tú dijiste: Yo soy; el que Es me envió a vosotros. ¿Por qué cam-
bias este nombre, diciendo: El Dios de Abrahán, el Dios de Israel, el Dios
de Jacob? ¿No te parecía razonable decir a Moisés: Lo que dije: Yo soy el
que soy, es verdad, aunque tú no lo comprendes; sin embargo, lo que dije:
Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob75, también es
verdadero y lo entiendes? Pues lo que dije: Yo soy el que soy, se refiere a mí;

74
Jn 1, 1.3.14.
94 75
Ex 3, 14.15.6.
y lo que dije: el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, te per-
tenece a ti; y, por tanto, si no puedes comprender lo que yo soy para mí,

FUENTES
entiende lo que soy para ti. Para que nadie pensara que lo que dijo: Yo soy
el que soy; y: El que Es me envió a vosotros, únicamente era su nombre eter-
no; y lo que dijo: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de
Jacob, era su nombre temporal, cuando Dios dijo: Yo soy el que soy: y: El
que Es me envió a vosotros no se preocupó de especificar, que éste era para

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


Él su nombre eterno: porque, aun cuando no lo declaró, se da por enten-
dido, porque es y verdaderamente es; y, por lo mismo que verdaderamen-
te es, existe sin principio ni fin. Pero por lo que es con relación al hom-
bre: Yo soy el Dios de Abrahán, el Díos de Isaac, el Dios de Jacob, para no
dar lugar a la iniquidad humana, por ser esto temporal, no eterno, nos
tranquilizó, ya que de las cosas temporales nos conducen a la vida eterna.
Y por esto dijo: Éste es mi nombre eternamente; no porque sean eternos
Abrahán, Isaac y Jacob, sino porque Dios los hizo eternos en adelante, sin
fin. Sin duda, tuvieron principio, pero no tendrán fin.

7. Piensen en Abrahán, en Isaac y en Jacob como toda su Iglesia;


piensen en todo el pueblo de Israel; y me refiero a todo el pueblo de Israel,
no sólo el que procede de la carne, sino también al que procede de la fe.
El apóstol hablaba a los gentiles, y les decía: Si ustedes son de Cristo, son
estirpe de Abrahán y herederos según la promesa76. Por tanto, todos estamos
bendecidos en el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Bendijo a deter-
minado árbol y, según dijo el apóstol, creó el olivo, es decir los santos
patriarcas, por los que floreció el pueblo de Dios. Pero este olivo fue poda-
do, no arrancado; de aquí se cortaron las ramas soberbias, pues el pueblo
judío fue blasfemo e impío. Sin embargo, permanecieron en el tronco
ramas fecundas y buenas, eran los apóstoles. Como quedaron en el tron-
co ramas útiles, se le agregó, por la misericordia de Dios, un injerto de las
naciones paganas, al cual dice el apóstol: Si tú, siendo acebuche, fuiste injer-
tado entre ellas y participaste de la fecundidad del olivo, no te vanagloríes con-
tra las ramas; si te vanaglorías, piensa que tú no sostienes la raíz, sino que la
raíz te sostiene a ti.77 Éste es el único árbol que pertenece a Abrahán, a Isaac
y a Jacob; es más, es mucho más propio de Abrahán, de Isaac y de Jacob
el acebuche injertado que las ramas que fueron podadas. Ellas, al ser des-
gajadas, ya no están allí; el acebuche antes no estaba, pero ahora sí; ellas
por la soberbia merecieron ser desgajadas, éste por la humildad mereció
ser injertado; ellas abandonaron la raíz, éste la retuvo. Por eso, cuando

76
Ga 3, 29.
77
Rm 11, 17-18. 95
escuchas: “El Israel de Dios, el Israel que pertenece a Dios”, no pienses
que no perteneces a Él. Es muy probable que hayas sido acebuche, pero
FUENTES

ahora eres una rama que participa de la fecundidad del olivo. ¿Quieren
saber cómo fue injertado el acebuche en Abrahán, en Isaac, en Jacob, y así
dejen de creer que no pertenecen a este árbol, porque no descienden por la
sangre del linaje de Abrahán? Cuando el Señor se admiró de la fe del cen-
turión, que no era del pueblo de Israel, sino del pagano, dijo: por esto les
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

digo que muchos vendrán del oriente y del occidente. Miren bien: aquí el ace-
buche está ya en manos del que lo va a injertar: Muchos vendrán del orien-
te y del occidente. Veamos qué lleva para injertar, veamos en dónde lo injer-
ta. Dice: Y se sentarán en la mesa con Abrahán, con Isaac y con Jacob, en el
reino de los cielos. Vemos qué injerta y en dónde. ¿Qué dice de las ramas
naturales y soberbias? Pero los hijos del reino irán a las tinieblas exteriores,
allí será el llanto y el rechinar de dientes78. Cosa anunciada y cosa cumplida.

8. Por eso, Salmodien al Señor, porque es suave. Y presten mucha


atención a lo que hizo con nosotros. Porque el Señor eligió a Jacob para sí,
a Israel en posesión suya. Alaben, canten salmos, porque hizo todo esto. Y
me refiero a cosas que ustedes pueden entender. A los otros pueblos los
confío a los ángeles; a Jacob le eligió el Señor para sí: a Israel, en posesión
suya, en cambio a su propio pueblo lo hizo su campo, donde Él mismo
cultivó, que Él mismo sembró. Por más que Él haya creado todos los pue-
blos, a los demás los encomendó a los ángeles, y en cambio, se reservó,
para poseer y conservar, a este pueblo, a Jacob. Entonces ¿es por mérito
propio o por gracia de Dios? De los no nacidos dice que el mayor servirá
al menor, lo dijo el apóstol. ¿Qué mérito pudieron tener los no nacidos si
ni siquiera han hecho algo bueno o malo? Que no se ensoberbezca Jacob,
que no se engría, que no lo atribuya a sus méritos. Antes de nacer fue
conocido, predestinado, elegido; no elegido por sus méritos, sino hallado
y vivificado por la gracia de Dios. Así también todas las gentes. Porque
¿qué pudo haber hecho el acebuche, con la amargura de su fruto, con la
esterilidad silvestre, para merecer ser injertado? Era un árbol de la selva,
no del campo del Señor; y, sin embargo, Él por su misericordia injertó el
acebuche en el olivo. Pero aún no se había injertado el acebuche cuando
el Señor escogió para sí a Jacob, a Israel, en posesión suya.

9. ¿Y qué dice el profeta? Yo conocí que es grande el Señor. Cuando


su espíritu se elevó a lo alto, y se desembarazó de la carne, superando su
condición de criatura, conoció que es grande el Señor. No todos pueden

96 78
Mt 8, 11.12.
conocer viendo; que entonces, alaben lo que hizo. Es suave; el Señor eligió
para sí a Jacob, a Israel, en posesión suya. Lo alaba porque yo conocí que es

FUENTES
grande el Señor. Habla el profeta que penetró en el santuario de Dios, que
quizá oyó palabras inefables79 para el hombre, imposibles de expresar, que
dijo lo que puede declararse a los hombres y retuvo en sí lo que no puede
manifestarse. Prestémosle atención, en cuanto a lo que podemos entender,
y tengamos fe ante lo que no podemos. Respecto a lo que podemos, escu-

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


chemos: El Señor eligió para sí a Jacob, a Israel, en posesión suya. Y de aque-
llo que no podemos entender, creamos que él conoció que el Señor es gran-
de. Si le dijéramos: “Te rogamos que nos expliques su grandeza”, ¿acaso no
nos respondería: “No sería gran cosa lo que veo, si yo mismo pudiera
explicarla”? Entonces, que mire las obras de Dios y nos hable. Que reten-
ga él en su pensamiento la sublimidad del Señor que vio, y que nos
mandó creer, porque no pudo ser presentada a nuestros ojos. Que enu-
mere algunas cosas que aquí hizo el Señor, para que también a no-sotros,
que no podemos ver, como él, su sublimidad, nos endulce por las obras
que podemos comprender. Porque yo conocí que el Señor es grande y que
nuestro Dios es sobre todos los dioses. ¿Sobre qué dioses? Sobre aquellos de
los que dice el apóstol: y si hay algunos que se llaman dioses en el cielo y en
la tierra, así como hay muchos dioses y muchos señores; sin embargo, para nos-
otros hay un solo Dios, el Padre, de quien tienen el ser todas las cosas, y nos-
otros para Él; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas, y nos-
otros por Él80. Se llama “dioses” a los hombres, donde dice: Dios se presen-
tó en la reunión de los dioses; y también: Yo dije: Sois dioses, y todos hijos del
Altísimo81. ¿Acaso no está Dios sobre los hombres? Pero ¿qué tiene de
extraordinario que Dios esté por encima de los hombres? También está
sobre los ángeles, porque los ángeles no hicieron a Dios, sino que Dios
hizo a los ángeles, y es necesario que el que hizo todas las cosas esté sobre
todo lo que hizo. Al conocer el salmista la sublimidad del Señor y vién-
dolo sobre todo lo creado, no sólo lo corporal, sin también lo espiritual,
dice; Rey excelso sobre todos los dioses. El sumo Dios es aquel que sobre sí
no tiene dios. Que exponga sus obras, para que se comprendan.

10. El Señor hizo en el cielo y en la tierra, en el mar y en todos los


abismos, todas las cosas que quiso. ¿Quién las conocerá? ¿Quién enumerará
las obras del Señor que hay en el cielo y en la tierra, en el mar y en todos

79
2Co 12, 4.
80
1Co 8, 5-6.
81
Sal 81, 1.6. 97
los abismos? Por tanto, si no podemos conocerlas todas, indudablemente
debemos retener y creer que todo lo que hay en el cielo, en la tierra, en el
FUENTES

mar y en todos los abismos fue hecho por Dios, porque, según ya dijimos,
hizo todo lo que quiso en el cielo, en la tierra, en el mar y en todos los abis-
mos. No se vio obligado a hacer todo lo que hizo, sino que hizo todo lo que
quiso. La causa de todo lo que hizo es su voluntad. Tú construyes la casa,
porque, si no quieres hacerla, te quedas sin morada; es decir, la necesidad
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

es quien te obliga a construir, no tu libre voluntad. Te haces un vestido,


porque, si no te lo hicieras, andarías desnudo; la necesidad te impele a
hacer el vestido, no la libre voluntad. Plantas el monte de viñas, siembras
la semilla, porque, si no lo haces, no tendrás alimentos; todas estas cosas
las haces forzado por la necesidad. Dios obró por bondad; no necesitó
nada de lo que hizo; por eso hizo todo lo que quiso.

11. ¿Piensas que nosotros hacemos algo por libre voluntad? Las
cosas que mencioné las hacemos por necesidad, porque, si no las hiciéra-
mos, permaneceríamos pobres y necesitados. ¿Encontraremos algo que
hacemos por libre voluntad? Sin duda que sí: alabar a Dios cuando le
amamos. Cuando amas lo que alabas, lo haces por libre voluntad, pues no
lo haces por necesidad, sino porque te agrada. Por eso, Dios les es agra-
dable a sus justos y a sus santos, incluso cuando los castiga. Cuando Dios
les desagrada a todos los inicuos, les agrada a los justos; por eso, hallán-
dose bajo su azote en la aflicción, en los trabajos, en las heridas, en la indi-
gencia, alabaron a Dios; no les desagradó ni siquiera en medio de los tor-
mentos. Esto es amar gratuitamente, no con el propósito de recibir un
premio, porque tu premio supremo será el mismo Dios, a quien gratuita-
mente amas. Debes amar de modo que no dejes de desear nunca como
recompensa al mismo Dios, que es el único que te podrá saciar; así lo
deseaba Felipe, cuando decía: Muéstranos al Padre y nos basta82.
Ciertamente, hacemos esto libremente, lo hacemos y lo debemos hacer
por libre voluntad, porque hallamos deleite en ello, cuando lo hacemos
amando; y, aunque estemos siendo castigados por Él, jamás deberá ser
desagradable para nosotros, porque Él siempre es justo. Esto es lo que
señala el que lo alaba: En mí están, ¡oh Dios!, tus votos, que cumpliré en tu
alabanza83; y en otro lugar: Voluntariamente te sacrificaré84, ¿Qué quiere
decir voluntariamente sacrificaré? Voluntariamente te alabaré. El Señor

82
Jn 14, 8.
83
Sal 55, 12.
98 84
Sal 49, 23.
dice: El sacrificio de alabanza me glorificará. Si te vieras obligado a ofrecer
a tu Señor un sacrificio grato y aceptable, así como se ofrecían antes los

FUENTES
sacrificios, que eran sombra de lo que vendría después, tal vez, no encon-
trarías entre tus animales, un toro que le fuera agradable, ni un macho
cabrío, que fuera digno del altar del Señor, ni un carnero, aceptable para
ser víctima ofrecida a tu Dios; y, si no los encuentran, preocupados por lo
que deben hacer, quizás digan a Dios: “Quiero, pero no tengo” ¿Acaso

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


podrías decir de la alabanza: “La quiero y no la tengo”? El mismo querer
es alabar. Dios no te pide palabras, sino el corazón. Puedes decir: “No
tengo lengua”; si alguno enmudece por alguna enfermedad, no puede
hablar, pero tiene alabanza. Si Dios tuviera oídos carnales y necesitara del
sonido de tu voz para escucharte, si tú no pudieras hablar, te verías tam-
bién sin alabanza. Pero como ahora pide el corazón, mira el corazón, es
testigo interior, es juez que persuade, ayuda y corona, es suficiente que le
ofrezcas la voluntad. Cuando puedes, confiesas con la boca para salud;
cuando no puedes, crees con el corazón para justicia. Alabas con el cora-
zón, bendices con el corazón, con el corazón preparas las víctimas sagra-
das sobre el altar de la conciencia, y te responderá: Paz en la tierra a los
hombres de buena voluntad85.

12. Así pues, el Dios omnipotente hizo en el cielo y en la tierra lo


que quiso. Tú en tu casa no haces todo lo que quieres. Él hizo lo que quiso
en el cielo y en la tierra; haz tú, aun en tu campo, cuanto quieres. Tú quie-
res hacer muchas cosas y no puedes hacer en tu casa lo que quieres; pro-
testa tu mujer, protestan tus hijos, y algunas veces incluso hasta tu siervo
protesta con su obstinación; por tanto, no puedes hacer lo que quieres.
Pero dices: “Hago lo que quiero, porque castigo al desobediente y al que
se opone”. Ni esto haces cuando quieres. Algunas veces quieres castigar y
no puedes; otras amenazas, y mueres, antes de poder hacer lo que amena-
zabas. ¿Pensaremos que en ti mismo haces lo que quieres? ¿Reprimes todas
las concupiscencias? Quizá las reprimes. Pero ¿eres capaz de evitar que
nazcan las pasiones, que quizás puedes llegar a refrenar? Sin duda quieres
no padecer las molestias de las pasiones, y, sin embargo, la carne codicia
contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, para que no hagáis las cosas
que queréis86. Tú, en ti mismo, no haces lo que quieres, pero nuestro Dios
hizo lo que quiso en el cielo y en la tierra. Que Él te dé la gracia para que
puedas hacer en ti mismo, lo que anhelas; porque si Él no te ayuda, no
harás en ti mismo lo que deseas. En efecto, aquel que dijo: La carne codi-

85
Lc 2, 14.
86
Ga 5, 17. 99
cia contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, para que no hagáis lo que
queréis, no hacía en sí mismo lo que quería; por eso, gemía en su interior,
FUENTES

diciendo: Me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, pero veo


otra ley en mis miembros que milita contra la ley de mi mente y me tiene cau-
tivo en la ley del pecado que está en mis miembros, porque no podía hacer
lo que quería no sólo en su casa o en su campo, sino ni siquiera en su
carne, y más aún, ni en su espíritu. Por eso clamó a Dios que hizo cuanto
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

quiso en el cielo y en la tierra, y dijo: ¡Infeliz hombre yo! ¿Quién me librará


del cuerpo de esta muerte? Y él mismo, bueno y suave, como respondién-
dose a sí mismo, añadió: La gracia de Dios por Jesucristo, Señor nuestro87.
Amen esta suavidad, alaben esta suavidad. Reconozcan que Dios hizo
cuanto quiso en el cielo y en la tierra. Él hará también en ustedes cuanto
desean y, así lo podrán llevar a cabo. Pero mientras no pueden, confiesen;
cuando puedan, den gracias; si se ven postrados, clamen; y, cuando se
hayan levantado, no se ensoberbezcan. Él hizo cuanto quiso en el cielo, en
la tierra, en el mar y en todos los abismos.

13. Forma las nubes del confín de la tierra. Veamos estas obras del
Señor ejecutadas en su criatura. Aparecen nubes, venidas del confín de la
tierra y llueve, pero no sabes de dónde vienen; pero el profeta lo indica,
diciendo: Desde el confín de la tierra, ya sea, desde el abismo o desde los
extremos de la tierra, Él hace las nubes donde quiere, pero, claro está,
desde la tierra. Convierte el relámpago en lluvia. Los relámpagos sin lluvia
te aterrarían y no servirían de nada. Convierte el relámpago en lluvia.
Relampaguea, te aterrorizas; llueve, te alegras. Convierte el relámpago en
lluvia; el que provocó tu temor, te ha llenado de alegría. Saca los vientos de
sus tesoros por causas ocultas, que desconoces. Tú sientes el soplo del vien-
to; pero ignoras por qué sopla o de dónde saca su fuerza. Sin embargo,
debes creer piadosamente a Dios, porque no soplaría el viento, si Él, que
lo hizo, no lo ordenara

14. Vemos estas cosas en la creación, y alabamos, nos admiramos


y bendecimos a Dios. Veamos qué hizo en los hombres a favor de su pue-
blo. Hirió a los primogénitos de Egipto. Se enumeraron las obras divinas
que debías amar y no se narraron las que debías temer. Atiende, porque
también, cuando se enoja, hace lo que quiere. Hirió a los primogénitos de
Egipto, desde el hombre hasta el ganado. Obró señales y prodigios en ti, ¡oh
Egipto! Ya han leído y saben cuántas cosas hizo la mano del Señor en
Egipto por medio de Moisés para aterrar, confundir y aniquilar a los

100 87
Rm 7, 22-25.
soberbios egipcios. Contra Faraón y contra todos sus siervos. Poco hubiera
sido haber hecho esto en Egipto ¿Qué pasó después que el pueblo salió de

FUENTES
allí? Hirió a muchas naciones que ocupaban la tierra que Dios quería dar a
su pueblo. Y mató a reyes poderosos: a Seón, rey de los amorreos, y a Og, rey
de Basán, y a todos los reinos de Canaán. Así como el salmo menciona bre-
vemente todas estas cosas, las podemos encontrar en otros libros de la
Escritura; y también en ellos se ve el excelso poder del Señor. Cuando tú

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


ves las cosas que suceden entre los impíos, procura evitar que te pase a ti,
pues se llevaron a cabo en ellos, para que tú los veas y no los imites, y no
padezcas estas cosas. Sin embargo, vemos que el castigo del Señor alcanza
a toda carne. No pienses que no te ve cuando pecas, no pienses que no te
presta atención, no pienses que el Señor duerme. Atiende y teme cuando
reflexiones en los ejemplos de los beneficios de Dios, al igual que cuando
recuerdas sus castigos, pues es omnipotente tanto para consolar como
para castigar. Por eso, es muy provechoso leer estas cosas. Cuando el pia-
doso ve lo que padeció el impío, se purifica de toda iniquidad para que no
le sobrevenga a él tal pena y tal castigo. Creo que ya han entendido bien
todo esto. ¿Qué hizo Dios después? Arrojó a los impíos y dio su tierra en
heredad; en heredad a su siervo Israel.

15. A continuación, sigue el regocijo de su alabanza: Señor, tu


nombre permanece para siempre después de todas estas cosas que hiciste.
¿Qué veo de las cosas que hiciste? Contemplo la criatura que hiciste en el
cielo, contemplo esta parte baja en donde habitamos, y aquí veo tus bene-
ficios: las nubes, los vientos, la lluvia. Miro a tu pueblo, al que sacaste de
la casa de la esclavitud, y los signos y prodigios que hiciste entre sus ene-
migos, castigaste a los que los atormentaban, echaste de su tierra a los
impíos, mataste a sus reyes, entregaste a tu pueblo su tierra. Vi, todas estas
cosas, y lleno de alabanza, dije: Señor, tu nombre permanece para siempre.

16. Hemos visto, conocido y alabado el sentido literal de estas


cosas, que están escritas. Creo, sin embargo, que tienen también otro sig-
nificado. Espero que no les moleste si trato de explicarlo, como pueda.
Primero, podemos entender: Hizo cuanto quiso en el cielo y en la tierra,
aplicándolo a los mismos hombres. Y así identifico el cielo etéreo con los
hombres espirituales, y la tierra con los carnales. La Iglesia está formada
por estas dos clases de hombres, como de cielo y de tierra. A los espiri-
tuales pertenece la predicación y a los carnales la sumisión, porque los cie-
los anuncian la gloria de Dios, y el firmamento pregona las obras de sus
manos88. Si la tierra de Dios no fuera el pueblo de Dios, el apóstol no diría:
88
Sal 18, 2. 101
Sois edificación de Dios, sois un campo sembrado de Dios. Como sabio arqui-
tecto, puse el fundamento; otro edifica encima. Somos, entonces, edificios de
FUENTES

Dios y campo de Dios. También dice: ¿Quién planta una viña y no come
de su fruto?89, y asimismo: Yo planté, Apolo regó, pero Dios dio el crecimien-
to90. También en su Iglesia, y en sus predicadores, y entre su pueblo hizo
todo lo que quiso, como en el cielo y la tierra. Poco hubiera sido obrar
sólo en ellos; por eso hizo también cuanto quiso en el mar y en todos los abis-
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

mos. El mar son todos los que aún no creen, y en ellos también hizo cuan-
to quiso. Pues éstos no se ensañarían si Él no lo permitiera; ni se los casti-
ga, por su perversidad, si antes no lo ordena Aquel que creó todos los pue-
blos. Piensa que es mar y no tierra. Pero ¿acaso por esto está exento del
poder de Dios omnipotente? En el mar y en todos los abismos hizo cuanto
quiso. ¿Quiénes son los abismos? Las cosas que ocultan los corazones de
los mortales, los pensamientos secretos de los hombres. ¿Cómo hace allí
Dios lo que quiere? Porque el Señor pregunta al justo y al impío, pero el que
ama la iniquidad odia su alma91. ¿En dónde le pregunta? En otro sitio se
escribió: La interrogación tendrá lugar en los pensamientos del impío92. Así
pues, hizo lo que quiso en todos los abismos. El corazón bueno oculta cosas,
igualmente el malo; hay un abismo en el corazón bueno, e igualmente lo
hay en el malo; pero los dos están desnudos ante Dios, a quien nada se le
oculta. Consuela al corazón bueno y atormenta al malo. Hizo todas las
cosas que quiso en el cielo y en la tierra, en el mar y en todos los abismos.

17. Forma las nubes del confín de la tierra. ¿Qué nubes? Los pre-
dicadores de su Palabra, que es la verdad. Cuando se llenó de ira contra
su viña, mencionó estas nubes, al decir: Mandaré a mis nubes que no dejen
caer agua sobre ella93. Poco es haber suscitado nubes de Jerusalén o de
Israel, a las que envió a predicar su Evangelio a toda la tierra. De ellas dijo:
Por toda la tierra se oye su sonido, y en los confines de la tierra sus palabras94.
Poco es esto. Pero como el mismo Señor dice: Este Evangelio del reino se
predicará por toda la tierra para testimonio de todas las gentes, y entonces ven-
drá el fin95, por eso suscita nubes de los confines de la tierra. Porque al

89
1Co 9, 7.
90
1Co 3,9.10.6.
91
Sal 10, 6.
92
Sal 1, 9.
93
Is 5, 6.
94
Sal 18, 5.
102 95
Mt, 24, 14.
difundirse el Evangelio, ¿de dónde saldrán predicadores del Evangelio
para los confines de la tierra, si no levanta allí nubes desde el confín de la

FUENTES
tierra? ¿Qué hace con estas nubes? Convierte los relámpagos en lluvia.
Convirtió las amenazas en misericordia, del terror produjo el riego.
¿Cómo puede regar con el terror? Cuando Dios te amenaza por el profe-
ta y por el apóstol y temes ¿no te está atemorizando el relámpago? Pero,
cuando te arrepientes, te corriges y reconoces que se hizo esto por miseri-

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


cordia, el terror del relámpago se convierte en lluvia. Quien saca los vien-
tos de sus tesoros. Digo entonces que los predicadores son nubes y vientos:
nubes por la carne, vientos por el espíritu, pues las nubes se ven, los vien-
tos no, pero se sienten. Por último, como vemos que la carne procede de
la tierra, dice: Y suscita las nubes del confín de la tierra, así indica de dónde
levantaba las nubes. Pero al llegar al viento, como no se sabe de dónde
viene el espíritu del hombre, dice: Saca los vientos de sus tesoros. Por favor,
presten un poco más de atención y veamos lo que falta.

18. Hirió a los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta el


ganado. Que nuestros primogénitos se salven para el Señor, porque Él nos
los dio. Es una pena muy desagradable, una plaga demasiado terrible, la
muerte de los primogénitos. ¿Cuáles son nuestros primogénitos? Nuestras
costumbres, con las que ahora servimos a Dios, éstos son nuestros primo-
génitos. Como primicia tenemos la fe, por la cual comenzamos. A la
Iglesia le dijo: vienes y atraviesas por el comienzo de la fe96, pues nadie
comienza a vivir si no es por la fe. Por tanto, nuestra fe se halla entre nues-
tros primogénitos. Cuando preservamos nuestra fe, pueden seguirse las
demás virtudes. Porque, al purificarse, los hombres adelantan más y más,
y viviendo mejor, se renueva de día en día el hombre interior, según dice
el apóstol: Si bien se corrompe el hombre nuestro exterior, el interior se renue-
va de día en día97. Y esto se hace realidad porque vive la primogénita, es
decir la fe, de la cual también dice el apóstol: y también nosotros, que tene-
mos las primicias del espíritu, es decir, que, habiendo dado a Dios, las pri-
micias de nuestro espíritu, esto es, la misma fe, como nuestros primogé-
nitos, sin embargo, gemimos en nuestro interior, anhelando la adopción de
hijos y la redención de nuestro cuerpo. Si es una inmensa gracia de Dios que
se conserve nuestra fe, es un gran castigo matar los primogénitos. Esto
sucede cuando los hombres redimidos, pierden la fe y se vuelven aflicción
para la Iglesia, pues afligen a la Iglesia cuando pierden la fe; y Egipto sig-
nifica también aflicción. Por eso, todos los que afligen a la Iglesia, todos

96
Ct 4, 8 (LXX).
97
2Co 4, 16. 103
los que suscitan escándalos en la Iglesia, aunque se llamen cristianos, dan
muerte a sus primogénitos. Por tanto, serán infieles, serán engañosos, pues
FUENTES

de cristianos sólo tienen el nombre y el signo, porque sepultaron en su


corazón a su primogénito; y hasta tal punto que, cuando reprendes en algo
a un cristiano atendiendo a la buena vida, a la esperanza de la vida eterna,
al temor del fuego eterno, se ríe dentro de sí: o en el peor de los casos, se
burla ante tu propio rostro, hace una mueca y dice: “¿Quién ha vuelto aquí
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

de allí? Los hombres dicen lo que quieren”. Sin embargo, es cristiano; pero,
mató a su primogénito, mató a su fe, y esto desde el hombre hasta el ganado.
Hermanos, diré lo que me creo: En los hombres, me parece que se simbo-
liza a los doctos, debido al alma racional, propia de la naturaleza humana;
y en el ganado, a los indoctos, pero que tienen fe, porque, de lo contrario,
no tendrían primogénito. Hay hombres doctos que afligen a la Iglesia pro-
vocando las divisiones y las herejías. Por eso, no encontrarás fe en ellos,
porque se hicieron Egipto, es decir, aflicción para el pueblo de Dios.
Mataron a sus primogénitos y arrastraron tras de sí a muchos hombres
ignorantes; ésos son el ganado. Esta aflicción que hace sufrir a la Iglesia:
muere la fe en los que la afligen; y mueren también los primogénitos, tanto
de los doctos como de los indoctos, porque Dios mató los primogénitos de
los egipcios, desde el hombre hasta el ganado o la bestia.

19. Obró señales y prodigios en ti, ¡oh Egipto! Contra Faraón y con-
tra sus siervos. Faraón era el rey de los egipcios. Presten atención al nombre
y fíjense cómo hace Dios todo esto. El rey es el personaje más importante
de cualquier pueblo. Egipto significa aflicción, y Faraón dispersión. Es
decir, la aflicción tiene por rey a la dispersión, porque los que afligen a la
Iglesia, la afligen desde distintos puntos. Es más, para afligirla se dispersan.
Pero como el rey guía y el pueblo lo sigue, primero va la dispersión y luego
la aflicción. Escuchen, escuchen bien estos nombres en su sentido figura-
do y profundo, y se van a dar cuenta de que de ninguno de estos nombres
se entiende algo bueno. Por eso, en ellos Dios obró con su ira.

20. Hirió a muchas naciones y mató a reyes poderosos. Responde:


¿De qué naciones y de qué reyes se trata? A Seón rey de los amorreos.
Escuchen los nombres, cargados de misterios. Dice que mató a Seón.
Efectivamente lo mató, y ojalá que lo mate ahora en los corazones de sus
siervos y en las tentaciones que soporta su Iglesia; con su mano siga
matando a estos reyes y a estos pueblos, pues Seón significa tentación de
los ojos, y amorreos, provocadores. Fíjense, ahora ya podemos entender
aquí cómo los provocadores tienen por rey a la tentación de los ojos. La
tentación de los ojos es la mentira; es una simple apariencia, pero no la
104 verdad. ¿Qué tiene de raro, entonces, que los provocadores tengan por rey
así, a un rey mentiroso? Si el engaño y la mentira no van por delante, no
habría provocadores en la Iglesia, pues provocan porque fingen. Por tanto,

FUENTES
la tentación de los ojos va delante y sigue la provocación. También esto
sucedió al diablo, porque la tentación de los ojos, para él, fue el transfor-
marse en ángel de luz. Que la mano del Señor acabe con éste y con aqué-
llos; a éste para que no haga caer a los otros, de modo que éstos se corri-
jan. Efectivamente, cada hombre mata en sí mismo a este rey cuando con-

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


dena la mentira y ama la verdad. La mano de Dios no deja de hacer esto,
pues como lo hizo, en aquel momento, en un punto de la historia, lo hace
ahora espiritualmente para que se cumpla lo que anunció proféticamen-
te. También mató a otro rey y a su pueblo: A Og, rey de Basán. ¡Este era
muy malo! Og significa obstrucción, y Basán confusión. El rey que obsta-
culiza el camino hacia Dios es malvado. Esto es lo que hace el diablo; pues
cierra el camino interponiendo siempre sus engaños, sus ídolos, interpo-
niéndose él, mediante los endemoniados, las hechicerías, los adivinos, los
encantadores, los ritos de los demonios. Por Cristo se abre el camino que
antes había sido cerrado, así dice uno de los redimidos: Y con mi Dios tras-
pasaré la muralla98. Y del mismo modo, el diablo intenta todo el tiempo
cerrar el camino para que nadie crea en Dios. Para el que cree en Dios,
está libre el camino, pues el mismo Cristo es el camino99. Si no creen en
Él, está cortado. Por tanto, si, por su incredulidad, el camino estuviera
cortado ¿qué se debe esperar? Que, cuando venga el que no fue creído, los
que no creyeron queden llenos de confusión. ¿Por qué? Porque primero es
la obstrucción y luego sigue la confusión. La obstrucción va delante como
rey, y detrás sigue la confusión, como pueblo. Cuando aparezca Cristo, los
que ahora no creen en Él, porque su camino está obstaculizado, quedarán
avergonzados, y sus iniquidades los entregarán a su enemigo. Y entonces,
los impíos dirán confundidos: ¿De qué nos sirvió la soberbia100? Profundo
misterio, hermanos míos: la dispersión es el rey de la aflicción; están dis-
persos, para ser afligidos. Profundo misterio: la tentación de los ojos, es
decir el engaño, es el rey de los provocadores, engañan para provocar. La
obstrucción es el rey de la confusión: se cierran para no creer, y, cuando
venga Aquél, en quien creemos, quedarán confundidos. Y Dios mató a
todos los reinos de Canaán. Canaán significa preparado para la humildad.
La humildad representa a un bien; pero la humildad útil, porque la mala
humildad es digna de pena. Si la humildad no fuera también parte del cas-
tigo, no se diría: El que se ensalza será humillado. No confiere ningún

98
Sal 18, 30.
99
Jn 14, 6.
100
Sb 5, 8. 105
beneficio, cuando se castiga con la humillación. Por tanto, Canaán signi-
fica ahora “soberbio”. Todo impío y todo infiel ensalza su corazón, al rehu-
FUENTES

sarse a creer en Dios. Pero esta exaltación prepara la humillación para el día
del juicio, pues entonces será humillado el que se había rehusado a creer;
algunos son vasos de ira, preparados para la condenación. Que, entonces,
ahora se engrían, se burlen, se arrojen sobre los creyentes, que se rían de
ellos, se mofen de los cristianos, y digan: “Las cosas que dicen del día del
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

juicio son cuentos de vieja”. Este engreimiento les prepara la humillación.


Ahora, que se anuncia la llegada del juez, se ríen, pero, en aquel momen-
to, el que ahora se engríe será humillado, no para su provecho, sino como
castigo. Ahora no se humilla, pero se está preparando para ser humillado;
es decir, se prepara para la condenación, se prepara para ser víctima.

21. Dios hizo todo esto, materialmente, cuando nuestros padres


fueron sacados de la tierra de Egipto; y espiritualmente, ahora que su
mano no deja de obrar, hasta el fin. Para que no pienses que, después de
haber hecho todo eso materialmente en aquel momento, el poder de Dios
dejó de obrar, dice: Señor, tu nombre permanece para siempre. Esto es, tu
misericordia no cesa, tu mano no cesa de hacer, en este siglo, lo que habí-
as prefigurado con aquellas cosas, ya que a ellos todo les sucedía en figura,
pero se escribieron para nuestra corrección, sobre quienes ha venido a caer el
fin de los siglos. Señor, tu misericordia perdurará de generación en genera-
ción101. La generación de esta vida y la generación de la otra: la generación
por la cual nos hacemos fieles y renacemos por el bautismo, la generación
por la que resucitaremos de entre los muertos y viviremos, junto con los
ángeles, eternamente. Tu memoria, Señor, permanecerá sobre esta genera-
ción y sobre la otra, porque ni ahora se olvidó de nosotros, pues nos
llamó, ni en aquel momento se olvidará de nosotros, para coronarnos. Tu
memoria Señor, permanecerá de generación en generación.

22. El Señor juzgó a su pueblo. El Señor completó todas aquellas


cosas con el pueblo judío. Pero ¿Dejó de obrar, después de haber intro-
ducido a su pueblo en la tierra prometida? Sin duda que aún juzgará, pues
el Señor juzgó a su pueblo y por sus siervos será invocado. Ya juzgó a su pue-
blo. Dejando a un lado el juicio futuro, el pueblo judío ya está juzgado.
¿Qué quiere decir “ya está juzgado”? Que ya están separados los justos y
han quedado los injustos. Si miento, o piensan que miento porque dije
que ya está juzgado, escuchen al Señor, que dice: Yo vine a este mundo para
juzgar, a fin de que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos102.

106 101
1Co 10, 11.
Fueron cegados los soberbios e iluminados los humildes. Por eso, juzgó a
su pueblo. Isaías anunció este juicio, cuando dijo: Y ahora tú, casa de Jacob,

FUENTES
ven; caminemos en la luz del Señor; esto es poco. ¿Qué sigue? Pues aban-
donó a su pueblo, a la casa de Israel103. La casa de Jacob es la casa de Israel,
porque Jacob es Israel. Conocen las Santas Escrituras, y pienso que se
acuerdan de que Jacob, cuando luchó con el ángel, recibió el nombre de
Israel104. Jacob e Israel son un solo hombre, una sola persona. Así, pues, la

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


casa de Jacob y la casa de Israel es una sola nación, un solo pueblo; por
tanto, al mismo rechaza e invita. Ahora ya mataste a Cristo, ¡oh casa de
Jacob!; ya mataste a Cristo, ya moviste la cabeza ante la cruz, ya te bur-
laste del que pende de ella y le dijiste: Si es el Hijo de Dios, baje de la cruz.
El Médico ya rogó por los locos: Padre, perdónalos, porque no saben lo que
hacen105. Sin duda, ya hiciste todas estas cosas; ahora, cree en Aquel que
mataste; bebe la sangre que derramaste. Ahora, casa de Jacob, quiero
exponer con el testimonio de Isaías lo que dijo el salmista: El Señor juzgó
a su pueblo y será invocado por sus siervos. Se sobreentiende que juzgó a su
pueblo, separando en él los buenos de los malos; los creyentes de los incré-
dulos, los apóstoles de los judíos mentirosos. Esto lo indicó, como antes
mencioné, por medio del profeta, ya que después de todas tus iniquida-
des dijo: ¡Oh tú, casa de Jacob!, ven y caminemos en la luz del Señor. ¿Por
qué les digo: Vengan, caminemos en la luz del Señor? Para que no suceda
que, permaneciendo en el judaísmo, no lleguen a Cristo. Y ¿Por qué? ¿No
se les profetizó continuamente a Cristo? Pero ahora arrojó a su pueblo, casa
de Israel. Ven, casa de Jacob, porque arrojó a su pueblo, casa de Jacob; ven,
casa de Israel, porque arrojó a su pueblo, casa de Israel. ¿Por qué vino y
por qué fue arrojada? Porque éste es el juicio: Que los que no ven, vean, y
los que ven, queden ciegos. Así pues, juzgó el Señor a su pueblo. Los separó.
Entonces ¿no encontrará allí a quienes establecer en su reino? Los encon-
trará: Y será invocado por sus siervos. El apóstol dice: Dios no desechó a su
pueblo, a quien conoció de antemano. ¿Y cómo lo prueba? Porque yo soy
israelita106. Por tanto, el Señor juzgó a su pueblo, separando los buenos de
los malos. Será invocado por sus siervos. ¿Por quiénes? Por los gentiles.
¡Cuántas naciones, creyendo, vinieron! ¡Cuántas casas, cuántas familias,
fueron abandonadas, para llegar hasta aquí! No sé de dónde vienen tan-

102
Jn 9, 39.
103
Is 2, 5.6.
104
Gn 32, 28.
105
Mt 27, 39-43; Lc 23, 34-35.
106
Rm 11, 1-2. 107
tos; quieren creer. Les decimos: “¿Qué quieren?” y responden: “Conocer
la gloria de Dios”. Créanme hermanos; me admiro y me lleno de gozo ante
FUENTES

esta voz de la gente sencilla. No sé de dónde vienen, no sé quién los mueve.


Pero ¿por qué digo: “No sé quién los mueve?” Sí, lo sé. Nadie viene a mí
sino aquel a quien el Padre envíe, dice el Señor. Vienen de repente, salen de
los bosques, del desierto, desde montañas, lejanas y escarpadas, vienen a la
Iglesia, y muchos, por no decir casi todos, repiten: “Venimos, en serio, a
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

ver a Dios, que instruye internamente”. Se cumple la profecía que dice:


Todos serán enseñados por Dios107. Les preguntamos: ¿Qué quieren? y ellos
responden: “Ver la gloria de Dios”. Todos pecaron, y necesitan la gloria de
Dios108. Creen, se consagran, piden que les asignen sacerdotes. ¿No se cum-
ple, entonces, aquello de Y será invocado por sus siervos?

23. Por último, después de ordenar y disponer todo de esta mane-


ra, el Espíritu de Dios se vuelve para reprochar y burlarse de los ídolos,
aunque, en realidad, sus mismos adoradores se burlan de ellos, y dice: Los
ídolos de los gentiles son plata y oro. Puesto que todas estas cosas fueron
hechas por Dios, Él fue quien hizo cuanto quiso en el cielo y en la tierra,
que juzgó a su pueblo y fue invocado por sus siervos, ¿qué queda si no
burlarse, en lugar de adorar la apariencia? Tal vez debería haber dicho a
secas: “Ídolos de los gentiles”, para que así los despreciásemos a todos, tal
vez debía haber dicho: “Los ídolos de los gentiles son piedra, madera,
yeso, barro”. No digo esto, porque sea un material vil, estoy haciendo refe-
rencia a aquello que los hombres aman con pasión o que al menos tienen
en gran estima: Los ídolos de los gentiles son plata y oro. Ciertamente que
son oro y plata. Pero ¿como el oro y la plata brillan, debemos deducir que
también tienen ojos y ven? El oro y la plata son útiles para el avaro, pero
no para el religioso. ¿Qué digo? Ni siquiera son útiles para el avaro, sino
solamente para el que usa bien de ellos y así se asegura un tesoro en el cielo
por haberlos administrado correctamente. Sin embargo, como se han
vuelto insensatos, les preguntamos: ¿por qué fabrican dioses con oro y
plata? ¿No se dan cuenta de que los dioses que ustedes hacen no pueden
ver?109 Tienen ojos, y no verán; tienen oídos, y no oirán; tienen nariz, y no
olerán; tienen boca, y no hablarán; tienen manos, y no obrarán; tienen pies,
y no andarán. Un escultor, un platero o un orfebre pudo haberle hecho los
ojos, los oídos, la nariz, la boca, las manos, los pies; pero no pudo dar luz
a los ojos, ni percepción al oído, ni voz a la boca, ni sentido a la nariz, ni

107
Is 54, 13; Jn 6, 44-45.
108
Rm 3, 23.
108 109
Sb 15, 15.
movimiento a las manos, ni agilidad a los pies.

FUENTES
24. ¡Oh hombre!, sin duda, ya te debes estar burlando de lo que te
fabricaste, ahora que conoces al que te hizo a ti. ¿Qué se dice de los que no
le conocieron? Todos los que hacen ídolos son semejantes a ellos, y todos los que
confían en ellos. Créanme hermanos: ellos se parecen, en cierto modo, a los
ídolos, no precisamente en la carne, sino en su hombre interior, porque tie-

El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)


nen oídos, y no oyen; por eso les dice el Señor: El que tenga oídos para oír,
que oiga110. Tienen ojos, y no ven: tienen los ojos del cuerpo, pero no tie-
nen los de la fe. En síntesis, esta profecía se cumple en todos los pueblos
paganos. Presten atención al modo en que se anunció por el profeta. No
hago referencia a ninguna alegoría, ni a ninguna figura. Escuchen la pro-
fecía anunciada en sentido propio preciso, simple, claro, y vean cómo se
está cumpliendo. El Señor prevaleció contra ellos, dice el profeta Sofonías.
Contra los opositores, contra los rebeldes, contra los que sin saberlo hací-
an mártires, al matar a los creyentes: El Señor prevaleció contra ellos. ¿Y
cómo prevaleció? Reconozcamos en su Iglesia cómo prevaleció contra ellos.
Con la muerte, querían extinguir a los pocos cristianos, que había.
Derramaron la sangre; y de la sangre de los inmolados surgieron tantos,
que vencieron a los que sacrificaban a los mártires; y de tal modo los ven-
cieron, que ahora buscan dónde esconder sus ídolos, aquellos que antes,
por veneración a sus ídolos, mataban a los cristianos. ¿No es esto que el
Señor prevaleció contra ellos? Fíjate si, al hacer lo que se cuenta a conti-
nuación, el Señor no prevaleció contra ellos. ¿Qué hizo? Dice Sofonías:
Exterminó a todos los dioses gentílicos de la tierra; y le adorarán, cada uno en
su lugar, todas las islas de las gentes111. ¿Qué es esto? ¿No se cumplió todo lo
que se había profetizado? ¿No puedes ver ahora, todo tal cual como has
leído? Y los que quedaron tienen ojos, y no ven; nariz, y no huelen. No
perciben aquel olor del que dice el apóstol: En todo lugar somos el buen olor
de Cristo112. ¿De qué les sirve tener nariz, si no perciben el suave olor de
Cristo? Sin dudas, de ellos se dijo y en ellos se cumplió: Todos los que hacen
ídolos son semejantes a ellos, y todos los que confían en ellos.

25. Todos los días hay hombres que creen por los milagros de
Cristo; todos los días se abren los ojos de los ciegos, y los oídos de los sor-
dos, y percibe la nariz de los insensatos, y se desata la lengua de los mudos,
y se robustecen las manos y los pies de los lisiados, y se levantan de estas

110
Mt 11,15.
111
So 2,11.
112
2Co 2, 15. 109
piedras hijos de Abrahán113. Que a todos éstos les digan: Bendice al Señor,
casa de Israel. Todos son hijos de Abrahán; Y si de estas piedras se levan-
FUENTES

tan hijos de Abrahán, es evidente que son más bien los que pertenecen a
la casa de Israel, al linaje de Abrahán, no por la carne, sino por la fe. Casa
de Israel, bendice al Señor. Procura pertenecer a esta casa y ser contado
entre el pueblo de Israel. Por eso, creyeron los apóstoles y miles de cir-
cuncisos. Casa de Israel, bendice al Señor; casa de Aarón, bendice al Señor;
El Comentario de san Agustín de Hipona a los salmos graduales (Sal 132-134)

casa de Leví, bendice al Señor. Casa de Israel, en general, quiere decir:


“Pueblos bendigan al Señor”, casa de Aarón, significa “Jefes bendigan al
Señor”, y casa de Leví: “Ministros bendigan al Señor”. Y de las demás
naciones, ¿qué se dice? Los que temen al Señor, bendigan al Señor.

26. Por tanto, digamos todos, a una voz, lo que sigue: Sea bendi-
to desde Sión el Señor, que habita en Jerusalén. Desde Sión hasta Jerusalén.
Sión significa contemplación, y Jerusalén visión de paz. ¿En qué Jerusalén
ha de morar ahora? ¿En la que fue destruida? No, sino en nuestra madre,
que está en los cielos, de la cual se dijo: Muchos más son los hijos de la aban-
donada que los de la que tiene varón114. Así pues, el Señor ahora es bende-
cido desde Sión, porque contemplamos, esperando su venida, pues ahora,
mientras vivimos en la fe, nos hallamos en Sión. Terminado el viaje, habi-
taremos en aquella ciudad que jamás será destruida, porque el Señor habi-
ta en ella y la protege: en aquella ciudad, la eterna Jerusalén, que es visión
de paz; de la paz de Aquel, hermanos míos, a quien la lengua no puede
alabar como conviene y en donde no sentiremos ya enemigo alguno ni en
la Iglesia, ni fuera de la Iglesia, ni en nuestra carne, ni en nuestro pensa-
miento, pues la muerte será vencida115 y nos dedicaremos a ver a Dios en
paz eterna, hechos ya ciudadanos de Jerusalén, la ciudad de Dios.

113
Mt 3, 9.
114
Is 54, 1; Ga 4, 26-27.
110 115
1Co 15, 54.

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