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La musicalidad del ser humano según Blacking

El documento analiza la investigación del antropólogo John Blacking sobre la comunidad Venda en Sudáfrica para argumentar que el ser humano es intrínsecamente musical. Blacking define la música como un sonido organizado humanamente y encuentra que para los Venda la música depende del contexto social y las relaciones entre los participantes. Además, los Venda entienden que la música debe equilibrar la destreza técnica con la conexión entre los músicos y la audiencia para lograr un efecto colectivo.

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La musicalidad del ser humano según Blacking

El documento analiza la investigación del antropólogo John Blacking sobre la comunidad Venda en Sudáfrica para argumentar que el ser humano es intrínsecamente musical. Blacking define la música como un sonido organizado humanamente y encuentra que para los Venda la música depende del contexto social y las relaciones entre los participantes. Además, los Venda entienden que la música debe equilibrar la destreza técnica con la conexión entre los músicos y la audiencia para lograr un efecto colectivo.

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¿Qué tan musical es el hombre?

John Blacking

¿Qué tan musical es el hombre?


John Blacking
Publicado en 1973
University of Washington Press, Seattle y Londrés
Investigación musical, Profesora Fernanda Vera
Informe por Cristóbal Zapata Marchant
19 de abril del 2023
Facultad de Artes de la Universidad de Chile
John Blacking fue un antropólogo y etnomusicólogo de origen británico formado en el
King’s College (Londres, Inglaterra), reconocido por su trabajo indagatorio y estudios de la
comunidad Venda de Sibasa, en la provincia de Limpopo, Sudáfrica, en el año 1956, los
cuales darían como fruto de su investigación el libro ‘¿Hay música en el hombre?’ publicado
en 1973 proponiendo ideas que intentaban complementar el aspecto práctico y técnico de la
disciplina músical con elementos culturales y sociales presentes en el contexto y desarrollo
colectivo de las personas. En 1970 trabajó en el cargo de jefe del Departamento de
Antropología Social de la Queen’s University de Belfast, Irlanda del Norte, donde pudo dar
clases hasta su fallecimiento, fue durante este periodo que sus ideas más importantes para el
campo de la investigación etnomusical y su foco analítico surgieron, además de la
publicación de una serie de libros de relevancia para el estudio de la sociedad Venda y
algunas retrospectivas en sus propias labores y producciones intelectuales, como ‘A
Commonsense View of All Music’ (1987), y cabe mencionar previo a esta etapa su
publicación ‘Canciones de los niños venda’ (1967). Es diagnosticado con cáncer de páncreas
terminal en el año 1988, fallece en 1990 dejando tras de sí un legado de amplio valor para
antropólogos y estudiosos de sus subdisciplinas.

Si bien el título del texto es un adelanto de las cuestiones que intenta argumentar,
John Blacking en verdad nos abre las puertas de su investigación con una certeza, “He
definido la música como un sonido humanamente organizado” dice en las primeras líneas, y
es a partir de este pilar que se construyen el resto de proposiciones y el enfoque de las
mismas. Por un lado tenemos el fenómeno musical como práctica, ya sea en su ejecución por
medio de instrumentos, canto o baile, y por otra parte está el elemento inseparable de la
música: lo humano, lo propio de su comportamiento y naturaleza social. Una vez integrados
en este planteamiento es que comenzamos a aventurarnos en los patrones socioculturales de
la comunidad Venda, y cómo al analizarlos podemos distinguir las diferencias enormes entre
la asfixiante sociedad eurocentrista sobre la que se ha construido la teoría e investigación
musical en esta parte del hemisferio y una sociedad que durante toda su existencia nunca ha
dejado extinguir sus raíces y tradiciones, a pesar de haber enfrentado en repetidas ocasiones a
lo largo de su historia confrontaciones culturales con los colonizadores británicos y su
insaciable sed de imponer el conocimiento que para ellos era hasta ese entonces, fundamental
y superior en todos los sentidos en relación a las prácticas de esta comunidad ubicada en
Limpopo, provincia perteneciente a Sudáfrica.
Los datos demográficos de la población venda varían y son difíciles de comprobar por
la situación rural de su geografía y por pertenecer actualmente a Sudáfrica, país que cuenta
con una población de más de cincuenta y nueve millones de habitantes según el World Bank
Data y su información proporcionada para el año 2021. Lo poco que sabemos de su pueblo es
gracias al reciente trabajo de periodistas locales y a la investigación de campo que realizó
John Blacking en 1956, de la cual pudo dar como fruto los siguientes preceptos esenciales
para entender las posturas de la comunidad venda:
1. El humano es intrínsecamente musical, es aceptado que algunas personas
tengan mayor destreza en las prácticas musicales que otras, pero eso no
excluye en ningún caso a las personas de ser sujetos musicales.
2. La música depende inevitablemente de los grupos sociales que la ejecutan, del
contexto en que esto ocurre y de cómo los miembros participantes se
relacionan entre sí.

Una vez entendido lo anterior, podemos reflexionar en torno a una de las primeras
preguntas de investigación planteadas por el autor, y es que para indagar en si el humano es
musical o no debemos cuestionar primero los roles que existen dentro del fenómeno músical
y por qué existen: ¿Quién escucha?, ¿Quién toca?, ¿Por qué lo hacen? No es motivo de duda
para nadie que la música causa una influencia en el sentir y pensar de las personas, ya sea
emoción o desmotivación, es este el eje principal por el cual la música surte efecto en grupos
sociales, ahora, una de las primeras diferencias que encontramos con los venda es que para
ellos, su capacidad de conexión con la música depende en gran medida de quién sea el
intérprete. Es ya conocida la anécdota en la que John Blacking decidió participar en las
percusiones para un baile de un ritual sólo para ser reemplazado a los pocos minutos por no
tocar de una manera lo suficientemente fiel a lo ejecutado por los nativos. Blacking sostiene
que este fenómeno se produce por la implicación de los lazos sanguíneos en la música y el
significado que podemos otorgarle a este en determinados contextos sumado a las emociones
naturales que surgen de relacionarse con un par, dándole así un significado a la práctica más
allá de la simple superposición de sonidos. ¿Es posible que surja un individuo musical aislado
de la sociedad?, lo es, pero este también estará aislado del significado que esta le proporciona
a la música.
A lo anteriormente mencionado se suma la generalizada comprensión por parte de los
venda del balance necesario entre destreza técnica y conexión con sus participantes para que
la música tenga un real impacto, y es que a pesar de que en esta comunidad surgen grandes
intérpretes capaces de realizar ritmos sumamente complejos, estos nunca se dejan llevar por
derrochar sus habilidades sino más bien por cuánta conexión quieren lograr con quienes los
escuchan, ya que en este sentido ¿De qué sirve ser el pianista más virtuoso si nuestra técnica
escapa la comprensión?, ¿De qué sirve componer piezas con alto nivel de tecnicismos y
complejidad solo para ser entendida por nosotros mismos?, es aquí cuando se reafirma que el
objetivo final de la música es compartir una experiencia colectiva, y entre más equilibrio se
logre entre técnica y accesibilidad, el objetivo estará mucho mejor cumplido.
Una vez adentrados en el universo musical de los venda, nace una constante evidente
en cuanto a las funciones de su música, y es que ninguna canción es creada o ejecutada sin
esta tener una función palpable y establecida por su sociedad, los mismos nombres de las
canciones indican su función, existe la “canción para danzar alrededor”, la “canción para
dormir”, las “canciones para los bailarines enmascarados” y “tshikona” la que el autor
describe como la más relevante de todas tanto por su implicancia en la tradición de los venda
como por su proeza técnica, a la cual se refieren como “la canción que hace que los viejos
tiren sus bastones y se pongan a bailar”. Gracias a esta cualidad funcional otorgada por los
venda a todas sus canciones, es que logran unificar la comunidad y la participación de los
miembros en la actividad musical, para ellos no existe la música sin la colaboración, no sería
posible en esta sociedad la música de cámara por ejemplo, ya que si bien existen espectadores
en las prácticas venda, estos solo se dedicarán a aplaudir y festejar si han sido influencia para
que los músicos que escuchan hayan logrado interpretar, debido a que reconocen la
importancia irrevocable del público discerniente para que los grandes talentos puedan
alcanzar el lugar que merecen.

Si no fuera gracias al establecimiento de estos conceptos dentro de nuestra


comprensión de la relación entra la música y el humano, probablemente estaríamos muy
atrasados en cuanto a concebir la música como una actividad naturalmente humana, y en esta
dirección creo que debería analizarse la música: si la música es exclusivamente humana, y el
humano es inexorablemente un ser social, la relación entre estos elementos es inevitable. El
hombre es intrínsecamente musical porque el hombre se diferencia del resto de animales por
tener un lenguaje con capacidad para comunicar reflexiones, ideas y arte a otros de su misma
especie, de la misma forma usa la música como un lenguaje de comunicación abstracta, solo
que a diferencia de las palabras que apuntan a su definición establecida, la música es usada
para apuntar a sensaciones que no pueden ser descritas, e inversamente podemos captar
cuando la actividad musical nos quiere decir algo, la armonía, la melodía, el ritmo, no nos
parecen simples patrones del azar, y es esa intensa sensación de querer comunicar y ser
comunicados lo que nos ha movido desde que nos podemos llamar a nosotros mismos como
seres humanos, a hacer música.

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