Zapata, A., & Rojas, R. (2013). ¿ Desiguales desde siempre?
Miradas
históricas sobre la desigualdad. Lima.
Las promesas igualitarias del liberalismo criollo (siglo XIX) 165
para el individuo, algún privilegio o excepción al derecho común de todos los
franceses”.44 Por supuesto, la revolución también aportó pensadores importantes.
El principal fue Juan Jacobo Rousseau (1712-1779), quien murió antes de la re-
volución, pero fue catapultado como símbolo intelectual de ella por sus escritos,
que combinaban profundidad y sencillez. Durante las guerras de independencia
hispanoamericana Rousseau fue uno de los pensadores más citados por los libe-
rales criollos, y conviene detenernos en sus ideas sobre la igualdad. De acuerdo
con Rousseau, los individuos nacían iguales en los tiempos que llama “estado
natural”, cuando el hombre tomaba los frutos de la naturaleza y no existía la pro-
piedad privada. El segundo momento aparece con el Estado, y lo denomina “es-
tado civil”, cuando los hombres delegan el gobierno a unos pocos para contener
el abuso de los fuertes sobre los débiles. Ahora bien, de acuerdo con Rousseau, la
legitimidad de los gobiernos solo puede provenir de la voluntad manifiesta de los
ciudadanos, que deciden delegar el poder en manos de un gobernante y de unos
pocos legisladores. Así, la soberanía es resultado del consenso de una comunidad
de hombres con iguales derechos para decidir el curso de la vida pública. En pa-
labras de Rousseau:
En vez de destruir la igualdad natural, el pacto [político] fundamental sustituye
por el contrario una igualdad moral y legítima, a la desigualdad física que la natu-
raleza había establecido entre los hombres, las cuales, pudiendo ser desiguales en
fuerza o en talento vienen a ser todos iguales por convención y derecho.45
A continuación agrega que “el pacto social establece entre los ciudadanos una
igualdad tal, que todos se obligan bajo las mismas condiciones y todos gozan de
idénticos derechos”.46
Para ser coherentes con el pensamiento de Rousseau, debemos señalar que
consideraba que la igualdad jurídica no podía subsistir en una sociedad con pro-
fundas desigualdades socioeconómicas, pues los opulentos, mediante la compra
de votos a los pobres, pueden distorsionar la voluntad popular:
Y en cuanto a la riqueza, que ningún ciudadano sea suficientemente opulento para
poder comprar a otro, ni ninguno bastante pobre para ser obligado a venderse, lo
cual supone de parte de los grandes, moderación de bienes y de crédito, y de parte
de los pequeños, moderación de avaricia y de codicia.47
44. Bobbio 2001: 43.
45. Rousseau 1993: 22.
46. Ibíd. p. 29.
47. Ibíd. p. 48.