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Relación Hombre-Naturaleza: Evolución y Desafíos

La relación del hombre con la naturaleza ha cambiado a lo largo de la historia. Hace unos 10,000 años, el hombre comenzó a cultivar plantas y domesticar animales, dando inicio a la revolución agrícola y el desarrollo de las primeras civilizaciones. Más recientemente, la revolución científica y tecnológica ha transformado la capacidad del hombre para explotar los recursos naturales, aunque también ha planteado graves riesgos para el medio ambiente. Se necesita desarrollar una nueva ciencia inter

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Relación Hombre-Naturaleza: Evolución y Desafíos

La relación del hombre con la naturaleza ha cambiado a lo largo de la historia. Hace unos 10,000 años, el hombre comenzó a cultivar plantas y domesticar animales, dando inicio a la revolución agrícola y el desarrollo de las primeras civilizaciones. Más recientemente, la revolución científica y tecnológica ha transformado la capacidad del hombre para explotar los recursos naturales, aunque también ha planteado graves riesgos para el medio ambiente. Se necesita desarrollar una nueva ciencia inter

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UNA VISIÓN GENERAL DE LA RELACIÓN DEL HOMBRE CON LA

NATURALEZA

UN PUNTO DE PARTIDA

Hace veinte mil años que el hombre, donde quiera que se encontrase, era "forrajeador" y
cazador, y su técnica más avanzada era la de incorporarse a un hato errante. Hace diez
mil años ya había cambiado y empezado, en ciertos lugares, a domesticar algunos
animales y a cultivar ciertas plantas. Este, entonces, es el cambio a partir del cual despega
la civilización. Resulta extraordinario pensar que sólo en los últimos doce mil años
principió la civilización, tal como la entendemos. Todo ello coincidía con la última
glaciación, a cuyo epílogo, el hombre se encontró de pronto con una tierra fértil y rodeada
de animales, hecho que lo llevó a adoptar un estilo de vida diferente.

Esto generalmente se denomina "la revolución agrícola", aunque otros prefieren llamarla
"la revolución biológica". Se da un entrelazamiento, una especie de salto, entre el 'cultivo
de plantas y la domesticación de animales. A través de ella se evidencia la realización
clave que hace que el hombre domine su ambiente en el aspecto más importante, no
físicamente sino en el plano de los seres vivos, plantas y animales. Paralelamente surge
una revolución social poderosa, ya que fue necesario que el hombre se estableciera. Esa
criatura que había andado errante y emigrado durante un millón de años, habría de tomar
una decisión crucial: dejar de ser nómada y convertirse en aldeano.

Los especialistas consideran que la agricultura ha sido la base de tolas las civilizaciones
hasta el capitalismo moderno. En estas condiciones, a humanidad se permite asegurar
permanentemente un importante excelente de víveres para lo cual depende sólo de su
propio trabajo. Además, esto hizo posible a las técnicas artesanales hacerse autónomas,
especializarse y perfeccionarse. La sociedad podía alimentar a aquellos que no
Participaban directamente en la producción de víveres. La ciudad podía separarse del
campo. Al nacer la civilización nació el desarrollo. El hombre podía transformar y
apropiarse de la naturaleza para desarrollar la sociedad a través de la agricultura. Nacieron
las clases sociales como producto de la división social del trabajo y del proceso de
apropiación privada en torno a la agricultura surgen la ganadería, la caza y la pesca. El
establecimiento de la agricultura de irrigación y de barbecho significó un
enriquecimiento, una transformación productiva de la naturaleza y hasta a "revolución
industrial", la agricultura fue la base del desarrollo de las civilizaciones Con la
introducción del capital a la producción agraria se dio el proceso de la revolución agrícola
en occidente y con la gran industria se aportó la maquinaria, base constante de la
agricultura capitalista, lo que, a su vez, determinó la formación del mercado interior para
el desarrollo del capital industrial.

La sociedad humana es un producto combinado de la evolución natural y del desarrollo


social. De allí deriva su doble naturaleza. En consecuencia las actividades propias del
hombre y de manera especial los procesos productivos, que constituyen la base de la
riqueza y el progreso social deben considerarse desde esta perspectiva de integración
dialéctica recíproca de lo natural y lo social, aspectos que simultáneamente se
contraponen y se identifican, pero en donde la parte social juega el papel .-terminante.

Como el hombre depende de la naturaleza en la consecución de su medios de vida,


inexorablemente entra en la compleja red que interconecta totalidad de los elementos
bióticos y abióticos del sistema ecológico terrestre, pero con una propiedad
cualitativamente diferencial respecto a los demás animales, como que, por su condición
social y racional, su situación no es pasiva, sino profundamente

El hombre es la única especie viviente con capacidad para transformar conscientemente


el mundo: la naturaleza, la sociedad y el pensamiento Dicha propiedad no puede
concebirse más que por medio de una organización económica, social, política y cultural,
superior y diferenciable cualitativamente de la estructura biológica.

Con el avance de la ciencia, el hombre encontró interpretación cientí1 tica para muchos
fenómenos que antes se atribuían a la Divinidad o a misteriosas fuerzas superiores. Se
superaron así las concepciones según las cuales, los problemas se explicaban apelando a
los mitos o a la magia y se asociaban al castigo de los dioses y a reacciones insólitas de
la naturaleza.

A partir del Renacimiento el hombre vino a ser el centro de la cultura y del mundo; las
ciencias naturales fueron adquiriendo consistencia gracias as en especial a Descartes,
Bacon y Galileo; ellas comenzaron a explicar y a medir los fenómenos físicos a partir de
las leyes de la naturaleza y a utilizarlas para importantes inventos. En el Siglo de las
Luces, como es conocido, se exaltó la razón; lo científico era aquello susceptible de
medirse y cuantificarse; a juicio de algunos, el Dios de la era precientífica ya no se
necesitaba para suplir la ignorancia humana y, a renglón seguido se conceptúa, que la
ciencia moderna ha quedado, sin pretenderlo y sin reconocerlo, supeditada a un mundo
inhumano, violento e injusto donde el lucro, el crecimiento sin límite, la guerra y una
industria obligada a producir masivamente e insensible a la belleza y a la vida han venido
contaminando y comprometiendo el equilibrio del planeta.

La naturaleza pasó a ser en la nueva era tecnológica e industrial apenas fuente de materia
prima para la producción y para el lucro. El actual sistema económico sacrificó el
ambiente y con él al propio hombre, sin tomarse siquiera el trabajo de calcular lo que esto
cuesta en términos puramente económicos. Se conformó una verdadera "ideología de
dominación de la naturaleza" que es el "soporte de un modo de producción, cuya sed de
lucro y desarrollo irracional están provocando no sólo la pauperización de la población
del planeta, sino que ha llevado a la depredación y contaminación de la naturaleza ...
poniendo en peligro la vida de todos los sectores de la población humana, y esta vez, no
sólo la vida de los pobres".

CIENCIA CULTURA Y MEDIO AMBIENTE


Al igual que la explosión demográfica, la revolución científica y Tecnológica empezó a
acelerarse durante el siglo pasado. Lejos de detenerse o frenar su avance, también esta
revolución ha pasado de pronto a crecer -n términos exponenciales. Por ejemplo, en
muchos campos de la ciencia ya es axiomático que ha habido más descubrimientos
decisivos en los últimos diez años que en toda la historia de la ciencia hasta ese momento.
Si bien ningún descubrimiento ha afectado por sí solo nuestra relación con el mundo como

lo han hecho las armas nucleares, no es menos cierto que, en su conjunto, han
transformado completamente nuestra capacidad de explotar la tierra en busca de
alimentos, haciendo tan impensables las consecuencias de una explotación incontrolada
como las de un conflicto nuclear fuera de control.

Por las circunstancias que rodean la actual difícil situación del planeta de la humanidad,
es que se insinúa que se debe entrar a reconceptualizar y, en consecuencia, a plantear una
ecología para el Siglo XXI, en razón de que durante buena parte del Siglo XX la ecología
se ha preocupado fundamentalmente de los problemas locales, tales como una población
animal específica en una reserva particular. Sin embargo, las ciencias del medio ambiente
-el estudio del clima o de la formación rocosa, por ejemplo apenas han prestado atención
a las posibles interacciones con la vida. Desde hace varios decenios los ecologistas y los
científicos del medio ambiente defienden el desarrollo de una nueva ciencia que tenga en
cuenta el ambiente en su globalidad; dicho de otra manera, una ciencia de la biosfera, el
sistema planetario, que incluya y permita la vida. Tal ciencia, necesariamente
interdisciplinaria, se plantea como indispensable para quien debe decidir y prever en
materia de medio ambiente. Se trata, en otros términos de establecer las bases de una
política que permita el mantenimiento le un medio ambiente de calidad. Asimismo se
trata de evitar los efectos indeseables del poder humano sobre el medio terrestre y de
prever las consecuencias de nuestras acciones.

Se reclama una ciencia que pueda explicar los complejos lazos entre vida y medio
ambiente, a escala planetaria. El desarrollo de una ciencia nueva de la biosfera es un gran
desafío para los próximos decenios. Si la vida y la biosfera son indisociables, nuestras
ciencias también deberían serlo En el pasado diversas disciplinas han analizado aspectos
concretos tic este sistema. Los biólogos estudiaban el reparto y las características de la
vida sobre la Tierra, aunque sin relacionarlas con los procesos globales tic¡ medio
ambiente. Inversamente, los que estudian la atmósfera apenas se preocupan del eventual
efecto de la vida sobre el clima. La nueva ciencia que está por nacer deberá integrar éstas
y otras disciplinas.

Se impone un cambio de mentalidades, porque no se dispone todavía ni de la teoría, ni de


los datos necesarios para un análisis científico sólido de los procesos del medio ambiente
a escala planetaria. Para desarrollar una verdadera ciencia de la biosfera deben ampliarse
e integrarse las ciencias del medio ambiente recíprocamente durante el Siglo XXI. Esta
nueva ciencia deberá incluir una teoría de la dinámica espacial y temporal de los
fenómenos ecológicos, que estará construida sólidamente sobre datos esenciales de la
biosfera, cuya evolución cuantitativa tendrá que ser vigilada.
Se dispone, se ha dicho, de los instrumentos necesarios -computadores, dispositivos
sofisticados de análisis químico, observación por satélite, etc. -, pero es necesario cambiar
nuestras mentalidades y nuestros programas científicos para poder recoger datos que
permitan establecer una nueva teoría de la ecología global. Si la próxima generación de
científicos logra liberarse de las ideas antiguas, podrá establecer dicha teoría.

Y si se observa con algún detenimiento el papel que ha jugado la humanidad y más


concretamente el hombre en todo este estado de cosas, hay quienes consideran que el

antropocentrismo, problema con muchas aristas, hace parte de la crisis de la cultura.


Porque, en atención a esta concepción, poco a poco la naturaleza quedó en manos del
hombre; y así en pleno Siglo XX esto se exacerbó con las concepciones reduccionistas-
mecanicistas y sus implicaciones éticas. El análisis de cómo se fueron desarrollando en
general las concepciones antropocéntricas hasta derivar en una concepción utilitarista y
hedonista, es un ejercicio muy importante a desarrollar para hacer plena conciencia acerca
de la crisis espiritual, la pérdida de valores y del sentido de la vida.

El predominio de la razón ha convertido a los hombres en seres completamente


egocéntricos. Quizás esta racionalidad egocéntrica es la que ha generado concepciones
antropocéntricas que en últimas han desarrollado toda una cadena de tragedias, conflictos,
concepciones utilitaristas que fácilmente han afianzado una fragmentación de la
conciencia humana; de tal forma que es muy común que pensemos una cosa, sintamos
otra, digamos otra y hagamos otra. Esta es la raíz psicológica de todos los conflictos: la

incoherencia. Por ello, tal vez somos completamente indiferentes a la destrucción de la


vida humana y al arrasamiento de la naturaleza y, por eso, hemos perdido el respeto por
la vida a pesar de que siempre la llevamos para todas partes.

Pero, se tiene que admitir también, que el desarrollo científico y técnico ha dinamizado
creativamente la sociedad y enriquecido las culturas y las civilizaciones. Ha ido
construyendo un mundo hacia la superación de la necesidad, hacia el logro de las
condiciones de cumplimiento pleno de la libertad humana. Pero la ciencia y la tecnología
operan como fuerzas productivas bajo las determinaciones del capital y los centros de
poder internacional. Por esta razón, es pertinente realizar constantemente la pregunta a la
ciencia y a la tecnología sobre su naturaleza y sus funciones que no son virtuosas ni
neutras en sí mismas.

Una visión sistémica de la historia de las relaciones del hombre con la naturaleza debe
considerar tres grandes períodos. El primero, denominado biocenosis, es aquel en que el
hombre forma parte integrante del ecosistema y tiene relaciones armónicas con la
naturaleza. Hace aproximadamente diez mil años, se inicia el período de la domesticación
de la naturaleza, que tiene sobre ella un impacto cada vez más fuerte, hasta llegar a la
crisis actual con todo el desarrollo de la tecnología. El tercer período corresponde a la
toma de conciencia acerca de los problemas ambientales y se inicia hace muy poco
tiempo, en la década de los setenta.
Ahora que nuestra relación con la Tierra viene experimentando un gran cambio, debemos
comprender sus implicaciones. El reto consiste en reconocer que las alarmantes imágenes
de destrucción medioambiental son síntomas de un problema de fondo más amplio y
grave que nunca. El calentamiento planetario, el agujero en la capa de ozono, la extinción
de especies, la deforestación tienen un origen común: la nueva relación entre la
civilización y el equilibrio natural de la Tierra.

El reto en cuestión tiene dos elementos. El primero consiste en damos cuenta de que
nuestra capacidad de dañar el planeta puede tener efectos globales e incluso permanentes.
El segundo consiste en percatamos de que el único modo de comprender nuestro nuevo
papel de coarquitectos de la naturaleza pasa por sabemos parte de un complejo sistema
que no

funciona según las sencillas reglas de causa y efecto a las que estamos habituados. El
problema no radica tanto en nuestro efecto sobre el medio ambiente como en nuestra
relación con el mismo. En consecuencia, cualquier solución deberá tener muy en cuenta
esta relación así como la compleja interrelación de los factores propios de la civilización
y la de éstos con los principales componentes del ecosistema planetario.

Se ha señalado, que la verdadera solución ha de pasar por reinventar y sanear


definitivamente la relación entre la civilización y la Tierra, lo cual implica una minuciosa
revisión de todos y cada uno de los factores responsables del cambio que ha afectado de
forma drástica y relativamente reciente a esta relación. Y aunque esta transformación
conllevará necesariamente al desarrollo de nuevas tecnologías, más importantes serán los
cambios que deberá experimentar nuestra concepción de la relación antedicha.

Si se acepta que el problema ambiental que hoy vive el mundo requiere la formación de
una nueva sociedad, nos situamos necesariamente en el horizonte de la cultura. En estas
condiciones se puede intentar una historia ambiental, que en opinión de un estudioso
colombiano de esta temática debería contener, entre otros, los siguientes temas: el estado
de los ecosistemas y su influencia en la formación de los sistemas culturales, la
transformación del medio debida a la orientación de la cultura y la manera como la
naturaleza se venga de las construcciones culturales que sobrepasan sus propios márgenes
ambientales. Lo anterior, con relación al hecho de que la crisis ambiental moderna, que
debe asimilar las experiencias del pasado, está exigiendo una nueva manera de
comprender y de construir los sistemas culturales del hombre.

En la misma dirección se argumenta, que la resiliencia cultural frente al medio es frágil.


Puede desmoronarse, porque el hombre no halla los medios tecnológicos o las formas
organizativas y los instrumentos teóricos para superar la crisis. Lo que hace diferente al
peligro actual de los anteriores es que este último se convirtió en planetario y abarca la
totalidad del sistema vivo. Igual que en el pasado, la exigencia radica en hallar los
instrumentos culturales adecuados para la supervivencia... de la propia vida. Ello no está
garantizado. La crisis ambiental radica en el hecho de que no necesariamente se tiene
garantizado el éxito. Aunque no se debe olvidar que "la incertidumbre es la raíz de la
creatividad cultural".

Common questions

Con tecnología de IA

In pre-industrial times, small-scale agricultural societies perceived nature as a source of sustenance and stability, maintaining a respectful, symbiotic relationship . With the advent of industrialization, nature became commodified, seen as a limitless resource for economic growth. This marked a shift towards an exploitative interaction where nature's value was primarily economic, focusing on maximizing production at ecological costs . The technological era has exacerbated this tendency, further separating humans from the natural systems they depend on .

The concept of 'human dominion over nature' has evolved from a harmonious existence within biocenosis to an aggressive exploitation during industrialization. Early human societies interacted sustainably within ecosystems, but the domestication of plants and animals marked the initial shift towards manipulating nature for human needs . In the industrial and post-industrial eras, this evolved into a full-scale ideation of nature as a resource base for economic gain, contributing significantly to environmental degradation, biodiversity loss, and contributing to global issues like climate change and pollution .

Technological advancements have undeniably facilitated societal progress and enriched cultural interactions; however, they have also expedited environmental degradation and widened social inequalities. As production has intensified to meet industrial demands, technological tools have prioritized economic growth over ecological sustainability, fostering a system reliant on resource exploitation and pollution . The resulting environmental crises, such as climate change and biodiversity loss, illustrate the unsustainable trajectory fostered by unchecked technological growth . Moreover, the adoption of a utilitarian approach towards technology has emphasized profit over ethical considerations, leading to societal imbalances .

Anthropocentrism, the belief that humans are the most significant entities, underpins many of the environmental crises today by justifying the exploitation of nature for human ends. This ideology has led to practices that prioritize economic gains over ecological balance, contributing to widespread environmental degradation . Shifting towards a more eco-centric or biocentric worldview, where nature is valued for its intrinsic worth, could foster more sustainable practices. Emphasizing interconnectedness with nature over dominance might encourage ecological responsibility and conservation efforts .

The "ideology of domination over nature" emerged during industrialization, promoting the view of nature as a mere resource for human exploitation, driven by the capitalist imperative for continuous growth and profit maximization . This ideology has pervaded environmental policy, often prioritizing economic development over ecological sustainability. It underpins many current policies that inadequately address environmental degradation and fail to incorporate long-term ecological costs, favoring short-term economic gains . Policymakers are challenged to redirect focus towards sustainability, balancing economic interests with environmental preservation. Recognizing the limits of this ideology is crucial in formulating effective, forward-thinking environmental strategies .

The proposed components of a new ecological science for the 21st century include an integration of various environmental disciplines into a holistic biospheric science, emphasizing the dynamics of spatial and temporal ecological phenomena . This interdisciplinary approach is necessary to address global ecological challenges comprehensively, as traditional sciences often focus narrowly, neglecting the interconnectedness of ecosystems and planetary systems . Establishing this new science is vital for understanding and mitigating the extensive impacts of human activities, fostering more informed and effective environmental stewardship .

During the Enlightenment, scientific advancements led to a paradigm shift where natural phenomena began to be understood through empirical observation and reasoning rather than myth and divine intervention. This period, spearheaded by thinkers like Descartes, Bacon, and Galileo, repositioned humans at the center of understanding the universe scientifically . The emphasis on reason and quantifiable evidence demystified human-nature interactions, laying the groundwork for the industrialization and technological exploitation of natural resources. This change nurtured an ideology that viewed nature as a resource to be dominated for human benefit .

The Neolithic Revolution, often referred to as the "agricultural revolution," marked a pivotal shift from a nomadic lifestyle of foraging and hunting to settled farming and animal domestication. This transformation allowed humans to exert control over their environment by cultivating plants and domesticating animals, leading to permanent food surpluses and the foundation of civilization . Over time, this new interaction resulted in significant social changes, including the rise of social classes and specialized labor, as people no longer needed to be directly involved in food production to survive. This fundamentally altered human societies, enabled urbanization, and spurred technological advancements .

Human society embodies a dual nature, emerging from both natural evolution and social development. This duality means that while humans are biologically adapted beings within an ecological context, their social and cognitive abilities have allowed them to modify their environment consciously . The interactions between these aspects are evident in how humanity has transitioned from foraging societies to complex, industrial ones, driven by economic, cultural, and technological advancements. As a result, human activities are a complex interplay of utilizing natural resources while creating structured societies .

Integrating environmental sciences into a comprehensive understanding of the biosphere presents challenges such as the current fragmentation of scientific disciplines and the absence of a unified theoretical framework . The solution lies in developing an interdisciplinary science of the biosphere that includes dynamic spatial and temporal ecological phenomena models . This approach requires a shift in scientific methodology towards collecting comprehensive data and forming interconnected theories involving biology, atmospheric sciences, and ecology on a global scale .

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