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Negación de Exequias a Manuel Piar

Este documento presenta un análisis de las fuentes jurídicas de la Iglesia Católica para estudiar el destino de los restos mortales del prócer Manuel Piar después de su fusilamiento en 1817 en Angostura, Venezuela. Según el estudio, la Iglesia Católica negó el sacramento de exequias a Piar debido a la causa trágica de su muerte, lo que explicaría la inexistencia de su acta de defunción y su entierro en una fosa común en lugar del cementerio católico. El documento

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Negación de Exequias a Manuel Piar

Este documento presenta un análisis de las fuentes jurídicas de la Iglesia Católica para estudiar el destino de los restos mortales del prócer Manuel Piar después de su fusilamiento en 1817 en Angostura, Venezuela. Según el estudio, la Iglesia Católica negó el sacramento de exequias a Piar debido a la causa trágica de su muerte, lo que explicaría la inexistencia de su acta de defunción y su entierro en una fosa común en lugar del cementerio católico. El documento

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Piar, 

  M a n u e l
Willemstad (Curazao) 28.4.1774 —
Angostura (hoy Ciudad Bolívar) (Edo. Bolívar) 16.10.1817

[Link]

Oficial (general en jefe) del Ejército de Venezuela en la Guerra de


Independencia, en la cual tuvo muy destacada participación. Hijo de una
mulata holandesa, de nombre María Isabel, descendiente a su vez de Manuel
Gómez y Juana Quemp. Fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de su ciudad
natal, el 28 de abril de 1774, bajo los nombres de Manuel María Francisco. La
paternidad es atribuida en forma unánime al marino mercante Fernando Piar
Lottyn, hijo de Felipe Piar Lacoli y Juana María Lottyn de Santiago, de
ascendencia italiana y oriundos de Santa Cruz de Tenerife (islas Canarias).
Tuvo 2 hermanos: Felipe y Juan. Casó con María Martha Boom, el 8 de abril de
1798, en Willemstad. En torno a su origen se tejió una leyenda que lo hacía
provenir de la unión clandestina entre un príncipe portugués de la casa de
Braganza, de paso por Caracas, y una mantuana caraqueña de la familia Jerez
Aristeguieta. De procedencia humilde y perteneciente a la casta de los pardos,
debió formarse dentro de las limitaciones impuestas por la sociedad colonial. A
los 10 años de edad ya se encontraba en La Guaira junto a su madre.
Autodidacta, adquirió una sólida cultura, reconocida por sus contemporáneos.
Conoció varias lenguas: holandés, español, francés, inglés, el papiamento de su
isla natal; el patois, o creóle de Haití, y el guinés, lengua africana hablada en
Curazao entre las esclavitudes. A los 23 años de edad, puso de manifiesto sus
inquietudes de libertad y participó -en La Guaira- en la llamada Conspiración
de Gual y España, debelada en julio de 1797. Como miliciano de la Guardia
Nacional, combatió -en 1804- en Curazao contra los ingleses. En enero de 1807
se halla en Haití, integrado al proceso revolucionario de la isla y en el comando
de un buque de guerra. Su experiencia militar y su pasión libertadora las
pondrá al servicio de Venezuela luego de los sucesos del 19 de abril de 1810,
cuando inició su carrera militar en la Armada y por el apostadero naval de
Puerto Cabello. En diciembre de 1811, es comandante de una lancha cañonera y
concurre a la concentración de Cumaná, preámbulo de la acción punitiva que la
Confederación emprendería contra la rebelde provincia de Guayana. En aguas
del Orinoco participará en la batalla de Sorondo (26.3.1812). Junto a los
cuadros dirigentes de las provincias orientales, luego de la capitulación del
general Francisco de Miranda (1812), se refugia en la isla de Trinidad. Con el
grado de coronel, es de los firmantes del Acta de Chacachacare y de los
integrantes de la expedición libertadora que desembarca en Güiria (enero
1813). Bajo las órdenes del general Santiago Mariño realiza la campaña de
Cumaná. Encargado del mando en Maturín, defiende victoriosamente esta
ciudad el 20 de marzo ante el ataque del gobernador de la provincia de
Cumaná, Lorenzo Fernández de la Hoz; el 11 de abril, del empeño de los
comandantes Remigio Bobadilla y Antonio Zuazola; y por último, el 25 de
mayo, de los intentos del capitán general Domingo de Monteverde. Liberado el
oriente del país, regresa a su vida de marino y organiza la primera escuadrilla
de Venezuela, con la cual bate los buques enemigos entre Puerto Francés y
Chuspa (18.11.1813) y establece el bloqueo de Puerto Cabello, en combinación
con el sitio fijado por el Libertador. Combate el año siguiente, indistintamente,
en las provincias de Cumaná, Barcelona y Caracas, ya con el grado de general
de brigada. Fue derrotado por José Tomás Boves el 16 de octubre de 1814, en
la sabana de El Salado, frente a Cumaná. Como general de división es de los
expedicionarios de Los Cayos, de los participantes en el combate naval de Los
Frailes y de los vencedores de Carúpano; en ese mismo año de 1816, triunfa
contra Francisco Tomás Morales en la batalla de El Juncal (27 septiembre).
Desde allí emprende la marcha hacia Guayana para dar comienzo a las
operaciones de liberación de aquella provincia. A comienzos de 1817 puso sitio
a la ciudad de Angostura. El 11 de abril de ese año derrotó al brigadier Miguel
de la Torre y Pando, en la batalla de San Félix o Chirica. El 12 de mayo fue
ascendido a general en jefe.

En el territorio teatro de sus operaciones, enfrenta las disensiones políticas que


se sucedían en el seno del Ejército. Aceptó los postulados del Congreso de
Cariaco (8.5.1817), que eliminaban la jefatura única del Libertador y lo
enfrentaban a este. Privado del mando de tropas, por orden de Bolívar, solicitó
su retiro del Ejército. Le fue concedido el 30 de junio de 1817. Permaneció sin
embargo en Guayana, recorriendo los campamentos militares, buscando la
adhesión de las tropas para enfrentarlas a la dirección blanca y mantuana, que
desde 1810 se mantenía en los altos mandos del Ejército. Capturado en Aragua
de Maturín (28 septiembre), por las tropas que mandaba el general Manuel
Cedeño, fue conducido al cuartel general de Angostura, donde fue sometido a
juicio. El Consejo de Guerra que conoció la causa estaba integrado por el
almirante Luis Brión (presidente); los generales de brigada Pedro León Torres
y José Antonio Anzoátegui, los coroneles José Ucrós y José María Carreño, los
tenientes coroneles Judas Tadeo Piñango y Francisco Conde (vocales). El
general de brigada Carlos Soublette fue el fiscal de la causa y el teniente
coronel Fernando Galindo el defensor del indiciado. El 15 de octubre de ese
año, el Consejo de Guerra sentenció al general Piar a la pena capital por los
delitos de insubordinación, deserción, sedición y conspiración. Simón Bolívar,
jefe supremo, confirmó la sentencia sin degradación. El documento en cuestión
fue escrito de letra de José Gabriel Pérez, secretario de Guerra. El 16 de
octubre fue fusilado el general en jefe Manuel Piar, frente al muro del costado
occidental de la catedral de Angostura, e inhumado en el cementerio de El
Cardonal. 
A u t o r :   Asdrúbal González Serven
B i b l i o g r a f í a d i r e c t a :  García, Samuel Antonio y José Ramón Eljuri. Proceso seguido al
general Manuel Carlos Piar. Caracas: Tipografía Vargas, 1975; González, Asdrúbal. Manuel
Piar. 2a ed. Valencia: Vadell Hermanos, 1988; Herrera Luque, Francisco. Manuel Piar:
caudillo de dos colores. Caracas: Pomaire, 1987; Landaeta Rosales, Manuel. Procedencia del
general Manuel Piar. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1963; Narváez Churión,
Vicente Luis. Por el rescate del nombre del general en jefe Manuel Piar. Caracas: Italgráfica,
1985; Pool y Danies, John de. General Carlos Manuel Piar, conquistador de Guayana.
Panamá: Talleres de The Star & Herald, 1946; Rodríguez, Manuel Alfredo. Bolívar en
Guayana. Ciudad Bolívar: Ejecutivo del Estado Bolívar, 1972; Syers Piar, Roberto. Piar
inmortal. Caracas: Tipografía Universal, 1907; Tour, Antonio Octavio. Biografía del general
Manuel Carlos Piar. Caracas: Venevasco, 1985.
I c o n o g r a f í a :  Retrato, General en jefe Manuel Carlos Piar, óleo/tela. Salón Elíptico, Palacio
Federal, Caracas; reproducción: Azpúrua, Ramón, Biografías de hombres notables de
Hispanoamérica, 2a edición, Caracas, Ediciones Mario González, 1982.
H e m e r o g r a f í a :  «El apócrifo testamento del general Manuel Piar». En: Boletín de la
Academia Nacional de la Historia. Caracas, núm. 184, octubre-diciembre, 1963.
La Iglesia católica y los restos mortales del prócer
Manuel Piar. Negación del Sacramental de Exequias.
Angostura, Venezuela, octubre 1817.
The Catholic Church and the mortal remains of the hero
Manuel Piar. Denial of the Sacrament Funeral. Angostura,
Venezuela, October 1817
Hildelisa Cabello Requena [Link]@[Link]
Universidad de Los Andes, Venezuela

La Iglesia católica y los restos mortales del prócer Manuel Piar. Negación del Sacramental
de Exequias. Angostura, Venezuela, octubre 1817.

Procesos Históricos, núm. 37, pp. 116-143, 2020

Universidad de los Andes

Recepción: 15 Noviembre 2019

Aprobación: 15 Diciembre 2019

Resumen:Con base en el análisis e interpretación de las fuentes jurídicas provenientes de la Iglesia


Católica, en particular, el Ritual Romano del Papa Pablo V, publicado en 1614, se aportan en este
artículo nuevos elementos para el estudio del destino dado a los restos mortales del prócer de la
independencia Manuel Piar, fusilado el 16 de octubre de 1817, en la ciudad de Angostura, provincia
de Guayana, Venezuela. Según las conclusiones preliminares de este estudio, la causa trágica de la
muerte del prócer, explicaría la negación del Sacramental Católico de Exequias; y como
consecuencia de ello la inexistencia de su Acta de Defunción, no ser enterrado en fosa bendecida e
identificada, ni en el Cementerio Católico de la ciudad, sino, en una Fosa Común.

Palabras clave:Guerra de Independencia, Provincia de Guayana, Manuel Piar


fusilamiento, Iglesia Católica de Angostura, Sacramental de Exequias.

Abstract:Based on the analysis of the legal sources of the Catholic Church, in particular, the
Roman Ritual of Pope Paul V (1614), new elements are provided to study the destiny given to the
mortal remains of the independence hero, Manuel Piar, shot in October. 16, 1817, in the city of
Angostura, province of Guayana, Venezuela. According to the preliminary conclusions of this
study, the tragic death of the hero would explain the following: why the Catholic Sacramental of
Exequias was denied and a death certificate was not granted; why he was not buried in the Catholic
cemetery, in a blessed and identified grave, but in a mass grave.

Keywords:War of Independence, Province of Guyana, Manuel Piar execution,


Angostura Catholic Church, Sacramental of Exequias.
Introducción

La tradición cristiana enseña que el cuerpo es el templo del Espíritu creado a


imagen y semejanza de Dios. De allí el respeto y la veneración hacia el difunto y
sus restos mortales, que se expresa en el cumplimiento y obediencia a estrictas
regulaciones oficiales, religiosas, éticas y morales, antes, durante y después de la
sepultura. De la misma manera, es ampliamente conocido que ante el
acontecimiento biológico de la muerte el cuerpo puede ser expuesto, inhumado,
sumergido o incinerado, colocado en cualquier lugar lejano o cercano, no sin
antes, el cumplimiento de determinados ritos y costumbres, propias del universo
cultural y religioso del difunto. Este ceremonial para los creyentes católicos es
denominado Sacramental de Exequias, aunque es muy poco conocido que de esta
celebración religiosa eran excluidos por la Iglesia Católica, quienes hubiesen
muerto de forma violenta (suicidas, fusilados, muerte por duelo, otros); los
herejes y excomulgados. Esta rígida y antigua restricción eclesiástica estuvo
vigente tanto en Europa, como en las colonias y países hispanoamericanos que
profesaban la fe católica, hasta bien avanzado el siglo XX.

Apoyados en el análisis de la documentación histórica y jurídica proveniente


de la Iglesia Católica; en la revisión y reinterpretación de fuentes oficiales y
bibliográficas, incluidas las crónicas regionales, nos proponemos en este artículo
aportar información sobre las razones que han impedido la identificación de la
tumba y la ubicación del lugar donde reposan los restos mortales del general
Manuel Piar, desde la tarde-noche del 16 de octubre de 1817, hasta nuestros días.
En ese sentido, se aportan sólidos argumentos que confirmarían la relación entre
las disposiciones contenidas en el Ritual Romano del Papa Pablo V, publicado en
1614 y la negación del Sacramental de Exequias a Manuel Piar, por parte de la
Iglesia Católica de Angostura. Ello explicaría, además, la inexistencia de
registros eclesiásticos en los Libros de Difuntos llevados por el archivo
parroquial de la capital guayanesa y la imposibilidad de localizar, entre otros, el
Acta de Defunción del prócer.

Según las conclusiones preliminares del presente estudio, el general Manuel


Piar no fue enterrado en el Cementerio Católico de Angostura, como certificaron
las autoridades del Gobierno republicano en 1817 y ha reportado la historiografía
regional y nacional venezolana, desde entonces. La misma normativa canónica
que lo excluía de recibir el sacramental de exequias, facultaba a las autoridades
católicas a crear áreas especiales para los fallecidos trágicamente. Estos espacios
de recepción de cadáveres dispuestos en los pueblos y ciudades recibían el
nombre de Cementerio Profano o Huesa Común. Dada la circunstancia trágica
del fallecimiento del general Manuel Piar, se asume en este estudio la hipótesis,
según la cual, los restos mortales del destacado militar republicano reposarían en
una Fosa Común, dispuesta por la Iglesia Católica de Angostura en el sector El
Cardonal, en las inmediaciones del Cementerio Católico de la ciudad.

Análisis crítico de las fuentes históricas

Doscientos dos años han transcurrido del fusilamiento del prócer de la


independencia, General Manuel Piar, hecho ocurrido la tarde del 16 de octubre de
1817, en la Plaza Mayor de la ciudad de Angostura, capital de la provincia de
Guayana, luego que un Consejo de Guerra lo sentenciara a ser pasado por las
armas acusado de los delitos de sedición, insubordinación, “lesa patria,
conspiración y deserción”1. Las dudas sobre el sitio exacto de su sepultura, la
identificación de la tumba y el ritual religioso realizado ante sus restos mortales
es un tema que aún, genera dudas y suspicacias, pues, no se ha estudiado ni
analizado documentalmente. La imposibilidad de contar con documentos
probatorios que certifiquen estos eventos, lo han hecho más difícil. Las
referencias conocidas sobre este crucial momento en la vida del prócer
curazoleño, recogidas y difundidas por la historiografía venezolana de los siglos
XIX y XX, provienen de la información que aporta el único documento oficial
que existe sobre el controvertido tema; es decir, el Acta de Ejecución de la
Sentencia levantada por el Gobierno republicano, establecido provisionalmente
en la capital guayanesa ese año, a fin de dejar constancia del cumplimiento de la
misma. A ésta se suman los testimonios orales de la época difundidos a través de
la crónica e historiografía regional y nacional. Es importante señalar, que la
información que aportan estas fuentes, no están exentas de imprecisiones e
incoherencias, en casos, de contradicciones en la descripción de los hechos que
certifican, narran y describen. Analicemos brevemente algunas de las más
importantes y conocidas.

Como se señaló, el Acta de Ejecución de la Sentencia, es el único documento


oficial que certifica la muerte del general Manuel Piar. La información fue
levantada en la Plaza Mayor de Angostura el 16 de octubre de 1817, por José
Ignacio Pulido, Secretario del Consejo de Guerra, y refrendada en el lugar del
suceso, -según consta en el documento-, por el General Carlos Soublette, Juez
Fiscal del mismo Consejo, la cual, al texto dice:

Yo el infrascrito Secretario, doy fe que en virtud de la sentencia de ser


pasado por las armas, dada por el Consejo de Guerra, S. E. el Gral.
Manuel Piar, y aprobada por S. E. el Jefe Supremo, se le condujo en
buena custodia dicho día a la plaza de esta ciudad, en donde se hallaba el
señor general Carlos Soublette, Juez Fiscal, de este proceso, y estaban
formadas las tropas para la ejecución de la sentencia, y habiéndose
publicado el bando por el señor Juez Fiscal, según previenen las
ordenanzas, puesto el reo de rodillas delante de la bandera y leídosele
por mí la sentencia en alta voz, se pasó por las armas a dicho señor
General Manuel Piar, en cumplimiento de ella, a las 5 de la tarde del
referido día; delante de cuyo cadáver desfilaron en columna las tropas
que se hallaban presentes, y llevaron luego a enterrar al cementerio de
esta ciudad donde queda enterrado; y para que conste por diligencia lo
firmó dicho señor con el presente Secretario. -Carlos Soublette. -Ante mí,
J. Ignacio Pulido, Secretario2.

Varios aspectos se deben considerar al analizar este documento oficial,


constituyendo el primero y principal, que la información que aporta no ha sido
convalidada por ningún registro proveniente del Archivo Parroquial de la Iglesia
Católica de Angostura (Libro de Difuntos y Acta de Defunción), o de cualquier
otra institución católica, responsable en la Venezuela de entonces, de levantar,
resguardar y custodiar esta información3. Además, en el proceso de análisis
crítico de este documento, se pudieron observar notables incoherencias, al
cotejarlo con el testimonio personal que sobre este hecho proporciona uno de los
firmantes, el Capitán José Ignacio Pulido. Veamos.

Como se recordará José Ignacio Pulido en su condición del Secretario del


Consejo de Guerra, le correspondió leerle dos veces el veredicto de la sentencia
al general Manuel Piar: en horas de la mañana en la celda donde estaba recluido,
y por la tarde en la Plaza Mayor de Angostura. Por lo extenso de su testimonio
hemos obviado la parte de éste, donde narra la violenta reacción del general
Manuel Piar al escuchar, aún en la celda y en horas de la mañana, la lectura de la
sentencia que lo condenaba a ser pasado por las armas. Sin embargo, por el
interés a nuestra argumentación transcribimos el relato de J.I. Pulido, durante la
segunda lectura de la sentencia, esta vez, en horas de la tarde en la Plaza Mayor
de Angostura, frente al pelotón de fusilamiento:

De las cuatro a las cinco de la tarde del mismo día (16/10/1817), volví a
cumplir mi penosa comisión, y ya estaba el batallón de honor formado en
la plaza mayor, mandado por su comandante Bruno Torres: salió el
desgraciado general con una esclavina azul abrochada y corta, con
semblante serio, y manifestando ya inconformidad: llegó a las banderas
del cuerpo formado, hizo alto y dio media vuelta a la izquierda y quedó
frente a mí, que en alta voz volví a leerle la sentencia, desapareciendo en
el acto que concluí mi encargo, sin ver otra cosa 4.

Este testimonio es muy importante a nuestro análisis. José Ignacio Pulido


admite haberse retirado de la Plaza Mayor luego de la lectura de la sentencia ante
el reo, es decir, no presenció la ejecución, por tanto, tampoco debió presenciar la
inhumación del cadáver; por lo que resulta evidente su desconocimiento sobre el
protocolo fúnebre, ofrecido ante el cadáver del general Manuel Piar,
inmediatamente posterior al fusilamiento. Con toda seguridad se puede afirmar
que, de él haber estado presente en todos los eventos que rodearon la muerte del
prócer, posteriores a la lectura de la sentencia, entre otros eventos, la ejecución y
posterior sepultura, lo hubiese comentado o descrito en su histórico relato
personal.

La reinterpretación de estos documentos y testimonios, oficiales y personales,


nos permiten abrir una hendidura para poner en duda, por ejemplo, algunas de las
afirmaciones del Acta de Ejecución de la Sentencia, redactada y refrendada por
José Ignacio Pulido y por el Juez Fiscal del Consejo de Guerra, General Carlos
Soublette. Ambos funcionarios certificaron una constancia avalando unos hechos,
a saber: un fusilamiento y una sepultura que no presenciaron, lo cual, queda
corroborado en el citado testimonio personal, cuando afirma haberse retirado del
lugar una vez leyó la sentencia “sin ver otra cosa”5. Además, según Tavera
Acosta, el General Carlos Soublette “se declaró enfermo ese día”6; lo cual,
contradice lo afirmado en el acta sobre la presencia de éste en la Plaza Mayor de
Angostura, cuando certifica:

En la plaza de Angostura, a 16 de octubre de 1817. -7º. –Yo el infrascrito


Secretario (José Ignacio Pulido), doy fe que en virtud de la sentencia de
ser pasado por las armas, dada por el Consejo de Guerra, S. E. el Gral.
Manuel Piar, y aprobada por S. E. el Jefe Supremo, se le condujo en
buena custodia dicho día a la plaza de esta ciudad, en donde se hallaba el
señor general Carlos Soublette, Juez Fiscal, de este proceso,…. 7.

El texto del Acta de Ejecución de la Sentencia y el relato personal de José


Ignacio Pulido, figuran entre los referentes documentales y descriptivos,
historiográficamente, más conocidos, difundidos y de mayor credibilidad sobre el
momento del cumplimiento de la sentencia del General Manuel Piar. Ambos se
han repetido durante dos siglos. A la luz de los resultados del presente análisis
crítico, en particular de las aseveraciones, largamente difundidas y comúnmente
aceptadas de esta célebre certificación oficial, se recomienda su revisión, en cuyo
contexto se consideren los cuestionamientos que se exponen en el presente
estudio8.

Ahora bien, reconocidos autores como Tavera Acosta, apoyados en las fuentes
citadas, así como, en los testimonios, leyendas y tradiciones orales angostureñas,
elaboró su propio relato, que fue publicado a comienzos del siglo XX, y desde
entonces, representa una fuente de consulta bibliográfica esencial sobre el tema.
La información que proporciona el reconocido autor sobre el fusilamiento de
Manuel Piar, señala:

Su cuerpo cayó junto a la pared occidental de la iglesia, no concluida


para entonces. Las tropas desfilaron en columna delante de su cadáver;
éste, ensangrentado y roto, fue sepultado en el sitio denominado “El
Cardonal”, en las afueras de la población, y las sombras de la noche
cayendo sobre Angostura vinieron cómo en piadosa oblada a cubrir el
final de aquel proceso….  9.

En su interesante descripción Tavera Acosta confirma que el acto de


inhumación del cadáver de Manuel Piar, se realizó el mismo día 16 de octubre,
inmediatamente después de ejecutarse la sentencia cuando “las sombras de la
noche caían sobre Angostura…”. En esta afirmación se comienza a observar
claramente, la ausencia de la institución eclesiástica de Angostura en los eventos
fúnebres que rodearon la muerte del general Manuel Piar. Pues, el enterramiento
del cuerpo, inmediatamente después del fallecimiento, estaba en contradicción
con los Cánones del Sacramental de Exequias de la Iglesia Católica, que
establecen: “en 24 horas el tiempo mínimo que debe transcurrir, entre el
momento del fallecimiento y la sepultura de un cristiano”10. Esta normativa
vigente en nuestros días, quedó consagrada en el Ritual Romano del Papa Paulo
V, publicado en 1614, de la siguiente manera: “No enterrar a una persona sin
dejar pasar un tiempo prudencial (24 horas, por lo menos), en particular, si ésta
muere de repente”11.

De la misma manera, en su interesante narración el autor proporciona con


esclarecedora precisión, información sobre los dos lugares del paisaje urbano y
rural angostureño de interés a nuestro análisis: primero, describe la ubicación del
área de la Plaza Mayor donde el pelotón de fusilamiento ejecutó la sentencia; y
segundo, es el primero en mencionar el nombre del sitio de la ciudad donde
fueron enterrados los restos del General Manuel Piar. Sobre el primer aspecto,
Tavera Acosta nos permite corroborar y clarificar una frecuente -y muy
difundida- equivocación de las fuentes de información contemporáneas, cuando
señalan que “el General Manuel Piar fue fusilado en el paredón occidental de la
actual Catedral de Ciudad Bolívar”, lo cual es falso. Ciertamente en la traza
urbana original de la ciudad, por tanto, en sus primeros planos (1766) la Plaza
Mayor y la Iglesia Principal estaban contiguas, una al lado de la otra, como se
encuentra actualmente. No obstante, la edificación de la iglesia en ese lugar,
aunque fue iniciada por el Gobernador Manuel Centurión a fines de su mandato
en el siglo XVIII, a poco tiempo de iniciadas las obras, fueron paralizadas por
falta de recursos, quedando inconclusa la edificación hasta 1840, que la misma
fue concluida e inaugurada. De tal manera que, como bien afirma Tavera Acosta,
el cuerpo de Manuel Piar “cayó junto a la pared occidental de la iglesia, no
concluida para entonces”, es decir, la Iglesia no existía. La Iglesia Católica
Principal de la ciudad en 1817 estaba ubicada frente a la Plaza Mayor de
Angostura.

Un aspecto de particular interés a nuestro análisis, es la referencia de Tavera


Acosta, sobre el lugar o sitio del enterramiento del cadáver del general Manuel
Piar. Este autor como se conoce, fue un estudioso de la historia de la ciudad, sus
costumbres, tradiciones y el funcionamiento de las instituciones locales. En su
obra bibliográfica aparece por primera vez el nombre del sector de la ciudad
donde posiblemente reposan los restos de Manuel Piar, cuando señala: “fue
sepultado en el sitio denominado “El Cardonal”, que describe como “área rural
en las afueras de la población”. Es muy importante a nuestro análisis observar
que el autor no afirma que la sepultura del prócer se realizó en el “Cementerio
Católico” de Angostura, el cual, oportuno es referir, se encontraba en El
Cardonal desde fines del siglo XVIII, cuando comenzó a estructurarse el paisaje
urbano de la ciudad y las autoridades católica locales, decidieron ubicarlo en ese
sitio. En virtud de ello, para 1817 este cementerio era el único lugar de
enterramiento de la capital guayanesa reconocido oficialmente. Otro aspecto de
particular interés, sobre la interesante descripción testimonial de Tavera Acosta,
es que no aporta ninguna información sobre la realización de rituales religiosos
de cuerpo presente a Manuel Piar. Llama la atención el silencio del reconocido
autor en relación a la participación o presencia de las autoridades eclesiásticas
locales durante el fusilamiento, en la Plaza Mayor, o en el acto del sepelio. ¿Por
qué? Intentaremos explicarlo más adelante.

Otras referencias e interpretaciones sobre el dramático momento del


fusilamiento del general Manuel Piar, reiterativas de las analizadas
anteriormente, hacen mención del ceremonial militar que le tributaron en el lugar
donde cayó su cuerpo inerte. Sobre los honores rendidos y el comportamiento
personal del General Manuel Piar en esos momentos finales de su vida, resulta
interesante citar el testimonio del Capitán Juan José Conde, oficial jefe de la
guardia militar que lo acompañó durante el período que permaneció prisionero,
es decir, entre el 2 y el 16 de octubre de 1817, día éste último, cuando
personalmente lo condujo hasta la Plaza Mayor, permaneció fielmente en ésta y
fue testigo de la ejecución. De su extensa y conmovedora narración transcribimos
la parte final. En su relato, igual que en los analizados anteriormente, no se
aporta información sobre ceremonial o protocolo religioso. Así describe su
testimonio:

Llegado al lugar designado, al pie de la Bandera del Batallón de Honor,


oyó leer nuevamente su sentencia con aire de desprecio teniendo su mano
en el bolsillo moviendo sobre el suelo el pie derecho, y tendiendo su vista
a todas partes. No queriendo que le vendase, se quitó por dos veces el
pañuelo que le puse; vendado por tercera vez abrió su esclavina,
descubrió el pecho y sufrió la ejecución. 12

Otros testimonios, por el contrario, niegan que el reconocido jefe militar haya
sido sepultado; éstas afirman, sin ninguna validación documental, que su cuerpo
inerte fue lanzado al rio Orinoco. Según esta hipótesis: “dos horas después de su
muerte, idos los presentes, fue levantado por corpulentos jóvenes que hasta hace
instantes vestían de inocentes ancianas, le envolvieron en tela y lo bajaron por la
calle Zea, lo descuartizaron y lo lanzaron al imponente Orinoco13. En fin, las
referencias sobre los últimos momentos de vida y el lugar donde fueron
depositados los restos mortales de Manuel Piar, la tarde–noche del 16 de octubre
de 1817, han estado invariablemente caracterizadas, desde el siglo XIX y durante
todo el siglo XX, por la repetición de los mismos testimonios, relatos, dudas y
suspicacias. Poco se ha avanzado hasta ahora en investigar y proporcionar
respaldo teórico-documental a este aspecto de la vida del Héroe de San Félix. A
ello se debe agregar que durante dos siglos la historia personal y los referentes
sobre el trágico martirio del prócer caribeño, han sido objeto de una suerte de
competencia, entre quien o quienes narran mejor, o hacen más truculenta su
historia personal: su origen familiar, su paternidad, las posibles motivaciones
racistas que dieron origen a su fusilamiento, y los más disimiles relatos sobre el
momento de su muerte y el destino final dado a sus restos mortales; todo ello, en
perjuicio de su honor, su nombre, su gentilicio, su valentía, su aporte militar y
político a la independencia suramericana y caribeña; pero, fundamentalmente, el
respeto a su memoria.

Con antelación a los doscientos años del fusilamiento del General Manuel Piar
(1817-2017), iniciamos un proceso de revisión, relectura y reinterpretación de las
fuentes -oficiales y bibliográficas tradicionales-, con los resultados expuestos; así
como, la exploración, búsqueda, análisis e investigación de nuevas fuentes
vinculadas, directa o indirectamente, con los actos fúnebres que suponíamos
debían haber rodeado su muerte y sepultura. Este proceso de indagación nos
condujo irremediablemente a la revisión de las fuentes documentales
provenientes de la Iglesia Católica, vigentes en la época, dadas las tradicionales
competencias legales, sociales y morales de esta institución en los
procedimientos fúnebres. En ese sentido iniciamos el estudio sobre la actuación
de la Iglesia Católica, en particular, el rol desempeñado y la posible
responsabilidad de las autoridades católicas de Angostura, ante las dudas que aún
persisten, sobre la realización o no de honras fúnebres al general Manuel Piar, el
desconocimiento del lugar de la sepultura y la identificación de la tumba del
destacado militar republicano. Se aspira que esta primera aproximación a las
fuentes históricas y jurídicas, provenientes de esta importante institución, aporte
nuevos elementos al tema y permita encausar futuros estudios sobre el particular.

Aproximación a las fuentes eclesiásticas

La falta de certificación eclesiástica de la muerte de Manuel Piar, representa un


elemento muy importante a considerar, en este y futuros análisis, para
comprender y explicar el destino de los restos mortales de Manuel Piar. El Acta
de Defunción fue un documento oficial probatorio muy utilizado en la época
colonial y republicana en Venezuela para la solución de conflictos civiles,
familiares, otros. Debemos recordar que desde el siglo XVI el Concilio de Trento
(1545-1563) había establecido pautas en los Cánones de la Iglesia Católica sobre
la necesidad de registrar en libros específicos los actos sacramentales del
matrimonio, del bautizo y las defunciones. Ello dio origen a los archivos
parroquiales en Europa e Hispanoamérica. En ese sentido el canon 535 del
concilio tridentino, establece que:

…en cada parroquia se han de llevar los libros parroquiales, es decir, de


bautizados, de matrimonios y de difuntos, (…). Cuide el párroco de que
en esos libros se anoten con exactitud y se guarden diligentemente (...)
con las cartas de los obispos y otros documentos que deben conservarse
por motivos de necesidad o de utilidad14 .

Por su parte, el Título III de las Exequias Eclesiásticas del Derecho Canónico,
referido a la Celebración de las Exequias, establece: Una vez terminado el
entierro, se ha de hacer la debida anotación en el libro de difuntos conforme al
derecho particular”15. De igual manera, las Actas de Defunciones quedaron
expresamente establecidas en 1614, en el Ritual Romano del Papa Paulo V16. Esta
práctica de organización documental y testimonial implantada en Europa, pasó de
España a América en el período colonial. De allí la importancia que se confiere a
estos registros como fuente primaria de consulta para el estudio e investigación
histórica. En Venezuela, el control y administración de estos importantes
registros fue responsabilidad de la Iglesia Católica desde el siglo XVI, hasta la
promulgación del decreto de secularización de los registros públicos en 1873,
emanado del gobierno de Antonio Guzmán Blanco17. En virtud de ello los fondos
provenientes de la Iglesia Católica, forman parte de los repositorios
documentales más importantes del país, por su valor probatorio e histórico, y su
volumen; motivo por el cual son considerados y consultados como una de las
fuentes históricas primarias, más importantes para el estudio e investigación en
Venezuela, y en general, en los países hispanoamericanos.
El Acta de Defunción no solo constituyó un instrumento eclesiástico de
carácter legal, rigurosamente elaborado y en orden cronológico registrado en los
Libros de Difuntos, como se expuso; sino, a diferencia del contenido simple, tal
vez, de formalidad burocrática del Acta de Ejecución de la Sentencia, emanado
del Gobierno Republicano, ésta proporciona una abundante y detallada
información sobre el fallecido y el acto de inhumación, tales como: nombre y
apellido, estado civil, fecha de muerte, en algunos casos testamento, causa de la
muerte, sacramentos recibidos, oficios de sepultura eclesiástica adoptados, el
monto pagado a la iglesia, nombre del párroco y lugar de la sepultura. En el libro
de entierros llevado por la Catedral de Caracas del año 1833 a 1841, folio 33, por
ejemplo, se puede constatar la fecha del fallecimiento, exequias realizadas y la
sepultura eclesiástica ofrecidas a la madre del propio general Manuel Piar, María
Isabel Gómez, que al texto reza:

En la Ciudad de Caracas, seis de septiembre de 1836, yo el Cura interino


del Sagrario de esta Iglesia Metropolitana, hice los oficios de sepultura
por la noche con el competente permiso; y al siguiente día vigilia y misa
de cuerpo presente cantada por menor, al cadáver de la señora Isabel
Gómez, adulta. Recibió todos los sacramentos de que certifico: José
Estanislao González18.

No especularíamos al afirmar que la diversidad de relatos, conjeturas y


especulaciones que se han tejido en torno al lugar donde fue sembrado el cuerpo
sin vida de Manuel Piar, se debe a la inexistencia de la certificación eclesiástica
de su fallecimiento; a lo que se debe agregar el escaso interés investigativo por
indagar, documentar y esclarecer este aspecto de su muerte. En ese sentido es
muy importante advertir que, ningún autor del siglo XIX y XX consideró en sus
trabajos biográficos sobre el prócer, explicar la falta del Acta de Defunción de
Manuel Piar, como tampoco, el comportamiento y responsabilidades de la Iglesia
Católica de Angostura por este hecho19.

La información referencial que ofrece la historiografía sobre los vínculos de


esta institución religiosa con el prócer, se ha limitado a describir el encuentro
entre el condenado a muerte y la máxima autoridad de la Iglesia Católica en la
provincia de Guayana en 1817, el Provisor Vicario Capitular, doctor Remigio
Pérez Hurtado, en ocasión de las dos visitas que éste hiciera a la celda del
condenado el 16 de octubre de 1817, día señalado para el fusilamiento 20. Se
presume que el primer encuentro, realizado en horas del mediodía, por lo
prolongado de la conversación, fue un acto de confesión; el segundo, minutos
antes de ser fusilado, de despedida. Esa misma mañana el religioso le había
enviado a la celda un hermoso crucifijo del siglo XVIII21. Bartolomé Tavera
Acosta proporciona interesantes detalles del último encuentro entre los dos
ilustres personajes:

El Provisor Pérez Hurtado había venido a hablar con el sentenciado y lo


acompañó hasta la puerta que da a la calle, donde se despidió de él y lo
bendijo. Piar marchó con tranquilidad desde su calabozo, llevando en sus
manos el crucifijo. Al llegar a la puerta lo besó y se lo entregó a Conde.
El Provisor se separó y corrió a encerrarse en su morada, vecina a la
casa que sirvió de cárcel a Piar. Al salir éste a la calle, irguió la frente y
marchó arrogante al lugar del suplicio, apenas 100 metros distante…. 22.

Estos son los únicos encuentros documentados, entre la Iglesia Católica y el


General Manuel Piar, previos a su fusilamiento. La ausencia de las autoridades
eclesiásticas de Angostura y su actuación en los eventos posteriores al hecho
cierto de la muerte, se desconocen, no se han estudiado. Ello explicaría por qué,
la única información oficial del deceso y la sepultura de los restos de Manuel
Piar, difundidos y conocidos hasta el presente, sea la que proporciona el gobierno
republicano; la cual, oportuno es reiterarlo, hasta ahora, no ha sido convalidada o
verificada por ninguna certificación o registro eclesiástico expedido por la Iglesia
Católica de la capital guayanesa.

En virtud de lo expuesto, el presente estudio estará referido concretamente al


análisis del Sacramental Católico de las Exequias23; en cuya primera revisión y
aproximación interpretativa, jurídica e histórica, se han podido identificar
elementos que permitirían explicar, comprender y respaldar la hipótesis de
trabajo sobre la que nos proponemos argumentar, la cual, entre otros aspectos
aspira responder:

1) Por qué no existen registros eclesiásticos sobre la muerte de Manuel Piar en


los Libros de Defunción de 1817, llevados por la Iglesia Católica de Angostura.

2) Por qué la Iglesia Católica de Angostura, no ha expedido el Acta de


Defunción de Manuel Piar.

3) Por qué sus restos no fueron enterrados en la Iglesia Principal de Angostura.

4) Realmente su cuerpo fue enterrado en el Cementerio Católico de El


Cardonal, como se afirmó oficialmente hace doscientos años, y se ha repetido por
igual período de tiempo.
5) En caso negativo, que normativa eclesiástica impediría a la Iglesia Católica
de Angostura, negar la inhumación de Manuel Piar en la Iglesia y negar su
sepultura en el Cementerio Católico de la ciudad.

Como se conoce el Sacramental Católico de Exequias representa un conjunto


de ceremonias por la paz del alma del difunto. Este ritual es presidido por un
sacerdote, y aunque en nuestros tiempos ha variado, en la época que se analiza,
era celebrado en fases o estaciones: en la casa, en la iglesia y en el cementerio
católico. A continuación, una descripción de este ceremonial funerario, que
variaba según el entierro fuera de una persona socialmente importante, rica o
pobre:

El entierro de los muertos en el siglo XVIII y comienzos del XIX se hacía


de noche para los adultos y de día para los niños. Los cadáveres eran
cubiertos con mantos: de color blanco, si el muerto había sido virgen, y
negro si no lo fue. Ceremoniosamente el entierro partía de la casa del
muerto, donde se despedía el "duelo", después de haber leído unas
palabras de elogio al fallecido, cuyo texto, atado con una cinta negra, era
colocado dentro del ataúd. Se distinguían tres tipos de marchas
atendiendo a la "calidad" del muerto: "A galope", el entierro de los
mendigos; "A paso y trote", el de los pobres, y "A paso regular", el de los
ricos "con toda calma y solemne majestad". En el cortejo iban dos filas de
acompañantes vestidos de negro, portando los primeros de cada fila
farolitos blancos de papel para resguardar del viento la llama de las
velas. El féretro iba sobre una mesa cubierta con un largo terciopelo
negro, tachonado con estrellas doradas y plateadas, que cubría a los
peones que la portaban. El cortejo fúnebre avanzaba lentamente hacia la
Iglesia, y después al cementerio, deteniéndose en cada esquina, donde el
sacerdote oraba en voz alta y el séquito coreaba sus oraciones. Los
curiosos, al paso del féretro, se quitaban el sombrero y se persignaban 24

Es poco conocido, sin embargo, que el ritual Católico de Exequias descrito en


párrafo precedente, no se ofrecía a todos los difuntos católicos en su trance al
más allá25. Según los Cánones que rigen la Iglesia Católica, ésta tenía la potestad
de celebrar o negar este ritual fúnebre con base en la causa de la muerte.
Rigurosos dogmas religiosos condenaban al difunto católico que falleciera de
forma violenta a no ser enterrado en los cementerios católicos, es decir, a no
recibir sepultura en fosas bendecidas e identificadas (sepultura eclesiástica),
como tampoco, recibir misa exequial26. Dada la circunstancia trágica de la muerte
de Manuel Piar y la presunción de que esos principios y normas guiaron la
actuación de la Iglesia Católica de Angostura en 1817, nos propusimos revisar las
fuentes jurídicas e históricas de esta importante institución religiosa, aún, no
consideradas en los estudios biográficos sobre el héroe suramericano, en la
certeza de que proporcionará un importante respaldo teórico, jurídico e
historiográfico a la literatura relacionada con la sensible y bicentenaria discusión
sobre las exequias del prócer y el incierto destino dado a sus restos mortales.

Ritual Romano del Papa Paulo V. Negación del Sacramental de Exequias

Las restricciones eclesiásticas previstas en el Sacramental de las Exequias,


fundamentadas en las formas o causa de la muerte, fueron elaboradas por el Papa
Pablo V, y publicadas con el nombre de Ritual Romano en 161427. Este manual
contiene los más complejos y severos rituales religiosos de la iglesia católica: el
Ritual de Exequias y del Exorcismo, los cuales, con algunas modificaciones
continúan vigentes en nuestros días. Las disposiciones generales sobre las
exequias funerarias habían sido establecidas por el Concilio de Trento28 (1545-
1563), aunque fueron especificadas en 1614 por el Papa Pablo V en el Ritual
Romano, cuando se condicionó la celebración eclesiástica de este ritual al
principio cristiano de “obrar bien hasta la muerte”. A partir de ese momento la
Iglesia Católica estableció claramente a quien se le debía conferir, y a quien se le
debían negar las exequias29, condicionándolas a la causa o razón del
fallecimiento. Es decir, éstas eran ofrecidas, si la muerte era por causa natural30; y
negada, si la causa de la muerte había sido violenta 31; en este último grupo de
personas, también eran incluidos los niños no bautizados32.

Este aspecto de la liturgia cristiana ha sido escasamente estudiado, pero su


antigüedad, como se ha expuesto, se remonta a la edad media. Las mismas
estuvieron vigentes en Europa, de donde pasaron a Hispanoamérica en el período
colonial, se mantuvieron a lo largo del siglo XIX, hasta bien avanzado el siglo
XX. El Sínodo Diocesano de Santiago de León de Caracas (1687), por ejemplo,
el segundo de la Diócesis de Caracas y Venezuela, basado en las disposiciones
del Concilio de Trento (1545-1563), no fue abolido en nuestro país, sino, hasta la
promulgación de la Instrucción Pastoral de 1904. Mientras que el Ritual Romano
vigente desde 1614, solo fue modificado avanzada la segunda mitad del siglo
XX, durante la celebración del Concilio Vaticano II (1962-65)33. Ello, sin duda
demuestra la tradición, el arraigo y estricto cumplimiento de esas normas en las
costumbres cristianas de la sociedad venezolana del período en estudio. De los
Cánones del Ritual Romano citaremos a continuación las disposiciones referidas
al ofrecimiento o negación de exequias tomadas del Código de Derecho
Canónico promulgado en 1954 vigentes hasta 196534:

1. No enterrar a una persona sin dejar pasar un tiempo prudencial (24 horas,
por lo menos), en particular, si ésta muere de repente.
2. Los rituales exequiales deben realizarse en la Iglesia a la cual pertenecía el
difunto.

3. Celebrar Misa Exequial por el alma del difunto35.

4. Los cuerpos de los difuntos deben ponerse en la iglesia con los pies hacia el
altar mayor. Cuando las exequias se realizan en las capillas, el cuerpo debe
colocarse con los pies hacia los respectivos altares. A los presbíteros por su parte
se debían colocar con la cabeza hacia el altar.

5. Los fieles debían enterrarse en cementerios (sepultura eclesiástica) y en


fosas benditas.

6. La autoridad eclesiástica debía permitir el enterramiento de los obispos, los


abades y prelados, los romanos pontífices, los reyes, los cardenales, otros, en las
iglesias.

7. Debajo de los altares no se debe colocar ningún cadáver y mientras se


remueva o exhume algún cuerpo no estaba permitido celebrar la santa misa.

8. Para exhumar un cadáver se requiere licencia del Ordinario.

9. Se niega la sepultura eclesiástica36 a: los no bautizados, a los apóstatas,


herejes, cismáticos y masones, a menos que manifiesten arrepentimiento antes de
morir.

10. Se niega sepultura eclesiástica a: los excomulgados, los entredichos bajo


sentencia condenatoria, los suicidas, los que mueren en duelo, los que piden ser
cremados y los pecadores públicos y manifiestos.

11. A los que se niega la sepultura eclesiástica, no puede hacérsele misa


Exequial.

12. Otros

En los numerales nueve, diez y once del citado Ritual Romano, estarían
estipuladas las disposiciones que facultaban a la Iglesia Católica de Angostura, a
no ofrecer exequias al general Manuel Piar, por la naturaleza de la sentencia
condenatoria y posterior fusilamiento. En virtud de ello la normativa eclesiástica
al establecer la negación de Sepultura Eclesiástica, lo excomulgaba de la iglesia
católica e impedía que fuera enterrado en el Cementerio Católico, es decir, como
bautizado, en tumba bendecida e identificada, como tampoco recibir la misa
exequial37. A ello habría que agregar, que la misma normativa desconociendo su
investidura, méritos y prestigio militar, lo excluía de recibir otros privilegios,
tales como, ser enterrado en la Iglesia Principal de Angostura38.

Como se conoce por las Leyes de los Reinos de Indias de 1681, España
permitió enterrar a las altas autoridades, dignidades eclesiásticas y otras personas
importantes, en las iglesias39. De esa manera un privilegiado sector de la
población no solo era transportado en carruajes hasta su última morada, sino, que
su cadáver podía disponer de un lugar de descanso eterno en las iglesias o
catedrales40. Sin embargo, tanto por el crecimiento demográfico como por
problemas de salubridad pública, las autoridades españolas ordenaron, por
primera vez, mediante la Real Cédula del 3 de abril de 1787 la construcción de
recintos específicamente dedicados a la recepción de cadáveres fuera de la
ciudad41. El tema se venía discutiendo desde fines del siglo XVIII, “porque los
malos olores dentro de los templos eran insoportables y muchos feligreses caían
desmayados, especialmente en verano”42.

En ese sentido, la principal razón para tomar esas medidas fue el carácter
infeccioso de los cuerpos en descomposición dentro de las iglesias, y los peligros
que ello representaba para la salud de la población. La reglamentación de normas
que ordenaban la construcción de cementerios extramuros, se extendió a las
colonias americanas. Por la Real Cédula del 15 de mayo de 1804, se insistió en la
necesidad de prohibir los enterramientos en las iglesias y establecer los
cementerios fuera de los poblados. En Venezuela, como consecuencia del Sínodo
de Toledo (S. XVII), se había autorizado ese privilegio a personas de jerarquía
eclesiástica, ricas y bienhechores de la ciudad43. Esta práctica estuvo vigente en
nuestro país durante el período colonial y republicano, hasta fines del siglo XIX,
aunque en el siglo XX se continuó ejerciendo esta tradición. En la Catedral de
Ciudad Bolívar, por ejemplo, fueron inhumados el 8 de octubre de 1947 los
restos del Obispo de la diócesis de Guayana, Monseñor Miguel Antonio Mejía44

La muerte del general Manuel Piar, coincide con la discusión e instrumentación


de decretos, resoluciones y ordenanzas, monárquicas y republicanas en el Viejo y
el Nuevo Mundo, sobre los problemas ocasionados por los cementerios dentro de
las ciudades y los enterramientos dentro de las iglesias. A Bartolomé Tavera
Acosta le llama la atención, que el 15 de octubre de 1817, el día antes del
fusilamiento del general Manuel Piar, fue oficializado en Angostura un decreto
“prohibiendo inhumar cadáveres en los cementerios de las iglesias”45; el cual,
sorprendentemente, fue modificado al año siguiente, para permitir nuevamente el
enterramiento a personas “notoriamente distinguidas de la ciudad”46. Pudiera
pensarse que la intención del gobierno republicano al reformar temporalmente
esta norma, fue para impedir que los restos mortales de Manuel Piar fueran
enterrados en la Iglesia Católica de Angostura. Sin embargo, aunque el general
Manuel Piar era merecedor de ese privilegiado tratamiento, no solo, por su alta
jerarquía militar; sino, por su importante contribución a la independencia, entre
otros, los éxitos alcanzados, precisamente, en la realización de la Campaña
Libertadora de Guayana, la medida resultaba innecesaria, pues, los Cánones de
exclusión religiosa, previstos en el Sacramental de Exequias, le negaban esa
posibilidad47.

El Cardonal, el Camposanto de Angostura

Las primeras décadas del siglo XIX en la mayoría de las ciudades y


poblaciones venezolanas, no existían cementerios. Ante la inexistencia de sitios
públicos especialmente destinados al enterramiento de los muertos, cualquier
lugar alejado de los núcleos urbanos podía ser escogido por familiares o amigos
para el descanso eterno del difunto; incluso, muchos cuerpos fueron lanzados a
los ríos y quebradas, dejados a orillas de los caminos, enterrados en los patios de
las haciendas, casas, otros. Aunque se seguían enterrando personas importantes
en los templos y en sus inmediaciones, las exigencias sanitarias y demográficas
fueron imponiendo políticas para la creación y adecuación de espacios en las
afueras de los pueblos y ciudades, especialmente destinados a la recepción de los
muertos; un problema que fue solucionado con “el exilio de los difuntos de la
ciudad de los vivos”48, es decir, con la planificación y construcción de
cementerios públicos fuera de las ciudades. En 1817 el general Pablo Morillo
ordenó la construcción de un cementerio católico extramuros en Calabozo, que
no se concretó. El Libertador Simón Bolívar prohibió en 1828 la práctica de
enterrar muertos en las iglesias y conventos, atendiendo a razones de salubridad
pública49.

En la Angostura de 1817, las fuentes reportan la transformación de un


importante sector rural ubicado en las afueras de la ciudad denominado El
Cardonal, en el lugar escogido por la población para enterrar a sus difuntos. La
Iglesia Católica de Angostura, en su condición de rectora de la vida religiosa de
la capital guayanesa, había iniciado a fines del siglo XVIII, la utilización de El
Cardonal con ese propósito50. Sin embargo, con el correr del tiempo, en las
adyacencias del rudimentario cementerio, delimitado por la iglesia católica para
los difuntos que profesaban su fe, los deudos de los muertos de otras creencias
religiosas y nacionalidades radicadas en Angostura (protestantes, italianos,
británicos, irlandeses, alemanes), de manera progresiva, comenzaron a enterrar
sus muertos en el mismo sector. De esa manera El Cardonal fue transformándose
en el centro principal de enterramientos de la capital guayanesa 51. Allí surgieron
tantos “cementerios” como religiones y nacionalidades existían en la ciudad. De
tal manera que en 1817 El Cardonal no solo era el asiento oficial del Cementerio
Católico; sino también, de la población no católica radicada en esta capital
provincial venezolana.

Según Tavera Acosta, El Cardonal no solo sirvió de “cementerio a los


menesterosos”, sino que en 1818, “se enterraron a los variolosos, y más tarde en
1855 a las víctimas del cólera morbus”52. Por su parte, el testimonio del
expedicionario británico llegado a Angostura entre 1817 y 1819, Charles Brown,
destaca los efectos de la guerra durante la ocupación de Angostura en 1817, y la
precaria situación de insalubridad originada en la ciudad, debido a las limitadas
condiciones sanitarias presentes en El Cardonal, para hacer frente a la
proliferación de cadáveres. En su dramática descripción, este oficial, quien arribó
a Angostura el 2 de diciembre de 181753, entre otros aspectos citadinos comenta:
“…las osamentas blanqueaban en los alrededores como macabro testimonio del
sitio de la plaza y los zamuros aprovechaban en el Cementerio las deficiencias
del servicio municipal de inhumaciones”54.

Según las fuentes históricas regionales, no es sino hasta 182455, que en la


capital guayanesa se ordenó la construcción del primer camposanto, cuya fábrica,
“a expensas de los vecinos y la municipalidad”, estaba aún en proceso en 1832,
según informe del Gobernador de la provincia de Guayana Pedro Volasteros 56.
No dudamos en afirmar que la obra a la que hace referencia el gobernante, es al
“Cementerio Católico”, el cual, según las crónicas históricas, “parecía un corral
cercado con cardones de España, verdes y enrevesados”57; además, para ese
momento era el único lugar de enterramiento de la ciudad oficialmente
reconocido por el Gobierno Republicano, según el texto del Acta de Ejecución de
la Sentencia del general Manuel Piar, cuando señala: “y llevaron luego a enterrar
(Manuel Piar) al cementerio de esta ciudad donde queda enterrado”58.

La discriminatoria situación creada en El Cardonal, como consecuencia del


origen diverso de religiones, culturas y nacionalidades, motivó que en 1841 el
importante sector de la sociedad angostureña, no católica, presentara un petitorio
ante las autoridades municipales locales, en el que solicitaban un terreno y la
autorización para construir formalmente un cementerio, contiguo al camposanto
católico: “ …todos han visto con el más profundo dolor que los restos de sus
prójimos, por diferencia de creencias, hayan sido arrojados a la sabana y no
hayan podido enterrarse con la decencia que prescribe la humanidad” 59. En 1848
fue inaugurado formalmente en la ciudad de Angostura, el camposanto para los
difuntos no católicos60.

Sobre las características físicas y geográficas del sagrado e histórico lugar de


inhumaciones de la población angostureña, el Cronista Oficial de Ciudad Bolívar,
Américo Fernández, proporciona datos interesantes, entre otros, informa sobre su
posible ubicación “en el extremo noreste del actual Cementerio Municipal de
Ciudad Bolívar; área, que subyace en el fondo de una obra de remodelación en
forma de nichos, ordenada a mediados del siglo XX por la municipalidad local, a
fin de ganar espacio en el lugar”61. A lo largo de su interesante crónica, el autor
confirma lo señalado por Tavera Acosta, sobre el uso tradicional dado a El
Cardonal, desde los primeros años de formación urbana de la ciudad, fines del
siglo XVIII, como área destinada a los enterramientos de la población local
(católica, no católica, pobres y fallecidos por epidemias, pestes, otros).

Varios aspectos se deben destacar de las referencias que aportan los cronistas
Tavera Acosta, Américo Fernández y Charles Brown. Primero, confirman el uso
tradicional dado al sector El Cardonal de Angostura como área de recepción de
los muertos de la ciudad, independientemente del origen, posición económica o
social y religión. Segundo, fue asiento del Cementerio Católico, por tanto, lugar
de entierro en tumbas individuales, bendecidas e identificadas, es decir, fieles
bautizados. En este contexto destaca un dato proporcionado por Américo
Fernández, de particular interés a nuestro estudio, sobre la identificación de la
tumba del ilustre prócer de la independencia Manuel Palacio Fajardo, así como,
de miembros de reconocidas y honorables familias de la antigua ciudad de
Angostura62. Tercero, fue área de recepción de los muertos por contingencias
(guerra, pestes, otros), cuyos cuerpos sin identificación, en descomposición y en
grupos, eran depositados en ese lugar de la ciudad63. Las características de uso
que ofrecía el sector de El Cardonal, es decir, servir de camposanto a toda la
población de Angostura, debió exigir a la Iglesia Católica local, en su condición
de rectora oficial de la vida religiosa de la ciudad, la implementación de políticas
y lineamientos, a fin de mantener, por una parte, delimitada y resguardada el área
del Cementerio Católico y demás espacios bajo su competencia, conforme a las
disposiciones y restricciones eclesiásticas del servicio de inhumación según lo
previsto en el Sacramental de Exequias; entre otros, garantizar la sepultura, tanto
a los católicos fallecidos de forma natural, como violenta; ejercer y mantener el
control, supervisión y resguardo del sagrado lugar citadino en su conjunto, etc.

¿Dónde fue enterrado Manuel Piar?

Las fuentes historiográficas coinciden en señalar que el General Manuel Piar


“…fue enterrado en El Cementerio de El Cardonal”. Pero, ¿En cuál Cementerio
de El Cardonal? Por razones expuestas, en el Cementerio Católico de Angostura,
no fue sepultado; la normativa eclesiástica sobre negación del Sacramental
Católico para quienes fallecieran trágicamente, prevista en el Ritual Romano, lo
impedían64. Sin embargo, llama la atención que las normas y reglamentos del
Derecho Canónico, que establecía la negación de la Sepultura Eclesiástica a los
asesinos, suicidas, presos, condenados, sentenciados y ejecutados, herejes,
excomulgados, fallecidos en duelo65; también facultaban a la Iglesia Católica a
habilitar fosas especiales destinadas a sepultar a estos muertos. Los estudios
sobre este aspecto de la liturgia católica, señala que: “Estas áreas eran de varios
metros de anchura y profundidad, donde eran amontonados los cadáveres,
envueltos en sudarios cosidos (algunos) y sin ataúd. Cuando una fosa estaba
llena, se cerraba y se abría otra”66.

Otro aspecto interesante que reportan las fuentes, es el hecho que las fosas
comunes generalmente estaban dispuestas de manera contigua al Cementerio
Católico67, y recibían el nombre oficial de Cementerio Profano, aunque en
España, por ejemplo, también fueron dispuestos en importantes centros de
reclusión como el Arsenal de la Carraca, en Cádiz-España, otros68. Estos
cementerios aunque, también eran llamados Cementerios de Ajusticiados o
Huesa Común, algunos autores los han llamado cementerios sin epitafios, otros
narradores, los han denominado cementerio de los hombres malos 69. En los
archivos parroquiales españoles se conservan expedientes en que el cura párroco
del lugar, en uso de las facultades que le concedía el obispado, denegaba la
sepultura eclesiástica al fallecido de forma trágica, siendo la causa más común el
suicidio. La decisión era remitida al alcalde, al obispo de la diócesis y al
gobernador civil de la provincia, en los siguientes términos: “Declaramos, pues,
no ser digno de ser inhumado en el cementerio católico de este pueblo, oficiando
acto seguido al señor alcalde presidente para que mande se dé al cadáver
sepultura en el Cementerio Profano”70.

A las consideraciones expuestas se debe agregar que los terrenos destinados a


los cementerios de los condenados o ajusticiados (Cementerio Profano o Fosas
Comunes), eran autorizados por las autoridades municipales; mientras la
adecuación y administración de los mismos era competencia de la Iglesia
Católica. Sin embargo, para ejercer el control y atención que demandaban estos
cementerios las autoridades católicas, autorizadas por el Vaticano, contaban con
organizaciones o grupos de apoyo como las Hermandades de la Caridad 71. Según
las fuentes especializadas, estos grupos eran expresamente facultados para llevar
el registro numérico de estos difuntos, los cuales eran depositados en las fosas sin
identificación; además, cumplían la noble misión de acompañar al fallecido y sus
familiares, toda vez que los sacerdotes católicos tenían prohibido realizar este
acto piadoso72. Las fuentes describen estos cementerios, como: “… espacio anexo
al cementerio católico en que, conforme al Ritual Romano de Pablo V (1614),
debían ser enterrados los apóstatas, los pertenecientes o adscritos a sectas
heréticas o cismáticas, a la masonería; además, los excomulgados o entredichos
tras la correspondiente sentencia condenatoria, los suicidas, los muertos en duelo
o como consecuencia del mismo, los que pidieron ser incinerados y otros
pecadores públicos y manifiestos”73
No existen referencias documentales, ni bibliográficas, sobre la posible
existencia de un área especial o Cementerio Profano en el sector El Cardonal en
Angostura, destinado exclusivamente, a la sepultura de quienes fallecían de
manera trágica, violenta, otros. El presente estudio representa la primera fuente
bibliográfica que plantea el problema para su estudio y discusión. Sin embargo,
la lógica presunción de su existencia pudiera confirmar nuestra hipótesis, sobre la
posible división del área de enterramientos, oficialmente delimita y administrada
por la Iglesia Católica en El Cardonal, a fin de dar cumplimiento al precepto
cristiano de la sepultura, independientemente, de la forma o causa de la muerte.
Solo así podía esta institución dar respuestas a la demanda del servicio público de
inhumación, sin apartarse del principio cristiano que le obligaba a colocar bajo
tierra a toda persona fallecida, sin dejar de obedecer las rigurosas y excluyentes
normas exequiales previstas en el Ritual Romano.

Ahora bien, con base en los supuestos antes expuestos, se puede inferir la
coexistencia de dos modalidades de enterramiento controlados y supervisados
directamente por la Iglesia Católica de Angostura, en su delimitada área de
competencia administrativa en El Cardonal. En ese sentido se propone considerar
la existencia de:

El Cementerio Católico. Área delimitada para los difuntos que recibían


Sepultura Eclesiástica y Misa Exequial; fallecidos de forma natural. Sepultados
como bautizados, en tumbas bendecidas e identificadas, merecedoras del
sacramental cristiano de la sepultura eclesiástica y misa exequial, según los
Cánones contemplados en el Ritual Romano.

Un Cementerio Profano o Fosas Comunes. Área destinada a los muertos por


contingencias (motivos bélicos, enfermedades contagiosas, epidemias, otros). En
este sector también serían enterrados los que morían por causa trágica o violenta,
excluidos del Sacramental de Exequias, conforme a lo previsto en el Ritual
Romano. En este cementerio, y en una de las fosas comunes allí construidas,
serían depositados los restos mortales del General Manuel Piar.

El posible fraccionamiento o división del área de enterramiento administrada


por la Iglesia Católica en El Cardonal, pudiera demostrarse empíricamente,
tomando en consideración la información que proporciona el Cronista Oficial de
Ciudad Bolívar, según la cual, en el antiguo Cementerio de Angostura, actual
Cementerio Municipal de Ciudad Bolívar, se han podido identificar tumbas de
importantes próceres de la independencia, que datan de 181974. Se refiere
concretamente el cronista a la identificación de la sepultura del doctor Manuel
Palacio Fajardo75, ilustre republicano, muy allegado al Libertador, quien en
funciones ministeriales en el Gobierno, murió en la capital provincial guayanesa
de la Fiebre de Angostura, el 8 de mayo de 1819. Sin duda, los vestigios de la
sepultura del doctor Palacio Fajardo en este sagrado lugar, representa un aspecto
muy importante a considerar en este análisis. Por una parte, constituye un
indicador importante sobre la ubicación del Cementerio Católico de Angostura de
principios del siglo XIX; que el distinguido republicano fue enterrado, no solo,
con honores, sino también, como bautizado; es decir, asistido cristianamente con
los rituales previstos en el Sacramental de Exequias. En consecuencia, en su
memoria debió realizarse la correspondiente misa exequial por la paz de su alma;
por tanto, la inhumación de sus restos, como lo demuestra la evidencia citada, fue
realizada en una fosa bendecida y en tumba identificada76.

Ahora bien, cómo explicar que la tumba del general Manuel Piar, una figura
política y militar destacada, reconocida en Guayana, tanto, o más, que el doctor
Manuel Palacio Fajardo; enterrado allí la tarde-noche del 16 de octubre de 1817,
según la certificación oficial expedida por el gobierno republicano, no se haya
podido ubicar, ni identificar, con tan solo dos años de diferencia entre ambas
sepulturas. A la ubicación de los restos del General Manuel Piar en esta histórica
área del cementerio de Ciudad Bolívar, el Gobierno venezolano dedicó en el
siglo XX, esfuerzos técnicos-científicos, sin éxito alguno77. No olvidemos que las
personas sepultadas en los Cementerios Profanos o Fosas Comunes perdían su
identidad78; los únicos controles administrativos que se ejercían en estos
cementerios, estaban dados por el número de muertos por fosa y la capacidad
física de ésta para albergarlos79. Ello constituye además, un elemento muy
importante a considerar para explicar, por qué no existen registros en los archivos
parroquiales de Angostura (Acta de Defunción), y la imposibilidad para
identificar, ahora y por siempre, la sepultura del general Manuel Piar80.

Nuestra hipótesis sobre la coexistencia de un Cementerio Profano o Fosa


Común, al lado, o en las inmediaciones, del Cementerio Católico en El Cardonal,
adquiere otra dimensión cuando revisamos la historia de los ajusticiamientos
militares en Angostura, durante la liberación e instauración de la vida republicana
en la Provincia de Guayana, a partir de 1817. Esta ofrece testimonios y
evidencias documentales, que respaldarían la presunción sobre la existencia de un
cementerio o área de inhumación (Fosa Común) para este sector de la población,
excluido por la iglesia católica de recibir el Sacramental de Exequias; entre los
que también debemos sumar el sector de la población angostureña, excomulgado
de la Iglesia Católica, por el motivo trágico de su fallecimiento, entre quienes se
sumaban los habitantes de Angostura que se suicidaban, envenenaban, o
simplemente atentaban contra su vida, en cuyo caso, la institución eclesiástica
estaba obligada a disponer de un espacio en el lugar de enterramiento de la
ciudad, especialmente destinado para ellos: Un Cementerio Profano o Fosa
Común.
Consideraciones finales.

La realización de este estudio hizo posible un análisis crítico de los


documentos oficiales y referencias historiográficas, que han abordado en sus
páginas el tema sobre los restos mortales del General Manuel Piar; e introducir
para su estudio y discusión las fuentes históricas y jurídicas provenientes de la
Iglesia Católica, cuya aproximación nos ha permitido ofrecer importantes
argumentos, que confirmarían la negación del Sacramental de Exequias (misa y
sepultura eclesiástica) al General Manuel Piar en el Cementerio Católico de
Angostura; sino, en una Fosa Común dispuesta por la Iglesia Católica en el
Sector El Cardonal de Angostura. La actuación de la Iglesia Católica de
Angostura, estuvo plenamente justificada en razón a la causa violenta de la
muerte del prócer, y el respaldo jurídico previsto en los Cánones del Ritual
Romano de Papa Pablo V de 1614.

En virtud de lo antes expuesto el estudio se centró en el análisis del


Sacramental Católico de las Exequias; aspecto muy complejo, que obviamente se
debe seguir analizando. Continuar su revisión será de gran utilidad para
esclarecer, explicar y colocar en otra dimensión discursiva el conocimiento sobre
las verdaderas circunstancias que rodearon el acto de inhumación del cuerpo sin
vida del General Manuel Piar. La negación de exequias al prócer, por ejemplo,
resulta comprensible, primero, por la existencia y vigencia de la normativa
eclesiásticas en el momento de su muerte; segundo, por la reconocida rigidez de
las leyes y dogmas de la Iglesia Católica; tercero, por el importante rol e
influencia de la Iglesia Católica en todos los órdenes de la sociedad colonial y
republicana venezolana en la época. Esta institución, “…fue la directora de las
conciencias y la que rigió la cultura; ella fue la que tuvo a su cargo hasta época
tan avanzada como la de Guzmán Blanco (1870) todos los actos del Registro
Civil: matrimonios, nacimientos, defunciones, bautizos, testamentos,
empadronamiento”81.

No especulamos al atribuir el silencio historiográfico, sobre las implicaciones


de la Iglesia Católica de Angostura, en el incierto destino del cadáver del general
Manuel Piar, al sometimiento que ejerció sobre la población y las instituciones.
Por tanto, no extraña la aceptación y la obediencia a las normas de exclusión
religiosa aplicadas por ésta a la población. La sociedad local angostureña de
1817, era eminentemente española, cristiana, creyente y puritana; por tanto, no
debe sorprender el obedecimiento de estos dolorosos cánones eclesiásticos. Estos
formaban parte de la cultura religiosa, tradiciones y costumbres de la sociedad
colonial; guiados, además, por la superstición y el miedo a recibir un castigo
divino; desde el siglo XIV en Europa la muerte de un condenado era considerada
maldita.
A la luz de los resultados de la presente revisión documental y bibliográfica,
creemos oportuno recomendar una profunda revisión de las fuentes oficiales e
historiográficas, que aseveran que Manuel Piar fue enterrado en el Cementerio
Católico de Angostura, en El Cardonal. La Iglesia Católica de Angostura tiene
mucho que aportar al esclarecimiento del ceremonial fúnebre y el destino final
dado a sus restos mortales. El ilustre prócer, según los cánones de la Iglesia
Católica, a la cual pertenecía, cumplía con los requisitos (conocidos) de la
tradición cristiana para ser objeto de honras fúnebre, y haber sido enterrado
cristianamente, no solo en el Cementerio Católico de El Cardonal; sino también,
en la Iglesia de Angostura. Tres aspectos se pueden argumentar en favor del
cumplimiento de ese sagrado, humano y merecido ceremonial religioso:1. El
difunto había confesado el 8 de octubre de 1817, ante el tribunal que lo sentenció,
ser católico, apostólico y romano; 2.- Había sido bautizado el 28 de abril de
1774, lo cual está certificado en la respectiva acta bautismal existente en el
Archivo Nacional de Holanda; 3.- Fue una descollante figura militar de la
independencia; un hombre de probada rectitud, honestidad y honorabilidad 82.
Además, por su jerarquía militar, prestigio y altos honores ganados en el campo
de batalla; -los últimos rendidos a favor de la liberación del territorio donde fue
sentenciado a muerte-; le calificaban según los códigos morales de la época,
como una persona socialmente importante; por tanto, le correspondía un
enterramiento digno y honroso.

Sin embargo, queda suficientemente esclarecido, que Manuel Piar, una vez que
fue juzgado y sentenciado, fue excomulgado de la iglesia a la que había
pertenecido, pasando a ser considerado un forajido, un suicida o un criminal, a
cuyo cadáver debía aplicársele todo el rigor y la severidad de los códigos de la
Iglesia Católica vigentes en 1817. A ello debió contribuir, sin duda, además del
acto condenatorio de la sentencia que ordenó poner fin a su vida83, las numerosas
y duras proclamas emitidas por el Libertador 84, antes y después del juicio y
fusilamiento, proporcionando elementos y razones suficientes a la Iglesia
Católica, para justificar sus rígidas leyes y códigos litúrgicos.

En este cuadro de complejas y difíciles circunstancias, lógico resulta


comprender que las autoridades católicas, en obedecimiento a sus normas y
prohibiciones de realizar cualquier ritual o acto religioso en memoria de Manuel
Piar, optaran por ausentarse, como en efecto lo hizo el Vicario Remigio Pérez
Hurtado, y desentenderse de responsabilidades sobre los restos mortales del
condenado, los que dejaron a merced de su suerte y la caridad humana.

Esta presunción proporcionaría sentido a los testimonios de la época, según los


cuales, los restos de Manuel Piar fueron levantados por personas, que bien
pudieron ser familiares, amigos, fieles soldados y compañeros en tantas
batallas85; posiblemente, con el acompañamiento de congregaciones piadosas
(cofradías) como las Hermandades de Misericordia86, las cuales existían en
España, fueron creadas en América y Venezuela, y muy posiblemente existían en
Angostura87, cuya misión, entre otras, era asistir a los enfermos, ancianos, recoger
y trasladar los cadáveres de los presos condenados a la pena de no ser enterrados
en lugares sagrados, para darles sepultura en los Cementerios Profanos o Huesa
Común88.

Sin duda, este grupo de piadosas personas, muy posiblemente, congregados en


las inmediaciones de la plaza Mayor de Angostura, por tanto, testigos del
fusilamiento, serían las que una vez ejecutada la sentencia, conscientes de la
severa disciplina de exclusión religiosa a la que sería sometido el cuerpo inerte
del reconocido militar, lo llevaron a buen resguardo y lo enterraron, ciertamente,
“en el cementerio ubicado en El Cardonal”, como afirman las fuentes; pero, en el
área que por disposición de la propia Iglesia Católica estaba reservada a los
excomulgados de ésta, por la causa violenta de su fallecimiento. Un lugar que,
muy posiblemente, la tradición y la sabiduría popular, y por supuesto, quienes lo
trasladaron al “Cementerio Profano de Angostura”, sabían perfectamente dónde
estaría ubicado89.

Por las consideraciones señaladas descartamos la hipótesis, según la cual el


cuerpo del general Manuel Piar fue “descuartizado y lanzado al rio”. Muy
posiblemente, en el más estricto secreto, casi que, en un acto clandestino o un
susurro, quienes levantaron su cuerpo sin vida, le rezaron la oración por su eterno
descanso prohibida por la iglesia, y sepultaron sus restos. De tal manera que, en
algún lugar de los alrededores del viejo núcleo colonial de la geografía
angostureña; en las proximidades del antiguo Cementerio Católico de Angostura,
en El Cardonal, en un sitio que, ciertamente jamás conoceremos, reposan sus
restos.

Pero como bien afirma un ícono de la historiografía venezolana del siglo XIX,
que consideró en su época de “incontrovertible justicia”, la sentencia dada al
general Manuel Piar: “El silencio de los sepulcros ha pretendido acallar todo
ruido que no sea el de los sollozos de la patria, en torno de aquella abandonada y
solitaria sepultura; pero en vano: el eco de cien victorias resuena constantemente
en derredor de aquella tumba, y el Guarapiche, el Caura, el Caroní y el
majestuoso Orinoco, murmuran en sus ondas las insignes proezas del héroe de
San Félix”90

Hemos aspirado en el presente artículo, no solo rendir homenaje a la brillante


carrera militar y el aporte a la emancipación americana y caribeña del general
Manuel Piar; sino también, rendir honor a su vida y su existencia, al ejemplo y la
gloria de su valentía, a su compromiso y su lealtad con los ideales en los que
creyó y por los que lucho: la libertad y la independencia de un continente
llamado a mejores destinos. Se impone seguir honrando su obra, conocer y
difundir su legado libertario; no dejaremos de elevar nuestra voz para solicitar en
su honor, el monumento que honre su presencia en el Altar de los Padres de la
Patria. Hoy, a doscientos años de su hazaña guayanesa, la que lo catapultó en los
anales históricos de esta tierra y de su trágica desaparición física, expresamos
nuestro deseo por simbolizar a perpetuidad su presencia en el Panteón Nacional,
como expresión de reconocimiento y gratitud a su legado histórico dejado en
Venezuela. Decidir el ingreso simbólico (Cenotafio) del general Manuel Piar a
este sagrado lugar de la Nación venezolana, constituye cerrar un ciclo de arduos
esfuerzos, iniciados en el siglo XIX por Don Bartolomé Tavera Acosta, por
rescatar, conocer, enaltecer y, en particular, reivindicar ante la Historia de la
emancipación venezolana, suramericana y caribeña, la obra cumplida por este
héroe de la independencia, a quien en justicia se reconoce en las tierras bañadas
por el Orinoco: el Libertador de Guayana.

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Notas

1 Simón Bolívar. Proclama a los soldados del Ejército Libertador. Angostura, 17 de octubre
de 1817.
2 Florencio O´Leary. Memorias. Tomo XV., p. 217.
3 Hildelisa Cabello Requena. MANUEL PIAR y su trance al más allá. P. 10. El presente
artículo es un resumen de la hipótesis de trabajo que se desarrolla en esta obra. La misma
fue publicada en 2017, en homenaje al bicentenario del fusilamiento del General Manuel
Piar.
4 Manuel Alfredo Rodríguez. Bolívar en Guayana, p. 123-124. Subrayado nuestro.
5 Ídem.
6 Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit., p. 320.
7 Fragmento del Acta de Ejecución de la Sentencia. Citada. Subrayado nuestro.
8 Hildelisa Cabello Requena. Ob. Cit., P. 14.
9 Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit., p. 333
10 Isabel Gómez de Rueda. Ritos exequiales, no creyentes, no bautizados y suicidas., pp.
183 a 185.
11 Ídem.
12 Manuel Alfredo Rodríguez. Ob. Cit., p. 129. Texto completo, pp. 124 a 129.
13 Antonio Valdez Zurita. Del golpe de estado a Piar y el remordimiento de Bolívar.
En: [Link]
14 Estas series documentales (matrimonios, bautizos y defunciones), junto a los Libros de
Fábrica, de Hermandades y Cofradías, Visitas y Protocolos, llegaron a configurar los
principales fondos documentales parroquiales resguardados por la Iglesia Católica. Con
esta medida se confería a tales documentos un valor probatorio de sumo interés para la
sociedad en la que se desarrollaban. Juan Carlos Galende Díaz y Nicolás Ávila Seoane. Los
libros sacramentales de defunción. Pp.,126/130.
En: [Link]
15 Noticias Jurídicas. En: [Link]
16 Hildelisa Cabello Requena. Ob. Cit., p. 10.
17 Por la Constitución de 1811 se estableció oficialmente la religión católica, como la única
a profesarse en Venezuela.
18 Manuel Landaeta Rosales. Procedencia del General Manuel Piar, p. 17. Citado por
Asdrúbal González. P.12
19 Ni Bartolomé Tavera Acosta (Anales de Guayana), ni Manuel Landaeta Rosales
(Procedencia del General Manuel Piar) en nuestra opinión, las dos fuentes más importantes
y reconocidas sobre la vida del general Manuel Piar, abordaron el tema. Tampoco Asdrúbal
González, en sus obras biográficas sobre el prócer ha formulado opinión al respecto. Igual
percepción se observa en los trabajos (varios) del historiador Manuel Alfredo Rodríguez,
sobre el período de la independencia en Guayana.
20 Véanse los detalles de este encuentro (Piar-Pérez Hurtado), en Bartolomé Tavera
Acosta. Ob. Cit., pp. 299 a 300.
21 Esa pieza original del siglo XVIII se conserva en la Catedral de Ciudad Bolívar.
Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit. p., [Link] réplica de la misma, se encuentra en la
celda que sirvió de Prisión a Manuel Piar, en el Museo que lleva su nombre, frente a la
Plaza Bolívar de Ciudad Bolívar.
22 Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit., p. 299.
23 Sacramental Católico de Exequias: Conjunto de ceremonias por la paz del alma del
difunto. Este ritual es presidido por un sacerdote y se celebraba en cuatro fases o
estaciones: Primera, en la casa; segunda, en la iglesia, y tercera, en el cementerio.
24 Rafael Cartay. La Muerte. Fermentum. Mérida-Venezuela. Año 12, Nro. 34. Mayo-
agosto, 2002. P. 456.
En: [Link]
25 Hildelisa Cabello Requena. Ob. Cit., p.19.
26 Ídem
27 Ritual Romano Papa Pablo V (1614). (latín: Rituale Romanum) es un manual religioso
de la Iglesia Católica, elaborado y publicado por el Papa Paulo V en 1614. Contiene rituales
religiosos de la iglesia católica vigentes entre 1614-1965. Es particularmente conocido por
su ritual para el exorcismo, el cual, sigue siendo utilizado, a pesar del nuevo ritual aprobado
por el Papa Juan Pablo II, en el siglo XX. Sin embargo, el Ritual Romano es analizado en el
presente estudio por el Sacramental de Exequias y los cánones referidos a “los suicidas y
todos aquellos que, por causa violenta de muerte, son excluidos por la iglesia del
sacramental católico de exequias”. Este Ritual vigente desde 1614, no experimentó
cambios, sino, como resultado del Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962-65 (Ritual
Romano instaurado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II,
Promulgado por la autoridad del Papa Pablo IV). Véase: RITUAL DE EXEQUIAS.
Observaciones generales previas. Versión Castellana.
En: [Link] Para ese momento la Iglesia
Católica consideró algunas de las normas, sobre el sacramental de exequias previstas en el
Ritual Romano de 1614, no solo obsoletas, sino que propició la reforma de las mismas, “en
consideración a la familia y alivio del alma del difunto”. Recuérdese que, a los muertos
excluidos de la iglesia por los cánones del ritual de 1614, también lo eran por la sociedad,
cuyos dolientes sufrían en carne propia que sus difuntos no recibieran sepultura
eclesiástica, derecho a duelo, misa, o cualquier otra oración por el descanso de su alma. En
la actualidad los rituales exequiales se rigen por el Código Canónico aprobado por Juan
Pablo II el 25 de enero de 1983. Isabel Gómez de Rueda. No creyentes, no bautizados y
suicidas., p. 184-185; Las Exequias. La Sociedad y la muerte.
En: [Link]
28 Decimonoveno concilio ecuménico de la Iglesia Católica. Convocado para responder a
la reforma protestante. Supuso una reorientación general de la iglesia y definió con
precisión sus dogmas esenciales. Los decretos del Concilio de Trento, fueron confirmados
por el Papa Pio IV el 26 de enero de 1564. Fijaron los modelos de fe y las prácticas de la
iglesia católica hasta mediados del siglo XX.
29 Ignacio López de Ayala (Traductor). El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento.
Sesión VI. Cap. XVI. P. XLIII. En:[Link]
q=Ignacio+López+de+Ayala+(Traductor).
+El+Sacrosanto+y+Ecuménico&oq=Ignacio+López+de+Ayala+(Traductor).
+El+Sacrosanto+y+Ecuménico&aqs
30 Muerte Natural: muerte senil, consunción, insuficiencia cardiorrespiratoria, síncope,
ataque, apoplejía, embolia, derrame cerebral, trombosis, infarto, paro cardíaco, asfixia,
shock, catalepsia, inanición, desnutrición, enfermedad, epidemia, plaga, infección. Argot
Funerario. Diccionario: En: [Link] page=lavanguardia
%2FDiccionario. Isabel Gómez de Rueda. Ob. Cit., p. 179-185. Hildelisa Cabello Requena.
Ob. Cit. P.21
31 Muerte violenta o trágica: muerte por accidente, homicidio, asesinato, suicidio, pena de
muerte, matanza, mortandad, exterminio, aniquilación, masacre, carnicería, degollina,
ejecución, inmolación, eliminación, genocidio, liquidación, holocausto, purga, sacrificio,
tortura. Ídem.
32 Isabel Gómez de Rueda. Ob. Cit., p. 185. Ana R. Rabazo Vinagre. Muerte y pérdida de
identidad. P. 368-373. En: [Link]
2110/[Link]
33 Hildelisa Cabello. Ob. Cit., P., 21
34 Ibidem., p 22. Isabel Gómez de Rueda. Ritos exequiales, no creyentes, no bautizados y
suicidas. pp. 183 a 185.
35 La Misa Exequial (misa cuerpo presente). Es la más importante de las misas en honor a
una persona fallecida, por este acto el difunto recibe la gracia de la salvación. En esta
ceremonia la Iglesia Católica romana ruega por el alma del difunto. Además, en ella la
comunidad cristiana acompaña al muerto y lo encomienda a la bondad de Dios. En sentido
estricto cristiano sería aquella misa en la que está presente la persona fallecida, o también,
la primera misa ofrecida por su eterno descanso. La Misa Exequial se podía hacer de tres
maneras y siguiendo cada una un ritual particular: 1) En la casa o donde ha sido velado el
difunto (rezo de salmos y oraciones); en la Iglesia (la celebración eucarística) y, por último,
en el cementerio (última recomendación y despedida).
En: [Link]
om/ayuda?page=diccionario. Sobre este ritual cristiano, fue costumbre dejar establecido en
los testamentos el número de misas que debían hacerse posterior a la sepultura, en memoria
del difunto; pues, la gracia del “Santo Sacrificio de la Misa” era una forma piadosa de pedir
el perdón por los pecados. La insistencia de petición del perdón por las faltas del difunto,
tiene su origen en la liturgia franciscana del siglo XVI, inspirada en la angustia y en el
temor ante el más allá de la muerte. Por esta época la Iglesia incorporó a la liturgia de
difuntos la secuencia Diesirae (el Día de la ira), del franciscano italiano Tomás de Celano,
y se popularizaron las artes moriendi -artes de bien morir-, para uso de los fieles cristianos.
Luis Manuel Díaz. Religiosidad y espiritualidad ante la muerte en la nueva Valencia del
Rey, en los testamentos a finales del siglo XVII y XVIII.
36 La sepultura eclesiástica: Representa el acto religioso de entierro del cadáver en lugar
bendecido del cementerio católico. El Ritual de los Funerales de la liturgia romana. La
celebración del misterio cristiano.
En: [Link] Miguelez Domínguez,
Lorenzo, Sabino Alonso Morán y Marcelino Cabreros de Anta. Código de Derecho
Canónico y Legislación complementaria (1917). Libro III, De las cosas, Segunda Parte, De
los lugares y tiempos sagrados, Sección I, título XII, Cap. I. Canon 1204. Isabel Gómez de
Rueda. Ritos exequiales. No creyentes, no bautizados y suicidas., pp. 184.
37 Hildelisa Cabello R. Ob. Cit., p. 24.
38 Ibidem, p, 26.
39 Recopilación de las leyes de los reinos de las Indias (1681). Libro I. Título III. Ley VI,
pp. 18-19. Esta colección fue promulgada en 1681, dedica el primero de sus nueve libros a
los asuntos eclesiásticos, cuyo primer título es “De la Santa fe católica”. Su primera ley es
una “exhortación a la santa fe católica y como la debe creer todo cristiano”. Luis E. Cortés
Riera. La cofradía o hermandad del Santísimo.
En: [Link]
[Link].
40 Rafael Cartay. Ob. Cit., p. 456.
41 Mikel Nistal. Legislación Funeraria y Cementerial Española: Una visión Espacial.
En: [Link]
42 Phillipe Ariés. Historia de la muerte en Occidente., p. 74.
En: [Link]
[Link].
43 El antiguo Cementerio de la Catedral de Caracas, se encuentra ubicado en los espacios
de lo que hoy es el Museo Sacro de Caracas. Fue construido por decisión del Cabildo Civil
en 1673. El cementerio debió dejar de funcionar a raíz del decreto del Presidente de la
República General Guzmán Blanco, en julio de 1876, a través del cual se oficializó la
construcción del Cementerio General del Sur, y se prohibió la inhumación en los
cementerios de la ciudad y dentro de las iglesias y capillas. Esta prohibición no fue acatada
sino hasta 1879, en Venezuela. Ramón Hermoso Boscán. El Cementerio de la Catedral de
Caracas. En: [Link]
caracas-ramon-r-hermoso-boscan/
44 Américo Fernández. Crónicas Angostureñas, 22 de enero de 2013.
En: [Link]
[Link]).
45 Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit., p. 342. Nota N°. 2
46 Ibidem., pp., 317- 402
47 Hildelisa Cabello R. Ob. Cit. P., 27
48 Mónica Silva Contreras. El Cementerio del Siglo XIX., p. 189
49 Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar, 1988. Tomo A-D, p. 641
50 Hildelisa Cabello. Ob. Cit., p. 28-29.
51 Ibidem., p. 30
52 Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit., p. 235.
53 La Campaña Libertadora de Guayana se realizó entre enero y agosto de 1817. Su
desarrollo se cumplió en cuatro fases: Ocupación de las Misiones Capuchinas (febrero),
Batalla de San Félix (abril), Ocupación de Angostura (Julio) y Ocupación de Guayana La
Vieja (agosto). La ocupación de la ciudad de Angostura, por las fuerzas republicanas, se
produjo entre 17 y 18 de julio de 1817. Hildelisa Cabello R. El papel protagónico de
Guayana en la independencia suramericana, 1817-1821., cap. III, pp 41 a 72. Historia
Regional del estado Bolívar, Tomo II, Capítulo 3., pp 59- 93.
54 Manuel Alfredo Rodríguez. Bolívar en Guayana., p 172.
55 Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit., p. 500
56 Pedro Volasteros. Informe. Estadísticas de la Provincia de Guayana. Enero 21 de 1832.
Boletín del Archivo Nacional. Caracas, 1941. T. XXVI. pp. 261-275. En: José Antonio
Armas Chitty. Ob. Cit., Tomo II. Sección Apéndices Documentales. Documento Nº 19. pp.
388 a 396.
57 Américo Fernández. Ciudad Bolívar a grandes rasgos., p. 43.
58 Florencio O´Leary. Memorias. Tomo XV. Citado por B, Tavera Acosta. Anales de
Guayana, p. 217. Subrayado nuestro.
59 Bartolomé Tavera Acosta. Ob. Cit., p. 501.
60 Américo Fernández. Ciudad Bolívar a grandes rasgos. P., 43 Esa situación fue común al
resto de Venezuela. Las primeras medidas oficiales para la construcción de camposantos
destinados a los difuntos o miembros de órdenes religiosas distintas a la católica, datan de
1821. Como resultado de esta política, en 1830 se inauguró el cementerio judío de Coro y,
en 1834 el cementerio de los ingleses en Caracas.
61 Américo Fernández. Ob. Cit, p. 88-89.
62 Ibidem., P. 89.
63 Hildelisa Cabello R. Manuel Piar y su trance al más allá. P., 31
64 Idem.
65 Capítulo II del Título VI del Ritual Romano del Papa Paulo V (1614).
66 Philip Airés. Historia de la Muerte en Occidente. P. 40.
En: [Link]
[Link]. Fosa Común: Lugar donde se entierran los restos humanos exhumados de
sepulturas temporales, o los muertos que, por cualquier otra razón, no pueden enterrarse en
sepultura propia. Sepultura sin identificación”.
En: [Link]
67 Ildefonso Adeva. Pecador Público.
En: [Link]
68 Desde 1985 un cenotafio abierto a la derecha de la tumba de Simón Bolívar reposa en el
Panteón Nacional de Venezuela, a la espera de los restos mortales del más ilustre y
universal prócer de la independencia americana: Francisco de Miranda. Al pie del
monumento una leyenda dice: “Venezuela llora el dolor de no haber podido hallar los restos
del General Francisco de Miranda, que han quedado perdidos en la Huesa Común de la
prisión en que expiró este gran mártir de la libertad americana”. F. de Miranda murió el 14
de julio de 1816. Un año y tres meses, antes que el General Manuel Piar. Tiempo llevaba
prisionero en el Arsenal de la Carraca, en Cádiz-España. El 25 de marzo de 1816 un ataque
de apoplejía (ACV) aceleró el final de su vida. A su muerte su generoso servidor, Pedro
José Morán, pensó honrarlo. La vieja etiqueta española prescribía que para las exequias de
un gentilhombre se le vistiese con el más serio vestido, con las botas con que transitó por la
tierra y con las que emprenderá la peregrinación por los lejanos mundos desconocidos.
Además, -imaginaba- que junto al ataúd descubierto se celebraría la misa (exequial) de
cuerpo presente”. Con esos pensamientos y ese objetivo “Pedro José va a ver a los
sacerdotes deliberar sobre “las exequias de su amo”; pero se sorprende al escuchar: “
¡Miranda fue siempre un hereje!” “Además fue un insurgente!” “Enterrar a Miranda con el
acostumbrado ritual católico sería un problema teológico y un problema político”. Los
sacerdotes que no quieren comprometer su posición, aconsejan: “Es mejor que en la noche,
casi sin ruido, ceremonias o escolta, se deposite el cadáver en el cementerio”. El cementerio
al que los sacerdotes se referían era la Huesa Común del Arsenal de la Carraca. Ante esta
cruda y efectiva realidad: “Sobre el cuerpo yerto de su amo, Pedro José Morán, que carece
de jerarquía para discutir con tan sabios teólogos, tiende un lienzo piadoso y vierte sus
sencillas lágrimas”. Cipriano Heredia. La gloria de Miranda. (El Nacional), 8 de julio de
2016. A su muerte Pedro José Morán escribió: “En esta fecha, a la una y cinco minutos de
la mañana, entregó su espíritu al Creador mi amado señor Don Francisco de Miranda. No se
me ha permitido por los curas y frailes le haga exequias ningunas, de manera que en los
términos que expiró, con colchón, sábanas y demás ropas de cama, lo agarraron y se lo
llevaron para enterrarlo; de seguidas vinieron y se llevaron todas sus ropas y cuanto era
suyo… para llevarlo”. Oldman Botello. Miranda y Aragua. 16 de julio de
1816 [Link] Este constituye
un parangón histórico, al que jamás se hace referencia en las fuentes, entre las vidas y las
muertes de Francisco de Miranda y Manuel Piar. A los restos mortales de Francisco de
Miranda las autoridades eclesiásticas de España, le aplicaron el 14 de julio de 1816, las
estrictas disposiciones del Ritual Romano de Paulo V (1614), contenidas en el Sacramental
Católico de Exequias, como hizo la Iglesia de Angostura con Manuel Piar, el 16 de octubre
de 1817: Se les negó sepultura eclesiástica y misa exequial; y sus restos fueron depositados
en una Fosa Común. Hildelisa Cabello R. Manuel Piar y su trance al más allá. Pp., 24-25.
Nota N° 37. Sus restos no han podido ser totalmente identificados, entre los muchos que
junto con los de él, fueron sepultados en la Huesa Común de la prisión de la Carraca-
España.
69 Carolina García Alvarado. El Cementerio de los hombres malos.
En: [Link]
malos/
70 Archivo Parroquial de Ibahernando, Cáceres. España.
En: [Link]
71 La Hermandad de la Caridad, surge en España con los Reyes Católicos en 1487. Su
misión era la de socorrer a los ancianos, enfermos y desamparados, dar cobijo a los
transeúntes, enterrar a los que morían en abandono; muy especialmente, asistir material y
espiritualmente a los ajusticiados, procurándoles una sepultura digna. Según reportan las
fuentes los hermanos de la caridad, agrupados en cofradías, tuvieron una presencia efectiva
de acompañamiento a los sentenciados a muerte. Durante los siglos XVII al XVIII los datos
y registros que aportaban las actas que levantaban fue muy importante en los procesos de
los sentenciados y en el desarrollo de las ejecuciones públicas en España, en ese período.
Marión Reder. Ob. Cit. p. 285. Ramón Díaz Sánchez dice que en España la cofradía
adquirió una duplicidad significativa: es hermandad o cofradía religiosa y gremio de mutuo
auxilio, es decir, expresión social de la fe y organismo protector de las clases trabajadoras.
En Venezuela, las cofradías religiosas adquirieron respeto y auge en el pueblo, y fue de
gran influencia a todo lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Ramón Díaz Sánchez,
Evolución Social de Venezuela (hasta 1960). En Venezuela Independiente. P. 187. Para
Ermila Troconis de Veracoechea, la Cofradía es una congregación o hermandad autorizada
por la Iglesia, que tiene como finalidad reunir un número determinado de cófrades para
realizar obras de carácter piadoso. Agrega que en la época colonial tenían una profunda
injerencia en los asuntos espirituales, pero también era importante su participación en el
campo de lo social y económico. Ermila Troconis de Veracoechea. Las Obras Pías en la
Iglesia Colonial de Venezuela., p. 21.
72 Hildelisa Cabello R. Ob. Cit., p., 32.
73 Ildefonso Adeva. Pecador Público.
En: [Link]
74 Américo Fernández. Ob. Cit., P. 89.
75 Manuel Palacio Fajardo. Médico, abogado, político, diplomático. Nacido en Barinas en
1784 y fallecido en Angostura el 8 de mayo de 1819. Diputado al Congreso de 1811 y
firmante del acta de independencia. Luego de la caída de la primera república (1812), se
traslada a Nueva Granada, desde donde es enviado en misión diplomática a Estados Unidos
y Europa (Londres, Paris). En Europa permaneció hasta 1818. En 1817 publicó en Londres
un libro: Outline of the Revolution América Spanish, que fue traducido al francés y al
alemán. En 1818 logra apoyo en Inglaterra para la revolución. Retorna a Venezuela. Llega
a Margarita y pasa a Angostura. Se incorporó a la vida política, fue colaborador del Correo
del Orinoco. El 26 de febrero de 1819 fue designado Ministro de Estado y Hacienda.
Revisó y realizó observaciones al texto del Discurso de Angostura, a solicitud del
Libertador. Además, éste le encargó la supervisión de la edición de este discurso. Su
brillante labor en el Gobierno fue interrumpida por su muerte el 8 de mayo de 1819, en
Angostura. Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Tomo P-Z.P., 21.
76 Hildelisa Cabello R. Ob. Cit., p., 33
77 Está suficientemente documentada la imposibilidad de localizar, por ende, exhumar los
restos del general Manuel Piar del lugar en el que, según las fuentes históricas tradicionales,
fue enterrado el 16 de octubre de 1817. Las gestiones realizadas para localizarlos fueron
encomendada a una Comisión Científica, cuyas excavaciones fueron dirigidas por el
experimentado médico y arqueólogo venezolano Eduardo Jhan, sin resultados positivos.
Américo Fernández. Ciudad Bolívar a grandes rasgos, pp. 40 a 43.
78 Ana R. Rabazo Vinagre. Muerte y Pérdida de Identidad. P. -369-371.
79 Fosa Común: Lugar donde se entierran los restos humanos exhumados de sepulturas
temporales, o los muertos que, por cualquier otra razón, no pueden enterrarse en sepultura
propia. Sepultura sin identificación”. En: [Link]
page=diccionario
80 Hildelisa Cabello Requena., p., 41.
81 Ramón Diaz Sánchez. Evolución social de Venezuela (hasta 1960). En Venezuela
independiente. Fundación Mendoza., p.191.
82 Hildelisa Cabello R. Ob. Cit., p. 36.
83 Texto de la sentencia: El 15 de octubre de 1817, fue acusado de: insubordinación al
gobierno y a la suprema autoridad, conspiración contra el orden y la tranquilidad pública,
sedicioso y desertor. El Consejo de Guerra, fue presidido por el Almirante Luis Brión e
integrado por: José Antonio Anzoátegui, Pedro León Torres, José Ucroz, José María
Carreño, Judas Tadeo Piñango, Francisco Conde. El General Carlos Soublette, fue
designado Juez Fiscal y José Ignacio Pulido, Secretario.
84 Entre otros se pueden citar: La Proclama del Libertador del 5 de agosto de 1817. En esta
además de acusarlo por primera vez de conspirador, hace referencia de manera peyorativa a
su condición de extranjero, el origen mestizo de su madre, etc.…:” Nacido en un país
extraño, de una madre que tampoco es venezolana y de un padre canario, ningún
sentimiento de amor ha podido recibir al nacer menos aún en el curso de su educación.
Engreído el general Piar de pertenecer a una familia noble de Tenerife ¡!!que horrible
escándalo!!! negaba conocer el infeliz seno que había llevado este aborto en sus entrañas…
(…) Quien no supo amar, servir y respetar a los autores de sus días no podía someterse al
deber de ciudadano y menos aún al más riguroso de todos, el militar”. Ver texto completo
en: Manuel Alfredo Rodríguez. Bolívar en Guayana. P. 106. En la exposición de los cargos
por el Juez Fiscal, Carlos Soublette, citamos: “Vistas las declaraciones, cargos y
confrontaciones contra Manuel Piar, General en Jefe de ejército, acusado de insubordinado
al gobierno, de conspirador contra el orden social y de desertor; encuentro de absoluta
necesidad detallar con alguna extensión mi dictamen, y exponer lo que resulta del proceso.
Se trata de examinar una causa de la primera importancia y trascendencia. El reo es un jefe
que ha obtenido el más eminente grado en la honrosa carrera de las armas; y la parte es la
República. Ninguna fatiga debe evitarse para investigar la verdad de los crímenes que se le
imputan; pues, aunque ni mi honor, ni mi deber permiten que transforme al inocente en
criminal, tampoco toleraré que no satisfaga la vindicta pública”. Luego puntualiza: “El
primero y más esencial cargo que resulta contra Manuel Piar, es el de haber proyectado una
conspiración para destruir el actual gobierno, y asesinar a los hombres blancos que sirven la
República. Para este proyecto ha convocado a los hombres de color, los ha querido alucinar
con la falsa idea de se hallaban reducidos al último grado de abatimiento, ha intentado
armarlos presentándose él mismo como pardo, y no obstante sus servicios, perseguido por
sola esta circunstancia; para animarlos les ha hecho una falsa exposición de los medios que
tenía para realizar su designio. (Fragmentos). Bartolomé Tavera Acosta. Anales de
Guayana, p. 217. La Proclama del Libertador del 17 de octubre de 1817: “SIMÓN
BOLÍVAR, Jefe Supremo de la República de Venezuela. A los soldados del Ejército
Libertador: Soldados: Ayer ha sido un día de dolor para mi corazón. El general Piar fue
ejecutado por sus crímenes de lesa patria, conspiración y deserción. Un tribunal justo y
legal ha pronunciado la sentencia contra aquel desgraciado ciudadano, que, embriagado con
los favores de la fortuna y por saciar su ambición, pretendió sepultar su patria entre sus
ruinas. El general Piar, a la verdad, había hecho servicios importantes a la República, y
aunque el curso de su conducta había sido siempre la de un faccioso, sus servicios fueron
pródigamente recompensados por el Gobierno de Venezuela. Nada quedaba que desear a un
jefe, que había obtenido los grados más eminentes de la milicia. La segunda autoridad de la
República, que se hallaba vacante de hecho, por la disidencia del general Mariño, iba a
serle confiada antes de su rebelión; pero este general que sólo aspiraba al mando supremo,
formó el designio más atroz que puede concebir un alma perversa. No sólo la guerra civil
sino la anarquía y el sacrificio más inhumano de sus propios compañeros y hermanos, se
había propuesto Piar. ¡Soldados! Vosotros lo sabéis: la igualdad la libertad y la
independencia son nuestra divisa. ¿La humanidad no ha recobrado sus derechos por
nuestras leyes? ¿Nuestras armas no han roto las cadenas de los esclavos? ¿La odiosa
diferencia de clases y colores, no ha sido abolida para siempre? ¿Los bienes nacionales, no
se han mandado repartir entre vosotros? ¿La fortuna, el saber y la gloria no os esperan?
¿Vuestros méritos, no son remunerados con profusión o por lo menos con justicia? ¿Qué
quería, pues, el general Piar para vosotros? ¿No sois iguales, libres, independientes, felices
y honrados? ¿Podía Piar procuraros mayores bienes? ¡No, no, no! El sepulcro de la
República lo abria Piar con sus propias manos, para enterrar en él la vida los bienes y los
honores de la inocencia, del bienestar y de la gloria de los bravos defensores de la libertad
de Venezuela; de sus hijos, esposas y padres. EL cielo ha visto con horror a este cruel
parricida; el cielo lo entregó a la vindicta de las leyes, y el cielo ha permitido que un
hombre que ofendiera a la Divinidad y al linaje humano no profanase más tiempo la tierra
que no debió sufrirlo un momento después de su nefando crimen. ¡Soldados! El cielo vela
por vuestra salud; y el gobierno que es vuestro padre sólo se desvela por vosotros. Vuestro
Jefe, que es vuestro compañero de armas y que siempre a vuestra cabeza ha participado
siempre de vuestros peligros y de vuestras miserias como también de vuestros triunfos,
confía en vosotros. Confiad, pues, en él seguros de que os ama más que si fuera vuestro
padre o vuestro hijo. Cuartel General de Angostura 17 de octubre de 1817.-7°Simón
Bolívar".
85 Vease nota de este artículo N°. 13
86 Véase nota N°. 71, sobre la Hermandad de la Caridad.
87 Existieron cofradías en El Tocuyo, Caracas, Barquisimeto, Maracaibo, San Sebastián de
los Reyes, Trujillo, Mérida, Carora. Troconis de Veracoechea, Ermila. Las Obras Pías en la
Iglesia Colonial de Venezuela. P. 21
88 Ana R. Rabazo Vinagre. Muerte y Pérdida de Identidad. P. -369-371.
89 Hildelisa Cabello R. Ob. Cit., p. 38
90 Eduardo Blanco, Venezuela Heroica., P. 240. E. Blanco publicó Venezuela Heroica en
1881, con prólogo de José Martí. Fue alumno de Juan Vicente González, y junto con éste
representó un símbolo literario del culto a la patria, la epopeya independentista,
otros. Referencia: Actas y Decretos del Concilio Plenario de la América Latina, celebrado
en Roma el año del señor de mdcccxcix (1906). Roma: Tipografía Vaticana; 593 pp. Iglesia
Católica. Ritual Romano de Pablo V. (1993). Rituale Romanum Pauli V Pontificis Maximi
Jussu editum aliorum que pontificum cura recognitum atque auctoritate Sanctissimi D. N.
Pii Papæ XI ad normam Codicis Juris Canonici accomodatum. Romæ, Tornaci, Parisiis.
Desclée & Socii. S. Sedis Apostolicæ et S. Rituum Congregationis Typographi; 388 pp.
Código de Derecho Canónico de 1917. Miguélez Domínguez, Lorenzo, Sabino Alonso
Morán y Marcelino Cabreros de Anta. Código de Derecho Canónico y Legislación
complementaria. Libro III, De las cosas, Segunda Parte, De los lugares y tiempos sagrados,
Sección I, título XII, Cap. I. Canon 1204. Informe del gobernador Pedro Volasteros (1832).
Sobre las estadísticas de Guayana. En: José Antonio Armas Chitty, Guayana, su historia y
su gente. Tomo 2. Apéndice. Documental. N° 19. Instrucción Pastoral del Episcopado
Venezolano al Clero y Fieles de la República (1905). Caracas: Tipografía La Religión; 324
pp. Novísima Recopilación de las Leyes de España. (1805). Madrid. 6 tomos. (Edición
facsimilar y digital del 20/04/2006). Constituciones Sinodales del Obispado de Venezuela,
y Santiago León de Caracas. Hecha en la Santa Iglesia Catedral de dicha ciudad de Caracas,
en el año del Señor de 1687. (1848), Caracas. Recopilación de Leyes de los Reinos de las
Indias [1791]. Madrid: Consejo de la Hispanidad, 1943. 3 tomos. Armas Chitty, J. A.
(1964). Guayana, su tierra y su historia. Edición de la Corporación Venezolana de Guayana
y Ministerio de Obras Públicas. Caracas. 2 tomos. Blanco. E. (1983). Venezuela Heroica.
Caracas. Pp. 343. Blanco, J. F y Azpúrua, R. (1977). Documentos para la historia de la vida
pública del Libertador. Edición de la presidencia de la república. Cabello Requena, H.
MANUEL PIAR…y su trance al más allá. Editorial Miranda. Villa de Cura. Estado
Aragua. 48 pp. Cabello Requena, H. MANUEL PIAR (2018). El papel Protagónico de
Guayana en la Independencia Suramericana. Editorial Miranda, Villa de Cura-Aragua, pp.
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