3.
- La Adoración Eucarística reparadora Vocacional
Monición:
<<En medio de vosotros está uno, a quien no conocéis>> (Jn 1,26).
Esta exclamación que brotara de labios del Precursor, con dejos de tristeza y
amargura, sería la exclamación propia de nuestros tiempos, referida a la presencia de
Jesucristo en la Eucaristía.
En medio de los hombres vive Jesús Sacramentado, pero una gran mayoría lo
ignoran. Está en el mundo y el mundo no le conoce (Jn 1,10).
¡Cuánta ignorancia reina entre los hombres acerca del Misterio de la Eucaristía!
Que se halle Jesús Sacramentado en medio de nosotros, en nuestros Templos y
Sagrarios, día y noche, a todas las horas, y que no sea conocido, es sobremanera
lamentable, inconcebible.
Da grima y causa honda amargura pensar en el número considerable, crecidísimo, de los
que desconocen el Misterio del Amor Eucarístico, o poseen un falso o inadecuado
concepto de él.
V. J. ± V. M.
En la humilde y pobrísima cuna ¡Bienvenida seas
De una oscura naciente parroquia con tu alta misión
En la fiesta del alma patrona a nuestras parroquias,
De la ilustre Valencia del Cid, santa Institución
El once del mayo florido la Virgen Santa
Por azahar, clavel, rosa y jazmín de la Presentación
Sin boato, sin fausto, ni ruido será nuestro modelo
Nacería una Obra nuestra protección!
Al servicio del templo cristiano.
Monición:
En las mismas personas que asisten a la Misa, y reciben la Comunión, y visitan
el Sagrario, y adoran a Jesús Sacramentado ¿existe un conocimiento verdadero del
Sacrificio y Sacramento de la Eucaristía? No en todas, confesémoslo con acibarado
dolor.
Los asistentes asiduos a la Misa, los frecuentadores de la Comunión, los
visitadores habituales del Sagrario, los adoradores de la Eucaristía, ya religiosos, ya
seglares, ora diurnos, ora nocturnos, o de cualquier clase que sean, vienen obligados a
conocer con perfección, y para ello a estudiar y sondear, el Misterio del Amor
Eucarístico.
La ignorancia o deficiente instrucción sobre la Eucaristía ¿no será para Jesús la
mayor de las aflicciones en este Sacramento del Amor? No cabe dudarlo.
Es por ello que dicha ignorancia exige, más que ninguna otra cosa, reparación y
desagravio. Más que el no ser recibido en la Comunión, más que el no ser visitado en su
Sagrario, más que el no ser adorado en este Misterio, más que el no ser atendido en
cuanto a la limpieza y ornato, causa hondo pesar a Jesús Sacramentado el no ser
suficientemente conocido en el Sacramento de su Amor e Inmolación.
Aparte de que la ignorancia origina los múltiples olvidos, abandonos, tibiezas y
desatenciones de todo género para con Jesús Sacramentado.
¡En medio de nosotros está uno a quien no conocemos bastante! ¡Jesús
Sacramentado!¡El Dios desconocido de los paganos es el Dios Sacramentado de los
cristianos!
HIMNO DE LAS PROFESAS PRESENTACIONISTAS
Responsorial: Con los lazos sagrados vinculada,
Rebosante de gozo el corazón,
Al Señor y a su Templo consagradas Pobre, casta, obediente Desposada
Por los votos de santa Profesión, con Jesús seré (soy) en esta religión.
Venturosa me veo incorporada
A una egregia y preclara Institución. R/. Te damos gracias, Señor.
R/. Te damos gracias, Señor. De Jesús y María enamorada
(En Jesús y María confiada),
De las glorias mundanas alejadas, Siempre fiel a mi santa vocación,
Que son vana y efímera ilusión, Correré tras sus pies, alborozada,
De por vida seré una Presentada (Correré tras sus plantas consolada)
-Cual María en su gran Presentación-bis. A la eterna beatífica Mansión.
R/. Te damos gracias, Señor. R/. Te damos gracias, Señor.
Reflexión:
Después de la Encarnación del Verbo divino, el hecho más trascendental de la
historia humana es sin duda la Eucaristización del Verbo encarnado.
Aún más. La Eucaristización del Verbo encarnado viene a ser, así lo afirman los
Doctores de la Iglesia,-una repetida y continuada Encarnación. ¡La Eucaristización de
Jesús! Realidad esplendente y clamorosa. No obstante pasa inadvertida, inconsiderada,
desaprovechada para muchos.
Los infieles o paganos, que son la mayor parte de la humanidad, ignoran la
Realidad eucarística y la profanan.
Entre los cristianos o fieles, un número muy considerable de herejes y
cismáticos, no adoran el Misterio eucarístico, no admiten la Realidad, antes al contrario
la impugnan y vilipendian. Muchos católicos, aunque admitan la Realidad y el Dogma,
tienen una fe tan lánguida, que viven y obran como si tal Realidad no existiese. No
adoran la Eucaristía.
Y todavía, de los adoradores de la Eucaristía es preciso descontar a no pocos que
adoran con frialdad y tibieza, y cuya fe y adoración no influye en su vida cristiana.
En suma, La mayoría de los hombres o no creen, o no adoran, o no viven la
sublime Realidad Eucarística.
¡Qué cifras más escalofriantes! ¡Qué cuadro más lúgubre y aterrador!
Es cierto que por toda la redondez de la tierra se haya extendido el culto a Jesús
Sacramentado; que en cualquier parte del globo existe algún adorador del Santísimo
Sacramento; y que el Sacrificio Eucarístico, la Santa Misa, se ofrece sin interrupción en
el mundo, ya en un lugar ya en otro. Mas esto, que pone un rayo de luz en el cuadro
sombrío que el mundo presenta y mitiga un tanto el dolor que tortura al Corazón de
Jesús Sacramentado, no anula el hecho tristísimo que apuntamos del número reducido
de verdaderos adoradores de la Eucaristía.
Con todo y ser esto verdad, lejos de abatirnos debemos exclamar, llenos de santo
optimismo: <<¡Oh feliz culpa!>>. La culpa y apatía de los que no adoran,
menosprecian, maltratan la Santa Eucaristía, ha suscitado en la Iglesia miles de
reparadores que adoran por sí mismos y por los que no adoran. ¡Qué bella y excelente es
la Reparación eucarística! ¡Cuántos honores y consuelos proporcionan a Jesús
Sacramentado! ¡Cómo multiplica los homenajes y actos solemnes al Misterio de la
Eucaristía!
Silencio
Pues bien, si no hubiera agravios, no habría desagravios; si no hubiera ofensores,
no habría reparadores. De la muchedumbre de los que olvidan, menosprecian, injurian a
Jesús en el Sacramento de su Amor, surge esa numerosa y gloriosa pléyade de almas
reparadoras.
Lamentable culpa, inexplicable culpa, culpa es sin duda olvidar, abandonar,
agraviar a Jesús Sacramentado, pero, al fin, ¡feliz culpa!
¡Amor y Reparación frente a la indiferencia y el odio! ¡Cuánto más acérrimo y
actuantes veamos a los enemigos del Santísimo Sacramento, más valientes, aguerridos y
ardorosos debemos de ser sus amigos!
Entre las fiestas propias de algunos lugares se encuentra la del “Corazón
Eucarístico de Jesús”.
La doctrina y devoción al Sagrado Corazón de Jesús, para nuestra dicha, están hoy
día bastante extendidas. No lo están tanto la doctrina y devoción al Corazón Eucarístico.
Si bien es cierto en que la devoción al Corazón de Jesús se comprende cuanto al
Divino Corazón dice referencia, pero la devoción a su Corazón Eucarístico ofrece un
matiz digno de notarse, merecedor de nuestra atención.
La devoción al Corazón de Jesús en general estriba, como es bien sabido, en
honrarle, agradecerle y amarle, por cuanto es el símbolo de su infinito Amor a los
hombres, y fue instrumento de este Amor, causa de innumerables beneficios, fuente
inagotable de favores de todo orden.
La devoción al Corazón Eucarístico de Jesús viene a ser una particularidad dentro
de la devoción general y requiere detallarse y ser puesta de relieve.
El culto especial que la Iglesia dedica al Corazón Eucarístico de Jesús nos hace
considerar a este Deífico Corazón como motor e inspirador de la admirable institución
de la Sagrada Eucaristía, en la que puso de manifiesto su Amor llevado al extremo.
Silencio
Es la Eucaristía el máximo beneficio dispensado por Jesús; la prueba más clara y
convincente de su Amor a los hombres. Es por otra parte compendio de todas las
maravillas, síntesis de todos los beneficios que nos ha prodigado, medio de aplicación
de las inestimables gracias de todos los estados y misterios de la vida de Jesús.
Contiene la Eucaristía un memorial perenne del estimabilísimo beneficio de su
Pasión y Muerte, a la vez que, una participación continua, diaria, de los preciosísimos
frutos de su Redención.
Todas las almas, desde cualquier latitud del globo terráqueo, a través de la
Eucaristía, participan de la obra Redentora de Jesucristo.
La Santa Iglesia, por tanto, no podía omitir ese culto especial al Corazón de Jesús
en su manifestación de Amor Eucarístico.
El culto y fiesta especial del Corazón Eucarístico de Jesús, tiene lugar el jueves
después de la Octava del Corpus Christi, o sea, el jueves infraoctavo del Corazón de
Jesús. Quiere la Iglesia por este medio excitar más y más a los fieles a que se acerquen
confiados a este Santísimo Misterio y que los corazones ardan cada día más en las
llamas de divina caridad que abrasaban al Sagrado Corazón de Jesús, cuando, por su
infinito Amor, instituyó la Santísima Eucaristía, en que ese mismo divino Corazón los
guarda y los ama… En este Sacramento de la Divina Eucaristía, Jesús se ofrece y se da
a nosotros como víctima, y compañero, y alimento, y viático, y prenda de la gloria
futura”.
Silencio
Es en la Hostia Santa donde singularísimamente hemos de adorar al Corazón de
Jesús; al Corazón de carne, vivo y palpitante. No al Corazón imagen o recuerdo, sino al
propio Corazón, real y verdadero; al que latió dentro de su pecho durante su vida
terrena; al que adoran los compresores beatos en la gloria. De la Eucaristía partieron
estas voces de acento quejumbroso y amargo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado
a los hombres…” El Corazón que sigue amando y entregándose.
Pero el Corazón Eucarístico de Jesús no recibe de la mayor parte de los amados
sino indiferencia, ingratitud, injurias.
La esencia de la devoción y culto al corazón de Jesús es ésta: Amor y Reparación.
Y la de la devoción y culto a su Corazón Eucarístico: Amor y Reparación en la
Eucaristía.
Recurramos a María Santísima, cuyo Corazón tanto amó. Adoró, correspondió y
desagravió al Corazón Eucarístico de Jesús. Supliquémosle revista nuestro corazón de
los sentimientos, afectos y amores que embargaban su maternal Corazón.
Practiquemos en unión suya la devoción al Divino Corazón. “Adoremos,
agradezcamos, supliquemos y consolemos con María Inmaculada al Sacratísimo y
amabilísimo Corazón Eucarístico de Jesús.
PRECES POR LAS VOCACIONES
Preste.- Oremos hermanos, en esta celebración por todas las familias cristianas, de cuyo seno
Dios ha de suscitar las vocaciones sacerdotales, religiosas y apostólicas que la
Iglesia necesita para salvar el mundo de hoy.
Lector.- Para que todos los padres y madres sepan renunciar a sus preferencias personales y
ayuden a sus hijos con desinterés, respeto y prudencia en la elección del estado, roguemos al
Señor.
Pueblo.- Te pedimos óyenos.
Lector.- Para que sean colaboradores del Señor cultivando la vocación propia de cada uno de
sus hijos, y con cuidado especial la vocación sagrada del sacerdocio o a la vida consagrada,
roguemos al Señor.
Pueblo.- Te pedimos, óyenos.
Lector.- Para que cada una de nuestras familias, animadas del espíritu de la fe, aridad y piedad,
sea como el primer seminario en el que cada uno de los hijos descubra su puesto de servicio
personal a la Iglesia, roguemos al Señor.
Pueblo.- Te pedimos, óyenos.
Preste.- OREMOS.- Envía, Señor, te pedimos, vocaciones para tu pueblo, suscitadas en el
ambiente cristiano de nuestras familias, para que en toda la tierra tus hijos sean conducidos por
los caminos del bien y para que tu sacrificio sea constantemente ofrecido para la salvación de
todos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.