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75 Años de la Prelatura de Moyobamba

Este documento conmemora el 75 aniversario de la creación de la Prelatura de Moyobamba. Resume brevemente la historia de la Prelatura, destacando que fue creada en 1948 y ha experimentado varios cambios territoriales a lo largo de los años. El documento también describe la fe de la gente de la región como arraigada en la historia de la Prelatura y enfatiza la celebración del jubileo para conmemorar los 75 años.

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75 Años de la Prelatura de Moyobamba

Este documento conmemora el 75 aniversario de la creación de la Prelatura de Moyobamba. Resume brevemente la historia de la Prelatura, destacando que fue creada en 1948 y ha experimentado varios cambios territoriales a lo largo de los años. El documento también describe la fe de la gente de la región como arraigada en la historia de la Prelatura y enfatiza la celebración del jubileo para conmemorar los 75 años.

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CARTA PASTORAL

75 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA PRELATURA DE MOYOBAMBA


Fe arraigada en la historia

Queridos hermanos sacerdotes, religiosas y fieles laicos de nuestra Prelatura:

¡Gracia y paz!

Un poco de historia
La prelatura territorial de Moyobamba es una determinada porción del pueblo de Dios, una Iglesia
particular, delimitada territorialmente, cuya atención se encomienda por especiales circunstancias, a
un Obispo Prelado, que la rige como su pastor propio (Cfr. CDC, canon 370).
Con el término “Iglesia” se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de
la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos
hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo.
La Iglesia es católica, es decir universal, en cuanto en ella Cristo está presente: “Allí donde está Cristo
Jesús, está la Iglesia Católica” (San Ignacio de Antioquía). La Iglesia anuncia la totalidad y la
integridad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada en
misión a todos los pueblos, pertenecientes a cualquier tiempo o cultura.
Es católica toda Iglesia particular, como es la prelatura de Moyobamba, formada por la comunidad
de los cristianos que están en comunión, en la fe y en los sacramentos, con su obispo ordenado en la
sucesión apostólica, y con la Iglesia de Roma, “que preside en la caridad” (San Ignacio de Antioquía).

La Prelatura de Moyobamba fue creada por el Papa Pío XII el 7 de marzo de 1948 con la “Bula
Romanus Pontifex” con todo el territorio del departamento de San Martín, segregándolo de la diócesis
de Chachapoyas, haciéndola sufragánea de la arquidiócesis de Trujillo y confiada a la Congregación
de los Religiosos Pasionistas, que habían llegado para el servicio pastoral de las parroquias del
departamento de San Martín en 1913.

Por el Decreto Consistorial del 12 de junio de 1958, el mismo Pontífice segregó de la Prelatura los
distritos de Huimbayoc, Navarro, Pelejo y Pongo y los unió al vicariato apostólico de Yurimaguas,
para una mejor atención pastoral.

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Asimismo, por acuerdo pastoral entre los obispos de Huánuco y de Moyobamba, con fecha 19 de
mayo de 1985, se encomendó la atención pastoral de las parroquias de Tocache y de Uchiza de la
prelatura de Moyobamba a la diócesis de Huánuco.

Desde septiembre del 2004 la Prelatura se encomienda al cuidado pastoral de la Archidiócesis de


Toledo – España.

La Congregación para los Obispos, mediante decreto de fecha 26 de abril del 2007, separa de la
prelatura de Moyobamba, el territorio íntegro de la provincia civil de Tocache y se añade a la diócesis
de Huánuco, quedando, por este motivo, cambiados los límites de una y otra circunscripción
eclesiástica.

Actualmente la Prelatura de Moyobamba comprende una superficie de 39.417 Km. y se extiende


dentro del departamento de San Martín. La prelatura de Moyobamba tiene como Patrono al Apóstol
Santiago.

Al celebrar este jubileo siento el deber de dirigirme a todos ustedes, queridos hermanos. Es preciso ahora
aprovechar el tesoro de gracia recibido en los tiempos anteriores, a través de la Congregación Pasionista,
especialmente, de otros hermanos y hermanas de otras congregaciones religiosas y de tantos fieles laicos
que se han gastado y se gastan en un servicio de amor al Señor y al ser humano.
«Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8). Esta palabra resuena también hoy para nosotros
y nos invita a recordar con gratitud el pasado de nuestra Prelatura, a vivir con pasión el presente y a
abrirnos con confianza al futuro: Agradezcamos con todo nuestro corazón la vida y la misión de nuestros
obispos que nos han precedido con la señal de la fe, la de los sacerdotes religiosos de diversas
congregaciones y diocesanos que han ejercido su ministerio entre nosotros, la de las religiosas que
viviendo sus carismas fundacionales han aportado a esta Iglesia particular las riquezas de sus
espiritualidades y la pasión por la evangelización, la de tantos hermanos laicos que con su acción
apostólica en las ciudades y en las comunidades rurales hacen presente la misión de la Iglesia: en el
ámbito espiritual y en el temporal.
Mención especial merece nuestro monseñor, el Venerable Martín Fulgencio Elorza Legaristi, C.P.,
cuyo proceso de beatificación sigue adelante en la espera de que el Señor realice un milagro por su
intercesión. Un hombre, religioso, sacerdote y obispo excepcional. Sencillamente un religioso que
fundamentó su vida en hacer, en todo y siempre, la voluntad de Dios, que entregó su vida a Jesucristo,
fascinado por su pasión y su entrega de amor hasta el extremo y se dejó guiar por Él en todo momento
de sus 67 años de vida.
Como Prelado de Moyobamba, desde el principio dedicó gran parte de su tiempo a las visitas
pastorales a todos los lugares de la Prelatura. Vivió desvelado por la promoción de las vocaciones
sacerdotales propias de la región. Se preocupó de llamar a incorporarse a la misión a congregaciones
religiosas femeninas para atender la gran carencia que se daba en la educación, así llegaron las
Hermanas Compasionistas y las Mercedarias de la Caridad; de la misma manera, para superar el
analfabetismo en los adultos, creó la Escuela parroquial de alfabetización. Procuró que la enseñanza
de la religión católica en las escuelas fuera de calidad y, para que esto diera fruto, se empeñó en la
formación de maestros idóneos. Para que el mensaje de Cristo llegase a los niños y jóvenes se dedicó
a la formación de catequistas que fueran capaces de transmitir de un modo abierto e intenso su fe;
también creó los certámenes catequísticos con la finalidad de estimular a los maestros y escolares en
el estudio de la asignatura de Religión. Tuvo que afrontar la construcción de la catedral de
Moyobamba, la casa prelaticia y muchos edificios de culto, en las ciudades y en los caseríos. La
pastoral social estaba centrada en la relación con Cáritas, a través de esta institución se avanzó en la

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creación de dispensarios médicos para la atención de la población más necesitada y se luchó contra
la desnutrición y la anemia, causas de muchas enfermedades.
Es el momento de que nuestra Iglesia, reflexionando sobre lo que el Espíritu Santo ha dicho al Pueblo de
Dios en este período de tiempo que va desde la creación de la Prelatura hasta ahora, analice su fervor y
recupere un nuevo impulso para su compromiso espiritual y pastoral.
Las experiencias vividas en el pasado por todos los que nos han precedido, tanto las positivas como
las negativas, deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo, empujándonos a emplear el
entusiasmo en iniciativas concretas. Ahora tenemos que mirar hacia adelante confiando en Cristo.

75 años de una fe arraigada en la historia

En esta todavía pequeña historia de la Prelatura la fe cristiana va echando raíces en los corazones de
las gentes de este pueblo en la región de San Martín y a través de los creyentes la fe ha ido
impregnando las familias, las costumbres, la cultura y las instituciones humanas.

La fe es una virtud, una disposición habitual y firme para hacer el bien, es una virtud teologal porque
tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo. Infusa en el hombre con la gracia
santificante, nos hace capaces de vivir en relación con la Santísima Trinidad, y fundamenta y anima
la acción moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas. Es la garantía de la presencia y de la
acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Por la fe creemos en Dios y en todo lo que
Él nos ha revelado, y que la Iglesia nos propone creer. Por la fe nos unimos libremente a Dios y
confiamos en Él; por ello, el que cree trata de conocer y hacer la voluntad de Dios. La fe se
fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de la caridad» (Ga 5,6); y está en continuo
crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos
hace pregustar desde ahora el gozo del cielo.

La fe es un acto personal es respuesta libre del hombre a Dios que se nos da a conocer. Pero, al mismo
tiempo, es un acto eclesial, por eso decimos que creemos, porque es la Iglesia quien cree, de tal modo
que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta la fe de cada uno: por esto la
Iglesia es Madre y Maestra. «Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre»,
decía San Cipriano.

La Iglesia, aunque formada por personas diversas por razón de lengua, cultura y ritos, profesa con
voz unánime la única fe, recibida de un solo Señor y transmitida por la única Tradición Apostólica.
Profesa un solo Dios - Padre, Hijo y Espíritu Santo – e indica un solo camino de salvación. Por eso,
creemos, con un solo corazón y una sola alma, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios
escrita o transmitida y es propuesto por la Iglesia para ser creído.

Estamos de jubileo
El jubileo es una celebración que de ordinario tiene lugar cada 25 años, es un tiempo en que se
concede gracias espirituales singulares como la indulgencia plenaria a los fieles que cumplen
determinadas condiciones. El jubileo católico puede ser ordinario o extraordinario. El jubileo
ordinario es el celebrado en los intervalos preestablecidos mientras que el jubileo extraordinario es el
proclamado como celebración de un hecho destacado.
Este jubileo comienza el 7 de marzo con la celebración de la Santa Misa en la catedral de Moyobamba,
siguiéndole a esta la dedicación del santuario de la Virgen de la Natividad de Tabalosos y su
aprobación como santuario prelatural el día 11 de marzo y la apertura en las parroquias de la Prelatura
el siguiente domingo, 12 de marzo. Se clausurará, Dios mediante, el 25 de noviembre del presente
año.

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La indulgencia plenaria

Es mi deseo, queridos fieles, que todos conozcan la maravillosa riqueza espiritual que se contiene en
la gracia de las indulgencias plenarias. La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están
estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la Penitencia.

"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en
cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por
mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con
autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos" (San Pablo VI, Const.
ap. Indulgentiarum doctrina, normas 1).

"La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte
o totalmente" (Indulgentiarum doctrina, normas 2). "Todo fiel puede obtener para sí mismo o aplicar
por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias" (CIC can
994).

Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una
doble consecuencia. El pecado mortal nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace
incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la "pena eterna" del pecado. Por otra parte, todo
pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea en
eta vida, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo
que se llama la "pena temporal" del pecado. Estas dos penas deben ser concebidas como algo que
brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede
llegar a la total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena (cf. Concilio de
Trento).

Cuando recibimos el perdón de Dios y se restaura nuestra comunión con Él quedamos redimidos de
las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. Por eso, debemos
esforzarnos, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día,
enfrentándonos serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del
pecado; debemos aplicarnos, mediante las obras de misericordia y de caridad, con la oración y las
distintas prácticas de penitencia, a despojarnos del "hombre viejo" y a revestirnos del "hombre nuevo"
(cf. Ef 4,24).

Si queremos purificarnos del pecado y santificarnos con ayuda de la gracia de Dios no estamos solos.
Por la comunión de los santos existe entre los fieles, entre quienes ya son bienaventurados como entre
los que expían en el purgatorio o los que peregrinamos todavía en la tierra, una unión de amor y un
intercambio de todos los bienes. En este intercambio admirable, la santidad de uno aprovecha a los
otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás. Así, el recurso a la comunión
de los santos nos permite a los pecadores contritos a estar antes y más eficazmente purificado de las
penas del pecado.

Estos bienes espirituales de la comunión de los santos son las expiaciones y los méritos de Cristo,
nuestro Señor, ofrecidos para que la humanidad quedara libre del pecado y llegásemos a la comunión
con el Padre. Pertenecen a este tesoro las oraciones y las buenas obras de la Santísima Virgen María
y de todos los santos que se santificaron por la gracia de Cristo, siguiendo sus pasos, y realizaron una
obra agradable al Padre, de manera que, trabajando en su propia salvación, cooperaron igualmente a
la salvación de sus hermanos en la unidad del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia.

Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue
concedido por Cristo, interviene en favor de nosotros, sus hijos, y nos abre el tesoro de los méritos
de Cristo, de la Virgen y de los santos para que obtengamos del Padre de la misericordia la remisión

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de las penas temporales debidas por nuestros pecados y nos impulsa a hacer obras de piedad, de
penitencia y de caridad (cf. Concilio. de Trento).

Como los fieles difuntos que se purifican en el Purgatorio participan también de la comunión de los
santos, podemos ayudarles, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las
penas temporales debidas por sus pecados.

Podemos obtener la indulgencia plenaria de la pena temporal por los propios pecados dada por la
misericordia de Dios, aplicable en sufragio de las almas de los fieles difuntos, todos los fieles
verdaderamente arrepentidos, con verdadera aversión al pecado incluso venial, que estemos
confesados debidamente, que hayamos comulgado sacramentalmente y que oremos por las
intenciones del Santo Padre, el Papa, rezando el Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

1. Indulgencias plenarias concedidas todos los días:

Se concede indulgencia plena al cristiano que adora al Santísimo Sacramento durante al menos
media hora.

Se concede indulgencia plena al cristiano que reza el ejercicio piadoso del Vía Crucis.

Se concede indulgencia plena al cristiano que reza el Rosario mariano en la iglesia o en el


oratorio, en la familia, en la comunidad religiosa, en la asociación de los fieles y en general
cuando muchos se reúnen para algún fin honroso.

Se concede indulgencia plena al cristiano que lee o escucha de las Sagradas Escrituras
piadosamente durante al menos media hora.

Se concede indulgencia plena al cristiano que todos los días se propone alcanzar algún fin
religioso (p. ej., fomentar las vocaciones sacerdotales y religiosas, brindar atención pastoral
especial a los enfermos y fortalecer a los jóvenes en la profesión de fe y ayudarlos a llevar una
vida santa, etc.).

2. Indulgencias plenarias concedidas en determinados días:

Se concede indulgencia plena al cristiano que el 1 de enero reza el “Te Deum”.

Se concede indulgencia plena al cristiano que ha participado en varias funciones durante la


Semana por la unidad de los cristianos y ha asistido a la conclusión de la misma semana.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que, todos los viernes del tiempo de Cuaresma, rece
la oración “Oh buen y dulcísimo Jesús”, ante la imagen de Jesucristo Crucificado después de la
comunión.

Se concede indulgencia plena al cristiano que el Jueves Santo, si en la solemne reserva del
Santísimo Sacramento, después de la Misa en la Cena del Señor, recita piadosamente las estrofas
del “Tantum ergo Sacramentum”.

Se concede indulgencia plena al cristiano que en la solemne acción litúrgica del Viernes Santo
de la Pasión y Muerte del Señor participa piadosamente en la adoración de la Cruz; o él mismo
realiza el piadoso ejercicio del Vía Crucis o, mientras lo realiza el Sumo Pontífice y se propaga
con la ayuda de la televisión o la radio, se unió piadosamente a él.

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Se concede indulgencia plena al cristiano que en la solemnidad de Pentecostés reza el “Veni
Creator”.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que asistió piadosamente a la solemne procesión


eucarística en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, ya sea que se realizara dentro del
templo o afuera.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que, en la solemnidad de los santos apóstoles Pedro
y Pablo, lleva piadosamente algún objeto de piedad para que sea bendecido por el Sumo
Pontífice o por un Obispo, y reza el “Credo”.

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas detenidas en el Purgatorio, a los
fieles que todos los días, del primero al ocho de noviembre, visitan devotamente el cementerio
y, o sólo mentalmente, rezan por los difuntos.

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas detenidas en el Purgatorio, a los
fieles que el día 2 de noviembre, Conmemoración de los fieles difuntos, visitan piadosamente
una iglesia u oratorio y rezan allí el Padrenuestro y el Credo.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que el 31 de diciembre reza el “Te Deum”.

3. Indulgencias plenarias concedidas en circunstancias especiales:

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que haya recibido devotamente la Bendición
conferida por el Sumo Pontífice de la Ciudad Santa o por el Obispo confiado a su cuidado
incluso si, debido a circunstancias razonables, no estuvo físicamente presente en los ritos
sagrados, siempre que los ritos mismos, mientras se realizan, con la ayuda de los medios de
comunicación televisivos o radiales, los siguió con una intención piadosa.

Se concede indulgencia plena al cristiano que, durante la celebración de la Vigilia Pascual o en


el aniversario de su bautismo, renueva sus promesas bautismales en cualquier fórmula
legítimamente aprobada.

Se concede indulgencia plenaria a los miembros de la familia, el día en que se realiza la


consagración de los mismos al Sagrado Corazón de Jesús o a la Sagrada Familia de Jesús, María
y José, con una oración ante la imagen de los mismos legítimamente aprobada.

Se concede indulgencia plena a los que celebran los 25, 50, 60 y 70 años de su ordenación
sacerdotal y renuevan ante Dios el propósito de cumplir fielmente los deberes de su vocación, a
los obispos que, en los días 25, 40 y 50 años de su ordenación episcopal, renuevan ante Dios el
propósito de cumplir fielmente los deberes de su estado y a los fieles que asistieron devotamente
a la celebración de la Misa jubilar.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que recibe la Primera Comunión ya los que asisten
piadosamente a esa celebración.

Se concede indulgencia plenaria al sacerdote que celebra la primera Misa ante el pueblo en el
día señalado y a los fieles que asisten devotamente a la misma Misa.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que, durante el tiempo de las sagradas Misiones,
habiendo asistido a varias reuniones, estuvo también presente en la conclusión solemne de las
mismas Misiones.

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Se concede indulgencia plenaria al cristiano que, durante el tiempo de las sagradas Misiones,
habiendo asistido a varias reuniones, estuvo también presente en la conclusión solemne de las
mismas Misiones.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que participa religiosamente en el rito eucarístico


solemne, que suele tener lugar al final de una asamblea eucarística.

Se concede indulgencia plenaria una vez al cristiano que, en el momento de una visita pastoral,
ha asistido a una función sagrada presidida por el Visitador.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que visita y allí recita piadosamente el Padrenuestro
y el Credo:

- Una iglesia catedral en la Solemnidad de su Titular.


- Un santuario establecido por una autoridad competente, ya sea internacional, nacional o
diocesana durante la fiesta de su Titular, o una vez al año, en el día elegido por los
fieles, siempre que participara en la peregrinación que allí se realiza.
- Una iglesia parroquial en la fiesta de su Titular, en el mismo día de la dedicación.
- Una iglesia u oratorio de Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica,
en el día consagrado a su Fundador.

Se concede indulgencia plenaria al cristiano que ha pasado por lo menos tres días enteros en
ejercicios espirituales.

4. En el artículo de la muerte

a). El sacerdote que administra los sacramentos cuando un cristiano se encuentra en una crisis
de vida, no debe dejar de impartirle la bendición apostólica con la indulgencia plenaria que la
acompaña.
b). Pero si no puede asistir un sacerdote, la piadosa Madre Iglesia permite benévolamente al
mismo cristiano fiel obtener la indulgencia plenaria en el momento de la muerte, con tal de que
recite oraciones que rezaba durante su vida; en cuyo caso la Iglesia proporciona las tres
condiciones normalmente requeridas para una indulgencia plenaria.
c). El crucifijo o cruz se usa encomiablemente para obtener esta indulgencia plenaria.
d). Podrá obtener la misma indulgencia plenaria en el momento de la muerte de un fiel cristiano,
aunque ya haya adquirido otra indulgencia plenaria el mismo día.
e). Los fieles deben ser informados con regularidad y frecuencia acerca de esta disposición
saludable de la Iglesia y ser enseñados en la catequesis.

Creemos en la Iglesia

La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela.
Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se
ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. Los creyentes hemos recibido
la fe de otras personas, de nuestros padres, sacerdotes, catequistas…, y a la vez debemos
transmitirla a otros. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra
fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin
ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.

La fe de la Iglesia es anterior a la fe de cada uno, el cual es invitado a adherirse a ella. La Iglesia


es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe. La Iglesia es la primera que, en

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todas partes, confiesa al Señor y con ella y en ella somos impulsados y llevados a confesar
también. Por medio de la Iglesia recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo.

Y puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre. Porque es
nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.

Queridos hermanos, he pensado que la celebración de este 75 aniversario de la creación de la


prelatura de Moyobamba puede ayudarnos a fortalecer nuestra fe en la Iglesia, una, santa,
católica y apostólica y a poner más en evidencia la misión de la Iglesia de ser sacramento
universal de la salvación de Cristo. Estoy convencido de que los católicos en la Prelatura
podremos encontrar en este jubileo la alegría de redescubrir el don de la Iglesia, la hermosa
misión que realiza y comprometernos más con ella y su misión. Todos los discípulos del Señor
somos llamados a dar testimonio con la vida y la palabra a cada hombre de nuestro tiempo.
Sea un tiempo santo, lo queremos vivir a la luz de la palabra del Señor, muy unidos a la Santísima
Virgen María y a los santos. Sea éste un tiempo verdaderamente santo, sea realmente un tiempo
de gracia y de salvación, más intensamente santificado por la aceptación de las gracias que el
Señor nos quiera dar a través de la Iglesia por parte de todos sus hijos, que viven y caminan en
la prelatura de Moyobamba, para la renovación espiritual de todo el pueblo de Dios, que tiene
como cabeza a Cristo que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para
nuestra justificación.

Confiamos este jubileo a partir de ahora a la Madre de la Iglesia, a San José y a San Miguel
Arcángel para que dirijan a nosotros su mirada y velen en nuestro camino.

Suba hasta el Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, la alabanza y el agradecimiento de nuestros
corazones.
Con estos deseos y desde lo más profundo del corazón, imparto a todos mi bendición.

Moyobamba,12 de febrero de 2023

✠Rafael Escudero López-Brea


Obispo Prelado de Moyobamba

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Obtaining a plenary indulgence involves several specific obligations and practices. These include being in a state of grace, having sacramentally confessed, receiving the Holy Eucharist, and praying for the Pope's intentions. True repentance, even for venial sins, is essential. It also necessitates pious actions such as adoring the Blessed Sacrament for half an hour, praying the Stations of the Cross, or devoutly reading the Scriptures. These acts underscore personal devotion and ecclesial unity, reflecting a holistic approach to spiritual renewal and penance .

The concept of indulgences in the Church reveals a profound understanding of divine forgiveness and intercession. It underscores the belief that the Church, through the authority of Christ to bind and loose, facilitates the remission of temporal penalties due to sin. This process involves accessing the merits of Christ, the Virgin, and the saints to gain God's mercy. Indulgences highlight the communal aspect of salvation, where the faithful on earth can aid the souls in purgatory, reflecting the deep interconnectedness in the mystical body of Christ .

Faith plays a central role in the moral and spiritual renewal of individuals by acting as a robust theological virtue, enabling believers to live in communion with the Holy Trinity and animate moral actions. It serves as a driving force behind moral integrity and spiritual life, enriched through engaging with God's word and prayer. This dynamic belief system encourages individuals to cherish divine grace, fostering a transformative journey towards moral excellence and deeper spiritual understanding .

The pastoral mission of the Prelature of Moyobamba is deeply supported by its historical and spiritual legacy. This legacy manifests through the foundational work of dedicated bishops, clergy, and laypeople who, driven by faith and devotion, established initiatives vital for both spiritual and temporal welfare. Historical engagements in community services, educational improvements, and ecclesiastical developments have created a robust framework that propels current and future mission efforts with continued vigor and spiritual depth .

The celebration of the 75th anniversary of the Prelature of Moyobamba is significant for its community as it serves as an opportunity to strengthen the commitment to the Church's mission. It is a time for the faithful to rediscover the gift of the Church, the integrity of its mission, and to engage more deeply with the ecclesial community's spiritual and evangelical pursuits. This jubilee encourages reflection on past achievements and obstacles, reinvigorating faith and aligning the community's focus towards future spiritual growth .

The Prelature of Moyobamba established several educational initiatives to promote catechesis among youth. These included forming catechists capable of effectively transmitting their faith through open and engaging methods. Additionally, the Prelature organized catechetical contests to stimulate both educators and students in the study of religion, aiming to deepen the understanding and enthusiasm for the Catholic faith among young people .

The Prelature of Moyobamba integrates community outreach and social services into its religious mission by collaborating with Cáritas to establish medical dispensaries for the underserved and combating nutritional deficiencies like malnutrition and anemia. These initiatives reflect the Prelature's commitment to addressing both spiritual and temporal needs, embodying the Church's mission of piety, charity, and the promotion of spiritual renewal through practical service .

The document highlights that the Prelature of Moyobamba emphasizes reflecting on past experiences, both positive and negative, as a means to inspire new dynamism in its spiritual and pastoral initiatives. It encourages a forward-looking perspective grounded in confidence in Christ, utilizing historical lessons to fuel enthusiasm and concretely engage in future spiritual commitments. This reflective process is seen as part of the Prelature's ongoing transformation and growth .

The document explains that faith possesses a dual nature; it is simultaneously a personal and ecclesial act. While it involves an individual's free response to God's revelation, it inherently depends on the faith of the Church. This relational dynamic means that while an individual's faith contributes to the broader community, it is also sustained by the collective belief of the Church, highlighting faith as a gift received and shared within the ecclesial body .

Monsignor Martín Fulgencio Elorza Legaristi significantly contributed to educational efforts in the Prelature of Moyobamba. Recognizing a deficiency in education, he invited female religious congregations, such as the Compasionistas and the Mercedarias de la Caridad, to help mitigate this issue. He established the Escuela parroquial de alfabetización to combat adult illiteracy. Additionally, he ensured that religious education was of high quality by focusing on the formation of capable teachers, stimulated through catechetical contests aimed at encouraging both teachers and students in their study of religion .

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