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June 20, 2022
Capítulo 59. Ángeles
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capítulo 59
Ángeles
Te quiero por todo lo que ya hemos compartido, y te quiero anticipadamente
por todo lo que está por venir.
Nicholas Sparks
Diego había retomado un ritmo casi habitual en su rutina de estudio y estaba
especialmente atento a las necesidades de Ángeles. Ella era su prioridad.
Sentía que solo él podría traerla de regreso de la pesadilla vivida y de su
vulnerabilidad. Todas sus acciones le demostraban su amor incondicional y
trataban que ella no sintiera que había manchas invisibles en su cuerpo. La
extrañaba desde la intimidad, pero sabía muy bien que debía darle tiempo.
No la presionaría en ese sentido ni en ningún otro. Poco a poco ella se estaba
recuperando y las largas conversaciones que mantenían los unían cada día
más. Eran el pasado y la promesa de un futuro que los encontraría
:
fortalecidos y felices.
Aquella tarde habían decidido mirar una película en casa de Amalia. Diego
había aprobado otro final y se tomarían la noche y el día siguiente de
descanso. No coincidían demasiado en los géneros de cine que elegían, pero
estaban completamente de acuerdo en compartir, por lo que veían películas
de amor, de guerra, acción y suspenso. En esa oportunidad ella había elegido.
Acostados en el dormitorio de Ángeles disfrutaban de Noches de tormenta.
Afuera amenazaba una inminente lluvia. Un escenario que parecía
complotarse con las escenas convertía esa habitación en algo tan mágico y
azul como la historia que miraban. Diego no era romántico, pero estaba
enamorado. Por eso no era inmune a ciertos diálogos que inevitablemente lo
hacían pensar en ellos. El film planteaba conflictos del pasado y un amor que
convertía a dos seres en mejores personas, a partir del momento en que
escucharon sus historias.
–Me gusta pensar que el amor existe también para mujeres mayores –dijo
Ángeles en relación a la protagonista del film.
–¿Por qué dices eso? Tú estarás conmigo cuando tengas la edad de ella. No
vamos a separarnos. Yo jamás te engañaría como hizo su marido –agregó. La
impunidad de sus años le permitía tener certezas sobre un futuro lejano y
estaba bien. La juventud tenía esa fuerza, ese dominio sobre la seguridad de
los sueños que las personas de más edad resienten a pura experiencia.
–¡No lo digo por ti! –respondió sonriendo–. Amo intuir que jamás te perderé.
–No lo harás.
–Lo digo por mi tía.
–La médica de papá. Debo reconocer que las causalidades suelen ser
sorprendentes a veces.
–Ella es algo más que su médica.
–¿Qué dices?
:
–¿No lo sabes?
–No.
–Es cierto que es su médica. Operó su pierna de urgencia. Las vueltas de la
vida lo llevaron a él a su quirófano muchísimos años después.
–¿Después de qué? –preguntó y puso pausa a la película.
–En el pasado fue novia de tu padre. Él la dejó cuando conoció a tu mamá. Se
reencontraron por el accidente y luego, cuando vine por su ayuda y le dije tu
apellido, supo que eras su hijo. Ella fue a verlo por mí, por nosotros.
Diego no salía de su asombro. Recordó la conversación con su padre y la
realidad había sido que él no había preguntado nada, suponiendo que la
médica había asociado apellidos con su paciente y por la gravedad del asunto
había ido a hablar con su padre. Tenía sentido un vínculo anterior.
–Pero ¿cómo lo supo?
–No le pregunté. Imagino que lo intuyó. O quizá sabía sobre tu padre y sus
hijos aunque no lo hubiera vuelto a ver.
–¿La engaño con mi mamá?
–No lo sé, Diego, no era tiempo de tanto detalle. Yo estaba devastada.
–Me pregunto qué sentirá mi tía ahora, que ella sigue sola y tu papá se ha
separado –agregó.
–No lo sé. ¿Crees que ellos tengan una relación?
–No tengo idea. Solo quiero que mi tía sea feliz.
–No he pensado en la felicidad de mi padre… –dijo con sinceridad–. Supongo
que podría ocurrir.
Antes de que pudiera abandonar esa idea, Ángeles habló sobre otro tema
igual de intenso.
–¿Por qué no has nombrado nunca más a tu mamá desde que viajó? –
:
preguntó algo que la preocupaba.
Diego no se sentía molesto por la pregunta, porque era Ángeles quien la
formulaba. La realidad era que lo que lo fastidiaba era Gina. No se había
detenido a pensar por qué. ¿Acaso la separación? ¿El viaje? ¿El descubrir que
su madre era también una mujer que podía pensar en rehacer su vida? ¿Que
era injusto para con su padre? ¿Todo eso a la vez?
–No la he nombrado, porque estoy enojado. No entiendo su actitud.
–¿Cuál de todas? –hablar con ella siempre lo sanaba y le brindaba otra
mirada sobre los mismos hechos. Más conciliadora.
Diego la besó en los labios con dulzura.
–¿Sabes que solo tú puedes lograr esta conversación conmigo, verdad?
–Lo sé. Y también sé que has estado tan furioso por lo que pasó con nosotros
y luego tan pendiente de cuidarme que es este el primer tiempo que
encuentro para poder cuidarte yo a ti. Dime, ¿qué sientes?
–Bronca. Una familia rota. Una mujer desconforme que teniéndolo todo optó
por hacerse la joven aventurera. Además, dejó tres hijos a la deriva sabiendo
que podían sucedernos cosas. No se crían hijos enseñándoles que siempre
estarás para ellos para luego, de la noche a la mañana, abandonarlos.
Ángeles se sentó en la cama con las piernas cruzadas y él permaneció
acostado de lado.
–Bueno, creo que no tienes razón. Te amo y te apoyo en todas tus decisiones,
pero esta vez debo decirte que estás equivocado. Y te lo dice alguien que
tiene no solo el concepto sino la experiencia de lo que significa algo peor que
una familia rota, que es una familia negada –Diego la escuchaba con
atención–. Una familia no está rota porque el matrimonio termine. Ustedes se
tienen unos a otros de manera incondicional. Lo veo con tus hermanos, con
tu papá. Tú eres el resultado del gran trabajo que tus padres hicieron. Yo no
sé cuál ha sido el hecho determinante que haya hecho que tu madre tomara
:
esa decisión de separarse y luego viajar, pero la entiendo.
–Me confundes. ¿Cómo podrías comprender algo que no sabes? Además, tan
ilógico.
–Porque no es irracional. Se cansó. Ahora que vivo con mi tía, si bien es poco
el tiempo, he sabido lo que es sentirse amada y he podido descubrir en
terapia, no sin mucho dolor, que mi madre me ha usado y que por más
esfuerzos que yo hiciera por complacerla, nunca me quiso. Si yo hubiera
tenido el valor de Gina, me habría ido antes.
–No es lo mismo. A ti te han maltratado. ¡A mi madre no!
–¿Cómo lo sabes tú? ¿Crees que la única manera de maltrato son los golpes?
¿Y si tu padre ha sido indiferente? ¿No alcanza eso para querer otra cosa? ¿Y
si ella lo intentó?
Era la primera vez en todo el tiempo transcurrido desde la separación que
pudo pensar en Gina desde otro lugar. ¿Podía Ángeles tener razón?
–No sé qué decirte. No puedo pensar en mis padres como en una pareja.
–Pero ¿puedes enojarte porque dejaron de serlo? Piensa, amor. Estuvieron
juntos veinticinco años. Tú y tus hermanos son buenas personas. ¿Qué
hicieron mal, según tú?
Diego estaba acorralado. No había ningún principio de la física que viniera a
su mente en auxilio.
–Dicho de ese modo… Pero mamá se fue. Y lo que es peor, no regresó cuando
papá tuvo el accidente. ¿Qué necesita hacer en el mundo sola? Josefina tiene
cáncer, Isabella no lo dice aún, pero algo le sucede. Ha hablado con Andrés y
conmigo. Y a mí… bueno sabemos lo que nos ha ocurrido.
–Es verdad. Pero cuando ella se fue, tú me habías dejado y Josefina no estaba
enferma. Nada lograba cambiando su plan. Además sabía que todo lo que
podía hacer por su familia, estaba hecho. Yo pienso que quiso hacer algo por
ella misma.
:
–¿Qué? Lo tiene todo.
–Quizá sea como la protagonista de la película –dijo refiriéndose a Noches de
Tormenta. Tal vez, está herida o vacía o ambas cosas.
Reflexiones nuevas comenzaron a andar el mundo interior de Diego. No era
necio. Algo de verdad podía existir en las ideas de Ángeles.
–¿Por qué defiendes a mi madre?
–No es a tu madre. Es a todas las madres en su lugar. Lo hago, porque yo no
tuve una y bien difícil ha sido. No quiero que el amor de mi vida sea injusto
con la suya.
–Te amo.
–Y yo, a ti. Quita la pausa, veamos cómo termina –dijo. Conocía bien a Diego
y era tiempo de dejarlo procesar sus palabras.
Cuando la película terminó, el final trágico había provocado lágrimas en
Ángeles y Diego no podía detener sus pensamientos. ¿Era correcto que
hubiera condenado a su madre al silencio como consecuencia de no estar de
acuerdo con ella?
Cada uno de ellos interpretaba a Gina con su propio sentido. Cada
experiencia, buena o mala, tenía una potencial interpretación que los
obligaba a dar respuesta. No había escapatoria. La diferencia entre Diego y
Ángeles era que él lo hacía a través del “cómo” ocurren las cosas, tarea que le
compete usualmente a las ciencias “duras”; y ella, a través del “por qué”
ocurren las cosas, una postura más filosófica, arraigada a su experiencia.
Encontrar el equilibrio entre estos extremos no era sencillo, porque estaban
muy relacionados y siempre uno repercutía en el otro.
Sin embargo, las personas que usan más el “cómo” que el “por qué” son
quienes suelen arruinar las historias.
Diego era un ejemplo de ello. Al enterarse del embarazo y de que Ángeles no
podía determinar quién era el padre, había reducido la realidad hasta
:
desvincularla de su misterio y de sus reveses. Había construido una triste
interpretación mecánica y horizontal de la situación que la convertía en una
inexorable traición. No quería correr ese riesgo con su madre. Tener una
mirada demasiado científica sobre la vida podía acabar por interpretar a su
madre y sus “porqués” desde la perspectiva meramente mecánica del “cómo”.
Quizá su novia tuviera razón y los motivos de Gina no pertenecieran a un
mundo riguroso que acabará siendo el final del vínculo que lo unía a ella.
–¿Qué crees que debo hacer con mi madre?
–Escucharla –dijo. Sabía que sus palabras le habían llegado al corazón y las
estaba analizando.
–Todo lo que sucede excede la dimensión de lo calculable.
–¿Y eso qué te dice?
–¿Qué hay otra mirada desde la cual interpretar los hechos?
–Exacto. Una que supera con creces las leyes de la física, y que nos permite
descubrir como detrás de cada “cómo”, hay un potente “por qué”. No te fijes
en que Gina se ha separado de tu padre y que viajó. Debes averiguar si existe
una causa, un porqué que pueda darle sentido.
¿Cuál era el de Gina?
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