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Despedida en Brujas: Reflexiones y Nuevos Destinos

El documento narra la despedida de Gina y Paul en Brujas, Bélgica. Paul le da a Gina un sobre con indicaciones para su próximo destino, que es Perú. Aunque Gina es escéptica al principio, Paul la convence de que visitar Perú le permitirá apreciar la belleza natural y energía del país. Antes de separarse, Paul le dice a Gina que aunque no se vuelvan a ver por ahora, él siempre estará presente en sus recuerdos.

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Despedida en Brujas: Reflexiones y Nuevos Destinos

El documento narra la despedida de Gina y Paul en Brujas, Bélgica. Paul le da a Gina un sobre con indicaciones para su próximo destino, que es Perú. Aunque Gina es escéptica al principio, Paul la convence de que visitar Perú le permitirá apreciar la belleza natural y energía del país. Antes de separarse, Paul le dice a Gina que aunque no se vuelvan a ver por ahora, él siempre estará presente en sus recuerdos.

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June 20, 2022

Capítulo 39. Despedida


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capítulo 39

Despedida
Una persona suele encontrar su destino en el camino que eligió para evitarlo.

Jean de La Fontaine

La belleza de sus casas, el encanto de sus canales, el orgullo de sus viejos


edificios, hace de Brujas un destino ineludible para todos amantes de la
belleza y el arte. “Es una de las ciudades más románticas del mundo”. Eso
decía la folletería turística. Pero Brujas significaba mucho más que eso.

Gina vivió en Brujas un tiempo inolvidable. En soledad a su llegada y junto a


Paul, después. Habían ido también a Gante, un lugar soñado en el mundo.

La última mañana salieron a caminar temprano. Era increíble ver cómo esa
ciudad amanecía. “Despertaba con la alegría de La bella y la bestia”, según
Paul. Había muchos negocios de cosas usadas, gran cantidad de
:
antigüedades. Comercios atendidos por personas mayores. Los ojos no
alcanzaban a abarcar la gran cantidad de detalles. Los límites eran arbolados
y había infinidad de puentes.

Se detuvieron en un canal donde había cisnes para alimentar.

–Gracias, Paul.

–¿Por qué?

–Por todo lo que haces por mí. Por el tiempo en Nueva York. Por venir aquí.
Por bailar conmigo. Por hacerme reír tanto… –enunció con nostalgia.

–La gratitud no es eterna. Deja de decirme gracias –bromeó–. Para que lo


sepas, nos hemos salvado mutuamente. Ayudándote a ti en tu búsqueda, me
he descubierto yo en la mía. He conocido y priorizado partes de mí que había
postergado. Ya no soy el que era, ese para quien una pareja era lo principal
quedó atrás. Ahora soy otro. Alguien que entendió que puede dar mucho de sí
mismo y recibir felicidad, sin un hombre a su lado. La felicidad no es el sexo
o la pareja o la fidelidad, Gina. Tú me enseñaste que la felicidad es saber
quiénes somos y estar orgullosos de eso.

Gina lo escuchaba atentamente. Sin duda nadie mejor que su amigo para
encontrar las palabras justas.

–Tienes razón. ¿Sabes? Muchas cosas han cambiado en Bogotá. No creerías,


si te dijera que mis hijos crecen sin mí, toman decisiones, definen su carácter
y aunque no sé bien qué les ocurre, los conozco bien y sus voces me indican
que nada sigue igual. Mi mejor amiga, que era sumisa y toleraba los engaños
de su marido, está embarazada y lo echó al descubrir su doble vida. No
apruebo el modo violento en que lo hizo, pero ese es otro tema.

–¡Qué interesante! ¿Puedo saber qué hizo? –agregó divertido.

–Sacó lo peor de ella. ¡Le arrojó un florero y otros adornos por la cabeza!

–No te creo.
:
–Le dijo que las amaba a las dos el muy desgraciado –explicó.

–Sí, te creo.

–Le cambió la puerta, no la cerradura. ¡La puerta! ¿No es genial?

–Bueno, es algo excesivo, pero sí muy cinematográfico –comentó.

–Estoy de acuerdo. Creo que Manuel la provocó lo suficiente, pero Dolo no


debió reaccionar así. Pudo echarlo igual sin tirarle con nada. En fin...

–¡Solo tu amiga sabe lo que ha sentido para semejante desborde!

–Es cierto –agregó–. En otro momento de mi vida estaría desesperada. Mi


gente en medio de situaciones en que pueden necesitarme y yo, lejos. La
distancia me obligó a aceptar que debo soltarlos y que eso no es grave ni me
convierte en alguien que no soy. No significa que no me importen, más bien
quiere decir que yo me importo. Supongo que “oír” se relaciona con ese
punto también –dijo haciendo referencia al evento ocurrido en la basílica de
la Santa Sangre, que ya le había contado en detalle.

Abandonaron el puente y caminaron hacia el sur sin hablar por un rato.

–Mira, no necesitamos pareja para estar bien, pero igual cumpliremos con el
rito de Brujas. Siempre hago caso a las leyendas y más en lugares como éste.
Iremos al Minnewater, un pequeño lago rectangular rodeado de árboles que
linda con el parque del mismo nombre. Hay allí un restaurante para
almorzar. Muy costoso, pero ideal para despedirnos de este místico lugar.

–Me parece bien. ¿Y qué dice la leyenda que vamos a honrar? –preguntó con
curiosidad.

–Se refiere a la trágica historia de amor de Minna y su amante Stromberg.

–¿Trágica?

–Cuenta la leyenda que en Brujas vivía una joven doncella llamada Minna
que estaba enamorada del humilde Stromberg. Sin su consentimiento, el
padre de la muchacha concertó un matrimonio entre su hija y Morneck, un
:
joven de una condición social más apropiada para ella. Al enterarse de su
futuro matrimonio, Minna huyó. El joven Stromberg salió en su búsqueda,
pero no fue hasta el día siguiente cuando la encontró muerta a orillas del
lago. Para que su amor mutuo se mantuviese en sus aguas eternamente dio
sepultura a la joven en sus profundidades. De ahí que se le conozca como
lago del amor.

–Es terrible. ¿Crees que sea verdad?

–Elijo creer que sí. Hay otras versiones, pero menos románticas. También se
dice que antes de que existiese este lago, en este lugar había un bosque
habitado por espíritus mágicos. Minne es una antigua palabra germánica que
significa ‘elfo’ o ‘duende’, lo que supondría otra versión diferente de por qué
el lago se llama así…

–Me asombras. ¡Sabes de todo! Prefiero la tragedia de amor.

–Definitivamente. Dicen que se conocerá el amor eterno al cruzar el puente


del Minnewater.

–¿Podríamos cruzarlo? Por las dudas, digo –comentó con humor.

–Por supuesto que lo haremos. Yo ya lo hice –pausa–. Se ve que no siempre


funciona. O algo entendí mal o la leyenda no garantiza que sea “un buen
amor” –ironizó.

Ambos rieron mucho. Llegaron allí y el disfrute del ambiente en una banca, a
orillas del lago, los sumergió en un silencio perfecto. Gina lucía otro vestido
con flores y el sombrero claro con sus infaltables lentes de sol. Los sonidos de
la naturaleza se colaban en sus sentidos, los colores exploraban la posibilidad
de crear imágenes eternas en sus memorias.

–¿Por qué querías que visitara este lugar, Paul?

–Para que vieras que somos el resultado de nuestros derrumbes, heridas y


cicatrices. A finales del siglo xv, el rio Zwin se encenagó, lo que sumió a la
ciudad en un período de decadencia comercial y política. Brujas, por tanto,
:
empezó a vivir en el anonimato de los mapas de reyes, comerciantes y
conquistadores, desde el siglo xv hasta el siglo xx, cuando la ciudad, en
estado de abandono total, y sumergida en una pobreza sin precedentes, fue
objeto de una restauración y reestructuración haciendo de ella lo que hoy nos
deslumbra.

–Entiendo. Yo era algo así como Brujas a finales del siglo xv, cuando decidí
separarme –bromeó.

–Bueno, en el avión no dabas la sensación externa de abandono total y


pobreza: vestías uno de mis diseños con un bolso Gucci –recordó riendo–.
Pero digamos que internamente, sí.

–Y ahora, ¿ya estoy en proceso de restauración?

–Diría que has logrado en tiempo record, al menos en apariencia, lucir como
nueva. ¡Mírate! ¡Eres tapa de Vogue!

Ambos rieron a carcajadas. Era tan maravilloso hablar simbólicamente.


Además, aprendía de su amigo. Él saciaba sus deseos de beberse el mundo
placenteramente.

De pronto, las campanadas interrumpieron la conversación.

Más campanadas.

Silencio.

–¿Qué significa eso?

–Que debemos despedirnos de la magia medieval. En unas horas el tiempo se


detendrá y nos llevaremos de aquí lo que hemos vivido.

Ambos permanecieron en silencio, disfrutando el sonido de esas campanas.

Luego del almuerzo, Paul le entregó un sobre a Gina.

–Este es tu nuevo destino. Es mi último atrevimiento, luego tú decide dónde


ir pero por favor no me digas que no a esta idea. Conocerás otra versión del
:
mundo, pero debes ir exactamente a los lugares que te indico.

–¿Por qué? ¿Adónde iré? –interrogó, no muy segura.

–Irás a Perú.

–¿A Perú? No me siento capaz de disfrutar tanta belleza natural. ¡Soy muy
urbana!

–Justamente. Allí aprenderás a disfrutar lo bueno que existe en lo que no


conoces o dista de tu realidad cotidiana. Perú es un país maravilloso.

–Paul, no eres un maestro hindú. Deja de jugar al místico conmigo. ¡No soy
Julia Roberts en Comer, rezar y amar!

–Claro que no. No te he indicado que comas, menos que reces, pero el amor
podría ser una buena opción, si aparece –bromeó–. No te pido que visites
ningún lugar al que yo no haya ido antes. ¿Sabes? No hay glamour, ni
grandes tiendas, ni ruido, ni castillos medievales. Hay otra cosa.

–¿Y qué es lo que hay? Si puedo saberlo, ya que me harás ir.

–Energía.

–¿Energía?

–Sí. No discutas Gina. Ya has pagado el viaje.

–¿Yo?

–Sí. ¿Olvidas que tengo los números de tu tarjeta?

–Eres terrible. Menos mal que la economía es el único problema que no tengo
–agregó.

Risas.

–Llámame cuando llegues a Cuzco.

–¿No iré a Lima?

–Llegarás, pero solo esperarás en el aeropuerto tu siguiente avión a Cuzco el


:
mismo día.

La despedida comenzaba a ser una constante. Los nudos en la garganta, las


emociones, las ganas de decir, pero la realidad de callar. Entregados a la
experiencia única de ser quienes eran juntos. Los ojos de Paul contenían las
lágrimas.

–¿Volveré a verte? –preguntó.

–Siempre. Pero hasta que eso ocurra “voy a estar aquí” –dijo Paul. Señalando
a su cabeza, y no a su corazón, evocaba una de las escenas más recordadas
del cine familiar cuando E.T se despide–. Señalo tu mente, puesto que es el
cerebro el que se encarga de almacenar recuerdos en la memoria.

Gina lloró y lo abrazó.

–He visto E.T., el extraterrestre unas miles de veces. Tengo miedo, Paul –le
dijo cerca del oído.

–Yo también, pero lo ignoro. Tengo algo para ti. No ha sido fácil lograr que lo
hagan aquí, pero tengo mis contactos –dijo y le dio un pequeño paquete.
Gina, lo abrió con ansiedad. Lo miró y se le llenaron los ojos de lágrimas. Una
camiseta blanca con letras negras bordadas con la leyenda “Choose life”. Ella
le había comentado que había tenido una de joven.

–¡Gracias! Te adoro, Paul. Estás en todos los detalles.

Ambos se fundieron en la intensidad de un abrazo. Sus latidos se mezclaron


hasta acompasar el mismo ritmo. Eso era la amistad verdadera. Una conexión
invisible que trascendía las palabras o los encuentros y los enlazaba con los
sentimientos más importantes que compartían.

A partir de esa despedida, Paul y Gina estarían a solo un pensamiento de


distancia.

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