Relación entre Mind Wandering y Rumiación
Relación entre Mind Wandering y Rumiación
Facultad de Psicología
Grado de Psicología
Departamento de Psicología
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Resumen
Introducción
Actualmente, existe una relación evidente entre el mind wandering y la rumiación: algunos autores
afirman que la rumiación es un tipo de MW restrictivo, sin embargo, otros autores muestran
diferencias entre ambos fenómenos. Además, tanto el MW como la rumiación se han asociado con
déficits atencionales, pues nos preguntamos si estos déficits son debidos al excesivo MW o
excesiva rumiación.
Objetivos
Método
Este estudio se ha realizado con 64 participantes, los cuales realizaron una serie de cuestionarios y
una prueba atencional. El análisis estadístico se realizó mediante correlaciones bivariadas y
parciales. Posteriormente, se realizó una prueba t en los grupos divididos en altos y bajos en MW
y altos y bajos en rumiación.
Resultados
Las correlaciones bivariadas mostraron una correlación entre MW y rumiación y entre el control
atencional y las dos principales variables del estudio (MW y rumiación). Sin embargo, no se
encontró correlación entre ambas variables y las tres redes atencionales de Posner y Peterson. Se
mantuvieron estas correlaciones cuando se realizaron las correlaciones parciales, exceptuando
cuando se controló por afecto negativo. Por otra parte, se obtuvieron diferencias significativas entre
las medias de los grupos en altos y bajos en rumiación y en los grupos en altos y bajos en MW.
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Conclusión
Nuestros resultados indican una relación entre el MW y la rumiación, los cuales podrían plantearse
como similares, aunque el afecto negativo juega un papel importante en esta relación. En relación
con la atención, los resultados indican que los déficits atencionales no son responsables del
excesivo MW.
Abstract
Introduction
Currently, there is an evident relationship between mind wandering (MW) and rumination: some
authors claim that rumination is a type of restrictive MW, however, other authors show differences
between both phenomena. Moreover, both MW and rumination have been associated with
attentional deficits, so we ask whether these deficits are due to excessive MW or excessive
rumination.
Objectives
The aim of this study is to investigate the relationship between MW and rumination. It is
hypothesised that higher self-reported rumination will be associated with higher self-reported MW
scores. Moreover, it is hypothesised that individuals who perform less well on an attentional task
will be more likely to ruminate and more likely to experience episodes of MW.
Method
This study was conducted with 64 participants, who completed a series of questionnaires and an
attentional test. Statistical analysis was performed using bivariate correlations and correlations.
Subsequently, a t-test was performed on the groups divided into high and low in MW and high and
low in rumination.
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Results
Bivariate correlations showed a correlation between MW and rumination and between attentional
control and the two main variables of the study (MW and rumination). However, no correlation
was found between both variables and Posner and Peterson's three attentional networks. These
correlations were maintained when partial correlations were performed, except when controlling
for negative affect. On the other hand, significant differences were obtained between the means of
the groups high and low in rumination and in the groups high and low in MW.
Conclusion
Our results indicate a relationship between MW and rumination, which could be considered similar,
although negative affect plays an important role in this relationship. In relation to attention, the
results indicate that attentional deficits are not responsible for excessive MW.
1. INTRODUCCIÓN
Los seres humanos, a diferencia de otros animales, consumen mucho tiempo pensando en
lo que ocurrió en el pasado o lo que ocurrirá en un futuro, e incluso en eventos que nunca sucederán
(Killingsworth & Gilbert, 2010). Algunos autores, como Killingsworth & Gilbert (2010) han
manifestado que este tipo de pensamientos espontáneos (PE de aquí en adelante) ocupan cerca del
50% de nuestro tiempo estando despiertos, independientemente de la actividad que estemos
realizando, aunque es más común que aparezcan los PE en tareas largas y monótonas.
Según Seli et al. (2017) podemos diferenciar dos tipos de MW: el deliberado, que ocurre
voluntariamente, y el espontáneo, que ocurre de forma involuntaria a pesar de que las personas
tengan intenciones para evitar su ocurrencia. Además, los pensamientos no relacionados con la
tarea pueden ocupar nuestra consciencia porque captan nuestra atención, siendo un proceso
incontrolado, o porque redirigimos a propósito nuestra atención hacia ellos, siendo un proceso
controlado. El MW de tipo deliberado se relaciona con la motivación y supone una capacidad de
control por parte de la persona; por el contrario, cuando el MW es espontáneo, la persona puede
experimentarlo como incontrolable y, hasta cierto punto, intrusivo (Seli et. al., 2016).
Así mismo, Seli et al. (2016) afirman que los episodios involuntarios de MW carecen de un
momento de iniciación consciente y existe una alta probabilidad de que las personas que lo
presentan no sean conscientes del fenómeno. En consecuencia, estas personas pueden experimentar
sensaciones como disgusto, sorpresa o falta de control. Por el contrario, cuando aparece el MW
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intencionado, existe un momento de inicio consciente e, además, incluye una consciencia del
hecho.
Por otro lado, el MW se ha asociado con consecuencias negativas relacionadas con las
dificultades atencionales y la interferencia en la ejecución de algunas tareas. Además, parece ser
que un déficit en el rendimiento de tareas de atención sostenida, como los ejercicios de vigilancia
y lectura, se ha visto reflejado a una mayor duración en la fijación y dificultades en la comprensión
de textos. Además, se ha asociado con una ejecución inferior en la inteligencia fluida y la memoria
de trabajo (Ottaviani & Couyoumdjian, 2013). Conjuntamente, se correlaciona con consecuencias
negativas como la disfunción afectiva, el procesamiento atenuado del exterior, un deterioro del
rendimiento en la vida cotidiana y los accidentes de tráfico, entre otras (Seli et al., 2018).
En relación con los efectos sobre la salud y el bienestar, hay autores como Killingsworth y
Gilbert (2010) que sugieren que la felicidad se encuentra en las personas que viven el momento y
entrenar en ese aspecto implica una resistencia al MW, la cual cosa se propone que este fenómeno
se relaciona con una mente infeliz. Es decir, un mayor MW se ha asociado con menor felicidad y
con mayor afecto negativo. Por el contrario, otros estudios apoyan que el estado de ánimo negativo
es debido a una mayor tendencia a experimentar episodios de MW (Ottaviani & Couyoumdjian,
7
2013). Pues, se han asociado episodios de MW con disforia, tiempo de respuesta más lento y
aumentos de la frecuencia cardíaca.
Según Ottaviani, Shapiro & Couyoumdjian (2013), una amplia gama de estudios clínicos
han sugerido que el MW jugaría un papel en el inicio y mantenimiento de la psicopatología,
centrándose en la rumiación y preocupación, dos mecanismos con impacto negativo en la salud en
general. Sin embargo, la capacidad de dejar a nuestra mente experimentar episodios de MW es
fundamental para la salud mental y no es por sí solo una función desadaptativa. El problema parece
estar cuando los pensamientos se vuelven rígidos e inflexibles, lo que implica que el individuo no
es capaz de inhibir la respuesta inapropiada y experimenta pensamientos intrusivos (Ottaviani,
Shapiro & Couyoumdjian, 2013). En este último estudio, Ottaviani et al. (2013) demostraron que,
así como la experimentación del MW se centra en el futuro para la resolución de metas personales,
cuando estamos en contexto de estado de ánimo negativo el MW se centra en el pasado.
Esto último se solaparía con algunas características de la rumiación, la cual se define como
un tipo de respuesta en el que las personas se centran pasiva y repetidamente en sentimientos
negativos o en circunstancias que rodean esa emoción, o incluso en las discrepancias que existen
entre el estado actual y el deseado (Smith & Alloy, 2009). Asimismo, Davis y Nolen-Hoeksema
(2000) indican que la rumiación se asocia con un negativo recuerdo de la vida pasada, con más
interpretaciones negativas de la situación actual, con más pronósticos negativos sobre el futuro y
con menos resolución de problemas. Todo esto quiere decir que la rumiación mantiene
pensamientos y estado de ánimo deprimido, haciendo que piensen que están entendiendo el
problema. Además, se ha demostrado que estas personas reducen la disposición de participar en
actividades de ocio. Por ejemplo, sentarse en el sofá pensando en lo cansado y con los problemas
que interfieren en su vida laboral o en las relaciones interpersonales. Este hecho se encuentra
presente en la mayoría de las personas deprimidas, las cuales se preocupan por las causas y las
consecuencias de su problema, pero no toman medidas al respecto y pasan gran parte del tiempo
pensando en lo mal que lo están pasando y en lo mal que se sienten. Así pues, las personas con una
mayor tendencia a rumiar muestran una mayor gravedad y duración de los síntomas depresivos
(Davis & Nolen-Hoeksema, 2000).
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Uno de los hechos de que las personas sigan rumiando a pesar de sus consecuencias
negativas es que la rumiación tiende a la inflexibilidad cognitiva y perseveración. Davis y Nolen-
Hoeksema (2000), en su estudio lo concluyeron encontrando que los rumiantes tienen dificultades
para adaptarse al entorno, quedándose “atascados” mentalmente.
Por una parte, la rumiación se ha asociado con déficits en la atención. Por ejemplo, Kaiser
et al., (2018) afirman que las personas no deprimidas con tendencia a la rumiación son más
propensas a cometer sesgos de atención, así como, las personas deprimidas con altos niveles de
rumiación presentan sesgos más importantes en la atención. Así mismo, el control atencional se
asocia significativamente con altos niveles de afecto negativo y con síntomas de ansiedad y
depresión (DeJong et al., 2019). El control atencional se refiere a la capacidad de dirigir la atención
hacia un estímulo, que al ser deficiente puede conducir hacia una rumiación excesiva y persistente
(Hsu et al., 2015). Además, por otra parte, cuando se experimentan episodios de MW, la atención
se aleja de los estímulos externos que le rodean y se centra con los pensamientos y sentimientos
internos (Pereira et al., 2020).
Al mismo tiempo, según nos explican Christoff et. al. (2016), el MW y la rumiación parecen
tener mecanismos compartidos, en tanto que ambos fenómenos implican que el contenido del
pensamiento tiende a ser independiente del estímulo y sin relación con la tarea que llevan a cabo
en ese momento. Pese a dicha similitud, algunos autores (Christoff et. al., 2016; Ottaviani &
Couyoumdjian, 2013), han encontrado algunas diferencias entre ambos, ya que los pensamientos
durante los episodios de MW suelen moverse de un tema a otro, sin embargo, los pensamientos
rumiativos se centran en un solo tema o tópico. En este sentido, consideran que la rumiación es una
forma muy restringida del mind wandering.
Así pues, teniendo en cuenta que las relaciones entre MW y rumiación siguen sin estar del
todo claras, el objetivo de este estudio, por una parte, es indagar en dicha relación utilizando
medidas autoinformadas y, por otra parte, mediante una tarea atencional (ANTI-VEA), que mide
el rendimiento de las tres redes atencionales propuestas originalmente por Posner y Peterson (1990)
(alerta, orientación y control ejecutivo), estudiar la relación entre el funcionamiento de las redes y
la tendencia del MW y la rumiación.
De acuerdo con lo comentado anteriormente, en primer lugar, hipotetizamos que una mayor
rumiación autoinformada se asociará a mayores puntuaciones de MW, evaluado mediante
autoinforme. La siguiente hipótesis hace referencia a que las personas que obtendrán peor
rendimiento en una tarea atencional presentarán más tendencia a la rumiación. Así mismo, se
hipotetiza que las personas que obtendrán peor rendimiento en una tarea atencional presentan más
tendencia a experimentar episodios de MW, evaluados mediante autoinforme.
2. MÉTODO
2.1. PARTICIPANTES
Este estudio se ha realizado con 64 participantes (M = 30.67 años; DE = 1.632; rango 18-
65; 71.9% mujeres), los cuales no fueron seleccionados previamente por ninguna característica
psicológica o sociodemográfica. Su participación fue voluntaria y firmaron un consentimiento
informado.
El estudio constaba de dos fases: una primera fase inicial para completar los cuestionarios,
y una segunda fase para completar la prueba atencional en el laboratorio. Todos los procedimientos
comentados a continuación fueron aprobados por el Comité de Ética de las Islas Baleares.
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La Escala de Control Atencional (ACS, Attention Control Scale) fue creada por Derryberry
y Reed en 2020 con la finalidad de conseguir un cuestionario general que pretende medir las
diferencias individuales en el control de la atención. Consta de 20 ítems con cuatro opciones de
respuesta en una escala Likert, donde 1 es casi nunca y 4 siempre (Ólafsson et al., 2011).
(Roca et al., 2011). Debido a las limitaciones de esta primera versión, Callejas et al (2004)
presentaron una versión mejorada que incluía la interacción: ANTI (Attention Networks Test for
Interaction) (Roca et al., 2011). Finalmente, Luna et al. (2018) desarrollaron la tarea ANTI-VEA
la cual permite medir las interacciones entre los tres sistemas atencionales descritos, además de
medir dos componentes de vigilancia: vigilancia ejecutiva (EV) y vigilancia de activación (AV).
Para realizar los resultados de este estudio se calcularon inicialmente los análisis
descriptivos de todas las variables de interés (RRS, MEWS, PANAS, PHQ-9, GAD-7, ACS, ANTI-
Vea), siguiendo la vía paramétrica.
Por otra parte, de cara a llevar a cabo una comparación de grupos entre los participantes se
dividió, utilizando la media como punto de corte, la variable de rumiación en dos grupos: altos en
rumiación (valores superiores a 24) y bajos en rumiación (valores inferiores a 24). Para observar si
las medias son significativas entre ellas se realizó la prueba t para muestras independientes.
Finalmente, para saber si se obtiene el mismo resultado cuando se divide la muestra en altos
y bajos en mind wandering se siguieron los mismos pasos. La muestra se fragmentó en 30
participantes en el grupo de altos en MW y en 34 participantes en el grupo de bajos en MW.
3. RESULTADOS
Tabla 1
Variable n M DE
RRS 64 24 5.541
Al realizar las correlaciones bivariadas de las variables pertinentes, se encontró que hay una
correlación positiva y significativa entre las variables de MW y rumiación, indicando que altos
niveles de mind wandering se asocian a altos niveles en rumiación.
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Se extrajeron todas las correlaciones Bivariadas con otras medidas autoinformadas, que se
encuentran en la Tabla 2.
Tabla 2
Variable 1 2 3 4 5 6 7 8 9
Medidas
autoinformadas
1. RRS -
2. ACS -.276* -
Prueba atencional
ANTI-VEA
Nota: RRS = Ruminative Response Scale. ACS = Attentional Control Scale. GAD-7 = Generalized Anxiety
Disorder. PHQ-9 = Patient Health Questionnaire. PANAS (N) = Negative Affect Schedule. MEWS = Mind
Excessively Wandering Scale.
* p< .05; ** p < .01
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Tabla 3.
Variable controlada GAD-7 PHQ-9 PANAS (N) GAD-7 PHQ-9 PANAS (N)
Medidas
autoinformadas
Nota: RRS = Ruminative Response Scale. ACS = Attentional Control Scale. GAD-7 = Generalized Anxiety
Disorder. PHQ-9 = Patient Health Questionnaire. PANAS (N) = Negative Affect Schedule. MEWS = Mind
Excessively Wandering Scale.
* p< .05; ** p < .01
Tabla 4.
Prueba t
Intervalo de
confianza 95%
n M t gl Sig. Inferior superio
r
Altos en 29 14.172
rumiación
MEWS 2.836 62 .006 1.324 7.650
Bajos en 35 9.686
rumiación
Altos en MW 30 26.300
RRS 3.365 62 .001 1.758 6.901
Bajos en MW 34 21.970
ANTI-VEA
Altos en 29 41.328
Orientación .513 60 .610 -14.925 25.212
rumiación
18
Bajos en 33 36.186
rumiación
Altos en MW 29 41.312
.510 60 .612 -14.957 25.182
Bajos en MW 33 36.200
Altos en 29 50.232
rumiación
.557 60 .579 -16.015 28.384
Bajos en 33 44.048
Alerta rumiación
Altos en MW 29 49.438
.422 60 .674 -17.534 26.915
Bajos en MW 33 44.747
Altos en 29 36.680
rumiación
.087 60 .931 -14.641 15.874
Bajos en 33 36.020
Interferencia rumiación
Altos en MW 29 34.971
-.462 60 .645 -18.698 11.677
Bajos en MW 33 37.971
Nota: RRS = Rumination Response Scale. MEWS = Mind Excessively Wandering Scale.
Seguidamente, se encontró que también hay diferencias significativas entre las medias de
rumiación de los grupos de altos y bajos en MW, asumiendo que las varianzas son iguales (F =
.073; p > 0.05). Así mismo, se observó que el grupo de altos en MW puntúa más alto en rumiación
que el grupo de bajos en MW. Al igual que en el grupo de altos y bajos en rumiación, no se
encontraron diferencias significativas entre las medias de la tarea atencional ANTI-VEA en los
grupos de altos y bajos en MW (p > 0.05).
4. DISCUSIÓN
El objetivo de este estudio, por una parte, consistía en estudiar la relación entre el MW
autoinformado y la rumiación autoinformada, y, por otra parte, analizar la potencial relación entre
la eficacia en las tres redes atencionales (atención, orientación y control ejecutivo), el MW y la
rumiación. La primera hipótesis de este estudio es que una mayor rumiación autoinformada se
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medida mediante la tarea atencional, lo que supone que no hay una asociación entre el MW y las
tres redes atencionales descritas por Posner y Peterson (1990). Este hecho podría darse debido a
que la tarea atencional ANTI-VEA es muy demandante y hace que los participantes, incluso los
que presentan más tendencia a MW, tengan una alta concentración y fijación activa en la tarea.
Jonkman et al. (2017) concluyeron una relación entre la falta de atención, en este caso en
el TDAH, con episodios de MW, así como con mayores síntomas de depresión y rumiación.
Además, encontraron que la inatención se ha asociado previamente con respuestas rumiativas y
vieron que el grupo con síntomas altos de inatención presentaban más MW. En nuestro estudio
hemos encontrado que el grupo con más frecuencia de episodios de MW se asocia con un menor
control atencional. En este mismo sentido, Bozhilova et. al. (2018) y Fredrick et. al., (2020)
encontraron que los síntomas del TDAH (incluyendo la falta de atención) se correlacionan con un
mayor MW. Sin embargo, en el estudio más reciente encontraron que cuando controlaron el ritmo
cognitivo lento y los síntomas internalizantes esta asociación era no significativa. Fredrick et. al.,
(2020), además, observaron que la relación entre inatención y MW estaba presente cuando se media
la variable MW con el cuestionario MEWS, como pasa en nuestro estudio, en cambio, pasaba a ser
no significativa cuando se media con el cuestionario IPI (Imaginal Process Inventory, Singer &
Antrobus, 1966).
Debido a que, en nuestro estudio, se ha encontrado que tanto la variable de rumiación como
el MW se relacionan con el control atencional autoinformado, pero no con las tres redes
atencionales medidas mediante una tarea atencional, nos hace pensar que el ANTI-VEA y el ACS
no están midiendo lo mismo. En el estudio propuesto por DeJong, Fox y Stein (2019) también
midieron la atención mediante la tarea atencional ANT y el autoinforme ACS y encontraron que
estas medidas evalúan constructos diferentes. Parece ser que el ACS se centra en situaciones
complejas y cotidianas, en cambio el ANT evalúa varios componentes de la atención.
Cuando se observaron las correlaciones parciales, se encontró que, aunque se controlen los
potenciales efectos de las variables de ansiedad, depresión y afecto negativo por separado, sigue
existiendo una correlación significativa y negativa entre el MW y el control atencional
autoinformado. Sin embargo, desaparece la relación existente entre rumiación y atención
autoinformada cuando se controlan las tres variables comentadas anteriormente. Esto nos indica
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que la relación entre la rumiación y la atención puede ser debida por la ansiedad, depresión o el
afecto negativo de esa persona en cuestión.
El estudio llevado a cabo presentó una serie de limitaciones que deben de tenerse en cuenta
para mejorar la evidencia de las hipótesis en futuras investigaciones. Una de las limitaciones que
encontramos en este estudio es que solamente se midió la variable de MW mediante un autoinforme
y existen otras alternativas para obtener información, como por ejemplo mediante la tarea BCT-
TUTs o mediante una app que permita enviar un mensaje espontáneo a los participantes
preguntando que estaban haciendo y en que estaban pensando. Así mismo, aunque el control
atencional haya sido medido mediante autoinforme, sería interesante realizar más pruebas
atencionales para observar si en otras tareas tan demandantes como el ANTI-VEA sigue
inexistiendo la relación entre las redes atencionales y el MW y/o las redes atencionales y la
rumiación.
Por otra parte, la muestra de este estudio presenta un desequilibrio entre los dos géneros:
participaron 46 mujeres y 17 hombres. Sería interesante observar las diferencias que hay entre
ambos sexos, puesto que este estudio no lo ha permitido.
Conclusiones
A modo de conclusión, nuestros resultados indican que existe una relación entre MW y
rumiación: las personas que presentan más MW también presentan altos niveles de rumiación, y a
la inversa. Parece ser que, en base a nuestros estudios y en la literatura que existe sobre la rumiación
y el MW, estos dos fenómenos podrían plantearse como muy similares, ya que la relación
significativa entre ambos se ha encontrado realizando diferentes análisis estadísticos, exceptuando
cuando se controla el afecto negativo. Por lo tanto, el afecto negativo juega un papel en dicha
relación, haciendo que cuando el MW pierde su forma adaptativa, da la posibilidad de enfocarse
23
en una espiral de pensamientos negativos y homogéneos, dando lugar a la rumiación. Esto nos hace
pensar que, aún así, no sigue estando del todo claro si en realidad son exactamente lo mismo o no.
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