LAUDES JUEVES SANTO
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
R./ A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por
nosotros murió, venid, adorémosle.
Salmo 94
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Animaos unos a otros, día tras día,
mientras perdura el «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva; +
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R./
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos. R./
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R./
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras. R./
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso".» R./
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen. R./
HIMNO
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Mira, Señor, y contempla que estoy en peligro,
respóndeme en seguida.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22, 20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre,
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 1: Mira, Señor, y contempla que estoy en peligro,
respóndeme en seguida.
Ant. 2: Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré.
Cántico
ACCIÓN DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO
El que tenga sed que venga a
mí y que beba. (Jn 7, 37)
Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado.
Él es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«¡Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel!»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 2: Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré.
Ant. 3: El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació
con miel silvestre.
Salmo 80
SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA
Mirad que no tenga nadie un corazón
malo e incrédulo. (Hb 3, 12)
Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
+ dad vítores al Dios de Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta;
porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!
No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 3: El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació
con miel silvestre.
LECTURA BREVE
Vemos a Jesús coronado de gloria y de honor por haber
padecido la muerte. Así, por amorosa dignación de Dios,
gustó la muerte en beneficio de todos. Pues como quisiese
Dios, por quien y para quien son todas las cosas, llevar un
gran número de hijos a la gloria, convenía ciertamente que
perfeccionase por medio del sufrimiento al que iba a guiarlos
a la salvación.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
V. De entre toda raza, lengua, pueblo y nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Con verdadero anhelo he deseado comer esta Pascua
con vosotros antes de padecer.
Cántico de Zacarías
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró
a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant.: Con verdadero anhelo he deseado comer esta Pascua
con vosotros antes de padecer.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con
su muerte y resurrección, y digámosle:
Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así
en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser atravesado por la
lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, *
haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia
de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón
arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone
nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
ORACIÓN:
Dios nuestro, digno, con toda justicia, de ser amado sobre
todas las cosas, derrama sobre nosotros los dones de tu gracia,
para que la herencia celestial, que la muerte de tu Hijo nos
hace esperar confiadamente, logre ser alcanzada por nosotros
en virtud de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu Espíritu.
V. La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amen.
LAUDES VIERNES SANTO
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
R./ A Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su sangre
preciosa, venid, adorémosle.
Salmo 94
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Animaos unos a otros, día tras día,
mientras perdura el «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva; +
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R./
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos. R./
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R./
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras. R./
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso".» R./
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen. R./
HIMNO
Brazos rígidos y yertos,
por dos garfios traspasados,
que aquí estáis, por mis pecados,
para recibirme abiertos,
para esperarme clavados.
Cuerpo llagado de amores,
yo te adoro y yo te sigo;
yo, Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la cruz contigo.
Quiero en la vida seguirte
y por sus caminos irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufriendo
y muriendo bendecirte.
Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad;
que sienta una dulce herida
de ansia de amor desmedida;
que ame tu ciencia y tu luz;
que vaya, en fin, por la vida
como tú estás en la cruz:
de sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las manos,
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó
a la muerte por todos nosotros.
Salmo 50
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 1: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó
a la muerte por todos nosotros.
Ant. 2: Jesucristo nos ama y nos ha lavado de nuestros
pecados con su sangre.
Cántico
¡Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra!
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto acuérdate de la misericordia.
El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.
Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.
Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar.
Tranquilo espero el día de la angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.
Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me glorificaré en Dios mi salvador.
El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 2: Jesucristo nos ama y nos ha lavado de nuestros
pecados con su sangre.
Ant. 3: Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección
alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la
alegría al mundo entero.
Salmo 147
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 3: Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección
alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la
alegría al mundo entero.
LECTURA BREVE
Mirad: mi siervo tendrá éxito, será enaltecido y ensalzado
sobremanera. Y, así como muchos se horrorizaron de él, pues
tan desfigurado estaba que ya ni parecía hombre, no tenía ni
aspecto humano, así también muchos pueblos se admirarán de
él y, a su vista, los reyes enmudecerán de asombro porque
verán algo jamás narrado y contemplarán algo inaudito.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Ant.: Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y
una muerte de cruz.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Fijaron encima de su cabeza un letrero indicando el
motivo de su condenación: «Éste es Jesús, el rey de los
judíos.»
Cántico de Zacarías
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró
a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant.: Fijaron encima de su cabeza un letrero indicando el
motivo de su condenación: «Éste es Jesús, el rey de los
judíos.»
PRECES
Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos
los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de
entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:
Señor, ten piedad de nosotros.
Señor y Maestro nuestro, que por nosotros te sometiste
incluso a la muerte, * enséñanos a someternos siempre a la
voluntad del Padre.
Tú que siendo nuestra vida quisiste morir en la cruz para
destruir la muerte y todo su poder, * haz que contigo sepamos
morir también al pecado y resucitemos contigo a vida nueva.
Rey nuestro, que como un gusano fuiste el desprecio del
pueblo y la vergüenza de la gente, * haz que tu Iglesia no se
acobarde ante la humillación, sino que como tú proclame en
toda circunstancia el honor del Padre.
Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los
hermanos, * enséñanos a amarnos mutuamente con un amor
semejante al tuyo.
Tú que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los
hombres, * reúne en tu reino a todos los hijos de Dios
dispersos por el mundo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque la muerte de Cristo nos ha hecho agradables a Dios,
nos atrevemos a orar al Padre, diciendo: Padre nuestro.
ORACIÓN
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual
Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz,
entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu Espíritu.
V. La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amen.
LAUDES SÁBADO SANTO
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
R./ A Cristo, el Señor, que por nosotros murió y por nosotros
fue sepultado, venid, adorémosle.
Salmo 94
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Animaos unos a otros, día tras día,
mientras perdura el «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva; +
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R./
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos. R./
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R./
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras. R./
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso".» R./
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen. R./
HIMNO
Venid al huerto, perfumes,
enjugad la blanca sábana:
en el tálamo nupcial
el Rey descansa.
Muertos de negros sepulcros,
venid a la tumba santa:
la Vida espera dormida,
la Iglesia aguarda.
Llegad al jardín, creyentes,
tened en silencio el alma:
ya empiezan a ver los justos
la noche clara.
Oh dolientes de la tierra,
verted aquí vuestras lágrimas:
en la gloria de este cuerpo
serán bañadas.
Salve, cuerpo cobijado
bajo las divinas alas;
salve, casa del Espíritu,
nuestra morada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Harán llanto como llanto por el hijo único, porque
siendo inocente fue muerto el Señor.
Salmo 63
SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS
Este salmo se aplica especialmente
a la pasión del Señor. (S. Agustín)
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 1. Harán llanto como llanto por el hijo único, porque
siendo inocente fue muerto el Señor.
Ant. 2: Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Salmo 42
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 2: Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Ant. 3: Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los
siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.
Salmo 150
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant. 3: Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los
siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.
LECTURA BREVE
Esto dice el Señor: «En su aflicción me buscarán, diciendo:
"Volvamos al Señor. Él, que nos despedazó, nos sanará; él,
que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará, y al
tercero nos levantará, y viviremos en su presencia."»
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Ant.: Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y
una muerte de cruz; por eso Dios lo levantó sobre todo y
le concedió el «Nombre – sobre – todo – nombre».
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con
tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.
Cántico de Zacarías
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró
a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Come era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amen.
Ant.: Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con
tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.
PRECES
Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos
los hombres quiso morir y ser sepultado, para resucitar de
entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:
Señor, ten piedad de nosotros.
Oh Señor, que junto a tu cruz y a tu sepulcro tuviste a tu
Madre dolorosa que participó en tu aflicción, * haz que tu
pueblo sepa también participar en tu pasión.
Señor Jesús, que como grano de trigo caíste en la tierra para
morir y dar con ello fruto abundante, * haz que también
nosotros sepamos morir al pecado y vivir para Dios.
Oh Pastor de la Iglesia, que quisiste ocultarte en el sepulcro
para dar la vida a los hombres, * haz que nosotros sepamos
también vivir escondidos contigo en Dios.
Nuevo Adán, que quisiste bajar al reino de la muerte, para
librar a cuantos, desde el origen del mundo, estaban
encarcelados, * haz que todos los hombres, muertos al
pecado, escuchen tu voz y vivan.
Cristo, Hijo de Dios vivo, que has querido que por el
bautismo fuéramos sepultados contigo en la muerte, * haz que
siguiéndote a ti caminemos también nosotros en novedad de
vida.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Movidos por el espíritu filial que Cristo nos mereció con su
muerte, digamos al Padre: Padre nuestro.
ORACIÓN:
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de
los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que
concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el
bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu Espíritu.
V. La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amen.