La Polaridad en los Signos del Zodíaco (III)
EL EJE GÉMINIS – SAGITARIO
A veces, desconociendo la amplitud y la
complejidad del saber astrológico, suelen considerarse los doce signos del Zodíaco como unidades
separadas y con poca o nula relación entre sí. Sin embargo, cuando observamos una Carta Astral,
lo primero que llama, o que tendría que llamar nuestra atención, es precisamente la unidad
existente en el gráfico que, como un mandala, nos presenta perfectamente conjuntadas las energías
cósmicas que en él están representadas, así como también los cinco elementos de los que se
compone todo cuanto existe: Fuego, Aire, Agua, Tierra y Éter. Esta última fuerza elemental está
reflejada en la unión de todos los componentes del mandala, en la cohesión, el sentido y el
significado que otorga a la carta de natividad, o cualquiera de las demás modalidades, de cada
un@ de nosotr@s.
Al observar así cualquier tema astral, vemos
enseguida que hay una cierta simetría, sobre todo en lo que a los signos y las casas se refiere. Dos
líneas importantes del dibujo: horizontal una (Ascendente-Descendente) y vertical la otra (Medio
Cielo-Fondo de Cielo), dividen el gráfico en cuatro partes y esto nos ayuda a ver los distintos ejes
que caen dentro de cada cuadrante.
De acuerdo con el Principio de Polaridad, una de
las siete Leyes de Equilibrio Universal, los doce signos zodiacales forman entre sí seis parejas o ejes
energéticos. Repasemos de nuevo el contenido de esta ley: “Todo es dual; todo tiene dos polos;
todo tiene su par de opuestos; semejante y diferente son lo mismo; los opuestos son idénticos en
naturaleza, pero distintos en grado; los extremos se encuentran; todas las verdades no son sino
medias verdades; todas las paradojas pueden ser reconciliadas”. La verdad interna de este
principio es que en todo cuanto existe hay dos fuerzas, dos aspectos aparentemente opuestos que,
en realidad, son la misma cosa o la misma cualidad contemplada con un punto de vista distinto, o
expresada de otra manera, siendo la diferencia entre ellas únicamente de grado.
Gracias al Principio de Polaridad, entendemos y
recordamos que nada existe en solitario ni suspendido en el vacío, sino que todo y en cualquier
ámbito tiene su polo opuesto y, a la vez, complementario. De no ser así, nada podríamos conocer
ni comprender, por ejemplo, no nos daríamos cuenta de la diferencia de luz entre el día y la noche,
no apreciaríamos la risa y la alegría si no existieran también el llanto y la pena, no sabríamos qué
es un hombre ni una mujer, y así hasta el infinito con cualquier ámbito o cualidad que escojamos.
Los polos se relacionan entre sí a través de dos fuerzas: atracción y repulsión, es decir, hay una
emisión, un intercambio y una recepción de energía entre ellos, de manera que la vibración de uno
de ellos da lugar a un campo energético que provoca una perturbación, recibida por el otro como
una excitación y respondiendo a ella de manera atractiva o repulsiva.
Los opuestos siempre tienden a juntarse para
encontrar la armonía en la unidad, aunque posteriormente se separarán para no perder su
individualidad ni su idiosincrasia. La fuerza de atracción proporciona el equilibrio y la armonía, ya
que los opuestos se atraen para completarse, estimularse mutuamente y cubrir sus carencias,
observando y aprendiendo del otro polo aquellas cualidades que, o bien no tiene o bien no emplea
adecuadamente.
La fuerza de repulsión propicia el alejamiento y
la expansión porque no se puede soportar la tensión generada. Lo que realmente favorece la
repulsión es la semejanza entre los extremos que, de no repelerse, caerían en el caos, ya que lo más
cercano y lo más semejante a lo que un@ es, es precisamente lo que más nos desequilibra. Esto
ocurre porque, en vez de estimularnos, fortalece lo que hay, nos coloca en una situación de
comodidad y de conformismo e impide buscar otras alternativas.
Cada polo, por lo tanto, ayuda, alimenta y
estimula a su opuesto, a la vez que lo controla, lo regula y lo frena. Que los polos sean opuestos y
complementarios no significa que sean contradictorios. En realidad y en todos los ámbitos, cada
polo es un espejo o una cara oculta del otro, motivo por el que todos los opuestos son
interdependientes, generando cada uno de ellos unas situaciones que únicamente pueden
solucionarse con la intervención del opuesto. En consonancia con ello, el exceso de un polo atrae el
defecto del otro, cuando estimulamos uno de ellos en la medida que sea, el otro es inhibido de la
misma forma y cada polo da sentido a su opuesto. De manera que sólo podemos lograr la unidad y
el equilibrio cuando somos capaces de trascender los opuestos, creando así un tercer polo en el que
confluyen y expresamos de manera armónica las mejores cualidades y características de cada uno
de ellos.
Aplicando la Ley de la Polaridad a los doce
signos del Zodíaco, obtenemos seis parejas energéticas, correspondiendo un eje a cada una de
ellas. Esto quiere decir que el planeta o punto celeste que se encuentre en un extremo del eje, en un
signo por consiguiente, no ha de tomarse y entenderse como que sólo influye y trabaja ahí, sino
que, para un mayor equilibrio y una mejor evolución de la persona, el cuerpo cósmico en cuestión
tendrá que ir de un signo a otro, sin quedarse estancado en ninguno de los dos, para que así las
dos energías opuestas se reconcilien y den lugar a una alternativa superior, que englobe lo mejor
de cada una de las partes.
Veamos ahora brevemente, cuáles son esos seis
pares energéticos y las principales cualidades de cada uno. Después estudiaremos más
ampliamente, en ésta y posteriores entradas del Blog Metamorfosis y Vida, cada eje.
EJE DE LA PERCEPCIÓN
El eje de la percepción está formado por los
signos Aries y Libra, encontrándonos entonces con la relación Yo-Tú. Es el primer eje de la rueda
zodiacal y, por lo tanto, el que la abre. Aries necesita a Libra para verse y Libra necesita a Aries
para afirmarse. Para fluir a través de este eje tenemos que equilibrar nuestra necesidad de
identidad con la expansión y la convivencia. L@s demás no anulan al yo sino que lo enriquecen y
el yo no debe aislar a la persona de l@s demás sino contribuir a que sea una más del grupo, sin
renunciar por ello a sus características particulares aunque sí sabiendo adaptarse y respetando al
resto de individualidades.
EJE DEL DESEO
El eje del deseo está formado por los signos
Tauro y Escorpio, encontrándonos con la relación Posesión-Eliminación. Tauro quiere poseer lo
que desea y Escorpio necesita eliminar lo que ya no le sirve y le impide avanzar. Al sintonizar y
trabajar con este eje debemos aprender a desprendernos de lo antiguo, de lo caduco, con el fin de
dar paso a lo nuevo. Si no lo hacemos y continuamos manteniendo las pautas que ya no sirven, no
nos moveremos internamente y, como consecuencia, no habrá crecimiento ni una nueva vida. No
podemos pretender que haya cambios si continuamos haciendo las mismas cosas, sobre todo las
que sabemos sobradamente que ya no sirven y no dan los resultados deseados. Otro aprendizaje
de este eje está relacionado con saber valorar y apreciar en su justa medida cuanto tenemos, tanto
material como de otra índole.
EJE DEL CONOCIMIENTO
El eje del conocimiento lo constituyen los signos
Géminis y Sagitario, sintonizando en él con la relación Lógica-Espíritu. Géminis representa la
lógica, la razón, la mente y en Sagitario trascendemos esta forma de pensamiento, accediendo a
formas superiores de conocimiento como la intuición, la filosofía y la espiritualidad. Para transitar
adecuadamente por este eje, Géminis necesita conectar con el lado intuitivo de Sagitario y éste
necesita la lógica geminiana para no salirse de la realidad en la que vive y pretender imposibles.
EJE DE LAS NECESIDADES
El eje de las necesidades está formado por los
signos Cáncer y Capricornio, estableciéndose en él la relación Dependencia-Contención. Cáncer
necesita de la contención de Capricornio para controlar o limitar sus dependencias y movimientos
emocionales, mientras que Capricornio necesita de la actividad emocional de Cáncer para ser
menos rígido y seco. Cáncer une y Capricornio aísla, ambos son necesarios para una convivencia
armoniosa.
EJE DE LAS EMOCIONES
El eje emocional está formado por los signos Leo
y Acuario, sintonizando con la relación Calor-Frío. El calor de Leo necesita templarse con el frío de
Acuario, puesto que el fuego de Leo puede quemar a quienes ama o a quienes rechaza e incluso a
sí mism@. A su vez, el frío acuariano necesita templarse con el fuego leonino y poder así acercarse
a l@s demás y transmitir emociones. Leo necesita razonar sus emociones para que sean posibles y
Acuario necesita del fuego de Leo para aproximarse al mundo y participar en él.
EJE DEL SERVICIO Y DE LA ENTREGA
El eje del servicio y de la entrega está formado
por los signos Virgo y Piscis, y se relaciona con la polaridad Discriminación-Disolución. Es el
último de la rueda zodiacal y, por lo tanto, el que la cierra. En Virgo trabajamos para comprender
nuestras vivencias, mientras que en Piscis nos disolvemos en algo superior. Virgo necesita saber
que su trabajo es necesario para entregarse en cuerpo y alma. Piscis necesita estar contenido para
poder abrirse. Virgo es la discriminación, el detalle y Piscis la dispersión, el caos.
Las seis polaridades, al igual que cualquier otro
aspecto o relación dibujada en una Carta Astral, nos influyen y por eso debemos conocerlas,
entender cuál y cómo es esa influencia en nuestra persona y en nuestra vida, así como aprender a
transitar de uno a otro polo, expresando y desarrollando las cualidades de cada uno de ellos, para
lograr una síntesis armoniosa y equilibrada. La idea que limita la Astrología a pertenecer
únicamente a uno u otro signo por la fecha, la hora y el lugar de nacimiento es completamente
equivocada y debemos desterrarla. La realidad es que tanto la posición de nuestro Sol como del
resto de los planetas y puntos celestes que componen nuestro Tema Natal, nos indican que nos
movemos dentro del eje formado por esas posiciones planetarias y, por consiguiente, debemos
aprender a acceder a una y a otra de sus polaridades, en función de las situaciones y de las
necesidades de cada momento. No siempre tenemos la posibilidad de acceder a los dos polos de
un eje ni de fluctuar por él, pudiendo también estar cerrada o con obstáculos alguna de las puertas.
Cuando ocurre esto, sólo somos conscientes y expresamos uno de los extremos del eje, en
detrimento del otro, y tenemos que encontrar la manera de poder abrir ese camino y conectar con
esa otra parte que no conocemos y que a veces es la que más nos puede ayudar. De esta manera, y
aplicando todo este proceso a los seis ejes, aprendemos a unificarnos y a convertirnos en la unidad
compuesta de doce facetas energéticas diferentes que somos.
Vamos a estudiar ahora la polaridad
correspondiente a los signos Géminis y Sagitario.
GÉMINIS – SAGITARIO: EL EJE DEL CONOCIMIENTO
El deseo de conocimiento despierta en la persona
como una capacidad de observación y expansión de los sentidos físicos, como una necesidad de
compartir el saber colectivo y conocer la cultura en la que habita a través de la palabra de maestr@s
a quienes otorga autoridad. También nace como una necesidad de intercambiar, transmitir y
comunicar nuestros pensamientos, hasta adquirir la capacidad autónoma que nos permita
desarrollar nuestro propio juicio, participar libremente de una filosofía de vida y vislumbrar una
concepción del mundo que de sentido a nuestra propia existencia.
El ideal a alcanzar para Géminis es la verdad y
para Sagitario la fe. En este eje nos encontramos con el camino de la visión superior y los
arquetipos dominantes en él son, respectivamente: el/la aprendiz y la/el maestr@. Además, en
este eje tenemos los siguientes temas importantes: el intelecto versus la afectividad, el movimiento
físico y el movimiento mental, los viajes como toma de distancia de la realidad cotidiana.
La mente de Géminis se fue desarrollando
gracias a los períodos de aquietamiento de la vida emocional, junto con la capacidad de pensar
inteligentemente y expresar ideas. Sin embargo, una mente separada de la afectividad puede
convertirse, como muchas veces ocurre, en una herramienta de evasión, en un exceso de
intelectualidad, en un instrumento defensivo para “no sentir” aquello que puede dar lugar a dolor
emocional. Esta forma de poner distancia a las emociones dolorosas se convierte en Sagitario en
una huída de aquello que no puede evitarse en modo alguno, de aquella realidad que no se puede
eludir y de la que la distancia geográfica, el viaje, aparentemente nos preservaría.
El movimiento se dirige entonces al mundo
externo, para eludir el movimiento interior capaz de producir un “darse cuenta” profundo de lo
que está ocurriendo ahí, que irremediablemente llevaría a producir cambios. El movimiento
interno es desplazado hacia el entorno, si bien muchas veces éste es un primer paso necesario para
efectuar los “verdaderos” cambios mentales.
El camino de la sabiduría, en esta polaridad,
requiere madurez e introspección, con el fin de ir al encuentro del maestro interior. La adolescencia
mental, la incertidumbre, lleva a la dependencia del entorno, a la constante búsqueda de opiniones
y maestr@s que ayuden a decidir o que decidan incluso en nombre propio, o tal vez a mantener
una postura dogmática como un intento de compensar sentimientos de inseguridad, que pueden
convertir a las personas en seguidoras de falsos guías.
LAS CASAS III (GÉMINIS) Y IX (SAGITARIO)
En la Casa III, el domicilio natural de Géminis,
pasamos del espacio centrado en el propio cuerpo: segunda casa, a tomar contacto con el ambiente,
a conocerlo gracias a los sentidos físicos, a recorrerlo por medio del movimiento, a pensarlo y a
nombrarlo a través del lenguaje y de la palabra hablada. Partimos de la curiosidad, del impulso
espontáneo de conocer, apoyado por la maduración del sistema nervioso. Después, con el
desarrollo de la función simbólica, podemos representar ese espacio que hemos descubierto, dando
nombres a las cosas y expresando nuestras ideas. Posteriormente, ese espacio incluirá a sus
habitantes: herman@s, prim@s, parientes cercanos, compañer@s de escuela y primeros
aprendizajes.
De la adolescencia a la madurez, el espacio
cercano se agranda y al llegar a la Casa IX, domicilio natural de Sagitario, la visión se hace más
amplia, el espacio cercano se agranda, como se amplía el horizonte cuando ascendemos una
montaña, y el conocimiento concreto se transforma en aprendizajes superiores, en abstracciones y
teorías sobre el mundo, los seres humanos y las cosas. Ahora nos motiva el deseo de expansión, el
impulso espontáneo de búsqueda, desde el conocimiento, desde la filosofía, ir al encuentro del
significado último de la vida, del ser y de su relación con el mundo, con las leyes universales, con
la idea de Dios.
Desde otro lugar, los contenidos de este eje
pueden ser proyectados en el movimiento y el desplazamiento en el espacio físico: calles, pueblos,
ciudades, países cercanos o lejanos pueden ser recorridos a través de todos los medios de
transporte disponibles. El viaje constituye entonces una posibilidad de expansión, un punto de
vista diferente, una mirada a la vida desde otras culturas y/o creencias, una nueva comprensión
del significado que todo tiene.
LOS PLANETAS EN EL EJE GÉMINIS-SAGITARIO: MERCURIO- JÚPITER-QUIRÓN
Mercurio, regente exotérico de Géminis,
representa el principio mental de la inteligencia de los opuestos, la unión equilibrada de las
corrientes de vida positiva/activa y negativa/pasiva o receptiva, como en la vara del caduceo con
la que siempre se representa al dios griego Hermes. Mercurio representa el cerebro como un
instrumento para pensar y razonar sobre la base de las impresiones de los sentidos y la memoria.
Gobierna todos los instrumentos con los que nos expresamos y comunicamos: habla, lenguaje
gestual o corporal, escritura, medios físicos de comunicación… Pero este mensajero alado que
Mercurio es permite, sobre todo, transitar con la guía del alma por todos los planos, desde la vida
de instintos y pasiones hasta una conciencia más elevada.
Quirón, otro regente de Géminis, representado
por el mítico centauro que era mitad hombre y mitad caballo, simboliza la aspiración humana de
usar todos los recursos y el potencial energético que cada persona posee, con una dirección precisa,
activando para lograrlo los mecanismos de sanación y la sabiduría interior que también tod@s sin
excepción llevamos dentro. Para comprender el significado individual que este asteroide contiene
en nuestra carta astral de nacimiento, es necesario un trabajo terapéutico que nos ayude a
descubrir esas heridas tempranas y frustraciones que dejaron hondas cicatrices y que, de distintas
maneras, se actualizan en el presente. Gracias a este trabajo de descubrimiento, a veces una
auténtica aventura en el más amplio sentido de la palabra, podemos hacer consciente la energía
interiorizada de la herida y transformarla en una potencia para la sanación, expresando esos
talentos heridos y frustrados desde tiempo atrás, según corresponda al área o casa natal en que
Quirón se encuentre.
Júpiter, regente exotérico de Sagitario, es
tradicionalmente considerado benéfico y próspero, y también colabora en la aventura del
conocimiento, la exploración y la expansión más vasta, acompañado siempre de un profundo
deseo de verdad espiritual y de búsqueda de Dios. Supera las limitaciones de la mente individual,
expresa la sabiduría de una mente universal que la persona capta con destellos de intuición.
Representa también la confianza esperanzada en la felicidad que la vida nos depara más allá del
momento y las circunstancias presentes.
Donde está Géminis es necesario, en líneas
generales, sentirte mentalmente activ@, superar la dualidad y la ambivalencia, encontrar la paz en
el abrazo fraterno. Y donde está Sagitario hace falta apaciguar tu sed de aventura, tu espíritu de
búsqueda, superar las estrecheces mentales y encontrar metas trascendentes que den sentido a tu
vida.
La Casa III, el domicilio natural de Géminis y de
Mercurio, está relacionada con las siguientes cuestiones: ¿cómo hablo, escribo, me comunico e
intercambio con mi entorno?, ¿cómo me relaciono con mis iguales y herman@s? En la Casa IX,
domicilio de Sagitario y Júpiter, las preguntas a plantearnos son éstas: ¿cómo es mi visión de la
vida y del universo?, ¿qué da sentido a mi propia vida?, ¿qué ideales me guían?, ¿cómo manifiesto
el sentimiento religioso?
Mercurio está relacionado con lo siguiente:
¿cómo se manifiesta mi necesidad de conocer, investigar, comunicar, analizar?, ¿cómo expreso mis
ideas?, ¿puedo usar plenamente mi potencial intelectual?, ¿siento que ciertas situaciones inhiben o
limitan mi autoexpresión y mi comunicación?, ¿cómo relaciono esto con situaciones de mi
infancia?
Quirón responde a estas preguntas: ¿en qué
aspecto personal siento que me aparto del rebaño y busco mi propio camino con mis talentos y
aptitudes? ¿Qué herida inconsciente percibo en su origen?, ¿cómo puede esa herida convertirse en
capacidad de ayuda y autosanación?
Júpiter en Sagitario tiene que ver con esto: ¿cuál
es el aspecto de mayor expansión en mi vida?, ¿qué cosas dan significado a mi existencia?, ¿en qué
siento la necesidad de crecer y disfruto de mi búsqueda?
Lógicamente, como en las cartas de cada un@ de
nosotr@s tanto Géminis y Sagitario como sus regentes no necesariamente estarán en las casas
correspondientes a sus domicilios naturales, tendremos que adaptar estas preguntas a las
características de las áreas terrestres en cuestión y a los signos en los que dichos planetas estén,
porque todo esto modificará sustancialmente la energía básica de este eje zodiacal para cada
persona.
María Sánchez-Villacañas de Toro
Astróloga y autora del libro
La Estela de los Astros
Alcántara Psicología y Espiritualidad
Escuela para la Evolución del Alma
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