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Hades: Dios del Inframundo Griego

Hades era el dios griego del inframundo y rey de los muertos. Tras la derrota de los Titanes, él y sus hermanos Zeus y Poseidón se repartieron el universo, correspondiéndole a Hades gobernar el reino subterráneo de los muertos. Como rey del inframundo, Hades se casó con Perséfone y juzgaba las almas de los fallecidos que llegaban a su reino a través del río Aqueronte.

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Hades: Dios del Inframundo Griego

Hades era el dios griego del inframundo y rey de los muertos. Tras la derrota de los Titanes, él y sus hermanos Zeus y Poseidón se repartieron el universo, correspondiéndole a Hades gobernar el reino subterráneo de los muertos. Como rey del inframundo, Hades se casó con Perséfone y juzgaba las almas de los fallecidos que llegaban a su reino a través del río Aqueronte.

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Hades

dios griego de los muertos

En la mitología griega, Hades (en griego antiguo ᾍδης Hadēs, originalmente Ἅιδης Haidēs o
Ἀΐδης Aïdēs —dórico Ἀΐδας Aidas—, ‘el invisible’)[1] ​alude tanto al antiguo inframundo griego
como al dios de este. La palabra hacía referencia en Homero solo al dios y el genitivo ᾍιδού
Haidou era una elisión para designar ubicación: ‘la casa/dominio de Hades’. Finalmente, también
el nominativo llegó a designar la morada de los muertos.
Hades

Hades, dios del Inframundo, junto al Cerbero, Museo Arqueológico de Creta, Grecia.

Dios del Inframundo

Actualmente en el cargo

Desde el Final de la Titanomaquia

Equivalente romano Dis Pater

Orcus

Plutón

Información personal

Residencia El Inframundo

Familia

Padres Cronos y Rea

Cónyuge Perséfone

Pareja Mente

Leuce

Hijos Macaria, y en algunos casos Melínoe, Pluto,


Zagreo y las Erinias
Familiares Poseidón (hermano)

Demeter (hermana/suegra)

Hestia (hermana)

Hera (hermana/cuñada)

Zeus (hermano)

Quirón (hermano)

Información profesional

Ocupación Cuidar el Tártaro

Información religiosa

Venerado en religión de la Antigua Grecia

Miembro de Dioses del Olimpo

Hades es el mayor hijo varón de Cronos y Rea.

Según el mito, él y sus hermanos Zeus y Poseidón derrotaron a los Titanes y reclamaron el
gobierno del cosmos, adjudicándose el inframundo, el cielo y el mar, respectivamente; la tierra
sólida, desde mucho antes provincia de Gea, estaba disponible para los tres al mismo tiempo.

Hades también era llamado Plouton (en griego antiguo Πλούτων, genitivo Πλούτωνος, ‘el rico’),
nombre que los romanos latinizaron como Plutón.

Los antiguos romanos asociaron a Hades/Plutón con sus propias deidades ctónicas, Dis Pater y
Orco; el dios etrusco equivalente era Aita.

El término «hades» en la teología cristiana (y en el Nuevo Testamento) es paralelo al hebreo


sheol (‫שאול‬, ‘tumba’ o ‘pozo de suciedad’), y alude a la morada de los muertos. El concepto
cristiano de infierno se parece más al Tártaro griego, una parte profunda y sombría del Hades
usada como mazmorra de tormento y sufrimiento.

El reino de Hades

En los antiguos mitos griegos, el reino de Hades es la neblinosa y sombría[2] ​morada de los
muertos (también llamada Érebo), a la que iban todos los mortales. La filosofía griega posterior
introdujo la idea de que los mortales eran juzgados tras su muerte y se los recompensaba o
maldecía. Muy pocos mortales podrían abandonar este reino una vez que habían entrado, con la
excepción de los héroes Heracles y Teseo. Incluso Odiseo en su nekyia[3] ​llama a los espíritus
de los difuntos, en lugar de descender hasta ellos.

Había varias secciones en el Érebo, incluyendo el Elíseo, los Campos de Asfódelos y el Tártaro.
Los mitógrafos griegos no son totalmente consistentes sobre la geografía del más allá. Un mito
completamente opuesto sobre la otra vida concierne al Jardín de las Hespérides, con frecuencia
identificado con las Islas de la Bendición, donde podían morar los héroes bendecidos.

En la mitología romana, la entrada al Inframundo localizada en el Averno, un cráter cercano a


Cumas, fue la ruta usada por Eneas para descender al reino de los muertos.[4] ​Por sinécdoque,
«Averno» puede usarse como referencia a todo el inframundo. Los Inferi Dii eran los dioses
romanos del inframundo.

Busto de Hades. Copia romana en mármol de un original griego del siglo V a. C.; el manto oscuro es un añadido moderno
(Museo Nacional Romano).

Para los helenos, los fallecidos entraban al inframundo cruzando el río Aqueronte, porteados por
Caronte, quien cobraba por el pasaje un óbolo, una pequeña moneda que ponían en la boca del
difunto sus piadosos familiares. Los pobres y aquellos que no tenían ni amigos ni familia se
reunían durante cien años en la orilla cercana.[4] ​
Los griegos ofrecían libaciones propiciatorias para evitar que los difuntos volviesen al mundo
superior a «perseguir» a quienes no les habían dado un funeral adecuado.

El otro lado del río era guardado por Cerbero, el perro de tres cabezas derrotado y domesticado
para sí mismo por Heracles (Hércules para los romanos). Más allá de Cerbero, las sombras de
los difuntos entraban en la tierra de los muertos para ser juzgadas.

Los cinco ríos del reino de Hades y su significado simbólico eran el Aqueronte (el río de la pena
o la congoja), el Cocito (de las lamentaciones), el Flegetonte (del fuego), Lete (del olvido) y
Estigia (del odio), el río sobre el que incluso los dioses juraban y en el que Aquiles fue sumergido
para hacerlo invencible. El Estigia formaba la frontera entre los mundos superior e inferior.
(Véase también Erídano.)

La primera región del Hades comprendía los Campos de Asfódelos, descritos en la Odisea,[3] ​
donde las almas de los héroes vagaban abatidas entre espíritus menores, que gorjeaban a su
alrededor como murciélagos. Solo libaciones de sangre que les eran ofrecidas en el mundo de
los vivos podían despertarlos durante un tiempo a las sensaciones de humanidad.

Más allá quedaba el Érebo, que podía tomarse como un eufemismo para el Hades, cuyo nombre
era temido. Había en él dos lagos: el de Lete, a donde las almas comunes acudían para borrar
todos sus recuerdos, y el de Mnemósine (‘memoria’), de donde los iniciados en los Misterios
preferían beber. Siendo este concepto del olvido de vidas pasadas, equivalente a que podemos
encontrar en la mitología China, en el rol que cumple el personaje de Meng Po.

En el antepatio del palacio de Hades y Perséfone se sentaban los tres jueces del Inframundo:
Minos, Radamantis y Éaco. Allí, en el trivio consagrado a Hécate, donde los tres caminos se
encontraban, las almas eran juzgadas; volvían a los Campos de Asfódelos si no eran virtuosas ni
malvadas y eran enviadas al camino del tenebroso Tártaro si eran impías o malas, o al Elíseo
(Islas de los Bienaventurados) con los héroes «intachables».

En los Oráculos sibilinos, un curioso batiburrillo de elementos grecorromanos y judeocristianos,


vuelve a aparecer el Hades como morada de los muertos, y por etimología popular, incluso
procede del nombre de Adán (el primer hombre), afirmándose como motivo que fue el primero
en entrar en él.[5] ​

El dios mayor del inframundo


La diosa Perséfone, esposa de Hades.

En la mitología griega, Hades (el ‘invisible’), el dios del inframundo, era uno de los hijos de los
Titanes Cronos y Rea. Tenía tres hermanas, Deméter, Hestia y Hera, así como dos hermanos,
Zeus (el menor de todos) y Poseidón. Juntos constituían los seis dioses olímpicos originales.

Al hacerse adulto, Zeus logró obligar a su padre a que regurgitase a sus hermanos. Tras ser
liberados, los jóvenes dioses, junto a los aliados que lograron reunir, desafiaron el poder de los
dioses mayores en la Titanomaquia, una guerra divina. Zeus, Poseidón y Hades recibieron armas
de los tres Cíclopes como ayuda para la guerra: Zeus los truenos, Poseidón el tridente y Hades
un casco de invisibilidad. La guerra duró diez años y terminó con la victoria de los dioses
jóvenes. Después de esta victoria, según un pasaje famoso de la Ilíada,[6] ​Hades y sus dos
hermanos menores, Poseidón y Zeus, echaron a suertes[7] ​los reinos a gobernar. Zeus se quedó
con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió el inframundo,[8] ​el reino invisible al que
los muertos van tras dejar el mundo, así como todas las cosas bajo tierra. Fue así como los tres
hermanos se convirtieron en los dioses supremos de la cultura griega.
Hades obtuvo su consorte definitiva y reina, Perséfone, raptándola, teniendo el concepto del
rapto varias interpretaciones simbólicas, en una historia que conectaba los antiguos misterios
eleusinos con el panteón olímpico en un mito fundacional del reino de los muertos. Helios le dijo
a la llorosa Deméter sobre Hades «que no es un indigno yerno el soberano de tantos, que es de
tu misma semilla y sabes bien dónde vive y qué lote le tocó cuando se hizo el reparto entre los
tres hermanos...»[2] ​

Hades y Perséfone, fresco de Vergina, Grecia, siglo IV a. C.

A pesar de las connotaciones modernas de la muerte como maldad, y de ser confundido el


Inframundo griego con el Infierno cristiano, Hades tenía en realidad un carácter más altruista en
la mitología. A menudo se le retrataba más como pasivo que como malvado: su papel era a
menudo mantener un relativo equilibrio, y solo intervenía cuando se violaba la división entre la
vida y la muerte o alguien entraba a su reino sin haber muerto primero.

Hades reinaba sobre los muertos, con la ayuda de otros sobre los que tenía completa autoridad.
Prohibió estrictamente a sus súbditos abandonar sus dominios y se enfurecía bastante cuando
alguien lo intentaba, o si alguien trataba de robar almas de su reino. Era igualmente terrible para
quien intentaba engañar a la muerte o cruzarla, como descubrieron desgraciadamente Sísifo y
Pirítoo.

Aparte de Heracles, las únicas personas vivas que se aventuraron en el Inframundo fueron todas
héroes: Odiseo, Eneas (acompañado por la Sibila), Orfeo, Teseo y, en un romance posterior,
Psique. Ninguno de ellos estuvo especialmente satisfecho con lo que presenciaron en el reino
de los muertos. En particular, el héroe griego Aquiles, a quien Odiseo conjuró con una libación
de sangre, que dijo: «No me hables con dulzura de la muerte, glorioso Odiseo. Preferiría servir
como mercenario a otro antes que ser el señor de los muertos que han perecido.»[9] ​
Culto

Hades, dios de los muertos, era un personaje temible para aquellos que aún vivían. Sin prisa por
encontrarse con él, eran reticentes a prestar juramentos en su nombre. Para muchos,
simplemente decir la palabra «Hades» ya era espantoso, por lo que se buscaron eufemismos
que usar. Dado que los minerales preciosos venían de las profundidades de la tierra (es decir,
del «inframundo» gobernado por Hades), se consideraba que tenía también el control de estos, y
se referían a él como Πλουτων Plouton (relacionado con ‘riqueza’), de donde procede su nombre
romano, Plutón. Sófocles explicaba el hábito de referirse a Hades como ‘el rico’ con estas
palabras: «el sombrío Hades se enriquece con nuestros suspiros y lágrimas». Además, se lo
llamaba Clímeno (Κλυμενος, ‘célebre’), Polidegmon (Ρολυδεγμων, ‘que recibe a muchos’) y quizá
Eubuleo (Ευβουλεος, ‘buen consejero’ o ‘bienintencionado’),[10] ​todos ellos eufemismos que
evolucionaron a epítetos.

Aunque era un olímpico, pasaba la mayor parte del tiempo en su oscuro reino. Formidable en la
batalla, demostró su ferocidad en la famosa Titanomaquia, la batalla de los olímpicos contra los
titanes, que entronizó a Zeus. Temido y odiado, Hades personificaba la inexorable finalidad de la
muerte: «¿Por qué odiamos a Hades más que a cualquier dios, si no es por ser tan adamantino e
inflexible?», se preguntaba retóricamente Agamenón.[11] ​No era sin embargo un dios malvado,
pues aunque severo, cruel y despiadado, era justo. Hades gobernaba el Inframundo y por ello era
con mucha frecuencia asociado con la muerte y temido por los hombres, aunque la
personificación real de esta era Tánatos.

Cuando los griegos apaciguaban a Hades, golpeaban sus manos contra el suelo para
asegurarse de que pudiera oírles.[12] ​La sangre de todos los sacrificios ctónicos, incluyendo los
dedicados a Hades, goteaba a un pozo o grieta en el suelo. La persona que ofrecía los
sacrificios tenía que apartar su cara.[13] ​

Sus pertenencias identificativas incluían un famoso casco, que le dieron los Cíclopes y que
hacía invisible a cualquiera que lo llevase. Se sabía que a veces Hades prestaba su casco de
invisibilidad tanto a dioses como a hombres (como a Perseo). Su carro oscuro, tirado por cuatro
caballos negros como el carbón, siempre resultaba impresionante y pavoroso. Sus otros
atributos ordinarios eran el narciso y el ciprés, la Llave del Hades y Cerbero, el perro de múltiples
cabezas. Se sentaba en un trono de ébano.

El filósofo Heráclito, unificando opuestos, declaró que Hades y Dioniso, la misma esencia de la
vida indestructible (zoë), eran el mismo dios.[14] ​Entre otros datos, Kerényi señala que la afligida
diosa Deméter rehusaba beber vino, que es el don de Dioniso, tras el rapto de Perséfone, debido
a esta asociación, y sugiere que Hades puede de hecho haber sido un «seudónimo» para el
Dioniso del inframundo.[15] ​Incluso sugiere que esta identidad dual puede haber sido familiar a
quienes entraban en contacto con los Misterios.[16] ​Uno de los epítetos de Dioniso era Ctonio,
‘subterráneo’.[17] ​

Representaciones artísticas

En el arte clásico, Hades es representado rara vez, salvo en cuanto al rapto de Perséfone.[18] ​

Perséfone

Fuente de Proserpina en Poznan (Polonia), esculpida por Augustin Schöps.

La consorte de Hades era Perséfone, representada por los griegos como la hermosa hija de
Deméter.

Perséfone no se sometió a Hades voluntariamente, sino que fue raptada por este mientras
recolectaba flores en la llanura de Nisa —de dudosa localización— o en un valle próximo a la
ciudad de Enna. Hades abrió una agujero en el suelo para llevarse a Perséfone sin que Deméter
se diese cuenta. Según el Himno homérico a Deméter, Zeus fue cómplice del rapto.[19] ​Después,
Hades convenció a su sobrina de que sería un gran esposo y que ella sería reina del inframundo,
la joven Perséfone se alegró al oír esto y accedió a comer los granos de granada que le ofreció
su nuevo esposo.
En protesta por este acto, Deméter lanzó una maldición sobre la tierra que
produjo una gran hambruna, y aunque los dioses fueron uno por uno a pedirle que la levantase
para que la humanidad dejase de sufrir, ella aseguraba que la tierra permanecería estéril hasta
que volviese a ver a su hija. Por fin intervino Zeus, quien a través de Hermes pidió a Hades que
devolviese a Perséfone. Este accedió, «pero antes de partir, tomó un grano de granada, que es
dulce como la miel y que Hades le ofreció porque sabía que así tendría que regresar.»[2] ​

Deméter preguntó a Perséfone a su regreso a la luz y el aire: «¿No habrás probado bocado
mientras estabas abajo? Porque si aún no lo has hecho podrás vivir con nosotros, pero si algo
comiste, tendrás que volver allí, pasarás los inviernos en la tierra profunda y al llegar el calor y la
tierra esté verde con nosotros vendrás a reunirte de nuevo.»[2] [20]
​ ​

Esto la ató a Hades y al Inframundo, para gran consternación de Deméter. Según algunas
versiones del mito, Perséfone fue cómplice del ardid, tras haberse enamorado de Hades y querer
permanecer junto a él. Zeus propuso un compromiso, al que accedieron todas las partes:
Perséfone pasaría la mitad del año con su marido.[21] ​Es durante esta época cuando el invierno
cae sobre la tierra, «una expresión de tristeza y luto».[22] ​

El matrimonio entre Hades y Perséfone se consideró estéril en la mayoría de las tradiciones,


aunque la Suda hace a Hades padre de Macaria, sin especificar quién era la madre. Algunas
tradiciones, también le otorgan la paternidad de las Erinias, diosas de la venganza y Melínoe,
diosa de los fantasmas; sin embargo, otras tradiciones se la otorgan a su hermano Zeus.[23] ​Por
otra parte, en uno de los fragmentos del Sísifo de Esquilo que se refiere a Zagreo, puede
interpretarse que la paternidad del último se atribuye a Hades.[24] ​

Teseo y Pirítoo

Hades encarceló a Teseo y Pirítoo, quienes habían prometido secuestrar y desposar a las hijas
de Zeus. Teseo eligió a Helena, la secuestró y decidió retenerla hasta que tuviese edad de
casarse. Pirítoo eligió a Perséfone. Dejaron a Helena con la madre de Teseo, Etra, y viajaron al
Inframundo. Hades conocía su plan de raptar a su esposa, así que fingió ofrecerles hospitalidad
y preparó un banquete. Tan pronto como la pareja se sentó, se enroscaron serpientes en torno a
sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado por Heracles, pero Pirítoo quedó preso
como castigo por osar pretender a la esposa de un dios.

Heracles
Hades, etiquetado como Plouton, ‘el rico’, porta una cornucopia en un ánfora ática de figuras rojas, c. 470 a. C.

El último trabajo de Heracles fue capturar a Cerbero. Primero viajó a Eleusis para ser iniciado en
los misterios eleusinos. Hizo esto para absolverse de la culpa por haber matado a los
centauros. Encontró la entrada al inframundo y, tras diversas vicisitudes, pidió permiso a Hades
para llevarse a Cerbero. Este accedió, si lograba dominar a la bestia sin ayuda de las armas.
Consiguió hacerlo, se lo llevó y, tras mostrarlo a Euristeo, lo devolvió al inframundo.[25] ​

En otro episodio mítico en el que Heracles dirigió una expedición contra Pilos, este llegó a herir
a Hades, que ayudaba en aquella ocasión a los pilios.[26] ​

Orfeo y Eurídice

Hades solo mostró clemencia una vez: cuando Orfeo, un gran intérprete musical, viajó al
Inframundo para recuperar a su esposa, Eurídice, que había sido mordida por una serpiente y
murió en el acto. Incapaz de aceptar su muerte, Orfeo fue a pedir a Hades una segunda
oportunidad. Emocionado por la habilidad musical de Orfeo, Hades permitió que este se llevase
a su esposa de vuelta al mundo de los vivos con la condición de que nunca intentase mirar atrás
para comprobar si ella lo seguía hasta llegar a la superficie. Orfeo accedió y partió con Eurídice
de vuelta al mundo de los vivos, pero pronto le asaltaron las dudas, temiendo que Hades lo
hubiese engañado dándole el alma equivocada, o que su esposa no pudiera seguirlo o lo
hubiese abandonado. Al salir del mundo de los muertos Orfeo no se pudo contener y se dio la
vuelta, para descubrir que su esposa sí lo había seguido, pero que ella todavía no había salido
del Hades, por lo que la promesa se rompió y Eurídice volvió al mundo de los muertos. Orfeo
muere poco después por las Ménades.

Mente y Leuce

Hades tuvo dos amantes conocidas. Una fue la ninfa Mente, asociada con el río Cocito.
Perséfone la transformó en la planta llamada menta. Hades también se enamoró de la ninfa
Leuce. La raptó y la llevó al Inframundo. Después de su muerte, su cuerpo fue metamorfoseado
por Hades en un álamo blanco en los Campos Elíseos. Otra versión cuenta que fue
transformada por Perséfone en este árbol mientras estaba junto a la laguna de la Memoria.

Caronte

En la antigua Grecia y en la antigua Roma era costumbre poner un óbolo dentro o sobre la boca
de los difuntos, ya que estos tenían que pagar a Caronte, el barquero del Hades.[27] ​

Nox (Nix)

En la Eneida del poeta romano Virgilio, las Erinias son hijas de Plutón,[28] ​el equivalente romano
de Hades, pero a diferencia de la tradición órfica, la madre es la diosa Nox (Nix)[29] ​y no su
esposa Proserpina (Perséfone).

Véase también

Enma

Nergal

Erlik

Pluto

Tánatos

Notas

1. Mike Dixon-Kennedy, siguiendo a Károly Kérenyi (1951; The Gods of the Greeks; pág. 230), en
Encyclopedia of Greco-Roman Mythology (1998; pág. 143): «su nombre significa ‘el invisible’,
un contraste directo con su hermano Zeus, que era originalmente visto como representante
del brillo del día»; Vyacheslav V. Ivanov, Old Novgorodian Nevide, Russian nevidal’: Greek
ἀίδηλος ([Link]
dfs/IESV/1/VVI_Nevide_etc.pdf) citando a Robert S. P. Beekes, Hades and Elysion en J.
Jasanoff, et al., eds. (1998) Mír Curad: Studies in Honor of Calvert Watkins. Beekes muestra
que la derivación de Thieme desde *som wid- es semánticamente insostenible.
Análogamente, la palabra hebrea para la morada de los muertos, sheol, también significa
literalmente ‘invisible’. El Crátilo de Platón improvisa extensamente sobre la etimología, con el
personaje de Sócrates asegurando que el nombre del dios no procede de aiedes (‘invisible’)
como se cree comúnmente, sino de «su conocimiento (eidenai) de todas las cosas nobles».
Viacheslav Ivánovich Ivánov (Вячеслав Иванович Иванов, 1866 - 1949): poeta,
dramaturgo y filósofo ruso.

2. Himno homérico a Deméter.

3. Odisea xi.

4. VIRGILIO: Eneida vi.

5. Oráculos sibilinos i.101-3.

6. Ilíada xv.187–93.

7. Walter Burkert, en The Orientalizing Revolution: Near Eastern Influence on Greek Culture in the
Early Archaic Age (1992) pp. 90 y ss., compara esta única referencia con el Atrahasis
mesopotámico: «la estructura básica de ambos textos es asombrosamente similar». El sorteo
no era la versión habitual: Hesíodo (Teogonía 883) declara que Zeus derrocó a su padre y fue
aclamado rey por los otros dioses. «Difícilmente haya en Homero otro pasaje que se acerque
tanto a ser una traducción de una épica acadia», concluye Burkert (p. 91).

8. Poseidón dijo: «Yo obtuve por suerte habitar siempre en el espumoso y agitado mar, tocáronle
a Hades las tinieblas sombrías, correspondió a Zeus el anchuroso cielo en medio del éter y
las nubes; pero la tierra y el alto Olimpo son de todos.» (Ilíada xv.187.)

9. Odisea xi.488.

10. El nombre «Eubuleo» aparece más a menudo como epíteto de Dioniso o Zeus.

11. Ilíada ix.

12. Graves, R. (1960). The Greek Myths ([Link] .


§31.e. «Hades nunca sabe qué está sucediendo en el mundo superior, o en el Olimpo, salvo
por la información fragmentaria que le llega cuando los mortales golpean sus manos sobre la
tierra y lo invocan con juramentos y maldiciones».
13. KERÉNYI, K. (1951). Gods of the Greeks ([Link] .
p. 231 ([Link] .

14. Heráclito, encontrándose con la fiesta de la Faloforia, en la que se desfilaba con falos,
comentó en un fragmento conservado: «Si no ordenasen la procesión en honor del dios y le
dirigiesen la canción fálica, sería el más desvergonzado de los comportamientos. Pero Hades
es el mismo que Dioniso, para quien cantan y se comportan como bacantes». (Citado en
KERÉNYI, K. (1976). Dionysos: Archetypal Image of Indestructible Life. Princeton University
Press. pp. 239 y sig.)

15. Kerényi (1967) pág. 40.

16. Kerényi (1976) pág. 240.

17. Kerényi (1976) pág. 83.

18. VERMEULE, Emily (diciembre de 1958). «Mythology in Mycenaean Art (La mitología en el arte
micénico)» ([Link] . The Classical Journal 54 (3): 97-108.
Véase "Arte y artesanía de la civilización micénica".

19. Himno homérico II: a Deméter, 1-33. Según este himno homérico, Zeus no solo consintió el
rapto sino que instigó a Gea a hacer brotar un asombroso narciso que fascinó a Perséfone.
Esta lo recogió en el lugar donde se abrió la tierra y surgió Hades.

20. OVIDIO: Fastos IV,419-618.

21. Guirand (1959) pág. 175.

22. Guirand (1959) pág. 176.

23. «Mitología Griega: el mito de Perséfone» ([Link]


persefone/) .

24. ESQUILO: fragmento 228.

25. Biblioteca mitológica II,5,12.

26. Ilíada V,395. Biblioteca mitológica II,7,3.

27. No sobre los ojos: todas las fuentes literarias especifican la boca. Calímaco, Hecale
fragmento 278 en el texto de R. Pfeiffer Callimachus (Oxford University Press, 1949) vol. 2
pág. 262; ahora ordenado como fragmento 99 por A. S. D. Hollis en su edición Callimachus:
Hecale (Clarendon Press, 1990) pp. 284 y ss., de la Suda, especificando la boca, también en
Etymologicum Graecum («Danakes»). W. Smith también especifica la boca, aunque la
arqueología desmiente su afirmación de que todos los cadáveres tenían una moneda (Smith,
W., ed. (1867). «Charon». A Dictionary of Greek and Roman biography and mythology. Boston:
Little, Brown & Co. i.689 ([Link]
L3129.0001.001;view=image;seq=704) . OCLC 68763679 ([Link]
763679) .) Véase también Óbolo de Caronte.

28. Dice la diosa, y con furor dirige /A la tierra su vuelo. De la horrenda/ Mansión de las hermanas
furibundas/ Y las tinieblas hórridas del Orco,/ A Alecto evoca de los duelos madre,/ En cuyo
pecho luctuoso moran/ Las tristes guerras, iras y rencores,/ Las asechanzas y malvados
crímenes:/ Monstruo á quien odia hasta su padre mismo/ Plutón y sus hermanas del Averno:/
En formas mil distintas se convierte/ De fieros rostros, y serpientes miles/ De su cabeza
brotan. A ésta Juno/ Dirígese y excita en voces tales:/ —«¡Oh hija de la noche! Dame, oh
virgen,/ Con tu propio poder potente auxilio./ No quebrantados nuestro honor y fama/ En este
suelo cedan; que los teucros/ No estrechen por la boda al rey Latino,/ Ni del ítalo reino se
apoderen.(Eneida 7.323 - 7.334; traducción en verso castellano por Luis Herrera, Madrid, 1905,
Biblioteca Digital Hispánica ([Link] )

29. Dos plagas hay, que Furias denominan,/ Que diera á luz la Noche tenebrosa/ Con la infernal
Megera en solo un parto;/La cabeza erizóles de serpientes,/ Y al par les añadió veloces alas.
(Eneida 12. 845 - 12. 848)

Enlaces externos

Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Hades.


Odisea: Canto X; texto español en Wikisource. Véanse los vv. 488 - 574 ([Link]
org/wiki/Odisea:_Canto_X#vv._488_y_ss.) : Circe indica a Odiseo cómo ha de llegar al Hades
y qué ha de hacer allí.
Texto griego ([Link]
CE%B5%CE%B9%CE%B1/%CE%BA#v480) .
Odisea: Canto XI: Odiseo en el Hades; texto español en Wikisource.
Texto griego.
Himnos órficos, 17: A Hades.
Texto inglés ([Link] en Theoi; trad. de
1792 de Thomas Taylor.
Thomas Taylor (1758 - 1835): neoplatónico inglés, el primero en traducir a su idioma
las obras de Platón, las de Aristóteles y los fragmentos órficos.
Texto inglés ([Link] : otra edición, en el sitio
([Link] Sacred Texts.
LAMB, Charles: The Adventures of Ulysses (Las aventuras de Ulises), Chapman & Hall, 1808; en
inglés.
Reproducción, en facsímil electrónico, en el sitio ([Link] del Internet
Archive.
II ([Link] : La casa de
Circe – Hombres trocados en bestias – El viaje al Infierno o La morada de los
muertos – El banquete de los muertos.
BULFINCH, Thomas: Mitología de Bulfinch (Bulfinch's Mythology).
I: La era de la fábula o Historias de dioses y héroes (The Age of Fable o Stories of Gods and
Heros, 1855).
I, 32: Las regiones del Infierno; la Sibila (The Infernal Regions - The Sibyl): texto (http
s://[Link]/cla/bulf/[Link]) , en inglés, en el sitio del Internet
Sacred Text Archive.

El mismo texto ([Link]


YSIUM) en Wikisource.
Traducción ([Link]
Campos_El%C3%ADsios) portuguesa en Wikisource.
HARRISON, Jane Ellen: Myths of the Odyssey in Art and Literature (Mitos de la Odisea en el arte
y en la literatura), 1882.
Reproducción, en facsímil electrónico, en el sitio del Internet Archive; en inglés.
IV: El Hades ([Link] .
«Haides» ([Link] en Greek Mythology Link ([Link]
[Link]/GML/) (en inglés)
Imágenes de Hades y del Hades ([Link]
sults_basic_search.php?p=1&var_1=Hades) , en el sitio ([Link]
[Link]) del Instituto Warburg.
Imágenes de Plutón ([Link]
[Link]?p=1&var_1=Pluto) , en el mismo sitio.
Imágenes del Inframundo ([Link]
asic_search.php?p=1&var_1=Underworld) , en el mismo sitio.
Imágenes de Tártaro y del Tártaro ([Link]
esults_basic_search.php?p=1&var_1=Tartarus) , en el mismo sitio.
Sobre Hades y sobre el Hades ([Link]
s) , en el sitio ([Link] del Proyecto Perseus.
Sobre Plutón ([Link] , en el mismo
sitio.
Sobre el Inframundo ([Link] ,
en el mismo sitio.
Sobre el Tártaro ([Link] , en el
mismo sitio.

Mapas del Hades


Mapa en Greek Mythology Link ([Link]
[Link])

Mapa en [Link] ([Link] (inglés)

Mapa en [Link] ([Link] (inglés)

Datos: Q41410

Multimedia: Hades ([Link]

Obtenido de
«[Link]
title=Hades&oldid=143856428»


Última edición hace 5 días por SeroBOT

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