La Jama: /,/aneo
La Jama: /,/aneo
Je \,\aneo
Tras \os rasos Je una \eyenJa urkana...
Guillermo Barrantes
La dama de blanco
es una obra de producción
colectiva creada y diseñada
Proyecto y dirección editorjal:
por el Departamento Editorial ,
Raúl A. González y de Arte y Gráfica de Estación
Director de la colección: En el bar llamado "Prólogo " .................... ...... ...... ........ .. . 5
Matras H. Raia Zona mítica cero: Ectoplasmosis ... .. .... ........... .7
Primer círculo mítico: Fant asmas pacíficos .... .......... .19
en e\ kar \\amaJo
''l'ro10501'
Guillermo Barrantes
Era imposible no detenerse. Los sollozos eran rea l- Fabián-. ¿Por qué no me acompañás? Te va a hacer
mente desgarradores. bien olvidarte un poco ... de eso ...
Cuando Fabián llegó a la esquina le puso la mano en Ella lo miró, primero sorprendida, después co n cier-
el hombro. ta duda.
-¿Estás bien? -le preguntó, y de inmediato se dio No la pierdas ...
cuenta que se trataba de una pregu nta estúpida. Era -Es un lindo grupo -continuó, tratando de trans-
obvio que no estaba bien-. ¿re puedo ayudar en ...? mitirle seguridad-. Me refiero a mis amigos. La vas a
Fabián no pudo t erminar de formular aque lla segun- pasar bien co nmigo. Con nosotros, digo.
da y más acertada pregunta. Al escucharlo, la chica Ella parpadeó. Nuevas lágrimas rodearon su peque -
sacó las m anos de la cara y lo miró. El frío, el apuro ... ña nariz. Pero ya no lloraba. Hasta pareció esbozar
El mundo pasó a ser un recuerdo, un eco lejano. Esa una sonrisa.
cara, esos ojos marrones llenos de lágrimas, clavados Era el momento de arriesgarse.
en él, f ueron, por un instante, lo único real , lo único -¿vamos? - le preguntó Fabián, ofreciéndole la
vivo para Fabián. mano abierta.
Aquella chica era linda, aunque no la más linda que Ella volvió a dudar. Miró a su alrededor, luego a él.
jamás hubiera visto; y tampoco la más bronceada . Con la punta de los dedos se secó las últimas lágri-
Pero esa pa lidez enmarcando esos ojos algo achina- mas. Al fin apareció en su ca ra una sonrisa completa.
dos y ese pelo negro enmarcando esa palidez .. . Y por Y Rutina lo tomó de la mano a Fabián.
dentro escuchaba un único grito: No la pierdas .. . -Vamos - le dijo-. Confió en vos. Sos mi guía.
Cuando Buenos Aires volvi ó a existir, ella seguía ahí, Fabián pensó que si todo lo que había vivido, desde
llorando. Intent aba contestarle a Fabián, decirle algo a que nació hast a ese momento, lo llevaba hast a aquella
través de las lagrimas, de la angustia, pero le cost aba esquina, hasta aquella noche ... Si era así, va lía la pena.
mucho. Entre so llozos y gemidos, apenas pudo enten- Caminar con esa chica siet e u cicho cuadras le daban
der su nombre, Rutina , y que algo terrible le había ocu- sentido a su exist encia.
rrido, no una sino dos veces. Era la voz de ella preguntándole sobre varios de-
-Dos veces ... dos veces ... no es justo. talles de la ciudad , como si acabara de llegar de un
El cabello y el vestido de la chica parecía n moverse pueblo lejano. El contacto de sus m anos, todavía hú-
de manera caótica , como si desafiaran las direcciones medas por las lágrimas. Su mirada, el marrón de sus
impuest as por el viento. ojos ... Ya no podría olvidarlos.
-Estoy yendo al cumpleaños de un amigo - le dijo También fu e su r isa. Después de escucharla por
prim era vez, a la 1:34 de la madrugada, de aquel 29
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- La dama de blanc 13
A
bóvedas fa miliares . pesar de la cara de piedra y del nombre en el
mausoleo, Fab ián siguió buscándola por las
Entonces, vio eso oscuro que se m ecía sobre la en- ca lles del cementerio.
trada de uno de los mausoleos, justo al final del corre- -iRufina! -gritaba.
dor. Tenía que ser su saco. -iRufinaaaaa! -parecía que le contest aban los
Confío en vos, le había dicho Rutina cuando aceptó ir muertos desde el interior de las bóvedas, burlándose
con él a la fiesta. Confío en vos, le repitió al despedirse. de él; aunque [Link] menos enamorado diría que solo
LA qué se había referido? LPor qué escaparse así de se trat aba del eco.
alguien en el que se deposita ta nta confia nza? Después de un rato, creyó verla en una encrucijada,
Era su saco, efectivamente. Colgaba sobre una es- con un gato negro jugando entre las piernas.
tatua, cubriéndole la ca ra. Fabián se pu so el saco y, de - iRufina !
inmediato. retroced ió, horrorizado. -iRufinaaaaa!
No era posible... Se restregó los ojos varias veces. Pero no, era su estat ua, otra vez. Había andado
La ca ra de piedra que acababa de descubrir era la en círcu los.
de ella. Toda esa estatua era idéntica a la chica que De pronto, una sombra se movió. Fabián la percib ió
perseguía, que amaba, que ya extrañaba. por el rab illo del ojo. Era alguien vestido de negro, de
Aq uella c hica petrificada est aba de pie frente a la pies a ca beza. No le hubiera extra ñado entrever los
entrada del mausoleo, con la mano apoyada en el pi - huesos de una calavera bajo su sombrero o la hoja de
caporte que abría la cripta ... su cripta. Tras la est atua, una guadaña entre los pliegues de su traje.
sobre el umbral, podía leerse, en letras igualmente pá- Aun así, lo siguió. Si se trataba de la mism a Parca
lidas e inmóviles. "Rutina Cambaceres". recorriendo las habitaciones de uno de sus "hot eles",
haciendo el inventa rio matutino de los huéspedes.
..•,
••
16 Guillermo Barrantes
La oscura silueta se detuvo frente a otro mausoleo. do al interior de la manga-. Yo la perdí en un accidente.
no muy lejos. Allí también se alzaba la estatua de una Me la quitó un alud de nieve en plena luna de miel. Pero
chica, aunque esta no parecía de piedra. Tenía cier- ahora la estás buscando, así como yo busqué a mi Liliana.
ta apariencia metálica, como de bronce. Junto a ella -¿Y la encontró? Digo ... después de ...
había otra estatua, la de un perro. La ch ica se encon- -¿Después de muert a? Por supuesto. Tuve que
traba acariciando eternamente a su mascota. La fi- atravesar cada uno de los círculos mít icos para llegar
gura vestida de negro lan zó tal suspiro que pareció a ella, pero no me bastó. ¿A quién le bastaría?
estremecer a un ángel con el ala izqu ierda mutilada, -Lléveme, por favor - Fabián se aferró a esas pala-
ese que Fabián veía posado sobre una bóveda familiar bras. a esa absurda posibilidad. Pero ¿no era ya absur-
en ruinas. do todo lo que había vivido esa noche?
La sombra sacó una flor de su bolsillo, un jazmín, -Te repito que yo no puedo guiarte.
y lo colocó en la mano libre de la chica y, luego - ¿Quién. entonces? ¿Quién lo guió a usted hasta
de lanzar un nuevo suspiro, dijo: Liliana?
-Yo no puedo llevarte hasta ella. -No lo hagas. Es muy peligroso. Si no lográs
El viento helado sopló por los corredores del ce- sortear los círcu los, si algunos de los seres míticos te
menterio y amenazó con llevarse la flor de la mano vence, te atrapa ... será peor que la misma muerte.
de la chica. -Necesito ver a Rutina. aunque sea una vez más.
-A vos te hablo - pronunció la si lueta. pero ahora, -Si conseguís alcanzar el Otro Lado, como lo canse-
la misma mano que había puesto el jazmín entre los. . guí yo, te aseguro que no te alcanzará una vez. Vo lve-
dedos inmóviles de la ch ica , lo señalaba a él, a Fabián. rás, volverás y volverás. Y m ientras más vuelvas, más
El dedo índice que, estirado en su dirección, asomaba peligros habrá. Te convertirás en ·10 que yo soy ahora.
por la negra manga del sobretodo, si bien se veía flaco -No me importa. No me detendré.
y pálido, t an solo eran huesos desnudos. Se trataba de -Lo sé. Eso mismo dije yo ante la advertencia.
un hombre lo que habitaba dentro de aquel traje. Escuchá con atención: lo que viviste se trata de un
-¿se refiere a mí? -preguntó Fabián, como si no fenómeno de ectoplasmosis. Sucede cuando un
contempla ra el dedo acusador. puente de ectoplasma se tiende, por un instante.
-Te vi perderla, igual que yo perdí a Lili. Fabián ob- entre ambos m undos, entre ambas Buenos Aires, la
servó que a los pies de la estatua unas letras góticas natural y la sobrenatural. El punto exacto donde ambos .
rezaban: "Lilian a Crociati". Planos se tocan se conoce como "Zona mítica cero".
' 1
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-David Alieno, q1,1errás decir - lo corrigió aquel Tenés que tomarlo como la primera prueba que has
hombre sin dejar de barrer-. ¿para qué lo andás ne- de superar.
cesitando, si se puede saber? La vuelta no fue muy larga. Fabián regresó al mau-
-Me dijeron que él podría guiarme a... cierto lugar. soleo de su amada y ahí se quedó, como esperando
El hombre detuvo el va ivén de su escoba y miró a que la escultura de Rufina cobrara vida. Y sucedió que,
Fabián con detenimiento. en cierto momento, recorriendo con la vista el nombre
-¿No te advirtieron?-le dijo-. A él, a David, le gus- ta llado sobre la entrada a la bóveda, se dio cuenta de
tan mucho los juegos de palabras. la clave.
-¿Es usted? -arri esgó Fabián-. Usted es David Fabián, entonces, corrió hasta el sector del cemen-
Alleno, ¿no? terio donde había conversado con David, pero no lo
-Buen co mienzo, muchacho -asintió el cuida- encontró, solo estaba el ángel, sentado en el mismo
dor-. Buen comienzo. Pero antes de ayudarte, hay lugar, soñando con sus días en el cielo.
algo que me gustaría escuchar. - Buen día -escuchó Fabián a sus espaldas, y dio
-Debo pronunciar la palabra, ¿no? un respingo. El corazón le saltó en el pecho.
Fabián trató de recordar lo dicho por el hombre de Se trataba de un guardia de seguridad. Por las arru-
negro. Ahora David, con un plumero, sacudía la tierra gas y los mechones canosos que brotaban por debajo
pegada a las alas del ángel dormido. El tintineo de sus de su gorra, calculó que tendría más de sesenta años.
llaves retumbaba en los pasillos solitarios. - Hijo, ¿qué haces acá? - le preguntó el guardia.
- Ana ... iAnailil! -exclamó Fabián. -Estoy buscando a David Alieno, un cu idador. Ya
-¿Qué cosa? ¿Estás seguro que eso es lo que quie- tengo la palabra.
res decir? - ¿La palabra? No sé de qué estás hablando, mu-
El cuidador caminó hasta un sepu lcro, donde se chacho; pero, si me seguís, puedo llevarte hasta él.
marchitaban dos margaritas en un pequeño florero El guardi a lo cond ujo a través de un par de corre-
de plástico. David retiró las flores muertas y las reem- dores hasta un angosto sepulcro. Allí, de pie sobre la
plazó por dos nuevos pimpollos. De alguna parte, sacó tumba, se encontraba Alleno. Pero no la estaba lim-
una regadera, llenó el fl orero con agua y regó una fran- piando: esa era su tumba. El cuidador con el que hacía
ja de pasto alrededor de la tumba. unos instantes había conversado, al que había visto en
-Yo voy a andar por acá -le dijo el hombre -. Creo plena t area de limpieza , se hallaba rematando aque-
que te conviene pegar una vuelta, refrescar la mente lla lápida. retratado en piedra, como Rufina. Vestía
y volver a buscarme. La palabra debe ser la correcta. tal cual lo había visto Fabián, con sombrero y pañuelo
24 • Guillermo Barrantes La dama de blanco • 25
1881 a 1910".
Fabián buscaba a un hombre que llevaba muerto ¡tx4 ~~ F Ita.e~ nwrk -t:[Link]-~
más de cien años ... d $~. & ú'cR.4 eU 1W a'&¿,~. fo4 ccunl
-H ay muchos que visitan la tumba de David - le 1W6 u ¡[Link],. & ~ul ff!waA/¿ 2>Ju t/wocaAÍo
dijo el guardia-. Cuentan que amaba tanto este ce-
~~cu~ con, (.(/¡,foco¿ ~fuma,
menterio que un buen día se compró esta pequeña
parce la. se mandó a construi r su sepultura y, ansioso F co~ l!/l. fa,Jona, ~ cuw $~
por estrenarla, se suicidó. Algunos dicen que ven su
fantasma. pero yo no creo en esas cosas.
- Gracias -murmuró Fabián.
- De nada - replicó el otro y se alejó entre las criptas.
Fabián esperó que el guardia se perdiera en el pai - Lo segundo que ocur rió fue que una de las llaves
saje fúnebre, para hablarle a la estatua del cuidador: que eran parte de la escultura del cuidador. de pronto,
-Anifur. dejó de ser de piedra, cobró el brillo del metal, y cayó
A David Alieno le gustaban los juegos de palabras, del manojo. Fabián miró hacia un lado, hacia el ot ro,
el mismo David (o su espectro) se lo había confesado. tomó la llave y la guardó en su bolsillo. Luego, se dirigió
Y aq uello que el hombre de negro había gritado era hacia la salida del ceme nterio. Antes de irse, le dio un
"Anailil", el nombre de la mujer que amó y perdió, Lilia- beso a la escultura de Rutina.
na, pero invertido. "Anifur" era la inversión de Rutina. - Hasta pronto - le dijo.
Entonces, suced ieron dos cosas: primero, sopló un
viento helado, que recordó lo fría que había sido la no- ••
che. El viento trajo una hoja amarillenta que se posó
junto a la regadera de piedra. Al levantarla, vio que te-
nía un mensaje escrito:
_: 1
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E
1día resplandecía fu era del ce menterio. él creía haber vivido en las últ imas horas se trataba de
Lo primero que hizo Fabián al salir fue co- un sueño? Tal vez nunca fue a la fiesta de Hernán. ¿se
nectarse a internet con su celular y escribir habría quedado dormido y solamente soñó que lleva-
"ectoplasma" en el buscador. Leyó dos definiciones: ba a Rutina a la casa de su amigo, que la perseguía por
"emanación visible del cuerpo del médium" y "sustan- el cementerio, que hablaba con un hombre vestido de
cia blanquecina que representa al espíritu o fantasma negro y con un cu idador muerto hacía cien años?
manifestado". La segunda parecía ser más acertada. Se levantó de la cama . fue hasta la silla donde había
Rodeó, entonces, los muros del cementerio, hasta dejado su saco y metió la mano en uno de los bolsillos.
llegar a la esquina de Vicente López y Azcuénaga, al La llave, esa que cayó del manojo de Alieno, continua-
sitio exact o donde contempló por primera vez a Ru- ba all í. Por si no bastara, buscó en el otro. El interior
fina, la "Zona mítica cero", según el hombre de negro estaba pegoteado, como si hubiera n metido en él un
y David Alieno. No vio ninguna "sustancia blanqueci- poco de algodón de azúcar. Pero Fabián sabía que, en
na", salvo los restos de lo que parecía haber sido una realidad, eran los hilos del ectoplasma. Una vez más,
geométrica telaraña. Aq uellos hilos co lgaban , entre- los filam entos le envolvieron las puntas de los dedos.
lazados, de varias hendiduras de la pared exterior del Luego de quitárselos y dejarlos én el bolsillo, supo que
cementerio. Pero cuando Fabián los tocó, supo que no existía otra evidencia.
habían sido formados por una araña. Al mínimo con- Además, aún aleteaba sobre sus labios el frío beso
tacto. los filamentos le rodearon los dedos, como si de Rutina.
estuvieran vivos.
Le costó despegar el ectoplasma de su mano. pero Una vez que subió al colectivo, Fabián volvió a bus-
consigu ió meter unos hilos de la sustancia en el bolsi- car información con el celular. El Palacio Barolo, inau-
ll o del saco. gurado en el año 1923, era un libro hecho edificio. Luis
¡,
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Barolo, un productor agropecuario italiano, lo pensó de recompensa por el buen rato que me hiciste pasar, es
esa forma. Su compatriota, el arquitecto Mario Palanti, que subas a visitar el edificio, incluso, podés sacar al-
lo construyó. Ambos buscaban traer las cenizas del mí- gunas fotos con tu celu lar.
tico poeta italiano Dante Alighieri a la Argentina y guar- Fabián aceptó la propuesta y subió por las escaleras
darlas en el interior del palacio. Por eso, la construcc ión hasta el nivel más alto. Había leído que en la cima del
del edificio se inspiró en la gran obra de aquel poeta: la palacio había un faro, como esos que guían con sus
Divina Comedia. De ahí que los cien metros que terminó luces a los barcos. Era verdad, ahí estaba. Le sacó
midiendo corresponden a las cien partes, o "cantos", en una foto. Sin embargo, él busca ba otra cosa. Según lo
que se divide el libro. Además, sus vei ntidós pisos co in- escrito por Ali eno, las ceni zas de aquel que lo llevaría
ciden con las estrofas de los versos que lo componen. hasta Rutina debían estar all í, en algún lugar. Repasó
La Divina Comedia relata, entre otras cosas, aque ll o la otra parte de la nota:
que David Ali eno le anticipó en la nota: el descenso al
infierno de su autor, Dante Al ighieri. 2)~ bt a-~ 17Ui4 afto N<?[Link] Ol~.
Fabián ingresó al palacio por la entrada de Avenida ../ltB;~~~~c&.JJ~A~
de Mayo al 1300, en pleno cent ro de la ciudad, y fu e
directament e hacia un hombre de uniforme azul que ¿y si el hombre de la recepción tenía razón? ¿y si las
se asomaba por sobre un alto mostrador de madera. cenizas aún continuaban en Italia? ¿y si el espectro de
- Buenas ta rdes -dijo. aquel cuidador del cementerio de la Recoleta se estaba
-Buenas t ardes , ¿en qué puedo ayu darte? burlando de él?
Fabián decidió aprovechar la amabi li dad de aq uel Entonces, en medio de aquel mar de dudas, el faro se
sujeto para no andarse co n vueltas. encendió. Fue solo un momento, como si alguien lo hu-
-Necesitaría un poco, ta n solo una pizca de las ce- biera prendido y apagado, pero bastó para que el haz de
nizas de Dante Alighieri. Es para un experimento... di- luz iluminara un panel de madera, justo donde terminaba
gamos ... científico. la escalera. Algo había brillado en el panel en ese instante
El hombre se dobló de la risa. Su carcajada reverbe- fugaz. Fabián fue hasta él. El t echo era m uy bajo en ese
ró por todo el edificio como si fuera una multitud la que sector, y estaba todo muy oscuro. Ahora se alumbró con
se reía. su celular. Y cuando la luz de la pantalla volvió a iluminar
- Muchacho -le d ijo cuando se repuso-, ese es el panel, aquello brilló una vez más. Eran los rebordes
un m it o urbano. Las cenizas de Dante nunca llega- metálicos de una cerradura. Fabián, de inmediato, pensó
ron a la Argentina. Lo único que puedo of recerte, en en la llave de Alieno. La sacó de su bolsillo, la metió en la
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cerradura y cerró los ojos. La llave giró y el panel se abrió. -Fabián, no me trates de señor. A los poetas no nos
Emocionado, introdujÓ las manos lentamente, hasta que gusta. Además, como llevo muerto setecientos años, no
tocó un objeto. Lo tomó con delicadeza y lo llevó a la luz. soy oficialmente un señor. ¿Quién de todos te mandó?
Era una urna dorada del tamaño de una caja de zapatos. -Alieno. David Alieno. El cuidador del cementerio de
La tapa representaba una serpiente enroscada en sí mis- Recoleta.
ma, mordiéndose la cola. -Sí, sí. Hace mucho que no me mandaba a nadie. ¿y
Entonces, Fabián sintió que le arrebataban la urna. para qué quieres ir al infierno?
Pensó en el recepcionista vestido de azu l. También - No ... yo solo busco a una chica ...
podía ser el espectro de Barolo o del arquitecto Palan- -Una chica en el infierno - lo interrumpió Dante.
ti, o una combinación de ambos. Pensó en el mismísi- -No creo que Rufina ...
mo demonio. Todo esto pasó en uno o dos segundos. -¿Rutina cuánto? -lo volvió a interru mpir el poeta.
Hasta que vio quién era. O más bien qué: los hilos de -Cambaceres.
ectoplasma habían brotado de su otro bolsi ll o, se ha- -Claro, la dama de blanco. Muy bien. Entonces, debe-
bían pegado a la base de la urna, y ahora la sostenían remos recorrer otros círculos.
en el aire. La tapa cayó ... y sucedió. -¿círculos? -De pronto, Fabián recordó que el hom-
Las cenizas brotaron de la urna y se unieron a los hi- bre de negro le había nombrado unos círculos, pero ne··
los de ectoplasma en un remolino fenomenal, forman- cesitaba más información.
do primero un contorno, luego una figu ra, y fina lmen- -Así como para llegar al Averno hay que atravesar
te un cuerpo ... el cuerpo de un hombre. Algunos hil os nueve círculos infernales, para vo lver a ver a Rutina de-
de ectoplasma todavía colgaban de una de las manos beremos atravesar la misma cantidad de círcu los, pero
del hombre. estos son círculos míticos. Tendrás que demostrar que
-Toma -le dijo el hombre recién formado, hacien- eres merecedor de vis lumbrar el Otro Lado de Buenos
do que aquellos filamentos sobrantes regresaran al Aires. iVamos, no perdamos tiempo! Debemos aden-
bolsillo del que habían salido-. Tal vez los necesites trarnos en el segundo círculo.
más adelante. - ¿segundo?
-Gra ... gracias. -Sí. Fabián, acabas de atravesar el primero.
-M i nombre es Dante -se presentó el caballe- el de los fantasmas pacíficos, como David Alieno o como
ro-. Dante Alighieri. Y si estás aquí es porque necesitas yo. Ahora las cosas se pondrán un poco más peligrosas.
un guía. ¿Tu nombre?
-Fabián, señor.
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Dante estiró la mano y abrió la puerta para que Fa - Uno, dos segundos de soledad, de aquel aire gélido
bián bajara. Entonces, respiró profundo y sa lió del exhalado por el parque. Bastó un pestañeo para verla
auto. Antes de cer rar la puerta del vehículo, Dante de nuevo ... ia tan solo cinco o seis pasos de él! Enton-
le regaló un verso: ces, lo supo: aquel amante celoso no se conformó con
m atarla ... ila había decapitado! Ese vacío que pudo
Así como es de esperar percibir era la fa lta de una cabeza sobre los hombros.
que pueda atacarte el asma, Fabián hubiera preferido que aquel espectro gritara,
volverás a respirar maldijera o, al menos, que arrastrara unas ru idosas
si recuerdas el ectoplasma. cadenas tras él. Porque lo que hacía aún más aterra-
dora semejante aparición era la ausencia de sonido,
El parque estaba desierto. No había chicos corrien- el silencio que la acompañaba. Ese fantasma quería
do, ni artesanos vend iendo sus creaciones, ni perros. gritar su locura, pero no tenía boca ...
Fabián juraría que incluso no había pájaros sobre los Aunque no podía gritar, el espíritu de la esclava lleva-
árboles, ni uno solo cantá ndole al crepúsculo. Lo único ba en lo alto la plancha de carbón al rojo vivo. lista para
que hacía algún tipo de sonido era el viento. Corrien- dejarla caer sobre la temblorosa humanidad de Fabián.
tes de aire helado aullaban entre los troncos, entre los Ante el avance de la planch adora decapitada, Fa- 1
restos descascarados de un muro, tal vez una parte bián retrocedió y tropezó con las raíces de un ombú
de la desapareci da mansión de los Lezica. y cayó de espaldas. El suelo del parqu e parecía una il
Lo primero que vio fue una sombra ardiente, a lo le- capa de hielo.
jos, que parecía acercarse. Luego, despareció ... para Como Fabián sí tenía boca para gritar, lanzó un alari-
volver a materializarse, de repente. a unos diez metros do tremendo ante ese espanto del más allá que iba en
de Fabián. Ahora la sombra m ostró contornos propios ca mino de abalanza rse sobre él.
de un cuerpo femenino. Pero la desesperación, la profunda desesperación
Tuvo miedo. del que sabe inminente su final entre los vivos, siem-
Sí, era la esclava asesinada de la que le habló Dante. pre produ ce una última opción, como el m anotazo
Aún llevaba la plancha en la mano. Fabián, a través de que lanza aquel que está a punto de ahogarse. El ma-
su t error, vislumbró que algo andaba mal con aquella notazo de Fabián consist ió en meter la mano en el bol-
siluet a, algo ... como un vacío. sillo de su saco y extraer el últ imo rest o de ectoplas-
Pero la f igura volvió a desaparecer sin darle ti empo ma que aún guarda ba. Y sucedió que los filamentos
a descubrirlo. blanqueci nos salt aron de los dedos de Fabián hacia
38 • Guillermo Barrantes
O
tro gruñido. Otra frenada. Otro parque.
La noche había caído en Buenos Aires. Si bien es sabido
Noche de luna llena. que la plata mata hombres lobo,
-Estamos en el barrio de Versalles -anunció Dante-, también es conocido
más precisamente en la plaza Ciudad de Banff. que la goma los deja bobos.
-Qué nombre extraño -comentó Fabián.
-No tanto como llegar a ella en un taxi manejado Dicho esto, Dante estiró el brazo y abrió la puerta
por la Muerte, junto con un poeta fallecido hace cien- del lado de Fabián, quien guardó el arma y bajó.
tos de años -Dante sonrió y continuó- : Banff es el La noche se sentía un poco menos fría que la última
nombre de una pequeña ciudad escocesa donde San en el cementerio. Tal vez fuera por el disco entero de
Martín fue declarado ciudadano ilustre. la luna que flotaba allá arriba, en el cielo oscuro, y que
-¿san Martín? con su luz interrumpía el aire negro y helado.
-Sí, don José de San Martín, el Libertador. Aquel via- En la plaza, creyó ver a un niño o una niña jugando,
je a Escocia en 1824 por parte del general fue muy mis- aunque un instante después reconoció que era muy
t erioso. Pero esa es otra historia. Aquí, en esta plaza, t arde para que alguien de esa edad estuviera ahí solo.
hay otra cosa misteriosa, y deberás enfrentarte a ella. Ade más, al fijarse mejor, vio que aquella sombra era
Dante le puso en la mano un revólver y lo ca rgó con muy grande. Además, los niños no suelen aullarle a la
dos pequeños proyectiles plateados. luna. Porque eso fue lo que sucedió: ahí, subida a lo
-Balas de plata -dijo Fabián - . No me digas que ... más alto del tobogán, la sombra le aulló a la luna llena.
-Sí -lo interrumpió el poeta - . La condecoración Entonces, vo lvió a pasarle lo mismo que en el
de San Martín en Escocia no es el único lazo entre esta Parque Rivadavia: retrocedió, asustado y, al tropezar,
plaza y Gran Bretaña. La leyenda urbana asegura que, cayó al suelo, pero ahora, en vez de raíces de ombú, lo
hace varias décadas, a Versalles llegó un cargamento que le provocó la caída fue uno de los tachos de basu -
proveniente de Inglaterra. El cargamento incluía parte ra del parque.
42 Guillermo Barrantes La dama de blanco 43
Con el golpe, el arma se disparó no una, sino dos Lo único de goma que tenía a mano era ...
veces. Las balas suréaron la noche sin un blanco de- El lobizón saltó para dar la dentellada fata l y enton-
finido. Así que ahora estaba desarmado, tirado en el ces Fabián tomó esa ojota de goma media rota que
piso y con el contenido del cesto sobre el regazo y las había caído del cesto de basura y alcanzó a pegarle
piernas. Había papeles, envoltorios de todo tipo de go- justo entre los ojos.
losinas, botellas de plástico y hasta una ojota. ¿Qué pod ría hacer un "ojotazo", por más fuerte y
Cataplum, cataplum, cataplum ... certero que fuera. contra un monstruo en pleno salto
Aquel retumbar era peor que el aullido. sobrehumano? Pues, lo anunciado en el verso de Dan-
Ca tap/um, cataplum, cataplum ... te: cuando el lobizón t ocó t ierra ya se había convertido
Fabián no tuvo dudas: los disparos habían reve- en un hombre. La cara de aquel caballero era la de al-
lado su presencia. Eso que retumbaba eran las pa - guien desconcertado. Los deja bobos ...
tas de una bestia sobrenatural corriendo hacía él. la -Excuse me - le dijo el hombre en un perfecto in-
misma que había aullado a la luna . Y a la única bestia glés. Y luego se fue corriendo.
sobrenatural que se le daba por hacer esas cosas era Fabián guardó la ojota salvadora en uno de sus bol-
al lobizón. sillos y, respirando aliviado, regresó al taxi.
Cataplum, cataplum, cataplum ...
Derribando dos árboles con sus garras, apareció
aquel m onstruo mitad hombre, mitad lobo. Erguido,
mediría un poco más de tres metros. Su espeso pelaje
brillaba bajo la luz lunar, aunque no tanto como la sali-
va que le chorreaba de las fauces.
La bestia le clavó los ojos rojos, se pasó la lengua
por los colmillos y ...
Cataplum, cata plum, cataplum ...
Paralizado por el terror, el único músculo que podía
mover era su cerebro. Así que pudo recordar el verso
de Dante. Como ya no tenía balas de plata, pensó en lo
que habría querido decir el poeta con eso de "la goma
los deja bobos".
Cataplum, cataplum, cataplum ...
46 Guillermo Barrantes La dama de blanco 47
E
1 taxi se detuvo en la esqui na de Sarm iento
y Sa lguero, en el barrio de Almagro. Esta vez -¿El de recién? No.
la Parca no gruño y Dante se mantuvo en silen- -Nunca escuchaste su historia, entonces.
cio. El semáforo estaba en rojo. No había otro auto, ni -Jamás.
siquiera algún cam inante nocturno a la vista. Pero, de -Pues, el mito urbano asegura que aquí, en la esqui-
pronto, apareció un mimo. na de Sarmiento y Salguero, un artista de la pantomi-
Lo vio aparecer avanzando por la senda peatonal. ma, que dicen que se llamaba Xavier, hacía su rutina ca-
Se detuvo justo frente al taxi y, sin perder un momen- llejera frente a los automovilistas que se detenían frente
to, comenzó a desplegar su show. al semáforo. Pero cierto día, uno de estos conductores,
Fabián no era un fanático de la pantomima, pero tan impaciente como impiadoso, no esperó la luz verde,
tenía que reconocer que el otro era realmente bueno. y menos que Xavier terminara su show. Apretó el acele-
Con sus manos, palpaba paredes que no existían, con rador y atropelló al mimo, quien quedó tendido sobre el
sus pies subía escaleras invisibles, como haría cua l- asfalto, con los huesos rotos, sin vida.
quier mimo; pero sus movimientos eran ... diferentes. -Entonces, el mimo que vimos recién ...
Daba la sensación de que era capaz de adquirir casi -Es el guardián del cuarto círcu lo mítico, el repre-
cualquier postura, como si sus huesos fueran flexibles . sentante de los muertos vivos.
El artista terminó su rutina arqueándose hacia atrás, - ¿Muertos vivos?
como si su columna vertebral fuera de hule, haciendo -Exacto. La leyenda cuenta que un grupo de ami-
parecer una pavada las piruetas de Neo en la película gos de Xavier, mimos también algunos de ellos, lleva-
Matrix. Cuando el semáforo cambió a amarillo, Fabián ron el cadáver del malogrado artista a la casa de un
imaginó que el mimo vendría a buscar su recompen- chamán, un brujo que mediante un ritual despertó la
sa, lo que ellos tres como espectadores quisieran pa- conciencia de Xavier a la pseudovida de un zombi.
garle por el show. Y la verdad era que se lo había gana- -Un mimo zombi ... en Buenos Aires -Fabián no
do. Sin embargo, el mimo, simplemente, dejó el centro dejaba de sorprenderse.
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- Y aquí viene lo peor: se dice que Xavier sigue en un pasaje. Cuando llegó al final del cal lejón, se dio
rea lizando su núm ero de pantomima , en la esquina de cuenta de su error: no tenía salida. Podía intentar tre-
siempre, pero ahora lo hace con otra intención. par el alto enrejado que daba a las vía s del tren, pero
En ese preciso instante, una cara maquillada de era demasiado t arde: Xavier acababa de descubrir su
blanco y rojo se pegó a la venta nilla del lado de Dan - escondite y ya arrastraba su s destrozados pies por el
te. iEra el mimo, era Xavier! Fabián notó que lo blanco angosto corredor. Se acercaba a Fabián con sus ojos
era pintura, pero lo rojo ... lo rojo era sangre. Incluso de pez nadando en el poco maquillaje blanco que aún
podían percibirse t rozos de hueso asomando entre la le quedaba en la cara.
ca rn e de las mejillas. Por eso sus movim ientos eran Otra vez acechado por un ser mítico, pero ahora no
t an extraños: su cuerpo continuaba tan roto y desco- te nía con qué defenderse. Ni balas de plat a, ni ecto-
yuntado co mo después de ser atropellad o. Los oj os pl asma, ni siquiera una de esas advertencias en forma
del m uert o vivo t enía n un brillo líquido, com o los de un de poema de su guía. Solo guardaba la ojota encontra-
pez. Y gira ban de aquí para allá, como intentando ver da en la plaza de Versa lles. Veía difícil que aquel viejo
algo a t ravés del vidrio, algo dentro del t axi. ca lzado t ambién ahuyentara mimos zom bis.
-Ahora Xavier da su show -continuó Dante- para Fa bián sin tió una vibración en la pi erna. Primero
luego fijarse en cada auto que se detiene frente al semá- pensó que se trat aba del temblor propio del m iedo.
foro, para mirar en su interior en busca de su asesino y Pero no, era su celular. Lo extrajo del bolsillo pensan-
darle su merecido. Y como todos los zom bis son medio do más en usarlo como arma arrojadiza contra aquel
m iopes ... suele creer que cualquiera es ese hombre. m uerto vivo que en atender el llamado. En la pantalla
Entonces , los ojos del m imo dejaro n de bailar en sus se leía " Número desconocido". Xavie r seguía acortan-
cuencas defo rmadas y coincidieron en observar a Fa- do la dist ancia. Seis ... cinco ... cuatro met ros.
bián. Dante estiró la mano para poder abrirle la puerta - Hola, hola
una vez m ás. Sin querer, con sus dedos vacilantes, Fabián había
-Corre - fu e el único co nsejo que le dio el poet a. atendido la llamada. Juraría que era la voz de Dante la
Y Fabián obedeció de inmediat o. Corrió por las ca - que sonaba al otro lado de la línea. El poema a t ravés
lles de Alm agro , y a pesar de algún que ot ro t ropie- del teléfono le confirmó que se trataba de su guía:
zo y de su desesperación, en esta ocasión su nuevo
perseguidor, aunque se movía bast ante rá pido para En el pasillo de Pedro,
ser un zo m bi, no era t an ve loz co mo los ante riores. podrás. amigo, salvar te,
Para terminar de despistar a Xavier, Fabián se metió si te das cuenta, en serio,
que la clave está en el arte.
50 • Guillermo Barrantes
S
i había algo peor que cami nar solo por el inte - el único juego que resiste
rior del t ren fan t asma de un parque de diver- te salvará de la gresca.
siones, era cam inar solo por el interior del tren
fantasma de un parque de diversiones ... iabandonado! Una mujer decapitada que no era la planchadora de
El t axi que llevaba a Fabián y Dante había llegado al Parque Rivadavia, un lobizón que no era el de Versa-
Parque de la Ciudad, t am bién conoc ido co mo lntera- lles, un zombi que no era el m imo de Almagro ... todo
m a, un enorme parque de d iversiones abandonado eso alumbró su cel ular. Eran figuras que se alzaban a
del barrio porteño de Villa Soldati. am bos lados de la vía, y que a pesar de ser de cartón
Fabián se acordaba de él. Sus padres lo habían pintado, metían miedo, o al menos generaban escalo-
llevado cuando te nía seis o siete años. Las monta- fríos en la espalda de Fabián. Luego de un sector don-
ñas rusas, los carruseles , los au t os chocadores ... de hilos de algodón co lgaban del techo a manera de
seguían f uncionando en su m emoria, en el recuerdo telarañas, Fabi án llegó a una escenografía que sim ula-
de aquel día. Ahora, el Parqu e de la Ciudad era un ba un cement erio. Y allí, posadas en tres lápidas dife-
m anojo de juegos en ruinas abrazados por el óxido rentes, había un t río de gárgolas, menos det erioradas
y la veget ación. y más rea listas que los m onst ruos anteriores.
Lo que Fabián acababa de enterarse era que según La linterna de su celular se apagó. Fabián lo sacudió
la leyenda urba na una fa milia de vampiros, ch upasan- y volv ió a prenderse. En la pantalla, leyó que estaba
gres como Drácula, aunque estos serían descendien- casi sin batería. Pronto necesitaría recargar su celular.
tes de uno que azotó la provincia de Tucumán entre Apuntó el haz de luz nuevamente hacia las lápidas ... y
1950 y 1960, vivían allí, entre los esqueletos de los di- las gárgolas ya no est aban. O sí, pero paradas delante
ferentes juegos mecánicos. Más específicamente , en de él, m irándolo fijam ente, m ientras sonreían mos-
el interior de lo que fue el t ren fant asma. trando unos filosos colm illos.
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Fab ián corrió co mo un poseído, vo lviendo sobre la mayoría de los crista les de esos espejos, salvo al-
sus pasos, alumbrando con la cada vez más tenue luz gu na que otra rajadura, estaban intactos. O sea, po -
de su ce lular, mientras oía el batir de alas, los chi llidos, dría decirse que aquel juego del parqu e de diversiones
las risas de los vampiros a su alrededor. aún resistía.
Cuando salió del tren fantasma , tenía a uno de ellos Cuando Fabián oyó un rechinar terrible, como si hu-
posado sobre los hombros. co mo antes lo había visto bieran arrancado de cuajo la puerta de entrada, supo
sobre aquellas lápidas de ca rtón. A punto de que el que los vampiros habían ingresado al lugar. Tamb ién
maldito le hincara sus co lmillos, Fabián utilizó la últi- sintió sobre los hombros nuevas y bestiales ga rras.
ma energía de la batería del ce lular para sacarse una Lo que lo salvó de la mordida, en esta ocasión, fue el
selfie. El flash hizo chillar al va mpiro. El monstruo alzó primer espejo del laberinto: el vampiro no soportó ver
vuelo y se alejó, pero tanto ese co mo los otros dos no su imagen refl ejada en el crista l y cayó al suelo con
tardaron en co ntraatacar. un chi llido.
De noche, no había sol que ahuyentara a esas cria- Fabián corrió por aquellos corredores retorcidos, y
tu ras, y Fabián no tenía carga para otra foto. Tampo- cada vez que alguno de los va mpiros estaba por darle
co guardaba en los bolsillos algún crucifijo o ajos para caza, un espejo volvía a salvarlo, refl ejando al maldi-
repelerlos. La ojota no le parecía un arma realmente to y dejándolo fuera de combate por un rato. Terminó
adecuada. Lo único que tenía era el verso del poeta. saliendo por una puerta lateral, igual de desvencija-
Pero esta vez el co nsejo de su guía parecía inút il. Allí da que la primera. Vio el taxi estacionado junto a la
todo se hallaba en ruinas. no había ni ngún juego en base de la Torre Espacial, una torre alt ísima, de más
buen estado que pudiera salvarlo. de c iento cinc uenta m etros, que aún se mante nía
Aunque ... de pie en el parque.
Justo frente al tren fantasma, Fa bi án divisó una Subió al vehículo para escapar definitivamente
puerta desvencijada, y sobre ella un ca rtel que reza- de aquellas criaturas de ultratumba.
ba "Laberinto de espejos". Corri ó hasta abando- !ª Nunca estuvo tan co ntento de te ner t an cerca
nada atracción y traspusq el pórtico cubierto por la a la Muerte.
herrumbre.
Esta vez, la luna llena jugó a su favor. A través de
las venta nas rotas , los rayos lunares alumbraban el
interior del recinto, mult iplicados por el rebote en los
diferentes espejos del laberinto. Fabián percibió que
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No la pierdas ...
De pronto, reconoció aquella voz en su cabeza: era
la voz de la tejedora, siempre lo había sido.
-No voy a perderte -dijo Fabián y Rutina sonrió.
Quería besarla, era lo que más ansiaba.
La dama de blanco cerró los ojos para recib ir aquel
por la ventanilla fueron los carteles que ind icaban tos últimos, al pasar, giró la cabeza hacia Fabián, para
que era la esquina de Rod ríguez Peña y Paraguay. Y luego volver a dirigir la atención hacia su presa . Aquel 11
otra ca lle si no?) se acercaba un colectivo. El número El co lectivo se detuvo una vez más, y entonces Fa-
que llevaba impreso en el frente era el 187. A un cos- bián observó que, en realidad, lo que veía a través de
tado del número decía en letras rojas " INFIERNO", al los cristales roñosos del vehículo no era tan terrible.
otro costado, "LA OTRA BUENOS AIRES". Divisaba la orilla de un lago de aguas muy tranqu ilas y
Alzó el brazo ante aquel colectivo de la misma ma- lo que parecía ser nieve cayendo desde un cie lo entre
nera que lo hacía cuando paraba el 12 casi todas las gris y azul.
mañanas . El vehículo se detuvo con un cruj ido de Tendría que se r su parada. Debía decidirse, y así
hierros estrangulados y un ch isporroteo multicolor. lo hizo. Se acercó a la puerta t rasera del colectivo,
Fabián subió. que aún se mantenía abierta, y comenzó a bajar por
El interior estaba repleto. Gente sentada, gen te la escalera. Entonces, sintió que lo tomaban de los
parada, gente trepada a las paredes, co lgando del hombros por detrás, y lo volvían a arrastrar al interior
techo. Y tamb ién, mezclados entre las personas, ha- del vehículo.
bía ot ro ti po de cri aturas . Todas parecían igualmente La puerta se cerró, el chofer hizo entrechocar sus
peligrosas. cuernos y el colectivo se puso en marcha.
-No hace falta que saque boleto - le dijo el demo- Aquel que le impidió bajar volvió a ocupa r· el último
nio de pi el escamosa y cuernos amarillentos que con - asiento de la fila doble. Fabián se apresuró a sentar-
ducía el co lectivo-. Eso sí, avíseme cuando quiera se junto a él. Era el hombre de negro del cementerio
bajar porque el timbre no funciona. de Recoleta.
¿Avisarle? ¿No lo llevaría directo a su destino? -Si bajabas en ese lugar - le explicó- hubieras su-
Fabián no ta rdó mucho en darse cuenta de que el frido el frío más atroz durante dos o t res eternidades,
recorrido de aquel co lectivo incluía varias paradas. Y dependiendo de tu conducta. Ese lago que viste lleva
en esas paradas algunos seres bajaban y otros tantos congelado desde antes que existiera el mundo.
subían. Lo que se apreciaba a través de las ventani llas, -Gracias -d ijo Fabián-, graCias otra vez. ¿y los
allí afuera, cada vez que el colectivo se detenía, no era dos hombres que te persiguen? Me pareció ver los
nada alentador. Aque llos eran lugares inferna les: ár- t ras tus pasos en la esquina de Rodríguez Peña y Pa-
boles de fuego, ríos de lava, lluvias de ojos, personas raguay, cerca de un ombú.
desesperadas huyendo de todo ti po de monstru os. Y -Ellos no pueden subirse a este colectivo -le res-
entonces supo que el verdadero peligro no se encon- pondió poniéndose de pie- . Tu parada es la próxima,
traba al lí, entre los pasajeros, sino al bajarse en la pa- igual que la mía.
rada equivocada.
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E llos dos fueron los únicos en bajar en la siguien- esto exactamente. pero una de las cosas que descu-
te parada. brí es que los habitantes de esta otra Buenos Aires. en
-Este es el último círculo mít ico, el reverso de la nuestra, no son más que historias, mitos urbanos.
la ciudad - le dijo el hombre de negro-. O también pue- Como tu Rufina o como mi Liliana.
de decirse que es el primero. depende de cómo lo veas. -¿Rufina, en nuestra Buenos Aires, es un mito urba-
A simple vista, se encontraban en una esquina de no? -preguntó Fabián. Entonces. se dio cuenta que ni
Buenos Aires . O algo parecido a Buenos Aires. Justo siquiera había investigado a su amada en internet. Nun-
frente a ellos, cruzando la calle, dominaba el paisaje ca se detuvo a pensar que detrás de su estatua podía
un parque de diversiones. Pero este estaba en ruinas ocultarse una historia de ese tipo.
'
como aquel que servía de hogar para criaturas mitad -¿No conocés su leyenda? Los porteños convirt ie-
gárgolas, mitad vampiros. Todo lo contrario. En medio ron a Rufina en un gran relato. Ellos cuentan que allá
de la noche, sus luces resaltaban como una galaxia en por fines de mayo de 1902, a punto de salir a festejar
el espacio. En ese momento, Fabián pudo ver cómo su cump leaños número diecinueve, Rufina Camba-
el carrito de una montaña rusa caía desde lo más sal- ceres se desvaneció en su cuarto. mientras se ves-
to. El viento, además de acercarle el olor a algodón de t ía. Cuando los médicos la revisaron y vieron que no
azúcar, a pochoclo y a manzanas acarameladas, le tenía sig nos vitales. concluyeron que la joven había
trajo los gritos y las posteriores risas de los emocio- fallecido. Horas después fue ubicada dentro de la bó-
nados pasajeros. veda familiar de los Cambaceres en el cementerio de
-Esta es la esqu ina de Callao y Aven ida del Liber- la Recoleta, junto a sus parientes muertos, encerra-
tador. Y ese parque es el mítico ltalpark. En nuestra da en un flamante ataúd. Sin embargo, un cuidador
Buenos Aires cerró allá por 1990, en camb io, de este no tardó en escuchar sonidos extraños en la bóveda.
lado, abrió en ese mismo año. por lo que más tarde entraron al mausoleo, abrieron
-Entonces. todo lo que muere allá, de alguna ma- el féretro de Rufina. y así descubrieron algo espanto-
nera, nace acá -dedujo Fabián. so: la cara de la joven se hallaba petrificada en un grito
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de horror, los ojos abiertos, las manos ensangrentadas ¿Tomo el mismo colectivo?
y casi sin uñas, pues estas últimas estaban clavadas en - Ni se te ocurra. El colectivo no sirve para regresar.
la madera de la tapa del ataúd. Sí, mi querido amigo, la Escuchá bien: debés entrar a ese bar y tomar un café.
pobre fue encerrada en aquel cajón ... iviva! El desma- El hombre le señaló un bar cruzando la cal le.
yo en su cuarto habría sido provocado por un ataque -¿Y después?
de catalepsia, un trastorno repentino que deja prác- - Hacé lo que te digo, solo hacelo. Y ahora vamos,
ticamente sin signos vitales al que lo padece. Por eso el ti empo corre.
Rufina fu e tomada por muerta. Se despertó cuando ya- Fabián siguió, entonces, al hombre de negro.
cía atrapada en el interior del ataúd y luchó intentando Muchos tiempos parecían convivir en aquella Bue-
abrirlo hasta que, ahora sí, murió a causa de la deses- nos Aires: gente que lucía ropas de diferentes épocas,
peración, del terror. Desde entonces, su fantasma se carretas tiradas a caballo junto a algunos automóvi-
aparece en una de las esquinas del cementerio, lloran- les, pequeños casti llos compartían medianera con
do desconsoladamente. casas coloniales o caserones de varios pisos. A pesar
-Qué terrib le -repetía Fabián una y otra vez-. de toda esa mezcla increíble, Fabián creía saber hacia
Qué terrible ... dónde estaban yendo.
-Te servirá pensar que aquella triste histo ria, -Allí adelante ... ¿no debería estar el cementerio? -
aquel horroroso desenlace, mantiene viva y joven a tu se animó a preguntar.
amada Rufina de este lado del mundo, en el noveno -De este lado, mi amigo, los cementerios son barrios.
círculo mítico. Era verdad. Acababan de llegar al sitio de su en-
-Qué terrible ... cuentro con Rufina, a los alrededores del cementerio
El hombre sonreía luego de secarse las lágrimas con de la Recoleta. Salvo que, en vez de un cementerio, lo
una de sus manos. que se alzaba ante los ojos de Fabián era un enorme
-Y otra cosa que descubrí -siguió explicando el complejo de casas y ca lles peatonales, un lugar donde
hombre- es que no podemos permanecer mucho bullía la vida.
tiempo aquí. Unas tres o cuatro horas, como máximo. El hombre de negro no dijo nada más, simplemente,
Enc ima, hay acciones que aceleran la partida, todo se perdió en aquella ciudadela. A Fabián no le importó.
lo que te emocione .. . Y cuanta más emoción sientas, Ya sabía lo que tenía que hacer.
más rápido tendrás que irte. Caminó por los pasajes angostos de ese lugar ma-
-Acabo de darme cuenta que no sé cómo volver ravilloso. De estar más atento hubiera distinguido en-
-se sorprendió Fabián-. ¿Qué hago para regresar? tre los transeúntes a antiguos presidentes, a héroes .
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militares, a personalidades de la historia argentina. Ahora, a su mente llegaron otras palabras, aquellas
Es que Fabián solo p·odía pen sa r en el lugar al cual dichas por el hombre de negro .
se dirigía. Incluso. aquel cuidador tuvo que ponerle ... hay acciones que aceleran la partida, todo lo que
una mano sobre el hombro para que lo reconociera. te emocione... Y cuanta más emoción sientas, más rá-
- David ... - murmuró Fabián. pido tendrás que irte.
- Bienvenido. Y suerte. Fabián separó sus labios de los de Ruti na.
Cuando llegó al lugar donde, en su Buenos Aires. - Debo irme -le dijo.
se hallaba la bóveda mortuoria de la fami lia Camba- - ¿Ya? - Rutina parecía desconcertada.
ceres ... encontró una casa. una más de aquel barrio. -Tiene que ser así, pero volveré.
y a una ch ica con su vestido blanco al viento, a punto No la pierdas.
de entrar, girando el picaporte de la puerta. Volvía a escuchar las palabras de la tejedora, ahora.
- Rutina ... - dijo Fabián. Fabián acercó su boca al oído de Rutina. Se perde-
Ella giró la cabeza hacia él. ría en las delicadas vueltas de aquella oreja pequeña,
Sí, era ella. Esta vez, sí. perfecta. como los que se extraviaban en el mágico
Fabián temió que Rutina. en aquella posición . se Parque Chas.
convirtiera. de pronto, en piedra, imitando su propia -No voy a perderte -le susurró.
estatua en el cementerio de la Recoleta. Pero el terror Y comenzó a correr.
se rompió con su voz.
- Fabián.
Ella entonces dio dos pasos hasta quedar frente a él.
-Sabía que podía confiar en vos - le dijo Rutina.
Al fin, podía volver a ver esos ojos. ese pelo. Al fin,
podía volver a oler su aliento. Un único verbo llenó
su mente. besar, y no pudo contenerse.
La besó. Se besaron. Pasado. presente y futuro jun-
tos, en un único tiempo sin nombre. Ahora sí podrían
ambos conve rti rse en piedra. Fabi án hasta lo deseó
para poder besar a Rutina por siempre.
Entonces. lo inundó esa sensación, una mezc la
de angustia y urgencia que le estalló en el pecho.
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-Azúcar -respondió.
f.n el bar JJamaJo En el reverso de aquellos sobrec itos se leía
t(e,,~050''
"Bar Epílogo".
Fabián se tomó de un sorbo su café. Y de repente, todo
se apagó, todo se hizo... negro, y al instante el bar volvió









