0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas5 páginas

Ceniciento: La historia de un amor perdido

Cargado por

Rebeca García
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas5 páginas

Ceniciento: La historia de un amor perdido

Cargado por

Rebeca García
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Ceniciento

Narrador: En una época no muy lejana, un rico comerciante se encontraba


feliz con su vida, años atrás lo había azotado la muerte de su esposa, pero eso
no lo derrumbo, ya que contaba con el apoyo de su hijo, quien era el mas
dulce y hermoso niño que pudiera desear. A pesar de que ambos llevaban una
relación de padre e hijo muy saludable y tranquila, el padre sentía que faltaba
la presencia de una madre en la vida de su preciado hijo, por lo que decidió
casarse con esta… peculiar, y a mi opinión… muy malvada mujer; Esta
maliciosa dama llevaba consigo una pequeña llamada Griselda quien no hacía
más que reflejar el horrible carácter de su madre y esto solo aumento a medida
que creció. Con la muerte temprana de su padre, la vida del pequeño no hacía
más que empeorar.
Madrastra: Ceniciento… ¡¡Ceniciento!!, Por dios, este muchacho no puede
ser más lento.
Ceniciento: Aquí estoy mi señora. Me disculpo por tardar, estaba…
Madrastra: ¡¡No quiero tus excusas niño bastardo!!... ve a limpiar la cocina.
No puedo creer que no puedas hacer algo tan simple, Hugh, ¡¡no te soporto!!
Griselda: Madre, ¿Qué es lo que pasa?, ¡¿Por qué tanto escandalo?!
Madrastra: Perdón mi niña, es solo este incompetente, ¡me pone de muy mal
humor!
Griselda: Sera mejor que vea quien esta tocando la puerta, ¡ya lleva un buen
rato así y no se detiene!
Madrastra: ¿Estas sordo o que?, ¡¡ve a abrir la puerta!!
Ceniciento: Si, mi señora.
Paje: Buenos días jovencito, le entrego esta carta en nombre del rey, aquí le
informamos que usted y su familia están cordialmente invitados al baile del
príncipe, ¡el fin de esta gran fiesta es que el príncipe encuentre a su pareja
destinada!... nunca se sabe, tal vez puedas ser tu el afortunado. Jeje
Ceniciento: Lo dudo mucho, gracias por la invitación, tenga buen día.
Madrastra: ¿Quién era?
Ceniciento: Vinieron a dejar esta invitación, es para el baile del príncipe.
Decidirá quién será su pareja.
Griselda: ¡Esta oportunidad es perfecta, haré que el príncipe caiga rendido a
mis pies!
Madrastra: Por fin volveremos a donde siempre pertenecimos, ¡la elegante
clase alta!
Ceniciento: Me pregunto cómo será el gran palacio, no puedo esperar para
ir…
Madrastra: ¿Tu no entiendes verdad?, ¡Mírate!, aquí hay niveles y tu no
podrás ser más que un mediocre sirviente… Ahora ve y haz los vestidos,
pobre de ti si no están listos para el gran día.
Ceniciento: Si, mi señora
Narrador: El joven trabajo día y noche con la esperanza de tener un poco de
tiempo para confeccionar su ropa, pero al final, el día llego y solo pudo
hacerse una simple camisa blanca. Esto no lo desanimo, busco su pantalón
más elegante y bajo listo para partir a la fiesta… el joven no sabía que las dos
malvadas damas lo esperaban.
Madrastra: Creí que te lo había dejado en claro, jamás dejaría que nos vieran
con alguien como tú, ¡que aberración!
Ceniciento: Tan simple como irme después de ustedes.
Griselda: ¡No iras a esa fiesta!
Narrador: Ambas damas se abalanzaron contra el joven, destruyendo su único
atuendo presentable.
Ceniciento: ¡¡Porfavor!!, ¡¡Basta!!
Madrastra: No te quiero fuera de la casa, pobre de ti si sales…
Narrador: El joven cayo de rodillas al suelo, rompiendo en llanto…
Ceniciento: ¿Por qué es tan cruel conmigo?
Narrador: Cuando menos lo espero, se hizo presente una extraña presencia.
Hada: Ya te la sabes muchacho, cartera y celular primero.
Ceniciento: No puede ser…
Hada: ¡Ah!, una disculpa, es la costumbre, y dime muchacho, ¿Qué te aflige
en una noche tan hermosa como esta?
Ceniciento: Destruyeron lo único que tenia para ir al baile del príncipe, tenía
tantas ganas de conocer el palacio…
Hada: ¡No llores más!, yo seré tu rana porcina…digo, ¡tú hada madrina!,
jojojojo.
Ceniciento: …
Hada: Ríete o no te patrocino
Ceniciento: Pff, ¡¿pero en serio puede ayudarme?!
Hada: Te enseñare lo que puedo hacer muchacho *baile perrón*
Ceniciento: ¡No puede ser!, esta capa… y estos guantes, ¡son hermosos!
Hada: Pero no te emociones de más, que llegando las doce toda la magia se
esfumara. Ten, son las llaves de mi troca.
Ceniciento: ¡Muchas gracias!, prometo que regresare para las doce.
Narrador: Mientras ceniciento se dirigía al castillo, el príncipe intentaba
escapar de la irritante hermanastra.
Griselda: Y dime, ¿es muy difícil ser el príncipe?, no creo, apuesto a que
todos hacen lo que sea por ti.
Príncipe: Pues…
Narrador: Un joven misterioso llamo la atención de todos los presentes.
Griselda: ¿Quién es ese?
Príncipe: Mmm no lose iré a averiguar, adiós.
Griselda: No, ¡espera!, ¡¡Ash!!
Narrador: El príncipe camino entre la multitud, en busca del apuesto joven
que lo había cautivado.
Príncipe: ¡Oye tú!
Ceniciento: ¿Pasa algo?
Príncipe: Lamento la rudeza… pero no podía dejarlo marchar sin antes
hablarle, no es de por aquí, ¿cierto?, reconocería un rostro como el suyo donde
fuera que lo viera.
Ceniciento: No, no soy de por aquí… puedo decir lo mismo de usted.
Narrador: Pasaron un buen rato conversando hasta que la música comenzó.
Príncipe: ¿Me concedería esta pieza?
Ceniciento: Sería un placer.
*Baile*
Príncipe: Eres una persona tan encantadora, si tan solo me dejaras…
Narrador: Antes de que algo mas pasara, la campana sonó, marcando las 12
finalmente.
Ceniciento: ¡No puede ser!, tengo que irme ya, ¡lo lamento tanto!
Príncipe: ¡Espera!, ¿Cómo puedo buscarte?
Ceniciento: Lo siento, de verdad tengo que irme.
Príncipe: Quédate conmigo…
Narrador: El príncipe corre tras él, pero ya es demasiado tarde, el apuesto
joven se había esfumado, dejando en las manos del afligido príncipe uno de
sus guantes. Días después el paje del palacio visitó casa por casa midiendo el
guante a todas las personas del reino.
Madrastra: Ceniciento, abre la puerta.
Narrador: Su desesperada hermanastra, no le dio tiempo de nada.
Griselda: ¡Ese es mi guante!, ¡pónganmelo!
Paje: Disculpe, pero buscamos a un joven, no a una dama y aun así el guante
no le queda, ¿Hay algún varón en esta casa?
Ceniciento: Yo
Madrastra: ¡Es el sirviente, no le haga caso!
Paje: Ordenes son ordenes, se lo tiene que probar… ¡Le queda perfecto!
Narrador: Así fue como el príncipe encontró a su ser amado, con quien se
caso y vivieron felices por siempre.

También podría gustarte