Fuerzas Fundamentales de la Naturaleza.
Maxi Yoselin Húazo Hernández
Introducción:
En el campo de la Física Teórica hay multitud de temas que, bien sea por su
espectacularidad, bien sea por su trascendencia en el mundo actual, atraen la atención no
sólo del especialista científico o técnico, sino también del público profano con inquietudes
culturales. Entre dichos temas, quizás los que más interesan son los que tienen que ver
con la Teoría de la Relatividad, la Cosmología y la Astrofísica y el mundo subatómico. El
propósito de este trabajo es incidir en la última cuestión. En concreto, se intentará hacer
una somera descripción que pueda servir de introducción al fascinante mundo de las
fuerzas fundamentales de la naturaleza, de las partículas elementales y de las teorías
físicas que tratan de describirlas.
En la naturaleza hay cuatro fuerzas, (también llamadas en Física interacciones o campos)
que son responsables de todos los fenómenos en el Universo.
INTERACCIÓN GRAVITATORIA
Es la fuerza de atracción que una porción de
materia ejerce sobre otra, y afecta a todos los
cuerpos. Su intensidad es mínima entre las
partículas que intervienen en los procesos
atómicos, pero es esencial a gran escala porque
su alcance es infinito, aunque decrece de forma
inversamente proporcional al cuadrado de la
distancia, según la ley de Newton. Su
importancia reside en que siempre es atractiva y,
por tanto, se acumula, aumentando con el
número de partículas en juego. De este modo, la gravitación es la fuerza preponderante a
escala macroscópica, a pesar de que se trata de la más débil de todas las interacciones. Es
la responsable de la atracción universal entre los cuerpos, de la cohesión de los astros
(planetas, estrellas, satélites...) y regula sus movimientos. Podemos afirmar que es la
fuerza que mantiene el orden y el equilibrio en el universo y la que provoca, al mismo
tiempo, la colisión entre galaxias vecinas y la creación de nuevas estrellas.
En 1915, Einstein, tras desarrollar su teoría especial de la relatividad, sugirió que la
gravedad no era una fuerza como las otras, sino una consecuencia de la deformación del
espacio-tiempo por la presencia de masa (o energía, que es lo mismo), formulando su
teoría general de la relatividad. Entonces, cuerpos como la Tierra no se mueven en órbitas
cerradas porque haya una fuerza llamada gravedad, sino que describen trayectorias
parecidas a líneas rectas, pero en un espacio-tiempo que se encuentra deformado por la
presencia del Sol.
Con todo, Einstein propone una teoría clásica, ya que no introduce los conceptos cuánticos
que describen el mundo microscópico. Los intentos realizados por cuantizar la interacción
gravitatoria implican la existencia de un bosón mediador de la interacción, el gravitón, de
masa nula y número cuántico de espín 2, que no ha podido ser detectado aún. Dicha
partícula virtual sería la intercambiada entre las partículas subatómicas (o fermiones) que
se ven afectadas por la gravedad en un instante dado.
INTERACCIÓN ELECTROMAGNÉTICA
La fuerza electromagnética afecta exclusivamente a los cuerpos con carga eléctrica y es la
responsable de las transformaciones físicas y químicas de átomos y moléculas, donde une
a los electrones y los núcleos. Es mucho más intensa que la fuerza gravitatoria y su alcance
es también infinito. Sin embargo, no es acumulativa como la gravitación, pues, según el
tipo de cargas presentes, las interacciones electromagnéticas son atractivas o repulsivas,
de manera que la neutralidad eléctrica de la materia anula sus efectos a larga distancia.
A raíz del triunfo de la teoría general de la gravitación de Newton, Coulomb la adaptó para
explicar las fuerzas de atracción y repulsión experimentadas por los objetos cargados
eléctricamente, demostrando que ésta era directamente proporcional al producto de las
cargas eléctricas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia. Mostró también
que las cargas de igual signo se atraen y las de distinto signo se repelen, y que los cuerpos
imanados también sufrían una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de la
distancia.
Experimentos posteriores realizados por el danés Oersted, el francés Ampère y el
británico Faraday revelaron que los fenómenos eléctricos y magnéticos estaban
relacionados. Su estudio fue sistematizado por el físico escocés J. C. Maxwell en su teoría
electromagnética, en la que predijo que la transmisión de los campos eléctrico y
magnético, perpendiculares entre sí, se realizaba ondulatoriamente a la velocidad de la
luz.
En el orden macroscópico, la teoría de Maxwell constituye un modelo de economía al
unificar el tratamiento de los fenómenos eléctricos y magnéticos en sólo cuatro famosas
ecuaciones, mientras que en las dimensiones atómicas la teoría del electromagnetismo se
denomina electrodinámica cuántica, cuyos fundamentos se deben a Bethe, Tomonaga,
Schwinger y Feynman, principalmente, y que realiza una corrección cuántica de las
ecuaciones de Maxwell.
INTERACCIONES NUCLEARES
En las emisiones radiactivas de tipo beta, ciertos átomos tienen un exceso de neutrones,
algunos de los cuales se desintegran convirtiéndose en un protón, un electrón y un
neutrino a través de un proceso regido por la interacción nuclear débil o de Fermi, que
sólo se manifiesta a distancias de 10-17 ó 10-18 m, la fuerza de menor alcance. Recibe este
nombre porque su intensidad es muy inferior que en las interacciones fuertes.
La emisión de neutrinos fue propuesta por primera vez en 1929 por Pauli. Postuló que,
junto a los tres tipos de radiaciones conocidos, alfa, beta y gamma, debían emitirse otras
partículas a las que llamó neutrinos y antineutrinos, sin carga eléctrica y cuya masa era
muy pequeña o incluso nula, como en el caso del fotón. En la emisión beta, un neutrón se
convierte en un protón, una situación no prevista ni en física clásica ni en física cuántica y
que tanto desconcertó a los físicos de partículas, y se crean un electrón y un antineutrino.
Las predicciones de Pauli se confirmaron cuando fueron descubiertos los neutrinos por
Reines y Cowan, en Los Álamos, en 1956. El neutrino es el mejor ejemplo de las
interacciones débiles. Aunque tiene una sección eficaz extremadamente baja y como
consecuencia de ello muy poca interacción con la materia, es muy importante en
astrofísica, pues los procesos termonucleares de las estrellas implican una producción
masiva de neutrinos. Gracias a esto se han podido estudiar, pues la escasa interacción se
ve compensada por el gran número que se genera de ellos.
Para explicar la estabilidad de los núcleos, que contienen protones a una distancia
increíblemente pequeña, Rutherford postuló la existencia de la interacción nuclear fuerte,
una fuerza atractiva muy intensa para distancias del orden de los diámetros nucleares (10-
15 m), capaz de vencer la repulsión electrostática entre los protones. Podemos afirmar
que la fuerza o interacción nuclear fuerte es la que mantiene unidos los componentes de
los núcleos atómicos y actúa indistintamente entre dos nucleones cualesquiera, ya sean
protones o neutrones.
Teniendo en cuenta el especial carácter de las fuerzas nucleares al compararlas con las dos
interacciones clásicas, su formulación no es similar a las ecuaciones de Newton y de
Coulomb. La descripción que actualmente se utiliza de la fuerza débil se realiza de manera
unificada con la electromagnética en la denominada interacción electrodébil. Sus autores,
Glashow, Salam y Weinberg, recibieron el Premio Nobel de Física en 1979 por su trabajo.
La teoría actual de la interacción fuerte, debida principalmente a Yang y Mills, fue
completada a mitad de los años 70 y se llama cromodinámica cuántica, desarrollada por
analogía con la electrodinámica de Feynman y colaboradores.
LA FUERZA DÉBIL
La interacción débil, implica El intercambio de los bosones vectoriales intermedios , el W y
el Z. Puesto que la masa de estas partículas es del orden de 80 GeV, el principio de
incertidumbre dicta un rango de unos 10-18 metros, que es aproximadamente el 0,1% del
diámetro de un protón.
La interacción débil cambia el sabor de un quark en otro. Es crucial para la estructura del
universo en que
1. El sol no quemaría sin ella, ya que la interacción débil causa la transmutación p -> n,
para que pueda formarse deuterio y pueda tener lugar la fusión del deuterio.
2. Es necesario para la acumulación de núcleos pesados.
El papel de la fuerza débil en la transmutación de quarks : la interacción está implicada en
muchos decaimientos de partículas nucleares, que requieren el cambio de sabor de un
quark en otro. Fue en la desintegración radiactiva tal como e decaimiento beta donde
primero se reveló la existencia de la interacción débil. La interacción débil es el único
proceso en el que un quark puede cambiarse en otro quark, o un leptón en otro leptón -
los así llamados "cambios de sabores"-.
El descubrimiento de las partículas W y Z en 1983, fue aclamado como una confirmación
de las teorías que conectan la fuerza débil con la fuerza electromagnética, en la unificación
electrodébil.
La interacción débil actúa entre ambos, los quarks y los leptones, mientras que la fuerza
fuerte no actúa entre leptones. "Los leptones no tienen color, por lo que no participan en
las interacciones fuertes; los neutrinos no tienen carga, por lo que no experimentan
fuerzas electromagnéticas, pero todos ellos participan en las interacciones
débiles."(Griffiths)
PARTÍCULAS VIRTUALES
Sabemos que la relación de incertidumbre enunciada por Heisenberg puede extenderse a
otras variables conjugadas además de la posición y la cantidad de movimiento. Por
ejemplo, el producto de la energía y el tiempo también posee las unidades de h. Si
designamos por Δ E la incertidumbre en nuestro conocimiento de
la energía de una partícula y por Δ t la incertidumbre respecto al tiempo en el que la
energía adquiere un cierto valor, también se cumplirá la relación de incertidumbre:
Para comprender esta relación pensemos en lo que implica el proceso de medición de la
energía de una partícula. La observación requerirá algún tipo de sonda que empleará un
tiempo en la realización de la medida durante el cual interactúa con la partícula. Podemos
definir ese tiempo como la incertidumbre Δt. La incertidumbre ΔE representa nuestra
capacidad de obtener información sobre la energía de la partícula en un tiempo inferior a
Δt. En este sentido, la relación de incertidumbre tiempo-energía da lugar a un concepto
muy interesante de la física actual, el de partícula virtual. Así, si sustituimos en la
expresión de Heisenberg el valor de la energía por su equivalencia relativista con la masa
(ΔE = Δm c 2 ) y despejamos ésta, obtenemos:
Vemos que si Δt es lo suficientemente pequeño es posible que la indeterminación de la
masa sea lo bastante grande para que durante ese tiempo no podamos conocer si en un
punto del espacio hay una partícula de masa m o un conjunto de partículas de masa m+Δ
m . Es decir, podríamos tener una sucesión como la mostrada en la figura 1, donde una
partícula se convierte por un instante en una pareja de partículas. Decimos que la partícula
original “fluctúa” entre dos partículas y llamamos al objeto adicional partícula virtual.
Yukawa aplicó por primera vez este concepto para explicar la interacción fuerte. Si
tenemos dos partículas a una distancia “d” lo suficientemente pequeña como para que
pueda ser recorrida por una partícula virtual en el tiempo que dura su “fluctuación”, puede
acabar siendo absorbida por la segunda partícula antes de desaparecer. Esto se conoce
como intercambio de una partícula virtual (figura 2) y de nuevo el principio de
incertidumbre nos dice que estos procesos pueden darse sin que seamos capaces de
detectar ninguna violación del principio de conservación de la energía.
Yukawa demostró matemáticamente que si la masa de las partículas virtuales tuvieran
aproximadamente 1/9 de la masa del protón, el resultado neto del intercambio sería una
fuerza lo bastante elevada como para superar la repulsión electromagnética entre dos
protones y mantenerlos unidos. Es decir, el intercambio de la partícula virtual produciría la
enorme fuerza necesaria para mantener la cohesión del núcleo. Posteriormente, los
cálculos de Yukawa fueron confirmados por el descubrimiento de los mesones. De este
modo, ahora se piensa que todas las interacciones fundamentales son debidas, en última
instancia, al intercambio de partículas virtuales.
No todas las partículas virtuales que se han propuesto se han podido observar, pero sí
muchas de ellas, como los fotones de la interacción electromagnética, los gluones de la
interacción fuerte y las partículas, designadas por W+, W- y Z, mediadoras de las
interacciones nucleares débiles.
ALCANCE E INTENSIDAD DE LAS INTERACCIONES
Cada interacción tiene una intensidad y un alcance concreto que la distingue de las otras,
como ya hemos comentado con anterioridad. Por ejemplo, sabemos que las fuerzas
electromagnéticas y gravitatorias tienen un alcance infinito, mientras que las otras dos se
reducen al ámbito nuclear. Pues bien, cuando el alcance es infinito los cálculos exigen que
la partícula virtual de intercambio, también llamada bosón, tenga masa nula. Esto es lo
que le sucede al fotón y al hipotético gravitón. Mientras menor sea el alcance, mayor es la
masa requerida para el bosón de la interacción. Por eso, los bosones mayores
corresponden a las fuerzas débiles, las de menor alcance.
Un símil nos puede ayudar a entenderlo. Si dos personas se intercambian un objeto
grande, como un saco de cemento, han de estar muy cerca. Por el contrario, si el objeto es
pequeño, como una canica, se lo podrán pasar una a otra aun cuando estén alejadas. Por
consiguiente, y dejando a un lado las particularidades matemáticas que describen las
diferencias entre cada tipo de interacción y que justifican una teoría distinta para
representar cada una de ellas, es evidente que todas se pueden explicar bajo un marco
común, es decir, dos partículas materiales, con mayor o menor estabilidad según el caso,
interaccionan mediante el intercambio de una partícula virtual, de existencia efímera. La
intensidad de cada tipo de fuerza se explica según la masa de la partícula de intercambio y
la constante de acoplamiento.
Richard Feynman ideó un sencillo diagrama para representar la interacción de cualquier
tipo entre dos partículas, donde los estados iniciales y finales de ambas se dibujan unidos
por la partícula de intercambio.
Si queremos representar los cuatro tipos de fuerzas obtendremos los diagramas de
Feynman de la figura 4.
De las relaciones de incertidumbre puede deducirse que la distancia que recorren las
partículas virtuales viene dada por la expresión: d= h/4 m c donde m es la masa de la
partícula virtual. En efecto, si sustituimos en la relación ΔE Δt Δh /4 la equivalencia entre
la masa y la energía, tendremos: m c Δt < h/4 , de donde: c Δt < h/4 m c. Y si tomamos
como c Δt la distancia máxima que pueden recorrer las partículas virtuales, llegaremos a la
expresión señalada.
La intensidad real de las interacciones se expresa a través de su constante de
acoplamiento, que se relaciona con la masa de la partícula de intercambio y el alcance de
la interacción. La constante de acoplamiento de la interacción fuerte es del orden de la
unidad, de ahí que su intensidad sea muy superior a la de las restantes fuerzas, con un
alcance de unos 10-15 m, las dimensiones del núcleo atómico. Como el valor de la masa
de los bosones W y Z es muy grande, se explica la baja constante de acoplamiento de la
interacción débil, en torno a 5·10-14, y un alcance todavía más corto (10-18 m). Para la
fuerza electromagnética, la constante tiene un valor de 7,3· 10-3 y para la interacción
gravitatoria, la más débil de todas, de 2· 10-39 .
TEORÍA CUÁNTICA DE CAMPOS
El concepto clásico de campo se modifica cuando nos movemos en el mundo subatómico,
pues las grandes velocidades de las partículas hacen que estén sujetas a consideraciones
relativistas. Por ello, la aplicación de la teoría cuántica a la teoría de la relatividad especial
dio como resultado la teoría relativista del campo cuántico o teoría cuántica de campos,
cuyos pioneros fueron Jordan, Heisenberg y Born, a los que pronto se unieron Wigner y
Pauli, de manera que hacia 1930 ya se había completado.
En el concepto clásico hay una clara diferenciación entre los campos y las partículas, pues
son entidades distintas. En la teoría moderna, las segundas son manifestaciones de los
primeros, es decir, las entidades fundamentales son los campos, es decir, los valores que
adquieren los campos en determinados puntos. Ahora, en los lugares donde la intensidad
del campo es mayor suponemos situadas a las partículas, o, mejor dicho, decimos que es
más probable encontrar allí a las partículas. En la teoría cuántica de campos hemos de
dejar a un lado la vieja idea de partícula material y continuar con la imagen “abstracta”
dual, centro de los conceptos de la nueva mecánica. Por esta razón recurrimos a la
descripción matemática de las partículas, o lo que es igual, de los campos cuánticos, que
vienen representados por ellas, dotándolas de una serie de propiedades, como carga,
masa, espín, color, etc. En un artículo, publicado en 1939 por Eugene Wigner de la
Universidad de Princeton, se estableció el modo de calcular la masa en reposo de las
partículas y la utilidad de su clasificación basada en su espín.
Los estados de una partícula o campo cuántico se pueden expresar mediante un conjunto
de números, los números cuánticos, sujetos a unas reglas muy estrictas y cuyos cambios,
que indican las transformaciones en las partículas, sólo se permiten desde el punto de
vista teórico si obedecen a las distintas restricciones que les han sido establecidas por las
exigencias matemáticas de la teoría. Ahora no necesitamos imaginar a las partículas como
entes materiales, con la dificultad que eso entraña, sino como entes matemáticos, con un
lenguaje mucho más conciso y concluyente. Sus propiedades traducidas al lenguaje
“numérico” son mucho más asequibles para su tratamiento y para la predicción de
muchos fenómenos y se pueden analizar comparativamente y estudiar sus variaciones con
mucha facilidad. Precisamente a esto se debe el enorme desarrollo de la física de
partículas en tan poco tiempo.
Para explicar la existencia de los campos nucleares se ha recurrido al concepto ya
comentado de intercambio de una partícula virtual. Fermi y Yukawa describieron las
fuerzas nucleares débiles mediante el intercambio de fotones y de mesones,
respectivamente. Hacia 1937, el sueco Oskar Klein predijo la existencia de los bosones
cargados W+ y W- , y John Ward, en 1958, tuvo el honor de cerrar el tratamiento del
campo nuclear débil con la propuesta del bosón Z como el mediador sin carga eléctrica,
que fue finalmente detectado en el acelerador LEP del CERN en noviembre de 1989.
Corresponde al físco japonés Hideki Yukawa, en 1935, el primer tratamiento matemático
de la interacción nuclear fuerte, suponiendo un bosón con un 10 % a un 16 % de la masa
de un nucleón. Cuando en 1945 se detectaron los mesones pi, uno con carga positiva, otro
negativa y un tercero neutro, todos con una masa aproximada de 140 MeV se creyó que
eran efectivamente las partículas de intercambio propuestas por Yukawa. Sin embargo,
hubo una grave dificultad en el caso del campo nuclear fuerte. Dada su mayor constante
de acoplamiento necesitamás términos a la hora de calcular las intensidades porque no
sólo hay que pensar en la posibilidad de intercambio de una partícula, sino en dos o más.
En las teorías cuánticas de campos, estos cálculos se conocen como “teoría de
perturbaciones” o “serie perturbativa” y se hacen técnicamente inabordables y poco
exactos. Esta situación se prolongó hasta mediados los sesenta, momento en que surgió el
concepto de carga de color, o simplemente color, como la propiedad característica de las
interaciones nucleares fuertes y con el desarrollo de la cromodinámica cuántica.
SIMETRÍAS Y LEYES DE CONSERVACIÓN EN LAS INTERACCIONES
La utilidad más importante que se deriva de la concepción matemática de los campos o las
partículas es la opción de asignarle unas ciertas simetrías, o lo que es igual, de representar
sus propiedades mediante su tipo de simetría empleando la teoría matemática de grupos,
similar a la clasificación de los cristales en geología. Sabemos que las propiedades de un
cristal, vienen marcadas por la estructura interna de sus partículas, que se hayan
dispuestas en una red espacial tridimensional generada por la repetición en el espacio de
una estructura básica o celda unidad. Este ladrillo fundamental puede ser un cubo, un
prisma hexagonal, rómbico, etc, y presentará ejes, planos y centros de simetrías en los que
la figura no se modificará después de su aplicación, o centros de inversión, por ejemplo,
donde la posición final de la misma se invierte respecto a la situación inicial. Estos
elementos de simetría se asignan a cada grupo de simetría, de forma que si una figura, en
este caso, una celda unidad, pertenece al mismo poseerá todos los elementos de simetría
del grupo determinado.
Así pues, las partículas, a pesar de ser elementales, poseen ciertas simetrías igual que los
cristales. Sus transformaciones, que vienen como resultados de sus interacciones, también
presentan estas simetrías, que se clasifican en la categoría correspondiente según la teoría
de grupos, y han de cumplir las leyes que se derivan de las simetrías, denominadas leyes
de conservación. Hay un famoso teorema, que se debe a Emmy Noether, enunciado en
1918, que afirma que si una transformación guarda un tipo determinado de simetría lleva
asociado el cumplimiento de una determinada ley de conservación. Es una forma de
expresar matemáticamente que ciertas propiedades físicas de las partículas sufren
determinadas alteraciones cuando actúan las interacciones fundamentales. Básicamente,
los datos se refieren a cambios energéticos, es decir, a la descripción de los estados de
energía anteriores y posteriores a la interacción.
Lógicamente, la dinámica de las partículas elementales obedece a las leyes de Newton con
las correcciones relativistas pertinentes, de modo que siguen vigentes estas leyes de
conservación generalizadas. No obstante se han ido descubriendo otras “simetrías”
adicionales de suma importancia, que añaden nuevas leyes de conservación.
La simetría de paridad, conocida también por simetría de reflexión espacial, es la más
sencilla. Una transformación, por ejemplo, una colisión entre dos partículas A y B que
produce las nuevas partículas C y D, posee simetría de paridad o muestra conservación de
la paridad (P) cuando, al cambiar de signo las coordenadas espaciales de todas ellas, la
probabilidad con la que tiene lugar el proceso no varía. Esto es lo mismo que decir que si
al cambiar de signo las cantidades de movimiento de todas las partículas implicadas en la
transformación, la probabilidad de ésta no se ve modificada.
En efecto. Supongamos que la colisión o interacción entre las dos partículas A y B, cuyas
cantidades de movimiento designaremos por pA y pB, tiene una determinada probabilidad
de producir otras dos partículas C y D con cantidades de movimiento pC y pD,
respectivamente. Llamemos R a esta reacción:
A + B C + D (R)
Si ahora las mismas partículas A y B con cantidades de movimiento -pA y -pB producen las
partículas C y D con cantidades de movimiento -pC y -pD con la misma probabilidad que R,
significa que el proceso es invariante bajo paridad (P), o bien diremos que presenta
simetría P.
Otro principio de simetría es la conjugación de carga. Una transformación es invariante
bajo la conjugación de carga cuando tiene la misma probabilidad de producirse siempre
que hayamos sustituido cada partícula por su propia antipartícula, es decir, hayamos
realizado la transformación conjugada con la misma probabilidad que la original.
Continuando con el ejemplo anterior de la transformación R, si se sustituyen las partículas
A, B, C y D por sus respectivas antipartículas, R se convierte en su reacción conjugada, que
denotaremos por C(R):
A+ B C +D C(R)
donde A, B, C y D son las correspondientes antipartículas. Si C(R) tiene lugar y se produce
además con la misma probabilidad que R, decimos que el proceso es invariante bajo
conjugación de carga (C), o lo que es igual, presenta simetría C.
Finalmente, encontramos el principio de simetría de inversión temporal, o reversibilidad
del tiempo. El principio afirma que si un proceso R, como el ya descrito en nuestro
ejemplo, es invariante bajo T, la probabilidad de la reacción inversa, que denotaremos por
T(R): C + D A + B T (R) es igual a la probabilidad de R.
Lógicamente, las cuatro interacciones fundamentales responderán a distintos tipos de
simetría puesto que se deben a propiedades diferentes. Hasta 1956 se creía que la
simetría de reflexión espacial (o conservación de la paridad) se daba en todas las
interacciones. Sin embargo, en dicho año, los físicos estadounidenses de origen chino Yang
y Lee indicaron que en realidad no se había comprobado la conservación de la paridad en
la interacción débil, y sugirieron varios experimentos para hacerlo. Uno de ellos fue
realizado al año siguiente por la profesora Wu, también de origen chino, y sus
colaboradores en la Universidad de Columbia.
A pesar de las dificultades técnicas, la idea básica del experimento era relativamente
sencilla. Una muestra de material radiactivo, el isótopo cobalto-60, se enfría hasta unas
décimas por encima del cero absoluto y se somete a la acción de un intenso campo
magnético con el fin de alinear los espines de todos los núcleos en la misma dirección. El
isótopo estudiado sufre la desintegración beta y se pudo comprobar que los electrones
emitidos salían preferentemente con su espín contrario al del núcleo emisor, en lugar de
mostrar una probabilidad del 50 % para ambas situaciones como exigiría la conservación
de la paridad.
Posteriormente, los físicos norteamericanos Cronin y Fitch descubrieron en 1964 que la
interacción débil no presenta simetría T.
El estudio comparativo de las simetrías en los cuatro tipos de interacciones ha puesto de
manifiesto un hecho importante: parecen estar dispuestas jerárquicamente, es decir,
cuanto mayor es la fuerza, más propiedades se conservan. Por ejemplo, la interacción
fuerte no depende de la carga eléctrica de las partículas que intervienen y presenta
simetría CPT. Pero si descendemos en un peldaño hasta la fuerza electromagnética, esa
afirmación ya no es totalmente cierta, puesto que el protón se ve afectado por la fuerza
electromagnética. Del mismo modo, tanto la fuerza electromagnética como la nuclear
fuerte conservan la paridad, mientras que la débil no lo hace.
Estas consideraciones nos llevan a la idea de la existencia de alguna estructura común
cuyo descubrimiento nos permita comprender mejor las fuerzas fundamentales.
Actualmente es una de las tareas prioritarias de la física: buscar evidencias experimentales
que nos sean de utilidad en la tarea de confeccionar una teoría unificada de las cuatro
fuerzas fundamentales imperantes en el núcleo atómico.