All The Young Dudes: (1978 - 1995. How Naive We Once Were)
All The Young Dudes: (1978 - 1995. How Naive We Once Were)
DUDES
Vol. 3
1
2
All The Young Dudes
By MsKingBean89
3
4
La Guerra
1978 – 1981
5
CIENTO CINCUENTA Y UNO
La guerra
Julio 1978
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— Él también está aquí. — Remus explicó, sabiendo que sonaba un poco
extraño. — Sin embargo, pronto comenzaremos a buscar un lugar para vivir.
Londres, con suerte.
— ¿Es rico, entonces? — Grant resopló. — Debería haberlo adivinado. Parece
adinerado, ¿No es así?
— Supongo.
— Lo es entonces. Tiene esa buena postura. Oye, déjame contarte sobre este
tipo con el que estuve la otra noche… — dijo Grant, y comenzó una historia
muy larga y casi increíble sobre un encuentro que había tenido con un
pescador (“Un verdadero, fiel a Jesús, pescador por el amor de Dios") que
había hecho algo muy extraño en la bañera de Grant antes de salir
apresuradamente en las primeras horas de la mañana. Al final, Remus
estaba encorvado en la cabina del teléfono, jadeando de risa, las lágrimas
corrían por sus mejillas.
— ¡¿Qué era tan gracioso?! — James y Sirius estaban ansiosos por saber
cuando finalmente emergió.
— No podría explicártelo — respondió Remus, hipando — Humor muggle.
— ¿Crees que deberíamos ver cómo le va a Pete? — Preguntó James mientras
regresaban a la casa.
— No, ya sabes cómo se pone con la resaca — respondió Sirius, las oscuras
ojeras todavía firmementes en su lugar.
— Está bien, pero debemos asegurarnos de no dejarlo fuera — dijo James,
abriendo la puerta del jardín — Creo que está preocupado por eso...
— Sí, sí. — Sirius bostezó. — Oi, ¿Quidditch?
— ¡Sí! — James sonrió — Déjame cambiarme...
— Buscaré un libro, ya que estamos... — Remus puso los ojos en blanco,
aunque en realidad no le importaba. Se había decidido que iban a
considerar el fin de semana como un día festivo. La vida real podría
comenzar el lunes.
Los tres chicos subieron las escaleras con estruendo, James cerró de golpe
la puerta de su dormitorio mientras iba en busca de uno de sus muchos kits
de Quidditch.
Remus y Sirius fueron un poco más lentos.
— ¿Brighton en Agosto? — Remus preguntó en voz baja, ahora estaban solos.
El rostro de Sirius se iluminó y se quitó las gafas.
— ¿Quieres que vaya entonces? ¡Sí! ¡Genial!
9
— Por supuesto. — Remus asintió, llegando a lo alto de las escaleras.
— Hola, chicos — trinó la Sra. Potter, saliendo de la habitación de Remus.
Se sorprendió ante esto, no estaba acostumbrado a que los adultos entraran
a su habitación sin ser invitados, a pesar de que no era realmente su
habitación, solo una habitación de invitados.
— Hola, Sra. Potter — respondió cortésmente, con la esperanza de
enmascarar su malestar.
Llevaba un montón de ropa suya, lo que resultaba terriblemente
embarazoso: en St. Edmund's había estado lavando su propia ropa desde
los diez años.
— Veo que Sirius estaba tan borracho anoche que terminó en tu habitación,
Remus — se rió la Sra. Potter, doblando los jeans de Sirius sobre su brazo.
— Honestamente querido, deberías haberlo echado.
— ¡Oh! — Remus sintió que sus orejas se volvían de un rojo brillante
mientras la miraba boquiabierto desde el rellano.
— En realidad — Sirius subió las escaleras detrás de él — Remus y yo
preferimos compartir. Si eso es… er. Bueno, preferiríamos hacerlo, ¿De
acuerdo?
La Sra. Potter lo miró, luego a Remus, quien todavía estaba sonrojado, pero
logró balbucear
— ¡Sí!
— Bueno, si eso quieren — asintió lentamente. — Supongo que la cama es lo
suficientemente grande para dos. Lo que sea que los haga felices, queridos.
— Palmeó suavemente a Remus en el hombro y besó la mejilla de Sirius
mientras pasaba junto a él mientras bajaba las escaleras.
Y eso fue más o menos todo.
***
Miércoles 5 de Julio de 1978
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un feo cuero falso color crema amarillento, y el papel de la pared tenía un
terrible diseño floral con rayas metálicas que captaban la luz.
— ¿Fleamont? — Un hombre alto, delgado y pelirrojo entró justo cuando se
estaban levantando.
Remus por poco tropieza y cae en la mesa de café de vidrio, que estaba
adornada con un tazón de popurrí con olor a jabón.
— ¡Arthur! — Respondió el padre de James, alegremente, extendiendo la
mano para estrechar la del hombre.
— Lo siento, Monty — Arthur levantó un dedo — pero Moody nunca me
perdonaría si no sigo el protocolo. Ahora, déjame ver... ¿Cuál era la
naturaleza del último búho que te envié?
— Era una tarjeta de agradecimiento — respondió el Sr. Potter rápidamente
— Effie le envió a Molly algunas de las cosas viejas de James para Bill y
Charlie.
— Encantador. — Arthur sonrió y finalmente le devolvió el apretón de
manos al Sr. Potter.
—Chicos, recuerdan a Arthur Weasley — dijo Fleamont, indicándolos a
todos para que también estrecharan la mano del hombre. — Este es mi hijo
James, Sirius, Peter Pettigrew y Remus Lupin.
— Hola a todos, ¿Qué es esto? — Arthur estaba mirando el traslador de pato,
que Remus todavía estaba agarrado.
— Er. Un pato de goma. — Remus respondió, mirándolo.
— Ya veo, ya veo, ¿Y para qué sirve? — Arthur avanzó hacia él, mirando el
juguete de plástico amarillo con gran curiosidad.
— Er... No lo sé, es solo un pato de goma — Remus se encogió de hombros.
— ¿Lo quiere? — Lo tendió hacia él. Arthur le sonrió, tomándolo.
— ¡Mejor no se lo digas a Molly! Ella ya piensa que estoy loco.
Remus sonrió, cortésmente, pensando en privado que Molly debía tener
razón.
— ¿Cómo está Molly? — Fleamont preguntó: — ¿Y los chicos? Gemelos, ¿No
es así?
— Sí, ya tienen tres meses —asintió Arthur alegremente— Me pregunté si
deberíamos detenernos a las cinco, pero Molly está ansiosa por intentar
tener una niña; la pobre está bastante superada en número, como están las
cosas.
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Mientras hablaba, los condujo fuera de la sala de estar hiperfemenina, por
un pasillo estrecho y hasta una pequeña cocina, que tenía un invernadero
construido en la parte trasera. Frank y Alice estaban en la cocina, alineando
una fila de tazas en el mostrador.
— ¡Hola! — Alice sonrió — ¿Té?
Ella tomó las órdenes de todos, mientras Frank repartía hierbas de té en
varias teteras. Se les dijo a todos que fueran al invernadero para la reunión.
— ¿De quién es esta casa, papá? — Preguntó James.
— Lo mejor es que no sepamos demasiado — respondió el Sr. Potter —
Vamos, ahora, todos estarán esperando.
Después de estar en la penumbra de la estrecha cocina de la década de 1930,
el invernadero resultó deslumbrantemente brillante y extremadamente
cálido. Tenía un piso de baldosas de terracota limpio, cubierto con una
alfombra de trapos hecha en casa. Las ventanas circundantes eran de vidrio
y mostraban un jardín impecablemente cuidado que tenía un columpio
doble y un tobogán; el techo era de metacrilato transparente y estaba
salpicado de viejas hojas muertas que quedaron del invierno. Había un
fuerte olor a fertilizante y geranio, las plantas en macetas estaban esparcidas
por el lugar en estantes y mesas auxiliares.
Remus no notó ninguna de estas cosas al principio, porque la habitación
estaba llena de gente. Debía de haber veinte o treinta brujas y magos,
reunidos solemnemente alrededor de una gran mesa de madera, o de pie,
o apiñados en los muebles de mimbre del jardín de un rincón. Hagrid era
el más grande: Remus nunca había visto a Hagrid en ningún otro lugar que
no fuera Hogwarts, que era tan grande que compensaba las proporciones
gigantescas del guardabosques. En este pequeño y cálido solárium, apenas
parecía real.
Habían otros rostros reconocibles; los gemelos Prewett, Ojoloco Moody, el
profesor Ferox, Ted Tonks, Emmeline Vance y Dorcas Meadowes, no
Dumbledore, pero para el deleite de Remus, Lily, Mary y Marlene estaban
acurrucadas en un rincón, luciendo terriblemente jóvenes y tímidas en tal
multitud. Saludaron a los chicos con una especie de ansioso alivio. Mary se
aferró al cuello de Remus con mucha fuerza.
— ¡Estás aquí! — Dijo sorprendido.
— Nunca he sido muy brillante — sonrió con pesar.
— ¡Remus! — Marlene lo alcanzó ¡Este es Danny!
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Un hombre alto estaba justo detrás de ella. Tenía la sonrisa de Marlene; sus
mejillas rubicundas y su cabello color pajizo.
— Oh, hola — asintió Remus, repentinamente tímido. Sirius dio un paso
hacia un costado, más cerca, de modo que estuvieran hombro con hombro.
— ¡Hola! — Dijo Danny, sonriendo. Tenía una cicatriz reciente subiendo por
debajo del cuello de su túnica, pero nada en su rostro; todavía no. Extendió
una mano para que Remus la estrechara — Tenía muchas ganas de
conocerte, te debo una...
— ¡Danny McKinnon! — James estalló de repente. Habiendo finalmente
saludado a Lily lo suficiente, acababa de ver esta incómoda reunión.
Caminó hacia adelante — ¿Puedo decir que eres absolutamente, sin lugar a
dudas, el mejor golpeador que los Cannons han tenido?
Danny se rió amablemente.
— Gracias. Escuché que eres un gran cazador, ¿Eres James Potter?
— Sí, y me encantaría...
— Odio romper el club social, caballeros — ladró Moody — pero tenemos
algunos asuntos que discutir.
Eso hizo que todos se callaran y se reunieran alrededor de la mesa luciendo
muy serios. Comenzaron con algunas presentaciones, aunque de una forma
u otra la mayoría de la gente se conocía. Cuando se pronunció el nombre
de Sirius hubo un poco de murmullo, pero él solo los miró desafiante a
todos. Remus estaba orgulloso de él, que todos vieran que nunca se puede
juzgar un libro por su portada, ni a un hombre por su nombre.
Después de eso, alguien leyó las minutas* de la última reunión; Remus no
entendió nada de eso. Todos parecían hablar en un código extraño y adulto,
y nadie se detenía a explicar las cosas como lo hacían en la escuela. Se
mencionaron muchos nombres; personas en diferentes rincones del país
que estaban de su lado o que se habían pasado al otro lado. Varias políticas
impulsadas a través del Wizengamot, formas de influir en los votos; cómo
convencer a la gente de que adopte la forma de pensar de la Orden.
Remus se atrevió a mirar a Sirius, James y Peter, y se sintió aliviado al ver
que estaban tan perplejos como él. Luego se leyó la lista de desaparecidos y
todos la siguieron sin problemas. Alice propuso un minuto de silencio, al
que todos accedieron.
Hubo algunas actualizaciones más: todos querían saber qué estaba haciendo
Dumbledore, qué progreso había hecho. Progreso con qué, exactamente,
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Remus no tenía ni idea. También se entregaron asignaciones: Frank y Alice
debían estar en Anglesey todas las noches de la semana que viene a las 6 pm
exclusivamente. Un hombre llamado Shacklebolt tenía que reunirse con
"nuestro amigo en común" en "ya sabes dónde" el viernes. Los gemelos
Prewett estaban en turno para proteger este lugar o aquel. Todos asintieron
mientras Moody los señalaba.
Finalmente, Moody puso fin a la discusión.
— Los que tienen que irse, se pueden retirar. — dijo con brusquedad — les
enviaré un mensaje por los canales habituales para nuestra próxima
reunión. Cualquiera que necesite hablar conmigo ahora, tendrá que esperar
un poco. — Se puso de pie con las manos sobre la mesa.
De repente, el pequeño invernadero ya no estaba silencioso y solemne, ya
que todos comenzaron a charlar con la persona a su lado, acordando cosas
furtivamente, o simplemente poniéndose al día. Remus parpadeó. ¡¿Eso era
todo?! Frunció el ceño y buscó al Sr. Potter, que se abría paso por la
habitación hacia ellos.
— Vengan conmigo y con Hagrid — le dijo a su grupo — ustedes también,
señoritas, las pondremos al día, ¿Eh?
Remus se relajó, finalmente. Gracias a Dios por eso. Era profundamente
desagradable sentirse tan fuera de lugar. Se sentía increíblemente joven e
ingenuo.
— Tú no, muchacho — Alastor Moody también los había alcanzado, y puso
una mano callosa y agrietada en el hombro de Remus. — Ferox y yo
necesitamos hablarte ahora. Y tú, McKinnon... Daniel, claro. — Añadió,
para responder a la expresión de sorpresa de Marlene.
Los ojos de Remus se agrandaron y le suplicó en silencio a Sirius que lo
ayudara, solo para que Ferox se uniera a todos, riendo.
— No te pongas tan nervioso, Lupin, te prometo que no te torturaremos.
Remus rió débilmente, aceptando su destino. Él y Danny siguieron a
Moody y Ferox fuera del invernadero de regreso a la casa; a través de la
cocina diminuta y por el pasillo, subiendo la escalera alfombrada marrón,
que crujía pesadamente bajo sus pies.
Entraron en un pequeño trastero, evidentemente el dormitorio de un niño.
Había una cama pequeña en la esquina con un patrón de estrellas y naves
espaciales en el edredón. Los muebles eran pequeños y estaban pintados de
azul pálido, y en el oscuro techo, unas estrellas brillaban.
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— Siéntense, muchachos — Ferox asintió con la cabeza hacia la pequeña
cama. Danny y Remus obedecieron. Moody se puso de pie. Elevándose
sobre ambos, su globo ocular azul eléctrico zumbando en su cuenca.
— No es ningún misterio el motivo por el cual queremos hablar con ustedes.
— Él dijo.
Remus no dijo nada, porque no creía que fuera necesaria una respuesta,
pero Danny sí.
— Hombres lobo.
—Exacto. — Dijo Ferox, sentado en una pequeña silla de escritorio,
inclinándose hacia adelante sobre sus rodillas.
Estaba tan guapo como siempre, en opinión de Remus. Seguía siendo un
«hombre de acción» amplio y amable. Su melena de cabello rubio dorado
era tan brillante como cuando Remus tenía catorce años, solo que tal vez
ahora con algunas mechas grises. Un viejo y confortable calor burbujeó en
la boca del estómago de Remus, aquel enamoramiento que nunca había
reconocido en ese momento, y que ahora se sentía tan inocente. Él sonrió,
finalmente, sintiéndose un poco más a gusto.
— No estoy seguro de cómo puedo ayudar — dijo Danny — nunca he
conocido a uno, hasta esa noche. — Se estremeció levemente.
— Pero Lupin aquí lo ha hecho — dijo Moody, fijando ambos ojos en Remus.
— ¿Lo has hecho? — Los ojos de Danny se movieron rápidamente sobre
Remus, tomándolo todo con sorpresa.
Remus sabía lo que Danny veía en él, obviamente; era lo que todo el mundo
veía, un chico flaco y desgarbado de dieciocho años con un cuello
demasiado largo y desordenados rizos rubios, rodillas nudosas y muchas
cicatrices. Tragó, sintiéndose como un niño estúpido en una habitación
llena de hombres.
— Sí, lo he hecho. — Dijo mirándose las manos. — A dos miembros de la
manada de Greyback, Livia y Castor.
— ¿Greyback? — Danny dijo en silencio sobrecogido. — Maldita sea.
— Remus no es nuevo en este tipo de misión. — Dijo Ferox. Parecía
orgulloso, pero Remus lo miró suplicante, porque sí lo era, era
absolutamente nuevo en todo esto: espionaje, reuniones secretas y guerras.
No le gustaba este sentimiento. Todos esperaban mucho.
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— Solo he hablado con ellos. — Él dijo. — No me han lastimado porque
Greyback les ha dicho que no lo hagan, creo. Hacen todo lo que él dice,
son leales.
—Como un ejército. — Dijo Ferox, asintiendo con la cabeza, como si
entendiera. Remus le dio una larga mirada.
— No. — Dijo: — Como una familia.
— Son un culto peligroso. — Moody dijo, bruscamente. — No me importa
cómo lo llamemos. Tenemos que vigilarlos. Cautelosamente.
— Entonces, ¿Qué quieres que hagamos? — Preguntó Remus, enderezando
su espalda. Se sintió más él mismo. Ferox todavía lo miraba, pero ahora con
verdadero respeto.
— Sí, ¿Qué podemos hacer? — Preguntó Danny.
El rostro demacrado y lleno de hoyos de Moody se curvó en una sonrisa
maliciosa.
— ¿Han oído hablar de el callejón Knockturn?
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CIENTO CINCUENTA Y DOS
La guerra: Infiltración
Whatever happened to
All of the heroes?
All the Shakespeare-os?
They watched their Rome burn.
Whatever happened to the heroes?
Whatever happened to the heroes?
No more heroes any more
No more heroes any more
( No More Heroes - The
Stranglers)
Lunes, 17 de Julio de 1978
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Dentro estaba bastante oscuro; las ventanas cubiertas con cortinas de
terciopelo raídas. Los paneles de pared de caoba y las encimeras estaban
mugrientas, cubiertas de un extraño polvo pegajoso que brillaba en algunos
lugares como purpurina. Detrás de la barra habían enormes espejos
cubiertos con estantes y estantes de botellas, cada una de diferente tamaño,
forma y color, brillando a la luz del fuego como una pared de joyas. El fuego
rugió, pero todo estaba extrañamente frío.
Remus se acercó a la barra, tan casualmente como pudo. La figura que
estaba detrás de él estaba vestida con una túnica pesada, la capucha puesta,
para que Remus no pudiera ver su rostro.
— Dos whiskies de fuego, por favor. — Dijo, arrepintiéndose
instantáneamente de la cortesía. Había pasado demasiado tiempo en casa
de los malditos Potter.
El camarero se dio la vuelta y tomó una botella. Remus buscó cambio en su
túnica. Danny se unió a él, de pie cerca, mirando a su alrededor
furtivamente.
Los dos hombres lobo en el bar los estaban mirando a ambos. Eso era de
esperar, por supuesto; eso era lo que querían. Todo era parte del plan de
Moody: Remus y Danny eran invaluables para la Orden, dijo. Un chico que
había sido convertido por el propio Greyback; en quien Greyback estaba
interesado, y un hombre que había sido convertido recientemente, a quien
los demás verían como vulnerable.
Remus asintió con la cabeza hacia ellos, con cuidado. Danny no movió un
músculo, pero estaba bien, estaba claro que Remus era el líder. Los otros
dos asintieron a cambio. Remus sintió curiosidad, pero no peligro. Se
enderezó, más seguro.
Eran hombres, ambos aproximadamente de la misma altura, solo una
pulgada más bajos que Remus. Uno era fornido, de pelo rubio sucio,
mandíbula cuadrada, que habría pasado de guapo en cualquier otra
circunstancia. El otro era uno de Greyback. Llevaba el pelo afeitado cerca
del cráneo, una cicatriz gruesa en una mejilla y, por supuesto, los tatuajes
que cubrían sus brazos y garganta, fases lunares en espiral.
Remus miró por encima de los hombros de estos dos hombres y trató de
leer a los tres en la esquina. Dos de ellos eran mujeres, y un hombre, todos
de Greyback. Ni Livia ni Castor, lo cual fue un alivio.
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Llegaron los whiskies y Remus enderezó la espalda, manteniendo contacto
visual con los dos hombres lobo en la barra, o al menos con el que
pertenecía a Greyback. Danny hizo lo mismo. El hombre de Greyback
inclinó levemente la cabeza, considerándolo, y luego extendió una mano.
Tenía las uñas largas y gruesas, negras de suciedad. Remus lo sacudió.
— Bienvenidos, hermanos. — Dijo el hombre, estrechando la mano de
Danny también. Danny estaba visiblemente horrorizado por esto, pero
Remus pensó que probablemente solo parecía un nerviosismo. Y quién
podría culparlo. — Soy Gaius. Vengan y siéntense con nosotros.
Remus miró a Danny, quien asintió con la cabeza, y ambos siguieron a
Gaius hasta la mesa en la esquina. Los asientos parecían bancos de iglesias
antiguas y era igualmente incómodo de sentarse en ellos. Remus trató de
maniobrar sutilmente para sentarse junto a Danny, pero Gaius se deslizó
entre ellos, dividiéndolos. No había nada que hacer; Remus solo esperaba
que Danny supiera cuándo aparecerse.
El olor de todos ellos reunidos era abrumador y emocionante. Remus se
sintió alerta, lleno de energía, pero también muy seguro, casi cómodo. No
era de extrañar que los hombres lobo fueran tan fáciles de reclutar, pensó.
La gente se pasaba toda su vida buscando un sentimiento como este; era un
sentimiento que conocía bien. Lo había tenido desde que los merodeadores
se convirtieron en animagos. Manda. Familia. Hogar.
— Hermano, hermanas —estaba diciendo Gaius— este es Jeremy — le hizo un
gesto al apuesto hombre rubio con el que había estado hablando en el bar.
— Y estos dos son...
— Daniel. — Dijo Danny con rigidez. Bebió de su vaso y miró a su alrededor.
Seguía mirando a las mujeres y Remus sabía por qué. Gaius asintió
amablemente, luego miró a Remus expectante.
— Remus Lupin. — Respondió él con firmeza.
La atmósfera cambió, las dos mujeres se inclinaron más cerca, sus ojos
brillaban, sus dientes al descubierto en lo que podría haber pasado por una
sonrisa.
— Remus Lupin. — Dijo Gaius. — El cachorro que atacó a nuestro hermano
Castor y a nuestra hermana Livia.
— Me defendí. — Dijo Remus, levantando la barbilla. Se aprovecharían de
cualquier signo de debilidad.
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— Teníamos la impresión de que Remus Lupin había tomado su decisión.
— Dijo una de las mujeres, su voz baja y áspera.
— Quería completar mis estudios. He terminado la escuela, ahora — dijo
Remus, razonablemente — Estoy explorando mis opciones.
Las dos mujeres continuaron mirándolo, claramente sin creer una palabra
de lo que decía. Pero Gaius levantó la mano.
— Nuestro padre es indulgente y generoso — dijo sonriendo — da la
bienvenida a todos sus hijos.
— Hermano — dijo una de las mujeres — ¡No se puede confiar en él! ¡Es el
perro faldero de Dumbledore!
— Fue elevado por el propio Greyback. — Gaius espetó, bruscamente,
volviendo la cabeza y moviendo su mano izquierda, girando la muñeca. La
mujer que había hablado se puso rígida, de repente, con los ojos muy
abiertos, como si estuviera presa de un dolor enorme. — Así que. Guarda.
Tu. Lengua. — Dijo Gaius, volviendo a girar la muñeca.
La mujer se relajó, respirando con dificultad. Todos podían escuchar su
corazón latiendo. Remus se sintió enfermo.
Gaius sonrió alrededor de la mesa.
— Hermanos — les dijo a los tres nuevos reclutas — Nuestro padre, Fenrir
Greyback, les da la bienvenida a su manada. Nos han excluido, como a
ustedes, se nos ha negado refugio, amistad, protección. Nuestro padre les
devolvería estas cosas, y mucho más.
— ¿Cómo? — Preguntó Remus, esperando que su voz sonara agradable e
inquisitiva.
Gaius le lanzó una mirada. Remus se la devolvió. Era extraño. Sabía que lo
que debía hacer, lo correcto para la misión, por su seguridad y por los otros
hombres lobo, era agachar la cabeza, parecer servil, quedarse callado. Tenía
que conseguir que confiaran en él.
Pero no pudo hacerlo. Tal vez fueron los nervios, o la fuerza de su olor y su
poder tan cerca de él, o tal vez fue solo esa vieja beligerancia de Lyall Lupin,
pero Remus se encontró haciendo exactamente lo contrario. Mantuvo la
cabeza en alto, aprovechando lo mucho más alto que era que los demás,
incluso sentado. Hizo contacto visual claro y dijo:
— Solo quiero saber cómo Greyback planea brindarnos refugio, amistad y
protección.
— Ya verás, con el tiempo.
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— Bien, bueno, eso no es muy convincente. — Remus se encogió de hombros
— Me suena a muchas promesas, pero no a un gran plan, ¿Qué piensan
ustedes dos? — Miró a Danny y a Jeremy, el rubio.
Danny se quedó mirando a Remus, horrorizado. Jeremy, sin darse cuenta
de lo que estaba pasando, se encogió de hombros,
— No me importa cómo lo haga, siempre y cuando lo haga. No tengo ningún
otro lugar adonde ir, mi gente me echó.
— ¿Y si tuvieras un lugar adonde ir? — Remus dijo rápidamente: — ¿Y si
hubiera un lugar seguro y no tuvieras que elegir ningún bando en la
guerra...?
— Remus Lupin, estás confundido. — Dijo Gaius, alzando la voz. — No existe
tal lugar para nosotros. Los humanos lo han dejado perfectamente claro.
— Los... los humanos — dijo Remus, con cuidado, pensando rápido — Están
equivocados, estoy de acuerdo contigo. El Ministerio de Magia necesita una
reforma, pero el cambio solo puede suceder si...
— No están interesados. Solo se preocupan por asesinar a nuestros
hermanos y hermanas; encerrándonos, reprimiendo al lobo.
— ¿Y qué va a hacer exactamente Greyback al respecto? — Insistió Remus.
Sabía por qué el pulso de Danny se aceleraba; por qué seguía levantando
las cejas hacia Remus desesperadamente por encima del hombro de Gaius,
pero Remus no podía pensar en eso ahora. Sonaba como una locura,
empujar a Gaius así cuando claramente estaba emitiendo señales de peligro,
pero era casi como si Remus no pudiera detenerse.
— Cuando conozcas a mi padre. — Gaius gruñó: — Lo entenderás.
— Me gustaría conocerlo. — Remus dijo, con entusiasmo.
Los labios de Gaius se curvaron,
— Habrá tiempo para eso. Cuando te hayas probado a tí mismo. — Miró a
los demás: — Cuando todos hayan demostrado su valía, se ganarán el
derecho de llamarlo padre.
— ¿Y cómo hacemos eso? — Preguntó Remus, inclinándose hacia adelante,
ansioso por mantener la atención de Gaius en él. Sabía que Danny nunca
se uniría a los hombres lobo, pero este chico Jeremy, estaba en peligro real.
Toda la postura de Gaius había cambiado; parecía más grande, sus hombros
más anchos, frunció el ceño a Remus.
— Pasamos tres lunas llenas con la manada. — dijo, con los ojos ardiendo
con intensidad.
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— Genial — asintió Remus — Sí, está bien, me encantaría conocerlo,
¿Podemos hacer eso? Puedes decirme dónde...
El dolor lo atravesó, insoportable, ardiente; sus huesos se estaban
derritiendo, su piel burbujeaba, quería gritar, pero su mandíbula se cerró.
Los ojos de Gaius se clavaron en los de Remus, furiosos, y de repente Remus
pudo oírlo; escuchar la voz de Gaius dentro de su cabeza.
"Remus Lupin eres un estúpido."
Ronroneó
"Mi padre desea que vivas, pero solo tú. Serás obediente o mataré a todos
en esta habitación. Mataré a…
Remus sintió una extraña sensación dentro de su mente y supo lo que
estaba haciendo Gaius. Trató de resistirse, pero el dolor era una distracción
tal que no tenía fuerzas. Gaius se posó sobre algo que había encontrado,
sus ojos se iluminaron maliciosamente.
"Mataré a... James Potter y Lily Evans... y a Peter, Marlene y Mary y... mataré
a Sirius Black... "
Una oleada de furia se levantó en Remus y fue suficiente, solo lo suficiente,
solo un poco, para liberarse del feroz control de Gaius en su mente y cuerpo.
Rugió, arremetiendo con sus brazos y piernas, porque sus pensamientos
estaban demasiado confusos para hacer otra cosa. Sacudiendo la cabeza,
como para deshacerse de la malvada voz de Gaius, se abalanzó sobre el otro
hombre lobo, obligándolo a retroceder contra el banco, medio encima de
él, envolviendo sus manos alrededor de su garganta y apretando.
Los otros tres hombres lobo, los hombres lobo de Greyback, intentaron
moverse, pero Remus estaba tan lleno de ira y emoción violenta que apenas
necesitó pensar. Los dejó encerrados en su lugar.
— ¿Es esto lo que quieres decir con probarme a mí mismo, Gaius? — Siseó,
apretando más fuerte, de modo que la cara del otro hombre se puso roja,
las venas abultadas en sus sienes. — ¿Me he ganado tu maldito respeto ahora?
Gaius arañó a Remus desesperadamente, pero solo cuando estaba
comenzando a aflojarse y desvanecerse, Remus lo soltó. Dio un paso atrás
rápidamente.
— ¡Danny! — Dijo, con urgencia: — Tenemos que irnos.
Primero tenían que irse; no podían ser perseguidos, o parecería que estaban
huyendo. Oh mierda, pensó, oh mierda. ¡¿Por qué hizo eso?! ¿Qué le iba a
decir a Ferox? ¡Moody le arrancaría las bolas!
27
Lo último que vio Remus antes de que él y Danny desaparecieran fue el
rostro horrorizado de Jeremy.
***
29
Eso era una mentira. Todavía podía sentir los restos de la maldición en él,
su cabeza palpitaba y sus nervios vibraban. Pero se estaba yendo. El dolor a
menudo lo hacía, o simplemente aprendías a superarlo.
Moody se rió con brusquedad.
— Buen chico. Ok, McKinnon, ¿Algo más?
Danny negó con la cabeza. No había dicho mucho mientras Remus se
explicaba, solo intervino una o dos veces para confirmar que era la verdad.
Seguía sin mirar a Remus, y Remus no lo culpaba. Moody, si se dio cuenta
de eso o no, igualmente no hizo ningún comentario sobre esta extraña
atmósfera. Juntó las manos. — Bueno, entonces podría decir que estamos
bien para irnos ahora. Lupin, voy contigo, tengo otra reunión. McKinnon,
¿Estarás bien para volver a un lugar seguro?
— Sí. No hay problema. — Danny respondió, con voz hueca. — Nos vemos.
— Y comenzó a alejarse, de regreso al campo.
Remus miró a Moody.
— Está enojado conmigo. No creo que deba volver a estar con él.
— No, no lo harás. — Moody dijo, enérgicamente.
El corazón de Remus se hundió. Así que eso era todo. Moody ya no
confiaba en él. El auror comenzó a caminar en la dirección opuesta a
Danny, cruzando la tranquila carretera rural. Remus se apresuró a seguirle
el ritmo. El suelo se sentía extraño bajo sus pies, como una esponja.
Moody se detuvo abruptamente, aparentemente después de haber juzgado
el bosquecillo sombreado de árboles en el que ahora se encontraban en un
lugar adecuado para aparecerse. Miró a Remus.
— McKinnon no puede hackearlo, eso está claro. Lo tendremos en
comunicaciones o vigilando una casa segura. ¿Estarás listo para hacerlo solo,
la próxima vez?
— ¡¿Yo qué?!
— Les mostraste quién eres, hoy. — Moody dijo, ambos ojos enfocados en
Remus. — Eso es bueno. Eso te llevará a la manada. Y entonces podrás
hablarles. Queremos que Greyback se distraiga.
— No estoy seguro de entender. — Remus frunció el ceño.
— ¿No? — Moody enarcó una poblada ceja. — Creo que eres más astuto de
lo que aparentas, Lupin. Bien, vamos, tengo una cita con Fleamont.
Así fueron las cosas. No más preguntas. En cuestión de segundos estaban
en la puerta trasera de los Potter, respondiendo a las preguntas de
30
identificación de Euphemia, y luego todo fue normal; estaban de vuelta en
la realidad, rodeados por la suave y cálida familiaridad de la cocina. Fue
como despertarse de una pesadilla, dónde solo tenías que recordarte a tí
mismo que todo estaba bien ahora.
Moody desapareció hacia el estudio del Sr. Potter, y James y Sirius llegaron
corriendo por el pasillo para encontrarse con Remus. Sirius parecía medio
enojado, y se pararon uno frente al otro por un momento, con los ojos muy
abiertos y llenos de palabras. Finalmente Sirius se acercó a él, envolviendo
a Remus en un abrazo y enterrando su cabeza en su cuello.
— Estás bien. — Él susurró.
— Estoy bien. — Remus dijo, ferozmente, apretándolo con fuerza. Y quería
decirlo, oh Dios, realmente quería hacerlo. Pero no le quedaba energía, así
que solo lo besó, y James estaba allí, y también la Sra. Potter, pero era la
única cosa que Remus sabía que le haría entender a Sirius lo que necesitaba
decirle.
Apartó la rabia, el terror, la culpa y la feroz necesidad de venganza. Habría
un momento para ello. Pero no todavía.
31
CIENTO CINCUENTA Y TRES
La guerra: Frente interno
Se dio la vuelta por enésima vez, las sábanas se le pegaron a la piel caliente.
No se había sentido bien desde la luna llena. Quizás incluso desde antes de
la luna. Apenas dormía unas pocas horas cada noche. Ahora eran casi las
cuatro de la mañana y aún no se había dormido.
— ¿No puedes dormir? — Sirius también se dio la vuelta.
— No. — Remus suspiró, sentándose. — Perdón. Creo que me voy a ir al otro
cuarto.
— No te vayas, por favor. — Sirius dijo, frotándose los ojos — Está bien, yo
también estoy despierto, te haré compañía
— Realmente no estoy de humor para hablar.
— Está bien. Yo puedo hacerlo, siempre estoy de humor para hablar.
Remus sonrió, a su pesar. Maldito Black.
— Házlo, entonces. — murmuró, recostándose lentamente. Le dolía la
espalda por la última luna llena, se había frotado un poco del ungüento de
Marlene allí antes de acostarse, pero ya estaba desapareciendo el efecto.
Sirius rodó sobre su costado, estirando un brazo sobre el cuerpo de Remus
y hablándole adormilado al oído.
— No puedo esperar a mañana — murmuró — No puedo esperar a que
finalmente veas el departamento. Nunca antes había tenido un lugar que
fuera solo mío.
— Yo tampoco. — Remus respondió, cerrando los ojos.
Sirius había comprado el piso la semana anterior, mientras Remus se
recuperaba de la luna llena. Había sido, por supuesto, una compra
impulsiva, pero Remus pensaba que estaba bien, sinceramente, tenía
demasiadas cosas en su mente como para ser de mucha ayuda, y era el
dinero de Sirius, después de todo.
Estaba en Londres, y también en un barrio muggle. Después de la sorpresa
inicial de los Potter por la decisión de los chicos, Fleamont insistió en
asegurarse de que todos los encantamientos y alarmas de seguridad estándar
32
estuvieran en su lugar antes de que se les permitiera mudarse, por lo que
Remus ni siquiera lo había visto todavía.
— Dime cómo es. — Remus dijo, volviéndose hacia el cuerpo de Sirius,
acurrucándose. No se hacía pequeño muy a menudo; después de todo, era
más grande que Sirius, y parecía una tontería. Pero justo ahora, privado de
sueño y lleno de ansiedad, se sentía bien enterrar su rostro en la camisa de
dormir de Sirius.
— Es pequeño. — dijo Sirius, apoyando la barbilla en la parte superior de la
cabeza de Remus — Solo un dormitorio, un baño y una cocina.
— Suena enorme. — Remus respondió. Lo decía en serio. Nunca hubiera
imaginado vivir en un lugar así, ni en un millón de años.
— Podemos tenerlo como queramos; muebles, papel tapiz, cualquier cosa.
— Dejaré el diseño de interiores en tus manos.
— Bien. Tú puedes construir las estanterías.
— ¿Estanterías? — Remus levantó la cabeza. No había pensado en eso.
— Sí, estanterías —respondió Sirius con una sonrisa en su voz— también hay
espacio para la colección de discos, obviamente. Y hay algunos garajes
cercanos que podría alquilar...
— ¿Vamos a comprar un auto? — Remus estaba un poco alarmado por esto;
acababa de aceptar quedarse con la vieja escoba de James para viajar por
asuntos relacionados con la Orden, realmente no le apetecía aprender a
conducir también.
—No un auto... — dijo Sirius, evasivamente — Pero solo... He estado
pensando... quiero decir, sería realmente útil tener otro medio de
transporte.
— Tenemos el metro.— Remus dijo: — Y los autobuses. Londres es en
realidad algo famoso por ellos, sabes.
—Sí…
— ¿Ya lo has comprado, no? — Remus se apartó para ver el rostro de Sirius.
—Er...
— ¡Sirius!
— ¡¿Qué?! — Sirius estaba sonriendo con picardía — Es un regalo de
cumpleaños anticipado para mí.
— ¡Tu cumpleaños es en meses!
— Entonces, inauguración de la casa. ¡Te compraré algo también!
33
— Honestamente — se rió Remus, envolviendo sus brazos alrededor de Sirius
de nuevo — Eres un desastre. Un malcriado.
— Dijo el pobre errante del hogar de niños. — Sirius respondió, riendo, su
voz amortiguada por el hombro de Remus.
Se quedaron quietos y en silencio durante un rato, como si nada. Remus se
relajó un poco, pero todavía no podía dormirse. Pronto, seguro que
amanecería. De vez en cuando hasta llegaba a pensar que podía oír el canto
de un pájaro en el jardín. No tendrían eso en Londres. Solo el traqueteo de
los repartidores de leche y camiones de basura y autobuses chillando y tal
vez alguna que otra paloma. No podía esperar por eso.
Sostuvo a Sirius un poco más fuerte. Se habían estado abrazando mucho
últimamente. El contacto parecía vital; le recordaba a Remus que era
humano.
— ¿Todo está bien? — Sirius preguntó en voz baja.
— Bien. Simplemente no puedo dormir.
— ¿Todavía no estás de humor para hablar de ello?
— No.
— Ok. — Sirius suspiró un poco. Luego movió su cabeza contra el hombro
de Remus, girándose para besar la parte más suave de su cuello. La mano
de Sirius se deslizó hacia la cadera de Remus, lentamente. — ¿Estás de
humor para algo más?
***
Remus esperaba ver su nuevo apartamento por primera vez a solas con
Sirius. ¡Qué necio de su parte! Había olvidado que incluso fuera de
Hogwarts, Sirius y James venían como pareja. Y dondequiera que iba James,
normalmente iban Peter y Lily. Así que terminaron los cinco tomando el
tren a Londres a la mañana siguiente.
Sirius estaba zumbando de emoción, incapaz de quedarse quieto todo el
camino. Saltó sobre el vagón, bajó corriendo las escaleras mecánicas en
Waterloo y saltó de un pie a otro en la plataforma del metro. Todos vestían
ropa muggle y él llevaba su chaqueta de cuero, jeans negros y botas de
combate. A Remus le gustaba concentrarse en estos detalles, porque si eran
muggles, entonces no estaban en guerra hoy.
34
El piso estaba al lado de Leicester Square, en Chinatown. Era una parte
sórdida* de la ciudad, pero eso no le importaba a Remus, ni parecía
preocuparle a Sirius. Era un lugar abarrotado y ruidoso, el olor a comida
china, cigarrillos y desagües abiertos impregnaba el aire. Las cabinas
telefónicas estaban cubiertas de anuncios de escoltas y pasaron por al menos
dos cines peep show.
— Me encanta Londres. — Remus sonrió para sí mismo. Sirius le dedicó una
sonrisa.
Entraron a su edificio a través de una puerta en el callejón trasero de una
calle sin cartel, ingresando uno por uno, Peter comentando en voz alta lo
pequeño que parecía todo y lo extraños que eran los muggles. Luego
subieron un corto tramo de escaleras donde llegaron a un rellano de
concreto, con una puerta de entrada de color amarillo brillante. Número 9.
— ¡Hogar — Dijo Sirius, mientras metía la llave en la cerradura, sonriéndoles
a todos.
Era pequeño. Era mundano, amueblado con sencillez. Era básico. Era
absolutamente perfecto.
Entraron directamente en la sala de estar, que era muy moderna, sin
vestíbulo de entrada. Había una puerta a la izquierda que conducía a la
cocina, que era soleada y luminosa, una pequeña ventana sobre el reluciente
fregadero de metal. Lily se dirigió directamente a la nevera; había traído con
mucha dulzura una botella de vino blanco espumoso para celebrar.
Remus regresó a la sala de estar, y se dirigió hacia un pasillo donde habían
dos puertas, una era el baño, baldosas verdes de los sesenta con accesorios
de porcelana rosa, la otra era un dormitorio. Dos maletas, la ropa que
habían empacado y enviado por adelantado, estaban una al lado de la otra
junto al armario. La cama ya estaba allí, pulcramente hecha con una
acolchado marrón y una manta. No habían cuatro postes con dosel; no
habían cortinas oscuras secretas. Solo una cama perfectamente normal para
dos.
— ¿Y bien? — Sirius preguntó, ansiosamente, entrando a la habitación detrás
de él. — Sé que es realmente muggle, pero no quería excederme con el
dinero... y es mucho más fácil de proteger, Monty incluso hizo que Moody
asesorara sobre algunos de los encantamientos del escudo...
— Es... genial. — Remus asintió. Estaba tan feliz. Solo sonrió, mirando a su
alrededor. — Es... — no habían palabras.
35
Afortunadamente, Sirius también estaba sonriendo, mirándolo.
— Siempre sé que algo es bueno cuando no tienes nada sarcástico que decir
— le guiñó un ojo — ¡Ven, apenas miraste la sala de estar!
Remus lo siguió de regreso. Lily estaba sirviendo vasos de vino blanco
espumoso ("¡Deberíamos haberte traído copas de vino adecuadas como
regalo!"), Y todos brindaron, vitoreando en voz alta.
— Amigo, tienes que mostrarme cómo funciona ese horno ecléctico. — dijo
James, con los ojos muy abiertos — Y el devorador de radar.
— Radiador. — Lily puso los ojos en blanco — Por Dios, ¿Cómo fue que
obtuviste un Aceptable en Estudios Muggles?
Peter estaba mirando la pequeña chimenea de ladrillo, que estaba muy fuera
de lugar en la sala de estar contemporánea con su alfombra color crema y
persianas venecianas de plástico.
— ¿Estás en la red flú, entonces? — preguntó.
— Sí — asintió Sirius. — Para cosas de la Orden, obviamente. Y para ustedes.
Moody lo hizo imposible de rastrear. Todo el piso es imposible de
encontrar, también.
Remus no pudo evitar sentirse un poco molesto por la chimenea. Incluso
si era esencial, no le gustaba la idea de que los miembros de la orden
tuvieran acceso a su piso en cualquier momento del día o de la noche. La
idea de la cabeza de Alastor Moody apareciendo en su sala de estar le hizo
estremecerse. Sirius, todavía mirando el rostro de Remus con cuidado, le
dio un codazo.
— También tengo algo más. — señaló con un gesto hacia el sofá.
Todos se volvieron a mirar.
— ¡Tienes un tv-fono! — James gritó de repente, casi derramando su bebida
de emoción mientras señalaba el dispositivo que estaba en una mesa auxiliar
junto al sofá.
— ¡Cálmate! — Lily reprendió.
— ¡Un teléfono! — Remus lo miró asombrado. — ¿Está conectado?
— Sí — Sirius asintió con orgullo — Solo tienes que tomarlo y marcar, así ya
no tendré que estar merodeando por las cabinas telefónicas.
Fue interrumpido; por Remus prácticamente, quien lo había derribado,
arrojando sus brazos alrededor de Sirius, y luego, porque después de todo,
ahora estaban en su propia casa, tomó su cabeza entre sus manos y lo besó
larga y fuertemente.
36
Lily y James volvieron a vitorear, Peter tomó su bebida y después se fue
servir un poco más.
***
— ¿Me veo bien? — Sirius se miraba a sí mismo en el espejo del baño. Seguía
abotonándose y desabotonándose la camisa. — ¿Debería llevar corbata?
— No — se rió Remus, de pie detrás de él, poniéndose una camiseta gris
sobre su cabello húmedo. — Deja de preocuparte, te ves bien.
— ¡¿Solo bien?!
— Perdón. — Remus respondió, inexpresivo — Te ves increíble.
— Gracias. — Sirius le sonrió con aire de suficiencia a través del espejo. —
No quiero decepcionarte, nunca antes había conocido a la madre de nadie.
— ¿Qué hay de la Sra. Potter?
— Los Potter no cuentan, son como mis propios padres, no necesito
impresionarlos.
— Estarás de pie junto a mí — Remus se encogió de hombros y se puso una
chaqueta de punto para cubrir sus brazos — Ella estará impresionada.
— No digas eso — gruñó Sirius — Apuesto a que cree que el sol brilla desde
tu tonto trasero.
— ¿Estás listo?
— Tanto como puedo estarlo.
Salieron del baño y se fueron del departamento. Se habían mudado tan solo
hace una semana y media, y todavía había cajas por todas partes, pero
Remus ya se sentía como en casa. Le encantaba el tintineo de las llaves en
su bolsillo; la sensación de cerrar la puerta de entrada al mundo; tener un
lugar para ser él mismo por completo. El estrecho piso del soho no era tan
grandioso como Hogwarts, pero ya a Remus le gustaba más que cualquier
otro lugar en el que hubiera vivido.
(Grant lo había dicho mejor, claro, Remus lo llamó por teléfono tan pronto
como tuvo la oportunidad; "Una dirección fija, ¿eh? Vaya, nos hemos
mudado en el mundo").
Se aparecieron desde el rellano exterior, lo que se había convertido en un
hábito; estaba lo suficientemente apartado como para que nadie los viera.
Unos momentos después se encontraron en una tranquila calle residencial
en Cardiff, donde estaba, por supuesto, comenzando a llover.
37
— Lo siento, debería haberte advertido. — se rió Remus mientras Sirius
gritaba y se apresuraba a levantarse su camisa para proteger su cabello — Los
veranos galeses no son mucho mejores que los escoceses.
Hicieron una corta caminata hacia el hospital rápidamente, y Remus llevó
a Sirius a la sala de terapia con mucha más confianza que la primera vez que
conoció a Hope. Sonrió y saludó con la mano a la enfermera de turno, antes
de caminar hasta el final de la sala para ver a su madre.
La cortina estaba corrida hasta la mitad, por lo que primero miró a su
alrededor para comprobar si ella estaba dormida. Pero no, estaba sentada
en la cama, hojeando una revista de moda. Él se aclaró la garganta y ella
miró hacia arriba. Una gran sonrisa se extendió por su rostro delgado,
mostrando cada uno de sus dientes de perla.
— ¡Remus!
— Hola — dijo, agachando la cabeza tímidamente y caminando para
saludarla.
La besó suavemente en la mejilla. Lo había hecho tres veces ahora, habiéndo
superado lo de que ella besara su mano. El progreso fue lento, pero cada
hito se sintió enorme.
— ¡Esperaba que vinieras hoy! — Ella sonrió, agarrando su mano y mirándolo
mientras él se doblaba en la silla de plástico naranja junto a su cama.
— Lo siento, ha pasado tanto tiempo — se disculpó — terminé la escuela y
luego me mudé… um. He traído a alguien para que conozcas. — miró a
Sirius, todavía parado detrás de la cortina, mirando a Hope nerviosamente.
— Mamá — (era la segunda vez que le decía eso en la cara) — Este es Sirius
Black.
Sirius dio la vuelta y se paró al final de la cama, con las manos frente a él.
Parecía que estaba intentando con todas sus fuerzas no inquietarse.
— Encantado de conocerla, Sra. Lupin. — dijo cortésmente.
Ella no lo corrigió por el nombre, solo le sonrió benignamente.
— Hola, Sirius. ¿Eres amigo de Remus de la escuela?
— Así es — asintió.
— Sirius y yo vivimos juntos, en Londres. — Remus dijo, probando el agua.
Observó su rostro, pero ella era inescrutable. Ella podría haber sido un
auror, sin ningún problema.
— ¿No suena divertido eso? — Dijo, con los ojos vidriosos. — Tu papá solía
llevarme de viaje a Londres, me encantaba ir en los de dos pisos.
38
¡Ah! Estaba de humor para hablar de Lyall. Estas eran por lejos de las visitas
menos favoritas de Remus, pero la dejó hablar, porque parecía hacerla feliz.
Comenzó con una historia larga y confusa sobre todas las veces que Lyall la
había llevado a Londres, donde habían visto todos los lugares de interés, y
luego todos los otros lugares a los que la había llevado: Edimburgo,
Blackpool y Aberystwyth. Remus trató de no escuchar demasiado. No
quería empezar a preguntarse si Lyall los habría llevado a ambos a estos
lugares, si las cosas hubieran sido diferentes.
Eventualmente, sin que Hope mostrara signos de detenerse, Remus le hizo
un gesto a Sirius para que tomara asiento, y arrastró uno desde la cama de
al lado, que estaba vacía. Mientras se acomodaba, Remus notó una maleta
al pie de la cama. Por lo general, no estaba allí. ¿Le iba a permitir finalmente
irse a casa?
— ... y comí mi primer curry en un pequeño restaurante en Wembley... —
estaba diciendo ahora.
— Estamos en Chinatown. — dijo Remus.
— Encantador. — Ella sonrió, aunque claramente no tenía idea de dónde
quedaba eso. Ella se estaba volviendo cada vez más infantil, pensó, debía ser
por la medicación que le daban. Tendría haber sido algo molesto, pero en
realidad le ayudaba a sentirse mas empático con ella. — Y pronto tendrás los
resultados de tus exámenes, ¿verdad?
— Ya nos lo dieron. — respondió Remus — Pasé todo.
— Él fue el primero en la escuela en tres materias — dijo Sirius, de la nada.
— Historia, Cuidado de criaturas mágicas y Aritmancia, ¡Y las mejores notas
en todo lo demás!
Remus se sonrojó. Eso no era del todo cierto. Está bien, sí, había obtenido
'Sobresaliente' en la mayoría de las materias, pero solo había obtenido un
'Supera las expectativas' en Transformaciones.
— Ese es mi chico inteligente — sonrió adormilada — Al igual que su padre.
— ¿Vas a algún lado, mamá? — Preguntó Remus, todavía inquieto por la
maleta.
— Oh, sí — asintió levemente, apoyando la cabeza hacia atrás contra la pila
de almohadas que la sostenían — Sí, me voy al hospicio* mañana.
Las entrañas de Remus se congelaron. Su garganta se secó. No, pensó, no,
necesito más tiempo.
39
— ¿Mañana? — Él se atragantó. Ella apretó su mano de nuevo, sus ojos se
agudizaron.
— Estoy lista, amor. Es la hora.
— Pero... — no sabía qué decir. Pensó que podría llorar, pero no quería
molestarla.
Sirius parecía confundido. No sabía lo que significaba.
— Me estoy asegurando de que todo esté en orden — dijo Hope, con
naturalidad, de repente sonando mucho más madura de lo habitual — Si
me dejas tu dirección, me aseguraré de que todo termine donde debería. Y,
por supuesto, el funeral. Le he dicho a Gethin que te avisarán lo antes
posible y que estás sentado al frente. No dejes que te pongan atrás como un
pariente lejano. Eres mi hijo y no me avergüenza para nada, ¿Entiendes?
— Mamá, por favor... — Remus miró hacia otro lado, sorprendido por lo
angustiado que se sentía. — No estoy... solo que... todavía no, ¿De acuerdo?
Su rostro se suavizó. Ella suspiró.
— Está bien, cariño. Lo siento.
¡¿Quién diablos es Gethin?! Quería gritar. ¿Cuántas sorpresas me esperan
después de que te hayas ido? Sabía que esto iba a suceder, pero seguía siendo
la peor noticia de su vida. No podía deshacerse de la sensación de traición.
Se acababan de conocer.
Sirius se sintió incómodo en el silencio que mantuvieron. No entendía la
incapacidad compartida de Hope y Remus para decir las cosas importantes;
Sirius nunca pudo entender por qué la gente no decía lo que sentía tan
pronto como lo sentía. Pero respetó su privacidad y se levantó
— Voy a tomar una taza de té, Remus — dijo con suavidad — ¿Quieres una?
Remus asintió.
— La cantina está al final del pasillo. — dijo, mirando al suelo, todavía
sosteniendo la mano de Hope. — Te veré allí, en un minuto.
— ¿Puedo traerle algo, Sra. Lupin?
Ella sacudió su cabeza.
—No, gracias, querido. Fue un placer conocerte.
Inclinó la cabeza, galantemente, sonriendo cortésmente (Dios, podía ser
encantador incluso en las situaciones más desesperadas) y luego se fue
rápidamente.
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Remus soltó la mano de Hope y enterró su rostro en sus palmas. Mierda.
¿No podría simplemente disfrutar de algo durante cinco minutos sin que se
convirtiera en una tragedia?
— Es un joven muy agradable. — Hope dijo brillantemente.
— Sí — respondió Remus, soltando una risa sin alegría, frotándose la nuca
con nerviosismo.
— Puedo ver por qué te gusta. — Ella instó.
Ella quería que el tormento terminara, claramente. Quizás quería volver a
hablar de Lyall. Bueno, no la iba a dejar. Ella no era la única que podía
lanzar bombas.
La miró, tratando de ver directo a sus ojos.
— Escucha, hay algo que siento que realmente debería explicarte, eh. Sobre
Sirius. Sobre Sirius y yo.
Hope cerró los ojos con una suave sonrisa y sacudió lentamente la cabeza.
— Está bien, cariad*. — le tomó la mano y le dio unas palmaditas — Lo supe
en el momento en que los vi a los dos.
— ¿En serio? — Remus la miró fijamente. Nunca antes había hablado de esto
con nadie mayor que él.
— He tenido un presentimiento por un tiempo. No voy a fingir que no hay
ninguna diferencia — respondió, eligiendo sus palabras con cuidado — Pero
eso no cambia quién eres, mi querido niño.
Ella tomó su mano de nuevo y él la sostuvo. Ella le acarició los nudillos
suavemente con el pulgar.
— Lo amas, ¿no?
— Yo... — Remus sintió que el pánico familiar aumentaba ante el sonido de
esa palabra, pero como eran ellos dos solamente, en aquella habitación,
sintió que le debía el ser honesto, y asintió. — Sí.
— Y él te ama.
— Creo que sí. Sí, él lo hace.
— Eso es todo lo que necesito saber, entonces. — Ella sonrió de nuevo. Ella
dejó escapar un gran suspiro — Amor. Es lo único que te llevas en esta vida,
sabes.
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CIENTO CINCUENTA Y CUATRO
La guerra: Otoño, 1978
42
El reloj seguía marcando. Remus se llevó la taza de té a los labios, bebió y
luego hizo una mueca. Estaba helado. Llevaba allí al menos una hora, pero
no era como si tuviera otro lugar donde estar.
Desde la fallida misión al callejón Knockturn en Julio, Remus había notado
un claro cambio en la naturaleza de sus misiones. A menudo lo
emparejaban con Peter y, por lo general, solo lo enviaban a realizar
asignaciones 'pequeñas' (transmitir mensajes, recolectar trasladores
muertos) una o dos veces se había quedado atrapado preparando
sándwiches para los visitantes de los Potter.
Mientras tanto, la suerte de Sirius y James los había llevado en una dirección
completamente diferente. Ambos pasaban gran parte de su tiempo con
Frank y Alice, o los gemelos Prewett, haciendo todo tipo de cosas
interesantes como defensa avanzada, deberes de guardia e incluso una o dos
redadas de medianoche.
Sirius estaba pasando el mejor momento de su vida. Remus estaba en la
completa miseria, pero no lo decía. En otras palabras, lo mismo de siempre.
Finalmente, Remus miró hacia arriba y vio movimiento. Era el final de la
jornada laboral y hombres con trajes elegantes y sombreros empezaron a
llenar las aceras. Si miraba muy de cerca, podía ver que algunos de esos
hombres y mujeres estaban vestidos de manera un poco menos
conservadora que los demás. Era también el final de la jornada laboral en
el Ministerio de Magia.
Remus se levantó, rápidamente, golpeándose las canillas con la silla de
plástico naranja que estaba a lado. Jadeando entre dientes, cojeó levemente
al salir. Afuera estaba húmedo, no soleado, pero si caluroso y pegajoso; el
peor tipo de clima. Nubes de tormenta espesas y revoltosas se cernían sobre
los edificios grises, y un fuerte hedor se elevaba desde los contenedores de
aquel café, toda la comida vieja pudriéndose con el inusual calor de
Septiembre.
Remus se quedó un momento, esperando y mirando, sin querer ser visto.
Un joven alto y apuesto pasó a grandes zancadas, vestido con una túnica
negra y un chaleco verde botella. Tenía pómulos afilados y cabello
platinado, aunque era muy joven; Remus lo reconoció de inmediato como
Lucius Malfoy, el hombre con el que Narcissa había arriesgado su vida para
casarse. Remus lo vio caminar por la calle, elogiando fugazmente a la prima
de Sirius por su excelente gusto.
43
— Oh, hola Moony.
Remus saltó. De alguna manera, Peter todavía tenía la capacidad de tomarlo
por sorpresa: casi nunca lo veías venir.
— Cristo, Pete, me asustaste.
— Bueno, si no hubieras estado mirando el trasero de Malfoy...
— Cállate. — Remus ya estaba de mal humor, además de estar demasiado
sensible como para ser molestado por Peter Pettigrew, por encima de todo.
— No esperaba verte. — dijo Peter, mirando su reloj de bolsillo y metiéndolo
de nuevo en el bolsillo del pantalón.
Llevaba una chaqueta de lana y un estúpido bombín de color mostaza.
Parecía un duende no reconocido.
Remus se regañó a sí mismo internamente, avergonzado de sí mismo por
estar celoso de su amigo, quien a pesar de haber obtenido solo un puñado
de EXTASIS, había logrado entrar en un puesto de nivel de entrada en el
Ministerio, sin ninguna molestia.
— ¿Qué quieres decir? — Remus frunció el ceño — Llegué a tiempo, ¿no?
— ¿No recibiste el mensaje de Arthur? — Peter lo miró, inocentemente — Fue
cancelado. Enviaron a Caradoc.
— Oh. — Remus frunció los labios.
— ¡Así que podemos irnos a casa! — Peter dijo alegremente: —Gracias a
Godric por eso, estoy agotado. El trabajo fue un caos hoy, estoy de los pelos.
— Claro, por supuesto. — Remus asintió, sus hombros se hundieron.
No se había levantado de la cama hasta el mediodía. Luego, todo lo que
hizo fue leer el periódico, fumar y comer media barra de pan, que Sirius
había comprado la mañana anterior. Esta era la conversación más larga que
había tenido con otro ser humano en todo el día.
— ¿Estás seguro de que no nos necesitan? — Dijo, intentando: — Tal vez si
seguimos adelante de todos modos...
— Será mejor que no —Peter negó con la cabeza— Ya sabes cómo es Moody
con el protocolo. De cualquier forma, me muero de hambre, apenas tuve
tiempo para almorzar.
— ¿En serio? ¿Quieres ir a comer algo al Caldero Chorreante?
— Lo siento, le prometí a mamá que estaría en casa. Ella se preocupa por
mí, ¿sabes?
— Oh. Por supuesto.
— Padfoot está en tu casa ¿No?
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— Sí, ya debería estar de vuelta.
— ¡Nos vemos en la próxima reunión, Moony!
— Sí, nos vemos.
Caminaron en direcciones opuestas, Peter se dirigió a la red de flú más
cercana (todavía no había aprendido a aparecerse), y Remus al callejón más
cercano donde pudiera estar tranquilo y desaparecer.
Trató de animarse un poco estando en la puerta de su apartamento. Se
sacudió, intentó aclarar su mente, forzó una sonrisa. Él abrió la puerta.
— ¡Has vuelto temprano! — La voz de Sirius trinó desde la cocina, y eso fue
suficiente para que Remus volviera a su mal humor. Se sentía como una
acusación.
— Mm. — Gruñó, cerró la puerta y se quitó la chaqueta de punto, los pelos
de sus brazos picaban y picaban por el calor. También hizo que sus cicatrices
se elevaran, como alambre de púas.
— ¿Qué pasa? — Apareció Sirius. Se había duchado recientemente, su cabello
todavía brillaba. — ¿Pasó algo?
Remus soltó un bufido, se quitó los zapatos y los tiró debajo de la mesa de
café.
— No pasó nada. Lo cancelaron. O alguien más lo hizo. De todos modos,
no importa, era un trabajo de relleno.
— No, no lo era. — Sirius gruñó. — ¿Por qué Dumbledore te daría trabajo así
nomás?
— Porque no se puede confiar en mí para hacer nada más, pero ellos todavía
quieren mantenerme de su lado para que no me pase al otro bando de la
nada.
— Moony... — Sirius tenía las manos en las caderas, ahora.
Remus suspiró y agitó una mano.
— Olvídalo. ¿Cómo estuvo tu día?
— Estuvo... ocupado. Cansador. — Sirius dijo, con cuidado, obviamente no
queriendo provocar más a Remus. — Las cosas habituales, ya sabes.
— No, no lo sé. — Murmuró Remus. — Tienes la oportunidad de estar con
los Aurores todo el día. Lo mejor que yo obtengo es Wormtail.
— No seas así. — Sirius se sentó al lado de Remus en el sofá — Todavía sigues
haciendo muchas cosas útiles. Y te enviaron a esa misión a principios del
verano, ¡Eso fue importante!
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Remus no dijo nada. No le había dicho a Sirius lo que había sucedido,
cómo había perdido el control una vez más, y cómo Moody claramente ya
no confiaba en él, y que Danny probablemente lo odiaba.
En la pausa que siguió, Sirius gruñó.
— Mira, si estás de mal humor, prefiero apartarme de tu camino. Yo
tampoco he tenido un día brillante.
— Bien. — Remus dijo, bruscamente.
No estaba bien. Una parte de él quería agarrar a Sirius para darle un beso,
llevarlo al dormitorio y disculparse por ser un idiota. La otra parte quería
una pelea en todo su esplendor, con muchos gritos y palabrotas. De
cualquier manera, no quería que Sirius se fuera a ninguna parte.
Sirius suspiró y se levantó.
— Bien entonces. — Agarró sus llaves al salir. — Iré a arreglar la moto. — dijo.
— Y traeré pan en el camino de regreso, ya que se nos acabó, de nuevo.
Remus gruñó en respuesta, mirando un agujero en su calcetín, en lugar de
mirar a Sirius a los ojos. Se perdonarían más tarde, siempre lo hacían.
...
El problema de no estar en Hogwarts era que Remus nunca sabía dónde
estaba nadie. Echaba mucho de menos el mapa del merodeador, y se sintió
ansioso al imaginarse a Sirius, James y Peter en el mundo, enfrentándose a
quién sabía qué.
Tipificaba la forma en que se sentía por casi todo ahora que la escuela había
terminado. En Hogwarts había tenido el control; había tenido un lugar, un
cierto estatus. En el mundo real, no era nada ni nadie; de vuelta al fondo
de todo.
Como el joven maduro y educado que era, sabía que debía afrontar estos
nuevos desafíos con entereza; tenía que proponerse el demostrar su valía,
como James y Sirius, e incluso Pete. Pero Remus no lo hizo. Él prefirió
enojarse.
Después de la misión cancelada con Peter, tuvieron otra reunión larga y
confusa con la Orden. Casi nadie miró en dirección a Remus. Moody no
había estado allí, ni Ferox, por lo que Remus ni siquiera podía ir y
preguntarles si había habido algún acontecimiento en el frente de
Greyback.
Aunque fue agradable ver a las chicas: Lily estaba como aprendiz en el
departamento de investigación de pociones en San Mungo, y ella y Marlene
46
habían hecho toda una pandilla de nuevas amigas en el hospital. Mary
estaba en la universidad de secretariado muggle y, como Remus, no estaba
impresionada con sus asignaciones de la Orden hasta el momento.
— Supongo que no quieren que mi sucia sangre arruine los trabajos
encubiertos de los demás. — puso los ojos en blanco. Él se rió
disimuladamente. La buena de Mary.
Después de esa reunión, Remus pasó una gran parte de su tiempo solo.
Durmió hasta tarde, escuchó la radio, bajó a la tienda de la esquina a
comprar cigarrillos y fingió leer. Le dijo a Sirius que estaba investigando
magia defensiva, pero en realidad no veía el sentido de estudiar sin razón.
Remus estaba tirado en el sofá un día haciendo el crucigrama de un
periódico gratis que había recogido en alguna parte. Bien. No estaba
realmente 'haciendo el crucigrama' mas bien estaba tratando de escribir los
insultos más imaginativos que podía pensar en las casillas. Estaba atascado
en la cuadrilla doce hacia abajo, '_ _ _ E _ _ _ _ F', cuando sonó el teléfono.
Le hizo saltar; el teléfono nunca sonaba.
— ¿H-hola? — Dijo con voz ronca, dándose cuenta de que era más de la una
de la tarde y era la primera vez que hablaba.
— Saludos, corazón.
— ¿Grant?
— ¿Quién más te dice "corazón"? Maldita basura.
Remus se rió, sonriendo de oreja a oreja.
— Eres un idiota demasiado sarcástico ¿Dónde has estado?
— Aquí y allá. Lo siento, he tenido un verano muy ocupado... eh... ¿Estás en
casa, entonces?
— Sí.
— Brillante, estoy a cinco minutos.
— ¡¿Qué?!
— ¡Nos vemos pronto! — Se cortó la comunicación.
Sin saber qué más hacer, y levemente aturdido, Remus fue rápidamente al
baño para mirarse en el espejo. Llevaba puesta una camiseta arrugada, por
lo que se puso un suéter que estaba tirado en el suelo para cubrir sus
antebrazos llenos de cicatrices. Su cabello nunca parecía cambiar, sin
importar lo que hiciera, así que pasó los dedos por sus rizos y los vio volver
a su lugar. Deseó haberse duchado cuando se despertó esa mañana, pero ya
era demasiado tarde.
47
Hubo un golpe en la puerta y Remus se apresuró a contestar, apuntando
con su varita a la tetera mientras pasaba por la puerta de la cocina para
abrirla. Su pulso se aceleró y se dio cuenta de lo emocionado que estaba al
ver a alguien que no estaba involucrado en la guerra.
Abrió la puerta con más fuerza de lo necesario, de modo que casi se estrella
contra la pared.
— Hola — Grant estaba en la puerta, con los ojos muy abiertos pero
sonriendo, su rostro redondo y soleado como lo había sido a los quince,
dientes torcidos y ropa brillante y todo lo demás que estaba bien en el
mundo.
— ¡Hola! — Remus respiró, retrocediendo para permitir la entrada de Grant
— ¡Estoy tan feliz de verte!
— Caray — Grant le dio un empujón con sus zapatillas de correr mientras
entraba — Si hubiera sabido que recibiría este tipo de bienvenida, me habría
presentado hace semanas.
Se paró en medio de la sala de estar, con las manos en las caderas, mirando
a su alrededor con asombro. Dejó escapar un silbido bajo — Te las estás
arreglando bien por tí mismo ¿Eh? Es muy lindo el lugar.
— Sí, supongo — Remus se frotó la nuca. Estaba un poco desordenado,
periódicos viejos y tazas de té medio vacías por todo el lugar, sin mencionar
los ceniceros desbordados. De repente se sintió muy avergonzado.
— ¿Por qué tienes una chimenea? — Grant se rió entre dientes: — Creí que
todos estos apartamentos modernos tenían calefacción central.
— Mm. — Remus murmuró, — ¿Una taza de té?
— Mi héroe.
Remus fue a la cocina y usó un poco de magia sin palabras para apresurar
todo, antes de llevar las tazas a la sala de estar, donde Grant estaba
inspeccionando la estantería. Se veía tan bien. Su ropa estaba limpia y era
elegante, incluso llevaba una camisa de vestir, que tenía un cuello y puños
anchos de flores.
Remus le dio su té y ordenó un poco antes de sentarse.
— No puedo creer que estés aquí. — Él dijo. Grant se rió.
— Yo tampoco, para serte honesto. Ha pasado mucho tiempo, ¿eh?
— ¿Cómo estuvieron tus vacaciones?
— Oh, eh... — Grant pareció sonrojarse. Sus orejas se pusieron rojo cereza.
— Esa fue una pequeña mentira... simplemente no quería maldecir nada.
48
— ¿Maldecir qué? ¿Qué has estado haciendo?
— Yo um. Mira, no te rías de mí, ¿De acuerdo? He estado tomando clases
nocturnas. Ya sabes, para conseguir mis O-Levels.* — Miró hacia abajo.
— ¡Eso es brillante! — Dijo Remus. Grant lo miró con cautela, como si
esperara un remate.
— Supongo que es mejor tarde que nunca. Hoy tuve mi exámen de CSE de
matemáticas, en Russell Square. Fue putamente difícil, pero creo que hice
lo suficiente para aprobar. Ese maldito de Pitágoras seguro era un imbécil
¿Eh?
Remus rió.
— Sin embargo, ¡Bien hecho! ¿Qué fue lo que provocó todo esto?
— ¿El poder trabajar en un lugar que no sea un pub, algún día? — Grant se
encogió de hombros — Tener sexo con todos esos estudiantes me abrió un
poco los ojos. No quiero ser un idiota toda mi vida.
— No eres un idiota. — Dijo Remus, con firmeza, dándole una mirada
severa.
— Bueno, ya veremos — Grant agitó una mano, tímido de nuevo. — Si todo
sale bien con matemáticas y lengua, y creo que lo hice bastante bien en
lengua, deberías ver mi ortografía, es mucho mejor ahora, entonces estoy
pensando en comenzar los A-Levels en Enero. Quiero tomar psicología, no
sé.
— Psicología. — Remus dijo, asombrado.
— Sí — se rió Grant — Ricky, uno de los estudiantes con los que salía, piensa
que sería mejor que estudiara Política, pero para ser honesto, ya he tenido
suficiente con Trotsky. Era comunista.
— ¿Trotsky?
— Ricky.
— Claro. — Remus tomó un sorbo de su té, pensativo. Todos estaban
haciendo cosas. Todos tenían una dirección. Y aquí estaba él, sentado y
mirando, como de costumbre. El odio a sí mismo se elevó dentro de él.
— Entonces... ¿Cómo está Sirius? — Grant preguntó cortésmente.
— Si... está bien. Está fuera ahora mismo. Um... Conferencia universitaria.
— Que bien. ¿Y... tu mamá? ¿Cómo está ella?
— Moribunda. — Remus gruñó.
— Que inconveniente.
Remus prácticamente escupió su té, riendo. Grant sonrió.
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— Oi, ¿Has oído de St Eddy's?
— ¿Qué pasa con ese lugar? — Remus frunció el ceño.
— Cerró. Última escuela aprobada en Gran Bretaña, aparentemente, ahora
todos son 'hogares comunitarios'.
— ¿Qué pasó con todos los niños?
— Algunos de ellos fueron enviados a Borstal. El resto fue realojado. Lo van
a derribar, y van a poner departamentos en su lugar.
— Ya era hora. — Remus dijo, sombríamente.
— Brindo por eso. — resopló Grant, levantando su taza de té. Charlaron un
poco más, recordando el pasado. Grant no veía a nadie en serio por ahora
y no sabía cuánto tiempo más estaría en Brighton. Echaba de menos
Londres, pero sabía que necesitaba ahorrar más dinero si quería regresar y
hacer lo correcto. Era tan diferente de la última vez que Remus lo había
visto.
— Suficiente sobre mí, ¿Y tú? ¿Tú también estás en la universidad?
— Realmente no estoy haciendo nada. — Remus suspiró. — Es difícil
conseguir un trabajo justo ahora. Casi siempre me la paso aquí.
— Suerte que tienes todo esto, ¿eh? — Grant hizo un gesto a su alrededor,
tomó la caja de cigarrillos de la mesa de café y la agitó. Remus asintió y
también tomó uno.
— Sí, suerte. —Dijo, abatido, mientras lo encendía.
— Necesitas salir más, cariño. — Grant dijo, sonando serio.
— ¿Qué?
Grant gruñó, echando humo y mirando a Remus de arriba abajo.
— Mírate, siendo un miserable imbécil. No estoy ciego, ¿sabes? Estás aquí
encerrado sintiendo lástima por ti mismo, ¿No es así?
— No, yo...
— Remus — Grant suspiró, sacudiendo la cabeza — No estoy siendo horrible
contigo, solo digo. ¿Recuerdas cuando dejé St. Edmund's y viví en esa casa
con otros?
— ¿Sí…? — Remus deseaba poder olvidar eso, pero estaba grabado en su
memoria. Los colchones sucios, las tablas del suelo desnudas, la humedad.
— Al principio pensé que era genial, no más escuela, no más Matrona
diciéndome qué hacer, solo yo cuidando de mí mismo. — Sacudió la cabeza,
frunciendo los labios — Me gustaba huir. Lo hacía todo el tiempo, cuando
era niño. Huía de mi mamá, de mi abuelo, el maldito ese, de cualquier lugar
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donde la gente intentara mantenerme dentro. Y es que siempre me dejan
huir. La Matrona nunca llamaba a la policía, mamá nunca trataba de
encontrarme. De hecho, fuiste la única persona que intentó localizarme.
— Yo... — Remus no lo sabía.
— No sé cómo lo hiciste — Grant se rió entre dientes, rascándose la barbilla
— Tal vez toners una varita mágica o algo así. Pero me encontraste. Dos
veces. Pensé mucho en eso durante el año pasado.
— Solo quería asegurarme de que estuvieras bien.
— Sé que querías hacer eso. — Grant sonrió, suavemente — Eso es lo que me
asombró. Allí estaba este chico, un chico inteligente, divertido y elegante,
al que yo le importaba algo, mientras que a los demás les importaba una
mierda. Me hiciste sentir como alguien que valía la pena. Así que pensé que
lo mejor que podía hacer era hacer algo que valiera la pena.
Remus no supo qué decir. Dejó su té.
— Es por eso que quería esperar hasta que mis exámenes estuvieran
terminados antes de verte. — continuó Grant — Incluso si repruebo todo,
quería decirte que lo hice, que estoy tratando de ser mejor.
— No tenías que probarme nada. — dijo Remus con seriedad.
— Lo sé —asintió Grant— lo hice por mí, de verdad. Lo hice porque huir y
evitar todas las cosas que me hacían sentir como una mierda no tenía
sentido al final. Si quieres que la gente piense que mereces algo, tienes que
comenzar a actuar como si realmente lo quisieras.
Remus se rió sin humor.
— Parece que ya estás estudiando psicología.
— He estado leyendo mucho — le guiñó un ojo Grant — ¿Entiendes lo que
te estoy diciendo, entonces?
— Sí. — Remus suspiró. Haz algo que valga la pena. Deja de deprimirte.
— Bien. — Grant dijo alegremente: — Porque si no eres feliz aquí, entonces
podemos intercambiar. Bonito piso, muchos libros, un novio precioso...
Remus se rió de nuevo y pateó la espinilla de Grant en broma.
— Cállate.
— Nunca. De todos modos, será mejor que me vaya, tengo que tomar un
tren, pero regresaré en un mes más o menos, siempre que obtenga los
resultados que necesito.
— Los obtendrás. — Remus dijo con confianza: — Sé que lo lograrás.
— Gracias. Llamame pronto, ¿eh?
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Se abrazaron en la puerta y Remus lo vio irse, bajando los escalones de dos
en dos, silbando una melodía pop.
Remus se sintió más ligero; le dolían las mejillas de sonreír. Cerró la puerta
y miró la habitación desordenada. Tenía ganas de lavar los platos. Luego
podría ir a la tienda y conseguir algo para cenar. Sirius había estado fuera
todo el día; le gustaría volver a casa y tener una comida adecuada.
Mañana, Remus podría empezar bien con todo lo demás. Había tanto que
hacer.
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CIENTO CINCUENTA Y CINCO
La guerra: Invierno, 1978-1979
54
— Shh — se rió entre dientes, — James tardó semanas en perdonarme, tuve
que jurar bajo el suero de la verdad que no tenía intenciones nefastas hacia
tí.
— Ese idiota. Lo amo.
— Mm.
— Estoy tan contenta de que sea Navidad. — suspiró — Todos necesitamos
un descanso, ¿no?
— Sí.
— Se supone que debo empacar hoy, luego iré a pasar la noch con los padres
de James, ¿Estarás allí?
— Sirius podría llegar a estar —dijo Remus— yo voy a visitar a mi madre.
Sabes que ella... um. Ahora está en el hospicio.
— ¡Oh por supuesto! — Lily le dio un apretón. — Lo siento amor. ¿Comoy
está ella?
— No creo que esperaran que ella llegara hasta Navidad. Pero ella está
aguantando.
— Oh Remus. — Lily suspiró tristemente.
— Está bien. — Remus se apartó, decidiendo que bien podría levantarse
después de todo. — De acuerdo. Necesito una taza de té y un cigarro. — dijo,
levantándose de la cama y poniéndose los jeans.
— Uf, ustedes dos realmente necesitan dejar de fumar. — dijo Lily,
sentándose — Las sábanas apestan.
— ¿No me digas que nunca has fumado un delicioso cigarro después del
coito, Evans? — Remus le guiñó un ojo, dirigiéndose a la puerta.
— ¿Después del c-...? ... ¡Dios mío, Remus!
Todavía estaba sonriendo para sí mismo cuando entró en la sala de estar,
que se veía como si una bomba la hubiera golpeado. El sofá se había movido
al centro de la habitación por alguna razón y no tenía ninguno de sus
cojines. James estaba profundamente dormido, tendido sobre lo que
parecía un colchón color crema gigante en el suelo. Sirius estaba acurrucado
a los pies de James con uno de los jerséis de Remus enrollado bajo su cabeza.
Remus entró en la cocina y encendió la tetera. Cada superficie estaba
pegajosa con algo dulce y alcohólico; había tazas y vasos a medio llenar,
algunos con cigarrillos a medio fumar flotando en ellos. Remus hizo una
mueca y sintió que su estómago se contraía, así que abrió una ventana para
que entrara aire. Realmente no quería enfermarse, si podía evitarlo.
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Mary había escrito "¡Feliz Navidad, traidores de sangre!" en la puerta de la
nevera con un alegre lápiz labial rosa, con tres grandes besos en forma de
"X" debajo. Ella pasaría el resto de su Navidad en Jamaica, era la primera
vez que iría a visitar el país de origen de sus abuelos. Remus se alegraba por
ella. La Navidad nunca había sido un buen momento en lo que respecta a
la guerra, y tener a Mary lo más lejos posible del peligro lo hizo sentirse un
poco mejor.
No le entusiasmaba pasar la Navidad en los Potter, aunque se sentía
culpable incluso de pensar en eso. Sirius nunca consideraría pasar las fiestas
en ningún otro lugar, así que, por supuesto, Remus lo aceptaría, y no tenía
nada que ver con el Sr. y la Sra. Potter, quienes habían sido mejores para él
que cualquier familia real que hubiera tenido. Era la guerra, y la Orden, y
el maldito Moody, quien seguramente estaría allí.
— ¿Esa es la tetera? — Sirius gimió desde la sala de estar.
— Sí. — Remus respondió: — Estará en un minuto.
— Eres un héroe entre los hombres, Moony. — dijo James cuando Remus
llegó a la sala de estar con una bandeja de tazas de té con leche.
— Oh, lo sé — asintió Remus, bebiendo de su taza. Se sentó en el brazo del
sofá — ¿Qué diablos le han hecho a mis muebles?
— Brillante, ¿no? — Sirius le sonrió, con las piernas cruzadas sobre el
gigantesco cojín del sofá — Fue idea de Prongs, hicimos un hechizo de
congestión.
— ¿Le ayudamos a estos dos a limpiar? — Preguntó Lily, saliendo del
dormitorio. Cogió una taza de té y se sentó junto a James, apoyándose en
su hombro adormilada.
— El desayuno primero. — Remus dijo, rápidamente. — ¿Huevos y tocino?
— Sí. — Todos estuvieron de acuerdo al unísono.
Fueron al café de segunda más cercano y pidieron un desayuno completo
para todos, después de lo cual todos se sintieron mucho mejor preparados
para enfrentar el día. Luego del desayuno, Sirius, Lily y James empezaron a
limpiar el piso, mientras Remus (ante la insistencia de Sirius) se preparó
para visitar a Hope.
No iría en traje; eso habría sido exagerado, incluso en Navidad, pero hizo
un esfuerzo, planchó la camisa de abuelo más limpia que tenía y se puso
una chaqueta de pana marrón que había comprado en el mercado de
Portobello. Incluso se puso a lustrar sus zapatos.
56
Sirius se había ofrecido a ir con él, pero Remus prefirió ir solo. Era más
fácil si tenía tiempo para procesar sus interacciones con Hope en privado,
lo cual esperaba que Sirius entendiera. De todas formas. Nadie quería
quedarse atrapado sentado en un edificio lleno de moribundos dos días
antes de Navidad.
El hospicio en sí estaba al otro lado de Cardiff. No se sentía muy diferente
del hospital, excepto que las habitaciones eran privadas y estaban
amuebladas con un poco más de cuidado. Ahora tenía flores frescas todos
los días, lo cual era agradable. Remus le llevó flores de pascua, porque Lily
le había dicho que eran navideñas, y Hope ya no podía comer alimentos
sólidos, por lo que se acabaron los chocolates.
Alguien había enrollado oropel dorado y plateado alrededor del marco de
su cama y había pegado tarjetas navideñas en las paredes. Había tantos que
parecía que tenía un papel tapiz festivo especial.
— Dijo que si venías mientras ella dormía, que la despertaras de inmediato.
— dijo la alegre enfermera de turno.
— Gracias, la despertaré — asonrió.
Su madre dormitaba suavemente en su gran cama de hospital. Se preguntó
qué tan alta sería ella, de pie. Bastante pequeña, se imaginó, basándose en
las fotos que tenía de ella con Lyall y lo pequeñas que eran sus manos. Él
solo la había visto acostada, y ahora se dio cuenta de que nunca la volvería
a ver de otra manera.
Tocó su mano, suavemente, apretándola con los dedos. Sus párpados se
agitaron y frunció el ceño, el dolor era evidente en su rostro. Ella volvió la
cabeza y lo vio, y su frente se alisó de inmediato.
— Hola, cariño — dijo con voz ronca, como si su boca estuviera llena de
algodón.
— Feliz Navidad, mamá. — Dijo sentándose.
— Nadolig llawen* — dijo, en un galés terroso y ordenado.
— ¿Cómo estás?
— Mejor ahora que te veo. — sonrió. — Estoy tan contenta de que hayas
venido.
— Por supuesto. — Dijo con seriedad. — Es Navidad.
No habían hablado de que la visitara el mismo día de Navidad. Ambos
habían evitado el tema y Remus asumió que ella quería pasarlo con su
familia real.
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Sin embargo, le preguntó ahora.
— ¿Dónde estarás? ¿En casa con Sirius? — Era extraño escucharla decir su
nombre, con sus suaves r al pasar.
— La pasaré con los padres de nuestro amigo — respondió — Los Potter.
Conociste a la Sra. Potter, una vez, me dijo. Eufemia.
— No lo recuerdo. — negó con la cabeza. — Te invitaría aquí, pero me temo
que no será muy divertido para tí.
— Lo que quieras, mamá. — Dijo, esperando no sonar decepcionado.
— Serás más feliz con tus amigos. — Dijo ella, como para sí misma.
— El señor Potter conocía a Lyall — insistió Remus un poco más fuerte,
queriendo hablar de algo más sustancial. — Trabajaban juntos en el
Ministerio, y algunas veces iban al pub, y James, su hijo, nació en Marzo, al
igual que yo.
— No lo recuerdo — dijo Hope, con más fuerza esta vez. — Lo siento Remus,
no lo hago. Lyall trató de mantener esas cosas separadas. A menudo es
mejor así, ya lo aprenderás.
Pensó en esto. Pensó en lo poco que había sabido de sus padres durante la
mayor parte de su vida y, como resultado, en lo poco que sabía de sí mismo.
Pensó en Sirius y en cómo siempre peleaban porque Remus no era lo
suficientemente abierto. En cuánto le dolía a otras personas el que alguien
mantuviera secretos, incluso si era para protegerlos.
— No estoy de acuerdo. — Dijo, simplemente. — No creo que sea bueno
esconder cosas todo el tiempo.
— Bien. — Hope dijo. Ella apartó la mirada y retiró su mano de la de él.
Remus se dio cuenta de que ella estaba molesta con él. Era una sensación
extraña y era la primera vez que pasaba eso en su relación. No estaba seguro
de cómo reaccionar. Si la hubiera conocido de toda la vida, sabría qué
hacer; sería una cosa sencilla, pelear con tu mamá. Su temperamento
aumentaba cuanto más pensaba en ello: todo era culpa de ella, sus estúpidas
emociones atrofiadas, su total incapacidad para sentirse cómodo con otras
personas, y aquí estaba ella, evitándolo.
Quería su atención y solo conocía una forma de conseguirla.
— La señora Potter, la madre de James, es genial. — Él dijo: — Ella hace los
mejores pasteles de carne picada de todos los tiempos, y también una cena
de Navidad completa, y siempre me da un regalo, aunque no soy su hijo.
Hope frunció los labios, pero siguió sin levantar la vista.
58
— Que bien. — Dijo con una voz pequeña y tensa.
Remus siguió adelante.
— Sí, James tiene mucha suerte. Yo ni siquiera había tenido una Navidad
adecuada hasta que estuve con los Potter.
— ¡Si tuviste!
Ella lo miró, de repente, y él vio su propia ira reflejada en sus ojos.
— ¡Claro que sí! — Ella dijo: — ¡Pasamos unas navidades preciosas cuando
eras pequeño! — Ella lo miraba como si estuviera loco, como si él fuera el
enfermo, no ella. — ¿No recuerdas el árbol con el ángel de oro y el pesebre?
Pensé que te habías tragado al niño Jesús un año, pero lo tenías debajo de
tu almohada, porque te había hablado del desagradable rey Herodes y
querías mantenerlo a salvo, eras tan dulce. Y te compramos un caballo de
juguete y un juego de granja; te encantaba el juego de la granja, los pequeños
cerditos rosados, siempre los encontraba en el jardín. Y los títeres de mano
y el tanque del ejército, ¿Recuerdas tu tanque? Le dije a Lyall que eras
demasiado joven, que eras un niño sensible, que no me gustaba que jugaras
a las guerras, pero te encantaba, y tú papá solía hacer que se moviera con su
magia, y charlaban juntos durante horas...
Ella se calló, claramente molesta. Remus la miró boquiabierto.
— No recuerdo nada de eso, mamá. — Él dijo. Buscó su mano de nuevo y la
apretó. — Sin embargo, desearía poder hacerlo. Suena lindo.
— Pienso en tí todos los años. — Dijo con lágrimas en los ojos y con la voz
temblorosa: — Todas las noches solía encender la vela de adviento y pensar
en tí, Remus, y hablaba sobre ti... También le conté a Siân sobre ti.
Se puso firme. Ella lo miraba con recelo, como si temiera que pudiera
arremetar. Consciente de esto, mantuvo su voz tranquila.
— ¿Podrías contarme un poco sobre Siân?
Hope se mordió el labio. Se veía tan agotada por el dolor, las drogas y el
puto cáncer, que él estaba empezando a sentirse culpable. Pero les quedaba
tan poco tiempo.
— Tiene ocho — dijo finalmente. — Cumplirá nueve en Febrero.
— ¿Y ella es tu hija con... con Gethin? — Preguntó Remus, sintiendo como
si todo el aire hubiera abandonado la habitación.
Hope asintió y cerró los ojos. Las lágrimas se derramaron bajo sus pestañas,
corriendo por sus mejillas.
59
— Nunca me volví a casar, no después de Lyall. Pero me enamoré. Tuve a
mi Siân.
— ¿Solo Siân?
Ella asintió de nuevo. Remus frunció el ceño.
— Cuando fui a verte por primera vez, la enfermera dijo que siempre
hablabas de tus hijos, pensé que tenías más de uno.
— Sí — ella lo miró, perpleja, parpadeando entre lágrimas — Tú y Siân.
— Oh. — Se sintió terrible. Todo este tiempo había pensado que era uno de
los terribles secretos de Hope.
— Nunca me he sentido avergonzada. — Dijo, con una nota de desafío
entrando en su voz. — No de mi adorable niño. Nunca.
— Mamá... — sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.
Él también estaba llorando, de repente, y le apretó la mano
desesperadamente.
— Ven aquí — extendió la mano hacia Remus, y él se levantó para sentarse
con cuidado en el borde de la cama, inclinándose para que ella pudiera
envolver sus brazos alrededor de él. Apoyó la cabeza en su hombro, tratando
de no poner demasiado peso sobre su frágil cuerpo, pero ella era más fuerte
de lo que creía y lo abrazó con fuerza.
— Lo siento, mamá — dijo, sus palabras amortiguadas por su suave camisón.
Olía a talco y lavanda, y a familia. Ella le acarició el pelo.
— No tienes nada que lamentar, cariño. Te amo.
— Yo también te amo. — lloró.
***
61
comiendo, Sirius fingiendo no mirarlo. Cuando terminó, Sirius se llevó la
bandeja y Remus se acostó, estirando sus doloridas extremidades.
— ¿Debería irme? — Preguntó Sirius.
— No. — Dijo Remus. — Solo... no esperes demasiado, ¿De acuerdo?
— Ok. — Se acostó junto a Remus, de espaldas.
— ¿Cómo está la resaca? — Preguntó Remus, recordando la forma en la que
todos habían estado esa mañana.
— Bien — resopló Sirius — Evans y sus pociones.
— Genial.
Remus cerró los ojos, dejando que los eventos del día se asentaran en su
mente. Era bueno tener a Sirius allí, decidió. Estar solo puede ser realmente
horrible. Si tan solo hubiera una manera de expresar eso sin que saliera mal.
— Tengo una hermana. — Dijo finalmente. — Ella tiene ocho años.
— Guau.
— Mm. — Tomó la mano de Sirius y la sostuvo. — Le tomó meses decírmelo.
Dios sabe qué más no sé. Ojalá tuviéramos más tiempo juntos.
Sirius apretó su mano con simpatía. Remus se humedeció los labios,
preparándose para el siguiente momento. — Desearía que tuviéramos más
tiempo, pero yo también… también desearía que ella fuera más abierta.
Realmente duele saber que hay partes de ella que mantiene en secreto.
— ¿Oh? — Sirius estaba haciendo un excelente trabajo para mantener la
calma. Si Remus no hubiera estado tan triste le resultaría cómico.
— Sí. — Él dijo. Se volvió para mirar a Sirius. Sirius se volvió para mirarlo.
— Así que lo siento — dijo Remus, nervioso — si te hago sentir así.
— Moony...
— ... Es solo que me preocupo — dijo Remus rápidamente — Que tú no...
que si supieras algunas cosas...
— No hay nada que puedas decirme que cambie lo que siento. — Dijo Sirius.
Remus se quedó sin habla ante eso. Pero era una buena sensación. Un
sentimiento feliz incluso, considerando las circunstancias. No pudo seguir
mirando a Sirius, así que rodó sobre su costado. Afortunadamente, Sirius
pareció entender y siguió su ejemplo, pasando un brazo por el cuerpo de
Remus. Remus respiró lentamente.
— ¿Esa misión que hice, allá por el verano? Salió realmente mal. — Dijo,
sintiendo que el peso ya se levantaba.
— Supuse que algo había pasado. — Dijo Sirius. — Continúa.
62
— Yo… ¿Recuerdas cómo me puse, la última vez que había un hombre lobo
cerca? Como... ¿Realmente insistente e impulsivo? Eso pasó de nuevo.
Nadie resultó herido, pero estoy bastante seguro de que Danny piensa ahora
que estoy peligrosamente loco.
— ¿No le pasó a él?
— Creo que debe haberlo sentido. Pero reaccionamos de manera diferente.
En cierto modo, me hice cargo. No a propósito, simplemente se sintió
natural en ese momento.
— Eso tiene sentido — dijo Sirius — Eso es lo que haces en lunas llenas,
tenemos que dejarte ser el líder.
— Sí, no lo había pensado así.
— Entonces... si nadie resultó herido, ¿Qué pasó?
— Uno de los hombres lobo trató de atacarme, pero lo vencí. — Remus dijo:
— Se suponía que debía obtener información, pero todo lo que hice fue
irritarlos.
— ¿Qué dijo Moody al respecto?
— Él fue… críptico. No creo que estuviera enojado. Me preguntó si me
importaría ir solo la próxima vez, sin Danny. Pero no me ha enviado a
ninguna otra misión, no a una adecuada, y han pasado meses...
— Tienen que estar guardándote para algo. — Sirius dijo: — Sé que seguro es
por eso. James se la pasa diciéndoles a Frank y Alice lo bueno que eres en
la magia defensiva, y ellos simplemente dicen que no pueden hacer nada
sin una orden de alguien superior.
— Quizás. — Remus suspiró.
— ¿De verdad dijo que tenías que ir solo la próxima vez?
— Él no dijo que tenía que... solo preguntó si no me importaba. Y no creo
que haya otra forma: Danny no volverá a trabajar conmigo, estaba
demasiado asustado. Así que supongo... sí, seré solo yo la próxima vez.
Los brazos de Sirius se apretaron alrededor de Remus.
— Odio eso.
Remus no tenía una respuesta para eso, y Sirius no parecía estar buscando
una, así que se quedaron así en silencio por un rato, hasta que Remus se
quedó dormido.
***
Boxing Day 1978.
63
Como Lily había predicho, el día de Navidad de 1978 fue un bienvenido
descanso de los problemas de todos. De hecho, tal vez porque había sido
un año particularmente difícil, Remus siempre recordaría esa Navidad
como una de las más agradables y felices que tuvieron juntos.
El Sr. y la Sra. Potter se estaban desacelerando un poco, Euphemia dijo que
no estaba preparada para organizar una gran fiesta como solía hacer, y de
todos modos, el Ministerio había dicho que no debían hacerse grandes
reuniones sociales. El Sr. Potter tuvo que salir de su estudio, James y Sirius
habían robado la llave, pero vio el lado divertido y se unió a las festividades
de todo corazón.
Remus notó que este año eran realmente James y Lily quienes eran los
anfitriones. Ella coordinó la mayor parte de la cocina, la decoración, la
preparación de las tarjetas; mientras que James se aseguraba de que todos
siempre tuvieran una copa, que se jugaran todos los juegos navideños
habituales y que la casa estuviera llena de alegría en todo momento.
En cuanto a los regalos, era todo lo habitual: dulces y nueces y fruta
confitada, calcetines y ropa interior nueva, un pijama de Lily a modo de
broma ("¡Así puedo dejar de verte en bragas!"), Y un brillante nuevo par de
doc martens de Sirius.
Sorprendentemente, Remus también recibió un regalo de Grant, ese año,
y se sintió culpable por no darle uno a cambio. Se rió cuando lo abrió: un
organizador de filofax. Grant había escrito su propia dirección y número de
teléfono en la primera página, y en la parte posterior donde estaban las
notas había escrito el título: "Resoluciones de Año Nuevo: 1. Detente y
huele las rosas".
Terminado el día de Navidad, James y Lily se dirigían a los Evans para el
Boxing Day (James estaba absolutamente aterrorizado, debido a que había
visto a la hermana de Lily ya dos veces y no había logrado impresionarla en
ningún de las dos ocasiones.) Así que Sirius y Remus volvieron a su propia
casa para instalarse y prepararse para el Año Nuevo. A Sirius le gustaba
bastante la idea de organizar su propia fiesta, y Remus estaba dispuesto a
ceder, siempre y cuando solo invitaran a personas que conocían.
— ¿Cuántos crees que podemos caber en este piso de todos modos? — Remus
preguntó mientras abrían la puerta. — No es como si tuviéramos un salón
de baile, ¡Apenas entra el sofá!
64
— Deberíamos romper la pared de la cocina, y tenerlo todo abierto —
respondió Sirius, mientras entraban. El teléfono estaba sonando, y fue a
contestar. — ¿Hola? — Frunció el ceño, luego le tendió el teléfono a Remus
— ¿Para tí, creo?
Remus le quitó el auricular. Por supuesto que era para él, Sirius no conocía
a nadie que pudiera usar un teléfono.
— ¿Hola?
— ¿Hola? ¿Es este Remus Lupin? — Era un hombre de voz profunda y con
un amplio acento galés. Las entrañas de Remus se enfriaron y se sentó en
el brazo del sofá, estabilizándose.
— Sí, así es...
— Ah bien. ¡Oh! Mi nombre es Gethin Rees.
Remus tragó y encontró su garganta seca.
— ¿Ella... se ha ido, no es así?
Hubo un largo silencio al otro lado del teléfono y Remus comenzó a llorar.
Finalmente, Gethin habló, su propia voz sonaba muy áspera.
— Lo siento, muchacho. El velorio es el próximo miércoles.
***
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Miércoles, 3 de Enero de 1979.
67
El velorio era en una pequeña iglesia de pueblo, en las afueras de la ciudad
natal de Hope; era donde la habían bautizado, y si se hubiera casado con
un muggle, seguramente hubiese sido el lugar de su boda. Remus supo por
sus breves conversaciones que Hope no había sido particularmente
religiosa, pero que su familia pertenecía a la Iglesia galesa, así que ella siguió
con eso por el bien de la tradición.
Era un edificio muy bonito, o al menos lo habría sido, si no hubiera llovido
tan fuerte. Era de granito gris suave, con un campanario y chapitel
puntiagudo, vidrieras sencillas pero bonitas. Como una iglesia en un libro
de imágenes. El cementerio estaba lleno de lápidas antiguas y cruces de
piedra, pero Hope sería incinerada, según sus deseos.
Los merodeadores y Lily se acercaron lentamente, caminando por el camino
empapado para unirse al grupo de dolientes reunidos en la entrada. Remus
vio a Gethin de inmediato, de pie justo dentro del porche, estrechando la
mano de cada persona cuando entraba. Era un hombre alto, como Lyall,
pero no tan delgado. Tenía el pelo oscuro, espesas cejas negras y un mentón
bastante débil. Parecía completamente roto, y Remus instantáneamente se
sintió menos nervioso por conocerlo.
Lily, James y Peter se quedaron atrás, buscando un lugar para poner toda la
comida que habían traído para el velorio, que se suponía que debía ser en
el salón de la iglesia en la parte de atrás. Remus y Sirius esperaron en
silencio su turno para entrar.
— Hola — dijo Gethin, apenas mirando hacia arriba cuando Remus se acercó
— Gracias por venir...
— Soy Remus. — Dijo Remus, estrechando la mano que le ofrecía. Gethin
miró hacia arriba de inmediato, parpadeando. Estaban al nivel de los ojos.
— Remus. — Gethin le estrechó la mano débilmente, sus ojos oscuros
escudriñaron a Remus. — Hope hablaba de tí todo el tiempo. Es una pena
que nos encontremos así.
— Sí. — Remus asintió.
Se quedaron de pie incómodos durante un rato, solo mirándose el uno al
otro, antes de que Gethin recobrara el sentido. — Entra — dijo, haciendo
un gesto: — Tu madre deseaba que te sentaras en la primera fila, pero tú
puedes decidir...
— Gracias — Remus asintió de nuevo.
— Nos vemos después, ¿eh? — Gethin le dio unas palmaditas en el hombro.
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— Sí. Claro. —dijo Remus, consciente de que estaba hablando de manera
monosilábica.
Al final, Sirius tuvo que empujarlo hacia la iglesia, ya que parecía haber
olvidado cómo moverse. Caminaron lentamente hacia el frente y se
sentaron. Remus podía escuchar a la gente susurrar sobre él; algunos sabían
quién era, y obtuvo una reacción mixta de su parte. Los ignoró. Estaba allí
para Hope y para nadie más.
La ceremonia en sí fue un borrón y apenas escuchó algo. Se limitó a mirar
el atril en forma de águila y trató de evocar un recuerdo decente de su
madre.
No cantaron un himno, en su lugar tocaron una canción de Joni Mitchell.
Hope nunca le había mencionado a Joni Mitchell a Remus, pero supuso
que debía significar algo para ella. Ese fue un pensamiento doloroso.
Habían tenido tan poco tiempo. No había sido justo.
Siân estaba allí, por supuesto. Remus la reconoció de inmediato: era la
única niña presente. Iba vestida con un vestido color crema con una faja de
satén negro y mantenía la cabeza enterrada en el regazo de una anciana que
Remus no conocía; supuso que era la madre de Gethin, la abuela de Siân.
Lloró todo el tiempo, y por alguna razón eso fue reconfortante para Remus.
Hope debió de haber sido una madre maravillosa.
Después, las piernas de Remus se sintieron como de plomo; se quedó
clavado en el suelo. No se levantó con el resto de la familia para salir (no
había un ataúd que seguir; aparentemente, su cuerpo ya estaba en el
crematorio), sino que esperó a que la iglesia se despejara. Sirius esperó con
él.
Cuando la iglesia estuvo casi vacía, Sirius susurró:
— ¿Estás bien?
Remus asintió.
Sirius tocó su rodilla ligeramente, pero no más que eso. — Todo esto fue
realmente triste. Está bien si te sientes cansado y quieres irte a casa...
— No, esta bien. — Remus negó con la cabeza. — Debo irme. Le dije a Gethin
que me iría. Solo... ¿Cinco minutos más?
Tuvieron que irse eventualmente, el cuidador quería poner en orden el
lugar.
El salón de la iglesia era muy pequeño y estaba abarrotado de gente y sus
emociones. Algunos de ellos se reían, recordando el pasado. Otros todavía
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tenían la nariz enrojecida y sombría. Era una habitación pequeña y
monótona, que necesitaba una reforma; las tablas del piso de madera se
estaban astillando en algunos lugares, habían tablones de anuncios
dedicados a los dibujos de los niños que asistían a la escuela dominical allí,
y otros de la tropa scout local.
Tres mesas de caballete crujían bajo el peso de la comida que la gente había
llevado: montones de sándwiches, pasteles de carne, patatas fritas, brochetas
de queso y piña, pastel de frutas, sobras de pavo al curry, lonchas de jamón
y otros embutidos. Fue un velorio seco. Una anciana en la esquina se la
pasó sirviendo pobres tazas de té con leche. Por una vez en su vida, Remus
no tenía hambre.
Lo peor de todo era que había una mesa cubierta de fotografías y álbumes
enmarcados. La mayoría eran de Hope, y aparte de una o dos instantáneas
de ella cuando era niña, ninguna de ellas había sido tomada antes de 1965.
Remus las miró a todas, trató de fijar la imagen en su mente: la imagen de
una mujer feliz y saludable que siempre había intentado hacer lo mejor,
incluso cuando otras personas la defraudaban.
— Ella estaría tan contenta de que hayas venido. — Gethin apareció a su
lado. Extendió la mano y acarició el cristal de uno de los marcos de fotos.
El rostro blanco y negro de Hope le sonrió, estático y sin vida.
— Tenía que hacerlo. — Remus dijo, en voz baja. Sirius estaba en su otro
hombro, listo para cualquier cosa. Remus miró a Gethin — Ojalá hubiera
estado allí. Para... bueno, para despedirme.
— Fue muy silencioso, como ella. — Dijo el hombre mayor. — Se despertó la
mañana de Navidad y se fue a dormir después del almuerzo. No hubo dolor.
Remus no había pensando en que ella podría haber estado sufriendo.
Deseó que Gethin no le hubiera metido eso en la cabeza.
— Sé lo que estás pensando — dijo Gethin, señalando con la cabeza a las
fotos — No hay fotos tuyas. No fue deliberado, ella las puso todas en una
caja para que yo te las enviara, pero perdí tu dirección...
— No las quiero. — Remus negó con la cabeza.
— Remus — dijo Sirius en voz baja — No tomes ninguna decisión todavía.
Remus simplemente se encogió de hombros.
— Hay algunas otras cosas — dijo Gethin, mirando a Sirius con algo de
confusión, luego mirando a Remus de nuevo — Me quedaré con ellas todo
el tiempo que quieras.
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— ¿Qué cosas? — Remus lo miró sin comprender.
— Cosas que ella quería que tuvieras — dijo Gethin. — No dinero, ni nada...
— ¡No me interesa el dinero! — Remus dijo, bruscamente.
Gethin frunció el ceño, parecía herido. Tenía los ojos enrojecidos, con
círculos oscuros debajo, como manchas de polvo de carbón. Remus frunció
los labios y dio un paso atrás, sacudiendo la cabeza.
— Perdón. No puedo estar aquí. Lo siento. — Y con eso, dio media vuelta y
salió directamente del pasillo.
Ya había dejado de llover, pero la hierba todavía estaba húmeda y el aroma
de la tierra deliciosa se elevaba por todas partes. Había un grupo de
ancianos sentados en unos bancos afuera. Se habían desatado las corbatas
y se había ido sentado encorvados, fumando y pasando un frasco ilícito de
algo de olor muy fuerte. Remus gruñó, disgustado y siguió caminando,
queriendo alejarse de todo.
— ¡Remus! — Sirius vino corriendo por el camino para atraparlo, Lily, James
y Peter no se quedaron atrás.
— Quiero irme. — dijo Remus.
— ¿Puedes volver a casa de mamá y papá si quieres? — James sugirió: — Mamá
dijo que nos preparará la cena a todos.
— No — Remus negó con la cabeza, agarró a Sirius del brazo y lo miró
implorando — Por favor, ¿Podemos volver al piso? ¿Solo tú y yo?
— Por supuesto que podemos — Sirius puso su propia mano tranquila sobre
la desesperada de Remus, y Remus sintió que su corazón comenzaba a
estabilizarse.
Así que eso fue lo que hicieron, Remus se prometió a sí mismo que se
disculparía con los Potter y sus amigos en otro momento.
Pero si había estado esperando un respiro del resto del mundo, encerrarse
con Sirius y fingir que solo por un momento, nada más importaba, entonces
se llevaría una decepción.
Había una lechuza sentada encima de la repisa de la chimenea cuando
entraron, con una nota atada a su escamosa pata.
"Remus.
Mis condolencias.
Por favor reúnete conmigo en la oficina del Auror a las 9 am el lunes.
A. Moody."
71
***
I've looked at life from both sides now
From win and lose and still somehow
It's life's illusions I recall
I really don't know life at all
(Both Sides Now - Joni Mitchell)
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CIENTO CINCUENTA Y SEIS
La guerra: El Cuartel General del Auror
— ¿Puedes dejarme ir contigo? Por favor. — Fue lo último que dijo Sirius
cuando Remus dejó el piso el lunes por la mañana temprano.
— Estaré bien. — Remus negó con la cabeza, tratando de darle a Sirius una
sonrisa tranquilizadora. No le dijo lo que estaba pensando, que era; '¡¿Cómo
diablos se vería eso?!'
Ya era bastante malo que lo hubieran llamado a la cuartel oficial de Moody
en el Ministerio; ¿Qué pensaría él si Remus llevara a su novio en busca de
apoyo moral?
Aún así, Remus tuvo que admitir que tuvo dificultades para dejar su
pequeña y acogedora casa esa mañana. Apenas había salido del dormitorio
desde que regresaron del funeral, ni hablar de vestirse o de salir del
departamento. Para ir al Ministerio, tenía que usar una túnica formal por
primera vez desde la escuela, lo que le ayudó un poco, al menos así podría
integrarse más.
La entrada de visitantes del Ministerio de Magia estaba a unos veinte
minutos a pie del Soho, y Remus encontró el paseo matutino más agradable
de lo que esperaba. Era un día de Enero fresco y frío, y su aliento se volvió
blanco en el aire invernal. Peter estaba allí para recibirlo.
— Hola Moony — Wormtail le sonrió, dándole una palmadita incómoda en
el brazo — ¿Cómo estás?
— Oh, ya sabes. — Remus se encogió de hombros. El dolor era algo gracioso.
Nunca sabía si lo estaba haciendo bien.
— ¡No puedo esperar a que sea sábado!
— Sí, yo igual.
La luna llena caería el día trece. Hasta ahora, desde Hogwarts, los
merodeadores se habían salido con la suya apareciendo (Peter iba con
alguno) en los lugares más remotos posibles y transformándose allí. Hasta
ahora habían estado en Brecon Beacons, las Hébridas Exteriores, Dartmoor
y el Bosque de Dean. Nadie en la Orden había dicho algo al respecto,
aunque Remus supuso que ellos asumían que todos estaban registrados.
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Peter y Remus ingresaron al ministerio a través de una cabina telefónica.
Peter tenía estar allí, porque después de que Remus hubiera declarado el
motivo de su visita, una pequeña placa plateada de visitantes cayó de la
ranura de cambio del teléfono. Wormtail lo recogió rápidamente y
murmuró el encantamiento para convertirlo en metal, antes de dárselo a
Remus.
Bajaron al atrio del ministerio, que estaba lleno de actividad. Era un salón
enorme, más grande que Gringotts, con hileras de chimeneas alineadas en
las paredes. Las luces verdes destellaban intermitentemente desde cada
hogar mientras los magos y las brujas llegaban al trabajo.
Peter condujo a Remus a través del puesto de seguridad, donde su varita era
pesada por un mago de espíritu mezquino con una larga barba. Remus
estaba increíblemente agradecido de tener un amigo con él, y secretamente
estaba contento de que fuera Peter, callado y afable, en lugar de Sirius,
quien tenía una tendencia de sobreproteger a Remus cuando se trataba de
la comunidad mágica.
Luego pasaron a otro pasillo con un conjunto de ascensores y entraron en
el más cercano.
— Tienes que ir al nivel dos — explicó Peter alegremente — Yo estaré en el
nivel cuatro de la Autoridad de la Red Flu. ¿Necesitas que te muestre dónde
está la oficina del Auror?
Remus pensó que le gustaría mucho pedirle ayuda a Peter, si tan solo Peter
no estuviera disfrutando tan claramente de tener la ventaja.
— No — sonrió — Me las arreglaré. Gracias.
Peter le dedicó una sonrisa amable al salir del ascensor. Remus asintió con
la cabeza y la puerta se cerró.
Casi de inmediato, el megáfono anunció: “Nivel dos, Departamento de
Aplicación de la Ley Mágica; también se encuentra la Oficina mágica del
uso indebido de la magia, el Cuartel General del Auror y los servicios de
administración de Wizengamot."
Remus salió del ascensor y se dirigió al pasillo. Las puertas del ascensor se
cerraron detrás de él con un 'ping' y Remus se quedó allí por unos
momentos, sorprendido. Era un pasillo muy ajetreado, magos y brujas
caminaban de un lado a otro, algunos enfrascados en una conversación,
otros garabateando apresuradamente notas en trozos de pergamino, y
algunos de ellos murmurando para sí mismos. Sobre su cabeza, aviones de
74
papel violeta volaban de aquí a allá, revoloteando hacia las puertas de las
oficinas que se alineaban en el pasillo.
Deseó no haber sido tan orgulloso, y haberle pedido a Pete que lo
acompañara a la oficina correcta. Tenía que haber una señal en alguna
parte...
— ¡Lupin! — Una voz fuerte y familiar retumbó. Remus se dio la vuelta con
algo de alivio y sonrió, mientras veía a Ferox correr hacia él, con la mano
levantada en señal de saludo.
— Hola —dijo.
— ¿Estás perdido? ¡Ven conmigo!
Remus siguió a Ferox por el pasillo, pasando por oficina tras oficina hasta
que llegaron a una puerta elaborada con un marco de madera tallada.
"Cuartel general del Auror."
— ¿Nervioso? — Ferox lo miró de reojo. Remus miró hacia atrás.
— ¿Se nota mucho?
Ferox se rió y le dio una palmada en el hombro.
— Me preocuparía si no lo estuvieras. Vamos, es solo Moody. — Y empujó
la puerta para abrirla con una mano grande, la otra todavía en el hombro
de Remus, como para evitar que huyera.
De niño, Remus había tenido algo de experiencia con la aplicación de la ley
muggle. Solo por cosas tontas como huir del Hogar o ser atrapado 'causando
disturbios', lo que generalmente significaba que estaba en un lugar público
en el que otras personas preferirían que no estuviera. La policía se
comportaba de manera dura contigo una vez que te registraban y sabían que
eras de St Edmund, te llamaban cosas y te metían en su auto, o te lanzaban
amenazas de violencia física no explícita si no hacías lo que te decían. Como
resultado, Remus nunca se había sentido muy cómodo con las figuras de
autoridad, incluso si era un chico más refinado hoy en día.
No estaba seguro de cuán similares eran los Aurores a la policía muggle.
Hasta ahora solo había conocido a Moody, Frank y Alice. Moody era
completamente aterrador, pero Remus ya lo conocía de hace mucho, y se
había acostumbrado a él. Alice y Frank eran personas muy amables y serias,
pero claro, no sabían lo que él era en realidad.
El interior del cuartel estaba muy ocupado, con filas de escritorios divididos
en cubículos. Habían carteles de criminales, mapas mágicamente
encantados y listas impresas en tablones de anuncios por todas partes de las
75
paredes, y notas zumbando de un lado a otro. Pero lo más sorprendente
para Remus era el aroma increíblemente concentrado de magia fuerte, y
también de magia oscura.
Ferox, con la mano todavía en el hombro de Remus, lo condujo hacia un
escritorio cerca de la esquina trasera, que tenía el mejor punto de vista sobre
el resto de la caótica oficina.
El escritorio de Moody y los estantes que lo rodeaban estaban llenos de
extraños y maravillosos dispositivos mágicos; telescopios vibrantes, cristales
brillantes, orbes zumbantes extraños. El propio Moody estaba inclinado
sobre un mapa. Olvidando sus nervios, Remus miró por encima del
hombro para observar (nunca había superado su interés en la cartografía) y
Moody ladró:
— Nunca te acerques sigilosamente a un Auror, Lupin.
Remus saltó hacia atrás, alarmado, y Moody se volvió hacia él, sonriendo.
Su ojo loco giró enfermizamente en su cuenca.
— Leo — Moody extendió la mano y estrechó la de Ferox, luego la de Remus.
— Me alegra ver que eres amable y puntual. Toma asiento.
Hizo un gesto hacia un asiento largo cubierto de terciopelo contra la pared
de su cubículo que no había estado allí hace un momento. Remus y Ferox
se sentaron mientras Moody lanzaba un hechizo que silenciaba el ruido a
su alrededor, creando una burbuja de paz alrededor de su escritorio que no
era muy diferente a los encantos silenciadores de James y Sirius.
Remus se sintió aliviado por el silencio, pero el hechizo de Moody no había
hecho nada para mitigar el abrumador aroma de poder que llenaba sus fosas
nasales, nadaba por su garganta y llenaba su pecho con una gloriosa y rica
magia almibarada. Trató de relajarse, y dejar que el aroma se penetrara en
él en lugar de luchar contra él, pero de todos modos se sentía ligeramente
ebrio de poder.
— Una vez más, Lupin — dijo Moody con brusquedad, sentándose en su silla
de oficina que parecía un lujoso sillón de cuero verde, pero que giraba sobre
un eje. — Lamento lo de tu pérdida. Nunca conocí a Hope, pero...
— Está bien. — Remus dijo rápidamente — Yo tampoco la conocía.
Estaba ansioso por mantener a su madre fuera de cualquier conversación
que tuviera hoy. No tenía fuerzas para dos cosas a la vez, y si Moody tenía
una misión para él, esa tenía que ser su principal preocupación.
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Moody, que era un excelente Legilimente o simplemente extremadamente
astuto y empático, asintió con valentía y continuó.
— Directo al negocio, entonces. — Él dijo: — Buen muchacho. — Se giró
levemente en su silla para recoger el mapa que había estado mirando y se lo
entregó a Remus.
Remus lo tomó con entusiasmo y miró. Era un mapa de Gran Bretaña e
Irlanda, pero no como los que había visto antes: no había carreteras
marcadas, ni pueblos ni ciudades, solo las zonas boscosas, pintadas con
manchas de tinta de color verde musgo. Algunas de estas manchas parecían
brillar y centellear, como si hubieran estrellas escondidas debajo de las
ramas de los árboles.
— Lo conseguí de la oficina de Control de Criaturas Mágicas — explicó
Moody — Gracias a Ferox. ¿Sabes lo que es, muchacho?
— Es... — Remus vertió sobre él, — ¿Son todos los bosques con magia en
ellos? ¿O criaturas mágicas?
— Exactamente. — Moody asintió, luciendo muy complacido con él —
Hemos notado que la mayoría de los avistamientos de hombres lobo en los
últimos años han sido en bosques encantados, bosques con una población
más densa de criaturas mágicas. Ahora, eso podría significar que están
esperando información para ya sabes quién, o que hay otras criaturas
trabajando con ellos...
O porque el olor de toda esa magia natural es demasiado bueno para
resistirlo, pensó Remus, su propia sangre burbujeando como champán solo
de los veinte o más poderosos magos cercanos. No dijo esto, por supuesto,
por su propio bien.
— ... y durante las últimas dos lunas llenas ha habido mucha actividad aquí.
— Moody señaló con un dedo regordete y lleno de cicatrices a un punto del
mapa, en algún lugar de la región central.
— ¿Por qué me dices esto ahora? — Remus preguntó: — ¿Si los has estado
siguiendo durante meses?
— Es el momento. — Moody dijo, mirándolo con una mirada dura, un ojo
azul, otro marrón. — Greyback está en el país por primera vez desde los años
sesenta; ha sido confirmado.
— Oh. — Remus frunció los labios para sofocar la rabia dentro de él,
levantándose como una cobra, mostrando sus dientes; ¡¿Dónde está él?!
¡Llévame con él ahora mismo! — De acuerdo.
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— La última vez que hiciste contacto volviste con buena información —
continuó Moody — aquellos que quieran unirse a Greyback necesitan
transformarse con la manada tres veces, ¿Verdad?
— Mm. — Remus asintió. Quería levantarse y caminar, o hacer algo físico,
pero no podía permitir que Ferox o Moody supieran que algo andaba mal.
— ¿Y la próxima luna llena es el sábado, no?
Remus asintió. Miró a Ferox, luego a Moody de nuevo.
— ¿Quieres que vaya a hacerlo ahora? Para empezar a... a...
— Solo por las lunas — dijo Ferox, su voz tranquila — Solo hasta que confíen
en tí.
— Pero una vez que confíen en mí — dijo Remus, mirando sus manos —
Entonces... Tendré que conocerlo, ¿No es así?
— Iremos viendo cómo van las cosas. — Moody dijo, eligiendo sus palabras
con cuidado. — Tenemos tres meses para planificar eso.
— Ok.
Remus no sabía qué más decir. Tenía la cabeza llena y los nervios en carne
viva. Sentía que estaba a punto de estallar, pero por alguna extraña razón se
quedó allí sentado como un educado estudiante, escuchando a Moody
exponer el plan.
Le dieron muchas reglas. Tendría que ir solo. Podría llevar su varita, pero
nada más. No podía decírselo a nadie, ni siquiera a los demás miembros de
la orden, ni siquiera a sus mejores amigos. Ferox comenzó a sugerir cosas
que Remus podría decir o hacer para que la manada confiara en él, pero
Remus lo ignoró. El sabia que hacer.
— Te acompañaré, ¿De acuerdo, Lupin? — Dijo Ferox finalmente, con una
nota de paternal amabilidad.
— Gracias — dijo Remus, levantándose rápidamente.
— Eres un hombre de pocas palabras, Lupin — dijo Moody, levantándose
también, extendiendo su mano una vez más para que Remus la estrechara
— Pero tengo toda la esperanza en tí. Te enviaré las coordenadas antes del
sábado. Asegúrate de estar en casa para recibirlas.
Remus asintió sin comprender, estrechando la mano que le ofrecía. Tal y
como lo había llevado, Ferox condujo a Remus fuera del Cuartel General
de los Auror.
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— ¿Estás bien, muchacho? — Preguntó Ferox, una vez que estuvieron fuera
de las puertas. El pasillo estaba un poco más tranquilo de lo que lo había
estado a las nueve en punto.
— Sí. Estoy bien.
— Si hay algo que crees que necesitas, si quieres que le pida a Moody algo
que te ayude, simplemente debes...
— ¿De qué servirá? — Remus preguntó, de repente, deteniéndose en medio
del pasillo. Movió el pulgar y lanzó un muffliato, sin ningún esfuerzo. Ferox
parpadeó, sorprendido.
— ¿De qué servirá qué?
— ¿El que conozca a Greyback? He conocido a tres miembros de su manada
hasta ahora, y solo he empeorado las cosas cada vez que lo hecho.
— Eso no es cierto. Nos ha proporcionado información extremadamente
valiosa.
— Si la he brindado — dijo Remus — entonces quiero saber para qué la
usarán.
— Para ganar la guerra, Remus. — Ferox negó con la cabeza.
— Cuando conocí a Castor el año pasado — dijo Remus, su voz muy baja,
pero más por la ira que por el deseo de ser discreto — Me dijo en términos
inequívocos que estaban planeando un ataque. Le dije a Dumbledore, ¿Y
qué pasó? Nada. El ataque sucedió. Así que, volveré a preguntar. Si estoy
recopilando información para la Orden, si estoy arriesgando mi vida para
hacerlo, entonces quiero saber para qué. Obviamente, no es para salvar
vidas.
—Remus, esa fue una situación extremadamente complicada...
— Explícame entonces.
— No podíamos actuar, no podíamos dejar que los hombres lobo supieran
que le estabas diciendo algo a Dumbledore, teníamos que preservar tu
conexión con ellos.
— ¡¿Qué?! — Remus lo miró fijamente — ¡Personas murieron! ¡Gente cuyas
vidas se arruinaron! ¡¿Por mi culpa?!
— No lo tienes que ver de esa forma.
— ¡¿Cómo lo verías tú?! ¡Confié en él! ¡Pensé que estaba haciendo lo
correcto!
— ¡Remus, cálmate!
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Remus se dio cuenta de que no podía. Deseó poder aparecerse en ese
mismo momento, pero no pasó nada cuando lo intentó, por lo que marchó
hacia el ascensor.
— No me sigas. — Le gruñó a Ferox, quien mantuvo las puertas abiertas,
impidiéndole irse.
— Necesitas tranquilizarte y entender, niño. — Dijo Ferox, de forma muy
seria. — Esta es la guerra. No es noble y no siempre se trata de salvar vidas
individuales. Tienes que acostumbrarte a eso a tiempo para el sábado.
— No te preocupes. — Remus volvió la cabeza, mirando el panel de botones.
Las puertas comenzaron a cerrarse, rechinando ruidosamente mientras
Remus usaba su fuerza mágica contra el músculo físico de Ferox. — Estaré
listo.
Las puertas se cerraron, Ferox apartó los dedos en el último segundo, y
Remus comenzó a moverse hacia arriba, de regreso al mundo real.
***
83
CIENTO CINCUENTA Y SIETE
La guerra: Manada
***
86
La luna comenzó a salir y Remus sintió que su cuerpo comenzaba a cambiar.
Se apoyó contra un roble, arañó la corteza con las uñas, los dedos de los
pies se curvaron en la hojarasca mohosa.
Los árboles parecían sentir empatía. La tierra se elevó a su encuentro, el
suelo húmedo enfrió su piel febril, los búhos, los zorros y los murciélagos y
todas las criaturas nocturnas del bosque lloraron mientras él gritaba y su
piel estallaba abierta y sus huesos crujían y sus dientes se afilaban, hasta que
ya no estuvo más Remus, y aulló junto con ellos.
El lobo gruñó, agitando la cola. No sabía dónde estaba ni por qué estaba
solo. ¿Dónde estaban los demás? ¿Dónde estaba el negro? Olfateó el aire,
sintiendo algo cercano. Echó la cabeza hacia atrás y aulló una vez más,
cantando a la luna.
Por primera vez en su vida, el lobo no cantaba solo. Una cacofonía de
hermosas voces se unieron a él, respondiendo, y corrió hacia ellos a toda
velocidad. Cada latido de su corazón de lobo jadeaba; hogar, hogar, hogar.
Estoy en casa.
***
Domingo, 14 de Enero de 1979
87
Ella se arrodilló a sus pies y él trató de apartar las rodillas de ella, pero ella
disparó una mano y lo agarró por el tobillo. — Eras hermoso, Remus Lupin,
hermoso. — ronroneó, inclinándose hacia adelante, moviendo la mano
hacia arriba por su pierna.
— Suéltame, Livia. — gruñó, tratando de patearla, pero ella lo sujetó con
fuerza.
— Shhh — dijo en broma, inclinándose aún más, su mano acercándose cada
vez más —Solo relájate mi amor, mi querido hermano...
Extendió la mano y pasó tres largos dedos por los cortes de su pierna. Se
sintió raro. Todo su cuerpo parecía hormiguear y temblar, se sentía cálido
y, preocupantemente, al borde de la excitación. Entonces se apartó y se
escabulló hacia atrás a cuatro patas como un cangrejo. Livia se rió de él,
levantando sus tres dedos ensangrentados, luego chupándolos en su boca
uno por uno, sonriendo y murmurando con placer.
Molesto, se puso de pie rápidamente y descubrió que, fuera lo que fuese lo
que había hecho Livia, había curado la herida. Solo le quedó una cicatriz
plateada.
Los demás también se levantaron y se acercaron a él, caminando hacia
Remus a través de los árboles, con los ojos ardiendo de curiosidad, oliendo
el aire. Algunos de ellos estaban cortados o raspados, pero se sanaron entre
sí, simplemente tocando y canalizando la magia natural que los rodeaba.
Muchos de ellos tenían la cabeza rapada y el comienzo de los mismos
tatuajes que tenía Livia. Otros eran quizás iniciadores más recientes y tenían
el pelo más largo y la piel clara.
Remus quería convocar su ropa, e idealmente su varita también, pero
parecía un poco descortés cuando todos los demás también estaban
desnudos. Además, no tenía frío, al menos no todavía. Tampoco estaba
asustado, lo que parecía extraño. Miró a los otros rostros a su alrededor.
Aquella profunda voz dentro de él apareció y dijo; manada, manada, hogar.
— Gaius — dijo Livia, de repente, poniéndose de pie. Gaius fue a su lado al
instante. Le sonrió a Remus, lamiendo sus labios.
— Bienvenido hermano.
— ¡Bienvenido hermano! — Los demás resonaron, uno tras otro, como
cascabeles. Remus sintió una oleada de adrenalina, de una fuerte e
innegable conexión.
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— Estamos muy contentos de que pudieras unirte a nosotros. — dijo Gaius.
Livia se volvió hacia él y empezó a lamerle las heridas, como si fuera lo más
natural del mundo.
Castor también estaba allí, pero se quedó atrás. Desde que Remus lo había
visto por última vez, Castor había recibido una herida justo en su cara, una
larga hendidura en la nariz. Había sanado ya, pero había arruinado su rostro
una vez hermoso.
Remus se recompuso y encontró su voz.
— Ya tuve suficiente — dijo, levantando la barbilla. — Ya he tenido suficiente
de los humanos, quiero ver qué más hay.
La sonrisa de Gaius se ensanchó y Livia miró hacia arriba también, con
sangre en los labios y los dientes.
— Nuestro padre estará muy complacido — dijeron al unísono,
— ¡Muy complacido! — Repitió el grupo.
— Quiero conocerlo — dijo Remus — ¿Le dirás eso?
— Con el tiempo, Remus Lupin. — Dijeron Livia y Gaius.
— Con el tiempo…
Sin embargo, algo estaba sucediendo, la manada se estaba retirando. Se
alejaron, volvieron a los árboles, a la maleza, desapareciendo en el paisaje
como los depredadores que eran. Remus sintió un tirón en su pecho.
Quería seguirlos; todavía no quería perder su compañía.
— ¿Adónde van? — Le preguntó a Livia, mientras ella también comenzaba a
retroceder.
— Te veremos el próximo mes, Remus Lupin — dijo, su rostro se suavizó un
poco; se veía casi amable, si ignorabas la sangre que seca en las comisuras
de la boca, claro. — No falta mucho.
— Pero yo…
Ambos se volvieron y no miraron atrás.
Ahora Remus comenzó a sentir frío. El escalofrío pareció comenzar dentro
de él y salir. Sintió una horrible soledad vacía que no había estado allí antes.
Su olor se había ido, su familiaridad, la seguridad que representaban. Dios
mío, Moony, se siseó a sí mismo, ¡Concéntrate, no eres realmente uno de
ellos!
Convocó su ropa rápidamente y apretó su varita con fuerza. Se sentía
extraño; de alguna manera vestigial. Era mucho más fácil simplemente
reunir la fuerza en su propio cuerpo, al alcance de sus dedos, sin necesidad
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de un palo tonto. Él frunció el ceño. No se sentía como él mismo. Lo mejor
era volver a aparecer rápidamente con los Potter, antes de que se volviera
completamente salvaje.
Se apareció por la puerta trasera y llamó débilmente al vidrio de las ventanas
francesas. En ese momento se sentía mucho más cansado; tal vez el esfuerzo
de la aparición, o simplemente el estar lejos del bosque y volver a la
mundanidad. La Sra. Potter estaba en la cocina y se acercó de inmediato,
abriendo las puertas.
Ella le sonrió con los ojos entrecerrados y arrugados.
— Remus, querido — dijo, su voz muy tranquila — los demás aún deben de
estar durmiendo. Será mejor que te pregunte algo... déjame ver... oh, no soy
buena en esto... ah; ¿A dónde se fueron de vacaciones tú y los chicos antes
de su séptimo año?
— Cornwall — respondió Remus con prontitud, agradecido de recordar ese
maravilloso verano — Cerca de Truro.
— Encantador. — abrió la puerta. — Ahora, ¿Estás bien? ¿Te duele algo?
— No, estoy bien — dijo, entrando en la cocina, extendiendo los brazos como
para demostrarle su buena salud. Oh Dios, ahora que estaba en la casa
podía oler a Sirius, y todo en él quería buscarlo de una vez.
— Encantador — sonrió la Sra. Potter, cansada. — Bueno, entonces creo que
volveré a la cama, faltan horas para el desayuno. Los chicos están
durmiendo, Sirius está en su habitación, pero en caso de que quieras un
poco de paz y tranquilidad, también hice una cama de repuesto para tí.
— ¡Gracias, Sra. Potter! — Dijo Remus, prácticamente corriendo por las
escaleras hacia la habitación en la que estaba Sirius. Se recompuso un poco
justo antes de abrir la puerta de golpe, y en su lugar la empujó suavemente,
mirando hacia adentro.
Estaba bastante oscuro, las pesadas cortinas corridas sobre el amanecer
temprano. — ¿Estás despierto? — susurró, redundantemente, porque sabía
que lo estaba.
— ¡Moony! — Sirius se sentó de inmediato.
Remus corrió hacia la cama, bajando la velocidad en el último momento,
porque no, ahora no era un lobo; era humano y tenía que actuar como tal.
— ¡¿Estás bien?!
— Sí — asintió enfáticamente — estuvo bien, no fue nada. Solo cazamos.
— ¿Cazaron? — Los ojos de Sirius se agrandaron.
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— Conejos. — Remus aclaró. Aún podía saborear la carne de caza entre los
dientes. Su estómago dio un vuelco y se calentó una vez más —
Honestamente, estuvo bien. Fácil.
— Estaba tan preocupado por tí, ni siquiera pude dormir... ¿No quieres
entrar? — Retiró las mantas.
— Er... — Remus se movió, todavía de pie — Estoy un poco... activo aún.
Sirius frunció el ceño, confundido. Remus se aclaró la garganta.
— Ya sabes. ¿Cómo el otro día?
— ¡Oh! — Sirius extendió la mano y tocó el brazo de Remus ligeramente. Se
mordió el labio, temblando deliciosamente, sintiendo la misma sensación.
— Entonces estás. Um...
Extendió sus manos y las puso en las caderas de Remus, doblando sus dedos
debajo de la cintura de sus jeans, Sirius lo empujó hacia él — Está bien,
puedo dormir más tarde...
Ambos durmieron más tarde, y afortunadamente James, Lily y los Potter los
dejaron tranquilos. Cuando se despertaron a las cinco de la tarde, Remus
se sintió como el peor invitado del mundo, aunque, por supuesto, Sirius se
sentía perfectamente como en casa.
Remus trató de explicarle los eventos de la noche a Sirius, pero había cosas
que no pudo evitar pasar por alto. El como Livia lo había curado de esa
manera tan íntima. El deseo que había tenido de quedarse, de seguirlos. No
estaba mintiendo. Estaba siendo tan honesto como creía seguro.
Más tarde, le dijo a Moody y Ferox una versión aún más censurada. No
pidieron muchos detalles, para ser justos, y Remus no vio por qué debería
decirles todo. Estaba ansioso por mantener en privado las identidades de
los otros hombres lobo tanto tiempo como le fuera posible, y por ahora solo
estaban interesados en Greyback.
En cuanto a Remus, era lo más cerca que había estado de cumplir con lo
que quería hacer desde que era un niño. Iba a encontrarse con el hombre
que destruyó su vida. Y lo iba a matar.
***
Domingo, 11 de Febrero de 1979
Segunda luna
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En el mes intermedio, Remus trató de mantener una apariencia de
normalidad. Asistió a las reuniones y se reunió con sus amigos; a menudo
iba a ver a las chicas durante la hora del almuerzo; Lily y Marlene en St
Mungo's, Mary a solo un corto viaje en autobús en Kensington. Llamaba a
Grant si Sirius estaba ausente y se sentía solo, y escuchaba discos y leía
libros.
Pero no podía ignorar lo diferente que se sentía. A veces lo pillaba
desprevenido; Le venía un recuerdo, o un olor, y los dedos de sus pies se
curvaban y se lamía los dientes. Sus sueños se volvieron casi exclusivamente
sobre bosques y aullidos y la luz de la luna suave y fresca.
Estaba más preparado, la segunda vez. Sin embargo, seguía igual de
nervioso. Se apareció en el mismo lugar que antes, en caso de que vinieran
a encontrarse con él, pero no lo hicieron y se transformó solo.
El lobo encontró su manada aún más rápido esta vez. Jadearon y ladraron
a modo de saludo, la loba alfa le mordió la oreja y se frotó contra él, los
lobos más jóvenes agacharon la cabeza en sumisión. Entonces comenzó la
caza. El lobo no recordaba haber sentido nunca antes una alegría tan
sencilla, incluso con su otra manada. La rabia, el miedo y el hambre se
desvanecieron con el viento en su pelaje, el olor del rebaño que acechaban.
Cuando finalmente alcanzaron al ciervo, Remus, Gaius, Livia y Castor
fueron los primeros en atacar; tomaron al ciervo. Los otros siguieron su
ejemplo, acercándose al animal que luchaba. El lobo saltó y clavó sus garras,
saboreando el pánico latido del corazón de su presa. Hundió sus dientes y
desgarró la carne, y la sangre caliente y rica se deslizó por su garganta.
Cuando Remus se despertó, no tenía hambre.
Esta vez permitió que Livia lamiera sus heridas para limpiarlas, estaba
demasiado atontado y satisfecho para pensar demasiado en las
implicaciones.
— ¿Me reuniré con Greyback el próximo mes? — Preguntó, antes de que
Castor y Livia pudieran volver a fundirse en las sombras.
— Nuestro padre está deseando conocerte Remus Lupin — dijo Livia —
Debes tener un poco más de paciencia, hermano.
— ¿No me he probado a mí mismo?
— No nos corresponde a nosotros decidir.
Se quedó en el bosque más tiempo de lo habitual, tal vez solo por pereza.
Incluso solo, se sentía mejor allí que en cualquier otro lugar. Le hubiera
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gustado acurrucarse y dormir bajo los árboles. Cuando Remus finalmente
reapareció afuera de la puerta trasera de los Potter, era la mitad del
desayuno.
Lily, James y Sirius estaban allí, rostros ansiosos y cansados, bebiendo
grandes tazas de té con leche. La Sra. Potter estaba de pie en la ventana
mirando hacia afuera, y saltó cuando llegó Remus. Abrió la puerta.
— ¡Ahí estás!
— Lo siento — murmuró, un poco tembloroso en sus pies.
— Oh, Dios mío, Moony, ¿Estás bien? — Lily estaba en la puerta ahora
también, y lo señaló, horrorizada. Miró hacia abajo y vio la sangre: se le
había escurrido por la barbilla y el cuello, se había acumulado en el hueco
por encima de la clavícula y se había secado allí sin que él se diera cuenta.
— Mierda — se frotó la boca con timidez — No es mía, no es...
James fue a la puerta a continuación, y Remus de repente se sintió muy
mareado, cubierto de sangre de ciervo, habiendo comido ciervos solo unas
horas antes. Extendió un brazo para apoyarse contra la pared, mareado.
— Ven, Moony — Sirius se agachó entre James y Lily y tocó la mano de
Remus ligeramente — Vamos a limpiarte...
Agradecido, Remus permitió que lo llevaran escaleras arriba al baño. Sirius
preparó un baño tibio y luego se apoyó contra el fregadero mientras Remus
se empapaba, parpadeando aturdido ante los remolinos de color óxido en
el agua tibia.
— No es de humano — dijo, tembloroso.
— Lo sé — dijo Sirius — es de ciervo, puedo olerlo.
— ¿Puedes hacerlo? — Remus lo miró. Sirius arrugó la nariz.
— Tengo que concentrarme un poco, pero sí. Estaba hablando con Prongs
al respecto, cuanto más tiempo somos animagos, más cosas raras notamos.
Espero no volverme daltónico a continuación, ¿Eh?
Remus trató de reírse de ese intento de aliviar la tensión, pero estaba
demasiado conmocionado.
— ¿Estuvo mal? — Preguntó Sirius, gentilmente, bajando la voz como si
Remus fuera un inválido.
No, pensó Remus para sí mismo. Estuvo maravilloso. Yo fui feliz; fui
normal. Estaba disgustado consigo mismo. ¿Qué me está pasando? Pensó.
Miró a Sirius y asintió. — Sí. Estuvo mal.
93
***
Martes, 13 de Marzo de 1979
Tercera luna
— No quiero volver a casa de los Potter esta vez. — Dijo Remus, antes de que
tuviera que partir hacia la tercera luna con la manada.
— ¿Qué? — Sirius salió de la cocina, donde había estado lavando los platos.
Se estaba adaptando cada vez más a la casa, o tal vez era solo energía
nerviosa; la guerra les estaba afectando a todos, no solo a Remus.
Llevaba un par de guantes de color amarillo brillante, que Remus le había
comprado en broma, pero los amaba tanto que los usaba cada vez que
podía. Estaban mojados y relucientes, goteando espuma sobre la alfombra.
— Dije que no quiero volver a casa de los Potter. — Remus repitió — Por la
mañana. Puedes quedarte allí, obviamente, pero yo... yo no iré, ¿De
acuerdo? No sé qué tan seguro sea, no quiero que nadie me siga.
— Pero nosotros hemos estado bien hasta ahora...
Sirius había estado haciendo eso muy seguido últimamente, usar el
"nosotros" cuando en realidad era solo Remus.
— Creo que hemos sido descuidados. — Remus se encogió de hombros. —
No los pondré en peligro de nuevo.
— Ok. — Sirius asintió. Se quitó los guantes lentamente — ¿A dónde quieres
ir, entonces?
— No lo sé. Pensé que tal vez podría ser Cornwall. A ese castillo en ruinas
al que fuimos, ¿Recuerdas?
— Por supuesto que lo recuerdo. ¿Te veo allí?
— Espera mi señal. Quiero que sea seguro. — Remus se movió de un pie a
otro. Quería caminar; le dolía la espalda de nuevo y necesitaba irse pronto,
pero se quedó quieto en caso de que eso preocupara a Sirius.
— Moony, si no es seguro, entonces con más razón me gustaría estar allí para
poder ayudar. Sé que Prongs y Wormtail y Evans también...
— No. — Remus levantó la voz. — No, por favor.
— Pero Moony...
— Mira, tengo que irme. — Prácticamente salió volando por la puerta; ni
siquiera se puso el abrigo.
No se había despedido como era debido. Ni siquiera le había dicho 'te amo',
lo que habían estado haciendo cada vez que se separaban, por si acaso. Pero,
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por supuesto, Remus pensó que volvería. No tenía manera de saber que era
lo que la manada tenía planeado.
***
Remus no dijo nada. Por ahora, no tenía nada que decir. Solo quería echar
un buen vistazo.
Fenrir Greyback. Remus esperaba que fuera más alto. No es que fuera bajo,
de ninguna manera, pero cuando Remus se enderezó, estaban al mismo
nivel de ojos. Eso era bueno. Eso le daba un aleteo de coraje.
Puede que no fuera más alto que Remus, pero Greyback ciertamente era
más grande que él en todos los demás aspectos; hombros anchos y
corpulentos, cuello grueso y rechoncho, brazos musculosos. Tenía uñas
largas y gruesas de color amarillo, cabello oscuro y áspero que le cubría los
antebrazos y le brotaba sobre el cuello de la capa, encontrándose con una
barba oscura que parecía más piel que cabello. Sus ojos eran peligrosos,
inhumanos.
La magia que irradiaba de él no era como la de un mago; al menos no como
la de ninguno de los que Remus había encontrado. Como una luna llena,
brillaba. El olor, aunque era repugnantemente familiar, no era atractivo.
Remus se había sentido como en casa con la manada; había sentido que
pertenecía. Pero no con este hombre. Él era el enemigo y siempre lo sería.
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— ¿Te gusta lo que ves? — La sonrisa de Greyback se ensanchó, mostrando
dientes afilados y depredadores, largos caninos amarillos.
Remus le devolvió la mirada impasible, con la boca cerrada.
Se dio cuenta de que a Greyback no le gustó eso. Greyback había esperado
que hablara, que suplicara, que se enfureciera o incluso que entrara en
pánico. Y Remus sabía exactamente qué hacer con los matones que querían
una reacción.
Ladeó la cabeza, puso cara de indiferencia y se encogió de hombros.
— Estás bien, supongo. Oi, ¿Puedo recuperar mi ropa?
Las pupilas de Greyback parecieron dilatarse, o tal vez Remus simplemente
lo imaginó. De cualquier manera, se recuperó rápidamente, todavía
sonriendo rígidamente.
— ¿Dónde están mis modales? ¡Castor! — Chasqueó sus dedos como garras.
Castor apareció al lado de Greyback en un momento, con la espalda recta
y envuelto en una capa de piel, llevando un paquete de ropa. Livia también
estaba allí, mirando con adoración a su padre. La vieja iglesia en la que se
encontraban no tenía techo, y en la luz rosada del amanecer Remus pudo
ver claramente el rostro de Castor por primera vez. Había tres largas
cicatrices rosadas en un lado; marcas de garras, rosadas y suaves como piel
quemada.
Greyback lo vio mirando.
— Es una pena — dijo, extendiendo la mano y acariciando la mejilla de
Castor con una uña sucia. Castor no se inmutó. — Odio arruinar algo tan
agradable de ver, pero él aprendió su lección, ¿No es así, cachorro?
Castor asintió, mirando al frente como un soldado.
— Buen chico. — Greyback acarició su mejilla llena de cicatrices. — Aún
sigues siendo hermoso, ¿Eh Remus?
Remus no dijo nada y miró hacia otro lado, disgustado.
— Pensé que eras un conocedor de la belleza. — Greyback gruñó con fingida
decepción. — Por eso te envié a mis hijos más encantadores.
Livia dio un escalofrío de placer ante eso, moviendo la cabeza con orgullo.
Castor le tendió la ropa a Remus y él la tomó, vistiéndose con cuidado.
Buscó la varita en el bolsillo de sus jeans, pero no estaba allí.
— Ah — gruñó Greyback — ¿Estás buscando esto?
Sacó el palo largo y delgado de su propia túnica salpicada de barro. Remus
sintió un horrible giro de añoranza por ello. — Me temo que no permitimos
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estos tontos juguetes humanos aquí. — Greyback sonrió. Tomó la varita de
Remus con ambas manos y la rompió dejando solo dos pedazos.
Remus tuvo que luchar para no gritar. Esa había sido la varita de Lyall. De
hecho, había sido la única cosa que Lyall le había dejado a Remus que no
era completamente inútil. Se mordió el interior de la mejilla con fuerza.
Greyback le entregó los fragmentos de varita a Livia, quien los giró
alegremente entre sus dedos como bastones. Remus levantó la barbilla,
desafiante.
— ¿Qué quieres de mí?
— Quiero lo que siempre he querido, cachorro — Greyback se acercó, para
que Remus pudiera oler su aliento agrio, sus narices a solo unos centímetros
de distancia — Quiero cuidarte.
Extendió la mano para poner una mano en el hombro de Remus, y le tomó
cada gramo de su voluntad el no retroceder o agacharse. Los largos dedos
de Greyback lo apretaron de una manera paternal, pero un poco demasiado
cerca de su garganta para su comodidad.
— He venido a unirme a tí. — suspiró Remus, luchando por mantener los
nervios.
Greyback echó la cabeza hacia atrás y se rió. Fue una risa ronca y sibilante
desde lo más profundo de su pecho.
— Eso es lo que me dicen mis hijos. Remus Lupin se ha unido a nosotros,
dicen, ha abandonado el mundo humano... Pero me pregunto... — Se lamió
los labios, mirando a Remus de arriba abajo con lascivia. — Me pregunto si
Remus Lupin realmente ha cambiado sus caminos...
— Estoy aquí, ¿no? — Remus protestó — He pasado tres lunas con...
— ¿Y dónde has estado entre las lunas? — Greyback desafió. Olió el aire entre
ellos. — Apestas a humanidad.
Con eso, soltó el hombro de Remus, empujándolo hacia atrás, con fuerza.
Remus golpeó el suelo de piedra con un ruido sordo y un grito ahogado de
sorpresa y dolor cuando su espalda se estremeció. Greyback se alejó, su
manada se dividió para dejarlo pasar.
— Castor, Livia —gruñó— cuiden de nuestro invitado. Veremos si podemos
arrancarle algo de esa... Humanidad.
Remus se puso de pie rígidamente y fue a perseguir a Greyback, pero Livia
y Gaius lo bloquearon con sus cuerpos. Por encima de sus hombros, vio a
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Greyback salir de la iglesia a través de un arco abierto y desaparecer en el
follaje verde brillante más allá.
Solo y sin varita, Remus se alejó de los demás con cautela. Se preguntó si
podría aparecerse, pero no se atrevió, y después de todo, ¿Seguramente esta
era la misión? Había logrado lo que se había propuesto; estaba en la manada
de Greyback. Haciendo a un lado cualquier pensamiento sobre su hogar o
sus amigos, Remus se enfrentó a sus captores. Ahora era el momento de ser
valiente.
Livia se acercó a él primero, arrojando las partes astilladas de su varita y
agarrando sus brazos, retorciéndolos con fuerza detrás de su espalda. Castor
fue el siguiente, con la misma expresión estoica en su rostro. Estaba
desenrollando un trozo de cuerda, sosteniéndolo.
— ¡Oi! — Remus luchó contra Livia — ¡Vete, no me vas a atar!
— No será por mucho tiempo, hermano —le siseó Livia al oído. — Es
necesario. — Luego lo lamió, pasó su larga lengua desde la nuca de su cuello
casi hasta la línea del cabello. Él se estremeció de disgusto, luchando con
más fuerza, pero ella solo se rió, era tan fuerte.
Lo ataron con fuerza, luego lo obligaron a avanzar, Castor a la cabeza,
tirando de la cuerda alrededor de sus brazos y el cuerpo de Remus; Livia
empujando desde atrás.
Tropezó con torpeza a través de la iglesia, todavía inestable sobre sus pies,
apenas se había transformado.
Fue empujado hacia lo que una vez debió haber sido el altar. Detrás había
un viejo deambulatorio arqueado, y debajo de esas sombras un conjunto de
escalones que conducían a un sótano parecido a una tumba. Comenzaron
a descender, el fuerte olor a tierra húmeda ascendía.
— ¿Dónde estamos? — Remus intentó preguntar.
— Estamos en casa. — Castor respondió, sin mirar atrás.
Livia le dio un fuerte golpe en la espalda y él no hizo más preguntas.
Llegaron al final de las escaleras, que se abrían a una cripta, el techo
abovedado era lo suficientemente alto como para que Remus se mantuviera
erguido.
Allí no había mucho. Una luz extraña y lechosa llenó la habitación, pero
parecía no tener una fuente natural. Había cámaras cerradas a ambos lados
de las paredes, una vez usadas para tumbas, supuso Remus, pero ahora
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vacías. Habían sido reemplazadas por mantas, viejas almohadas manchadas
y pieles de animales.
Remus parpadeó con fuerza, sus ojos se adaptaron a la luz, y antes de que
pudiera orientarse fue arrojado hacia una de las celdas. Livia gruñó algún
encantamiento y las barras de hierro forjado se cerraron de golpe, las
pesadas cadenas negras se enroscaron apretadas sobre la cerradura.
— ¡Oi! — Remus se lanzó salvajemente contra los barrotes — ¡¿Qué diablos?!
— Sentado. — Livia ladró. Las piernas de Remus se doblaron debajo de él y
cayó. Ella le sonrió. — Descansa, hermano. Paciencia.
— Vine aquí para unirme a ustedes, no pueden tratarme como...
— No me hagas callarte. — Ella siseó.
Cerró la boca, voluntariamente. Quizás era mejor esperar y ver, por ahora.
Livia se humedeció los labios. — Intenta descansar.
Ella se alejó. Castor se quedó atrás, mirando a Remus, rostro inescrutable,
cuerpo todavía rígido. Remus le devolvió la mirada. Su pobre rostro. ¿Había
sido por Remus? ¿Había sido castigado por aquella misión en el Bosque
Prohibido? Sus ojos oscuros se clavaron en Remus durante mucho tiempo,
sin pestañear, hasta que Remus le frunció el ceño.
— ¡¿Qué?!
— ¿Está Remus Lupin realmente aquí para unirse a la manada? ¿Someterse
a nuestro padre?
— ¡¿Qué piensas?! — Remus asomó la barbilla, aunque sabía que apenas se
veía digno, sentado en el suelo sucio con los brazos atados contra su cuerpo.
— Creo... — Castor inclinó ligeramente la cabeza, como si nadie le hubiera
preguntado antes sobre sus propios pensamientos. — ... Creo que Remus
Lupin aún no sabe lo que hará.
Remus no tuvo una respuesta para eso. Evidentemente le gustaría pensar
que eso no era cierto, que su voluntad era férrea, inquebrantable. Pero justo
ahora, atrapado, desarmado y exhausto, no podía reunir mucho orgullo.
A Castor no pareció importarle. Él solo asintió levemente y luego retrocedió
hacia la habitación. — Descansa, Remus Lupin. — Dijo, antes de darle la
espalda.
La cripta se estaba llenando ahora, los otros hombres lobo estaban llegando,
saturando la habitación con su olor y su energía. Remus retrocedió hasta
un rincón, con las rodillas hasta el pecho y los miró desde las sombras. Sus
edades solo variaban levemente, Remus no creía que ninguno de ellos
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tuviera más de treinta años. En varios estados de desnudez, pudo ver que
todos estaban delgados y llenos de cicatrices, y algunos estaban tatuados.
Ninguno de ellos estaba particularmente limpio.
Aún así, mientras todos se acomodaban, aparentemente para dormir
después de los eventos de la luna llena, Remus no pudo evitar sentir cierta
sensación de seguridad y calidez. Todavía se estaba acostumbrando a estar
rodeado por los de su propia especie, y la necesidad de calmarse y ponerse
cómodo como todos lo hacían era fuerte. Como si sus corazones latieran
como uno solo; todos eran parte del mismo cuerpo, y ahora era el momento
de dormir.
Livia no estaba por ningún lado, ni Greyback, y Remus se consoló un poco
con esto. La cámara oscura se volvió cálida, y cuando la manada se acomodó
en silencio, murmurando y susurrando entre ellos mientras se acostaban,
los párpados de Remus se volvieron grises y sus miembros suaves, y
finalmente el cansancio lo alcanzó y se alejó.
***
***
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Remus se despertó sobresaltado. Su rostro estaba mojado por las lágrimas y
estaba sudando por todas partes. Tardó unos segundos en recordar que
tenía diecinueve años, no seis, y que no estaba encerrado en su celda en St.
Edmund's.
No había pensado en el Hogar de niños durante mucho tiempo, y él
siempre trataba de no recordar eso. El corazón le latía con fuerza en los
oídos, la adrenalina lo recorría y luchó por recuperar el control de sus
emociones.
Estaba siendo observado. Era Jeremy, el joven que Gaius había estado
reclutando en Manticore’s head. Estaba apoyado contra los barrotes,
mirando a Remus.
— ¿Mal sueño? — Preguntó, su voz ronca, como si estuviera recuperando un
fuerte resfriado. Estaba más delgado de lo que Remus recordaba.
Remus se enderezó rápidamente, extendiendo la mano para limpiarse la
cara con la parte de atrás de las mangas, descubriendo que sus cuerdas se
habían desvanecido misteriosamente. ¿Había entrado alguien y lo había
desatado? ¿Lo había hecho Livia de alguna manera?
La habitación detrás de Jeremy ahora estaba vacía; eran solo ellos dos.
— Está bien — dijo Jeremy, conversacionalmente — Yo también tuve
pesadillas cuando llegué aquí por primera vez. Todos las tenemos. Nos
dicen que es todo lo viejo que está saliendo a la superficie; los recuerdos
que no necesitamos. Una vez que se hayan ido, podemos comenzar nuestras
nuevas vidas con la manada.
— ¿Todos estuvieron encerrados aquí? — Preguntó Remus, con la garganta
adolorida. Tenía sed, pero no quería parecer débil.
— No. — Jeremy se encogió de hombros. — Solo tú. Están preocupados por
tí. Después de lo que hiciste en el pub. Y hay otras historias. A veces hablan
de tí.
— ¿Quién lo hace? ¿Livia? ¿Castor? ¿¿Greyback??
Jeremy se encogió de hombros de nuevo, apático.
— Sí. Todos esos. Ellos están a cargo. Livia es la segunda al mando, porque
Greyback la convirtió. Obtienes mejores cosas, si eres un descendiente
directo de él.
Remus resopló. Se preguntó si Jeremy sabía que Greyback también lo había
convertido, y si ser atado y arrojado a una celda contaba como "cosas
mejores".
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Jeremy comenzó a toser, un crujido profundo en el pecho, que sacudió su
cuerpo y lo dobló. Se apretó la capa de piel alrededor de su flaco cuerpo, y
Remus finalmente sintió algo más allá del miedo o la ira. Sintió simpatía.
— ¿Viven todos aquí, en este lugar? — Preguntó en voz baja, mirando a su
alrededor en el húmedo sótano. — ¿Entre las lunas?
Jeremy asintió.
— Mejor que donde estaba antes. — Él dijo. Luego, como si estuviera
aburrido de la conversación, simplemente se apartó. — Tengo hambre. dijo
suavemente. — Le diré a alguien que estás despierto. Nos vemos.
Y Remus se quedó solo de nuevo. Se puso de pie, con cuidado,
comprobando que no hubiera nada roto, torcido o demasiado dolorido.
No, en realidad se sentía mejor de lo que solía sentirse, después de la luna,
incluso con el cuidado de Madame Pomfrey. Si tan solo no estuviera
atrapado. Si tan solo no hubieran destruido su varita. Metió la mano en sus
jeans y descubrió que le habían dejado su reloj de bolsillo, al menos.
Remus sostuvo el objeto de metal pesado en su mano, dejando que se
calentara contra su piel. Pensó en Sirius, aunque sabía que no debería
hacerlo; no sabía quién estaba escuchando sus pensamientos, e incluso si
nadie lo estaba; Sirius era una debilidad.
¿Estaba preocupado? Debía de estarlo, se dijo Remus. Eso es el amor,
después de todo.
¿Había ido a las ruinas del castillo en Cornualles, donde habían acordado
encontrarse? ¿Había esperado y esperado, preguntándose dónde estaba
Remus, qué había sido de él? Quizás había dado la alarma; seguro les había
dicho a los Potter primero, luego seguro fue con Moody, o incluso con
Dumbledore. Remus no pensó que ninguno de los dos sería de mucha
ayuda. En lo que a ellos respecta, Remus se encontraba en una de tres
situaciones:
1. Muerto.
2. Completando su misión de infiltrarse en los hombres lobo.
3. Convirtiéndose en agente doble y de hecho se unido a los hombres lobo.
Y desde la perspectiva de Moody, fuera lo que fuera, era mejor dejar a
Remus donde estaba. Esperaba que nadie le hubiera dicho eso a Sirius.
Sintiendo que su resolución se desvanecía. Remus obligó a Sirius a retirarse
de su mente. No podía hacer nada más que esforzarse al máximo para llevar
104
a cabo la misión, mantenerse con vida y volver con él. Ese tenía que ser su
enfoque.
Caminó por la celda un par de veces. No era grande; tal vez cinco pasos de
ancho, tres de profundidad. Las pieles de animales con las que había sido
forrada eran de ciervo y oso, y algo más que Remus no reconoció. No lobo.
Nada nativo de Gran Bretaña. Tocó los barrotes; se sentían extrañamente
cálidos y parecían tararear contra su piel. Magia.
Con una repentina onda cerebral, Remus dio un paso atrás y cerró los ojos.
Estaba un poco rígido y todavía empañado por el sueño, pero la magia
estaba allí, en la habitación. Restos de la manada y de los hechizos
vinculantes de Livia. Trató de reunir algo de eso en sí mismo. Era muy
difícil, sin una varita y con los nervios tan sacudidos.
Tiró y tiró de la atmósfera que lo rodeaba, pero era como intentar fumar
un cigarrillo sin encender. No pasó nada y se quedó sin aliento. La magia
parecía más allá de su alcance.
— Admirables esfuerzos, querido.
Remus abrió los ojos y saltó, viendo a Livia ahora parada en medio de la
habitación. Ella sonrió ante su incomodidad e hizo un gesto a Jeremy, que
bajaba los escalones detrás de ella con una gran jarra de peltre y un plato
con algo de comida. Pan y carne, olía a conejo, y Remus esperaba que lo
fuera. Comenzó a salivar casi de inmediato.
Livia chasqueó los dedos, y la jarra y el plato dejaron las manos de Jeremy y
aparecieron en el suelo de la celda de Remus con un *pop*. Entonces,
pensó. Se podía transportar cosas a través de las rejas. Eso significaba que
podía salir de ahí, si se esforzaba lo suficiente.
— Come, cariño — ronroneó Livia. — Padre desea que seamos fuertes.
— Gracias. — Dijo Remus. Hizo contacto visual con ella y trató de
mantenerlo. Eso había funcionado con Gaius, y accidentalmente con
Danny. Se habían sometido a él, eventualmente.
Livia le devolvió la mirada y sonrió, luciendo muy complacida.
— Ese es mi chico.
— ¿Dónde está Greyback?
— Muestra algo de respeto. — Sus ojos brillaron y Remus sintió un dolor
punzante en el cráneo. Jadeó, presionando una palma plana contra su
frente — Él es nuestro padre. — Livia siseó.
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— ¡Está bien! — Gritó: — ¿Dónde está nuestro... nuestro padre? — Le ponía
enfermo decirlo.
— Eso no es de tu incumbencia.
— ¡Quiero hablar con él!
— A su tiempo. Una vez que te hayas probado a ti mismo.
— ¡¿Cómo se supone que voy a probar algo encerrado aquí?! — Remus se
enfureció, frustrado. Livia simplemente le devolvió la sonrisa.
— Remus Lupin encontrará la manera. Adiós hermano. Recuerda comer
algo.
Se volvió y salió, chasqueando los dedos a Jeremy mientras lo hacía. Se
apresuró a seguirla por las escaleras, dándole una mirada hacia atrás a
Remus mientras lo hacía, y murmurando, 'Lo siento'.
Remus vio sus pies desaparecer cuando llegaron al final de las escaleras, y
luego escuchó un fuerte chirrido cuando algo pesado se cerró sobre la
escotilla. La extraña luz que había iluminado la habitación todo este tiempo
se apagó, como un interruptor de luz, y Remus se quedó solo, encerrado en
la oscuridad.
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CIENTO CINCUENTA Y NUEVE
La guerra: Sumisión
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Se había vuelto paranoico, y estaba convencido de que eran los otros, ellos
estaban controlando su mente, de alguna manera; obligándolo a ver cosas
que no quería ver; cosas que no estaban allí.
Algunas veces soñaba que Sirius moría. Luego, cuando eso le quitaba toda
pizca de terror de él, soñaba con la muerte de cada uno de sus amigos, uno
por uno. Y que sus fantasmas lo visitaban, llorando o enfurecidos. Cuando
se despertaba, nunca sentía que se hubieran ido del todo.
Otras veces Remus se preguntaba si, de hecho, él estaba muerto, y este era
un infierno muy específicamente diseñado para él.
Al final de la primera semana, había perdido todo sentido de la vergüenza.
Lloraba, aullaba, gemía. Se reía maniáticamente, o se acurrucaba en un
rincón y susurraba al vacío. Trataba de tener conversaciones en su cabeza,
pero no funcionaba de la misma manera que antes. La voz tranquilizadora
de Grant se transformaba en la de Livia, la de Sirius en Castor, y Remus se
quedó sin escapatoria.
En momentos de lucidez, trataba de invocar más magia, pero era muy difícil
y él estaba muy débil.
A veces pensaba que podía hacerlo. Alguno de los otros podría realizar un
hechizo (siempre sin varita; ninguno de ellos hacía magia de la manera en
la que lo habían los magos) para convocar algo o iluminar la habitación, y
Remus sentía esa vieja agitación de poder. Pero nunca duraba lo suficiente.
Finalmente, los padres de Remus se le aparecieron, en su cabeza, pero
también en la celda. Hope estaba llorando; todavía estaba enferma, incluso
muerta, con el rostro exhausto y demacrado. Llevaba un sudario blanco y
había tierra en su cabello rubio, aunque Remus sabía que había sido
incinerada.
Sin embargo, Lyall era el peor; tal vez porque Remus no tenía una base
sólida para él, más allá de unas pocas fotografías. El Lyall con el que soñaba
su febril imaginación era despiadadamente cruel, con un acento plomizo de
clase alta y fríos ojos azules.
— Dejaste que ese animal destruyera mi varita, ¿No es así? — El fantasma
larguirucho le susurraba al oído: — Debería haberte sacado de esta miseria,
hace tantos años.
Mientras que los otros fantasmas lo avergonzaban, y lo hacían sentir
pequeño y arrepentido, Lyall solo había causado ira en Remus. Se enojaba
como un loco con su padre y se arrojaba contra las paredes de su jaula.
108
— Paz, hermano. — Castor apareció donde se encontraba, después de que
Remus hubiera estado haciendo esto por algún tiempo. — Esta no es la
manera.
— ¡Vete a la mierda! — Remus gruñó, sosteniendo su cabeza entre sus manos
mientras trataba de asentarse en la realidad.
Castor se retiró. Remus siguió sufriendo. Se acurrucó en el suelo y se cubrió
la cabeza como un perro herido. Eso le hacía pensar en Sirius.
Pensamientos estúpidos se le ocurrieron, como; ¿Dónde se estaba quedando
Sirius? ¿En casa de los Potter? ¿En su piso? A Remus no le gustaba la idea
de que Sirius estuviera solo. ¿Estaba comiendo bien? ¿Estaba fumando
demasiado? ¿Se había caído ya de esa estúpida motocicleta y se había roto el
cuello?
¿Alguien estaba buscando a Remus?
Cerró los ojos y trató de fingir que estaba en otro lugar. En casa, en su
diminuto piso de Londres, leyendo el periódico. O en su vieja cama en
Hogwarts, con las cortinas corridas.
Por la noche en la cripta, Remus podía escuchar al resto de la manada
respirar, roncar, darse la vuelta. Algunos lloraban, tal vez cuando pensaban
que nadie más estaba despierto. La mayoría tosía, como resultado de las
condiciones de humedad. Después de una semana, Remus también cogió
la tos y se sintió más débil que nunca.
Nunca había sido voluminoso , exactamente; siempre había sido
decididamente delgado, incluso después de siete años de comida en
Hogwarts. Pero ahora Remus apenas reconocía su propio cuerpo: los huesos
de sus caderas se afilaron, sus jeans de tubo de drenaje se deslizaron por su
cintura, sus costillas estaban pegadas como ramas en un árbol de invierno,
y su piel se volvió seca y en carne viva, agrietándose en algunos lugares.
Esta debilidad física solo agravó la desesperación de Remus: ¿Quién se creía
él que era al unirse a un estúpido ejército rebelde justo después de la
escuela? ¿Ninguno de los cientos de libros que había leído lo había imbuido
de sentido común?
Por supuesto que no podía enfrentarse a Greyback, la idea era ridícula. Tan
ridícula, de hecho, que Greyback ni siquiera lo iba a matar. Remus no valía
la pena el esfuerzo. Simplemente se iba a consumir en la nada en esta celda,
y nadie lo sabría nunca.
— No lo estás intentando. — Castor dijo, volviendo a verlo.
109
Tal vez solo habían pasado unas pocas horas desde la primera vez que había
tratado de comunicarse con Remus. Quizás habían pasado días.
Debía de ser de día, porque no había nadie más en la cripta.
— ¡Déjame salir! — Remus balbuceó, agarrándose a los barrotes de su jaula.
— ¡Por favor!
— Sácate tú mismo. — Castor regresó con frialdad.
— ¡No tengo mi varita!
Castor hizo una mueca. Extendió la palma de su mano vacía y una llama de
color rojo sangre apareció en ella. Le dio un brillo suave y seductor a los
rasgos de Castor, difuminando los bordes irregulares de su cicatriz y
haciéndolo hermoso de nuevo.
— No necesitamos varitas, Remus, no tomamos prestada magia como los
humanos comunes.
— No tengo suficiente. — Remus gimió, desplomándose hacia atrás.
— Idiota. — Castor dijo, cerrando su mano sobre la llama, quemándola en
un puño. — Estás rebosante de magia. Sigues pensando como un humano.
¿Por qué crees que te puso aquí?
— Para verme morir.
— Idiota. — Castor repitió, moviendo la cabeza con desdén.
— ¿Por qué, entonces? — Remus gruñó.
Castor miró a su alrededor disimuladamente para confirmar que estaban
solos. Se acercó. Su olor fue más fuerte cuando se colocó contra los barrotes
de la celda, y Remus sintió una atracción involuntaria hacia él. Castor bajó
la voz.
— Te están probando, tonto. Eres tan solo el cuarto hijo de Greyback que
regresa con él, ¿Sabes qué posición te da eso? ¡¿Qué tipo de poder te da?!
Has visto a Livia y Gaius, sabes de lo que eres capaz.
— Pero por qué...
— Atacaste a Gaius. El verano pasado. Greyback está nervioso por tí ahora,
no lo dice, pero lo está. Nadie desafía a esos dos, nadie.
— No quise desafiar a nadie, él me atacó primero y yo solo...
— Actuaste como un lobo. — Castor dijo, triunfalmente, sus suaves labios
curvándose en las comisuras — Y eso es lo que debes hacer ahora.
— ¿Por qué me estás diciendo todo esto? — Remus lo miró con sospecha.
Porque tenía un extraño tipo de sentido, ahora, como si Castor lo hubiera
despertado de una sacudida.
110
— Porque no me sirves de nada en esta jaula. — Castor dijo, sus ojos oscuros
ardiendo con intensidad. — Hace un año Remus Lupin me habló del
cambio. De una vida mejor. No lo he olvidado.
— Me parece recordar que te reíste en mi cara. — Remus respondió,
amargamente — 'La manada lo es todo', ¿No fue eso lo que dijiste?
— La manada lo es todo. — Castor dijo, ferozmente. — Eso no ha cambiado.
Otras cosas lo han hecho. Tienes aliados aquí.
— Si tanto quieres mi ayuda, entonces sácame de aquí. — Dijo Remus.
Castor enarcó una ceja, dándole a Remus una mirada dura y evaluadora.
— Será mejor para tí si lo haces tu mismo. Los demás deben verte triunfar.
Remus estaba a punto de hacer otra pregunta, cuando la atmósfera cambió:
Livia se acercaba hacia ellos. Castor retrocedió rápidamente y no dijo nada
más. Remus lo miró desde la distancia, su mente finalmente comenzando a
trabajar.
...
Necesitaba magia. Necesitaba poder, y necesitaba una buena emoción
fuerte para que todo funcionara. Afortunadamente, Remus siempre había
tenido emociones fuertes en abundancia. Eso y paciencia.
Animado por la intrigante propuesta de Castor, Remus encontró mucho
más fácil concentrarse y mantener la calma. Ahora que sabía que no estaba
completamente solo, las apariciones fantasmales se volvieron más fáciles de
ignorar.
Y empezó a notar cosas. Como que los otros hombres lobo no eran tan
homogéneos como parecían al principio. Todos eran bastante jóvenes,
claramente Greyback tenía cierta preferencia; ninguno de ellos parecía
tener más de veinticinco años. Todos estaban delgados y llenos de cicatrices.
Pero cuanto más los miraba Remus, más veía sus diferencias. Amistades y
alianzas; rencores y enemistades, gustos y disgustos.
Cuando prestó mucha atención, Remus incluso pudo decir cuánto tiempo
cada uno de ellos había sido hombre lobo, estaba claro por la jerarquía. El
grupo más joven cayó en dos bandos; fanáticos que adoraban a Livia y
Gaius, y aquellos que estaban menos seguros, menos cómodos con este
extraño estilo de vida subterráneo. Estos tienden a ponerse del lado de
Castor; duermen juntos en un lado de la cripta, hablando entre ellos.
Gaius en particular parecía preocupado por este grupo. Acechaba el suelo
de la cripta todas las noches, exigiendo silencio, ordenándoles que se
111
tumbaran más separados. Remus supo desde su primer encuentro en
Manticore's Head que Gaius tenía un temperamento fuerte, y tan pronto
como Remus se aferró a esta idea, supo que tenía que idear una manera de
hacerlo explotar.
Finalmente, la ayuda llegó de un lugar inesperado. Jeremy, uno de los
miembros más jóvenes de la manada, y hasta ahora el único que había
hablado con Remus además de Castor y Livia, se aburría fácilmente. Tenía
un lado travieso que le recordaba a Remus a James y Sirius; solía hacer
bromas para hacer reír a los demás, y era uno de los que más se quejaba
cuando se trataba de las condiciones de vida.
A Gaius le desagradaba inmensamente, por supuesto, y nunca
desaprovechaba la oportunidad de volver a ponerlo en su lugar.
Una noche, cuando todo el mundo se disponía a dormir, Jeremy tuvo un
ataque de tos particularmente violento. En opinión de Remus,
definitivamente lo estaba forzando, duró mucho más de lo que
probablemente era necesario.
— Contrólate, hermano. — Gaius siseó, levantándose de inmediato,
cruzando la cripta para pararse junto a Jeremy, mostrando los dientes.
— Per... perdón — Jeremy balbuceó, con el ceño fruncido con sarcasmo —
¡No puedo evitarlo, es la humedad!
— Tus hermanos y hermanas parecen manejarse bastante bien. — Gaius
contestó, aburrido.
Jeremy resopló. Gaius levantó una mano, como si estuviera a punto de
lanzar un hechizo.
— Quizás necesites que te recuerden cómo comportarte.
Jeremy se humedeció los labios, nervioso, y se quedó callado. Castor, que
estaba sentado cerca, se puso de pie. Puso una mano sobre el hombro de
Gaius.
— Hablaré con él, hermano. No te preocupes.
— Nuestro padre exige obediencia. — Gaius siseó. Los ojos de Castor
brillaron.
— Soy muy consciente de las demandas de nuestro padre.
Gaius claramente quería replicar, pero al ver el fuego en la expresión de
Castor se lo pensó mejor y se retiró, escabulléndose, gritando airadamente
a tres mujeres jóvenes apiñadas juntas que habían estado observando todo
el asunto.
112
Castor se agachó y le susurró a Jeremy:
— No lo provoques.
— ¡Es un idiota! ¡No es Greyback, no puede darnos órdenes!
— No lo provoques. — Castor repitió, una nota de advertencia en su voz. No
fue escuchado.
— ¡Estaba tosiendo! ¡No puedo evitar toser! ¡No como si hubiese estado
silbando una melodía alegre!
Se escucharon risas por parte de las mujeres en una esquina.
— Paz. — Dijo Castor.
Todo el mundo pareció calmarse después de eso; se restableció el orden y
la tranquilidad. Remus estaba sentado apoyado contra la pared trasera de
su celda, con los brazos abrazando sus rodillas. En una mano sostenía su
reloj de bolsillo, que estaba caliente y resbaladizo por haber estado
sosteniéndolo todo el tiempo.
De repente, hubo un silbido largo y bajo. Los ojos de Remus se abrieron de
golpe, su estómago dio un vuelco. Ese maníaco.
Las chicas cerca de Jeremy se estaban riendo de nuevo cuando él comenzó
a silbar una pequeña melodía. Remus pensó que sonaba como 'Mary tenía
un corderito', pero no era bueno con las canciones infantiles.
Solo duró unos pocos compases: Gaius se tiró encima de él en cuestión de
segundos, gruñendo, con las manos alrededor de la garganta de Jeremy. El
cuerpo del joven se puso rígido como una tabla, y Remus pudo oler
instantáneamente la magia negra como el carbón que Gaius estaba usando
para someterlo.
Fue como una leve sensación de hormigueo; todos los pelos de su brazo se
erizaron. Remus cerró los ojos e inhaló, bebiendo la energía mágica como
si hubiera estado sediento de ella. La delicia fue aumentada por la terrible
rabia de Gaius; por su ardiente deseo de herir.
Eso era todo. ¡Eso era todo! Remus estaba mareado de emoción cuando las
piezas encajaron en su lugar.
— Hermano — la voz de Livia sonó ahora. Se deslizó por el suelo hacia Gaius,
lánguida como un gato. — Deja al cachorro. Está inquieto y animado, eso
es todo.
Gaius soltó a Jeremy, quien se derrumbó y tosió con más fuerza que antes.
Remus podía oler la sal de sus lágrimas. Castor se arrodilló junto al joven,
con una mano amable en su hombro.
113
Remus comenzó a pensar rápidamente. Era demasiado torpe como para
silbar, podía silbar como un lobo (a Sirius le encantaba la ironía de eso),
pero no podía mantener una melodía. ¿Qué más sería molesto? Necesitaba
la atención de Gaius, necesitaba su rabia.
Se aclaró la garganta dolorida.
— Still dunno what I was waiting for… — intentó Remus, su voz un poco
ronca y aflautada por la falta de uso.
Hubo un aleteo de movimiento, una sensación de oídos aguzados, como si
estuvieran esperando a ver lo que estaba haciendo. Desafinó como nunca,
pero era la única canción de la cual podía recordar la letra entera.
Remus tragó y alzó la voz más fuerte, levantándose y acercándose a los
barrotes.
— And my time was running wild, a million dead end streets, and… — Un
poco más de movimiento ahora, algunos de los más jóvenes estaban
sentados, mirándolo — Every time I thought I’d got it made, it seemed the
taste was not so sweet…
Algunas risas. Alguien susurró: — Finalmente se ha vuelto loco.
— So I turned myself to face me... — Remus cerró los ojos y gritó, su frente
chocando contra las barras frías — Though I’d never caught a glimpse, of
how the others must see the faker
— ¡Silencio! — La voz aguda de Gaius sonó.
— I’m much too fast to take that test…
— ¡SILENCIO!
Remus echó la cabeza hacia atrás y respiró hondo.
— ¡CH CH CHANGES! TURN AND FACE THE STRANGE CH CH
CHA-ANGES!
— ¡Remus Lupin! — Gaius estaba de pie, caminando hacia él con una mano
levantada. — ¡Para de hacer esto DE INMEDIATO!
— DON’T WANNA BE A RICHER MAN… — Remus continuó, sintiendo
la feroz energía mágica de Gaius llenando el espacio entre ellos, como una
marea de aire caliente corriendo sobre él, empapándolo. Apretó su reloj de
bolsillo con más fuerza y extrajo la magia de eso también, succionándola en
sus huesos, en su propia médula.
Remus abrió los ojos y los barrotes de su celda se desvanecieron como
humo. Sonriendo, dio un paso adelante, cruzando el umbral hacia la cripta.
Era libre.
114
— Time may change me… — medio cantó, medio rió de Gaius, que estaba
frente a él, atónito.
— ¡Vuelve adentro! ¡Livia! ¡Castor! ¡Ayúdenme!
— Cállate, Gaius. — Remus levantó la mano, apenas pensando en ello,
dejando que la magia hiciera el trabajo. Gaius fue silenciado. Su boca se
abrió y se cerró unas cuantas veces, los ojos muy abiertos por el terror.
Remus sintió una oleada de placer por esto. ¡Sí! Témeme. Pensó. — Buen
chico — sonrió. — Ahora, si me disculpas...
Se hizo a un lado y empujó a Gaius con fuerza hacia la celda, antes de
chasquear los dedos haciendo que las barras reaparecieran de inmediato.
Gayo encontró su voz y rugió, furioso.
— ¡Déjame salir!
Remus rió. Estaba a punto de volverse para dirigirse al resto de la manada;
ahora todos murmuraban, con varios grados de nerviosismo y excitación.
Sintió una mano en su hombro. Livia apareció a su izquierda, Castor a su
derecha. Ambos estaban sonriendo, el orgullo brillaba en sus ojos.
— Hermano — susurró Livia— ¡Por fin! Padre estará muy orgulloso.
115
CIENTO SESENTA
La guerra: Infantería
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Su forma llenaba la entrada, dura, musculosa e inmóvil. Su áspero cabello
oscuro estaba recogido en un rodete y sus ojos amarillos se posaron en
Remus, curiosos y desafiantes al mismo tiempo.
A pesar de su (desbordante) comportamiento, también había una
tranquilidad en él que Remus solo había visto en los animales salvajes. Un
silencio quieto que prometía algo más siniestro, como una trampa con
resorte.
Greyback se sentó frente a Remus, con las manos en las rodillas y asintió
con la cabeza hacia el tazón de estofado que calentaba las manos de Remus.
— Come. — Él dijo.
Sin dudarlo - Remus aún no sabía si estaba siguiendo órdenes porque tenía
que hacerlo o porque quería hacerlo - tomó un poco de estofado y se llevó
la cuchara a la boca. Casi lloró. Era lo más delicioso que había probado en
su vida, picante y lleno de sabor: tenía una especie de carne oscura y una
rica cebolla. Masticó, según lo ordenado, antes de tragar con dificultad.
Greyback lamió sus afilados dientes puntiagudos —Buen cachorro.
Remus lo ignoró y continuó comiendo, repentinamente hambriento. Un
poema que había leído una vez apareció en su cabeza, como una
advertencia:
Por supuesto, eso hablaba de los duendes. No debes comer la comida que
te dan las hadas o los duendes; no había leído nada sobre los hombres lobo.
Pero entonces, ¿Qué había logrado aprender sobre los hombres lobo?
Greyback lo miró un rato más, como si se hubieran reunido para cenar
juntos; como viejos amigos. Esperó hasta que Remus terminara casi de
comer para hablar.
118
— Te metiste con Gaius al final ¿eh? Eso es interesante. Pensé que sería
Castor.
— Estaba siendo cruel. — Remus respondió.
— Es un buen cachorro. Hermoso lobo; poderoso. Pero tiene algunas cosas
que aprender sobre el liderazgo, eso sí te lo acepto. ¿Qué piensas de mis
otros hijos, eh?
Remus terminó de comer. Tragó y chupó la cuchara pensativamente, antes
de dejarla en el cuenco vacío. Miró a Greyback a los ojos.
— Siento pena por ellos.
— ¿Pena?
— Por la forma en la que viven. No hay dignidad en eso.
Los ojos de Greyback brillaron.
— Dignidad. Qué criatura tan encantadora eres, Remus Lupin. Sí, dignidad.
Esa es la palabra exacta. Justo esa. — Greyback se acarició la barba, pensativo.
— Es una situación temporal, por supuesto. Cuando se gane esta guerra...
— Cuando se gane esta guerra — dijo Remus con firmeza — los hombres lobo
serán más odiados y temidos que nunca. Por lo que has hecho. Por tus
crímenes.
Greyback echó la cabeza hacia atrás y se rió, mostrando largos dientes
amarillos.
— Eres un cachorro verdaderamente delicioso. Me preocupaba que tanto
tiempo en esa celda te hubiera ablandado, pero...
Greyback arqueó una de sus pobladas cejas y Remus sintió un desagradable
retorcer dentro de su cerebro, como si alguien estuviera moviendo sus
dedos a través de sus pensamientos. Arrugó la cara y Greyback soltó una
risita en lo profundo de su garganta. —No. Aún intacta. Mi lindo y fuerte
cachorro.
Remus lo miró fijamente. La sensación de retorcer cesó.
— ¿Quieres decir... — suspiró — ¿No querías volverme loco?
— Por supuesto no. — Greyback escupió con desdén: — ¿Eso piensas que
quería? ¿Son estas las viles mentiras esparcidas sobre mí? ¿Por qué un padre
desearía hacerle daño a sus hijos?
Remus ladeó la cabeza.
— Tú dime. ¿Por qué atacarías a un niño de cinco años? ¿Por qué me has
encerrado?
119
— Irrelevante. — Greyback agitó una mano de uñas largas con desdén — Esas
no son las preguntas para las que quieres respuestas, no finjas.
— ¿¿Y tú qué sabes sobre lo que quiero?! — Remus sintió que su
temperamento aumentaba y luchó por mantenerlo bajo control. Trató de
aferrarse a la sensación de poder que le había quitado a Gaius, de absorber
la magia que podía sentir en las paredes de tierra de la guarida.
— Lo sé todo sobre tí, Remus Lupin. — Lo miró con ojos afilados como
navajas una vez más, y Remus sintió ese desagradable retorcer en sus
pensamientos.
— No, eso no es justo. — Remus negó con la cabeza, tratando de construir
un muro contra Greyback. —¡Estás usando legilimancia!
— Pah. Ese es un truco de magos. Los lobos no leen la mente. Los lobos ven
las almas.
A Remus le pareció lo mismo. Los labios de Greyback se curvaron en una
sonrisa malvada una vez más.
— No, Remus Lupin. No es lo mismo. Después de todo, uno puede cambiar
de opinión. Remus Lupin podría simpatizar con sus compañeros de
manada un día y luego insultarlos al día siguiente. Esa es la mente. Pero el
alma de Remus Lupin...
Greyback cerró los ojos e inhaló, como si Remus oliera particularmente
delicioso.
— ¡Para!
— Hazme parar.
Remus lo intentó. Lo intentó muy, muy duro, forzando a que la magia
dentro de él saliera, a través de sus ojos, a través de sus pensamientos.
Pareció funcionar. Su mente se calmó y Greyback se reclinó, luciendo
complacido. Remus estaba tan confundido ahora, no quería complacer a
Greyback, jamás.
— Es completamente normal odiarme, ¿sabes? — Greyback dijo, estirando
los brazos y moviendo los hombros como si se estuviera preparando para ir
a la cama o para una pelea: —Es natural resentirte con tu padre.
No eres mi padre. Remus pensó, en la parte de su cerebro donde todavía se
sentía como él mismo, nunca he tenido un padre, y nunca lo he necesitado.
— Responde mis preguntas. — Remus dijo, con tanta fuerza como pudo —
Si te preocupas tanto por mí... como un... como un padre, ¡¿Entonces por
120
qué me convertiste?! ¡¿Por qué intentaste cazarme durante tantos años y
luego me metiste en una jaula justo cuando aparezco?!
Greyback se estaba riendo de él de nuevo, hileras y hileras de dientes, lengua
larga y roja.
— Puedes agradecerle a Lyall Lupin por tu transformación.
— Está bien. — Remus hizo una mueca — Era un humano terrible, ¿No es
así? ¿Fue por venganza?
— Autoconservación. — Greyback respondió, rascándose detrás de la oreja,
divertido. — Lyall tenía ideas sobre cómo debería tratarse a mi familia. Ideas
no educadas. Necesitaba aprender.
— Entonces, ¿Por qué no lo convertiste a él...
— Porque era débil. — Greyback siseó — Podía olerlo en él. No era para nada
fuerte, era un hipócrita. Y se demostró que así era. Un hombre mejor no
habría abandonado a su cachorro y a su perra. Aunque quizás debería
agradecerle. Se destruyó a sí mismo antes de que cualquiera de esa debilidad
pudiera infiltrarse en tí. — Se lamió los labios — Se ha convertido en mi
lema. Búscalos de jóvenes, hazlos crecer fuertes.
Remus sintió ganas de vomitar. Odiaba a Greyback con tanta fiereza que
era como si sus entrañas se hubieran convertido en bilis.
— Si eso crees — prosiguió, estoicamente, la boca llena de saliva haciendo
sus palabras espesas y descuidadas — Entonces, ¿Por qué esperar tanto para
encontrarme? Podrías haberme sacado del Hogar de niños en cualquier
momento.
— Lo consideré — asintió Greyback, inclinando la cabeza pensativamente —
tomé a Livia cuando apenas hablaba. Castor y Gaius cuando eran pequeños.
Pero tú eras un caso diferente. Dumbledore tenía sus patas sobre tí antes de
que Lyall incluso hubiera estado en el suelo. Sabía lo que estaba pensando
el viejo idiota: su propio hombre lobo mascota; su propia bestia
domesticada, todo entrenado y con la cabeza llena de trucos y mentiras de
magos. Un monstruo educado. — Se lamió los labios lascivamente — Sabía
todo esto, y pensé… ¿Por qué no? Mejor dejar que el cachorro venga a mí
cuando sea el momento adecuado. Deja que aprenda todo lo que pueda
aprender del mundo mágico, y veremos, entonces, qué lado gana.
— ¿Lado? ¿Te refieres a... Dumbledore o tú?
— Naturaleza o crianza. — Greyback se rió. Remus retrocedió, disgustado.
— ¡¿Así que soy un experimento?!
121
— En cierto modo, sí.
Remus finalmente apartó los ojos, incapaz de seguir mirando el rayo láser
de Greyback. Sus ojos se fijaron en la estantería a su derecha. Todos eran
clásicos. El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, La isla del doctor
Moreau, el Conde de Montecristo.
— ¿Y qué hay de la jaula? — Preguntó, tembloroso, mirando las letras doradas
en cada libro encuadernado en cuero. — ¿Eso era parte del experimento?
— Estaba claro que te habías vuelto demasiado dependiente de los trucos
que Dumbledore te había enseñado. — Greyback dijo, como si todo eso
fuera perfectamente razonable: — Estarías confinado solo el tiempo que
fuera necesario, para asegurarme de que tus verdaderos dones fueran lo
suficientemente fuertes como para brillar. Y lo fueron, cachorro. Mírate
ahora; simplemente rebosante de poder.
Remus lo miró, finalmente, encontrándose con esos ojos amarillos lobunos
una vez más. Bien entonces. Si tenía tanto poder, podría usarlo. Ardiendo
con odio amargo y ácido, Remus empujó una vez más, enfocándose tan
agudamente como pudo en el cuerpo de Greyback.
Hazlo débil, lastímalo.
Greyback enderezó la espalda en su taburete y cerró los ojos, sonriendo
como si Remus lo estuviera acariciando, como si no estuviese disparando
todo lo que tenía. Entonces el hombre lobo levantó una mano y Remus vio
que estaba temblando, muy levemente. Aún así, Greyback era
increíblemente poderoso y Remus podía sentir su propia magia intentado
resistir para terminar siendo bloqueada. Había valido la pena intentarlo.
— Muy bien, Remus Lupin — dijo Greyback, después de mucho tiempo, su
voz un poco más ronca de lo que había estado. —Muy bien, cachorro... —
Suspiró. — Suficiente, por esta noche, quizás. Hablaremos de nuevo.
Remus se puso de pie rápidamente, sintiendo como si todo ese tiempo
hubiese estado estancado en el taburete; y ahora era libre.
— Un momento... — Greyback se levantó también, y empujó a Remus hacia
la oscura habitación para dormir que había detrás. Regresó segundos
después con un gran pelaje gris y se lo entregó a Remus. — Un regalo,
cachorro. Bienvenido a la manada .
Remus lo tomó y lo sostuvo sobre un brazo, con cautela. Era hermoso; un
suave pelaje plateado y negro bajo sus dedos.
122
— ¿Puedo irme? — Preguntó, mirando la boca de la guarida, ahora sin
vigilancia y abierta. De repente se puso nervioso.
— Por supuesto. Conoces el camino de regreso. Ahora no estás en el mundo
de los magos; eres libre. Ve a donde quieras. Regresa con la manada luego.
O si no... ¿Prefieres dormir aquí? — Su rostro se tornó hambriento de nuevo,
su sonrisa burlona, mientras se hacía a un lado y hacía un gesto hacia su
propia cama.
A Remus se le revolvió el estómago de nuevo y salió del lugar lo más rápido
que pudo.
Se quedó afuera solo durante mucho tiempo. La idea de aparecerse, de salir
de allí lo más rápido posible; de volver a casa con Sirius, a Londres, con sus
amigos, se le ocurrió sólo fugazmente.
Había caído la noche en el bosque. Remus respiró el hermoso aire y miró
las finas luces del cielo. Los búhos volaban en picada, en busca de presas.
Los zorros se arrastraban a través de la maleza, los topos se abrían paso a
través del suelo debajo de sus pies. Se sentía tan parte de este lugar como
ellos. Una criatura de la naturaleza que al final cobraba vida.
Una brisa fresca agitó las hojas sobre él y se estremeció. Sin pensarlo, Remus
se echó la capa de piel sobre los hombros y se envolvió con ella. Se sentía
bien, como una segunda piel. Respiró y exhaló una vez más, para saborear
la paz y la tranquilidad de estar solo. Luego se apartó de la guarida y regresó
hacia la manada.
***
Las cosas cambiaron, después de eso, por supuesto. Para cuando Remus
regresó a la manada esa noche, ya tenía un nuevo lugar en la jerarquía.
Gaius había sido liberado de su prisión. No miraba a Remus a los ojos; no
intentó desafiarlo, simplemente se escabulló a su esquina. Livia dejó en
claro que Remus ahora superaba a Gaius, acercándose primero y
acariciando sus nuevas pieles, ronroneando de alegría.
— Hermoso — dijo — hermoso.
Y cuando llegó el momento de acomodarse y dormir, Remus eligió
cualquier lugar que quisiera en el piso de la cripta. Esta tenía que ser una
decisión cuidadosamente pensada; Si dormía al lado de Livia, la perra alfa,
¿Qué diría eso de él? Sin duda, le diría a Gaius exactamente cuál era su
123
lugar. Es lo que sugeriría Moody, si Moody tuviera la mitad de una idea
sobre cómo comportarse en tal situación.
También tenía reservas sobre Castor. Por un lado, su instinto le decía que
se pusiera del lado del apuesto joven, y sabía que no tenía nada que ver con
el hecho de que Castor lo hubiera ayudado. Remus estaba acostumbrado al
olor ahora, pero eso no hacía que se sintiera menos atraído. Por otro lado,
Castor era claramente un disidente. Ponerse del lado de él podría generar
sospechas en otros miembros de la manada.
Pero estaba cansado y somnoliento, y ya había tomado tantas decisiones
drásticas. Así que eligió a Castor, que al menos se sentía seguro. Remus
tendría que pedir perdón más tarde.
En los días que siguieron, Remus llegó a conocer a la manada no solo por
el olor, o como compañeros marginados, sino como personas individuales.
Muchos de ellos, como Jeremy, habían sido convertidos recientemente.
Adolescentes fugitivos, hijos repudiados de familias mágicas avergonzadas.
Todos ellos tenían historias difíciles de hambre y sufrimiento y terribles
abusos.
Por primera vez en su vida, Remus sintió que había tenido una infancia
privilegiada. ¿Y qué si la Matrona era una vieja maldita con un corazón de
piedra que odiaba a los niños? Al menos había tenido un techo sobre su
cabeza.
Algunos eran amables y divertidos, otros tontos e inmaduros. Algunos de
ellos estaban tristes y eran tímidos. Cada día Remus se desesperaba más por
ayudarlos; para encontrar un lugar mejor y una vida mejor para todos y cada
uno de ellos.
Pero, por supuesto, no todos tenían la misma historia. Algunos de ellos no
estaban con Greyback en busca de protección o refugio, algunos de ellos
realmente estaban allí para vengarse. Creían de todo corazón en la filosofía
de su padre; para ellos el asesinato no era un crímen, solo la naturaleza de
un depredador. El mundo les debía sangre y ellos se la iban a quitar.
— Yo también le creí. — Castor dijo, a la mañana siguiente. Se había ofrecido
a mostrarle a Remus sus senderos de caza en el bosque. Atraparon conejos
y otras presas usando sus instintos y un poco de magia. — Creí en todo lo
que dijo, durante mucho tiempo. Ha sido el único maestro que he tenido
alguna vez.
124
— ¿Pero... cambiaste de opinión? — Remus preguntó, medio esperanzado,
porque todavía no estaba muy seguro de las motivaciones de Castor.
— Sí. — Castor respondió, sin notar la inquietud de Remus. — Fue un
proceso lento.
— ¿Qué fue lo que lo desencadenó? — Remus resopló un poco mientras
intentaba mantenerse al día con Castor, quien era ágil y musculoso, el
epítome de la buena salud, a pesar de sus cicatrices.
— Nada en particular — dijo Castor, deteniéndose y mirando a su alrededor,
como si hubiera captado un olor. Pareció pensarlo mejor y siguió
caminando, con la cabeza en alto y los ojos afilados. Él era tan natural y
relajado. Remus pensaba que él jamás podría ser así. Vagamente le hizo
pensar en Sirius, excepto que, por supuesto, Castor hablaba mucho menos.
Realmente tenías que sacarle respuestas.
— ¿Nada en especial? — Remus jadeó — Algo debió de haber...
— Los libros. — Castor dijo, avanzando a grandes zancadas, tras el rastro de
algo.
— ¡¿Libros?!
— Padre nos anima a educarnos. Desarrollar pensamientos independientes.
Y eso hice. Es el camino de la naturaleza, rebelarse contra tu padre.
Eso sonaba inquietantemente a Greyback. Castor solía hacer eso, todos lo
hacían. Hablaban con una sola voz, y siempre era la suya.
— Pero si él fomenta eso, entonces ¿Por qué no más de los otros...
— Dije que nos anima, no que nos obliga. — Castor dijo, una pequeña
sonrisa irónica jugando en sus labios.
— Oh. — Dijo Remus. Recordó a Livia citando a Platón. Ser educado no
significaba que todos llegaran a las mismas conclusiones.
— Además, escuché lo que dijiste. — Castor dijo, finalmente. — Cuando me
atrapó la dríada, en Escocia. Sabía que eras mi enemigo, pero no quería
hacerte daño. Y luego me di cuenta de que no quería dañar a nadie. Creo
que podemos vivir en paz, lejos de la humanidad, como han aprendido
otras criaturas.
— ¿Es eso realmente lo que quieres?
Castor extendió una mano rápidamente y se agachó. Había un conejo a
menos de cinco pies de distancia. Remus contuvo la respiración y vio como
Castor avanzaba lentamente, susurrando un encantamiento tranquilizador.
Cuando alcanzó a la criatura, esta saltó adormilada sobre su regazo. Lo
125
acarició suavemente por un momento, todavía susurrando. Luego le
rompió el cuello.
Remus quería sentirse disgustado, sentir pena por el conejo. Pero ya podía
oler la sangre y su estómago gruñó. Castor le sonrió y sus ojos grisáceos se
iluminaron. Extendió el conejo, la sangre se deslizó por su muñeca.
— Para tí, Remus Lupin.
Remus se sintió halagado.
Jeremy le mostró a Remus algunas de las técnicas de "recolección" de la
manada, que básicamente equivalían a un robo. Habían pueblos en las
afueras del bosque, y todo lo que tenían que hacer era aparecerse allí y
encontrar una casa vacía, lo que se podía hacer con el olfato.
Estaban parados en el dormitorio de una de esas casas cuando Jeremy soltó
toda la verdad sobre la participación de la manada en la guerra.
Si a Remus no le había molestado que un conejo fuera sacrificado sin
ceremonias frente a él, entonces robar una casa no le haría rizar el pelo. De
hecho, le trajo algunos buenos recuerdos de su juventud criminal. Aún así,
realmente no participó. Simplemente revisó la ropa del armario mientras
Jeremy buscaba joyas en el tocador.
— Como yo lo veo — dijo Jeremy alegremente— Puede que Greyback se crea
demasiado, siendo tan alto y poderoso. Pero ha hecho mucho por mí y para
los otros. Es el único al que le he importado desde que recibí esa maldita
mordida.
— ¿Has hecho alguna de estas cosas de autoeducación? — Remus preguntó,
casualmente.
— No es para mí. — Jeremy dijo: — Nunca me ha gustado mucho ma lectura.
Prefiero el Quidditch.
— Hm.
— Uf, perlas. —— Jeremy gruñó, sacando un nudo de ellas de una caja de
terciopelo verde. — Odio la forma en que se sienten en mis manos. Mi
madre siempre las usaba, reliquia de sangre pura.
— ¿Eres sangre pura? — Remus se dio la vuelta, levemente sorprendido.
— No, mamá lo es. Papá es un mestizo. Ya no significa mucho ahora. Soy
peor para ellos que un sangre sucia. Bastardos. — Cerró el cajón con furia.
— Esa es una de las cosas en las que Greyback tiene razón. Se merecen lo
que están recibiendo.
— ¿Quién?
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— Los sangre pura.
— ¿Qué quieres decir? — Remus sabía que sonaba estúpido, pero realmente
estaba confundido. Siempre le habían dicho que algunos de los mayores
aliados de Voldemort eran las casas de sangre pura, que eran los mestizos y
los nacidos de muggles a quienes apuntaba.
Le dijo esto a Jeremy.
— Oh, sí — Jeremy asintió alegremente — Hemos ido contra esos una o dos
veces. Pero la mayoría de las veces somos una táctica para atemorizar a las
familias más antiguas y mantenerlas a raya.
Remus presionó para obtener más información y Jeremy, que había estado
ansioso por hacer todo lo posible por Remus desde el incidente de Gaius,
felizmente le dio más detalles. Voldemort estaba usando a los hombres lobo
para algo así como músculos contratados. Si alguno de sus influyentes
partidarios ricos comenzaba a cuestionarlo demasiado, o comenzaba a tener
dudas, entonces todo lo que necesitaba era una visita de Fenrir Greyback y
algunos de sus locos y salvajes acólitos para que todos volvieran a estar en
la misma página.
— He visto montones de mansiones últimamente — Jeremy se rió a
carcajadas. Captó la mirada que Remus le estaba dando. — ¡¿Oh qué?! Te lo
dije, se lo merecen. Es lo que obtienen por unirse a él en primer lugar.
— ¡Espera! ¿Entonces ni siquiera estás del lado de Voldemort? — Remus lo
miró boquiabierto.
— Por supuesto que no, es un bicho raro. Me asusta como la mierda, para
serte honesto. Pero, ya sabes. No elegí este lado, es solo la mano que me
repartieron.
— Pero si tuvieras una opción, si...
— ¡No hay elección, Remus Lupin! — Jeremy dijo con fiereza, esa voz
saliendo de su boca que no era la suya. — Para eso tenemos a la manada. No
podemos confiar en nadie más. Debes acostumbrarte si quieres ser uno de
nosotros.
Y eso fue lo más lejos que pudo llegar con cualquiera de ellos. Después de
cierto punto, todos volvían al mismo viejo guión. Greyback era su líder, e
incluso si no estaban de acuerdo con él del todo, la mayoría se sentían en
deuda con él y confiaban en él antes que nada.
A la luz del día, Remus nunca estaba seguro de si realmente podía confiar
en Castor o Jeremy, o en cualquiera de los demás. Incluso Castor, que
127
estaba interesado en escuchar lo que Remus tenía que decir, y que estaba
decidido a convencer a los demás de que se retiraran de la guerra.
— No es una cosa fácil. — Castor trató de explicar: — Darnos cuenta de que
nuestro padre está equivocado, y que no debemos participar en ningún
asunto de magos, mucho menos en la guerra. Eso significaría dividir la
manada.
— ¿Puedes hacer eso? — Remus preguntó, impresionado. Castor se encogió
levemente de hombros.
— Quizás.
Qué útil.
Remus esperaba volver a ver a Greyback, ahora que había sido
completamente iniciado, pero el padre de la manada se mantuvo
extrañamente remoto. De vez en cuando llamaba a Livia, de quien Remus
sabía ahora que había estado con él por mucho más tiempo, casi todos sus
treinta años. (Remus se sorprendió al saber su edad, parecía más joven y a
la vez demasiado vieja). Por el otro lado, Remus se quedó a su suerte.
Podría irse cuando quisiera, eso le había quedado claro. Pero les había
dicho a los demás de la manada que no tenía a dónde ir, como ellos.
Necesitaba su confianza, y para eso necesitaban poder relacionarse con él.
Así que nunca intentó escabullirse y enviar un mensaje a la Orden; ni
siquiera estaba seguro de si eso era posible, pero no lo intentó. Sabía que
nunca volvería a tener esta oportunidad, y después de todo, era para lo que
Dumbledore lo había criado.
En lo que respecta a Dumbledore, Moody, Ferox y cualquier otro adulto al
que le gustaba empujar a Remus alrededor de su tablero de ajedrez, estaba
exactamente donde se suponía que debía estar. Y no se sentía miserable.
Estaba solo, por supuesto; añoraba a Sirius como a un miembro perdido, y
hubiera hecho cualquier cosa por una ducha, un cigarrillo y una barra de
chocolate. Pero el bosque había comenzado a sentirse como un lugar al que
pertenecía, los otros lobos se sentían como su familia. Su misión se hacía
más clara cada día y sabía que no podía irse. Así que permaneció a la vista
en todo momento y no dijo una palabra sobre sus amistades y conexiones
en casa.
La amistad era diferente entre los hombres lobo. La solidaridad hacia la
manada lo era todo, y Remus también lo sentía, a veces pensaba que moriría
para protegerlos, incluso a Gaius. El único sentimiento que alguna vez se
128
había acercado a ese era aquel que sentía cuando los merodeadores se
transformaban en sus formas animagas en Hogwarts, y Remus supuso que
tenía algún sentido.
El sexo también era diferente con ellos. A mitad de mes, Remus notó que
algunos miembros de la manada se emparejaban, y desaparecían en el
bosque durante una hora más o menos, para después volver con todo ese
familiar aroma. Era obvio lo que estaban haciendo todos, pero a nadie
parecía importarle, no me prestaban mucha atención. Era solo otro instinto
que todos aceptaban y seguían sin cuestionar.
— El deseo se hace más fuerte a medida que se acerca la luna — explicó
Castor, mientras yacían en la cripta una noche, tratando de ignorar los
silenciosos jadeos y las torpezas a su alrededor.
— Nunca me había dado cuenta antes. — Remus mintió, mirando al techo.
— Si eliges emparejarte. — susurró Castor — elige sabiamente. Te admiran,
notarán tu favoritismo.
— No. — dijo Remus. — No voy a... ya tengo a alguien.
— ¿Un humano?
— Sí.
— Entonces planeas regresar. — Castor terminó. Sonaba tan triste por eso.
Remus quería volverse y disculparse, consolarlo de alguna manera, pero ese
era un territorio peligroso y él lo sabía. El aire ya estaba cargado de lujuria
y no sabía qué podría llegar a hacer.
— Tengo que hacerlo, eventualmente. — Dijo Remus. — Pero primero quiero
asegurarme de que todos estén a salvo.
— Sobreviviremos sin tí, Remus Lupin. — Castor regresó, su voz ya no era
su habitual timbre tranquilo y constante. — Aún no eres nuestro líder.
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CIENTO SESENTA Y UNO
La guerra: Luna sangrienta
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— ¡Oi! — Remus gritó, agachándose para agarrarlo. Pero Gaius ya se había
ido.
Remus se dejó caer contra la pared, pasando sus dedos por su mugriento
cabello. Su corazón se aceleró, su respiración a agilizó y comenzó a entrar
en pánico. Mierda. Mierda, mierda, mierda.
Por supuesto que todavía estaban trabajando con Voldemort, la guerra no
se había detenido simplemente porque Remus estaba allí. Se sentía estúpido
e ingenuo y, lo peor de todo, se sentía culpable. ¡Se suponía que estaba en
una maldita misión! Pero no había estado pensando en la Orden, en
realidad no; había estado más preocupado por proteger a la manada que
por volver con sus amigos; su verdadera familia. Todo este tiempo, Remus
se había considerado una víctima, cuando en realidad era el peor traidor de
todos.
Se quitó la capa de piel. No quería parecerse a ellos.
Tenía muchas ganas de ver a Sirius, después de semanas de reprimir ese
pensamiento, su anhelo estalló como un géiser, de modo que no pudo
agarrarlo y aplastarlo de nuevo. Sirius sabría qué hacer, o al menos haría
que Remus se sintiera mejor con todo.
Remus miró su reloj, la única conexión que todavía tenía con sus amigos.
El oro había perdido su brillo, por lo que frotó el reloj en la pernera de su
sucio pantalón para ver si eso ayudaba. Luego lo abrió y lo cerró unas
cuantas veces, pasando las yemas de sus pulgares por el suave grabado de la
hoja de parra. Dejó de funcionar el día que lo usó para escapar de su celda;
le había exprimido toda la magia como si fuera una esponja. Otra traición.
Una vez que al menos hubo calmado su respiración (Jesucristo, lo que haría
por un cigarro), Remus trató de pensar racionalmente. Su primer instinto
fue salir de inmediato; simplemente debía caminar hacia el bosque y
desaparecer.
¿Pero entonces, qué? ¿Explicarles a Moody y Ferox que si bien había pasado
unas hermosas semanas fuera, las cosas se habían vuelto un poco
aterradoras, por lo que se había vuelto loco a la primera oportunidad de
hacer algo? No. Si Greyback se iba a reunir con Voldemort, eso tenía que
significar que se avecinaba un ataque. Remus no podía permitir que eso
sucediera.
131
Esperaría, al menos para saber si Castor le iba a decir algo. Mientras tanto,
Remus hizo todo lo posible por evocar un recuerdo feliz. Necesitaría enviar
un patronus lo antes posible.
***
***
Jueves, 12 de Abril de 1979
134
— Ese es el lugar. — dijo Castor, dirigiéndose a todos. Señaló por encima de
la valla a una hilera de casas al otro lado de la calle. El parque estaba en un
tranquilo callejón sin salida muggle.— Es la de la puerta verde.
Remus se acercó a la cerca tanto como se atrevió y miró hacia las casas.
¿Habían vivido sus padres en una casa similar alguna vez? Parecía el tipo de
lugar al que pertenecía Hope.
Era una casa pequeña e independiente. La puerta de entrada era de un
alegre tono verde y la luz del porche brillaba con un suave ámbar en el
crepúsculo. Remus pudo distinguir la silueta de alguien moviéndose en una
de las ventanas del piso de arriba; la persiana rosa pálida estaba bajada, por
lo que solo podía ver sombras. Esa debe ser la habitación de la niña, pensó
con una terrible oleada de náuseas.
No podía permitir que esto sucediera. No lo haría. Así tuviera que matar a
Livia. Incluso si tuviera que morir él mismo, no dejaría... espera un minuto.
Una ráfaga de viento sopló un aroma en su dirección. Uno que reconoció.
Volvió a olfatear el aire. ¿Qué era eso? ¿Alguien que conocía? Olía a Sirius,
casi, pero no del todo. Sangre vieja; magia antigua. ¿Un pariente? Regulus
no, no sería atrapado ni muerto en una calle tan muggle. Ni ninguno de
sus padres. Además, era femenino, se parecía más a Narcissa, o ...
¿Seguramente no era Andrómeda?
No podía estar seguro, solo la había conocido una vez, cuando tenía trece
años. Pero ella tenía una hija. Una hija que ahora tendría unos cinco o seis
años. Con el corazón latiendo con fuerza, Remus quiso desesperadamente
acercarse, saber más.
Luego, en un sorprendente golpe de suerte, la puerta verde se abrió,
dejando salir la luz a la calle. Un hombre salió con una bolsa de basura
negra brillante. Caminó hasta el final del sendero del jardín, abrió la tapa
del cubo de basura, dejó caer la bolsa dentro y luego regresó a la casa.
Era Ted Tonks.
No, no, no, pensó Remus para sí mismo, si algo le sucedía a Andrómeda, a
su pequeña niña… Sirius nunca lo perdonaría. Remus no sabía si se
perdonaría a sí mismo.
— ¡Remus! — Castor susurró desde los arbustos detrás de él: — Ya casi es la
hora.
135
Remus se volvió y asintió. Esperaba que esto funcionara. Nunca había
estado tan cerca de orar en su vida. Una punzada de dolor atravesó su
espalda. La luna estaba saliendo.
Retrocedió hacia el parque, donde algunos de los otros se habían
acurrucado en el suelo, preparándose para las agonías de la transformación.
Remus miró a Castor, de pie a su lado. Era una sensación peculiar: se había
transformado frente a los merodeadores antes, pero nunca con otros que
estaban experimentando lo mismo. Castor lo miró a los ojos y, al parecer
comprendió de inmediato todo. Le tendió la mano.
Remus la tomó, agradecido, y la agarró con fuerza, apretando los dientes
mientras el dolor lo recorría. Castor se echó hacia atrás, compartiendo su
sufrimiento, pero también prestando fuerza. Ambos cayeron de rodillas al
mismo tiempo, y Remus no pudo recordar nada más.
***
136
El resto de la manada miraba con avidez, jadeando y ladrando mientras le
sacaban sangre.
Quería ayudar, saltar y empezar a morder, pero el que tenía la cicatriz
necesitaba ganarlo él mismo. Era su pelea.
El olor en el aire cambió y la loba se puso de pie, con las orejas levantadas
y la cola hacia arriba.
Un humano.
Habían sido escuchados. Comenzó a acechar hacia la cerca, cazando,
mientras el estúpido humano gritaba en su estúpido lenguaje humano.
Sin saber muy bien por qué, aulló, tan largo y fuerte como pudo.
La loba se dio la vuelta, gruñendo ferozmente, poniéndose en modo de
combate, pero él volvió a aullar.
El humano se retiró, rápidamente. Ahora lo sabían. Traerían de vuelta a
otros. Había puesto en peligro a la manada.
La loba le ladró al lobo oscuro, pero ya estaba clavado en el suelo por el que
tenía cicatrices. Victoria. Los jóvenes lobos miraron al que tenía cicatrices
ahora, lo olisquearon y bajaron la cabeza.
El de la cicatriz ladró, luego se bajó del oscuro. Se volvió y comenzó a
alejarse. Algunos lo siguieron. La manada se dividió.
La loba corrió tras el de la cicatriz, para traerlo de vuelta, para restaurar el
orden. Pero ella no los atraparía. Ahora eran una manada nueva; a menos
que ella matara al que tenía la cicatriz, no seguirían a nadie más.
Él también quería ir. Quería correr con ellos para siempre, ser su líder y
perseguir ciervos en las noches oscuras...
Pero no. Tenía que hacer esto primero. Tenía que proteger... proteger...
¿Eué era? Era tan difícil pensar, cuando el delicioso aroma de la carne
humana estaba tan cerca; entrando por todos lados.
El de pelaje oscuro se puso de pie cojeando. Remus gruñó. Le respondió
con un gruñido, las mandíbulas llenas de espuma y los ojos siniestros.
Ahora recordaba. Tenía que proteger la manada. Se abalanzó, con las
mandíbulas abiertas y las garras desnudas.
***
138
CIENTO SESENTA Y DOS
La guerra: La historia de Moony
Estaba en una pequeña habitación blanca, con un techo bajo rayado con
vigas negras. Había una pequeña ventana cuadrada, pero las cortinas
estaban corridas. Alguien lo había lavado, y ya no tenía sangre en todas
partes, gracias a Dios, aunque todavía podía olerla, débilmente, y saborearla
también. Estaba acostado en una cama individual y, aparte de una mesita
de noche con una lámpara vieja, no había mucho más en la habitación.
La puerta estaba entreabierta y Remus podía oír voces en el pasillo exterior.
— Marlene está aquí, — la voz de James se escuchó claramente, — ¿Debería
dejarla subir? ¡¿Le hiciste alguna pregunta?!
— Sí, envíala arriba. No está despierto… — dijo Sirius, su voz sonaba extraña.
— Pero definitivamente es él. Tiene que serlo.
— ¡¿Estás seguro?!
— Lo primero que dijo cuando aterrizó fue 'mierda', estoy bastante seguro.
— Sirius espetó.
— Cierto. — James respondió, sin humor. Bajó la voz a un susurro, —
Padfoot… tú viste toda esa sangre. Y con el ataque de anoche...
— ¡Veamos lo que tiene que decir, antes de sacar conclusiones precipitadas,
¿De acuerdo ?! Dile a Marlene que suba.
— Pero, y si no es seguro...
— Entonces me quedaré en la maldita habitación. ¡¿Podemos dejar que
alguien lo mire, maldita sea?! ¡Ni siquiera tiene una varita!
— Está bien, está bien... — James cedió.
Dios, pensó Remus, mientras la vergüenza se apoderaba de él como polvo.
Creen que no soy yo. Creen que soy un espía. ¿Qué tan mala se había vuelto
la guerra en el mes en que había estado fuera? Se devanó el cerebro
intentando encontrar rápidamente una forma de demostrar su identidad.
La idea de que Sirius no confiara en él era demasiado dolorosa como para
soportarla.
Hubo un lío de pasos en el pasillo exterior, y finalmente la puerta se abrió.
Remus trató de incorporarse de inmediato, impulsándose con los brazos,
mientras Sirius entraba en la habitación.
139
— ¡Padfoot, te juro que soy yo, soy Moony! Te ayudé a hacer el mapa de los
merodeadores, y pusimos escaramujos en la cama de Snivelllus, y fuimos a
patinar al lago en Navidad y yo lo odié, pero tú eras muy bueno, y... y...
— Shh, Moony, — Sirius lo tranquilizó, sentándose en la cama con cuidado
y colocando sus manos gentilmente en su hombro — Acuéstate por el amor
de Dios, Godric sabe qué te habrás roto, idiota...
— ¡¿Sabes que soy yo?! — Remus agarró los brazos de Sirius, pero permitió
que lo volvieran a acostar.
— Por supuesto que sí. — Sirius se inclinó y besó su frente — Te reconocería
en cualquier parte. Mira, lamento lo de Prongs, está al borde. Las cosas han
estado un poco...
— Está bien, está bien, ¡Dale un poco de espacio!
Sirius se dio la vuelta para ver a Marlene irrumpir en la habitación, su túnica
verde de sanadora volando y su bolsa de cuero en la mano.
Empujó a Sirius fuera de la cama y se inclinó sobre Remus, poniendo una
mano fría en su frente y mirándolo a los ojos, su rostro pecoso lleno de
dulce preocupación. Ella sonrió.
— Hola cariño — dijo en voz baja — ¿Dónde has estado, eh? Nos has tenido
a todos muy preocupados.
— Hola Marlene, — Remus le devolvió la sonrisa con cariño. — ¡¿Te volviste
oficialmente una sanadora mientras yo no estaba?!
— Difícilmente — se rió, — todavía soy una novata. Pero soy lo mejor que la
Orden puede hacer en poco tiempo, así que… — Se enderezó, con las manos
en las caderas, — Bien. ¿Cuál es el daño?
— Me lastimé el tobillo, — Remus se agachó para levantar la manta sobre su
pie adolorido. Se veía horrible a la luz del día, todo hinchado y negro por
los moretones. Sirius se tapó la boca, pero Marlene solo hizo una mueca.
— Bastante fácil. — Lo golpeó con su varita, y Remus sintió una extraña
sensación de cosquilleo antes del *pop* - y su tobillo estaba como nuevo. —
Aún así, necesitarás descansar — advirtió Marlene.
— Eres una leyenda, Marls —dijo Remus agradecido, y luego comenzó a
toser, ese ladrido grave y áspero al que casi se había acostumbrado ahora. —
Lo siento — farfulló, con los ojos llorosos, — Tengo un poco de tos.
Sirius estaba haciendo una mueca de dolor y parecía más angustiado que
nunca, con la mano todavía sobre la boca. Marlene bajó las sábanas y apoyó
la cabeza directamente sobre el pecho desnudo de Remus, escuchando.
140
— 'Un poco de tos' mi trasero. — Ella gruñó, separándose de él — Tienes una
gran infección en el pecho, eso es lo que tienes.
Comenzó a vaciar su bolsa, sacando ungüentos y botellas de pociones, —
Tendré que preguntarle a alguien en St Mungo's qué es lo mejor para eso,
todavía no he hecho infecciones... ahora... Madame Pomfrey me pidió que
me asegurara de que tuvieras esto, es su propio somnífero. Yo misma estoy
trabajando en uno, pero el de ella es más fuerte...
— ¡No se lo des todavía! — De repente, James entró en la habitación, y
comenzó a avanzar con el brazo extendido. Todos se volvieron para mirarlo
y él se frotó la nuca tímidamente. —Eh... lo siento. Es solo que finalmente
conseguí a Ojoloco y él está en camino...
— Está bien — dijo Remus a la habitación.
Marlene gruñó de nuevo. Dejó la botella de poción sobre la mesita de
noche.
— Uno de ustedes debe asegurarse de que se lo beba todo lo antes posible,
¿De acuerdo? Le dio a James y Sirius una mirada severa, y ambos asintieron
con seriedad. — Tengo que ir a trabajar antes de que empiecen a extrañarme
allá. — Dijo, enderezándose una vez más.
Ella apretó la mano de Remus. — Estoy tan feliz de tenerte de vuelta, cariño.
Él le apretó la mano devuelta, sintiéndose un poco mejor por todo. Ellos se
preocupaban por él. Estaba a salvo con ellos. Se recostó en la almohada y
trató de concentrarse en ese sentimiento.
James y Sirius se quedaron parados incómodos.
— Hola Prongs — intentó Remus, un poco cauteloso.
— Hola Moony — sonrió James, sus ojos cansados y oscuros — ¿Estás bien?
— He estado peor.
James hizo un sonido que no fue exactamente una risa.
— ¿Dónde estamos, de todos modos? — Preguntó Remus, mirando alrededor
a la pequeña habitación.
— Cornwall. — Dijo Sirius. — ¿Recuerdas el pub que estaba cerca del castillo?
Alquilé una habitacion aquí. Estabas... cuando llegaste, no quería moverte.
Parecía el mejor lugar. Fuera del camino.
— ¿Alguien más sabe...
— No. — Dijo James. — Solo nosotros, Marlene y Moody. Ha sido... las cosas
han sido difíciles, y con el ataque de anoche, pensamos...
141
— ¡¿Ataque?! — Remus se sentó de nuevo, mientras los eventos de la noche
anterior volvían a inundarse en un derroche de sangre, dientes y cabello. —
Mierda, ¿Qué pasó? ¿Alguien... Alguien está...
— No de nuestro lado. — Dijo Sirius.
Eso no hizo que Remus se sintiera mejor, pero trató de parecer feliz por eso.
No podía dejar que sus amigos supieran cuán borrosas se habían vuelto para
él las líneas entre "nuestro lado" y "su lado".
— Moony — comenzó James. — Anoche, ¿Estuviste allí...?
La puerta se abrió una vez más, crujiendo con fuerza, y Alastor Moody entró
cojeando en la habitación, con el rostro teñido de sombría determinación.
James y Sirius se apartaron del camino cuando Ojoloco se acercó a la cama
de Remus. El primer instinto de Remus fue esconderse debajo de sus
mantas y taparse como un niño pequeño.
— Lupin. — Moody asintió, su ojo mágico azul eléctrico zumbó en su cuenca,
dándole una mirada muy completa. — Entonces, pudiste regresaste.
— Sí. — Gruñó Remus.
Moody levantó su varita y apuntó a la cara de Remus.
— ¡Oi! — Sirius se sobresaltó, pero James extendió un brazo para detenerlo.
Moody miró a Remus con una mirada muy seria.
— ¿Apellido de soltera de tu madre?
— ¡J-Jenkins! — Remus tartamudeó, aterrorizado. Moody asintió y bajó su
varita.
— Sin ofender — dijo, mirando a Sirius, — Protocolo.
— Claro. — Remus tragó, el corazón le latía con fuerza.
— ¿Cómo estás? ¿Lo han revisado?
— Marlene estuvo aquí hace un minuto — dijo James. — Ella volverá más
tarde.
— Nadie más, ¿Me oyes? — Moody dijo: — No hasta que yo lo diga.
Necesitamos limitar su exposición por ahora, hasta que el furor se apague.
— Agitó su varita y una silla apareció de la nada. Moody se sentó y miró a
Remus una vez más. — Potter, Black, pueden irse.
— No. — Dijo Sirius, levantando la barbilla. Su mirada desafiante no había
cambiado desde que tenía once años. — No voy a irme a ninguna parte.
Moody le dio otra mirada, su lengua jugando en la esquina de su boca.
— Bien. — Él gruñó. — Pero mantén la boca cerrada. No quiero escuchar ni
un pío, ¿Entendido?
142
— Yo um. Mejor me voy. — James dijo, frotándose la parte posterior de la
cabeza de nuevo, — Lo siento Moony, necesito ir a casa...
— Por supuesto. — Remus dijo, aunque realmente no lo comprendía. ¿James
ya no confiaba en él?
James le dijo algo a Sirius antes de irse, pero Remus no le entendió y era
mejor no tratar de escuchar a escondidas. Estaba demasiado ocupado
manteniendo sus nervios tranquilos contra Moody.
No estaba preparado para una batalla de poder, no después de las últimas
semanas. Ahora que sabía que el edificio en el que estaban era muggle,
sintió la ausencia de la magia con más intensidad. Se había acostumbrado
al bosque encantado, con su interminable reserva de poder compartido. De
vuelta en el mundo real, todo se sentía tan mundano. Se sintió más débil
que nunca y volvió a toser.
James se fue y Sirius le entregó a Remus un vaso de agua.
— Esto no puede tomar mucho tiempo. — Sirius le dijo a Moody: — Se
supone que debe descansar, después de la luna llena, Marlene dijo...
— Ni una palabra, Black. — Moody espetó, su ojo azul fijando a Sirius con
una mirada dura, el normal, marrón, todavía observaba a Remus.
Sirius se quedó callado, pero claramente no estaba feliz por eso. Se cruzó de
brazos con petulancia y apartó la mirada. Remus sintió una oleada de amor
por él, el mocoso mimado.
— Yo estuve allí anoche. — Remus dijo, rápidamente, para que las cosas se
movieran. Pensó que probablemente era mejor ser lo más honesto posible
desde el principio. — Estuve en la casa de Tonks, sé lo que pasó, bueno, la
mayor parte, ¿Alguien... alguien...?
— Un cuerpo se recuperó. — Moody dijo. — Uno de los de Greyback.
— Gaius. — Dijo Remus. No estaba seguro de cómo se sentía. Había matado
a alguien.
— No empecemos por ahí. — Moody dijo, mirándolo a la cara: — Quiero
empezar por el principio. ¿Dónde has estado durante el último mes? No
dejes nada fuera.
Remus estaba débil, agotado y dolorido, pero no era un idiota. Dejó mucho
afuera. Pero también dijo mucho más de lo que probablemente era seguro.
No miró a Sirius en todo el tiempo; sabía que eso haría las cosas imposibles.
Explicó cómo la manada lo había secuestrado y encerrado durante una
semana y media. Cómo finalmente se había encontrado con Greyback,
143
escuchó a Sirius respirar con fuerza ante esto, pero la expresión de Moody
ni siquiera parpadeó. Les contó la mayoría de las cosas que Greyback había
dicho, aunque sabía que nada de eso era útil para nadie excepto para él.
Confirmó que la manada había estado trabajando con Voldemort,
manteniendo a las antiguas familias lo suficientemente asustadas como para
mantenerse leales.
— ¿Estuviste preso todo el tiempo? — Preguntó Moody.
— Yo... no. — Remus torció la boca, nervioso. — Rompieron mi varita, pero…
podría haberme ido en cualquier momento. No lo hice porque pensé...
bueno, sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que planearan un
ataque, y quería aprender todo lo que pudiera.
Mantuvo la voz firme todo el tiempo y esperaba ser un mentiroso
convincente. Moody no hizo ningún comentario.
— ¿Y el ataque?
— Cierto, sí. — Remus asintió. — Tuve que ir con ellos, porque Cas.... uno
de los otros hombres lobo, estaba planeando romper con la manada. Quería
estar en paz, alejarse de Greyback. Él era mi aliado. — Remus sintió los ojos
de Sirius sobre él, y esperó que todo estuviera en su cabeza. — Así que lo
ayudé y él me ayudó a mí. Se llevó a los demás y yo me quedé atrás para
evitar que alguien intentara atacar la casa.
— ¿Mientras eras un lobo?
— Sí. Puedo pensar mejor cuando hay otros lobos allí. Traté de advertir al
Sr. y la Sra. Tonks. Aullé, para que supieran que estaban en peligro.
— Ah. Así que fuiste tú. — Moody asintió con la cabeza, — Ted dijo algo
sobre eso.
— ¿Los has visto? ¡¿Están bien?!
— Conmocionados, pero sin daños. — Moody asintió brevemente. —
¿Cuántos miembros de la manada de Greyback han desertado?
— No lo sé. ¿Al menos la mitad? Tal vez solo queden cuatro o cinco leales.
— Es bueno saber eso. ¿Puedes darme nombres?
— No usaron ningún nombre. — Otra mentira, pero no podía hacerlo.
— Correcto. — Moody asintió. Observó a Remus un poco más. Luego inhaló
y se puso de pie. — Duerme un poco, ¿eh? Estaré en contacto. — Se volvió
para irse.
144
— ¡Espera! — Remus intentó acercarse. Moody se volvió, con una mirada
curiosa en su rostro. Remus se mordió el labio. — El cuerpo. — Él dijo. —
Gaius. Ese fui yo. Yo lo maté.
Decirlo en voz alta hizo todo angustiosamente real. Se sintió mareado y
pensó que no sería capaz de mirar a Sirius a los ojos nunca más. Moody
siguió mirándolo. Inclinó la cabeza.
— ¿Mientras eras un lobo?
— Sí.
— ¿Y él era un lobo? ¿Tratando de atacar a una joven familia?
— Sí, pero--
— Esto es una guerra, Lupin. Descansa un poco. No te preocupes por eso.
Y se fue, y eso fue todo. Todo lo que Remus tuvo que pasar durante casi
treinta días, se redució a unos pocos puntos tácticos clave. Jugueteó con la
manta. Era vieja y ondulada, y le recordaba las toscas mantas de estilo
militar con las que había crecido. Sirius todavía estaba de pie, mirándolo,
pero Remus no podía mirar hacia arriba, simplemente no podía.
Afortunadamente, Sirius rompió el silencio primero.
— Obtuve tu patronus. Demonios, ¿Dónde aprendiste a hacer eso?
— Oh —, asintió Remus, todavía mirando hacia abajo, — Sí, no sé, ví a Ferox
hacerlo una vez.
— ¿Lo hiciste sin varita?
— No la necesitaba, no siempre...
— Oh.
Más silencio. Y luego... — ¡Te extrañé tanto! — Estalló Sirius, con tanta
fuerza y pasión que Remus finalmente lo miró. Sus ojos estaban muy
abiertos y brillaban con lágrimas. Se veía tan exhausto como se sentía
Remus, y Remus se dio cuenta de que también debió de haber pasado
noches enteras despierto.
— ¡Yo también te extrañé!
Sirius corrió hacia Remus, con los brazos extendidos, pero se quedó atrás
en el último momento.
— ¿Puedo... está bien?
Remus asintió, estirándose hacia él, y Sirius se acercó y lo envolvió en un
abrazo que duró largos y maravillosos minutos. Remus sintió como si
finalmente le hubieran dado permiso para exhalar, cerró los ojos y sintió el
cálido y reconfortante peso de Sirius contra él.
145
— Lo siento, — susurró Remus en el cabello de Sirius, — Lo siento mucho,
lamento tanto haber estado fuera tanto tiempo.
Sirius se apartó finalmente, secándose los ojos rápidamente.
— Será mejor que tomes esta poción. — Cogió la botella y la descorchó.
— Gracias —, dijo Remus, demasiado cansado para discutir. Tomó la poción
y se la tragó en unos segundos.
— ¿Te dejo descansar? — Preguntó Sirius, ansioso. Remus negó con la cabeza
con vehemencia.
— No, por favor, quédate. ¿Te acostarías aquí conmigo un rato?
— No hay mucho espacio...
— ¿Me estás diciendo gordo? — Remus sacó la lengua, moviéndose a un lado
para hacer espacio. Sirius le sonrió y se acostó.
Puso un brazo suavemente sobre el hombro de Remus, y se acostaron de
lado uno frente al otro.
— ¿James me odia? — Preguntó Remus, finalmente.
— ¿Qué? — Sirius frunció el ceño. Oh Dios, era tan hermoso de cerca, ¿Cómo
pudo Remus olvidar eso? — No, claro que no. Tiene muchas cosas en la
cabeza. Sus padres no están bien.
— Oh no, ¿Qué pasa?
— Creo que simplemente son viejos. — Sirius dijo con tristeza. — La guerra...
ha sido mucho más difícil últimamente.
— Cuéntame, por favor.
— Deberías dormir.
— ¿Por favor?
Sirius suspiró. Miró hacia abajo, luego hacia arriba, y sus ojos brillaron una
vez más.
— Perdimos a los Prewett. Gid y Fab.
— ¡No!
— Fue horrible. Cinco mortífagos. Cinco.
— No puedo creerlo. ¿Molly está bien?
— No creo que ninguno de nosotros lo esté.
— Oh Sirius. — Remus lo abrazó de nuevo. — Ojalá pudiera haber estado
contigo...
— Pensé... — Sirius cerró los ojos, luego negó con la cabeza, su cabello rozó
contra la almohada. — No, no importa, ya se acabó. Estás aquí. Estás seguro.
146
— Estoy aquí. — Repitió Remus, sintiendo que la poción para dormir
comenzaba a hacer efecto. Sirius le acarició el cabello con suavidad.
— Remus...
— Mm, — Remus se movió, poniéndose más cómodo, — Por favor, ¿Puedes
llámame Moony? Nadie lo ha hecho durante mucho tiempo.
— Moony. — Sirius se inclinó hacia adelante y besó su mejilla muy
suavemente. — Te amo.
— Yo también te amo. — Remus sonrió, deslizándose hacia un sueño cálido
y feliz.
147
CIENTO SESENTA Y TRES
La guerra: Finales de la primavera, 1979
151
podían... podían hacer cosas que yo no sabía que podía hacer, me
enseñaron... y yo ya no sabía quién era.
Se secó la cara mientras las lágrimas le caían por la barbilla. Miró a Sirius a
los ojos. — No sé quién soy.
Se miraron el uno al otro mientras los ecos amainaban. Remus respiraba
con dificultad, tenía las mejillas calientes, pero se sentía bien. Aliviado.
Finalmente, Sirius habló. Se metió las manos en los bolsillos y miró a su
alrededor, a lo lejos. Él sonrió,
— ¿Por qué siempre es en esta playa eh?
— ¿Qué? — Remus parpadeó, sorprendido. Sirius lo miró con ojos
centelleantes.
— ¿Por qué es esta playa donde tenemos todas las grandes revelaciones?
— Quizás simplemente somos muy dramáticos.
— ¡Cómo te atreves! — Sirius estaba sonriendo y Remus se rió, a pesar de sí
mismo. — ¿Bien? — Sirius dijo: — ¿Te sientes mejor?
— Sí. Oi, espera un minuto, ¿Intentaste enojarme deliberadamente?
— No... — Sirius miró hacia otro lado de nuevo, piadosamente, —No al
principio...
— Imbécil.
— Funcionó.
Remus no respondió, porque realmente se sentía mejor y no quería pelear
de nuevo. Siguieron caminando y finalmente llegaron aproximadamente al
lugar donde habían acampado todos hace dos años. El viento soplaba con
fuerza, barriendo las dunas de arena cubiertas de hierba, el campamento
estaba vacío. No parecía el mismo lugar.
— ¿Crees que alguna vez volveremos aquí? — Preguntó Remus, con las manos
en los bolsillos para evitar que su abrigo se agitara con la brisa.
— Eso espero. — Sirius respondió. — Es mi pensamiento para mi patronus,
este lugar.
— ¿Lo es? — Remus lo miró sorprendido.
— No he tenido un verano mejo aún.
— Bastante cierto.
— ¡Oye, mira! — Sirius se alejó hacia un grupo de rocas, se inclinó y tomó
un palo largo y grande. Lo movió hacia Remus, sonriendo, — ¿Quieres jugar
a atrapar?
Remus se rió,
152
— Vamos, entonces.
Sirius miró a su alrededor de forma reservada para confirmar que estaban
solos, luego se transformó en Padfoot. Remus estaba agradecido por eso, ya
había hablado bastante, y fue un alivio jugar con el Sirius canino durante
unas horas. El gran perro negro corrió de un lado a otro en la playa,
persiguió las olas, jugó a atrapar el palo y en general la pasó excelente, y en
el autobús de regreso al pub ambos se durmieron.
No fue hasta mucho más tarde esa noche, después de la cena (¡Oh, Remus
había extrañado tanto la comida de verdad! ¡Puré de papas! ¡Salchichas!
¡Salsa!), cuando se estaban preparando para irse a la cama, que Sirius lo
mencionó de nuevo.
Remus estaba bostezando mientras se arrastraba bajo las mantas, y Sirius se
sentó a su lado, en silencio, apagando la lámpara de la mesilla de noche. La
cama era tan estrecha que Remus tuvo que acostarse de espaldas a la pared,
un brazo alrededor de la cintura de Sirius y un rostro lleno de sedoso cabello
negro que realmente no le importaba.
— Sé quién eres. — Sirius susurró en el silencio vacío de la habitación oscura.
— ¿Hm? — Preguntó Remus, adormilado y confundido. Sirius se llevó la
mano de Remus a la boca y le besó los dedos.
— Dijiste que ya no sabes quién eres. Pero yo si sé. Eres mi Moony. Siempre
lo serás. ¿Ok?
— Ok, Padfoot.
Por ahora, eso era suficiente.
***
159
de la mañana, Remus sintió ganas de acurrucarse en el sofá, cubrirse la
cabeza y quedarse allí una semana.
Sirius no dijo mucho, solo hizo un poco de limpieza superficial y luego fue
al baño. Remus escuchó el clic de la cerradura al cerrarse y aprovechó la
oportunidad para un último vaso de whisky y un cigarrillo antes de
acostarse. Se sintió mugriento; tenía los dientes sucios, la garganta quemada
y los ojos le picaban, pero se adaptaba a su estado de ánimo.
Ya no tenía ganas de hablar; especialmente si conducía a otra pelea. Incluso
consideró quedarse dormido en el sofá. Pero entonces, eso podría significar
una pelea por la mañana, y él ya sabía que iba a tener resaca para ese
entonces. Solo una cosa a cambio.
Sirius abrió la puerta y Remus lo escuchó entrar al dormitorio. Tal vez si
Remus se tomara su tiempo para lavarse los dientes, Sirius se quedaría
dormido antes de que él llegara, ambos habían bebido mucho. Se levantó
del sofá y se dirigió al baño.
Remus se lavó la cara y la nuca con agua fría y se miró en el espejo del
botiquín sobre el fregadero. Había estado evitando su reflejo desde que
había vuelto. Se veía como una mierda; todavía demasiado hundido en las
mejillas, ojos más oscuros y más amplios de alguna manera. Estaba pálido
por la bebida y sus cicatrices se destacaban como alambres plateados debajo
de su piel.
¿Tenía el mismo aspecto angustioso que ellos tenían? ¿La manada? ¿Había
captado ese destello salvaje, esa sonrisita lobuna? ¿O simplemente estaba
viendo al niño del hogar de niños enojado y asustado que siempre había
estado allí?
Suspiró, derrotado, apagó la luz y se acostó por fin.
Las luces todavía estaban encendidas, y Sirius estaba debajo de las sábanas,
solo su sedoso cabello negro visible, colgando sobre la almohada. Siempre
dormía así; oculto. Con un destello de claridad, Remus recordó al niño que
Sirius había sido una vez; solo en una casa grande llena de familiares que
no podían entenderlo, el peso de la expectativa presionando por todos
lados.
Remus metía su soledad hacia adentro; siempre lo había hecho. Pero Sirius,
empujaba su soledad hacia fuera, y dejaba que otras personas la tomaran de
él. Así que a veces se volvía un poco posesivo, un poco asustadizo, ¿Y qué?
160
Nadie era perfecto. Suavizándose, Remus se sentó a su lado y muy
suavemente acarició el cabello de Sirius.
— ¿Estás bien? — Él susurró.
La cabeza de Sirius se inclinó en una especie de asentimiento debajo del
edredón, y extendió la mano para rodear la cintura de Remus con sus
brazos. Remus suspiró, aliviado. Se sentía tan bien estar de vuelta en su
propia cama. Siempre podrían simplemente no pelear, pensó para sí
mismo. — Te amo — murmuró, besando la parte superior de la cabeza de
Sirius.
Los brazos de Sirius se apretaron más a su alrededor, y pronto ambos se
durmieron.
161
CIENTO SESENTA Y CUATRO
La guerra: Verano 1979
162
— Bien hecho, — dijo Remus, mirando por encima de su periódico, — ¡Ahh,
mira que bonita tu letra! ¡Tan delicada!
— ¡Mejor que tu escribir desastroso! — Sirius sacó la lengua.
— Solo... no le digas a nadie que las hiciste — le aconsejó Remus, — o
empezarás a recibir solicitudes.
— ¿De verdad crees que están buenas? — Preguntó Sirius, levantando uno a
la luz para inspeccionar los delicados espirales de tinta negra.
— Están hermosas. De verdad. — Remus dijo, con cariño.
— Bueno, esta será la única vez que hago algo así — dijo Sirius, ordenando
la pila, — Esta es la única boda que apoyaré.
— ¿Y si Mary se casa? ¿O Pete?
— Iría y me emborracharía, pero en secreto odiaría cada minuto.
— Bastante razonable. — Asintió Remus.
— Otra cosa a la que puedes culpar a la noble y más antigua casa de la caca.
— Sirius dijo: — ¿Sabes a cuántas cenas de compromiso y bodas he asistido?
Puaj. — Se estremeció visiblemente. — Así que lo siento, Moony, pero nunca
podrás casarte conmigo.
— Oh, y yo que estaba a punto de proponerte matrimonio, — dijo Remus
secamente, levantándose, — ¿Té?
— Por favor. — Sirius asintió, frotándose los nudillos doloridos.
Remus entró a la cocina, y golpeó la tetera con su varita, habían ido a
buscarla el mismo día que la túnica. Le había recordado un poco a Remus
a cuando iba a buscar sus zapatos escolares cuando era niño; Ollivander lo
midió y luego tarareó y suspiró y murmuró para sí mismo en voz baja.
Rebuscó en el almacén y le trajo a Remus tres cajas con varitas para que las
probara. Finalmente, se decidieron por un número de ciprés flexible, con
un núcleo de pelo de unicornio.
Había estado tratando de acostumbrarse a ella. No era lo mismo que con la
varita de Lyall (que había descubierto que era endrino, con un núcleo de
pelo kelpie), parecía menos rígida, más inclinada a hacer lo que Remus le
decía. Lo que significaba que Remus tenía que recordar no poner
demasiada fuerza detrás de su magia, como se había acostumbrado a hacer.
Observó pensativamente el vapor que salía de la tetera.
— Sin embargo, realmente los enojaría — dijo Remus a través de la delgada
pared.
— ¿Qué? ¿A quiénes?
163
— A tu familia. — Remus dijo, colocando dos bolsitas de té en dos tazas, —
El que te casaras con un chico. Un chico mestizo y hombre lobo.
— ¡No te olvides de pobre! — Sirius se rió. — ¡Merlín, imagina enviarle a mi
madre una invitación para eso!
— Imagina enviarle a alguien una invitación para eso, — resopló Remus —
Dios, ya puedo escuchar a James haciendo horribles juegos de palabras
sobre la luna de miel. — Llevó las tazas de té a la sala de estar y las dejó sobre
la mesa de café.
— Ya me comprometí una vez, realmente no me gustaría volver a hacerlo. —
Sirius dijo, con un aire de finalidad.
— Oh, sí, de nada por eso. — Remus le guiñó un ojo.
***
164
A Remus finalmente se le permitió regresar a la Orden oficialmente después
de que dos lunas llenas hubieran pasado sin incidentes. Ferox creía que la
división que Castor había instigado significaba que la manada de Greyback
se había vuelto demasiado débil para ser de mucha utilidad para Voldemort,
y de alguna manera todos tenían la idea de que Remus era responsable de
esto.
Dumbledore de hecho le estrechó la mano y dijo: — Nos ha hecho sentir
muy orgullosos a todos, Sr. Lupin.
Danny McKinnon incluso se había disculpado con él; Remus pensó que
probablemente era obra de Marlene.
Para Julio, el número de miembros de la Orden había disminuido tanto
que incluso Remus estaba siendo enviado, y a menudo lo emparejaban con
Mary, lo que hacía que las cosas fueran más llevaderas. Sus órdenes
generales eran respaldar a los Aurores haciendo guardia o controlando la
vigilancia de algunos de los mortífagos más conocidos. Remus y Mary
pasaron mucho tiempo sentados juntos en cafés o escondiéndose detrás de
los arbustos.
Una de esas misiones consistió en seguir a un mortífago llamado Travers,
que era conocido por beber en un pub de magos cerca de Stoke Mandeville.
Se suponía que solo iban a ver a dónde iba; cómo pasaba un día normal.
Caradoc Dearborn, un héroe de la Orden del Fénix, había sido visto por
última vez entrando en el pub, pero nadie había sabido nada de él desde
entonces.
— Tú regresaste — susurró Mary, mientras esperaban en el asiento trasero de
un antiguo Ford Cortina, estacionado al otro lado de la calle. — Así que tal
vez Caradoc también lo haga.
— Eso espero. — Remus respondió.
— No puedo soportar no saberlo. — La pierna de Mary temblaba
nerviosamente, — Sigo imaginando... ¡y lo que le hicieron a los Prewett!
— No lo pienses. — Él le puso una mano en la rodilla para mantenerla quieta
y buscó una distracción, — Oye, ¿Lily se decidió finalmente por las flores?
— Quiere cualquier cosa, excepto lirios o petunias, — dijo Mary, con una
sonrisa de agradecimiento, — Marls y yo usaremos lavanda, así que lo que
sea que vaya con eso.
— Suena bien. — Remus asintió, aunque no podía imaginarse el color
lavanda, ¿Era púrpura? ¿O azul?
165
— Estoy tan contenta de que estés aquí conmigo, Remus — dijo Mary, — sólo
pude hacer bien mis hechizos defensivos en tus grupos de estudio.
— Solo estamos aquí para vigilar. Todo va a estar bien.
Esperaron durante horas, y cuando finalmente salió Travers,
tambaleándose y apestando a alcohol, no estaba solo. Remus tuvo que darle
un codazo a Mary, quien se había quedado dormida, recostada contra su
hombro.
— ¡Oh, mierda! — Ella susurró, su voz ronca por el terror, — ¡Seis de ellos,
Remus!
Remus se llevó un dedo a los labios, indicándole que se callara. Vio a los
mortífagos salir del pub hacia la tranquila carretera rural. Reconoció
algunos de ellos por las fotografías que Moody le había mostrado a la orden:
Karkaroff, Dolohov y Alecto Carrow. A dos de ellos los reconoció por su
olor.
— Mierda. — Dijo en voz baja: —Son Mulciber y Snape.
— ¡No! — Mary lo agarró del brazo, intentando mirar, — ¡Oh Dios mío!
¡Tenemos que salir de aquí!
El problema era que el coche era solo para aparentar y, de todos modos,
ninguno de los dos podía conducir.
— Mantén la calma — dijo Remus, — Esperaremos a que se vayan. Apuesto
a que van a apare...
— ¡Oooh, muggles! — Alecto Carrow, una joven fornida y con cara de caballo
señaló alegremente a la Cortina, — ¡Juguemos!
— Mierda. — Remus dijo de nuevo. Los seis magos vestidos con túnicas
oscuras se deslizaron hacia ellos, sacando sus varitas. Remus también sacó
la suya, Mary lo imitó. — Rápido — dijo, — Salgamos, tal vez podamos...
— ¡APERIO! — Travers azotó el coche con su varita y las puertas se
rompieron, siendo arrancadas de sus bisagras con un horrible crujido de
metal.
Mary gritó, pero mantuvo su varita en alto. Remus la empujó hacia atrás,
protegiéndola con su cuerpo y esperando que pudieran salir por el otro
lado. Se sentiría mucho mejor con un coche entre ellos y los seis peligrosos
asesinos.
— ¡No son muggles! — Uno de los mortífagos dijo alegremente: ¿Era
Mulciber? — ¡Son sangres sucias!
— ¡Ahh mucho mejor! — Alecto se rió entre dientes.
166
— ¡Impedimenta! — Remus gritó, mientras él y Mary salían del auto.
— Loony Lupin, ¿Eres tú? — Snape ahora, — ¡Qué suerte! Sectumsc-
— ¡LANGLOCK! — Mary lloró, con tanta emoción que Remus escuchó el
clic cuando los dientes de Snape se cerraron de golpe, y se apretó la
mandíbula con ambas manos, incapaz de hablar.
— ¡Crucio! — Mulciber gritó, apuntando a Mary, pero Remus saltó
rápidamente con un encantamiento de escudo.
— ¡Stupefy! — Mary atrapó a Mulciber, pero los demás seguían avanzando,
incluso Snape, aunque todavía estaba incapacitado.
— ¡Rápido, Mary! — Remus la tomó de la mano y desaparecieron,
aterrizando casi de pie en medio del centro de la ciudad de Cardiff.
Afortunadamente, era tan tarde que no habían muggles, excepto por un
vagabundo de aspecto muy borracho, que se frotó los ojos al verlos.
— ¿Dónde estamos? — Preguntó Mary, temblorosa, con los ojos muy
abiertos.
— No importa — jadeó Remus. — Tenemos que hacerlo de nuevo, seis veces
para estar a salvo, ¿Recuerdas?
— Bien, sí, está bien. — Asintió con la cabeza, claramente en estado de shock.
Remus se dio cuenta de que él tendría que hacerlo de nuevo. Le apretó la
mano una vez más y ahora estaban en Essex, a sólo un kilómetro y medio
de St. Edmund's. El aterrizaje fue aún más difícil esta vez, y Remus tuvo que
inclinarse hacia adelante para evitar que la cabeza le diera vueltas.
— Otra vez. — Él gruñó.
— Yo lo haré. — Mary tomó su mano y lo arrastró dando vueltas por el
espacio una vez más. Ahora estaban en una finca industrial en algún lugar,
camiones y camionetas estacionadas fuera de grandes almacenes, brillando
bajo tenues farolas amarillas. — Ugh — Mary se llevó una mano a la frente,
haciendo una mueca — Ok, de nuevo.
La cuarta vez, tuvieron que aferrarse el uno al otro para evitar caerse. La
quinta vez, aterrizaron de espaldas, afortunadamente en un campo de
hierba suave en algún lugar del Distrito Lake. Remus se incorporó, sus
piernas prácticamente gelatinosas, su cabeza dando vueltas. También
levantó a Mary y ella tropezó con él, mareada.
— Voy a vomitar. — Ella dijo, luego rápidamente se dio la vuelta y vomitó.
Remus le frotó la espalda suavemente, parpadeando el sudor de sus ojos.
— Lo estás haciendo muy bien — se atragantó, — Sólo una vez más...
167
Era casi el amanecer cuando regresaron a Londres, agotados y mareados,
con la cabeza palpitante. Mary se quedó en su apartamento, diciendo que
no podía ir a ver a su madre con un aspecto tan malo. Sirius llamó a Moody
a través de la chimenea, y este llegó de inmediato, interrogando a Remus y
Mary, quienes estaban sentados temblando en el sofá, envueltos en mantas
y bebiendo té débilmente.
— Excelente trabajo, ustedes dos — asintió con la cabeza antes de irse, —
Sigan así, y ambos lo lograrán.
Mary estalló en lágrimas.
***
***
171
— ¿Te he dicho cuánto te amo? — Remus sonrió, entrecerrando los ojos. Se
estiró un poco, bostezando, — Creo que nos hemos quedado sin huevos, así
que...
— ¡Remus! — Sirius lo agarró del brazo con tanta fuerza que tendría
moretones al día siguiente. Empujó el papel en su cara, y Remus -
sorprendido y medio despierto - parpadeó ante el titular.
"SE CONFIRMA LA MUERTE DEL HEREDERO BLACK."
— ¿Eh? — Remus se rascó la cabeza, confundido, — Eso es una locura, no
estás...
Entonces lo golpeó. Oh. Se sintió tan estúpido. Miró a Sirius, que estaba
pálido como una sábana, con los ojos muy abiertos y doloridos.
— Oh — dijo Remus, extendiendo la mano impotente, — Oh no, Sirius...
172
CIENTO SESENTA Y CINCO
La guerra: Dulce et Decorum est
173
Remus cerró los ojos, respirando profundamente. Podría hacer más té.
Realmente quería tomarse un buen trago, pero era temprano en el día, y si
Sirius no quería, se vería bastante mal si Remus comenzara con la ginebra.
Maldición. Sirius había sido tan comprensivo con toda la muerte de Hope,
¡¿Cómo?! En ese momento Remus lo había dado por sentado, y ahora no
podía pensar en una sola cosa útil que decir o hacer.
Regulus estaba muerto. El hermano de Sirius estaba muerto.
Remus regresó al dormitorio. James estaba sentado en la cama, un brazo
alrededor de Sirius, hablando en su oído muy bajo. Sirius parecía estar
escuchando a medias mientras miraba al vacío. El papel se había caído,
finalmente, y estaba en el suelo, medio debajo de la cama.
— Hizo su elección hace mucho tiempo —susurraba James—, no debes
culparte a tí mismo, no debes permitir que esto...
— No dice como pasó. — Sirius dijo, finalmente hablando, su voz más
profunda de lo habitual, — ¿Alguien lo sabe? ¿Tu papá o Moody? ¿Hubo un
ataque anoche, o ...?
James negó con la cabeza, con el brazo todavía alrededor de Sirius,
— No, nada que pudiera indicarnos… pero, por supuesto, quizá hemos
pasado algo por alto. Hay evidencia de que él... que Voldemort ha estado
matando a los mortífagos. Para, um. Para mantenerlos en línea. Algunos de
ellos tienen dudas, ya sabes.
Remus recordó la siniestra ocupación de los hombres lobo. Quizás
Greyback no había sido una amenaza suficiente para algunas de las antiguas
familias. Voldemort tenía que dar el ejemplo. Eso tenía sentido.
Aparentemente, también lo tenía para Sirius. Sus ojos se enfocaron,
entrecerrándose. Resopló, aunque no había derramado una lágrima, y
enderezó la espalda, encogiéndose de hombros ante James.
— Bien entonces. — Dijo con brusquedad: — Obtuvo lo que se merecía, ¿No
es así?
James miró a Remus y compartieron una mirada de preocupación.
— Amigo, — dijo James, — Él era tu hermano, está bien si...
— No. — Sirius se puso de pie, bruscamente, lo que obligó a James a
levantarse también, tambaleándose contra el armario. —No era mi
hermano. Ellos no son mi familia. Eso siempre me ha quedado bien claro.
— Pero tu...
174
— Él era mi enemigo. Nos habría matado a todos sin pensarlo dos veces. Así
que me alegro de que se haya ido. Un mortífago menos. Bien. Brillante. —
Miró a James y Remus, como desafiándolos. Ninguno de los dos se atrevió.
— Voy a darme una ducha. — Dijo, y salió de la habitación.
Remus se mordió el labio. James dejó escapar un profundo suspiro.
— Al menos se levantó, supongo. Uf, Regulus, pedazo de mierda. Es como
si su acto final fuese meterse con la cabeza de Sirius.
— Sé lo que quieres decir. — Remus dijo, tratando de ver el lado divertido.
— Se siente como si cada vez que las cosas comienzan a volver a la
normalidad, otra catástrofe ocurre.
— Moody diría 'esto es la guerra, muchachos'. — James respondió,
igualmente sin nada de humor.
Se quedaron en silencio por un momento, y escucharon la caldera en el
baño chirriar mientras Sirius abría el agua caliente. James se pasó los dedos
por el pelo. — Se acabará para siempre, algún día. Sé que lo hará, Moony.
Solo tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo hasta entonces.
Remus asintió y se sintió un poco mejor. James tenía ese poder; podía llenar
de optimismo incluso el lugar más sombrío.
— ¿Cómo están tus papás? — Preguntó Remus, consciente de que James
había dejado a sus padres enfermos de repente.
— Ellos están bien. Mamá está entrando en pánico por los arreglos florales.
Pete y su mamá están de visita, y Lily está allí, así que no están solos. No les
conté sobre esto... no había tiempo, y no quiero ejercer más presión sobre
ellos. Querrían venir a ver cómo está.
— Si él ha decidido ser así con respecto a esto — dijo Remus, — entonces
creo que es mejor no preocuparse demasiado.
— Tienes razón. — James asintió con cansancio. Le dio a Remus una suave
sonrisa, — Siempre tienes razón, cuando se trataba de él, ¿eh?
Remus se encogió de hombros, porque pensó que James estaba siendo
terriblemente amable, por lo general Remus pensaba que estaba haciendo
un trabajo terrible al cuidar de Sirius.
— Traté de contactar a Moody — continuó James, volviendo al asunto, — ver
si él sabe algo, pero no me respondió. Para ser honesto… — James bajó la
voz, inclinándose para confiarle a Remus. — No creo que Regulus fuera una
prioridad particularmente alta para nadie. Está en el periódico solo porque
es un Black.
175
— ¿Crees que fue Voldemort? ¿Quién lo mató?
— Parece probable. Se está desesperando, cree papá. Realmente nadie
pensaba que la guerra duraría tanto tiempo, no es solo nuestro lado el que
flaquea.
Pasaron a la sala de estar y Remus preparó más té. Se estaban quedando sin
sacos de té, por lo que garabateó una nota para recordar eso, y la pegó en el
tablón de anuncios de corcho que colgaba junto al refrigerador. Una vez
que se sentaron, Remus finalmente leyó el artículo en el periódico.
...
"SE CONFIRMA LA MUERTE DEL HEREDERO BLACK.
Regulus Arcturus Black II, hijo único de Orion y Walburga Black, ha sido
confirmado hoy muerto en un comunicado emitido desde la casa de la familia Black
en Islington. Nacido en 1961, el heredero de la casa y la fortuna Black tenía
dieciocho años. Recientemente había completado su educación en la Escuela
Hogwarts de Magia y Hechicería, donde se distinguió como un estudiante impecable
y talentoso jugador de quidditch.
A Regulus le sobreviven sus padres y sus primos, quienes asistirán a un servicio
conmemorativo privado más adelante en la semana. La familia ha solicitado
privacidad."
***
Eso era todo. No había mucho más que decir sobre una vida tan corta,
supuso Remus, y lo que se había dicho era en gran parte falso, o al menos
una versión borrosa de la verdad. No mencionaba en absoluto cómo había
muerto, pero Remus pensó que probablemente era algo bueno; al menos
definitivamente no era Greyback. El Diario El Profeta no perdería la
oportunidad de mencionar y atacar a los hombres lobo.
Sirius entró en la sala de estar, con el pelo goteando y una toalla alrededor
de la cintura.
— Creo que arreglaré la motocicleta hoy. — dijo a la habitación, sin mirar
realmente a James ni a Remus: — Vete a casa, Potter, estoy bien. — Y se fue
de nuevo, presumiblemente para vestirse.
James y Remus se miraron de nuevo.
— ¿Estarás bien? — James preguntó: — ¿Si me voy?
— Sí, por supuesto.
176
— Ok. — James se levantó del sillón y se acercó a la chimenea. — Tienes el
espejo, si me necesitas. Volveré esta noche.
— Estaremos bien. — Remus dijo, levantándose para despedirse. — Solo
necesita un poco de espacio.
— No se lo des. — James dijo, de repente, mirando a Remus a los ojos, —
Moony, necesito que lo vigiles, ¿De acuerdo? No dejes que se vaya a ningún
lado. No dejes que… no dejes que intente ponerse en contacto con nadie
con quien esté relacionado. Excepto Andrómeda, supongo.
Remus asintió. Eso no sería demasiado difícil, Sirius nunca hablaba con sus
parientes.
— No hay problema.
— Lo digo en serio. Puede que haga algo estúpido y no podemos
arriesgarnos. Mucha gente todavía piensa que Sirius es… ya sabes, poco
confiable, por su nombre, y algo como esto puede… — James se frotó el
puente de la nariz, como si le doliera la cabeza. — Maldito Regulus. —
Murmuró de nuevo.
— Yo cuidaré de él. — Remus dijo, con firmeza. — No te preocupes.
— Gracias, Moony, — James lo agarró del brazo, y fue como si tuvieran trece
años nuevamente; haciendo malabarismos con la responsabilidad de su
descarriado mejor amigo.
James se fue y Sirius reapareció de inmediato, como si hubiera estado
esperando.
— ¿Estaban hablando de mí?
— Por supuesto que sí, — Remus asomó la barbilla, — Estamos preocupados
por tí.
— ¿Qué dijo Prongs?
— Que no te pierda de vista.
Sirius resopló, — Tendrás que venir al garaje, entonces.
— Bien, — Remus sonrió, alegremente, — Guíame, por favor. — Estaba
decidido a hacer lo que James le había ordenado, aunque solo fuera porque
no tenía idea de cómo ser útil.
Remus solo había estado en su garaje compartido una vez. Habían algunas
cosas almacenadas allí, principalmente el equipo de quidditch de Sirius y
varias cosas de la infancia que no cabían en el piso. Y la moto, por supuesto.
Era un Triumph Bonneville T120, el mismo modelo del que Sirius se había
enamorado por primera vez hacia ya años en los Potter. Había pintado un
177
león en el tanque y había hecho una especie de hechizo de agrandamiento
en el cuerpo de la moto.
Sirius sacó un trapo y la pulió, aunque ya estaba reluciente. Remus se quedó
en silencio, observando. Sirius la pinchó con su varita en algunos lugares, y
aceitó otros.
— ¿Cuándo crees que estará terminada? — Preguntó Remus, finalmente. —
¿Lista para montar?
— Desde la semana pasada lo está — respondió Sirius, sin levantar la vista.
— ¿Tú... qué?
— Está lista. El motor funciona, la función de vuelo también. Ya terminé.
Creo que sí, de todos modos, todavía no la he sacado.
— ¿Por qué no?
Sirius simplemente se encogió de hombros y reanudó su pulido. Remus lo
miró un poco más. Obviamente, Sirius no tenía ganas de hablar, y eso era
bastante justo, Remus entendía eso mejor que la mayoría de la gente. Pero
también entendía la necesidad de hacer algo cuando no podías expresarte
correctamente.
— Vamos, pues. — Él dijo. Sirius, agachado frente a la moto, se balanceó
sobre sus talones y miró a Remus.
— ¿Vamos? ¿A dónde?
— A donde quieras, — Remus se encogió de hombros, — vamos a dar una
vuelta.
Sirius parpadeó,
— ¿De verdad? ¿Vendrás conmigo?
— Bueno, difícilmente puedo dejarte volar solo en esa trampa mortal, ¿No
es así? — Remus se rió, — ¿Qué clase de novio sería yo si no te siguiera hasta
las fauces de la fatalidad?
El fantasma de una sonrisa parpadeó en el rostro de Sirius, y se puso de pie.
— Está bien, entonces. — asintió con la cabeza — Hagámoslo.
A Remus nunca le había gustado volar. Era competente en una escoba en
estos días, pero esa nunca sería su forma de transporte a elegir.
Simplemente no le gustaban mucho las alturas.
Aún así, haría casi cualquier cosa por Sirius, así que trepó al asiento trasero
y envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Sirius y respiró
profundamente. Sirius realmente se rió de él, lo cual era un progreso.
178
— Moony, ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? ¡Puedo sentir tu corazón
latir con fuerza!
— Absolutamente. — Remus asintió, y cerró los ojos con fuerza mientras
Sirius agarraba el manubrio, — Estoy seguro de que me he enfrentado a
cosas peores que tu conducción.
— Bueno, si estás seguro... — Sirius aceleró el motor y Remus se agarró aún
más fuerte mientras el asiento comenzaba a retumbar.
Fueron lento al principio, Sirius salió con cuidado del garaje, apuntando
con su varita a la puerta para que quedara cerrada y bloqueada detrás de
ellos, después anduvo lentamente por la tranquila calle trasera. Luego
apretó un interruptor, empujó el pie y se alejaron a toda velocidad, Remus
todavía trataba de no mirar, su estómago dando vueltas.
— ¡Aquí vamos! — Sirius gritó, y Remus enterró su cabeza en el hombro de
Sirius mientras se levantaban del suelo, el motor rugiendo a medida que
ganaban altura. Remus sintió que se deslizaba hacia atrás y gritó cuando su
coxis golpeó el respaldo de metal de su asiento.
— Cristo... — gimió. Realmente iba a morir. Sirius se rió de nuevo.
— ¡Lo hicimos, Moony! — Él gritó: — ¡Abre los ojos, cobarde!
Remus lo hizo e instantáneamente se arrepintió. Ya estaban a unos cientos
de pies por encima del horizonte de Londres; podía ver los anchos tejados
de hormigón y las calles beis debajo. Las personas parecían renacuajos y los
coches como escarabajos y estaban a tantos metros de distancia del suelo.
— Oh Dios mío... — gimió.
Sirius vitoreó felizmente
— ¡¿No es asombroso?! — estaba mirando hacia adelante, los ojos en el
horizonte. Podía ver el cielo azul hasta donde alcanzaba su vista. El viento
pasaba por sus oídos, frío y fresco, y Remus tuvo que entrecerrar los ojos
para protegerse del sol.
— Asombroso. — Gritó en respuesta, sintiéndose con ganas de vomitar, pero
bastante complacido de que Sirius estuviera feliz.
Recorrieron todo Londres durante casi una hora, descendieron tan bajo
como Sirius se atrevía a lo largo del sinuoso Támesis, tomaron esquinas
cerradas alrededor de los rascacielos y casi chocaron contra la cúpula de St.
Paul's. Finalmente, el sonido del motor comenzó a disminuir y Remus notó
que estaban perdiendo altura. Miró hacia abajo, con valentía y entrecerró
los ojos a las calles desconocidas de abajo.
179
— ¿Dónde estamos?
— Islington.
— ¡¿Qué?! ¡Sirius!
¡Mierda! Se suponía que debía mantenerlo alejado de los Black, ¡Y ahora se
dirigían directamente hacia ellos!
— Cálmate, — respondió Sirius, mientras descendían aún más. Parecían
apuntar a una gran extensión de espacio verde: un parque público con
árboles y un lago y senderos de grava limpios alrededor de parterres de flores
de colores brillantes.
El aterrizaje no fue perfecto. Chocaron contra la hierba con tanta fuerza
que dejaron grandes huellas embarradas en ella, y Remus finalmente fue
arrojado de la silla por completo (aunque estaba tan aliviado de estar de
vuelta en tierra firme que podría haber besado el suelo).
— Carajo, — dijo Sirius, apagando el motor y saltando con gracia, — Mejoraré
eso después, ¿Estás bien? — tendió una mano para ayudar a Remus a
levantarse.
— Bien, creo, — Remus se sacudió los pantalones y los brazos. — ¿Dónde
estamos?
— Highbury Fields. — Sirius lanzó un obfuscate a la motocicleta y luego hizo
todo lo posible para reparar el césped arruinado. — Solía venir aquí mucho
antes de irme de casa.
— Oh, claro. — dijo Remus en voz baja, — ¿Con Reg?
— A veces, — Sirius resopló, — Nuestra institutriz nos traía.
Remus decidió guardar aquella nueva revelación de que Sirius había tenido
una institutriz para otro momento.
— Es agradable, — dijo, mirando a su alrededor al exuberante y verde parque,
— Bonito. ¿Quieres enseñarme los alrededores?
Sirius le sonrió agradecido y salieron a dar un tranquilo paseo de domingo
por la tarde. Aquí y allá, Sirius se detenía y señalaba algo: un árbol al que
había subido una vez o un puente debajo del cual se había escondido.
Remus disfrutó escucharlo. Rara vez había escuchado algún recuerdo feliz
de la infancia de Sirius, y por momento incluso olvidó por qué estaban allí.
Pasaron por el monumento a los caídos. Era particularmente elegante,
supuso Remus, porque había bastante dinero en Islington. Sobre el pedestal
blanco se encontraba la estatua en tonos verdes de una mujer joven con
180
túnicas antiguas, sosteniendo en alto una corona de laurel. Una alegoría de
la victoria.
— Hice mi primera magia aquí. — Sirius dijo con una sonrisa, — Cuando
tenía cuatro años.
— ¿De verdad? ¿Qué hiciste?
— Prendí fuego su cabeza. — asintió con la cabeza hacia la estatua. — Siempre
he sido un rebelde.
— Increíble, — se rió Remus.
— Sí, Douceline, nuestra institutriz, se volvió loca al intentar apagarlo. Pero
nosotros solo nos reíamos, Reggie y yo, y cada vez que ella lo apagaba, yo lo
prendía de nuevo, porque lo hacía muy feliz.
Sirius miró hacia abajo. Se quedó callado por un rato, y Remus solo puso
una mano en su hombro, para mostrar que no tenía que hablar, si no
quería.
Miraron la placa del monumento. "¡Cómo duermen los valientes que se
hunden a descansar, benditos por todos los deseos de su patria!" Remus no
pudo evitar preguntarse sobre los nombres de los hombres que se
enumeraban a continuación. ¿Qué edad habían tenido? Robert Fenn, Peter
Cross, Arthur Hill... ¿Habían pensado todos que estaban haciendo lo
correcto? ¿Habían sido todos valientes en sus últimos momentos? ¿Habían
pensado en su familia, en sus hermanos?
Y cuando esta guerra terminara, ¿Habría una placa como esta en el Callejón
Diagon? ¿De quiénes serían los nombres que llevaría? El de Regulus no
estaría.
— Vamos. — Sirius dijo, finalmente. — Estoy listo para irme a casa, ahora.
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CIENTO SESENTA Y SEIS
La guerra: Otoño, 1979
182
— Solo me duele un poco — dijo Remus, teniendo que evitar encogerse de
hombros, — ¿Puedo volver contigo?
— Por supuesto. Oye, Prongs —Sirius le dio un codazo a James, sonriendo—
Maldita sea, ¿No fue tu despedida de soltero muy salvaje? ¿Entiendes?
Salvaje... Animales...
— Sí, Padfoot, muy divertido — resopló James, — Tan divertido como las
últimas cien veces.
— Ya no aprecias mis bromas... — suspiró Sirius.
— ¡Menos de veinticuatro horas para el final! — Peter dijo: — ¿Cómo te
sientes?
— Cansado. — Dijo James, con un bostezo. — ¿Nos vamos?
Se aparecieron de regreso a la casa de los Potter, que ya era un hervidero de
actividad. Habían contratado a cuatro elfos domésticos adicionales en
preparación para la boda del día siguiente, y las diminutas criaturas iban y
venían por la cocina preparando un festín.
Lily y la Sra. Potter estaban sentadas en la mesa de la cocina, la Sra. Potter
en bata y pantuflas, casi nunca se las quitaba últimamente. Lily saltó para
besar a James,
— Buenos días, cariño. Me quedé el tiempo suficiente para verte, pero ya
me voy. ¿Cómo estás, Remus?
Remus asintió, en blanco y exhausto.
Lily ladeó la cabeza y dijo: — Vayan a la cama, todos ustedes, todos necesitan
de un sueño reparador. James, te dejé una lista de cosas que debes arreglar
esta tarde. Llámame cuando esté todo terminado o no podré dormir. Sirius,
¿Te dio los anillos? Oh no, tonta de mí, los tengo, aquí tienes… Remus, ¿Te
asegurarás de que no los pierda? Pete, tu mamá apareció, le dije que saliste
con los muchachos y que estabas durmiendo debido a la resaca, así que
mejor si no te vas a casa ahora. Voy a enviar a Mary esta noche con los ojales
para todos ustedes, y las corbatas, claro si Madame Malkin se da prisa y las
termina... oooh, ¿Todos tienen zapatos?
— Merlín, Evans, — bostezó Sirius, — cualquiera pensaría que te vas a casar
mañana.
Ella le sacó la lengua, besó a James, abrazó a Remus y se apresuró a salir por
la puerta.
— ¡Vayan a la cama, muchachos! — Gritó mientras se marchaba. — ¡Nos
vemos en el altar, Potter!
183
Remus miró la lista que Lily le había dejado a James - eran al menos
cuarenta y cinco centímetros de pergamino, y Lily tenía letra pequeña.
James ignoró eso,
— ¿Estás bien, mamá? — Dijo, acercándose a la Sra. Potter. Tenía dos
manchas oscuras debajo de los ojos y su cabello estaba pálido y fibroso. A
Remus le resultaba difícil mirarla a los ojos, últimamente; ella le recordaba
mucho a su última visita con Hope.
— Bien, bien, — le sonrió, — ¡Hay tanto que hacer!
— Puedes seguir luego — dijo, rodeándola con un brazo, — Vamos todos a la
cama...
— Esa Lily, — dijo la Sra. Potter mientras todos subían lentamente las
escaleras, — Es una fuerza a tener en cuenta.
— Tiene razón señora. — Todos los chicos estuvieron de acuerdo.
Remus se derrumbó en la cama sin siquiera quitarse la ropa, y podría
haberse quedado dormido allí mismo.
— Moony, — Sirius bostezó de nuevo, quitándose las botas, — No te duermas
hasta que hayas tomado tu poción, órdenes de McKinnon.
— Mmmph. — Remus gimió, rodando por la cama y alcanzando la botella
de la mesita de noche. Sirius trepó a su lado mientras se lo tomaba.
— ¿De quién fue la idea de celebrar una boda justo después de la luna llena?
— Se quejó, invadiendo otro bostezo.
— Les dije que me dejaran solo — respondió Remus, cerrando los ojos y
colocando un brazo sobre su rostro.
— ¿Y perder la oportunidad de hacer juegos de palabras sobre la despedida
de soltero durante el resto de la semana? De ninguna manera.
Remus se rió entre dientes y rápidamente se durmió.
***
Como nunca había asistido a una boda en su vida, Remus estaba muy
agradecido con Lily por haber dejado una lista. Significaba que sabría qué
hacer. Sin embargo, rápidamente aprendió que muy poco acerca de las
bodas tenía algún sentido. Por ejemplo, una vez que todos se despertaron
alrededor del mediodía, su primera tarea fue decorar los aros de Quidditch
en el jardín trasero.
184
— ¿Por qué estamos haciendo esto? — Preguntó Remus, frunciendo el ceño
ante los aros, mientras Peter llegaba levitando una caja de flores blancas.
— Así se ven bien — respondió James, escoba en mano. — Es la única manera
de hacer que Lily se case conmigo en ellos.
Remus lo miró fijamente.
— ¿Te vas a casar en tus viejos aros de Quidditch?
— ¡Lo sé! — Él sonrió, — ¡Brillante, ¡¿No?!
— Err...
— Moony, — dijo Sirius rápidamente, — Tú y Pete trabajen en el encanto de
crecimiento aquí abajo, Prongs y yo volaremos y haremos los aros.
Una vez que terminaron, los tres postes de la portería lucían como si un
extraño y larguirucho rosal hubiera intentado tomar el control. Luego
tuvieron que decorar los árboles cercanos con las mismas flores y convocar
todas las sillas del amplio ático de los Potter, luego hacer que se alinearan
ordenadamente en filas de ocho. Después de eso, la Sra. Potter les pidió a
Peter y Sirius que la ayudaran con toda la vajilla para la recepción, y les dio
a James y Remus instrucciones para 'arreglar el salón de baile'.
— ¡¿Salón de baile?! — Remus miró a James, confundido. Llevaba años
visitando la casa de los Potter y sentía que conocía bastante bien la casa,
pero nunca había visto un salón de baile.
— Sí, no lo usamos mucho — respondió James casualmente, — Está guardado
en un almacén.
— ¿En un almacén? — ¿Cómo demonios "guardabas" una habitación entera?
Remus no lo sabía.
— Sí, solo necesito recordar dónde están las instrucciones...
Entraron en el estudio del padre de James, y James localizó un mapa dentro
de uno de los cajones del escritorio. Remus se interesó bastante en esto,
siempre le habían gustado mucho los mapas. Este era un plano de la
mansión de los Potter, lo que lo hacía más fascinante. Había todo tipo de
pequeños hechizos especiales y encantamientos etiquetados en él, pero
tenían trabajo que hacer, por lo que no podía verlos bien.
El salón de baile estaba escondido detrás del sofá de la sala. James y Remus
tuvieron que concentrarse mucho y murmurar algunos encantamientos
antiguos para que aparecieran las puertas. Luego, por supuesto, tenían que
mover el sofá y abrir la puerta, lo que resultó molesto.
185
Cuando James finalmente abrió las puertas dobles con paneles de roble,
Remus se quedó boquiabierto. Era una de las habitaciones más hermosas
que había visto en su vida; pilares de mármol art decó hasta donde le
alcanzaba la vista, y un glorioso techo de vidrieras que proyectaba pedazos
de luz solar de colores brillantes sobre el piso de madera oscura.
— Maldita sea. — Tragó, sintiéndose muy pequeño. Recordó haber visto a
Sirius y Lily ensayando pasos de baile en su pequeña sala de estar, y por
primera vez en mucho tiempo Remus se sintió muy pobre y sucio junto a
sus ricos amigos sangre pura.
— Lo sé, — se rió James, — Estúpido, ¿no es así? Pero ya sabes, al menos
entrarán todos. Creo que vendrán treinta y tres Weasley más o menos.
Sintiéndose un poco mejor, Remus se dispuso a ayudar a James a revisar la
habitación, y luego conjuraron algunos trapeadores para comenzar a limpiar
el piso. James cerró las puertas mientras hacían esto, para que no los
molestaran.
— Sé que en realidad no estamos haciendo nada, — dijo con sentimiento de
culpa, apoyándose en una columna de mármol, — pero solo quiero cinco
minutos sin que alguien me dé una orden. No me importaría en realidad,
pero Moody solo nos ha dado dos días libres para la boda; se espera que
nos presentemos a trabajar el domingo.
— Cristo, — Remus negó con la cabeza, bromeando. Se quedaron en silencio
durante un rato, viendo cómo los trapeadores se deslizaban de un lado a
otro como divertidos bailarines de salón delgados. Remus también estaba
agradecido por un respiro. El fin de semana había comenzado con luna
llena y solo se volvería más agitado a medida que avanzaba.
— ¿Cómo está Sirius? — Preguntó James, de la nada.
— ¿Eh? Bien. ¿Por qué? — Remus frunció el ceño.
— Solo estaba chequeando.
— Lo ves casi tanto como yo. — Remus se burló de él. Era cierto, James era
mucho más aficionado a las motos voladoras que Remus, y salían a pasear
juntos casi todas las noches.
— Lo sé —asintió James—, pero no ha dicho nada sobre Regulus desde...
bueno, desde que murió.
— No. — Remus suspiró, — No, no lo ha hecho.
186
Tampoco era como si Remus hubiera estado presionando a Sirius para que
hablara de eso, pero no creía que James entendería su política de nunca
discutir asuntos familiares.
— No me gusta que se lo reprima, — dijo James, — sé que tuvo una relación
complicada con Reg, pero no puede ser normal fingir que nunca existió.
— ¿Quién puede decir lo que es normal? — Remus respondió: — Todos pasan
sus propios duelos de manera diferente.
— ¿Entonces él está de duelo? — James le estaba dando a Remus una mirada
muy intensa, y eso lo hizo sentir incómodo. No le gustaba que otras
personas le preguntaran sobre las cosas personales de Sirius, eso era entre
ellos.
— Sí, por supuesto. — Él mintió. Eso parecía funcionar.
— Bien. He estado preocupado por él, ha sido un año de mierda, ¿eh?
— Podría decirse — resopló Remus. — Sin embargo, está a punto de mejorar
mucho. ¿Algún nerviosismo previo al juego?
— No, — sonrió James, la preocupación abandonó su rostro, — Siento que
ya he ganado la copa.
— Oh Dios mío Prongs, que idiota. Eso es lo que obtienes por salir con
chicas.
James soltó una carcajada y, cuando recuperó la compostura, los
trapeadores habían terminado su tarea y el suelo relucía como nuevo.
***
La primera boda a la que Remus asistió fue la más hermosa y la más feliz, y
no había forma de que alguien pudiera convencerlo de lo contrario. Todo
salió sin problemas (bueno, tuvo que convencer a un Sirius sobreexcitado
de que no se transformara en Canuto para entregar los anillos, pero
afortunadamente fue solo una manía fugaz), y todo fue sonrisas.
Los padres de James parecían estar a punto de estallar de orgullo, ambos
parecían más saludables de lo que Remus los había visto en años, ataviados
con túnicas rojas y doradas, los colores de Gryffindor. Marlene y Mary
hicieron de hermosas damas de honor con sencillos vestidos de color malva
187
pálido con diademas de gypsophila en el pelo y, por supuesto, la propia Lily
fue toda una vista, vestida de encaje blanco.
A Remus le pareció que el día se le pasó volando en un tono borroso pastel.
Se suponía que siempre debía estar en algún lugar o haciendo algo; apenas
tuvo un momento para relajarse y asimilar todo. Estaba muy contento de
saber que jamás se casaría, porque el solo hecho de ser padrino de boda ya
le había sido lo suficientemente agotador.
Una vez que terminó la ceremonia y tuvieron que empezar a mezclarse,
Remus se sintió muy tímido. No había estado con tantos magos y brujas
desde Hogwarts; la magia en el aire era palpable; bochornosa. Ahora le
molestaba menos. Su tiempo con la manada de Greyback le había enseñado
a lidiar con eso, y mientras no necesitara hacer magia, estaba bien.
Había mucha gente que conocía, por supuesto. Vio a los Weasley sin
demasiada molestia; Arthur y Molly corrían por todo el lugar detrás de sus
cinco bulliciosos hijos pelirrojos; los dos mayores habían decidido que
querían jugar quidditch con los aros decorados ahora que la parte aburrida
del día había terminado.
Luego, por supuesto, estaban Moody y Hagrid y Dumbledore, y muchas
otras personas de la Orden. Fue agradable verlos a todos en un evento feliz,
por una vez; hizo que todos parecieran más jóvenes. Frank y Alice acababan
de regresar de su luna de miel, la cual Alice le había contado a Remus que
en realidad había involucrado bastante trabajo; habían ido a Eslovenia en
una misión de transferencia de conocimientos con los Aurores locales.
Y, por supuesto, Ferox estaba allí. Se acercó para estrechar la mano de
Remus con valentía,
— Te ves muy elegante, Lupin, — asintió, y Remus sintió que se sonrojaba
de la cabeza a los pies, aunque sabía que Sirius se veía un millón de veces
mejor con exactamente la misma túnica. — Y usted también señoritq
McDonald, — Ferox le besó la mano, lo que la hizo sonrojar también, —
Muy hermosa en verdad. ¿Sonarán campanas de boda para ustedes después?
Remus parpadeó, no había salido del clóset ante mucha gente, lo cual
justificaba a Ferox, pero pensaba que la mayoría de la gente ya se había dado
cuenta.
Mary se rió,
— ¡Como si Remus se fuera a casar conmigo! ¡Lo volvería loco!
188
— Ah, bueno, — Ferox le dio una palmada en el hombro, — todavía eres
joven. Hay muchos peces en el mar.
— Vivo con Sirius, — dijo Remus, levantando un poco las cejas para ver si
su antiguo maestro entendió la indirecta. Pero aparentemente no. ¿Por qué
los adultos eran siempre tan tercos?
— Dos solteros despreocupados ¿eh? — Ferox se rió con brusquedad.
Mary se veía como si estuviera a punto de decir algo, pero Remus la miró a
los ojos y sacudió levemente la cabeza. No valía la pena.
— Así es — asintió con entusiasmo a Ferox.
Después de la cena (la mejor parte del día, en opinión de Remus), Lily y
James cortaron el pastel, una torta enorme con trece pisos cubiertos de
glaseado de crema de mantequilla y rosas rosadas, y luego comenzó el baile.
Lily enorgulleció a Sirius - Remus podía escucharlo contar en voz baja
mientras los miraba; — Un dos tres, un dos tres… ¡Endereza tu espalda,
Evans! Buena chica…
El vals terminó, alguien lanzó un hechizo amplificador en el viejo tocadiscos
de los Potter y comenzó a sonar una canción de Bad Company, que hizo
que todos los jóvenes se levantaran y bailaran, incluído Sirius, a quien
Remus agradeció entregárselo a Andrómeda. Remus Lupin no bailaba.
Estaba lo suficientemente feliz como para sentarse con una copa de
champán y simplemente mirar, como de costumbre. Buscó a Peter, a quien
le gustaba bailar pero a menudo perdía fuerza después de algunas canciones,
pero no podía verlo por ningún lado. Probablemente había encontrado
algunos amigos del trabajo y se había ido a charlar con ellos. Yaz y Marlene
estaban en la pista de baile - ambas eran bastante malas, Marlene no estaba
acostumbrada a los tacones - pero se veían muy dulcesbde todos modos. Yaz
se había cortado el pelo desde que había dejado Hogwarts en Junio, y el
look de duendecillo realmente le sentaba bien.
Mary vino al rescate de Remus, al final, como siempre. Se acercó cojeando
con una expresión de dolor en el rostro y se dejó caer a su lado.
— Vaya, estas bragas francesas que nos han puesto se te suben por el culo.
— Encantadora como siempre, MacDonald — sonrió Remus.
James y Lily pasaron a su lado, sonriéndose el uno al otro como maníacos.
— Míralos, — suspiró Mary. — ¿Por qué no puedo encontrar a un tipo que
me quiera tanto, eh? No es como si no lo hubiera estado buscando.
— Lo encontrarás, — respondió Remus, igual de feliz.
189
— Lo sabré cuando lo vea, eso es lo que dice mi mamá.
— Si tienes suerte — resopló Remus. Estaba un poco más borracho de lo que
había pensado inicialmente y tenía la lengua suelta. Pero era solo Mary. —
Dicen que 'el amor es ciego' por una razón.
— Nunca he tenido problemas para reconocerlo, para serte honesta. —
Confió Mary — Es dejarlo entrar, esa es la parte difícil.
Remus asintió con la cabeza, aunque no estaba seguro de comprender. Ella
continuó, sorbiendo su champán. — Como tú lo hiciste, con Sirius.
— Oh, sí, mi despreocupado amigo soltero. — Remus sacó la lengua,
haciendo que Mary se arrugara, riendo. Remus sonrió, feliz de hacerla feliz.
Le apretó la rodilla, — Te vas a enamorar algún día, ¿Cómo no podrías?
Cualquiera tendría suerte de tenerte.
— Quizás una vez que termine la guerra. — Dijo ella, bajando la voz, todavía
mirando el baile. — No estoy segura de poder sobrevivir enamorándome
ahora mismo, no con todo lo demás encima.
— Mm. — Remus desvió la mirada.
— Hola, — apareció Marlene, bebida en mano, — Remus, tu novio me robó
a mi pareja. — Ella asintió a través de la pista de baile hacia Sirius y Yaz,
quienes se balanceaban salvajemente, aparentemente incapaces de decidir
quién debería liderar.
Remus se rió y Mary frunció el ceño, moviéndose incómoda en su asiento.
Marlene la miró con simpatía.
— ¿Bragas francesas?
Mary asintió con cansancio. Marlene se inclinó y susurró: — Me quité las
mías en los baños después de la ceremonia.
— Oh, Dios mío, McKinnon, eres una genio. — Mary se sentó abruptamente
y cruzó la habitación hacia las puertas. Marlene se rió, tomando asiento.
Uno de los niños Weasley pasó deslizándose, arrastrado de rodillas por el
pulido suelo del salón. Molly vino persiguiéndolo, jadeando,
— ¡WILLIAM ARTHUR WEASLEY VAS A ARRUINAR TUS
PANTALONES!
Marlene se rió, tapándose la boca con la mano cortésmente. Se inclinó y le
susurró a Remus:
— La escuché decirle a Hattie Bones que está embarazada de nuevo, ¡Apenas
tuvo a los gemelos el año pasado!
190
— Caray. — Dijo Remus, desarrollando un respeto completamente nuevo
por el tranquilo y reservado Arthur Weasley.
— Creo que esos dos tendrán hijos lo antes posible. — Marlene asintió con
la cabeza a James y Lily, — No me sorprendería si no lo anuncian para antes
de Navidad.
— Eurgh, ¿de verdad? — Remus arrugó la nariz. Las bodas eran una cosa:
solo duraban un día. ¡¿Pero bebés?! ¡¿Tenían que hacer bebés, ahora?!
— No seas tan malhumorado. — Marlene le dio un codazo fuerte, — El
cambio es parte de la vida. Vamos, invítame a bailar. Sería lindo tener una
pareja más alta que yo. — Ella se puso de pie y tiró de su muñeca.
— Oh... — Remus suspiró. — Está bien, pero solo porque aún no han servido
el pastel.
191
ONE HUNDRED & SIXTY-SEVEN
The War: Winter 1979
192
Remus trabajó duro. Se lanzó a ello. Tenía un gran deseo de participar, de
luchar por algo bueno. Quizás estaba creciendo. Quizás estaba harto de no
tener control sobre su propia vida.
Marlene iba algunas tardes en la semana después del trabajo. Remus y ella
se sentaban a la mesa de la cocina y él le contaba todo lo que podía sobre
ser un hombre lobo: su sentido del olfato, su metabolismo acelerado y cómo
se cuidaba durante y después de la luna llena. Él trató de ser lo más honesto
posible sin meter a nadie en problemas, y ella tomó notas, hizo preguntas y
sugirió mejoras con diligencia.
Fue difícil para Remus, pero también necesario. La naturaleza seria de
Marlene y su feroz determinación de mejorar el nivel de vida de los hombres
lobo lo hicieron sentir un poco mejor, como si pudiera estar haciendo algo
bueno después de todo.
— Necesitamos alejar al Ministerio de esta idea de que las celdas y las rejas
son el único remedio — decía, — Por lo que me has dicho, el bosque es
mucho mejor para la salud del individuo, y apenas estamos cortos de
bosques, ¿verdad? Unos pocos hechizos de barrera protectora lo harían
más... todo lo que necesitamos es un poco de pensamiento creativo, y algo
de compasión...
Remus le sonrió. Marlene le hizo sentir como si realmente pudiera haber
un cambio algún día. Y era agradable pasar tiempo con una amiga: Sirius
salía muy a menudo por las tardes a misiones o reuniones.
— ¿Cómo lo encuentras, el vivir con Sirius? — Preguntó Marlene una noche
mientras empacaba. Miró a su alrededor en el oscuro piso vacío, — Es
mucho más silencioso que mi casa.
Marlene todavía vivía con su madre y su padrastro, y con Danny desde la
mordida. Recientemente, Yaz se había mudado con ella. Remus no conocía
todos los detalles, pero sonaba como si a los padres de Yaz no les gustara
demasiado la relación que tenía con Marlene.
— Está bien, — asintió Remus, ayudándola a recopilar sus notas. — Diferente
de la escuela, obviamente.
— Apuesto a que es lindo tener tu propio espacio.
— Puede ser.
— ¿Ustedes… ustedes dos pelean mucho? Ya sabes, con todo el estrés y las
misiones... — Marlene se estaba mordiendo el labio ahora, jugueteando con
un mechón de cabello suelto.
193
— No. — Remus dijo, reflexivamente; cerrándose, como siempre hacía
cuando se trataba de su vida privada con Sirius.
— Oh, — suspiró Marlene, bajando los ojos. — Tal vez solo seamos nosotras
entonces. Tal vez sea porque mi familia está cerca todo el tiempo.
Remus sintió una oleada de simpatía por ella. Le tocó el brazo. — Apuesto
a que es normal, con todas las cosas por las que todos han pasado
últimamente. Las emociones de todos están al borde, ya sabes.
— Quizás. — Marlene todavía sonaba desamparada.
— Mira, — dijo Remus, bajando la voz a pesar de que estaban solos, — La
única razón por la que Sirius y yo no discutimos es porque casi nunca
estamos en la misma habitación últimamente. Y cuando nos encontramos
en la misma habitación, hacemos todo lo posible para evitar hablar de la
guerra, a pesar de que es todo en lo que podemos pensar.
Sintió una ráfaga de adrenalina después de decir esto; rara vez hablaba tan
abiertamente sobre sus sentimientos con nadie más que con Sirius.
Marlene lo miró parpadeando con lágrimas en los ojos.
— ¿En serio? ¿No hablan de eso?
— No desde la muerte de Regulus.
— Oh, por supuesto, — asintió suavemente, luego se enjugó los ojos con las
muñecas, — A veces siento que es todo de lo que hablamos Yaz y yo; es
agotador. Dios, no puedo soportar toda esta muerte, toda esta miseria.
¿Sabes lo que me dijo Mary el otro día? Está pensando en retirarse, darse
por vencida.
— ¿En la guerra? — Remus miró, alarmado.
— No, — Marlene negó con la cabeza, — Todo... El mundo mágico, en
general. Dijo que prefería arriesgarse a ser una muggle sin educación. Por
supuesto que sé que no lo decía en serio, pero entiendo de dónde viene.
Hemos estado luchando y peleando, haciendo todo lo que podemos y no
parece ser suficiente, ¿No es así? Están ganando.
— No puedes pensar así. — Dijo Remus. Realmente no quería escuchar esto,
era terrible escuchar a alguien a quien admiraba ser tan pesimista. Ella
estaba diciendo exactamente las cosas que lo mantenían despierto por la
noche.
— Lo sé, lo sé, tenemos que seguir intentándolo, pase lo que pase. — Marlene
dijo, todavía llorando en voz baja, — Pero me está quitando todo lo que
tengo, Remus. Todo lo que hago... todo lo cualquiera de nosotros hace es
194
trabajar y luchar. ¿Qué pasa si... si la guerra termina y no queda nada de mí?
¿Qué pasa si no puedo recordar cómo ser feliz?
— Eso es pura mierda, — Remus negó con la cabeza con vehemencia, — ¡Por
supuesto que sabes cómo ser feliz!
Se acercó para darle un abrazo. Marlene era casi tan alta como él y su cabello
rubio le hacía cosquillas en la mejilla.
— Estoy siendo tonta, — resopló, por encima de su hombro, — Estoy
demasiado cansada. Me pasa cuando la noche cae, me pone triste.
— No creo que estés siendo tonta — dijo Remus mientras se separaban, — Y
sabes que tienes muchos amigos a los cuales les puedes hablar cuando te
sientas triste.
— Lo sé, — sonrió, con las mejillas enrojecidas. — Gracias, Remus.
— ¿Quieres un poco de té?
— No, debería volver a casa. O si no Yaz se verá obligada a escuchar historias
de los días de gloria de Danny con los Cannons, de lo contrario.
— Ja, ve a rescatarla entonces, — sonrió Remus. Quería preguntarle cómo
estaba Danny, pero no se atrevía. No habían hablado correctamente en un
año, otra cosa que tendría que esperar hasta el final de la guerra.
Marlene se despidió y salió por la chimenea envuelta en llamas verdes.
Remus se arregló un poco y luego fue a lavarse sus manos que estaban
manchadas con tinta. Se le había metido debajo de las uñas y se las había
vuelto negras, lo que le hacía pensar en Livia, otra vez. Se había vuelto
extremadamente entusiasta con la higiene desde que había regresado de
estar con los hombres lobo.
Miró por la ventana de la sala, que estaba empañada por el frío de principios
del invierno. Las farolas de la calle estaban encendidas, brillando en
amarillo en el crepúsculo azul, excepto la que estaba afuera de su ventana,
que estaba defectuosa y permaneció de un rojo rosado toda la noche. Con
Marlene fuera de la casa, Remus se sintió invadido por una terrible y
dolorosa soledad. Cogió su bufanda y su chaqueta y salió por la puerta.
La puerta del garaje se encontraba abierta cuando se acercó a ella desde el
callejón oscuro, la luz se derramaba sobre el pavimento irregular y agrietado.
A medida que se acercaba, podía escuchar la radio sonando suavemente:
una canción de Stranglers; “And it sounds like an empty house, standing still...”
Sirius estaba cantando en voz baja, como si se estuviera concentrando
mucho en la canción. Cuando Remus finalmente llegó al umbral, encontró
195
a Sirius con las piernas cruzadas en el suelo frente a su motocicleta, la varita
detrás de una oreja, la llave inglesa en la mano. El garaje estaba
notablemente cálido, para ser invierno, pero Remus no podía ver dónde
había lanzado el hechizo de calor. Quizás en el suelo mismo.
— Hola — dijo. Sirius miró hacia arriba, sorprendido.
— Hola, ¿Qué haces aquí?
— Marlene se fue, — Remus se encogió de hombros, — Pensé en bajar y ver
qué estabas haciendo.
— Lo mismo de siempre. Estoy haciendo algunos retoques. — Dijo Sirius.
— Oh, ok.
— ... siéntate un rato, si quieres. Casi termino. — Sirius señaló un taburete
en la esquina del garaje.
— Solo si no te molesta.
— No seas tonto, — Sirius le dedicó una sonrisa y Remus se sentó.
Observó a Sirius trabajar durante un rato, fascinado. Remus no sabía nada
de mecánica, muggle o mágica, y se sintió extrañamente orgulloso de que
Sirius fuera claramente tan hábil. Le gustaba ese sentimiento.
— ¿Cómo estás? — Preguntó, pensando en la conversación con Marlene.
— ¿Eh? Bien. — Sirius no miró hacia arriba, con la varita entre los dientes
ahora mientras arreglaba el motor.
— No, quiero decir, de verdad. — Remus presionó, — ¿Estás bien? ¿En
general, no? Siento que no te lo he preguntado mucho.
Sirius lo miró y dejó su varita.
— Estoy bien, Remus, — dijo, — No te preocupes.
— Pero me encanta preocuparme, — Remus sacó la lengua.
Sirius se rió en voz baja y volvió a su trabajo, — ¿Cómo estás tú? — Preguntó.
— Bien. — Remus asintió, antes de volver a pensar, — Bueno, ya sabes. Tan
bien como se puede estar, teniendo cuenta todo.
— Mm. ¿Te gustaría que compremos algo para comer? No tengo ganas de
cocinar.
— Sí, ok. — Remus estuvo de acuerdo. Esperó en silencio. Había una pila de
cajas a su izquierda. Todas las cosas de Sirius estaban empaquetadas en
grandes baúles de caoba con marcas de quemaduras, justo donde había
prendido fuego el escudo de la familia Black. Pero las cajas al lado de Remus
eran de cartón y estaban unidas con cinta marrón muggle.
196
— ¿Qué son éstas cajas? — Preguntó, recogiendo una. Sirius miró hacia
arriba, limpiándose las manos con un paño de cocina viejo,
— Oh... esas son las cajas de Gethin.
— ¿Qué? — Remus se puso de pie para ver mejor. Sirius se mordió el labio,
luciendo nervioso.
— Sé que dijiste que no querías las cosas que tu mamá te dejó, pero… bueno,
no estabas en un buen estado para hablar de eso después del funeral, y no
podía soportar la idea de que te arrepintieras. Así que James y yo fuimos a
recogerlas, y las dejamos aquí.
— No lo puedo creer — dijo Remus, aturdido. Sirius se puso de pie
apresuradamente,
— Moony, lo siento, no se suponía que fuera un secreto ni nada, ¡Lo juro!
Es solo que después de la muerte de tu madre hubo un desastre tras otro,
así que se me olvidó... y aún puedes deshacerte de ellas, si quieres, ¡No he
mirado nada!
— Sirius, — Remus negó con la cabeza, sonriendo, — Quiero que no lo puedo
creer. Eres increíble. Gracias.
— Oh. — Sirius también sonrió, rascándose tímidamente detrás de la oreja,
— Eso es bueno. Pasaste tan poco tiempo con ella, y pensé que querrías
tener algo para poder recordarla. ¿Quieres que las veamos ahora?
Remus lo pensó. Sacudió su cabeza.
— No todavía. Quizás en un día de lluvia.
Ayudó a Sirius a recoger todo, y caminaron de regreso al apartamento,
deteniéndose en la panadería en el camino. A Sirius le gustaba el pollo y los
hongos, Remus prefería el bistec y la cebolla. Él llevó la bolsa de papel, para
ser galante.
— En serio, — dijo, mientras subían las escaleras hacia el piso, — Muchas
gracias por las cajas. Me había olvidado por completo de ellas.
— No pasa nada — Sirius se encogió de hombros, — Sé que si tuviera algo de
Reg... — se detuvo abruptamente.
Remus no sabía qué decir, así que se quedó callado mientras Sirius abría la
puerta y entraba al apartamento, encendiendo las luces y quejándose, —
¡Maldita sea, Moony, hace mucho frío aquí!
— ¡Lo siento! — Solía tener calor, incluso en invierno, y no encendía la
calefacción si era el único en la casa. Se sentía muy estúpido ahora,
recordando que Marlene se había mantenido los guantes puestos todo el
197
tiempo que había estado allí y ni siquiera se le había ocurrido preguntar por
qué.
Sirius encendió un fuego y Remus fue a buscar platos para la cena. Se
sentaron en el sofá, apoyándose hombro con hombro y escuchando el
nuevo álbum de The Police, que Andromeda había enviado para el
cumpleaños de Sirius.
Cuando terminaron de comer, Sirius apoyó la cabeza en el hombro de
Remus y cerró los ojos, acomodándose. Remus envió los platos a la cocina
y levantó el brazo para que Sirius se pusiera debajo. Cálido, bien alimentado
y relajado, podría haberse quedado dormido ahí mismo.
— ¿Cómo está Marls? — Sirius murmuró después de un rato.
— Bien, creo. Un poco triste.
— ¿Triste?
— Ella está pasando por un momento difícil con todo lo de la guerra. —
Remus sintió mariposas en su estómago, pero continuó valientemente, —
Creo que a todos nos pasa ¿No?
Sirius se quedó callado por un momento, y Remus no podía ver su rostro,
solo la parte superior de su cabeza, pero sabía que estaba pensando.
Finalmente, susurró,
— Sí. A todos nos pasa.
***
Viernes, 21 de Diciembre de 1979
200
— ¡Estamos celebrando! — Grant dijo, sonriéndole: — ¡Terminamos los
exámenes! ¿O no que sí?
— Oh, felicitaciones, — sonrió Remus, levantando un taburete y sentándose
en el extremo de la mesa. — ¿Qué estudian todos?
Fueron por ahí presentándose - Remus nunca podría recordar el nombre
de todos. Suzie estaba haciendo Contabilidad, era una chica pequeña y
ratonil con enormes lentes redondos y un grano en la punta de la nariz.
Rajesh quería estudiar Ingeniería en Kings, pero primero necesitaba
obtener un mejor resultado en Matemáticas, Tim, un hombre alto y fornido
con una camiseta de rugby, estaba haciendo Estudios Sociales. Martine era
la novia de Tim, y estaba estudiando para obtener su título de enfermería.
Todos estaban bastante borrachos, pero Grant era el más borracho de
todos.
Remus se presentó lo mejor que pudo: les dijo que estaba estudiando
Idiomas antiguos, ya que en realidad era muy bueno en Runas y rara vez
tenía la oportunidad de presumir de ello. No debería haberse preocupado
por Grant: estos nuevos amigos estaban a un mundo de distancia del tipo
con el que se había estado mezclando hace unos años.
Las bebidas también siguieron llegando. Remus trató de ser educado y
rechazar cada ronda, pero no fue bien recibido, todos estaban de humor
navideño. Tres cervezas después y Remus se sentía con el mismo espíritu
navideño. La música del pub alternaba entre Slade, Wizard, Cliff Richards
y Shakin 'Stevens, había oropel colgando de los apliques de las paredes e
incluso los camareros llevaban sombreros de fiesta. Remus se había
olvidado a medias de que era Navidad, ya no había tiempo para este tipo de
diversión en su mundo.
Aproximadamente a las ocho y media oyó una voz en su bolsillo y se
apresuró a entrar en el baño de caballero para mirar por el espejo. Era
Sirius.
— Todo está bien, — dijo, luciendo muy alterado, manchas negras en su
rostro, — Ambos terminamos cubiertos de ceniza, sin embargo, no
preguntes, voy a ir a Prongs a lavarme y luego comeré algo ahí. Iré a casa
más tarde.
— ¡Siempre y cuando estés bien! — Remus dijo, con seriedad.
— Sí, estamos bien, — Sirius asintió con gravedad. Luego frunció el ceño,
mirando a Remus a través del espejo. — ¿Dónde estás? ¿En casa?
201
— Pub. — Remus dijo, sintiéndose culpable.
— ¿Con Mary?
— No, con… um. Con Grant. Está celebrando el final de los exámenes.
— Oh, celebrando. — La cara de Sirius se puso pétrea.
— Me invitaron a la celebración, eso es todo. — Remus dijo: — Me estaba
volviendo loco en el piso solo.
— Está bien, Moony, — Sirius le dio una mirada extraña, — Diviértete.
— Puedo ir a Prongs si quieres... — comenzó Remus, pero el rostro de Sirius
desapareció.
Remus salió del baños y ordenó una ronda para todos. No tenía dinero, así
que puso un encanto en un trozo de papel que encontró en su bolsillo, y el
camarero pensó que era un billete de veinte libras, incluso le dio a Remus
el cambio.
Si a Sirius se le permitía quedarse en casa de James y tener una buena cena
y tomarse su tiempo para llegar a casa, entonces Remus no veía por qué no
se le debería permitir emborracharse en el pub con un montón de muggles.
Se quedaron unas horas más, hablando de televisión, música, ropa,
películas y otras cosas muggles gloriosamente mundanas. Finalmente, uno
por uno, los demás se despidieron y se fueron.
Suzie fue la última en levantarse. Le susurró a Remus: — ¿Te asegurarás de
que llegue bien a casa? — Asintió con la cabeza a Grant, que se había caído
debajo de la mesa buscando su pase de autobús, y ahora estaba sentado en
el suelo riéndose para sí mismo.
— Sí, no te preocupes — asintió Remus, sintiéndose un poco risueño.
— Feliz Navidad, Remus, fue un placer conocerte — sonrió, poniéndose el
abrigo.
— Sí, igualmente.
Una vez que ella se fue, Remus se tomó los restos de su pinta y decidió que
eso sería todo. — Oi, — dio una patada suave debajo de la mesa, — Ven, tú,
es hora de irse.
— No, ¡Sigamos festejando!
— ¿Cuántos tomaste? — Preguntó Remus, con las manos en las caderas. Se
sentía bastante borracho y la tolerancia de Remus era más alta que la de la
mayoría.
202
— Algunas pintas — dijo Grant, levantándose, sacudiendo toda la mesa.
Remus puso una mano debajo de su codo para estabilizarlo y comenzó a
guiarlo hacia las puertas.
— ¿Dónde vives estos días?
— Sabes dónde vivo—dijo Grant, — Brighton.
— ¡¿Brighton?!
— Sí. Está bien, déjame en el último tren y llegaré.
— No, — dijo Remus, — Te arrestarán o algo así. Vamos, puedes dormir en
mi sofá.
— Awww, — Grant sonrió.
Subieron al metro tambaleándose juntos, y en Leicester Square la escalera
mecánica estaba apagada, por lo que tuvieron que subirla. Estaban sin
aliento cuando llegaron al nivel del suelo.
— Necesito un cigarro —jadeó Remus, palmeándose los bolsillos en busca de
su cajilla.
No obstante, sus dedos rozaron el espejo compacto, y sintió una leve
punzada de pavor mientras se preguntaba si Sirius estaría en casa. No es
como si algo malo estuviera pasando, simplemente no quería comenzar con
la pelea que sabía que le esperaba.
Renunciando a la búsqueda del cigarrillo, condujo a Grant hacia
Chinatown. Las calles todavía estaban bastante concurridas, la luz y las risas
se derramaban desde los bares del soho y los sórdidos pintorescos.
— ¿Qué piensas de Tim? — Grant arrastraba las palabras, apoyándose
pesadamente contra Remus, — ¿Crees que tengo una oportunidad?
— ¿Pensé que estaba saliendo con Martine?
— Pffft.
— ¿Es er... muy alto?
— Es fuerte —dijo Grant con decisión—, como yo, un tipo fuerte. Por algún
motivo... siento que por eso no funcionamos nosotrossss.
— ¡Oi! — Remus se sintió ofendido, — ¡Soy más fuerte de lo que parezco!
Grant se burló de él, riendo, y Remus estaba lo suficientemente borracho
como para tomar esto como un desafío a su hombría. No solía hacer
demostraciones de su hombría, pero quizá era la cerveza, que estaba
teniendo alguna influencia en él. Actuando rápidamente, y sin pensar
mucho, se inclinó y agarró a Grant por las piernas, levantándolo y
cargándolo sobre su hombro.
203
Grant gritaba y farfullaba de risa mientras Remus trotó con él unos cuantos
metros.
— ¡Bájame! — Gritó: — ¡Has probado tu punto, eres muy fuerte!
— Eso es todo lo que necesitaba escuchar, — sonrió Remus, deteniéndose
para dejar a Grant en el suelo, con cuidado. Aún inestable sobre sus pies,
Grant agarró el hombro de Remus en busca de apoyo, sofocando la risa y
sonriendo con locura.
— Ooo-ooooh, ¿Qué tenemos aquí? — Una voz desagradable y burlona vino
detrás de ellos.
Grant se puso rígido y su espalda se enderezó; miró hacia adelante y bajó la
cabeza, haciendo caso omiso del peligro que se avecinaba, pero Remus
estaba un poco ebrio y no pudo evitar mirar hacia atrás.
Se acercaban a ellos tres hombres, sus rostros estaban ensombrecidos por
las poco fiables farolas y los altos edificios, pero su lenguaje corporal no
podía malinterpretarse; los hombros salidos, los puños cerrados y el andar
amplio. Típica bravuconería masculina.
— Ignóralos, — suspiró Grant, sus labios apenas se movieron, — Vamos,
rápido.
Pero Remus nunca había sido muy bueno para huir de una amenaza.
— ¿Puedo ayudarlos?
Los hombres rieron maliciosamente, aún avanzando. Uno hablaba con
otro, como si Grant y Remus fueran sordos, o simplemente no valieran la
pena dirigirse a ellos.
— Me parece que son un par de novios, una pareja de sucios maricones que
buscan problemas.
— Si están buscando problemas, — dijo otro, — sé dónde pueden
encontrarlos. — Golpeó su puño en su mano abierta, como para
demostrarlo.
— Remus... — Grant dijo entre dientes, tirando de su abrigo, — ¡Vamos!
Remus lo ignoró. Se enfrentó a los tres hombres y levantó la barbilla.
Usando su voz más refinada de escuela privada, dijo:
— Sigan adelante, caballeros, antes de que haga algo de lo que ustedes se
van a arrepentir.
Los hombres se rieron a carcajadas y no se movieron. Remus se alegró. Sus
labios se curvaron, cambió de posición, con las piernas separadas, y los miró
fijamente. Con un ligero giro de muñeca, se congelaron en el lugar. Les
204
tomó un segundo darse cuenta de lo que había sucedido, sus estúpidos
rostros ahora visibles a la luz roja de un letrero de neón que decía 'SEXXX'
parpadeando en el escaparate de la tienda junto a ellos.
Se miraron el uno al otro, trataron de mover las piernas, pero estaban fijos
en su lugar, como si hubieran pisado concreto fresco.
— ¡¿Qué diablos?! — Uno de ellos gruñó enojado.
— No se asusten, muchachos — sonrió Remus, más bien divirtiéndose, — No
muerdo. A menudo.
— ¡Te golpearé, maldito gay! — Uno de los hombres gritó: — ¡Te voy a dar
una paliza!
Eso le dio a Remus una excelente idea. Chasqueó los dedos rápidamente y
observó las caras de los hombres. Uno por uno, una mirada de horror cruzó
por sus caras, y Remus captó el olor momentos antes de que sus jeans
comenzaran a oscurecerse visiblemente.
— Pobres linduras — se rió Remus. Incluso Grant dejó de tirar de su manga,
para entonces mirarlos con incredulidad.
— ¡¿Se hicieron pis?!
Los tres hombres humillados comenzaron a gritar insultos, cada uno peor
que el anterior, pero no importó. Remus y Grant estaban prácticamente
histéricos.
— Ven, — dijo Remus, pasando un brazo alrededor del hombro de Grant, —
Vamos.
No los soltó hasta que estuvieron a dos calles de allí, encerrados dentro del
piso.
Era muy arriesgado hacer magia en una calle muy transitada del centro de
Londres frente a muggles. Pero Remus no podía esforzarse para sentirse
culpable por ello; estaba jubiloso. No parecía que Grant entendiera lo que
había sucedido, estaba bastante borracho y, sobre todo, aliviado de estar a
salvo, así que Remus pensó que se había salido con la suya. De vuelta en el
piso, sacó el whisky para brindar por su propio éxito, esto fue recibido con
una gran aprobación por parte de Grant.
Sirius no había regresado todavía, y Remus decidió no preocuparse por eso
tampoco. Lo más probable es que hubiera decidido pasar la noche en casa
de los Potter. Remus sacó algunas mantas y almohadas para hacer una cama
en el sofá para Grant, y luego se acomodaron para pasar unas horas más
205
bebiendo, fumando y riendo. El tiempo empezó a deformarse; estirándose
y contrayéndose cuanto más borracho se ponía Remus.
Debían de ser casi las dos de la madrugada cuando tocaron el fondo de la
botella. Remus pasó el dedo por el fondo de su vaso de vidrio y luego lo
chupó.
— Ungh. — Grant se quejó desde el sofá. — Debo dejar el alcohol. Resolución
de Año Nuevo.
— Ajá. — Remus ladró, encorvado en su sillón, enrollando un cigarrillo.
— ¿Remusss? — Grant preguntó, atontado, su cabeza colgando sobre el brazo
del sofá, rizos rubios cayendo hacia atrás de su cara al revés.
— ¿Sí? — Remus farfulló en respuesta.
— ¿Puedo preguntarte algo?
— Sí.
— ¿Tienes un plan?
— ¿Un plan? — Remus frunció el ceño, confundido y adormilado.
— Sobre lo que vas a hacer con tu vida, ¿Sabes qué hacer?
— Oh. — Remus se rascó la cabeza, brazos lentos y pesados. — No lo sé. ¿Tú?
— No lo sé — Grant suspiró. — He estado pensando. Tal vez deba encontrar
una chica o algo así. Y casarme.
— ¿Casarte? — Remus se atragantó. — Cristo, estás borracho.
— ¡Puede que no sea terrible! — Grant se defendió: — No me molesta pasar
tiempo con las chicas. Pueden ser divertidas.
— Sí, pero... ya sabes, si te casas, se espera que... — Remus gesticuló con
delicadeza. Grant resopló.
— Puede que ella no quiera hacerlo mucho. De todos modos, puede que no
lo odie. Nunca lo he intentado, ¿No es así?
Remus se puso el cigarrillo entre los dientes, pensativo. — Yo lo hice, una
vez.
— ¿Oh si? — Grant se sentó interesado, — ¿Y?
— Estuvo bien. — Se encogió de hombros, mientras encendía el cigarro. —
No hay mucho que decir al respecto. Fue bastante vergonzoso. Pero
seguimos siendo amigos y esas cosas.
— No puede ser tan malo entonces. — Grant suspiró, echándose hacia atrás
una vez más. Se veía triste y Remus deseaba saber cómo animarlo. Grant
extendió su mano hacia Remus, quien suspiró y le entregó el cigarrillo
recién encendido. Comenzó a armar otro.
206
Grant suspiró, giró la cabeza hacia atrás y lanzó columnas de humo hacia el
techo. — Siempre me decepcionan, eso es todo. Los hombres.
— No siempre, — dijo Remus, sin gustarle el giro melancólico que estaban
tomando las cosas.
— No, — respondió Grant con nostalgia, levantando la vista y mirando a
Remus a los ojos, — No, supongo que tú nunca lo hiciste.
Remus sintió una oleada de cálido placer por eso, aunque tal vez era porque
estaba muy borracho. Grant todavía lo miraba intensamente y ahora sonreía
un poco. Algo pasó entre ellos. Algo muy pequeño; pero algo.
La puerta se abrió y Sirius entró, trayendo consigo el frío invernal. Se detuvo
en seco cuando vio a Grant, quien se apresuró a incorporarse.
— ...Hola. — Dijo Sirius, con los ojos moviéndose de un lado a otro con
cautela. Remus nunca tenía invitados, y mucho menos muggles.
— ¡Hola amigo! — Grant se puso de pie rápidamente, extendiendo una mano
sobre la mesa de café, con la botella de whisky vacía encima. Sirius la
sacudió, cortésmente.
— Grant está celebrando el final de sus exámenes, — explicó Remus,
sintiéndose culpable pero sin saber por qué.
— Oh, felicitaciones, — asintió Sirius, con expresión cautelosa.
— ¡Gracias! — Grant sonrió. —¿Quieres un trago? Oh, maldita sea, lo
tomamos todo...
— Está bien. — Sirius cruzó los brazos sobre el pecho y arqueó una ceja,
adoptando su aburrida rutina de aristócrata. — Me voy a la cama.
No le dio a Remus ni una segunda mirada, simplemente caminó por la sala
de estar, por el pasillo hasta el dormitorio.
— ¿Te metí en problemas? — Grant susurró. Remus negó con la cabeza.
— Está cansado. Será mejor…
— Oh sí, por supuesto. De todos modos, estoy hecho polvo, gracias de nuevo
por dejarme quedarme.
— En cualquier momento. — Remus sonrió, diciéndolo en serio. — Gracias
por invitarme a salir. Realmente lo necesitaba. — Palmeó el hombro de
Grant cuando se fue.
Sirius se estaba desvistiendo. Ignoró a Remus, quien cerró la puerta
silenciosamente detrás de él y se sentó en el borde de la cama.
— ¿Cómo te fue en la misión? — Preguntó, gentilmente, — ¿Está James...
207
— ¿Un muggle en el piso, Remus? — Sirius espetó, — ¡¿Acaso pensaste en lo
peligroso que es?!
— ¿Peligroso? — Remus frunció el ceño, confundido.
— ¡Hay una guerra en marcha! ¡Se supone que este lugar es una casa segura,
se supone que debe estar cerrado con más llave que Gringotts!
— Que gracioso. — Remus dijo, rotundamente, — Pensé que se suponía que
era nuestra casa.
Sirius no respondió, solo frunció el ceño, atando la cuerda en la parte
inferior de su pijama. Remus se frotó la nuca y suspiró: — Mira, vive en
Brighton; No podía dejarlo tirado en la estación de tren. Estaba ebrio. —
Remus trató de explicar.
— ¿Así que tu solución fue embriagarlo aún más? — Sirius respondió.
— Sonoro Quiescis. — Dijo Remus, lanzando un hechizo silenciador en el
dormitorio, la primera vez que lo necesitaban desde Hogwarts. — Si quieres
una pelea, — dijo, estirando los brazos de manera tentadora, — Vamos, seré
más que feliz de complacerte.
— No quiero pelear, quiero dormir. — Dijo Sirius.
— Está bien. — Remus se encogió de hombros. Se quitó el jersey, con la
camiseta que lo acompañaba, y también empezó a cambiarse para la cama.
Sirius se metió debajo del edredón y lo miró, todavía con el ceño fruncido.
Definitivamente quería una pelea.
— No puedo creer salieras a emborracharte.
— Es Navidad. — Remus murmuró, — Lamento querer sacar un poco de
felicidad de las fiestas.
— No podías esperar, ¿verdad? En el momento en que salí de la casa, tenías
que...
— ¡Siempre te vas! ¡¿Se supone que debo quedarme sentado toda la noche
preocupándome?! Todavía existo cuando no estás aquí, sabes, todavía
necesito hablar con la gente a veces.
— ¡Ajá! — Sirius se burló, — ¿De repente quieres a alguien a quien abrirle tu
corazón? Qué irónico.
— ¡Vete a la mierda! — Remus gritó a todo pulmón.
— ¡Vete tú a cogerte a ese muggle! ¡Obviamente para eso está aquí! — Sirius
respondió. Remus se tambaleó como si lo hubieran golpeado. Miró a Sirius
y vio el dolor en sus ojos. ¿Era todo esto solo aburridos comunes y corrientes
celos?
208
Remus se obligó a relajarse, a bajar los hombros y aflojar la mandíbula.
Cerró los ojos, inhalando.
— Grant está en el sofá porque es mi amigo y no quiero que le pase nada
malo. — Dijo, muy firme. — Y yo estoy aquí contigo, porque no hay nadie
más con quien prefiera estar en una habitación. Incluso cuando eres un
gran idiota.
Los labios de Sirius se fruncieron y luego se relajaron. Parecía querer seguir
discutiendo, pero no tenía nada más que decir. Al final, se dejó caer en la
cama con los brazos cruzados, y dijo al techo:
— Tú eres un gran idiota.
Remus se rió, terminó de cambiarse y se subió a la cama, arrastrándose hacia
Sirius.
— Soy tu gran idiota. — Alcanzó el borde del edredón y lo bajó,
despegándolo del cuerpo de Sirius. Sirius lo permitió, mirando a Remus,
quien comenzó a desenredar el nudo de cuerda en la parte inferior del
pijama de Sirius. Luego, bajó sus pantalones y se humedeció los labios. —
¿Me dejas compensarte?
Sirius se mordió el labio, asintió con la cabeza, luego arqueó la espalda y no
volvieron a hablar durante horas.
Por la mañana, Grant se había ido.
209
CIENTO SESENTA Y OCHO
La guerra: Primavera y Verano de 1980
Ese Enero, poco más de un año después del funeral de su madre, Remus
asistió a otro servicio conmemorativo, esta vez para Fleamont y Euphemia
Potter.
Fallecieron con unas horas de diferencia en los últimos y sombríos días de
Diciembre. Su pérdida se sintió inmensamente, y no solo por los miembros
de la Orden. La mansión Potter estuvo llena durante semanas con
visitantes, dolientes y viejos amigos, y cada uno de ellos tenía una historia
de alguna bondad que los padres de James habían realizado.
— Euphemia siempre solía decirme que podía preguntarle cualquier cosa
cuando la veía en St Mungo's. — Marlene sollozó: — Era una sanadora tan
brillante, desearía haberla conocido antes.
— Fueron tan amables con nosotros cuando huímos — dijo Andrómeda,
sosteniendo la mano de Ted y haciendo rebotar a su hija en su cadera, —
Chequeaban como estábamos todo el tiempo, se aseguraron de que nunca
lucháramos por nada... simplemente no puedo creer que se hayan ido...
— Sería un orgullo para mí si algún día nuestra casa es la mitad de lo
acogedora que fue la de ellos. — Agregó Arthur Weasley, limpiando sus
lentes, que se habían empañado.
— Los mejores entre los magos — entonó Dumbledore en el discurso que
dio en el servicio. — Eran un faro de comprensión, tolerancia, buen humor
y comunidad, eran todos los valores que más apreciamos.
— Supongo que es adecuado que se hayan ido en Navidad — dijo una
anciana arrugada en el velorio, — Siempre amé venir a los Potter para la
fiesta del Boxing Day.
— ¡Extrañaré los pasteles de carne picada de Effie! — Añadió un anciano.
210
— ¡Extrañaré la cerveza casera de Monty! — Otro se rió a carcajadas. Una
pequeña risa cariñosa, seguida de un tierno silencio mientras todos
recordaban la ilimitada hospitalidad de los Potter.
Remus se guardó sus propios recuerdos de los Potter, porque sentía que
tenía el menor derecho a reclamarlos. Aun así, nunca olvidaría que habían
sido ellos quienes lo acogieron cuando se encontró sin hogar a los diecisiete
años, y quienes lo ayudaron a localizar a su madre.
En cierto modo, era diferente de las muertes anteriores en la Orden, porque
los Potter habían muerto a una edad avanzada y no habían sido asesinados,
por lo que había más espacio para los recuerdos felices.
Aún así, seguía sin sentirse justo. El tiempo no tiene sentido, cuando se
trata de las personas que amas, reflexionó Remus. Once meses no había
sido tiempo suficiente con Hope, y probablemente veinte años no habían
sido suficientes para James.
Sirius, Peter y Remus tomaron en silencio la decisión de unirse por James.
Él había sido la fuente de la fuerza de los merodeadores desde que eran
niños; había defendido o apoyado desinteresadamente a cada uno de ellos
en un momento u otro, y no había duda de que había llegado el momento
de devolverle el favor ahora, en su momento más oscuro.
Asumieron la tarea de saludar a la mayor cantidad posible de los llegados y
mantenerlos alejados de James, que tenía bastante con lo que lidiar.
Durante dos semanas completas, los tres pasaron sus días aceptando ramos
de flores y potes de comida casera (los cuáles eran muy útiles porque Gully,
el elfo doméstico, había estado inconsolable y se pasaba todo el tiempo
acurrucado bajo el aga, sollozando y bebiendo cerveza de mantequilla). Lily
manejó todo lo financiero o legal - Remus no pudo evitar admirar la rapidez
con la que se dedicó a la ley de propiedad mágica - mientras Alice y Molly
la ayudaron a administrar la casa y empacar las cosas que necesitaban
empacar.
Fue terriblemente apropiado que 1980 comenzara con la muerte. Años más
tarde, marcaría un punto de inflexión en la guerra para Remus; como si
perder a los Potter hubiera sacudido los cimientos mismos de la realidad.
Después de su funeral, cada vez menos cosas empezaron a tener sentido.
Las cosas de las que alguna vez se había sentido seguro se volvieron inciertas,
y el círculo, ya pequeño, de personas en las que confiaba y amaba comenzó
a reducirse aún más.
211
Durante el resto de Enero, Sirius y Remus se cruzaron como barcos en la
noche: uno no se levantaba hasta tarde y el otro se despertaba con el
amanecer para una misión u otra. Ambos estaban decididos a compensar a
James, y eso los mantuvo más ocupados que nunca. Uno o ambos iban a la
casa de los Potter a dormir, o se quedaban con alguien más de la Orden,
por el bien de la seguridad.
El luto por Fleamont y Euphemia además de todo eso significaba que las
pocas horas que pasaron juntos estaban llenas de silencio.
Sirius había llorado el día que lo escuchó. Ambos lo habían hecho, pero el
dolor era más crudo para Sirius,
— ¡No es justo! ¡No es justo! — Repitió una y otra vez, ojos salvajes y
desesperados.
Remus cuidadosamente dejó a un lado su propio dolor para ser el más
fuerte, y descubrió que las cosas eran más fáciles cuando enfocaba su
atención en ayudar a Sirius.
Fue un trabajo muy duro, y por un tiempo pareció que no habría nada por
lo que volver a sentirse feliz. Su única buena noticia salió completamente
de la nada (como suele ocurrir con las buenas noticias) un domingo a
principios de Febrero.
Sirius había salido con James, no en una misión, por una vez. De niños,
James y Sirius se metían en la cama del otro cada vez que uno de ellos no
estaba feliz. Ahora como hombres, se pasaban largas tardes recorriendo el
campo en la motocicleta de Sirius. Remus no estaba celoso; en todo caso,
era un alivio el no tener que ir.
Estaba pasando la tarde estudiando contra maldiciones, lo que al menos le
hacía sentir como si estuviera haciendo algo útil. Había decidido tomar un
breve descanso y prepararse una taza de té cuando una lechuza picoteó en
la ventana de la cocina. Llevaba una nota de Lily; "¿Puedes venir antes de
las cinco? Prepararé la cena." Y, por supuesto, se preparó para irse de
inmediato. Además, eso era algo bueno para él; sus propios planes para la
cena eran tostadas de frijoles, que ya había comido tres veces esa semana.
El frío seguía siendo crudo, la escarcha permaneció durante semanas en
Febrero y la primavera tardó toda una vida en llegar. Remus estaba
agradecido de poder simplemente atravesar la chimenea en su apartamento
y aparecer instantáneamente en la sala de estar de los Potter sin tener que
212
salir. Esperaba que Sirius estuviera bien abrigado; El frío del viento no era
una broma a la velocidad que conducía.
— ¡Estoy aquí! — Remus llamó, sacudiendo el hollín y el polvo flu de su
túnica raída.
Hieronymus, el gato, le maulló enojado: había arruinado su punto cómodo
en la alfombra.
— ¡Cocina! — Lily respondió.
Remus atravesó el lugar. La casa se sentía vacía, y lo había estado durante
semanas, pero la cocina estaba tan cálida y reconfortante como siempre.
Lily estaba sentada en la amplia mesa de roble, leyendo un libro de recetas,
su varita sostenía su cabello en un moño desordenado. Había una olla que
se revolvía sola en la hornalla y algo que olía delicioso en el horno.
— Hola precioso, — ella sonrió, mirándolo.
— Hola, — dijo con la mano, — ¿Puedo ayudarte con algo?
— Si pones la mesa sería genial, — asintió con la cabeza hacia el tocador
contra la pared. — Vamos a comer aquí, creo, es más acogedor.
— ¿Solo nosotros dos? — Preguntó, yendo a sacar los cubiertos.
— Cinco, en realidad — negó con la cabeza, — Peter llegará en un minuto, y
los chicos no deberían tardar mucho más... bueno, eso depende de Sirius.
— ¿Eh? — Remus frunció el ceño, la nota no había mencionado a Sirius. Lily
se sonrojó.
— Er... Bueno, te pedí que vinieras porque tengo que contarte algo...
Las manos de Remus comenzaron a temblar y dejó caer el cuchillo para
untar que había estado sosteniendo. Ninguna noticia era buena en estos
días, y había desarrollado un poco de paranoia en torno a los anuncios.
— ¡Es algo bueno! — Lily dijo, rápidamente, al ver la expresión de su rostro,
— ¡Lo prometo! Es solo que, er... pensamos que podría ser mejor, James
pensó que podría ser mejor, si le decía a Sirius por su cuenta, ya sabes, a
solas... después de lo que pasó la última vez ...
— ¿Ultima vez? — Remus frunció el ceño. Seguramente no podrían volver a
casarse. — ¡¿No se van a separar, no?!
— ¡Remus, dije que es algo bueno! — Lily se rió ligeramente. —
Honestamente, siempre piensas lo peor...
Se puso de pie, quitando sus libros de la mesa. Remus la miró bien. Ella
estaba un poco más gruesa alrededor de las caderas, no es que él fuera a
decirle algo así a su mejor y mayor amiga. Y de todos modos, le sentaba
213
bien, seguía siendo extraordinariamente bonita, en su opinión. Pero ella
también olía ligeramente diferente.
Parpadeó y sacudió la cabeza, cerrando de golpe el cajón de los cubiertos
con tanta fuerza que traqueteó, y Lily dio un salto.
— ¡Estás embarazada!
Ella se sonrojó más y asintió con la cabeza, con el rostro estirado en la
sonrisa más amplia que Remus había visto en cualquier persona en meses.
Sin palabras, se apresuró a rodear la mesa para abrazarla, — ¡Increíble! — Se
atragantó, de repente muy emocionado, — ¡Brillante! ¡Dios mío, Lily!
— ¡Lo sé! — Ella chilló: — ¡El parto será en Julio! ¡No tienes idea de lo difícil
que ha sido mantener todo en secreto!
Remus dio un paso atrás para darle espacio y secarse los ojos.
— ¿Fue por Sirius?
— No solo por eso… — concedió,— Queríamos un período de duelo
adecuado… Euphemia y Fleamont lo sabían, por supuesto. Fue desgarrador
contárselos. Pero tengo que admitir que estoy un poco preocupada por
cómo se lo tomará Sirius...
— ¡Si dice algo más que felicitaciones, le daré una paliza! — Remus dijo,
ferozmente. Lily se rió,— Tendrás que ponerte en la cola detrás de mí y de
James.
Remus se rió, todavía secándose los ojos, y fue a poner la mesa. Tan pronto
como hubo dejado el último plato, se escuchó un rugido retumbante en la
distancia, acercándose. Lily lo miró y se mordió el labio. Él solo le sonrió
— Estará todo bien.
Sirius había estado estacionando su bicicleta en el patio trasero
últimamente. Remus a menudo se preguntaba qué pensaría Euphemia de
eso, pero, por supuesto, nunca podría negarle nada a su niño de ojos azules,
y habría perdonado las marcas de neumáticos embarrados en su césped con
maternal indulgencia.
Las puertas del patio se abrieron con un traqueteo y Sirius entró, con el
pelo todavía azotado por el viento, la nariz y las mejillas rosadas por el frío.
Sonreía, sonreía tanto que el corazón de Remus dio un vuelco, y sintió
aquel viejo enamoramiento de un colegial resurgir en él.
— ¡Señora Prongs! — Sirius fue directo hacia Lily, con los brazos abiertos, y
la envolvió, besando la parte superior de su cabeza, — ¡Malditamente
brillante!
214
Remus suspiró aliviado y fue a estrechar la mano de James, que había
entrado detrás de Sirius, con el pelo y la bufanda volando, el rostro
quemado por el viento brillando como un rayo de alegría.
— ¡Un niño! — Fue todo lo que Remus pudo pensar en decir: — ¡Vas a tener
un maldito niño!
James se rió, agarrando su mano,
— Estás malditamente en lo correcto, Moony.
— ¡Siéntate! — Sirius sacó una silla para Lily, acomodándola, — Merlín,
Moony, ¿Qué clase de caballero eres, dejando que Lily haga todo el trabajo
en su condición?
— Oi, — Remus frunció el ceño, — Puse la mesa...
— Estoy bien, de verdad, — Lily se rió tontamente, — Pero si ustedes chicos
quieren servir la cena, no tengo problema. El cordero está en el horno,
James, ya debería estar listo.
Así que los tres se apresuraron por la cocina, haciendo un poco más de
ruido y desorden de lo que probablemente era necesario. Sirius comenzó a
silbar 'Kooks', James abrió una botella de champán para brindar (y una
cerveza de mantequilla para Lily) y Remus solo sonrió hasta que le dolieron
las mejillas, viendo a sus amigos felices juntos.
Entonces llegó Peter, y todo comenzó de nuevo, su felicidad se multiplicó
mientras se sentaban a una perfecta cena familiar. Era justo lo que todos
necesitaban.
— ¡¿Cómo sucedió?! — Peter exclamó, limpiando la salsa con su último
pudín de Yorkshire.
— Bueno, Wormtail. — sonrió Sirius, — Cuando una bruja y un mago se
aman mucho...
— Cállate — se rió Peter, pateándolo debajo de la mesa, — Sabes lo que
quiero decir...
— Simplemente sucedió, — James se encogió de hombros, — Puede que nos
hayamos descuidado un poco en Halloween...
— ¡James! — Lily le dio una ligera palmada en el brazo con el dorso de la
mano, — No hay necesidad de detalles, estoy segura de que Moony no quiere
escuchar todo eso.
— ¿Por qué yo? — Remus frunció el ceño.
215
— Oh, bueno... ya sabes, sé que prefieres ser discreto sobre... um... — Lily
buscó las palabras. Remus se cruzó de brazos, mirándolos a todos con
fingida indignación.
— ¡Todos ustedes piensan que soy un mojigato!
Todos se echaron a reír, y Sirius le dio una palmada cariñosa en el hombro.
— No te preocupes, Moony, simplemente no te conocen como yo te
conozco.
— ¿Qué se supone que significa eso? — Comenzó Peter, pero Remus, viendo
hacia dónde se dirigía la conversación, intervino rápidamente.
— ¿Ya tienes alguna idea de cómo se va a llamar?
— No, en realidad no — dijo Lily, todavía riendo, — Un solo apellido estaría
bien, pero...
— Hagas lo que hagas, — dijo Sirius, — Llama al pobre niño algo normal.
Nada de constelaciones, por el amor de Dios.
— Salud por eso — Remus levantó su vaso y lo vació. Era el tercero, pero no
creía que nadie se hubiera dado cuenta y, además, estaban celebrando.
— ¿Cuándo sabrás qué es? — Peter preguntó
— No lo llamaremos Peter, — bromeó James.
— ¡Pido ser padrino! — Gritó Sirius.
— ¡No se puede pedir ser padrino! — Peter dijo, indignado.
— Ya lo hice. — Sirius sacó la lengua.
***
Y así, como de costumbre, fueron James y Lily quienes lograron sacar a
todos de ese sombrío invernal, justo a tiempo para la primavera. Los
merodeadores y sus amigos afrontaron el resto del año con ojos frescos y un
propósito renovado. Porque luchar en una guerra era una cosa, pero luchar
por el futuro hijo de los Potter hacía que cada desafío pareciera más valioso.
Es más, no eran los únicos que celebraban una buena noticia. Arthur y
Molly dieron la bienvenida a otro hijo pelirrojo en Marzo, y Alice anunció
que ella y Frank también estaban esperando para el verano.
— ¡Imagina eso! — Mary dijo, recogiendo las tazas de té y de café que habían
quedado después de una reunión de la Orden, — Sus hijos crecerán juntos
e irán juntos a Hogwarts... es algo lindo, ¿no?
Remus asintió con la cabeza. Habría dado cualquier cosa por haber sido
criado por cualquiera de estas personas; de haber podido tener una infancia
rodeada de magia, amor y risas.
216
Nunca antes había pensado mucho en los niños; su propia infancia había
sido tan desastrosa que no creía estar en condiciones de ser padre. Pero ver
a James y Lily hacerlo; eso en realidad sonaba bastante bien.
Por supuesto, el entusiasmo de Remus por 'Baby Prongs' palideció en
comparación con la abrumadora emoción de Sirius.
— ¡Va a ser muy divertido, Moony! — balbuceó, viniendo una tarde de Mayo
de otro viaje de compras improvisado, — ¡Imagínate a todos en escobas! ¡El
equipo de Quidditch de la Orden del Fénix!
— Eh... ¿Cuántos años debe tener un niño para montar en escoba? —
Preguntó Remus, mirando nerviosamente sus paquetes. Ninguno de ellos
tenía forma de escoba, pero nunca se sabía con Sirius.
— Estos son en su mayoría libros y ropa, — le aseguró Sirius, riendo
ligeramente, — Y algunos juguetes, solo pequeñas cosas...
— Van a consentir tanto a este niño... — Remus gruñó.
— Bien, — Sirius sacó la lengua. — No le hace ningún bien a nadie ser criado
sin alegría, ¿No es así, Moony? — Levantó una ceja y Remus agachó la cabeza,
avergonzado, y nunca volvió a regañar a Sirius por eso.
***
En Junio, después de la luna llena, Remus fue invitado a otra reunión con
Moody y Ferox. Un año mayor y más sabio, pidió no encontrarse con ellos
en la oficina del Auror esta vez. Estuvieron de acuerdo, no tenían muchas
opciones. Remus se había vuelto muy frívolo sobre su papel como oficial de
enlaces no oficiales con hombres lobo, y probablemente se notaba. Al
menos Moody ya no lo mandaba mucho.
Se vieron en un pequeño pub para trabajadores en las afueras de Derby.
Remus llegó primero y se sirvió una pinta, luego se sentó con un periódico
que había recogido en la estación de tren. Sacó la página con el crucigrama
y la dobló cuidadosamente en el bolsillo del pecho. A Sirius le gustaba hacer
crucigramas.
Eligió un asiento en la parte de atrás del pub, porque era silencioso, pero
también porque el asiento era un banco de madera de respaldo alto, lo cual
era bueno para su espalda. Todavía estaba adolorido por la última luna, y
trató de sentarse derecho.
Ferox llegó unos minutos después.
217
— ¿Todo bien, Kev? — Asintió, sentándose en el taburete de tres patas frente
a Remus.
Todos habían recibido instrucciones de comenzar a usar nombres falsos
cuando estaban en asuntos de la Orden, en caso de que alguien los
escuchara. Remus no le gustaba demasiado el nombre 'Kevin', pero tenía
que admitir que probablemente era mejor que su propio ridículo nombre.
Cuando los merodeadores se enteraron por primera vez de los nombres en
clave, querían usar Paul, John, George y Ringo, pero Moody les dijo que
era demasiado obvio.
— Hola, Norman. — Remus asintió a Ferox.
— El señor Thompson no tardará.
— Bien. ¿Quieres beber algo?
— No, estoy trabajando.
Remus se encogió de hombros y tomó un trago de su propia cerveza. Ferox
lo miró con expresión tranquila. — Entonces, — preguntó su antiguo
maestro, — ¿Qué tal los trucos?
— Oh, ya sabes, — Remus se encogió de hombros de nuevo, — Todos estamos
haciendo lo que podemos.
— Escuché que has estado ocupado, tienes un don para la seguridad, ¿eh?
— Sí, he estado ayudando a Alice… er… Steffi. Lo siento.
Ferox se rió bruscamente del error de Remus,
— No te preocupes por eso. Es una tontería, de todos modos. Aún así, la
seguridad es un buen talento para tener, ¿eh? ¿Es algo que te gustaría hacer
para el ministerio, tal vez? ¿Después de que todo esto termine?
— ¿Alarmas de seguridad? — Remus frunció el ceño. Realmente no lo había
pensado antes. — No sé, no es realmente... quiero decir, quiero ayudar a la
gente, obviamente, pero no estoy seguro si... la gente no quiere a alguien
como yo en sus hogares.
— Ánimo, muchacho, — dijo Ferox, amablemente, — No todo es pesimismo.
Remus bebió de nuevo. Casi había terminado y se preguntana si tendría
tiempo para una segunda pinta. Probablemente no. No era muy
profesional. Sin embargo, era técnicamente medicinal: le dolía mucho la
espalda.
Moody, 'Mr Thompson', llegó unos momentos después. Parecía más
demacrado que nunca. La guerra parecía afectarlo físicamente, había
acumulado más cicatrices que cualquiera que Remus conocía (excepto él
218
mismo, tal vez). Además, había perdido más partes del cuerpo; si Moody no
era más cuidadoso, pensó Remus, terminaría como el viejo profesor
Kettleburn.
— Kevin, Norman, — Moody asintió con la cabeza hacia ambos.
Llevaba ropa muggle, o al menos su aproximación. Una camisa hawaiana
llamativa combinada con pantalones acampanados de color amarillo
mostaza de aspecto antiguo. Remus tuvo que concentrarse para mantener
la cara seria.
— Voy a ir directamente a los negocios, — dijo, tomando el tercer taburete
alrededor de la mesa. — Se le ha vuelto a ver. Quién ustedes saben.
Eso significaba Greyback. Remus tragó, asintiendo.
— ¿Dónde?
— Fuera de Dublín. Creemos que ha mantenido un perfil bajo; está
lamiendo sus heridas, pero todavía está al mando de ya sabes quién.
Remus asintió de nuevo. Sabía que Greyback no sería derrotado tan
fácilmente; siempre había sabido que eventualmente se volverían a
encontrar.
— La buena noticia es, — dijo Ferox, aprendiendo: — Que no ha estado
reclutando; todas las fuentes parecen decir que la mayoría de su manada lo
ha abandonado.
— ¿Fuentes? — Remus lo miró con dureza.
— Bueno, — sonrió Ferox, — hice un pequeño viaje a la isla esmeralda la
semana pasada.
— ¡¿Tú que?! — Remus estaba conmocionado por esta noticia. — ¡Podrías
haber muerto!
— Cálmate, muchacho, — dijo Moody, poniendo su palma sobre la mesa. —
Norman ha estado en este caso desde que eras un niño. Él sabe lo que está
haciendo.
— Ah, solo se preocupa, ¿verdad, Kev? — Ferox le dio un codazo.
Remus no respondió. ¿Cómo podía decirles a estos dos hombres, que eran
mayores, más experimentados, más sabios y probablemente más poderosos
que él, que estaban siendo unos idiotas? Era completamente ridículo que
incluso quince años después de la muerte de Lyall Lupin, el ministerio
continuara subestimando a Greyback. Se negaban a aprender algo de sus
errores.
219
— Debiste decírmelo. — Dijo finalmente. — Podría haberte ayudado. O
aconsejado, al menos.
— No fui solo, no te preocupes, — sonrió Ferox, — Me llevé al joven Daniel
conmigo, quiero decir, eh... no, mierda, lo olvidé...
— ¡¿Danny?! — Remus se resistió, aún más alarmado, — Pero...
— No fue nada personal, — dijo Moody, — sabes más sobre ellos que nadie,
pero después del año pasado, eres demasiado cercano a ellos, demasiado
reconocible para la manada. No podíamos arriesgarnos.
— Ojalá me lo hubieras dicho. — Remus repitió, aunque sabía que no lo
estaba llevando a ninguna parte.
— Te lo estamos contando ahora.
Remus frunció los labios. ¡Danny McKinnon! Greyback debía de estar
riéndose de ellos; simplemente no tenían idea.
— ¿Entonces, qué? — Preguntó, sabiendo que ahora estaba visiblemente
irritado. — ¿Qué necesitan de mí?
— Bueno, sabemos que está en movimiento. Salió de Dublín después de la
última luna llena, sin dejar rastro. Él y una joven.
— Livia — dijo Remus.
— ¿Tú sabes quién es ella?
— Lo más probable es que sea ella, — asintió Remus, — Ella es su partidaria
más leal, nunca lo abandonará.
— ¿Podría darnos una descripción de ella? Daniel captó un olor, pero no la
vimos. — Ferox dijo, ansiosamente.
Remus asintió.
— Ok. Pero tienen que decirme, la próxima vez...
— Bien, bien, — Moody negó con la cabeza con impaciencia, — Te
mantendremos informado, siempre que sea posible y dentro de lo
razonable. Ahora, ¿Qué puedes decirnos sobre esta perra de Livia?
Remus les dijo todo lo que sabía. Sintió que estaba volviendo a pisar
territorio antiguo, pero de todos modos nadie podría escucharlo. Explicó
cómo se veía Livia, eso era bastante fácil, no era una bruja de aspecto
ordinario.
— Los atraparemos, muchacho, no te preocupes, — dijo Ferox mientras
estrechaba la mano de Remus antes de irse. Había perdido completamente
el punto.
220
No habían rastreado la manada de Castor, si es que todavía eran una
manada. Moody pensaba que se habían ido del país, y Remus esperaba que
así fuera. Esperaba que nadie los volviera a encontrar. Para cuando todos
estuvieron listos para irse, Remus sentía que necesitaba otro trago, mejor
dicho otra pinta, le dolía la espalda con cada paso que daba, amenazándolo
con darle un espasmo total. Y estaba de muy mal humor.
Se apareció de regreso a Londres y abrió la puerta de su casa con tanta fuerza
que el pomo golpeó contra la placa de yeso.
— ¡Maldita sea! — Sirius saltó de su asiento en el sofá.
Remus parpadeó, avergonzado.
— Lo siento. No sabía que estabas aquí.
— ¿Qué pasó?
— ¡Maldito Moody! ¡Maldito Ferox! — Remus hizo una mueca mientras se
quitaba la chaqueta.
— ¿Todavía te duele la espalda? — Sirius ladeó la cabeza con simpatía. — Ven
aquí. — Se arrastró hacia atrás en el sofá, levantando las rodillas para que
Remus pudiera sentarse frente a él.
Remus lo hizo y cerró los ojos, suspirando agradecido mientras Sirius
comenzaba a frotar sus hombros con firmeza, exprimiendo el dolor con sus
hábiles dedos.
— ¿Qué pasó? — Él preguntó: — Ellos no... no tienes que ir de nuevo, ¿verdad?
— No, — dijo Remus, — No, solo... no sé, ¿Alguna vez has sentido que todos
piensan que eres un niño idiota que no sabe nada?
— Nadie piensa eso. — Sirius lo tranquilizó.
— Sé que ustedes no lo hacen, pero... uf. Simplemente no me escuchan. Sé
más sobre los hombres lobo que nadie en la Orden. ¡Soy el hijo pródigo de
Greyback, por el amor de Dios!
— No digas eso. — De repente, Sirius envolvió sus brazos alrededor de la
cintura de Remus, acercándolo y apretándolo, como si estuviera a punto de
salir disparado. — Si Moody y Ferox te mantienen alejado de ese monstruo,
entonces bien.
Remus se inclinó hacia Sirius y no dijo nada más.
***
31 de Julio de 1980
223
Harry. Ese era el nombre que habían elegido, según Marlene, quien bajó a
aceptar agradecida una taza de té y se hundió lentamente en el sofá. Tenía
ojeras oscuras, pero de todos modos les sonrió a todo el mundo.
— Entrega ultrarrápida — murmuró, bebiendo lentamente la infusión
lechosa, — ¡Veinte minutos de parto activo!
— ¡Quizás sea un cazador, como James! — Peter dijo ansiosamente.
— ¿Lily está bien? — Preguntó Mary.
Marlene asintió, — Por supuesto que lo está. Nada detiene a Evans.
— Me iré, entonces, — dijo Arthur, poniéndose de pie y abrochándose la
capa raída — Ya he estado lejos de Molly y los chicos demasiado tiempo, le
haré saber a Dumbledore las buenas noticias, por supuesto.
Todos se despidieron. Una vez que se fue, Sirius fue a las escaleras de nuevo
para mirar hacia arriba.
— Sirius, amor, — dijo Marlene bruscamente, — dales un poco de tiempo a
solas, ¿eh? Tiempo familiar.
— Oh, ok — Él asintió con la cabeza, se volvió hacia la habitación y se apoyó
en el marco de la puerta. Miró al vacío durante un rato y, por una vez,
Remus no pudo adivinar lo que estaba pensando. Sirius negó con la cabeza
lentamente y dijo, — Harry Potter — muy bajo.
— Creo que es un buen nombre. — Mary dijo alegremente. Ella miró a
Marlene y ahogó una risita, — Mejor que Neville, ¿eh?
Marlene también se rió, culpable, — Oh, no me lo recuerdes, apenas pude
mantener la cara seria cuando Frank me lo dijo.
Remus se levantó y fue a pararse con Sirius. Entrelazó sus dedos.
— Eres un padrino — susurró. Sirius volvió la cabeza hacia Remus,
sonriendo,
— Sí — asintió con la cabeza — ... mierda, realmente espero no estropearlo.
224
225
CIENTO SESENTA Y NUEVE
La guerra: Otoño e Invierno de 1980
Whooosh, splash.
227
— Estos son tiempos difíciles. — Dijo Dumbledore, y Remus no respondió
a eso, porque no estaba seguro de si se suponía que tenía que hacerlo.
Rosmerta se acercó con las cervezas de mantequilla y las dejó en la mesita
redonda. Cuando ella se fue, Remus levantó su vaso y bebió, solo para
distraerse. Podía fingir que era alcohol, tal vez eso lo ayudaría a estabilizarse.
Quería desesperadamente un cigarrillo, pero por alguna razón no le gustaba
hacer eso frente a Dumbledore. Así que solo bebió un sorbo de cerveza de
mantequilla, sintiendo la empalagosa mezcla de almíbar descansar en su
lengua, y luego deslizarse por su garganta.
— Debes estar preguntándote por qué te pedí que vinieras, —bdijo
Dumbledore, mirándolo.
— ¿Es... es... Greyback? — Susurró Remus. Dumbledore sonrió,
— No necesitas preocuparte por los espías, Remus, estamos bastante seguros
para hablar libremente aquí. No, por desgracia, no ha habido más informes
de Greyback o de la joven con la que viaja.
— Oh. — Remus parpadeó. Bueno, ¿entonces qué quería?
— Este es un asunto más urgente, o al menos lo será, si estoy en lo cierto.
— De acuerdo... — Remus se movió incómodo. Por lo general, no era el
agente a quien la gente acudía cuando se trataba de "asuntos urgentes".
Dumbledore pareció leer su mente.
— Necesito a alguien con buen ojo para los detalles y mucha paciencia. — Se
inclinó hacia delante y abrió un poco el maletín. Remus miró dentro.
— ¡Libros! — Dijo sorprendido. Debía de haber un centenar de ellos dentro,
quizás debido a algún tipo de hechizo de extensión.
— En efecto, — Dumbledore sonrió, cerrando el maletín de nuevo.
— Entonces... ¿Necesita investigar un poco?
— Exactamente. Dime, Remus, ¿Cuánto sabes sobre profecías?
— Er... bueno, no tomé Adivinación, — se rascó la cabeza. Ahora estaba
intrigado: — Pero obviamente vi un poco de eso en Runas... He leído un
poco.
— Necesitarás leer mucho más, — dijo Dumbledore, gravemente, — Y debo
recalcarte la importancia de esta tarea y la sensibilidad de la misma. Todo
lo que aprendas debe mantenerse completamente confidencial,
¿Comprendes?
— Yo... por supuesto, — asintió Remus, un poco alarmado. — ¿Pero qué
quiere que busque?
228
— Por ahora, simplemente buscamos una comprensión más completa de la
naturaleza de las profecías. Muchos de estos libros contienen
transcripciones secretas, algunas de las cuales pueden necesitar traducción,
de declaraciones proféticas y oraculares conocidas. Me gustaría saber si hay
alguno que parezca estar relacionado con Voldemort o con este momento
particular de la historia.
— Entonces… ¿Cree que alguien ya podría haber hecho una profecía? ¿Sobre
cómo termina la guerra?
— Ellos quizá lo hayan hecho. — El profesor respondió, brevemente. — Pero
no podemos permitirnos tomar decisiones apresuradas. Mientras todavía
hay tiempo, me gustaría saber todo lo que podamos.
Dumbledore cambiaba entre "yo" y "nosotros" con regularidad, cuando
hablaba de la guerra, Remus se dio cuenta. Aún así, pensó que entendía el
asunto más o menos,
— Ok. — Dijo: — ¿Cómo le haré saber si encuentro algo?
— Vendré a tí. — Respondió Dumbledore, crípticamente. — Una vez más,
Remus, no puedo exagerar la importancia de esta tarea. No debes decírselo
a nadie, ¿entendido?
— Comprendido.
Eso significaba no decírselo a Sirius, ni a James, ni a ninguno de sus amigos.
A veces Remus se preguntaba si los secretos eran simplemente su suerte en
la vida. Pensó por un momento, — ¿Profesor?
— ¿Sí?
— ¿Debería estar atento a las profecías que han sido prevenidas, o... —
reformuló, porque sabía que era imposible, — eludidas? Quiero decir, no sé
mucho al respecto, pero siempre hay lagunas, ¿No?
Los ojos de Dumbledore brillaron y una pequeña sonrisa apareció en sus
labios.
— Muy bien, Remus.
***
Viernes, 24 de Octubre de 1980
Y así fue como Remus pasó gran parte de su otoño. Estudió hasta bien
entrado Octubre. No estuvo nada mal, de hecho, lo disfrutó. Siempre le
había gustado investigar, y aunque extrañaba las tranquilas y aireadas
229
cámaras de la biblioteca de Hogwarts, estaba bastante contento de estar
encerrado en su pequeño apartamento de Londres, con infinitas teteras y
un silencioso cenicero humeante a mano.
Si Sirius entraba, lanzaba un obfuscate sobre sus libros y notas, y Sirius
parecía feliz con este arreglo. Comprendía lo que había que hacer al servicio
de la guerra.
De todos modos, apenas estaban en el piso, Remus solo lo usaba para
trabajar. Pasaron mucho más de su tiempo en la mansión de los Potter,
donde la antigua habitación de James se había convertido en una guardería,
pero la antigua habitación de Sirius era la misma de siempre, solo que con
la mitad de las cosas de Remus también ahí. Juntos, los merodeadores y Lily
se habían convertido en una pequeña y divertida familia, con el bebé Harry
en el centro.
Remus tardó más o menos un mes en superar realmente su miedo a los
bebés, y todavía se ponía un poco ansioso cuando cargaba a Harry, pero
Sirius había sido de gran ayuda.
Sirius estaba completamente enamorado de su ahijado. El niño casi nunca
estaba fuera de sus brazos cuando estaban de visita (lo cual era un alivio
para Lily y James, que apenas estaban soportando la presión de la
paternidad combinada con sus deberes para la Orden).
— ¡Di Padfoot, Harry, vamos! Pah-d-foo-t… — Sirius arrulló una noche,
mientras rebotaba a la diminuta criatura de ojos verdes en su regazo.
— No hablan hasta que tienen al menos un año — sonrió Remus, sentándose
con cautela en el brazo del sofá, — Lo busqué
— Los niños normales no lo hacen, — Sirius se echó el pelo hacia atrás,
sosteniendo gentilmente las pequeñas muñecas regordetas de Harry, — Pero
Harry Potter no es un bebé común, es claramente muy avanzado para su
edad. Vamos, Harry, di Pad-foot...
— No te hagas ilusiones, — se rió Lily, — la madre de James me dijo que no
habló hasta los dieciocho meses.
— Oi — gritó James desde el estudio de su padre, — era un niño
extremadamente considerado, eso es todo.
— Oh, sí, ¿Y por qué cambiaste? — Sirius gritó en respuesta, sonriendo.
— ¡Estás acaparando al bebé, Padfoot! — Peter se quejó, extendiendo los
brazos: — Vamos, todavía no lo he abrazado.
230
— No es mi culpa que yo le guste más, — respondió Sirius, sacándole la
lengua a Peter, y luego a Harry, hinchando las mejillas y abultando los ojos
de modo que el bebé soltó una risita y balbuceó contento.
— Yo puedo abrazarte si quieres, Pete — bromeó Remus.
— ¡Lily, dile algo! — Peter hizo una mueca, cruzando los brazos con enfado.
— ¡Honestamente! Tengo un hijo y eso es suficiente, se rió Lily,
levantándose, — No peleen mientras mamá y papá están fuera, ¿De acuerdo,
chicos? — Les dio a todos una mirada muy severa.
— Has estado pasando demasiado tiempo con Molly. — Dijo Sirius.
— Bien, estoy listo, — James regresó a la sala de estar con su capa de viaje.
Lily ya tenía la suya. Ella le dio una sonrisa estoica
— Vámonos entonces.
Un frío silencio entró en la habitación y Remus miró al suelo, porque no
se atrevía a mirar a ninguno de sus amigos, mucho menos al bebé.
Lily rompió el silencio.
— Oh, dejen de ser tan melodramáticos, muchachos. Es una misión
estándar, hemos hecho cientos de estas. — Se acercó a Sirius y se inclinó
para besar la cabeza de Harry. Podía notar que ya brotaba una mata de fino
cabello negro de ella. — Adiós Harry, mami y papi te aman mucho. Te
veremos pronto.
James no se despidió, tenía una expresión rígida y muda que Remus había
estado viendo cada vez más desde el funeral de sus padres.
— ¿Estás seguro de que no puedes decirnos a dónde... — comenzó Pete.
— Lo siento Wormy, — James levantó las manos, — Órdenes de Moody. Tú
sabes cómo es.
Peter asintió, hundiendo los hombros. Remus sabía cómo se sentía, ya era
bastante difícil saber que tus amigos corrían peligro. Era incluso más difícil
no saber exactamente a qué se enfrentarían, era como si desaparecieran de
su alcance.
— Vamos — Lily apresuró a su marido, sacándolo de la habitación, —
¡Volveremos antes del amanecer, creo! — gritó desde el pasillo, y luego la
puerta se cerró de golpe y Harry rompió a llorar.
— Oh, maldita sea, — dijo Sirius, sobre los gritos, — Er ... ¿Quieres cargarlo
ahora, Pete?
***
231
Les tomó horas finalmente tranquilizar a Harry. Gritó como si su corazón
estuviera roto, y no se calmó hasta casi la medianoche.
— Definitivamente no podría hacer esto a tiempo completo, — dijo Sirius,
con la cabeza entre las manos mientras se desplomaba en el suelo de la
guardería.
— Jesús, te juro que el niño está poseído. — Remus susurró, frotándose las
sienes. Tenía un terrible dolor de cabeza.
— Mierda, deberías irte a la cama, — dijo Sirius, mirándolo. Su cabello negro
sedoso, generalmente inmaculado, estaba en nudos, y definitivamente
todavía había algunos pedazos del vómito lechoso del bebé atrapado allí.
Sin un rastro de ironía, le frunció el ceño a Remus, — Debes estar exhausto.
— Oh, estoy bien, — Remus se encogió de hombros - trató de no hacer una
mueca cuando sintió que cada tendón de su espalda le tiraba. Ayer había
sido luna llena. — En realidad no me iba a quedar... ya sabes, tengo que
hacer ese trabajo.
— Oh eso. — Sirius asintió. Su boca era una línea recta. Se puso de pie y
miró por última vez el catre rojo y dorado. Harry estaba durmiendo, gracias
a Dios. Ambos salieron silenciosamente de la habitación, dejándola abierta
sólo una rendija.
En el rellano, donde las luces aún estaban encendidas, Sirius se veía aún
peor, tenía ojeras bajo los ojos, que estaban inyectados en sangre. Remus
tocó su brazo suavemente,
— Tú deberías irte a la cama.
Sirius lo agarró del brazo, de repente, con los ojos muy abiertos.
— Moony, no te vayas.
— ¿Eh? Solo voy al piso...
— ¿Por favor? — Sirius se aferró a él, medio loco por el cansancio, — ¿Puedes
tomarte la noche libre, y solo quedarte aquí... conmigo?
— Pete está aquí... — Remus giró levemente la cabeza. Podía oír a Peter
roncar en el sofá de la planta baja. No era mucho consuelo, supuso,
— Pero te quiero a tí — dijo Sirius, desesperado.
Eso golpeó a Remus de una manera inusual. Para cualquier otra persona,
podría haber sonado quejumbroso; infantil. Después de todo, Sirius era un
hombre adulto y Remus tenía un trabajo importante que hacer. Pero de
alguna manera desató un sentimiento que Remus no había tenido por
Sirius en mucho tiempo: el deseo de protegerlo. De abrazarlo y decirle que
232
todo iba a estar bien, y de ser fuerte y confiable por el hombre a quien
amaba.
Asombrado por esta revelación, Remus hizo exactamente eso. Abrazó a
Sirius con fuerza y besó su sucio pelo.
— Está bien, entonces, — susurró, — Me quedaré.
Después de todo, pensó, mientras Sirius se iba para darse una ducha, el
alivio era evidente en su postura; ¿No haría Sirius lo mismo por él?
***
Viernes, 21 de Noviembre de 1980
Esa vez, Lily y James regresaron, como siempre; cansados, un poco más
duros, un poco menos brillantes, pero por lo demás perfectamente bien.
Remus siempre sentía un enorme alivio cuando alguno de sus amigos
regresaba sano y salvo, y cada vez se juraba a sí mismo que no debía darlo
por sentado. Pero, ¿Qué significa aquello cuando eres joven?
Habían habido muertes, muertes en la Orden, muertes de personas que
conocía, pero nadie realmente cercano. Nadie a quien amaba de verdad.
Los Prewett que le habían caído bien. Benjy Fenwick con el que había
hablado una o dos veces. Pero no eran cercanos y sus pérdidas no lo
afectaron gravemente. Comparado con otros, Remus había tenido mucha
suerte.
Por supuesto, nunca te sientes afortunado en ese momento. La buena
fortuna es con demasiada frecuencia algo que solo puede reconocerse en
retrospectiva.
Sirius cumplió veintiuno en Noviembre. No hicieron una fiesta, pero
Hagrid horneó un pastel bastante raro, aunque muy grande y delicioso, que
todos comieron en el cuartel no oficial de la Orden después de la reunión
regular. Alguien tomó algunas fotos, pero Remus se olvidó de intentar
buscarlas.
— Es la gran cosa para los muggles, los veintiuno. — Comentó mientras se
metían en la cama esa noche. — Ahí es cuando llegan a la mayoría de edad.
— ¿Para qué? Los muggles no pueden hacer magia. — Sirius frunció el ceño
y bostezó.
— No, lo sé, es solo una vieja tradición, — trató de explicar Remus. — Es
cuando obtienes la llave de la puerta de entrada o algo así.
233
— Muggles tontos. — Sirius refunfuñó, sus ojos se cerraban. — Me siento
viejo.
— Bueno, no lo eres. — Remus se sentó a su lado, — Yo soy el que se está
poniendo gris. Eres muy joven a los veintiuno. Muy, muy joven.
Sirius suspiró con cansancio.
— No se siente así.
Remus sabía exactamente lo que quería decir, pero no le gustaba. Todos
estaban atrapados en un lugar confuso entre la adolescencia y la edad
adulta; el bebé Harry solo lo había exacerbado. Había una sensación de que
el tiempo se estaba acabando; de la necesidad de lograr tanto como sea
posible lo más rápido posible. Peter se arrastra en su trabajo en el
ministerio, siempre buscando una mejor posición; James y Lily jugando a
ser padres y soldados al mismo tiempo: Remus y su estúpida manía de
beber.
Al menos tenía una investigación por delante. Eso parecía ir bien, de vez en
cuando Dumbledore pasaba por allí para ver cómo le estaba yendo. Y
Remus descargaba tanta información como podía, con detalles, porque
sabía que a Dumbledore le gustaban los detalles. El anciano asentía
sabiamente, se acariciaba la barba y se sentaba en silencio, rumiando. Si
llegaba a alguna conclusión o no, jamás le dijo a Remus.
Sin embargo, se sintió bien. Remus incluso sintió que se acercaba a
Dumbledore por primera vez. Le gustaba ser útil. Y luego, justo antes de la
luna llena de Noviembre, Remus tuvo la oportunidad de ser realmente útil.
Como de costumbre, todo pasó debido a un mensaje de Moody. Debía
aparecer en unas coordenadas muy específicas el viernes 21 de Noviembre
y encontrarse con Ferox allí.
— Dile que no, — dijo Sirius, molesto, — ¡Maldito Moody, él sabe que es la
noche antes de la luna llena! No deberías estar haciendo sus recados cuando
no estás bien.
— Jesús, me haces parecer un inválido — Remus puso los ojos en blanco. —
Estoy seguro de que hay una buena razón por la que me llamó. Estaré bien,
no te preocupes.
— ¿Me enviarás un patronus si pasa algo? — Sirius preguntó solemnemente.
— No me importa el protocolo, solo... prométeme qué me harás saber si
pasa algo.
— Estará todo bien. — Repitió Remus.
234
Realmente sentía que todo estaría bien. Cuando la luna llena estaba cerca,
a menudo se sentía más fuerte de lo habitual y, por lo general, no tenía
ataques de náuseas hasta unas horas antes de la puesta del sol.
Fue bueno salir de Londres, además; lejos del tráfico, el ruido y las
multitudes. Fue bueno alejarse de los Potter, de los pañales, las charlas de
bebés, el llanto y la crema de espinacas. A la hora acordada, Remus se
apareció siguiendo las instrucciones que le habían dado y se encontró en
un acantilado ventoso, en algún lugar muy frío y desolado.
Las olas golpeaban y rugían millas más abajo, y la alta hierba azotaba sus
tobillos. Remus respiró profundamente, inhalando la sal, la tierra, el fuerte
y frío aroma de las nubes. El lobo en su interior se lamió los labios,
aguzando las orejas. Si. Greyback había estado aquí.
— ¡Hola! — Ferox estaba muy lejos en la distancia, un hombre con figura de
palo saludándolo. Remus levantó una palma a modo de saludo, se inclinó
hacia el viento y caminó penosamente para encontrarse con él.
— Hola, — dijo, sin aliento mientras se acercaba, con las manos frías en los
bolsillos y la nariz congelada. — ¿Dónde estamos?
— Galloway, — dijo Ferox, alegremente. Llevaba puesta una gruesa capa de
cuero, con capucha, pero su rostro todavía estaba rubicundo por el clima
severo, y una niebla blanca brotaba de sus labios mientras hablaba. — Lindo,
¿eh?
Remus no estaba seguro de si estaba siendo sarcástico o no, así que solo le
dio una sonrisa neutra. En privado pensaba que sí, que el paisaje era
hermoso, aunque insoportable.
— Greyback ha estado aquí. — Dijo, queriendo llegar al grano.
— ¿Estás seguro?
— Cien por ciento. — Remus asintió. Ferox asintió también.
— Excelente, teníamos razón, entonces. Hay un informe de la policía muggle
sobre un par de vagabundos, un hombre y una mujer, que parecían
sospechosos. Entonces, ¿Crees que han estado aquí?
Remus lo consideró, respirando de nuevo,
— Sí, pero el olor es viejo... tal vez hace un día o dos.
— Bien. Entonces, ¿Demos un paseo? Así vemos si se intensifica ¿Bien?
— Está bien... — Remus no estaba seguro de cómo se sentía, siendo el
sabueso de la Orden. Pero quería encontrar a Greyback tanto como
cualquier otro, así que hizo lo que le dijeron.
235
Caminaron arriba y abajo del acantilado durante un rato, hasta que Remus
pudo estar seguro de hacia dónde conducía el sendero. Mientras se dirigían
cuesta abajo, alejándose del mar y hacia un pequeño camino rural, se sintió
más confiado de que Livia y Greyback habían estado allí muy recientemente
y comenzaron a caminar más rápido. Ferox no tuvo problemas para
mantenerse al día, por supuesto; estaba tan en forma y saludable como
siempre.
— ¿Qué haremos si lo encontramos a él? — Remus preguntó mientras
caminaban. Tuvo cuidado de no involucrar a Livia, porque... bueno,
aunque definitivamente era una asesina, no podía evitar sentir un poco más
de simpatía por ella. Después de todo, ella era su hermana, de alguna
retorcida y rara manera.
— Moody cree que están agazapados en algún lugar para la luna llena, —
respondió Ferox, — Según mi investigación, los hombres lobo están más
débiles justo después de la luna, así que esperaremos hasta entonces.
— ¿Tu investigación? — Remus le dio una mirada divertida.
— He leído un par de libros, no hay mucho en ellos, más allá del nivel
EXTASIS.
— ¿Has hablado con Madame Pomfrey? Ella me cuidó durante siete años,
sabe mucho — dijo Remus, tratando de no sonar demasiado impaciente. —
¿O Marlene McKinnon? Ella ha estado construyendo sus propios estudios
de casos para ver si se pueden hacer avances en el tratamiento de la
licantropía. O ya sabes. Puedes preguntarme a mí. Puede que sepa algo...
Ferox se rió afablemente,
— Está bien muchacho, está bien, entiendo lo que quieres decir. Es solo que
no siempre hay tiempo para seguir innumerables pistas sobre un idiota
como Greyback. Tengo que moverme rápido.
Remus no dijo nada, porque solo habría salido mal. Realmente odiaba
criticar a Ferox, se sentía tan incómodo y vergonzoso. Lo había visto durante
mucho tiempo como un ejemplo ideal de la virilidad, y no le gustaba
manipular demasiado esa ilusión. Pero, honestamente, por la forma en la
que hablaba, uno pensaría que Greyback era solo un delincuente
cualquiera, y no una criatura asesina y un líder de un culto carismático.
El olor se había vuelto muy fuerte, ahora, y cuando llegaron a la cima de la
siguiente colina, Remus pudo distinguir una gran estructura gris negruzca
en la distancia. Las ruinas de un antiguo castillo: Escocia, por supuesto,
236
estaba plagado de ellas. Ésta era una casa torre, y parecía una gran prisión
cuadrada agazapada siniestramente sobre los restos de un foso pantanoso.
— Ahí. — Remus dijo, deteniéndose en seco. — Ahí es donde estará.
Ferox le dio una palmada en el hombro.
— Buen trabajo, muchacho.
***
Sábado, 22 de Noviembre
238
— Escuché un poco de ruido; seguro deben de haber sido ellos
transformándose. — Dijo Ferox. Le dio a Remus una mirada, — ¿Estás bien,
chico? Te ves un poco verde...
— Estoy bien, — Remus tragó, — Bien. Deberíamos entrar ahora.
— Estás en lo correcto. Varitas afuera. — Ferox se enderezó y comenzó a
avanzar, — Lástima que no podemos atraparlos cuando son lobos, ¿eh? —
Dijo, con una sonrisa satisfecha: — Esas pieles se venden a unos pocos
chelines en el mercado negro.
Remus sintió que iba a vomitar, el sudor en su espalda se volvió frío. Sirius
tomó su mano en la oscuridad y la apretó, luego sacudió la cabeza y dijo
bruscamente:
— No digas mierdas como esas, es repugnante.
Ferox lo miró, sorprendido, luego a Remus. Él frunció el ceño,
— Lo siento muchacho, no quise decir nada con eso.
No dijeron una palabra más mientras se acercaban al castillo. Sirius y Ferox
estaban tratando de estar callados, pero Remus sabía que sonaban como
una manada de elefantes acechando a Livia y Greyback, cuyos sentidos eran
tan agudos como los de él, incluso después de la luna llena. Aún así, podrían
estar más lentos; más débiles.
Cuando estuvieron contra la pared del castillo, Remus lo sintió. Greyback
estaba esperando. El olor cambió, y su cabeza se llenó de esa espantosa voz
gruñona,
"Hola, cachorro... me trajiste el desayuno, ¿verdad?"
— Él sabe que estamos aquí. — Remus susurró frenéticamente: ¡Tengan
cuidado!
Ferox se tocó la frente en una especie de saludo, para demostrar que
entendía. Luego dobló la esquina y entró, Remus corriendo detrás y Sirius
también. Ferox tenía su varita levantada, y mientras caminaba bajo el arco
roto en las sombras de las ruinas, abrió la boca; había planeado usar el
hechizo de cadena de plata, para atar a los hombres lobo y contenerlos el
tiempo suficiente para que los Aurores los tomaran, pero ya era demasiado
tarde.
Remus estaba a solo una fracción de segundo por detrás de Ferox y vio caer
la roca. Se puso rígido, luego se derrumbó en el suelo, la sangre brotando
salvajemente del corte en la coronilla de su cabeza.
239
— ¡No! — Remus gritó, por encima de la risa de Greyback mientras la bestia
convertida en hombre entraba en la luz de la mañana, su rostro lleno de
alegría. Livia saltó a continuación y se abalanzó sobre Sirius, agarrando su
varita y tirándolo al suelo.
— Oooooh, ¿Quién es este entonces, hermano? Hermoso, un chico tan
hermoso... — gritó, sentándose a horcajadas sobre él, sosteniendo las dos
muñecas de Sirius sobre su cabeza mientras luchaba. Parecía más delgada,
pero obviamente estaba tan fuerte como siempre.
— ¡Déjalo ir! — Remus gruñó, levantando su varita, furioso. Luego gritó de
agonía. Greyback agarró el brazo de su varita y lo giró con tanta fuerza que
sintió el hueso romperse.
— ¡Remus! — Sirius gritó.
Remus estaba casi ciego de dolor y Greyback volvió a reír, dejándolo ir.
— Bienvenido de nuevo, cachorro, — ronroneó. — Cómo te he echado de
menos...
— Vete a la mierda. — Remus gimió, mirando a su alrededor en busca de su
varita, que había dejado caer en algún lugar.
— Ahora, ahora, — Greyback se rió entre dientes, mientras Remus se
enderezaba para mirarlo, apretando su brazo roto contra su pecho. —
Deberías estar a cuatro patas después de lo que me hiciste.
— ¡Mátalo, padre! — Livia se rió entre dientes. — ¡Mata al traidor de Remus
Lupin, así como él mató a mi hermano Gaius! ¡Y luego yo mataré al niño
bonito!
Greyback le sonrió con cariño,
— Estás llena de ideas brillantes, mi hermosa niña.
Remus aprovechó la oportunidad para mirar por encima del hombro de
Greyback: Ferox se estaba moviendo. Muy lentamente; obviamente estaba
herido, pero Remus vio su puño apretarse alrededor de su varita.
— ¡Vamos, pues! — Remus le dijo a Greyback, apretando los dientes por el
dolor, — Mátame. ¿Y luego qué?
— ¡¿Y luego qué?! — Greyback se burló, — Luego, destrozaré a tu pequeña
mascota humana, eso haré. Y le arrancaré miembro por miembro, pero no
antes de divertirme con él...
— ¡Eres repugnante! — Remus respondió, ganando tiempo mientras los ojos
de Ferox se abrían. Bien podría decirle a Greyback lo que pensaba de él,
mientras tenía la oportunidad, — ¡Eres un asqueroso! ¡Tú no eres nada!
240
Hablas de libertad, ¡Pero no tienes ni idea de qué es eso! ¡No eres más que
un matón! ¡El perro faldero de Voldemort!
— ¡Mátalo! — Livia chilló.
El rostro de Greyback se había vuelto demoníaco de rabia, los ojos amarillos
brillaban y Remus realmente pensó que ese sería el final. Cerró los ojos con
fuerza y se preparó.
— ¡¿Qué?! ¡Argh! — Livia gritó de nuevo y Remus escuchó el ladrido de un
perro.
Abrió los ojos para ver a Livia ser golpeada hacia atrás por Padfoot, quien
gruñía (Remus nunca lo había visto gruñir antes) mostrando los dientes,
echando espuma por la boca.
— ¡Padre! — Livia gritó: — Ayúdame...
Y con un destello de luz violeta, Livia guardó silencio. Sus ojos se abrieron
de par en par, un gran corte negro le había cortado la garganta. Se agarró el
cuello para detener el chorro de sangre, pero no sirvió de nada, era
demasiado tarde.
Greyback soltó un gran rugido de angustia, pero Ferox ya estaba de pie, con
la varita en alto, listo para lanzar la misma maldición de nuevo. Greyback
estaba acorralado.
— Eres hombre muerto. — Le siseó a Ferox y luego, con un gruñido final,
desapareció.
— ¡Mierda! — Ferox gruñó, tropezando hacia adelante, todavía dispuesto a
maldecir.
Sirius era Sirius de nuevo, y estaba junto a Livia, mirándola. Remus también
se acercó, sintiendo una incómoda mezcla de alivio y dolor genuino. Su
capa de piel gris estaba manchada de sangre, que se veía de un color púrpura
oscuro en la penumbra. Era espantoso, pero su primera preocupación era
Sirius,
— ¿Estás bien? — Preguntó en voz baja.
Sirius asintió, todavía mirando hacia abajo. — ¿Tú?
— Eso creo. — Su brazo palpitaba, enviando dolores punzantes hasta su
hombro; pero sabía que eso se podía arreglar. Lo de Livia no. Ferox se unió
a ellos, con una mano presionada contra su cabeza justo donde la piedra lo
había golpeado.
— Merlín, qué desastre. — Él murmuró. — Al menos tenemos a la perra.
— Su nombre era Livia. — Remus dijo, enojado.
241
De repente vio la escena como lo haría un transeúnte. Tres hombres de pie
sobre su pequeño cuerpo.
Ella podría haberles arrancado el cuello a cada uno la noche anterior sin
detenerse para descansar. Ella era una fuerza de la naturaleza; reina de la
noche; ella había sido una de las personas más fuertes que había conocido.
Ella era una de las únicas personas en el mundo que realmente entendía lo
que significaba ser un lobo.
Sus ojos seguían abiertos, mirando ciegamente el ancho cielo gris. Remus
se arrodilló a su lado y los cerró suavemente.
242
CIENTO SETENTA
La guerra: Invierno de 1980 y Primavera de 1981
243
No fue hasta el día siguiente, cuando Remus se despertó después de las dos
de la tarde, que de repente el terror se apoderó de él al recordar las últimas
palabras de Greyback.
— ¡Va a matar a Ferox! — Gritó, sentándose en la cama.
Sirius entró desde la sala de estar, con los ojos muy abiertos por la
preocupación.
— ¿Qué?
— ¡Necesitamos encontrar a Greyback! — Remus dijo, saliendo de la cama,
con las extremidades crujiendo, — ¡Dijo que mataría a Ferox!
— Moony, todo está arreglado, — dijo Sirius, colocando sus manos frías
sobre los hombros de Remus, alisando sus brazos en un gesto reconfortante,
— Ferox se va a mudar a una casa segura, aumentará su seguridad y estará
más alerta. No te preocupes.
— No será suficiente, — Remus negó con la cabeza, rechazando los intentos
de Sirius de calmarlo, — Moody y Ferox, no tratan a Greyback como una
verdadera amenaza ¡Mira lo que pasó! Es más peligroso de lo que piensan,
y ahora está enojado...
— Estoy seguro de que Moody lo sabe, incluso si Ferox es un poco arrogante
al respecto. — Dijo Sirius. Estaba siendo tan diplomático; tan razonable, era
exasperante. — ¿Cómo te sientes? Pondré la tetera, ¿Por qué no te bañas? Te
sentirás mejor…
Remus sí se bañó, porque todavía le dolían los músculos. Después se untó
un poco del ungüento de Marlene, lo que al menos significaba que podía
enderezarse por completo. Se negaba a descansar. Todo lo que quería hacer
era verificar que Ferox estuviera bien, asegurarse de que tuviera la seguridad
adecuada en su lugar. Después de todo, ¿No era Remus quien había estado
haciendo todo el trabajo con respecto a los encantamientos de protección?
Seguramente estaba dentro de sus competencias.
Al final, Sirius cedió y llamó a Moody a través de la chimenea. La cabeza
canosa del Auror flotó entere las llamas como un espantoso huevo de
pascua.
— Todo está bien, Lupin — ladró, — Puedes descansar.
— Pero Ojoloco —suplicó Remus, de rodillas frente a la chimenea—
Greyback lo encontrará, sé que lo hará, podrá rastrear su aroma, si me dice
dónde está, entonces yo puedo...
244
— Información clasificada. — Moody espetó. — Se han tomado todas las
precauciones. Puedes confiar en que la oficina del Auror puede hacer frente
a un hombre lobo solitario.
Remus se enfureció y estuvo a punto de replicar, pero Moody se despidió.
— No hay tiempo para esto, Lupin, ha sido una semana muy ocupada.
Descansa un poco.
Remus gimió furiosamente, golpeando la alfombra con el puño.
— ¿Lo ves? — Sirius dijo, de pie detrás de él, — Moody lo tiene todo arreglado.
— Pero necesito estar seguro, — dijo Remus, poniéndose de pie, — Ellos no
entienden, no realmente, no como...
— ¿No como tú?
— ¡Exactamente!
— Remus, — la voz de Sirius se endureció, de la nada, — Debes tener cuidado
con ese tipo de conversación. Creo... creo que no deberías hablar sobre
todas las cosas de los hombres lobo, por un tiempo.
— ¿Qué? — Remus se giró para mirarlo, por sorpresa. — ¡¿Las cosas de
hombres lobo?! ¿Qué se supone que significa eso? Yo soy un hombre lobo.
— Lo sé —Sirius se mordió el labio— pero también eres un mago y estás de
nuestro lado. Puede que sea una buena idea concentrarse en otra cosa, no
querrás que alguien en la Orden piense que estás del lado malo...
Remus miró boquiabierto a Sirius como si fuera un completo extraño.
— ¿El lado malo?
— No estoy tratando hacerte sentir mal — dijo Sirius, eligiendo sus palabras
con cuidado, — Solo te estoy advirtiendo, las cosas ya están lo
suficientemente mal, nadie confía en nadie. Frank me dijo que
Dumbledore cree que hay un espía en la Orden, y si sigues mencionando
cuán amigo que eres de las criaturas oscuras, entonces...
— ¡No soy 'amigo' de las criaturas oscuras! — Gritó Remus. — ¿Cómo
puedes... a menos que digas que yo también soy una criatura oscura?
— ¡Por supuesto que no! — Sirius respondió, claramente ofendido, — Es solo
que… sabes cuántos prejuicios hay, y no te hará ningún favor transmitir que
tienes está extraña conexión con ellos. Yo vi a Livia, vi a Greyback, no te
pareces en nada a ellos. No dejes que la gente piense que sí.
— ¿Alguien ha dicho algo? — Remus preguntó, preguntándose de dónde
venía esto, — ¿Acaso Danny, o ...?
245
— No, no es... es... bueno, después de que hayas pasado todo ese tiempo con
ellos, la gente ha expresado sus preocupaciones, eso es todo. Puedes
entenderlo, ¿no?
— ¡No, no puedo! ¡Solo estuve con la manada porque Dumbledore me lo
ordenó! ¡Como siempre he hecho todo lo que me ha dicho Dumbledore!
— Lo sé... — Sirius miró hacia otro lado, como avergonzado.
Metió un mechón de cabello detrás de su oreja. Remus conocía ese gesto.
Sirius estaba nervioso. Apretó la mandíbula.
— ¿Confías en mí? — Preguntó, sabiendo que su lenguaje corporal era
agresivo, pero no estaba dispuesto a moderarlo.
Sirius lo miró, sus ojos azules llenos de alarma.
— ¡Por supuesto que sí! Es solo que... — Sus ojos cayeron de nuevo, otro
movimiento de cabello — Siempre has sido bueno guardando secretos,
Moony...
La boca de Remus se abrió. Apretó los puños y luego los abrió.
— Bien. — Dijo con frialdad. — Si así es como te sientes.
Dio media vuelta y salió del piso. Sirius no intentó detenerlo.
Remus fue primero a la tienda de la esquina más cercana y compró una
botella de ginebra extremadamente barata y desagradable. El problema era
ver dónde podía beber. No quería parecer un vagabundo tomando alcohol
en el medio de la calle a plena luz del día. Pero tampoco tenía otro lugar
adónde ir.
Consideró buscar a Grant, pero no sabía si estaba trabajando. Grant se
había mudado de regreso a Londres a principios de la primavera, después
de pasarse demasiadas veces atrapado en el tren de regreso a Brighton. Vivía
en una habitación en algún lugar al norte, pero según las conversaciones
telefónicas que habían tenido, rara vez dormía allí. Grant tenía una serie de
amantes, y si no asistía a una conferencia, por lo general lo podía encontrar
saltando de la cama de alguien, o en su trabajo, en el pub Sawyer's Arms.
— La variedad es lo que le da sabor a la vida — bromeó con Remus, — Y yo
soy una mierda por mi cuenta. No puedo tolerar el silencio.
Remus sabía cómo se sentía eso. La mayor parte del tiempo era la razón por
la que bebía. Al final, decidió que estaba demasiado enojado para estar con
alguien más y se fue a esconder en el parque como un viejo vagabundo.
Debería haber ido con Grant, pensó, una vez que estuvo debidamente
borracho; eso le serviría bien a Sirius.
246
También se lamentó por Livia; e hizo un brindis silencioso. Ella había sido
cruel, sí, y una asesina. Pero nada de eso había sido culpa suya, en realidad,
no si retrocedías lo suficiente. Greyback se la había llevado antes de que
tuviera la edad suficiente para hablar; cuando ella tenía la edad de Harry,
tal vez. Livia no tuvo más remedio que convertirse en una asesina, y Remus
de convertirse en un alcohólico.
Finalmente se fue a casa, cuando hacía demasiado frío. No había pensado
en llevarse un abrigo en el momento en el que salió furioso. Sirius estaba
sentado en el sofá, esperándolo, retorciendo ansiosamente sus manos en su
regazo. Cuando Remus entró, Sirius le echó un vistazo y, sin duda olió la
ginebra, sacudió la cabeza, decepcionado, y se levantó para preparar una
taza de té fuerte.
No dijeron mucho y nunca volvieron a hablar de "cosas de hombres lobo".
***
247
celdas del Ministerio, pero su inocencia no significaba nada para la turba
vengativa.
Además, los mortífagos parecían estar usando la excusa para provocar más
prejuicios contra las criaturas mágicas; se entendía que el propio Voldemort
estaba ofreciendo una recompensa por la información sobre la ubicación
de cualquier 'híbrido'.
Entonces Remus se vio obligado a esconderse.
— Me perderé la primera Navidad de Harry. — Dijo estúpidamente, mientras
empacaba su maleta.
— James y Lily lo entenderán. — Dijo Sirius. Miraba a Remus desde la cama,
pálido de terror. — Todos solo queremos que estés a salvo.
— Lo sé. — Remus asintió. No había nada más que decir.
Compartieron un casto beso de despedida. Las cosas no habían sido iguales
desde la muerte de Livia, y la noticia de la muerte infernal de Ferox había
dejado a Remus completamente insensible.
Moody no fue un gran anfitrión. Le vendó los ojos a Remus y lo puso de
costado, por lo que no tenía idea de dónde estaba. No vio nada de la casa,
si es que era una casa, pero todo el lugar apestaba a magia negra, tan pesada
y espesa que Remus pensó que se ahogaría con ella.
En el sótano, le quitaron la venda de los ojos y vio un escenario muy
lamentable. Danny estaba sentado en una cama plegable desvencijada, y
había otra apoyada contra la pared opuesta. No habían ventanas y las
paredes eran de ladrillo desnudo. Moody había dejado a un lado algunas
provisiones; explicó que habían tantos hechizos de protección y hechizos de
camuflaje en la puerta del sótano que el solo entrar le llevaría horas, así que
era mejor que todos se quedaran quietos hasta que les dijera que la costa
estaba despejada.
Remus estuvo de acuerdo, solo porque sabía que podía romper los hechizos
si quería.
Había un pequeño inodoro en la parte de atrás con lavabo, sin ducha, por
lo que tendrían que hacer todo lo posible con una franela y una pastilla de
jabón. La comida estaba seca por lo que no necesitaba demasiada
preparación, además, no había nada en absoluto para cocinar. Remus
estaba contento de haber tenido la previsión de traer algunos libros. Sin
mencionar la botella de whisky de fuego que había escondido por si acaso.
— Hola. — Dijo Danny, aburrido.
248
— Hola. — Remus asintió, mientras Moody cerraba la puerta en lo alto de
las escaleras.
— Esto es una mierda, ¿no?
— Sí. — Remus se acercó y puso su maleta al lado de su cama, luego se sentó
en ella. Se hundió pesadamente y chirrió. Un leve olor a moho se elevó de
él, que le recordó a la Casa de los Gritos.
— Nunca he pasado una Navidad lejos de mi familia. — Dijo Danny. —
Incluso si estaba de gira.
Remus asintió con tristeza. No había tenido una Navidad sin Sirius en casi
diez años.
— No podía creerlo cuando me enteré de Leo Ferox. Él era tan… no sé,
realmente pensé que sobreviviría a la guerra. ¿Eh... lo conocías bien?
— Él fue mi profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, — ofreció Remus.
No estaba muy seguro de que lo hubiera procesado todavía. Realmente no
sentía mucho, cuando pensaba en Ferox; sólo una especie de tristeza
borrosa.
— Oh, vaya, — dijo Danny, — Apuesto a que era bueno en eso.
— Sí, lo era — Remus le dio una pequeña sonrisa, — Tenía un montón de
buenas historias. — De repente se acordó de Aquiles, el kneazle de Ferox,
¿Qué había pasado con él? Pensó en Greyback, en plena forma de lobo,
encontrándose con el elegante animal plateado, y por primera vez, sus ojos
se llenaron de lágrimas.
Mierda. ¿Por qué tenía que pasar esto ahora? Pensó, mientras sus hombros
comenzaban a temblar y trataba de controlarse. ¿Por qué no pude
emocionarme en el piso, cuando solo estaba con Sirius? A Sirius no le
hubiese importado que llorara. Esto no era bueno. Se cubrió la cara con las
manos y esperó a que se detuviera.
— Lo siento, Remus, — dijo Danny, incómodo. — No me di cuenta... debió
de haber significado mucho para tí.
Eso hizo que Remus llorara más fuerte, porque, por supuesto, Ferox había
significado mucho. Había sido el primer enamoramiento de Remus (sin
contar a David Bowie, tal vez), incluso si Remus no lo había entendido
completamente en ese momento. Había sido uno de los primeros adultos
en los que Remus había confiado, alguien que lo había hecho sentir como
una persona valiosa. Tal vez se habían enfrentado un poco últimamente, ya
que Remus había crecido, pero nadie era perfecto.
249
— Lo siento — tosió, secándose los ojos con la manga, — Ha sido un mal año.
— Realmente lo ha sido. — Dijo Danny. — Oh, Marls dice hola. Deberías
haberla visto cuando Moody vino a buscarme, ella también estaba lista para
venir.
— ¿En serio? — Remus sonrió, sonando su nariz, — Eso suena a ella.
— Sí, ella dijo que te diera un abrazo y un beso, así que dile que lo hice, ¿De
acuerdo?
— Está bien — se rió Remus, sintiéndose un poco más normal.
Trabajaron un poco en su pequeño espacio vital. Remus trató de no pensar
en la celda de St. Edmund's, o la Casa de los Gritos, o la cripta en el bosque,
cada jaula a la que alguna vez se había visto obligado a entrar. Desempacó
su ropa, luego, al no encontrar dónde ponerla, volvió a empacarla y deslizó
su maleta debajo de la cama, dejando solo su pijama.
Tenían algo para comer, solo un poco de pan y queso. Remus no había
comido carne desde lo de Ferox.
— ¿Cómo ibas a pasar la Navidad, de no ser por todo esto? — Preguntó
Danny, durante la cena.
— Iba a ir a los Potter. — Remus respondió: — Con el nuevo bebé.
— Oh, sí, por supuesto, son todos amigos, ¿No es así? — Danny asintió con
la cabeza. — Marlene habla de todos ustedes como si fueran celebridades.
— Ja. — Remus gruñó. — Quizás James y Lily. Y Sirius.
Danny se aclaró la garganta con torpeza.
— Marls dijo que tú y él eran...
Remus se limitó a mirarlo, sosteniendo su mirada, lo que le permitió
sentirse incómodo. Danny finalmente miró hacia otro lado, — Obviamente
está bien. Estoy bien con Marlene y Yaz, ¿Sabes?
Remus solo se encogió de hombros,
— Es un poco como ser un hombre lobo, — dijo, quitando la corteza de su
pan, — Todo el mundo está perfectamente 'bien' con eso, siempre y cuando
nunca lo menciones.
Tenía algunos cigarrillos sobrantes y le hubiera gustado uno después de la
cena, pero por un lado, no quería compartir, y por otro, no habían ventanas
y parecía un poco de mala educación fumar en el lugar. Dios, pensó, esto
va a ser una agonía.
Las cosas se pusieron aún más incómodas cuando llegó la hora de acostarse.
Ambos bostezaban y coincidieron en que era bastante tarde y que estaban
250
cansados. Remus comenzó a quitarse los calcetines y se puso de pie para
desabrocharse los pantalones, cuando se dio cuenta de que Danny no se
había movido. No podía ver por qué era tan tímido; ¿No se desnudaban los
jugadores de quidditch uno frente al otro todo el tiempo? James había sido
un exhibicionista limítrofe en el dormitorio de Hogwarts. Y seguramente
Danny no podía ser tímido con las cicatrices; Remus tenía montones más
que él.
— Poco espacio, ¿No? — Comentó Remus, esperando que Danny se sintiera
más cómodo.
Danny torció la boca, sus ojos se movieron hacia arriba y hacia abajo de la
altura de Remus.
— Er… Solo para que lo sepas, no es como si tuviera un problema con eso…
contigo. Pero yo no tiro para ese equipo. — Danny lo miró con recelo.
Remus puso los ojos en blanco.
— Oh, pobre de mí, ¿Qué voy a hacer ahora? — Arrastró las palabras, luego
se volvió de espaldas y se puso el pijama.
Se subió a la cama y se puso de costado, de cara a la pared, para demostrar
que no podía importarle menos para cual "equipo" tiraba Danny. ¿Has visto
a mi novio? Quería decirle. Como si estuviera interesado en tí, gran tonto.
Finalmente, Danny se desnudó y se metió en la cama también, luego apagó
la luz. Remus podía oír los latidos de su corazón y se dio cuenta de que
probablemente Danny también podría oír los suyos. Tenían incluso menos
privacidad de lo que pensaban.
— Lo siento, Remus. — Danny susurró, finalmente: — No quise decir nada
con eso.
Eso hizo eco de algo que Ferox había dicho, y Remus sintió que la tristeza
regresaba. Rodó sobre su espalda y habló al techo:
— Está bien. Olvidado.
Estuvieron en silencio por un rato. Remus esperó, escuchando a Danny en
la cúspide de una pregunta.
— ¿Siempre lo supo? — Danny susurró. — ¿Sirius?
— ¿Mmm? — Remus lo miró con los ojos entrecerrados.
— Tú sabes. ¿Siempre supo que eras un hombre lobo?
— Oh. Sí, casi. Lo descubrió cuando teníamos doce años o algo así.
— Y él aún así... quiero decir, aún así luego estuvieron juntos.
— Sí.
251
— Eso es bueno. — Danny dijo, sonando muy serio, — Es bueno pensar...
pensar que alguien podría mirar más allá, algún día, ¿Sabes?
— No debería ser algo que la gente tenga que pasar por alto para amarte. —
Remus dijo, ferozmente, — Es parte de lo que eres.
Danny no respondió.
Las cosas se pusieron un poco más fáciles entre ellos, después de la primera
noche, pero de todos modos se mantuvieron a distancia. Remus leyó
mucho. Danny a veces hacía ejercicio, hacía flexiones o trotaba en el acto.
Era molesto, pero Remus no podía culparlo.
El día de Navidad, Remus no pudo soportarlo más y sacó la botella de
whisky de fuego. Ambos se emborracharon mucho y pasaron todo el Boxing
Day con resaca. La habitación apestaba.
Para el 27, estaban escalando las paredes. Remus había terminado sus
libros, Danny incluso había leído uno de ellos, y habían tratado de tener
una conversación al respecto, pero Danny sabía tan poco sobre los muggles
que realmente no había entendido la trama.
— ¡¿Cuánto tiempo más tenemos que estar aquí?! — Dijo Danny, exasperado.
Era el 31, el último día del año. — ¿Qué pasa si todavía estamos aquí para
la luna llena?
— Faltan semanas. — Remus respondió. Estaba acostado de espaldas en su
cama, con un brazo sobre su rostro. Danny roncaba y lo mantenía despierto
toda la noche. — De todos modos, estaríamos bien, el mejor lugar para
nosotros.
— ¿Y si nos atacamos el uno al otro?
— Bueno, no te atacaré si tú no me atacas a mí.
— ¿Quieres decir que puedes controlarlo?
Remus suspiró.
— Sí. Tú también puedes. No alrededor de humanos, sino de otros
animales. Otros lobos, está bien. ¿Por qué crees que viven en manadas?
— Realmente nunca lo pensé. — Dijo Danny. — ¿Cómo era? ¿La manada?
Remus se mordió el labio. ¿Debería mentir? ¿O Danny se merecía saberlo?
— No... no fue tan malo como pensé que sería. — Él dijo. Esa era la primera
vez que lo admitía en voz alta. — Obviamente Greyback era… pero el resto
de ellos. Los que se fueron luego, estaban bien. Eran como una familia.
— Bueno. — Dijo Danny. — Ya tengo una familia.
252
Así era con Danny. Quería saber cosas, quería aprender de Remus, pero si
escuchaba algo que lo hacía sentir incómodo, volvía a encerrarse en sí
mismo.
Remus extrañaba tanto a Sirius que juró que podía sentirlo en sus entrañas
como hambre. Quería desesperadamente tener a alguien con quien
realmente poder hablar; qué alivio sería pasar tiempo con su mejor amigo,
para relajarse. Me disculparé, se prometió a sí mismo, nunca más me
enojaré con él. Besaré sus pies y me arrastraré sobre brasas y vidrios rotos
para que las cosas vuelven a ser como eran antes.
No quería terminar como Danny.
Llevaban una semana en el nuevo año cuando Ojoloco finalmente vino por
ellos. Ambos captaron su olor a la vez y se sentaron, mirando fijamente la
puerta. Para entonces ya casi se habían quedado sin comida, y Remus rezó
para que no fuera solo una entrega de comestibles. Sintió que los encantos
se deshacían lentamente, cada capa se despegaba. Finalmente, la puerta se
abrió y escuchó el golpe de la pata de palo de Moody en el primer escalón.
— ¿Están bien, chicos? — Él llamó. — ¿Listo para volver al trabajo?
***
Salir de ese sótano fue como salir a respirar aire fresco por primera vez.
Remus sintió como si todos sus sentidos hubiesen estado silenciados
durante semanas, y ahora todo era un derroche de color, ruidos y aromas.
Moody no estaba bromeando sobre volver al trabajo. Los llevó directamente
a una nueva casa de seguridad, donde el resto de la orden se estaba juntando
para una reunión. Remus pudo oler a Sirius tan pronto como entró por la
puerta, y eso lo puso tan mareado de emoción que si hubiera tenido una
cola se habría estado moviendo. Se pasó los dedos rápidamente por el pelo
grasiento y pensó en lo horrible que debía verse.
Moody los condujo por un pasillo y, en lugar de ir directamente a la cocina,
donde podían escuchar a todos hablando, se desvió hacia un pequeño
lavadero, que tenía una lavadora muggle en el interior y una gran pila de
toallas sucias en una canasta.
— Los haré pasar en un minuto, — explicó, — la Sra. McKinnon me ha estado
acosando todos los días durante las últimas dos semanas para tenerte de
vuelta, y Black me ha amenazado con todas las maldiciones de las que he
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oído hablar, — sonrió. indulgentemente. — Así que pueden salir ahora, pero
necesito que ambos escuchen bien, ¿Ok?
— Ok. — Ambos asintieron, parpadeando.
— El peligro no ha pasado. Siguen bajo amenaza. No puedo permitir que
ninguno de los dos salga de sus hogares sin un disfraz. Preferiría que no
salgan en absoluto.
— Pero, ¿Cómo podemos ayudar a la Orden si...
— Hay muchas cosas que pueden hacer, — Ojoloco levantó una mano en
señal de advertencia, fijando a Remus con una mirada dura, —
Investigación, comunicaciones, rastreo de hechizos, lo que sea. ¿A menos
que hayan disfrutado haber descansado en mi pequeño y acogedor sótano?
Ambos negaron con la cabeza con fiereza. No, nunca más.
— Bien, entonces — Moody asintió con la cabeza, con aire de negocios de
nuevo. — Vamos, muchachos — abrió la puerta y salieron, siguiéndolo a la
cocina. Estaba lleno de gente, la mayoría de los cuales Remus conocía, y
todos se volvieron tan pronto como se abrió la puerta, cincuenta pares de
ojos, todos muy abiertos por la desconfianza y la preocupación.
— ¡DANNY! — Un borrón rubio pasó a toda velocidad por delante de
Moody y Remus y golpeó a Danny, haciéndolo girar. Él se rió entre dientes
y le devolvió el abrazo a Marlene,
— ¿Estás bien, hermana?
— ¿Remus? — Sirius se había levantado y estaba cruzando la habitación con
ansiedad, trepándose a las sillas y pasando entre la gente que tenía que
inclinarse y apartarse del camino, agarrando sus tazas de té caliente. Tuvo
que mirar hacia abajo mientras se acercaba, para no tropezar, y su cabello
cayó frente a su cara, franjas de seda negra.
Cuando llegó a Remus, quien todavía estaba medio parado en el pasillo,
Sirius tuvo que levantar su brazo y apartar su cabello hacia atrás, y Remus
juró que la habitación se quedó completamente en silencio por un
momento, y el único sonido que se podía escuchar era el frenético latido de
su propio corazón. Se olvidó de respirar y jadeó,
—Hola.
Sirius sonrió un poco y dio un paso adelante, con una mano en el hombro
de Remus para empujarlo fuera de la habitación, hacia el pasillo oscuro.
Lejos de todos los demás, Sirius deslizó su mano por el cuello de Remus, en
su cabello, y lo besó en los labios - tan hermosamente.
254
***
Primavera de 1981
256
CIENTO SETENTA Y UNO
La guerra: Triaje
257
Ayudó a todos a superarlo, en ese momento; después de todo, si decías lo
peor en voz alta, no podría doler tanto después, ¿verdad? La idea torturó a
Remus durante mucho tiempo después de la guerra.
Se suponía que solo debían estar en una patrulla de rutina, en el Callejón
Diagon, lo que hacía que Remus se sintiera mejor porque estaban más
cerca. Irían tres de ellos, y estarían chequeando todo con un miembro
mayor de la Orden al principio y al final, por lo que debería haber sido
como de costumbre. De hecho, Mary estaba a punto de dejar a Remus e irse
a casa por la noche, cuando alguien golpeó la puerta.
Ambos saltaron y Mary dejó escapar un extraño chillido de terror. Entonces
la puerta comenzó a abrirse, y ambos se pusieron de pie, con las varitas
levantadas, Remus cubriendo tanto de Mary le fue posible.
— ¡Ayuda! — Se oyó una voz ahogada, y Sirius y Lily se abrieron paso hacia
el piso, la forma inerte de James hundiéndose entre ellos, con un brazo
sobre cada uno de sus hombros.
— ¡Cristo! — Remus se adelantó para ayudar, y entre todos lo colocaron en
el sofá. — ¡¿Qué pasó?!
— Remus, — se atragantó Mary, su varita aún levantada, la mano temblando,
— Las preguntas...
— Bien, mierda, ok, um... — Su mente estaba en picada, no podía dejar de
mirar el rostro de James, pálido y ceroso, reluciente de sudor. Miró a Lily,
— ¿Qué... um... Quién...?
— Lily, ¿Quién fue tu primer beso? — Mary intervino rápidamente.
— Dirk Cresswell. — Lily dijo, rápidamente. Sirius y Remus le dieron una
mirada divertida, pero no tenían tiempo para armar un escándalo.
— Sirius, — dijo Mary, redirigiendo su varita, — La misma pregunta.
— ¡No sé! — Sirius dijo, exasperado, quitando la túnica de James - no había
sangre, pero los ojos de James estaban cerrados, los párpados de un color
morado oscuro, — ¡Alguien vaya a buscar a McKinnon!
— ¡¿Qué quieres decir con que no lo sabes?! — Mary se volvió hacia él, —
¡Responde la maldita pregunta, Black!
— ¡No puedo, realmente no lo sé! ¡Fue con una chica muggle en un cine!
Moony, ¡díselo!
— Está diciendo la verdad, — dijo Remus, con la garganta seca, — De verdad,
nos peleamos por eso. Le di un puñetazo.
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— Te devolví el puñetazo, — murmuró Sirius, escaneando a James con su
varita. — ¡¿Pueden buscar a Marlene?! ¡Por favor!
— Yo lo haré, — dijo Mary, saliendo de la habitación, rápidamente. La puerta
se cerró de golpe y escucharon un *crack* en el momento en que
desapareció del rellano.
Lily entró apresuradamente desde el baño, agarrando una toalla húmeda.
Se arrodilló junto a James y lo apretó contra su frente,
— No te atrevas, Potter, — le susurró febrilmente al oído, — No te atrevas...
— ¿Qué pasó? — Remus agarró a Sirius por el hombro, — ¿Un ataque?
— Sí — asintió Sirius, sudando y temblando. Remus deseaba que se sentara,
pero sabía que no tenía sentido pedirle eso, — Emboscada. Seis mortífagos.
Alguien debió de haber sabido que estaríamos allí, alguien debió de
haberles dicho...
— ¡Sirius! — Lily gritó: — ¡Mira!
Ella había aflojado la camisa de James, revelando largas rayas de color verde,
como ramas de árboles que se extendían debajo de su piel. Su respiración
era superficial.
— Oh, mierda, — se derrumbó Sirius, cayendo de rodillas al lado de Lily, —
¿Escuchaste cuál fue la maldición?
Lily negó con la cabeza, las lágrimas corrían por su rostro. La respiración de
James se volvió dificultosa, rasposa en su garganta, y estaba flácido como
una muñeca de trapo.
El corazón de Remus comenzó a latir en su pecho, su visión nadó y sus
rodillas se debilitaron. ¡No James! Él era el mejor de ellos. Él era el que tenía
que lograrlo, sin importar qué. ¿Cómo podría haber un mundo sin James
Potter? Era como imaginarse un mundo sin bondad, ni risas ni travesuras.
— Whisky de fuego. — Remus dijo, de repente, — Tengo una botella en
alguna parte.
— ¡Ahora no, Moony! — Sirius espetó, su rostro dentado como el de un
demonio. Remus retrocedió, herido,
— ¡Quiero decir para Prongs! Podría ayudar con el impacto.
— ¡Tráelo! — Lily gimió, levantando la toalla fría en la frente de James para
sentir su piel. Remus podía decir a un metro de distancia que tenía fiebre.
— ¡Probaremos cualquier cosa!
Remus corrió, y mientras estaba en la cocina buscando una cuchara de
madera (había escuchado que el metal era malo para alguien que tenía un
259
ataque, podría lastimarse los dientes. James no estaba agonizando, pero era
mejor estar seguros), Mary regresó con Marlene. Toda la atmósfera cambió.
— ¡Fuera de mi camino, por favor! — La voz cristalina de Marlene sonó, su
inherente autoridad de sentido común restableció el orden de inmediato.
Aliviado, Remus salió agarrando el whisky de fuego. Lily estaba llorando
más fuerte ahora, retrocediendo para dejar trabajar a Marlene. Sirius la
rodeó con sus brazos, sin apartar los ojos del rostro de James, que estaba
empezando a tornarse de un gris mortal.
— Marls, — dijo Sirius con urgencia, — Por favor... por favor...
— ¡Estoy haciendo mi mejor esfuerzo, Black! — Marlene ladró, volviéndose
para abrir su bolso. Remus captó la mirada ruborizada de terror en su
rostro, el brillo de lágrimas en sus ojos. Todo estaba mal.
Era como si todos estuvieran conteniendo la respiración. Mary todavía tenía
su abrigo puesto, y estaba pegada a la puerta.
— ¿Necesitas que busque a alguien más? — Preguntó ella con voz ronca. —
Dime, iré a cualquier parte.
— No lo sé — dijo Marlene temblando. — No hay nadie seguro en San
Mungo, y no sé si alguien más en la Orden es... Emmeline, tal vez, pero está
en Hungría o en algún lugar...
— ¿Puedes hacerlo, Marls? — Lily dijo, desesperada: — ¿Puedes curarlo?
— No lo sé, yo... ¿Cuál fue la maldición?
— No lo sabemos, — dijo Sirius, — fue sin palabras.
— ¿Qué hay de un bezoar? — Preguntó Mary.
— Eso es para envenenamiento, — respondió Sirius. — Fue maldecido.
— Sí, pero aún así, ¿No vale la pena intentarlo?
— ¡No tengo un bezoar de todos modos! — Marlene soltó un sollozo.
Realmente estaba llorando, ahora, sus manos se cernían sobre el cuerpo de
James, temblando.
Su respiración era cada vez más lenta, Remus aún podía escuchar los latidos
de su corazón, pero Se estaban debilitando; un largo y almibarado 'thwump'.
Tenían que hacer algo.
— ¿Puedes describir la maldición? — Preguntó, su cerebro haciendo tic-tac.
— ¡Fue sin palabras! — Sirius repitió, impaciente.
— No, pero ¿Podrías describirlo? — Remus insistió con firmeza. — ¿Una luz?
¿Color? ¿Un olor?
260
— No soy como tú, Remus, no soy... — Sirius se pasó los dedos por el pelo,
frunciendo el ceño.
— Azul. — Lily dijo, sonando su nariz, — Vimos una luz azl, ¿No es así Sirius?
— ¡Sí! — Él asintió con la cabeza, despertándose — Si, azul, y fue un poco…
¿Fugaz? Corto... como un dardo.
— Sí, — Lily se secó los ojos, mirando a Remus como si fuera su salvador, —
Fue como si nos dispararan flechas; flechas azules.
— Está bien, — asintió Remus, como si supiera exactamente lo que estaba
haciendo. Nunca había oído hablar de una maldición que hiciera eso. —
Ok, entonces... azul... er...
— ¡Remus! — Mary gritó: — Azul, ¿No son esos encantos explosivos?
— Sí — tomó eso,con entusiasmo, luego frunció el ceño, — Pero no fue... —
Miró a James. Estaba completamente intacto, solo estaba increíblemente
débil.
— ¿Quizás la combinaron con algo más? — Dijo Lily, enderezándose,
cruzando los brazos sobre su cuerpo y poniendo su cara de batalla. —
Alquimia mágica, chicos, ustedes hacen eso todo el tiempo.
— O pudo haber sido un error, — dijo Sirius, inclinándose, sus ojos
finalmente enfocando correctamente, — Eso pasa todo el tiempo también.
— ¡Sí! — Remus estuvo de acuerdo, — El mortífago pudo haber querido usar
mucha fuerza, que a veces puede resultar explosiva… ¡oh! ¿Usaron hechizos
protectores?
— Si, los usamos — asintió Lily, las líneas en su frente se marcaron más, —
Pero James... la suya dejó de funcionar, solo por una fracción de segundo,
estaba tratando de... — miró hacia abajo.
— Estaba tratando de protegerme. — Sirius dijo, muy bajo. — Lo último que
hizo fue desarmar a ese maldito idiota de Crouch que estaba a punto de
lanzarme una imperdonable.
Remus parpadeó con sorpresa, y luego empujó ese sentimiento hacia
dentro, tan lejos como le fuera posible, porque necesitaba lidiar con James
ahora.
— Está bien — tragó. — Ok, ¿Y qué si el que golpeó a James tan solo fue un
poco lento? Quizá trató de atravesar el encantamiento protector en el
momento en que cayó.
— Eso tiene sentido, — dijo Lily, con el rostro brillante por las lágrimas, el
sudor y la esperanza, — ¡Eso explica las breves explosiones!
261
— ¡Bien, genial! — Remus miró a Marlene, que lo miraba con los ojos tan
grandes como platos.
— ¿Qué hago, Remus? — Dijo, su voz muy pequeña, como si estuvieran de
vuelta en la biblioteca de Hogwarts y no entendiera un principio de
transfiguración.
— Yo... ¿Cómo le afectaría eso? — Preguntó Remus, agitado. ¡Él no sabía qué
hacer! ¡Ella era la que llevaba dos años estudiando para ser sanadora! —
¡¿Qué le haría?! ¡Piensa!
— ¡Lo estoy intentando! — Marlene dijo, todavía temblando.
Remus quería tomarla por los hombros y sacudirla de verdad, ¡Tenía que
recuperarse! ¡Este era James! Tenía una familia y un bebé, y Sirius lo
necesitaba, y Remus lo necesitaba, ¡Todos lo necesitaban! Marlene se quedó
mirándolos a todos, congelada.
— Marls, — Mary se acercó rápidamente, agachándose junto a su amiga.
Tomó a Marlene por los hombros, pero no la sacudió. La abrazó y le acarició
el cabello. — Cariño, — susurró en la silenciosa habitación, — puedes hacer
esto. Eres la persona más inteligente que conozco. Si alguien sabe qué hacer,
eres tú. ¿Ok?
Marlene cerró los ojos por un momento y respiró profundamente. Ella los
abrió y asintió con la cabeza.
— Bien. — Dijo, volviéndose hacia James. — Hubiese sido duro, justo en el
pecho… le habría hecho… ¡Sí! ¡Sí, tiene sentido!
Comenzó a murmurar para sí misma, y luego movió su varita, un cálido y
suave brillo lila salió de la punta, y se acumuló sobre el cuerpo boca arriba
de James, hundiéndose lentamente en él, como espuma.
Todos contuvieron la respiración una vez más, mientras Marlene trabajaba.
Sirius sostenía la mano de Lily, y Remus pudo ver que sus nudillos estaban
blancos mientras ella lo agarraba. Mary se quedó al lado de Marlene,
arrodillada en la alfombra junto al sofá, con la cabeza inclinada como si
estuviera rezando.
Remus solo agarró su botella de whisky y sintió como si el mundo se
estuviera cayendo debajo de él. No había nada que hacer más que mirar,
esperar, escuchar los murmullos constantes de Marlene y tratar de
mantener la perspectiva.
La magia que estaba usando tenía un aroma dulce y fresco, como hierba
cortada u hojas en ciernes. El olor de la primavera, de la regeneración. Esa
262
era una buena señal, pensó Remus. Deseó haber aprendido más de los
hombres lobo, sus técnicas de curación habían sido perfectas. ¿Pero tal vez
aquello solo funcionaba con otros hombres lobo?
La respiración de James se volvió más estable, su ritmo cardíaco un poco
más fuerte. Woosh woosh, woosh, Remus ya podía escuchar su sangre
bombear más rápido.
— ¡Está funcionando! — Dijo, acercándose un poco más para escuchar
mejor. — ¡Lo estás logrando, Marlene!
— Oh, gracias, — dijo Lily, tapándose los ojos con las manos, — Gracias,
gracias...
Marlene dejó de murmurar y sintió el pulso de James. Ella suspiró aliviada
y asintió.
— Estable. — Ella dijo. Luego, mirando hacia arriba, — Podría darle un poco
de ese whisky, Remus.
Después de que le dieron un poco de eso, Marlene le dio a James una
poción fortalecedora. Para ese entonces, ya estaba recuperando un poco el
color y su pecho subía y bajaba de manera uniforme. Estaba fuera de
peligro. Aún así, Marlene no quería que lo movieran, no hasta que
recuperara el conocimiento.
— Él puede quedarse aquí, — dijo Remus, — Por supuesto que puede. Es
seguro, ¿No es así, Padfoot?
Sirius estaba mirando a Remus, al otro lado de la habitación. Estaba
pensando, Remus podía decirlo, tenía su cara de cuestionamiento puesta.
Por alguna razón, hizo que Remus se enfriara. — ¿Padfoot?
— Sí... — dijo Sirius, lentamente, — pero pensabamos que el Callejón Diagon
era lo suficientemente seguro.
— Bueno, él está aquí ahora, — dijo Lily, levantándose del lado de James. —
Él se quedará aquí. Tengo que irme a casa, Peter está cuidando a Harry,
¡Debe estar muy preocupado! Vuelvo enseguida...
— Alguien debería ir a buscar a Dumbledore. — Sirius dijo, abruptamente.
— ¿Para qué? — Preguntó Mary.
— Solo… él debería saber que fuimos atacados. Debería saber que alguien
les dijo a los mortífagos dónde estaríamos.
— ¡Sirius! — Mary lo miró fijamente, con la boca abierta, — ¿Te refieres a...
alguien de la Orden?
Sirius asintió. No volvió a mirar a Remus.
263
— ¡Yo iré! — Ofreció Remus.
— ¡No! — Dijo Sirius. — No puedes, tú… necesitas quedarte aquí. No es
seguro para los hombres lobo.
— ¡No parece ser seguro para nadie! — Marlene replicó, poniéndose de pie,
secándose la frente. — Ve, Sirius, ya que es tan importante. Remus, Mary y
yo nos quedaremos y cuidaremos de James.
Sirius miró a James, y luego a Remus, aunque no a su rostro, solo en su
dirección en general.
— Está bien, — dijo. — No tardaré mucho. — Y salió por la puerta.
Las tres mujeres miraron a Remus con torpeza. Lily se acercó a apretarle el
hombro y le dijo gentilmente:
— Simplemente está molesto, cariño. Se culpa a sí mismo por lo que
sucedió: James estaba tratando de salvarlo cuando lo golpearon. No te lo
tomes como algo personal, ¿eh?
— Claro, — Remus levantó la barbilla, varonilmente, aplastando todas las
amargas y podridas emociones, — Está bien. Estamos todos en estado de
shock. Está bien.
— Tengo que irme, — dijo Lily de nuevo, — Harry.
— Iré contigo, — dijo Mary, — Todos deberíamos ir de a dos. Moody diría
eso.
Ambas se fueron, y Remus trató de no pensar en el hecho de que Sirius
había desaparecido en la noche completamente solo.
Marlene ya se había recompuesto y su única preocupación era hacer que
James se sintiera cómodo,
— Debería haberle dicho a Lily que le trajera un pijama... tal vez lo haga de
todos modos, — dijo, — ¿Tienes una almohada y algunas mantas para él,
Remus?
— Sí, por supuesto. — Remus asintió con la cabeza, apresurándose a la
habitación, regresando con cinco mantas y dos almohadas (eran las únicas
almohadas que tenían, en realidad; las había quitado de la cama).
Marlene estaba revisando el pulso de James de nuevo cuando regresó.
— ¡¿Está bien?!
— Sí, — asintió Marlene, — Todavía está estable. Solo estaba comprobando..
Hicieron una cama en el sofá a su alrededor. Remus se quitó los zapatos,
pero decidieron esperar hasta que Lily regresara para desnudarlo. Parecía
como si estuviera durmiendo. Remus sonrió,
264
— Nunca había escuchado a James estar tan callado durante tanto tiempo,
— comentó, esperando aligerar un poco el estado de ánimo.
— Ja. — Dijo Marlene, luego rompió a llorar de nuevo.
— ¡Hey, hey, hey! — Remus la atrajo hacia él, — ¡Ya pasó! Por favor, no
llores...
— Estoy... lo siento, estoy... solo... tan... asustada... —sollozó Marlene,
ahogándose con cada respiración, — ¡Decepcioné a todos!
— ¡No, no es cierto! — Remus se sintió terriblemente culpable por haberle
gritado: — ¡Hiciste un trabajo increíble!
— Solo... porque... ustedes... me ayudaron...
— Bueno, obviamente, — le besó la parte superior de la cabeza, — Para eso
están los amigos.
***
Lily y Mary regresaron primero. Lily acunando a Harry en sus brazos, quien
estaba durmiendo, afortunadamente. Fue directamente al lado de James
una vez más.
—Traje algunas de las pociones de Effie, — dijo, apresurada, — Puedes darles
un vistazo, Marlene, puede que haya algo útil...
— No quiero darle demasiadas dosis, — dijo Marlene, con cuidado. — El
descanso y la observación es lo mejor ahora, lo prometo. — Se había lavado
la cara y bebido un sorbo de whisky, y ahora estaba considerablemente más
tranquila.
— ¿Vieron a Wormtail? — Preguntó Remus.
— Sí, — dijo Mary, apartando a Harry de Lily, para que ella pudiera
concentrarse en James. — Estaba realmente triste, quería ir a casa y ver cómo
estaba su madre. No puedo culparlo.
— No, por supuesto. — Remus estuvo de acuerdo. También querría estar su
madre, si tuviera una.
Llenó una tetera y todos tomaron una taza, pero ninguno tomó un sorbo.
Marlene y Lily se tiraron sobre James, desnudándolo y metiéndolo en la
cama, levantando su almohada, mientras Mary mecía suavemente a Harry
en sus brazos. Remus las miró a las tres, como doncellas santas en el retablo
de una iglesia, y se sintió completamente inútil.
265
— ¿Podemos llevarlo a la cama, si quieren? — Dijo, molesto porque acababa
de pensar en ello: — Así puedes dormir junto a él, Lily.
— Mejor no por ahora, — aconsejó Marlene.
— Bien, entonces te haré una cama aquí... — trató de recordar algunos
hechizos de transfiguración, aunque la magia de muebles era algo en lo que
Sirius era mejor.
— No te preocupes, Remus, no voy a dormir. — Lily sonrió, cansada.
— No creo que ninguno de nosotros lo haga. — Mary dijo. — Llamé a mamá.
¿Está bien si me quedo aquí también, amor?
— Por supuesto. — Etl asintió. Y, por supuesto, Marlene no iría a ninguna
parte hasta que estuviera segura de que James estaba recuperado por
completo.
Al final, acordaron que dormirían por turnos y se irían a la cama de dos en
dos. Ninguno de ellos quería ir primero, por supuesto, y todos se
acomodaron para pasar una noche muy larga. Remus se apoyó contra una
repisa, escuchando el corazón de James latir a través de la habitación. Seguía
imaginándose a su amigo sentándose de repente, sonriéndoles a todos,
diciendo; ¿Están bien todos? Maldita sea, ¿Quién murió?
Finalmente, Sirius regresó con Dumbledore, y cualquier paz que habían
logrado recuperar se hizo añicos.
— Necesito saberlo todo. — Dijo el viejo director, su rostro severo, los ojos
ardiendo como el centro azul de una llama.
Sirius y Lily comenzaron a hablar. Explicaron cómo todo había sido
rutinario, estándar; aburrido, en todo caso. Habían recorrido el Callejón
Diagon, incluso el Callejón Knockturn, y encontraron todo perfectamente
seguro y protegido.
Luego se habían ido, por la salida del Caldero Chorreante, y habían
decidido caminar hasta el punto de registro, ya que era una noche agradable
y no estaba demasiado lejos. Se suponía que iban a encontrarse con Dorcas
Meadowes en un café muggle en Tottenham Court Road, pero les
tendieron una emboscada antes de llegar.
— ¿Cabe la posibilidad de que los hayan seguido? — Preguntó Dumbledore,
mirándolos a ambos. Negaron con la cabeza.
— Nos aseguramos de eso — dijo Lily. — No estaban detrás de nosotros,
estaban por delante, nos estaban esperando.
266
— Mierda, alguien debería decirle a Dorcas... — dijo Sirius, de repente, —
Después de que a James... tuvimos que salir rápido, no había tiempo.
— No habría importado, — Dumbledore agitó una mano, — Dorcas
Meadowes está muerta.
La habitación quedó en silencio. Harry se despertó y empezó a llorar. Lily
se lo quitó a Mary de inmediato, apretando a su hijo contra su pecho.
Sirius habló primero.
— Tengo razón, ¿no? — Miró a Dumbledore directamente a la cara, — Hay
un espía en la Orden.
267
CIENTO SETENTA Y DOS
The War: Summer 1981
***
Miércoles, 10 de Junio de 1981
272
despertó a la mañana siguiente y rodó sobre la fría almohada vacía. Se sentó,
confundido.
— ¿Sirius? — Llamó al resto del piso. Estaba vacío.
Se levantó y fue a la sala de estar y revisó la cocina; a veces se dejaban notas
el uno al otro. No había nada. Pero los zapatos de Sirius no estaban, junto
con las llaves de la motocicleta, por lo que debió de haberse ido por su
propia voluntad, al menos.
Remus se sentó en la mesa de la cocina y esperó, fumando un cigarrillo tras
otro. Quería contactar a alguien, pero no había nadie en quien estuviera
seguro de poder confiar, la teorización de la conspiración de Sirius estaba
empezando a afectarlo.
Finalmente, la puerta principal se abrió con un clic y se oyeron los pasos
familiares de Sirius entrar a el piso. Remus se levantó y casi corrió a su
encuentro, pero había estado tratando a Sirius con delicadeza desde el
ataque de James.
— ¿Moony?
— Aquí.
— Oh, hola, — Sirius estaba de pie en la puerta de la cocina. Parecía
sonrojado, debía estar en la bicicleta. — ¿Estás bien?
— ¿Dónde has estado? ¡Estaba preocupado!
— Lo siento. — Hizo una mueca y se sentó en la mesa también. Remus lo
miró. Parecía feliz. Su cabello olía a campo y estaba sudando un poco a
través de su camiseta negra, se venía un verano muy caluroso. Cogió el
paquete de cigarrillos, sacó uno con los dientes y chasqueó los dedos para
encenderlo.
Remus esperó pacientemente.
— Ya lo hicieron — dijo Sirius, finalmente, su rostro brillaba extrañamente,
nacarado en la débil luz de la mañana. — Están ocultos.
— ¿Lily y James? — Remus entrecerró los ojos, rascándose la cabeza, —
¿Cómo?
— Dumbledore lo solucionó todo.
¿Por qué no me llevaste contigo? Quería preguntar Remus, antes de
regañarse a sí mismo por tener un pensamiento tan egoísta. Eso no era lo
importante. — ¿Es seguro? Le di a James un rollo completo de amuletos de
seguridad para que los usara, ¿Él los...?
273
— No necesitarán nada de eso, — Sirius agitó una mano. Parecía
extrañamente triunfante, como si acabara de vencer a Remus en una partida
de ajedrez. — A Dumbledore se le ocurrió algo mejor.
— ¿Qué?
— El encantamiento fidelius.
— El... — Remus frunció el ceño. Vagamente recordaba haber leído sobre
eso… tenía algo que ver con implantar un secreto en otra persona. Era algo
poderoso, eso lo sabía. Nadie podía romperlo, excepto los propios
guardianes secretos. — Bueno, eso será suficiente, supongo. — Él dijo. —
Pero... ¿No se necesitan a alguien en quien poner el secreto? Acaso
Dumbledore...
— Se ofreció como voluntario, — dijo Sirius. — Pero al final, pensamos que
era mejor que fuera uno de nosotros.
— ¿Uno de nosotros..? — Remus se dio cuenta de repente, como si Sirius
hubiera arrojado un cubo de hielo sobre su cabeza. — No. — Remus dijo,
negando con la cabeza.
Sirius lo estaba mirando intensamente, sus ojos azules oscuros y más serios
que nunca. Remus quería golpearlo. Sacudirlo. Estrangular su cuello.
Cualquier cosa que hiciera que su estúpido y gran cerebro entrara en razón.
— No. — Dijo de nuevo. — ¡Es muy peligroso!
— Moony... — comenzó Sirius,
— ¡No me digas 'Moony'! — Remus dijo bruscamente, poniéndose de pie.
Tenía que caminar; tenía que moverse, sólo para mantenerse al día con sus
pensamientos. — ¡Es estúpido! ¡Es la idea más estúpida que jamás hayas
tenido!
— No fue mi idea...
— ¡No me digas que no te ofreciste como voluntario! — Remus se volvió
hacia él, furioso, — ¡No me digas que no aprovechaste la oportunidad!
— ¡¿De ayudar a mis mejores amigos?! ¡¿De ayudar a Harry?! ¡Por supuesto
que la tomé! — Sirius también estaba gritando ahora, y todo se sintió
horrible.
— ¡Encuentra a alguien más! — Remus suplicó, — ¡Cualquiera! ¡Yo lo haré!
— No puedes ser tú. — Sirius negó con la cabeza, — Tengo que ser yo, sabes
que es así.
— ¡No!
— No puedes seguir diciéndome 'no'. Está hecho. Ya se solucionó todo.
274
Remus realmente pensó en golpear a Sirius por un momento. Golpearlo, o
estallar en lágrimas coml un niño. No hizo ninguna de las dos cosas. Se
sentó con fuerza y se tapó la cara con las manos.
— Bastardo. — Él murmuró.
— Va a estar todo bien. Me he asegurado de eso. — Dijo Sirius, acercándose
a él. Remus apartó su mano.
— ¡¿Ya lo hiciste?! ¿Sin siquiera decírmelo?
— ¡Te lo estoy diciendo ahora!
Remus lo fulminó con la mirada. Iba a decirle algo de lo que se arrepentiría,
en un minuto. Si no se iba, diría algo de lo que nunca podría retractarse.
Se tragó la rabia, se puso de pie y salió del piso.
***
Viernes, 24 de Julio de 1981
Así fue como pasó. Después de aquella discusión, todo pasó muy rápido.
No hubieron despedidas, Lily, James y Harry simplemente desaparecieron
sin dejar rastro. Remus sabía que era mejor no preguntar dónde estaban;
después de todo, quería que estuvieran a salvo. Y quería que Sirius estuviera
a salvo.
Se le dijo a la Orden que los Potter se habían escondido; que Voldemort
los perseguía por el estado de sangre de Lily y su matrimonio con James.
— Es horrible no confiar en nadie, ¿no? — Peter dijo al salir de esa reunión.
— Sí. — Remus asintió con tristeza.
— Es necesario. — Dijo Sirius. — Y si supiera quién es el espía, los mataría yo
mismo. Ni siquiera necesitaría magia.
Peter y Remus lo miraron, sorprendidos.
— Sirius, — dijo Remus, poniendo una mano en su hombro, — No podemos
empezar a actuar como mortífagos, James no querría...
— ¡James no quiere que su hijo sea asesinado por un lunático en busca de
poder! — Sirius despotricó, alejándose del toque de Remus, — Te has vuelto
blando, Moony.
Si lo he hecho, pensó Remus para sí mismo, es por tí. Nadie se enamora
con un corazón duro; había aprendido esa lección más de una vez.
Aun así, por más espantosamente que Sirius estuviera actuando, Remus se
inclinaba a hacer algunas concesiones. Fue un momento muy difícil, el
275
punto más oscuro de la guerra, y todos manejaron la presión de maneras
diferentes. Peter y Marlene se lanzaron al trabajo; rara vez se los veía sin
correr de un lugar u otro. Mary parecía retirarse cada vez más al mundo
muggle: siempre estaba cerca cuando la necesitabas, pero su mente a
menudo parecía estar en dos lugares. Remus tenía su bebida y su
autocompasión. Así que, si Sirius quería enojarse con todos por un tiempo,
estaba bien.
Pero seguía habiendo una guerra: la guerra no hace concesiones ni da
tiempo a nadie para recuperar el aliento. Es implacable e imperdonable e
inimaginablemente cruel.
Pasó tan solo una semana antes del primer cumpleaños de Harry. Sirius
acababa de llegar desde el Callejón Diagon; había ido en busca de un regalo
apropiado para un niño de un año y, en cambio, regresó con una escoba
real.
— ¡Sirius!
— ¡Oh, vamos, Moony, es una pequeña!
— ¡Es un bebé!
— ¡Hay que entrenarlo joven para que algún día juegue para Inglaterra!
Remus se rió con indulgencia y tomó un sorbo de té mientras veía a Sirius
envolver el juguete. No lo había visto tan feliz en mucho tiempo, y se veía
tan lindo. Entonces sucedió.
Primero hubo un olor extraño, que solo Remus captó. Familiar y amigable,
mágico. Luego, en un destello de luz brillante, un enorme patronus
plateado irrumpió a través de la pared. Era una leona, que se paseaba por
la habitación, gruñendo,
— ¡Maldita sea! — Sirius se levantó de un salto, retrocediendo.
El enorme gato los miró a ambos con ojos quejumbrosos y abrió la boca. El
grito que emanó de él fue escalofriante y demasiado familiar. Era la voz de
Mary.
— ¡Ayuda! — Gritó: — ¡Casa Hollyhock!
Y luego desapareció.
— Esa es la dirección de McKinnon. — Dijo Remus, levantándose para
ponerse los zapatos.
— ¿Adónde vas? — Preguntó Sirius.
— ¡A ayudar a Mary! — Remus dijo, impaciente, jugueteando con sus
cordones, — ¡Vamos!
276
— Moony, no, — dijo Sirius, — No podemos, tenemos que seguir el
protocolo, contactar a Moody, o Arthur, o Frank, o ...
— ¡A la mierda el protocolo! — Remus gritó: — ¡Es Mary! Ella pidió ayuda y
yo se la daré. Quédate aquí si quieres.
Por supuesto que Sirius no se quedó.
Llegaron a la casa Hollyhock tal vez diez minutos después de recibir el
patronus de Mary. Ninguno de los dos había estado antes en la casa de
Marlene, aunque ella la había descrito varias veces. Era una hermosa casa
de campo de estilo tudor, ubicada a pocos kilómetros de un pueblo de
Sussex. Tenía un largo camino de jardín, con un borde lleno de brillantes
pansy y geranios: rojas, moradas, amarillas, y rosadas. La puerta de entrada
estaba pintada de un suave verde oscuro, y si estiraba el cuello podía
distinguir la parte superior de tres aros de quidditch en el jardín trasero.
Habría resultado bonita en cualquier otra ocasión. Pero no en esta.
Mary estaba parada en la parte superior del camino junto a la carretera,
congelada, mirando fijamente al cielo azul. La marca oscura colgaba sobre
el techo de paja amarillo; una enorme nube negra, las inconfundibles
formas de calavera y serpiente.
— ¡No! — Remus jadeó. Mary se volvió hacia él con lágrimas en los ojos,
— Están todos muertos. — Ella dijo.
— ¿Estás segura? — Dijo Sirius, dando unos pasos por el camino, varita
levantada.
— Sí. — Ella dijo: — Sí, están todos alineados muy pulcramente.
— ¿Qué? — Él la miró con el ceño fruncido.
— Alineados… en una fila… — repitió. Ella se balanceó por un momento, y
Remus la rodeó con sus brazos, en caso de que se fuera a desmayar. Ella se
inclinó hacia él, llorando en silencio.
— Quédate con ella. — Dijo Sirius, continuando por el camino. Remus
comenzó a temblar. Era como una pesadilla; como una película de terror.
Vio a Sirius acercarse a la puerta, empujarla para abrirla, y llamar al interior.
— Se suponía que íbamos a encontrarnos para almorzar hoy, pero ella nunca
vino, — susurró Mary contra el hombro de Remus, todavía aferrándose a él,
— Pensé que tal vez estaba ocupada en el hospital... Traté de ir a buscarla
después del trabajo, pero dijeron que no había ido... así que vine aquí y yo...
— Está bien, — dijo Remus, porque ¿Qué más podía decir?
277
— La marca estaba ahí, y la puerta estaba abierta, y… ¡Oh Dios, Remus!
¡Todos ellos están muertos! Su madre, su padrastro, Yaz y Danny...
¡Simplemente acostados! ¡Dios mío, sus ojos! — Ella comenzó a sollozar en
serio, y Remus la abrazó con más fuerza, sintiendo que sus entrañas se
volvían agua.
Sirius salió de la casa. Incluso a la distancia, Remus podía ver la expresión
de horror en su rostro. Se dirigió rápidamente hacia ellos.
— Voy a buscar a Moody, — dijo. — Regresaré lo antes posible, ¿De
acuerdo?... No entres allí.
Y con eso, desapareció con un fuerte *crack*.
— Hasta aquí llegué. — Mary lloró histérica: — ¡Se acabó, no puedo hacer
esto más!
278
CIENTO SETENTA Y TRES
La guerra: Otoño, 1981
Nadie sabía quién había matado a los McKinnon y nadie sabía por qué.
Había teorías, por supuesto; la más lógica tenía que ver con Danny y
Marlene siendo parte de la Orden, por lo que ambos eran simplemente un
objetivo obvio. Algunas personas se preguntaron si era por la conexión de
Marlene con James y Lily, ya que ella había sanado a James. Otros pensaban
que había hecho demasiado escándalo por los derechos de los hombres lobo
en el trabajo.
Al final, nada de eso importaba, no para Remus. ¿Por qué intentar
encontrarle sentido a algo tan absurdo?
Debido al estatus anterior de celebridad de Danny, el asesinato de la familia
fue noticia de primera plana. Había una imagen enorme de él en el Diario
El Profeta, de sus días en los Cannons: rostro ancho y soleado, túnica
ondeando. Sin cicatrices. Había una foto más pequeña de Marlene, que
debió de haber sido tomada en el trabajo, porque llevaba su uniforme. "La
joven sanadora prometedora, Mylene McKinnon" decía la leyenda mal
escrita.
279
Yasmin no fue mencionada en absoluto, aunque Sirius le dijo a Remus que
las encontraron acostadas una al lado de la otra, y que sus dedos aún se
tocaban.
— Recuerdas que en tercer año, — dijo Sirius, en los días que siguieron, —
Todos pensamos que ustedes dos se gustaban el uno al otro.
— Sí. — Remus respondió, monótono.
— Ella era una golpeadora mucho que yo. Ojalá se lo hubiera dicho.
— Ella lo sabía. —. Remus dijo, con una sonrisa triste.
No se supo de Mary durante mucho tiempo. La muerte de Marlene la
golpeó más fuerte que a nadie: habían sido prácticamente inseparables
desde que tenían once años. Remus recordó lo molestas que solía
encontrarlas, antes claro de que se diera cuenta de que las chicas también
eran personas.
Recordó su tranquila paciencia, sus ataques de pasión ardiente. La petición
que había hecho para sacar al sauce boxeador con tan solo trece años,
porque alguien había resultado herido, y Marlene jamás podría soportar ver
a nadie herido, no si había algo que pudiera hacer al respecto. Si alguno de
ellos había tenido la voluntad de cambiar el mundo, había sido ella. Pero
ya no más.
***
280
Pero pensaba que le estaba yendo mejor, al menos con las personas que
amaba. Al menos con Sirius. Se había abierto y revelado más de sí mismo a
Sirius que a cualquier otra persona. Había compartido sentimientos que
todo instinto le decía que mantuviera ocultos. No siempre había sido fácil:
habían peleado, habían gritado, habían llorado. Pero todo aquello valía la
pena.
Al menos, Remus pensaba que sí.
No estaba tan seguro de que pensaba Sirius. Tal vez era el precio de la
guerra: demasiadas muertes, demasiados casi accidentes. Quizás era su
separación de James. Quizás Remus ponía a prueba su paciencia demasiadas
veces. No podía señalarlo con el dedo. Todo lo que Remus sabía era que
algo andaba muy, muy mal.
Era mediados de Septiembre cuando realmente se dio cuenta de que había
sucedido. Sirius se había alejado de él. A menudo estaban separados, Remus
había llegado a ver esto como un hecho de la vida; sus habilidades eran tan
diferentes, tenían trabajos distintos que hacer. No era nada, al servicio de
la guerra. Estaban contentos y orgullosos de hacer sus trabajos.
Pero después de algunas semanas, Remus se dio cuenta de que esta distancia
era algo más, más que el estrés habitual. Sirius se había apartado.
— Te extraño. — Remus dijo, una noche. Había necesitado todo el día para
reunir el valor para decir esas dos estúpidas palabras.
— Estoy justo aquí. — Sirius sonrió con cansancio, sentándose al otro lado
de la mesa, recogiendo la cena con su tenedor.
Luego, al cabo de un rato, volvió a hablar; — Todo terminará pronto.
Tenemos que confiar en Dumbledore, eso es todo.
Remus podría haber llorado.
— Pero eres el único en quien confío.
Sirius solo lo miró, con tristeza. Remus no podía soportar esa mirada, lo
hacía sentirse estúpido por estar enamorado. Estúpido por preocuparse por
otra cosa que no sea ganar la guerra.
Finalmente Sirius se levantó. Cogió su plato y tiró el contenido a la
papelera.
— Tengo que irme. — Él dijo. — Moody quiere que chequee algo. Llegaré
tarde, no me esperes despierto.
No le dio un beso de despedida.
281
Remus estaba perdido. Una vez más, se encontró con un problema que era
casi indescriptible. No podía preguntarle a James o Lily, incluso si supiera
cómo comunicarse con ellos, tenían mucho de qué preocuparse por su
cuenta. Peter nunca había estado muy interesado en escuchar nada que
tuviera que ver con la relación de Remus y Sirius, y aunque era un buen
amigo, uno de los mejores amigos de Remus, realmente no hablaban el uno
con el otro sobre esas cosas. Marlene podría haber ayudado, pero Remus
no quería pensar en eso. Y, por supuesto, el dolor de Mary no dejaba mucho
espacio para consejos románticos.
En el fondo, Remus sabía que debía preguntarle directamente a Sirius.
Excepto.
Excepto que estaba aterrorizado por la respuesta. Estaba aterrorizado de que
no se tratara de la guerra, de James o de crecer. Estaba aterrorizado de que
el problema fuera él. ¿Y si Sirius tan solo se había desenamorado?
Esta ansiedad acompañó a Remus a medida que avanzaron las noches y los
días se volvieron más fríos. Todo parecía tener un sentido horrible; la
distancia, la falta de voluntad para hablar, la falta de cariño, su vida sexual
inexistente. Y esa mirada. La mirada que Sirius seguía dándole, como si
Remus fuera un extraño.
Era tan intolerable. Remus no sabía si podría hacer frente a otra pérdida.
Entonces, a principios de Octubre, cuando Moody le dijo que tenía una
tarea para él, Remus se sintió esperanzado. Ojoloco se lo llevó a un cosyado
al final de una reunión de la Orden,
— Hemos tenido los ojos puestos en la manada. — gruñó.
— ¿La de Greyback?
— No lo creo. Los insurgentes, creemos. Se esconden en un bosque en
Alemania.
— Oh, — dijo Remus, sorprendido. ¿Acaso era Castor? — ¿Han atacado a
alguien?
— No, han estado manteniendo la cabeza baja, por como van las cosas.
— Eso es bueno, ¿no? — Remus dijo: — Deberíamos dejarlos en paz.
— Créeme, muchacho, preferiría hacerlo — respondió Moody con una
sonrisa irónica—, pero los tiempos desesperados exigen medidas
desesperadas. Te enviaremos.
— ¿Para qué? Dejaron Greyback, dejaron a Voldemort. ¿No era ese el plan?
282
— Lo era. Hace dos años. Hemos perdido a mucha gente buena desde
entonces. ¿No has visto que las reuniones cada vez son más pequeñas?
Eso era cierto. La primera reunión de la Orden a la que Remus había
asistido había sido abrumadora: la habitación estaba llena de brujas y magos
listos para luchar; para enfrentarse a los mortífagos. Ahora faltaban
demasiados rostros: los McKinnon y los Potter, los Prewett, el viejo Darius
Barebones, Dorcas, Caradoc Dearborn, Benjy Fenwick, Ferox...
— Entonces... — Remus pensó mucho, — ¿Ahora quieren reclutar a los
hombres lobo?
— Bingo.
— ¿Después de años de legislar contra ellos? ¿Después de obligarlos a dejar
sus trabajos? ¡¿Dejar sus casas?! — Remus sabía que estaba siendo grosero,
nadie le hablaba a Alastor Moody de esa manera, pero estaba demasiado
cansado, demasiado cansado de la batalla para que le importara.
Moody no parecía desconcertado. Remus supuso que había recibido un
abuso mucho peor por parte de magos mucho más aterradores.
— Sabemos que estamos pidiendo mucho. Pero como dije, tiempos
desesperados.
— ¿Y hay algo que pueda ofrecerles a cambio de, ya sabes, sus vidas?
— Voldemort es peor. — Moody respondió: — Sean cuales sean sus vidas
ahora, Voldemort solo las empeorará.
Remus suspiró profundamente. — Bien.
De todos modos, estaba listo para partir. Estaba listo para un cambio; listo
para salir de Londres, salir de su miserable vida y volver a ser útil. Incluso
consideró la idea de que una ausencia prolongada podría ayudar a la
situación de Sirius. ¿La ausencia no hacía crecer el cariño?
Podría ser un alivio; algo de espacio para respirar, algo de tiempo para
pensar. Probó esta teoría, en su última conversación con Sirius.
— Te alegrará tener unas semanas libres, ¿eh? — Él sonrió, lo que le quitó
toda su fuerza.
— ¿Hm? — Sirius frunció el ceño, levantando la vista de algunos planos que
había estado escaneando. Parecía molesto por la interrupción, y Remus
sintió un horrible desgarro dentro de su pecho. — ¿Qué dijiste?
— Dije que te alegrarás de deshacerte de mí, por un tiempo. — Remus
continuó, valientemente. — Tenerme fuera de tu camino.
283
— ¿Por qué lo dices de esa forma? — Sirius lo miró fijamente, sin
comprender.
— ¿De qué forma? Solo quise decir... ya sabes, que podrás tener algo de
tiempo para pensar.
— No hay tiempo para pensar, no hasta que termine la guerra. — Sirius
espetó, volviendo a sus planos, — Es lo mismo que estés aquí o no.
Eso fue todo lo que Remus podía tomar. Cogió su varita y un paquete de
cigarrillos y se fue a Alemania con solo una breve despedida, como si solo
estuviera yendo de compras. Se enfureció, mientras caminaba hacia la
ubicación del traslador. ¡Ese idiota! Que se quede dos semanas por su
cuenta, entonces lo vería; se daría cuenta de lo idiota que estaba siendo.
Remus regresaría, fresco y salvaje de los bosques, y Sirius estaría tan
arrepentido, tan cariñoso, y habría tiempo para hablar, curarse y
enamorarse de nuevo.
Eso era todo lo que necesitaban; un poco más de tiempo.
***
284
Mientras todos volvían a su forma humana, Remus volvió a la vida entre
un revoltijo de otros cuerpos, y las manos de Castor sobre él, ya curando
sus heridas.
— Es bueno verte, Remus Lupin.
Todos caminaron lentamente a través de los árboles, viendo la luz amarilla
mantequilla de Octubre filtrarse suavemente sobre la hojarasca.
Durante el tiempo que la manada había estado viviendo allí, habían
construido una pequeña aldea de chozas de acacia para vivir. Todos se
acurrucaron para dormir sobre un suave musgo seco con el canto de los
pájaros trinando en lo alto.
Remus se despertó sin nudos en los hombros y sin apretar la mandíbula. Se
sintió relajado por primera vez en meses. Castor yacía a su lado, tan cálido
y tan pacífico, su suave piel marrón presionando contra la de Remus en
algunos lugares. Recordando su humanidad, Remus se apartó un poco. Los
ojos de Castor se abrieron y se asomaron a los suyos.
— ¿Estás bien, Remus Lupin?
— Sí, bien gracias. — Se frotó los ojos. Castor siguió mirándolo.
— Estás sufriendo. — Él dijo. Una declaración, no una pregunta.
— He perdido a algunas personas. — Remus dijo: — Estamos perdiendo la
guerra.
— Sí, — estuvo de acuerdo Castor. — Y has venido a pedir nuestra ayuda,
¿No es así, Remus Lupin?
— Sé que no es poca cosa...
— Nos quedaremos aquí. Esta es nuestra casa.
— Entiendes que no preguntaría a menos que la situación fuera desesperada.
Entiendes que... ¿Voldemort tampoco perdonará a los hombres lobo?
— Lo sabemos. — Castor dijo, simplemente. — Y estamos de acuerdo. Nos
quedaremos aquí. Nos esconderemos, somos buenos en eso.
— Yo te encontré.
— Sí, Remus Lupin. Siempre serás bienvenido.
Remus se sentó y alcanzó la capa de piel de lobo a sus pies, cubriéndose con
ella.
— Bueno, eso es todo, entonces. — Él dijo. — Será mejor que vuelva.
Castor se acercó y le puso una mano en el brazo.
— Quédate un tiempo, Remus Lupin. Tenemos mucho que mostrarte.
Quizás entonces lo verás.
285
Así que Remus decidió quedarse. Pensó que si pasaba un poco de tiempo
con ellos, como antes, podría hablar con ellos, hacer que alguien cambiara
de opinión. La mayoría de ellos tenían familia mágica en el Reino Unido,
seguramente tenía que ser capaz de atraerlos.
No podía volver a la Orden sin intentarlo, todos los demás se estaban
entregando por completo a la lucha y, después de todo, ese era su propósito.
Si no podía ser un emisario decente para los hombres lobo, entonces, ¿De
qué servía él?
Aún así, no fue una decisión difícil de tomar. No fue un gran sacrificio. No
tenía nada a lo que volver excepto a una conversación muy difícil con Sirius.
Y él sí les habló a ellos. Durante las tres semanas que Remus pasó con los
hombres lobo en Octubre de 1981, habló con todos y cada uno de ellos.
Razonó, sermoneó, despotricó. Pero no sirvió de nada; todos estaban
felices. No de una manera loca y engañada de 'todo es perfecto', como lo
habían sido algunos de los seguidores de Greyback. Pero de una manera
práctica y empoderada: veían un futuro para sí mismos, veían una manera
de vivir una vida libre de crueldad o intervención. No era para todos,
definitivamente no era para Remus, pero no podía negar que lo estaban
haciendo funcionar.
De hecho, a medida que pasaba el tiempo, Remus perdió la pista de quién
estaba persuadiendo a quién. Todos estaban ansiosos por llevarlo a cazar,
de mostrarle cómo tejer madera o cómo lanzar hechizos protectores que
eran casi invisibles para los humanos. Nunca tuvo hambre, ni frío, ni temió
por su vida.
— ¿Lo ves ahora? — Castor preguntó una noche, cuando se acercaba
Halloween.
— Sí, lo veo. — Remus respondió, mirando hacia el techo de paja. — Todos
prefieren esconderse, como cobardes.
— No crees eso, Remus Lupin. — Castor sonrió y se dispuso a dormir. De
vez en cuando demostraba emoción real, ahora que él y Remus eran tan
cercanos.
Remus había elegido seguir compartiendo una choza con él. No le gustaba
dormir solo, y no era como si algo estuviera pasando, simplemente tenía
sentido. Tenía que permanecer cerca del líder, era lo que cualquiera haría.
Y sí, tenían una relación intensa, pero eso simplemente no significaba que
tuviera nada que ver con el sexo. Así era simplemente como eran las cosas,
286
con los hombres lobo, todo estaba motivado por el olfato y el instinto y las
fases de la luna.
Aún así, Remus sabía cómo se vería. No se engañó a sí mismo, sabía que
Sirius no iba a tener un cambio repentino de opinión y vendría corriendo
desesperadamente a Alemania para encontrarlo, pero Remus sabía que
estaba bastante mal, incluso sin la posibilidad de ser atrapado. También era
patético. Se regañó a sí mismo por eso, durante las largas noches oscuras;
eres una excusa ridícula de hombre. Unas semanas sintiéndote ignorado y
aquí estás coqueteando con el próximo chico guapo que te muestra algo de
interés. Y ni siquiera tienes las pelotas para hacer algo al respecto.
Al final, fue su deseo por Castor lo que le dijo que tenía que irse. Y su amor
por Sirius. Remus había hecho algunas cosas muy drásticas y muy estúpidas
en su vida, pero no iba a huir a vivir en un bosque solo para escapar de
hablar con el amor de su vida. Iría a casa y se obligaría a afrontarlo. Haría
todo lo posible para retener a Sirius, porque en el fondo, sabía que era lo
único que realmente importaba.
***
2 de Noviembre de 1981
288
CIENTO SETENTA Y CUATRO
Armisticio
James fue el primero en morir. Remus debería haber esperado eso. James
habría estado esperándolo en la puerta si hubiese podido; no se le habría
pasado por la cabeza la idea de esconderse, o huir.
Luego le siguió Lily, parada frente a su hijo. Remus se imaginó su rostro
desafiante, sus manos agarrando los lados de la cuna, sus ojos verdes
ardiendo. Ella se habría encontrado con la muerte con los ojos bien abiertos
en cualquier ocasión, eso era seguro.
Y después fue Peter. Oh, Peter, el idiota, el valiente y ridículo idiota. Debió
haber oído hablar de James y Lily, debió de haber sabido de inmediato
quién tenía la culpa. Después de todos aquellos años estando en la sombra
de James y Sirius, el primer instinto de Peter había sido enfrentarse al
mismísimo Black.
Sin darse cuenta, había llevado a los Aurores directamente a Sirius, por lo
que su brutal muerte no había sido completamente en vano.
Directamente a Sirius.
Y ahí comenzaba el bloqueo. Como una cortina cayendo sobre la escena, la
mente de Remus no podía tocar a Sirius. No podía llegar allí; no podía
imaginar nada de eso. Supuso que esa era la forma en que su cerebro lo
289
protegía. Ya le dolía lo suficiente el solo hecho de conocer los
acontecimientos de aquella noche.
Mary fue a verlo tan pronto como colgó el teléfono. Ella era la única persona
que podía haber tolerado, de todos modos, y Dios; ella era tan fuerte. Él
apoyó la cabeza en su regazo y ella le acarició el cabello como una madre.
— Sirius, — lloró, una y otra vez, aferrándose a su falda, — ¡Sirius!
— Lo sé, — susurró ella, las lágrimas corrían por sus mejillas, goteando en su
cabello. — Lo sé, lo sé...
Había traído un somnífero y Remus se lo tomó con avidez, ansioso por
escapar. Mientras dormía, Mary se encargó de empacar todas las cosas de
Sirius. Toda su ropa, sus discos, sus libros. Cuando Remus se levantó, el
piso se veía casi vacío.
— Le pedí a Darren que llevara las cajas al garaje, — explicó. — No es
necesario que toques sus cosas, no hasta que estés listo. La motocicleta no
está, no sé dónde estará.
— Él seguro se la llevó. — Remus dijo, sintiéndose entumecido. Ya se estaba
preguntando cuánto alcohol tenía guardado en el departamento y si debería
o no esperar a que Mary se fuera antes de empezar a tomar un poco.
— Remus... tengo que irme, ahora. — Dijo suavemente, levantándose y
abrazándose a sí misma. Ella se veía pequeña. Mary siempre había sido una
chica alta la mayor parte de su vida, pero Remus se dio cuenta de que apenas
podía llegar a medir 1,65m.
— Sí, por supuesto. — Murmuró. Definitivamente tenía algo de ginebra
debajo del fregadero de la cocina.
— Me iré por un tiempo, — dijo. — Me voy... Darren me va a llevar a Jamaica,
para quedarme con mi familia. Necesito un tiempo fuera, no sé cuándo
volveré.
— Oh. — La miró a los ojos, correctamente. No llevaba maquillaje; no había
visto a Mary sin delineador de ojos y lápiz labial desde que tenía doce años.
— ¿Hay… alguien que pueda pasar a verte? No me molestaría hacer una
llamada por tí...
— Está bien. — Él dijo: — No te preocupes por mí.
— Sabes que lo haré. — Dijo, sonriendo a medias. — ¿Estás seguro de que no
hay nadie a quien pueda contactar?
— No hay nadie. —Él dijo. No tengo a nadie.
— ¿Quizás... deberías hablar con Moody? ¿O Arthur?
290
— Sí, buena idea. — Remus asintió. No quería hablar con nadie, pero no
quería que ella se preocupara. — ¿Sabes... qué se supone que debemos hacer
ahora?
— No lo sé.
— ¿Has hablado con Dumbledore?
— Ja. — Mary resopló, — Buena suerte con él. Está demasiado ocupado
siendo felicitado por el Ministerio. Probablemente estará en el... servicio
conmemorativo.
Remus sintió como si una espada helada se retorciera en su estómago. Esto
no podía ser real.
— ¿Por qué nosotros? — dijo, mirándola, desesperado por respuestas: — De
todos. ¿Por qué nos quedamos tú y yo, y no Lily y James? ¡¿Quién decidió
eso?! ¡Es una mierda!
— Lo sé, cariño. — Dijo ella en voz baja. — Lo sé.
No pudo esperar más, fue a la cocina y tomó la botella abierta más cercana
del armario. Ginebra, sobrante de una fiesta u otra. No se sirvió un vaso,
solo bebió.
— Remus, — dijo Mary, mordiéndose el labio, mirándolo desde la sala de
estar, — realmente tengo que irme... ¿Me prometes que te pondrás en
contacto con Arthur?
— Sí. — Él asintió. Solo quería que ella se fuera, ahora. — Nos vemos.
— Adiós amor. Volveré, lo prometo.
Y ella se fue. Y Remus se quedó solo.
291
292
Las
Consecuencias
1982 - 1993
293
CIENTO SETENTA Y CINCO
1982
THUD-THUD-THUD-THUD-THUD-THUD
Alguien estaba golpeando la puerta.
294
Alguien había estado haciéndolo durante un tiempo ya y no mostraba
signos de querer detenerse. En todo caso, estaba empeorando.
Remus abrió los ojos. Tenía la garganta seca y le dolía la cabeza. En realidad,
todo le dolía; había estado durmiendo en el sofá durante semanas. ¿O
meses? ¿A quién le importaba? Era incómodo, pero no se atrevía a entrar a
el dormitorio. La mayoría de las noches estaba demasiado borracho como
para moverse de todos modos. La mayoría de los días estaba demasiado
borracho, también. Ya no tenía resaca, solo descansos entre botellas. Al
chico de la puerta de al lado no le importaba pasarse por la licorería cada
dos días por él, probablemente se dejaba el cambio como pago.
Continuaron los golpes.
— ¡¿Remus?! — El sonido amortiguado llegó a través de la puerta, y
quienquiera que estuviera al otro lado siguió martillando,
— Vete a la mierda — gritó, con la garganta en carne viva como papel de lija.
Cogió la botella más cercana que estaba en el suelo debajo de él y bebió un
trago. Casi se atragantó con el whisky ardiente, pero se las arregló para
tragar la mayor parte, gracias a Dios. No podía permitirse desperdiciar una
gota de olvido.
— ¿Remus? ¡Déjame entrar!
Era Grant. Reconoció su voz ahora, tal vez el olor también, pero sus
sentidos eran un desastre desde… no, no no no….
Se acurrucó y hundió la cabeza en los cojines del sofá. No podía hablar con
nadie. No podía ver a nadie. Tan solo necesitaba que lo dejaran en paz, para
poder beber, para poder olvidar. Por favor.
— ¡Púdrete! — Sollozó, gritando a la puerta: — ¡Déjame en paz!
— ¡No! — Grant gritó en respuesta, y los golpes se hicieron aún más fuertes,
un implacable y resonante ruido sordo. Realmente estaba tratando de
derribar la puerta, el estúpido idiota.
Remus consideró a medias la posibilidad de lanzar un hechizo silenciador.
Pero no estaba seguro de dónde había dejado su varita. Giró de nuevo y se
levantó.
El suelo estaba lleno de botellas y latas por todos lados, y estas tintinearon
y crujieron mientras él pasaba por su lado. Sus brazos y piernas se sentían
como plomo. ¿Qué día era? Hacía frío. Se frotó los brazos mientras se
acercaba a la puerta, estremeciéndose por el frío. Había dejado una ventana
abierta en algún lugar del piso y se había olvidado de cerrarla. Oh, bueno.
295
La puerta todavía seguía siendo golpeada mientras él se acercaba para
abrirla, la madera se astillaría si no tenía cuidado.
— ¡¿Qué?! — Abrió la puerta de un tirón.
Grant lo miró fijamente, con el puño todavía levantado y los ojos muy
abiertos. Sus mejillas estaban rosadas de gritar, respiraba con dificultad.
Miró a Remus de arriba abajo.
— Jesucristo. — Dijo, abriéndose paso bruscamente, — ¿Qué pasó? He estado
intentando llamarte durante días, ¿Qué le pasó a tu teléfono?
— Lo colgué mal. — Dijo Remus, regresando lentamente a su nido en el sofá,
donde al menos estaba caloruso. Enroscó sus pies helados debajo de sí
mismo y volvió a coger una botella.
— ¿Qué mierda ha estado pasando aquí? — Grant miró el desorden a su
alrededor. Miró a Remus de nuevo, — ... Dios, no te ha dejado, ¿No?
Remus lo miró fijamente y no pudo evitarlo. Comenzó a llorar. Se inclinó
hacia adelante de rodillas, dejó caer la cabeza entre las manos y lloró como
un niño.
— Mierda, — Grant se apresuró a sentarse a su lado, sin importarle las latas
vacías, los cojines y las mantas malolientes, — ¡Yo y mi bocaza! ¡Lo siento!
No quise… — atrajo a Remus hacia él sin pensarlo, y debió haber sido
horrible para él, porque Remus sabía que no se había bañado en años, todo
lo que había hecho era beber y llorar durante días y días y días. Pero Grant
lo abrazó firmemente.
— Se han ido. — Remus dijo, cuando pudo hablar. — Estoy solo.
— Carajo. — Dijo Grant. — No estás solo.
Remus lloró aún más fuerte.
***
299
CIENTO SETENTA Y SEIS
1983
6 de Junio de 1983
300
Había comenzado con las visitas periódicas, después de aquella primera
intervención. Se habían vuelto más frecuentes y, con el tiempo, Grant
comenzó a estar allí siempre: primero durmió en el sofá y luego ya no, y
nunca hablaron de eso.
A mediados del verano de 1982, Grant trasladó todas sus pertenencias, o
lo poco que tenía.
— Tengo un equipaje liviano, — le guiñó un ojo, sacando una mochila que
contenía algunos pares de ropa interior limpia y algunas camisetas. Y un
calcetín. Por el amor de Dios.
— Te daré algo de dinero. — Remus dijo, monótonamente. — Puedes ir de
compras. — Todavía tenía unos cientos de libras que Sirius había convertido
en dinero muggle en caso de emergencias. Remus no se sentía culpable por
gastarlo, el dinero simplemente estaba allí, y tenía que usarlo.
— No estoy aquí para quitarte dinero. — Grant insistió.
— Lo sé. Pero necesitas ropa.
— Sí, Mamá. Tomaré prestado lo tuyo, hasta que pueda conseguir algo.
— Está bien.
Así que Remus fue a Debenhams solo una tarde y compró todo lo que pudo
del tamaño de Grant. Jeans y camisetas y ropa interior y calcetines y jerséis,
pijamas e incluso un par de zapatillas de deporte baratas que estaban en
oferta. Colores brillantes, porque Grant era una persona brillante y Remus
había visto suficiente ropa negra para toda la vida. Lo guardó todo en la
cómoda. Se sintió bien llenarla; había estado medio vacía durante más de
un año.
Grant usó la ropa, pero nunca hablaron sobre eso.
Sin embargo, había algunas cosas de las que no podían evitar hablar.
Remus no realizó magia durante los primeros meses; de hecho, descubrió
que no podía, la mayor parte del tiempo; incluso cuando lo intentaba.
Quizás era por el dolor. Todos esos funerales. Puede que tuviera más que
ver con su forma de beber, aunque no podía estar seguro. Había un bloqueo
en su magia; como si se hubiera levantado un muro. Podía aparecerse
durante lunas llenas, pero eso era todo. Entonces, un día, simplemente
volvió, como si nunca lo hubiera abandonado.
Se habían olvidado de pagar la electricidad y las luces se apagaron. Sin
pensar, Remus encendió su varita.
— Lumos.
301
— ¡¿Qué mierda es eso?! — Grant se apartó de un salto como si Remus se
hubiera prendido fuego.
— Er... — Remus tragó, luego se resignó. — Es una varita mágica.
— ¿Estás drogado?
Remus se rió, un sonido extraño y brusco.
— Creo que será mejor que te explique algunas cosas. La escuela a la que fui
era un poco... diferente...
Comenzó a explicar. Sabía lo extraño que debía sonar todo, y tuvo que dejar
muchas cosas fuera. Casi veinte minutos después, Grant estaba sentado
mirándolo, el rostro pálido a la luz de la varita que se debilitaba.
— Me estás tomando el pelo. — Se rió, nervioso, — ¡¿A qué estás jugando,
inventando tantas estupideces?!
— Grant... mira... — Remus hizo chispas con su varita. Levitó la mesa de café
y luego, presumiendo un poco, porque había pasado tanto tiempo,
transformó su taza en una rana.
— ¡Está bien! — Grant retrocedió cuando la rana saltó sobre la alfombra. —
¡Está bien, te creo, Jesucristo!
— Oh, puedes decirme 'Remus Lupin', nada más. — Remus le sacó la lengua.
Luego se detuvo, y se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
Había dejado de sufrir por un momento y se reprendió brutalmente por
ello. ¿Tus amigos están muertos y tú estás haciendo trucos de magia para un
muggle? Patético.
Fue a buscar una copa.
—Oh no, no… — dijo Grant, sonando decepcionado.
Remus regresó al sofá con una botella de vodka y dos vasos. Lo que más le
gustaba era el vodka, era más fácil.
— No quiero nada. — Grant dijo, ignorando el segundo vaso. — Voy a dejar
de comprarlo.
Remus se encogió de hombros y tomó su primer trago.
Grant suspiró. — Entonces eres un mago, ¿eh? ¿Eso significa que... Sirius
también era un mago?
Remus casi se atragantó con su segundo trago, pero puedo beberlo. Se le
humedecieron los ojos y asintió.
— Sí. Todos lo somos. Éramos.
Y bebió más y le contó a Grant sobre la guerra. Omitió algunos de los
detalles más dolorosos, pero Grant era astuto, y adivinó el resto.
302
— ¿Es ahí donde te desvaneces, todos los meses? — Grant preguntó: — ¿A
algún lugar mágico?
— Oh no. Hay algo más.
— Maldita sea, Remus, ¿Acaso sé algo sobre tí?
— Lo siento. — Dijo Remus. — Honestamente, no valgo la pena el esfuerzo...
una vez que lo sepas todo, lo entenderás.
— Pruébame. — Grant dijo.
Entonces tuvieron la conversación del hombre lobo. Remus le explicó lo
que le sucedía durante la luna llena, lo peligroso que era y adónde iba.
— ¡¿Desde que tenías cinco años?! — Grant dijo, horrorizado.
— Sí. — Remus asintió con nerviosismo.
— Pobrecito, — Grant negó con la cabeza y le acarició la mano. — La has
pasado mal, ¿no es así?
Remus aceptó la simpatía y no dijo mucho más sobre Castor, porque estaba
avergonzado de sí mismo.
No es que Grant se hubiese puesto celoso. No como Sirius, no como... oh,
oh no, no no no...
***
— ¡Oi!
De vuelta al presente, Grant chasqueó los dedos. Levantó el cigarrillo,
medio fumado. — Tu turno, lindo.
— Lo siento. — Remus tomó el cigarrillo e inhaló profundamente. Ah.
Todavía estaban en la cama. Todo estaba bien. Todo está bien.
— Te dispersaste por un segundo. — Grant comentó, sin acusación.
— Lo siento, — dijo Remus de nuevo.
— ¿En qué estabas pensando?
— Oh nada. Solo, nada. — Apagó el cigarrillo. Mierda, extrañaba fumar.
— Bien. — Grant se dio la vuelta, medio tumbado encima de Remus, con la
cara a centímetros de distancia, — Eso no es bueno, ¿verdad? Estaba tratando
de que dejaras de pensar.
— Sí, así es. — Remus sonrió. Se besaron, amistosamente al principio, luego
más profundamente. Remus deslizó sus manos por el largo cuerpo de
Grant. — ¿Quieres tratar de nuevo?
Grant sonrió contra sus labios, murmurando:
303
— ¿Solo quieres otro cigarro, no?
— Te quiero a tí, también.
— Bueno, mala suerte, — Grant se apartó, empujándose lejos de Remus,
fuera de la cama. — El último turno en el pub comienza en cuarenta
minutos, ya tengo que irme.
— ¿Tienes que? — Remus se dejó caer en la cama, petulante.
— Oh, no te quejes, princesa, es sólo una noche más. Oye, sé bueno y no
bebas alcohol y haré algo realmente genial cuando entre.
— Estaré durmiendo.
— Te despertaré.
Remus sonrió. — Ok, entonces.
Grant hacía que todo fuera tan fácil.
Trató de no beber esa noche, realmente trató. Pero necesitaba algo, o de lo
contrario, ¿Cómo iba a dormir? Y definitivamente no fumó, así que eso
tenía que contar. Quería ser bueno, por la última noche de Grant en el pub.
Después de obtener tres niveles A en Política Social, Política y Educación,
y luego de estudiar durante meses para exámenes adicionales, Grant había
calificado como asistente social. Comenzaría a trabajar en un centro de
detención de varones la semana siguiente. Remus no sabía de dónde había
sacado las bolas para hacer eso.
— ¡Será como St Edmunds otra vez!
— No, no lo será. — sonrió Grant, — será diferente, porque yo haré las cosas
diferentes.
***
Eran muy felices juntos. Tenían sus momentos, de todos modos, pero eran
amigos antes que amantes, siempre, y ninguno de ellos fue fiel además.
Grant había tenido muchos otros novios en su interminable búsqueda de
variedad. Quizá algún tipo artista, con cabello largo y afectaciones de
campamento. O serios, políticos, con holgados uniformes color caqui y
jerséis de punta gruesa, haciendo campaña por el desarme nuclear o los
derechos de gays y lesbianas, o los mineros o algo así. Remus los veía ir y
venir con un interés distante. Nunca se enfadó con Grant, sabía que él
mismo no era alguien muy divertido con quien estar.
304
El mismo Remus se había vuelto excelente en dividir su vida en segmentos
prolijos con bordes afilados como navajas. Castor era un mal hábito; Grant
era todo lo demás. Luego estaba el espectro de Sirius, que se cernía sobre
todo, asegurándose de que nunca pudiera realmente ser feliz con ninguno
de los dos.
— Podrías quedarte, hermano — dijo Castor, cada vez.
— ¡No puedes llamarme 'hermano' justo después de haber follado! — Remus
espetó. A menudo era grosero con Castor, y Castor también era duro con
él. Remus no estaba seguro de si era una cosa de lobos o una cosa de
autocastigo, pero trató de no analizar demasiado aquel arreglo.
— Remus Lupin, entonces. — Castor respondió.
— Solo Remus. — Gruñó, levantándose para vestirse. — Y sabes que no
puedo quedarme. Tengo una vida en Inglaterra.
— Eso dices, — Castor arqueó una ceja, — pero no veo evidencia de eso. Nos
ocupariamos de tí aquí.
— No confío ni un poco en ninguno de ustedes. — Remus dijo
rotundamente, abrochándose los jeans.
— Y, sin embargo, regresas a nosotros cada mes...
— Sí, bueno, eso es solo por esto, — Remus señaló el cuerpo desnudo de
Castor, reclinado sobre pieles grises, era absolutamente perfecto en todos
los sentidos, una estatua griega, ágil, él era tan musculoso y delicioso. — No
empecemos a fingir que nos gustamos.
— ¡Pero somos tu manada! — Castor protestó.
— Mira, dejaré de venir si no me dejas en paz. — Remus apretó los dientes.
Dejó de ir, dos meses después de eso, solo para hacer sufrir a Castor.
Remus no necesitaba una manada, y ciertamente no necesitaba amigos.
A veces, Mary intentaba ponerse en contacto, a veces él la dejaba. Pero era
duro, muy duro. Prefería a Grant y a su modesta y muggle vida juntos.
Y en realidad, aunque su vida no era una que Remus jamás hubiera
imaginado vivir, difícilmente estaba vacía. Remus tomó varios trabajos
ocasionales, de limpieza, principalmente; o en el correo, porque era efectivo
en mano, y a nadie le importaba si dejaba de aparecer.
Grant se dedicó a estudiar para obtener su licencia por lo que se la pasó con
otros estudiantes todo el tiempo, debatiendo en la sala de estar,
preparándose para otra protesta contra Poll Tax o por el desarme nuclear.
305
Hicieron un gran desastre en la sala pintando pancartas y clavando carteles,
pero a Remus no le importaba un poco de caos.
Le gustaban las chicas a las que Grant invitaba más de lo que le gustaban
los chicos: todas eran tan vibrantes, tan apasionadas, con cabello verde
punky y actitudes traviesas y juveniles. A él no le importaba mucho las
causas realmente, eran más la conversaciones que tenía con ellas lo que le
gustaba, siempre eran animadas. A veces incluso sentía que estaba hablando
con Mary, Marlene o Lily. Luego reducía la velocidad, pensando que
necesitaba un trago. Y se quedaba en silencio en la cocina hasta que todos
se iban.
— Oh, Remus. No puedes simplemente deambular y ponerte idiota cada vez
que estás triste. — Grant suspiró una noche, cuando encontró a Remus
desplomado sobre la mesa de la cocina, horas después de que todos se
hubieran ido.
— Estoy triste. — Remus sollozó.
— Sé que lo estás, amigo. — Grant se inclinó y tiró del brazo de Remus por
encima de su hombro, llevándolo hacia la cama. — Y puedes estar triste. Es
la bebida con la que tenemos el problema, ¿Eh?
— Nadie te debe una vida feliz. — Remus repitió con tristeza el viejo adagio
de la Matrona mientras se balanceaban juntos por el pasillo.
— No, — resopló Grant, poniéndolo en la cama. Miró a Remus con lástima,
— Pero te debes una a tí mismo, amor.
306
CIENTO SETNTA Y SIETE
1985
Ooh love,
Ooh loverboy
What're you doin' tonight, hey boy
Set my alarm, turn on my charm
That's because I'm a good old-fashioned lover boy
Remus no necesitaba imaginarse el vestido brillante; ella era una muy buena
bailarina. Ella giró, y se balanceó con energía sensual, lanzándole miradas
coquetas y moviendo sus caderas. Drogado y relajado, Remus se encorvó en
el sofá para mirarla. Era como un sueño, bonita y elegante, pero también
abrumadoramente e indignantemente real. Remus se preguntó por qué
siempre terminaba atrapado con los charlatanes y por qué demonios le
gustaban tanto.
La canción terminó y ella levantó los brazos como una gimnasta que acaba
de completar una rutina perfecta. Remus sonrió, a su pesar, y aplaudió.
— ¿Te apetece un baile? — Ella agitó las pestañas con coquetería. Remus no
pudo evitarlo; fuera lo que fuese lo que le había hecho levantarse era algo
más fuerte de lo que estaba acostumbrado, y estaba encantado con ella.
— Hagámoslo, pues.
Él realmente no bailó, pero le tomó las manos mientras ella lo hacía,
haciéndola girar en los lugares correctos y dejándola caer en sus brazos,
riendo tontamente. Tenía unas muñecas muy delicadas, los huesos finos
como los de un pájaro.
Cuando finalmente se derrumbaron en el sofá para fumar otro porro, ella
se quitó los zapatos y puso las piernas sobre su regazo. Grant hacía eso a
veces; solo tenían un sofá, por lo que era la única forma de estirarse.
— Eres muy guapo, Remus. — Dijo a través del humo.
311
— Ja — Respondió, bebiendo lo último de su ginebra. No podía servir más
sin empujarle las piernas y no quería hacer eso, así que se conformó con el
porro.
— Lo eres. Eres muy sexy.
— Shh. — Él rió entre dientes. — ¿Quién crees que eres? Apareciendo en mi
piso sin previo aviso e interrogándome.
— ¿Te estoy interrogando? — Abrió mucho los ojos, — ¿Estás sucumbiendo a
mis técnicas?
Remus se rió, arrugándose, sus manos en sus piernas, que eran tan suaves y
delicadas. Ella también se estaba riendo, mirándolo. Sus ojos eran tan
oscuros y estaban tan llenos de vida. Él la deseaba. Remus se dio cuenta de
eso de repente, como una luz encendida: la habitación estaba más
iluminada, su rostro más claro. Maldita sea.
Terminó el porro. Se revolvió en el sofá y cerró los ojos con satisfacción.
Dejó sus manos en sus piernas, simplemente descansando allí, no quería
agarrarla ni nada horrible por el estilo. Solo quería… ¿Qué? ¿Qué hacías con
una chica? Mary había sucedido hacia casi una década atrás, y no era como
si Remus realmente hubiera jugado un papel importante allí. Casi siempre
se había sentido sorprendido de que ella lo hubiera elegido.
Él también se sentía así ahora, cuando Anthea abrió los ojos y volvió a
sonreírle.
— Lo siento, ¿Quieres acostarte también?
— ¿Qué? — Remus sintió un hormigueo en la espalda, alarmado.
¡¿Realmente lo harían?! — ¡No! Quiero decir... er...
— Eres tan adorable, — sonrió ella, moviéndose a un lado y tirándolo a su
lado, — Vamos a acostarnos juntos un rato, es lindo, ¿no?
— Mm...
Ella puso su brazo alrededor de él. Su suave cabello negro le hizo cosquillas
debajo de la nariz, y no pudo evitar inhalar su aroma. Era tibio y algo
picante, como clavel o canela. A él le gustaba. Se quedaron un rato así. El
disco había terminado y estaba girando la aguja, crepitando.
— ¿Qué crees que están haciendo Neil y Grant ahora? — Anthea susurró, su
mano de repente en su cinturón, la palma plana contra su entrepierna. —
Probablemente están en las duchas, ¿No crees?
— Um. — Remus dijo, sin palabras.
312
— Deberías ver a Neil sin su uniforme, es un Adonis. Quiero decir, es un
idiota, pero puedes olvidarte de eso cuando se pone en marcha. Apuesto a
que están todos sudorosos y embarrados por la cancha.
Remus trató de regular su respiración, pero ella seguía moviendo la mano
y le costaba concentrarse en cualquier otra cosa. Finalmente ella lo miró y
le besó los labios con mucha ternura. — ¿Lo quieres?
— Sí, — suspiró Remus, — Continúa.
Anthea estaba en la ducha, dos horas después, cuando Grant y Neil
entraron por la puerta. Remus todavía estaba tirado en el sofá en
calzoncillos, sonrojado y completamente aturdido.
Grant lo miró dos veces y luego se echó a reír. Neil pareció horrorizado.
Entró al baño y le exigió a Anthea que saliera de inmediato.
— ¡Basura! — Grant jadeó a Remus, se dobló de risa.
— ¡Adiós Grant, adiós Remus! — Anthea gritó mientras ella y Neil se
apresuraban a salir. Tenía la cara como un trueno y la puerta se cerró con
fuerza detrás de ellos.
— Bien entonces. — Grant dijo, recomponiéndose. — Espero que tu novia
no haya usado todo el agua caliente.
— Realmente no sé por qué sucedió eso. — Dijo Remus, poniéndose la
camiseta. — Tan solo estábamos escuchando discos y ella estaba hablando,
y luego...
— ¿Qué, esa era la única forma de callarla?
Remus lo miró tímidamente, — Lo creas o no, no la hizo callar.
Grant tardó casi diez minutos completos en recuperarse de la risa.
...
Consiguieron un televisor, unas semanas después de eso. Grant bromeó
diciendo que si Remus estaba tan aburrido que había recurrido a follar con
chicas, entonces sería mejor que le trajeran algo de entretenimiento. No
volvió a ver a Anthea, lo cual fue una lástima, porque para ser honesto, a
Remus no le habría importado convertir eso en algo normal. Una vez que
te acostumbrabas a toda la charla, ella podía verse muy sexy. No pensó
demasiado en lo que eso significaba y Grant no insistió más.
La televisión era de segunda mano; ninguno de los dos tenía suficientes
ingresos disponibles para comprar uno nuevo. U amigo de Grant se los dio
gratis, con la condición de que lo recogieran ellos mismos. Estaban a tan
solo dos calles, pero igual era un problema para ellos.
313
— ¿No puedes... dejarlo en casa o algo así? — Grant preguntó, con las manos
en las caderas mientras miraban el televisor grande y voluminoso en la
acera. — Haz un hechizo.
— Va contra la ley. — Remus explicó. — En público, de todos modos. O
delante de un mugg... de tí.
— Pfft. — Grant levantó una mano para apartarse el pelo de su rostro
sudoroso. — Diablos. Sabía que debería haber aprendido a conducir.
La puerta del edificio se abrió y un hombre salió, luciendo ruborizado y
furtivo. Ese era el tercer hombre que Remus había visto con exactamente la
misma mirada furtiva.
— ¡¿Qué clase de lugar es este, de todos modos?! — Preguntó, mirando hacia
el edificio. Se parecía a todos los demás, tal vez un poco en mal estado. No
había señalización exterior.
— Sauna, — dijo Grant, poniéndose en cuclillas para ver si podía rodear el
televisor con sus brazos. Podía, pero no había forma de que pudiera
levantarlo.
— ¿Sauna? — Remus se rascó la cabeza.
— Ya sabes, una casa de baños. Donde los hombres pueden estar solos y
sudar todo lo que quieran.
— ¡Oh! — Remus se quedó boquiabierto, avergonzado.
— Cristo Remus, vivimos en Soho.
— ¡Lo sé! Yo solo... de cualquier forma, no lo levantes así, te dañarás la
espalda. Vamos, toma ese extremo, yo tomaré este... uno, dos, tres, arriba...
Les llevó unos treinta minutos, tomando un solo descanso. Remus
realmente estaba haciendo la mayor parte del transporte, pero no le
importaba; habían elegido un día entre las lunas y se sentía bastante
saludable.
Afortunadamente, Grant era un experto en el lado eléctrico y logró conectar
todo una vez que el televisor realmente se encontró en la sala de estar. Se
veía extraño; un gran cubo de plástico negro, ocupando todo el espacio.
Terminaron poniéndolo en una caja frente a la chimenea, que de todos
modos nunca usaban. La antena no era muy buena, necesitaba un poco de
cinta aislante para mantenerse en posición vertical, pero una vez que la
encendieron y la imagen borrosa apareció en la vista, ambos quedaron
enganchados.
314
Remus, que no había visto televisión en años, se volvió un completo adicto
ese verano. Se enganchó con las telenovelas: EastEnders, Brookside y
Coronation Street, pero miraba cualquier cosa en realidad; debates en la
casa de los comunes, campeonatos de billar, comedia, documentales, lo
mejor de lo mejor, e incluso una serie horriblemente perturbadora llamada
Threads, sobre la amenaza de una guerra nuclear.
La televisión se encendía a primera hora de la mañana mientras recorría el
piso vistiéndose o cepillándose los dientes, y la mayoría de las veces se
quedaba dormido frente a ella por las noches. Grant comenzó a llamar al
tele "el otro hombre".
— Simplemente me gusta el ruido, — dijo Remus, — como compañía.
— Podrías intentar hacer algunos amigos de verdad... — sugirió Grant.
Remus descartó esto. No necesitaba amigos; tenía todo lo que necesitaba.
Un domingo por la tarde ambos estaban en la sala de estar. Remus había
tenido que irse a un trabajo de limpieza que comenzaba a las 3 am, por lo
que había estado durmiendo la mayor parte del día. Grant estaba leyendo
el periódico y las piernas de Remus estaban sobre su regazo. Con su mano
libre, Grant frotaba distraídamente el arco del pie izquierdo de Remus, lo
que hacía que Remus volviera a a adormecerse, todo relajado.
Las noticias acababan de terminar y estaban esperando el clima cuando, de
repente, comenzó a sonar una música siniestra.
— Ahora existe un peligro que se ha convertido en una amenaza para todos
nosotros, — dijo siniestramente la televisión. — Es una enfermedad mortal
y no hay cura conocida...
Grant y Remus miraron hacia arriba para ver el espeluznante anuncio. Una
palabra grabada en una lápida ennegrecida: SIDA.
— ¡No te mueras de ignorancia! — Entonó la voz en off.
Una sensación familiar de vergüenza y ansiedad se apoderó de Remus, una
mezcla enfermiza de emociones que no había sentido desde la escuela.
Apartó los pies de Grant y se llevó las rodillas al pecho. Se sintió sucio;
intocable.
— Cristo. — Grant dijo, su voz hueca, indicándole a Remus que se sentía
exactamente de la misma manera. — Es tan feo que hasta te dan ganas de
no follar más ¿No? — Sacudió la cabeza.
Remus se mordió el labio.
— Estás siendo precavido, ¿no? — Preguntó tentativamente.
315
— Sí, obviamente. — Grant asintió con brusquedad.
Remus lo miró, torciendo la boca. Odiaba mencionar las otras relaciones
de Grant, él siempre había sido muy discreto al respecto. No de manera
rara, o de forma reservada, pero discreto. Aún así, Remus quería estar lo
más seguro posible.
— Bien. Quiero decir, estás usando...
Grant se puso de pie, con las manos en las caderas, claramente molesto.
— Sí, Remus, cuando me follo a otros hombres me aseguro de que haya
condones a la mano.
— Lo siento. — Remus se sonrojó, mirando sus manos. — No es asunto mío.
— Bien. No lo es. — Grant espetó, se agitó y fue a la cocina.
Remus lo escuchó llenar la tetera y luego encenderla, luego olió el humo
del cigarrillo. Se pasó los dedos por el pelo, nervioso, y llamó a través de la
pared;
— Yo solo... sabes que no podría soportarlo, el no tenerte.
Silencio. Pasos.
— ¿Qué hay de tí? — Grant preguntó, reapareciendo.
— ¡¿Yo?! — Remus parpadeó.
Grant se cruzó de brazos y se apoyó en el marco de la puerta.
— No me trates como un idiota, sé que no soy el único. Y no hablo solo de
Anth. Hablo de a quien ves, cuando sales todos los meses. Cuando eres...
cuando no eres tú mismo.
Remus lo miró fijamente, con la boca seca. Parpadeó de nuevo y asintió.
— Seré precavido.
— Tampoco podría estar sin tí. — Grant dijo, alborotando el cabello de
Remus. — Imbecil insensible. ¿Té?
Remus asintió, contento de que no estuvieran peleando, pero preocupado
de todos modos. Grant tenía razón, por supuesto. Remus nunca le había
dado un segundo pensamiento a la protección con Castor. ¿Podían
contagiarse los magos? Y si podían, ¿Había una cura mágica? Remus había
visto fotografías de enfermos de SIDA en Estados Unidos; hombres
esqueléticos en camas de hospital. Se estremeció.
Grant volvió con dos tazas de té. Le entregó una a Remus, luego se sentó a
su lado, cruzó las piernas y se llevó la taza a los labios, soplándola. Bebió un
sorbo y luego miró hacia arriba, pensativo. — Podría parar.
— ¿Eh? — Remus parpadeó, perdido en sus propios pensamientos.
316
— Podría dejar de ver a otras personas. — Grant repitió pacientemente. — Si
quieres que lo hiciera, quiero decir. Todo lo que tienes que hacer es
preguntar.
— No quiero decirte lo que puedes y no puedes...
— Remus. — Grant arqueó una ceja, — He estado viviendo aquí durante
cuatro años. A veces eres un verdadero imbécil, pero me haces feliz.
Remus estaba mirando la alfombra, ahora, tratando de no entrar en pánico.
Grant dejó su té y se acercó para tocar la mano de Remus, — No necesito a
nadie más que a tí. — Dijo sinceramente.
— Grant, yo...
— Lo sé, lo sé, — Grant levantó una mano, — No espero que me lo digas,
está bien. Sé cómo te sientes y eso es suficiente.
Remus inhaló bruscamente y cerró los ojos. Exhaló lentamente y deseó que
su corazón se ralentizara. Se sintió maravilloso escucharlo. Ni por un
momento había esperado volver a sentirse así, o que fuera tan diferente de
la última vez.
— Ok. — Respiró.
— ¿Ok? — Grant ladeó la cabeza.
— Está bien, — asintió Remus, — Preferiría que no vieras a nadie más.
— Hecho.
317
CIENTO SETENTA Y OCHO
1986
Time up and time out for all the liberties you've taken
Time up and time out for all the friends that you've forsaken
And if you choose to waste away like death is back in fashion
You're an accident waiting to happen
Las cosas fueron diferentes, por supuesto, después de que Remus y Grant
acordaron permanecer monógamos. Todavía eran mejores amigos, todavía
se hacían reír y se irritaban más allá de lo creíble, pero también se había
desarrollado una nueva cercanía. Remus bebió menos por un tiempo - no
se detuvo del todo, claro. Algunos días eran muy duros para él, algunos días
no se lavaba, ni se levantaba de la cama ni comía. Pero no todos los días; y
eso era un progreso.
Castor no se lo tomó bien. De hecho, se puso furioso. Remus trató de
explicarle el VIH, pero no sirvió de nada. Castor se había alejado tanto de
la humanidad que incluso estaba comenzando a parecerse a un lobo. Su
cabello estaba más grueso, más negro de alguna manera, y se extendía más
allá de la nuca, arrastrándose a lo largo de su columna vertebral. Sus dientes
se habían alargado, y sus ojos se habían vuelto más afilados, los iris más
amarillos.
— Le estás dando la espalda a tu familia, Remus Lupin. — Gruñó. — Incluso
tu magia se ha debilitado.
318
— No voy a darle la espalda a nadie. — Remus insistió: — Estoy tratando de
tener una vida real.
Por supuesto que Castor no le entendió; Remus había mantenido a Castor
y Grant tan separados que ni siquiera ellos sabían el nombre del otro. Tal
vez siempre había sabido que tendría que elegir a uno de ellos al final. Y
Castor nunca se había sentido del todo bien.
Al final, Remus fue desterrado de la manada. Se le advirtió que si alguna
vez regresaba, sería tratado como una amenaza. Esto era extremo, pero
supuso que eso era lo que alguien conseguía por romperle el corazón a un
hombre lobo.
Ahora Remus tenía que pasar las lunas llenas en Gran Bretaña. Regresó a
algunos de sus viejos lugares de transformación; el Distrito de los Lagos,
Brecon Beacons. Trató de no ir a ningún lado donde hubieran demasiados
recuerdos de Prongs y Wormtail. O el otro. Para empeorar las cosas, sin la
manada para ayudarlo a sanar todos los meses, Remus tenía que aparecerse
de regreso a Londres y atender sus heridas él solo lo mejor que podía.
— ¡Cristo! — Grant exclamó, la primera vez había sido realmente malo.
Había entrado al baño y visto a Remus a desinfectando sus cortes, su varita
temblando mientras trataba de agarrarla con los dedos rotos.
— Lo siento, — murmuró Remus, apoyándose contra el fregadero mientras
un hechizo amenazaba con abrumarlo. No se había sentido tan mal después
de una transformación desde… desde… su visión se nubló, y se sentó en la
tapa del inodoro cerrada, con la cabeza entre las rodillas para no
desmayarse.
— ¡Cristo! — Grant dijo de nuevo, entrando y arrodillándose frente a él.
Tomó la bola de algodón ensangrentada que Remus había estado usando y
la tiró a la basura. Abrió la canilla del costado del fregadero, y agarró la
botella de TCP. — Ven aquí, — dijo en voz baja, tomando la mano de Remus
muy suavemente en la suya y frotándola ligeramente con el desinfectante.
Remus se sentó mudo, dejándose cuidar, demasiado cansado para hacer
mucho más.
— Por el amor de Dios, — Grant negó con la cabeza, visiblemente molesto,
— No podemos tenerte en este estado todos los meses, ¿No es así, cariño?
— Está bien. — Remus murmuró: — Esto no está tan mal.
— ¡Mi culo no está tan mal! — Grant replicó, levantándose para buscar tiritas
de gasa en el botiquín. Las encontró y se arrodilló de nuevo, reanudando
319
su trabajo en los rasguños de Remus. — Te diré qué, si tienes que elegir
entre regresar así todos los meses o darle a ese lobo idiota algunas mamadas,
entonces yo mismo lo haré.
Remus se rió, lo que le dolió las costillas. — No estoy seguro de que funcione
así.
— Bueno, tenemos que hacer algo. — Grant refunfuñó, uniendo los dedos
rotos de Remus con unas vendas.
— Eres bueno en esto, — dijo Remus, sorprendido, mirando el buen trabajo
que Grant había hecho.
— Sí, bueno, si te han golpeado tanto como a mí, aprendes algunos trucos,
— Grant miró hacia arriba y le guiñó un ojo. — Y no olvides que asistí a ese
curso de primeros auxilios por motivos de trabajo. Vamos, ven, te llevaré a
la cama. ¿Tienes hambre?
— Un poco. — Estaba hambriento, pero sabía que no tenían comida.
Estaban esperando a el día de pago para hacer una gran compra.
— Veré lo que puedo hacer. — Grant dijo, ayudándolo a pasar al dormitorio.
— No tienes que hacerlo, probablemente solo dormiré un rato.
— Dios, te ves tan pálido, — Grant sintió la frente de Remus con el dorso de
su mano. — Creo que deberías comer algo.
— Honestamente, me veo peor de lo que me siento. — Remus se subió a la
cama, sus huesos lloraron de alivio.
— No te creo. — Grant entró con él y se sentó, acariciando el cabello de
Remus. Era tan reconfortante. — ¿Sirius solía cuidar de ti? ¿Después de las
lunas llenas?
Remus entrecerró los ojos y negó con la cabeza. —Por favor, no lo hagas. No
puedo.
— Oh amor. — Grant suspiró, reanudando sus tiernas caricias. — Sabes, mi
amiga que da asesoramiento, dice que te puede dar una cita. Solo tienes
que pedirlo. Me ayudó mucho, no sabes cuánto.
— No puedo. — Dijo Remus. Siempre decía lo mismo. — Hay demasiadas
mentiras que tendría que contar.
— No, he estado pensando... no tiene que ser sobre la guerra, o incluso sobre
lo de los lobos. Háblale de James, Lily y Peter. Puedes decir que tuvieron
un accidente automovilístico o ...
— No.
— Remus, solo quiero que hables...
320
— Sabes, realmente no me siento bien. ¿Puedes dejarme solo, por favor?
— Bien. — Grant se levantó. Remus mantuvo los ojos cerrados, pero podía
escuchar cada movimiento. Justo antes de salir de la habitación, Grant se
volvió. — Por cierto, encontré una botella de ginebra en el cajón de tus
calcetines. Lo vertí por el fregadero.
Cerró la puerta de golpe.
***
*Ring, ring* *Ring, ring*
— ¿Hola?
— ¿Mary?
— ¿Remus? — Hubo un breve silencio al final de la línea, mientras Mary se
recobraba. Remus conocía ese sentimiento. Él también algunas veces
recordaba algo de los viejos tiempos y se quedaba sin aire. — ¡Hola! — Dijo,
su voz con una amplia sonrisa. — ¿Cómo estás cariño?
— Oh tú sabes. ¿No te estoy molestando? — Siempre trataba de darle una
salida fácil, si ella lo quería.
— Por supuesto que no... Acabamos de tomar el té.
— Oh bien, ¿Qué comieron?
— Pollo y arroz. El favorito de Darren.
— Suena bien.
— Deberías venir a cenar una noche. Todavía estás en Londres, ¿verdad?
— Sí... mismo piso.
— Oh por supuesto. ¿Es…? Um. ¿Cómo está eso?
— Está bien. — Dijo, echando un vistazo a su destartalada sala de estar. —
Llevo aquí tanto tiempo que supongo que se siente como si siempre hubiera
sido solo mío.
— ¿Estás saliendo con alguien?
— Algo así.
— ¿Trabajando?
— Limpieza. De vez en cuando, cuando puedo conseguir algo. Estuve
apilando estantes por un tiempo, en Epping, pero me quedé dormido en el
trabajo y me despidieron.
— No seas duro contigo mismo, amor.
— Sí. — Tomó un trago de su botella de cerveza. — ¿Cómo va tu trabajo?
321
— ¡Bien! Podré haber sido terrible en la transfiguración, pero la contabilidad
no es la gran cosa.
Darren había abierto un garaje a finales del 85 y Mary también trabajaba
allí, ocupándose de todas las reservas y la facturación. Estaban ahorrando
para mudarse de su departamento y comprarse una casita con jardín. Ella
solo usaba magia muy ocasionalmente, le dijo a Remus, aunque su relación
con su varita nunca había sido la misma desde que encontró a los
McKinnon.
— ¿Remus? ¿Sigues ahí?
— Lo siento, sí. Me perdí.
— A mí también me pasa... — una pausa, y Remus sintió esa sensación de
malestar y opresión en el estómago. Podía adivinar lo que vendría después.
Mary alzó la voz, levemente, — ¿Tienes a alguien con quien hablar? Quien
sea que estés viendo, ¿Sabe lo que pasó?
— Mm. — Remus hizo un ruido evasivo. — Algunos pedazos.
— Porque deberías hablar de eso, Remus. No deberías tener que cargar con
todo eso... No puedo imaginar cómo se debe sentir, la traición...
— No. — Remus espetó, — ¡No puedes! — y colgó el teléfono, tan fuerte como
pudo, de modo que lo tiró de la mesa. Terminó su cerveza antes de moverse
a recogerla.
Que se pudra.
Todos querían que hablara, pero ninguno de ellos realmente sabía.
Ninguno de ellos podía saberlo, lo estúpido que se sentía, lo usado. Lily,
James, Peter y Marlene: perderlos era una cosa. Remus se había enseñado a
sí mismo a concentrarse en los mejores recuerdos, los momentos más
felices.
Pero Sirius. No había un momento de su tiempo juntos que no estuviera
contaminado; envenenado por las mentiras que Black había estado
diciendo. Remus había sido abierto, vulnerable y cariñoso, y cada momento
había sido falso.
Lo había engañado la única persona a la que había amado. Había sido
patético; demasiado cegado por la emoción para ver la verdad, y ahora no
quedaba nada de él. Nunca volvería a ser capaz de tener ese tipo de
suavidad. El odio de Remus por Sirius era tan abrumador que a veces lo
asustaba.
322
Entonces, ¿Cómo se suponía que iba a hablar de eso? ¿Cómo se suponía
que iba a decirle a Grant, o a algún terapeuta, que no solo estaba enojado,
ni solo afligido, sino paralizado por la rabia? Que a veces soñaba con llegar
a Azkaban de alguna manera y matar al propio Sirius. Que una o dos veces
en los primeros meses después de la guerra, había ido tan lejos como para
levantarse en la noche, borracho y furioso, y agarrar su varita y planear hacer
exactamente eso. Lo único que lo había detenido era la idea de causarse una
despartición o de tener que enfrentarse a todos esos dementores.
Pateó la mesa de café, furiosamente, golpeándose el dedo del pie.
— ¡Puta madre!
Grant asomó la cabeza por la esquina de la puerta de la sala. — ¿No te fue
bien, entonces?
— No tiene sentido intentarlo. — Remus resopló, frotándose el pie y saltando
a través de la habitación para encender la televisión. — Ella está feliz. Ella
tiene su vida en orden. Debería dejarla en paz. — Se derrumbó de nuevo en
el sofá.
— ¿Es eso lo que ella dijo? — Grant entró con reproche.
— No. Pero es lo justo. — Remus mantuvo sus ojos fijos en la pantalla,
encorvándose aún más. Quizás Grant así entendiera el mensaje: "¡No quiero
hablar!"
— ¿Por qué no la invitas un sábado? — Grant se sentó en el brazo del sofá. —
Me gustaría conocerla.
— No tiene sentido. Ella no vendría. Hay demasiados recuerdos aquí.
— Podríamos salir entonces, ir a almorzar a un algún lugar agradable.
— No podemos permitirnos eso.
Grant se frotó las sienes, haciendo una mueca como si le doliera la cabeza,
— Estás siendo inmaduro. — Él dijo.
— Vete a la mierda.
— Brillante respuesta, en serio —bufó Grant—. Vamos, ¿Qué pasó con aquel
ingenioso y pretensioso idiota que solía volverme loco? Usa tus grandes
palabras, vamos.
— Mira, querías que llamara a Mary y lo hice. Terminó mal, como sabía que
sucedería, y eso es todo. ¡Déjame en paz! ¿Ok?
— Sí, puedo imaginar exactamente por qué terminó mal también, y no
necesito ser un maldito mágico para resolverlo.
— Mago.
323
— Imbécil. Por lo que me has dicho, es una buena chica. Y ella te conoce.
Solo pensé que sería alguien con quien hablar sobre...
— Sí, bueno, ella no quiere hablar de eso más que yo. — Remus escupió. —
Ella me dijo que hablara contigo.
— ¿Lo hizo? — Grant parpadeó. Remus se sintió especialmente cruel.
— Bueno, obviamente no sabe tu nombre, ella se refería a quien sea que me
esté follando en este momento.
— Correcto. — Grant hizo un esfuerzo evidente por ignorar este desaire. —
Bueno, adelante.
— ¿Qué?
— Es domingo, no tengo nada que hacer. Hablemos.
— No.
— Remus. No puedo seguir así. — Grant dijo. — Te amo, lo hago, pero esto
es demasiado..
Mierda. Las campanas de alarma comenzaron a sonar dentro de la cabeza
de Remus.
Era como si alguien hubiera empezado a encender y apagar las luces, y las
paredes se estuvieran cerrando, y todo el aire hubiera abandonado la
habitación, y él estaba mareado, ahogado, cegado. Tenía un sabor extraño
en la boca, y pensó que quizá iba a vomitar, excepto que no podía respirar
lo suficiente como para vomitar, simplemente seguía jadeando, cayendo
hacia adelante.
— ¡Hey, hey, hey! — La voz de Grant penetró en la niebla, resonante y
distante. — ¿Remus? Remus, ¿Puedes respirar profundo? Inhala, exhala, así,
de acuerdo, uno, dos...
Remus sintió que el sudor le resbalaba por la espalda, su corazón latía a
toda marcha, pero respiró tanto como pudo. — Tres... — dijo Grant. Le
frotaba la espalda muy lentamente. Remus dejó escapar un largo suspiro
tembloroso. — Así es, bien, — dijo Grant, con la voz más fuerte ahora, —
muy bien, Remus, bien hecho. Y de nuevo, uno... dos...
Debieron de haberse quedado sentados allí casi dos minutos completos,
simplemente respirando juntos. Finalmente, Remus se sintió medio normal
de nuevo. Excepto que en serio, en serio quería un trago.
— Mira, — dijo Grant, usando la voz que Remus estaba seguro que reservaba
para los niños con problemas con los que trabajaba, — Por eso necesito que
me hables. No podemos dejar que esto pase, ¿No?
324
Remus negó con la cabeza, pues no confiaba en sí mismo para hablar.
— Siento haber dicho lo que dije, — continuó Grant, — no era mi intención.
No hay "peros", ¿De acuerdo? Te amo y estás atrapado conmigo.
Remus asintió de nuevo, con la cabeza todavía entre las manos y los ojos
cerrados con fuerza. Tenía que tener gripe o algo así; la gente no se mareaba
por no hablar, sin duda. Es solo que... Grant diciendo aquello; 'No puedo
seguir así...' había encendido tanto temor dentro de él, tal terror, tal vez
tenía que ver con eso.
— ¿Y si me dices solo una cosa? — Grant intentó, — ¿Solo una cosa para
ayudarme a entender?
— ¿Cómo qué? — Remus se atragantó.
— Bueno... — prácticamente podía oír la mente de Grant zumbar. ¿Tenía
una lista de cosas que quería sacarle a Remus, todas guardadas solo para
esta ocasión? ¿Era una estúpida mierda de psicoanálisis que Grant había
aprendido en un curso de formación?
— Nunca me has dicho lo que le pasó a Sirius. Sé que no está muerto. ¿Él...
se fue?
— Sí, es una manera de decirlo. — Remus gruñó. Dios, escuchar a alguien
más decir su nombre dolía mucho. Se sintió mareado de nuevo.
— ¿Qué quieres decir?
— Está en la cárcel. — Dijo Remus. Luego respiró de nuevo y expulsó el resto.
— Está en prisión porque los asesinó, y yo no estuve aquí para detenerlo
— Maldita sea.
— Mm. — Remus se preparó para más preguntas. Pero ninguna llegó. Grant
simplemente deslizó su brazo sobre su hombro y le dio un apretón,
— No fue tu culpa.
— No lo sabes. — Remus regresó, todavía mirando hacia abajo. — No sabes
lo estúpido que fui. Pasé por alto todas las señales. Yo sabía que algo estaba
mal, pero pensé.. pensé que era sólo yo; Pensé que quería romper conmigo.
Era tan egoísta, nunca pensé ni por un segundo que él… que él podría… —
Ahora estaba llorando. Estúpido Grant.
— Es su culpa por defraudarte, no tu culpa por confiar en él. — Grant siguió
abrazándolo. Remus lo permitió, para hacerlo sentir mejor; para hacer que
esto pareciera un gran avance.
Pero Grant podía decir eso todo lo que él quisiera: Mary había dicho algo
similar, una o dos veces a lo largo de los años. Simplemente no sonaba
325
cierto. Los muertos seguían muertos y Remus no había estado allí para
evitarlo. Incluso si hubiera estado allí, esa noche de Halloween; como había
sido en ese entonces, probablemente habría dejado que Sirius lo matara
también, en lugar de intentar luchar contra él.
En ese entonces, morir por amor parecía la única causa digna. Pero ahora
era mayor y sabía la verdad. Nunca más. Nunca, jamás.
326
CIENTO SETENTA Y NUEVE
1987
330
— Cuando tengo tiempo… el trabajo me tiene muy ocupado. Y otras
responsabilidades, ya sabes cómo es. Pensé que estábamos sobrecargados de
trabajo durante los EXTASIS, pero Hogwarts eran vacaciones en
comparación con la vida real.
Remus se mordió el interior de la mejilla, porque eso era muy cierto, y no
quería enojarse por eso.
— ¿Y tú? — Preguntó Christopher, claramente tratando de no hacer una
mueca mientras tomaba un sorbo de café. — ¿Qué haces ahora?
— Un poco de todo — Remus se encogió de hombros. — No tengo
exactamente una carrera.
— Oh, qué pena.
Remus se encogió de hombros, — Está bien, me las arreglo.
Hubo un silencio incómodo. Remus quería preguntar sobre el sauna, pero
sabía que era mejor no hacerlo. Grant probablemente preguntaría, pero
Grant tenía una forma de ser que hacía que la gente se sintiera cómoda,
Remus no. Simplemente bebió su café en silencio y deseó haber sugerido
un pub en su lugar.
— Pensé que habías muerto. — Christopher dijo, de repente. Remus casi se
atragantó. Dejó su café.
— Tú…
— Habían tantos rumores, en ese entonces, recuerdas cómo era. Y estaban
todos estos nombres, y cuando vi lo que le había sucedido a Lily y a tu amigo
James, pensé... especialmente después de que se supo que Sirius Black fue
quien lo hizo, asumí que...
Remus respiró hondo y esperó a que el dolor desapareciera. Cuando lo hizo,
exhaló lentamente y dijo, muy uniformemente:
— No. No estuve allí esa noche. No tenía idea de lo que estaba haciendo
Black. Nadie lo sabía.
— Siempre estaba tramando algo, — dijo Christopher, sombrío. —Y con su
familia... supongo que no fue una sorpresa tan grande.
— No. — Remus dijo, sin saber realmente lo que estaba diciendo, solo
tratando de ignorar el rugido de ira en su cabeza, — Supongo que no.
— De todos modos, realmente me entristeció lo de Lily. Ella era tan amable.
¿Sabes dónde está Harry ahora? ¿El niño que vivió?
331
Remus simplemente negó con la cabeza. Bebió más café, probablemente no
era una idea brillante el agregarle cafeína a su ya acelerado ritmo cardíaco,
pero estaba tratando de ser lo más normal posible.
— Y pensé que si no estabas muerto, — continuó Christopher, — igual no
querrías hablar conmigo.
— ¿Por qué?
— Sé que tú y tus amigos estuvieron todos involucrados en la guerra,
ayudando a Dumbledore y todo. Yo no... mis padres me enviaron a Suecia,
después de que terminé mis EXTASIS. Estaban preocupados por mí,
querían que me fuera de aquí. Recuerdas cómo eran las cosas.
Sí, quiso decir Remus, sí, maldita sea, lo recuerdo. A veces me despierto y
es como si todavía estuviera sucediendo.
— Y siendo nosotros sangre pura… creo que les preocupaba que tuviera que
elegir un bando. Así que me enviaron lejos, tenemos familia en
Gotemburgo y obtuve mi título en Finanzas Mágicas.
— Correcto. — Remus asintió. Realmente necesitaba hablar de otra cosa. —
Bien por ti, Chris. Entonces, um... ¿Vienes al Soho a menudo?
Christopher se puso carmesí de nuevo y miró su taza de café. — Solo… solo
a veces. Honestamente, me acabo de enterar de ese lugar y pensé en echarle
un vistazo, no hice... no quiero que pienses...
— Sabes que debes tener cuidado, — dijo Remus, bajando la voz en caso de
que alguno de los clientes del café estuviera escuchando, — Hay una
enfermedad que los muggles están contrayendo, no estoy seguro de cuánto
saben ustedes al respecto, pero es realmente serio.
— Como dije, — dijo Christopher, — en realidad, apenas voy allí. Solo fui
por curiosidad.
Remus sintió una punzada de culpa por hacer que Christopher se sintiera
mal. Si Grant le había enseñado algo, era que nunca debías aumentar la
vergüenza personal de nadie. De todos modos, era una emoción
desperdiciada, no había necesidad de empeorarla.
— No hay nada de malo en ser curioso, — dijo Remus con suavidad, —
Mucha gente va a esos lugares.
— ¿Tú vas? — Christopher lo miró.
— No. — Remus dijo, un poco demasiado rápido. — Er... quiero decir, sabes
que nunca fui muy sociable.
— Oh por supuesto. Me lo puedo imaginar, después de todo lo que pasó...
332
Remus no quería entrar en eso, así que cambió de tema, — ¿Sales con
alguien? — preguntó: — ¿Tienes novio?
Christopher negó con la cabeza. — No. Es difícil, ya sabes. Por el trabajo
que tengo, y mi familia. Las cosas han sido... bueno, ha habido un poco de
prueba y error, en ese sentido.
Remus quería apretar su mano sobre la mesa, pero en realidad no era el
lugar. Inclinó la cabeza, con simpatía,
— Se pondrá mejor, Chris.
Christopher lo miró con una sonrisa resignada. — Mm, sí, recuerdo que
dijiste algo así antes, en la escuela. Hay una persona para todos.
— Bueno, lo hay. — Remus asintió de manera alentadora. — Más de una
persona, incluso.
— No sé. — Chris suspiró, — No sé si es saludable pensar así. Hay tantos
factores a considerar, y yo no... No creo que funcione como en los libros.
No creo que todo el mundo tenga esa experiencia.
Eso fue algo difícil de escuchar. Remus no sabía qué decir, en realidad, y se
sentía extrañamente cohibido e ingenuo. Ciertamente, Remus ya no
embellecía el romance, si es que alguna vez lo había hecho. El amor le había
dado una paliza en más de una ocasión. Pero también había sido lo único
por lo que valía la pena vivir. Lo había levantado, protegido y mantenido
humano. Sintió un repentino anhelo de ver a Grant y se preguntó si ya
estaría en casa.
— No sientas pena por mí, — dijo Christopher, enérgicamente, mirando su
reloj de bolsillo, — Me la he pasado bastante bien. Me gusta mi trabajo, gano
mucho dinero, y cuando tengo una noche libre yo... ya sabes, puedo
divertirme de vez en cuando. Simplemente lo veo como un placer, más que
como un estilo de vida. En realidad — se inclinó un poco —, tengo un piso
en Kensington, para cuando trabajo hasta tarde y no quiero aparecerme
todo el camino a casa. Puedes ir a verlo, si quieres. — Enarcó una ceja de
manera sugerente.
La boca de Remus se secó y tragó, nervioso,
— Um. Es muy amable de tu parte, de verdad, pero. Será mejor que vuelva
a casa. Tengo a alguien esperando.
— Oh. — Christopher se enderezó y se retiró. Su rostro pareció cerrarse. —
Tienes a alguien.
333
— Sí, desde hace unos años, ya. — Casi seis, se dio cuenta. Más de lo que
había tenido a Sirius, si es que alguna vez había tenido a Sirius.
— Bien. Bien por ti entonces. Mira, será mejor que me vaya, Remus, fue un
placer verte de nuevo. — Christopher se puso de pie y extendió una mano
formal para que Remus la estrechara. — Deberíamos ponernos al día
adecuadamente, uno de estos días, avísame si alguna vez vas al Callejón
Diagon, y organizaré un almuerzo.
—Está bien, — asintió Remus, estrechándole la mano.
Sabía que nunca iría al Callejón Diagon, y como Christopher no le dio
ningún dato de contacto, Remus asumió que la invitación era simplemente
cortesía. No extrañaba la hipocresía de los sangre pura.
Remus caminó a casa rápidamente, ignorando el dolor en su cadera, y se
sintió increíblemente aliviado al encontrar a Grant ya allí, en la cocina.
— Hola, nerd — sonrió, — ¿Cómo estuvo el museo?
— Bien gracias. Interesante.
— Creo que debería llevar a algunos de los muchachos allí de paseo, si puedo
hacer que me dejen. — Levantó dos latas, — ¿Tostadas de frijoles o tostadas
de espagueti en aros?
— Lo que prefieras, — dijo Remus, mirándolo. Grant los miró a ambos
alegremente.
— Espagueti entonces. Con mucha salsa ¿No?
— Suena perfecto. — Remus respiró.
— Perfecto... — se rió Grant, — Debes tener hambre.
— No, solo... te extrañé, eso es todo.
— Solo he estado en el trabajo.
—Lo sé…
— Maldito idiota. — Grant negó con la cabeza, todavía sonriendo,
volviéndose de espaldas para abrir el cajón de los cubiertos y encontrar el
abrelatas.
Remus cruzó la habitación rápidamente y lo abrazó, envolviendo sus brazos
alrededor de la cintura de Grant, tirando de él e inhalando su aroma. Grant
dejó el abrelatas con cuidado y le devolvió el abrazo a Remus, frotándose
los brazos. — ¿Estás bien, cariño?
— Mmmhm. — Remus dijo, en su cuello. — Estoy contento de que estés aquí.
334
CIENTO OCHENTA
1989
En 1989, Remus fue a Oxford Street para hacer sus compras navideñas,
ante la insistencia de Grant.
— ¡¿Nunca has ido?! — Él había jadeado, con los ojos muy abiertos, — ¡¿No
has visto las luces?
— No pensé que los londinenses respetados se involucraran en todas esas
tonterías. — Remus respondió, a la defensiva.
— Los verdaderos londinenses salen de la casa. — Dijo Grant. — Y compran
regalos para sus amigos.
— No tengo amigos. — Remus dijo - luego se sintió horrible. Porque, por
supuesto, tenía a Grant.
— ¿Qué hay de ese pájarito Mary? Te envía cartas todo el tiempo.
— Oh sí. Podría comprarle algo, tal vez.
— Ese es el espíritu, Ebenezer.
Remus hizo caso omiso de las bromas, porque sabía que a Grant le
encantaba la Navidad, o cualquier oportunidad para celebrar, en realidad,
y Grant había tenido un año muy difícil.
Después de haber trabajado tan duro para obtener su certificado de
finalización de la escuela, presionando en cada paso del camino para
obtener A-Levels y varias otras calificaciones, todo para poder tener el
trabajo de sus sueños, que era ayudar a otras personas, Grant finalmente se
335
había enfrentado a una oponente insuperable. El gobierno, más
específicamente, la Ley de Gobierno Local.
En 1988, se aprobó la Sección 28 y Grant ya no estaba asegurado en su
puesto en el trabajo. Remus no lo había entendido realmente al principio,
o al menos, no podía ver por qué Grant tenía que preocuparse.
— Sin embargo, no trabajas para el consejo, — frunció el ceño, hojeando los
folletos que Grant y sus amigos habían estado imprimiendo para crear
conciencia.
— Sí, lo hago, — respondió Grant, — La autoridad local incluye escuelas y
centros de detención, y de eso se trata realmente. No quieren que
pervirtamos a los niños.
— Eso es ridículo. — Dijo Remus.
— Lo sé.
Remus releyó el texto.
Una autoridad local no debe promover intencionalmente la
homosexualidad ni publicar material con la intención de promover la
homosexualidad, ni promoverá la enseñanza en ninguna escuela mantenida
de la aceptabilidad de la homosexualidad como una relación familiar
fingida.
— ¡¿Fingida?! — Remus negó con la cabeza.
— Lo sé. — Grant suspiró.
— Sin embargo, ¿Qué significa esto? ¿'Promover' la homosexualidad? ¿Cómo
se hace eso?
— Bueno, ahí es donde los idiotas han sido inteligentes, ¿No es así? — Grant
resopló, — No significa nada, no realmente. Solo significa que si alguien
quiere argumentar en contra de eso, los jodidos conservadores pueden
acusarlos de querer 'promover' la homosexualidad o alguna tontería como
esa.
— Pero eso es…
— Completamente loco? ¿Malo? Inmoral. Si. Mi amigo Gay Bob, ya tuvo
que cerrar el grupo de apoyo para jóvenes homosexuales, tan solo lo
comenzó el año pasado. Y mi lugar no está exento, el gobernador ya está
pidiendo una lista de los libros que llevamos, verificar que ninguno de ellos
sea demasiado queer.
— Pero no pueden... ¿No pueden despedirte, no?
336
— No lo sé, amor. Ahora estoy tratando de mantener la cabeza gacha sobre
el asunto del SIDA.
Remus se sintió aún peor por eso. El personal del centro en el que trabajaba
Grant había sido llevado a una reunión un día y se les había dicho en
términos inequívocos que si alguno de ellos contraía el VIH, sería
despedido sin previo aviso y se notificaría a la policía. Eso ya era lo
suficientemente aterrador.
Durante los últimos dieciocho meses, Grant había estado trabajando
incansablemente con sus amigos y varios grupos para apelar la Sección 28,
y no estaba yendo nada bien. Casi lo arrestaron en una protesta, y volvió
con un ojo morado de un anti-manifestante en otra.
— Es una guerra. — dijo con fiereza, cuando regresó, y Remus lo hizo
quedarse quieto para que pudiera curarlo, — Somos nosotros contra ellos,
así es como lo quieren, y eso es lo que obtendrán.
Remus no supo qué decir en ese momento. No quería una guerra, solo
quería que lo dejaran solo. Sin embargo, nunca dijo eso porque, en el
fondo, estaba muy orgulloso de la negativa descarada de Grant a rendirse o
ceder siquiera una pulgada. Siempre había admirado sobre todo la valentía.
Así que, a finales de Diciembre, Remus y Grant se abrigaron con gorros de
lana, guantes y bufandas, y caminaron por la ciudad gris y fría hasta Oxford
Circus. Grant tenía razón, el idiota, las luces eran geniales. Colgados a lo
largo de la amplia calle como enredaderas de la selva, grandes bombillas
doradas y relucientes iluminaban los alegres vehículos rojos de dos pisos,
los brillantes taxis negros, los gloriosos escaparates plateados y verdes.
Era cierto que, Remus había estado evitando la Navidad y todos sus
adornos, al igual que evitaba sus cumpleaños. Le preocupaba que lo
enviaran a toda velocidad hacia atrás, a Hogwarts, a la mansión de los
Potter, a todos sus recuerdos más agridulces. Era muy difícil estar sin sus
amigos en esa época del año.
Pero había algo muy depurativo en el caos de las compras en Oxford Street.
El ruido, el bullicio y los olores hicieron que no pudiera estar de mal humor
por mucho tiempo y el entusiasmo de Grant por la temporada hizo el resto.
— Bien, primero vayamos por el regalo de Mary, ¿de acuerdo? — Le sonrió a
Remus, rebotando sobre las puntas de sus pies. — ¿Casa de Fraser? ¿O es
una chica Selfridges?
337
— Cualquiera que esté más de moda, supongo, — dijo Remus. — ¿Qué tienes
en mente?
— Dios, no tengo ni idea. ¿Porquerías de baño?
— Sí, — asintió Remus, — Porquerías de baño. ¿O un perfume?
— Ooh, perfume, ¿eh? — Grant le dio un codazo con el codo. — Eso es
íntimo. ¿Debería estar preocupado?
— ¿Sobre Mary? — Remus resopló, — Llegas demasiado tarde.
Vagaron por los departamentos de perfumes de tres o cuatro grandes
almacenes. Remus lamentó un poco su elección, entonces, su hipersensible
sentido del olfato significaba que ya estaba sufriendo un dolor de cabeza
después de la primera parada.
Finalmente se decidió por algo floral, en una botella rosa y dorada, porque
era bonito y elegante, y Mary era bonita y elegante. Incluso lo tenía envuelto
para regalo, en papel dorado con un lazo de satén rojo. Colores de
Gryffindor, sonrió para sí mismo.
— Bien, puedes comprar mi regalo ahora, — sonrió Grant, tirando de su
manga, — Quiero calcetines nuevos, los míos tienen todos agujeros.
Remus tomó una gran bocanada de aire fresco mientras salían, aliviado. —
Tengo que conseguirte algo mejor que calcetines, — dijo.
— Me vendrían bien nuevos calzoncillos — Grant le guiñó un ojo y Remus
se sonrojó, mirando hacia abajo. Más tarde conseguiría algo realmente
bonito, cuando Grant no estuviera mirando. Todavía no estaba seguro de
qué, y no tenía mucho, pero ¿Tal vez un abrigo nuevo no sería tan caro?
Grant necesitaba urgentemente uno, su campera de lona de segunda mano
apenas evitaba el frío.
— ¿Qué quieres? — Grant preguntó, mirando un escaparate diseñado para
parecerse al polo norte, con grandes almohadas apiladas para parecer iglús
y gigantescos pingüinos de peluche.
— Chocolate. — Remus se encogió de hombros.
— Siempre te regalo eso...
— Eso es todo lo que quiero, ahora que no fumo.
Grant negó con la cabeza, haciendo una mueca ante la templanza de
Remus.
De repente, Remus percibió una bocanada de magia. Por un momento se
preguntó si sus sentidos estaban destrozados por todo el perfume, pero no,
338
estaba muy claro. Miró a ambos lados de la calle, con curiosidad. Entonces
lo vio, parado fuera del escaparate de Marks & Spencer.
— ¿Christopher? ¿Eres tú? — Remus se acercó lentamente.
— ¡Remus! — Christopher se volvió, sorprendido.
— Tenemos que dejar de encontrarnos así, — se rió Remus. Estaba de buen
humor, y al menos esta vez no había sorprendido a Chris en una situación
comprometedora.
— Sí, tienes razón, — se rió Christopher también, un poco nervioso,
aclarándose la garganta al final. Llevaba varias bolsas de la compra
abultadas, en ambas manos. — ¿Cómo estás? Lamento no haberme puesto
en contacto, he estado tan ocupado en el trabajo.
— Está bien. Estoy bien, — Remus asintió. Los ojos de Christopher se
movieron rápidamente hacia Grant. Remus recordó sus modales, — Lo
siento, er, este es Grant, mi...
— Media naranja. — Grant terminó con una sonrisa descarada, extendiendo
una mano enguantada. Christopher parecía como si no supiera si reírse
también, pero movió sus bolsas de compras para estrechar la mano de
Grant.
— Christopher Barley — dijo.
— Chris y yo fuimos juntos a la escuela, — explicó Remus.
— Oh, ya veo —asintió Grant con entusiasmo, con los ojos desorbitados.
Nunca diría nada al respecto, pero Remus sabía que Grant se moría en
secreto por conocer a otro mago, solo para comparar. — Vives en Londres,
¿verdad?
— Er, no. Solo vengo para ir de compras, ya sabes. Navidad.
— Nosotros también — dijo Remus.
— Que lindo. — Chris dijo muy formalmente. Empezaba a ponerse un poco
extraño, Remus se sentía como si estuvieran en un cóctel de clase media o
algo así, intercambiando cortesías.
— ¿Chris, querido? ¡Ahí estás! — Una mujer pequeña y rubia llegó trotando
por la calle con elegantes tacones negros y un hermoso abrigo de armiño.
Estaba tirando de la mano de un niño pequeño; parecía tener unos cinco
años y tenía los ojos de Christopher. — ¿Podemos irnos pronto? Hay
demasiados muggles, es asfixiante.
Christopher evitó la mirada de Remus y saludó a la mujer.
339
— Lo siento, querida, solo estaba... me encontré con un viejo amigo de
Hogwarts. — Hizo un gesto vago.
— ¡Que agradable! — Volvió su sonrisa de labios rojos hacia Remus. Ella le
tendió una mano diminuta y él la estrechó con torpeza, sin saber si se
suponía que debía besarla.
— Cariño, este es Remus y su amigo Grant. Remus… esta es Åsa —murmuró
Christopher—, mi esposa. Y Henrik, mi hijo.
— Encantado de conocerte, — asintió Remus. Grant también asintió, pero
Remus se dio cuenta de que se sentía incómodo.
— ¡Es un placer! — Åsa dijo efusivamente: — Tengo que decir que no conozco
a muchos de los compañeros de escuela de Christopher. ¡Tienes que venir
a cenar una noche y contarme todo sobre sus travesuras!
— Ja, sí, definitivamente, — se rió Remus tímidamente, frotándose la nuca.
Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. ¡¿Christopher estaba casado?! ¡¿Y
tenía un hijo?!
— Bueno, será mejor que nos vayamos. — Christopher dijo, su rostro
extrañamente en blanco. — Feliz Navidad, Remus.
— Feliz Navidad... — Remus hizo un gesto incómodo, mientras la familia se
giraba para alejarse, hacia el Callejón Diagon.
— Soy yo, — dijo Grant, mientras se iban, — ¿O eso fue extraño?
— Muy. — Dijo Remus. — Debió de haberla conocido en Suecia... Dijo que
su familia lo envió allí...
— No era ella la que era extraña. — Grant dijo.
— No, quiero decir... — Remus se mordió el labio, — Er... conozco a Chris
de la escuela, pero lo he visto desde entonces. Hace unos dieciocho meses,
saliendo de esa sauna en el Soho.
— ¡Oh! — Grant dijo. — Bien, lo entiendo. Pobre tipo.
— Él no dijo nada en ese momento... él... ¿Cuántos años te parecía que tenía
el niño?
— Mayor de dieciocho meses. — Grant se encogió de hombros.
— Sí…
Pronto empezó a llover; Lluvia helada de Diciembre, por lo que corrieron
hacia el siguiente autobús y se fueron a casa. Remus pensó a menudo en
Christopher, después de eso, y eso lo preocupaba. No había mucho que
pensara que pudiera hacer al respecto, y realmente no era asunto suyo, pero
340
no entendía en absoluto. ¿Christopher había sido convencido o
coaccionado? ¿La amaba, era feliz?
Para cuando él y Grant regresaron de la lluvia, estaban helados y
empapados. Se dieron una ducha caliente para calentarse, luego Remus
encendió un fuego en la vieja conexión flu para calentar el piso para Grant.
— ¿Cómo funciona eso? — Grant preguntó, trayendo el té.
— Con magia.— Remus bostezó, mientras Grant se sentaba a su lado.
— Soy como ese tipo de Embrujada casado con la rubia sexy.
— Sin embargo,yo no muevo mi nariz.
— Aww, ahora nunca te dejaré en paz hasta que lo hagas, — sonrió Grant.
Remus le dio una mirada altiva y apuntó con su varita hacia la radio. El
ambiente estaba tan acogedor que se sentía mal encender la televisión.
— Gracias por venir conmigo hoy. — Grant dijo, envolviendo sus manos
alrededor de su taza de té para calentarlas, — Sé que odias las multitudes.
— No me molesta, de verdad. Gracias por sacarme de la casa. Y mostrarme
las luces.
— En cualquier momento, — resopló Grant. — Siempre me animan, las
compras navideñas. Ya sabes, nadie está pensando en sí mismo, solo en
hacer felices a otras personas, eso es bueno.
— Pensé que estabas en contra de la comercialización de la Navidad. —
Remus comentó con ironía. Grant le dio un codazo,
— Lo estoy, pero parte de eso sigue siendo lindo. De todos modos, pensé
que te gustaría un descanso de la política este fin de semana.
Remus no respondió, solo besó la mejilla de Grant y se acomodó para
escuchar la radio. Se estaba reproduciendo el final de una canción de
Suzanne Vega. — Amo esta melodía, — murmuró Grant, apoyándose en su
hombro, — Amo su voz, toda clara y extraña, ¿sabes a qué me refiero?
— Es un mito griego, — respondió Remus, adormilado, — Ulises.
— Nah, es algo que comienza con una C, — respondió Grant, sorbiendo su
té.
— Sí, Calipso, ella es la sirena, pero Ulises es el personaje principal.
— ¿Sirena? ¿Las que están en el mar?
— Algo así. Atraen a los hombres con su canto.
— ¿Son reales? — Grant preguntó. Siempre quería saber.
— Sí, las sirenas lo son. No sé si Calypso era real.
— ¿Entonces que hizo ella? Se enamoraron, ¿o qué?
341
— La historia de Ulises se llama La Odisea. Se trata de su viaje a casa después
de la guerra de Troya. — Remus frunció el ceño, tratando de recordar. Era
Homero; había leído eso en su segundo año, antes o después de La epopeya
de Gilgamesh, no podía recordarlo. Realmente no le había gustado La
Odisea; había preferido La Ilíada, porque tenía todo lo bueno de la guerra.
Quizás se sentiría diferente ahora, como adulto.
— Los troyanos... ¿No fueron ellos los que usaron el caballo de madera? —
Grant preguntó, todavía tratando de seguir el hilo.
— Sí, así es. Ulises se mete en todo tipo de problemas mientras intenta llegar
a casa con su esposa, Penélope. Porque el dios del mar se enoja con él por
algo, no puedo recordar qué, por lo que destruye el barco de Ulises y él
aparece en esta isla, donde vive Calipso. Ella se enamora de él y lo retiene
como rehén durante siete años.
— ¿Qué le hace ella?
— Oh, no sé. Lo alimenta, cura sus heridas y esas cosas. Creo que baila
mucho.
— Ella no suena tan mal. Suena amable.
— Quizás. Pero ella quiere hacerlo inmortal, y Ulises quiere volver con
Penélope. Calypso no es su verdadero amor.
— Algo triste. — Grant resopló, sonando molesto.
— Es solo una historia. — Remus se encogió de hombros.
342
CIENTO OCHENTA Y UNO
1990
Mary tuvo su primer bebé ese año, una niña a la que llamó Rachel, en honor
a su madre. Rachel Marlene.
— No voy a mentir, — le dijo a Remus por teléfono, — Estoy rezando por
que sea una squib. No puedo pasar por todas esas tonterías otra vez.
Ella lo invitó al bautismo y él fue por obligación. Habían pasado décadas
desde que había puesto un pie en una iglesia, y esta era una iglesia católica
enorme en Croydon. Grant no fue, dijo que estaba demasiado asustado de
estallar en llamas al cruzar el umbral.
— Eso es ridículo, — suspiró Remus, cansado y sin humor, — Mary es
literalmente una bruja. Si ella está a salvo en una iglesia...
— Mi abuelo era un predicador bastante loco — se estremeció Grant, —
Todos pueden irse a la mierda, por mí.
Grant rara vez era tan terco, por lo que Remus fue solo y trató de no pensar
en los funerales.
Después de la ceremonia, hubo una pequeña fiesta en el salón de al lado, y
Mary mostró a la bebé. Era hermosa; regordeta con enormes ojos marrones
y enormes rizos castaños y una sonrisa gomosa que seguramentesería tan
deslumbrante como la de su madre algún día. Remus saludó nerviosamente
al querubín que reía tontamente y le dio unas palmaditas a la suave mano
d la bebé.
— Estoy completamente obsesionada con ella. — Mary dijo efusivamente,
sosteniéndola en alto, — ¿Quieres cargarla? — Mary sonrió, luego se rió con
343
esa carcajada de niña que lo hizo retroceder años. — Estoy bromeando,
Remus, querido. Aquí, se la daré a la mamá de Darren por un tiempo,
vamos a ponernos al día tú y yo...
Se sentaron en sillas de plástico rojo en un rincón tranquilo del salón de la
iglesia, agarrando vasos de papel de calabaza naranja aguada. Era un espacio
pequeño, lleno del ruido de la celebración familiar y los niños jugando. La
familia de Mary era enorme, tan descarada y adorable como ella. Remus se
sintió muy fuera de lugar, pero no había nada de nuevo en eso.
— ¿No se van a casar, entonces? — Remus preguntó: — ¿Tú y Darren?
— Shh, mamá te oirá, — rió Mary, — Está furiosa, por supuesto, anda
diciéndole a todos que tuvimos una pequeña ceremonia en Jamaica antes
de que Rachel fuera concebida. No, no me gusta, y apenas tenemos tiempo
con el garaje y la nueva casa...
Remus asintió con la cabeza, sonriendo. Se sentía tan bien estar sentado
junto a Mary de nuevo; para tenerla charlando, llena de energía y alegría.
— ¿Qué hay de ti, todavía en el Soho? — Preguntó Mary, dándole una mirada
evaluativa. Había ido vestido con un traje que había comprado el día
anterior en una tienda benéfica. Estaba bien para él; era un poco de los
setenta, y demasiado grande para él, pero ese era el estilo que se usaba en
esos días de todos modos.
— Sí. — Él asintió con la cabeza, — Creo que nunca me mudaré, si soy
honesto. El piso está pagado.
— ¿Tienes novio?
— Mm, algo así...
— Sé que lo tienes, ¿Por qué estás siendo tan misterioso? ¿Es un muggle?
— Sí.
— Oh, me gustaría que vinieras a verme más a menudo, Remus. Me
preocupo por ti.
Él le sonrió, — Eres toda una madre.
Eso la hizo reír. — ¡Culpable!
Ella todavía era hermosa, y tenía el mismo aspecto a los treinta que a los
dieciocho, en su mente. Llevaba un llamativo traje de color rosa intenso
con hombros rectos y puntiagudos y un reluciente tocado dorado en la parte
superior de la cabeza. Tenía el pelo corto, haciendo que su rostro pareciera
más anguloso, como un busto de Nefertiti.
344
— Mamá se la pasa llamándome 'Grace Jones', — Mary se tocó el cuello
desnudo con timidez, — aunque a mí me gusta. No puedo perder el tiempo
frente al espejo arreglándome cuando tengo a la pequeña mona colgada de
mí. ¿Estás trabajando en algún lugar?
— Oh... aquí y allá, — Remus se encogió de hombros, sin comprometerse. —
Sabes cómo es.
— ¿Sabías que Dumbledore le dio trabajo a Snape? — Mary se inclinó y
susurró. Remus no sabía por qué - era la única otra persona que sabía
quiénes eran Dumbledore o Snape. — Ahora es profesor en Hogwarts.
¡¿Puedes creerlo?!
Remus se encogió de hombros. Mary continuó, furiosa. Obviamente, esto
había estado en su mente durante algún tiempo: — ¡Cuando pienso en todo
el sufrimiento que causó ese cobarde llorón! Cuando pienso en todos los
amigos que he perdido... Lily y James, Peter... Marlene.
— Snape no fue responsable de sus muertes.
— ¿Cómo vamos a saber? Y qué, se convirtió en espía durante dos malditas
semanas al final, y eso le garantiza un trabajo cómodo de por vida, ¿verdad?
¿Qué estaba haciendo mientras nos escondíamos en sótanos como ratas?
¡¿Dónde estaba él cuando estábamos desapareciendo día a día?!
— Mary…
— No puedo creer lo que hizo Dumbledore. ¿Te ha ofrecido alguna ayuda?
A mí no. No valemos su tiempo, supongo. Todos se han quedado juntos al
final; las viejas familias.
— No quiero nada de él. — Remus dijo: — Estar en deuda con Dumbledore
es demasiado peligroso. De todas formas. Snape tiene que vivir con lo que
hizo; como todos nosotros.
Entonces bajó los ojos y Remus supo que ambos estaban pensando en
Sirius.
— Te diré una cosa, Remus, amor, — dijo finalmente, — No me importa si
es una bruja o no, mi niña no será carne de cañón para ese viejo bastardo.
La próxima vez que ese grupo quiera una guerra, tú y yo seremos lo
suficientemente inteligentes como para mantenernos fuera de ella, ¿eh?
— Estás totalmente en lo correcto. — Respondió Remus. Ellos podrían estar
de acuerdo en eso, al menos. Volvería a unirse a los hombres lobo antes de
volver a unirse a la Orden.
345
— Sabes, tener a Rachel me hace pensar en Harry. — Mary dijo con nostalgia.
— Ahora que tengo a mi propia hija, no sé cómo lo hicieron Lily y James.
¿Te acuerdas? Todos éramos solo niños, jugando a las mamás y los papás,
¿no es así?
— Supongo que sí.
— Comenzará Hogwarts el año que viene, Harry.
— ¡¿Qué?! No, eso no está bien, tan solo debe tener... — Remus luchó por
hacer los cálculos en su cabeza. — Mierda. — Él dijo. — No me había dado
cuenta.
— Pobre criatura, yendo a la escuela sin padres que lo despidan.
— Mm...
— ¡Oh Dios, lo siento, Remus! No pensé...
— Está bien, — se rió entre dientes, — ya he superado mi condición de
huérfano.
Se quedó alrededor de una hora antes de tomar su autobús en la fría
oscuridad de una tarde de principios de invierno. Mary agarró dos
rebanadas de pastel envueltas en servilletas de papel rosa - una para ti, otra
para tu 'algo así' de novio, Mary le guiñó un ojo mientras se las entregaba.
La besó en la mejilla y ella se puso de puntillas para abrazarlo. Ella olía igual
y eso le dio ganas de llorar.
— Te amo, cariño, — susurró, — Estoy tan contenta de verte volver a ser tú
mismo.
Él le dio una media sonrisa, la felicitó de nuevo y se fue.
Ella tenía razón. Estaba volviendo a ser el mismo de antes, o si no,
convirtiéndose en otra persona; alguien que estaba haciendo frente a sus
responsabilidades. Había dejado los cigarrillos y el alcohol, rara vez pasaba
las tardes mirando el techo de su dormitorio, sin poder vestirse. A veces,
cosas raras lo ponían ansioso, como el olor a aceite de motor o cuando
tocaban viejas canciones de Bowie en la radio. Una vez había visto a una
adolescente pelirroja bajar de un autobús en Finsbury Park y casi la siguió
a su casa. Pero lo estaba haciendo mejor.
A veces incluso podía pensar en Sirius. A veces podía hablar de él, solo con
Grant, y solo si él lo pedía. Cosas divertidas, como bromas que habían
hecho en la escuela o estúpidos chistes internas. No pensó en cuando
habían estado juntos, convirtió a Sirius en una persona diferente en su
346
mente, solo otro personaje de sus días escolares. Eso hizo las cosas mucho
más fáciles.
Después del bautizo, de camino a casa, Remus pensó en Harry. Esperaba
que el niño estuviera feliz, o al menos que no estuviera enojado. Remus
trató de imaginarse a sí mismo, de 11 años, cruzando la barrera en King's
Cross por primera vez. Había sido una experiencia estresante y estimulante,
y no había sabido cómo actuar, cómo relacionarse con nadie más. Y luego
conoció a James, la primera cara amigable que había visto en el tren ese día.
Era demasiado cruel pensar que Harry nunca pudo conocerlo.
Remus estaba en peligro de ponerse nostálgico ahora y llorar, así que se bajó
del autobús para caminar el resto del camino a casa. Estaba cansado cuando
entró y le dolía la cadera, pero estaba bien; se sentía bien por haber salido
de la casa.
— ¿Todo bien, sol? — Grant llamó desde la cocina mientras Remus cerraba
la puerta principal.
— Hola
— ¿Cómo te fue?
— La parte de la iglesia fue bastante aburrida. Ver a Mary fue lindo.
— Oh, bien, — Grant entró para apoyarse en el marco de la puerta. Estaba
secando un plato que habían usado anoche.
— Deja eso, yo lo haré. — Remus dijo, colapsando en el sofá.
— Nah, ya casi termino.
— Mary nos invitó a cenar. Sin embargo, viven en Hounslow, es un viaje
largo... pero si te apetece...
—Oh, ¿ella sabe quién soy ahora? — Grant sonrió.
— Algo así. — Remus se sonrojó. — Ella tan solo sabe que estoy saliendo con
alguien...
— Hace ya nueve años, Remus...
— Lo siento, es raro porque... Mary me conocía en ese entonces, ya sabes.
— Cuando estabas con Sirius. — Grant dijo rotundamente, volviéndose
hacia la cocina para guardar el plato.
— ¡No hagas eso! — Remus dijo, levantándose rígidamente.
— No estoy haciendo nada. — El rostro de Grant estaba oculto por la puerta
del armario.
— Te invité al bautismo, y no quisiste ir.
— Tú sabes muy bien por qué.
347
— Odias las iglesias, lo sé.
— Bien, entonces.
— ¡¿Por qué estamos peleando?! — Remus frunció el ceño, confundido.
— Esto no es una pelea. — Grant cerró la puerta del armario con un suspiro.
— ¿Entonces que es?
— Fue hace diez años, eso es todo. Sigues actuando como si yo no importara
tanto como él.
— ¡¿Qué?! No, eso es una locura, eso es...
— Eso es todo lo que quiero decir. — Grant levantó una mano para
detenerlo. — Como dije, esto no es una pelea.
— Pero Grant, yo no... ¡Estás equivocado, lo juro! ¡Quiero que conozcas a
Mary, claro que lo quiero!
— Voy a dar un paseo, ¿Ok? Necesito un poco de aire. — Grant lo empujó
hacia la puerta. Sacó su abrigo del gancho, el abrigo que Remus le había
comprado la Navidad pasada. — Regresaré en una hora más o menos. Toma
un paracetamol para tu cadera, ¿quieres? Estás cojeando de nuevo.
348
CIENTO OCHENTA Y DOS
1991
Sexuality!
Young and warm and wild and free!
Sexuality
Your laws do not apply to me!
Sexuality
Don’t threaten me with misery!
Sexuality
I demand equality!
(Sexuality - Billy Bragg)
Sábado, 9 de Marzo de 1991
349
— No puedo, realmente necesito mi varita... — Remus bufó, mirando debajo
de la mesa del televisor.
— Es una pena que no haya un hechizo para encontrarla, eh, — se rió Grant.
Luego vio el rostro de Remus, y se puso serio, levantando su mano, — Ok,
no te preocupes, la encontraremos... bien, la última vez que la usaste... eh...
cuando se apagaron las luces, anoche, ¿recuerdas?
— ¡Oh sí! — Remus corrió al dormitorio. Habían tenido cortes de energía al
menos dos veces por semana durante el último mes; Remus pensó que todo
había terminado ahora que los mineros habían vuelto al trabajo, pero
aparentemente no.
Su varita había rodado debajo de la cama. La agarró, aliviado y la apretó
con fuerza en su puño. — Gracias a Merlín. — Se susurró a sí mismo.
— ¿La tienes? — Grant preguntó, mientras Remus regresaba a la sala de estar.
Grant estaba arreglando el desastre que Remus había dejado. Remus agitó
su varita triunfalmente, y la habitación se reordenó. Grant hizo un ruido
de sorpresa y deleite. — ¡Uf, que tipo tan inteligente! —. Él sonrió.
Remus le sacó la lengua y fue a organizar su pila de papeles.
— Aún no entiendo por qué necesitas tu varita, ¿Acelera las cosas o algo así?
— No, la necesito para leer, — respondió Remus, sentándose en la pequeña
mesa del comedor para trabajar.
— ¿Eh?
— Hay un hechizo que me ayuda a leer, — dijo Remus, — nunca aprendí a
leer bien en St Edmund's.
— ¿No sabes leer? — Grant puso sus manos en sus caderas, mirando a Remus
con incredulidad.
— Bueno, puedo leer un poco... — dijo Remus, saltando a la defensiva, — No
muy bien, las palabras se mezclan, no sé por qué.
— ¡Oh! — Grant dijo, sentándose a su lado. — Eres disléxico.
— ¿Soy qué? — Remus le frunció el ceño. Nunca antes había escuchado esa
palabra; sonaba como un hechizo.
— Disléxico. Solían llamarlo ciego a las palabras. No hay nada de malo en
tu coeficiente intelectual, es la conexión entre tus ojos y tu cerebro o algo
así... Leí algo sobre eso cuando estaba estudiando Educación. Estoy
tratando que lo acepten en el trabajo, creo que a algunos chicos necesitan
un poco de ayuda, pero el gobierno cree que tan solo son muy tontos.
350
— Sí, eso es lo que me dijeron a mí. — Remus frunció el ceño. "— .. espera,
¡¿Entonces es algo real?!
— Por supuesto que lo es, — Grant se encogió de hombros. — ¡Que increíble
que tengas un hechizo para eso, enséñamelo!
Remus lo hizo, pero por supuesto no había mucho que ver, y no podía
hacérselo a Grant. Hizo una nota mental para buscar sobre la dislexia
cuando tuviera algo de tiempo libre, si es que llegaba a descubrir cómo
diablos deletrear esa estúpida palabra.
— Te dejo para que termines entonces, — dijo Grant, —¡Recuerda nuestros
planes para esta noche!
— Oh... sí... — Remus suspiró. — Bueno, si es que termino temprano, claro...
— No, — Grant negó con la cabeza, firme — Vamos a salir, Remus Lupin. Te
arrastraré a los noventa gritando y pateando si es necesario.
Remus se rió sin entusiasmo, tratando de ignorar el terrible miedo que
sentía en la boca del estómago.
Mañana era su trigésimo primer cumpleaños, y Grant había decidido que
este sería el año en que Remus finalmente iría a su primer bar gay. Cuando
llegó Marzo, Remus solo quería esconderse hasta que terminara el día,
como siempre. Los cumpleaños siempre le recordaban a los merodeadores.
— Deberías salir un poco, — solía decirle Grant, — Y conocer a algunas
personas.
— Odio a la gente. — Remus respondería con acritud: — La gente es quien
vota por Thatcher y sigue comprando discos de Morrissey. La gente es,
efectivamente, idiota.
Grant se rió,
— La gente es genial. El arte, sexo, café, una conversación: no se puede tener
nada de eso sin gente. Las personas son lo que hace que todo valga la pena
y tú lo sabes.
Tenía razón: Grant tenía razón en general sobre la humanidad.
Y el mundo ciertamente había cambiado. Remus se había perdido todo eso,
como de costumbre, inmerso en la guerra o encerrado en su propio dolor.
Grant regresaba a él desde el mundo exterior como un explorador con
historias fantásticas que contar.
Las cosas eran diferentes ahora, para gente como ellos: queer, o, más
apropiadamente en estos días; 'hombres gay'. Hace poco menos de dos
351
décadas había sido un crimen vivir de la forma en que lo hacían, y sí, baches
en el camino siempre habrían, pero no se podía detener el progreso.
A medida que los años ochenta llegaban a su fin, parecía que la gente gay
estaba en todas partes; Grant hizo que Londres sonara como una gran fiesta
de salida del closet. Le contó a Remus que una vez vio a Freddie Mercury
en Heaven, a los Pet Shop Boys sonando en la radio, Frankie Goes to
Hollywood fue número uno nuevamente, el maquillaje de Boy George,
incluso Elton John era gay ahora.
Entonces, pensó Remus, probablemente era hora de que al menos intentara
involucrarse.
Fueron a un pequeño bar, a la vuelta de la esquina, — No creo que estés
listo para Heaven aún, — bromeó Grant.
Remus deseaba que no se burlara. Estaba más nervioso de lo que esperaba.
— No encajaré... — Dijo, mirándose la cara en el pequeño espejo junto a la
puerta principal. Se veía viejo. De treinta y uno. Dios mío, ayer mismo tenía
diecisiete años.
— Es un bar gay. — Grant hizo una mueca, de pie detrás de él con una
expresión divertida. — Eres gay. Encajarás.
— No sé si soy ese tipo de gay, sin embargo... — respondió Remus,
acariciando su cabello canoso para ver si eso mejoraba algo. En realidad no,
solo lo hacía parecer un poco más desaliñado. —¿No serán todos... no sé,
más jóvenes, más divertidos?
— Eres muy divertido. — Grant dijo. Remus lo miró a los ojos en el espejo y
arqueó una ceja. Grant se rió, —Bueno, yo que creo que eres divertido. No
te voy a hacer bailar, no te preocupes.
— ¡Quedémonos en casa y compremos comida china! — Suplicó Remus, una
última vez.
— No, — Grant negó con la cabeza, sonriendo, — Me lo prometiste. Una
hora como mínimo, vamos.
Así que fue. Tal vez se estaba volviendo blando en su vejez.
Remus tenía razón: la multitud en el pequeño bar era más joven y divertida.
Sin embargo, había algunas personas mayores que él, lo que lo hacía sentir
un poco menos fuera de lugar, y al menos todas las luces de colores
ocultaban su cabello gris.
Cuando Remus era un niño pequeño en St Edmund's, el único programa
de televisión que todos habían acordado querer ver era Top of the Pops los
352
viernes por la noche. Se habían reunido alrededor de la pequeña pantalla
borrosa en blanco y negro y, a través de la tormenta de estática, vieron a los
jóvenes de moda bailando al son de sus canciones pop favoritas. Los
muchachos de St Edmund eran admiradores particulares de Babs Lord, la
bailarina rubia animosa de Pan's People, el grupo de baile interno de Top
of the Pops.
Ese estudio le había parecido el lugar más genial del mundo a aquel Remus
de ocho años y ahora, ya grande, recordó instantáneamente a Top of the
Pops mientras seguía a Grant a 'Boyz'. Excepto que los fanáticos de las tetas
de Babs se habrían sentido muy decepcionados, porque la clientela aquí era
decididamente masculina.
Oh, Dios mío, pensó Remus para sí mismo, mientras caminaba por la
concurrida pista de baile hacia el bar, ¡¿Son todos homosexuales?! ¿Saben
todos que soy gay? Oh Dios mío...
— ¿Quieres calmarte, sol? — Grant lo miró mientras ocupaban dos taburetes
cerca de la pista de baile iluminada.
— ¡Estoy bien! — Remus dijo, su voz tal vez un poco demasiado aguda.
—¡Deja de mirar todo, bicho raro! Te traeré un trago.
Pero Remus no podía evitar mirar a su alrededor. Todo el mundo era tan
descarado, con jeans ajustados, camisas ajustadas, o sin camisa, en algunos
casos. Estaban bailando juntos, riendo y besándose, y todo estaba bien,
nadie decía nada al respecto. La cabeza de Remus estaba dando vueltas.
Grant le dio a Remus una bebida, una cola de cereza, porque se suponía
que todavía no debía beber. Remus bebió y trató de no verse tan fuera de
lugar como se sentía. Tampoco conocía nada de la música, era demasiado
moderna para él. Dios, era tan viejo.
— No sé por qué dijiste que no era necesario que bailara, — le dijo a Grant,
— Parece que eso es lo único que se puede hacer aquí.
— No tienes que hacer nada que no quieras, — sonrió Grant, — ¡Relájate!
¡Ese es el objetivo de estar aquí!
Remus lo intentó. Se alegraba de que no fuera una noche ajetreada, no creía
que pudiera hacer frente a una multitud. Se sentó en su taburete y tomó un
sorbo de su gaseosa, y miró a su alrededor sin mirar, y finalmente se sintió
un poco menos asustado. Se sintió un poco nervioso cuando una drag
queen se acercó sigilosamente a él: un metro noventa con botas de
353
plataforma de PVC rosa y una peluca de Dolly Parton, ella solo agitó sus
enormes pestañas hacia él y le ofreció un cigarrillo.
— ¿Tienes fuego, guapo?
Remus sintió que le ardían las mejillas y negó con la cabeza tímidamente,
— Lo siento, — murmuró, — No fumo.
— Oi, haz tu truco, — Grant le dio un codazo. Se dirigió a la drag queen, —
Remus hace unos trucos de magia asombrosos.
— Oh, me encanta la magia — ronroneó la glamorosa extraña. Remus se
mordió el labio, pero asintió.
— Ok, um... — tomó el cigarrillo y lo puso entre sus propios labios, luego
chasqueó los dedos. El extremo se encendió de inmediato, y Remus dio una
rápida calada, por sus problemas, antes de devolvérselo.
— ¡Caray! — La drag queen parpadeó, mirando al cigarro encendido, —
¡Increíble es cierto! Será mejor que te cuides, ¿eh, hombre mágico?
Remus se sonrojó de nuevo, mirando su coca, — Tan solo es un truco de
magia.
— ¿Vienes aquí a menudo, entonces? — Se apoyó en la barra, fumando, su
lápiz labial rojo sangre manchaba el extremo del cigarrillo.
— ¡Oh no! — Remus dijo, tal vez un poco demasiado rápido.
Grant se rió y puso una mano en su hombro, — Es su primera vez. Lo traje
por su cumpleaños.
— ¡Oh, feliz cumpleaños! — Ella sonrió ampliamente, — Tendremos que
ponerte una canción, más tarde, solo ve y dile al DJ, ¿de acuerdo, cariño?
— Er, ok. — Remus asintió, planeando no hacer tal cosa.
— Hasta luego, muchachos, — la drag queen guiñó un ojo y se alejó
navegando por la pista de baile.
— No estuvo tan mal, ¿verdad? — Grant dijo. — Estarás listo para marchar
conmigo en el desfile del orgullo gay en Julio.
— Sobre eso... no lo sé — Remus se rió.
Miró la pista de baile un poco más. La drag queen lo había tratado como si
perteneciera. En lugar de sentirse más consciente de sí mismo, se sentía un
poco más feliz: todos eran bastante amables, nadie estaba siendo
desagradable o grosero. Vio a una pareja besándose en el medio del piso -
realmente se estaban besándo, tocándose el trasero el uno al otro - y la gente
estaba vitoreando.
354
Recordó a sus amigos vitoreando a Mary y Sirius cuando se besaron en la
sala común de Gryffindor, años atrás - eso también había sido en el
cumpleaños de Remus, y la fecha del primer beso de Remus y Sirius, que
había sucedido en las sombras. Casi todos sus besos habían sido en la
oscuridad, porque en el fondo ambos sabían que nadie quería ver eso. No
en los setenta, no en Hogwarts.
Remus tuvo una repentina necesidad de hacer algo similar, aquí, a plena
vista, donde todos pudieran ver y nadie frunciría el ceño o se burlaría.
Solo que todavía no era lo suficientemente valiente para besuquearse en
público, incluso a la gran edad de (casi) treinta y un años. Así que se acercó
y tomó la mano de Grant, en la parte superior de la barra. Grant parpadeó
sorprendido, pero luego su rostro se iluminó tan maravillosamente que
cualquier rastro de nervios dejó a Remus por completo. A veces se olvidaba
de que Grant también tenía sentimientos, lo que sonaba desalmado, pero
era solo porque Grant rara vez se quejaba. La felicidad se veía tan bien en
él que Remus tomó la resolución de trabajar más duro para hacerlo feliz.
Se quedaron un poco más, hasta que Remus terminó su bebida. No tenía
ganas de bailar (aunque más de una persona se había acercado, invitándolo
a unirse a ellos), pero la experiencia no había sido terrible. Le dijo lo mismo
a Grant, quien se rió,
— ¡Te lo dije! Gracias por venir, cariño, sé que no es fácil para ti.
— Tú lo haces más fácil, — dijo Remus en voz baja, sorprendiéndose a sí
mismo. Grant pareció desconcertado y apretó la mano de Remus de nuevo.
— Maldito cursi — dijo tímidamente. — Vamos, tengo un pastel de chocolate
esperando en la nevera de casa, puedes apagar las velas y luego nos
besaremos en la oscuridad.
Remus le devolvió la sonrisa, — Suena perfecto.
Se acercó al baño antes de irse. Pudo haber esperado hasta llegar a casa, solo
estaban a la vuelta de la esquina, pero sintió que esta era su última prueba
de valentía.
Los baños eran unisex, lo que Remus supuso era bastante justo, aunque un
poco vergonzoso, al menos no habían chicas. Fue y usó un urinario, lo más
rápido posible, tratando de ignorar el sonido y el olor del sexo que emanaba
de los cubículos. Se estaba lavando las manos cuando la puerta se abrió y
alguien se acercó detrás de él. Se dio la vuelta, sorprendido, y se enfrentó al
extraño.
355
— Qué-
El hombre sonrió ampliamente, mostrando los dientes. Se lamió los labios
y olfateó el aire, y Remus por fin lo entendió, el aroma familiar, la conexión
instantánea, la falta de respeto por el espacio personal. Un hombre lobo.
— Olí tu magia, — dijo el hombre en voz baja, — Delicioso. Nunca te había
visto antes...
No era tan alto como Remus, y era bastante delgado, con una camisa blanca
muy ajustada. Tenía el pelo largo, rojo fuego, lacio como un atizador, y ojos
azul glaciar. El aroma de la magia natural terrenal irradió de él en ondas
que hicieron que Remus se mareara, la sangre corría por sus venas y arterias
como un elixir.
— Hola…
El extraño volvió a olfatear, — ¿De qué manada eres? Hueles a Greyback...
Remus se resistió un poco a la idea de que tuviera algo de Greyback en él,
pero negó con la cabeza, — No tengo una manada.
— Valiente de tu parte... ¿No te preocupa que el Ministerio te detenga?
—¿Qué hay de tí? ¿Con quién estás? — Por un momento, Remus deseó ser
uno de los de Castor; quería desesperadamente saber cómo estaban todos,
pero el extraño se encogió de hombros.
— Oh, vamos a la deriva aquí y allá. No creo que hayas oído hablar de
nosotros.
— Pero conoces a Greyback.
— Oh, sí — Se bajó la camisa por el cuello, revelando una enorme marca de
mordisco que era demasiado familiar para Remus, — Tenemos bastante
historia él y yo...
— La guerra, ¿Estabas...?
— Ja, no, yo era apenas un cachorro, en ese entonces — el hombre lobo
arqueó una ceja. Su piel era tan clara que sus cicatrices eran como rayas
plateadas, nacaradas como rayos de luna. — Pero la próxima guerra... la
próxima guerra, estaremos preparados.
— No habrá otra guerra. — Dijo Remus. Estaba apoyado contra el fregadero
de porcelana, el hombre lobo había colocado una mano a cada lado de él.
Estaba atrapado, pero no había hecho ningún movimiento para escapar,
todavía no. — Voldemort está muerto.
— Mmm, algunos dicen eso... — el hombre lobo sonrió. Se inclinó y lamió
detrás del lóbulo de la oreja de Remus. Le hizo estremecerse por completo,
356
tuvo que contener un gemido. El otro hombre se apretó contra él y susurró:
— Pero he oído que una parte de él vive todavía. Los bosques hablan de
magia antigua, de sangre maldita .. el señor oscuro está reuniendo fuerza
para...
— No... — Remus negó con la cabeza. Trató de retroceder, pero solo logró
aplastar sus cuerpos. Sabía que todo eran mentiras, y sabía que este hombre
era un problema, pero oh Dios, el olor era tan embriagador que su cuerpo
no lo escuchaba; solo quería una cosa.
— Ven, — el hombre lobo seguía susurrando, su aliento caliente en el cuello
de Remus, — No más conversaciones de guerra, no debemos
preocuparnos... ahora solo quiero disfrutar de ti. ¿Vives cerca? Podemos ir
a donde quieras, esto va a ser tan bueno, la luna está creciendo...
Remus volvió a negar con la cabeza, como si pudiera deshacerse de la niebla
de feromonas que inundaba su sistema, — Estoy aquí con alguien. — Él dijo
con voz áspera.
— Tráelo, si quieres... — el lobo se rió entre dientes, — Estoy a favor de
compartir.
— N-no, tengo que irme... — Remus usó su última pizca de fuerza de
voluntad para liberarse del extraño y apresurarse a regresar al bar, sintiendo
los ojos del lobo ardiendo en su espalda.
Encontró a Grant y lo agarró por la manga de la camisa, siseando: —
Tenemos que ir a casa.
— ¿Eh? ¿Estás bien, pasó algo?
— No… um… solo quiero irme a casa. Quiero llevarte a casa. — Miró a Grant
a los ojos, todavía sosteniendo su brazo, y se preguntó si Grant también
podría sentirlo, sentir el ardor, la necesidad. Sirius siempre había podido,
pero ¿Quizás tenías que ser sensible a la magia? Remus enfocó la intensidad,
proyectándola hacia afuera. Los ojos de Grant parpadearon y sus pupilas se
dilataron, un cálido rubor trepó por su cuello.
— De acuerdo entonces. — Se bebió lo último de su bebida y se fueron,
corriendo juntos hacia la concurrida calle, tomados de la mano.
357
CIENTO OCHENTA Y TRES
Verano 1993
Una lechuza llegó esa mañana y fue como si Remus la hubiera estado
esperando todo el tiempo. Se estaba cepillando los dientes cuando el ave
aterrizó en el alféizar de la ventana de su baño, marrón y leonada. La
reconoció de inmediato: reconocería una lechuza de Hogwarts en cualquier
lugar. Dio un "pitido" oficial y sacó su pierna escamosa. Remus desató la
carta, el cepillo de dientes apretado entre los dientes, la boca llena de
espuma. Escupió y abrió el sobre mientras el ave despegaba de nuevo,
navegando por los estrechos edificios de ladrillo con la perfecta facilidad de
un depredador.
"Señor RJ Lupin,
El profesor Dumbledore desea hacerle una visita hoy, aproximadamente a la hora
del té. Se disculpa por la poca antelación que se le dio y espera que sea bienvenido.
No es necesario proporcionar refrescos.
Espero que esté bien."
358
Grant se había ido en algún momento para la práctica de fútbol, había
invitado a Remus; siempre preguntaba, pero Remus nunca aceptaba. Había
pasado bastante de su vida viendo a gente que era más deportista que él
haciendo deportes.
Era sábado y no había mucho que hacer, así que Remus leyó el periódico:
El Guardián; no había recogido una copia del Profeta en años, y se dispuso
a esperar.
Esperaba que la "hora del té" fuera alrededor de las 5 de la tarde, aunque
nunca se sabía con Dumbledore. Trató de imaginarse a su antiguo director,
preguntándose si doce años habían marcado una gran diferencia, y para ver
si todavía estaba enojado. Pero no, Remus ya no tenía la energía para la ira.
Quizás la había gastado todo.
Inquieto, Remus encendió la televisión, luego la apagó de nuevo cuando se
dio cuenta que no había nada que ver más que la Tribuna. Se encontró
cada vez más agitado. ¿Qué tipo de persona simplemente anunciaba su visita
la misma mañana en la que iría? ¿Qué tipo de persona se invitaba solo?
Nadie más que Dumbledore. Era francamente grosero, ¿y si Remus hubiera
tenido planes? Se preguntó brevemente acerca de darle una lección a la vieja
cabra: salir e ir a ver una película, dejar que Dumbledore llegara a un piso
vacío. Le vendría bien. Pero. Pero.
Remus quería saber. Tenía que ser importante; nadie de Hogwarts o de la
Orden había intentado ponerse en contacto desde principios de los
ochenta. Podría ser cualquier cosa.
Finalmente ese viejo y familiar *crack* sonó afuera, y hubo un golpe suave
pero decidido en la puerta. La abrió rápidamente y encontró a Dumbledore
casi exactamente como lo recordaba. Cabello un poco más blanco, si es que
eso era posible, pero casi el mismo hombre. Una sensación de náuseas subió
a la garganta de Remus y se sintió de nuevo como si tuviera once años.
— Profesor. — Dijo secamente, haciéndose a un lado para permitir la entrada
de Dumbledore.
— Remus, — el anciano sonrió, — ¿Cómo estás?
— Bien, — Remus se frotó la parte de atrás de su cabeza, "— Bien, sí.
— Encantador. — Los brillantes ojos azules de Dumbledore recorrieron la
habitación, observando cada centímetro de la casa que Remus había
compartido una vez con Sirius.
— Puede sentarse si quiere. — Ofreció Remus.
359
— Gracias.
— ¿Té?
— Sí, claro, muy amable.
Remus aprovechó la oportunidad para escapar a la cocina. Hizo el té a la
manera muggle, con la tetera eléctrica, solo para mantenerse alejado un
poco más de la magia.
— ¿Azúcar? — Él llamó,
— Tres, por favor.
Al anciano todavía le gustaba lo dulce entonces. Remus recordó el sorbete
de limones con renuente cariño. Hecho el té, regresó a la sala de estar y dejó
las tazas en su vieja mesa de café, usando una copia antigua de Private Eye
como posavasos.
— Ha pasado mucho tiempo. — Dijo Remus, sentándose en el sillón.
— Doce años.
— Lo sé. — Remus se estremeció, irritado. ¿Dumbledore realmente pensaba
que no contaba cada año que pasaba? ¿Cada mes?
— ¿Te estás manteniendo bien?
— Lo suficientemente bien. Me las arreglo.
— ¿Sabes por qué estoy aquí? — Preguntó el mago. Remus se encogió de
hombros.
— No tengo ni la más mínima idea.
Dumbledore suspiró muy suavemente y dejó su taza de té. — Temía que así
fuera. ¿No has estado leyendo las noticias, entonces?
— No sus noticias, no. ¿Por qué?
— Oh cielos, esperaba que ya... pues verás, Remus...
— Está muerto, ¿no? — Remus dijo de repente, bruscamente. — Black. ¿Él
está muerto?
Dumbledore lo miró con una mirada muy intensa.
— No, — dijo suavemente, — no está muerto. Sirius ha escapado.
Por un momento, Remus pensó que había escuchado mal. Escapado.
¿Habría sido mejor que estuviera muerto? Al menos si Sirius estaba muerto,
todo finalmente habría terminado. No podía entender lo que significaba
"escapar".
— Cristo. — Dejó caer su cabeza entre sus manos.
— En efecto. — Dumbledore dio un sorbo a su té. Remus no confiaba en sí
mismo para levantar su taza, así que simplemente se sentó allí, mirando la
360
alfombra. Necesitaba aspirar urgentemente. — Entiendo, entonces, — dijo
Dumbledore, uniformemente, — ¿Que el Sr. Black no ha estado en contacto
con usted?
El Sr. Black. Hablaba de ellos como si todavía fueran sus alumnos. Remus
simplemente negó con la cabeza en silencio, mirando hacia arriba.
Dumbledore asintió y Remus supo que le creía.
— ¿Él... yo no sabía que alguien podía escaparse de Azkaban...?
— Sirius es el primero. — Dijo Dumbledore. — Siempre ha sido un mago
muy talentoso.
— Mm. — Remus no podía pensar correctamente, sentía como si una bóveda
de recuerdos olvidados hacía mucho tiempo se abriera en su mente, con las
bisagras oxidadas y doloridas. ¿Podría un perro escapar de los dementores?
¿Podría un perro nadar hasta la orilla? El mar del Norte estaba tan frío que
se estremeció al pensar en ello. Doce años.
— ¡ Cariño, llegué! — Grant atravesó ruidosamente la puerta con unos
pantalones cortos de fútbol de color amarillo fluorescente con un acento
americano terrible y una sonrisa cursi, que se congeló cuando vio a
Dumbledore, — Oh, lo siento... ¿Están teniendo una fiesta de té?
Remus se puso de pie, ansioso, frotándose el brazo, — Grant, yo… um… este
es mi antiguo director. ¿Podrías darnos un minuto?
— Si así quieres, — Grant frunció el ceño, mirando hacia adelante y hacia
atrás, — ¿Debería irme?
— No, no te vayas, solo...
— Esperaré en la otra habitación. — Grant dijo, entendiendo rápidamente.
Remus se sonrojó levemente, Dumbledore seguramente sabría que "la otra
habitación" era el dormitorio de ambos.
Grant recorrió la habitación con torpeza. Justo cuando llegó a la puerta del
dormitorio, se palpó los bolsillos, — Err... Remus, ¿tienes cigarrillos?
— Accio Marlboro, — dijo Remus, con un movimiento de su varita. El
paquete voló a su mano y él sacó uno de los suyos, encendiéndolo con su
varita, luego arrojó la caja a Grant, quien la atrapó hábilmente.
— Gracias —asintió Grant, y se retiró a la habitación de al lado.
Remus dio una larga calada, mirando al vacío. Su cabeza daba vueltas; Rara
vez fumaba más. Había escondido una caja para emergencias. Y esta era una
enorme emergencia.
— ¿Haces magia delante de este joven? — Preguntó Dumbledore.
361
Remus le dio una mirada irritada. Qué cosa tan estúpida por la que
preocuparse, — Sí, sí, el estatuto de secreto, lo sé — respondió, haciendo una
mueca, arrojando su ceniza sobre la mesa de café, — Puede darme un castigo
si quiere. — Tomó otro trago.
— Afortunadamente, el estatuto de secreto no se aplica a parejas, cónyuges
o miembros de la familia. — Dumbledore respondió con calma: — Y
supongo que él es tu...
Remus exhaló humo, frotándose la cabeza de nuevo, — Bueno, él no es mi
maldito hermano, profesor.
Dumbledore no se inmutó.
— Lo siento, Remus. — Dijo: — Has tenido una conmoción muy fuerte. No
sabía que te habías aislado tanto, pensé que..
— No tengo a nadie de quien aislarme — resopló Remus, — Todos se han
ido de cualquier forma.
— Me gustaría poder darte un poco de tiempo para adaptarte a esta noticia,
pero me temo que hay otra razón por la que he venido hoy.
— Por supuesto que la hay, — suspiró Remus, profundamente. Solo quería
que Dumbledore se fuera. Necesitaba un trago, por primera vez en años.
Necesitaba beber hasta el estupor, ahogar cada pensamiento en su cabeza.
— ¿Estás trabajando en este momento?
— Aquí y allá, — Remus se encogió de hombros, — Lo que puedo conseguir.
— Hay una vacante en Hogwarts.
— ¿Oh sí? — Remus resopló, — Filch se fue, ¿verdad? No estoy interesado.
— Es un puesto de enseñanza. — Respondió Dumbledore, demostrando una
vez más su extraña habilidad para mantener la calma cuando se enfrenta a
la mejilla descubierta. Remus se rió groseramente.
— ¡¿Finalmente te has vuelto loco, Dumbledore ?! ¿Quieres contratar a un
hombre lobo para que cuide de tus hijos, ahora?
— Hay medidas que podemos tomar...
— Oh no, — Remus negó con la cabeza, con vehemencia, — No me vas a
llevar de vuelta a esa maldita casa.
— Se han hecho avances, Remus, — dijo Dumbledore, bruscamente, — Si te
hubieras mantenido en contacto con el mundo mágico, sabrías esto. El
descubrimiento de la poción Wolfsbane ha sido de enorme ayuda para
muchos con tu condición. Te volvería casi completamente inofensivo
362
durante tus transformaciones. Lo convertiría en una condición de su
empleo.
— ¿Por qué me quieres a mí? — Remus lo miró con renovada sospecha. ¿Qué
estaba buscando? Los puestos de profesor en Hogwarts eran muy
codiciados, eso lo sabía.
— Creo que, ante todo, serías un excelente maestro. — Dumbledore dijo: —
También pensé que podrías apreciar la oportunidad. Y con la noticia de la
fuga de Black, yo...
— Ah, — Remus asintió con la cabeza, — Me quieres cerca. Por si acaso.
— Por tu propio bien, por supuesto."
— Él no vendrá a por mí. — Remus dijo, impasible. — Puede que esté loco,
pero no es estúpido. Nunca ha sido estúpido.
— No estúpido, tal vez, pero imprudente. — Dumbledore levantó una ceja
blanca como la nieve.
Remus le concedió eso. Suficientemente cierto.
— ¿Qué tendría que enseñar? ¿Historia? ¿Cuidado de criaturas mágicas?
— Defensa Contra las Artes Oscuras, — Dumbledore sonrió
agradablemente, ahora que Remus parecía estar llegando a la idea, — Como
ex miembro de la Orden del Fénix, pensé que serías ideal.
— Mm.
— Hay otra cosa, — dijo Dumbledore, sonando inseguro por primera vez,
como si no estuviera seguro de cuál podría ser la reacción de Remus. Remus
no dijo nada, solo lo miró a los ojos y esperó. Dumbledore dejó su taza. —
Harry.
El dolor estalló en algún lugar profundo de Remus, como la reapertura de
una vieja herida. Se le secó la boca de nuevo y bebió un sorbo de té tibio.
— No lo había pensado. — Dijo en voz baja. — No lo he olvidado, pero yo...
¿él tiene... doce?
— Trece, ahora.
— Trece. — Sacudió la cabeza lentamente. — ¿Él... cómo es él?
— Se parece a James. — Dumbledore dijo con tristeza: — Pero también hay
mucho de Lily en él.
Remus se quedó en silencio durante casi un minuto completo, controlando
su respiración. Finalmente, levantó la cabeza,
— Ok. — Él dijo.
363
***
1 de Septiembre de 1993
365
366
Harry Potter y el
Prisonero de Azkaban
367
CIENTO OCHENTA Y CUATRO
Verano 1994
Agosto de 1994
Durante la primera semana después de que Remus regresó de Hogwarts, no
sabía cómo sentirse. Por primera vez en mucho tiempo, Remus estaba
perdido; sin ataduras, a la deriva. Vagaba por el piso como un fantasma,
pasando por los movimientos de la vida cotidiana, pero sin sentir nada.
No estaba en un estado depresivo. Sabía cómo se sentía la depresión.
— Es un estado shock, — dijo Grant.
— Oh. — Dijo Remus, mirando fijamente la televisión.
Obviamente, había esperado que Hogwarts despertara viejos recuerdos.
Sabía desde el principio que volver a visitar el lugar podría arruinarlo
fácilmente, pero lo había hecho de todos modos. Quizás era masoquista.
Quizás, simplemente era estúpido.
El castillo estaba lleno de fantasmas del pasado de Remus, lo cual fue para
él una experiencia profundamente inquietante después de pasar la mayor
parte de una década tratando de olvidarlo todo. En el momento en que
llegó a King's Cross, todo regresó a gran velocidad: los diminutos vagones
368
de tren con la tapicería gastada; el carro de la bruja, las ranas de chocolate,
el bullicio y el ruido de los estudiantes que se embarcaban a un nuevo
trimestre. Con la luna llena delante de él, se había escondido en un
compartimiento y se había quedado dormido rápidamente.
Hasta que el carruaje se enfrió y los dementores...
No. De todos modos; fantasmas. McGonagall fue quizás la más extraña. Ella
debía de haber sabido que vendría, pero su primer encuentro había
golpeado a Remus más de lo esperado, y parecía tan sorprendida como él.
Ahora no estaban muy seguros de cómo relacionarse entre sí.
— ¡Señor Lupin! Oh, lo siento, profesor Lupin.
— Hola profesora.. quiero decir... er...
— Minerva, por favor, — sonrió con gracia.
Ella extendió la mano y le apretó el brazo. Era tan formidable como hacía
veinte años, solo que un poco más gris en las sienes. Pero, él también lo
estaba. — Es maravilloso verte de nuevo, Remus. — Dijo ella con seriedad.
— Es bueno estar de regreso, — mintió.
Sus ojos eran suaves y amables, como si pudiera ver a través de él.
— Mi oficina está abierta todo el tiempo, por si necesitas algo. Como
siempre.
Agradeció el gesto, pero no la visitó muy a menudo, en gran parte porque
quería mantenerse para sí mismo. También quería mantenerse alejado de
la torre de Gryffindor, si podía.
El resto de la escuela le resultaba familiar; los exuberantes terrenos
expansivos, el bosque prohibido, la comida, los retratos, las escaleras que
había trazado con tanto cuidado. Pero la Torre de Gryffindor, el espacio
más íntimo y feliz de su adolescencia; eso sería casi demasiado para
recuperarse. Le recordó a Homero, una vez más, la palabra "nostalgia", que
significaba un doloroso regreso a casa. Así era exactamente como se sentía.
No socializó mucho con sus compañeros. El personal sabía, en general,
sobre su licantropía, pero aún así prefería evitar cualquier conversación
desagradable, si podía. ¿Estaban hablando a sus espaldas? ¿Se estaban
preguntando sobre él? Nadie lo ha visto durante años, y él había sido el
amigo más cercano de Black y Potter, ¿Qué sabe él? ¿Qué hizo él?
Curiosamente, el profesor Binns se había olvidado de Remus, pero al
menos Flitwick no. Fue muy amable, invitándolo a Remus a pasar por el
aula de Encantamientos para tomar té y tostadas unas cuantas veces. Remus
369
fue, para ser educado, pero le resultó difícil olvidar todas las veces que él y
Sirius se habían encerrado dentro del aula del amable profesor. Por lo
general, le resultaba muy difícil reconciliarse con su yo adulto, responsable
de los planes de lecciones y de corregir ensayos y del bienestar de los
estudiantes, con su yo adolescente imprudente, salvaje, arrogante y
locamente enamorado.
Había alas enteras del castillo que evitó activamente, por esta misma razón.
Apenas salió de su salón de clases y aposentos excepto para las comidas en
el Gran Comedor, y nunca fue a Hogsmeade, excepto para pasar
rápidamente de camino a la vieja cabina telefónica a las afueras de la aldea.
Y gracias a Dios que todavía estaba allí.
— ¿Cómo es? — Grant preguntó, la primera vez que Remus llamó.
— Horrible. Soportable. Supongo que me gusta enseñar, los niños están
bien. En realidad, los niños son geniales.
— Bien. Solo concéntrate en eso. La primera vez que entré en un centro de
detención después de St. Edmund, pensé que iba a tener que renunciar.
Juro que todos esos lugares huelen igual. De todos modos, puedes
superarlo, si recuerdas que se trata de los niños, no de tí. Sé el maestro que
desearías haber tenido.
Este era un buen consejo y Remus hizo lo mejor que pudo. No tenía mucha
experiencia con los jóvenes, pero recordaba muy claramente el haber sido
uno de ellos. Trató de organizar lecciones que hubiera encontrado
interesantes, llevando criaturas mágicas siempre que pudo, como lo había
hecho Ferox, y dando consejos y sugerencias adicionales donde los
estudiantes tenían dificultades. Realmente no era muy diferente de las
sesiones de estudio que había tenido cuando estaba en la escuela.
Del mismo modo, Remus trató de prestar atención a todos sus estudiantes
y aprender sobre sus personalidades, y sus necesidades individuales. Eso fue
increíblemente extraño al principio: descubrió que tenía no menos de cinco
Weasley a los cuales enseñar, uno en cada año. Luego estaba el pobre y
pequeño Neville Longbottom, torpe, nervioso y ansioso. El hijo de Narcissa
estaba en otra clase, la viva imagen de Lucius, y luego, por supuesto, estaba...
De todas formas. Aparte de Flitwick y McGonagall, el resto del personal
eran prácticamente desconocidos para Remus, excepto, por supuesto, el
maestro de pociones.
370
Remus realmente había querido mantenerse fuera del camino de Snape,
pero desde el primer día estaba claro que no sería fácil. Aquel día había
luna llena y, por supuesto, Snape era el único que sabía cómo preparar la
Poción Matalobos, el maldito. Probablemente aprendió a hacerla solo para
atormentar a Remus. Ya era bastante malo que tuvieran que compartir un
castillo de nuevo, pero Snape estaba empeñado en asegurarse de que Remus
sintiera su disgusto por el arreglo.
— Lupin. — Dijo, con altivez, en su primer encuentro, justo antes del
banquete de bienvenida. — Me sorprendió saber que sobreviviste a la guerra.
— Sus labios se curvaron, — Cuando parece que muchos de tus amigos no
lo hicieron.
A pesar de lo asqueroso que era Snape, sacaba algo que Remus no había
sentido correctamente en años. Su lado travieso.
— Severus, — sonrió cálidamente, — A mí me sorprendió escuchar que
sobreviviste a las pruebas. Cuando muchos de tus amigos no lo hicieron.
Snape resopló y eso marcó el tono del año.
Severus claramente no había olvidado los eventos de su quinto año. Era tan
despreciable como Remus lo recordaba, y no había envejecido bien. Su
cabello todavía colgaba lacio y grasoso, quizás un poco más largo que antes,
sus ojos negros estaban más hundidos y su nariz más parecida a un pico.
Hizo que a Remus se le erizara la piel, pero no había nada que hacer al
respecto; tenían que reunirse en privado cada mes para la poción.
La poción en sí era absolutamente vil, y Remus la resintió amargamente.
Tenía un sabor horrible, pero peor era el efecto que tenía en él.
Tenía que transformarse igualmente. Sufrió las mismas agonías cuando su
cráneo se alargó y su espalda se abrió y sus tendones crujieron, pero luego
retuvo por completo su mente humana. Esto fue absolutamente horrible.
Remus había llegado a ver la retirada mensual de su cerebro animal como
una especie de catarsis. Pero tener un cuerpo animal y pensamientos
humanos resultó ser realmente muy desagradable; no se sentía que estaba
ni aquí ni allí, atrapado en la forma equivocada e incapaz de escapar. Cada
mes se acurrucaba para dormir encerrado en su oficina, lleno de odio hacia
sí mismo.
Por las mañanas después, cojeaba hasta la oficina de Madame Pomfrey para
pedir la esencia de murtlap. De todos los adultos de la infancia de Remus,
Madame Pomfrey parecía ser la más complacida de verlo de nuevo. Había
371
envejecido, como todos los demás, pero había conservado su toque gentil,
su rostro dulce y su actitud sensata hacia el bienestar de Remus.
— ¡Remus! — Ella se estiró para abrazarlo en el primer momento en que lo
vio. — ¡Mírate, que gigante estás!
— Hola, madame... er... Poppy.
— Tan educado como siempre, — sonrió, — Vamos, ven y cuéntame qué has
estado haciendo todo este tiempo.
Tuvieron algunos encuentros muy agradables en su oficina, junto a la
chimenea. Quería saber todo sobre sus transformaciones desde Hogwarts,
y él le contó todo lo que pudo. Estaba muy interesada en escuchar sobre la
manada y cómo ellos podían curarse entre sí compartiendo magia grupal.
— Traté de ponerme en contacto contigo, después de la muerte de los Potter.
— Ella dijo, con tristeza: — Pero nadie podía decirme dónde vivías, y no me
atreví a preguntar demasiado por si...
Remus miró hacia otro lado, avergonzado. — Lo siento. — Dijo: — Quería
que me dejaran solo.
—¡Sí, bueno, eras igual de niño, tan testarudo! — ella sonrió con cariño. Él
le devolvió la sonrisa, dándose cuenta de cuánto la había extrañado.
Durante el primer mes más o menos, los nervios de Remus estaban en carne
viva, dudó mientras doblaba cada esquina, preocupado de que pudiera ver
algo doloroso. Pero, como suele ocurrir con el dolor, este disminuyó con el
tiempo.
Se deslizó hacia un nuevo personaje, no el Remus adolescente que tomaba
riesgos sin pensar, que estaba desesperado por demostrar su valía, y no el
hombre mitad muggle, mitad roto que había sido en Londres. En algún
lugar entre estas mitades en guerra, se convirtió en el profesor Lupin; sobrio
y serio, aquel que ofrecía aliento donde podía.
Y todo esto estaba bien, porque eso era exactamente lo que necesitaba ser,
para Harry.
Dios, Harry.
Harry Potter era James y Lily perfectamente combinados; todo encanto,
imprudencia, fuerza y bondad. Remus había estado preocupado, sabiendo
que la infancia del niño había estado lejos de ser ideal, que Harry fuera
difícil. Remus recordaba bien su propio temperamento rudo a los trece
años; los adultos crueles críaban niños amargados. Pero no. Harry era tan
bondadoso y de mente abierta como sus padres, lleno de amor y tan, tan
372
generoso con él. Conocerlo había sido doloroso y hermoso al mismo
tiempo.
La primera vez que se conocieron, Remus pensó que todavía estaba
soñando. Se despertó en el tren, rodeado de dementores, esas malditas
abominaciones. Eliminó la amenaza y, mirando a los rostros de los niños
asustados, encontró a Harry, desmayado en el suelo. Hasta que abrió los
ojos era James; nada podía convencer a Remus de lo contrario. Un poco
más delgado, tal vez más bajo de lo que había sido Prongs a los trece, pero
por lo demás era la misma imagen.
Por supuesto, Harry no tenía idea de quién era Remus, y durante el mayor
tiempo posible, se mantuvo así. ¿Cómo se lo explicaría? Incluso después de
algunas conversaciones con el chico, Remus estaba completamente a la
deriva. Así que dejó que Harry abriera el camino y respondió las preguntas
que tenían respuestas adecuadas. Cuando Harry se acercó a él para pedirle
lecciones de patronus para que pudiera seguir jugando quidditch, Remus
no pudo decirle que no. Era exactamente lo que James haría.
Y cuando el tema de Sirius salió a la luz, lo esquivó. Harry ya sabía que
Black y James habían sido amigos, y Remus no estaba seguro de qué más
podía decir sin perder la confianza del niño. "Sí, Harry, tu padre era mi
mejor amigo, pero Sirius Black era mi todo..."
No, no serviría. Además, Remus no estaba seguro de si el mundo mágico
tenía su propia versión de la Sección 28; si comenzaba a confesar cosas así,
¿Podría meterse en problemas por corromper las mentes jóvenes? Ya era
bastante malo que fuera un hombre lobo.
Para ese momento ya estaba claro que Sirius estaba cerca. Cuando el
convicto irrumpió en el castillo en la noche de Halloween, Remus casi salió
del recinto y se apareció de regreso a Londres. Tal vez lo hubiera hecho, si
el perímetro no estuviera lleno de dementores y, por supuesto, el hecho de
que Black definitivamente estaba detrás de Harry.
Eso enfureció a Remus; ¿Sirius no había hecho suficiente daño? Realmente
había perdido la cabeza, estaba tan lejos de ser aquel joven que había
acunado al bebé Harry en sus brazos con ternura y asombro. Remus usó
esto como un recordatorio, para armarse de valor: era inútil estar de luto
por Sirius. Su Sirius había muerto hacía muchos años.
Y luego aquella noche pasó. En cuestión de horas todo cambió...
Mierda.
373
Quizás Grant tenía razón, quizás estaba en shock. Después de recibir sus
órdenes de irse desde Hogwarts (gracias a Dios; otro año podría haberlo
matado), Remus tomó el autobús noctámbulo de regreso a Londres, su
mente analizando todo lo que había aprendido.
Los eventos siguieron cambiando y reordenándose en su cabeza. Algunas
cosas se aclararon, otras se enturbiaron por varias versiones de la verdad.
Las cosas que había dicho Sirius, las excusas que Wormtail había sollozado,
y todo lo que Remus había pensado que sabía, ninguna de estas cosas estaba
del todo bien.
De lo único que estaba seguro Remus era de que durante doce años había
odiado a la persona equivocada.
— Por favor, regresa, — sollozó por teléfono a Grant, una vez que estuvo en
casa. — Por favor, por favor…
— Estoy en camino. — Grant dijo, y colgó de inmediato.
Aún así, tardó horas. Remus se puso su ropa muggle, arrojó la raída túnica
del profesor Lupin a un rincón del baño y se paseó por el apartamento
mientras esperaba, maldiciendo la lentitud del transporte muggle. No
bebió. Quería tener la cabeza despejada; quería entender.
— ¡¿Remus?! — Grant irrumpió en la sala de estar, cansado y despeinado. Se
había cortado el pelo el año pasado; lo tenía tan corto que apenas se le
rizaba. Remus lo odiaba, pero no dijo nada, solo corrió a abrazarlo. — ¿Qué
pasó? — Grant preguntó, resoplando cuando Remus lo dejó sin aire, pero
apretándolo para tranquilizarlo.
No se veía igual, pero olía igual, y eso ayudaba; era bastante reconfortante.
— ¡Es inocente! — Remus balbuceó, todavía aferrado, — ¡Fue Peter todo el
tiempo! ¡Nunca fue él! ¡Fui tan idiota!
— Remus, no sé de qué estás hablando, por favor… sentémonos, ¿de
acuerdo? Dios, estás muy flaco, ¿No te dan de comer en esa escuela?
Remus permitió que Grant se hiciera cargo. Se sentó obedientemente en el
sofá, aceptó un vaso de agua y un cigarrillo, porque aparentemente Grant
había vuelto a fumar y la tentación era demasiado. El piso se sentía vacío y
mal ventilado, después de haber estado vacío la mayor parte del año, y
Grant abrió la ventana de la sala, dejando entrar los sonidos cotidianos del
tráfico peatonal y las palomas.
374
— Está bien, — dijo Grant, sentándose frente a Remus, juntando sus manos
de la forma en la que un profesor lo haría — Empecemos por el principio,
¿de acuerdo?
Remus asintió. Estaba decidido a hablar. Si alguien podía resolver todo
esto, era Grant. Él estaba seguro de eso. — Sirius. — Él dijo. — Vi a Sirius. Y
a Peter.
— Espera, — Grant frunció el ceño, — ¿Peter? Pensé que él...
— No. — Remus dijo, sombrío, sus entrañas ardiendo de rabia, — Está vivo.
Se ha estado escondiendo todos estos años.
— ¿De Sirius?
— De todos. Él es el culpable. Él traicionó a James y Lily; Sirius nunca lo
hizo.
— ¿Cómo...? — Grant negó con la cabeza, claramente confundido, — ¿Así
que estuvo en prisión todo este tiempo por algo que hizo Peter? Jesús. Está
bien. ¿Estás seguro? ¿Él fue quien te lo dijo?
— Sí, pero yo… lo sé con certeza. Vi a Peter y yo... — Remus titubeó. — Tan
solo... le creo a Sirius, ¿de acuerdo?
El hecho era que había leído la mente de Sirius, y todavía estaba tratando
de entender eso. Reconstruyó los eventos de la noche juntos, para beneficio
de Grant y el suyo propio. — Fue todo Harry, el hijo de James. Dejó la
escuela una noche, y yo sabía por qué, así que lo seguí, estaba preocupado
de que Sirius intentara... pero luego Peter estaba allí, vi a Peter y no sabía
qué pensar.
Algo muy dentro de él lo había sabido de inmediato; en el segundo que vio
aparecer el nombre de Wormtail en el mapa. Pero tenía que averiguarlo,
tenía que estar seguro. Y luego llegó a la casa, y allí estaba Sirius, piel y
huesos y harapos y locura, riéndose en el suelo, Harry parado sobre él,
apuntándolo con su varita.
La parte lobo de Remus se hizo cargo, reconociendo que Padfoot estaba en
peligro, y desarmó a todos a la vez. — ¿Dónde está, Sirius?
Luego vio la rata y todo encajó. Su mente regresó rápidamente a 1981; todo
el secretismo, la desconfianza, las mentiras. Miró a Sirius correctamente,
abrió mucho los ojos y, casi sin intentarlo, entró en los pensamientos de
Sirius. "Muéstrame", le ordenó, usando la misma magia que usaban los
hombres lobo: el cerebro de Sirius era medio canino en ese momento, y tal
vez por eso funcionó. Black se resistió por un momento, sin duda
375
recordando las intrusiones forzadas de Walburga, pero asintió y dejó entrar
a Remus.
— Pero Padfoot, — la voz de James, resonando desde un pasado lejano, —
¿Pensé que estábamos de acuerdo con esto?
— Lo sé, pero esto es mejor, ¡¿No lo ves?! ¡Nadie sospechará jamás de
Wormy!
— ¡Como un doble farol! — Lily intervino. — ¡Es brillante!
Remus no necesitaba escuchar más. Bajó las varitas, ayudó a Sirius a
levantarse y lo abrazó con fuerza. Lo siento, se comunicó sin palabras, lo
siento, lo siento, lo siento...
De vuelta en el piso, los ojos de Remus se llenaron de lágrimas y Grant sacó
un pañuelo y se lo entregó. — Entonces, ¿Está libre ahora? ¿Sirius?
— No, — Remus negó con la cabeza, se recompuso, — Todo se complicó
tanto después, y yo… era luna llena. Solo lo vi durante veinte minutos, tal
vez, y luego me transformé, y… pasaron tantas cosas sin mí. Peter se escapó,
no lo atraparon. ¡Debería haberlo matado cuando tuve la oportunidad!
Quería, iba a hacerlo, pero Harry me detuvo.
Grant palideció, su boca una línea sombría. Sin embargo, no dijo nada.
— Para cuando llegó la mañana, Sirius se había escapado de nuevo también.
— Remus continuó. — Está escondido, y no sé… — No sé si lo volveré a ver.
Se secó las lágrimas y se pasó los dedos por el pelo. — ¡Mierda! ¡Todo este
tiempo! ¡Todo este tiempo creyendo cualquier cosa! ¡¿Cómo he podido ser
tan estúpido?!
— Oye, detente. — Grant frunció el ceño y extendió la mano. Remus se puso
de pie abruptamente, ignorando a Grant y paseando por la habitación una
vez más, murmurando para sí mismo:
— ¡Debería haber sabido que nunca lastimaría a James! ¡No debería haber
sido tan crédulo! ¡Tan débil! Debería haber intentado verlo, podría haberlo
sacado de allí, podría haber localizado a Peter, podría haber...
— ¡Remus! — Grant levantó la voz, — Basta.
Remus lo miró. — No sé qué hacer. — Él dijo.
Grant suspiró. — Yo tampoco, amigo. — Se pasó una mano por la cara y
Remus vio las ojeras debajo de los ojos. Grant se puso de pie. — Pero no hay
nada que puedas hacer bien en este segundo, así que. Voy a darme una
ducha, ¿Ok? Luego cenaremos. Entonces, podemos hablar un poco más.
376
Remus asintió con entusiasmo. Sí, eso era lo que necesitaba; un plan. Pasos
a seguir claros y definidos. Grant salió de la habitación, cansado. Remus
esperó, escuchando el agua correr, tratando una vez más de ordenar sus
pensamientos. Hizo algo que no había hecho desde que era adolescente.
Hizo una lista.
Entonces, Moony, se dijo a sí mismo, ¿Cuáles son los hechos?
1. Sirius Black no asesinó a James y Lily Potter.
2. Peter Pettigrew está vivo.
3. Peter Pettigrew era el espía.
4. Peter Pettigrew asesinó a James y Lily Potter.
5. Sirius Black había estado en prisión durante doce años por un crimen
del que era inocente.
Una oleada de ira lo inundó una vez más. ¡Lo había creído! Era tan culpable
como Dumbledore, como cualquier otra persona que simplemente hubiera
asumido que Sirius había sido el espía, porque Sirius era un Black. De
hecho, Remus era aún más la culpa, ¡Porque él debería haber sabido! Nadie
había sido más cercano a Sirius que él.
Los últimos meses de la guerra pasaron por su mente tan borrosos. ¿No
había pasado algo? ¿No había sido Sirius distante, frío con él? En los años
transcurridos desde entonces, Remus había tomado eso como prueba de la
traición de Padfoot, pero ahora… ahora con una sensación de malestar, lo
vio por lo que era.
— ¡Él pensaba que yo era el espía! — Le dijo a Grant, en el momento en que
salió del baño.
— ¿Eh? — Grant frunció el ceño, tratando de pasar a Remus, envuelto en
una toalla. — ¿Espía? ¿Qué? Oi, déjame vestirme, vamos...
Remus lo siguió al dormitorio y se sentó en la cama, hablando rápido
mientras Grant se secaba y se ponía ropa limpia.
— Durante la guerra, sabíamos que había un espía, sabíamos que alguien
estaba pasando información al otro lado, pero nadie sabía quién. Después,
pensamos que era Sirius, todo tenía sentido, lo atraparon explotando una
calle llena de muggles y...
— ¿Tienes que llamar así a la gente normal?
— Lo siento. De todos modos, Sirius era el guardián secreto de James y Lily,
eh... eso significa que tenía este hechizo sobre él, así que solo él sabía dónde
estaban. Para mantenerlos a salvo. Pero cambió con Peter, en el último
377
minuto, y ahora sabemos que Peter era el espía. Y no me dijeron sobre el
cambio, Sirius no me dijo, porque debió haber pensado, él...
— No confiaba en tí. — Grant dijo, sin rodeos. Vestido, se sentó en la cama,
a cierta distancia de Remus.
— Supongo que no puedo culparlo...
— ¿Habías roto su confianza antes? — Grant enarcó una ceja.
— ...No.
— ¿Pensaste que él era el espía? ¿Antes de que James y Lily murieran?
— ¡No nunca!
— Bien entonces. — Grant se puso de pie. — Voy a ir a la tienda, necesitamos
leche y pan... pasta de dientes...
— Espera, no, ¿Qué quieres decir con 'bien entonces'?
— Nada. Mira, vamos, ven conmigo a la tienda. Entonces te prometo que
podemos hablar de ello. Te escucharé toda la noche si quieres, lo juro. Solo
quiero que te llenes con un poco de comida.
Remus estuvo de acuerdo con eso. Vio cocinar a Grant, y se tragó cada
bocado, y luego habló y habló y habló. Pero no fue bueno. Al final se quedó
en la nada.
— Si Sirius está escondido, y Peter está huyendo... — dijo Grant, bostezando.
— Irá directamente en busca de Voldemort, la rata. — Remus gruñó.
— Bien, está bien, — Grant agitó una mano, — Si Sirius está escondido,
entonces no puedes hacer nada. Parece que está fuera de tus manos.
— Tal vez podría enviar una lechuza... solo que eso podría revelar su
ubicación...
— Y luego te arrestarán y te enviarán a Alcatraz, o lo que sea, por
confabularidad con un criminal. — Grant dijo, con un aire de finalidad.
— Solo quiero ayudarlo. — Dijo Remus.
— Por supuesto que sí. Pero no veo cómo.
Se sentaron en silencio durante un rato, pensando. Estaba oscuro afuera,
Remus no sabía qué hora era, pero tenía que ser bastante tarde. Grant
parecía exhausto y Remus sintió una pequeña punzada de culpa, además de
todo lo demás.
—Lamento haberte hecho pasar por esto. — Dijo en voz baja, alcanzando la
mano de Grant. — No es realmente justo de mi parte.
— Está bien, — Grant le dio una pequeña sonrisa, acariciando los nudillos
de Remus con su pulgar, — Lo entiendo. Es solo... mucho.
378
— Lo sé.
— ¿Cómo… cómo fue verlo? Quiero decir, ¿cómo te hizo sentir?
Remus se movió, incómodo. Allí estaba. El pensamiento que había estado
evitando. Porque si Sirius era inocente, si nunca había traicionado a James,
tampoco había traicionado a Remus. Y Remus no sabía lo que eso
significaba para él, ahora, después de tanto tiempo.
— Los dos somos tan diferentes ahora. — Dijo, consciente de que Grant
contenía la respiración mientras esperaba la respuesta. — Apenas lo
reconocí, de verdad, solo sentí lástima por él. — El aleteo en su estómago le
dijo que estaba mintiendo.
Grant se inclinó y lo besó. — Todo estará bien, al final. — Él dijo.
379
CIENTO OCHENTA Y CINCO
Principios del Verano de 1995
380
— Maldita sea. ¿El asesino?
— No es un asesino, ya te lo dije.
— Bien, bien, lo siento. ¿Viene para aquí?
— Es su departamento, de cualquier forma.
— Oh, lo olvidé. — Grant dijo, rotundamente. Se mordió el labio, —
¿Debería... irme?
— ¡No!— Remus se aferró a Grant de repente. —No, por favor, no lo hagas.
No puedo estar solo, no me dejes solo con...
— ¡Bien, está bien! — Grant lo calmó, devolviéndole el abrazo. — Cálmate,
¿de acuerdo? No iré a ningún lado si no quieres. Solo... solo trata de
calmarte.
— Lo siento. — Remus respiró hondo.
Sabía que estaba actuando de manera infantil. Este no era el momento de
desmoronarse. Había tenido años y años de eso. Si Dumbledore le estaba
enviando a Sirius, entonces algo había sucedido. Algo importante. Ahora
era el momento de ser fuerte y activo. Miró a su alrededor a ciegas en busca
de algo que hacer.
— ¡Este lugar es un desastre! Debería empezar a limpiar. No tardará.
Grant no podía hacer nada más que ver como Remus corría por el piso
como un pollo sin cabeza, usando todos los hechizos de limpieza que podía
recordar, combinados con trabajo manual real cuando estropeó aquellos
hechizos. No podía dejar de moverse, no podía soportar quedarse quieto
un momento, porque entonces podría tener que pensar.
Al cabo de una hora, hubo un ruido de arañazos en la puerta y un ladrido
bajo y áspero. Remus se congeló. Un olor que no había reconocido en
muchos años levantó algo en su subconsciente.
— ¿Fue un perro? — Grant dijo, nervioso, desde la cocina. — Sabes que odio
a los perros...
— Es él. — Remus respiró. Caminó tembloroso hacia la puerta y la abrió.
Allí estaba Padfoot: escuálido, sarnoso, con el pelaje ligeramente grisáceo
en algunos lugares. Pero era él.
—Entra —dijo Remus con voz ronca.
El perro resopló, movió la cabeza y entró. Remus cerró la puerta con un clic
y se apoyó contra ella, mirando como Sirius se transformaba de nuevo en
él mismo.
381
Flaco, sarnoso; el cabello con algunas canas. Sus ojos, esos ojos azul oscuro
que le habían roto el corazón a Remus mil veces cuando era un adolescente,
se habían vuelto de un gris metálico mate. Era un saco de huesos, hecho un
desastre. Era de esperar.
— Vengo directamente de Hogwarts. — Él dijo. Su voz era tan dura y ronca
como el verano pasado.
— Sí, — dijo Remus, frotándose la nuca. — Dumbledore envió un mensaje
por adelantado.
Sirius se movió levemente y asintió. — Algo pasó en el torneo. Harry fue
secuestrado.
— ¡¿Qué?! ¿Está..?
— Regresó, está bien, tan bien como se puede esperar. Voldemort también
ha vuelto.
— ¡¿Qué?!
— Es cierto. Harry se enfrentó a él.
—No. — Remus se sintió enfermo.
— La Orden se está reformando. Dumbledore me dijo que viniera aquí, que
permanezca oculto.
— De acuerdo, — Remus asintió con la cabeza, todavía asimilando la
conmoción.
— Si es que... — El rostro de Sirius se suavizó, se veía más joven, más como
el Sirius real, — ¿Si no te importa? Seguí órdenes sin pensar, pero podría ir
a otro lugar si...
— ¡No! — Dijo Remus, con mucha firmeza, saliendo de la confusión que se
había apoderado de él desde que había aparecido el patronus de
Dumbledore. Puso una mano sobre el hombro de Sirius. Ah, estaba tan
delgado. —Por supuesto que puedes quedarte aquí, es tu casa.
Sirius parecía tan aliviado que Remus quería acercarlo y envolverlo con sus
brazos. Pero no lo hizo. Miró a Grant, que miraba con recelo desde la puerta
de la cocina.
Sirius siguió la línea de sus ojos y se sobresaltó. — Tú estás aquí.
No era una pregunta; solo la declaración de un hecho.
Grant, que Dios lo bendiga, le dio su sonrisa más alegre, — ¿Está bien,
amigo? Te diré que, te vendría bien un poco de comida china. Iré a comprar.
¿Ok, Remus?
— No tienes que ir...
382
— Yo creo que si — Grant sonrió.
Agarró su billetera de la mesa de café al salir. No besó a Remus en la mejilla,
como solía hacerlo, sino que le dio una palmada en el hombro y dijo: —
Tardaré media hora. — Cerró la puerta suavemente detrás de él.
Sirius y Remus se quedaron en silencio por lo que parecieron unos minutos.
Sirius frunció el ceño, haciendo que aparecieran profundas arrugas en su
rostro.
— Eso fue muy grosero de mi parte. No quise ser grosero. — Comenzó a
rascarse el dorso de la mano, ansioso, con las uñas largas y negras por la
mugre. Remus sintió un doloroso tirón en lo profundo de su estómago y
extendió la mano para calmarlo.
— ¿Qué tal una ducha? Luego, puedes dormir un rato. Todo estará bien.
Sirius lo miró. Remus había olvidado lo bajo que era.
— Suena bien. — Sirius asintió débilmente.
Remus lo llevó al baño, lo cual fue una tontería, porque obviamente sabía
dónde estaba el baño; nada había cambiado en trece años. Mientras Sirius
se lavaba, Remus fue al dormitorio a buscar ropa limpia.
Sacó algunas camisas de la cómoda, quería darle a Sirius sus cosas para que
se pusiera, no las de Grant, pero después de todo este tiempo Remus
honestamente no sabía cuál pertenecía a quién. Se decidió por un pulóver
de gran tamaño, que definitivamente era suyo. Le quedaría grande a Sirius,
pero sería cómodo. Sacó un par de pantalones de pijama de tartán para
acompañarlo y los dejó con cuidado sobre la cama.
Solo había una cama en el piso, siempre había habido una cama y solo
habían necesitado una cama. El problema de dónde poner a Sirius era
incontestable. Remus todavía estaba mirando la ropa cuando escuchó el
agua apagarse (la caldera emitió un pequeño ruido y traqueteó un par de
veces, había tenido la intención de mirarla haber que tenía mal durante
años) y el clic de la puerta del baño sonó.
— ¡¿Remus?! — Sirius gritó, una nota de pánico en su voz.
— En el cuarto. — Respondió Remus.
Sirius entró, su cabello goteando sobre la alfombra. Se había envuelto la
toalla de baño más grande como un chal, cubriendo todo su cuerpo desde
el cuello hasta los flacos tobillos. Remus miró hacia otro lado, avergonzado,
e hizo un gesto hacia la ropa doblada.
— Aquí. — Él dijo: — Te dejaré cambiarte solo.
383
Intentó irse, pero la mano de Sirius salió disparada y lo agarró del brazo.
Tenía esa mirada salvaje en sus ojos otra vez,
— No te vayas. — Él dijo: — ¿Podrías quedarte en la habitación?
— Está bien... — Remus asintió, acariciando la mano en forma de garra de
Sirius. La había estado rascando de nuevo, estaba de color rojo, como carne
viva.
Remus se giró y miró las cortinas mientras Sirius se vestía. Sus movimientos
sonaban lentos, como los de un anciano o un inválido, no como el elegante
y enérgico Sirius Black. La furia abrasó a Remus. Le quitaron todo, pensó,
ferozmente, todo lo que lo convertía en quien era.
Cuando se dio la vuelta, Sirius estaba mirando la cama. Remus también
miró, tratando de verla a través de los ojos de Sirius. La colcha
cuidadosamente hecha; las mesitas de noche a juego; uno con un libro
encima, el otro con un paquete de cigarrillos.
— Dormiré en el sofá. — Dijo Sirius. —No quiero complicar nada entre tú y
... y ... lo siento, su nombre se ha ido.
— Grant.
— Grant. — Sirius miró hacia otro lado de nuevo. Sus ojos nunca se posaban
en algo por mucho tiempo, siempre buscaba algo en los rincones de la
habitación. — Me he olvidado de muchas cosas, creo.
— Está bien.
Remus nunca había sentido un dolor como este. Y Remus había estado
sintiendo dolor la mayor parte de su vida. — Ven, vamos a sentarnos ¿Una
taza de té?
— Una taza de té. — Sirius repitió como un loro.
Remus asintió, lentamente, luego lo condujo a la cocina.
— Gracias. — Sirius dijo, después de un rato, — Lo siento, yo... sigo
olvidándome de las cosas.
Remus tocó su brazo, gentilmente,
— Está bien. Ve y siéntate. Iré en un minuto, puedes oírme desde la sala de
estar.
Sirius se fue, en silencio. Remus exhaló un suspiro de alivio, la atmósfera
todavía estaba llena de recuerdos, dolor y Azkaban, pero al menos era
soportable cuando Sirius no estaba parado allí.
El año pasado, en la casa, Remus no había tenido tiempo de sentir nada
más que terror y alegría. Y, por lo general, había pasado el resto de su
384
tiempo desde aquella vez intentando fingir que nada de eso había sucedido.
No porque quisiera, sino porque era lo único que podía hacer. Debería
haberlo sabido mejor; debería haber sabido que Sirius siempre exigía una
confrontación.
Se tomó un buen rato con el té, preparándolo en una tetera común, en
lugar de la eléctrica. ¿Cómo tomaba Sirius su té? No podía recordar. Tal vez
nunca lo había sabido, Sirius generalmente hacia su propio té, en ese
entonces. Al final, Remus simplemente puso todo, colocando cada cosa una
bandeja con mucho cuidado y movimientos inmaculados, como si estuviera
sirviendo a la reina. Una rodaja de limón, y una jarra de leche. Tazón de
fuente de terrones de azúcar morena. No quedaban galletas, Grant se había
comido lo último que les quedaba.
Cuando estuvo todo listo, seguía sin tener el valor suficiente para
enfrentarlo. Entró en pánico por un momento, antes de escuchar el clic de
la puerta abrirse. ¿Había pasado ya media hora?
— ¡¿Todo bien?! — El fuerte acento cockney de Grant llenó el piso y lo
calentó instantáneamente. Actuó como si no hubiera nada fuera de lo
común mientras se apresuraba a entrar en la sala de estar, cargado de
comida.
Remus podía escucharlo colocando todo en la mesita de café,
desenvolviendo cajas de arroz frito con huevo, pollo agridulce, chow mein,
albóndigas de cerdo, costillas chinas, rollitos de primavera; todo el tiempo
charlando con Sirius,
— Caray ¿Si que te ves bien después de una ducha, eh? Aún tienes aquel
cabello brillante. Que celos, yo estaré calvo para cuando tenga cuarenta, o
eso creo. ¿Has visto lo gris que está Remus? Se ve como un señor muy
autoritario, se lo digo, pero no me escucha...
Con algo más de confianza, Remus levantó la bandeja y la llevó a la sala de
estar. Sirius estaba sentado remilgadamente en el borde del sofá, mirando
a Grant como un animal mira a un depredador potencial.
— Buscaré los platos... — dijo Grant, pasando a Remus en su camino de
regreso a la cocina. No hizo contacto visual. Remus no lo culpó. La
situación no era justa para nadie; y mucho menos Grant.
Remus trató de sonreírle a Sirius, ofreciéndole la bandeja de té. — Ya
estamos. — Murmuró.
Sirius miró el té, el limón, el azúcar, luego se miró las manos.
385
— ¿Tienes hambre? — Remus preguntó: — ¿Esto está bien?
Sirius asintió. — Encantador, gracias. No deberías tomarte todas estas
molestias.
— Tonterías.
Grant trajo los platos. Se sentaron alrededor de la mesa de café, Sirius en
el sofá, Remus en el costado del sofá y Grant en el suelo. Sirius puso comida
en su plato y la picó como un pájaro. No usó los tenedores que habían
puesto, ni los palillos que venían con la comida, usó sus manos para comer,
rompiendo todo en trozos pequeños y llevándolos a su boca. Remus y Grant
cortésmente lo ignoraron, entablando una conversación ligera.
— Tendré que hacer una buena compra, mañana cuando regrese del trabajo.
— Dijo Grant. — Tenemos que conseguirte un cepillo de dientes, y todas
esas cosas.
— Yo puedo hacer eso. — Dijo Remus. Estaba ansioso por cuidar a Sirius él
mismo; como si hubiera traído a casa un perro callejero del que debería ser
responsable. Miró a Sirius, — Tu ropa y tus libros están empaquetados en el
garaje. Iré a echar un vistazo mañana.
— ¿Los conservaste? — Sirius miró hacia arriba, casi con esperanza, — ¿Te
quedaste con mis cosas?
— Er. Bueno, después de todo lo que pasó, Mary apareció y lo hizo por mí.
No estaba... no estuve muy bien, por un tiempo. No estoy seguro de en qué
estado se encuentran, no he ido allí desde entonces.
— No esperaba que te quedaras con las cosas.
Remus no sabía qué decir, así que se encogió de hombros. Realmente no
había sido un caso de querer aferrarse a las cosas de Sirius; más bien las
había escondido para no tener que pensar en ello. Ahora estaba contento,
obviamente, pero no quería más crédito del que le correspondía.
Terminaron de comer y Sirius se limpió las manos grasientas en las perneras
de la parte inferior de su pijama y Remus trató de no hacer una mueca.
Sirius solía ser tan exigente con la limpieza, la desorganización de Remus
siempre lo había irritado. Otro cambio.
Grant se levantó para recoger los platos y los cubiertos para lavar. Sirius se
sentó, — Puedo hacer eso, déjame, — sacó una varita de su manga holgada.
— ¿De dónde sacaste eso? — Preguntó Remus, frunciendo el ceño.
— La robé, — Sirius miró hacia abajo, girándolo en su mano, — Me tomó un
tiempo acostumbrarme, pero puedo manejarla bien ahora. Aquí, déjame...
386
— Está bien. — Dijo Grant. Sonreía, pero no se podía oír en su voz. —
Prefiero hacerlo normalmente. — Se volvió y llevó la pila de platos a la
cocina.
— Muffliato. — Murmuró Sirius. Remus parpadeó, sorprendido. No había
escuchado ese hechizo en mucho tiempo, y nunca, nunca había usado algo
así con Grant presente. Se sentía desleal, furtivo. — ¿Está funcionando la
conexión flu? — Sirius preguntó, con urgencia.
— No. — Dijo Remus. — Nunca me reconecté. En realidad, no hago mucha
magia en casa, porque...
— Sí, por el muggle, — terminó Sirius, y Remus podría haber jurado que
puso los ojos en blanco. — Veo que ha hecho muchos cambios. — Le dio a
la televisión una mirada muy puntiaguda.
— Es su casa también, — dijo Remus, a la defensiva.
— Lo que sea, no me importa. Bien, tendremos que volver a conectarlo. Si
me quedo aquí, claro. Necesitaremos poder comunicarnos con el resto de
la Orden.
— El resto de-
—... ¿tienes una lechuza? — Sirius miró a su alrededor.
— No, — dijo Remus. Se mordió el labio, — Tengo un teléfono. — Ofreció,
tratando de aligerar el estado de ánimo.
— ¡Por el amor de Merlín, Moony! — Sirius ladró, su voz áspera crepitaba
con urgencia, — ¡¿Qué has estado haciendo todos estos años, estar
deprimido?!
Remus se estremeció, tanto por ser llamado Moony, algo que nadie había
hecho en muchos años, como por la cruel acusación.
— He estado sobreviviendo. — Dijo, tratando de mantener la calma: — ¿Qué
tan fácil crees que es para mí mantener un trabajo? Y no es como si tuviera
a alguien con quien deba mantenerme en contacto.
Sirius no dijo nada, pero apretó los labios y frunció el ceño, mirando la
alfombra. Remus suspiró y cerró los ojos. — Mira, — dijo suavemente, —
puedo imaginar cómo debes sentirte. Sé que quieres hacer todo a la vez,
ahora que eres libre, pero vamos a tomar las cosas con calma esta noche,
¿de acuerdo? Duerme un poco esta noche y mañana trabajaremos en un
plan.
Sirius asintió, apaciguado. Remus se sintió orgulloso de sí mismo. No había
llorado ni gritado, y eso era un progreso bastante bueno, al menos en lo que
387
a Sirius Black se refería. Grant volvió a entrar en la habitación y Remus
rápidamente deshizo el encantamiento muffliato.
—¿Enciendo la tele? — preguntó a la silenciosa habitación. Remus asintió.
Sirius volvió a fruncir el ceño.
Se emitieron las noticias y luego el tiempo. Luego, un drama hospitalario
estadounidense, que hizo que Grant se pusiera nervioso y lo cambiara.
Había un documental sobre Fleetwood Mac, que todos miraron vagamente.
Nadie hablaba realmente, excepto Grant de vez en cuando.
Remus estaba en confusión, su cerebro zumbaba a toda marcha mientras
demasiados pensamientos y sentimientos en conflicto pasaban como un
relámpago. Había pasado tanto tiempo desde que había estado en la misma
habitación que Sirius, y ahora ni siquiera podían hablar entre ellos sin
chocar con una barrera inconmensurable, ya fuera la guerra, la pérdida de
amigos o la traición mutua. Y ahora la orden se estaba reformando, y parecía
que todos esperaban que Remus se uniera, una vez más, sin dudarlo. Pero
no era el chico que había sido la última vez. Estaba viejo y cansado. Tenía
otras responsabilidades, tenía a Grant.
Alrededor de las diez en punto, Sirius bostezó.
— Sí, yo también. — Grant comentó, bostezando en respuesta. — Tengo
trabajo por la mañana, tal vez es hora de irse a la cama. — Miró a Remus,
obviamente esperando algún tipo de afirmación.
— Sí, — dijo Remus, inseguro. Puso sus manos en el brazo del sofá para
levantarse, dolorido por haber estado sentado tan rígidamente toda la
noche. — Um. Sirius, ¿estás bien aquí? Te conseguiré un cojín y un edredón.
— No hay necesidad. — Dijo Sirius. Se estiró de nuevo y se transformó en
Padfoot. Grant respiró hondo ante la sorpresa, pero no dijo nada. El gran
perro negro se acurrucó en el sofá y cerró los ojos.
— ¿Puedes hacer eso? — Grant susurró, media hora después, una vez que él
y Remus estuvieron en la cama. — ¿Convertirte en lobo cuando quieras?
— No. — Dijo Remus. — Él es un animago. Aprendió a hacerlo. Yo soy un
hombre lobo, me mordieron, no tengo elección.
— Mala suerte. — Grant dijo: — Eso sí, no creas que me gustaría mucho, si
pudieras hacerlo.
— No te hará daño, todavía tiene su mente normal cuando es un perro. —
Aunque Remus ya no estaba seguro de cómo era la 'mente normal' de Sirius.
Todo lo demás en él estaba arruinado y dañado de alguna manera.
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— ¿Estás bien? — Grant dijo, girando la cabeza para mirar el rostro de Remus.
— Creo que sí. — Remus dijo, honestamente, — Pero es extraño. Va a ser
difícil, creo.
— ¿Cuánto tiempo estará aquí?
— Oh. No sé. Un tiempo, tal vez. Dijo que habrá otra... otra guerra. Puede
que tenga que ayudar.
— Remus...
— Lo sé, lo sé, — Remus arrugó la cara. — Lo siento, toda la situación es… es
una maldita pesadilla, de verdad. Necesito algo de tiempo para pensar.
— Desearía poder ayudar. — Dijo Grant. — Ojalá lo entendiera
— Eres tan bueno con Sirius. — Remus ofreció, — No sé qué decirle, está
tan… no sé, irritable. Tengo miedo de decir algo mal y que me muerda la
cabeza.
— Hmm, bueno, tengo un poco de experiencia con ese tipo de persona. —
Grant dijo, sus labios curvándose: —De todos modos, obviamente ha pasado
por un infierno. Solo debes ser paciente. Amable. No puedes obligarlo a
mejorar, me temo.
***
Sirius durmió por mucho tiempo. Mucho después de que Grant se fuera a
trabajar y Remus desayunara y calificara algunos exámenes. Se quedó en la
cocina, pero podía ver el sofá de la sala a través de la puerta, por si acaso.
Eran casi las once y media cuando Padfoot se despertó bruscamente y
comenzó a ladrar con fuerza, saltando del sofá.
— ¡Shh! — Remus corrió hacia la sala de estar ansioso, — ¡Sirius, soy yo! ¡Estás
aquí, estás conmigo!
El perro se detuvo, ladeó la cabeza y luego se transformó de nuevo en Sirius.
Tenía los ojos muy abiertos y la mandíbula ensombrecida por la barba
incipiente. Parecía un loco. Remus trató de ser paciente y amable, como
Grant le había dicho. — Lo siento, — dijo, calmando su voz, — Es solo que
aquí no se permiten mascotas, y si los vecinos te escuchan...
— Lo siento. — Sirius miró hacia abajo, avergonzado. — Uno pensaría que
ya estaría acostumbrado. Llevo un año libre.
— Está bien. — Remus negó con la cabeza, — Lamento haber gritado.
389
Las cosas se mantuvieron así de incómodas durante la mayor parte del día.
Salieron hacia el garaje después de que Sirius hubiera desayunado.
La puerta estaba trabada, y costaba abrirla, y Sirius tenía que permanecer
en forma de perro mientras estaban fuera del piso, así que le tocó a Remus.
hacerlo. Aún así, entraron, y todo estaba tal como lo recordaban. Sin la
motocicleta, por supuesto, aunque todas las herramientas todavía estaban
allí. La ropa y los libros de Sirius estaban cuidadosamente apilados en cajas
etiquetadas, sin ni siquiera una capa de polvo sobre ellos.
— Mary debió de haber hecho algún tipo de hechizo de conservación, —
comentó Remus.
Sirius asintió vagamente, caminando entre las pilas de reliquias como un
antiguo monje. Eligió algunas cosas para llevar al piso - o mejor dicho, para
que Remus las llevara de regreso. Sirius eligió túnicas y ropa de mago,
ninguna de sus cosas muggles, ni siquiera su vieja chaqueta de cuero, que
Remus encontró metida dentro de una caja debajo de algunos registros.
Tuvo que resistir el impulso de enterrar su rostro en él e inhalar el hermoso
aroma; como si la chaqueta tuviera más de Sirius que el hombre que estaba
a su lado.
De vuelta en el piso, Sirius se puso la túnica de inmediato. Remus podía
ver por qué, ya se veía mucho mejor, en sus propias cosas, después de haber
tenido algunas buenas comidas y un buen lavado. Su cabello estaba un poco
desordenado y todavía tenía nudos a pesar del hecho de que claramente
había usado media botella de shampoo en él.
Se durmió de nuevo, después del almuerzo. Remus no veía cómo, solo había
estado despierto unas pocas horas. Aún así, a pesar de la incapacidad de
Sirius para quedarse quieto, se agotaba fácilmente. Se acurrucó en el sofá
de nuevo, en el nido de mantas que había creado, y Remus se sentó a su
lado con la televisión muy baja. Al menos cuando Sirius dormía era un
perro y, por lo tanto, era más fácil compartir una habitación con él.
Estaba de mal humor cuando se despertó. Entrecerró los ojos a la televisión,
luego a Remus.
— ¿Ya no lees?
— Por supuesto que sí. — Remus señaló las estanterías a ambos lados de la
chimenea, que se hundían bajo el peso. — La televisión es solo ruido de
fondo.
390
Sirius gruñó, sentándose y acomodándose la ropa. Se pasó los dedos por el
pelo y quedaron atrapados. Hizo una mueca.
— ¿Quieres intentar lavarlo de nuevo? — Remus preguntó: — ¿Sabes qué
podría ayudar? Ponerte mucho acondicionador, y luego solo tienes que
cepillar tu cabello.
Recordó que Grant le había contado eso sobre dos hermanos que habían
venido al centro de detención. Habían sido descuidados y nunca se habían
cortado ni cepillado el pelo, y tenían miedo de las maquinillas de afeitar.
Grant recordó los brutales cortes de pelo de Matrona e inmediatamente les
prometió que no les cortaría el pelo. En cambio, había pasado horas
peinándolos suavemente, y sus manos quedaron húmedas y frías durante
tanto tiempo que su eccema estalló y sus palmas terminaron quedando
ásperas y agrietadas durante semanas.
Sirius pareció apreciar la sugerencia, así que Remus fue a preparar el baño.
Sirius lo siguió. No parecía querer que lo dejaran solo en absoluto, incluso
si no quería hablar.
Remus buscó en el botiquín un peine fuerte y unas tijeras, por si acaso. Los
dejó en el borde de la bañera y dio un paso atrás. — Er ... ¿te dejo hacerlo
solo? — Preguntó, mientras el agua del baño humeaba suavemente. Sirius se
frotó el brazo, mirando a su alrededor.
— No, creo que preferiría... ¿si no te importa?
— Cualquier cosa que quieras, — dijo Remus. Deja que lidere el camino,
había sugerido Grant. Tienes que ir a su ritmo. Pensó en darse la vuelta
mientras Sirius se desnudaba, pero eso parecía redundante si se quedaba en
la habitación, y de todos modos, Sirius no tenía escrúpulos en desnudarse
frente a él. No tenía nada de sensual; lo hacía de la misma manera que
ahora comía con las manos, o se limpiaba la boca con la manga, o se
acurrucaba en el sofá; lo hacía así nomás porque había olvidado cómo
actuar con otras personas.
Estaba tan delgado, tan frágil, sus codos sobresalían como cuchillos y sus
costillas huecas se movían bajo su piel blanca como el papel. Sus muñecas
una vez cálidas y delgadas, que Remus había adorado, ahora eran tan
estrechas que parecía que se romperían cuando se sumergiera en la bañera.
Remus fingió estar ordenando el baño y comenzó a doblar la franela que
colgaba del costado del lavabo, alisando las toallas que colgaban del
radiador. Estaba avergonzado, no quería mirarlo. Aunque, para ser
391
honesto, Sirius probablemente no se daba cuenta de nada de eso, de
cualquier manera.
Finalmente, Remus se sentó en la tapa del inodoro cerrada, cruzando las
piernas en un esfuerzo por parecer indiferente, y porque el baño era
demasiado pequeño para su molesto cuerpo desgarbado. Sirius se inclinó
hacia atrás en el agua caliente, haciendo que pequeñas ondas lentas cayeran
suavemente contra los lados de plástico de la bañera. Cerró los ojos e
inclinó la cabeza hacia atrás en el agua, exponiendo su garganta, su manzana
de Adán sobresaliendo.
Remus tuvo que acordarse de cerrar la boca cuando Sirius reapareció, abrió
los ojos y se echó el pelo hacia atrás. Ahora que estaba mojado, el gris se
había desvanecido y de repente se volvió más joven, más reconocible.
Comenzó a lavarse el cabello con shampoo, sentándose e inclinándose
hacia adelante. Remus observó sus huesudos dedos blancos arañando la
espuma y recordó lo elegante que había sido Sirius cuando era joven, cómo
cada uno de sus movimiento había sido perfectamente equilibrado, cómo
solía tratar su propio cuerpo con tanta ternura. El vapor del agua caliente
picó los ojos de Remus, y tuvo que parpadear para quitarse las lágrimas.
Sirius enjuagó el shampoo, luego comenzó con el acondicionador, usando
mucho, Remus tendría que comprar más.
— Deberíamos hacer una lista. — Sirius dijo, abruptamente.
— ¿Qué? — Remus frunció el ceño.
— Una lista. — Dijo Sirius, recogiendo el peine. — Deberíamos hacer una.
Personas con las que ponerse en contacto, para Dumbledore.
— Para Dumbledore. — Repitió Remus. De repente se sintió muy cansado.
— Sí, dijo que hay que ponerse en contacto con la gente de antes. Me ha
estado fallado la memoria, así que tendrás que ayudarme. Con los nombres,
ya sabes. — Tiró del peine a través de sus nudos, con fuerza.
— Realmente quieres volver a la guerra, ¿no? — Dijo Remus.
Sirius se giró y le dio una mirada de incredulidad, y con una horrible
sensación de hundimiento, Remus se dio cuenta de que en la mente de
Sirius la guerra nunca había terminado.
— Mira, — trató de explicar Remus, — No es que no crea en la causa, es solo
que... recuerdo cómo fue la última vez.
— ¡Como si yo no! — Sirius siseó, tirando del peine de su cabello, — ¡No he
estado de vacaciones durante doce años!
392
— No, lo sé, pero... — Remus deseaba que dejara de decirlo así. Doce años .
¿Qué perdón podría haber por eso?
— Es todo lo que podemos hacer. — Sirius dijo, ferozmente, — Es lo único
que importa. — Volvió a levantar el peine, como si estuviera a punto de
apuñalarse con él, en lugar de acicalarse. Remus no pudo soportarlo.
— Basta con eso, — dijo, levantándose. — Te arrancarás todo el maldito pelo,
vamos. Déjame hacerlo.
Enrolló una toalla y la puso en el suelo para arrodillarse, agarrando el peine
de la mano de Sirius. Sirius lo miró con recelo por un momento, y Remus
se dio cuenta de que no habían estado tan cerca el uno del otro aún - se
habían abrazado, en la Casa de los gritos, un año atrás, pero eso había sido
pura adrenalina. No había sido íntimo. Esto lo era.
— ¿Puedo? — Preguntó Remus, suavizando su voz.
Sirius asintió, lentamente, luego giró la cabeza, para que Remus pudiera
alcanzarlo. Inclinándose, no demasiado, Remus comenzó a trabajar,
deslizando sus dedos con cuidado a través de los resbaladizos mechones
negros, pasando suavemente el peine en secciones de abajo hacia arriba.
Lenta, y suavemente, los nudos comenzaron a aflojarse, dando paso a esa
familiar textura sedosa.
Fue un trabajo difícil y requirió mucha paciencia, y el resto de la botella de
acondicionador, pero Remus finalmente sintió que estaba ayudando; tenía
el control y estaba haciendo algo positivo. Sirius se mantuvo callado y
quieto todo el tiempo; Tenso al principio, pero relajándose gradualmente,
poco a poco - Remus prácticamente podía ver cómo sus tendones se
aflojaban.
Una vez que terminó, Remus se reclinó para observar su trabajo, los
músculos de su espalda le dolían como si estuvieran en llamas, pero había
valido la pena. Se puso de pie, tembloroso, con una mano en el fregadero.
Sirius levantó las manos, las movió con cautela sobre su cabeza, rozando
con los dedos la suave superficie.
— Gracias.
— Cuando quieras. — Remus sonrió, sentándose en el asiento del retrete.
Sirius se enjuagó el cabello unas cuantas veces más, luego salió y se secó,
vistiéndose de nuevo. Remus esperaba que se mirara a sí mismo en el espejo,
pero no lo hizo, lo evitó a propósito, manteniendo los ojos bajos.
393
De vuelta en la sala, Remus les preparó té y un poco de queso sobre una
tostada, porque quería que Sirius comiera tan a menudo como fuera
posible. Esperaba que Sirius volviera a dormirse, pero no lo hizo. Tomó un
papel de la pila de exámenes de Remus y lo volteó, tomando un bolígrafo
también.
— Está bien, — dijo, — Moody, obviamente, es el primero de la lista. Después
de que se haya recuperado, por supuesto, ¡Espera a escuchar lo que le
sucedió en Hogwarts! Luego los Weasley y Mary...
— No, Mary no. — Dijo Remus. — No lo hará… se ha asentado, tiene hijos.
Y los Weasley, tienen siete hijos, Sirius, no puedes pedirle eso a la gente...
— No es necesario. — Dijo Sirius, bruscamente. — Ellos harán lo correcto.
— No puedo verlo de esa manera. — Remus dijo: — Todo lo que puedo ver
es el costo de otra guerra...
— ¡No tenemos elección!
— Lo sé, lo sé, solo quiero que pensemos, antes de que...
— ¡¿Qué te pasó, Remus?! Esto no es propio de ti. ¡Se supone que eres un
Gryffindor!
Eso tocó un nervio. ¿¡Cómo se atrevía!?
— Me ha pasado bastante, en realidad. — Remus dijo, ácidamente. — Perdí
a todos los que me importaron en la última guerra, así que perdóname si
no estoy emocionado por marchar directamente a la batalla nuevamente.
Ya no tengo veintiuno.
Sirius negó con la cabeza, todavía incapaz de comprender. — ¡Se lo debemos
a ellos! ¡A Lily y James!
— ¡No les debo nada! — Remus gritó, su rostro ardiendo de ira, — Quizá sea
así para ti, 'guardián secreto', pero por si no lo recuerdas, ¡No me
consultaron nada de eso a mí!
No sabía por qué lo decía; todo se derrumbó antes de que pudiera
detenerse. No se había dado cuenta de lo enojado que estaba realmente,
hasta ese momento. Claramente, Sirius tampoco lo había hecho.
— Moony...
— ¡No te atrevas a llamarme 'Moony'! ¡No actúes como si todavía fuéramos…
como si nada hubiera cambiado! ¡Como si todo estuviera bien! ¡Como si
fuera a hacer todo lo que me digas sin pensarlo dos veces!
Se puso de pie, necesitaba salir, necesitaba un descanso. Giró sobre sus
talones, dirigiéndose a la puerta.
394
— ¡No, Remus, por favor! — Sirius gritó, su voz tan tensa y estrangulada que
asustó a Remus. Se dio la vuelta. Sirius lo miró desde el sofá, tan pequeño
y con los ojos muy abiertos. — Por favor, no me dejes solo. — Él dijo.
Remus cedió, su ira se desvaneció en la nada. Regresó al sillón y volvió a
sentarse. Frunció los labios. Se frotó los ojos. — No lo haré, — dijo, cansado.
— No voy a irme a ningún lado.
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396
CIENTO OCHENTA Y SEIS
Verano 1995: Grant
"Señor Chapman,
Nos complace extenderle la siguiente oferta de empleo en nombre del
Ayuntamiento de Brighton & Hove:
Trabajador social - Bienestar infantil y juvenil
Consulte el folleto adjunto para obtener detalles sobre su salario y horas
de trabajo. Tiene treinta días hábiles para responder a esta oferta, ya sea
por correo postal o por teléfono.
Esperamos con gran interés escuchar de usted.
Director de Servicios Sociales de AP Green , Brighton & Hove."
397
persona muy afortunada, en general; cosas como esta nunca, nunca le
pasaban a él.
Grant no creía en Dios, ni en los ángeles de la guarda, ni en Buda, ni en
Brahman, ni en nada más que en su propia fuerza de voluntad, pero algo
en esta oferta de trabajo olía a intervención divina. Este era el trabajo de
sus sueños, después de todo. Quizás esta era la señal que estaba esperando,
como si un viejo ex novio que regresaba de la prisión no fuera un presagio
suficiente.
La idea de mudarse había estado yendo y viniendo en su cabeza durante
años. Grant amaba Londres; siempre estaría en su sangre, pero ambos
estaban en sus treinta ahora, y tal vez era hora de un cambio. Quería llevar
a Remus al campo, al aire libre, al mar y al espacio. Un nuevo comienzo,
lejos de aquel pequeño apartamento miserable. Entonces, cuando surgió el
puesto y el gerente de Grant se lo mencionó, aprovechó la oportunidad.
Por supuesto; eso fue todo antes de que Sirius regresara.
Grant volvió a leer la carta desde arriba. Se quedó mirando su nombre, en
texto oficial impreso en blanco y negro. Una carta con mi nombre que no
es una citación judicial, bromeó para sí mismo. Deseaba poder mostrársela
al idiota de su abuelo. Mostrarle lo que un afeminado criminal como él
podía llegar a lograr si se lo proponía.
Estaba orgulloso de sí mismo, y sin importar cuál fuera la situación en ese
momento, sabía que Remus también estaría orgulloso de él. Deseó poder
decírselo de inmediato, pero Remus estaba fuera y Grant se estaba
escondiendo de Sirius en la habitación.
Se suponía que Grant debía vigilarlo, había prometido que lo haría, pero
tan pronto como Remus salió por la puerta, Sirius dijo de forma
desagradable que no necesitaba una 'niñera' (¡Maldita sea, qué presuntuoso
era!) y luego se convirtió en un perro de nuevo.
Era tan dolorosamente obvio que Black odiaba las entrañas de Grant, por
lo que esconderse en el dormitorio parecía la mejor solución.
Tendría que esperar a que Remus llegara a casa, más tarde, para darle la
noticia. Esperaba que no tardara mucho, en realidad no tenía ni idea a qué
hora volvería. Remus había ido a algún tipo de reunión y no le había dado
ningún detalle sobre eso a Grant.
Sin embargo, había hablado con Sirius sobre eso, extensamente.
Murmuraron juntos en la sala de estar, pensando que Grant no se daría
398
cuenta. El tono de sus susurros se balanceaba salvajemente de un lado a
otro: un momento de siseo entrecortado y enojado, al siguiente, disculpas
suaves y tranquilizadoras. Su lenguaje corporal era el mismo - Grant
aprendió rápidamente que las cosas importantes entre Sirius y Remus eran
las cosas que ninguno de los dos decía en voz alta. Todo eran miradas,
gestos, cabezas inclinadas y cejas levantadas. Era imposible que un forastero
siguiera el ritmo, y Grant se sentía bastante como un forastero. Nunca había
conocido a dos personas que pudieran estar simultáneamente tan enojadas
y tan enamoradas la una de la otra.
Y era amor. Sin duda.
Grant tuvo una sensación de malestar en el estómago. Había estado
ignorando esa sensación durante días.
Remus había sido diferente por un tiempo, pero hasta que ese maldito
perro negro apareció, Grant realmente había pensado que podría haber
esperanza de recuperación. Un poco más de tiempo, un poco de espacio,
algo de distancia de toda esa oscuridad. Grant apartaría a Remus del borde;
lo había hecho antes, podía hacerlo de nuevo.
Pero ahora parecía imposible, Remus no quería que las cosas volvieran a ser
como lo eran antes. No lo había dicho, tal vez no lo sabía, pero era muy
obvio para Grant.
Y sí, bien, Grant sabía que no era la bombilla más brillante de la caja. No
era tan inteligente como Remus, de todos modos. Probablemente tampoco
era tan inteligente como Sirius. Eso nunca le había molestado mucho,
porque después de todo, no podía ser nadie más que él mismo, y tenía
muchas más cosas a su favor. Trabajaba duro y se preocupaba por la gente,
y la gente se preocupaba por él, y esas cosas eran ingredientes suficientes
para una vida muy feliz, en opinión de Grant.
Entonces, no era un genio, pero sabía algunas cosas. Le gustaba pensar que,
al menos, sabía cuándo era el momento de hacer una salida elegante.
Grant amaba mucho a Remus. Probablemente lo había amado desde el
primer día, hacía veinte años, cuando el adolescente larguirucho, exhausto
y asustadizo había entrado a trompicones en el dormitorio de St Edmund's.
Había sido tan callado y tan cerrado, a pesar de que claramente había un
universo dentro de él. Remus nunca era la misma persona dos veces; estaba
hastiado y cansado del mundo en un momento, ingenuo y sonrojado al
399
siguiente. Estaba hirviendo de rabia y amor al mismo tiempo, y la mayor
parte del tiempo dejaba que el amor ganara.
A Grant le gustaba pensar que había tenido algo que ver con eso.
Especialmente en los últimos años, Grant había trabajado duro para
mantener seguras las partes más suaves de Remus. Y lo había hecho; había
hecho un buen trabajo. Lo había cuidado, hasta que Remus ya no necesitó
que lo cuidaran más. Quizás era hora de dejarlo ir.
Todavía no quería devolverlo, tal y como un libro prestado.
Grant se había despedido de mucha gente a lo largo de su corta pero
colorida vida, pero ninguno de ellos habían significado algo importante
para él, hasta Remus. Grant sabía lo patético que sonaba eso. Cerca de los
treinta y seis, y solo había tenido una relación real, una sola y verdadera
amistad.
Pero no importaba lo que pasara, seguirían siendo amigos, no había duda
de eso. Pero Grant sabía que tenía que ser práctico y tenía que cuidar de sí
mismo, por una vez. Remus siempre había pertenecido a otro mundo; eso
era en parte lo que lo hacía tan atractivo.
Había llegado el momento de que Remus regresara a donde pertenecía, y
aunque Grant sabía que por un tiempo la ausencia dolería, era
completamente necesario.
Recordó la canción de Suzanne Vega - Grant nunca había sido de los que
leían demasiado en las letras, no como Remus - no tenía alma poética. Pero
cuando el álbum Solitude Standing salió, este sonó en todas las radios, y a
Grant le gustó bastante; había tenido siempre la intención de comprar el
álbum, pero al final siempre se olvidaba. Ella tenía una voz inquietante, y
esta melodía en particular era fantasmal y extraña.
Entonces Remus le había dicho de qué se trataba y la odió.
Por lo general, no le gustaban los cuentos de hadas: habiendo reconocido
su sexualidad a la edad de seis años, la idea de que valientes caballeros
rescataran damiselas en apuros nunca lo había inspirado mucho. Pero algo
en Calypso realmente tocó un punto sensible en él.
Sabía que él no era una sirena, él no se sentaba en las rocas y movía sus tetas
a los marineros que pasaban, pero conocía a Remus. Conocía a Remus de
adentro hacia afuera. Había visto el cambio en él, desde el regreso de Sirius.
Al principio, Remus se había aferrado a Grant como su protector, lo cual
tenía sentido; Probablemente era de esperar un poco de regresión, y Grant
400
siempre había hecho todo lo posible por ser terreno sólido para Remus.
Pero después de que pasó el estrés de los primeros días, Remus y Sirius se
relajaron un poco y todo fue diferente. Tan diferente que fue impactante.
Grant no había sabido realmente cómo era su relación cuando eran jóvenes,
pero ahora lo vislumbraba. La forma en que Remus miraba a Sirius, como
si fuera la criatura más hermosa de la tierra. El calor en sus ojos, la forma
en que su lengua jugaba en la esquina de su boca, como si estuviera soñando
despierto algo completamente sucio. Remus nunca había mirado así a
Grant, no realmente.
Y a Sirius se le iluminaba la cara cuando Remus le hablaba.
Sí, obviamente todavía estaban enamorados, y no era el mismo tipo de amor
que Grant y Remus tenían. No sabía si era mejor o no, pero prácticamente
podía sentir el conflicto destrozando a Remus. No quería destrozar a
Remus; nunca lo había hecho. Todavía quería mantenerlo a salvo.
Y allí estaba el propio Sirius, remilgado y venenoso, acechando como una
araña todo el tiempo, lanzando dagas cada vez que Grant entraba en la
habitación. Dejó sus sentimientos perfectamente claros, y eso indignó a
Grant, hizo que quisiera luchar más duro para retener a Remus.
Pero eso ya no dependía de Grant. Remus iba a un lugar al cual Grant no
podía ir. Habían llegado a una encrucijada y todo estaba muy claro. Tal vez
la carta realmente era un presagio.
Evocó la imagen con la que había estado fantaseando, él y Remus, en una
casa junto al mar, leyendo libros, desayunando en la cama y paseando por
la ciudad. Envejeciendo, haciendo nuevos amigos. Si tuvieran una casa lo
suficientemente grande, podrían comenzar a acoger niños- Grant había
estado interesado en hacer eso durante años; quería cuidar a niños que
nadie más quería, y si iba a ser trabajador social, sería un candidato perfecto.
Dejó que la fantasía se apoderara de él por última vez y luego comenzó a
desmantelarla. Porque en el fondo, Grant sabía que Remus nunca se habría
ido de Londres, de todos modos, y Remus nunca querría tener hijos
adoptivos, tendría demasiado miedo de lastimarlos en alguna luna llena.
Ese futuro siempre había sido una ilusión; se trataba más de Grant que de
Remus.
Era hora de dejar de preocuparse por Remus y lo que Remus necesitaba.
Esa ya no era su responsabilidad. Quizás hubiera alguien más para Grant;
401
o eso esperaba, nunca dejaría de buscar. Quizás alguien querría mantenerlo
a salvo, para variar. Cerca del mar, muchas cosas extrañas podían suceder.
Tomó la decisión. Grant escribió una respuesta formal, aceptando la oferta
de trabajo. Lo mandaría al salir.
Comenzó a empacar en silencio, esperando que Remus no volviera a casa
hasta que hubiera terminado. Había mucho que hacer, pero al mismo
tiempo, no tanto. Grant se sorprendió por la facilidad con la que se
concretó su plan. Tenía su propia cuenta bancaria y no tenía ninguna
relación legal con en el departamento; podía quedarse en el bar de su tía en
Hove hasta que encontrara su propio lugar para vivir. Incluso tenía amigos
en Brighton, de cuando había vivido allí de joven. Era pan comido.
Entonces, una vez que hubiera empacado, solo tendría que despedirse.
Esperaba poder decir adiós bien y no sonar amargado o autocompasivo.
Esperaba que Remus entendiera que Grant siempre estaría allí si lo
necesitaba; vendría corriendo en un abrir y cerrar de ojos.
Al mismo tiempo, esperaba que Remus no lo necesitara. Esperaba dejarlo
en buenas manos.
Grant terminó de empacar y se sentó en la cama. Podía escuchar la
televisión en la otra habitación, un poco demasiado fuerte. Sirius lo dejaba
encendido toda la noche, a veces, y eso despertaba a Grant. Pero si iba a
apagarlo, aquel horrible perro negro se despertaba y comenzaba a gruñirle
en la oscuridad. Probablemente una cosa de trauma; Grant no culpaba a
Sirius, pero deseaba que no tuviera que manifestarse así.
¿Realmente podía confiar en que un hombre así cuidara de alguien? A
Grant le dolía el corazón al imaginarse a Remus, el dulce, serio y sensible
Remus, siendo tratado como un saco de boxeo mental. Grant se dio cuenta
de que lo aguantaría; Remus se sentía tan culpable por el encarcelamiento
de Sirius que estaba dispuesto a soportar todo tipo de abuso por ello. Pero
eso no estaba bien.
Grant se puso de pie. Tenía que hacer una cosa más, entonces, antes de
poder irse.
Tenía que hablar con Sirius.
402
CIENTO OCHENTA Y SIETE
Verano 1995: Sirius
403
de alguna manera no podía dejar de verla. Lo distraía. Era un descanso de
sus pensamientos; de los recuerdos.
Había pasado demasiado de su vida recordando. Dando vueltas a los
acontecimientos, a los errores y a las conversaciones medio entendidas.
Examinando todo una y otra vez, hasta que todo en su cabeza se soltó en
pequeños fragmentos, sin estructura ni narrativa. No quería sentarse a
pensar más. Quería actuar. Quería hacer algo. Pero nadie se lo permitía.
Resopló, cambiando de posición, apretando su agarre en el brazo del sofá.
Remus había sido invitado a una reunión y le habían dicho a Sirius que se
quedara en casa con el muggle. Hubiera estado bien si hubiera ido como
Padfoot, sabía que lo hubiera estado, pero nadie lo escuchaba, jamás. Lo
estaban tratando como a un cañón suelto, como a alguien que necesita
ser contenido. Como si no hubiera pasado todo un año solo, cuidándose a
sí mismo, sin la ayuda de nadie.
No iba a ser tratado como a un niño. No lo iba a permitir. ¿No se había
ganado su lugar?
Pero Moony… Remus, le había dado a Sirius esa mirada suplicante y
dolorida, y eso lo hizo callar. Odiaba hacer que Remus se sintiera
incómodo, le preocupaba pensar que nunca mejoraría. Sabía que no estaba
bien de la cabeza, sabía que estaba haciendo las cosas mal y que no era él
mismo. Pero Sirius había esperado que un año fuera suficiente. Estaba
fuera, ahora, era libre, todos los que importaban finalmente sabían la
verdad. Debería marcar la diferencia. Debería ser normal de nuevo, a estas
alturas.
Remus no estaba ayudando, pensó Sirius, sombríamente. ¿Cómo podría él
despejar su cabeza, cuando todo era tan extraño? Cuando Remus, el único
amigo que le quedaba, apenas podía mirarlo sin hacer una mueca de dolor,
apenas podía hablar con él sin desvanecerse, apartando la mirada
después. Y el novio. Sirius se preguntó qué tan rápido había sucedido, qué
tan pronto el muggle se había abierto camino hacia él. Infectando a Remus
con su mundanidad; haciendo a su Moony tranquilo y cauteloso. Nada
menos que un muggle, o peor.
Era como si una luz en Remus se hubiera atenuado. Sirius buscó señales
del viejo Moony, pero no había nada de esa energía malvada y traviesa,
aquella fuerza abrasadora de Remus Lupin cuando tenía un plan
emocionante.
404
A Sirius le había tomado años convencer a Remus de que solo fuera a la
reunión. Al final, tuvo la impresión de que Remus solo le hizo un favor;
para mantenerlo calmado. Eso estaba bien, siempre y cuando fuera. Y que,
cuando regresara, le dijera todo a Sirius, él lo obligaba. Era lo mínimo que
podía hacer Remus.
Remus entraría en razón. Vería que no había otra forma. Querría hacerlo
por Harry.
Sirius no pudo evitar sonreír para sí mismo, al pensar en Harry. Ese niño
increíble, brillante y valiente. James estaría tan orgulloso...
James, James, lo siento mucho…
Se estremeció, volvió a cerrar los ojos, preparándose para el frío. Deseaba
tanto a Remus. No quería estar solo, no otra vez, por favor...
— ¿Todo bien? — dijo Grant, y paseó por la habitación como para recordarle
a Sirius que no estaba solo en absoluto. Grant le sonrió alegremente cuando
entró. Sirius lo miró con recelo. Siempre con una maldita sonrisa. Raro.
— Buenas tardes, — respondió Sirius, acentuando deliberadamente su
saludo para contrarrestar el horrible acento inglés de Grant.
Sirius no había pasado nunca tiempo con muggles, incluso antes de
Azkaban, y los encontraba confusos en el mejor de los casos; como una
especie exótica. Y odiaba la alegría de Grant con cada centímetro de su ser.
— ¿Te sientes mejor?
Sirius gruñó sin comprometerse a responder. No vio que le debía ningún
tipo de explicación a este hombre. Lo toleraba, por el bien de Remus, pero
eso era todo.
— Es bueno oír eso, — asintió Grant, con hoyuelos en las mejillas.
Sirius pensó que debía ser increíblemente estúpido.
¡Limpia esa sonrisa tonta de tu cara! ladró el espectro de Walburga Black.
Sirius recordaba a Grant cuando era un adolescente, y ni siquiera había sido
tan guapo en ese entonces. Quince años no habían mejorado en la línea de
su cabello ni en su piel. Sirius no tenía ni idea de por qué Remus todavía
estaba con Grant, y si era tan estúpido como lucía, entonces Sirius estaba
aún más desconcertado en cuanto a por qué Moony lo querría cerca.
El Remus que él conocía, su Remus nunca soportaría a un tonto.
— Cuando regrese — decía Grant, ahora, todavía alegre, todavía sonriendo,
mostrando los dientes torcidos y una cicatriz blanca en la comisura de la
boca—, me iré.
405
— Oh, ok. — Sirius se encogió de hombros. Buscó algo que decir: —
…necesitamos leche.
— No, — Grant se rió entre dientes, sacudiendo la cabeza ligeramente. Se
sentó en la mesa de café, directamente enfrente de Sirius, tan cerca que sus
rodillas casi se tocaron, y lo miró a los ojos, — No voy a ir a la tienda a
comprar, quiero decir que, me voy.
— ¿Qué? — Sirius frunció el ceño, — ¿Por qué? ¿Remus te lo dijo? Porque si
es así, no fue idea mía.
— Es mi idea, — dijo Grant, ya sin sonreír. Tenía los ojos cansados y Sirius
se dio cuenta de que, aunque Grant estaba sonriendo, no estaba feliz.
Estaba muy, muy triste. Sirius no sabía qué hacer al respecto; tenía sus
propios problemas.
Grant siguió hablando, — Me di cuenta hace un tiempo. Cuando regresó
de la escuela, todo nervioso por haberte visto otra vez. Creo que debí
haberlo sabido entonces. Debería haberme ido, pero no podía dejarlo solo...
— Mira, no sé que piensas...
— Solo lo cuidé por ti, — dijo Grant, levantando una mano para mantener
callado a Sirius, — Nunca he sido de él. Siempre has sido tú, todos estos
años.
—Y, sin embargo, aquí estás. — Murmuró Sirius. Volvió a levantar las
rodillas, cerrándolas hacia adentro. Quería que Grant simplemente se
fuera, si se iba ir, bien; piérdete, pensó. Le hubiera gustado transformarse
en Padfoot, pero sabía que no ayudaría en las cosas y le había prometido a
Remus que no lo haría.
— Mira, de eso quería hablar. — Grant dijo, frunciendo el ceño. — Si me voy,
entonces tienes que cuidar de él, ¿de acuerdo? No culparlo por lo que sea
que te haya pasado en los últimos diez años.
— Doce años. — Sirius corrigió.
—No me importa —Grant se encogió de hombros—. No ha sido una vida
fácil para ninguno de nosotros, cariño, no eres especial. Remus lo es.
La voz de Grant se volvió repentinamente dura y peligrosa, casi agresiva. —
Él es especial para mí, y si no eres lo suficientemente hombre para ser
amable con él, entonces no lo mereces. Te ha estado esperando. Nunca ha
dejado de esperar. No lo dirá, porque Remus no dice cosas así. Pero lo
siente. Lo siente todo, debes saber eso.
Sirius no respondió.
406
— Él te ama. — Grant dijo, con firmeza. — Tú tienes que amarlo también.
— Yo sí lo amo...
— No, — Grant volvió a negar con la cabeza, — No, no así. Tienes que
estar aquí; ser una persona real, de carne y hueso. No un perro. No un
fantasma.
Sirius ya no podía mirar a Grant a los ojos, inclinó la cabeza y asintió.
— Lo haré.
— Bien, — Grant sonrió de nuevo, su rostro suave una vez más. — Ahora,
cuando se ponga de mal humor - y se pondrá de mal humor - no dejes que
se deprima y no dejes que beba. Querrá hacerlo, después de la luna llena,
pero solo le llevará más tiempo recuperarse si lo hace.
— ¡Sé lo que necesita después de la luna llena! — Sirius gruñó, ofendido. —
Lo conozco desde que tenía once años, quién te crees que eres,
diciéndome...
— Soy el que ha estado aquí. — Grant le regresó, brevemente. — No creo que
entiendas lo difícil que ha sido. No creo que... mira; tu lo tuviste en su
mejor momento, ¿de acuerdo? Yo lo tuve en su peor. — Él sonrió, un poco,
— Y estaba contento de tenerlo. Yo tengo una parte de él. Tú tienes la otra.
¿Estamos de acuerdo?
Sirius lo miró un poco más. Grant extendió una mano para estrecharla y
Sirius la tomó.
— Ok. — él dijo.
— Encantador. — Grant lo soltó y se puso de pie. Entró en el dormitorio y
regresó con una gran bolsa, que colocó muy resueltamente junto a la puerta.
— Tendré que dejar algunos libros y cosas aquí por un tiempo. — Dijo: —
Pero volveré a buscarlas cuando me instale. Supongo que no necesitas una
llave, ¿eh? ¿Puedes entrar mágicamente?
Sirius asintió, y se quedó mudo. No podía creer que esto estuviera
sucediendo. Quería que su corazón se disparara de alegría, quería sentirse
finalmente satisfecho, pero no podía evitar preocuparse. Grant había sido
una molestia, pero también un amortiguador. ¿Remus lo culparía por eso?
¿Convencería a Grant de que se quedara, o peor aún, dejaría a Sirius aquí,
solo con el piso y la guerra y …
Hubo un ruido silencioso fuera de la puerta principal, y los oídos de Sirius
se aguzaron. ¡Remus había vuelto! Su corazón comenzó a latir contra su caja
407
torácica, se lamió los labios y se sentó más derecho, enfocado en la puerta
mientras se abría.
Remus entró, con la cabeza gacha, frunciendo el ceño un poco. Sirius no
podía creer lo poco que había cambiado Remus, cuando todo lo demás en
el mundo era tan diferente ahora. Estaba más canoso, pero seguía siendo
Moony, seguía siendo completa y devastadoramente guapo y enteramente
despreocupado al respecto.
Le dio a Sirius una sonrisa mientras entraba, que era tan parecida al Remus
adolescente, que llevó a Sirius de regreso a Hogwarts, llegando a la mesa del
desayuno para encontrar a Remus ya allí, en su tercera ración de tocino y
huevos, sonriendo ante algo estúpido que Sirius había dicho. Ya ves, se dijo
a sí mismo, todavía quedan algunos buenos recuerdos.
— Hola, — dijo, a la habitación.
— Hola. — Grant respondió. — ¿Té?
— Ooh, sí, por favor, — asintió Remus, ahora dándole a Grant una sonrisa
amigable. El muggle fue a la cocina.
— ¿Cómo fue todo? — Sirius preguntó, ya agitado, “— ¿Viste a Dumbledore?
¿Qué dijo?
— Oh nada. Nada que no haya escuchado antes. La Orden necesita un
nuevo cuartel general, se supone que todos debemos llevar ideas. Mira,
¿hablemos de eso más tarde? — Remus echó un vistazo a la cocina, donde
Grant estaba preparando el té.
— ¿Dijo algo sobre mí? ¿Dumbledore? ¿Cómo está Harry?
— Harry está perfectamente bien, de vuelta con su tía y su tío por el verano.
¿Qué hace aquí esta bolsa?
Remus estaba mirando la bolsa marrón llena de cosas de Grant. Miró a
Sirius. Sirius se encogió de hombros, encorvado en el sofá. Remus frunció
el ceño y gritó: — ¿Grant? ¿Qué hace esta bolsa aquí?
Grant asomó la cabeza por la puerta de la cocina con aire avergonzado.
— Ah. ¿Puedo hablar contigo?
Remus palideció visiblemente y fue a la cocina.
408
CIENTO OCHENTA Y OCHO
‘Til The End
409
por la forma en que Grant estaba removiendo tranquilamente su té, sin
hacer contacto visual.
— Brighton. — Grant dijo: — Recibí una oferta de trabajo, una muy buena.
Mejor pago y puedo ayudar a más personas, realmente puedo marcar la
diferencia.
— Pero vivimos en Londres.
— Remus...
— ¡¿Solo vas a tomar tus cosas y dejarme por un trabajo?! — Remus se estaba
preparando para empezar a gritar; avergonzar a Grant para que se quede.
Grant simplemente sonrió con simpatía y negó con la cabeza,
— No seas tonto, ahora. Sabes que se trata de algo más.
El corazón de Remus latía con fuerza, se sentía mareado, con ganas de
vomitar, como si el suelo se balanceara de un lado a otro. — ¡No puedes
hacer esto!
— Solo te estoy facilitando las cosas, — dijo Grant, y de cualquier otra
persona que pudiera haber sonado como una expresión amarga. — ¿No he
intentado siempre hacer eso?
— ¡Pero te amo!
— Yo también te amo, cariño, pero no estoy seguro de que eso sea todo.
— ¡¿Así que solo estás tomando la decisión por mí?!
— Estoy tomando una decisión por mí. — Grant dijo, muy firmemente. Miró
a Remus ahora, fijamente a los ojos, y Remus pudo ver que no habría más
discusiones. — Sirius te necesita ahora, e irás a la guerra, porque eso es lo
que eres, eres loco, valiente e increíble. No hay lugar para mí en todo eso,
así que necesito que me dejes ir. Siempre seremos amigos, ¿no? ¿Los chicos
del hogar de niños?
Remus quería llorar. Quería caer de rodillas y agarrar a Grant por la cintura
y retenerlo allí para siempre, y rogarle y suplicarle. Sabía que eso era egoísta.
Grant tenía razón; Remus ya había decidido volver a unirse a la Orden, lo
había decidido en el momento en que Sirius regresó. No era justo tener a
Grant cerca para eso, era francamente peligroso. Pero lo necesitaba, oh,
realmente, realmente necesitaba a Grant. Remus no estaba seguro de poder
hacerlo todo solo, no con Sirius como estaba.
— Me romperás el corazón si te vas ahora. — Remus dijo, consciente de que
sonaba malicioso y petulante.
410
Grant negó con la cabeza ligeramente, manteniéndose firme. — Lo siento,
amor. Pero me está rompiendo el corazón quedarme.
Y en un instante, Remus entendió. Vio a Grant correctamente por primera
vez, no como su protector, su héroe, sino como una persona que no era
muy diferente de él, que era igualmente vulnerable al sufrimiento.
— No es un verdadero adiós, ¿eh? — Grant dijo en voz baja. — Aún no puedes
deshacerte de mí.
— No he sido muy justo contigo. — Dijo Remus. Había querido decirlo
durante mucho tiempo. Quería algún tipo de perdón.
— Has estado bien, — sonrió Grant, sin rastro de culpa. — Has sido mi
poquito de magia.
Remus hizo un ruido ahogado y trató de no llorar. Grant lo abrazó y se
sujetaron el uno al otro por última vez.
Grant dejó a Remus en la cocina, con dos tazas de té, una para Remus y
otra para Sirius. Remus se quedó en silencio y esperó a que se abriera la
puerta. Cuando la escuchó cerrarse, se tapó la boca con la mano y cerró los
ojos. Inspiró y espiró unos momentos y luego entró en la sala de estar. Sirius
todavía estaba en el sofá. Parecía ansioso, frotándose las manos.
— Remus, yo...
— No. — Remus levantó la mano, sacudiendo la cabeza, — No, necesito un
minuto.
Entró en el dormitorio y cerró la puerta. Se sentó en la cama y lloró y
lloró. Una vez que terminó, se lavó la cara y regresó con Sirius.
Había mucho trabajo por hacer.
***
Lunes, 10 de Julio de 1995
Las cosas se pusieron más difíciles después de que Grant se fuera. Remus
sintió como si hubiera perdido su sostén; la persona que lo había
mantenido a salvo durante trece años. El hombre con el que se quedó
Remus era prácticamente un extraño; un enorme agujero de miseria, miedo
y rabia vengativa. Remus estaba hecho pedazos, y la guerra se extendía por
delante de ellos, ¿siempre sería así?
Se mantuvieron concentrados en la guerra, principalmente porque Remus
se negó a hablar de Grant o de sus sentimientos. Era demasiado para él, en
411
esos primeros días. Pasaron su tiempo trabajando en listas de contactos,
poniéndose en contacto con los viejos aliados, desenterrando información
antigua de la última guerra. Sirius los conectó de nuevo a la red flu, usando
una conexión secreta solo accesible para las personas adecuadas, y una y
otra vez los dos se arrodillaron sobre la alfombra de la chimenea, hablando
a las llamas; Sirius explicando su historia a cada miembro. Les costó mucho
convencerlos a algunos. Pero todos creían que Voldemort había vuelto y
querían hacer algo al respecto.
Cuando no estaban trabajando para Dumbledore, Remus encendía la
televisión y la mayoría de las veces, Sirius se transformaba en Padfoot y se
quedaba dormido. Remus hizo toda la comida - Sirius se ofreció, pero
Remus no lo permitiría. Dijo que quería que Sirius descansara, que se
recuperara, pero en realidad solo quería estar en una habitación diferente,
la mayor parte del tiempo. Sirius todavía dormía en el sofá, porque ninguno
de ellos podía abordar el tema.
— Luna llena el miércoles, — dijo Remus, una tarde. Acababan de firmar
con Kingsley, un Auror que Moody había traído, que parecía bastante
capaz. Remus no estaba seguro de cuánto valía eso; había visto morir a
muchos magos capaces.
— Lo sé. — Sirius respondió con brusquedad.
Se sentaron uno al lado del otro en el sofá, mirando la televisión sin verla
realmente. Eran solo las noticias muggles, pero bien podrían haber sido
estáticas, por lo que les importaba. Solo era una razón para no mirarse.
— Normalmente me voy una hora antes del atardecer, — continuó Remus.
— Me da tiempo para despejar el área, si es necesario.
— Recuerdo cómo funciona. — Dijo Sirius.
— Ok, lo siento. — Remus murmuró, irritado. — Solo pensé que querrías
saber. Pero si tienes otros planes, entonces quédate aquí.
Sirius lo miró. — Oh. ¿Quieres que vaya?
— Solo si quieres, — dijo Remus, apresuradamente, — No me importa de
todos modos...
— Dumbledore dijo que tengo que quedarme aquí en todo momento...
— Bien. Quédate aquí entonces. — Remus cruzó los brazos con fuerza sobre
el pecho, sintiéndose herido.
— No, iré contigo. — Dijo Sirius.
— Estupendo. — Remus arrastró las palabras, sarcásticamente.
412
Así era como parecían ir casi todas sus conversaciones. Uno de ellos
malinterpretaba deliberadamente algo o se ponía irrazonablemente a la
defensiva sobre un asunto insignificante. Luego, el otro se enojaba en
respuesta, y así, hasta que ambos dejaban de hablar y se ignoraban el uno al
otro. Pero si Remus se levantaba o intentaba salir de la habitación, Sirius lo
miraba aterrorizado; "¿¿A dónde vas??" y Remus se volvería a sentar, y toda
la escena volvería a establecerse.
Pensó que traer la luna llena podría animar un poco a Sirius. A Sirius
siempre le habían encantado las lunas llenas, y eso significaba que podía
dejar el piso por una vez. ¡¿No puedes ser normal?! Remus se encontró
pensando, enojado, no quiero vivir con un extraño, quiero a mi mejor
amigo de vuelta. Necesito ayuda.
Luego se sintió culpable. Porque obviamente Sirius no podía evitarlo, y si
realmente lo pensaba, siempre habían sido una pareja rebelde; ambos eran
impetuosos Gryffindors, después de todo.
Aún así. Sirius podía no ser un completo extraño, pero ciertamente
era extraño. ¿Había estado siempre tan atento, se había enojado
rápidamente siempre? ¿O Azkaban le había hecho eso? O, lo peor de todo,
¿Era todo culpa de Remus?
Sin Grant allí, Remus comenzó a preguntarse si él mismo se veía diferente.
Quizás años de vivir como un muggle lo habían hecho menos interesante.
Era más lento de lo que había sido en su adolescencia, más cauteloso. Rara
vez se reía.
Era estúpido, pero Remus estaba aún más preocupado por cómo se veía.
Nunca había sido una persona vanidosa; siempre había tenido un aspecto
muy común, lleno de cicatrices y un poco desgarbado, incluso cuando Sirius
lo conocía. Pero al menos en ese entonces Remus había sido joven. Ahora,
su cabello estaba completamente gris, solo le quedaban unos pocos
mechones del tono original marrón. Tenía más cicatrices que nunca, y a
veces seguía fumando, lo que le hacía toser como un viejo minero del
carbón.
Era mucho menos de lo que había sido antes.
— Esto no va a funcionar, ¿verdad? — Sirius dijo, abruptamente, rompiendo
los pensamientos de Remus.
Sin tacto. Antes había tenido una capacidad tan elocuente que habría
convencido a cualquiera de cualquier cosa; Podría contar chistes sucios
413
como si fueran poesía romántica. Pero ahora todo lo que Sirius decía era
repentino, contundente y lleno de cruda urgencia.
— ¿Qué cosa? — Remus preguntó, conmocionado. Mantuvo los ojos fijos en
la televisión.
— Esto. Tú y yo. En el mismo cuarto. Tratando de actuar como… tratando
de estar bien el uno con el otro. Después de todo lo que ha pasado, y catorce
años... tan solo es demasiado.
Remus finalmente se volvió para mirarlo, listo para enfadarse de nuevo,
pero descubrió que Sirius estaba mirando sus manos, retorciéndolas con
fuerza en su regazo para que la piel tirara y sus nudillos se pusieran
blancos. Él también tenía cicatrices ahora.
Entonces no parecía tan viejo y extraño; solo se parecía a Sirius. Y estaba
asustado.
— Oh, no lo sé, — dijo Remus en voz baja. Se acercó y detuvo las manos de
Sirius con las suyas, entrelazando sus dedos huesudos llenos de cicatrices.
Le llamó la atención y sonrió alentadoramente. — Siempre has sido
demasiado para mí. Nunca me ha importado.
La mirada de alivio que inundó el rostro de Sirius valió cada momento
perdido. Fue toda una vida. Se llevó la mano de Remus a los labios y besó
suavemente el interior de la palma.
Regresaron a la televisión después de eso, pero siguieron tomados de la
mano.
***
Jueves, 14 de Julio
414
Cuando Remus se transformó, al amanecer, Padfoot lamió su rostro con
alegría, acariciando su rostro con la nariz, y Remus se rió, por primera vez
desde que Sirius había regresado a Londres.
Todavía estaban sonriendo cuando regresaron al piso, y se sentía más
grande que antes; menos como una jaula.
— Olvidé lo fuerte que eras, — sonrió Sirius, lleno de energía, — Olvidé que
eras más rápido que yo.
— Por supuesto que lo hiciste, — sonrió Remus, — idiota arrogante. Siempre
podría ganarte.
Cogió el correo que estaba apoyado en la alfombra y lo hojeó, mientras
Sirius se arrojaba sobre el sofá y se desplomaba. Era la primera vez que
Remus lo veía lucir realmente relajado en su apartamento de nuevo, y eso
lo hacía sentir cálido por dentro.
Hojeando las boletas y los folletos de comida para llevar, Remus se detuvo
en seco cuando alcanzó una postal. Tenía la nueva dirección de Grant.
Nada más, solo la dirección, pulcramente impresa. El agudo pinchazo del
arrepentimiento golpeó a Remus, y suspiró profundamente. No había
número de teléfono. O bien Grant no tenía uno todavía (lo cual parecía
muy poco probable, ya que casi normalmente tenía uno y lo necesitaba para
trabajar), o le estaba diciendo a Remus que no se pusiera en contacto.
— ¿Qué pasa? — Sirius dijo, desde el sofá, siempre atento.
— Nada. La nueva dirección de Grant, eso es todo. — Remus lo puso sobre
la repisa de la chimenea. — Realmente necesito acostarme, creo que me iré
a la cama.
Se tomó algunos analgésicos, solo productos de venta libre, nada
emocionante, y se durmió. Afortunadamente, le resultaba bastante fácil
dormirse, después de la luna llena. Cuando se despertó, el dormitorio se
sentía frío y vacío. Era mucho después del mediodía, y podía oler tocino
cocinado, el aroma salado y sabroso flotando en el piso.
Se levantó y siguió el aroma hasta la cocina, donde Sirius estaba encima del
horno, agitando una sartén humeante de tocino y huevos. Se volvió, vio a
Remus y sonrió.
— Pensé que tendrías hambre. Siempre tienes hambre.
— Sí, — asintió Remus, bostezando y rascándose la cabeza. — Gracias.
415
Remus hizo unas tostadas rápidamente, con su varita, estaba volviendo a la
costumbre de usar magia nuevamente ahora que sus últimos lazos con el
mundo muggle habían sido cortados.
Se sentaron a la mesa de la sala de estar, y Sirius incluso hizo un esfuerzo
por usar cuchillo y tenedor. Remus sonrió ante eso, recordando los
impecables modales en la mesa de sangre pura de James y Sirius. Volverá a
mí, se dijo Remus a sí mismo, mientras Sirius untaba con mantequilla su
tostada con delicadeza, poco a poco.
La postal de Grant todavía estaba sobre la repisa de la chimenea. La imagen
del frente era de Brighton Pavillion. — Será mejor que empiece a
empaquetar el resto de sus cosas, — dijo Remus, pensando en voz alta. —
Ver cómo mandarselas.
— Dijo que volvería por ellas, cuando estuviera instalado. —Sirius dijo,
inesperadamente.
— Oh. — Remus parpadeó, — ¿Hablaron, entonces?
— Un poco, — Sirius se encogió de hombros, fingiendo indiferencia, — Solo
para decir adiós. Me dijo que cuidara de ti.
— Oh ya veo. — Remus dijo, en voz baja. — Bueno, lo siento por eso. No
tendría que haberte dicho eso.
Quería mucho mantener separadas estas dos mitades de su vida.
— No, estuvo bien, — dijo Sirius. Se quedaron en silencio un rato,
comiendo. Y luego... — ¿Cuándo sucedió? — Preguntó Sirius, volviendo a su
brusquedad.
— ¿Cuándo sucedió qué?
— Tú y él. ¿Cuánto tiempo después... después de que fui a prisión?
Remus dejó su tenedor. — ¿Por qué me preguntas eso?
— Solo estoy tratando de llenar los vacíos, las cosas que me perdí.
Algo dentro de Remus se volvió caliente y feroz.
— No veo qué tiene que ver Grant con nada de eso. ¿Quieres una lista de
todas las personas con las que me he acostado desde que te fuiste?
Sirius respiró hondo ante eso. — No, claro que no.
— Bien entonces. Déjalo fuera de esto. Se ha ido ahora, eso es todo.
— No debería haber preguntado. Solo pensé...
— Nunca te engañé. — Remus dijo, endureciendo su voz, — Para que puedas
dejar de preguntarte. Yo nunca, nunca te traicioné. Incluso si crees que lo
hice.
416
Sirius frunció el ceño y miró su comida. — Entonces aún estás enojado por
eso.
— No quiero estarlo. — Dijo Remus. — No quiero estarlo, pero lo estoy.
¡Pensaste que era el espía, Sirius! Tú pensaste que iba a tratar de hacerle
daño a Lily y James - pensaste que te iba a hacer daño a tí.
— Estaba confundido, — dijo Sirius con voz pequeña, — Todo era un
desastre, todo era tan difícil, y nadie sabía nada, nadie confiaba en nadie...
— Lo recuerdo. — Remus espetó. — Yo estuve ahí. Aún así confiaba en mis
amigos.
Sirius seguía mirando fijamente su comida, pero Remus no había
terminado, esto tenía que salir a la luz eventualmente, sabía cómo se sentía
dejar las cosas sin decir.
— ¿Sabes lo estúpido que fui? ¿Quieres saber cuán completamente iluso fui
en esos últimos meses? ¡Pensé que querías romper conmigo! Quería volver
de la manada y ver si podíamos solucionar las cosas; nunca se me pasó por
la cabeza que pensabas que yo era el… quiero decir, maldita sea, Sirius. ¡Yo
te amaba!
— Remus...
— Te amaba y me dejaste sin nada , ¿entiendes? Nada, excepto muchas
cicatrices y el hábito de beber. Así que no empieces a interrogarme sobre
las partes de mi vida que he intentado arreglar.
Remus se puso de pie y se paseó, lo último de la luna llena aún ardía en sus
venas. Se paró junto a la ventana. Quería fumar, pero ya había aprendido a
no ceder a ese tipo de impulsos, del tipo que se sentía bien, pero que
probablemente te mataría al final. El tipo de impulsos que sentía cuando
Sirius estaba cerca.
— Lo siento. — La voz de Sirius todavía era muy pequeña. Estaba encorvado
hacia adelante, con el pelo en la cara. Lamentable.
Remus se sintió terrible, aunque sabía que se merecía una disculpa. No
había tenido la intención de ser hiriente. Por el amor de Dios, se regañó
Remus, ¿por qué no podemos hacer las cosas bien?
— No, yo lo siento. — Dijo, estabilizando su voz, recordando ser
comprensivo. — No quise ser tan...
— Entiendo. Lo juro, Moon - Remus, lo siento - Lo juro, pensaba en ti todos
los días. Lo que debías de pensar de mí, las cosas que podrías haber
escuchado… Yo fui el estúpido, no tú. Debería haber confiado en ti, yo
417
debería haberte dicho que Wormtail era el guardián secreto- Quiero decir,
maldición, deberíamos haberte hecho a tí guardián secreto. Merlín, cuando
fui a Godric's Hollow esa noche… simplemente lo perdí.
— Yo hubiera hecho lo mismo. — Remus suspiró, — Habría matado a
Wormtail. Sirius, yo también lo siento. Ojalá no les hubiera creído; desearía
haber intentado investigar, haber hecho algo para ayudarte. Yo... me la pasé
estando deprimido, apenas salía, no estaba sobrio nunca. Todo eso es culpa
mía... Y es por eso que necesitaba a Grant.
Sirius asintió, desamparado, todavía sentado a la mesa. Era demasiado, el
aire era demasiado denso.
— Ya, ¿has terminado? — Remus preguntó, necesitando un cambio de tema,
— Yo lavaré los platos. Gracias por la comida, estaba perfecta.
Recogió los platos y los llevó a la cocina. Colocó el último huevo frito de
Sirius en una tostada y se lo tragó: no queriendo desperdiciarlo. Sirius entró
justo mientras estaba masticando,
— El mismo Remus de siempre, — resopló, — terminando la comida de
todos.
— Lo sé, — se rió Remus, un poco avergonzado, abriendo los grifos. — Grant
solía decir que era como un contenedor humano. Una vez pidió un menú
para cuatro de la comida para llevar de la planta baja, pero se quedó
atascado en una llamada de trabajo y, cuando regresó, ya me había comido
todo.
Sirius tomó esta anécdota bastante bien. Se paró junto a Remus y tomó un
paño de cocina, para poder secarse mientras Remus lavaba. Hicieron esto
en un amigable silencio por un rato, pero Remus sabía que Sirius estaba
preparándose para algo. Su cuerpo estaba emitiendo esa energía agitada que
Remus reconoció desde hace mucho tiempo - ¿iban a tener una pelea de
nuevo? Esperaba que no.
— ¿Cuánto tiempo estuvo aquí? — Sirius dijo, suavemente, — ¿Cuánto
tiempo estuviste...
— Mucho tiempo. — Remus respondió, concentrándose en los platos.
— Es bueno que hayas tenido a alguien. — Dijo Sirius, con notable
humildad. — Me alegro de que no estuvieras solo.
— Él era mucho más de lo que me merecía. — Remus estuvo de acuerdo,
mirando a Sirius para comprobar que estaba bien continuar. — Nunca
418
pensé que… no pensé que podría amar a alguien que no fueras tú. Pero lo
hice. Lo amé.
Sirius abrió la boca, pero pareció pensarlo mejor y volvió a cerrarla. Él
asintió con la cabeza, una sombra de decepción cruzó su rostro. Se estaba
esforzando mucho. Remus dejó el último plato con cuidado y se secó las
manos en los jeans.
Se volvió para mirar a Sirius, que lo observaba como un halcón.
— Lo amaba. — Dijo Remus. — Pero él no eras tú.
Los ojos de Sirius se abrieron, esperanzados. Remus le dio una pequeña y
tímida sonrisa y se encogió de hombros. Sirius se inclinó y, de repente,
estaban a centímetros de distancia, y luego se besaron, abrazándose con
fuerza, como si fuera el primero y el último.
Resultó que nunca perdías la habilidad. Como un hechizo ininterrumpido,
Remus sintió que cada momento volvía a él tan vívidamente como si
hubiesen pasado ayer; no las peleas, ni la guerra, ni el vacío, sino la alegría,
la emoción de la amistad y el amor, tanto, tanto amor; Remus sintió como
si estuviera siendo llenado con eso; se estaba desbordando.
Al igual que había sido la primera vez, el cerebro de Remus parecía estar
gritando ¡Sí, sí, sí ! y se aferró a Sirius con ambas manos, eres mío, eres mío,
eres mío.
Cuando se separaron, ambos estaban sonriendo, presionando sus frentes
juntas, sosteniendo los hombros del otro como si estuvieran peleando o
cayendo.
— Te amo, — susurró Sirius, — te amo tanto. — Cerró los ojos con fuerza, —
No te preocupes, no tienes que responderme.
— Por supuesto que te amo, idiota, — jadeó Remus, sin saber si se estaba
riendo o llorando, — nunca paré de hacerlo.
Sirius se rió también, aunque tenía las mejillas húmedas, y lo besó de nuevo.
Y una y otra y otra vez.
Ya no eran adolescentes. Terminaron de lavar los platos y regresaron al sofá.
Sirius sugirió reproducir un disco, en lugar de la televisión, y Remus
accedió, dispuesto a darle todo lo que quisiera. Primero seleccionó
Diamond Dogs, pero Remus pensó que la letra de 'We are The Dead' podría
ser demasiado difícil de escuchar. Al final eligieron Hunky Dory, que tenía
melodías más felices.
419
Sirius se estiró, su cabeza en el regazo de Remus, y Remus le acarició el
cabello y se inclinó para besarlo cuando quisiera, porque podía, por fin,
podía.
— Te extrañé. — Él susurró.
Sirius apretó su mano y volvió la cabeza, un poco, obviamente no quería
que Remus viera la emoción en su rostro. Se aclaró la garganta, — Te diré
que extraño — dijo, una sonrisa jugando en sus labios - esa sonrisa de Sirius
Black. — Fumar. No tienes un cigarro, ¿no?
— Son malos para tí. — Remus gruñó. — Te matan.
— Todos estamos muriendo, — respondió Sirius.
— Quizás. — Remus estuvo de acuerdo, entrelazando sus dedos, — ¿Pero no
debería durar más la vida, si puede ser así?
***
421
— Tendremos que darle al lugar una limpieza adecuada, — dijo Sirius, con
entusiasmo, — Estará lleno de basura, pero puedo ayudar, si voy a estar allí
todo el tiempo, y nadie es mejor con plagas mágicas que Remus!
— Una excelente idea, caballeros, — los ojos de Dumbledore brillaron a
través de las llamas, — ¡Y justo debajo de la nariz de Voldemort - en la casa
de sus seguidores más leales! ¿Qué tan pronto pueden ambos llegar allí?
— Mañana. — Remus dijo, rápidamente, porque sabía que Sirius había
estado a punto de decir '¡ahora mismo!' — Iremos después del anochecer,
por lo que será menos sospechoso.
— Buen hombre, Lupin, — dijo Dumbledore, — En ese caso esperaré noticias
de ustedes.
Su rostro se desvaneció en una nube de humo.
— ¡Sí, Moony! Lo siento, Remus… — Sirius vitoreó. — ¡Increíble!
¡Empaquemos!
Por supuesto, Sirius apenas tenía nada que empacar, y de todos modos
estaba demasiado emocionado para ser sensato. Eso quedó en manos de
Remus, quien comenzó a hacer una lista de todas las cosas que necesitarían:
libros, por supuesto, todas las notas de la primera guerra. Ropa, comida,
sábanas... Remus no sabía cuánto tiempo había estado vacío Grimmauld
Place, no estaba seguro de si algo de ahí podría salvarse.
— ¡Por fin puedo mostrarte mi habitación! — Sirius trinó, — ¡Ooh, mi yo
adolescente estaría tan celoso, teniendo a Remus Lupin en mi habitación!
— Ja, — resopló Remus, doblando la túnica y metiéndola en su baúl.
— ¡Y espera hasta que llegue Harry! Podemos arreglar una habitación para
él, y cuando termine la guerra, será suya...
Remus sonrió, lo besó y estuvo de acuerdo en que todo sería hermoso, sería
una aventura, porque eso era lo que Sirius necesitaba de él en ese
momento. Y estaba decidido a hacer todo lo que Sirius necesitaba durante
el mayor tiempo posible.
— No puedo esperar a ver a Andrómeda - ¡y a su hija! Debe estar en séptimo
año ahora, ¿no? Oye, imagina si ella y Harry se enamoraran, ¿qué tan loco
sería eso? Entonces él sería... ¿qué, mi primo segundo?
— Algo así, — reconoció Remus, — De qué estás hablando, de todos modos,
se llevan casi diez años. Teníamos trece cuando Andrómeda tuvo a esa niña.
— Y Moody, el viejo idiota, y Arthur, y Gideon y...
— No, Sirius, — dijo Remus, suavemente, — Recuerda, Gid y Fab murieron.
422
— Oh... oh sí... — El rostro de Sirius decayó, y Remus se sintió terrible.
Quizás no podría simplemente estar de acuerdo con todo. Tocó la mano de
Sirius, — Está bien, ya estás recordando las cosas mucho mejor que hace
unas semanas.
— Tal vez. — Dijo Sirius, inseguro. Se frotó el brazo. — Creo que iré a
descansar, ¿si te parece bien?
— Por supuesto.
Remus terminó de empacar, y cuando regresó a la sala de estar, Padfoot
estaba acurrucado en el sofá nuevamente.
Comieron una comida ligera para la cena, y Remus mantuvo la televisión
encendida porque era su última noche con todas sus comodidades muggles.
Aún así, decidieron llevarse todos sus discos antiguos, aunque muchos se
habían deformado con el tiempo y emitían un desagradable silbido sobre la
música. Con todo guardado en baúles y cajas, Remus se sintió como una
despedida. Pero tal vez solo eran nervios.
Trató de mantener la calma, mirando el cielo afuera volverse de un tono
azul más profundo, las farolas pasando de un rosa pálido a un ámbar espeso,
y las estrellas comenzando a verse. La contaminación lumínica en Londres
significaba que las estrellas eran raras: solo se podían distinguir las más
brillantes.
La cabeza de Sirius ya estaba asintiendo contra su hombro, mientras la
televisión anunciaba las noticias de las nueve. Remus bostezó y movió su
varita hacia la pantalla, apagándola por última vez. — Oi, — le susurró a
Sirius, — Ven, vamos a la cama.
— Mmph.
Remus tuvo que sacudirlo un poco, pero finalmente Sirius se levantó
tambaleándose y vagó como un zombi por el pasillo. Remus se cepilló los
dientes y se lavó la cara, luego lo siguió adentro.
Sirius estaba de pie junto a la cama, mordiéndose el labio.
— Vamos, — bostezó Remus, metiéndose bajo las sábanas, — ¿Qué pasa?
— Um. Nada. — Sirius entró, lentamente.
Remus lo atrajo hacia sí, tan feliz de tenerlo cerca de nuevo. Envolvió sus
brazos alrededor del cuerpo de Sirius e inhaló su aroma, y enterró su rostro
en ese hermoso cabello. Se sintió tan bien. Se sintió completo. Besó la
mejilla de Sirius, buscando su boca, — Te amo.
423
— Yo también te amo. — Sirius regresó, aunque estaba muy tenso, y volvió
la cabeza.
— ¿Qué ocurre? — Remus preguntó, alejándose, — ¿Estoy siendo
demasiado...?
— No, yo solo...— Sirius se apartó también. — Lo siento, no creo que pueda...
ya sabes, ahora.
— Oh. — Remus parpadeó, — Oh, Dios, lo siento, no fue mi intención... por
supuesto que no, si no quieres.
— No, quiero, — se retorció Sirius, — no estoy seguro de poder. Desde
Azkaban… um. Realmente no ha estado sucediendo mucho, si sabes a qué
me refiero. Puede que no… er. No quiero que pienses que eres tú.
— ¡Oh! — Remus parpadeó de nuevo. Realmente no sabía qué decir ni qué
hacer. Este no era un problema que hubiera tenido antes. Quería ser
amable. — Me alegro de que estés aquí, — dijo con sinceridad. — No necesito
nada más.
— ¿De verdad?
— De verdad.
Sirius se dio la vuelta, tomó el rostro de Remus en sus manos y lo besó,
larga y profundamente. Eso hubiera sido suficiente; de verdad,
honestamente. Remus habría estado feliz con los labios de Sirius, el sabor y
el aroma de Sirius. Pero después de un rato, Sirius se apartó y sonrió.
— No significa que no quiera que intentes...
Y Remus casi se disolvió.
Tomó mucho tiempo. Muchos más besos, muchas más caricias persuasivas
y suaves y susurros acalorados; tomó horas y horas. Pero, ¿cómo podía
quejarse Remus, cuando finalmente tenía a Sirius suspirando en sus brazos
de nuevo? Fue tan tierno y tan, tan hermoso.
Después yacieron exhaustos, calientes y felices. Remus sintió como si cada
cabello de su cuerpo estuviera cantando; cada terminación nerviosa
tarareando. Sirius se acurrucó en su cuerpo y acarició sus cicatrices, como
solía hacerlo.
— Mmm.
— Mmm.
— ¿Remus?
— ¿Sí?
— ¿Puedo hacerte una pregunta?
424
— Oh, — Remus sonrió, — Si realmente debes hacerlo.
— ¿Qué has estado haciendo todos estos años, Moon... Lo siento.
— No, está bien. Llámame Moony.
— Moony, — suspiró, feliz, — ¿Qué has estado haciendo? Cuando llamamos
a todo el mundo, se sorprendieron tanto de verte a tí como a mí. Todos
dijeron que no te habían visto en mucho tiempo.
— Desde la guerra. — Confirmó Remus. — Desde Lily y James.
— ¿Por qué? — Preguntó Sirius, frunciendo el ceño.
— No podía soportarlo. — Remus dijo, simplemente. — Estar cerca de
cualquiera que supiera lo que había sucedido. He visto a Mary una o dos
veces, pero a nadie más. Quería estar solo.
Sirius negó con la cabeza, luciendo frustrado. — No te entiendo, Moony.
— No, — Remus sonrió suavemente, — No, nunca lo has hecho, no del todo.
— Bastante cierto. — Sirius aceptó.
Se recostó sobre Remus, con todo su peso, aunque eso no era mucho.
Era realmente patético. Dos hombres huesudos y nervudos, abrazados;
ambos viejos antes de su tiempo, y ambos tan perdidos.
Nunca se habían entendido, no en realidad.
— Sin embargo, siempre lo has intentado. — Remus dijo, en el cabello de
Sirius. Lo rodeó con un brazo y le besó la cabeza. — Aún así sabías más que
nadie. Siempre será así.
— Aunque pensé que eras...
— No tenemos que hablar de eso.
Sirius dio medio suspiro, y Remus supo que lo desaprobaba, pero ya habían
hablado bastante, por ahora. Estuvieron en silencio durante mucho tiempo
y Remus cerró los ojos.
Finalmente, Sirius habló.
— Incluso si no hablamos de eso, ¿no crees que deberíamos intentar
perdonarnos el uno al otro?
— Suenas como Dumbledore. — Remus resopló.
— Ja. — Dijo Sirius. — Si, tienes razón. ¿Puedes creer que estamos siguiendo
las órdenes de ese viejo tonto otra vez? Supongo que realmente no sé mucho
sobre el perdón.
— Yo tampoco. — Remus suspiró.
— No sé si vale algo, de verdad, con vidas tan cortas como la nuestra. —
Sirius dijo con tristeza: — Creo que en este punto, solo hay amor y odio.
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— Eso es muy fatalista de tu parte. — Remus comentó: — Pensé que se
suponía que yo era el pesimista.
Sirius se estremeció levemente, lo que Remus tomó por una risa. Lo apretó
con más fuerza y le besó el hombro. — Amor y odio. — Murmuró, pensativo.
— Amor u odio, supongo. — Sirius aclaró. — Tú decides.
— ¿Es así de simple, entonces?
— Sí. Eso creo. — Sirius tomó su mano debajo del edredón. Miró a Remus,
con los ojos ahora grises como el hielo, pero tan penetrantes como siempre.
Estaba haciendo una pregunta.
Remus apretó su mano en respuesta,
— Amor. — Él dijo.
Y luego lo besó.
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Epílogo
VEINTIÚN AÑOS DESPUÉS
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EPÍLOGO: OUT OF THE BLUE
Parte I
— ¡Oh por dios, mi héroe! ¿Tienes idea de lo mucho que te amo? — Marcus
sonrió a Grant como si fuera un oasis en el desierto. Lo que él era, en ese
momento.
— Leche descremada, sin azúcar — sonrió Grant, abriéndose paso entre la
multitud y dejando la taza de café en la encimera. — ¿Cómo está yendo?
— ¡Ocupado! — Marcus asintió con la cabeza, llevándose el café a los labios
y tomando unos sorbos agradecidos — Sé que tengo algo de personal aquí,
en alguna parte, pero solo he visto clientes durante horas
— Jamie debería estar aquí en un rato, se lo hice prometer
— Oh bien, Atif y Jon están en la parte de atrás haciendo inventario, ¿quieres
saludar? ¿cómo estuvo tu mañana?
— Sí, bien. Papeleo. Prefiero estar aquí — Grant miró a su alrededor en la
tienda repleta.
El record store day todavía se sentía bastante nuevo para Grant, pero estaba
totalmente de acuerdo, si eso significaba que la tienda estaría tan ocupada.
Al menos, sus finanzas permanecerían en números negros este mes; Grant
no pensó que viviría para ver el día en que las tiendas de discos dejaran de
ganar dinero, pero esto era el siglo XXI.
Muchas tiendas de música estaban cerrando para siempre, pero ellos no
tenían planes de hacerlo. El lugar era demasiado especial para Marcus: lo
había abierto con su pareja, John, a finales de los ochenta. Después de la
muerte de John, años antes de que Grant apareciera en la escena, Marcus
había jurado que la mantendría abierta como un monumento. Esa era una
de las cosas que a Grant
le encantaba de Marcus. Cumplía sus promesas, incluso si eran demasiado
sentimentales.
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Él y Grant se conocieron en 1999, en una muy vergonzosa cita a ciegas.
Tenían un amigo en común quien, aparentemente, había estado tratando
de juntarlos durante años. Grant había estado preocupado al principio,
para ese momento, él había estado soltero durante años y estaba bien con
eso. Pero asistió y gracias a dios que lo hizo, porque Marcus era, en una
palabra, perfecto. De apariencia italiana (por parte de su madre) y de ojos
azules islandeses. Con manos grandes. Era un poco más joven que Grant,
pero la edad no había sido un problema. En esa cita habían hablado de
música, los ochentas y de perder a alguien a quien tanto amabas. Después
fueron a casa y se tocaron en el sofá como un par de niños. En resúmen,
fue amor a primera vista y Grant no solía creer en ese tipo de tonterías.
Le dio a Marcus un beso en la mejilla y luego asomó la cabeza en el pequeño
almacén - ¿Todo bien, chicos?
Los dos adolescentes se encontraban sentados en el suelo, uno revisando
una pila de recibos, rascándose la cabeza, y el otro estampaba etiquetas de
"Compré uno y llévese otro gratis" en fundas de vinilo.
— ¡Hey, papá! — Atif levantó la vista y le sonrió.
El corazón de Grant se hinchó, lo había cada vez que uno de sus chicos lo
llamaba "papá". Ellos no tenían que hacerlo, nunca se los pidió. Pero él y
Marcus habían acogido a Atif por dos años, desde que él tenía catorce y
habían tenido tantos problemas al principio que Grant sintió que
realmente se había ganado el título. Jon solo había estado con ellos durante
un mes, era un poco más joven que Atif, así que solo miró hacia arriba y
asintió. Grant le sonrió. Jon era tímido y muy dulce, hasta que perdía los
estribos.
— ¿Se están divirtiendo?
— Oh si, es realmente hilarante aquí atrás — Atif dijo, descaradamente.
Grant se rió, por eso amaba a los adolescentes, ellos nunca te engañaban.
— Sigan con el buen trabajo, pueden parar a la una para almorzar. Pasen al
frente, para que les de algo de dinero en efectivo.
Los dejó con su trabajo. A ellos les gustaba eso; que confiará en dejarlos
solos, para que se supervisarán por si mismos. Grant descubrió que, de esa
manera, trabajaban más duro.
Cuando él regreso al piso de la tienda, Jamie había aparecido y se había
hecho cargo de las cajas. Marcus estaba de pie detrás de él, al teléfono, una
mano cubriendo la otra oreja para cubrir el estruendo. Grant le dió a Jamie
429
una palmada en la espalda y le regreso el ceño fruncido. Jamie tenía
diecisiete y estaba cerca de ser demasiado grande para ser acogido. Había
vivido con ellos por unas semanas al año desde que tenía doce y cada vez
parecía tener un nuevo conjunto de problemas. Pero los respetaba, sobre
todo, y en general hacía lo que le decían.
Grant ayudo a Jamie, encargándose de los registros de embolsado a medida
que se cobraban, ofreciendo una sonrisa amistosa mientras entregaba cada
bolsa.
Marcus termino su llamada telefónica y tocó a Grant en el hombro. -Cariño,
era Janine, en la oficina.
—Dios —suspiró Grant —¿Otro caso de emergencia?
— Me temo que.. tiene seis años. Lo encontraron solo en casa, no puede
contactar a sus padres. Podrían ser algunas noches.
— Seis años es un poco jóven —Grant frunció el ceño, todavía
empaquetando los registros —Ellos saben que ya tenemos tres.
—Puede dormir en la cama-z de de tu oficina. O podemos poner a Jamie
con...
— No me voy a cambiar de habitación — Jamie gruño, sin levantar la vista
de la caja. Marcus y Grant compartieron una mirada. Grant se encogió de
hombros.
—La cama-z está bien, entonces. ¿Quieres que vaya?
— Yo iré. Tengo las llaves del auto. ¿Estarás bien sosteniendo el fuerte?
—¿Con Jamie aquí? Absolutamente. — Grant sonrió, palmeando a Jamie en
la espalda, de nuevo. El adolescente se encogió de hombros, pero Grant lo
vio sonreír también.
Se llevaron un momento, la máquina de tarjetas estaba parpadeando. Pero
Jamie fue el único que sabía cómo solucionarlo, de todos modos. (El año
pasado también instaló su Wi-Fi, y Grant todavía no tenía ni idea de dónde
estaba el router) Era una forma muy agradable de pasar el sábado, pensó
feliz. Pasa do tiempo con los chicos, disfrutando de la locura de doscientos
hipsters venidos de Londres llenando la tienda. Era como solía ser la calle
Carnaby, ruidosa, colorida y llena de gente joven. Entonces, de la nada...
— ¡Muy divertido, Lupin! — La voz de una chica se rió tontamente cerca de
la parte trasera de la tienda.
Gran se congelo, cada uno de los vellos de sus brazos se erizaron. Jesus
cristo, era como si alguien hubiera caminado sobre su tumba. Se sacudió,
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no queriendo pensar en tumbas. ¡Pero ese nombre! Apenas era común...
Miro a través de la tienda, pero estaba demasiado llena para distinguir a
alguien. Había dejado sus anteojos en casa. Marcus siempre le decía que se
sometiera a la cirugía de láser, pero, ¿cuando tendía tiempo Grant? Era
horrible envejecer.
—Oi —Jamie lo estaba empujando con el dedo —¡Oye, ¿me estás
escuchando?!
—Lo siento amigo, ¿qué? —Grant negó con la cabeza.
— Dije, ¿Puedes hacerte cargo? Necesito orinar.
— Si, adelante. —Grant asintió, seguía un poco distraído. El adolescente
puso los ojos en blanco y camino pesadamente a la habitación trasera,
murmurando algo sobre Grant volviéndose senil.
Grant aclaro sus pensamientos y sonrió al siguiente cliente —¿Encontró
todo bien?
Estaba demasiado ocupado para que Grant empezará a recordar el pasado,
lo cual era bueno, porque Grant evitaba mirar hacía atrás, si podía. Era
mejor seguir avanzando, les había dicho a sus muchachos.
Atendió a los siguientes cinco o seis clientes con facilidad, prestando
atención a cualquier conmoción en el almacén y revisando una lista para el
nuevo chico en el fondo de su mente. Definitivamente tenían ropa de cama
limpia a la mano, tenían que tenerlo, en hogares de crianza en cualquiera
podía aparecer en cualquier momento. Era sobre la ropa lo que le
preocupaba, dependiendo de qué tan grande fuera el niño, podía ser una
lucha encontrar algunos jeans limpios que le quedarán bien.
Decidió enviar a Atif y Jon al gran Tesco en su descanso para el almuerzo,
para ver si podían comprar un poco allí. Eso sí, de hacerlo, tenía que hacer
una lista muy clara y pedir un recibo. A Grant no le importaba que
escatimaran un poco en cosas como dulces o bocadillos, pero Atif tenía un
poco de historial embolsándose el dinero para cosas un poco menos legales.
Había pasado un tiempo desde la última vez que el chico se enfrentó a la
ley, pero Grant siempre era cauteloso, porque...
—Solo estos, por favor. — La siguiente persona en la fila deslizó tres discos
por el mostrador y el corazón de Grant dió un vuelco. Esos dedos largos,
nudosos en las articulaciones. El cuerpo alto y larguirucho, como si se
hubiera disparado diez pulgadas una noche y no estuviera acostumbrado; la
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nuez de adán, los ojos verde grisáceos. Grant sabía que estaba
completamente loco, pero no pudo evitarlo.
— ¡Remus!
Pero no era Remus, ¿cómo podría serlo? Por un lado, Remus Lupin llevaba
muerto por al menos dos décadas. Por otro lado, este hombre era
demasiado joven, apenas un adulto. Y tenía el cabello azul brillante, y
Remus Lupin, nunca se teñiría el cabello, ni en un millón de años, llamaría
demasiado la atención sobre él.
—¿Cómo me llamaste? — El joven le dirigió una mirada extraña. La boca de
Grant se abrió y cerro un par de veces, antes de que recobrará el sentido.
—Lo siento —dijo— Pensé que eras alguien más, ¡Ha sido un día largo!
Vamos a empacar esto, ¿de acuerdo? — recogió los discos, sintiendo calor y
frío por todas partes.
Afortunadamente, el niño peliazul no pregunto de nuevo, su bonita novia
rubia le tiraba del brazo, así que se fueron bastante rápido. Grant no se
atrevió a volver a mirar de cerca al chico; era demasiado inquietante.
Jamie reapareció a su lado, acompañado de los otros dos.
— ¿Podemos ir ahora a almorzar? —Atif preguntó.
Grant sólo lo escuchó a medias, era como si todo en su cerebro se hubiera
ralentizado de repente, y todo lo que pudo oír fue "¿Cómo me llamaste?" Y
todo lo que podía ver era esa cara escéptica y de desilusión, aquella que
Grant conocía tan bien que casi le dolía.
—¿Papá? ¡Oye! ¿Papá? —Atif sacudió una mano frente al rostro de Grant.
— ¿Qué? Déjalo, pequeño toerag — Se rió cariñosamente.
—¿Estás bien? —Los tres chicos le dirigieron una mirada extraña —Te volviste
pálido y distraído.
— ¿Lo he hecho? — Grant levantó una mano para pasársela por el pelo, sólo
que ahora estaba casi calvo y lo único que sentía era su propia piel húmeda.
— Probablemente el calor— dijo Atif, —¿quieres un poco de agua?
—¡Salud!— asintió Grant, agradecido.
—Yo me encargó de la caja— dijo Jamie, de repente, apartándolo del camino
— Ve y siéntate, G-man.
***
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— ¿Estás bien? —preguntó Marcus, bostezando, cuando se metieron en la
cama esa noche.
Eran cerca de las once, Marcus se había quedado atrapado en la comisaría
de policía durante mucho tiempo, mientras se ocupaban del nuevo chico,
Kieron. Los dos se habían perdido la cena, lo que perturbó a toda la familia,
y cuando volvieron, Grant estaba en medio de la tercera guerra mundial:
Atif y Jamie no paraban de discutir sobre de quién era el turno de la
playstation.
— Hecho polvo, pero qué más da— contestó Grant. Estaba sentado con las
gafas puestas, revisando las notas de Kieron. —No han puesto su maldita
escuela aquí, ¡¿cómo se supone que vamos a llevarlo el lunes?!
— Llamaré a Janine por la mañana— Marcus volvió a bostezar. Se acostó y
cerró los ojos.
— ¿Bajó bien?
— Sí, pero le da miedo la oscuridad, supongo— Marcus comentó: —Dejé la
lámpara encendida y dije que era por si quería leer. De todos modos, ¿estás
bien?
— Sí, he dicho que sí— murmuró Grant, que seguía hojeando los trozos de
papel que componían el expediente de Kieron. Siempre los revisaba de cabo
a rabo, y la mayoría de las veces estaban así; grapados y con clips, con letra
garabateada, sin firmas. Eso volvía loco a Grant, no era de extrañar que
tantos niños cayeran en las brechas.
— Atif dijo que tuviste un giro divertido, en la tienda.
— ¿Qué? No, sólo estaba... ah, no es nada
— ¿Necesitas un descanso? — Marcus se puso de lado, apoyado en su codo.
— No, me encanta la vida.
— Cariño, tomas muchas cosas, ya sabes... sé que te hace feliz, pero a tu...
— Di "a tu edad" y te apuñalare con este bolígrafo — Grant amenazó, se quitó
los lentes y coloco los papeles en la mesita de noche — Me siento tan en
forma como a los veinte. Más en forma, en realidad, era un alcohólico a los
veinte.
—Mmmm, y ahora eres solo un trabajolico. —Marcus dijo. Grant lo miró, y
Marcus levantó las manos: — Lo sé, lo sé, los chicos no cuentan como
trabajo. Pero aun así, si vienes todo desmayado a mitad del día...
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— ¿Es eso lo que ha dicho? — Grant se rió, —¡La pequeña reina del drama!
Dios, me pareció ver a alguien, eso es todo, me dio una sorpresa. De todos
modos no eran ellos, no tenía las gafas puestas.
—¿Quién?
—¿Hm?
—Grant. ¿A quién creíste ver?
Grant suspiró. Se deslizó en la cama y se frotó los ojos cansados. —Remus.
Marcus no dijo nada. Grant abrió los ojos y volteo a verlo. Tenía una cara
de... como si estuviera tratando de idear la cosa más comprensiva y
responsable para decir.
—Ves, te dije que no era nada. Sólo un estúpido error. ¿Recuerdas aquella
vez que me dijiste que habías visto a Stephen Fry en Asda, y resultó que sólo
era una lesbiana muy alta?
Marcus resopló. —Vale, es justo. Aun así, debió ser un poco raro.
— Sí, lo fue. Pero fue sólo un error.
— ¿Qué fue de ellos? La persona que confundiste con él, quiero decir.
Marcus no sabía cómo era Remus. No era culpa de Grant; no tenía fotos de
su tiempo juntos, todavía estaban en el piso, por lo que él sabía. Y nada
convencería a Grant de volver allí. Además, Grant era terrible para describir
a la gente, así que todo lo que Marcus sabía era "no sé, más alto que yo, pelo
rizado"
— Oh, sólo algo sobre él. — Dijo Grant, sin ayuda.
— ¿Y realmente te impactó tanto?
— Supongo que sí.
Se oyó un fuerte golpe contra la pared de enfrente. Marcus suspiró: — Jon y
Atif se están peleando otra vez.
— Sólo juegan a luchar.
— Sí, pero ya no son niños pequeños, un día de estos atravesarán el techo.
— Iré y les diré algo, necesito un vaso de agua de todas formas — Grant dijo,
saliendo de la cama. Se puso las zapatillas y una de sus batas.
— ¿Regresaras a la cama antes de la media noche? —preguntó Marcus.
—Lo intentaré.
Abandonó la habitación cerrando despacio la puerta detrás de él. La luz del
pasillo seguía encendida, y la del baño también, con la puerta abierta de par
en par. Suspiró y apagó ambas, antes de mirar hacia el segundo dormitorio.
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Atif y Jon estaban tumbados de lado en sus camas, completamente vestidos
todavía, dándose patadas en el hueco.
—¡Oye! — siseó Grant, — ¡Cálmense, los dos! Van a tirar la casa abajo.
—Lo siento — le dijo Atif con una sonrisa ganadora — Sólo nos cansamos.
— Si tienes tanta energía, tengo cinco cargas de ropa que puedes hacer por
la mañana — Grant respondió. —¡Ahora ponte el pijama y vete a dormir!
— Buenas noches, papá. — Dijo Atif, quitándose las zapatillas.
— Buenas noches, señor Chapman — sonrió Jon tímidamente, siguiendo su
ejemplo.
— Buenas noches chicos, los amo a ambos.
Cerró la puerta y después bajó a la cocina. Abrió el grifo y esperó a que se
enfriará, luego llenó un vaso. No volvió a subir directamente, aún no estaba
lo suficientemente cansado, estaba inquieto. Necesitaba pensar bien en el
chico de la tienda de antes, pero también quería fingir que nunca había
ocurrido. Lo cual era un movimiento característico de Remus Lupin.
Grant se apoyó en la encimera de la cocina y se dio cuenta de que hacía
mucho tiempo que no pensaba en Remus. Quizá incluso un mes entero.
Podía ver la luna a través de la ventana de la cocina, más allá del manzano
del jardín trasero. Una brillante media luna plateada... eso no habría sido
ninguna molestia para Remus.
Grant no estaba seguro de si era creciente o decreciente, había dejado de
seguirla hace años. Sin embargo, todavía tenía algunos recuerdos bastante
buenos. No mucha gente había tenido la suerte de acostarse con un hombre
lobo la noche anterior a la luna llena; todavía pensaba en esas noches
cuando lo llevaban a la residencia de ancianos.
La gata se acercó y se frotó contra sus piernas. Se agachó para rascarle detrás
de la oreja, y ella ronroneó agradecida.
Ordenó un poco la cocina. Se suponía que ese era el trabajo de Jamie, pero
estaba claro que no iba a hacerlo. De todos modos, sólo estaría con ellos
una semana más, y esto sucedía siempre. El comportamiento de Jamie
siempre decaía cuanto más cerca estaba de volver a casa. Grant había
intentado hablar con él, averiguar qué le preocupaba, pero se callaba.
Así que Grant se encargó de la limpieza, sólo para mantenerse ocupado.
Amontonó los platos de la cena y los apiló en el fregadero, ató la bolsa de
basura demasiado llena y la volvió a colocar en su sitio, y guardó las tazas
en el escurridor.
435
Kieron podría quedarse con la habitación de Jamie cuando se fuera, pensó
Grant, dependiendo del tiempo que Kieron estuviera con ellos. No solían
tener chicos jóvenes, sobre todo adolescentes problemáticos. Marcus dijo
que cuando
la policía lo había traído no tenía zapatos, y que habían tenido que incinerar
el resto de su ropa. Abandono. Si había algo que realmente ponía furioso a
Grant...
Pero tuvo que dejar de lado esos sentimientos, y centrarse en el niño.
Porque el niño no lo ve así; los niños aceptan cualquier cosa, si están
acostumbrados. El truco era reinventar su idea de la normalidad. Si Grant
y Marcus podían darle a Kieron un dormitorio, por lo menos, sería un
comienzo.
Al cerrar el refrigerador, se le cayó una postal que había pegado con un
imán y tuvo que agacharse y meter la mano por debajo del aparato para
sacarla. Era de Nick, uno de sus hijos de antaño, ya crecido y viajando por
Australia. Había otras postales, cartas y fotos pegadas en su nevera: niños
que los recordaban con cariño, que querían seguir en contacto. Marcus se
las leía a Grant cuando se sentía mal. "¡Mira todo el bien que haces!" le
decía.
Funcionaba, la mayor parte del tiempo, pero a veces seguía sintiéndose
inútil. Eso había sido lo normal, una vez, y sacudirse eso tenía que ser un
esfuerzo constante.
Las cartas de Remus no estaban en la nevera, por supuesto. Eran demasiado
valiosas.
Grant se frotó los ojos y suspiró, exasperado. No estaba llegando a ninguna
parte; sólo daba vueltas en círculos. Era hora de ir a la cama, entonces. Se
llenó de agua, apagó la luz y empezó a subir las escaleras.
Observó con satisfacción que no había luz -ni ruido- procedente de la puerta
de la habitación de Jon y Atif. Eran buenos chicos, la verdad. Sin embargo,
al pasar por el estudio, escuchó algo. Un sollozo, un jadeo húmedo. Empujó
la puerta entreabierta para mirar dentro.
Kieron estaba sentado en la cama, con los brazos alrededor de las rodillas y
los ojos muy abiertos. La pequeña lámpara de lectura estaba encendida,
iluminando el escritorio de Grant, el antiguo ordenador de sobremesa, las
pilas de papeles y el archivador cerrado. No era una habitación muy bonita
para un niño pequeño, pero sólo sería temporal.
436
— ¿Todo bien ahí, amigo? — dijo Grant, en voz baja.
Kieron lo miró fijamente, con las mejillas húmedas. Parecía tener menos de
seis años, Grant quería tomarlo en brazos y mecerlo como si fuera un bebé,
pero era mejor abstenerse de dar afecto físico, al menos hasta que se
midieran el uno al otro.
Grant entró, dejando la puerta un poco abierta, asegurándose de que
Kieron pudiera ver la salida, si quería salir. — Da miedo aquí, ¿no? Siento
que te haya tocado la habitación pequeña.
Kieron no dijo nada, sólo lo observó. Grant levantó el vaso de agua
— ¿Quieres que te traiga un poco?
Kieron negó con la cabeza, aferrando el edredón con fuerza contra su
cuerpo. Llevaba una vieja camiseta de Marcus, que le quedaba enorme, pero
que estaba bien para dormir. Si Janine les decía que podían conseguir ropa
adecuada por la mañana.
— ¿Suficientemente abrigado?
Kieron asintió.
— ¿No puedes dormir, entonces?
Otro asentimiento.
— Yo tampoco —Grant dijo, conspirativamente. — Te diré algo, ¿me dejarás
sentarme aquí un rato? A Marcus le gusta la luz apagada cuando duerme,
pero yo odio la oscuridad.
— De acuerdo — Kieron consintió, soltándose un poco. Se había cortado el
pelo muy corto, el pobre amor. Ya no lo hacían, a menos que fuera
realmente necesario.
Grant se sentó en el sillón. Había pertenecido a John, el compañero de
Marcus. Había sido mayor que Marcus por bastantes años, según las fotos
que Grant había visto. Era uno de esos viejos intelectuales a los que les
gustaban los grandes libros encuadernados en cuero y llevaban pañuelos de
seda y un poco de colorete para no parecer demasiado viejos.
— ¿Tengo que vivir aquí para siempre? — preguntó Kieron, con una voz muy
pequeña y aguda.
— Todavía no lo sabemos. Puede ser sólo por un tiempo. — Grant odiaba
no poder dar a los niños las respuestas que se merecían. Intentaba ser
siempre muy sincero.
— ¿Me enviarán a la cárcel?
— No, amigo, no tienes ningún problema.
437
— ¿Quiénes son los chicos grandes? ¿Eres su padre?
— No, Marcus y yo sólo los cuidamos, porque sus mamás y papás no pueden.
Como a ti. — Sonrió.
— ¿Por qué lo hacen?
— Porque cuando yo era muy pequeño, mi mami no cuido bien de mi,
nunca. Y yo me metí en montones de problemas, todo el tiempo, y eso no
fue muy bueno. Así que, ahora espero poder ayudar a otros chicos.
— No me gusta estar aquí.
— Lo sé, amigo, no es casa. Es como dije, podrías no estar mucho tiempo
aquí.
— No, me gusta esta casa —dijo Kieron — Pero no me gusta esté cuarto.
— ¡Oh, ya veo! —Grant se rió. — ¿Por qué?
— Ahí dentro. — Kieron señaló debajo del escritorio. Allí no había nada más
que oscuridad y sombras. — Podría haber un perro y podría morderme.
— Oh, por supuesto. — asintió Grant, como si se tratara de una suposición
muy razonable (que lo era, para un niño de seis años). — Veamos... — se
levantó y se dirigió a la pila de cajones de la esquina. Tenían ruedas, y se
desplazaron fácilmente para encajar perfectamente debajo del escritorio,
llenando el espacio vacío. —¿Así está mejor?
Kieron asintió. Se acostó, con cautela. Grant volvió a sentarse en el sillón,
bostezando.
— Solían darme miedo los perros también.
— ¿Te siguen asustando?
— Nah. Viví con un hombre lobo, y el me curó.
— ¡¿Enserio?! — Los ojos de Kieron volvieron a ser grandes, ya sin miedo.
Grant sintió una ráfaga de afecto por su dulce carita. Le encantaban los
niños.
— Enserio — confirmó — Y déjame decirte, era una de más personas más
amables que podrías haber conocido y no asustaba del todo. Le gustaba el
chocolate, los huevos para desayunar, leer libros, ver la tele y nunca jamás
mordió a nadie.
— Wow
— ¿Crees que puedas dormir ahora?
— Lo intentaré — Kieron dijo, resueltamente.
— Buen chico.
— ¿Estoy en problemas?
438
— Por supuesto que no
— A veces soy muy travieso... — Kieron se estiró y bostezó, cerrando los ojos.
— No creo que seas travieso. Creo que eres un chico muy bueno que lo ha
pasado muy mal. — dijo Grant, con el corazón dolorido. Kieron pareció
sonreír un poco.
Poco después, el niño se quedó dormido. Grant se quedó un rato, por si
volvía a despertarse. Mañana lo trasladarían a una habitación adecuada,
decidió; Jamie tendría que soportarlo.
Remus había subido de nuevo. Por centésima vez ese día, al parecer. Maldita
sea, pensó Grant, estamos de humor nostálgico, ¿no? Como no estaba
durmiendo, pensó que podía ceder a ello. Se inclinó hacia el fondo de la
librería, muy lentamente, para no molestar a Kieron, y sacó una caja de
zapatos del estante más bajo. Al abrirla en su regazo, se mordió el labio.
Todas sus cosas de Remus.
No mucho; en realidad sólo unas cuantas cartas, y algunas direcciones y
números de teléfono garabateados; el menú de comida para llevar de su
restaurante chino favorito, y una caja de cerillos del primer bar gay de
Remus.
Sacó la primera carta del sobre. La enjuta caligrafía le resultaba tan familiar
y, a la vez, tan extraña. Ésta era de poco tiempo después de que se separaran.
Grant
Espero que estés bien. Parece una tontería escribir esto, pero es verdad.
Realmente, realmente espero que estés bien. Mejor que bien.
Las cosas están ocupadas por aquí. No puedo decir mucho, como sabes,
pero estoy bien y Sirius también. Nosostros hemos pasado mucho tiempo
con Harry, lo cual ha sido bueno. Nos mudamos, temporalmente, entonces
si quieres visitar el piso, siéntete libre, se que tienes la llave. Solo para que
sepas, puse tu nombre en la escritura. Llámalo un seguro, o un regalo, si
quieres.
¿Tienes un buen piso? ¿Cómo va el trabajo? Extraño hablar contigo.
Con amor,
Remus.
Si, Grant lo recordaba ahora. Siempre era amor, en esas cartas. Durante los
dos últimos años, Remus le escribía todos los meses con amor. A principios
de 1998 las cartas pararon, y Grant lo supo. A veces creía haberlo sentido,
en lo más profundo, como un hilo que cortaba. Remus había muerto.
439
Sirius ya había muerto, para entonces. Se lo dijo Remus. Después de tanta
espera, al final no habían tenido mucho tiempo. Ni siquiera pudo escribir
las palabras. Estaba metido al final de la página, como una posdata: Sirius
ya no está con nosotros. Se ha ido.
Las cartas de Remus se volvieron esporádicas después de eso, pero seguía
enviando notas breves, hasta que se cortó el hilo.
En ese momento, Grant se afligió con un libro de texto. Reconocía sus
emociones, se hacía cargo de su pena. Cuando quería beber, acudía a las
reuniones de alcohólicos anónimos, y cuando necesitaba hablar,
programaba un asesoramiento. Se tomó tiempo para sí mismo, pero tuvo
cuidado de no aislarse.
Pero le dolió, le dolió durante mucho tiempo. Se dedicó a trabajar, y eso
fue suficiente durante un buen tiempo. Y entonces conoció a Marcus y el
sol salió por fin.
El hecho de que Marcus también hubiera perdido a alguien ayudó mucho.
Significaba que los largos silencios no eran vacíos, y que las cosas más
difíciles no necesitaban explicación. Cuando Grant le contó a Marcus su
deseo de empezar a acoger a chicos adolescentes con vidas familiares
difíciles, Marcus se mostró totalmente a favor, y así fue como Grant supo
que era el indicado.
Ya tenían la casa grande que les había dejado John, con un jardín ideal para
jugar al fútbol y cerca de la playa. Para entonces, Grant podía hacer la mayor
parte de su trabajo desde casa (por ordenador, como un maldito científico)
y, a principios de los años noventa, nadie se inmutaba ante la idea de que
dos hombres homosexuales se ocuparan de los niños.
Bueno, casi nadie. La gente seguía siendo hija de puta la mayor parte del
tiempo, y a veces había comentarios. Grant tenía ganas de decirles: "He
sobrevivido a los años setenta, no hay nada que puedas hacer que supere lo
que yo he soportado".
Nada era perfecto, nada valía la pena. Y su vida lo era, se decía Grant cada
día, su vida lo valía todo, y se la había ganado a pulso. Rara vez pensaba en
otro tipo de vida, una con magia, una con...
Cerró la caja de zapatos. Le dolía estar sentado, y Kieron estaba
profundamente dormido. Grant se levantó para irse, y se llevó la caja
consigo. Deseó tener una foto. Así sabría si ese niño de la tienda se parecía
realmente a Remus, o si simplemente se estaba haciendo viejo y tonto.
440
Marcus roncaba. Grant dejó la caja de zapatos sobre su mesita de noche y
se subió, dando un empujón juguetón a su otra mitad. — Oi — susurró —
Date la vuelta, suenas como un maldito oso.
— Grrr. — Marcus sonrió, somnoliento, rodando para envolver a Grant en
sus brazos, enterrando su cara en el cuello de Grant. Grant suspiró,
relajándose. — ¿Todo bien, amor? — murmuró Marcus.
— Oh, sí — Grant lo apretó — perfecto.
441
EPÍLOGO: OUT OF THE BLUE
Parte II
442
pasado! ¿Cuándo iban a dejar de fingir que los niños pequeños no tenían
sentimientos?
— Solo dale un grito a Marcus, si necesitas algo, amor —le dijo a Mimi —
Muchas gracias, sé que no es tu trabajo hacer de niñera.
— Es mucho menos trabajo que los clientes. —Mimi sonrió— Y más bonito.
¿Ya has oído algo del abogado?
— No, aún es pronto —Grant negó con la cabeza.
La madre de Kieron había sido encontrada dos días después de que lo
colocaran en una casa de acogida. Apenas era adulta y, por lo que parecía,
no estaba en condiciones de cuidar de él. La habían llevado a urgencias
después de una sobredosis y, aunque se estaba recuperando, al parecer había
mencionado que quería abandonarlo.
Fue Marcus quien sugirió seguir con una orden de adopción. Habían
pensado en ello más de una vez, a lo largo de los años, pero era un proceso
difícil y prolongado, así que a Grant no le gustaba hacerse ilusiones. Aun
así, estaban
dando pasos, y si la madre lo decía en serio, su asistente social lo
consideraba bastante positivo.
Dejó a Kieron durmiendo y volvió a salir al frente. — Me voy, entonces —le
dijo a Marcus, en su camino,
— Oh sí, antes de que te vayas, tengo un asunto pendiente contigo —dijo
Marcus, sonriendo— ¿Tienes un toy boy o algo así?
— ¿Eh? —Grant entornó los ojos, confundido.
Marcus se rió: —Un chico vino a buscarte. No sabía tu nombre, pero sí sabía
cómo eras. Era alto, de pelo azul.
A Grant se le retorcieron las entrañas. — No, no me suena. ¿Uno de los
compañeros de Atif?
— Solo Dios sabe —se encogió Marcus— ¿Nos vemos en casa, entonces?
— Sí, no tardaré mucho.
Salió de la tienda y empezó a caminar en dirección al Tesco más cercano.
No sé sentía bien, estaba al límite. ¿Por qué el chico peliazul lo estaba
buscando? No es que no hubieran muchos chicos con el cabello azul en
Brighton, bien podría ser solo una coincidencia.
Agachó la cabeza y avanzó. Acababa de tomar la decisión de ir a la tienda
de comestibles en lugar de a Tesco, cuando se dio cuenta de que alguien
gritaba desde el otro lado de la calle.
443
— ¿Disculpe? ¡¿Señor?!
Se detuvo y se giró.
— ¿Disculpe? ¿Disculpe? —El joven estaba trotando para alcanzarlo. Era él.
Grant se detuvo y se enderezó al acercarse. Era asombroso; incluso tenía el
mismo andar espigado que tenía Remus, y cuando estaban frente a frente,
tenía la misma sonrisa tímida — Lo siento, no quería perseguirte —dijo el
pelizul— Sólo que he estado sentado en esa cafetería durante cinco horas
esperando que volvieras.
Era diez veces mejor hablado que el Remus con el que Grant había crecido,
que era puro Essex incluso después de años de escuela privada.
— ¿Puedo ayudarle? —Preguntó Grant, con recelo.
— Er... me llamaste algo, la semana pasada, en la tienda.
Grant no sabía que decir.
— Me llamaste Remus, ¿cierto? —El chico presionó.
— Lo siento —Grant dijo, queriendo retroceder— No sabía en qué estaba
pensado.
— Era mi padre.
Cristo en bicicleta. Lo había sabido, más o menos, pero no lo había creído.
No sabía qué decir.
El chico se rascó la cabeza (oh, Remus) y pareció tímido: — Lo conocías,
¿verdad? Seguro que sí, es decir, ¿cuántos Remus hay? Y... me han dicho que
me parezco un poco a él.
— Sí te pareces —dijo Grant, con la boca seca— Eres la viva imagen.
La cara del chico se iluminó. Grant se dio cuenta de que su nariz no era del
todo correcta; era un poco más corta, más respingona. Eso hizo que fuera
más fácil mirarlo.
— ¿También conociste a mi madre?
Eso picó como un dardo, no se lo había esperado. Obviamente, el chico
había venido de alguna parte, pero aún así.
— No —Grant negó con la cabeza. Trató de sonreír— Ella debe haber sido
después de mi tiempo.
— Mira, ¿podríamos tomar un café o algo? —El chico preguntó, seriamente,
con las manos en los bolsillos, balanceándose hacia delante sobre las puntas
de los pies— Sé que esto es raro, pero si puedes contarme algunas cosas sobre
mi padre...
— No lo sé —dijo Grant— Fue hace mucho tiempo.
444
— Eso es aún mejor —dijo el chico— La mayoría de la gente sólo lo conoció
durante un tiempo. Er... no sé si lo sabías, pero muchos de sus amigos del
colegio murieron...
— Lo sabía —Dijo Grant, con mala cara— Y él... ¿Cuándo fue?
— Oh. Um, 1998. El dos de mayo.
Grant asintió. Eso sonaba bien. Era más o menos cuando había empezado
a doler. Sus ojos se humedecieron, inesperadamente después de todos estos
años. El chico parecía preocupado.
— ¡Lo siento! Lo siento, no me había dado cuenta de que no sabías...
— Lo sabía —dijo Grant limpiándose los ojos rápidamente— sí lo sabía, sólo
que... no nos habíamos visto en un tiempo.
— ¿Podemos ir a algún lugar y hablar? ¿Por favor?
¿Cómo podría Grant decir que no? Al final, eligieron la playa. Era lo
suficientemente anónima, y en un día frío nadie espiaría. Compraron té
gris de plato en vasos desechables, de una furgoneta en el paseo marítimo y
se sentaron sobre un gran banco victoriano de hierro forjado mirando al
mar. Grant hizo una rápida llamada a Marcus con su móvil.
— Hola, cariño, me han llamado del trabajo... No llegaré muy tarde, ¿estás
bien con los chicos? Bien. No. Sí. Muy bien, nos vemos luego, yo también
te quiero.
El chico esperó pacientemente. Grant guardó su teléfono, sintiéndose mal
por haberle mentido a Marcus: — Lo siento, sólo quería saber cómo estaba.
— ¿Cuántos hijos tienes?
— Tres, por el momento. Acogemos a los niños.
— Eso es genial.
— Lo siento, ni siquiera pregunté... ¿Cómo te llamas?
— Teddy; Edward, pero todos me llaman Teddy.
— Grant —se dieron la mano.
Llevaba unos vaqueros negros ajustados, rotos en las rodillas, con las
piernas imposiblemente largas. Su pelo azul brillante se amontonaba en
rizos sueltos en la parte superior de la cabeza, con los lados cortados, y
llevaba una camisa de cuadros rojos, abotonada cuidadosamente. Estaba
mucho más a la moda que Remus, quien se había dedicado a la pana desde
muy joven.
— ¿Cuántos años tienes? Quiero decir, ¿cuándo naciste?
— En 1998. Era solo un bebé cuando mamá y papá...
445
— Dios, ¿tu madre también? Lo siento
— Estoy orgulloso de ellos. —Dijo Teddy, levantando la barbilla,
ligeramente.
— No sabía que Remus se había casado...
— Fue una boda pequeña, sólo había una foto. —Teddy metió la mano en el
bolsillo y sacó una cartera. La abrió y se la ofreció a Grant.
Grant sabía que le dolería, pero se obligó a mirar. Una de esas fotos mágicas,
se movía. Allí estaba Remus, casi como Grant lo recordaba, sólo que más
cansado, y más flaco. Sin embargo, la sonrisa era genuina. Estaba radiante
en la fotografía, con los ojos arrugados como lo hacían cuando estaba feliz.
La joven -muy joven, en realidad- tenía una cara bonita y pícara, y la misma
nariz corta y respingona de Teddy. ¿Cómo ha sucedido eso, querido? pensó
Grant para sí mismo. Debe haber sido algo más.
Entonces vio la fecha, en el reverso. 1997.
— Se casaron después de la muerte de Sirius —Grant dijo, medio para sí
mismo. Tenía un poco más de sentido.
— ¿Sirius Black? —Teddy sonó sorprendido— Sí, supongo que debieron
hacerlo, creo que lo mataron en 1996... ¿Tú también lo conociste?
— Solo un poco.
— En realidad estoy un poco emparentado con él, a través de mamá.
Grant asintió, como si eso le pareciera interesante, pero no sabía qué decir.
— Entonces —dijo, un poco tembloroso— ¿Qué quieres saber?
— ¡Oh, cualquier cosa! —Dijo Teddy, con los ojos brillantes y agudos. La
semana pasada parecían marrones verdosos, pero Grant se sorprendió al ver
que hoy parecían mucho más azules, casi tan brillantes como su pelo. Un
truco de la luz, tal vez. — Apenas sé nada de papá, sólo quiero saber cómo
era. La gente dice que era tranquilo.
— Podía serlo. —Grant sonrió, con cariño —Pero a veces era muy ruidoso.
Incluso cuando no hablaba. Y le gustaba hablar, era divertido... Dios mío,
era tan divertido. Y muy inteligente. Un poco listillo, en realidad.
— ¿En serio?
— Sí, un arrogante. Siempre tenía razón, también, me volvía loco.
Su teléfono volvió a sonar y lo revisó rápidamente. No era nada demasiado
importante, un mensaje de Marcus diciendo que estaba en casa.
— Lo siento —dijo Teddy— ¿Tu esposa te quiere en casa?
446
— Esposo. —Dijo Grant, sin pensarlo, mientras volvía a meter el teléfono en
el bolsillo.
— Oh, mierda, lo siento —Teddy parpadeó— No debería haber asumido.
— Está bien —Grant se encogió de hombros, se pasó media vida haciendo
esa corrección— Y él no me necesita en casa todavía, está bien.
— Entonces... ¿dónde conociste a mi padre? ¿En la escuela muggle?
Caray, hacía tiempo que no oía la palabra con "m"— St Edmund's —dijó—
Ahí es donde tu padre creció, antes de ir a esa escuela. Era un lugar para
chicos que tenían problemas. Cosas de comportamiento ¿sabías de eso?
— No —dijo Teddy, con cara de preocupación— ¿Tampoco tenía padres?
Grant se sintió fatal: ¿por qué le había tocado a él? ¿Por qué tenía que ser él
quien explicara esa parte de Remus? Era lo típico, siempre tenía que limpiar
el desastre.
— Su padre murió... se suicidó, cuando Remus era pequeño. Su madre no
pudo soportarlo, así que lo enviaron a... no había nada malo en él,
entiéndelo -explicó Grant, rápidamente-. Creo que sólo estaba allí por...
¿sabes qué más era?
— Era un hombre lobo, lo sabía —Teddy asintió, con seriedad.
— Bien —asintió Grant, aliviado —Bien, por supuesto que necesitaba estar
en un lugar seguro. De todos modos, allí es donde nos conocimos. Estuve
allí durante un verano mientras él volvía de la escuela. Er... quiero decir
que fue en el setenta y cinco.
— Vale, así que no le conociste mucho tiempo, entonces...
— También vivíamos juntos. —Dijo Grant, rápidamente— Compartimos un
piso, en Londres. En los años ochenta.
Ya está dicho, y el chico podía sacar lo que quisiera de ello.
Teddy lo miró durante un rato. — No sabía que vivía en Londres. Antes de
conocer a mamá, quiero decir.
— Sí. Doce años.
— Oh... —Teddy miró hacia el mar gris concreto— Lo siento, es raro, me
olvido... verás, papá era mayor que mamá, por bastante tiempo. Se me
olvida que tuvo todo ese tiempo antes de conocerla.
— Por supuesto —Dijo Grant. Lo entendía. Para un niño de la edad de
Teddy, el mundo sólo empezaba cuando nacías; los padres no tenían vida
privada.
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Teddy se quedó callado un rato, pensando mucho. Parecía más joven que
Remus a su edad, pero había muchas razones para ello. Remus había
empezado a encanecer a los quince años e incluso sin que la bestia mensual
asomara la cabeza, había tenido una vida difícil. El rostro liso y ligeramente
pecoso de Teddy no tenía ninguna línea de preocupación. Grant se sintió
reconfortado por eso, esperando que significara que había tenido una
infancia sin preocupaciones. El tipo de infancia que los niños merecen
tener.
— ¿Tenía un trabajo? —Teddy preguntó, finalmente.
— Fue difícil para él, debido a su problema. —Grant dijo:— Pero trabajaba
un poco, corregía exámenes, cosas así. Y fue profesor durante un año en su
antiguo colegio.
— Hogwarts. —Dijo Teddy, con cariño.
— Correcto. —Grant asintió— Pero no puedo contarte mucho sobre eso. Lo
mantenía separado, podía ser muy privado.
— Me lo dices a mí —resopló Teddy, sacudiendo la cabeza— fui criado por
mi abuela -la madre de mamá-, así que sé mucho de ella. Los únicos que
realmente
conocieron a papá son mi padrino y otras personas que lucharon en la
guerra. Quiero decir, ¿cómo podría no saber siquiera dónde creció? Es todo
un misterio...
— No lo culpes —dijo Grant, esperando no sonar demasiado
condescendiente— Lo pasó muy mal después de perder a James y a Lily, y
de que Sirius fuera a la cárcel. Ni siquiera le gustaba salir del piso; yo solía
insistirle para que se divirtiera un poco, pero como digo, podía ser muy
terco. Si Remus se decidía por algo, no se podía hacer mucho al respecto.
Solo Dios podría.
Bajó la mirada rápidamente, con las lágrimas formándose de nuevo. Sin
embargo, se sentía bien hablando de ello, se alegraba.
— ¿Tienes alguna foto, tal vez? —Preguntó Teddy, esperanzado.
— No, lo siento —Grant negó con la cabeza, limpiándose los ojos y oliendo—
Estarían todas en el piso, había un garaje, para la moto de Sirius, creo que
está todo empaquetado allí todavía.
— Oh —dijo Teddy— ya veo, ¿así que vivías con Sirius y mi padre?
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— En realidad no —Grant negó con la cabeza, sabiendo que estaba en la
cuerda floja— Era la casa de Sirius y Remus, primero. Estuve allí mientras
Sirius estaba en prisión, y luego... me fui y vine aquí, en el noventa y cinco.
— ¿Sirius y papá eran cercanos, entonces? Si vivían juntos, quiero decir.
Sabía que eran amigos, Harry me contó todo sobre los merodeadores.
— Estaban unidos —Dijo Grant, con cuidado: — Se amaban mucho.
Teddy le lanzó una mirada divertida. Carajo, esto era difícil. Grant estaba
en duda. ¿Realmente importaba, de cualquier manera? Este chico apenas
sabía nada de su padre, pero ¿significaba eso que había que contarle todo?
Puede que Remus no quisiera que lo supiera. Aunque, suponía Grant,
Remus había renunciado a opinar sobre eso. No deberías haberte ido a
morir, ¿verdad,
imbécil? pensó Grant, con amargura. Le sorprendía que aún pudiera estar
enfadado por ello.
— Sabes más de lo que me dices. —Dijo Teddy, sin rodeos.
Grant no contestó, porque sabía que lo habían descubierto. Ese era su
problema; nunca sabía cuándo callar sobre cosas que no eran de su
incumbencia.
— Lo siento —Teddy frunció el ceño— dime otra vez ¿cómo lo conociste
exactamente?
— Vivíamos juntos —dijo Grant, con firmeza.
— Sí, eso has dicho, pero... mira, ¿qué me estoy perdiendo aquí? ¿Viviste con
él durante doce años, los dos solos?
— Sí, lo hicimos, pero...
— ¿Y no había nadie más, no tenía otros amigos, o... o novias?
Ahí está, pensó Grant, con una sensación de hundimiento. Lo tiene.
— No. —Dijo Grant. Se encontró con la mirada de Teddy correctamente—
Él no necesitaba a nadie más que a mí. Y yo no necesitaba a nadie más que
a él. ¿Entiendes?
— Yo... —Teddy miró hacia otro lado, sus ojos se movían de un lado a otro,
persiguiendo a sus pensamientos.
— Mira, chico, realmente no me corresponde, no conocí a tu padre al final,
no sé cómo cambiaron las cosas para él, ni cómo conoció a tu madre, ni
nada de eso. Quién sabe qué pasó después de que perdiera a Sirius, quiero
decir...
— Espera, ¡¿Sirius?! ¿Sirius y mi papá?
449
Qué mal. — Sí —dijo Grant, disculpándose— Así es. Desde que eran niños.
— Merlín —Teddy se frotó la nuca— Esto es... Quiero decir, Harry nunca me
dijo nada de esto, es mi padrino.
— Probablemente no lo sabía —Grant se encogió de hombros— Como dije,
Remus era muy reservado.
No había ninguna excusa para ello. Ese había sido siempre el problema con
Remus, demasiadas caras diferentes. Si le pedías a cien personas que
conocían a Remus que lo describieran probablemente saldrías pensando
que estaban hablando de cien personas diferentes. Sirius probablemente
había tenido un novio completamente diferente al de Grant. Y el hombre
que se casó con la madre de Teddy... bueno, ¿quién sabe? Grant realmente
lo sentía por el chico. Deseó que hubiera algo que pudiera hacer. Algo que
lo ayudara a sentirse más cerca de su padre. Remus merecía ser conocido.
— El piso de Londres —dijo Grant, de repente— será mejor que lo tengas. El
garaje también. No lo necesito, te daré la dirección. Está a mi nombre,
pero... toma las llaves.
— No tienes que...
— Véndelo, o quédate con él, lo que quieras. —Dijo Grant, entusiasmado
con la idea ahora. Se había aferrado por razones sentimentales, pero no
pensaba volver. El hijo de Remus debía tenerlo, eso era lo correcto; eso era
lo adecuado.
Buscó las llaves en sus bolsillos y garabateó su nombre y dos direcciones en
el reverso de un viejo recibo. — Ahí está el piso, puede que haya algo de
magia en el, no tengo ni idea, tal vez debas llevar a alguien contigo... y esta
es la mía, soy yo, Grant Chapman-Scott, por si necesitas que haga algún
trámite legal. Aunque supongo que no, eh, ustedes tienen su propio
sistema.
— Sí... Mira, ¿estás seguro?
— A él le hubiera gustado que lo tuvieras —insistió Grant— sinceramente.
Nunca fue mío. Y tenía muchos recuerdos felices allí. Realmente los tenía.
Se levantaron para separarse, poco después. Teddy le estrechó la mano de
nuevo; era tan educado y con tan buenos modales que Grant pensó que a
Remus le haría mucha gracia.
— ¿Puedo... er... puedo estar en contacto? —Preguntó, con timidez.
— Sí —respondió Grant, sorprendido— si quieres. Pero sin lechuzas.
450
Teddy se rió:— Tengo teléfono, no te preocupes. Gracias por hablar
conmigo.
— Perdón por el susto.
— ¡Oh, no! Quiero decir... Es una sorpresa, pero no desagradable. De hecho,
es agradable. Se siente un poco más real, ahora. Tenía esta idea de héroe de
guerra torturado en mi cabeza...
— Oh, él también era eso —se rió Grant.
Ambos se sonrieron, y los ojos de Teddy se arrugaron en las esquinas.
Volvían a tener un aspecto verde-marrón.
— Le habría gustado el pelo —dijo Grant, de repente— Le habrías gustado
todo, pero el cabello le habría parecido genial.
Los ojos de Teddy se iluminaron un poco, y bajó la mirada, frotándose la
nuca— Gracias, Grant. Ha sido un placer conocerte.
Se alejó, y Grant lo observó, y por un momento se permitió fingir. Oh,
querido, pensó, no te extraño ni un poco.
***
Un mes después...
452
de domingo en la cama. Y todas las caras que Remus había tenido. Su
gravedad y su ligereza.
Grant sacudió la cabeza, se limpió la cara con la manga y llamó
— ¿Marcus?
— ¿Sí?
— Cariño, ven aquí, quiero enseñarte algo.
453
454
all the young dudes
Bootleg Tapes
455
CINTA CERO
Papá, ¿por qué?
1941
—Levántate, enano— Papá lo agarró por debajo de la axila con una mano
dura y áspera, levantándolo dolorosamente sobre sus pies. —¡Desayuno!—
Fenrir tropezó un poco, adormilado y confundido, pero rápidamente se
puso en marcha. Solo tenía ocho años, pero las mañanas ahora eran
automáticas. Corrió hacia la estufa y buscó a tientas las cerillas para
encender el fuego. No podía esperar hasta poder usar la magia.
Estufa calentando, salió para ver si las gallinas habían puesto. Papá le dio
una palmada en la nuca al salir. No por ninguna razón, en realidad, excepto
que Fenrir normalmente se lo merecía. El suelo helado le picaba los pies
descalzos, pero no se quejaba, no debes quejarte nunca con papá.
Su caravana era más pequeña desde el exterior y un poco peor para el
desgaste, pero a Fenrir le encantaba. Su madre lo había pintado con
brillantes colores gitanos, hacía demasiados años. Era de color granate
oscuro con un techo cilíndrico verde y grandes ruedas amarillas. Había
margaritas pintadas en la puerta que comenzaban a desvanecerse. Fenrir a
menudo pensaba que le gustaría volver a pintarlo, hacerlo tan hermoso
como lo había sido cuando mamá estaba con ellos, pero eso probablemente
solo enojaría a papá. No le gustaba que se lo recordaran.
Había tres huevos en el gallinero, lo cual era bueno, porque significaba que
Fenrir probablemente conseguiría uno. Los acunó con cuidado en las
manos ahuecadas, llevándolos de vuelta al interior.
Había una piel de lobo fresca tendida sobre el perchero apoyado contra el
costado de la caravana. Una matanza. Papá estaría de buen humor,
entonces probablemente le pagaron.
De vuelta en la caravana, papá estaba sentado en su silla, quitándose el
barro de las botas. Su ropa olía mal, Fenrir sabía que tendría que lavarla
456
más tarde. Anoche fue luna llena, y como había tenido éxito, Fenrir supuso
que seguirían adelante muy pronto. Es hora de empezar a rastrear a otro
monstruo.
En el último lugar donde se quedaron, los aldeanos nunca le dieron su
dinero a papá; decían que los hombres lobo no eran reales, después de todo,
que papá los había engañado; acababa de cazar un lobo normal. Papá se
había puesto furioso y Fenrir se llevó la peor parte. Su hombro todavía se
salía a veces.
Estaba bastante orgulloso de su papá, que era fuerte, feroz y valiente. Pero
él también le tenía miedo. Papá quería que Fenrir también fuera feroz y
fuerte, por eso le dio su nombre, pero Fenrir era un enano y una
decepción. Un día podría crecer y algún día conocería la magia, pero hasta
entonces había aprendido que era mejor ser bueno y hacer lo que le decían.
Les preparó el desayuno y papá empezó a beber. Fenrir hizo una
mueca. Quizás no iba a ser un buen día.
Comieron tranquilamente, papá en la cama, limpiándose las manos
grasientas con las sábanas, con pesadas huellas dactilares en la botella de
whisky. Fenrir se sentó con las piernas cruzadas en el suelo, tratando de
mezclarse con los muebles. Si se quedaba pequeño, tal vez esta vez no se
daría cuenta, tal vez no ...
—Enano.— Dijo papá, empujando su plato vacío a un lado. —Levantarte.—
Fenrir no había terminado de comer, pero se puso de pie con
brusquedad. Hubo una penalización, si era demasiado lento. Su padre se
movió hacia atrás en la cama, para hacer espacio. Fenrir comenzó a retirarse
dentro de su cabeza. Si tuviera suficiente tiempo, podría alejarse mucho,
mucho tiempo sin que papá se diera cuenta. Podía dejar su cuerpo allí, y no
importaría tanto, solo tenías que aprender a apagar las partes doloridas.
Papá dio unas palmaditas en la cama. —Ven aquí.—
Te odio. Fenrir pensó, mientras se acercaba, te odio, te odio, te odio.
***
1948
Estaban en Escocia cuando sucedió, y las margaritas de las puertas de las
caravanas se habían despegado hacía mucho tiempo, revelando madera
astillada podrida debajo. A los quince años, Fenrir era casi tan alto y ancho
como papá, de toda una vida cortando leña y arrastrando la caravana, y
luchando contra cualquiera que intentara acercarse demasiado.
Papá se estaba volviendo más pequeño, la bebida lo había reducido a una
cáscara amarga y marchita del goliat que había sido una vez. Había perdido
el cabello y tenía llagas en la boca. Fenrir hizo la mayor parte de la caza, para
entonces, era un aprendiz rápido. Saldrían juntos en las noches anteriores
a la luna llena, y los sentidos de Fenrir se agudizaron mientras rastreaba; se
familiarizó con los bosques, los campos y los surcos de Gran Bretaña, la
magia del suelo y el peligro de los árboles.
No fue a la escuela. Había una carta cuando cumplió once años, pero papá
la quemó y dos días después le entregó una varita.
—Te acostumbrarás— Él dijo: —O no lo harás. De cualquier manera.—
Estas fueron las únicas instrucciones que le dieron a Fenrir. Aún así,
encontró una manera. Cada vez que pasaban por pueblos mágicos, Fenrir
robaba libros de magia, y de esta manera se enseñaba por sí mismo. A veces
también leía otros tipos de libros, y cuando lo hacía se sentía menos
solo. Era un pequeño tipo de libertad y otra ruta de escape en su
mente. Para cuando estaba en la mitad de su adolescencia, Fenrir sabía
cómo defenderse, y papá finalmente dejó de interferir con
él. Principalmente.
Sin embargo, se quedó con su padre, quizás por alguna retorcida lealtad. No
tenía ningún otro lugar adonde ir, no conocía a otros magos. No tenía
ningún oficio, ninguna habilidad excepto cazar, matar y desollar. Aun así,
había viajado mucho, y habiéndose trasladado de un lugar a otro, habiendo
observado la vida de los demás a la distancia, Fenrir había llegado a la
conclusión de que no tenía un lugar real en el mundo.
Esa noche en Escocia papá estaba borracho. Casi siempre estaba borracho,
pero por lo general no en lunas llenas. Fenrir estaba irritado, habían estado
rastreando al lobo durante la mayor parte de tres días a través de un pantano
pantanoso. Los lugares que estas criaturas elegían para vivir eran siempre
458
repugnantes, siempre remotos y poco acogedores. Fenrir estaba cansado,
sus botas habían goteado y sus calcetines chamuscados, fríos y doloridos. Y
papá estaba borracho . Hizo demasiado ruido, tropezó, apenas podía ver las
cosas frente a su cara.
—Quédate aquí— suplicó Fenrir, mientras la bestia aullaba cerca. Estaban
muy unidos. Se pararon al borde de un matorral, mirando hacia el páramo,
la luna llena brillante y redonda como una moneda de plata, —Espera aquí
en silencio y yo iré ...—
—Cállate —balbuceó papá, dándole una palmada en la cabeza— Aún no eres
un cazador, sigues siendo mi aprendiz, no lo olvides, enano.
—Déjame ir solo—, dijo Fenrir con calma, —Déjame matar a este. Te haré
sentir orgulloso —
—¡Pah!— Papá se rió cruelmente, —El día que me enorgullezcas, caeré
muerto de la conmoción. Ahora mueve tu trasero — Empujó a Fenrir hacia
adelante, hacia el borde del páramo.
Fenrir, expuesto, se agachó, mirando a través de las oscuras laderas,
buscando señales de un depredador. Se le erizaron los pelos de la nuca,
ladeó la cabeza para escuchar, pensó que podía oírlo respirar, acechando
hacia ellos a través de la hierba alta.
—No puedo ver ni una maldita cosa—, murmuró papá en voz alta. Él
también respiraba con dificultad, jadeaba y seguía bebiendo de su petaca,
haciendo un ruido de chapoteo.
—¡Shh!— Fenrir siseó desesperadamente, agarrando su varita.
—No me hagas callar, pequeño sucio…— Papi despotricó, pero ya era
demasiado tarde, el lobo se abalanzó de la nada, corriendo hacia ellos
gruñendo, con la boca llena de espuma y los ojos dorados.
Fenrir se lanzó frente a su padre, empujándolo hacia atrás, y fue justo a
tiempo, tan pronto como su padre regresó a la espesura, el lobo estaba
encima de Fenrir, sus patas gigantes presionando sobre sus hombros, tan
grandes como el de un león, su aliento caliente en su cabello mientras
apretó los ojos con fuerza.
Papá no estaba a la vista. Fenrir escuchó un lejano —crujido— de
desaparición y maldijo en silencio a su padre mientras se preparaba para lo
peor.
Sería el fin de quince años de miseria. Se consoló con ese pensamiento
cuando las mandíbulas del lobo se cerraron alrededor de su cintura.
459
***
Si Fenrir buscaba la paz, entonces no tenía suerte. Para su sorpresa y terror,
se despertó con el amanecer y descubrió que no estaba muerto. Estaba
acostado de espaldas sobre una hojarasca blanda en la entrada de una gran
cueva. La débil luz del sol se derramaba sobre él y la escarcha tocaba las
ramas de los árboles colgantes, pero no tenía frío. Estaba cubierto con una
manta y un fuego ardía a su lado, crepitando suavemente. Trató de
incorporarse, pero el dolor se apoderó de él y gritó, con lágrimas en los
ojos. Todo su torso ardía y recordó esos gigantescos dientes amarillos.
—Intente descansar.— Dijo una voz.
Fenrir estiró el cuello y vio a un hombre sentado frente a él. Era de piernas
largas, desgarbado y tenía el pelo gris áspero recogido en una trenza larga,
una barba desaliñada y ojos oscuros intensos.
—¿Qué pasó?— Fenrir trató de incorporarse de nuevo, pero casi gritó de
dolor y se recostó, apretando los dientes. Es sólo dolor, se dijo a sí
mismo, simplemente ignóralo.
—Lo siento—, el hombre asintió con la cabeza, —Traté de ser amable pero
me emocioné un poco—
—¡Usted! ¡Eres el lobo! —
—Sí.—
—¡Tu me mordiste!—
—Sí, lo hice, muchacho. Podrías agradecerme —
—¡¿Gracias?!— Fenrir lo fulminó con la mirada, —¡Te mataré!—
El hombre se rió, —Ah, no lo harás. Dale tiempo. Puede que te guste tu
nueva situación en la vida —
—Has acabado con mi vida— Fenrir respondió, mirando hacia las paredes
de la cueva abatido. —No sabes quién es mi padre—
—¿Coileán Greyback? Todos los lobos de Gran Bretaña saben quién
es. Incluso en Europa. El tiempo era, era famoso, le teníamos miedo. En
estos días, no tanto. Escuché que tenía un niño con él, ¿dices que eres su
hijo?
Fenrir no respondió.
—Sí —asintió el hombre lobo— Sí, tienes el aspecto de él. Podrías ser el doble
de hombre que él, ¿sabes? Puedo oler tu magia y es ... —inhaló el aire
lascivamente, sonriendo, mostrando los dientes rotos y ensangrentados,—
Delicioso —
460
Fenrir todavía no dijo nada. ¿Por qué el lobo no lo mató? Preferiría estar
muerto. ¿Qué tenía ahora? ¿A dónde podría ir?
—Obviamente no piensa mucho en ti—, dijo el lobo, —tu viejo. Se escapó
bastante rápido —
Fenrir cerró los ojos y el lobo no volvió a molestarlo.
***
Podría haber regresado a su padre como el lobo. Habría sido la forma más
fácil, rápida y probablemente la más aterradora de hacerlo. Pero Fenrir
quería que papá supiera quién lo mató. Quería hacerlo como hombre.
Fue solo.
La caravana todavía estaba en su claro. Las gallinas parecían delgadas y
desnutridas, probablemente porque Fenrir era quien normalmente las
463
cuidaba. Podía oler a su padre incluso a la distancia: el sudor inmundo, el
hedor a alcohol, su aliento agrio. Y mágico, metálico, empalagoso y
cálido. Fenrir lo bebió mientras se acercaba.
Se paró en la puerta. Su padre yacía roncando sobre las sábanas sucias,
relucientes de sudor grasiento, con una botella aferrada en una de sus
garras. Fenrir golpeó con los nudillos la puerta de madera con las margaritas
pintadas. Papá se movió, levantando una mano para protegerse los ojos de
la luz.
—¿Enano?— Él dijo con voz ronca: —¿Eres tú?—
—Soy yo.—
—Pensé que estabas muerto—
—Yo también.—
—Sin embargo, regresaste, ¿eh? Buen chico.—
Fenrir inclinó la cabeza, —¿Estás orgulloso de mí?—
—¿Qué? Cierra la cara. Tráeme mi desayuno y luego ven y dime dónde has
estado —
—No.— Dijo Fenrir. —No me quedaré—
—¿De qué estás hablando? ¡Esta es tu casa! ¡Soy tu papi! —
—No.— Fenrir negó con la cabeza.
Coileán Greyback era un viejo borracho abusivo, pero no un completo
idiota. Mientras su hijo de quince años caminaba hacia él, sus ojos se
agrandaron al reconocer el brillo en sus ojos, las cicatrices que cruzaban su
rostro.
—¡Usted! ¡Tú eres uno de ellos!— Señaló con un dedo tembloroso. ¡Eres una
bestia! Debería ... —se apresuró a buscar su varita en la cama, pero Fenrir
sabía exactamente qué hacer. Levantó la mano, giró la muñeca y el brazo de
su padre se torció hacia atrás, un delicioso crujido llenó la caravana
mientras los huesos se rompían como ramitas. Papá gritó y Fenrir sintió un
escalofrío de placer.
—¡Inmundicia!— El anciano estaba llorando, mientras Fenrir avanzaba, —
Sucio, inmundo ...—
—Tranquilo.— Fenrir volvió a levantar la mano y esta vez golpeó a su padre
en la cara, tan fuerte como pudo. Era tan fuerte ahora que nunca más lo
sujetarían.
Coileán Greyback escupió un diente. Otra oleada de placer, Fenrir
entrelazó sus manos alrededor del cuello de su padre.
464
—Buenas noches papi.—
***
Oh daddy, why are you so bad?
Oh daddy, why are you so bad?
Oh daddy, why are you so bad?
1977
Pasó unos años más con el hombre lobo que lo convirtió, hasta su muerte
en el frío invierno de 1960. Después de eso, Fenrir perdió un poco su
propósito. Habían cazado juntos durante años, por toda Europa, abriendo
un camino de furia y destrucción. Pero todas las cosas buenas llegaron a su
fin.
El dolor de Fenrir lo sorprendió. Había llegado a ver al hombre lobo no
solo como su salvador, sino como su verdadero padre. Era un hombre que
entendía la lucha y el tormento, y que quería salvar a otros de tal miseria.
Entonces, ¿por qué no honrar su memoria?
La idea se le ocurrió a Greyback una mañana oscura. Estaba solo y los lobos
no estaban destinados a estar solos. ¿Cuántos niños había en el mundo que
habían crecido como él, abandonados, maltratados, hambrientos de
amor? Él podría salvarlos. Él podría protegerlos. Y ninguno de ellos volvería
a estar solo.
Livia fue su primer y quizás mayor triunfo. Su madre, una puta muggle,
estaba más interesada en conseguir su próxima dosis que en la niña
abandonada de ojos grandes. Fenrir captó el olor de la magia del niño a
cinco calles de distancia y los observó durante días.
Cuando llegó la luna, se deslizó por la ventana y le arrancó la garganta a la
madre. El niño jugaba con la sangre caliente como si fuera pintura con los
465
dedos, y Greyback sabía que había elegido sabiamente. La convirtió en ese
mismo momento.
La atesoraba y la consentía; su princesita, su perra alfa. Ella se volvió tan
fuerte y tan hermosa. Había otros, todos hermosos a su manera, todos
poderosos, feroces y leales, pero ninguno comparado con Livia. Con el paso
de los años, sus propios hijos pasaron a convertir a los demás; así eran las
cosas, no podía negarles su independencia. Y siempre vuelven a casa
cuando los llama.
Bien. La mayoría de ellos.
Y ahora hay una guerra en marcha, y aunque Greyback tiene poco interés
en los asuntos de los magos, no es reacio a un poco de violencia adicional,
siempre que pague bien. Está orgulloso de su familia, quiere que el mundo
los vea en todo su esplendor. Si el Señor Oscuro tiene una salida, mucho
mejor.
Sabe lo que dicen de él. Aquellos que lo llamarían monstruo. No es
estúpido. A veces piensa que pueden tener razón; a veces se pregunta si está
loco. Pero si es así, entonces no es culpa suya.
No es tan malo, de verdad. Él cuida a sus hijos, actúa en su mejor interés,
los mantiene a raya. Eso es todo lo que un padre puede hacer, al final.
466
CINTA UNO
Hope, 1965
469
—Ahí ahí, mi amor. Es lo correcto. Lo mejor. Eres joven, aún así, te
recuperarás. Dale un año más o menos y será como si nada de esto hubiera
sucedido, te lo prometo —
Hope se enjugó los ojos y se levantó, alejándose de su madre.
—Voy a ver cómo está—
—No sé si eso es prudente ...—
—Voy a ver cómo está mi hijo, madre—
Subió lentamente las estrechas escaleras. Alfombra marrón, papel pintado
marrón. Todo se sentía tan mundano, después de Lyall. Se sentía como
Judy Garland al final del Mago de Oz: el huracán había pasado y el mundo
volvió a blanco y negro. Hope nunca había entendido por qué Dorothy
estaba tan feliz de estar en casa. ¿Quién no elegiría el color?
En lo alto del pequeño rellano oscuro, Hope se presentó con tres puertas
cerradas. La habitación de sus padres, el baño y el dormitorio de su
infancia. Su dormitorio actual, en realidad, hasta que pudiera ahorrar lo
suficiente para escapar. Volvió a pensar en el dinero de Lyall. No. Eso no
era de ella.
Empujó la puerta lentamente. No crujía, pero la alfombra siempre se
enganchaba y hacía un ruido desagradable si la empujaba. En el interior, las
finas cortinas amarillas estaban corridas, proyectando todo en un cálido
resplandor mantecoso.
Su vestido fúnebre negro estaba colgado en la puerta del armario. Lo había
comprado especialmente, porque nunca antes había tenido nada negro, le
había costado una fortuna. Todos habían estado en túnica, los amigos de
Lyall, y ella se había sentido como la extraña.
Era tan extraño estar de vuelta en esta habitación; todo parecía pequeño y
antiguo, aunque en realidad solo habían pasado seis años desde la última
vez que durmió allí. Todo seguía en su lugar. Su pequeño tocador de
mimbre pintado de blanco, que probablemente todavía tenía un paquete
de cigarrillos escondido en uno de los cajones inferiores, junto con las
barras de labios y las sombras de ojos por las que ella y su padre se habían
peleado cuando ella tenía quince años. Un póster de Los Monkees en la
pared sobre la cama, junto a un grabado de Arthur Rackham.
Lo más extraño de todo fue el niño acurrucado en la colcha
lavanda. Todavía profundamente dormido, todos rizos dorados, mejillas
regordetas y puños pequeños y gordos. Su corazón dio un vuelco, como lo
470
había hecho desde el primer momento en que lo sostuvo en sus brazos. Su
bebé.
Ella se sentó con cuidado en la cama y se acostó a su lado. Se movió un
poco, bostezó y se estiró. Ella le rozó la mejilla con los dedos; amaba esa piel
de bebé perfecta, tan suave e inmaculada. Excepto
que ahora estaba manchado. Un pequeño rasguño justo debajo de la
mandíbula, podría pasar como el tipo de rasguño habitual. Los niños
siempre chocaban con cosas, se caían. No Remus. Era un niño tan
cuidadoso; lo vio todo.
Ella acurrucó su cuerpo alrededor de él, dándole la espalda al resto de la
habitación. Cuando Remus nació, ella no había podido levantarse de la
cama por días, pero él era un bebé tan pacífico, ambos se habían acostado
así, haciéndose compañía el uno al otro. Lyall llegaría del trabajo y se uniría
a ellos. Él envolvería sus propias extremidades alrededor de Hope, y ella
acurrucaría a Remus, cerraría los ojos y se sentiría tan segura y tan feliz.
Si tan solo Lyall estuviera aquí ahora. Era el toque de él lo que más
extrañaba. Era tan alto, incluso cuando Hope usaba sus tacones más altos,
podía apoyar la barbilla en la parte superior de su cabeza. Las lágrimas le
picaron en los ojos y puso su mano suavemente sobre el pecho de Remus,
sintiendo el constante subir y bajar.
A veces, en esas tardes en que la pequeña familia yacía en la cama, Lyall le
cantaba una vieja canción de cuna a Remus. Hope nunca la había
escuchado antes, pero le encantaba la forma en que la cantaba; fue la única
vez que se pudo escuchar el suave acento escocés en su voz. Tarareó algunos
compases ahora, preguntándose si Remus recordaba que su papá había
cantado para él, y solo para él.
472
CINTA DOS
OCHENTA Y SEIS
16to Cuampleaños de Remus 1976
Sirius
—Vamos, amigo, es el cumpleaños de Moony. Solo baja
y di que lo sientes para que podamos pasar un buen rato
juntos — Dijo James. —De todos modos, es una
discusión estúpida—
—Si lo se.— Sirius refunfuñó. James siempre fue tan
amable, incluso cuando Sirius sabía que estaba siendo
un mocoso. Mary nunca dejó que se saliera con la suya, lo que le molestaba
aún más. Sabía que estaba equivocado, de cualquier manera.
—¿Así que bajarás?— Dijo James, levantándose de la cama y dirigiéndose
hacia la puerta.
—Supongamos ...— Sirius odiaba perderse una fiesta, pero también se sentía
bastante estúpido ahora que había hecho tanto alboroto. Ni siquiera había
estado allí para la parte de la 'sorpresa', que generalmente era su parte
favorita, y había sido su idea en primer lugar. Mejor compensárselo a
Moony de alguna manera.
—Vamos, Pads—, James lo convenció de que saliera de la puerta, —No voy a
traer más alcohol aquí—
— Bien— Sirius se levantó también.
—Buen hombre— James le dio una palmada en la espalda, luego se dirigió a
las escaleras.
A mitad de camino por el pasillo en sombras se toparon con Remus. James
siguió adelante, pero Sirius aprovechó la oportunidad para disculparse en
privado. Era tan difícil atrapar a Moony solo en estos días; se había vuelto
tan popular.
Sirius lo extrañaba un poco. Solía sentir que Remus le pertenecía, más o
menos, no de una manera espeluznante de propiedad, exactamente, pero
sentía que tenía la confianza de Remus, al menos. Este año, Moony se había
alejado un poco y Sirius no estaba seguro de lo que había hecho.
—Feliz cumpleaños, Moony— Dijo, tratando de sonar alegre.
473
Bajó un poco las escaleras, por lo que estaban cara a cara, y Remus pudo
ver que realmente lo lamentaba.
—Gracias— Remus le sonrió. Sirius se preguntó qué tan borracho estaba,
Moony podía tomar pintas como si no fuera nada en absoluto, mientras
que el propio Sirius era un poco liviano. —¿Eh ... estás bien?—
Puedes confiar en que él sea amable y piense primero en los
demás. También en su maldito cumpleaños. La culpa amenazaba con
abrumar a Sirius.
—Sí bien.— Dijo con seriedad. —Lo siento si arruiné tu fiesta
— No lo hiciste. Ha sido genial.—
—Bueno.—
Eso quedó en el aire por un momento. Sirius miró hacia abajo, luego a
Remus de nuevo. ¿Por qué las cosas habían sido tan raras entre ambos
últimamente? Solían llevarse tan bien como él y James, pero algo había
cambiado y Sirius todavía no podía identificarlo.
Remus había colocado una distancia extraña entre ellos, tan silenciosa y tan
inmóvil que a Sirius le parecía prácticamente físico. Lo hizo inquieto y
agitado, como si se estuviera perdiendo algo que quería. Aunque quizás eso
fue solo la pelea con Mary.
—James cree que tengo que ser yo quien haga las paces con Mary—
—Probablemente sea una buena idea— Remus siempre decía lo
correcto; puedes confiar en Moony. No siempre sería amable al respecto,
como James, pero de alguna manera a Sirius no le importaba que Moony
lo regañara, parecía mucho más conocedor del mundo.
—¿Eso crees?—
—¿Ehh.. sí? Te gusta Mary, pensé.
Exactamente, Moony era tan bueno reduciendo un problema a sus
componentes más simples. Si te agrada alguien, te disculpas cuando lo
molestas. Obviamente.
Remus lo estaba mirando con atención; Remus siempre estaba mirando,
observando todo. Probablemente por qué era tan inteligente. Sirius lo miró
a los ojos. Era lo más cerca que habían estado desde esa noche en el
armario. ¿Estaba Moony todavía enojado por eso? Sirius había pensado que
era gracioso en ese momento, una buena risa, pero Moony estaba
tan susceptible estos días, ¿quién sabía lo que estaba pensando? James pensó
que debían ser cosas de chicas; A Moony nunca le había gustado hablar de
474
cosas personales, James pensó que debía gustarle una de las chicas y ser
demasiado tímido para decir algo.
Si ese era el caso, Sirius deseaba que Remus confiara en él; después de todo,
sabía un par de cosas sobre las chicas. Él podría ayudar . Un escalofrío de
emoción lo recorrió al pensar en esto: ser el único que podía ayudar a
Moony.
—Me gusta Mary— Dijo, inclinándose hacia adelante con
entusiasmo. Remus había bebido un poco, tal vez se relajaría y se abriría si
Sirius lo guiaba por el camino correcto.
—Así que ve y bésala entonces, tonto idiota— Remus respondió. Siempre
con la franca sencillez.
Sirius no tenía idea de por qué Remus era tímido con las chicas, toda su
vibra era tan malditamente encantadora.
—Lo haré,— dijo Sirius, —Lo haré, en un minuto.— Decidió ir a por ello,
sacarlo de una vez por todas. —¿Alguna vez has besado a alguien,
Remus?— Preguntó casualmente.
—No, sabes que no lo he hecho— Remus puso los ojos en blanco.
Ah ha , pensó Sirius, estaba tratando de actuar desinteresado, pero
claramente algo estaba pasando allí.
—Realmente no da tanto miedo como crees— Dijo Sirius, tratando de
animarlo.
Remus de repente lo miró de manera extraña, con intensidad magnética,
como si estuviera a punto de decir algo increíble; algo revelador, y era solo
para él , Sirius.
El aire se espesó, y Remus agarró a Sirius, juntando sus cuerpos, y
¡ oh , mierda , se estaban besando! Moony lo estaba besando , y ... parecía
tener sentido. Esto siempre iba a suceder. Había estado esperando
esto; simplemente no lo había sabido.
Todo estaba tan bien, y Sirius se inclinó hacia él con entusiasmo, impotente
para resistir, colocó sus manos en las caderas de Remus, porque eso es lo
que siempre hacía cuando besaba a Mary, y luego… —¡ Toujours pur,
Sirius!— un chillido terrible dentro de su cabeza, y se apartó de inmediato,
horrorizado.
Remus lo miró parpadeando, luciendo igual de sorprendido, y eso fue todo,
el hechizo se rompió. Ambos murmuraron algo sin sentido el uno al otro y
475
se fueron en direcciones opuestas. Sirius bajó a la fiesta, sintiéndose
acalorado, confundido y avergonzado.
Sirius entró a trompicones en la sala común, con el corazón acelerado. Solo
había tomado unos tragos, pero ahora estaba mareado y el ruido no
ayudó. Parpadeó, buscando a James; siempre buscaba a James cuando
sucedía algo grande, y esto era malditamente enorme; Mary apareció de la
nada.
—¡Ahí tienes!— Dijo, con las manos en las caderas. Merlín, estaba
deslumbrante. Una visión en lentejuelas doradas y turquesas, el vestido tan
ajustado que mostraba cada hermosa curva.
—Aquí estoy— murmuró en respuesta, momentáneamente deslumbrado.
—¿Potter dijo que tenías algo que decirme?— Ella arqueó las cejas
expectante.
—¡Perdón!— Soltó.
Sus labios se curvaron en una sonrisa y el alivio lo inundó. Ella le rodeó el
cuello con los brazos y él la agarró con fuerza por la espalda, agradecido de
tener a alguien en sus brazos. Bueno. Esto era normal.
—Ese es mi chico encantador— susurró tímidamente, atrayéndolo para darle
un beso, acariciando su cabello suavemente.
Él le devolvió el beso, con fuerza, y obligó a que todo lo demás se olvidara
de su mente.
476
Cinta Tres
CIENTO DIECIOCHO
Grant, 1977
Grant
479
Debería haber mentido. Pero algo en Grant siempre le hacía decir algo
incorrecto. El rostro del abuelo se volvió, su boca era una larga y dura línea
de disgusto. El rey de Kilburn High Road tenía una reputación que
mantener; no necesitaba que los niños locales golpearan a su nieto.
Grant miró por encima del hombro de su abuelo para ver si su madre estaba
cerca. No es que ella solía ser de mucha ayuda, pero en general era mejor
tener un testigo. No podía verla.
—Mírame, muchacho.— Gritó el abuelo, inclinándose para que Grant
pudiera oler el tabaco acre en su aliento, contar cada cerda plateada de su
barbilla sin afeitar. Se preparó y miró a su abuelo a los ojos. —¿Por qué
peleas con chicos irlandeses?—
—No les agrado. Ya te lo dije —
El abuelo extendió la mano con sus dedos duros y huesudos y pellizcó la
oreja de Grant, retorciéndola con fuerza para que Grant gritara y se
retorciera, tratando de escapar.
—Menos de la boca y deja de mirar a tu alrededor—, gritó el abuelo, justo en
su cara, tan cerca ahora que manchas de saliva aterrizaron en la mejilla de
Grant. —¡No creas que no he escuchado lo que han estado diciendo sobre
ti, así que es mejor que des vuelta tu maldito cuello antes de que te rompa
la cara por la parte de atrás de tu bastardo!—
—Déjame ir ...— BAM.
Recordó un poco después de eso. Sentado en el baño lloriqueando
mientras su madre se secaba la cara hinchada con una franela
húmeda. Cortarse la lengua con el filo afilado de su diente roto.
—Honestamente— suspiró su madre con cansancio, —no sé por qué sigues
interponiéndote en su camino—
Mujer estúpida. Ella misma sabía que incluso si estuvieras callado e hicieras
todo lo que él quisiera, terminarías maltratado de alguna manera, y aún así
sería todo tu culpa.
Así que Grant se había ido, tan pronto como vio una oportunidad, y juró
no dejar que nadie volviera a ponerle la mano encima. Y luego estaba Nick,
y ahora aquí estaba, mirando su propio reflejo y bebiendo vodka como un
verdadero licor.
Nick ni siquiera era guapo. Ni siquiera había sido amable . Era
simplemente mayor que Grant, más duro y más grande. Había tenido un
poco de ventaja, algo peligroso que resultaba atractivo al principio. Hasta
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que te diste cuenta de cuál era el peligro real. Grant había tardado un poco
en asimilarlo; era lo bastante hombre para admitirlo. Su propia culpa por
beber demasiado y tomar demasiadas pastillas y no tener suficiente luz del
día.
La primera vez que sucedió, se le ocurrió un plan: ahorrar su dinero, salir,
lo más lejos posible. Pero necesitaba adquirir dinero, de alguna manera, y
solo había unas pocas opciones cuando no tenía una dirección fija. Había
cobrado todas las deudas que podía y había sobrevivido bien con las
limosnas por un tiempo, aunque la gente estaba harta de eso; no había
comido bien desde hacía unos días.
Conseguir bebida nunca fue difícil. Siempre que pareciera lo
suficientemente limpio y joven, Grant solo tenía que presentarse en el tipo
de bar adecuado y pagar la cuenta durante toda la noche. Y si alguien quería
algo extra, y estaba dispuesto a pagar, no tenía nada que ver con la
piel. Cinco minutos en el baño y un regusto desagradable no era demasiado
para aguantar, y él siempre marcaba límites.
Entonces Nick se había enterado y, lejos de estar enojado, lo había
alentado. Decidió que también se merecía una parte, hasta que Grant ya no
estaba ganando dinero para sí mismo. Y hace dos días, Nick se había ido
para siempre, dejando a Grant con dos costillas rotas y la cara llena de
moretones como regalo de despedida.
Terminó el vodka y lamió el interior de la tapa, solo para estar seguro.
Harto de sentir lástima por sí mismo, Grant se sentó y se apartó de la vista
del espejo. Su torso todavía se sentía sensible, pero el dolor había
disminuido. La bebida funcionó. Tenía que conseguir más. Tenía que
levantarse, vestirse y salir; necesitaba dinero. No importa el billete de tren
para el que se había estado ahorrando; necesitaba comer algo pronto.
Había una camiseta en su bolso que no estaba tan sucia como el resto, pero
descubrió que no podía ponérsela. En realidad, era más que no podía
conseguir el que se estaba quitando; Le dolía demasiado levantar los
brazos. Bien. Él se rindió. Sus botas también tardaron un poco en encajar,
tuvo que detenerse para respirar. Las lágrimas asomaron a sus ojos y se frotó
la cara salvajemente. Era solo el dolor, no otra cosa. No podía dejar que
fuera otra cosa. Estaría bien. Todo saldría bien. Solo tenía que superarlo.
La cara seguía siendo un problema. Es difícil ser encantador cuando pareces
haber pasado diez rondas con Muhammad Ali. Sandra/Nancy, podría
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prestarle un poco de encubrimiento, pero rápidamente descartó esta
idea. Sería diez veces peor si lo atraparan solo en algún lugar con maquillaje.
Decidió dirigirse al cine peep show más cercano. Eran bonitos y oscuros, y
las películas solían hacer la mitad del trabajo por él. Sólo había una a unas
pocas calles de distancia, y Grant tardó unos veinte minutos en
llegar. Incluso entonces tuvo que encontrar una manera de colarse, porque
de ninguna manera iba a gastar dinero en eso.
La oscuridad fue un alivio después de la concurrida calle del oeste de
Londres. También estaba tranquilo, a excepción de la película, que debió
de comenzar porque la mayoría de los actores todavía tenían la ropa
puesta. Grant se sentó en la parte de atrás durante un rato, para recuperarse
del viaje y buscar a la clientela.
Eran todos los tipos habituales. Finales de los
cincuenta. Impermeables. Algunos de ellos se están quedando calvos. Una
inquietud familiar surgió en Grant mientras se preparaba para el
desafío. Honestamente, y la gente tenía el descaro de llamar a él un
pervertido.
La primera actriz se sacó las tetas y Grant miró a su alrededor. Un poco más
arrastrando los pies, algunos de ellos a tientas en el regazo. Se levantó y
caminó tranquilamente por el pasillo, casualmente, tosiendo un poco para
que supieran que estaba allí. La mayoría de ellos lo ignoraron, fijos en el
dollybird en la pantalla. Algunos de ellos le dieron una mirada más larga de
lo que creían que debían. Eligió uno y fue a sentarse a unos pocos asientos
de él.
Era un juego, como pescar, aunque, para ser honesto, Grant nunca había
estado pescando. Tenías que fingir que no estabas preparado para nada,
porque de lo contrario se ponían demasiado nerviosos y
retrocedían. Observó la película un poco, estirándose tanto como le
permitían sus diversas heridas, dejando que su cabello rubio captara la luz
del proyector. La chica de la foto también era rubia, lo que podría funcionar
a su favor. Tenía un pintalabios horrible, de color naranja rosado y chillón,
formando una 'O' ancha y fea mientras gemía y gemía.
El hombre que lo había estado observando se movió, ahora sentado a su
lado. Apestaba a tabaco de pipa y Grant estuvo a punto de vomitar.
—¿Cuánto?—
Grant volvió la cabeza y sonrió con timidez.
482
***
484
tomar otra copa. Estaba oscureciendo ahora, así que tenía que ser después
de las ocho.
Le tomó mucho tiempo llegar allí; podría haberse perdido algunas
veces. Las cosas parecían iguales y seguía perdiendo fragmentos de
tiempo; como sonambulismo. De hecho, ni siquiera se dio cuenta de que
estaba fuera del maldito lugar hasta que alguien le gritó.
Un grupo de tipos estaba parado afuera, tratando de parecer
amenazadores. Funcionó. Todos se parecían un poco a Nick: voluminosos
y calvos.
Grant trató de pasar rápidamente a su lado, pero era demasiado obvio al
respecto.
—¿Estas bien Lola?— Dijo uno de los hombres más grandes. Todos se rieron
a carcajadas como un montón de ancianas que pasan el rato lavando. Grant
se burló. Ni siquiera era una maldita broma original, varios estupidos lo
habían llamado Lola desde esa maldita canción de Kinks.
Bueno, no soy el hombre más masculino del mundo / Pero sé lo que soy y me
alegro de ser un hombre / Y también Lola ...
Eso es muy jodidamente divertido. Y ni siquiera tenía sentido, porque
Grantnhizo Drag; le gustaba ser un hombre. (Está bien, se había probado
un vestido una vez, para divertirse, pero eso no contaba). Supuso que te
podrían llamar cosas peores.
Agachó la cabeza y empezó a bajar las escaleras. Dentro apestaba a
cigarrillos, cerveza y BO. Malditos punks. Aún así, estaba oscuro y anónimo
y nadie lo miró.
La banda era ruidosa, fea y espantosa. Todos parecían de unos dieciséis
años, con vaqueros rasgados con desagüe y chaquetas vaqueras cubiertas
con parches y imperdibles. ¿Cuándo dejaron de ser sexys las cantantes de
rock?
Las cosas se pusieron muy tambaleantes después de eso. Definitivamente
bebió cerveza, pero solo Dios sabía de dónde venía. Podría haber bailado
un poco, podría haber hablado con alguien. De repente, estaba
entrecerrando los ojos a la luz húmeda del baño, siendo levantado por el
codo y arrastrado por la barra por el gorila.
Tropezó y subió las escaleras, torciéndose el tobillo, pero al hombre que lo
arrastraba no le importó. Le dio un empujón final, una vez que estuvieron
a pie de calle.
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—¡Lárgate ya jodido nancy boy!—
Bien. No tenía idea de lo que había hecho, pero sabía cuándo se había
quedado más tiempo que la bienvenida. Volvió a inclinar la cabeza, con las
manos en los bolsillos y se alejó rápidamente. Dios, estaba enojado; el
pavimento se comba y se balanceaba frente a él. Se sentía mareado, tenía
un sabor nauseabundo en la boca, pero no tenía nada dentro de él que
vomitar.
—¡Grant!— Alguien gritó su nombre.
Su primer instinto fue seguir caminando; ignóralo. Porque no puede ser
algo bueno; alguien por aquí conociendo su nombre. No era como si
tuviera amigos. Pero los pasos detrás de él se hicieron más fuertes, y la
amenaza se acercó más y él estaba demasiado enojado y demasiado
maltrecho para correr. Se dio la vuelta, bien podría echar un buen vistazo
antes de que hicieran lo que fueran a hacer.
Quienquiera que fuera, eran más grandes que él, altos pero no
musculosos. Había una farola detrás de ellos, por lo que los ojos de Grant
tardaron un momento en adaptarse y la visión se volvió salvajemente
borrosa. Esos rizos. Esa mirada de preocupación ansiosa. Esos hermosos
labios rosados. Remus bloody Lupin.
***
Grant rara vez pensaba en los sentimientos. Al menos los sentimientos que
tenía. Se había pasado gran parte de su vida dando cabezazos contra todo
lo que todos los demás pensaban acerca de él, rara vez se molestó con la
introspección.
Pero estaba avergonzado de la forma en que actuó esa noche. La cosa
era; Remus era la última persona en el mundo que esperaba ver. Y tan
pronto como Grant lo vio bajo esa luz amarilla dorada de la calle, se sintió
tan increíblemente aliviado que lo sorprendió. Grant no era una persona
religiosa, joder, pero en las profundidades de su estado de confusión,
Remus Lupin parecía un maldito ángel.
Y luego, muy rápidamente, el alivio de Grant se desvaneció y fue
reemplazado por una absoluta vergüenza. Aquí estaba este chico amable y
sensible, que siempre lo había admirado. ¿Y ahora qué era él? Ni siquiera
podía pararse derecho.
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Oh Jesús, y Sirius (honestamente, ¡¿qué clase de nombre hippie loco era
ese?!) Acechando detrás de Remus todo el tiempo, hermoso como una
estrella de cine y apestando a dinero y privilegios. Tal vez hubiera estado
bien si solo fuera Remus, pero Grant no pudo evitar verse a sí mismo como
Sirius debía hacerlo; completamente patético.
Así que fue grosero. No podía recordar todo lo que había dicho, pero
recordaba haber sido un dolor en el trasero. Y Remus simplemente lo tomó
y lo alimentó porque Remus era encantador.
De alguna manera ambos lo habían llevado de regreso a su habitación, y tal
vez habían abierto la cerradura o se había olvidado de cerrarla en primer
lugar, pero cuando Grant se despertó estaba seguro y cómodo en su
colchón. Frunció el ceño y parpadeó, la habitación se sentía más cálida de
lo habitual. A pesar de los recuerdos de la noche anterior que volvían
rápidamente hacia él como un horrible tráiler de una película de desastres,
se sentía extrañamente mejor. Su rostro no estaba caliente y tenso, y no le
dolía respirar. No tenía hambre. Estaba relajado por primera vez en
semanas.
Girando la cabeza, vio a Remus y Sirius, durmiendo en la esquina
opuesta. Dios. Ambos eran tan hermosos, como un par de estatuas. Pacífica
y joven y enamorada. Grant sintió una punzada espantosa. Le habían
dejado de doler las costillas, pero su corazón seguía siendo una ampolla en
el pecho.
Remus comenzó a moverse, lentamente. Grant lo miró, sintiendo el
zumbido de excitación en su columna vertebral que siempre sentía cuando
estaba a punto de hablar con Remus.
La nariz de Remus se arrugó, luego abrió los ojos. Cayeron sobre Grant casi
de inmediato, y Grant sonrió.
—Buen día.— Él articuló.
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488
Cinta Cuatro
CIENTO VEINTISIETE
Padfoot &Prongs, 1978
Sirius
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—Sí— asintió Sirius, frotándose la nuca. Se sentía inquieto y demasiado
acalorado. Se tiró de la corbata de la escuela. —Lo sé.—
—Bien. Supongo que no en todo momento, de lo contrario me habría dado
cuenta — James dijo, impasible.
—Lo estábamos escondiendo— Sirius dijo, rápidamente. No quería que
James pensara que era un mal amigo, o negligente, o cualquiera de esas
tonterías. Si alguien tenía la culpa, era él, Sirius. Quizás Moony también,
un poco, pero si alguien iba a poner el cuello, entonces debería ser Sirius.
—Pads ...— James estaba diciendo ahora, todavía frunciendo el ceño, —No
quiero ser grosero ni nada, pero ... ¿qué diablos crees que estás haciendo?—
—¿Qué?— Sirius lo miró, desconcertado. Había esperado algunas respuestas
diferentes, pero no eso.
—Este es Moony . ¡Nuestro mejor amigo, Moony! —
—Lo sé!—
—¡Remus Lupin!—
—¡Sé su nombre!— Sirius espetó, enojándose ahora. No podía ver a lo que
se refería el otro chico, y se sentía muy injusto que James lo intentara así,
cuando solo estaba tratando de ser honesto.
—¡Hemos pasado siete años tratando de que él confíe en nosotros!— James
continuó, gesticulando salvajemente con las manos como si no estuvieran
de acuerdo en una jugada de quidditch, —¡Literalmente acaba de empezar a
decirnos algo sobre sí mismo, y lo vas a arruinar todo porque no puedes
controlarte!—
—¡Ey!— Sirius gruñó, apretando los dientes y apretando los puños. —¡Eso no
es lo que es!—
James se burló, poniendo los ojos en blanco.
—Vamos , Sirius, sé lo que eres como! Estás dentro, hasta que te
aburres. Mira, nunca dije nada cuando era Mary, ella puede cuidarse
sola. O Emmeline, a pesar de que eras un bastardo para ella. O Avni, o
Florence, o cualquier otra persona a la que hayas ido, pero esto es
demasiado, incluso para ti, Black —
—Si esto es porque ambos somos ...—
—Me importa una mierda— James agitó una mano con desdén, —Sabes que
no me importa ese tipo de cosas. ¡Lo que me importa es que actúes como si
pudieras tener a cualquiera, en cualquier momento, sin consecuencias! —
—No ha sido tan fácil, créeme— Sirius respondió secamente.
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—¡ No te creo! Si pudieras pensar con tu cerebro en lugar de tu pene
por una vez —
—Vete a la mierda, no necesito esta mierda— Sirius respondió, —
Obviamente no estás interesado en escuchar—
—Es Moony — James dijo de nuevo, como si Sirius fuera un primer año
particularmente estúpido luchando con un hechizo muy simple.
—Buenopecon razón me parecía familiar— Dijo Sirius, exasperado. —¡No
puedo creer que estés siendo tan idiota con esto!—
—¡Estoy tratando de hacerte entrar en razón! Sé que siempre has estado un
poco ... bueno, ya sabes. Marchas al ritmo de tu propio tambor, o lo que
sea, pero Remus no es… no es solo alguien a quien puedes probar un poco
y ver si encaja. El nos necesita. Ahora mas que nunca.—
Oh , pensó Sirius, con un ruido sordo. Así que eso es todo . Se miraron el
uno al otro un poco más, los cálidos ojos marrones se encontraron con un
azul helado. Sirius cedió primero, porque siempre lo hacía, cuando era
James.
—Prongs, sé cómo se ve, sé lo que debes pensar… pero te juro que no es
así. Simplemente sucedió ... y quería decirte, lo hice, te lo iba a decir en
Navidad ... —
—¡¿Navidad?!— Las cejas de James se levantaron, —¡¿La
maldita Navidad ?! Ha estado sucediendo desde ... —
—El verano pasado.— Sirius dijo rápidamente, ansioso por decir la verdad
ahora que todo había salido. —Quiero decir... algunas cosas antes de
entonces, pero prácticamente— Esperaba no sonrojarse. Todavía estaba
avergonzado de la forma en que se había comportado el año pasado.
Los ojos de James se abrieron y la mirada de indignación moral no se
disipó. Sacudió la cabeza,
—¡No te entiendo! Después de todo lo que él ha pasado ...
—¡Mira, él tenía alguna opción en el asunto! Estás actuando como si no
pudiera tomar decisiones por sí mismo, cuando sabes muy bien que nadie
obliga a Moony a hacer nada, es imbécil testarudo —
James no respondió a eso, pero Sirius pudo ver en su rostro que le había
hecho detenerse. Al ver una oportunidad, siguió adelante: —Esto no
es todo culpa mía. Merlín, pensé que lo entenderías. O al menos he sido un
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poco menos crítico: he tenido que escucharte hablando de Evans durante
los últimos cinco años y no me quejo —
James sonrió, a su pesar.
—Sí, lo haces—
Sirius le devolvió la sonrisa y se encogió de hombros.
—Ok, lo hago. Pero no eres el único al que se le permite enamorarte —
—Espera— James miró hacia arriba de nuevo, frunciendo el ceño —
¿ Enamorado ? ¡¿Estás enamorado de Moony ?! —
—Eso fue solo un ejemplo—, dijo Sirius apresuradamente,
retrocediendo. Maldito, ¿cómo se había escapado eso? —Solo quise decir ...
eh ... no hemos hablado exactamente de eso ... de todos modos, ese no es
mi punto—
La boca de James se había abierto de nuevo, pero al menos había dejado de
fruncir el ceño.
—Mira— dijo Sirius, inclinándose hacia adelante en el escritorio, —sé que te
preocupas por él. Todos lo hacemos. Yo hago. No es como fue con todas
esas chicas, es ... más. Es mejor. Me hace mejor, me comprende —
—Merlin.— James se sentó abruptamente, mirando el libro frente a
él. Sacudió la cabeza, todavía frunciendo el ceño. Pero ya no parecía
enojado.
Sirius esperó, sin saber qué más podía decir.
—Perdón.— Lo intentó de nuevo. —No sé qué más decirte. Pero no te estoy
pidiendo permiso, solo te lo hago saber. Así es como es.—
James se pasó las manos por el pelo y volvió a negar con la cabeza. Suspiró
profundamente.
—Toda esta lectura— Él dijo. —Necesito un descanso.—
—Sí.— Sirius asintió, ansioso por un cambio de tema.
—¿Campo de Quidditch?— James finalmente lo miró a los ojos. Sirius
sonrió, aliviado.
—Continúa entonces.—
Empacaron sus cosas rápidamente y abandonaron el castillo. Afuera, las
cosas se sintieron un poco mejor. Sirius comenzó a relajarse. Se preguntó
dónde estaría Moony. No podía esperar a hablar con él; para celebrar la
superación de este último obstáculo. Él y James se pusieron su equipo de
vuelo en un agradable silencio. James no era como Remus; no tenías que
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seguir insistiendo y persuadiéndote para obtener una respuesta, o te decía
lo que pensaba o podías asumir que todo estaba bien.
James estaba listo antes que él, y esperó en la entrada del bloque de cambio
sosteniendo ambas escobas. Sirius vino a su encuentro. Era un día perfecto,
despejado, el cielo estaba azul y había suficiente pellizco en el aire para
mantener sus sentidos agudos.
Sirius aceptó su escoba de manos de James e inhaló el aire fresco. Miró a
James. Una vez que estuvieran en el aire, todo habría terminado; toda esta
incomodidad, toda la incomodidad. Solo una cosa más que necesitaba
decir.
—¿Prongs?—
—¿Sí, Canuto?—
—¿Todas esas cosas que dijiste sobre Moony?— Sirius miró a su mejor amigo
detrás de su cabello, —¿Sobre cómo acaba de empezar a confiar en nosotros,
y cómo nos necesita? Eso sigue siendo cierto. Es por eso que realmente
necesito que te acostumbres a esto, ¿de acuerdo Potter? Tienes que
demostrarle que todo es igual —
James lo miró durante mucho tiempo, sus ojos castaños oscuros quietos e
interminables. El asintió.
—Si lo se. Lo voy a hacer. Lo juro.—
493
Cinta Cinco
CIENTO TRENITA Y CUATRO
San Valentín, 1978
***
495
Más tarde esa noche, cuando las chicas estaban en su habitación, se abordó
el tema del día de San Valentín y Remus reaccionó exactamente como
Sirius esperaba que lo hiciera. Eso fue muy agradable; finalmente estaba
entendiendo a Moony.
De todos modos, Remus estaba planeando una broma gigante, que era la
versión favorita de Sirius de él. Fue tan directo y autoritario; ordenando a
todo el mundo, con la cabeza en alto, la mirada intensa. Y luego comenzó
a fumar y eso siempre tenía a Sirius ahí , debido a sus perfectos labios
sangrientos y sus delicados dedos y sus ojos ...
No podía esperar a irse a la cama y, afortunadamente, las chicas se fueron
rápidamente después de eso. Prongs y Evans hicieron un gran espectáculo,
como de costumbre, besándose y susurrando y como si estuvieran separados
por la eternidad, no solo por unas pocas horas de sueño. Sirius sorprendió
a Remus mirándolos, y por millonésima vez se preguntó qué estaría
pensando Moony.
Para cuando Sirius estuvo listo para irse a la cama, Remus se había acercado
todo callado y pensativo, y Sirius no podía decir si solo estaba cansado,
concentrado en la broma, o si era algo completamente diferente.
Fuera lo que fuera, Sirius solo lo empeoró. Metió el pie en él con la cosa de
Lupercalia, y no supo por qué. Honestamente, a veces era difícil mantenerse
al día. Un día, Remus estuvo perfectamente dispuesto a hablar de su
wolfiness. Otros días era completamente tabú, y se apagaba ante la menor
mención.
En cierto modo lo resolvieron entre ellos: estaban mejorando un poco en
eso, se molestaban entre sí hasta que entendían. De todos modos, resultó
que Remus estaba realmente preocupado por todas las tonterías del Día de
San Valentín, no porque quisiera una canción y un baile, sino porque
pensó que Sirius podría hacerlo .
Esto fue tan increíblemente dulce que Sirius no pudo dejar de sonreír, y
tuvo que empezar a besar a Remus solo para que no viera la sonrisa tonta
de Sirius.
***
Martes 14 de febrero de 1978
496
En verdad, Sirius no había pensado mucho en eso. Es decir, demostraciones
públicas de afecto. Al menos, no lo había pensado más allá de las
necesidades y preferencias de Remus. A Mary le había sucedido lo mismo:
le encantaba besuquearse en público, le encantaba que la atraparan y
lucirse; así que a Sirius también le había encantado. Por el contrario, a
Remus siempre le había gustado esconder y guardar secretos, y Sirius estaba
aprendiendo que eso podía ser muy divertido por sí solo.
Tal vez Sirius simplemente se mostraba tranquilo con el afecto. O tal vez
era demasiado complaciente con la gente. Se molesta un poquito, cuando
Lily y James pasaban horas acurrucado en cada otros vueltas en la sala
común, o caminado de la mano entre las lecciones, sonriendo el uno al
otro, mientras que otros estudiantes tuvieron que esquivar fuera de su
camino. Obviamente, él y Moony nunca iban a ser esa pareja, no en
público, pero era bastante agotador tener que recordar mantener las cosas
platónicas fuera del dormitorio. Después de todo, a Sirius le gustaba
lucirse. Le gustaría presumir de Moony.
Pensó en ello mientras él y James bajaban sigilosamente al comedor para
preparar el regalo de Lily, temprano en la mañana. Había dejado a Moony
durmiendo, las sábanas enrolladas alrededor de su cintura, un brazo sobre
su cabeza, la cabeza inclinada hacia arriba. A la luz de la mañana, sus
cicatrices eran como venas de mármol, y Sirius quería agacharse y trazarlas
con la lengua. No lo hizo. Le había hecho una promesa a James.
—¿Crees que habrá suficiente espacio?— Preguntó James, mientras entraban
al Gran Salón vacío. —No quiero que nadie salga herido—
—Son fuegos artificiales florales—, bostezó Sirius, —Nadie saldrá herido a
menos que sea gravemente alérgico—
—¡Maldita sea, ni siquiera había pensado en las alergias!—
—Merlín, no me digas que vas a cambiar de opinión ahora, no después de
que me sacaste de la cama a esta hora tan impía—
—No lo voy a hacer, no ... vamos, hagámoslo entonces—
Comenzaron a ocuparse, colocando los grandes detonadores en forma de
bulbo que habían construido con esmero y colocando los hechizos del
gatillo para que se dispararen en el momento adecuado.
—¿Qué vas a hacer el resto del día?— Preguntó Sirius, sentándose en una de
las mesas balanceando sus piernas mientras veía a James preocuparse por
los toques finales. —¿O crees que ese gato es suficiente?—
497
—Ella tiene la mayor parte del día libre y he hecho arreglos para que el baño
del prefecto se cierre misteriosamente por reparaciones—, sonrió James,
satisfecho de sí mismo.
—Qué romántico.— Sirius arrastró las palabras.
—Lo es, en realidad—, respondió James. —¿Tú que tal? ¿Sigues alejándote de
Moony?
—¿Eh?—
—¿La pelea, anoche?—
—Eso no fue una pelea — Sirius sintió que sus mejillas se calentaban. Había
olvidado que Prongs había escuchado esa parte. —Nos reconciliamos, de
todos modos. Acabo de hacer un hechizo de silenciamiento para que
dejaras de escuchar a escondidas —
—Oh, ¿para eso fue ...?— James levantó una ceja arrogante, la lengua jugando
con la comisura de su boca,
—Vete a la mierda,— lo empujó Sirius, saltando de la mesa. —Señor baño de
los prefectos—
—Godric, Black, ¿te estás sonrojando? ¿¿De verdad te estás sonrojando?
— James se rió, empujándolo hacia atrás. —Vaya, Moony debe ser otra cosa—
—No puedo creerte ...— Sirius negó con la cabeza, comenzando a caminar
fuera del pasillo, deseando que su rostro volviera a su color habitual. Que
embarazoso.
—Oh, vamos—, se rió James, trotando ligeramente para alcanzarlo, —Sabes,
estoy realmente aliviado. Ustedes dos actúan como si la mantequilla no se
derritiera, la mayor parte del tiempo, ni siquiera los he visto besar —
Dijo —besar— y no —besuquear—, porque James Potter era un romántico de
pies a cabeza. Probablemente llamó a follar —hacer el amor— Ha. Sirius
tomó nota para recordar eso para más tarde.
—¿Crees que es extraño?— Preguntó Sirius, disminuyendo la
velocidad. Realmente le vendría bien un consejo sensato, y Prongs tendría
que hacerlo si Lily no estaba cerca. —De que no lo hayas
hecho. Er. ¿visto? Besesandonos, quiero decir —
James se encogió de hombros. —No lo sé.BLo besas, ¿no?
—Obviamente,— Sirius se sacudió el cabello,
—Bien entonces. Simplemente asumí que Moony era él mismo incómodo
—
—Sí lo es. Pero ya sabes ... no podemos ser tan públicos como tú y Evans —
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James estuvo bastante tiempo pensando. —No—, dijo finalmente, —Eso tiene
sentido. Lo siento compañero.—
—No es tu culpa.— Sirius se encogió de hombros.
—Sin embargo, deberías sentirte cómodo con nosotros— Dijo James. —
Somos tus amigos—
—Si lo se.—
—Quiero decir, cómodo dentro de lo razonable —, dijo James,
apresuradamente, la sonrisa volviendo a sus rasgos, —No sé si estoy listo
para ver a mis mejores amigos haciendo ... eh ... bueno, si al menos ... quiero
decir ... lo que sea. eres tu…—
—Potter, ¿ te estás sonrojando?—
***
Los fuegos artificiales y el gatito fueron muy bien recibidos, por supuesto,
pero Sirius se llevó una sorpresa después del desayuno. Remus Lupin
en realidad sugirió faltar a clases y drogarse en su lugar. Bueno, tal vez la
parte de drogarse no estaba tan fuera de lugar, pero faltar definitivamente
lo era. ¡Y una rana de chocolate, para empezar! Eso tenía que ser romance,
Remus regalando el último de sus dulces.
—Prongs va a tener un gran problema conmigo por fumar aquí— se rió
Sirius, a la mitad del primer porro,
—No—, respondió Remus, perezosamente, acostado de costado y
acariciando la pierna con pantalones de Sirius. —Simplemente agite una
toalla húmeda y se deshará del olor. Es lo que hicieron los muchachos de
St Eddy —
—Cool.— Sirius respiró asombrado. Remus le dio una mirada divertida que
le dijo que estaba siendo raro. Pero no le importaba. Si pensar que Moony
era genial era raro, entonces Sirius era raro. Él rió de nuevo. Remus sonrió,
sacudiendo la cabeza y tomando el porro.
—Ligero.—
—Qué desdén. Tanta crueldad — Sirius se dejó caer en la cama y se aflojó la
corbata.
—Lo amas.— Remus exhaló humo, de modo que cubrió el cuerpo de Sirius
como niebla.
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—Oye,— Sirius miró hacia abajo, frunciendo el ceño, —No hagas eso, mi
uniforme va a apestar.—
—Quítatelo, entonces.— Remus arqueó una ceja. Sirius lo miró,
—¿En realidad?—
Remus volvió a llevarse el porro a los labios y chupó. Esos labios. Esos
dedos. Esos ojos. Él asintió con la cabeza, exhalando, —¿A menos que
pienses que vas a ir a clases hoy?—
Sirius negó con la cabeza, sin palabras. Remus se sentó sobre sus rodillas y
se acercó a Sirius con sus largos brazos para apagar el porro en la taza de té
viejo en la mesita de noche. Sirius cerró los ojos, ya queriendo sentir a
Remus, su peso, su calor.
Nunca había sido así con Mary o Emmeline. Nunca nadie le había hecho
sentir así; como si pudiera desmontarlo y volverlo a armar, nuevo y mejor
que antes. ¿Y qué si Moony no era cariñoso en público? Siempre y cuando
fuera así en privado.
—Vamos, entonces—, estaba diciendo Remus ahora, con un tono más duro
en su voz, —No tengo todo el día—
Sirius se movió rápido - Remus en realidad no tenía prisa, era solo que
Sirius nunca rechazaba una orden si se la daba de la manera correcta. Se
quitó la corbata, luego se desabotonó la camisa, rápido. Le dejó los
pantalones a Moony, porque esa era la parte favorita de Moony, ya Sirius le
gustaba ver cómo sus largos dedos trabajaban en el broche de su cinturón.
Remus estaba encima de él ahora, a horcajadas sobre su cuerpo e
inclinándose hacia adelante, besándolo con fuerza, moviendo sus caderas
muy suavemente hacia adelante y hacia atrás, lo suficiente para ser
exasperante. —Moony ...— Sirius dijo con voz ronca, contra sus labios, —Por
favor ...—
Eso fue suficiente, eso siempre fue suficiente. Remus gruñó y aceleró sus
movimientos, presionando más fuerte, prácticamente mordiendo los labios
de Sirius.
Sirius gimió, extasiado - ahí estaba; esa necesidad, ese poder furioso. No se
avergonzaba de admitir que la fuerza de Remus, su capacidad para desarmar
y abrumar por completo, era una de sus atracciones más poderosas. Ser
querido - necesitado - por Remus era embriagador. Intentó frenéticamente
mantenerse al día con el nuevo ritmo, moviendo sus propias caderas con
fervor.
500
—Mmph,— murmuró Remus, alejándose de repente, sus labios estaban
oscuros y sus ojos oscuros y Sirius lo alcanzó, febril de deseo,
—Vuelve ...—
—Puerta-— murmuró Remus, mirando de reojo, —Cortinas - Prongs ...—
—Se irá todo el día,— Sirius negó con la cabeza, desabrochando los botones
de la camisa de Remus, tirando de él hacia abajo, —Lo prometo, me dijo,
está bien ...—
—Maldita sea, amo el día de San Valentín—, sonrió Remus, reanudando los
besos.
Yo te amo maldita sea , pensó Sirius, de la nada.
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The End.
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