0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 18 vistas29 páginasUntitled
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido,
reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
La Escuela Italiana del
procesalismo cientifico
José Antonio Silva Vallejo
1, “Preludio” @ to ciencia italiana
R OMA, Milin, Népoles, Florencia. ..; Padua, Bolonia, Génova,
Messina. ..: nombres, cfudades, figuras y palsajes evocadores
de una larga procesidn de recuerdos para quienes han contem=
plado Ia belleza del Duomo, el Bautisterio o el Campanile de
Giono en la ciudad del Amo; alli donde en Borgo degli Albizzi, aque-
Ila calle entre la Piazza della Signoria y la del Duomo, luego de recorrer
la via del Procdnsul nes enfrentaba al estudio de un personaje inolvida-
‘ble en nuestra historia; cudntos hay también que, en sus peregrinaciones
ala Ciudad Eterna, recorren todavia algin lugar histérico, recordan-
do al fundador de la escuela italiana del procesalismo cientitico, aquel par
lacete de Via Brunetti, proximo a la Piazza dei Popolo, en euyas habi-
taciones que daban al jardin, los libres Ilegaban hasta el techo; cuintos
hay que al llegar a la ciudad del Imerio y de Redenti, perciben todavia,
cual ecos del pasado, por entre las gastadas baldosas de la vieja Univer-
sidad, los murmullos matinales de la letania, las distinciones de la cire-
dra de “Prima” y los resabies de interlineas de los antiguos Glosadores.
Es la misma Italia cantada por Leopardi y por Carducci, "“ITtalia leme-
varia” de “il dolce stil nuovo” y del “risorgimento”; es el paisaje cantado por
D’Annunzio y Fogazzaro pero también el paisaje antiguo de Horacio y de
Virgilio. Y cuando en 1843 Vicenzo Gioberti publica “il primate morale ¢ ci-
vile degli italiani”, al que responde Cesare Balbo un afio después, con la cbra
“Le speranze d'Tralia", no podemos menos que pensar en la perennidad del
genio de la Roma eterna y de la eterna Italia,Para nosowos, este fendmeno “humanistico” se traduce en una esencial
influencia del espiritu italiano y de su arte, en una vivencia comin a todos
los intelectuales en la que descubrimos en lo itilico, sca cn su paisaje o en
jas grandes figuras de su pensamiento, la razén de nuestro ser profundo y
un elerto sentido del destino, como puede comprobarse en un recientisimo
estudio de Estuardo Niiiez intitulado “Las letras de Italia en el Perl”, Li-
ma 1968, o en los ya clisicos ensayos de Maridtegui sobre “El alma matinal”.
Incluso, en los aspectos mis polémicos de la imtelectualidad italiana hay pro-
‘blemas similares en Ja organizacidn de Ia cultura, como lo podemos compra
bar Ieyendo el estudio de Antronin Gramsci sobre “Los intelectuales y la
organizacién de la cultura” (Editoral Lautaro, Bs. Aires, 1960).
Por otro lado, el secreto de esta prandeza, la rezén profunda de la in-
mortalidad del genio romano ha de encentrarse mis que en las razones ex
puestas por Albert Grenier en su obra “El genio romano en la religién, el
pensamiento y el are” (Vol. XVII de la Biblioteca de Sintesis Histdrica
dirigida por Henry Berr, Utcha, México, 1961), en la pasién innata de este
pueblo por el cultivo del derecho, entendido como ars poética y coma filoso-
fia; porque, come ya lo decia en fos tiempos pre-clasicos cl pocta Ennio:
Melius est virmute jus, nam ssepe virtutem mali Nanciscuntur, jus
aeque ac cum se a malis spernit procul. '
¥ asi, bajo el doble ritmo de la circunsrancia vital y de la historia, con
la riqueza del espiritu que ilumina el intelecto y fecunda las arideces del
abstraccionisma puro, la escuela italiana del proceso se desarrolla y desen-
vuelve en una suerte de magna orquestacion siniénica; en la que no faltan,
por supuesto, junto ala fase del Andante maestoso come son los “Saget” o
tos “Principit” de Chievenda; la del “Andante Cantabile, “Presto”, “Ron:
dé” y “Coda”, que es fundamentalmente el Sistema de Carnelutti o cl “Alle-
gro” personificado en las obras de Calamandrei 0 de Redenti; el Adagio re-
presentado por algunos sucesores de Chiovenda y no falta tampoco una agu-
da contrapuntistica, © una suerte, diriamos, de Allegra assal vivace, como
3 la obra vital y revolucionaria de Salvatore Satra.
Por ello, puede también parangonarse al pensamiento y al estilo de Chio-
venda, de Calamandrei y de Redenti con la clasica serenidad y limpider de
la eseultérica apolinea, al pensamiento carneluttiano con el estilo féustico
ya la obra de Satta con la tormentosa vitalidad del arte dionisiaco, was la
cual, se esconde una segura y profunda limpidez, no obstante sus arrebatos
L. Mejor ex el cuttiva de Ia virtue! jucidic
gonar tes malas; el derecho stempre esti a di
2 al de las virludes que suslen pre~
de los perversns.
0gnésticos, sus desbordamientas misticos y su “inarrestabile moto”, que hae
cen de él al “hijo prédigo” de la escucla de la que s¢ aparta en 1937 en su
famosa polémica con Cristofolini y a la que torna sobre todo en la sétima
edicién del conocido manual editado por la Cedam en 1967.
Junto a estas luminarias de Ja escuela, Aliredo y Ugo Rocco, Antonio
Segni, Marco Tullio Zanzucchi, Liebman, Allorio, Andrioli, Micheli y Catna-
cini, Furno y Cappelleti, Costa y Fazealari son estrellas que han brillado o
ya brillan con luz propia en el luminoso firmamento del procesalisme cien-
tifico italiano.
La italianidad y la escolasticidad de la escuela del proceso, por otra par-
te, también ha sido perfilada y resumida em una clisica ¢ insuperchle sinte-
sis; en cl maravilloso Prélogo de Couture a la obra de Calamandrei sobre
las provindencias cautelares.
Dice Couture:
“Esa escucla tuvo un singular destino. Surgida de Is escuela fran-
cesa [ue luego orientindose hacia la escucla alemana.
De la escuela francesa tuvo el sentido cartesiano del orden y de Ia
deslumbradora claridad greco-latina. No hay un solo maestro ita:
liane que no haya sobresalido en estas singulares virtudes de su ra-
za, Excelentes oradores y eseritores, tavieron en primer término,
como virtud excelsa, la de saber decir y escribir el derecho, Sus
obras son verdaderos modelos del método y de la transparencia cx-
positiva.
Pero de la escuela alemana, Iralia romé el rigor conceptual y la pro-
fundided filosdfica, Asi, por ejemplo, cuando las Pandectas de
Windscheid resultan traducidas al italiano y anotadas por Fadda y
Bensa, Jas adiciones latinas por su profundidad y por su pureza
dogmética, en nada desmerecieron del original alemin, No hay wna
sola de las ramas del derecho en Ja cual Ja escuela italiana no ha-
ya recibido del genio alemin su sentide profundo del derecho, su
capacidad de abstraccion y esa inereible facultad ldgica de operar
con conceptes como si fueran cosas tangibles y materiales. Pero en
tanto algunos esctisores de Francia, por amor a la claridad, se pier-
den en Ta superficie de las cosas desentendiéndase, ademis, de lo
que ocurre fuera de sus fronteras, y en tanto los de Alemania, por
amor 2 la densidad, pierden el sentido de ta realidad y de la propor:
cion, Italia toma de unos y otros lo mejor de su genio. Toma de
Francia la claridad y ef método; toma de Alemania la exquisite de
los conceptos; y sin traicionar una sola de las adquisiciones del le-gade latino, al que permanece fiel en todo instante, supera a las
dos escuelas en el perfodo que separa a ambes guerras”, *
Uns visién panordmies de la forma en que se han desenvuelto los estue
dios del derecho procesal en Italia en los dltimos anos nos la ofrecen Calae
mandrei, Camelusii, Allorio, Giannini, Carnacini, D'Onofrio y Ugo Rocco. *
En Sud América quienes han dedicado alguna investigacin 2 estas cuestior
nes son Santiago Sentis Melendo y Niccto AlcaliZamora y Castillo."
Decia, hace algunos afios, Sentis Melendo en el vol. I, p. 196 de les Seri-
ti in Onore di Carnelutti que:
“Redenti es para nosotros, estudioso: de habla castellana, una es-
trella solitaria en el gran firmamento del derecho procetal italia-
no y la influencia de esas tres grandes figuras {como se ha produc
cido?
Podziamas sintetizarlo asi:
Chiovenda innovando; Calamandrei confirmando; Camelutti ine
quictando”, *
Por cierto que esta caleidoscépica expresién, esta fotografia sideral del
firmamento italiano captada por Sentis Melendo en 1950, ha menester, va-
tios aos después, de un desarrollo, de una ampliacién forogedfica en la que
se aprecien los dngulos, perliles y contornes humanos y escolisticas del pro-
cesalismo italiano, Por eso ¢s que en 1943 pudo decir Alcali Zamora que el
riesgo que por razén misma del altisima nivel en que se mueve, corre el pro-
cesalismo italieno, es el de alejarse del ambiente en que se desenvuelve el
2. COUTURE: Fréloge a bs “Provideneias Cantelores", m. 14, Editorial Bibllogyl-
fica Argentina, Bs, Aires, 1945,
3. CALAMANDREI: Lar Estudins de Derecho Frecesal en aan Fier, Bs. Ab
res, 1050, CARNELUTTI: Cucstiones scbro el Proceso Pesal, Fjea, As. Aires, 1961,
sdemis: "Escuch alinna del Derecho, vol. I, pig.
49, Bjea, Bs, Ares, 1962; dems; “Profil del persiero giuridico itsbiaoa” en sits Dis-
corsi_inturno al diritto vol. U1, Cedam, Pade, 1853; ndemis; “Scaoka inakana del pro
ceseo™ en Rivista di dirito processuale, 1047, T, pig 230 apse E. ALLORIO:
Reflexiones sobre el desenvolvimiento de la ciencia proces Probiemas de Derecho
Process, TAA, p. ROL y 2g, Ejon, Be. Altes, 1809; IANNINI: Gl studi
processvale civile in Italia, en Riv. di Trim di dir. ¢ proc, civ, p. 103-19, 1940,
NAGINI: Gli studi sul procemo esecutiva in Italia, em Atti del Congress Internazio-
nae di Diritto Processuale Civile: 30 Stt— 3 Ott 1950. p. 145.63, DONOFRIO: Bre-
ver consiclericiones acerch del estado actual de los estudio de derecho procesal ea Ita-
lin, em Fadloge a be obra de U. Rocco “Derecho Froceral Civil, 2°, ede, Ménicn, 1944;
ene Frélogo a ta emudueciém custellina de eu obra “Teoria General del Proce-
co, 1959,
“Us SENTLS MELENDO: La escucls procesal italiana, en Scritti Giusidict in
Camelutti, vol, I, Cedam Padova, 1950; N. ALCALA-2AMORA, Momentcs
» preocupaciones y fendencias del procesalixmo italiana, en X Aniversario dp a
ion do Aboados. IMG-1053 de la Univeridad de Gundslajam, 5 Conferencias,
mayo 1 de 1963
5.8. SENTIS MELENDO, oh. cit, pig. 196,
2proceso y de las perionas que lo viven a diario (jueces, abogados, secretax
ios, ete.). °
Bajo esta perocupacién queremos ofrecer, ahora, un desarrollo huma
nistico de Ja escuela italiana del procesalismo cientifico; la misma que na-
cida de la alemana y bajo Ja influencia, principalmente de las doctrinas de
Adolf Wach, de Oscar von Biilow, de Schmidt y Konrad Hellwig, de Weiss-
mann, Shultze, von Canstein, von Skedl y Mendelsohn Bartholdy, entre
otras, aproveché sus elaboraciones sistemdticas hasta Inego alcanzarlas y
superarlas,
Ya lo dijo Careluri, alguna vez:
“ { Queréis permitirme, para mi consuelo, un pequefio recuerdo per-
sonal? Hallabame en Viena, el ato 1928 si no me equiveco, invi+
tado a exponer mi proyecto de Codigo de procedimienta civil ante
la Asociacién de los deutsche Zivilprozesslehrer, que celebraba alli
su sesién anual. Mi amigo Calamandrei, hoy rector de la Univer-
sidad de Florencia, estaba conmigo. Hallébase alli reunida toda la
ciencia alemana del proceso. Los grandes nombres, tales como
Wach, por Alemania, Klein por Austria, habian desaparecido; pe-
ro la nueva generacién conservaba todavia magnifico vigor. Exe
cepcién hecha de James Goldschmidt, que mo habia pedido dejar
Berlin, todas las universidades alemanas habian enviado alli sus
especialistas, de Kisch a Pagenstecher, de Rosenberg a Neuner,
de Pollak a Petschek. No hubiera podido imaginarse una mas
formidable asamblea para un orador. Por eso nadie se sor-
prendara si confieso que cuando Mendelssohn Bartholdy, pro-
fesor en Hamburgo y presidente de la asociacién declaré muy
simplemente a sus compafieros, como gran sefior que cra:
“jAy de mi, sefiores! Nosotros, los alemanes, hemos cedido
el cetro del derecho procesal a los iralianos”, Calamandrei y
yo sentimas un escalofrio de felicidad, Viena, decaida, después de
Versalles, al rango de una pequefia capital; la legacién de Italia, so-
berbiamente instalada en el antiguo palacio de Metternich; |a ad-
miracién que les extranjeros no ocultaban por nuestro régimen, no
eran cosas como para producirnos ilusiones. Nosoros, Calaman-
drei y yo, y Chiovenda lo mismo, teniamos iguales ideas. Pero que
4 Alesli-Zamors y Castillo: “Mamentes, preecupacianes y todencias del
proesalismo Ttolano'.” Canfereacia promneiada el 31 do mayo de 183 con mative
del X Aniversario: Generacion de Abogados. Universidad de Guadalajara e impresa
en cl valumen asi titulado, Mésion 1083, Publicado ahora en el vohomen; “Estudios
de Teoria General © Historia del Proceso (1085-1972)", Toso I; pagina 595, Meéxl-
eo 1974
Bverdaderos hombres de ciencia, el mayor mérito de los cuales no
era a humildad, hubiesen hecho y aprobado una tal declaracidn,
he ahi algo sobre lo cual nosotres sentimos que podiamos contar’.
2. “Ttalianidad” de la eseuele
La italianidad de la escuela del proceso reside, pues, ante todo, en ha-
ber sabido introducir ¢l arte en el derecho. Esto es, justamente Jo que la
distingue de [a escucla alemana esencialmente técnica y racionalista.
Hasta el propio Carnelutti, geémetra del conceptualismo puro, ¢] logi-
cisa d owlrance, para quien “cl Derecho . .. es um pucnte lanzado desde la E-
conomia a la Etica o ( {por que no?) desde Ja tierra al cielo™ supo compren-
der” que el derecho es, ante todo, un arte; arte del derecho, acepcién pro-
funda consistente en la atménica distribucién entre la ciencia y la técnica,
entre la filosofia y Ia ciencia, entre la ineuicion y Ia légica, entre la teoria
y la prictica y que para Cameluti consiste en la reduccién programitica
del proceso al juicio. " Por no heber comprendido esto: “...en verdad la
ciencia procesal alemana es todavia superficial”. "
Y en otra parte dice Carnclurti:
“3No es verdad que el derecho es armonia?
Ahi esta el secreto de su fuerza,
Enel fondo, muy en el fondo,
hacer el derecho es hacer musica,
.. .Nosotros: los italianos
somes al mismo tiempo juristas y miusicas”. @
Y sien Alemania tenemos a un Friedrich Stein que irrumpe con su in-
mortal obra sobre “El conccimiento privade del juez”" en el andlisis siste-
mitico de la experiencia judicial y en una filosofia de la vida y la experien-
cia con su bella férmula de la “Erfshrungssatze”. en Italia tenemos las be-
Has paginas de Redenti, Calamandrei, Satta y Capograssi que inauguran lo
que hemes denorinads en otra parte Ia fase de transicién en el desenvelvie
7. CARNELUTTI: Evsayo de una ‘Teoria Integral de la Accién, en el vol Gues-
‘Nenes sobre el proceso penal, p. 38, Ejoa. Bs. Aires, 1961,
4, CARNELUTTI: La Procba Civil, P, XX de Is Introduceiim, Edit. Aryl, Bs.
Aires, 1955.
® Thid. p. XV, in fine.
10. CARNELUTTI: Arte del Derecho, Ejea, Bs. Aires, 1956, p. 68 y se: Volva-
mos al jaicio, en Cuestiones sobre of process penal, p. 53 y as, Noewas reflexiones acer.
3 del juicin juridico, en mismo voll p. BT y sx.
HL CARNELUTTI: Arte del Derecho, p. 70, ede. eit.
12, CARNELUTTI: Ensayo de una teoria integral de la seckin, en el vol. Cuss-
tiowes sabre el proceso penal. p. 37 im fine, y 3
18. FRIEDRICH STEIN: “Das private Wissen des Richters", Leipzig, 1899,miento de la escuela sistemitiea del proceso, fase que se caracteriza por
‘su anticonceptualismo y en la que soplan vientes de fronda provenientes de
un escepticisma d outrence."
3. Fares de la escuela
Para Carelutti la escuela italiana del proceso consta de cuatro fases 0
momentas:
Alfa: “perlode o escuela exegética netamente inspirada en Ja corriente
exegética francesa. S¢ caracteriza por ¢l predominio de los comen-
tarios en los que Ja indagactén se dirige a interpretar cada precep-
to legal segiin el orden del Cédigo.
Beta: periods de las teorias particulares, que representa ¢] trinsito del
anterior a la etapa siguiente. En ¢] la investigacién se orienta hacia
el sistema mediante la busqueda de los principios relatives a las
instituciones en particular,
Gamma: _ periodo de Ja teoria general del proceso de conocimiento, En él la
corrient® exegetica se inclina decisivamente ante la tendencia dog-
mitica, y el influjo de la escuela alemana reemplaza al de Ia escue-
la francesa. Este periodo puede lamarse también escuela de Chio-
venda, su insigne fundador.
Delta: periodo de Ia teoria general de! proceso. Representa una ulterior
evalucién de la fase precedente, inspirada en el deseo de alcanzar
una mis alta sintesis de les principios del derecho procesal.
Para nosotror, la direccién sistemitica en la escuela italiana, inspirin-
dose en Ia tesis programética de Chiovenda enunciada en 1908 en su ens
yo “Del sistema en les estudios del proceso civil”, —segin la cual:
“Toda direcciém con sus defectos, con sus inevitables desarmontas,
tiene su momenta y, hoy, en los estudios del proceso, predomina la
direccién sistematica. Gran parte de estos estudios estin absorbi-
dos por la revisién de los conceptos fundamentales, por la busca
de las grandes lineas directrices, por el andlisis de los instinutas
en su esencia...",
14, JOSE ANTONIO SILVA VALLEJO: Prolegémenos a 1m sister de Derecho
Procesil, en Ii Hevista de li Facultad de Derecho y Ciencias Paliticas, Trujilla, 1865,
‘Afio I, p. 245; estudia pulilicade Inego con alguess ampliaeiones en be Revista de Cien-
‘das firidicas, Chiclayo, 1965-1968, p. 65.2 82 y en ln Revisla Uheraxmericana de Derecho
Precesal 167, p.
15. CARNELUTTE: Sistem, Tnteaduced, dy
16. CHIOVENDIA: Det sistema en los estiidios del prieese civil, en Enstyos de Doe
recho Procesal Civil, TL, p. 378, Ejeu, Bs. Alves, HWA.
15tiene, a su vez, cuatro grandes fases que son:
a. etapa de la reconstrucciin histérico-dogmdtica del proceso que, ins-
piréndose en las doctrinas alemanas y principalmente en la obra de Adolf
‘Wach por una parte, y en el renacimiento de les estudios romanisticos: pro-
pugnados por Vittorio Scialoja, de otra pare, tiene en la obra de Chieven-
daa su principal expositor,
b. etapa teenoldgica, em la que se efectia la aplicacidn de los dogmas y
principios sistemstioos a la ley procesal, a la nueva codificacién, a su. tra-
taciém doetrinaria y andlisis institucional; edad de oro que, si bien se carac-
teriza por el ésplendor de las arquitecturas conceptuales también se carac-
teriza por el predominio mecanicista de a técnica con desmedro de la vida
y del espiritu; etapa que culmina en Ttalia con la llamada “Contrareforma
del proceso civil” y la crisis juridica motivada por ella, anunciada ya por
Camelar ol admiir Ins limitaciones de ls dogmitica™ y, especialmente,
al despedirse, en un conmovedor estudio” de los principios degmiticos que
informaban a [a escuela de Chiovenda; crisis motivada por la incertidum-
bre juridica del conceprualismo ante los nuevos tiempos ™ segin lo han ana
lizado Calamandrei, Ripert, Balladore Pallieri, y varios profesores en un fa-
mato cielo de conferencias promovido en 1953 por la Universidad de Pado-
va" y en el que Camelutn, en expresiva denominacién que caracteriza ine-
quivocamente la declinacién y agonla de una época denomind, en frase insu-
perable, “la morte dei diritto”:" épeca agénica de cuya crisis ha vuelto a
insistir una y otra vez en la Revista di dirito processuale; * época, en fin,
17. BE. FORNATTL: Vicisitudes. de a refarma procesal italiana, «¢n Estudios de
Derecho Procesal, Ahateda, Bz Aires, bird ANDRIOLI: Abeogasione del Goelice di
Frocedura Civile, en Riv. di dir. proc, 1940, Lp, 150; MOLINARI: Una sperienza fa-
Tita (TI Codioe processualy civile ea, Riv, di dir, 1946, Lp. 165; PAOLO
GUIDI: Rilesont in tena dl rllorma det procedimen in talia, en Riv, di
dir. proc, 1958, p. 213.
18. CARNELUTTI: La Proeba Civil, Intreducciin p. XIV, Edit, Arayii, Bs, Ai-
ses, 1955.
19. CARNELUTTI: Addie Chiovends, en Riv. di dir, pre, 1948, Parte 1° p. 121:
‘Tomiamo al gludizio, en la Riv. cit. Afio 1849, P.1, p. 165 trad. en Cuestiones sche
el proceso penal, p. 53 y min.
20. LOPEZ DE ONATE: La certezs del derecho, tad. cast., Ejea, Bs. Aires, 1953
CALAMANDREI: La cortez del derecha y la responsabilidad da ks dactrinn, trad
‘cast,, en los estudios de derecho procesal em Ta LIT y
‘QL, Publicudos por ta Cedam de Padova oon ol titulo La crtsl dei dirita,
22. CARNELUTTL: La morte dei diritts, en Ia Crist del diritto, eit. i. 177.
23. CARNELUTTI: Grisi delfarte © crisi del diritto, en Riv. div dir. proc, 1962,
p. S17; A misma, La erisi del diritto, ex Diseorsi in tora dito, ve TL, p03 y oa:
4 mismo, Nascita 6 renascita del diritto, an Disconsi.. Il, p. 281 y =; 4 mismo, Cri-
i della giustizia penale, en Riv. di dir. proc, 1958, Pp ‘sa 7: en Ios Studi in aooce di
Emilio Botti p. 237 y 48; An TORRENTE aAspetti e solicigsi della erisi della
ghstizia nel procesto civile, en Resegna giuridica sarda, 1963 p. 129-36,
tede cientificidad vacilante™ y de antifilosofisme sistematico, * que mo pur
do o no supe comprender el sentido y naturaleza de la jurisdiccién volunta
ria * y conceptos fundamentales como los de accién y de proceso.”
€. una tercera fase, que la podriamos llamar etapa de transicion carace
terizade por su anticonceptualismo y en la que soplan vientes de fronda pro-
venientes de un escepticisma au trance, en la que irrumpen esbozos de una
filosoffa de la vida y la experiencia, cuyos antecedentes se remontan a la in-
mortal obra de Federico Stein, sobre el conocimiento privado del Juez. *
con la cual trumpe en el pensamiento procesal el anilisis sistematico de
Ia experiencia judicial, a través de una bella fdrmula: “die Ecfahrungssatze”
Jas mdximas de experiencia; andlisis que culmina en una brillante reaccién
contra los exector del conceptualismo expresnda en las belles paginas de Re-
denti, Calamandrei, Satta y Capograssi. ”
M4. ALFONSO IBANEZ DE ALDECOA: Meditacianes sobre In cientifickdad dop-
nities del derecka procesal, en Actas del I Congresa Nacional de Derecho Proorsal
Madrid, 1950, p. 309 y sx; WILHI NDSTEDT, Die Unwissenschaftlichkeit
der Roektswissonschatt, del derecho) 2 yol. Berlin
Gronmewald, 1932, off, vesoneilin en Biv. di dir pme civ. 1937, Tp 81; EANL OLI-
VECRONA, El hecbo del derecho, Ed. Loaada, CABRAL DE MONCADA, JOSE BRAN-
DAO, JOSE VILANOVA, WILHELM LUNDSTEDT, KARL OLIVECRONA, Bl he
cho acl derecho, Lords, Br. Aires, 1956,
25. Es ol exo del reitemde y sistemition ataque de MANZINT cantra In filasidia,
ofr. fambiés CARLO FURNO. Aqui la filesofix poco 0 nada tiene que hacer, ¢Teo=
rte de Ia Prucha Legal, p. 13 in fine}, sin embarge, CARNELUTTI ba ejescida un
verdadern apostolds para que las jurists vuelvan sus a Io filovofia, y Im dicho en el me
crolagio de Masini; “Manzini oon ne volova sogere della filesofia; el dliscidio, tra giu-
risti © filosofi © diveowla rovente, in certe suc pagine... Quest sono certo le pazine
che fanoo torto a Mancini”, Biv. di dir, proc. vo. XI, anno 1957, p. 247-48. Ademis
CARNELUTTI, Filosofia © tvienza del diritto, en Riv. di dir. proc. ci
3, anime: Logica metafisica nello studio del diritto, en Diseorsi.. ci
=
, Recientemente, CARNELUTTI ha declarat en cl Congreso Interscional del
Derecho Proersal Civil celebrado en Venocia del 12 al 15. de abril de 1988 que el eon
cepts de jurisdiociin veluntnria aim nose ho profundizade cientificamente Ip bastante.
Mis ain, agrega ott maestro itilinno, “no sabemos que cam ex la jurisdicckin volunta=
cf. M. CAPPELLETTI, Note in margine al Congreso Veneziano, in Riv. di dir,
proce, 1962, p. 275. Ademis wise, especialmente, la cenfesiia y vigneosa udmanicién
de CARNELUTTI: Mas yo soy el primoro on zeconocer que, tanto en la Tetiturion!
cuanto en Diritio ¢ Frocesso, no he alcansaclo a logrr mis que un primer detenvolvi-
miento del dificil pmblema de este tipo de proceso (proceso valummrin), qua han
hecho les ota y especuluents kes fivenes por ayudarme. Bly, di dir, proc, 1862, p,
298.
27, Jugande con los verbes ser y estar, ilice ALCALA-ZAMORA que “del prace-
bo sobering donde exti pero no fo que ex (si una rélactin o una institweldm, sitaaciin jn-
ridin, ete); de In jurieckocién sxbemos Jo que es, per, no ddnds eth (41 em el derecl
procesal 4 en cl Constitucional) y Ge Ja acciéa no sabemas ni ba que es, ni dénde esti.
Of. NICETO ALCALA-ZAMGHA: Ensefamas y sugerenclas acerca de Ia aocién, ex
Estedios en honor de Hugo Alina.
28, FRIEDRICH IN: Dus private Wissen des Richters, Leipzig, 1893.
29, REDENTI: L'umania mel nuovo proceso civile, in Riv. di dir proce. civ, Vol,
XVITT, Parte, 1 anno 1841, p. 25; ademis, Il gluidicato sul panto di disitto, en las Sen~
ti gcuridici in enore de Carnelutti, vol. II, p. 89 y si, Cedam Padova; 1950. CALA-
MANDREL: I] Frocesm come Giuocco” en Jos Scritti giudici in onore de Francesco
17d. Finalmente, ena tiltima fase, en la que se afinan las anteriores elabo-
raciones conceptuales merced a uma nueva filosolia de la interpretacion del
Derecho, al acvenimiento de un huwmenismo integral y ala aplicacion de nue-
vos métodos. Tal es, por ejemplo, el caso de las tiltimas obras de Sata ( vbgr.
la recientisima 7# edicion de su Diritto Procesuale Civile, Cedam, Padova,
1967) o de los estudios de Elio Fazzalari sobre la Teoria General del Pro-
ccso, * de Mauro Cappelletti sobre la ideologia en cl proceso™ o “La tes
timonianza della prova nel sistema dell'oralitd” ( milano, Giuffré, 1962) 0 los
estudios de Alessandro Giuliani y Franco Cordero ™ sobre una nueva con-
cepcién y metodologia en [a teoria de la prucba inspiradas en la Tépica de
Vichweg* y en las doctrinas de los retdricas grieges y del medioevo.
La nueva fase ubiea ax, en su lugar correspondiente, los conceptos y
Jos hechos, la razén y Ia vida, Ia légica y la libertad creadora y en la que
asumen. su lugar correspondiente tanto los mecanismes conceptuales, como
los valores del espiritu y de la vida. *
4, EI pensamiento vivo de la escuela italiona
‘Con estos antecedentes, veamos ahora los perfiles individuales de la
escuela italiana del proceso; adentrémones en el microcosmos de cada uno
Camelutti, val 1, p. 485 y st. Esta manografia so acaba de teduce al castellano por
Sentis Melendo en Estudios sobre ef proceso civil, Ejea, Bs. Aires, 1863, p, 255 +
ademis Proceso y Justicia, en Estudios cit., p. 201 y ss; ademés, La funclin de
risprudencia en el tempa presents, en Estudios cit, p 223 y ss; ademic, Ciustiai
politica; sentensa ¢ sentimento, en el vol, Proceso y democruzia, Padova, 1954. 5.
tar “Tl mistoro del provesso”, on Riv. di din, proc, 1949, Parte I, p. 273; ademis, La
tutela del diritta nel process@, en Atti del Congresso Internazionale de Diritto Proces-
suale chvile, 30 sett. 3 Ott 1650, p. 79) tltimamente, Gommenta al Godice di pruccdur
civile, Prefuzione, especialmente, p. XI in fine, XII y XU, tL, Milano, Vallardi, 1959;
ademis, Chseppe Chiovenda nel venticinquesimo anniversario della yen Riv. trim,
di dir, © proc. tiv. 1963, p. 1; Diritto Processimle civile, vox en Enciclopedia del Dirl-
fto, vol XI, p. 1108, Milano Giuffré, 1964; finalmente, Della procedura civile al diri-
fio processucie, en Riv, tri, di dir, » proc. civ. 1964, p. 28 y ss, CAPOGRASSE: Il
problema della scienzx del diritto, con Introduccién ds Piero Hiovani, Giuffré, Edite-
re, Editore, Milano, 1962; él mismo, “It quid jus 2 il quid juris in una recente seuten-
za” en Riv, di dir, proc, 1548, p. 57 él mismo, “Gindizio, processo sclenza, veriti”,
em Riv, di dir. proc. 1950,
30, Naviksimo Digesto Haliauo, vol. XIII, voz Processa, Taarin General, i. Utet,
Torino, 1566.
31. MAURO CAPPELLETTI: Ideclogia nel diritto processunle, en la iy, trim,
di dir. © proc, eiv., p. 190 y ss, 1962,
32. ALESSANDRO GIULIANI: I caneetto. di prova. (Contribute alla logiea gine
ridiea), Miata, Ginffré, 1981; FRANCO CORDEAO: ‘Tre studi sulle prove penala,
Milano, Ciufiré 1963,
53. THODOR VIEHWEG: Topik und Jurisprodemz, Bock, Munich 1963, traduo-
ciéa castellana: Tépica y es, Tauros, Madrid, 1963.
44. Cir, en este sentido: SALVATORE SATTA: Dalla peocedum ivila al disitto
processuale, en Riv, trim,, di dir, © pre. civ. 198, I, p, 28 y ss; ELIO FAZZALARI:
Liesperienza del processe nella cultura contempormnes, en Riv, di dir, proc, 1985 p.
31 ys ANTONIO NASI: Riflessioni sulla scienza del proceso civile, en Riv, trimes-
tale di diritto @ procedura civile, anno XIE, 1038,
18de sus integeantes; porque, para comprender el estilo y la filosofia de esta
totalidad, de este conjunto, es menester comprender la vida y Jas peculiari-
dades subjetivas de cada uno: “le style c'est Fhomme méme”.
5. Gimeppe Chiovenda
A los cuarentaicinco afios de Ia muerte de Chiovenda, los estudiosns de
ésta, nuestra disciplina, tornames el pensamiente, nuevamente, en el recucr
do y evocacién del gran procesalista alpina, profesor en la Universidad de
Roma, fundader de la escuela sistemdtica italiana, caballero de la Orden de
Saboya, muerto en su pequefia casa alpina en Premosello el 5 de noviembre
de 1937," en donde habia nacido rodeado de sus montafias y de sus cumbres
nevadas un 2 de febrero de 1872.
El signe de Acwario, las montaiies y las cumbres constituyen un simbo-
lo y un indice de la personalidad y del altisime nivel al que habla escalado
el pensamiento de Chiovenda,
Y boy podemos decir a los cuarentaicinco afios de su muerte que la altu-
rade su pensamiento crece con el tiempo, como crecen las sombras de las
nevadas cumbres cuando el sol declina.
Ya bo pudo decir a los diez afios de su muerte ¢] mis fiel y artodoxo de
los discipulos del gran maestro alpino, el discipule con alma de poeta, aquél
que colocaba ana rosa en el platille mds cargado de la balanza. Aquél sabio
procesalista de Florencia conmemorando a Chiovenda decia: “A los diez afios
de su desaparicién terrena, la figura de Giuseppe Chiovenda domina limpi-
da en el campo de los estudios histéricos, como ciertos monumentos, cuyo
imponente aspecto se aprecia, mejor cuando se contemplan desde lejos, pers
filindose en el horizonte. Cudnto més tiempo pasa, tanto més uno se di
cuenta de Ia solidez fundamental de su obra, que no fue la aventura momen-
tinea de una genial improvisacién, sino el empefio profundo, iniclectual y
moral de toda una vida”. *
Y, al conmemorar os 25 anos de su muerte, el discipulo revolucionario
y el més heterodoxo de su escucla, “l'enfant terrible” del pensamieato chic
vendiano, ha escrito: “Giuseppe Chiovenda no fue solamente un jurista y un
maestro, fue sobre todo un fundador, Como se fundan ciudades ¢ imperios, . .,
ast él ha fundade una ciencia”. *
1. Ofmz referencine, off. en CABNELUTTI: Cinseppe Chiovends ots nocsolé-
giea an Riv, di dir. prow, civ, 1937, L p. 207-300, trad. en Estudios, 1, p. 5,
2. P. GALAMANDREI: Ciucoppe Chiovends, on ol wl. Chiovendn, Reeuerdo de
Juristas, p. 105:
4.8, SATTA: Gioseppe Chiovenda nel veuticlnguesino anniversario della morte,
en Riv. trim, di die, e proc. civ. anno XVI, marca, 1963, N? 1, p, &
19Y, fundamentando sus contradicciones dialécticas al pensamiento de
Chiovenda este discipulo revolucionario ha dicho en un maravilloso estudio:
“La obra de Chiovenda es una obra del pensamiento; y, como tal, lleva en si
misma la propia contradiccién, El pensamiento es como el grano del evan-
gelio, que no fructifiea si no muere”.* Y es que Satta, que se caracteriza por
su anticonceptualisme sistematico y su escepticismo 4 ovlrance propugna ba-
jo la inspiracién de Capograssi, una filosofia de la vida y la experiencia que
se concreta en definitiva: “en una vision. .. dindmica del proceso y del orde-
namiento juridico, que viene a sustituir a la wisién estdtica que constituye
Ja fuerza y Ia debilidad del sistema de Chiovenda’’* “,, .2quel maravilloso
sistema de Chiovenda en el cual todo eparecla preordenado, preestablecido,
en el que todo, en cierto sentido, ya habia devenide y se trataba solo de de-
clararlo, revelaba imprevistamente, su fragilided, porque un simple hombre
con su maldad © aunque sea con su solo error estaba en posibilidad de dis-
poner de nuestra existencia a través de un proceso. . .”. *
En sintesis, por encima de cualquier contradiccién dialéctica, el pensa-
miento de Chiovenda tiene ¢l valor de su mensaje histérico consistente en
el legado de su método y de su sistema y cl mérito indiscutible de su per-
sonalided cientifica que hacen de él um conductor y un jefe de escuela: la
escuela sistematica contemporinea que tiene en él a su sumo maestro, “el
maestro nuestro y de todos’, segtin lo ha dicho en un hermoso titulo uno de
sus mis fieles discipulos: Enrico Tulio Liebman, *
Chiovenda fue catedritico de Derecho Procesal Civil en las Universi-
dades de Parma, Bolonia, Nipoles y Roma. Par la época de sus comienzos,
campeaban todavfa en las cétedras de las universidades jtalianas Iss obras
de la escuela de la exégesis influidas netamente por los “proceduristas”
franceses, tales como Bonnier, Berriat Saint Prix, Rogron, Goubeau, Boitard.
En torno al Cédigo Sardo de 1859 habia florecido el célebre “Commentario
del Codice di procedura civile per gli stati sardi” compuesto por varios ju-
ristas con el predominante aporte de tres napolitanos préfugos que fueron
Pascual Stanislao Mancini, A. Scialoja y G. Pisanelli.
Con el Cédigo de 1865 y con la introduccién de la literatura germdnica
especialmente por obra de Fadda y Bensa cn sus notas a las Pandectas de
4.5. SATTA: Dalla procedura civile al diriteo prooessuale civile, em In Riv, trim,
i dir, © proc. civ, anno XVII, marzo 1964, NP 1, p. 37.
5. Ibid, p. 42,
8. Ibid, p. 41.
7. ET. LIEBMAN: “El maestro muestre y de todos", on Ia Revista de Derecho
Procesal (Argentina), 1047, N* 3 y 4p. S07,
20Windscheid, de Ascoli y de Cammeo al Sistema de Crome, y, con el flore-
cimiento de una literatura “procedurista”, que tenia en Gargiulo, Borsari, Ri-
ci, Cuzzeri, Manfredini, Saredo, Vitei, Lessona y Mattirolo sus mds altos ex-
ponentes, puede decirse que esta fase procedimentalista, de corte afrance-
sado y de neta influencia civilistica tiene su climax para entrar en decaden-
cia con la aparicién de una obra que ya se salia de sus propios cauces para
entrar en otros linderos: el "Commentario del Codice e delle Leggi di Pro-
sedura Civile” de Ludovico Mortara.
6. El aporte de Ludovico Mortara al procesalismo cientifica italiano
Para comprender debidamente el surgimiento del moderno pracesalis-
mo italiano y, sobre todo, la génesis del pensamiento de Chiovenda, es pre-
ciso remontarnos un tanto, a la obra de aquel jurista que, por la influencia
ejercida, es el cabal intraductor, el precursor indiscutible, de la escuela sis-
tematica y del pensamiento de Chiovenda.
Y asi como Dante se asomé al mundo del mis alla yendo de la mano del
inmortal mantuang, quisiérames decir que también Chiovenda se asomé a un
nuevo mundo de! preceso caminando. sobre Jas huellas indelebles de Mortara.
Como Virgilio, habia nacido Mortara en la ciudad de Mantua el 16 de
abril de 1855 y habiéndose graduado en Jurisprudencia a los 17 afios, consa-
prése a los estudios del Derecho Publico bajo cuyes puntos de vista orien
té con nuevo sesgo los estudios del proedimiento civil. He aqui justamen-
te la esencia de su aporte. El propio Chiovenda recordindole ha dicho “fue
mérito grande el de Mortara cl haber colocado —de la manera que solo su
preparacién en derecho piblico podia permitir hacerlo— cl proceso civil en
su justa luz de institute de derecho publico, lo que constituyé el punto de
partida de los progresos posteriormente realizades en nuestro campo.’ Y
mis tarde Calamandrei, docia del profesor mantuano: “No deja de tener sig-
nificacién ef hecho de que uno de los primeros trabajos de Ludovico Morta-
ra fuera el volumen sobre "El Estado Moderno y la Justicia”, que es el del
afio 1885. Llegé al estudio del proceso civil, no ascendiendo a él desde el de-
recho privado, sino descendiendo desde el derecho constitucional; buscando
en él, no el instrumento para hacer que Jos litigantes ganaran sus causas,
sino buscando el medio para aplicar la finalidad mas augusta del Estado de
Derecho que es la justicia, Quien vuelva a leer hoy, en su Commentario,
aquél célebre primer velumen, en el cual la posicién de la jurisdiccién fren-
te a las otras funciones de la soberania esti maravillosamente esculpida, en-
cuentra que Ludovico Mortara fue el primero que planted en Italia el pro-
8. CHIOVENDA; Ludovico Mortara. En la Rix. di dir, proc, civ, 1997, 1, p.
101, tmdusciém en Ensayos, & Ip, 438,
ablema de la reforma del proceso civil como un problema de antoridad, y que
las tendencias octuales a acrecentar en el proceso los poderes del juez co-
me consecuencia del reforzamicnto de la autoridad del Estado, encuentran
‘en Ludovico Mortara un seguro precursor. Afirmador y defensor denodado
de todas las libemades garantizadas por el Estado de derecho y especial-
mente de las que atatien mas de cerca a la administracién de la justicia y
ala independencia de la Magistratura, fue, sin embargo, como maestro y co-
mo magistrado, un auteritario en ¢] mejor sentide de la palabra: fue de aque-
les antiguos liberales que no consideraban inconciliable las libertades po-
liticas que operaban en Ia fase de formacién de la ley, con las exigenciss au-
toritarias de un Estado fuette para aplicarls. De toda su obra de jurista y
de su vida de magistrado se extrac constantemente la ensefianza, de que el de
recho es disciplina, y que la adminisracién de Is justicia mo es escaramu-
za de expedientes, sino severa ejercicio de autoridad”. *
Por su pare, Carnelutti conmemorando en nombre de la escuela italia-
na del proceso al gran jurista de Mantua ha esteblecido un notable paralele
entre las vidas paralelas de Chiovenda y de Mortara: “Ningtin elemento in-
tencional en esta oposicién; sino sélo una probida diversidad de tempera:
mentos. Mortara es, por la demis, algo antes de Chiovends en el tiempo.
Cuando Mortra entraba en 1887 a la edtedta de Pisa, Chiovenda estaba to-
davia lejos de la decencia; apenas, éste, en Parma, lo habia alcanzado, Mor
tara, al afio siguiente, abandonaba la citedra de Napoles. Desde un punto de
Viste estrictamente cronoligico Mattirolo y no Chiovenda es el antagonis-
ta de Mortara; mis, en tal angosta exactitud se pierde el sentido de la his-
toria”. *
‘Y agrega: “Es sabido que Chiovenda ha fundado el sistema del proceso
sobre el concept de Ia accién y Mortara, sobre el concepto de la jutisdic-
cién: dos perspectives que, més tarde, deberian combinarse en una teoria
profundizada de la cinemitica procesal. Mas no es esto todo para cantcie-
tizar Ja wisién que del proceso nos ha dado Mortara”. "
“EL golpe de ala esti en el primer volumen del Commentaria, donde él
ha disefiado Ia teorfa no tanto de Ja jurisdiccién cuanto de la unidad de la
jurisdiccién. Uno de los entuertos de los juristas de muestros dias es aquél
de los compartimentos estancos entre sector y sector. ¢Entuertto? —Inevita-
ble limite de la visién de cada uno de nosomes, Una barrera se levanta no
§ CALAMANDREL Ludovico Mortars, on el vol Studi sul preceno civil,
IV, p. 814, Cedam, Padova, 1996; traducciin cn ef val Chiovenda. Recucrto ide I
ae a CARRE See, 0.
10 CARNELUTTE: “Scuola italinny del processn” en Riv. di dir, prc, 1847, 1,
p24
11, Tbe, p. 242.
al,
2solo entre el derecho material y el derecho procesal sino, ademis, entre el
proceso civil y el proceso penal”. = Mortara, en cambio, con su visién inte-
gral de Ia jurisdiccién sostenfa la concepeién unitarista. “La visién de Mar-
tara —agrega Carnelutti—, era todavia més vasta; el Estado no juaga sola
mente de mi y de ti sino, también, de si mismo. La unidad no se extiende so-
lamente al proceso civil y al proceso penal, sino, comprende, también el pro-
ceso administrative. Ast ,el andlisis de quella “contaminatio” entre la ju-
risdiccién y la administracién que se exprime con la férmula de la jurisdic-
cién administrativa, inspira en el Commentario las paginas mis felices”,
“La formula de la unidad de la jurisdieciin —afiade Carnelutti—, no ago-
ta enteramente la clave sistética de la visiém procesal de Mortara porque no
solo él ha encuadrado la jurisdiccién civil en un concepro unitario de la ju-
risdiccién sino ésta, 2 su vez, en una sintesis todavia mis ampli de las fun-
ciones del Estado. La larga cultura de derecho adminisirativo y de derecho
constitucional (que habia ensefiado honrosamente junto al derecho procesal
civil) reforzaron Ia decisiva inclinacién de su espiritm al principio de auto-
ridad que han dado a esta visién uma profundidad y una claridad sin igual
en la literatura extranjera de aquél tiempo. Una estructura publicistica se-
mejante no se habia viste en la doctrina del proceso. Por esto, la tonalidad
de la recientisima escuela italiana del proceso, como del vigente ordenamien-
to procesal civil, no puede ser histéricamente explicado con [a sola detiva-
cién chiovendiana; esta opinién demasiado simplistica aunque largamente
difundida entre los juristas menos cultos no corresponde a la realidad; la
verdad cs que el filén publicistico, copioso en la escuela e impetuoso en la
Jey italiana, debido a la prevalencia de 1a jurisdiceién sobre Ia accién, enr
cuentra su fuente en ¢l pensamiento del maestro mantuano”. *
Asi, pues, el pensamiento de Ludovico Mortara; después de liquidar la
rutina de los estudios exegéticos y la concepciin afrancesada del proceso
elevada a su cumbre con el Tratado de Derecho Judicial de Mattirolo, plan-
tea dos aportes fundamentales a la ciencia del proceso: la concepeién publi-
cistica y la concepeién unitarista de Ia jurisdiccién.
Estas dos claves sinian al pensamiento de Mortara més alla de la sir
tuacién de ser un simple intermediario entre la escuela de la exégesis y la
escuela sistemdtica, como se ha creido y sostenido con frecuencia.
EI pensamiento de Mortara, sobretodo por las fundamentales aporta-
ciones efectuadas en el Commentario, pertenece de Ileno a la primera fa-
se de Ja escuela sistemitica; atin cuando su pensamiento no se haya desen:
12 Thid, p. 243,
13. Ibid. p. 243
24vuelto por completo dentro de los métodos y, los cauces lagico-sinticti«
cos y epistemoldgicos inaugurados por Chiovenda; y ain euando el macs
tro mantuana, con ejemplar modestia -y humildad suprema se haya absteni-
do él mismo de considerarse un miembro mas de la escuela sistemética, se-
iin puede verse en la carta que él suscribe y que inaugura el volumen de
homengje dedicado a Chiovends al cumplir sus 25 afios de ensefianza: “Co-
me el mas anciano entre los que han ocupada y ocupan catedras de dere-
cho procesal civil me permito Ievarle a ¢l y a la floreciente nueva escuela
gue lo aclama como iniciador y maestro, ¢l saludo de la gencracidn de exé-
getas italianos a la cual me honro de pertenecer y que ostenta nombres in-
signes y alguno que etro mérito no desdeficble, La tal generacién ha rea-
lade con serenidad su jornada de trabajo; los supérstites observan con
tranguila esperanza la esplendente mafana anuncio de una mis fulguramte
jornada de trabajo y de gloria para la nueva disciplina de los estudios pro-
cesales. El honor de esta magnifica perspectiva va amibuido sin reserva
a Giuseppe Chiovenda que ejercité un maravilloso apostolado, austero ¢
infatigable para la renovacién de la doctrina y por la propagacién del mé-
todo y de los principics”.
‘Tal vez nadie mejor que el propio Chiovenda para enjuiciar certera-
mente Ia obra y ubicacién del pensamiento de Mortara:
“Misera condicién era aquella en que se desarrollaban entonces en
Tralia los estudios del proceso civil. La doctrina descensaba en el amplio
colchéa que habia preparado para sus suenos el Trattato de Luigi Ma-
ttirolo, resoro de maximas judiciales, en el que las ensefianzas de la price
tica, a menudo Tlenas de buen sentido y de fruto, por ocultos meandros del
pensamiento, de antigua sabiduria, se encontraban hibilmente entrelazadas
con lag brillantes exposiciones de los escritores franceses, y asi puestas
en circulacién como un verbo que dispensaba de mis sutiles investigacio-
nes. Ninguna original investigacién histérica; ningin intento de tevisién
y de construccién de los conceptos fundamentales; ninguna noticia de la
literatura getmana, que, sin embargo, en otros campos habla contribuido ya
al progreso de nuestros estudios y que ya desde hacia cincuenta anos po-
sela obras procesales fundamentales.
“Se levantaron a reaccionar contra esta inercia dos escritores de tem-
Peremento bien diverso, con métodos y con progtamas también diversos.
Antonio Castellari eligié con preferencia el trabajo monogrifico y apor-
té a él una’ investigacién histérica minuciosa, paciente, conducida directae
mente sobre las fuentes.
“Ludovico Mortara hizo frente a la gran exposicién sistemitica, agi
8, con sus personales concepciones, el pensamiento estancado, demibé a
agolpes de hacha la superficialidad imperante. Y me place proclamar aqui
altamente que sin Ia obra paderose, demoledora y reconstructiva, de Mor-
tara, los que hemos venido después no habriames podido hacer nada para
el progreso de nuestra disciplina.
“Mortara difundié en nuestro mundo juridico la sensacién de la insu-
ficienela de los métodes en vigor y de los instrumentos utilizados, y con su
critica penetrante e inexorable lanza el descrédito sobre ideas, definiciones
y figuras antes adoptadas come evangelio. El hecho mismo de que un jue
rista de tan gran alrura hiciese objeto principal de sus estudios una mate-
na como el procedimiento civil, antes descuidada y casi despreciada, con-
tribuyd en grado sumo a elevar en Ie consideracién de nuestros tedricos y
de nuesivos pricticos la dignidad de Ia ciencia procesal y a poner en evir
dencia su autonomia.
“A esta ciencia dedicé Mortara (para no hablar de los esetitos meno-
res) tres obras principales que voy a sefialarlas en su progresién de volu-
mei y de estructura, como las que en primer término deben encontrarse en
wuestra biblioteca de estudiantes y después de abogades, de magistrados y
de funcionarios.
“Pera la obra a la que va unida de manera duradera la fama de Mor-
tara como procesalista es el “Commentario del codice e delle leggi di pro
cedura. civile”, amplia exposicién: sitemftica en cinco voldmenes, en la
que, como abogados o magistrados, encontraréis ampliamente desarrolladas
todas las cuestiones, tanto de principio como de detalle, que florecen en el
curse del proceso. Particularmente ¢l primer volumen de esta obra, com su
magistral reconstruccién de la doctrina de las relaciones entre la jurisdic«
cidn, a legislacién y la administracién, con sus paginas fundamentales so-
bre las justicia administrativa y sobre las relaciones entre las diversas ju-
risdicciones, proporcionara alimento sustancioso © indispensable a vuestra
eéducacion no sdlo de procesalistas sina de juristas en general.
“Fue mérito grande de Mortara el haber colocado (de la manera que
sélo su preparacién en derecho péblico podia permitir hacerlo) el proce-
so civil en su justa luz de instituto de derecho publico, lo que constimyé el
punto de partida de los progresos posteriormente realizados en nuestro
campo"."*
Con estas palabras decisivas de Chiovends se hace la luz sobre el
verdadero lugar que debia y debe ocupar el profesor mantuano.
14, CHIOVENIDA: Lodavico Mortara, en sus Ensayes, t 1, p. 38, 497, 4387. Paralelo entre Chiovends y Mortara
¢Por qué, entonces, la posteridad ha visto en Chiovenda y no en Mor-
tara el fundador de la fase cientifica en los extudios de nuestra disciplina?
He agui la interpretacién de Enrico Allorio:
“No me detengo en predmbulos, y planteo el problema; por qué se
considera a Chiovenda, y con razén, el fundador de la ciencia del proceso
en Italia? Piense en su inmediato antecesor; Mortara. El Commentario
de este escritor contiene tesoros de sapiencia y atestigua a veces uma ex-
perioncia mas sagaz y mis fresca que la de Chiovenda. Comperados am-
es, no hay. ris6n pera consderar €] disenia de Mortara inferior al de
Chiovenda, Que éste diese a conocer en Italia la literatura procesal ale-
mana, no seria razén valida para asignarle la funcidn de precursor, que se
niega « Mortara. Ni siquiera la bella batalla de Chiovenda por la refore
ma tiene relevancia, si se trata de valorar su obra como sistemitico. No
se puede decir que las opiniones de Chiovenda sean mds exactas que las
de Mortara (a menudo en planos diversos, que excluyen la confrontacién),
ni que las ideas de Chiovenda no hayan sido em varies partes superadas
(incluso por el movimiento por él originado). {Y entonces? Tras larga
reflexién, yo creo poder indicar un plausible porqué. Lo que existe en
Chiovenda, cn tanto que no lo hay ain en Mortara, es el estudio de las
vineulaciones entre el proceso y el derecho sustancial. La misma teorla
de la jurisdiccién, gema de la obra mortariana, permanece encerrada en el
campo de las investigaciones estrictamente procesales. Ahora bien, lo que
hace de la escuela italiana del proceso una escuela verdaderamente moder
na, ¥ de Chiovenda su jefe, es precisamente cl hecho de que en ella (y pri-
meramente en Chiovenda, con la teoria de ta accién) el proceso ¢s inves
tigado en sus relaciones con ¢l derecho material, lo que mo significa todavia
estudiar el proceso en la teoria general del derecho (tal teoria no ofrecta
para ello, a comienzos del siglo, los elementos bisicos necesarios, no estan
do ella misma lo suficientemente avanzada), pero ya significa estudiarlo
también desde fuera y en consecuencia con una conciencia de valor del pro-
ceso que no puede tenerla quien lo investigue solamente desde lo interna”.
8. Lar influencias Romeno-Germdnicas en el pensamiento de Chiovenda
Mérito grande, el de Chiovenda, fue la adopeién de un nuevo méto-
do, esencialmente histérico, en el cual, el pensamisnto busca nuevas fuen-
tes de inspiracién, especialmente, en Roma y Alemania, a diferencia del
15. ENRICO ALLORIO: “Reflesiones sobre el dereavelvimienta de la ciewcia pro-
eat ahora en sus “Froblemas de Derecha Procesal”, vol. 1, p, 108, Ejea., Bt, Ai-
5,
26pensamiénto exegético —representado principalmente por Mattiralo —que
se mantenia en los viejos amincheramientos conceprusles de la escuela fean-
cela.
En este sentido es preciso destocar la poderosa influencia ejercida
pot Vittorio Scialoja, profesor en la Universidad de Roma, “gran mente
dilecta y perfecto animador y formador de hombres de ciencia”, come dije-
ra Camilo Viterbo recordindalo. “
‘Scisloja, maestro de maestros, tuvo la gloria de tener alumnos que @
su_vez Iegaron a ser ilustres maestros, casi todos. “Yo veo en Viseorio
Scialoja —ha dicho Carnclutti—, el simbolo del are del derecho, pues su
vida representa Ja solucién ejemplar del problema de las relaciones enme
Ia actividad tedrica y la actividad prictica del jurista, en que consiste el se-
vereto del arte”. Y, segin Ferrara, “ante todo Scialoja ha sido un mack
fro que, con sus consejos, autoridad y experiencia juridica ha educado a to-
da una generacién de jutistas”.
Alrededor de Scialoja se forjaron los conductores de Ja escuela italia
na del derecho; Ia misma que recoje de la escuela francesa el sentido car-
tesino del oeden y Li dechimbradora claridad grecodatina y de la excucla
alemana el ciger conceptual y la profundidad filosdfica, Pero, como muy
bien anota Couture, “en tanto algunos escritores de Francia, por amor a
Ja claridad, se pierden em la superficie de las cosas desentendiéndose, ade-
mas, de lo que ocure fuera de sus fronteras, y en tanto los de Alemania,
por amor a la densidad, pierden el sentido de la realidad y de la proporcitin,
Ttalia toma de unos y de otros lo mejor de su genio. Toma de Francia la
elaridad y el método; toma de Alemania Ja exquisitez de los conceptos; y
sin traicionar una sola de las adquisiciones del legado latino, al que perma-
nece fiel en todo instante supera a la: dos escuelas en el periodo que sepa
ta a ambas guerras”,"
Vittorio Scialoja, “il maestro di coloro che sanno” contamind, dice
‘Courure™, de derecho romana a todos los estudiosos de Italia, dando nue-
va vida a los diferentes sectores individuales. Hechura de Scialoja, en su
yocacién romanista, son Bonfante, agudo romanista, sucesor en la edtedra
18. C. VITERBO: Villorio Seialoja y ef origen de Tk moderns efcuela italiana del
Derecho, en sus Ensayos de Derecho Comercial y Eooréeion, p. 396 in fine, ‘Tea, Bs. Ai-
wes, 1948.
17. F. CARNELUTTI: Arte del Derecho, en aus Estudios de Derecho Procesal, t
1, p. 14, Bjeu, Be, Aires, 1952
18. F. FERRARA: Ua sigh de vida del Derecho Civil, en el volumen de Carneln-
WH, Usecepdin do ln propiedad industrial, p. 130, Edit. Fora, Mécieo, 1945,
19, COUTURE: Prélage a la Intmduceiia al estudio sistemditica de lax providen-
cint cautelares, de Calamandrei, p. M4, Ba. Altes, 15945,
20, COUTURE, ab. cit., p12
7y continuador de les estudies ¢ investigaciones de Scialoja especialmente
sobre el origea de la hereditas y de los Iegados cn Derecho Romano; Al-
fredo Ascoli, acasn el mas fino de los civilistas italianos segin el decir
de Camilo Viterbo* conocido especialmente por su contribucién sobre
Jos origenes de la hipoteca y del interdicto salviano asi como por su ‘Tra
tado de las Donaciones. Leonardo Coviello estudioso del contrato preli«
minar y sobre Ja posesién del enajenante, y su hermano Nicolas Coviello
imtérprete finjsimo del Derecho Civil y sumamente conocido por su exes-
Iente Manual de Derecho Civil tradueido al castellano por la Uteha de
México, Giovanni Pachioni tan citado en las clases de Obligaciones
Contratos por su conocidisima obra; el famoso De Ruggiero cuyas recor-
dadas Instimciones de Derecho Civil han devenido en uma obra clésica
por su marcado tinte romanista y por el manifiesto abandono de la influen-
eia francesa tan marcadsmente acentuada en la Teorla de las Obligacio
nes de Giorgi, en bs vicjas Instituciones de Pacifici-Mazzoni y afin en
la obta de Vittorio Polacco.
Discipulos de Scialoja fueron también Orestes Renelleni, iniciader
en Ttalia de la fase cientifica de los estudios de Derecho Administrativo,
y Angelo Staifa, que es el inspirador, conjuntamente con Vivante, de la
gloriosa Rivists di Diritte Commerciale ¢ del Diritto Generale delle
Obbligazione, una de las més grandes revistas juridicas del mundo y cu-
yo estilo y estructura iba a ser afios mis tarde reproducida por Chioven-
da y Cameluri con la Revista di diritto procesuale civile.
La escuela de Scialoja se caracteriza, pues, por una rigurosa, profun-
day sistematica versaciém en los estudios del Derecho Romano que sire
ve de base para la consagracién en les diversas especialidades, Asi su-
cedié con Chiovenda el fundador del sistema en los estudios del proceso
civil italiano. Por ello el primer gran manifiesto del pensamiento siste-
matico de Chiovenda ha de Iamarse “Romanismo y Germanismo en el
Proceso Civil”, en donde, frente a la antinomia sobre el origen histérico
del actual derecho procesal que enfrenta germanistas contra los historicis«
tas de] Derecho Comin Medioeval, postula una sintesis que retrotrac el
origen del proceo no a Germania ni a Bolonia, sino 2 Roma cuya influen-
cia se hab/a manifestade principalmente en lo que es el alma propia del juis
cio: la prueba: * como también ¢s romana la funcién del juez™ y la litis-
contestatio, “ la contumacia, los medios de prueba y las excepciones, asf
21, C. VITERBQ, ob, cit,, p. 397,
22 CHIOVENDA: Romaninne y Germanismo en el proceso civil, en suk Eneayea
tle Derecho. Procesal Civil, t. 1, p, 210 -N® 7,
23. Thid., p. 222.
24. Thid, p, 323.
®como Ia teoria de las nulidades que en sus grandes lineas es de inspiracion
romana, asi come los principios de oralidad y de publicidad.*
En suma, pues, Chiovenda, aboga en toda su obra, desde sus primeros
Ensayos hasta sus Instituciones, por un retorno a la investigacion del De-
echo Romano con ayuda del cual se iluminae§ mejor el proceso modemo.
En cuanto a mi, me he contentado con poner de relieve, comtem:
plando la historia, algunas lineas no tanto del antagonismo como
de Ja coordinacién de los dos elementos opuestos. Que el predo-
minio haya correspondido al romano, es lo que queria afirmar tam:
‘bién en el derecho moderno, si no juzgase mas prudente abstener-
me por ahora de afirmaciones generales. Ciertamente, las carac-
reristicas més selientes del proceso germinico y sus derivados, el
concepto del juicie, la prueba formal y, por consiguientt, la legal,
las exageraciones del juramento, la cesura del proceso, el prin-
cipio de preclusidn y la eventual (salvo pocas aplicaciones que han
subsistide), y otras han desaparecido; y romanas son, en cambio,
al menos las ideas fundamentales sobre la relacién procesal y so-
bre la prueba. Nosotros somos también mucho mis romanos en
nuestro proceso que lo fueron nuestros padres: ya que en muchos
institutes la legislacidn y 1a ciencia no han reconducido al derecho
romano puro’. *
9. Chiovenda y un marsvilloso necrologio plutarquiano de vidas paralelat
Ahora bien, el estudio del Derecho Romano, la formacién romanista,
solo constituye una primera fase en cl pensamiento de Chiovenda. Débe-
se también a la influencia scialojana el escalamiento a la dectrina germini-
ca, hecha reconocide expresamente por Chiovenda al hacer el necrologio de
Adolfo Wach:
“De la cscucla de Adolfo Wach han salido los mejores procesa-
listas que la Germania ha tenido en los dltimos cuarenta anos. Pe-
ro su ensefianza ha excedido de los limites de su patria, Y, enwe
‘otros, también yo me siento discipulo de este Maestro que no he
llegado a conocer.
La mayor parte de nosostros, juristas italianos de mi generacién,
recibimos la primera formacién juridica de uno de nuestros gran-
des hombres: Vittorio Scialoja. Después, dirigides por él mis-
25. Thid, p. 343.
26. Thid, p. S47. Cir, ademis, Tnstituciones, t. LN? 32, p. 140 al 50, Ademis, La
idea romana en ef procesa civil modemo, en Ensayns, t. 1p. 352
2mo; mos encaminamos a la ciencia germanica, y sentimos la in-
fluencia de uno o de otro de sus representantes, segin los estu-
dios preferides, la indole, las tendencias de cada uno de nosotros.
Encontramos asi como un segundo formador de nuestro pensa-
miento. Este “segundo formador™ fue para mi Adolio Wach.
No podia ocupar hoy esta citedra sim recordar su obra y sin dedi-
car a su memoria, con corazon de discipulo, un saludo reveren-
9 or
E] profesor Alcali-Zamora ha acerado al explicar los méviles en la
eleccién de tal guia intelectual por parte de Chiovenda cuando dice:
“La formacién romanista y mds ampliamente historicista de Wach
es uno de los factores que sin duda determinaron el inimo de
Chiovenda a elegirlo como inspiracién o guia con preferencia a
cualquier otro de los grandes maestros alemanes de la época. No
es que Chioyenda marche tas los pasos de Wach, sino que, co-
mo el comprende la necesidad de elevar el sistema sobre una s6-
lida cimentacion histérica y que, al hacerlo, retora hacia Roma y
a la italianizacién del derecho italiano, el cual, por efecto de la gra-
vitacién de los Cédigos napolednices y de la escuela exegética se
habia _afrancesado”.
Y el mismo Chiovenda expresa las razones de su eleccién por Wach
cuando dice;
"Con los aiios y con 1a larga experiencia de la cétedra se me ha
reforzado cada vez més la fe en las ensefianzas de Wach".
(Ensayos, t. [. p. 421)
Deslizado entre las paginas del Nectologio de Adolfo Wach hay, en
condensada como maravillosa sintesis, un estudio comparade de tres gran-
des procesalistas germanos, que Chiovenda describe, con estilo plurarquiane,
para remarcar el contrapunto intelectual de sus vidas paralelas:
“Parco escritor Billow, condensé en pocos ensayos monogrificos
y polémices los productos fragmentarios de un intelecto singular-
mente original y agudo; pensador Ileno de dudas, més inclinado a
lo critica sutil y cdustica que a las enunciaciones seguras y defie
nitivas. Kohler, em su abundantisima produccién, enciclopédica,
exuberante, inagotable; expositor brillante, todo impetu ¢ imagina-
cién, facil a les conjeturas, de conclusiones ripidas. Entre los dos,
27. CHIOVENDA: Adolfo Wach (Necrolagio) ca sus “Ensayos de Derecho Procesal
Civil” toma Tp, 424, im fine ¥ 425; Ediciones Juridicar Europa-Amirica CE. J. 0.0.) Bue
nog Aires, 1549,
30Adolfo Wach: trabajador incansable hesta los dlimos afies, pero
escritor lento; manejador poderoso de la ldgica, formulador cauto
pero seguro; tuvo la palabra mesurada y casi solemne, la frase es
cultarica, la expresion incisiva, cincelada, impecable, limpida trae
duecidn de ideas largamente meditadas”.
(Ensayos, t. Lp. 420)
En fin; bdstanos leer cualquiera de las obras de Chiovenda para ad-
vwertir la profusa serie de citas de tratadistas alemanes que han servido de
andamiaje a sus doctrinas. Entre éstas y aquéllos y aparte de su gran ali-
nidad. intelectual con Wach cs preciso referimnos a Franz Klein el ctle-
bre amor de la Z. P.O. austrisea que tanta influencia ruvo en la prédica
de Chiovenda sobre los principios de oralidad, concentracion, inmediacién,
publicidad ¢ inquisitorialidad.
10. Antologia'y sintests del pensamiento chiovendiamo
El propio Chiovenda ha condensado y autorreseniado su sistema y la
esencia de Ja teorla de la aceién —clave y nocién ontoldgica de su sistemd-
tica— en el Prilngo a sus Instituciones de Derecho Procesal Civil; Pré-
Jogo en el que, por otra parte, se refuta la malévola sospecha de que el pen=
samiento de Chiovenda es solo una adaptacién italiana a los modelos teé-
ricos disefiados por los clisicos clemanes.
“Por una parte, me incitaba la revisién histbrico-dogmitica de las
doctrinas procesales y la construccién de un sistema, Esta em-
presa, a la cual me empujaba el ejemplo de insignes procesalisras
nuestros, me fue facilitada extraordinariamente por ¢] estudio de
la rica bibliogzafla alemana del siglo XIX y por el empleo de sux
métodos y resultados. De esta vasta utilizacién ha quedado en los
Principios huella visible en las citas que acompafian al texto, lla-
madas continuas, en las que debia insistir, no sélo para difundir
entre nuestros estudiosos ef conocimiento de escritos merecedores
de la mas alta consideracién, sino también para dar cuenta, con es
erupuloso cuidado de la formacién de mi pensamiento; lo cual, si
no ha impedide que algunos de nuestros escritores, que tienen
adn la mala costumbre de trabajar sobre fuentes de segunda o ter-
cera mano, incurriesen en errores singulares al querer citar mis
opiniones, ha colocado a los cultivadores serios de la disciplina en
estado de jusgar y discernir con facilidad cudnto de personal he
puesto en las teorlas por mi profesadas. Personal, sobte todo, es
mi concepto de la accidn, 0, si asi se prefiere, 1a formulacién por
mi dada al concepto de 1a autonomia de la accién, que la doctrina
3alemana ha puesto en claro con tan fecundos resultados. Esta for
mulacién, expuesta en mi discurso inaugural de Bolonia de 3 de fe-
brero de 1903, resulto después de acuerdo con la dada por Weis-
mann en el primer volumen de su Lehrbuch, publicade a fines del
mismo afio; casual encuentro que me causé la misma complacencia
que el ilustre procesalista alemin hubo cortésmente de expresar
en el segundo volumen de su obra.
El concepte de la accién, entendida como el poder juridico auréno-
mo de realizar, por médio de los organos jurisdiccionales, la acrua-
cién de Ia ley en favor propio, y el concepto de la relacidn juridi-
co-procesal, o sea de aquella relacién juridica que nace entre las
partes y los drganos jurisdiccionales en virtud de la demanda judi-
cial; independientemente de ser ésta fundada o no, son las dos ba-
ses fundamentales de mi sistema; el cual, por lo tanto, después de
determinados los principios fundamentales, se divide en dos gran-
des partes.
Ya estas breves notes habrin puesta de relieve algunas novedades
sistemiticas. Nuevos grupos y un modo nuevo de situar las cues-
Hones ofrecen los capitulos que versan sobre las declaraciones con
preferente funcién ejecutiva, sobre las medidas cautelares, sobre
la identificacién de las acciones, sobre las excepciones procesales,
sobre las relaciones procesales con intereses miltiples. Mi mado
de entender la accién me ha alejado del orden tradicionalmente se-
guido en esta materia y me ha conducido a reunir en un solo estur
dio todas las formas de La tutela juridica, comprendiendo en él la
conservativa y la cjecutiva, desde un primer punto de vista: el de
las condiciones mecesarias para que sc tenga derecho a realizar
una u otra tutela; para volverlas a examinar posteriormente des-
de un punto de vista diverso; el de las relaciones procesales a las
cuales las respectivas demandas dan origen. Por otro lado, el con:
cepto de la relacién procesal, establecido coma esqueleto sistemse
fico, mientras permite seguir el desenvolvimiento del jucio sin
apartarse demasiade de la tradicional manera descriptiva, confie-
ye a ésta un interés, un espiritu y unidad que solamente pueden de-
rivar de esa idea madre, que ve en el proceso surgir una relacion
juridica, la cual tiene, como cualquier otra, condiciones de naci-
miento, vicisitudes de desenvolvimiento, variedades de contenido;
que se transforma, s¢ transfiere, se extingue; y abre ese concepto,
a quien lo investiga atentamente, profundas verdades que el estu-
dio unilateral de las formas exteriores habia hasta ahora ocultado,
He aqui por qué el sistemas fecundo. Partiendo de las ideas fun-damentales que presiden su formacién, surgen otras ideas, a medi-
da que se procede en la ordenacién de las partes y de las cuestio-
nes particulares. La correlacién de instiruciones diferentes, pero
que tienen elementos comunes, hace frecuentemente brillar luces
nuevas, 0, al menos, resplandores, que descubren nuevos aspectos
de las cosas o son causa de nuevas reflexiones.
Novedades conceptuales entrelazadas con las novedades sistemati-
cas encontrarS en cada pagina quien confronte este libro con la li
terarura procesal que le ha precedido en Italia, A partir del con-
cepto de derecho potestativo, del cual me he valido para determi-
nar la naturaleza de la accion y Ia de la excepcion en sentido sus-
tantivo, y, después, para intentar una construccion arménica de la
sentencia constitutiva y para aclarar puntos oscuros en el tema de
la legitimacién de obrar y del litis consorcio necesario; de la con-
cepcién objetiva del fin procesal (actuacién de Ia ley), que, a su
‘vez, se une fntimamente con la de la accién y de la jurisdiccion y
hace més clara la figura de las acciones puras, cuales son las ace
ciones de declaracién positiva y negativa, las acciones sumarias,
las acciones ejecutivas anormales, las acciones posesorias, el de-
recho de querella, el derecho de recurso ante el Consejo de Esta-
do; incluso hasta la cosa juzgada y la determinacién de sus limi-
tes objetivas y subjetivos, pasando por lo desarrollado sobre 1a nav
turaleza del arbitraje y sobre la ley procesal, sobre la sentencia
y sobre los efectos de la demanda judicial, sobre la sentencia de
obra, sobre la relacién entre accién ejecutiva y timlo ejecutivo,
sobre la aplicacién de la ley extranjera y sobre la jurisdiccién vo-
luntaria, sobre Ja maturaleza de la acumulacién de acciones civi-
les y penales, sobre la diferencia entre el juez ordinario y él juez
especial, y sobre el valor de la sentencia pronunciada por juez e
pecial incompetente, sobre el Tribunal como érgano comlejo de
jurisdiccién y sobre sus Secciones o Salas, sobre la parte en cau-
sa, sobre el acto procesal, sobre la nulidad de la relacidn procesal,
sobre Ja rebeldia, sobre los poderes del juez, sobre la lealtad pro-
cesal, sobre la carga de la prueba, sobre la declaracién incidental,
sobre el procedimiento monitorio, sobre el procedimiento edictal,
etc., etc.; el pacienté lector se encontrara, y quiz’ chocara a cada
paso, con ideas, formulas o teorals de las cuales no hallard prece-
dentes en la doctrina italiana, Mas atin; se encontrard a veces
con instituciones tan abandonadas entre nosotros, que ¢l autor se ha
visto en la ingrata necesidad de acufiar, para hablar de ellas, nuevas
palabras, como la condena con reserva, la competencia funcional, la
asustitueién procesal, el impulso procesal, el litis consorcio nece-
sario.
Estas afirmaciones no se hacen a titulo de yanidad, jTode lo con-
nario! En primer lugar, no me concedo ningun mérito por encon-
trarme dentro de estos estudios justamente en el momento en que,
como ha acaecido —mis por la fuerza de las cosas que por la va-
Juntad de las personas— en todas las demas disciplinas, la cien-
cia procesal italiana maduraba gracias a la absorcién de los re:
sultados de la ciencia extranjera. En segundo lugar, no tengo la
ilusién de haber dicho siempre novedades buenas o atiles, sino,
mas bien, habiendo personalmente expetimentado los riesgos de
Ja absorcién y 1a dificultad de conservar la justa medida en la adop-
cién de productos de civilizacién tan diversa, mediante aceptacio-
nes y eliminaciones por igual peligrosas, de elementos destina-
dos a formar el conjunto, me he puesto en condiciones de valorar
la distancia que media entre lo que he conseguido y el ideal que
acariciaba, y el cual ottos con mis fuerzas habrian podido alcan-
zar mis de cerca. Lo que me ha inducido a recordar Ja cantidad.
de innovaciones de que mi trabajo estd Ileno, es ¢] deseo de jus-
tificarme por no haber podido poner en todas el cuidado que ca’
da una por si reclamaba; por lo cual algunas, estando mas bien
bosquejadas que desenvuelias, ha resultado menos convincentes
de Jo que hubiesen sido, quiza, provistas de mas extensa demos-
tracidn, y el deseo también de excusarme por no haber podido has-
ta ahora contestar a todas las sagaces observaciones que han si-
do hechas sobre las opiniones por mi expresadas, observaciones
que no he dejado de tener en cuenta, Esas mismas observaciones,
por otra parte, y ¢l interés con que ha sido recibido el libro por
el pablico de estudiosos, no sélo en Italia, sino también en Fran-
cia, en Espafia, en Alemania y cn el mundo lating de América,
y Ja influencia que ha ejercide sobre la literatura procesal mas
reciente, me hacen esperar que estos Principios, con los escritos
menores que los completan hallan aportado, por imperfectos que
ea una contribucién no del todo initil a la doctrina del proceso
civil.
De diversa naturaleza es el segundo orden de problemas a los cua:
les dirigi mi actividad desde que me dediqué a esta ciencia, Con-
frontando nuestro procedimiento con aquellos que poseen otros pal
ses, estudiados atentamente por mi, no sélo en las leyes, en los lie
bros y en las estadisticas, sine también en las Salas de los Tri-
bunales y en las Secretarias forenses, tuve que convencerme, condolor, que Italia, por lo que hace a su Justicia civil, se encuentra
€f wna vergonzoia condicién de inferioridad respecto a la mayor
parte de las otras naciones. Y buscando las razones de esta in-
ferioridad, me parece evidente que debe atribuirse, mas que a di-
ferencias de secundaria importancia, concernientes a determina-
das instituciones, a una diferencia verdaderamente central, y es
que el proceso civil italiano ha continuado siendo un proceso es
crito, mientras que esas otras naciones, primero unas y luego
otras, han introducido en les juicios civiles la oralidad como las
leyes de 1a misma Italia y de todo cl mundo civilizado Ja habia in-
treducido desde hace tiempo en los juicios penales.
Empecé asf aquella activa propaganda para la refnema de nues-
tro proceso civil, que tuvo su primera manifestacién importante
en estos Principles, y que adepes come lema la férmula “oralidad
y concentracién”. Y después de haber, en este punto, examinado
y explicado ampliamente la férmuls “oralidad y concenmracién”,
puts asf lo enipia la actualidad que el tema tenia en aquel momen-
to en Italia y las discusiones que en torno a él se agitaban en la
Prensa y en los Congresos, conelula: Después de haber dado de
esta manera cuenta de los propésitos que han guiado mi obra de
eseritor, saludo a los lectores que estos Principios han tenido y
a los que tendrin, dirigiendo un pensamiento de particular grati-
tud a los primeros, que atanta idulgencia mosweron hacia el au-
tor con el paciente y amoroso estudios de un libro que durante es
tos afios, par la forma misma de su publicacién y por la falta de
un indice, eta de lectura diffeil. A los unos y a los otros enco-
mitnde el fruto de mis desweles, em Ia certeza que, de cualquier
manera que quicran juzgar el contenido de este volumen, no dese
conocerin el sentimiento que me inspiré al redactarlo, quiero de-
cir el deseo vivisimo de servir con todas mis fuerzas a mi ciencia
y a mi patria’.
(Instituciones, t. I, p. XWI a XXIL)
11, CONCLUSION. La obra sistemitica de Giuseppe Chiovenda va-
le cual una labor de infraestructura sobre la cual se edifica toda una mag-
na construcciém, Todo lo que se ha hecho después, en Italia y en Améri-
ca, parte de sus premisas sistemiticas y toda la falange de maestros y ci-
eritores postericres no ha hecho mas que ampliar las cauces que #1 habla
sefialado. “El pensamiento de Giuseppe Chiovenda, ha dicho Calaman-
drei, aparece todavia en el campo de los estudios de derecho procesal, co-
Imo el anticipo de un precursor que mira hacia el futuro”. * “La obra de
Giuseppe Chiovenda nos acompafiari durante mucho tayecto, ain cuan-
do las leyes del proceso hayan side cambiadas, porque sus teorias se nos
presentan, én sus lineas miaestras, como el sistema anticipadamente creado
para ilustrar fas Jeyes del furura™.
‘La obra cientifica de Chiovenda se ilumina, ademds, por su rigurosi-
dad dogmitica, por su precisién bibliogréfica, por su amor a la investiga-
cién histética, que lo convierten en un clisico por antonomasia del proceso
y en el maestro por excelencia en el estudio de nuestra disciplina.
‘Comparando su métode con el de otro gran maestro italiano, ha dicho
Calamandrei: “Si yo debiese delinir con una sola palabra el estilo de Chio-
venda, lo Hlamaria “clisico”; ya que clasicisme quiere decir compostura y
solidez, ecuanimidad en los juicios, sentido de |a continuidad histérica y una
cierta repugnancia a hablar en primera persona’. Y agrega: “Todos noso-
tros, llegados a los estudios procesalistions después del clasicismo de
Chiovenda, tendemos un poce, como sucede siempre al final de los perio-
dos clisicos, hacia el barroco. Pero si la genial exuberancia de este estilo
no ¢s inconveniente en la obra excepcional de Francesco Camelutti, cue
yas arquitecturas grandiosas estin enme el estilo de Miguel Angel y el
de Bemini, yo no querria que los jévenes, encantados por las extraordina-
nas cualidades que él sdlo posee y que, cuanto mis admirables son cn él
tanto menos se prestan a ser imitadas sin caer en la necedad, se alejasen
del camino real de los estudios (que es el seguido por Chiovenda) hacién-
dose Ia ilusién de que en Ia investigacién cientifica el ingenio facil pueda
proceder sin la fatigosa cultura, y que un genial ignorante sea prefetible a
un concienzudo erudite que tiene el buen gusto de no haber descubierto la
América”, *
La rigurosidad en el manejo de los fuemes bibliogrificas, su dislogo
perenne con as estanterfas colmadas hasta el recho, en aquél su propdsito
jamis traicionado de no exponer conclusiones sino después de haber hecho
(come se lee en el Prefacio a sus “Instituciones” y como nos le recuerda
Calamandrei) “la cuenta escrupulosa de su formacién” hacen de Chioven-
da una “gran inteligencia de estudioso y, al mismo tiempo, altisima concien-
sia moral; y, por esta fusién de doctrina y de caricter, maestro ejemplar
de ciencia y de humanidad”,
SH. CALAMANDAEL: El Masato, of Riv. di dis. jor. ely, 1057, 1, y en el vol. Chios
venda, Recnerdo de Juristas. p. 85, Ejes, Bs, Aires, 1959.
20. Thid., p. 87.
30, CALAMANDRET: El método, en el vol. antes citndo, p. 121
31, CALAMANDREI: Recuerdo de Giuseppe Chiovenda, en ob. cit, p, E21,De alli que, sus discipulos hablen de “Aquel fervor, de aquella poesia
de la ciencia, que los procesalistas han heredado de Giuseppe Chievenda”.”
Para terminar, nada mejor que recordar las palabras del mas fiel de
sus discipulos:
“Era verdaderamente una grande alma Giuseppe Chiovenda,
un espiritu hecho de Inz:
uno de esos hombres que el haberles conocido
Je basta a uno para dar sentido a la vida.
En medio de tantes amangurai,
de tantos errores, de tantas miserias,
puede uno decir:
En el mundo hemos conocido a Chiovenda,
y esto es bastante. . .”,*
(Continuard)
2. Thid., p. 124
33. CALAMANDREL ob, cit, p. 125,
Hn