LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
Magistrado ponente
STC6002-2017
Radicación n.° 15693-22-08-003-2016-00298-02
(Aprobado en sesión de tres de mayo de dos mil diecisiete)
Bogotá, D. C., tres (3) de mayo de dos mil diecisiete
(2017).
Decide la Corte la impugnación formulada respecto
de la sentencia proferida el 19 de enero de 2017 por la Sala
Única del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa
Rosa de Viterbo, en la acción de tutela promovida por José
Octavio Torres Riaño contra el Juzgado Promiscuo del
Circuito de Socha -Boyacá-, con ocasión del asunto de
restitución de inmueble arrendado iniciado por el aquí actor
frente a Carlos Eduardo Sánchez y Óscar Antonio Hurtado.
Radicación n.° 15693-22-08-003-2016-00298-02
1. ANTECEDENTES
1. El accionante reclama el amparo de los derechos
a la familia, igualdad, debido proceso, acceso a la
administración de justicia y petición, presuntamente
lesionados por la autoridad jurisdiccional querellada.
2. En apoyo de su queja, asevera que se encuentra
recluido en el Establecimiento Penitenciario y Carcelario de
Sogamoso desde el 21 de abril de 2015.
Como lo anterior ha incentivado su “(…) crisis
económica (…)” y la de su núcleo familiar, presentó una
demanda ante el juzgado acusado pretendiendo la
restitución de “(…) una mina de carbón (…)”, por cuanto los
arrendatarios de la misma han incumplido con el pago de
los cánones.
Aunque le explicó al despacho su difícil situación y la
carencia de recursos para contratar un apoderado judicial y
gestionar a través de éste el litigio impulsado, ese estrado,
con oficio de 21 de noviembre de 2016, sin
“(…) analiz[ar] su caso (…) [y] apeg[ado] a la ley civil [le
informó] (…) que debía tener defensa técnica (abogado de
confianza) para poder continuar el proceso (…), cuestión que [lo]
deja (…) en total estado de indefensión jurídica (…)” (fls. 1 al
5, cdno. 1).
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3. Pide, en concreto, permitirle iniciar el decurso
censurado sin representante judicial (fl. 9, cdno. 1).
I.1. Respuesta del accionado
El estrado enjuiciado esgrimió: “(…) [E]n este
despacho (…) no cursa proceso civil que haya instaurado el
accionante, sólo se tramitó [un] derecho de petición, al cual
se le dio respuesta de fondo y concreta (…)” (fl. 38, ídem).
I.2. La sentencia impugnada
El a quo constitucional negó el amparo rogado, por
cuanto no estimó quebrantada la garantía contenida en el
artículo 23 de la Constitución Política, pues fue suficiente la
contestación emitida por el juzgado frente a la solicitud del
censor porque “(…) dada la cuantía de la demanda, era
necesario promoverla a través de apoderado (…)”.
Aseguró que si bien el debido proceso y la defensa no
pueden ser objeto de suspensión para las personas privadas
de la libertad,
“(…) ello no quiere decir que no deban sujetarse a las normas
procesales y condiciones para su ejercicio, entre ellas, la de no
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poder litigar en causa propia (…). En esas circunstancias, la
respuesta dada por el juzgado no constituye una vulneración
(…), pues dada la cuantía de la demanda era necesario
promoverla a través de apoderado judicial y si no cuenta con los
recursos para ello, puede solicitar el amparo de pobreza en los
términos del artículo 152 del Código General del Proceso (…)”
(fls. 59 al 67, cdno. 1).
I.3. La impugnación
a) El querellante impugnó con argumentos análogos
a los expresados en su libelo. Resaltó que en estas
diligencias el Tribunal estimó la existencia de un proceso,
pues lo pidió en préstamo; sin embargo, el despacho
acusado abiertamente manifestó no estar conociendo de un
litigio, cuestión de la cual se desprende el quebranto de sus
garantías.
Añadió de forma imprecisa la inviabilidad de
demandar amparo de pobreza porque
“(…) continuaría el asunto en la jurisdicción civil ordinaria que
ya se sabe demora años y [él] se halla es ante la consumación
de un perjuicio irremediable (…), con un abogado de oficio no se
solucionaría nada, por el contrario, (…) dilataría el proceso a
sabiendas de que [él] pertene[ce] a la población en situación de
debilidad manifiesta (…) que la única solución es por la vía de
la jurisdicción constitucional (sic) (…)” (fls. 74 al 83, cdno.
1).
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b) Mediante proveído de 14 de marzo de 2017, la
Sala de Casación Penal señaló: “(…) [E]l superior jerárquico
de la Sala Única del Tribunal Superior de Santa Rosa de
Viterbo, es la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de
Justicia, atendiendo la especialidad del proceso que está
siendo censurado –restitución de inmueble arrendado- (…)”.
Por lo anterior se abstuvo de desatar la alzada
reseñada y remitió la misma a su homóloga Civil.
2. CONSIDERACIONES
1. Examinada la queja y los soportes adosados a
este asunto, se evidencia la prosperidad de la protección
incoada por hallarse quebrantado el debido proceso del
solicitante.
2. En efecto, se constata que el querellante incoó
una “(…) demanda de restitución de inmueble arrendado
(…)” frente a Carlos Eduardo Sánchez y Óscar Antonio
Hurtado, recepcionada por el estrado atacado el 16 de
noviembre de 2016 (fl. 23, cdno. 1) y, en esa misma data,
allegó un “derecho de petición” explicando la imposibilidad
de contratar un abogado para la representación de sus
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intereses en ese litigio, “(…) dada [su] ínfima [realidad]
económica derivada de [su] condición actual de recluso (…)”.
Pese a lo expresado, el fallador involucrado ningún
tratamiento judicial impartió al libelo reseñado, pues
además de no adelantar lo pertinente para conferirle un
número de radicación, estimó que lo adosado fue una
simple solicitud de información y se limitó a contestar la
misma mediante oficio de 21 de noviembre de 2016 donde
le indicó al querellante:
“(…) no es viable estudiar la demanda anexa de restitución de
inmueble arrendado, teniendo en cuenta que dada la cuantía
señalada en el escrito (…) debe comparecer al proceso por
conducto de abogado como lo preceptúa el artículo 73 del
C.G.P., por no ser de aquellos asuntos que la ley permite actuar
en causa propia, según lo señalado en el artículo 28 del Decreto
196 de 1971 (…)” (fl. 28, cdno. 1).
3. El proceder descrito evidencia la denegación del
acceso a la administración de justicia y el desconocimiento
de la situación del promotor, quien acreditó estar privado
de la libertad y por lo cual merecía un trato diferenciado de
carácter positivo.
El juzgado convocado ha debido tener especial
consideración con las circunstancias particulares del
quejoso. Así, le correspondía gestionar lo pertinente para el
ingreso del proceso a su despacho y emitir una decisión
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judicial, susceptible de los recursos pertinentes, definiendo
lo concerniente a la admisión del libelo introductor.
En ese punto y ante la manifestación del gestor,
referente a no contar con medios económicos, el juzgador
bien pudo conferirle un término para que expresara si
pretendía hacer uso del beneficio de amparo de pobreza
consignado en los artículos 151 y siguientes del Código
General del Proceso, pues esa institución, conveniente para
el censor, tiene como efectos, según el canon 154 ídem,
entre otros, los siguientes:
“(…) El amparado por pobre no estará obligado a prestar
cauciones procesales ni a pagar expensas, honorarios de
auxiliares de la justicia u otros gastos de la actuación, y no será
condenado en costas.
“En la providencia que conceda el amparo el juez designará el
apoderado que represente en el proceso al amparado, en la
forma prevista para los curadores ad lítem, salvo que aquel lo
haya designado por su cuenta.
“El cargo de apoderado será de forzoso desempeño y el
designado deberá manifestar su aceptación o presentar prueba
del motivo que justifique su rechazo (…)”.
4. Por tanto, corresponde en esta ocasión otorgar la
salvaguarda reclamada, pues el artículo 1° de la
Constitución Política, prescribe el carácter de Estado Social
de Derecho de Colombia, cimentado en la dignidad humana
y en el principio de solidaridad, precepto que impone
atender a la calidad de sujeto especial de protección del
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petente, dado que en la actualidad está privado de la
libertad.
Sobre lo enunciado, la Corte Constitucional ha
reiterado la universalidad de las prerrogativas de la
población recluida en establecimientos carcelarios, pues
“(…) [s]in importar cuál haya sido su crimen o su falta, son
seres humanos, y, por ese sólo hecho, la sociedad está
comprometida con su defensa. Los derechos fundamentales son
universales, de toda persona. Es una posición moral que refleja
la decisión social, consagrada por el Constituyente, de respetar
el valor intrínseco de todo ser humano. Su dignidad. Es
precisamente una de las razones por las que es legítimo
sancionar con penas privativas de la libertad a quien comete un
crimen: el no haber respetado la dignidad y el valor intrínseco
de la víctima a al cual se ofendió y violentó. La sociedad, se
diferencia, precisamente, porque no hace lo mismo; no
instrumentaliza a ningún ser humano, le reconoce su valor
propio; el ser fin en sí mismo. Toda persona vale, a plenitud, en
un estado social y democrático de derecho. (…) Los derechos
fundamentales de las personas privadas de la libertad son
indivisibles. Todos los derechos, sin importar su tipo, son
inherentes a la dignidad de todo ser humano. Negar un derecho,
necesariamente, tendrá impacto negativo en los otros; por eso,
no pueden existir jerarquías entre ellos. Todos son importantes,
todos deben ser respetados, protegidos y garantizados. La
cárcel evidencia esa situación. Las negaciones a unos derechos
básicos de las personas en prisión, implican, necesariamente
afectar la dignidad de la persona y, con ello, el sentido y la
protección de los demás derechos. Los derechos fundamentales
representan un todo; diversas facetas de una misma protección
al ser humano. (…) Los derechos fundamentales de las
personas privadas de la libertad son interrelacionados e
interdependientes. (…) Esto es, además de ser indivisibles y
formar un todo de protección, los derechos fundamentales
dependen unos de otros. El dejar de proteger el derecho a la
alimentación, además de afectar a la dignidad humana, puede
traer otras violaciones como afectar la salud, la integridad e
incluso la vida. La imposibilidad de educación y de acceso a la
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justicia, puede desembocar en restricciones ilegítimas e
injustificadas a la libertad (por ejemplo, un preso que por no
saber leer y por falta de información y de acceso a la justicia, no
sabe que tiene derecho a salir de la cárcel desde hace un
tiempo) (…)”1.
En virtud del control de convencionalidad impuesto a
todas las autoridades públicas, incluyendo a los
funcionarios judiciales, es pertinente acotar que la
Convención Americana sobre Derechos Humanos consagra
en su artículo 5º que nadie debe ser sometido a torturas ni
a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, y que
toda persona privada de libertad deberá ser tratada con el
respeto debido a la dignidad inherente al ser humano,
aspecto sobre el cual se ha pronunciado la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en distintas
ocasiones2.
5. Asimismo, sobre el acceso a la administración de
justicia, la Corte Constitucional en sentencia C-037 de
1996, acotó:
“(…) Uno de los presupuestos esenciales de todo Estado, y en
especial del Estado social de derecho, es el de contar con una
debida administración de justicia. A través de ella, se protegen
y se hacen efectivos los derechos, las libertades y las garantías
de la población entera, y se definen igualmente las obligaciones
y los deberes que le asisten a la administración y a los
asociados. Se trata (…) del compromiso general en alcanzar la
convivencia social y pacífica, de mantener la concordia nacional
y de asegurar la integridad de un orden político, económico y
1
Corte Constitucional. Sentencia T-388 de 2013; reiterada en sentencia T-127 de 2016
2
Corte Interamericana de DDHH. Caso Pachecho Turuel y otros contra Honduras
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social justo. Para el logro de esos cometidos, no sobra aclararlo,
resulta indispensable la colaboración y la confianza de los
particulares en sus instituciones y, por lo mismo, la
demostración de parte de éstas de que pueden estar a la altura
de su grave compromiso con la sociedad (…)”.
De igual modo, el artículo 229 de la Constitución
garantiza a toda persona la posibilidad de acceder a la
administración de justicia y “(…) como vehículo que es de la
efectividad de los otros derechos (…) [se] le ha reconocido a
esa prerrogativa el carácter de (…) fundamental (…)”, pasible
de salvaguardarse mediante esta acción 3.
Otros tratados internacionales, aplicables a nivel
interno por integrar el bloque de constitucionalidad -Art. 93
C.P.-, tales como el Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos, también
“(…) contienen importantes disposiciones que resaltan la
trascendencia de la función judicial y su necesidad dentro de
los Estados de derecho, pudiendo entre ellas citarse
especialmente los artículos 9°, 10°, 14 y 15 que desarrollan las
garantías relativas a la libertad y seguridad personales y a los
derechos que no pueden ser restringidos frente a personas
acusadas o sospechosas de la comisión de un delito. El mismo
tratado atribuye a los jueces la responsabilidad de garantizar la
efectividad de esos derechos y garantías (…). En la misma
línea, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, en
sus artículos 7°, 8° y 9° contiene también cláusulas relativas a
esos mismos temas y a la labor que en relación con ellos
compete a los jueces. Además, su artículo 25 establece el
derecho de toda persona a contar con un recurso sencillo y
rápido ante los jueces o tribunales competentes, que le permita
3
Corte Constitucional. Sentencias T-006 de 1992, C-1195 de 2001, C-1027 de 2002 y T-117
de 2009, entre otras.
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defenderse de situaciones que violen derechos fundamentales
reconocidos por la Constitución (…)”4.
6. Así las cosas, se revocará el fallo impugnado
para, en su lugar, otorgar la protección rogada.
3. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
RESUELVE:
PRIMERO: REVOCAR la sentencia de fecha y
lugar de procedencia anotada para, en su lugar,
CONCEDER la salvaguarda reclamada.
En consecuencia, se le ordena al titular del Juzgado
Promiscuo del Circuito de Socha -Boyacá- que en el término
de cuarenta y ocho (48) horas siguientes a la notificación de
esta providencia, adelante las gestiones necesarias para
radicar en su despacho el proceso de “restitución de
inmueble arrendado” presentado por el tutelante y emita la
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Corte Constitucional. Sentencia T-238 de 1° de abril de 2011.
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decisión pertinente en torno a la admisibilidad del libelo,
sin desconocer la institución del amparo de pobreza,
conforme a lo discurrido en este pronunciamiento.
SEGUNDO: Notifíquese lo así decidido, mediante
comunicación telegráfica, a todos los interesados y remítase
oportunamente el expediente a la Corte Constitucional para
su eventual revisión.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE
LUIS ALONSO RICO PUERTA
Presidente de Sala
MARGARITA CABELLO BLANCO
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
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AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
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