0% encontró este documento útil (0 votos)
75 vistas6 páginas

Fábulas de Esopo y sus moralejas

Las tres fábulas tratan sobre la importancia de la honestidad y la verdad. La primera habla de un pastor que mintió sobre la presencia de un lobo, por lo que nadie le creyó cuando realmente hubo un lobo. La segunda trata sobre un hombre avaro que escondió su oro y luego lo perdió. La tercera cuenta la historia de una hormiga y una paloma que se ayudaron mutuamente.

Cargado por

catalina jimenez
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
75 vistas6 páginas

Fábulas de Esopo y sus moralejas

Las tres fábulas tratan sobre la importancia de la honestidad y la verdad. La primera habla de un pastor que mintió sobre la presencia de un lobo, por lo que nadie le creyó cuando realmente hubo un lobo. La segunda trata sobre un hombre avaro que escondió su oro y luego lo perdió. La tercera cuenta la historia de una hormiga y una paloma que se ayudaron mutuamente.

Cargado por

catalina jimenez
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

«EL PASTOR Y EL LOBO»

Había una vez un joven pastor que todos los días llevaba a su rebaño
a pastar. Como se aburría muchísimo, decidió gastar una broma a los
campesinos del lugar.

—¡Que viene el lobo! ¡Auxilio! ¡Mis ovejas!


Los campesinos corrieron a ayudarle, pero no vieron ni rastro del lobo.
El joven pastor rio a carcajadas, mientras los campesinos se alejaban
muy enfadados. Una semana después, el pastor volvió a gastarles la
misma broma. 
Hasta que un día, el pastor vio acercarse a un lobo. Aterrorizado, gritó
pidiendo auxilio. Pero esta vez, los campesinos no le creyeron y el
pastor se quedó sin su rebaño.
Moraleja: Nadie cree al mentiroso cuando dice la verdad. Esta es otra
de las mejores fábulas de Esopo y nos enseña que si mentimos, nadie
confiará en nosotros cuando digamos la verdad.
 
«EL AVARO»
Érase una vez un hombre muy rico que vendió todo lo que tenía a
cambio de varios lingotes de oro. Y para que nadie le robara, enterró
el oro en un bosque. Todos los días acudía al lugar para comprobar
que su oro seguía allí, sin saber que un ladrón lo vigilaba escondido.

Una noche, el ladrón desenterró el oro y se lo llevó. Cuando el rico


descubrió el robo, dio tal grito que un vecino se acercó a ver qué
pasaba. El hombre rico lloraba, desesperado. Entonces el vecino tomó
unas piedras, las enterró en el mismo lugar y dijo:

—Aquí tiene su tesoro. Sabe que nunca habría gastado sus lingotes.
¿Qué más le da, entonces, que sean piedras? Así por lo menos dejará
de sufrir.

 Moraleja: Corazón codicioso no tiene reposo. Esta fábula de Esopo


nos enseña que la riqueza, si no se comparte, no vale nada y solo trae
pobreza.
«LA HORMIGA Y LA PALOMA»
Una hormiga bebía agua en un río, con tan mala suerte que cayó al
agua. Pasaba por ahí una paloma que, al oír sus gritos de auxilio,
corrió a salvar a la pequeña hormiga.

—Gracias, amiga paloma —dijo la hormiga muy agradecida—. Si


algún día estás en peligro, yo te ayudaré.

Varias semanas después, un cazador vio a la paloma sobre una rama.


Estaba a punto de disparar su escopeta cuando, de pronto, la hormiga
se metió por debajo del pantalón y le mordió la pierna. Y así pudo la
paloma escapar, sana y salva.

Moraleja: Haz bien y no mires a quién. Esta no podía faltar en nuestra


selección de las mejores fábulas de Esopo pues nos enseña a ayudar
siempre a los demás, y que toda buena acción trae más acciones
buenas.
 
«LA CIGARRA Y LA HORMIGA»
Un verano especialmente caluroso, una cigarra descansaba bajo la sombra de un
árbol. Se pasaba el día cantando y bailando, mientras su vecina la hormiga iba y
venía cargada de comida.

—¿Por qué no descansas conmigo, vecina? —le preguntó la cigarra.


—Si descanso ahora, ¿quién alimentará a mis crías en invierno? Si fuera tú,
recogería provisiones.

Pero la cigarra siguió ociosa. Entonces llegó el frío invierno, y la cigarra no


encontró alimento. Tiritando, fue a casa de la hormiga a pedirle comida. Pero la
hormiga le contestó que apenas tenía provisiones para su familia. Y la pobre
cigarra siguió su camino, pero con la lección bien aprendida.

Moraleja: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Esta quizás sea una de
las más emblemáticas y mejores fábulas de Esopo. Enseña que el esfuerzo
obtiene su recompensa, mientras que con pereza y vagancia no se logra nada.
 
«LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO»
Érase una vez un campesino pobre que encontró una gallina muy especial: cada
día ponía un huevo de oro. Desde ese día, su suerte cambió y se convirtió en el
hombre más rico de la región. Pero llegó el día en que el campesino quiso más
huevos de oro al día. Y tuvo una idea.

—Si la gallina pone huevos de oro, será porque los tiene dentro… ¿Y si saco
todos de golpe?

Así fue como el campesino avaricioso mató a la gallina y, con ella, su fuente de
riqueza. Desde ese día se tuvo que conformar con huevos de yema.

Moraleja: La avaricia rompe el saco. Esta fábula de Esopo nos enseña que la
persona avariciosa siempre quiere más, y que debemos valorar lo que tenemos.

«EL CIERVO Y SU REFLEJO»


Había una vez un ciervo que se acercó a un lago para beber. Al ver su
reflejo en el agua, dijo:

—¡Qué cuernos tan majestuosos! Son impresionantes. Pero ¿estas


patas? ¡Qué frágiles y finas en comparación con los cuernos!

De pronto, apareció un león dispuesto a comerle. El ciervo corrió y


corrió con sus ágiles patas. Casi había despistado al león cuando sus
cuernos se enredaron en las ramas de un árbol. Y entonces
comprendió que lo que tanto admiraba, su cornamenta, iba a ser su
perdición.

Moraleja: Valora y aprecia lo que tienes: lo necesitarás cuando menos


lo esperes. Esta fábula de Esopo nos enseña a querernos como
somos y a valorar lo que tenemos, sin compararnos.
 
«LA ZORRA Y EL CUERVO»
Una zorra muy hambrienta vio a un cuervo posado sobre un árbol, con un trozo de
queso en el pico. La zorra, que era muy astuta, ideó un plan para conseguir el
queso. —¡Qué hermosas son tus plumas, amigo cuervo! ¡Qué brillo! ¡Qué color!
Eres la envidia de todas las aves.

El cuervo se estiró sobre la rama, sacó pecho y extendió sus alas con orgullo. La
zorra siguió piropeando al cuervo, pero todavía agarraba el queso con recelo.
Hasta que…

—Me han dicho que el cantar del cuervo supera cualquier cantar. ¿Es cierto,
amigo cuervo? ¿Tan hermosa es tu voz? ¿Cantarías algo para mí?

Entonces, lleno de vanidad, el cuervo tomó aire, abrió el pico y graznó lo más
fuerte que pudo. Cuando terminó, vio a la zorra alejarse feliz con el trozo de queso
en su boca.

Moraleja: Si te halagan sin parar, intenciones hay detrás. Esta fábula de Esopo
nos enseña a desconfiar de las personas que nos adulan sin motivo alguno,
porque solo quieren engañarnos y conseguir algo a cambio.

«LA ZORRA Y LA CIGÜEÑA»


Cuentan que una zorra invitó a cenar a su vecina la cigüeña. Le sirvió
sopa en un plato llano, y la pobre cigüeña no pudo tomar nada con su
largo pico. Entonces la cigüeña invitó a comer a la zorra. Le sirvió un
delicioso guiso de carne en una vasija alta.

—Vecina, así no alcanzo a comer nada —se quejó la zorra.


—¿De verdad? Pues entonces disfrutarás de mi cena tanto como yo
disfruté de la tuya.

Moraleja: No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a


ti. Esta fábula de Esopo nos enseña a tratar a los demás con respeto y
como quisiéramos que nos trataran a nosotros.
 «EL CUERVO Y LA JARRA»

Hubo una vez una gran sequía. Un cuervo sediento vio, de pronto, una jarra, pero
su pico no alcanzaba el agua.

—¡No puede ser! Moriré de sed si no encuentro la forma de beber.

El cuervo metió aún más el pico y zarandeó la jarra, pero nada… Entonces metió
la pata con la idea de mojarla y poder lamer alguna gota, pero su pata también era
demasiado corta.

A punto estaba de tirar la toalla cuando tuvo una idea. Durante una hora estuvo el
cuervo metiendo piedras en aquella jarra. Era un trabajo lento y pesado, pero al
final obtuvo su recompensa. Gracias a las piedras, el agua subió hasta el borde de
la jarra y el cuervo pudo saciar su sed.

Moraleja: La necesidad agudiza el ingenio. Esta es otra de las más famosas y


mejores fábulas de Esopo. Enseña a tener paciencia ante los problemas,
pues ante las dificultades surgen las mejores ideas.
 
«EL CABALLO Y EL ASNO»
Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día en que iban a la ciudad
con los fardos cargados, el asno se sintió muy cansado y pidió ayuda
al caballo. Pero el caballo se hizo el sordo y siguieron el camino.

Una hora después, el asno se desplomó, sin fuerzas. Entonces el


dueño echó toda la carga del asno y al propio asno encima del caballo.

—Debí haber ayudado al asno cuando me lo pidió —se lamentó el


caballo—. Ahora no tendría que llevar tanto peso…

Moraleja: Cuando ayudes a los demás, tu propio bien cosecharás.


Esta fábula de Esopo enseña que cuando ayudamos a alguien,
nosotros también salimos beneficiados.
«EL CASCABEL DEL GATO»

Había una vez unos ratones que vivían atemorizados por un gato.
Cada vez que salían a por comida, el gato los perseguía. Hacía
semanas que no comían nada. Entonces, uno de los ratones tuvo una
idea:

—¡Ya sé! Pondremos un cascabel al gato. Así lo oiremos a tiempo y


podremos escapar.
—¡Qué buena idea! —contestó el ratón más viejo—. Pero ¿quién será
el valiente que le ponga el cascabel?

Todos los ratones pusieron excusas y volvieron a sus hogares, más


hambrientos que nunca.

Moraleja: Del dicho al hecho hay un gran trecho. Esta no podía faltar


entre las mejores fábulas de Esopo. Nos enseña que es muy fácil
opinar y hablar, y que lo difícil es llevar algo a la práctica.

«LA LECHERA»
Érase una vez una joven campesina que salió al mercado a vender un
cántaro lleno de leche. Por el camino, iba pensando qué haría con las
ganancias:

—Con el dinero que gane, compraré doscientos huevos. Los huevos


me darán hermosos pollitos, que venderé al mejor precio. Con ese
dinero, compraré un cerdito. Y cuando lo venda, me compraré el
vestido más hermoso del pueblo.

Tan ensimismada iba la joven que no vio una piedra en el camino y


tropezó. El cántaro cayó al suelo, haciéndose añicos. Adiós a la leche,
a los huevos, los pollitos, el cerdito y al maravilloso vestido con los que
había soñado.

Moraleja: Sueña cuanto quieras, pero no olvides mantener los pies en


la tierra. Esta fábula de Esopo nos enseña a huir de las ensoñaciones
y a valorar y ser felices con lo que tenemos.

También podría gustarte