0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas25 páginas

Incumplimiento de Reglas en América Latina

Este documento resume tres perspectivas sobre la cultura del incumplimiento de reglas en América Latina: 1) Una perspectiva estratégica que ve a los individuos como actores racionales que incumplen cuando los costos son bajos; 2) Una perspectiva cultural que atribuye el incumplimiento a valores culturales arraigados; 3) Una perspectiva política que lo ve como resistencia a autoridades ilegítimas. El documento analiza referencias históricas y estudios sobre este tema desde estas tres perspectivas.

Cargado por

Rocio Ovando
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas25 páginas

Incumplimiento de Reglas en América Latina

Este documento resume tres perspectivas sobre la cultura del incumplimiento de reglas en América Latina: 1) Una perspectiva estratégica que ve a los individuos como actores racionales que incumplen cuando los costos son bajos; 2) Una perspectiva cultural que atribuye el incumplimiento a valores culturales arraigados; 3) Una perspectiva política que lo ve como resistencia a autoridades ilegítimas. El documento analiza referencias históricas y estudios sobre este tema desde estas tres perspectivas.

Cargado por

Rocio Ovando
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

INDIVIDUOS SIN SOCIEDAD

Sobre la cultura del incumplimiento de reglas en América Latina1

Por
Mauricio García Villegas2

La cultura del incumplimiento de reglas en América Latina se remonta a los


tiempos de las colonias española y portuguesa.3 Desde entonces escritores, pensadores y
gobernantes, a lo largo del continente, se han referido a la inobservancia de reglas. Ya en
1743, por ejemplo, el virrey Eslava se quejaba ante sus superiores porque consideraba
que “las provincias de la Nueva Granada eran prácticamente ingobernables” (McFarlane,
300). Con el arribo de la independencia, cambiaron las normas pero la realidad social y la
brecha entre el derecho y la realidad se mantuvieron casi como estaban. A mediados del
siglo XX Benito Juárez, en México, se lamentaba de “esa tendencia que generalmente se
observa en los pueblos de sustraerse de las obligaciones que las leyes les imponen”
(1987: 225). No hace mucho Octavio Paz decía que en México se vivía en una “mentira
constitucional”, puesto que las leyes nunca se cumplen (citado por Escalante 2006: 12).
No obstante su omnipresencia a lo largo de la historia latinoamericana, el
incumplimiento de reglas es un fenómeno poco estudiado. “Es sorprendente – dice Carlos
Santiago Nino (2005: 28) – que no obstante la visibilidad de la tendencia argentina hacia
la ilegalidad…ella no haya sido señalada hasta ahora por politólogos, historiadores y
economistas como un factor significativo para dar cuenta del subdesarrollo argentino”. El
desinterés por la cultura del desacato hace parte de la indolencia general que, hasta hace
muy poco, las ciencias sociales latinoamericanas experimentaban frente a los temas
culturales y, en particular, frente a las creencias de la gente.
Las referencias escasas y dispares que se encuentran a la cultura del
incumplimiento de reglas en América Latina pueden agruparse según su sintonía con los
siguientes tres puntos de vista. El primero es un punto de vista estratégico, según el cual
la gente incumple luego de hacer un cálculo de costos y beneficios de la obediencia. Los
sujetos son vistos aquí como actores racionales que incumplen cuando los efectos

1
Este ensayo recoge algunas ideas esenciales de mi libro “Normas de papel” GARCÍA VILLEGAS, M.
(2009b) Normas de papel. La cultura del incumplimiento de normas, Bogotá, Siglo del Hombre.
2
Profesor de la Universidad Nacional de Colombia; actualmente es profesor visitante en la Universidad de
Wisconsin-Madison (Institute For Legal Studies)
3
Véase por ejemplo Keen (1996) Morse (1974). Este no es un fenómeno exclusivo de América Latina; al
respecto ver Guillermo O´Donnell (1998:330), ver también Moisés Naim NAIM, M. (2005) Illicit. How
Smugglers, Traffickers, and Copycats are Hijacking the Global Economy, New York, Doubleday
Broadway Publishing Group. ELLICKSON, R. (1991) Order without Law: How Neighbors Settle Disputes
Cambridge, Mass, Harvard University Press.. Buena parte de esa cultura está asociada con la historia de
España DE MADARRIAGA, S. (1928) Englishmen, Frenchmen and Spaniards, London, Geoffrey
Cumberlage, GOYTISOLO, J. (1969) España y los españoles, Barcelona, Editorial Lumen, GANIVET, A.
(1980) Idearium español, Madrid, Espasa-Calpe.. Hay que anotar, además, que todos los sistemas de reglas
tienen un cierto grado de incumplimiento. Más aún, eso los justifica. El célebre teórico del derecho Hans
Kelsen se refiere a esto cuando sostiene que el derecho no tiene sentido en los casos de cumplimiento o de
incumplimiento plenos (1984: 24). La importancia de este fenómeno en la cultura social y política del
continente latinoamericano proviene entonces de su grado, de su recurrencia, no del simple hecho de que
exista.

1
negativos que acarrea ese comportamiento – la sanción, por ejemplo- pueden ser
evitados, no son graves, o no se compadecen con los beneficios que se obtienen. El
segundo es de tipo cultural y supone que la razón por las cual las personas no acatan lo
que las reglas establecen estriba en que los valores que ellas transmiten son vistos como
menos importantes que otros valores – por ejemplo religiosos, o familiares – arraigados
en la cultura de los pueblos. El tercero punto de vista es político y supone que cuando las
personas incumplen lo hacen como un acto de resistencia contra la autoridad. Según esta
mirada, el mundo social está dominado por un puñado de usurpadores que detentan el
poder; las instituciones y las autoridades carecen de legitimidad y, por eso, el
subordinado no pierde oportunidad para incumplir y dejar de hacer lo que se le ordena.
Ninguna de estas tres perspectivas tiene un interés directo en el estudio de la
cultura del incumplimiento de reglas en América Latina. Si abordan este tema, es porque
consideran que ello puede iluminar otros fenómenos que, para ellas, merecen su atención
principal.
El punto de vista estratégico sobre el incumplimiento es quizás el más conocido y,
por lo general, se encuentra en autores que ven la sociedad como un conjunto de
individuos racionales y egoístas.4 Este es el caso de algunos economistas interesados en
el estudio de las causas de la violencia. Fundados en ideas provenientes del movimiento
law and economics algunos economistas colombianos, por ejemplo, sostienen que la
criminalidad se explica mejor por la falta de sanciones efectivas que por otras causas
como la cultura o la pobreza. (Montenegro, 1995) Kalmanovitz (2001). En una línea de
pensamiento más interdisciplinaria, Francisco Thoumi, sostiene que la criminalidad y la
violencia no sólo se fundan en la existencia de incentivos por la falta de sanciones
eficaces, sino también en una especie de cultura de la tolerancia con la ilegalidad
(Thoumi, 2002). Los economistas también se interesan por el tema del incumplimiento a
través del tema del capital social (Putnam, 1992, Coleman, 1990).5 Allí donde la existe
menos confianza y firmeza de los lazos sociales, la gente está menos dispuesta a cumplir.
Algunas aplicaciones de estas ideas se encuentran en las encuestas de cultura ciudadana
que lleva a cabo el Latinobarómetro ([Link]ó[Link]) o en la parte
latinoamericana de la encuesta mundial de valores (World Values Survey) liderada por
Inglehart y aplicada a 61 países. 6 También vale la pena mencionar, en esta perspectiva, el
libro de Carlos Santiago Nino Un país al margen de la ley. Allí, desde una perspectiva
sociológica, Nino intenta mostrar los costos que el incumplimiento tiene para la
democracia y el desarrollo.
La mirada cultural es aún menos coherente y sistemática. Sólo contiene
referencias aisladas sobre el incumplimiento de reglas. Ellas se encuentran, por lo
general, en estudios y ensayos históricos y culturales. Así por ejemplo, a partir de un par

4
Muchos de esos autores adoptan posiciones cercanas al individualismo metodológico, es decir a la
doctrina que sostiene que todos los fenómenos sociales son explicables por elementos individuales, tales
como las metas, las creencias y las acciones de los individuos. Ver, ARROW, K. J. (1994) Methodological
Individualism and Social Knowledge. American Economic Review, 84, 1-9.
5
Para una revisión crítica de la literatura sobre este tema ver PORTES, A. (1998) Social Capital: Its
Origins and Application in Modern Socilogy. Annual Review of Sociology, 24, 1-24..
6
Al respecto, ver por ejemplo, CUÉLLAR, M. M. (2000) Colombia: Un proyecto inconcluso. Valores,
instituciones y capital social, Bogotá, Universidad Externado. SUDARSKY, J. (2007) La Evolución del
capital social en Colombia, 1997-2005, Bogotá, Fundacion Restrepo Barco, SUDARSKY, J. (2001) El
Capital Social de Colombia, Bogotá, Departamento Nacional De Planeación..6

2
de líneas de El Quijote en las que se dice que los hombres honrados no deben ser
verdugos de los que no lo son, Jorge Luis Borges sostiene que existe una profunda
afinidad cultural entre españoles y latinoamericanos respecto a la autoridad y a la ley.
Ello queda confirmado, dice Borges, en Martin Fierro: “esa noche desesperada de la
literatura argentina en la que un sargento de la policía rural no aceptó que mataran a un
valiente y la emprendió contra sus soldados” (Borges, 1974) p. 658. Quien detenta
autoridad es visto con desconfianza, peor aún si tiene armas para respaldar su poder. Una
buena muestra del punto de vista cultural se encuentra en la obra del brasilero Roberto
DaMatta, para quien la manera como el pueblo brasileño canta, baila y festeja es una
indicación clave para comprender el sistema social y, en particular, el desapego de los
individuos frente al poder y a la autoridad. Algo similar hace Jorge Mañach en su escrito
Indagaciones sobre el choteo con respecto al pueblo cubano. También están los escritos
de Julio Mafud, en especial su Psicología de la viveza criolla, en donde el autor describe
con agudeza la manera como el argentino intenta sacar provecho cuando se relaciona con
la autoridad. Algunos historiadores latinoamericanos también se han preocupado por
encontrar en la cultura popular elementos para comprender la relación que los
latinoamericanos tenemos con la autoridad y con la ley. Es el caso de José Luis Romero
en Argentina, de Leopoldo Zea en México, de Mario Góngora en Chile. Entre ellos
también podría ser incluido el libro Facundo, del intelectual y ex-presidente argentino
Domingo Sarmiento.
En este punto de vista cultural también pude ubicarse lo escrito – y lo hecho – por
el ex-alcalde de Bogotá, Antanas Mockus sobre cultura de la legalidad. Para Mockus el
gran mal de las sociedades latinoamericanas se encuentra en el divorcio que allí existe
entre la regulación legal, la moral y la cultural.7 Como consecuencia de ello, el
incumplimiento de la ley no es visto como algo moral o socialmente reprochable. En
Colombia, por ejemplo, ese divorcio ha llevado a “un auge de la violencia, de la
delincuencia y de la corrupción; al desprestigio de las instituciones; al debilitamiento de
las tradiciones culturales y a una crisis de la moral individual” (p. 3).(Mockus, 2001)
(Mockus and Corzo, 2003, Mockus, 1994).
La visión política del incumplimiento es quizás más difusa y menos perceptible.
Sólo se encuentran referencias breves, pasajeras y aisladas entre quienes tienen una
percepción crítica del poder y del derecho en América Latina. Esta visión sigue los
lineamientos de la vieja tradición iusnaturalista española8 que pone la justicia por encima
de la ley y del derecho a resistir al poder injusto, por encima de la obligación a cumplir
con los mandatos del soberano o del funcionario (Gargarella, 2005)9 A veces, esa
7
La ley es explícita, tiene como fuente la “voluntad popular” encarnada en el legislador, contempla
sanciones específicas – multa, cárcel, destitución, etc., - y es aplicada por autoridades facultadas
precisamente para ello, como los jueces. La moral, en cambio, es implícita, su fuente es la persona humana,
tiene como sanción a la culpa, y es aplicada por el propio sujeto. La regulación moral, por su parte, se
encuentra incorporada de manera difusa en los comportamientos sociales, tienen como fuente los valores
decantados en el pasado en una sociedad o en una comunidad, la sanción que contempla es la vergüenza y
es aplicada por los mismos individuos en la sociedad (Mockus 2001).
8
Ligada a la célebre Escuela de Salamanca del siglo XVI en donde escribieron Francisco de Vitoria, Diego
de Covarrubias, Martín de Azpilcueta y Domingo de Soto, entre otros.
9
Con el ascenso de nuevos líderes de izquierda en América Latina asistimos hoy a una especie de
renacimiento de la tradición del derecho de resistencia al poder. En Colombia, por ejemplo, el padre jesuita
Javier Giraldo, defiende el derecho a no colaborar con el sistema judicial. Ver mi polémica con el padre
Giraldo.

3
tradición se confunde en el marxismo. Así por ejemplo, según José Carlos Mariátegui
“Contra la autoridad del hacendado, sufragada por el ambiente y el hábito, es impotente
la ley” (Mariátegui, 1969) p. 42.10
Otras muestras de este punto de vista puede encontrarse en aquellas ideas
reunidas bajo la etiqueta de teoría de la dependencia, preocupada sobre todo por el tema
del desarrollo. Véase (Gunder-frank, 1963). Véase también, (Cardoso and Faletto, 1969),
(Furtado, 1964). (Cardoso, 1973), (Stavenhagen, 1966). Véase bibliografía en los
artículos de Revista NUEVA SOCIEDAD Nº 113. Para una ilustración crítica de estas
teorías véase (Deas, 1995, Cardoso, 1979, Collier, 2000). Ver igualmente (Snyder, 1980).
Cada una de estas tres visiones acentúa un tipo particular de razones para
incumplir: el interés, en el caso de la visión estratégica; la defensa, en el caso de la visión
política y los valores en el caso de la visión cultural. Por ello mismo, porque tienen en
mente sólo un tipo de razones para incumplir, cada una de ellas se refiere a una
mentalidad incumplidora en particular: alguien que incumple cuando no le conviene; otro
que incumple para defenderse y uno más que incumple porque cree que hay valores
superiores a los de la norma que se impone. En la práctica, en cambio, una misma
persona puede incumplir por varias, o por todas estas razones.
Finalmente, no sobra anotar que algunos desarrollos de la idea de incumplimiento
de reglas pueden encontrarse dispersos en las ciencias sociales clásicas. Eso sucede en
por lo menos los tres temas siguientes: en los estudios sobre el comportamiento desviado
(criminología)11; en los análisis sobre la sumisión (sicología social)12 y en el concepto de
capital social (sociología).13
En lo que sigue analizo la mentalidad de estos personajes incumplidores (I), luego me
detengo en el estudio de los contextos en los cuales actúan (II) y, finalmente, me refiero a
los remedios necesarios para contrarrestar las prácticas de incumplimiento (III).

I. LAS MENTALIDADES INCUMPLIDORAS

10
Sobre las razones justas para desobedecer las leyes ver mi debate con el padre Javier Giraldo GARCÍA
VILLEGAS, M. (2009a) Carta al padre Giraldo. Semanario Caja de Herramientas, 164. En sentido similar,
aunque relacionado con el contexto de las relaciones entre USA y América Central, ver el célebre texto del
presidente de Guatemala Juan José Arévalo “El tiburón y las sardinas!
11
Aquí también pueden ser diferenciadas varias perspectivas, como por ejemplo la teoría de la anomia, de
Robert Merton MERTON, R. (1949) Social Theory and Social Structure, New York, The Free Press.,
próxima al funcionalismo, la teoría del control (control theory) de Hirschi HIRSCHI, T. (1969) Causes of
delinquency, Berkeley, University of California Press., las distintas teorías de criminología cultural
HAYWARD , K. J. & MORRISON, W. (2005) Theoretical criminology: a starting point. IN HALE, C.
(Ed.) Criminology. Oxford, Oxford University Press., etc.
12
Ver el célèbre experiment de Milgram sobre la importancia de los contextos en la obediencia
MILGRAM, S. (1964) Issues in the Study of Obedience. A replay to Baumrind. American Psychologist, 19,
848-852, MILGRAM, S. (1963) Behavioral Study of Obedience. Journal of Abnormal and Social
Psychology, 69, 371-378.; Igualmente GUÉGUEN, N. (2002) Psychologie de la manipulation et de la
sumission, Paris, Dunod.
13
Ver PUTNAM, R. (1992) Making Democracy Work. Civil Tradition in Modern Italy, New Yersey,
Princeton University Press.. COLEMAN, J. (1990) Foundations of Social Theory, Cambridge, Harvard
University Press. PORTES, A. (1998) Social Capital: Its Origins and Application in Modern Socilogy.
Annual Review of Sociology, 24, 1-24. social COLLINS, R. (1994) Four Sociological Traditions, Oxford,
Oxford University Press..

4
Es posible ponerles nombres a las tres mentalidades incumplidoras señaladas más arriba:
a quien desobedece por interés lo llamaré “vivo”; a quien lo hace por defensa personal
contra la autoridad lo denominaré “rebelde” y a quien lo hace en defensa de valores
superiores lo llamare “arrogante”. Estos no son los únicos personajes incumplidores.
Surgirán otros a medida que avance la explicación. Por ahora me limitaré a describir la
mentalidad de estos tres sujetos teniendo presente que se trata de tipos ideales, no de una
descripción fiel de la realidad. (Weber, 1992). En el análisis de las tres mentalidades
tendré en cuenta dos variables: la clase social – cada clase tiene sus formas típicas de
incumplimiento – y el tipo de racionalidad, que puede ser valorativa o instrumental. Más
adelante volveré sobre esto.
Tres aclaraciones previas: 1) me interesa estudiar las mentalidades incumplidoras
cotidianas, más que el comportamiento criminal o desviado. Tampoco trataré del
incumplimiento fundado en la negligencia o la ignorancia. Aquí me intereso por un tipo
de comportamiento intermedio entre la voluntariedad del crimen y la involuntariedad de
la ignorancia. 2) no solo tendré en cuenta el incumplimiento respecto de normas legales
sino también respecto de normas sociales y 3) a pesar de la importancia que este tipo de
comportamiento tiene en América Latina, es importante tener en cuenta que, incluso aquí,
la mayoría de la gente cumple con el derecho.

1. La visión estratégica: el vivo

El vivo es el personaje incumplidor más frecuente. En todos los países de América


Latina, desde el norte de México hasta la Patagonia, el vivo es reconocido y sus
consignas practicadas. En su libro Psicología de la viveza criolla, Julio Mafud explica
cómo el vivo reacciona legítimamente contra una sociedad extraña y arbitraria. “El vivo
no es un rebelde sino un aprovechador”, dice Mafud (Mafud, 1971) p.112). El ideal del
argentino, añade, es ser vivo; ser “madrugador antes que le madruguen” (110); salir
avante en cada situación. Lo mismo se oye en el resto de América Latina. La honradez es
de los pendejos, dice el Chulla Romero y Flores en Quito (Icaza, 2005).
El vivo es un personaje de frontera. No es un pícaro, ni un vividor; tampoco es un
travieso; pero de todos esos personajes tiene un poco. Si actúa de manera ruin es porque
lo necesita, más que por ser esa su naturaleza. Si se aprovecha de los demás, es más por
conveniencia que por principio y cuando hace travesuras no siempre es porque se lo
propone. El vivo siempre busca satisfacer su interés personal y para ello acomoda los
medios a los fines, de tal manera que le sirvan de la mejor manera posible, sin importar
código moral o ley.
La viveza es un comportamiento ambivalente. Por un lado, es motivo de elogio,
en cuanto representa una capacidad para salir avante en situaciones difíciles. El escritor
paraguayo Matías Leguizamón dice lo siguiente sobre la Guerra del Chaco: “fue uno de
los eventos más significativos de nuestra historia. Los paraguayos triunfamos sobre un
enemigo superior en casi todo, menos en la viveza en momentos cruciales. Este evento
demostró lo que somos capaces de hacer, y fue una clara evidencia de la determinación
férrea de nuestra gente”.14

14
Tomado de la web en Yagua [Link] febrero 11
de 2007.

5
Por otro lado, la viveza puede ser algo reprochable cuando se utiliza para
“tumbar”, engañar o sacar provecho de alguien; alguien que por lo general cumple. El
expresidente colombiano Alberto Lleras Camargo definía de esta manera al vivo. “Es un
tío que resuelve todos sus problemas e invita a los demás a resolverlos por medios que
están apenas al borde de la ley, y en ocasiones por debajo de la ley penal, pero en un sitio
que no es fácil de descubrir. Y es, esencialmente, quien ha inventado todo género de
trucos para burlarse del Estado, de todas sus reglamentaciones, de sus complejísimos
formulismos”(Lleras Camargo, 1992).

Pero en la práctica la diferencia entre estos dos sentidos de la viveza se desvanece


en América Latina. Cuando el vivo consigue lo que se propone, obtiene elogio más que
reproche por su conducta. Los medios no son buenos pero el fin lo es y eso basta. El
triunfo oculta los medios para lograrlo. Si alguna jugada del futbolista argentino Diego
Maradona es elogiada por sus compatriotas es aquélla en la cual, haciendo gala de su
viveza, hizo un gol con la mano a los ingleses. El buen resultado final borra la memoria
de los malos pasos intermedios. En alguna ocasión Jorge Luis Borges dijo que el
argentino solía carecer de conducta moral, pero no intelectual; pasar por un inmoral le
importa menos que pasar por un zonzo. A mediados del siglo pasado hubo en Brasil un
candidato a la gobernación de Sao Paolo llamado Adhemar de Barros que en su campaña
utilizó con éxito el siguiente eslogan: Rouba mas faz! (Roba pero hace).

Los vivos justifican el incumplimiento a partir de un supuesto “derecho” supra-


legal: el derecho al juego. Los individuos son vistos como jugadores que juegan contra el
Estado y que tienen derecho a engañarlo, tanto como este puede atraparlos y
sancionarlos. En la visión del juego lo público es sólo un botín. La multa, la cárcel o la
muerte son fatalidades del juego, no castigos sociales, ni morales. El derecho no es una
norma social sino un elemento más de la aventura de vivir en “sociedad”. El
reconocimiento social suele estar más ligado al triunfo que al mérito moral; el mérito es
el triunfo y no más. Se crea así una cultura del incumplimiento gallardo que desprecia al
ciudadano o al funcionario obediente. Por eso dice Borges que el argentino es un
individuo no un ciudadano (Borges, 1974).

Pero el vivo es ante todo un calculador. Su arte consiste en hacer un cálculo


estratégico entre los riesgos del incumplimiento de reglas y los beneficios que resultan de
incumplir. (Por eso, el estudio de las mentalidades no es suficiente para predecir la
manera como los incumplidores se van a comportar. También hay que ver los contextos
en los cuales esos sujetos diseñan sus estrategias).

Teniendo en mente esta idea de cálculo, los economistas suelen explicar el


fenómeno del incumplimiento como el resultado de los incentivos para no cumplir que se
originan en la incapacidad institucional para sancionar a los desviados15. El

15
Las teorías económicas del delito intentan explicar el crimen y la violencia como un resultado de la falta
de incentivos para cumplir. Para el caso colombiano véase KALMANOVITZ, S. (2001b) Las instituciones
y el desarrollo económico en Colombia, Bogotá, Norma, KALMANOVITZ, S. (2001a) Las instituciones
colombianas del siglo XX. IN MISAS, G. (Ed.) Desarrollo económico y social en Colombia. Bogotá,
Universidad Nacional de Colombia, RUBIO, M. (1996) Capital Social, educación y delincuencia juvenil en

6
incumplimiento es visto como el producto de una estrategia individual en donde los
costos de las prácticas criminales son bajos, comparados con los resultados obtenidos.
Siendo así, el problema se origina en la existencia de instituciones débiles que no logran
imponer los comportamientos que consagran en sus normas jurídicas. La falta de
sanciones efectivas es un incentivo para violar las normas. Desobedecer resulta barato.

Pero si el vivo es un calculador, sus cálculos no siempre lo benefician en el


mediano y largo plazo. En su análisis sobre el incumplimiento de normas en Argentina, el
constitucionalista Carlos Santiago Nino (2005) se vale del modelo del actor racional para
sostener que en Argentina existe una especie de anomia en la vida social, a la cual
denomina “anomia boba”, en cuanto se trata de un tipo de comportamiento que termina
perjudicando a todos o a la mayoría de los actores involucrados, no obstante el hecho de
que, desde el punto de vista individual, puede ser vista como un comportamiento
racional.16 Quizás la mejor ilustración de esto se encuentre en el tránsito: cuando, para
llegar primero, todos los conductores – o una gran mayoría - violan las normas
elementales que ordenan respetar la separación de los carriles, todos terminan
obstaculizándose y llegando más tarde de lo que hubieran llegado si hubiesen conducido
según las reglas.

2. El rebelde

El rebelde es alguien que no reconoce la legitimidad de la autoridad que crea o impone la


norma y por eso se siente con derecho a no acatarla.
En la época colonial los españoles y los blancos eran considerados como personas
honorables. Tener honor se asimilaba a tener virtud y libertad.17 Esa libertad se traducía
en dos grandes privilegios: no tener que trabajar y no tener que obedecer a nadie o a casi
nadie. Tener que trabajar era visto como algo propio de clases inferiores, y la obediencia
a Dios y al Rey – tan lejanos ambos – aunque indiscutida no implicaba necesariamente
una obediencia de las autoridades locales. (Castro, 1946). Mientras más honor se tenía,
más libre se era. Los extremos de la escala social se diferenciaban no sólo en términos de
riqueza, sino también de honor y libertad. De un lado estaban los poderosos, honorables y
libres, del otro, los esclavos.
No sólo se ganaba libertad por ser noble, también se ganaba nobleza por ser libre.
Eso hicieron los mestizos libres. En el siglo XVIII aumentó considerablemente el úmero
de mestizos libres, también llamados “libres de todos los colores”. En una especie de
mimetismo de las clases superiores ellos empezaron a reivindicar su honor respecto de
los grupos inferiores: el honor de no tener que trabajar como el esclavo y de “no ser

Colombia. Documentos CEDE. Bogota, CEDE Universidad de LOs Andes, CUÉLLAR, M. M. (2000)
Colombia: Un proyecto inconcluso. Valores, instituciones y capital social, Bogotá, Universidad
Externado.. Veáse la introducción.
16
Nino utiliza el célebre “dilema del prisionero” para mostrar cómo, ciertos patrones racionales de
comportamiento, producen resultados ineficaces e insospechados.
17
En el imaginario colonial se hacía la asociación entre el honor y la libertad GARRIDO, M. (1997) Honor,
reconocimiento, libertad y desacato. Sociedad e individuo desde un pasado cercano. IN LATINA, P. I. D.
E. C. S. A. (Ed.) Teorías de la cultura y estudios de comunicación en América Latina. Bogotá, Manuscrito..

7
mandado por nadie”. El dicho tan común en aquella época – dice M. Garrido – de “cura
mande indio”, aludía a la identificación del no-indio con libre y por lo tanto con
desobligado (p. 13). De esta asimilación mestiza entre la libertad y el honor viene quizás
esa idealización del comportamiento indómito tan frecuente en la cultura
latinoamericana. Pero no sólo eso, de allí también puede venir esa relativa aceptación de
la desobediencia e incluso de la rebeldía como actos emanados de la libertad (y del
honor) (De Holanda, 1995) (García Márquez, 1994).
Con la independencia llegaron nuevos valores de igualdad y obediencia a la ley
que intentaron eliminar los privilegios fundados en el honor. Sin embargo, la jerarquía
entre las clases sociales siguió siendo casi tan profunda como era antes y ello hizo que las
élites siguieran reproduciendo los ideales del honor y la libertad con el propósito de
diferenciarse no sólo de las demás clases sino de la ley y de la autoridad política. De otra
parte, las clases medias y subordinadas, con las nuevas libertades adquiridas, y ante la
frágil legitimidad que adquirieron los nuevos gobernantes, también reprodujeron esa
veneración por la libertad y el sometimiento condicionado a la ley.
La historia de América Latina está llena de personajes rebeldes, algunos de los
cuales han sido incluso sus protagonistas. Gauchos en Argentina, Charros en México,
llaneros en Venezuela, bandoleros (cangaceiros) en el nordeste brasileño, todos tienen
mucho de este carácter indómito y rebelde (Pereira de Queiroz, 1992). Martín Fierro, el
personaje de la novela nacional argentina, es sin duda una de las mejores ilustraciones del
rebelde. La diferencia entre lo criminal y lo político siempre ha sido tenue entre estos
personajes. Quizás eran los mismos – dice Jose Luis Romero – los que se unían a las
bandas que asaltaban los caminos y los que se incorporaban a los ejércitos
revolucionarios…” 1999: p 217.
Ejemplos de comportamiento rebelde pueden rastrearse, como lo hace Roberto
DaMatta, en los personajes de la cultura popular.18 Uno de ellos es Pedro Malasartes, un
“héroe sin carácter”; un individuo pobre pero astuto y rebelde que utiliza el engaño y la
burla para poner en ridículo a los que mandan y para corregir las injusticias del mundo.
Pedro Malasartes – contado por Camara Cascudo (Cascudo, 1967) - nace en una familia
pobre. Tiene un hermano que busca trabajo en una hacienda pero cae en las manos de un
patrón déspota que no le paga por su trabajo. Al regresar a su casa luego de un año de
trabajo y sin dinero, su hermano Pedro se llena de rabia y promete vengarse. Se hace
contratar por el patrón malvado y logra, a punta de astucia, destruirlo y enriquecerse.
Pero Malasartes no es un Robin Hood que roba para repartir entre los pobres. Es más
bien un trasgresor burlesco, individualista y descreído, que al ver la injusticia que le tocó
vivir se rebela y “hace las del diablo”. Es una historia de “ascenso social como un
derecho moral”. Por eso es un héroe, porque es un malo que tiene derecho a serlo.
“Quería ser alguien – dice el Chula Romero - alguien que robe con derecho, como roban
ellos, carajo” (Icaza, 2005)p. 221. Si cumplir con las reglas del patrón no tiene la
recompensa que es debida, pues esa recompensa hay que buscarla por medio del
incumplimiento. Así, este “mundo cruel” tiene su lección.

18
Siguiendo a Clifford Geertz, DaMatta intenta desentrañar las estructuras de poder y cultura de la
sociedad brasileña a través del estudio de la cultura popular: carnavales, desfiles, fiestas, canciones,
oraciones y otras prácticas de la vida ordinaria DA MATTA, R. (2002) Carnavales, malándros y héroes
México, Fondo de Cultura Económica. p. 10)

8
2. El arrogante

El arrogante es alguien que acepta la norma – la ley, por ejemplo – pero que estima que
él, dada su posición en la sociedad, su persona o su conocimiento, tiene derecho a ser
excluido de la obligación de acatar esa norma. El arrogante estima que la ley es muy
importante en la sociedad, pero ella esta hecha para “los de ruana” , no para gente como
él.
La cultura arrogante es, en buena parte, un legado de la colonia española.19 José
Luis Romero sostiene que la concepción épica de la vida fue el primer rasgo de la
mentalidad conquistadora20 De España recibimos una cultura que aprecia más los mitos
grandiosos, la vida heróica y el espíritu nobiliario, que la virtud del trabajo manual, el
progreso material y la vida en sociedad. “Si España no es grande por su habilidad y
riqueza industrial y comercial lo es en cambio por su ánimo y grandeza”, dice De la
Torre (citado por Zea, (Zea, 1957) p.228).21
Más que una actitud generalizada en toda la sociedad, este espíritu señorial era
una característica de la moral que predicaba la elite española gobernante en los siglos
XVIII y XIX. (Escalante, 2002). Los señores de la colonia “…adquirieron la soberbia de
su condición de ricos, disfrazada de soberbia hidalga”, dice José Luis Romero en su libro
clásico Latinoamérica: las ciudades y las ideas (Romero, 1999) p. 75.
Para la élite dominante, lo fundamental estaba en la contemplación de los valores
superiores y de la estructura social y económica que sustentaba y legitimaba tales
valores. El trabajo manual y el esfuerzo físico eran mal vistos. Ana María Prieto dice que
en el México colonial la gente “decente” consideraba que “la ociosidad era manifestación
de éxito y de riqueza, de modo que honraba a quien la practicara” (Prieto, 2001) p. 70
(Castro, 1959). Mientras en una parte de la Europa del siglo XVII la burguesía, la
igualdad y el culto por el trabajo y la acumulación de riqueza se imponían, en
Iberoamérica predominaban la defensa del espíritu señorial, la justificación de las
diferencias sociales y la vida contemplativa. El ascenso social estaba más fundado en un
capital social, ligado a la sangre y al pasado, que en las virtudes burguesas del trabajo y
la consagración a las labores cotidianas.
La visión católico-española del mundo no propiciaba la construcción de una
estructura social fundada en reglas de juego claras y universalmente aplicadas, como
sucedió en los países de cultura protestante. El honor, la familia y la fe estaban siempre
por encima de estos valores sociales y justificaban la introducción permanente de
excepciones a las reglas del derecho.22

19
Aunque sin duda, en todas las sociedades, en mayor o menor grado, se encuentran estos personajes.
20
En esto, Romero ROMERO, J. L. (1999) Latinoamerica: las ciudades y las ideas, Medellín, Editorial
Universidad de Antioquia. p 116, sigue a Unamuno UNAMUNO, M. D. (1993) Del sentimiento trágico de
la vida, Madrid, Altaya.
21
“Una ociosidad digna, dice Leopoldo Zea ZEA, L. (1957) América en la historia, Buenos Aires, Fondo
de Cultura Económico. p. 230, fue siempre mejor o más ennoblecedora a los ojos de un buen portugués o
español que la ardua lucha por el pan de cada día”.
22
Al respecto dice De Holanda DE HOLANDA, S. B. (1995) Raíces do Brasil, Sao Pablo, Companhia das
Letras. p: 139): “Por lo mismo que nos resistimos a aceptar un principio supraindividual de organización,
toda nuestra conducta ordinaria denuncia, con frecuencia, un singular apego a los valores de la personalidad
moldeada en el recinto doméstico”.

9
Así por ejemplo, en 1776 una sanción Real estableció que el honor de la familia podía ser
una de las objeciones judiciales al matrimonio.23 Las élites coloniales compartían el ideal
del honor que los conquistadores trajeron a América y que las Siete Partidas definía
como “la reputación que el hombre ha adquirido por el rango que ocupa, por sus hazañas
o por el valor que él manifiesta”. En teoría el honor no podía ser invocado para
desobedecer a la autoridad. En la práctica, sin embargo. Los casos de desacato a las
autoridades locales fundados en el menor honor de los gobernantes eran relativamente
frecuentes en la sociedad colonial de la Nueva Granada.
La fe, por su parte, también jugó un papel importante en el fomento del
comportamiento arrogante. Los españoles veían en la religión una verdad universal e
indiscutible que ellos estaban en la obligación de difundir, por la fuerza si ello era
necesario. “El gobierno cristiano – dice Zea (1957: 255) – era un gobierno templado por
la virtud y dirigido por la gracia divina”. Este ideal mesiánico sobrevivió a la llegada de
las repúblicas, sólo que está vez en cabeza de las élites dominantes.
La defensa de la familia también suele estar por encima de la ley. O dicho en
otros términos, la familia suele someter a los individuos con mayor eficacia que el
Estado. Cuando el general José Arcadio Buendía – en Cien Años de Soledad - gobernante
despiadado de Macondo, iba a dar la orden de que fusilaran a Don Apolinar Moscote,
apareció Ursula Iguarán, su abuela, quien no sólo lo azotó sin piedad y delante de todo el
mundo, sino que hizo disolver el pelotón de fusilamiento y ordenó que llevaran a Don
Apolinar sano y salvo a su casa. “Atrévete, asesino”, le gritaba. “Y mátame también a
mí, hijo de mala madre. Así no tendré ojos para llorar la vergüenza de haber criado un
fenómeno” (García Márquez, 1970) p. 93).
El progreso del mercado y el surgimiento de la burguesía a finales del siglo XIX
no pudieron desterrar las estructuras económicas heredadas de la colonia y tampoco el
espíritu señorial que las acompañaba. Con la independencia de España rodó la cabeza del
rey pero no las de los caudillos, militares, caciques, curacas y cabecillas (Silva Charvet,
2005) p. 134. Muchos señores se transformaron en burgueses, pero conservaban los
resabios de su orgullo nobiliario. En el siglo XX, la población mestiza ganó terreno,
incluso entre las élites dominantes. Sin embargo, el espíritu de superioridad moral y
política de las élites cedió muy poco. Comportamientos burgueses e igualitarios se
mezclaron entonces con actitudes señoriales e hidalgas. El estatus y los roles sociales
terminaron siendo más fuertes que la ley y la ciudadanía. Desde entonces, en América
Latina nos guiamos de manera mucho más sustancial por los roles que desempeñamos en
la sociedad que por una identidad ciudadana frente a la ley (Da Matta, 1987). El poder
igualador de las leyes generales y abstractas nunca fue lo suficientemente fuerte como
para desterrar las diferencias de una sociedad fundada en la jerarquía y los privilegios.
Los “doctores” sustituyeron a los comendadores, barones, viscontes y consejeros del
imperio, dice Gilberto Freyre (Freyre, 1962). Quienes gozaban de posiciones de
privilegio desarrollaron toda una serie de estrategias para que el propósito

23
Según Góngora, esta disposición muestra hasta qué punto la política de Carlos III, lejos de ser burguesa,
todavía estaba inspirada en el conceptos basados en el estatus y el honor” GÓNGORA, M. (2003) Historia
de las ideas en la América española y otros ensayos, Medellín, Universidad de Antioquia. GÓNGORA, M.
(2003) Historia de las ideas en la América española y otros ensayos, Medellín, Universidad de Antioquia.
p: 122).

10
universalizandor de la ley fuera compatible con el reconocimiento de los privilegios.24 El
antiguo y el nuevo régimen terminaron conviviendo y alimentando una sociedad híbrida
compuesta por espacios selectivos de modernidad y tradición.

***

Las tres mentalidades descritas hasta aquí ilustran las visiones sobre el incumpliendo que
fueron presentadas al inicio. La visión estratégica tiene en mente al vivo. La política, al
rebelde y la cultural, al arrogante. La racionalidad instrumental, la percepción de
ilegitimidad del poder y la creencia en valores supra-legales, son las tres razones que,
respectivamente, alimentan estas tres mentalidades. Pero estas visiones no son puras. En
la práctica, como dijimos al inicio, se mezclan y se combinan. Es así como pueden ser
diferenciadas dos mentalidades intermedias que explico enseguida.

3. El taimado

El taimado es un personaje híbrido que combina la actitud estratégica que es propia del
vivo con el desconocimiento de la autoridad propia del rebelde.
Incluso en las sociedades más jerarquizadas, allí donde los poderosos parecen
detentar todo el poder, hay algún momento en el cual los subordinados, desconociendo
las reglas que los oprimen, expresan su repudio al poder. La opresión y el sometimiento
no son nunca absolutos. En su vida cotidiana los dominados desarrollan una especie de
arte político de la resistencia que les permite escudriñarse entre las rendijas de la
dominación.25
En The weapons of the Weak, James Scott cita el siguiente proverbio
……“Cuando el gran señor pasa, el campesino sabio hace una gran reverencia y
silenciosamente se hecha un pedo” (Scott, 2000).
En América Latina la sumisión de los pobres nunca fue completa. Quienes no se
rebelaron abiertamente ante la invasión española - a sabiendas de que su lucha conducía a
la muerte - se resignaron sin desterrar el odio y la sed de venganza de sus corazones
(Wachtel, 1971). Poco a poco, con astucia y sin perder la compostura frente a los
patrones, empezaron a adaptarse a las nuevas circunstancias, dosificando la obediencia y
la desobediencia según las condiciones del momento. El incumplimiento velado se
convirtió entonces en el arma de los débiles contra los poderosos. Indios, pobres y
marginados engendraron una actitud social de desacato soterrado a las reglas impuestas
por un orden social y político que consideraban ajeno e invasor. Pobreza e hidalguía
engendraron – dice Romero (Romero, 1999) p: 78) – un “tipo particular de picaresca que
no podía resolverse en la humilde y vergonzante actitud del que zurcía sus calzas”.

24
Al respecto ver el texto clásico de Mariátegui, Siete Ensayos: MARIÁTEGUI, J. C. (1969) Siete ensayos
de Interpretación de la realidad peruana, México, Ediciones Solidaridad.
25
Véase SCOTT, J. C. (1985) Weapons of the Weak. Everyday Forms of Resistance, New Haven, Yale
University Press, WACHTEL, N. (1971) La vision des vaincus, Paris, Gallimard, GRUZINSKI, S. (1999)
La pensée Métisse, Paris, Fayard, SCOTT, J. (2000) Los dominados y el arte de la resistencia México,
Ediciones Era, DE CERTEAU, M. (1989) Le Savant et le populaire, Paris, Seuil-Gallimard.

11
4. El Déspota

La creencia en valores supra-legales – propio de la arrogancia - y el abuso del poder –


propio de la viveza - son como dos imanes que se atraen. Por eso, cuando la mentalidad
arrogante se combina con la viveza surge un personaje que podríamos denominar “el
déspota”. (Por definición, déspota es quien abusa de su poder o autoridad; alguien que de
manera inescrupulosa se aprovecha de su situación para obtener beneficios personales).
El abuso del poder y la manipulación de los valores familiares, religiosos y
culturales por parte de las élites ha dificultado la formación del Estado y de lo público en
América Latina. El menosprecio de las élites dominantes latinoamericanas por el
derecho, por lo público y en general por las reglas sociales – salvo las de su propio grupo
social – suele traducirse no sólo en una justificación del incumplimiento del derecho sino
también en una justificación del abuso del derecho. Las élites negocian la aplicación de la
ley; para ello “hablan con las autoridades correspondientes” y acomodan su
cumplimiento a sus propias necesidades e intereses. El gran jurista argentino Genaro
Carrió, cuenta que, en alguna ocasión, algunos generales del ejército acudieron a él para
preguntarle de qué manera podían derrocar legalmente el régimen constitucional, (Carrió,
1073). Para muchos gobernantes en América Latina, como los generales argentinos que
hablaron con Carrió, el derecho ha sido más un instrumento de poder, que un límite del
poder.
La actitud incumplidora del déspota tiene fuerte arraigo en una sociedad que
acepta desigualdades sociales profundas como si fuesen algo normal e incluso algo
justificado. Esta actitud es frecuente las sociedades latinoamericanas. En Colombia y
Brasil la desigualdad es mayor que en el Uruguay o en Chile, pero en todos los países las
élites están acostumbradas a vivir en un entorno social en donde los pobres, cuando no
mendigan, ofrecen de manera casi incondicional su fuerza de trabajo. Esto hace que las
leyes, como dice Guillermo O´Donnell, sean sólo aplicadas plenamente a los débiles o a
los sonsos (O'Donnell, 1998). Las élites, incluso buena parte de las clases medias de
Argentina y Brasil, consideran que ellos no están obligados a someterse a leyes que
implícitamente están hechas para los de abajo.(Da Matta, 1987).
Pero quizás el personaje más representativo del déspota latinoamericano se
encuentre entre los gobernantes. Este personaje tomó toda su fuerza en el siglo XIX con
el auge de los caudillos. La arrogancia despótica del caudillo se alimentaba del contraste
racial, cultural y económico con las clases subalternas. Ellos, blancos, ricos y educados
según gustos y valores europeos; los demás, indígenas y mestizos pobres, incultos y
depositarios de una visión del mundo anacrónica y de valores pérfidos. Así las cosas, no
es extraño que las élites planteen la diferencia en términos de “civilización o barbarie”.
El Primer Magistrado en la obra de Alejo Carpentier El recurso del método,

… sólo se siente a sus anchas en París, duerme en chinchorro, rodeado de


obras de arte y con el Arco del Triunfo en el horizonte de la ventana….
Bebe continuamente Ron Santa Inés y lee FACUNDO, lo cual le hace
‘emitir amargos conceptos sobre el dramático destino de los pueblos
latinoamericanos, siempre trabados en combate maniqueísta entre

12
civilización y barbarie, entre el progreso y el caudillismo’ ” (citado en
Zuluaga, (Zuluaga, 1977) p. 21).

Tampoco es extraño que los gobernantes asuman una misión salvadora no menos
fundamentalista y autoritaria que aquélla emprendida por los misioneros de la conquista.
Solo que, a diferencia de estos últimos, las élites solían cumplir esta labor a
regañadientes. Rodríguez Francia, el dictador paraguayo ilustrado por Augusto Roa
Bastos en la novela Yo, El Supremo, se queja

“….por hallarme en un país de pura gente idiota, donde el gobierno no


tiene a quien volver los ojos, siendo preciso que yo lo haga, lo industrie, y
lo amaestre, todo por sacar al Paraguay de la infelicidad y abatimiento en
que ha estado sumido por tres siglos” (citado en Zuluaga: 44).

Estos déspotas no habrían existido si no hubiesen estado apoyados por toda una élite
política, económica e intelectual que los elogiaba, al mismo tiempo que despotricaba
contra las doctrinas políticas que predicaban el sometimiento del gobernante a las leyes.
Una muestra elocuente de la justificación del despotismo se encuentra en el célebre libro
del venezolano Laureano Vallenilla Lanz, Cesarismo democrático. Allí se sostiene que
“Cualquiera que con espíritu desprevenido lea la historia de Venezuela, encuentra que,
aún después de asegurada la Independencia, la preservación social no podía de ninguna
manera encomendarse a las leyes sino a los caudillos prestigiosos y más temibles”
(Vallenilla Lanz, 1990).

II. ANOTACIONES SOBRE LOS PERSONAJES

Esta tipología de personajes incumplidores es un punto de partida interesante pero no


alcanza a captar buena parte de las complejidades propias del fenómeno del
incumplimiento. Esto se debe a que dichos sujetos representan tipos ideales. En la
práctica los personajes se mezclan. Alguien que se salta una fila de un banco puede
hacerlo para aprovecharse del cumplimiento de los demás, pero también porque cree que
tiene más “derecho” a pasar primero. La primera razón es propia del vivo mientras que la
segunda lo es del arrogante. Cuando un empleado público disimula su ocio en el trabajo
lo puede hacer tanto por defenderse de un patrón que lo avasalla como por pereza o por
comodidad. La viveza puede reforzar los comportamientos del arrogante, como en el
caso del rico que paga menos impuestos porque desprecia al gobierno y, además, porque
simplemente le conviene. Los pandilleros colombianos, o los maras de Centroamérica,
son tan taimados y tan vivos como arrogantes. El comportamiento rebelde y el arrogante
muchas veces se confunden en personajes que no obedecen sino a sus propias creencias.
La viveza es el comportamiento más frecuente entre los incumplidores. El taimado y
el arrogante suelen ser también vivos. Por eso, por ser muy común, la cultura del
incumplimiento se atribuye al vivo más que a cualquier otro personaje y por eso también,
es el punto de vista estratégico – que suele tener en mente a un actor racional – el que
más visibilidad tiene.

13
Los cincos personajes explicados tienen una relación particular con las dos variables
planteadas al inicio: la clase social y la racionalidad (Ver gráfico # 1). Cada clase social
tiene su manera típica de incumplir. En la clase alta se suelen encontrar incumplidores
arrogantes. Muchos ricos de América Latina soportan mal la inclusión social y la
igualdad de derechos. Por eso multiplican los mecanismos de diferenciación social que
les permita seguir disfrutando de su posición – simbólica y material - de privilegio. Uno
de esos mecanismos consiste en introducir excepciones a las normas, de tal manera que
les permitan no tener que cumplir. Muchos miembros de la clase media, por su parte,
atrapados en medio del temor de caer en la marginalidad y de la ilusión de ascender
socialmente, suelen ver el mundo social como una competencia que el Estado no es capaz
de regular y que por lo tanto, termina premiando a los más astutos. Muchos pobres, a su
turno, tienden a mantener una actitud de defensa respecto de un poder que consideran,
sino abusivo, por lo menos ajeno. Por eso, porque se sienten víctimas del sistema
normativo, no cumplen, o sólo cumplen cuando se sienten obligados.
Estas son maneras típicas de cumplir que pueden variar y combinarse, pero que
logran cierta permanencia en la estructura económica que las soporta. Los personajes
incumplidores no sólo representan culturas y maneras de ver el poder, el derecho y las
reglas sociales, sino también visiones y estructuras de clase relativamente estables. Las
visiones del poder y del derecho, por un lado, y las estructuras de clase, por el otro,
mantienen – según lo dicho por Pierre Bourdieu - una incidencia recíproca, de tal manera
que la cultura se encuentra estructurada y la estructura subjetivizada por dicha cultura.
(Bourdieu, 1986, Bourdieu, 1977).
La segunda variable se refiere al tipo de racionalidad de los actores sociales. Para ello
me apoyo en la distinción clásica de Max Weber entre racionalidad valorativa e
instrumental. La primera se funda en la creencia en un valor – ético, estético o religioso -
sin importar los resultados que conlleve el seguimiento de dicho valor (Weber, 1992).
Esta es la ética propia de los santos. Su conducta obedece a sus creencias y no están
dispuestos a negociar dichas creencias cuando las consecuencias puedan parecer
indeseables. La racionalidad instrumental, por su lado, está determinada por la búsqueda
de los medios más eficientes posibles para alcanzar los resultados esperados. Esta
racionalidad caracteriza al político. Su objetivo es lograr ciertos fines y para ello está
dispuesto a adaptar los medios – con sus valores y sus creencias – para conseguirlos
(Weber, 1978). Como se observa en la grafica # 1, la racionalidad estratégica es
predominante en el vivo, el déspota y el taimado, mientras que la mentalidad valorativa
es propia del rebelde, del arrogante y del reformador.

MENTALIDADES INCUMPLIDORAS

14
RACIONALIDAD
Instrumental Valorativa

D
A Alta C
L
A
V S
R
Baja
E
V: Vivo
R: Rebelde T
A:Arrogante
T:Taimado
D: Déspota

Antes de terminar quisiera poner de presente las siguientes aclaraciones.

[Link] estudio de las mentalidades es importante para entender el fenómeno del


incumplimiento, pero no es suficiente. Una misma persona, con una mentalidad
incumplidora bien definida, puede, súbitamente convertirse en un cumplidor estricto
cuando pasa de un contexto a otro. El vivo empedernido cumple cuando ve que la policía
está cerca y que lo puede sancionar; el rebelde puede obedecer cuando cambia la
autoridad o cuando cambian las normas; el arrogante acata las normas cuando ellas son
compatibles con los valores que defiende, etc. Eso no significa que las mentalidades sean
irrelevantes. La presencia de la policía puede disuadir al vivo de incumplir, pero no
necesariamente al rebelde o al arrogante. La mayor legitimidad de la autoridad puede ser
una razón para que el rebelde cumpla, pero puede ser indiferente para el vivo. Hay
incluso personas que no cambian a pesar de los contextos; que siempre son vivos,
rebeldes, o taimados. La complejidad de las prácticas de incumplimiento deriva
justamente de esa combinación variable entre visiones o mentalidades y contextos
sociales.
Los contextos – como las mentalidades – también varían. Esa variación afecta
sobre todo al vivo, quién al ser un actor esencialmente instrumental, cambia de estrategia
cuando cambia de contexto. También afecta al taimado y al déspota que tienen mucho de
vivos. No es lo mismo pasarse un semáforo en rojo a las tres de la mañana en un suburbio
de Lima, que a las 3 de la tarde en pleno centro de la ciudad; tampoco es lo mismo
saltarse una fila en la sala de urgencias de un hospital, que en la entrada de un concierto o
en una cafetería. El rebelde, el reformador y el arrogante, en cambio, son más valorativos
y por eso, en principio, son menos volubles frente a los contextos. Sin embargo, también

15
pueden estar afectados por estos, en la medida en que la percepción de la autoridad y la
interpretación de los valores hacen parte de esos contextos.
Las variaciones contextuales dependen de múltiples factores: el tiempo, el lugar,
la infraestructura, el tipo de normas, las condiciones económicas y culturales de los
sujetos, el tipo de relaciones sociales que mantienen, etc.26 Pero hay un factor contextual
particularmente determinante en la suerte que corre el cumplimiento de las normas. Me
refiero al grado de presencia institucional - o de capacidad institucional - que tiene un
espacio social determinado, es decir, me refiero a la mayor o menor institucionalización
del espacio social. En América Latina hay la institucionalidad o la ley no siempre son las
mismas en todas partes. Cambian, como si fueran camaleones. A veces las instituciones
son fuertes y tienen capacidad para imponerse; otras veces son meras fórmulas de papel;
con mucha frecuencia son instancias con las que se negocia, se pacta. Por eso la pregunta
por el incumplimiento es también una pregunta por qué tipo de ley o de institución es la
que pretende ser obedecida.
[Link] uno de los cinco personajes descritos – con las combinaciones diacrónicas
y sincrónicas propias de cada caso – refleja una manera de ser rutinaria y corriente de una
parte de la vida diaria de los latinoamericanos. Más que desviados, sus comportamientos
están “normalizados” y de cierta manera regularizados en la sociedad. Se guían por
reglas sociales más que por otras reglas, jurídicas.
Aquí vale la pena explicar algo de la complejidad propia de relación que existe
entre el concepto de regla en sociología y en derecho. El acatamiento del derecho no
siempre se explica como el resultado de la obediencia, ni como el resultado de una mera
causalidad. Como lo ha explicado Pierre Borudieu, existe un espacio intermedio entre
causalidad y obediencia que es el espacio propio del habitus. Según Bourdieu, el habitus
es un

"…. système de dispositions durables, structures structurées prédisposées à


fonctionner comme structures structurantes, c’est-à-dire en tant que principe de
génération et de structuration de pratiques et de représentation qui peuvent être
objectivement « reglées » et « regulières » sans être en rien le produit de
l’obéissance à des règles, objectivement adaptées a leur but sans supposer la
visée consciente des fins et la maîtrise expresse des opérations nécessaires pour
les atteindre et, étant tout cela, collectivement orchestrées sans être le produit de
l’action organisatrice d’un chef d’orchestre ." (Bourdieu, 1972)

Buena parte del comportamiento incumplidor – como del cumplidor – es el


resultado de habitus. Visto desde este punto de vista sociológico, el comportamiento
incumplidor va más allá de la epidermis institucionalista en donde se crean las normas
jurídicas. Siguiendo a Borudieu, Jacques Bouveresse, sostiene que “como el habitus no
tiene necesariamente una naturaleza propiamente mental (hay formas de habitus
simplemente corporales) es algo independiente de cualquier distinción entre lo consciente
y lo inconsciente y no es menos independiente de la distinción entre el constreñimiento

26
En el libro Normas de papel hicimos algunos estudios empíricos que muestran esto. Por ejemplo los
mismos pasajeros respetan más las normas cuando viajan en el metro – limpio, moderno, bien ordenado –
que cuando viajan en bus. GARCÍA VILLEGAS, M. (2009b) Normas de papel. La cultura del
incumplimiento de normas, Bogotá, Siglo del Hombre.

16
causal y una acción que es libre y voluntaria. El habitus es un concepto intermedio entre
la regla, en sentido jurídico y la regla en sentido causal, propio del mundo físico.

Es por eso que, por lo general, ni los personajes incumplidores, ni los demás,
perciben las prácticas de incumplimientos como actos delincuenciales o bandálicos, ni
siquiera como perturbaciones del orden. La gente se queja - raramente protesta - pero en
la mayoría de los casos el incumplimiento es visto como una fatalidad, como algo que
hay que soportar, incluso tolerar, no como una falta.27 Por eso, suele ocurrir que los
incumplidores no sólo no aceptan el reproche de quienes eventualmente los critican, sino
que se indignan frente a los críticos por el hecho de “meterse en lo que no les importa.”
A veces, por diversas circunstancias, los incumplidores de reglas sociales pasan a
la ilegalidad abierta y las mentalidades incumplidoras ordinarias se encarnan en grandes
criminales: el rebelde puede terminar siendo un guerrillero; el déspota un tirano, el vivo
un jefe de la mafia, el taimado un ladrón, etc. Este paso no siempre se produce de manera
fácil, pero se da con más facilidad en una sociedad como la nuestra, en donde el
cumplimiento de pequeñas reglas es muy frecuente, que en una sociedad de grandes
mayorías de cumplidores natos. Pero el salto a la criminalidad - ilustrado en algunos
personajes incluidos en este libro - no debe oscurecer el hecho de que, las mentalidades
de estos personajes suelen estar presentes ciudadanos comunes y corrientes.
Existen otras actitudes de ruptura frente al orden social que no son propiamente
delictivas. Los taimados y a veces los vivos, por voluntad o por necesidad, desatan las
amarras que los vinculan al mundo social para convertirse en marginados o en colonos
que viven en los bordes del mundo social. El arrogante puede convertirse en un
intelectual cínico o en un bohemio; ambos se apartan del mundo social con una actitud de
desprecio por los valores y las reglas sociales establecidas. Todos estos personajes
pueden ser catalogados como incumplidores radicales, a diferencia de los incumplidores
ordinarios o prosaicos.
3. Cada una de estas mentalidades refleja una deficiencia básica del sistema
político y jurídico. La viveza es el producto de la ineficacia del Estado para imponer
sanciones; la rebeldía es el resultado de la falta de legitimidad del poder político y la
arrogancia es un producto de la ausencia de una cultura de la legalidad (Rule of Law).
Así pues, los remedios contra las prácticas del incumplimiento son una especie de
antídoto contra los tres personajes incumplidores básicos que mencionamos al inicio del
capítulo anterior. Así, contra la viveza, se requiere de un poder estatal capaz de imponer
sanciones efectivas a los detractores. La actitud de los rebeldes se contrarresta con un
incremento en la legitimidad. Por último, la actitud arrogante, necesita de una cultura
ciudadana del respeto de la ley. Ninguno de estos remedios está destinado
exclusivamente contra un tipo de comportamiento incumplidor. Todos son
complementarios: la efectividad contribuye a mejorar la legitimidad; la cultura de la
legalidad requiere de la legitimidad del poder; la efectividad se obtiene más fácilmente
cuando existe una cultura de la legalidad. Así pues, los remedios están interconectados y
mantienen influencias recíprocas entre ellos.

27
Uno de los propósitos de las campañas de cultura ciudadana del alcalde Antanas Mockus consistió en
aumentar la autorregulación; es decir el reproche ciudadano a las conductas desviadas a través de la
denuncia.

17
4. Ahora bien, como ya lo dije antes, en la práctica, estos personajes no sólo se
mezclan, sino que un mismo sujeto puede cambiar de mentalidad de un momento a otro.
Pero hay algo más; en la práctica, el fenómeno del incumplimiento en una sociedad
determinada suele tener motivos mucho menos claros y definidos de lo que esta tipología
sugiere. Con mucha frecuencia el incumplidor es un tipo negligente, perezoso,
descuidado o simplemente indolente, que no se reconoce bien en ninguno de estos
personajes. Pero eso no invalida la importancia de la tipología. Muestra eso sí - como es
natural en este procedimiento analítico - que la realidad es más compleja que las
categorías que usamos para entenderla, aunque justamente por eso, la tipología puede ser
útil: para discernir mejor esa complejidad.
[Link] personajes aquí descritos han sido construidos a partir de motivaciones.28
Ellas pueden ser de muchos tipos. A veces están fundadas en simples intereses personales
– como suele pasar con el vivo - a veces en principios racionales – el rebelde o el
arrogante pueden tener razones de este tipo - y a veces en simples pasiones – como puede
suceder con el déspota, el rebelde, o el restaurador. El tema de las motivaciones es muy
complejo - como lo ha mostrado Jon Elster en su libro Alchemies of the Mind (Elster,
1999) – entre otras razones porque no siempre lo que se hace explícito es lo que
realmente impulsa al individuo. (Como en el cuento de la zorra y las uvas verdes, muchas
veces adaptamos nuestras motivaciones a nuestras posibilidades o a nuestros intereses).
Aquí he dejado de lado estas complejidades – más propias de un análisis micro-
sociológico - y me he limitado a tratar el tema de las motivaciones como si fueran
estáticas. 29
[Link] ultimo, es importante señalar que no solo los individuos desobedecen en
América Latina, también lo hace el Estado. Más aún, el Estado es quizás el primer
incumplidor y de allí, de ese hecho notorio, deriva una justificación muy frecuente del
incumplimiento de los individuos.

III. CONCLUSIONES.

28
Motivations, rather than values. In that sense, culture is more, as Ann Swidler explained, “like a style or a
set of skills and habits than a set of preferences or wants” SWIDLER, A. (1986) Culture in Action:
Symbols and strategies. American Sociological Review, 51, 273-286.; this is close from the idea of practice
in Bourdieu BOURDIEU, P. (1980) Le sens pratique, Paris, Minuit..
29
For readers interested in more technical debates over social theory, I would like to take note of two
things: 1) the motivations to which I refer – involving prosaic non-fulfillment - are in an intermediate
conceptual zone between purely voluntary acts (social agency) and structures imposed on the subjects. To
state this in terms of Bourdieu, they are like the habitus (“lasting and transportable provisions, structured
structures predisposed to operate as structuring structures, in other words, as principles that generate and
organize practices and representations” (Bourdieu, P 1990, The Logic of Practice Stanford: Stanford
University Press, p. 53) and 2) precisely because the mentalities are not pure in terms of agency or
structure, the figure on the preceding page, by setting everything out in terms of instrumental or valorative
rationality – that is to say, in terms of agency - leaves out motivations that have a more passionate origin –
vengeance, rage, fear, etc. - than a rational source and which in a certain way are imposed upon people
(Elster 1999). I am aware of those limitations and shall try to take them into account in future work. I
would like to thank Maria Paula Saffón for making me see these points.

18
En América Latina existe una enorme brecha entre, por un lado, las normas escritas,
las que enseñan los profesores en las facultades de derecho, las que promulgan los
legisladores y aplican los jueces y, del otro, los comportamientos de la gente, incluyendo
el de esos profesores y esos legisladores. Los latinoamericanos vivimos en una especie de
sociedad esquizofrénica, en la que se habla mucho de lo que debe ser, se promulgan
mucho sobre el deber, pero se practica muy poco lo que se promulga. (Me pregunto si el
hecho de que se hable tanto de eso no será una manera de aliviar un poco la conciencia
cuando no se esta dispuesto a obedecer. Lo digo en otras palabras, no será que se habla
tanto – y se promulga tanto - de normas, justamente para poder incumplirlas, teniendo la
tranquilidad de que por lo menos esas normas existen? Quizás esa esquizofrenia tenga
relación con esa cultura católica, tan fuertemente inculcada por la colonia española, en la
cual se convive tan fácilmente con el pecado y eso debido a que se piensa que este mundo
es un valle de lagrimas, un mundo en el que la maldad es inevitable, pero siempre se
puede remediar, al final de la vida, con un arrepentimiento).
En este ensayo he querido mostrar cómo el incumplimiento no es simplemente un
comportamiento que genera desorden o incluso crimen. Menos que un acontecimiento
excepcional, que requiere de la intervención de las autoridades penales, disciplinarias, o
correccionales, el incumplimiento es un comportamiento normalizado y socialmente
aceptado. Por eso, las claves para entender esa cultura no están en las normas - jurídicas u
otras – que se crean y que no se obedecen; sino en la incompatibilidad entre esas normas
y otras normas diferentes, de tipo social, que permiten comportarse de otra manera y que,
en la mente de las personas, terminan siendo más influyentes.
Por eso, lo importante no es tanto tratar de entender los incumplimientos mas notorios
como el robo, el asesinato, la corrupción y, en general, la criminalidad cometida por
algunos pocos individuos desviados, sino más bien tratar de entender el incumplimiento
masivo de millones de latinoamericanos, en su vida cotidiana, cuando salen a la calle,
cuando estudian, cuando trabajan, cuando se relacionan con el jefe, con el policía, con el
funcionario público, con el profesor, etc. Es ese desacato ordinario, que no es excepcional
sino regular, es decir, que obedece a reglas – a otras reglas - el que resulta interesante
para comprender porqué nuestras instituciones son lo que son y no lo que las normas que
las crean dicen que sean.
Por eso también, una teoría del incumplimiento de normas es, de alguna manera una
teoría política, en el sentido que ayuda a explicar la manera como los latinoamericanos
nos relacionamos con el poder y con la autoridad. De esa cultura surgen, a mi juicio,
muchos de los males recurrentes de nuestras instituciones, de nuestro sistema político y
de nuestra democracia. Entender las razones por las cuales la gente incumple - las
mentalidades incumplidoras – nos ayudaría no sólo a comprender mejor el fracaso del
derecho y los límites de las soluciones simplemente jurídicas a nuestros problemas
sociales, sino también a tener una visión más realista y pragmática de esos problemas y
de las políticas públicas que se requieren para enfrentarlos.

19
IV. APENDICE: Ideas para una propuesta de investigación

El tema de la cultura del incumplimiento es, a mi juicio, central para comprender


el derecho o, por lo menos, para entender la realidad del derecho en América
Latina. Esa cultura hace parte de un fenómeno más general de ineficacia jurídica
que comprende, entre otros, los siguientes temas
-­‐ La incapacidad institucional para hacer efectivo el derecho
-­‐ La herencia española y colonial en la concepción de la autoridad y de la ley
-­‐ Los problemas de diseño institucional
-­‐ La brecha entre los textos escritos y las realidades sociales
-­‐ La criminalidad individual y organizada
-­‐ La relación entre derecho, moral y cultura
-­‐ La legitimidad del Estado, de la autoridad y de los jueces

Todos estos temas son importantes y deberían ser tenidos en cuenta a la hora de
intentar una explicación de las razones por las cuales en América Latina existe una
brecha tan grande - desde la época colonial - entre el derecho y la realidad social.
Sin embargo, dada la amplitud de estos temas, propongo tres de ellos para iniciar
una reflexión compartida entre colegas del continente.

1. La herencia cultural
En varios países de América Latina se celebra este año el bicentenario de la
independencia de España. Quizás sea este un buen momento para reflexionar sobre
la capacidad de las nuevas instituciones que se crearon a principios del siglo XIX
y sobre el derecho, en particular, para crear nuevas sociedades y para romper con
las amarras que ataban esas sociedades al período colonial. ¿Por qué, a pesar de la
evidente incapacidad del derecho y de las instituciones para cambiar la sociedad,
la brecha entre el derecho y la realidad social así como la confianza en el derecho,
permanecieron y se reprodujeron como si la ineficacia no los afectara? Parte de la
explicación a este interrogante, a mi juicio, se encuentra en factores culturales
relacionados con la concepción del poder, de la autoridad y de la ley. Estos
factores culturales, que cambian lentamente, están profundamente aferrados a las
condiciones materiales y a las estructuras económicas – algunas de las cuales no
han cambiado mucho desde la colonia – que existen en nuestras sociedades. Vale
la pena estudiar más estos fenómenos. Pongo un ejemplo: durante la época
colonial la economía del contrabando fue, por lo general, más importante que la
economía formal. Eso creó una mentalidad particular – descalificadora - sobre la
capacidad del Estado y de las autoridades para regular el comercio. ¿En qué
medida esa mentalidad sigue operando hoy en día?

2. La relación entre derecho, moral y cultura

20
En la vida social confluyen tres sistemas reguladores: el jurídico, el moral y el
social. A cada uno de estos sistemas corresponde un tipo de sanción específica: la
multa o la cárcel en el caso de las leyes, la culpa, en el caso de la moral y la
vergüenza en el caso de la cultura. En la práctica, sin embargo, los tres sistemas
tienen fuertes conexiones. Buena parte de la moral que predomina en una sociedad
está incorporada en el derecho. Esto se pone en evidencia no sólo en aquello que
Lon Fuller denominaba “la moral interna del derecho” - una especie de sabiduría
moral acumulada en el derecho a través de la historia – sino en la simple
constatación de que buena parte de lo que el la moral condena el derecho también
lo condena (o simplemente lo ignora). En América Latina muchas de las
deficiencias del derecho, su ineficacia, por ejemplo, provienen de que la gente
desobedece lo establecido en las normas jurídicas porque prefiere acatar una
norma social o moral que considera más importante. Por eso es importante
explorar, ojalá a partir de encuestas comparadas, cuáles son las conexiones
empíricas que existen, por ejemplo en la mente de los individuos, entre esos tres
órdenes normativos.

3. El diseño – y la transferencia – legal e institucional


La historia política e institucional de América Latina es, en buena parte, la historia
de la recepción infructuosa de instituciones foráneas que funcionan y producen
buenos resultados en sus países de origen pero que una vez implantadas en
nuestras sociedades, o bien no sirven para nada, o bien producen otros efectos
diferentes a los esperados. Esta no es una idea nueva en el continente; ya en la
primera mitad del siglo XIX, Juan Bautista Alberdi y sus colegas argentinos – los
de la llamada Generación del 30: Esteban Echeverría y Domingo Faustino
Sarmiento, entre otros – sostenían la imperiosa necesidad de conocer las
condiciones sociales y culturales antes de importar instituciones desde Europa
¿Cómo es posible entonces que esta idea no haya suscitado más atención entre los
políticos y diseñadores de instituciones de América Latina? Quizás esto se deba a
que el desconocimiento de las condiciones fácticas en las que operan las
instituciones no sólo se explica como un fracaso, el de quienes están encargados
de la recepción o de la importación de instituciones foráneas, sino también como
una estrategia política. Una estrategia que consiste en crear instituciones para
obtener los beneficios de legitimación política provenientes de la institución
importada, sin que ello implique aceptar los efectos prácticos de su puesta en
funcionamiento. Otra explicación posible proviene simplemente de que lo más
fácil - lo más eficaz en el corto plazo político - es copiar instituciones y
traducirlas en reformas legales. Sea lo que fuere de las causas de este menosprecio
por los contextos, el hecho es que esta práctica institucional se ha acentuado en los
últimos años, sobre todo con el predominio de las teorías económicas
neoinstitucionalistas y, por eso, vale la pena estudiarla.

21
ARROW, K. J. (1994) Methodological Individualism and Social Knowledge. American
Economic Review, 84, 1-9.
BORGES, J. L. (1974) Nuestro pobre individualismo. Obras Completas. Buenos Aires,
Emecé Editores.
BOURDIEU, P. (1972) Esquisse d´une théorie de la pratique, précedé de trois études
d´ethnologie Kabyle, Genève, Droz.
BOURDIEU, P. (1977) Outline of a Theory of Practice, New York, Cambridge
University Press.
BOURDIEU, P. (1980) Le sens pratique, Paris, Minuit.
BOURDIEU, P. (1986) Habitus, code et codification. Actes de la recherche en sciences
sociales, 64.
CARDOSO, F., ENZO FALETTO (1979) Dependency and development in Latin
America, Berkeley, University of California Press.
CARDOSO, F. H. (1973) Problemas del subdesarrollo latinoamericano, México,
Nuestro Tiempo.
CARDOSO, F. H. & FALETTO, E. (1969) Dependencia y desarrollo en América Latina,
México, Siglo XXI.
CARRIÓ, G. (1073) Sobre los límites del lenguaje normativo Buenos Aires Astrea.
CASCUDO, C. (1967) Contos tradicionais do Brasil, Rio de Janeiro, Edicoes de Ouro.
CASTRO, A. (1946) Iberoamérica, su presente y su pasado, Nueva York, The Dryden
Press.
CASTRO, A. (1959) Origen, ser y existir de los españoles, Madrid, Taurus.
COLEMAN, J. (1990) Foundations of Social Theory, Cambridge, Harvard University
Press.
COLLIER, P. (2000) Economic Causes of Civil Conflict and their Implications for
Policy. [Link]
COLLINS, R. (1994) Four Sociological Traditions, Oxford, Oxford University Press.
CUÉLLAR, M. M. (2000) Colombia: Un proyecto inconcluso. Valores, instituciones y
capital social, Bogotá, Universidad Externado.
DA MATTA, R. (1987) The Quest for Citizenship in a Relational Universe . . . IN
WIRTH, J. (Ed.) State and Society in Brazil. Continuity and Change. Boulder,
Westview Press.
DA MATTA, R. (2002) Carnavales, malándros y héroes México, Fondo de Cultura
Económica.
DE CERTEAU, M. (1989) Le Savant et le populaire, Paris, Seuil-Gallimard.
DE HOLANDA, S. B. (1995) Raíces do Brasil, Sao Pablo, Companhia das Letras.
DE MADARRIAGA, S. (1928) Englishmen, Frenchmen and Spaniards, London,
Geoffrey Cumberlage.
DEAS, M., FERNANDO GAITÁN (1995) Dos ensayos especulativos sobre la violencia
en Colombia, Bogotá, Departamento Nacional de Planeación.
ELSTER, J. (1999) Alchemies of the Mind, Cambridge, Cambridge university Press.
ELLICKSON, R. (1991) Order without Law: How Neighbors Settle Disputes
Cambridge, Mass, Harvard University Press.

22
ESCALANTE, F. (2002) Ciudadanos imaginarios México, Colegio de México.
FREYRE, G. (1962) Orden & Progreso, Rio de Janeiro, José Olimpo.
FURTADO, C. (1964) Desarrollo y subdesarrollo, Eudeba.
GANIVET, A. (1980) Idearium español, Madrid, Espasa-Calpe.
GARCÍA MÁRQUEZ, G. (1970) Cien años de soledad, Barcelona, Círculo de lectores.
GARCÍA MÁRQUEZ, G. (1994) La proclama por un país al alcance de los niños
Consigna (Bogotá), 18, 5-8.
GARCÍA VILLEGAS, M. (2009a) Carta al padre Giraldo. Semanario Caja de
Herramientas, 164.
GARCÍA VILLEGAS, M. (2009b) Normas de papel. La cultura del incumplimiento de
normas, Bogotá, Siglo del Hombre.
GARGARELLA, R. (2005) El derecho a la protesta, Buenos Aires, Ad-Hoc.
GARRIDO, M. (1997) Honor, reconocimiento, libertad y desacato. Sociedad e individuo
desde un pasado cercano. IN LATINA, P. I. D. E. C. S. A. (Ed.) Teorías de la
cultura y estudios de comunicación en América Latina. Bogotá, Manuscrito.
GÓNGORA, M. (2003) Historia de las ideas en la América española y otros ensayos,
Medellín, Universidad de Antioquia.
GOYTISOLO, J. (1969) España y los españoles, Barcelona, Editorial Lumen.
GRUZINSKI, S. (1999) La pensée Métisse, Paris, Fayard.
GUÉGUEN, N. (2002) Psychologie de la manipulation et de la sumission, Paris, Dunod.
GUNDER-FRANK, A. (1963) América Latina: subdesarrollo o revolución, México,
ERA.
HAYWARD , K. J. & MORRISON, W. (2005) Theoretical criminology: a starting point.
IN HALE, C. (Ed.) Criminology. Oxford, Oxford University Press.
HIRSCHI, T. (1969) Causes of delinquency, Berkeley, University of California Press.
ICAZA, J. (2005) El Chula Romero y Flórez, Libresa.
KALMANOVITZ, S. (2001a) Las instituciones colombianas del siglo XX. IN MISAS,
G. (Ed.) Desarrollo económico y social en Colombia. Bogotá, Universidad
Nacional de Colombia.
KALMANOVITZ, S. (2001b) Las instituciones y el desarrollo económico en Colombia,
Bogotá, Norma.
LLERAS CAMARGO, A. (1992) El periodista Alberto Lleras. Antología. Medellín,
Universidad de Antioquia y BPP.
MAFUD, J. (1971) Psicología de la vivesa criolla, Buenos Aires, Editorial Americalee.
MARIÁTEGUI, J. C. (1969) Siete ensayos de Interpretación de la realidad peruana,
México, Ediciones Solidaridad.
MERTON, R. (1949) Social Theory and Social Structure, New York, The Free Press.
MILGRAM, S. (1963) Behavioral Study of Obedience. Journal of Abnormal and Social
Psychology, 69, 371-378.
MILGRAM, S. (1964) Issues in the Study of Obedience. A replay to Baumrind.
American Psychologist, 19, 848-852.
MOCKUS, A. (1994) Anfibios culturales y dovorcio entre ley, moral y cultura. Revista
análisis político, 21.
MOCKUS, A. (2001) Cultura ciudadana. Programa contra la violencia en Santa Fe de
Bogotá, Colombia 1995-1997. Washington Banco Interamericano de Desarrollo -
BID.

23
MOCKUS, A. & CORZO, J. (2003) Cumplir para convivir. Factores de convivencia y su
relación con normas y acuerdos, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.
MONTENEGRO, A. (1995) Prologo. IN DEAS, M., FERNANDO GAITÁN (Ed.) Dos
ensayos sobre especulativos sobre la violencia en Colombia. Bogotá, Fonade y
Planeación Nacional.
NAIM, M. (2005) Illicit. How Smugglers, Traffickers, and Copycats are Hijacking the
Global Economy, New York, Doubleday Broadway Publishing Group.
O'DONNELL, G. (1998) Polyarchies and the (Un)Rule of Law in Latin America. Notre
Dame, Kellogg Institute University of Notre Dame.
PEREIRA DE QUEIROZ, M. I. (1992) Os Cangaceiros. La epopeya bandolera del norte
del Brasil, Bogotá, El Ancora Editores.
PORTES, A. (1998) Social Capital: Its Origins and Application in Modern Socilogy.
Annual Review of Sociology, 24, 1-24.
PRIETO, A. M. (2001) Acerca de la pendenciera e indisciplinada vida de los léperos y
capitalinos, México, Conacultura.
PUTNAM, R. (1992) Making Democracy Work. Civil Tradition in Modern Italy, New
Yersey, Princeton University Press.
ROMERO, J. L. (1999) Latinoamerica: las ciudades y las ideas, Medellín, Editorial
Universidad de Antioquia.
RUBIO, M. (1996) Capital Social, educación y delincuencia juvenil en Colombia.
Documentos CEDE. Bogota, CEDE Universidad de LOs Andes.
SCOTT, J. (2000) Los dominados y el arte de la resistencia México, Ediciones Era.
SCOTT, J. C. (1985) Weapons of the Weak. Everyday Forms of Resistance, New Haven,
Yale University Press.
SILVA CHARVET, E. (2005) Identidad nacional y poder, Quito, Abya-Yala.
SNYDER, F. (1980) Law and Development in the Light of Dependency Theory. Law and
Society Review, 14, 723 -804.
STAVENHAGEN, R. (1966) Siete tesis equivocadas sobre América Latina. Revista
Desarrollo Indoamericano, 4.
SUDARSKY, J. (2001) El Capital Social de Colombia, Bogotá, Departamento Nacional
De Planeación.
SUDARSKY, J. (2007) La Evolución del capital social en Colombia, 1997-2005,
Bogotá, Fundacion Restrepo Barco.
SWIDLER, A. (1986) Culture in Action: Symbols and strategies. American Sociological
Review, 51, 273-286.
THOUMI, F. (2002) El imperio de la droga: Narcotráfico, economía y sociedad en los
Andes, Bogota, Planeta IEPRI.
UNAMUNO, M. D. (1993) Del sentimiento trágico de la vida, Madrid, Altaya.
VALLENILLA LANZ, L. (1990) Cesarismo democrático, Carácas, Monte Avila.
WACHTEL, N. (1971) La vision des vaincus, Paris, Gallimard.
WEBER, M. (1978) Economy and Society, Berkeley, University of California Press.
WEBER, M. (1992) Economía y sociedad, México, Fondo de Cultura Económica.
ZEA, L. (1957) América en la historia, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económico.
ZULUAGA, C. (1977) Novelas del dictador. Dictadores de novela, Bogotá, Carlos
Valencia Editores.

24
25

También podría gustarte