Concepto filosófico[editar]
La Praefatio de Thomas Hobbes, De cive, donde la frase «Bellum omnium contra omnes /
Guerra de todos contra todos» aparece por vez primera. Tomada de la edición revisada
impresa en 1647 en Ámsterdam (apud L. Elzevirium).
Para Maquiavelo y Thomas Hobbes está en la naturaleza humana el deseo y la ambición, lo
que induce a la inseguridad colectiva y a la guerra de todos contra todos, y, por tanto, esa
inseguridad es el fundamento de la ley y del Estado, que debe cuando menos reducirla. 36
Hobbes determina que las causas principales de la guerra entre los hombres son:
La primera es la competencia; en segundo lugar, la desconfianza; y en tercer lugar, la gloria. La
primera hace que los hombres invadan el terreno de otros para adquirir ganancia; la segunda,
para lograr seguridad; y la tercera, para adquirir reputación. La primera hace uso de la
violencia, para que así los hombres se hagan dueños de otros hombres, de sus esposas, de sus
hijos y de su ganado. La segunda usa la violencia con un fin defensivo. Y la tercera, para
reparar pequeñas ofensas, como una palabra, una sonrisa, una opinión diferente, o cualquier
otra señal de desprecio dirigido hacia la propia persona o, indirectamente, a los parientes, a los
amigos, a la patria, a la profesión o al prestigio personal.37
Se ha sugerido si, desde un punto de vista moral o filosófico, sería posible hablar de una guerra
justa o lícita. Si ese es el caso, hay que distinguir:
Si la guerra en general puede ser lícita.
Si se cumplen o garantizan las condiciones requeridas.
A primera vista parece posible proponer que la guerra no es necesariamente ilícita. Existe el
derecho natural de autodefensa o de legítima defensa contra el enemigo exterior cuando ese
ataca injustamente a un pueblo. Si se niega este derecho de legítima defensa, se robustece al
agresor y se pone en peligro la paz de los pueblos. Sin embargo, se ha sugerido desde una
perspectiva ética que, para que una guerra pueda tener una licitud ética, existen una serie de
condicionantes adicionales:
Que haya una injusticia real, verdadera y de gravedad.
Inviabilidad de defenderse por vía pacífica.
Perspectiva y esperanza de éxito final.
Que se pueda evitar un perjuicio a terceros inocentes.
La defensa del bien público prevalece sobre cualquier derecho del agresor e incluso sobre los
riesgos que puedan tener los propios agredidos. Pero se considera ilícita la matanza injusta.
Desde ese mismo punto de vista filosófico, se considera que el movimiento a favor de la paz se
hace acreedor del más alto reconocimiento. Dicho movimiento es difusor de un espíritu de
entendimiento y comprensión entre los pueblos. Su fin ético y moral es conseguir la paz y los
acuerdos sin derramamiento de sangre.