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Disputaciones Metafísicas de Suárez

Este documento presenta un resumen de la obra "Disputaciones metafísicas" de Francisco Suárez. La editorial Gredos está publicando esta obra en una edición bilingüe de seis volúmenes. El documento analiza la importancia de Suárez como filósofo y teólogo español, y evalúa positivamente la nueva edición por hacer accesible esta obra fundamental.
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Disputaciones Metafísicas de Suárez

Este documento presenta un resumen de la obra "Disputaciones metafísicas" de Francisco Suárez. La editorial Gredos está publicando esta obra en una edición bilingüe de seis volúmenes. El documento analiza la importancia de Suárez como filósofo y teólogo español, y evalúa positivamente la nueva edición por hacer accesible esta obra fundamental.
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LAS DISPUTACIONES METAFISICAS DE S U A R E Z

Monumental, es el calificativo que espontáneamente sale de nues-


tros labios ante la empresa que la Editorial Gredos ha comenzado al
acometer la publicación, en edición bilingüe, de las Disputationes
metaphysicae, del Doctor Eximio, Francisco Suárez (*). Tenemos de-
lante el primer volumen, al que han de seguir otros cinco más del mis-
mo tamaño y características. En total seis volúmenes, que nos darán,
en letra clara y en impresión limpia y elegante, una de las produccio-
nes más extraordinarias de la filosofía de todos los tiempos.
Digamos enseguida que nos parece oportunísima esta edición bi-
lingüe de la principal de las obras filosóficas del gran sabio español,
que vivió en la confluencia de dos siglos tan interesantes en la cultura
hispánica como fueron el X V I y el X V I I .
Siempre es útilísimo el conocimiento del pasado histórico de un
pueblo o de una cultura. Entre nosotros es de urgencia vital el trabajo
de desenterrar nuestras viejas glorias culturales, sepultadas por siglos
de olvido en un desconocimiento y desprecio que nos deshonran y
avergüenzan ante el mundo. Entre las jóvenes generaciones de estu-
diantes de filosofía se ha creado una especie de complejo de inferiori-
dad en relación con nuestra cultura y con nuestra filosofía del pasado.
Se les ha hecho creer que, también en filosofía, Europa termina en
los Pirineos.
Hubo épocas, sin embargo, —durante siglos—en las que España
exportaba cultura, filosofía, derecho y teología al mundo entero, con-
tando también a la misma Europa protestante. Las Disputationes de
Suárez, a pesar de su extensión desmesurada, alcanzaron dieciséis
ediciones en sus primeros cuarenta años y sirvieron de texto en las
Universidades europeas durante muchos lustros.
Al lado de Suárez y a su misma altura existen valores desconocidis
y olvidados, que todavía esperan el que alguien les saque a la luz

(*) FRANCISCO SUAREZ: Disputaciones metafísicas. Vol. I, Disp. I-VI.


Biblioteca hispánica de filosofía. Editorial Gredos. Madrid 1960; 814 pp. 24,5 x 16
cm. Edición y traducción de Sergio Rábade Romeo, Salvador Caballero Sánchez
y Antonio Puigcerver Zanón.
pública para orientar e iluminar gran parte de los problemas, en los
que se debate la filosofía actual. Preferimos acudir fuera de nuestras
fronterras a buscar soluciones en las filosofías de la Europa desgarra-
da y protestante, antes de pedírselas a los hombres que vivieron en
nuestro mismo suelo, hablaron nuestra misma lengua, aunque escri-
bieran en latín, y tuvieron el mismo credo y la misma esperanza que
nosotros. Suárez es uno de esos grandes valores nacionales y al mis-
mo tiempo universales. Pero no es—como alguien ha escrito, con des-
conocimiento culpable de la «historia» de nuestra filosofía—«el único
gran filósofo escolástico después de Ockam». Solo cuando se conozca
el inmenso tesoro filosófico oculto en manuscritos todavía inéditos o
en antiguas y raras ediciones se podrá dar un juicio exacto e impar-
cial de nuestra cultura metafísica.
Suárez nace en Granada en 1548 y muere en Lisboa en 1617, des-
pués de una vida consagrada por entero a la pluma y, a la cátedra.
Envuelto siempre su nombre en el polvo de las polémicas de la Escue-
la, sus libros envejecen arrinconados en las bibliotecas. Todo el mun-
do habla de Suárez y son relativamente pocos los que le han leído.
Sin embargo es uno de los valores más indiscutibles de la filosofía,
aunque su filosofía haya sido y siga siendo una de las más discutidas.
La primera edición de las Disputationes metaphysicae se publicó
en Salamanca en 1597, año en que Suárez pasó a regentar la cátedra
de Prima de la Universidad de Coimbra. El insigne profesor de la
Compañía sacaba a la luz pública su gran obra de filosofea en el pe-
ríodo de su madurez científica, cuando enseñaba teología en el Co-
legio de Salamanca. Aprovechó los apuntes que tenía de sus años de
profesor de filosofía y los amplió y completó con sus experiencias
posteriores de profesor de teología.
El mismo Suárez nos señala las razones que le movieron a inte-
rrumpir sus publicaciones de teología para dedicarse a la laboriosa
empresa de componer y publicar sus Disputaciones. «Y como con fre-
cuencia, en medio de las disertaciones acerca de los divinos misterios,
se me presentasen estas verdades metafísicas, sin cuyo conocimiento
e inteligencia difícilmente, y casi en absoluto, pueden ser tratados
aquellos divinos misterios con la dignidad que les corresponde, me
veía obligado con frecuencia o bien a entremezclar problemas menos
elevados con las cosas divinas y sobrenaturales, cosa que resulta in-
cómoda al que lee y de utilidad dudosa; o bien, con el fin de evitar
este obstáculo, a proponer brevemente mi parecer sobre dichos pun-
tos, exigiendo de esta forma una fe ciega del que lee, lo cual no sólo
era molesto para mí, sino que también a ellos les podría parecer in-
tempestivo; efectivamente se hallan de tal forma trabadas estas ver-
dades y principios metafísicos con las conclusiones y discursos
teológicos, que si se quita la ciencia y perfecto conocimiento de aqué-
llas, tiene necesariamente que resentirse también en exceso el conoci-
miento de éstas. Llevado, pues, por estas razones y por el ruego de
muchos, determiné escribir previamente esta obra, en la cual incluyese
todas las disputaciones metafísicas»... (Proemio, pág. 203-204).
¿ Significa esta declaración que Suárez tenía «el concepto auténtica-
mente medieval de la filosofía subordinada y en servidumbre de la teo-
logía ?» Así lo pretende el editor y prologuista Sergio Rábade de quien
son las palabras entre comillas. (Pág. 9). ¿ No será más bien que Suá-
rez, al escribir sus Disputationes, no deja de hacer su oficio de teólogo
y. por ello nunca pierde de vista que la filosofía que está escribiendo
tiene que ser cristiana y sierva de la teología, lo mismo que, en su
medida proporcional, han de serlo todas;las demás ciencias humanas ?
Gilson ha sembrado esa inexactitud, que se repite con demasiada
facilidad. Con la misma razón habría que decir que la historia, la
filosofía, la física y cualquier otra ciencia, en su concepto «auténtica-
mente medieval», eran ciencias subordinadas y en servidumbre de la
teología, como la razón lo es de la fe y la naturaleza de la gracia.
Seguramente que ésto es más auténticamente medieval, al menos por
lo que se refiere a Santo Tomás y a Suárez. Según el concepto autén-
ticamente medieval, uno puede hacer filosofía como filósofo o como
historiador y arqueólogo.
No queremos polemizar con el prologuista. Si él quiere que Suárez
sea tomista, no se lo vamos a discutir. Pero son demasiados tres siglos
de filosofía para que ahora vengamos nosotros a descubrir que nues-
tros predecesores no entendieron a Suárez o no entendieron a Santo
Tomás y por eso entablaron aquellas polémicas tan acerbas y acalo-
radas sin haber conseguido en realidad otra cosa que dar mandobles
en el aire. El que Suárez o cualquier otro autor tenga muchas cosas
de Santo Tomás y sienta por el Santo gran respeto y profunda vene-
ración no significa que doctrinalmente sea tomista. Por otra parte, no
vemos por qué Suárez tenga que ser o más tomista o más escotista.
Puede no ser ni una cosa ni otra, que es lo que nos parece más confor-
me con la realidad y reconoce al final el prologuista. Si no le gusta que
le llamen «ecléctico»—particularmente nos parece el mejor calificativo
para el conjunto doctrinal suarecianor—, que no nos le vista de
tomista. Por ahí andan impresas las X X I V tesis tomistas, declaradas
por la Sagrada Congregación de Estudios «principios y enunciados
mayores» de la doctrina de Santo Tomás, y a su lado, en columna
paralela, otras X X I V tesis de Suárez, diametralmente opuestas. To-
davía no ha perdido valor ni actualidad el libro del P. Norberto del
Prado.

Pero vengamos ya a decir algo de la edición en sí misma, a la que


con verdadera satisfacción presentamos a los amantes de la metafísica.
Se trata de una edición bilingüe, en su original latino y en su
traducción española.
El intento principal de los editores es el de presentar la obra del
gran filósofo jesuíta a los filósofos de habla española. Por eso la tra-
ducción castellana lleva siempre la parte principal. Se la coloca en la
mitad superior con letra grande y en un solo cuerpo que ocupa toda
la página. El original latino ocupa la parte inferior de cada página
en letra sensiblemente más menuda—aunque perfectamente legible—
y a dos columnas. Cada disputación ya precedida de un breve esque-
ma, muy exacto y muy claro, con el que los editores presentan al
lector el orden y los temas salientes de su contenido doctrinal.
El texto latino ha sido tomado fundamentalmente de la edición
hecha en Paris por L. Vives. Quien haya manejado un poco las edi-
ciones de Vives, tanto las de Suárez como las de Santo Tomás o de
cualquier otro autor antiguo, sabe que no siempre reflejan el texto
crítico en su pureza original. Conscientes de ello, los editores han
compulsado otros textos diferentes y han conseguido un contenido
literal más depurado y más fiel. Nosotros nos hubiéramos inclinado
a elegir, como texto fundamental, el de la edición de Salamanca
1597, expuesto que fué el que el mismo Suárez publicó y corrigió.
La traducción española ha sido realizada por un equipo compacto
de tres jóvenes valores de la actual filosofía española. Hasta ahora
solo existía traducción castellana de las tres primeras disputaciones.
Por el estilo de la traducción actual se nota enseguida que está hecha
totalmente de nuevo.
Trabajar en equipo puede traer muchas ventajas; pero en tareas
de traducción no deja de tener inconvenientes y peligros. Particular-
mente estos son más difíciles de soslayar en materias de índole filo-
sófica, en las que se repiten multitud de palabras, de conceptos y aun
de frases que expresan principios, axiomas, postulados, etc., clásicos
y definidos en las lenguas originales, y que admiten diversas traduc-
ciones, todas ellas exactas, aunque no siempre igualmente técnicas.
Si, aun siendo uno solo el traductor, se deslizan muchas veces palabras
y formas diversas de expresión para traducir las mismas fórmulas e
idénticos términos, cuando la traducción se hace en equipo, hay nece-
sidad de extremar el esmero y la vigilancia para dejar a salvo la uni-
formidad de Ja versión dentro de la más estricta exactitud. Es muy
difícil traducir los términos técnicos de un lenguage científico, cuyo
sentido exacto depende del contexto mediato e inmediato y de la mate-
ria con la que se está operando. En la presente traducción estas difi-
cultades han sido, de ordinario, felizmente superadas por la revisión
conjunta de da labor individual. No obstante, en ciertas ocasiones, nos
gustaría más estricta uniformidad. Por ejemplo en traducción de «ens»
y de «esse». «Ens», a lo largo de toda la primera disputación se tra-
duce invariablemente por «ente». Llegamos, en cambio, a la segunda
disputación y, fuera de dos títulos, en los «que se mantiene el criterio
de traducirlo por «ente»—excepto en el título de la Sección IV—en la
exposición suareciana unas veces es traducido por «ente» y otras por
«ser». Si es verdad que, en el lenguage corriente de la escuela, se
habla indistintamente de «ente» y «ser», no es menos cierto que en una
obra de rigor científico habría que haber agotado el cuidado de ser
uniformes en la versión, máxime hoy que en la filosofía extraescolás-
tica se acentúa tanto la distinción entre «ente» y «ser». Lo mismo
decimos de «esse», que unas veces traducen por «ser» y otras por
«existencia». En tomista, «esse» o «actus essendi» o «actus entis» equi-
vale generalmente a «existencia» en el sentido que ese término tiene
en la filosofía escolástica posterior a Santo Tomás. El mismo Suárez
lo declara (pág. 415). Pero Santo Tomás advertía ya que «esse» puede
significar también la «esencia» o aún tener solo el valor de «cópula»
sin poner nada real en las cosas. Aun significando el «actus essen-
di», no es indiferente una traducción u otra; o, por lo menos, no es
tan expresiva y rigurosa. Léase, por ejemplo, el siguiente párrafo
latino y su traducción castellana: (pág. 415). «2. Hanc opinionem
attingens Soto..., prius dicit ens semper esse participium verlbi sum,
sicut existens, verbi existo, et de formali significare esse, de mate-
riali vero, quod diabet esse; postea vero déclarai ens non solum signi-
ficare quod actu est, sicut existens, sed (quod est actu vel potentia,
quia de homine non existente vere dicitur esse ens, sicut esse animal
vel substantiam, et nihilominus concludit ens non dici quidditative de
rebus praesertim creatis, quia dicit habitudinem ad esse quod est extra
essentiam creaturae». La traducción es la siguiente: «Examinando
Soto esta opinión..., dice en primer lugar que ente es siempre parti-
cipio del verbo ser, como existente lo es de existir, y que formalmente
significa, la existencia mientras que materialmente, do que tiene exis-
tencia; mas explica luego que ente no solo significa lo que es actual-
mente, por ejemplo existente, sino lo que es actual o potencialmente,
puesto que de un hombre no existente se predica con verdad que es
ser, como que es animal o sustancia y, no obstante, concluye que el
ser no se dice quiditativamente de las cosas, sobre todo de las creadas,
porque dice relación a la existencia, la cual cae fuera de la esencia de
la criatura». ¿No suena a más exacto el latín que la traducción espa-
ñola?
Recordemos, a propósito del texto citado y su traducción, la dife-
rencia tan notable «que existe, al menos en tomista, —Suárez está ci-
tando a Soto—entre «esse actu» y «esse actúale». «Esse actu» se opone
a «esse potentia»; en cambio «esse actúale» se contrapone a «esse
possibile». El ser en potencia es un verdadero ser actual, pero no un
ser en acto. Es actual por el acto con el que está necesariamente
unido. Pero bajo ese acto el ser en potencia permanece con su propia
estructura ontológica y es entonces cuando ejerce su propio modo de
causalidad. No es algo anterior al acto, sino que todo lo que es, lo es
bajo el acto. Por ello nos parece inexacta la traducción de «quod est
actu» por «lo que es actualmente». Lo mismo se repite luego en la
página 417, hablando del ente como nombre y del ente como partici-
pio. lEn cambio, se atienen al texto latino al hablar de las «convenien-
cias entre el ser—ens—en acto y ser—ens—en potencia (pág. 420).
Los traductores se han atenido a la letra del texto de Suárez. Es
el único camino en traducciones de esta clase. Por eso sentimos dis-
gusto cuando nos encontramos con frases, que equivalen a glosas o
interpretaciones. Por ejemplo, ¿por qué se traduce «rationes» por
«causas» en el título de la Sección II de la Disputación I, para luego,
a lo largo de la explicación, hablar siempre—con más propiedad, se-
gún creemos—de «Tazones»? Es verdad que todas las «razones» son
«causas del conocimiento» de las cosas; pero cuando se habla de «ra-
zones de las cosas», se atiende particularmente a las cosas y no a las
facultades de conocerlas. Y en las cosas esas «razones» no son «cau-
sas» de las mismas cosas, sino aspectos suyos inteligibles y, en este
sentido, «causas» de su conocimiento.
Con estas observaciones no pretendemos desvirtuar en modo al-
guno los enormes méritos de dos traductores. Sabemos pot propia ex-
periencia de las casi insuperables dificultades que tiene toda traduc-
ción, sobre todo cuando la lengua original ha dejado de ser viva, a
pesar de que el latín escolástico siga vigente en la filosofía escolástica.
Por ello, un filósofo habituado a la lectura de los autores clásicos de
la Escuela, al leer esta traducción, inconscientemente va repitiendo el
texto en latín, y no puede evitar que el original escolástico le suene
mejor y le dé sensación de más exactitud, más agilidad y más rigor
científico. En más de una ocasión no nos quedamos satisfechos hasta
no haber compulsado el original latino. Veamos algún ejemplo.
Suárez está hablando de la diferencia que existen entre el concepto
formal y el concepto objetivo. El concepto formal, dice el Eximio,
siempre es algo positivo y real y, en las criaturas, es además accidente
predicamental. En cambio, el concepto objetivo no siempre es una
verdadera cosa positiva. Y sigue en latín: «concipimus enim interdum
privationes et alia, quae vocantur entia rationis, quia solum habent
esse obiective in intellectu». Los traductores escriben: «Efectivamente,
concebimos a veces las privaciones y otras cosas, que se llaman entes
de razón, porque objetivamente no existen más que en el entendi-
miento» (pág. 361). Hemos subrayado nosotros. El latín suena per-
fecto a un oído escolástico. En cambio la traducción española suena
a inexacta, a algo doctrinadmente no correcto. Cxi efecto, la traducción
parece indicar que otros entes, que no son privaciones o entes de razón
existen «objetivamente», no solo en el entendimiento, sino también en
otros sitios, mientras que la existencia «objetiva» en la razón es pro-
pio de esta clase especial de entes. Sabido es que, en clásica filosofía
escolástica—Suárez es, en frase del Cardenal Ceferino González, el
«más escolástico entre los escolásticos»—«esse objective» se opone a
«esse subiective».El «ser objetivamente» pertenece a todo aquello que
puede terminar un acto cualquiera del entendimiento, sea ello ente
reall o de razón, sea algo positivo o negativo y privativo. Pero con una
gran diferencia. Porque, mientras el ente read tiene «esse subiective»,
ser subjetivamente o existencia subjetiva, bien sea en la mente como
una determinación suya, bien sea en las cosas como acto de ellas, bien
sea en s»í mismo, como sustancia que existe por sí o existe por otro;
e' ente de razón, las privaciones y negaciones se caracterizan por su
no poder existir más que en la mente y en ella no subjetivamente, sino
solo objetivamente; es decir, no como afección, modificación o acto
del entendimiento, sino solo como término del mismo acto mental.
Hablando de la esencia real señala Suárez entre sus características,
si es creada, el poder ser producida por Dios realmente, «et constituí
in esse entis actualis»; expresión que es traducida de este modo: «y
constituirse como ser de un ente actual» (pág. 419). ¿ Verdad que a
un oído escolástico no de dicen lo mismo las dos fórmulas?
Anotemos finalmente que en el esquema o índice de la Disputa-
ción III se pone la opinión de Escoto sobre las propiedades transcen-
dentales del siguiente modo: «1. Escoto (triple interpretación)»...
(pág. 451). Ese paréntesis parecería indicar que Suárez expone tres
modos de explicar o interpretar la opinión de Escoto. Y como nunca
habíamos oído tal cosa, nos entra curiosidad de leer el n.° 2 de la
sec. 1.a. Naturalmente nos encontramos con que Suárez no expone
más que una interpretación de Escoto.
Digamos, para terminar, que es extraordinario el cuidado y esmero
puesto en la impresión tanto del texto español como del latino. En
este aspecto solo «hemos notado la falta de la línea 15 de la página 420,
col. a, por la que se repite la línea 14.
Felicitamos nuevamente a los traductores y a la Editorial por la
ingente y benemérita obra realizada al presentarnos esta monumental
y espléndida edición de las Disputaciones metafísicas del Doctor Exi-
mio, Francisco Suárez, gloria de la filosofía escolástica y honra de
España.
F R . ALEJANDRO DEL CURA, O . P.

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