Universidad de Antioquia
Instituto de filosofía
El origen del pensamiento
Reseña
El problema de la objetividad Por: Juan Pablo Ospina López.
El texto trata de dos cuestiones fundamentales en el ámbito filosófico: el problema del
conocimiento, que se pregunta cómo justificar nuestras creencias en una realidad objetiva, y el
problema del pensamiento, que indaga cómo desarrollamos el concepto de una realidad objetiva.
El autor sostiene que comprender qué causa los errores es esencial para entender cómo se
pueden tener creencias verdaderas y justificadas, y así establecer el conocimiento. Además, se
destaca que gran parte de nuestras habilidades cotidianas no requieren pensamiento, sino
habilidades sensoriales y motoras. No obstante, para poder pensar, es necesario tener la
capacidad de comprender el concepto de verdad objetiva, habilidad considerada condición
necesaria para hablar de pensamiento. Y así podemos decir que, tener una comprensión del
concepto de verdad objetiva es suficiente para el pensamiento.
Davidson destaca la diferencia entre dos problemas. Por un lado, está el problema de justificar
nuestra creencia en lo que va más allá de lo que se experimenta directamente, y por otro, está el
problema de la objetividad, que indaga cómo es posible tener creencias. Al igual que Descartes,
Davidson comienza su reflexión afirmando que lo único que sabe con certeza es que existe el
pensamiento, y a partir de ahí se pregunta qué más se puede saber a partir de ahí. Sin embargo, a
diferencia de Descartes, Davidson no cree que tenga sentido dudar de la mayoría de las cosas que
creemos saber. Según él, tenemos una visión más o menos precisa de nuestro entorno y de la
existencia de otras personas con mentes propias. Davidson acepta las afirmaciones de la ciencia y
del sentido común, aunque no cree que sea evidente lo que nos permite aceptar tales
afirmaciones.
Va a sostener que, para tener un pensamiento, incluso una duda, se debe ser consciente de la
existencia de otras mentes y de un entorno compartido con ellas. Por lo tanto, es imposible dudar
seriamente de estas cosas, y cualquier duda al respecto no puede considerarse coherente. A partir
de esto, el autor concluye que no es fácil justificar la negación del escéptico, y que se necesita una
comprensión adecuada de los conceptos de juicio y verdad para hacerlo.
Davidson firma que para comprender una proposición es necesario conocer sus condiciones de
verdad, aunque no necesariamente se tenga interés en sí, es verdadera o falsa. La actitud hacia
una proposición influye en cómo se considera su verdad, pero incluso la indiferencia requiere
conocer las condiciones de verdad. Además, que para tener el concepto de verdad se necesita el
concepto de objetividad, es decir, la idea de que una proposición es verdadera o falsa
independientemente de las creencias o intereses propios. Por lo tanto, tener una proposición
implica creer en muchas otras proposiciones relacionadas con ella. El holismo afirma que la
identidad de un pensamiento dado depende en parte de sus relaciones con otros pensamientos. El
autor también sostiene que los conceptos holísticos se aplican tanto al pensamiento como al
lenguaje, y que la aplicación de uno implica a la misma vez la del otro.
También reflexiona la cuestión sobre la posibilidad de tener un único pensamiento genuino y
concluye que, aunque se puede actuar como si se tuviera un solo pensamiento, esto no equivale a
tener un pensamiento único genuino. Según el autor, la interdependencia de los pensamientos ya
está respaldada por los argumentos a favor de una multitud de pensamientos. El ejemplo que
presenta ilustra que la percepción de una serpiente solo es posible si se tienen muchas creencias
sobre la naturaleza de esa creencia, y si suficientes de esas creencias adicionales cambian, también
cambiaría la creencia de que se está viendo una serpiente. Sin embargo, el autor no sostiene que
un cambio en una creencia o en el significado de una sola oración implicaría un cambio en todo lo
demás, como algunos partidarios del holismo han interpretado incorrectamente. Aunque Quine
enfatizó el holismo en sus escritos, nunca afirmó que un cambio en una creencia implicaba un
cambio en todo lo demás. De hecho, las opiniones de Quine refutaron directamente esa idea, ya
que indican que, si la totalidad de las creencias que se pueden tener implican una consecuencia
que la experiencia identifica como error, se podrían hacer cambios en la teoría total de muchas
maneras diferentes, pero dejando la estructura original intacta.
Aquí la analogía que nos propone evidencia cualquier cambio en la tensión en una parte de una
tela de araña como un cambio de la posición de toda la distribución del peso en las partes de la
red, exceptuando en las de anclaje. Así afirma que el holismo no debería, entonces, considerarse
como que todo lo que creemos y deseamos está en constante flujo por la interacción de otra
información que puede surgir o emerger por la reflexión. Un cambio en muchas creencias
cotidianas, aunque puede exigir mucho cambio, puede tener muy poca influencia en las que son
principales. La importancia del holismo descansa solo en pequeña parte en su flujo dinámico.
Davidson es un anti-fundacionalista y ha dejado abierta la posibilidad de alguna forma de
externalismo. Argumenta que todo pensamiento proposicional, ya sea positivo o escéptico,
requiere de la posesión del concepto de verdad objetiva, y que este concepto es accesible solo a
aquellas criaturas que están en comunicación con otros. El conocimiento de otras mentes es
fundamental para todo pensamiento, y ese conocimiento requiere y asume el conocimiento de un
mundo compartido de objetos en un tiempo y espacio comunes.
Por lo tanto, la adquisición de conocimiento no se basa en una progresión de lo subjetivo a lo
objetivo, sino que emerge de manera holística e interpersonal desde el principio. Sin embargo,
Davidson deja sin explicar finalmente qué hace posible nuestro dominio del concepto de verdad
objetiva.