entre consentimiento y rechazo
“Libertad o (y) causalidad”
Alejandra Glaze + Beatriz Gregoret
Andrea Blasco Juan Brodsky Walter Capelli Gloria Casado
Silvia De Luca Gonzalo Guzmán Adriana Lafogiannis
Miguel López Pia Marchese Eugenia Molina Bettina Quiroga
Milagros Rodríguez Belén Vigil Mendoza
[Link]
“Libertad o (y) causalidad”
Los ponientes y las generaciones […]
La frescura del agua en la garganta
de Adán […]
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia. […]
La escrupulosa línea del calígrafo […]
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
LAS CAUSAS, DE JORGE LUIS BORGES (EXTRACTO)
Borges llama Las causas a ese bello poema donde leemos el juego entre las causas y las contingencias...
Entre la libertad o la causalidad… entre la libertad y la causalidad: concepciones a considerar a la hora
de orientar la política de una cura, aquello que se juega para un analizante cuando habita un cuerpo que
cree que tiene.
Para Freud, es claro que no existe la libertad del sujeto: “no hay en lo psíquico nada que sea producto
de un libre albedrío, que no obedezca a un determinismo” ; sin embargo, no exime al sujeto de la respon-
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sabilidad de sus actos, lejos de considerarlo un mero títere de esa causalidad. Es lo inconsciente lo que no
permite que el hombre reconozca su causalidad, un desconocimiento siempre fecundo, una herida que lo
despoja de su libertad y en el mismo movimiento lo hace sujeto, instándolo a elaborar su respuesta frente
a esa determinación, asumiendo así una posición subjetiva.
También para Lacan las coordenadas particulares a las cuales cada quien está sujeto cuentan. Incluso,
en 1975, dice que el analista interviene “por una verdad particular, porque un niño no es un niño abstracto.
Hubo una historia y una historia que se especifica por esta particularidad: no es lo mismo haber tenido a
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su mamá y no a la mamá del vecino, igualmente para el papá” .
Hablar de libertad del sujeto implica una paradoja, ya que para el psicoanálisis la libertad es impuesta,
es una elección “forzada” entre consentimiento y rechazo, un forzamiento a elegir frente a la insuficiencia de
la cadena significante. Incluso, Kant define a la libertad como la capacidad “de no obedecer a ninguna otra
ley más que a aquella a la que se ha dado consentimiento”. No es una elección entre opciones, ni despren-
derse del enlace al Otro, lo que Lacan no dudó en calificar de locura. No se vuelve loco quien quiere, sino
que depende de “esa seducción del ser” que conduce a un “desplazamiento de la causalidad de la locura
hacia esa insondable decisión del ser en la que este comprende o desconoce su liberación, […] esa trampa
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del destino que lo engaña respecto de una libertad que no ha conquistado” .
La libertad no es sin Otro en tanto el cuerpo es el Otro
En una época donde el sujeto intenta eludir todo aquello que provenga del Otro, con “Soy lo que digo” se
define una autodeterminación que elimina toda posibilidad de interlocución, recurriendo a una supuesta
libertad frente a una afectación que proviene de la dimensión de la Otredad. La libertad no es sin Otro, y
así, eliminar la Otredad haciendo del sujeto un individuo sin Otro, en esa declinación del “Soy lo que digo”,
despoja al ser hablante del enlace con su cuerpo y sus goces, cuyo resultado, como se dice en el argu-
mento, es el campo de la muerte. Con su autodeterminación, el sujeto pretende tener o habitar el cuerpo
que dice –“eligiéndolo libremente”–, rechazando así la causalidad que lo implica en las contingencias del
encuentro de su cuerpo con el goce, con el efecto/afecto del trou-matisme de dicho acontecimiento, un Otro
entendido también como cuerpo propio en su dimensión de alteridad.
Ya “En dirección a la adolescencia”, Miller dice: “[…] hoy hay una autoerótica del saber que es diferente de
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la erótica del saber que prevalecía antiguamente, que pasaba por la relación al Otro” . El “Yo soy lo que digo”
no equivoca al sujeto, fija en un dicho un decir que no es una enunciación. O como lo dice Laurent: “El goce
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que aporta lo performativo como afirmación del yo es lo contrario de la producción psicoanalítica del sujeto” .
La experiencia del inconsciente suele hacer de la casualidad –de la contingencia de un encuentro–,
causalidades; pero en la fórmula “Soy lo que digo” se produce el efecto contrario: se rechaza la contin-
gencia en función de una supuesta decisión libre que desconoce cualquier causalidad. Desde la premisa
cartesiana: “Pienso, luego existo”, a la consigna de la época: “Digo, luego existo”, se produce la clausura del
hiato que existe para el sujeto que habla, en la promoción de una escucha sin interpretación, y más del lado
de la certeza. Una reducción de la Otredad ante la cual todo es posible, en la promoción de la ilusión de
una supuesta libertad del sujeto. Sabemos que para Lacan, lo imposible es lo real, pero “[…] No en calidad
de un simple tope contra el que nos damos la cabeza, sino el tope lógico de aquello que, de lo simbólico, se
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enuncia como imposible. De aquí surge lo real” . Es desde el fondo de lo imposible que surge alguna posi-
bilidad de acceder a algo del orden de la libertad.
Como contraparte del “Soy lo que digo”, una joven padece la falta de incidencia del lenguaje sobre el
cuerpo que define a todo cuerpo hablante, quedando sometida a una deriva que permite que todo sea posible
en sus perturbaciones enloquecedoras, ante la imposibilidad concreta de hacerse cargo de su primer
hijo recién nacido, muy confusa debido a la certeza de estar atraída por una mujer que cree lesbiana. Un
primer desenganche claro del que pudo recuperarse no sin resto, y que aparece periódicamente como
un parasitismo extremo donde similares “perturbaciones”, tanto con hombres como con mujeres, hacen
tambalear sus frágiles identificaciones imaginarias. Una amenaza constante que la hace arribar a la
certeza de “que perderá todo”.
Lejos del “Soy lo que digo”, se trata más bien de un “Soy todo lo que es posible”, un especie de tran-
sitivismo en el que un comentario al pasar de cualquiera, o la simple presencia de un otro, desenca-
denan una angustia insoportable que la hace perder su frágil identidad de esposa y madre que la sostiene,
de a ratos. Una indeterminación enloquecedora, un cuerpo sin referencia a la función fálica, muy lejos de los
discursos de género de la época, que pretenden fijar la deriva vía el dicho performativo.
Causas y azares
En su primera enseñanza –y siguiendo a Freud– Lacan daba lugar, con la interpretación, a un “eso está
escrito”, un acceso a los capítulos opacos de la historia del analizante, para luego desechar ese enlace,
aunque sosteniendo esa formulación respecto a la escritura. Una nueva concepción de la interpretación,
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“que por el juego homofónico de las palabras, reenvía a la escritura” . Una interpretación poética, a la
manera de un Witz, conminando al parlêtre a ceder una pérdida para hacer resonar en ese cuerpo que se
tiene, una satisfacción.
Un forzamiento poético, recurso que introdujo Lacan pasado el optimismo inicial del primer tiempo
de su enseñanza –decepcionado por la idea de tal potencia del significante–, produciendo su “demolición
creativa”, según Miller, y jugando una chance de hacer resonar en el cuerpo del parlêtre un afecto que lo
ligue a su causalidad singular. Abriéndose así un margen de libertad a consentir o rechazar su causalidad,
a la hora de habitar un cuerpo –ese que cree que tiene. Una causalidad a nivel de su modo singular de gozar.
De este modo, la operación del sentido es intrínsecamente desigual al goce, volviendo imposible una signi-
ficación última. De allí que el objeto a quede como un “residuo de la causalidad traumática primaria” .
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En el análisis se trata de “un imperativo que me insta a asumir mi propia causalidad” .
La Causa va con la cosa: “Posición primera del sujeto (fe, creencia, aversión, atracción o compulsión)
respecto de la Cosa, ese primer extraño respecto al cual el sujeto debe ubicarse en esa relación patética
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y tomar su primera distancia” , como uno de los modos de la defensa, instituyéndose así una primera
orientación subjetiva.
Pero en la práctica actual, la pregunta es cómo hacer surgir un síntoma analítico, confrontados a la
disyunción entre las palabras y los cuerpos.
“Algo puede pasar” fue el pellizco pasado a la lengua, que como mínima fórmula se extrajo en el
encuentro con una púber que sus padres conducen al consultorio, aterrada cuando ve que comienza a
anochecer. Pocos años después, llama ella misma cerca de terminar el secundario frente a un aconteci-
miento de cuerpo, un domingo en el que su corazón se acelera irrefrenable, extraño, y los estudios clínicos
descartan cualquier causalidad orgánica, lo que la tranquiliza pero dispara su angustia frente a un desierto
de sentido que no puede ligar a alguna palabra; un afecto en su cuerpo que aumenta su inquietud. Como
al pasar, menciona tres situaciones vividas recientemente, en las cuales el riesgo de muerte estuvo cerca
tanto para sus abuelos paterno y materno, como para su madre. Pero también, un chico la mira. La inter-
pretación con otra entonación equivoca la frase: “¡Algo puede pasar!”, haciendo resonar algo del lado de la
vida y lo femenino. “Se abre paso” así a un incipiente consentimiento a comenzar a airear su goce de ser
la niñita centro de las miradas en la órbita familiar, consintiendo a otros sentidos que la van ligando a su
causa íntima y singular más vivificante.
Del “Algo puede pasar”, del lado de la mortificación como causalidad ineludible a la manera de un destino,
al “¡Algo puede pasar!” del lado del no-todo, se abre un margen posible de libertad y una disposición inci-
piente a consentir a la contingencia.
Cierto margen de libertad es posible cuando se produce ese salto entre el significante y el significado que
conduce del ser a la enunciación. Del “Algo puede pasar”, y su equivocación, al “Soy lo que digo”, se eclipsa justa-
mente la enunciación, surgiendo una paradoja: allí donde el sujeto se cree libre del Otro, es donde más es hablado
por el Otro. Sin este Otro, en esa autodeterminación, el sujeto queda reducido a su cuerpo. De ahí que este
“Soy lo que digo” es una definición por la vía de un ser de cuerpo ligado a la práctica sexual o a lo que da
a ver al Otro. En el “Soy lo que digo”, paradójicamente, se trata de un sujeto ausente de sí mismo, pero que
sin embargo tiene la certeza de ser dueño de su destino.
Poetizar el cuerpo
Un análisis se sostiene, precisamente, de no desconocer, sino más bien de reconocer e incluso soportar
la determinación ineludible del Otro. En esta perspectiva, para el psicoanálisis, autodeterminación y libertad,
no son más que nombres de la locura.
Es en el encuentro con un psicoanalista que se jugará la chance de consentir o rechazar dicha causalidad
dentro de cierto margen de libertad. Un “consentimiento” diferente al pretendido acuerdo entre los individuos
contemporáneos –que al poner al inconsciente entre paréntesis– exigen su derecho a acceder al justo goce
ofertado por los objetos de la tecnología, que como prótesis del cuerpo lo harían gozar –supliendo la relación
sexual que no hay–. Todo esto sobre un fondo de una tal supuesta libertad a consentir –debiendo aclarar que
“no es no” o que “sí es sí”– paradoja que revela finalmente que la libertad no es más que la del sentido, pero
que en tanto dicho sentido se liga al goce-sentido singular de cada quien. No es un goce cualquiera, ni
tampoco el de todos en esa comunidad por más comunidad de goce que se pretenda, sino que ese goce
está ligado al punto de inserción del significante en el cuerpo, y así, es singular para cada quien.
Cómo tocar entonces ese goce en esta época cuando las palabras se separan de los cuerpos, y donde la
dispersión de lo simbólico –que ya no es lo que era– esquiva o hace flojo ese abrochamiento, produciéndose
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“una perturbación en la juntura más íntima del sentimiento de la vida del sujeto” , que se ha generalizado,
correlativamente a la generalización de la forclusión.
No nos queda más que seguir la orientación de Lacan, para quien entre el cuerpo y los discursos están los
afectos articulados con un punto de goce correlacionado con el acontecimiento de cuerpo. La apuesta debe
ser por una interpretación que vía la poesía violente este uso cristalizado de las palabras, poetizando el
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cuerpo y sus agujeros, y abriendo a la posibilidad de su movimiento y alguna mínima mutación , reinven-
tado aquellos arreglos posibles con su siempre singular modo de gozar, donde puede jugarse la chance
de ratificar o rechazar cierto margen de libertad con respecto a su causalidad.
Anteponiendo el futuro al pasado, un análisis presentifica un futuro anterior, destacando que se trata de
una estructura pasada por el lenguaje, un “habrá sido”: las cosas no fueron sino que serán de determinado
modo según cómo se las ordene en el futuro13, destacando así, nuevamente, un cierto margen de libertad
frente a la asunción de una causalidad.
Entre libertad o causalidad, o libertad y causalidad, un psicoanálisis juega su partida, ya que no hay
cuerpo sino equivocado por el decir respecto del cual una enunciación –entre consentimiento y rechazo–
encontrará un cierto margen de libertad partiendo de esa primera extraña/íntima Cosa-lidad singular
para cada quien.
1
Freud, S., “Psicopatología de la vida cotidiana”, Obras completas, t. VI, Buenos Aires , Amorrortu, 1980, p. 236. 2 Lacan, J., Columbia University - Diciembre
de 1975. Inédito. 3
Lacan, J., “Acerca de la causalidad psíquica”, Escritos 1, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 1989, pp. 169-170. 4
Miller, J.-A., “En dirección a
la adolescencia”, Registros, Tomo Rojoazul, Buenos Aires, Colección Diálogos, 2016 5
Laurent, E., “El goce performativo y el acto analítico”. Jornadas de la
ECF. [La traducción es nuestra]. 6
Lacan, J., El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2013, p. 131. 7
Laurent, E., “El nom-
bre y la causa”, IIPsi - CONICET- UNC, Córdoba, 2020, p. 91. 8
Miller, J.-A., Causa y consentimiento, Buenos Aires, Paidós, 2019, pp. 108-109. 9 Ibíd., p. 38.
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Ibíd., pp. 37-38. 11
Stiglitz, G., “El nudo como soporte del sujeto”, Segunda noche preparatoria hacia las 31 Jornadas Anuales EOL, publicada en página
WEB de la EOL, 18/8/22. 12
Godoy, C., “La inhibición como ‘angelización’ del cuerpo, Tercera noche preparatoria hacia las 31 Jornadas Anuales EOL,
publicada en la página WEB de la EOL, 15/9/22. 13
Cf. Laurent, E. “Conversación sobre el coraje”. Inédito.
entre consentimiento y rechazo
CARTEL ORGANIZADOR
Alejandra Loray
Juan Mitre
Luciana Rolando
Eugenia Serrano
Marisa Morao (Más Uno).
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