MALDITA PASTA
MAURO BRAVO OYARZÚN
LA DROGA NO ES PARTE DE LA VIDA...
SINO UN SENDERO A LA MUERTE
MALDITA PASTA
Mauro Bravo Oyarzún
Inscripción Registro Propiedad Intelectual
N°192103
Diseño y Diagramación
Carolina Hidalgo Luna
[Link]
Mauro Bravo Oyarzún
PALABRAS PRELIMINARES
La drogadicción en América Latina, es un problema que día a día se
va acrecentando y haciéndose cada vez más grave, y hay más jóvenes
y niños que caen en este flagelo, to que significa que el futuro de la
vida sana de nuestra sociedad está en serio riesgo.
Considerado un país de tránsito para el narcotráfico, al igual que
Argentina, Brasil v Uruguay, entre otros, Chile es uno más en to que
respecta de esta enfermedad social.
Colombia, Perú y Bolivia son los grandes productores y distribuidores
de la cocaína y sus derivados. En países como Argentina, Brasil,
Uruguay, no es raro escuchar en discursos de políticos sobre el narco-
tráfico y la drogadicción.
En los últimos años, las problemáticas sociales han sido para los
medios de comunicación un verdadero caballito de batalla. Muchos
programas se han dedicado a mostrar estas realidades para algunos
ocultas, realidades. Realidades que en gran parte de nuestra socie-
dad es la tónica con la que deben vivir día a día. Programas que van
desde mostrar la violencia en las poblaciones, la vida carcelaria, el
mundo del narcotráfico, la drogadicción, el accionar de la fuerza
pública y un sin número de segmentos de los noticieros que revelan
to creciente de estos problemas.
Lo cierto es que cada uno de estos programas no enfatiza en dar solu-
ciones, no les corresponde, y simplemente lo dejan en la palestra
como tema de larga discusión.
¿Será que este problema no tiene solución o no está incluido como
prioridad en los programas de gobierno y simplemente es tomado
como un mal menor?
Maldita Pasta
Para conocer la lucha entre el dolor y la esperanza de millones de
familias que buscan una rápida, y costosa salida a este mal, doy a
conocer algunas historias y testimonios, basados empíricamente en
lo que he visto durante mis 43 de vida. Son experiencias recogidas de
algunas personas que sin dudar han querido aportar con su expe-
riencia y de lo informado en los medios de comunicación masivos.
Advierto que esto es solo una pincelada de la cruda realidad actual, y
este libro no podía llevar otro nombre después de ver como gran
parte de nuestra sociedad se va desvaneciendo en el vicio de la "Mal-
dita pasta", que sin dar tregua avanza cada vez con más fuerza.
Varias personas me ayudaron a construir este proyecto que tiene
como objetivo dar a conocer la historia de muchos jóvenes que viven
en la penuria de la drogadicción, y que lamentablemente no encuen-
tran salida.
Es preciso recordar que aquellos que aportaron con su testimonio y
quienes aparecen en las historias contadas, no desean que se les
agradezca ni se les mencione públicamente, así respetando sus
requerimientos y por razones de confidencia, sus nombres no apare-
cen aquí. La droga es una enfermedad que exige discreción.
Agradezco a cada uno de ellos y advierto que en este libro recojo In
medular que interesa dar a conocer. Doy fe, con certeza, que el senti-
do de lo que expongo, corresponde a la verdad, Verdad de unos,
verdad de muchos.
Pasarán los años y creo que no bajarán las cifras de jóvenes que se
involucran en este vicio, ni mucho menos que se extermine el narco-
tráfico. Mi intención es que estas historias puedan palparlas con
sensibilidad social y no como una fría fuente de investigación.
Mauro Bravo Oyarzún
La forma más sana y aconsejable para deliberar entre el juicio y razón
de estas historias, es simplemente pensar que alguna vez nos tocó,
nos toca o que nos puede tocar. No podemos hacer caer todo el peso
de la ley a quienes incurren en este tipo de adicciones, pero podemos
adentrarnos en la veracidad de que nadie está libre, y así dar una
mirada diferente a quienes por una u otra razón han caído en este
terrible vicio.
En algunos casos fue necesario describir la magnitud del consumo de
la droga y sus terribles consecuencias, de acuerdo a factores y carac-
terísticas del individuo, familia. y entorno.
Estimados lectores, he aquí un instrumento para conocer verdades
ocultas, un viaje infernal quizás, pero que no deja de ser una realidad
y por sobre todo un peligro latente: La Maldita Pasta, con historias
conmovedoras.
Maldita Pasta
DATOS GENERALES DE LA PASTA BASE DE COCAÍNA (PBC)
ORIGEN
La pasta base de cocaína (PBC) es la cocaína no tratada, que se extrae
de las hojas del arbusto de la coca, crece principalmente en Bolivia,
Colombia y Perú, a través de un proceso de maceración y mezcla con
solventes como parafina, bencina y ácido sulfúrico.
Como existen cerca de 250 variedades de coca, las características de
la PBC varían, según la cantidad de alcaloide que contengan las hojas
utilizadas,
OTRAS DENOMINACIONES
Pasta, bazuca. Se le llama mono o marciano al cigarrillo de PBC mez-
clado con tabaco o marihuana, respectivamente.
ASPECTO
Polvo blanquecino o amarillento, dependiendo de la sustancia con la
que se mezcle.
VÍA DE ADMINISTRACIÓN
Se fuma mezclada con tabaco (mono) o con marihuana (marciano).
También se consume en pipas que se confeccionan con antenas de
televisión ahuecadas.
Mauro Bravo Oyarzún
EFECTOS / RIESGOS
Los efectos de fumar PBC dependen de muchas variables: el tipo de
preparación, La dosis, la frecuencia de consumo, y el entorno que
puede ser Social, Recreativa, individual.
Las impurezas y adulteraciones que contengan, la motivación,
Estimulante, búsqueda de placer, a antidepresiva, entre otras.
Cuando se fuma, el efecto es rápido e intenso, se demoran entre 8 y
40 segundos en aparecer y dura solo unos minutos.
El efecto que produce el consumo de PBC se puede dividir en cuatro
etapas:
1. Etapa de euforia
• Euforia.
• Disminución de inhibiciones.
• Sensación de placer.
• Éxtasis.
• Intensificación de! estado de ánimo
• Cambios en los niveles de atención.
• Hiperexcitabilidad
• Sensación de ser muy competente y capaz.
• Aceleración de los procesos de pensamiento.
• Disminución del hambre, el sueño y la fatiga.
• Aumento de la presión sanguínea, la temperatura corporal y el
ritmo respiratorio.
2. Etapa de disforia:
• Sensación de angustia, depresión e inseguridad.
• Deseo incontenible de seguir fumando.
• Tristeza.
• Apatía.
• Indiferencia sexual.
Maldita Pasta
3. Etapa en que la persona empieza a consumir ininterrumpidamente
cuando aún tiene dosis en la sangre para evitar la disforia.
4. Etapa de sicosis y alucinaciones: el consumo de PBC puede provo-
car sicosis o pérdida del contacto con la realidad, la que puede darse
después de varios días o semanas de fumar con frecuencia y durar
semanas o meses. Las alucinaciones pueden ser visuales, auditivas,
olfatorias o cutáneas.
5. Otros efectos físicos que se pueden observar por el consumo de
PBC son:
• Pérdida de peso.
• Palidez.
• Taquicardia.
• Insomnio.
• Verborrea.
• Midriasis (dilatación de las pupilas).
• Nauseas y/o vómitos.
• Sequedad de la boca.
• Temblor.
• Hipertensión arterial.
• Falta de coordinación.
• Dolor de cabeza.
• Mareos.
• Picazón.
La PBC es una sustancia muy adictiva. Esto porque la excitación y el
bienestar que provoca son muy breves; lo que se acompaña inmedia-
tamente de una fuerte sensación de angustia. Y evitarla es el motivo
para seguir consumiendo PBC.
Salvo en casos muy extremos, la mayor parte de estos síntomas son
reversibles con una abstención total y un tratamiento adecuado.
Mauro Bravo Oyarzún
PEQUEÑA RESEÑA HISTÓRICA
Si bien la pasta base de cocaína es la tercera droga ilícita más consu-
mida en Chile (después de la marihuana y el clorhidrato de cocaína),
en general su aparición no se acompaña de una pesquisa sostenida
en el tiempo. Mientras en Europa y Norteamérica el problema dela
PBC es prácticamente inexistente, se presume que en algunos países
de América Latina: "Nunca un tipo de droga alcanzó grados tan
alarmantes de consumo y porcentajes más altos en tan corto tiempo
que la pasta base de cocaína". (Fuente: Fundación de Ayuda contra la
Drogadicción, FAD, España).
Maldita Pasta
MUY BUENAS NOCHES
Son las dos de la mañana, todos duermen, algunos trabajadores
cumplen su jornada laboral en turnos de noche. Es invierno y hace
frío, pero hay quienes no concilian el sueño y deambulan por las
largas, desoladas y oscuras calles de la población, sin destino alguno,
sin nada que les obligue a cumplir algún tipo de responsabilidad.
Sólo un objetivo en común les abraza para seguir unidos y eso es lo
que ahora prevalece: consumir droga – específicamente pasta base
de cocaína-, y de pronto, estremecen la tranquilidad de la noche, con
un ruido de latas que estimula el ladrar de los perros e interrumpe el
sueño de quienes deben al alba cumplir con sus labores cotidianas.
Es el ruido del “choreo” de cinco planchas de zinc, y unos cuantos
trozos de cañerías de cobre, sustraídas desde una propiedad en
abandono. Van con destino a casa de uno de los faenadores, para
que guarde lo que vulgarmente llaman “rescate”. Lo que resta es
esperar la mañana siguiente para vender estas especies.
Cuatro son los afortunados que tendrán a su favor unos cuantos
pesos, que les alcanzará para algunos “monos”, un par de cigarros, y a
gozar con lo que tanto han esperado.
Uno es el encargado de las compras, mientras los demás alistan sus
“herramientas” –las pipas-, que les servirán de ducto para el consumo
del polvo amarillento, con olor a plástico quemado.
El comprador ya llega, los demás esperaban ansiosos tener entre sus
manos lo que será prácticamente el desayuno. El estómago está
vacío, y solo un cigarro es la antesala para lo más esperado.
Después, el grupo se despide, no sin antes comentar que los “monos”
estaban buenos y que el “choreo” de la noche también. Ya planifican
1. Choreo: Hurto
2. Rescate: Vulgarmente se le llama así a alguna especie robada.
3. Monos: Dosis de pasta base envuelta en papel blanco.
4. Pipas: Aparatos confeccionados con antenas de T.V.
Mauro Bravo Oyarzún
algo para el resto del día y se despiden acordando verse algunas
horas más tarde.
- Menos mal que llegaste, los niños no han tomado desayuno y
tienen que almorzar para ir al colegio, de esta manera reciben en casa
a uno de los del grupo, casado, con dos hijos. Con la enfermedad del
vicio a cuestas, sin oficio y sin grado de intención de querer salir de
este tormento que tanto daño le ha causado.
- ¿Fuiste donde el señor aquel que te llevaría a trabajar?-, preguntó la
mujer.
- Sí, pero el hombre anda fuera de Santiago. Me dijeron que llega en
la noche, y que vuelva mañana.
En casa de otro de los del grupo también es de imaginar las discusio-
nes que se generan, ante las dudas de no saber en qué anda el hijo.
La madre pregunta:
- Y tú, ¿dónde andabas?
- Fui con los cabros a vender unas planchas de techos que nos regaló
una señora.
- Sí, seguro alguien te iba a regalar algo a las dos de la mañana.
- Bueno, ¡y si sabe para qué pregunta!-, con prepotencia respondió el
hijo, lo que obligó a la madre a callar una vez más las aberraciones de
éste. Aunque, insistentemente, no iba a tolerar esas faltas de respeto
y cambió la conversación a algo más enigmático:
¿Y qué hiciste con la plata?, seguro te la gastaste en drogas con esas
malas juntas con las que andái.
Atribulada por el dolor, la madre se sentó frente a la ventana, como
esperando un rayo de sol que la iluminara y que le diera valor para
seguir enfrentando el problema que la tenía al borde de una depre-
sión crónica. Pensaba una y mil veces: “cómo pudo cambiar tanto;
cómo es posible que no quiera salir de esto. Tan bien que se vestía, y
s hasta de técnico salió del colegio”. Eran algunas reflexiones que, día
a día, no tenían respuesta para esta madre desesperada de ver a su
hijo hundido en un barco de vicios, y con esperanzas de nada, en un
laberinto sin salida.
Maldita Pasta
Ni siquiera el fútbol lo motivaba a salir de aquel maldito vicio que lo
estaba destruyendo como si fuese un castillo de arena; no le impor-
taba la familia, ni mucho menos quiso seguir siendo “el rey de las
mujeres”. Con tanta galantería a favor, bien pudo ser un actor de
teleseries, o un intelectual con las condiciones cognitivas que siem-
pre lo destacaron. Oportunidades no le faltaron, y sin duda que sus
padres pusieron todo de su parte para poder darle la mejor educa-
ción. Veinticinco años de lucha para formar una buena persona.
Así son los días, uno tras otro sin nada importante que hacer, y con la
costumbre de juntarse en la esquina de siempre, así viven los que
están en las tinieblas de esta droga maldita.
Llega la noche y nuevamente están reunidos. Algunos han consegui-
do unos pocos pesos. Uno de ellos, en su desesperación, fue a su
casa a buscar algo que vender por algunos centavos y así poder com-
prar una dosis más de la innombrable droga.
Llegó a su hogar con mucho boato a pedir dinero prestado, pero ni
sus padres, ni hermanos le dieron un solo peso. Según él, era para
comprarle una cadena nueva a la bicicleta. Como no encontró
respuesta a su mentirosa petición, esperó a que todos se durmieran,
y comenzó la búsqueda de algo que pudiera vender fácilmente, pero
no halló nada, pues todo había sido previamente escondido y puesto
a resguardo por los precavidos padres, que ya sabían lo que podría
pasar. Quizás ellos no le dieron importancia a la radio a pilas que se
encontraba en una repisa junto a la mesa del comedor. Era del
Abuelo, con la que escuchaba los tangos los domingos.
Ha salido a vender su último “rescate” y no le ha ido muy bien ya que
se trata de un aparato muy antiguo. Solo le queda transar un cambio
con el vendedor, unos cuantos “monos” por la antigua radio.
Estas costumbres son normales, y este mal social atrapa cada día a
más y más personas. No son cifras menores las que se dan en
relación a los adictos a las drogas, y tampoco se dan aires de esperan-
za de que estas cifras disminuyan, sino que todo lo contrario.
Mauro Bravo Oyarzún
LA FOGATA
Un joven, con la necesidad de seguir consumiendo PB, se levantó
desde su cama en horas de la madrugada y buscó por toda la casa
algo que pudiese canjear, para llevárselo a quien lo abastece con
drogas.
Se dirigió silenciosamente a la cocina, registró todo, por un momento
recordó que por la tarde hubo visitas y se notó que faltaban tazas, por
lo tanto no sacaría las pocas que quedaban. Hurgó en cada cajón,
aún le pesaba la conciencia el haber sacado días antes el tarro de
leche en polvo de su hermanita, y no quería cargar nuevamente con
tal remordimiento. Días antes su madre había escondido un tempori-
zador digital de cocinería que él no tardó en encontrar, pero eso ya lo
había vendido. Siguió registrando. La juguera fue lo mejor que pudo
obtener ya que esta constituía una valiosa “herramienta”, de gran
ayuda para quienes “patean” la PBC, puesto que la droga viene dura,
como piedra, y convertirla en polvo y mezclarla con otros componen-
tes cuesta bastante. Algunos más arcaicos ocupan molinillos de esos
que se usan para moler choclos. La juguera la había permutado la
semana anterior.
La cocina quedó atrás, no encontró nada interesante teniendo en
cuenta que cualquier artefacto solo lo podría permutar por droga y
no tendría divisa alguna en este canje, pues a esa hora de la madru-
gada nadie compra nada, por lo tanto, volvió a su dormitorio.
La falta de aseo se le notaba; sus ropas sucias ni siquiera se daba el
tiempo de lavarlas. Sus polerones o sus taquilleros jeans, también ya
los había vendido. Solo se viste con lo que le regalan de vez en
cuando. Pasó por el living y se encontró frente a una estantería en la
que brillaba la luz ultravioleta de un celular que anunciaba un men-
saje. Pobre hermanito, se lo habían regalado el mes anterior para su
cumpleaños número doce.
5. Patean: Elaborar la P.B.C., mezclarla con otros componentes químicos, le llaman también
“patearla”.
Maldita Pasta
Salió de su casa y se dirigió donde algunos amigos para que lo acom-
pañaran al trueque, y por cierto ellos también se beneficiarían con
algo de lo que conseguiría. No se acordó que al día siguiente tenía
una entrevista de trabajo, que la hermana la había conseguido días
antes, con el afán de verbo bien y de que ganara algún dinero para
colaborar en el hogar.
No hay caso, no se ha visto motivación alguna por salir de este labe-
rinto y tampoco se ha mejorado con los tratamientos antes realiza-
dos, claro está que por el abandono de éstos. Su madre ha hecho de
todo para poder rescatar al hijo que día a día se va perdiendo, ha ido
a fundaciones, centros de rehabilitación, hospitales, etc., inclusive a
carabineros, pues en muchas ocasiones ha estado involucrado en
hechos delictivos.
La Biblia fue un descanso y esperanza de cambio por algún tiempo
para este joven, este camino es muy utilizado a nivel mundial. Refu-
giarse en la iglesia es una de las opciones que toman las personas
que sufren el flagelo del alcoholismo y la drogadicción. Pero tampo-
co ha dado resultado. Su madre lleva tres años yendo a la iglesia
cuatro días por semana, pero durante ese tiempo su hijo sigue some-
tido a la maldita droga.
Es una de las noches más frías de invierno y el grupo se prepara para
quedarse como de costumbre hasta altas horas de la madrugada. No
será fácil soportar tan baja temperatura, pero al calor de una improvi-
sada fogata se pasará mejor la noche.
Todos ya han consumido algo de P.B.C., aunque hay algunos que no
han conseguido dinero para comprar, pero eso es cosa de tiempo,
bastarán unas cuantas vueltas por la población, y encontrarán algo
que robar que les permita adquirir la droga.
La fogata ya encendida, la noche avanzando y todos ya con dos o tres
dosis de P.B.C. en el cuerpo, ahora solo les queda ver pasar y pasar las
horas.
Mauro Bravo Oyarzún
Al efecto del consumo vulgarmente se le llama “estar duro”. Ya
pasada la euforia, el éxtasis, y la sensación de placer, de ser muy com-
petentes y capaces de todo, productos de los efectos de la droga,
ahora quedan con la sensación de inseguridad, de tristeza, apáticos;
sienten indiferencia sexual, y deseos incontenibles de seguir fuman-
do pasta, y con la sensación más característica de este vicio: la angus-
tia.
Permanecen alrededor de la fogata que da grandes llamaradas.
Nadie dice nada, sólo miradas fijas en ese fuego inquieto alimentado
con enormes listones y restos de sillas viejas. Lucen unos rostros
demacrados que jamás imaginaron tener. Uno de ellos se despide
del grupo diciendo que ya es hora de ir a casa.
Los que quedan miran fijamente el palo más grande del fuego, el que
más rápido se quema por su posición cruzada en medio de la base.
Observan como poco a poco se convierte en ceniza, y lo mueven una
y otra vez para colocar el madero en medio de las llamas y que siga
consumiéndose.
Nadie lo dice, pero todos creen ser el madero consumido que alguna
vez sirvió de pilar de casa, viga esencial de construcción gruesa, y que
ahora arde. Un clavo de cuatro atraviesa el madero del cual emana
resina. Cada uno con la mirada fija en el fuego, con manos sucias, y
tiznadas, con el estómago vacío; los ojos llorosos, y con un nudo en
la garganta, que no pueden evitar. Se sienten mal, tan mal que han
llorado con humo de leña seca.
Lo último en quemarse fueron los restos de un sillón de mimbre.
Cada cual con su angustia se dirige a casa, excepto quien debe
dormir en un camión abandonado, en el que lleva seis meses desde
que lo echaron de su hogar.
El último en quedarse acurrucado cerca del fuego, es un perro calleje-
ro.
Maldita Pasta
UNA TARDE TRANQUILA
Comienza un nuevo día, el noticiero de la mañana informa de un
nuevo golpe al narcotráfico, se trata de cinco mil kilos de pasta base
de cocaína decomisadas en el aeropuerto. Esto parece alentador
para creer que lo de las adicciones disminuirá en gran cantidad.
Pero el hecho no deja de ser más que otra labor de rutina y nada tiene
que ver con la tremenda cruzada que tienen las familias de los adic-
tos, contra este maldito vicio.
Durante la tarde la población ha estado tranquila, no como de
costumbre pero no se han registrado hechos de violencia que irrum-
pan la tranquilidad del sector, pero se han visto algunos jóvenes en
busca del vivo y latente vicio.
Uno de ellos, entra a una peluquería a ofertar un secador de pelo.
Una vez se le vio vendiendo una bicicleta que nunca nadie supo de
quién era. El padre de este joven, como buen maestro de la construc-
ción, le hizo un buen nicho de resguardo al balón de gas, ya que no
quería perderlo nuevamente.
Este muchacho de veintitrés años, solo una vez acudió a un centro de
rehabilitación el que abandonó en su segunda semana. Nunca más
quiso seguir en tratamiento. Egresó del colegio, salió con una profe-
sión, la cual nunca ha logrado ejercer debido a este vicio.
Una vez conseguido el dinero consume sus primeras dosis del día, y
sólo le resta esperar hasta conseguir nuevamente algo que le dé para
seguir consumiendo.
También apareció una joven de ojos claros, de veintidós años, madre
de dos niños, con un tercero en camino. Todos de distintos padres.
Se le ve a diario por las calles mendigando ropa y alimentos apara sus
niños, pero en verdad lo que realmente busca es sustentar el vicio de
la P.B.C. Es adicta desde los dieciséis años, y ha perdido a casi toda su
Mauro Bravo Oyarzún
familia. La última pareja que tuvo, padre del menor en gestación, se
quitó la vida una noche de invierno. El padre de otra de esas criaturas
también era adicto, y a sus treinta y tres años dejó de existir en
circunstancias que aún no se esclarecen.
A la joven han intentado darle ayuda muchas veces, a través de Cen-
tros de Acogida y el Servicio Nacional de Menores (SENAME), sin
resultado alguno.
Maldita Pasta
EL HEREDERO
Este vicio no distingue aspectos sociales ni económicos, bien lo sabe
la familia de un joven de aproximadamente dieciocho años, a quien
se le dio todas las oportunidades y por sobre todo tuvo siempre muy
buenas condiciones de vida. Motivándolo a seguir con la pequeña
empresa de su padre, donde comenzó a cargar con una responsabili-
dad bastante grande para su corta edad, en la administración del
negocio.
Su vida cambió radicalmente y de pronto se vio envuelto y atrapado
en el mundo más infernal que jamás imaginó vivir: La maldita pasta
se había cruzado en su andar y nada ni nadie ha podido frenarle el
vicio adquirido.
Ahora ya es un adulto, de veinticinco años, y la ayuda exógena ha
sido en vano: Hospitales, centros de rehabilitación, fármacos, tera-
pias, etc. Todos han sido infructuosos intentos de su familia sin
ninguna efectividad para sanar, a este joven que hoy vive con el mal
a cuestas y que poco a poco lo ha ido destruyendo. Las constantes
discusiones con su hermana y su padre lo han hecho abandonar a la
familia.
Se instaló en una casa alquilada y montó un propio negocio basado
en la experiencia familiar. Pero comienza un verdadero martirio con
el nuevo proyecto ya que sus ganancias no tenían mejor destino que
su vicio. En muchas ocasiones tuvo problemas con los clientes, ya
que le pagaban por adelantado trabajos que nunca veían termina-
dos.
Hace algunos años tuvo una hija con una joven que conoció en una
fiesta, y que nació con muchas dificultades, además él se negaba a
asumir la paternidad. Finalmente se unieron como pareja, y han
permanecido juntos bien durante varios años. Esa hija lo ha hecho
cambiar en algunos aspectos, pero su adicción por las drogas aún es
una batalla que no ha ganado. Las discusiones y peleas con su padre
han disminuido, debido a que ya no viven juntos, esto ha evitado sin
duda que los arrebatos no pasaran a mayores.
Mauro Bravo Oyarzún
MIL CADENAS Y UN REVÓLVER
Un caso extremo de peleas familiares fue lo que ocurrió en Uruguay:
En la noche de un miércoles la familia se había reunido para celebrar
un cumpleaños, en un momento padre e hijo, los dos alcoholizados,
comenzaron a discutir y a pelearse; se trenzaron a golpes de puño y
a lanzarse lo que encontraban a mano, rompiendo hasta los vidrios
de las ventanas de la casa. El padre tomó el arma, forcejearon y dispa-
ró. El hijo quedó tirado en el suelo.
Un vecino amigo del joven, fue quien dio aviso a la policía luego de
percatarse de lo ocurrido. Él cuenta que frecuentemente le pedía
cigarrillos y le contó que había conseguido un trabajo como cortador
de pasto, y que tenía la intención de dejar la droga, pensando en su
situación familiar. Por un tiempo logró abstenerse, y se le veía mejor.
Este amigo decía que siempre tuvo una mala relación con el padre, y
esto gatilló la rebeldía, la que finalmente lo hizo caer en la drogadic-
ción.
Con un tiro de revólver en el pecho, aquel padre mató a su hijo de
veintidós años, tras una discusión por causa de las drogas, harto ya
de que le robara para consumir pasta base.
La misma historia de siempre: los adictos roban hasta los enseres del
hogar paterno, para canjearlos o venderlos, y así volver a presumirse
de algún dinero para consumir esta nociva droga.
En Uruguay se han organizado las madres de jóvenes adictos a la
P.B.C. creando la fundación “Madres de la Esperanza”, con el propósito
de unificar la más grande de las luchas contra la adicción de sus hijos.
Una de estas madres cuenta que un día de reunión no quería dejar
solo a su hijo, por miedo a que se arrancara a la calle a seguir consu-
miendo droga, entonces decidió encadenarlo a la cama durante las
horas en que estaría ocupada en la junta, todo esto con la aprobación
del joven, quien una vez le había pedido a su madre que mejor lo
Maldita Pasta
matara.
Casos tan dramáticos como estos se repiten en todos los países
donde la gente convive con este flagelo.
Extractado del Diario El País, Montevideo, Uruguay, 01 -02- 2008
Mauro Bravo Oyarzún
EL TREN SE ACERCA
Tamara es una muchacha de diecinueve años, muy bonita, estudiosa
y con planes para el futuro. Su padre ha hecho grandes esfuerzos
para que ella estudie en uno de los mejores colegios. Tamara tiene
muchos amigos, le dicen Katty Kowaleczko por su parecido a la
famosa actriz de teleseries.
Una noche fue invitada a una fiesta donde despedirían a un joven
que debía cumplir con su oligárquica obligación militar. La fiesta
estaba de lo mejor, había mucha gente, buena música y excelente
comida, y por supuesto el trago que no dejó de ser parte de aquel
festín. Eran casi las dos de la madrugada y el joven festejado anuncia-
ba su despedida al grupo, con un brindis de amistad y cariño.
Tenía que presentarse en el regimiento el lunes por la madrugada y
varios se habían ofrecido para ir a dejarlo. Claro que después del
brindis continuaron bebiendo más licores. Uno de sus amigos ofre-
ció un “canuto tipo marciano”, el cual sería consumido por todos como
un ritual de despedida y de hermandad.
Las damas primero, fue el reglamento oficial. Comenzaron por la que
en ese entonces era la invitada de honor: Tamara, con una risotada
carcajeante desafió a todos a que era capaz de consumir de una sola
fumada tan enorme pitillo. De ninguna manera, le dijeron, porque
era para todos, y nadie quería perderse esa experiencia, que para
algunos era nueva, y para otros el pan de cada día.
Al término de la fiesta algunos se retiraron a sus hogares, y otros
quisieron seguir con la jarana. Hicieron una colecta para reunir algu-
nos pesos y salir a comprar más tragos y cigarrillos. Tamara se quedó
con el grupo de los que seguirían la fiesta. Su encuentro con la droga
no la dejó para nada bien: tenía náuseas, decaimiento y hasta estuvo
a punto de desmayarse. Pero las ganas de seguir consumiendo y
6. Canuto tipo marciano: Pito de marihuana de gran tamaño, mezclado con pasta base de
cocaína.
Maldita Pasta
experimentando los efectos de la pasta base, no la frenó.
Fue la primera nuevamente en deleitarse, mientras los otros prepara-
ban el trago y así seguir con la fiesta, que por cierto no tenía visos de
terminar.
Quince años de adicción le costaron a la hermosa Tamara. Quince
años de sufrimiento, dolor y desenfreno. Nadie se explicaba cómo
había caído en las garras de tan endemoniado vicio. No supo de
quien eran sus dos hijos, tuvo varias parejas, y el último hombre con
quien estuvo casi tres años, la abandonó cuando supo que esperaba
un tercer hijo.
Peor suerte corrió la prima de Tamara, quien a temprana edad tam-
bién se hizo adicta a la P.B.C. Su vida se convirtió en un verdadero
infierno, entremezclada con la drogadicción, el alcoholismo y la pros-
titución.
Esta joven muchacha, se dedicó por mucho tiempo al comercio
sexual, en su propia casa y con clientes muy particulares, entre ellos:
conductores de taxis y de microbuses. Estos llegaban todos los días
solicitando sus servicios.
Un día, en un paseo de verano, protagonizó lo más cruel que jamás
nadie haya hecho. Junto a su hijo de cuatro años esperaba el tren, no
en la estación, sino que a orillas de la vía férrea, el inocente pequeño
con sus ojitos llenos de lágrimas, como presintiendo que algo podía
pasar, preguntaba a la madre el motivo de estar allí, su madre por
supuesto lo hacía callar y lo retaba para que no siguiera preguntan-
do. El tren ya se acercaba, y con el fraternal amor de madre la joven
abraza al niño con todas sus fuerzas y lanza un grito espantoso, alzan-
do sus plegarias a Dios. El niño, en su desesperación, y tal vez impul-
sado por su instinto, se zafó de los brazos y ella salió corriendo. La
joven madre fue arrollada por el tren poniendo fin a su tormentosa
vida.
Mauro Bravo Oyarzún
UN RECURSO SOFISTICADO
En la población, por lo general, las acciones de los adictos a la P.B.C.,
para conseguir recursos, son muy sofisticadas y domésticas: pedir
monedas, o sacar algo de sus hogares que puedan vender fácilmen-
te, son las más comunes.
En una oportunidad se vio a un muchacho vendiendo artículos de
mujeres: cosméticos, ropa y joyas, entre otras cosas, los cuales nadie
sabía de dónde los había sacado y que vendió a precios muy bajos,
con lo que sustentó un día de consumo. Después se supo que aque-
llas cosas pertenecían a su hermana.
Ahora han desarrollado nuevas formas para obtener esos recursos,
que les permiten seguir adquiriendo drogas, como es el robo de
cables del tendido eléctrico. Este método se ha convertido en el
nuevo oficio de quienes no tienen mayor problema para ejercer
semejante tarea, con los riesgos que ello implica, y que ya se ha masi-
ficado en casi toda Latinoamérica: Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay,
Chile, entre otros. Los daños son alarmantes, en cuanto a los resulta-
dos provocados por el robo de cables: deterioros en la conexión
telefónica, accidentes, poblaciones a oscuras e incomunicadas, etc.
“En Costa Rica, en tan solo dos años, la Cruz Roja atendió a más de
1.457 afectados por descargas eléctricas, mayoritariamente produci-
das por el robo de estos cables”. El último accidente registrado
debido a este sistema de robos, fue el de un hombre de treinta y
cinco años, al que le decían “El Mono”, no por su habilidad para trepar
los postes de luz, sino que por su forma de caminar, adoptada duran-
te el período de consumo de P.B.C.
Un estudio reciente, revela que los adictos a la paste base se aseme-
jan en gran parte al chimpancé.
La revista “Noticias” de Argentina publica en su último número un
análisis por parte del siquiatra Eduardo Kalina, especialista en
Maldita Pasta
adicciones:
“Como el devastador efecto que causa entre los consumidores argen-
tinos, chilenos y uruguayos es idéntico y la única diferencia en cuanto
a esa droga es que la denominan de distinta manera; “paco”, “pastu-
rri”, “pasta base”, “marciano”, etc. Hoy la Pasta Base de Cocaína (PBC)
se instaló cómodamente entre los más marginales de los marginales.
Tanto, que se la conoce como “la droga de los pobres”. El genocida
más grande de la historia actual. Así la describen los especialistas.”
Las consecuencias que su consumo provoca en el cerebro, lesiona el
lóbulo frontal donde se ubican los 18 milímetros de células cerebra-
les que nos separan de nuestro pariente más cercano, el chimpancé,
tal como acota el estudio de un especialista.
Allí es donde se aloja la capacidad de frenar los impulsos de controlar
la motricidad y la agresión, de pensar en las consecuencias de los
actos, de la moral y de las creencias espirituales. Como cualquier tipo
de cocaína, el “paco” tiene una acción muy fuerte a nivel vasocons-
trictor, y una de las zonas en las que actúa selectivamente es esa,
explica el psiquiatra argentino.
Es entonces cuando se libera el monstruo que se dice todos llevamos
dentro, propiciando que las personas pueden convertirse en seres
capaces de cometer crueldades espantosas. De hecho, Robert
Stevenson, el autor de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, fue cocainómano y en su
novela “El vehículo” se permitió describir lo que él mismo sentía en
sus momentos de mayor dependencia.
Algo fundamental a la hora de entender la gravedad de lo que impli-
ca el “paco”, es que, aun cuando sus efectos son siempre devastado-
res, pueden serlo casi nefastos según el tipo de persona que lo
consuma. Esto por general no comenta públicamente. No es lo
mismo que lo fume una persona adulta criteriosa y con su escala
valórica bien arraigada, a que lo haga un chico inmaduro de menos
de veinte años. En realidad, en la mayoría de los casos, suelen
comenzar a convertirse en drogadictos, entre los ocho y los quince
Mauro Bravo Oyarzún
años de edad, y los factores son similares: niños que no asisten al
colegio; que viven en poblaciones marginadas; de padres separados,
etc., porque la acción que ejerce la droga es diferente según la nutri-
ción, la educación y la formación cerebral de quienes la consumen.
Hasta los veinticinco años, el cerebro no está estructurado -según
describe Kalina-. Si un chico de quince años fuma un simple cigarrillo
de tabaco, ya está marcando al 89% de sus receptores cerebrales y no
tiene la madurez para discernir. El hábito y la sensación se les fijan,
vuelven a fumar y ahí es donde comienza la adicción al tabaco.
Las drogas –así también la nicotina-, están consideradas científica-
mente elementos que modifican las neuronas, con lo cual las perso-
nas pierden su autonomía y dominio de sí mismos. En el caso de las
sustancias consideradas “livianas” como la marihuana, se agregan
más efectos. De acuerdo con Joseph di Franza, de la Universidad de
Massachussets (Estados Unidos), el 12,2% o más de quienes usan
drogas ilícitas, están consumiendo además radiaciones, fertilizantes
cancerígenos y la combustión constante a que se somete la zona de
la boca y garganta, que da como resultado cambios en el ADN de la
boca, del cuello y del cerebro. Es decir, cáncer.
Según Kalina: “el problema del ‘paco’ es que lo consume gente muy
joven y con cerebros inmaduros. Un cerebro que ha sido cultivado
resiste mucho más, porque el cerebro es como un músculo al que hay
que ejercitar para que no entre en decadencia. Estos chicos que
usualmente consumen “paco”, por lo general, no mantienen una
actividad intelectual que los prepare de mejor manera para resistir
las consecuencias de la droga.”
7. La nació[Link]/sucesos, lunes 09 de julio 2007, San José de Costa Rica.
8. La nació[Link]/sucesos, lunes 09 de julio 2007, San José de Costa Rica.
Extraído de la revista noticias, Argentina 22 de marzo 2009.
Maldita Pasta
LA ADICCIÓN Y EL TRABAJO
La adicción a las drogas, puede manifestarse en cualquier momento
de la vida. Nadie está libre ni a salvo. Una educación eficaz y conti-
nua, referente a esta situación, sin duda puede constituirse en la
mejor forma de prevenirla.
Casi un tercio de los trabajadores hospitalizados por accidentes del
trabajo ha consumido algún tipo de droga en las 48 horas previas.
Implementar programas de prevención del consumo en el trabajo es
una inversión que genera buenos dividendos, tanto para los emplea-
dos como para la propia organización.
Pese a que muchas empresas chilenas tienen extintores de incendio
y seguros contra eventuales catástrofes, muy pocas cuentan con un
programa de prevención de drogas. El problema es que “la droga
también puede convertirse en un gran siniestro para una empresa”.
Con esta advertencia el psiquiatra Rolando Chandía, consultor inter-
nacional en adicciones y miembro de la Sociedad Mundial de
Psiquiatría, sensibiliza a los gerentes de empresas respecto a la nece-
sidad de implementar políticas antidrogas.
Según los resultados de los tres últimos estudios del Consejo Nacio-
nal para el Control de Estupefacientes (Conace), 17 de cada cien
personas que trabajan han consumido algún tipo de droga. “Las
empresas todavía están preocupadas de su producción y de la com-
petencia, pero no se dan cuenta de que los trabajadores que consu-
men droga, dependiendo del nivel de su adicción, rinden hasta 70%
menos”, precisa el doctor Chandía. A esto se suma que hay mayores
probabilidades de causar y sufrir accidentes que demanden hospita-
lización y tratamientos.
A la luz de los antecedentes que recoge en su consulta, Chandía
precisa que en estos dos últimos años hay dos nuevas realidades en
Mauro Bravo Oyarzún
las empresas: los traficantes actúan tanto al interior de éstas como en
su entorno. “Tengo la idea de que sabemos lo que nos está pasando
y hemos focalizado nuestras acciones en educación en colegios y
comunas. Pero hemos dejado sin ningún tipo de intervención al
grupo más vulnerable y afectado, que es el del ámbito laboral”,
advierte el psiquiatra.
En 1998, en el Hospital del Trabajador decidió someter a pruebas de
doping a todos los trabajadores que fueron internados, es decir, uno
de cada diez accidentados. Los resultados demostraron que el 30%
de los varones y el 20% de las mujeres dio positivo en los exámenes,
tanto por consumo de drogas legales como ilegales.
“Las drogas todavía tienen efectos en la conducta de la persona 24 a
48 horas después de haberlas consumido”, precisa el doctor Chandía.
El problema no es menor si se considera que el país pierde seis mil
millones de dólares al año como consecuencia de accidentes del
trabajo asociados al consumo de estupefacientes.
De hecho, el psiquiatra precisa que muchos y conocidos accidentes
laborales en el país han ocurrido a causa de personas que han estado
bajo el efecto de drogas, legales e ilegales, situación que ha perma-
necido oculta para poder cobrar las indemnizaciones por catástrofes.
A través de los años, el doctor Chandía ha creado nomenclaturas que
facilitan la identificación del problema. Así, por ejemplo, los principa-
les problemas del adicto asociados al ámbito laboral se relacionan
con las cuatro “C”: calidad, cantidad (productividad), competividad y
clima laboral. En tanto que los indicadores habituales de la presencia
de un problema de consumo son las cuatro “A”: ausentismo, atrasos,
accidentes y adicción.
Los adictos no van a pedir ayuda. Por eso, una persona en esa cate-
goría, que trabaja en una empresa en donde esta situación no se
reconoce ni tiene planes para abordarlo, y seguirá con su problema
en secreto.
Maldita Pasta
De allí la importancia de generar políticas de prevención y las condi-
ciones necesarias para afrontar el tema al interior de las empresas.
“Ningún adicto va a pedir ayuda si no hay un programa que genere el
clima propicio para hacerlo” precisa Chandía, y advierte: “De lo
contrario, el destino para todo adicto está bajo la ley de las cuatro “C”:
cesantía, clínica, cárcel y cementerio…”
LA IMPORTANCIA DE UNA POLÍTICA ANTIDROGAS
Para el psiquiatra Rolando Chandía, un buen programa de preven-
ción de adicciones en la empresa debe seguir seis pasos, que se sinte-
tizan bajo el acróstico PAISES: una política escrita, asistencia y ayuda
al trabajador y su familia, identificación y detección de drogas, la
sensibilización de todos los niveles de la organización y el entrena-
miento de supervisores capaces de detectar el problema. “El punto
más importante es la capacitación de supervisores, una tendencia
que se está dando en las grandes empresas chilenas”, precisa el espe-
cialista.
La idea es entrenar a personas capaces de reconocer, en los trabaja-
dores, aquellas señales visibles a la adicción a través de la observa-
ción en su comportamiento y el rendimiento laboral. Además, se les
debería instruir con las indicaciones necesarias, para que sepan
cómo afrontar esta situación, conversando con el afectado y sus
superiores, y ofreciéndole el tratamiento adecuado. Más tarde se
encargará de hacerle un seguimiento para ver cómo evoluciona el
afectado.
9. (Fuente: Cristián M. González S., El Mercurio, domingo 19 de agosto 2001).
Mauro Bravo Oyarzún
EL ALFIL
Después de veinte años de matrimonio, una familia se ha destrozado,
porque el hombre ha tenido algunos problemas, y ha caído en el
alcoholismo que lo ha llevado a tener directa relación con la droga.
Una hija de doce, otra de dieciséis, y un pequeñuelo de ocho años de
edad, son la prole de este matrimonio, los que han tenido que sopor-
tar los malos tratos del padre, y ahora tendrán que cargar con la sepa-
ración de sus padres. No hay vuelta atrás, la mujer sin poderlo sopor-
tar más, lo echó de la casa.
El hombre de cuarenta y dos años, ha llegado donde su madre, viuda
hace un par de décadas, y ella no lo quiere en su casa debido a sus
problemas con el alcohol, y mucho menos por su reciente separa-
ción. La madre ignoraba la adicción a las drogas que tenía su hijo
(adicto a la P.B.C.). Los enseres domésticos y pertenencias de su
madre, rápidamente comenzaron a desaparecer, sin ninguna explica-
ción para ella, pues jamás podría imaginar que su hijo se las podría
haber sustraído, hasta que un día, comprando en el negocio de su
barrio, le contaron que vieron a su hijo vendiendo algo muy extraño:
una pieza de ajedrez bañada en oro. Era del abuelo, que había perte-
necido a un club de ajedrecistas.
De vuelta a su hogar, la compungida madre caminó por los largos
pasillos de la antigua casa heredada de sus padres y vio a su hijo
hurgando en la última habitación. De inmediato comenzaron las
discusiones, ya que la madre se había percatado que le faltaba ese
valioso recuerdo.
El hombre no tomó en cuenta el llamado de atención que su madre
le hizo, ni siquiera se inmutó cuando le restregó el fracaso matrimo-
nial, y tampoco se preocupó de la desesperada exigencia de que se
buscara un trabajo.
Maldita Pasta
PASAN LOS DÍAS Y LA PREOCUPACIÓN DE SU MADRE VA EN AUMEN-
TO, PRODUCTO DE LA ABULIA DE SU HIJO POR BUSCAR ALGUNA
OCUPACIÓN, QUE LE PERMITA
Su madre no lo ayudaba en lo absoluto, solo lo dejaba dormir, y lo
alimenta cada noche, sin antes conversarle acerca de su futuro, y por
sobre todo establecer normas y reglas en la casa, lo que comúnmen-
te se llama el “Rayado de cancha”.
Esto no le importaba al “niño”, como lo apodaron irónicamente sus
familiares que se habían enterado de esta situación. Tampoco se
mostraba con ánimos de recuperar a sus hijos y esposa. A estas altu-
ras de la vida, su madre ya no quería tenerlo, menos en estas circuns-
tancias que nunca imaginó.
Los días pasan y junto con acrecentarse los problemas de la adicción,
cada día “se pierden” más cosas de la casa. Esto ya está en conoci-
miento de la policía, ya que su madre en desesperación, puso una
demanda advirtiendo a la autoridad de los problemas que podía
ocasionar su hijo.
Hasta que en una oportunidad este hombre se vio envuelto en una
serie de hechos, que lo llevarían a cometer actos ilícitos, como por
ejemplo, el robo de un auto, o la violenta golpiza contra su ex mujer,
lo cual gatilló una investigación en su contra, por parte de los Tribu-
nales de la Familia. Finalmente, lo pusieron a disposición de la justi-
cia, concluyendo con su detención preventiva.
Mauro Bravo Oyarzún
MIS DOS TESOROS
Cada caso es diferente, cada persona adicta a las drogas se manifiesta
de tal forma que adquiere conductas muy hostiles, osadas y violen-
tas. Todo su comportamiento cambia y la vida que lleva es un verda-
dero calvario, del cual, en muchas ocasiones, no tiene mayor concien-
cia.
Morirse en vida, es así como se podría definir el cargar con este cróni-
co vicio. Quedarse solo, ser apartado de la sociedad y perder familia,
hijos y esposa.
Un joven, que después de varios años inmerso en el alcohol y las
drogas, terminó abandonado por su mujer, quedando a merced de la
soledad, solo y sin ninguna posibilidad de ver a sus dos hijitas de
cinco y siete años. Es una situación terrible que le ha servido de
escarmiento pero no tiene consideración alguna con lo sucedido y
no hace ni el más mínimo esfuerzo por revertir esta situación.
Por fortuna no tiene problemas laborales, trabajando por años en la
misma empresa. Esto lo ha sabido llevar muy responsablemente y no
obstante se mantiene en perfectas condiciones físicas, pero se le
nota su abandono higiénico en su presentación personal, pues siem-
pre se le veía muy elegante, incluso vistiendo a la moda, perfumado
y hasta seductor.
Pero, desgraciadamente, poco le duró este tipo de vida, ya que sus
salidas nocturnas, los amigos y las drogas fueron determinantes en
su destino, el cual hasta hoy no ha logrado revertir.
Las situaciones mencionadas son algunas de las que le ha tocado
vivir; no sólo la familia lo ha abandonado, sino que también sus
amigos, y ya no es una persona socialmente respetada como en
algún momento lo fue. Hoy ve con angustia como su ex mujer se
pasea del brazo con uno de sus mejores amigos, y su actitud es casi
de indiferencia, como si le importara, pero cada día el alcohol es el
Maldita Pasta
mudo testigo de sus dolencias y sufrimientos.
Y así fueron pasando los años hasta que por fin se resolvió a su favor
la tuición de las hijas, pues la madre ya no quiso responsabilizarse de
ellos, y ante los tribunales delegó la tenencia al padre, al que por
cierto lo hizo cambiar de manera radical y se volvió más responsable.
Ahora está al cuidado de sus hijas, con la ayuda fundamental de su
familia y, por sobretodo, de sus hermanas.
Los domingos se le ve de paseo, contento con sus dos tesoros que
crecen al calor de una gran familia. Claramente es un positivo
cambio en este joven que no ha claudicado en el amor por sus hijas,
pero también está latente el peligro de volver a sufrir el abandono y
la soledad, ya que sus salidas con los amigos no han terminado y
sigue apegado al vicio de la “pasta base”.
Uno de sus amigos más cercanos se hizo profesional a muy corta
edad y esto le trajo una vida ejemplar y emprendedora; formó una
linda familia y vivió muchos años al calor de un hogar bien constitui-
do. Pero los problemas comenzaron con sus salidas nocturnas y sus
desenfrenos; siempre terminaba metido en líos, y por supuesto esto
le trajo muchos conflictos familiares, ya que a veces no le quedaba ni
un peso de su excelente sueldo. En una noche podía gastarse casi
toda la paga del mes, pues le gustaba salir de parranda e invitaba a
sus amigos. Las mujeres y el alcohol eran lo principal para atenderlos
bien, y no faltó el día en que tuvo una invitada especial: la droga.
Claro que esta era una droga de elite: la cocaína, ya que su buena
situación económica le daba para mantener ese costoso vicio, que
sería desde luego el aderezo que le daría máximo placer en las
noches de fiesta. El vicio, las noches de juerga, los amigos y el costo-
so auto, le pasaron la cuenta después de varios años de llevar esta
vida libertina.
Ya no tenía dinero para invitar a los amigos, ni para costear la aten-
ción de las mujeres que solía visitar, y su auto se movía casi por
Mauro Bravo Oyarzún
inercia con lo justo para el combustible. Nunca robó para seguir
manteniendo sus vicios, ya que trabajo no le faltaba, aunque a
menudo pierde algunos, pero la suerte siempre lo acompaña y consi-
gue otro.
Su esposa lo abandonó, pues mantener una familia con ese tipo de
gastos se le hacía difícil, y por supuesto su adicción a las drogas no
terminó, y al cabo de un tiempo, y por razones económicas, no dudó
en adentrarse en el vicio que estaba más a su alcance: la pasta base.
Maldita Pasta
UNA BATALLA VICTORIOSA
“Un día terminaré matándolos”. Con esta frase una madre de tres
hijos inició la conversación con una de sus fieles amigas, claro que
después de haber contado las últimas novedades referente a la
conducta de sus hijos, que día a día daban mucho que hablar por su
adicción a las drogas: Ninguno terminó sus estudios básicos, y como
si fuera poco, tampoco trabajaban. Cada uno de ellos hacía lo que
podía para conseguir drogas y pasar los días sin responsabilidades.
Cansada la madre no veía salida y terminó en varios ocasiones hospi-
talizada por distintas razones, que nacían por los problemas que sus
hijos le provocaban. Del padre de ellos no se sabía nada, desde que
eran pequeños, cuando los abandonó y dejó de verlos.
El mayor de ellos se propuso terminar sus estudios y logró entrar a
uno de esos colegios que imparten enseñanza básica y media, en
jornadas flexibles, para quienes han desertado de su escolaridad.
Claro que no le fue fácil estudiar de noche, esto le complicaba
después de su jornada de trabajo, trabajo que gracias a la ayuda de
un familiar había conseguido.
Fue el primero de los tres en terminar su educación y por cierto se
convirtió en ejemplo para sus hermanos y dejó muy claro que con
voluntad, se pueden lograr las metas más ansiadas. La madre por
supuesto era la más contenta.
Después de este gran logro, se hizo el firme propósito de que algún
día se zafaría de las garras de la droga. Y así fue que terminada su
enseñanza media, se dedicó a otros estudios y al trabajo, hasta
convertirse en un profesional, y construyó una linda familia. Por
cierto sus hermanos no quedaron en el olvido, y como pudo ayudó a
cada uno de ellos en la rehabilitación, con resultados muy positivos.
Finalmente, los otros dos jóvenes también terminaron sus estudios y
Mauro Bravo Oyarzún
con esfuerzo ambos consiguieron estudiar un oficio en el mismo.
Centro de Rehabilitación que los acogiera. El menor de ellos siguió
trabajando para este Centro, y hacía su aporte a través de talleres y
concurría periódicamente a colegios a realizar charlas educativas y
preventivas sobre el nefasto consumo de drogas. Su vida, y la de los
hermanos, habían cambiado radicalmente y hoy se encuentra cada
uno de ellos ejerciendo su oficio y profesión. La madre de estos jóve-
nes, que sin muchos recursos había podido superar tan angustiosa
etapa, hoy se le ve contenta, y también trabaja para el Centro, en
labores de cocina y administración.
A lo largo del país existen muchos Centros de Rehabilitación, con
variados métodos preventivos y un sinfín de proyectos sociales, que
a través de los municipios son destinados a diversas organizaciones
para promover la vida sana, deportiva y lo más importante: sin
drogas. Los colegios, por su parte, hacen lo propio en esta materia, y
aunque en algunos de ellos existen redes de apoyo para los estudian-
tes, el flagelo de la drogadicción, sigue siendo un problema bastante
difícil de erradicar, y prevenirlo es también una misión casi imposible,
sin embargo, algunas loables instituciones dedicadas al tratamiento
y prevención del consumo de drogas, no bajan los brazos y siguen
trabajando para combatir la adicción de la Maldita pasta.
Maldita Pasta
Dos horas más tarde, el niño fue encontrado vagando a orillas de la
línea del tren. El menor quedó en manos de un hogar de menores a
la espera de adopción.
It is a long established fact that a reader will be
distracted by the readable content of a page
when looking at its layout. The point of using
Lorem Ipsum is that it has a more-or-less
normal distribution of letters, as opposed to
using 'Content here, content here', making it
look like readable English. Many desktop publi-
shing packages and web page editors now use
Lorem Ipsum as their default model text, and a
search for 'lorem ipsum' will uncover many web
sites still in their infancy. Various versions have
evolved over the years, sometimes by accident,
sometimes on purpose (injected humour and
the like).