Cuentos y
Cuentos y
CUENTOS
"DE ESPANTOS
y APARECIDOS
Cuentos de Espantos
y Aparecidos
Coedición Latinoamericana
Cuentos, mitos y le y
yendas
endas para niños de
de América Latina
Cuentos picarescos para niños de América La Lat t ina
ina
Cuentos de Espantos y Apar eci
cid
d o s
Editora
Verónica Uribe
Asistente editorial
Marianne o-u..«
o-u
Diseño
101m Lujá
Luján
Portada y viñetas
Arlette Lavie
© 1984 Editora Ática, Brasil; Ediciones Ekar é-Banco del Libro,
Venezuela; Editorial Norma , Colombia; Editorial Nueva
Nicaragua , Nicaragua; Promoción Editorial Inca, S A.. A. , ,
Perú; Editora Taller
, República Dominicana; Subsecretaría de
Cultura , Ecuador; CIDCLl , México; Ediciones Huracán ,
Puerto Rico; Editor ial Piedra Santa , Guatemala; Editorial
Plus-U ltra , Argentina.
Todos los derechos reservados
Depósito le g al
al en V ene z
zuela
uela lf 84
84--096 7
7
Coedición promovida y auspiciada por CERLALC y UNESCO
Printed ín Brazil
CUENTOS DE
ESPANTOS y
APARECIDOS
Co edic
ión
Latinoamericana
Latinoamericana
2." ~dici6n
Presentación
6
defienden la naturaleza y que castigan brutalmente a quien la
daña, como la Marimonda en Colombia o el Caipora en Bra
sil; barcos malditos que navegan
navegan sin encontrar puerto jamás,
como el Caleuche en Chile o el Barco Negro en Nicaragua;
y están también las mujeres demoníacas que seducen a
los hombres que andan lejos de sus casas.
casas . Son mujeres
hermo sas, atractivas y extrañas.
extrañas. Cuando los hombres las
abrazan, los espantan
espantan con su rostro
rostro de calavera
calavera.. Es la
Sayona o la Dientona de muchos
muchos países
países del continente.
continente.
La señal de la cruz, el agua o el canto de los gallos hacen
desaparecer a estos espíritus de la muerte y de la noche.
noche.
Este libro reúne once relatos de espantos
espantos y aparecidos y
forma parte de la Coedición Latinoamericana, serie auspi
ciada por el Centro Regional para el Fomento del Libro en
América Latina,
Latina, CERLALC, y por la UNESCO, y realiza
da mediante el trabajo conjunto de los editores participantes.
El propósito de este volumen es ofrecer a los niños y jó
venes de América Latina la posibilidad de reencontrarse con
las viejas tradiciones orales del continente, con los cuentos
de luz de vela y brasero, y disfrutar de relatos que guardan,
aún hoy, el atractivo de lo misterioso y de lo inexplicable.
Queremos también que los lectores descubran que los paí
ses latinoamericano
latinoamericanoss somos una gran comunidad
comunidad que com
parte creencias, costumbre
costumbres,s, relatos, alegrías, y más de un
susto..
susto
7
Las lágrimas
del
Sombrerón
Guatemala
10
I elina era una niña muy
muy bonita. La gente del callejón
callejón del
Carrocero, en el barrio de Belén,
Belén, la veía todos los días y nunca
terminaba de admirarla. y es que mientras más crecía Celina,
más linda se ponía:
-¡ Qué ojos tan hermosos!
-¡Sí, tan grandes sus
s us ojos!
-¡ y qué pelo el que tiene!
-¡Tan largo y ondulado!
-¡ Se parece a la virgen del Socorro de la catedral!
y en verdad, Celina se parecía a la pequeña estatua de la
virgen del Socorro, morena y llena de gracia.
gracia. Hasta su nombre
era extraño, como venido del cielo, o sacado de algún libro de
cuentos.
La fama de su belleza comenzó a correr por toda la ciudad.
Además de ser bonita, verdaderamente bonita, Celina era muy
trabajadora: ayudaba a su mamá a hacer tortillas de maíz para
venderlas en las casas ricas.
Verla correr por las calles, vendiendo las tortillas que hacía
su mamá, era el deleite de chicos y viejos: todos quedaban
impresionados de su belleza.
Una tarde, aesode las seis, en la esquina de lacallede Belén
y callejón del Carrocero, sin más ni más, aparecieron cuatro
mulas amarradas al poste del alumbrado eléctrico. Las mulas
11
12
llevaban cargas de carbón al lomo.
-¿No serán las mulas deldel Sombrerón? -comentó una mujer.
-¡ Dios nos libre, ni lo diga,
diga, chula! -le respondió otra
otra al pasar.
Esa noche Celina estaba muy cansada después de haber
trabajado todo el día. El sueño comenzaba a dormida,
cuando oyó una música muy linda: era la voz de alguien que
cantaba acompañado con una guitarra.
-Mamá, ¡oiga esa música!
música!
-¿Qué música? Lo que pasa es que te está venciendo el sueño.
-¡No, mamá, oiga qué belleza!
Pero la tortillera no oía ninguna música.
-Lo mejor es que te duermas, mi niña, Celina no podía
dormir oyendo aquella música encantadora.
Hasta sus oídos llegó claramente la voz cantarina que decía:
Eres palomita blanca,
como la flor del limón,
si no me das tu palabra
me moriré de pasión ...
A las once de la noche, el callejón quedó en silencio y la
recua de mulas carboneras se perdió en la oscuridad.
Noche a noche se repitió lo mismo. Lo único que la gente
notaba eran las mulas con su carga de carbón, atadas al
poste, en cambio Celina, se deleitaba con las canciones que
escu chaba.
13
Una noche,
noche, a escondidas de su mamá, Celina salió
s alió a espiar
en la oscuridad porque quería conocer al dueño de la voz.
Por poco sese muere del susto.
susto. [Era el Sombrerón!
Sombrerón! Un hom
brecito con un sombrero gigantesco, zapaticos de charol y
espuelas de plata. Mientras bailaba y cantaba tocando su
guitarrita de nácar, enamoraba a la niña:
Los luceros en el cielo
caminan de dos en d o s
así caminan mis ojos
cuando voy detrás de vos
...
¡Celina no pud
pudoo dormir esa noche! No podía dejar de
pensar en el Sombrerón. Todo el día siguiente lo pasó
recordando los versos. Quería y no quería que llegara la
noche; quería y no quería volver a ver al Sombrerón. Esa
semana Celina
Celina dejó de comer, dejó de sonreir.
-¿Qué te pasa, hijita? -le decía su mamá-. ¿Te duele algo?
¿Estás enferma?
enferma? -Pero Celina no hablaba.
hablaba.
-La habrá enamorado el Sombrerón -le dijeron y la
tortillera desesperada, siguiendo consejos de los vecinos, la
llevó lejos de su casa y la encerró en una iglesia.
iglesia. Porque la
gente cree que los los fantasmas nono pueden entrar en las
iglesias.
A la noche siguiente llegó el Sombrerón al callejón del
Carrocero, pero no encontró a la niña. Se puso como loco y
comenzó a buscarla por toda la ciudad, sin encontrarla. Al
14
15
amanecer se alejó, silencioso, con su recua de mulas atrás.
La mamá de Celina y los vecínos estaban contentos, porque
habían logrado
logrado librarla del Sombrerón. Pero Celina, encerrada
en la iglesia, enfermó de pura tristeza y amaneció muerta un
día.
Estaban todos velando a la niña, en casa de la tortillera,
cuando escucharon un llanto desgarrador que los heló del
susto. ¡Era el Sombrerón que venía arrastrando sus mulas! Se
detuvo junto al poste de la esquina y comenzó a llorar:
Corazón de palo santo
ramo de limón florido
¿por qué dejas en el olvido
a quien te ha querido tanto?
¡Aaaaaaay ... aaayl
Mañana cuando te vayas
vaya salir al camino
para llenar tu pañuelo
de lágrimas y suspiros ...
Nadie supo a qué hora se fue el Sombrerón. Se fue alejando,
llorando, llorando, hasta que se fundió en la noche oscura. A la
mañana, cuando los dolientes salieron de la casa de la torti
llera, se quedaron maravillados: ¡Había un reguero de lágri
mas cristalizadas, como goterones brillantes, sobre las piedras
lajas de la calle!
16
Caípora,
el padremonte
Bra
Brasil
sil
• (JI
.
19
seguía allá. Detrás, parecían venir todos . los animales del
mundo: los grandes y los pequeños, los de plumas y los de
pelos, los comedores de carne y los comedores de hierba. El
corazón del leñador se detuvo. ¡Era el Caipora, el padremonte!
El leñador, paralizado de miedo, lo vio venir lentamente,
cada vez más cerca. Era enorme, verde de la cabeza a los pies.
Parecía una planta andando. Las piernas fuertes, grandes, el
cuerpo cubierto de pelos gruesos como cerdas. Los brazos
largos, casi tocando el suelo. El hocico de roITO, las orejas
cortas, atentas, con las puntas hacia afuera.
Inmóvil, sin habla, el leñador recordaba las historias
historias sobre
el Caipora: que ríe como cualquier persona, que fuma tabaco
de hoja en pipa de barro, que persigue a los que dañan las
plantas y matan a los bichos sin necesidad ... que es castaño,
con los pelos arrastrando por el suelo...
suelo ... Pero éste era verde,
muy verde...
La aparición se detuvo. Tenía los pies volteados: los
dedo
de doss atrá
atrás,
s, los
los tal
talon
ones
es ad
adel
elan
ante
te.. Toño
Toño tembtemblalaba
ba..
Entonces, de pronto, el Caipora preguntó
preguntó con voz ronca:
-¿ Tienes tabaco ahí, muchacho?
-¿Y ... y... yo? ¿Tabaco?
El leñador miraba embobado al Caipora.
-¿Tienes tabaco? -repitió el bicho en un ronquido sordo,
extendiendo su mano peluda.
El leñador dejó de temblar. Pero no podía hablar. Asintió.
20
21
Abrió el morral, sacó un atado de tabaco y se lo alcanzó.
Más que de prisa el Caipora agarró el tabaco y se fue
trotando con la ristra de animales atrás. El compadre Toño se
apartó y se les quedó mirando.
La huella del Caipora se imprimía al revés en el suelo: las
pisadas volteadas para acá, mientras él corría para allá...
allá ...
Atrás, todos los animales, zorros, lapas,
lapas, tapires, capibaras,
jaburus ... En el aire, sobre su cabeza
cabeza,, el suave revoloteo de
las tórtolas.
El leñador se secó el sudor de la frente:
-¡Uf! Tengo que trabajar -rezongó-. Así sea para pasar el
susto ...
Aquel día, Toño volvió tarde con la carreta cargada de
buena leña
leña,, madera de ley, que había encontrado no sabía
cómo. Llevaba el alma liviana y una extraña alegría en el
corazón. Se puso a cantar.
Al otro día, subió al horno para fabricar el carbón que iba
a vender en la ciudad. Los troncos eran tan lisos y bonitos,
tan agradablesa la vista que su corazón se animó una vez
más. La leña crepitaba y no acababa de quemarse. Cuando el
compadre Toño apagó con agua las brasas rojas, el carbón
centelleó su brillo negro.
negro.
En el pueblo los carbones brillarites del compadre Toño
causaron alborozo.
alborozo.
-¡Eso vale mucho, muchacho!
22
-¿Quiere comprar?
-¡Yo no! ¿Y si es robado?
-¿ Cómo que robado? iSoy leñador y hacer carbón es mi
oficio!
¡No necesito robarlo!
-Entonces, ¿dónde lo encontraste?
-No lo encontré.
encontré. Lo hice con la leña que corté en el monte
aquel día ...
y el leñador contó su encuentro con el bicho de los pies
torcidos.
-¡Ah! -dijo el otro- ¡Era el padremonte!
-Puede ser. Dicen que el Caipora
Caipora hechiza y persigue a quien
anda por el monte.
-No siempre. Le diste tabaco y ganaste una fortuna. ¡Qué
suerte!
Porque sí, porque no, el compadre Taño no fue más al
bosque. El compadre Chico, su compañero, supo de la
buena fortuna de Toño. Envidioso,
Envidioso, fue a buscarlo para
arrancarle el secreto de su riqueza. Pero solamente oyó
unos gruñidos y unas disculpas.
-No sé... pienso que mi suerte fue por causa del encuentro,
pero no estoy seguro ...
y quedó en eso.
Un buen día el compadre Chico andaba por el monte
cuando escuchó un tropel. Y vio pasar corriendo una criatura
extraña, de pies torcidos. Detrás de ella una manada de
animales
23
haciendo un gran alboroto. ¡El Caipora!
El hombre corrió detrás, obsequioso, gritando hasta que el
padremonte se paró. El leñador temblaba de codicia. Luego
preguntó:
-Caipora, ¿puedes darme de aquel carbón? Tengo tabaco
aquí, en el morral. ¡Tengo mucho!
La cara del bicho se ensombreció.
ensombreció. De sus ojos salían chispas
verdes de odio. De pronto, todo cambió y se hizo un gran
silencio. Ni una sola hoja se movía. Con un ronquido sordo,
el bicho avanzó 'hacia el hombre y lo agarró.
y aquel día surgió un nuevo espanto: un hombre vuelto
al revés que vaga de aquí para allá como alma en pena.
24
La mulata de
Córdoba
México
26
, uenta la leyenda que hace más de dos siglos vivió en la
ciudad de Córdoba, en el estado de Veracruz, una hermosa
mujer, una joven que nunca envejecía a pesar de los años.años.
La llamaban la Mulata y era famosa como abogada de casos
imposibles: las muchachas sin novio; los obreros sin trabajo,
los médicos sin enfermos, los abogados sin clientes, los mili
tares retirados, todos acudían a ella, y a todos la Mulata los
dejaba contentos y satisfechos.
Los hombres, prendados de su hermosura, se disputaban la
conquista de su corazón. Pero ella a nadie correspondía, a
todos desdeñaba.
La gente comentaba los poderes de la Mulata y decía que era
una bruja, una hechicera.
Algunos aseguraban que la habían visto volar por los teja
dos, y que sus ojos negros despedían miradas satánicas mien
tras sonreía con sus labios rojos y sus dientes blanquísimos.
Otros contaban que la Mulata había pactado con el Diablo
y que lo recibía en su casa casa;; decían que si se pasaba a
medianoche frente a la casa de la bruja, se veía una luz
siniestra salir por las rendijas de las ventanas y las puertas,
una luz infernal, como si por dentro un poderoso incendio
devorara las habitaciones
habitaciones.. La fama de aquella mujer era
inmensa. Por todas partes se hablaba de ella y en muchos
27
28
lugares de México su nombre era repetido de boca en boca.
29
navío?
-¡Desgraciada mujer!- contestó el carcelero-. Si te arrepin
tieras de tus faltas no estarías a punto de morir.
-Anda, dime, ¿qué le falta a este navío?, -insistió la Mulata.
-¿Por qué me lo preguntas? Le falta el mástil.
-Si eso le falta, eso tendrá -respondió enigmáticamente la
Mulata.
El carcelero, sin comprender lo que pasaba, se retiró con el
corazón confundido.
Al mediodía, el carcelero volvió a entrar en el calabozo de la
Mulata y contempló maravillado el barco dibujado en la pared.
-Carcelero, ¿qué le falta a este navÍo?- preguntó la Mulata.
-Infortunada mujer-le replicó el desconcertado carcelero-. Si
quisieras salvar tu alma de las llamas del infierno, le ahorrarías
a la Santa Inquisición
Inquisición que te juzgara. ¿Qué pretendes? .. A ese
navío le faltan las velas.
-Si eso le falta, eso tendrá - respondió la Mulata.
y el carcelero se retiró, intrigado de que aquella misteriosa
mujer pasara
pasara sus últimas horas dibujando, sin temor de la
muerte.
A la hora del
del crepúsculo,
crepúsculo, que era el tiempo fijado para la
ejecución, el carcelero entró por tercera vez en el calabozo de
la Mulata, y ella, sonriente, le preguntó:
-¿Qué le falta a mi navío? ..
-Desdichada mujer, -respondió
-res pondió el carcelero-, pon tu alma en
30
JI
las manos de Dios Nuestro Señor y arrepiéntete de tus peca
dos. ¡A ese barco lo único que lele falta es que navegue!
navegue! ¡Es
perfecto!
-Pues si vuestra
vuestra merced lo quiere
quiere,, SI en ello se empeña,
navegará, y muy lejos ...
-¡Cómo! ¿A ver?
-Así -dijo la Mulata,
Mulata, y ligera como el viento, saltó al barco;
éste; despacio al principio y después rápido y a toda vela,
desapareció con la hermosa mujer por uno de los rincones
del calabozo.
El carcelero se quedó mudo, inmóvil, con los ojos salidos
de sus órbitas, los cabellos de punta y la boca abierta.
32
María Angula
Ecuador
.
. (
.
,•
34
aría Angula era una niña alegre y vivaracha, hija de
un hacendado de Cayambe. Le encantaban los chismes y se
divertía llevando cuentos entre sus amigos para
enemistarl
enemistarlos.
os. Por esto, la llamaban
llamaban la metepleit
metepleitos,
os, la
lengua larga o la "carishina" chismosa.
Así, María Angula
Angula creció 16 años
años dedicada
dedicada a fabricar líos
con la vida de los vecinos, y nunca se dio tiempo para
aprender a organizar la casa y preparar sabrosas comidas.
Cuando María
María Angula se casó, empezaron sus problemas.
problemas.
El primer día Manuel, su marido, le pidió que preparara una
sopa de pan con menudencias y María Angula no sabía
cómo hacerla.
Quemándose las manos con la mecha de manteca y sebo,
encendió el carbón y puso sobre él la olla sopera con un
poco de agua, sal y color, pero hasta ahí llegó: ¡no sabía
qué más debía hacer!
María recordó entonces que en la casa vecina vivía doña
Mercedes, una excelente cocinera, y sin pensarlo dos veces
corrió hacia ella.
-Vecinita, ¿usted sabe preparar la sopa de pan con menuden
menuden
cias?
-Claro, doña María. Verá, se remojan dos panes en una taza
de leche, luego se los pone en el caldo, y antes de que éste
hierva,
35
36
se añaden las menudencias.
-¿Así no más se hace?
-Sí, vecina.
-Ahh, -dijo María Angula-, si así no más se hace la sopa de
pan con menudencias, yo también sabía. -y diciendo esto,
voló a la cocina para no olvidar la receta.
Al día siguiente, como su esposo le había pedido un locro de
"cuchicara", la historia se repitió:
-Doña Mercedes, ¿sabe preparar el locro de "enchicara"?
-Sí, vecina.
y como la vez anterior,
anterior, apenas su buena amiga le dio todas
las indicaciones, María Angula exclamó:
-Ahh, sí así no más se hace el locro de "cuchicara", yo
también sabía . -y enseguida corrió a su casa para sazonarlo.
sazonarlo.
Como esto
esto sucedía todas las mañanas, la señora Mercedes
se puso molesta. María Angula siempre salía con el mismo
cuento: "Ahh, si así no más se hace el seco de chivo, yo
también sabía; ahh, si así no más se hace el ají de librillo, yo
también sabía. Por eso, quiso darle una lección y, al otro
día ...
-Doña Merceditas ...
-¿Qué se le ofrece, señora María?
-Nada, Michita, mi marido desea para la merienda un caldo de
tripas con "puzún" y yo ...
-Urnm, eso es refácil, -le dijo-, y antes de que María Angula
37
la interrumpiese, continuó:
-Verá, se va al cementerio
cementerio llevando
llevando un cuchillo
cuchillo afilado.
afilado. Des
pués espera que llegue el último muerto del día y, sin que nadie
la vea, le saca las tripas y el "puzún"
"puzún ". En su casa, los lava y
luego los cocina con agua, sal y cebollas y, cuando el caldo
haya hervido por unos diez minutos, aumenta un poco de
manÍ... y ya está. Es el el plato más sabroso.
-Ahh, -dijo como siempre María Angula- si así no más se
hace el caldo de tripas con "puzún", yo también sabía.
y en un santiamén, estuvo en el cementerio esperando a que
llegara el muerto más fresquito.
fresquito. Cuando el panteón quedó
solitario, se dirigió sigilosamente hacia la tumba escogida.
Quitó la tierra que cubría al ataúd, levantó la tapa y ... [allí
estaba el semblante pavoroso del difunto! Quiso huir, más el
mismo miedo la detuvo. Temblorosa, tomó el cuchillo y lo
clavó una, dos, tres veces sobre el vientre del finado y con
desesperación le despojó de sus tripas y "puzún": Entonces,
corriendo regresó a su casa. Luego de recobrar su calma,
preparó esa merienda macabra que, sin saberlo, su marido
comió lamiéndose los dedos.
Esa misma noche,
noche, entre tanto María Angula y su esposo
dormían, en los alrededores se escucharon aullidos lastimeros.
María Angula despertó sobresaltada. El viento chirriaba mis
teriosamente en las ventanas, balanceándolas, mientras
afuera, los ruidos fabricaban sus espantos. De pronto, por las
38
39
escaleras, María Angula oyó el crujir de unos
unos pasos que subían
pesadamente hacia su cuarto. Era un caminar trabajoso y
retumbante que se detuvo frente a su puerta. Pasó un minuto
eterno de silencio y luego, María Angula vio el resplandor
fosforecente de un hombre fantasmal. Un grito cavernoso y
prolongado la paralizó.
-t Maria Angula, devuélveme mis tripas y mi puzún que
te robaste de mi santa sepultura!
María Angula se incorporó horrorizada y, 'Conel miedo
saliéndole por los ojos, contempló como la puerta se abría
empujada lentamente por esa figura luminosa y descamada.
María Angula se quedó sin voz. Ahí, frente a ella, estaba el
difunto que avanzaba mostrándole su mueca rígida y su
vientre ahuecado:
-¡ María Angula, devuélveme mis tripas y mi puzún que
te robaste de mi santa sepultura!
Aterrada, para no verlo, se escondió bajo
bajo las cobijas, pero
en instantes sintió que unas manos frías y huesudas la
tomaban por sus piernas y la arrastraban, gritando:
-¡María Angula, devuélveme mis tripas y mi pUZLÍnque
te robaste de mi santa sepultura!
Cuando Manuel despertó, no encontró a su esposa, yaun
que la buscó por todas partes, jamás supo de ella.
40
Abad Alfau
y la calavera
República Dominicana
Dominicana
Recopilador:
Manuel de Jesús Troncoso de la Concha
Versión: Si/va Nolasco
Ilustrador: Aurelio Crisanty
ABAD ALFAU y LA CALA VERA
fue publicado por primera ve: en el libro N(JITdcionn
N(JITdcionn
dominicaNUde Manuel de Jesús Troncoso de la
Concha.
Sil~'aNolasco ha realizado la vrrsión que se
publica en este libro.
El ilustrador. Aurelio Cr¡santy. es un
reconocido pintor dominicano.
GLOSARIO
[Link]:olpe que se da de plano con la
espada.
Chafl4n: Cara resultante al cortar la
esquina de una casa por un plano.
Comidilla:Tema preferido
preferido en las murmuraciones.
CONsejos: [Link]. patrañas.
D~G culJrl4:Medida de la mano abierta y extendida
desde el extremo del pulgar al del meñique.
Gri,,",: Disgusto. horror que causa alguna cosa.
Re1MMO: MO"imientos rítmicos.
rítmicos. como de baile.
Toqu~d~AngellU:Toquedecampanasalahoraderezar~1
Angelus. a la calda de la tarde. Vara:Medida de
longitud equ;valenu a 83.6 centímetros.
42
asta más o menos el año de 1905, se veía en lo alto de la
pared que formaba en chaflán la esquina de la iglesia y con
vento de Santo Domingo con las calles del Estudio y de la
Universidad en la capital dominicana, un nicho vacío, el cual
desapareció, junto con la pared, al ser ésta derribada.
No siempre estuvo vacío
vacío ese nicho. Había dentro,
dentro, colocada
sobre un pequeño soporte de hierro, una calavera, visible
durante el día por gracia de la luz solar y de noche por la de
un faroli
farolito
to de aceite
aceite que colgaba
colgaba desde
desde lo alto y era
encendido siempre al toque del Angelus vespertino. Debajo,
como ex presiones salidas de boca de la calavera, se leía en
una tosca lápida en caracteres ordinarios, de color negro,
borrosos:
43
hacia delante o de un lado a otro, como diciendo... "Sí;
Sí" ... "No, No" ... visto lo cual, se dio a correr hasta llegar
llegar a
su morada.
La calavera, que ni merecía ya la mirada indiferente de
quienes pasaban, se convirtió, desde el día siguiente, en el
comentario de todos. Los prudentes no osaban siquiera aven-
o turar el pasar de noche por las proximidades del Convento y los
valerosos que a ello se atrevían, daban fe
f e de que la calavera se
movía diciendo ... "Sí, Sí" ...... "No, No", agregando que
meneaba las quijadas, que se reía con ruido como de casta
ñuelas y muchas otras consejas.
De día, la calavera permanecía quietecita. Por esto, el
encargado de encender o apagar el farolito hacía esta opera
ción en horas de la tarde o de la mañana. La cosa cosa era de
noche ...
Los que vivían por allí, para llegar hasta su casa, hacían un
rodeo con objeto de librarse de la vista de la calavera.
Ni siquiera osaban aproximarse las patrullas militares a esa
esquina de miedos.
Cierta noche, desafiando su propio temor, una de ellas
marchó en esa dirección, y cuando vio el meneo de la calavera
huyó despavorida sin parar hasta el mismo portón de la forta
leza.
Contaba Abad Alfau,
Alfau, entonces, diecinueve años y era sub
teniente del batallón que guarnecía la Plaza de Santo Do-
45
mingo. Se hallaba de servicio la noche en que la patrulla corrió
por temor a la calavera y su contrariedad fue muy grande. A la
siguiente noche supo que otra patrulla había hecho un rodeo
para evadir el maleficio de la esquina, y su contrariedad fue
mayor.
-¡ Se va a acabar esa música o no me llamo Abad Alfau!
-afirmó.
Al día siguiente se proveyó de una escalera de las denomi
nadas "de tijeras" y aguardó la noche. Más o menos a las
once, llevando en la
la diestra la espada, se encaminó al lugar que
era causa de los espantos,
espantos, acompañado de dos soldados.
Apenas se hallaban los tres a unas diez varas de la la calavera,
comenzó el remeneo.
-¡Pongan la escalera delante de la esquina! -ordenó antes de
que el miedo incapacitara a sus acompañantes.
Espada en mano, empezó a subir. A medi med ida que ganaba
cada peldaño, el movimiento de la calavera hacia delante
delante y los
lados se hacía más violento.
violento . Ya el subteniente acercándosele,
la calavera parecía querer girar sobre sí, mientras de su interior
salían unos chirridos agudos ... pero el joven oficial seguía
imperturbable. Ahora, tan cerca del nicho que podría alcan
zarlo con los dedos, apoyó con fuerza los pies en un peldaño
mientras se agarraba con la izquierda al más alto, echó atrás su
cuerpo y levantando la espada le asestó a la calavera dos
cintarazos que la hicieron dar varias vueltas.
46
47
y ahí se deshizo el mi
misterio; porque desde abajo salió un
ratón como de a cuarta, que del nicho saltó a la calle y se
perdió en la oscuridad de la noche, mientras Abad Alfau,
bajando, exclamaba:
exclamaba:
-¡Maldito bicho!
48
De la
marimonda
no se debe hablar
Colombia
50
uando volvía cabizbajo a su rancho, Jacinto se
encontró con la vieja Juana.
-Oíme, negrito -lo saludó la vieja- ¿y esa cara tan larga?
-Ay, seño Juana -suspiró Jacinto-. Hoy cuando fui a buscar
agüita para regar los naranjos, el río estaba seco. No bajaba
ni un chorrito y como hace rato que no llueve, pues no sé qué
voy a hacer.
-¿Seco el río? Mala seña, negrito,
negrito, mala seña -y la vieja
meneó la cabeza como si presintiera calamidades.
-¿ Yeso, seño?
-Pues ve, negrito. Vos sos muy joven y no sabés nada nada.. Pero
yo
te digo, si el río se secó, es porque ella va a venir y entonces
.,. [pobre del que se la tope!
-¿Pobre del que se la tope? ¿De quién habla usted, seño?
Jacinto estaba muy asustado.
-Pues de la marimonda,
marimonda, negro
negro,, la mismísima marimonda.
No me hagás hablar; no se puede, se me hielan los huesos ...
Tené cuidado. Vos sos un buen muchacho, Jacinto, Jacinto , y no
como otros, no como ese Runcho. -y apresuradamente la
vieja siguió su camino.
Jacinto sintió un escalofrío que le corría por la espalda.
Se acordó entonces del Runcho Rincón. Hacía mucho
tiempo ya que este hombre tumbaba árboles de la cabecera
del río, allá
51
52
arriba en el monte. Cuando los campesinos se dieron cuenta, le
preguntaron por qué lo hacía y él explicó que unos señores
del aserrío le pagaban por cada árbol cortado. Serafín, el
hombre más viejo del pueblo, le advirtió:
-Mirá, Runcho, no te metás a dañar el monte. Eso es peli
groso, puede venir la marimonda.
Mas el Runcho no hizo caso y siguió destrozando cuanto
árbol encontraba. Al poco tiempo, los campesinos notaron
que el río bajaba con menos agua,
agua, y que en el monte se oían
con menos frecuencia los gritos de los loros y los cantos de
los mirlos.
Camino al rancho, Jacinto siguió pensando qué haría con
sus naranjitos recién sembrados y sin agua para regarlos. Ya
oscurecía, y por detrás del monte se veía salir una luna
redonda y amarilla. Tan preocupado estaba, que no se dio
cuenta
cuen ta del albo
alboroto
roto que armó su perro Canijo al verlo verlo..
inquieto: gruñía y
Pronto observó que el animal estaba muy inquieto:
ladraba, daba vueltas alrededor de su amo y le mordía el
pantalón tratando de guiarlo hacia el camino que llevaba al
monte. Jacinto sintió la angustia de Canijo y decidió
seguirlo.. Después de echarse la bendición
seguirlo bendición varias veces,
subió por el camino detrás del perro, que no dejaba de
ladrar y gruñir.
Al rato, oyó un ruido: ... Juiss, juiss, silbaba un machete
al derribar
derribar higu
higueril
erillas,
las, zarza
zarzass y helechos. Desde lejos,
Jacinto vio al Runcho Rincón quien, aprovechando la
oscuridad, abría
53
una trocha hasta el sitio donde crecían unos enormes samanes
que deseaba cortar. El viento hacíahacía crujir las ramas de los
árboles; parecía que lloraran.
Súbitamente, una nube escondió la luna y Jacinto no vio
nada más. Canijo se detuvo y dejó de oírse el ruido del machete
y de las ramas. La oscuridad y el silencio
silencio llenaron el monte, y
un resplandor luminoso surgió entreentre la espesura.
El Runcho, como hipnotizado, dejó caer el machete y se
levantó con los ojos fijos en el resplandor, el cual poco a poco,
fue tomando la figura de una hermosa mujer. Su pelo largo y
oscuro caía sobre sus hombros
hombros y le cubría todo el cuerpo. Sus
ojos grandes
grandes y negrísimos echaban chispas de fuego y sus
labios se curvaban en feroz sonrisa. Una voz repetía: "Yen ...
ven ... ven ... "
Jacinto quiso gritar pero el miedo no lo dejaba. Despavo
rido, vio al Runcho avanzar hacia la mujer con las manos
extendidas como queriendo abrazarla, mientras la voz insistía:
"Yen ... ven ... ven ... "
Tan pronto el Runcho tocó a la mujer, ésta soltó una aguda
carcajada que retumbó
retumbó en el silencio de la noche.
noche. Rápida como
un rayo sacudió la cabeza y al instante su larguísimo pelo se
convirtió en espeso musgo gris y gruesos bejucos que, que , como
serpientes, se enrollaron alrededor del cuello, los brazos y las
piernas del hombre.
Jacinto cerró los ojos. Su corazón golpeaba desaforada-
54
55
mente y sus piernas parecían haberse clavado en la tierra. Al
cabo de unos instantes,
instantes, oyó de nuevo los ladridos furiosos de
Canijo y sintió el crujir de las ramas agitadas por el viento.
Abrió los ojos y se acercó al Runcho. Estaba muerto. Un
bejuco le apretaba el cuello y a su lado se extendía un
sendero de musgo gris que se perdía entre los matorrales. A
lo lejos, escuchó el agua del río que volvía acorrer.
Jacinto nunca dijo nada. De la marimonda no se debe
hablar.
56
La sombra negra
y el gaucho
valiente
Argentina
59
60
Nadie contestó,
contestó,
Golpe
Golpear
aron
on la pu
puert
ertaa varias
varias veces. y nada. Todo era
silencio. Empujaron,
Empujaron, por las dudas, y la puerta cedió. cedió.
Entonces deci dieron entrar, no sin temor, por supuesto.
supuesto.
Aquello era muy extraño
extraño.. Una casa tan linda y abandonada.
Pero así no más. Nadíe respon dió a sus repetidos llamados
respond
y, después de recorrerlo todo, comprobaron que el palacio
estaba deshabitado
deshabitado,,
-Estamos de suerte -dijo Eloy-, pasaremos aquí la noche.
Salieron luego a buscar algo para comer y encontraron junto
al pala cio una granja donde había toda clase de aves de corral
palacio
y otras corn idas
idas..
Comieron hasta hartarse Y. cuando se disponían a
dormir, una gran sombra negra, con aparente forma humana,
apareció sobre el mesón.
mesón.
-¡ Dadme de comer!- gritó la sombra, con voz tan imperativa y
ronca que les hizo helar la sangre.
A Miguel le castañeteaban los dientes del susto, pero Eloy
se repuso y contestó:
-¡ A cocinar, si quieres comer!
Pero a la sombra negra no le gustó nada tal respuesta y
atacó violentamente a Eloy, como sí quisiera comérselo.
comérselo. El
gaucho la esquivó y como una luz sacó su puñal. puñal. En tanto,
Miguel corrió a esconderse en el dormitorio.
dormitorio. EJoy peleaba
con gran destreza; una y otra vez hundía su puñal en la
sombra. sin ningún resultado.
resultado. La sombra no cedía;cedía; sólo
un ruido seco
61
respondió a cada puñalada. Y así JIegó la medianoche.
De pronto.
pronto. con un rápido movimiento, la sombra alcanzó
el brazo derecho de Eloy y se lo dejó paralizado.
paralizado. Después
desa pareció. Miguel, blanco bla nco de terror, salió de su
escondite,
-Si regresa tienes que ayudarme- dijo Eloy, enojado.
MigueJ le respondió que lo mejor era alejarse de ese lugar.
Pero E10y insistió en quedarse.
Al día siguiente no pasó nada, pero, al Jlegar la noche,
apareció la sombra negra. pidiendo
pidiendo comida con su voz horri
ble.
-¡A cocinar si quieres corner!- respondió otra vez Eloy.
y nuevamente se trabaron en lucha, en tanto Migue!
se escondía debajo de la cama. cama. Con su brazo izquierdo,
EJoy tiraba puñalada tras puña lada contra la sombra; pero era
puñalada
inútil. No podía vencerla.
-j Ayúdame: -le gritaba a Miguel.
62
y Eloy quedó completamente paralizado.
Cuando desapareció la sombra, viendo a su amigo inmóvil,
Miguel se arrepintió de su cobardía y decidió salir a pedir
ayuda. Tres días cabalgó sintiendo a la sombra negra que
lo
,
perseguí
per seguía:
a:
-¡Espérame! ¡Espérame! -creía oír detrás suyo. Y luego:
-Agradece que tienes una mula negra, pero no escaparás.
¡No escapar.ís!
Miguel no se detuvo hasta llegar a su pago y acercarse a
la
iglesia. Contó su aventura al cura y pronto se reunieron
varios gauchos que, guiados por Miguel. emprendieron la
marcha hacia el palacio.
Una vez allí, esperaron la llegada de la noche.
A medianoche en punto, detrás del mesón surgió la
sombra negra con ronca voz:
-¡Dadme de comer!
Los gauchos rodearon a la sombra mientras
gauchos rodearon sentían un
mientras sentían
frío de hielo correrles por la espalda. El cura se adelantó.
Los hombres casi ni respiraban. E] cura le echó el agua bendita
y la sombra reventó.
Una densa columna de humo bJanco bJanco se elevó. El cura
dijo que esa era el alma del dueño de la sombra negra que
subía al ciclo a descansar en gracia de Dios.
Dios.
y Eloy, el gaucho valiente. pudo moverse como antes.
Yo no lo vi, pero aseguran que es verdad.
64
El pozo de Jacinto
Puerto Rico
• ' .
Habana,
Cuba, en 19S(J y estudió Arquitectura en la Universidad
de P{luto Rico. Actualmmte se desempeña como
ilustrador de Ediciones Huracán. S" obra gráfica ha sido
expuesta internacionalmente y ha recibido varios
premios en Puerto Rico.
GLOSARlO
Hoyanco: Hoyo.
Ma/lllna/ioso
Ma/lllna/ioso:: Bribón.
MoruUo: Movimiento
Movimiento de las olas que levanta
• el viento en la borrasca.
R,splradn-o: Abert,,,a por donde entra y sal« el aire,
TosttlJ':Zurrar.
66
L a abuela se lo tiene advertido al nieto: para la playa de
Jobos no va ni irá mientras ella tenga fuerzas en los riñones.
Y
si lo tiene que tostar
tostar nuevamente por desobediente, lo
tuesta.
-Los muchachos no saben del peligro -munnura la abuela.
No son las corrientes traicioneras que se han tragado a
más de uno. Peor que esas aguas turbulentas, peor que los
munnu llos borrascosos son los peñascos erizados en la
orilla. Los respirader
respiraderos
os por donde revi
revientan impetuosos
chorros vertica les que rebasan los picachos para alfombrar
de gruesa espuma la arena más cercana.
De todos los respiraderos, es el Pozo de Jacinto el que
más espanta a la abuela.
Quién fue Jacinto, eso nadie parece saberlo. Muchos
han querido inventar historias que expliquen, si no su
vida, al menos las circunstancias de su muerte. Unos dicen
que fue un pillo malamañoso que tenía que parar como paró.
Otros dicen que fue un loco incurable que deambulaba por
la playa rega lando cocos y pidiendo comida
comida..
, . '?
Y ... ¿co mo mun o .
respuestas, pero lo que sí
La abuela no tiene todas las respuestas,
cree saber es que Jacinto, aprovechando la cerrada
oscuridad de una noche, echó mano de una de las vacas que
pastaban a cierta distancia de la playa. La ar arra
rast
stro
ro
apresurado, sin darse cuenta
67
....
.... oól'
por donde iba, tropezó con los chichones afilados de una peña,
perdió el balance y se precipitó por la profunda grieta del
respiradero.
Algunos vecinos del lugar creyeron escuchar esa noche un
sobrecogedor alarido.
Al día siguiente habían desaparecido Jacinto y la vaca.
Pasó algún tiempo sin que nadie se atreviera a hablar del
trágico accidente, hasta la noche en que unos niños se escu
rrieron sigilosos hasta el respiradero. Allí comenzaron a dar
voces que más parecían burlas, en dirección a la boca rumo
rosa y hueca de la roca:
[Jacinto, la vaca!
[Jacinto, la vaca!
¡Jacinto, la vaca!
[Jacinto, la vaca!
69
Así gritan más y más curiosos que se allegan al Pozo de
Jacinto. Todos van de día claro.
claro. La abuela asegura que muy
pocos son los que se atreven a correr el riesgo de noche. Lo que
la pobre vieja ignora es que su nieto temerario, desde hace
rato, propone a sus amigos bajar juntos una noche al fondo del
pozo.
70
El entierro
Perú
(1 •
.
.
).
73
1.1
Ildefonsa, y de un perrito negro de nombre Salguerito. El
perro fue el que pagó el pato, porque el fantasma de la casa
hizo de las suyas con con él: le tiraba de la cola, de las
orejas, y lo empujaba.
empujaba. Ya durmiera
durmiera dentro o fuera,
fuera, a
medianoche Salgue rito se ponía a aullar de manera que daba
miedo. Se le arqueaba el lomo, se le erizaban los pelos y le
fosforecían los ojos de susto. Sólo en la cocina dormía
tranquilo, al pie del-
del- batán.
batán.
La gente iba a curiosear cómo era la costurerita y a
averiguar
cómo les iba con la casa embrujada. Las dos mujeres
no demostraban estar asustadas ni se daban por vencidas.
vencidas.
Tenían que dormir con el lamparín encendido y el perro en la
cocina.
El fantasma se cansó de mortificar al perro, pero empezó
a dejar sus huellas
huellas por
por el taller: el espejo se ladeaba sin que
nadie lo tocara, la máquina de coser empezaba a coser, se
caían los carretes del carretel y rodaban por el piso. Se
perdían las tijeras, el alfiletero, el dedal o el ojalador. Se
sentía la presen cia de una persona que las seguía a todas
partes y a veces se empañaba el espejo como si alguien se
estuviera mirando muy cerca de él.
Varias veces había pasado por la casa el cura llevando
agua bendita; pero el vasito con el agua bendita aparecía
misterio samente volteado.
-No es asunto del diablo -aclaró el cura-. Los asuntos
del
diablo se manifiestan de otra manera y terminan con el
agua bendita, con invocaciones o con la Santa Misa.
75
Las mujeres se sintieron más tranquilas.
-Debe haber más bien un entierro, dinero o joyas guardadas
en alguna parte. Posiblemente un alma en pena quiera mani mani
festarles el lugar donde se encuentra el tesoro, para alcanzar la
paz y hay que ayudarla, -sentenció el cura.
Había en ese tiempo por los lados de Huaraz un hombre
buscador de tesoros muy conocido llamado Florián. Era fa
moso y tenía un gran historial en estos menesteres.
Lo llamaron muy en secreto y llegó un día sin que nadie
lo supiera,
Florián entró a la casa con rezos y súplicas, masticando
coca, fumando cigarrillos y quemando incienso:
-Alma bendita, sabemos que estás aquí y nos oyes, si
quieres entrar en el reino de la paz avísanos donde está el
entierro. Usa las señales que quieras pero comunícate con
nosotros.
El hombre iba de rincón en rincón repitiendo lo mismo.
Salguerito miraba a Florián, ladraba y luego se iba a echar a
la cocina al pie del batán.
Florián estuvo dos años enteros buscando el tesoro. En
cada
movimiento de luna se presentaba sin hallar ninguna res
puesta. Había removido el piso de toda la casa, golpeado las
paredes, revisado las ventanas y nada. Salguerito siempre lo
miraba, ladraba y corría a la cocina a echarse al pie del
batán. Un día,
día, Florián, se marchó diciendo que en esa casa
no había entierro alguno.
76
17
Sin embargo, un domingo mientras lldefonsa molía maíz
en el batán de la cocina para hacer humitas, sus pies fueron a
dar a una especie de asa enterrada.
Intrigada, la mujer fue escarbando y escarbando con un
cuchillo hasta que apareció no sólo el asa completa sino el
borde de una olla de fierro.
Era precisamente el sitio donde solía acurrucarse
Salguerito mientras dormía y donde se echaba cuando
Florián buscaba el entierro.
entierro.
Ildefonsa corrió sorprendida a llamar a la costurera:
~ira, -le dijo- hay una olla enterrada al pie del batán.
Las dos mujeres movieron el batán y j zas! apareció el
tesoro: una olla repleta de monedas antiguas de oro y plata,
joyas y piedras preciosas de los tiempos coloniales. Estaba
ahí no más, a flor de tierra junto a la piedra de moler .
Dicen que a medianoche la costurera e Ildefonsa, echando
la bendición a la casa, salieron de la ciudad no sólo
llevándose el tesoro encontrado sino también a Salguerito,
el perrito acha coso, que les dio la señal precisa de donde
se encontraba el entierro.
Nunca más se supo de ellos.
ellos.
78
Los dos
monteadores y
la Sayona
Venezuela
el .
.
80
....._. os monteadores salieron una tarde del pueblo para
..
adentrarse
adentrarse en la montaña.
montaña. Llevaban
Llevaban comida
comida para varios días.
días.
Caminaron toda esa tarde y cuando cayó .la noche hicieron
fuego y guindaron sus chinchorros de dos árboles en el
monte tupido.
y ahí, mientras se calentaba la comida, uno se puso a
recordar a su novia: lo linda que era, qué negros tenía los
ojos y la voz suavecita, como la piel de su cara y de su
cuello...
-No hable de
de mujeres,
mujeres, compadre. ¿No ve ve que estamos en un
centro de montaña?
-¿Yeso?
-Es que no debe hablarse de mujeres en un centro de
montaña.
-No estoy hablando de mujeres. Estaba recordando a mi
novia.
-Lo mismo da. Igual se nos puede aparecer
aparecer la Sayona.
Sayona.
Nada más nombrarla sintieron un silbido del lado de la
quebrada. Y unas pisadas. El fuego comenzó a chisporrotear
como si le hubiera caído aceite y los dos monteadores queda
ron sin habla sintiendo
sintiendo aquella oscuridad,
oscuridad, escuchando ese
silbido y mirando sin ver hasta que una luz se vino hacia
ellos, como flotando, y ya cerca esa luz era una muchacha
linda de ojos brillantes que venía sonriendo y caminando
así, con una gracia.
81
-Buenas noches.
y sin esperar a que le respondieran se sentó al lado de
ellos siempre sonriendo.
sonriendo. Comenzó a tomar trozos de
casabe con unos dedos largos y blancos y en cuanto se los
echaba a la boca los escupía al suelo.
-La Sayona -dijo uno de los monteadores con un hilito de voz
y ella lo escuchó, claro, pero no dijo nada.
Pero el otro, el deja novia, la miraba embobado. Se
parecía a su novia, los ojos tan lindos y esa sonrisa ... y
cuando ya fue la hora de irse a dormir le dio espacio en su
chinchorro, que era de los grandes, mientras su compadre
apagaba la lámpara y se acostaba en el otro, así, guindado
más bajo.
y entonces todo estuvo oscuro. Porque no había luna y
sólo
ólo se escuchaban los ruidos de la montaña. y el
compadre no supo si se durmió. Lo que sí fue cierto es que
tarde en la noche sintió unas gotas que caían al suelo. Una
tras otra, parejitas. "Tac, tac, tac", como el final de una
lluvia en las hojas, pero más pesadas. Sacó la mano. Una
gota cayó, caliente, espesa y peg pegajo
ajosa.
sa. Tembla
Temblando
ndo,,
encendió la lámpara y se asomó al chinchorro que estaba
guindado alto. Ahí estaba su compadre
compadre,, ido en sangre,
sangre,
desgonzado y con los ojos blancos viendo al cielo. Pero
apenas pudo verlo, porque del mismo chinchorro salió la
mano huesuda y el rostro de una calavera con unos ojos que
llama de candela. Y la Sayona se le vino encima.
eran una llama
Botó la lámpara y corrió. Se vino por esas montañas, en
lo
82
83
oscuro, con la Sayona brincando atrás, silbando su silbido
de muerte y echando candela por los ojos. Y cuando ya
parecía que lo iba a agarrar, cuando ya sentía su aliento
agua. y ahí se tiró,
caliente en el pescuezo, vio un caño de agua.
en medio del arenal, con los brazos abiertos en cruz.
La Sayona se quedó parada, silbando y resoplando.
-Vente, vente, vente -silbaba la Sayona,
Yel hombre volteó la mirada y tartamudeó un rezo.
-Vente, vente, vente -repetía la Sayona con su voz hueca
de calavera.
y esa voz horripilante lo halaba. El rezo se le secó en
los labios y aunque estaba en cruz, pareció que la Sayona
iba a brincarle encima, pero entonces, justo en ese
momento,can taron los gallos.
y la Sayona se volvió como de agua, primero y después
de aire y su silbido se apagó y ya no estaba más.
84
El barco negro
Nicaragua
Versión: Pablo
Versión: Pablo Antonio
A ntonio Cuadra
Ilustrador : Ráger Pérez de la Rocha
Ilustrador:
EL BARCO NEGRO
fue contado por un mujer del pueblo de Zapatera a Pablo
Antonio Cuadra en /930. Existen otras verstones de este
relato en otros si
s itios de Nicaragua.
Pablo Antonio Cuadra nació en Managlla en /912. Tiene
una vasta obra en verso, ha sido director de "arias
publicaciones
publicacion es y es uno de los autores nicaragüenses más
conocidos. Este cuento fue publicado por primera "el t'tI
Sil libro Esos rostros que 4S0nUln en la mu/lilud.
El ilustrador, Rógtr Phn. de la RbcIIO, nació en
Managua en 1949. Ha estudiado en Nicaragua. México y
F.. s
s. paña y ha ilustrado varios libros de
poesia,
GLOSARIO
C,nkn'os: Moneda americana de bronce. cobre o níquel
Chanehos: Cerdos. cochinos,
Tapesco: Cama tosca de madera o de carrizo colocada
sobre cuatro palos.
Toboba: Especie de vibora.
86
uentan que hace mucho
mucho tiempo,
tiempo, ¡tiempales
¡tiempales hace!
hace! cru
zaba una lancha de Granada a San Carlos y cuando viraba de la
Isla Redonda le hicieron señas con una sábana.
Cuando los de la lancha bajaron a tierra sólo ayes oyeron.
Las dos familias que vivían en la isla, desde los viejos hasta las
criaturas, se estaban muriendo envenenadas.
envenenadas. Se habían co
mido una res muerta picada de toboba.
-¡Llévennos a Granada': -les dijeron. Y el capitán preguntó:
-¿Quién paga el viaje?
-No tenemos centavos- dijeron los envenenados- pero p~ga-
mos con leña, pagamos con plátanos.
-¿Quién corta la leña? ¿Quién corta los plátanos? -dijeron los
marineros.
-Llevo un viaje de chanchos a Los Chiles y si me entretengo
se
me mueren sofocados,
sofocados, -dijo el capitán.
capitán.
-Pero nosotros somos gentes, -dijeron
-dijeron los moribundos.
-También nosotros, -contestaron los lancheros-. Con esto
nos ganamos la vida.
-¡Pordiosito!- gritó entonces el más viejo de la isla-. ¿No
ven que si nos dejan nos dan la muerte?
-Tenemos compromiso, -dijo el capitán. Y se volvió con los
marineros y ni porque estaban retorciéndose tuvieron
lástima. Ahí los dejaron. Pero la abuela se levantó del
tapesco ya como
87
le dio la voz les echó la maldición:
-jA como se les cerró el corazón se les cierre el lago!
La lancha se fue. Cogió altura buscando San Carlos y
desde entonces perdió tierra. Esocuentan.
Esocuentan. Ya no vieron
nunca tierra. Ni los cerros ven, ni las estrellas. Tienen años,
dicen que tienen siglos de andar perdidos
perdidos. Ya el barco está
negro, ya tiene las velas podridas y las jarcias rotas. Mucha
gente del lago los ha visto. Se topan en las aguas altas con
el barco negro, y los marinos barbudos y andrajosos les
gritan:
-¿Dónde queda San Jorge?
-¿Dónde queda Granada?
... Pero el viento se los lleva y no ven tierra. Están
malditos.
89
Contenido
PRESENTACION 6
Guatemala
LAS LAGRIMAS DEL SOMBRERON 9
Brasil
CAIPORA,
CAIPORA, EL PADREMONTE 17
Mé x
xico
ico
LA MULATA DE CORDOBA 25
Ecuador
MARIA ANGULA 33
República Domi
Dominnicana
ABAD ALFAU y LA CALAVERA 41
Colombia
DE LA MARIMONDA NO SE DEBE HABLAR ... 49
Argentina
LA SOMBRA NEGRA y EL GA GAUCHO VALIENTE 57
Puerto Rico
EL POZO DE JACINTO 65
Perú
EL ENTIERRO 71
Vene z
zuuela
LOS DOS MONTEADORES Y LA SAYONA ........ 79
Nicaragua
EL BARCO NEGRO 85
El programa de Coedición Latinoamericana, promovido
por el Centro Regional para el Fomento del Libro en Amé
rica Latina y el Caribe, CERLALC, y la División de Fo
mento del Libro de la Unesco, agrupa a editoriales privadas
y estatales de países
países latinoamericanos,
latinoamericanos, con el fin de difun
dir la literatura infantil propia de nuestro entorno y de ha
cer más asequibles los libros, por medio del sistema de
coedición que permite al conjunto de empresas compro
metidas tomar en grupo todas las decisiones sobre cada uno
de los pasos del proceso editorial, al tiempo que posibilita
repartir entre todos los participantes los costos de- de - pro
ducción y obtener un producto de alta calidad a bajo
precio.
COEDICION LATINOAMERICANA
CUENTOS,
CUENTOS, MITOS Y LEYENDAS
PARA NIÑOS DE AMÉRICA LATINA
CUENTOS PICARESCOS
PARA NIÑOS DE AMÉRICA LATINA
CUENTOS DE ESPANTOS Y APARECIDOS
CUENTOS yLEYENDAS DE AMOR
PARA NIÑOS
LEYENDAS Y CUENTOS
DE ANIMALES FANTASTICOS
Coedicián Latinoamericana ..
..
~
Editora Arica
CIOCLI
Ediciones Ekare-Banco del Libro
Ediciones Huracán Editorial
Norma
Editorial Nueva Nicaragua
Promoción Editorial Inca, S.A.
Editorial
Editorial Piedra Santa
Editorial PJus-Ultr.l Subsecretaria
de Cultura-del Ecuador Editora Taller