0% encontró este documento útil (0 votos)
489 vistas3 páginas

Poema "Afecto" de Sor Josefa del Castillo

Este poema expresa el arrepentimiento de un alma pecadora que busca el perdón de Dios. En la primera estrofa, el alma se compara con un ciervo sediento que busca la fuente de la salvación. En la segunda estrofa, el alma reconoce haber ofendido a Dios como una oveja descarriada pero que ahora busca reducirse a Él. En la tercera estrofa, el alma le pide a Dios que no permita que sus pasiones destruyan su amor y que no salga más del rebaño de Crist
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
489 vistas3 páginas

Poema "Afecto" de Sor Josefa del Castillo

Este poema expresa el arrepentimiento de un alma pecadora que busca el perdón de Dios. En la primera estrofa, el alma se compara con un ciervo sediento que busca la fuente de la salvación. En la segunda estrofa, el alma reconoce haber ofendido a Dios como una oveja descarriada pero que ahora busca reducirse a Él. En la tercera estrofa, el alma le pide a Dios que no permita que sus pasiones destruyan su amor y que no salga más del rebaño de Crist
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

POEMA AFECTO 46 DE MARÍA F.

JOSEFA DEL CASTILLO He de hacer mi camino,


Con tan ligeros pasos,
Deliquios del Divino Amor en el corazón de la criatura Que iguale al cervatillo.
y en las agonías del Huerto. Mas, ¡ay! Dios, que mi amado
Al huerto ha descendido,
El habla delicada Y como árbol de mirra
del Amante que estimo, Suda el licor más primo.
miel y leche destila
entre rosas y lirios. De bálsamo es mi amado,
Su meliflua palabra Apretado racimo
corta como rocío, De las viñas de Engadi,
y con ella florece El amor le ha cogido.
el corazón marchito. De su cabeza el pelo,
Tan suave se introduce Aunque ella es oro fino,
su delicado silbo, Difusamente baja
que duda el corazón De penas a un abismo.
si es el corazón mismo. El rigor de la noche
Tan eficaz persuade, Le da el color sombrío,
que, cual fuego encendido, Y gotas de su hielo
derrite como cera Le llenan de rocío.
los montes y los riscos. ¿Quién pudo hacer, ¡ay! Cielo,
Tan fuerte y tan sonoro Temer a mi querido?
es su aliento divino, Que huye el aliento y queda
que resucita muertos En un mortal deliquio.
y despierta dormidos Rojas las azucenas
De sus labios divinos,
Tan dulce y tan suave Mirra amarga destilan
se percibe al oído En su color marchitos.
que alegra de los huesos
aun lo más escondido.
Al monte de la mirra
Húye, aquilo, ven austro, POEMA de Sor Josefa del Castillo
Sópla en el huerto mío,
las eras de la flores
Den su olor escogido. De la salud la fuente,
Sópla más favorable, coronada de juncos punzadores,
Amado ventecillo, un corazón ardiente
Den su olor las aromas, buscaba triste y lleno de dolores,
Las rosas y los lirios. y hablando con la cruz, que atento mira,
Mas ay! que si sus luces así gime, así llora, así suspira:
De fuego y llamas hizo,
Hará dejar su aliento ¡Señor, yo soy el ciervo
El corazón herido. que tan sediento buscó esos raudales;
si te ofendí protervo,
ya busco arrepentido de mis males,
y no me he de apartar de tu presencia
sin favor, sin perdón, y sin clemencia!
En esa cruz clavado
arco de paz te hicieron tus finezas,
y pues, enamorado,
así encender pretendes las tibiezas;
que se abrasen las mías, hoy te ruego,
con tu luz, con tu llama, con tu fuego.

El Dios de las venganzas,


un tiempo los profetas te llamaron;
mas ya mis esperanzas
desde que hombre te hiciste mejoraron,
pues Dios de amor, te mira en prisiones
sin arco, sin saetas, sin arpones.
Ya se acabó la guerra, Por sustentarme echaste
no más pecar, Señor, no más, te ofrezco; el sello de tu amor en una oblea;
vea el cielo y la tierra tu sangre derramaste,
que aunque el perdón que pido no merezco, queriendo que a mi sed bebida sea.
me lo da tu bondad; y en tanta gloria No permitas malogren mis furores
la corona, la palma, la victoria. tus finezas, tus ansias, tus amores.

A mi Padre he enojado Yo cometí el pecado


por las culpas que ingrata he cometido; cual oveja voraz, la más perdida,
la llaga del costado y tuve olvidado
me la puedes mostrar, amante herido, en los pastos del mundo divertida;
que con su vista no has de ser, espero, pero tú, reducirme a ti procuras,
tremendo, rigoroso, justiciero. con ruegos, con piedades, con dulzuras.

Y de tu Madre Santa Pastor y pasto mío,


mira los limpios pechos, mi sagrado; que me has buscado, sin ahorrar rigores
¿qué daré en dicha tanta, del invierno en el frío,
sabiendo ya por quien me ha perdonado? y del verano ardiente en los ardores;
Pues se acaban (poniendo allí los ojos) no salga yo otra vez, para mi daño,
las iras, los rigores, los enojos. del redil, del aprisco, del rebaño.

POEMA AFECTO 46 DE MARÍA F. JOSEFA DEL CASTILLO 
 
Deliquios del Divino Amor en el corazón de la criatura 
y en las agonías d
Húye, aquilo, ven austro, 
Sópla en el huerto mío, 
las eras de la flores 
Den su olor escogido. 
Sópla más favorable, 
Amado
Ya se acabó la guerra, 
no más pecar, Señor, no más, te ofrezco; 
vea el cielo y la tierra 
que aunque el perdón que pido no

También podría gustarte