Peligros Volcánicos de Chile
Peligros Volcánicos de Chile
Luis E. Lara P.
Gabriel Orozco L.
TERRITORIO CHILENO Álvaro Amigo R.
ANTÁRTICO Carolina Silva P.
90° 53°
S E R I E G E O L O G Í A A M B I E N TA L
No. 1 Respuesta Sísmica de la Cuenca de Santiago, Región Metropolitana de Santiago. 2003. J.C. Fernández. 1 mapa escala
1:100.000.
No. 2 Peligro de Remociones en Masa e Inundaciones de la Cuenca de Santiago, Región Metropolitana de Santiago. 2003. J.L.
Antinao, J.C. Fernández, J.A. Naranjo, P. Villarroel. 1 mapa escala 1:100.000.
No. 3 Rocas y Minerales Industriales de la Cuenca de Santiago, Región Metropolitana de Santiago. 2003. J.L. Antinao. 1 mapa
escala 1:100.000.
No. 4 Vulnerabilidad a la Contaminación de los Acuíferos de la Cuenca de Santiago, Región Metropolitana de Santiago. 2003. S.
Iriarte. 1 mapa escala 1:100.000.
No. 5 Geología para el Ordenamiento Territorial: Cuenca de Santiago, Región Metropolitana de Santiago. 2003. J.L. Antinao, J.C.
Fernández, S. Iriarte. 1 mapa escala 1:100.000.
No. 6 Geología para el Ordenamiento Territorial: Área de Osorno, Región de Los Lagos. 2003. Y. Pérez, J. Milovic, R. Troncoso, J.
Hanisch, F. Helms, M. Toloczyki. Texto y 6 mapas escala 1:100.000.
No. 7 Mapa de Peligros del Volcán Llaima, Región de La Araucanía. 2003. H. Moreno, J.A. Naranjo. 1 mapa escala 1:75.000.
No. 8 Geología para el ordenamiento territorial: Área de Valdivia, Región de Los Lagos. 2005. M. Arenas, C. Jara, J. Milovic, Y.
Pérez D., R. Troncoso; J. Behlau, J. Hanisch, F. Helms 7 mapas, escala 1:100.000 y 1:25.000.
No. 9 Peligros del Complejo Volcánico Mocho-Choshuenco: Región de Los Lagos. H. Moreno, J. Naranjo. 1 mapa escala 1:50.000.
No. 10 Peligros del Complejo Volcánico Taapaca, Región de Arica y Parinacota. J. Clavero, Escala 1:50.000.
No. 11 Geología para el ordenamiento territorial del Área de Temuco, Región de La Araucanía. 2007. R. Troncoso, M. Arenas, C.
Jara, J. Milovic, Y. Pérez D. Texto y 6 mapas, escala 1:100.000.
No. 12 Microzonificación sísmica de la ciudad de Concepción, Región del Biobío. 2010. J. Vivallos, P. Ramírez y A. Fonseca. 1 mapa
escala 1:20.000.
P E L I G R O S VO L C Á N I C O S
D E C H I L E
Luis E. Lara P.
Gabriel Orozco L.
Álvaro Amigo R.
Carolina Silva P.
2011
©Servicio Nacional de Geología y Minería, Avda. Santa María 0104, Casilla 10465, Santiago, Chile.
Director Nacional: Enrique Valdivieso V.
Subdirector Nacional de Geología (S): Waldo Vivallo S.
Derechos reservados. Prohibida su reproducción.
Referencia bibliográfica:
Lara, L.E.; Orozco, G.; Amigo, A.; Silva, C. 2011. Peligros Volcánicos de Chile. Servicio Nacional de Geología y Minería,
Carta Geológica de Chile, Serie Geología Ambiental 13: 34 p., 1 mapa escala 1:2.000.000. Santiago.
Portada: Carta de la costa de Chiloé realizada en 1644 por Alonso de Ovalle S.J. (1603-1651). Esta es una de las
primeras representaciones del territorio que reconoce la presencia de volcanes activos.
Resumen................................................................................................................................................... 5
Abstract................................................................................................................................................. 5
Introducción......................................................................................................................................... 5
DEFINICIONES GENERALES.................................................................................................................... 6
VOLCANES ACTIVOS DE CHILE............................................................................................................... 8
ERUPCIONES HISTÓRICAS Y SU IMPACTO........................................................................................... 8
RIESGO VOLCÁNICO ESPECÍFICO ASOCIADO A LOS VOLCANES ACTIVOS..................................... 11
ZONIFICACIÓN DEL PELIGRO VOLCÁNICO A ESCALA NACIONAL...................................................... 14
Caída de piroclastos: área de impacto proximal y distal............................................. 15
Lavas, lahares, flujos piroclásticos y avalanchas volcánicas: área de impac-
to proximal....................................................................................................................................... 15
CONCLUSIONES........................................................................................................................................ 16
Agradecimientos................................................................................................................................. 17
Referencias........................................................................................................................................... 17
fIGURAS
tablas
Anexos ................................................................................................................................................. 21
I. Antecedentes metodológicos................................................................................................. 23
RESUMEN
El territorio continental de Chile posee 95 volcanes geológicamente activos, esto es, que presentan evidencias geo-
lógicas de actividad eruptiva en los últimos 10.000 años o que, sin certeza de lo anterior, presentan signos medibles de
actividad, tales como desgasificación pasiva, microsismicidad o deformación de la superficie. Entre los volcanes activos se
incluye tanto estratovolcanes individuales como centros compuestos o distribuidos e incluso grupos de conos monogénicos,
que para este análisis se consideran una sola entidad. De acuerdo a los registros históricos, 61 de estos volcanes han
generado más de 400 eventos volcánicos de diferente magnitud en los últimos 5 siglos y podrían reactivarse a corto plazo.
Una evaluación objetiva del peligro volcánico a escala nacional se presenta en un mapa de síntesis escala 1:2.000.000.
Esta representación ha sido construida considerando dos grupos principales de procesos: (1) lavas, lahares y flujos
piroclásticos en el área proximal y media y (2) dispersión y caída de piroclastos tanto en el área proximal como media y
distal. Para cada grupo se ha utilizado una metodología semi cuantitativa que permitió sistematizar el análisis. El peligro
en las áreas proximales fue calculado considerando la movilidad esperada de cada tipo de flujo utilizando la razón H/L
que mejor reproduce los datos de campo. Un radio externo de 30 km representa el límite máximo de los flujos laháricos
y piroclásticos de mayor movilidad asociados a erupciones de alta magnitud en los estratovolcanes. Por otra parte, la
dispersión y caída de piroclastos fue modelada considerando el escenario eruptivo moderado a alto para cada volcán de
acuerdo a un conjunto acotado de erupciones tipo. A partir de esa definición, los parámetros eruptivos fueron usados para
extraer la isópaca de 1 cm correspondiente a cada erupción tipo seleccionada. A su vez, los datos de circulación atmosfé-
rica fueron procesados estadísticamente para extraer los ejes de dispersión asociados a cada trimestre recogiendo así la
variabilidad estacional y espacial. Posteriormente, las áreas fueron integradas para construir una escala de probabilidad
relativa que condujo a la zonificación. Por último, una generalización controlada permitió obtener el mapa de síntesis.
El resultado de esta evaluación indica que, en alguna medida, alrededor del 20% del territorio nacional está expuesto
al impacto de las erupciones volcánicas considerando cualquiera de los procesos asociados a ellas. Esta condición exige
que las políticas públicas reflejen este factor incorporándolo en los instrumentos de planificación al mismo tiempo que
promuevan otras medidas orientadas a mitigar el impacto de las erupciones volcánicas.
ABSTRACT
In mainland Chile, 95 geologically active volcanoes have been identified (i.e., those with geological record of eruptive
activity in the last 10,000 years, historical activity or evidence of volcanic unrest such as passive degassing, micro seismi-
city or surface deformation). Active centers include stratovolcanoes, compound volcanoes or distributed fields as well as
monogenetic clusters forming single units. According to the written record, 61 of those centers produced more than 400
volcanic incidents of different magnitude in the last 5 centuries and may present short-term unrest episodes.
An objective assessment of regional volcanic hazards is presented as a 1:2.000.000 scale map. This approach consists
in the delineation of potential areas to be impacted by two different set of processes: (1) lavas, lahars and pyroclastic flows
in proximal and medial areas, and (2) pyroclastic dispersion and fallout from the source to distal areas. Semi-quantitative
methodologies were applied for both groups, allowing systematic analyses. Proximal hazards have been estimated accor-
ding to the expected mobility for volcanic-derived flows using a single H/L ratio that best fits field observations. In addition,
an external radius of 30 km is assumed to represent the maximum runout of the highest mobility laharic and pyroclastic
flows associated with high magnitude eruptions. On the other hand, pyroclastic dispersion and fallout were addressed
considering the most likely moderate-to-high eruptive event for each volcano, based on a fixed number of eruptive sce-
narios, and therefore areas covered by 1 cm isopach are outlined. In order to better represent seasonal variability in wind
direction, pyroclastic dispersion under atmospheric conditions of 3 consecutive months are indicated. Areas impacted
were integrated to produce a relative probability scale which defines hazard zones. Finally, a controlled generalization
was conduced to obtain the synthetic map.
This hazard assessment indicates that roughly 20% of the Chilean continental territory is exposed to the impact of
volcanic eruptions. Such condition implies that public policies must consider the volcano hazards factor in land planning
guidelines along with additional suggestions in order to mitigate the impact of volcanic eruptions.
INTRODUCCIÓN
El impacto de los desastres naturales ocurridos en Chile y el mundo en la primera década del siglo XXI,
ha renovado la preocupación de las autoridades y la comunidad respecto de la adecuada preparación que
debe tener el país frente a ellos. En el ámbito de los procesos volcánicos, el impacto de la erupción del volcán
Chaitén el año 2008 fue una demostración elocuente de la necesidad de más y mejor información geológica
que caracterice la amenaza y permita desplegar anticipadamente una estrategia de mitigación. Asimismo, en el
contexto internacional, las erupciones de los volcanes Eyjafjallajökull (Islandia) y Merapi (Indonesia) ocurridas
el año 2010, mostraron que eventos de magnitud moderada pueden causar importantes pérdidas económicas
de escala regional en el caso del primero, y grave impacto local sobre la población en el caso del segundo.
En Chile, la preocupación de la comunidad y sus representantes contrasta con el estado del conocimien-
to general sobre los volcanes activos y el nivel de vigilancia instrumental que se mantiene sobre ellos. En
general, la primera inconsistencia es que, no obstante la envergadura del problema, hasta el año 2009, el
país había invertido escasamente en el desarrollo del conocimiento científico en torno a los volcanes, así
como en la implementación de redes de monitoreo modernas y efectivas. Un avance mayor en esta línea lo
representa el desarrollo del programa denominado Red Nacional de Vigilancia Volcánica, en cuyo seno se
ejecuta un exigente plan de fortalecimiento y ampliación de las redes de vigilancia instrumental liderado por
el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS), así como un programa de estudio geológico
y de evaluación de los peligros volcánicos denominado Programa de Riesgo Volcánico (PRV).
Sin embargo, preguntas básicas tales como: ¿cuántos volcanes activos existen en Chile?; ¿se concentran
ellos en alguna región en particular?; ¿cuál es la probabilidad de una erupción mayor en el corto y mediano
plazo? Y, finalmente, ¿cuál es la magnitud de este problema a escala nacional?, han recibido respuestas
ambiguas o incompletas, que dificultan la elaboración de una política pública orientada a reducir el impacto
de las erupciones volcánicas en la comunidad. Para enfrentar este vacío, el Servicio Nacional de Geología y
Minería (SERNAGEOMIN, la institución del Estado encargada de la generación de información geológica para
la prevención de los riesgos naturales, de acuerdo al DL 3.525 y la Ley Orgánica 18.330 que lo constituye),
ha trabajado en la generación de información a una escala apropiada para la dimensión del problema y en
la aplicación de una metodología de diagnóstico que permita, con el concurso de otros actores, elaborar
una estrategia de prevención y mitigación del impacto causado por las erupciones volcánicas en el territorio
nacional. Así, la información presentada en este documento, constituye una guía de primer orden, a escala
nacional, cuya aplicación puede visualizarse en el marco de la planificación del uso del territorio, así como
considerarse una primera aproximación en condiciones de crisis volcánicas. En términos formales, el análisis
básico realizado en este trabajo corresponde a: (1) una evaluación del riesgo (sensu lato) asociado a cada
volcán con el objeto de obtener un sistema de clasificación y priorización y (2) una evaluación del peligro
volcánico para cada centro con la finalidad de obtener una base para la integración final. Para facilitar la
síntesis, se realizó una serie de operaciones lógicas y cartográficas que condujeron al resultado sintético aquí
presentado a escala 1:2.000.000. Debido a su naturaleza y escala, estos resultados no deben extrapolarse a
escalas de mayor detalle ni aplicarse en términos predictivos, aunque sí restringirán los escenarios máximos
esperados y servirán como una necesaria guía básica para las evaluaciones de detalle.
DEFINICIONES GENERALES
Para homogeneizar la nomenclatura relacionada con el tema, se introduce aquí una serie de definiciones
básicas que resultan fundamentales para contextualizar los resultados.
Conjunto de centros de emisión que comparten un sistema alimentador y que pueden considerarse
genéticamente relacionados. El caso más general es un estratocono singular, ocasionalmente con centros
eruptivos de flanco que pueden haber formado conos piroclásticos o sistemas de fisuras. En algunos casos,
se reconocen diferentes estructuras volcánicas yuxtapuestas que constituyen un complejo volcánico. Dos
o más centros monogénicos espacialmente asociados, pero geográficamente separados de los estratovol-
canes vecinos, constituyen un grupo volcánico. Esta diversidad de morfoestructuras es considerada
como equivalente en este estudio y, sobre esa base, se construye el catálogo que constituye la base
de evaluación.
Volcán activo
Un volcán se considera geológicamente activo cuando ha tenido, al menos, una erupción en los últimos
10 mil años (Holoceno) o bien cuando, sin certeza de esto último, presenta signos cuantificables de activi-
dad presente como desgasificación, sismicidad o deformación del terreno (Ewert et al., 2005; Ewert, 2007;
modificado de Simkin y Siebert, 1994). Esta es la definición operativa adoptada en este estudio y según ella,
el territorio continental de Chile alberga 95 volcanes geológicamente activos.
Peligro
Vulnerabilidad
‘Vulnerability; Exposure’ (ingl.). Susceptibilidad al impacto que presentan los elementos potencialmente
afectados. Ella puede expresarse de variadas formas según el elemento que se considere aunque común-
mente se indica como porcentaje de daño esperado. En efecto, existen metodologías objetivas para estimar
la vulnerabilidad de la infraestructura así como las pérdidas económicas potenciales, aunque también se
han desarrollado herramientas de análisis que incorporan variables sociales de las comunidades, entre
ellas sus niveles de ingreso, educación, creencias o capacidad organizativa. (e.g., Wood y Soulard, 2009).
‘Risk’ (ingl). Valor esperado de las pérdidas asociadas a un proceso natural determinado que gene-
ralmente es conceptualizado como el producto del peligro y la vulnerabilidad. En un sentido estricto, el
riesgo implica tanto la noción de probabilidad de ocurrencia de un proceso como los costos o pérdidas
asociados a él.
Riesgo Específico
‘Specific Risk o Threat’ (ingl). Combinación de factores asociados con el peligro intrínseco que representa
cada volcán (hazard) y la exposición (vulnerabilidad) del territorio potencialmente afectado. Según la definición
provista por UNESCO (UNDRO, 1979), el riesgo específico hace referencia a las pérdidas potenciales en un
intervalo de tiempo y un área geográfica determinados. En este trabajo se utiliza una definición especial que
es equivalente a la propuesta por Ewert et al., (2005) para la situación de los volcanes activos en [Link].
No obstante, en este documento, el concepto de riesgo específico se utiliza exclusivamente como referencia
para la clasificación de los volcanes.
‘Volcanic Explosivity Index (VEI)’ (ingl.). Permite estimar la magnitud de una erupción volcánica (sensu
Newhall y Self, 1982) mediante factores tales como altura de la columna eruptiva y volumen total emitido.
Se estructura sobre la base de una escala semi empírica de 8 grados en la que el volumen crece expo-
nencialmente desde 1x10-5 km3 en el límite entre VEI 0 y VEI 1. Existen otros indicadores de la envergadura
de una erupción volcánica como la magnitud (Pyle, 2000), valor que es función directa de la masa emitida.
En Chile existen alrededor de 500 volcanes con actividad comprobada en el período Plioceno Superior-
Holoceno (ca. 3,6 Ma-presente). De ellos, 186 tienen actividad verificada desde el Pleistoceno Medio al
Holoceno (últimos 750.000 años) y 82 tienen registro seguro de actividad en el Holoceno (Simkin y Siebert,
1994; González-Ferrán, 1995). Entre los anteriores, 61 volcanes habrían tenido ciclos eruptivos históricos
(e.g., Petit-Breuilh, 2004) y 34 exhiben actividad visible o detectable mediante instrumentos en el presente.
Esto depende, por supuesto, de la disponibilidad de instrumentos en el entorno de cada volcán y las cifras
anteriores necesariamente variarán de acuerdo al incremento del conocimiento geológico.
Los principales volcanes activos se encuentran en el continente, formando cadenas volcánicas como
resultado del proceso de subducción de las placas de Nazca o Antártica bajo la placa Sudamericana (Stern,
2004); los del Territorio Antártico resultan de la compleja configuración en el sistema de Bransfield y los de
las islas oceánicas corresponden esencialmente a ‘hot spots’ o plumas del manto que cruzan la placa de
Nazca (Stern, 2004; Stern et al., 2007).
Utilizando la definición presentada en la sección anterior, correspondiente también a aquella actualmente
en uso por el U.S. Geological Survey de Estados Unidos, Chile posee 95 volcanes activos en el territorio
continental (Fig. 1). A ellos se agregarían aquellos del Territorio Antártico Chileno, algunos en las islas oceá-
nicas y otros sobre la llamada Dorsal de Chile que subduce frente al golfo de Penas. En una primera versión
de este análisis, se reconocieron 122 volcanes activos en el continente (Lara et al., 2006). Sin embargo, la
revisión exhaustiva de los antecedentes disponibles ha permitido refinar el catálogo descartando aquellos
que no cumplen a cabalidad con la definición, esencialmente por no presentar evidencia geológica de ac-
tividad en el Holoceno ni registro instrumental de actividad. Asimismo, cabe consignar que entre aquellos
considerados activos existe una amplia variedad de volcanes, incluidos conos monogénicos a condición de
que formen un grupo de dos o más individuos coalescentes. El grupo de volcanes geológicamente activos
discrepa en menos de un 10% del catálogo elaborado por el Global Volcanism Program de la Smithsonian
Institution ([Link] noviembre 2011), probablemente el registro global más completo sobre
volcanes activos y que contiene 82 entradas en esa categoría (Siebert et al., 2010).
Naturalmente, nuevos antecedentes científicos podrían modificar el número de volcanes geológicamente
activos, en particular a partir de datos geocronológicos emergentes o registro instrumental de manifestaciones
de actividad no perceptibles, en los numerosos centros volcánicos que carecen de estudios sistemáticos o
que a la fecha son francamente desconocidos. Sin embargo, se estima improbable que este número varíe
de manera significativa.
Desde el siglo XVI, momento en el cual se inicia el registro histórico en Chile, existe documentación de
hasta 412 eventos volcánicos (erupciones y explosiones volcánicas de diferente magnitud, algunos de los
cuales corresponden a reactivaciones del sistema hidrotermal y no a erupciones de magma juvenil, sensu
stricto) correspondientes a 39 centros volcánicos (Petit-Breuilh, 2004). Los volcanes con mayor número de
episodios eruptivos documentados en los cuatro siglos anteriores (no necesariamente aquellos que han ge-
nerado las erupciones mayores), corresponden a los volcanes Villarrica, Llaima, Láscar, Antuco, Tupungatito y
Cerro Azul-Quizapu. Cabe destacar que existe un sesgo del registro documentado, puesto que vastas zonas
del territorio nacional estaban despobladas y por tanto sin testigos de las erupciones. Solo en el siglo XX
02-01-2012 17:32:06
10
ocurrieron 4 erupciones significativas (Quizapu 1932, Villarrica 1948, Hudson 1991, Láscar 1993), sobre 50
moderadas y otras tantas reactivaciones menores sin consecuencias. Desde una perspectiva más amplia,
entre las erupciones importantes del siglo XX se cuentan aquella del volcán Quizapu en 1932 (Región del
Maule), las del volcán Villarrica en 1948-1949 y 1964 (Región de la Araucanía); la del Cordón Caulle en 1960
(Complejo Puyehue-Cordón Caulle, Región de los Ríos), 47 horas después del gran terremoto de Valdivia;
la del volcán Calbuco en 1961 (Región de los Lagos) y la del volcán Hudson en 1991 (Región de Aysén).
Por otra parte, en el siglo XXI se ha registrado ya la erupción del volcán Chaitén (Región de los Lagos)
iniciada en mayo de 2008 y la más reciente en el Cordón Caulle, iniciada en junio de 2011. Se estima que
en Chile ocurre una erupción relevante cada 8-10 años, aunque evidentemente no existe regularidad en la
frecuencia. Es destacable que las erupciones de los volcanes Quizapu y Hudson fueron, también, las de
mayor magnitud en Sudamérica durante el siglo XX. Si bien los efectos de estas erupciones han sido im-
portantes, su impacto en la sociedad no ha alcanzado los niveles observados en otras regiones del mundo
como Centroamérica o el sudeste asiático. La razón fundamental es que Chile posee una baja densidad
poblacional y la que se acrecienta en las cercanías de los centros volcánicos, como efecto del poblamiento
concentrado en la Depresión Central y las zonas costeras. No obstante, la erupción del volcán Llaima en
1640 causó más de 300 víctimas fatales mientras la erupción del volcán Villarrica en 1948-1949 provocó
30 y aquella de 1964, otras 27. En cualquier caso, estas cifras son menores en el contexto mundial donde
solo en el siglo XX fallecieron hasta 98.293 personas en 260 erupciones (Whitam, 2005; International Vol-
canic Health Hazard Network, [Link]/;noviembre 2011). En particular, los datos globales muestran
que el mayor impacto producido por erupciones volcánicas durante el siglo XX fue producto de unas pocas
erupciones altamente devastadoras. Utilizando cifras actualizadas hasta 2004, Whitman (2005) indica
que Chile se ubica como el noveno país con mayor cantidad de personas evacuadas, el décimo país con
mayor cantidad de personas heridas y el séptimo con mayor cantidad de incidentes producidos por eventos
volcánicos en el siglo pasado (Tabla 1).
A la fecha, en Chile, los daños materiales asociados a estas erupciones no han sido sistemáticamente
evaluados. En el mundo, las pérdidas económicas se han estimado en más de 3 mil millones de dólares
solo en los últimos 25 años. El impacto sobre la agricultura, ganadería, turismo, energía y otros sectores, es
Víctimas fatales
Fecha inicio (Máximo Damnificados Afectados Daños >1M
Año Volcán IEV
(Día-Mes-Año) reportado EM- (EM-DAT) (EM-DAT) USD (GVP)
DAT/NOAA)
Fuente de la información: EM-DAT fue desarrollada por el Centre for Research on the Epidemiology of Disasters; NOAA es accesible en el
sitio del National Geophysical Data Center de la National Oceanic and Atmospheric Administration de [Link]; GVP corresponde al Global
Volcanism Program de la Smithsonian Institution ([Link]). Detalles en [Link].
sin duda importante y creciente en el tiempo por cuanto el desarrollo aumenta la exposición y, consecuente-
mente, el riesgo (e.g., Chester et al., 2000). En la actualidad, parte importante de la infraestructura crítica a
nivel nacional se encuentra dentro del área expuesta, con alguna probabilidad, a las erupciones volcánicas.
Asimismo, el área más densamente poblada del país coincide, también, con el segmento que incluye a los
volcanes geológicamente más activos del territorio nacional y es el lugar donde más eventos volcánicos se
han registrado en los últimos siglos (Fig. 2).
60
No. de eventos históricos (IEV >1)
50
40
30
20
10
0
16 26 36 46
Latitud (ºS)
Fig. 2. Número de eventos volcánicos históricos (tomado de Petit-Breuilh, 2004) registrados, por volcán, desde el siglo XVI y representa-
dos según su posición geográfica. Nótese la mayor abundancia de reportes en la zona de Chile central (33º-42ºS), la región más
poblada del país.
Sin embargo, la información disponible en relación con el impacto de las erupciones históricas es escasa,
particularmente en lo referido al número de víctimas fatales, personas desplazadas o pérdidas económicas
relacionadas. Solo en el siglo XX habrían fallecido, al menos, 99 personas en Chile (146 según algunas bases
de datos globales; e.g., Whitam, 2005) mientras, en Sudamérica, la cifra superó las 23 mil y en el mundo, las
90 mil (Fig. 3). La recurrencia de los eventos volcánicos, su distribución espacial (cerca del 20% del territorio
nacional está contenido dentro de áreas susceptibles de ser afectadas de algún modo por las erupciones
volcánicas) y el crecimiento de la población y la economía, determinan que la exposición e incidencia de estos
procesos crezca en el tiempo (e.g., Chester et al., 2000). La forma de mitigar ese efecto está generalmente
asociada con la disponibilidad de mejor información geológica básica y de peligros volcánicos y mejores
sistemas de vigilancia instrumental que se complementen con la política de prevención y gestión de crisis.
En Chile no existe una evaluación objetiva, formal, completa y de carácter nacional, que permita di-
mensionar el problema del riesgo volcánico, definir prioridades para el estudio y la instalación de redes
de monitoreo instrumental y orientar la política pública en materia de ordenamiento territorial, pronóstico
200
180 Riesgo específico
160 Peligro
140
120
Valores
100
80
60
40
20
0
Villarrica Parinacota Irruputuncu Maipo Ojos del Salado
Fig. 3. Distribución del puntaje asociado a los factores de peligro (en negro) y riesgo específico (en gris) para cada uno de los 95 volcanes
geológicamente activos de Chile. Los quiebres naturales han sido utilizados para definir las categorías de ‘riesgo’ que guían el
análisis. Nótese cómo varían las distribuciones, desacoplándose el riesgo específico del peligro, lo que muestra la incidencia de
los factores relacionados con la exposición (vulnerabilidad) en el resultado final.
o manejo de emergencias relacionadas con erupciones volcánicas. Algunos esfuerzos previos consis-
tieron, básicamente, en diagnósticos internos de escala regional realizados en el ámbito de la labor de
SERNAGEOMIN.
El análisis desarrollado aquí, corresponde a una actualización y extensión de algunos resultados pre-
liminares publicados previamente (Lara et al., 2006) y se relaciona con dos aspectos fundamentales: (a)
refinamiento del catastro de volcanes activos, con reevaluación de su nivel de riesgo específico asociado;
(b) análisis espacial del peligro, sobre la base de una zonificación obtenida cuantitativamente. El mapa
fuera de texto representa solo este último aspecto, limitándose a tratar el riesgo específico como una con-
dición intrínseca de cada volcán, manifestada en la categorización que condiciona la probabilidad relativa
de cada escenario. Algunas posibles implicancias en términos de la vulnerabilidad han sido exploradas
por Silva (2011).
El sistema de evaluación del riesgo específico asociado a cada volcán geológicamente activo, está
basado en la consideración integrada de factores de peligro intrínseco de cada centro volcánico y factores
de exposición relacionados con ellos. Este sistema corresponde a una adaptación del sistema NVEWS (Na-
tional Early Warning System) desarrollado recientemente por el US Geological Survey (Ewert et al., 2005;
Ewert, 2007). En consecuencia, el denominado sistema NVEWS-Chile contempla una clasificación simple,
estructurada sobre la base de factores de peligro volcánico como:
• Tipo de volcán.
• Máximo IEV en el Holoceno.
• Ocurrencia de actividad explosiva en los últimos 500 años.
• Recurrencia eruptiva.
• Ocurrencia en el Holoceno de flujos piroclásticos, lahares o lavas.
La evaluación de los parámetros relacionados con la exposición del territorio reviste mayor complicación.
En primer lugar, se construyó una base de datos demográficos a partir del Censo de 2002 (INE, 2002),
desagregados por unidad censal y considerando las diferentes entidades demográficas. Información relati-
va a la infraestructura y otros aspectos fue también extraída de bases de datos institucionales y analizada
directamente. La suma de los puntajes asociados al peligro y exposición, respectivamente, entrega un valor
del riesgo específico antes de considerar la capacidad de mitigación o los costos económicos y ofrece un
diagnóstico previo a la intervención de una política pública (Fig. 3).
El resultado de este análisis permite reconocer, arbitrariamente, cinco categorías básicas de volca-
nes activos, en que los más riesgosos se sitúan en el segmento centro-sur del país, en particular entre
las regiones del Maule y de Los Lagos. En el norte, se presentan 2 casos en las categorías superiores,
mientras que en el sur alcanzan a 11. En parte, este resultado se origina en la distribución de la población
residente y en la infraestructura mayor amenazada aunque, afortunadamente, la población muestra un
decrecimiento sostenido de su densidad, según disminuye la distancia radial a cada volcán activo. Esta
situación es radicalmente diferente en otras regiones del mundo, como el sudeste asiático o Centroamérica
(Small y Naumann, 2001), lo que explica también la magnitud de algunas catástrofes históricas ocurridas
en esas áreas.
Las conclusiones comentadas, en principio probablemente intuitivas, permiten establecer un sistema de
evaluación semicuantitativo de la amenaza, el que puede actualizarse periódicamente según la información
disponible. En una fase siguiente, los parámetros evaluados podrán ampliarse o adaptarse a información
más específica (e.g., tráfico aéreo, población flotante, flujos migratorios y comerciales, entre otros) con
el objeto de producir resultados sintéticos más precisos, organizados y adecuados para la generación de
políticas sectoriales de ordenamiento territorial y prevención de desastres, así como otras políticas públicas
de impacto regional y nacional.
Un problema general en los sistemas prospectivos del riesgo, es la elección de los escenarios erup-
tivos por considerar. Por esta razón, siguiendo la metodología propuesta por Mastin et al. (2010), se ha
complementado el catastro de volcanes agregando, a cada volcán, un atributo que describe el escenario
eruptivo más probable en su grado máximo, según el registro geológico (Anexo II, Tabla 3). Mastin et al.
(2010) realizaron un levantamiento global de los parámetros eruptivos, proponiendo una categorización que,
en primer lugar, distingue dos tipologías que aluden a la participación de magmas silíceos o máficos, para
las cuales se definen diferentes niveles de explosividad, de acuerdo con la magnitud esperada (Tabla 2).
Evidentemente, el comportamiento eruptivo de un volcán individual es variable en el tiempo y sus
episodios eruptivos describen una relación entre la magnitud (o el Índice de Explosividad Volcánica)
y la frecuencia, similar a la ley de Gutemberg-Richter que relaciona la frecuencia y la magnitud de los
sismos, estableciendo que las erupciones menores son generalmente más frecuentes que las de mayor
magnitud. A partir del registro geológico, es posible identificar aquellos episodios más severos, asimilán-
dolos a algunos de los escenarios eruptivos caracterizados por Mastin et al. (2010). Pero a diferencia de
estos autores, que asignan a cada volcán del catálogo global del Global Volcanism Network un escenario
eruptivo basado en su actividad histórica, aquí se ha optado por considerar todo el registro holoceno.
En varios casos, el escenario eruptivo asignado en este trabajo es más severo que aquel propuesto por
Mastin et al. (2010) basado en datos históricos publicados. Por último, para cada escenario definido, se
han capturado los parámetros eruptivos que lo representan y sobre esa base se ha realizado el análisis
de peligros (mapa fuera de texto).
Existen numerosas formas de evaluar y zonificar espacialmente el peligro volcánico, las que, en términos
generales, dependen del objetivo y la escala elegida. Una aproximación común es la realización de mapas
de peligro volcánico, basados en la distribución de los productos emplazados durante erupciones previas.
En Chile se han publicado documentos de este tipo para los volcanes Planchón-Peteroa, Llaima, Villarri-
ca, Mocho-Choshuenco, Osorno y Calbuco (e.g., Naranjo et al., 1999; Moreno y Naranjo, 2005; Moreno,
2000; Moreno y Naranjo, 2006; Moreno, 1999a, Moreno, 1999b). Generalmente, esta metodología produce
una zonificación del peligro a la escala del volcán, fundada en los escenarios más adversos identificados,
a veces la suma de ellos generando, en consecuencia, una sobreestimación del peligro. Actualmente,
existen métodos cuantitativos para definir las áreas que podrían ser afectadas por la caída de piroclastos
en condiciones meteorológicas específicas, así como algoritmos que permiten identificar con objetividad
los sectores susceptibles de ser afectados por procesos característicos del área proximal o distal (e.g.,
Iverson et al., 1998; Bonadonna et al., 2005; Byrne et al., 2007; Schilling, 1998).
Tabla 2. Tipología de erupciones volcánicas propuesta por Mastin et al. (2010) y parámetros eruptivos
principales.
En este trabajo, se han modificado parcialmente los atributos de cada tipo, utilizando como representativas las erupciones ocurridas
principalmente en Chile.
La dispersión y caída de piroclastos es un proceso controlado tanto por la dinámica del evento eruptivo
como por las condiciones meteorológicas imperantes en la atmósfera cercana. Los modelos numéricos más
comunes para el pronóstico de la trayectoria que seguirán las partículas, son aquellos de advección-difusión,
que integran la velocidad del viento y la difusión atmosférica como control primario de la dispersión. A
su vez, la sedimentación de partículas en la superficie es controlada por la velocidad terminal de las
partículas y los procesos de agregación entre ellas. En este caso, se modeló utilizando un enfoque semi
cuantitativo que se inicia con la definición del escenario eruptivo más probable para cada volcán, al cual
se asocia una única combinación de parámetros eruptivos según lo observado en erupciones reales. Las
erupciones escogidas para cada escenario, así como sus características principales, son las siguientes
(Anexo II, Tabla 4):
Para cada uno de estos ciclos eruptivos, representados por sus correspondientes depósitos, se ha
digitalizado la isópaca de 1 cm de espesor, considerada representativa del umbral de daño potencial
que puede asociarse con este proceso a la escala de trabajo (espesores inferiores provocarían daños
controlables y menos persistentes; espesores mayores generan distorsiones al menos temporales en el
área afectada). Las condiciones de circulación atmosférica han sido extraídas del proyecto Reanálisis II
(Kanamitsu et al., 2002), que es la única fuente de información atmosférica en altura disponible para cada
región del país. Con el objetivo de lograr una mejor representación temporal y reflejar la influencia de las
variaciones estacionales y/o interanuales en los cálculos, se consideraron 10 años de información y se
generaron diagramas de frecuencia trimestrales, a partir de los cuales se obtuvo la moda y sobre la base de
ella, se definió el eje de dispersión. Cada uno de estos ejes permitió orientar, espacialmente, la isópaca de
1 cm correspondiente a la erupción patrón escogida para cada caso. En varios casos, este procedimiento
generó superposiciones que reflejan la probabilidad relativa de cada escenario y, consecuentemente, se
construyó una nueva escala utilizando como ponderador el factor de peligro volcánico intrínseco de cada
volcán (Anexo II, Tabla 3). Con estos valores se generó la zonificación de peligros volcánicos propuesta
(Anexo II, Tabla 3 y mapa fuera de texto), que tiene implícita una noción de probabilidad relativa de ocu-
rrencia. Así, las áreas de alto peligro corresponden a zonas donde existe mayor susceptibilidad de ser
afectadas por caída de piroclastos, como consecuencia de erupciones de diferente tipo en la región (y en
algunos casos como consecuencia de erupciones en los volcanes vecinos). A esta zonificación se asocia
una serie de recomendaciones generales, basadas en la experiencia internacional (e.g., IAVCEI en http://
[Link]/;noviembre 2011).
El edificio volcánico y su entorno inmediato es, intuitivamente, el área más expuesta a las consecuencias
de erupciones volcánicas de diferente magnitud. En el dominio proximal, los sectores susceptibles de ser
afectados por flujos de lava son también sensibles al impacto de lahares y flujos piroclásticos, por cuanto
todos corresponden a corrientes controladas por la gravedad, cuyo desplazamiento depende de la energía
potencial. Sin embargo, por tratarse de procesos controlados por mecanismos de flujo diferentes, su movili-
dad es también distinta. Así, los flujos piroclásticos de mayor volumen, generados por colapso de columnas
eruptivas plinianas o subplinianas, pueden exceder los cauces y superar barreras topográficas y extenderse
más allá del edificio volcánico. Asimismo, los lahares se movilizan en función del volumen y proporción relativa
de agua y material detrítico que transportan, propagándose más allá de las zonas alcanzadas por las coladas
de lava. En consecuencia, existen diferentes herramientas numéricas apropiadas para la modelación del flujo
e inundación asociado a cada uno de estos procesos (para una revisión de estas herramientas ver http://
[Link]/), gran parte de ellas desarrolladas para un análisis de detalle a la escala del edificio volcánico. Sin
embargo, a la escala de este trabajo, las herramientas anteriores producirían un nivel de detalle difícil de
integrar y, por lo tanto, se ha optado por utilizar una estrategia más simple pero también cuantitativa, basada
en el concepto de ‘línea’ o ‘cono de energía’, introducido tempranamente por Malin y Sheridan (1982). Este
procedimiento se basa en la relación existente entre la altura de inicio (H) del flujo y el máximo alcance o
‘runout’ del mismo (L). En principio, existe una relación inversa entre el cuociente H/L y el volumen de un
depósito, además de un valor característico de H/L para cada tipo de flujo granular. No obstante, Hayashi
y Self (1992) demostraron que la movilidad de las avalanchas volcánicas y flujos piroclásticos sería similar
en términos de sus mecanismos de flujo y que el alcance de ellos estaría determinado, finalmente, por su
volumen y las propiedades físicas del material transportado. Para avalanchas de otro origen, Hayashi y Self
(1992) obtuvieron valores de H/L entre 0,09 y 0,58 mientras que para avalanchas volcánicas el rango es 0,05
a 0,17 y para flujos piroclásticos 0,07 a 0,52. Así, para el análisis a gran escala presentado en este trabajo,
se han escogido valores de H/L (corregida la altura cuando se trata de edificios truncados; Anexo II, Tabla
3) entre 0,05 y 0,2, siendo los valores más comunes 0,15 y 0,1. El valor de H/L elegido para cada volcán
fue aquel que mejor representa la distribución de sus productos, basándose en datos de campo, imágenes
satelitales o en los antecedentes provistos en la literatura. En el caso de centros distribuidos o conjuntos de
conos monogénicos, se generaron varios conos H/L, partiendo desde los edificios más altos o dominantes
del grupo y el resultado fue consistente con la distribución de los productos holocenos. Para avalanchas
volcánicas y flujos piroclásticos, estos valores reproducen, de buena forma, el área proximal afectada por
estos procesos (disponible en estudios de detalle para un número limitado de volcanes), con excepción
del efecto asociado a escenarios extremos caracterizados por volúmenes mayores. La simulación fallaría,
parcialmente, al sobreestimar el efecto en las laderas del basamento cercano al edificio volcánico, aunque
ellas, efectivamente, podrían aún ser alcanzadas por flujos y oleadas piroclásticas de menor volumen dada
su alta movilidad. Por otra parte, los modelos subestimarían el impacto en los cauces al generar máximos
‘runout’ inferiores a 30 km, valor ocasionalmente excedido por lahares y flujos piroclásticos de mayor vo-
lumen. Sin embargo, la aproximación aún es robusta a esta escala, por cuanto el registro global muestra
que un alto porcentaje de los efectos directos de las erupciones volcánicas ocurre en un radio de 30 km en
torno del centro emisor y muy escasos eventos han superado los 50 km (Blong, 1984). Asimismo, Newhall
y Hoblitt (2002) muestran que para erupciones significativas de IEV 4-5, los flujos piroclásticos tienen una
probabilidad no superior al 5% de exceder ese radio, mientras que la probabilidad de acumulación de más
de 10 cm de tefra, dentro de ese dominio, es ca. 10% para erupciones de IEV 3 y alrededor de 80% para
erupciones de IEV 4. Además, para reflejar el escenario de menor probabilidad de ocurrencia, se ha traza-
do un radio externo de 40 km, que incluiría aquellas áreas potencialmente afectadas por procesos de gran
movilidad y/o de elevado volumen.
CONCLUSIONES
Con las restricciones propias de la metodología empleada, la delineación de las áreas susceptibles de ser
afectadas por los procesos volcánicos más comunes es consistente con la mayor parte de las observaciones.
En efecto, existe una buena coincidencia entre las áreas de impacto por lavas y lahares, consignadas en los
mapas escala 1:100.000 disponibles y el resultado obtenido en este trabajo. Solo los eventos catastróficos
parecen exceder el cono H/L utilizado en la definición de las áreas de alto peligro aunque, en todo caso,
con poca frecuencia superan el radio de 40 km usado para definir las áreas de bajo peligro. La dispersión
y acumulación de material piroclástico muestra, en la zona norte del país, una distribución menos intuitiva,
por cuanto captura la variación estacional del régimen de circulación atmosférica. No obstante, el registro
geológico confirma la ocurrencia de eventos de caída de ceniza, incluso en la zona costera del norte grande.
Los resultados obtenidos ofrecen un nuevo catálogo de volcanes geológicamente activos, que alcanzan un
total de 95 incluyendo estratovolcanes, calderas y grupos de conos piroclásticos. El sistema de clasificación
de ellos en términos del riesgo específico asociado permite, entre otras cosas, comprender la variabilidad
espacial del problema y el consecuente impacto que las erupciones volcánicas pudieran causar.
Por otra parte, la metodología empleada ha permitido delinear, de manera objetiva, las áreas de peligro
volcánico asociadas con flujos de lava, lahares y flujos piroclásticos, en la zona proximal, así como los sec-
tores susceptibles de ser afectados por la dispersión y acumulación de material piroclástico, tanto cerca de
los centros emisores como en las áreas distales. El resultado integrado indica que alrededor de un 20% del
territorio nacional es susceptible de ser afectado por erupciones volcánicas de diferente magnitud.
En consecuencia, esta información debe ser integrada en el diseño de políticas públicas orientadas a la
mitigación del impacto por erupciones volcánicas e incorporada en los instrumentos de planificación corres-
pondientes. No obstante lo anterior, debe entenderse que el resultado presentado aquí es una aproximación
de primer orden, válido a escala nacional, que no debe trasladarse mecánicamente a escalas de mayor
detalle. En todo caso, ciertas recomendaciones generales son válidas tanto respecto de la restricción sobre
la infraestructura pública mayor en las zonas de alto peligro proximal, como de la promoción de medidas de
mitigación tales como la vigilancia instrumental, la disponibilidad de mapas de peligro volcánico a escalas
adecuadas y la implementación de planes de contingencia conocidos por la comunidad. Asimismo, para las
áreas de peligro por caída de piroclastos, los instrumentos de planificación deberían considerar esta condición
y promover medidas de mitigación adicionales, como la disponibilidad de sistemas de alerta para la aerona-
vegación y normas de construcción adecuadas como techumbres inclinadas, reservas de agua, entre otros.
AGRADECIMIENTOS
J.W. Ewert (USGS), desarrollador del sistema NVEWS en [Link]., ha compartido gentilmente su expe-
riencia y ha estimulado la discusión sobre los temas abordados en este informe. Los editores R. Wall, A.
Gajardo y S. Sepúlveda realizaron valiosos comentarios que permitieron mejorar este trabajo. C. Silva Briones
ha trabajado en una actualización del catálogo de volcanes con el objetivo de evaluar la vulnerabilidad del
territorio. J. Clavero, R. Wall y S. Huerta colaboraron parcialmente en la etapa embrionaria de este proyecto.
Esta es una contribución del Programa de Riesgo Volcánico de SERNAGEOMIN.
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Anexos
I. Antecedentes metodológicos
Tabla 1. Factores de peligro, exposición y riesgo específico para los volcanes activos de Chile.
Tabla 2. Memoria explicativa de los criterios para asignar valores a los factores de peligro y exposición.
Tabla 3. Parametrización de los volcanes de Chile para estimación de sus áreas de peligro.
Tabla 4. Categorías de erupciones esperadas.
ANEXO I
Antecedentes metodológicos
A partir del criterio establecido por Ewert et al. (2005), el catálogo de volcanes activos de Chile fue refi-
nado. Complementariamente, los factores de peligro y exposición (Anexo II, Tabla 1) fueron evaluados para
cada volcán de acuerdo a los criterios definidos por ese autor y presentados explícitamente en la Tabla 2
del mismo anexo. El resultado numérico de esta evaluación representa el riesgo específico asociado a cada
uno de ellos. Esos valores fueron utilizados posteriormente para construir un sistema de clasificación donde
las categorías fueron obtenidas usando el criterio de los quiebres naturales de la distribución (Algoritmo de
Fisher-Jenks; e.g., Slocum, 1999). Las categorías resultantes fueron utilizadas exclusivamente como criterio
selectivo en el análisis de peligro volcánico descrito en la sección siguiente.
Para identificar las áreas susceptibles de ser afectadas por los diferentes procesos volcánicos, se realizó
un análisis cuantitativo utilizando una metodología específica para cada caso que se describe a continuación:
MEMORIA DE CÁLCULO
Peligros_Volcánicos1(29-12-2011).indd 25
Tabla 1. Factores de peligro, exposición y riesgo específico para los volcanes activos de Chile.
VOLCÁN
Latitud
Longitud
Tipo de volcán (0-1)
Máximo IEV (0-3)
Actividad explosiva < 500 años (0-1)
Actividad explosiva mayor < 5.000 años (0-1)
Recurrencia eruptiva (0-4)
Ocurrencia de flujos piroclásticos en el Holoceno (0-1)
Ocurrencia de lavas en el Holoceno (0-1)
Ocurrencia de lahares en el Holoceno (0-1)
Ocurrencia de tsunamis en el Holoceno (0-1)
Potencial de explosiones hidrotermales (0-1)
Potencial de colapso de flanco (0-1)
Potencial de generación de lahares (0-1)
Actividad sísmica (0-1)
Deformación (0-1)
Desgasificación (0-1)
Subtotal Factores de Peligro
Log10 Población en zona de alto peligro
Log10 Población en zona distal
Víctimas fatales (0-1)
Evacuaciones (0-1)
Exposición de la aviación local (0-2)
Exposición de la aviación regional (0)
Infraestructura energética (0-1)
Infraestructura de transportes (0-1)
Áreas de desarrollo o protección (0-1)
Islas oceánicas (0-1)
Subtotal Factores de Exposición (Vulnerabilidad)
TOTAL Riesgo (sensu lato)=(Peligro *Exposición)
02-01-2012 17:47:02
Peligros_Volcánicos1(29-12-2011).indd 4 02-01-2012 17:32:06
continuación tabla 1.
Peligros_Volcánicos(Pág.27).indd 27
VOLCÁN
Latitud
Longitud
Tipo de volcán (0-1)
Máximo IEV (0-3)
Actividad explosiva < 500 años (0-1)
Actividad explosiva mayor < 5.000 años (0-1)
Recurrencia eruptiva (0-4)
Ocurrencia de flujos piroclásticos en el Holoceno (0-1)
Ocureencia de lavas en el Holoceno (0-1)
Ocurrencia de lahares en el Holoceno (0-1)
Ocurrencia de tsunamis en el Holoceno (0-1)
Potencial de explosiones hidrotermales (0-1)
Potencial de colapso de flanco (0-1)
Potencial de generación de lahares (0-1)
Actividad sísmica (0-1)
Deformación (0-1)
Desgasificación (0-1)
Subtotal Factores de Peligro
Log10 Población en zona de alto peligro
Log10 Población en zona distal
Víctimas fatales (0-1)
Evacuaciones (0-1)
Exposición de la aviación local (0-2)
Exposición de la aviación regional (0)
Infraestructura energética (0-1)
Infraestructura de transportes (0-1)
Áreas de desarrollo o protección (0-1)
Islas oceánicas (0-1)
Subtotal Factores de Exposición (Vulnerabilidad)
Total Riesgo (sensu lato)=(Peligro*Exposición)
02-01-2012 17:50:20
Peligros_Volcánicos1(29-12-2011).indd 4 02-01-2012 17:32:06
29
Tabla 2. Memoria explicativa de criterios para asignar valores a los factores de peligro y exposición.
continuación tabla 2.
Tabla 3. Parametrización de los volcanes de Chile para estimación de sus áreas de peligro.
continuación tabla 3.
continuación tabla 3.
Riesgo
No. Volcán (sensu Altura Factor
Longitud Latitud Altura
lato) m Tipo de Razón H/L
(°W) (°S) adicional
s.n.m Peligro
Nota. Los casos en que se muestra más de un valor de H/L corresponden a aquellos grupos o complejos volcánicos en que se usó más
de un valor para representar los peligros proximales.
Dimensiones
Tipo de Elipse *
Ejemplo IEV Ht (m) Hb (m) Referencia
erupción Eje Eje
Mayor Menor
M1 Vn. Lonquimay, Chile, diciembre de 1988 ~2 24 12 4.000 2.800 Moreno y Gardeweg, 1989
M2 Vn. Hudson, Chile, 9 agosto 1991 ~3 44 14 8.000 5.600 Naranjo et al., 1993
M3 Vn. Fuego, Nicaragua, octubre de 1974 3-4 74 48 12.000 8.400 Rose et al., 2007
S1 Vn. Láscar, Chile, abril de 1993 3 130 50 12.000 8.400 Déruelle et al., 1996
S2 Vn. Chaitén, Chile, mayo de 2008 3-4 160 64 15.000 10.500 Alfano et al., 2010
S3 Vn. Hudson, Chile, 15 agosto 1991 4-5 840 210 25.000 17.500 Naranjo et al., 1993