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Programa Fuerte en Sociología del Conocimiento

El documento discute el "programa fuerte" en sociología del conocimiento. Argumenta que los sociólogos deberían estudiar el contenido y naturaleza del conocimiento científico, no limitarse a factores externos. El conocimiento debería estudiarse como un fenómeno natural, no como algo trascendente. El objetivo es explicar cómo se produce, transmite y organiza el conocimiento a través de regularidades y procesos sociales, aplicando teorías generales tanto a creencias verdaderas como falsas.

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Programa Fuerte en Sociología del Conocimiento

El documento discute el "programa fuerte" en sociología del conocimiento. Argumenta que los sociólogos deberían estudiar el contenido y naturaleza del conocimiento científico, no limitarse a factores externos. El conocimiento debería estudiarse como un fenómeno natural, no como algo trascendente. El objetivo es explicar cómo se produce, transmite y organiza el conocimiento a través de regularidades y procesos sociales, aplicando teorías generales tanto a creencias verdaderas como falsas.

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marco institucional y a factores externos que se relacionan con

su tasa de crecimiento o con su dirección, lo cual deja sin tocar


la naturaleza del conocimiento que así se crea (véase Ben-Da-
vid, 1971; De Gré, 1967; Merton,1964 y Stark, 1958).
¿Cuál es la causa de esta duda y de este pesimismo? ¿Se debe
acaso a las enormes dificultades intelectuales y prácticas que
pudieran cernirse sobre un prog'ama así? Es verdad que éstas
Capítulo primero no deben subestimarse. Podemos hacernos una idea de su tama-
ño a partir del esfuerzo empleado para alcanzar metas más limi-
El programa fuerte en tadas; pero, de hecho, éstas no son las razones que se alegan.
¿Le faltan al sociólogo teorías y métodos con los cuales manejar
sociología del conocimiento el conocimiento científico? Ciertamente no. Su propia discipli-
na le proporciona estudios ejemplares del conocimiento propio
de otras culturas que podrian usarse como modelos y fuentes de
La sociología del conocimiento ¿puede investigar y explicar el inspiración. El estudio clásico de Durkheim, Las formas elemen-
contenido y la naturaleza mismos del conocimiento científico? tales de la vida religiosa, muestra cómo un sociólogo puede pe-
Muchos sociólogos creen que no. Afirman que un conocimiento netrar en lo más pro^^do de una forma de conocimiento. Más aún,
de ese tipo, tan distinto de las circunstancias que rodean su Durkheim ofreció numerosas sugerencias sobre cómo se podrían
producción, está más allá de su comprensión. Voluntariamente relacionar sus descubrimientos con el estudio del conocimiento
limitan el alcance de sus propias investigaciones. Yo argüiré científico, pero a estas sugerencias se hicieron oídos sordos.
que esto significa una traición a la perspectiva de su disciplina, La causa de la vacilación en colocar a la ciencia en el punto
pues todo conocimiento, ya sea en las ciencias empíricas e in- de mira de un estudio sociológico exhaustivo es sólo la falta de
cluso en las matemáticas, debe tratarse, de principio a fin, como valor y de voluntad, pues se la considera una empresa conde-
as unto a investigar. Las limitaciones que existen para el soció- nada al fracaso. Desde luego, la falta de valor tiene unas raíces
logo consisten sólo en tomar material de ciencias afines como la más profundas de lo que sugiere esta caracterización puramen-
psicología o en depender de las investigaciones de especialistas te psicológica, y las indicaremos más adelante. Cualquiera que
de otras disciplinas. No existen limitaciones que residan en el sea la razón de la enfermedad, sus síntomas adoptan la forma
carácter absoluto o trascendente del conocimiento científico de una argumentación filosófica a priori. Así, los sociólogos es-
mismo, o en que la racionalidad, la validez, la verdad o la obje- tán convencidos de que la ciencia es un caso especial y de que
tividad tengan una naturaleza especial. se les vendrían encima cantidad de contradicciones y absurdos
Se debería poder esperar que la tendencia natural de una si ignoraran este hecho. Naturalmente, los filósofos están su-
disciplina como la sociología del conocimiento se expanda y ge- mamente dispuestos a alentar este acto de renuncia (por ejem-
neralice, pasando de los estudios de las cosmologías primitivas plo, Lakatos, 1971; Popper, 1966).
a las de nuestra propia cultura. Pero éste es precisamente el El propósito de este libro es combatir estas razones e inhibi-
paso que los sociólogos se han estado resistiendo a dar. Además, ciones, por lo que las discusiones que siguen tendrán que ser
la sociología del conocimiento pudo haber penetrado con más —algu nas veces, aunque no siempre— más metodológicas que
fuerza en el área que actualmente ocupan los filósofos, a quie- sustantivas; pero espero que su efecto sea positivo. Mi propósi-
nes se les ha permitido ocuparse de la tarea de definir la natu- to es suministrar armas a todos aquellos que emprendan un
raleza del conocimiento. De hecho, los sociólogos han estado de- trabajo constructivo para ayudarles a atacar a sus críticos y a
masiado dispuestos a limitar su preocupación por la ciencia a su los escépticos.
Primero me referiré a lo que llamo el programa fuerte en so- ( qué se produce? La sociología del conocimiento apunta hacia la
ciología del conocimiento. Éste proporcionará el marco dentro distribución de las creencias y los diversos factores que influ-
del cual se considerarán luego las dificultades con detalle. Como yen en ellas. Por ejemplo: ¿cómo se transmite el conocimiento; I
los argumentos a priori están siempre empapados de suposicio- qué estabilidad tiene; qué procesos contribuyen a su creación y l
nes y actitudes subyacentes, habrá que traer éstas a la superfi- mantenimiento; cómo se organiza y se categoriza en diferentes
cie para poder examinarlas también. Éste será el segundo disciplinas y esferas?
terna importante y es aquí donde empezarán a surgir hipótesis Para el sociólogo estos temas reclaman investigación y ex-
sociológicas sustanciales respecto de nuestra concepción de la plicación. El trata de caracterizar el conocimiento de manera
ciencia. El tercer gran tema se referirá a lo que acaso sea el tal que esté de acuerdo con esta perspectiva. Sus ideas, por
obstáculo más difícil para la sociología del conocimiento, a sa- tanto, se expresarán en el mismo lenguaje causal que las de
ber, las matemáticas y la lógica. Pondremos de manifiesto que cualquier otro científico. Su preocupación consistirá en locali-
los problemas de principio involucrados no son, de hecho, excesi- zar las regularidades y principios o procesos generales que pa-
vamente técnicos. Y señalaremos cómo se pueden estudiar estos recen funcionar dentro del campo al que pertenecen sus datos.
temas sociológicamente. , , Su meta será construir teorías que expliquen dichas regulari-
dades; si estas teorías satisfacen el requisito de máxima gene-
ralidad tendrán que aplicarse tanto a las creencias verdaderas
como a las falsas y, en la medida de lo posible, el mismo tipo de
El programa fuerte explicación se tendrá que aplicar en ambos casos. La meta de la
fisiología es explicar el organismo sano y el enfermo; la meta de
la mecánica es comprender las máquinas que funcionan y las
El sociólogo se ocupa del conocimiento, incluso del conoci- que no funcionan, tanto los puentes que se sostienen como los
miento científico, como de un fenómeno natural, por lo que su que se caen. De manera similar, e] sociólogo busca teorías
definición del conocimiento será bastante diferente tanto de la r que expliquen las creencias que existen de hecho, al margen
del hombre común como de la del filósofo. En lugar de definirlo de cómo las evalúe el investigador.
como una creencia verdadera, o quizá corno una creencia jus- Algunos problemas típicos en este campo que ya han propor-
tificadamente verdadera, para el sociólogo el conocimiento es cionado algunos hallazgos interesantes pueden servir para
cualquier cosa que la gente tome como conocimiento. Son aque- ilustrar este enfoque. Primero, se han hecho estudios sobre las
llas creencias que la gente sostiene confiadamente y mediante conexiones entre la estructura social genera] de los grupos y la
las cuales viven. En particular, el sociólogo se ocupará de las forma general de las cosmologías que sostienen. Los antropólo-
creencias que se dan por sentadas o están institucionalizadas, gos han encontrado ciertas correlaciones sociales y las posibles
o de aquéllas a las que ciertos grupos humanos han dotado de causas por las cuales los hombres tienen concepciones del mun-
autoridad. Desde luego, se debe distinguir entre conocimiento y do antropomórficas y mágicas que no son la concepción imper-
mera creencia, lo que se puede hacer reservando la palabra «co- sonal y naturalista (Douglas, 1966 y 1970). Segundo, se han
nocimiento» para lo que tiene una aprobación colectiva, conside- hecho estudios que han trazado las conexiones entre el desa-
rando lo individual e idiosincrásico como mera creencia. n-ollo económico, técnico e industrial y el contenido de las teo-
Nuestras ideas sobre el funcionamiento del mundo han va- rías científicas. Por ejemplo, se ha estudiado con mucho detalle
riado muchísimo, tanto en la ciencia como en otros ámbitos de el impacto de los desarrollos prácticos de la tecnología hidráuli-
la cultura. Tale_s variaciones constituyen el punto de partida ca y de vapor sobre el contenido de las teorías termodinámicas.
de la sociología del conocimiento y representan su problema El nexo causal no es objeto de discusión (Kuhn, 1959; Cardwell,
principal. ¿Cuáles son las causas de esta variación, y cómo y por 1971). Tercero, hay muchas pruebas de qué características cul-

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turales, que usualmente se consideran no científicas, influyen cleares de la energía solar se hubiera podido refutar su argu-
en gran medida tanto en la creación como en la evaluación de mento físico; los geólogos y los biólogos no lo podían prever,
teorías y descubrimientos científicos. Asía se ha mostrado que simplemente no esperaron a que hubiera una respuesta (Rud-
son preocupaciones eugenésicas las que subyacen a -y expli- A wick, 1972; Burchfield, 1975). Este ejemplo sirve, asimismo,
can—la creación por Francis Galton del concepto de coeficiente para llamar nuevamente la atención sobre los procesos sociales
de correlación en estadística. Y también será el punto de vista internos de la ciencia, de modo que no quepa confinar las consi-
político, social e ideológco general del genetista Bateson el que . ir- deraciones sociológicas a la mera actuación de ¡influencias ex-
se emplee para explicar su papel escéptico en la controversia ternas.
sobre la teoría genética de la herencia (Colernan, 1970; Cowan, Finalmente, se debe mencionar un estudio fascinante y con-
1972 y Mackenzie, 1981 ). Cuarto, la importancia que tienen trovertido sobre los físicos de la Alemania de Weimar. Forman
los procesos de entrenamiento y socialización en la práctica (1971) usa sus discursos académicos para mostrar que adopta-
científica se documenta de una manera creciente. Los modelos ron la «Lebensphilosophie» dominante y anticientífica que los
de continuidad y discontinuidad, de aceptación y rechazo pare- rodeaba. Arguye «que el movimiento para prescindir de la cau-
cen ser explicables recurriendo a estos procesos. Un ejemplo in- salidad en la física, que surgió tan abruptamente y floreció tan
teresante de la manera en que el trasfondo de los requisitos de profusamente en la Alemania posterior a 1918, fue sobre todo
una disciplina científica influye sobre la evaluación de un tra- un esfuerzo de los físicos alemanes por adaptar el contenido de
bajo puede verse enj as críticas de Lord Kelvin a la teoría de la su ciencia a los valores de su medio ambiente intelectual» (p. 7).
evolución. Kelvin calculó la edad del sol considerándolo como Or- El arrojo e interés de esta afirmación se deriva del lugar cen-
un cuerpo incandescente en proceso de enfriamiento y descu- tral que ocupa la a-causalidad en la moderna teoría cuántica.
brió que se habría consumido antes de que la evolución alcan- Los enfoques que se han perfilado sugieren que la sociología
zara su estado observable actual. El mundo no es lo suficiente- del conocimiento científico debe observar los cuatro principios si-
mente viejo como para permitir que la evolución termine su guientes. De este modo, se asumirán los mismos valores que se
curso, luego la teoría de la evolución debe de estar equivocada. dan por supuestos en otras disciplinas científicas. Éstos son:1234
El supuesto de la uniformidad geológica, con su previsión de
amplias franjas temporales, le había sido violentamente sus- 1. Debe ser causal, es decir, ocuparse de las condiciones que
traído al biólogo. Los argumentos de Kelvin causaron conster- dan lugar a las creencias o a los estados de conocimiento. Natu-
nación; su autoridad era enorme y en la década de 1860 eran ralmente, habrá otros tipos de causas además de las sociales
irrefutables; se seguían con un rigor convincente de premisas que contribuyan a dar lugar a una creencia.
físicas convincentes. Para la última década del siglo, los geólo- 2. Debe ser imparcial con respecto a la verdad y falsedad, la
gos se habían armado de valor para decirle a Kelvin que debía racionalidad y la irracionalidad, el éxito o el fracaso. Ambos la-
haber cometido un error. Este valor recién adquirido no se de- dos de estas dicotomías exigen explicación.
bía a ningún nuevo descubrimiento decisivo; de hecho, no ha- 3. Debe ser simétrica en su estilo de explicación. Los mismos
bía habido ningún cambio real en la evidencia disponible. Lo tipos de causas deben explicar, digamos, las creencias falsas y
que había ocurrido en ese lapso de tiempo fue una consolida- las verdaderas.
ción general de la geología en tanto que disciplina, con una can- 4. Debe ser reflexiva. En principio, sus patrones de explica-
tidad creciente de observaciones detalladas de registros fósiles. {V ción deberían ser aplicables a la sociología misma. Como el re-
Este crecimiento fue el que causó una variación en las evalua- j ’ quisito de simetría, éste es una respuesta a la necesidad de bus-
nones de probabilidad y posibilidad: Kelvin simplemente debía f car explicaciones generales. Se trata de un requerimiento obvio
haber dejado fuera de consideración algún factor vital pero de principio porque, de otro modo, la sociología sería una refu-
desconocido. Solo mediante la comprensión de las fuentes nu- tación viva de sus propias teorías.

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Estos cuatro principios, de causalidad, imparcialidad, sime- ¡ . mientos. Si esto es así, entonces no es el sociólogo ni el psicólo-
tría y reflexividad, definen lo que se llamará el programa fuer-; , go sino el lógico quien proporcionará la parte más importante
te en sociología del conocimiento. No son en absoluto nuevos, " de la explicación de las creencias.
pero representan una amalgama de los rasgos más optimistas Desde luego, cuando alguien yen-a en su razonamiento, en-
y cientificistas que se pueden encontrar en Durkheim (1938), tonces la misma lógica no constituye una explicación. Un lap-
Mannheim (1936) y Znaniecki (1965). sus o una desviación se pueden deber a la interferencia de toda
En lo que sigue trataré de sostener la viabilidad de estos una variedad de factores; tal vez el razonamiento sea demasia-
principios contra las críticas y los malentendidos. Lo que está do difícil para la inteligencia limitada del que razona, tal vez se
en juego es si se puede poner en marcha el programa fuerte de haya despistado, o esté demasiado involucrado emocionalmen-
una manera plausible y consistente. Volvamos nuestra aten- te en el tema de discusión. Cuando un tren descarrila, segura-
ción, por tanto, a las principales objeciones a la sociología del mente se podrá encontrar alguna causa para el accidente, pero
conocimiento para delinear la significación plena de los princi- no tenemos -ni necesitamos- comisiones de investigación para
pios y para ver cómo se sostiene el programa fuerte frente a las averiguar por qué no ocurren accidentes.
críticas. Argumentos como éstos se han vuelto un lugar común en la ,
filosofía analítica contemporánea. Así, en The concept o f mind
(1949) Ryle dice: «dejemos que el psicólogo nos diga por qué nos
engañamos; pero nosotros podemos decirnos a nosotros mismos
La autonomía del conocimiento y a él por qué no nos estamos engañando» (p. 308). Este enfoque (
se puede resumir en la afirmación de que no hay nada que pro-i
voque que la gente haga cosas correctas, pero que hay algo que '
Un conjunto importante de objeciones a la sociología del co- provoca o causa que se equivoquen (véase Hamlyn, 1969; Pc-
nocimiento se deriva de la convicción de que algunas creencias ters, 1958).
no requieren explicación, o no necesitan de una explicación cau- La estructura general de estas explicaciones resalta clara-
sal. Este sentimiento es particularmente fuerte cuando las creen- mente: todas dividen al comportamiento o a la creencia en dos
cías en cuestión se toman como verdaderas, racionales, científi- tipos: correcto y equivocado, verdadero o falso, racional o irra-
cas u objetivas. cional. A continuación, aducen causas sociológicas o psicológi-
Cuando nos comportamos de una manera racional o lógica cas para explicar el lado negativo de la división; tales causas
resulta tentador afirmar que nuestras acciones se rigen por exi- explican el error, la limitación y la desviación. El lado positivo
gencias de razonabilidad o de lógica. Podría parecer que la ex- de la división evaluativa es bastante diferente; aquí, la lógica,
plicación de por qué, a partir de un conjunto de premisas, llega- la racionalidad y la verdad parecen ser su propia explicación,
mos a la conclusión a la que llegamos reside en los principios aquí no se necesita aducir causas psicosociales.
mismos de la inferencia lógica. Parece que la lógica constituye Aplicados al campo de la actividad intelectual, estos puntos
un conjunto de conexiones entre premisas y conclusiones y que de vista tienen el efecto de constituir un cuerpo de conocimien-
nuestras mentes pueden trazar estas conexiones. Mientras se- tos en un reino autónomo. El comportamiento resulta explicado
amos razonables, parecería que las conexiones mismas ofrecen recurriendo a los procedimientos, resultados, métodos y máxi-
la mejor explicación de las creencias de quien razona. Como una mas de la actividad misma. Esto hace que la actividad intelec-
locomotora sobre railes, son los raíles mismos los que dictan tual convencional y acertada aparezca como auto-explicativa y
adónde irá. Es como si pudiéramos trascender el ir y venir sin auto-impulsada: ella se convierte en su propia explicación, _No
dirección de la causalidad física y embridarla o subordinarla a se requiere habilidad al ^ guna en sociología o psicología: solamen-
otros principios, y dejar que éstos determinen nuestros pensa- te habilidad en la actividad intelectual misma.

39 ■ti)
Una versión actualmente de moda de esta posición se en- «La historia interna es primaria, la historia externa sólo secunda-
cuentra en la teoría de Lakatos ( 1971) sobre cómo debería es- ria, dado que los problemas más importantes de la historia exter-
cribirse la historia de la ciencia. Esta teoría se proponía ex- na vienen definidos por la historia interna. La historia externa, o
plícitamente tener implicaciones también para la sociología de bien proporciona una explicación no racional de la velocidad, loca-
la ciencia. El primer requisito previo, dice Lakatos, es elegir lización, selectividad, etc., de los acontecimientos históricos tal y
como se los interpreta en términos de la historia interna, o bien,
una filosofía o metodología de la ciencia, esto es, descripciones
cuando la historia difiere de su reconstrucción racional, ofrece una
de lo que la ciencia debería ser y de cuáles son los pasos racio- explicación empírica de por qué difiere. Pero el aspecto racional del
nales dentro de ella. La filosofía de la ciencia elegida se con- crecimiento científico queda plenamente explicado por la propia
vierte en el marco del cual depende todo el trabajo subsiguien- lógica del descubrimiento científico» (1971, p. 9).
te de explicación. Guiados por esta filosofía, debería ser posible
desplegar la ciencia como un proceso que ejemplifica sus prin- Lakatos responde luego a la pregunta de cómo decidir qué
cipios y se desarrolla de acuerdo a sus enseñanzas. En la medi- filosofía debe dictar los problemas de la historia externa o de la
da en la que esto se puede hacer, se muestra que la ciencia es sociología. Para desgracia del externalista, la respuesta re-
racional a la luz de dicha filosofía. A esta tarea, que consiste en presenta una humillación más. No sólo su función es derivada,
mostrar que la ciencia incorpora ciertos principios metodológi- sino que además resulta que la mejor filosofía de la ciencia,
cos, Lakatos la llama «reconstrucción racional» o «historia in- para Lakatos, es la que minimiza su papel. El progreso en la
terna». Por ejemplo, una metodología inductivista tal vez su- filosofía de la ciencia se deberá medir por la cantidad de his-
brayaría el surgimiento de teorías a partir de una acumulación toria real que pueda mostrarse como racional. En la medida en
de observaciones. Por tanto, se centraría en acontecimientos que la metodología directriz sea mejor, una mayor parte de la
como el uso que hace Kepler de las observaciones de Tycho Bra- ciencia real se salvará de la indignidad de la explicación empí-
he al formular las leyes del movimiento planetario. rica. Al sociólogo siempre le quedará el consuelo de que Laka-
Nunca será posible, sin embargo, capturar por estos medios tos se complazca en conceder que siempre habrá algunos aconte-
toda la diversidad de la práctica científica real, y por eso Laka- cimientos irracionales en la ciencia que ninguna filosofía será
tos insiste en que la historia interna necesita complementarse capaz de —o estará dispuesta a— redimir y menciona, como
siempre con una «historia externa». Ésta se ocupa del residuo ejemplos, ciertos episodios molestos de la intervención estali-
irracional. Se trata de una cuestión que el historiador filosófico nista en la ciencia, como el asunto Lysenko en biología.
pondrá en manos del «historiador externo» o del sociólogo. Así, Sin embargo, estas sutilezas son menos importantes que la
a partir de un punto de vista inductivista, el papel de las creen- estructura general de su posición. No importa cómo se elijan
cias místicas de Kepler sobre la majestuosidad del sol requeri- los principios centrales de racionalidad, o cómo puedan cam-
rían de una explicación externa o no racional. biar, la clave está en que, una vez elegidos, los aspectos racio-
Los puntos que se deben destacar en este enfoque son, pri- nales de la ciencia se sostienen como auto-impulsados y auto-
mero, que la historia interna es autosuficiente y autónoma: explicativos. Las explicaciones empíricas o sociológicas se con-
mostrar el carácter racional de un desarrollo científico es sufi- finan a lo irracional.
ciente explicación en sí misma de por qué los hechos tuvieron ¿Qué puede querer decir que no haya nada que provoque que
lugar. En segundo lugar, las reconstrucciones racionales no sólo la gente haga o crea cosas que son racionales o correctas? ¿Por
son autónomas, sino que también tienen una prioridad im- qué, en ese caso, ocurre dicho comportamiento? ¿Qué promue-
portante sobre la historia externa o la sociología. Éstas me- ve el funcionamiento interno y correcto de una actividad inte-
ramente cierran la brecha entre la racionalidad y la realidad, lectual si la búsqueda de causas psicológicas y sociológicas sólo
tarea que no queda definida hasta que la historia interna haya se considera apropiada para casos de irracionalidad o de error?
cumplido la suya. Así: La teoría que subyace tácitamente a estas ideas es una visión

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teleológica, o encaminada a metas, del conocimiento y de la ra- mientos expresados en las citas de Ryle y Lakatos, y se dijera a
cionalidad. sí mismo: «cuando hacemos lo que es lógico y procedemos co-
Supongamos que la verdad, la racionalidad y la validez son rrectamente, no se necesita decir nada más». Pero considerar
nuestras metas naturales y la dirección de ciertas tendencias ciertos tipos de comportamiento como no problemáticos es ver-
también natrnralesde las cuales estamos dotados. Somos ani- los como naturales; en este caso, lo que es natural es proceder
males racionales que razonamos conectamente y nos aferramos correctamente, es decir, orientados hacia la verdad. De modo
a la verdad en cuanto se nos pone a la vista. Las creencias que que aquí probablemente también actúa el modelo teleológico.
son claramente verdaderas no requieren entonces ningún co- ¿Cómo se relaciona este modelo de conocimiento con los prin-
mentario especial; para ellas, su verdad basta para explicar por cipios del programa fuerte? Está claro que los viola de diferen-
qué se cree en ellas. Por otro lado, este progreso auto-impulsa- tes e importantes maneras. Prescinde de una orientación cau-
do hacia la verdad puede ser obstaculizado o desviado, y en ese sal profunda; sólo se pueden localizar las causas del enor. Así,
caso se deben localizar causas naturales; éstas darán cuenta de la sociología del conocimiento queda reducida a una sociología
I
la ignorancia, el error, el razonamiento confuso y cualquier im- del error. Además, viola los requisitos de simetría e imparciali-
pedimento aJ progreso científico. dad. Se apela a una evaluación previa de la verdad o la raciona-
Una teoría así comparte mucho del sentido de lo que se ha lidad de una creencia antes de decidir si puede condiderarsel
escrito en este campo, aunque parece improbable a primera vis- como auto-explicativa o si requiere una teoría causal. No hay I! I
ta que pueda ser mantenida por pensadores contemporáneos. duda de que si el modelo teleológico es verdadero, entonces el
Parece incluso haberse introducido en el pensamiento de Karl programa fuerte es falso.
Mannheim; pese a su determinación en establecer cánones cau- Los modelos causales y teleológicos representan, por tanto,
sales y simétricos de explicación, le faltó valor cuando se acercó alternativas programáticas que se excluyen entre sí. En reali-
a temas tan aparentemente autónomos como las matemáticas dad, se trata de posiciones metafísicas opuestas. Podría parecer
y la ciencia natural. Esta renuncia queda expresada en pasa- que es necesario decidir desde ahora cuál es La verdadera. ¿Aca-
jes como el siguiente, de Ideología y utopía: so la sociología del conocimiento no depende de que la posición
teleológica sea falsa? ¿No habría entonces que dejar esto zanja-
«Se puede considerar la detejTOÍnación existencial del pensa- do antes de que el programa fuerte se atreva a actuar? La res-
miento como un hecho demostrado en aquellos ámbitos del pensa- puesta es «no». Es más sensato ver las cosas dando un rodeo. Es
miento en donde podemos mostrar ... que el proceso de conocer no poco probable que puedan aducirse «a priori» razones decisivas
se desarrolla, de hecho, históricamente de acuerdo a leyes inma- e independientes que prueben la verdad o falsedad de tales al-
nentes, que no resulta sólo de la «naturaleza de las cosas» o de las ternativas «metafísicas». En caso de que se propongan objecio-
«posibilidades lógicas puras», y que no está orientado por «una nes y argumentos contra una de las dos teorías se verá que de-
dialéctica interna». Por el contrario, el surgimiento y la cristaliza- penden de —y que presuponen— la otra, de modo que se cae en
ción del pensamiento real está influido en muchos puntos decisivos
por factores extra-teóricos de índole bien diversa» (1936, p. 339). un círculo vicioso. Todo lo que se puede hacer es verificar la
consistencia interna de las diferentes teorías y luego ver qué
Aquí, las causas sociales se equiparan con factores «extra- sucede cuando la investigación y la teorización prácticas se ba-
teóricos». Pero ¿dónde deja esto al comportamiento orientado san en ellas. Si es posible decidir su verdad, sólo se podrá hacer
según la lógica interna de una teoría o regido por factores teóri- después de que se hayan adoptado y usado, no antes. Así, la so-
cos? Está claro que con*e el peligro de quedar excluido de la ex- r ciología del conocimiento no está obligada a eliminar una posi-
plicación sociológica, puesto que funciona como la línea de divi- ción rival; sólo tiene que tomar distancias, rechazarla y asegu-
sión que permite localizar aquellas cosas que sí requieren una rarse de que su propia «casa» está en orden (lógico).
explicación. Es como si Mannheim llegara a compartir los senti- Estas objeciones al programa fuerte no se basan, pues, en la

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to nivel de hambre facilitará que un animal retenga informa-
naturaleza intrínseca del conocimiento, sino solamente en el ción sobre su medio ambiente, tal como sucede en el aprendiza-
conocimiento visto desde la posición del modelo teleológico. Si je de una rata colocada en un laberinto de laboratorio para ob-
se rechaza dicho modelo, con él desaparecen todas las distincio- tener comida. Un nivel demasiado alto de hambre muy bien
nes, evaluaciones y asimetrías que lleva consigo. Sólo si el mo- puede producir un aprendizaje rápido y acertado de dónde se
delo reclama toda nuestra atención nos atarían sus correspon- encuentra la comida, pero reducirá la habilidad natural para
dientes patrones de explicación, pero su mera existencia, así retener señales que sean irrelevantes de cara a su preocupa-
como el hecho de que algunos pensadores vean natural el usar- ción central. Estos ejemplos sugieren que condiciones causajes
lo, no le otorgan la fuerza de una prueba. diferentes ciertamente se pueden asociar con diferentes patro-
Y no cabe duda de que, en sus propios planteamientos, e] mo- nes de creencias verdaderas y falsas; sin embargo, no muestran
delo teleológico es perfectamente consistente y tal vez no haya qué diferentes tipos de causas se correlacionan de una manera
razones lógicas por las cuales alguien deba preferir el enfoque simple con creencias falsas o verdaderas. En particular, mues-
causal a la posición orientada conforme a fines. Existen, sin em- tran que es incorrecto poner todas las causas psicológicas de un
bargo, consideraciones metodológicas que pueden influir a la lado de esa ecuación, como si naturalmente condujeran a la
hora de elegir en favor del programa fuerte. verdad.
Si se deja que la explicación gravite sobre las evaluaciones Sin duda, esta limitación puede corregirse. Tal vez lo que
previas, entonces los procesos causales que se cree que operan muestren esos contraejemplos es que los mecanismos psicológi-
en el mi.,\ndo vendrán a reflejar el modelo de dichas evaluacio- cos de aprendizaje tienen una disposición óptima de funciona-
nes. Los procesos causales se presentarán de modo que los erro- miento y que producen errores cuando se salen de foco. Se pue-
res percibidos queden en un segundo plano y, en cambio, resal- de insistir en que cuando nuestro aparato perceptivo actúa bajo
ten la forma de la verdad y de la racionalidad. La naturaleza condiciones normales y lleva a cabo sus funciones como es debi-
adoptará entonces una significación moral, apoyando y encar- do, aporta creencias verdaderas. Se puede conceder esta revisión
nando lo verdadero y lo correcto. Aquellos que tienden a ofrecer de la doctrina porque hay una objeción mucho más importante
explicaciones asimétricas tendrán así todas las oportunidades a considerar.
de presentar como natural lo que dan por supuesto. Se trata de El punto crucial sobre el empirismo es su carácter individua-
una receta ideal para apartar la vista de nuestra propia socie- lista. Aquellos aspectos del conocimiento que cada uno puede y
dad, de nuestros valores y creencias y atender sólo a las desvia- debe darse a sí mismo acaso puedan explicarse adecuadamente
ciones. mediante ese tipo de modelo. Pero ¿cuánto del conocimiento hu-
Debemos ser cuidadosos en no exagerar este punto, porque mano y cuánto de su ciencia se construye por el individuo con-
el programa fuerte hace exactamente lo mismo en ciertos as- fiando simplemente en la interacción entre el mundo y sus ca-
pectos. Se basa, asimismo, en valores; por ejemplo: el deseo de pacidades animales? Probablemente muy poco. La pregunta
cierto tipo de generalidad y una concepción del mundo natural siguiente es: ¿qué análisis debemos hacer del resto? Puede de-
como algo moralmente vacío y neutro. Insiste, asimismo, en cirse que el enfoque psicológico deja sin explicar el componente
otorgar a la naturaleza un cierto papel con respecto a la morali- | 1 social del conocimiento.
dad, aun cuando sea un papel negativo, lo que quiere decir que De hecho, ¿no sucede que la experiencia individual tiene lugar
también presenta como natural lo que da por supuesto. 'Y dentro de un marco de suposiciones, modelos, propósitos y sig-
Lo que se puede decir, sin embargo, es que el programa fuer- nificados compartidos? La sociedad proporciona estas cosas a la
te posee cierto tipo de neutralidad moral, a saber, el mismo tipo mente del individuo y aporta, asimismo, las condiciones median-
que hemos aprendido a asociar con las demás ciencias; así, tam- te las cuales pueden sostenerse y reforzarse. Si su comprensión
bién se impone a sí mismo la necesidad del mismo tipo de gene- por el individuo vacila, siempre hay instancias dispuestas a re-
ralidad que las demás ciencias. Sería una traición a estos valo-
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cordárselo; si su visión del mundo empieza a desviarse, existen miento teórico no son cosas que se den en nuestra experiencia,
mecanismos que alentarán su realineación. Las necesidades de sino que son lo que da sentido a la experiencia al ofrecer un re-
comunicación ayudan a que los patrones colectivos de pensa- lato de lo que la subyace, la cohesiona y da cuenta de ella. Esto
miento se mantengan en la psique individual. Tanto como exis- no quiere decir que la teoría no responda a la experiencia; sí
te la experiencia sensorial individual del mundo natural, tam- responde, pero no se da junto con la experiencia que ella expli-
bién hay algo que apunta más allá de dicha experiencia, que le ca, ni tampoco se apoya únicamente en ella. Se requiere otro
da un marco de referencia y una significación más amplia, agente, aparte del mundo físico, que oriente y apoye este com-
completando el sentido individual de lo que es la realidad gene- ponente del conocimiento. El componente teórico del conoci-
ral, aquello de lo cual su experiencia es experiencia. miento es un componente social, y es una parte necesaria de la
El conocimiento de una sociedad no proyecta tanto la expe- verdad, no un signo de un mero error.
riencia sensorial de sus miembros individuales, o la suma de lo Hasta aquí hemos discutido dos importantes fuentes de opo-
que pudiera llamarse su conocimiento animal, sino más bien su sición a la sociología del conocimiento, y ambas han sido recha-
visión o visiones colectivas de la realidad. Así, el conocimiento zadas. El modelo teleológico era ciertamente una alternativa
propio de nuestra cultura, tal y como se representa en nuestra radical al programa fuerte, pero no existe la menor obligación
ciencia, no es un conocimiento de una realidad que cualquier de aceptarlo. La teoría empirista no es verosímil en tanto que des-
individuo pueda experimentar o aprender por sí mismo, sino lo cripción de lo que consideramos, de hecho, como conocimiento.
que nuestras teorías mejor contrastadas y nuestros pensamien- Provee alguno de los ladrillos, pero nada dice sobre los diseños
tos más elaborados nos dicen, pese a lo que puedan decir las apa- de los diferentes edificios que construimos con ellos. El siguien-
riencias. Se trata de un relato tejido a partir de las sugerencias te paso será relacionar estas dos posiciones con la que tal vez
y vislumbres que creemos nos ofrecen nuestros experimentos. sea la más típica de las objeciones a la sociología del conoci-
El conocimiento, pues, se equipara mejor con la cultura que con miento: la que afirma que se trata de una forma de relativismo
la experiencia. que se refuta a sí mismo.
Si se acepta esta acepción de la palabra «conocimiento», en-
tonces la distinción entre la verdad y el error no es la misma f., fr
que la distinción entre la experiencia individual (óptima) y la
influencia social; se convierte, más bien, en una distinción den- La objeción de la autorrefutación
tro de la amalgama de experiencias y creencias socialmente
mediadas que constituyen el contenido de una cultura. Se trata
de una discriminación entre mezclas de experiencia y creencia Si las creencias de alguien obedecen siempre a ciertas causas
que rivalizan entre sí. Esos dos mismos ingredientes se dan en o determinaciones y hay en ellas necesariamente un componen-
creencias verdaderas y falsas, y el camino queda así abierto para te proporcionado por la sociedad, a numerosos críticos les ha pa-
estilos simétricos de explicación que apelen a los mismos tipos recido que estas creencias están, en consecuencia, condenadas a
de causa. ser falsas o injustificadas. Cualquier teoría sociológica amplia
Una manera de plantear este punto que puede ayudar a su sobre las creencias parece quedar así atrapada. Porque, ¿no tie-
reconocimiento y aceptación es decir que lo que para nosotros ne que admitir el sociólogo que sus propios pensamientos están
cuenta como conocimiento científico es, en gran medida, «teóri- determinados y, en parte, incluso socialmente determinados?
co». Es una visión muy teórica del mundo la que, en cada mo- ¿No debe admitir, por tanto, que sus propios supuestos son fal-
mento dado, puede decirse que conocen los científicos; y es a ? sos en proporción a la fuerza de tales determinaciones? De lo
sus teorías adonde deben acudir cuando se les pregunta qué que resulta que, al parecer, ninguna teoría sociológica puede ser
nos pueden decir acerca del mundo. Pero las teorías y el conoci- de alcance general si no quiere sumergirse reflexivamente en el

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error y destruir su propia credibilidad. La sociología del conoci- y no puede pretender ser verdadero, pretende ser verdadera»
miento' no es, así, digna de crédito o debe exceptuar de su alcan- (p. 29).
ce las investigaciones científicas u objetivas; por tanto, debe Ésta sería una objeción convincente en contra de cualquier
confinarse a ser una sociología del error. No puede haber una teoría que afirmara, de hecho, que la determinación existencial
sociología del conocimiento auto-consistente, causal y general, implica falsedad. Pero esta premisa debe atacarse como lo que
especialmente cuando se trata del conocimiento científico. es: una suposición gratuita y una exigencia no realista. Si el co-
Es fácil ver que este argumento depende de una de las dos nocimiento depende de la existencia de un punto de vista privi-
concepciones del conocimiento discutidas anteriormente, a sa- legiado exterior a la sociedad, y si la verdad depende de salirse
ber, del modelo teleológico o de una forma individualista de em- de] nexo causal de las relaciones sociales, entonces podemos
pirismo. La conclusión se deduce si, y sólo si, primero se acep- darlos por perdidos.
tan dichas teorías, pues la objeción tiene como premisa la idea Esta objeción adopta toda una variedad de formas diferen-
central de que la causalidad implica error, desviación o limita- tes. Una versión típica consiste en observar que la investiga-
ción. Esta premisa puede formularse en la forma extrema de ción sobre las causas de las creencias se ofrece al mundo como
que cualquier causalidad implica error o, en su forma más dé- correcta y objetiva. Por tanto, aduce la objeción, el sociólogo su-
bil, de que sólo la causalidad social implica error: una u otra pone que el conocimiento objetivo es posible, de modo que no to-
son cm ciales para la objeción. das las creencias deben estar determinadas socialmente. En
Estas premisas han sido responsables de una plétora de ata- palabras del historiador Lovejoy (1949): «Incluso ellos, por tan-
ques débiles y mal argumentados contra la sociología del cono- to, presuponen limitaciones o excepciones posibles a sus genera-
cimiento, la mayoría de los cuales omiten hacer explícitas las lizaciones en el acto mismo de defenderlas» (p. 18). Estas limi-
premisas sobre las que descansan. Si lo hubieran hecho, sus taciones, según se dice, que los «relativistas sociológicos» nece-
debilidades hubieran quedado más a la vista. Su fuerza aparen- sariamente presuponen, estarían diseñadas para poder abarcar
te deriva de que su base real estaba oculta o simplemente no se 1 criterios de verdad factual e inferencia válida. De modo que tam-
conocía. El siguiente es un ejemplo de una de las mejores for- bién esta objeción descansa en la premisa de que la verdad fac-
mulaciones de esta objeción que deja bastante claro el punto de tual y la inferencia válida serían violadas por creencias someti-
partida del que deriva. das a determinación, o al menos a determinación social.
Grünwald, uno de los primeros críticos de Mannheim, esta- Estos argumentos han sido tan asumidos que su formula-
blece explícitamente el supuesto de que la determinación so- ción ha adquirido una forma abreviada y rutinaria. Ahora se
cial tiende a llevar a un pensador al error. En la introducción a presentan en versiones condensadas como la siguiente, que da
los Essays on the sociology of knowledge de Mannheim ( 1952) Bottomore (1956): «y si todas las proposiciones están determi-
se recoge la siguiente cita de Grünwald: «es imposible hacer I nadas existencialmente y ninguna proposición es absolutamen-
ninguna afirmación significativa sobre la determinación so- te verdadera, entonces esta misma proposición, si es verdade-
cial de las ideas sin tener un punto arquimédico que se sitúe ra, no es absolutamente verdadera, sino que está determinada
más allá de cualquier determinación social ... >• (p. 29). Grün- existencialmente» (p. 52).
wald extrae la conclusión de que cualquier teoría que, como la La premisa de que la causalidad implica error, sobre la cual
de Mannheim, sugiera que todo pensamiento está sujeto a una descansan estos argumentos, ya ha sido expuesta y rechazada.
determinación social, debe refutarse a sí misma. Así: «no se Dichos argumentos, por tanto, pueden despacharse junto con
necesita mucha argumentación para mostrar más allá de toda ella. El que una creencia sea juzgada como verdadera o falsa no
duda que esta versión del sociologismo es también una forma Liene nada que ver con que tenga o no una causa.
de escepticismo y, por tanto, se refuta a sí misma. Porque la te-
sis de que lodo jjensamicnto está determinado existencialmente

r, I
La objeción del conocimiento futuro rentemente en una propiedad particular del conocimiento y con-
duce a crear un abismo entre las ciencias naturales y las socia-
les en la medida en que éstas se atrevan a afectar a los huma-
El determinismo social y el determinismo histórico son dos nos en tanto que poseedores de conocimiento. Sugiere que las
ideas estrechamente relacionadas. Quienes creen que hay le- aspiraciones del prog'ama fuerte, con su búsqueda de causas y
yes que rigen los procesos sociales y las sociedades se pregun- leyes, está mal encaminada y que debería proponerse algo más
tarán si también hay que leyes rijan su sucesión y desarrollo modestamente empírico. Quizá la sociología debería, de nuevo,
históricos. Creer que las ideas están determinadas por el medio limitarse a ser una crónica de errores o un catálogo de las cir-
social no es sino una manera de creer que son relativas, en al- cunstancias externas que ayudan u obstaculizan a la ciencia.
gún sentido, a la situación histórica de los actores. No es, por La observación de Popper es correcta, aunque trivial, y, bien
tanto, sorprendente que la sociología del conocimiento haya sido entendida, sólo sirve para destacar las semejanzas, más que
criticada por quienes creen que la propia idea de ley histórica las diferencias, entre las ciencias sociales y las naturales.
está basada en el c 1Tor y la confusión. Uno de estos críticos es Consideremos el siguiente razonamiento, que sigue los mis-
Karl Popper (1960), y en esta sección trataremos de refutar sus mos pasos que el de Popper y que, si es correcto, probaría que
críticas en la medida en que se apliquen a la sociología del co- es imposible hacer previsiones en el mundo físico. Esto nos per-
nocimiento. mitirá poner en acción nuestras facultades críticas. El razo-
La razón por la que se mantiene que la búsqueda de leyes es namiento es éste: es imposible hacer previsiones en física que
una búsqueda errónea es que, si pudieran encontrarse, ello im- utilicen o se refieran a procesos físicos de los que no sabemos
plicaría la posibilidad de predicción; una sociología que sumi- nada. Ahora bien, la evolución del mundo físico depende, en
nistrara leyes permitiría la predicción de futuras creencias. En parte, de la acción de estos factores desconocidos. Por tanto, el
principio, parece que habría de ser posible saber qué aspecto mundo físico es impredecible.
tendrá la física del futuro, igual que es posible predecir los esta- Se objetará, por supuesto, que todo lo que se prueba con esto
dos futuros de un sistema mecánico: si se conocen sus leyes y su es que nuestras predicciones serán con frecuencia erróneas, no
posición inicial, así como las masas y las fuerzas que lo compo- que la naturaleza sea impredecible. Serán erróneas en la medi-
nen, se deben poder determinar su posiciones futuras. da en que no acierten a tener en cuenta hechos relevantes que
La objeción de Popper a esta ambición es, en parte, informal ignorábamos que estuviesen involucrados. Y puede darse exac-
y, en parte, formal. De manera informal, observa que el com- tamente la misma respuesta al razonamiento contra las leyes
portamiento y la sociedad humanos no ofrecen el mismo espec- históricas. De hecho, lo que Popper está ofreciendo es un razo-
táculo de ciclos repetidos de acontecimientos que ciertas partes namiento inductivo basado en el cúmulo de nuestras ignoran-
limitadas del mundo natural. Así que las predicciones a largo cias y omisiones; se limita a señalar que nuestras previsiones
plazo son muy poco realistas; y hasta aquí no podemos dejar de históricas y sociológicas serán habitualmente falsas. La razón
estar de acuerdo con él. que da para ello es correcta, a saber, que las acciones futuras
Pero el nudo de su argumentación descansa en una observa- de la gente a menudo dependerán de cosas que se sabrán en-
ción lógica sobre la naturaleza del conocimiento. Es imposible, tonces pero que no sabemos ahora, por lo que no podemos te-
dice Popper, predecir el conocimiento futuro, y la razón está en nerlas en cuenta cuando hacemos la predicción. La conclusión
que cualquier predicción de ese tipo debería dar cuenta del des- correcta que debe sacarse para las ciencias sociales es que ape-
cubrimiento de ese conocimiento. El modo en que nos compor- nas podremos avanzar en la previsión de los comportamientos
tamos depende de lo que sabemos, así que el comportamiento y creencias de otros a no ser que sepamos al menos tanto como
fuiurqj dependerá de ese conocimiento impredecible y, por tan- ellos sobre su situación. Nada hay en esta argumentación que
to, también será impredecible. Este argumento descansa apa- deba desanimar al sociólogo del conocimiento de cara a elaborar

r,:i
conjeturas a partir de estudios de casos empíricos e históricos y mente «errante». Los planetas llamaron la atención precisamen-
contrastarlos con posteriores estudios. El conocimiento limita- te porque no se ajustaban a las tendencias generales que eran
do y el amplio campo de error aseguran que estas previsiones visibles en el cielo nocturno. El estudio histórico de Kuhn sobre
serán falsas en su mayor parte. Pero, por otro lado, el hecho de astronomía, The copernican revolution (1957), es un inventario
que la vida social dependa de la regularidad y el orden nos per- precisamente de lo difícil que es encontrar regularidades bajo
mite esperar la posibilidad de un progreso. Vale la pena recor- las tendencias. El que haya o no leyes sociales subyacentes es
dar que el propio Popper considera la ciencia como una pers- una cuestión de investigación empírica y no de debate filosófi-
pectiva incesante de conjeturas refutadas. Comoquiera que co. ¿Quién sabe qué fenómenos sociales erráticos y sin propósi-
este planteamiento no pretendía intimidar a los científicos na- to aparente se convertirán en ejemplo paradigmático de regu-
turales, no hay razón para que pudiera hacerlo con los científi- laridad conforme a leyes? Las leyes que surjan podrán no regir
cos sociales, por más que sea así como Popper ha querido pre- tendencias históricas globales, pues éstas son probablemente
sentarlo. mezclas complejas, como el resto de la naturaleza. Los aspectos
Pero aún debemos enfrentarnos a esta objeción: ¿el mundo del mundo social que se ajusten a leyes se referirán a factores y
social, no se nos presenta en forma de simples orientaciones y procesos que se combinan para producir efectos empíricamente
tendencias en vez de hacerlo con esa apariencia de regularidad observables. El brillante estudio antropológico de la profesora
conforme a leyes propia del mundo natural? Las tendencias, Mary Douglas, N atural symbols (1973), da una idea de cómo
por supuesto, son corrientes meramente contingentes y super- pueden ser esas leyes. Los datos son incompletos, sus teorías
ficiales más que necesidades inherentes a los fenómenos. La están aún evolucionando y, como todos los trabajos científicos,
respuesta está en que esta distinción es espuria. Tomemos las el suyo es provisional, pero ya se pueden entrever ciertas pau-
órbitas de los planetas, que suele ser el ejemplo paradigmático tas o modelos.
de obediencia a leyes y no a tendencias. Pues, de hecho, el siste- Para concretar la discusión sobre leyes y predicciones, pue-
ma solar no es sino una mera tendencia física: permanece por- de ser útil finalizar con un ejemplo que muestre qué tipo de ley
que nada le perturba. Hubo un tiempo en que no existía y no es es el que busca realmente el sociólogo de la ciencia. También
difícil imaginar cómo podría desbaratarse: bastaría que un ayudará a clarificar esa terminología abstracta que habla de
gran cuerpo pesado pasara cerca de él o que el sol explotara. «ley» y de «teoría» y que es tan poco habitual en la sociología o la
Tampoco las leyes fundamentales de la naturaleza imponen a historia de la ciencia.
los planetas que se desplacen según trayectorias elípticas. Tan La búsqueda de leyes y de teorías en la sociología de la cien-
sólo ocurre que giran alrededor del sol debido a sus condiciones cia es, en sus procedimientos, absolutamente idéntica a la de
de origen y formación; y bien podrían tener trayectorias dife- cualquier otra ciencia, lo que significa que deben seguirse los
rentes sin dejar de obedecer a las mismas leyes de atracción. / pasos siguientes. La investigación empírica debe localizar, en
No: la superficie empírica del mundo natural está dominada ' primer lugar, los acontecimientos típicos y repetitivos. Tal in-
por tendencias. Esas tendencias se refuerzan o debilitan en vestigación puede haberse inspirado en una teoría anterior, en
función de una lucha subyacente entre leyes, condiciones y con- la violación de una expectativa tácita o en necesidades prácticas.
tingencias. Nuestra comprensión científica trata de entresacar A continuación, debe inventarse una teoría que explique esas
aquellas leyes que, como estamos tentados de decir, están «de- regularidades empíricas, para lo cual formulará un principio
trás» del estado de cosas. Al oponer los mundos natural y social, general o recurrirá a un modelo que dé cuenta de los hechos. Al I
la objeción omite compararlos al mismo nivel, pues compara las hacerlo, la teoría proporcionará un lenguaje con el que poder I
leyes subyacentes a las tendencias físicas con la superficie pu- hablar de ellos, a la vez que afinará la percepción de esos m is-|
ramente empírica de las tendencias sociales. mos hechos. El alcance de la regularidad se verá con mayor cla-
Es interesante que la palabra «planeta» significara original- ridad cuando se logre dar una explicación de la vaga formula-!

Mi
ción inicial. La teoría o el modelo pueden, por ejemplo, explicar disputa. A esta cuestión puede responderse, en parte, diciendo
no sólo por qué se da la regularidad empírica sino también por que la ciencia depende en buena medida de la publicación y co-
qué no se da en ciertas ocasiones, sirviendo así de guía para de- municación de los conocimientos, por lo que cierto número de
terminar las condiciones de las que depende esa regularidad y, en científicos a menudo se encuentran en situación de realizar
consecuencia, las causas de las variaciones o de las desviacio- avances similares. Se trata de una carrera reñida entre corre-
nes que pueda sufrir. De esta manera, la teoría puede sugerir dores muy igualados. Pero, en segundo lugar, aunque más im-
investigaciones empíricas más refinadas que, a su vez, pueden portante, está el hecho de que los descubrimientos implican
reclamar más trabajo teórico, como puede ser la refutación de la algo más que hallazgos empíricos: implican cuestiones de in-
teoría original o la exigencia de su modificación y reelaboración. terpretación y reinterpretación teóricas. Las diversas signifi-
Todos estos pasos pueden observarse en el siguiente caso. Se caciones atribuibles a un resultado empírico se prestan a todo
ha observado a menudo que las disputas sobre la prioridad de los tipo de malentendidos y descripciones erróneas.
descubrimientos son un rasgo habitual en la ciencia. Hubo una El descubrimiento del oxígeno puede ilustrar esta compleji-
famosa disputa entre Newton y Leibniz en torno a la invención dad (Toulmin, 1957). Este descubrimiento suele atribuirse a
del cálculo infinitesimal; la que hubo en torno al descubrimien- Priestley, pero él mismo no lo veía así. Para él, el nuevo gas que
to de la conservación de la energía no fue menos áspera; Ca- había conseguido aislar era aire desflogistizado, una sustancia
vcndish, Watt y Lavoisier se vieron envueltos en la contro- íntimamente relacionada con los procesos de combustión tal y
versia sobre la composición química del agua; biólogos como como se concebían en la teoría del flogisto. Fue necesario que
Pasteur, médicos como Lister, matemáticos como Gauss, y físicos tal teoría se viera rechazada y reemplazada por la explicación
como Faraday o Davis se han visto enzarzados en discusiones de la combustión que dio Lavoisier para que los científicos se
sobre la prioridad. Puede entonces formularse una generaliza- vieran a sí mismos tratando con un gas llamado oxígeno. Son
ción de este tipo: los descubrimientos engendran controversias los componentes teóricos de la ciencia los que dan a los científi-
en torno a la prioridad. cos los términos mediante los que perciben sus propias accio-
Es muy posible que se deseche esta observación empírica, nes y las de los demás. De ahí que la descripción de las acciones
declarando que es irrelevante para la auténtica naturaleza de involucradas en la imputación de un descubrimiento sea preci-
la ciencia, que la ciencia como tal se desarrolla segun la lógica samente lo que se vuelve problemático cuando tienen lugar des-
interna de la investigación científica y que las controversias no cubrimientos importantes.
pasan de ser meros episodios, meras intrusiones psicológicas Es ahora cuando se debería poder ofrecer una explicación so-
en los procedimientos racionales. Sin embargo, un planteamien- bre por qué ciertos descubrimientos están menos sujetos que
to más naturalista se limitará a tomar los hechos tal y como son otros a desencadenar disputas sobre la prioridad. La genera-
y a inventar una teoría para explicarlos. Una de las que se han lización empírica original puede refinarse, sin limitarse a una
propuesto para explicar las disputas sobre la prioridad con- simple o arbitraria limitación del alcance de la generalización
sidera el funcionamiento de la ciencia como un sistema de in- sino, más bien, discriminando entre diferentes tipos de descu-
tercambio. Las «contribuciones» se intercambian por «reco- brimiento a partir de las consideraciones precedentes sobre la
nocimiento» y status, y de aquí la existencia de tantas leyes teoría del intercambio. Esto nos permitirá mejorar la formula-
epónimas como la ley de Boyle o la ley de Ohm. Como el recono- ción de nuestra ley empírica diciendo: los descubrimientos que
cimiento es importante y un bien escaso, se lucha por conse- tienen lugar en momentos de cambio teórico desencadenan
guirlo, lo que origina las disputas sobre la prioridad (Merton, disputas; aquellos que se hacen en momentos de estabilidad
1957; Storer, 1966). La cuestión que entonces se plantea es la teórica no lo hacen.
de por qué no está claro quién es el que ha hecho un contribu- Evidentemente, la cosa no se queda aquí. Primero, habrá
ción concreta y cómo es posible que llegue a plantearse una que contrastar la versión refinada de la ley para ver si es plau-

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sible empíricamente; lo cual significa, por supuesto, contrastar
una predicción sobre las creencias y comportamientos de los
científicos. Segundo, habrá que desarrollar otra teoría que dé
sentido a la nueva ley. Sin necesidad de entrar en más detalle,
indiquemos solamente que una teoría que lleva a cabo esa ta-
rea es la formulada por T.S. Kuhn en su artículo «The histori-
cal structure of scientific discovery» ( 1962a) y en su libro The
structure of scientific revolutions ( 1962b). Diremos más sobre
esta visión de la ciencia en otro capítulo.
No se trata ahora de saber si el modelo de intercambio o la
interpretación de Kuhn son correctos. De lo que se trata es del
modo general en que los hallazgos empíricos y los modelos teóri-
cos se relacionan entre sí, de cómo interactúan y se desarrollan.
Lo importante es que en las ciencias sociales lo hacen exacta-
mente del mismo modo que en cualquier otra ciencia. -

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