El Hombre y el Caballo: Revisión Etnohistórica
El Hombre y el Caballo: Revisión Etnohistórica
TESIS DOCTORAL.
EL HOMBRE Y EL CABALLO:
UNA REVISIÓN ETNOHISTÓRICA.
(Desde el Eoceno hasta la caída del Imperio
Romano de Occidente).
A la doctora María Belén Bañas Llanos, primero profesora y, ahora, amiga, que
sigue instruyéndome con su inmensa cultur..
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A María, que comparte mi afición.
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“…No buscaron la huida los cobardes, ni el combate los esforzados, y
menos en vista de que el caballo no golpea piafando la roca, excitado por
el toque de los clarines, ni frota la boca que tasca los rígidos frenos, ni
sacude la crinera, ni yergue las orejas y con inquieto agitar las patas
lucha por no estar parado; abatida pende su cerviz, transpiran de sudor
sus miembros y se le seca la boca sedienta con la lengua fuera, resuella
el pecho oprimido por palpitante anhélito, mientras recia sacudida agita
fuertemente sus ijares agotados y la espuma, reseca, se endurece en el
bocado sanguinolento. …”
Lucano.
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ÍNDICE.
A. RESUMEN. 27.
B. INTRODUCCIÓN. 29.
C. METODOLOGÍA. 35.
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2 3. 1. Paleolítico Inferior. 83.
2. 3. 2. Paleolítico Medio. 85.
2. 3. 3. Paleolítico Superior. 87.
2. 3. 4. El arte en el Paleolítico. 90.
2. 3. 4. 1. Significado del arte paleolítico. 92.
2. 3. 4. 2. Extensión del arte paleolítico. 94.
2. 3. 4. 3. Tema preferido en las pinturas paleolíticas. 95.
2. 3. 4. 4. Ubicación de las pinturas paleolíticas. 97.
2. 3. 4. 5. Otros soportes artísticos. 98.
2. 4. MESOLÍTICO. 99.
2. 4. 1. El arte en el Mesolítico. 101.
2. 5. EL NEOLÍTICO. 102.
2 5. 1. El nuevo concepto del Neolítico. 103.
2 5. 2. Lugares de inicio del proceso neolítico. 104.
2 5. 3. Economía de subsistencia. 105.
2 5. 4. Influencia de la acción humana sobre los ecosistemas. 107.
2 5. 5. Teorías sobre los cambios en los modos de vida neolíticos.108
2 5. 6. El arte en el Neolítico. 111.
2 6. EDAD DE LOS METALES. 112.
2 6. 1. El Calcolítico o Edad del Cobre. 114.
2 6. 1. 1. Uso de la rueda. 115.
2 6. 1. 2. El carro ligero. 116.
2 6. 2. Edad del Bronce. 117.
2 6. 3. Edad del Hierro. 119.
2 6. 3. 1. Llegada de la cultura del caballo a Europa. 121.
2. 6. 4. El arte en la Edad de los Metales. 123.
2. 6. 4. 1. El arte en metal. 123.
2. 6. 4. 2. El arte en piedra. 126.
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14. 2. 2. Tiberio. 673.
14. 2. 3. Germánico. 677.
14. 2. 4. Calígula. 680.
14. 2. 5. Claudio. 685.
14. 2. 6. Nerón. 687.
14. 3. EL AÑO LOS CUATRO EMPERADORES (69 D. C). 694.
14. 3. 1. Galba. 694.
14. 3. 2. Otón. 695.
14. 3. 3. Vitelio. 697.
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17. 3. 2. 3. Alianza de Constantino y Licinio. 776.
17. 3. 2. 4. Constantino, dueño del Imperio y fundador de
Constantinopla. 777.
17. 3. 2. 5. Sucesores de Constantino. 778.
17. 4. DINASTÍA VALENTINIANA. 780.
17. 4. 1. Valentiniano. 780.
17. 4. 2. Valente. 781.
17. 5. CASA DE TEODOSIO. 782.
17. 5. 1. Teodosio y sus sucesores. 782.
17. 6. EMPERADORES BUENOS, EMPERADORES MALOS. 785.
18. CONCLUSIONES. 787.
19. BIBLIOGRAFÍA. 789.
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A. RESUMEN.
SUMMARY.
Since man and horse met in the Wordl, their paht like species has passed
toghether. First relation limited itself to that of hunters with their preys, but after the
taming of the horse and of the invention of horseback riding, their relationship
intensified up to turning the horse into an indispensable ally of men, so much in the
most risky undertakings as in the leisure time or glory days.
This is the history of a relationship that started thousands of years ago and that
has kept indelible for the period of our study.
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B. INTRODUCCIÓN.
El caballo tuvo su origen como especie en América del Norte; donde debido a
causas desconocidas, tal vez algún problema higiénico o alguna hecatombe natural,
acabó por extinguirse. Afortunadamente algunos ejemplares de estas poblaciones
americanas lograron atravesar el estrecho helado de Bering y arribar a las praderas
euroasiáticas, lugar en el que encontraron un hábitat adecuado a sus exigencias como
especie, amplias extensiones de tierra desarbolada y cubiertas de hierba. Allí
evolucionaron todos los ascendientes de los caballos actuales.
Sería en ese nuevo hábitat donde entraría en contacto con las poblaciones de
Homo sapiens que lo habitaban, que pronto lo incorporaron a su dieta omnívora.
Transcurrieron milenios en los que la relación entre el hombre y el caballo se limitó a la
propia del cazador con su presa.
Llegados al Neolítico, el hombre incorporó a su existencia la agricultura y la
domesticación de animales. Parece que fue en el Creciente Fértil donde los hombres
inventaron la agricultura y la ganadería. Observados las especies animales
domesticables, se eligieron aquellos que cumplieran los requisitos imprescindibles
para someterlos al proceso; los caballos los cumplían todos, con la excepción de que
eran más fuertes y más rápidos que los domesticadores; inconvenientes que fueron
aprovechados por el hombre.
Convertido en animal doméstico, alguien descubriría que, a horcajadas sobre
sus lomos, se podía desplazar sobre él y que, además, podía gobernarlo fácilmente.
Había nacido la equitación. Los hombres que la inventaron parece que fueron los
mismos que habitaban las estepas euroasiáticas a las que habían llegado los caballos
americanos y en las que prosperaron sin dificultad.
Con el nacimiento de la agricultura se generaron excedentes que había que
almacenar y repartir. Además, las poblaciones de cazadores y recolectores neolíticos
tuvieron que sedenterizarse al lado de sus campos de cultivo y de los graneros en los
que almacenaban esos excedentes. Así fue como nacieron las aldeas, la
jerarquización de la sociedad y los consiguientes estados. Era el jefe el encargado de
repartir la comida almacenada entre los integrantes de la aldea; pero también tenía la
importante misión de guardarlos contra las rapiñas de las demás aldeas que estarían
interesadas en hacerse con el botín. Estas escaramuzas entre aldeas vecinas fueron
el germen de lo que más tardes serían las guerras entre estados; y precisamente en
estas razias y en las guerras posteriores se hizo imprescindible el uso del caballo, que
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convertía al guerrero en mucho más poderoso y más rápido. Evidentemente no era
menor la importancia del caballo en la vida diaria de los domadores y en tareas
cotidianas como trasladarse rápidamente de unos lugares a otros o apacentar los
rebaños.
Otro hito importante en la evolución de la Humanidad lo marca la invención de la
rueda, que permitió la construcción de plataformas que, colocadas sobre ellas, podían
desplazarla sirviéndose de la fuerza animal. Había nacido el carro, que en sus
orígenes serviría para transportar materias agrícolas, pero que pronto se aprovechó
para trasladar a los guerreros al campo de batalla. El caballo que no es un animal
dotado para arrastrar pesadas cargas, para lo que en principio se utilizaban bueyes y
luego mulas, era un animal muy rápido y por tanto muy adecuado para engancharlos a
livianos carros de guerra.
Parece evidente que el caballo acabara por convertirse en auxiliar imprescindible
entre los habitantes de los grandes estados del Oriente, como los hititas, los sármatas,
los asirios, los egipcios, los hissos, los israelitas, los partos y los chinos. Desde estos
estados prístinos el uso del caballo como auxiliar del hombre en los campos de batalla,
se extendió hacia Occidente, que también lo incorporaron a sus ejércitos. Llegaron de
la mano de las tribus arias, que se presentaron en sus carros tirados por caballos.
Todos los pueblos de Occidente, entre los que podemos citar, en Italia, a los
etruscos, que tal vez trajeron con ellos al caballo desde sus probables orígenes en
Oriente, a los latinos, a los ligures, a los vénetos, a los oscos, a los umbríos y a los
samnitas, incorporaron a sus culturas el uso del caballo montado y enganchado. En
España fueron especialmente los celtíberos los que, por sus orígenes, estuvieron más
relacionados con el uso del caballo; aunque lógicamente estuvo presente en todos los
pueblos, como los íberos o los tartesios; que, según las fuentes, abrevaban a sus
caballos en pesebres de plata.
Entre los estados que se sumaron al uso del caballo destacan, por su
importancia Grecia, que no era una tierra apta ni para criar caballos ni para su
utilización en los campos de batalla, debido a lo abrupto de su suelo; y Roma, que si
en un principio basó, igual que había hecho Grecia con su falange hoplita, su defensa
en la todopoderosa legión, más tarde llegó a la conclusión que era importante
proveerse de una buena caballería. Parece que llegaron a esta conclusión tras
enfrentarse a los cartagineses en las famosas guerras púnicas y admirar la destreza,
la rapidez y la efectividad, en el campo de batalla, de guerreros como los númidas
africanos o los celtíberos e íberos hispanos. Roma se apresuró a ganarse a tan
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efectivos jinetes para incorporarlos a sus filas; hecho lo cual parece que la fortuna
comenzó a favorecer a los hijos de la Loba.
Especialmente significativo fue el papel de los caballos en los juegos romanos.
Si en Grecia se había competido por el placer de vencer, Roma convirtió las carreras
circenses en todo un fenómeno de masas, en un espectáculo con el que se pretendía
distraer al pueblo para que no fuera consciente de los verdaderos problemas que
acuciaban al estado. La problemática la resume perfectamente Juvenal, con su
famosa frase: “pan y circo”. Los emperadores se dedicaron a mantener alimentada a la
plebe mediante la anona, y ociosa, mediante los juegos circenses y gladiatorios, en los
que participaban los caballos cuando luchaban los essedarius.
La relación entre los hombres y los caballos se fue estrechando. Conocemos la
de los grandes generales con sus caballos, de los que son buenos ejemplos la de
Alejandro Magno con su Bucefalo, que lo sacó de mil peligros durante sus arriesgadas
campañas persas, las de los númidas que podían conducir sus monturas sin bridas,
con la sola presión de sus piernas sobre los flancos de los animales, la del enfermizo
Calígula con su famoso Incitatus, al que pretendió nombrar senador de Roma, o la del
loco Nerón, que soñaba con su caballo asturcón, su raza preferida.
Los historiadores, como ocurre en todas las épocas, sólo se han encargado de
recoger la vida de los humanos más sobresalientes, por ello podemos conocer la vida
de algunos emperadores, sobre todo la de los más particulares por sus aficiones, sus
bondades o sus vicios. De algunos apenas sabemos nada pero de otros es mucha la
bibliografía que tenemos a disposición. Entre estos últimos destacan el enfermizo
Augusto que abandonó pronto la práctica de la equitación en el Campo de Marte; y
entre los obsesionados por los caballos destacan Nerón, que además de tañedor de
lira quería mostrarse al pueblo como un aventajado auriga. A Séneca y a Burro les
costaba mantener alejado de los aplausos de las masas a tan testarudo discípulo; por
lo que le permitieron la construcción de un circo privado en los terrenos en los que hoy
se asienta la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, con la intención de que los hijos de
Roma no viesen competir en la arena a tan imperial artista.
Los enemigos más sobresalientes entre los que poblaban la periferia del Imperio
Romano eran los pueblos celtas, que criaban en sus poblados, diseminados en sus
territorios, entre otros animales, a los caballos. Monturas que, debido a la
infraestructura necesaria para su cría a la que había que sumar la doma y el
entrenamiento, eran un elemento de prestigio entre aquellos pueblos, lo mismo que lo
había sido entre los pueblos de Oriente, como muy bien pone de manifiesto el consejo
que Agesilao II, rey de Esparta, da a su hermana Cinisca, al aconsejarle que críe
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caballos para aumentar su prestigio; llegando los caballos de Cinisca a ganar alguna
medalla en los Juegos Olímpicos; logro que ella se encargó de inmortalizar con una
inscripción que colocó en el santuario de Olimpia. Herederos de esa tradición
ennoblecedora de criar caballos fueron muchos nobles romanos, como el más adorado
de todos los príncipes imperiales, Germánico, que se dedicaba a la cría de caballos en
sus inmensas posesiones africanas y a competir en los afamados Juegos de Olimpia.
Estaba claro que el caballo era un ser excepcionalmente útil que había que
domar y proteger. En Hatussas, la antigua capital del imperio hitita aparecieron unas
tablillas de barro, en las que el mitanio Kukkuli, describe el proceso, con todo detalle,
de doma de los caballos. De proteger con esmero la salud de los caballos se
encargaron los científicos de los pueblos orientales. En la ciudad de Ugarit se han
encontrado unas tablillas que son un tratado de veterinaria, escrito por el caballerizo
mayor de la ciudad, que contiene recetas para remedios como hinchazones y heridas
de los caballos, a base de sustancias naturales como plantas y frutos. Avanzado el
tiempo, serán autores clásicos, como Jenofonte, el que escriba un magnífico tratado
sobre equitación. De explicarnos la biología de los animales se encargarán Aristóteles,
el preceptor de Alejandro, y el enciclopedista romano Plinio el Viejo. Y del arte de curar
los caballos se ocuparán tanto Catón como, muy posteriormente, Paladio.
Tan útil y atractivo animal mereció la admiración de artistas, historiadores y
poetas. Si el arte aparece en la Humanidad hace, aproximadamente, 28.000 años;
desde sus albores, el caballo, ocupa un lugar de honor en las representaciones
artísticas de los humanos. Obras que nacen con la intención de evocar ideas y
sentimientos de placer, de miedo o de repulsión, pero que nunca dejarán indiferentes a
quienes las contemplan. Sentimientos como son capaces de inspirar, todavía en
nosotros, tanto las obras de los artistas prehistóricos como los refinados frisos del
Partenón o la realista figura del emperador Marco Aurelio, que podemos contemplar en
los romanos Museos Capitolinos. También los historiadores se encargaron de relatar
las hazañas de los mortales y las de seres mitológicos o semidivinos, como los
hermanos Castor y Pollux, que se pusieron de parte de los romanos en la batalla del
lago Regilo, participando en la lucha a lomos de sus albas monturas. Tampoco los
poetas dejaron de fijarse en los admirados y útiles caballos, destacando entre ellos el
genial Virgilio que, en su intento por convencer a los romanos de la necesidad de
mantener las tradiciones del origen campesino del pueblo romano, nos regala los más
sutiles versos que ningún poeta ha dedicado nunca a los bellos caballos.
Según declara Leslie A. White en su obra The Science of Culture, el símbolo es
la unidad básica de toda civilización y todo comportamiento humano. El caballo es,
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para los humanos símbolo de belleza, de nobleza, de fortaleza, de rapidez e, incluso,
de potencia sexual. Además, entre muchos pueblos, como los galos tiene valor,
también, aparte de como elemento de prestigio y riqueza, por su valor religioso y ritual.
Es el caballo ardientemente codiciado por todos, por lo que se convierte en un regalo
exclusivo que puede ablandar voluntades; bien lo sabía Escipión, cuando tras la
batalla de Baecula regaló 300 monturas a los hombres del hispano Indíbil. A los
dioses, que se comportan como humanos, no les desagrada que les regalen caballos.
Conocedores de ello los romanos sacrificaban un caballo a Marte, dios de la guerra,
en la ceremonia religiosa del October equus, con la que agradecían al dios la recogida
de las mieses. Festo se encarga de aclararnos que el caballo es un animal caro al dios
y Plutarco puntualiza que a los dioses se les debe sacrificar aquello que les resulte
grato.
El caballo se asocia, a lo largo del tiempo que abarca nuestro estudio, con el
poder. Parece indudable esta asociación durante toda la prehistoria y la historia; como
lo era por ejemplo, en la Edad del Hierro en Hispania y en todo el Mediterráneo,
debido, además de al alto coste de su mantenimiento, al aura de superioridad que
proporcionaba a los jinetes; aire aristocrático que los orfebres y los numismáticos
reflejarían en sus obras, como la fíbula de plata de Cañete de las Torres (Córdoba).
Prestancia del jinete sobre su montura que se tornaría, no pocas veces, en orgullo,
como cuando Horacio exclama que la tierra cederá a su orgullo cuando cabalgue
sobre los lomos de su montura. Adentrémonos es este trabajo de Etnohistoria.
33
34
C. METODOLOGÍA.
Los miembros de los grupos humanos siempre hemos sentido curiosidad por las
culturas de los grupos extraños; máxime si esas culturas están tan alejadas en el
tiempo como las tratadas en este estudio; así “… el hecho de que la gente que viva en
culturas diferentes construya tipos diferentes de refugios, lleve diferentes tipos de
vestidos, practique clases diferentes de matrimonios, venere diferentes tipos de
espíritus y dioses y hable lenguas diferentes ha sido siempre una fuente de
perplejidad. …” 1.
Estudiar holísticamente a los seres humanos es misión de la Antropología, que
es una disciplina de infinita curiosidad acerca de los mismos, por lo que su campo de
miras, tanto histórica como geográficamente, es más amplio que los de otras
disciplinas que estudian a los hombres 2.
Los antropólogos estudiamos diferentes características de las sociedades
humanas; así mientras unos se interesan por las físicas o biológicas de los hombres,
otros lo hacen por las características culturales de las sociedades; los primeros
estudios se englobarían dentro de la Bioantropología física y los segundos lo harían
dentro de la Antropología Cultural 3.
La Antropología cultural, pues, se interesa por las variaciones que se producen
en las características culturales de las diferentes sociedades. Cultura que podemos
definir, según lo hizo Edward Tylor en la primera página de su Primitive culture como:
“… ese todo complejo que comprende los conocimientos, creencias, artes, leyes,
moral, costumbres y cualquier otra capacidad o hábito adquiridos por el hombre en
tanto que miembro de la sociedad. …” 4; y que abarca aspectos tan diferentes como la
lengua, las diferencias religiosas, los hábitos de trabajo, los roles de ambos sexos, o la
utilización del caballo en aquellas sociedades que se sirven de él.
Parece que muchos consideran cultura, por ejemplo, al bagaje de los
conocimientos que hemos adquirido a lo largo de nuestro período académico, pero
esto es sólo instrucción; que por supuesto forma parte del todo cultural, pero
antropológicamente, el concepto de Cultura es mucho más amplio, como especifica
Ralph Linton: “… La cultura se refiere al estilo completo de vida de una sociedad, y no
1
Harris M: Introducción a la antropología general. Alianza Ed. Madrid. 2004. Pág. 623.
2
Ember, C. R. y otros: Antropología. Pearson educación S. A. Madrid. 2004. Págs. 2 y 3.
3
Ibídem. Pág. 3.
4
Citado. Laburthe-Tolra, P. y Warnier, J. P: Etnología y Antropología. Akal Ed. Tres Cantos
(Madrid) 1998. Pág. 14.
35
simplemente a aquellas partes de ésta a las que ésta sociedad considera como más
elevadas o deseables. […] En consecuencia, para el científico social no existen
sociedades incultas y ni siquiera individuos. Cada sociedad tiene una cultura, no
importa como de simple pueda ser esa cultura, y cada ser humano es cultural en el
sentido en que participa de una u otra cultura. …” 5. Lo que hace o piensa un solo
individuo no puede considerase cultura, esto sería un simple hábito personal; para que
podamos hablar de Cultura, esa acción o pensamiento debe ser compartido por
grupos de individuos 6.
Y para que algo pueda ser considerado cultural, debe ser aprendido, además de
compartido por los integrantes del grupo 7. Por ejemplo, a montar a caballo, entre los
númidas, era aprendido por los niños en edades tempranas, mientras perseguían
gacelas. Aprendizaje que podemos constatar también entre los grupos de animales, en
los que si la mayoría de sus conductas son innatas, parece que no está ausente el
aprendizaje por observación de los demás sujetos del grupo, así si un potrillo observa
el comportamiento noble de su madre ante el cuidador, aprenderá a no temer al
hombre.
La Antropología Cultural se divide en tres ramas diferentes, según el objeto de
su estudio. La Etnología estudia las culturas existentes en la actualidad; la
Antropología Lingüística estudia las sociedades a través de las lenguas; y la
Antropología arqueológica estudia las culturas pasadas, sirviéndose, sobre todo, de
los restos materiales que han quedado de ellas 8. Este estudio es un trabajo de
Antropología Arqueológica porque estudia la cultura de gente que ha vivido en el
pasado remoto, por lo que nuestro trabajo, como antropólogos, es parecido al de los
historiadores, aunque la Arqueología va más lejos, ya que si éstos se limitan al estudio
de las sociedades que han dejado restos escritos, los antropólogos, al extender
nuestros estudios a los restos materiales, podemos desplazarnos en el tiempo hasta
los albores del nacimiento de las especies que estudiamos, el hombre y el caballo.
La etnohistoria basa sus estudios en materiales descriptivos de las sociedades,
en distintos momentos del tiempo 9, que pueden extenderse, aparte de los registros
etnográficos preparados por los primeros antropólogos, a tratados tan variopintos
como las narraciones de los viajeros, de los comerciantes, de los geógrafos o de los
5
Ember, C. R. y otros. Opus cit. 2004. Pág. 258.
6
ibídem. Pág. 258.
7
Ibídem. Pág. 259.
8
Ibídem. Pág. 5.
9
Ibídem. Pág. 292.
36
funcionarios estatales. Disciplina que, no debemos olvidar, tiene el grave impedimento
de consumir muchísimo tiempo en la recopilación de los datos históricos 10.
El tiempo que abarca nuestro estudio incluye la Prehistoria, tiempo anterior a los
restos escritos, por lo que tenemos que reconstruir la historia de las culturas de este
período basándonos exclusivamente en los restos materiales que han sobrevivido,
como restos de cerámica, herramientas de piedra y metal o grandes montones de
desperdicios 11. Arribados a tiempos históricos, a los restos mencionados para la
Prehistoria, podemos agregarle los escritos que nos dejaron los historiadores, sobre
todo los clásicos griegos y romanos, entre los que destacaremos, sólo por citar
algunos, a Homero, Aristóteles, Jenofonte, Virgilio, Plinio o los anónimos autores de la
Historia Augusta. Especialidad, la Arqueología Histórica, que “…utiliza los métodos de
arqueólogos e historiadores para estudiar las sociedades recientes, ya sea aplicando
la información histórica o la arqueológica. …” 12.
Cuando no existen restos escritos sobre los hechos sucedidos hace miles o
millones de años, ¿cómo podemos los arqueólogos y los paleoantropólogos saber qué
sucedió en aquellas remotas fechas? Podemos recurrir a otras evidencias del pasado,
que podemos leer y que nos permitirán saber bastante sobre los protagonistas de
nuestro estudio: el hombre y el caballo. Evidencias que pueden facilitarnos una historia
detallada del objeto de nuestro estudio y que son: artefactos, ecofactos, fósiles y
estructuras.
Los artefactos los podemos definir como las cosas hechas por los seres
humanos 13, como por ejemplo, las herramientas de piedra utilizadas por los hombres
prehistóricos, o las piezas de cerámica en las que se plasmaron las escenas ecuestres
de Liria, o el bronce con el que se modeló el caballo de la Bastida o, más
recientemente, los estribos de las sillas de montar romanas o las hiposandalias con
las que Popea protegía los cascos de los équidos con los que viajaba.
Los ecofactos son materias naturales que han sido utilizadas por los hombres 14;
entre los que podemos citar las decenas de objetos que, a lo largo de su existencia,
los hombres han fabricado sirviéndose de los huesos de los animales, entre los que se
nos ocurre citar la figura de un caballo representado en la empuñadura de un cuchillo
que procede de Langa de Duero (Soria).
10
Ibídem. Pág. 292.
11
ibídem. Pág. 5.
12
Ibídem. Pág. 6.
13
Ibídem. Pág. 18.
14
Ibídem. Pág. 19.
37
Los fósiles tienen una importancia particular a la hora de reconstruir tanto la
historia humana como la de los caballos. Estas evidencias petrificadas pueden estar
constituidas por los restos actualmente fosilizados 15 como los de los caballos de la
Regenta (Burriana, Castellón), o los de los équidos aparecidos en Alcalá de Xivert,
también en Castellón, y pertenecientes a la zona ibérica de la antigua Hispania.
Las estructuras son los artefactos que no se pueden extraer de los yacimientos
arqueológicos 16. Los suelos vivos son un tipo de estructura en la que vivieron o
trabajaron los seres humanos o los caballos, que acabaron compactados por esa
actividad y sembrados de partículas que nos informan sobre sus moradores, como
diferentes tipos de semillas (con las que se alimentaban hombres o caballos) o
monedas u otros objetos diversos. Ejemplo de estos suelos vivos son los de las
cuadras donde se alojaron los équidos y que han dejado su pavimento enriquecido con
el nitrato procedente de sus heces y orinas. Entre las estructuras, destacan aquellas
construcciones que han perdurado en el tiempo, buen ejemplo de las cuales lo
constituyen los diferentes circos que se ha conservado, entre los que es necesario
mencionar el Circo Máximo de Roma y, en las provincias, el de Augusta Emerita,
donde los caballos que compitieron han dejado el suelo compactado por la actividad
de las carreras.
Definida la cultura y acotada la Antropología Arqueológica, dentro de la
Antropología Cultural, pasaremos al objeto de nuestro estudio, que es la relación
Hombre-Caballo a lo largo del período que transcurre desde el nacimiento de ambas
especies, su relación a lo largo de milenios, incluida la caza, la domesticación y la
doma del caballo por el hombre, todo ello hasta la caída del Imperio romano de
Occidente.
Pero describir una cultura es un asunto extremadamente complicado 17, sobre
todo cuando la misma ya no existe, como es el caso de nuestro estudio. Hubiese sido
interesante poder entrevistar a Masinisa o a Nerón, pero como eso no es posible
debemos analizar lo que de ellos y de sus culturas nos ha quedado, para intentar
reconstruirlas.
En dicho estudio, se hace necesario huir del etnocentrismo, que consiste en
estudiar a las otras culturas comparándolas con la nuestra, de tal forma que, si nos
dejamos arrastrar por esta actitud, se puede llegar a considerar que la gente que no
comparte nuestro modo de conducirnos no tiene moral o es una sociedad inferior. Si
15
Ibídem. Pág. 19.
16
Ibídem. Pág. 19.
17
Ibídem.. Pág. 264.
38
nos dejamos envolver por el etnocentrismo no podremos comprender las costumbres
de los demás, al mismo tiempo que dicha actitud puede impedirnos comprender
nuestra propia cultura 18. En el polo opuesto al etnocentrismo se halla la exaltación
gratuita de otras culturas, extremo en el que no se debe caer, ya que una y otra
actitudes dificultan los estudios antropológicos 19.
Pero el estudio de la Cultura tiene su historia y sus diferentes teorías,
pensamientos que debemos conocer antes de emprender cualquier estudio
antropológico. En tiempos de la Ilustración (mitad del siglo XVIII) se propugnaron
diversas teorías científicas, por parte estudiosos como Adam Smith, Jean Turgot, o
Denis Diderot, para explicar las diferencias culturales entre las sociedades,
llegándose, más o menos, a la conclusión de que las culturas eran diferentes porque
tenían diferentes niveles de conocimientos y de logros racionales; o lo que es lo
mismo, que los seres humanos habían progresado desde un estado de naturaleza a
un estado de civilización ilustrada 20.
Posteriormente, en el siglo XIX, apareció el evolucionismo, del que uno de los
antropólogos más influyentes fue Henry Morgan, que dividió la cultura en tres
importantes etapas: salvajismo, barbarie y civilización. Sostenía “ …que en la etapa
de ”salvajismo inferior” la subsistencia se conseguía exclusivamente recogiendo
alimentos salvajes, que la gente se apareaba promiscuamente y que la unidad básica
de la sociedad era la pequeña “horda” nómada, en la que la posesión de los recursos
era comunal. En el “salvajismo superior” se inventó el arco y la flecha, el matrimonio
hermano-hermana estaba prohibido y la filiación se reconocía principalmente a través
de las mujeres. Con la invención de la alfarería y el comienzo de la agricultura llegó la
transición al barbarismo. En la barbarie inferior, las prohibiciones sobre el incesto se
extendieron, incluyendo a todos los descendientes por línea femenina, y el clan y la
aldea se convirtieron en las unidades básicas.
El desarrollo de la metalurgia marcó la base superior de la barbarie; la filiación
cambió de la línea femenina a la masculina, los hombres se casaban con varias
mujeres a la vez (poliginia) y apareció la propiedad privada. La invención de la
escritura, el desarrollo del gobierno civil y la aparición de la familia monógama
marcaron el comienzo de la “civilización”. …” 21.
A la teoría evolucionista siguió el llamado darwinismo social, influenciada por el
Origen de las especies de Charles Darwin. Sus defensores creían que el progreso
18
Ibídem. Pág. 262.
19
Ibídem. Pág. 262.
20
Harris M. 2004. Opus cit. Págs. 623 y 624.
21
Ibídem. Pág. 624 y 625.
39
cultural y biológico de las sociedades dependía del libre juego de las fuerzas
competitivas entre los individuos, las naciones y las razas; siendo el darwinista social
más influyente Herbet Spencer 22.
A la anterior le siguió la teoría evolucionista marxista, que se apoyaba en la obra
del discípulo de Marx, Friederich Engels. Para Marx, toda la historia era el resultado de
la lucha de las clases sociales por la consecución de los medios de producción. Para
él, la clase proletaria, aparecida tras el capitalismo, tenía el destino de abolir la
propiedad privada para alcanzar la etapa final de la historia: el comunismo 23.
La reacción contra las teorías evolucionistas no se hizo esperar. Apareció el
particularismo histórico, defendido por Franz Boas, cuyo rasgo más característico es el
relativismo cultural, que postula que “…las costumbres e ideas de una sociedad se
deben describir de forma objetiva y atendiendo al contexto de los problemas y las
oportunidades de esa sociedad.. .” 24.
Otra reacción frente al evolucionismo fue llevada a cabo por los difusionistas,
que argumentaban que la principal fuente de las diferencias y semejanzas entre las
sociedades no se deben a la inventiva de la mente humana sino a la tendencia de los
humanos a imitarse los unos a los otros 25. Estos “…contemplan las culturas como un
mosaico de elementos derivados de series casuales de préstamos entre pueblos
cercanos y distantes. …” 26.
En Gran Bretaña dominaban las estrategias investigadoras defendidas por el
funcionalismo, del que una de las principales figuras fue Bronislaw Malinowski, que
decía que la tarea de la antropología cultural era describir las costumbres e
instituciones de las sociedades, más que explicar los orígenes de sus semejanzas y
diferencias culturales. Según el estructural-funcionalismo, teoría aparecida en el
mismo país, defendido por A. R. Radeliffe-Brown, era el bienestar biológico y
psicológico el encargado de mantener el sistema social; al intento de encontrar
orígenes, lo llamaron historia especulativa 27.
Los defensores de la teoría llamada cultura y personalidad, intentaron, influidos
por Sigmund Freud, explicar las culturas desde la perspectiva psicológica. Sus
defensores, entre los que destacan Ruth Benedict y Margaret Mead, “…relacionan las
22
Ibídem. Pág.625.
23
Ibídem. Pág. 626.
24
Ember, C. R. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 262.
25
Harris M. 2004. Opus cit. Pág. 627.
26
Ibídem. Pág. 627.
27
Ibídem. Pág. 627.
40
creencias y prácticas culturales con la personalidad del individuo, y la personalidad del
individuo con las creencias y prácticas culturales. …” 28.
Insatisfechos con el antievolucionismo, a mediados del siglo XX hizo su aparición
la teoría neoevolucionista, que abanderó Leslie White, postulando que “… la dirección
global de la evolución cultural estaba determinada, en gran medida, por las cantidades
de energía que se podían captar y poner a trabajar per cápita anualmente. …” 29.
Para los defensores del materialismo dialéctico, influenciados por el aroma
comunista, la historia se dirige, irremediablemente, hacia una sociedad sin clases; por
lo que, para comprender las causas de las diferencias y semejanzas entre las
sociedades, los antropólogos no sólo deben estudiar las contradicciones sino que
deben tomar parte en las luchas que conducen hacia el progreso, o, lo que es lo
mismo, hacia el comunismo 30.
La reacción contra aquellos que pretendían convertir la Antropología en un
movimiento político destinado a la destrucción del capitalismo, vino de la mano de los
defensores del materialismo cultural 31. Postulan que la tarea de los antropólogos debe
limitarse a dar explicaciones sobre las diferencias y las semejanzas de pensamiento y
conducta que se dan entre los grupos humanos; y para ello se hace necesario estudiar
los imperativos materiales a los que viven sujetos los humanos 32. Imperativos que
surgen de las necesidades humanas de alimentos, casas, y de reproducir la población
de sus sociedades, dentro de los límites establecidos por el hábitat 33.
La sociobiología humana, otra teoría antropológica, sostiene que “…los rasgos
culturales se seleccionan en caso de que maximicen el éxito reproductivo de un
individuo medio en términos de eficacia biológica inclusiva. La selección no procede
por medio de una correlación uno a uno entre los genes y la conducta, sino mediante
la correlación entre genes y tendencias a comportarse de ciertos modos y no de otros.
… 34”.
En Francia y de la mano de Claude Lèvi-Strauss, surgió el estructuralismo, a
cuyo defensor sólo preocupan las uniformidades psicológicas que subyacen en las
aparentes diferencias entre los pensamientos y las conductas humanas. Según este
autor, la mente humana tiende a dicotomizar (por ejemplo cultura frente a naturaleza),
por lo que “…cuanto más cambian las culturas, más siguen siendo iguales, ya que
28
Ibídem. Pág. 628.
29
Ibídem. Pág. 628.
30
Ibídem. Pág. 629.
31
Ibídem. Pág. 630.
32
Ibídem. Pág. 630.
33
Ibídem. Pág. 630.
34
Ibídem. Pág. 630.
41
todas son simples variaciones sobre el tema de las oposiciones recurrentes y sus
resoluciones. El estructuralismo se ocupa, entonces, de explicar las semejanzas entre
las culturas, pero no las diferencias. …” 35.
Pero, tal vez, la principal tarea de la antropología sea el estudio y la
interpretación de los aspectos emic de la cultura estudiada. Así para muchos
antropólogos contemporáneos, entre los que me incluyo, lo verdaderamente
importantes es familiarizarse con la cultura estudiada, para finalmente, componer
interpretaciones del “otro” y su cultura que sean, como dice Harris, “…elegantes y
convincentes. …” 36.
35
Ibídem. Pág. 631.
36
Ibídem. Pág. 631.
42
1. ORÍGENES Y DOMESTICACIÓN DEL CABALLO.
(Lucrecio).
1 . 1. ORÍGENES.
37
Lucrecio: De la Naturaleza I .CSIC. Madrid. 1997. Págs. 15 y 16.
38
Abad Gavin, M: El caballo en la Historia de España. Universidad de León. 2006. Pág. 23.
43
que se extinguieron los reptiles marinos y evolucionaron los mamíferos placentarios,
apareciendo sobre la tierra los ancestros del elefante, del rinoceronte, del cerdo, del
mono y del caballo. Parece que la aparición del caballo sobre la Tierra antecedió a la
del hombre en 50 millones de años, siendo su ancestro conocido más lejano el
Hyracotherium, que tenía una alzada aproximada de 30 centímetros y 4 dedos en las
extremidades anteriores y 3 en las posteriores. Durante los períodos Eoceno,
Oligoceno, Mioceno y Plioceno, parece que perdió un dedo; y el central de los
restantes se transformó en un casco rudimentario, a la vez que los demás regresaron
hasta convertirse en vestigios que ya no podían tocar el suelo 39. Los numerosos restos
de Hyracotherium hallados en el sur de Estados Unidos parecen determinar que la
familia de los mamíferos ungulados tuvo su origen en esa zona; desde la que se
dispersaría, en dirección Norte, cruzando el todavía transitable estrecho de Bering
hacia Asia y Europa. Cuando, pasado el tiempo, las aguas cubrieron estas regiones
árticas, las poblaciones americanas y las de Asia y Europa, siguieron caminos muy
diferentes 40. El Hyracotherium, también llamado Eohippus, desapareció del continente
americano hace aproximadamente 40 millones de años, debido probablemente a
cambios de origen geológicos en los ecosistemas que habitaba 41. Pero antes de su
extinción, y a lo largo de su evolución durante millones de años, desarrolló sus
mandíbulas, en la que se produjo la clásica separación entre los incisivos y los
molares propia del género Equus 42.
Al Eohippus le siguieron el Orohippus y el Epihippus, con una estructura ósea
semejante a su ancestro, pero con una dentadura mucho más eficiente. En el Plioceno
Inferior apareció el Pliohippus, que ya era un animal ungulado, con una alzada próxima
a los 130 cms; y que en la época en que apareció el Homo sapiens evoluciono al
Equus 43. Respecto al aumento progresivo de la talla, los científicos explican que el
aumento del tamaño de los équidos, a lo largo de la evolución, es debido a que un
organismo de mayor masa corporal necesita menos alimento, en relación con el peso
del cuerpo, para mantener, por ejemplo, su temperatura corporal, por lo que puede
trabajar con más economía de medios 44.
Según estas fuentes serían estos Equus ancestrales los que dieron origen a los
tres antepasados prehistóricos, que parecen haber dado origen a los distintos tipos de
caballos con los que contamos hoy: los caballos de la estepa, los caballos de los
bosques y los caballos de la meseta 47.
1º) Respecto a su anatomía, la cabeza de la forma mesetaria, según relata
Silver, era ancha y con largas orejas, con perfil convexo y cara muy alargada; su
cuerpo era corto y robusto y lo sostenían unas delgadas patas y unos cascos largos y
estrechos; quedando en nuestros días representantes de este caballo, aparentemente
48
inalterados, como el Equus Przewalskii Przewalskii Poliakov .
2º) Así mismo, el caballo de los bosques o forestal, menos inteligente y más
pesado que el tipo anterior, parece ser el predecesor de los actuales caballos “de
sangre fría” El forestal era un animal fuerte, de cuerpo sólido y largo y con patas cortas
y robustas que terminaban en unos cascos grandes y redondos, idóneos para transitar
por terrenos pantanosos 49.
3º) Por último, respecto al caballo de la meseta, parece que su prototipo todavía
se puede encontrar en las manadas de tarpanes 50 (Equus Przewalskii Gmelini Ant.).
45
Abad Gavin, M. 2006. Opus cit. Pág. 23
46
Silver, C. 1977. Opus cit. Pág. 12
47
Ibídem. Pág. 12.
48
Ibídem. Pág. 12.
49
Ibídem. Pág. 12.
50
El tarpán es un caballo de carácter independiente, intratable y tenaz. Su cabeza es alargada
y ancha, de perfil cóncavo, con los ollares amplios y un cuello corto y robusto que parte de
unos hombros muy poderosos. Son animales muy fuertes, fértiles y extremadamente
resistentes a las enfermedades. Se dice que el último ejemplar salvaje desapareció en 1879; y
que el último cautivo lo hizo en 1887. Cuando el gobierno polaco, preocupado por la suerte del
Tarpán, recogió un determinado número de ejemplares muy parecidos al mismo y los dejó en
libertad en los bosques de Bialowlieza y Popielno, surgió la controversia en cuanto a si la raza
fue preservada o restaurada (Ibídem. Pág. 84).
45
Aquel tenía la cabeza pequeña y ancha, orejas pequeñas, ojos grandes y cara
cóncava o recta. Es mucho más estilizado que los otros dos tipos y de peso inferior.
Sus extremidades son relativamente largas y delgadas y provistas de cascos
capacitados para circular tanto por el fango de la estepa como por el suelo de los
bosques. Es muy probable que este caballo sea el antepasado de nuestros ponis
ligeros y de los ejemplares más estilizados 51.
Llegados a este estadio, ya sólo quedaba que estos caballos primitivos
colonizaran los continentes que podían repoblar. Para Abad “… Las estimaciones
apuntan a dos zonas como lugares de partida para esta repoblación, una en Mongolia,
donde se tiene constancia de la aparición de un caballo de perfil convexo al que se le
llamó Prjewalskii 52, cuyos descendientes fueron dispersándose por el sur de Asia y
África; y otra en las estepas euroasiáticas, donde se originó el Tarpán de perfil recto
que se propagó por Europa. …”53.
Pero no todos los estudiosos están de acuerdo con el origen estepario de los
caballos europeos, ya que, para Villar, algunos de ellos han creído poder distinguir dos
variedades, una propia de las estepas y otra de Europa. Respecto a la europea, sería
detectada en nuestro continente desde finales del Paleolítico, y de ella parece que
derivarían los caballos europeos del Bronce y del Hierro 54. Efectivamente, son muchos
las autores que cuentan al caballo de Przewalskii entre los ancestros de nuestros
caballos domésticos: “…Nuestros caballos derivan de otros salvajes, de los cuales vive
aún el Equus Przewalskii en las regiones fronterizas ruso-mongólicas. El tarpán
(Equus gmelini) fue el último caballo salvaje europeo y vivía todavía en el segundo
tercio del siglo pasado en las estepas del Dniéper. … 55”. Así pues, si unos, como
Abad, apuntan a los Tarpanes y a los Przewalskii como los antepasados de nuestros
51
Ibídem. Pág. 14.
52
El caballo salvaje de Mongolia es el último superviviente del tipo mesetario. Los mongoles lo
conocían con el nombre de Taki y parece, hoy día, poco probable que quede algún ejemplar en
estado salvaje. La caza intensa a la que fueron sometidos los hizo retroceder a regiones
desérticas y montañosas y hacia el corazón de China. De constitución vigorosa mide de 120 a
140 cms de alzada. Su cabeza es pesada y de perfil recto o convexo; sus crines, desprovistas
del mechón frontal son cortas y erectas. De cruz poco destacada, sus extremidades son cortas
y fuertes, terminadas en grandes casco de notable dureza. Las marcas claras abundan en su
pelaje (alrededor de los ojos y el hocico) que fluctúa desde el bayo rojizo hasta el color arena.
Tiene una gran capacidad de aguante y su frugalidad le ha permitido vivir en las inhóspitas
regiones mongolas a base de una vegetación pobre y soportando la rigurosidad de su
climatología (Hartley Edwards, E: Enciclopedia del Caballo. Ed. Blume. Barcelona.1981.Pág
72).
53
Abad Gavin, M.. 2006. Opus cit. Pág. 24
54
Villar Liébana, F: Los indoeuropeos y los orígenes de Europa. Ed. Gredos. Madrid. 1996.
Pág. 113.
55
Nusshag. W: Anatomía y fisiología de los animales domésticos. Ed. Acribia. Zaragoza 1968.
Pág.11.
46
caballos domésticos, otros, como Hartley, reducen esta posibilidad tan solo al Tarpán,
el caballo salvaje del este de Europa y el oeste de Rusia, que se extinguió en su forma
pura en el siglo pasado, pero que se ha reconstituido hoy en Polonia. Este, según
Hartley, fue el animal utilizado por todos los pueblos del este del Mediterráneo que
hacían uso del carro, desde los hititas hasta los griegos, y anteriormente, por las tribus
celtas 56; y el caballo de Przewalskii quedaría excluido como ancestro de los actuales
caballos domésticos porque “...La dotación cromosómica del caballo de Przewalskii
difiere numéricamente de la que presentan los caballos domésticos…” 57.
Contrariamente, Ridgeway opina que “…el protoárabe era un híbrido, producto
de la unión del caballo salvaje asiático, o más bien de sus descendientes domésticos,
con ciertas especies de cebras que fueron domesticadas en otros tiempos, y que
semejante cruce sólo pudo tener lugar en el norte de África. La dotación cromosómica
de un híbrido es la suma de la de sus progenitores dividida por dos. Si el “promedio”
resulta un número impar (como ocurre en casi todos los casos factibles, el híbrido es
estéril (por ejemplo el mulo). Ahora bien, en los pocos casos en que resultan un
número par, el híbrido puede aparearse con otro híbrido y de su fructífera unión nacerá
una nueva especie o, cuando menos, una subespecie…” 58. Al mismo tiempo, el autor
húngaro Miklos Jankovich ha apuntado que no se conoce la dotación cromosómica de
todos los équidos actuales, pero de todos aquellos cuyo número se conocen, existe
una especie de cebra cuyo número de cromosomas, sumados a los del caballo de
Przevalski y dividido por dos, dan un número idéntico al del caballo doméstico actual,
demostrando de este modo que en términos genéticos la teoría del origen de los
equinos de Ridgeway es perfectamente factible 59.
A los autores que conceden a los caballos de Przewalski y al Tarpán el papel
de ser ancestros de nuestros caballos domésticos se suman estudiosos como Lión,
que señala como el lugar donde fueron tomando forma los actuales caballos, al final
del Pleistoceno, a las orillas del Mar Caspio y de los lagos Aral, Balkach y Baikal,
“…cuyos descendientes salvajes nos son perfectamente conocidos por haberse
conservado hasta fines del pasado siglo [IX] y a los que se asignó el nombre de
aquellos que les descubrieron y, por primera vez, estudiaron; nos referimos al Equus
caballus gmelini Antonius, tarpán o caballo salvaje de Ucrania y al Equus caballus
przewalski Poljakof, ferus o caballo salvaje de Mongolia. Ellos son, por tanto, los
56
Hartley Edwards, E. 1981. Opus cit. Pág. 14.
57
Ibídem. Pág. 14.
58
Ibídem. Pág. 18.
59
Ibídem. Pág. 18.
47
únicos elementos con que tendremos que contar para el estudio del origen de las
actuales razas caballares. …” 60.
El Tarpán pervivió en las praderas de Ucrania hasta que se extinguió, en 1876;
pero antes había sido domesticado por las tribus de lenguas arias, dando lugar a dos
tipos de caballos diferentes morfológicamente: arios (procedentes de la zona más
templada y meridional de Rusia) y célticos (procedentes de la zona más septentrional
y fría), que conservan más parecido con el auténtico Tarpán 61. A su vez, el Przewalski
fue domesticado en las montañas de Kobdo (Mongolia) por las tribus de la zona; y
cuando ambos caballos se expandieron hacia la zona central, la realidad nos
presentaría una extensa región esteparia próxima al lago Balkach, habitada por
caballos descendientes del cruce de ambas subespecies, en los que los caracteres
dominantes del Przewalski se impusieron con más o menos intensidad sobre los del
Tarpán 62. Aunque Lión sigue exponiendo que otros autores, como D´Ancona
consideran que las razas caballares domésticas actuales derivan del Przewalski o del
Tarpán y muy probablemente, de otro caballo ya extinguido de Europa Occidental 63,
Lión afirma, con rotundidad, que ambos caballos son los únicos équidos de los que
debemos partir para el estudiar el origen de las actuales razas de caballos 64. Por la
misma teoría que Lión se decanta Scortecci que afirma que el Eq. C. gmelini y el Eq.
C. przewalski constituyen el tronco originario del que proceden los caballos
domésticos actuales 65. Otros, como Marín, simplemente, declaran ignorar su origen:
…No se sabe cual es la forma ancestral que ha dado lugar al caballo doméstico… 66”.
60
Lión Valderrábano, R: El caballo y su origen. Introducción a la historia de la caballería.
Diputación Provincial. Santander.1970. Pág. 20.
61
Ibídem. Pág. 52.
62
Ibídem. Pág. 52.
63
Ibídem. Pág. 20.
64
Ibídem. Pág. 20.
65
Ibídem. Pág. 29.
66
Marín Correa, M: Historia Natural Marín Tomo IV. Ed. Marín. Barcelona. 1975. Pág. 381.
67
Fuentes García; F. C y otros.2006. Opus cit. Pág. 26
48
Península Ibérica y noroeste de África). Los representantes de esta primera
subespecie aparecen en la población caballar andaluza, en el antiguo caballo español
de Kladruby 68 y en el caballo bereber 69. En referencia a los caballos africanos, el autor
considera al bereber 70 como el más destacado entre aquella población “cuyo primer
descendiente fue el caballo de Iberia…” 71.
2º). Eq. c. abeli, Antonius: Caballo pesado y con gran masa, de perfil recto y
cuya alzada rondaba los 173 cms. Sus caracteres aparecen en el caballo de Shire 72 y
en el alpino de Pingau, lo que indicaría “…que en la 2ª época glaciar de grandes
tundras, extendidas por la parte sur de las Islas Británicas hasta la mitad de Europa y
norte de los Montes Alpinos, cubiertos de nieve, formaban el medio donde se
desarrolló el abeli….” 73.
3º). Eq. c. muninensis, Skorkowski: Caballo ligero y veloz, de silueta recta o
ligeramente convexa, de capa castaña, con tronco estrecho y corto, cruz saliente,
extremidades largas y una alzada de 155 cms 74. Muchos de estos caracteres,
aparecen en los caballos ligeros franceses que habitan en las regiones del Sena,
Loira y Garona 75. Para Aparicio Macarro “…el español 76 estaría cerca de éstos
caracteres…” 77.
4º). Eq. c. ewarti, Skork: Caballo ligero y sólido, de alzada próxima a los 148
cms. Su cabeza es ancha y su perfil convexo; de extremidades largas, su capa era
baya 78. “…Los caracteres de esta subespecie aparecen en la población caballar ligera
68
Caballo de origen checoslovaco y de aspecto casi idéntico al lipizzano y al español, con la
cara convexa. Con gran personalidad, es orgulloso, obediente e inteligente (Silver, C. 1977.
Opus cit. Pág. 145).
69
Fuentes García; F. C y otros. Opus cit.Pág. 26
70
El caballo berberisco procede de Argelia y de Marruecos. Tiene la cabeza larga y refinada,
con la cara recta. Sus hombros son rectos, sus cuartos traseros en declive y la implantación de
la cola es baja. Se ha utilizado a lo largo de la historia para mejorar otras muchas razas, como
el Pura Sangre Inglés, al que le dio vigor y velocidad (Silver, C. 1977. Opus cit. Pág. 140).
71
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26
72
El Shire procede de Inglaterra. Tiene una cabeza bien proporcionada, de tamaño medio y
con el perfil convexo; con la frente ancha, las orejas largas y delgadas, y el cuello largo y
arqueado. Sus cuartos traseros son poderosos y su grupa en declive. Posee gran fuerza y
vigor, siendo dócil, activo, paciente y bondadoso (Silver, C.1977. Opus cit. Pág. 212).
73
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26
74
Ibídem. Pág. 26
75
Ibídem. Pág. 26
76
De origen español, parece que su ancestro no hay que buscarlo en el caballo que
desapareció de la Península Ibérica en el Paleolítico, sino en el que volvió a la misma en la
Edad del Bronce. Su cabeza es proporcionada y su perfil subconvexo, con la nuca destacada,
tupé abundante y frente amplia y larga. Su pecho es profundo y con buen desarrollo muscular.
Es una raza ideal para la silla, con especial predisposición para la doma en sus diferentes
modalidades (Ibídem. Págs. 41, 42 y 43)
77
Ibídem. Pág. 26.
78
Ibídem. Pág. 26.
49
de Polonia 79. El biotopo estepario del 3º período glaciar del Oder y Vístula representa
el medio ambiente del origen del ewarti… 80”.
5º). Eq. c. cracoviensis. Shork: Caballo pequeño, de alzada próxima a los 139
cms. Su pelo era bayo y sus caracteres se encontrarían en el Shetland 81, Konik 82 y
poni de los Balcanes. Se desarrolló durante el 3º período interglaciar en el centro de
Europa 83.
6º). Eq. c. nordicus. Skork: Es un poni de perfil cóncavo y con una alza
aproximada de 143 cms. Esta subespecie parece que se desarrolla en el 2º período
glaciar en la tundra del noroeste europeo, preponderando esta especie en los caballos
de Islandia 84 y en los ponis de Siberia 85.
Por lo expuesto parece que “…cualquier caballo o población actual puede ser
clasificado como perteneciente a una de estas 6 subespecies, o por combinación entre
varias…” 86. Nobis, tras el estudio de los fósiles encontrados en gran parte de Europa,
desde Siberia al sur de Francia, considera al caballo de Mosbach como el más antiguo
entre las formas salvajes y le atribuye un fenotipo parecido al actual Trakehnen 87.
Primitivamente este caballo parece que poblaba toda Eurasia, pero las glaciaciones lo
aislaron en dos refugios; uno occidental, reducido, donde las condiciones ecológicas
imperantes favorecieron la disminución de su talla, y otro oriental donde un ecosistema
más favorable potenció el aumento de su alzada y el agrandamiento de su masa
79
Como el Huçul que es muy parecido al Konik. El Huçul es originario de los Cárpatos polacos.
Se cree que es un descendiente directo del Tarpán, al que se parece. Es un pony de carga y
de tiro ideal; lo utilizan los campesinos polacos en sus granjas de las regiones montañosas del
sur de Polonia. Con una alzada que va de 121 a 131 cms. su cabeza es corta (característica
común de las razas primitivas). (Hartley Edwards, E. 1981. Opus cit. Pág. 79).
80
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26
81
Originario de las Islas Shetland, de Escocia del Norte y de las Orcadas, su cabeza es
pequeña y, en ocasiones, de perfil cóncavo. Sus ojos son grandes y bondadosos y las orejas
pequeñas. Su alzada ronda el metro. Buena disposición de carácter y gran valentía, siendo de
entrenamiento fácil (Silver, C. 1977. Opus cit. Págs. 48 y 49).
82
De origen polaco su alzada fluctúa alrededor de los 130 cm. Es un pony fuerte y bien
proporcionado. Extremadamente robusto, es muy longevo y fértil. Descendiente del Tarpán,
combina la viveza y la frugalidad de éste, con una disposición amable y voluntariosa,
aprendiendo con celeridad y convirtiéndose pronto en un trabajador infatigable (ibídem. Pág.
88).
83
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26.
84
El pony islandés es pequeño y macizo, con una cabeza grande. Su alzada oscila entre 120 y
130 cms. Es una raza sufrida, inteligente, dócil, independiente y con un fuerte instinto
hogareño. Su andadura habitual es una ambladura cómoda y rápida, con la que puede cubrir
grandes distancias. (Hartley Edwards, E. 1981. Opus cit. Pág. 82).
85
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26.
86
Ibídem. Pág. 26
87
Raza originaria de Alemania y Polonia. Con un carácter encantador, activo, inteligente y leal.
Su cabeza es ancha entre los ojos y afilada hacia el hocico. Su cuello es prolongado y fuerte,
su cruz prominente y su cavidad torácica amplia. Posee unas extremidades resistentes y unos
pies excelentes. Sus movimientos son sueltos y rápidos (Silver, C. 1977. Opus cit.Pág. 154).
50
corporal. El posterior aumento físico de la forma occidental lo atribuye Nobis a la
emigración de formas orientales hacia Occidente 88. Efectivamente este caballo que
poblaría la zona euroasiática durante el Paleolítico daría lugar al Equus ferus ferus o
primitivo tronco salvaje de época mesolítica, que cuando terminó la última glaciación
formaría dos troncos o ramas, uno en Solutré (Francia), en el abrigo occidental al que
se denominará Eq. ferus solutrensis, y que otros autores denominan céltico o gálico,
con una talla entre 136 y 137,5 cm., e incluso algunas formas más pequeñas 89. La otra
forma salvaje de la Europa oriental y central, se extendía sobre todo por el sur de
Rusia. Esta forma es la que se agranda, favorecida por la benignidad del medio, dando
lugar a subespecies como el Eq. ferus gmelini, llamado posteriormente Tarpán;
caballo que se extendería después hacia el Este y, más, hacia el Oeste 90. De esta
forma caballar se han encontrado restos en el noreste de Siberia datados en el
comienzo del Mesolítico. Resumiendo, parece que a partir del Eq. ferus ferus se
formarían las subespecies salvajes de las que descenderían todas las razas
posteriores de caballos 91.
Así pues, cabría preguntarse ¿qué aspecto tendría en aquellas fechas el
antepasado de nuestro caballo? De acuerdo con los restos que han sido hallados en
los yacimientos y con las representaciones que de ellos dejaron los hombres del
Paleolítico, sabemos que no tenían mucha alzada, que su perfil era panzudo, que
tenían una cabeza voluminosa con el hocico claro, que su capa era abundante en
pilosidad y de crinera hirsuta, y que sus patas, en muchos ejemplares, presentaban
rayas al estilo de las cebras 92.
El protagonista de nuestro trabajo, y del que parece que no están nada claro sus
ancestros, pertenece, según la taxonomía de Linneo 93, al:
Reino: Animal.
Filo: Cordados.
Clase: Mamíferos.
Orden: Perisodáctilos.
Familia: Équidos.
88
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 26.
89
Ibídem. Pág. 27.
90
Ibídem. Pág. 27.
91
Ibídem. Pág. 27
92
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.): El significado del Arte Paleolítico.
Ministerio de Cultura. Madrid. 2005. Pág. 110.
93
La taxonomía de Linneo clasifica a todos los animales en diferentes niveles jerárquicos,
comenzando originariamente por el reino y terminando en la especie. Nosotros nos ceñimos al
sistema linneano por ser el único que, al día de hoy, cuenta con la aprobación de la comunidad
científica universal. (Nota del autor)
51
Género: Equus.
Especie: Equus caballus 94.
1. 2. DOMESTICACIÓN.
94
Fuentes García; F. C y otros. Opus cit. 2006. Pág. 23.
95
“…lo más socorrido a la hora de ordenar la prehistoria es acogerse a la conocida
sistematización de las <edades>, que comienza con la Edad de la Piedra, una larguísima etapa
que se inicia hace más de un millón de años, en su mayor parte ocupada por un casi eterno
Paleolítico(<Antigua Edad de la Piedra>) y culminada por el revolucionario Neolítico (<Nueva
Edad de la Piedra>), a partir de hace unos ocho mil años, en que se desarrollan las primeras
culturas de pastores y agricultores. Le siguen, a partir del tercer milenio, antes de la Era, las
cada vez más evolucionadas edades del metal, en las que se escalonan la Edad del Cobre, la
Edad del B ronce y la Edad del hierro. (…) El final de la Edad del Bronce se adentra ya, en
nuestra Península y, en general, en la Europa occidental, en el primer milenio, en el que pronto
se inician las culturas de la Edad del hierro. …” (Bendala Galán, M: Tartesios, iberos y celtas.
Pueblos, culturas y colonizadores de las Hispania antigua. Ed. Temas de Hoy. Madrid. 2000.
Pág. 17 y 18).
96
López, P (Ed): El Neolítico en España. Ed. Cátedra. 1988. Pág. 341.
97
Ibídem. Pág. 341.
98
VV. AA: Animalario. Visiones Humanas sobre mundos animales. Ministerio de Cultura. 2005.
Pág. 27.
99
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 27.
100
Ibídem. Pág. 27.
52
No se sabe la época de la domesticación del caballo, aunque parece que la
domesticación de animales es un hecho anterior a la práctica de la agricultura. En la
cueva de Nerja (Málaga) en un nivel de transición de Epipaleolítico al Neolítico, ya
existe el cerdo doméstico 101. “…Normalmente en las cuevas andaluzas estudiadas, la
domesticación se extiende al buey, oveja, cabra, cerdo, perro y conejo, siendo dudoso
el caballo, que por sus escasos restos resulta difícil de asignarle un carácter doméstico
o salvaje…” 102. Así pues, si la mayoría de las especies domésticas aparecen como
tales en el Neolítico. “…La domesticación del caballo es un caso discutido, dado que
no se dispone de criterios morfológicos para distinguir entre las formas domésticas y
silvestres. La bibliografía especializada tiende a considerar que su domesticación se
produce en la Edad del Bronce y que, probablemente, no estuvo dirigida a su consumo
cárnico, sino a su utilización como animal de prestigio. …” 103.
101
Jordá Cerdá, F. y otros: Historia de España. Prehistoria. Ed. Gredos. Madrid. 1989. Pág.
155.
102
Ibídem. Pág. 155.
103
Vega Toscano, G. y otros: Historia de España 3º Milenio. La prehistoria. Ed. Síntesis.
Madrid. 2006. Pág. 130.
104
VV. AA. 2005. Opus cit. Pág. 28
105
Ibídem. Pág. 28.
106
Ibídem Pág. 28.
53
transformarlos… .” 107. Por lo tanto, parece que si el hombre consume, en este caso al
caballo, consume también domesticación, o lo que es lo mismo, su poder sobre el
animal 108, así “…aún cuando sirva también para otra cosa la acción de domesticar
contiene su propio fin, como corolario, construyendo el animal, el hombre se construye
a sí mismo, elabora su cultura, se civiliza…” 109.
Si podemos explicarnos el proceso domesticador como necesidad psíquica del
hombre, también podemos atribuir a dicho proceso causas más materialistas; por lo
que la domesticación de plantas y animales sería un invento tendente hacia la mejora
de las condiciones de vida de los humanos 110. Efectivamente, para Gordon Childe
“…la agricultura y la ganadería no aparecen como meras innovaciones conceptuales,
[…], sino como respuestas adaptativas a los problemas de subsistencias planteados
por el medio ambiente…” 111. Sin embargo, para autores como Graham Clark o Eric
Higgs “… La domesticación de plantas y animales es una adaptación ecológica,
explicable, por tanto, en términos biológicos…” 112. En definitiva, la revolución neolítica
es, para ambos, un cambio tecnológico, en el que la producción de alimentos es, en
términos evolutivos, intrínsecamente superior a la caza-recolección 113.
Sin embargo, otros autores, como Sauer, parecen encontrar causas religiosas en
el proceso domesticador de los animales; así, muchos especialistas creen que los
primeros intentos de domesticación no fueron debidos a motivos económicos, sino a
motivos religiosos, que fueron los que realmente condujeron al hombre a intentar la
cría de los animales. Y una de estas razones sería, ciertamente, el totemismo, que de
forma esquematizada podríamos definir como “un sentimiento de fraternidad entre el
hombre y el animal debido, en parte, a la creencia de un origen común. …” 114.
107
Ibídem. Pág. 28.
108
Ibídem. Pág. 28.
109
Ibídem. Pág. 28.
110
López, P (Ed). 1988. Opus Cit. Pág. 14.
111
Ibídem. Pág. 27.
112
Ibídem. Pág. 28.
113
Ibídem. Pág. 28.
114
Graven, J: El hombre y el animal. Ed. Plaza & Janes. Barcelona. 1970. Págs. 56 y 57.
54
jerarquías zoológicas de sus distintos hábitats 115. Claro que si este autor apunta que
las domesticadas serían aquellas especies que ocuparan una posición inferior en el
rango de las jerarquías de las especies salvajes, contra esta opinión se puede
argumentar que esto no siempre es cierto, como confirma el hecho de que la liebre
sea expulsada de los ecosistemas que comparte con los conejos, y haya sido esta
última especie la elegida por el hombre para su domesticación. Este hecho puede
explicarse porque, como veremos más adelante, no sólo el rango jerárquico determina
la elección de las especies factibles de domesticar. En el caso concreto del conejo, la
elección pudo deberse, tal vez, a su elevada tasa de proliferación y al precoz
desarrollo de los gazapos.
Otro factor que pudiera determinar la domesticación de los animales salvajes es
el que va ligado a la estructura del grupo social; así los grupos particularmente
favorables para el proceso son los conformados por animales de grandes
dimensiones, como los caballos; que estén fuertemente jerarquizados, como los
grupos de los lobos, que obedecen al macho y a la hembra dominantes; y aquellos en
que machos y hembras coexisten todo el año, como los rebaños de bovinos. En
contrapartida, los grupos ligados a un territorio específico y en los cuales machos y
hembras no conviven todo el año, no son candidatos ideales para someterlos al
proceso de la domesticación 116. En los vivares de conejos, machos y hembras
conviven sin mayores problemas; por lo que el gregarismo de determinadas especies,
como el de los caballos, lobos o bovinos, al que hemos aludido antes, el de las ovejas,
o el de las cabras, parece que fue un factor de importancia a la hora de elegir las
especies domesticables.
115
Ibídem. Pág. 51.
116
Ibídem. Pág. 52.
55
No debemos dejar de considerar el factor de la rapidez, ya que los animales muy
rápidos, muy ágiles o de fuerzas físicas superiores a la del hombre deben ser
descartados de la domesticación. 117. Pero contra la rigidez de estos factores, tenemos
el ejemplo del caballo que es muy rápido y mucho más fuerte que el hombre. O el caso
extremo del elefante asiático, lento pero de gran fortaleza. Tampoco serían aptos para
la domesticación aquellos animales que son excesivamente agresivos ni los que llevan
una vida solitaria.
No menos importante que el anterior es el comportamiento sexual del animal. La
promiscuidad sexual, el dominio inmediato del macho sobre la hembra favorece la
domesticación. Por el contrario “…Es ampliamente admitido que las parejas
indisolubles que, por consiguiente, limitan las posibilidades de adaptación de los
animales son un obstáculo para nuestros proyectos. …” 118. Con un carnero pueden
cubrirse varias merinas, que, tras el apareamiento, no conservan ningún vínculo con
su pareja sexual.
El factor reproductivo no carece de importancia, de cara a la proliferación de la
especie domesticada. Los animales domésticos tienen que reproducirse, por lo
general, en espacios muy reducidos que pueden entrar en conflicto con su propia
etología; y bajo situaciones que, sin duda, los condicionan psicológicamente. Ejemplo
de ello es el gato, que no puede llevar a cabo su proceso reproductivo sino dispone de
espacio suficiente para ello. 119. Respecto a los trastornos psicológicos, sabemos que
la cautividad produce en ciertas especies trastornos endocrinos tan importantes como
para explicar su esterilidad 120.
Respecto a la relación entre los padres y su descendencia es importante hacer la
distinción entre aquellas especies que reconocen de forma innata a su prole y las que
lo hacen al comienzo de la vida y por un corto período de tiempo, ésta última forma de
reconocimiento será la única que favorecerá el proceso de domesticación 121; porque
“…si los padres no aceptan a los jóvenes cachorros sino a la vista de características
especiales muy estrictas, en particular dibujos o coloridos, esta desconfianza podrá
constituir un obstáculo importante. …” 122. Cuando la gallina acepta criar a los polluelos
de distintos colores e, incluso, a los de otras especies, como los de perdices o pavos,
es una buena candidata para el proceso domesticador. La yegua doméstica acepta sin
117
Ibídem. Pág. 55.
118
Ibídem. Pág. 54.
119
Ibídem. Pág. 56
120
Ibídem. Pág. 56
121
Ibídem. Pág. 54.
122
Ibídem. Pág. 54.
56
ninguna reticencia a su potrillo, nazca con la capa negra, castaña, alazana o pelo de
ratón. Además es condición indispensable para la domesticación de una especie que
las crías de los animales domesticables alcancen pronto su desarrollo.
Dentro de la aptitudes instintivas del animal, deseables para llevar a buen puerto
la domesticación, es necesario hacer hincapié en la distancia de huida, que para
Hedeger, es la distancia a partir de la cual el animal no tolera la cercanía del hombre y
emprende la huida 123. El hombre reduce o anula esta distancia mediante el proceso de
“amansamiento”.
El de la alimentación es otro de los factores a tener en cuenta. Sobre todo es
necesario que su alimentación sea fácil de conseguir 124, como la de los herbívoros, la
de los granívoros o la de los omnívoros, y que no entre en conflicto con la del homo
sapiens, “…por lo que no se domestican apenas las especies cuyos hábitos
alimentarios estén próximos a los de los hombres, en razón al riesgo de concurrencia;
el caso del perro y del cerdo son, a este respecto, excepciones aparentes, pues en
realidad no parecen desarrollarse más que en la medida en que se nutren sólo con los
desechos del hombre. …” 125.
Vistos los factores que condicionan la domesticación, no debemos dejar de
reseñar que los ejemplos contrarios a los señalados abundan, por lo que se hace
necesario “…alabar la prudencia de Halle cuando dice: “es necesario hablar de
tendencias antes que de imperativos absolutos”…” 126.
1. 2. 3. Períodos de la domesticación.
123
Ibídem. Pág. 55.
124
Aunque hoy pueda parecernos una tarea ardua el poder alimentar a nuestros animales
herbívoros en nuestras ciudades de varios millones de habitantes, durante aquellas épocas, el
abastecimiento lo ofrecía, con más o menos abundancia, el ecosistema a la vuelta de la
esquina. (Nota del autor).
125
Margueron, J. C: Los Mesopotámicos. Ed. Cátedra. Madrid. 1996. Pág. 114 y 115.
126
Graven, J. 1970. Opus cit. Pág. 55.
57
estadio cuando el hombre intenta domesticar el mayor número posible de animales de
una determinada especie, con el fin de crearles dependencia de él 127.
3º). Es el tercer estadio donde el hombre comienza su trabajo de selección,
esforzándose“…en acentuar los caracteres que juzga más beneficiosos. Por otra
parte, nos damos cuenta de que se lograron resultados prácticos, miles de años antes
de toda idea científica sobre la genética. …” 128.
4º). Y en el cuarto estadio, el proceso de selección avanza activamente, llegando
el ganadero a obtener un animal “…tan distinto de su antepasado salvaje, que el
acoplamiento entre unos y otros es imposible y, a la vez, resulta indeseable. En este
último período alcanza gran preponderancia toda consideración económica, la cual
condiciona la vida entera de la especie, ya sea cuantitativa y cualitativamente, tanto
por la forma como por varios importante motivos. …” 129.
Cavalli-Sforza puntualiza que la domesticación de plantas y animales, como
proceso biológico, implica modificaciones genéticas en las especies que se
domestican y de conducta en los grupos humanos, así como modificaciones en los
ecosistemas en los que se lleva a cabo el proceso 130. Si las modificaciones genéticas
que conlleva la domesticación parecen obvias, tal vez no lo sean menos las
modificaciones que se operan en la conducta del homo sapiens, que pudo descubrir
pronto “…que resulta más rentable controlar el crecimiento de los animales
comestibles que cazarlos indiscriminadamente. La prolongada convivencia de
hombres, animales y plantas en hábitats tan restringidos permitiría la acumulación de
experiencia necesaria para hacer de las prácticas de control artificial del crecimiento
de los recursos la base de un nuevo sistema económico. Por su parte las especies
domesticables se ven favorecidas biológicamente por su nuevo estatus dentro del
nicho ecológico humano, llegando a depender cada vez más de su asociación con el
hombre para asegurar su supervivencia. …” 131.
Nos parece necesario, igualmente, resaltar los cambios que se operan en los
ecosistemas sobre los que se asienta el proceso domesticador, ya que “…en efecto,
las prácticas agrícolas suponen la sustitución artificial de la flora silvestre por una o
varias especies, que el agricultor defiende de sus competidoras. El cultivo, por otra
parte, ofrece un apoyo adicional a la domesticación de los animales, a los que se
puede suministrar el alimento que ellos mismos no pueden adquirir en un entorno
127
Ibídem. Pág. 62.
128
Ibídem. Pág. 62.
129
Ibídem. Pág. 62.
130
Citado. López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 14.
131
Ibídem. Pág. 26.
58
progresivamente desertizado, permitiéndoles pastar en los rastrojos de los cultivos, e
incluso proporcionándoles parte del excedente de las cosechas […], lo que refuerza a
la larga el régimen de dependencia mutua. …” 132. Por ejemplo, cuando el hombre tala
una superficie forestal para sembrar cereales, está favoreciendo a los équidos que
prefieren el terreno desarbolado, donde proliferan las herbáceas. La domesticación
fue, con seguridad, concebida como una sustitución de la caza y con un fin
esencialmente alimentario; y en concreto la del caballo podría haber ocurrido en época
histórica o tal vez antes, cuando los hombres necesitan servirse de la fuerza animal
para el transporte; es decir, cuando los intercambios de mercancías toman una
amplitud tal que hacía necesaria la utilización de un medio más eficaz que el
transporte por medio del simple arrastre humano. …” 133.
La acción del hombre debe satisfacer, ante todo, que los animales que nos
interesa domesticar sobrevivan, tanto como individuos particulares y como especie; y
en la consecución de esa supervivencia, destaca, por su importancia, la reproducción
de esas especies, “… puesto que de ella dependen, a la vez, el mantenimiento de las
especies animales domésticas y la multiplicación y la selección de los animales en
función de las necesidades humanas…” 134.
Así, para alcanzar el estado de la domesticación, los animales requieren de
ciertos cuidados y entre los que se deben dispensar a las especies que se pretenden
domesticar, buscando su supervivencia, no es poco importante el de proporcionar a
los mismos la alimentación necesaria para que puedan desarrollarse de forma
apropiada. Otro de los cuidados imprescindibles que se han de proporcionar a la
cabaña doméstica es el de su protección contra las agresiones externas, como las de
los depredadores o las de la intemperie; o contra las que pueden provenir del propio
grupo, como, por ejemplo, los combates de los sementales por la cubrición de las
hembras del rebaño 135. Por la importancia de estos cuidados, J. Barrau considera
“…que el estadio más avanzado de esta domesticación se alcanzaría cuando algunas
de estas tres exigencias vitales no se pudieran satisfacer sin la asistencia humana, sin
la mediación del trabajo humano…” 136.
132
Ibídem. Pág. 26.
133
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 132.
134
VV. AA. 2005. Opus cit. Pág. 27.
135
Ibídem. Pág. 28.
136
Citado. Ibídem. Pág. 28.
59
Si a las exigencias de los animales candidatos a la domesticación, enumeradas
anteriormente, podemos considerarlas como vitales, no debemos dejar de mencionar
otras técnicas de relación con ellos, que tienen por objeto la familiarización y el
amansamiento o la doma de esos animales y que, por tanto, favorecerán esa
domesticación; por ello, “… en la mayor parte de los casos, este dominio representa, a
la vez, la condición necesaria y el efecto de la domesticación. Así, no se puede hacer
que se reproduzcan en cautividad, ni nutrir o conducir animales que no están
familiarizados con el hombre. Todavía menos, se les puede pedir que trabajen sin
haberles hecho sufrir previamente un adiestramiento específico, a veces muy forzado.
En el polo opuesto, el hecho de ser nutridos y manipulados por el hombre, “familiariza”
a los animales; del mismo modo, el trabajo constituye la prolongación indispensable
del adiestramiento…” 137.
137
Ibídem. Pág. 28
138
Ibídem. Pág. 29.
139
Ibídem. Pág. 29 y 30.
60
Y entre las técnicas inmateriales de sujeción de los animales, tal vez la manera
más eficaz con la que cuenta y contarían los primeros domesticadores era la
distribución de alimentos: granos para las aves de corral, sal para los herbívoros,
carne para los carnívoros; y, aprovechando la “glotonería” de los caballos, zanahorias
o sustancias dulces para ellos 140. No menos eficaz que la técnica anterior es el
contacto con los animales, mediante las caricias o la emisión de sonidos que les
resulten agradables, como los silbidos suaves. Por ejemplo, todos los criadores de
caballos conocemos la afición de los mismos hacia las palmaditas suaves, los abrazos
en su cuello, las caricias alrededor de sus ojos, o el rascado suave con los que los
agasajamos: “…la influencia que el hombre ejerce así sobre el animal es tanto más
fuerte cuando se ejerce durante el período denominado de ``impronta´´[…], (período
sensible de unas semanas o meses, según las especies, durante el cual el animal
joven se muestra especialmente receptivo a los diferentes elementos que componen
su entorno inmediato, natural y social)…” 141. Por ejemplo, en los primeros tiempos de
la relación entre hombres y caballos, aquellos descubrirían las ventajas derivadas de
no espantar las piaras para tenerlas a mano y poderlas cazar, procurando, incluso,
alimentarlas con grano para que las manadas no se alejasen; para terminar
levantando cercas que las mantuvieran cercanas a sus campamentos y, a la vez,
defendieran a las yeguas y sus crías de los ataques nocturnos de las fieras 142.
Otra excelente técnica de sujeción inmaterial es la del cambio de los líderes
naturales de los rebaños. Los primeros domesticadores sabrían beneficiarse del
instinto gregario de herbívoros, como los caballos, que los impulsa a mantenerse
agrupados y a seguir a sus líderes naturales (congéneres) o artificiales (los hombres).
Todos los criadores de caballos sabemos que para manejar una piara de yeguas (por
ejemplo para cambiarlas de cerca) sólo tenemos que conducir del ronzal a la yegua
que ocupa la cúspide de la pirámide social del grupo, a la que toda la piara seguirá sin
dificultad; pero si pretendemos llevar a cabo esta acción sin que la conductora sea la
líder, el grupo no seguirá a la que llevamos de la mano, sino que permanecerá
inamovible al lado de la líder o siguiendo las evoluciones de la misma. Conducción de
los rebaños que “…será igualmente facilitada por el cambio de los líderes naturales del
ganado (macho dominante o hembra experimentada) por sustitutos: hombres
(pastores) y/o animales familiarizados con el hombre y destinados a entrenar a sus
congéneres (carneros o machos cabríos castrados llamados coquins –pillos- en
140
Ibídem. Pág. 30.
141
Ibídem. Pág. 30.
142
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 48.
61
Francia; cabestros en España, elefantes domesticados para la captura de elefantes
salvajes en Asia del Sudeste, etc.)…” 143. Así pues cuando un ganadero distribuye
avena a sus caballos, está realizando otras labores, además de alimentarlos; está
familiarizándolos con él, logrando su apego, haciéndolos dependientes de él.
1. 2. 6. Producción de excedentes.
143
VV. AA.. 2005. Opus cit.Pág. 31.
144
López, P (Ed).. 1988. Opus cit. Pág. 13.
145
Ibídem. Pág. 32.
146
Citado. Ibídem. Pág. 32.
147
ibídem. Pág. 337.
148
Lara Peinado, F: La Civilización Sumeria. Ed. T. Gráficos Peñalara. Madrid. 1999. Pág. 13.
62
adoptar el nuevo sistema de subsistencia basado en la agricultura y la ganadería, o
dicho de otra forma, el tránsito del Epipaleolítico (Geométrico) hacia el Neolítico 149.
Sin embargo aunque los especialistas de este período parecen encontrar
ventajosas las prácticas de la ganadería y de la agricultura; otros, como Ruíz-Gálvez,
parecen dudar que fuera así, ya que, según esta autora, antropólogos y
paleopatólogos declaran que “volvernos campesinos no nos sentó nada bien. Nuestros
antepasados campesinos no sólo trabajaban más que sus abuelos cazadores-
recolectores sino que, encima, vivían peor: las infecciones se volvieron más
frecuentes; contrajeron enfermedades como las anemia y el paludismo, antes
seguramente desconocidas; descendió la calidad de la alimentación y aumentaron los
problemas de hambruna y malnutrición endémica, especialmente infantil, debido a la
pobreza en nutrientes de la mayor parte de los cultivos básicos y a la frecuencia de
años seguidos de malas cosechas; la talla media descendió en Europa occidental de
1,704 para los hombres y de 1,567 para las mujeres del Paleolítico Superior, a 1,673 y
1,541 respectivamente, para sus descendientes neolíticos. Y la tendencia, como
veremos, continuó. El desgaste dentario, las caries e infecciones bucales, se volvieron
más frecuentes, etc. La maldición bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente” no
pudo ser más exacta, y las cosas no parecen que mejoraran en la Edad del Bronce.
150
…” .
1. 3. LUGARES DE DOMESTICACIÓN.
149
Sanchidrián, J. L: Manual de Arte Prehistórico. Ed. Ariel. Barcelona. Pág. 364.
150
Ruiz-Gálvez Priego; M: La Europa Atlántica en la Edad del Bronce. Ed. Crítica. Barcelona.
1988. Pág. 126.
151
Harris, M: Introducción a la antropología general. Alianza Ed. Madrid. 1983. Pág. 157.
152
El Creciente Fértil es “…un semicírculo de tierras fértiles, de regadío, adecuadas para el
asentamiento agrícola y urbano, se extiende desde Palestina hasta Mesopotamia, limitando al
sur (por el lado cóncavo) con el desierto sirioarábigo y al norte (por el lado convexo) con las
tierra altas anatólicas, armenias e iraníes. Pero, si se observa con más detalle, la realidad es
más compleja, y el entremezclamiento de las distintas zonas ecológicas está mucho más
articulado. Las tierras altas están surcadas por cuencas que reproducen en pequeño los
caracteres del Creciente Fértil, y las tierras de regadío están interrumpidas por cordilleras
menores y franjas desérticas; las propias mesetas áridas están jalonadas de oasis y surcadas
por los uadis. La discontinuidad ambiental es un rasgo estructural de Oriente Próximo, y un
dato importante desde el punto de vista histórico, porque supone que regiones con recursos y
63
otros lugares; y esto es precisamente lo que se ha cuestionado recientemente, y para
ello son varios los argumentos que se aducen, entre los que destacan la escasa
densidad de población de aquella área nuclear como para permitir una colonización de
zonas adyacentes, o la ausencia, en Europa, de indicios que testimonien los titubeos
propios de los primeros asentamientos de aquellos supuestos colonos primigenios. 153.
Aunque es de suponer que, tal vez, hubiera pequeños grupos de colonos que
transmitieran a los grupos locales los nuevos conocimientos, probablemente a través
de intercambios comerciales de productos como, por ejemplo, la obsidiana 154.
Otros autores no están de acuerdo con un único lugar como principio del proceso
domesticador y se inclinan por la posibilidad de que pudieran ser varios los puntos del
Planeta en los que se inició este proceso. Efectivamente, la domesticación de cabras,
ovejas, cerdos y vacas sería un lento proceso de experimentación, que se
desarrollaría de forma independiente en distintas regiones del mundo y, tal vez, de
forma paralela al proceso agrícola 155. Desde la Antropología, Harris se pregunta si se
domesticó primero el trigo y la cebada o se domesticaron las cabras y las ovejas, para
responderse a sí mismo que no se puede dar una respuesta categórica, porque tanto
los animales como las plantas e, incluso, la gente que dependía de ellos, formaban
parte de un único proceso 156. En esta dirección apunta también Lara Peinado cuando
puntualiza que “…en estas zonas del Próximo Oriente, junto a focos geográficos de
otros continentes, se logró la domesticación de determinados animales que irían
asociados a la caza (entre ellos el perro), así como las primeras experiencias
agrícolas, consecuencia natural, también, de la recolección de los cereales
silvestres…” 157.
1. 4. ESPECIES DOMESTICADAS.
Charles Cornevin, al final del siglo XIX, definió al animal doméstico como
“…aquél que forma parte de la casa, domus, está sometido al dominio de un dueño al
cual le da sus productos y sus servicios, se reproduce en su estado de cautiverio
voluntario y da vida a los hijos que, como él, están sujetos al dominio y servicio del
158
Citado. Graven, J.. 1970. Opus cit. Pág. 31.
159
Citado. Ibídem. Pág. 32.
160
Ibídem. Pág. 32.
161
Aydon, C: Historia del Hombre. Ed. Planeta. Barcelona. 2009. Pág. 50.
162
López, P (Ed).1988. opus cit. Pág. 344.
163
Bernabeu, J. y otros: Al Oeste del Edén. Ed. Síntesis. 1995. Pág. 85.
164
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 344.
65
campamento se les podía enseñar a seguir a un líder humano. En el caso del lobo, los
experimentos de cría que se llevaron a cabo durante muchas generaciones dieron
lugar a una especie totalmente nueva- el perro-, un animal del que cabía esperar que
no se comiese a las ovejas, y que además evitaría que fueran los lobos quienes se las
comieran. …” 165.
1. 4. 3. Domesticación de la vaca.
165
Aydon, C. 2009. Opus cit.Pág. 46
166
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 341.
167
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 84.
168
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 342.
169
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 85.
170
López, P (Ed).1988. Opus cit. Pág. 342.
66
del Neolítico 171. Algunos estudiosos defienden la posible domesticación del uro en
lugares distintos: “…todo parece indicar que la primera domesticación del uro se
realizó en el sureste de Europa hacia el 8.500[…]. En Asia Menor, basándose en la
talla de los restos también se ha identificado el buey hacia el 8.000 BP en Bucrás, pero
algunos autores retrasan su aparición hacia el 7.5000 BP. …” 172. En la Europa central
y oriental se ha constatado la utilización del ganado vacuno y del arado desde el V
milenio en adelante y los bueyes castrados desde el VI a. C.; en el Próximo Oriente se
documenta el arado desde el 3.000 a. C 173. Lo que sí parece seguro es que el buey
estaba domesticado en el V milenio a. C. y que desde ese momento se utilizó como
animal de tiro para arrastrar todo tipo de carga, como el arado o el carro; su enorme
fuerza supuso un gran avance en el transporte que hasta ese momento debía limitarse
al simple arrastre humano 174.
No fueron los caballos los únicos équidos por los que el hombre se interesó; en
Oriente el animal de transporte por excelencia fue el asno, que podría haberse
domesticado al final del Neolítico o poco después y al que los antiguos consideraban
171
Ibídem. Pág. 342.
172
Bernabeu, J. y otros.. 1995. Opus cit. Pág. 87.
173
Champion, T. y otros: Prehistoria de Europa. Ed. Crítica. Barcelona. 1996. Pág. 176.
174
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 132.
175
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 342.
176
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 85.
177
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 343.
67
inteligente y obstinado 178. El asno daría nombre a todos los équidos que vendrían
detrás, así el caballo se llamaría asno de montaña; el onagro, asno del desierto; y el
mulo, asno principesco 179. Este animal de la estepa fue pieza de caza regular en el VI
milenio a. C. en Umm Dabagyah (Irán septentrional), pero una vez domesticado se
empleaba para el transporte a corta distancia y, hasta la domesticación del camello,
para los intercambios de mercancías a larga distancia, como demuestran los textos
que citan caravanas de varios cientos de asnos 180.
Respecto al caballo, “…parece que su domesticación acontece durante el
período Neolítico, encontrando las primeras muestras de haber sido utilizado por el
hombre en los yacimientos de Umm Dabaghiyab, Hassuna, Samara y Tellas Hallaf, en
la Alta Mesopotamia. …” 181. Pero cuando el caballo parece alcanzar una importancia
capital, fue alrededor del IV milenio antes de Cristo, y sobre todo en la Edad del
Bronce 182. Y sería el pueblo hurrita, especializado en la cría y doma del caballo del que
parece que dependían para todo, especialmente para la guerra, en la que utilizaron el
carro de combate ligero, el que primero domesticó y reprodujo el caballo 183. Champion
apunta el III milenio a. C. como la fecha de la domesticación del caballo en Europa 184.
Pero adelanta un milenio esa fecha para la cuna de su domesticación: “…todas las
evidencias conservadas nos hacen pensar que éstos équidos fueron domesticados por
primera vez en las estepas del sur de Rusia a comienzos del cuarto milenio y que su
uso se extendió hacia occidente. …” 185. Evidencias de doma de caballos aparecen en
la cultura de Botai, en el norte de Kazajstán, hacia el 3.500-3.000 a. C., donde se
supone la existencia de caballos estabulados, como parecen demostrar los hoyos de
postes de corrales, las heces de caballo y los elevados porcentajes de fósforo del
suelo, que aparecieron en el yacimiento; además, se han localizado allí estrías de
bridas en siete premolares de caballos 186.
En la historia de los pueblos que viven en la estepa, esa extensión interminable
de amplios pastizales que se prolonga desde las costas del mar Negro hasta China,
destaca la relación del hombre con el caballo. En el sur de Rusia existen pruebas
evidentes de la gran revolución que estaba a punto de llegar: la domesticación del
178
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 133.
179
Ibídem. Pág. 133.
180
Ibídem. Pág. 133.
181
Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 28.
182
Ibídem. Pág. 28
183
Ibídem. Pág. 28.
184
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 183.
185
Ibídem. Pág. 276.
186
Almagro-Gorbea, M: Historia militar de España. Prehistoria y Antigüedad. Ed. Laberinto.
Madrid. 2009. Pág. 42.
68
caballo; un animal esencialmente distinto a las dóciles criaturas que se estaban
domesticando en otras zonas; ya que la domesticación del mismo acarrearía
profundas consecuencias en el desarrollo posterior de la historia de la Humanidad 187.
Así, si el pequeño y resistente caballo salvaje de Asia central fue domesticado
alrededor del año 4000 a. C., y criado en grandes manadas, durante dos mil años, con
el único fin de obtener de él carne y leche, no sería hasta el 2000 a. C. cuando los
pueblos al sur del mar Caspio, en lo que hoy es el norte de Irán, inventaran la
equitación 188.
La domesticación produce profundos cambios en la anatomía de los animales,
de los que no está ausente la mano del hombre; así, en el caballo y“…a partir del
momento de su domesticación se va a producir, según opinión de diversos autores,
una gran variabilidad en la especie con profundas transformaciones plásticas, que
probablemente fueron favoreciendo el nacimiento de las numerosas razas 189 hoy
existentes, diferenciadas por las modificaciones impuestas por la mano del hombre y
por los agentes del medio ambiente en que cada raza se desarrolla. …” 190. Buen
ejemplo de la variabilidad que se produce en las especies domesticadas nos lo ofrece
la oveja, cuyos cambios morfológicos se pueden observar en los ejemplares de la fase
Bus Mordeh, en el ya citado yacimiento de Ali Kosh; así, si en principio el interés de la
cría de ovejas debió ser la obtención de su carne, con el paso del tiempo debió
producirse un cambio en la dirección de la selección, encaminado hacia la obtención
de una capa del pelo beneficiosa para la obtención de la lana 191. Profundísimos
parecen los cambios propiciados por la domesticación que, para los caballos de
Przewalski y el Tarpán, Lión nos los describe así: “…los componente neolíticos de
ambas razas iniciaron un progresivo desdoblamiento que no tendrá verdadera
importancia hasta que comenzada la domesticación del caballo por los alrededores
del año 2000 a. C. y su expansión, hacia el 1.800 a. C., arriben al Asia Meridional y
Occidental, Europa y África; desdoblamiento en el que influyó muy decisivamente la
profunda modificación experimentada por los caballos en su organismo como
consecuencia del violento cambio que en sus vidas representó la domesticación.
187
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 64.
188
Ibídem. Pág. 197.
189
Para Clutton-Brock, raza “…es el producto de un proceso de selección artificial de
caracteres, que no necesariamente responden a una estrategia para su supervivencia, sino que
se favorecen por el hombre por razones económicas, estéticas o rituales, o porque aumentan el
status social del propietario. …” (Citado. Fuentes García; F. C y otros. 2006. Opus cit. Pág. 28).
190
Ibídem. Pág. 28.
191
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 84.
69
…” 192. Entonces, la introducción de la equitación propiciaría un cambio de estrategia
en la cría de los caballos, dejándose de valorar factores como la cantidad de leche que
las yeguas eran capaces de producir, para apreciar sobremanera cualidades como su
resistencia, su velocidad o su capacidad de maniobra 193. Modificaciones que afectaron
no sólo al organismo de los animales sino también a su comportamiento; cambios
favorecidos, sin duda por la inevitable selección artificial; por ejemplo, respecto al
caballo, cuando el hombre eliminaba, utilizando como alimento, a aquellos caballos
que por falta de nobleza resultasen menos útiles o más incómodos de manejar, pudo
sustituir con los caballos de buen carácter a los pesados bueyes que arrastraban sus
carretas desde que, procedente de Mesopotamia, llegara la rueda a las estepas 194.
Así, si el caballo fue criado, en un principio, como fuente de proteínas, sus
criadores se dieron cuenta que ese animal servía para mucho más que para saciar su
hambre. Así, parece que “…Ya en torno al 4000 a. C., los nómadas de Europa oriental
y de Asia central habían logrado domesticar caballos, pero durante mucho tiempo
éstos constituyeron únicamente una fuente de alimentación. Abastecían de carne y de
leche al grupo, pero a sus primeros propietarios no se les habría ocurrido la
posibilidad de cabalgar sobre ellos igual que no se les habría pasado por la cabeza la
idea de cabalgar sobre una vaca. …” 195.
Cuando las gentes del norte de Irán, se decidieron a desplazarse sobre ellos,
pronto se percataron de lo útil que sería su utilización en las batallas, de forma que la
tradicional práctica de criar caballos que fueran fáciles de manejar se invirtió pronto,
para criar animales que fueran fuertes y rápidos. Así, antes de 1500 a. C., las tropas
de caballería pasaron a ser un componente de gran importancia en los ejércitos de
toda la media luna fértil; caballeros que comenzaron a inspirar terror en las
comunidades campesinas, desde Europa Oriental hasta el occidente de China 196.
Además, como la hierba era un don que la naturaleza regalaba a estos pueblos en
abundancia, estas gentes no tenían dificultad para mantener grandes manadas de
caballos que criarían en función de su velocidad y resistencia para el trabajo.
Por otra parte, tener que vivir a lomos de sus caballos implicaba también que
todos los hombres, mujeres y niños fueran jinetes en potencia, que pudieran ponerse
en movimiento en cualquier momento 197, por lo que “…el caballo abrió un amplio
abanico de posibilidades a los pueblos nómadas, entre ellas el saqueo de riquezas y la
192
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 23.
193
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 197.
194
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 48.
195
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 80.
196
Ibídem. Pág. 80.
197
Ibídem. Pág. 80.
70
captura de prisioneros mediante nuevas estrategias bélicas basadas en la velocidad.
…” 198. La importancia de la domesticación del caballo fue tal, que si no fue la causa
determinante de que los pueblos nómadas de las estepas se pusieran en marcha para
conquistar Occidente, al menos, no cabe duda de que favoreció esa conquista. Hecho,
el da la domesticación, que Lión sitúa en el Neolítico y “…cercano al año 2000 a. C.
antes del cual “nada induce a pensar que hubiese sido utilizado ni como animal de tiro
ni, mucho menos, como animal de silla”, y a partir del cual le encontramos,
exclusivamente, enganchado al carro de guerra. …” 199.
Cabría preguntarnos cuáles fueron las causas que incitaron a estos pueblos
orientales a trasladarse hacia Europa. Parece que los pueblos de las estepas, desde
Hungría hasta Mongolia habitaban en viviendas fijas y practicaban la agricultura 200,
ambos aspectos incompatibles con el nomadismo; pero al final del tercer milenio o
principios del segundo parece que se produjo una profunda alteración en el clima que
empujó a los habitantes del Ártico hacia el Sur, donde entraron en contacto con los
mongoles, que habitaban la estepa oriental; y donde se produjo, a su vez, una gran
sequía, que dejó sin pasto la estepa y los obligó a huir para escapar de la muerte.
Pero, tan“…sólo el hecho de que estos acontecimientos hubiesen sido inmediatamente
precedidos por el perfeccionamiento del empleo militar del carro, a partir de ahora
arrastrado por caballos, pudo convertir su emigración en arrolladora conquista. …” 201.
A medida que avanzaba el proceso domesticador se iba depurando la técnica de
la equitación e incorporando nuevos descubrimientos que harían más eficientes los
servicios que el caballo prestaba a su dueño. Por ejemplo, la combinación del caballo
y los metales posibilitó la existencia del carro de guerra ligero. “…Entre los años 2000
a. C. y 1500 a. C., muchos pueblos del suroeste asiático desarrollaron distintos tipos
de vehículos que podríamos considerar carros. Pero, de entre ellos, la versión ligera
de dos puestos y dos ruedas que desarrollaron los nómadas de las estepas podía ser
considerada un arma mucho más eficaz en la batalla que los toscos carros de cuatro
ruedas utilizados por los habitantes de la llanura. Este carro ligero, en conjunción con
los arqueros a caballo que eran capaces de disparar flechas mientras cabalgaban a
gran velocidad, revolucionó el concepto de la guerra. Los ejércitos ahora podían
trasladarse rápidamente a lugares muy retirados, lanzando ataques contra ciudades
desprevenidas con una superioridad que resultaba hasta el momento inimaginable.
198
ibídem. Pág. 198.
199
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 50.
200
Ibídem. Pág. 53.
201
Ibídem. Pág. 53.
71
…” 202. Estas gentes de las estepas, y en concreto el pueblo chino, nos regaló la
equitación, la idea del carro y otro invento de no poca transcendencia: el estribo 203. De
aquella zona parece proceder el arnés con una cincha pectoral o barriguera, que llegó
hasta nosotros hacia el 200 a. C. y que facilitó enormemente la tarea de arrastre de
carros. Posteriormente, en el siglo I a. C., los chinos volvieron a incrementar aún más
la capacidad de trabajo de los caballos de tiro, al idear la collera que todavía utilizamos
para los enganches; dispositivo que no se vería en Europa hasta pasados mil años y
cuyo desarrollo no sólo revolucionaría el transporte terrestre sino que impulsaría
sobremanera la productividad de la agricultura china 204.
202
Aydon, C. 2009. Opus cit. Pág. 81.
203
Ibídem. Pág. 91.
204
Ibídem. Pág. 134.
205
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 51.
206
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 350.
207
Ibídem. Pág. 349.
208
Ibídem. Pág. 352.
209
Ibídem. Pág. 352.
72
carga y monta, ya que en nuestra península no existen suficientes datos que permitan
asegurar que en épocas anteriores había sido domesticado 210.
Pero la domesticación de équidos ¿llegó a España desde otros lugares o surgió
independientemente en nuestro país? Según Uerpemann, el conocimiento de la
domesticación de los équidos pudo llegar del Oriente Próximo, donde ya se practicaba;
pero, por otra parte, la posible domesticación de este animal en la península se
deduce del hecho de que los restos encontrados se hallan en un biotopo distinto al
suyo natural 211. No debemos, por tanto, dejar de señalar que son varios los
yacimientos españoles en los que parece constatarse la temprana domesticación de
los caballos, por lo que no debemos descartar, como posible, que “…la domesticación
del caballo habría comenzado en la Península antes que en Europa central y de
manera independiente con respecto a los centros de domesticación del este de
Europa. Es una posibilidad que debe ser confirmada cuidadosamente en razón de su
importancia. …” 212, sobre todo si tenemos en cuenta la ausencia del agriotipo del
mismo 213.
La idea de la Península Ibérica como centro independiente de domesticación de
los caballos no es nada nuevo. En efecto, Antonius fue uno de los primeros en apuntar
que en España pudo haber existido un centro de domesticación independiente y en los
años 1938, Ángel Cabrera, y en el 1944 Skaffe, apoyaron de nuevo esta idea 214.
Parecen apoyarse en el descubrimiento por el abate Breuil de unas pinturas en Sierra
Morena, pertenecientes al Neolítico, en las que aparecen tres seres humanos
desnudos, un hombre y dos mujeres, que conducen un caballo cada uno, ayudados
por una cuerda. Es de resaltar que tanto los caballos como los hombres tienen una
expresión tranquila, que excluye una escena de caza 215.
En cuanto a otras regiones españolas, los distintos yacimientos arqueológicos
constatan la presencia de restos de caballos desde el Paleolítico al Neolítico pero,
probablemente, de especímenes salvajes, que se cazaban para destinarlos al
consumo humano. La única excepción dudosa, que debemos reseñar, es la de
Botiquería de los Moros, en la que los restos del caballo hallado en el nivel
210
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J: Historia de España. Prehistoria. Ed. Espasa
Calpe. Madrid. 2004. Pág. 189.
211
López, P. (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 352.
212
Ibídem. Pág. 352.
213
Ibídem. Pág. 352.
214
Graven, J. 1970. Opus cit. Pág. 71.
215
Ibídem. Pág. 71.
73
perteneciente al Epipaleolítico, “…indican un tipo evolucionado, algo menor, pero
similar a los del Magdaleniense final o Aziliense. …” 216.
216
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 364.
217
Graven, J. 1970. Opus cit. Pág. 141.
218
Ibídem. Págs. 141 y 142.
219
ibídem. Pág. 144.
74
aunque en el caso del caballo, este cambio fisiológico no parece haberse producido; la
yegua actual pare todos los años, mientras que sus ancestros paleolíticos lo hacían
cada dos años. A esto debemos añadir que si las hembras del Paleolítico alcanzaban
una edad reproductiva de 16 años, las de hoy pueden sobrepasar los 25 años de
producción 220.
No menos importantes que las variaciones fisiológicas son las relativas a la
psique o al comportamiento de los animales domésticos, por lo que, tal vez, el hombre,
a lo largo de su relación con el caballo y aunque todavía no hubiese descubierto la
equitación, eligiese como reproductores a aquellos animales que fuesen más dóciles y,
por lo tanto, de más fácil manejo.
220
Gamble, C: El poblamiento paleolítico de Europa. Ed. Crítica. Barcelona. 1990. Pág. 125.
75
76
2: EL CABALLO EN LA PREHISTORIA Y EN LA EDAD
ANTIGUA.
(Ovidio).
2. 1. INTRODUCCIÓN.
221
Ovidio: Fastos (Ed. de Marcos Casquero, M. A.). Editora Nacional. Madrid. 1984. Pág.177.
222
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 82.
223
Ibídem. Pág. 82.
224
Gamble, C. 1990. Opus cit. Pág. 120.
225
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 231.
77
competir para su obtención, como, por ejemplo, la hiena que era el principal
depredador de las manadas migratorias de caballos 226.
Es probable que todos los animales, por encima de una talla mínima, hayan sido
consumidos por el hombre en la Prehistoria; unos mediante la caza y otros, como los
grandes vertebrados hasta la aparición de los útiles de caza, mediante las prácticas
carroñeras 227. Pero, tal vez, el hombre sólo pudo dominar verdaderamente la gran
fauna desde finales del Paleolítico y justo en el momento en el que dispuso de objetos
cortantes suficientemente largos y resistentes y de armas arrojadizas eficaces.
Período a lo largo del cual las piezas cazadas están constituidas principalmente por
mamíferos de tamaño pequeño o medio, como los ungulados que viven en rebaños,
los ciervos, los renos, las cabras montesas, o los caballos, que constituyen la gran
mayoría de los fósiles conocidos en la actualidad 228. Buena prueba de ello son los
abrigos de Selva Pascuala (Villar del Humo, Cuenca) y El Polvorín (Puebla de
Benifasar, Valencia) en los que aparecen équidos lanceados 229.
226
Ibídem. Pág. 122.
227
Garanger, J (Ed): La prehistoria en el Mundo. Ed. Akal. Madrid. 2002. Pág. 122.
228
Ibídem. Pág. 122.
229
Delgado Linacero, C: Juegos Taurinos en los albores de la Historia. Ed. Egartorre libros.
Alcobendas (Madrid). 2007. Pág. 72.
230
Encinas Guzmán, M. R: Apuntes de Antropología Físico-Biológica. Universidad de
Extremadura. Curso 2002-2003.
231
Marvin Harris cita a Butzer, advirtiendo que estos términos son tan polémicos que deberían
dejar de utilizarse (Citado por Harris, M. 1983 opus cit. Pág.102.).
232
Ibídem. 1983 Pág.102.
233
Ibídem. Pág. 400.
234
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág.197.
78
interglaciares, más cálidas; y, por último, fauna banal, que es aquella que es
indiferente al clima 235. El caballo pertenece a este último grupo. Claro que aunque el
caballo sea una especie más o menos inmune a las condiciones relativas a las
temperaturas, ello no quiere decir que factores ambientales como la cubierta de nieve
o la disponibilidad de alimento, en invierno, no afectaran a su ciclo biológico 236. El
caballo, junto con otras especies, como los grandes bóvidos, los cérvidos, los jabalíes
y los grandes carnívoros, aseguraron la permanencia del reino animal durante el
Pleistoceno 237.
Durante el Cuaternario parece que había una gran pluralidad de paisajes, por lo
que podemos suponer que la fauna era tan variada como variados eran los distintos
hábitats planetarios que podían ser habitados por el hombre y por las diferentes
especies de animales que dependían de la variedad de los ecosistemas, a los que,
lógicamente, debían adaptarse. 238. Ecosistemas dependientes, además de a los
accidentes del terreno, a las diferentes zonas climáticas. Y en Europa, podemos
distinguir cuatro zonas principales:
1º) Zona atlántica, que caracteriza el clima marítimo de la costa oeste, con
veranos frescos e inviernos suaves y muy lluviosos.
2ª) Zona de Europa central y oriental, que disfruta de un clima continental
húmedo propiciado por la masa de tierra asiática, parecido al de la Europa costera
occidental y con inviernos extremadamente fríos.
3ª) Zona norte de Europa, donde hallamos características subárticas, con
veranos cortos y frescos e inviernos largos y fríos.
4ª) Zona de la Europa mediterránea, donde el clima se caracteriza por veranos
calientes y muy secos e inviernos suaves y lluviosos 239.
Esta última región, sobre la que más tarde se asentaría el corazón del Imperio
Romano se caracteriza por una vegetación arbórea capaz de soportar las prolongadas
sequías veraniegas, tales como la encina, el alcornoque, el olivo, el castaño y el
ciprés. Esta climatología mediterránea impuso el cultivo de los cereales, que podían
crecer durante los inviernos húmedos y suaves y ser cosechados en primavera. Con
los distintos animales, adaptados a diferentes condiciones ambientales, vivieron los
caballos, adaptados, a su vez, a las condiciones que les proporcionaban las llanuras
herbáceas y los, posteriormente, domesticados rastrojos.
235
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 82.
236
Gamble, C. 1990. Opus cit. Pág. 127.
237
Garanger, J (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 118.
238
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 84.
239
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 25.
79
Las especies de équidos más habituales en aquellos ambientes cuaternarios
eran: el caballo céltico o caballo de las praderas (Equus caballus celticus), el caballo
árabe (Equus caballus libicus), el caballo del bosque (Equus caballus typus), el tarpán
(Equus Przewalsky) y el asno (Equus asinus) 240. Coetáneos de estos équidos y
adaptados a los diferentes ambientes, vivía una fauna tan variada como los bóvidos:
bisonte (Bison Priscus) o el uro (Bos primigenius); los capridos: cabra montés (Capra
Aegagrus Pyrenaica) o el antílope saiga (Saiga Tartarica); los cérvidos: corzo
(Capreolus capreolus), el ciervo (Cervus Elaphus), el gamo (Dama dama), el alce
(Cervus alce) o el reno (Rangifer Tarandus); los proboscídeos: elefante de piel
desnuda (Elephas Antiquus) o el mamut (Elephas primigenius); los félidos: león de las
cavernas (Felis leo), el lince (Felis lyns pardina) o el gato montés (Felis silvestres);
hiénidos: hiena (Crocuta crocuta); úrsidos: oso pardo (Ursus arctos) o el oso de las
cavernas (Ursus spelaeus); cánidos: lobo (Canis lupus) o el zorro (Vulpes vulpes);
mustélidos: nutria (Lutra lutra), el tejón (Meles Meles) o el turón (Mustela putorius);
esciúridos: hámster (Spermophilus citillas) o la marmota (Arctomys bobac); Castóridos:
castor (Castor fiber); lepóridos: conejo (Oryctolagus cuniculus), y arvicólidos: ratón
campestre (Arvicola terrestris) o el lemming (Myodes lemmus) 241.
240
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 83.
241
ibídem. Págs. 83 y 84.
242
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
243
Ibídem. Pág. 77.
244
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 137.
80
las condiciones de sus hábitats, por ejemplo quemando los bosques para aumentar las
áreas de pasto, no es menos cierto que dicha influencia, la mayoría de las veces,
debía ser de carácter negativo por la sobredepredación sobre los ecosistemas que
habitaban 245.
Aunque la más larga de las edades prehistóricas muestra gran diversidad local;
en general se admiten tres subdivisiones:
1º) Paleolítico Inferior, dominado por una sencilla tecnología, como bifaces sobre
núcleos y útiles sobre lascas.
1º) Paleolítico medio, con un amplio y refinado repertorio de útiles y puntas sobre
lascas.
1º) Paleolítico superior, donde aparecen numerosos instrumentos y artefactos de
marfil, hueso y asta 246.
Entre todo el elenco de piezas disponibles, parece que el bisonte, el caballo, el
ciervo y el reno fueron las cuatro: “…especies en torno a las cuales se organizaron las
estrategias de explotación del paleolítico. Fueron la solución al problema de qué comer
al que se enfrentaron las poblaciones humanas que habitaron los espacios
abiertos…” 247. Cuando por distintas causas estas especies disminuyeron en los
ecosistemas habitados, se incluyeron a la cabra montés, al alce y a otros animales
dentro de la dieta regular, justo cuando los recursos más básicos como el bisonte, el
caballo, el ciervo y el reno, escasearon 248.
Pero es evidente que para dar caza a estos animales se necesitaría una cierta
especialización; una estrategia específica, que comprendiera ojeadores, trampas e
instrumental especializado, de piedra o de madera. La caza era, además, una
actividad de riesgo cuando se pretendía matar a determinadas especies peligrosas,
por lo que requería una planificación previa y la ejecución de ese plan por grupos de
cazadores experimentados 249. De su peligrosidad nos habla el hecho de que la causa
más habitual de muerte entre aquellos homínidos eran los traumatismos, bien debidos
a accidentes de caza o a enfrentamientos entre ellos 250.
Arpones, azagayas, propulsores, arcos y flechas componían el equipo de estos
cazadores paleolíticos. Cuando los buriles perfeccionaron su potente borde y su
afilada punta, eran capaces de modelar la piedra y la madera, para dotar a las puntas
fabricadas con estos materiales y con las astas, el hueso o el marfil, de un gran poder
245
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 150.
246
Ibídem. Pág. 138.
247
Gamble, C. 1990. Opus cit. Pág. 123.
248
Ibídem. Pág. 129.
249
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 176.
250
Ibídem. Pág. 213.
81
de penetración; además, la presencia de pequeñas ranuras en los arpones facilitaba el
empleo de venenos o sustancias que potenciaban el efecto de los mismos 251. Las
azagayas se fabricaban con esquirlas de las astas de los renos y de los ciervos
machos, que quedaban esparcidas por el campo, tras las mudas invernales de éstos.
Los propulsores tenían como misión prolongar el impulso arrojadizo del brazo humano;
se sostenían por un extremo mientras que en el otro se encajaban las azagayas o los
venablos, que impulsados por una gran fuerza centrífuga, alcanzaban grandes
distancias. De asta y datados en 14.000 años de antigüedad son los de la cueva
francesa de La Placard (Charente). Con este artefacto el cazador podía buscar el
sustento en solitario al mismo tiempo que evitaba exponerse al peligro inherente a la
proximidad de las bestias 252. Alejamiento del peligro que favoreció todavía más el
empleo del arco y la flecha; procedimiento de caza que está atestiguado a partir del
Mesolítico, aunque no podemos descartar que no se utilizara en tiempos anteriores,
como parecen demostrar las posibles puntas de flecha de la cueva española de
Parpalló (Gandía, Valencia), datadas en 20.000 a. C. La flecha, más rápida y certera
que el venablo, poseía un mayor poder de penetración; además, el cazador podía
aumentar la distancia de seguridad entre él mismo y el animal, por lo que
inmediatamente pudo convertirse en el arma imprescindible de todo cazador 253. Los
arcos más antiguos se han hallado en Europa oriental y septentrional y fueron
elaborados con maderas flexibles, como la del tejo; utilizándose fibras vegetales o
tendones de animales como cuerdas; las flechas fabricadas de madera se remataban
en su extremo hiriente con una punta de silex o de obsidiana y se equilibraban en el
opuesto con unas plumas que evitaban el desvío en su trayectoria; eran las armas
favoritas de los cazadores mediterráneos debido a su eficacia 254.
Además de estas armas, tal vez, se utilizaran otros sofisticados instrumentos de
caza, como las redes; así parecen demostrarlo las cuevas paleolíticas donde se
muestran signos que tal vez representen animales atrapados en redes, como los de
Altamira, El Castillo y La Pasiega (Cantabria) 255. Otros yacimientos evidencian el
empleo de otras técnicas cinegéticas; en el de Solana de Zamborino, en la depresión
de Guadix-Baza, se han encontrado evidencias de la intervención humana en la
obtención de recursos: una fosa de paredes verticales y cinco metros de longitud, que
los estudiosos han interpretado como una trampa. Este lugar, al borde de un lago de
251
Delgado Linacero. C.2007. opus cit. Pág. 37 y ss.
252
Ibídem. Pág. 38 y ss.
253
Ibídem. Pág. 39.
254
Ibídem. Pág. 39 y 40.
255
Ibídem. Pág. 40.
82
época pleistocena, estaba conformado por estepa y bosque abierto y existen signos de
que, en aquellos lugares, se cazaban caballos, cérvidos y uros 256.
La supervivencia de los grupos de cazadores-recolectores se basaba, además
de en la recolección de vegetales, en el desarrollo de técnicas cinegéticas 257; técnicas
cinegéticas que después se aplicarían en la caza del hombre, durante el desarrollo de
las guerras. Así, el ejército tiene su fundamento en la guerra; y ésta podemos definirla
como la lucha entre individuos, bien de un mismo grupo o de grupos diferentes 258.
Ya en el Paleolítico Medio se constatan evidencias de comportamientos
violentos, en Fontechévade (Charente, Francia) y en Skhull (Monte Carmelo, Israel),
con heridas contusas e incisivas que originaron la muerte de los individuos que las
presentaban; se constata, igualmente, la existencia de proyectiles alojados en los
huesos de los individuos, como son los casos del niño de la Cueva Grimaldi (Liguria,
Italia) que presenta un proyectil alojado en una vértebra y el de la joven de la Cueva
de San Teodoro (Sicilia, Italia) que presenta una punta de flecha en la pelvis, datados
el primero en el 23.000 y la segunda en el 12.000 a. C 259.
256
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 76.
257
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 24.
258
Ibídem. Pág. 23.
259
Ibídem. Pág. 24.
260
Para la península ibérica.
83
“despiece o matanza” (kill sites) y son frecuentes tanto en África, como en Europa o
Asia.
Son pocos los yacimientos excavados en España que han aportado muestras de
fauna capturada en el Paleolítico inferior, aunque son bien conocidos los de Solana de
Zamborino (Granada), Áridos 1 y 2 (valle del Jarama) y Torralba y Ambrona (Soria).
Además, parece lógico que, en esta actividad, los hombres del Paleolítico inferior
compitieran con otros depredadores y también aprovecharan los restos de animales
muertos de forma natural o en sus combates con los de otras especies 261. Estos
últimos yacimientos españoles son dos estaciones achelenses que están situadas en
la vía natural de comunicación entre la Meseta y el valle del Ebro. En un paisaje
conformado por un ecosistema de carácter fluvial y pantanoso, durante el Paleolítico
inferior hay evidencias de que fue utilizado como cazadero, cobrándose piezas como
elefantes, caballos, ciervos, bóvidos y rinocerontes. Los restos de los grandes
mamíferos conservan signos de la intervención humana, como el descarnado y la
extracción de material óseo 262. En el de Cúllar de Baza I (Granada) encontramos al
arcaico Equus sussembornensis, junto a especies propias del paso del Pleistoceno
inferior al medio, como Equus stenonis 263. Si aquí sólo hemos citado al caballo, parece
que estos cazadores paleolíticos depredaban sobre un amplio espectro de especies de
distintos tamaños. Por citar un yacimiento, la Cueva del Castillo, ofrece un buen
ejemplo del modelo de caza diversificada en especies, tan habitual entre los hombres
del Paleolítico inferior, que comprende desde los habituales grandes animales como
rinocerontes, elefantes, uros, bisontes y caballos, hasta los medianos como rebecos y
cabras, y varios animales de talla menor como liebres, tejones o erizos 264. Por citar
otra región española, aunque los estudios de fauna llevados a cabo en Cataluña no
son muy numerosos, sabemos que desde el Paleolítico inferior al Magdaleniense, las
especies más cazadas allí, eran el caballo, el ciervo, los bóvidos, la cabra, el asno y, a
mayor distancia el jabalí, el bisonte y el conejo. En tres yacimientos catalanes
predomina el ciervo, mientras que en otros los cazadores parecían estar
especializados en la caza del caballo 265. Como vemos, entre la fauna que
proporcionaba el sustento de aquellos cazadores se encuentran grandes mamíferos, lo
que nos induce a pensar que en sus correrías cinegéticas estos cazadores utilizarían
trampas o fosas hacia las que conducirían a los animales acosados; por ejemplo se ha
261
Eiroa, J. J. 2003. Opus cit. Pág. 176.
262
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 90.
263
Barandiarán, I. y otros.: Prehistoria. Historia de España. Ed. Ariel. Barcelona 2005. Pág. 52.
264
Ibídem. Pág. 52.
265
López, P (Ed).1988. opus cit. Pág. 354.
84
sugerido que los grupos que acampaban en Solana de Zamborino (Granada) pudieron
utilizar estrategias como el incendio de matorrales para asustar y encaminar a los
animales hacia los apostaderos donde aguardaban los cazadores 266.
En Italia, en la región de Venosa, al sur de Basilicata, en un yacimiento que se
fue colmando a lo largo de Pleistoceno, se han encontrado numerosos restos de
caballos (Equus stenonis), de grandes bóvidos y de cérvidos. Los restos óseos
encontrados tenían las diáfisis muy fragmentadas, lo que parece demostrar que
habrían sido partidas por percusión; además, la presencia, en algunas de ellas, de
estrías de descarnado y de restos de raspados ha permitido pensar en la posible
existencia de labores de desollado 267. En la misma Italia, a veinte kilómetros al
Noroeste de Roma, en el yacimientos de Castel di Guido, los restos óseos
descubiertos pertenecen a bóvidos, caballos (Equus caballus) y ciervos. Cercano a
este se encuentra el yacimiento de La Polledrada, en el que los restos hallados
corresponden a grandes mamíferos, como elefantes y bóvidos y algunos restos de
caballos y de ciervos 268.
Si durante el largo período de tiempo del Paleolítico inferior, en el que vivieron el
Homo habilis y el Homo erectus el ritmo de la evolución cultural fue lento, con la
aparición del Homo sapiens arcaico, parece que ésta comenzó a dejar atrás a la
evolución biológica de los homínidos; despegue cultural que pareció producirse a partir
de hace unos 100.000 años 269. Probablemente, la diferencia entre un estadio y el otro
estribe en la capacidad para comunicarse, a través de un lenguaje plenamente
desarrollado. No obstante, no debemos dejar de reseñar que, durante aquella
larguísima etapa del Paleolítico Inferior, el género Homo había aprendido a cazar, a
construirse abrigos, y a usar el fuego 270.
2. 3. 2. Paleolítico Medio (desde hace 95.000 años hasta hace 35.000) 271.
266
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 52.
267
Garanger, J (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 276.
268
Ibídem. Pág. 277.
269
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 136.
270
Ibídem. Pág. 141.
271
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 76.
272
Ibídem. Pág. 76.
85
en Europa. Contra lo que se ha venido creyendo hasta ahora, parece que este
homínido: “…poseía una gran habilidad para la elaboración de utensilios,
extraordinario conocimiento del medio, capacidad para la construcción o adecuación
de los lugares de habitación y buenas dotes para la caza y la recolección. …” 273. Estos
moradores de aquellos tiempos y ambientes eran cazadores y recolectores que, para
la caza, utilizaban trampas y lanzas armadas con puntas líticas. En cuanto a las piezas
abatidas, cazaban ocasionalmente grandes mamíferos, como mamuts y rinocerontes
lanudos; pero las más frecuentemente eran animales de menor envergadura, como
renos, bisontes, caballos, uros, ciervos, cabras monteses o sarrios, además de
pequeños roedores 274.
Si las técnicas de caza de los hombres de Paleolítico Inferior eran muy simples;
por el contrario, los musterienses del Paleolítico medio parece que cazaban en grupo,
ojeando a los animales, separándolos de la manada y, finalmente, abatiéndolos 275. En
el abrigo de Axlor (País Vasco), en un paisaje montuoso, situado a más de 300 m. de
altitud, en un territorio caracterizado por pendientes y cortados del terreno, debió
resultar fácil capturar grandes ungulados, asustándolos, acorralándolos u obligándolos
a despeñarse por los barrancos; además, la abundancia de bosques y de praderas en
las cercanías del yacimiento, aseguraba a los grupos que lo habitaban, una gran
variedad de recursos animales disponibles 276. Entre su variada despensa se cuentan
ciervos, cabras monteses y grandes bovinos, en grandes proporciones; y en menor
cantidad (8,9%), los caballos; le siguen, en una proporción menor, los renos, corzos,
jabalíes, liebres y conejos 277. El ciervo, para España y su región cantábrica, es una de
las capturas más abundantes; lo mismo sucede en L´Arbreda (Serinya, en la provincia
de Gerona) donde el ciervo es seguido de un asno salvaje, de los bóvidos y en menor
cantidad del caballo. Especie, esta última, que sin embargo es la más representada en
el Duc de Torroella (Girona) y en Cueva Horá (Granada). En el citado yacimiento de
Axlor (Guipúzcoa) se detecta un cambio en las especies más capturadas desde los
niveles inferiores (ciervo, cabra) a los superiores (caballo, bóvidos), lo que podría
explicarse como un posible retroceso del bosque. En la cueva de Amalda, también en
el País Vasco, los restos más frecuentes pertenecen al sarrio o rebeco, pero la
273
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 197.
274
Ibídem. Pág. 197.
275
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 71.
276
Ibídem. Pág. 72.
277
Ibídem. Pág. 72.
86
equivalencia en carne proporcionada por bóvidos, ciervos y caballos, supera a la de
aquellos 278.
Además del riesgo que entrañaba la caza, estos hombres del Paleolítico Medio
debían superar el hándicap que suponía defenderse de los numerosos y peligrosos
grandes depredadores, como leones, leopardos, osos, hienas y lobos 279. Aunque el
Paleolítico Medio europeo esté ampliamente relacionado con los neandertales, en
otros lugares este período se asocia a otros Homo sapiens arcaicos, que serían los
que en su transición hacia el moderno Homo sapiens, impulsarían el despegue cultural
de la humanidad 280.
Parece que fue durante el Paleolítico Superior, para España entre el 35.000 y el
12.000 a. C. 282, cuando tuvo lugar la expansión y el predominio del Homo sapiens
sapiens 283. Los modos de vida de los hombres de esta etapa variaron notablemente,
respecto a tiempos anteriores, a causa del mayor desarrollo tecnológico en las
industrias líticas y óseas, de la organización de los grupos y del perfeccionamiento de
las estrategias de caza 284, pero continuaron practicando la caza, la pesca y la
recolección 285.
En la Europa del Este, por citar algún ejemplo, los hombres paleolíticos de
Mezin-Menziric construían sus cabañas con los huesos de los grandes animales que
habían consumido, como los del mamut, que era el animal predominante,
acompañados de los de otras especies, como, en particular caballo y reno, pero
también rinoceronte lanudo, bisonte y oso 286.
Modos de vida evolucionados que llegaron de la mano del mayor desarrollo de la
inteligencia que “…procuró avances como la habilidad tecnológica y amplió la cultura
humana, generando el arte, la lengua y la religión. La evolución cultural, según este
punto de vista, depende de la evolución biológica y en particular del desarrollo del
cerebro. …” 287. Claro que la evolución cultural dependiente de la biológica no es la
278
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 126 y 127.
279
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 197.
280
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 143.
281
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 76.
282
Ibídem. Pág. 76.
283
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 201.
284
Ibídem. Pág. 213.
285
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 149.
286
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.).2005. Opus cit. Pág. 31.
287
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 33.
87
única causante del cambio en este período, sino que ésta evolución cultural debe ser
entendida como el resultado de la interconexión de muchas variables, como las del
hábitat, la subsistencia, la demografía y la organización del grupo 288.
Llegados los hombres a este estado de desarrollo, la caza del Paleolítico
Superior ha sido presentada por algunos especialistas como una actividad colectiva,
que había que organizar minuciosamente y que requeriría coordinación por parte de
los cazadores más avezados en la actividad 289. Parece que estos cazadores
paleolíticos eran buenos conocedores del hábitat en el que se movían y de la fauna
que lo habitaba, conociendo sus costumbres, sus migraciones y su época de cría. Por
ejemplo, en yacimientos del norte de España y de Francia está documentada la caza
de ciervas con sus crías, lo que demuestra un perfecto control de la biología de la
fauna 290.
El instrumental de piedra y de hueso del período muestra una gama muy
variada de tipos de proyectiles e instrumentos para la caza y la pesca. Muchos de
estos útiles estaban diseñados para ser utilizados guardando la distancia con el
animal, mediante el empleo del propulsor y del arco, que parece que fueron
instrumentos decisivos para la economía paleolítica, al minimizar los riesgos de la
caza, con la modalidad de tiro a distancia 291. Quizá, el desarrollo de la inteligencia
propició la utilización de un utillaje cinegético más sofisticado, cuando se realizaban
labores cinegéticas. Parece que en el Paleolítico Superior se inventó el propulsor, que
permitió mayor alcance y más precisión en la técnica predatoria. Pero tal vez “…fue la
invención del arco, en el Solutrense o Magdaleniense, una de las mejoras técnicas
más destacadas de la humanidad, hasta el punto de haberse convertido en un
elemento de referencia para las sociedades tradicionales y en un valor mitológico
asociado a la caza, la fecundidad y la virilidad, llegando al mundo clásico como
atributo de Cupido, Venus y los tutti Apolo y la cazadora Diana. …” 292.
Con respecto a etapas anteriores, la actividad depredadora de estas poblaciones
incluiría modificaciones, como la progresiva especialización cinegética, la captación
del sustento en los aledaños de los yacimientos y la utilización de recursos poco o
nada explotados hasta entonces 293, aunque no dejarían de moverse en busca de los
rebaños migratorios, cuyas costumbres parece que no ignoraban. Estos campamentos
de caza, ubicados en las vías migratorias, se caracterizan por la aparición exclusiva de
288
Ibídem. Pág. 34.
289
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 213.
290
Ibídem. Pág. 213.
291
Ibídem. Pág. 213.
292
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 24.
293
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 156.
88
los restos óseos de las especies que eran el objetivo de su caza 294, que se apresaban
con equipamiento y estrategias de caza tan diversificadas como las especies que se
querían abatir 295.
Respecto a España y, probablemente en toda la cuenca mediterránea, la
diversidad de hábitats acogería diversas especies de ungulados en sus espacios
abiertos, como caballos, uros y bisontes; en zonas de bosques, ciervos, corzos y
jabalíes; y en los roquedos, cabras monteses, rebecos y sarrios 296. En el interés
mostrado por la caza de las distintas especies influiría, entre otros factores, la cantidad
de carne y de otros recursos utilizables, como pieles o huesos, obtenidos con cada
pieza. Si tenemos en cuenta que la proporción aprovechable sobre el animal es de un
50 ó 60%, obtendrían: de un uro o un bisonte, una media de 400 kg de carne; de un
caballo, 180; de un jabalí, 120; 100 de un ciervo; 55 de un reno; 50 de una cabra
montés; 22,5 de un rebeco/sarrio; y 12,5 de un corzo 297. Por lo que podemos imaginar
que, quizás, este sería el orden de preferencia en sus capturas.
J. Altuna estudió los restos de seis yacimientos vascos, generalizando los
resultados para todo el frente cantábrico. En todos predomina la caza del ciervo; se
especializan en la de la cabra y el sarrio, en zonas de roquedos; y son siempre
escasos los restos de reno, jabalí, caballo y corzo. Aunque estos cazadores parecen
decantarse por los animales adultos, no desdeñan las crías de caballo (potrillos de
Santimamiñe) ni las de ciervo (cervatillos de Ekain) 298. Por el contrario, en otros
ambientes, como el del yacimiento del frente mediterráneo de la Arbreda (Gerona),
desde el Paleolítico medio hasta que concluye el superior, domina la caza de animales
de pradera sobre los de bosque o los de roquedo. Aquí predomina la caza del caballo,
con un 63,7 de los restos; los siguen ciervo, uro, corzo y, en menor proporción, cabra
montés, jabalí y elefante 299.
Como podemos ver, la técnica cinegética, a lo largo de las diferentes etapas
paleolíticas, se va especializando con el fin aumentar su eficacia; de modo que todas
las sociedades del Paleolítico Superior usaban, para conseguir su sustento, armas
arrojadizas eficaces y trampas 300. Armas arrojadizas que estaban guarnecidas de
puntas hirientes de silex, hueso o marfil; además en España y en el norte de África,
294
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.). 2005. Opus cit. Pág. 47.
295
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 98.
296
Ibídem. Pág. 98.
297
Ibídem. Pág. 98.
298
Ibídem. Pág. 99.
299
Ibídem. Pág. 99.
300
Gordon Childe, V: La evolución social. Ed. Alianza. Madrid. 1973. Pág. 83.
89
desde muy pronto, se utilizó el arco para lanzarlas 301. También, en algunos casos, la
situación de los campamentos, parece probar la modalidad de batidas y caza
colectiva 302. Por otra parte, hay algunos indicios de cierta especialización en la caza de
una clase particular de animales, Así, un noventa y nueve por ciento de los huesos de
una cueva croata, habitada por auriñacienses, son de oso; de mamut son los huesos
que predominan en los campamentos de Gravettia y de Moravia, en el sur de Rusia y
en la Europa central; y en Solutré, en la Dordogne, se encontraron restos de 100.000
caballos 303.
2. 3. 4. El arte en el Paleolítico.
Si en las primeras etapas, la relación del hombre con los animales era la del
cazador con su presa, o la de los competidores, por los distintos hábitats en los que
vivían ambos; posteriormente, los animales fueron aprovechados por el hombre como
fuente de materias primas para la realización de diversos tipos de útiles, y como fuente
de inspiración, para la realización de actividades estéticas y culturales 304.
Pero, ¿qué es el arte? Lo podríamos definir como la expresión material de la
belleza ideal, que tiene como finalidad satisfacer la necesidad humana de contemplar
lo bello. El arte sirve, en fin, para deleitar con la hermosura el ánimo de la persona que
lo contempla. Para Rafael Lapesa, el “…arte es la actividad espiritual por medio de la
cual crea el hombre obras con el fin de belleza…” 305. Para él… “todo ser humano, por
rudo e ignorante que sea, experimenta la necesidad de crear en forma bella sus
imaginaciones, ideas o sentimientos; esa necesidad se satisface gracias a la creación
artística. …” 306. Pero no todos están de acuerdo a la hora de definir el arte; y para
algunos estudiosos del mismo, éste ni tan siquiera existe. Es el caso del Ernest H.
Gombrich que declara que “…No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas.
…” 307.
Desde la antropología, Marvin Harris, puntualiza que para Alexander Alland, el
arte es “…un juego con la forma que produce algún tipo de transformación-
representación estéticamente lograda… .” 308. Según este antropólogo, el juego es un
301
ibídem. Pág. 82.
302
Ibídem. Pág. 83.
303
Ibídem. Pág. 83.
304
Garanger, J. (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 120.
305
Lapesa Melgar, R: Introducción a los estudios literarios. Ed. Anaya. Madrid. 1972. Pág. 7.
306
Ibídem. Pág. 7.
307
Gombrich E. H.: Historia del Arte. Ed. Alianza. Madrid. 1992. Pág. 15.
308
Harrris, M. 1983. Opus cit. Pág. 478.
90
aspecto gratificante de la actividad humana que no se puede explicar por sus
funciones utilitarias; la forma afectaría a la organización espacial del juego artístico; lo
estético apuntaría a la capacidad humana para expresar placer ante la obra de arte; y,
por último, la transformación-representación haría referencia al aspecto comunicativo
del arte 309. El artista realiza la obra de arte a imagen de ciertas formas preexistentes y
su tarea consiste en replicar dichas forma sirviéndose de elementos culturales
estandarizados, como el color, los sonidos o las formas familiares, que les son gratos
a los destinatarios de la obra 310.
Claro que si el arte es la expresión material de la belleza, todavía nos queda
definir a ésta. Platón la definía como la luz y el resplandor de la verdad; mucho más
cercano a nosotros, Esteban Moreu la definió como “…aquella virtud que tienen ciertos
objetos de causar en nuestro ánimo una emoción agradable, desinteresada, pura, que
impresiona todas nuestras facultades, y singularmente la sensibilidad y la fantasía.
…” 311. Belleza es, entonces, el apelativo que empleamos para definir el placer
espiritual que nos proporciona la contemplación de la obra de arte.
Una de las novedades con las que nos agasajaron los hombres del Paleolítico
fueron sus representaciones artísticas, posibilidades estéticas que los investigadores
del siglo XIX, que las descubrieron, no podían sospechar 312. Y consideraremos
representaciones artísticas a aquellas que son originales y que fueron pensadas y
creadas para transmitir o comunicar algo, que representen un fondo simbólico y que
no se crearan con una intención meramente utilitaria 313. Por lo que consideraremos
arte a aquellas “…piezas figurativas y aquellas marcas, señales o signos repetidos
sobre distintos soportes que mantengan un mensaje codificado de carácter simbólico.
…” 314.
Pero no debemos olvidar que el arte y la tecnología interactúan con frecuencia,
por lo que, a lo largo del Paleolítico, por ejemplo, es difícil discernir dónde acaba el
arte y dónde empieza la tecnología 315.
La aparición del arte figurativo, hace aproximadamente 40.000 años, coincide
con el poblamiento del Homo sapiens sapiens, y parece ligado al progreso biológico de
nuestra especie; aunque es muy posible que las primeras manifestaciones artísticas
309
Ibídem. Pág. 478.
310
Ibídem. Pág. 482.
311
Moreu Lacruz, E: Fundamentos de cultura literaria. Ed. Católica Casals. Barcelona. 1927.
Pág. 7.
312
Tuñón de Lara, M. y otros: Historia de España. Introducción. Primeras culturas e Hispania
romana. Ed. Labor. Barcelona. 1994. Pág. 60.
313
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág. 31.
314
ibídem. Pág. 31.
315
Harrris, M. 1983. Opus cit. Pág. 480.
91
se sitúen en una fecha muy anterior, y que la relación que parece existir entre la
evolución cerebral del hombre y la aparición de la creación artística tengamos que
retrasarla hasta el Paleolítico Medio o incluso el Paleolítico Inferior 316. Desde la
Antropología, para Harris, “… la repentina aparición de un arte representativo y
decorativo a finales del Paleolítico Medio y principios del Superior proporciona una
nueva prueba de que el despegue cultural estuvo asociado a la transición del Homo
sapiens arcaico al Homo sapiens sapiens. …” 317. El control que los hombres del
Paleolítico Superior sobre las técnicas de fabricación de útiles, en distintos materiales,
se reflejó en el dominio de su arte ritual 318. En cualquier caso, este arte conocerá su
apogeo en la Europa Occidental durante el Magdaleniense 319.
Pero, ¿por qué pintaban aquellos hombres? El problema fundamental del arte
paleolítico es el de su significado; tal vez el tema más investigado de toda la
prehistoria y el más enigmático aún en nuestros días 320. La primera hipótesis en la que
se pensó, y que aún cuenta con muchos adeptos, es la denominada “el arte por el
arte”, que compara la mentalidad de los artistas primitivos con la de los niños, y
considera que no hay una función específica en estas manifestaciones artística, sino
que se trata de un medio de expresión por necesidad psicológica.
No obstante, la teoría más popular es la defendida por S. Reinach y H. Breuil,
que consiste en considerar que este arte tiene connotaciones mágicas para sus
autores, de tal modo que la representación de un animal propiciaría su abundancia en
el medio ambiente y su caza 321. Tal vez, las pinturas europeas del Paleolítico Superior,
desempeñarían un papel transcendental en los rituales mágicos religiosos,
encaminados a controlar los movimientos migratorios y las pautas reproductoras de los
animales representados 322; por lo que Harris afirma que la historia de la etnografía y
del arte no se pueden separar de la historia y la etnografía de la religión 323 y que arte y
religión satisfacen las mismas necesidades psicológicas 324. Posteriormente, autores
como A. Laming-Emperaire y A. Leroi-Gourhan, sostienen, tras diversos análisis, que
316
Garanger, J. (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 404.
317
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 149.
318
Ibídem. Pág. 148.
319
Garanger, J. (Ed.). 2002. Pág. 406.
320
Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 105.
321
Ibídem. Pág. 105.
322
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 485.
323
Ibídem. Pág. 485.
324
Ibídem. Págs. 493 y 494.
92
los recintos donde se pintaban las obras eran santuarios “…donde los primitivos
artistas exponían una visión dual del cosmos, basados en la asociación-antagónica de
dos principios: femenino (bisontes-mujeres) y masculino (hombres-caballos)...” 325.
Este último autor creía, además, que el hombre paleolítico expresaba, mediante sus
pinturas, ideas referentes a la organización natural y sobrenatural del mundo vivo 326.
Algunos consideran la creación artística como un medio de reafirmación del
poder a través de esa representación de actividades especiales que reflejan el
prestigio social. Por ejemplo para Bertilsson, las escenas de arado, en vez de
representar los elementos normales de un culto a la fertilidad, podrían representar
elementos y expresiones de gran importancia ideológica para la sociedad local 327.
Otros consideran que al decorar sus moradas, estos hombres primitivos
pretendían domesticar sus asentamientos, al transformar el espacio natural caótico del
exterior en un espacio interior culturalmente organizado; o que estas imágenes
pretendían educar a los miembros más jóvenes del grupo, al compartir, aquellos que
ya se habían enfrentado con éxito a los problemas, sus experiencias con los
demás. 328. O era, tal vez, un mecanismo de integración social, que reforzaba la
solidaridad del grupo, al crear un entorno simbólico donde se negaba la separación
espacial entre cazadores y su presa, produciendo la ilusión de controlar la naturaleza y
aliviando las ansiedades que una caza infructuosa podía producir a sus gentes 329.
Mírcea Elíade habla “…de una solidaridad mística entre el cazador y su presa,
entendida como la capacidad del primero para ponerse en el lugar del otro, asumiendo
que la muerte es parte de la lucha de ambos por la supervivencia. Esta solidaridad
desvela el parentesco existente entre las sociedades humanas y el mundo animal.
…” 330.
Llegados a este punto, cabría preguntarse si tenían, los hombres del Paleolítico,
capacidad para experimentar placer a través de la contemplación de la belleza o si tal
vez sólo pretendían crear fórmulas mágicas que le facilitaran la captura de las piezas.
De lo que no parece caber duda es de que las creaciones estéticas de los hombres del
Paleolítico Superior instauraron una forma de expresión del universo interior de sus
artífices que hasta entonces no se conocían, reflejando no sólo su mundo circundante
sino también unas estructuras mentales capaces de transmitir ideas; la vida y la
325
Citado. Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 105.
326
Citado. Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 116.
327
Citado. Harding, A. F.: Sociedades europeas en la Edad del Bronce. Ed. Ariel. Barcelona.
2003. Pág. 337.
328
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.). 2005. Opus cit. Pág. 166.
329
Ibídem. Pág. 166.
330
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 29
93
muerte se plasman en figuras de animales moribundos; el peligro y la amenaza, en las
afiladas astas y colmillos de uros y mamuts; y la belleza de la Naturaleza, en las
manadas de animales como ciervos y caballos pastando en los prados 331.
Si el arte paleolítico se extiende por toda Europa, hasta Siberia y Palestina, por
el Líbano, llegando hasta África del Sur; el arte que se ejecuta sobre las rocas de las
cuevas y abrigos, restringe su área de expansión, extendiéndose por Portugal,
España, Francia, Alemania, Italia, República Checa, la Antigua Yugoslavia, Rumanía,
Rusia; siendo zonas muy ricas Portugal e Italia, pero destacando, sobre todas ellas,
España y Francia 332. Como vemos, el arte rupestre se concentra en el occidente
europeo, habiendo escasos yacimientos fuera de esa zona, aunque no sabemos si
esta circunstancia se debe a la ausencia de arte parietal en esas zonas, a que no se
ha investigado en ellas, o a si, tal vez, esa ausencia se debe a falta de conservación
de las obras 333. Sanchidrián puntualiza que geográficamente, los enclaves con arte
rupestre paleolítico se restringen a los 150 lugares de Francia; los mismos,
aproximadamente, en la Península Ibérica; cerca de 20 en Italia; 1 en Bosnia-
Herzegovina; 1 en Rumania: y 2 en Rusia; por lo que el fenómeno figurativo parietal
continúa siendo característico de la Europa suroccidental 334. Y la selección del lugar
sobre el que se ejecutaran las pinturas y los grabados irían acompañados de un ritual
cuyas normas se conservaron y transmitieron a lo largo de los tiempos 335.
Si la principal manifestación artística de aquellos primeros hombres era la
pintura, con la que cubrían el interior de sus cuevas, en Europa occidental la zona más
importante de este arte pictórico rupestre es la cántabro-aquitana; y dentro de ésta,
donde la pintura llega a su punto culminante, es en la cueva de Altamira, en Santillana
(Santander) 336. Todo el santuario fue pintado hace unos 15.000 años y en él aparecen
bisontes, caballos, ciervos, toros y cápridos, entre otras figuras 337.
En Italia contemplamos manifestaciones parietales caracterizadas por su
expresividad y repartidas de forma desigual; con la máxima concentración en Sicilia y
331
Ibídem. Pág. 27.
332
Ibídem. Pág. 109.
333
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 293.
334
Ibídem. Pág. 293.
335
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 130.
336
Angulo Íñiguez, D: Resumen de Historia del Arte. Ed. Raycar. S. A. Madrid. 1981. Pág. 14.
337
Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 106.
94
en la zona meridional de la península y pocos yacimientos en el norte. 338 Ubicada en el
norte y procedente del Paleolítico Superior Inicial es la cueva del Caviglione (Liguria,
noreste de Italia) en la que aparece grabada la figura, muy parca, de un caballo 339. En
el sudeste de Italia, y probablemente del Gravetiense 340, podrían datar las pinturas de
la cueva Paglicci (Apulia) en la que aparecen tres caballos, únicamente, perfilados, sin
detalles internos, con cuerpos masivos y desproporcionados con respecto a sus
cabezas y con las extremidades apenas esbozadas 341. Estas pinturas son las únicas
aparecidas en este país, ya que las demás imágenes rupestres están confeccionadas
mediante la técnica del grabado 342.
Parece lógico que animal tan atractivo fuera escogido como modelo por los hombres
prehistóricos.
338
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 294.
339
Ibídem. Pág. 294.
340
Período más reciente del Paleolítico Superior Antiguo, 35.00 a 20.000 a. C. aprox. (Ibídem
Pág. 13).
341
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 296.
342
Ibídem. Pág. 296.
95
El tema preferido eran distintas especies de animales, seguidas de las figuras
humanas. Estos animales eran, sobre todo, los grandes herbívoros que les
proporcionaban el alimento fundamental. En las representaciones plasmadas durante
el Paleolítico, los caballos “…están casi omnipresentes en todos los lugares y etapas,
tomando sobre sí el papel del animal más número de veces plasmado. Son
identificados por la forma de la cabeza y la crinera, y obtienen convenciones
regionales y cronológicas notables. Como los équidos de crines escalonadas,
mandíbulas arqueadas y morros planos de algunos yacimientos solutrenses del
Mediterráneo. …” 343. Por tanto, el caballo es una de las especies más comunes en el
arte rupestre, destacando por el realismo de su figuración; en concreto, para la zona
cantábrica, el caballo supone aproximadamente un 22% de todos los animales
representados 344.
Claro que los animales más importantes, a la hora del aporte calórico a la
comunidad, no son los preferidos por los artistas para plasmarlos en sus pinturas, por
lo que la conexión entre los animales más representados y las presas de caza no
concuerda con los datos proporcionados por las excavaciones arqueológicas. Por
ejemplo, es notable que durante la etapa de mayor producción pictórica, el
Magdaleniense o período final del Paleolítico Superior, fuera el reno el principal
alimento de los habitantes de Europa occidental, pero, sin embargo, este animal
aparece rara vez representado, siendo más comunes animales como caballos,
bisontes y toros 345.
Para España y en las distintas regiones en las que se ha dividido su arte parietal:
cantábrica, centro, nororiental y andaluza; las representaciones zoomorfas son las
más representadas, siendo el caballo la especie estrella, seguida del bisonte 346.
Dentro de las muestras pictóricas de la Península Ibérica, en las que se representan
caballos, no podemos dejar de mencionar los de Ekain (Guipuzcoa) y los de Tito
Bustillo (Ribadesella, Asturias), en los que se cuidan especialmente los detalles de
pelaje y crines, así como las cebraduras de sus patas 347. Para el sitio de Ekain no
podemos dejar de reseñar que hay una notable divergencia entre las representaciones
pictóricas de los caballos en sus paredes (un 57,6% pertenecen a la representación
del mismo) y los restos que atestiguan su inclusión en la dieta (sólo el 0,3% de los
343
Ibídem. Pág. 234.
344
Lasheras Corruchaga J. A. y González Echegaray J. (Ed.). 2005. Opus cit. Pág. 110.
345
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 44.
346
Vega Toscano, G. y otros. 2006. Opus cit. Pág. 103.
347
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 114.
96
restos hallados) 348; por lo que no podemos dejar de preguntarnos si ya en aquellas
fechas, el caballo era algo más que un simple abastecedor de proteínas.
Evidentemente, como apuntamos antes, no debemos olvidar que parece que no existe
una relación directa entre la importancia del animal como abastecedor de la despensa
y como modelo a representar.
Las pinturas las realizaban en las partes profundas de las cuevas, lejos de la
entrada y de la luz, debido, probablemente, a su carácter secreto 349. Y los
representados, como hemos apuntado, eran animales grandes de la fauna cuaternaria,
como bisontes, caballos, cérvidos y, más raramente, renos y mamuts 350. Los
colorantes eran pigmentos minerales que, generalmente, se encontraban dentro de las
mismas cuevas y los distintos estilos pictóricos eran muy variados, yendo desde las
sencillas figuras negras de los caballos de Pech Merle (Cabrerets, Francia) hasta los
policromados caballos de Lascaux (Valle de Vézere, departamento francés de
Dordoña); en una fase avanzada del paleolítico superior destacarán las figuras
naturalistas del Salón Noir de Niaux (Francia) 351.
Ahora bien, no todas las pinturas se resguardaban en el interior de las galerías;
por ejemplo en el Levante español, las pinturas más tardías ofrecen importante
novedades, como decorar enclaves a plena luz y con figuras humanas que aparecen
definidas y desempañando un importante papel; ahora el artista “…crea escenas de
caza, guerra y, al parecer, danzas rituales, con frecuencia de gran desarrollo. Su estilo
es mucho más esquemático. …” 352. A éstas, debemos añadir las novedosas escenas
de actividades agrícolas y pastoriles 353. Los animales representados en el arte
levantino pueden aparecer representados en solitario, en manada, paciendo, parados,
o corriendo; aunque lo normal es que formen parte de un conjunto de caza, en el que
los cazadores aparecen disparando sobre ellos (los de la Cueva dels Cavalls, en la
Valtorta); también pueden aparecer heridos o muertos (rumiante de la Tortosilla); con
348
Ibídem. Pág. 116.
349
Tuñón de Lara, M. y otros.1994. Opus cit. Pág. 60.
350
Ibídem. Pág. 60.
351
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 115.
352
Angulo Íñiguez, D. 1981. Opus cit. Pág. 15 y 16.
353
Beltrán, A: De cazadores a pastores. El arte rupestre del Levante español. Ed. Encuentro.
Madrid. 1982. Pág. 28.
97
el cuello colgante (cierva del prado de las Olivanas); o despeñándose verticalmente
(caballo de la Araña) 354.
La fauna que se representa es indiferente al clima, no apareciendo especies
ultrapirenaicas, “…cosa que tiene mucha importancia en relación con la supuesta
datación paleolítica del arte levantino. …” 355. La especie más representada es el
ciervo, al que siguen en importancia la cabra montés, el toro y el jabalí. Mucho más
raros son los équidos; y menos representados que éstos, los corzos, la gamuza, los
cánidos y las aves 356. Fuera del ámbito levantino buena muestra de los grabados al
aire libre son los de Siega Verde (Salamanca) y Foz Côa, (Guarda, Portugal) donde
una vez más están ampliamente representados los caballos 357.
Las piedras también fueron el soporte para grabar distintas figuras, como frisos
esculpidos, que representan a distintos animales. Entre éstos destaca el friso de los
caballos de Cap Blanc (Marquay, en el departamento francés de Dordoña), esculpidos
en la roca calcárea del abrigo rocoso, datado en el Paleolítico Superior tardío (15.000
a. C.) 358.
Pero el arte parietal, pintado o grabado, realizado sobre las paredes de las
cuevas no era el único. Aquellos hombres del Paleolítico también realizaban arte
mobiliar, que comprende aquellos objetos que se pueden mover o transportar,
realizados generalmente sobre materiales duros de origen animal, como hueso,
cuernos de ciervo, dientes, marfil, etc. Este arte mueble consistía en pequeñas
estatuillas realizadas, además de en materiales de origen animal, en piedras blandas
o barro cocido; los más representados son los animales, entre los que destacan los
mamuts, renos, ciervos, caballos, bisontes, etc 359. Son varios los yacimientos que
presentan este tipo de piezas, entre los que podemos mencionar La Marche (Francia),
con más de 1.500 piezas; el de Gönnersdorf (Alemania), con más de 500; pero el
yacimiento que más piezas de este tipo de arte presenta es el Español de Parpalló
(Gandía, Valencia), con más de 6.000 360. El valor fundamental de esta cueva radica en
que la secuencia cronoestratigráfica de sus piezas artísticas recorre el Paleolítico
354
Ibídem. Pág. 28.
355
Ibídem. Pág. 29.
356
Ibídem. Pág. 29.
357
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 114.
358
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 113.
359
Ibídem. Pág. 101.
360
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág.117.
98
Superior en su casi totalidad, lo que permite observar, objetivamente, la evolución
artística en la zona; posibilidad imposible de llevar a cabo en otros yacimientos, ya que
si éstos contienen cientos de objetos, los mismos sólo proceden de un único
período 361.
Modelado en arenisca fue el caballo de bulto redondo, de factura muy realista y
representado en actitud de reposo, del Magdaleniense Medio de Duruthy (Aquitania,
Francia); en cambio, de marfil es el caballo descubierto en Les Espélugues (Lourdes,
Francia) 362. Esculpido en asta de ciervo y perteneciente al estrato magdaleniense es el
bastón de mando hallado en Pendo Escobedo (Camargo, Cantabria); está decorado
mediante incisión con varias cabezas de caballo, y parece que estos bastones eran
usados por el hombre del Paleolítico Superior como símbolo de jerarquía y poder 363.
De Bruniquel, Francia, procede el propulsor de azagaya trabajado en asta que
representa a un caballo corveteando 364. Del suroeste de este mismo país es el bastón
de asta de la Madeleine (Tursac, Dordoña) adornado con la figura de un caballo 365.
Este arte mueble está mucho más extendido que el rupestre, pudiéndose enmarcar en
un arco que incluiría en uno de sus extremos a Andalucía y en el otro a Siberia 366.
361
Ibídem. Pág. 153.
362
Ibídem. Pág. 146.
363
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 144.
364
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 61.
365
Ibídem. Pág. 114.
366
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 293.
367
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
368
Ibídem. Pág. 77.
369
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 250.
370
Ibídem. Pág. 250.
99
nuevas condiciones climáticas extremas, por lo que, tal vez, la idea de la extinción del
caballo en el Postglaciar no parece ser exacta, máxime cuando la especie continúa
presente hasta llegar al Neolítico; época donde continua su caza y, tal vez, se
comienza su domesticación 371.
La caza mayor reportaba el aporte proteínico más importante a los hombres del
Mesolítico. En gran parte de Europa el ciervo parece la pieza de caza más importante
durante esta etapa, sustituyendo al reno que, en general, lo fue en época paleolítica. A
aquel se unen a lo largo del Mesolítico otras especies, como el caballo, el uro, el alce,
el jabalí, el íbice y el corzo, pero cuando llegamos a finales del Mesolítico el caballo se
va rarificando en los yacimientos europeos 372. Dirección en la que apunta Bernabeu,
cuando señala el descenso de los grandes ungulados como el caballo y el uro, desde
finales del Tardiglaciar, en beneficio de las piezas del Holoceno inferior: el ciervo, la
cabra montés, el rebeco, el corzo y el jabalí 373. Para darles caza, los hombres del
Mesolítico aprovecharían las nuevas técnicas cinegéticas del arco y la flecha, que
habrían heredado de sus antepasados paleolíticos; y cuyo uso ya se habría
generalizado. “…El uso habitual del arco tuvo repercusiones de enorme importancia y
obligó a diseñar proyectiles adecuados que ya contaban con elementos de dirección y
estabilización aérea, como alerones y plumas, tal y como vemos en las pinturas
rupestres, y en los que se había cuidado la compensación del equilibrio entre el
extremo distal (punta) y el astil, para asegurar la trayectoria rectilínea de tiro tenso. A
esto se unieron otras técnicas de caza, como el lazo, la honda, las trampas, las redes,
las nasas, etc. …” 374. El arco más antiguo de los encontrados hasta el momento
procede de la turbera de Stellmoor (Hamburgo), de la cultura de Ahrensburg
(Mesolítico) y está confeccionado con madera de tejo u olmo. Parece que este arma
fue un recurso de caza habitual en el Mesolítico, como demuestran los hallazgos del
pantano de Holmgaard (isla de Zeeland, Dinamarca) 375.
En el IX milenio a. C. culminó la serie de profundos cambios ambientales que
alteraron las condiciones en las que se habían desarrollado las comunidades
cazadoras que habitaron durante la última glaciación. Su sistema de vida se vio
forzado a terminar, produciéndose nuevas y variadas adaptaciones económicas y
sociales, debidas a la modificación de los ecosistemas, al atemperamiento de la
climatología, a la expansión de los bosques y a la consecuente mayor diversidad
371
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 395.
372
Garanger, J (Ed). 2002. Opus cit. Pág. 449.
373
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 203.
374
Eiroa, J.J. 2003. Opus Cit. Pág. 250.
375
Ibídem. Págs. 151 y 152.
100
faunística 376. En líneas generales, en Europa, podemos valorar a esta etapa de
transición entre el Paleolítico y el Neolítico como una época de tránsito entre las ricas
culturas del Paleolítico superior y las del Neolítico. Por lo que, ya al final del
Epipaleolítico y a principios del Neolítico es muy posible que en un mismo territorio
convivieran dos formas opuestas de entender la existencia; frente a los neolíticos
cargados con su bagaje doméstico, los epipaleolíticos que poco a poco “…irán
asumiendo los nuevos planteamientos y comienzan a neolitizarse a través de un
proceso de aculturación en el que adoptan, al principio, la cerámica y algún animal
doméstico para concluir siendo absorbidos definitivamente, y generalizarse, hasta hoy,
el sistema campesino como base de la alimentación. …” 377.
Si algunos prehistoriadores consideran al Mesolítico como una etapa de
decadencia o degeneración cultural, debido a que durante su etapa se produjo un
intenso cambio ecológico, tal vez olvidan que durante su transcurso no cesó la
vitalidad de la innovación cultural. Así, la evolución cultural no sólo no sufrió un parón
sino que fue una época en la que se ensayaron nuevas técnicas para sacar el máximo
rendimiento a los ecosistemas alterados por los cambios naturales 378.
2. 4. 1. El arte en el Mesolítico.
376
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 127.
377
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 369.
378
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 151 y ss.
379
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 359.
380
Ibídem. Pág. 363.
381
Ibídem. Pág. 257.
101
puede identificar, pues a causa de lo esquemático de los diseños algunos de los
animales representados son difíciles de identificar 382.
La sucesión estilística entre el realismo de etapas anteriores y el esquematismo
futuro quedan patentes en distinto yacimientos, como los italianos, que si en esas
fechas proporcionan, en un primer momento, piezas con motivos realistas, pronto
comienza a notarse la coexistencia con representaciones esquematizantes 383.
382
Ibídem. Pág. 357.
383
Ibídem. Págs. 363 y 364.
384
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
385
Ibídem. Pág. 77.
386
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 274.
387
Bohannan, P. y Glazer, M: Antropología. Lecturas. Ed. McGraw-Hill. Madrid. 2001. Pág.32.
388
Ibídem. Pág.36.
389
Ibídem. Pág.36.
102
de la raza humana, ya que “…empezando de cero en conocimiento y experiencia, sin
fuego, sin lenguaje articulado y sin artes, nuestros progenitores salvajes dieron la gran
batalla, primero por la existencia y luego por el progreso, hasta que estuvieron seguros
de los animales feroces y aseguraron una subsistencia permanente. …” 390.
El estado inferior de barbarie comienza con el arte de la cerámica y finaliza con
la domesticación de los animales, en el Este. El estado medio de barbarie comienza
con la domesticación de animales y acaba con la invención del proceso de fundición
del hierro. El estado superior de barbarie dio comienzo con la manufactura del hierro y
finaliza con la invención del alfabeto fonético y el uso de la escritura 391. Este período lo
marcan cuatro acontecimientos de importancia relevante: la domesticación de
animales, el cultivo de los cereales, la arquitectura, y el proceso de fundición del
hierro.
Por último, es estado de civilización comenzó con el uso del alfabeto fonético y la
producción de literatura 392. Este período se alargaría hasta nuestros días.
Caminando desde el Paleolítico y llegados al Neolítico el arco y las flechas se
convirtieron en arma fundamental, que prolongaba la extensión del brazo humano,
multiplicando, además, su fuerza; con lo cual se podían abatir piezas más grandes,
más lejanas y más peligrosas, sin correr riesgos 393; incluido el propio hombre. La
primera evidencia, aceptada mayoritariamente, de la existencia de la guerra se halla
en el norte de Irak, en el yacimiento de Quermez Dere “…que data de
aproximadamente el 8000 a. C. […] , tiene mazas y puntas de proyectil, y otros dos
yacimientos unos 1000 años más recientes tienen un gran muro defensivo, mazas y
esqueletos asociados con puntas de flechas. Lenta e irregularmente, en los siguientes
3000 años, la guerra se extendió por Oriente Medio. En torno al 4300 a. C., en la costa
sur de Turquía, en Icel, nos encontramos con un verdadero fuerte –más que una aldea
amurallada- que fue destruido un siglo después y fue reocupado por otra población de
cultura distinta. Pero en muchos lugares donde hay señales de que la guerra estaba
presente –una maza esporádica, por ejemplo- no parece que hubiese mucha lucha
real. No hasta que el desarrollo de las ciudades-Estado en el II milenio a. C. haga que
la guerra de verdad se convierta en algo habitual. …” 394.
390
Ibídem. Pág. 53.
391
Ibídem. Págs. 36 y 37.
392
ibídem. Pág. 37.
393
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 28.
394
Souza de, P (Editor): El mundo antiguo en guerra. Una historia global. Ed. Akal. Tres Cantos
(Madrid) 2008. Pág. 17.
103
2. 5. 1. El nuevo concepto del neolítico.
395
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Pág. 273.
396
Ibídem. Pág. 273.
397
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Pág. 75.
398
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 368.
104
extremo más occidental del Mediterráneo; extensión propiciada, probablemente, por
medio de movimientos demográficos apoyados en la navegación, en los contactos y
en la trasmisión de ideas 399.
Tres fueron los ejes principales desde los que se introdujeron y extendieron los
nuevos recursos a lo largo y ancho de Europa: desde Grecia y los Balcanes, hacia el
Noroeste; desde el Mediterráneo, hacia el Oeste; y desde los Cárpatos, hacia las
estepas del Este 400. En la zona del Mediterráneo occidental, la colonización agrícola
directa se limitó, desde el comienzo o mediados del séptimo milenio, solamente, al sur
de Italia y, con seguridad, en el resto de la zona el proceso fue de cambio gradual por
parte de las comunidades locales 401. Este es el lugar en el que se desarrolló la
civilización de la Vieja Europa, que no fue uniforme en todas sus regiones pero que
tenía rasgos característicos distintos de los que luego traerían consigo los
indoeuropeos venidos de las estepas 402. Las adaptaciones económicas y sociales que
se habían llevado a cabo en el período postglaciar, durante el Mesolítico, fueron
sustituidas entre el VII y el V milenios a. C. por una economía que se basaba en el
cultivo de los cereales y en una ganadería incipiente 403. Para las culturas desarrolladas
en la cuenca mediterránea, debemos tener en cuenta que “… El Mediterráneo ha sido
el punto de unión de oriente y occidente, de África y de Europa. A través del
Mediterráneo se han difundido ideas, pueblos, plantas y animales, lo que demuestra
que los habitantes ribereños siempre han mantenido unas relaciones más o menos
estrechas pero constantes desde la Prehistoria…” 404.
2. 5. 3. Economía de subsistencia.
399
Ibídem. Pág. 368.
400
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 143.
401
Ibídem. Pág. 144.
402
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 74.
403
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 159.
404
Bernabeu, J. y otros.1995. opus cit. Pág. 163.
405
Ibídem. Pág. 91.
105
el predominio corresponde a los herbívoros silvestres, como los antílopes, los bóvidos,
y los ciervos 406.
Durante el Natufiense 407, la dieta vegetal es complementada por las actividades
de la caza especializada y variada según los distintos hábitats, así, en la áreas
costeras y en las cubiertas por la vegetación mediterránea, la especie predominante
es la gacela, mientras que las cabras y los caballos apenas tienen significación o están
ausentes; pero esta proporción se invierte si consideramos los yacimientos situados en
las áreas estépicas y desérticas, donde las cabras y los caballos son los que
presenten un mayor porcentaje de participación 408. Los équidos también están
presentes como piezas de caza en el yacimiento de Jarmo, en los Zagros iraquíes,
cuya base económica la constituía la agricultura (trigo, cebada, lentejas) y la ganadería
(cabras y en menor medida, ovejas), completándose el aporte proteínico con la caza
de bóvidos, suidos y équidos 409.
Con una agricultura y una ganadería incipientes, los humanos no dejaron de
abatir a las grandes presas que le proporcionaban su sustento, como demuestran
varios yacimientos españoles. En el neolítico antiguo catalán, los restos del caballo
aparecen en distintos yacimientos, como Cova Freda (Cobaltó), Esquerda de Ies,
Fonmajort, Cueva III de les Quimeres y Can Montmany de Pallejá 410. En el Neolítico
avanzado y para la misma región, el caballo sólo aparece en la Cova Verda 411. En el
Neolítico antiguo aragonés no aparece la domesticación de animales, como se pone
de manifiesto en Botiquería y Costalena. La caza parece basarse allí en el ciervo y el
412
conejo. . Por lo que respecta al País Valenciano, ya hemos mencionado el hecho de
la posible domesticación del caballo en época mesolítica en Cova Fosca, ya que
“…sólo el équido que se constata en el estudio de la fauna parece fuera de su biotopo
adecuado, por otro lado, pudo haber sido llevado allí con fines distintos de los
alimenticios. ..” 413. El caballo era semejante a los del Bronce 414, o sea, un ejemplar en
el que se habían operado ya los cambios derivados de la domesticación. En el
Neolítico antiguo andaluz son importantes los restos de animales salvajes, que decaen
406
Ibídem. Pág. 91.
407
“…El Natufiense toma su nombre del barraco de Natuf, donde en 1982 Garrod excavó la
cueva de Shokba, definiendo por primera vez esta industria. En la actualidad, los hallazgos
atribuibles al natufiense cubren Israel, Líbano, Siria y Jordania, alcanzando el valle medio del
Eúfrates. …”. (Ibídem. Pág. 100).
408
Ibídem. Pág. 105.
409
Ibídem. Pág. 122.
410
López, P (Ed).1988. Opus cit. Pág. 359.
411
Ibídem. Pág. 360.
412
Ibídem. Pág. 365.
413
Ibídem. Pág. 368.
414
Ibídem. Pág. 368.
106
hacia el final de esa etapa y vuelven a ser significativos al comienzo del neolítico final,
hecho que Uerpmann relaciona con el auge de la agricultura. Se constata la presencia
de ovicrápidos, la importancia del ciervo entre las especies salvajes, y la presencia del
caballo y del Equus hydruntinus 415. El caballo está presente, también, en los
yacimientos andaluces de Carigüela, Castillejos, Nerja, e Higuerón 416.
Pero los hombres de aquellas épocas tenían más preocupaciones que la de
conseguir el sustento a base de la agricultura, la ganadería o la caza de animales.
Ahora, con el nacimiento de la agricultura y la ganadería se le presentan a los Homo
sapiens sapiens, nuevos problemas; por un lado en la zonas que comparten con los
herbívoros salvajes, especialmente los ciervos, pero también el corzo, el uro y el jabalí,
los agricultores se verán obligados a eliminarlos, a fin de proteger sus campos 417; y por
el otro, deben seguir compitiendo con los depredadores, que están interesados en las
mismas piezas de caza que ellos; por lo que, por ejemplo en las culturas pastoriles, si
bien es escasa la inclinación hacia la caza de sus practicantes, se verán obligados a
defender los rebaños de depredadores como el zorro, lobo o el lince 418.
415
Ibídem. Pág. 388.
416
Ibídem. Pág. 386.
417
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 206.
418
Ibídem. Pág. 206.
419
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 367.
420
Ibídem. Pág. 367.
107
progresivamente su influencia sobre el medio natural, por lo que su acción debe ser
considerada desde ese momento como un factor morfogenético más, que influirá
profundamente en las áreas vinculadas a los lugares donde habita 421. Para Champion,
el impulso de la producción agrícola se debió a causas sociales como la búsqueda del
mayor prestigio derivado de la obtención de una gran cantidad de alimentos 422. Para
las zonas mediterráneas se constatan cambios en las estrategias de explotación del
territorio, dado que tanto la agricultura como la ganadería necesitan de amplios
espacios libres de árboles para instalar los campos de cultivo y las praderas para el
ganado. Si durante el Neolítico antiguo, los cambios detectados en la fauna y en la
flora no son de gran importancia, como indican los análisis medioambientales, que no
encuentran indicadores de degradación antrópica, durante el Neolítico medio sí que se
constatan los primeros desequilibrios. Por citar un ejemplo, en el sur de Francia y en
Cataluña se observa una reducción progresiva del bosque 423. En el Levante español y
según distintos análisis antracológicos y polínicos llevados a cabo en este lugar y en
distintos yacimientos, se señala, para la época que nos ocupa, un fuerte proceso de
deforestación, tal vez, de origen antrópico; acción del hombre que puede adivinarse
por el análisis del polen efectuado en la cueva de la Sarsa, donde se pone de
manifiesto cómo el polen arbóreo es bajo, mientras que las herbáceas están indicando
la presencia humana, señalada por determinadas plantas, invasoras de los espacios
abiertos después de la intervención del hombre 424.
Pero no sabemos por qué se produce este cambio, más o menos drástico, entre
los modos de vida neolíticos y las etapas anteriores, aunque son distintas las teorías
que tratan de explicar el origen de dicho cambio:
1). La teoría del oasis, defendida por V. Gordon Childe, R. Pumpelly y A.
Toynbee, postula que las comunidades paleolíticas y mesolíticas se vieron obligadas a
asentarse en las zonas más fértiles y abundantes en agua, ante el deterioro ambiental
producido por el cambio climático del Holoceno. En estos oasis de refugio fue donde
iniciaron el modo de vida sedentaria, que propició la práctica de la agricultura y de la
ganadería. Posteriores estudios, en especial el llevado a cabo por R. Braidwood en
Qalat Djarmo, en los montes Zagros, pusieron de manifiesto que en las vertientes de
421
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 206.
422
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 205.
423
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Págs. 186 y 187.
424
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 377.
108
estos montes, en el este de Anatolia y los territorios de levante en Siria y Palestina,
“…las comunidades mesolíticas habían iniciado el cultivo de cereales y la cría de
ganado doméstico en fechas muy tempranas y fuera de los territorios considerados
como oasis culturales. …” 425. Ante esta evidencia, hubieron de buscarse otras teorías.
2). La teoría de la presión demográfica fue defendida por E. Boresup, y postula
que las innovaciones técnicas, económicas y sociales neolíticas fueron consecuencia
de la presión demográfica, y que el espectacular aumento de la población fue
propiciado por la vida sedentaria y la necesidad de obtener nuevos recursos para el
mantenimiento de la población ascendente 426.
3). La teoría del área nuclear de R. Braidwood, que se apoya en evidencias
arqueológicas, dice que el origen del Neolítico aconteció en las áreas ecológicamente
favorables, en las que previamente existían, en estado salvaje, las especies vegetales
y animales que se domesticarían. Lugares situados, para el autor, en las tierras altas
del este de Anatolia, en las vertientes montañosas de los montes Taurus y Zagros, y
en las tierras del norte de Iraq, a las que él denomina “área nuclear” 427. Allí, según
Braidwood, se daban las premisas ecológicas y tecnológicas adecuadas para que se
iniciase el proceso, además del nivel suficiente de desarrollo cultural 428.
4). La teoría de las zonas marginales de L. Binford, K. Flanery y J. Perrot, admite
contenidos de las teorías precedentes, como el de las áreas nucleares, pero se centra
en la presión demográfica ejercida sobre zonas periféricas. Según el autor, las
deficiencias alimentarias y las privaciones que se producían en la periferia hicieron
necesaria la promoción de nuevas estrategias de abastecimiento 429. Según esta teoría
fue necesario cambiar ciertos aspectos del medio físico; no dándole excesiva
importancia a la invención de la agricultura y la ganadería 430.
5). La teoría ideológica es la contribución de J. Cauvin. Sin rechazar las ideas de
las teorías precedentes, valora sobre todo el comportamiento humano. Para este
autor, “…Los protagonistas del proceso, conscientes de las necesidades surgidas del
aumento de población y de la necesidad de obtener más recursos para mantenerla, se
adaptan ideológicamente a través de los mecanismos psicológicos que van formando
una concepción cósmica en la que la creación de mitos, divinidades y creencias
425
Eiroa, J.J. 2003. Opus cit. Págs. 276 y 277.
426
Ibídem. Pág. 276.
427
Ibídem. Pág. 277.
428
Ibídem. Pág. 277.
429
Ibídem. Pág. 277.
430
Ibídem. Pág. 277.
109
actúan como incentivos de sus acciones, de tal manera que “el nacimiento de las
divinidades y el nacimiento de las agricultura” guardan una estrecha relación. …” 431.
Por separado ninguna teoría puede explicar un proceso tan complejo, sin
embargo parece que todas aportan ideas muy fundamentadas, que debemos tener en
cuenta 432. De ellas, pues, podemos sacar las siguientes ideas fundamentales:
- Que el proceso, de forma independiente, ocurrió en diversas
partes del mundo.
- Que para que se produjese esta revolución sería necesario un
cierto desarrollo cultural y tecnológico y un medio ambiente adecuado.
- Que el proceso fue lento, diacrónico y desigual; y, que en todos
los sentidos, requirió una larga etapa de experimentación.
- Que una vez logrado dicho proceso no hubo regresión y los
logros que se obtuvieron, se expandieron por todas partes 433.
Con la aparición de la domesticación de los animales, en el Neolítico, aparece el
nuevo utillaje necesario, por ejemplo, para conducir los caballos montados, como
bocados, riendas o arneses para el tiro; siendo en cualquier caso el utillaje necesario
para la ganadería mucho más restringido que el necesario para otras actividades como
la agricultura, la construcción de las viviendas o el necesario para la pesca 434.
Domesticados ciertos animales, esta domesticación repercute en la economía de
los grupos hispanos del Neolítico, para el que podemos señalar “…que en un primer
momento el ciervo, el caballo o el uro continúan suministrando la mayor cantidad de
carne, complementándose los porcentajes de las especies domésticas y salvajes o
dominando lo segundo con escasa diferencia. …” 435. Por lo que parece que se puede
afirmar que, desde el punto de vista dietético, las especies salvajes son más
importantes que las domésticas, en los momentos iniciales del Neolítico 436. Para el
resto del Mediterráneo europeo, la situación es bastante parecida a la de nuestro
país 437.
El Neolítico, en todas las regiones, supuso una gran transformación de la
existencia humana. El gran paso dado desde los pueblos igualitarios, que se
organizaban en bandas y aldeas, hacia las formas de vida campesinas, con el
consiguiente pago de rentas e impuestos, transformó completamente el modo de vida
431
Ibídem. Pág. 277.
432
Ibídem. Pág. 278.
433
Ibídem. Pág. 278.
434
Ibídem. Pág. 332.
435
López, P (Ed).1988. Opus cit. Pág. 397.
436
Ibídem. Pág. 398.
437
Ibídem. Pág. 401.
110
de los hombres primitivos. Transformación que se debió a ciertos procesos evolutivos
en los que se dieron determinados pasos, como la aparición de grandes hombres, de
jefes, y, finalmente, de reyes y emperadores 438.
En el Neolítico medio español parecen acentuarse las diferencias entre las
especies domésticas y las salvajes a favor de las primeras, atestiguándose el
predominio de animales jóvenes sobre adultos en algunos yacimientos como Or y
Montbolo, lo que podría indicar una estructura ganadera más avanzada 439.
Llegados a los momentos finales del Neolítico peninsular, los porcentajes de las
especies salvajes consumidas son mínimos, exceptuando Andalucía, donde parece
apreciarse un resurgir de la caza; resurgimiento que algunos autores explican
asociando este fenómeno con un auge de la agricultura, por lo que se haría necesario
sacrificar a los animales que pudieran dañar los campos 440.
2. 5. 6. El arte en el Neolítico.
438
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 319.
439
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 404.
440
Ibídem. Págs. 405 y 406.
441
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág. 368.
442
Beltrán, A. 1982. Opus cit. Pág. 84.
443
Sanchidrián J. L. 2005. Opus cit. Pág. 276.
444
Ibídem. Pág. 386.
111
disolventes naturales como el agua, la miel, la resina o diferentes grasas animales 445;
y cuyo rasgo más destacable es el abandono del criterio naturalista de etapas
paleolíticas. La tendencia hacia lo esquemático, en la pintura rupestre levantina, llega
a crear un estilo totalmente nuevo, en el que las pretendidas formas naturales
terminan por convertirse en simples signos, tan distantes de lo real, que, para saber lo
que representan es necesario conocer las diversas etapas de su evolución. Por
ejemplo, la figura humana se representa como una circunferencia a la que atraviesa un
rasgo vertical, que a veces se bifurca para representar las piernas; o la cornamenta del
ciervo se convierte en unos rasgos alargados con forma de peine 446.
La figura humana es la protagonista de las composiciones, de tipo monocromo, y
en las que predomina ampliamente el empleo de los rojos y, en casos pocos
frecuentes, el del negro. Representan “…numerosísimas escenas de caza (La
Valltorta, Castellón), de lucha (Nerpio, Albacete; Morella, Castellón), de tipo agrícola
(Dos Aguas, Valencia) o pastoril (Cañada del Marco en Alacón, Teurel), de recolección
(La Araña de Bicorp, Valencia), de domesticación (Tío Campano y Doña Clotilde,
Albarracín) e incluso algún jinete (Abrigo IX del Cingle de la Gasulla, Ares del
Maestre). …” 447.
También los soportes sobre los que se asienta este arte, cambian. Aunque se
siguen utilizando los naturales, como cuevas, abrigos o afloramientos rocosos, hacen
también su aparición las realizadas sobre estructuras construidas por el hombre, como
sepulcros o menhires 448. Las pinturas se siguen plasmando sobre estos monumentos,
pero los cuadrúpedos representados en algunas de ellas no son reconocibles, por lo
que no podemos saber si se trata de caballos; es el caso del zoomorfo esquemático
pintado en el dolmen de Fontao (Portugal) 449.
Para España, la edad de los metales abarca desde el 2000 al 500 a. C 451. Y
llegados a este punto no podemos dejar de preguntarnos cómo habían llegado las
especies domésticas, partiendo del Próximo Oriente, hasta nuestras tierras, donde
parece que no existían los ancestros salvajes de la mayoría de esas especies; por lo
445
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 67.
446
Angulo Íñiguez, D. 1981. Opus cit. Pág. 17.
447
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 262.
448
Ibídem. Pág. 259.
449
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág.489.
450
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
451
Ibídem. Pág. 77.
112
que las prácticas agrícolas y ganaderas debieron ser introducidas en Europa de algún
modo. Si tomamos como centro Jericó, y la datación de los distintos yacimientos
mediante el C-14, se constata un claro escalonamiento cronológico en sentido este-
oeste, por lo que parece que la expansión de la agricultura en Europa, se debió
producir al ritmo constante de 1 km al año. Si suponemos que el movimiento se inició
hacia el 9.000 BP, éste llegaría al extremo occidental del Mediterráneo hacia el 5.000
BP 452.
Respecto a nuestro país no podemos dejar de reseñar, como señala Harrison, la
importancia del componente ganadero en las economías peninsulares, como delatan
los análisis polínicos de Las lagunas de las Madres y El Acebrón, que muestran el
descenso del polen arbóreo como resultado de las labores antrópicas, con vistas a
favorecer los hábitats de dehesas, más adecuados para la manutención del ganado 453.
En general, la actividad económica aumenta. Se cultivan trigo, cebada, leguminosas y
lino; se crían caballos, bóvidos, ovejas, cabras y cerdos, aunque en la dieta no ha
decaído la importancia de las especies salvajes, como el ciervo, el jabalí o la liebre 454.
En cualquier caso la domesticación, iniciada en el Neolítico, sigue su ritmo ascendente
consiguiéndose nuevas especies como el caballo, ajeno al biotopo circundante, y que,
según parece, en la fase II de los Catillejos de Montefrío, yacimiento de transición
hacia el Calcolítico es ya doméstico, lo mismo que en el Calcolítico pleno 455. Su
presencia está constatada, además, en los poblados portugueses, en los almerienses
de Almizaraque, Campos, el Barranquete y Tabernas; y en los granadinos de Cerro del
Culantrillo y Cerro de la Virgen de Orce 456.
Ya en pleno Eneolítico y en la transición desde el Neolítico, parece constatarse
que las especies son las mismas que en el período anterior, con un afianzamiento de
la actividad ganadera, delatado por la diferencia acusada de los porcentajes entre las
especies salvajes y las domésticas 457. Aparecen animales con una talla menor 458 que
sus agriotipos salvajes, coincidiendo los más robustos con el Neolítico antiguo y los
menos robustos con etapas más avanzadas 459. Llegados a la Edad de los Metales, el
caballo aparece como especie doméstica, aunque sigue estando presente en la dieta
452
Bernabeu, J. y otros. 1995. Opus cit. Págs. 235 y 236.
453
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 319.
454
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 291 y 292.
455
Jordá Cerdá, F. y otros. 1989. Opus cit. Pág. 212.
456
Ibídem. Pág. 212.
457
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 407.
458
Como vimos en el capítulo primero, los animales domésticos, en las primeras etapas del
proceso, sufren una disminución de tamaño con respecto a su agriotipo salvaje (Nota del
autor).
459
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 408.
113
humana. En lo relativo a las actividades ganaderas en la Edad de los Metales, se
observa un descenso de la presencia de especies salvajes en los yacimientos, aunque
no desaparecen del todo; la cabaña ganadera la integran ovicápridos, bóvidos y cerdo,
apareciendo como nueva especie doméstica el caballo 460.
Si durante el Calcolítico o Edad del Cobre, que para la Península Ibérica abarca
desde el 2500 al 1700 a. C 462, los bóvidos y los équidos eran domésticos, el
instrumental agrícola al que se uncirían seguiría siendo de piedra, con probables
utensilios de madera, y, tal vez, con la introducción del arado y del uso de la tracción
animal 463. Durante esta época ya está confirmada la presencia, en España, del caballo
como especie ganadera: “…En cuanto a las especies ganaderas, la proporción de los
restos óseos de las diferentes especies ponen de manifiesto algunas novedades. En
líneas generales se observa un descenso de la presencia de especies salvajes, pero
nunca desaparecen del todo; la cabaña ganadera está integrada por ovejas, cabras,
bueyes, cerdo y, como novedad, el caballo. …” 464. La presencia del caballo en este
período no se limita a la de simple proveedor de proteínas, sino que ya parece ser
importante su papel como animal de tiro; junto al buey, el caballo desempeñaría una
importante aportación como animal de tracción de arados y carros 465. Mientras que,
probablemente, los bueyes fueron utilizados para tirar de las carretas, los caballos se
utilizarían para tirar de los carros ligeros. “…El hallazgo de elementos de arnés desde
el Bronce Antiguo en adelante parece una prueba irrefutable de que el caballo fue
utilizado como animal de tiro y seguramente también de monta, al comienzo del primer
milenio BC, los nuevos elementos de arnés de Europa oriental parecen reflejar que en
esa época se usó en la guerra, debido a su rapidez de movimientos, y probablemente
montado. …” 466. El tiro era, en principio, doble, con asnos primeros y a partir del final
del III milenio o al principio del II, caballos; si como sucede en el bronce de Tell Agrab
el carro está tirado por cuatro animales, parece que sólo los situados en el centro
460
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 318.
461
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
462
Ibídem. Pág. 77.
463
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 317.
464
Ibídem. Pág. 318.
465
Ibídem. Pág. 319.
466
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 147.
114
trabajan mientras que los dos laterales están allí como remonta 467. De la Edad del
Cobre conocemos el arco de Meare Heath (Somerset, Inglaterra) de alrededor del
3.000 a C., de 2 metros de altura y fabricado en madera de tejo, elástica y resistente a
la vez 468, que probablemente fuera un arma de guerra.
2. 6. 1. 1. Uso de la rueda.
Hablando de tiros debemos detenernos en el que, tal vez, sea el elemento más
importante del carro, la rueda. En Europa aparece en la Edad del Cobre, siendo varios
los lugares en los que está documentada la presencia de ruedas de madera y de
discos, desde Ucrania hasta Holanda y Dinamarca 469. Estas ruedas formaban parte,
probablemente, de carros agrícolas, de los que hay algunas reproducciones en
Hungría y Rumanía, con laterales o armazón alto. Primeras ruedas que parecen
proceder de yacimientos de comienzos del tercer milenio BC; y, a mediados del
segundo milenio, se encuentran representaciones de carros y ruedas de disco en los
Cárpatos, en contextos del Bronce Antiguo 470. Otros autores adelantan la existencia de
carros en la Europa templada al IV milenio a. C.; no obstante, “...la evidencia más
antigua que se conserva de la existencia de carros en Europa se remonta a finales del
cuarto milenio. Una conocida copa en forma de carro se encontró en el yacimiento de
Budakalasz, Hungría, del grupo de Baden, y en zonas pantanosas del noroeste de
Europa se han encontrado ruedas sólidas de madera datadas c. 2850-2400 a. C.
…” 471. Margueron adelanta el descubrimiento de la rueda al VI milenio a. C., una
revolución en la cuestión del transporte y cuya invención no puede entenderse como
un simple fenómeno accidental, pues la misma plasma todo un conjunto de conceptos;
además, la utilización del rodillo y del torno del alfarero forman parte de los mismos
mecanismos mentales, y no parece que se deba a la casualidad el que los
mesopotámicos los pusieran a punto al mismo tiempo, marcando así el punto de
partida de una nueva tecnología que propiciaría la fabricación de recipientes y los
transportes; en ambos casos, el descubrimiento permitió la mecanización de la
actividad 472. En cualquier caso la aparición de la rueda modificó por completo el
transporte; ya se podía circular por rutas que antes no eran asequibles; se podían
467
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 210
468
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 34.
469
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 172.
470
Ibídem. Pág. 172.
471
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 219.
472
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 208.
115
transportar pesos mucho mayores que los que puede cargar un animal o un portador
humano sobre sus espaldas; se multiplicó el potencial de actuación en proporciones
incalculables, por lo que, tal vez, parece que la invención de la rueda fuera el fruto de
la imperativa necesidad de facilitar los intercambios, a los que propició inmediatamente
un gran impulso 473. Maciza al principio y, por tanto pesada, poco después del año
2.000 la iconografía ya atestigua la aparición de los radios, lo que la aligeró de peso;
para evitar el desgaste de las llantas, pronto se guarnecieron de gruesos clavos 474.
2. 6. 1. 2. El carro ligero.
La aparición del carro ligero, con seguridad, tuvo que ver con la necesidad de
trasladarse más rápido y conseguir una mayor movilidad en la batalla. Los primeros
modelos aparecen en las tumbas de Pozo de Micenas. Con la aparición de la rueda de
radios, probablemente, se buscaría reducir el peso del vehículo, sin afectar
materialmente a la solidez; ejemplos antiguos de lo que parecen ser ruedas radiales
aparecen en el sur de las estepas rusas de la región Volga-Urales, en Georgia y
Armenia, y en el II milenio, se encuentran vehículos de ruedas radiales 475.
Con la unción de los animales al carro se ampliaron las redes de intercambio en
época prehistórica, porque con los carros aparecen los caminos y las arterias de
comunicación, dando pruebas de ello los hallazgos de improntas de pezuñas de
bóvidos y de restos de ruedas que se conservan entre la estructura de trackways del
norte de Alemania (a partir del III milenio a. C); además, los carros contribuyeron a la
aparición de marcadas diferencias jerárquicas, porque la posesión del mismo y de los
bueyes debió de ser símbolo, ya en épocas tan tempranas, de prestigio y de rango
social elevado 476. Para estos bóvidos se calcula una media de 3,7 km/hora, lo que
supone un total por jornada de, aproximadamente, 25 km; por el contrario, el caballo
puede moverse a mayor velocidad, ya que uncidos a un carro ligero, un tiro de
caballos, usando alternativamente el paso y el trote, es capaz de recorrer entre 50-60
km/día 477. El caballo aparece en diversas partes de Europa durante el Bronce Antiguo,
utilizándoselos al principio por su carne; pero equipándolos enseguida para tirar de los
carros 478.
473
Ibídem. Pág. 209.
474
Ibídem. Pág. 210.
475
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 174.
476
Ruiz-Gálvez Priego; M. 1988. Opus cit. Págs. 92 y 93.
477
Ibídem. Pág. 93.
478
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 176.
116
2. 6. 2. Edad del Bronce (desde el 1700 al 1300 a. C) 479.
479
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. Pág. 77.
480
Harding, A. F. 2003. Opus cit. Pág. 32 y ss.
481
Ibídem. Pág. 176 y 177.
482
Ibídem.
483
Ibídem. Pág. 178.
484
Barandiarán, I. y otros. 2005. Opus cit. Pág. 333.
485
Ibídem. Pág. 333.
117
riqueza 486. Pero, además de cómo símbolo de riqueza, el caballo ya en aquellas
tempranas fechas pudo ser utilizado como moneda de tributo. Es el caso del poblado
de Peñalosa, en Baños de la Encina (Jaén), sobre el que sus excavadores
argumentan que la abundancia encontrada de caballos se podría explicar más como
acumulación por tributo que como cría voluntariamente excedentaria 487.
En el Bajo Aragón, en el yacimiento de La Loma de los Brunos (Caspe,
Zaragoza), los análisis polínicos señalan que la estepa boscosa había sido roturada
por el hombre; apareciendo cereales y sus hierbas asociadas, así como una
disminución del bosque 488. Parece que estos agricultores practicaban una economía
mixta, con una cabaña variada y poco numerosa de ovejas, cabras, cerdos, vacas y
caballos; apareciendo, además, la gallina, que, probablemente, fue introducida en la
Península por los fenicios alrededor del siglo VIII 489.
Datado en el Bronce final, podemos mencionar el yacimiento gerundense de La
Fonollera, en donde la presencia del caballo, sobre la fauna predeterminada, es de
5,5%. Pero es en el País Valenciano y, en concreto en Barranco de la Gasulla, en Ares
del Maestre (Castellón de la Plana), donde aparece ya el caballo portando a su jinete,
en una pintura en la que se representa a un caballero tocado con un casco y sujetando
las riendas del caballo; escena que se interpreta como la representación realizada por
un artista de un jinete que posiblemente perteneciera a las gentes de los Campos de
Urnas, pobladoras del cercano valle, y que se podría fechar sobre el siglo VII a. C 490.
Signo que parece evidenciar que en aquellas fechas, el caballo, era ya un animal
plenamente domesticado. Respecto al País Vasco, restos de caballos aparecen en los
yacimientos de Zatoya y Los Husos, pero en ninguno se confirma su domesticación,
por lo que es dudoso que fuera doméstico en el Eneolítico y Bronce y seguro que lo
fue en el Hierro 491.
Durante este período, el arma más emblemática era la alabarda que utilizada
desde el caballo y auxiliada por la inercia de la velocidad, permitía un golpe más
eficiente 492. Durante esta etapa, junto al desarrollo de las fortificaciones evoluciona el
desarrollo tecnológico del armamento, llegando el hombre a crear armas tanto
ofensivas como defensivas, que se han venido utilizando durante casi 3000 años hasta
486
Ibídem. Pág. 333.
487
Ibídem. Págs. 333 y 334.
488
Ibídem. Pág. 492.
489
Ibídem. Pág. 492.
490
Ibídem. Pág. 519.
491
López, P (Ed). 1988. Opus cit. Pág. 392.
492
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 45.
118
la invención de las armas de pólvora 493. Junto a la alabarda, ya citada, se crearon la
lanza y la espada, que fue la que evolucionó como arma carismática del jefe 494.
La Edad del Hierro 496, que para España abarca desde el 1300 hasta el 500 a.
C 497, es la más reciente de las etapas de la Prehistoria europea, por lo que la
posibilidad de datar materiales y yacimientos aumenta considerablemente, respecto a
tiempos anteriores. La transición entre el Bronce final y los principios de la Edad del
Hierro coinciden con un cambio relevante, dentro del Holoceno. El período Subboreal
se caracterizó por un grave empeoramiento climatológico que tuvo graves
consecuencias para las poblaciones europeas, que observan como sus hábitats,
invadidos ahora por la lluvia y el frío, se transforman, avanzando considerablemente
los bosques y aumentando los márgenes glaciares 498. La consecuencia lógica de este
cambio atmosférico es la disminución de la práctica agrícola hasta en un 50%; además
la estación de crecimiento de los sembrados se reduce, debido al descenso térmico, lo
que provoca una disminución importante de la producción agraria 499. Este cambio
importante parece que no afectó sobremanera a la zona mediterránea, donde los
análisis de sus suelos, sedimentos, fauna y polen, parecen revelar un ambiente
bastante similar al que disfrutamos ahora 500.
Esta época se caracterizó por su gran inestabilidad. Se empezaron a usar armas
y escudos de hierro, se adoptó el caballo para los desplazamientos, se emplearon
carros de cuatro ruedas y de dos para la guerra; y la utilización del nuevo metal fue
493
Ibídem. Pág. 52.
494
Ibídem. Págs. 52 y 53.
495
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. Pág. 77.
496
“…La hipótesis de que el hierro fue llevado desde Occidente por los <<pueblos del mar>>
(que salieron victoriosos porque sus armas eran de hierro, mientras que las de los pueblos de
Oriente Próximo era de bronce) se ha venido abajo al quedar demostrado que la difusión de los
objetos de hierro, lenta y progresiva, avanzó de Oriente Próximo hacia Europa, siguiendo una
dirección contraria a la de los <<pueblos del mar>>. Fue precisamente en Oriente Próximo
(Mitanni, Kizzuwatna, y Siria) donde, durante el Bronce Tardío, se empezó a experimentar la
elaboración del hierro. No se trataba únicamente de hierro meteorítico, puro y fácil de trabajar
(de hecho, desde una época muy antigua se hacían pequeñas joyas con él), sino también del
hierro de fusión, extraído del mineral férrico, lo que requería unos conocimientos técnicos e
instalaciones más avanzados. …”. (Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 502).
497
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
498
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T: La Edad del Hierro. Ed. Síntesis. Madrid. 1997. Págs. 16
y 17.
499
Ibídem. Pág. 17.
500
Ibídem. Pág. 17.
119
fundamental para la fabricación de armas y máquinas de guerra 501. En la Edad del
Hierro, la guerra se limitaría a las luchas entre castros y clanes rivales y a pequeñas
razzias relacionadas con el robo de ganado, pues por la demografía de los castros de
la época podemos suponer que el número de guerreros difícilmente superaría el
centenar, lo que excluye los combates multitudinarios de, por ejmeplo, las Guerras
Celtibéricas contra Roma en el siglo II a. C 502. Generalizadas las armas de hierro, el
arte de la guerra sufrió una auténtica revolución, que se debió no sólo a la dureza de
este metal sino a su abundancia; es mucho más abundante que el estaño que se
necesita para la fabricación del bronce. Abundancia que hizo posible producir grandes
cantidades de armas, ofensivas o defensivas y a un coste asumible no sólo por los
grandes reyes del mundo antiguo sino también por ciudades o modestos mandatarios.
En realidad, cualquiera podía armar un ejército siempre que dispusiera de suficientes
hombres 503.
No obstante la vida de los habitantes de la zona mediterránea se desarrolla, en
cualquier caso, en un medio muy frágil, donde los suelos son poco productivos,
prontos a la erosión y con fuertes pendientes, lo que los convierte en muy vulnerables
a los fuegos y a las lluvias torrenciales 504. La vegetación variada de tiempos anteriores
queda reducida al pinar, especie resistente y rápida en cuanto a su regeneración; es,
también, el momento de la expansión de la encina, el olivo y el viñedo 505.
En la zona levantina de España, en territorio ibero, se encontraba el caballo
entre las especies objeto de cría, debiendo ocupar una posición preeminente entre las
mismas, derivada de la organización social y militar de los iberos; así lo confirman las
fuentes que a las noticias de que la caballería ibérica actuaba en todas las guerras del
siglo III a. C., unen la gran cantidad de bocados de caballo que han aparecido en las
necrópolis y en las representaciones de la cerámica de su doma y adiestramiento 506.
En Italia hay, a principios de la Edad del Hierro, una gran diversidad cultural,
destacando dos zonas por su importancia. La primera es la de los latinos y los
etruscos, que se desarrolla en el centro-norte de la península; y la segunda es la de
las culturas de Golasecca y Este, en el área norteña que más tarde ocuparán ligures y
vénetos 507. Hallazgos de arneses de caballos y de carros, en los yacimientos
501
Pounds, N. J. G: La vida cotidiana. Historia de la cultura material. Ed Crítica. Barcelona.
1992. Pág. 64.
502
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 76.
503
Barreiro Rubín, V: La guerra en el mundo antiguo. Almena Ediciones. Madrid. 2004. Pág. 12.
504
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 17.
505
Ibídem. Págs. 17 y 18.
506
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Págs. 510 y 511.
507
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 26.
120
funerarios de Ca ´Morta o en la segunda tumba de guerrero de Sesto Calende,
muestran que el caballo era plenamente doméstico en esta época en el norte de
Italia 508. Lo mismo podemos decir con respecto al poblado de Hallstatt en Austria o el
de Sticna en Eslovenia, que cazaban ciervos, corzos y jabalíes; y entre sus especies
domésticas se encontraban bóvidos, ovejas, cabras, cerdos, el caballo y el perro 509. En
otras zonas de Europa, como Bohemia, aparecen los carros en los ajuares de los
enterramientos, como es el caso del descubierto en la necrópolis de Hradenín 510. El
carro aparece también en las tumbas del túmulo de Hochmichelle, en Alemania. En la
tumba principal, saqueada en la antigüedad, aparecen dos difuntos acompañados de
un carro; en una de las tumbas secundarias, aparecen un hombre y una mujer que
está recostada sobre la caja de un carro de cuatro ruedas 511. El carro aparece, pues
como uno de los objetos presentes en muchas tumbas de buena parte de Europa.
Artefacto que, para Pounds, pudo tener su origen en las llanuras del Oriente Medio, tal
vez al comienzo del III milenio a. C. Para este autor, aquellos carros tendrían ruedas
macizas de madera y seguramente tiraban de ellos bueyes u onagros. Desde el
Oriente Medio, los carros se difundirían hacia las estepas rusas, donde se enganchaba
a ellos el ya domesticado caballo de przewalski. Este carro de cuatro ruedas que
también se difundió hacia el oeste era una obra de complejo ensamblaje en la que, a
finales del período de las culturas de Hallstatt y de la Tène, empezaron a usarse
ruedas con radios recubiertas de llantas de metal. Al mismo tiempo, los celtas
construyeron un carro de dos ruedas, más ligero y más rápido que el de cuatro. Lo que
sabemos sobre los carros, se lo debemos a los hombres de la Edad del Bronce y a su
costumbre de incluir maquetas de los mismos en las tumbas; tal vez porque el carro
se convirtió, además de en máquina de guerra, en indicativo de posición social, y,
como tal, se colocaría en las cámaras funerarias de sus aristocráticos difuntos 512.
Ahora cabría preguntarnos cómo llegó esta cultura del caballo a la Europa
templada, como se difundió dicha cultura. Si como antropólogos sabemos que la
enculturación hace referencia a la transmisión de la cultura de una sociedad por vía
generacional de la misma; la difusión designa el traslado de los rasgos culturales
508
Ibídem. Pág. 26.
509
Ibídem. Pág. 13.
510
Ibídem. 1997. Pág. 32.
511
Ibídem. Pág. 36.
512
Pounds, N. J. G. 1992. Opus cit. Pág. 65.
121
desde una sociedad a otra distinta; por lo que se puede afirmar que la mayoría de los
rasgos culturales presentes en las diferentes sociedades se han originado en una
sociedad distinta 513. Parece que dicha difusión fue traída por la irrupción de pueblos
procedentes de las estepas de Europa oriental y de las costas del mar Negro. Parece
que estos grupos, denominados traco-cimerios, formarían contingentes de guerreros
fuertemente armados que se desplazarían a caballo y que alcanzarían la zona de los
Alpes orientales a través de Hungría 514. Su llegada a nuestras tierras estaría
provocada por factores medioambientales negativos, como sucedería después con
otros pueblos invasores (escitas, sármatas y hunos) 515. Los cimerios traerían con ellos
una metalurgia del hierro de inspiración caucásica aplicada a objetos funcionales,
nueva técnica metalúrgica con la que contribuirían a deshacer las redes tribales que
manejaban la distribución del cobre y el estaño en la Europa bárbara. Presencia, la de
los cimerios y la de la metalurgia del hierro, que prueban los nuevos rituales de
enterramiento y la inclusión, entre los ajuares de los difuntos, de bocados de caballo
de estilo oriental 516.
Avanzada la Edad del Hierro y en plena época de La Tene, el modelo de
enterramiento cambia desde el túmulo a las fosas de cubierta plana; pero las tumbas
siguen siendo de notable riqueza, como la de Hünsruck-Eifel, en cuyos ajuares son
frecuentes los carros de dos ruedas 517. Nuevos modelos de carros que se generalizan,
llegando hasta las islas Británicas, donde lo más llamativo de sus enterramientos son
los carros de dos ruedas, en los que se ha pretendido ver una influencia continental 518.
Pero si el carro es el elemento comúnmente enterrado con los guerreros, en la tumba
tracia de Kaloyanova, fue el caballo el que acompañó al guerrero en su morada
eterna 519.
También conocemos el temprano desarrollo de las ciencias veterinarias por el
célebre código de Hamurabi, rey de la primera dinastía babilonia (hacia 1900 a. C.),
cuyos artículos 224 y 225 “…determinan no solamente la remuneración que
corresponde a un veterinario por haber cuidado a un buey o a un asno sino también la
indemnización que el propio veterinario entregaría al amo por haber matado a alguno
de los mencionados animales, tratando de curarlos. …” 520. Este código parece probar
513
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 127.
514
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 41.
515
Ibídem. Pág. 41.
516
Ibídem. Pág. 41.
517
Ibídem. Pág. 45.
518
Ibídem. Pág. 58.
519
Ibídem. Pág. 59.
520
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 43.
122
que por aquellas fechas, el caballo, no era conocido en Mesopotamia, ya que el código
no lo nombra; sí hace referencia a la cura de los onagros, los primeros animales que,
al parecer, se uncieron a los carros, que incluían brebajes compuestos por sustancias
medicinales como el vino de dátiles, la cerveza, la mirra, y las trementinas y
cántaridas 521.
2. 6. 4. 1. El arte en metal.
521
Ibídem. Pág. 43.
522
Sanchidrián, J. L. 2005. Opus cit. Pág. 459.
523
Ibídem. Pág. 478.
524
Ibídem. Pág. 512.
123
en Mérida, considerada una obra maestra de los primeros artesanos de este metal;
encima de la caja de un carro de cuatro ruedas, se representa a un jinete con lanza y a
un perro que persiguen a un jabalí 525. Fechado en el siglo VI a. C., algunos creen que
es la imagen de un dios, lo mismo que el carro de Almorchón, que representaría a la
misma deidad, y ha sido datado en fecha algo posterior al de Mérida 526. Del mismo
metal es el carro del Collado de los Jardines en Santa Elena (Jaén), que representa un
tiro en el que los caballos muestran gran realismo 527.
De hierro son los sencillos bocados que han aparecido en la Ría de Huelva,
mientras que la pátera de Tivissa (Tarragona), es de plata y representa en sus
cuadrigas a Heracles, Hermes y Dionisos, cada uno acompañado por otro
525
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 440.
526
Blázquez, J. M. y otros: Historia de España Antigua. Tomo I. Protohistoria. Ed. Cátedra.
Madrid. 1988. Pág. 371.
527
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 485.
124
personaje 528. En oro está realizada la diadema de Ribadeo (Lugo), que representa a
dos guerreros, uno a pie y el otro a caballo 529.
En la época de la Tène, cultura perteneciente a la Edad del hierro, aparece un
nuevo estilo artístico, aplicado a objetos metálicos de calidad y cuya temática suelen
ser los motivos geométricos; también aquí aparece representado el caballo junto a
otras figuras animales, como toros, jabalíes, ovejas, perros, ánades y aves rapaces,
que se mezclan con las figuras geométricas características de este período 530. Buena
prueba de este arte es la funda de espada encontrada en una tumba de Hallstatt, en la
que podemos ver una escena de guerreros de infantería y a caballo portadores de
lanzas y escudos 531.
Cuando los griegos introdujeron la moneda en todo el Mediterráneo, el mundo
ibérico comenzó a acuñar piezas en distintos metales y en las que los caballos
ocupaban con frecuencia una de sus caras; unas veces representando caballos
alados, como el dracma de Ampurias que representa a Pegaso y que se exhibe en el
Museo Arqueológico de Girona 532; y otras, como la procedente de Velilla de Ebro
(Zaragoza), montado por un guerrero que porta una hoja de palma 533. Una palma,
motivo comúnmente representado en las cecas ibéricas y celtibéricas del valle del
Ebro, es lo que porta el jinete representado en el reverso del denario de Secaiza 534.
Parece que estas monedas imitan modelos clásicos, como el resto del arte celta, al
que muchos consideran ecléctico, por incorporar elementos de los pueblos vecinos,
como etruscos, griegos, iberos o romanos 535. Las staterai de Filipo II de Macedonia, a
la que podemos considerar como el dólar de la Edad Antigua, que fue moneda muy
apreciada en la Antigüedad y que conoció un amplio período de circulación,
presentaban en el anverso una cabeza laureada de Apolo y en el reverso una biga 536.
En las emisiones de las cecas de los pueblos celtas encontramos temas que ya
habían sido tratados en la iconografía monetaria clásica, como son las liras, las
palmetas, los jinetes lanceros, o los caballos 537. Las emisiones de Emporion son
imitadas en Aquitania y en el centro de la Galia, uno de cuyos motivos es el caballo
528
Ibídem. Pág. 433.
529
Ibídem. Pág. 588.
530
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 65.
531
Ibídem. Pág. 66.
532
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 347.
533
Ibídem. Págs. 513.
534
Cano Borrego, P. D: Los Celtas. La Europa del Hierro en la Península Ibérica. Ed. Sílex.
Madrid. 2002. Pág. 45.
535
Ibídem. Pág. 69.
536
Kruta, V: Los Celtas. Ed. Edaf, S.A. Madrid. 1977. Pág. 79.
537
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 70.
125
coronado por Victoria 538. La tipología del jinete lancero de la Hispania Citerior parece
copiada de las monedas acuñadas por Hierón II de Siracusa tras su victoria sobre los
mamertinos 539. Citado el pueblo celta, de los indoeuropeos, en general, es necesario
destacar, como apunta M. Alexander, que aunque no podemos saber si producían
objetos artísticos en materiales perecederos como la madera, la piel o los textiles, es
probable que, en general, fueran poco inclinados a expresarse de forma visual 540. No
obstante, parecen ser caballos los modelos que decoran los cetros, uno de los pocos
objetos artísticos que encontramos de los pueblos indoeuropeos, y que se asocian al
culto de dicho animal541.
No podemos dejar de reseñar al caballo como símbolo de estatus aristocrático
en las sociedades antigua y como un elemento de máximo valor en la guerra, de ahí la
frecuencia de sus arreos en las tumbas más ricas 542. Así, en la meseta española, en
tierras celtíberas, no faltan las tumbas en las que aparecen arreos de caballo junto al
equipamiento del guerrero, como lanzas o cuchillos 543. Respecto a la zona occidental
de la meseta y a la fachada atlántica, también encontramos enterramientos que
contienen elementos relacionados con el uso del caballo; en las tumbas de Las
Cogotas, al parecer una sociedad fuertemente jerarquizada, aparecen armas
profusamente decoradas con incrustaciones de hilos de plata, arreos de caballos y
escudos 544. Procedente de Celtiberia es el caballito de Calaceite (Teruel) que unos
consideran un quemador de incienso y otros la base de un brasero, así como
numerosas fíbulas de ese metal, que servían para sostener las vestiduras, y que
representan, entre otros animales, a los caballos. De la misma procedencia es el
bocado de hierro, articulado y terminado en anillas, que se conserva en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid. En este nuevo metal se siguen fabricando las
fíbulas, que en numerosos ejemplares, reproducen la figura del caballo, como la
procedente de Libierna (Burgos) 545.
2. 6. 4. 2. El arte en piedra.
538
Ibídem. Pág. 75.
539
Ibídem. Pág. 76.
540
Citado por: Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 149.
541
Ibídem. Pág. 148.
542
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 882.
543
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 200.
544
ibídem. Pág. 215.
545
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 657.
126
El arte de esta etapa no desdeñó la piedra como soporte de las numerosas
representaciones de las que son protagonistas los atractivos caballos; es el caso de la
estela ibérica que se conserva en el museo de Burgos y que representa un jinete
portando una lanza y con su caballo al galope 546. En piedra caliza está realizada la
estela de Osuna, datada entre los siglos II y II a.C., que representa a un jinete con
gran realismo 547.
Anterior a ésta (primera mitad del siglo V a. C.) son las figuras en piedra arenisca
de Porcuna (Jaén) en las que aparecen representados dos guerreros a caballo, en
lucha. Las estelas extremeñas que Almagro dató en la Edad del Hierro, pero que
parecen pertenecer al Bronce Final, tienen grabadas figuras humanas muy
esquemáticas, carros de dos ruedas y otros distintos objetos como armas, cascos o
escudos. Este estudioso les atribuyó un carácter funerario, con el que discrepan otros
autores que, sin negar esa utilización en algunas, ven en ellas marcadores territoriales
546
Ibídem. Pág. 439.
547
Ibídem. Pág. 470.
127
de vías de paso de ganado y mercancías 548. Para Juan A. Barceló las estelas del
sudoeste de la Península Ibérica tuvieron su origen en el siglo IX a. C. y su final tuvo
lugar en el VIII s. C., poco tiempo antes de la llegada de los fenicios a Hispania, siendo
contemporáneas del Bronce final 549. Este mismo autor señala la posibilidad de que
estos monumentos tengan como finalidad el conmemorar la victoria en alguna batalla
o el lugar en el que un guerrero importante ha caído. Según él, se trataría de
cenotafios, en los que no se grabaría el ajuar sino la panoplia de combate y algunos
objetos personales 550, como el carro tirado por caballos.
548
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 82.
549
VV. AA: Tartessos. Arqueología protohistórica del Bajo Guadalquivir. Ed. Ausa. Sabadell.
1989. Pág. 203.
550
Ibídem. Pág. 205.
128
3. DOMA Y DIFUSIÓN DEL CABALLO DESDE LOS PUEBLOS
DE ORIENTE.
La tierra, para Homero, era un disco rodeado por el gran río Oceanos, cubierto
por la bóveda celeste y que descansaba en las columnas que sostenía Atlas; se
dividía en dos partes, el lado del día y el de la noche; estando en la primera Grecia,
Tracia, Egipto, Italia y la Atlántida e isla flotante de Eolo 552. Este mundo lo agrandaron
autores como Hecateo de Mileto, que agregó Libia; o Pytheas de Massilia que recorrió
la parte norte de Europa hasta Irlanda 553. Pero cuando este mundo conocido se
agrandó fue “…como consecuencia de las expediciones de Alejandro Magno, que
dieron a conocer el Asia occidental hasta la India. Su almirante Nearco, al mando de
treinta navíos tripulados por más de dos mil hombres, recorrió el país de los arabitas,
en la desembocadura del Indo, y de los oritas, en la región inmediata; se detuvo en la
Gedrosia, cuyas costas encontró ocupadas por los ictiófagos –comedores de pescado-
y, atravesando la Carmania, remontó el Eufrates y llegó a Susa (Petra). …” 554.
Habitantes de estos últimos parajes eran los indoeuropeos, pueblos para los que
contamos con una fuente de información excepcional: los Himnos del Rigveda. Parece
que fueron recopilados antes del 1.000 a. C. y se transmitieron oralmente y en ellos se
habla de caballos, de carros de guerra y de la conquista de un país que parece ser la
India por parte de las heroicas tribus de los aryas 555.
551
Lucrecio Caro: De la Naturaleza II. CSIC. Madrid. 2001. Pág. 121
552
Vera, F: Historia de la ciencia. Vol. I. Editora Regional de Extremadura. Mérida (Badajoz).
2000. Pág. 145.
553
Ibídem. Pág. 145.
554
Ibídem. Págs. 145 y 146.
555
Renfrew, C: Arqueología y Lenguaje. La cuestión de los orígenes indoeuropeos. Ed. Crítica.
Barcelona. 1990. Pág. 19.
129
Hipótesis sobre el origen de estos pueblos hay varias; para Lachmi Dhar (1930)
serían de origen indio; en el oeste del Turquestán (Asia) los sitúa Wilhelm Koppers,
basándose en las semejanzas entre las lenguas indoeuropeas y las altaicas; en la
importancia del caballo basó sus argumentos, en 1949, Wilhelm Schmidt
argumentando que estos pueblos habían llegado a Europa desde el este 556. Y Childe
no duda cuando define las estepas del sur de Rusia como la cuna de los
indoeuropeos: “…Tras analizar todas las demás regiones de Europa, volvemos a los
estepas del sur de Rusia. Su clima y rasgos fisiográficos, como argumentaba de forma
convincente Otto Schrader, se corresponden admirablemente con los caracteres de un
país de origen ario […] estos nórdicos de la estepa fueron pastores, puesto que se
encuentran huesos de animales en los kurganes. Los restos incluyen no sólo ovejas y
bóvidos, sino también huesos de ese peculiar cuadrúpedo ario, el caballo […] Los
pueblos de las tumbas de ocre también poseían vehículos con ruedas como los arios,
dado que en una de esas tumbas se ha encontrado la representación de un carro
modelado en arcilla. …” 557. Efectivamente, aunque no existe acuerdo sobre el origen
de estos pueblos, parece que el lugar más probable, como cuna de los indoeuropeos,
son las estepas del sur de Rusia 558; lugar de origen que es propuesto, también, por la
arqueóloga Marija Gimbutas, que excavó en aquella zona yacimientos pertenecientes
a la Cultura de los túmulos y que ella denominó Cultura de los kurganes 559. Cultura
que, según la arqueóloga, se desarrolló desde el V milenio a. C. y mostró una gran
tendencia expansiva; en este milenio un primer movimiento migratorio alcanzó a
Europa en sus zonas danubiana y balcánica; en el milenio siguiente penetraron en
Transcaucasia, Irán y Anatolia, además de una segunda penetración en Europa
central; y, por último, en el tercer milenio (entre 3.000 y 2.800) tuvo lugar una nueva
penetración hacia el Egeo y el Adriático y quizá hacia Egipto y Palestina, penetración
que no supuso la indoeuropeización permanente de estos dos últimos territorios 560.
Este V milenio fue, tal vez, el momento de máximo esplendor de la civilización de la
Vieja Europa, pero también fue “…el principio de su ruina. A partir de 4.400 a. C.,
aquella hermosa cultura se convirtió en el objetivo de los pastores bárbaros de las
estepas, que la alcanzaron en una serie interminable de incursiones y de razzias a lo
largo de casi dos milenios…” 561.
556
Ibídem. Pág. 37.
557
Citado. Ibídem. Pág. 38.
558
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 39.
559
Ibídem. Pág. 40.
560
Ibídem. Pág. 41.
561
Ibídem. Pág. 85.
130
Según Lión los“…cimerios, escitas, sármatas, partos y demás pueblos que en el
S. de Rusia y en el Cáucaso fueron los primeros en encaramarse a un caballo y en
crear “sociedades nómadas de jinetes que jugaron un decisivo papel en las batallas”.
…” 562. Llegados estos pueblos al Viejo Mundo, donde existían los caballos, el arte de
la equitación se extendió a una velocidad de vértigo, alcanzando, en apenas un siglo,
a todos los lugares a los que había llegado el caballo 563.
3. 1. 1. Los escitas.
Parece que fueron los cimerios los primeros jinetes que llegaron a Europa,
extendiéndose hasta las estepas del Ponto y a las llanuras orientales de Hungría 564;
pero a los cimerios los expulsaron los escitas de sus territorios. Éstos eran un pueblo
de jinetes que sacrificaban caballos al Sol, a quién adoraban, dando como razón de
tales sacrificios el que, “… al más veloz de los dioses no podía ofrecerse sino el más
veloz de los animales. …” 565. Guerreros a caballo, vivían de sus rebaños y ganados y
transportaban a sus enseres y a su familia en carros 566 . Sobre cómo domaban a sus
caballos queda constancia en el friso de un vaso de plata, destinado a contener el
kumis, procedente de Tchertomlyk, al sur de Kiev 567.
Los escitas aparecieron en los límites asiáticos de la Europa Oriental,
probablemente hacia el I milenio. En sus zonas de origen, asiáticas, habían aprendido
a utilizar el caballo y a trabajar el hierro; conocimientos que les reportaron una gran
ventaja sobre sus contemporáneos, lo que obligó a las grandes potencias de la época
a modernizar sus ejércitos 568. Muchos de ellos permanecieron en el valle del Kubán,
otros avanzaron hacia la Rusia meridional, donde uniendo sus fuerzas a las de sus
amigos del Volga-Don, se lanzaron a la conquista de las tribus que habitaban las
zonas inferiores de los cursos de los ríos Dniéper y Bug 569. Y allí donde llegaba un
escita, lo hacía con su caballo, sus rebaños y su familia; y cuando moría, sus amigos
lo sepultaban, enterrando con él a su corcel y a otras caballerías favoritas, con el fin de
que pudieran servirles en el otro mundo. Por consiguiente, cada tumba escita es una
tumba de caballos, variando el número de éstos según la riqueza del difunto y la
562
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 97.
563
Ibídem. Pág. 97.
564
Ibídem. Pág. 158.
565
Ibídem. Pág. 158.
566
Ibídem. Pág. 158.
567
Ibídem. Pág. 159.
568
Grimal, P: La formación del Imperio Romano. El mundo mediterráneo en la Edad Antigua. III.
Ed. Siglo XXI. Madrid. 1986. Pág. 266 y 268.
569
Ibídem. Pág. 268.
131
localidad en que vivió. Por ejemplo, en las proximidades de los ríos Kubán y Dniéper,
donde los escitas se dedicaron especialmente a la cría de caballos y ganado y donde
se encontraban los mejores rebaños, el número de caballos enterrados con el jefe
puede llegar, a cientos 570.
Parece que el jinete escita usaba calzones de cuero, corazas del mismo material
con escamas metálicas, cascos de cobre fundido o el gorro escita, y grebas parecidas
a las de los griegos; sus armas eran el arco pequeño, una espada corta y una lanza,
que llevaban colgando de su calzón 571. Usaron el oro para confeccionar los arreos de
sus caballos, como los bocados y riendas; pero la verdadera novedad aportada por los
escitas son unos lazos de cuero usados a modo de estribos; innovación que no debe,
sin embargo, ser atribuida a los escitas sino a los sármatas, que parece que fueron los
primeros en usar como estribos estas correas en las que se apoyaban sus arqueros y,
sobre todo, sus lanceros 572.
Estaban gobernados por un rey cuyos cortesanos vivían como señores feudales;
y los demás hombres pertenecían a una clase inferior pero privilegiada, que podía
tener caballos y montarlos; con lo cual cada hombre, además de cazador, podía
convertirse en un guerrero con derecho a una parte del botín que pudiera ganarse en
una batalla en la que él hubiese participado 573.
Plasmaron en su arte, cincelado en oro, plata o bronce y de una belleza y
refinamiento extremo, a sus caballos; es el caso de la decoración de un gran vaso
aparecido cerca de Tesalónica, en cuyo friso, se ven unos escitas que cuidan a sus
caballos 574.
3. 1. 2. Los sármatas.
La tribu de los sármatas era originaria del Asia central y su historia comienza
cuando, en el siglo VI a. C., iniciaron su emigración hacia Occidente. Según Millar, los
sármatas debieron sus victorias a la invención del estribo y, un poco después, a la de
la espuela 575. Parece que recurrieron a estos inventos para dotar a su ejército de una
caballería pesada, que los escritores romanos describen así: jinete y caballo llevaban
armadura, que podía ser de escamas o de placas; el caballero portaba yelmo cónico y
570
Ibídem. Pág. 268.
571
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 161.
572
Ibídem. Pág. 161.
573
Grimal, P. 1986. Opus cit. Págs. 270 y 271.
574
Ibídem. Pág. 273.
575
Millar, F: El Imperio Romano y sus pueblos limítrofes. El mundo mediterráneo en la Edad
Antigua IV. Ed. Siglo XXI. Madrid. 1986. Pág. 262.
132
escudo de madera y cuero; largas lanzas y espadas, adornadas con piedras
preciosas; en este cuerpo sólo podían servir los miembros de la aristocracia 576. El éxito
de esta caballería en combate fue tal que muchas potencias copiaron sus tácticas;
sabemos que Roma incluiría en sus destacamentos a sármatas equipados y montados
a su modo, a los que se les pedía que combatieran según su manera 577.
Respecto a los caballos usados por los sármatas, no se ha podido precisar su
raza; aunque según las excavaciones de Rudenko en los enterramientos helados
altaicos de Pazyryk, fechados entre el siglo V y el II a. C., muestran que aquellos
nómadas usaban tanto caballos ferghana de pura raza (los más apreciados por los
chinos) como el caballo enano de Mongolia.
El grueso del ejército sármata estaba compuesto por arqueros móviles,
ataviados con gorros y corseletes de cuero; parece que es en este cuerpo en el que
lucharían las doncellas, a las que no se le permitiría casarse hasta que no hubiesen
matado a un enemigo, en combate 578. En sus enconadas luchas contra la potencia
romana, los sármatas llegaron a adoptar el arco huno, ya que creían que las victorias
conseguidas por éstos en su marcha hacia el oeste se debían a este artilugio 579. Arco
tan eficaz contra la caballería pesada que, en el siglo II d. C., durante un
enfrentamiento con Roma, los sármatas sustituyeron a esta caballería por arqueros
montados provistos de la ballesta huna que, como los partos, disparaban hacia
atrás 580. Caballeros sármatas tan eficaces que Vanio, rey de los cuados, además de
su guardia personal de soldados de infantería, se protegía con una caballería de
yazigos 581.
Al contrario que los escitas, los sármatas no enterraban con ellos a sus caballos,
limitando su presencia dentro de las tumbas a sus ricos arreos y, a veces, a los
cráneos o los cascos de los équidos; entre los arreos encontramos bocados de oro y
plata, decorados con motivos geométricos, su técnica artística preferida 582.
3. 1. 3. Los hititas.
Los hititas fueron los primeros en usar los carros de guerra en grandes
cantidades, como ocurrió en la batalla de Kadesh. Éstos eran ligeros, con ruedas de
576
Ibídem. Pág. 262.
577
Ibídem. Págs. 262 y 263.
578
Ibídem. Pág. 262.
579
Ibídem. Pág. 267.
580
Ibídem. Pág. 267.
581
Ibídem. Pág. 274.
582
Ibídem. Págs. 263 y 264.
133
seis radios, y el número de sus tripulantes aumentó a tres. Incremento que pareció ser
un simple pretexto para que en cada carro de los reinos vasallos o aliados, luchase un
soldado hitita; tercer ocupante del carro que, con el tiempo, pasó a ser un simple
bracero, que con sus miembros extendidos y sujetos a los bordes del carro, servía de
apoyo a las espaldas de los otros dos guerreros 583. En las batallas, cuando el carro
quedaba inutilizado o se atascaba, desuncían los caballos, saltaban a sus lomos y
huían a todo galope; no continuaban combatiendo a caballo, lo que podemos
interpretar como prueba de su poca seguridad y destreza como jinetes 584.
Posiblemente, las primeras noticias de los hititas como jinetes nos las proporciona la
tumba del faraón Seti I (1318-1301 a. C.), en Tebas; en una escena en la que el faraón
combate y derrota a los hititas, se representan seis carros hititas y tan sólo dos hititas
a caballo, lo que podría demostrarnos la pequeña proporción de jinetes existentes
entonces en sus ejércitos 585.
La estructura del pueblo hitita era de tipo militarista, en la que los guerreros
estaban exentos de pagar cualquier tipo de contribuciones y, además, recibían
terrenos y esclavos para trabajarlos, con la finalidad de asegurar el mantenimiento de
sus familias 586. En concreto, las unidades de carros eran el arma en la que servía la
aristocracia, ya que sólo ellos poseían medios para afrontar los elevados gastos de
fabricación y entretenimiento de los carros y la reposición de los caballos 587. De la
misma forma que el modo de conducción de los équidos, a base de anillas nasales, se
había heredado de la conducción de bueyes, también se heredó de ellos la forma del
atalaje; pero se diseñó una horquilla que adaptaba el yugo a los hombros de los
caballos, sujetándose todo el conjunto con una anchas correas que pasaban por el
cuello y el pecho de los animales 588. La díada carro-caballos se completaba con los
guerreros, cuya arma estrella era el arco compuesto, de cuya esmerada construcción
nos habla este texto de Ugarit: “…Los más estupendos fresnos del Líbano, los más
vigorosos nervios de los toros salvajes, los más estupendos cuernos de las cabras
monteses, [los más vigorosos] tendones de los jarretes del toro, las más espléndidas
cañas de los vastos cañaverales entrégalos a Kôtaru-Hasisu y que haga un arco para
Anatu, … .” 589.
583
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 83.
584
Ibídem. Pág. 84.
585
Ibídem. Pág. 85.
586
Ibídem. Pág. 84.
587
Ibídem. Pág. 84.
588
Quesada Sanz, F: Ultima ratio regis. Control y prohibición de las armas desde la Antigüedad
a la Edad Moderna. Ed. Polifemo. Madrid. 2009. Pág. 75.
589
Citado. Ibídem. Pág. 77.
134
Si las más antiguas escenas de jinetes cabalgando son las de los relieves
palaciales de los escitas y de Mesopotamia y la mayoría de las representaciones más
antiguas de la práctica de la equitación parecen posteriores al 1.220 a. C.; entre los
hititas, los relieves que muestran guerreros a caballo son todos del período hitita
reciente 590. En cualquier caso parece evidente que los pueblos indoeuropeos aparecen
asociados históricamente a la utilización del caballo como máquina de guerra; con la
salvedad de que si algunos de esos pueblos emergen en la historia luchando sobre el
carro tirado por caballos, como hititas, indios o griegos; otros lo hacen montándolo, y
dominándolo mediante el bocado, como los iranios, en Oriente, y los latinos, germanos
y celtas, en Occidente. Por ejemplo, llama la atención que dos pueblos tan cercanos
por su lengua y su cultura como el indio y el iranio discrepen en este punto, como
parece demostrar el hecho de que en época histórica, los iranios (medos, persas,
escitas) monten el caballo para combatir, mientras que los indios, tal como reflejan los
Vedas, lo hagan en carro y sólo excepcionalmente monten a la grupa 591.
Entre los años 1000 y 700 a. C., en los estados neohititas, se da un aumento
demográfico, al parecer debido a las condiciones favorables debidas al desarrollo
tecnológico de la Edad del Hierro. En los valles del Taurus se dan unos recursos
mineros y forestales que son esenciales, mientras que Cilicia y Capadocia crían
caballos en las ciudades orientales de Armenia y en los Zagros 592. Por I Reyes (10, 28)
sabemos que los caballos que compraba el rey Salomón provenían de Cilicia y, a
juzgar por sus descendientes, tenían “…perfil fronto-nasal rectilíneo, cabeza cuadrada,
ojos a flor de cara, ollares finos y dilatados, orejas pequeñas, cuello recto, cruz
saliente, dorso y riñones rectos, grupa horizontal y carnosa, nacimiento alto de la cola,
cola en trompa, moderada redondez del costillar, tendones limpios, articulaciones
anchas, espejuelos poco marcados y cascos de anchura media, …” 593.
3. 1. 4. Los egipcios.
590
Renfrew, C.1990. Opus cit. Pág. 164.
591
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 114.
592
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 580.
593
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 115.
135
carro 594. Si el carro sufría un accidente, sus ocupantes saltaban por su parte posterior,
abierta, y desenganchaban los caballos para saltar a lomos de los animales 595. Estos
carros de guerra se sumaron al ejército egipcio durante la dominación de los hicsos y
parece que se usaban como apoyo a la infantería, que era mucho más numerosa, ya
que la densidad de población de Egipto no ofrecía problemas al reclutamiento de
hombres 596.
Egipto fue uno de los centros desde los que se irrdadío la cultura hacia
Occidente.
Los carros egipcios eran muy ligeros y estaban pensados para la persecución de
los enemigos que huían después de ser derrotados por la infantería; llevaban tras ellos
unos corredores que atacaban a estos guerreros enemigos o recogían a los
594
Montet, P: La vida cotidiana en el Egipto de los Faraones. Ed. Argos Vergara. Barcelona.
1983. Pág. 194.
595
Ibídem. Pág. 194.
596
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Págs. 15 y 16.
136
compañeros heridos; y, en las batallas, colocados en los flancos, la principal misión de
los carros consistía en completar el triunfo de la infantería 597. Con la llegada a Egipto
de los mercenarios griego, el carro ganó en robustez y pasó a colocarse en el centro
de la batalla, aguantando la carga de los carros enemigos; parece que fue en tiempos
de la llegada de los griegos cuando se introdujo la caballería en el ejército egipcio 598.
El uso del carro estaba, además, ampliamente extendido fuera del ámbito militar.
Los aristócratas como Huy, príncipe de Kuch, formaban parte de los privilegiados que
iban montados en carros cuando eran convocados a palacio, salían a pasear o iban a
visitar sus extensos dominios 599. Y es que parece, como muestran las dos o tres
únicas representaciones que los artistas egipcios nos han dejado de jinetes
cabalgando, que los egipcios no solían cabalgar 600. Desde que se generalizó en Egipto
el uso del carro, cuando los señores iban a cazar, lo hacían en él, provistos de su arco
y flechas 601. Los relieves de Medinet-Habu representan a Ramsés III en su carro,
cazando leones, toros salvajes y antílopes. En uno de ellos, bajo el vientre de los
caballos, un león herido, y vuelto de espaldas, intenta con sus garras arrancarse la
flecha que el faraón le ha clavado en su pecho 602.
Igualmente lo utilizaban cuando iban de paseo, como hace Amenhotepsisé,
segundo profeta de Amón, que lo hace en su carro elegante y sólido, realzado por
figuras en relieve y en altorrelieve, del que tiran dos caballos, desprovistos de frenos y
anteojeras. Los otros arneses son dos grandes bandas de cuero, una rodeando el
cuello y la otra rodeando el cuerpo del animal, y un cabestro, al que van sujetas las
riendas. Amenhotepsisé, que viaja sin caballerizo, conduce por sí mismo, erguido en
su carro 603.
A pesar del uso preferente del carro, parece que los príncipes egipcios recibían,
además, clases de equitación, como Amenhotep II, hijo y sucesor de Tutmosis III, que
se adiestró como remero, arquero y jinete 604 y carrero. Amenhotep amaba a los
caballos; su padre le dio el más hermoso tronco de los mismos que tenía en su cuadra
para que los cuidara, los domara, los adiestrara, los ejercitara y los fortificara; y el
joven príncipe estimulado y ayudado por Rechef y Astarté, dioses del país de
procedencia de los équidos “…hizo de ellos caballos sin parar, infatigables, mientras él
597
Ibídem. Pág. 16.
598
Ibídem. Pág. 16.
599
Montet, P. 1983. Opus cit. Pág. 105.
600
Ibídem. Pág. 105.
601
Ibídem. Pág. 112.
602
Ibídem. Pág. 177.
603
Ibídem. Pág. 144.
604
Ibídem. Pág. 174.
137
mantenía las riendas, por mucho que fuera el tiempo transcurrido. Jamás se detenían
a tomar resuello durante una larga carrera. …” 605. Según un cronista de su reinado,
éste faraón fue un gran amante de los caballos, con los que se deleitaba desde joven;
era perseverante en su doma y en conocer su comportamiento; no tenía rival ni en las
carreras ni en el campo de batalla. Sabía de caballos más que nadie y, por la crónica
que ensalza a Amanhotep parece que la doma y el cuidado de los caballos no era un
arte indigno del propio faraón 606. Su carro egipcio, como era costumbre, iría
profusamente adornado con palmitas y animales desafiantes y sus arneses decorados
con discos de oro, la cabeza de los caballos adornada con un almirez de donde
brotarían flores artificiales o plumas de avestruz, y las anteojeras grabadas con la
imagen de Sutek, señor de los caballos 607.
Los caballos eran deseados por los amigos y anhelados para uno mismo.
“…Montas en lujoso carruaje, el látigo de oro en tus manos. Tienes riendas nuevas.
Potros de Siria van enganchados. Negros corren ante ti, según tus indicaciones. …” 608;
por lo que en Egipto un “… guerrero de cuerpo entero ama a sus caballos, e incluso
ama a cualquier caballo más que a su propia persona. …” 609. Los ama como Ramsés
III, que no confiaba a sus oficiales el comprobar si sus caballos se hallaban en buenas
condiciones; así, con su indumentaria de gala, con su bastón y su fusta, rodeado de
sus portasombrillas y portaabanicos, y seguido de sus oficiales, se acerca a la gran
cuadra de palacio donde, uno tras otro, inspecciona a los caballos que los caballerizos
sostienen de las riendas 610. Grandes guerreros que amaban tanto a sus caballos como
Pianki, el vencedor del príncipe Nemarot, que sintió una inmensa tristeza cuando entró
en Chmunu y visitó las cuadras del vencido, viendo a los caballos exhaustos y
famélicos; sintió al mismo tiempo cólera y compasión al ver el estado en el que se
hallaban aquellos hermosos animales: “…Tan cierto como que yo veo y amo a Ra, y
que mi nariz florece en vida, que el haber hecho padecer hambre a los caballos
entristece mi corazón más que todos los males que ha hecho tu ruindad. …” 611.
Cuando los caballos entraron en Egipto se produjo una gran demanda y tan solo
los potentados, entre los particulares, tenían caballos, que alojaban separados de
bueyes y asnos, teniendo más importancia que las propias personas 612. Debido a la
605
Ibídem. Pág. 176.
606
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 76.
607
Montet, P. 1983. Opus cit. Pág. 193.
608
Ibídem. Pág. 144.
609
Ibídem. Pág. 175.
610
Ibídem. Pág. 176.
611
Ibídem.Pág. 175.
612
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 71.
138
escasez de caballos en Egipto, parece que las cuadras reales eran las encargadas de
abastecer de animales los troncos que debían comprar los guerreros, compra que
llevó a la ruina a no pocos nobles, que podían gastar en su adquisición toda su
fortuna; situación a la que llegaban debido a la preponderancia social que se adquiría
con su posesión 613. Escasez de caballos que allí parece endémica y, aunque los
reyezuelos tributarios de los faraones, como los de Palestina o Siria, le mandaban
caballos como el más preciado de los presentes, las bajas sufridas en campaña eran
difíciles de reponer; por ejemplo durante el extenso reinado de Tutmosis III, sólo un
millar de caballos entraron en Egipto, procedentes de los tributos de Asia Menor y
aunque el número de los obtenidos como botín de guerra fue superior, no bastaban
para cubrir las necesidades del ejército 614. No obstante, algunos ganaderos egipcios
criaban a los animales que consideraban amigos del hombre, entre ellos al caballo,
que en las praderas no se mezclaban con otros animales 615.
Cuando estos animales llegaron a Egipto, su presencia tuvo su reflejo inmediato
en el arte rupestre de las zonas, cuyos artesanos dibujaron carros y caballos desde el
siglo XIV al XII a. C 616. Por ejemplo, la primera mención sobre los carros y los caballos
en Libia es un texto egipcio del palacio de Karnak, de 1229 a. C., escrito durante el
reinado de Merne-Ptah 617. Hacia 1.200 a. C. y de la mano de los Pueblos del Mar 618,
tiene lugar una nueva línea de penetración del caballo en África, ya que algunas tribus
de estos pueblos, cuando fracasaron en sus ataques a Egipto, se desviaron hacia las
regiones del Sahara siguiendo una ruta que los llevó hasta el Níger, a lo largo de la
cual dejaron abundantísimas representaciones de innegable influencia micénio-
minoica 619. El movimiento de estos pueblos del mar, que era la última consecuencia de
los movimientos iniciados en las estepas rusas por los indoeuropeos, se ve, además,
reflejado en las crónicas de los faraones, como esta de Ramsés III, grabada en el
templo de Medinet Habu, en la que podemos percatarnos de la importancia dada a
aurigas y caballos: “ …organicé mis fronteras…armé contra ellos a príncipes, jefes de
guarnición y guerreros. Preparé la entrada de los ríos en forma de muralla con navíos
bien equipados de proa a popa de valientes guerreros armados. Las fuerzas de carros
613
Ibídem. Pág. 71.
614
Ibídem. Pág. 76.
615
Ibídem. Pág. 105 y s.
616
Ibídem. Pág. 103.
617
Ibídem. Pág. 104.
618
“…Cretenses, aqueos y otros muchos pueblos, procedentes de las islas y costas
mediterráneas, efectuarán con diversa fortuna sucesivos desembarcos en África y Asia Menor
cuyo resultado fue la terminación de la supremacía de hititas y egipcios y la implantación de un
orden enteramente nuevo. …” (Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 102).
619
Ibídem. Pág. 104.
139
estaban constituidas por los aurigas más hábiles y veteranos; los caballos volaban con
gran empuje, dispuestos a triturar entre sus cascos a los extranjeros…” 620.
Avanzado el tiempo, deja el ejército egipcio de estar constituido por soldados de
recluta temporal y se crean unidades de soldados profesionales; profesionalización
demandada por la necesidad de practicar continuamente con carros y caballos, y que,
a su vez, conlleva la jerarquización del ejército 621. Ahora los tent-heteri, soldados de
caballería de las unidades de carros, constituían la tropa más distinguida, superior
socialmente, y a cuyos oficiales se premiaba con oro, tierras y esclavos y se les
instruía con la enciclopédica formación de los escribanos reales 622 Guerreros que
contaban con otras ventajas, proporcionadas por su condición de caballeros, como las
que obtenían en las raciones alimenticias de pan, carne de buey, pescado, legumbres,
vino y dulces, que componían la ración normal; pero, además, disfrutaban de raciones
suplementarias de trigo y carne 623.
3. 1. 5. Los asirios.
620
Ibídem. Pág. 106.
621
Ibídem. Pág. 75.
622
Ibídem. Pág. 75.
623
Ibídem. Pág. 75.
624
García Castro, J. A. y Antona del Val, V (Comisarios científicos): La guerra en la antigüedad.
Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. fundación Caja de Madrid. Madrid
1997. Pág. 188.
625
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 17.
626
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 149.
140
Parece que las unidades de carros asirias se dividían en escuadrones de 53
vehículos, lo que equivale a 106 personas (aurigas y combatientes) 627. Combatientes
extremadamente eficientes, en algunos casos, como el de Rusa I (734-714), usurpador
y sucesor del rey urarteo Sarduri II, que presumía de haber conquistado él sólo su
reino, con la única ayuda de su auriga y de sus caballos 628. La hazaña es memorable,
sobre todo si tenemos en cuenta que el ejército de Urartu, en campaña, se dividía en
carros, jinetes e infantería. Pero el número de los carros, a pesar de ser profusamente
representados en la iconografía urartea, era reducido y de escasa utilidad en territorios
abruptos. Parece que el ejército urarteo contaba, sólo, con un centenar de carros,
varios miles de jinetes, y unos veinte mil infantes; ejército adecuado a los recursos
demográficos locales, pero incapaz de competir con el gran ejército asirio 629.
Los asirios también utilizaban la caballería, arma con la que parece que
comenzaron a batallar durante el reinado de Tukulti-Ninurta II (hacia 900-800 a. C) 630.
Al principio montaban sobre el caballo dos jinetes; uno conduciendo al animal y el otro,
manejando un arco desde la grupa del équido; después (hacia el 700 a. C.) cada
caballo lo montaba un sólo jinete que llevaba armadura, lo mismo que el caballo 631. El
uso de la caballería entre los asirios parece estar relacionada con la poca capacidad
para maniobrar de sus carros; caballería que tenía como misión cargar contra las
unidades enemigas y perseguirlas, cuando huían; y también se les encomendaban
tareas como arrasar cosechas, destruir ciudades o cortar comunicaciones 632. La
aparición de su caballería parece estar relacionada con la influencia de los pueblos
iranios que se enrolaban con frecuencia en los ejércitos asirios, con la maniobrabilidad
de las monturas en los terrenos escarpados en los que los carros no podían
maniobrar, y con el hecho de que los caballos resultaban más baratos que el conjunto
vehículo-caballos 633. Por estas razones los jinetes fueron aumentando en el ejército
asirio, en detrimento de las unidades de carros; por ejemplo en la batalla de Karkar, la
caballería asiria estuvo constituida por 4.800 carristas, 1.200 carros y 12.000 jinetes 634.
Los jinetes aumentaban proporcionalmente, y lo seguirían haciendo hasta la total
extinción de las unidades de carros 635.
627
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 637.
628
Ibídem. Pág. 664.
629
Ibídem. Pág. 667.
630
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 19.
631
Ibídem. Pág. 19
632
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Págs. 149 y 150.
633
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 19.
634
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 150.
635
Ibídem. Pág. 150.
141
Los asirios colocaban sus carros y su caballería en primera línea de combate; los
carros debían abrir la batalla, la caballería tenía la misión de mantener y ampliar las
brechas abiertas por los carros, y la infantería debía infringir el golpe mortal al
enemigo 636. Este ejército asirio fue vencido por los medos que dirigía el rey Ciaxares, y
la clave del éxito de los medos radicaba en la movilidad y maniobrabilidad de su
caballería, contra la que no tenía nada que hacer un ejército preparado para atacar
enemigos estáticos 637.
Los caballos de los asirios provenían de Cilicia y de Armenia, lugares en los que
parece que existían excelentes ganaderías, noticias en las que concuerdan los anales
sirios y el Nuevo Testamento 638. Además, los asirios criaban sus propios caballos
sobre todo en la zona del lago Urmia y en toda el área comprendida entre el oeste de
Irán y el este de Anatolia 639. Los caballos armenios los cita Jenofonte 640 en la
Anábasis, cuando él mismo y Crisofo le preguntan al jefe de una aldea armenia quién
criaba los caballos del país; a lo que el interrogado les respondió que los pequeños y
fogosos caballos armenios eran un tributo destinado al rey de Persia 641. Además les
enseñó a envolver los pies de los caballos con un saco para que no se hundiesen en
la nieve, cuando tenían que atravesarla 642.
Una muestra de la apariencia de estos caballos, nos la proporcionó el pintor que
decoró el salón del trono del palacio de Till-Barbsib, en las que aparecen troncos de
caballos de variadas capas, como blancos, castaños, negros, rosados y azules, sin
que podamos descubrir el significado de tal fantasía. No obstante, la existencia de
caballos ruanos, pero sobre todo de castaños y alazanes en Asiria, plasmados en
estas pinturas, parece demostrar que en Mesopotamia, y desde mucho tiempo atrás,
existían caballos de estirpe przewalski, que portaban las capas de pelo rojo 643. Los
jinetes que montaban sobre una simple manta o estera y sin estribos, portaban un arco
y un escudo más pequeños que el de los infantes; calzaban botas altas que se ataban
636
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 19.
637
Ibídem. Pág. 20.
638
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 150.
639
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 458.
640
Jenofonte (c. 428-354 a. C.) fue un escritor griego, autor de gran encanto pero de frescura
defectuosa. Luchó con Ciro el Joven en la batalla de Cunaxa y, tras el arresto de los generales,
fue uno de los que tomó el mando de los Diez Mil, a los que llevó de vuelta a Grecia. Su
actividad literaria fue diversa y de oscura cronología. Por su interés para esta obra, destacan su
Hipparchikos (sobre el mando de la caballería) y su Sobre la monta de caballos. (Speake, G:
Diccionario Akal de Historia del mundo antiguo. Ed. Akal. Tres Cantos (Madrid). 1999. Pág.
215)
641
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 701.
642
Ibídem. Pág. 701.
643
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 151.
142
por delante y vestían una túnica y una casaca de cuero cubierta de placas
metálicas 644.
Con la subida al trono de Sargón II (721 a. C.) alcanza su máximo apogeo el
imperio asirio; en sus campañas militares recibe los tributos de los reyezuelos, como el
rey de los maneos que le ofreció caballos de tiro con sus aurigas 645. Tan sólo el rey de
Urartu, Rusa I, le presenta batalla y es vencido con una sola carga de la caballería
asiria; el rey, muertos sus caballos, tuvo que abandonar el carro y saltar sobre una
yegua, con la que emprendió la huida 646. Con Asurbanipal (669-629 a. C.) llega el
momento más glorioso del imperio asirio; en una de sus expediciones saqueó Susa en
donde se apropió de caballos que portaban bocados de oro; y cuando conquistó
Tebas, capturó valiosos corceles africanos que trasladó a Asiria 647.
3. 1. 6. Los persas.
Los persas aparecen atestiguado por vez primera como súbditos de los asirios,
pasando posteriormente al control de Media, pero bajo las órdenes de Ciro vencieron a
los medos y heredaron su imperio 648. Eran indoeuropeos de vigor sin igual y frugales;
no comían lo que querían sino lo que podían, se vestían con pieles y no bebían vino;
los más afortunados comían camellos, asnos bueyes y caballos asados al horno 649. La
caballería persa constaba de dos tipos de jinetes: los que no llevaban ni armaduras ni
protecciones y los que llevaban ambas defensas, que se llamaban catafractas; los
primeros, caballería ligera, fueron los predominantes durante las primeras etapas del
imperio y los segundos aparecieron hacia el 350 a. C. y, cuando cayó el Imperio,
continuaron con los seléucidas, los partos y los persas sasánidas 650; tipo de caballería
que se vio favorecida por el desarrollo de las razas de caballo pesadas 651.
Los persas fueron los primeros que armaron a sus carros con guadañas, pero
dieron la máxima importancia a sus escuadrones de jinetes que, maniobreros y ágiles,
fueron la auténtica base de su poder 652. Sobre la eficacia de estos carros falcados,
escuchemos a Lucrecio: “…Dícese de los carros falcados que a veces, en la refriega,
humeantes de sangre, siegan tan instantáneamente los miembros, que se ve palpitar
644
Ibídem. Pág. 151.
645
Ibídem. Pág. 154.
646
Ibídem. Pág. 154.
647
Ibídem. Pág. 156.
648
Speake, G. 1999. Opus cit. Pág. 289.
649
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 163.
650
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 23.
651
Ibídem. Pág. 23.
652
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 163.
143
en el suelo la parte arrancada del tronco, sin que, a pesar de ello, el alma del guerrero
pueda sentir el dolor; tan rápido ha sido el golpe; y al mismo tiempo, absorbida la
mente en el ardor del combate, con lo que resta del cuerpo anhela pelea y matanza, y
a menudo, entre los caballos, no se da cuenta de que las ruedas con sus hoces
voraces le han arrancado la izquierda y con ella el escudo; mientras se afana en
escalar un muro, no siente que su diestra ha caído. Otro intenta levantarse con su
pierna cortada, mientras a su lado en el suelo mueve aún los dedos el pie moribundo.
Una cabeza segada de un tronco caliente y aún con vida, conserva en el suelo un
rostro animado y los ojos abiertos, hasta que ha rendido todas las reliquias del alma.
…” 653.
Sus caballos, arios, eran originarios de Media y Capadocia. De Media procedían
unos caballos tordos, casi blancos, y de gran alzada, que los persas tuvieron como
sagrados y cuyo uso reservaban para los reyes, para los generales de caballería y
para sus carros sagrados; los llamaban nisios y pasaron a la posteridad por su capa,
por su belleza y por la armonía de sus proporciones; eran eumétricos rectilíneos y,
probablemente, de mayor alzada que los medos de Bactriana y Fergana, famosos
caballos celestes por cuyo deseo, los chinos emprendieron su primera gran expedición
bélica hacia occidente 654.
Bellos caballos nisios que, a veces, parecían influir, incluso, en las sucesiones
reales. Así, cuando el rey Ciro II el Grande murió en la región del lago Aral en una
expedición contra los escitas 655 (528 a. C.), lo sucedió su hijo Cambises II (528-522 a.
C.), que invadió Egipto, proclamándose faraón; y a éste lo sucede Darío I, sucesión en
la que, según Herodoto, no tuvo poco que ver su caballo, ya que “…Al parecer los seis
<<grandes de Persia>> habían pactado entre sí reconocer por rey a aquel, de entre
ellos, cuyo caballo fuese el primero en relinchar tras la salida del sol. Ciro se las
arregló para que la víspera del día fijado su caballo cubriese una yegua en un lugar
por el que habrían de pasar juntos y a caballo, lugar que su montura reconoció y no
dejó pasar sin relinchar enérgicamente tal y como esperaba Ciro. …” 656.
653
T. Lucrecio Caro. 1997. Opus cit. Pág. 147.
654
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus Cit. Pág. 164.
655
“…Los escitas eran jinetes de origen indoeuropeo, originarios del Turkestán. En el siglo VIII
a. C. desplazaron a los sumerios y se extendieron por Asia Menor. Luego fundaron un reino de
inspiración aqueménida que llegó a dominar hasta Irán y Mesopotamia y se mantuvo
relativamente independiente hasta el siglo segundo de nuestra era, lo que no le resultó nada
fácil pues tuvo que defenderse de los ataques de los nómadas en sus fronteras del norte y de
los romanos por el oeste. …” (Eslava Galán, J: Julio César, el hombre que puso reinar. Ed.
Planeta. Barcelona. 1995. Pág. 118).
656
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 166.
144
Finalmente Persia no logró detener la invasión de Macedonia, acaudillada por
Alejandro Magno; y tras la muerte del macedonio pasó a formar parte del imperio de
los seléucidas 657.
1. 1. 7. Los partos.
Los partos procedían del Asia Central; y fue durante el siglo II cuando el Próximo
Oriente vio la ascensión de la Partia, tras el ocaso del Imperio Seléucida 658. A los
partos, herederos de los medos y de los persas iraníes, los conocieron los romanos
por las noticias desalentadoras que llegaban a sus ejércitos; de ellos se oía decir
“…que eran hombres de quienes, si perseguían, no había como librarse y, si huían, no
había como alcanzarlos; que sus saetas eran voladoras y más prontas que la vista y
que, de las armas de los coraceros, las ofensivas estaban fabricadas de manera que
todo lo pasaban y las defensivas a todo resistían. …” 659. Noticias que no parecían
657
Speake, G. 1999. Opus cit. Pág. 289.
658
Grimal, P. 1986. Opus cit. Págs. 279 y ss.
659
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 239.
145
exageradas, ya que los jinetes partos eran extremadamente hábiles; se protegían,
hombres y caballos, con corazas y mallas de hierro y se armaban con largas lanzas,
para cuyo empleo se apoyaban en los estribos, que ya conocían 660. La mayoría de los
jinetes partos eran arqueros a caballo que habían sido adiestrados a disparar en
movimiento, movilidad que los convertía a ellos en un blanco difícil para los enemigos;
además, nunca se enfrentaban al enemigo en combate singular a no ser que la victoria
estuviese cantada 661.
Los catafractarios iban pertrechados, al igual que sus monturas, de pesadas
armaduras; pertenecían a la aristocracia, único estamento que se podía permitir el
sufragar equipo tan costoso y, a veces se decidían a la lucha cuerpo a cuerpo
auxiliados por sus lanzas (kontos) 662. En el campo de batalla disparaban los arqueros
contra el enemigo, antes del ataque de los catafractarios; jinetes ligeros y pesados,
que podían llegar a ser eficazmente devastadores sino fuera porque su principal
problema estribaba en que los ejércitos partos no solían contar siempre con un buen
equilibrio entre ambas fuerzas o no estaban bien dirigidas. No obstante, y a pesar de
la aparición de tropas auxiliares en los ejércitos de otros pueblos, parece que ningún
otro ejército de esta época pudo compararse con los mejores ejércitos partos en este
tipo de lucha 663.
Dión Casio los clasifica como formidables en la guerra; “…Los partos no hacen
uso del escudo, pero sus ejércitos consisten en arqueros y lanceros montados, la
mayoría con armadura completa. Su infantería es pequeña, constituida por los
hombres más débiles; pero también éstos son todos arqueros. La tierra, al ser llana en
su mayor parte, es excelente para criar caballos y muy adecuada para montar a
caballo; en cualquier caso, incluso en la guerra, llevan amplias manadas de caballos,
así que pueden utilizar caballos distintos en diferentes momentos, pueden cabalgar
con rapidez desde una gran distancia y retirarse lejos también rápidamente. …” 664.
3. 1. 8. Los chinos.
660
Ibídem. Págs. 239 y 240.
661
Goldsworthy, A: Grandes generales del ejército romano. Campañas, estrategias y tácticas.
Ed. Ariel. Barcelona. 2008 (A). Pág. 315.
662
Ibídem. Pág. 315.
663
Ibídem. Pág. 315.
664
Citado por: Souza de, P (Editor). 2008. Opus cit. Pág. 173.
146
excavaciones realizadas en Siao-Touen, cerca de Ngan-Yan que fue la capital de los
Schang, donde han aparecido los más antiguos restos de caballos en territorio chino;
monturas a las que se obligó a acompañar a sus jinetes en su último viaje 665.
Con la llegada de los caballos a China nació un orden militarista, cuyo arquetipo
era el guerrero de carro; orden que tenía como principal hándicap la falta de caballos,
propiciada por la escasez de pastos 666. Estos primeros guerreros de carros se
desplazaban sobre artefactos de madera, con caja de mimbre de forma rectangular
(1,20 por 1,50 metros); con un yugo que se apoyaba sobre el cuello de los caballos y
cuya tracción se efectuaba por medio del collarín; y unas ruedas de 1,50 metros de
diámetro, fabricadas de madera ensamblada y con finos y numerosos radios 667.
Además de estos carros ligeros, parece que las unidades chinas contaban con carros
pesados, con la misión de reforzar el ataque de aquellos y de constituir una barrera
contra la huida de los cobardes 668.
Habían de pasar 10 siglos aproximadamente para que el Extremo Oriente tuviera
tratadistas que se ocuparon de los caballos, como Ou-tsé, Lou-tao y sobre todo Sun-
Tzu, que escribió su Arte Militar alrededor del 500 a. C 669. Por ellos conocemos la
extraordinaria importancia que se concedía al caballo: “…Los caballos, para ser
buenos, deben ser cuidados con esmero, es necesario mantenerlos allí donde los
pastos son de buena calidad; en invierno conviene defenderlos de los fríos rigurosos y
en verano de los calores excesivos. En todo tiempo su ración no debe ser ni
abundante ni escasa pues ambos extremos tienen inconvenientes. La hora del pienso
debe ser fija e invariable así como la de abrevar; no pasará día sin cepillarles y
almohazarles […]. Su crinera y su cola permanecerán cuidadas porque la limpieza
impide las enfermedades y les mantiene frescos y dispuestos para todo. Conviene
acostumbrar sus oídos a toda clase de ruidos y sus ojos a toda clase de objetos; los
caballos indóciles no pueden ser más perniciosos en el ejército y, en general, no debe
permitirse a los caballos correr sin motivo. Debe obligárseles a mantener un trote largo
y acostumbrarles a obedecer cualquier indicación, bien para avanzar o retroceder, bien
para volverse a derecha e izquierda. …” 670.
No faltan, en sus escritos, las alusiones a la equitación. De los jinetes dicen que
deben estar bien entrenados y con sus caballos acostumbrados a ellos; señalándose,
además, que cada caballo tendrá su brida, su silla y su bocado, no
665
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 63.
666
Ibídem. Pág. 63.
667
Ibídem. Pág. 63.
668
Ibídem. Pág. 135.
669
Ibídem. Pág. 134.
670
Ibídem. Págs. 134 y 135.
147
intercambiándoselos sin motivo 671. Ni alusiones al esmerado cuidado que debe
dispensárseles: “…Los caballos que no comen sino buenos pastos, que no beben sino
agua dulce y clara, que no pastan jamás sino a la misma hora y en igual cantidad, que
no se fatigan sin necesidad, que reciben siempre las mismas atenciones, que hacen a
diario moderados ejercicios y desarrollan un trabajo constante, serán vigorosos y
podrán rendir, en su ocasión, los servicios más esenciales. …” 672. El culmen de las
recomendaciones en cuanto al trato con el que se ha de agasajar a los caballos, nos lo
muestra el párrafo siguiente: “…Ocasiones habrá en que los jinetes echen pie a tierra
y lleven sus caballos de la brida porque siempre es preferible que los hombres sufran
cualquier cosa a que los caballos sean fatigados en exceso. Cuanto mejor cuidéis
vuestros caballos, mejor os servirán cuando de combatir ante el enemigo se trate. Si
observáis cuanto aquí os digo, podrán haceros atravesar el mundo si necesario fuere.
…” 673.
Hacia el 222 a. C., el príncipe Cheng, del estado de Ch’in, debido a su excelente
preparación que incluía un absoluto dominio del arte militar de la caballería, se impuso
a sus enemigos 674. Unificó el territorio, creó el primer imperio, autodenominándose
[Link]-ti (primer emperador), dio comienzo a la construcción de la Gran Muralla y
aisló a los unificados chinos de los pueblos pastores nómadas 675. Consiguió para su
ejército un poder ofensivo abrumador pero fue también responsable del traslado
masivo del ganado caballar chino al valle del Yang-tsé, tal vez para resguardarlo de
las depredaciones de los pueblos fronterizos; pero sin embargo las tierras bajas y
cenagosas del valle del río aceleraron la rápida degeneración del caballo chino,
debiendo los sucesores de Huang-Ti enfrentarse a grandes problemas para tratar de
contrarrestar las nefastas consecuencias del gran error del primer emperador 676.
Durante su reinado comenzó a utilizarse una pequeña pieza de cuero a modo de silla,
que completó con el bocado y las bridas, el equipo del jinete chino 677.
Al inepto hijo de Huang-Ti lo sucedió un oficial sublevado de su ejército que
instauró la dinastía Han (202 a. C.); se hizo llamar Han Kao-tzu y tuvo que luchar
contra los numerosos enemigos que rodeaban su imperio 678. Los que habitaban al
norte y al oeste de China, a los que generalmente se les llamaba tártaros, vivían a
671
Ibídem. Pág. 135.
672
Ibídem. Pág. 135.
673
Ibídem. Pág. 135.
674
Ibídem. Pág. 135.
675
Ibídem. Pág. 136.
676
Ibídem. Pág. 136.
677
Ibídem. Pág. 136.
678
Ibídem. Pág. 136.
148
caballo, trasladándose con sus rebaños en busca de pastos y dedicándose a efectuar
continuas incursiones en territorios chinos con sus escuadrones a caballo 679. Vecinos
de China, por el norte, eran los mongoles, buenos guerreros pero sobre todo
excelentes jinetes que basaban su industria en el caballo, cuya carne apreciaban
mucho, especialmente la de las yeguas jóvenes; la grasa de su panza era una
auténtica golosina que, salada e introducida en trozos de intestino, se ahumaba y
almacenaba; con el cuero de los caballos fabricaban correas y con las crines sedales
muy resistentes y recias cuerdas con las que construían sus yurtas 680. También
apreciaban sobremanera la leche de las yeguas, que aunque proporcionaban poca en
cada ordeño, podían ordeñarse hasta seis veces al día, extrayéndoles un total de unos
dos litros a cada una, aparte de la que consumía el potro; con ella se confeccionaban
bebidas excitantes y muy alimenticias, parecidas al kumis de los kazakos; para ello
colocaban la leche fresca en sacos de cuero que se cerraban por el cuello después de
introducir un palo con el que se batía la leche durante horas para dejarla agriar durante
cuatro días 681. Los mongoles de la estepa ansiaban las tierras que lindaban con la
misma, por lo que en sus razzias atacaban a los pueblos sedentarios y, una vez
destruidos, convertían sus tierras en pastos para sus caballos; además dificultaban la
cría caballar de los chinos con su costumbre de no deshacerse jamás de las yeguas ni
de caballos enteros; en las raras ocasiones que comerciaban con China les vendían
sólo caballos castrados 682. Para proveerse de buenos pastos para sus caballos,
dejaban secar naturalmente el forraje al sol estival en vez de segarlo en verde 683. Los
mongoles hiung-nu eran eficientes guerreros a caballo, cuyos movimientos
envolventes y ataques repentinos, convertían en ineficaces a las unidades de carros
chinas; su caudillo Mao-touen, soberbio jinete, atrapó al emperador chino Liu Chi, que
hubo de pagar cuantiosos tributos para recuperar su libertad 684.
El sucesor del emperador Liu Chi fue Wu-ti, que se propuso mejorar la cría
caballar y deshacerse del enemigo tradicional; para ello concibió la idea de aliarse con
los yue-tché, a los que los hiung-nu había expulsado del Altai 685. Estos yue-tché,
procedentes de Pamir, eran una amalgama de iranios y tocarios, que se habían
establecido en el sur del Altai y habían introducido el nomadismo entre los
679
Ibídem. Pág. 137.
680
Ibídem. Pág. 138.
681
Ibídem. Pág. 138.
682
Ibídem. Págs. 138 y 139
683
Ibídem. Pág. 139.
684
Ibídem. Pág. 139.
685
Ibídem. Pág. 139
149
mongoles 686. Para ello, Wu-ti, envió una embajada que presidió un brillante oficial de
caballería, Chang-kien, que no consiguió la alianza pero que regresó con amplia
información sobre la raza caballar existente en Bactriana, donde habían sido forzados
a establecerse los yue-tché, lo que supuso una honda transformación de la cría
caballar en China 687. Desde el regreso de Chang-kien de Bactriana, el emperador
chino se marcó como objetivo primordial adquirir muchas cabezas de los
excepcionales caballos cuyas extraordinarias cualidades ensalzara Chang-kien y con
cuya posesión imaginaba factible la tarea de lograr su preponderancia sobre los hiung-
un 688.
El lugar de origen de estos caballos eran, además del reino de Jokand en
Fergana, las regiones de Sogdiana y Bactriana; tenían sangre aria como el tarpán y
eran los caballos medo-persas, cuyas características hicieron cambiar la morfología
del caballo chino a partir de Wu-ti 689. Se envió una primera embajada a Fergana, con
la misión de comprar caballos, pero fracasó, fracaso que estimuló los deseos del
emperador, al que le llegaron noticias de que “…Jokand tiene caballos maravillosos en
la villa de Eul-che, pero los ocultan y se niegan a darlos al emperador exclama el
cronista Su Ma-tsien; se populariza la idea de que los “caballos celestes”, así se les
conoce ya en China, tiene la propiedad de sudar sangre, propiedad que heredan sus
productos. …” 690. Esta primera expedición militar china hacia el reino de Jokand, a
través de las estepas, compuesta por sesenta mil hombres, treinta mil caballos y diez
mil bestias de carga, buscaba los ansiados caballos de aquel reino; y cuando después
de asediar su capital (101 a. C), los militares chinos emprendieron el regreso, llevaban
consigo varias decenas de caballos escogidos, diez mil sementales y un número
indeterminado de yeguas preñadas; pero las muchas dificultades que ofreció el
regreso del ejército, obstaculizado por tan numeroso botín, fueron la causa de que
poco más de un millar de cabezas llegasen a su destino. Con ellas se inició una nueva
e importante etapa de la cría caballar en China 691. Wu-ti se percató de que las
ciénagas del Yang-tsé, a donde como sabemos los había relegado [Link]-ti, no
eran idóneas para la cría de caballos y ordenó la expropiación de amplias zonas del
noroeste del país, en cuyas tierras ordenó la siembra de alfalfa y hierba mu-su, que se
habían importado de Occidente. Para evitar que los caballos, que tanto les habían
costado conseguir, salieran de las manos oficiales, gravó la posesión de vehículos
686
Ibídem. Pág. 136.
687
Ibídem. Págs. 139 y 140.
688
Ibídem. Pág. 140
689
Ibídem. Pág. 140.
690
Ibídem. Pág. 141.
691
Ibídem. Pág. 141.
150
tirados por caballos a los particulares; al mismo tiempo asignó precios muy altos a los
potros e intensificó las importaciones de asnos, mulos y camellos, para que fueran
utilizados como animales de tiro 692.
Estos admirados caballos celestes eran muy superiores a los mongoles que se
criaban en el valle del Yang-tsé, debido a su alzada, a su resistencia y a la dureza de
sus cascos 693. En sus zonas de origen, los sementales permanecían en estado salvaje
y las tribus arias obtenían sus potrillos dejando sus yeguas en el campo, para que
fuesen cubiertas por ellos. Recientes estudios parecen indicar que la causa más
probable por la que sudaban sangre es debida a un determinado parásito que se
instalaba bajo la piel de su espalda y su cruz y que les provocaban minúsculas
hemorragias; parásito del que, con frecuencia, se contagiaban las madres y sus
crías 694. El poderío militar de China aseguró zonas inmejorables para la cría de estos
caballos, como las regiones de Ordós y Kasún; pero los caballos celestes debieron
enfrentarse a la competencia de los caballos mongoles tunguses y kirguises, que
impusieron sus caracteres dominantes, reflejados en las estatuillas de terracota de los
Tang, caballos reconocibles por su perfil hiperconvexo y a los que algún autor ha
considerado que sobresalen entre los corceles de todos los tiempos y de todas las
razas 695.
A los chinos debemos el que, alrededor del cambio de Era, adoptaran el primer
arnés racional para enganchar los caballos al carro; gracias a este nuevo atalaje se
empezaron a aprovechar al máximo las fuerzas del caballo, por medio de un
verdadero petral que se sujetaba a la articulación humero-escapular, sin entorpecer la
respiración del caballo 696.
692
Ibídem. Pág. 141.
693
Ibídem. Págs. 141 y 142.
694
Ibídem. Pág. 142.
695
Ibídem. Pág. 142.
696
Ibídem. Pág. 142.
697
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 111.
151
caballo fue la zona de lo que hoy es Rusia occidental, en torno al 3.000 a. C., no hay
evidencias de que en esas primeras etapas se utilizara para la monta. Para Renfrew,
la primera evidencia clara del caballo montado procede de representaciones de
caballos y jinetes pertenecientes al II milenio a. C., aunque admite que las quijeras de
hueso decorado, de Eslovequia y Hungría, pueden retrotraer la equitación a fechas
anteriores al 2.000 a. C. Existen evidencias de carros de guerra tirados por caballos en
el Próximo Oriente que se pueden fechar en torno al 1.600 a. C., y vestigios de carros
tirados por caballos o bueyes que adelantarían esta fecha mil años 698. Quesada Sanz
adelanta estas fechas hasta el IV milenio a. C.; defendiendo que parece probable que
por aquellas tiempos el caballo hubiera sido empleado para la monta en las regiones al
Norte del Mar Negro; autor que retrasa la aparición de vehículos de ruedas en las
mismas regiones hacia el 3.500-3.000 a. C699.
Si uno de los primeros usos del caballo fue como animal de carga, su
importancia debió ser crucial en el desarrollo de una economía móvil, como la del
pastoreo nómada, en la que los pastores que controlan los rebaños de cabras, ovejas
o bóvidos, debían trasladar con ellos todos sus enseres 700. Utilidad a la que habría que
sumar la del aporte cárnico y abastecedor de leche. 701 Como recurso bélico no parece
ser utilizado en el campo de batalla desde el principio de su domesticación, como
demuestra el arte figurativo, que no ofrece imágenes de guerreros a caballo hasta
fechas más tardías, como el arte de los escitas o los relieves de Asiria. La causa de su
ausencia en el campo de batalla parece residir en que no es posible para un jinete
conducir y dominar a un caballo y, a la vez, combatir, si no es gracias al recurso del
bocado. Y este artilugio, aunque parece que era utilizado ya en Ucrania desde
principios del III milenio a. C.; según D. Anthony y D. Brown, parece que se
perfeccionó y difundió hacia las estepas entre el 2.000 y el 1.500 a. C., llegando hacia
1.500 al Oriente Próximo y en el I milenio a. C. a Europa 702. Claro que el no disponer
de bocado no significa que el caballo no pudiera ser utilizado como montura; ya que
estos animales pueden ser montados y conducidos sin el mismo, aunque con menos
eficacia. El poder desplazarse sobre estos rápidos animales concedería a los
indoeuropeos invasores cierta superioridad frente a las pacíficas comunidades
neolíticas, desconocedoras de la cultura del caballo 703. En estos largos
desplazamientos, los indoeuropeos utilizarían sus vetustos y pesados carros de cuatro
698
Renfrew, C. 1990. Opus Cit. Págs. 117 y 118.
699
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 66.
700
Renfrew, C. 1990. Opus cit. Pág. 118.
701
Ibídem. 163.
702
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 111.
703
Ibídem. Pág. 111.
152
ruedas macizas, tirados con seguridad por bueyes y poco adecuados para su
utilización en el campo de batalla; sólo cuando inventaron la rueda de radio y
descargaron al mismo de buena parte de su peso, pudieron sustituirse los bóvidos por
los équidos; nuevo tiro que proporcionó al artilugio la velocidad de maniobra necesaria
para su utilización como máquina de guerra 704. Uso militar que podría ser una
consecuencia derivada de su utilización como vehículo de transporte 705.
Así, parece lógico que, desde la iniciación de los conflictos bélicos entre los
hombres, el caballo ha sido su más fiel auxiliar y compañero en el campo de batalla 706.
Igualmente, parece comprobado que tras domar el caballo, los pueblos de las estepas
iniciaron la invasión del mundo con sus caballos uncidos a los carros y que habrían de
pasar cuatrocientos años para que aparecieran los primeros jinetes en la Historia 707. A
la confusión respecto al uso del caballo por los ejércitos contribuyen hechos como la
llegada de algunos pueblos, como los celtas, que se presentaron ante nuestros ojos
montados a caballo y combatiendo sobre carros 708. Además, como entre estos
pueblos, hacia 1700 a. C., convivieron carros y jinetes, ello ha contribuido a crear la
idea engañosa de una remota antigüedad para el arte de la equitación y la posible
simultaneidad de ésta con el uso de los caballos uncidos a los carros 709. El tránsito del
conductor de los caballos desde el carro a jinete, se efectuó, según Biederman, en
Eurasia, en las zonas próximas a Europa 710, por lo que parece que la cultura del jinete
es una evolución relativamente tardía respecto a la del carro y cuyos orígenes se
sitúan en el primer milenio, estando precedida en el segundo milenio por la de
conductores de carros” 711. Estos ejércitos tenían la misión de hacer las guerras, que
en las comunidades de Oriente, “…correspondía al patrón heroico en el que tan sólo
los nobles o jefes tribales combatían en enfrentamientos que escasamente
sobrepasarían la idea de razzia, siendo especialmente con la monta y la caza como
demostrarían sus habilidades y fuerza obteniendo el coeficiente de prestigio necesario
para reafirmar el derecho que, por origen, les asistía para ejercer las funciones de
gobierno. …” 712. Buen ejemplo de ese tipo de nobles habían sido los hapiru orientales,
704
Ibídem. Pág. 111.
705
Ibídem. Pág. 112.
706
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 95.
707
Ibídem. Pág. 95.
708
Ibídem. Pág. 96.
709
Ibídem. Pág. 96.
710
Ibídem. Pág. 97.
711
Citado. Ibídem. Pág. 98.
712
Gracia Alonso, F: Roma, Cartago, Íberos y Celtíberos. Ed.. Ariel. Barcelona. 2003 (A). Pág.
45.
153
llamados maryannu, establecidos en el área del Levante sirio-palestino, una
aristocracia militar especializada en el combate con los carros de guerra 713.
Tan importante era el papel del caballo en los ejércitos de aquellos tiempos que
los reyes no dejan de mencionarlos en su correspondencia. “…Entre los grandes reyes
hay intercambio de augurios e informaciones sobre la propia salud, que incluye al rey,
a su familia, a los grandes del reino, e incluso a los carros y a los caballos… .” 714.
Buena prueba de esta correspondencia entre cortes es la que envió Salmanassar I al
rey de Ugarit, en la que aquel explica su guerra contra el rey de Khatti; de cómo dio la
orden a sus guerreros de vestirse sus corazas y subir a los carros; de como enganchó
él mismo sus propios tiros; y de cómo infringió una tremenda derrota al rey de Khatti,
que se vio obligado a huir 715.
Además, parece que la práctica de las carreras de carros es tan antigua como la
aparición del carro como instrumento de guerra. Se sabe que “… los mitanios, los
aqueos y los hititas, eran grandes aficionados a las carreras de carros, que celebraban
a lo largo de una pista recta y con recorrido de ida y vuelta tras girar en torno a una
marca. …”716. Los jóvenes guerreros mitanios, llamados “marias”, fueron célebres en el
Viejo Mundo debido a las carreras de carros que celebraban, idénticas a las descritas
por el Rig-Veda 717.
3. 3. 1. Morfología.
Parece que los caballos eran pequeños, de alzada entre 120 y 130 cm. Se
preferían sementales enteros, lo que debía generar no pocos problemas de manejo,
cuando se tratara de ejemplares territoriales y de fuerte carácter. Lión, por el contrario,
indica que los arios, que guardaban sus caballos en establos y los trababan mientras
pastaban, preferían los caballos castrados y las yeguas para engancharlas a sus
tiros 718.
713
Ibídem. Pág. 66.
714
Liverani, M. 1995. Opus cit.Pág. 373.
715
Ibídem. Pág. 465.
716
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Págs. 61.
717
Ibídem. Pág. 73.
718
Ibídem. Pág. 61.
154
Las descripciones de los caballos que los arios introdujeron en la India se hallan
en el Rig-Veda: “…tenían la cabeza y el cuerpo de color castaño claro que se
obscurecía hasta convertirse en pardo sobre el vientre y las patas, a la manera del
caballo salvaje de las estepas llamado Przewalski. …” 719. Por su descripción, este
caballo parece idéntico al que se extendió por China y Asia Oriental y al que se
propagó por Mesopotamia y llegó hasta Egipto muy cruzado con el ario, dando lugar al
caballo berberisco, al mismo tiempo que sus ramas orientales fueron los antecesores
de los manchurianos, kirguises, magiares, etc 720. Desde la utilización del caballo como
máquina de guerra, es lógico que todos los estados dieran suma importancia a la cría
de dicho animal. Herodoto nos habla sobre la importancia de la cría caballar en
Babilonia, cuando dice que había, además de los caballos destinados a la guerra,
ochocientos caballos padres y dieciséis mil yeguas, y que cada semental cubría veinte
yeguas 721.
3. 3. 2. Entrenamiento.
Entre los estados de Oriente, una de las principales preocupaciones era la del
entrenamiento de estos animales, para que evolucionaran con efectividad y no se
asustaran ante las situaciones extremas de las batallas. Y precisamente, basándose
en una técnica superior en cuanto al uso del caballo fue como los mitanios pudieron
conseguir cierta preponderancia sobre los demás estados indoeuropeos 722. Los hititas,
habitantes del país de Hatti, más allá del Cáucaso, consiguieron la alianza con los
mitanios; enemigos a los que vencieron mediante una acertada política de
matrimonios; trajeron con ellos sus caballos de tipo ario que en Anatolia proliferaron
extraordinariamente y más extraordinariamente en Cilicia, en cuyos campos agrícolas
predominaba la producción de pastos 723. Aunque muy familiarizados con el caballo, los
hititas pusieron especial interés en aprender de los mitanios los conocimientos
técnicos referentes a la cría, a la doma y al entrenamiento de los caballos de carrera,
introduciendo ellos mismos notables mejoras y llegando a crear, en Cilicia, unas
yeguadas cuya fama se prolongó hasta épocas tan posteriores como las de Salomón
(950 a. C.) y Herodoto (480 a. C.), en las que seguían abasteciendo de excelentes
719
Ibídem. Pág. 60.
720
Ibídem. Pág. 60.
721
Ibídem. Pág. 165.
722
Ibídem. Pág. 73.
723
Ibídem. Pág. 79.
155
caballos arios a los pueblos de la Antigüedad 724. Reputados caballos que fueron objeto
de exportación durante siglos 725 y que alcanzaban un precio extraordinario, si los
comparamos con los de otras especies; entre los hititas “…un caballo para enganchar
al carro ligero tenía gran valor; se pagaba por él trescientos gramos de plata, en tanto
que el mejor buey de labor sólo valía ciento cincuenta; un asno o una vaca, setenta y
un carnero, solamente treinta. … 726.
De suma importancia es el texto aparecido en Hattusas, en tablillas de barro
cocido, sobre hipología 727. Es el método de doma de los caballos del mitannio Kukkuli,
en el que se describe, con todo detalle, un sistema para entrenar caballos a lo largo de
siete meses, de modo que, al final de la doma, los caballos pudieran mantener un
trote acompasado, tirando del carro durante largas distancias 728. Está datado en el
1350 a. C., en él se dan normas sobre la alimentación y los ejercicios convenientes
para los caballos que han de uncirse a los carros de guerra 729. Kikkuki fue coetáneo de
Subililuima y de su yerno Mattiwaza y era, probablemente, un Escudero Mayor del
Estado que daba a sus alumnos hititas instrucciones sobre el adiestramiento de los
caballos; y que con seguridad llegó a Mitani como mercenario expatriado por sus
conocimientos ecuestres 730.
Detengámonos un instante en los aires en los que trabajaban estos caballos.
Según el texto, que no hace mención ni al trote ni al paso, sólo se utilizaba el galope
para los recorridos cortos; utilizándose, para los recorridos largos, el paso de
andadura 731. Este texto del mitanio coincide con las representaciones ecuestres que
nos han dejado los pueblos del Cercano Oriente 732. El galope lo representan los hititas
lo mismo que los egipcios, con los pies en tierra y las manos replegadas, como en un
salto; mientras que el paso en ambladura se refleja fielmente 733. Este es “…aquel en
que el caballo desplaza al tiempo las extremidades del mismo lado, moviéndose por
bípedos laterales. Este paso, que puede ser aprendido por el caballo pero que se
presenta de forma ingénita en algunos tipos caballares, era frecuente entre los tipos de
Asia, …” 734.
724
Ibídem. Pág. 79.
725
Ibídem. Pág. 106.
726
Ibídem. Pág. 79.
727
Ibídem. Pág. 80.
728
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 76.
729
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 80.
730
Ibídem. Págs. 80 y 81.
731
Ibídem. Pág. 81.
732
Ibídem. Pág. 81.
733
Ibídem. Pág. 81.
734
Ibídem. Pág. 81.
156
El entrenamiento de los caballos comenzaba al llegar la primavera y parece que
en la primera jornada se trataba de descubrir las aptitudes de cada uno de ellos; en
este primer día los caballos debían recorrer, enganchados y al paso de andadura, un
total de veinticuatro kilómetros; más tres carreras cortas, al galope, de 1.400 metros en
conjunto 735. En los tres días siguientes disminuyen las distancias a recorrer, lo mismo
que lo hacen la bebida y la comida que se da a los caballos, con la probable finalidad
de hacerlos perder la grasa superflua 736. El cuarto día, tras recorrer 12 kilómetros al
paso de andadura, se los hace galopar una larga distancia, para hacerlos sudar al
máximo; al llegar a la cuadra, previamente caldeada, se les abriga. Ese día se les da
para beber dos cubos de agua salada y uno de agua de cebada 737. Además, se
someten a una especie de cura, a base de frecuentes baños. Los cinco primeros días
de la doma, los caballos pastan en libertad, pero los diez siguientes se los mantiene en
la cuadra, atados al pesebre para que no se tumben y se les da mucha hierba fresca;
tratamiento laxante que parecía estar encaminado, también, a lograr el
adelgazamiento del animal 738. El día vigésimo primero y los tres que le siguen se
efectúan ejercicios ligeros al atardecer, sin carros y de 600 metros; por la noche se les
da a los caballos hierba fresca en cantidad 739. En los diez días siguientes se someten
los caballos a un ejercicio de 12 kilómetros, al paso de andadura y sin carro; y otro al
atardecer, también al paso de andadura, pero uncidos a los carros; estos ejercicios
irán aumentando paulatinamente su longitud, efectuándose, por el día, paseos largos y
reposados; y por la noche, paseos cortos, pero a paso rápido 740. A partir del día
cuarenta y seis, los caballos empiezan a galopar en distancias cortas que se
aumentarán progresivamente 741.
El texto de Kikkuli relata día a día los cuidados y el entrenamiento de los
équidos, sin olvidar la composición del pienso y los elementos que lo integran, así
como las cantidades de agua, salada o de cebada, que se les habrán de
proporcionar 742. Alimentos para caballos, como el heno, la paja picada o la cebada ya
eran usados en 1350 a. C. Gracias al texto de Kikkuli, ha quedado, para la posteridad,
la constancia de una terminología indoirania relacionada con el adiestramiento de los
caballos de guerra: asvas (caballo); assussanni (criador de caballos); asuwaninni
735
Ibídem. Pág. 82.
736
Ibídem. Pág. 82.
737
Ibídem. Pág. 82.
738
Ibídem. Pág. 82.
739
Ibídem. Pág. 82.
740
Ibídem. Pág. 82.
741
Ibídem. Pág. 82.
742
Ibídem. Págs. 82 y 83.
157
(auriga); maryannu (combatiente en el carro; o babrunnu (marrón-rojo, respecto a la
capa de los caballos) 743.
3. 3. 3. Cuidados.
3. 3. 4. El caballo en la caza.
Las noticias más remotas sobre la caza, entre las monarquías orientales del
Próximo Oriente, se remontan al III milenio a. C. cuando se expandieron la literatura y
el arte sumerio; incursiones cinegéticas reales que, como todas las actividades de los
reyes, estaban imbuidas de un simbolismo y de un significado en concordancia con la
mentalidad de los mismos 746. Muchas de estas correrías cinegéticas tienen lugar a
caballo o desde carros tirados por ellos; “…los cazadores a caballo empleaban un
sistema ideado por los lugareños de los montes Zagros para dar muerte a animales
grandes: el jinete adelantaba con rapidez a la pieza hasta dejarla detrás, a una
prudente distancia de su cabalgadura. Después, totalmente girado hacia ella y sin
dejar de galopar, se aprestaba a dispararle la flecha mortal. Maniobra más sencilla
pero igualmente eficaz, era colocar al caballo a la par que la presa para clavarle la
lanza en la cerviz. …” 747. Ya, desde el período orientalizante, los caballeros
demostraban, con los ejercicios de monta y caza, sus habilidades y su fuerza;
demostración con la que obtenían el coeficiente de prestigio necesario para reafirmar
743
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 359.
744
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 79.
745
Ibídem. Pág. 80.
746
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 118.
747
Ibídem. Pág. 124.
158
el derecho que poseían, debido a sus orígenes, para ejercer las funciones de
gobierno 748.
En Egipto, con la aparición del caballo y su utilización como animal de arrastre,
lo que ocurrió durante la XVIII dinastía (ca. 1500 a. C.), las escenas de caza
abandonan los recintos funerarios y se consolidan en los muros de los templos 749.
La historia general del vehículo para la guerra, del que tiraban los caballos, es
larga y documentada. Los primeros carros tenían cuatro ruedas macizas y se
dedicaban preferentemente al transporte de mercancías. Más tarde apareció el de dos
ruedas, tirado por onagros, que ocupaba un combatiente que se sentaba en él a
horcajadas, y que al tener que conducir y mantener el equilibrio, no podía manejar el
arco o cualquier otra arma con eficacia 750.
748
Gracia Alonso, F: La guerra en la Protohistoria. Ed. Ariel. Barcelona. 2003 (B). Pág. 45.
749
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 132.
750
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
751
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 74.
752
Ibídem. Pág. 74.
753
Ibídem. Pág. 74.
159
que, por ejemplo, hallamos en los carros egipcios y del Próximo Oriente, cuyos ejes
situados en el extremo trasero de la caja aseguraban la máxima estabilidad en los
movimientos bruscos, aún a costa de cargar más peso sobre los hombros de los
caballos que tiraban del mismo 754. A este tipo de carros pertenecen los encontrados en
la tumba de Toutankhamon, al lado de cuya puerta había carros desmontados, con
ruedas de seis radios y de, casi, un metro de diámetro 755; además, a la estabilidad
proporcionada por la localización trasera del eje, habría de sumarse la generada por la
anchura del mismo. La rueda se construía de una sola pieza que se curvaba hasta
hacerla circular, procedimiento que las convertía en extremadamente ligeras y
resistentes; las llantas eran de bronce 756. Estos carros, conocidos en Egipto y Grecia
durante la Edad del Bronce, servían para las paradas de la aristocracia y, a partir del
fin de la época micénica, como carros de carreras; así parece probarlo un fragmento
de ánfora, del siglo XIII a C., encontrado en Tirynthe (Argólida) y en el que podría
representarse una carrera de carros, según parece mostrar la escena de los caballos
enganchados a carros de dos ruedas, cuyos aurigas, sin armas, aguijonean a los
mismos 757.
Carros de guerra de dos ruedas había aparecido por primera vez en Mitanni,
donde parece que fue introducido por la aristocracia indoeuropea de tipo indo-iranio,
que dominaba ese imperio. Como también los griegos de época micénica utilizaran
ese instrumento de guerra, parece que pudiera tratarse de un desarrollo compartido,
en un principio, tan sólo por griegos e indo-iranios; y aunque parece que también los
hetitas combatieron en esa clase de carro, todo hace pensar que pudieran haber
aprendido esa técnica de Mitanni, como parece sugerir el tratado hetita de hipología,
que firma nuestro conocido Kikkuli 758. Mitanni y Hatti, junto con el reino nuevo de
Egipto, la Babilonia casita y Micenas, conforman el conjunto de estados de la Edad del
Bronce pleno que tenía como mejor instrumento ejecutivo a su ejército, cuya arma
principal la componían la letal combinación de un vehículo tirado por rápidos caballos y
unos soldados profesionales, los aurigas, pertenecientes a las clases aristocráticas y
armados con el poderoso arco compuesto 759.
Este vehículo era ya un arma nueva, que en nada se parecía a los primitivos
modelos sumerios. Era un vehículo de dos ruedas con radios, cuatro al principio, y una
754
Ibídem. Pág. 75.
755
Decker, W. et Thuillier J. P: Le sport dans l´Ántiquité. Ed. Antiqua et Picard. Paris. 2004.
Págs. 31 y 32.
756
Lión Valderrábano, R.1970. opus cit.Pág. 61.
757
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 77.
758
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 113.
759
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Págs. 68 y 69.
160
lanza sencilla, del que tiraban dos caballos dominados por un bocado metálico. De
caja pequeña y abierta por detrás, estaba concebido para acomodar, de pie, sólo dos
o tres personas 760. Las primeras imágenes sobre estos carros nos las proporcionan la
colonia comercial de Kanesh (Kultepe, Anatolia), a principios del siglo XIX a. C.; en
donde los caballos son guiados mediante el arcaico sistema de anillas en las
narices 761. Carros que, si al principio, se construyeron en escaso número y se
reservaron para realzar el prestigio de las clases elevadas, en las ceremonias, pronto
se convirtieron en imprescindibles en el campo de batalla 762. Presencia insignificante
en sus albores, según narra, sobre el asedio de Urshu, una obra épica hitita de
tiempos de Hatussil I, en la que se menciona una fuerza de treinta carros en el ejército
del rey hitita, y de ochenta entre los hurritas, sus oponentes 763. Pero estas cifras
aumentaron en los campos de batallas, a medida que pasaba el tiempo; sirvan estos
ejemplos: el faraón Tutmés III (XVIII dinastía, hacia 1.500 a C) capturó a sus enemigos
decenas de carros y cientos de caballos; en su sexta campaña se hizo con 188
caballos y 40 carros; y en la toma de la ciudad de Ullaza capturó 492 prisioneros, 26
caballos y 13 carros 764. El manejo de arma tan vital en el desarrollo de las batallas
exigió una especialización de los guerreros que la manejaban, que se convirtieron en
una élite creciente en el seno de los ejércitos de la época, de los que son buenos
ejemplos los maryannu mitannios 765.
Los carros de guerra tenían múltiples usos: plataforma móvil desde la que lanzar
armas, medio rápido para alcanzar al enemigo que huye, o fuerza de carga contra la
infantería enemiga. Si todos los autores aceptan la utilización del carro respecto a los
dos primeros usos; otros dudan del uso del mismo como fuerza de carga contra la
infantería enemiga, ya que, argumentan, los caballos jamás se lanzarían contra un
obstáculo macizo y quieto 766. Liverani se opone a estos últimos, alegando que las filas
de infantes no eran tan apretadas como para formar un muro macizo ante el que se
plantaran los caballos y que, más bien, serían los infantes enemigos los que huirían
760
Ibídem. Pág. 69.
761
Ibídem. Pág. 69.
762
Ibídem. Pág. 71.
763
Ibídem. Pág. 71.
764
Ibídem. Pág. 71.
765
Ibídem. Pág. 80.
766
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 362.
161
ante el ataque de los carros 767. Así pues, la táctica más habitual en las cargas de
guerra de aquellas fechas, podríamos imaginárnoslas como el ataque de los carros de
un contrincante contra la infantería del enemigo a la defensiva; a los carros atacantes
los seguiría su infantería, mientras que los carros enemigos rodearían a los atacantes
por los flancos 768. Además, parece que el uso del carro no se limitaba a su utilidad en
la propia de batalla, ya que se sabe que los correos escritos en tabletas de barro
cocido, transportados en carros de guerra, recorrían continuamente los caminos de
Siria y Sinaí 769.
Aunque su principal aplicación fue de carácter bélico, lo que supuso una
revolución en la técnica del combate; caballos y carros ligeros se usaron también para
la caza, que con seguridad tenía un importante valor simbólico, pero escaso o nulo
interés político 770. Estas escenas serán ampliamente representas en la iconografía, y
se extenderán desde el Egeo hasta Egipto; lugar este último en el que se convierte en
la representación típica del faraón; y en Siria, carros y caballos, se convierten en
requisito ideal de la heroicidad real 771. Ese es el mensaje que transmiten las
representaciones asirias cuando presentan al rey como capaz de dominar las fuerzas
salvajes de la indómita naturaleza 772. Carros y caballos son necesarios, además, para
adornar todo tipo de aventuras, como la que relata el texto egipcio que describe la
aventura del príncipe que parte hacia tierras lejanas para encontrarse con una
princesa de la que lo separan múltiples obstáculos 773.
767
Ibídem. Pág. 362.
768
Ibídem. Pág. 362.
769
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 74.
770
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
771
Ibídem. Pág. 449.
772
Ibídem. Pág. 593.
773
Ibídem. Pág. 449.
162
textiles 774. En el mismo complejo se encontraba el arsenal de los carros, donde se han
hallado numerosas piezas para su fabricación, además de bocados de bronce
articulados y armas 775. Estos carros se fabricarían con probabilidad en los mismos
palacios, como parecen confirmar las inscripciones de diversas tumbas de Sakkara,
donde se documentan títulos como “Jefe de fabricantes de carros” 776.
Pero probablemente, no todos los reyes construirían sus carros; por ejemplo
para Egipto se piensa que sus carros habrían sido conseguidos mediante botines de
guerra o por compra en talleres extranjeros; argumentación basada en que muchos de
los materiales indispensables en la fabricación de los carros, como la madera de
fresno o la corteza de abedul, no se dan en Egipto 777. Claro que contra esta última
argumentación hablan las evidencias del envío de abundante materias primas a este
país; además, los textos y la iconografía confirman que durante el Reino nuevo, el
Estado comenzó a controlar la construcción y la reparación de los carros de guerra 778.
Además de los talleres encargados de la fabricación de los mismos debieron
existir talleres dispersos especializados en su reparación, como muestra el papiro
Anastasi I del Museo Británico, sobre el taller de reparación de Jaffa, Palestina :
“…Llegas al arsenal; los talleres te rodean por todas partes; se te acercan los
metalúrgicos y los trabajadores del cuero. Hacen todo lo que deseas. Se ocupan de tu
carro, para que deje de estar inútil […] Y ahora marchas rápido a luchar en el campo
de batalla, a realizar las hazañas de un valiente. …” 779.
En los palacios micénicos, como Pilos o Cnosos, nos encontramos el mismo
panorama que en Egipto, aunque a escala más reducida. Es con el nacimiento de la
cultura micénica cuando encontramos, en el círculo A de tumbas de Micenas, estelas
donde aparecen imágenes de carros ligeros, de ruedas radiadas, y tirados por
caballos 780. En Cnosos se han encontrado tablillas relacionadas con los arsenales
donde se guardaban carros enteros y desmontados, y cuyas cifras nos hablan de un
arsenal disponible aproximado de 200 carros, número que parece confirmarse, según
los hallazgos, también para Pilos 781. Parece, pues, que desde mediados del II milenio
a. C, tanto las grandes potencias del Próximo Oriente, como algunas de las menores y
las periféricas, desarrollaron un elaborado sistema de arsenales, establos, talleres de
774
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 95.
775
Ibídem. Pág. 95.
776
Ibídem. Pág. 81.
777
Ibídem. Págs. 93 y 94.
778
Ibídem. Págs. 94 y 95.
779
Citado. Ibídem. Pág. 91.
780
Ibídem. Pág. 100.
781
Ibídem.Pág. 101.
163
producción y reparación centralizados para los carros y las armas asociadas a su
uso 782.
Mantener estas unidades de carros era costoso. Al valor del carro, había que
añadirle el de los caballos, el de las armas ofensivas y defensivas y el de las corazas;
innovación, ésta última, que había comenzado a utilizarse hacia el Bronce Tardío y
que cumplía con la misión de proteger al caballo y a los caballeros; a estos costos
había que sumar el complicado adiestramiento de las bestias 783. Por otra parte, los
palacios orientales debían disponer de suficientes medios económicos para pagar a
los carristas. Y parece que la forma de remunerarles sus servicios era la concesión de
lotes de tierra a cambio del servicio militar; tierras que en muchas ocasiones estos
mismos militares dedicaban a la cría de caballos 784. Las relaciones de solidaridad
entre estos combatientes en carro y el rey, le abrió las puertas de palacio a esta nueva
aristocracia que se sumó al grupo de administradores del monarca, con el que
formaban el núcleo dirigente y por el que gozaban de una posición socioeconómica
privilegiada 785. Esta práctica también llega a Babilonia, durante el período casita,
mediante la que el rey concede a los guerreros profesionales que conducen carros y
caballos importantes propiedades rurales; apareciendo un nuevo tipo de propiedad, las
asignaciones rurales a la aristocracia 786. De los presupuestos necesarios para
mantener estos ejércitos, nos dan fe los textos celebrativos, que aunque puedan ser
exagerados, nos informan sobre la consistencia de las tropas. Sirva como ejemplo la
batalla de Qarqar en la que lucharon los asirios contra los confederados sirios, y donde
estos últimos formaron con 4.000 carros, además de 55.000 infantes, 2.000 caballeros
y 1.000 camelleros 787.
782
Ibídem. Pág. 106.
783
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 362.
784
Ibídem. Pág. 362 y 363.
785
Ibídem. Pág. 363
786
Ibídem. Pág. 476.
787
Ibídem. Pág. 636.
164
Los onagros fueron las animales que engancharon los sumerios a sus carros, ya
que en Sumer no se conocía el caballo 788; eran tiros de dos o cuatro animales, según
se desprende de las representaciones de carros que han llegado hasta nosotros 789,
como la cuadriga de Tell Agraf 790. El asno formaba parte del patrimonio zootécnico del
Oriente Próximo desde la época neolítica, siendo la bestia de carga por excelencia; y
su variedad salvaje, el onagro, por su robustez, era la que se utilizaba para tirar de los
carros de cuatro ruedas 791. El carro de los sumerios era muy primitivo, con un eje
inmóvil que no le permitía maniobrar con rapidez y que requería un terreno llano para
su óptima utilización; lo ocupaban el conductor y el guerrero 792.
Para Liverani el uso del caballo de forma habitual no se produjo hasta el II
milenio a. C., debido a su área de distribución y a las dificultades de su domesticación.
Además, su importancia histórica no fue tan grande como para que apareciera en los
textos de forma destacada; su nombre sumerio anse kurra (burro de montaña) lo
describe como una variante exótica y salvaje del burro 793. Pero el caballo, a mediados
de este II milenio, irrumpe de forma definitiva en Oriente Próximo y se propaga
rápidamente por todo el área, hasta Egipto. “…Se usaba para tirar de un carro ligero
dotado de dos ruedas con radios, construido con una selección de maderas duras. Su
ligereza permitía que un par de caballos uncidos tirasen de un carro en el que cabían
dos personas (un auriga y un arquero), alcanzando una velocidad considerable. …” 794.
El nacimiento del carro de dos ruedas tirados por caballos aparece en el ámbito
iranio, como demuestra el hecho de que la terminología relacionada con este tipo de
doma tan difícil incluya términos y frases indoiranias, que aparecen en el idioma
original en textos escritos en hitita o acadio 795. Si los iranios fueron los creadores de
este artefacto, a medida que iba penetrando en otras regiones como Mesopotamia,
Anatolia o Siria, se iba perfeccionando 796. Parece que, cuando los kasitas,
procedentes de los montes Zagros, conquistaron Babilonia llevaron por primera vez
con ellos los caballos, que sustituyeron al onagro en los tiros de los carros; los
788
Lara Peinado, F. 1999. Opus cit. Pág. 134.
789
Ibídem. Pág. 117.
790
Ibídem. Pág. 196.
791
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
792
Lara Peinado, F.1999. Opus cit. Pág. 117.
793
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 360.
794
Ibídem. Pág. 360.
795
Ibídem. Pág. 360.
796
Ibídem. Pág. 360.
165
mesopotámicos llamaron a los caballos, “asnos de Oriente” y allí proliferaron de tal
forma como para que un rey kasita pudiera, muy poco tiempo después, jactarse de
que los caballos, en su reino, eran comunes como la paja 797.
Parece que la silla la constituían una tela para algunos y, para otros, la piel de
algún animal y que los estribos eran desconocidos 798. Desconocida era, también, la
herradura, pero su desconocimiento no representaba un grave inconveniente, ya que
los caballos han ido perdiendo, con el tiempo y con el uso de herraduras, la dureza
primitiva de sus cascos. Según los experimentos realizados por el Dr. Heck para
conseguir recuperar al primitivo tarpán, que se extinguió hace poco tiempo, entre los
caracteres secundarios presentes en el caballo reconstruido destaca la dureza de sus
cascos, que le han permitido recorrer una distancia tan larga como 1.500 kilómetros
antes de tener el más ligero desgaste 799.
Parece, como ya sabemos, que el honor de ser los primeros équidos uncidos a
los carros pertenece a los onagros y que éstos eran conducidos mediante unas anillas
sujetas a su labio superior o a sus fosas nasales y sobre las cuales actuaban las
riendas; procedimiento que se usó también para conducir a los bueyes que se
uncieron a los carros pesados 800. Pero cuando los caballos comenzaron su expansión
(hacia el 1.800 a. C.) usaban ya bocados de bronce y cabezadas de cuero con
refuerzos y adornos de metal 801. Algunos quieren ver el origen del bocado en la
jáquima, simple cabezada de cuerda, cuyo ronzal del mismo material sirve de rienda;
en la búsqueda de la efectividad, una vuelta de la misma, se llegaría a introducir en la
boca del caballo, práctica que desembocó en la utilización del bocado de metal 802.
En las estepas situadas al norte del Mar Caspio y de los lagos Aral y Balkach,
han aparecido, junto a caballos y sus arneses, las camas de bocado más antiguas que
se conocen, fabricadas en huesos labrados y provistas de un orificio central, en el que
se ajustaba la embocadura de bronce 803. Posteriormente han aparecido en Europa
camas de bocado de factura similar. Poco a poco, las embocaduras rígidas van siendo
sustituidas por los bocados articulados, como sucedió hacia 1.500-1.300 a. C. en
797
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 54.
798
Ibídem. Pág. 100.
799
Ibídem. Pág. 100.
800
Ibídem. Pág. 100.
801
Ibídem. Pág. 101.
802
Ibídem. Pág. 100.
803
Ibídem. Pág. 101.
166
Transilvania, donde aparecieron bocados articulados, como el encontrado en Uioara
(Felsöujvar) que será el que, con pocas variaciones, se extienda por regiones tan
distantes como el oeste de Hungría, el sur de Alemania, el norte de Italia y el este de
Francia. 804. Para sujetar los caballos al pesebre se utilizaban cabezadas de cuadra,
con seguridad, de cuero 805.
Si el carro de dos ruedas radiales y tirado por caballos aparece hacia el 1.800-
1.600 a. C. en las estelas funerarias micénicas (1.600 a. C.), en los relieves hititas
tardíos y en escenas de batallas anteriores al período de al- Amarna en Egipto 806, su
uso parece anterior al del caballo montado; pero no todo el mundo comparte esta
opinión, ya que el romano Lucrecio (94-51 a. C.), por el contrario, sostiene que “…el
uso de montar a caballo con armas, gobernarlo con el freno y combatir con la diestra
fue anterior al de tentar los riesgos de la guerra en carro de dos caballos. Y el tiro de
dos caballos precedió a la cuadriga y al guerrero montado en carro guarnecido de
hoces. …” 807.
Con todo, llegó un momento en que el empleo militar del carro entró en
decadencia, debido, principalmente, a la aparición de la caballería montada, menos
costosa y de más fácil maniobrabilidad. Por ejemplo, durante la llamada Edad Oscura,
en el Egeo y Chipre, gozó de una época de esplendor, en la que siguió siendo el
vehículo de la aristocracia homérica, pero ya no un arma efectiva; parece haberse
empleado como vehículo de transporte para acudir al campo de batalla y, además,
como símbolo de riqueza y prestigio 808. Por ejemplo, la pérdida de este carácter militar
se constata ya en el siglo VIII a. C. en las estelas del suroeste español, lugar donde el
carro ya había perdido su papel militar, pero donde se había realzado aún más una
doble función simbólica; como elemento expresivo del prestigio y la riqueza de los
aristócratas militares, por un lado, y por otro, como símbolo funerario, por su utilización
como vehículo de transporte al Más Allá 809.
804
Ibídem. Págs. 101 y 102.
805
Ibídem. Pág. 101.
806
Renfrew, C.1990. Opus cit. Pág. 164.
807
Lucrecio Caro. 2001. Opus cit. Pág. 121.
808
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 72.
809
Ibídem. Pág. 73.
167
Ahora, los pueblos que habían conquistado el Viejo Mundo hubieron de aprender
con premura el nuevo arte para subsistir, ya que el guerrero de carro se encontraba en
inferioridad maniobrera respecto al jinete, mucho más ágil y con mucha más capacidad
para evolucionar 810. Entonces, parece lógico que cuando el hombre descubrió la
equitación mejoró notablemente el aprovechamiento de los caballos para la guerra, ya
que a la mayor agilidad de los caballos desuncidos y a la mayor rapidez, hemos de
sumar el menor coste, derivado de la eliminación del carro en el campo de batalla;
objeto que desde ahora en adelante quedará relegado a simple vehículo de
ostentación en las paradas triunfales 811.
Una de las misiones especiales encomendadas a los caballeros era la de la
mensajería, misión que parece datar desde los albores del arma, como parece
constatar la carta que se conserva de la ciudad de Mari, en la que se hace referencia a
la peripecia de un mensajero real del rey Zimri-Lim a quién le habían robado el caballo
y diez asnos cargados de enebro 812.
810
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 98.
811
Ibídem. 1970. Pág. 99.
812
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 69.
813
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 262.
814
Ibídem. Pág. 607.
168
estribar, además de en los inconvenientes propios de la climatología adversa, en la
posibilidad de alimentar a las tropas sobre el terreno de batalla con, tan sólo,
apoderarse de las cosechas que se extendían por doquier 815.
Llegados a la etapa final de la Edad del Bronce, se empieza a usar el caballo
para montar en vez de uncidos a los carros, uso que se generalizaría en la Edad del
Hierro. Buen ejemplo del empleo del caballo en aquellas fechas nos lo proporciona
Israel, donde encontramos a su primer rey, Saúl, combatiendo contra los filisteos que
se presentaron en el campo de batalla con seis mil caballos que tiraban de los tres mil
carros filisteos participantes en la contienda; los carros y el hierro, elementos de los
que no disponían los hebreos, determinaron la superioridad de los filisteos 816. A Saúl lo
sucedió David, que conocía el uso de carros y caballos porque los había usado
cuando había militado en las filas de los pulesatas, otro de los Pueblos del Mar;
conociendo pues la ventajas de la caballería. Tras derrotar al rey de Sobá,
arrebatándoles 17.000 guerreros de carro y 20.000 infantes, inutilizó todos los
caballos, excepto los doscientos que reservó para enganchar a los cien carros que
juzgó poder mantener, debido al elevado coste de su posesión 817.
Y ya en la plenitud de la Edad del Hierro (960-920 a. C., aprox.) vivió Salomón
hijo y sucesor del rey David, reinado durante el que recibieron un gran impulso las
grandes obras públicas iniciadas por su padre; rey que, además de construir
monumentos en Jerusalén, organizó centros administrativos y militares a los que
proveyó de almacenes, establos y fortificaciones 818. Con Salomón llegó la Edad de Oro
del pueblo de Israel, cuya economía, basada en la explotación de las minas de cobre y
en un floreciente comercio con los demás pueblos, le permitió costear el caro lujo de
importar, a su reino, carros y caballos por vez primera 819. Desde el punto de vista de la
historia del caballo, muchos autores dan primordial importancia al reinado de Salomón,
ya que las tradiciones árabes sostienen, en sus leyendas, que sus caballos proceden
de los caballos regalados por el hijo de David a la reina de Marib (Saba) 820. Los
caballos de Salomón procedían de Cilicia, los vendía a los egipcios y exportaba carros
a Asia Menor, para los reyes hititas y los de Aram 821. Respecto a los caballos, esto es
lo que podemos leer en Reyes: “…los caballos los traía de Musri (área del Tauro) y
Coa (Cilicia), una caravana de comerciantes del rey compraba a un precio
815
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 144.
816
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 113.
817
Ibídem. Pág. 113.
818
Liverani, M. 1995. Opus cit. Pág. 522.
819
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 114.
820
Ibídem. Pág. 114.
821
Ibídem. Pág. 115.
169
determinado; una pareja para un carro costaba, al salir de Musri, seiscientos siclos de
plata, y un caballo, ciento cincuenta siclos. Los traían también para los reyes de los
geteos y los de Siria. …” 822. En cuanto a los contingentes que Salomón mantenía en
sus ejércitos, recurrimos a I Reyes (10, 26, 28, 29) en dónde se nos indica que en sus
cuadras se alojaban los caballos necesarios para movilizar un ejército constituido por
1.400 carros y 12.000 jinetes; pero en I Reyes (4, 26-28) se indica que “…Tenía
Salomón en su caballerizas 40.000 caballos para carros y 12.000 de montura, a los
que mantenían los proveedores del rey […] que conducían cebada y paja para
caballos y bestias de carga. …”823. En Tell-el-Muteselim (Magueddo) se han
descubierto las cuadras que construyó Salomón; amplias, de práctico trazado y con
pesebres individuales, podían albergar hasta 450 caballos 824. Los establos estaban
edificados en torno a un gran patio central, con suelo de cal apisonada y cardado, para
evitar que los caballos resbalaran; “…En muchas de ellas se encuentran residuos de
los pesebres y pueden verse aún trozos de las canalizaciones para el agua. Hasta
bajo el punto de vista actual se trata de caballerizas lujosas. Por el extraordinario
cuidado que se puso en su construcción y en su disposición, cabe deducir que en
aquella época los caballos eran muy apreciados. …” 825.
Fueron diversas tribus, como hititas, hurritas, mitanios y habirus, las que hacia
1730 a. C. y procedentes de Oriente, se presentaron a las puertas de Egipto. En
concreto, los hicksos llevaron con ellos a Egipto nuevos elementos de poder, entre los
que destacaban los carros y los caballos, que lograron horrorizar a los egipcios, por
su espectacularidad y por su enorme eficacia en el combate 826. Pero el fin de la
preponderancia hicksa llegó, y lo hizo de la mano de Amosis I, fundador de la XVIII
dinastía y al cual, el destino le reservó la gloria de liberar a su patria de los invasores,
al adoptar la máquina de guerra de los hicksos, el carro tirado por dos caballos 827.
Entre los sucesores de Amosis destaca Tutmosis III, que realizó con unidades de
carros sus punitivas expediciones. Entre sus campañas militares destaca la derrota
822
Gracia Alonso, F. y Munilla, G: Protohistoria. Pueblos y culturas en el Mediterráneo entre los
siglos XIV y II a. C. Ed. Universidad de Barcelona. Barcelona. 2004. Pág. 245.
823
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 116.
824
Ibídem. Pág. 116.
825
Ibídem. Pág. 116.
826
Ibídem. Pág. 67.
827
Ibídem. Pág. 70.
170
que le infligió al rey de Kadesh, en Magueddo, donde se presentó en un carro con
adornos de oro y plata. Montado en él y viajando a la cabeza de sus ejércitos,
emprendió una veloz marcha desde Egipto a Magueddo, realizando una demostración
de la movilidad y la esmerada organización de su ejército. Tras la derrota infligida al
rey de Kadesh, le capturó 924 carros y 2.238 caballos; y haciendo gala de su espíritu
irónico, les proveyó de asnos, para que regresasen a sus tierras cabalgando sobre
ellos 828. Los carros que utilizaban estos contrincantes de Tutmosis eran similares a los
empleados por hicksos y egipcios, con ruedas de cuatro radios y arrastrados por dos
caballos; y según el cuenco de oro que se conserva en el Museo Nacional de
Damasco (prefenicio, del siglo XVI a. C.), el arquero llevaba las riendas sujetas a su
cintura, para poder manejar el arco 829. Hicksos y egipcios incorporaron a la lanza de
sus carros un adorno de cobre bruñido y repujado, en forma de abanico, que aunque
parecía el escudo simbólico del auriga, era en realidad un artefacto que reflejaba los
rayos del sol, y servía para deslumbrar al enemigo y asustar a sus caballos 830.
Ramsés II se enfrentó a los hititas a las puertas de la ciudad de Kadesh, en abril
de 1295 a. C. Si la que mantuvo Tutmosis, en Magueddo no se puede considerar
ejército organizado, en la de Ramsés fue la primera ocasión en que aparecen jinetes
en un campo de batalla 831. Sobre el importante papel de la caballería en esta batalla,
escuchemos a Lión: “… No creo que pueda caber la menor duda respecto al papel
transcendental que en esta jornada tuvo la Caballería; el número de carros que en ella
tomó parte, cercano a los 5.000; el movimiento envolvente efectuado por los hititas
hasta la base de partida de una formidable carga de carros, que sorprendió y destrozó
la segunda División egipcia; el rápido traslado de los escuadrones para montar el
ataque al campamento de Ramses y el sacrificio final de los tres comandantes de la
caballería hitita, muertos a la cabeza de sus hombres por asegurar la retirada de su
ejército, dicen claramente que el Arma, en su pujante juventud, fue la reina en el
campo de batalla. Por último, la actuación de unos cuantos jinetes, pioneros de lo que
ya muy pronto será la Caballería, hacen que la batalla de Kadesh deba ser
considerada como el primer hito de la Historia Universal de la Caballería. …” 832. A
partir de esta batalla, el carro va paulatinamente aumentado su tamaño, su peso y el
número de sus tripulantes; hasta llegar a los que prestan servicio en el ejército de Ciro,
cargados con veinte guerreros, blindados con chapas de hierro y provistos de
828
Ibídem. Pág. 72.
829
Ibídem. Pág. 73.
830
Ibídem. Pág. 71.
831
Ibídem. Pág. 86.
832
Ibídem. Pág. 90.
171
guadañas en los ejes de las ruedas, lo que propicia la pérdida de su anterior movilidad
y velocidad 833. Esta última parece ser la razón por la que las unidades de carros ceden
su importancia a una nueva forma de caballería, más ágil y veloz, los escuadrones de
jinetes 834.
Los caballos llegaron a Europa de la mano de las tribus arias que trajeron con
ellos a los équidos, que tiraban de sus carros de guerra 835. Una tribu irania, los
aqueos, irrumpió en la Península Balcánica, llevando con ellos carros tirados por
caballos, de los que eran excelentes domadores 836. Después penetraron en Grecia
(1800 a. C) que, gracias a ellos, fue el primer pueblo del ámbito mediterráneo que
conoció el caballo; fundaron su capital en Micenas, en una de cuyas estelas se
representan escenas en las que estos guerreros aqueos manejan sus carros de
guerra, así como las armas con las que se pertrecharon: escudos redondos y ovales,
yelmos cónicos de piel, largas lanzas y espadas de dos filos 837. Nobles micenios que,
además de la obligada guerra, tenían como aficiones la caza y las carreras de carros,
como demuestra el megarón del palacio de Micenas, en el que se puede contemplar
un gran fresco mural que representa un grupo de caballos, con sus palafreneros, antes
de ser enganchados 838.
Hacia el siglo XVI a. C. aparecen las pinturas rupestres que, en el norte de Italia,
muestran carros y caballos; poco después lo harían en Europa Central y, hacia el fin
del segundo milenio, llegarían a España 839. Así fue como, en pocos años, los caballos
que habitaban las estepas del sur de Rusia Meridional y Asia Central se esparcieron
por el Viejo Mundo hasta su propagación total 840.
833
Ibídem. Pág. 91.
834
Ibídem. Pág. 91.
835
Ibídem. Pág. 55.
836
Ibídem. Pág. 57.
837
Ibídem. Pág. 57.
838
Ibídem. Pág. 57.
839
Ibídem. Pág. 57.
840
Ibídem. Pág. 64.
172
4. LOS GRIEGOS Y EL CABALLO.
“…para el Estado ideal, que los guerreros, desde la primera infancia, sean
enseñados a montar a caballo para conducirles luego, una vez
adiestrados, a los lugares de la lucha, pero no en caballos ardientes y
belicosos sino en otros más rápidos y más dóciles. De esta forma verán
mejor y con más seguridad el menester que les espera… .” 841.
(Platón).
4. 1. LOS GRIEGOS.
Aristóteles, en su Política, asegura “…que los pueblos que habitan los climas
fríos de Europa son, en general, valerosos, pero inferiores en inteligencia y en
industria; las naciones asiáticas tienen más inteligencia y mayor aptitud para las artes,
pero carecen de virtud guerrera; la raza griega, intermedia entre aquellos y éstas,
reúne sus cualidades: posee juntamente la inteligencia y el valor. …” 842. Sobre los
griegos es necesario reseñar que los mismos no son la población autóctona de Grecia,
con lo que queremos decir que no son descendientes directos de la población neolítica
que habitaba en aquellos territorios; orígenes de los que los propios griegos tenían
conciencia, ya que sabían que antes de ellos hubo allí otros habitantes, que recibían
varios nombres: pelasgos, tirsenos, léleges, carios, eteocretenses, y a los que los
griegos consideraban bárbaros 843. Aunque Grecia parece una tierra sin importancia,
siempre rodeada de Estados más ricos, fuertes y poderosos que ella, ninguna otra
tierra ha sido más famosa, ni ningún otro pueblo ha dejado en la historia una huella
más profunda que la suya 844. Cuando grupos de helenos emigraron a Italia, poco
después del Período Micénico, se llamaron a sí mismos graikoi; así fue como,
posteriormente, los romanos llamaron a todos los helenos y así ha llegado hasta
nosotros la denominación de griegos 845.
841
Citado. Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 183.
842
Vera, F. 2000. Opus cit. Pág. 79.
843
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 423.
844
Asimov, I: Los Griegos. Ed. Alianza. Madrid. 2006. Pág. 7.
845
Ibídem. 17.
173
Durante el apogeo de la Edad Micénica, los pueblos que habitaban Grecia
sufrieron la invasión de los habitantes del Asia Central. Hubo en la zona grandes
desplazamientos de distintos pueblos que se veían invadidos y desplazados por sus
vecinos. Los jonios y los aqueos se vieron obligados a lanzarse al mar; llegaron a
Egipto, donde fueron llamados los pueblos del Mar y donde originaron el derrumbe del
Imperio Egipcio; y a Asia Menor, bajo cuya presión sucumbió el Imperio Hitita 846.
A su vez, las tentaciones de aventuras y de riquezas lanzaron a los mares
Mediterráneo y Negro a muchos griegos; la primera etapa fue a finales del II milenio a.
C. y a ésta le siguió la llamada “2ª colonización”, en la que se extendieron hacia
Occidente gentes de ciudades tan importantes como Corinto o Esparta. Como dice P.
Lévêque fundar una colonia era “…abrir una tienda, en la que se multiplicaban los
intercambios con los “bárbaros” y librarse con ello del mal endémico del mundo griego:
La falta de tierras cultivables (stenokhoria), agravada por la mala distribución de las
pocas buenas tierras existentes. …” 847. Para esta gente, como para muchas otras del
ámbito mediterráneo de toda época, la emigración significaba librarse del hambre.
Éxodo que no pudieron detener ni los mayores peligros, reflejados a menudo en los
relatos homéricos, en las aventuras de Ulises en la Ilíada o en las hazañas de Jasón
en el Viaje de los Argonautas 848.
846
Ibídem. Pág. 21.
847
Ibídem. Pág. 21.
848
Vázquez Hoys. A. Mª: Historia de Roma. Vol. I. Tomo I. UNED. Madrid. 2001. Pág. 69.
849
Ibídem. Pág. 64.
850
Ibídem. Pág. 65.
851
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 42.
174
rosas, se quejaba de su incomodidad porque uno de los pétalos estaba arrugado 852.
Refinamiento que alcanzaba a la doma de sus caballos a los que enseñaban a danzar
al son de la música, por lo que los desfiles de su caballería eran impresionantes. En el
año 510 a. C. libraron una batalla con la gente de Crotona, que habían fundado los
aqueos en el 710 a. C.; como los crotoniatas conocieran su costumbre, fueron a la
batalla con músicos. Los caballos de los sibaritas empezaron a danzar y sus tropas
cayeron en confusión. El resultado final fue que los crotoniatas ganaron la batalla y
destruyeron Sibaris 853. En la puntera de Italia se halla la isla de Sicilia, a la que los
griegos llamaron Trinacria, y en la que habitaban sicanos y sículos, que dieron su
nombre a la isla. Parece que el honor de ser los primeros en llegar a Sicilia
corresponde a los corintios (753 a. C.) donde fundaron la ciudad de Siracusa 854.
852
Ibídem. Pág. 42.
853
Ibídem. Pág. 43.
854
Ibídem. Pág. 42.
175
Las razones de estas colonizaciones fueron económicas (se crearon nuevos
mercados y se explotaron nuevas fuentes metalíferas), políticas y demográficas. En
estas fundaciones podemos distinguir dos clases de asentamientos: los emporia y las
apoikías. Las intenciones de los fundadores de los primeros no eran las de
establecerse a vivir, sino las de comerciar, pretendiendo solamente intercambiar
bienes 855. Estos hombres emigraban con la única idea de prosperar económicamente
y después regresar a su ciudad, donde permanecían sus vínculos familiares, sociales
y religiosos 856. Pero los fundadores de las apoikías buscaron unas mejores
condiciones de vida y viajaron con la idea de fijar su residencia en otro lugar con
mejores perspectivas de futuro que en sus ciudades de origen; y, además, con la idea
de permanecer allí para, probablemente, no regresar 857. Así pues, como el problema
de los griegos estribaba en el exceso de población y en la incapacidad de sus tierras
para alimentar a sus habitantes; desechada la posibilidad de conquistar nuevos
territorios, debido a la similitud en el poder de los distintos Estados, optaron por el
envío del exceso de población a costas extranjeras, donde fundar nuevas ciudades –
estados 858. Solución práctica, probablemente, ya que las costas septentrionales del
mar Mediterráneo estaban habitadas, en aquellos tiempos, por tribus sin organización
y con un bajo nivel de civilización, que no podían expulsar a los griegos, porque éstos
tenían una vasta experiencia como soldados 859. Además, los griegos se contentaban
con la línea de costa, para su comercio, dejando las tierras del interior para los
agricultores y ganaderos 860. Pero, con todo, la toma de este litoral no se efectuó sin
esfuerzo, ya que los habitantes italianos de la zona eran gente ruda, valiente y
belicosa 861.
Las consecuencias de la colonización griega en Italia incidieron en todos los
ámbitos, como el económico, con su desarrollo comercial; el social, con el desarrollo
de las nuevas instituciones necesarias para regir la nueva sociedad; el cultural, con la
propagación de la cultura griega; el religioso, con la identificación de algunos dioses
locales con los olímpicos; y el militar, con la necesidad cada vez mayor de efectivos
tanto defensivos como ofensivos 862.
855
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 73.
856
Ibídem. Pág. 73.
857
Ibídem. Pág. 73.
858
Asimov, I. 2006. Opus cit. Págs. 36 y 37.
859
Ibídem. Pág. 37.
860
Ibídem. Pág. 37.
861
Homo, L: La Italia Primitiva y los comienzos del Imperialismo Romano. Uteha. México. D. F.
1960. Pág. 54.
862
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Págs. 75 y ss.
176
4. 2. EL EJÉRCITO GRIEGO.
4. 2. 1. La caballería griega.
863
Domínguez, A. J. y Pascual, J: Atlas histórico del mundo griego antiguo. Ed. Síntesis.
Madrid. 2006. Pág. 60.
864
Ibídem. Pág. 60.
865
Ibídem. Pág. 60.
866
Ibídem. Pág. 60.
867
Ibídem. Pág. 63.
868
Ibídem. Pág. 63.
869
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 77.
177
combate en ellos, pero llegados al terreno de la batalla echaban pié a tierra y
combatían con los hoplitas 870. Parece que en Grecia fue en el siglo V a. C. cuando se
desarrolló la caballería 871.
En aquellos tiempos, formar parte de la caballería, no era glorioso ya que el
papel reservado al caballero se limitaba a perseguir a los enemigos derrotados para
alancearlos por la espalda; razón por la que la aristocracia, para mantener vivo su
espíritu de competición física, que en los orígenes de la polis había constituido la
justificación de su poder, recurrieron a las competiciones en los juegos atléticos
griegos (Olímpicos, Píticos, Ístmicos y Nemeos).
Habían sido los aqueos los que, según Lión, habían introducido el caballo en
Grecia, cuando se establecieron en la Argólida y en Creta 872. Según Aristóteles 873, en
su Política, la primera república que se instauró entre los griegos, después de la caída
de los reyes, fue una república de guerreros a caballo, ya que por entonces la
caballería era el arma que daba superioridad a los ejércitos 874. En los comienzos de la
caballería en Grecia, el jinete montaba sobre una manta, sujeta por una cincha, que le
servía de silla y dirigía su caballo por medio del bocado y las bridas; iba armado con
lanza o jabalina 875. El aspecto de los caballos que utilizaron estos griegos lo
conocemos por los ejemplares que esculpió Fidias en el Friso del Partenón y por una
estatuilla de bronce que procede de un templo consagrado a Poseidón Hípico, “...que
representa en sus cuarenta centímetros de altura, con indecible encanto, el vigor y la
firmeza de líneas, el pecho ancho, el cuello y la cabeza frágiles, la grupa horizontal
con el arranque de la cola alto y todas las características del exterior de un pura
sangre árabe. …” 876.
Pero parece que Grecia no era tierra de caballos, con la única excepción de
Tesalia, en la Grecia septentrional; también eran tierras ricas en caballos Tracia y
Macedonia, que junto con Tesalia constituían las regiones norteñas cuyas extensas
870
Osborne, R: La Grecia Clásica. Ed. Crítica. Barcelona. 1999. Pág. 102.
871
García Castro, J. A. y Antona del Val, V (Comisarios científicos). 1997. Opus cit. Pág. 188.
872
Lión Valderrábano, R.1970. opus cit. Pág. 169.
873
“…La labor intelectual y formativa de Platón se manifestó primordialmente en su discípulo
Aristóteles, que fue un producto de la Academia. Aristóteles nació en 384 a. C. y era hijo del
médico personal del rey de Macedonia. A los dieciocho años ingresó en la Academia, donde
permaneció tras la muerte de Platón. Luego el rey Filipo lo nombró preceptor del heredero de
Macedonia, el futuro Alejandro Magno. Con su protección, Aristóteles regresó a Atenas y fundó
una nueva escuela que se conoció como el Liceo. A la muerte de Alejandro, acusado de
impiedad por su relación con el macedonio, Aristóteles hubo de escapar de Atenas y refugiarse
en Calcis, donde murió en 322 a. C. …”. (Gómez Pantoja, J: Historia antigua (Grecia y Roma).
Ed. Ariel. Barcelona. 2003. Pág. 270).
874
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 170.
875
Ibídem. Pág. 170.
876
Ibídem. Pág. 171.
178
llanuras proporcionaban a las manadas de caballos una fácil subsistencia 877. Sabemos
que, durante el Neolítico, sólo aparecen asnos en estas tierras; y solo hacia el 1900 a.
C., momento de la aparición del carro ligero en Anatolia, es cuando se constatan
restos de huesos de caballos en el nivel de Troya VI, momento en que el caballo se
asoma al Egeo, como poco después, en niveles premicénicos del Heládico Medio, se
asomará a la propia Grecia Continental 878.
En Tesalia se criaban caballos en los grandes dominios 879. Ésta era la mayor
llanura fértil de ese país y el único lugar de la Grecia continental donde los caballos
eran aptos para la guerra. Se suponía que los legendarios “centauros”, mitad caballos,
mitad hombres, habían vivido en Tesalia, como parecieron creer los griegos primitivos
cuando encontraron por primera vez a los jinetes de aquella región 880. Caballos
tesalios que lograron atraer la atención del poeta romano Lucano 881: “…Brincó el
primero el corcel tesalio, presagio de guerras funestas, de las rocas golpeadas por el
ecuóreo tridente, y fue el primero en tascar el acero y los frenos, y en cubrir de
espuma las riendas recién estrenadas del lapita, su domador. …” 882. Pero aunque
parece cierto que Grecia no era tierra de caballos, ello no quiere decir que no se
criasen caballos en sus campos. Sabemos de la existencia de Fenipo, un rico
hacendado del que dependía parte del abastecimiento alimentario de Atenas; que,
además, era un entusiasta criador de caballos, la actividad más característica de la
élite, a la que sólo podía acceder quién dispusiera de pastos numerosos y de
calidad. 883.
Durante la invasión persa, la coalición griega no contaba con el cuerpo de
caballería en su ejército; ésto parece responder, según Osborne, a dos razones: la
primera a lo inadecuado del terreno griego para las maniobras de los caballos,
agravado por el desconocimiento de la herradura y de la silla de montar con estribos,
877
Ibídem. Pág. 170.
878
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 100.
879
Mossé, C: El trabajo en Grecia y Roma. Ed. Akal. Madrid. 1980. Pág. 112.
880
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 201.
881
Marco Anneo Lucano (36-65 d. C). Poeta épico procedente de Córdoba (Hispania). Emigró
a Roma en los años cuarenta con su padre, donde estudió retórica y filosofía; después
profundizó sus estudios en Atenas, desde donde fue llamado por Nerón a la corte,
promocionándolo como augur y cuestor. En la corte escribió un poema de alabanza a Nerón,
con motivo de la primera edición de los Juegos Neronianos, con el que obtuvo el primer premio.
Después, debido a sus éxitos como poeta y con motivo de la lectura de los primeros libros de
su Farsalia, cayó en desgracia ante el emperador. Por último, en el año 65 se unió a la
conspiración de Calpurnio Pisón, que fue descubierta; Lucano fue obligado a quitarse la vida.
Después de su muerte se difundió la noticia de que había intentado salvar su vida delatando a
los conspiradores, entre los que incluyó a su propia madre. (Hazel, J: Quién es quién en la
Antigua Roma. Acento editorial. Madrid. 2002. Págs. 247 y 248).
882
Lucano: Farsalia. Editora Nacional. Madrid. 1978. Pág. 254.
883
Osborne, R. 1999. Opus cit. Pág. 37.
179
lo que les privaba de la estabilidad necesaria para la lucha; y la segunda razón para el
reticente desarrollo de la caballería en Grecia era la convicción de que su estilo de
lucha, con cargas veloces y retiradas rápidas, era menos exigente y peligroso que la
lucha de los hoplitas; por lo que la élite parecía ser reticente a desempeñar un papel
que carecía del prestigio del que disfrutaban aquellos 884. Según relata Jenofonte, en
Helénicas, el problema entre el honor en combate y el uso del caballo, lo resolvieron
los espartanos, proporcionado los ricos los caballos, pero montándolos los soldados
más débiles físicamente y menos valerosos en el combate; y es que en Esparta era
impensable pedir a un ciudadano respetable que acudiera al campo de batalla a lomos
de un caballo 885.
Así, llegado el siglo V a. C. y pese a las dificultades relatadas, los atenienses se
vieron obligados a establecer su propio cuerpo de caballería para luchar contra los
grandes ejércitos que ya disponían de él; ya durante la guerra del Peloponeso (431-
404 a. C.) lo integraban 1.000 caballeros, cuyo papel más destacado fue el de hostigar
y contener a las fuerzas invasoras 886. Para otros esta cifra es excesiva, ya que
Perícles sólo cita para esta guerra 600 arqueros a caballo, mientras que Tucídices no
llega a esa cifra 887. La carencia de caballos en Atenas la corrobora el hecho de que,
como refuerzos, enviaron a los suyos doscientos cincuenta guerreros con arreos de
caballos porque suponían que en Sicilia se les proveería de monturas 888. Atenas fue
seguida por Esparta, de tal forma que, al comenzar el siglo IV, la mayoría de las polis
griegas tenían su cuerpo de caballería 889. Pronto aprendieron los griegos los
beneficios de la caballería, ya que pasados los años, en sus enfrentamientos contra
Sila, utilizaron carros tirados por cuatro caballos, que lanzados contra las fuerzas del
general romano causaron grandes estragos en la infantería romana 890.
Pero lo cierto es que la caballería nunca desempeñó un papel crucial en los
ejércitos griegos, tal vez por la falta de buenos pastos en sus campos, o, porque lo
accidentado de su terreno disminuían ostensiblemente la capacidad de maniobra de
este arma 891. Sobre lo inadecuado del terreno griego para el despliegue de la
caballería sirvan estos ejemplos: en la batalla de las Termópilas, el lugar fue elegido a
propósito para que la caballería no pudiera maniobrar; en Maratón, los persas se
884
Ibídem. Pág. 102.
885
Ibídem. Pág. 102.
886
Ibídem. Pág. 102.
887
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 173.
888
Ibídem. Pág. 173.
889
Osborne, R. 1999. Opus cit. Pág. 103.
890
Jerphagnon, L: Historia de la Roma antigua. Ed. Edhasa. Barcelona. 2007. Pág. 141.
891
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 29.
180
equivocaron al elegir la bahía para desembarcar, flanqueada por dos extensas
marismas que impidieron el despliegue de la caballería, motivo por el cual, según
Plutarco, los persas volvieron a embarcar la caballería, antes del desarrollo de la
batalla, ante la imposibilidad de utilizar esas fuerzas 892. Y en la de Platea, el general
persa Mardonio dio la orden a Masistio de atacar Eritra, una posición griega de terreno
escarpado y montañoso, que había sido elegida para que la caballería no pudiera
maniobrar; este ataque costó la vida a Masistio y su caballería sufrió un tremendo
desgaste 893.
Respecto a la panoplia de los caballeros, es Jenofonte el que nos informa sobre
cómo debe armarse quién va a acudir a la guerra. Se debe proteger el jinete con
coraza que se ajuste al cuerpo, para que el mismo la sujete, ya que las holgadas sólo
la soportan los hombros 894. Para este autor griego el mejor casco es el de Beocia, que
cubre todo lo que está más arriba de la coraza y no impide ver 895. Es necesario,
también, proteger al caballo, ya que cuando éste sufre algún percance, el jinete se
mete en un gran peligro, por lo que es necesario armarlo con testera, peto y piezas,
para proteger sus flancos; se debe prestar especial atención a la protección del
vientre, ya que es una parte vital y muy débil a la vez 896. Lo mencionado hasta ahora
sirve, lógicamente, para defenderse del enemigo. Respecto a las de ataque,
recomienda el sable corto mejor que la espada, pues debido a la elevada posición del
jinete, le será más fácil manejar aquel que ésta 897. Mejor que la lanza son las
jabalinas, ya que la persona experta puede lanzar una y servirse de la que le queda
para atacar. Además, son más fuertes que la lanza y de más fácil manejo 898. Caballo y
caballero deben armarse de tal forma que no sean heridos, pero que puedan causar el
máximo perjuicio a los enemigos 899. Por si a alguno le quedaran dudas sobre si
enrolarse o no en la caballería, Jenofonte aconseja tener presente que “…los que se
entrenan en las competiciones gimnásticas encuentran muchos más problemas y
dificultades que los que más se cuidan de la caballería, pues la mayor parte de los
ejercicios atléticos se realizan con sudores, mientras que la mayoría de los ecuestres
se hacen con agrado, ya que, precisamente, no hay nada entre las actividades
892
Lión Valderrábano, R.1970. Opus cit. Pág. 172.
893
Ibídem. Pág. 172.
894
Jenofonte: Obras Menores. Ed. Gredos. Madrid. 1984. Pág. 227.
895
Ibídem. Pág. 228.
896
Ibídem. Págs. 228 y 229.
897
Ibídem. Pág. 229.
898
Ibídem. Pág. 229.
899
Ibídem. Pág. 166.
181
humanas, que se parezca más al deseo de tener alas. …” 900. En los ejércitos griegos
no faltaban los mercenarios, como los caballeros hispanos, de los que Jenofonte no
olvida mencionar su calidad cuando habla de las tropas de caballería hispanas con las
que Dionisio de Siracusa ayudó a Esparta: “…Sin embargo, los jinetes de Dionisio que
habían acudido, dispersándose cada uno por un lado y pasando a la carrera, arrojaban
jabalinas en el ataque; después de lanzarse contra aquellos, se retiraban y, dándose la
vuelta, arrojaban de nuevo jabalinas. Simultáneamente a esto, descendían de los
caballos y descansaban; y si alguien los atacaba cuando estaban en tierra, montando
de nuevo con gran agilidad, se retiraban. …” 901.
4. 2. 1. 1. Los carros.
900
Ibídem. Págs. 185 y 186.
901
Citado. Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M: El caballo en la Antigua Iberia. Real
Academia de la Historia. Madrid. 2003. Pág. 133.
902
Lendon, J. E: Soldados y fantasmas. Historia de las guerras en Grecia y Roma. Ed. Ariel.
Barcelona. 2006. Pág. 81.
903
Ibídem. Pág. 213.
904
Citado. Schwab, G: Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica. Ed. Gredos. Madrid.
2009. Pág. 425.
905
Ibídem. Pág. 426.
906
Ibídem. Pág. 427.
182
de Helena; “...Príamo empuñó las riendas y muy pronto los corceles, dejando atrás las
puertas Esceas, volaban en dirección a la campiña. ...” 907.
4. 3. TRATADOS DE HIPOLOGÍA.
907
Ibídem. Pág. 429.
908
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 173.
909
Ibídem. Pág. 177.
910
Ibídem. Págs. 173, 174 y 175.
183
corresponderá velar por la seguridad y la salud de los caballos; no olvida que este jefe
deberá tener mucho amor a sus jinetes, a los que dará un trato humano y a los que
proveerá de todo lo necesario para su comodidad y seguridad; no olvida los consejos a
los propios jinetes sobre el buen uso que deben hacer de sus monturas; al final se
lamenta del bajo número de los efectivos que integran las unidades de caballería,
aconsejando que se eleve el mismo; y por último, recurre a las citas históricas para
demostrar el crucial papel de la caballería en todos los pueblos 911.
Jinetes griegos, de los que Platón en su República no olvida ni su importante
papel en las batallas ni su necesaria instrucción, aconsejando, “…para el Estado ideal,
que los guerreros, desde la primera infancia, sean enseñados a montar a caballo para
conducirles luego, una vez adiestrados, a los lugares de la lucha, pero no en caballos
ardientes y belicosos sino en otros más rápidos y más dóciles. De esta forma verán
mejor y con más seguridad el menester que les espera… .” 912.
Aristóteles 913 divide a los animales en acuáticos y terrestres; entre éstos últimos
está el caballo que vive sobre la superficie de la tierra, que tiene pulmones y, por tanto,
toma y expulsa el aire; es vivíparo, como el hombre, y por tanto engendra dentro de sí
animales que tienen pelos, como la mayoría de los vivíparos 914; pelos que como en
todos los animales se tornan blancos con la edad y, en el caballo al igual que en el
hombre, es en el que más se nota 915.
El caballo es un animal cuadrúpedo que tiene, en lugar de brazos, patas
delanteras y cola de largas crines; sus ojos son de un único color, aunque hay algunos
que los tienen azules 916. Para andar, “…curvan las patas delanteras hacia delante y
las traseras hacia atrás, y consiguen que los huecos de la circunferencia que hacen
ambos pares de patas al andar se encuentren en posición inversa ente sí. …” 917. No
tiene dividido su pie, ya que es solípedo y su casco tiene la misma función que las
911
Ibídem. Págs. 175 y 176.
912
Citado. Ibídem. Pág. 183.
913
Aristóteles “….hace una clasificación en especies, que se ha mantenido casi hasta la época
moderna, atendiendo a los caracteres anatómicos, lo que demuestra que había practicado la
disección. …” (Vera, F. 2000. Opus cit. Pág. 123).
914
Aristóteles: Historia de los animales. Ed. Akal. Torrejón de Ardoz (Madrid). 1990. Pág. 45 y
ss.
915
Ibídem. Pág. 166.
916
Ibídem. Pág. 63 y ss.
917
Ibídem. Pág. 91.
184
uñas 918. El órgano sexual de los caballos machos es externo; posee colmillos y sus
dientes, al contrario que en otras especies, se vuelven más blancos a medida que el
animal envejece 919. Los testículos externos de los caballos pueden cortarse, cosa que
hacen, unas gentes aplastándolos entre sí cuando los animales son muy tiernos, y
otras gentes castran a los animales un poco más tarde 920. Las yeguas tienen mamas
externas, que segregan una leche delgada, o sea, según Aristóteles, con poca
caseína 921; que se mezclaba con la de burra para elaborar el queso de Frigia 922.
Los caballos están en la plenitud de sus fuerzas después de la muda de sus
dientes. Hasta este momento es fácil conocer la edad de los caballos, pero una vez
que han mudado no resulta fácil conocer la misma; incluso los expertos admiten la
dificultad para conocerla después de la muda de sus dientes 923. Aristóteles dice
conocer un método para saber su edad, a través del canino: “…En efecto, en los
caballos muy montados este diente se hace pequeño por el desgaste a que es
sometido (pues es éste en el que se introduce el bocado), en cambio, en los no
montados es grande pero separado, y en los potros puntiagudo y largo. …” 924.
Jenofonte 925 aconseja comprobar el estado físico del potro antes de comprarlo,
ya que de su carácter no tendremos pruebas hasta que hayamos trabajado con él; y
hace especial hincapié en los pies, ya que “…como no tendría ninguna utilidad una
casa si la parte superior fuese muy hermosa, pero no estuviesen los cimientos como
es necesario, igualmente no sería de ninguna utilidad un caballo dedicado a la guerra
si fuese de pies defectuosos, aunque bueno en todo lo demás, pues lógicamente no
podría sacar ningún provecho de ninguna de sus buenas cualidades. …” 926. Los
cascos deben ser gruesos y, al andar, resonar como címbalos; las cuartillas deben ser
de medidas justas y flexibles, ya que unas cuartillas rígidas fatigarían al jinete que
918
Ibídem. Pág. 47 y ss.
919
Ibídem. Pág. 99 y ss.
920
Ibídem. Pág. 139.
921
Ibídem. Pág. 181.
922
Ibídem. Pág. 183.
923
Ibídem. Págs. 362 y 363.
924
Ibídem. Pág. 363.
925
Jenofonte “…formó en las filas de la caballería ateniense en los últimos años de la Guerra
del Peloponeso, en 409 a. C. y sigs., durante el breve régimen oligárquico de los Treinta,
organizó un pequeño escuadrón para cubrir la retirada de los Diez Mil, y probablemente,
participó con Argesilao en la creación de la caballería y luchó con ella durante la campaña del
rey en Asia Menor. …”. (Jenofonte. 1984. Opus cit. Nota. Pág. 201).
926
Ibídem. Págs. 201 y 202.
185
monta ese caballo y si son demasiado cortas, el caballo podría dañarse cuando
caminase por terrenos llenos de piedras; los huesos que conforman las extremidades
deben ser fuertes, ya que son el soporte del cuerpo y, si al andar, dobla con soltura las
rodillas cuando lo montemos, doblará con soltura las piernas; respecto al pecho, si
éste es ancho, será más bello, fuerte y adecuado para mantener las manos
separadas 927. Respecto a los caballos de guerra, pero lógicamente extensible a todos
los demás, este experto jinete, recomienda el cuidado del casco de los animales, para
que puedan cabalgar por todo tipo de terreno, incluidas las zonas escabrosas, porque
hemos de saber que si sienten molestias, al ser montados, dejan de ser útiles 928.
Una cruz alta ofrece al que monta al caballo un asiento más seguro; y el lomo
doble es más blando para sentarse y más agradable a la vista; las ancas serán anchas
y cortas, para que el caballo pueda alzar con facilidad el cuarto delantero y recoger el
trasero; y los ijares deben ser anchos y musculosos, para que estén en proporción con
las costillas y el pecho; porque si todas las partes son sólidas, las relacionadas con las
carreras serán más ligeras, volviendo más veloz al caballo 929. Aunque esto no se
puede observar en los potros, será aconsejable que no tenga grandes los testículos 930.
El cuello no debe ser recto como el de los jabalíes sino curvado como el del
gallo; la cabeza será huesuda y de mejillas pequeñas, con quijadas de igual dureza, ya
que si no poseen la misma dureza, tampoco tendrán la misma sensibilidad al
bocado 931. Para el jinete griego son mejores los que presentan ojos saltones que los
que los tienen hundidos; y los de ollares dilatados, mejores que los que los tienen
recogidos; las orejas deben ser pequeñas 932. Un potro con las características
reseñadas es improbable que no atienda a los requerimientos del jinete.
Sobre la expectativa de vida, pensaban que los machos vivían menos tiempo
que las hembras por el desgaste que producen las cubriciones; y los que vivían
encuadrados, vivían menos que los que pastaban en libertad 933. Por sexos, la hembra
alcanza su desarrollo final en cinco años, mientras que el macho lo alcanza a los seis;
por lo que las hembras finalizan su desarrollo antes que los machos. En otros seis
años más, estos animales alcanzan su corpulencia final, y continúan ganando peso
hasta llegar a los veinte años 934. Plinio reseña que un caballo llegó a vivir 75 años 935.
927
Ibídem. Págs. 202 y 203.
928
Ibídem. Pág. 166.
929
Ibídem. Pág. 204.
930
Ibídem. Pág. 205.
931
Ibídem. Pág. 203.
932
Ibídem. Pág. 204.
933
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 362.
934
Ibídem. Pág. 362.
186
Ya conocemos la morfología ideal del caballo y antes de proseguir,
mencionaremos un par de defectos que, bajo ningún concepto, deben poseer los
caballos que dediquemos a la guerra: no deben ser indóciles, ya que éstos pueden
convertirse en aliados de los enemigos; y se deben, asimismo, eliminar de la caballería
a los caballos que cocean, por la misma causa que los anteriores 936.
Para los autores antiguos los caballos tenían capacidad para soñar; así
Aristóteles señala que no sólo sueñan los hombres, sino también los caballos, los
perros y los bueyes, las ovejas, las cabras y todo el género de los cuadrúpedos
vivíparos 937.
935
Plinio: Historia Natural. (Ed. de Josefa Cantó). Ed. Cátedra. Madrid. 2002. Pág. 123.
936
Jenofonte. 1984. Opus cit. Págs. 165 y 166.
937
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 232.
938
Jenofonte. 1984. Opus cit. Págs. 166 y 167.
939
Ibídem. 1984. Pág. 66.
940
Ibídem. Pág. 89.
941
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 351.
942
Ibídem. Pág. 346.
187
locas por los caballos: de donde viene que sea éste el único animal cuyo nombre se
utiliza en sentido ofensivo contra las mujeres que se pierden por los placeres sexuales.
Se dice también de las yeguas que, cuando se encuentran en esa coyuntura, pueden
quedar preñadas del viento: esta es la razón por la que en Creta no se separa a los
caballos sementales de las yeguas. …” 943. Para Aristóteles, las yeguas mostraban
signos externos de su estado de celo; por ejemplo, moviendo la cola continuamente,
emitiendo un relincho diferente, y, sobre todo, por la emisión de sus órganos genitales
de un líquido parecido al esperma, pero más fino y en cantidades muy pequeñas, y,
además, porque orinaban más a menudo y se encontraban más nerviosas que de
costumbre 944. A esto hay que añadir la hinchazón de sus órganos genitales 945. Los
caballos distinguían a las yeguas en celo por su olor y si alguna extraña se añadía a la
manada, el semental la apartaba a mordiscos y pastaba con su harén; y si era otro
semental el que se acercaba, el dueño del harén reunía a todas las hembras y corría
en círculo alrededor de ellas, se acercaba al intruso y lo acometía; y si alguna de sus
yeguas mostraba intención de acercarse al recién llegado, él se lo impedía a
mordiscos 946.
Parece que el caballo podía cubrir y la hembra ser cubierta hacia los dos años
de edad, teniendo ya capacidad para engendrar; pero sin embargo, parece que las
crías engendradas a esa edad eran más pequeñas y más débiles. Era más frecuente
que tanto el macho como la hembra comenzaran la reproducción a los tres años e
incrementaran la facultad de procrear crías mejores, continuamente, hasta los veinte
años. El semental podía realizar cubriciones hasta los treinta y tres años, y la hembra
podía ser cubierta hasta los cuarenta años, de manera que la cubrición se prolongaba
casi a lo largo de toda su vida 947. Aristóteles reseña que en “…Opunte hubo, en una
yeguada, un caballo que, a sus cuarenta años, cubría a las yeguas, pero había que
ayudarle a levantar las patas delanteras. …” 948. El punto óptimo para la reproducción
de los caballos lo situaba Aristóteles en los cuatro años y seis años 949.
Los caballos podían montar tanto a sus madres como a sus hijas, y “…es
entonces cuando parece que es perfecta la yeguada, cuando los caballos cubren a su
propia prole. …” 950. Es curioso, que al día de hoy, algunos ganaderos sigan creyendo
943
Ibídem. Pág. 347.
944
Ibídem. Pág. 348.
945
Ibídem. Pág. 348.
946
Ibídem. Pág. 349.
947
Ibídem. Pág. 262.
948
Ibídem. Pág. 363.
949
Ibídem. Pág. 361.
950
Ibídem. Pág. 361.
188
en esa práctica y cubran a sus hijas con su propio padre. El caballo cubre en cualquier
época del año y durante toda su vida 951. Por los autores antiguos deducimos que los
ganaderos no cubrían inmediatamente las yeguas tras el parto, como se hace hoy,
sino que dejaban transcurrir un período más o menos largo de tiempo antes de llevarla
de nuevo al semental; a veces cuatro o cinco años, porque se creía que pasado este
tiempo, parirían mejores potros. Aconsejaban dejar pasar, hasta quedar preñada, por
lo menos un año y hacer lo que con el barbecho en las tierras de cultivo 952.
Llegado el momento del parto, la yegua es, entre los cuadrúpedos, la que tiene
el parto más fácil y la más limpia a la hora de expulsar los loquios, y la que emite un
flujo de sangre más escaso, en relación con el tamaño de su cuerpo 953. Expulsa el feto
permaneciendo quieta, de pie 954. La naturaleza parece haber dotado a las yeguas de
un fuerte instinto maternal, así cuando una de las componentes de la manada muere,
las demás crían el potrillo de la que ha muerto. “…Y es que, en términos generales, la
especie equina pasa por estar dotada por la naturaleza de un especial instinto
maternal. He aquí la prueba: muchas veces las yeguas estériles quitan los potrillos a
sus madres y los tratan con cariño maternal, pero, al no tener leche, los echan a
perder. …” 955. Había yeguas que eran estériles y otras que, aunque podían parir, no
podían criar a los potrillos. “…Los expertos en estas cuestiones argumentan que hay
una señal que distingue a esas yeguas y es que el feto, si es cortado, se observa que
tiene en torno a los riñones otras sustancias más en forma de riñones, de suerte que
parece tener cuatro riñones. …” 956.
Instinto maternal de las yeguas del que era sabedor el rey Darío que llevaba a
las batallas yeguas recién paridas, cuyos potros dejaba en casa; una de estas yeguas,
“…cuando se produjo el vuelco de la situación en la batalla entablada al pie del Iso,
hecho que empezó a poner en aprietos el estado de cosas de los persas, y cuando ya
era vencido Darío, él, necesitando escapar y ponerse a salvo a toda prisa, montó una
yegua. Y se cuenta de ella que, recordando al potrillo dejado en casa y haciendo uso
de toda la apetencia que sentía por él y de toda su velocidad, sacó a su amo de la
situación más comprometida por los peligros que le amenazaban. …” 957.
951
Ibídem. Pág. 363.
952
Ibídem. Pág. 363.
953
Ibídem. Pág. 350.
954
Ibídem. Pág. 362.
955
Ibídem. Pág. 485.
956
Ibídem. Pág. 364.
957
Claudio Eliano: Historia de los animales. Ed. Akal. Torrejón de Ardoz. (Madrid).1989. Pág.
260.
189
Aunque una yegua puede ser cubierta y engendrar en cualquier época del año,
no en cualquier época puede la madre criar el retoño que la pareja haya
engendrado 958. Nada más parir al potrillo, la yegua devoraba las pares y cortaba el
cordón umbilical con los dientes, lo mismo que la excrecencia que tenían los potrillos
en la frente, llamada locura de yegua; esta excrecencia redonda, plana, negra y del
tamaño de un higo paso, y si alguien se anticipa a la yegua y consigue hacerse con la
sustancia, y después la huele la yegua, ésta se descompone y se pone furiosa al
hacerlo. Esta es la razón, la de la locura, por la que las magas buscan esta sustancia
para hacer acopio de ella 959. Cuando la yegua era cubierta por un burro, para producir
muletos, lo dejaba mamar hasta los seis meses; pero al potrillo, lo amamantaba más
tiempo 960.
958
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 363.
959
Aristóteles. Pág. Opus cit. 364.
960
Ibídem. 362.
961
Jenofonte. 1984. Opus cit. Pág. 205.
962
Ibídem. Pág. 206.
963
Ibídem. Pág. 206.
964
Ibídem. Pág. 206.
190
para ello tocaremos lo que causa temor al animal y acercaremos al mismo, poco a
poco, a la causa de su temor 965. Uno debe conducir el caballo por el lado, no por
detrás ni por delante; de esta forma no molestará a las personas ni a los demás
équidos y, si fuera necesario, el jinete podrá montarlo con rapidez 966.
Para colocar el freno en la boca del caballo, debemos acercarnos por la
izquierda del animal, pasar las riendas por la cabeza, apoyándolas en la cruz y
levantando con la mano derecha la correa superior y colocando el bocado con la
izquierda; si el animal no abre la boca, se mantiene el freno junto a los dientes,
empujándolo hacia el interior de la mandíbula del caballo con el dedo gordo de la
mano izquierda, con lo que conseguiremos que la mayoría de los caballos abran la
boca; si no lo conseguimos de este modo, oprimiremos su labio contra el canino,
maniobra con la que la mayoría de los caballos aceptan el freno 967. Los frenos suaves
son más adecuados que los ásperos, y, si debemos colocar uno de éstos, es
conveniente dejarlo flojo 968. Tras cualquier maniobra llevada a buen puerto, el caballo
debe recibir alguna recompensa, como aconsejaba, al principio de este apartado el
sabio Jenofonte.
El animal no se debe conducir por las riendas, pues se vuelven de diferente
sensibilidad en las quijadas; también se debe cuidar la distancia entre el bocado y las
mismas, “…pues unas suelen encallecer su boca en esa parte tanto que no es lo
bastante sensible, y otros, haciéndolo caer hacia el fondo de la boca, le permiten
morder el bocado y no obedecer a él. …” 969. Debemos cuidarnos que el animal no
relacione la colocación del freno con el esfuerzo, para ello se le debe colocar también
cuando come, con lo que, tal vez, conseguiremos que el propio caballo arrebate el
freno que le presentamos 970.
En su tratado De la equitación, Jenofonte se refiere a la lógica imposibilidad de
enseñar a los caballos mediante la palabra: “…los dioses otorgaron al hombre el
enseñar con la palabra lo que se debe hacer, aunque es obvio que con la palabra no
puedes enseñar nada al caballo; más si, cuando actúa como deseas, le muestras tu
agrado a cambio, y cuando desobedece, lo castigas, entonces reconocerá,
generalmente, cuál es su deber. Esta regla se puede decir en breves palabras, pero se
aplica a la equitación en su conjunto…” 971. Respecto a los jinetes no podemos dejar de
965
Ibídem. Pág. 214.
966
Ibídem. Pág. 213.
967
Ibídem. Pág. 213.
968
Ibídem. Pág. 221.
969
Ibídem. Pág. 213.
970
Ibídem. Págs. 213 y 214.
971
Ibídem. Pág. 220.
191
reseñar que debían ser disciplinados, ya que si no se toman las medidas necesarias
para que así sea, de nada sirven ni los buenos caballos ni las magníficas armas 972.
Esta doma incluía el caminar, cuando el caballo salía de la cuadra, por un camino lleno
de piedras, para acostumbrar sus cascos al roce de las mismas 973. Y cuando los
jinetes noveles dominen las monturas, es necesario que aprendan a lanzar la jabalina
con la mayor rapidez posible y que aprendan las demás cosas que necesitan saber los
soldados de caballería 974. Jenofonte recomienda el entrenamiento regular, aunque sea
molesto, y recuerda que “…la ciudad sostiene unos gastos de caballería de cerca de
cuarenta talentos al año, para que, si hay guerra, no haya que improvisar cuerpos de
caballería y pueda servirse de la que tiene dispuesta y a punto. Es conveniente, pues,
que los soldados de caballería reflexionen sobre ello y que practiquen la equitación;
para que, si se declara la guerra, no tengan que luchar por su ciudad, por su honor y
por su vida desentrenados. …” 975.
En cualquier caso es obvio que para dominar un caballo con eficiencia es
necesario un entrenamiento intenso y, entre los atenienses por ejemplo, era muy difícil
conseguir que la caballería entrenara, ya que al ser los jinetes los ciudadanos más
acaudalados y, según Jenofonte, por considerarse ellos mismos demasiado grandes e
independientes, poca autoridad podría ejercer sobre tales hombres un comandante de
caballería 976. No obstante, el caballero pareció encontrar el antídoto de esa apatía,
fomentando la competitividad: “… si ofreces premios a las unidades tribales para todas
sus hazañas, la caballería practicará en sus festivales, ya que será del agrado, según
mi opinión, del espíritu competitivo que mora en todo ateniense. …” 977. Recomienda,
también, contratar jinetes mercenarios extranjeros para fomentar esa rivalidad en la
caballería ateniense 978. Consejos con los que parecía estar de acuerdo el rey de
Esparta Agesilao, cuando en el 395. a. C. otorgó premios a los caballeros de la unidad
que habían demostrado mayor destreza a caballo 979. Este, el de la apatía y el no
entrenar, no era el caso de la caballería tesalia, que ya en el siglo II a. C., había
logrado tal nivel de excelencia en el dominio de sus monturas que Polibio llegó a
describirlos como invencibles cuando formaban en escuadrones 980. Cuando se
alababa a estos jinetes tesalios, se hacía tanto por su actuación en la batalla como por
972
Ibídem. Pág. 166.
973
Ibídem. Pág. 168.
974
Ibídem. Pág. 166.
975
Ibídem. Pág. 168.
976
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 138.
977
Ibídem. Pág. 142.
978
Ibídem. Pág. 142.
979
Ibídem. Pág. 143.
980
Ibídem. Pág. 138.
192
su destreza en el manejo del caballo 981. En cambio los jinetes componentes de la Liga
Aquea eran holgazanes e indisciplinados y sus comandantes se veían obligados a
hacer la vista gorda ante esta situación, ya que los jinetes eran los hombres más
influyentes de la Liga 982.
Pero habrá ocasiones en las que el jinete no compre un potro cerrero sino un
caballo que ya está montado. Primero debemos atender, a través de la dentición, a la
edad del mismo; a su actitud frente al freno y las correas que le habrán de pasar
alrededor de las orejas; y a su forma de aceptar al jinete, ya que muchos caballos
admiten con dificultad aquello que le es manifiesto que, una vez que lo admiten, les
supondrá un duro trabajo 983. Si el caballo en cuestión pretendemos dedicarlo a la
guerra, debemos comprobar que es apto para ella, por lo que debe saltar fosos, pasar
sobre muros, subir o bajar ribazos, etc. Asimismo, se deben evitar los de natural
receloso, pues a los asustadizos no se les puede utilizar para dañar al enemigo, y,
muchas veces, desmontan al jinete, poniéndolo en situaciones muy difíciles 984. Si un
criado o un ejército desobedientes pueden ser inútiles, un caballo con el mismo
defecto, además de inútil, puede ser un traidor para el jinete 985.
981
Ibídem. Pág. 144.
982
Ibídem. Pág. 143.
983
Jenofonte. 1984. Opus cit. Págs. 206 y 207.
984
Ibídem. Págs. 207 y 208.
985
Ibídem. Pág. 207.
986
Bonner, S. F: La educación en la Roma antigua. Ed. Heder. Barcelona. 1984. Pág. 62.
987
Ibídem. Pág. 186.
193
educación de los hijos; ese fue el caso de Zeus, que adiestró a Hércules en el arte de
gobernar el carro 988.
Cuando el caballero debe montar al animal, éste debe saber agacharse para
facilitar la maniobra del jinete; ahora bien, deber del jinete es ejercitarse y saber
montar, aun cuando el caballo no facilite la acción; ya que, algunas veces, deberemos
montar caballos distintos y otras, el mismo caballo, puede comportarse de forma
diferente 989. Para subir al caballo, el jinete debe servirse de las crines como asidero,
pero teniendo cuidado de que las riendas que sujeta con las mismas manos no tiren
de la boca del animal 990. Éstas deben ser iguales, y ni resbaladizas, ni gruesas, ni
delgadas, para que el jinete pueda, con la mano, manejar la lanza, si fuera
necesario 991. Cuando se siente sobre el animal “…sea a pelo o sobre un paño, no
recomendamos la posición como si fuera sobre un carro, sino recto, como si estuviese
andando, con las piernas bien abiertas, pues así se agarrará mejor al caballo con los
dos muslos, y, si está recto, podrá disparar y herir desde el caballo con más fuerza, si
fuera preciso. … 992.
Es necesario, una vez montado, que el caballo permanezca inmóvil para que el
jinete pueda colocarse, y, cuando se dé al caballo la orden de avanzar, lo hará al paso;
luego podremos pasar al trote, y, finalmente, al galope. Para pasar al galope, se debe
comenzar por galopar a la izquierda; para ello aprovecharemos cuando el animal tiene
su mano izquierda en tierra, entonces damos la señal para galopar, con lo que el
caballo comenzará a hacerlo con la izquierda; cuando evolucionamos hacia la
derecha, “…debemos guiar al caballo con la derecha, y cuando se vuelve hacia la
izquierda, con la izquierda. …” 993. También recomienda Jenofonte la equitación de
traba 994, que acostumbra al caballo a volverse sobre ambas mandíbulas 995. Además se
debe enseñar al caballo a volverse en poco espacio, ejercitándolo en carreras y
vueltas; así cuando nos enfrentemos al enemigo podremos girar con efectividad para
perseguirlo o para huir del mismo 996. Siempre que el caballo realice un ejercicio a
satisfacción del que lo monta, debe recibir alguna recompensa, pues “…lo que el
caballo hace obligado, como dice también Simón, ni lo comprende mejor ni es más
988
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 228.
989
Jenofonte. 1984. Opus cit. Pág. 214.
990
Ibídem. Págs. 214 y 215.
991
Ibídem. Pág. 216.
992
Ibídem. Pág. 215.
993
Ibídem. Pág. 216.
994
Cuando el caballo evoluciona hacia la izquierda pero galopando con la mano derecha, o
hacia la derecha, galopando con la izquierda, habla Jenofonte de equitación de traba.
995
Jenofonte. 1984. Opus cit. Págs. 216 y 217.
996
Ibídem. Pág. 217.
194
bello que si uno dirigiese a un bailarín al son del látigo y del aguijón. Realmente, quien
soporte tal trato, sea hombre o caballo, más que hacer algo con arte lo ejecutará
torpemente. Al contrario, a una señal dada, debe exhibir voluntariamente todas sus
cualidades más hermosas y brillantes. …” 997.
Según Jenofonte, se debía practicar la equitación, unas veces, durante períodos
largos de tiempo y, otras, durante períodos cortos y, además, se debía practicar en
sitios diferentes, pues según el erudito griego, era odioso para el caballo realizar
siempre los mismos ejercicios y en el mismo espacio 998. Llegado el momento de
apearnos del caballo, lo debemos hacer allí donde se ha trabajado, con el fin de que
logre allí mismo su bienestar 999.
Una vez domado el caballo y si lo utilizamos para la guerra, nos encontraremos
con accidentes del terreno que deberemos sobrepasar, por lo que será necesario que
enseñemos al caballo a evolucionar por pendientes y cuestas y a saltar; para lo cual
deben ejercitarse, al unísono, el jinete y el caballo, para, si es necesario, salvarse
juntos, ya que, en unión, serán más eficaces 1000. De cómo enseñaremos esto al
caballo sírvanos este ejemplo: si queremos que el caballo salte un foso, debe saltarlo
primero el jinete sujetando al caballo por las riendas y haciendo saltar al animal; si el
caballo no quiere se le darán toques con una vara o un látigo 1001, hasta que lo haga
con el jinete sobre su lomo. Al saltar un foso o lanzarse por una cuesta, el jinete debe
agarrase a las crines y soltarle el freno al caballo, para que no se agobie con el
mismo 1002. Para caballo de guerra, resume Jenofonte que es adecuado “…cualquier
caballo que sea de pies bien formados, manso, bastante rápido, que acepte y pueda
soportar esfuerzos y que, sobre todo, obedezca, ése será, lógicamente, el menos
molesto y el mejor protector del que monta en las acciones de guerra; más los que
necesitan de un gran acicate a causa de su flojedad, o por ser demasiado fogosos
requieren muchos halagos y atenciones, distraen las manos del que monta y le
infunden desánimos en los peligros. …” 1003. Por lo que no debemos adquirir para la
guerra ni un caballo demasiado fogoso, ni uno que sea flojo en exceso, así “…si se
quiere utilizar un caballo apto para la guerra y cabalgar como si fuera uno magnífico y
famoso, debe evitarse tirar de su boca con el freno, picarlo con la espuela y arrearlo
con el látigo, cosas que hacen muchos creyendo que resulta vistoso; el resultado es
997
Ibídem. Pág. 226.
998
Ibídem. Pág. 219.
999
Ibídem. Pág. 217.
1000
Ibídem. Pág. 218.
1001
Ibídem. Pág. 218.
1002
Ibídem. Pág. 219.
1003
Ibídem. Pág. 208.
195
todo lo contrario de lo que ellos pretenden, ya que, al tirar de la boca hacia arriba, en
lugar de que los caballos vean lo que tienen delante, los ciegan, y, espoleándolos y
pegándoles, los asustan, de modo que se quedan turbados y corren peligro. …” 1004.
Por el contrario, debemos enseñar “…al caballo a cabalgar con el freno libre y a
mantener alzado su cuello, a arquearlo a partir de la cabeza, entonces conseguirá que
el caballo actúe como a él le gusta y que se sienta orgulloso. Hay pruebas de que al
animal le gusta ese proceder, pues cuando quiere realzar su figura entre otros
caballos, sobre todo si está entre yeguas, entonces alza excesivamente su cuello,
arquea notablemente su cabeza, piafa, hace cabriolas y tensa y levanta su cola. En
consecuencia, cuando se le lleva a aquello que él hace, precisamente, para realzar su
figura, sobre todo cuando se pavonea, entonces exhibirá un caballo que se recrea en
la equitación, un caballo magnífico, impresionante y admirado. …” 1005.
Si el uso al que destinaremos nuestro caballo será el de los triunfos, procesiones
y desfiles, debemos servirnos de uno airoso y brillante; pero, desgraciadamente, se
quejaba Jenofonte, tales cualidades no las posee cualquier animal, por lo que, para
conseguir ese caballo brillante, debemos escoger uno que tenga un ánimo arrogante y
un cuerpo robusto 1006. Cabalgando sobre semejantes caballos son representados
héroes y dioses; y, los hombres que los utilizan con prestancia reciben la admiración
de todos, causando gran admiración el caballo que cabriola, tanta como para atraer las
miradas de todos cuantos lo ven, jóvenes y viejos, sin que nadie pueda renunciar a
contemplarlos 1007. Cuando se desfile en un escuadrón se deberán colocar estos
caballos en las primeras posiciones y en las más visibles, para que les sigan los
demás caballos, así “…el ruido de sus cascos, el relincho y el resuello de los caballos
irán al unísono de modo que no sólo él, sino también todos los que le escoltan,
ofrecerán un espectáculo maravilloso. …” 1008.
1004
Ibídem. Pág. 222.
1005
Ibídem. Págs. 222 y 223.
1006
Ibídem. Pág. 225.
1007
Ibídem. Pág. 226.
1008
Ibídem. Pág. 227.
196
aquejarle una indigestión de cebada o cualquier otro problema de salud; y en este
caso es importante actuar con diligencia, ya que al igual que en el hombre, en el
caballo toda enfermedad es más fácil de curar al principio que una vez enconada 1009.
Establos que deben permanecer secos, mediante desagües, y su pavimento
debe ser a base de piedras del tamaño de los cascos, para que éstos se endurezcan;
el estiércol de la cuadra se retirará cada día; además, el palafrenero, sacará al caballo
al revolcadero provisto de bozal, lo que le impide morder; y, cuando lo limpie,
comenzará por las partes superiores hacia las inferiores y pasará los instrumentos de
limpieza en contra de la dirección del pelo, para terminar sacudiendo el polvo en la
dirección del mismo; deben lavarse la cara, el copete, la cola y las crines del caballo,
“…puesto que es necesario que crezcan las crines: las de la cola, para que alcancen
lo más posible y así espante el caballo aquello que le molesta, y las del cuello, para
que el que monta tenga un asidero lo más generoso posible. En verdad, han sido
dadas al caballo de parte de los dioses y como ornato, crines, copete y, además, cola.
…” 1010. No recomienda lavar los cascos cada día, pues se dañan 1011. No se debe
limpiar en exceso el vientre del caballo, pues, además de que molesta mucho al
animal, si ésta parte está limpia, se concentran en ella muchos insectos 1012.
La limpieza del caballo no debe hacerse mirando hacia él, sino en dirección
contraria y fuera de los remos del mismo, apoyándose en los omóplatos del animal; así
no nos ocurrirá nada 1013. Jenofonte recomienda a quien anda con caballos que “…hay
que acercarse lo menos posible a la cara y cola del animal, tanto para limpiarlo como
para todo lo demás que tenga que hacer, pues si el caballo intenta atacar por estos
dos lados puede con el hombre; pero si uno se acerca de lado, podrá utilizarlo sin el
menor daño para él de la mejor forma. …” 1014.
Homero hace mención, en su Ilíada, a la esmerada limpieza con la que debían
mantenerse los caballos:
1009
Ibídem. Pág. 209.
1010
Ibídem. Págs. 209 y ss.
1011
Ibídem. Pág. 211.
1012
Ibídem. Pág. 212.
1013
Ibídem. Pág. 212.
1014
Ibídem. Pág. 212
1015
Homero: La Ilíada. Ed. Lucina, Zamora. 1995. Pág. 561.
197
Los caballos que se crían en libertad son inmunes a la mayoría de las
enfermedades, excepto a la gota, a causa de la que, a veces, pueden perder las
pezuñas; pero éstas se regeneran inmediatamente, ya que las de repuesto van
naciendo al mismo tiempo que se pierden las viejas 1016. Síntomas de esta enfermedad
son el latir del testículo derecho y la excrecencia hueca y arrugada, que se forma
debajo de las narices 1017.
Por el contrario, los caballos criados en casa, son atacados por multitud de
enfermedades. Padecen, incluso, cólicos, uno de cuyos síntomas es arrastrar las
patas traseras contra las delanteras. Si el animal ha estado sin comer durante los días
precedentes y padece un ataque de cólico, los veterinarios le alivian el dolor
extrayéndole sangre 1018. Podía atacarlos, también, el tétanos, que tornaba tensas
todas sus venas, su cabeza y su cuello y obligaba al animal a caminar con sus
extremidades rígidas 1019. Otra enfermedad era la indigestión de cebada, cuyos
síntomas eran la blandura del cielo de la boca y la respiración caliente que exhalaba el
animal enfermo 1020. Todas estas enfermedades son incurables, a no ser que se
produzca una mejora espontánea 1021.
Pueden padecer también la enfermedad de la joven recatada, durante cuyo
padecimiento el animal dirige la mirada al suelo cuando se toca la flauta y si se monta
se lanza al galope hasta que el jinete consigue detenerlo; también baja las orejas
contra la crin 1022. Incurables son también la enfermedad del corazón, durante la que el
caballo contrae los costados; la vejiga traspuesta, durante la que el caballo no puede
orinar; o la enfermedad originada por la ingesta del escarabajo de la uva 1023.
Las mordeduras de las musarañas les producen pústulas a los caballos; si la que
muerde es una hembra preñada, éstas pústulas revientan 1024. La mordedura de la
chalcís, semejante a las pequeñas lagartijas, mata a los caballos. En resumidas
cuentas, según Aristóteles, los expertos aseguran que el caballo puede padecer las
enfermedades que padece el hombre 1025.
1016
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 462.
1017
Ibídem. Pág. 462.
1018
Ibídem. Pág. 462.
1019
Ibídem. Pág. 462.
1020
Ibídem. Pág. 462.
1021
Ibídem. Pág. 462.
1022
Ibídem. Pág. 463.
1023
Ibídem. Pág. 463.
1024
Ibídem. Pág. 463.
1025
Ibídem. Pág. 463.
198
4. 5. JUEGOS ECUESTRES GRIEGOS.
1026
García Romero, F. y Hernández García, B: In corpore sano. El deporte en la Antigüedad y
la creación del moderno olimpismo. Artes Gráficas Solana, Madrid. 2005. Pág. 17.
1027
Decker, W. et Thuillier J. P. Opus cit. 2004. Pág. 102.
1028
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 23.
1029
Ibídem. Pág. 24.
1030
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 173.
1031
Ibídem. Pág. 177.
1032
Ibídem. Pág. 177.
199
Los de Nemea, comenzados en el 573 a. C., se celebraban en el santuario de Zeus de
la ciudad 1033.
Pero los más famosos de los juegos griegos se celebraban en Olimpia, cuyos
primeros vestigios de poblamiento remontables a la Edad del Bronce parecen
evidenciar sólo un lugar de habitación; será hacia 1100 a C. cuando aparecen los
primeros indicios de culto en forma de figurillas de terracota, algunos bronces y carros
con caballos y aurigas 1034. Al lado del majestuoso santuario de Zeus, se situaba el
escenario en el que se celebraban los juegos. Este santuario, el más famoso de toda
Grecia, se encontraba al noroeste del Peloponeso, en el valle del río Alfeo y a los pies
de la colina Crono; constaba de dos partes: el recinto sagrado y los edificios que, fuera
del Altis o bosque sagrado, rodeaban a éste 1035. Si al principio este santuario tuvo una
transcendencia cultual regional, después adquirió un carácter panhelénico, siendo a
mediados del siglo VII a. C. cuando comenzó el esplendor de Olimpia 1036.
Los juegos olímpicos se celebraban cada cuatro años durante la segunda luna
llena, tras el solsticio de verano y entre los días 26 de julio y 27 de agosto 1037; allí se
reunían, durante cinco o seis días, todos los atletas del mundo griego, para conseguir
una victoria que suponía la mayor gloria conocida en la antigua sociedad griega 1038. El
año de los juegos los ciudadanos de Elis, ciudad bajo cuyo dominio había caído
Olimpia, elegía la Bulé o Consejo Olímpico, que se encargaba del control de los
magistrados y de los ingresos; se elegían igualmente a los demás cargos olímpicos
como los agonotetas (organizadores de los juegos), los helenódicas o jueces, los
teocolos o altos sacerdotes, y los tres espodónforos, que eran los encargados de
proclamar por toda Grecia la fecha de los juegos 1039.
Los estados interesados en que sus atletas compitiesen en Olimpia debían
inscribir a sus participantes diez meses antes de comenzar los juegos; y los
competidores debían residir en Olimpia desde un mes antes de que comenzase la
competición 1040. El día antes del comienzo de las pruebas tenía lugar el desfile de los
atletas y la toma del juramento olímpico; el primer día de los juegos se dedicaba a la
trompeta para heraldos; el segundo a las competiciones de los jóvenes menores de
dieciocho años; el tercero a los concursos hípicos; el cuarto tenían lugar las luchas y la
1033
Ibídem. Pág. 178.
1034
Ibídem. Pág. 173.
1035
Ibídem. Pág. 173.
1036
Ibídem. Pág. 173.
1037
Ibídem. Pág. 174.
1038
Cañuelo, S. y Ferrer, J: Mitología griega y romana. Ed. Óptima. Barcelona. 2003. Pág. 36.
1039
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 174
1040
Ibídem. Pág. 174.
200
hecatombe consagrada a Zeus; el quinto se celebraban las competiciones principales,
y en el sexto se repartían las coronas a los vencedores 1041. La importancia de los
Juegos Olímpicos fue tal que se utilizó su cronología para fechar los acontecimientos
más sobresalientes de su historia, siendo Tucídides (siglo IV a. C) el que se encargó
de establecer este criterio, remontándose hasta el 776 a. C., que es el momento que
se marca como el comienzo de la Grecia histórica 1042.
El honor, la fama, la gloria y, en muchos casos, dinero, una estatua,
manutención vitalicia, asiento en el teatro y exención de impuestos, eran concedidos al
vencedor; además, cuando llegaba a su ciudad natal, recibía la enhorabuena de los
magistrados locales y subía a un carro tirado por cuatro caballos, en el que recorría
sus calles, para ser vitoreado por la multitud 1043.
4. 5. 1. Carreras de carros.
Parece quedar fuera de toda duda que las carreras de caballos y de carros
tuvieron una gran importancia en la civilización griega y que las familias aristocráticas
veían en las victorias ecuestres de Olimpia la más bella ilustración de su estatus
social 1044. En Grecia estas carreras se celebraban en el campo y no había edificios en
los que llevarlas a cabo, como prueba este párrafo de Homero:
1041
Ibídem. Págs. 174 y 175.
1042
Cañuelo, S. y Ferrer, J. 2003. Opus cit. Pág. 36.
1043
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 177.
1044
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 178.
1045
Homero. 1995. Opus cit. Pág. 564.
201
El carro con el que competían, elemento esencial en la prueba, era el antiguo
carro de guerra homérico, ligero y bajo; su plataforma se alzaba sobre dos ruedas de
cuatro radios, en la que se colocaba el auriga, que conducía de pie, con las riendas en
la mano izquierda y el látigo en la derecha; del carro tiraban dos (bigas) o cuatro
caballos (cuadrigas) 1046. En aquella lejana antigüedad, la forma de enganchar los
caballos al carro, según Lión, era mediante el atalaje que se había heredado de los
bueyes y con la que, según Contenau, la capacidad de esfuerzo del caballo era igual a
su resistencia a la estrangulación; no obstante, esta forma de enganchar, pervivirá
durante siglos, llegando a alcanzar los tiempos del Imperio Romano 1047. Cuando se
aumentó el número de caballos, se siguió manteniendo esta forma de enganchar; para
la forma de la triga, acolando un caballo a la derecha, y para la cuadriga, añadiendo
uno a cada lado; por lo que “…el esfuerzo de tracción efectuado por los caballos
laterales de la cuádriga era muy débil; en realidad su principal misión era la de
defender al carro de choques laterales contra otros carros o contra obstáculos, así
como mantener en correcta posición a los caballos centrales. …” 1048.
Los concursos hípicos fueron introducidos en Olimpia en la 25ª Olimpiada (680
a. C) y comprendían carreras de cuadrigas y bigas para caballos y potros, y carreras
de caballos y potros con jinete 1049. Quizá la primera competición de Olimpia fuera una
carrera de carros que rememoraba las hazañas del héroe Pélope 1050. Este héroe
mitológico era hijo de Tantalo y compitió en una carrera con Enómano, rey de Pisa,
que como no quería casar a su hija Hipodamia, estableció que solo se casaría con ella
aquel que lo venciera en una carrera de carros; Pélope lo venció y se casó con
Hipodamia 1051.
Las carreras de carros, durante el período clásico griego, se celebraban en los
cuatro grandes juegos y en las Panateneas; y aunque en las otras pruebas los
participantes podían ser humildes, en las carreras de carros sólo participaban los
ciudadanos ricos o, incluso, los reyes y tiranos de los estados del mundo griego 1052,
porque mantener los caballos y los equipos que se necesitaban para las pruebas era
caro, razón por la que sólo podían permitírselo los ricos, así que la introducción de las
1046
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M: El ocio en la Grecia clásica. Universidad de
Deusto. Bilbao 2007. Pág. 108.
1047
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 62.
1048
Ibídem. Pág. 62.
1049
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 177.
1050
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 107.
1051
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 292.
1052
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 108.
202
carreras confirió a estos certámenes un carácter aristocrático 1053. En otras ocasiones
eran las propias ciudades las que se encargaban de financiar caballos y carros que las
representasen en los juegos 1054.
Éstos son algunos de los aristocráticos ganadores de los Juegos Olímpicos:
Filipo II de Macedonia lo hizo en el 356 a. C., venciendo en las modalidades de bigas y
cuadrigas; y aunque algunos soberanos, entusiasmados, llegaron a participar
personalmente en las carreras, los más, para evitar que sus súbditos los vieran perder
desairados, encomendaban a los jinetes y aurigas las riendas de sus caballos; siendo
ellos, al fin, los vencedores, ya que en Grecia los coronados no eran los aurigas sino
los dueños de los caballos 1055. Así fue como lograron sonadas victorias personajes
como Atalo, el padre del rey Atalo I de Pérgamo, que venció en Olimpia; en las
Panateneas del 178 a. C. vencieron los cuatro hijos de Atalo; en ellas vencieron
también Ptolomeo V Epífanes, Ptolomeo IV Filopator (reyes macedonios de Egipto),
Mastanabal (hijo del rey Masinisa de Numidia) y Antíoco V Eupator 1056, y el rey
Mitridates VI del Ponto venció cuatro veces en Quíos y en Rodas 1057. Posibilidad de
proclamarse vencedora que no estaba vedada a mujeres como Cinisca, la hermana
del rey Agesilao de Esparta, que lo hizo en Olimpia (396 y 392 a. C) 1058. Después de
su victoria ella consagró una ofrenda votiva, que se conserva en el Museo de Olimpia,
cuyo texto es el siguiente: “…Mis padres y mis hermanos son reyes de Esparta.
Cinisca, vencedora gracias a su tiro de pies rápidos, ha hecho estampar esta
escultura. Y yo declaro: de todas las mujeres de Grecia yo soy la única en conseguir
esta corona. …” 1059. Otra mujeres ganadoras fueron Belistice, la amante del rey
Ptolomeo Filadelfo, que lo hizo en el mismo lugar y en los años 268 y 264 a. C.; o
Ceuxó, esposa de Polícrates, el gobernador de Chipre, que venció en las Panateneas
(entre los años 194 y 178 a. C.) 1060.
1053
Ibídem. Pág. 107.
1054
Ibídem. Pág. 112.
1055
Ibídem. Pág. 108.
1056
Antíoco V Eupater (172-162 a. C) Hijo de Antíoco IV Epífanes. Fue asesinado por Demetrio
en Antioquía, cuando volvía de Roma de reclamar su reino. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 30).
1057
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 108.
1058
Ibídem. Pág. 108.
1059
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 103.
1060
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 108.
203
según su posición sólo podían ver la salida de los aurigas, la carrera en el tramo
intermedio o la victoria final, problema que se resolvió clavando dos estacas sobre la
que los carros deberían girar, pasando varias veces ante los espectadores, que ahora
podían presenciar el evento en todas sus fases 1061. Ahora, el hipódromo tenía una
longitud aproximada de 380 metros (dos estadios), con dos hitos en los extremos, para
girar sobre ellos; la línea de meta era la misma que la de salida y los caballos debían
completar seis vueltas 1062. Pero, aunque las carreras de caballos eran uno de los
componentes esenciales de las fiestas deportivas griegas, no se han encontrado
trazas arqueológicas de estos campos de carreras. A diferencia de los circos romanos,
cuya construcción podemos admirar todavía hoy, la existencia del hipódromo griego
parece fantasmagórica 1063.
Aunque el recorrido podía variar, lo normal era que la distancia a recorrer fuera
de cuatro estadios (768 metros), y el momento más emocionante de la carrera, como
sucedería luego en Roma al doblar la espina, era rodear el mojón; acción que
evidenciaba la pericia del auriga y su serenidad para afrontar el riesgo y en la que,
para salir airoso, debía tratar de acercarse lo más posible al mismo, para acortar
distancias, pero, a la vez, evitando un choque que podía tener fatales
consecuencias 1064. Éste era el instante de máximo riesgo, cuando podía producirse el
encontronazo con otros carros, los choques en cadena, los caballos desbocados, etc.,
que podían causar la muerte de algún auriga; así relata Sófocles la de Orestes, que
compitió con numerosos aurigas: uno aqueo, otro de Espata, dos de Libia, Orestes era
el quinto, con yeguas de Tesalia, el sexto era etolio y competía con potras alazanas, el
séptimo era de Magnesia, el octavo competía con blancos caballos de estirpe eniana,
el noveno era de Atenas, la ciudad que habían fundado los dioses, y el décimo era de
Beocia. Una vez colocados en los puestos que les habían correspondido por sorteo, se
lanzaron a la carrera, al son de las trompetas de bronce, y “…al mismo tiempo que
excitaban a gritos a los caballos, agitaban las riendas en sus manos. Todo el estadio
se llenó del estrépito de los trepidantes carros. El polvo se elevaba hacia el cielo.
Todos mezclados a la vez, no escatimaban las picas para que cada uno de ellos
pudiera sobrepasar los bujes de los otros carros y a los caballos que relinchaban. Al
mismo tiempo el aliento de los corceles espumeaba e irrumpía en torno a sus espaldas
y a las ruedas en movimiento.
1061
Ibídem. Pág. 112.
1062
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 177.
1063
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Págs. 64 y 65.
1064
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Págs. 108 y 109.
204
Aquél, estando justo al pie del último poste, acercaba una y otra vez el cubo de
la rueda hasta rozarlo y, al tiempo que dejaba más suelto al caballo uncido a la
derecha, retenía al que estaba en su lado. Al principio todos los carros estuvieron en
pie, pero después los caballos del eniano se precipitan con fuerza, desbocados y, al
volverse, terminando la sexta vuelta y ya en la séptima, chocan de frente con el carro
barceo. Entonces, a causa de un solo infortunio, se destrozan y se caen unos sobre
otros, y toda la llanura de Crisa se llenó de restos de carros volcados. Al darse cuenta,
el diestro conductor de Atenas se aparta hacia fuera y se detiene, dejando que pasen
por el centro los carros y caballos mezclados en confusión. Orestes, que mantenía los
potros al final porque confiaba en la última vuelta, avanzaba el último. Pero cuando ve
que ha quedado solo aquel, haciendo resonar un agudo chasquido en las orejas de los
rápidos corceles, se lanza en su persecución y avanzaban igualados los dos en los
troncos, sacando desde los carros, unas veces uno y otras el otro, la cabeza. En todas
las demás vueltas se mantuvo erguido con seguridad, derecho, el infortunado, en un
carro también derecho. Después, suelta la rienda izquierda en un momento en que el
caballo está doblado y tropieza con el extremo de la meta sin advertirlo. Rompió por la
mitad el extremo del eje y cayó desde la baranda del carro. Se enreda en las bien
cortadas riendas. Al caer él al suelo, los caballos se dispersaron por en medio de la
pista.
Cuando la multitud lo ve derribado, prorrumpe en gritos de lamento por el joven
que, habiendo realizado semejantes hazañas, alcanza ahora tales infortunios.
Arrastrado unas veces por el suelo y otras apareciendo las piernas por el aire, hasta
que los otros conductores, reteniendo con esfuerzo la carrera de los caballos, le
soltaron cubierto de sangre, de modo que ninguno de sus amigos hubiera podido
reconocerlo, si hubiera visto el desdichado cuerpo. …” 1065.
En la Ilíada se describe una carrera de carros que organizó Aquiles con motivo
de los funerales de su amigo y auriga Patroclo, disputada por cinco contrincantes: el
rey Eumelo; Diomedes de Tidida, que condujo los corceles de Tros que había robado
a la casa real de Troya, uncidos a un carro guarnecido de oro y estaño; Melenao, que
enganchó a su carro a su caballo Podargo y a su yegua Ete; Antiloco que enganchó
sus corceles de Pilos, de hermoso pelaje y ligeros pies; y Mariones que unció caballos
1065
Citado. Ibídem. Págs. 109 y 110.
205
de hermoso pelo 1066. Lejos estaba la marca, en la que estaba sentado un escudero
para atestiguar las faltas cometidas por los cocheros, y en la que debían girar los
carros para volver a alcanzar la meta, que era el punto del que habían partido 1067.
Néstor, el padre de Antiloco, le aconseja antes de partir: “…acércate a la meta y den la
vuelta casi tocándola carros y caballos; y tú, inclínate en el fuerte asiento hacia la
izquierda y anima con poderosas voces al corcel del otro lado aflojándole las riendas:
el caballo izquierdo se aproxime tanto a la meta que parezca que el cubo de la rueda
haya de llegar al tronco, pero guárdate de chocar no sea que hieras a los corceles,
rompas el carro y causes el regocijo de los demás. …” 1068. Así aparecen textualmente
estos consejos de Néstor en la IIíada de Homero:
Y continúa:
1066
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 112.
1067
Ibídem. Pág. 112.
1068
Ibídem. Pág. 112.
1069
Homero. 1995. Opus cit. Pág. 563.
206
y que el caballo de izquierda al mojón se apegue ya tanto
que dé a parecer que va con el buje del cubo a tocarlo
la fábrega rueda; más ve con el maño el choque esquivando,
no sea que a los corceles los manques y quiebres el carro,
y ya regocijo a los otros y a ti escarmiento y mal chasco
te sea, querido; más tú en tu juicio estate avisado. …” 1070.
1070
Ibídem. Pág. 563.
1071
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 112.
1072
Ibídem. 112 y 113.
1073
Ibídem. Pág. 112.
207
Aquiles, sonriendo, atribuyó a su amigo la yegua y le regaló una soberbia
armadura a Eumelo. Pero entonces Menelao acusó a Antíloco de haber obstaculizado
a sus caballos con malas artes y le exigió se sincerase por medio de un juramento por
Poseidón, el creador del corcel. El otro confesó avergonzado su culpa y dio al Atrida la
yegua que había obtenido, acción que desarmó la cólera de Menelao, y así, dejando el
animal al joven, quedose él con el tercer premio, el trípode. Meríones recibió dos
talentos de oro como cuarto premio, y en cuanto al quinto, que quedaba desierto,
consistente en una copa de oro con asas, nunca tocada aún por el fuego, entregóselo
Aquiles como presente a Néstor. …” 1074.
4. 5. 2. Jinetes montados.
Los jinetes griegos aprendían el arte de la equitación entre los 14 y los 18 años,
ya que, cuando a ésta edad entraban en la efebía 1075, debían saber montar a caballo
para, posteriormente, aprender el manejo de las armas 1076. A la caza, en la que había
que saltar vallas y fosos, correr por pendientes y terrenos accidentados, se la
consideraba como el entrenamiento ideal para el jinete 1077.
En los grandes juegos no sólo competían los carros, ya que parece que en
Grecia el caballo montado fue ocupando un puesto cada vez más importante, tanto en
los ejércitos como en los juegos 1078. De la importancia de esta disciplina dan fe el
tratado de equitación, obra de Simón de la que se conservan algunos fragmentos
(siglo V a. C.) 1079, y la posterior de Jenofonte, que nosotros ya conocemos. Parece que
en Grecia, la función de rellenar los espacios muertos entre las carreras de carros,
corría a cargo de los jinetes que montaban sus caballos, modalidad que es introducida
en Olimpia en 648 a. C.; conocemos a un famoso vencedor de esta modalidad de
competición: Hierón de Siracusa, al que consagra Píndaro su primera oda olímpica y
en la que su alazán Phérénicos hizo una carrera excepcional (476 a. C) 1080.
1074
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 552.
1075
Academia militar, instituida tras la derrota de Queronea, en la que debían realizar el servicio
militar obligatorio los ciudadanos varones, entre los dieciocho y los veinte años. Cuando perdió
la mayor parte de sus cometidos militares, sobrevivió como academia educativa hasta el siglo
III d. C. (Speake, G (Ed). 1999. Opus cit. Pág. 131.
1076
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 112.
1077
Ibídem. Pág. 111.
1078
Ibídem. Pág. 110.
1079
Ibídem. Pág. 110.
1080
Thuillier, J. P: Le sport dans la Rome antique. Ed. Errance. Paris. 1996. Pág. 95.
208
Segura y Cuenca aseguran que los antiguos ni utilizaban estribos ni sillas, hasta
que ésta apareció en el siglo V a. C., y que el uso de la herradura era excepcional 1081,
lo que muestra el desconocimiento sobre si los antiguos conocían o no la herradura y
si utilizaban o no los estribos. Si éstos no eran conocidos, el jinete debía montar de un
salto, servirse de una piedra o ser ayudado por un auxiliar o palafrenero, que se
adiestraba en ayudar a su señor a subirse al caballo 1082. Los ejercicios de doma
consistían en paso, trote, galope, evoluciones en círculos y, en un terreno tan
accidentado como el griego, saltos de obstáculos 1083.
Ya en el siglo IV a. C. Atenas celebraba la Antipasia, un juego ecuestre que
enfrentaba a los contingentes de caballería de sus diez tribus, que debían cabalgar de
la forma más exacta posible; realizándose estas competiciones durante las Olimpíadas
y los Festivales de las Grandes Panateneas. En este juego se enfrentaban dos
equipos formados por cinco tribus 1084. Su precisión es lo que parece plasmar el friso
del Partenón, que tal vez represente dicha competición, debido a la maestría y
meticulosidad del trabajo 1085.
Del amor que los jinetes griegos sentían por sus monturas nos da cuenta el
hecho de que algunos enterrasen a sus caballos victoriosos. Conocemos a algunos
animales vencedores en Olimpia que, a su muerte, podían recibir el alto honor de ser
enterrados con gran magnificencia, como sabemos que hizo Milcíades cuando enterró
en el Cerámico a sus yeguas, que habían conseguido tres victorias olímpicas; o el
espartano Evágoras, que enterró a sus caballos vencedores en Olimpia 1086.
Caballos dignos de toda la estima que sus dueños pudieran derramar sobre
ellos; sigamos a Aulio Gelio y sus Noches Áticas para conocer la historia de la muerte
de Bucéfalo, el caballo del gran Alejandor Magno: “...El caballo del rey Alejandro era
Bucéfalo [...]. Se cuenta que, una vez enjaezado y preparado para el combate, jamás
consintió ser montado más que por el rey. Se ha contado también sobre este caballo
que, en la guerra de los hindúes, como Alejandro lo montase y realizase proezas, lo
1081
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 110.
1082
Ibídem. Pág. 111.
1083
Ibídem. Pág. 111.
1084
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 141.
1085
Ibídem. Pág. 141.
1086
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 491.
209
había lanzado contra las tropas enemigas sin demasiada prudencia y que, al llover los
proyectiles desde todos los lados sobre Alejandro, el caballo tenía la nuca y el flanco
traspasados de heridas profundas. Sin embargo, moribundo y casi exangüe, retiró al
rey de en medio de los enemigos a todo galope y, cuando lo hubo sacado fuera del
alcance de los proyectiles, cayó inmediatamente después, fuera de cuidado por su
amo, salvado en adelante, expiró con el consuelo de un corazón humano, según se
dice. Conseguida la victoria en esta guerra, el rey Alejandro fundó en estos mismos
lugares una ciudad y la llamó Bucéfala en honor del caballo. ...” 1087.
4. 6. LA CAZA EN GRECIA.
Preguntada Ea, hija de Zeus, sobre qué hombres recibieron de ella las gloriosas
artes de la caza, aquella contestó que fueron los centauros que habitaban el monte
Foloé, en la Arcadia, “…mezcla de bestias y de seres humanos, hombres hasta la
cintura, pero desde ella caballos semihumanos, inventaron la caza como pasatiempo
para después del banquete. …” 1088.
En Grecia los jóvenes practicaban la caza, además de para conocer sus propios
campos, para ejercitarse, y por el propio placer que encontraban en su práctica 1089.
Así, entre los ejercicios que se reservaban a los jóvenes varones, destacaba el de la
caza, que Licurgo impuso a los lacedemonios, tras las sisitías y la gimnasia 1090. Su
ejercicio, que era como la conclusión del programa educativo del joven griego, no se
limitaba, según Platón, a la captura de los animales sino que englobaba todas las
actividades de búsqueda y captura. La caza, para este autor, era todo un conjunto de
actividades, que abarcaba desde la captura de animales acuáticos y volátiles, hasta la
de los animales terrestres y la de los hombres, bien sea en persecución amistosa, en
la guerra, o en la persecución de ladrones 1091. El mismo autor consideraba como la
más noble, entre las modalidades cinegéticas, aquella en que se daba caza a los
cuadrúpedos con ayuda de los caballos, de los perros y con el esfuerzo del propio
cuerpo, porque “…hay que apoderarse de todas las presas mediante carreras, golpes
o lanzas, o levantamiento de las piezas, capturándolas con las propias manos, si se
quiere ser de aquellos que rinden culto a la valentía que viene de los dioses. …” 1092.
1087
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 272.
1088
Opiano: De la caza. Ed. Gredos. Madrid. 1990. Pág. 81.
1089
Levi G. y Schmitt, J. C (directores): Historia de los jóvenes. I. De la Antigüedad a la Edad
Moderna. Ed. Santillana. Madrid. 1996. Pág. 41.
1090
Ibídem. Pág. 42.
1091
Citado. Ibídem. Págs. 43 y 44.
1092
Citado. Ibídem. Pág. 44.
210
Pero también se empleaban redes en la caza; así sabemos que en tiempos de
Alejandro había funcionarios que tenían redes de caza de más de un kilómetro de
longitud 1093. En el olpe de Chigi, un vaso griego de estilo protocorintio (640 a. C.), se
nos muestran, en sucesivas escenas, las etapas de la formación de un joven
aristócrata: en la parte inferior, la caza de la liebre, que inicia al joven en la actividad
física necesaria; más adelante el joven se inicia en la equitación y en la caza de las
grandes fieras salvajes (registro central); para pasar finalmente al entrenamiento
adecuado para la caza más peligrosa de todas a las que debe enfrentarse, la de seres
humanos en el campo de batalla (registro superior) 1094.
Jenofonte en su De la caza, apunta como preciso “…que el que ya deja atrás la
infancia se dedique, primero, al ejercicio de la caza y, luego, a las demás enseñanzas,
teniendo en cuenta su fortuna: para quien ésta sea suficiente, de una manera digna de
su propia utilidad, y para quien no lo sea, que ponga al menos voluntad sin escatimar
ningún esfuerzo personal. …” 1095. Los que se dedican a este deporte, sacarán gran
provecho de ello, “…pues procura salud a los cuerpos, perfecciona la vista y el oído,
retrasa la vejez y, sobre todo, educa para la guerra. …” 1096. Recomienda, igualmente,
practicar la equitación, cazando en zonas fieras, donde la caza abunde; si no se
dispone de ellas es buen ejercicio que dos hombres se persigan, a caballo, por toda
clase de terrenos 1097.
Los cazadores expertos dejaban terrenos sin batir, para que los jóvenes no se
vieran privados del placer de la caza, que, además de proporcionarle muchas
ventajas, los hace sensatos y justos y los educa en la verdad 1098. Es de estos jóvenes
de los que nacen los buenos soldados, que son los mejores porque eliminan de su
alma y de su cuerpo la bajeza y la insolencia, acrecentando el amor a la virtud;
además no podrán ver ni a su ciudad ofendida ni a su país maltratado 1099. Claro que
hay quien piensa que aquellos que se apasionan en exceso por la caza, pueden
descuidar sus asuntos familiares, sin darse cuenta que, precisamente, los que
procuran el bien de sus familiares y amigos son los que más cuidan de sus propios
asuntos 1100.
1093
Lane Fox, R: El mundo clásico. Ed Crítica. Barcelona. 2007. Pág. 303.
1094
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 55.
1095
Jenofonte. 1984. Opus cit. Pág. 244.
1096
Ibídem. Pág. 272.
1097
Ibídem. Pág. 219.
1098
Ibídem. Pág.273.
1099
Ibídem. Pág. 273.
1100
Ibídem. Pág. 273.
211
En Tesalia se practicaba la caza del toro 1101 a caballo. Primero se acosaba al
animal hasta el cansancio, después, galopando en paralelo al mismo, desde el caballo
se saltaba sobre el cuello de la bestia, para romperle las vértebras cervicales,
provocándole la muerte 1102. Heliodoro de Emesa describe en Las Etiópicas la hazaña
del valiente Teágenes, que desde los lomos de un caballo, controló a un toro
desbocado: “…pues ocurrió lo siguiente: se hallaba junto al altar de la Luna una pareja
de toros, y junto al del Sol, un tiro de cuatro caballos blancos, todos dispuestos para el
sacrificio. Espantados de aquel singular animal, extraño y desconocido, que entonces
veían por vez primera, se llenaron de pánico como si se tratase de un fantasma y
rompiendo las correas con las que los tenían sujetos, uno de los toros […] y dos de los
caballos se precipitaron en una huida irrefrenable.[…].
Entonces Teágenes, movido bien por su natural valentía, bien por la inspiración
de algún dios, aprovechando que los guardias apostados a su lado se habían
dispersado a consecuencia de la confusión reinante, se irguió de súbito, […] cogió uno
de los caballos que no habían escapado, montó a sus lomos, se aferró a las crines y,
usando de ellas a modo de riendas, azuzó al caballo con los talones, al tiempo que lo
fustigaba con el palo, como un látigo, y se precipitó hacia el toro desbocado. […], tras
alcanzar al toro en un mínimo espacio de tiempo, avanzó por unos momentos detrás
de él, picándolo para hacerlo correr más aprisa. A cualquier dirección hacia la que
volvía su impetuosa carrera, lo perseguía esquivando con cuidado sus giros y
embistes.
Pero cuando hubo habituado al toro a su presencia constante y a sentir sus
maniobras, se adelantó cabalgando a su costado, rozando piel con piel, mezclando el
aliento y el sudor del toro con los del caballo. Iba regulando con tanta exactitud la
carrera de ambos, que desde lejos parecía como si las cabezas de los dos animales
estuvieran fundidas. Todos aclamaban apoteósicamente a Teágenes, que había
uncido esa inaudita yunta de caballo y toro. Así manifestaba su admiración la multitud.
…” 1103.
Si en la Grecia arcaica era costumbre que a los jóvenes los educase un
personaje prestigioso, entre los habitantes de Olimpo se seguía la misma costumbre;
así, cuando la diosa Tetis abandonó a su hijo Aquiles, su padre, Peleo, lo entregó al
centauro Quirón, que lo inició en los secretos de la caza 1104. Pero no sólo Aquiles fue
1101
“…Las dehesas griegas de Tesalia criaban un tipo de ganado semibravo con el que se
practicaban ejercicios a caballo. …” (Delgado Linacero, C. Opus cit. Pág. 183).
1102
Ibídem. Pág. 163.
1103
Citado. Ibídem. Págs. 163 y 164.
1104
Levi G. y Schmitt, J. C (directores). 1996. Opus cit. Pág. 47.
212
discípulo de Quirón, ya que según Jenofonte, lo fue también el propio Peleo, así como
Teseo, Melanión, Céfalo y los hermanos Castor y Pollux 1105.
Para ejercitarse, el cazador debía vestirse con el atuendo adecuado y auxiliarse
de perros; perros de los que nos hablan los poemas homéricos “...que atestiguan que
los cazadores se servían de ellos contra el león, la pantera, el jabalí, el ciervo y la
liebre. Había perros de acoso capaces de enfrentarse con un león o un jabalí; otros
estaban amaestrados para levantar la caza, perseguirla y traerla, tras haberla
capturado. ...” 1106. Además de con los perros, los cazadores se auxiliaban con armas; y
las que utilizaban podían ser de tiro o de choque; contando entre las primeras con
arcos y flechas, ballestas, hondas y venablos; y, entre las segundas, con cuchillos,
puñales, hachas, mazas y chuzos 1107. No solían los griegos, ni tampoco los romanos,
al contrario que otros pueblos bárbaros, emponzoñar las puntas de sus armas para
matar a las fieras con menor esfuerzo; pero sí utilizaban la red para conformar una
especie de cerca hacia la que dirigían la caza, mediante plumas o cintas de colores y
profiriendo grandes gritos; redes que se cerraban en círculo cuando presas como
ciervos o jabalíes caían en ellas 1108.
4. 6. 1. Mujeres cazadoras.
1105
Ibídem. Pág. 49.
1106
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 269.
1107
Ibídem. Pág. 269.
1108
Ibídem. Pág. 169.
1109
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 127.
1110
Ibídem. Pág. 127.
213
unió a los héroes que acudieron a la caza, entre los que se encontraban Néstor y los
hermanos Castor y Pólux, que acudieron montando blancos corceles; pero fue
Atalanta la que tuvo el honor de herir al jabalí que remató Meleagro, ofreciendo parte
del botín a Atalanta, la doncella de Arcadia, lo que provocó la ira de los tíos del joven,
a los que Meleagro tuvo que asesinar; entonces Altea, madre de éste, vengó la muerte
de sus hermanos matando a su propio hijo 1111.
1111
Ibídem. Pág. 128 y ss.
1112
Levi G. y Schmitt, J. C (directores).1996. Opus cit. Fig. 1.
1113
Ibídem. Figuras 9, 10 a y 10 b.
1114
Ibídem. Figura 22ª.
1115
Ibídem. Figura 23 b.
1116
García y Bellido, A: Enciclopedia Clásica I. El Arte Romano. Ed. C.S.I.C. Madrid. 1979.
Pág. 37.
214
Panateneas, del friso occidental del Partenón (440 a. C.); o la disputa entre los dioses
Poseidón y Atenea, que el viajero J. Carrey dibujó en 1674, pertenecientes al mismo
1117
friso de este edificio .
De espectacular belleza debía ser el carro que coronaba el Mausoleo de
Halicarnaso, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Cuando murió Mausolo,
rey de Caria, su esposa Artemisia construyó para él una gran tumba que además de
alojar el cuerpo del rey muerto, se adornaba con gigantescas estatuas de él y de ella,
con un carro tallado y colocado en lo alto de la tumba, y con frisos esculpidos en todo
su perímetro 1118.
1117
Ramírez, J. A: Historia del Arte. El mundo antiguo. Ed. Alianza. Madrid 1996. Pág. 269 y ss.
1118
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 205.
1119
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 109.
1120
Ibídem. Pág. 109.
1121
Ibídem. Pág. 109.
215
promoviesen la confusión entre los guerreros 1122. General que desaconseja la lucha
individualista, contra la que da órdenes expresas: “…”nadie, confiando en su pericia
ecuestre o en su valor quiera luchar sólo y fuera de filas; el que caiga de su carro y
suba a otro, luche con la lanza pues es lo mejor… .” 1123. La organización defensiva
contra las unidades de carros se describe en la rapsodia VII, consistente en fosos que
no pueden saltar ni hombres ni caballos, y campos erizados de agudas estacas o
muros 1124.
Estas obras nos informan, tanto del armamento de los guerreros como de los
adornos con los que se embellecían. Así, en la Odisea, cuando Homero se refiere a
Telémaco nos informa sobre sus armas y sobre las crines de caballo que adornaban
sus casco: “…Fue a la estancia donde estaban sus famosas armas y tomó cuatro
escudos, ocho lanzas y cuatro cascos de bronce con crines de caballo, …” 1125.
No faltan alusiones a los triunfos, y por tanto a los caballos, en la literatura
clásica. Por ejemplo Estacio en su Tebaida, narra que el rey ateniense Teseo, tras
vencer a las amazonas, fue homenajeado con un triunfo al estilo romano, recorriendo
las calles, vitoreado por la multitud, y montado en un carro adornado con ramas de
laurel y tirado por cuatro caballos blancos 1126.
Los dioses griegos no crearon el mundo sino que nacieron de éste, haciéndolo al
mismo tiempo que el universo y los seres humanos; circunstancia que los hacía más
cercanos a los hombres, máxime si tenemos en cuenta que el propio mundo de los
dioses era una recreación del de los humanos 1127.
4. 8. 1. Dioses.
Adentrémonos en la mitología griega, para conocer a los modelos, de los que los
romanos copiaron sus réplicas, y su relación con los caballos. Según los sabios
1122
Ibídem. Págs. 109 y 110.
1123
Ibídem. Pág. 110.
1124
Ibídem. Pág. 110.
1125
Homero: Odisea. Editora nacional. Madrid. 1983. Pág. 382.
1126
Beard, M: El triunfo romano. Una historia de Roma a través de la celebración de sus
victorias. Ed. Crítica. Barcelona. 2008. Pág. 62.
1127
Cañuelo, S. y Ferrer, J. 2003. Opus cit. Pág. 51.
216
griegos, antes de la creación del mundo, sólo existió el Caos 1128. Gea, la Madre Tierra,
había nacido del Caos; y de ésta, sin necesidad de aparearse, nació Urano (el Cielo o
Firmamento). Éste se puso encima de Gea, formando ambos los dos planos
superpuestos del universo; entonces “…Urano derramó lluvia fértil sobre sus
hendiduras secretas, con lo que Gea produjo hierbas, flores y árboles, además de los
animales y las aves correspondientes. La lluvia también llenó de agua los lugares
secos de la tierra, con lo que se formaron los ríos, los lagos y los mares. Gea es, pues,
la madre universal. …” 1129.
Entre todos los dioses griegos, Zeus era el más importante, siendo el soberano
de éstos y de los hombres. Era hijo de Cronos 1130 y de Rea 1131 y antes de acceder al
trono tuvo que vencer a su padre, que había devorado a todos sus hermanos, a
Tifón 1132, y a los gigantes que se oponían a su recién estrenada supremacía universal.
Para vencer a Tifón, Zeus montó en un carro del que tiraban caballos con alas, con el
que lo persiguió por distintas partes del mundo; Tifón le lanzaba montañas para
defenderse de sus ataques, pero Zeus, valiéndose del rayo, las dirigía de nuevo contra
Tifón, que pretendió refugiarse en el mar de Sicilia; finalmente Zeus lo aplastó contra
el monte Etna, cuyo cráter sigue vomitando lava desde entonces 1133.
El dios de los Infiernos era Hades 1134, de cuyo carro tiraban caballos negros.
Este dios se había enamorado de Perséfone, que era hija de Deméter y de su
hermano Zeus y como la madre de Perséfone se negaba a que su hija se marchase al
Tártaro 1135, Zeus aconsejó a Hades que la raptara; rapto que presenciaron unos
pastores que vieron “…cómo la tierra se había abierto de golpe y, de su interior, había
salido un carro tirado por caballos negros y conducido por alguien con el rostro
invisible, quien tras coger por la fuerza a una muchacha, dirigió el carro de nuevo
1128
“…Personificación del vacío primordial, anterior a todo, incluso al orden del mundo. …”.
(Ibídem. Pág. 249).
1129
Ibídem. Pág. 58.
1130
“…Dios del tiempo, hijo de Gea y de Urano, era el más joven de los titanes…”. (Ibídem.
Pág. 254).
1131
“…Hija de Urano y de Gea, fue la mujer de Cronos y madre de Hestia, Deméter, Hades,
Poseidón y Zeus. …”. (Ibídem. Pág. 299.
1132
“…Monstruo nacido de la unión entre Gea y el Tártaro, Tifón luchó contra Zeus para
hacerse con el dominio del universo. …”. (Ibídem. Pág. 306.).
1133
Ibídem. 2003. Pág. 66.
1134
“…Hijo de Cronos y Rea, Hades era el dios de la muerte y uno de los más odiados del
panteón griego. […] Todas las almas de los muertos iban hacia él, y su contacto con el mundo
superior era muy limitado. …” (Ibídem. Pág. 267).
1135
“…Era la región más profunda del universo. Sobre el Tártaro estaban las raíces de la tierra
y el mar. Se decía que su entrada se encontraba donde la noche y el día se cruzaban y se
saludaban sin llegar nunca a tocarse. Era la prisión de los dioses vencidos y de los héroes que
habían agraviado a Zeus. El Tártaro también era temido por los mortales, ya que allí iban todas
las almas malas….” (Ibídem. Pág. 303).
217
hacia la grieta. …” 1136. Deméter no pudo soportar la pérdida de su hija y castigó a la
Tierra impidiendo que árboles y plantas crecieran; por ello Zeus se vio obligado a rogar
a Hades que devolviera a Perséfone; pero como ésta comiera las semillas de una
granada del huerto de los muertos, se vio obligada a volver tres meses al año con
Hades, tiempo que se correspondía con el otoño, “…en el que la tristeza y la añoranza
de Deméter hacían que las hojas cayeran de los árboles. El apogeo del dolor de la
diosa por la pérdida de su hija llegaba cada invierno, estación que, para los griegos,
era la manifestación de este dolor y añoranza divinos. …” 1137. Al Tártaro llegaban
todas las almas; allí Minos, Radamantis y Éaco las juzgaban; si eran malas se
conducían al campo de castigos del Tártaro, si no eran ni virtuosas ni malas eran
enviadas a las praderas de Asfódelos, y si eran buenas eran dirigidas a los jardines del
Elíseo, en los que“…el día era perpetuo, nunca hacía frío y los juegos, la música y la
alegría jamás cesaban. Sus habitantes podían regresar a la tierra en cuanto lo
desearan. Muy cerca de allí estaban las islas de los Bienaventurados, destinadas a
aquellos que habían nacido tres veces y habían alcanzado el Elíseo en otras tantas
ocasiones. …” 1138.
El dios del mar era Poseidón, que habitaba en un palacio en el Egeo y
cabalgaba en su carro sobre las aguas, mientras, según Homero, los habitantes del
mar se alegraban viendo pasar a su señor 1139. Éste se jactaba de ser el creador de los
caballos y de inventar la brida, aunque se sabe que en este último menester se le
adelantó Atenea; pero lo que nadie le discute es el haber instituido las carreras de
caballos 1140. Se dice que copuló con Deméter, cuando ésta buscaba
desesperadamente a su hija, tras el rapto de Hades, en un momento en que se
transformó en yegua para descansar en un prado; ocasión que aprovecho Poseidón,
convirtiéndose en caballo, para montarla, pese a la resistencia que opuso Deméter; de
esta unión nacieron la ninfa Despoina y el caballo salvaje Arión 1141.
En el himno homérico se cita a los hermanos castores; al primero como domador
de caballos y a Polideuces irreprochable como virtuoso, aunque los dos aparecen en
el himno 17 como Tindáridas, de raudos corceles 1142. Pero conozcamos un poco más
a estos atractivos hermanos. En efecto la madre de Elena tenía dos hijos; Cástor era
1136
Ibídem. Pág. 71.
1137
Ibídem. Pág. 71.
1138
Ibídem. Pág. 73.
1139
Citado. Ibídem. Pág. 22.
1140
Ibídem. Pág.74.
1141
Ibídem. Pág. 74.
1142
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 251.
218
hijo de su marido, el rey Tíndáreo de Esparta 1143 y Pólux era hijo de Zeus, por lo que el
primero era mortal y el segundo inmortal; y se les llamaba ya Tindáridas, por el padre
de Castor, ya Dioscuros o hijos de Zeus 1144. Eran inseparables, tanto en la vida como
en la muerte, realizando juntos todas sus proezas. Eran bellos y graciosos y siempre
estaban inclinados hacia la alegría y la bondad. Cástor sobresalía en el arte de domar
caballos salvajes y Pólux era un excelente púgil 1145. Cuando Teseo raptó a su
hermana Helena, mostraron su irresistible valor, al montar “…los caballos, veloces
como el viento, que les regalaran los dioses, persiguiendo al atrevido raptor y
libertaron a la doncella de la fortaleza de Afidnas, donde estaba retenida prisionera.
…” 1146.
1143
Se duda sobre si su padre fue Perieres o Ébalo y sobre si su madre fue Gorgófone o Batia.
Su hermano o hermanastro Hipocoonte lo expulsó de Esparta y Tindáreo se refugió en Etolia,
convirtiéndose en aliado de su rey y casándose con la hija de éste, Leda. Con ésta tuvo varios
hijos; pero Leda también fue amada por Zeus, por lo que se cree que Pollux era hijo de Zeus y
Cástor lo era de Tindáreo (March, J: Diccionario de mitología clásica. Ed. Crítica. Barcelona.
2002. Pág. 429).
1144
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 143.
1145
Ibídem. Pág. 153.
1146
Ibídem. Pág. 153.
219
Los Dioscuros eran amigos de los Afáridas, Linceo e Idas, hijos del rey de
Mesenia, Afareo 1147, pero un incidente en el reparto de un botín de bueyes, trocó esa
amistad en un odio mortal. Idas se sirvió de una treta para quedarse con todo el botín
y los Dióscuros encolerizados por el incidente les robaron las novias a los hermanos y
se casaron con ellas; entonces Idas, después de encontrarlos traspasó el pecho de
Cástor con un venablo, pero Pólux, ayudado por su padre, terminó con ambos
Afáridas, regresando presto al lado de su hermano moribundo, tras lo cual, dijo a su
padre: “…Oh, padre Zeus, ¿cómo terminará mi aflicción? ¡Oh déjame que muera con
él, Señor! No hay ya honor ni alegría para el que pierde a su amigo más querido.
…” 1148. El rey descendió para hablar con su hijo, al que dijo: “…Eres inmortal, puesto
que eres hijo mío. Éste, en cambio, fue engendrado por un padre mortal. Pues bien,
escoge libremente: si quieres librarte de la muerte y de la vejez odiosa; si quieres
morar eternamente en el Olimpo en compañía de los dioses bienaventurados, dios tú
mismo, pero sin Cástor, te será concedido. Pero si quieres compartir en todo la suerte
de tu hermano amado, podrás pasar con él la mitad del tiempo en el tenebroso Hades
y la otra mitad en los áureos aposentos del cielo. …” 1149. Pólux no dudó ni un instante
en elegir el destino común, por lo que Zeus abrió los ojos de Cástor y le desató su
lengua y así los dos gemelos, pasan un día en el Olimpo, junto a Zeus y los demás
dioses, y otro en el Hades. Los hombres veneran a los Dióscuros y les dirigen sus
súplicas, pues los adoran como misericordiosos valedores en el peligro 1150. Destino de
estos dioses que ignoraba su hermana Helena, que durante la guerra de Troya los
echó de menos, preguntándose si habrían dejado de acudir a la misma porque se
avergonzaban de ella; y es que Helena ignoraba que sus hermanos habían
desaparecido de la Tierra desde hacía largo tiempo 1151. También estos antiguos dioses
tenían su día de fiesta.
El medio de transporte de los dioses era el carro. Volvamos a la guerra de Troya
para encontrarnos a Zeus advirtiendo a los dioses que no tomasen partido ni por
griegos ni por troyanos; los dioses escucharon humildemente aquellas amenazas, y
Zeus, subiéndose a su soberbio carro, se retiró al Ida, donde tenía un bosque y un
altar 1152. Caprichosa deidad que, luego, tomó partido a favor de los troyanos,
1147
Hijo de Perieres y de Gorgófone, la hija de Perseo. A la muerte de su padre reinó con su
hermano menor, Leucipo, en Mesenia. Se casó con su hermanastra Arene y con ella tuvo a sus
famosos hijos Idas y Linceo (March, J. 2002. Opus cit. Pág. 20).
1148
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 155.
1149
Ibídem. Pág. 155.
1150
Ibídem. Págs. 155 y 156.
1151
Ibídem. Pág. 429.
1152
Ibídem. Pág. 459.
220
mandando un rayo fulminante contra los griegos, que aterrorizados comenzaron a
flojear; sólo permanecía en primera fila el anciano Néstor, y eso a pesar de que el
troyano Paris había herido mortalmente de una flecha a su caballo en la cerviz, por lo
que el animal se encabritó antes de caer al suelo para morir. Mientras Néstor se
esforzaba por cortar con la espada las correas que aprisionaban al corcel caído con su
compañero, el troyano Héctor, que perseguía a los griegos, se acercó al anciano, que
hubiese perdido la vida si no hubiera acudido en su auxilio Diomedes 1153. Éste trasladó
al anciano Néstor a su carro y emprendió la persecución de Héctor, disparándole una
flecha que terminó en el pecho de su auriga; Héctor llamó a otro auriga y se precipitó
al encuentro de Diomedes, pero Zeus, consciente de la segura derrota de Héctor,
mandó un rayo que cayó delante del carro de Diomedes, por lo que Néstor se asustó,
dejando caer las riendas y diciendo: “…Vamos, Diomedes, huyamos a todo galope;
¿no ves que hoy Zeus nos niega la victoria? …” 1154.
4. 8. 2. Héroes.
Este Diomedes era el dueño de las yeguas de las que debía apoderarse
Hércules en uno de sus doce trabajos. Hércules era hijo de Zeus y de Alcmena y nació
después de que Zeus quisiera dar a los mortales un hombre nacido de su sangre, para
que se convirtiera en el mayor héroe de todas las edades 1155. Hera, la mujer de Zeus,
celosa de las infidelidades de su marido, hizo enloquecer al fuerte hijo bastardo de
éste, que mató a sus propios hijos, creyéndolos enemigos; como Hércules quiso
subsanar este crimen hubo de ponerse a los órdenes de Euristeo, rey de Micenas, que
le mandó realizar doce difíciles trabajos 1156. El octavo era, precisamente, robar a
Diomedes sus yeguas comedoras de carne, que éste soberano mantenía atadas con
cadenas de hierro y alimentadas con la carne de sus confiados huéspedes 1157. El
fortachón Hércules no tuvo muchas dificultades para robar las yeguas, pero antes de
embarcarlas tuvo que luchar contra los hombres de Diomedes, a los que venció,
cogiendo prisionero al propio rey; y, una vez en la embarcación, Hércules las alimentó
con el propio Diomedes, al que las carnívoras yeguas devoraron de inmediato.
1153
Ibídem. Pág. 459.
1154
Ibídem. Pág. 460.
1155
Cañuelo, S. y Ferrer, J. 2003. Opus cit. Pág. 135.
1156
Ibídem. Pág. 270.
1157
Ibídem. Pág. 141.
221
Saciada el hambre de las yeguas, Hércules no tuvo dificultades en dominarlas y
llevarlas ante el rey de Micenas 1158.
Pero la excitante vida de Hércules, de la que no se ausentaron los incidentes
que protagonizaban los caballos, siguió su rumbo. Después de realizar los doce
trabajos que el rey de Micenas le había encomendado para expiar el crimen de sus
hijos, quedó libre de sus órdenes. Cuando retornó a su casa se divorció de su mujer,
Megara, porque según él estaba marcada por la desdicha, por lo que tuvo que
buscarse otra esposa; como se enterara que su amigo Éurito había ofrecido a su hija
Yole al arquero que disparara las flechas más lejos que él mismo, decidió participar en
el certamen y lo ganó 1159. Pero como Eurito se enteró que había matado a sus hijos y
repudiado a su mujer, se negó a entregar su trofeo a Hércules y, además, lo expulsó
del banquete que ofreció tras la competición, por lo que el despechado juró
vengarse 1160. Tres de los cuatro hijos de Éurito estuvieron de acuerdo con su padre,
pero el cuarto, Ífito, creyó que su hermana debió de haber sido entregada al
ganador 1161. Como Hércules había jurado venganza, cuando a Éurito le fueron robadas
unas yeguas, se acusó a aquel de ser el ladrón, por lo que Ífito fue a ver a Hércules
para averiguar si él había sido el autor del robo, acción que enfureció tanto a éste que
lo lanzó desde lo alto de una torre 1162. Apesadumbrado por su acción, consultó los
oráculos que le revelaron que tenía que ser esclavo durante un año, por haber
vulnerado las leyes de la hospitalidad; como esclavo fue comprado por Ónfale, reina
de Lidia, a la que sirvió y con la que tuvo varios hijos 1163. Liberado, al fin, por Ónfale se
ofreció al rey de Troya, Laomedonte, para matar al monstruo que les había mandado
Poseidón, por no satisfacer una deuda que tenían pendiente con él, desde cuando
había ayudado a los troyanos a construir la muralla de la ciudad; monstruo al que
Laomedonte debía ofrecer a su hija Hesíone para que la devorara 1164. Hércules se
ofreció para liberar a Hesíone y matar al monstruo, pero, a cambio, el soberano
troyano debía entregarle una de las yeguas inmortales, blancas y veloces que poseía.
Laomedonte aceptó la propuesta y Heracles se introdujo en el vientre del monstruo,
del que salió victorioso al cabo de tres días. Pero el rey Laomedonte no cumplió el
trato, sino que quiso engañar a Hércules, dándole una simple yegua mortal 1165; por lo
1158
Ibídem. Pág. 141.
1159
Ibídem. Pág. 144.
1160
Ibídem. Págs. 144 y 145.
1161
Ibídem. Pág. 145.
1162
Ibídem. Pág. 145.
1163
Ibídem. Pág. 145.
1164
Ibídem. Pág. 145.
1165
Ibídem. Pág. 145.
222
que éste se enojó y emprendió una expedición contra Troya durante la que mató al rey
Laomedonte 1166.
Finalmente Hércules se fue a vivir a Calidón, donde se enamoró de Deyanira,
hija del dios Dionisio, con la que se casó; pero como un día matara accidentalmente a
un pariente de su mujer, tuvo que exilarse a Traquis y, en el camino, se encontraron
con el centauro Neso “…que se ofreció a llevar en su barca a Deyanira para que
pudiera cruzar el río Eveno sin mojarse mientras Heracles lo cruzaba a nado. La
pareja aceptó la propuesta, pero en vez de ayudarla, el centauro intentó violar a
Deyanira. Al oír los gritos, Heracles fue en su auxilio y lanzó una de sus infalibles
flechas, que se clavó hasta lo más profundo del cuerpo de Neso. …” 1167. En Traquis
venció a numerosos enemigos, como Cicno, un hijo de Ares 1168, que retaba a todos
sus huéspedes a competir con él en una carrera de carros; él siempre salía vencedor y
cortaba la cabeza a los derrotados, colocando sus cráneos en el templo de su
padre 1169. Hércules se enfrentó a Cicno, al que venció y mató; y como Ares apareciera
para vengar la muerte de su hijo, fue, igualmente, derrotado por Hércules 1170. Como
Deyanira tuviera celos de Yole, a la que Hércules había llevado a Traquis después de
vencer a su padre, decidió utilizar el talismán de amor que le había entregado el
centauro Neso para evitar las infidelidades de su marido; talismán que resultó mortal
para Hércules, que pasó a la otra vida con gran serenidad 1171. Pero como su padre,
Zeus, no se resignara a la muerte de su hijo, decidió hacerlo inmortal, por lo que
mandó un rayo que fundió toda la parte mortal de Hércules; tras lo cual, el propio Zeus
recogió la parte divina de su hijo en su carro de cuatro caballos y se la llevó al Olimpo;
cuyas puertas hubo de vigilar desde aquel momento el inmortal hijo de Zeus 1172.
Durante un viaje el rey Edipo 1173 mató a Layo 1174, su padre, según le había
anunciado el oráculo de Delfos. Layo, rey de Tebas, viajaba hacia Delfos, para
1166
Ibídem. Pág. 145 y 146.
1167
Ibídem. Pág. 147.
1168
“…Hijo de Zeus y de Hera, Ares era el dios de la guerra, por lo que era aborrecido y odiado
por los griegos, y por la gran mayoría de los demás dioses, incluidos sus padres. Las únicas
excepciones eran Afrodita, que lo amaba por su potencia viril, y Hades, cuyo aprecio se basaba
en la enorme cantidad de almas que le proporcionaba. …”. (Ibídem. Pág. 242).
1169
Ibídem. Pág. 147.
1170
Ibídem. Pág. 147.
1171
Ibídem. Págs. 147 y 148.
1172
Ibídem. Pág. 148.
1173
Edipo: Hijo de Layo, rey de Tebas y de Yocasta. Mató a su padre y se casó con su madre,
con la que tuvo cuatro hijos. Según el Edipo rey de Sofocles, cuando ambos descubrieron su
incesto, ella se suicidó y el se saltó los ojos y anduvo errante por el Mundo hasta su muerte.
Pero la realidad fue que Edipo siguió reinando en Tebas y murió en el campo de batalla,
después de cuya muerte se celebraron juegos fúnebres en su honor (March, J. 2002. Opus cit.
Pág. 148).
223
consultar al oráculo sobre como matar a la Esfinge al mismo tiempo que Edipo
abandonaba Delfos, después de consultar su oráculo; y, como ambos se cruzasen en
un estrecho cruce de caminos y no se conocieran, ya que Layo había abandonado a
Edipo después de que el oráculo le pronosticase que el hijo que tuviera con su esposa
Yocasta lo mataría a él y ocuparía su puesto en el lecho conyugal, el rey Layo que iba
acompañado por su séquito real, pidió al joven que se apartara para dejar pasar a su
caravana 1175. Edipo, que había sido educado como un príncipe en la corte de su padre
adoptivo, el rey Pólibo, contestó que él solo obedecía a los dioses y a su padre;
insolencia que fue ignorada por Layo que dio a sus cocheros órdenes de avanzar y al
hacerlo, una de las ruedas del carro “… magulló el pie de Edipo, que respondió
matando al cochero. Después derribó a Layo, que quedó enredado en las riendas de
los caballos. Cuando éstos echaron a correr, lo arrastraron hasta matarlo. …” 1176. Se
cumplió, pues, la profecía; Edipo había matado a su propio padre.
4. 8. 3. Caballos mitológicos.
Los caballos anónimos de los que se servían los dioses no están ausentes de
los relatos mitológicos. Pero algunos de esos caballos tenían nombre propio, como
Pegaso, el caballo alado al que Zeus le encargó que cargara con el trueno y el rayo,
símbolos de su poder 1177. Este caballo era hijo de Poseidón y de la Gorgona Medusa,
a la que Perseo 1178 logró cortarle la cabeza con el haz de Hermes 1179; hecho lo cual
surgieron del cuerpo de la Gorgona muerta el caballo alado Pegaso y el guerrero
Crisaor 1180. Este indómito caballo sólo pudo ser domado por Belerofonte, príncipe de
1174
Layo: “…Hijo de Lábdaco y descendiente de Cadmo, rey de Tebas. Layo se casó con
Yocasta, con la que tuvo a Edipo. […] Durante mucho tiempo no tuvieron hijos, por lo que Layo
fue a consultar al oráculo. Éste le dijo que su hijo le mataría y se acostaría con su mujer. A
pesar de evitar deliberadamente a Yocasta, tuvieron un hijo al que entregaron a un pastor para
que lo matara. Sin embargo éste se apiadó del niño y lo entregó a otro pastor procedente de
Corinto. El hijo se hizo mayor y, tras conocer los aterradores designios del oráculo, huyó de los
que creía que eran sus padres. …” (Cañuelo, S. y Ferrer, J. 2003. Opus cit. Págs. 278 y 279).
1175
Ibídem. Pág. 104.
1176
Ibídem. Pág. 105.
1177
Ibídem. Pág. 291.
1178
Perseo era hijo de Zeus y Dánae. (Ibídem. Pág. 293.).
1179
“…Hijo de Zeus y Maya. Era el mensajero de los dioses y, como tal, se le atribuía una gran
capacidad expresiva, por lo que se le acabó considerando como el patrón de la palabra y de la
elocuencia. Fue Hermes el que le dio la voz a Pandora. Entre algunas de sus numerosas
funciones, Hermes se encargaba de guiar a los muertos hacia el mundo de las sombras.
Además, era el protector de los ganados, de los pastores y los caminantes. …” (Ibídem. Pág.
271.).
1180
Ibídem. Pág. 158.
224
Corinto, y gracias a una brida que le había dado Atenea 1181. Entre las aventuras de
Belerofonte a lomos de Pegaso, destaca la que le encomendó Yóbates, rey de Licia,
después de que recibiera una carta de su yerno Preto, rey de Tirinto, informándole de
que Belerofonte había intentado seducir a su esposa y de que debía matarlo; pero
como Yóbates, como su yerno, no se atreviera a matarlo, le encomendó, con la
seguridad de que no saldría con éxito de la empresa, que matara a la Quimera, un
terrible monstruo femenino que tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de
serpiente, y que arrojaba fuego por la boca 1182. El joven hijo de Glauco, que tuvo que
exilarse de Corinto para purificar los crímenes que había cometido, el del tirano Belero
y el de un hermano suyo, aceptó el reto, pero antes de acometer la empresa consultó
a un adivino, que le aconsejó que antes de comenzarla fuese a buscar al caballo
Pegaso 1183. Cabalgando sobre éste“…y, volando alrededor de Quimera, le lanzó
diversas flechas. En una de ellas Belerofonte ató un trozo de plomo que fue a
introducirse en la boca de Quimera. Su ardiente aliento deshizo el metal, que se
deslizó hacia su interior quemándole todos sus órganos internos. Belerofonte regresó
a Licia victorioso, pero Yóbates, no contento con tal hazaña, lo envió a otras misiones
peligrosas y arriesgadas. …” 1184. Después de encomendarle otras aventuras, como
diversas guerras o luchas con piratas y amazonas, Yóbates se convenció de la
inocencia de Belerofonte, por lo que lo perdonó, le ofreció la mano de su otra hija y lo
nombró heredero de su trono; pero “…en la cima de su vida Belerofonte emprendió
junto a Pegaso un pretencioso viaje al Olimpo como si fuera un inmortal. Zeus replicó
su atrevimiento enviando un tábano que picó al caballo alado debajo de la cola. Esta
picadura hizo que Pegaso se encabritara y tirara a Belerofonte, que cayó encima de un
matorral de espino y erró por la tierra ciego, solitario y maldito hasta su muerte. …” 1185.
Los caballos Janto (Bayo) y Balio (Tordo) lloraron cuando murió Patroclo, el
amigo de Aquiles. Así lo relata Homero en su Ilíada:
1181
Ibídem. Pág. 291.
1182
Ibídem. Pág. 159.
1183
Ibídem. Pág. 159.
1184
Ibídem. Pág. 159.
1185
Ibídem. Pág. 160.
225
así permanecían imperturbables con el carro, de bello contorno,
desde que fijaron las cabezas en el suelo. Lágrimas
cálidas que caían al suelo rodaban por sus párpados llorando
de añoranza por su auriga, y se iba ensuciando la lozana crin,
que caía de la almohadilla, a lo largo de las caras del yugo. …” 1186.
Cuando Aquiles retorna al combate con el deseo de matar a Héctor, para vengar
la muerte de Patroclo, Janto al que la diosa Hera le concedió por un instante el don de
la palabra, advierte a su dueño de su muerte inminente:
Nombre propio tienen, también, Lampo y Faetón, los caballos que arrastraban el
carro de Eos, que sería la diosa de la Aurora para los romanos, madre de los vientos
Céfiro, Bóreas, Euro y Noto, a los que engendró con su marido, su primo Astreo 1188.
Un caballo inanimado, en este caso de madera, es el símbolo del engaño de los
griegos para penetrar en Troya y destruirla; tanto que, todavía hoy, la expresión
“regalo griego”, se refiere a un regalo al que acompaña una sorpresa no muy
agradable. Después de ponerse de acuerdo, los griegos acordaron la construcción de
un gigantesco caballo de madera, para penetrar en Troya. Fue la diosa Atenea 1189
quien se “…apareció en sueños a la cabecera del griego Epeo 1190 y le encargó, como
hombre habilidoso que era, que construyese con maderos un gigantesco caballo, y le
prometió su ayuda para que quedase terminado cuanto antes. […] Epeo empezó
tallando los pies del caballo, luego el vientre, encima del cual ajustó la abovedada
espalda, detrás el lomo, delante el cuello, adornado de hermosa crin que parecía flotar
al viento, cerviz y cola fueron provistas de abundante pelo, y en la cabeza se
acomodaron unas puntiagudas orejas y relucientes ojos de cristal; en una palabra,
1186
Citado. March, J. 2002. Opus cit. Pág. 269.
1187
Citado. Ibídem. Pág. 269.
1188
Ibídem. Pág. 164.
1189
Atenea: Una de los doce grandes divinidades Olímpicas. Nació de la cabeza de Zeus,
cuando la primera esposa de éste. Metis, estaba encinta de su primer hijo. Era la diosa griega
de la guerra y las artes, que los romanos identificaron con Minerva (Ibídem. Págs. 72 y73).
1190
Epeo: Hijo de Panopeo. Guerrero mediocre pero púgil destacado que participó en los
juegos fúnebres dedicados a Patroclo, derribando a su adversario Eurípalo. Su gloria estriba en
que fabricó, ayudado por Atenea, el Caballo de madera de Troya. (Ibídem. Págs. 165 y 166).
226
nada faltaba de cuanto se mueve y agita en un caballo viviente. …” 1191. Terminado el
caballo y escondidos varios guerreros en su interior, los griegos se retiraron, y los
troyanos condujeron el caballo hasta el interior de su ciudad, propiciando su propia
destrucción.
4. 8. 4. Centauros.
1191
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 623.
1192
Mariño Ferro, X. R: El simbolismo animal. Creencias y significados en la cultura occidental.
Ed. Encuentro. Madrid. 1996. Pág. 60.
1193
Éurito o Euritión: Uno de los centauros, que en la boda de Pirítoo e Hipodamía armaron un
gran alboroto e intentaron raptar a la novia. Heracles lo mató para salvar de una boda forzada
con el centauro a Mnesímaca, hija del rey de Óleno, Dexámeno. (March, J. 2002. Opus cit.
Pág. 188).
1194
Mariño Ferro, X. R. 1996. Opus cit. Pág. 60.
1195
Montenegro Duque, A. y otros: Historia de España 3. España romana. Ed. Gredos. Madrid.
1986. Pág. 264.
227
Centauro. (Museos Capitolinos, Roma).
1196
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 302.
1197
Ibídem. Pág. 303.
1198
Ibídem. Pág. 303.
228
furiosa; pero una mano desconocida hirió en el corazón a Cílaro, que cayó moribundo
en brazos de su esposa, que trató a fuerza de besos de detener la muerte que llegaba
y al verle exánime, le sacó el venablo del corazón y se lo hundió en el suyo 1199.
Y es que los centauros, como los caballos, eran víctimas de una pasión sexual
irrefrenable. Conocemos el caso de Atalanta 1200 que, cuando participó en la caza del
jabalí de Calidón, que Artemisa 1201 había mandado para que devastara el reino del rey
Eneo 1202 por haberse olvidado éste de incluirla en unos sacrificios que ofreció a los
doce dioses olímpicos, fue víctima de un intento de violación por parte de dos
centauros que se habían unido a la expedición, que quisieron consumar su acción
aprovechando que se encontraba alejada del grupo; pero la cazadora se defendió,
matándolos con sus flechas 1203.
1199
Ibídem. Pág. 304.
1200
Atalanta: Famosa cazadora. Parece que hubo dos Atalantas; una, beocia e hija de
Esqueneo, hijo de Atamante, y esposa de Hipómanes; y otra arcadia, hija de Íaso, hijo de
Licurgo, y cuyo marido era su primo Melanio. Cuando nació Atalanta fue abandonada por su
padre, que sólo quería hijos varones; una jabalí hembra escuchó su llanto y la amamantó hasta
que fue encontrada por unos cazadores que la recogieron y criaron. Cuando llegó a la edad
adulta se convirtió en una experta cazadora, interesándose sólo por las monterías propias de
varones y reacia a casarse (March, J. 2002. Opus cit. Pág. 70).
1201
Ártemis: Era hija de Zeus y de Leto y hermana gemela de Apolo. Dicen que nació en la isla
de Delos y como viniera la Mundo antes que Apolo, actuó de matrona en el parto de su
hermano gemelo. Era una de las doce grandes divinidades del Olimpo, que los romanos
identificaron con Diana. Virgen cazadora, era la diosa de la caza y como Señora de todos los
animales era la protectora de todos los seres vivos jóvenes. Era, como dice Esquilo
“…bondadosa… con los cachorros que ni andar pueden de los fieros leones y disfruta […] con
las mamantonas crías de todas las fieras del campo…” (Ibídem. Pág. 64).
1202
Eneo: Hijo de Portaón y Éurite, era el rey de los etolios de Calidón. Con su mujer Altea tuvo
varios hijos, siendo los más célebres Meleagro, Deyanira y Gorge. Parece que fue el primer
mortal que recibió el vino de manos de Dionisio, como regalo por permitir al dios yacer con su
mujer (Ibídem. Págs. 161 y 162).
1203
Cañuelo, S. y Ferrer, J. 2003. Opus cit. Pág. 161.
229
macedonios como bárbaros 1204. Siglo y medio más tarde esta tierra se cubriría de
gloria de la mano del más célebre de todos sus hijos: Alejandro Magno 1205.
4. 9. 1. El ejército de Macedonia.
1204
Asimov, I. 2006. Opus cit. Págs. 114 y 115.
1205
Alejandro Magno. “…Sin duda, el general más exitoso de toda la historia de la Humanidad.
Tácticamente perfecto, era, sin embargo, estratégicamente menos brillante y durante la
conquista del imperio persa cometió errores que le hubieran costado muy caros de tener
enfrente un enemigo de más empaque […] Alejandro venció al Gran Rey porque disponía de
un ejército invencible heredado de su padre. Él lo supo conducir con brillantez en el campo de
batalla, pero era imposible que perdiera ninguna batalla frente a los persas. La lucha era
demasiado desigual a su favor, tanto en armamento como en profesionalidad de los soldados.
Su figura ha sido, sin duda, sobredimensionada y es claramente inferior a la de su padre. …”
(Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 291).
1206
Filipo II (?), c 389 a. C.- Pella, 336 a. C. Su estancia como rehén en Tebas le permitió
aprender sobre las tácticas políticas y militares de los griegos. Fue regente de su sobrino
Amyntas y cuando accedió al poder, en el 359 a. C., Macedonia era un país bárbaro, rico y
sometido a las disputas sucesorias y a los ataques de los pueblos vecinos. Logró la unidad en
su país, lo que le permitió dedicarse a la expansión del reino. (Hubert, H: Los celtas. Forjadores
de la historia moderna. Ed. Círculo latino, S. L. San Andrés de la Barca (Barcelona). 2005.
Págs. 590 y 591).
“…Uno de los más grandes reformadores de la Historia. Construyó un ejército invencible a
partir de unas tropas indisciplinadas y mediocres; con él conquistó Grecia en un prodigio de
diplomacia y estrategia, aunaba genio militar y político. Sin su muerte prematura, muy
probablemente el destino de Macedonia hubiera sido mejor ya que era un conquistador más
juicioso que Alejandro. Tácticamente era tan brillante como su hijo pero, además, le superaba
en visión estratégica y política. Su planteamiento de la batalla de Queronea es propio de un
maestro y todo el mérito de la victoria recae en sus hábiles movimientos de infantería, pese a
que historiadores de la época prefirieron resaltar la carga de la caballería de Alejandro. …”.
(Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 293).
1207
Osborne, R. 1999. Opus cit. Pág. 126.
1208
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 296.
1209
Estadista y general tebano, arquitecto de la hegemonía de Tebas. En la batalla de
Mantinea (362 a C.) encontró la victoria y la muerte. (Speake, G (Ed.). 1999. Opus cit. Pág.138)
230
tebana contra los espartanos en la batalla de Leuctra (371 a. C.) 1210. El rey macedonio
organizó sus falanges al estilo tebano y las complementó con unidades de jinetes,
empresa no muy difícil para un pueblo como el macedónico, indoeuropeo y vecino de
los tesalios que, como éstos, aprendía a montar desde niños. La consecuencia lógica
de todo ello fue un empleo masivo de jinetes en sus ejércitos, que atacaban a los
enemigos por los flancos; actuación a la que el rey confió su éxito y a la que, tal vez,
hay que atribuir la hegemonía macedónica 1211. El rey macedonio aumentó el número
de los hetairoi (caballería aristocrática), pasando de los seiscientos de 385 a. C a los
dos mil ochocientos en 366 a. C.; caballería que estaba dividida en escuadrones de,
aproximadamente, ciento cincuenta jinetes y uno de los cuales formaba la guardia real
(hilas basiliké) 1212. Esta unidad la componían los elegidos entre el grupo de los jóvenes
nobles, que se formaban desde niños en el ejercicio de las armas, llegando a poseer
una destreza marcial considerable 1213. Período prolongado de educación en grupo que
generaba entre sus miembros fuertes lazos de solidaridad interna y una devoción
inquebrantable hacia el monarca, que aparecía entre los miembros de la guardia real
como una especie de primus inter pares.
Disciplinado y elitista cuerpo que fue el que había dirigido Alejandro durante la
guerra de Macedonia contra tebanos y atenienses, en Queronea, y con el que el joven
príncipe logró una victoria decisiva, causando gran número de bajas al enemigo 1214. Su
papel en la batalla, que tuvo como escenario la llanura beocia, fue ciertamente
considerable, sobre todo si tenemos en cuenta que Alejandro sólo tenía dieciocho
años cuando comandó las fuerzas de la caballería que derrotaron a la coalición
griega 1215. Tras Queronea (338 a. C) toda Grecia se sometió al rey de Macedonia 1216.
El papel determinante que tendría la caballería en las batallas libradas en el transcurso
de la futura campaña oriental, llevada a cabo por su hijo Alejandro, revela la
importancia de este cuerpo selecto de tropas del que el hijo de Filipo II marcharía a la
cabeza 1217.
Cuando se dispuso a atacar el imperio persa, aliado con los griegos, el rey Filipo
II reunió un ejército de 200.000 infantes y 15.000 jinetes; era el mayor ejército
1210
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 177.
1211
Ibídem. Pág. 177.
1212
Domínguez, A. J. y Pascual, J. Opus cit. Pág. 234.
1213
Guzman Guerra, A. y Gómez Espelosín, J: Alejandro Magno. De la historia al mito.
Alianza. Ed. Madrid. 1997. Pág. 96.
1214
Osborne, R. 1999. Opus cit. Pág. 242.
1215
Guzman Guerra, A. y Gómez Espelosín, J. 1997. Opus cit. Pág. 19.
1216
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 237.
1217
Guzman Guerra, A. y Gómez Espelosín, J.1997. Opus cit. Págs. 96 y 97.
231
profesional reunido hasta entonces 1218; así, el rey macedonio terminó convirtiendo a la
caballería, que hasta ahora había sido un cuerpo marginal, “…en una fuerza capaz de
decidir el curso de los combates, al penetrar como una cuña en las brechas de la
infantería enemiga. …” 1219. Además, no faltaron en su ejército las tropas auxiliares,
pertenecientes a los pueblos que sometía, como tesalios, tracios, peonios e ilirios, o
los mercenarios griegos que contrató 1220.
No faltaron los elefantes en las filas de los ejércitos de Macedonia y otros reinos
helenísticos. Si ante la presencia de los animales venidos de África, los caballos se
volvían ingobernables, el impacto psicológico que estos animales provocaban al
soldado no era menor, como nos narra Quinto Curcio 1221 que sucedió en la batalla que,
junto al río Hydaspes, libraron Alejandro Magno y el rey Poro: “…Formaban también
parte del séquito unos elefantes que, dejando un pequeño espacio entre sí,
entremezclados con la formación de los soldados, desde lejos daban la impresión de
fortalezas…[…] Mas terrorífico era el aspecto de la orilla cubierta de caballos y
soldados. Los enormes elefantes permanecían inmóviles con sus inmensas moles y,
encolerizados aposta, fatigaban los oídos con sus horrísonos barritos… “ 1222. Pero
parece que el rey macedonio no confiaba en exceso en el papel que los paquidermos
desempeñaban en las batallas, como muestra esta arenga a sus soldados, descrita
también por Quinto Curcio: “…Hasta tal punto me parecen desdeñables unos animales
de este tipo que, a pesar de tenerlos, no los he alineado contra el enemigo,
convencido como estoy de que son más peligrosos para sus dueños que para el
adversario… .” 1223. A pesar de esta opinión poco favorable de los paquidermos, parece
que Alejandro contaba con elefantes en sus ejércitos, utilizándolos, sobre todo, para
labores de transporte.
Claro que aunque se insiste mucho en la escasa fiabilidad de estos animales
como arma de guerra, ya que si resultaban heridos o se asustaban podrían resultar
más peligrosos para su propio ejército que para el enemigo, no deja de ser cierto que
si unos animales costosos de cazar, domar y mantener, no hubieran resultado útiles,
los reyes helenísticos no hubieran invertido tiempo y recursos en su adiestramiento 1224.
1218
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 99.
1219
Osborne, R. 1999. Opus cit. Pág. 238.
1220
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 236.
1221
Curcio (siglo I. d. C.) Fue un hombre nuevo, senador y protegido de Tiberio. Se decía de él
que era hijo de un gladiador; fue cónsul sufecto en el 43 y en el 47 y legado de Claudio en
Germania Superior. “…es casi con toda seguridad el autor de una obra sobre el reinado de
Alejandro Magno. …”. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 360).
1222
Citado. Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 262.
1223
Citado. Ibídem. Pág. 263.
1224
Ibídem. Pág. 266.
232
4. 9. 2. Alejandro Magno.
1225
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 239.
1226
Plutarco/Diodoro Sículo: Alejandro Magno (Ed. de Antonio Guzmán Guerra). Ed. Akal.
Madrid. 1986. Pág. 34.
1227
Guzman Guerra, A. y Gómez Espelosín, J. 1997. Opus cit. Pág. 38.
1228
Plutarco/Diodoro Sículo. 1986. Opus cit. Pág. 36.
233
tomándolo de las riendas lo giró haciéndole mirar cara al sol, porque le había parecido
que el caballo al ver su propia sombra moviéndose delante se asustaba a sí mismo.
Acompañó al animal acariciándole durante un rato, y al verlo pletórico de ímpetu y de
bríos, se despojó sosegadamente de su capa y alzándose de un brinco montó sobre él
con la mayor seguridad.
Al principio tiraba suavemente de las riendas a uno y otro lado para refrenarle, y
le controlaba sin golpearle ni castigarle. Y cuando vió que el caballo no ofrecía ya
riesgo, y que estaba impaciente por correr, lo soltó y lo hizo galopar utilizando una voz
ya más enérgica y un ligero golpe de pie. Los que estaban con Filipo guardaban al
principio un angustioso silencio, pero cuando Alejandro dio la vuelta perfectamente, y
regresó triunfador y exultante, todos los demás prorrumpieron en gritos de júbilo,
mientras su padre, según se cuenta, lloraba de alegría, y besándole la cabeza una vez
descendió del caballo le dijo: <<Hijo, búscate un reino que sea igual a ti mismo, porque
en Macedonia no cabes.>>. …” 1229.
Filipo perdió la vida en octubre del 336 en un complot palaciego, sustituyéndolo
en el poder su hijo Alejandro 1230. Además del trono, heredó de su padre un poderoso
ejército que lo convertiría en el general más excelente de todos los tiempos.
4. 9. 2. 1. La caballería de Alejandro.
1229
Ibídem. Págs. 37 y 38.
1230
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Págs. 99 y 100.
1231
Lago, J. I: César, Alejandro, Aníbal. Genios militares de la Antigüedad. Almena Ad. Madrid.
2003. Pág. 48.
1232
Ibídem. Pág. 48.
234
parece que fueron los nobles y compañeros de Alejandro, que constituían, al principio,
su guardia personal 1233. Los 1.800 jinetes que componían la caballería macedónica se
dividían en ochos escuadrones: el real, compuesto de 300 hombres, y los ilai,
compuestos de 215 cada uno. En el 329 a. C. se reorganizó la caballería, creándose
un nuevo tipo de unidad, la hipparchiai, compuesta de 400 o 500 jinetes, a cuyas
unidades se incorporaron los persas 1234.
Las fuerzas de la caballería macedonia sufrieron grandes pérdidas durante las
campañas contra Darío II 1235 y la expedición a la India, tanto en hombres como en
monturas; lo que era aún más grave, ya que los caballos entrenados constituyen la
auténtica fuerza de la caballería y son difíciles de sustituir 1236. Para solucionar este
problema el general macedonio introdujo los escoltas de caballería o prodromoi, cuya
misión era explorar 1237.
A. Bucéfalo.
1233
Gracia Alonso, F. 2003. (B). Opus cit. Pág. 182.
1234
Ibídem. Pág. 182.
1235
“…El gran rey derrotado por Alejandro ha sido uno de los personajes más injustamente
tratados por la historia. No era un cobarde como se le ha presentado frecuentemente
(abandonando el campo de batalla cuando la lucha se complicaba); huyó en Isos cuando la
batalla estaba perdida, y en Gaumela la súbita aparición de la caballería macedonia cargando
hubiera hecho escapar a cualquiera. No podía vencer a Alejandro en combate por la
inferioridad de sus tropas y su error fue presentar batalla a los macedonios […] Estaba
atrapado entre un enemigo invencible y sus propios sátrapas que le urgían a combatir para
salvaguardar sus dominios. …” (Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 293).
1236
Gracia Alonso, F. 2003. (B). opus cit. Pág. 182.
1237
Ibídem. Pág. 182.
1238
Plutarco/Diodoro Sículo. 1986. Opus cit. Pág. 90.
235
manteniéndose quieto tan sólo ante Alejandro, ante el que flexionaba su cuerpo para
facilitarle la monta 1239. Después de la batalla con el rey Poro murió Bucéfalo, según
unos mientras estaba siendo curado de unas heridas y, según Onesícrito, “…a causa
de sus muchos años; pues murió, exhausto, a los treinta años. Alejandro sintió un
profundo dolor, considerando que había perdido no otra cosa que un camarada y un
amigo; fundó una ciudad en su honor a las orillas del Hispades, a la que llamó
Bucefalia. …” 1240.
4. 9. 3. Campaña persa.
1239
Ibídem. Pág. 224.
1240
Ibídem. Pág. 111.
1241
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 100.
1242
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 178.
1243
Plutarco/Diodoro Sículo. 1986. Opus cit. Pág. 51.
236
blanco de su casco; Espitrídates, que se aproximó a Alejandro con su caballo, le
rompió el penacho de su casco, pero Clito el Negro atravesó a Espitrídates con su
lanza y Alejandro se deshizo de Resaces con su espada 1244. Como la falange
macedonia cruzara el río y la infantería persa se viese obligada a huir, Alejandro,
dejándose llevar más por el ardor que por la razón, se lanzó sobre ellos el primero,
perdiendo un caballo, que no era Bucéfalo, al ser alcanzado por una espada en los
ijares 1245. Las pérdidas de los persas ascendieron a veinte mil infantes y dos mil
quinientos jinetes, mientras que los macedonios perdieron treinta y cuatro soldados,
nueve de ellos infantes 1246. Esta batalla, que tuvo lugar en mayo o junio del 334 a. C.,
abrió a Alejandro las puertas de Asia Menor, después de que la caballería y la
infantería pesadas de Alejandro combinadas con su infantería ligera, resultaran
irresistibles para los persas, cuyos ejércitos estaban compuestos de tropas armadas
con ligereza y de hoplitas griegos 1247.
4. 9. 3. 2. La batalla de Issos.
1244
Ibídem. Págs. 51 y 52.
1245
Ibídem. Pág. 52.
1246
Ibídem. Pág. 52.
1247
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 240.
1248
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 99.
1249
Ibídem. Pág. 58.
1250
Plutarco/Diodoro Sículo.1986. Opus cit. Pág. 177.
237
caballos uncidos al yugo de la cuadriga de Darío recibieron muchas heridas, y
asustados ante la cantidad de cadáveres apilados a su alrededor, se sacudían los
aparejos, y a punto estuvieron de hacer caer a Darío en medio de los enemigos.
Constreñido el rey por este extremo peligro, él mismo arrebató las riendas, obligado a
abandonar la majestuosidad de su posición y a transgredir la ley de los persas,
establecida desde antiguo. Una nueva cuadriga fue traída de inmediato a Darío por
sus servidores, y mientras se trasladaba a ésta se originó por unos momentos una
cierta confusión, y al arreciar sus ataques los enemigos, fue Darío presa del pánico y
temor. Al ver los persas a su rey tan perturbado se dieron a la huida, y al hacer otro
tanto los jinetes situados a continuación, en un instante todos iniciaron la retirada. […]
Los más, sin embargo, echando a correr hacia el llano, cabalgando a todo galope por
él, consiguieron escapar a las ciudades aliadas. …” 1251. Darío escapó montando, uno
tras otros, en sus mejores caballos, intentando no caer en manos de Alejandro y
angustiado por llegar a las satrapías del interior 1252.
Pero ¿dónde habían estado ambos reyes en el fragor de la batalla? Alejandro,
combatiendo, al frente del cuerpo de Compañeros. Cabalgando de un extremo al otro
del mismo, llamando a sus hombres por sus nombres e incitándolos a que fueran
valientes 1253; fue el primero que atravesó el río para aterrorizar a los persas e
impedirles que dispararan sus flechas. Darío, por el contrario, contemplaba
tranquilamente el espectáculo, protegido por una guardia de mil jinetes persas, que
fueron los que, posteriormente, arroparon su huida 1254. Alejandro no pudo capturar a
Darío, que había huido, pero capturó su carro y su arco y regresó a su campamento
donde encontró a los macedonios ocupados en el transporte del botín, entre el que se
encontraba la tienda de Darío, repleta de enseres como jofainas, jarros, palanganas y
frascos de perfumes, todo ello de oro y hábilmente trabajados 1255. El mayor lote del
botín lo obtuvo la caballería tesalia, pues habían destacado en la batalla como
valientes soldados, por lo que el general quiso recompensarlos 1256. Fueron, también,
numerosos los cautivos, entre los que se encontraba la familia de Darío, su madre, su
mujer y dos de sus hijas, vírgenes; como ellas llorasen la muerte de su rey, Alejandro
les mando decir “…que ni Darío había muerto, ni habían de temer a Alejandro, pues él
1251
Ibídem. Págs. 177 y 178.
1252
Ibídem. Pág. 180.
1253
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 179.
1254
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 100.
1255
Plutarco/Diodoro Sículo.1986. Opus cit. Pág. 58.
1256
Ibídem. Pág. 63.
238
luchaba con Darío por el imperio, y que ellas en cambio podrían disponer de cuantas
cosas disfrutaron mientras Darío fue el rey. …” 1257.
Los días en que Alejandro no tenía obligaciones militares que cumplir los
dedicaba a relajarse y al ejercicio; tras levantarse sacrificaba a los dioses y a
continuación desayunaba sentado, luego pasaba el día cazando, organizando o
planeando algún asunto militar, o leyendo. Cuando marchaba sin urgencia, se
ejercitaba en disparar el arco, en montar y apearse del carro en marcha, y en cazar
zorras y aves, según conocemos por sus Diarios 1258.
4. 9. 3. 3. Batalla de Gaumela.
1257
Ibídem. Pág. 59.
1258
Ibídem. Pág. 62.
1259
Ibídem. Pág. 77.
1260
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 105.
1261
Plutarco/Diodoro Sículo.1986. opus cit. Pág.199.
1262
Ibídem. Pág. 204.
1263
Ibídem. Pág. 205.
239
grandes pasillos para escapar a su mortífera acción, aunque algunos llevaron la
muerte por allí por donde pasaban 1264. La crudeza y la violencia de estas armas,
creadas para la destrucción, era tal que a muchos les segaron los brazos con sus
escudos, y a otros les cortaron sus cabezas, que caían por tierra, con los ojos aún
abiertos y su semblante inalterado. A otros les provocaron una muerte instantánea al
darles un tajo en el pecho con sus mortíferas cuchillas 1265. En esta batalla el propio
general estuvo al frente de su caballería, en el ala derecha; y Parmenio, con la
caballería tesalia ocupó el ala izquierda 1266. Las tropas de caballería mandadas por
Alejandro la componían su Guardia Personal macedonia y las que mandaba Parmenio
estaban integradas por las tropas de elite de los tesalios y la caballería aliada 1267. En
esta batalla, cuenta la tradición, que el Macedonio arremetió con su caballería contra
el propio Darío con la intención de librar un combate en solitario contra el Gran Rey,
pero el persa huyó como había hecho en Issos 1268. Alejandro había divisado a Darío
desde lejos, protegido por la compacta formación del escuadrón real. Hombre de buen
aspecto y de gran estatura, era transportado sobre un carro elevado, protegido por
numerosos jinetes que estaban colocados alrededor del mismo y atentos a recibir el
envite de los enemigos 1269. Pero no aguantaron la presión de Alejandro y, ante su
ataque, los más valientes y nobles murieron ante su rey, cayendo unos sobre otros, y
enredándose consigo mismos y con sus caballos, hicieron que resultara imposible la
persecución 1270. Darío, al tener ante sus ojos tamaño desastre, y al ver a sus fuerzas
de vanguardia retroceder hacia donde él estaba, y como no podía dar la vuelta a su
carro y hacerlo avanzar porque sus ruedas estaban atascadas con tantos caídos, y
como sus caballos, se desbocaran asustados, abandonó el carro y sus armas, y
aprovechando la querencia hacia su cría de una yegua recién parida, emprendió la
huida 1271.
De nada le había servido a Darío el haber preparado en la inmensa llanura unos
carros provistos de guadañas y el haber aprovechado un terreno apropiado para que
su excelente caballería pudiera evolucionar sin dificultad, y así arrasar a los ejércitos
de Alejandro, ya que el joven macedonio desbarató los planes de Darío, al atacar
impetuosamente el centro de las filas persas, rompiendo las líneas de su ejército y
1264
Ibídem. Pág. 205.
1265
Ibídem. Pág. 205.
1266
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 244.
1267
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 170.
1268
Ibídem. Pág. 181.
1269
Plutarco/Diodoro Sículo.1986. Opus cit. Pág. 77.
1270
Ibídem. Págs. 77 y 78.
1271
Ibídem. Pág. 78.
240
provocando la huida del propio rey, lo que, a su vez, provocó la desbandada general
de todos los persas 1272.
Ahora restaba capturar a Darío. Cabalgaron, en once días, tres mil trescientos
estadios 1273 con unos hombres exhaustos por la falta de agua en un terreno tan
seco 1274. Durante esta expedición quiso la fortuna que se encontraran con unos
macedonios que transportaban agua en unos odres; le ofrecieron de beber a
Alejandro, pero éste al ver los rostros abatidos de sus jinetes, devolvió el agua
diciendo: “…Si bebo yo solo, éstos se desanimarían por completo. …” 1275. Ante
semejante acto de autodominio y grandeza de ánimo, sus jinetes le animaron a que les
guiara adelante, “…mientras fustigaban sus caballos, pues con un rey como el que
tenían ni sentían la fatiga, ni la sed, ni se tenían a sí mismos por mortales. …” 1276.
Encontraron a Darío postrado en un carromato, con el cuerpo herido por mil lanzazos y
a punto de morir; tuvo tiempo el rey persa de pedir agua y decir a su bienhechor:
“…Amigo, este es el colmo de todas mis desdichas, no poder devolver el bien que se
me hace, pero Alejandro te recompensará el favor, al igual que a él le recompensarán
los dioses por su elegante comportamiento para con mi madre, mi mujer y mis hijos, y
es a él, a quien, a través de ti, ofrezco mi diestra. …” 1277. Inmediatamente expiró.
4. 9. 4. Campaña india.
1272
Guzman Guerra, A. y Gómez Espelosín, J. 1997. Opus cit. Pág. 163.
1273
Aproximadamente 600 kms.
1274
Plutarco/Diodoro Sículo.1986. Opus cit. Pág. 88.
1275
Citado. Plutarco/Diodoro Sículo.1986. Opus cit. Pág. 88.
1276
Ibídem. Pág. 89.
1277
Citado. Ibídem. Pág. 89.
1278
Guzman Guerra, A. y Gómez Espelosín, J. 1997. Opus cit. Págs. 169 y 170.
1279
Ibídem. Pág. 170.
241
un tiro de ocho caballos; viajaba sobre un estrado fijado a una elevada tarima
rectangular bien visible desde lejos y acompañado por sus camaradas, con los que se
entregaba a fiestas, noche y día 1280.
Entre los magníficos regalos que recibiera Alejandro en su expedición por Asia,
destaca el que le ofreció Sopites, que gobernaba un reino donde primaba la belleza;
así si un niño prometía llegar a ser bello y fuerte era alimentado pero a los deficientes
se los eliminaba porque no merecía la pena criarlos 1281. Entre los valiosos regalos que
le ofreció, además de su reino, destacaban ciento cincuenta perros de gran tamaño y
admirables por su valor y cualidades, de los que se decía que eran híbridos de madre
tigresa 1282. Sin duda, en su periplo asiático Alejandro conoció mundos fabulosos, como
la región de Bagistana, que estaba llena de árboles frutales y de todo lo que pudiera
contribuir al disfrute de la vida, u otra región a la que llegó posteriormente y en la que
se quedó un mes, que era capaz de surtir de pastos a inmensas manadas de caballos;
pastizales de los que se decía que antiguamente habían alimentado a ciento sesenta
mil caballos, aunque cuando Alejandro llegó sólo se contaron unos sesenta mil 1283.
1280
Plutarco/Diodoro Sículo. 1986. Opus cit. Pág. 118.
1281
Ibídem. Pág. 240.
1282
Ibídem. Pág. 241.
1283
Ibídem. Pág. 262.
1284
McLynn, F: Héroes y villanos. Los secretos de los más grandes guerreros de la historia. Ed.
Ariel. Barcelona. 2007. Pág. 11.
1285
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 106.
242
enfrentamiento violento 1286. La muerte de Hefestión causó a Alejandro un dolor fuera
de toda medida; en señal de duelo mandó cortar las crines a todos los caballos y
mulos, derribó las almenas de las ciudades vecinas, crucificó al médico que lo había
atendido, mando callar a los músicos y, para consolarse “…se entretenía en la guerra,
y salió a cazar hombres, acosándolos con perros. …” 1287.
1286
Guzman Guerra, A. y Gómez Espelosín, J. 1997. Opus cit. Pág. 55.
1287
Plutarco/Diodoro Sículo.1986. Opus cit. Págs. 123 y 124.
1288
Domínguez, A. J. y Pascual, J. 2006. Opus cit. Pág. 244.
1289
El 10 de junio del 323. a. C. en Babilonia (Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 307).
1290
Boardman, J. y otros: Historia Oxford del Mundo Clásico 2. Roma. Alianza Ed. Madrid.
1988. Pág. 610.
1291
Citado. Quesada Sanz, F.2009. Opus cit. Págs. 263 y 264.
1292
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 36.
1293
Ibídem. Pág. 36
243
Macedonia 1294. Para apoderarse de Asia, Seleuco se sirvió de una fuerza de unos
pocos centenares de caballeros, con los que cabalgó desde Siria; además se valió del
buen recuerdo que dejó su gobierno, cuando en la década del 320 a C, fue gobernador
del país 1295. Pero llegado el momento de los enfrentamientos de estos reyes con los
romanos, sólo quedaban tres reinos: el de los Seleúcidas en Asia; el de los Ptolomeos
en Egipto; y el de los Antigónidas en Macedonia 1296.
Éstos griegos son los hombres que, al fin, cayeron cautivos en manos de los
romanos, pero en palabras de Horacio, esta “…Grecia cautiva cautivó a su fiero
vencedor y llevó las artes al Lacio campesino. …” 1297.
1294
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 310.
1295
Ibídem. Pág. 313.
1296
Ibídem. Pág. 316.
1297
Citado por: Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M: El ocio en la Roma antigua. Deusto
Publicaciones. Bilbao 2008. Pág. 26.
244
5. LOS CELTAS Y LOS PUEBLOS PRERROMANOS DE ITALIA Y
EL CABALLO.
Los pueblos que denominamos celtas 1299 habitaron la mayor parte del oeste y
del centro de Europa y se diferenciaron de otros pueblos europeos a partir del siglo XI
a. C. 1300 Griegos y romanos reconocieron la unidad cultural del pueblo celta, que se
extendió desde las orillas del bajo Danubio, en el mar Negro, hasta el norte de Europa
e Irlanda 1301. Eran los bárbaros más sobresalientes entre los que poblaban la periferia
del Imperio Romano. Arqueólogos y lingüistas sitúan la patria originaria de los celtas
en la zona comprendida entre el suroeste de Alemania, el este de Francia y parte de
Suiza. Parece que fue allí donde los celtas cristalizaron como pueblo, en la Edad del
Bronce, y sobre la base de la gente de los Campos de Urnas 1302. Sus campos lo
constituían granjas diseminadas o pequeñas aldeas donde practicaban diversas
actividades como el cultivo de cereales y la ganadería, mayor o menor, con caballos,
bovinos, y ovejas, cuya lana abastecía a la industria de los tejedores; parece que la
alimentación doméstica la basaban en la cría de aves 1303. Caballos que eran un
elemento de prestigio entre estos pueblos, ya que para criarlos se necesitaría toda una
estructura relacionada con los pastos, con el almacenaje de los piensos para el
1298
Citado. Renfrew, C. 1990. Opus cit. Pág. 173.
1299
El término celta abarcaba una definición geográfica bastante amplia que comprendía toda
la Europa septentrional y occidental, independientemente de su naturaleza. Con el paso del
tiempo, este término se asoció a la provincia romana de la Galia. (Renfrew, C. 1990. Opus cit.
Pág. 179).
1300
Hubert, H. 2005. Opus cit. Pág. 5.
1301
Ibídem. Pág. 5.
1302
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 367.
1303
Grimal, P. 1986. Opus cit. Pág. 159.
245
invierno, con el alojamiento de los animales y con la indispensable doma y
entrenamiento de los mismos 1304. Además, los celtas sobresalían en la metalurgia,
plasmando sus habilidades artísticas en sus armas y en los arreos de sus caballos 1305.
Entre ellos el papel del comercio era primordial, importando bienes de lujo y vino, al
que apreciaban en exceso, a cambio de esclavos, pieles, sal, perros y caballos 1306. Lo
mismo que posteriormente en su área de influencia, en las zonas célticas aparecen las
figuras de divinidades gemelas asociadas a los caballos 1307. Así, si en la India, nos
encontramos con los Asvins/Nasatyas y con sus hijos Nahula y Sakaveda, en Irlanda
lo hacemos con los gemelos Macha. Según el análisis de Wikander, “…Nahula es el
guerrero heróico y hábil, cuidador y entrenador de caballos mientras que Sahadeba
presenta un carácter pacífico, está más conectado con el mundo doméstico y con el
cuidado del ganado. …” 1308.
A este pueblo lo conocemos por los escritos de los autores clásicos, algunos de
los cuales, probablemente, serían coetáneos suyos, y otros basarían sus citas en las
obras de los historiadores anteriores. Estos autores nos trasmiten un nombre étnico, el
de keltike para designar a los pobladores del amplio territorio que ocupaban aquellos
pueblos, aunque, lógicamente, no podemos saber si éste era el nombre que ellos
mismos se daban 1309. Debemos retroceder al 600 a. C. para encontrar la primera
mención en la que aparecen los celtas. Era un poema antiguo que Rufo Festo
Avieno 1310 (siglo IV a. C.) parece que se encargó de transcribir en su Ora Marítima, en
el que relata la expulsión de los ligures de las costas atlánticas de Europa por parte de
los celtas 1311. Jenofonte, en su Historia Griega, los cita como mercenarios del tirano
Dionisio de Siracusa, aliado de Esparta, en su guerra contra los tebanos (369-68 a.
C.) 1312. Y Julio César en La Guerra de las Galias, dividía a la región en tres partes.
“…una de ellas la habitan los belgas, otras los aquitanos y la tercera los pueblos que
en su lengua se llaman celtas…” 1313. Para muchos geógrafos, el término celta
abarcaba una definición geográfica bastante amplia que comprendía toda la Europa
1304
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Págs. 220 y 221.
1305
Hubert, H. 2005. Opus cit. Pág. 11.
1306
Ibídem. Pág. 11.
1307
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 250.
1308
Ibídem. Pág. 250.
1309
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 24.
1310
Rufo Festo Avieno: “…Poeta latino, autor de la primera obra sobre España que conocemos,
la Ora maritima, poema del que sólo nos llegaron fragmentos. …”. (Hubert, H. 2005. Opus cit.
Pág. 582).
1311
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 24.
1312
Ibídem. Pág. 25.
1313
Julio César: La Guerra de las Galias. Edición de Agustín Narvales. Ed. Everest. León.
1986. Pág. 191.
246
septentrional y occidental, independientemente de su naturaleza; más tarde este
término se asoció a la provincia romana de la Galia 1314; por lo que parece claro que el
término celta fue impuesto, por los geógrafos que siguieron a Posidonio, a una amplia
variedad de tribus bárbaras 1315.
1314
Renfrew, C. 1990. Opus cit. Pág. 179.
1315
Ibídem. Pág. 183.
1316
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 235.
1317
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 89.
1318
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 221.
247
inmunidad en todo. Estos sacerdotes convencen al vulgo de que las almas no mueren,
sino que pasan de unos a otros, estimulando en ellos el valor y el desprecio a la
muerte 1319. La base de la pirámide la conformaba el pueblo llano, que era tratado como
esclavo. La nobleza encabezaba los escuadrones de jinetes, para los que era un
honor, según Mommsen, montar buenos caballos, de buen precio y de raza
extranjera 1320. Acción que sería posible gracias al comercio, tanto terrestre como
marítimo, que les permitiría sustituir sus caballos por otros mejores, procedentes del
Este, de España o de Italia; comercio que, a la larga, produjo una mejoría del ganado
celta hasta el punto que ciertas tribus, como la de los trevirenses, poseían caballos
que merecían elogios por su calidad 1321.
Según Cicerón, estos galos arrogantes se hubieran sentido extremadamente
deshonrados si hubiesen tenido que empuñar el arado, prefiriendo, una vez llegados a
Italia, apacentar sus ganados en las llanuras fértiles del Po, alimentándose de su
carne y pasando junto a ellos el día y la noche, arropados por los encinares 1322. La
base de su comida era la carne del ganado que apacentaban y la de la caza; esta
última abundaba en su territorio y en su ejercicio los acompañaban sus famosos
perros corredores 1323.
Cada pueblo ha tenido, en la historia, su época de esplendor y la del pueblo
celta fue la comprendida entre el siglo V y el II a. C. Su dominio sobre la casi totalidad
de Europa hubiera asegurado un futuro celta a nuestro continente, pero esa posible
panceltidad europea se quedó en mero futurible. Tal vez, el inicio de su infortunio
debamos situarlo en el momento de su mayor esplendor, a principios del siglo IV 1324.
Así, también llegó el ocaso para un pueblo que había llegado a firmar un tratado de
amistad con el propio Alejandro Magno, en el que lograron despertar sentimientos de
admiración, cuando declararon “…no temer a nada, sino tan solo a que el cielo se les
desplome sobre la cabeza. …” 1325. Este fue el pueblo que desarrolló la máquina de
guerra más poderosa inventada hasta entonces; el carro de dos ruedas del que tiraban
los caballos 1326.
1319
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 324 y 325.
1320
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 235.
1321
Ibídem. Págs. 235 y 236.
1322
Momsen, T. Historia de Roma. Vol. II. Ed. Turner. Madrid. 1983 (B). Pág. 125.
1323
Hubert, H. 2005. Opus cit. Pág. 569.
1324
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 369.
1325
Markale, J: Los celtas y la civilización celta. Ed. Taurus. Madrid. 1992. Pág. 87.
1326
Pounds, N. J. G. 1992. Opus cit. Pág. 74.
248
Por los informes de los historiadores contemporáneos sabemos que eran altos y
fuertes, de ojos azules, pelo rubio y tez pálida; así es como parece que los veían los
romanos, que se enfrentaron a ellos en los campos de batalla 1327. Claro que este
prototipo, legado por los autores antiguos, puede basarse en los caracteres que los
diferenciaban de los tipos mediterráneos, ya que en realidad, parece ser que los
celtas, en el momento en que se pueden identificar con certeza, (siglos V-IV a. C.), son
ya tan heterogéneos como los pueblos actuales, situación que se iría acentuando
todavía más durante los siglos III y II, debido a la mezcla de pueblos célticos con los
demás pueblos; mestizaje provocado por la ocupación de nuevos territorios 1328.
Diodoro también nos habla de su aspecto: “…Físicamente los galos tienen un aspecto
terrorífico; tienen la voz grave y totalmente ruda; en sus conversaciones hablan poco
y lo hacen con enigmas, con insinuaciones que obligan a adivinar la mayor parte de
las cosas. Utilizan mucho la exageración, ya sea para ensalzarse a sí mismos o para
minimizar a los demás. …” 1329. Mucho más cercano a nosotros Myres los define como
altos y rubios, comedores de carne de cerdo y bebedores de cerveza, buenos jinetes y
hábiles aurigas, guerreros de temer y caballeros exuberantes 1330.
Los togados romanos se sorprendieron de la indumentaria de los guerreros
celtas, como las bracae (pantalones) que usaban; indumentaria de la que el práctico
pueblo de Roma terminaría adoptando la versión ajustada de estos pantalones como
pieza del equipo de los soldados de caballería 1331. Sobre el atuendo de estos jinetes
celtas nos informan las monedas halladas en España, en las que destaca la que
parece ser una lanza, aunque no es posible diferenciarla con exactitud de otros tipos
de armas como la falarica o el pilum; en cualquier caso el atuendo es el propio de un
guerrero: utilizaban una túnica corta sobre el pantalón o bracae, sujeta a la cintura por
un cinturón y unos tirantes de cuero que se entrecruzaban a la altura del pecho, que
sujetaban el pantalón. Cubrían sus hombros con el sagum, utilizado también por los
guerreros ibéricos y celtibéricos. Calzan sus pies con botas de montar y se cubren la
cabeza con un casco, al parecer, de variada tipología 1332.
Pero si rudo era su aspecto, no menos temible era su comportamiento; por las
noticias que Posidonio nos da sobre la guerra de Sentium, sabemos que los jinetes
galos colgaban las cabezas cortadas de sus enemigos vencidos delante del pecho de
1327
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 371.
1328
Kruta W. 1977. Opus cit. Pág. 52.
1329
Citado. Renfrew, C. 1990. Opus cit. Pág. 173.
1330
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 187.
1331
Marco Simón, F: Los Celtas. Ed. Peñalara. Fuenlabrada (Madrid). 1999. Pág. 130.
1332
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 66.
249
sus caballos o las clavaban en sus lanzas; noticia que corroboran Diodoro y
Estrabón 1333. Este fue el fin de la cabeza del rey Tolomeo Keraunos de Macedonia,
que fue vencido por el celta Bolgios, tras la desmembración del imperio de
Alejandro 1334. El historiador Am. Thierry en su Historia de los Galos describe así el
espíritu de este pueblo: “…Una bravura personal sin ejemplo entre los pueblos
antiguos; un espíritu franco, impetuoso, abierto a todas las impresiones y
eminentemente inteligente; pero al lado de estas cualidades, tenía una volubilidad
extrema, una gran inconstancia y una repugnancia marcada a las ideas de orden y de
disciplina […], mucha ostentación; y por último, una perpetua desunión, producto de
su vanidad excesiva. …” 1335.
Es Diodoro, junto con Julio César, el que nos habla de las costumbres religiosas
de los pueblos galos entre los que era común sacrificar a un dios, identificado con el
Ares romano, cautivos de guerra, chivos, y caballos; équidos de los que los cántabros
bebían su sangre 1336. No faltan las representaciones de caballos en los santuarios de
estos pueblos; buena prueba de ello es el de Roquepertuse (Provenza, Francia) en el
que aparecen los équidos junto a un ave rapaz y hombres sentados 1337.
5. 1. 2. El ejército celta.
1333
Ibídem. Pág. 103.
1334
Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 89.
1335
Momsen, T. 1983 (B). Opus cit. Págs. 124 y 125.
1336
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 102.
1337
Ibídem. Pág. 101.
1338
Gracia Alonso, F. 2006. (A). Opus cit. Pág. 187.
1339
La Tène: “…Período histórico que se corresponde con la segunda fase de la Edad del
Hierro en el centro y noroeste de Europa. Toma su nombre de la ciudad suiza homónima, en el
cantón de Neuchâtel, a orillas del lago de Neuchâtel. Los yacimientos arqueológicos,
descubiertos en 1853, permitieron hallar en principio unos dos mil objetos, entre los cuales
250
5. 1. 2. 1. Unidades de carros.
El origen del carro de guerra de los celtas, desconocido antes de mediados del
siglo V y utilizado por los celtas insulares hasta su contacto con los romanos, nos es
desconocido por el momento, aunque parece probable que haya que buscarlo en el
área mediterránea 1341. En cualquier caso, fueron los celtas los introductores del carro
de guerra en el Occidente de Europa, cuyo nombre actual que deriva del latino currus,
tiene su verdadero origen en el vocablo de los pueblos arios de las estepas:
karama 1342.
Parece que el carro de los celtas era una biga de dos ruedas de la que tiraban
dos caballos y sobre el que guerreaban dos tripulantes: el conductor y un guerrero,
que lo hacía con armas arrojadizas 1343. Durante la Segunda Edad del Hierro, este
carro disminuirá su tamaño, con una caja de 1,30 metros y montada sobre ruedas de 1
metro de diámetro; reducción que los convertirá en más manejables. Éste es el tipo
usado en la batalla de Telamón y en la campaña de Britania contra César por la tribu
de los cantacios 1344. Eslava los describe como muy maniobrables y sólidos, capaces
de girar en muy poco espacio y de subir y bajar pronunciadas pendientes, incluso
saltando entre las piedras. Cuando atacaban en conjunto, al modo de la caballería, el
ruido combinado de sus llantas infundía pavor en el enemigo. La plataforma del carro
era muy baja, lo que daba estabilidad al vehículo, por lo que los aurigas no vacilaban
en desplazarse sobre el eje delantero para lanzar sus jabalinas desde mayor altura,
proeza que podían realizar aunque el carro fuera lanzado a gran velocidad 1345.
La fabricación de carros entre los celtas tuvo gran importancia hasta los siglos IV
y III a. C.; siendo relevante la semejanza entre los hallados en diversos lugares, como
Germania, Islas Británicas, Champagne o Seine; por ejemplo, todos ellos presentan
profusos adornos metálicos y la mayoría, unos ganchos también metálicos que,
además de cerrar el carro por la parte abierta, sirven para que los tripulantes se
apoyen en ellos. Existen también algunos modelos armados de guadañas como las de
figuraban doscientos cincuenta estuches de espadas y trescientos veinte hojas de lanzas, con
características similares a otros hallados en el centro de Francia y el norte de Italia. El estilo de
estos objetos identifican la cultura celta de la Edad del Hierro reciente, ya que muchos tienen
rasgos comunes a todas las tribus. ...”. (Hubert, H. 2005. Opus cit. Pág. 594).
1340
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 133.
1341
Kruta W. 1977. Opus cit. Pág. 121.
1342
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 124.
1343
Gracia Alonso, F. 2003. (B). Opus cit. Pág. 192.
1344
Ibídem. Pág. 192.
1345
Eslava Galán, J. 1995. Opus cit. Pág. 111.
251
los carros persas, entre los que podemos mencionar los de Champagne, que parecen
sugerir una posible influencia de Oriente 1346. Al igual que los celtas del continente lo
hacían en sus caballos, los britanos colgaban las cabezas de sus enemigos vencidos
en la parte trasera de su carro, como trofeo de guerra 1347.
Notables jinetes, contribuyeron como ningún otro pueblo a la utilización del
caballo de tiro; ya que además del essedum, su carro de guerra, utilizaron el
carpentum, un pesado carro de viaje, o el cissum, un coche de dos ruedas; todos ellos
adoptados por los pueblos latinos 1348. Además, sabemos que “… los celtas también
celebraban carreras de carros durante las fiestas del Carmán. …” 1349.
5. 1. 2. 2. La caballería.
Parece que la caballería celta no contaba con estribos, aunque algunos autores
no descartan la posibilidad de que pudiesen usarlos confeccionados con material
perecedero como cuerdas 1352. La estabilidad proporcionada por los mismos la suplían
con una silla de cuatro pomos, que permitía al jinete asentarse en su montura y guiar
el caballo con el movimiento de sus piernas, conducción que les dejaba libres los
1346
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 238.
1347
Eslava Galán, J. 1995. Opus cit. Pág. 110.
1348
Hubert, H. 2005. Opus cit. Pág. 559.
1349
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Págs. 61.
1350
Renfrew, C.1990. Opus cit. Pág. 185.
1351
Renfrew, C. 1990. Opus cit. Pág. 186.
1352
Gracia Alonso, F. 2003. (B). Opus cit. Pág. 190.
252
brazos para manejar las armas 1353. Barreiro Rubín asegura que la silla de montar fue
un invento de los celtas en el siglo I a. C 1354.
Esta caballería celta ejercía las funciones propias de toda caballería ligera:
exploración del territorio para determinar la posición y el número de los enemigos,
enlace entre las diversas agrupaciones tribales y protección del avance y de la
retirada; siendo en combate, según parece, su capacidad de carga muy limitada 1355.
Cuerpo de los ejércitos galos cuyo número se veía limitado por la intendencia, ya que
la falta de forraje para alimentar a los animales en los períodos menos favorables
acortaba su período operativo 1356.
De la importancia del caballo nos habla la abundancia de su figura en los
adornos que decoran sus enseres o lo extendido que estuvieron los cultos a
divinidades ecuestres como Gaul o Epona 1357. Con todo y pese a la importancia del
caballo entre los celtas, parece que su empleo en los combates en campo abierto fue
muy restringido hasta la segunda mitad del siglo III a. C., cuando existen referencias
de unidades celtas de caballería tanto en las campañas de éstos contra Roma como
en los ejércitos de Aníbal 1358. Pasado el tiempo, los galos lucharían como mercenarios
al servicio de Roma en los ejércitos de la República y el Alto Imperio 1359. Aunque el
caballo estaba presente, y era pieza importante, en todos los ejércitos de los pueblos
celtas, parece que algunos pueblos no contaban con caballería en sus unidades, como
era el caso de los nervios, que no tenían ni habían tenido caballería, basando todo su
poder en su infantería; y, para estorbar a la caballería de sus vecinos, talaban sus
bosques, cortando y doblando muchos árboles tiernos, que entrelazaban con espinos
y zarzas para formar una cerca a modo de muralla 1360.
Claro que si eficientes resultaban las caballerías de los pueblos celtas, no menos
eficiente eran las caballerías de sus enemigos, como la de los romanos, en la que
estaban alistados caballeros españoles, como demuestra el relato de esta escaramuza
entre celtas y romanos : “…Habiendo tomado con gran celeridad los nuestros sus
armas y subidos sobre el atrincheramiento, y saliendo por una de las puertas los
jinetes españoles y librado un combate de caballería, del que salieron victoriosos, el
1353
Ibídem. Pág. 190 y 191.
1354
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 35.
1355
Momsen, T. 1983 (B). Opus cit. Pág. 191.
1356
Ibídem. Pág. 191.
1357
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 235.
1358
Gracia Alonso, F. 2003. (A). Opus cit. Pág. 191.
1359
Ibídem. Pág. 191.
1360
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 236.
253
enemigo, perdida la esperanza del éxito de su ofensiva, desistió del ataque. …” 1361.
Tan importante era el papel de la caballería romana en la conquista de la Galia y tanto
debieron temer los galos a este contingente, que César procuraba desplegar ante ellos
la visión de una caballería más numerosa de lo que era en realidad, como sucedió en
Gergovia, ciudad del país de los arvenios: “…César envía allí muchos escuadrones de
caballería hacia la medianoche; ordena que se extiendan en todas direcciones
produciendo ruido. Al amanecer ordena que salgan del campamento gran número de
mulos con bagajes, que se le saquen sus guarniciones y que los muleros con yelmos
den vueltas a las colinas aparentando ser jinetes. A éstos les añade unos pocos
soldados de caballería para que se extendieran haciendo ostentación. …” 1362.
Claro que si para los romanos era primordial el papel de su caballería en las
batallas, ese papel no era menos relevante para los generales celtas. Esto es lo que
declara Vercingetórix 1363, ante un enfrentamiento con el ejército enemigo: “…que le
bastará con la infantería que ya había tenido antes y que no probará fortuna ni peleará
en formación; sino porque dispone de abundante caballería…” 1364. Sobre la violencia
de los combates entre los caballeros de ambos bandos, escuchemos a Aulo Hircio 1365
que nos relata el encuentro entre dos generales contrarios, Comio del pueblo belga de
los atrebates y C. Voluseno Cuadrato, un general de la caballería romana: “…Comio,
espoleando su caballo, lo conduce hasta el de Cuadrato y, arrojándole con gran
violencia su lanza, le atraviesa por el centro el muslo. Luego de haber herido el
general, los nuestros no dudan en resistir y, volviendo sus caballos contra el enemigo,
desordenados por el ímpetu de nuestra carga, son heridos y parte de ellos pisoteados
en su fuga y parte son hechos prisioneros; el jefe, por la rapidez de su caballo, se libró
de la muerte y en aquel victorioso combate herido por él el general de nuestra
1361
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 298.
1362
Ibídem. 368.
1363
Vercingetorix “… (72 a. C.-42 a. C). Uno de los principales caudillos galos. Hijo de Cetill,
jefe de la tribu de los arvernos, uno de los pueblos más importantes entre los galos, en el año
52 encabezó una insurrección que mantuvo en vilo al Imperio Romano, cuyo objeto fue liberar
a la Galia de la dominación a que estaba sometida […] Dos errores jalonan su campaña: el
primero, acceder a enfrentarse a campo abierto con las legiones, mucho más organizadas y
poderosas que sus tropas; el segundo, refugiarse en Alesia, donde fue sitiado por Julio
César[…] El sitio concluyó con la derrota de Vercingetorix, que fue llevado a Roma y exhibido
como trofeo de guerra. Durante seis años estuvo en una mazmorra de la cárcel Mamertina,
hasta que el propio César lo mandó matar en el Tullianum. …”. (Hubert, H. 2005. Opus cit. Pág.
604).
1364
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 378.
1365
Parece que Aulo Hircio era un amigo de Julio César, que le había acompañado a la Galia,
aunque no sabemos con qué funciones. “…Se puede suponer que fue su jefe de secretariado
por el hecho de que nunca se le nombró entre los comandantes de tropa y también porque
revela alguna torpeza en el uso de las técnicas militares. … “(Ibídem. Pág. 40).
254
caballería, de modo que parecía a punto de peligrar su vida, es conducido al
campamento. …” 1366.
Por la expedición gala que preparó Breno 1367 contra Grecia, atraído por la
debilidad de los griegos y por la riqueza en metales preciosos de sus templos,
sabemos que los caballeros celtas acudían al campo de batalla acompañados de dos
esclavos, que se quedaban en la retaguardia; cuando un jinete o un caballo caían en
combate, el esclavo sustituía al guerrero, o le cedía su caballo, si era la montura la que
había sucumbido. Cuando jinete y caballo caían, quedaban el esclavo y su montura en
el puesto del caballero derrotado; si el guerrero era herido, uno de los esclavos los
devolvía al campamento, mientras el otro lo sustituía en la batalla 1368. En esa
expedición, Breno, avanzó hacia el sur y atacó Delfos que era un objetivo
especialmente valioso, a causa de los tesoros que había acumulado durante siglos,
tesoros que ningún conquistador griego habría osado tocar 1369. Pero Breno,
finalmente, vencido por los etolios, por un terremoto o por los dioses, fue derrotado y
murió, por lo que los galos abandonaron Grecia 1370.
5. 1. 3. Los germanos.
Mención especial entre los pueblos celtas merece el germano que, junto a los
latinos, influiría de forma decisiva en la formación de la Europa futura. La Germania
está separada “…de los retos y los panonios por los ríos Rin y Danubio; de los
sarmatas y dacios, por el recíproco miedo o por montañas; el resto lo ciñe el Océano,
que forma grandes penínsulas y abarca enormes extensiones de islas. …” 1371. Las
primeras noticias sobre los germanos nos las proporciona el geógrafo griego marsellés
Piteas (siglo IV a. C.), que realizó a territorio germano un viaje que respondía a
intereses profesionales 1372.
Pasados un par de siglos, corría el II a. C. cuando se produjo la primera gran
confrontación entre los latinos y los germanos; según Villar, los dos pueblos que más
1366
Ibídem. Pág. 420.
1367
Breno atrae a los galos “…con el señuelo de los tesoros de Grecia, expone el estado de
agotamiento de ese país; no duda en embaucar, en mostrar a sus hombres prisioneros griegos
de baja estatura y en decir que estos soldados no son nada al lado de los galos sólidos y bien
constituidos. Habiendo reunido así más de ciento cincuenta mil infantes y dos mil jinetes,
Brennus se lanza a la conquista de Grecia. …”(Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 89).
1368
Marco Simón, F. 1999. Opus cit. Pág. 201.
1369
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 251.
1370
Ibídem. Pág. 252.
1371
Cornelio Tácito: Agrícola. Germania. Diálogo sobre los oradores. Ed. Gredos. Madrid. 1981.
Pág. 113.
1372
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 356.
255
decisivos iban a resultar en la configuración de la moderna Europa 1373. En efecto, las
tribus germánicas de los cimbrios y los teutones invadieron la Galia y, después de
atravesar el Rin, derrotaron a los romanos y alcanzaron el norte de Italia; pero Mario,
elegido cónsul en el 104, los derrotó dos años después en Aquae Sextiae y uno más
tarde en Vercellae 1374. En el siglo I a. C. Julio César emprendió su exitosa conquista
de los Galias, coronada por victorias como la que obtuvo en el 58 a. C. frente a
Ariovisto. Así nos relata César su entrevista con este rey de los germanos “…Ariovisto
pidió que César no llevara a la entrevista ninguna escolta de infantería, pues temía
que le capturara tendiéndole una emboscada; que cada uno fuera con fuerzas de
caballería y que no acudiría bajo ninguna otra condición. César […] no confiaba
plenamente en la integridad de la caballería gala y decidió que lo más prudente sería
desmontar los jinetes galos de todos sus caballos y colocar sobre ellos a la décima
legión, en la que confiaba plenamente, para contar así con una guardia lo más adicta
posible si surgía la necesidad. …” 1375.
Ya en el siglo I d. C., no cesaron las confrontaciones entre germanos y romanos,
que, incluso, llegaron a establecer relaciones comerciales en aquellos territorios 1376.
De todas las batallas libradas entre los dos bandos, tal vez, la que ha dejado una
huella más profunda es la de los bosques de Teotoburgo, en la que los germanos de
más allá del Rin se sublevaron y, capitaneados por Arminio, derrotaron al ejército
romano. Aquellos países septentrionales de Europa, que ni siquiera merecían el gasto
y el esfuerzo de una conquista, enseñaron a los romanos que Germania estaba
ocupada por una raza de bárbaros para los que la vida no tenía ningún valor cuando
se la separaba de la libertad, y aunque en la primera confrontación parecieron ceder
ante el poder de Roma, no tardarían, mediante un insigne acto de desesperación, en
recuperar su independencia y recordar a Augusto las volubles vicisitudes de la
fortuna 1377.
Los germanos no importaban caballos como los que los demás galos compraban
a elevados precios, sino que utilizaban los suyos, pequeños y feos, pero muy
1373
Ibídem. Pág. 356.
1374
Ibídem. Pág. 356.
1375
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 218.
1376
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 357.
1377
Gibbon, E: Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano. Ed. Círculo de Lectores.
Barcelona. 2001. Pág. 30.
256
eficientes en el trabajo, debido a su doma. Según Tácito 1378, sus caballos no
sobresalían ni por su estampa ni por su velocidad, ni se les enseñaban caracoleos
sino que los llevaban en línea recta y, al girarlos hacia la derecha formaban un
círculo 1379. Mientras combatían, con frecuencia, saltaban del caballo y seguían
combatiendo a pie, y habían acostumbrado a sus monturas a permanecer inmóviles en
el lugar que los dejaban, a los que volvían con rapidez, en caso de necesidad; y, no
usaban sillas de montar porque lo consideraban vergonzoso y torpe y, aunque ellos
fueran pocos, se atrevían a atacar a los enemigos que usaban monturas, por muy
numerosos que fueran 1380. Su panoplia se limitaba a un escudo y la framea (pica) 1381.
Magníficos guerreros, la poca calidad de sus caballos les restaba eficacia; eso fue lo
que debió pensar César cuando al llegar los refuerzos que había pedido a los
germanos, para combatir a los galos, y comprobar la poca calidad de sus caballos, los
apeó de los mismos y les repartió los caballos romanos de los tribunos y de los
jinetes 1382.
Combatían al modo de los hispanos, yendo a la batalla acompañados de
infantes, que los caballeros elegían privadamente; estos infantes entraban en combate
con los caballeros, a los que socorrían en situaciones críticas; en las marchas forzadas
o en las retiradas más presurosas, era tanta la ligereza de estos ayudantes, por el
continuo ejercicio que, agarrando las crines de los caballos, corrían a la par que
ellos 1383. En las marchas largas el infante no se desplazaba en la grupa del caballo,
sino que caminaba agarrado a su cola, para no cansar al animal 1384. Caballerías gala y
germana cuya fama aterrorizaba a las tropas romanas e impresionaba la mismísimo
Julio César, siendo el grupo de guerreros a los que dedicó más atención en su Guerra
de los Galias 1385.
1378
Tácito es uno de los grandes historiadores romanos. Pertenecía a una familia originaria, tal
vez, de la Galia Narbonense ; se casó con una hija del cónsul Cn. Julio Agrícola. Fue cónsul
sufecto en el 97 d. C. y desempeñó altos cargos durante la dinastía Flavia. Sus obras de
historia fueron los Anales, sobre la dinastía Julio-Claudia, e Historias, sobre la etapa Flavia;
obras en las que alaba la virtud, censura el vicio y da consejos prácticos. Su estilo fue ambiguo
e irónico y su concepción de la historia, pesimista. Mommsen lo criticó por su falta de precisión
al narrar la guerra del 69 entre los distintos aspirantes al trono. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs.
389 y 390).
1379
Cornelio Tácito. 1981. Opus cit. Pág. 117.
1380
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 264.
1381
Cornelio Tácito. 1981. Opus cit. Pág. 117.
1382
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 237.
1383
Ibídem. Pág. 237.
1384
Eslava Galán, J. 1995. Opus cit. Pág. 118.
1385
Gracia Alonso, F. 2003. (A). Opus cit. Pág. 191.
257
Entre los germanos destacaban los tencteros por la destreza con que manejaban
sus caballos 1386; animales que se transmitían con los esclavos, con los penates y con
los derechos sucesorios; herencia que no obtenía el hijo primogénito sino el más
arriesgado y más aventajado en la guerra 1387. Si los tencteros destacaban por su
destreza como jinetes, los fenos lo hacían por su salvajismo y su pobreza; no tenían
armas, caballos ni casas, se alimentaban de hierba, se vestían con pieles y dormían
en el suelo 1388. Pero los más belicosos de las tribus germanas eran, según César, los
suevos; para acudir a guerrear se relevaban, yendo un año al campo de batalla y otro
permaneciendo en sus tierras, labrándolas para mantenerse a sí mismos y a los que
guerreaban; vivían del ganado y de la caza y, desde niños, no se sometían a ninguna
disciplina; se vestían con pieles y alcanzaban una talla extraordinaria 1389.
Pero el papel del jinete fue cambiando a lo largo de su historia y a medida que
los germanos iban entrando en contacto con otros pueblos. Así, si en las descripciones
de las primeras batallas, su primera fuerza de choque la constituía una élite de
soldados de infantería y caballería, con posterioridad, la influencia de la vecindad de
los pueblos iranios que hacían uso del caballo, como yacigos, roxolanos y alanos,
condujo a los germanos a la creación de contingentes a caballo e incluso a la
transformación total de la infantería en caballería 1390. La lanza era el arma principal de
infantes y jinetes; en muchos casos se protegían con escudos y portaban también,
para la lucha cuerpo a cuerpo, una espada corta. En sus granjas, junto a sus casas,
han aparecido cuadras valladas 1391.
Enterraban a sus muertos aristócratas en pequeños grupos de tumbas aisladas
y, frecuentemente sin incinerar; a los hombres no los acompañaban al más allá sus
armas, sólo lo hacían copas para beber, elementos de vestido y objetos de adorno 1392.
En los aislados casos en los que se encuentra una espada acompañando al muerto,
suele hacerlo también la espuela del jinete 1393.
Los germanos recurrían a sus caballos como animales adivinatorios, observando
sus relinchos y su piafar. Según Tácito, “…No hay otro auspicio con mayor crédito no
1386
Cornelio Tácito. 1981. Opus cit. Pág. 135.
1387
Ibídem. Pág. 136.
1388
Ibídem. Pág. 147.
1389
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 263.
1390
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 289.
1391
Ibídem. Pág. 285.
1392
Ibídem. Pág. 287.
1393
Ibídem. 1986 288.
258
solo para la plebe, sino también entre la nobleza y los sacerdotes; piensan que si ellos
son los ministros de los dioses, aquellos [los caballos] son sus confidentes. …” 1394.
Cuando alguno cometía un delito, el castigo que se le imponía era la entrega de
cierta cantidad de caballos, parte de los cuales iban a parar al rey o a la comunidad y
parte a la persona demandante o a su familia 1395. Era, además, el caballo, un regalo
sumamente apreciado entre los germanos. Regalo que les gustaba recibir de sus
vecinos y trofeo que buscaban los jóvenes, que, cuando sus tribus se embotaban en la
paz, no dudaban en acudir a otros pueblos que se encontrasen en guerra para obtener
de su jefe un famoso caballo de guerra o una conocida lanza ensangrentada y
vencedora 1396. Un caballo embridado era uno de los presentes con los que el novio
debía agasajar a su prometida, ya que entre los germanos era el marido el que
aportaba la dote para su esposa 1397.
1394
Citado. Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 244. (Nota).
1395
Cornelio Tácito. 1981. Opus cit. Pág. 122.
1396
Ibídem.. Págs. 123 y 124.
1397
Ibídem. Pág. 126.
1398
Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 63.
1399
Julio César. 1986. Opus cit. Pág. 191.
1400
Ibídem. Pág. 200.
259
para que al estar todos expuestos al mismo riesgo se evitara la tentación de la
huida…” 1401.
Cuando César decidió cruzar el mar hasta Britania, para someter a los celtas que
poblaban aquellas islas, tampoco dejó atrás a su caballería, a la que transportó en
dieciocho naves 1402; allí encontró a un pueblo que además de guerrear como jinetes, lo
hacían, también, desde sus carros de combate. Así era como combatían desde ellos:
“…Empezaban por correr en todas direcciones lanzando sus tiros, y con el terror de
sus caballos y el estruendo de sus ruedas la mayoría de las veces causaban el
desorden en las líneas; y habiendo abierto brecha entre los escuadrones de caballería,
saltaban de los carros y combatían a pie. Mientras, los aurigas se apartaban un poco
de la batalla y colocaban los carros de modo que si eran acosados por gran número de
enemigos tuvieran expedita la retirada hacia los suyos. Así presentan en los combates
la movilidad de sus jinetes y la estabilidad de sus infantes, y con el entrenamiento y
ejercicio cotidiano resulta que pueden frenar a sus caballos lanzados al galope en una
pendiente escabrosa y en breves instantes ponerlos al paso y darles vuelta; y tienen
por costumbre correr por el timón, sostenerse sobre el yugo y por allí volver a entrar en
los carros con asombrosa rapidez. …” 1403. Según Tácito, en su Agrícola, el noble era el
auriga y sus clientes combatían delante de él 1404. Parece que los romanos pudieron
rechazar finalmente a los britanos, pero la expedición fue un fracaso debido a que los
vientos adversos no permitieron desembarcar a los veleros que transportaban a la
caballería de César 1405. Pero, a pesar del primer fracaso, César no cejó en su empeño
y regresó a Britania al año siguiente con cinco legiones y dos mil caballos, huestes con
las que derrotó al rey Cassivellauno 1406. Habría de pasar mucho tiempo para que, ya
en tiempos imperiales, y tras una guerra de cuarenta años, aproximadamente, se
sometiera la mayor parte de Britania; campaña que, según Gibbon, emprendió el más
estúpido de los emperadores, continuó el más disoluto y finalizó, el más timorato 1407.
Con todo, parece que el empleo del caballo en las Islas Británicas no era anterior
a la Edad del Bronce o principios de la Edad del Hierro, ya que, según todos los
indicios, los caballos paleolíticos insulares llegaron a extinguirse y hubieron de ser
introducidos de nuevo desde Europa 1408. Tal teoría parece probarla el hecho de que
1401
Ibídem. Pág. 206.
1402
Ibídem. Pág. 278.
1403
Ibídem. Pág. 280 y 281.
1404
Cornelio Tácito. 1984. Opus cit. Pág. 64.
1405
Eslava Galán, J. 1995. Opus cit. Pág. 111.
1406
Ibídem. Pág. 112.
1407
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 31.
1408
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 234.
260
los bocados de bronce hallados en estas islas no sean muy abundantes; y que los
bocados de hierro, mucho más abundantes, así como los restos de carros, no
presenten ninguna diferencia con los del Continente 1409.
Tras los confines de los germanos, Tácito sitúa a los suyones, tras los que hay
otro mar “…en calma, casi inmóvil; se cree que rodea y clausura el orbe de las tierras,
porque el último resplandor del sol al ponerse dura hasta el amanecer, y tan brillante
que difumina las estrellas. La credulidad añade que se puede escuchar su sonido al
emerger y que se ven las figuras de sus caballos y los rayos de su cabeza. Hasta aquí,
y sólo en eso son ciertos los rumores, llega el mundo. …” 1410.
No sabemos cómo los celtas habían conocido la existencia de Italia, pero cuando
el rey Tarquinio el Antiguo reinaba en Roma, Beloveso, uno de los sobrinos del rey
celta Ambigato, que debido a la superpoblación de su reino deseaba aliviarlo de gente,
llegó a Italia, cuya vía de emigración le había correspondido en suerte. Según Tito
Livio se llevó con él a la población excedente de su pueblo, marchando con gran
número de infantes y jinetes hacia el país de los tricastinos 1411. Parece que había sido
el tirreno Arrunte de Clusium, dice Dionisio de Halicarnaso en sus Antigüedades
Romanas, el que les confió a los celtas que Italia era el país de los frutos que los
habían maravillado; un país grande y fértil, habitado por pocos hombres, que en el
combate se comportaban como las mujeres; les dijo, además, que no debían adquirir
estos productos mediante compra sino ahuyentando a sus actuales propietarios para,
finalmente, disfrutarlos ellos como sus dueños 1412. El enciclopedista Plinio 1413 los
perdona por haber intentado conseguir semejantes exquisiteces recurriendo a la
1409
Ibídem. Pág. 234.
1410
Cornelio Tácito. 1981. Opus cit. Pág. 145.
1411
Citado. Marco Simón, F. 1999. Opus cit. Pág. 198.
1412
Ibídem. Pág. 199.
1413
Plinio el Viejo: “…Este caballero nacido en Como bajo el reinado de Tiberio había
combatido sobre su caballo en Germania, con las tropas de Claudio y quizá también con
Nerón. Al final del reino, juzgó más sabio vivir en paz hasta que su amigo Vespasiano le llamó
al gobierno. Le encontramos en todas partes, en puestos de alto funcionariado: en las Galias,
en África, en Hispania, antes de verlo comandar la base naval de Misena al cierre de su
carrera, destino que explica su muerte en la ribera de Stabies a raíz de la catástrofe del
Vesubio. Su sobrino lo contó con minuciosidad en una carta célebre a su amigo Tácito. Plinio
era conocido como científico, pero había escrito sobre la elocuencia (esencial en las
civilizaciones antiguas), sobre el bello estilo y sobre historia romana: Tácito lo utilizaría como
fuente. No obstante, el más importante de sus trabajos es Historia natural. Ni tan siquiera el
propio autor lo duda:<<Soy el único entre todos los romanos que ha descrito por completo la
naturaleza>>. Y lo hizo a partir de sus observaciones, pero también sirviéndose de lo que otros
habían dicho... ”(. Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 374).
261
guerra 1414. Los frutos a los que se refiere el tirreno, higos, uvas, aceite y vino de
calidad, los había llevado de vuelta a Helvetia Helicón, que había trabajado como
herrero en Roma 1415.
El caso es que llegadas noticias de la pródiga Italia a sus tierras, estos vecinos
del Norte envidiaron a los etruscos los bellos parajes de las tierras italianas y la
fertilidad de las mismas y terminaron expulsándolos a la región del Po. Así, se
presentaron en Italia con su ganado y su oro, que eran los únicos bienes que, dado su
género de vida, podían llevar con ellos 1416. Ansias de metales preciosos, vino y
riquezas que algunos galos debieron disfrutar, al fin, como relata Posidonio sobre las
riquezas de Lovernio, que recorría los campos de la Galia en un carro, repartiendo a
los que lo seguían oro y plata e invitándolos, durante varios días, a disfrutar de todo el
excelente vino y de toda la comida que quisieran 1417
La presencia de los celtas en Italia se explica por las transformaciones que
acaecieron en Europa Central con motivo de la formación de la cultura de La Tène 1418,
que forzó el movimiento de algunos pueblos. De la presencia de gentes celtas en la
península italiana se tiene constancia desde el siglo VI a. C., pero su influencia se
hace más intensa en el siglo siguiente cuando algunos individuos penetran en el valle
del Po; llegado el 400 a. C. estos movimientos adoptan forma violenta y los celtas
comienzan a extenderse por toda la península, hasta que llegan a Roma 1419.
Cuando los romanos establecieron contactos con estos pueblos del Norte,
debieron sentirse profundamente impresionados por el aspecto, que nosotros ya
conocemos, de estos rudos guerreros, entre los cuales, los nobles se dejaban crecer
el bigote hasta que les ocultaba la boca, rasurándose el resto de la cara; pero lo que
más los caracterizaba eran su cabellos teñidos, al decir de Estrabón, con agua de cal y
echados hacia atrás, de modo que recordaban a las crines de los caballos 1420.
Efectivamente, por las emisiones de cecas hispanas sabemos que algunos jinetes
1414
Marco Simón, F. 1999. Opus cit. Pág. 199.
1415
Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 65.
1416
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 198.
1417
Marco Simón, F. 1999. Opus cit. Pág. 205.
1418
“…Entre los años 500-480 a. C., fecha de la tumba de Vix, en Francia se desarrolló entre
los ríos Maas y Meno-Neckar una civilización muy original y nueva, llamada de La Tène, que
mantenía contactos con el este y con el Mediterráneo, de donde se enriquecía gracias al
comercio. Esos contactos se detectan en los objetos de las tumbas alemanas de Rodenbach,
Durkeim, y otras, que contienen en los ajuares piezas etruscas. En el siglo VI a, C, los celtas
mantenían ya relaciones con los griegos, posiblemente a través de Marsella, como lo prueba la
citada tumba principesca de Vix, con una gigantesca crátera, parecida a la de la tumba de
Heusseburg sobre el alto Danubio, y la del Château-sur-Saluis en el Jura, etc. …”. (Gómez
Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 53).
1419
Ibídem. Pág.208.
1420
Marco Simón, F.1999. Opus cit. Pág. 130.
262
llevaban la cabeza descubierta, con el pelo echado hacia atrás y recogido en una
trenza, lo que, tal vez, tuviese relación con la confección de un tipo especial de tocado,
que mencionan los autores clásicos para algunos pueblos prerromanos, y que
consistiría en recogerse la larga melena para hacer con ella un trenzado que
protegiese la cabeza y la nuca 1421. Dejemos hablar a Estrabón: “…La raza que hoy
llamamos celta o galática, es apasionada de la guerra, fácilmente irritable y pronta a
batallar, pero también recta y sin vicios. Y así, cuando se les provoca, se unen todos
para la batalla, sin subterfugios y sin pensarlo dos veces. Por esta razón, aquellos que
quieren combatirlos con engaños pueden vencerlos con facilidad; porque basta con
provocar su cólera con cualquier pretexto en el momento y lugar deseados, para
encontrarlos dispuestos a arriesgar todo sin más bagaje que su propia fuerza y su
propia audacia. …” 1422. Así, si al establecer contactos con ellos, los romanos se habían
sentido profundamente impresionados, cuando los conocieron, los legionarios
romanos, entendieron que los galos no valoraban ni la táctica ni la estrategia militar,
considerando, al entrar en combate, tan sólo dos opciones: la victoria o la muerte 1423.
Ya desde el siglo IV a. C., bandas de celtas realizaban incursiones en el norte de
Italia, saqueando y destrozando cuanto encontraban en su camino; los insubres se
establecieron en la zona que hoy ocupa Milán y otras tribus penetraron más al sur,
como la de los senones, que se asentó en Etruria, llegando hasta la moderna Chiusi
(Clusium) 1424. Sería hacia el año 368 a. C. cuando grupos de celtas trasalpinos
invadieron el Norte de la península itálica, donde hundieron el poder etrusco y llegaron
al centro de la península, sitiando la ciudad de Clusium; tras derrotar a los romanos en
la batalla del río Allia, se apoderaron de Roma, saqueándola, incendiándola y
destruyendo sus archivos; solamente se les resistió la acrópolis del Capitolio 1425. Por
Polibio 1426 conocemos el ambiente que se respiraba en la batalla del Allia :”…El
aspecto del ejército galo y el estruendo que producía los helaba de espanto. Era
incalculable el número de cuernos y de trompas y, al mismo tiempo, todo el ejército
1421
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 67 y 68.
1422
Citado. Renfrew, C. 1990. Opus cit. Pág. 173.
1423
Gracia Alonso, F. 2003. (A). Opus cit. Pág. 186.
1424
Villar, F. 1996. Opus cit. Pág. 369.
1425
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 17.
1426
Polibio. (c. 200-118 a. C) Historiador de Roma, que era natural de Megalópolis (Grecia).
Estuvo en el centro de la política de la Liga Aquea, de la que fue su Hiparco de caballería. Tras
la victoria romana en Pidna fue hecho prisionero por no haber ayudado a Emilio Paulo; fue
retenido en Roma, donde entabló amistad con el hijo de Paulo, Escipión Emiliano,
relacionándose con el círculo de los Escipiones. Acompañó a Escipión a Hispania, donde
contempló la caída de Numancia, y a África, donde fue testigo de la destrucción de Cartago.
Aunque la mayor parte de sus obras se han perdido, conservamos sus Historias. Fue un
escritor íntegro que registraba con fidelidad lo que se decía y sucedía. (Hazel, J. 2002. Opus
cit. Págs. 314 y 325).
263
lanzaba tantos clamores, que no sólo se oía el son de los instrumentos y los gritos de
los soldados, sino que los lugares circundantes, reexpidiendo el eco, parecían añadir
su propia voz a tamaño estrépito. …” 1427. Este enfrentamiento fue la primera ocasión
en que los romanos participaron en una batalla empleando una táctica distinta a la
heleno-itálica basada en la falange; y la experiencia resultó desastrosa, ya que las
masas de caballeros galos desbarataron pronto a las legiones romanas, y los mismos
jinetes romanos se encontraron indefensos ante los galos 1428.
Durante los siete meses que parece que duró el asedio de Roma, los galos se
dedicaron a explorar los campos, hartándose de comida y de vino; producto éste
último que amaban hasta el exceso, según Diodoro de Sicilia; y que no pocas veces se
convertiría en la causa de sus males en el campo de batalla 1429. Pero los senones
cometieron el error de contentarse con el pago de tributos y no destruyeron Roma. El
cónsul Camilo reorganizó sus legiones, reconstruyó la ciudad y la fortificó en previsión
de nuevos ataques; cuando se marcharon, los celtas no podían saber que habían
cometido un error irreparable por no haber destruido una ciudad que, unos siglos más
tarde, se iba a convertir en una de las piedras de molino que, cogiendo en medio a los
celtas, los haría desparecer de sus territorios, adueñándose de la mayor parte de los
mismos 1430.
No sabemos qué impresión causaron los celtas a los romanos y porqué lograron
vencerlos. Camille Jullian nos recuerda lo apuntado por Tito Livio 1431 “…que la derrota
de los romanos se debió al terror mágico (miraculoum) que les inspiraba el grito de
guerra de los celtas. …” 1432. Otros autores también hacen mención a esta impresión;
Diodoro de Sicilia señala que antes de las batallas cantaban las hazañas de sus
antepasados y alardeaban de sus propias virtudes, mientras insultaban a los
adversarios; Valerio Flaco dice que no iban al combate acompañados de trompetas,
sino cantando las hazañas de sus viejos guerreros 1433.
1427
Citado. Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 68.
1428
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 201.
1429
Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 73.
1430
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 370.
1431
Tito Livio. (c. 59 a. C.-17 d. C.). Nació en Padua (Patavium) en la Galia Cisalpina. Uno de
los historiadores latinos más importantes, que residió en Roma y fue protegido de Augusto. Su
obra principal es Ab urbe condita libri, de cuyos ciento cuarenta y dos libros sólo se conservan
treinta y cinco, en los que refiere la historia de Roma desde su fundación hasta la muerte de
Druso (9 a. C.) Fue muy admirado por sus contemporáneos y sirvió de modelo a historiadores
posteriores. Fue un historiador sedentario, que consultó las fuentes de todas las épocas (entre
ellas a Polibio), pero que no tenía experiencia personal sobre los hechos que relataba. (Hazel,
J. 2002. Opus cit. Págs. 245 y246).
1432
Citado. Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 62.
1433
Ibídem. Pág. 63.
264
Pero, llegados al año 295 a. C., los romanos vencen a los galos en la batalla de
Sentium y Roma irá conquistando unos tras otros los territorios de los senones, los
insubrios y los boios, que se verán obligados a emigrar a la Europa central. Unos años
después, en el 225 a. C., Roma será la vencedora en la batalla del Cabo Telamón
(Etruria) 1434. Esta batalla acabó con las invasiones galas de la Italia Central, y lo que
es más importante, con el encantamiento del pueblo galo; si Sentium les había dado,
a los romanos, la hegemonía de la Italia peninsular, Telamón hará posible la conquista
de la Galia Cisalpina y el remate de la unidad de Italia 1435.
5. 2. LA PENÍNSULA ITALIANA.
1434
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 18.
1435
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 238.
1436
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 29.
1437
Ibídem. Pág. 29.
1438
Ibídem. Pág. 29.
265
actual Francia; el Veneto, al este de la Galia Cisalpina (Véneto actual); y Liguria, al
oeste del Véneto (actual Liguria) 1439.
En el Centro se encontraba Etruria (Toscana de hoy), país en el que habitaban
los etruscos; Umbría, entre el alto Apenino y la Toscana; el Lacio, alrededor de Roma
y habitado por los latinos; la Campania, rica región agrícola en el Golfo de Nápoles; y
el Piceno, que abarcaba parte del territorio que hoy conforman los Abruzos y la
Marcas 1440.
Y el Sur lo conformaban el Samnio, al este del Lacio, y la Campania; Lucania
(actual Basilicata), en la costa del golfo de Tarento; Apulia, en el suroeste y limitando
con el Adriático y el Jónico; y la Magna Grecia (con colonias o polis en Campania,
Basilicata, Apulia y Sicilia) región colonizada por los griegos 1441.
La Italia 1442 primitiva estaba dividida en dos regiones bien diferenciadas: la Italia
continental y la Italia peninsular 1443. Y sobre los pueblos más importantes que
poblaban esa Italia primitiva, más o menos hacia los comienzos del I milenio a. C.,
hablaremos a continuación.
5. 2. 1. Italia en la prehistoria.
1439
Ibídem. Pág. 30.
1440
Ibídem. Pág. 30.
1441
Ibídem. Pág. 30.
1442
La denominación de Italia apareció por vez primera para denominar a la región del Brucio,
situada en la punta de la bota que conforma la Península Italiana. Su nombre derivaría de la
palabra “italos”: becerro; por lo que etimológicamente Italia sería “el país de los becerros”.
(Ibídem. Pág. 41).
1443
García- Badell, G: La agricultura en la Roma antigua. Ed. Ministerio de Agricultura. Madrid.
1951. Pág. 52.
1444
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 22.
1445
Ibídem. Pág. 23.
266
El hombre neolítico no es sólo, como sus antepasados, cazador y recolector;
además ha domesticado animales y practica la ganadería y la agricultura y, aunque
sigue viviendo en cavernas, el uso de las cabañas tiende a generalizarse 1446. El final
de la época neolítica, llamada eneolítico o Edad del Cobre, recibe este nombre debido
a la aparición de ese metal y del oro; hecho que tendrá una importancia transcendental
en la evolución de la Humanidad; los restos de este período están repartidos por toda
Italia, desde el valle del Po hasta Sicilia 1447. Parece que la civilización italiana en época
neolítica tendría su origen en una migración africana 1448.
A la Edad del Cobre le sigue la Edad del Bronce y hacia el final del II milenio
hace su aparición el hierro, que se propaga rápidamente hasta los extremos de la
península. Pero, no obstante, el empleo de este último metal no se generaliza
rápidamente, fabricándose tanto las armas como las herramientas o los arneses para
caballos, con bronce 1449. Hay constancia de que en el valle del Po, hacia el 1700 a. C.,
vivieron los terramarícolas, habitantes de aldeas agrícolas que poseían caballos y
además de fabricar una cerámica brillante, eran expertos en el trabajo del bronce 1450.
Hemos seguido el rastro del hombre a lo largo de las distintas edades de piedra
en la península italiana, pero ¿y, concretamente, en el Lacio? Existe la duda, según
Homo, respecto a si el Lacio estaba ocupado en el período paleolítico, ya que los
restos hallados no son concluyentes; por el contrario, para el período neolítico no hay
duda, como atestiguan los restos hallados en Monticelli, Palestrina o en Grotta Ferrara
que demuestran la presencia de los humanos en los valles bajos del Anio y del
Tíber 1451. Tal vez los primeros pobladores del Lacio fueran algunos antepasados de los
latinos que, a mediados del II milenio a. C. se instalaron en la región de los montes
Albanos; allí encontraron, y se fundieron con ellos, a los ligures, dando lugar a los
latinos primitivos 1452. Respecto a la propia Roma, sus primeros habitantes fueron los
neolíticos ligures, que habitaban en una aldea establecida en el monte Aventino, y el
primer vestigio de civilización, atestiguado por la arqueología, es la aldea del Germal,
en el Palatino 1453.
La prehistoria italiana se cierra, por fin, con la aparición en su suelo de dos
formas de civilización muy superiores a las de las gentes que las han habitado hasta
1446
Ibídem. Pág. 23.
1447
Ibídem. Pág. 24.
1448
Ibídem. Pág. 33.
1449
Ibídem. Pág. 29.
1450
Starr Chester G: Historia del Mundo Antiguo. Ed. Akal. Madrid. 1974. Pág. 488.
1451
Ibídem. Pág. 57.
1452
Ibídem. Pág. 58.
1453
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 64.
267
ahora: las civilizaciones etrusca y helénica, “…las cuales sólo alcanzarán su apogeo
en la época histórica 1454, pero que por sus orígenes y sus primeras manifestaciones se
vinculan con el período primitivo. …” 1455.
Así pues, hasta la unificación romana (final del siglo IV a. C.) el mapa étnico de
Italia era diverso; pero Homo se apoya, para descifrarlo, en las fuentes literarias y en
la antropología 1456. Para este autor, al norte se encontraban los galos, ocupando la
llanura del Po a lo largo del litoral adriático hasta Ancona; los vénetos, ocupaban el
Véneto actual, los límites del Mincio y del lago de Garda (Oeste) y los deltas del Adigio
y del Po, al sur; los ligures se asientan en el arco montañoso occidental, en los Alpes,
desde el Ródano hasta el Mediterráneo y en el Apenino hasta las fuentes del Arno; la
Toscana y el occidente de la Umbría las pueblan los etruscos; el Apenino central y
meridional lo pueblan los italiotas, que se dividen en dos ramas principales:
umbriosabélicos y latinos, aquellos divididos en grupos distintos como los umbrios
(Umbría oriental hasta el litoral adriático) y los sabélicos, situados al sur de los
anteriores y divididos a su vez en multitud de ramas: sabinos (Apenino central),
picentinos (a lo largo del Adriático), marsos (alrededor del lago Fucino), samnitas
(entre las fuentes del Volturno y el Sagrus al norte), los lucanos (al sur del Silarus, en
la actual Basilicata) y los bruttios en la Calabria; y los latinos ocupaban la llanura
latina, al este y al sur de la desembocadura del Tíber, entre el Apenino, los Montes
Albanos y el mar, destacando entre sus gentes los ecuos (alto Anio) los hérnicos
(Sacco) y volscos (litoral del mar Tirreno) 1457. La Campania la habitaban los oscos y el
extremo sudeste de Italia lo ocupaban los yápigas. Por último, a lo largo del litoral de la
Italia meridional, desde la bahía de Nápoles hasta el sur, se repartían el terreno las
colonias griegas, que se dividían, según el origen de sus fundadores, en grupos
distintos: calcídico (Cumas, Nápoles, etc), dórico (Tarento), aqueo (Trotona) y jónico
(Metaponte) 1458. Los sardos vivían en Cerdeña y eran una población de rasgos muy
1454
“…Sólo con la segunda guerra púnica los testimonios contemporáneos se multiplican,
entramos en pleno período histórico y en una afluencia de luz se cierra por fin, para repetir la
expresión significativa de Beaufort, la larga incertidumbre de los primeros siglos de Roma. …”.
(Ibídem. Pág. 19).
1455
Ibídem. Pág. 30.
1456
Ibídem. Págs. 34 y 35.
1457
Ibídem. Pág. 35.
1458
Ibídem. Pág. 36.
268
antiguos y no indoeuropeos 1459 y en Sicilia habitaban los sicanos, en las montañas
interiores; y los élimos, en la región nordoccidental 1460.
Visto el panorama de la Italia primitiva nada nos impide afirmar que la península
en forma de bota era un caos de nacionalidades donde no había ni unidad política ni
lingüística 1461. Escuchemos ahora hablar a Gibbon sobre el enrevesado panorama de
la Italia prerromana: “…Antes de la conquista romana, el país que actualmente se
denomina Lombardía no se consideraba parte de Italia, ya que había sido ocupado por
una poderosa colonia de galos que se instalaron a lo largo de las orillas del Po, desde
el Piamonte a la Romaña; de ahí se extendieron con las armas y difundieron su
nombre desde los Alpes a los Apeninos. Los ligures habitaban en la costa rocosa que
ahora forma la república de Génova, Venecia todavía no había nacido, pero sus
territorios, que se encuentran al este del Adigio, estaban habitados por los vénetos. El
centro de la península que actualmente compone el ducado de Toscana y los Estados
Pontificios era la antigua sede de los etruscos y umbros; a los etruscos debe Italia los
primeros rudimentos de vida civilizada. El Tíber fluía al pie de las siete colinas de
Roma, y el país de los sabinos, los latinos y los volscos, desde ese río hasta las
fronteras de Nápoles, fue el escenario de sus primeras victorias.[…] El territorio
inmediato a Nápoles pertenecía a Capua y a Campania; el resto del reino estaba
habitado por diversas naciones guerreras; marsos, samnitas, apulios y lucanos, y
cubrían las costas las florecientes colonias de los griegos. …” 1462.
5. 3. 1. Los ligures.
1459
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 49.
1460
Ibídem. Pág. 49.
1461
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 36.
1462
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 39.
1463
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 38 y ss.
269
otras comarcas septentrionales 1464. Eran un pueblo montañés y atrasado, resto de una
etnia anterior, cuyos testimonios lingüísticos evidencian una incidencia indoeuropea
sobre un sustrato preindoeuropeo, que fueron reducidos a las regiones montañosas de
los Alpes y los Apeninos debido a la presión de los etruscos por el sur y a la de los
celtas por el norte 1465.
En los tiempos de esplendor del pueblo ligur, su territorio era muy extenso; por
ejemplo la colonia griega de Massilia (Marsella) estaba enclavada en los dominios de
los saluvios, una tribu ligur. El territorio de los ligures se extendía hasta poblaciones de
islas como Córcega y Elba, mencionadas por algunos autores. Así, en un sentido
amplio, la tierra de los mismos se extendería por toda la costa, al oeste del Ródano y
hasta la desembocadura del español río Ebro 1466.
Gracias a su pronto contacto con los romanos, los historiadores nos han
revelado detalles sobre su aspecto, carácter y hábitos; por lo que parece que eran
“…delgados y no muy altos, pero duros y resistentes; de tez oscura; belicosos,
intrépidos, tramposos, embusteros; marinos expertos y comerciantes poco de fiar.
…” 1467. Según autores como Catón y Varrón 1468 éstos estaban relacionados con los
sículos (que dan su nombre a Sicilia) y con otros pueblos ya desaparecidos en
aquellas fechas y que habrían constituido, con los anteriores, la población aborigen de
Italia.
5. 3. 2. Los vénetos.
Ocupando el lado opuesto a los Ligures, un poco más al norte y sobre el mar
Adriático, se encontraban los Vénetos, tal vez originarios del Asia Menor. Según
Homo, son una de las dos tribus ilirias que llegan a suelo italiano y se instalan en él;
procedencia de los vénetos que nos indica Herodoto y nos confirma la arqueología 1469.
De ellos nos habla Polibio para decirnos que tenían ciertas semejanzas con los galos
1464
Schulten, A: Tartessos. Contribución a la historia más antigua de Occidente. Ed. Almuzara.
Córdoba. 2006. Págs. 125 y 126.
1465
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 49.
1466
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 384.
1467
Ibídem. Pág. 385.
1468
Marco Terencio Varrón: (Reate, 116- 27 a. C). Prolífico escritor latino que se crió en su
región sabina, donde adquirió un detallado conocimiento de la agricultura. Luego marcó a
estudiar a Roma y, tal vez, a Grecia. Luchó en España contra Sertorio, bajo el mando de
Pompeyo; y en la posterior guerra civil se alistó al lado de éste y frente a César; pero vencido
Pompeyo se rindió en Corduba y César lo perdonó. Su obra comprende más de 630 volúmenes
sobre temas variados. Su obra De re rustica, sobre la agricultura es un tratado menor que se
conserva en su totalidad y que escribió en el 37 a. C., cuando tenía 80 años. (Hazel, J. 2002.
Opus cit. Pág. 412 y 413).
1469
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 44.
270
por sus vestimentas y costumbres, pero no por su habla; de donde se desprende que
los vénetos no pertenecían al pueblo galo, cuya unidad lingüística está fuertemente
consolidada 1470. Mantendrían sus costumbres frente a las presiones de los etruscos y
de los celtas hasta su romanización, ocurrida a partir del siglo III a. C. 1471.
Quizás fueron los vénetos los que introdujeron en Italia los caballos de mayor
alzada, como parece que demuestra la tumba con carro y caballos, hallada en Adria,
en la desembocadura del Po; según Estrabón, los vénetos tenían fama, desde los
tiempos de Homero, de ser excelentes criadores de caballos 1472; cría y doma de estos
animales que podría constituir, además de un privilegio practicado tradicionalmente
por los aristócratas, una actividad económica especializada 1473.
5. 3. 3. Los etruscos.
Entre los pueblos que se repartían el suelo de la península itálica destacan, por
su importancia, los etruscos que se extendían a lo largo de la costa, desde el Tíber
hasta el Arno y siguiendo el curso de aquel, hasta los Apeninos. Colonizaron también
la llanura padana, salvo la desembocadura del Po, que estaba en poder de los
vénetos 1474. Nada sabemos sobre su origen, pero atraen la atención de los
investigadores porque dieron lugar en Etruria, una región del centro de Italia, a una
singular civilización de la que se desconoce tanto su origen como su lengua; además,
se tienen muchas dudas sobre su organización política, sobre su religión y sobre su
desarrollo espiritual, ya que las numerosas fuentes históricas, a través de las que los
conocemos, son de difícil interpretación 1475. Bertolini apunta que aquella sociedad la
componían sólo dos clases: los nobles y los siervos, no detectándose, en sus anales,
la menor reliquia de una plebe libre ni de ninguna legislación civil 1476. García-Badell los
define como “……rechonchos, bajos, gruesos, vigorosos, de nariz curvada, de frente
ancha, de tinte moreno, de cráneo un poco deprimido y cubierto de cabellera
ondulada. …” 1477.
Así, parece evidente que los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre su
origen; y si autores antiguos como Herodoto proponen un origen lidio, procedente de
1470
Markale, J. 1992. Opus cit. Pág. 121.
1471
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 49.
1472
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 220.
1473
Ibídem. Pág. 220.
1474
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 49
1475
Ibídem. Pág. 191.
1476
Bertolini, F: Historia de Roma. Ed. El progreso editorial. Madrid. 1889. Pág. 14.
1477
García-Badell, G. 1951. Opus cit. Pág. 52.
271
Asia Menor, para este pueblo; otros, como Dionisio de Halicarnaso, se oponen a este
origen aduciendo que no hay semejanzas evidentes entre los lidios y los etruscos,
“…todo es diferente en ellos, la religión, las leyes, las costumbres y la lengua. …” 1478.
Cuando el autor de Halicarnaso presenta a los etruscos como pueblo originario de
Italia, debemos entenderlo como algo negativo, pues al declararle autóctono de la
península y negarle su origen griego, lo priva del título de nobleza que implicaba tener
raíces helénicas 1479. Para proponer su origen lidio, Herodoto se basa en que durante el
reinado de Atis, los lidios sufrieron una gran escasez, por lo que el monarca tomó la
decisión de enviar una expedición, encabezada por su hijo Tirreno, lejos de su país;
desde Esmirna navegó el grupo hacia Occidente, llegando a las costas de Italia, donde
habitaban los umbros y donde se establecieron; desde ahora se llamaron tirrenos
(nombre derivado del de su jefe), y del que deriva también el del mar a cuyas costas
llegaron 1480. Nos queda, pues la duda sobre si las características del pueblo etrusco
derivan de la existencia de una emigración venida desde otros lugares o son el
resultado de su contacto con alguna koiné mediterránea orientalizante 1481.
Para Homo los descubrimientos arqueológicos apuntan en una única dirección,
ya que mientras que los rasgos de semejanza con el conjunto de la civilización italiota
son raros o inexistentes; otros rasgos, como los de la arquitectura, la escultura, la
pintura, o la decoración, presentan caracteres orientales indudables 1482. Los etruscos,
para este autor, parecen ser, entre los siglos XIII y XII a. C., uno de los pueblos
prehelénicos de la cuenca del Mar Egeo, que habitaban en Lemnos, en las islas
cercanas y en diversos asentamientos de los litorales europeo y asiático; practicaban
la vida marítima, dedicándose a la piratería y fueron obligados a abandonar sus
lugares de origen por las presiones de los dorios, hasta terminar en las costas de la
Italia central1483. Mommsen apunta la posibilidad de que fueran descendientes de las
poblaciones originarias de la región 1484, ya que parece poco probable que llegaran a
tierra por mar, dada la inexistencia de ninguna ciudad importante en la costa; la última
posibilidad es que llegaran a Italia penetrando por las tierras del Norte 1485.
Dejando aparte la cuestión del origen de este pueblo, sí es necesario reseñar la
importancia de los etruscos de cara a la conformación de lo que posteriormente será el
1478
Momsen, T. Historia de Roma. Vol. I. Ed. Turner. Madrid. 1983 (A). Pág. 183.
1479
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 141.
1480
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 197.
1481
Plácido Suárez, D. y otros: La formación de los Estados del Mediterráneo Occidental. Ed.
Síntesis. Madrid. 1993. Pág. 17.
1482
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 47.
1483
Ibídem. Pág. 50 y 51.
1484
Momsen, T. 1983 (A). Opus cit. Pág.183.
1485
Ibídem. Págs. 184 y 185.
272
pueblo romano. Dentro de lo que más tarde será la romanización de Italia, la de Etruria
reviste una importancia especial, “…porque ha venido precedida de un fenómeno de
etrusquización romana, de tal modo que muchos de los rasgos típicos de los propios
de la urbe del Tíber sólo son comprensibles a la luz del período en que ésta se hallaba
integrada en ese mundo en el que los aspectos culturales predominantes eran los
etruscos. …” 1486. Fueron capaces de crear una civilización rica y compleja, lo que les
mantuvo a la cabeza de los pueblos itálicos hasta que Roma los sometió; como
ejemplo de ello baste decir que fueron el primer pueblo de la Italia no griega en
disfrutar de dos de los principales elementos que se tienen como claros indicios de
una civilización avanzada: la escritura y la organización ciudadana 1487. Constituyeron
el primer imperio europeo y, antes que Roma, estuvieron a punto de unificar la
Península Italiana 1488.
Cuando este pueblo comenzó su expansión a través de Italia, lo hizo hacia el
rico sur. Comenzaron por la conquista del Lacio y llegaron hasta la próspera
Campania, donde ambicionaban su riqueza agrícola y ganadera; instalándose en esta
región de manera estable, y en la que entraron en contacto con el mundo helénico 1489.
A asentarse en la Campania les ayudaron los cartagineses, con quienes se habían
asociado ante sus diferencias con los griegos de la Magna Grecia; cartagineses que,
después de vencer a los foceos en la batalla de Alalia (Córcega) y de ceder la
Campania a los etruscos, se quedaron con Sicilia y con España 1490. Si la expansión
hacia el sur fue llevada a cabo por los etruscos marítimos, la que llevaron a cabo hacia
el norte fue obra de los del interior, reforzados esta vez por contingentes umbrios 1491.
Los etruscos, igual que harían los romanos posteriormente, no sólo no exterminaron a
los pueblos indígenas sino que, además, les aportaron su civilización y sus
instituciones políticas, siendo considerados como grandes fundadores de ciudades y
de agrupaciones humanas 1492. Bajo la esfera de este pueblo, Roma, “…gracias a su
situación excepcional, va a convertirse en la piedra angular de todo el Imperio etrusco
y, por primera vez en la historia, desempeñar el glorioso papel de capital de una Italia
1486
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 29.
1487
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 140.
1488
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 211.
1489
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 84.
1490
Ibídem. Pág. 87.
1491
Ibídem. Pág. 88.
1492
Ibídem. Pág. 89.
273
unificada. …” 1493. Los etruscos crean el Estado romano y lo dotan de un gobierno
centralizado 1494.
La influencia de este pueblo se extendió a otras regiones de Italia; en algunas
con una presencia poco consistente como en Liguria o en la isla de Córcega, pero en
otras fuertemente arraigada, como en los citados valles del Po y Campania. Parece
que la causa de su expansión varía en función del destino, pero si se descarta la
conquista militar, esta expansión pudo estar motivada por motivos económicos y
sociales 1495. Entre los motivos económicos podemos hacer mención al floreciente
comercio etrusco y entre los sociales al mal reparto de sus tierras, lo que obligaba a
los desheredados a emigrar en busca de mejores condiciones de vida 1496. Pero,
avanzado el tiempo, los samnitas se encargarían de arrojar a los etruscos de
Campania; en 423 a. C. ocuparon Capua y poco después Cumas; y a los etruscos del
valle del Po los arrasarían las sucesivas oleadas de tribus celtas.
1493
Ibídem. Pág. 97.
1494
Ibídem. Pág. 98.
1495
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 148.
1496
Ibídem. Pág. 148.
1497
Keller, W: Historia del pueblo etrusco. Ed. Omega Barcelona. 1973. Pág. 63.
1498
Si la imagen de la mujer romana aparece como una esposa casta y pura y dedicada a hilar
la lana; la de las etruscas era totalmente contraria. Éstas “…no sólo podían tomar parte en los
banquetes, junto a los hombres, elegantemente vestidas, bien enjoyadas y haciendo alardes de
cosmética, sino que, por si eso fuera poco, eran cultas, sabían leer y escribir y conocían la
interpretación de los signos como el propio Tanaquil, atreviéndose incluso a intervenir en la alta
política. …” (Ibídem. Pág. 185).
274
Tarquino, que se había sentido seducido por la hermosura de la joven romana. 1499.
Otro hecho cotidiano, una procesión nupcial, es lo que parece representar la lastra de
terracota de Murlo (siglo VI a. C.); en la misma podemos observar un carpemtum
sobre el que viajan una novia y su madre, que se protegen con un gran parasol. Dos
sirvientas, que caminan tras el carro, portan el ajuar de la desposada 1500. Carros y
caballos que además de estar presentes en las ceremonias nupciales son el máximo
exponente del lujo y la diversión en Etruria, como esa carroza de eje central adornada
con un parasol, que las fuentes clásicas citan como expresión máxima de la tryphe
(clase ociosa) etrusca, preocupada tan sólo por el lujo y la diversión (habrotes) 1501.
El carro debía utilizarse, también, para el transporte de mercancías; y del trajín
de estos carros de cuatro ruedas, tirados por bueyes, asnos, mulas o caballos, son
buenas muestras los carriles que han quedado labrados en caminos y calzadas, como
el de la necrópolis de Caere 1502.
La caza era otro de los pasatiempos de los etruscos en los que estaría presente
el caballo, desde los que debían alancear a los ciervos y jabalíes que abundaban en
bosques como el Cimino, y que según Claudio Eliano, aquellos refinados italianos
cazaban con la ayuda de la música 1503.
Incluso en el último viaje, el que irremediablemente transportaba a los etruscos
al Más Allá, iban acompañados de sus caballos. Aunque es obvio que algunos
arribaban a aquel lugar, simplemente andando, los que se hacían acompañar por sus
monturas, lo podían hacer a lomos de las mismas o en diversos tipos de carruajes,
como bigas, cuadrigas o carpemtum 1504. Para A. della Seta, la de la Tomba Campana
de Veyes, podría ser la primera representación de un viaje al Otro Mundo en caballo;
según el mismo, la imagen representa a un difunto que montado sobre un caballo de
hermosa estampa, lleva las riendas de un felino 1505; en cambio, muchos autores,
consideran esta pintura como una escena de caza 1506. Según J. M. Blázquez, la
iconografía más antigua que relaciona al caballo con la vida de ultratumba, es la de la
serie de carritos de terracota de Fonteccuchiaica (Orvieto), y los restos de carros que
se han localizado en algunas tumbas de Capodimonte (Pitigliano) 1507. Sobre un carro
1499
Ibídem. Pág. 185.
1500
Lara Peinado, F. Los Etruscos. Pórtico de la Historia de Roma. Ed. Cátedra. Madrid. 2007.
Pág. 306.
1501
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 169 y 170.
1502
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 181.
1503
Ibídem. Pág. 266.
1504
Ibídem. Pág. 256.
1505
Ibídem. Pág. 257.
1506
Ibídem. Pág. 257.
1507
Ibídem. Pág. 256.
275
tirado por caballos abandona, también, este mundo el difunto representado en la
Tumba de los Velii, de Porano, cerca de Orvieto 1508. Y es que parece que los
dirigentes querían llegar a la otra vida revestidos de la pompa y la suntuosidad con la
que habían vivido; y, por supuesto, conduciendo su carro de caballos. Buena prueba
de ello es el ‘’Cortejo del Magistrado’’ (Museos Vaticanos), procedente de Tuscania.
Personajes a los que vemos subidos en un carro del que tiran dos o cuatro caballos
ricamente enjaezados, vistiendo túnica y una especie de toga, y portando sobre la
cabeza una corona de matices dorados 1509.
1508
Ibídem. Pág. 323.
1509
Heurgon, J: La vida cotidiana de los Etruscos. Ed. Temas de Hoy. Madrid. 1994. Pág. 82.
1510
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 239.
1511
Ibídem. Pág. 240.
1512
Ibídem. Pág. 240.
1513
Heurgon, J. 1994. Opus cit. Pág. 279.
1514
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 240.
1515
Ibídem. Pág. 240
276
vestimenta de los aurigas o el tipo de carro del que tiraban los caballos 1516.
Típicamente etruscas eran las carreras de trigas, documentadas por el hallazgo, en
diferentes tumbas etruscas, de tres bocados idénticos; y por el relieve de un cipo
funerario, conservado en el Museo de Palermo, que representa carros tirados por un
trío de caballos 1517.
Los frescos sepulcrales nos hablan de la afición de los etruscos a toda clase de
deportes y en sus competiciones no faltaba ninguna disciplina olímpica. En el que a
nosotros nos interesa, aquel en el que se utiliza el caballo, eran verdaderos expertos.
En los frescos de la Tumba de las Bigas, en Tarquinia, aparecen hombres que
preparan los carros y los caballos para las carreras tanto de carros como de jinetes 1518.
Estas pinturas son documentos que nos relatan, con todo lujo de detalles, el devenir
del acontecimiento deportivo. En la Tumba de la Olimpiada, el pintor supo congelar los
momentos más emocionantes de la prueba; en la carrera de carros “…corren por la
pista cuatro bigas, sus conductores llevan las riendas anudadas a la espalda y
estimulan a los caballos a fuerza de latigazos. El que va delante, con el triunfo ya casi
en la mano, echa una mirada hacia atrás. A sus espaldas se libra en ese momento la
batalla por el segundo puesto.
Un conductor con su carro pasa a un competidor en loca carrera. Para una
cuarta biga, la prueba está perdida. Ha tenido mala suerte. Se ha volcado, y tiene la
lanza rota. Un caballo se encabrita, y el otro está en el suelo, patas arriba. El hombre
sale disparado por los aires. En la tribuna, tres mujeres se llevan las manos a la cara,
asustadas. …” 1519. Asustadas y, a su vez, licenciosas mujeres etruscas que salieron
pronto de las paredes de sus hogares para asistir a los espectáculos públicos, a los
banquetes y a las procesiones, atreviéndose, incluso, a mostrase en público subidas
en bigas 1520.
Por los carros descubiertos en la necrópolis de San Cerbone, en Populonia,
sabemos que estos vehículos estaban adornados con apliques de bronce 1521 y de
hierro; en aquellas fechas el hierro era el material noble y sus láminas recortadas se
1516
Ibídem. Pág. 245.
1517
Ibídem. Pág. 246.
1518
Keller, W. 1973. Opus cit. Pág. 126.
1519
Ibídem. Pág. 127.
1520
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 203.
1521
“…No fue hasta después del 2500 a. C. cuando empezó a utilizarse el estaño como agente
de aleación para producir bronce. Este avance técnico concreto parece importante, puesto que
en esa época aparecen las grandes redes comerciales por toda Europa, en las que el cobre, el
bronce y, por inferencia, el estaño, juegan un rol fundamental. …” (Renfrew, C.1990. Opus cit.
Pág. 33).
277
incrustaban en el bronce, como en un trabajo de marquetería 1522. Los vehículos más
ostentosamente decorados se reservarían para su utilización en las ceremonias, como
los cortejos solemnes en honor del jefe, que desfilaría en uno de ellos durante la
celebración de sus victorias; como tales sobrevivirían luego en Roma en la cuadriga de
caballos blancos del general triunfador 1523.
De los conductores de estos tiros, nos hablan Festo y Tito Livio; para el primero
los aurigas eran miembros de familias nobles, mientras que el segundo nos dice que
los atletas etruscos eran esclavos 1524. Si es verdad lo transmitido por Festo, esto
probaría que en la Grecia arcaica y clásica, estos deportes eran practicados por
aficionados y no por profesionales, por hombres nobles y no por esclavos.
Lógicamente no faltaron estrellas en el universo etrusco. Festo, Plinio el Viejo y
Plutarco relatan la proeza del auriga Ratumena “…quien, tras vencer con su cuadriga
en Veyes, no dejó de frenar sus caballos hasta arribar al Capitolio de Roma, en donde
fue derribado y muerto en tiempos de Tarquinio el Soberbio. …” 1525.
Las carreras de carros tirados por caballos no fueron las únicas, ya que también
están documentadas las carreras de caballos montados, como aparecen en diversas
tumbas y en las lastras de terracota de Murlo 1526. El tema de las carreras de caballos,
representados en estas lastras, podría estar relacionado con un rito de paso, “…un
hecho de la vida social, un athlon de iuventus, interpretables como pruebas de
cualificación para iniciarse en el mundo de los adultos. …” 1527. Además sobre caballos
efectuaban sus acrobacias los desultores, saltando, estos medio acróbatas, medio
deportistas, de una montura a otra en plena carrera 1528. No menos interés que los
desultores, despertaban los participantes en la Truia: una carrera de caballos que
consistía en la competición de dos jinetes que, armados y acompañados por soldados
de infantería, debían recorrer un trayecto en forma de laberinto 1529. Una oinochóe de
Tragliatella (siglo VII a. C.) concede a los etruscos el origen de estos juegos
troyanos 1530. Tampoco estaban los caballos ausentes de los espectáculos de danzas y
bailes; en efecto en la danza que J. R. Jannot llamó Danza de las hachas y que
1522
Heurgon, J. 1994. Opus cit. Pág. 170.
1523
Ibídem. Pág. 178.
1524
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 242.
1525
Ibídem. Pág. 246.
1526
Ibídem. Pág. 246.
1527
Ibídem. Pág. 306.
1528
Ibídem. Pág. 246.
1529
Ibídem. Pág. 252.
1530
Ibídem. Pág. 252.
278
aparece en una basa, hoy en Copenhague, se pueden ver en un banquete a algunos
jóvenes con caballos y a otros que danzan. 1531
El carro que, al igual que en Grecia, era en Etruria un símbolo del poder de la
clase dirigente, era utilizado por los jefes militares para acudir al campo de batalla,
seguidos por sus guerreros, y del que parece que descendían para combatir, como
muestran las representaciones de los siglos VII y principios del VI a. C. en las que los
carros permanecen próximos a los aurigas mientras éstos combaten a pie 1537.
1531
Ibídem. Pág. 255.
1532
Keller, W. 1973. Opus cit. Págs. 141 y 142.
1533
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 168.
1534
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 175.
1535
Ibídem. Pág. 175.
1536
Ibídem. Pág. 176.
1537
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 169.
279
Como sucederá con posterioridad en Roma, el caballo era, también en Etruria,
uno de los protagonistas del triunfo de los generales victoriosos, que tras la lucha
agradecían a los dioses su protección. El triunfador llevaba la cara y los brazos teñidos
de minio e iba ataviado a la manera de los dioses, con la túnica palmata de color
púrpura y bordada en oro; la toga picta, del mismo color; zapatos dorados; corona de
laurel; y cetro de marfil 1538. No faltaban, en la procesión, la exhibición del botín
arrancado al enemigo, los prisioneros capturados, los citaristas, los toros blancos que
se habían destinado al sacrificio, ni los suntuosos carros de dos ruedas tirados por
cuatro caballos blancos, en los que desfilaban los guerreros triunfantes, envueltos en
el perfume de los incensarios. Ni faltaban, tampoco, los soldados del ejército
victorioso, que alternaban cantos de alabanza a su general con versos satíricos sobre
su persona 1539.
Conocemos algunas obras de arte que nos han servido para documentarnos en
el conocimiento de este pueblo. Conozcamos algunas más; en el Museo de Tarquinia,
en la Antigua Etruria, se conservan un par de caballos alados (siglo IV a. C.)
procedentes del carro de un dios, labrados en terracota y, al parecer, de iconografía
etrusca 1540.
Los caballos no sólo eran utilizados por los aristócratas, en sus desplazamientos,
en sus triunfos o para la guerra; una urna cineraria, en el museo de Volterra,
representa a un difunto que se despide de sus compañeros, antes de montar en el
caballo que lo trasladará al otro mundo 1541. Entre los pocos útiles imprescindibles que
los señores se llevaban al más allá estaba el caballo, del que los hombres de aquellos
tiempos no querían desprenderse; recalcando, además, su prestigio al ser
representados como poseedores de un bien exclusivo y un símbolo característico de
las élites sociales, ya que la capacidad de poseer y mantener caballos era expresión
de riqueza y posición social, y envolvía al caballero de un aura de superioridad 1542.
En el Museo de Tarquinia, y procedente de esta misma localidad etrusca, se
exhibe una plancha en la que se representa un combate librado por la caballería, con
1538
Keller, W. 1973. Opus cit. Pág. 130.
1539
Ibídem. Pág. 130.
1540
Ramírez, J. A. 1996. Opus cit. Pág. 319.
1541
Ibídem. Pág. 321.
1542
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. (Ed.). 2003. Opus cit. Pág. 38.
280
los jinetes a galope 1543. Las vasijas cerámicas, adornadas con representaciones de
caballos, también documentan los usos que daban los etruscos a sus monturas; en
una de ellas (Siglo VI a. C.), procedente de Vulci aparece un héroe montado en su
carro y en la otra (540-550 a. C.), de la misma localidad, se representa una procesión
de jinetes 1544. De bronce es el cubo que se halló en Certosa, cerca de Bolonia, y que
muestra a un ejército en marcha, con la caballería a la cabeza 1545. De plata dorada es
la pátera hallada en la Tomba Regolini-Galassi de Caere, hoy en el Vaticano, en la que
aparece una escena cinegética compuesta por cazadores a pié y jinetes que lanzan
flechas a un león 1546.
Figuras de atractivos caballos fueron también utilizadas para decorar las sítulas,
a las que algunos dan una finalidad utilitaria; otros, funeraria; y para otros, éstas
serían trofeos que se entregaban a los vencedores en los certámenes. Están
decoradas mayoritariamente con temas ecuestres como carreras de carros y de
1547
caballos . No estaban ausentes los caballos de las joyas con las que se adornaba la
aristocracia etrusca, como muestra el broche de oro de la Tomba Bernardini de
Preneste, en la aparecen distintos animales en relieve; ente ellos, caballos 1548.
Pero quizá son los frescos de las cámaras sepulcrales de Tarquinia y Chiusi los
que nos describen la historia deportiva de los etruscos y la importancia del caballo
entre este pueblo itálico. El de la Tumba de las Bigas de aquella, ciudad natal del rey
Lucio Tarquinio, “…aparecen -pintados en un friso de colores- los hombres que
preparan los carros y caballos para la carrera. Es el instante que precede a la salida.
Igualmente vemos jinetes ya dispuestos para una carrera lisa. Al vencedor y a su
caballo les aguardan coronas. Heraldos y árbitros esperan asimismo el gran momento.
…” 1549. En un fresco de la Tomba Campana de Veyes (siglo VII a C.) se representa
una escena de caza en la que el cazador avanza delante de su caballo, mientras un
criado sostiene las riendas del mismo y un paje, que sostiene la correa de una pantera
que utilizarán para los lances cinegéticos, lo monta 1550.
Los carros de guerra también sirvieron como objetos donde plasmar el arte
etrusco, decoración mediante la cual, sus propietarios, podían hacer ostentación de
sus riquezas, cuando acudían al campo de batalla. Buen ejemplo de ello es el carro de
1543
Torelli, M: Historia de los Etruscos. Ed. Crítica. Barcelona. 1996. Pág. 159.
1544
Ibídem. Pág. 133 y ss.
1545
Keller, W. 1973. Opus cit. Pág. 142.
1546
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 169.
1547
Ibídem. Pág. 339.
1548
Ibídem. Pág. 250.
1549
Keller, W. 1973. Opus cit. Págs. 125 y 126.
1550
Ibídem. Pág. 236.
281
Monteleone (550-530 a. C.), hoy en el Metropolitan Museun de Nueva York, en cuya
caja aparecen tres placas de bronce con una rica decoración; en la central aparece
Tetis entregando las armas a Aquiles, mientras que la de la derecha representa el
combate entre Aquiles y Memnón, el hijo de la Aurora, vestidos, ambos contendientes,
con idéntico equipamiento hoplítico; la placa de la izquierda representa a Aquiles sobre
un carro tirado por los caballos alados Balio y Xanto, tal vez, expresión de su gloria y
su apoteosis 1551.
No menos importante era el caballo en la vida cotidiana etrusca, como
demuestran las lastras de Murlo y Acquarossa; en una de ella se ve a una novia
acompañada por su madre y su séquito, que conducen los caballos que tiran del
carpetum, y portan el ajuar de la recién desposada. Otra de las lastras representa una
carrera de caballos. 1552
Y cuando, para estos esforzados guerreros, llegaba el momento de abandonar el
mundo terrenal, también lo hacían a lomos de sus caballos; esto es lo que nos
muestra el relieve de una urna hallada en Volterra en la que el difunto, al que sigue un
amigo fiel inicia su último viaje con su caballo, al que conduce el demonio subterráneo
Caronte 1553. Otras veces se representan los viajes funerarios de una pareja: en una
estela de Felsina se plasma el viaje al más allá en carro de un varón y de una
mujer 1554.
El caballo, tal vez, el animal más cercanamente cotidiano a estos guerreros, era
visto como símbolo de valores humanos tan apreciados como la nobleza, la fidelidad,
la amistad, la bondad o la docilidad, al tiempo que simbolizaba una de las más
destacadas manifestaciones externas del status social de quien lo poseía, así como de
su elevada capacidad económica, tal como ocurría, por ejemplo, en las épocas
arcaicas griega y romana 1555. Caballos y aristócratas están indisolublemente unidos a
lo largo de sus vidas, por lo que parece lógico que estos hombres no quisieran
deshacerse de tan encomiables amistades cuando irremediablemente se veían
forzados a abandonar este mundo, por lo que se hacían acompañar en sus
enterramientos de sus carros, de los arreos con los que habían conducido a sus
animales e, incluso, de sus propios caballos. A estos orgullosos guerreros les gustaba
representarse en las estelas que los inmortalizarían como héroes a caballo porque
1551
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 170 y 171.
1552
Ibídem. Pág. 306.
1553
Keller, W. 1973. Opus cit. Pág. 297.
1554
Lara Peinado, F. 2007. Opus cit. Pág. 315.
1555
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. (Ed.). 2003. Opus cit. Pág. 76.
282
consideraban que “…la guerra y la caza son las ocupaciones más ennoblecedoras de
1556
su condición de miembro destacado de la comunidad. …” .
1556
Ibídem. Pág. 76.
1557
Momsen, T. 1983 (B). Opus cit. Pág. 117.
1558
Citado. Keller, W. 1973. Opus cit. Pág. 216
1559
Citado. Ibídem. Pág. 216.
1560
Momsen, T. 1983 (B). Opus cit. Pág. 142.
1561
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 233.
1562
Ibídem. Pág. 233.
283
5. 3. 4. Los itálicos.
Es Herodoto 1568 quién nos habla de los Umbrios para decirnos que se extendían
hasta los Alpes, chocando con los Ilirios, por el Este y con los Ligurios, por el Oeste.
Dionisio de Halicarnaso nos dice que este pueblo numeroso, el más poderoso Estado
1563
Ibídem. Pág. 50.
1564
Ibídem. Pág. 50.
1565
Ibídem. Pág. 51.
1566
Ibídem. Pág. 51.
1567
Momsen, T. 1983 (A). Opus cit. Pág. 19.
1568
Herodoto: “…Halicarnaso, c 480 a. [Link](?), c 420 a. C. Historiador griego, conocido
como el Padre de la Historia, produjo una obra amplia y compleja, con escritos muy diferentes
entre sí. Para elaborarlos, Herodoto recurrió a sus muchos viajes a lo largo del mundo
conocido, durante los que registró variada información, a veces como testigo directo, a veces
por referencias de terceros y a veces como producto de largas investigaciones. Su obra fue
organizada, después de su muerte, en nueve libros, cada uno de los cuales lleva el nombre de
una de las musas griegas. El núcleo central de los relatos es la guerra entre bárbaros y
griegos. Su obra es un punto de referencia ineludible para todos los historiadores de la
Antigüedad. …”. (Hubert, H. 2005. Opus cit. Pág. 592).
284
de Italia al comienzo del I milenio a. C., se remontaba a una alta antigüedad 1569.
Parece que en su época de mayor grandeza, tuvo establecimientos en la zona del Po
y que ha dejado huellas numerosas de su paso por la Etruria meridional, como es el
caso del río Umbro 1570. Cuando emergió el poderío etrusco, éstos no expulsaron de
sus tierras a los Umbrios hasta mucho después de haber conquistado la parte situada
al Norte de la Selva Ciminiana, e incluso después de la derrota muchos umbrios
permanecieron entre los vencedores. Posteriormente, con la conquista romana los
umbrios se latinizaron con sorprendente rapidez 1571.
Una vez fundada Roma, tanto los reyes como la república posterior dirigieron el
punto de mira de su poder conquistador hacia el Este y el Sur. Pronto sometieron a los
Sabinos, situados entre el Tíber y el Anio, que no ofrecieron demasiada resistencia; a
los Ecuos, que ocupaban territorios en el Anio superior; y a los Volscos, de la riberas
del mar Tirreno; conquistas de estos dos últimos pueblos que Momsen califica de
“resistencia desesperada” 1572.
5. 3. 4. 2. Los latinos.
Los latinos se asentaban en el Lacio, en la orilla izquierda del curso inferior del
Tíber, salvo en el último tramo de este río, en el que este pueblo ocupaba también la
orilla derecha; enfrente tenían a los etruscos. Según la tradición y parece confirmar la
arqueología, la zona donde se consolidaron los primeros asentamientos latinos fue la
de los montes Albanos, lugar donde el hijo de Eneas habría fundado la ciudad de
Albalonga 1573. Los pueblos primitivos del Lacio practicaban la guerra y el pillaje y
llevaban vida de seminómadas y pastores, en la cual el ganado era su fuente de
riqueza 1574.
La liga latina era una confederación igualitaria entre los habitantes de las
distintas regiones que la integraban 1575, y entre los firmantes de este pacto se
encontraban los romanos, que terminaron imponiendo su superioridad sobre el resto
de latinos, violentamente. Tal vez la más célebre de todas las victorias sobre los
latinos fue la que los romanos consiguieron en el Lago Regilo, en la que el dictador
Aulio Postumio Albino contó con la ayuda de los guerreros de excepción: Cástor y
1569
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 43.
1570
Momsen, T. 1983 (A). Opus cit. Pág. 172 y ss.
1571
Ibídem. Pág. 172 y 173.
1572
Momsen, T. 1983 (B). Opus cit. Pág. 153.
1573
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 31.
1574
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 60.
1575
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 31.
285
Pólux 1576. Después de la batalla acudieron a Roma para anunciar la victoria y
abrevaron sus caballos en la fuente Yuturna, junto al templo de Vesta 1577. También a
ellos se les levantó un templo en el Foro.
Después de múltiples disturbios y luchas intestinas, a finales del siglo VIII o
comienzos del VII a. C., la geografía del Lacio, hasta ahora inestable y movediza,
comienza a fijarse, después de la constitución de otra liga entre sus habitantes, la liga
albana; confederación mediante la cual la mayoría de los pueblos latinos se agrupan
alrededor de Alba en forma de una liga única, que hace desaparecer los acuerdos de
las ligas anteriores 1578.
5. 3. 4. 3. Los yápigas.
Otra tribu que llega a Italia desde Iliria, al igual que la de los vénetos, es la de los
yápigas, que según Homo se instalaron en el sudeste del país, desde el monte
Gargano hasta el promontorio Yapigio y cuya llegada parece que se efectuó por vía
terrestre, a lo largo del Adriático; entablaron luchas con las colonias helénicas, sobre
todo con Tarento, y fueron vencidos y rechazados hacia el interior para, finalmente, ser
influenciados intensamente por los helénicos 1579.
5. 3. 4. 4. Los samnitas.
Un texto griego del 336 a. C. menciona a los Samnitas ocupando toda Italia
desde un mar al otro; al Norte sobre el Tirreno coloca a los campanios y al Sur a los
lucanios; y asigna a los Brucios toda la costa del mar Tirreno, desde Pestum hasta
Thurri 1580. La suerte de los Samnitas fue distinta a la de Roma, ya que si ésta iba
extendiéndose por todo el Lacio, caminando sobre seguro, y asentando sus dominios
con la fundación de asentamientos romanos y romanizando a sus conquistados; el
pueblo de los Samnitas “…no tenían política que obedeciese a una dirección
determinada, ni proseguían sus conquistas de una manera sistemática. Mientras que
la sumisión de Veyes y de la región Pontina es para Roma un aumento real de fuerza,
el Samnium se debilitó cuando se hizo dueño de las ciudades de Campania, y se
1576
Ibídem. Pág. 72.
1577
Ibídem. Pág. 72.
1578
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 62.
1579
Ibídem. Pág. 45.
1580
Momsen, T. 1983 (B). Opus cit. Pág. 167.
286
organizaron las ligas Lucanias y Brucias. …” 1581. Estos guerreros de la Italia Central
utilizaban cascos de bronce, jabalinas con punta de hierro y corazas anatómicas; y los
jinetes no usaban grebas, tal vez con la intención de no dañar los flancos de las
monturas, a las que según se muestra en los murales de Pesto, montaban a pelo y
con la única ayuda de las riendas 1582. Estos combatientes alcanzaron gran fama
durante los siglos III y IV a. C., obteniendo victorias tan importante como las de las
Horcas Caudinas, sobre las legiones romanas; no en vano Roma necesitó tres
guerras, las llamadas Guerras samnitas, contra las poblaciones de la Italia central,
para arrebatarles el dominio de sus territorios; hecho que se produjo tras la victoria
romana en la batalla de Sentium (295 a. C.), en la que las tropas de los cónsules Fabio
Rulliano y Publio Decio Mus derrotaron a una coalición de tropas etruscas, umbras,
samnitas y galos senones 1583. Con la conquista de la Campania (tratado de paz del
341 a. C.), Roma solucionaba de golpe algunos de sus problemas, como el de la falta
de caballos para su ejército que ahora eran proporcionados por esta región ganadera
o el de la falta de trigo para su plebe 1584.
1581
Ibídem. Pág. 167.
1582
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 184.
1583
Ibídem. Pág. 184.
1584
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 152.
1585
Ibídem. Pág. 128.
1586
Ibídem. Pág. 128 y 129.
1587
Ibídem. Pág. 132.
287
como los diferentes regímenes políticos, la constitución de las tiranías o las rivalidades
económicas 1588.
1588
Ibídem. Págs. 134 y ss.
1589
Ibídem. Pág. 138 y ss.
1590
Ibídem. Pág. 144.
1591
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 82.
288
pueblos que se hallaban en diferentes estados de civilización y en un movimiento
incesante que provocaba fricciones, pues la tendencia hacia el seminomadismo de
algunos chocaba con la tendencia al sedentarismo de los más desarrollados,
ocupantes, lógicamente, de espacios territoriales privilegiados 1592. Entre los pueblos en
incesante movimiento se encontraban oscos, umbros y volscos; estos últimos fueron
definitivamente derrotados por Roma en el 338 a. C 1593.
Así pues, hasta que Roma unificó los pueblos de la península Itálica en el siglo I
a. C., ésta era un mosaico de ellos; cuando la Urbe consiguió la unidad política,
lingüística y cultural se pudo hablar de la unidad de Italia en sentido histórico. Y
llegados a principios del Imperio, Augusto creó once regiones administrativas en las
que se asentaban los pueblos que se pusieron en contacto con la administración
romana 1594.
Vista la amalgama de pueblos que aglutinaría con posterioridad la república y,
luego, el Imperio Romano; originarios de la península con forma de bota o venidos de
otras tierras, hay algo, ya sabido, como apunta Mommsen: que para los pueblos de la
Italia primitiva, el tránsito de la vida pastoral a la vida agrícola se había efectuado
antes de que llegaran al suelo de la Península 1595. Una vez allí y por lo que respecta
al ganado, se limitaron a adaptar la economía pastoril al cultivo de la tierra, siendo el
cultivo de sus productivos campos la base de su sistema económico; tanto es así que,
en la antigüedad, no se conocen en Italia pueblos dedicados al pastoreo 1596. Por lo
que según Mommsen, “…el dominio del suelo constituye la fuerza del hombre y la del
Estado. La grandeza romana tuvo su más inquebrantable fundamento en el derecho
absoluto e inmediato del ciudadano sobre su tierra y en la unidad compacta de la clase
fuerte y exclusiva de los labradores. …” 1597.
Entre todos los enemigos a los que tuvo que hacer frente el Estado Romano
para conseguir la unidad italiana, destaca el rey de un pequeño estado helenístico, el
Epiro, que tuvo su instante de gloria en la historia, cuando bajo el gobierno de Pirro se
convirtió en una potencia militar. De esta región era natural la madre de Alejandro
1592
Ibídem. Pág. 74.
1593
Ibídem. Pág. 74.
1594
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 55 y 56.
1595
Momsen, T. 1983 (A). Opus cit. Pág. 271.
1596
Ibídem. Pág. 271.
1597
Ibídem. Pág.277.
289
Magno, Olimpia, por lo que el gran Alejandro era medio epirota. Después de la muerte
de Alejandro, un primo de Olimpia ocupaba el trono de Epiro; el hijo menor de éste era
Pirro, que fue soldado mientras su hermano mayor ocupaba el trono. Pero en el 295 a.
C. Pirro subió al trono y como la paz lo hastiaba y sólo le interesaba la guerra,
respondió con entusiasmo a la llamada de socorro de los tarentinos 1598. El epirota se
había educado en la corte de los Ptolomeos de Egipto y había sido alumno de
Demetrio Poliorcetes 1599, un excelente maestro en el arte militar; rey cuyos dominios
se limitaban al Epiro y a la isla de Corcira, y que soñaba con la posibilidad de agregar
a su reino Sicilia y la Magna Grecia 1600. Este primo segundo de Alejandro, Pirro, fue el
único pariente del general con dotes de gran estratega. Homo lo define como
“…Ambicioso y activo, pero también intrigante y enredador, sobrino de Alejandro el
Moloso y yerno de Agatocles, heredero por consiguiente, de los imperialismos epirota
y siracusano, Pirro había concebido el plan de un vasto Imperio –Epiro, el sur de Italia,
Sicilia, tal vez el norte de África- del cual la doble cavidad del Mediterráneo debía
constituir el eje y el lazo al mismo tiempo. …” 1601. Seductor plan que podía convertir en
realidad con los eficaces medios con los que el epirota contaba.
1598
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 247.
1599
Demetrio I Poliorcetes era hijo de Antìgono I Monóftalmo, junto al que combatió en las
luchas que enfrentaron a los diádocos, tras la muerte de Alejandro Magno. Su sobrenombre de
asediador (poliorcetes) se lo ganó durante su asedio a la isla de Rodas, después de que ésta
rehusara ayudar a su padre. Se proclamó rey de Macedonia en el año 294. (Speake, G (Ed.).
1999. Opus cit. Pág. 114).
1600
Mangas, J: Historia Universal. Edad Antigua. Roma. Ed. Vicens Vives. Barcelona. 2004.
Pág. 89.
1601
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 171.
1602
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 248.
1603
Ibídem. Pág. 248.
1604
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 172.
1605
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus Cit. Pág. 252.
290
de maniobrar y al valor de sus tropas, entre las que destacó su caballería 1606. Después
de esta batalla trató de firmar la paz con los romanos, pero ante la negativa de éstos,
los volvió a vencer en la batalla de Àusculo (279 a. C.), pero esta vez con serias
dificultades, debido a que los romanos habían aprendido a combatir contra los
elefantes 1607, preparando para ello 300 carros a los que equiparon con maderos
claveteados y artilugios inflamables con los que pretendían pararlos o ahuyentarlos 1608.
Pirro situó su caballería, compuesta de samnitas, tesalios, brutios y la mercenaria
tarentina, en el ala derecha; y la ambracia, la lucana, la tarentina y la mercenaria
griega (acarnaces, etolios, macedonios y atamanes) en el ala izquierda. La tropa
ligera, con los elefantes, los dividió en dos grupos y los colocó detrás de ambos
flancos, en un lugar elevado de la llanura. El propio Pirro, rodeado por la llamada
agema real, compuesta por alrededor de dos mil jinetes escogidos, estaba fuera de la
línea de batalla, presto a socorrer a los suyos en el momento en que estuvieran en
apuros 1609.
En cuanto a los romanos, colocaron su caballería y la de los aliados, dividida, en
ambos flancos. Fuera de la línea de combate, colocaron a los carros y a la tropa ligera.
Estos carros estaban provistos, sobre vigas rectas, de mástiles transversales que
podían ser girados hacia cualquier dirección con la velocidad del pensamiento;
mástiles que en sus extremos estaban armados de tridentes, de máquinas en forma de
espadas para lanzar proyectiles o de guadañas de hierro; otros tenían una especie de
rastrillos que lanzaban desde arriba pesados garfios o tenían atados unos ganchos
inflamables envueltos en estopa engrasada con pez, que los ocupantes del carro
podían prender para golpear con el fuego a los elefantes, en sus caras y en sus
trompas 1610. Las caballerías de ambos ejércitos combatían de forma distinta; la romana
recurría a un combate cercano y estático, mientras la griega lo hacía de forma móvil y
cambiando de frente 1611. Cuando alguien se acercó al rey para felicitarlo por su
victoria; Pirro le respondió con amargura: “Otra victoria como ésta y estoy perdido”. Allí
se acuñó la expresión “victoria pírrica” para referirse a una victoria tan nimia y costosa
que casi equivale a una derrota.
En el lapsus de tiempo, más de un año, entre la batalla de Ausculum y la tercera
y definitiva batalla contra los romanos, el médico de Pirro se ofreció a los romanos
1606
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 172.
1607
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 248.
1608
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 253.
1609
Dionisio de Halicarnaso: Historia antigua de Roma. Ed. Gredos. Madrid 1988. Pág. 276.
1610
Ibídem. Pág. 277.
1611
Ibídem. Pág. 278.
291
para envenenar a su señor, pero el cónsul C. Fabricius Luscinus 1612, rechazó
indignado el ofrecimiento del terapeuta, como romano fiel al mos maiorum 1613. Antes
de enfrentarse por tercera y definitiva vez a los romanos, Pirro tuvo tiempo de auxiliar
a los siracusanos contra los cartagineses; venció a éstos, pero no pudo expulsarlos de
la isla, y regresó a Italia 1614.
Pirro se enfrentó de nuevo a los romanos en el 275 a. C., esta vez en
Benevento; pero ya los romanos estaban en condiciones de combatir a los elefantes, a
los que arrojaron flechas encendidas, lo que motivó que éstos se volvieran, quemados
y enloquecidos, contra sus propias tropas, a las que aplastaron. Los romanos
vencieron en esta batalla 1615. En el campo de batalla de Benevento se decidió la suerte
de la Magna Grecia, que ahora había caído en la esfera de Roma. Tarento ingresó en
la federación italiota en calidad de aliada de la Urbe, pagando el precio de condiciones
especialmente duras: perdió su independencia y su soberanía nacional, teniendo,
además, que derribar su muralla fortificada, pagar un tributo de guerra y recibir en su
ciudadela, a título permanente, una guarnición de soldados romanos 1616. Este fue el
caro precio por haber hecho temblar los cimientos del potente poderío romano y por
haber estado a punto de arruinar la gran idea de Roma: conseguir la unidad de
Italia 1617.
5. 5. 2. Retirada de Pirro.
1612
Gayo Fabricio Luscino (principios siglo III a. C). Estadista, y cónsul romano en el 282 y 278
a. C. Había rechazado sobornos de los traidores de Pirro, que se ofrecieron al cónsul para
acabar con el rey epirota. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 166).
1613
Heurgon, J: Roma y el Mediterráneo occidental hasta las guerras púnicas. Ed. Labor.
Barcelona. 1971. Pág. 240.
1614
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 249.
1615
Ibídem. Pág. 249.
1616
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 181.
1617
Ibídem. Pág. 181.
1618
Ibídem. Pág. 182.
1619
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 222.
292
Dionisio de Halicarnaso quien nos relata el episodio en el que el jefe del pueblo de los
ferentanos, Oblaco, dispuesto a matar a Pirro, lo observaba atentamente; pero el
macedonio Leonato sospechó de las intenciones de Oblaco y advirtió a su rey:
“…”Cuídate de ese hombre, Majestad, pues es un excelente guerrero y no combate fijo
en un sólo lugar, sino que te observa de cerca y tiene dirigida su atención hacia ti.”.
…” 1620. Pirro, adoptando una actitud fanfarrona, preguntó a su escolta qué podría
hacerle un solo hombre a él, que estaba protegido por tantos guerreros. Pero el
ferentano Oblaco encontró la ocasión que esperaba y se lanzó con sus compañeros
sobre el escuadrón real. Logró romper la línea de los jinetes que rodeaban a Pirro,
abalanzándose contra el mismo rey. Al mismo tiempo, Leonato, golpeó con su espada
el caballo de Oblaco por el lateral, pero el ferentano, en el momento de caer, logró
alcanzar al caballo del rey por el pecho y cayeron ambos, Oblaco y Pirro, con los
caballos 1621. El más fiel de los guardias de Pirro lo subió a su caballo y lo sacó del
lugar; Oblaco murió en la escaramuza 1622.
Cuando Pirro abandonó Italia, desde ese mismo instante, Roma ocupó el sur de
la península, pasando la Magna Grecia a ser romana. Este magnífico general todavía
tuvo tiempo de guerrear, ayudando al príncipe espartano Cleónimo, antes de que una
mujer, en la ciudad de Argos, lo matara arrojándole una teja. Sin duda, un fin poco
noble para tan excepcional guerrero y el principio del fin de la gloria del Epiro 1623.
Roma era imparable; más tarde, en el 211 a. C. los romanos vencieron definitivamente
a los siracusanos, pese a los ingeniosos inventos que Arquímedes ideó para
combatirlos. Desde ese instante Sicilia pasó a ser provincia romana y los griegos
perdieron sus territorios de Occidente. Italia quedaba, definitivamente, unificada.
1620
Citado. Dionisio de Halicarnaso. 1988. Opus cit. Pág. 263.
1621
Ibídem. Págs. 263 y 264.
1622
Ibídem. Pág. 264.
1623
Asimov, I. 2006. Opus cit. Págs. 249 y 250.
293
294
6. LOS PUEBLOS PRERROMANOS DE HISPANIA Y EL
CABALLO.
(Juvenal).
6. 1. HISPANIA.
1624
Juvenal: Sátiras. Ed. Mediterráneo. Madrid. 1973. Pág. 74
1625
Estrabón: Geografía de Iberia. Alianza editorial. Madrid. 2007. Págs. 144 y 145.
1626
“…la Prehistoria sería la parte de la Historia dedicada al estudio de las sociedades
anestatales, mientras que la Historia Antigua analiza las sociedades estatales hasta el
surgimiento del feudalismo. …”. (Plácido Suárez, D. y otros.1993. Opus cit. Pág. 150).
1627
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 466.
295
suficientes para alcanzar nuestras tierras y, lo más importante para nosotros, de una
capacidad literaria, para dejarlo reflejado. Época a la que, en nuestra historia
tradicional, llamamos “época de las colonizaciones”, y en la que aludimos, en concreto,
a pueblos como los griegos, los fenicios o los cartagineses 1628.
En las fuentes griegas, el término Iberia 1629, señala a la totalidad de la
Península Ibérica, aunque el nombre era ya confuso en la Antigüedad, debido a que
en el mismo se mezclan conceptos como el geográfico, el étnico y el cultural 1630. El
nombre de Iberia que le otorgaron los griegos a nuestra península, parece proceder de
una región homónima del Cáucaso meridional, en Georgia, y le fue impuesto por las
analogías que aquellos hombres percibían entre ambas regiones; similitudes entre las
que parecía destacar la riqueza minera 1631. Fue el escritor latino Ennio el que llamó por
primera vez Hispania a Iberia en su Historia Romana 1632.
Lo que caracterizaba, pues, a la península Ibérica antes de la conquista
romana era su extremada heterogeneidad. Como apunta Salinas de Frías: “…iberos e
indoeuropeos, principalmente celtas, pero también colonizadores fenicios, griegos y
cartagineses, sin cuya presencia no se comprenden muchos fenómenos de los
pueblos prerromanos. Heterogeneidad de lenguas, de formas y niveles de
organización social y económica, de creencias religiosas, de cultura material y de
instituciones. …” 1633.
Si a modo general, el área habitada por los iberos lo ocupaba la franja
mediterránea y el sudoeste peninsular; la zona ibera propiamente dicha incluiría el
Levante y Cataluña, influida por la colonización griega, y la zona de influencia ibera,
1628
Vila Valentí, J: El conocimiento geográfico de España. Ed. Síntesis. Madrid. 1989. Págs. 15
y 16.
1629
“…Parece que el origen del nombre se debería al de un río Iber o Iberos que primitivamente
designaría a la ría del Tinto y el Odiel, en la provincia de Huelva, y que sólo más tarde se
aplicaría al Ebro. Se ha propuesto que esta denominación se aplicaría al extremo occidente
como recuerdo de la Iberia póntica, en un fenómeno de traslación geográfica que afectó a
muchos mitos griegos y, con ellos, a muchas denominaciones geográficas. En Polibio (siglo II
a. C.) todavía la palabra Iberia significaba la parte de la península que daba al mar
Mediterráneo, careciendo, según este autor, de denominación propia las partes que daban al
océano Atlántico. Con el avance de la conquista romana, los geógrafos griegos extendieron el
nombre a la totalidad de la Península. Este uso general perdura largo tiempo y lo encontramos,
por ejemplo, en muchos pasajes de Estrabón, en época de Augusto. …”. (Salinas de Frías, M:
Los pueblos prerromanos de la península ibérica. Ed. Akal. Madrid. 2006. Pág. 63.).
1630
Ibídem. Pág. 63.
1631
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 184.
1632
Blázquez, J. M: El Mediterráneo y España en la antigüedad. Ed. Cátedra. Madrid. 2003 (A).
Pág. 139.
1633
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 189.
296
incluiría Andalucía, el Algarve portugués y parte de Extremadura, territorios influidos
por la cultura tartésica 1634.
El área céltica comprende las dos mesetas, el norte y el oeste; extendiéndose
desde el valle medio del Ebro y el Sistema Ibérico al Este, hasta el Guadiana por el
Sur, hasta el Cantábrico por el Norte y hasta el Atlántico por el Oeste 1635. Para Grimal,
la cultura celta ocupó el norte, el centro y el oeste de nuestra península 1636.
6. 1. 1. El caballo hispano.
Caballo hispano.
1634
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 398.
1635
Ibídem. Pág. 401.
1636
Grimal, P. 1986. Opus cit. Pág. 70.
1637
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 220
297
Los indoeuropeos trajeron el caballo que los tratadistas llamaron asturcón y que
eran definidos por S. Itálico como “…caballos de poca alzada, buenos para el tiro pero
no así como caballos de guerra. …” 1638. Su origen tarpánico lo intuyó Herodoto cuando
los describió como animales de talla pequeña y buenos para el tiro, como los sigynes
de Tracia y Caucasia 1639.
En la parte ocupada por los iberos, se criaba el caballo bereber; al parecer de
procedencia heterocigótica, porque por sus venas corría sangre de tarpanes y
przewalskis; este caballo fue considerado, en el mundo clásico, el caballo hispano por
antonomasia 1640. Trasladado de África a Hispania, ecosistema éste último más rico
que el africano, el caballo bereber ganó en volumen, fuerza, agilidad, corazón y
estética 1641. De alzada más elevada (1.55 m.) que el céltico y que todos los caballos
europeos de la época, fue descrito unánimemente por los historiadores clásicos como
un caballo grande, de bella cabeza y grupa derribada, veloz y resistente para las
marchas, muy valiente y superior al caballo de Campania y a los demás que se
criaban en Italia, que no podían competir con los caballos hispanos, por lo que los
romanos se vieron obligados a sustituir los caballos itálicos de su caballería por los
ibéricos que, además eran los más afamados para las carreras 1642.
El tercer caballo existente en Hispania, junto con los anteriores, era el thieldón; al
parecer extendido por las mesetas celtibéricas y por parte de Andalucía. Parece,
según Lión, que su origen hemos de buscarlo en la fusión del caballo ibero con el
celta, cruce que los celtas aprovecharon para mejorar su caballo, dándoles, entre otras
características, mayor alzada 1643. En Galicia y Asturias, donde superó al asturcón,
llegó a ser el mejor caballo para carreras de carros, como demuestra el hecho de que,
como tal, fuese exportado a Italia, donde desplazaron a los caballos célticos cisalpinos
y donde los troncos de caballos célticos, llegaron a figurar entre los premios más
cotizados en las competiciones circenses de Roma 1644. Entre las cualidades de estos
caballos hemos de destacar la del paso en ambladura, muy corriente en los caballos
de Asia, y que el thieldón heredó del caballo celta; es Plinio, que había sido oficial de
caballería y había conocido personalmente nuestro país, quien, con conocimiento de
1638
Citado. Ibídem. Pág. 220.
1639
Ibídem. Pág. 220.
1640
Ibídem. Pág. 221.
1641
Ibídem. Pág. 222.
1642
Ibídem. Pág. 222.
1643
Ibídem. Pág. 1123.
1644
Ibídem. Pág. 223.
298
causa, describe el paso portante del thieldón “…como paso no habitual sino más bien
como un trote suave que logra alargando las piernas alternativamente. …” 1645.
Animales hispanos que Roma importaría en grandes cantidades, tanto para las
carreras de caballos como para las carreras de carros, como prueban las numerosas
citas referentes a entregas de caballos al ejército; este fluir de caballos a Roma
demuestra la alta consideración en la que eran tenidos los caballos de Hispania,
loados por muchos escritores 1646.
En lo relativo a los arneses, en la Hispania prerromana los frenos de los caballos
se fabricaban en serie y podían ser de embocadura rígida o articulada; en los caballos
aparecidos en el Cigarralero podemos apreciar los arneses con los que se vestían: la
cabezada se adornaba con flecos, borlas y piezas de metal, llevaban petral, riendas,
bocados y la primitiva silla española o ephippión; constituida por una cubierta de
cuero, de lana o de tejido vegetal, que se sujetaba al caballo mediante una cincha y
que, en muchos casos, se proveía de una almohadilla pequeña sobre la cruz, que
servía para sujetar en ella las riendas y así poder dejar las manos libres al jinete, para
el combate 1647.
Lión apunta el uso en Hispania de la herradura, que por aquellas fechas todavía
no era conocida en el mundo clásico, declarando que a su juicio, el Marqués de
Cerralbo hizo un sensacional hallazgo en Anguita, cuando encontró herraduras
ibéricas, correspondientes a los siglos IV y III a. C., cuando todavía, por aquellas
fechas, no eran conocidas en Grecia ni en Roma 1648.
6. 2. ÁREA IBÉRICA.
1645
Ibídem. Pág. 224.
1646
Ibídem. Pág. 225.
1647
Ibídem. Pág. 227.
1648
Ibídem. Pág. 228.
1649
Ibídem. Págs. 396 y 397.
1650
Grimal, P. 1986. Opus cit. Pág. 66.
299
también por la concordancia de la índole física y espiritual de unos y otros. …” 1651.
Este mismo autor nos descubre los rasgos comunes a todos los íberos: “…Se hace
notar su gran fortaleza y capacidad para soportar fatigas, su frugalidad, su ligereza y
agilidad y, como consecuencia, la destreza en luchar tanto a pie como a caballo que
se manifiesta en su manera particular de guerrear, una alternativa rapidísima de
ataque y fuga y su táctica (guerra de guerrillas con constante variación del teatro con
ataques de sorpresa repentinos, etc.), y además en el gusto por la danza. …” 1652.
6. 2. 1. Los íberos.
1651
Schulten, A. 2006. Opus cit. Pág. 125.
1652
Schulten, A: Hispania. Geografía, Etnología e Historia. Ed. Renacimiento. Sevilla. 2004.
Pág. 171.
1653
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 65.
1654
Ibídem. Pág. 64.
1655
Izquierdo, I. y otros: Diálogos en el País de los Iberos. Ministerio de Cultura. Madrid. 2004.
Pág. 151.
1656
Ibídem. Pág. 156.
300
monturas, se sabe que descendían a tierra para luchar cuerpo a cuerpo, pues así lo
imponía el comportamiento heroico que se esperaba de ellos 1657.
La economía de estos pueblos se basaba en la agricultura de secano, llevada a
cabo en pequeñas parcelas de explotaciones familiares, siendo las especies más
cultivadas el cereal, la vid y el olivo, según se desprende del hallazgo de semillas y
carbones en sus poblados 1658. La producción agrícola se complementaba con la
ganadera, criando sobre todo especies menores, como ovejas, cabras y cerdos; lo que
diferencia la economía de los iberos de la de los pueblos del sur o de la Meseta,
criadores de especies ganaderas mayores, como vacas, bueyes y caballos 1659. No
obstante, los iberos debían ser esmerados criadores de caballos, dada la estructura de
su sociedad y el sentido militar de su vida. Las múltiples representaciones procedentes
del área ibérica, como las cerámicas con escenas de caza, de doma y de
adiestramiento nos hablan del interés de este pueblo por los caballos. De su cotidiana
utilización da testimonio la abundancia de bocados en todas sus necrópolis, a pesar de
que los autores antiguos digan que el caballo de Hispania no toleraba bien las
bridas 1660.
El caballo parece que estaba presente en todos los actos significativos de la
sociedad ibérica como, por ejemplo, nos muestra el vaso de la cabalgata nupcial de
San Miguel de Liria (Valencia), en el que vemos a una pareja cabalgando un caballo,
escena que podría representar un rito de paso matrimonial. 1661
Entre las instituciones iberas es necesario destacar la de la devotio: “…un tipo
especial de clientela, sancionada mediante un juramento religioso por el cual los
devotos o soldurios se comprometían a no sobrevivir a su jefe si este moría en
combate. …” 1662. Generales romanos como Sertorio utilizaron tropas de devoti para su
guardia personal; y Augusto, en los primeros años del Imperio, también se sabe que
los utilizó 1663.
Era en el sur de España donde se encontraban los pueblos que tuvieron un
contacto más largo e intenso con la gente proveniente del Mediterráneo Oriental. El
pronto contacto con los romanos propició una romanización temprana e intensa,
1657
Ibídem. Pág. 156.
1658
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 76.
1659
Ibídem. Pág. 75.
1660
Blázquez, J. M. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 172 y 173.
1661
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 173.
1662
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 88.
1663
Ibídem. Págs. 88 y 89.
301
llegando a ser las sociedades más civilizadas de la Península y con mayor desarrollo
económico y cultural 1664.
6. 2. 1. 2. El ejército íbero.
Parece que el caballo era un símbolo aristocrático que servía como exclusivo
medio de transporte al campo de batalla, pero no se combatía desde él 1665, como
parece demostrar el hecho de que durante la segunda sublevación de Indíbil (205 a.
C.) él y sus hombres desmontaran para reforzar a la infantería 1666. Para Quesada sólo
puede hablarse de una verdadera caballería, en el ámbito ibérico, a partir de la
segunda mitad del siglo III a. C.; y para el ámbito meseteño desde un siglo antes.
“…Sólo en el ámbito meseteño surgió una verdadera caballería ya en el siglo IV; y
“caballería” implica la existencia de un número mínimo de “jinetes” –ya no sólo de
algunos “caballeros”- que se cifra en cientos y eventualmente en millares de jinetes, tal
como documentan las fuentes, p. ej. los 5.000 de los belos, titos y arévacos en 153 a.
C. … .” 1667.
La escasez de elementos de monta en las necrópolis ibéricas da pie a pensar en
la inexistencia de un ejército montado, como puntualiza Gracia Alonso: “…por lo que
en diversos casos se ha negado la existencia de una verdadera caballería en el
sentido de la existencia de un cuerpo montado que ejerciera funciones decisivas en el
planteamiento táctico de los combates. …” 1668. Pero también reconoce este autor que
las fuentes clásicas contradicen esta negación porque “…la escasa representación de
los arreos de caballo en las tumbas no se corresponde con las informaciones
reflejadas en las fuentes clásicas tanto para el período de la Guerra del Peloponeso y
la presencia de jinetes peninsulares combatiendo junto a los espartanos a fines del
siglo v a. C., como, y principalmente, para el período de las Guerras Púnicas durante
la que los jinetes ibéricos son citados ejerciendo funciones reservadas tanto a la
caballería ligera como a la pesada. …” 1669.
Según Estrabón, los iberos mezclaban entre sus fuerzas de infantería, las de
caballería, “…ya que los caballos estaban adiestrados en marchas por las montañas y
en arrodillarse con facilidad a una orden cuando las circunstancias lo requerían.
1664
Ibídem. Pág. 39.
1665
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 118.
1666
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 109.
1667
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 164.
1668
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 133.
1669
Ibídem. Pág. 133 y 134.
302
…” 1670. Schulten dice que la famosa caballería ibérica la componían pequeños
caballos, rápidos como el viento, resistentes y especialmente adecuados para su uso
en terrenos montañosos; y prosigue relatando que en algunas tribus los soldados
luchan, indistintamente, a pie o a caballo, que el jinete porta en la grupa de su caballo
a un infante, y que las armas de caballería e infantería luchan, a menudo,
mezcladas 1671. Si en el siglo IV a. C. parece que no existía una verdadera caballería
ibérica, capaz de ejercer un papel significativo en el desarrollo de la batalla, llegados al
siglo III a. C. la presencia de jinetes es ya significativa, como demuestran las fuentes
literarias, que nos hablan de numerosas unidades de caballería ibérica al servicio de
cartagineses y romanos 1672.
A. Panoplia ibérica.
Jinetes como el caballero de El Salobral nos hablan del armamento de los iberos:
casco de alta cresta, lanza y falcata; o el del santuario de la Luz, que porta falcata y
monta un animal ricamente enjaezado: sudadera con cincha, cabezada, bocado y
riendas cortas 1673. Estos guerreros parece que portaban, también, una pequeña caetra
de 45 cm de diámetro y poco peso, ya que estaba confeccionada de madera y cuero,
lo que facilitaba su utilización por unos jinetes que no se auxiliaban de estribos 1674. La
falcata era tan efectiva hendiendo como cortando, por lo que causaba estragos cuando
los jinetes la utilizaban desde su posición elevada, utilización que la convertía en un
arma muy útil para la caballería 1675. También utilizaban los jinetes iberos la lanza,
como muestra el grupo escultórico del Cerrillo Blanco de Porcuna, con un jinete
desmontado que enristra una lanza para acabar con un enemigo abatido 1676.
Según los testimonios de las fuentes antiguas, parece que el modo de guerrear
de los iberos era la razzia o el ataque por sorpresa, para saquear los territorios
enemigos 1677. Esto, evidentemente, no quiere decir que los guerreros ibéricos no
supieran combatir integrados en unas tropas que desarrollaran comportamientos
tácticos complejos, como demuestra su colocación en el centro de la primera línea de
1670
Estrabón. 2007. Opus cit. Pág. 257.
1671
Schulten, A. 2004. Opus cit. Págs. 146 y 147.
1672
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 123.
1673
Blázquez, J. M. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 206.
1674
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 203.
1675
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 210 y 211.
1676
Ibídem. 2006. Pág. 213.
1677
Ibídem. Pág. 257.
303
combate en las batallas de Trebia y Cannas, al mando de Aníbal 1678. Decisiva fue la
actuación de la caballería ibera, junto a la celta y la númida, en la batalla del lago
Trasimeno (21 de junio de 217 a. C.), cuando estos contingentes escoltaron el flanco
derecho de la infantería cartaginesa e ibérica 1679. Jinetes iberos de los que no se privó
su hermano Asdrúbal que se quedó con 300 jinetes, posiblemente ilergetas 1680.
Soldados ilergetas como los que, a las órdenes de Indíbil, lucharon
reiteradamente contra los romanos, hasta sucumbir el general ibero (210 a. C.) como
resultado de su mal planteamiento táctico, ya que entre los contingentes tribales dejó
unos pasillos con la intención de permitir el tránsito de la caballería ibera; pasillos que
aprovechó la caballería romana de Servio Cornelio para cargar contra la infantería y
arrinconar a la caballería ibera, que tuvo que desmontar y combatir a pie; Indíbil peleó
junto a sus guerreros más fieles hasta sucumbir 1681. Parece que la adaptación de los
mercenarios ibéricos al modo de combatir de púnicos y griegos, no es sólo el resultado
de la instrucción a la que pudieran someterlos aquellos, sino al hecho de que los
pueblos de la Península Ibérica ya habían desarrollado los complejos sistemas de
combate de la Protohistoria 1682.
B. Mercenarios íberos.
1678
Ibídem. Pág. 258.
1679
Ibídem. 258.
1680
Ibídem. Pág. 260.
1681
Ibídem. 268.
1682
Ibídem. Pág. 306.
1683
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 80.
1684
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 45.
1685
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Pág. 258.
304
La presencia de la famosa caballería ibérica, está constatada en todas las
guerras del siglo III; siendo sus soldados muy expertos en el manejo de sus monturas,
hasta el punto de impresionar al versado Jenofonte 1686. Cuando los lacedemonios
entraron en guerra contra los tebanos, Dionisio el Viejo les mandó refuerzos; entre los
mismos iba un contingente de cincuenta jinetes, de los que, aunque se desconoce su
identidad, parece, según relata Jenofonte en su Helénicas, que eran de origen
ibérico 1687. Hombres que combatían a caballo con gran maestría, atacando y huyendo
para volverse contra el perseguidor y alcanzarlo de nuevo 1688. Según Gracia Alonso,
cuando Esparta lucha contra los tebanos, Dionisio I de Siracusa 1689 atiende a su
llamada de socorro y les envía 2.000 hombres de Iberia y Celtiberia que causaron tan
buena impresión que al año siguiente fue enviado un nuevo contingente de tropas
hispanas de caballería ligera que combatieron contra los tebanos, atacándolos con
una táctica de acoso continuo 1690. De los mercenarios ibéricos en el Peloponeso nos
habla Diodoro, que elogia su agilidad y refiere su costumbre de descansar
desmontados antes de reanudar el combate 1691.
Caballeros íberos que también se enrolaban, como mercenarios o aliados, en
los ejércitos que combatían en suelo hispano; en el vaso ibérico de Oliva (Valencia) se
representa a un jinete íbero que cae de su caballo, después de ser herido de muerte
por una lanza 1692. De la misma forma murió Publio Cornelio Escipión en la batalla que
tuvo lugar en Amtorgis entre cartagineses y romanos; cayó de su caballo herido de un
lanzazo que le propinaría algún caballero númida al mando del joven Masinisa 1693.
Pero antes de que llegara este momento, Escipión había sabido atraerse al pueblo
íbero, liberando a los 10.000 infantes y 2.000 jinetes que había capturado al ejército de
1686
Blázquez, J. M. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 173.
1687
Ibídem. Pág. 202.
1688
Ibídem. Pág. 202.
1689
“…Dionisio era lugarteniente del estratega Hermócrates. En el año 406 a. C. los púnicos
habían vuelto a Sicilia con un considerable ejército, con la intención de apoderarse de toda la
isla. Estaban mandados por Aníbal e Himilcon y su más espectacular acto de guerra fue la
toma de Agrigento, ciudad que había prosperado mucho gracias a su neutralidad en las
guerras anteriores. A raíz de esta victoria, tras la que fueron enviadas numerosas obras de arte
a Cartago, lo que contribuyó a su helenización, el desánimo cundió por la isla. Y elevada a la
Asamblea Popular de Siracusa la queja contra los generales siracusanos que le habían
prestado ayuda, Dioniso maniobró, protegido por el rico Filistos, que luego sería su
historiógrafo, hasta conseguir ser elegido como <<General único>> (Estratego autocrator), con
poderes plenos. […] Gobernó durante cuarenta años (405-367 a. C.), apareciendo en la
historia como el tirano por excelencia, con los elementos típicos de la figura de los tiranos de
Sicilia. …” (Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 111.).
1690
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 83.
1691
Blázquez, J. M. y otros.1988. Opus cit. Pág. 209.
1692
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 48.
1693
Ibídem. Pág. 48.
305
Aníbal en la batalla de Baecula, consiguiendo, para los romanos, el apoyo de la mayor
parte de las comunidades ibéricas 1694.
Como en todos los ejércitos de la Antigüedad los contingentes de la caballería
ibérica debían ser menos numerosos que los de infantería; tesis que apoya el hecho
de que los hallazgos de bocados en los yacimientos sean siempre muy inferiores a los
de armas, lo que definitivamente parece probar que la caballería era un arma mucho
más minoritaria que la infantería en los ejércitos ibéricos 1695. La proporción de los
jinetes en los ejércitos hispanos parece que se aproximaba al 10% del total de las
fuerzas en acción, número muy similar al de la relación entre legionarios y equites del
ejército romano 1696.
Para conocer a los distintos pueblos, debemos seguir a los autores antiguos,
sin olvidar que el área ibérica estaba habitada por numerosos pueblos, que
conocemos gracias a ellos: indiketes, layetanos, cesetanos, ilergetes, lacetanos,
edetanos, contestanos, bastetanos, mastienos, turdetanos, etc, y sin olvidar, además,
que las fronteras entre los mismos irán variando a lo largo de la historia 1697. Los
contestanos parece que lo hacían en la costa del sudeste, entre el río Júcar y
Cartagena; a los edetanos los sitúa Estrabón entre esta última ciudad y el río Ebro,
viviendo, además, un pequeño contingente al norte del río; a los ilergavones, es Plinio
quien los sitúa entre el río Udiva (Mijares) y el Ebro; al norte del que vivirían también,
según Plinio, los cesetanos, cuya ciudad principal era Tarraco; para situar a los
layetanos, tomaremos la referencia de Livio, cuando apunta que Escipión, después de
desembarcar en Ampurias, sometió la costa desde éstos hasta el Ebro, por lo que
parece que los layetanos se situaban junto al litoral; y a los indigetes, Estrabón los
sitúa entre el Ebro y los Pirineos, al norte de los edetanos.
Pero los dominios de los iberos no se reducían a la franja costera, sino que se
extendían hacia el interior de las tierras peninsulares. Del interior era el poderoso
pueblo de los ilergetes, asentado al norte del Ebro, en el Bajo Urgel y en las comarcas
del Segre y el Cinca; a este pueblo pertenecían las ciudades de Ilerda y Osca 1698. Los
ausetanos, aliados de los ilergetes, se asentaban, tal vez, en la cuenca gerundense
1694
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 156.
1695
Blázquez, J. M. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 206.
1696
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 272.
1697
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 69.
1698
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 70.
306
del río Ter; mientras que para los sedetanos parece probable su asentamiento en el
valle medio del Ebro, desde la desembocadura en el mismo del río Gállego, al oeste,
hasta los límites actuales entre Aragón y Cataluña 1699; los ceretanos se asentaban en
la actual Cerdaña y en su economía destacaba la actividad ganadera; a los bargusios
o bergistanos, Livio y Polibio los sitúan entre los Pirineos y el Ebro, y parece que
fueron las gentes de este pueblo los primeros aliados de los romanos en Hispania 1700.
Estrabón sitúa a los bastetanos y a los bástulos entre Calpe (una de las
columnas de Heracles) y Cartagena, mientras que Plinio sitúa a los bástulos en la
costa de Tarragona 1701. La importancia de este pueblo radica en que parece que
controlaban las rutas comerciales que, desde el sudeste, se dirigían hacia la Alta
Andalucía y en que se podrían relacionar con los bastetanos los santuarios con
exvotos de caballos como los de Cigarralejo y Recuesto (Murcia), y Pinos Puente
(Granada) 1702.
Sobre los oretanos, la primera mención se produce en relación con la expansión
cartaginesa en España. Hay disparidades, en cuanto a su ubicación, en los autores
antiguos; por ejemplo, mientras Plinio los sitúa en torno al Tajo, Ptolomeo los coloca
entre el Guadalquivir y el Guadiana 1703.
6. 2. 3. 1. Los tartesios.
Entre los pueblos iberos más sobresalientes, debemos hacer mención especial a
los tartesios y a sus sucesores, los turdetanos. Los escritos de Herodoto sitúan a
Tartessos en las costas sudoccidentales de la península Ibérica, concediéndole una
existencia histórica que oscila entre mediados del siglo VII y finales del siglo VI a.
C 1704. Su núcleo se encontraba en las provincias de Huelva, Cádiz, Sevilla y Córdoba,
pero sus extensiones llegaban a la Alta Andalucía, a la Baja Extremadura y a la costa
atlántica de Portugal; y parece que sus etapas fueron dos, la primera corresponde al
final de la Edad del Bronce (siglos IX-X a. C.) y la segunda a los inicios de la Edad del
1699
Ibídem. Pág. 72.
1700
Ibídem. Págs. 72 Y 73.
1701
Ibídem. Pág. 41.
1702
Ibídem. Pág. 43.
1703
Ibídem. Pág. 43.
1704
Ibídem. Pág. 19.
307
Hierro (siglos VIII-VI a. C), en la que ya es coetánea de los primeros asentamientos
fenicios en la Península Ibérica 1705.
Es hacia este último siglo cuando las obras de los escritores griegos y latinos
escriben que la región que actualmente denominamos Andalucía occidental, estaba
habitada por los tartesios, habitantes de un poderoso reino en el bajo Guadalquivir
cuya zona de influencia se sentía en regiones muy alejadas 1706, como Extremadura,
donde se encuentra el palacio-santuario de Cancho Roano (Zalamea de la Serena,
Badajoz), en el que los arqueólogos encontraron numerosos objetos y símbolos de
prestigio, como calderos, asadores, jarras de libación o arneses de caballo, todo ello
fabricado en bronce 1707. De este yacimiento procede el caballo enjaezado que se
conserva en el Museo Arqueológico de Badajoz.
Tartesos se asentaba en una región ganadera famosa por sus caballos y cuya
aristocracia ganadera y ecuestre ha dejado abundantes testimonios en las estelas 1708.
Ganadería y excedentes agrícolas, explotación de los recursos naturales y
trasformación de las materias primas que estaban en manos de una aristocracia que
basaba su posición en el dominio de estos recursos 1709.
Tal vez fueron tirios los primeros navegantes que arribaron a las costas
orientales de nuestra península, buscando estaño y trabar relaciones con Tartessos;
cerca del estrecho de Gibraltar fundaron Cádiz, en el siglo XI o X. a. C., lo que, de ser
cierto, convierte a la misma en la ciudad más antigua de Europa Occidental 1710.
Aunque los fenicios de Tiro habían comerciado con los pueblos del Sur de la
Península desde finales del II milenio, no tenemos noticias de estas relaciones, ni
directas ni a través de las fuentes griegas 1711. Respecto a los griegos, fueron rodios los
primeros que probablemente alcanzaron la zona meridional de España; a éstos le
siguieron los jonios, que en su segunda oleada fundaron Ampurias; y más al sur, en
Alicante, aparecen también colonias griegas 1712. Habríamos de esperar al primer
milenio, cuando comenzaron los viajes griegos, para enterarnos por Heródoto (450 a.
C.) de que: “…un marinero de Samos, de nombre Coleo, viajaba rumbo a Egipto
1705
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 99.
1706
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 69.
1707
Ibídem. Pág. 82.
1708
Blázquez, J. M. y otros.1988. Opus cit. Pág. 146.
1709
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 166.
1710
Vila Valentí, J. 1989. Opus cit. Pág. 16.
1711
Ibídem. Pág. 466.
1712
Ibídem. Pág. 16.
308
cuando fue sorprendido por una racha de viento apeliota (del Este) que duró muchos
días y terminó por arrojar su nave junto a las costas de Tartessos. …” 1713.
Ésta es una de las civilizaciones más importantes de la Península Ibérica en la
Antigüedad porque supone el final de nuestra Prehistoria como consecuencia de la
formación y posterior consolidación de la cultura urbana 1714.
A. El ejército tartesio.
1713
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 466.
1714
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 99.
1715
Ibídem. Pág. 99
1716
Ibídem. Págs. 101 y 102.
1717
Ibídem. Pág. 105.
1718
Ibídem. Págs. 104 y 105.
1719
Ibídem. Pág. 105.
309
trasladar a los fallecidos a las necrópolis, otros creen que el carro no sería un
elemento tangible sino ideológico cuya función consistía, como dijimos antes, en
trasladar las almas al Más Allá 1720. En cualquier caso, aunque la función del carro en el
mundo tartesio, sea la de transportar al difunto a la necrópolis o la de transportarlo al
Más Allá, parece seguro que su empleo no estaba relacionado con la guerra 1721.
Los jefes del mítico reino de Tartessos recibieron sepulturas dignas de príncipes,
en las que aparecen ricos ajuares (joyas de oro, envases de alabastro para perfumes,
jarros de bronce) con objetos de prestigio como armas, diademas y carros 1722.
Excepcional es el ajuar de una de las tumbas de la Joya (Hueva), en las que se
hallaron, entre otros objetos, un brasero y un quemaperfumes de bronce decorados
con flores de loto invertidas, una arqueta de marfil con bisagras de plata, distintas
piezas de un carro de dos ruedas y bocados para caballos 1723; estos bocados parecen
prototipos asirios que, probablemente, trajeron a Occidente los fenicios 1724. Otro
excelente ejemplo de este arte serían los marfiles que representan a carros tirados por
caballos 1725.
Los carros tartésicos repiten el esquema convencional: caja curva por delante y
barandillas para subir, con tiro de dos caballos sujetos a un timón, las ruedas
desplegadas, sin perspectiva. Sus detalles permiten catalogarlos como carros de
guerra mediterráneos; en concreto del Egeo, de fines del II milenio o comienzos del I
a. C.; es el mismo modelo que después dibujarán los griegos en sus grandes vasos
funerarios del período Geométrico 1726. Pero, probablemente, los tartesios nunca
llegaron a utilizar el carro de guerra en la batalla ya que “…ciertos detalles de las
estelas más expresivas permiten deducir que tienen aquí una significación más ritual
que estrictamente guerrera: la de ser expresión de juegos en honor del difunto –
carreras, como las que se practicaban en Grecia con sentido funerario- o, según creo
más probable, la de servir como vehículo heroizador para el viaje al más allá. …” 1727.
1720
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Págs. 200 y 201.
1721
Ibídem. Pág. 201.
1722
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 133.
1723
Ibídem. Pág. 135.
1724
Blázquez, J. M. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 351.
1725
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 621.
1726
Bendala Galán, M. 2000. Opus cit. Pág. 72.
1727
Ibídem. Pág. 72.
310
En la periferia de Tartessos, y vinculada a su área de influencia, también se han
hallado tumbas con ricos ajuares como la de Alcácer do Sal (Portugal), donde junto a
las armas o los broches de bronce, aparecen elementos de carros 1728. Estos jarros,
páteras, candelabros, armas, adornos de carros y arreos de caballos, que quedaron
depositados en las tumbas, constituyen el lujoso repertorio con el que se presentaban
en sociedad los poderosos que las encabezaban 1729. En referencia al mundo religioso
de los bastetanos, en Pinos Puente apareció un santuario adornado con relieves de
caballos, semejantes a los hallados en El Cigarralejo (Mula, Murcia), que deben
corresponder a una divinidad de la fecundidad ecuestre, con seguridad un “Señor de
los Caballos” de origen oriental, con claras connotaciones de protector de la vida y de
la muerte, igual que en los relieves que se extienden desde Mogán (Jaén) y Villaricos
(Almería) hasta Sagunto 1730.
Durante la presencia fenicia en nuestras tierras y en plena etapa orientalizante,
los carros ceremoniales que aparecen en las tumbas son ahora de verdad, como el
que se depositó en la tumba del cabezo de la Joya (Huelva) 1731, donde se hallaron los
restos de un carro, adornado con ricos complementos de bronce que podrán
demostrar su sentido ritual y funerario; las cabezadas de los caballos y todo el lujoso
ajuar que las acompaña podrían referirse a la complejidad del ritual funerario y a la
importancia del personaje con el que dichos objetos fueron enterrados 1732. Esta
práctica perduró todavía algún tiempo, ya que en la tumba de Toya (Jaén) también
apareció el carro 1733. Era ésta una tumba de cámara, fechable en el siglo IV a. C., en la
que, al carro, lo acompañaba un rico ajuar; dicha tumba parece enlazar con la tradición
de los carros rituales de las estelas tartésicas 1734.
6. 2. 3. 2. Los turdetanos.
Los sucesores de los tartesios parece que fueron los turdetanos. Estrabón, que
como apuntaba Schulten, es un autor indispensable para todo aquel que se interese
por España en la Antigüedad, decía de ellos que “…los turdetanos resultan ser los
más cultos de los iberos y tienen escritura y escritos históricos en prosa y en poesía, y
1728
Deamós, M. B. y Chapa Brunet, T. 1997. Opus cit. Pág. 146.
1729
Bendala Galán, M. 2000. Opus cit. Pág. 88.
1730
Barandiarán, I y otros. 2005. Opus cit. Pág. 882.
1731
Bendala Galán, M. 2000. Opus cit. Pág. 78.
1732
Ibídem. Pág. 78.
1733
Ibídem. Pág. 78.
1734
Ibídem. Pág. 201.
311
leyes en forma métrica, que, según se dice, datan de hace seis mil años. También los
demás iberos tienen escritura, pero no la misma, siendo también sus idiomas distintos.
…” 1735. El geógrafo sitúa a los turdetanos en el valle del Guadalquivir, y al norte de los
mismos a los túrdulos; pero con la llegada de la romanización ambos pueblos se
fusionaron hasta el punto de no se apreciarse diferencia alguna entre ellos 1736. De la
región que habitaban los sabios turdetanos, nos dice Estrabón que disfrutaba “…de
una prosperidad admirable. Como produce de todo y en grandes cantidades duplica
sus beneficios con la exportación: pues vende con facilidad en el exterior los
excedentes de sus productos. …” 1737. Exportaban a otros pueblos vino, trigo, cera y
miel, y, además, sus tierras eran abundantes en ganado de todas clases y en caza 1738.
Tierra tan pródiga que el poeta, según el mito griego que colocaba los Campos Elíseos
hacia el oeste, no duda en situar los campos fértiles donde las almas descansan sin
dolor, en tierra turdetanas:
6. 2. 4. El caballo íbero.
1735
Citado. Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 40.
1736
Ibídem. Pág. 40.
1737
Estrabón. 2007. Opus cit. Pág. 171.
1738
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 46.
1739
Estrabón. 2007. Opus cit. Pág. 198.
1740
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 49.
1741
Schulten, A. 2006. Opus cit. Pág. 127.
1742
Blázquez, J. M. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 173.
312
Castellón), de morfotipo parecido a los que describió Posidonio como de pequeña
estatura, con pelo atabanado y tan veloz y bello, en las carreras, como para asombrar
a los romanos 1743. El estudio de sus huesos nos presenta un caballo que, a los cuatro
años y medio, ronda los 136,5 de alzada, cabeza de perfil cóncavo y de hocico corto y
extremidades proporcionadas y robustas, pero cortas 1744.
De los restos de équidos aparecidos en Alcalá de Xivert (Castellón), datados en
el siglo II a. C., podemos deducir una alzada en torno a los 142 cm; talla que no se
corresponde con la estimada para los caballos de la Edad del Hierro en la Comunidad
Valenciana, que ronda los 120-130 cms; aunque no podemos olvidar que, por ejemplo
en Francia, la romanización conllevó un aumento de la alzada de los caballos,
superando en 10 cms a los caballos indígenas 1745; por lo que podemos asegurar que el
caballo de Alcalá de Xivert, por su talla, corresponde al grupo de los caballos que los
romanos introdujeron en sus zonas conquistadas 1746. Además de la belleza de estos
animales, destacaban su rapidez y su resistencia, que les permitía llevar al campo de
batalla a dos jinetes. Apiano y Estrabón, cuando hablan de los caballos ibéricos,
destacan su velocidad 1747.
Respecto a su doma, una de las primeras escenas de doma de caballos nos las
proporciona la ya mencionada colección de los vasos ibéricos de Liria. En ella
podemos admirar una escena de doma o de ejercicio a la cuerda, en la que el caballo
que gira hacia la izquierda es conducido por un hombre que sostiene en su mano
izquierda el ramal y en la derecha un látigo 1748.
Parece evidente que no todos los jinetes ibéricos que aparecen representados en
distintos soportes tienen que ser, necesariamente, soldados; por el contrario muchos
de ellos sólo emplearían sus monturas y sus armas para la caza. Entre los iberos la
caza era una actividad de reyes y aristócratas, en la que su práctica no estaba
orientada, en exclusividad, a la obtención de alimentos complementarios o básicos en
épocas de escasez, sino que se trata, más bien, “…de una actividad ritual, donde se
puede demostrar el valor o la habilidad del individuo frente a la fiera, donde el animal
1743
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 184.
1744
Ibídem. Pág. 196.
1745
Ibídem. Pág. 203.
1746
Ibídem. Pág. 205.
1747
Blázquez, J. M. y otros.1988. Opus cit. Pág. 205.
1748
Lion Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 226.
313
tiene siempre una oportunidad para escapar. …” 1749. El tema de la caza que se
representa en el arte ibero parece tener una dimensión ideológica, asociada a los
modos de vida de los nobles; en este arte se representan personajes a caballo con
lanzas y redes, acompañados de su servidumbre, que tratan de apresar piezas
mayores, como ciervos o jabalíes 1750.
Los caballos, junto a los demás équidos y los bueyes, debieron ser utilizados
además como medio de transporte. En un medio surcado por caminos tortuosos y con
grandes barrizales en época de lluvias, estos animales debieron ser el medio ideal
para viajar y transportar las mercancías. Mulas, asnos y bueyes, para el transporte de
mercancías en carros pesados o en recuas; y caballos, menos resistentes pero mucho
más rápidos, para el transporte en carros ligeros o montados. Del empleo de los
carruajes nos dan testimonio las carriladas que dejaron en los accesos a algunos
oppida, como el de Castelar de Meca (Valencia) 1751. Si un caballo puede recorrer,
aproximadamente, 40 km 1752 en una jornada, para cubrir una distancia entre Augusta
Emerita y Tarraco, con casi 900 Kms, se necesitarían 23 días, aproximadamente.
Claro que cuando las circunstancias lo exigían, como es el caso de las embajadas, el
correo o los mensajeros, estos tiempos se podían reducir bastante gracias a los
servicios de postas; a este respecto es famosa, por ejemplo, la hazaña de Julio César,
que empleó 27 días para viajar desde Roma a Cádiz 1753.
Cuando uno de estos guerreros abandonaba este mundo, a sus tumbas, además
de las armas habituales con las que se enterraban los guerreros ibéricos, los
acompañaban, en algunas ocasiones, útiles de bronce y hierro que formaron parte de
los arreos de sus monturas, como pasarriendas o espuelas 1754. Estas monturas, tan
próximas a los dioses como sus dueños, a cuyas moradas los transportaban, se
representan a veces aparejados con la silla de montar y sin jinete, en clara alusión a la
desaparición de sus dueños 1755. La heroización funeraria se documenta en el siglo V a.
C. en la necrópolis de los Villares, donde dos sepulturas están coronadas por figuras
ecuestres, representando el último viaje de los difuntos dentro del concepto de koiné
mediterránea muy difundido, por ejemplo en Etruria, donde el caballo, y especialmente
el Pegaso, desempeñaban el papel de ser transportador de almas (psicopompo) al
1749
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 92.
1750
Ibídem. Pág. 135.
1751
Ibídem. Pág. 138.
1752
No obstante, debemos ser cautos a la hora de calcular la distancia que podía recorrer en
caballo de época ibérica, que con seguridad trabajaba un buen número de horas diarias, en
comparación con el ejercicio que hacen nuestros sedentarios caballos de ocio. (N. del A.).
1753
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 136.
1754
Ibídem. Pág. 155.
1755
Ibídem. Pág. 190.
314
Más Allá, siendo la montura, además, un recordatorio del estatus del finado y de su
pertenencia a una clase social determinada 1756. Pero antes de que, simbólicamente, el
caballo trasladase al noble al otro mundo, tenían lugar en el poblado las honras
fúnebres del fallecido, cuyo rito de paso finalizaba con el traslado del cadáver a la
necrópolis, que se transportaba sobre un carro, como queda documentado en la
necrópolis de Toya (Peal del Becerro, Jaén); allí se procedía a la cremación del
cadáver y, cuando ésta llegaba a su fin, al apagado ritual con vino y a la recogida de
los restos, que se depositaban, finalmente, en la tumba. 1757. Una vez depositados los
cuerpos en las tumbas, a estos caballeros los acompañan los arreos con los que
condujeron a sus monturas, sobre todo espuelas y bocados; según F. Quesada, en el
área ibérica el 6,7% de las tumbas presentan arreos de caballos, mientras que en el
área celtibérica lo hace el 21,4%, lo que sin duda tiene relación con el mayor peso de
la ganadería en los pueblos de la Meseta 1758. Esta baja proporción de tumbas con
elementos relacionados con la caballería puede mostrar que el caballo continúa siendo
un elemento de estatus y prestigio indiscutible, que se reserva a una pequeña parte de
los guerreros, que incluye a los princeps o dinastés, y a sus allegados más
próximos 1759”.
El heroísmo de los guerreros ibéricos está bien representado en la cerámica de
San Miguel de Liria, mediante la plasmación de escenas de caza, de doma de
animales y de combates individuales entre guerreros. En las primeras aparecen jinetes
o infantes persiguiendo o alanceando a las presas; caza nobiliar que alude a la amplia
tradición en esta ocupación, reflejada en los ciclos mitológicos circunmediterráneos, de
la que son excelentes ejemplos las dos pruebas a las que se somete Hércules en sus
trabajos: las capturas del jabalí de Erimano y de la cierva de Cerinia; los mismos tipos
de animales presentes en las escenas de caza de la cerámica pintada ibérica 1760.
El arte ibérico tiene sobre todo una finalidad funeraria y religiosa y tiene como
destinatarios a las jerarquías más altas de su sociedad, en cuyos enterramientos han
aparecido. En zona ibérica son representativas las imágenes de guerreros a caballo en
cerámica. Imagen del guerrero que“…es una constante en la sociedad antigua, es la
1756
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 110 y 111.
1757
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 125 y ss.
1758
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Pág. 133.
1759
Ibídem. Pág. 133.
1760
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Pág. 117 y 118.
315
herencia de una conciencia histórica cuya memoria hunde sus raíces en la épica
heroica y es, también el símbolo de las jerarquías más altas de la ciudad. …” 1761.
Destaca el friso de un vaso en el que se representan a los guerreros montados a la
jineta, con la lanza en alto y sus caballos al trote; sobresale el engalanamiento de las
monturas, con frontaleras y, uno de ellos, con una campanilla al cuello 1762. Pero no
siempre el jinete monta al caballo de este modo, ya que en otras piezas cerámicas
aparecen montando a la amazona, exhibiendo acrobáticamente su habilidad 1763. En
algunas pinturas cerámicas el jinete cambia la lanza por una flor, lo que podría
significar que en estos casos el desfile tiene un carácter ritual, en el que los jinetes
sustituyen sus armas por flores simbólicas 1764. El repertorio de estas cerámicas
ibéricas es muy amplio, apareciendo representaciones de escenas de doma, como la
del individuo que recibe instrucciones, respecto a la misma, de un jinete 1765.
No menos importantes que las escenas de exhibición y competición, son las que
representan la práctica de la caza, de contenido tan diverso que van desde la simple
representación de la captura de la pieza hasta la plasmación de la caza que ejecutan
los expertos jinetes lanceros 1766. En la tinaja 131 de San Miguel de Liria, en la que se
representan un grupo de ciervos y ciervas, se ve como dos hembras han quedado
atrapadas en redes 1767 y en el vaso de los letreros, junto a la representación de jinetes
e infantes en combate, el artista plasmó inscripciones alusivas a caballos y caballeros;
delante de las riendas de uno de los caballos, puede leerse “elbebebebeber”,
probablemente una onomatopeya que expresa el relincho del caballo en lengua
ibera 1768. Otra escena de doma aparece en el vaso de La Alcudia (Elche) 1769.
Claro que, como hemos visto antes, no todas representaciones artísticas ibéricas
se realizaron en cerámica ni todas las representaciones corresponden a guerreros. El
bajorrelieve ibérico procedente de Villaricos (Almería) muestra a un domador de
caballos en plena acción y con los animales efectuando una elevada 1770. En piedra
está modelado el caballo de La Losa (Albacete) que representa el auge de la escultura
heroica y funeraria del arte ibérico; sin jinete, porta una manta finamente decorada con
una cenefa de palmetas y es una obra que se considera como la cumbre de la plástica
1761
Aranegui, C. (Ed.): Damas y caballeros en la ciudad ibérica. Ed. Cátedra. Madrid. 1997.
Pág. 60.
1762
Ibídem. Pág. 61.
1763
Ibídem. Pág. 67.
1764
Ibídem. Pág. 65.
1765
Ibídem. Pág. 80.
1766
Ibídem. Pág. 76.
1767
Ibídem. Pág. 77.
1768
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 159.
1769
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 107.
1770
Moure Romanillo, A. y Santos Yanguas, J. 2004. Opus cit. Pág. 546.
316
de este período 1771. En tierras albaceteñas encontramos, igualmente, la tumba de
Hoya Gonzalo, en la que apareció una escultura de un guerrero a caballo. Fechada
muy a comienzos del siglo V a. C., este hallazgo constituye una “…importante prueba
de la antigüedad de la escultura ibérica, el guerrero de Hoya Gonzalo es una
espléndida ilustración de los aristócratas que lideraban la sociedad de entonces,
enaltecidos en sus sepulturas con sus atuendos característicos y a lomos de la noble
montura de sus caballos. Que sea una imagen de significado heroizador o que lo
represente en el viaje de tránsito al más allá, es una reflexión complementaria que
difícilmente se podrá cerrar sin la ayuda de los textos. …” 1772. En bronce está tallado el
jinete del poblado de la Bastida de les Alcusses (Mogente, Valencia) datado sobre el
siglo IV a. C, que porta un magnífico casco de alto penacho que exalta y magnifica
tanto al caballero como al caballo 1773.
Tampoco en el ámbito religioso nos faltan las muestras artísticas de los
pobladores de Iberia; así en el yacimiento ibérico de El Cigarralejo (Mula, Murcia)
aparecieron esculturas de piedra en miniatura de caballos y pollinos. Piezas que, tal
vez, “…respondan, más que a la sacralidad misma de los équidos, a la veneración de
una divinidad particularmente asociada a ellos, y explicable por su importancia en la
economía y en la vida aristocrática de los iberos. …” 1774.
Tal vez relacionados con alguna divinidad ecuestre estén los caballos de Luque
(Córdoba), con una cronología entre el siglo IV a. C. y la época romana 1775. Las que
pudieran ser ofrendas a algún dios protector de estos valiosísimos animales están
grabados en bloques de piedra, cuya característica más resaltable es el hecho de que
las patas traseras de los animales están representadas igual que las delanteras,
articuladas por las supuestas rodillas, como las de los elefantes 1776. Uno sólo de los
caballos es portador de arreos y de un collarín con campanilla, igual que el carro votivo
de Mérida y uno de los caballos del conjunto de Pinos Puente 1777.
6. 3. ÁREA CÉLTICA.
1771
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 208.
1772
Bendala Galán, M. 2000. Opus cit. Pág. 204.
1773
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 208.
1774
Bendala Galán, M. 2000. Opus cit. Pág. 228.
1775
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. (Ed.). 2003. Opus cit. Pág. 39.
1776
Ibídem. Pág.36.
1777
Ibídem. Pág. 35.
317
directamente de sus áreas de origen, en las estepas rusas, sino de las zonas
danubianas centro-europeas que parecen constituir el centro desde el que se irradió la
indoeuropeización hacia el resto de Europa 1778. Para Kruta, la llegada de los celtas a
la península Ibérica está ligada al movimiento de pueblos indoeuropeos que en el I
milenio a. C. entran en la historia de Hispania 1779. Los prehistoriadores datan como
coetáneas la llegada de estas gentes a España y el inicio de la Edad del Hierro;
aunque por esas fechas la presencia de ese metal es escasa, siendo lo característico
una metalurgia del cobre muy desarrollada 1780. En cualquier caso, parece cierto que a
la llegada de los romanos a las costas de Ampurias, en el año 218 a. C., casi la
totalidad de la Península Ibérica es étnica, lingüística y culturalmente indoeuropea;
exceptuando la franja costera meridional, que está bajo el dominio fenicio 1781. Para
Kutra, “la celticidad”, constituyó un factor de unificación de la Hispania antigua 1782.
6. 3. 1. Los celtíberos.
6. 3. 2. La sociedad celta.
1778
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 423.
1779
Kruta V. 1977. Opus cit. Pág. 167.
1780
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 13.
1781
Kruta V. 1977. Opus cit. Pág. 168.
1782
Ibídem. Pág. 186.
1783
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 95.
1784
Grimal, P. 1986. Opus cit. Pág. 72.
1785
Marco Simón, F: Los Celtas. Ed. Peñalara. Fuenlabrada (Madrid). 1999. Págs. 211 y 212.
1786
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 485.
318
Las sociedades de estos pueblos pueden definirse brevemente como
aristocráticas, competitivas y sin instituciones centralizadas 1787. Eran sociedades
aristocráticas porque su poder político y social y su riqueza se acumulaban en un
grupo reducido de la comunidad. Un signo evidente de alto status social de esos
grupos era el de la posesión de yeguadas de más o menos cabezas 1788. El poder de
esta aristocracia de tipo ecuestre se basaría en el hecho de que ellos cumplirían el
papel decisivo en el combate gracias a su armamento 1789 y, tal vez, a la potencia y a la
movilidad proporcionada por sus monturas. En las tumbas hispanas aparecen, junto a
las armas, arreos de caballos; en concreto, según F. Quesada, en una proporción de
6,7%, para el territorio ibero, y en un 21,4% para las necrópolis de la zona
celtibérica 1790. Esto parece signo evidente del bajo número de elementos nobles que
podían costearse montura en las primitivas sociedades de la Península Ibérica. Por lo
que parece que, en Celtiberia, el caballo continúa siendo un elemento de estatus y
prestigio, reservado, únicamente, a una parte proporcionalmente muy reducida de los
guerreros, que constituían los princeps o dinastés y sus núcleos más allegados 1791. El
armamento recuperado en las diferentes necrópolis, parece indicarnos, también, la
existencia de diferentes grupos sociales dentro de la casta militar, que van desde los
guerreros enterrados con ricas panoplias que incluían espada, escudo, lanzas y arreos
de caballos, hasta los que sólo empleaban armas de asta, el equipo básico del infante
ligero 1792. Por lo que podemos deducir que, en general, la estructura de la sociedad
era de tipo piramidal, con una élite militar, con caballos y armas de lujo adornadas con
nielados y damasquinados, en el vértice superior, que marcaban su posición frente a
los otros grupos de guerreros que se armaban con una panoplia más modesta 1793.
Salinas de Frías limita el papel del caballo en el combate a un elemento de prestigio,
librando el guerrero la batalla a pie, como parece desprenderse de su armadura, que
se inspira en la del hoplita clásico 1794.
Si cuando hablamos de los iberos hicimos referencia a los devotos o soldurios,
esta costumbre estaba extendida también, al igual que en otros pueblos de la
Antigüedad como los galos, entre los celtíberos; siendo el testimonio más antiguo de
1787
Champion, T. y otros. 1996. Opus cit. Pág. 412.
1788
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 148.
1789
Ibídem. Pág. 149.
1790
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 133.
1791
Ibídem. Pág. 133.
1792
Alvarez-Sanchís, J. R: Los señores del ganado. Arqueología de los pueblos prerromanos
en el occidente de Iberia. Ed. Akal. Madrid. 2002. Pág. 86.
1793
Ibídem. Pág. 88.
1794
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 149.
319
esta devotio el de Alucio, un príncipe celtibérico que, agradecido, puso a disposición
de Escipión una tropa de mil cuatrocientos jinetes porque éste había respetado la
honra de su novia, que se encontraba entre los rehenes que Aníbal tenía en
Cartagena 1795. Otra compensación por la fides, es la entrega de regalos valiosos a los
meseteños por parte de los romanos, para agradecer a los hispanos la devotio que
habían contraído con los generales romanos; regalos entre los que destacan los 300
caballos que Escipión permitió escoger a Indíbil, después de la derrota de
Asdrúbal 1796.
Podemos deducir, tanto por los escritos de los autores clásicos como por la
arqueología, que los pueblos del occidente peninsular basaban su subsistencia en la
ganadería, complementada por la agricultura; siendo sus territorios, además, ricos en
metales, como el oro y el estaño. Entre las especies ganaderas que criaban estos
pueblos, sobresalía el caballo, que “…debía constituir otro elemento importante de la
economía y la vida de estos pueblos, especialmente de lusitanos y vettones. …” 1797.
Esta deducción nuestra descansa en todo tipo de datos, como la fama de buenos
jinetes de la que gozaban los vettones en la Antigüedad, los mitos elaborados en torno
a las yeguas de la región lusitana y la información aportada por la arqueología. Por la
epigrafía, conocemos la existencia de un ala auxiliar de caballería compuesta por
vettones, que prestó sus servicios en Britannia en época imperial, el Ala Hispanorum
Vettonum civium romanorum; así como la existencia, atestiguada igualmente por la
epigrafía, de alas y cohortes de caballería formadas por lusitanos. Representaciones
ecuestres de vettones aparecen en un trozo de cerámica procedente de Las Cogotas y
donde se representan pintados dos jinetes; en el jinete de Torrejoncillo (Museo de
Cáceres); y en varios grabados del castro salmantino de Yecla de Yeltes 1798. Del mito
de las yeguas lusitanas nos hablan autores como Silio Itálico, Justino y Columela,
entre otros 1799. Plinio, en su Historia Natural nos relata así este mito: “….Es sabido
que en la Lusitania, cerca del Olisipón y del río Tajo, las yeguas colocadas de cara al
Favonio conciben con un soplo fecundante y que la cría se engendra y nace
1795
Ibídem. Pág.124.
1796
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 48.
1797
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 140.
1798
Ibídem. Pág. 141.
1799
Ibídem. Págs. 140 y 141.
320
extraordinariamente rápida, pero no sobrepasa los tres años de vida. …” 1800. Sobre la
doma que los caballos recibían en la antigua Hispania nos habla el caso de un
caballero indígena que, en 151 a C. cuando la ciudad vaccea de Intercatia estaba
cercada por el ejército de Lúculo, retó a combatir con él a cualquier romano, pero al no
responder nadie al reto, “…se burló de sus enemigos y se retiró ejecutando una danza.
…” 1801. Esta forma de retirase indica la esmerada doma con la que los celtíberos
preparaban sus caballos. Parece evidente que el caballo, por su velocidad y
resistencia, era, entre todos los domesticados, el animal ideal para ser utilizado como
montura 1802.
Pero la importancia de la ganadería en la Meseta no se limitaba al papel del
caballo en la batalla. Autores como Diodoro, Apiano o Estrabón destacan la
importancia de la riqueza pecuaria que proporcionaba carne y leche, y, también,
artículos domésticos de primera necesidad, tales como pieles o huesos con los que
fabricar objetos variados 1803. El modelo económico celtibérico garantizaría la
satisfacción de las necesidades básicas y el uso de los excedentes; entre los animales
que criaban primaba la diversidad: buey, cabra, oveja, caballo, asno, perro y gallinas,
con los que, parece, que practicaban la trashumancia 1804. No obstante, las fuentes
dejan entrever que la falta de tierras de cultivo en sus tierras, obligaba a los celtíberos
a buscarlas en la periferia de la Meseta, unas veces mediante la emigración pacífica, y
otras mediante el saqueo de los territorios vecinos 1805.
Para las fechas en las que escribieron estos autores, incluso, parece que la
cabaña equina había salido de las manos puramente aristocráticas para extenderse
por las granjas de la Meseta, fuera del control de la aristocracia, como parece indicar
el hecho de que no hay indicios de que los grandes jefes controlaran las cabañas
equinas y las distribuyeran a sus caballeros en tiempo de guerra 1806. Este hecho
parecen confirmarlo hallazgos como los de la Casa 2 de Herrera de los Navarros,
donde apareció un bocado de caballo en una vivienda que parece más la casa de un
propietario rural medio, con posibles, que de un aristócrata de alto rango 1807.
1800
Plinio: Historia Natural (Ed. Josefa Cantó). 2002. Opus cit. Pág. 124.
1801
Almagro-Gorbea, M. 2009. Opus cit. Pág. 69.
1802
Ibídem. Pág.43.
1803
Alvárez-Sanchís, J. R. 2002. Opus cit. Pág. 53.
1804
Alvar Ezquerra, J. (Coord): Entre fenicios y visigodos. La historia antigua de la Península
Ibérica. Ed. La Esfera de los libros. Madrid. 2008. Pág. 69.
1805
Álvarez. V. (Ed.): Historia de España. Hispania Romana. Ed. Espasa Calpe. S. A. Madrid.
2004. Pág. 119.
1806
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 164.
1807
Ibídem. Pág. 166.
321
Pero esto, evidentemente, no quiere decir que las capas altas no conservaran la
ideología aristocrática ecuestre, ni que los dirigentes de pueblos o comunidades
dejasen de utilizar la imaginería ecuestre, como símbolo de su poder, sobre diferentes
soportes. Por el contrario, todo indica “…que el prestigio aristocrático del caballo se
mantuvo incólume; pero por debajo de una elite aristocrática que empleaba todavía el
caballo como símbolo e icono, existía ya una amplia capa social libre acomodada
capaz de costearse caballos y de marchar con ellos a la guerra, a cientos y a millares
incluso. No había un control aristocrático del caballo como animal, y sólo parcialmente
como arma. …” 1808. Por lo que, el caballo, que había sido símbolo y patrimonio
exclusivo de las familias aristocráticas, durante los siglos IV y V a. C., para cuando
Aníbal inició su expedición italiana, en 218 a. C., su uso se había extendido lo
suficiente como para formar, junto con las armas, parte del patrimonio ideológico de
una gran masa de hombres libres, tanto en el ámbito celtibérico, donde parece que la
caballería había surgido en el siglo IV a. C., como en el ibérico 1809.
La gran actividad ganadera de los celtas la prueban los yacimientos en los que
aparecen, por orden de importancia, restos de ovejas y cabras, de bóvidos y de
suidos, de ciervos y jabalíes y de la cría del caballo 1810. Parece que los pastos con los
que criaban el ganado eran comunales, a excepción de los ejidos y las dehesas de las
propias aldeas, donde pastaban caballos, vacas y ovejas de cría 1811.
Riqueza ganadera de la Meseta que deducimos del hecho de que Roma, durante
las guerras de conquista contra celtíberos y lusitanos, les exigiese a éstos como tributo
capas, pieles de buey y caballos 1812. Sabemos, igualmente, que los astures y galaicos
criaban unos caballos que eran muy apreciados en Roma, los tieldones y los
asturcones 1813, de los que hemos hablado. Estrabón los describe como ligeramente
moteados y con la capacidad de cambiar de color cuando se trasladan a la Iberia
exterior; y los alaba comparándolos con los partos y afirmando que son rápidos y
mejores corredores que otras razas 1814.
La caza debía ser otro de los recursos abundantes de esta parte de Hispania,
cuyos extensos bosques debían dar cobertura a un buen número de especies de caza
mayor y menor, en cuya captura, sin duda, sería importante la ayuda de los caballos.
1808
Ibídem. Pág. 166.
1809
Ibídem. Pág. 167.
1810
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 125.
1811
Gómez-Pantoja, J. (ed): Los rebaños de Gerión. Pastores y transhumancia en Iberia
antigua y medieval. Casa de Velázquez. Madrid. 2001. Pág. 243.
1812
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 459.
1813
Ibídem. Pág. 459.
1814
Estrabón. 2007. Opus cit. Pág. 257.
322
Tan abundantes eran, estos recursos cinegéticos, como para que Polibio diga que la
caza se regalaba en la Lusitania a quién compraba algo 1815. De esta actividad
cinegética nos hablan las estelas clunienses de la Meseta Central en donde aparece
un jabalí que es alanceado por un jinete 1816. Y es que la caza y la equitación eran,
aparte del combate, las dos actividades de esfuerzo por la que los jefes tribales
hispanos expresaban su posición social y adquirían prestigio 1817.
Claro que el caballo, además de elemento de prestigio, de auxiliar en las batallas
o en los lances cinegéticos, o de montura para los desplazamientos, era utilizado,
también entre estos pueblos como apreciada ofrenda a los dioses o como sacrificio
para sellar algún tratado con los pueblos vecinos. Entre los vetones conocemos el
caso de los bletonenses, quienes durante el proconsulado de P. Craso (96-94 a. C.)
ratificaron la paz con algún pueblo vecino mediante el sacrificio de un hombre y un
caballo 1818. Y es que en la religión indoeuropea, el caballo se vincula a la función regia
y su sacrificio, el ashmaveda, es el sacrificio real y solar por excelencia 1819.
El caballo, en fin, también estaba omnipresente en las sociedades de estos
pueblos, según se desprende de esta traducción de Antonio García y Bellido, referida
concretamente a las nupcias de Viriato: “…Luego mandó que le llevasen la novia,
sacrificó a los dioses al modo que suelen hacerlo los iberos, sentó a la doncella sobre
el caballo y se partió al punto hacia la sierra en busca de su escondida morada. …” 1820.
6. 3. 2. 2. El bandolerismo meseteño.
1815
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 141.
1816
Ibídem. Pág. 157.
1817
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 304.
1818
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 159.
1819
Ibídem. Pág. 184.
1820
Citado. Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 173.
1821
Citado. Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 151.
323
los llamaban hegoumenos (conductores), destacando entre ellos Púnico, que en el 154
a. C., al comienzo de las guerras lusitanas, devastó la Beturia y la Bética; Césaro, que
sucedió a Púnico cuando éste murió; o Caucenos que dirigió a los celtíberos y a los
lusitanos del sur del Tajo, en sus luchas contra los romanos 1822. Pero, sin duda, el más
célebre de todos estos hegoumenos fue Viriato, un pastor lusitano que lideró la
prolongada resistencia de su pueblo contra los romanos, entre los años 147 y 139 a.
C. 1823. Algunos autores lo cuentan entre los supervivientes a la horriblemente célebre
matanza de Galba, en el 150 a. C; “…en ese año, Galba, procónsul de la Hispania
Ulterior, ofreció tierras a los lusitanos, que estaban en guerra desde cinco años antes,
a cambio de que entregasen las armas. Una vez los hubo desarmado, los hizo entrar
en un cercado con el pretexto de contarlos para repartir las tierras y allí hizo que el
ejército romano los exterminara, logrando escapar sólo unos pocos. …” 1824. Y parece
que Viriato fue uno de los que logró evadirse y, ante las posteriores propuestas del
procónsul Gayo Vetilio, recordó a su pueblo la traición de Galba; a partir de este hecho
Viriato va a dirigir la ofensiva contra los romanos, derrotando a varios ejércitos
consulares 1825. Si a Roma le costó ímprobos esfuerzos someter a los hispanos, los
lusitanos fueron, sin ninguna duda, el pueblo que más problemas plantearon a los
generales romanos. Basten estos ejemplos de las derrotas sufridas por los romanos
frente a los belicosos lusitanos: El pretor Lucio Mummio fue derrotado por el jefe
Cesaro, en 153 a. C., perdiendo 9.000 de sus 14.000 hombres; la misma suerte corrió
Servio Sulpicio Galba, en 151 a. C, perdiendo 7.000 hombres y pudiendo escapar
gracias a su caballería; Viriato, en 147 a. C., mató 4.000 de los 10.000 soldados de
Cayo Vetilio cayendo en la contienda el propio pretor; al año siguiente Viriato aniquiló
al ejército de Cayo Plaucio, lo mismo que hizo con los hombres de Fabio Máximo
Emiliano 145 a. C 1826. Cuando los lusitanos proclamaron jefe a Viriato, éste, apoyado
en su conocimiento del terreno y en la complicidad que encontraba por todas partes,
inauguró una guerra de guerrillas en la que iban cayendo los mejores efectivos del
ejército invasor romano; después de reiteradas derrotas a los generales romanos,
éstos sólo pudieron terminar con Viriato por medio de la traición; éste hecho y la caída
de Numancia señalan el final de la guerra de independencia, el final del gran drama de
Hispania 1827. En la denodada lucha de los hispanos contra el poder de Roma, otro de
los emblemas de la resistencia celtíbera hispana lo constituye Numancia, que se
1822
Ibídem. Pág. 152.
1823
Ibídem. Pág. 153.
1824
Ibídem. Pág. 153.
1825
Ibídem. Pág. 153.
1826
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 274.
1827
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 267.
324
convirtió en el baluarte y en el símbolo de la lucha de los celtíberos contra la
todopoderosa Roma; ciudad meseteña que se rindió en el 133 a. C., vencida por el
hambre y no por la escasa combatividad de los ejércitos romanos 1828. Así, el último
episodio de la guerra contra los celtíberos lo constituyó la destrucción de la ciudad por
Escipión Emiliano en el citado año, uno de los actos más sangriento y despiadado del
imperialismo romano 1829.
A. Viriato.
Retornemos a Lusitania y sigamos a Dión Casio para saber algo más del símbolo
indiscutible de la resistencia hispana a los romanos: “...Viriato tuvo un origen oscuro,
pero obtuvo gran fama gracias a sus hechos. Dejó de ser pastor para convertirse en
un bandido, y de ahí pasó a ser un general. Partiendo de una aptitud natural y que
reforzó con entrenamiento, demostraba gran velocidad en la persecución y la huida, y
poseía gran resistencia en el combate cuerpo a cuerpo. Se contentaba con cualquier
comida a la que pudiera hincarle el diente, y no le importaba dormir al raso. En
consecuencia, no sufría ni frío ni calor, y no le conmovía el hambre ni ninguna otra
dificultad; se mostraba tan satisfecho con lo que tenía a su alcance como si disfrutara
de las mejores cosas.
Gracias a la naturaleza y el entrenamiento, poseía un físico magnífico, pese a lo
cual éste se encontraba muy por debajo de sus excelentes poderes mentales. Era
capaz de planear y ejecutar con gran rapidez todo aquello que fuese necesario, y
siempre tenía una idea muy clara sobre lo que era. Además sabía exactamente
cuándo hacerlo. Sabía fingir que ignoraba los hechos más obvios y ocultar con igual
inteligencia los secretos más ocultos. En todo lo que hacía, no sólo era el general, sino
también su segundo al mando. Sus oscuros orígenes y su reputación de fortaleza se
equilibraban de tal modo que no parecía inferior ni superior a nadie, y él, como
persona, no era ni humilde ni arrogante. En resumen, hizo la guerra no por obtener
ganancias personales, poder o venganza, sino por el propio placer de hacerla; se creía
de una forma generalizada que, a la vez que la amaba era un maestro en ella. ...” 1830.
En las victorias de este general lusitano contra la todopoderosa Roma no
tuvieron poco que ver los magníficos caballos lusitanos. En sus escaramuzas contra el
general Vetilio, “…Viriato, con caballos mucho más veloces, lo mantuvo en jaque,
1828
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 132.
1829
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 267.
1830
Citado. Matyszak, F: Los enemigos de Roma. Ed. Oberón Anaya. Madrid. 2005. Pág.68.
325
huyendo a veces y otras parándose de nuevo y atacando, y consumió aquel día y el
siguiente completos en la misma llanura cabalgando alrededor. Y cuando calculó que
los otros tenían ya asegurada su huida, entonces, partió por la noche por caminos no
usados habitualmente y, con caballos mucho más rápidos, llegó a Tríbola sin que los
romanos fueran capaces de perseguirlo a causa del peso de sus armas, de su
desconocimiento de los caminos y de la inferioridad de sus caballos. …” 1831. Apiano
hace continuas referencias a la superioridad de los caballos con los que contaba
Viriato; así cuando narra los enfrentamientos entre éste y Serviliano, otro general
romano, lo hace como sigue: “…Pero Viriato, atacando con frecuencia durante la
noche, así como a la hora de la canícula, y presentándose cuando menos se le
esperaba, acosaba a los enemigos con la infantería ligera y sus caballos, mucho más
veloces, hasta que obligó a Serviliano a regresar a Ituca. …” 1832.
Finalmente los romanos, como hemos apuntado antes, no tuvieron otra forma de
desprenderse de Viriato que mediante la traición. Así lo cuenta Apiano: “…Viriato envió
a sus amigos más fieles, Audax, Ditalcón y Minuro, a Cepión para negociar los
acuerdos de paz. Éstos, sobornados por Cepión con grandes regalos y muchas
promesas, le dieron su palabra de matar a Viriato. Y lo llevaron a cabo de la manera
siguiente. Viriato, debido a sus trabajos y preocupaciones, dormía muy poco y las más
de las veces descansaba armado para estar dispuesto a todo de inmediato, en caso
de ser despertado. Por este motivo, le estaba permitido a sus amigos visitarle durante
la noche. Gracias a esta costumbre, también en esta ocasión los socios de Audaz
aguardándole, penetraron en su tienda en el primer sueño, so pretexto de un asunto
urgente, y lo hirieron de muerte en el cuello que era el único lugar no protegido por la
armadura. Sin que nadie se percatara de lo ocurrido a causa de lo certero del golpe,
escaparon al lado de Cepión y le reclamaron la recompensa. Éste en ese mismo
momento les permitió disfrutar sin miedo de lo que poseían, pero en lo tocante a sus
demandas los envió a Roma. Los servidores de Viriato y el resto del ejército, al
hacerse de día, creyendo que estaba descansando, se extrañaron a causa de su
descanso desacostumbradamente largo y, finalmente, algunos descubrieron que
estaba muerto con sus armas. Al punto los lamentos y el pesar se extendieron por
todo el campamento, llenos todos de dolor por él y temerosos por su seguridad
personal al considerar en qué clases de riesgos estaban inmersos y de qué general
1831
Apiano: Historia romana I. Ed. Gredos. Madrid. 1995. Págs. 156 y 157.
1832
Ibídem. Pág. 161.
326
habían sido privados. Y lo que más les afligía era el hecho de no haber encontrado a
los autores. …” 1833.
Tras la muerte de Viriato, fue elegido general Tántalo, que llevó a los lusitanos
hasta Cartago Nova, pero de allí fueron rechazados y cuando cruzaban el río Betis,
fueron atacados por Cepión; y Tántalo, exhausto, tuvo que rendirse; consiguió que
Roma los tratase como a un pueblo sometido y que les diese tierras suficientes para
que no tuviesen que practicar el bandidaje 1834; así fue como acabó la guerra entre la
poderosa Roma y los humildes lusitanos.
6. 3. 3. El ejército celta.
Lión se atreve a realizar una clara división entre la ocupación guerrera de los
habitantes de Hispania, afirmando que los iberos, muy romanizados, lucharon en las
filas legionarias; mientras que los celtíberos engrosaron las alas hispanas de la
caballería romana 1835. Es con el combate individual como expresaban los celtíberos su
ideal guerrero, acción que les permitía demostrar su valor ante los nobles de su misma
sociedad; lucha individual como la buscada por un jinete celtíbero que se presentó en
varias ocasiones ante las filas romanas, retando a duelo a quién se atreviera a
combatir con él. Fue el joven Escipión Emiliano el que aceptó el reto, venciendo al
celtíbero 1836. Jóvenes guerreros celtíberos que fueron continuadamente reclamados
durante las guerras Numantina y Lusitana, sobre todo las tropas de caballería; como
las que reclamó Lucio Lúculo antes de masacrar la ciudad de Cauca en el 151 a. C 1837.
Entre las tácticas desarrolladas por los soldados celtibéricos estaban las de
hostigamiento y atracción de las tropas romanas hasta posiciones desfavorables para
éstos. Sabemos que, al final de las Guerras Numantinas, cuatro escuadrones de
caballería romanos, mandados por el tribuno Rutilio Rufo, fueron atraídos por los
guerreros de Palantia hacia un promontorio situado en el interior de su territorio,
siendo salvados milagrosamente de esta comprometida situación por Escipión
Emiliano, que acudió a rescatarlos con el resto de la caballería romana 1838.
Pero ¿estas eficientes tropas de caballeros hispanos combatían a caballo o a
pié? La respuesta parecen dárnosla las figuras de los héroes combatiendo
1833
Ibídem. Págs. 165 y 166.
1834
Ibídem. Págs. 166 y 167,
1835
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 218.
1836
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 53.
1837
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 162.
1838
Ibídem. Pág. 275.
327
desmontados, que, a su vez, confirman los pasajes de Diodoro Sículo, en los que
indica que iberos y lusitanos descendían del caballo y combatían a pié 1839. Por Polibio
sabemos que, con frecuencia, acudían al combate mezclados con la infantería y que
cuando ésta se hallaba en dificultades, descendían del caballo y tras dejarlos
amarrados a tierra, mediante unas clavijas sujetas a las riendas, socorrían a los
infantes 1840.
Combatientes a pie o a caballo, de lo que no cabe duda es de la íntima relación
que mantenían los hispanos con sus monturas, como relata Justino en su Epítome :
“…”equi et arma sanguine ipsorum carioca”, “los caballos y las armas les eran más
queridos que su propia sangre”. …” 1841.
Y ¿qué táctica empleaban los jinetes hispanos para guerrear? Parece que
habían ido adoptando las modalidades tácticas de los distintos teatros en los que
habían combatido; siendo la guerrilla y la escaramuza las modalidades en las que
destacaban estos guerreros; así, sus hábiles maniobras por terrenos abruptos nos
confirman que, no sólo los iberos de la Hispania mediterránea, sino también los
pueblos celtibéricos, eran excelentes jinetes 1842. Especiales elogios merecieron los que
acompañaron a Aníbal en su campaña italiana, de los que se dijo que eran más
fuertes y rápidos que númidas y mauritanos; jinetes que habían sido reclutados en
distintas regiones españolas, abundando en sus filas, sobre todos, celtíberos y celtas
lusitanos 1843.
1839
Ibídem. Pág. 109.
1840
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 230.
1841
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 146.
1842
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 229.
1843
Ibídem. Pág. 230.
328
de los jinetes hispanos las espuelas, como demuestran las numerosas piezas de
bronce encontradas en Numancia, Mataró o Jaén; otras piezas del armamento de los
jinetes hispanos parece que fueron el sable, el hacha de doble filo o bipennis y la clava
arrojadiza, utilizada, sobre todo, por los jinetes de las zonas celtibéricas. 1844.
6. 3. 3. 2. Mercenarios celtas.
1844
Ibídem. Págs. 227 y ss.
1845
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 69.
1846
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 162.
1847
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 70. Nota 90.
1848
Citado. Almagro-Gorbea, M. 2009. Opus cit. Pág. 172.
1849
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 78.
329
mantener; buen ejemplo de esta dificultad es el caso de Anibal que, tras la batalla de
Nola (215 a. C.) perdió 272 jinetes númidas e iberos, que se pasaron al ejército de
Marcelo, junto al que combatieron el resto de la campaña, recibiendo al final de la
misma tierras en Hispania y Numidia 1850.
Si, a la nobleza, el ejercicio de la caza le proporcionaba el adiestramiento
suficiente en el manejo de las armas; a los campesinos, acostumbrados al trabajo duro
del campo, era necesario entrenarlos en el empleo del armamento; razón por la que no
deben ser casuales las citas referidas a la contratación, por parte de Cartago, de
mercenarios hispanos durante las guerras de Sicilia, que incluyen menciones al
adiestramiento de los contingentes antes de entrar en combate 1851. Y es que, parece
evidente, que los 1.400 jinetes que sabemos que el pinceps Alucio proporcionó a
Escipión, no podían ser caballeros, en el sentido social del término, factor que
multiplicaría por varios miles la población potencial de la sociedad de procedencia del
caballero, sino que esos jinetes debían ser simples guerreros capaces de combatir a
caballo 1852. Procedentes de Hispania debieron ser, igualmente, los combatientes que
aparecen representados como jinetes lanceros en el reverso de las monedas
aparecidas en Morgantina (Sicilia), en cuyo anverso aparece Palas Atenea; la figura
del jinete aparece acompañada de la leyenda latina HISPANORUM, alusiva al origen
de los mercenarios que participaron auxiliando a Hierón II de Siracusa en su disputa
contra los mamertinos 1853.
6. 3. 4. El caballo celta.
1850
Ibídem. Pág. 79.
1851
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 91.
1852
Ibídem. Pág. 88 y 89.
1853
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 76.
1854
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Págs. 110 y 111.
330
Roma 1855, la importancia del caballo no se limitaba al aspecto militar ya que, aunque
en bajas proporciones, Almagro-Gorbea señala la carne del caballo como una de las
consumidas por los celtíberos de la Serranía de Albarracín 1856.
Respecto a la doma que los numantinos proporcionaban a sus caballos, no
podemos dejar de citar este texto de Apiano: “…Retógenes, de Numancia, llamado de
sobrenombre Caraunio, el más excelente de los numantinos (aristos es aretén), con
cinco acompañantes (filoi) a quienes había persuadido, igual número de sirvientes y
otros tantos caballos, atravesó en una noche oscura el espacio que lo separaba de los
romanos llevando consigo una escalera plegable. Llegando a la muralla, la escaló él y
sus seguidores; mataron a los centinelas, y enviando atrás a los sirvientes y haciendo
trepar a los caballos por las escaleras, cabalgaron hacia las ciudades de los arévacos,
con ramos de súplica, pidiéndoles que les enviasen auxilio a sus hermanos los
numantinos. …” 1857.
Los caballos también se representan en las monedas celtibéricas, que muestran
una cabeza masculina en su anverso y en el reverso un jinete lancero; y aunque no se
sabe el origen de estas representaciones, pueden ser una interpretación de las
monedas romanas en las que aparecen los Dióscuros, Cástor y Polux, a caballo 1858.
Son numerosas cerca de Numancia y en Almuez las representaciones de exvotos, que
entre otras figuras, representan a los caballos, lo que hace suponer la existencia de
santuarios donde se acumulasen estos exvotos. Asimismo una de las divinidades de
Celtiberia era Epona, diosa de los caballos 1859. Y de la importancia de este animal en
su sociedad nos habla el hecho de que la inscripción rupestre de Peñalba de Villastar
se refiera a uno de los meses citados en el calendario celta de Coligny, el mes de los
caballos (Equaesios) 1860. Las estelas funerarias celtibéricas, con jinetes armados de
escudo y lanza, parecen representar la heroización ecuestre del finado 1861.
Sobre el carácter simbólico del caballo en Celtiberia nos hablan sus cerámicas,
cuyas representaciones de festividades agrarias pueden estar relacionadas con cultos
e ideas de fecundidad, dentro de las que, tanto el toro como el caballo, por sus
potencias sexuales, han jugado siempre un importante papel simbólico 1862. Estamos
de acuerdo, en fin, con Quesada y Zamora cuando declaran que “…al caballo se le
1855
Almagro-Gorbea, M (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 73.
1856
Gómez-Pantoja, J. (ed). 2001. Opus cit. Pág. 247.
1857
Citado. Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 114.
1858
Ibídem. Pág. 192.
1859
Ibídem. Págs. 127 y 128.
1860
Ibídem. Pág.129.
1861
Ibídem. Pág. 129.
1862
Ibídem. Pág. 130.
331
valoraba y se le “veneraba” por igual en todos los rincones del interior peninsular,
como en general en toda Hispania. …” 1863.
6. 3. 5. Pueblos celtas.
1863
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. (Ed.). 2003. Opus cit. Pág. 95.
1864
Kruta V. 1977. Opus cit. Pág. 177.
1865
Ibídem. Pág. 180.
1866
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 106.
1867
Ibídem. Pág. 106.
1868
Ibídem. Pág. 104.
1869
Estrabón. 2007. Opus cit. Pág. 213 y214.
1870
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 137.
332
estaría en torno al río Ardila 1871. En este territorio, que comprende el sur de la provincia
de Badajoz y el norte de la de Huelva, se sitúan las ciudades de Nertobriga (Fregenal
de la Sierra), Segida (Burguillos del Cerro), Ugultunia (Medina de las Torres) y Curiga
(Monesterio) 1872.
Respecto al norte de la Península, en el noroeste, y situados entre el río Duero y
el mar Cantábrico, vivían los galaicos; que según las citas de Estrabón, su
diferenciación como pueblo independiente era bastante reciente. La cita referida a
ellos, más antigua, es la de 132 a. C., cuando Junio Bruto desfiló en Roma en un
triunfo sobre las poblaciones del noroeste peninsular, recibiendo el cognomen de
Gallaicus 1873.
Parece que el río Navia hacía de frontera entre éstos y los astures, que vivían al
oeste de los galaicos. De los astures tenemos más información, debido a las guerras
que contra ellos y contra los cántabros llevó a cabo el emperador Augusto. Su territorio
era mucho más extenso que la actual Asturias y parece que el núcleo urbano que
constituía el centro de su territorio era Forum Cigurrorum, que se identifica con Barco
de Valdeorras (León).
A los cántabros los tratan los historiadores junto con los astures en sus
contiendas contra los romanos. Pero parece que los cántabros eran el núcleo de la
resistencia contra Roma, debido a su mayor potencial humano y militar; cuando,
finalmente, ambos fueron sometidos, los últimos episodios de la guerra se centraron
en la represión de los cántabros y éstos, más que los astures, se convirtieron para los
escritores clásicos en el arquetipo del salvaje, capaz de cometer actos de valor
demencial 1874. Parece que su territorio se extendía desde el Sella hasta la ría del
Nervión, comprendiendo la actual provincia de Santander y el norte de la de Palencia y
llegando hasta las fuentes del río Ebro 1875. Entre los habitantes de sus ciudades
destacan los vadinienses, que nos han dejado toscas inscripciones sobre estelas de
cuarcita o caliza decoradas con caballos. Estas inscripciones se reparten por los valles
del Sella, al norte de la cordillera Cantábrica, y del Esla, al sur de la misma
cordillera 1876. De los galaicos, cántabros y astures indica Estrabón que su juventud
guerrera se reunía para ejercitarse y competir en el pugilato, las carreras, el tiro y en
las luchas gimnásticas, hoplíticas e hípicas 1877. De los cántabros terminarían los
1871
Afluente del Guadiana, por la izquierda.
1872
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 139.
1873
Ibídem. Pág. 165.
1874
Ibídem. Pág. 168.
1875
Ibídem. Pág. 171.
1876
Ibídem. Pág. 169.
1877
Almagro-Gorbea, M (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 94.
333
romanos adoptando una maniobra de caballería denominada Cantabriqué, cantabricus
ímpetus o cantabricus circulus que “…consistía en una impetuosa aproximación al
enemigo al galope. A pocos pasos de él los escuadrones cántabros giraban a la
derecha, presentando el flanco izquierdo protegido por el escudo y lanzando gran
número de jabalinas. Los jinetes seguían corriendo hacia la derecha y evolucionaban
en círculo para volver a pasar entre las líneas enemigas con sus mortíferos
proyectiles. El punto así atacado sufría un notable desgaste y quedaba desorganizado.
También se alude a un ataque en formación cerrada (cantabricus densus). La eficacia
de la táctica cántabra, para la que había que ser un consumado jinete y haber
adquirido la habilidad suficiente para saber protegerse con el escudo de los proyectiles
enemigos, queda probada por su adopción por el ejército romano, siempre atento a
cualquier innovación de otra nación que le resultase de utilidad en el combate. …” 1878.
Otros pueblos de esta zona son los turmódigos que citan Plinio y Ptolomeo y que
viven al sudeste de los cántabros. Este último autor sitúa en la costa cantábrica, y de
oeste a este, a los autrigones, caristios, várdulos y vascones; cuyos límites hacia el
interior son desconocidos 1879.
En lo que concierne a su economía y cultura material, el texto de Estrabón es la
base fundamental para el conocimiento de los pueblos del norte peninsular. Por él
sabemos que “…todos los serranos hacen una vida sencilla, bebiendo agua,
durmiendo en el suelo y llevando el pelo largo, como mujeres. Pero en el combate se
ciñen la frente con una banda. Por lo general comen carne de cabrón y sacrifican al
Ares cabrones y caballos y prisioneros. […] Y practican ejercicios gimnásticos o con
armas o a caballo, y pugilato y carreras…” 1880. La base de su economía se basaba en
la recolección de bellotas y sobre todo de castañas, especie dominante en la zona; y
en los meses bonancibles, desde mayo a septiembre, en la recogida de los cereales y
de los productos de la huerta 1881.
Pero, tal vez, la actividad económica más importante de estos pueblos fuera la
ganadera; no de especies mayores, lo que supondría un estadio económico más
avanzado, sino de especies menores como la oveja, la cabra y el cerdo. De ellos
obtendrían para el sustento diario la leche, la lana para sus vestidos y,
excepcionalmente, la carne. El caballo también estaba presente entre las especies
ganaderas; cabaña caballar que, probablemente, estaría compuesta por los famosos
1878
Ibídem. Pág. 96.
1879
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 172.
1880
Citado. Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 173.
1881
Ibídem. Pág. 174.
334
asturcones, pequeños caballos muy citados en la época romana 1882. De vital
importancia debía ser la utilización del caballo en la guerra, estando dotado el ejército
de estos pueblos de caballería, como demuestra la inscripción que procedente de
Miranda de Douro, en el territorio de los zoelas, menciona a un militar de caballería 1883.
5. 3. 5. 1. Los lusitanos.
1882
Ibídem. Pág. 174.
1883
Ibídem. Pág. 182.
1884
Kruta V. 1977. Opus cit. Pág. 173.
335
Tovar a afirmar que existía una comunidad lingüística entre Lusitania y Gallaecia
bracarense, estando emparentada su lengua con la de los vetones, astures,
carpetanos y pelendones. …” 1885.
Estrabón proporciona una completa descripción de Lusitania y sitúa a los
habitantes de esta región al norte del Tajo, limitando en su lado oeste y norte con el
océano y teniendo en el este por vecinos a los carpetanos, vettones, vacceos y
galaicos 1886. Los califica como el más grande de los pueblos de Iberia y como el que
más tiempo ha sufrido el asedio por parte de los romanos 1887. Los habitantes de las
montañas lusitanas son frugales, beben agua, duermen sobre el suelo y llevan los
cabellos largos, ciñéndoselos en la frente con una banda, antes del combate y “…se
alimentan sobre todo de carne de cabra y sacrifican a Ares un macho cabrío,
prisioneros y caballos; y hacen también hecatombes de cada clase al modo griego […]
Llevan también a cabo certámenes gimnásticos, hoplíticos e hípicos (con pugilato,
carrera y escaramuza y combate en formación). …” 1888.
Plinio coincide con los datos que nos proporciona Estrabón, y nombra como
ciudades lusitanas Santarem, Coria, Cáceres, Mérida y Medellín; por lo que parece
que los lusitanos ocupaban la franja occidental de Hispania, comprendida entre los
ríos Duero y Tajo; territorios que se extendían hacia el interior, hasta la frontera
portuguesa actual, y que ocupaban, además, la mitad occidental de las provincias de
Cáceres y Badajoz, llegando hasta el Guadiana 1889. Eran una tribu poderosa, con la
que los romanos debieron combatir largo tiempo. Tito Livio menciona a los jinetes
lusitanos como mercenarios de las tropas de Aníbal, después de la batalla de
Trebia 1890.
Entre los pueblos que poblaban el centro y el norte de nuestro suelo, en los
tiempos inmediatamente anteriores a la ocupación romana, el caballo es, coincidiendo
en esto con los iberos, el animal más representado, junto con los peces, en su
iconografía 1891. El caballo es el símbolo en el que no sólo se refleja la vida de estos
guerreros, sino también el animal que los transportaba al ineludible mundo de los
1885
Ibídem. Pág. 174.
1886
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 133.
1887
Estrabón. 2007. Opus cit. Pág. 208.
1888
Ibídem. Pág. 219.
1889
Salinas de Frías, M. 2006. Opus cit. Pág. 135.
1890
Ibídem. Pág. 133.
1891
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. (Ed.). 2003. Opus cit. Pág. 76.
336
muertos, en el que lo acompañará toda la eternidad, como hemos visto que sucedía,
entre otros pueblos, a lo largo y ancho del territorio del que trata nuestro estudio. Las
escenas en las que aparece el jinete con su caballo son interpretadas como símbolo
de la victoria del héroe sobre la muerte; así es como el héroe difunto, a través de su
caballo, consigue ser elevado al rango sobrehumano 1892.
Los objetos de estas sociedades meseteñas en los que eran representados los
caballos son muy numerosos, y van desde las pinturas en cerámica hasta los
modelados en soportes metálicos o en arcilla, abarcando universos tan variados de
estos pueblos como el económico, el social, el jurídico, el político, el funerario, el lúdico
o el religioso 1893. Entre las pinturas de équidos destaca el conjunto numantino.
“…Numancia no sólo es el yacimiento que reúne el mayor porcentaje de équidos
pintados del centro de la Península, sino también el que nos presenta el más amplio
abanico de formas, la secuencia estilística más completa y, algo que falta en el resto
de los enclaves considerados: el caballo como parte considerable de una escena.
…” 1894. El conjunto abarca desde figuras completas de caballos, hasta prótomos y
cabezas o seres fantásticos 1895. Así, entre todos los lugares meseteños, Numancia
destaca, pues, como el auténtico foco que genera la imaginería de todo el Valle del
Duero 1896.
Entre los objetos cotidianos modelados en arcilla aparecen útiles tan variados
como tapaderas, jarras, vasos, pesas de telar, exvotos, posibles juguetes o una
trompa de guerra. De Numancia procede la que parece una pesa de telar que, aunque
no da muchos detalles sobre la anatomía del caballo, su realización fue completada
con pintura; y unas cabezas de équidos que han sido interpretadas como exvotos 1897.
Entre las figuras individuales que pudieran representar exvotos o juguetes podemos
reseñar las de Las Arribillas (Cerro Redondo, Guadalajara), de factura próxima a los
de Numancia, pero no tan estilizados; en uno se señalan con superficialidad las orejas,
la boca, las crines y las costillas, rasgos que si bien aumentan su naturalismo, no
sirven para restarle tosquedad 1898.
Si las representaciones equinas en soporte cerámico son muy numerosas, las
realizadas sobre soporte metálico destacan por la funcionalidad de los objetos en los
que se representan, que van desde los remates de cuchillos, hasta las empuñaduras
1892
Ibídem. Pág. 38.
1893
Ibídem. Pág. 76.
1894
Ibídem. Pág. 79.
1895
Ibídem. Pág. 79.
1896
Ibídem. Pág. 96.
1897
Ibídem. Pág. 84.
1898
Ibídem. Págs. 84 y 85.
337
de falcatas, remates de estandartes, adornos personales o monedas 1899. Buen ejemplo
de adorno funcional es el mango de cuchillo descubierto en Paredes de Nava, o el las
empuñaduras de falcatas del yacimiento de La Osera; grabada en vez de fundida es la
imagen del caballo que porta un ave representado en la funda de la espada que
apareció en la tumba 6 de la necrópolis de Miraveche (Burgos); y procedentes de la
necrópolis de Numancia son los bronces que se han identificado como remates de
estandartes 1900.
Pero es en los adornos personales de aquella gente en los que es más
profusamente representada la figura del caballo, en metales que van desde el cobre al
oro. En El Cerro del Berrueco (Medinilla, Ávila) se encontró un anillo de cobre grabado
con la figura de un caballo “…que quizá perteneciera a unos de esos equites vettones
que regían el poblado y que a través de él sus deseos no eran otros que los de
evidenciar la autoridad que en el mismo ejercía. …” 1901. Innumerables prendedores de
pelo, torques y brazaletes de plata, como los aparecidos en el Cerro de la Miranda
(Palencia), están adornados con figuras de caballos 1902. Del poblado celtíbero de
Numancia (Soria) procede la fíbula datada en el 150 a. C. que representa la figura de
un jinete a caballo 1903.
Frente a la gran variedad de representaciones en arcilla y en metales, son
escasas las mismas en objetos de hueso, estando constatada como única la figura de
un caballo representado en la empuñadura de un cuchillo que procede de Langa de
Duero (Soria) 1904.
1899
Ibídem. Pág. 86 y ss.
1900
Ibídem. Pág. 86 y87.
1901
Ibídem. Pág. 88.
1902
Ibídem. Pág. 88 y 89.
1903
Cano Borrego, P. D. 2002. Opus cit. Pág. 53.
1904
Ibídem. Pág. 92.
338
7. ROMA, FENICIA, CARTAGO Y EL CABALLO.
(Amiano).
7. 1. ORÍGENES DE ROMA.
Roma se asienta en el Lacio, una llanura al sur del Tíber, que en la antigüedad
estaba habitada por los latinos; de condiciones geográficas excelentes, sus tierras
eran adecuadas para la agricultura y la ganadería y, además de que en ella confluían
varias vías terrestres, estaba abierta al mar 1906.
Si Dionisio de Halicarnaso negaba para Etruria su origen griego, no hizo lo
mismo para Roma, a la que presentaba como una ciudad griega en sus orígenes,
fundada, según la leyenda, por Eneas y los troyanos fugitivos, además de otros
legendarios pueblos helenos 1907. Pero según ciertos historiadores el fundador de
Roma fue Rómulo, un descendiente de Eneas, etrusco de origen, como fue etrusco el
rito según el cual se fundó la Urbe y en el que afirma Montanelli, intervino un caballo:
“…al trazar un surco con un arado arrastrado por un buey y una yegua blancos …
.” 1908. Su fundador, con seguridad, no podría sospechar que cuando, en el siglo IV de
nuestra era, un príncipe persa la visitara la considerara digna de la admiración de los
dioses y se sorprendiera de que la gente de Roma fuera mortal 1909.
1905
Citado. Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 413
1906
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 285.
1907
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 141.
1908
Montanelli, I: Historia de Roma. Ed. Debolsillo. Barcelona.2010. Pág. 27.
1909
Balsdon, J. P. V. D (Editor): Los romanos. Ed. Gredos. Madrid. 1996. Pág. 212.
339
La fecha de su fundación, según Varrón, fue el 754 a. C., fecha aceptada por
otros historiadores de la Antigüedad, como Dionisio de Halicarnaso o Livio; pero, sin
embargo, otros autores dan fechas diferentes para la fundación de la Urbe; así, el
griego Timeo de Taormina la sitúa en el 814 a. C., mientras que Cincio Alimento la
bajaba hasta el 729-728 a. C 1910. Detrás de estas propuestas de fundación, subyace la
intención de equiparar a Roma con las colonias griegas, para las que se acepta tal
acto fundacional; tradición que conecta con la leyenda de Eneas según la cual,
después de la guerra de Troya, el troyano arribó con sus hombres al Lacio y, después
de casarse con la hija del rey Latino y de fundar Lavinium, se convirtió en un rey de
cuya estirpe nacerían más tarde los fundadores de Roma, Rómulo y Remo 1911.
Eneas era hijo de la diosa Afrodita y del rey Anquises; la diosa se acostó con
Anquises después de que Zeus, incapaz de seducirla, la castigara a que se enamorara
de un mortal; así “…una noche, visitó a su amado mortal bajo la apariencia de una
princesa y se acostó con él. Al amanecer, la diosa le reveló su identidad, le anunció
que de su unión nacería un hijo que le haría famoso y le hizo prometer que no le
contaría a nadie lo sucedido entre ellos. Sin embargo pocos días tardó Anquises en
1910
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 29.
1911
Ibídem. Pág. 30.
340
incumplir su promesa, pues se lo contó todo a sus amigos. Esta confesión fue
escuchada por Zeus, que le disparó un rayo. Éste no alcanzó de lleno a Anquises,
pues fue desviado por Afrodita, pero sí le dejó inmóvil para el resto de su vida. Fruto
de esta relación nació Eneas, …” 1912.
Pero, al día de hoy, más que hablar de un acto fundacional, se prefiere hacerlo
de un proceso a lo largo del tiempo; desde esta segunda perspectiva, se sostiene que
el núcleo que dio origen a la Roma primitiva estuvo en el Palatino y que las demás
colinas en las que había pequeñas aldeas se fueron añadiendo a la ciudad en épocas
posteriores 1913. No obstante parece que los restos más antiguos sobre la ocupación de
la zona se remontan al Calcolítico y a la zona del Esquilino 1914; pero el periodo clave
del poblamiento del Lacio, parece ser el período de transición desde la Edad del
Bronce a la del Hierro (siglos XI al X a. C.) 1915. Los sondeos arqueológicos parecen
confirmar que ya en el siglo IX a. C. el Palatino estaba habitado y en la segunda mitad
del siglo VIII a. C., según Coarelli, había una primitiva ciudad en esta colina 1916. Parece
que estos primeros pobladores del Palatino pudieron ser gentes procedentes de los
montes Albanos, que trajeron a Roma la cultura villanoviana 1917. Los antiguos también
identificaban el Palatino como el lugar de la fundación de Roma, montículo en cuya
cumbre se encontraba el Palatium, que estaba dedicado a la diosa Pales y con cuya
fiesta las Palilias, el 21 de abril, se hacía coincidir el nacimiento de Roma 1918. Pero el
verdadero problema de los orígenes de Roma es el de penetrar, con garantías
científicas, en el proceso de transformación de las primitivas aldeas del Tíber en una
ciudad; es decir, la transición desde una estructura tribal a una sociedad de clases, en
el marco de una ciudad-estado 1919.
Cuando se fundó Roma, las sociedades de la región, que luego se llamaría
Lacio, ya habían abandonado su organización en bandas, en las que el acceso a los
recursos era libre para todos sus integrantes; o, lo que es lo mismo, estos recursos
eran de propiedad colectiva 1920. Si estas sociedades son regidas por cabecillas, que se
caracterizan por la falta de autoridad para poder exigir obediencia a sus subordinados;
en las sociedades estatales, éstas las rige un rey, un presidente o un dictador, que
tienen capacidad para expulsar o exterminar a cualquier individuo o grupo disconforme
1912
Cañuelo, S. y Ferrer, J. 2003. Opus cit. Pág. 77.
1913
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 30.
1914
Cabrero Piquero, J: Los romanos. Edimat libros. Arganda del rey (Madrid). 2006. Pág. 13.
1915
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 291.
1916
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 30.
1917
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 13.
1918
Plácido Suárez, D. y otros.1993. Opus cit. Pág. 39.
1919
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 291.
1920
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 306.
341
con sus órdenes. Además, los gobernantes de las ciudades-estados controlan el
acceso a los recursos, a los instrumentos y a las armas que sirven para herir o matar a
la gente 1921. Uno de los factores que, con seguridad, contribuyeron al nacimiento de
los estados, fue la concentración de la población en hábitats restringidos, como valles
fluviales o montañosos; hábitats que Harris llama circunscritos: “…porque si la gente
intenta emigrar de ellos a fin de evitar el pago de los impuestos, no podrán seguir
utilizando el mismo modo de producción y tendrán que sufrir penalidades o
conformarse con un nivel de vida más bajo. …” 1922.
Hablábamos en el capítulo 2, y en referencia a los grandes cambios producidos
por la revolución neolítica, de la gran transformación sufrida por las sociedades;
cambios entre los que mencionábamos los referidos, según la etnografía y la
arqueología, al surgimiento de grandes hombres, jefes, reyes y emperadores. Y es que
cuanto más grande es la población, mayor el producto que se ha de redistribuir y
mayor, igualmente, el poder del redistribuidor 1923; en el caso de Roma, el del
emperador. En esta sociedad avanzada, las contribuciones al almacén central ya han
dejado de ser voluntarias para convertirse en tributos y este estado tan maduro tiene
varios niveles de gobierno, con sus respectivas burocracias administrativas que
coordinan las actividades militares, económicas, legales y rituales 1924. En la mayoría
de los estados, incluida Roma, la religión fue utilizada para convencer al pueblo para
que aceptara la pobreza relativa como una necesidad, para que esperara
recompensas materiales sólo en el Más Allá, y para mostrarse agradecidos por los
dones con los que los agasajaban las clases superiores 1925. Para transmitir dichos
mensajes y las verdades en las que se basan, “…las sociedades estatales invierten
una gran parte de la riqueza nacional en arquitectura monumental. …” 1926. Y para
controlar el pensamiento de las masas se las invitaba a que se identificasen con la
élite gobernante y a gozar de la pompa de los acontecimientos estatales, como los
espectáculos públicos, entre los que sobresalían las procesiones religiosas, los
triunfos, o las coronaciones de los soberanos; espectáculos con los que se pretendía
contrarrestar los efectos alienantes de la pobreza del pueblo. En Roma, en concreto,
1921
Ibídem. Pág. 311.
1922
Ibídem. Págs.325 y 326.
1923
Ibídem. Pág. 325.
1924
Ibídem. Pág. 325.
1925
Ibídem. Pág. 331.
1926
Ibídem. Pág. 331.
342
las masas se controlaban mediante la visualización de los combates de gladiadores y
los espectáculos circenses 1927.
7. 2. HISTORIA DE ROMA.
Recién llegados al siglo V a. C., la Urbe pudo liberarse del yugo etrusco e iniciar
su política nacional, la cual no presagiaba el brillante porvenir que el destino reservaba
a Roma como estado unificado 1928. Pero la ciudad no abandonó ni la política ni la
cultura etrusca, simplemente se propuso mantener la hegemonía etrusca, pero sin
ellos, y en su provecho exclusivo 1929.
El cuerpo cívico de la primitiva Roma se dividía en tres tribus: Ramnes, Tities y
Luceres; cuyos nombres derivarían para unos de sus componentes étnicos, mientras
que para otros lo harían simplemente del distrito territorial de su residencia habitual 1930.
Los Ramnes o romani eran los 100 miembros primitivos del Senado; los Tities (de Tito
Tacio) hacen referencia a los sabinos; y los Lúcures han sido relacionados con los
etruscos 1931.
Si tuviésemos que dividir la historia de Roma en fases, podríamos hacerlo de la
forma que sigue: la realeza, desde los orígenes hasta el 509 a C; la república, desde el
509 hasta el 31 a. C.; y el Imperio, desde el 31 a C. hasta el 476 d. C. 1932.
Como hemos visto, Roma tuvo la fortuna de poseer dos leyendas que explicaban
su fundación: la de Rómulo y Remo y la de su antepasado Eneas; la primera de ellas
no es difícil de combinar con los hechos históricos, ya que es evidente que la ciudad
se formó cuando se fusionaron las comunidades dispersas que habitaban las siete
colinas 1933. De ello se encargó un “…fundador de origen albano, hijo de Rea Silvia y
nieto de Numitor, procedente de una larga lista de reyes de Alba, de origen albano
(ciudad Alba Longa) que la tradición llama Rómulo, fusionó las dos comunidades más
importantes, el Palatino y el Esquilino, luego el monte Celio y entró en conflicto con el
jefe de la del monte Aventino, Remo, a quien venció. Más tarde venció a los sabinos
que ocupaban el Capitolio con su rey Tito Tacio. Por la unión de Rómulo y Tacio se
forma la definitiva Roma latino-sabina. …” 1934. Respecto a la segunda, la de Eneas,
1927
Ibídem. Pág. 331 y 332.
1928
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 108.
1929
Ibídem. Pág. 114.
1930
Mangas, J. 2004 opus cit. Pág. 36.
1931
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 337.
1932
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 233.
1933
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 303.
1934
Ibídem. Pág. 303.
343
que más tarde inmortalizara Virgilio en La Eneida, convertía a los romanos en
descendientes de los mismos dioses y los emparentaba con la misma nobleza pre-
griega de Troya 1935, al mismo tiempo que conectaba a Roma con la civilización griega
y con el mundo homérico 1936.
7. 2. 1. Monarquía romana.
El rey (Rex) romano era un jefe de pastores, legislador, que dictaba el derecho
como sacerdote y como guerrero, y cuyo cargo era vitalicio, pero con la obligatoriedad
de revalidarlo cada año con una muerte ficticia y con diversos ritos de iniciación 1937.
Los reyes de Roma fueron siete, si no incluimos a Tito Tacio que debió de constituir
una diarquía con Rómulo; y aunque, durante mucho tiempo, se dudó de su existencia,
hoy parece probada la misma, debido a la aparición de diversos testimonios
arqueológicos 1938. Repasemos la lista de estos reyes.
Rómulo (753-715 a. C.), rey justiciero y represivo, según la materialización de las
tres funciones indoeuropeas de Dumézil 1939, fundó Roma en el monte Capitolio y raptó
a las sabinas; cuando Tito Tacio asaltó Roma y tomó el Capitolio, gracias a la traición
de Tarpeya, compartió el poder con Rómulo hasta su muerte; de esta diarquía
derivaría el nombre de latino-sabina para la primitiva monarquía romana 1940. A él le
atribuye la tradición la institución de los órganos primitivos de gobierno, el Senado y
las Curias, así como la división de sus gentes en las tres tribus ya citadas: Ramnes,
Tities y Luceres, que Livio aplica a las tres centurias de caballeros que ya parece que
había organizado Rómulo 1941.
Numa Pompilio (715-672 a. C.) fue un rey sabino, esposo de la ninfa Egeria 1942,
que organizó un calendario de doce meses; y fue el creador de las instituciones
sociales y religiosas de la ciudad. A este rey se le atribuye la creación de los colegios
sacerdotales: los flamines, los salios, los pontífices y el Pontífice Máximo y las
1935
Ibídem. Pág. 305.
1936
Ibídem. Pág. 305.
1937
Ibídem. Pág. 307.
1938
Ibídem. Pág. 311.
1939
Ibídem. Pág. 309.
1940
Ibídem. Pág. 313.
1941
Ibidem. Pág. 313.
1942
Egeria: Ninfa itálica de las aguas, que se veneraba en el bosque de Aricia, a orillas del lago
Nemi, cerca de Roma. En la ciudad se la veneraba en el bosque de las Camenas, cerca de la
puerta Capena. Como esposa o amante de Numa, fue su prudente consejera; y cuando murió
el rey, se retiró al bosque de Aricia a llorar, y lo hizo con tanto dolor que Diana la transformó en
una fuente de aguas inagotables. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 152).
344
vestales, con la introducción del culto a la diosa Vesta, al parecer, de origen
albano 1943.
Tulo Hostilio (672-641 a. C.) fue un rey guerrero que destruyó Alba Longa (655 a.
C.). No se sabe con qué pretexto, Tulio les declaró la guerra a los albalonganos, pero
lo que sí sabemos es que aquella guerra terminó con el duelo entre Horacios y
Curiacios; los de Alba Longa mataron primero a dos romanos, pero el tercer Horacio
acabó con los tres Curiacios; Alba Longa fue destruida y su rey fue despedazado por
los dos carros, lanzados en dirección opuesta, a los que se habían atado sus
piernas 1944. Hostilio construyó el Foro de la Curia Hostilia y murió a causa de un
rayo 1945.
Entre la muerte de Tulo Hostilio y la ascensión al trono de Anco Marcio (639-616
a. C), nieto de Numa Pompilio, pasaron dos años. El nuevo rey llegó por mar y
construyó Ostia y su puerto; incrementó el tráfico de mercancías, sobre todo de sal, y
construyó el primer puente de madera sobre el Tiber, el Pons Sublicius, para facilitar
el comercio de la sal con el Foro Boario 1946.
Pero si sólo aceptamos como históricos los reyes etruscos, el primer rey que
tuvo Roma no había nacido en las chozas de la primitiva ciudad, sino en las ricas
tierras de la Etruria y perteneciente a una acaudalada familia de aristócratas.
Lucumón, que luego adoptaría el nombre de Lucio Tarquinio Prisco (616-579 a. C.),
era de Tarquinia y se había casado con Tanaquil. Con ambiciosos proyectos en su
mente, que compartía con su esposa, decidieron buscar fortuna y abandonaron
Tarquinia en dirección a Roma, una ciudad en pleno ascenso de su poderío futuro 1947.
Este rey vestía con el atuendo propio de Júpiter y recorría la ciudad en carro, mientras
los demás lo hacían a pie; tenía un cetro de marfil, una corona de hojas de encina en
oro, y las mejillas pintadas de rojo, como los inmortales 1948. Este extranjero supo
ganarse enseguida al pueblo 1949, por sus buenas acciones y por su amabilidad en el
1943
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 313.
1944
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 35.
1945
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 313.
1946
Ibídem. Pág. 315.
1947
Keller, W. 1973. Opus cit. Pág. 120.
1948
Guillén, J: Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos II. La vida pública. Ed. Sígueme.
Salamanca 1995. Pág. 22.
1949
Frente a los poderes de los cónsules y del Senado, el pueblo “…es el único dueño y señor
de los honores y de los castigos, que es lo único que obliga a los poderes y a las constituciones
y, en una palabra, a toda la humanidad viviente [...] Además, el pueblo otorga las magistraturas
a los que las merecen, lo cual constituye en un estado el premio más hermoso para el hombre
de bien. Tiene autoridad también en la ratificación de las leyes y, lo que es más importante, es
el que delibera sobre la paz y la guerra. Asimismo, en caso de alianzas, armisticios y tratados
corresponde al pueblo corroborar y dar vigencia o no a cada decisión. En consecuencia,
después de esto sería razonable decir que el pueblo detenta la parte más importante y que la
345
trato; además, en el campo de “…batalla luchaba a pie y a caballo, siempre destacaba
por su valentía, y no dudaba en acudir a él quién un buen consejo necesitaba. …” 1950.
Procedente de una región en las que las carreras de cuadrigas eran uno de los
espectáculos favoritos, pronto levantó, entre las colinas Palatina y Aventina, y en un
terreno que la Naturaleza parecía haber creado para ese uso, las gigantescas
instalaciones del Circo Máximo, que luego serían complementadas de modo cada vez
más soberbio por los distintos gobernantes 1951. Fueron famosos los juegos que este
rey organizó después de vencer a los latinos; auxiliado por el botín que había
conseguido con esta victoria inauguró el estadio y organizó unos magníficos juegos
que eclipsaron todo lo que en Roma se había visto hasta ese momento 1952. Fue
asesinado por un hijo de Anco Marcio 1953.
Servio Tulio (580-540 a. C.) fue hijo de un etrusco y de una sierva llamada
Ocresia y su llegada al poder estuvo rodeada de hechos violentos 1954. Llevó a cabo
una reforma democrática con la constitución serviana, mediante la que los romanos
fueron organizados, según su fortuna, en cuatro barrios y siete clases censitarias;
organización que dio lugar al enfrentamiento entre los plebeyos y los patricios, cuando
éstos últimos reivindicaron sus privilegios; incidente que fue alimentado por la grave
crisis económica y social de la última etapa de la monarquía 1955.
El último rey, Tarquinio el Soberbio, se hizo con el poder tras el asesinato del rey
anterior, que era su suegro.
7. 2. 2. República romana.
1957
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 54.
1958
“…Los cónsules, cuando se encuentran en Roma, antes de llevar las tropas a campaña,
tienen autoridad sobre todos los asuntos públicos, pues todos los otros magistrados, a
excepción de los tribunos, están a sus órdenes y les obedecen, y ellos son los que introducen a
los embajadores en el senado. Además son los cónsules los que someten a la deliberación de
éste las cuestiones urgentes y los que llevan a cabo la ejecución de todas sus decisiones […]
Igualmente, tienen poder casi soberano en la preparación de la guerra y, en general, en todo lo
que concierne a la dirección de las operaciones en campaña, pues tiene atribución para dar
órdenes, a su arbitrio, a los aliados, para nombrar tribunos militares, alistar a los soldados y
seleccionar a los aptos para el servicio[…] Tiene también el poder de gastar todo el depósito de
los fondos públicos y les acompaña un cuestor dispuesto a realizar todo tipo de órdenes….”
(Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 168).
1959
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 190.
1960
Templo de Cástor. “...A la salida de los Tarquinios sobrevinieron una serie de tumultos y de
guerras que no terminaron hasta después de la batalla del lago Regilo en el año 496 a. C. En el
fragor del combate, el dictador A. Postumio hizo el voto de elevar un templo a Cástor. En la
batalla se habían visto a los dos Dióscuros en figura de unos jóvenes apuestos, luchando de
parte de los romanos. Aquella misma tarde de la victoria Cástor y Pólux se dejaron ver en el
foro, abrevando sus caballos en la fuente Yuturna, y anunciaron a los romanos la gran victoria
conseguida. En el lugar mismo de la aparición se construyó el templo, ofrecido por A.
Postumio. La dedicación la hizo su hijo el 27 de enero del año 484. Aunque dedicado a los dos
Dióscuros, se llamaba comúnmente templo de Cástor. De él nos quedan unas ruinas
imponentes y tres hermosas columnas de tipo corintio. El templo de Cástor fue reconstruido
367 años más tarde, con el botín conseguido por L. Cecilio Metelo Dalmático, cónsul en el 117
a. C., que lo adornó con estatuas, pinturas y el retrato de la cortesana Flora. En tiempo de
Augusto se hizo una nueva reconstrucción. En el aniversario de la batalla del lago Regilo (15
de julio), iban en procesión al templo de Cástor cinco mil caballeros, con todas sus
condecoraciones, después de haber ofrecido un sacrificio solemne. Este templo se alzaba
sobre un podio muy elevado, por lo que fue muchas veces escenarios de actos violentos. El
senado se reunía en él con cierta frecuencia, y fue el marco de muchas negociaciones muy
importantes, por lo cual llama Cicerón a los Dióscuros <<árbitros y testigos de todos los
asuntos forenses, de los más altos consejos, y de todas las leyes y juicios>>. ...” (Guillén, J:
Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos. I. La vida privada. Ed. Sígueme. Salamanca.
1977. Págs. 32 y 33. Nota).
1961
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 204 y 205.
347
caballos en la fuente Yuturna 1962 y anunciaron la victoria a los romanos reunidos en el
Foro 1963.
1962
Fuente de Yuturna: “...La fuente de este nombre estaba situada al E. del templo de Cástor y
Pólux, y al O. de la casa de las Vestales: entre ambos edificios. Es muy posible que la
ubicación de las Vestales obedezca a la existencia de esta fuente, ya que Numa había confiado
a las sacerdotisas de Vesta no sólo el cuidado del fuego, sino también de las fuentes. ...”.
(Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 29)
1963
Ibídem. Pág. 29 (Nota).
1964
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 205.
1965
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 115.
1966
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 206.
1967
Homo, L. 1960. Opus cit. Págs. 116 y 117.
1968
Ibídem. Pág. 117.
1969
Ibídem. Pág. 117.
348
estos pueblos que, más que guerrear, se dedicaban a hostigar con sus rapiñas a los
agricultores del Lacio. Pero esta región, según Homo, no era precisamente una tierra
rica, debido a la naturaleza de su suelo; pobreza agravada, además, por la
superpoblación heredada del Imperio Etrusco que lo hacía ambicionar tierras de
colonización en el exterior y que debían procurarse a expensas de los países vecinos
menos poblados, como los mencionados ecuos y volscos 1970. Todo comenzó a
cambiar a mediados del siglo V a. C., gracias al nuevo modo de vida de estos pueblos,
que abandonaron sus aptitudes belicosas para asentarse de forma estable, y a la
política ofensiva desarrollada por Roma que culminó con la victoria de A. Postumio en
el Algido sobre los ecuos en el 431 a. C.; por lo que podemos decir que, a comienzos
del siglo IV a. C., la amenaza de estos enemigos de Roma había desaparecido 1971.
La ciudad etrusca de Veyes era vecina de Roma por la orilla derecha del Tíber;
esta vecindad originó múltiples enfrentamientos entre ambas ciudades, hasta que
Roma, al frente de la cual estaba el dictador M. Furio Camilo 1972, la conquistó (396 a.
C), dando fin a un conflicto que había durado siglos; con su anexión, Roma adquiere,
mediante la conquista, el primer territorio situado fuera del Lacio, iniciando así un
proceso expansivo que la llevará a apropiarse de Italia y, finalmente, del
Mediterráneo 1973. Y en esta conquista no tuvo poca importancia el papel de la
caballería, cuyos efectivos se aumentaron para esta guerra, extendiéndose a toda la
primera clase la obligación de servir a caballo, al considerarse insuficientes los
efectivos con los que contaba la caballería hasta entonces 1974. En estas guerras contra
los de Veyes, los tirrenos y los fidenates, fue cuando el tribuno militar romano, Aulio
Cornelio, lanzó su caballo contra el de Larte Tolumnio, rey de los tirrenos, “…y una vez
que estuvieron cerca, llevaron sus lanzas uno contra otro. Tolumnio hirió en el pecho
al caballo que, encabritándose, derribó a su jinete; Cornelio dirigiendo la punta de su
lanza a través del escudo y la coraza contra el costado, hizo caer a Tolumnio del
caballo y, mientras aún se estaba levantando, le metió la espada por la ingle. Tras
1970
Ibídem. Pág. 121.
1971
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 205.
1972
Marcio Furio Camilo (siglo IV a. C). Resulta difícil separar la historia del mito cuando se
habla de este personaje, al que Tito Livio llama el padre de Roma y su segundo fundador.
Conquistó Veyes y después Falerii, pero fue expulsado de Roma por haber distribuido
injustamente el botín. Encontró refugio en Ardea y desde allí, después de ser nombrado
dictador, atacó a los galos y logró recuperar el oro con el que se les había pagado. Parece que
murió en el 365 a. C., a los ochenta y dos años, a causa de la peste (Hazel, J. 2002. Opus cit.
Pág. 71).
1973
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 207.
1974
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 125.
349
matarlo y despojarlo, no sólo rechazó a los jinetes e infantes que avanzaban contra él,
también precipitó en el desánimo y el temor a quienes resistían en ambas alas. …” 1975.
Los problemas de Tarquinia con Roma comenzaron cuando aquella convenció a
los de Fidenas para que se sublevaran contra los romanos, que los habían sometido
treinta años antes, y cuando éstos respondieron atacando y saqueando la ciudad.
Pero los problemas entre etruscos y romanos continuaron hasta que Camilo derrotó a
los etruscos, que habían sitiado Truci (389 a. C.), avanzando, algunos años después,
contra la propia Tarquinia hasta que se anexionaron toda la Etruria Meridional (387 a.
C.) 1976. Las hostilidades continuaron entre ambos contendientes hasta que, en 351 a.
C., una doble ofensiva romana contra Tarquinia y Falerio, obligó a estas ciudades a
firmar con Roma una tregua de cuarenta años 1977.
Como sabemos, los pueblos sabélicos eran los vecinos del Lacio por Oriente; los
ecuos, pertenecientes a estos pueblos, aprovechado la debilidad que en Roma había
causado el ataque galo, marcharon contra la Urbe, pero otra vez fue el cónsul Camilo
quién los venció, relegando a los ecuos a los colinas del Lacio. La misma suerte,
perpetrada por el mismo cónsul, recibieron los hérnicos que se vieron obligados a
asentarse en sus colinas; pasados los años Roma ocupó su capital, Ferentino,
firmando con los hérnicos un tratado de amistad 1978.
La crisis gala fue aprovechada también por los volscos, a los que de nuevo
venció el cónsul Camilo; pero los conflictos continuaron hasta que la capital de los
volscos, Antio, se rindió, “…pero ello no acabó con los problemas porque en el 385 a.
C., la ocupación de la llanura Pontina fue contestada por una nueva guerra entre
volscos y romanos que se prolongó aún por veinte años y que arruinó las comarcas
fronterizas entre ambos pueblos. …” 1979.
Los samnitas vivían en el Samnium, que son las tierras altas del centro de Italia,
al oriente del Lacio y la Campania, desde el río Sangro al norte hasta el Orfanto, al sur.
En esta zona, caracterizada por lo abrupto del terreno, que explica su atraso material y
cultural, la abundancia de agua favoreció el desarrollo de la agricultura, el pastoreo y
la economía del bosque. Las tribus que conformaban estos pueblos, carecinos,
pentros, caudinos e hirpinos, estaban organizados en una liga, con fuertes vínculos
políticos, militares y, quizás religiosos, y sustentada por una milicia no inferior a la de
1975
Dionisio de Halicarnaso. 1988. Opus cit. Págs. 195 y 196.
1976
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 209.
1977
Ibídem. Pág. 209.
1978
Ibídem. Pág. 210.
1979
Ibídem. Pág. 210.
350
Roma 1980. Sus guerreros a caballo eran honrados con pinturas murales, como las que
se conservan en Paestum 1981. Este terreno pobre se caracterizaba por su baja
densidad de población, lo que hizo preguntar al rey Pirro cuando la atravesó “…si el
país había estado habitado alguna vez. …” 1982. Las sospechas que levantaban los
samnitas en Roma quedan resumidas en las palabras del dictador Mario que vaticinó
“…ni un romano tendrá paz mientras los samnitas continúen habitando en su país.
…” 1983; claro que en el Samnio no tenían mejor concepto de Roma, a la que el samnita
Poncio Telesino calificó de “…la selva guarida de los lobos devoradores de Italia.
…” 1984.
En el 354 a. C. samnitas y romanos firmaron un tratado que algunos relacionan
con el peligro común que para ambos pueblos representaban las invasiones galas,
mientras que otros lo hacen con el hecho de convertirse en vecinos cuando los
romanos se anexionaron el territorio volsco, pasando el valle del río Liris a convertirse
en la frontera entre ambos pueblos 1985. Pero pronto surgieron las diferencias, y no
precisamente en la frontera sino en una zona alejada, en la Campania, cuyas fértiles
llanuras eran uno de los destinos de los emigrantes samnitas.
La Campania, situada al sur del Lacio, gozaba de unas excelentes condiciones
agrícolas que había favorecido el surgimiento de ricas ciudades como Capua, Cumas
y Nápoles, a la que la mezcla de las influencias etruscas, oscas y griegas dio un
carácter especial 1986. Cuando los samnitas amenazaron a las ciudades oscas, éstas
pidieron ayuda a los romanos, que pese al tratado firmado con los samnitas, acudieron
a auxiliar a las ciudades campanas, asegurándose Roma el control de la Campania y
asignándose tras la batalla de Sinuesa el control del campo Falerno (340 a. C.).
Pero como los samnitas ansiaban una salida hacia el mar y Roma pretendía,
para aumentar su negocio agrícola, alargar sus dominios en la generosa Campania,
hacia el sur, los intereses de unos y otros entraron en colisión; nuevamente estallaron
los conflictos y Roma tomó Nápoles en 326 a. C. Pero en su contienda contra los
samnitas no todo fueron victorias para el ejército romano, que cayó en el desfiladero
de Caudium, encerrado por el general samnita Gavio Poncio, donde los cónsules
romanos fueron obligados a rendirse en condiciones humillantes; se obligó a Roma a
retirarse a las posiciones que se estipularon en el tratado de 354 a. C., a evacuar las
1980
Ibídem. Pág. 213.
1981
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 353.
1982
Citado. Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 159.
1983
Citado. Ibídem. Pág. 159.
1984
Citado. Ibídem. Pág. 159.
1985
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 213.
1986
Ibídem. Pág. 213.
351
colonias fundadas cerca de la frontera común y a entregar seiscientos rehenes de
calidad que garantizasen el cumplimiento de esas condiciones 1987. Después de varias
contiendas los samnitas son sometidos por el cónsul L. Papirio Cursor 1988; y
“…vencidos renuncian a su independencia y aceptan definitivamente, con todas las
cargas que la misma supone, la condición de aliados de Roma. …” 1989.
En su camino hacia el dominio total de la península italiana, la guerra de
Tarento, donde los romanos se enfrentaron con el rey Pirro, supone el punto y final de
un capítulo de la historia de Roma; a partir de ese momento comienza uno nuevo en el
que la ciudad completa la dominación de toda Italia; además esta guerra se revela
como un momento crucial en la historia de la república: el nacimiento de Roma como
potencia mediterránea, frente a púnicos y griegos 1990. La victoria sobre Pirro supuso el
final de la hegemonía militar y política de Grecia y el inicio del ascenso de Roma, que
es ya una potencia capaz de vencer a bárbaros temibles, como galos y samnitas, o a
los herederos de Filipo de Macedonia y de su hijo Alejandro 1991.
La resistencia gala terminó cuando Roma se anexionó el territorio de los
senones y fundó la colonia 1992 Sena Gallica y los confederados samnitas, etruscos y
boios fueron vencidos en la batalla del lago Vadimón por el cónsul P. Cornelio
Dolabella 1993 (283 a. C.); pero no sólo cayeron estos pueblos y sus territorios, ya que
además de samnitas, etruscos y senones, sometieron la Umbría, la Sabina, el Piceno,
la Apulia y la Lucania, que entran definitivamente en la órbita de influencia de los
romanos; desde este momento la Italia Central es romana, y lo será para siempre 1994.
Como sabemos, con la retirada del rey Pirro, comienza la historia de la Italia romana.
Luego los romanos se enfrentaron a Cartago, en las sucesivas Guerras Púnicas.
Destruida Cartago en la III Guerra Púnica, los romanos miraron hacia el Este. Y fueron
cayendo, uno a uno, los poderes griegos, “…la falange de los valerosos macedonios
fue derrotada en Cinocésfalos el 197 a. C.; a continuación en Magnesia (190 a. C.),
1987
Ibídem. Pág. 213.
1988
Lucio Papirio Cursor ((siglo IV a. C). Restableció la situación en Roma después de la
desastrosa batalla de la Horcas Caudinas (321 a. C). Al principio de su nombramiento como
dictador (entre el 325 y 310 a. C) pretendió ejecutar a su Jefe de caballería, Fabio Máximo
Riulliano, por haber entrado en batalla sin que se le hubiera ordenado. Fue descrito por Livio
como el Alejandro romano, debido a su disciplina militar, su gran fortaleza y su enorme apetito
por el vino y la comida (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 129 y 130).
1989
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 162.
1990
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 354.
1991
Ibídem. Pág. 353.
1992
Las colonias son “…agrupaciones de ciudadanos establecidos en un punto estratégico, en
país enemigo o dudoso, y destinadas ante todo al papel de guarniciones. …” (Homo, L: La Italia
primitiva y los comienzos del Imperialismo Romano. Uteha. México D. F. 1960. Pág. 189).
1993
Publio Cornelio Dolabella (siglo II a. C). Cónsul en el 283 a. C (Hazel, J. 2002. Opus cit.
Pág. 137).
1994
Homo, L. 1960. Opus cit. Págs. 165 y 166.
352
caía derrotado el rey Antioco, hijo de Seleuco, quien gobernaba en Antioquía, Siria. La
renaciente Macedonia fue derrotada en Pidna el 168 a. C. Los que tardaron más en
sucumbir fueron los reyes macedonios del Egipto helenístico, no porque fueran más
fuertes, sino porque aunque más débiles sabían obedecer y porque los romanos
estaban ocupados en otros frentes. …” 1995.
El Estado romano tiene como núcleo a Roma y como territorio el de sus estados
vencidos. A partir de este momento Roma pedirá a Italia tres cosas: hombres, dinero y
libertades nacionales; como contraprestación Roma dará a Italia la Pax Romana, la
unidad, el derecho de ciudadanía, y, por último, los derechos económicos 1996.
En efecto, Roma pide a Italia hombres para sus ejércitos; los ciudadanos
completos (optimo jure) sirven en la legión y los ciudadanos de categoría inferior (sine
sufragio) en legiones especiales, como la legión campana que en la guerra contra
Pirro se había portado de forma deplorable en Rhegium 1997. Los no ciudadanos y sus
ciudades federadas debían suministrar al ejército las tropas aliadas (socii); de su
reclutamiento se encargaba el cónsul en activo que fijaba el número, el punto de
reunión de los efectivos y la fecha en la que debían concentrarse; los magistrados
locales tenían la obligación de entregar el número de hombres y de caballos
necesarios, requeridos por el cónsul 1998. Buen ejemplo de esta práctica de
reclutamiento de los ejércitos nos la da Polibio, sobre el reclutamiento italiano en
vísperas de la Segunda Guerra Púnica. “…En Roma estaba dispuesto, para hacer
frente a lo imprevisto, un cuerpo de reserva de veinte mil infantes y mil quinientos
jinetes romanos, treinta mil infantes y dos mil jinetes auxiliares. Las listas que se
habían formado consignaban: para los latinos, ochenta mil infantes y cinco mil jinetes;
para los samnitas, setenta mil infantes y siete mil jinetes; para los yápigas y los
mesapios conjuntamente, cincuenta mil infantes y dieciséis mil jinetes; para los
lucanos, treinta mil infantes y tres mil jinetes; para los marsos, los marrucinos, los
frentanos y los vestinos, veinte mil infantes y cuatro mil jinetes. Había también dos
legiones compuestas cada una de cuatro mil doscientos infantes y doscientos jinetes
destinados a defender Sicilia y Tarento. Las inscripciones concernientes a la población
romana y campaniana dieron poco más o menos doscientos cincuenta mil hombres de
1995
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 223.
1996
Homo, L. 1960. Opus cit. Págs. 191 y ss.
1997
Ibídem. Pág. 194.
1998
Ibídem. Págs. 194 y 195.
353
infantería y veintitrés mil de caballería… De modo que el total de los hombres en
estado de llevar las armas era de más de setecientos mil infantes y de alrededor de
setenta mil jinetes. …” 1999.
A los italianos, Roma, les pide, también, dinero. El tributum es un impuesto
global sobre capital que grava el conjunto de la fortuna de cada cabeza de familia 2000.
Lógicamente había exenciones fiscales que afectaban a los individuos maltratados por
la fortuna (hijos menores huérfanos, viudas, etc), que no figuraban en las listas de los
censos y estaban exentos del tributo; pero no obstante, unos y otros debían pagar un
impuesto especial, el aes hordearium, que se destinaba al mantenimiento de los
caballos del cuerpo de caballería 2001. Dicha contribución parece que fue establecida
por Tarquinio el Antiguo, la mantuvo Servio Tulio, la abolió un tiempo Valerio Publícola,
después de la expulsión de los reyes, y fue restablecida por Camilo durante su
censura y mantenida en vigor 2002.
Por último, Roma ofrece a Italia su protección mediante los sistemas de anexión
o federación; pero “…aunque Roma ha hecho la unidad italiana por el fuego y por el
hierro, aunque después de la victoria, impone a la Península, en forma permanente,
pesadas cargas –pérdida de las libertades nacionales, obligaciones militares,
contribuciones financieras-, al menos esos sacrificios no quedan sin contrapartida.
…” 2003.
Y la primera contraprestación fue la Paz Romana; y esta no es baladí, ya que los
pueblos italianos, por mucho que su memoria se remontase en el pasado, no habían
conocido más que la guerra; unas veces con el extranjero, otras con el vecino y las
demás en el mismo seno de las ciudades o de los pueblos 2004. La Urbe, además, supo
interesar a todos los pueblos de Italia en el mantenimiento de la unidad nacional;
acrecentó, en los no ciudadanos, el anhelo de conseguir la ciudadanía que, para los
ricos suponían derechos políticos, magistraturas y cargos en el ejército; y, para los
pobres, beneficios como la soldada o el reparto del botín de guerra 2005. Finalmente,
“…Roma da a la Italia unificada lo que, salvo raras excepciones, como la Etruria o las
ciudades griegas del Sur, no ha conocido jamás en el pasado: los medios económicos.
Se ven aparecer entonces las vías romanas, esos caminos de hierro del mundo
antiguo, la vía Apia, construida de Roma a Capua por Apio Claudio durante su censura
1999
Ibídem. Págs. 195 y 196.
2000
Ibídem. Pág. 197.
2001
Ibídem. Pág.198.
2002
Ibídem. Pág. 198.
2003
Ibídem. Pág. 201.
2004
Ibídem. Pág. 201.
2005
Ibídem. Pág. 201 y ss.
354
(312) y prolongada después de Capua a Brundusium; la Vía Latina, que doblaba a la
precedente en su parte septentrional, las Vías Salaria, Flaminia y Clodia, Aurelia de
fines del siglo IV y del III, primeras arterias de una red que, continuada al final de la
República, no debía encontrar su forma definitiva sino bajo el Imperio. …” 2006.
Unificada Italia y anexionada Sicilia, Roma comenzó su expansión imparable por
todo el Mediterráneo, extendiendo su poderío fuera de la Península Itálica. Anexión de
Sicilia que se hizo realidad por el tratado de 241 a. C., mediante el cual Cartago
entrega a Roma sus posesiones en la isla 2007. Lógicamente es el Senado Romano 2008
el artífice de esta política expansionista que la plebe apoya, por conveniencia,
agradecida, ya que las riquezas generadas por los pueblos sometidos disminuyen sus
impuestos e, incluso, los suprimen, como ocurrió desde el 167 a. C.; además baja el
coste de la vida por la caída del precio del trigo, hay distribuciones gratuitas y fiestas y
espectáculos de todas clases; estas son las ventajas que el pueblo ve en la conquistas
llevadas a cabo por el Senado 2009, ya que éste no les pide a las dos primeras
provincias romanas, Sicilia y Cerdeña-Córcega (238 a. C.), hombres para sus
ejércitos; “…les pide, y sólo en caso de necesidad, algunos auxiliares de un efectivo
por otra parte muy restringido. Sólo tiene una confianza mínima en el valor militar de
esos contingentes provinciales y considera más seguro confiar a las tropas italianas,
romanas o federadas, el cuidado de defender su Imperio. Las obligaciones que hace
gravitar sobre las provincias revisten una forma sobre todo financiera; Italia da los
hombres y a las provincias corresponde suministrar el dinero. …” 2010.
2006
Ibídem. Pág. 204.
2007
Ibídem. Pág. 272.
2008
“…El senado tiene, en primer lugar, autoridad sobre el tesoro público, controlando de igual
modo todos los ingresos y gastos. En efecto, los cuestores no pueden hacer ningún gasto para
necesidades particulares sin un decreto del senado, salvo para las partidas destinadas a los
cónsules. Incluso, el gasto más importante y cuantioso con mucho, como es el que los
cuestores hacen cada cinco años para la construcción y reparación de edificios públicos,
depende del poder del senado, que es el que lo autoriza a los cuestores. Igualmente, son de
incumbencia del senado todos aquellos delitos cometidos en Italia que requieren una
investigación oficial; me refiero, por ejemplo, a los de traición, conjuración, envenenamiento y
asesinato.[…] Asimismo, si es preciso enviar una embajada fuera de Italia para arreglar
diferencias, dar consejos o, incluso, órdenes, para aceptar la sumisión o declarar la guerra, el
senado toma las disposiciones necesarias al caso. De igual modo, cuando llegan a Roma
embajadas, pasa por las manos del senado todo cuanto se refiere a la forma en que se les
debe tratar y el modo como se les debe responder. …”. (Polibio.1986. Opus cit. Pág. 169.)
2009
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 219.
2010
Ibídem. Págs. 275 y 276.
355
Terminada la Primera Guerra Púnica contra Roma, su posterior tratado vedaba a
los púnicos las islas tirrenas, pero como éstos necesitaban nuevas tierras para
recuperar su ámbito de expansión comercial eligieron la Península Ibérica para ello.
Esta empresa se llevó a cabo bajo la dirección de los Barca, Almícar y su yerno
Asdrúbal, y sus resultados fueron, a partir de 237 a. C., la conquista de la costa
oriental hispana y la explotación de los recursos naturales, agrícolas y mineros de la
región meridional y levantina, empleando unas veces las fuerzas de las armas y otras
la diplomacia 2011.
2011
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 15.
356
a los romanos 2012. En 218 a. C. llegaron los Escipiones a las costas de Ampurias en
Hispania, con el único propósito de contrarrestar las bases económicas de Aníbal en la
península e impedirle reclutar mercenarios. Claro que, una vez conocido el territorio,
los romanos se percataron de las ventajas, sobre todo económicas, que les
supondrían mantener estas tierras bajo su dominio, por lo que después de vencer a
Aníbal en 201 a. C., Roma no sólo no retiró sus ejércitos, sino que siguió controlando
estos territorios 2013. Y fue en el 197 a. C. cuando Roma creo las dos nuevas provincias
hispanas que habían de constituir los primeros territorios fuera de Italia y sus islas
aledañas. Se denominaron Hispania Citerior, que comprendía la zona más cercana a
Roma (costa mediterránea de Cataluña y Levante, y bajo Valle del Ebro) y la Ulterior
(costa meridional y valle del Guadalquivir).
Así fue como comenzó la dominación de un territorio que pasa por ser la
conquista más costosa de todas cuantas realizaron los romanos, debido a la
resistencia que opusieron los indígenas. Afirmación que no deja de ser cierta si
tenemos “…en cuenta las fechas de inicio (218 a. C., desembarco del primer ejército
romano en Ampurias al comienzo de la guerra contra Aníbal) y de conclusión (19 a. C.,
victoria definitiva de Augusto sobre los cántabros y astures). …” 2014. Tal vez la más
paradigmática de esta resistencia hispana sea la de los lusitanos, encabezada por
Viriato. Fue a partir del 147 a. C. cuando este pastor lusitano acaudilló la resistencia
de su pueblo, obteniendo aplastantes victorias no sólo contra los romanos sino contra
los celtíberos que vinieron en ayuda de aquellos; logró expulsar a los romanos de
Lusitania y les arrebató varias ciudades béticas como Urso (Osuna, Sevilla) o Tucci
(Martos, Jaén), obligando, en el 141 a. C., al cónsul Fabio Máximo Serviliano a firmar
con él un tratado “…por el que se le reconocían sus dominios y se le nombraba amicus
populi Romani. …” 2015.
Pero en Hispania, los romanos no sólo lucharon contra los indígenas sino que la
nueva provincia fue escenario de confrontaciones entre generales romanos. Es el caso
de Sertorio, el general que tal vez soñó con una Hispania independiente en la que él,
con la venia de los pueblos que la habitaban, se erigiría en rey único. Roma, para
combatirlo, mandó a Pompeyo que, a través de los Alpes y la Narbonense, llegó a la
costa catalana con un ejército de 50.000 infantes y 1.000 jinetes; allí el general romano
2012
Ibídem. Pág. 16.
2013
Ibídem. Pág. 395.
2014
Gómez Pantoja, J. (Coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 395.
2015
Ibídem. Pág. 400.
357
se ganó la confianza de los lacetanos e indigetes y pasó el invierno preparándose para
la campaña 2016.
La guerra civil entre César y Pompeyo 2017 también llegó a los campos españoles.
Todo se decidió a favor de César en Munda (Montilla, Córdoba), donde el general se
enfrentó a las fuerzas pompeyanas, venciendo su desesperada resistencia con su
enérgica reacción de adelantarse en vanguardia, logrando el milagro de mantener la
formación hasta que la caballería cayó sobre el flanco derecho y las espaldas del
enemigo 2018, transformándose la batalla en una carnicería en la que cayeron 30.000
pompeyanos 2019.
Al contrario de lo que hizo en Hispania, a otros territorios dominados, Roma, no
los anexionó para convertirlos en provincias sino que implantó en ellos el régimen del
protectorado; es el caso, por ejemplo de Iliria. Parece que con esta práctica Roma se
evitaba las cargas y los riesgos, al mismo tiempo que aprovechaba las ventajas de
inexistencia de personal administrativo, flexibilidad de funciones, intervención del
Estado Romano reducida al mínimo, etc 2020. Un protectorado fue lo que implantó Roma
en Cartago, tras el tratado de 201 a. C., ya que “…la cláusula que prohíbe a Cartago
“hacer la guerra a nadie fuera de Libia, y en la misma Libia hacerla sin el
consentimiento de los romanos” equivale, desde el punto de vista jurídico, al
establecimiento de un protectorado permanente. …” 2021. Otros protectorados, hacia el
146 a. C., fueron Tracia, Bitinia, Asia, Ponto, Galacia, Capadocia, Siria, Judea, Chipre,
2016
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 154.
2017
Pompeyo el Grande (106-48 a. C.). “…Uno de los generales romanos de mayor éxito, cuya
carrera fue totalmente heterodoxa. No entró en el Senado hasta el 70 a. C., a pesar de haber
ostentado una larga lista de puestos militares como ciudadano privado. Sirvió durante la Guerra
Social (90-88 a. C) bajo el mando de su padre, Pompeyo Estrabón, y apoyó a Sila en la guerra
civil. Tras la victoria de Sila en Italia, Pompeyo fue enviado a reocupar Sicilia y África,
recibiendo el sobrenombre de “el Grande” (Magnus). En el año 76 a. C. fue enviado a Hispania
a combatir contra Sertorio: la victoria se le resistió hasta que Sertorio cayó asesinado por uno
de sus subordinados. En el año 71 a. C. Pompeyo volvió a Roma, donde obtuvo el consulado al
año siguiente.
En el año 67 Pompeyo recibió el enorme poder y los recursos necesarios para
coordinar una campaña contra las flotas de piratas que asolaban el Mediterráneo. Haciendo
gala de un gran talento como organizador, terminó este cometido en un único año. Después de
ello, fue enviado a finalizar un importante conflicto contra el rey Mitrídates VI del Ponto. Durante
sus operaciones en el Mediterráneo oriental, Pompeyo fue el primer romano en asediar y tomar
Jerusalén. No volvió a servir en operaciones de campo hasta la guerra civil contra César, en el
año 49 a. C., cuando las divisiones entre sus partidarios facilitaron la victoria de César.
Después de que su principal ejército fuese arrasado en Farsalia, Pompeyo escapó en barco
hasta Egipto, donde fue asesinado por órdenes del joven rey egipcio, quien esperaba obtener
de ese modo el favor de César. …” (Goldsworthy, A: El ejército romano. Ed. Akal. Madrid. Tres
Cantos (Madrid). 2007. Pág. 183).
2018
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 207.
2019
Ibídem. Pág. 207.
2020
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 279.
2021
Ibídem. Pág. 280.
358
Creta, Egipto, Cirenaica y Numidia; mientras que provincias, además de las citadas,
eran África y Macedonia 2022.
Territorios romanizados en los que Roma no imponía sus costumbres a la fuerza
sino que dejaba amplio margen de maniobras para las costumbres de los indígenas.
Así, por ejemplo, sabemos, por sus estelas funerarias, que en Panonia, durante los
siglos I y II, persistieron sus modos de enterramientos ancestrales, en los que el
difunto se colocaba en la tumba acompañado de ricos objetos como trípodes, páteras
o carros decorados con relieves de bronce y ricos arneses para los caballos; antiguo
ritual que databa de la Edad del Hierro y presuponía la creencia de un viaje al Más Allá
en carro, que era exclusivo de la aristocracia y a cuya práctica Roma no se opuso 2023.
Sometidos y romanizados todos estos pueblos de Oriente, de Italia y, al fin, de
España, por Roma, comenzó la buena estrella de esta ciudad latina de la que los
griegos sometidos, para denigrar a sus señores, decían “…que todo el edificio de la
grandeza romana era sólo debido a una cosa, al acceso de la fiebre que el 11 de junio
del 431 (323 antes de J. C.) puso fin, en Babilonia, a la vida de Alejandro Magno.
…” 2024.
Para Hispania, en concreto, esta conquista por Roma “…supuso el genocidio
humano, político y cultural de las estructuras sociales ibéricas, celtibéricas y lusitanas,
pensado, dirigido y aplicado por Roma para obtener el control de un territorio al que se
consideraba fuente inestimable de recursos económicos. …” 2025. Los romanos que se
habían instalado en Hispania como herederos de los cartagineses, no despreciaron el
valor económico de nuestra península; decisión en la que las minas de plata de
nuestro suelo influyeron de forma notoria. Hispanos que no acababan de gustar en
Roma, por lo que Juvenal aconsejaba a los gobernadores de Hispania que se
guardasen de sus peludos habitantes 2026. Por esa desconfianza hacia los fieros
hispanos y para hacerse respetar, los romanos mantenían en la Península Ibérica
entre 20.000 y 25.000 soldados; efectivos que, además, incrementaban los auxilia de
caballería e infantería ligera, que se alistaban en virtud de los pactos que Roma
suscribía con las tribus aliadas o como mercenarios; contingentes que eran licenciados
una vez terminada la campaña para la que se habían contratado 2027.
7. 2. 2. 4. El final de la república.
2022
Ibídem. Lámina XIII. Pág. 280.
2023
Blázquez, J. M: Adriano. Ed. Ariel. Barcelona. 2008. Pág. 132.
2024
Momsen, T. 1983 (B). Opus cit. Pág. 212.
2025
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 311.
2026
Juvenal. 1973. Opus cit. Pág. 74.
2027
Alvar Ezquerra, J (Coord). 2008. Opus cit. Pág. 305.
359
Llegados a tiempos de Julio César, éste, después de someter a los galos,
regresó a Italia donde tuvo que enfrentarse a Pompeyo en una guerra civil. César
había conquistado la Galia, hasta el Rin y a pesar de la feroz resistencia del caudillo
galo Vercingetorix, éste fue finalmente capturado en Alesia (52 a. C.), y con su caída
se esfumaron las esperanzas de unidad y triunfo de los divididos galos 2028.
En su lucha contra Pompeyo tuvo que habérselas con Labieno 2029, que había
sido su legado mayor en la guerra de las Galias pero que se había pasado al bando de
Pompeyo, del que era cliente, y en cuyas manos puso toda la experiencia militar que
había adquirido al lado de César 2030. En su enfrentamiento, a él debió deberse el plan
de concentrar a todos sus jinetes en el ala izquierda de la línea de batalla, ya que
conocía la debilidad de la caballería de César y pensaba asestar un golpe mortal al
ejército cesariano antes de que las experimentadas legiones de César pudieran entrar
en juego 2031. La caballería de Pompeyo la componían sus numerosos clientes italianos
del Piceno, los contingentes enviados por las provincias de Occidente y las tropas
enviadas por los reyes de los estados-satélites de Roma; una enorme tropa montada
en la que había primado la cantidad, al contrario que en las filas cesarianas donde se
había dado supremacía a la calidad 2032. Lago define esta fuerza pompeyana como
“…una gigantesca masa de caballos y jinetes con un valor táctico que era una
incógnita. …” 2033.
La caballería de César, como muy bien sabía Labieno, era su punto débil. De los
jinetes con los que contaba en Farsalia, cuatrocientos eran los ubios que habían
luchado en Alesia y cuya presencia en el campo de batalla aterrorizaba a los
enemigos; los restantes eran galos, tal vez eduos, más un pequeño contingente de
hispanos que se encargaban de su escolta personal 2034.
En Farsalia se enfrentaron un César cargado de ideas innovadoras y un
Pompeyo con un manual de guerra caduco; el innovador César introdujo una táctica
que había aprendido en las Galias. Ésta no era otra que unir a los escuadrones de
caballería contingentes de infantería ligera que luchaban como los germanos,
2028
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 223.
2029
Tito Labieno (c. 100-45 a. C). General y político procedente del Piceno, que fue el
lugarteniente de confianza de Julio César durante la Guerra de los Galias. Pero llegada la
guerra civil, desertó de César para aliarse con Pompeyo. Estuvo presente en Farsalia, y prestó
apoyo a los hijos de Pompeyo en Hispania y murió en la batalla de Munda en noviembre del 45
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 232).
2030
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 146.
2031
Ibídem. Pág. 146.
2032
Ibídem. Pág. 148.
2033
Ibídem. Pág. 148.
2034
Ibídem. Pág. 149.
360
situándose entre sus jinetes para atacar a los enemigos, con lo que doblaban la
eficacia de su caballería 2035. Llegados a la batalla, Pompeyo y Labieno no se
percataron de que la caballería en la que tanto confiaban no tenía espacio para
maniobrar, cayendo, sin darse cuenta, en una encerrona; sencillamente cuando
planearon la maniobra de flanqueo de la caballería, a la que Pompeyo confió el éxito
de la batalla, olvidaron que los espacios óptimos para la evolución de los caballos
deben ser grandes, amplios y abiertos 2036. Apoyados en su superioridad numérica,
Pompeyo dejó hacer a Labieno, que era el mejor comandante de caballería de toda
Roma 2037, y cuya especialidad era el flanqueo, como hizo en Alesia contra los galos;
claro que al contrario que en Farsalia, en Alesia tuvo suficiente espacio para
maniobrar 2038. César había intuido el plan de Pompeyo, según el cual Labieno se
apoyaría en su superioridad numérica; por lo que instruyó a sus legionarios para que
formaran en orden abierto, dejando pasar a sus jinetes y cerrando el paso a los
pompeyanos, a los que, según la órdenes recibidas, debían de atacar al rostro, para
infundirles pánico 2039. Así, los legionarios cesarianos atacaron a los jinetes
pompeyanos, destrozándoles el rostro con sus lanzas; éstos cuando se percataron de
la encerrona, volvieron grupas tratando de escapar del infierno, los que pudieron,
galopando ladera arriba; y los jinetes de las últimas filas, arroyando en su huida a su
propia infantería ligera 2040. Tras la huida de los pompeyanos, la caballería cesariana
persiguió a los jinetes pompeyanos por las laderas del Dogandzis, hasta darles
caza 2041.
Frente a un César que dirigió la acometida al campamento pompeyano, lo mismo
que años antes había liderado la caballería en persecución de los germanos de
Ariovisto, y que había luchado a la cabeza de sus hombres, nos encontramos con un
Pompeyo que abandonó a sus hombres disfrazado de mercader y escapó a uña de
caballo hacia la costa “…dejando tirados a sus soldados que, sin embargo
continuarían la lucha demostrando que tal general no merecía aquellas tropas. …” 2042.
Cuando César llegó al campamento pompeyano saltó de su caballo; sus hombres le
rodeaban orgullosos y los pompeyanos, asombrados de que aquel hombre hubiera
conseguido lo imposible, arrojaron sus armas y se rindieron; pero más que los
2035
Ibídem. Pág. 149.
2036
Ibídem. Pág. 154.
2037
Ibídem. Pág. 154.
2038
Ibídem. Pág. 154.
2039
Ibídem. Pág. 155.
2040
Ibídem. Pág. 159.
2041
Ibídem. Pág. 159.
2042
Ibídem. Pág. 161.
361
pompeyanos se asombraron César y sus hombres, “…al ver las tiendas de los
aristócratas pompeyanos, adornadas estrafalariamente, como si de una fiesta se
tratara. Boquiabiertos ante tal espectáculo de lujo y despilfarro, llegaron a la tienda de
Pompeyo, que más parecía una sala de exposiciones que la tienda de campaña de un
general, con sus obras de arte, estatuas, trofeos, tapices, triclinios y demás lujos y
comodidades. …” 2043.
Para Petit, la República murió en el paso del Rubicón (principios del 49 a. C.),
pero el nuevo régimen no se organizó hasta el 27 a. C 2044. Después de que Julio César
fuera asesinado en 44 a. C., su sobrino y heredero Octavio se convirtió en el vencedor
de las nuevas guerras civiles que se desencadenaron tras la muerte de César.
Octavio, el futuro emperador Augusto, extendería los confines del Imperio desde los
Balcanes hasta el Danubio 2045. Con Augusto comenzó un tiempo de esplendor de la
historia de Roma, que alcanzaría su cenit durante el gobierno de los emperadores
hispanos; al final de cuyo gobierno, con Marco Aurelio, comenzaría a desmoronarse la
ingente obra de los romanos en Occidente, para finalizar en el 476 d. C 2046.
Para Lago fue en Farsalia en donde se decidió que Roma se convertiría en un
Imperio Universal, como el que había soñado Alejandro Magno, y para el que César,
allí, abrió el camino que pudo convertirlo en una realidad 2047.
Los poderes del Emperador se basaban en el imperium, concepto difícil de
definir pero que se parecía al imperium proconsular, porque se ejercía sobre una
extensa provincia, encargándose de la administración de las provincias fronterizas o
mal pacificadas y conservando el mando de la mayor parte del ejército 2048; en la
potestad tribunicia, gracias a la que podía convocar asambleas y al Senado y
promulgar edictos; y en la dignidad del pontifex maximus, que le permitía administrar la
religión del Estado 2049. Todos los emperadores se asesoraban de un consejo de
amigos que carecía de valor institucional; Claudio parece que fue el primero que les
2043
Ibídem. Pág. 161.
2044
Petit, P: La paz romana. Ed. Labor. Barcelona. 1976. Pág. 32.
2045
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 223.
2046
García-Badell, G. 1951. Opus cit. Pág. 124.
2047
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 169.
2048
Petit. P. 1976. Opus cit. Págs. 32 y 33.
2049
Ibídem. Pág. 33.
362
solicitó opiniones jurídicas, pero no sería hasta Adriano cuando se convocase con
regularidad a un consejo de juristas 2050.
A veces se señala que la sucesión fue el punto débil del régimen, pero lo cierto
es que de los dieciséis emperadores que se sucedieron entre Augusto y Cómodo,
nueve 2051 de ellos llegaron de forma regular al poder, basando su llegada en la
herencia, natural o ficticia, que era el punto común del advenimiento de más de la
mitad de los emperadores que llegaron a reinar 2052. Pero, a veces, la Fortuna o los
demás candidatos contrariaban la voluntad de los Césares: Agripa Postumo, nieto que
eligió Augusto fue eliminado por Tiberio, a Tiberio Gemelo lo mató Calígula, y a
Británico, hijo de Claudio, lo asesinó Nerón temiendo el derecho hereditario de éste
ante la opinión pública 2053. Los emperadores que tenían hijos, los eligieron a éstos,
como hizo Vespasiano con Tito y Domiciano; Marco Aurelio con Cómodo; y, quizá,
Adriano “…que quiso transmitir el imperio a su hijo y luego a su nieto, pese a la
ilegitimidad del nacimiento del primero (Ceionius Commodus, luego Lucio Vero, según
la teoría de J. Carcopino). …” 2054.
El primer personaje romano, tras el emperador, era el prefecto del pretorio, que
mandaba la guardia pretoriana; hasta Domiciano se nombraba uno, pero luego a
causa de la diversificación de las funciones y por prudencia, se nombraban dos 2055.
Otros cargos imperiales eran el prefecto de la ciudad, senador de alto rango que se
encargaba de mantener el orden en la misma y con poderes de jurisdicción criminal
que abarcaban 100 millas; el prefecto de la annona (caballero), encargado del
avituallamiento de la ciudad y de la vigilancia de los mercados; o el prefecto de los
vigiles, también caballero, que se encargaba de los incendios y siniestros y de
mantener la tranquilidad nocturna 2056.
Esta era Roma y éstos los romanos, aquellos hombres que “…tuvieron ansias de
imperio, orgullo de poseerlo y un tipo especial de arrogancia; esperaban ser tratados
en todas partes como correspondía a lo que eran: una raza de señores. Pero no
tardaron mucho en descubrir que el imperio daba dinero, dinero para el Estado, que se
enriquecía con la tributación de las provincias, y dinero para los particulares no sólo
2050
Ibídem. Pág. 41.
2051
Fueron: “…(Tiberio, Calígula, Nerón, Tito, Domiciano, Trajano, Antonino, Marco Aurelio,
Cómodo), entre los cuales, tres eran los propios hijos de un emperador (Tito, Domiciano y
Cómodo), y cinco hijos adoptados oficialmente (Tiberio, Nerón, Trajano, Antonino y Marco
Aurelio); el noveno, Calígula, fue colocado por Tiberio en el mismo plano que su nieto Tiberio
Gemelo. …” (Ibídem. Pág. 38).
2052
Ibídem. Pág. 38.
2053
Ibídem. Pág. 39.
2054
Ibídem. Pág. 39.
2055
Ibídem. Pág. 42.
2056
Ibídem. Págs. 44 y 45.
363
para los comerciantes y hombres de negocios, sino de un modo más amplio para los
administradores romanos, que se preocupaban muy poco del tenor de la ley a la que
nominalmente estaban sometidos. …” 2057. Así expresaba Juvenal la autoconciencia de
su pueblo: “…No niego que somos un pueblo victorioso, y que nuestras armas triunfan
en Oriente y en Occidente, y han llegado más allá de las costas de Britania y de las
Orcadas, y de Ivernia, pero los pueblos que sojuzgamos carecen de los vicios de sus
vencedores. …” 2058.
Muchos consideran el apogeo del Imperio Romano a la época de los
emperadores hispanos, entre ellos Gibbon y los historiadores que le siguen, que
consideran el tiempo de los Antoninos (siglo II d. de C.), como una edad de oro sin
precedentes 2059; Petit, por el contrario, puntualiza que toda la historia del imperio no
fue más que una sucesión de crisis en el seno de un apogeo superficial 2060. Pero,
aunque los emperadores confundieron, a menudo, la extensión de la monarquía
romana con la del globo terráqueo, los datos que nos aporta Gibbón no dejan de ser
los propios de una inmensa grandeza: “…el imperio medía más de 3.200 kilómetros de
anchura desde el muro de Antonino y los límites septentrionales de Dacia hasta el
Atlas y el Trópico de Cáncer; que, a lo largo, medía más de 4.800 kilómetros desde el
océano Occidental hasta el Eúfrates; que estaba situado en la mejor zona del clima
templado, entre los 24 y los 56 grados de latitud Norte, y que ocupaba más de cuatro
millones de kilómetros cuadrados, casi todos ellos de tierra fértil y bien cultivada.
…” 2061. Estrabón, como Gibbon, consideraba que Italia compartía esas ventajas con
toda la zona del Mediterráneo, además de hallarse situada en una zona privilegiada,
“…dado que se halla en un punto situado entre, por un lado, las razas más grandes y,
por el otro, Grecia y la mayor parte de Libia, no sólo es naturalmente apropiada para la
hegemonía, ya que, por el valor de sus gentes y por su extensión, supera a los países
que la rodean, sino que, además, le es fácil aprovechar los servicios de los mismos
por estar cerca de ellos. …” 2062.
2057
Balsdon, D. R. J. P. V. D: Roma. Historia de un Imperio. Ed. Guadarrama. Madrid. 1970.
Pág. 9.
2058
Juvenal. 1973. Opus cit. Pág. 21.
2059
Fernández Ubiña, J: La crisis del siglo III y el fin del mundo antiguo. Ed. Akal/Universitaria.
Madrid. 1982. Pág. 19.
2060
Ibídem. Pág. 13.
2061
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 44.
2062
Garnsey, P. y Saller, R: El imperio romano. Economía, sociedad y cultura. Ed. Crítica.
Barcelona. 1990. Pág. 15.
364
Para Zósimo el pagano, la causa de la caída del imperio está muy clara; éste
firmó su sentencia de muerte el día en que, después de desaparecido Diocleciano,
abandonó los juegos seculares y los dioses, contrariados, se vengaron de los
romanos 2063. Un cristiano, Jerónimo, pensaba que los pecados de los romanos habían
fortalecido a los bárbaros y sus vicios habían derrotado a su ejército 2064. Y Amiano
Marcelino 2065 responsabiliza de la caída del Imperio al embotado ejército: “…El hombre
de tropa tararea cancioncillas lánguidas en vez de lanzar gritos de guerra; la piedra
que antaño le servía de almohada ha dejado su lugar a las plumas de un blando lecho;
la copa que usa para beber es más pesada que su espada; despreciativo, se niega a
contentarse con una escudilla de barro y pretende vivir en palacios de mármol. Feroz y
rapaz con sus conciudadanos, es cobarde y blandengue en presencia del enemigo. El
ocio y la generosidad le han transformado hasta el punto de convertirle en un experto
en joyería …” 2066. Lo que sí parece cierto es que si la legión romana fue al principio,
cuando la formaban ciudadanos romanos, un elemento de romanización; pasado el
tiempo, y formadas por elementos extraños, se fue convirtiendo en uno de
barbarización 2067. Aunque el servicio militar seguía siendo obligatorio, quien quisiera
podía redimirse del mismo aportando una cantidad de dinero que servía para pagar a
los voluntarios 2068. Por ejemplo a los catafractarios bárbaros que son mencionados en
el ejército romano, en tiempos de Alejandro Severo, y se les presenta tan enfundados
en hierro, como para dar la impresión de estatuas metálicas 2069. Amiano nos presenta
a estos escuadrones cubiertos de hierro, cuyas junturas de sus láminas de metal
coincidían con las articulaciones de los cuerpos de caballeros y caballos 2070. Como el
caballo también iba protegido, desde la cola hasta la cabeza, por láminas de hierro
que no quedaban al descubierto más que las patas, desde las corvas a los cascos,
“…resulta que caballo y caballero eran invulnerables, pero no podían resultar de
2063
Fernández Ubiña, J. 1982. Opus cit. Pág. 668.
2064
Ibídem. Pág. 668.
2065
Amiano Marcelino: “…Antioquia, c. 330-(?) c. 400. Historiador latino de origen griego: de su
Rerum Gestarum libri XXXI, que abarcaba los sucesos ocurridos desde el tiempo del
emperador Nerva hasta la muerte de Valente, se han perdido los trece primeros libros y sólo
han llegado hasta nosotros aquellos que abarcan el período de 353 a 378. …”. (Hubert, H.
2005. Opus cit. Pág. 580).
2066
Citado. Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 669.
2067 Guillén, J: Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos III. Religión y ejército. Ed.
Sígueme. Salamanca. 1994. Pág. 507.
2068 Ibídem. Pág. 509.
2069 Ibídem. Pág. 517.
2070 Ibídem. Pág. 517.
365
mucha eficacia activa, puesto que los privaba de la agilidad de los movimientos. Son
armas para aguantar el ataque, no para atacar….” 2071.
Pero tenemos más explicaciones sobre las causas que provocaron esa caída;
para Cipriano en su Ad Demetrianum, las causas son debidas a una naturaleza
exhausta: “…En invierno no hay ya abundancia de lluvia para las simientes, el verano
tampoco tiene el calor acostumbrado para madurarlas, ni la primavera se siente
contenta de su clima, ni es fecundo el otoño de productos. …” 2072. En la misma línea
se expresa Lucrecio: “…Ya arrugado de vejez está el mundo, y tan cansada la tierra,
que no pare más que apenas ruines animales, la que un tiempo parió fecunda todas
las especies ... .” 2073. Analistas muy posteriores, como Voltaire, responsabilizan a los
bárbaros y a los cristianos del derrumbe del Imperio y coincide con Montesquieu
cuando asegura que “…el Cristianismo abría el cielo, pero perdía el Imperio. …” 2074.
Para el autor alemán Altheim, la causa de la decadencia del siglo III, se debió a la
aparición de nuevos pueblos y razas que lucharon y vencieron a las viejas razas, lo
que explicaría las luchas por el poder entre los pueblos, cada uno de los cuales tenía
su peculiar ideología y su personalidad 2075. Mucho más reciente en el tiempo, Guillén
apunta como una de las causas por las que cayó el Imperio el hecho de que los
emperadores, a partir de Teodosio, cesaron en su actividad militar, encerrándose en
sus palacios y dejando hacer la guerra a sus intrigantes generales 2076. Algunos hacen
hincapié en la corrupción gubernamental, con una burocracia más numerosa que en el
pasado; aunque Jones argumenta que la cantidad de oficiales gubernativos no era
excesiva y el gasto para mantenerlos pequeño, y menciona, como más significativos
que la corrupción, la ausencia de espíritu público y el declinar de la moral 2077.
Los intelectuales, como Horacio culpaban a los propios romanos: “…Nuestros
padres, peores que nuestros abuelos, nos engendraron a nosotros aún más
depravados, y nosotros daremos una descendencia todavía más incapaz…” 2078. En
efecto, el esplendor original de Roma lo empaña la conducta de algunos nobles, que
se entregan al vicio y al desenfreno; hacen ostentación de apelativos rimbombantes,
de sus estatuas recubiertas de metales preciosos, de sus majestuosos carruajes y de
A. Los hunos.
2079
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 414.
2080
Citado. Ibídem. Pág.415.
2081
Ibídem. Pág. 418.
2082
Ibídem. Pág. 420.
2083
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 669
367
Entre todos los horrores que acompañan la caída de Roma, ninguno fue más
horrible que el de los hunos 2084, que llegaron a finales del siglo IV d. C. a ella. Habían
barrido a los ostrogodos, que vivían al norte y al este del mar Negro 2085. Se dirigieron
hacia Occidente después de que su poder se tambaleara en sus territorios orientales;
pero no fue una migración organizada porque no disponían de un poder cohesionante,
ya que cada tribu tenía su propio líder. Cuando escaseaban los pastos se trasladaban
a nuevos campos, más occidentales, cuyas regiones saqueaban; proceso de lenta
migración mediante el que alcanzaron las grandes llanuras de Hungría y las fronteras
del Imperio Romano oriental 2086. Su ejército estaba compuesto, en exclusividad, por
caballeros; contando con dos tipos de caballos, unos pequeños y fuertes corceles de
gran resistencia, y otros, de mayor tamaño, que utilizaban para las cargas de la
caballería 2087. Cada uno de sus guerreros cabalgaba con un hato de caballos que
podían llegar hasta las dieciséis monturas por jinete. Disponibilidad de monturas que
combinada con la fortaleza de los guerreros, los convirtió en una de las fuerzas más
veloces de todo el mundo antiguo. Podían, incluso, cocinar mientras cabalgaban; la
dieta básica del jinete huno era carne cruda que cocinaba lentamente durante el
transcurso de la marcha, colocándola entre sus muslos y los cuerpos de sus
ponies 2088.
Durante su estancia en las llanuras húngaras se produjeron dos cambios
importantes en el pueblo huno; el primero que su liderazgo se consolidó y monarquizó
gradualmente, y el segundo que, como las vastas llanuras húngaras no podían
mantener al enjambre de caballos de los hunos, recurrieron a la creación de un cuerpo
de infantería 2089. Si como apunta Ferrill, diéramos por sentado que los hunos utilizaban
diez caballos por jinete, para las campañas de envergadura, la gran llanura húngara
con sus 42.000 kilómetros cuadrados, pudo alimentar a 150.000 caballos, para 15.000
jinetes 2090.
A todo esto, en principio, las relaciones entre Roma y los hunos fueron pacíficas,
llegando Teodosio II, hijo del emperador oriental Arcadio, a nombrar general romano al
2084
“…Los grupos nómadas de las estepas mencionados como <<hunos>> pueden rastrearse
desde al menos el siglo II d. C.; primero ocupando regiones sármatas y luego empujando a
grupos como los alanos hacia el oeste. La definición étnica de estos hunos es discutida
(¿turcos, mongoles, o híbridos?). Una horda cruzó el Caúcaso en el 395 d. C., alcanzando
Armenia, Capadocia y Siria. …” (Souza de, P (Editor). 2008. Opus cit. Pág. 225).
2085
Ferril, A. 1998. Opus cit. Pág. 94.
2086
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 268.
2087
Ibídem. Pág. 268.
2088
Ibídem. Pág. 268.
2089
Ibídem. Pág. 269.
2090
Ferril, A. 1998. Opus cit. Pág. 238.
368
rey huno Rugila, al que le pagó 350 libras de oro por asegurar la frontera septentrional
del Imperio 2091. Pero las cosas se torcieron ya que Rugila murió en el 433 d. C. y le
sucedieron los probables hijos de su hermano Mundzuk, Bleda y Atila; de aquel no
sabemos nada ya que parece que lo asesinó Atila, pero a éste lo conoció la posteridad
como el azote de Dios. Así lo describe Jordanes: “…Tenía un andar arrogante, y ponía
los ojos en blanco cuando miraba a su alrededor. El poder de aquel espíritu altivo se
demostraba en su cuerpo en todo momento. Sin duda amaba la guerra, y sin embargo
era cohibido, poco severo respecto a aquellos a quienes concedía su protección,
benévolo con el que suplicaba y justo en el juicio. Era bajo, con un pecho fuerte y
grueso y una gran cabeza. Sus ojos eran pequeños y tenía un poco de barba
salpicada de tonos grises. Su origen saltaba a la vista en su nariz chata y su
complexión morena. …” 2092. Este guerrero fue quién, de manera tanto directa como
indirecta, acabó con un Imperio que había durado más de mil años pero que, a
comienzos del siglo V de nuestra era, se hallaba en la fase final de su decadencia 2093.
Tomado el mando por Atila, éste buscó un pretexto para ir a la guerra y lo
encontró en el hecho de que Teodosio no había pagado las 350 libras de oro anuales
que había prometido a los hunos; junto con su hermano se reunió en las afueras de la
ciudad de Margus (Alta Mesia) con los representantes de Constantinopla para celebrar
conversaciones. Como era costumbre en ellos, no bajaron de sus caballos para
celebrar la reunión, de modo que negociaron a caballo. Allí, Atila les dejó claro que los
tiempos estaban cambiando cuando les dobló el impuesto a 700 libras y les advirtió
que el menor retraso en el pago lo responderían los hunos a sangre y fuego 2094.
De los hunos, debemos destacar su sorprendente “…habilidad con los caballos y
su asombroso dominio de la equitación, que los hacía asemejarse a un especie de
centauros, …” 2095. Esta eficacia sobre los caballos, que no parecía humana, y el
poderoso atractivo que los hunos ejercían sobre las clases desfavorecidas de Roma,
que odiaban a sus amos y señores, era la causa por la que los romanos temían tanto a
los hunos 2096. Y era lógico que los temieran, a ellos y a sus flechas, que disparadas
por sus robustos arcos, cuyo manejo requería una fuerza excepcional y años de
práctica, podía tener una fuerza de penetración (disparadas desde 50-90 metros)
mayor que la de muchas balas modernas. Los jinetes arqueros hunos eran capaces de
disparar una flecha cada dos segundos y trasportaban las flechas hasta el campo de
2091
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 269.
2092
Ibídem. Pág. 269.
2093
McLynn, F. 2007. Opus cit. Pág. 67.
2094
Ibídem. Pág. 82.
2095
Ibídem. Pág. 71.
2096
Ibídem. Pág. 72.
369
batalla en carromatos tirados por caballos. Solían disparar tres salvas: la primera,
desde los140 metros de distancia; la siguiente desde los 90, y la última desde los 45.
Parece que la caballería huna tenía capacidad para disparar 1000 flechas en los
primeros cinco segundos y otras tantas en los cinco siguientes. Por su estilo de vida,
no necesitaban retirarse a sus cuarteles de invierno, por lo que podían luchar durante
todo el año; pero los romanos creían que el mejor momento para atacarlos eran los
meses de febrero y marzo, cuando sus caballos se encontraban debilitados por el
invierno 2097. Al otro lado de la frontera que separaba el mundo romano de los bárbaros
sonaba el estruendo de los caballos de los hunos; caballería que con las de los demás
bárbaros pisotearon a la infantería romana y sentaron las bases de la temprana Edad
Media 2098.
Pero también el Imperio de los hunos feneció cuando su más popular caudillo
fue, tal vez, envenenado; envenenamiento milagrosamente oportuno para el marcial
emperador Marciano y su imperio bizantino, ya que después de la muerte de Atila, se
vino abajo el Imperio huno. Atila no podía saber que su muerte era inminente, y, por
ello, no había tomado disposición alguna para su sucesión, por lo que,
inevitablemente, sus hijos entablaron una lucha feroz por la corona 2099.
B. Los godos.
Entre los feroces enemigos de Roma se encontraban, también, los godos que,
en sus contactos con los escitas, en las regiones del mar Negro, habían aprendido su
arte de la guerra a caballo, convirtiendo a su caballería pesada en el arma favorita de
sus ejércitos 2100. Jinetes godos que utilizaban el kontos, una lanza pesada, y varias
jabalinas ligeras y, aunque parece improbable que conocieran los estribos, superaban
a la caballería romana. Las unidades de infantería romanas no tenían la disciplina y la
cohesión necesarias para resistir una carga de la caballería goda y, una vez que éstas
rompían la formación, se convertían en presa fácil para los jinetes bárbaros 2101.
Durante el reinado de Honorio Roma conocería el asedio de la ciudad. El rey
Alarico, disponiendo hábilmente a sus numerosas fuerzas, que aguardaban con
impaciencia el asalto, rodeó sus murallas, y adueñándose de sus doce puertas
principales, cortó las comunicaciones de la ciudad con los campos que la rodeaban, y
2097
Ibídem. Págs. 72 y 73.
2098
Ferril, A. 1998. Opus cit. Pág. 13.
2099
McLynn, F. 2007. Opus cit. Pág. 120.
2100
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 258.
2101
Ibídem. Págs. 258 y 259.
370
controló la navegación por el Tíber, por el que afluían a Roma sus seguras y
abundantes provisiones 2102. La desafortunada ciudad conoció entonces la angustia de
la escasez y, al fin, las calamidades del hambre; hasta el extremo de que la gente
llegó a comer los cadáveres de los muertos y, ante la angustiosa necesidad, las
madres llegaron a probar el sabor de la carne de sus propios hijos asesinados 2103. No
obstante, la ciudad confiaba su destino a la clemencia o, al menos, a la moderación
del rey de los godos. Ante una embajada romana, éste fijó las condiciones del rescate
que aceptaría para abandonar el asedio: “…todo el oro y la plata de la ciudad, fuera
propiedad del Estado o de los particulares; todos los bienes móviles valiosos y todos
los esclavos que demostraran ser de origen bárbaro. …” 2104. Ante estas condiciones,
los embajadores romanos preguntaron al rey de los godos, qué pensaba dejar para
ellos; a lo que el altivo bárbaró contestó: la vida 2105. Pero, finalmente, tras una tregua,
Alarico rebajó las condiciones y levantó el asedio después de recibir cinco mil libras de
oro, treinta mil libras de plata, cuatro mil vestidos de seda, tres mil piezas de fina tela
escarlata y tres mil libras de pimienta 2106. Satisfechas las rapaces exigencias de
Alarico, los romanos pudieron volver a disfrutar de cierta paz y abundancia. Abrieron,
con prudencia, algunas de las puertas de la ciudad; al mismo tiempo que los godos les
permitieron la llegada de provisiones a la ciudad y que los romanos salieran en tropel
hacia el mercado libre que se mantuvo durante tres días en las afueras de Roma. Los
romanos aprovecharon para asegurar la futura subsistencia de la ciudad con las
abundantes reservas que pusieron a buen recaudo en los graneros públicos y
privados 2107.
Alarico se retiró a la bella y fértil provincia de la Toscana, donde pensaba pasar
el invierno. Mandó una embajada a la corte de Rávena, para solicitar un intercambio
de rehenes y un tratado de paz; en éste pedía un pago anual en trigo y dinero y las
provincias de Dalmacia, Norica y Venecia como sede para su nuevo reino 2108. Roma
no aceptó las condiciones y Alarico volvió a marchar contra la ciudad, que la corte de
Rávena abandonaba, sin defensa, a la furia del bárbaro; pero esta vez el rey godo
dirigió sus esfuerzos contra el puerto de Ostia, la magnífica construcción de Claudio,
donde el trigo africano, que consumía la Urbe, se depositaba en amplios graneros.
Tras apoderarse de ellos instó a la ciudad a que se rindiera, reforzando su petición con
2102
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 422.
2103
Ibídem. Págs. 422 y 423.
2104
Ibídem. Pág. 424.
2105
Ibídem. Pág. 424.
2106
Ibídem. Pág. 424.
2107
Ibídem. Págs. 424 y 425.
2108
Ibídem. Pág. 425 y 426.
371
la advertencia de que una negativa o un retraso, supondría la destrucción de los
almacenes de los que dependía la vida del pueblo romano 2109. El asentimiento del
pueblo y el terror al hambre, convencieron al Senado que no tuvo inconveniente en, a
propuestas del conquistador godo, colocar en el sillón imperial a Átalo, que era
prefecto de la ciudad; e inmediatamente, las dos naciones, hasta ahora hostiles, se
unieron en lazos de amistad y alianza 2110. Pero, pasado el tiempo, el protector godo se
fue alejando de un protegido que no sólo adolecía del espíritu adecuado para mandar
sino también de la docilidad necesaria para obedecer 2111; y así, en una llanura cerca
de Rímini, Átalo fue despojado de la diadema y de la púrpura, que fueron enviadas por
Alarico a Honorio como pruebas de paz y amistad 2112.
Parecía que la degradación de Átalo eliminaba el único obstáculo para la
conclusión de la paz, por lo que Alarico avanzó hasta Rávena para presionar sobre la
indecisión de los ministros de Honorio; pero allí se encontró con que un jefe rival, Saro,
había sido recibido en palacio y había masacrado a un número considerable de godos;
además envió heraldos al campamento godo para comunicarles que los crímenes de
Alarico lo excluían, para siempre, de la amistad y la alianza con el emperador
romano 2113. Entonces, “…Roma expió con su desgracia, por tercera vez, el crimen y la
locura de la corte de Rávena. El rey de los godos ya no disimulaba su afán de rapiña y
venganza. Apareció armado a los pies de la muralla de la capital, y el tembloroso
Senado, sin ninguna esperanza de recibir ayuda, se dispuso a retrasar la ruina de su
país con una resistencia desesperada. Pero fueron incapaces de protegerse contra la
conspiración secreta de sus esclavos y criados, que por origen o intereses estaban
vinculados a la causa de sus enemigos. A medianoche, abrieron silenciosamente la
puerta Salaria y los habitantes de la ciudad se despertaron con el tremendo sonido de
las trompetas godas. Mil ciento sesenta y tres años después de la fundación de Roma,
la Ciudad Imperial, que había sometido y civilizado a parte considerable de la
humanidad, fue entregada a la furia desenfrenada de las tribus de Germania y Escitia.
…” 2114.
2109
Ibídem. Pág. 427.
2110
Ibídem. Pág. 427.
2111
Ibídem. Pág. 429.
2112
Ibídem. Pág. 429.
2113
Ibídem. Págs. 429 y 430
2114
Ibídem. Pág. 430.
372
Pero el Imperio Romano no cayó en el siglo V, sino que continuó sobreviviendo
en Oriente como Imperio Bizantino, hasta que éste cayó ante los turcos en el siglo
XV 2115. Pero ¿por qué sobrevivió el Imperio de Oriente y cayó el de Occidente? Parece
que hubo varios motivos por los que Oriente era más fuerte que Occidente; uno era
que aquella zona era más rica y poblada, con más campesinos y menos aristócratas, y
el otro, que en Occidente había muchos más aristócratas que eran inmensamente
ricos e influyentes ante el emperador 2116. Además, en Oriente, los recursos
económicos eran mayores y, por tanto, los ingresos gubernamentales eran menos
limitados; y además de las causas citadas, se sabe que “…los emperadores de
Constantinopla pagaban enormes sumas en soborno a los bárbaros para que
marcharan al Oeste, mientras que los gobernantes occidentales los enfrentaban
oprimiendo con cargas fiscales. …” 2117.
Roma cayó, por fin, bajo la presión de los pueblos bárbaros; pero antes de
hacerlo, había legado al mundo dos fórmulas políticas desconocidas hasta entonces:
la unidad italiana y el Imperio mediterráneo 2118. Y antes de su caída aquellos
campesinos primitivos fueron capaces de conquistar, primero, sus ciudades vecinas,
después toda Italia, y al final todo el Orbe conocido, desde Inglaterra hasta las costas
de Kuwait, y, desde las columnas de Hércules, hasta Crimea. La asimilación de la
cultura griega para extenderla por todo el Occidente fue “…el inconmensurable legado
de Roma, no sus soberbias legiones, ni siquiera sus espectaculares obras públicas, no
sus increíbles construcciones de hormigón revestido de mármol, ni siquiera su
literatura o su arte. No. El verdadero legado de Roma a la Humanidad es la
transmisión de la cultura griega, asimilada y adaptada para servir como motor cultural
de Europa. …” 2119. Sigamos las bellas palabras de Paoli para describir la herencia que
Roma legó al mundo occidental: “…Se quebrantaban sus mármoles, se despoblaban
a su alrededor sus tierras; con sordos ecos, por las calles de sus pacíficos comercios
resonaban los cascos de los caballos barbáricos, pero la civilización de Roma
continuaba floreciendo en nuevas formas en aquellas tierras perdidas, que habían
2115
Ferril, A. 1998. Opus cit. Pág. 33.
2116
Ibídem. Pág. 38.
2117
Ibídem. Pág. 38.
2118
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 292.
2119
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 15.
373
recogido su herencia y perpetuaban su tradición, cuando ya el Imperio de Roma había
caído, pero todavía era su nombre venerable y santo. …” 2120.
Con Roma cayó su grandeza, que según Amiano, “…se basó en la alianza
extraordinaria e insólita de la virtud y la fortuna. La ciudad dedicó su larga infancia a
luchar contra las tribus de Italia, vecinas y enemigas de la ciudad emergente. Durante
su juventud fuerte y vigorosa, hizo frente a las tormentas de la guerra, llevó sus
ejércitos victoriosos allende los mares y las montañas, y obtuvo los laureles triunfales
de todos los países del mundo. Al final, cuando empezaba a envejecer, y en algunas
ocasiones debió sus conquistas al temor que inspiraba su nombre, buscó la calma y la
tranquilidad. La Ciudad Venerable, que había sometido a las naciones más violentas
de la tierra y establecido un sistema jurídico para proteger para siempre la justicia y la
libertad, como madre sabia y poderosa abandonó a los césares, sus hijos favoritos, el
gobierno de sus inmensas posesiones. Una paz segura y profunda, como la que se
disfrutó en otros tiempos durante el reinado de Numa, sucedió a los tumultos de una
república; entretanto, todavía se adoraba a Roma como reina de la tierra y las
naciones sometidas todavía reverenciaban el nombre del pueblo y la majestad del
Senado. …” 2121.
7. 3. FENICIA.
Fenicia era el nombre de una antigua región del Oriente Próximo, situada en la
costa oriental del Mediterráneo, cuyo territorio se corresponde con la costa del actual
Líbano. Sus habitantes se denominaban a sí mismos cananeos y desde el inicio del I
milenio a. C. se expandieron militar y colonialmente por todo el Mediterráneo,
incluyendo la Península Ibérica 2122. Las actividades mercantiles fenicias fueron
estimuladas por todos los grandes imperios, llegando a especializarse, principalmente,
en el comercio en todo el Mediterráneo oriental. Productores, sobre todo, de bienes de
lujo, algunas de sus ciudades se especializaron en la construcción de naves para los
grandes Estados; en sus cordilleras contaban con una enorme riqueza maderera y fue
allí donde los persas construyeron la flota para sus campañas de Egipto y Grecia 2123.
En el 491 a. C. los persas iniciaron la construcción de la flota necesaria para poder
transportar a Grecia su caballería, el arma más poderosa con la que contaban 2124.
2120
Paoli, U. E: Urbs. La vida en la Roma antigua. Ed. Iberia. Barcelona. 1981. Pág. 395.
2121
Citado. Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 413.
2122
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 153.
2123
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 172.
2124
Ibídem. Pág. 178.
374
Campañas en las que parece que los persas no salieron victoriosos, pese a la
confianza ciega que tenían en su caballería, porque los griegos supieron contrarrestar
el poder de ésta, eligiendo para la contienda un terreno poco apto para el
desenvolvimiento eficaz de los caballos 2125.
7. 3. 1. El ejército fenicio.
7. 4. CARTAGO.
2125
Ibídem. Pág. 184.
2126
Almagro-Gorbea, M. (Coord). 2009. Opus cit. Pág. 153.
2127
Ibídem. Pág. 155.
2128
Ibídem. Pág. 155.
2129
Ibídem. Pág. 155.
2130
Ibídem. Pág. 155.
2131
Ibídem. Pág. 156.
375
A finales de la Edad del Bronce las, hasta entonces, importantes ciudades
fenicias, como Biblos o Ugarit, entran en decadencia, emergiendo ciudades como Tiro
o Sidón; aquella fue la promotora de la colonización del Mediterráneo occidental, en el
curso de la cual se fundó Cartago 2132. Ciudad 2133 que, según la tradición, fue fundada
en el 814 a. C. y sus fundadores fueron colonos de la ciudad de Tiro, cuya destrucción
por el rey caldeo Nabucodonosor II catapultaría a Cartago a primera potencia del
Mediterráneo occidental 2134. El siracusano Filisto es el autor griego más antiguo que
sitúa en fecha inmediata a la fundación de Troya la de Cartago; con él coinciden su
contemporáneo Eudoxo de Cnido, y posteriormente, Apiano; por el contrario Timeo,
sitúa la fundación de la ciudad cartaginesa en 814-813 a. C. por Elisa, la hermana del
rey Pigmalión de Tiro 2135. Aunque los historiadores escépticos consideran un mito la
historia de Dido, otros como Mª. Eugenia Aubet, consideran que hay demasiadas
coincidencias entre las fuentes orientales y las clásicas para desechar la base histórica
en la leyenda de Elisa 2136. Según Justino “…Elisa ('Ist), hija de Mutto, rey de Tiro, huyó
de las asechanzas de su hermano Pigmalión, quién había matado a su tío y marido,
Acerbas, hasta la costa del golfo de Túnez, pasando por Chipre.
Compró a los nativos tanto terreno como pudiese abarcar la piel de una vaca
(Byrsa), reducida a tiras. Fundó la ciudad de Cartago en un lugar en que se encontró
el cráneo de un caballo. Y finalmente se dio muerte, arrojándose a una hoguera, para
eludir el matrimonio con Hiarbas, rey de los muxitanos. …” 2137.
Cartago, ciudad fortificada y emplazada en alto, se encontraba en una península,
rodeada por el mar y por un lago; y formaba parte de la cadena de establecimientos
comerciales que la ciudad de Tiro había diseminado, a finales del II milenio a. C., por
el Mediterráneo, con propósitos comerciales pero también de acercamiento a las
zonas mineras de Occidente, sobre todo a Tartessos y a las Casitérides 2138. Desde su
fundación, a finales del siglo IX a. C., Cartago fue acrecentando su poder y su
presencia en distintos lugares del Mediterráneo, como Sicilia, Italia o España 2139. Así
fue como desde el siglo VI a. C. hasta las guerras con Roma, fue la verdadera
2132
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 88.
2133
Fue conocida en la antigüedad con diversos nombres: Tirsos, Kaine Polis (Cidad Nueva),
Kadmeia, Oinusa, Kakkabe, Afrike y Birsa, pero probablemente su nombre oficial fuera Qrthdst
(Ciudad Nueva), del que derivaría la denominación griega de Karchedon y la romana de
Karthago. (Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Págs. 101 y 102).
2134
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 151.
2135
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 55
2136
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 103.
2137
Ibídem. Pág. 103.
2138
Ibídem. Pág. 107
2139
Ibídem. Pág. 109.
376
protagonista de todos los acontecimientos importantes que tuvieron lugar en esta
zona 2140.
Ya desde el siglo V a. C., el comercio dejó de ser la actividad dominante en la
economía cartaginesa, ya que a las transacciones comerciales se sumó la explotación
de los territorios africanos conquistados, ocupación que convirtió a Cartago en un
estado agrario 2141. Criaban animales, como la oveja, la cabra y el cerdo, además del
perro y la paloma, y como animales de tiro y de cabalgadura, el caballo, el asno, el
burdégano y el mulo 2142. Y pagaron esas transacciones comerciales con las monedas
con motivos ecuestres que acuñaban, de las que es buen ejemplo la tetradracma de
plata procedente de la ciudad sículo-púnica de Panormo (Sicilia), en cuyo reverso se
representa una cuadriga a galope 2143.
7. 4. 1. El ejército cartaginés.
2140
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 87.
2141
Ibídem. Pág. 135.
2142
Werner, H: Los Cartagineses. Ed. Gredos. Madrid. 1993. Pág. 323.
2143
Izquierdo, I. y otros. 2004. Opus cit. Pág. 147.
2144
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 115.
2145
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 203.
2146
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 49.
2147
Ibídem. Pág. 51.
2148
Blázquez, J. M. y otros: Historia de España Antigua II. Hispania Romana. Ed. Cátedra.
Madrid. 1978. Pág. 22.
377
combatió el batallón sagrado, que estaba compuesto por cartagineses, pero ya en el
siglo IV a. C. eran de Cartago sólo los oficiales, pasando el ejército cartaginés a estar
integrado por mercenarios africanos e ibéricos 2149. Del contingente llevado por
Hannón 2150 a Sicilia para las campañas de la I Guerra Púnica, que ascendían a 50.000
infantes y 6.000 jinetes, los íberos fueron ya más numerosos que los libios y el 50% de
los 20.000 hombres que regresaron a Cartago al finalizar la contienda 2151.
El núcleo del ejército cartaginés lo constituía la falange, un cuerpo de élite que
combatía en el centro de la formación, detrás de los elefantes y protegidos, en los
flancos, por los auxiliares mercenarios y la caballería 2152. El equipo de estos guerreros
constaba de una lanza de 5 a 7 m. de longitud, una espada larga para los combates a
larga distancia y un escudo redondo de 60 cm. de diámetro 2153. Según los cuarteles
que rodeaban la ciudad, parece que el ejército cartaginés se componía de 24.000
infantes, auxiliados por 4.000 jinetes y 300 elefantes, incluidas en estas cifras los
contingentes mercenarios 2154.
7. 4. 1. 1. La caballería.
2149
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 206.
2150
Hannon (finales siglo II a. C). Cartaginés enemigo de la familia Barca, que se ganó el título
de El Grande por sus campañas africanas. Se opuso a la actuación de Aníbal en Sagunto e,
incluso, parece que negoció su entrega a los romanos. Después de la batalla de Cannas
intentó la paz con Roma, con la que negoció, también, el tratado que siguió a la derrota
cartaginesa en Zama. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 201).
2151
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. Pág. 206.
2152
Gracia Alonso, F: Roma, Cartago, Íberos y Celtíberos. Ed. Ariel. Barcelona. 2003 (A). Pág.
172.
2153
Ibídem. Pág. 172.
2154
Gracia Alonso, F: La guerra en la Protohistoria. Ed. Ariel. Barcelona. 2003 (B). Pág. 172.
2155
El equipo de estos soldados los constituía una lanza de 5 a 7 metros de longitud y con
punta de hierro; un escudo redondo de 60 cms. de diámetro y de forma cóncava. Los
elementos defensivos de su panoplia eran un yelmo tracio de carrilleras fijas, crinera metálica y
cogotera saliente; coraza metálica musculada, fabricada en hierro y utilizada indistintamente
junto a la griega de lino; y grebas de bronce que se sujetaban con correas de cuero y protegían
desde el tobillo hasta el inicio del muslo (Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 173).
2156
Ibídem. Pág. 173.
378
marítima, en sus ejércitos contaban con el cuerpo de la caballería, integrado en buena
parte por los jóvenes púnicos, que consideraban un deshonor tener que empuñar las
armas si no era como oficiales de caballería 2157.
Cuerpo, el de la caballería púnica, que el cónsul Atilio Régulo cometió el error de
menospreciar en la batalla de los Llanos de Bragadas (255 a. C.), terminando su
campaña africana, durante la I Guerra Púnica, en una aplastante derrota, cuando la
caballería cartaginesa, dirigida por el comandante lacedemonio Jantipo 2158, logró
romper el centro de la infantería romana, aislando su ala derecha, lo que provocó el
desastre completo en las filas romanas. El propio cónsul cayó en manos del enemigo y
sólo los romanos del ala izquierda lograron escapar. La victoria de los cartagineses y
de su mercenario Jantipo, había sido completa y Roma se quedó sin ejército en
África 2159. Mucho aprendieron los cartagineses de Jantipo, que después de este éxito,
y a pesar de las tentadoras ofertas de Cartago, se retiró a Grecia; pero ya había
enseñado a los cartagineses a utilizar la caballería como medio de ruptura y flanqueo,
táctica de la que supieron sacar buen provecho los Barcas, especialmente Aníbal 2160.
El lacedemonio reorganizó el ejército cartaginés con métodos expeditivos, aportando
los nuevos criterios sobre el empleo de la caballería y de los elefantes 2161.
Los sobresalientes jinetes númidas estuvieron presentes en todas las Guerra
Púnicas, hasta la caída final de Cartago. Eran, sobre todo, caballería ligera que
cumplía misiones arriesgadas con amplia capacidad de movimiento, como las de
exploración, enlace, persecución de las tropas vencidas para ampliar el número de
bajas y como cebos en las emboscadas 2162. Los númidas eran jinetes tan magníficos
que podían pasar de un caballo a otro en pleno combate, no utilizaban sillas ni bridas
para montar, guiando sus caballos con la acción de sus piernas; utilizaban un escudo
circular embrazado como arma defensiva y jabalinas para atacar, y vestían, por regla
general, una túnica corta sin ninguna protección corporal, por lo que no podían resistir
la acometida de tropas de caballería pesada 2163. Caballos y jinetes númidas que se
ganaron la admiración de los romanos y a los que Tito Livio describe como
“…saltarines de oficio, acostumbraban a llevar dos caballos en lo más recio de la
pelea, saltando completamente armados del fatigado al que se encontraba
2157
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 51.
2158
Jantipo (siglo III a. C). Comandante mercenario de origen espartano al servicio de los
cartagineses durante la I Guerra Púnica (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 216).
2159
Gómez Pantoja, J. (coordinador). 2003. Opus cit. Pág. 365.
2160
Ibídem. Pág. 374.
2161
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 128.
2162
Gracia Alonso, F. 2003. Opus cit. Pág. 175.
2163
Ibídem. Pág. 176.
379
descansado. Tan grande era su agilidad y también la docilidad de aquellos caballos.
…” 2164. Agilidad que potenciaban desde niños, según Arriano, ya que los “…niños
númidas de ocho años montando a pelo y sin bridas son capaces de adelantarse a los
2165
onagros del desierto y traerlos vivos y atados del ronzal. … . Estos norteafricanos
frugales, sabían soportar el hambre; a veces comían hierba en lugar de trigo y sólo
bebían agua; y sus caballos nunca comían cebada sino hierba y bebían de tarde en
tarde 2166.
Parece que los númidas se erigieron en la caballería más temida del mundo por
su destreza en el combate, por su disciplina, y por su valor 2167. Ellos hicieron huir a la
caballería pesada romana en Cannas e hicieron lo mismo con la de Aníbal, en Zama,
cuando se convirtieron en aliados de Escipión el Africano 2168. La táctica ofensiva de
estos jinetes consistía en hostigar al enemigo con el lanzamiento de dardos, pero sin
trabar combate de proximidad y atrayéndolos hacia un terreno desfavorable, en el que
serían vencidos por el grueso del ejército cartaginés 2169. Un ejemplo de esta táctica
nos lo describe Polibio en sus Historias, cuando Hannón en su avance desde Heraclea
a Agrigento, ordena a la caballería númida que hostigue a la caballería de los
romanos, que terminaron atacando a los númidas y cayendo en una emboscada en la
que muchos perecieron 2170. Suponemos que estas tropas de jinetes mercenarios
contaban con sus propios generales para asegurarse la cohesión de los efectivos; esto
explicaría, por ejemplo la presencia de Masinisa al frente de la caballería númida 2171.
Claro que su destreza en combate, su comportamiento valeroso y su disciplina,
podían evadirse de la noche a la mañana y ser aprovechados, dichos valores, por el
ejército contrario, ya que estos jinetes númidas no eran más que mercenarios a sueldo
que entendían poco de lealtades 2172. Comportamiento diametralmente opuesto a éste
era el de los hispanos que, por ejemplo en la batalla de Zama mientras su general,
Aníbal, huía a todo galope, siguieron luchando hasta que cayó el último hombre 2173.
De éstos especifica Tito Livio que “…ni los jinetes númidas ni los lanceros mauritanos
2164
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 219.
2165
Citado. Birley, A: Adriano. La biografía de un emperador que cambió el curso de la historia.
Ed. Península. Barcelona. 2003. Pág. 264.
2166
Apiano. 1995. Opus cit. Pág. 249.
2167
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 54.
2168
Ibídem. Pág. 54.
2169
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 176.
2170
Ibídem. Pág. 176 (Nota).
2171
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 174.
2172
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 5.
2173
Ibídem. Pág. 54.
380
eran rivales para los jinetes y los caetrati de los hispanos, que poseían igual velocidad
y les aventajaban en moral y fuerza. …” 2174.
Los cartagineses llevaron sus caballos a Sicilia, en cuyas campañas contra los
siracusanos llegaron a emplear 2.000 bigas y 4.000 jinetes; caballos líbicos que
estamparon, entre la población equina siciliana, sus caracteres africanos, como el
perfil subconvexo 2175.
2174
Citado. Almagro-Gorbea, M. 2009. Opus cit. Pág. 177.
2175
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 205.
2176
Ibídem. Pág. 205.
2177
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Pág. 176.
2178
Ibídem. Pág. 176.
381
además del más importante de los refuerzos que recibió, el de Ophellas de Cirene,
que le proporcionó 10.000 infantes, 600 jinetes y 100 carros de guerra 2179. La campaña
del 310 a. C. fue la última ocasión en la que los cartagineses utilizaron de forma
generalizada el carro de guerra 2180. A finales del siglo IV a. C. y en el siglo III a. C., se
constata un progresivo cambio en el reclutamiento de las tropas siracusanas, en el que
se sustituyen los soldados griegos por los oriundos de las regiones centrales de Italia:
samnitas, oscos y campanos 2181.
7. 4. 2. 1. La I guerra púnica.
2179
Ibídem. Pág. 180.
2180
Ibídem. Pág. 176.
2181
Ibídem. Pág. 183.
2182
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 209.
2183
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Págs. 266 y ss.
2184
Homo,L. 1960. Opus cit. Pág. Págs. 241 y 242.
2185
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 129.
2186
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 487.
382
en diez años 2187. Entonces, Sicilia pasó a ser la primera provincia romana y el mar
Tirreno pasó a ser romano como consecuencia de la pérdida del control de la zona por
parte de los cartagineses 2188.
Tras la derrota, el estado cartaginés, exhausto, se negó a pagar los atrasos a los
mercenarios que habían combatido en sus filas y éstos, al mando de Magón, se
sublevaron; Amílcar remiso a luchar contra sus antiguos soldados se decidió por fin a
atacarlos, atrapándolos en un angosto valle cuyas salidas obstruyó, esperando a que
murieran de hambre 2189. No tuvieron otra salida que comerse primero a los caballos,
luego a los prisioneros y, finalmente, a los esclavos 2190. Roma aprovechó los
problemas en Cartago para apoderarse de Cerdeña y Córcega; y fue entonces cuando
Amílcar 2191, perdido su imperio y reducido a los límites de la ciudad, pidió permiso para
anexionarse la península que los romanos llamaban Hispania 2192.
En Hispania, romanos y cartagineses firmaron en el 226 a. C. el tratado del Ebro,
por el que Asdrúbal, que había sucedido a su suegro, se comprometió a no traspasar
la línea del río, mientras que los romanos se comprometieron a respetar la supremacía
púnica al sur del mismo 2193. Con la intención de volver a entrar en guerra con Cartago,
Roma violó el Tratado del Ebro, al establecer una nueva alianza con Sagunto, ciudad
española que se hallaba en la zona de influencia cartaginesa 2194. La respuesta de
Aníbal fue sitiar Sagunto (219 a. C), conquistándola tras ocho días de resistencia;
2187
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 131 y 132.
2188
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 131.
2189
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 132.
2190
Ibídem. Pág. 132.
2191
Los Bárquidas o Bárcidas eran una familia púnica “…ligada a la historia de la grandeza y la
derrota de Cartago. En ella nació Aníbal, uno de los mejores generales del mundo antiguo, que
comparte este honor con su oponente, el romano Publio Cornelio Escipión, los macedonios
Filipo II y Alejandro y el tebano Epaminondas.
No existe ninguna duda de la pertenencia de sus padres, Amílcar Barca, y su familia, a la
aristocracia púnica, por su mando sobre Sicilia y por la existencia de datos fidedignos sobre
sus propiedades y riquezas latifundistas. […].
Los tres hijos de Amílcar, que se llevaban pocos años y a los que el general púnico se
refería diciendo que eran <<los leones que he criado para la ruina de Roma>> fueron:
*Aníbal (en púnico Hnbcl, <<aquel que tiene el favor de Ba'al>>, nacido en 247 a. C., el año
que fue enviado Amílcar a Sicilia.
* Asdrúbal (en púnico Zrbcl, <<Ba'al es mi ayuda>>), que mandaría las tropas cartaginesas
en Hispania mientras Aníbal estaba en Italia y fue abatido en Matauro en el 207 a. C. cuando
trataba de ayudar a su hermano.
* Magón (en púnico Mgn, <<el don>>), que guerreó en Liguria durante la campaña de Italia
y que según Tito Livio (XXX, 19, 5) moriría en el mar durante el viaje de regreso el año 203 a.
C.
En el 231 a. C. Amílcar Barca murió en lucha contra los íberos. Le sucedió su yerno
Asdrúbal. En 227 a. C. se fundó Cartago Nova, donde los púnicos establecieron su capital en
España. …”. (Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Págs. 234 y235).
2192
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 13.
2193
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 135.
2194
Ibídem. Pág. 135.
383
conocidos estos hechos por Roma, ésta exigió la devolución de la ciudad y la entrega
de Aníbal, a lo que Cartago se negó, por lo que dio comienzo la II Guerra Púnica 2195.
7. 4. 2. 2. La II guerra púnica.
2195
Ibídem. Pág. 135.
2196
Aníbal. (Cartago, 247 a. C.-Bitinia, 183 a. C). Militar cartaginés hijo de Almílcar Barca, que
tras la muerte de su padre asumió la jefatura del ejército cartaginés. “…Con total seguridad el
mejor estratega de toda la Antigüedad junto a Filipo II de Macedonia. Sus triunfos son
impresionantes si tenemos en cuenta que se consiguieron contra el mejor y más numeroso
ejército del mundo antiguo. Su capacidad táctica para aprovechar las ventajas del terreno como
un elemento más del combate, como en el Trebia o el Trasimeno, era inigualable […] Su
capacidad estratégica era también enorme, llevar la guerra contra Roma a la propia Italia,
tomando así la iniciativa frente a un enemigo que le superaba en número casi diez veces, es
una hazaña que impresiona. Si a esto unimos que para realizarlo tuvo que atravesar los Alpes,
donde perdió casi la mitad de su ejército, la gesta militar se nos convierte en la más meritoria
jamás realizada. No se puede olvidar, además, que en más de quince años en suelo enemigo
jamás sufrió un motín o deserciones de importancia, ni siquiera cuando ya estaba claro que la
victoria contra Roma era imposible. Este detalle demuestra que su capacidad de liderazgo era
tan grande como sus virtudes en el campo de batalla. …” (Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit.
Págs. 291 y 292.).
2197
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 13.
2198
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 104.
2199
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 207.
384
pero al cruzar los Pirineos lo acompañaban “…cincuenta mil infantes y unos doce mil
jinetes, […] con el fin de pasar el llamado río Ródano. …” 2200.
Cuando Roma envió a Hispania a P. Escipión para contener a Aníbal en el Ebro,
éste ya había cruzado los Pirineos; entonces el general romano decidió desembarcar
en Marsella con la intención de esperarlo en el Ródano, pero las tropas de Aníbal
también lo habían vadeado ya. En el cruce del río se distinguieron las tropas hispanas,
que pusieron sus enseres sobre unos odres y, echándose sobre ellos, cruzaron las
aguas; hazaña que no fue una improvisación ya que parece que los íberos llevaban en
su equipo estos odres que inflaban para cruzar los ríos; costumbre similar a la de los
jinetes bátavos, que cruzaban las aguas del Danubio con todo su equipo 2201. Según
Polibio, la caballería ligera cruzó el río en lanchas, y la infantería ligera en barcas. Los
caballos fueron “…arrastrados nadando a popa de las lanchas. Un solo hombre
conducía de las riendas por ambos lados de la popa tres o cuatro a la vez, de modo
que así, en la primera travesía, se pasó un número suficiente de caballos. …” 2202.
Pasados los Pirineos, las luchas contra las tribus galas disminuyeron más los
efectivos; un 33% de bajas en la caballería, frente a un 60 % en la infantería, las
atribuye Lión a la excelencia de los jinetes númidas e hispanos, y Tito Livio al
presumible trato preferencial del general cartaginés hacia estas tropas escogidas 2203.
Caballería que, por una arenga de Aníbal, sabemos que estaba integrada por
caballería pesada, de la que formaban parte los hispanos y los 4.000 galos cisalpinos
que se habían unido a Aníbal; y la ligera, que componían los númidas africanos 2204.
Especial dificultad para el avance del ejército cartaginés constituyó el paso de los
Alpes, en los que fueron atacados por los alóbroges, “…que cayeron sobre aquellos
desde muchos sitios, se produjo una gran matanza de cartagineses y, sobre todo de
caballos, y de acémilas, no tanto por obra del enemigo como por la acción del terreno,
pues, al ser el camino no sólo estrecho y escabroso, sino también empinado, por
cualquier movimiento y perturbación se despeñaban por los precipicios muchas
acémilas con sus cargas. Ese desorden lo provocaban especialmente los caballos
heridos, pues, cuando se espantaban por los golpes, unos se volvían y chocaban
contra las acémilas y otros se lanzaban hacia delante arrastrando todo lo que caía a
su paso en los desfiladeros y provocando una gran confusión. …” 2205. Muchos de los
caballos que se habían espantado y de las acémilas que habían tirado su carga,
2200
Polibio. 1986. Opus cit. Págs. 70 y 71.
2201
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 208.
2202
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 76.
2203
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 208.
2204
Ibídem. Pág. 208.
2205
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 84.
385
guiados por su instinto de orientación, volvieron sobre sus pasos y siguiendo sus
huellas, encontraron el campamento cartaginés 2206.
Después de salvados los Alpes, Aníbal acampó en los sitios libres de nieve y
soltó a los animales al pasto. Finalmente llegó a las llanuras del Po y al pueblo de los
insubres con las fuerzas que había logrado salvar, que ascendían a doce mil africanos,
ocho mil iberos de infantería y no más de seis mil de caballería 2207. Aníbal había
perdido desde que vadeó el Ródano, casi, la mitad de sus tropas, y de los que
sobrevivieron, a causa de las penurias sufridas, de su comportamiento y de su
apariencia, daban impresión de fieras; pero Aníbal, poniendo gran atención en su
cuidado, consiguió recuperar la buena condición física y moral de sus hombres, sin
olvidar el cuidado de los caballos 2208.
2206
Ibídem. Pág. 87.
2207
Ibídem. Págs. 88 y 89.
2208
Ibídem. Pág. 92.
2209
Publio Cornelio Escipión (muerto en 211 a. C). Hijo de Lucio Cornelio Escipión y hermano
de Gneo Cornelio Escipión, fue general durante la II Guerra Púnica. A este general se le
escapó Aníbal en España y, después, en el Ródano. Fue herido en una escaramuza de la
caballería a orillas del Tesino, cerca de Pavía. Finalmente, murió en España a manos de
Asdrúbal y Magón. Su hijo fue Escipión el Africano. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 152).
2210
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 137
2211
Ibídem. Pág. 137.
2212
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 209.
2213
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 242.
2214
Polibio. 1986. Opus cit. Págs. 99 y 100.
386
hubiese muerto si no lo hubiese socorrido su hijo 2215, al que nos encontraremos dentro
de dieciséis años vengándolo en Zama 2216; joven al que un día la historia conocerá
como Cornelio Escipión el Africano 2217. Rescatado por el hijo, el padre herido,
consiguió liberar a la caballería de la trampa púnica, cruzando el Po y atrincherándose
en las orillas del Trebia para esperar a su colega Sempronio y unir a ambos ejércitos
consulares 2218. El cuidado de la moral de sus soldados era crucial para Aníbal, así,
sabemos que en su marcha hacia Roma, al atravesar los Alpes fue hostigado por
diversas tribus galas; y encontrándose cerca del ejército romano antes de la batalla del
esta batalla del Tesino dirigió una arenga a sus soldados y, como ejemplo moralizante,
hizo luchar ante ellos a unos jóvenes galos que había apresado; a los perdedores les
esperaba la muerte, y a los vencedores una panoplia semejante a la de los reyes
galos, sayos valiosos y caballos 2219.
2215
Publio Cornelio Escipión el Africano (236-183 a. C). El más grande general romano de la II
Guerra Púnica. En la batalla del Tesino salvó la vida de su padre. En la batalla de Cannas fue
tribuno militar. En Hispania venció a Asdrúbal (hijo de Amílcar Barca) en Bailén y aplastó a
Magón y a Asdrúbal (hijo de Giscón) en Ilipa, cerca de Sevilla, quedando Hispania libre del
poder cartaginés. Y en Zama Regia (África) acabó con Aníbal, obteniendo un triunfo y su
sobrenombre. Decepcionado de la política romana y víctima de la envidia de hombres
inferiores, al final de sus días se exilió voluntariamente a Liternum, en Campania, donde murió
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 152 y ss).
2216
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 137.
2217
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 111.
2218
Ibídem. Pág. 111.
2219
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 94.
2220
Magón. Hermano que le secundó fielmente. Era su jefe de caballería. (Lago, J. I. 2003.
Opus cit. Pág. 118).
2221
Ibídem. Pág. 112.
387
formaba, descansado, con la infantería en el centro y la caballería en las alas 2222. Ante
el hostigamiento de los númidas, el incauto Sempronio, envió a su caballería para que
entrara en combate con los cartagineses; pero hombres y caballos habían iniciado la
marcha, en un día de nieve particularmente frío, sin comer; mientras que los
cartagineses habían comido y bebido en sus tiendas y atendido a sus caballos; y,
además, untaban sus cuerpos de grasa y se arrimaban alrededor del fuego 2223. El
resultado fue que los jinetes númidas consiguieron hacer huir a los jinetes romanos
gracias a su peculiar estilo de lucha, después cargaron contra los flancos de las
legiones, que se defendieron rabiosamente, para sucumbir cuando Magón sacó a sus
dos mil hombres de los ribazos de los arroyos, atacando la retaguardia romana por
sorpresa 2224. Escuchemos otra vez a Tito Livio “…la caballería romana (y aliada) se
hallaba agobiada porque cuatro mil hombres fatigados ya no podían resistir a los diez
mil jinetes enemigos […] finalmente, Magón y los jinetes númidas, tan pronto como el
ejército (romano) hubo rebasado el lugar en que se hallaba emboscado, le atacó por la
espalda y provocó en sus filas el espanto. …” 2225. Según Apiano no fueron los jinetes
númidas los que hicieron huir a la caballería romana sino los elefantes, ya que
entablado el combate, los caballos de los romanos no pudieron soportar ni la vista ni el
olor de esos animales, por lo que emprendieron la huida 2226. Sempronio no supo
reaccionar a tiempo y el resultado final fue que en la batalla del Trebia murieron más
de veinte mil romanos 2227. Escipión supo mantener otra vez, tras la derrota, la cabeza
fría y se retiró con los supervivientes hasta Piacenza, siendo favorecido por la tardía
reacción de Aníbal para perseguirlo y por la repentina y oportuna tormenta de nieve
que los ocultó a los perseguidores; tormenta que presagiaba el crudo invierno que se
avecinaba y que acabaría con la totalidad de los elefantes supervivientes de los Alpes
menos uno, y también con muchos de sus caballos 2228.
Aníbal siguió marchando sobre Italia; llegado a la Etruria, en vez de seguir la ruta
larga y conocida por el enemigo, decidió atravesar el corto e inesperado itinerario de
las ciénagas de las marismas. En primer lugar avanzaban iberos y africanos, que
lograron realizar la travesía sin grandes inconvenientes porque eran gente sufrida,
pero los galos la hicieron penosamente porque soportaban a duras penas el
sufrimiento; para evitar la deserción de los volubles galos, Aníbal colocó en la
2222
Ibídem. Pág. 112.
2223
Polibio. 1986. Opus cit. Págs. 105 y 106.
2224
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Págs. 112 y 113.
2225
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 209.
2226
Apiano. 1995. Opus cit. Pág. 196.
2227
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 113.
2228
Ibídem. Pág. 113.
388
retaguardia a su hermano Magón, “…sobre todo, pensando en la blandura y horror al
sacrificio de los galos, a fin de que , si se volvían atrás al verse acosados, Magón se lo
impidiera con los jinetes y empleara la fuerza con ellos. …” 2229. Travesía de las
marismas que fue penosa también para las bestias, muchas de las cuales “…cayeron
en el fango y perecieron, proporcionando con su caída una única ventaja a los
hombres quienes, sentándose sobre ellas y sobre los fardos amontonados encima,
quedaban por encima del agua y lograban de este modo dormir una parte de la noche.
No pocos de los caballos perdieron sus pezuñas debido a la marcha continua por
lodazales. …” 2230.
D. Batalla de Geronium.
2233
Ibídem. Págs. 119 y 120.
2234
Ibídem. Pág. 121.
2235
Quinto Fabio Máximo Verrucoso: Este famoso general y estadista romano era conocido
como “el Contemporizador”, por sus cautelosas tácticas en sus guerras contra Aníbal. Fue
nombrado dictador durante las guerras con Aníbal, pero su táctica era tan impopular que se
peleó contra Minucio y dimitió de su cargo de dictador. Tras la derrota de Cannas fue llamado
de nuevo y el ejército romano adoptó su táctica dilatoria en los diez años siguientes (Hazel, J.
2002. Opus cit. Pág. 165).
2236
Marco Minucio Rufo: Fue elegido jefe de la caballería de Quinto Fabio Máximo, tras la
derrota romana en el lago Trasimeno, pero se comportó deslealmente con su jefe, al
desobedecer sus órdenes y atacar a los cartagineses, contra las órdenes de Máximo. (Ibídem.
Pág. 283.)
2237
Polibio. 1986. Opus cit. Págs. 120 y 121.
2238
Ibídem. Pág. 138.
390
imprescindibles recursos proporcionados por Hispania, el general cartaginés intentó
invertir el resultado de la Primera Guerra Púnica 2239.
La serie de derrotas demoledoras y sangrientas de Aníbal a los ejércitos
romanos enviados para hacerle frente, culminaron en la batalla de Cannas en 216 a.
C. 2240.
E. La batalla de Cannas.
2239
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 489.
2240
Ibídem. Pág. 489.
2241
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 138.
2242
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 210.
2243
Ibídem. Pág. 211.
2244
Ibídem. Pág. 211.
2245
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 140.
391
encargó Paulo 2246; en el centro situó las legiones romanas y aliadas, precedidas de las
tropas auxiliares y ligeras, bajo el mando del procónsul Gneo Servilio y, por último, en
el ala derecha y bajo su mando, dispuso a la caballería aliada compuesta de 4.000
jinetes 2247. Aníbal, por su parte, apoyó en el Ofanto su ala derecha, que integraba a su
caballería pesada, compuesta de 4.000 jinetes galos y 3.000 iberos, mandados por su
hermano Asdrúbal; el centro lo ocuparon sus 40.000 hombres de infantería, libios en
los extremos y galos y españoles en el centro, mandados por el propio Aníbal; y en el
ala izquierda situó a sus 3.000 jinetes númidas, mandados por Maharbal 2248.
La llamada mayor batalla de la Antigüedad comenzó con el ataque de las tropas
ligeras de ambas formaciones, lanzándose la caballería númida contra la aliada
romana, que volvieron grupas para escapar de las jabalinas de los norteafricanos; los
que huían eran unos 4.000 jinetes italianos de caballería pesada, armados con lanzas
de carga, espadas, yelmos y corazas y los que los perseguían eran 4.000 númidas
armados con una bolsa de jabalinas, exactamente igual que había ocurrido en Tesino,
Trebia y Trasimeno 2249. Así nos narra Tito Livio la huida de los aliados: “…cuando los
aliados comenzaron a huir; Marhabal 2250 ordenó a los númidas perseguirlos, uniéndose
a los jinetes españoles y galos de Asdrúbal, que más que de combatir, estaban
agotados de tanto matar. …” 2251. Si esto era lo que le sucedía a la caballería aliada, a
los dos mil cuatrocientos caballeros romanos no les iba mejor, ya que Asdrúbal se
lanzó sobre ellos con sus más de seis mil jinetes pesados, españoles y galos,
derrotando a los romanos en pocos minutos y dejando a las legiones romanas con sus
flancos descubiertos, lo que sin duda resultó fatal 2252. Aníbal, como era su costumbre
atrajo al enemigo a un terreno llano, adecuado para la acción de su caballería; luego
puso sus fuerzas en línea, colocando a los galos en el centro, pues estaba seguro de
que éstos cederían. Cuando Varrón se introdujo en la brecha, las alas de Aníbal se
cerraron sobre él 2253.
2246
Polibio sitúa a Paulo Emilio mandando el ala derecha y a Varrón al mando de la izquierda;
los cónsules del año anterior, Marco Atilio y Gneo Servilio, mandaban el centro de la formación.
(Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 148)
2247
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 211.
2248
Ibídem. Pág. 212.
2249
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 136.
2250
Maharbal (siglo II a C). Comandante de la caballería púnica durante la campaña de Aníbal
en Italia. Parece que, por haberse negado Aníbal a marchar contra Roma después de la batalla
de Cannas, reprochó a éste que supiera obtener victorias, pero no aprovecharlas (Hazel,
J.2002. Opus cit. Pág. 258).
2251
Citado. Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 141.
2252
Ibídem. Pág. 140.
2253
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 139.
392
La importancia del caballo en estas guerras, como en todas en las que se
desarrollaron hasta la aparición de los vehículos mecanizados, la pone de manifiesto
la exclamación, según Tito Livio, de Aníbal cuando supo que algunos jinetes
participantes en la batalla descendieron de sus monturas para luchar: “…¡Es como si
me los hubieran entregado encadenados! …” 2254. Caballos de cuya labor nadie duda
en las acometidas, pero que servían, también, para sacar de apuros a los soldados;
como demuestra el episodio en el que Livio nos relata como el tribuno Cornelio
Escipión pretende sacar al cónsul Paulo, que había sido herido por un hondero, del
fragor de la batalla: “…”Lucio Emilio, tú eres el único a quién los dioses liberarán de la
culpa de este desastre, sube a mi caballo y te sacaré de aquí…” 2255. A lo que el cónsul
replicó que no se compadeciese de él y llevase la noticia de la masacre a Roma, y les
pidiese que fortificasen la ciudad antes de que llegaran los púnicos; le pidió que le
dijera a Máximo que tenía razón y que le dejase morir allí junto a sus hombres, ya que
no quería “…pasar a la historia como el cónsul que se salvó para acusar a su colega
de incompetencia. No quiero salvar mi honor a costa del de otro. …” 2256. Mientras
hablaban llegaron los enemigos, que mataron a Paulo sin saber quién era, pero no
pudieron evitar que Cornelio Escipión escapara auxiliado por el veloz galope de su
caballo 2257. Así fue como murió el hombre que habiendo previsto que el resultado de la
batalla estribaba sobretodo en la caballería, recorría cabalgando toda la línea de
combate y participaba en la lucha asestando golpes al enemigo, a la vez que arengaba
a sus soldados 2258. Caballos fueron, así mismo, los que permitieron escapar al cónsul
Varrón que huyó a Venusia, acompañado de cincuenta jinetes.
El resultado final del desastre, si seguimos a Livio, fue la muerte de 45.500
soldados de infantería y 2.700 jinetes, entre aliados y romanos; y los prisioneros
alcanzaron los 3.000 infantes y los 1.500 jinetes 2259. Polibio nos da cifras distintas;
según este autor fueron 70 los soldados que escaparon a Venusia con Varrón y el total
de las victimas alcanzó la cifra de 70.000, “…que murieron bravamente, debido a que
las fuerzas de caballería habían prestado esta vez, lo mismo que antes, un
importantísimo servicio a la victoria. Con ellos se hizo patente a la posteridad que, en
caso de guerra, es mejor tener la mitad menos de infantería y ser, en cambio
superiores en caballería, que arriesgarse a la lucha con fuerzas iguales, en todas las
líneas, a las del enemigo. …”. Lión aumenta el resultado final, con seguridad siguiendo
2254
Citado. Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 141.
2255
Citado. Ibídem. Pág. 141.
2256
Citado. Ibídem. Pág. 141.
2257
Citado. Ibídem. Pág. 141.
2258
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 149.
2259
Citado. Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. Pág. 142.
393
a Polibio, hasta los 70.000 soldados romanos muertos en el campo y 10.000 más, que
fueron hechos prisioneros; por excavaciones posteriores en los alrededores de
Cannas, conocemos la existencia de un cementerio de restos humanos que se
extiende por un área de 23.000 metros cuadrados. Cráneos, fémures, costillas y
vértebras se reparten en universal desorden y, en algunos sitios, aún se pueden
observar restos de óxido de hierro que parecen pertenecer a puntas de flecha o de
lanza; y gran parte de las fracturas observadas en los huesos revelan golpes cortantes
de armas afiladas 2260.
El Barca fue el único general que venció durante cuatro batallas consecutivas a
los romanos; en la batalla de Cannas perdió solamente 6.000 hombres, pero también
perdió el secreto de su triunfo: la superioridad de su caballería 2261. Caballería que
Aníbal valoraba en su justa medida, ya que tras la batalla pidió como rescate por los
prisioneros romanos, 500 cuadrigatos por los jinetes, y sólo 300 por un infante y 100
por un esclavo 2262.
Arma de la que formaban parte, en Cannas, unos dos mil jinetes españoles, que
constituían, junto con los galos, la caballería pesada, ya que la ligera la conformaban
los jinetes númidas. Galos de los que, como parece patente, Aníbal, como ocurriría
después con César, no se fiaba en exceso; por ello, de mantenerlos a raya en Cannas,
se encargó Asdrúbal, seguramente, auxiliados por los disciplinados jinetes
hispanos 2263. Por el contrario, de la excelencia de la caballería de los celtíberos
hispanos nos habla Apiano: “…Como quiera que la caballería celtíbera, que combatía
con Aníbal como mercenaria, luchaba con todo éxito, los generales romanos en Iberia
pidieron un número igual de jinetes a las ciudades que estaban bajo su mando y los
enviaron a Italia como contrapartida de aquellos. Éstos, cuando acamparon cerca de
Aníbal se mezclaron con sus compatriotas e intentaron hacerles cambiar de fidelidad.
Muchos, en efecto, cambiaron de parecer y desertaron o huyeron en secreto y ya ni
siquiera el resto mereció la confianza de Aníbal, por ser sospechoso a sus ojos y, a su
vez, sospechar ellos de él. Así pues, a partir de ese momento, Aníbal comenzó a tener
peor suerte. …” 2264.
Así, no sabemos si fue un golpe traicionero de la Fortuna o el abandono de los
jinetes hispanos la causa de la extinción de la buena estrella cartaginesa, pero Aníbal
fue finalmente expulsado de Italia en 203 a. C., y, entonces, el escenario de la guerra
2260
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 213.
2261
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 141.
2262
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 213.
2263
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 127.
2264
Apiano. 1995. Opus cit. Pág. 214.
394
pasó a África 2265. En Italia quedó abandonado a parte de su ejército y embarcó para
África con el resto, compuesto por la falange púnica, las caballerías númida y
española, y los infantes españoles 2266. Antes de partir intentó convencer a sus
hombres de que lo siguieran a África, pero como algunos no se decidieran, “…reunió a
los que habían decidido quedarse, como si fuera a decirles algo o a recompensarlos
por sus servicios o para darles algún encargo con respecto al futuro, y los rodeó de
improviso con su ejército. A continuación, ordenó a sus propios soldados elegir de
entre ellos a los que quisieran como esclavos. Y una vez que algunos lo habían hecho,
en tanto que a otros les dio vergüenza de reducir a la esclavitud a gente que habían
sido sus camaradas en tantas ocasiones, a todos los demás los asaeteó para que
unos hombres de tal valía no fueran jamás de provecho a los romanos. Dio muerte
también, junto con ellos, a cuatro mil caballos y a un gran número de animales de tiro
que no podía llevar a África. …” 2267.
La batalla continuó en España, donde Escipión venció a los generales
cartagineses Magón y Giscón en Ilipa (Alcalá del Río), en 206 a. C.; tras esta derrota
Magón huyó con su escuadra hacia las Baleares y de allí hacia Génova donde intentó
atraerse a los galos y a los ligures contra Roma 2268. Había terminado el dominio
cartaginés en Hispania 2269.
2265
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 490.
2266
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 31.
2267
Apiano. 1995. Opus cit. Pág. 236.
2268
Vázquez Hoys. A. Mª. 2001. Opus cit. Pág. 139.
2269
Ibídem. Pág. 139.
2270
Escipión “…Era brillante tácticamente, pero su visión estratégica era mediocre. Su más
grave error fue, sin duda, permitir la marcha de Asdrúbal Barca a Italia. Su victoria en Zama
frente a Aníbal se produjo porque éste había tenido que abandonar a sus veteranos en Italia.
Polibio ensalzó la figura de este general debido a la relación que mantenía con Escipión
Emiliano, pariente de Escipión; omitió sus fallos, convirtió los errores en excepcionales victorias
(como en la batalla de Baecula) y presentó batallas inacabadas (Ilipa) como grandes triunfos.
En resumen, un buen general para el estándar romano pero mediocre si se le compara con los
grandes estrategas macedonios, griegos o cartagineses. …” (Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit.
Pág. 293).
2271
Asimov, I. 2006. Opus cit. Pág. 262.
395
generales desplegaron sus caballerías en las alas 2272 y nada más iniciado el combate,
la caballería púnica, desordenada en parte por algunos elefantes enloquecidos por el
dolor que les causaron los dardos de los velites romanos, fue rápidamente vencida y
expulsada del campo por la romana, dejando el flanco del ejército cartaginés
desprotegido” 2273.
Como hemos visto, un elemento táctico de gran importancia en el ejército
cartaginés, durante esta II guerra púnica, fue la caballería; de la que Aníbal dispuso de
dos tipos: la pesada, integrada por españoles y galos, y la ligera númida 2274. Parecía
que estaba claro que la superioridad de la caballería cartaginesa se basaba en los
jinetes y en los caballos númidas y españoles, porque cuando se conquistó Hispania
por los romanos y se firmó la alianza con el númida Masinisa, Cartago vio esfumarse
la superioridad de su caballería 2275.
Los romanos habían aprendido una importante lección en Cannas. Su nefasto
recuerdo pervivió en la memoria colectiva durante siglos y con el aprendizaje de
aquella lección, reconocieron que aquella horrible conmoción se produjo por los
movimientos de hombres y caballos 2276. Y es que nadie pareció dudar del importante
papel de la caballería en el triunfo de Aníbal, porque, según parece, fueron ellos los
que vencieron a la caballería romana, los que pusieron en fuga a la aliada, y los que
ayudaron a los infantes libios, baleares, iberos y galos a vencer a las legiones
romanas, superiores tanto técnica como numéricamente 2277.
Perdida la batalla, Aníbal abandonó el escenario a lomos de su caballo y a todo
galope hacia Cartago, donde llegó cubierto de sangre; reunió al Senado, anunció que
había perdido no una batalla sino la guerra, y aconsejó a los senadores que mandaran
una embajada para pedir la paz a Roma 2278. En efecto, Cartago pidió la paz y con esta
acción terminó el intento de disputarle a Roma la hegemonía sobre el Mediterráneo
occidental 2279.
Tras Zama, Escipión pretendió disuadir a los romanos, que querían ver a Aníbal
uncido al carro del vencedor en su procesión triunfal en Roma, de que no pidiesen la
cabeza de su enemigo, pero fue en vano; el cartaginés, para evitar caer en manos
romanas, escapó de noche, galopó más de doscientos kilómetros hasta Tapso y allí
2272
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 274.
2273
Gracia Alonso, F: La guerra en la Protohistoria. Ed. Ariel. Barcelona. 2003 (A). Pág. 173.
2274
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 54.
2275
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 214.
2276
Citado. Ibídem. Pág. 213.
2277
Ibídem. Pág. 213.
2278
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 146.
2279
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 490.
396
embarcó hacia Antioquia en donde aconsejó al rey Antíoco 2280 que entrara en guerra
contra los romanos, convirtiéndose en uno de sus expertos generales; pero Antíoco
fue vencido y los romanos volvieron a pedir la cabeza de Aníbal; nueva huida, pero
esta vez los romanos le dieron alcance y el ya viejo general prefirió la muerte a la
captura 2281. Tito Livio nos transmite sus irónicas palabras al llevarse el veneno a la
boca: “…Devolvamos la tranquilidad a los romanos, visto que no tienen paciencia para
aguardar el fin de un viejo como yo. …” 2282.
Escipión y Roma se mostraron generosos ya que el general sólo exigió, tras el
triunfo, que entregasen toda la flota cartaginesa, excepto diez trirremes, que
renunciasen a toda conquista en Europa, que reconociesen a Masinisa en una
Numidia independiente y que pagasen una indemnización de diez mil talentos 2283.
Los romanos utilizaron las ansias de poder de Masinisa (238-148 a. C.) para
desencadenar la tercera guerra contra Cartago. Éste era un rey númida, hijo de Gaya,
rey de los masilios de Numidia Oriental; se educó en Cartago y fue aliado de los
púnicos en sus campañas hispanas, pero cerca de Cádiz se entrevistó con Escipión el
Africano y se cambió al bando romano 2284. Fue tan buen militar como político y supo
manipular el poder romano en su beneficio 2285, siendo, además, uno de los personajes
más extraños de la Antigüedad, ya que vivió hasta los 90, tuvo su último hijo a los 86,
y a los 88 todavía galopaba al frente de sus tropas. 2286. Homo lo califica de ambicioso,
inteligente, sin escrúpulos, y como un soñador, que anhelaba un imperio personal en
el norte de África; para conseguirlo se apoyaba en una tesis sencilla: si Cartago, una
intrusa, había usurpado a los indígenas su territorio, estaba claro que él podía
recuperar todo lo que antes de la llegada de los tirios había pertenecido a los
norteafricanos 2287. Pensado y hecho; Masinisa puso manos a la obra y en 150 a. C.
invadió el territorio cartaginés poniendo sitio a Oroposca; al marchar contra el númida
un ejército cartaginés que fue derrotado, Cartago había violado el tratado del 201 a.
2280
Antíoco III el Grande. Era rey de Siria y de las tierras del este. Cuando Aníbal fue
desterrado de Cartago se refugió en la corte de Siria (c. 195 a. C) y allí intentó persuadir a
Antíoco para que invadiera Italia. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 29)
2281
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 147.
2282
Ibídem. Pág. 147.
2283
Ibídem. Pág. 146 y 147.
2284
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 270.
2285
Ibídem. Pág. 270.
2286
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 156.
2287
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. Pág. 270.
397
C., que le impedía entrar en guerra sin el permiso expreso de Roma ; y ésta fue la
ocasión que Roma aprovechó para acabar, de una vez, con los sueños de su aliado
númida y con la existencia de Cartago, de la que Catón pensaba y manifestaba
reiteradamente que debía ser destruida 2288. Cartago fue sitiada en el 149 a. C. por
Escipión, no tardó en sufrir el hambre y, finalmente, se vio obligada a rendirse;
después fue asaltada, en la primavera del 146, y, por orden formal del Senado,
destruida.
Desaparecida Cartago, los planes de los príncipes númidas se hacían
irrealizables. Ahora, Roma había conseguido un doble triunfo, ya que, mediante la
destrucción de su antigua rival, había puesto en ejecución las dos partes de su
programa africano 2289. Así fue como Roma, que nunca había olvidado que Cartago
había estado a punto de destruirla, cumplió su deseo de verla aniquilada, y así fue
como la brevísima III Guerra Púnica terminó con la ciudad de Cartago sometida al
saqueo y arrasada, y con sus supervivientes vendidos como esclavos y su territorio
integrado dentro de los dominios públicos del Estado romano 2290.
Se puede afirmar, como Mommsen que “… A las naciones marítimas del Oriente
es a las que pertenece la gloria de haber dado a Italia todo lo que ésta debe a la
cultura extranjera. …” 2291. Claro que ¿qué hubiera pasado si Alejandro hubiera sido
derrotado por los persas? Tal vez, que la cultura griega no hubiese salido “…del
reducido espacio de la península helénica, esparciéndose y multiplicándose por todo el
Mediterráneo Oriental, por Anatolia, Siria, Israel, Egipto, y hacia Oriente, el
pensamiento, el arte, el idioma griego sirvió de vínculo a pueblos enteros que
anteriormente nada tenían que ver, y sin Alejandro, todo eso no hubiera sucedido.
…” 2292. Y ¿qué hubiera pasado si Roma hubiese caído ante Aníbal? Con seguridad
que aquella no hubiese podido transmitir la cultura griega por todo el Mediterráneo 2293.
Cultura que, en no pocas ocasiones galoparía, con los hombres, a lomos de sus
caballos. Si hipotéticamente nos situáramos en Occidente y en los alrededores del año
900 a. C., encontraríamos que carros y caballos se habían ido extendiendo por el Orbe
2288
Ibídem. Págs. 270 y 271.
2289
Ibídem. Pág. 271
2290
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 135.
2291
Momsen, T. 1983 (A). Pág. 192.
2292
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 173.
2293
Ibídem. Pág. 173.
398
conocido en los últimos ochocientos años, y que a partir del 1.200 a. C., la equitación
había ido restando, poco a poco, importancia al carro 2294. Aurigas y jinetes romanos,
portadores de la cultura griega, llegaron juntos a los extremos occidentales del mundo
conocido, Península Ibérica y Gran Bretaña; y juntos emprendieron su expansión hacia
el norte, hasta las zonas hiperbóreas y heladas, donde la rueda hubo de detenerse;
pero los caballos, más o menos indiferentes a los factores climáticos, siguieron
arrastrando trineos y varas largas para arrastrar cargas 2295. En su viaje hacia el Sur,
intentaron atravesar la barrera sahariana, pero la temible mosca set-set, impidió que el
caballo avanzara más allá de la zona en la que los garamantas harían célebres sus
carros de guerra arrastrados por cuatro caballos. Remota todavía la hazaña humana
de cruzar el Atlántico con sus corceles, este mar inmenso sería la frontera occidental
de los reinos del caballo, porque el estrecho de Behring, deshelado desde hacía
mucho tiempo, había impedido que el caballo retornase al continente en el que había
nacido 2296.
2294
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 124.
2295
Ibídem. Págs. 124 y 125.
2296
Ibídem. Pág. 125.
399
400
8. EL CABALLO COMO ANIMAL. SU CRÍA.
(Claudio Eliano).
8. 1. EL PRINCIPIO DE LA VIDA.
2297
Claudio Eliano.1989. Opus cit. Pág. 80
2298
Lucrecio Caro. 1997. Opus cit. Págs. 15 y 16.
2299
Tito Lucrecio Caro (c. 97-c. 53 a. C). Poeta didáctico autor del poema De la naturaleza de
las cosas. No se sabe nada de él o de su vida. Parece que la meta principal de Lucrecio,
cuando escribió su poema, era evangelizadora, pretendiendo salvar a la humanidad de su
temor a los dioses y a la muerte, mediante una explicación de la verdadera naturaleza del
medio en que vivimos (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 251).
2300
Lucrecio Caro. 1997. Opus cit. Pág. 17.
2301
Ibídem. Pág. 412.
2302
T. Lucrecio Caro. 2001. Opus cit. Pág. 103.
401
nupcias del Cielo y la Tierra, por lo que “…todos somos oriundos de una semilla
celeste: el cielo es nuestro padre común: cuando la tierra nutricia, nuestra madre, ha
recibido las gotas por él destiladas, queda fecundada y da a luz las esplendorosas
mieses, los árboles lozanos y el género humano; da a luz también todas las razas de
bestias salvajes, pues a todas da el sustento con que nutren sus cuerpos, prolongan la
dulce vida y propagan su especie; con razón se le da el dulce nombre de madre.
…” 2303. Unos de otros van naciendo los seres incesantemente, y disfrutan de una vida
que a nadie se le da en propiedad, sino sólo en usufructo 2304, ya que el fin de la vida
está fijado a todos los seres mortales y nadie puede escapar de comparecer ante la
muerte 2305.
Esta esplendorosa naturaleza es una creación de los dioses en interés de los
hombres; por ello debemos alabarlo como meritoria obra divina, sin cometer el
sacrilegio de querer socavar los cimientos de esta obra fundada en la eternidad,
atacándola de palabra o tratando de subvertir su orden 2306.
Plinio 2307, en su Historia Natural 2308, también asegura que la edad de las
bestias se conoce por los dientes: “…El caballo tiene cuarenta dientes. A los treinta
meses pierde los dos dientes de delante en ambas mandíbulas, y al año siguiente
pierde otros tantos de los dientes próximos, cuando le salen los llamados columelares;
al comienzo del quinto año pierde otros dos, que le vuelven a salir a los seis años; a
2303
Ibídem. Pág. 105.
2304
Ibídem. Pág. 160.
2305
Ibídem. 165.
2306
Ibídem. Pág. 80.
2307
Cayo Plinio Segundo: (c. 23- 67 d. C) Ecuestre procedente de Como, que fue historiador y
escritor sobre fenómenos naturales. Había servido con Tito en Germania por lo que durante el
reinado de Vespasiano obtuvo beneficios, como formar parte del consejo privado del
emperador y ser nombrado comandante de la flota del Miseno. De su abundante producción
literaria sólo ha sobrevivido su Historia natural, de treinta y siete libros y dedicada al emperador
Tito y donde trata temas de ciencia, arte, tecnología, medicina, agricultura, etc. Durante su
servicio en Germania, bajo el mando de Quinto Pomponio, tuvo un mando en caballería por lo
que escribió un tratado sobre cómo arrojar la lanza desde el caballo. Se encontraba en Miseno
cuando el Vesubio entró en erupción (agosto del 79 d. C) y “…su interés por el fenómeno y su
deseo de ayudar a las víctimas del desastre, hacia el que navegó desembarcando en Stabie
(Castellamare di Stabia), unido a su mala salud (Plinio era probablemente asmático),
provocaron la muerte de Plinio allí mismo, en la playa, por asfixia a causa de los vapores. …”
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 329 y330).
2308
Historia Natural de Plinio: “…se trata de una obra al servicio del poder; útil para disponer de
un inventario actualizado de los recursos del Imperio, con algunas informaciones adicionales
que permitiesen una gestión más adecuada y unas bases mejores para el establecimiento de
reformas administrativas, como ocurrió bajo los Flavios. …”. (Rodríguez Neila, J. F. y otros: El
trabajo en la Hispania romana. Sílex. Ed. Madrid. 1999. Pág. 208).
402
los siete los tiene todos, tanto los que ha mudado como los permanentes. Un caballo
previamente castrado no pierde los dientes. …” 2309. Y continúa: “…Cuando ya no
sirven tales indicaciones, la vejez de los caballos y demás bestias de carga se deduce
de lo que sobresalen los dientes, la canicie de las cejas y las fosas que se forman
alrededor de ellas: entonces se le calculan unos diecisiete años. …” 2310.
Por Opiano 2311 conocemos la morfología ideal del caballo. Debe tener cabeza
pequeña, así como las orejas; ojos claros y chispeantes; el cuello de apretada melena,
como la que cae sobre su frente, debe ser arqueado; el pecho debe ser amplio y la
espalda ancha; la cola abundante de largos pelos; los muslos prietos; y las tibias
rectas, largas y muy delgadas; las pezuñas redondeadas, altas sobre el suelo y
2309
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 404.
2310
Ibídem. Pág. 404.
2311
Poeta griego, oriundo de Cilicia, hijo de Agesilao y Zenódota. Nació en Anabarza o Corico,
al final del reinado de Marco Aurelio. Como durante una visita del emperador Septimio Severo
a Anabarza, el padre de Opiano no se presentara ante el mismo, el emperador montó en cólera
y desterró a Agesilao a la isla de Melite (en el Adriático). Opiano siguió a su padre al destierro y
allí concibió sus poemas De la caza y De la Pesca (Opiano. 1990. Opus cit. Págs. 9 y 10).
403
fuertes; y su aspecto general debe ser corpulento 2312. Estos cascos redondeados
deben producir un andar sonoro, como canta Lucano en su Farsalia: “…el ligero corcel
de casco sonoro se lanzó a rienda suelta a la llanura…” 2313. Portadores de esta
morfología ideal son, para Opiano, los caballos toscanos, los armenios, los aqueos, y
los famosos caballos que, en Capadocia, pacen frente al monte Tauro 2314; pero la
palma de la belleza entre todos los caballos que se criaban en el Imperio era para el
niseo 2315; caballo de hermoso aspecto, con cabeza pequeña y cuello, a ambos lados,
revestido de abundantes crines del color de la miel, brioso para cabalgar, fácil para la
brida y conducido por opulentos reyes 2316.
Respecto a la alzada de los caballos, aunque algunos han tratado de analizar
las características físicas de los mismos a través de los monumentos y de los
hallazgos arqueológicos, se ha de tener en cuenta que estos testimonios no son
completamente fiables, ya que esas características pueden no corresponderse con la
realidad 2317. Lo que sí se puede deducir es que los caballos no eran de grandes
dimensiones, ni comparables a los que se crían hoy día. Según Biancardi, la media de
su alzada era de alrededor de 142,24 cms, con variaciones entre un mínimo de 101,6
cms y un máximo de 152, 4 cms 2318.
En cuanto a la capa de los caballos antiguos, si nos remitimos a las fuentes
literarias, podemos sacar algunas conclusiones. Virgilio en su Eneida describe el
caballo que monta Príamo como bicolor, por lo que suponemos que a su capa básica,
añadía un lucero en la frente y sendas calzas blancas en las extremidades
(probablemente un caballo cuatralbo):
“…monta Príamo
caballo tracio bicolor, las pintas
blancas , blancos los pies, blanca la frente
que altivo engalla. …” 2319.
Este mismo autor en sus Geórgicas, al hablar del potro escogido para padrear
califica al alazán como buen color:“…Alazán, buen color, o apizarrado; …”2320.
2312
Ibídem. Pág. 62.
2313
Lucano. 1978. Opus cit. Pág. 110.
2314
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 62.
2315
Caballos que se criaban en la llanura de Nisea, en Media.
2316
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 68.
2317
Biancardi, M: La cavalleria romana del principato nelle provincie occidentali dell’Impero.
Edipuglia. Bari. 2004. Pág. 29.
2318
Ibídem. Pág. 29.
2319
Virgilio: Obras Completas. Ed. Cátedra. Madrid. 2003. Pág. 575.
404
8. 2. 2. Mente del caballo.
2320
Ibídem. Pág. 257.
2321
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 63.
2322
Ibídem. Pág. 63.
2323
Juvenal. 1973. Opus cit. Pág. 145.
2324
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 80.
405
sujeto aquel, y que hasta había observado dónde había sido enterrado y que, yendo
allá, lo desenterró, ultrajó el cadáver y le infringió toda suerte de ofensas. …” 2325.
Pero parece que el caballo era, también, un animal enamoradizo y capaz de
apreciar la belleza de los humanos. Soclés era un ateniense que tenía fama de guapo
galán; se compró un caballo lozano, fuertemente enamoradizo y más entendido que
los demás; “…con estos antecedentes ocurrió que se enamoró apasionadamente de
su amo, de suerte que, cuando se le acercaba, resoplaba de contento y, cuando le
daba palmaditas, relinchaba y, cuando lo montaba, se mostraba dócil y, cuando se
plantaba delante de su cara, el caballo lo miraba tiernamente. Esos comportamientos
del caballo, pese a ser ya prueba de un ser enamorado, resultaban con todo gratos.
Sin embargo, cuando el caballo se mostraba ya más lanzado y con aires de cometer
alguna barbaridad contra el joven y corrían sobre la pareja rumores un tanto extraños,
Soclés, que no toleraba la difamación, vendió el caballo por despecho a su condición
de desenfrenado enamorado. El caballo que no soportaba la soledad y privación del
guapo mozo, se quitó la vida negándose terminantemente a comer. …” 2326.
Para los autores antiguos los caballos tenían capacidad para soñar capacidad
que recoge Lucrecio: a “… los caballos animosos, aun cuando sus miembros yacen en
el sueño, los verás cubrirse de sudor con un jadeo continuo, y poner en tensión todos
sus músculos, como si trataran de ganar la palma o [lanzarse a la carrera] al abrirse
las cuadras. …” 2327. Además, les gusta ser aclamados, ya que los corceles veloces,
durante sus carreras, gustan de los aplausos que el gentío les tributa a sus peinadas
crines y a su hermosa estampa 2328.
Los caballos, en general, también aman la música. Volvamos al ya conocido caso
de los habitantes de Síbaris, famosos por su vida regalada, por ignorar el trabajo y por
pasar sus días sumergidos en el ocio y la suntuosidad. Esta anécdota puede servir de
ejemplo de su tendencia irresistible a una vida regalada: “…Sus caballos habían sido
enseñados a danzar rítmicamente al son de una flauta a la hora del banquete. Pues
bien, sabedores de esto los crotoniatas, que estaban en guerra con ellos, hicieron
callar la trompeta y su sonido agudo que llama a las armas, y ellos, que habían llevado
con ellos flautas y flautistas, se dieron a tocar, cuando estaban ambos bandos
próximos y a tiro de flecha, la música específica de las danzas, al oir la cual los
caballos de los sibaritas, comportándose como si estuvieran en medio de un banquete,
2325
Ibídem. Pág. 152.
2326
Ibídem. Págs. 258 y 259.
2327
T. Lucrecio Caro. 2001. Opus cit. Pág. 56.
2328
Ovidio: El arte de amar. Edimat Libros. Madrid. 2000. Pág. 54.
406
se sacudieron a los jinetes y se pusieron a brincar y a danzar, y, aparte de que tiraron
por tierra la formación, desbarataron, además, la guerra. …” 2329.
Además, los caballos honran a la Naturaleza, aman con casto amor,
permanecen limpios de infamia y jamás se ha oído de ellos que hayan complacido
ilícita pasión. Sigamos a Opiano: “…Yo he oído que, hace mucho tiempo, un príncipe
de extensas posesiones tenía en sus campos un hermoso rebaño de caballos, pero
una enfermedad de caballos los aniquiló a todos completamente, excepto a dos, una
yegua y un potro todavía a los pechos de su madre; pero después cuando éste creció,
el perverso hombre trató de aparear al hijo con su madre. Y cuando se dio cuenta de
que rechazaban el amor, y de que la boda estaba vedada para ambos,
inmediatamente con pérfido designio ideó un sutil ardid, esperando recuperar su raza
de caballos.
Lo primero de todo, astutamente, cubrió a ambos con pieles ajenas; después
ungió sus cuerpos totalmente con dulce y fragante óleo; pues esperaba borrar de este
modo el olor guía del amor. Y esta malvada acción les pasó desapercibida ¡oh
bienaventurados dioses! Y se llevó a cabo una extraña y execrable unión, abominable
para los caballos, como aquel terrible matrimonio que se realizó hace mucho tiempo
entre los hombres, la boda cadmea del errante Edipo.
Pero, cuando ellos quedaron desnudos y advirtieron su culpa, afligidos y con
ojos recelosos se miraron el uno al otro: la infortunada madre a su hijo sin honor de
hijo, y él, a su vez, víctima de vil boda de sacrílego lecho, a su pobre madre,
desposeída de los nobles atributos de maternidad; brincaron alto, resoplando
terriblemente, rompieron sus ligaduras y se fueron relinchando fuerte, como si ellos
llamaran a los bienaventurados dioses por testigos de su vil situación, y maldiciendo a
quien maquinó su funesta boda; al fin, gimiendo y precipitándose salvajemente, ellos
estrellaron sus cabezas contra las rocas, rompieron sus huesos, y apagaron la
antorcha de su vida, asesinándose a sí mismos, reclinando sus cabezas uno en el
otro. Así canta la fama las historia de los antiguos caballos. …” 2330.
Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno, una vez que era engalanado con los
arreos reales no permitía que nadie lo montara, más que el macedonio. De éste
caballo se cuentan hazañas memorables; como la que protagonizó cuando fue herido
en el sitio de Tebas, donde no toleró que Alejandro pasara a otro caballo. A lo largo de
sus servicios a Alejandro ofreció muchos episodios similares, por lo que, una vez
muerto, el rey le ofreció funerales y, alrededor de su tumba, fundó una ciudad con su
2329
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 608.
2330
Opiano. 1990. Opus cit. Págs. 65 y 66.
407
nombre 2331. Pero Bucéfalo no era el único caballo capaz de hazañas gloriosas; una
leyenda escita proclama que el caballo de un príncipe, muerto en combate, acabó a
mordiscos y a golpes con el enemigo que se acercó a él para expoliarle 2332. Cuando el
rey Nicomedes murió, su caballo se dejó morir de hambre y Filarco cuenta la reacción
del caballo de Antíoco, muerto en la lucha, cuando el gálata Centareto se subió a él
triunfante: “…el animal, ardiendo de indignación, después de romper los frenos para
no ser gobernado, se tiró por un precipicio y murió con el jinete. …” 2333.
Para los autores antiguos, las muestras del talento de los caballos son
indecibles. Por ejemplo, en el campo de batalla, los soldados comprueban como sus
monturas alientan las maniobras difíciles con su propio cuerpo, llegando a alcanzar al
jinete las flechas que han reunido en el suelo 2334. Y, en el circo, uncidos a los carros,
manifiestan su comprensión de las exhortaciones y la gloria 2335. Estos animales a los
que los antiguos creían capaces de derramar lágrimas por el compañero caído en
combate, a decir de San Isidoro, “…olfatean la guerra; se excitan al combate con el
sonido de la trompeta; sienten dolor cuando han sido derrotados, se alegran cuando
vencen. …” 2336.
No faltan las enumeraciones de las proezas llevadas a cabo por algunos
caballos, como el que sobrepasó la norma de la naturaleza y tomó voz humana y
lengua semejante a la de los hombres; o el que corrió sobre las espigas; o el que lo
hizo sobre el mar, sin mojarse; o el que llevó sobre las nubes al matador de la
Quimera; o, en fin, el que por medio de su relincho hizo a uno rey de los persas
asiáticos 2337.
Respecto al relincho, Aristóteles había puntualizado que los mismos difieren
según la edad y el sexo de los caballos; así las hembras emiten relinchos más débiles
que los de los machos, pero ambos sexos emiten relinchos más graves a medida que
ganan en edad; y a partir de los 20 años, ambos sexos emiten relinchos, cada vez,
más débiles 2338. Pero los relinchos del semental, previos al apareamiento, son distintos
de los demás; o “…¿no te parecen distintos los relinchos cuando entre las yeguas se
encabrita el potro de edad floreciente, herido por la espuela del alado amor, y cuando,
2331
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 119.
2332
Ibídem. Pág. 120.
2333
Ibídem. Pág. 121.
2334
Ibídem. Pág. 121.
2335
Ibídem. Pág. 121.
2336
Mariño Ferro, X. R. 1996. Opus cit. Pág. 59.
2337
Opiano. 1990. Opus cit.Pág. 64.
2338
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 260.
408
presto al combate, ruge, dilatadas las narices, o cuando relincha por cualquier otra
causa, temblándole los miembros? …” 2339.
Cuerpo y mente de los équidos, pues, profundamente interrelacionados, como
manifiesta Lucrecio: “…No ves también cómo, al abrirse las cuadras en un momento
dado, los anhelantes caballos no pueden lanzarse a la carrera tan prontamente como
desea su ánimo? Precisa, en efecto excitar, toda la masa de materia a través del
cuerpo entero para que, una vez excitada en los miembros, siga con esfuerzo
concorde el afán de la mente; por donde puedes ver que el principio del movimiento
nace en el corazón y tiene su origen en la voluntad del espíritu, y desde allí se
transmite por todo el cuerpo y los miembros. …” 2340. Pero el culmen de las proezas de
los caballos se lo debemos a Homero 2341 que en su Ilíada, concede el don de la
palabra al caballo Janto 2342, que era poeta 2343.
2339
Lucrecio Caro. 2001. Opus cit. Pág. 113.
2340
Lucrecio Caro. 1997. Opus cit. Pág. 75.
2341
Homero. (Probablemente siglo VIII a. C). No sabemos nada de él, más que la Ilíada y la
Odisea, los poemas épicos nacionales griegos, le han sido atribuidos. Hay desacuerdo en si
atribuir ambos poemas a un solo autor. Toda la narración de la Ilíada está centrada alrededor
de un suceso concreto de la guerra de Troya: la cólera y la retirada de Aquiles, después de que
Agamenón le retirara a su cautiva Briseida. Pero después de la muerte de su amigo Patroclo,
vuelva a la guerra para vengarse, dando muerte a Héctor (Hard, R: El gran libro de la Mitología
Griega. Ed La esfera de los libros. Madrid. 2008. Págs. 41 y 42).
2342
Janto: Junto con Balio, en la Ilíada, uno de los caballos inmortales de Aquiles, que
alcanzaban la velocidad del viento. Eran hijos de Céfiro (Viento del Oeste) y de una Harpía.
Fueron el regalo de bodas de Poseidón a Peleo, el padre de Aquiles. Éste se los llevó a Troya
(March, J. 2002. Opus cit. Pág. 269).
2343
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 464.
2344
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 463.
409
Según Aristóteles, los caballos son frugívoros y herbívoros y con lo que más
engordan es con el agua. “…El forraje, cuando está en grana, hace que el pelo del
animal que lo coma se le ponga suave, pero, cuando tiene ya espigas duras, no es
bueno. La alfalfa: el primer corte es de mala calidad y lo mismo donde se la riegue con
agua fétida, pues la planta huele mal. …” 2347. A los caballos les gustan los prados y las
lagunas, en las que beben las aguas turbias, ya que si éstas están limpias, las
revuelven antes de beber y luego se bañan 2348.
El gaditano Columela 2349 defiende, en las villae, junto a la agricultura, la existencia
de una ganadería mayor y menor, que deben aprovechar las rastrojeras después de la
siega 2350. A la alimentación a base de pastos naturales se la complementaba con los
de las praderas artificiales; además, el cultivo de plantas forrajeras permitió la
estabulación del ganado 2351.
Pero no sólo de hierba, grano y alfalfa parecían nutrirse los caballos en la
antigüedad ya que, según Eliano, eran varios los pueblos que alimentaban a sus
caballos con peces, como oritas, gedrosios, celtas, macedonios y libios 2352. Es
igualmente difícil de creer a Herodoto 2353, cuando afirma que los pueblos de las
civilizaciones palafíticas de la Emilia occidental y de las regiones de Parma y
Piacenza, dan de comer peces a sus caballos 2354.
2345
Domicio Ulpiano (170-223 d. C). Jurista procedente de Tiro (Fenicia). Durante el reinado de
Septimio Severo fue secretario ad libellis (secretario imperial de peticiones). Escribió más de
doscientos volúmenes sobre derecho romano. Fue también prefecto de la anona y, con Severo
Alejandro, prefecto único del pretorio. Durante este cargo fue ejecutado por los soldados, que
lo consideraron responsable de la muerte de sus predecesores, Flaviano y Cresto. Como
jurista su “…influencia fue enorme, y su obra, clara y fácil de comprender, fue un factor
importante para permitir que el derecho romano perdurara y se convirtiera en la base del
derecho medieval y moderno de los sistemas europeos. …” (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág.
407).
2346
Fernández Vega, P. A: La casa romana. Ed. Akal. Tres Cantos (Madrid). 2003. Pág. 240.
2347
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 434.
2348
Ibídem. Pág. 464.
2349
Lucio Junio Moderato Columela (c. 16 d. C). Escritor latino sobre agricultura y jardinería,
que nació en Gades (Hispania). Provenía de una rica familia, con tierras en Hispania; además
compró fincas en el centro de Italia, donde practicó y escribió sobre agricultura. Dejó dos obras
De re rustica y De arboribus. En la primera trata sobre todo lo relativo a cómo llevar una granja
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. Pág. 114).
2350
Gómez-Pantoja, J. (ed). 2001. Opus cit. Pág. 171.
2351
García-Badell, G. 1951. Opus cit. Pág. 218.
2352
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 582.
2353
Herodoto nació hacia el 484 a. C. en Halicarnaso. El considerado primer historiador de
Occidente se había formado en la escuela de Homero y “…Bajo el alero de sus poemas
concibió el método narrativo, los retratos, los discursos, la descripción de batallas e incluso la
intervención ocasional de los dioses. …” (Vidal Guzman, G: Retratos de la Antigüedad Griega.
Ed. Rialp. Madrid. 2006. Pág. 147).
2354
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Págs. 191 y 192.
410
Parece que los corceles mitológicos, al igual que los dioses, se conducían como
los terrenales, por lo que se hacía necesario alimentarlos; pero eran más exigentes en
cuanto a su alimentación se refiere. Por el octavo trabajo que se le confió a
Hércules 2355, llevar las yeguas del tracio Diomedes a Micenas, sabemos que éstas se
alimentaban de carne humana. Éste era hijo de Ares, señor de los bistones y era
dueño de unas yeguas tan salvajes y vigorosas, que se hacía necesario atarlas con
cadenas de hierro a pesebres del mismo metal. Su forraje no era heno, sino la carne
de los extranjeros que llegaban a la ciudad de Diomedes 2356. Durante la ejecución de
dicho trabajo, la primera acción de Hércules fue aprehender al monarca, después de
vencer a sus guardianes, y echárselo a las yeguas, para que lo devoraran; el cuerpo
de su rey amansó a las yeguas y, amansadas, Hércules pudo conducirlas a la orilla del
mar; pero como los bistones lo siguieran, antes de hacerles frente, encomendó el
cuidado de las yeguas a su favorito Abdero 2357; pero cuando volvió Hércules de su
lucha contra los bistones, se encontró con que su favorito había sido devorado por las
yeguas, por lo que tuvo que volver a reducir las yeguas con las que, al fin, llegó a
presencia de Euristeo, que las consagró a Hera 2358. Parece que estas afamadas
yeguas de Diomedes tuvieron una dilatadísima descendencia, tanto que el propio rey
Alejandro de Macedonia, llegó a montar un caballo de aquella raza 2359. Pero había otro
alimento, éste inmaterial, que engordaba a los caballos, que, según Catón, era el ojo
de su amo 2360.
2355
“...Fue Hércules hijo de Zeus y de Alcmena, nieta de Perseo. El padrastro de Heracles o
Hércules se llamó Anfitrión, asimismo nieto de Perseo y rey de Tirinto, si bien abandonó esta
ciudad para establecerse en Tebas. Hera, la esposa del soberano del Olimpo, odiaba a su rival
Almecna y no veía con buenos ojos al hijo de cuyo porvenir el mismo Zeus había pronosticado
grandes obras. Por eso, cuando Almecna dio a luz a Hércules, no creyéndole seguro en el
palacio, por causa de la madre de los dioses, expúsole en un lugar que, andando los tiempos,
había de llamarse el Campo de Hércules. Allí habría perecido el niño irremisiblemente si, por
un azar extraordinario, no hubiera pasado por aquellos lugares la propia Hera en compañía de
Atenea. Ésta quedó pasmada ante la hermosa figura del recién nacido y, compadeciéndose de
él, rogó a su acompañante que le diese su divino pecho. Pero el niño chupaba del pezón con
mucha más fuerza de lo que de su edad cabía esperar, y Hera, dolorida, lo tiró al suelo con
enojo. Apiadada, Atenea lo recogió, lo llevó a la vecina ciudad y lo entregó a Almecna
diciéndole que era un niño expósito y rogándole que lo criase. Así, la madre verdadera, por
temor a la madrasta, había estado a punto, negando los deberes del natural afecto, de dejar
morir a su hijo; y la madrasta, llena de natural odio contra la otra, hubo, sin saberlo, de salvar
de la muerte a su enemigo. Más aún: Hércules no había chupado más que un par de veces del
pecho de Hera y, sin embargo, aquellas pocas gotas de leche divina bastaron para infundir en
él la inmortalidad. ...” (Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 227).
2356
Ibídem. Págs. 243 y 244.
2357
Hijo de Hermes, amado por Hércules. Después de que lo devoraran las yeguas de
Diomedes, Hércules fundó en Tracia la ciudad de Abdera, en memoria de su amado. (March, J.
2002. Opus cit. Pág. 13)
2358
Schwab, G. 2009. Opus cit. Pág. 244.
2359
Ibídem. Pág. 244.
2360
Catón: De Agri Cultura. Ed. Universidad de Granada. Granada. 1976. Pág. 57.
411
8. 4. DOMA DE LOS CABALLOS.
Estos arreos eran adornados muchas veces, por los ricos, con piedras
preciosas, como los escudos, los cascos, las fundas de las espadas, las fíbulas y los
carros; Calígula regaló a su caballo Incitatus un collar de pedrería 2361.
En Roma es el lírico Virgilio el que nos aconseja que cualquiera que sea la utilidad
a la que destinemos nuestro caballo:
Doma de cuadra, entendemos, que debía comenzar el mismo día en que el potro
era destetado:
“…A todo esto se atreva desde el día
en que la ubre materna haya soltado,
y que al blando cabestro el labio tienda
todo él endeble aún y tembloroso,
todo él sin saber nada de la vida. …” 2363.
La doma verdadera, para este cantor de la vida romana, debía comenzar cuando el
potro tuviera cumplidos los tres años:
2361
Guillén, J. 1977. Opus cit. Págs. 327 y 328.
2362
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 265.
2363
Ibídem. Pág. 265.
412
Luego cite a los vientos y compita
con ellos en carreras, y volando
cual suelto de la rienda en campo abierto,
casi ni estampe huellas en la arena. …” 2364.
“…Así tu potro,
corriendo sangre el espumante belfo,
e inundado en sudor, la inmensa pista
de Elis recorrerá de metra a meta,
o tirará más bien con cuello dócil
del leve carro belga. …” 2365.
Algunos siglos después de Virgilio, Paladio escribe que la doma de los potros debe
comenzar a los dos años; antes de ello debemos cerciorarnos de que el animal sea
grande, largo, musculoso, ágil y con los testículos iguales y pequeños 2366. En lo
tocante a su comportamiento, deben ser “…fáciles de estimular cuando estén
completamente quietos o, por lo menos, que no sean difíciles de reducir cuando están
lanzados a la carrera. …” 2367. Claro que, tal vez, Paladio, se refiera a la doma de
cuadra y no a la monta.
Parece obvio, como sucede hoy, que cualquiera que fuera el fin al que se destinara
el caballo, la doma de base era la misma. Luego se dedicaría a funciones específicas,
como servir de montura a un jinete o tirar de un carro particular, para lo que parece
que eran más adecuadas las yeguas 2368; tirar de un carro en el circo, uncidos a
cualquier tipo de tiro; servir de monturas a los acróbatas, en los espectáculos; o acudir
a la guerra, formando parte de las turmas de caballería. Es evidente que, según los
fines a que se dedicaran las monturas, éstas deberían recibir una doma específica.
2364
Ibídem. Pág. 265.
2365
Ibídem. Pág. 267.
2366
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L): Tratado de agricultura. Medicina veterinaria.
Poema de los injertos. Ed. Gredos. Madrid. 1990. Pág. 267.
2367
Ibídem. Pág. 267.
2368
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 456.
413
Sabemos, por ejemplo, del temor que los elefantes y los camellos causaban a los
caballos, por eso el persa Ciro, después de la batalla de Lidia, hizo convivir caballos y
camellos, “…intentado eliminar por medio de esa convivencia el temor que los
camellos infunden al ganado equino. …” 2369. Los persas, también, para que sus
caballos no fueran asustadizos los acostumbraban a los ruidos y al estruendo del
bronce, para que en el combate no temieran el estrépito de las armaduras ni el de las
espadas cuando chocaban contra los escudos 2370. Además los acostumbraban a pisar
muñecos de paja, que semejaban cadáveres, para que no temieran a éstos en las
batallas; y es que es sabido que los caballos jamás olvidan una enseñanza recibida,
aunque sólo haya sido una vez, razón por la que Claudio Eliano llega a
exclamar:“…¡Tan inteligentes son los caballos para asimilar cualquier enseñanza que
reporte utilidad! …” 2371.
La perniciosa fogosidad de su montura pudo constarle la vida al romano
Claudio Aselo, cuando durante la toma de Capua por Aníbal, persiguió al capuano
Taureas. “…Aselo le persiguió hasta la murallas de Capua y, como no pudo hacer
volver grupas a su caballo a causa de su fogosidad, se precipitó a través de las
puertas enemigas en el interior de Capua en velocísima carrera y, después de
atravesar a galope tendido toda la ciudad, salió de nuevo por las puertas opuestas en
dirección a los romanos que estaban al otro lado.
Y se salvó así milagrosamente. …” 2372.
2369
Ibídem. Pág. 456.
2370
Ibídem. Pág. 610.
2371
Ibídem. Págs. 610 y 611.
2372
Apiano. 1995. Opus cit. Pág. 219.
2373
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 112.
2374
Ibídem. Pág. 472.
2375
Catón. 1976. Opus cit. Pág. 113.
414
Entre los cuidados que reciben los caballos, según los varones entendidos en la
doma de potros, destacan el baño y la unción, por los que sienten gran placer 2376.
Especial apetencia por los perfumes muestran las yeguas lycóspades, una raza del
sur de Italia (Magna Grecia). Estas yeguas de cabeza pequeña y chata son amigas de
los griegos, a los que identifican entre todos los hombres, a los que siguen como si
fueran sus prisioneros, y al lado de los que duermen, cuando ellos descansan; pero si
se acercan a ellas otros hombres, relinchan y escapan como si las aterrorizase una
fiera; “…se deleitan enormemente con las personas a las que están habituadas, no
sólo cuando les echan forraje sino también cuando les prestan los demás cuidados, y,
por eso, gustan de presentarse a ellos bonitas y, de manera especial, a sus aurigas.
Prueba de ello es lo siguiente: cuando nadan, penetran bastante adentro de la laguna,
del mar o de la fuente, porque gustan de poner resplandeciente la cara, para que nada
deforme o feo procedente del pesebre o del camino, enturbie luego su hermosura.
A la yegua lycospás le son gratos, como a muchacha casadera, los ungüentos y el
olor de los perfumes. …” 2377.
Este gusto de los caballos por los perfumes también lo confirma Homero en su
Ilíada, cuando dice: “…Porque estos caballos perdieron a un auriga tan potente y
excelente, y tan amable, como lo demuestra el que incontables veces suave aceite
sobre sus crines derramaba, después de haberlos lavado con agua clara. …” 2378.
Pasión por los perfumes que las yeguas comparten con las mujeres que, según
Semónides, habían sido originadas y modeladas a partir de toda suerte de animales;
por lo que la afición por los perfumes, a las mujeres, les viene de las yeguas:
2376
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 456.
2377
Ibídem. Págs. 608 y 609.
2378
Citado. Ibídem. Pág. 609.
415
lacio y recubierto de flores.
En fin, que tal tipo de mujer es un bello espectáculo,
para los demás, pero para el que tiene que cargar con ella resulta
calamitoso,
salvo que sea un tirano o un rey,
uno de esos que se alegra el corazón con tal proceder. …” 2379.
Los caballos estaban al cuidado del equarius, que era el nombre dado al mayoral
que los cuidaba 2380. Una de las misiones de éstos era apartarlos del estímulo del amor:
Según Eliano, el remedio para un caballo que no orina es que una muchacha
virgen se desate el cinturón que usa y golpee al caballo en la cara; al punto orinará y
2379
Citado. Ibídem.Pág. 610.
2380
Gómez-Pantoja, J. (ed). 2001. Opus cit. Pág. 199.
2381
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 267.
2382
Filóstrato: Vida de Apolonio de Tiana (Tradc. de Alberto Bernabé Pajares). Ed. Gredos.
Madrid. 1979. Págs. 487 y 488.
2383
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 62.
2384
Ibídem. Pág. 151.
416
dejará de sufrir 2385. Si el caballo padece de enfermedades en los ojos, el mejor
remedio es la sal bética 2386.
Las orejas denotan en los caballos, como en todas las bestias de carga, su estado
de ánimo, por lo que debemos recurrir a su inspección para averiguar ese estado; las
presentan lánguidas cuando están cansados, temblorosas cuando tienen miedo,
enhiestas cuando se enfurecen, y caídas cuando están enfermos 2387.
2385
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 445.
2386
Blazquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 153.
2387
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 394.
2388
Paladio Rutilio Tauro Emiliano fue un autor de finales de la Antigüedad que escribió una
obra dedicada a la agricultura, que cierra la serie de los tratados agronómicos romanos. Su
obra es fruto de una larga tradición latina, cartaginesa y griega, está escrita en época de
decadencia y es una compilación del todo el saber agrícola, hasta ese momento (Paladio
(Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 7).
2389
Ibídem. Pág. 443.
417
insuflar por la cánula olor de chinche quemado, que también provocará el
desprendimiento de la sanguijuela; y, cuando el animal se aloja en el estómago o en
los intestinos, se puede matar con aceite caliente vertido con un cuerno 2390.
Otras enfermedades contraídas por los caballos pueden ser debidas al
agotamiento, al calor, al frío, al no orinar a su debido tiempo, al beber después de
sudar o, si después de haber permanecido en pie durante mucho tiempo, se los
somete a un trabajo intenso 2391. El agotamiento se combate administrando por las
fauces aceite o grasa, mezcladas con vino; el frío, con fomentos y rociando la cabeza
y los lomos con aceite caliente y extendiéndole por el espinazo grasa o unto templado;
si el caballo no orina, se aplican los mismos remedios y si no dan resultado, se
introduce en el orificio por el que sale la orina un pequeño supositorio de miel cocida y
sal, o una mosca viva, o un poco de incienso o un supositorio de betún; estos mismos
remedios sirven para las escoceduras de los genitales 2392.
Si al caballo le duele la cabeza, llora, se le ponen las orejas flácidas e inclina la
cerviz hacia el suelo; el remedio consiste en abrirle la vena que tienen debajo de los
ojos, mojarle la boca con agua caliente y tenerlo a dieta el primer día; el día siguiente
se le da agua caliente en ayunas, hierba verde y una cama de paja blanda o heno
viejo; y al día siguiente, se le da otra vez agua y un poco de cebada con tallos de veza,
para que vaya volviendo a las raciones de comida normales 2393. Si lo que le duele son
las quijadas, se les ponen fomentos de vinagre caliente; y si no sanan, se procede a la
cauterización 2394.
Cuando se lesiona los ijares o tiene una hemorragia, se le abren las venas de
ambas patas y se untan las ijadas con incienso en polvo, mezclado con la sangre que
perdió el animal; pero para evitar que la herida sangre en exceso, se taponarán las
incisiones con excrementos del propio jumento y se les vendarán; y al día siguiente, se
le vuelve a extraer sangre, se procede de la misma forma y se le administra una
pequeña ración de heno 2395. Además, y hasta el sexto día, se le verterá con un cuerno,
por el gaznate, zumo de puerro mezclado con una hemina de aceite; y pasados seis
días se le obliga a andar despacio y se le echará a nadar en un estanque y,
progresivamente, se le reconducirá a la normalidad alimentaria 2396.
2390
Ibídem. Pág. 447.
2391
Ibídem. Pág. 448.
2392
Ibídem. Pág. 448.
2393
Ibídem. Pág. 448.
2394
Ibídem. Pág. 449.
2395
Ibídem. Pág. 449.
2396
Ibídem. Pág. 449.
418
Si lo que atormentaba al caballo eran los trastornos biliares, se debía introducir la
mano untada por el ano y, retirando el excremento, se abría la salida natural que
estaba taponada; luego se les aplicaba un supositorio a base de ajedrea de buey y
hierba piojenta con sal fina y miel cocida, lo que provocaba la expulsión de toda la
bilis 2397. Para tratar este mal, otros, echaban por las fauces un cuarto de mirra molida
con una hemina de vino y le untaban el ano con pez líquida; otros, en fin, la tratan
limpiando el ano con agua de mar o con salmuera fresca 2398. Cuando son las
lombrices y los vermes los que causan afecciones a nuestros caballos, éstos se
retuercen, acercan la cabeza al vientre y mueven continuamente la cola; su remedio
consiste en extraer el excremento con la mano y, posteriormente, limpiar el ano con
agua de mar 2399.
Si es el catarro el que inoportuna al animal, debemos distinguir entre el agudo y el
crónico; el primero se cura con lentejas bien molidas, que se mezclan con un sextario
de agua caliente y se le echa por las fauces durante tres días; si es crónico, se cura
con tres ciatos de zumo de puerro en infusión y una hemina de aceite, que se dan con
la ración de alimento 2400.
La roña y la sarna se curan con friegas de vinagre y alumbre; si persiste la
afección se untan con nitro y se raspan las pústulas, cuando caliente el sol, hasta que
fluya la sangre, y luego se untan con una loción a base de raíces de hiedra silvestre,
azufre, y pez líquida con alumbre 2401. La sarna es mortal para el caballo y está,
especialmente recomendada para esta enfermedad, la grasa de foca 2402. Pero cuando
la enfermedad está muy arraigada son necesarias medicinas más fuertes, como la
mezcla de betún, azufre y pez líquida, que se mezclan a partes iguales con unto
rancio, y se aplica después de raspar la sarna con un instrumento de hierro y de
lavarla con orina 2403. Otro tratamiento consiste en hacer una incisión, por lo sano,
cortando la sarna y curando las heridas con pez líquida y aceite; una vez curadas y
para facilitar la salida del pelo se friccionará la herida con hollín de bronce 2404. Las
heridas con pus se sajan con una cuchilla de hierro candente 2405.
2397
Ibídem. Pág. 449.
2398
Ibídem. Pág. 449.
2399
Ibídem. Pág. 450.
2400
Ibídem. Pág. 450.
2401
Ibídem. Pág. 450.
2402
Ibídem. Pág. 451.
2403
Ibídem. Pág. 451.
2404
Ibídem. Pág. 451.
2405
Ibídem. Pág. 452.
419
Para curar las heridas se utiliza harina de yero y para espantar las moscas de las
mismas, se extiende pez y aceite sobre ellas 2406. Si la herida afecta a los ojos, se
curan frotándolos, en ayunas, con saliva y sal; o con concha de sepia triturada con sal
gema; o con semilla de zanahoria silvestre machacada 2407. Los dolores oculares se
calman con un linimento de zumo de llantén con miel sin ahumar o con uno de
tomillo 2408. Si el équido padece una hemorragia nasal, esta se ataja con culantro
verde, que se ha de inhalar por las fosas nasales 2409. Si el mal que aqueja a nuestro
caballo es la falta de apetito, atajaremos este mal con la semilla de neguilla; para ello
diluiremos dos ciatos de este grano machacados, en tres de aceite y un sextario de
vino, y después procederemos a verterle la mezcla por el gaznate 2410.
Algunos, cuando de curar a sus amados caballos se trata, no dudan en pedir la
intervención de los dioses; eso fue lo que hizo Leneo para curar a su caballo, tuerto de
un ojo. Leneo era un distinguido varón, que servía en caballería; tenía un caballo de
bella estampa, resistente en la guerra, muy veloz en la carrera y con gran coraje para
ejecutar los ejercicios de doma que le habían enseñado y para atacar cuando era
necesario o para retroceder cuando era conveniente 2411. Este caballero gozaba de
fama extraordinaria entre sus compañeros, por poseer semejante joya; pero quiso la
mala fortuna que un día el caballo se quedara ciego de su ojo derecho a causa de un
golpe; además el escudo ecuestre le cubría el ojo izquierdo, único con el que podía
ver, por lo que “…Leneo, viendo que todas las esperanzas que tenía concebidas
dependían de la enfermedad de aquel excelente caballo de la más pura raza, […], va
al templo de Serapis, subiendo consigo un enfermo de una clase totalmente inusual, el
caballo, y Leneo pide al dios, con igual fervor que por un hermano o hijo, que se
compadezca de él, que viene a suplicar a favor del caballo, […] le pedía que librara de
la ceguera a su compañero y amigo. Y el dios, con ser tan grande, no miró el asunto
con displicencia, ni tomó como una cosa tonta curar a aquella criatura irracional y
muda, y por ello se compadeció del enfermo y del que pedía por él, y le concedió la
curación, que se cifraba en no echarle líquido alguno, sino en calentarlo con baños de
vapor a mediodía en el recinto del templo. Se hizo esto y le sanó el ojo al caballo.
…” 2412. Leneo ofreció victimas en acción de gracias y el caballo relinchaba y
2406
Ibídem. Pág. 451.
2407
Ibídem. Pág. 451.
2408
Ibídem. Pág. 451 y 452.
2409
Ibídem. Pág. 452.
2410
Ibídem. Pág. 452.
2411
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 452.
2412
Ibídem. Págs. 452 y 453.
420
aparentaba más grande y bonito; y se revolcaba junto a las gradas del templo para
agradecer al dios su curación 2413.
Otras enfermedades no afectan al cuerpo sino a la mente. Es el caso de las
yeguas que se enamoran de sí mismas y “…desde entonces, se olvidan de comer y
mueren de amor y de hambre, dado que la pasión de su vano reflejo es igual que la
fogosidad del celo real. Es sintomático, cuando andan corriendo por los prados como
si estuvieran aguijoneadas y de repente miran a su alrededor como buscando algo con
ansiedad y deseo. Córteseles las crines de forma desigual y llévense hasta el agua,
para que medicándolas con el mismo agente que había causado la enfermedad, se
evite, gracias a este defecto, el riesgo de verse hermosas. …” 2414.
2413
Ibídem. Pág. 453.
2414
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 453.
2415
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 523.
2416
Ibídem. Pág. 525.
2417
Ibídem. Págs. 457 y ss.
2418
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 105.
2419
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 219.
421
encargaban de lavarlos, cantarles nanas para dormirlos y de pasarles “...por las encías
un diente de lobo o de caballo para suavizarles en la dentición. ...” 2420.
Los productos donados por los caballos a la medicina no eran los únicos de los
que se servían los hombres. Sabemos que con crineras de caballos adornaban los
soldados sus cascos y en crines de caballos insertaban los hábiles pescadores sus
anzuelos 2421. Una pareja de bueyes o de caballos, uncidos a un yugo, utilizaban los
istrios para sacar a los siluros, que eran pescados con un gran anzuelo enlazado a
una soga fuerte; cuando el pez picaba el anzuelo, en el que se ensartaban los
pulmones de un buey, el pescador lo sacaba del agua auxiliado por una yunta de
caballos 2422.
Mención especial merece el, tantas veces citado por los autores antiguos, frenesí
de la yegua. Así lo define Eliano: “…Cuando pare una yegua, dicen que al potro le sale
un trozo de carne no grande sino pequeño que le cuelga, según unos, de la frente,
según otros de las ancas, y, según otros, de las vergüenzas. …” 2423. Una vez
expulsado el potrillo, la madre come este frenesí, con cuya acción estrecha los lazos
afectivos con su hijo y, además, evita que este trozo de carne quede colgando del
potro para siempre, lo que lo abocaría a una apetencia sexual alocada 2424. Virtudes del
frenesí de yegua que conocen “…muy bien y a la perfección los yegüeros, y si alguna
vez tienen necesidad del susodicho trocito de carne para pretender a alguien y hacer
que quede prendado de amor por él, vigilan a la yegua preñada y, cuando pare, en el
mismo acto le quitan el potrillo, le cortan a este la susodicha carne y la introducen en
la pezuña de la yegua, pues sólo así se mantendrá en buenas condiciones y
conservará ese tesoro sus virtudes mágicas. …” 2425. Robado este frenesí, el yegüero
debe sacrificar al potro a la salida del sol, ya que la madre, sin ese sello identificativo,
no reconocerá al retoño como suyo 2426; y después disfrutará los resultados del hechizo
sobre la persona objeto de su amor.
2420
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 196.
2421
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 493.
2422
Ibídem. Pág. 546.
2423
Ibídem. Pág. 538.
2424
Ibídem. Pág. 538.
2425
Ibídem. Pág. 538.
2426
Ibídem. Págs. 538 y 539.
422
grande 2427. Los criadores contemporáneos de caballos afirmamos que sin buenas
madres no puede haber buenos productos; pero a esta conclusión ya habían llegados
en tiempos de Virgilio:
“…Ya, codicioso de la palma olímpica,
potros finos eduques, ya prepares
fuertes novillos para el yugo, elige
ante todo a las madres. …”2428.
Pero tan importante como la yegua era el semental que había de cubrirlas, que
el poeta romano aconsejaba seleccionar y mimar desde potrillo:
Porque el caballo bueno sirve para cualquier cometido, bien sea el tiro de una
cuadriga o el campo de batalla:
2427
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 266.
2428
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 255.
2429
Ibídem. Pág. 257.
423
pues ningún otro vale, aunque mil veces
haya acosado el enemigo en fuga,
aunque sea de Epiro o de Micenas,
o a Neptuno su casta se remonte. …” 2430.
2430
Ibídem.Pág. 261.
2431
Martino, F. de: Historia económica de la Roma antigua II. Ed. Akal. Torrejón de Ardoz.
(Madrid). 1985. Pág. 304.
2432
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 264.
2433
Ibídem. Pág. 264.
2434
Ibídem. Págs. 264 y 265.
2435
Ibídem. Pág. 265.
2436
Ibídem. Pág. 267.
2437
Ibídem. Pág. 267.
424
8. 8. 1. Detección del celo.
2438
“…El <<mejor poema del mejor poeta>> combinaba elogios de Italia y la vida rural con
tributos (a menudo en broma) al nuevo César. […] Como demuestra este poema, había
sentimientos de esperanza y de seguridad después de un época de tanto terror. Tocaba al
nuevo César dominarlos, pues se encontraba en la base de lo que él iba a convertir en una
época clasicizante. …” (Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 532).
425
que el nombre exacto entre pastores tiene
de hipómanes, que suelen las madrastas
confeccionar con hierbas y conjuros. …” 2439.
8. 8. 2. La Cubrición.
2439
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 271.
2440
Mariño Ferro, J. R: El simbolismo animal. Creencias y significados en la cultura occidental.
Ed. Encuentro. Madrid. 1996. Pág. 56.
2441
Ibídem. Pág. 56.
2442
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 70.
426
Cuando Eurípides 2443 habla de cánticos de boda dedicados a las ovejas y a las
yeguas se refiere a “…la música de flauta que incita a las yeguas al amor y al apetito
sexual y que hace que los caballos se vuelvan locos por aparearse con ellas.
Evidentemente es por este procedimiento como se hacen los apareamientos en el
ganado equino, y la música de flauta da la impresión de que entona el ritual canto de
boda. …” 2444. Concretamente, en Mesia, cuando las yeguas eran cubiertas por los
sementales, se les tocaba la flauta, entonando cánticos de boda en honor de la cópula
de los caballos, con lo que quedaban preñadas enseguida y parían potros de gran
hermosura 2445.
El desmedido deseo de una yegua por copular se le puede reprimir cortándole
las crines de la cerviz; a partir de entonces, avergonzada, dejará de hacer locuras y se
abatirá por semejante deshonor 2446.
2443
Eurípides (c. 485-406 a. C). Poeta trágico ateniense del que se conservan 19 tragedias
(Hard, 2008. Opus cit. Pág. 35).
2444
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 494.
2445
Ibídem. Pág. 582.
2446
Ibídem. Pág. 445.
427
Respecto a Hispania, “…Es sabido que en Lusitania, cerca de Olisipón y del río
Tajo, las yeguas colocadas de cara al Favonio conciben con un soplo fecundante y
que la cría se engendra y nace extraordinariamente rápida, pero no sobrepasa los tres
años de vida. …” 2447. Esta idea de la fecundación por medio del viento no parece
descabellada en la antigüedad, ya que si el viento, portador de semillas, fecundaba las
plantas, ¿por qué no podía hacerlo, también, con los animales? 2448.
Entran en celo los animales jóvenes antes que los viejos, y cuando llegan las
buenas temperaturas, si el animal se halla en buenas condiciones físicas, su pasión
por el apareamiento es mayor 2449. La mujer y la yegua son, de entre los animales
hembras, los que mejor aceptan la cópula, estando ya preñadas; y en la yegua no se
da el fenómeno de la superfetación, ya que si queda preñada en una cubrición, no
queda preñada en las sucesivas
Paladio recomienda ponerles el semental a las yeguas en el mes de marzo,
después de haber sido previamente engordados y cebados; entonces deben ayuntarse
con yeguas de buena raza y, cuando las hembras estén fecundadas, se recogerán de
nuevo los sementales en el establo 2450. Sobre el número de yeguas que cada semental
debe cubrir en libertad, apunta atender a las fuerzas de cada caballo, aunque para un
animal joven y de potencia y tamaño fuertes, aconseja de doce a quince 2451.
Para Plinio, la fertilidad de los caballos es escasa, por lo que se dejan intervalos
entre las montas, pero a pesar de eso, el semental no es capaz de aguantar quince
cópulas al año 2452.
Cuando alguna yegua se mostraba remisa al apareamiento, no faltaban los
remedios para hacerla copular. Los ganaderos rociaban su vulva con sal y nitro; o con
pimienta y miel; o con nitro y semilla de ortiga; o con apio caballar y nitro; consiguiendo
la comezón suficiente para que las yeguas se dejasen montar 2453. Otro remedio
consistía en frotar sus partes naturales con una cebolla albarrana 2454.
Las yeguas, tras el apareamiento, corren hacia el norte o hacia el sur, según
hayan concebido un macho o una hembra; además su pelo cambia de color,
tornándose más rojizo o más oscuro y, aunque lo deseen, dejan de recibir al
2447
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 124.
2448
Mariño Ferro, J. R. 1996. Opus cit. Pág. 57.
2449
Aristóteles. 1990. Opus cit. Pág. 349.
2450
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 264.
2451
Ibídem. Pág. 264.
2452
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 123.
2453
Claudio Eliano.1989. opus cit. Págs. 373 y 374.
2454
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 267.
428
macho 2455. Al contrario que los caballos, que prefieren el apareamiento por las
mañanas, las yeguas lo prefieren por la tarde; las yeguas domadas entran en celo
sesenta días antes que las que viven en libertad 2456.
Preñada la yegua y avanzada su gravidez, Virgilio recomendaba evitarles el
estrés:
“…Cuando al cumplirse
los meses vagan grávidas, que al yugo
nadie las unza de agobiantes carros,
ni las dejen que salten o galopen
por las tendidas vegas, o que prueben
el curso torrentoso de los ríos.
Sea su pasto en solitarias vegas,
junto a ríos tranquilos, cuyas márgenes
con musgo y verde césped las convide,
donde les den abrigo frescas grutas
y sombras los peñascos. …” 2457.
8. 8. 3. El parto.
2455
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 317.
2456
Ibídem. Pág. 317.
2457
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 263.
2458
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 267.
2459
Ibídem. Pág. 266.
2460
Ibídem. Pág. 472.
2461
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 123.
429
Sobre el hipomanes 2462 asegura Plinio que “…tiene tanta fuerza en los filtros
que, echado en la mezcla del bronce que se usó para la estatua de la yegua de
Olimpia, a los machos que se le acercaban les producía un ansia furiosa de aparearse.
…” 2463. Los potrillos no deben acariciarse con las manos, pues se les hace daño;
además, se deben proteger del frío 2464.
Plinio aconseja que la yegua reciba al caballo tres días después del parto o
incluso al día siguiente, obligándola contra su instinto 2465.
Parece que los productos se marcaban con el hierro del propietario, así parece
deducirse de los oficios que, Virgilio en las Geórgicas, recomienda hacer a los
agricultores cuando el tiempo no les permitía trabajar: “…Cuando las frías lluvias
retienen en su choza al labrador, […] afila el duro diente de la reja, excava los troncos
para labrar artesas, marca los ganados, …” 2466.
Por Filóstrato 2467, en un pasaje de la Vida de Apolonio de Tiana, deducimos que
ya en la Grecia clásica se marcaban los caballos; cuando defiende su abstención de
crítica a los pudientes, dice: “…Ni jamás acusé a nadie por los peces que compran a
mayor precio que antes compraban los ricos a los caballos marcados con la koppa,
…” 2468. La koppa era una letra de los alfabetos arcaicos griegos, parecida a nuestra Q,
que se sustituyó posteriormente por la koppa, con la que se marcaban los caballos
para garantizar su pureza de raza; parece que la razón por la que se utilizaba esta
letra es que ésta era la inicial de Corinto y los caballos que la portaban descendían
nada menos que del propio Pegaso 2469.
2462
Como hipomanes define Plinio tanto a la excrecencia frontal de los potrillos como al
exudado vaginal de la yegua en celo, al que, con seguridad, se refiere en este caso. (Nota del
autor)
2463
Plinio. 2002. Opus cit. Págs. 525 y 426
2464
Paladio (Asesores: Iso, J. y Moralejo, J. L). 1990. Opus cit. Pág. 267.
2465
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 317.
2466
García-Badell, G. 1951. Opus cit. Pág. 150.
2467
Filóstrato. Aunque hay varios candidatos a la autoría de la Vida de Apolonio de Tiana,
parece que su autor debió nacer entre el 160 y el 170 d. C. en Lemnos; siendo, con
probabilidad, hijo de un sofista, ya que en aquella época la profesión se transmitía de padres a
hijos. Entre sus maestros se cita a Antípatro de Hierápolis, educador de los hijos de Septimio
Severo, Geta y Caracalla, que parece que fue el introductor de Filóstrato en el círculo de Julia
Domna, esposa de Septimio y la que encargó la obra a Filóstrato. (Filóstrato. 1979. Opus cit.
Págs. 12 y ss).
2468
Ibídem. Págs. 473 y 474.
2469
Ibídem. Pág. 474. (Nota).
430
Eran muchas las regiones conquistadas por Roma en la que se criaban
caballos, pero según Opiano, ninguno aventajaba a los criados en Hispania. Parece
que, entre todas la razas de caballos, eran los más rápidos los sicilianos que moraban
en Lilibeo; pero más veloces que éstos, eran los armenios y partos de flotante melena
que se criaban junto al Eufrates; pero a los caballos partos los aventajan los íberos
“…que galopan sobre las llanuras con pies más veloces. Con ellos quizá sólo pudieran
competir las águilas que vuelan sobre las cañadas del aire, o el halcón batiendo sus
largas alas, o el delfín que se desliza sobre las encanecidas olas. Tan veloces son los
caballos íberos de pies raudos como el viento. Pero son pequeños y débiles de
espíritu y de corazón endeble, y en unos pocos estadios disminuyen su velocidad;
aunque están revestidos de bella apariencia y espléndido cuerpo, su pezuña no es
fuerte, y está criado para terreno blando y amplio. …” 2470.
Otras regiones del imperio eran centros importantes de cría caballar. De los
caballos persas dice Eliano que eran petulantes y afeminados, igual que sus amos; y
lo mismo que éstos presumen de lo voluminoso de sus cuerpos, de su bella estampa,
de la vida regalada que llevan, y de las atenciones que se les dispensa 2471.
En el vastísimo territorio comunal de Antioquia, la capital del reino de los
seleúcidas y de la, después, provincia romana de Siria, se han excavado las elegantes
villas que describiera San Juan Crisóstomo, en las que se han hallado unos bien
conservados establos para el ganado y habitaciones para los esclavos 2472. Esta región,
desde los tiempos de los Flavios y de Trajano tenía gran importancia como zona de
reclutamiento del ejército romano, al que suministraba hombres excelentes para las
cohortes, alae y numeri de arqueros montados, ampliamente empleados en todo el
Imperio, incluida la propia provincia Siria 2473.
En el reino del Bósforo, en las costas septentrionales y orientales del mar Negro,
el cultivo de la tierra y la guarda del ganado de los propietarios, entre los que
destacaban los caballos, estaban a cargo de los nativos, que habitaban en cuevas y
chozas y eran siervos si no esclavos de sus señores. Llegada la primavera, los
propietarios, con sus familias y su séquito de esclavos armados, dejaban la ciudad, en
pesadas carretas o a caballo, y se trasladaban a sus fincas, para vigilar las labores
agrícolas y a sus ganados. Armados y acompañados de servidores, armados también,
salían por las mañanas a caballo para recorrer sus campos y volver, al atardecer, a
2470
Opiano. 1990. Opus cit. Págs. 66 y 67.
2471
Claudio Eliano.1989. opus cit. Pág. 116.
2472
Rostovtzeff, M: Historia social y económica del Imperio Romano. Ed. Espasa Calpe. Madrid.
1998 (B). Pág. 591 y 592.
2473
Ibídem. Pág. 892.
431
sus tiendas, para pernoctar 2474. La escena descrita nos la relata una pintura, hoy
destruida, de una tumba en Panticapaeum; la escena representa la estancia del
propietario en la estepa, a donde se ha trasladado desde la ciudad para defender sus
cosechas del ataque de sus vecinos, los taurios de las montañas y los escitas de la
llanura 2475. En ella vemos como el propietario cabalga, armado y seguido por un
criado, hacia su tienda de nómadas, en la que está reunida su familia 2476. Otra pintura
mural de la misma procedencia nos muestra el combate, a caballo, entre un
terrateniente de Panticapaeum y un señor feudal escita de las llanuras de Crimea. El
terrateniente aparece seguido de su pequeño ejército, que componen amigos, clientes
y siervos. La banda de los escitas, audaces arqueros y jinetes de largos cabellos,
ataca con valor, pero es rodeada por los de Panticapaeum, y uno de los escitas yace
muerto sobre la pradera, con su caballo 2477. Otra decoración mural muestra como un
jinete de Panticapaeum ataca a un infante taurio 2478.
De la cría de caballos en los territorios de África nos dan fe los mosaicos que se
han hallado allí; por ejemplo sabemos que cerca de Hadrumentum se criaban
caballos 2479. El mosaico de Zliten, en Tripolitania, muestra una era durante las labores
de la trilla, con una pareja de bueyes a los que hay que hostigar y una pareja de
caballos que se encabritan y cocean 2480. Otro mosaico hallado en los alrededores de
Udna (Túnez), muestra la vida en una villa del África proconsular. En él se nos
muestra la casa de los labradores, hacia la que avanza un rebaño de cabras y ovejas;
un individuo, arando con un pareja de bueyes; un pozo, del que otro saca agua para
abrevar a un caballo; una escena de caza, en la que tres jinetes en hermosos caballos,
atacan y dan muerte a una leona; otra en la que un hombre disfrazado, con una piel de
cabra, empuja a cuatro perdices hacia una red; y una última en la que un hombre
ataca a un jabalí enfurecido 2481. Los mosaicos de la villa de Tabarca muestran una
gran finca dedicada a la producción de aceite, vino, a la cría de caballos u otros
animales y a la avicultura; el mosaico parece mostrar una empresa agrícola
magníficamente organizada 2482. Uno de los mosaicos muestra un imponente establo y
junto al establo se observa, atado, un hermoso caballo 2483. Otro mosaico hallado en los
2474
Ibídem. Pág. 587 y 588.
2475
Ibídem. (Fig. 129). Pág. 745.
2476
Ibídem. (Fig. 129). Pág. 745.
2477
Ibídem. Fig. 130. Pág. 746.
2478
Ibídem. (Fig. 131). Pág. 746.
2479
Ibídem. Pág. 656.
2480
Ibídem. Fig. 167. Pág. 772.
2481
Ibídem. (Fig. 179). Págs. 846 y 847.
2482
Ibídem. (Figs. 180 y 181). Págs. 847 y 848.
2483
Ibídem. (Fig. 180). Pág. 848.
432
alrededores de Susa, en la que parece la casa de un tal Sorotus, nos muestra un
rectángulo cuyos ángulos están ocupados por medallones en los que, en cada uno de
ellos, se representan dos caballos atados a una palmera y con sus nombres inscritos
al lado; en el centro de la composición figura una pradera en la que pacen caballos 2484.
Los caballos de los moros aventajan a los demás por sus carreras dilatadas y
por sus laboriosos trabajos; para las largas carreras les siguen en importancia los
caballos libios, que se crían en Cirene, siendo ambos muy parecidos; con la diferencia
de que los fuertes caballos libios son más grandes, con cuerpo alargado, y ancho
costillar, por lo que son más corpulentos; además, son mejores para arremeter, y más
valientes, para soportar el ardor del sol y la sed del mediodía 2485. Los caballos libios
aguantan hasta las desatenciones del amo, que le prestan tan poca atención que ni los
cepillan, ni le peinan las crines, ni los bañan, ni los dejen revolcarse, sino que, al
acabar el trabajo, los descabalgan y los echan a pastar 2486. A las yeguas libias, dice
Eliano 2487, les gusta la música, con la que “…se calman y se domestican, dejan de
saltar y de brincar y, todo lo contrario, siguen al yegüero adonde el sonido musical las
lleve, y, si se para en seco, también ellas se paran en seco, y si extrema el tono de la
música de flauta se le deslizan de gusto las lágrimas. Por eso, los yegüeros, tras
ahuecar un tallo de baladre y hacer con él una flauta, soplan en ella y el resultado es
que de esa manera encantan a los citados animales. …” 2488.
Entre los caballos hispanos destacaban los de Lusitania, que tenían fama
universal debido a su velocidad en la carrera; cualidad que se explicaba por el hecho
de que fueran hijos del viento Céfiro. Los autores antiguos recalcan la fama, tanto en
época republicana y sobre todo altoimperial de los asturcones de Asturia y los
tieldones de Gallaecia 2489. Muy apreciados como caballos de carreras eran los béticos,
que son alabados especialmente en las fuentes bajoimperiales; citándose dos tipos,
unos de cabeza hermosa, buenas proporciones, posición erguida, gran alzada y aptos
2484
Ibídem. (Fig. 240). págs. 1067 y 1068.
2485
Opiano. 1990. Opus cit. Págs. 67 y 68.
2486
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 116.
2487
Claudio Eliano (siglo II-III d. C). Profesor de retórica originario de Preneste. Fue protegido
de la emperatriz Julia Domna. Escribió en griego varias obras moralizantes, de las que se
conservan algunos fragmentos, y entre las que nosotros destacamos La naturaleza de los
animales (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 144).
2488
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 494.
2489
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 470.
433
para la carrera; y otros pequeños, magros, aptos para la caza y que se cree que
descienden de caballos salvajes 2490.
Detengámonos en el asturcón, tal vez uno de los caballos hispanos más citados
en las fuentes latinas. Parece que descienden de un cruce entre el Garrano 2491 (o
Minho), originario del norte de la Península Ibérica y de la línea del pony celta, y del
Sorraia, una raza de Portugal que todavía conserva los atributos de sus ancestros, los
tarpanes 2492.
Respecto a su morfología es un caballo de frente ancha y con perfil recto, con
ojos grandes y oscuros, con amplios ollares, orejas pequeñas y cuello largo y
relativamente delgado, con abundantes crines. La cola es muy poblada y de
nacimiento bajo, su grupa es recta y fuerte y sus extremidades bien conformadas. Su
capa suele ser de color negro o castaño oscuro, sin manchas blancas 2493. Si, a los ojos
del hombre de hoy, éste no encaja en el prototipo de animal de lujo, lo cierto es que en
Roma era un caballo apreciado, hasta el punto de ocupar en las cuadras imperiales un
puesto de honor 2494.
Por Suetonio sabemos que Nerón soñaba con uno de sus asturcones, “…una
jaca de Asturias por la que sentía especial predilección, trocaba la parte superior de su
cuerpo para adoptar la forma de un mono, y que con la cabeza, lo único que
conservaba intacto, emitía unos relinchos armoniosos. …” 2495. Pero parece que la
característica del asturcón que merecía ese aprecio era su paso de ambladura. Así
parece reflejarlo Lucilio cuando afirma “…No es un caballo hermoso, pero sí de paso
gradual y una óptima cabalgadura. …” 2496. Cuando ambla, el caballo mueve mano y
pie del mismo lado, para después mover las extremidades del lado opuesto; este
movimiento alternativo se diferencia del paso normal en diagonal, donde el caballo
mueve simultáneamente mano derecha y pie izquierdo, para después mover la mano
izquierda y el pie derecho. De este paso en ambladura se ocupan diversos autores
como Marcial o Plinio que nos dice que su “…paso no es de menospreciar, porque se
mueven con una blanda andadura, extendiendo y encogiendo agraciadamente los pies
2490
Ibídem. Págs. 470 y 471.
2491
Garrano o Miño: Es la raza de ponys portugueses más conocida; criado en las provincias
de Garrano del Miño y Tras dos Montes, parece que lleva sangre árabe. Es un caballo de capa,
normalmente, alazana oscura; de una alzada entre 100 y 120 cms; y de complexión fuerte pero
ligera, con cola y crines abundantes y paso seguro. Es una raza con una larga historia,
inmutable a través de miles de años, ya que todavía existen pinturas paleolíticas que la
representan (Silver, C. 1997. Opus cit. Págs. 52 y ss).
2492
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 141.
2493
Ibídem. Pág. 141
2494
Ibídem. Pág. 141.
2495
Ibídem. Pág. 141.
2496
Ibídem. Pág. 142.
434
y manos, a imitación de los cuales enseñan a andar artificiosamente a otros caballos.
…” 2497. Los caballos de Hispania son citados junto a los de otras regiones del Imperio
que fueron famosas por sus caballos, como Arcadia, Cirene, Capadocia, Tesalia,
Mauritania, Persia 2498, Numidia y Siria.
Durante al Bajo Imperio, la unidad de producción dominante era el fundus, de los
que se cubrió la Península Ibérica entera, con la única excepción de algunas zonas del
norte. Estos fundi se fueron convirtiendo, poco a poco, en unidades autárquicas en las
que encontramos, junto a los restos de la explotación agrícola, los pertenecientes a la
cría de ganado, entre los que encontramos al caballo 2499. En efecto, los restos
arqueológicos hallados en las villas de los fundi nos han proporcionado herramientas
agrícolas y, según Álvarez, alguna herradura de caballo 2500. Hallazgo de suma
importancia, si en realidad las herraduras halladas pertenecen al Bajo Imperio y no son
aportaciones de épocas posteriores a estos yacimientos; ya que la mayoría de los
historiadores defienden que la herradura hizo su aparición ya avanzada la Edad
Media. Volveremos sobre el tema.
No parece que las especies que se crían en Hispania durante el Bajo Imperio,
como la bovina, la ovina, la porcina o la equina, hayan sufrido deducciones sensibles
con respecto a épocas anteriores; en las cuales, y según nuestras noticias, ya se
había realizado una importante selección de razas, cruzando animales hispanos con
otros traídos de fuera, con la intención de mejorar la producción en cantidad y
calidad 2501. Buen ejemplo de esta práctica es el caso relatado por Columela sobre las
ovejas béticas que se aparearon con carneros africanos y que dieron por resultado
unas crías con una lana más abundante y de mejor calidad 2502.
Las mulas, animales de excepcional fortaleza para el trabajo, nacen del cruce de
una yegua y un burro. Se utilizan para este cruce yeguas mayores de cuatro años y
menores de diez; pero para que el apareamiento llegue a buen puerto, ambos
animales, de pequeños, deben haber bebido leche de la otra especie con la que se
deben aparear; por ello cuando se pretende cruzarlos, se ponen los borriquillos que se
2497
Ibídem. Pág. 142.
2498
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 471.
2499
Ibídem. Pág. 482 y 483.
2500
Ibídem. Pág. 483.
2501
Ibídem. Pág. 469.
2502
Ibídem. Pág. 469.
435
han robado a sus madres en la oscuridad, a mamar a las ubres de las yeguas y a los
potrillos a las de las burras 2503. Del cruce de un caballo y una burra nace también una
mula, llamada burrera, pero son rebeldes y lentas para la doma 2504.
Estos animales son estériles, como todos los que nacen de dos especies
distintas; aunque en los Anales figura que alguna ha parido, lo que se considera un
prodigio 2505. Y son estériles porque, según Eliano, no tienen matrices como las de los
demás animales y, por tanto, no pueden acoger la semilla, “…ya que la mula no es
obra de la Naturaleza, sino invención y ardid de la astucia del hombre y de su osadía,
que el castizo calificaría de adulterina. …” 2506. Según Demócrito 2507 todo pudo deberse
a “…que acaso un asno violó a una yegua y que ésta quedó preñada, y que los
hombres fueron sus discípulos en esta violencia y que, luego, claro está, terminaron en
la práctica habitual de la fecundación entre estos animales. …” 2508. Para que las
yeguas se avengan humildemente al apareamiento con los burros, se recomienda que
se les corten las crines, pues éstas las hacen orgullosas 2509.
Entre los atenienses, un mulo llegó a vivir 80 años, por eso “…cuando construían
el templo en la Acrópolis, como les gustaba que, a pesar de estar apartado por su
vejez, animara con su compañía y esfuerzo a los jumentos que subían, hicieron un
decreto para que los negociantes de grano no le alejaran de sus cribas. …” 2510. Se
cuenta que en la India hay manadas de asnos salvajes y caballos de igual condición; y
que aquellos montan a las yeguas, que se deleitan con este apareamiento; y que
paren mulos que, si se capturan antes de los dos años, aceptan la doma, pero si se los
apresa después, no toleran ni el yugo ni siquiera las caricias, comportándose como
bestias mordientes y carnívoras 2511.
Los hinnus son el fruto del cruce de una yegua y un onagro, domesticado;
animales muy veloces para la carrera, de patas extraordinariamente duras, de cuerpo
magro y de espíritu indómito; los mejores onagros son los de Frigia y Licaonia 2512.
2503
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 127.
2504
Ibídem. Pág. 127.
2505
Ibídem. Pág. 127
2506
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 476.
2507
Demócrito (Abdera, Tracia, 460-370 a. C). Es el creador de la teoría atomista y mecanicista
del Universo; según la cual, la realidad está constituida por átomos materiales e infinitos, que
se mueven en el espacio vacío; al alma la forman átomos más ligeros; y el conocimiento es la
percepción de las imágenes sutiles, desprendidas por las cosas. Para este autor, la moral,
radica en el dominio de uno mismo, mediante la razón (Diccionario Enciclopédico Ilustrado
Plaza & Janés. Vol. II. 1973).
2508
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 476.
2509
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 317.
2510
Ibídem. Pág. 128.
2511
Claudio Eliano.1989. opus cit. Pág. 596.
2512
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 128.
436
8. 11. LA CUESTIÓN DE LA HERRADURA EN LA ANTIGÜEDAD.
2513
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 145.
2514
Plutarco/Diodoro Sículo. 1986. Opus cit. Pág. 242.
2515
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 146.
2516
Ibídem. Pág. 146.
2517
Ibídem. Pág. 148.
2518
Ibídem. Pág. 149.
437
había descubierto en la necrópolis cetibérica de Aguilar de Anguita (Guadalajara), y
que dató hacia el siglo IV a. C 2519. Otros, como Winkelmann, volvieron a negar la
probable utilización de la herradura en los tiempos antiguos, alegando que no había
aparecido ninguna pieza en Pompeya y que los remedios dados por Vegecio son
incompatibles con la existencia de la herradura 2520.
Continuaba el debate y ahora algunos se fijan en la plástica. Ya en 1977,
Ruprechtsberger, creyó ver, en un sarcófago romano que se encuentra en Pisa, un
caballo que mostraba en uno de sus cascos una lámina que él identificó como una
herradura 2521. En 1983 es Monique de la Rocque de Sévérac, la que concluye un
artículo exponiendo que “…resultaba arriesgado afirmar que los celtas y romanos no
conocieron la herradura, aunque ninguna de las explicaciones hasta entonces
propuestas hubiera resuelto la cuestión, teniéndose que aguardar a que nuevos
hallazgos aportaran más luz sobre el problema. …” 2522. Pero Karla Motiková, en 1994,
se muestra a favor del uso de la herradura en la Antigüedad, fundamentándose en el
estudio del sarcófago de Pisa, en los caballos herrados del bronce de Carnuntum
(Mandera), en el bronce de los Dióscuros, donde se pueden ver los cascos herrados
de los caballos (mencionado por Mandera y Ruprechtsberger), y en la tesera de
bronce de Domiciano, citada por Sévérac, en la que aparecen dos herraduras con
agujeros 2523.
Pero, después de tan dilatado debate, los estudiosos han concluido que ni
Grecia ni Roma conocieron la herradura, ya que al mismo tiempo que éstas no se
mencionan en las obras clásicas, las quejas por los problemas de los cascos de los
caballos son continuas; y uno y otro hecho no son compatibles. La existencia de la
herradura no está atestiguada en aquella época; en cambio sí lo está la existencia de
la hiposandalia 2524.
2519
Ibídem. Pág. 150.
2520
Ibídem. Pág. 150.
2521
Ibídem. Pág. 158.
2522
Ibídem. Pág. 159.
2523
Ibídem. Pág. 161.
2524
Ibídem. Pág. 167.
438
9. EL CABALLO EN LA VIDA PRIVADA ROMANA.
(Séneca).
9. 1. INTRODUCCIÓN.
2525
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 188.
2526
Fernández Vega, P. A. 2003. Opus cit. Pág. 238.
2527
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 374.
2528
Sería más lógico llamarla “…por el nombre de sus dueños, la familia de los Popeos, de la
cual salió Popea Sabina, casada con el emperador Nerón, entre los años 62 y 65. Desde
principios del siglo I esta casa había sido de los Popeos; en el año 79, cuando la ciudad fue
destruída, el dueño era un tal Quinto Popeo Fulbunguis. Tenía, además de esta villa en la
Campania, una casa en Roma y una villa en las afueras de Roma. …” (Poulsen, F: Vida y
costumbres de los romanos. Revista de Occidente. Madrid. 1950. Pág. 143).
2529
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 129.
439
o bien tuvieron tiempo de huir o bien estaban en el campo, cuando estalló la erupción
del Vesubio 2530. En las casas romanas el establo se construía cerca de la cocina,
como sucede todavía en los países mediterráneos 2531.
Parece lógico que, al igual que sucede con los perros, la relación de los hombres
con los caballos, a lo largo de la historia, fuese estrecha. Y en una relación tan
cercana, a estos animales se les debía dotar de nombres, para referirse a ellos,
llamarles o hablarles. En efecto, sabemos que a los caballos se les ponían nombres
desde tiempos tan lejanos como los del faraón Ramses II (1301-1234 a. C.), ya que en
la batalla que en Kadesh libró contra el hitita Muwatali, marchó “…a bordo de su carro,
conducido por su auriga Menna y arrastrado por el tronco “Victoria de Tebas” y “Nut la
satisfecha”; …” 2532. Volveremos al tema del nombre de los caballos romanos cuando
hablemos de las carreras circenses.
Los usos a los que se dedicaban los caballos eran múltiples. Muchas veces eran
utilizados como veloz medio de transporte en la resolución de turbios asuntos de
amores. Es el caso del arrebatamiento que sufrió Apio Claudio cuando vio, en las
escuelas del Foro Romano, a Virginia, hija de Virginio y de Numitoria, y de la que se
enamoró perdidamente; utilizó mil argucias para hacerse con la doncella, con la que
no podía casarse porque ya estaba prometida y porque no podía concertar un
matrimonio con una plebeya por desprecio a esa clase y porque iba contra la ley que
él mismo había escrito en las Doce Tablas; en su obstinación llegó a defender que era
hija de una de sus esclavas y, por tanto, le pertenecía 2533. La raptó y tratando de evitar
que su padre, que servía en los ejércitos, se enterase, “…envió a sus jinetes de mayor
confianza al campamento entregándoles cartas para Antonio, el jefe de la legión en
que estaba Virgnio, pidiéndole que mantuviese al hombre bajo estricta vigilancia para
que no se enterase sin él saberlo, de lo relativo a su hija y escapara del campamento.
Pero se le habían adelantado los parientes de la chica- un hijo de Numitorio y un
hermano de Idilio, enviados por los demás al principio aún de la cuestión-, jóvenes
llenos de resolución, con caballos azuzados con bridas y con látigo, recorrieron antes
el camino y explicaron claramente a Virginio lo sucedido. …” 2534. El asunto, como era
previsible, terminó mal para Virginia y su padre, ya que ganado el juicio por Apio
(defendiendo que era hija de una de sus esclavas), la muchacha debía ser entregada
al poderoso; el padre pidió un momento para despedirse de su amada hija y cogiendo
2530
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 145.
2531
Whetstone Johnston, H: La vida en la antigua Roma. Alianza Editorial. Madrid. 2010. Pág.
148.
2532
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 88.
2533
Dionisio de Halicarnaso.1988. Opus cit. Págs. 142 y ss.
2534
Ibídem. Pág. 149.
440
un cuchillo de la mesa de una carnicería cercana se lo clavó en las entrañas, diciendo:
“…Libre y virtuosa te envío, hija, a tus antepasados bajo tierra; pues viva no podías
tener ambas cosas por culpa del tirano. …” 2535.
Otras veces, los caballos servían para cometer horribles sacrilegios, como el
cometido por Tarquinio el Soberbio, que accede al poder de forma violenta, ya que
arroja a su suegro, Servio Tulio, por las escaleras de la Curia; acto seguido, su mujer
Tulia, hija del rey asesinado, pasa con el carro por encima del cadáver de su padre 2536.
En otras ocasiones, los caballos debían actuar de extras en algunas
representaciones teatrales; así sabemos que Pompeyo para dar realismo al saqueo de
una ciudad en una representación, utilizó tropas de caballería y mulas cargadas con
un botín de guerra, con las que consiguió unos extraordinarios efectos especiales 2537.
Y muchas veces servían como montura a los notables que eran representados en
estatuas ecuestres, como al pompeyano Umbricius Scaurus, un productor de garum, al
que el senado municipal le dispensó el honor de una estatua ecuestre, por su labor en
pro del buen nombre de Pompeya, al dar a conocer el garum pompeianum en todo el
mundo romano 2538. Élite a la que le gustaba ser representada a lomos de espléndidas
monturas; todo el lado sur del foro de Pompeya estaba ocupado por estatuas
ecuestres, entre las que destacaban una colosal de Augusto, una de grandes
dimensiones de Claudio, otra más pequeña de Nerón, y otra, no se sabe si de Druso,
el hijo de Tiberio, de Germánico o, tal vez, de Calígula 2539.
Los usos de los caballos, en la vida privada, eran múltiples: desplazamientos,
educación, caza, o en la agricultura, como simple fuerza de trabajo; sabemos, por
ejemplo, que en Italia había máquinas de amasar pan, en las que se echaban la harina
y el agua, que movían unas aspas que accionaban un par de esclavos o un caballo 2540.
2535
Ibídem. Págs. 150 y ss.
2536
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 48.
2537
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 241.
2538
Étienne, R: La vida cotidiana en Pompeya. Ed. Aguilar. Madrid. 1971. Págs. 136 y 137.
2539
Ibídem. Pág. 224.
2540
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 215.
2541
Balsdon, J. P. V. D (Ed.). 1966. Opus cit. Pág. 277.
441
9. 2. 1. La educación del niño romano.
Parece que en Roma, hasta las guerras púnicas, el padre era el maestro de los
hijos; él les enseñaba la cultura general, que en aquellos tiempos se llamaba disciplina
y que tenía como objetivo conseguir la obediencia absoluta de los hijos 2542. La
educación primaria del hijo de una familia noble, en Roma, comenzaba con la retórica
y la literatura latina y se terminaba cuando el joven cumplía los diecisiete años; a partir
de este momento, su padre o algún pariente lo introducía en la vida pública 2543. Por
Plutarco sabemos que Catón el Censor fue el maestro de su hijo, “…su profesor de
leyes, su monitor de gimnasia; él enseñó a su hijo no solo a disparar con arma
arrojadiza, a luchar con armas pesadas y a montar a caballo, sino también a pelear
con los puños, a resistir el calor y el frío y a salvar su vida a nado haciendo frente a los
remolinos y a los rápidos del río. …” 2544. Escribió, en grandes letras, una historia
romana, con la que lo enseñó a leer, y luego resumió para él todos los conocimientos
que eran importantes para la vida de los romanos, como los de historia, oratoria,
medicina y, tal vez, los del arte de la guerra 2545. Otros aristócratas romanos preferían
entregar la educación de sus hijos a extraños; así sabemos que Paulo Emilio
encomendó la educación de sus hijos a una serie de maestros griegos 2546. Este cónsul
del 182 a. C., filoheleno, “…no ahorró sacrificios y dispendios para obtener un cuerpo
entero de preceptores de Grecia. Este cuerpo incluía no solamente hombres con
intereses intelectuales (profesores de literatura, de retórica y de filosofía) sino también
hombres con habilidades artísticas (modeladores y pintores), y hombres con
preocupaciones deportivas (caza, domadores de caballos y perros). … 2547. Parece
que, después de la batalla de Pidna, Paulo Emilio trajo a sus hijos como botín la
biblioteca del rey Perseo y, además, a Polibio, hijo del estratega de la Liga Aquea,
Licortas 2548. Como tenía previsto encargar a este griego la educación de sus hijos, lo
alojó en su casa; era éste un griego“…dotado de una profunda preparación retórica y
filosófica, con experiencia política y educado en los deportes, estaba muy por encima
del tipo de pedagogo griego que desde antiguo era habitual en las nobles familias
romanas. Las sensibles almas de los hijos de Paulo pronto fueron presa del encanto
de este hombre, en el que veían realizado un ideal de virilidad y de humanidad. Entre
2542
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 85.
2543
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 20.
2544
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 160.
2545
Buchner, K: Historia de la literatura latina. Ed. Labor. Barcelona. 1968. Pág. 92.
2546
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 521.
2547
Bonner, S. F. 1984. Opus cit. Pág. 41.
2548
Buchner, K. 1968. Opus cit. Pág. 114.
442
ellos se estableció una relación auténticamente pedagógica, en la que el maestro se
gana el corazón del discípulo, le despierta y le estimula a igualársele a él. …” 2549.
Polibio había aprendido en las montañas de su tierra, Megalópolis en la Arcadia, a ser
un buen cazador y a manejar las armas con las que sirvió en el ejército de la Liga
Aquea 2550. Cuando, pasado mucho tiempo, regresó a su tierra murió de una
desgraciada caída de caballo, cuando tenía ochenta y dos años.
2549
Ibídem. Pág. Pág. 114.
2550
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 8.
443
exagerado concepto de sí mismo. ...” 2551. Y continúa aconsejando que mantengamos
lejos de los niños la adulación y “...que oiga siempre la verdad. Acostumbrémosle a
tener respeto, consideración y deferencia con los mayores. Que no consiga nada por
medio de la ira. Lo que se le ha negado cuando lloraba rabioso, démoselo cuando esté
tranquilo. Tenga a la vista, pero no a las manos, las riquezas de sus padres, no se
pasen sin la debida corrección sus hechos mal intencionados. ...” 2552. Según él, no se
debe tratar a los niños con dureza y se pregunta si es justo tratar a un hombre con
más dureza y acritud que a los irracionales, añadiendo que “...el buen domador no
atemoriza a su caballo con azotes constantes, porque se volvería tímido y rebelde,
sino que lo halaga con palmaditas y acariciándolo con la mano. ...” 2553. Cuando se le
encomendó la ardua tarea de educar a Nerón, el hispano sabía que el pronóstico no
era bueno, dado que conocía muy bien la crueldad de los antepasados paternos de su
alumno 2554; y, tal vez, pensando en su imperial discípulo, escribió en su De ira: “…hay
que dirigir [el espíritu] entre lo uno y lo otro, de modo que nos serviremos una veces de
las bridas, otras de la fusta […] le daremos algún respiro, más no lo libraremos a la
desidia y la inactividad. …” 2555.
Muchos de los preceptores trataban de ser indulgentes con los caprichos de sus
jóvenes discípulos e intentaban ganárselos permitiéndoles que, en clase, hablaran de
sus intereses profanos, como los caballos, los gladiadores o el teatro, ganándose a
sus discípulos no con el rigor de la disciplina o haciendo gala de su talento, sino
mediante los halagos hacia sus alumnos 2556. Marco Aurelio se muestra agradecido a
su maestro, del que habla con gratitud en sus Meditaciones: “…De mi preceptor: el no
haber sido de la facción de los Verdes ni de los Azules [en las carreras], ni partidarios
de los parmularios ni de los escutarios [entre los gladiadores]; el soportar las fatigas y
tener pocas necesidades; el trabajo con esfuerzo personal y la abstención de
excesivas tareas, y la desfavorable acogida a las calumnias. …” 2557.
Respecto a las artes, había intelectuales que no estaban de acuerdo con apartar
su estudio de la formación de los niños romanos; es el caso de Tácito que se lamenta
así: “...Se llenan sus tiernecitas almas de fábulas y de mentiras que éstos les cuentan
(esclavos o libertos), no hay en casa quién se preocupe lo más mínimo de lo que se
dice y de lo que se hace delante de los niños. Ni siquiera sus mismos padres tienen
2551
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 188.
2552
Ibídem. Pág. 188.
2553
Ibídem. Pág. 202.
2554
Barrett, A. A (Ed.): Vida de los césares. Ed. Crítica. Barcelona. 2009. Pág. 192.
2555
Ibídem. Pág. 194.
2556
Bonner, S. F. 1984. Opus cit. Pág. 144.
2557
Citado. Birley, A: Marco Aurelio. La biografía definitiva. Ed. Gredos. Madrid. 2009. Pág. 51.
444
miramiento alguno con sus hijos, no les inculcan la honradez ni la modestia, sino todo
lo contrario, la lascivia, y la procacidad en el hablar, por lo cual los niños se hacen
enseguida desvergonzados y despegados de todo. Como si ya en el vientre de sus
madres fueran concebidos impregnados de estos vicios: el interés por los histriones, la
afición a los gladiadores y a las carreras de caballos. Esto es lo que llena totalmente la
preocupación del niño, cuando debían estar dedicados a las bellas artes. ...” 2558. Y a
las artes se dedicó Ovidio, que, al comienzo del libro II de sus Fastos, justifica su
ocupación ante Augusto, al que dedicó su obra, de esta forma: “…Esta es mi manera
de servir: porto las únicas armas que puedo, y mi diestra no está por completo libre de
servicio. Si no blando jabalinas con vigoroso brazo, ni cabalgo a lomos de belicoso
corcel, ni cubro mi cabeza con el yelmo, ni ciño aguda espada -cualquier hombre
puede ser experto en tales armas- , en cambio ensalzo con corazón apasionado tus
títulos, oh César. …” 2559.
Los juegos también formaban parte de la educación del niño romano. Éstos,
como los de todos los tiempos, imitaban a los adultos. Una pintura mural de Herculano
nos muestra a tres niños jugando a las carreras; dos de ellos tiran de un carro,
mientras que un tercero guía la supuesta biga 2560. Pero estos mismos niños, en sus
primeras etapas habían utilizado para jugar figuras de diversos animales como perros,
caballos u otros animales de granja, solos o enganchados a carros u otros aperos 2561.
Horacio 2562 suma a estos juegos el cabalgar sobre una larga caña 2563; así no era
infrecuente encontrase con un grupo de niños que jugaban a los soldados, a los
magistrados o a las cuadrigas; imitando a los héroes del circo, conducían carritos de
madera tirados por perros, por ovejas, por cabras o por otros niños que imitaban a los
caballos 2564.
Pero en tiempos de Juvenal, parece que se habían abandonado los viejos
ideales de la educación en aras de un único ideal: la riqueza; esa ambición que lo
2558
Citado. Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 216.
2559
Ovidio. 1984. Opus cit. Pág. 154.
2560
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 308.
2561
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 113.
2562
Quinto Horacio Flaco (65-8 a. C). Poeta latino nacido el ocho de diciembre en Venusia
(Apulia). Su padre, un liberto lo envió a estudiar a Roma y posteriormente a Atenas. Después
de una vida militar no muy honrosa, en el 39 a C, Virgilio se lo presentó a Mecenas, que lo
incluyó en su círculo de amigos literatos. Este le regaló a Horacio una finca en el campo
sabino, a 25 kms de Tibur (Tívoli actual), por lo que Horacio, sin preocupaciones financieras,
pudo dedicarse a escribir. Declinó la oferta de Augusto de convertirse en su secretario privado.
Portador de mala salud, murió el 27 de noviembre, dejando una variada obra poética que
incluye tanto poemas líricos como satíricos y con distinta métrica (Hazel, J. 2002. Opus cit.
Pág. 209 y ss).
2563
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 80.
2564
Arroyo de la Fuente, M. A: Vida cotidiana en la Roma de los Césares. Aldebarán Ed.
Madrid. 1999. Pág. 129.
445
suplanta todo y que los padres tratan de inculcar a sus hijos, montándolos, para
conseguirla “…en el carro en el que corre a rienda suelta, cada vez más rápido, hasta
que cuando quiera detenerse, ya no le sea posible y sobrepase la meta. …” 2565.
2565
Juvenal. 1973. Opus cit. Pág. 133.
2566
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 86.
2567
Bonner, S. F. 1984. Opus cit. Pág. 25.
2568
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág.193.
2569
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 84.
2570
Nony, D. Calígula. Ed. Edaf. Madrid. 1989. Págs. 86 y 87.
2571
Cornelio Tácito: Anales. Libros XI-XVI. Ed. Gredos. Madris. 1986. Pág. 24.
446
asociaciones de jóvenes era el control, por parte del Estado y a imitación de la efebía
griega, de los jóvenes aristócratas que constituirían, en el futuro, los cuadros militares
y políticos del Imperio 2572. Instituyó también los Iuvenalia, juegos en que“…los jóvenes
competían entre sí, pero realizando pruebas más propias del circo y el anfiteatro que
del estadio, pues, por lo que sabemos, boxeaban, practicaban la esgrima, cazaban
fieras y competían a caballo. …” 2573. Augusto orientó las actividades de estos colegios
hacia la caza y los ejercicios hípicos y gímnicos 2574. Además se recomendaba la
equitación como práctica beneficiosa para el estómago y las caderas 2575.
9. 2. 1. 2. El campo de Marte.
2572
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Págs. 92 y 93.
2573
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 168.
2574
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 84.
2575
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 480.
2576
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 315.
447
Así describe Estrabón este campo: “…La llanura tiene una extensión enorme;
ofrece curso libre a las carreras de carros y toda clase de evoluciones de caballería;
acoge también una multitud ingente de jóvenes, que allí se ejercitan en el juego de la
pelota, lanzamiento de disco o palestra. …” 2577. Campo de ejercicios que constituía la
admiración de Estrabón y levantaba la nostalgia en el pecho de Ovidio, mientras
estuvo desterrado junto al Mar Negro 2578. Este campo estaba asentado en una
inmensa llanura, entre el Pincio, el Quirinal, y el Capitolio, en un meandro que formaba
el Tíber y fuera de las murallas servianas 2579. Terreno que fue regalado al pueblo de
Roma por la vestal Terracia, a la que la aplicación de la ley Horatia, por este gesto,
concedió importantes privilegios 2580. Los poetas cantan los ejercicios militares de los
jóvenes en el Campo de Marte, galopando al sol, para después bañarse en las aguas
del Tíber 2581.
Agripa, el lugarteniente de Augusto y uno de los pilares de la gloria del primer
emperador, dotó al Campo de Marte de estructuras que hicieron más eficiente y
atractivo el marco en el que los jóvenes romanos realizaban sus ejercicios; construyó
un acueducto que abastecía de agua el Euripo, un canal artificial en el que se
entrenaban los nadadores, que a partir de entonces ya no dependían ni de las
crecidas ni de los peligros del Tíber; y levantó el Laconicum, el primer establecimiento
termal que serviría como modelo a las grandes termas posteriores 2582.
Alrededor de los jóvenes que realizaban sus entrenamientos se agolpaba una
multitud para admirar a los mejores y silbar a los más débiles 2583. Horacio llamaba al
Campo de Marte el “campo soleado”, en el que se recreaban los jóvenes romanos,
una vez libres de su pedagogo. En tres de sus Odas, la equitación y la natación
ocupan el lugar de honor entre los ejercicios practicados por los jóvenes 2584.
Durante su juventud, también Augusto había acudido a ejercitarse en el Campo
de Marte, pero al acabar la guerra civil dejó de acudir allí para practicar ejercicios de
equitación y de armas 2585. Y allí fue donde Nerón, sabedor de la desventaja de su
juventud para el ejercicio del poder, convirtió esta desventaja en un beneficio, sacando
2577
Citado. Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 79.
2578
Balsdon, J. P. V. D (Ed.). 1966. Opus cit. Págs. 212 y 213.
2579
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 49.
2580
Guillén, J. 1995. Opus cit. Pág. 99.
2581
Marrou, H. I: La historia de la educación en la antigüedad. Ed. Akal. Torrejón de Ardoz
(Madrid). 1985. Pág. 310.
2582
Grimal, P: La vida en la Roma antigua. Ed. Paidos Ibérica. Barcelona. 1993. Pág. 83.
2583
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 163.
2584
Bonner, S. F. 1984. Opus cit. Pág. 138.
2585
Suetonio: Vida de los doce Césares (Ed. de Alfonso Cuatrecasas). Ed. Espasa Calpe.
Madrid. 2003. Pág. 184.
448
el máximo provecho a su rostro hermoso y a su joven cuerpo, comparándolo con el del
viejo y disminuido Claudio; para lo cual “…declamó en público e invitó a que quienes lo
escuchaban contemplasen el estilo con el que sabía montar por el Campo de Marte.
…” 2586.
Una demostración de pugilato debía estar haciendo el futuro emperador Claudio
II, cuando uno de sus contrincantes, en lugar de agarrarlo por el cinturón lo hizo por
los testículos, lo que motivó que el hercúleo Claudio le propinase un puñetazo con el
que le sacó todos los dientes; asunto que “…mereció el perdón por ser la venganza
del pudor ofendido; pues, Decio, que era entonces emperador y se hallaba presente
cuando ocurrió el hecho, no sólo alabó públicamente el valor y el pudor de Claudio
sino que le recompensó con brazaletes y collares, pero le ordenó apartarse de los
combates de los soldados, temiendo que realizase algo con más violencia de lo que el
ejercicio de la lucha requiere. …” 2587.
El Campo de Marte no era el único espacio, en Roma, donde los jóvenes
efectuaban sus entrenamientos; se conoce el Pequeño Campo, en el monte Celio, que
los jóvenes utilizaban para ciertas fiestas religiosas, cuando el Campo de Marte estaba
inundado 2588. De esta posibilidad nos informa Ovidio: “…Cuando aquel que en su
veloz carro transporta el purpúreo día haya alzado seis veces y otras tantas sumergido
su disco, volverás a contemplar por segunda vez la Equirria en el herboso campo que
el Tíber ciñe al torcer su curso. Sin embargo, si ese lugar está cubierto por las aguas
desbordadas, será el polvoroso Celio el que reciba los caballos. …” 2589. Hacia finales
de la República, los jóvenes podían entrenar en el Campo de Agripa, que parece que
era simplemente una parte del Campo de Marte 2590.
Estos campos debían existir en las ciudades del resto de Italia y de las
provincias occidentales del Imperio; provistos de una explanada desnuda, algunos
árboles, pórticos y piscina, y rodeados de un muro de cierre 2591. Conocemos la
existencia de algunos de estos pequeños campi en colonias y municipios italianos,
como el de Albenga, en la costa de Liguria; éste era un terreno municipal de juegos
donde entrenaba la juventud 2592. Pero el ejemplo más característico, de los excavados
en Italia, era la Palestra de Pompeya, situada al lado del anfiteatro y con 15.000 m² de
2586
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 196.
2587
Picón, V. y Cascón, A (Editores): Historia Augusta. Ed. Akal. Torrejón de Ardoz (Madrid).
1989. Pág. 604.
2588
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 164.
2589
Ovidio. 1984. Opus cit. Págs. 250 y 251.
2590
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág.164.
2591
Ibídem. Pág. 164.
2592
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 91.
449
superficie 2593. Otros campi han sido identificados en Ampurias, Narbona, Alba Fucens,
Corfinium y el de Vienne, en la Narbonenese, en donde Valentiniano II fue asesinado
en el 392 d. C. cuando se entregaba a diversos juegos con los soldados alrededor de
las murallas 2594.Y es que, según Terencio,
Una de las materias que se les enseñaba a los romanos, era el conocimiento de
los dioses de sus panteones. Llegados a este punto debemos hacer, como
antropólogos, la distinción entre religión y mitología.
9. 3. 1. La religión.
2593
Ibídem. Pág. 91.
2594
Ibídem. Pág. 92.
2595
Citado. Guillén, J. 1995. Opus cit. Pág. 291.
2596
Harris, M. 1983. Opus cit. Págs. 409 y 410.
2597
Ibídem. Págs. 413 y 414.
2598
Ibídem. Pág. 413.
450
Lowie definió la experiencia religiosa como la sensación de estar ante algo
sagrado, divino, santo, misterioso y extraordinario, y sostuvo que esta experiencia no
era religiosa si se daba por supuesta la existencia de estos seres y si el individuo, al
contemplarlos, no experimentaba temor o asombro 2599.
Las creencias y rituales religiosos se correlacionan con los niveles de desarrollo
económico y político de los Estados; por ello, las creencias y prácticas religiosas, entre
los romanos, estaban asociadas al nivel que le correspondía, según las cuatro
variedades distinguidas por Wallace. Este nivel cuarto o de los “cultos eclesiásticos”,
implica la existencia de un clero o sacerdocio profesional con dedicación plena, que
monopolizan la celebración de los ritos en nombre de la sociedad; burocracias
eclesiásticas que están estrechamente relacionadas a sistemas políticos de nivel
estatal, cuyos líderes son miembros de la clase dirigente y difíciles de distinguir de las
jerarquías políticas del Estado 2600. Augusto asoció a la dignidad imperial el título de
Pontifex Maximus, que se otorgaba al principal sacerdote del colegio de los Pontífices
y que era el cargo más honorable de la religión romana.
9. 3. 2. La mitología.
Frente a la religión, los mitos también forman parte del sistema de creencias de
las sociedades. Son relatos sin ninguna base real y grandes dosis de fantasía, que
fueron creados para explicar el origen del Mundo y la existencia humana; “…en ellos
se da una explicación de cómo fueron creados el universo, los seres humanos y los
animales, y de cómo se originaron ciertas costumbres, ritos o actividades humanas.
Casi todas las culturas poseen o poseyeron alguna vez mitos y vivieron en relación
con ellos. …” 2601. Con estas creencias se saciaba la curiosidad natural de los hombres
y se combatía el miedo que los humanos mostramos hacia lo desconocido; así, donde
no llegaba la razón sí lo hacían la imaginación y la fantasía 2602. De esta manera,
descartada la razón, “…el ser humano cayó rendido a los brazos de la mitología.
…” 2603. Los científicos han expresado distintas teorías sobre los mitos, sin ponerse de
acuerdo; pero tal vez sea cierta aquella que lo interpreta como “…una vía para
2599
Ibídem. Pág. 413.
2600
Ibídem. Pág. 416.
2601
Cañuelo, S. y Ferrer, J. 2003. Opus cit. Pág. 19.
2602
Ibídem. Pág. 20.
2603
Ibídem. Pág. 25.
451
satisfacer los deseos más irrealizables de los hombres y producir, por tanto, un estado
de profunda satisfacción y bienestar. …” 2604.
A. Dioses.
2604
Ibídem. Pág. 26.
2605
Ibídem. Pág. 179.
2606
Ibídem. Pág. 179.
2607
Ibídem. Pág. 183.
2608
Ibídem. Pág. 179.
452
identidad propia. …” 2609. Además, a los extranjeros que visitaban Roma se les permitía
adorar a sus propios dioses, razón por la que los dioses foráneos se fueron
incorporando al panteón romano, convirtiéndose la Urbe en un gran centro de culto 2610.
El más importante era Júpiter, el señor de los cielos, creador de la luz, del alba y
de la luz de la luna; además se encargaba del control del tiempo, de lanzar los rayos y
de abastecer a la tierra de la lluvia regeneradora; también era el guardián de la verdad
y la justicia y, por tanto, el protector de las leyes romanas 2611. Tenía su templo en el
Capitolio, donde se le veneraba como Optimus Maximus (el mejor y el más grande);
una sala de este templo, contigua a la del dios, la ocupaba Juno, su mujer, que era la
reina de los cielos, de los partos y del matrimonio 2612. Otra sala la ocupaba Minerva
(Atenea 2613 griega), de orígenes etruscos, entre los que era la diosa de las alturas y de
la invenciones, pero que los romanos la adoptaron como diosa de la sabiduría y de las
artes 2614.
Tras Júpiter, el dios romano más importante era Marte, dios de la guerra, y como
en sus orígenes tuvo una estrecha relación con la agricultura, se le invocaba para que
protegiera a los campos y a los animales 2615. “…Los romanos creían que muchas de
sus numerosas victorias bélicas se las debían a Marte. Por eso le mostraban tanta
adoración. Cuando se veían inmersos en una guerra, invocaban a este dios con el
grito: “¡Marte despierta!”. Además, durante el transcurso de la batalla, realizaban
diversos sacrificios en su honor. Para todas sus obligaciones bélicas, Marte contaba
con la inestimable ayuda de su hermana Belona, diosa de la guerra. Ella se encargaba
de preparar el caballo que Marte debía conducir durante los combates. …” 2616.
Además de dios de la guerra era considerado el dios del rapto, la forma primitiva del
matrimonio y, entre sus muchas aventuras amorosas, no pudo contar con los favores
de Minerva a la que no pudo convencer ni siquiera Anna Perenna 2617, anciana que
2609
Ibídem. Pág. 180.
2610
Ibídem. Pág. 181.
2611
Ibídem. Pág. 188.
2612
Ibídem. Pág. 188.
2613
“…Hija de Zeus y de Metis, nació de la frente de su padre. Fue una diosa virgen, por lo que
también fue conocida como Paternos (la virgen). El pueblo ateniense construyó en su honor el
templo más importante de la cultura griega, el Partenón, en agradecimiento por haberles
proporcionado el olivo y por proteger la ciudad. Atenea fue la diosa de las ciudades griegas, de
la industria y de las artes. Posteriormente, también se la relacionó con la sabiduría y la guerra.
…” (Ibídem. Pág. 244.).
2614
Ibídem. Pág. Pág. 188.
2615
Ibídem. Pág. 189.
2616
Ibídem. Págs. 188 y 189.
2617
“…Diosa de la tierra de origen etrusco, era también diosa de los años y se le hacían
sacrificios para asegurar una vida longeva. Esta diosa es especialmente conocida por su
intervención en el enredo amoroso que protagonizaron Minerva y Marte. El dios de la guerra
llevaba tiempo acosando a Minerva, pero esta rechazaba todos sus requerimientos. Cansado
453
terminó burlándose de él 2618. Quirino era el dios de la guerra de los sabinos y cuando
fue adoptado por Roma se identificó con la deificación de Rómulo; y como dios
guerrero estaba siempre predispuesto a conseguir la paz 2619. Diana era la diosa de la
caza, venerada por las mujeres cerca de los bosques cercanos a ríos y manantiales; y
su culto, según la tradición, llegó a Italia de la mano de Orestes, hijo de Agamenón y
Clitemnestra 2620. Estos grandes dioses mantenían con los caballos la misma relación
que sus homónimos griegos; a Júpiter por ejemplo, se le representaba en las monedas
en una cuadriga tirada por caballos.
Pero antes de que estos doce grandes dioses llegaran a Roma, ellos ya tenían
dioses a los que confiar su buena fortuna, centrados en los dos grandes ejes que
regían su primitiva sociedad: el campo y el hogar 2621. Como la agricultura era la base
del sustento de Roma, sus principales dioses se encargaban de garantizar el buen
rendimiento de sus tierras; estas divinidades del campo eran, entre otras, Pomona
(diosa de los frutos), Vertumno (dios de las estaciones), Flora (diosa de la vegetación
y de la primavera), Libera (divinidad itálica muy antigua y vinculada a Liber Pater que
era el dios de la vendimia y que luego se asimiló a Baco) y Robigo (divinidad maligna,
destructor de las cosechas, simbolizado con el tizón) 2622. Al igual que los griegos
tenían a Gea, los romanos contaban con Madre Tellus (Madre Tierra), a la que se
invocaba durante los terremotos; su fiesta se celebraba en abril y para venerarla se
sacrificaba una vaca preñada; sacrificio que Ovidio explica así: “…el seno fecundo de
la Tierra encierra los gérmenes, y se ofrece a la Tierra preñada una víctima en igual
estado. …” 2623.
Todo lo referente a la ganadería era también de vital importancia para el pueblo
romano. Asociado a los pastores y sus animales estaba Fauno (Pan griego), que se
representaba con cuernos y pies de macho cabrío; asociada a él estaba la Bona Dea
que, según la leyenda, era hija suya y cuyo culto, en el que sólo podían participar las
mujeres, era el más antiguo de Roma 2624. Vinculado a Fauno estaba Silvano, dios de
de no obtener ningún resultado positivo, Marte acudió a Anna Perenna para que convenciera a
la diosa. Sin embargo, la anciana diosa sabía que Minerva nunca accedería a las demandas de
Marte, por lo que engañó al dios de la guerra y lo citó para un supuesto encuentro nocturno con
Minerva. Al anochecer, Marte acudió a su cita y, después de diversos juegos de seducción, el
dios de la guerra se dio cuenta de que la mujer con la que estaba no era la bella Minerva, sino
la vieja Anna Perenna, quien se burló así del ardiente dios. …” (Ibídem Págs. 239 y 240).
2618
Ibídem. Pág. 189.
2619
Ibídem. Págs. 189 y 190.
2620
Ibídem. Pág. 190.
2621
Ibídem. Pág. 183.
2622
Ibídem. Pág. 183 y ss.
2623
Citado. Ibídem. Pág. 183.
2624
Ibídem. Pág. 185.
454
los bosques y encargado de proteger los límites de las tierras y los animales; era
también el dios de los carpinteros y de los que trabajaban la madera 2625. Saturno
(Cronos griego) llegó a Roma después de que Zeus lo lanzara desde el Olimpo y allí
fue venerado como dios de la agricultura, caracterizándose su reino por la paz y la
abundancia; estaba casado con Ops, diosa de la abundancia y de la fecundidad de la
tierra, divinidad beneficiosa que recibía en sus brazos a los niños recién nacidos y a la
que se consideraba madre de Júpiter 2626. Cibeles, de origen asiático, era considerada
diosa de la fecundidad y de la tierra salvaje; se enamoró del pastor Atis, que
enloquecido se mutiló él mismo hasta morir, pero Cibeles lo resucitó y se lo llevó en su
carro 2627.
No menos importancia que a los campos y al ganado, daban los romanos a sus
hogares. En cada uno de ellos había un pequeño santuario, cualquier rincón, en el que
se intentaba que los dioses familiares fueran favorables, así como los espíritus de los
antepasados, que debían velar por sus parientes vivos 2628. Jano era el dios de las
puertas que daban acceso a todos los hogares; a este dios le construyó Numa
Pompilio, sucesor de Rómulo, un templo en Roma que tenía unas enormes puertas
que se cerraban en tiempos de paz y se abrían en tiempos de guerra, para permitir
que el dios saliera a ayudar a los romanos 2629. Vesta era la diosa del hogar, función
que quedó relegada a un segundo término cuando a la diosa se le encomendó la
misión de mantener el fuego sagrado de Roma; nunca la representó ninguna estatua,
pues se consideraba que su divinidad radicaba en el fuego, que se encendía cada mes
de marzo y era vigilado por las vírgenes vestales, fuego que si se apagaba por
cualquier causa, los romanos sabían que les acechaban próximos y grandes
desastres 2630.
Los romanos se preocupaban poco por la moralidad de los hombres y, a
diferencia de los griegos, no buscaban explicaciones a las cuestiones de la existencia
humana, sino que el principal objetivo de su religión era que los dioses alejaran a los
hombres de los peligros y los protegieran de los males, que se presentaban por
doquier en el mundo hostil en el que vivían 2631. Ellos creían que cualquier proceso
importante era iniciado por los dioses, por lo que se hacía necesario mantener con
ellos una buena relación; por eso los romanos crearon dioses para todas las
2625
Ibídem. Pág. 185.
2626
Ibídem. Pág. 186.
2627
Ibídem. Pág. 186.
2628
Ibídem. Pág. 186.
2629
Ibídem. Pág. 186.
2630
Ibídem. Pág. 187.
2631
Ibídem. Pág. 180.
455
actividades humanas, como los trabajos agrícolas (siembra, crecimiento de los
cereales, la lluvia que los haría crecer, etc) o la guerra (Júpiter, Marte y Quirino) 2632.
Dioses primitivos de Roma que, en principio, no tuvieron ni forma humana ni historia
personal, sencillamente porque no consideraban que los dioses se condujeran como
los humanos; pero al contacto con Grecia y su religión, Roma incorporó a su
imaginario mitológico las figuras humanas, copiando los relatos griegos íntegros o
haciendo leves variaciones en éstos. Si bien no sintieron la necesidad de sustituir sus
dioses primitivos, con los que les iba bien, estos hombres prácticos asimilaban sin
problemas a los dioses de los pueblos con los que entraban en contacto, pensando
que, si atraían su favor, su poder aumentaría 2633. Si, por ejemplo, sitiaban una ciudad,
los romanos inducían a los dioses de la ciudad sitiada a pasarse a Roma,
prometiéndoles que allí tendrían excelentes templos y mejores cultos.
Se hacía necesario, pues, que los mortales estuviesen en paz con los dioses
para que éstos no se mostraran contrarios a ellos, sobre todo a los dirigentes.
Tomemos como ejemplo de máximo dirigente a Trajano. Éste, según Montero, se
adaptaba al mito europeo del Guerrero Impío, igual que se adaptaron Craso o
César 2634. Durante el gobierno de Trajano se sucedieron numerosas catástrofes, entre
ellas la caída de Trajano del caballo antes del asedio de Hatra, que lo obligó a cubrirse
con su manto para evitar ser reconocido; la causa de tan numerosos prodigios no
puede ser otra que la comisión de algún acto impío por parte de Trajano, como pudo
ser su deseo de no enterrar el cuerpo de Cneo Pompeyo Longino o el hecho de dar
muerte al rey parto Parthamasiris cuando éste le suplicaba; catástrofes que fueron
graves avisos de los dioses que no habían sido convenientemente expiadas 2635.
Si en la vida civil, la importancia dada a la religión era grande, no lo era menos la
que se le daba en la vida militar. En el ejército se adoraban dioses que fuesen
fácilmente transportables con las legiones, como los de las insignias legionarias que
nombra Plinio para los tiempos de antes de Mario: “…Iba el águila primera con otras
cuatro; lobos, minotauros, caballos y jabalíes, precedían a cada uno de los órdenes.
…” 2636. Estos eran los símbolos de Júpiter, Marte y Quirino, que a decir de Tácito, eran
las divinidades de las legiones 2637.
Dioses romanos que gustaban de los sacrificios que se les ofrendaban. Por
ejemplo, con la romanización no desaparecieron los sacrificios animales de la
2632
Ibídem. Pág. 180.
2633
Ibídem. Pág. 180.
2634
Blázquez, J. M: Trajano. Ed. Ariel. Barcelona. 2003 (B). Pág. 267.
2635
Ibídem. Pág. 267.
2636
Citado. Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 495.
2637
Ibídem. Pág. 495.
456
Península Ibérica, ya que tanto los romanos como los griegos los practicaban.
Sabemos que los vascones sacrificaban caballos a un dios de la guerra o del sol, cuyo
nombre no conocemos, y uno de cuyos ritos consistía en beber la sangre de los
caballos sacrificados, porque se creía que así el participante en el rito, asimilaba las
virtudes del animal sacrificado, al que se consideraba como divino o sagrado 2638. Y,
como los romanos eran gente extremadamente supersticiosa, los caballos no
escapaban de ser protagonistas de esas creencias. Por ejemplo, era signo de mal
agüero que naciese un potrillo con cinco patas o que algún caballo llorase a lágrimas
vivas 2639. Para hacer un caballo infatigable en la carrera, se ataba al mismo el diente
más grande de un lobo 2640.
Poseidón (Neptuno romano) era uno de los grandes dioses olímpicos. Sus
padres eran los titanes Crono y Rea y junto a sus hermanos fue devorado y luego
vomitado por su padre. Aunque ya hemos hablado de él, ahora lo trataremos como
dios de los caballos, en cuyo papel era llamado Hipio. Regaló maravillosos caballos a
algunos mortales a los que apreciaba, como a su amante Pélope, para ayudarle a
conseguir la mano de Hipodamia; también regaló caballos a su hijo Idas, para ayudarlo
a conseguir la mano de Marpesa. Como regalo de bodas, entregó a Peleo, padre de
Aquiles los caballos Janto y Balio, inmortales criaturas con las que su hijo acudió a la
guerra de Troya 2641. Tuvo innumerables hijos, de los que uno, Hipotoonte, hijo de
Álope, fue amamantado por un yegua y criado por unos pastores, después de que su
madre pereciera a manos de su propio padre 2642. Recorría el mar con su tiro de
caballos, aunque ocasionalmente cabalgaba a lomos de un hipocampo, un ser
fabuloso con delantera de caballo y cola de pez 2643. Homero lo retrata en la Ilíada,
mientras atraviesa su reino:
2644
Citado. March, J. 2002. Opus cit. Pág. 377.
2645
Blázquez, J. M. y otros. 1978. Opus cit. Pág. 585.
2646
March, J. 2002. Opus cit. Pág. 105.
2647
Ibídem. Pág. 105.
2648
Ibídem. Pág. 268.
2649
Ibídem. Pág. 268.
2650
Ibídem. Pág. 105.
2651
Ibídem. Pág. 87.
458
adoptó la forma de garañón para copular con las yeguas de Erictonio, rey de Troya,
con las que engendró doce potros, tan veloces como su padre 2652. Tan enamoradizo
como su hermano, se enamoró también de Oritía, hija del rey de Atenas Erecteo, a la
que amablemente solicitó sus favores; pero como ésta no le correspondiese, tras
adoptar su actitud violenta habitual, la raptó mientras danzaba a orillas del Iliso y se la
llevó a Tracia, donde Oritía tuvo varios hijos con Bóreas. A partir de este instante los
atenienses consideraron a Bóreas pariente suyo, por alianza, e invocaron su ayuda
cuando se sintieron amenazados por los invasores persas. Bóreas no hizo oídos
sordos a la petición de auxilio de los atenienses, dispersando con su furia a la flota
invasora; agradecidos, los atenienses, le levantaron un templo a orillas del Iliso 2653.
En los que respecta a Hispania, una diosa de la fecundidad puede ser la que se
representa en el bronce Carriazo, un bocado de caballo que apareció en un lugar
desconocido de Andalucía, perteneciente a la civilización tártesica; lo mismo que la
que se representa en una pintura cerámica de Elche, donde aparece una diosa alada
que está situada entre dos caballos rampantes y alados; ésta misma divinidad es la
que se representa en el bronce de Castulo (Jaén) 2654. En la misma área ibérica se
veneraba un dios protector de los caballos, despostes hippon, del que no conocemos
el nombre y que aparece representado, unas veces, entre dos caballos rampantes
como el de Sagunto o el de Magón (Jaén) y, otras, sentado entre dos caballos, como
en los relieves de Villaricos (Almería), o rodeado de cuatro caballos, como el del
relieve del Llano de la Consolación 2655.
En la España céltica, en áreas de Burgos, Álava y Guadalajara, se han hallado
testimonios de culto a la diosa Epona; la imagen de esta diosa era esculpida o pintada
en los corrales y las cuadras, sentada sobre un caballo 2656. Además de las divinidades
específicas de los caballos, existen evidencias arqueológicas de divinidades
protectoras del ganado en general, como pueden ser los toros y verracos de Cáceres,
Salamanca, Zamora y sus áreas circundantes 2657.
9. 4. LA AGRICULTURA ROMANA.
2652
Ibídem. Pág. 88.
2653
Ibídem. Pág. 88.
2654
Blázquez, J. M. y otros.1978. Opus cit. Pág. 586.
2655
Ibídem. Pág. 586.
2656
Ibídem. Pág. 586.
2657
Ibídem. 1978. Pág. 586.
459
Italia, por hablar del corazón de Imperio, presenta grandes disparidades en lo
que se refiere a su relieve, su clima y los tipos de sus suelos; pero, no obstante y de
forma general, sus condiciones climáticas como la sequedad relativa o la pluviosidad
de tipo mediterráneo, determinan un tipo de agricultura de vocación cerealista y
arbustiva (viñas y olivares), en donde es necesario el riego para el cultivo de
gramíneas y leguminosas 2658.
La cadena de los Apeninos actúa como una espina dorsal, que corre paralela a
los mares Adriático y Tirreno. Al norte destaca la extensa llanura del Po, con un clima
continental, más frío que el resto de los demás climas peninsulares; en las llanuras
que se abren a ambos mares se dan con prodigalidad los cereales, la vid, el olivo y los
frutales; destacando entre estos parajes las llanuras que dan al Tirreno, como Etruria,
a orillas del Arno, el Lacio, regado por el Tíber y la Campania, en cuyo paisaje
sobresale el Vesubio 2659.
De la importancia de la Agricultura entre los romanos nos habla el hecho de que
el De Agri cultura de Catón 2660 sea la primera obra escrita en prosa que se haya
conservado; conservación que, sin duda, tiene relación con el alto prestigio del que
gozaba esta ocupación entre los romanos 2661, que Catón expresa así: “…Cuando
nuestros antepasados tenían que elogiar a un hombre de bien, lo ensalzaban como
buen agricultor y labrador. Semejante elogio era el más grande que podía hacerse. […]
Y además, ¿no es la agricultura la que suministra hombres más fuertes y soldados
más vigorosos? ¿Qué ganancia más honrada y segura y menos expuesta a la envidia
que la del labrador? ¡Los que se consagran a las tareas del campo no piensan nunca
mal!. …” 2662. Prestigio avalado por el hecho de que, una vez conquistada Cartago en el
146 a. J C., de entre todos los tesoros literarios que los romanos encontraron en la
ciudad africana, sólo se llevaron el tratado de agricultura de Magón, que hicieron
traducir 2663.
2658
Nicolet, C: Roma y la conquista del mundo mediterráneo. 264-27 a. C. 1/ Las estructuras de
la Italia romana. Ed. Labor. Barcelona. 1982. Pág. 23.
2659
Cardona, F. L: Mitología romana. Edicomunicación. Barcelona.1996. Pág. 6.
2660
Marco Porcio Catón (el Censor) (234-149 a. C). Fue estadista, moralista y escritor, nacido
en Tusculum. Participó activamente en los asuntos civiles, oponiéndose al aumento de la
influencia griega en Roma y alabando las antiguas virtudes romanas de la vida rústica. En una
expedición a Cartago en el 153 a. C. vio como el antiguo enemigo de Roma se había
recuperado, por lo que expresó su implacable oposición a que la ciudad púnica siguiera
existiendo. Es considerado el fundador de la prosa latina. Devoto del campo, escribió su De re
rustica, un tratado basado en su propia experiencia y en el que describe como cultivar la tierra
italiana (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 80).
2661
Buchner, K. 1968. Opus cit. Pág. 93.
2662
Mommsen, T: Historia de Roma. Vol. IV. Ed. Turner. Madrid. 1983 (C). Pág. 163.
2663
Ibídem. Pág. 93.
460
En Roma, todo individuo con aspiraciones deseaba ser dueño de tierras, porque
tenerlas, equivalía a las ganancias que éstas produjesen, tras la combinación de
agricultura y ganadería, cuyo modelo más evolucionado era la villa 2664. Cicerón
también alaba la agricultura: “…de todas las cosas de las que se obtiene alguna
ganancia, no hay nada mejor, ni más provechoso, ni que proporcione mayor gozo, ni
más digno del hombre que la agricultura. …” 2665. En Roma, la propiedad de la tierra
era el factor que distinguía a la clase privilegiada 2666. Así, la propiedad de la tierra fue
la principal y tradicional fuente de riqueza de la sociedad romana, ya que, además, de
ser el medio más seguro, era el más honorable para invertir 2667.
La finca ideal de Catón tenía unas 25 hectáreas y poseía una viña, una huerta,
una plantación de mimbreras, un olivar, prados, campos cerealistas, un poco de
bosque y un alcornocal que proporcionase bellotas para los cerdos 2668. Su propia villa
estaba situada en los montes Albanos, cercana a Tusculum, donde un siglo más tarde
tendría Cicerón 2669 la suya 2670. Este agricultor prefiere la vida del campesino, a la que
alaba, al refinamiento de la ciudad, elogiando la vida feliz del labrador, “...con sus
graneros rebosantes de trigo y sus bodegas abundosas en vino y aceite, sus granjas
pobladas de cerdos, sus rediles llenos de cabritos y corderos y su despensa repleta de
queso, de leche, de miel, de frutas, de verduras de todas clases, cosechadas en sus
fincas por sus propias manos. ...” 2671.
En cuanto a la productividad de la tierra, entre todos los lugares fecundos del
Imperio destacaba la propia Italia y algunas de sus regiones. Ya en tiempos de los
etruscos los autores antiguos alababan la fertilidad de Etruria, “…fecunda en trigo, en
ganado y en todo…“ 2672. Sigamos la descripción que hace Plinio el Joven 2673 de los
2664
Conde Guerri, E: La sociedad romana en Séneca. Ed. Universidad de Murcia. Murcia 1979.
Pág. 214.
2665
Citado. Arroyo de la Fuente, M. A. 1999. Opus cit. Pág. 111.
2666
Ibídem. Pág. 169.
2667
Melchor Gil, E: La munificencia cívica en el mundo romano. Arco Libros. Madrid. 1999. Pág.
55.
2668
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 138.
2669
Marco Tulio Cicerón (106-43 a. C). El más grande orador y escritor de Roma, nacido en
Arpinum el 3 de enero. Su padre, un rico caballero, les dio a él y a su hermano una buena
educación en Roma, donde estudiaron con sus primos Q. y L. Cicerón, retórica y filosofía.
Nunca pudo figurar entre los poderosos de Roma porque era “un hombre nuevo”; pero es
recordado por el enorme legado literario que dejó (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 95).
2670
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 139.
2671
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 81.
2672
Heurgon, J. 1994. Opus cit. Pág. 138.
2673
Plinio el Joven había nacido en Novum Comum (Como) y era sobrino de Plinio el Viejo.
Estudió con el retórico hispano Quintiliano. Su carrera civil fue muy completa, alcanzando
puestos relevantes en la administración (tribuno militar en Siria (92 d. C.), tribuno de la plebe
(91-92), cónsul en el 100, etc). su obra más famosa fue su correspondencia con su amigo
Trajano. (Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 278).
461
alrededores de su villa de Tifernun Tiberinum, en esta región: “…El país es muy
hermoso. Imaginad un inmenso anfiteatro, como sólo la naturaleza lo puede hacer […]
anchas colinas cubiertas por una capa de buena tierra […] no son menos fértiles que
los campos situados en las llanuras más planas, y allí madura la mejor cosecha, más
tarde, cierto, pero no menos bien. A sus pies, por todos lados, se extienden las viñas
que se entrelazan para cubrir uniformemente un largo y ancho espacio.
En su límite, formando por así decirlo el reborde inferior de la colina, crecen los
bosquecillos; después prados y trigales; […] Las praderas salpicadas de flores
producen trébol y otras gramíneas siempre frescas y tiernas como en la primera siega,
ya que todos los campos están alimentados por manantiales inagotables. […]
Encontrareis el más vivo placer contemplando el país desde la montaña, ya que veréis
que no parece un campo, sino más bien un cuadro de paisaje de una gran belleza.
Esta variedad, esta feliz disposición regocija la mirada allí donde se pose. …” 2674.
Las villas campestres solían tener un corral con una pila en la que abrevar al
ganado; y cuadras para caballos y bueyes, que se construían cerca de los aposentos
de los esclavos 2675. Se aconsejaba que estas cuadras fueran cubiertas para el
invierno, y en recintos de altas paredes y al aire libre para el verano 2676. Un elemento
particular de los parques de las villas era el hippodromos, como el de la Domus
Flaviana, que fue construido por Domiciano (81-96 d. C) y, muy posteriormente,
rodeado de pórticos por Septimio Severo (193-221 d. C). Como parte integrante del
parque es descrito el hipódromo que Plinio tenía en su villa de la Toscana, rodeado de
grandes árboles, con setos de arrayanes y parterres de flores 2677. Y es que parece que
las villas se dotaban de grandes explanadas que se dedicaban a los paseos a caballos
y a la realización de ejercicios ecuestres 2678. Por la descripción que Plinio el Joven nos
hace de su villa, podemos imaginarla como una casa de ensueño. Estaba orientada de
forma que invitaba al sol a penetrar en su amplia galería; con jardines cuyos setos de
boj estaban recortados en forma de figuras de animales; con triclinios bajo amplias
galerías; con fuentes cantarinas que alimentaban los jardines; con habitaciones para
descansar en las que no penetraba ni la luz, ni los alborotos, ni los rumores; ventanas,
2674
Citado. Heurgon, J. 1994. Opus cit. Págs. 138 y 139.
2675
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 93.
2676
Martino, F. de. 1985. Opus cit. Pág. 291.
2677
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 98.
2678
García-Badell, G. 1951. Opus cit. Pág. 2102.
462
desde las que se divisaban prados; calefacción subterránea; piscina por si se quería
nadar ampliamente en agua tibia; una cancha de pelota que permitía una gran
variedad de ejercicios a muchas personas al mismo tiempo; y al extremo de una
galería había, según palabras de su dueño “… una habitación, tomada de la misma
galería, que mira al hipódromo, a las viñas y a los montes. Aneja hay otra habitación
que mira al sol, especialmente en invierno. Aquí comienza un apartamento que une la
villa con el hipódromo. …” 2679. Continúa Plinio describiéndonos las pérgolas sostenidas
por columnas de mármol caristeo; fuentes en las que flotan los manjares sobre
navículas, habitaciones con zócalos de mármol y frescos que representan ramas y
pajarillos que se posan en ellas; y el hipódromo surcado por “…riachuelos con sus
murmullos, conducidos por canalículos, dóciles a la mano que los dirige; con ello se
riegan ora unas zonas verdes, ora otras, y a veces todas simultáneamente. …” 2680.
Conocida la villa de Plinio el Joven en Etruria, conozcamos las de otros lugares
del Imperio. Marcial, un hispano de Bílbilis, nos describe de esta forma la villa que le
regaló Marcela en su patria chica y a la que se vino a vivir, tras hastiarse de la vida de
Roma: “…de mí ha hecho un campesino mi Bílbilis, orgullosa de hierro y oro,
reencontrada tras muchos diciembres. […] disfruto de un sueño profundo y obstinado,
que a menudo ni la ora tercera logra interrumpir, y me repongo así de tanto como he
velado durante treinta años. […] Al levantarme, me recibe una lumbre que, en
espléndido montón, alimenta el vecino encinar, y que la casera corona de gran número
de ollas. […] Este bosque, estas fuentes, esta sombra que tejen pámpanos erguidos,
esta corriente canalizada de agua fertilizante, estos prados, esta rosaleda en modo
alguno inferior a las de Paestum, dos veces productivas, este huerto que verdea en el
mes de enero y que no se hiela, estas anguilas familiares que nadan en un estanque
cerrado, este blanco palomar que alberga aves tan blancas como él: tales son los
presentes de mi dama: a mi vuelta al cabo de siete lustros, he aquí la mansión y el
pequeño reino con que Marcela me ha obsequiado. Si Nausica me concediera los
jardines de su padre, yo podría decirle a Alcino: prefiero los míos. …” 2681.
Plinio en su descripción se refiere, sin duda, a la villa urbana reservada al dueño,
en la que residía él mismo; pero las villas campestres tenían otro complejo, la villa
rustica, destinada al alojamiento de los trabajadores, colonos y esclavos, al del ganado
y al almacenamiento de frutos y cereales 2682. En la villa de Boscoreale había un corral
2679
Citado. Bázquez, J. M: Agricultura y minería romanas durante el Alto Imperio. Ed. Akal.
Torrejón de Ardoz. Madrid. 1991. Pág. 13 y ss.
2680
Citado. Ibídem. Pág. 13 y ss.
2681
Citado. Ibídem. Pág. 13.
2682
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 81.
463
con cochera y una cuadra para ocho caballos 2683. Se recomendaba que los establos
fueran calientes en el invierno y que contaran con una celda en la que pernoctara un
esclavo que tuviera cuidado de los caballos 2684. Caballos que, por cierto, parece que
no se podían utilizar en las labores agrícolas, por falta de un arnés adecuado para
ello 2685.
9. 4. 1. 1. Hipódromos conocidos.
2683
Ibídem. Pág. 82.
2684
Ibídem. Pág. 84.
2685
Garnsey, P. y Saller, R. 1990. Opus cit. Pág. 67.
2686
Jiménez Sánchez, J. A: Los juegos paganos en la Roma cristiana. Fondazione Benetton
studi richerche. Treviso. 2010. Pág. 133.
2687
Ibídem. Pág. 133.
2688
Ibídem. Pág. 134.
464
tuvieron sus críticos. Escuchemos a Marcial 2689: “…Selvas de laureles, avenidas de
plátanos, bosques de pinos que se alzan en los aires, baños destinados a más de uno,
tú posees para ti sólo todo esto; para tí se elevan las cien columnas de un alto pórtico
y bajo tus pies, que lo hollan, brilla el alabastro; y un casco rápido hace resonar tu
polvoriento hipódromo; …” 2690.
Con todo, la realidad parece apuntar a que Italia era deficitaria en cereales; así
lo dejan ver Augusto en su Res Gestae, Tiberio cuando lleva el problema hasta el
Senado, o Claudio cuando se vio obligado a construir un puerto cerealista en Ostia 2691.
Un déficit cerealista, sin duda, agravado por la existencias de grandes latifundios
abandonados al pasto extensivo, como censura Columela que “…ataca a los
propietarios que no podían recorrer a caballo en una sola jornada los límites de su
finca, lo que parece indicar una extensión de 2.500 Ha. …” 2692.
Eran las provincias, sobre todo Egipto, Sicilia e Hispania las que debían aportar
a la Urbe el trigo con el que mantener a la plebe ociosa. Provincias productoras que
Roma había ido anexionando, poco a poco, al Imperio, y que debían surtir a la Urbe
con sus productos. Según Plinio, Hispania era fértil en cereales, aceite, vino y
caballos; caballos que se criaban en fincas mixtas, dedicadas a la ganadería y la
agricultura; duplicidad de la que era partidario Columela con el fin de fertilizar el suelo
con los excrementos de los animales 2693. Como provincia fecunda y productiva, tanto
en agricultura como en ganadería, Hispania abastecía, desde su nacimiento como
provincia hasta la caída del Imperio, de diversos productos a otras regiones imperiales;
aparte de los ya mencionados, exportaba garum, materias primas como lana, lino,
esparto y colorantes, que se obtenían de minerales, de vegetales, o de insectos como
la cochinilla 2694.
2689
Marcial había nacido en Bílbilis (Hispania) pero pasó la mayor parte de su vida en Roma.
Sus protectores en la capital fueron sus paisanos Séneca y Lucano. En el 98 d. C., ayudado
por Plinio, volvió a su tierra natal, hastiado de la vida de Roma. Escribió doce libros sobre
epigramas y uno sobre espectáculos. Sus epigramas cuentan situaciones de la vida cotidiana y
celebran fiestas alegres y su pretensión era la de divertir a sus lectores; siendo su valor, como
reflejo de la vida romana, incomparable. (Speake, G (Ed).1999. Opus cit. Págs. 243 y 244).
2690
Segura Munguía, S: Los jardines en la Antigüedad. Ed. Universidad de Deusto. Bilbao.
2005. Pág. 198.
2691
Bázquez, J. M. 1991. Opus cit. Pág. 9.
2692
Ibídem. Pág. 11.
2693
Ibídem. Pág. 18.
2694
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 536.
465
En Germania se promovió la ganadería y la agricultura, sobre todo la viticultura
en la orilla izquierda del Rhin y en los valles del Mosela y el Mosa; en las regiones más
fértiles de Britania los aldeanos eran pastores y colonos de los grandes terratenientes;
Retia y Nórico tenían excelentes pastos; Istria producía aceite y lanas de excelente
calidad; en Dalmacia, Panonia y Mesia se criaba ganado; Tracia era tierra de
agricultores y ganaderos; Mesia Superior vendía sus productos ganaderos y agrícolas
a los mercaderes de las ciudades griegas de la costa; en Macedonia, sus gentes eran,
sobre todo, labradores y agricultores; Grecia era una región agraria, pero la más pobre
del Mediterráneo; Asia Menor era una península de campesinos; en el Bósforo los
indígenas cultivaban las tierras y cuidaban el ganado de sus señores; la mayoría de la
población de Siria la constituían campesinos, lo mismo que la de Palestina; en Meroe,
entre las fértiles tierras comprendidas entre el Nilo, el Atbara y el Nilo Azul, se
practicaba la agricultura y la ganadería, criándose ovejas, vacas y cabras; Cirene era
tierra de grandes pastizales; las provincias de África eran tierras de grandes
latifundios, de cuyas actividades nos hablan los excelentes mosaicos aparecidos en
ella, donde se representan escenas de sembradores, vendimiadores, trilladores,
criadores de ovejas y gallinas, y criadores de caballos en Hadrumentun; Tripolitania
era un oasis que producía grandes cantidades de aceite y donde Augusto era dueño
de grandes latifundios; por último, Egipto era el gran granero de Roma y pertenecía al
Emperador, allí tenían sus latifundios, creados durante los reinados de Augusto y
Tiberio, los miembros de la familia imperial, como Gérmanico, Druso el hijo de Tiberio
y su mujer Livia, Agripa, Agripa Póstumo, Claudio, y miembros de la aristocracia
romana como C. Mecenas, C Petronio o el filósofo hispano L. Anneo Séneca 2695.
Conocemos el caso del soldado L. Julio Sereno, tesorero del ejército en el año 179,
que terminó sus últimos días viviendo de las rentas de sus fincas, que dedicaba al
cultivo de la vid y a la ganadería 2696.
Trigo que antes de ser importado a la Urbe, debía ser llevado a las eras locales,
donde los caballos se empleaban para la trilla 2697, junto, probablemente, con bueyes,
burros y mulas. Y llegado el tiempo de moler ese grano, los animales, generalmente
asnos y caballos, tiraban de los molinos; que si eran arrastrados por asnos, recibían el
nombre de mola asinaria y si lo eran por caballos, se llamaban mola iumentaria 2698.
2695
Bázquez, J. M. 1991. Opus cit. Págs. 16 y ss.
2696
Ibídem. Pág. 33.
2697
Mossé, C. 1980. Opus cit. Pág. 19.
2698
Sáez Fernández, P: Agricultura romana de la Bética I. Gráficas Sol. Écija (Sevilla). 1987.
Pág. 105.
466
Pero ya Varrón se quejaba, en sus tiempos, de que casi todos los propietarios
abandonaran el campo para instalarse en Roma, diciendo: “…han dejado hoces y
arados y prefieren servirse de sus manos para aplaudir en el teatro o en el circo en
lugar de para segar y vendimiar; por eso debemos pagar fletes a quienes nos
transportan el trigo que consumimos desde África y Cerdeña, y con las naves vamos a
vendimiar a las islas de Quío y de Cos. …” 2699.
9. 5. LA GANADERÍA EN ROMA.
La ganadería era considerada por Catón como una actividad más rentable que la
agricultura, hasta el punto de preferir una mala gestión ganadera a una buena gestión
agrícola. Varrón también ennobleció la ganadería, a la que consideraba por encima de
la agricultura, cuando afirmaba “…que en una época superior el hombre era ganadero
para posteriormente degenerar en agricultor y tenerse que manchar las manos y sus
vestidos con tierra para poder subsistir. …” 2700. El propio Varrón invirtió su dinero en la
cría de ganado, lo que muestra el interés por la ganadería en su obra; ocupación que
reportaba carne, queso y lana, para la alimentación y el vestido, y bueyes, caballos,
asnos y mulos, para el trabajo y el transporte 2701. Parece que, en sus tiempos, los
prados naturales ya se mejoraban con el riego artificial 2702. Y el poeta Virgilio, en sus
Geórgicas, se vio, tal vez, obligado por Mecenas, a enfatizar la grandeza de la
ganadería extensiva, ocupación propia de los grupos aristocráticos romanos 2703.
Pero, ¿era tan rentable la ocupación ganadera? Sigamos a Estrabón, cuando
habla de los belicosos pueblos a los que sometió Amílcar, entre los que se
encontraban los Turdetanos, de los que se burla cuando dice que eran pastores y
propietarios de grandes riquezas y que usaban para su ganado pesebres de plata; un
metal codiciado por los hombres para fines de mayor interés, pero derrochado por
ellos para fabricar algo tan poco importante como un pesebre 2704.
Pero no todos estaban de acuerdo con la superior rentabilidad de la agricultura
sobre la ganadería. Habríamos de llegar hasta los comienzos de la segunda mitad del
siglo I d. C. para que el gaditano Columela ensalzase una agricultura especializada
frente a una ganadería, desgraciadamente, necesaria 2705. Defiende la cría de animales
2699
Martino, F. de. 1985. Opus cit. Pág. 157.
2700
Gómez-Pantoja, J. (ed). 2001. Opus cit. Pág. 168.
2701
Martino, F. de. 1985. Opus cit. Pág. 126.
2702
Mommsen, T. 1983 (C). Opus cit. Pág. 127.
2703
Gómez-Pantoja, J. (ed). 2001. Opus cit. Pág. 169.
2704
Ibídem. Pág. 210.
2705
Ibídem. Pág. 170.
467
que servirán como fuerza de trabajo en la explotación agrícola y critica a los grandes
terratenientes que “…poseen comarcas enteras que ni siquiera son capaces de
recorrer y que dejan abandonadas a los ganados para que las pisoteen. …” 2706.
Parece que, en sus grandes fincas ganaderas, los romanos criaban los caballos
en grandes manadas, así se desprende de la descripción que hace Opiano del regreso
de los pastores “…por la tarde, cuando el sol tuerce sus riendas hacia el Oeste, y los
pastores guían a sus manadas mientras vuelven de nuevo a sus apriscos, pesadas de
pecho e hinchadas las ubres; […] todos brincan alrededor de sus amadas madres, […]
y alrededor de las yeguas los rápidos potros. …” 2707. Grandes manadas de animales
que necesitaban extensas fincas, como las que se sabe que existían fuera de los
territorios de las ciudades, que explotaban individuos ricos y que dedicaban a la
ganadería extensiva 2708. En Italia se criaban caballos, bueyes, asnos y mulos, que se
destinaban a los dominios rurales, a los transportes y al ejército 2709. Para que en la
Italia sureña prosperase el pastoreo se hizo necesario recurrir a la trashumancia, o lo
que es lo mismo al traslado de los rebaños, en invierno, hacia las llanuras y, en
verano, hacia las montañas; lo que imponía a los pastores las largas marchas, por las
cañadas públicas, desde, por ejemplo, las llanuras de Apulia hasta los montes de Rieti.
La necesidad de proporcionar buenos pastos al ganado durante todo el año, con
frescos pastos en los bosques montañosos, en verano, y la suavidad de la llanura, en
invierno, pudo “…inducir a inventar tan extraordinario derroche de trabajo humano, que
además ha proseguido hasta nuestros días. …” 2710.
Sabemos que Hispania, durante el Bajo Imperio, exportaba minerales como el
cinabrio, el estaño y la sal; y “…caballos para las carreras del circo, que son
designados como iumenta en la Expositio totius mundi y a los que aluden por diversas
razones varios escritores del Bajo Imperio: Amiano Marcelino, Vegetio, Claudio
Claudiano y Nemesiano; …” 2711. Así, sabemos que “…los agentes de los notables de
Antioquia llegaban a la Península para comprar caballos en las manadas de Eufrasio.
Un caballo hispano se documenta incluso en Egipto en una fecha tan tardía como es el
siglo VI.
En pocas palabras, a pesar de que los caballos hispanos se consideraban
inferiores a los capadocios, no por ello dejaban de ser unos de los más famosos del
2706
Citado. Ibídem. Pág. 171.
2707
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 58.
2708
Rostovtzeff, M: Historia social y económica del Imperio Romano. I. Ed. Espasa Calpe.
Madrid. 1998 (A). Pág. 446.
2709
Mommsen, T. 1983 (C). Opus cit. Pág. 136.
2710
Martino, F. de. 1985. Opus cit. Pág. 133.
2711
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 540.
468
Mediterráneo. Tal celebridad ha suscitado un complejo debate sobre la importancia de
la ganadería equina en la economía hispana del Bajo Imperio. Algunos autores, tales
como José María Blázquez y Pere de Palol, consideran que los caballos constituían
uno de los principales productos de exportación y, por tanto, un elemento básico de la
economía hispana. …” 2712. Si entre las producciones de España, todos los autores
destacan al caballo, parece que no eran menos apreciados, en la antigüedad, los
mulos españoles 2713.
Los pastores debían ser hombres fuertes y escogidos a los que se les daban
caballos y armas y que gozaban de una libertad de movimiento de la que carecían los
esclavos dedicados al cultivo de la tierra 2714. Varrón aconseja que los pastores
permanezcan todo el día con el rebaño y que duerman junto a su hato; además cada
uno debe llevar “…su comida para el día, la cena la hacen en común todos con su
rabadán. Deben traer siempre consigo las cosas y las medicinas que pueden necesitar
para las reses. Los pastores que no se alejan mucho de la granja tienen la consierva
en casa; los que pasan la vida en el monte o en el campo la llevan consigo, y ha de
procurarse que éstas sean fuertes y viriles, de ésas que dan a luz y en seguida se
hacen cargo del niño como si lo hubieran encontrado junto a sí. …” 2715. Parece que
estos pastores, al menos en tiempos de Varrón, eran mayoritariamente de condición
servil, por lo que se vería obligado el Estado a legislar para obligar a que, al menos un
porcentaje de los mismos, y por razones de seguridad, fueran hombres libres 2716.
Serviles eran los de Domicio Ahenobarbo, que éste enroló en su flota a cambio de la
libertad 2717
Pero, a pesar de la fortaleza de los pastores, la actividad ganadera no estaba
exenta de la acción de los bandidos, que también se servían de los caballos para
cometer sus hurtos; así no pocas veces se daba el caso de que una banda de
ladrones a caballo robasen un rebaño, mientras pacía pacíficamente 2718. En ficticio
ladrón de rebaños se convirtió el emperador Marco Aurelio en una ocasión en que
2712
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 53.
2713
Schulten, A. 2004. Opus cit. Págs. 108 y 109.
2714
Mommsen, T. 1983 (C). Opus cit. Pág. 137.
2715
Guillén, J: Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos. IV. Constitución y desarrollo de
la sociedad. Ed. Sígueme. Salamanca. 2000. Pág. 299.
2716
Nicolet, C. 1982. Opus cit. Pág. 37.
2717
Ibídem. Pág. 37.
2718
Friedlaender, L: La sociedad romana. Historia de las costumbres en Roma, desde Augusto
hasta los Antoninos. Fondo de Cultura Económica. México. 1947. Reimpresión 2005. Pág. 361.
469
unos pastores de oveja confundieron su cortejo con unos bandidos; y aquel, para
seguir la broma, saltó con su caballo en medio del rebaño, recibiendo, uno de sus
acompañantes, un bastonazo de uno de los pastores 2719. Dejemos que sea el propio
Marco Aurelio quien nos narre el incidente: “…Cuando mi padre volvió de la viña a
casa, yo, siguiendo la costumbre, monté a caballo y salí al camino y avancé un poco.
Allí, luego, en el camino, había muchas ovejas apiñadas en círculo, como suele pasar
en lugares muy reducidos, con cuatro perros y dos pastores, pero nada más.
Entonces, uno de los pastores, dirigiéndose al otro, al ver a unos cuantos a caballo,
dijo: <<¡Cuidado con esos caballeros, porque suelen hacer las mayores rapiñas!>>,
cuando oí eso, espoleé mi caballo y me metí entre las ovejas. Las ovejas, asustadas,
se dispersan; corren cada cual por su lado en desbandada y balando. El pastor lanza
una horquilla y esta viene a caer sobre el jinete que seguía tras de mí. Los dos
logramos escapar. De esta forma, el que temía perder sus ovejas, perdió su horca.
…” 2720. Por causa de los bandidos, Varrón aconsejaba escoger a los pastores entre los
hombres más robustos y armarlos para defender el ganado contra las bestias y los
bandidos 2721 y aconseja, para pastorear los caballos, dos hombres por cada cincuenta
cabezas 2722.
Bandidos que eran o habían sido, en muchas ocasiones, pastores. Sabemos que
en los siglos IV y V d. C. y para controlar el bandolerismo en las regiones meridionales
de Italia, como Samnio, Apulia o Calabria, el gobierno tuvo que adoptar medidas
extremas, como la de prohibir el uso de caballos a todo el mundo, excepto a
senadores, altos funcionarios, administradores de provincias, veteranos, decuriones y
a los demás servidores revestidos del poder imperial 2723. Cicerón escribe a su
hermano Quinto, cuando éste era gobernador de Asia, para felicitarle por el éxito
obtenido en la represión de los bandidos de Misia, el noroeste de Asia Menor 2724.
Frontón, cuando partió para gobernar la misma provincia, requirió los servicios de su
amigo Julio Senex, desde Mauritania, para “…utilizar su peculiar experiencia como
“cazador de bandidos”. …” 2725. Y es que cazar bandidos debía ser una de las
ocupaciones de algunos cazadores, como prueba el hecho de que Aurelio Erireneo, un
licio de Ceretapai, se jactara en su epitafio de haber matado a muchos bandidos 2726.
2719
Ibídem. Pág. 361.
2720
Citado. Birley, A. 2009. Opus cit. Pág. 103.
2721
Martino, F. de. 1985. Opus cit. Pág. 132.
2722
Ibídem. Pág. 134.
2723
Giardina, A. y otros: El hombre romano. Alianza Editorial. Madrid.1991. Pág. 369.
2724
Ibídem. Pág. 370.
2725
Ibídem. Pág. 371.
2726
Ibídem. Pág. 372.
470
Otros bandidos eran conducidos al anfiteatro, para entretener a la plebe en los juegos
gladiatorios, éste fue el fin de Seluro, el hijo del Etna 2727. Otros, permanecían en el
lugar en el que los habían matado, como le sucedió a aquel al que un viajero que
había resistido su ataque, dejó junto a una vía sin que nadie lo enterrara, sino que
todos “…en su odio hacia él vieron con placer como su cuerpo era devorado por las
aves que, en unos pocos días, se comieron la carne dejando el esqueleto tan limpio
como si fuera para una clase de medicina. …” 2728.. Distinto de los anteriores fue el
destino de Caracotta, un bandido que actuaba en Hispania, y por cuya captura
Augusto había ofrecido un millón de sestercios; pero el bandido acudió al César por
propia voluntad y éste no le hizo daño y, además, lo hizo rico por la recompensa 2729.
Dión Casio nos cuenta la historia de Bulla, un bandido que actuó en tiempos de
Septimio Severo y contra el que el emperador envió numerosas tropas, pero Bulla
“…”nunca fue visto cuando se dijo que se le había visto; nunca fue hallado cuando se
dijo que se le había hallado; nunca fue capturado cuando se dijo que había sido
capturado”. …” 2730. Septimio Severo tuvo que valerse de la traición de una mujer para
capturar a Bulla, mientras dormía en su cueva 2731.
Claro que parece que no sólo la gente de bajo estatus se dedicaba a este
lucrativo negocio, como prueba el hecho de que las leyes especificaran castigos no
sólo para las personas ordinarias sino, también, para las de alto estatus social 2732. Y
algunos pudieron llegar a regir los destinos de la misma Roma; es el caso de
Maximino el Tracio que fue en su juventud un pastor de aspecto noble e impresionante
y “…más adelante se unió a incursiones de bandidos y protegió a los habitantes
locales de ataques armados. Luego se unió al ejército y sirvió en caballería. Llamaba
la atención por su fortaleza física, sobrepasaba a todos los soldados en bravura, era
elegante en su virilidad, rudo, arrogante, despreciativo, pero, con todo, un hombre
justo. …” 2733. Claro que solucionar el problema del bandidaje estaba en las manos de
la élite, según se desprende del consejo de Bulla Félix, jefe de una de estas bandas:
“…Decidle a vuestros señores que si quieren acabar con el bandolerismo, alimenten a
sus esclavos. …” 2734.
2727
Ibídem. Pág. 375.
2728
Ibídem. Pág. 376.
2729
Ibídem.1991 Pág. 388.
2730
Ibídem. Pág. 389.
2731
Ibídem. Pág. 390.
2732
Ibídem. Pág. 376.
2733
Citado. Ibídem. Pág. 392.
2734
Toner, J: Sesenta millones de romanos. La cultura del pueblo en la antigua Roma. Ed.
Crítica. Barcelona. 2012. Pág. 247.
471
Agricultura de la que abomina el ganadero y ganadería de la que abomina el
agricultor. Discordias en la que, según Columela, hay una comunidad de intereses
“…porque en la finca pastan los animales domésticos más que los ajenos, abonan la
tierra y por ende la fertilizan. Por otra parte, en ninguna región hay campos donde
nazca el trigo sin ayuda de los hombres y de los animales. …” 2735.
2735
Martino, F. de. 1985. Opus cit. Pág. 301.
2736
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 82.
2737
Ibídem. Pág. 60.
2738
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2007. Opus cit. Pág. 267.
2739
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 326.
2740
Ibídem. Pág. 326.
2741
Ibídem. Pág. 327.
2742
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 204.
472
la Urbe desde Grecia, siendo uno de sus primeros practicantes Publio Escipión
Emiliano; lances que, según Polibio, aprendió de maestros jóvenes de la más alta
nobleza griega 2743. Los romanos, influenciados por los griegos, convertirían la caza del
jabalí con redes y lanzas, en un pasatiempo de ricos, con menores connotaciones
militares que en Grecia; y la de ciervos fue practicada, pero era menos estimada, por
la escasez de riesgos 2744.
Es Opiano quien puntualiza como debe ser el cazador ideal: “…dadme ágiles
jóvenes, que no sean muy gordos. Pues el cazador debe montar el noble caballo entre
los riscos, debe brincar zanjas, y, con frecuencia, en los bosques, debe perseguir a las
bestias salvajes con veloces pies y ligeros miembros. Por tanto, que no sean gordos
quienes vengan a la guerra de la caza, ni excesivamente flacos. También, a veces, el
impetuoso cazador debe pelear con guerreras fieras salvajes; por eso yo desearía que
2743
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 321.
2744
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 59.
473
tuviese un cuerpo templado de tal suerte, que fuera al mismo tiempo veloz para correr
y fuerte para luchar. …” 2745.
Ya tenemos al ágil cazador, pero ¿cómo lo ataviamos y armamos? En la mano
derecha debe portar dos lanzas, un cuchillo en el cinturón, y en la mano izquierda las
riendas del caballo, y si caza a pie, la guía de los perros; respecto al atuendo, debe
vestir una túnica ceñida y un manto sobre sus hombros, pero no debe calzar
sandalias, para evitar que las bestias se espanten con su ruido, ni tampoco un manto
largo, para evitar que al ser agitado por el viento, alarme a las fieras 2746. Guillén apunta
que los cazadores se ponían vestidos ligeros, túnicas cortas y ceñidas, una manteleta
sobre los hombros, botas altas, polainas de piel y un sombrero; respecto a las armas
empleadas, éstas eran: la honda, la clava, el callado para la caza de la liebre, el hacha
para abatir a los jabalíes, la jabalina, lanzas, cuchillos y, el venablo para la caza del
oso y del jabalí 2747.
Según Paoli, el vestuario del cazador consistía en una túnica corta y ceñida
(aliculae), botas altas (crepides) que protegían sus piernas, o vendas con el mismo fin
(fasciae crurales), y un sombrero para protegerse del sol (galerus) 2748. Y su
armamento eran la honda (funda), la jabalina (iacula, lancea), la cuchilla (culter
venatorius) y, en la caza de animales peligrosos, el venabulum, que servía para hacer
frente a los animales furiosos; el venablo estaba compuesto por un largo y robusto
mango de madera, terminado en su extremidad en un hierro ancho, largo y afilado,
provisto en su base de dos puntas (morae), de hierro también, que servían para
mantener a cierta distancia del cazador al animal herido 2749. Opiano, en el siglo III d.
C., menciona las jabalinas como las armas principales de los cazadores y recomienda
para la caza de liebres el empleo del tridente y del bidente, armas que parece que ya
habían usado los jinetes persas en las cacerías de zorros 2750. Antes de iniciar la
expedición cinegética preparaban bien todo el instrumentum uenatorium, como armas,
caballos, perros, esclavos especializados, y una buena comida para todos 2751.
En época imperial, la caza seguía siendo una actividad deportiva y formadora y
en sus colegios iuvenum se practicaba junto a la equitación y la gimnasia 2752. Y para
2745
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 55.
2746
Ibídem. Págs. 56 y 57.
2747
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 325.
2748
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 323.
2749
Ibídem. Pág. 323.
2750
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 61.
2751
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 325.
2752
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 205.
474
practicarla con precisión, L. Flavio Arriano nos dejó su Cynegétika, en la que describe
como se cazaban los asnos de Numidia, mediante lazos 2753.
9. 6. 1. Cazadores célebres.
Si es cierto que la caza era uno de los pasatiempos favoritos de los jóvenes
romanos que eran instruidos en su arte, entrenándose y fortaleciéndose así para su
posterior salto a la milicia, este apego llegaba a ser tan intenso que acompañaba a los
cazadores a lo largo de toda su vida; así sabemos del amor de muchos de ellos a este
noble deporte, afición a la que no escapaban los propios emperadores, como Antonino
Pío, que pasaba los fines de semana en su villa de Lanuvio, cazando y pescando 2754.
También Trajano era aficionado a la caza, como se desprende del discurso que
pronunció Plinio el Joven cuando era cónsul: “…¿Qué mejor entretenimiento para ti
que recorrer bosques, hacer salir a los animales salvajes de sus madrigueras, escalar
las grandes crestas de las montañas y caminar por escarpadas rocas sin apoyarte en
otra cosa que no sean tus pies? …” 2755. Trajano perseguía piezas de caza menor,
probablemente liebres con galgos y caballos, y aves de paso 2756. En una partida de
caza se encontraban Constante, el 18 de enero de 350 d. C., cerca de Autun, cuando
los soldados proclamaron emperador a Magnencio, un germano que era el prefecto de
la guardia pretoriana, Constante huyó hacia los Pirineos donde lo encontraron los
rebeldes y lo eliminaron 2757. Al antecesor en la púrpura de Antonino Pío, el hispano
Adriano, sabemos que su padre adoptivo, Trajano, lo reclamó desde Hispania a Roma
para alejarlo de su excesiva obsesión por la caza, para la que la Península Ibérica era
un auténtico paraíso, como mencionan los autores antiguos, al hacer referencia “… a
la gran abundancia de caza en numerosas regiones de Hispania. …” 2758.
Tampoco la aristocracia bárbara escapaba a la fascinación que provocaba la
caza. Sabemos que Atila cazaba en los campos húngaros acompañado de su amigo
romano Flavio Aecio. Este joven a quien algunos autores llaman “el último de los
romanos” había sido enviado, a los doce años, como rehén 2759 a Alarico, el visigodo
2753
Blázquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 99.
2754
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 379.
2755
Citado. Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 693.
2756
Ibídem. Pág. 693.
2757
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Págs. 599 y 600.
2758
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 488.
2759
“…Los romanos trataron de dividir a hunos y godos para vencerlos, utilizando a los
primeros como aliados para combatir a los segundos y viceversa. A fin de cimentar aquellas
alianzas ad hoc era costumbre ofrecer rehenes de alto rango como una especie de seguro
475
que saqueó Roma en el 410 y “…dotado de una gran inteligencia, supo aprovechar el
tiempo que pasó con los hunos, aprendiendo sus secretos, conociendo sus
costumbres tradicionales y descubriendo las rendijas de su armadura militar. Dice la
leyenda que actuó como una especie de hermano mayor para el joven Atila y que
ambos cazaban juntos en los bosques de Hungría. …” 2760. Este amigo de Atila se
convertiría más tarde en la maldición de los hunos, cuando murió el emperador de
Occidente Honorio (423 d. C) y su hermana Gala Placidia perdonó a Aecio, que había
luchado en las filas de Juan contra Valentiniano, hijo de Gala, y le propuso hacerse
cargo de la defensa militar de Occidente, mientras ella se encargaba de las decisiones
políticas y administrativas 2761.
Excelentes caballos para la caza se crían en muchas regiones del Imperio, entre
los que destacan los toscanos, sicilianos, cretenses, mázices, aqueos, capadocios,
moros, escitas, magnesios, epeyos, jonios, armenios, libios, tracios y erembos 2762,
además de los gallegos, asturianos, escitas, partos, ilirios, tracios y sicilianos 2763; pero,
tal vez, los más adecuados para la caza fueran los bellos caballos partos de ojos
grises, que eran los únicos que resistían el rugido de león 2764. Y es que, según parece,
por el color de los ojos se podía saber para qué tipo de caza era adecuado cada
caballo; así, para cazar ciervos de moteados pies se debían aparejar caballos de ojos
oscuros; de ojos azules para dar caza a los osos, rojizos para los leopardos, y de ojos
fieros y centelleantes para dar muerte a los jabalíes 2765.
Eran muchas las ocasiones en las que los hombres perseguían la presa
únicamente con caballos, “…con aquellos que pastan en la tierra de los moros, o
caballos de Libia, los cuales no están constreñidos por la fuerza de las manos con los
frenos de la coactiva brida, sino que, obedientes al látigo, van a cualquier parte que los
conduzca el hombre. Por esto los jinetes que los montan dejan a sus perros, y
contra una posible traición. …” (McLynn, F: Héroes y villanos. Los secretos de los más grandes
guerreros de la historia. Ed. Ariel. Barcelona. 2007. Pág. 74).
2760
McLynn, F. 2007. Opus cit. Págs. 74 y 75.
2761
Ibídem. Pág. 75.
2762
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 61.
2763
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 326.
2764
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 68.
2765
Ibídem. Pág. 68.
476
cabalgan confiados en sus caballos y en los rayos del sol, sin otros ayudantes. …” 2766.
Opiano se refiere, probablemente, a los caballos de los númidas.
2766
Ibídem. Pág. 141.
2767
Citado. Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 308.
477
corriendo por el interior del mismo, hasta que el ave se cansaba 2768. Cazados con
caballos eran los toros de Libia; animales difíciles de abatir, porque era casi imposible
perseguir al toro elegido, ya que otros se entrecruzaban, despistando al caballero
respecto al animal perseguido, con lo cual el caballo terminaba agotado de correr tras
animales descansados 2769. Con caballos libios se cazaban los gamos y las gacelas
que, a pesar de ser velocísimos, no escapaban a la persecución de los caballos 2770.
Pero parece que en época republicana y augustea, cazar a caballo era más la
excepción que la regla; situación que cambió a partir del siglo III d. C., como parecen
mostrar las representaciones de los realistas mosaicos africanos de caza, datados a
partir de esa fecha 2771; o los frescos y los mosaicos españoles que se conservan en el
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.
Junto al caballo, el hombre también se valía de los perros, que se debían
familiarizar con los caballos de caza. Si su hermano Cástor había inventado la caza a
caballo, Pólux fue el primero “…que adiestró para las batallas contra las fieras a los
perros armados de aguzados dientes; pues él no sólo mató a pérfidos hombres en el
pugilato, sino también domeñó a las salvajes fieras moteadas con rápidos sabuesos.
…” 2772. Es Arriano, autor del siglo II d. C. y amigo de Adriano, quien se detiene en la
descripción de las razas de perros 2773.
Llegados al lugar de la caza, los cazadores tomaban las armas y se distribuían
las tareas. “…Los uestigadores e indagatores, llevando atraillados a sus perros,
seguían las huellas de los animales y procuraban sacarlos de sus guaridas y
escondites; y una vez fuera, empezaba la persecución y el acoso. Era el momento de
mayor emoción: unos los perseguían con sus caballos, otros les lanzaban las
jabalinas, aquellos les cortaban el paso cuando querían huir de nuevo hacia los
montes, los de más allá los dirigían hacia las espesas redes, dispuestas en lugares
convenientes y que otros guardaban escondidos para lanzar sus venablos hacia las
presas, una vez que se hubieran enredado en las mallas. …” 2774.
9. 6. 3. Modalidades de caza.
2768
Claudio Eliano. 1989. Opus cit. Pág. 529.
2769
Ibídem. Pág. 533.
2770
Ibídem. Pág. 535.
2771
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 59.
2772
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 82.
2773
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 61.
2774
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 326.
478
Caza que Cicerón divide en dos modalidades: la venatio y el aucupium; ésta
última, agradable diversión para los ancianos. De las dos maneras que los hombres
usan para la caza, la primera representa la violencia; la segunda, el engaño; de la
venatio son víctimas los animales que corren; y del aucupium, los que vuelan; la
primera es un enérgico ejercicio para hombres que son fuertes; y la otra es una
agradable y poco esforzada ocupación que sólo requiere habilidad 2775.
La venatio era una caza de fuerza y rapidez, pues las piezas con las que debían
enfrentarse eran fuertes, rápidas y peligrosas. Estas venatio podían realizarse en
cotos cerrados o en campos abiertos. Es Varrón quien nos habla de algunas villas que
tienen cercadas con paredes (saepta venationis) extensiones inmensas de tierras y
dedicadas a la cría de animales salvajes, como liebres, ciervos, cabras monteses,
ovejas salvajes, conejos y jabalíes, a los que se alimentan de manera artificial, lo que
hace que se reproduzcan en gran número. Pero, como parece lógico, en esos parajes
no puede cazar más que el dueño, o sus invitados 2776.
La caza en campo abierto era la más emocionante; en ella los cazadores se
dividían los oficios: los ya citados uestigatores e indagatores, que seguían las huellas
de las fieras; los alatores, que las espantan para que se enreden en las redes; y los
pressores, que las atrapan en las redes y las matan 2777.
Modalidades de caza a las que Horacio canta en sus odas:
La gran batida era la más espectacular y leal forma de caza, pero los romanos
no renunciaban a formas fraudulentas, como lazos o trampas. Entre las más
extenuantes se consideraba a la carrera que se disputaba entre el jinete y la liebre;
2775
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Págs. 322 y 323.
2776
Guillen, J. 1995. Opus cit. Págs. 324 y 325.
2777
Ibídem. Pág. 325.
2778
Citado. García-Badell, G. 1951. Opus cit. Pág. 115.
479
cuando ésta era alcanzada, se la remataba con un palo 2779. Las fieras, como leones,
leopardos, linces, panteras y osos, que bajaban a los llanos desde sus guaridas, se
cercaban con caballos y eran apresadas con peligro para los cazadores 2780. Además
de la gran cantidad de armas empleadas en la antigüedad grecorromana para el
ejercicio de la caza, para los animales grandes se empleaban técnicas de
acorralamiento de las presas que, azuzadas por perros, las dirigían hacia cercados,
hoyos o redes 2781. Técnica que, sin duda, “…tenía sus riesgos y era perfectamente
honorable, pero la caza con arma blanca, en particular de jabalíes y osos, era aún más
valorada como entrenamiento para la guerra y para el fortalecimiento del carácter en
general. …” 2782.
Finalmente, el regreso de estas cacerías debía ser ruidoso, sobre todo si se
habían conseguido las presas deseadas; las grandes piezas se cargaban sobre los
carros, los caballos o los siervos, y las pequeñas aves se transportaban en las
mochilas o atadas a la cintura; los cazadores entraban en la ciudad intentando atraer
la atención sobre los trofeos conseguidos 2783.
Eran múltiples las regiones del Imperio que podían ser escenario de estas
batidas de caza. En Italia parece que eran numerosas las regiones abundantes en
animales, como la Etruria. Hemos leído la descripción que Plinio el Joven hace de los
campos de su villa; campos ricos también, según se desprende de dicha descripción,
en especies cinegéticas: “…Una llanura ampliamente abierta, espaciosa y rodeada de
montañas que, en sus cimas, ostentan altos y antiguos oquedales; allí la caza es
abundante y variada. …” 2784.
Estrabón nos describe los animales que podían cazarse en Iberia, citando a los
rebecos y a los caballos salvajes, a los cisnes, a las avutardas y a los ciervos de la
Turdetania 2785. En una inscripción que Q. Tullinus Maximus, legatus Augusti Legiones
VII Geminae (162-163 d. C.) dedica a Diana, se mencionan, entre las piezas a abatir,
a los jabalíes, ciervos, caballos y cabras 2786. Respecto a una de las provincias
2779
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 326.
2780
Jenofonte. 1984. Opus cit. Pág. 271.
2781
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 54.
2782
Ibídem. Pág. 54.
2783
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 328.
2784
Citado. Heurgon, J. 1994. Opus cit. Pág. 138
2785
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Págs. 488 y 489.
2786
Blázquez, J. M. y otros. 1978. Opus cit. Pág. 452.
480
imperiales hispanas, la Lusitania, dice Polibio que en ella la caza no se aprecia y que
se regala a los que compran algo; y Silio Itálico hace referencia a los bosques
abundantes en caza de los lusitanos 2787.
Son las provincias africanas las que, en sus bellos mosaicos, nos ofrecen
escenas cinegéticas de estas batidas de caza. El hallado en una lujosa vivienda, en
las cercanías de El Gem, que se conserva en el Museo del Bardo, representa diversas
escenas de caza, en tres planos. En el primero aparecen dos cazadores a caballo y
entre ellos un esclavo ojeador; en el segundo plano un cazador se dispone a lanzar
dos perros contra una liebre que han levantado otros dos perros; y en el tercero,
jinetes y perros corren tras la liebre 2788.
2787
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 488.
2788
Rostovtzeff, M.1998 (B). Opus cit. Fig. 239. Pág. 1066.
2789
Rodríguez Neila, J. F: Ecología en la Antigüedad clásica. Ed. Arco Libros. Madrid. 1996.
Pág. 11.
2790
Ibídem. Pág. 11.
2791
Ibídem. Pág. 12.
2792
Ibídem. Pág. 12.
481
Pero la acción de los cazadores no dejó de sentirse sobre el medio ambiente,
siendo diversas las causas que abocaron hacia una sobreexplotación de la caza, entre
la que podríamos citar, en Roma, la caza organizada de animales salvajes para el
anfiteatro; tema que trataremos más adelante. Con los animales reunidos en Roma
para alguna venatio grandiosa se podía haber dotado con suficiencia a todos los
zoológicos de Europa; y es que las cifras hablan por sí solas: cuando se inauguró el
Coliseo se degollaron 9.000 animales y, según Suetonio, 5.000 en un sólo día 2793.
Como sabemos, por tradición, la caza se remontaba al mundo de los dioses y
los héroes, que desde los reyes asirios y los faraones egipcios hasta los soberanos
persas, los dinastas griegos y Alejandro Magno, se habían representado cazando 2794.
En Roma, aristócratas como Escipión Emiliano, introductor de las grandes monterías
orientales, o emperadores que ya conocemos, fueron consumados cazadores 2795. Los
monarcas antiguos mantuvieron grandes cotos o parques cinegéticos donde practicar
su afición; en Roma conocemos los parques zoológicos de la Domus Aurea neroniana
y de la Villa Albana de Domiciano 2796. Animales que no vieron alzarse ninguna voz
que clamara a su favor; no hubo ningún movimiento pro derecho de los mismos, tan
sólo casos aislados de compasión ante determinadas escenas emotivas, como la de
Androclo y su león, historia que relataremos más adelante; o la de la angustia de unos
elefantes, descrita por Cicerón 2797. Pero aunque estas cacerías comenzaron, en el
siglo III d. C., a repugnar a los mismos romanos, parece que su celebración respondía
a una necesidad, ya que gracias a estas capturas y matanzas los césares libraron a
las provincias del terror de los monstruos; y gracias a ellas, en el siglo IV, ya no ni
quedaban hipopótamos en Nubia, ni leones en Mesopotamia, ni tigres en Hyrcania, ni
elefantes en el norte de África. Con la venationes celebradas en el anfiteatro, el
Imperio Romano realizaba en todos sus confines los trabajos dignos del propio
Hércules 2798. Acciones, todas ellas, que dejaron sentir su implacable influencia sobre el
medio ambiente.
9. 7. LOS VIAJES.
2793
Auget, R: Crueldad y civilización: Los juegos romanos. Aymá, S. A. Ed. Barcelona. 1972.
Pág. 113.
2794
Rodríguez Neila, J. F. 1996. Opus cit. Pág. 41.
2795
Ibídem. Pág. 41.
2796
Ibídem. Pág. 41.
2797
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 560.
2798
Carcopino, J: La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio. Ed. Temas de hoy.
Madrid. 1993. Pág. 302.
482
Parece que en la Antigüedad se viajaba con frecuencia, sobre todo entre
aquellas ciudades a las que separaban cortas jornadas de camino. Y, aparte de
hacerlo a pie o cabalgando sobre los équidos, se utilizaba el carro. Vehículo que, por
ejemplo en Etruria, habrían evolucionado a partir de los carros de guerra, como los
encontrados en las tumbas del siglo VII a. C. de Populonia, Vetulonia o Caere;
similares a los de los vasos griegos de la época de Dipylón, que evocan los combates
de los poemas homéricos 2799.
Pero, además de por lógica necesidad, ¿por qué viajaba la gente? Séneca nos
da las respuesta: “…La naturaleza, […], consciente de su arte y de su belleza, nos ha
creado a nosotros para que fuéramos espectadores de tantas cosas dignas de verse;
si sólo las enseñase a la soledad, se malograría el fruto de su existencia. …” 2800.
Viajero infatigable, para admirar la Naturaleza y las obras de los hombres, fue el
emperador Adriano, que recorrió las provincias de su Imperio, por su deseo de
conocer, por sus propios ojos, lo que había leído sobre cualquier comarca del
mundo 2801. Otro viajero ilustre y muy anterior a Adriano fue Germánico, que viajó a
Egipto para conocer sus antigüedades. En Tebas se hizo leer, por un sacerdote, un
jeroglífico en el que se decía que “…el rey Ramsés, el segundo de este nombre, que
vivió en el siglo XIII a. C., había cruzado y sometido con un ejército de siete veces cien
mil hombres la Libia, la Etiopía y una gran parte del Asia; el jeroglífico enumeraba
además los tributos en oro y plata, caballos y armas, marfil y sustancias aromáticas,
trigo y productos de todas clases impuestos a los pueblos vencidos. …” 2802.
El rey Tiridates de Armenia viajó a Roma para ser coronado por Nerón. Este
mago, sacerdote del zoroastrismo, rehusó viajar por mar porque los magos no lo
podían contaminar con excrementos corpóreos y, llegado a Europa, después de cruzar
el Helesponto, atravesó a caballo el Ilírico, entrando en Italia por el norte 2803.
Pero los caminos eran inseguros, porque estaban infectados de salteadores;
razón por la que el emperador Cómodo, en el 185 d. C. se vio obligado a fortificar toda
la ribera del Danubio contra el asalto de los bandoleros 2804. Este mismo emperador
tuvo que enfrentarse a Materno (196 d.C.) que reunió “…una banda de gentes
armadas con las que sembró el terror por toda la Galia y España; empezó asaltando
aldeas y alquerías y acabó atacando a ciudades enteras poniendo en libertad a los
2799
Heurgon, J. 1994. Opus cit. Pág. 178.
2800
Citado. Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 397.
2801
Ibídem. Pág. 397.
2802
Ibídem. Págs. 447 y 448.
2803
Champlin, E: Nerone. Ed. Laterza & Figli Spa. Roma-Bari. 2010. Pág. 289.
2804
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 360.
483
presos de sus cárceles y entregándolas al incendio y al pillaje. Perseguido de cerca
por las tropas enviadas contra él por Cómodo, logró pasar a Italia; su plan de asesinar
al emperador fue delatado y habiendo caído preso, pagaron con la cabeza tanto él
como los suyos. …” 2805.
Las mercancías también se transportaban en carros, tal vez tirados por mulas o
por bueyes, como los que se hizo construir Nerón cuando organizó el ejército con el
que pretendía combatir a Julio Víndice, que se había sublevado en la Galia, y en los
que quería transportar los tablones necesarios para montar un escenario; porque,
durante el tiempo libre entre las batallas, se proponía seguir recitando, tocando la lira y
cantando, para recibir los aplausos de los soldados 2806.
El Imperio, para los que viajaban por causas diversas, tenía transitables cien mil
kilómetros de calzadas; sólo en Italia había cerca de cuatrocientas grandes arterias,
sobre cuyo pavimento transitaba un tráfico intenso y ordenado 2807. Fue en el Foro
Romano donde Augusto erigió el milliarium áureum, que era la milla cero, a partir de la
cual se medían las distancias a los distintos lugares del Imperio 2808.
La más concurrida de las calzadas parece que era la Vía Apia, que por cierto,
era el lugar elegido por los nuevos ricos para exhibir los caballos que acababan de
comprar; también las coquetas se paseaban por esta calzada, como Cintia, que según
nos cuenta Propercio lo hacía pretextando ir a adorar a la Juno de Lanuvio; “…sólo el
verla conducir a sus caballos constituía ya un espectáculo, pero con gran dolor del
poeta la acompañaba un rico rival en un coche lujosamente aderezado, a cuyo lado
corrían dos hermosos perrazos con grandes collares. …” 2809. Vía que se comenzó a
construir en el 312 a. C., y después de pasar por Capua, Beneventun y Tarentum,
terminaba en Brundisium, el puerto militar de entrada en el Adriático; su fin fue
principalmente militar 2810.
La Vía Latina, que recorría el interior del Lacio desde Roma hasta Capua, en la
Campania, fue otra de las calzadas precursoras; y la Vía Flaminia, que comunicó
2805
Ibídem. Pág. 360.
2806
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 304.
2807
Ibídem. Pág. 347.
2808
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 167.
2809
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 413.
2810
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 25.
484
Roma con las regiones del Po, comenzada en el 220 a. C. por el censor Flaminius, fue
otra de las importante vías de comunicación romanas 2811.
El estado de estas calzadas variaba según la topografía y la climatología de la
región por la que viajásemos. Por ejemplo, viajar por los Alpes, en primavera, llevaba
aparejadas una serie de dificultades importantes; así Amiano cuenta “…cómo en la
primavera, por la calzada de Mont Genèvre, que se descolgaba en rápida pendiente y
que en aquella época estaba inundada por las aguas del deshielo y toda resbaladiza,
deslizábanse y se estrellaban las bestias y los carros; había que poner cuadrillas de
hombres y bueyes tirando de los carros por detrás con fuertes sogas, para que no se
deslizasen demasiado a prisa. …” 2812.
En estas vías, cada kilómetro lo señalizaba un miliario en el que se indicaba la
distancia a la ciudad más próxima; cada diez kilómetros había una estación donde
poder comer, habitaciones para pernoctar, cuadras y caballos frescos de alquiler; y
cada treinta, una mansión en la que además de los servicios anteriores, se podían
utilizar los servicios de un burdel 2813. Ventas, que, “…instaladas a lo largo de grandes
rutas a través de todo el Imperio, se parecían bastante a los caravanserrallos de
Oriente: un patio alrededor del cual se disponen las caballerizas para los animales y
los cobertizos para los carros. El primer piso cuenta con una galería sobre la cual se
disponen los dormitorios de los viajeros. Los muebles son escasos o inexistentes.
Cada uno se instala como puede, se cocina y cuenta con los servicios de su
gente....” 2814. En uno de los cuadritos procedentes del Esquilino, que se guardan en el
Antiquarium de Roma, en una pintura impresionista y llena de movimiento, podemos
ver la partida de un caballero que abandona una posada 2815.
2811
Ibídem. Págs. 25 y 26.
2812
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. Pág. 331.
2813
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 348.
2814
Grimal, P. 1993. Opus cit. Pág. 79.
2815
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 614.
2816
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 348.
2817
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 38.
485
puerta Capena. Alli donde Numa celebra sus entrevistas nocturnas con su amiga.
…” 2818. De esta Porta Capena salían todos los viajeros; “…que iban a la Campania,
los señores que tenían sus villas suburbanas en la campiña meridional de Roma, los
vanidosos que poseían lindos caballitos, no podían menos de correr arriba y abajo por
la Vía Appia, haciendo muestra de sus equinos y de sí mismos. …” 2819. Cuando
llegaba la noche y los carros se ponían en movimiento, un esclavo llamado servus
proelucens, corría delante de los caballos, agitando una antorcha para iluminar la
calle 2820.
Este correo utilizaba las grandes vías que, si en principio fueron construidas con
una finalidad estratégica, fueron, luego, aprovechadas para los intercambios
comerciales y para el correo público (cursus publicus); para los que evidentemente se
utilizaban los veloces caballos que se cambiaban en las casas de postas 2821. Se sabe
que, ya en el 250 a. C., las calzadas disponían de ventas en las que comer, pernoctar
o cambiar los tiros de los carros 2822. Este correo imperial, establecido por Augusto,
transportaba rápidamente a través del Imperio a los soldados mensajeros y a quienes
hacían viajes oficiales; sabemos que Adriano construyó una calzada que cruzaba el
desierto, desde Antinoópolis, a orillas del Nilo, hasta Berenice, junto al mar Muerto 2823.
El Estado era el encargado de asegurar la regularidad del servicio postal; de
cuya dirección eran máximos responsables los praefecti del pretorio 2824. Cada
provincia estaba dividida en varios distritos postales, cuyo director (manceps) tenía a
sus órdenes unos subalternos (apparitores), con distintas funciones: stationarii, que
cuidaban del cambio de los caballos de postas; muliones o hippocomi, que guiaban los
caballos; mulomedici, veterinarios; stractores, encargados de los establos; carpentarii,
que se ocupaban de la reparación de los vehículos, etc 2825.
Los caballos que se enganchaban a estos carros de postas eran animales
fuertes y veloces, y, con frecuencia, los cocheros no escatimaban latigazos e, incluso,
bastonazos, de modo que hubo necesidad, por ley, de regular el trato de estos
animales para evitar métodos brutales; fue Constantino el que redactó una constitución
que autorizaba el uso del látigo, pero prohibía el del bastón 2826. Los despachos
2818
Juvenal. 1973. Opus cit. Pág. 24.
2819
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 38.
2820
Ibídem. Pág. 49.
2821
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 412.
2822
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 195.
2823
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 91.
2824
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 251.
2825
Ibídem. Pág. 252.
2826
Ibídem. Pág. 252.
486
urgentes eran transportados por correos que llevaban, además del caballo que
montaban, otro de la brida, con la valija 2827.
2827
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 337.
2828
Ibídem. Pág. 339.
2829
Ibídem. Pág. 339.
2830
Ibídem. Pág. 340.
2831
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 82.
2832
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 166.
2833
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 340.
487
cinco veces las caballerías del carruaje, dato interesante sobre la duración del viaje.
…” 2834.
9. 7. 4. Tipos de vehículos.
Los vehículos que utilizaban los romanos eran de varios tipos. El de deporte o
ceremonia, que se usaba para las carreras del circo y para el triunfo, era el currus 2835.
Era parecido al hárma de los griegos; estaba cerrado por delante y abierto por la parte
trasera y de él tiraban dos, cuatro o más caballos 2836.
Los utilizados para viajar podían tener dos o cuatro ruedas. Entre los de dos
ruedas, podemos citar al cisium, que era un calesín ligero y veloz para quien llevaba
prisas y poco equipaje, lo conducía el cisiarius y tenía capacidad sólo para dos
personas; el essedum, que era un carro de viaje intermedio entre el cisium y la raeda
de cuatro ruedas; y el carpentum, que era un cómodo y elegante carro italiano tirado
por dos mulillas, cuyo uso en Roma estaba limitado a las mujeres de la familia
imperial 2837; pero en épocas pasadas, todas las matronas romanas habían obtenido el
privilegio de viajar en estos carros, como recompensa a su desprendimiento de
entregar sus alhajas para reunir el diezmo que Camilo prometió al Apolo de Delfos,
tras la conquista de Veyes 2838. El couinus era semejante al cisium, y podía ser
conducido por el propio viajero, sin necesidad de auriga. Eliano regaló uno a su amigo
Marcial, que “… escribió un epigrama celebrando la agradable soledad en que iba en
él, puesto que no hay cochero, ni arriero, y uno puede ir hablando de lo que le dé la
gana, puesto que las mulitas callarán. …” 2839.
Entre los de cuatro ruedas, el más común era el ya citado raeda, que se utilizaba
para el transporte de personas y bagajes; el petorritum, de origen galo y, en principio,
un carro de ceremonias ricamente adornado, pero con el paso del tiempo se convirtió
en un medio de locomoción popular; el pilentum, similar al carpentum, pero de cuatro
ruedas, reservado en los primeros tiempos a sacerdotisas y matronas en las
festividades, con el tiempo su uso se hizo común; y la carruca, en la que incluso se
podía dormir, era, por la finura de sus ornamentos, un carro de lujo 2840. Para las
grandes solemnidades se utilizaba la tensa. Este era el carro en el que se llevaban las
2834
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 235.
2835
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 305.
2836
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 171.
2837
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Págs. 305 y 306.
2838
Ovidio. 1984. Opus cit. Pág. 142. (Nota).
2839
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 425.
2840
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Págs. 305 y 306.
488
imágenes de los dioses en los juegos circenses, estaba decorada con oro y marfil y de
ella tiraban caballos cuyas riendas eran manejadas por los jóvenes de las familias más
distinguidas 2841. Los mejores carros, parece que se fabricaban en Suessa y en
Lucana 2842.
Estos carros de viaje o de paseo eran, muchas veces testigos mudos, de
conversaciones que podían terminar convirtiéndose en una pesadilla. A Agripa, un
nieto de Herodes el Grande que había crecido en Roma, se le había encomendado la
tarea de acompañar en sus salidas a Gemelo, el nieto del emperador, pero él prefirió
ganarse a Calígula; un día, mientras hacían una excursión en carro, Agripa le expresó
a Calígula su deseo de que, lo antes posible, el viejo de Capri (Tiberio) le hiciese un
sitio en el trono a él; conversación que oyó un liberto de Agripa, que conducía el carro,
que más tarde“… cuando se le acusó del robo de un vestido, trajo el asunto hasta el
mismo emperador, citando, ante él, las palabras de Agripa: “¡Que venga, por fin, el día
en que el viejo pase a mejor vida, dejándote a ti como señor de todo el orbe! Pues, si
tú lo sacas del camino, su nieto Tiberio (Gemelo) nos dará poco que hacer, y entonces
todo el mundo, en general, y yo mismo, en particular, estaremos felices”. …” 2843.
Así supone Grimal el viaje de los pudientes: “…El amo se instala en un carro de
cuatro ruedas, de origen galo, llamado raeda. Viajaba acostado en un colchón que
cubría el piso del coche, precaución necesaria pues el vehículo estaba desprovisto de
resortes, y los traqueteos eran penosos a pesar de que la velocidad de la marcha era,
en general, el paso, un segundo carro podía contener el equipaje, la gente cabalgaba
adelante y atrás. Iban armados para protegerse de los malos encuentros y como los
bandidos abundaban, Augusto tuvo que organizar verdaderas expediciones militares
para limpiar algunas regiones de la península. Los coches con el equipaje contenían a
menudo verdaderos tesoros. Según se cuenta, César no se desplazaba sin llevar con
él –incluso en las campañas- revestimientos de mosaicos. ...” 2844.
De los coches tiraban mulas o “…caballos galos, pequeños y gordos, pero
rápidos. A los lados de los coches unas cuantas jacas para cabalgar sobre ellas de
vez en cuando. Las bestias de tiro iban cubiertas con guadralpas bordadas o de color
púrpura y llevaban bocados y arreos dorados; los coches estaban decorados con
2841
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 170.
2842
Catón. 1976. Opus cit. Pág. 191.
2843
Citado. Winterling, A: Calígula. Ed. Herder. Barcelona. 2006. Pág. 42.
2844
Grimal, P. 1993. Opus cit. Págs. 78 y 79.
489
preciosos adornos e incluso con figuras de oro y plata, y tapizados de seda u otras
telas preciosas, cada uno de ellos tenía el valor de una finca. …” 2845.
El lujo acompañaba a los grandes personajes en sus viajes, así sabemos que a
Polemón de Esmirna lo seguían, en sus viajes, bestias de carga, muchos caballos,
esclavos y perros para distintos tipos de caza; y, mientras, el señor viajaba
cómodamente en un coche tirado por caballos frigios o galos, engalanados con arreos
de plata 2846. Birley nos da más datos sobre los viajes de éste arrogante intelectual
griego, amigo de Adriano: “…Suscitó críticas porque, cuando viajaba, lo hacía seguido
por una larga reata de animales de carga, además de muchos caballos, sirvientes y
perros de caza de diferentes razas. …” 2847. Lujo que llegó a su máximo esplendor en
época imperial; por ejemplo, sabemos que Nerón no viajaba nunca con menos de mil
carretas tiradas por mulas con herraduras de plata y Popea, su mujer, herraba a las
bestias de su cortejo con herraduras de oro y se hacía acompañar por 500 burras, en
cuya leche se bañaba diariamente 2848.
Pero viajemos al reino de Partia, durante el reinado de Orodes II, y echemos un
vistazo a la comitiva privada del surenas, Jefe de la casa de Suren, que poseía el
derecho hereditario de coronar al rey y de dirigir los ejércitos partos en la guerra 2849 y
sigamos el relato que hace Plutarco de su comitiva: “…Allí donde viajara de manera
privada, le acompañaba un séquito de 1.000 camellos, 200 carros para sus
concubinas, 1.000 guardias personales fuertemente armados y otros con armamentos
más ligeros, y al menos 10.000 sirvientes y criados a lomos de caballos… .” 2850.
Los generales, cuando se encontraban en campaña, tenían su propio carro
personal; sabemos, por ejemplo, que Trajano tenía a su lado, en su propio carro, a un
retórico llamado Dión Crisóstomo 2851, que le hablaba de Filosofía 2852. En carro fue
como entraron en Milán los augustos Maximiano y Diocleciano, según nos relata el
panegirista Mamertino: “…Pero cuando, una vez pasado el umbral de la residencia,
avanzasteis los dos en el mismo carro hacia el centro de la ciudad, las propias casas
de la ciudad según se dice, estuvieron casi a punto de moverse, mientras que todo el
mundo, hombres, mujeres, niños, viejos, se arrojaba a las calles por las puertas, se
2845
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 349.
2846
Ibídem. Pág. 349.
2847
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 212.
2848
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 349.
2849
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 132.
2850
Ibídem. Pág. 133.
2851
Dión Crisóstomo. (c. 40-115 d C). Retórico y filósofo griego nacido en Prusa (Bitinia). Fue
amigo de Trajano. Lo procesaron en Nicea por malversar fondos. Sus discursos son variados y
en ellos expone su pensamiento filosófico (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 136).
2852
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 362.
490
inclinaban hacia vosotros en las ventanas de los pisos superiores. Todos gritaban de
alegría, ya sin temor alguno de vosotros, y sin esconderse, os señalaban con la
mano… “ 2853. Pasado el tiempo, cuando Diocleciano abdicó del Imperio para retirase
como ciudadano privado a su tierra natal, y después de arrojar su púrpura sobre el
sucesor que había nombrado, Maximino Daya, “…bajó de la tribuna y el soberano
dimisionario, atravesando la ciudad en un carro de tipo galo (es decir, un coche normal
y corriente), fue trasladado hacia la lejanía y, como un veterano, devuelto a su hogar.
…” 2854. Y en carro retornó a Roma Constantino, después de vencer a Majencio en la
batalla del Puente Milvio, entonces “…Las propias casas –escribe un panegirista-
parecían desplazarse, y la altura de los tejados parecía aumentar por donde Tu
Divinidad avanzaba, con el lento esfuerzo de tu carro, tan considerables eran la
afluencia de gentes y el cortejo del Senado que, a la vez, te propulsaban hacia delante
y retardaban tu marcha. …” 2855.
9. 7. 6. Viajes cabalgando.
2853
Citado. Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 558.
2854
Ibídem. Págs. 561 y 562.
2855
Ibídem. Pág. 572.
2856
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 133.
2857
Lucio Apuleyo (Nacido c. 123 d. C). Fue escritor, filósofo platónico y retórico, natural de
Madauro (Numidia) y procedente de una rica familia. Se educó en Cartago, Atenas y en Roma,
ciudad, esta última, donde ejerció como abogado. En un viaje a Egipto conoció a la madre de
un amigo, Pudentila, con la que se casó; pero fue acusado de haberla seducido mediante la
magia, acusación de la que se defendió con éxito. Después se estableció con ella en Cartago
donde prosperó escribiendo poesía, filosofía y su novela Metamorfosis o El asno de oro, única
novela romana que nos ha llegado íntegra (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 38).
2858
Guillen, J.1995. Opus cit. Pág. 422.
491
Durante la guerra civil entre Otón y Vitelio, parece que Salonina, la mujer de
Cécina, uno de los generales de Vitelio “…viajaba de manera ostentosa en un caballo
ataviado de púrpura, …” 2859; lo que quiere decir que las mujeres también viajaban a
caballo y acompañaban a sus maridos en campaña. Privilegio, el de poder viajar, que
las mujeres habían obtenido después de pedir la abrogación de la ley Oppia. Sabemos
que en 195 a. C., recién terminada la I Guerra Púnica, las mujeres pidieron en el Foro
la abrogación de la esta ley, que se había promulgado durante el régimen de
austeridad que siguió a la amenaza de Aníbal y que “…prohibía a las mujeres los
adornos de oro, los vestidos coloreados y el uso de vehículos. …” 2860.
2859
Cornelio Tácito: Historias. Ed. Akal. Torrejón de Ardoz (Madrid). 1990. Pág. 118.
2860
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 195.
2861
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 150.
2862
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 46.
2863
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 290.
2864
Fernández Vega, P. A. 2003. Opus cit. Pág. 53.
492
emperador, que siendo procónsul de Asia se cruzó en una calle con Herodes Ático 2865,
uno de los maestros de Marco Aurelio; se vieron inmersos en un incidente, tal vez una
discusión, por el derecho de paso de los carruajes en los que viajaban 2866. Muchas
calles debían ser de dirección única, como muestran en Pompeya las huellas
profundas que los carros dejaron sobre el empedrado de las mismas, que harían
imposible que dos vehículos pudieran cruzarse 2867. Por las medidas de estas marcas
se hace necesario pensar que los carros tendrían el mismo ancho de eje, para poder
circular por el surco que las guiaba 2868. Tampoco en Pompeya, los carros podían
acceder a ciertas zonas céntricas de la ciudad, que eran peatonales, como
demuestran las piedras que obstaculizaban el paso de los mismos 2869.
Los caballos no estaban ausentes en las exequias de los romanos, su último
viaje; ya que cuando moría alguien ilustre, por haber ejercido alguna magistratura, lo
acompañaban en su viaje al más allá las máscaras de los miembros, igualmente
ilustres y ya fallecidos de su familia, que avanzaban sobre carros, precedidos de las
fasces y las hachas correspondientes al cargo que hubiese desempañado en vida el
finado 2870.
2865
Tiberio Claudio Herodes Ático (muerto c. 137 d. C). Ateniense hijo de Hiparco, que cayó en
desgracia durante el reinado de Domiciano. Trajano lo nombró cónsul sufecto (c. 104) y
gobernador de Judea en 107 d C. y Adriano le concedió su segundo consulado suplente
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 206).
2866
Birley, A. 2009. Opus cit. Pág. 87.
2867
Étienne, R. 1971. Opus cit. Pág. 306.
2868
Ibídem. Pág. 306.
2869
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 305.
2870
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 205.
493
494
10. EL CABALLO EN LOS JUEGOS ECUESTRES Y EN EL
CIRCO ROMANO.
2871
Juvenal. 1995. Opus cit. Pág. 368.
2872
Grimal, P. 1993. Opus cit. Pág. 52.
2873
Toner, J. 2012. Opus cit. Págs. 177 y178.
2874
Citado. Teja, R: Espectáculos y deportes en la Antigua Roma. Ed. Santillana. Madrid. 1996.
Pág. 11.
2875
Citado. García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.): Actas del II encuentro Hispania en
la Antigüedad tardía. Ocio y espectáculos. Universidad de Alcalá. Alcalá. 1997. Pág. 222.
495
originarias de la propia Italia, como los juegos de gladiadores, pero siempre con la
salvedad de que en todas las manifestaciones deportivas desarrolladas en Roma
prevaleció el concepto de espectáculo frente al de competición 2876. Como hemos
dicho a esta práctica deportiva los romanos aportaron un elemento esencial, el edificio
con capacidad para los espectadores; en efecto si los griegos practicaban las pruebas
en instalaciones adecuadas únicamente para los atletas, en Roma se edificaron
grandes instalaciones para acoger al público que asistía al espectáculo 2877. La Urbe
difundió por todos los lugares que había conquistado su cultura y sus formas de vida, y
entre éstas se incluía el gusto por los espectáculos, que arraigó en todas las regiones
del Imperio. A esta práctica social de los juegos en Roma, algunos autores le atribuyen
la función de renovar periódicamente el orden social establecido 2878, ya que “…el
pueblo de Roma ansiaba los espectáculos no sólo por el valor lúdico y social de los
mismos sino por ser la ocasión en la que la generosidad del emperador o de los
miembros de los órdenes se manifestaba de modo extraordinario. …” 2879.
Pero los espectáculos romanos en los que los caballos eran uno de los
principales protagonistas no eran sólo las carreras de carros en el circo. Cuando el
ejército romano se fue profesionalizando, las centurias de caballeros permanecían en
pie de guerra aún en los tiempos de paz, con el objeto de que caballos y caballeros
consiguieran un alto grado de instrucción por medio de los ejercicios de doma; y estos
ejercicios de doma y las maniobras de la caballería se convirtieron en todo un
espectáculo para la población 2880.
Sabemos que en los Juegos Troyanos, los jóvenes romanos alardeaban sobre
sus monturas, avanzando sobre sus caballos vistosamente enjaezados y desfilando
entre los aplausos del público. Puede que estos juegos tuvieran orígenes etruscos
como puede desprenderse de la escena que se representa en la oenochoé de
Tragliatella (fin del VII siglo a. C), encontrada cerca de Caere, y en la que se muestra a
dos caballeros ante un laberinto y en cuyo interior figura la palabra etrusca Truia
(Troia, en latín) 2881. Así describe Virgilio la parada en su Eneida: “…Luego que
2876
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 32.
2877
Ibídem. Pág. 32.
2878
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 277.
2879
Ibídem. Pág. 277
2880
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 198.
2881
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 93.
496
recorrieron alegres en sus caballos todo el ámbito del circo para que los contemplaran
los suyos, Epítides dio la señal con la voz y chasqueó su látigo, con lo que partieron
todos de frente a la carrera, se dividieron luego en tres bandas y de nuevo volvieron
atrás a la voz de sus jefes, como si fueran a acometerse con la jabalina. Enseguida
emprenden nuevas carreras y contracarreras, y se confunden y revuelven en
encontrados giros, simulando un combate, y unas veces huyen, otras vuelven sus
armas dispuestas al ataque, otras han hecho las paces y ya van cabalgando a la par
[…] Los hijos de los teucros en sus potros van trabando sus pasos y entretejen su
juego de fugas y asaltos… .” 2882. Ascanio instauró estos juegos y Roma conservó este
rito ancestral 2883. Estirpe de jóvenes de antaño a la que el mismo autor no se olvida de
loar:
2882
Citado. Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 88.
2883
Ibídem. Pág. 88
2884
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 805.
2885
Mancioli, D: Vita e costumi dei romani antichi. Giochi e Spettacoli. Ed. Quasar. Roma. 1987.
Pág. 28.
497
juegos ecuestres troyanos 2886. Cuando murió Julia, su hija, éste ofreció unos juegos
troyanos que, con seguridad, fueron capitaneados por un joven desconocido, su
sobrino nieto Octaviano, al que acababa de adoptar, y del que nadie podía sospechar
que, pasados veinte años, pudiera celebrar esos mismos juegos para sí mismo 2887.
Juegos Troyanos que, según el testimonio de algunos autores no estaban exentos de
riesgos. Asinio Polión se lamentaba de que su pequeño hijo Aesernicus se hubiese
roto una pierna durante su práctica; la misma desventura aconteció, según Suetonio, a
Nonius Asprenas 2888.
Augusto creó un olimpismo romano, instaurando los juegos de Accio, que
consistían en pruebas de atletismo, hipismo y regatas; los Neronia, organizados por
Nerón en el 60 d. C. comprendían concursos musicales, gimnásticos e hípicos; y a
Domiciano se debían los Capitolia, que se celebraba en el único estadio romano 2889
que este emperador construyó en el Campo de Marte 2890. Y es que parece que
cualquier ocasión era buena para celebrar espectáculos en Roma, como aquella del
año trescientos de su fundación, cuando una epidemia de peste asoló la ciudad, y
pasada la cual, se celebraron sacrificios públicos de acción de gracias a los dioses y
competiciones costeadas con grandes gastos 2891.
Además por Valerio Máximo 2892 sabemos que, dos veces al año, la juventud
romana perteneciente al orden ecuestre, ofrecía un espectáculo grandioso. Durante
las Lupercales, en los idus de febrero, los jóvenes romanos corrían desnudos
alrededor del Palatino con un trozo de piel de cabra en la cintura y otro en la mano,
con los que golpeaban a la multitud y, sobre todo, a las embarazadas y a las estériles,
para propiciar un buen parto o un embarazo 2893. El otro espectáculo era la transvectio
equitum, un desfile de la caballería romana, celebrado en los idus de julio, en el que
los caballeros montaban caballos blancos que llevaban sus cabezas adornadas con
ramas de olivo 2894. Según la tradición, con este desfile se conmemoraba la victoria en
la batalla del lago Regilo (496 a. C.), cuando los romanos vencieron a los latinos
gracias al papel decisivo de la caballería romana y al de los Dióscuros, que “…no sólo
2886
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 86.
2887
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 492.
2888
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 93.
2889
La actual Piazza Navona.
2890
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 89.
2891
Dionisio de Halicarnaso. 1988. Opus cit. Pág. 89.
2892
Valerio Máximo (siglo I d. C). Durante el reinado de Tiberio escribió un manual de citas
útiles, dedicado al emperador, que fue famoso por su adulación y su carencia de crítica. La
obra recoge hechos curiosos que no se encuentran en ninguna parte, pero éstos deben ser
tratados con cautela (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 410).
2893
Levi, G. y Schmitt, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 81.
2894
Ibídem. Pág. 98.
498
habrían participado en el enfrentamiento con el atuendo de los jóvenes de la caballería
romana, sino que, como tales, se habrían precipitado a Roma para ser los primeros en
anunciar la victoria. …” 2895. Parece que esta ceremonia la instituyó en el 304 a C. el
censor Quinto Fabio Máximo Ruliano, al que conocemos por su desobediencia,
cuando era magister equitum, al dictador Lucio Papirio Cursor 2896.
La juventud romana, en fin, como la de todas las épocas y todos los pueblos, era
aficionada al juego; y para jugar, como puntualiza Ovidio en El arte de amar, el hombre
tenía abundantes objetos con los que hacerlo, como “….la rápida pelota, la jabalina, el
disco, las armas y el caballo, obligado a describir círculos, …” 2897.
También los ciudadanos ricos exhibían su destreza en maniobras de la
caballería, dirigidos por los mandos de los escuadrones 2898. Se realizaban, además,
exhibiciones de caballos entrenados que realizaban números de circo 2899. Sabemos
que en 94 d. C. el futuro emperador Adriano desfiló, como servir turmae equitum
Romanorum, ante Domiciano en una revisión ecuestre anual 2900. Y según Segura
Munguía, el circo también presentaba su lado grotesco, con las carreras de los
stipatores, que cabalgaban sobre jamelgos, y avanzaban renqueando cómicamente en
medio de las algarabías del público 2901.
10. 1. 2. Venationes.
2895
Ibídem. Págs. 98 y 99.
2896
Ibídem. Pág. 99.
2897
Ovidio. 2000. Opus cit. Pág. 152.
2898
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 255.
2899
Ibídem. Pág. 255.
2900
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 257.
2901
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 86.
2902
Nobilior derrotó a los etolios, con lo que puso fin a la Liga Etolia (Hazel, 2002. Opus cit.
Págs. 297 y 298).
2903
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Págs. 571 y 572.
2904
Nogales Basarrate, T (Ed.): Ludi Romani. Espectáculos en Hispania Romana. Museo
Nacional de Arte Romano. Mérida. 2002. Pág. 68.
499
dada su proximidad a los parajes en los que habitaban estas salvajes fieras 2905, siendo
elefantes los primeros animales que se mostraron en la arena, a los que se eliminó a
lanzazos 2906.
Así describe San Isidoro las venationes: “…El combate con fieras consistía en
que los jóvenes aguardaban a pie firme bestias salvajes que les soltaban y contra las
que peleaban; y se exponían voluntariamente a la muerte, no por haber cometido
crimen alguno, sino por valentía. …” 2907. Parece que fue el emperador Claudio, gran
aficionado a ver correr la sangre, el que introdujo las venationes para amenizar las
carreras del circo 2908. En el 55 d. C., y después de romper con su madre, Nerón ofreció
un espectáculo en el que hombres a caballo cazaban toros, mientras los jinetes de su
guardia mataban 400 osos y 300 leones, y 30 caballeros combatían como
gladiadores 2909.
2905
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Págs. 557 y 558.
2906
Ibídem. Pág. 558.
2907
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 224.
2908
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 30.
2909
Champlin, E. 2010. Opus cit. Pág.89.
500
Una de las imágenes más espectaculares de una venatio, la podemos apreciar
en un mosaico de una villa de Tusculo. Se trata de dos venatores que luchan contra un
toro y un león a los que han herido gravemente; esta escena es parte de una venatio
en la que aparecen, además, avestruces, cérvidos y jabalíes, acosados por venatores
que han muerto en el lance, quedando un único superviviente, que acaricia con pena a
su caballo que yace en el suelo moribundo” 2910. En otras ocasiones los animales
luchaban entre ellos, unas veces en grupo y otras en parejas; en ocasiones se
imitaban los hábitats de los que eran originarias las fieras, que podían representar ríos,
montañas, árboles y plantas naturales, que aparecían en el escenario accionados por
ingeniería mecánica 2911. Y en no pocas ocasiones los animales del anfiteatro
colaboraron con la Justicia, al ejecutar a los condenados a la pena capital; sentencia
que requería la presencia de numeroso público al que mostrar su carácter
ejemplarizante, ya que la muerte de los convictos, desgarrados por las fieras, cumplía
una función disuasoria, encaminada a aleccionar a quienes la contemplaban 2912.
Las venationes sirvieron, en principio como entremés para celebrar entre los
combates de gladiadores, pero con el tiempo llegaron a convertirse en un espectáculo
autónomo. Tenían lugar en el anfiteatro y simulaban la caza en la naturaleza de
determinados animales salvajes, muchas veces exóticos, como leones, elefantes o
rinocerontes. Durante la celebración de las mismas, los espectadores se protegían del
sol con unas lonas que habían de mover los marineros acantonados en la base
marítima del cabo Misenum 2913 y cuando la noche extendía su manto, los juegos no
tenían por qué cesar; así sabemos que Domiciano ofrecía cacerías y juegos de
gladiadores, por la noche, a la luz de enormes lámparas de aceite 2914.
La constante de la venatio era que en ella siempre aparecían animales, como,
por ejemplo, toros. Esta modalidad de caza fue introducida en Roma por César, que
parece que la practicó en España, extendiéndose hasta los reinados de Claudio y
Nerón. “…Se trataba de juegos de habilidad cuya técnica había sido tomada de los
tesalianos: el hombre, sin más armas que sus músculos, galopaba a caballo al lado del
toro hasta cansarlo. Llegado el momento oportuno, dejaba que su montura tomara
cierta ventaja y, a galope tendido, saltaba sobre el cuello del toro: se mantenía allí a
horcajadas y se esforzaba, rodeando los cuernos con los brazos, por conseguir
enlazar sus manos sobre la frente del toro, a fin de derribarlo retorciéndole el
2910
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 243.
2911
Ibídem. Pág. 246.
2912
Ibídem. Pág. 248.
2913
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 185.
2914
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 109.
501
pescuezo. …” 2915. Eran los tauri, expertos en la lucha contra los toros 2916. De esta
modalidad de lucha habla Cassius en su correspondencia con su amigo Lucius: “…Yo
[…] prefiero el espectáculo de los caballistas que agarran al toro por los cuernos y lo
derriban al suelo. Esta costumbre, al parecer, procede de Creta, más la encuentro más
digna que los baños de sangre que nuestros sacerdotes forman sobre las aras de los
templos. …” 2917.
Por tanto había en todo el imperio miles de cazadores audaces, que se
exponían a toda clase de peligros para proporcionar a Roma los animales necesarios
para el espectáculos; los hindúes salían con sus elefantes domesticados a dar caza a
los salvajes; los legionarios acantonados en Germania atrapaban los osos; y los moros
describían “…sobre sus pacientes caballos del desierto círculos cada vez más
estrechos en torno a los avestruces y acechaban junto a sus trampas en las pavorosas
soledades del Atlas, hasta que caía en ellas el león. …” 2918.
Este deporte levantaba pasiones entre los príncipes. Sabemos que Lucio Vero
fue enviado por Marco Aurelio a Oriente para luchar contra los partos, pero él se
quedó en Antioquia, practicando el arte de los gladiadores y bestiarios 2919. Nerón
también luchó como bestiario, pero fue Cómodo el verdadero poseso de esta
modalidad deportiva, llegando a transformar su palacio en una arena 2920; en un solo
día mató cinco hipopótamos, pero necesitó varios días para matar dos elefantes, una
jirafa y algunos rinocerontes 2921. Pero, como siempre, el valor de Nerón quedaba en
entredicho, como él demostraba públicamente, enfrentándose, en la arena, a un fiero
león, al que se le habían afeitado las garras y los dientes 2922.
Las venationes tenían dos tipos de protagonistas. Unos eran los venatores,
profesionales que combatían con las fieras armados de escudo y espada o flechas; y
otros eran los bestiarios que solían ser prisioneros, bandidos, esclavos o gentes de
baja condición, a los que se lanzaba a la arena para combatir, desarmados, con las
2915
Auget, R. 1972. Opus cit. Págs. 95 y 96.
2916
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 242.
2917
Citado. Miquel, P. y otros: La vida de los hombres en tiempos de los romanos. Ed Molino.
Barcelona. 1979. Pág. 60.
2918
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 579.
2919
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 183.
2920
Ibídem. Pág. 183.
2921
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 573.
2922
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 326.
502
fieras 2923. Pero los bestiarios no se reclutaban sólo entre los prisioneros de guerras o
los delincuentes, sino también entre gentes que se alquilaban voluntariamente o se
enrolaban para ejercer esta profesión 2924. Por el mosaico de Magerius, en Smirat,
conocemos el nombre de cuatro venatores: Spittara, Bullarius, Hilarinus y
Mamertinus 2925.
Venatores y bestiarios eran, como los cocheros y los gladiadores, deportistas de
élite que despertaban la admiración de la plebe y el canto de los poetas. Marcial lo
hace con el bestiario Carpoforo, tal vez favorito de Domiciano, del que relataba
“…derrota al león en la carrera y lo mata; abate al oso de un solo golpe de venablo; es
capaz de vencer a veinte animales feroces en un solo día y de abandonar la arena en
tan buena forma como entró en ella. Si hubiera nacido cuando pululaban las leyendas
sobre monstruos, él solo habría limpiado todo el universo… .” 2926.
Unos y otros vestían ropajes ligeros: calzón ajustado y camisola corta, con petos
de cuero para protegerse, cintas de piel ciñendo sus rodillas y piernas; y calzaban
sandalias del mismo material que dejaban sus dedos al aire; otros luchaban descalzos
y con el torso desnudo 2927. Se defendían con la espada, el puñal o la lanza; ésta última
llevaba insertada una pequeña barra perpendicular que acentuaba el desgarro y
mantenía el venablo en su sitio 2928. Una vez vencidas y moribundas, las fieras eran
rematadas por los confectores, unos matarifes experimentados 2929.
Los otros protagonistas de las venationes eran los animales, como elefantes,
tigres, osos o rinocerontes, que eran cazados en masa. Desde aquellos tiempos data
la desaparición de muchas de estas especies animales en las zonas limítrofes con el
Imperio, especialmente en el norte de África y en las regiones del Próximo Oriente
donde abundaban y de donde desaparecieron para siempre 2930.
No faltan las historias fantásticas acaecidas en el anfiteatro, como la que Aulio
Gelio recoge de Apión, que fue testigo presencial del suceso: “….En el Circo Máximo –
dice- se ofrecía una uenatio copiosísima al pueblo, encontrándome casualmente en
Roma, fui a contemplar el acoso de fieras. Allí se veían numerosas y enconadas fieras,
de una grandeza extraordinaria, y todas ellas hermosas y feroces como nunca había
visto. Pero entre todas las fieras llamaban la atención los leones, y entre los leones
2923
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 30.
2924
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 572.
2925
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. Pág. 77.
2926
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 176.
2927
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Págs. 242 y 243.
2928
Ibídem. Pág. 243.
2929
Ibídem. Pág. 243.
2930
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 31.
503
uno que descollaba por su agresividad y fiereza. Éste león, por el ímpetu de su cuerpo,
y por la fuerza y el pavor que causaba con sus fortísimos rugidos, había atraído
poderosamente sobre sí la mirada de todos los espectadores. En el grupo de hombres
introducidos a luchar con las fieras se encontraba un siervo de cierto varón consular.
El siervo se llamaba Androclo. Apenas aquel terrible león vio a lo lejos a Androclo, de
repente, como admirado, se detuvo y luego, despacio y tranquilamente, se aproximó al
hombre como si lo conociera. Luego giró en torno suyo moviendo la cola
delicadamente al estilo de los perritos que hacen caricias a sus señores. Junta su
cuerpo al de Androclo y lame blandamente las piernas y las manos del pobre hombre,
que estaba pálido de miedo. Androclo, ante aquellas muestras de halago de la terrible
fiera, recupera el ánimo perdido y poco a poco inclina los ojos para contemplar al león.
El hecho suscitó la admiración y los aplausos clamorosos del público, y el César llamó
al esclavo para preguntarle por qué a él sólo había perdonado aquel león tan horrible.
…” 2931.
Androclo dio esta explicación: “…Durante el proconsulado de mi señor en África
–dijo- yo, debido a los azotes diarios y a los tratos inicuos a los que me sometía, me vi
obligado a huir, y para que los escondrijos de aquella tierra, dominada por mi señor,
me protegieran de su crueldad, me retiré al desierto de arena, determinado a morir
como fuera, si llegaba a faltarme el alimento. Entonces, en las horas en que el calor lo
abrasa todo en aquellas latitudes, divisé a los lejos una cueva escondida y resolví
penetrar y ocultarme en ella. Al poco tiempo de haber entrado en la cueva vino a ella
un león con un pie herido y sangrante, dando gemidos lastimeros y rugidos que
manifestaban su inmenso dolor y su tormento. Yo, al verlo, de primera intención me
creí devorado y crujiendo ya mis huesos entre sus dientes. Pero después que entró el
león, como en su propia morada, me ve que trataba de esconderme a lo lejos y se
aproximó manso, como suplicante y levantando su pata, enseñándomela y como
suplicándome que lo curara. Yo le saqué una grande espina que tenía clavada en la
parte inferior del pie, y apreté la herida para sacar el pus que ya se le estaba
formando, hasta que empezó a salir sangre natural; le sequé la herida y se la limpié.
Aliviado en animal con aquella cura que yo le hice, se reclinó entre mis manos y
descansó el animalito. Desde aquel día el león y yo vivimos durante tres años en la
misma guarida y comiendo del mismo alimento, pues de los animales que él cazaba
siempre me traía a la cueva las partes mejores, que yo, por no tener fuego para
prepararlas, las asaba exponiéndolas sobre una piedra a sol del mediodía.
2931
Citado. Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 363.
504
Pero cuando ya me cansé de aquella vida de fiera, una mañana, después que mi
león salió a cazar, me escapé de la cueva, y al cabo de tres días de camino me vieron
los soldados, me capturaron y me condujeron al señor, que ya había marchado del
África a Roma. Él me condenó a muerte y se agenció para que me entregaran a las
fieras. Veo que este león, capturado también después que yo le abandoné, me
agradece ahora el beneficio y la cura que yo le hice. …” 2932. Se dio la libertad el
esclavo y se le regaló el león y depués, según Apión, se veía “…a Androclo y al león,
que llevaba atado con un ligero bramante, ir por todas las tiendas, y todo el mundo
daba dinero a Androclo y echaban flores al león, …” 2933.
Pero no sólo el circo y las luchas gladiatorias tenían sus detractores. Para
Novaciano las venationes eran una escuela donde los espectadores aprendían un
comportamiento violento, llegándose incluso a amaestrar a los animales, muchos de
los cuales no eran excesivamente feroces en libertad, para aumentar su fiereza, con lo
que se incrementaba la crueldad del espectáculo 2934. La peor acusación que se lanzó
contra todos los juegos fue la de la idolatría; si los espectáculos estaban consagrados
a los dioses y habían nacido como un rito de la religión pagana, estaba claro que
“…acudir a tales exhibiciones era como adorar a los númenes a los cuales éstas
intentaban honrar. […] Si la idolatría era el peor de los pecados, y los espectáculos
estaban consagrados a las divinidades paganas, acudir a los juegos era caer en el
peor de los delitos. …” 2935. La Iglesia estaba, pues, dispuesta a acabar con la causa
que socavaba los cimientos de la incipiente sociedad cristiana o, al menos y en el peor
de los casos, a disminuir la perniciosa influencia que los juegos ejercían sobre los
fieles 2936.
La última venatio documentada en Italia la conocemos por la carta que Teodorico
I envió a Máximo, cuando éste iba a iniciar su consulado; en esta carta de respuesta,
el rey ostrogodo le concede el permiso para celebrar la venatio pero aprovecha la
ocasión para mostrarle su desacuerdo con este tipo de espectáculo, al que califica de
acto detestable; y, además, aconseja, al futuro cónsul, la máxima indulgencia posible.
2932
Citado. Ibídem. Págs. 363 y 364.
2933
Citado. Ibídem. Pág. 364.
2934
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 282.
2935
Ibídem. Pág. 286.
2936
Ibídem. Pág. 290.
505
Aunque no se hace mención a ello, es muy probable que el espectáculo hubiera tenido
lugar en el Coliseo 2937.
El principal abastecedor de fieras para el circo era el norte de África; los ediles
curules Escipión Nasica y P. Léntulo presentaron en sus juegos circenses 63 fieras
procedentes de África como panteras y leopardos, 40 osos y algunos elefantes 2938.
Conocemos un epígrafe de Alcolea del Río que menciona a Aurelius Mannus,
poseedor de leopardos (posessor leopardorum), que se debía dedicar a la importación
de animales salvajes para abastecer las venationes de la Bética; animales que podían
proceder de Marruecos, como refiere Columela cuando dice que llegaban al puerto de
Gades ex vicino Africae, fieras para los espectáculos del anfiteatro 2939.
A finales de la república, la variedad de animales exhibidos en las venationes,
demostraba que el aparato romano había llegado ya hasta los confines del mundo
conocido; y allí pudieron conocer los romanos animales tan exóticos como el cocodrilo
y el hipopótamo del Nilo, o la jirafa que presentó Julio César con motivo de los juegos
venatorios que ofreció en su triunfo del 47 a. C. 2940. Emilio Escauro, hijastro de Sila,
mostró en sus juegos, que organizó como edil, cinco cocodrilos y el primer hipopótamo
que se vio en Roma; además, mostró el gigantesco esqueleto de un dinosaurio, que
había traído de su servicio militar en Oriente, creyendo que se trataba de un monstruo
de la mitología griega 2941. Durante la inauguración del teatro de Marcelo se
masacraron 600 bestias procedentes de África 2942. Y Antornino Pío organizó unos
juegos en los que se vieron elefantes, hienas, tigres, rinocerontes, cocodrilos,
hipopótamos y fieras de todas clases y de todas las partes del mundo. En estos
mismos juegos hizo correr a cien leones acompañados de tigres 2943.
Citemos otra carta e Cassius, esta vez dirigida a Donatius: “…Te escribo desde
Thamugadi, en África, adonde me ha enviado nuestro emperador Trajano para
organizar la captura de varias fieras, ya que nuestros parados, a quienes hay que
distraer para que no armen alborotos, nos cuestan muy caros con toda clase de
animales. Hoy día el pueblo reclama espectáculos cada vez más insólitos. Ya están
2937
Ibídem. Pág. 361.
2938
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 573.
2939
Rodríguez Neila, J. F. y otros. 1999. Opus cit. Pág. 99.
2940
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 573.
2941
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 471.
2942
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 324.
2943
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 104.
506
hartos de las panteras que arrastran carros, de los elefantes que se arrodillan para
escribir en la arena del Circo Máximo el nombre del Emperador con la trompa, y de los
gladiadores que luchan contra leones. […] Marcus, a quien conoces, me contó que
había visto en el Coliseo una escena terrible: el jefe de una academia de gladiadores
azotando a un hombre desnudo para obligarle a separar un oso enorme encadenado a
un uro de Germania. Tres hombres murieron antes de que un cuarto lo consiguiese,
[…]. Considero que estos juegos son muy crueles, pero, sirven, según dicen, para
preservar la paz interior del Imperio. …” 2944.
Cazados en todo el Imperio, los métodos para hacerlo variaban desde el foso
con algún cebo hasta trucos para emborrachar a los mismos: “…se vertían unas
cuantas ánforas de vino en un charco no muy grande de agua y las panteras, al
beberlo, se volvían más mansas que las gatas. …” 2945. Otro método de caza consistía
en acosar y dirigir la pieza hasta un cercado de ramas que se había reforzado con
redes, tal vez fabricadas con lino, ya que sabemos que en el territorio de los zoelas, en
Galicia, se producía lino, que se enviaba a Roma para la fabricación de las redes de
caza 2946. Cuando era necesario capturar algún animal joven, para amaestrarlo, había
que arrancárselo a su madre de las garras; de hacerlo se encargaban cazadores
protegidos con escudos y armados con grandes lanzas que los entregaban a unos
jinetes que los transportaban hasta el barco que los esperaba en algún río cercano o
en el mar; éstos jinetes, perseguidos por la madre enfurecida, se dirigían al galope
hacia el barco; cuando se veían acosados por la fiera , abandonaban una de las crías,
que la madre recogía y se llevaba a su guarida 2947. Cassius nos explica como cazaba
las fieras que le encargó Trajano: “…Nuestros colonos romanos me han ayudado
eficazmente en la captura de todos esos animales. Me prestaron sus redes, ya que yo
no tenía bastantes para cubrir todos los cotos de caza. En efecto, así es como hay que
proceder si se quiere atrapar un gran número de bestias a la vez. Cuando ya están
tendidas las redes, los cazadores montados a caballo empujan a los animales salvajes
hacia la corraliza, con ayuda de perros especialmente amaestrados. Con jabalinas,
piedras y largos palos provistos de un plumero de plumas de color rojo brillante,
protegidos por sus escudos y blandiendo entorchas encendidas, los ojeadores
capturan entonces a los animales que están completamente enloquecidos; después
los encierran en unas grandes jaulas de barrotes. …” 2948. Los toros de Etiopía y
2944
Miquel, P. y otros. 1979. Opus cit. Pág. 61.
2945
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 115.
2946
Blázquez, J. M. 2003 (A). Opus cit. Pág. 144.
2947
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 115.
2948
Citado. Miquel, P. y otros. 1979. Opus cit. Pág. 61.
507
Germania se cazaban por medio de fosos que se excavaban en la tierra y se
ocultaban con ramajes, a los que se les conducía asustándolos con ruido o
acosándolos por especialistas a caballo 2949. Cacerías que, por supuesto, no estaban
exentas de peligro, como continúa Cassius: “…Desde que estoy aquí, ya han muerto o
han sido heridos más de veinte hombres, y hemos tenido que matar a más de cien
fieras, demasiado furiosas para ser encerradas. …” 2950. Con la exhibición de estas
fieras en Roma, el centro del Imperio, se trataba de “…materializar de una u otra
manera la universalidad de la dominación sobre la naturaleza y sobre el mundo
realizada por y en la romanidad. …” 2951.
Cuando había que transportar a los animales hasta el anfiteatro por tierra, se
hacía en carretas tiradas por bueyes y escoltadas por jinetes 2952. Una vez que los
animales llegaban a Roma se les enviaba a los vivaria, que eran grandes espacios
abiertos para los herbívoros y jaulas para las fieras; en Roma se conocen las ruinas de
tres vivaria, una en el Campo de Marte, otra en el anfiteatro castrense del monte Celio,
y, la última, cerca de los acuartelamientos pretorianos del Viminal 2953.
Había un tráfico intenso de variados productos, entre ellos las fieras, desde el
oasis de los garamantas, hoy Fezzan, hasta los puertos de la Tripolitania, desde los
que se enviaban al puerto de Ostia las plumas de avestruz, las pieles de animales
feroces, el oro, las maderas preciosas y las fieras africanas que abastecían los
anfiteatros de todo el imperio 2954. El momento de máximo esplendor de este comercio,
sobre todo de fieras, parece que fue durante el siglo I d. C., justo cuando apareció el
camello, animal ideal para el transporte en el desierto, que fue ampliamente utilizado,
tanto en el comercio como en la agricultura 2955. Animales exóticos que impresionaban
a los romanos; por la correspondencia de Cassius a su amigo Lucius, sabemos de la
impresión que los rinocerontes causaron a Domiciano: “…Te escribo desde Roma,
donde he asistido a los juegos que el emperador Domiciano ha dado en el Coliseo. Allí
he visto luchar a los rinocerontes, y el Emperador se sintió tan entusiasmado que ha
mandado acuñar medallas con la efigie de ese animal. …” 2956.
2949
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 252.
2950
Citado. Miquel, P. y otros. 1979. Opus cit. Pág. 61.
2951
Clavel-Lévêque, M: L’Empire en Jeux. Espace symbolique et Pratique sociale dans le
Monde Romain. Editions du Centre National de la Recherche Scientifique. Paris. 1984. Pág. 82.
2952
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 116.
2953
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 253.
2954
Rostovtzeff, M. 1998 (B). Opus cit. Pág. 659 y 660.
2955
Ibídem. Pág. 661.
2956
Citado. Miquel, P. y otros. 1979. Opus cit. Pág. 60.
508
Espectáculos que podían no ser la meta final de los animales cazados en todas
las provincias imperiales, ya que muchos de ellos daban con sus huesos en los
jardines zoológicos, a los que tan aficionados eran los romanos y, especialmente, los
emperadores y aristócratas. Cassius sigue contándole a su amigo Donatius: “…Por
consiguiente, me he visto obligado a recorrer numerosas regiones de nuestras
provincias de Tingitania y Mauritania, y organizar diversas cacerías para satisfacer los
deseos del Emperador [Trajano], que recibirá así varios centenares de leopardos,
panteras y leones, doscientos búfalos, junto con avestruces y antílopes para sus
jardines. No obstante ya posee más de once mil animales en sus establos y sus custos
vavarii 2957 siempre están muy atareados. …” 2958.
Esta es la lista de las fieras raras y valiosas que abastecían los jardines
zoológicos imperiales de Roma, bajo el mandato de Gordiano III: “…32 elefantes, 10
antas, 10 tigres, 60 leones domesticados, 30 leopardos domesticados, 10 hienas, 6
hipopótamos, 1 rinoceronte, 10 leones-osos (¿), 10 jirafas, 20 onagros, 40 caballos
salvajes y un “sinnúmero” de animales de otras especies, todos los cuales fueron
empleados por el emperador Filipo en las fiestas del milenario, celebradas en el año
248. …” 2959.
Otros animales, en fin, eran domesticados o amaestrados. Dice Plutarco que
estos espectáculos brindaban miles de ejemplos de la inteligencia de los animales y de
su capacidad para ser educados 2960, como los toros salvajes que dejaban que los
jóvenes bailasen sobre su lomo, o que se erguían sobre sus patas traseras, o que
mostraban sus gracias en el agua en competencia con los caballos y se estaban
quietos, cual aurigas, en los carros veloces tirados por dos caballos 2961. Marcial en su
Liber de spectáculis nos habla de las maravillas de la doma, como la de los leones
amaestrados que juegan con liebres 2962.
2957
Guardas de los zoológicos imperiales.
2958
Citado. Miquel, P. y otros. 1979. Opus cit. Pág. 61.
2959
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 578.
2960
Ibídem. Pág. 581.
2961
Ibídem. Pág. 581.
2962
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 325.
509
jóvenes aprenden el uso de las armas con las más variadas fintas, unas veces
contendiendo entre sí con espadas o a puñetazos, otras veces enfrentándose a
animales salvajes. Y se entregan a estas fieras competiciones movidos no por el odio,
sino por el atractivo de un premio. …” 2963. Juegos gladiatorios y cacerías de fieras que
los emperadores ofrecían antes de marchar a la guerra, “…como un rito concebido en
contra de los enemigos, cuya intención era que Némesis 2964 (es decir una cierta
manifestación de la fortuna) se calmase con la sangre ofrecida por los ciudadanos en
aquel tipo de combates. Otros han escrito, lo que yo considero más verosímil, que los
romanos cuando van a la guerra, deben ver luchas, heridas, armas y hombres
desnudos, peleando entre sí, para que no teman en la guerra a los enemigos armados
o se asusten de las heridas o de la sangre. …” 2965. Espectáculo que contaba,
lógicamente, con detractores, como Atenágoras de Atenas, que censuró esos
combates, en los que los paganos encontraban un placer muy especial 2966.
Los caballos no estaban ausentes ni siquiera del anfiteatro, escenario en el que
se desarrollaban los combates de gladiadores. El mundo de los gladiadores queda
fuera de esta obra dedicada al caballo, a excepción de aquellos que combaten
auxiliados por el mismo. Es el caso de los essedarius, “…que combatían desde lo alto
de un carro cuyas vueltas, rodeos y bruscas paradas eran subrayadas por el órgano
hidráulico; aquí, el combatiente no es el único amo de su propia vida: ésta depende
también de una torpeza del esclavo que sujeta las riendas. Los equites, o caballeros,
ricamente ataviados, protegidos por una coraza, unos quijotes y un escudo redondo,
luchaban con lanza; …” 2967. El esedario buscaba no sólo traspasar con su arma al
contrario, sino también destrozar el carro del enemigo 2968. Parece que fue en tiempos
de Claudio cuando Roma recibió con gran éxito a los essedarii, que procedían de Gran
Bretaña y utilizaban carros armados de guadañas 2969. Sabemos que a uno de ellos,
por el que abogaban sus cuatro hijos, le concedió la vara de honor, que lo liberaba del
servicio 2970. Conocemos el nombre de dos esedarios que combatieron en Pompeya
entre los días 12 y 15 de mayo de un año desconocido, por las notas que tomó un
aficionado para dar los resultados de los encuentros: Publius Ostorius, que fue
2963
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 223.
2964
Némesis: Diosa de la venganza, hija de la Noche. “…Personifica el resentimiento sentido
(por los dioses o por los hombres) ante cualquiera que viole el orden natural de las cosas
mediante el quebrantamiento de la ley moral o mediante e exceso de alguna cualidad, como la
riqueza, la felicidad o el orgullo. …”. (March, J. 2002. Opus cit. Pág. 316).
2965
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. Págs. 505 y 506.
2966
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 69.
2967
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 61.
2968
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 358.
2969
Grimal, P. 1993. Opus cit. Pág. 112.
2970
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 334.
510
perdonado; y Scylax de la escuela juliana, que consiguió la victoria 2971. También
conocemos a Hilas, un gladiador que, a veces, luchaba sobre el carro, por el epitafio
que le dedicó su mujer: “…Para los dioses Manes y la eterna memoria de Hilas, que
combatiendo con dos espadas o sobre el carro obtuvo siete victorias y llegó a
entrenador jefe. Su esposa Ermais erigió este monumento a su queridísimo marido…
.” 2972.
Los gladiadores ecuestres se armaban como los soldados de caballería: con
lanza y rodela, con un casco con visera y llevando una clámide sobre sus hombros; y
en sus enfrentamientos, dividían el terreno por la mitad y se atacaban lanzándose al
galope, el uno contra el otro 2973. Según McLynn, también luchaban hombres a
caballos, con cascos sin apertura para los ojos, por lo que debían luchar a ciegas 2974.
Estos profesionales del espectáculo eran capaces de despertar la admiración del
gentío, sobre todo la de las mujeres. Es conocido el caso de Eppia, mujer de un
senador, que desde su infancia había nadado en la opulencia y que un día abandonó a
su marido para seguir a Sergiolo, por el que fue capaz de soportar todas las
humillaciones y de enfrentarse a una vida dura, ya que la escuela a la que pertenecía
esta estrella era la de un lanista ambulante que iba de una provincia a otra, llegando,
incluso, a lugares tan lejanos como el Asia Menor y Egipto 2975. Y es que, con el paso
del tiempo, las mujeres romanas no se parecen en nada a sus abuelas; ahora sólo las
mueve la ansiada opulencia, se burlan de sus maridos y les reclaman el derecho al
adulterio y se encaprichan con lo más bajo de la sociedad, como histriones o
2976
aurigas .
En el circo tenían lugar otros espectáculos. Por ejemplo, para rellenar los
espacios de tiempo entre carrera y carrera, actuaban los desultores, realizando
exhibiciones de acrobacia sobre caballos. En Roma, a las carreras de carros, estaba
invariablemente unida la actuación de los desultores que conducían varios caballos al
galope, saltando de uno a otro o desde un caballo a una cuadriga, e incluso mostraban
su destreza recogiendo objetos depositados sobre la spina 2977. Parece que las
2971
Étienne, R. 1971. Opus cit. Pág. 379.
2972
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Págs. 272 y 273.
2973
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 358.
2974
McLynn, F. 2007. Opus cit. Pág. 21.
2975
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 180.
2976
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 162.
2977
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 188.
511
carreras de jinetes montando las cabalgaduras, presentes en todos los grandes
concursos griegos, dieron paso a estos caballeros revoloteadores, que saltaban de sus
monturas para emprender una carrera a pie 2978. Es Manilio quién nos describe
“…como estos caballistas cabalgaban y se sostenían de pie tan pronto sobre un
caballo como sobre el otro, volaban de uno a otro y ejecutaban cabriolas sobre los
caballos lanzados al galope, esgrimían sus armas en lo alto del caballo o se lanzaban
desde él a tierra, sin detenerlo, para coger el trofeo de la victoria. …” 2979. En los más
famosos ludi Saeculares, los celebrados por Augusto en el 17 a. C., hubo carreras de
desultores que saltaban de un caballo a otro mientras éstos corrían tirando de los
carros. …” 2980. Actuación de estos acróbatas que, al parecer, no eran un simple
entretenimiento para los espectadores, sino que su presencia estaba indisolublemente
unida a las de las carreras de carros, como prueba su presencia en los Juegos
Romanos y en los arcaicos Juegos Seculares 2981. Según Thuillier es Etruria quién
transmite a los romanos esta práctica, ya que los desultores etruscos son conocidos
desde el siglo VI a. C. en Tarquinia y, un poco más tarde, en Chiusi, Capua y
Marzabotto 2982. El premio para el caballero desultor era muy inferior a aquellos que
ganaban los aurigas. Por ejemplo, en los Juegos Seculares severianos, al desultor
vencedor lo premiaban con 6.000 sestercios, mientras que el premio del vencedor de
las cuadrigas era de 24.000 sestercios, lo que suponía cuatro veces más 2983. Su
equipamiento lo constituían unos botines, una túnica, un látigo y un gorro puntiagudo
de fieltro, que se llamaba pileus 2984.
2978
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág.153.
2979
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 521.
2980
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 345.
2981
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 97.
2982
Ibídem. Pág. 98.
2983
Ibídem. Pág. 127.
2984
Ibídem. Pág. 139.
2985
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 127.
512
etruscos practicaban en honor a sus muertos 2986. Decker y Thuillier sostienen que fue
el rey Tarquinio el Antiguo el que organizó los primeros juegos suntuosos que se
celebraron en Roma y para ello hizo venir principalmente de Etruria a los cocheros y a
los caballos 2987. Otros autores piensan, que tanto las vestiduras de los cocheros, como
la forma de conducción o el tipo de carros prueban que las carreras de carros romanos
vienen directamente de Etruria y no de Grecia, a través de Etruria 2988.
Pero Tácito remonta el origen de las carreras romanas de carros a la ciudad
griega de Turios, en el sur de Italia 2989; creencia que parece seguir Lión cuando
declara que en Roma, no se conocían las carreras de carros, sino que los
espectáculos en los que éstos tomaban parte eran luchas en las que aurigas y
guerreros combatían contra los adversarios; pero la Urbe se abrió a las múltiples
influencias de las colonias griegas asentadas en la Magna Grecia, y entre las
numerosas costumbres griegas que arraigaron entre los romanos, debemos mencionar
las carreras de carros 2990.
Pero si es cierto que las carreras en el circo tienen un origen extranjero; Dumézil,
no piensa lo mismo para las carreras de carros propiamente dichas, de las que cree
que germinaron en la misma Roma y lejos de cualquier influencia extranjera 2991.
2986
Fernández, J. Mª (Editor): Vida cotidiana en Roma. Dastin Export. S. L. Las Rozas (Madrid).
2004. Pág. 66.
2987
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 155.
2988
Ibídem. Pág. 153.
2989
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 526.
2990
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 196 y ss.
2991
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 129.
2992
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 127.
2993
Ibídem. Pág. 127.
513
Máximo, reservándose unos lugares especiales para los senadores y los caballeros,
se construyeron palcos sobre andamios de doce metros de altura denominados foros.
…” 2994. Y este mismo autor asegura que los asientos de los senadores se separaron
de los de la plebe en el año 194 a. C. y de ello se encargaron los censores Sex. Aelius
Paetus 2995y C. Cornelius Celthegus, que ordenaron que llevaran a cabo esta
separación los ediles curules 2996; aunque Suetonio afirma que fue Augusto el que
“…reglamentó “la forma hasta entonces promiscua e indisciplinada de contemplar los
espectáculos”, abrumado por la afrenta sufrida por un senador, al que en unos juegos
celebrados en Putéolos nadie había hecho un sitio a causa de la aglomeración de
espectadores. Así, pues, hizo que el senado publicase un decreto en el que se
ordenaba que en cualquier lugar que se celebrase un espectáculo público las primeras
filas de asientos estuviesen reservadas para los senadores. …” 2997. Por desobedecer
dicha orden y sentarse en una de las catorce filas reservadas a los senadores castigó
Augusto a un soldado a levantarse y a abandonar el circo; severidad que estuvo a
punto de costarle cara debido a que se había propagado el rumor de que dicho
soldado “…acababa de ser crucificado y ejecutado, poco le faltó a Augusto para perder
la vida entre el tumulto y la indignación de la multitud de soldados. Le salvó el hecho
de aparecer inesperadamente, vivo e incólume, el soldado que creían muerto. …” 2998.
2994
Citado. Gracia Alonso, F. y Munilla, G. 2004. Opus cit. Pág. 557.
2995
Sexto Elio Peto: Cónsul romano en 198 a. C. Su obra Tripertita incluía las Doce Tablas del
derecho romano (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 144).
2996
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 81.
2997
Ibídem. Pág. 84.
2998
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 128.
514
A medida que pasaba el tiempo, se fueron construyendo las tribunas, primero de
madera, luego de piedra y, finalmente, de mármol; en tiempos de César se construyó
un foso de agua y protecciones para los espectadores 2999. La capacidad del edificio
aumentaba al mismo tiempo que lo hacía la afición de los romanos a la competición;
así si en época de Augusto podía albergar a 150.000 personas, a lo largo del Imperio
su capacidad aumentó hasta los 300.000 asientos 3000. Según Amiano Marcelino, para
la plebe, todo parecía girar alrededor del Circo Máximo que era “…su templo, su
hogar, su asamblea y la esperanza de todos sus deseos. …” 3001.
El circo era un rectángulo curvado en sus extremos; en el centro se levantaba la
spina que dividía el espacio en dos mitades y estaba adornada con obeliscos y
estatuas de divinidades; sobre ésta y en lugar bien visible se colocaban los siete
delfines y el mismo número de huevos que indicaban los vueltas dadas por los carros.
Los delfines que contabilizaban las vueltas del Circo Máximo eran de plata y los había
regalado Agripa con motivo de la victoria naval de Augusto sobre Sexto Pompeyo en
36 a. C 3002. Los huevos estaban vinculados a los Dioscuros y los delfines al dios
Neptuno 3003. Según Pisani Sartorio, en el circo de Majencio, la caída del huevo
indicaba el inicio de la vuelta y la del delfín, su conclusión 3004. En tiempos de la
República la spina debía ser de madera y móvil, para dejar espacio libre a las
exhibiciones de caballería y a las luchas de fieras; cuando se construyeron los
anfiteatros, la spina se hizo permanente 3005.
Los carros salían desde las carceres y la meta la señalaba una línea blanca
frente a la tribuna de honor. Las primeras carceres se construyeron en el 329 a. C., al
oeste de la meta prima, y eran unos simples cobertizos desmontables de madera 3006.
Eran doce y como las facciones, si exceptuamos cuando Domiciano las elevó a seis,
eran cuatro, podían correr tres carros por cada color y entonces la prueba se llamaba
ternae; cuando las facciones eran seis, si corrían dos aurigas por cada una, se
llamaba binae; y cuando cada color corría con un solo carro, se llamaba singulae 3007.
Lógicamente, cuanto mayor era el número de participantes, mayor era el riesgo de
2999
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Págs. 127 y 128.
3000
Ibídem. Pág. 128.
3001
Citado. Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 37.
3002
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 557.
3003
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 116.
3004
VV. AA: El circo en la Hispania romana. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida. 2001.
Pág. 35.
3005
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 248.
3006
Carcopino, J. 1993. Opus cit. Pág. 269.
3007
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 101.
515
sufrir algún percance en la pista, donde las colisiones entre los carros eran frecuentes,
sobre todo si los participantes eran numerosos 3008.
3008
Ibídem. Pág. 107.
3009
Ibídem. Págs. 76 y 77.
3010
Gayo Flaminio (finales del siglo II a. C). Fue un hombre nuevo. Cuando ocupó el cargo de
censor, en el 220 a. C., construyó la vía que llevaba su nombre, la vía Flaminia, que unía Roma
con Rímini; y el circo Flaminio. Murió heroicamente, siendo cónsul, en la emboscada que
Aníbal tendió al ejército romano en la batalla del lago Trasimeno (Hazel, J. 2002. Opus cit.
Págs. 177 y 178).
3011
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 333.
3012
Ibídem. Pág. 334.
3013
Segura Munguía, S. 2005. Opus cit. Pág. 79.
3014
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 244.
3015
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 208.
3016
Segura Munguía, S. 2005. Opus cit. Pág. 75.
3017
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 76.
516
de Varianus, sobre el que después se apoyaría la muralla aureliana, un circo
monumental que dedicó al Sol 3018.
En las proximidades de la ciudad se levantaban otros circos. El circo de los
hermanos Arvales estaba a cinco kilómetros de Roma, por la vía Portuensis; a tres
millas, por la vía Apia, estaba el circo de Majencio, que se erigió en el 309 d. C. y es el
mejor conservado; y en esta misma vía, a diecisiete kilómetros, en la villa de Bovillae
había otro circo 3019. La capacidad de éste último rondaba los 8.000 espectadores y el
de Majencio, los 23.000 3020. El circo de Bovilas, una pequeña ciudad del Lacio,
situada en la vía Apia y a los pies de las colinas albanas, presentaba la particularidad
de que sus cárceres estaban situadas “…en una línea curvada y oblicua a la vez, para
producir una distancia igual desde el punto en el que comenzaba la verdadera carrera.
…” 3021. El de Majencio, formaba parte de una villa imperial construida por el
emperador, conformada, además, por un palacio y un mausoleo dinástico 3022. Medía
520 metros de largo, su espina alcanzaba los 297 metros y la anchura de las cárceres
era de 4,73 metros, y el número de espectadores posibles rondaba los 10.000 3023. El
de este circo es el único palco imperial que se conserva y según parece podía tener
dos funciones: hacia el circo era un palco desde el que el emperador y su séquito
contemplaban el desarrollo de las carreras; y del lado del palacio, constaba de todas
las comodidades que le otorgaba la vecindad al mismo, como una escalera por la que
se descendía a los jardines del mismo o amplios ambientes en los que descansar
entre las competiciones 3024.
Otros circos cercanos a Roma fueron el de Antium, lugar de nacimiento de
Nerón; y el de Lorium, ciudad ligada a Antonino Pío 3025. Ya en época tardía, en
concreto en el siglo V y bajo el reinado de Honorio, se construyó el circo de Rávena,
nueva capital del Imperio; capitalidad que hacía necesaria la presencia de un circo
como lugar de representación del emperador 3026. Se hallaba al este de la ciudad y
junto al palacio imperial 3027.
Pero algunos no necesitaban acudir a los circos públicos para disfrutar de la
emoción de las carreras, ya que sus mansiones urbanas de Roma contaban con sus
3018
Ibídem. Pág. 76.
3019
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 244.
3020
Ibídem. Pág. 250.
3021
Ghul, E. y Koner, W: Los romanos. Su vida y sus costumbres. Edimat Libros. S A. Madrid.
2002. Pág. 167.
3022
VV. AA. 2001. Opus cit. Pág. 27
3023
Ibídem. Pág. 28.
3024
Ibídem. Pág. 37.
3025
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 77.
3026
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 125.
3027
Ibídem. Pág. 125.
517
propios circos. Escuchemos a Olimpiodoro, cuando nos habla de las riquezas de
algunos senadores de finales del siglo V d. C: “…Cada una de las grandes casas de
Roma contenía en su interior todo lo que puede tener una ciudad de relativa
importancia: un hipódromo, foros, templos, fuentes, baños diversos. Una sola casa era
una ciudad… .” 3028.
La afición a las carreras de carros se extendió por todo el Imperio como una
mancha de aceite y fueron muchas las ciudades importantes que desearon emular a
Roma construyendo sus propios circos, a imagen del Circo Máximo romano. El de
Constantinopla se construyó junto al palacio imperial; fue edificado por Septimio
Severo en el 203 d. C. y fue engrandecido y renovado por el emperador
Constantino 3029. Y es que, en las provincias, las élites municipales querían honrar a la
casa imperial y a sus miembros divinizados; y los ludi circenses constituían una
ocasión única para mostrar su lealtad hacia los emperadores, manteniendo el culto
imperial 3030. Estas ciudades celebraron anualmente ludi oficiales a pequeña escala,
organizados por magistrados en fechas fijadas por el calendario oficial, pero también
se celebraban espectáculos libres, que costeaban los evergetas locales 3031.
Otras ciudades importantes, de provincias, construyeron sus circos. Sabemos
que en la Mauritania Tingitana, existieron los de Útica, Cherchell, Sétif, Thisdrus,
Sousse y el de Cartago, que era el más grande de Occidente, detrás del Circo
Máximo, con capacidad para acoger a 60.000 ó 70.000 espectadores a principios del
siglo III d. C. y con un plano próximo al del gran circo de la Urbe 3032.
En la Galias destacan los circos de Lyón, localizado cerca de St. Irénée, pero
que no será excavado debido a la densidad del desarrollo urbano; y el de Vienne, del
que conocemos su obelisco, de 15,50 metros de altura, que se encuentra ahora en la
plaza de la Mairie; éste circo medía alrededor de 450 metros de largo por 101 metros
de ancho 3033.
En Oriente, donde había una larga tradición de agones hípicos y gimnásticos, se
levantaron numerosos circos monumentales que también se construyeron sobre el
3028
Blázquez, J. M. y otros.1978. Opus cit. Pág. 557.
3029
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 122.
3030
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Págs. 116 y 117.
3031
Melchor Gil, E. 1999. Opus cit. Pág. 39.
3032
Thuillier, J. P.. 1996. Opus cit. Pág. 70.
3033
Ibídem. Pág. 71.
518
modelo del Circo Máximo romano. Uno de ellos fue el de Antioquia, considerado el
segundo del Imperio en cuanto a su capacidad, que era de 80.000 espectadores 3034.
Otros circos importantes fueron los de Tyr, el de Cesarea de Palestina y el de Gerasa;
y, por supuesto, el de Alejandría, que conocemos, sobretodo, por las referencias
bibliográficas 3035.
Ya en la antigüedad tardía se hace necesario que mencionemos numerosos
circos, construidos en esta época y en diversas regiones, como los de Constantinopla,
Nicomedia (Bitinia), construido por Diocleciano, Trêves, Sirmiun, Milán, Aquileya,
Tesalónica y Rávena 3036.
En España, que estuvo siempre muy interesada en las carreras hípicas y que era
una gran criadora de caballos, destacan circos como el de Mérida 3037, que se
construyó en la periferia de la colonia, cerca de la calzada que unía Emerita Augusta
con Corduba, la capital de la Bética. Fue modelado a imagen del circo Máximo
romano 3038. Su capacidad pudo rondar los 30.000 espectadores 3039 y se construyó,
probablemente, durante el reinado de Tiberio 3040. La importancia del circo emeritense
radica en su buen estado de conservación y en su temprana datación, motivo por el
que ofrece una imagen completa sobre la arquitectura circense dentro de las
provincias occidentales del Imperio 3041. Parece que se construyó entre los años 20 y
60 de nuestra era, siendo las carceres las estructuras más antiguas del complejo;
3034
Ibídem. Pág. 72.
3035
Ibídem. Pág. 72.
3036
Ibídem. Pág. 74.
3037
“...En un pasaje de Dión Casio en el que se relatan las campañas de 26 y 25 a. C. se
cuenta cómo al final de esas guerras [contra cántabros y astures], Augusto licenció a sus
soldados más veteranos y fundó para ellos una ciudad llamada Augusta Emerita.
Inmediatamente antes de hacer este comentario, Dión alude a las actividades de Carisio y esta
circunstancia, añadida al hecho de que las primeras monedas procedentes de Emerita fueran
acuñadas por Carisio, ha llevado a la conclusión de que la ciudad fue fundada originalmente
por éste. Pese a los argumentos recientemente aludidos en defensa de un asentamiento
anterior en este mismo sitio, que dataría de tiempos de César, no cabe duda de que la
fundación más importante tuvo lugar en esta época. El propio nombre de Emerita evoca la
palabra latina emeritus, que designaba al soldado veterano, y vendría a confirmar así la versión
de Dión. …” (Richardson, J. S: Hispania y los romanos. Ed. Crítica. Barcelona. 1988. Págs. 125
y 126.).
3038
Plácido, D: Las provincias hispanas durante el Alto Imperio romano. Ed. Istmo. Tres Cantos
(Madrid). 2008. Pág. 117.
3039
Gorges, J-G. y Nogales Barrasate, T. (Coordinadores): Sociedad y Cultura en la Lusitania
Romana. IV Mesa Redonda Internacional. Ed. Junta de Extremadura. Badajoz. 2000. Pág. 186.
3040
Ibídem. Pág. 188.
3041
VV. AA. 2001. Opus cit. Pág. 75.
519
datación lógica, ya que éstas eran elementos imprescindibles para el desarrollo de las
carreras; como lo era el graderío que se levantó en primer lugar, entre la mitad de la
barrera y la meta secunda, y que permitía un óptimo seguimiento de las pruebas 3042.
Con sus pistas utilizables, pero con sus graderíos inacabados, Sánchez-Palencia y
otros le han atribuido al mismo un carácter económico que supera al puramente lúdico,
explicándolo así: “...Se podría pensar en su utilización como pista de entrenamientos
para unos caballos y aurigas lusitanos que, como es bien sabido, serían afamados en
la metrópolis romana, lo que implicaría no sólo fama, sino importantes ingresos para
Augusta Emerita. De ahí que no sea nada descabellado pensar que se utilizara el
Circo de Mérida para entrenar los caballos más importantes en las carreras, los
funales, que eran los que se colocaban a la izquierda y ejercían de guías. ...” 3043. Este
circo fue restaurado entre el 9 de septiembre del año 337 y marzo-abril del 340 d. C.,
restauración que fue ordenada por el comes hispaniarum Tiberio Flavo Leto y llevada
a cabo por el gobernador de Lusitania, Julio Saturnino, cuando el circo se hallaba
arruinado por su vejez, por lo que se tuvo que construir un nuevo euripus y reparar la
fachada exterior, “…cuya restauración, según la inscripción, llenó de alegría a los
habitantes de la colonia; finalmente, sobre la nueva fachada también se erigió una
galería porticada. …” 3044.
No podemos dejar de hacer mención a algunos de los aurigas que condujeron
las cuadrigas en la arena emeritense. En la basílica paleocristiana de Casa Herrera se
halló una lauda sepulcral de Sabinianus, un cristiano que a los 46 años fue enterrado
allí. Si bien la época puede parecernos tardía, la misma no debe sorprendernos ya que
el circo emeritense parece que permaneció en uso durante todo el siglo IV, como
acredita la importante restauración que se llevó a cabo entre los años 337 y 340 d.
C 3045. El caso del supuesto cristianismo de Sabiniano podríamos enmarcarlo dentro de
la corriente, fijada en torno a mediados del siglo III, por la que algunos de los
profesionales de los juegos se acercaron al cristianismo, pasando a engrosar las filas
de esta religión 3046. Y es que un auriga podía tener serias razones para, debido a la
peligrosidad de su profesión, asegurarse mediante la religión cristiana la salvación de
su alma, en caso de un fortuito accidente mortal 3047. Este parece ser el caso del auriga
3042
Ibídem. Pág. 93.
3043
Ibídem. Pág. 93.
3044
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 125.
3045
Gorges, J-G. y Nogales Barrasate, T. (Coordinadores). 2000. Opus cit. Pág. 189.
3046
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 304.
3047
Ibídem. Pág. 304.
520
de Gaza al que convirtió Hilarión 3048, que “…sufría una parálisis a causa de una caída
del carro. Hilarión le prometió la curación a cambio de su conversión y de su renuncia
a su oficio, a lo que accedió el corredor, consiguiendo de este modo –según Jerónimo-
la salud del cuerpo y del alma. …” 3049. Y el auriga tuvo que renunciar a su oficio
porque, allá por el siglo III, la Traditio apostolica, atribuida a Hipólito 3050 de Roma,
vetaba a actores, aurigas, gladiadores y venatores la posibilidad de convertirse al
cristianismo si antes no renunciaban a su profesión 3051. Claro que no sabemos el
alcance de esta prohibición, que parecía no ser taxativa, como demuestra el caso del
emeritense Sabiniano o el de Acacio, que fue enterrado en las catacumbas romanas
de San Calixto; por su inscripción funeraria sabemos que éste era originario de
Capadocia, que era auriga y que era cristiano, como atestigua la inconfundible
expresión cristiana “descanse en paz”, con la que se remata la inscripción 3052.
3048
Hilarión (c. 291-371 d. C). Eremita cristiano procedente de Gaza (Palestina). Permaneció
en el desierto la mayor parte de su vida, viviendo frugalmente y ayudando a los demás. (Hazel,
J. 2002. Opus cit. Pág. 207).
3049
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Págs. 304 y 305.
3050
Hipólito (c. 179-236 d. C). Escritor cristiano y obispo de Portus (Ostia), que escribió contra
las herejías (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 208).
3051
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 307.
3052
Ibídem. Págs. 309 y 310.
521
No sabemos si otros aurigas cuyos nombres aparecen en los mosaicos
emeritenses, como Paulus y Marcianus, tuvieron relación con la colonia; pero el que sí
pudo estar relacionado con la misma, por su origen lusitano, fue Gaius Apuleius
Diocles, cuya existencia conocemos “…merced a dos epígrafes, uno de ellos,
lamentablemente perdido, hallado en pleno Renacimiento en Roma, en las
inmediaciones del Circus Caii et Neronis, el llamado Circo de Calígula, y que formaría
parte de un posible monumento levantado en honor de tan célebre agitator por su
legión de admiradores. Por los datos, bien exhaustivos que se ofrecen de su vida y sus
hazañas, llegamos a saber que Gaius Apuleius Diocles, agitator facciones russatae,
era natione hispanus Lusitanus y que, a los cuarenta y dos años, se retiró a la dulce
Praeneste, según relata otro epígrafe referente al personaje, donde sus hijos,
Nymphidianus y Nymphidia, ofrendaron en su nombre un voto a la Fortuna Primigenia,
señora del lugar. …” 3053. Desconocemos el lugar exacto del nacimiento de Diocles,
pero sí parece claro que emigró a Roma y que, con dieciocho años y en pleno reinado
de Adriano, comenzó la carrera de esta estrella que, representando a todas las
facciones, llegó a vencer en más de 1.400 carreras, consiguiendo una fortuna de
35.863.120 sestercios 3054. Detengámonos en la relación exacta que hace de sus éxitos
A. García y Bellido: “…C. Apuleius Diocles, agitador del bando rojo, de nación
española, de la Lusitania, con cuarenta y dos años, siete meses y veintitrés días.
Comenzó corriendo en la facción alba siendo cónsules Acilius Aviola y Cornelius
Pansa. Su primera victoria la tuvo corriendo por el bando blanco, siendo cónsules M.
Acilius Glabrio y C. Bellicius Torquatus. Comenzó a correr en la facción verde, siendo
cónsules por segunda vez Torquatus Asprenas y Annius Libo. Venció por vez primera
corriendo por el bando rojo, en el consulado de Laenas Pontianus y Antonius Rufinus.
Resumiendo: condujo cuadrigas durante veinticuatro años, corriendo 4.257 veces,
venciendo 1.462 veces y de ellas 110 en carreras de honor celebradas a comienzos
de la fiesta. En carreras de un solo carro por cada uno de los cuatro bandos, venció
1.064 veces; de ellas 92 veces en certámenes en los que se disputaban premios en
dinero. Estas últimas se distribuyeron así: 32 victorias en las que el premio era de
30.000 sestercios; de ellas, tres con carros tirados por seis caballos; 29 victorias en las
que el premio consistió en 50.000 sestercios; de ellas, una con carros tirados por siete
caballos; tres victorias con premio de 60.000 sestercios. En carreras que por cada
facción corrían dos carros, venció 387 veces; cuatro de ellas ganando un premio de
15.000 sestercios y corriendo con carros de tres caballos. En carreras en las que cada
3053
Gorges, J-G. y Nogales Barrasate, T. (Coordinadores). 2000. Opus cit. Págs. 189 y 190.
3054
Ibídem. Pág. 190.
522
bando corría con tres carros triunfó 51 veces; tercero, 576 veces; cuarto, una sola vez,
y con premio de 1.000 sestercios, y no se clasificó 1.351 veces. Con el bando azul
venció 10 veces; con el blanco, 91, de ellas dos con sendos premios de 30.000
sestercios. …” 3055. Volveremos a hablar de esta estrella, para recoger las hazañas que
cuentan otros autores.
Otra ciudad que debió contar con circo monumental fue Córdoba, pero esta
aseveración se fundamenta más en su estatus de capital provincial que en las escasas
evidencias arqueológicas con las que contamos 3056. Una de estas evidencias es la
inscripción en la que se constata que I. Lunius Paulinus, flamen de la provincia, flamen
perpetuo y duoviro de la colonia, ofrece al pueblo juegos gladiatorios y escénicos y
dedica estatuas con juegos circenses 3057. No obstante y según los últimos trabajos
arqueológicos se ha llegado a la conclusión de que en la ciudad de Córdoba existieron
dos circos, uno en la parte oriental de la ciudad y otro en la occidental. En opinión de
J. F. Murillo y otros, las excavaciones cordobesas, “...permiten pasar del terreno de la
hipótesis al de la tesis y plantear, ya sobre evidencias arqueológicas contrastables, la
existencia del circo oriental de Colonia Patricia, al tiempo que proporciona valiosos
datos para su contextualización urbanística y para la reconstrucción de su significado
histórico. ...” 3058. Circo que, en el último cuarto del siglo II, pareció desmantelarse hasta
la base de los cimientos a raíz de la construcción de otro circo en la zona oeste de la
ciudad 3059.
Toledo también tuvo su circo, que se encontraba al norte del recinto histórico de
la ciudad. Presenta, como todos los circos romanos un graderío, las casillas de salida
de los caballos y una arena donde trascurrían las carreras; ocupando “...un total de
40.800 m², con 423,10 x 100,80 m. como dimensiones máximas de los ejes mayor y
menor respectivamente. ...” 3060. Al igual que el de Mérida, disponía de doce casillas de
salida para los carros, seis de las cuales se situaban a un lado de la puerta de entrada
y las otras seis al otro 3061. Existen más similitudes con el circo de Augusta Emerita, ya
que también se construyó a lo largo del siglo I d. C. (entre los años 50 y 80, sólo un
poco más tarde que el de Mérida) y pervivió, como el emeritense, hasta finales del
3055
Citado. Montenegro Duque, A. y otros. 1986. Opus cit. Pág. 441.
3056
VV. AA. 2001. Opus cit. Pág. 57.
3057
Ibídem. Pág. 57.
3058
Ibídem. Pág. 65.
3059
Ibídem. Pág. 57.
3060
Ibídem. Pág. 101.
3061
Ibídem. Pág. 101.
523
siglo IV o comienzos del V, es decir, hasta que se desintegró el Imperio Romano de
Occidente 3062.
El circo de Tarraco (Tarragona) se construyó durante la dinastía flavia, en la
parte superior de la colina tarraconense delimitada por las antiguas murallas
republicanas 3063. Murallas que condicionaron las dimensiones del edifico, que eran
reducidas; medía 325 m. de largo por entre 100 y 115 metros de ancho, siendo las
dimensiones de la pista de 290 m de largo por 67 m de anchura 3064. Las carceres de
este circo son la única zona del mismo que se mantiene inexplorada, porque se
encuentran, justo, bajo el ayuntamiento de la ciudad actual 3065.
Sagunto también tuvo su circo. Medía 354 m de largo por 73 de ancho, con su
eje longitudinal en sentido este-oeste, y con su cabecera hacia el levante y las
carceres hacia el poniente 3066. Su construcción se puede situar en un segundo
momento de construcción de este tipo de edificios en Hispania, hacia finales de la
segunda mitad del siglo II d. C., cuando los circos de Emerita y de Toletum ya estaban
construidos 3067. Las tribunas de este circo, al igual que las de los circos Máximo y de
Magencio, en Roma, están conectadas con la arena mediante unas escaleras,
conexión que permitiría al vencedor de la carrera acceder a la tribuna o al promotor de
los juegos acceder a la arena, para coronar al auriga vencedor 3068.
En la misma fecha que el de Sagunto se construyó el de Valencia y, después, a
partir del siglo II y durante el III, se construyeron los de otras ciudades de la Península
Ibérica, como Itálica, Calahorra o Santiago do Cacem 3069. Momento en el que se
construyeron los de otras ciudades importantes del Imperio, como el de Arles
(Francia), o los de Cartago y Leptis Magna (ambas ciudades en el Norte de África) 3070.
El de Valencia medía 350 m de longitud por 70 de anchura 3071; teniendo un orientación
norte-sur (carceres al norte y cabecera al sur), la más común en este tipo de edificios a
lo largo de todo el Imperio 3072. Parece que se abandonó a finales del siglo V o
principios del VI 3073, como hemos visto que sucedió con otros circos de nuestras
provincias hispanas.
3062
Ibídem. Pág. 110.
3063
Ibídem. Pág. 141.
3064
Ibídem. Pág. 143.
3065
Ibídem. Pág. 143.
3066
Ibídem. Pág. 157.
3067
Ibídem. Pág. 170.
3068
Ibídem. Pág. 166.
3069
Ibídem. Pág. 171.
3070
Ibídem. Pág. 171.
3071
Ibídem. Pág. 178.
3072
Ibídem. Pág. 193.
3073
Ibídem. Pág. 194.
524
Para las provincias hispanas es, pues, necesario reseñar que todos los edificios
de espectáculos se construyeron entre los siglos I y III de nuestra era; a partir de cuyo
momento no sólo no se construye ninguno nuevo sino que la mayoría de los existentes
cae en ruinas 3074. La única excepción parece constituirla Emerita Augusta, cuyos
edificios de espectáculos fueron reparados, como sabemos, en el siglo IV y tal vez en
el V 3075.
3074
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 166.
3075
Ibídem. Pág. 166.
3076
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág.19.
3077
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 226.
3078
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 116.
3079
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Págs. 354 y 355.
3080
Marco Cornelio Frontón (c. 100- c. 170 d. C). Nacido en Cirta (Numidia) acudió a Roma
para estudiar retórica. Orador y profesor, fue nombrado por Antonino Pío tutor de Marco Aurelio
y de Lucio Vero, permaneciendo cerca de la familia imperial hasta su muerte. Era contrario a
los estoicos y a los cristianos; a estos últimos los acusó de cometer incestos y asesinatos
rituales (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 180 y 181).
525
romano por dos cosas, la annona y los espectáculos; se juzga el Imperio por sus
festejos tanto como por sus asuntos serios […] Los congiaria se piden en tono menos
amenazador que los espectáculos, porque los congiaria benefician a quienes figuran
en la lista del trigo mientras que los espectáculos los disfruta todo el pueblo. …” 3081.
Para la plebe romana el circo lo era todo, y “…pasan el tiempo hablando de las
hazañas de los aurigas; y, cuando es día de espectáculo, con las primeras luces del
alba, se precipitan en masa al Circo, más rápidos que los carros que aguardan la
competición. …” 3082. Que los espectáculos tranquilizaban al pueblo lo sabía muy bien
Aureliano, como se desprende de la carta que les envió, después de pacificar todas
las regiones del mundo y los pueblos que la habitan y tras haber acabado con el
usurpador Firmo: “…Yo conseguiré que no exista ninguna preocupación en Roma.
Entregaos a los juegos, entregaos a las competiciones del circo, que a nosotros nos
mantengan ocupados las necesidades públicas; que a vosotros, en cambio, os tengan
adsorbidos las diversiones. …” 3083. Así, con el paso del tiempo, los juegos fueron
perdiendo el carácter sagrado con el que habían comenzado para terminar siendo un
simple entretenimiento 3084 y perdiendo, además, su carácter de rito de expiación
destinado a restablecer la paz con los dioses irritados contra Roma o contra toda la
humanidad 3085.
El palco imperial circense era utilizado por el mandatario para comunicarse con
el pueblo. Con las aclamaciones se negaba cualquier tensión entre el emperador y su
pueblo; y eso era lo que aquel buscaba, que el pueblo lo aclamara, para
proporcionarle una medida de conformidad con su forma de gobernar 3086. Ir a ver al
emperador al circo era como visitar al patrón y aguardar regalos para, también,
sentirse sobrecogido por la experiencia sensorial, realidad compartida que unificaba a
la multitud 3087. Para ser aclamados por la plebe era por lo que todos los emperadores,
incluido Augusto, mantuvieron esa masa de 200.000 hombres, pensionistas
privilegiados del Estado, que estaban obligados a acoger con entusiasmo todas las
apariciones públicas del Emperador, cuando celebraba triunfos o presidía juegos 3088.
Importante misión de la plebe, recibir con entusiasmo al mandatario; e importante
sagrado derecho del proletariado romano, ser alimentados y divertidos por el Estado;
3081
Citado. Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 17.
3082
Giardina, A. y otros. 1991. Opus cit. Pág. 18.
3083
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 700.
3084
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 139.
3085
Decker, W. et Thuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 179.
3086
Toner, J. 2012. Opus cit. Pág. 226.
3087
Ibídem. Pág. 225.
3088
Rostovtseff, M. 1998 (A). Opus cit. Pág. 187.
526
privilegio que ningún príncipe se atrevió a sustraer, limitándose a reducir y fijar el
número de beneficiarios de esa distribución de trigo gratuita, y a fijar el número de días
en los que los romanos tenían derecho a disfrutar de juegos 3089.
Pero, a veces, el pueblo se distraía con algún componente del séquito imperial y
dejaba de ovacionar al emperador; este fue el caso del desgraciado Ptolomeo 3090, al
que Calígula hizo venir de su reino, acogiéndolo con grandes honores, pero “…decidió
de súbito hacerlo asesinar por la única razón de haber observado, durante unos
juegos que él ofrecía que, al entrar Ptolomeo en el circo, había atraído sobre él las
miradas de los espectadores debido al fulgor de su manto de púrpura. …” 3091. Mejor
suerte que el rey oriental tuvo Porio, un esedario, que fue aclamado por el pueblo por
manumitir, tras una victoria, a uno de sus esclavos; Calígula “…fuera de sí de cólera y
gritando que el pueblo dueño del universo tributaba por una fruslería más honores a un
gladiador que a los príncipes divinizados o que a él mismo aún estando allí presente;
abandonó con tal furia y precipitación el graderío que, pisándose el borde de la toga,
cayó rodando por las gradas. …” 3092.
Conocemos la anécdota de Alejandro Severo (222-235 d. C.), al que el pueblo le
pidió una reducción de precios, y al que el emperador le concedió el suministro de
buey y cerdo que había pedido al emperador a través de su heraldo 3093. También
podían repartirse dádivas para la plebe, como cenas para todos los asistentes
sufragadas por el emperador; en otras ocasiones se repartían monedas entre la
multitud, que daban derecho a diversos tipos de regalos, así, sabemos que Nerón (54-
68) repartió de este modo numerosos regalos, como pájaros, comestibles, trajes,
joyas, esclavos, ganado, animales amaestrados y, hasta, barcos, bloques enteros de
viviendas y parcelas de tierra. Heliogábalo (218-222) distribuyó metales preciosos,
comida, trajes, y ganado de distintas especies 3094. Nerón ya había aprendido de su
astuta madre cuan beneficioso era ganarse a las masas en el circo; en efecto Agripina
había ofrecido un espectáculo circense en el que todos los asistentes recibieron un
donativo, presentando a Nerón, cuando había cumplido los catorce años, y al parecer
de su madre, con capacidad para llevar los asuntos del Estado, ataviado con una
3089
Ibídem. Pág. 187.
3090
Rey de Mauritania (reinó 23-40 d. C) Hijo de Juba II y de Cleopatra Selene, por la que
descendía de los Ptolomeos egipcios. “…Ptolomeo prestó ayuda a los romanos en su guerra
contra Tacfarinas, por lo cual fue recompensado por éstos con el título de “aliado y amigo del
pueblo romano”, y con un cetro y un manto que mostró en sus monedas. Ptolomeo fue
convocado a Roma por su primo, el emperador Calígula, que lo ejecutó y se apoderó de su
reino. …” (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 351).
3091
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 292 y 293.
3092
Ibídem. Pág. 293.
3093
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 16.
3094
Ibídem. Pág. 18.
527
túnica triunfal, mientras que Británico, el hijo de Claudio, vistió simplemente la toga
pretexta, por lo que el porvenir del desgraciado Británico “...quedó prefijado aquel día.
Un brazo irresistible había puesto a Nerón en el camino de la fortuna. ...” 3095.
Pero no todos los emperadores ofrecían donativos al pueblo. A su regreso del
Este no se tiene constancia de que Adriano repartiera donativos a la plebe ni liberara a
un auriga esclavo, cuando asistió a una carrera de carros; según Dión: “…tras haber
regresado de Roma, la multitud presente en un espectáculo expuso a gritos su petición
de conceder la emancipación a cierto auriga. Adriano les respondió con una
declaración escrita: “No tenéis derecho a pedirme que libere a otro esclavo ni a obligar
a su dueño a hacerlo”. …” 3096.
A medida que avanzaba el tiempo y las instituciones de representación popular
se iban esfumando, el circo era el termómetro que medía la popularidad del emperador
y el único foro en el que el pueblo podía manifestar su opinión sobre la cosa
pública 3097. Pero antes, en la República, y según Cicerón, los espectáculos servían,
además de las asambleas y los comicios, para que el pueblo expresara su voluntad;
voluntad más auténtica, porque es más espontánea y menos manipulada 3098. Esto se
hizo más evidente en la romanidad tardía, cuando la imagen del emperador se aleja de
los súbditos y se envuelve en un halo de misterio, según el consejo de Sinesio: “…a fin
de que los hombres no vean que sois hombres como ellos. …” 3099. A partir de ahora el
emperador se muestra ante el público en contadas ocasiones, y lo hace en el circo,
que es la verdadera asamblea popular en la que se aprueba o rechaza la política del
emperador o la de las autoridades 3100. Estos espectáculos de masa propician el
diálogo permanente entre el pueblo, que es el depositario de los derechos políticos y el
emperador, que es la persona en la que el pueblo ha depositado esos derechos; ésta
es la razón por la que los ciudadanos exigen al emperador que proporcione juegos y,
además, que esté presente en ellos y participe 3101. Tan cercana parecía la relación
entre el emperador y el pueblo que una vez, Augusto, llamó la atención a un hombre
que comía en las gradas del circo, diciéndole que él se habría ido a casa, a lo que el
ciudadano le respondió: “…Sí, pero tú no te expones a perder el sitio. … ” 3102.
3095
Vandenberg, P: Nerón. El emperador artista. Ed. B. S. A. Barcelona. 2005. Pág. 11.
3096
Citado. Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 356.
3097
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 126.
3098
Teja, R. 1996. Opus cit. Págs. 11y 12.
3099
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág.126.
3100
Ibídem. Pág. 126.
3101
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 14.
3102
Citado. Fernández, J. Mª (Editor). 2004. Opus cit. Pág. 72.
528
Durante los juegos se llevaba a cabo una dramatización de la jerarquía y de los
valores morales de la sociedad, al mismo tiempo que se ofrecía al pueblo un cuadro
de las virtudes, por supuesto de la élite, que a los subordinados a ella les convendría
copiar 3103. En otras ocasiones el pueblo se servía de las gradas circenses para mostrar
su apoyo a algún pretendiente al trono, como ocurrió en 139 d. C. cuando la plebe
mostró su favor a Pescenio Nigro 3104, o para deshacerse de gobernantes odiosos,
como Ofonio Tigelino, mostrando su descontento en el circo, hasta que Tigelino recibió
la noticia de que se iba a acabar con él mientras estaba en el balneario de Sinuesa,
donde se cortó el cuello con una navaja 3105. En el derrocamiento de Cómodo, una
sedición en el circo sirvió como augurio de la llegada de Pertinax, que “…estaba
todavía en Britania (hacia el 186) después de la gran revuelta que él había apaciguado
y donde se mostró digno de los elogios de todos, cuando un caballo, llamado Pertinax,
alcanzó la victoria en Roma. Este caballo pertenecía a los Verdes y era muy querido
por Cómodo. Los de esta facción lanzaban grandes gritos diciendo: ´¡He aquí
Pertinax!` Los de la facción rival, que estaban irritados contra Cómodo, replicaban a
estas voces, en las que ellos veían no al caballo, sino al personaje:´¡Quieran los
dioses que sea él!´ Tiempo después, Cómodo mandó traer este caballo, que ya no
participaba en las carreras del circo por su vejez y que era mantenido en el campo, y
le hizo pasear por el circo con las pezuñas de los pies pintadas de oro y una guadralpa
hecha con piel e hilos de oro. Los espectadores, al verlo aparecer, comenzaron a gritar
todos a una: ´¡He aquí Partinax!´. Estas palabras, por sí solas, eran una especie de
predicción, pues fueron pronunciadas en los últimos juegos celebrados en el circo (192
d. C.) y el poder pasó inmediatamente después a Pertinax. …” 3106.
La gradas circenses eran, además, un escenario adecuado para entablar
relación con alguna doncella, en donde las competiciones de los nobles corceles, con
su numeroso público, ofrece ocasiones múltiples 3107. La mejor forma de entablar
conversación con ella es preguntarle por el propietario de los caballos que llegan y
mostrar interés por el que a ella le interesa 3108.
La conversación sobre las carreras eran un medio socorrido para crear un buen
ambiente que facilitara la relación entre hombres y evitara problemas y rivalidades; así
nos los demuestra Marcial cuando describe un banquete al que invita a sus amigos:
“…Se sumarán bromas sin hiel y una franqueza que no ha de ser temida a la mañana
3103
Toner, J. 2012. Opus cit. Pág. 225.
3104
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 19.
3105
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Pág. 88.
3106
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 54.
3107
Ovidio. 2000. Opus cit. Pág. 18.
3108
Ibídem. Pág. 20.
529
siguiente y ni una palabra que quisieras haber callado: que mis invitados hablen de los
verdes y los azules y mis copas no convertirán en acusado a nadie. …” 3109.
Con todo llegó un momento en que los juegos dejaron de ser, en Roma, una
gracia del gobierno para convertirse en un derecho del pueblo; así entre la herencia
que asumía cada emperador se encontraba la obligación de no privarlos de ese
derecho; razón por la que, en cuanto al esplendor y la grandiosidad de estas fiestas,
rivalizan por igual los emperadores buenos y los malos 3110. Augusto sobresalió por el
esplendor de sus espectáculos; el tacaño Vespasiano no escatimaba el dinero cuando
de organizar espectáculos públicos se trataba; Tito superó a su padre; Trajano fue,
con seguridad, el emperador que más se preocupó de la ración de espectáculos de los
romanos; y Tiberio, por el contrario, demostró su desprecio hacia la plebe negándose
a ofrecerle espectáculos 3111.
Entre las fiestas religiosas que se celebraban en Roma y en las que los caballos
tenían un especial protagonismo podemos citar la de la conmemoración de la
dedicación del templo de los Dióscuros, Cástor y Pólux (27 de enero), templo que se
levantó en agradecimiento a los hermanos que lucharon de parte de los romanos,
cuando éstos hubieron de enfrentarse a los latinos, en la batalla del lago Regilo 3112. El
carácter religioso de los espectáculos nos lo confirman las leyes de Urso (Osuna,
Sevilla), una colonia que se fundó con plebe romana a raíz del asesinato de César,
que ordena a las altas magistraturas de la colonia que ofrezcan espectáculos de circo,
entre ellos unos en honor de la triada capitolina, Júpiter, Juno y Minerva; a los que, en
este caso, se añade Venus porque César, según la tradición, era descendiente de
ella 3113.
El 27 de febrero tenían lugar los Equirra, una fiesta en honor de Marte, que
remontaba sus orígenes hasta Rómulo y que consistían en la celebración de carreras
de caballos y carros en los alrededores del Campo de Marte 3114; la festividad se
desarrollaba a lo largo de dos días consecutivos y tenía como finalidad la purificación
ritual de los caballos dedicados a la guerra 3115. El 14 de marzo se celebraba la
3109
Citado. García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág.
3110
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 498.
3111
Ibídem. Pág. 499.
3112
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 147.
3113
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 67.
3114
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 149.
3115
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 139.
530
segunda parte de los Equirra, en la que tenían un papel preponderante las carreras de
caballos y el 19 de marzo tenían lugar los Quinquatrus, en honor de la diosa Minerva,
con la celebración de juegos circenses 3116. Si, como veremos más adelante, el October
Equus estaba relacionado con el fin de las campañas militares, los Equirra, se
relacionaban con el comienzo de estas campañas, con la preparación de las mismas y
con el entrenamiento de los caballos después del descanso invernal 3117.
Durante los Megalenses (4 de abril) se celebraba la llegada de la diosa Cibeles a
Roma en 204 a. C. con representaciones teatrales a las que pronto se sumaron las
carreras en el circo Máximo; un puesto de privilegio tenían las carreras, también, en
los Cerialia (19 de abril), a cuya celebración se asociaron los Ludi Ceriales, en honor
de la diosa Ceres, con siete días de duración; el 25 de abril tenían lugar los Robigalia,
una fiesta en honor de la diosa Robigo que tenía como finalidad evitar el tizón en los
cereales y en las que a las carreras de carros se añadieron representaciones teatrales
y combates de gladiadores 3118.
El 26 de junio se celebraban los Ludi Taurei quinquenales en el circo Flaminio,
cada cinco años, dedicados a los dioses del infierno y con la finalidad de proteger a las
embarazadas 3119; del 6 al 13 de julio tenían lugar los juegos Apollinares, en honor de
Apolo, que correspondían a los juegos píticos griegos y que al principio tuvieron un
carácter extraordinario para después pasar a ser anuales 3120. El 15 de julio se
celebraban el Transvectio equitum, un desfile de caballos que conmemoraba la victoria
de los romanos en la batalla del lago Regilo 3121; probablemente en julio tenían lugar
también los juegos Capitolinos, que creó Camilo para conmemorar la salvación del
Capitolio del ataque de los galos (389 a. C.); eran de carácter anual y estaban
dedicados a Júpiter 3122; el 21 de agosto toda Roma asistía a los Consualia, una
celebración en honor del dios Conso, que tenía un altar subterráneo en el circo
Máximo y un destacado papel en las carreras de carros y caballos 3123. Esta fiesta se
volvía a celebrar el 15 de diciembre; la primera parte se ofrecía a Conso como dios de
la siembra y la de diciembre, como dios del grano almacenado 3124. Este altar estaba
situado en el sureste de la spina, cerca de las primae metae y permanecía cerrado
todo el año, hasta que, llegada su fiesta, se abría para la realización de los
3116
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Págs. 151 y ss.
3117
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 246.
3118
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Págs. 153 y ss.
3119
Ibídem. Pág. 161.
3120
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 91.
3121
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 162.
3122
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Págs. 91 y 92.
3123
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Págs. 161 y ss.
3124
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 110.
531
sacrificios 3125. Estas carreras estaban fuertemente ligadas a la actividad agrícola, ya
que “…despertaban a los dioses subterráneos que favorecían la vegetación o
aprisionaban su energía. Los juegos, las carreras de los caballos, el esfuerzo de los
aurigas, constituyen un despliegue de fuerzas, de energía vital que, como el sacrificio,
nutre y vigoriza a los dioses de la vegetación. O mejor, constituyen un rito de
transformación regeneradora y de fecundidad cuyo efecto es volver a dar vigor a las
fuerzas de la naturaleza o de la tierra. …” 3126. Eran imitados de Grecia, los instauró
Rómulo para celebrar el rapto de las sabinas y se celebraron primero en el Campo de
Marte 3127. Durante estas fiestas el ganado, sobre todo caballos y mulas, eran
adornados con coronas de flores 3128.
El 4 de septiembre tenían lugar los Ludi Magni o Ludi Romani, los más costosos
de todos los que se celebraban en Roma; el desfile con el que comenzaban los juegos
“…partía del Capitolio y llegaba hasta el circo atravesando el Foro e iba encabezado
por jóvenes pertenecientes al orden ecuestre, a los que seguían las cuadrigas, bigas y
caballos que iban a participar en las carreras; tras ellos atletas de todo tipo con el torso
descubierto, bailarines con túnicas rojas y cinturón de bronce. Una vez concluido el
desfile se realizaba un sacrificio en presencia de los cónsules y se daba comienzo a
los juegos. …” 3129. Según Tito Livio los instauró el rey Tarquinio Prisco, en honor de la
tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) 3130.
La última fiesta religiosa con presencia caballar era el October Equus; durante la
misma se sacrificaba, en el Campo de Marte, el caballo que ocupaba el lado derecho
de la biga vencedora en una carrera entre los moradores de la Suburra y los de la Vía
Sacra, colgando su cabeza de la torre Mamilia o de la Regia, dependiendo de que los
vencedores hubiesen sido unos u otros 3131. Con la sangre del caballo, las vírgenes
vestales elaboraban el suffimen, una sustancia que se arrojaba sobre la multitud
durante los Parilia 3132. A éste caballo sacrificado se le rodeaba el cuerpo con una
corona de panes, para, según Festo, propiciar el éxito de las cosechas 3133. Esta
ceremonia religiosa estaba conectada con el ciclo anual de la guerra y clausuraba la
época de las campañas militares 3134. Significados de estas extrañas costumbres que
3125
Ibídem. Pág. 116.
3126
Ibídem. Pág. 111.
3127
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 92.
3128
Ibídem. Pág. 102.
3129
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 165.
3130
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 92.
3131
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 166.
3132
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 110.
3133
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 241.
3134
Ibídem. Pág. 241.
532
se nos revelan cuando se indagan sus orígenes: “…Al regreso de la campaña
guerrera, que todos los años comenzaba en primavera y terminaba en otoño, los
latinos de la vieja Roma ofrecían una carrera a los dioses en acción de gracias; una
vez terminada, sacrificaban al caballo vencedor para purificar la ciudad con su sangre
y protegerla dejando el esqueleto como fetiche. …” 3135.
Asentadas las carreras de carros en Roma y perdido su carácter religioso, las
celebraciones de los ludi circenses estaban programadas en el calendario oficial de la
Urbe, lo que no quiere decir que no se pudiesen celebrar, como sabemos que así era,
juegos excepcionales ofrecidos por particulares; pero los más importantes tenían fecha
fija 3136. En época republicana el pretor urbano presidía los ludi Apollinares (6-12 de
julio), pero, por lo general, eran los ediles los encargados de hacerlo; así los ediles
plebeyos se encargaban de los ludi plebeii (4-7 de noviembre en el circo Flaminio) y de
los Cerealia (12-19 de abril) y los ediles curules hacían lo mismo con los ludi Romani,
los Megalenses y los Floralia, en honor de la tríada capitolina, de la Dea Mater y de la
Dea Flora 3137. En época imperial, cuando el príncipe agasajaba a la plebe con juegos
extraordinarios, nombraba como responsables de los mismos a los curatores
ludorum 3138. Durante su edilidad, y según Tácito, su suegro Agrícola “…llevó los juegos
y las formalidades del cargo buscando el término medio entre la moderación y la
abundancia, situándose tan lejos del despilfarro como cerca de la fama. …” 3139.
Pero tal vez los que más importancia tuvieron en Roma fueron los ludi
Saeculares, que debían celebrarse una vez cada siglo, pero que de hecho se
celebraron a intervalos de tiempo muy irregulares; especialmente famosos fueron los
celebrados en el 17 a. C. durante el reinado de Augusto 3140. Tuvieron lugar por primera
vez en un altar junto al Tíber en 249 a. C., dirigiéndose a las divinidades infernales Dis
Pater y Proserpina, con el fin de propiciar la renovación del siglo, razón por la que
había una celebración por centuria 3141.
A medida que avanzaba el tiempo, desde los días de la República hasta los del
Imperio, fueron creciendo los días de fiesta en Roma y al mismo tiempo que crecieron
éstos, aumentaron los días dedicados a los ludi circenses. Así, si al final de la
República los días dedicados al circo eran 17, en tiempos de Constantino, a
3135
Carcopino, J.1993. Opus cit. Pág. 262.
3136
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 322.
3137
Ibídem. Pág. 322.
3138
Ibídem. Pág. 232.
3139
Cornelio Tácito. 1981. Opus cit. Pág. 58.
3140
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 322.
3141
Fernández, J. Mª (Editor). 2004. Opus cit. Pág. 67.
533
comienzos del siglo IV, ya eran 65 días anuales 3142. Pero estos días podían
aumentarse a través de la instauratio, ya que cualquier incidente o fallo en la ejecución
del ritual religioso, obligaba a repetirlo de nuevo. Tito Livio y Valerio Máximo nos
relatan un ejemplo de instauratio: “…hacia el año 489 a. C., durante la celebración de
los Ludi Romani y antes de la pompa, un ciudadano condujo a suplicio a través del
circo a uno de sus esclavos, con la horca al cuello, mientras le azotaba. Días después,
Júpiter se le apareció en sueños a un plebeyo, Titio Latinio, ordenando que
comunicara a los cónsules que no le había agradado la presencia de aquel hombre y
que “si este proceder no se expiaba con una cuidadosa reinstauración de los juegos”,
sobrevendrían grandes males para la ciudad. …” 3143. Pero no solo aumentaron
progresivamente los días de carreras, también aumentaron éstas, que se sucedían a
lo largo del todo el día. En tiempos de Augusto se celebraban 12, pero su número fue
creciendo hasta superar, poco después, el centenar; número que obligó a rebajar el
número de vueltas desde siete hasta cinco 3144.
Entre carrera y carrera, la plebe era entretenida con actuaciones de mimos e
histriones; otras veces eran los desultores, niños especializados en conducir varios
caballos al tiempo y en saltar de un animal a otro, los que distraían a los
espectadores 3145.
10. 3. EVERGETISMO.
3142
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 114.
3143
Citado. García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 114.
3144
Ibídem. Pág. 114.
3145
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 22.
3146
Melchor Gil, E. 1999. Opus cit. Pág. 13.
3147
Ibídem. Págs. 14 y 15.
3148
Ibídem. Pág. 15.
534
Pero ¿qué buscaban exactamente estos hacendados evergetas del vasto
Imperio con sus donaciones? Entre otras cosas parece que anhelaban gloria y honor,
gracias a los cuales acrecentaban su prestigio en su comunidad, obteniendo el
reconocimiento público que podía plasmarse en epígrafes y monumentos
3149
honoríficos , como los circos. Otros evergetas buscaban perpetuar su memoria,
mediante fundaciones eternas o edificios que testimoniasen su existencia, como fue el
caso del notable de Tergeste, al que sus conciudadanos levantaron una estatua
ecuestre para que la posteridad conociese tanto su aspecto como sus hechos 3150. Para
otros el fin era el control político de sus comunidades, como los políticos que durante
la República tardía ofrecieron banquetes y distribuciones con el fin de comprar el voto
de sectores concretos de la población, llegando, incluso, a ofrecer dinero a cambio de
sus votos 3151. A algunos los movía el ansia de promocionarse política y socialmente,
como los libertos y nuevos ricos, que pretendieron mejorar su estatus invirtiendo parte
de su fortuna en actos de munificencia cívica; donaciones a través de las que
acrecentaban su reputación, de cara a obtener un puesto en el senado o un cargo
municipal 3152. Ansias de emular a sus conciudadanos más ilustres; o el orgullo cívico
fueron las causas que motivaron a otros hacia la munificencia, con el desarrollo de
cuyos programas constructivos, los ciudadanos buscaban ennoblecer su origen y
acrecentar la importancia de su ciudad, para favorecer futuras promociones sociales y
políticas 3153. A otros, en fin, los movía el deber moral hacia sus conciudadanos, ya que
influenciados por el estoicismo concebían el mundo como la ciudad común de todos
los hombres, en las que los afortunados tenían la obligación de ayudar a sus
conciudadanos 3154. Teoría que Filostrato atribuye a Herodes Ático, amigo de Adriano y
tutor de Marco Aurelio, y según la cual “…el dinero de los ricos debía servir para la
dicha de los pobres y para ayudarlos en sus necesidades.…” 3155. Augusto
proporcionaba a la plebe trigo y espectáculos públicos gratuitos, así lo especifica en su
Res Gestae: “…Ofrecí tres espectáculos de gladiadores en mi nombre y cinco veces
en nombre de mis hijos y de mis nietos, en los que combatieron cerca de diez mil
hombres […] Ofrecí al pueblo veintiséis cacerías de animales de África, bajo mi
3149
Ibídem. Pág. 21.
3150
Citado. Ibídem. Pág. 23.
3151
Ibídem. Págs. 23 y 24.
3152
Ibídem. 24.
3153
Ibídem. Págs. 25 y 26.
3154
Ibídem. Pág. 26.
3155
Petit, P. 1976. Opus cit. Pág. 81.
535
nombre o bajo el de mis hijos o nietos, en el circo, en el foro o en los anfiteatros; en
ellas murieron cerca de tres mil quinientas fieras. …” 3156.
En este marco político de competencias entre la oligarquía, para hacerse con el
poder, Cicerón en su De Officiis (Los Deberes), condena el empleo de esta
munificencia con fines electoralistas 3157; pero el pueblo apreció estos actos y
recompensó a los evergetas con su reconocimiento y con su voto 3158. En el lado
opuesto a los que utilizaron la munificencia para alcanzar las máximas magistraturas,
estaban aquellos que las consiguieron sin ofrecer un sólo espectáculo al pueblo, como
C. Aurelio Cotta o C. Escribonio Curión 3159.
Pero como los magistrados recibían dinero de las arcas del Estado para las
construcciones o las financiaciones de los espectáculos, muchas veces es difícil saber
de dónde procedía verdaderamente el dinero, si del producto de una evergesía o del
cumplimiento de las funciones asignadas 3160, aunque algunos eran los suficientemente
ricos como para no necesitar tomar nada del tesoro público, como Agripa, el brazo
derecho de Augusto, que tenía el suficiente como para reparar todas las calles y
edificios públicos y limpiar las cloacas 3161.
Así, si los gastos de los espectáculos circenses corrían al principio a cargo del
Estado, después pasaron a manos de los ediles con el fin de hacerse la propaganda
necesaria para ascender en el cursus honorum. Los políticos repartían regalos a los
votantes, con la finalidad de resultar elegidos a los cargos públicos, como demuestran
los discursos de Cicerón, en los que el arpinate relata que los regalos podían oscilar
desde los asientos gratis en los juegos hasta los sobornos directos 3162. M. L. Gordón
sintetiza a la perfección el proceso por el que el evergetismo llega a ser un arma
fundamental en la carrera política del ciudadano, teniendo muy clara la cuestión: “…el
municipium o la civitas quería un arca llena de dinero para lo cual confiaba en los
gastos de sus notables como auxilio a los propios de la administración; la plebs quería
espectáculos y los notables y advenedizos que aspiraban a serlo querían promoción
social, con lo que sabían perfectamente como contentar a las dos partes anteriores.
…” 3163.
3156
Citado. Melchor Gil, E. 1999. Opus cit. Pág. 18 y 19.
3157
Petit, P. 1976. Opus cit. Pág. 17.
3158
Ibídem. Pág. 40.
3159
Ibídem. Pág. 18.
3160
Melchor Gil, E.1999. Opus cit. Pág. 16.
3161
Petit, P. 1976. Opus cit. Pág. 18.
3162
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 552.
3163
Andreu Pintado, J: Munificencia pública en la Provincia Lusitania (siglos I-IV d. C.).
Institución Fernando el Católico. Zaragoza. 2004. Pág. 32.
536
En no pocas ocasiones esos regalos a la muchedumbre servían para comprar la
inocencia en algún proceso de ética más que dudosa. Cuando Adriano asumió el
poder, tras la muerte de Trajano, y decidió retirar los ejércitos de Persia y Armenia,
algunos de sus generales no estuvieron de acuerdo con la política de su general;
cuatro de ellos fueron ejecutados sin proceso y, aunque el Estado asumió la
responsabilidad de las eliminaciones, “…nadie creyó en la inocencia de Adriano, que
se la compró distribuyendo a los ciudadanos mil millones de sestercios, liberándoles
de sus deudas al fisco y divirtiéndoles durante semanas enteras con magníficos
espectáculos en el Circo. …”3164.
Durante la República, muchas de las donaciones, efectuadas por la oligarquía,
procedían de los botines de guerra, buena parte del cual, por derecho de la misma,
pertenecía al general victorioso, que podía decidir la forma de emplearlo y
distribuirlo 3165. Por ejemplo, Escipión el Africano ofreció juegos extraordinarios
después de su triunfo sobre Cartago (202 a. C) 3166, y los hijos de Marco Emilio Lépido
organizaron juegos en memoria de su padre, que había sido cónsul dos veces (215 a.
C) 3167.
Los emperadores fueron grandes evergetas, pero sus donaciones se centraron
en las capitales de provincias, centros de la administración imperial que ellos
pretendieron convertir en los espejos de Roma, para que reflejaran la prosperidad del
imperio 3168. Trajano le dio a Adriano dos millones de sestercios para que ofreciera
juegos al pueblo con motivo de su pretura 3169. Juegos circenses que él despreció
cuando eran decretados en su honor, a excepción de los que conmemoraban su
natalicio 3170.
Pero, a medida que pasaba el tiempo, los senadores se fueron retirando de las
listas de los elegibles para tan altas dignidades, debido al desembolso que había que
realizar, por lo que “…este número fue decreciendo, indudablemente, a medida que
las magistraturas iban viéndose despojadas de sus funciones reales para quedar
reducidas al deber de organizar espectáculos para el pueblo, y llegó el momento en
que empezaron a escasear los aspirantes a títulos y dignidades tan costosos. En la
época de Constantino era ya necesario obligar a la aceptación del cargo a los
candidatos que pretendían sustraerse mediante la fuga al nombramiento de pretores, y
3164
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 370.
3165
Melchor Gil, E. 1999. Opus cit. Pág. 16.
3166
Ibídem. Pág. 16.
3167
Ibídem. Pág. 17.
3168
Ibídem. Pág. 45.
3169
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 48.
3170
Ibídem. Pág. 55.
537
no sería él, seguramente, el primer emperador que se viese obligado a recurrir a
semejantes medidas coactivas. …” 3171. Lejos quedaban los tiempos y los ideales en
los que además de lo aportado por el Estado para sufragar los ludi, los magistrados
encargados de su celebración y para ganarse a la plebe gastaban de lo suyo y con tal
prodigalidad que muchos llegaron a arruinarse 3172. En efecto, su edilidad provocó su
ruina, pero les permitió gozar del imprescindible favor popular para su exitosa carrera
política 3173. Conocemos el caso de Milón, que para conseguir el consulado se gastó
tres herencias; fueron, según escribe Cicerón a su hermano Quinto, los más costosos
que se habían conocido 3174. Parece que los juegos de siete días que organizó Simaco,
para conmemorar la pretura de su hijo, costaron 2.000 libras de oro 3175.
3171
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 509.
3172
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 332.
3173
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 173.
3174
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 507.
3175
Ibídem. Pág. 508.
3176
Sánchez León, M. L: Economía de la Hispania meridional durante la dinastía de los
Antoninos. Ed. Universidad de Salamanca. Salamanca. 1978. Pág. 209.
3177
Andreu Pintado, J. 2004. Opus cit. Pág. 77.
3178
Ibídem. Pág. 78.
3179
Entre los decuriones provinciales uno de los honores más frecuentes “…fue el concesión
del locus statuae, la posibilidad de erigir una estatua, generalmente a expensas propias o de su
familia, en el espacio de la ciudad, del que sólo podía disponer el ordo, lo que se refleja en la
frecuente fórmula locus datus decreto decuriorum. Dentro de las personas que recibían dichos
honores, sin embargo, también se establecen distinciones, que se reflejan tanto en el tipo de
estatua, sobre todo si se trata de una estatua ecuestre, o en los materiales, normalmente de
bronce o mármol, como el espacio cívico en el que se concede el locus, sea el foro, lugar más
destacado de la ciudad y por ello especialmente significativo de los méritos del homenajeado,
sean pórticos o edificios públicos como el teatro o la curia, o una calle secundaria. En
538
circenses 3180. Entre los magistrados hispanos, conocidos por ofrecer juegos, podemos
citar el caso de L. Lucretius Fulvianus, de la ciudad de Tucci, que en su testamento
ordenó la celebración de cuatro días de representaciones teatrales y juegos
circenses 3181. Para Córdoba contamos con el caso de L. Iunius P. F. Paulinus, que
desempeñó varios cargos y ofreció ob honorem flaminatus un combate de gladiadores
y espectáculos circenses 3182. En Ossigi, conocemos a Sex. Quintius Fortunatus, que
entre fines del siglo I y comienzos del II, ofreció banquetes y juegos circenses a los
ciudadanos, con ocasión de una consagración a Pólux, por el honor del sevirato; este
apunte es importante porque es uno de los escasos testimonios peninsulares del culto
a los Dióscuros, y del que parecían encargarse los libertos 3183. En Tagilit (Tíjola la
Vieja, Almería), Voconia Auita construyó unas termas e hizo una aportación perpetua
para su mantenimiento, ofreciendo, además, un banquete y unos juegos; dama que,
tal vez, debía su riqueza a la explotación de las canteras de mármol de Macael,
próximas a la ciudad 3184. Los ejemplos de los provinciales hispanos que sufragaron
juegos circenses para entretener a la plebe fueron numerosos: en Ilipula lo hizo M.
Curiatus Longinus; y en Castulo lo hizo Cornelia Marula 3185.
Pero, por supuesto, no todos los actos de los evergetas se orientaban hacia los
espectáculos, bien sufragando éstos o la construcción de los edificios, sino que otros
provinciales como L. Aelius Fronto de Munigua, donó una capilla, con la estatua de un
caballo, a Dis Pater en el foro de la ciudad; presencia del équido que ha dado lugar a
la interpretación de que se trata de una ofrenda por la obtención del orden
ecuestre 3186.
Con el paso del tiempo las tendencias cambiaron. Sabemos que en el siglo III se
tuvo que legislar para obligar a las élites municipales a aceptar las funciones que antes
asumían libremente; y llegados al siglo IV, estas cargas munificentes eran de obligado
cumplimiento 3187. Así, las causas de la desaparición de la munificencia parece que
eran más ideológicas que materiales, pues una situación de crisis económica hubiese
ocasiones, no muy frecuentes, se otorgaba la estatua misma, a cargo de los fondos públicos.
…” (Plácido, D. 2008. Opus cit. Pág. 90.).
3180
Sánchez León, M. L. 1978. Opus cit. Págs. 209 y 210.
3181
Ibídem. Pág. 211.
3182
Ibídem. Pág. 212.
3183
Plácido, D. 2008. Opus cit. Pág. 343.
3184
Ibídem. Pág. 366,
3185
Ibídem. Pág. 368.
3186
Ibídem. Pág. 295.
3187
Melchor Gil, E. 1999. Opus cit. Pág. 57.
539
llevado a una disminución de las donaciones pero no a la, casi, desaparición de las
conductas munificentes 3188.
La aristocracia local, ante la crisis económica, reaccionó abandonando las
ciudades y refugiándose en sus propiedades rústicas 3189 y desde ahora el honor y el
prestigio que se obtenían sirviendo y beneficiando a la ciudad, se obtenían mediante el
servicio al Estado 3190. La excepción a esta tendencia parece que la constituyeron las
provincias del norte de África, donde las conductas munificentes se vieron poco
afectadas por el cambio de mentalidad experimentado por las élites del siglo III 3191.
Al final, el mecenazgo cívico fue sustituido por el evergetismo cristiano que “…no
tiene una motivación cívica o patriótica, no busca marcar su posición social, ni
rentabilizar políticamente sus acciones; por el contrario, sus actos buscan hacer
méritos ante Dios y miran hacia una realidad ultraterrena. Además, frente al
evergetismo, que sólo invierte excedentes, en la práctica caritativa cristiana una
persona puede llegar a desprenderse de bienes materiales que no le sobran. …” 3192. A
partir de ahora, aunque los obispos elegidos entre los notables de la ciudad,
conserven su mentalidad mundana y su gusto por el poder y la gloria, invertirán su
dinero en la construcción de templos y en socorrer a los pobres 3193.
3188
Ibídem. Pág. 56.
3189
Ibídem. Pág. 57.
3190
Ibídem. Pág. 58.
3191
Ibídem. Pág. 62.
3192
Ibídem. Págs. 62 y 63.
3193
Ibídem. Pág. 63.
540
11. LAS FACCIONES, LOS AURIGAS, LOS CABALLOS Y EL
DESARROLLO DE LAS CARRERAS EN ROMA.
11.1. FACCIONES.
3194
[Link], R. 1972. Opus cit. Pág. 149.
3195
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 22.
541
Los seguidores de las distintas facciones se reunían en auténticos clubs, que en
Roma se hallaban en el Campo de Marte. Para Auget, la Casa de los Caballos,
descubierta en Cartago, parece ser la sede de los azules en la ciudad africana 3196. En
el mosaico de su pavimento se podía leer: FelixPopulusVeneti (Vivan los Azules) 3197.
Parece que seguir a uno u otro color estaba asociado a la posición ocupada en
la escala social; así los partidarios de los azules solían pertenecer a la aristocracia,
mientras que los seguidores del pueblo se decantaban por los Verdes; “…las
opiniones de los emperadores son, a este respecto, características: Calígula, Nerón,
Lucio Vero, Cómodo, Heliogábalo, llevados por la demagogia o la arbitrariedad, eran
partidarios de los Verdes; en primer lugar, sin duda, por desconfianza y hostilidad
instintivas respecto a una aristocracia a la que no ahorraban novatadas; pero también
para dar a su tiranía, halagando los gustos de la masa, una popularidad que era su
único sostén. La actitud de Vitelio es igualmente reveladora: aunque era partidario de
los Azules, no dudó ni un momento, cuando subió al poder, en halagar abiertamente a
los Verdes, esforzándose así en “hacer pueblo” como alguno de sus
predecesores.…” 3198. Los que se asociaban, pues, a una u otra bandería trataban de
reforzar el sentimiento de unión y pertenencia a una u otra clase social 3199.
3196
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 149.
3197
Ibídem. Pág. 149.
3198
Ibídem. Pág. 152.
3199
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 39.
3200
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Págs. 128 y 129.
3201
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 42.
542
No queremos dejar de mencionar la labor del sparsor, un personaje que aparece
a pie en algunas piezas, como el bajorrelieve funerario de Ostia (Museos Vaticanos),
en los que se ve a este personaje con una cubeta en la mano y con la misión de
refrescar a unos caballos agotados por el calor y el esfuerzo 3202. Un sparsor parece la
estatua descubierta en 1981 en una necrópolis próxima al circo de Cartago; es una
obra en mármol, del siglo III d. C., que algunos creyeron un auriga, pero el ánfora que
lleva no deja ninguna duda sobre su identificación, es un sparsor 3203. Sin duda, la
plebe romana debía reservar para el spasor parte de su admiración, ya que debían
afrontar el peligro de refrescar las narices de los caballos de su facción, sin ser
arrollados por los carros 3204.
11.2. AURIGAS.
Las verdaderas estrellas de las facciones eran los [Link]í los define Isidoro:
el que “…conduce y guía su carro (agere, regere); o porque golpea (ferire) a los
caballos que van uncidos… .” 3205.
Respecto a su constitución física, los aurigas, como ha seguido siendo a través
de los siglos, debían ser de pequeño tamaño y de poco peso, para no fatigar a los
caballos 3206, debiéndose ser entrenados para llegar a ser buenos cocheros. Este
aprendizaje se realizaba bajo la supervisión de los doctores que, dentro de la familia
quadrigaria, se encargaban de proporcionar a los hombres y a los caballos todo lo que
necesitaran 3207. El cochero tenía que “…aprender a conducir, pero también a caer. Y
no era nada fácil conseguir cortar, en el momento en que ya el carro crujía, las riendas
que le ceñían la cintura. Las vicisitudes del oficio, por otra parte, no se limitaban al
peligro de muerte, muy real, como se ve en las inscripciones: también podía quedar
lisiado para toda la vida como consecuencia de aquellas caídas brutales en que tan
fácil era romperse un hueso contra los pedazos del carro cuando no le arrastraban a
uno los caballos. …” 3208.
Los mosaicos y las pinturas españolas nos han proporcionado el nombre de
varios aurigas: Calimorfus, Filomorus, Incitatus, Limenius, Marcianus, Mascel, Paulus,
Torax y Victor 3209. Para la provincia Lusitania, conocemos incluso el nombre del
3202
Decker, W. etThuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 196.
3203
Ibídem. Pág. 198.
3204
Ibídem. Pág. 199.
3205
Citado. García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 222.
3206
Decker, W. etThuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág.182.
3207
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 174.
3208
Ibídem. Pág. 174.
3209
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 125.
543
propietario de la yeguada para la que corría Marcianus, de la facción prasina:
Getulus 3210.
11. 2. 1. El equipo del auriga.
Vestían una túnica corta y ajustada con una faja y se cubrían la cabeza con un
yelmo de metal 3211. Otras veces los cascos eran de cuero; llevaban además una túnica
de mangas largas y se protegían las piernas con cintas, calzaban botines y su
columna vertebral y sus costillas las protegían, de los vaivenes, con un corsé que
también lo protegía cuando el auriga caía a tierra, como consecuencia del temido
naufragio. 3212.
Los aurigas romanos se ataban las riendas alrededor de la cintura, para evitar
perderlas y quedar sin el control de los caballos; pero si se producía la temida caída, el
auriga corría el riesgo de ser arrastrado por unos caballos que lo tenían prisionero con
sus riendas, razón por la que el conductor llevaba un cuchillo, sujeto en las tiras de
cuero de su corsé, con el que cortaba inmediatamente las riendas, en caso de
naufragio 3213.
El carro era uno de los elementos esenciales en estos espectáculos, pero el
conocimiento que tenemos del mismo es muy limitado; debemos recurrir a las
imágenes iconograficas en cerámica, monedas, sarcófagos o musivarias para
acercarnos a su estructura. Los paralelos más cercanos del carro de circo romano se
encuentran en el mundo griego; cuyo carro de competición era una perduración del
carro de guerra homérico, que era muy ligero y de pequeño tamaño 3214. Sus ruedas
tenían cuatro radios y una plataforma sobre un eje en la que la caja estaba cerrada por
delante y abierta por detrás; la estructura de los carros romanos es similar, pero con
algunas diferencias, como un eje más retrasado, mayor número de radios en las
ruedas y un menor diámetro de las mismas 3215. Con este menor diámetro de las
ruedas se buscaba bajar el punto de gravedad del vehículo, lo que sumado a la
longitud del eje y a la disposición trasera del mismo, evitaba que el carro volcara en las
curvas 3216. La característica principal de estos carros era la ligereza, que se conseguía
utilizando materiales poco pesados y limitando el tamaño de los distintos componentes
3210
Nogales Barrasate, T. 2000. Opus cit. Pág. 91.
3211
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 334.
3212
Decker, W. et Thuillier J. P..2004. Opus cit. Págs.190 y 191.
3213
Ibídem. Pág. 191.
3214
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 81.
3215
Ibídem. Pág. 81.
3216
Ibídem.Pág. 83.
544
del mismo 3217. Eran, en resumidas cuentas, carros flexibles y ligeros, construidos en
mimbre y madera y reforzados con piezas de cuero 3218.
Parece que la gente que se dedicaba a este oficio eran, por lo general, esclavos
o personas pertenecientes a las clases inferiores, considerados inhonestaepersonae;
pero a finales de la República muchos jóvenes de familias nobles y luego algunos
emperadores como Nerón gustaron descender a la pista para correr con los carros 3219,
contraviniendo un decreto senatorial del año 19 d. C. que prohibía a los senadores, a
los ecuestres y a sus familias, deshonrarse actuando en espectáculos públicos 3220.
Una constitución que Teodosio I envió a Rufino, el prefecto del Pretorio, insiste en la
baja extracción social de los aurigas, presentándolos, igual que pantomimos e
histriones, como personas humildes y desacreditadas socialmente, calificándolos,
incluso de personas deshonestas 3221. Además, la ley ordenaba al prefecto destruir las
pinturas de estos profesionales del espectáculo cuando se retrataban junto a
imágenes imperiales; algo que sólo se puede entender si tenemos en cuenta el grado
de desacreditación que pesaba sobre estos profesionales 3222.
Pero, no obstante, estas personas no eran consideradas infames, como aclara
una sentencia de los Digesta 3223; se les consideraba artistas, como se desprende de
las palabras de Ovidio 3224: “…Con arte, con vela y con remo se impulsan las veloces
naves; con arte el ligero carro. El amor debe ser gobernado por el arte. Automedonte
era hábil en conducir el carro y manejar las flexibles riendas. …” 3225. Thuillier justifica
3217
Ibídem.Pág. 81.
3218
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 107.
3219
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 23.
3220
Garnsey, P. y Saller, R. 1990. Opus cit. Pág. 136.
3221
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 45.
3222
Ibídem. Pág. 45.
3223
Ibídem. Pág. 46.
3224
“…Publio Ovidio Nasón nació de buena familia el 20 de marzo del año 43 antes de J. C. en
Sulmone, ciudad del Abruzzo Citerior, y murió en Tomis (hoy Kunstedjé), a orillas del mar
Negro, el año 18 de nuestra Era.
Su afición natural a la poesía contrarió e irritó a su padre. Tuvo por maestros, en el arte
de la elocuencia, a Plotio Gripo, el más hábil gramático de su época, en opinión de Quintiliano;
a Arelio Fusco y a ParcioLatrón. Visitó Grecia, Asia Menor y Sicilia. […].
Esta obra (el Ars Amatoria) tuvo un éxito arrollador, real y rápido. Se la arrebataban de
las manos y durante siglos fue muy leído. Se encontraron citas de él en los muros de Pompeya,
reminiscencias en los siglos siguientes y en numerosísimos manuscritos de la Edad Media. […].
El emperador Augusto emprendió una acción moralizadora y se señala al Ars Amatoria
como una de las causas que contribuyeron a su destierro el año 8 de nuestra Era, en donde
moriría unos diez años después. …” (Ovidio. 2000. Opus cit. Pág. 5 y ss.).
3225
Ibídem. Pág. 8.
545
esta condición en lo difícil que resulta adquirir la técnica adecuada para la conducción
de los carros y en que el riesgo de caída mortal era permanente 3226. Esta condición de
baja extracción social, a menudo servil, la extiende el mismo autor a todos los artífices
del circo, que con esta dedicación pretenden elevarse en la escala social mediante sus
brillantes resultados deportivos 3227. En cualquier caso, los aurigas no eran gente
honrada; se dejaban comprar y muchas veces estaban, incluso, dispuestos a
envenenar a sus adversarios o a sus caballos 3228.
Junto a los gladiadores se convirtieron en iconos de la cultura del pueblo; se
paseaban acompañados de multitud de seguidores, se pavoneaban y alardeaban
como si fuesen actores en el escenario y “…reflejaban la masculinidad afirmativa que
los hombres necesitan mostrar para prosperar en una vida pública competitiva. […] Al
asumir riesgos físicos cuidadosamente calculados, ganaban estatus social y riqueza.
…” 3229. Además, los aurigas eran portadores de los atributos que ansiaban la gente
corriente: pericia técnica, fortaleza, resistencia o capacidad de maniobrar, atributos
que les servían para conquistar una posición ventajosa en la sociedad 3230.
Si en Roma los aurigas eran gente de baja condición, no había sucedido lo
mismo en admirada Grecia, donde era motivo de gloria ser proclamado vencedor en
Olimpia; entre ellos actuar en los espectáculos no fue motivo de vergüenza 3231 y
muchos reyes y gobernantes griegos, contra la opinión de Jenofonte, usaban las
victorias alcanzadas en los juegos como podio desde el que conseguir el favor
popular; como Alcibíades, que se sirvió de la victoria de sus carros en Olimpia para
prosperar en su carrera política 3232. En los tiempos antiguos, en Roma, también había
sido así, ya que los ciudadanos tomaban parte en las carreras, con sus tiros,
acompañados de sus esclavos, y las coronas que se ganaban en estas carreras,
cuando moría el propietario de la cuadriga se colocaba sobre el féretro del mismo,
como se hacía con las conseguidas por los combatientes victoriosos 3233.
Cuando estos deportistas de élite, sobre todo cocheros, despertaban la
admiración del emperador la cuantía de los favores alcanzados no tenía límite; podían
engrosar el número de las selectas amistades del príncipe, asistir a sus orgías o ser
promovidos al rango de favorito. Eutiques era amigo de Calígula, tan amigo que éste
3226
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 129.
3227
Ibídem. Pág. 153.
3228
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 180.
3229
Toner, J. 2012. Opus cit. Pág. 168.
3230
Ibídem. Pág. 169.
3231
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 169.
3232
Ibídem. Pág. 172.
3233
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 522.
546
se atrevió a encomendar a los pretorianos la deshonrosa tarea, para ellos, de construir
las cuadras para alojar a los caballos de su protegido y en una ocasión le regaló dos
millones de sestercios 3234. El cochero Asiático, fue un liberto al que Vitelio convirtió en
su doncel 3235 y Hierocles, el favorito de Heliogábalo, era el gobernante real, con
autoridad superior a la del propio emperador 3236. Deportistas y ricos, eran adorados
por el pueblo, sobre todo por las mujeres, como Sempronia que iba a los cuarteles de
los gladiadores y a las caballerizas donde se cuidaban los caballos del circo, en busca
de aventuras amorosas 3237.
Los aurigas eran verdaderas estrellas que se paseaban por las ciudades con su
séquito de admiradores y despertando más comentarios que si apareciese algún alto
personaje y es que, parece, que estos engreídos deportistas no se contentaban
solamente con las ovaciones con las que los agasajaban en el circo 3238. Eran tan
mimados y adorados por el pueblo que sabemos de dos casos de arrestos a sendos
aurigas que ocasionaron verdaderos motines populares. Uno de ellos tuvo lugar en
Roma (356 d. C.) y su protagonista fue Filoromo, un auriga al que el prefecto del
pretorio Leoncio arrestó; según parece por la aversión que este prefecto cristiano del
emperador Constancio II, tenía contra los ludi y sus protagonistas 3239. El otro tuvo lugar
en Tesalónica (390 d. C.) donde el arresto de otro auriga originó un tumulto en el que
fallecieron el magister militumBoterico y otros oficiales del ejército del emperador
Teodosio 3240. Fuesen cuales fuesen las causas verdaderas por las que estos aurigas
fueran arrestados, lo cierto es que la pasión que despertaban los mismos explica que
el arresto de dos de ellos en el siglo IV se convirtiera en el detonante de una reacción
popular muy virulenta 3241. Sus retratos y sus hazañas eran relatadas en grafitos:
occupavit et vicit, si el auriga había conservado el primer puesto durante toda la
carrera; successit et vicit, si desde el segundo puesto había avanzado hasta el
primero; y erupit et vicit, si desde el último lugar había ascendido hasta el primero 3242.
3234
Auget, R, 1972. Opus cit. Pág. 176.
3235
Ibídem. Pág. 163.
3236
Ibídem. Pág. 177 y ss.
3237
Guillén, J. 2000. Opus cit. Pág. 372.
3238
Auget, R. 1972. Opus cit.Pág. 175.
3239
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 108.
3240
Ibídem. Págs. 106 y ss.
3241
Ibídem. Pág. 109.
3242
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 24.
547
Los poetas cantaban sus hazañas y lloraban su muerte; pero engreídos de su
enorme popularidad, con frecuencia, se tornaban arrogantes y pendencieros hasta el
punto de provocar incidentes; como nos cuenta Suetonio, de los conductores de
carros, a los que una antigua costumbre autorizaba a incordiar a los ciudadanos por
diversión 3243. Y estas diversiones, amparadas en una antigua licencia, incluían la burla
y el robo de los viandantes 3244.
Convertidos en verdaderos ídolos del pueblo, parece, incluso, que había habido
épocas lejanas en las que los aristócratascondujeron sus propios
carros 3245;contraviniendo el consejo que Jenofonte había dado, hacía tiempo, al tirano
Hierónde Siracusa, en el sentido de que no condujera él mismo sus cuadrigas, ya que
“…a un tirano jamás le conviene competir con particulares, ya que si vences, no serás
admirado sino envidiado, porque piensan que has gastado lo que muchas haciendas,
y, si eres vencido, serás despreciado por todos más que nadie, pero yo te digo, oh
Hieron, que la competición ha de ser con otras ciudades, y si tu ofreces la ciudad que
3243
Ibídem. Pág. 24.
3244
Veyne, P: La sociedad romana. Ed. Mondadori España. Madrid. 1990. Pág. 234.
3245
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 165.
548
presides con más prosperidad que la de aquellos, serás proclamado vencedor del
certamen más hermoso y más espléndido para los hombres. …” 3246.
Aurigas, insolentes y desvergonzados que, no sólo lograban atraer la admiración
de las gentes de alta alcurnia, sino que muchas de estas gentes de las clases altas
sentían una afición desaforada por el arte de la conducción de carros, inclinación que
los censores más indulgentes estaban dispuestos a perdonar cuando se trataba de la
juventud, pero que no estaban dispuestos a tolerar cuando se manifestaba en
personas de edad madura y elevada dignidad, y, sobre todo, cuando eran los propios
emperadores los que se entregaban a su práctica [Link], padre de
Nerón, había llegado, de joven, a ser famoso por su arte en la conducción de carros y
su hijo pretendió, incluso, brillar en el universo del circo; Vitelio, el futuro emperador
supo ganarse a Calígula y a Nerón por su destreza en la conducción de carros, afición
a la que se dedicaba desde joven en las cuadras de la facción azul 3248.
Pero había más grandes personajes en Roma que compartían esta afición, como
L. Vero, Cómodo, Caracalla, Geta y Heliogábalo, que elegía entre los aurigas a sus
favoritos, llegando a sacar a la madre de su admirado Hierocles del estado de
esclavitud para elevarla al rango consular; y al auriga Cordio lo nombró prefecto de la
guardia de la ciudad [Link] contradictorio Calígula hizo actuar como aurigas a algunos
senadores, mientras que a otros, junto a algunos caballeros, los ejecutó por el crimen
de actuar en la arena 3250.
3246
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 46.
3247
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 526.
3248
Ibídem. Pág. 526.
3249
Ibídem. Pág. 526.
3250
Ibídem. Pág. 518.
3251
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Págs. 23 y 24.
549
eclipsado a sus más famosos antecesores. Había logrado obtener en un solo año 134
victorias, de ellas 118 en carreras de un solo carro (que eran las más apreciadas), es
decir más que Talo, que era el que antes de él había conseguido el mayor número de
triunfos en esta clase de carreras. Era el primero que desde la fundación de la ciudad
había vencido ocho veces en carreras premiadas con 50.000 sestercios, y además con
los mismos tres caballos; en total, había llegado a obtener 29 premios de esta clase, o
sea más que sus tres antecesores más famosos juntos. Había corrido dos veces en un
día por el premio de 40.000 sestercios, con un tiro de seis caballos, saliendo victorioso
las dos veces, cosa que hasta entonces jamás había sucedido; con siete caballos,
enganchados el uno al lado del otro y sin yugo (cosa que tampoco se había visto
nunca), había triunfado en una carrera de 50.000 sestercios, y en otra de 30.000
sestercios corrió y salió vencedor sin fusta, cubriéndose con estas innovaciones de
doble fama, etc. …” 3252.
Otra estrella circense, Publio Emilio GuttaCalpurniano consiguió 309 victorias
para los azules, ganando una vez 50.000 sestercios, nueve veces 40.000 y diecisiete
veces 30.000; para los verdes obtuvo 824 victorias, ganando tres veces 40.000 y tres
veces 30.000 sestercios; corrió, además, para las facciones roja y blanca 3253.
Crescente, de la facción véneta, participó en 686 carreras, venciendo en 47 y
acumulando, durante diez años de carrera 1.558.346 sestercios 3254; perteneció al
bando de los azules y fue un moro que empezó como auriga a los trece años,
quedando 160 veces segundo y 111 tercero 3255. Otros aurigas célebres fueron Marco
Aurelio Líber, que obtuvo 3.000 victorias; Flavio Escorpo, que a los veintisiete años ya
había conseguido 2.048 victorias; y Pompeyo Muscosus, que alcanzó las 3.559
victorias 3256.
Pero no todos los organizadores de juegos ofrecían suntuosos premios a los
vencedores; sabemos que en 51 a. C. Catón divirtió a la plebe con unos juegos al
modo tradicional, mostrando su desaprobación de las ostentaciones más recientes,
ofreciendo a los ganadores coronas de hojas en vez de las de oro y pequeños regalos
comestibles a los espectadores 3257.
3252
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 525.
3253
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 24.
3254
Ibídem. Pág. 24.
3255
Friedlaender, L 2005. Opus cit. Pág. 524.
3256
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Pág. 254.
3257
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 475.
550
Pero la carrera de auriga, segúnThuillier, no estaba exenta de riesgos, como
demuestra el hecho de que, incluso la de los gladiadores, era más larga en años y
menor en el número de encuentros 3258. Llorar la muerte de su auriga favorito, que no
tuvo la gloria de morir en la arena sino consumido por una enfermedad, fue lo que
hicieron unos tarraconenses que dedicaron esta inscripción a un joven cochero: “…A
los dioses Manes. Para Eutiques, auriga de veintidós años y siervo benemérito, han
hecho este monumento Flavio Rufino y SemproniaDiófanes. En este sepulcro
descansan los huesos de un auriga rudo, pero diestro en sujetar las riendas con su
mano […] El hado cruel sintió envidia de mis años, hado al que no pude oponer mis
manos. No me fue concedida la gloria de morir en el circo, ni que la piadosa multitud
derramara lágrimas por mí. Quemaron por dentro mis entrañas enfermedades
ardientes que no pudieron vencer las manos de los médicos. Viajero, por favor, pon
flores en mi tumba. Tal vez tú mismo me has aplaudido cuando estaba vivo. …” 3259.
Otro epitafio tarraconense es el dedicado a Fuscus: “…A los dioses manes. A
Fuscus, de la facción véneta, nosotros, sus incondicionales admiradores y buenos
amigos, hemos costeado y dedicado esta ara, para que todos tengan noticia de este
nuestro recuerdo y de esta nuestra prueba de cariño. Intachable es tu fama; mereciste
la gloria en las carreras; con muchos te enfrentaste, más, aunque menesteroso, a
ninguno temiste; soportaste la envidia siempre en silencio y con fortaleza; viviste con
dignidad y has fallecido porque ese es el destino de los mortales. Quienquiera que
seas, has de lamentar la muerte de un hombre tal. Detente, caminante, y lee con
atención. Si aún le recuerdas, si sabes quién fue -¡qué todos tengan temor a la
fortuna!-, dirás con nosotros: ´Fuscus tiene una inscripción que evoca su muerte, tiene
una tumba; esta piedra encierra sus restos. Bien está, pues, Fortuna, ¡déjale ya!´ Por
un hombre bueno ayer vertimos lágrimas, hoy vino. Y es que pedimos que descanses
plácidamente. No hay nadie como tú. El tiempo repetirá tus brillantes actuaciones.
…” 3260.
Marcial canta al auriga Escorpo, muerto en la juventud: “…¡Oh, desdicha, tu
mueres, Escorpo, en la flor de la juventud y vas tan pronto a conducir los negros
caballos del infierno! ¿Por qué vas más allá de los límites de la vida tan rápidamente
como tu carro iba más allá de los límites del circo?. …” 3261. También los caballos se
3258
Fernández, J. Mª (Editor). 2004. Opus cit. Pág. 83.
3259
Citado. García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 43.
3260
Citado. Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 48.
3261
[Link], R. 1972. Opus cit. Pág.176.
551
hacían merecedores de epitafios, como el que mereció, en verso, el caballo africano
Speudusa, “rápido como el viento” 3262.
Los hinchas llegaban a ser fanáticos y, por su propia facción, podían llegar a
hacer cualquier cosa para ayudarla a vencer; lo mismo que usaban los sortilegios y la
magia para invocar a los demonios, con el fin de hacer caer al caballo o al auriga de la
facción contraria 3263. Por ejemplo, Calígula para favorecer a su facción, la verde, llegó
al punto de hacer envenenar a los caballos y a los aurigas de las escuadras
adversarias 3264. Algunos, ante las desdichas de sus caballos, llegaban a desmayarse,
como cuenta Epicteto que le pasó a un tifosi que vio cómo su caballo favorito se
quedaba atrás en la pista; o a quemarse vivo en la pira funeraria de su auriga
preferido, como hizo un seguidor de Félix, de la facción roja, cuando se arrojó a las
llamas 3265.
Avanzado el tiempo, ya en los siglos IV y V, los emperadores de Occidente no
favorecían a ninguna facción, por lo que “…no importaba el color que ganase, pues el
emperador sería aclamado igualmente. …” 3266. Pero este no era el caso de Oriente, en
donde los emperadores siguieron apoyando a sus facciones favoritas; así, sabemos
que Teodosio II, León I, Zenón y Anastasio fueron partidarios de los Verdes, mientras
que el resto de los príncipes, entre los que destacaban Justino I y Justiniano I, seguían
a los Azules 3267.
Así, la identificación de los hinchas con las distintas facciones produce la
aparición de verdaderos partidos, primero deportivos y religiosos, pero, después,
verdaderos partidos políticos que llegan a intervenir en los asuntos públicos, llegando
a implicarse en la defensa de la ciudad. Por ejemplo, en Constantinopla, verdes y
azules fueron auténticos partidos políticos y su circo se convirtió en algo más que un
hipódromo, donde tenían lugar acontecimientos importantes ajenos a la pasión por los
caballos 3268. Este circo fue, en el 532, el escenario de la revuelta Nika, provocada por
la rigidez del gobierno de Justiniano y el creciente malestar social, que hizo
3262
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 135.
3263
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 25.
3264
Ibídem. Pág. 25.
3265
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Págs. 528 y ss.
3266
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 188.
3267
Ibídem. Pág. 138.
3268
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 127.
552
tambalearse en el trono al poderoso emperador y que se solucionó con la fuerte
represión llevada a cabo por Belisario 3269.
La asamblea popular circense tenía, también, poder para proclamar
emperadores. Muerto Justiniano sin heredero, Justino II (565) acude, una primera vez,
al circo para recibir el refrendo del pueblo mediante la aclamación popular; y una
segunda vez, en la que ya aparece como soberano, para dirigirse a la tribuna del circo
desde la que dio un discurso en el que invitó al pueblo a que cesaran los
enfrentamientos entre las facciones y prometiéndole la celebración de nuevos
espectáculos circenses 3270.
El entusiasmo que las carreras despertaban podía desembocar en conflictos
entre las distintas facciones, como podía desencadenarlos la parcialidad de
determinados emperadores; como Nerón y Calígula que comprendieron que las
carreras de carros despertaban la pasión de las masas populares, por lo que las
fomentaron, bien participando en ellas o patrocinando a alguna de las facciones 3271, de
modo que los emperadores no eran ajenos al comportamiento violento en el circo, así
sabemos que Caracalla, que no se recataba al empuñar las riendas de su carro en la
pista, un día que el público insultó a un auriga de su bando (el azul), ordenó a su
guardia que mataran a los que gritaban, convirtiendo el circo en un infierno 3272. Y es
que, como sabemos, los emperadores, para mostrar que formaban parte del pueblo,
también apoyaban a un color 3273. En Oriente, al igual que en Occidente, los verdes
acogían al pueblo y los Azules a la aristocracia; y las rivalidades entre ambas
facciones se fueron acentuando a medida que crecían las desigualdades sociales, por
lo que constituían un foco de problemas 3274. Pero a veces estas facciones cesaban en
sus hostilidades, como ocurrió durante la ya mencionada sublevación de Nika, el 18 de
enero de 532, que “…comenzó con las quejas de los Verdes que se sentían
perjudicados por Justiniano I. Sin embargo, ocurrió lo impensable: los Azules,
disgustados también por la política del prefecto del pretorio, Juan de Capadocia,
hicieron una tregua con los Verdes y se aliaron con ellos para rebelarse. Durante el
conflicto, la ciudad fue pasto de las llamas. El motín popular estuvo a punto de costarle
el trono al emperador, refugiado en palacio junto con su corte. Finalmente los
generales Mundo y Belisario, encargados de sofocar la revuelta, asaltaron el
3269
Ibídem. Pág. 127.
3270
Ibídem. Pág. 127.
3271
Ibídem. Pág. 223.
3272
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 535.
3273
Toner, J. 2012. Opus cit. Pág. 170.
3274
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 40.
553
hipódromo, donde se habían refugiado los sublevados, con lo que dieron así fin a una
insurrección que duró seis días y costó la vida a 35.000 personas. …” 3275.
3275
Ibídem. Págs. 40 y 41.
3276
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 121.
3277
Ibídem. Pág. 121.
3278
Citado. Ibídem. Pág. 121.
554
su alma, su impulso, su velocidad. Aparta de ellos la victoria, ponles obstáculos en las
patas, córtales los nervios, rómpeles las articulaciones, para que cuando vayan
mañana al hipódromo no puedan correr, ni tan siquiera caminar, ni vencer, ni tan
siquiera salir de los cajones de las cuadras, ni seguir por su calle, ni por su línea, ni
tomar las curvas, sino que se caigan con sus propios aurigas: Euprepes, hijo de
Telesforo, Gentio, Félix y Dionisio “el que arranca los dientes” y Lámiro. …” 3279. Otras
defixiones iban dirigidas expresamente contra los aurigas; ésta lo hace contra
Victorico: “…Maldición. Yo os conjuro por los Grandes Nombres, para que atéis
mágicamente cada miembro y cada nervio de Victorico, el auriga del equipo azul, al
cual parió Gea, madre de todo ser vivo, y de los caballos que va a conducir: los de
Secundino: Júvenis, Abogado y Búbalo; los de Victorico, y también Dominador, que
pertenece a los Mesalios, y cuantos (caballos) sean uncidos a éstos. Ata sus patas, su
ímpetu, su salto y su carrera; ennegréceles los ojos para que no puedan ver,
retuérceles las almas y el corazón, para que no puedan respirar. …” 3280.
En papiros han aparecido fórmulas mágicas para provocar, sobre todo, el
naufragiun de los carros. “…Para la destrucción de carros “en las carreras”: quema un
ajo y la camisa de una serpiente, y escribe en la lámina de cinc: ‘Nebutosualet,
beuErbet, Pacerbetkyionouph derriba al fulano y a los que le acompañan. Enterrarás la
lámina durante tres días, en la tumba de uno que haya muerto prematuramente;
…” 3281. Otros magos recurrían al uso de bebidas para dopar y estimular a sus caballos
o a escribir fórmulas mágicas en los cascos de los mismos: “…Escribe en sus grandes
uñas [del caballo de carreras] dibujando con un estilo de bronce estos signos (signos),
escribe “Dame éxito, encanto amoroso, fama, suerte en el estadio”. …” 3282.
Estas prácticas mágicas se fomentaban por el interés económico de las carreras;
ya que en las mismas se apostaban, por parte de los espectadores, aurigas y
propietarios de los caballos, grandes sumas de dinero, que estaban supeditadas a los
pronósticos de magos y adivinos 3283. Pero se apostaba sobre las facciones, no sobre
los caballos ni sobre los aurigas que cambiaban de color según las ventajas que les
ofreciera cada facción.
Y es que la pasión de algunos romanos por el circo era enfermiza. Lucio Vero, el
corregente que tantos problemas ocasionó al emperador filósofo Marco Aurelio, era
tan apasionado de las carreras circenses que, cuando estaba lejos de Roma,
3279
Ibídem. Pág. 122.
3280
Ibídem. Pág. 122.
3281
[Link]ídem. Pág. 123.
3282
Citado. Ibídem. Pág. 123.
3283
Ibídem. Pág. 124.
555
mantenía correspondencia con sus amigos para estar al tanto de los resultados en el
circo; era hincha de la facción verde y tenía debilidad por el caballo Volucer al que
alimentaba con exquisiteces como nueces o uvas pasas y, cuando murió, le construyó
una tumba en el Vaticano 3284.
3284
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 25.
3285
Whetstone Johnston, H. 2010. Opus cit. Págs. 252 y 253.
3286
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 528.
3287
Carcopino, J. 1993. Opus cit. Pág. 276.
3288
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 37.
3289
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 137.
3290
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 73.
556
ciudad, en casa de Sorothus, los nombres de caballos que aparecen en los
medallones son Amor, Dominator, Adorandus, Crinitus, Feroxy Pegasus; y en la casa
de Ariadna, en Cartago, aparecen los nombres de Thynodesy Bacceountes 3291. En
España conocemos el nombre del caballo representado en el mosaico de Dueñas
(Palencia), Amoris; y los de Aguilafuente (Segovia), que se llaman Tagusy Eufrata(una
yegua) 3292. Algunos nombres de caballos se repiten en lugares diferentes, tal vez
porque su fama traspasaba los límites de su ciudad o porque se transportaban a
diferentes lugares para competir 3293. Son los casos de Pelops del mosaico de Torre de
Palma y de Eufrata de Aguilafuente, que nos los encontramos también en Barcelona, o
Tagus que además de en Aguilafuente nos lo encontramos en Hadrumentum 3294. Lo
mismo parecía suceder con los aurigas, ya que al Marcianus emeritense nos lo
encontramos en el mosaico del circo de Itálica 3295. Otros nombres de caballos
famosos, además de los ya citados, fueron: Arpastus, Botrocales, Delius, Eridanus,
Euplium, Eustolus, Famosus, Hiems, Inluminator, Iscolasticus, Ispumeus, Leneus,
Lenobatis, Lucxuriosus, Narcissus, Notus, Pantaracus, Patinicus, Polystefanus,
Pyripinus, RegnatoryVictor 3296.
En las yeguadas del Imperio se criaban caballos de distintas razas y cuando
éstas se encontraban fuera de Italia, los caballos se transportaban por mar, en unas
embarcaciones especiales, que eran habitables y seguras para los animales 3297. Todos
los obstáculos se esquivaban cuando se trataba de procurarse las razas más
apreciadas por el público; así, si en Antioquía, no dudaban en comprar a España, en
otras ciudades los gustos fueron cambiando, por lo que Sicilia, África, Tesalia y
Capadocia proveían a Roma de buenos corceles. 3298. Parece que las yeguadas de
Capadocia eran de propiedad exclusivamente imperial y con ellas, el soberano, hacía
gala de su generosidad en el circo 3299. En su periplo oriental del año 129 d. C. y a su
paso por Capadocia, parece que Adriano hizo acopio de caballos 3300.
Los caballos se entrenaban hasta los tres años. Antes de esa edad no se les
hacía correr; pero cuando lo hacían y el número de sus victorias era conocido por
todos, se convertían en un tesoro que llegaba a costar más que algunas
3291
Ibídem. Pág. 73.
3292
Ibídem. Pág. 73.
3293
Ibídem. Pág. 73.
3294
Ibídem. Pág. 73.
3295
Ibídem. Pág. 73.
3296
Ibídem. Pág. 125.
3297
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 157.
3298
Ibídem. Pág. 157.
3299
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 378.
3300
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 288.
557
propiedades 3301. Friedlaender no está de acuerdo con esta edad y puntualiza que su
entrenamiento comenzaba a los tres años y debutaban a los cinco 3302. Parece que la
mayoría eran machos, por la cantidad de nombres masculinos que han llegado hasta
nosotros, como Tuscus o Víctor; el primero conducido por Fortunado venció 386 veces
y el segundo, guiado por GutaCapurniano, obtuvo 429 victorias 3303.
El precio de los mejores caballos de carreras era muy elevado, y una vez
retirados del circo, los caballos laureados se escogían como sementales 3304. Claro que
la descendencia de un buen caballo podía no satisfacer las expectativas del criador;
magníficos fueron “…el caballo Corifeo y el caballo Hirpino; pero victorias como las
suyas no las obtuvieron sus descendientes, que han tenido que ser vendidas en el
mercado. El amo que los posee sabe de sus patas lentas y no los emplea más que en
vulgares faenas. …” 3305. Por el contrario, el caballo que corre rápido como un pájaro en
las carreras y “…concita por su vigor y arrogancia, el trepidante entusiasmo y las
aclamaciones del público, es noble, sea cualquiera la cuadra en la que se crió. …” 3306.
El emperador y las principales autoridades participaban en las carreras con los
mejores caballos de sus cuadras; de tal forma que este espectáculo se convirtió en un
referente de poderío y consigue sobrevivir, además de por la prohibición de las luchas
de gladiadores, “…porque en él se daban las mejores condiciones para una puesta en
escena del poder. …” 3307. Pero había voces discordantes respecto al uso de los
buenos caballos en las carreras. El intelectual Mecenas, amigo y consejero de
Augusto, en una carta, aconsejaba al emperador prohibir las carreras fuera de Roma y
por tres razones: para no gastar sumas colosales en su celebración, para no
encaprichar al pueblo con este deporte y para reservar los mejores caballos para el
ejército 3308.
Pero la gloria no era exclusiva de los cocheros. Los caballos, provenientes de las
yeguadas de Italia, Grecia, África y, sobre todo, de España, también llegaban, como
sus conductores, a ser muy famosos; hasta el punto de suscitar el sarcasmo de
3301
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 157.
3302
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 527.
3303
Ibídem. Pág. 527.
3304
Ibídem. Pág. 528.
3305
Juvenal. 1973. Opus cit. Pág. 72.
3306
Ibídem. Págs. 71 y 72.
3307
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 117.
3308
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 75.
558
Marcial, quejándose de que a pesar de ser muy conocido, debido a sus versos, no lo
era más que el caballo Andrémone 3309. Dice exactamente: “…Soy muy conocido de
todo el mundo, ¿pero por qué tanta envidia? No llegaré a ser tan famoso como el
caballo Andrémone. …” 3310.
Aunque los mejores caballos de carreras procedían de las provincias, también
algunas regiones de Italia producían excelentes caballos, como por ejemplo Apulia y
Calabria, donde Tigelino, un entusiasta criador de caballos para el circo, los había
criado, siendo él el que alentó a Nerón en su pasión por los mismos 3311.
3309
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 25.
3310
Citado. Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 333.
3311
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 527.
3312
Montenegro Duque, A. y otros. 1986. Opus cit. Pág. 521.
559
en los pastizales en los que se convirtieron sus tierras de labor desde los comienzos
del Imperio; ciertas regiones de Grecia, como Etolia, Acarnia y Epidauro, también
producían buenos corceles; también eran excelentes los africanos (moros y
cirenáicos).
Pero Pasado el tiempo, tal vez, la excelencia, en los siglos III y IV, la constituían
los caballos de Capadocia y España 3313. Época en la que “… Antioquia, la fastuosa
capital de Siria, cuyos juegos circenses eran famosísimos, no escatimaba ni rehuía
dificultades, a pesar de las enormes distancias, para llevar a correr en sus pistas las
nobles bestias apacentadas en las riberas del Tajo y el Guadalquivir. …” 3314. Fama que
se extendió hasta bien adelantado el Imperio, como demuestra la
Expositiototiusmundi, cuando habla de Hispania: “…Este es un país amplio, muy
grande y rico. Dotado de hombres doctos y de todos los bienes, distinguido por todos
sus productos comerciales, de los que he aquí algunos: exporta, en efecto, aceite,
salmuera, vestidos diversos, tocino y caballos, y provee de ellos al mundo entero.
…” 3315. La estima de la que gozaron los caballos españoles se extendió hasta el Bajo
Imperio, utilizándose los caballos hispanos en los hipódromos de las tres ciudades en
las que más arraigadas estaban las carreras: Roma, Antioquia y Constantinopla 3316.
Por el contrario, entre los de peor categoría se encontraban los griegos, que
eran objeto de fraude, porque se les cambiaba el nombre a su lugar de origen a fin de
incrementar su precio en el mercado 3317. Bien avanzado el Imperio, Vegecio clasifica
los caballos según fueran para el circo, la guerra o la montura; y para el circo los más
aptos eran los capadocios, seguidos de sicilianos, hispanos y africanos 3318.
Si, a partir del siglo I d C., el Estado acaparó todo lo concerniente a los demás
espectáculos, lo concerniente a las provisiones circenses lo dejó en manos del sector
privado 3319. La mayoría de las veces, los promotores de las carreras eran sociedades
especiales de capitales y cuadras de caballos, compañías con las que habían de
entenderse los organizadores de los juegos 3320.
3313
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 527.
3314
Ibídem. Pág. 527.
3315
Citado por: Blázquez, J. M. y otros. 1978. Opus cit. Pág. 538.
3316
Ibídem. Pág. 539.
3317
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 378.
3318
Ibídem. Pág. 52.
3319
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág.156.
3320
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 529.
560
Las facciones acaparaban el negocio del circo, pero había aristócratas que, tal
vez por distinción, no quisieron recurrir a ellas en la organización de sus eventos. Ese
parece ser el caso de Símaco que, quizá, quería que los juegos ofrecidos en honor de
su hijo tuvieran un esplendor particular, por lo que no se contentó con las cuadrigas
que le ofrecían en Italia, y mandó a España unos especialistas, con el encargo de
comprar corceles extraordinarios y hacerlos llegar a la Urbe 3321. Sus cartas van
dirigidas, entre otros, a Salustio, un antiguo prefecto de la ciudad, que poseía grandes
yeguadas en Hispania; “…por esta correspondencia se conocen los nombres de los
hispanos que poseían yeguadas. Estos criadores de caballos se llamaban Helpidius,
Messala, Longinianus, Patruinus, Perpetuus, cuyos caballos eran muy seleccionados y
muy veloces. Otros propietarios eran Perpetua, una dama, S. Flavianus, S. Bassus, S.
Aurelianus y S. Marcellus. Se ignora en qué regiones se encontraban estas yeguadas.
Podía ser en cualquiera de los latifundios que cubrían la mayor parte de la Península
Ibérica. Esta correspondencia prueba que la afición por las carreras de caballos era
grande en Hispania y que estos caballos eran tan famosos que se exportaban a
Roma…” 3322.
Nosotros nos detendremos en las cartas que Símaco dirigió a Eufrasio, en la que
le comunica que su hijo ha sido designado para la pretura urbana: “…Comprendes lo
que significa esta información: hay que preparar unas cuadrigas de caballos de raza.
Enviaremos su precio a partir del verano próximo, pero la elección debe anteceder ya
a la necesidad. Efectivamente, en asuntos de esta clase vale mucho una diligencia
más prolongada. Disponte de ello a que la segunda magistratura de mi hijo supere el
esplendor de su cuestura anterior, que gracias a ti ha alcanzado una brillante fama.
Sin duda hay un avance cierto y muy grande en la gloria siempre que lo anterior es
superado por los siguiente. …” 3323. En la siguiente carta al mismo, insiste en la
necesidad de preparar caballos “…para que mi dinero y tu celo respondan a la
expectación del pueblo romano. [..] Mis amistades te pagarán sin tardanza el precio
que calcularás de acuerdo con tu equidad. Responderá a tu bondad que me
suministres de tu casa o selecciones entre las manadas ajenas todo animal de buena
raza para las carreras de carros que produzca Hispania.
No temo que por estas gestiones juzgues que yo anhelo las alabanzas plebeyas.
Sin duda conoces por tu sabiduría que a los magistrados de una ciudad grande no les
convienen los espíritus mezquinos. Esto recomienda también tu Tulio cuando censura
3321
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 158.
3322
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 72.
3323
Simaco: Cartas. Ed. Gredos. Madrid. 2000. Pág. 334.
561
el lujo en los asuntos privados y aprueba la magnificencia en los públicos. Por eso
secunda con tus mayores fuerzas el magnífico ardor de un espíritu romano, y si por tu
buena acción les sobreviene a los buenos una fama más esclarecida, llegarás a
participar conmigo del favor del pueblo. …” 3324.
El aristócrata romano, además, le escribe al ganadero hispano rogándole que le
compre caballos de otro hierro: “…deseo que tan pronto como abra el mar la
navegación de primavera se me traigan cuatro cuadrigas de la manada de los
laodiceos que selecciones. Yo pagaré el precio que me señale tu carta a quienes
hayas enviado para ello. Aunque no he debido asegurar esto, porque la lealtad de la
amistad no precisa de garantías escritas. Supongo que te preguntas con extrañeza por
qué no los solicito de tus manadas, que dejan atrás por su raza a los mejores de los
iberos. Nuestra ciudad se aburre con un espectáculo monótono y yo debo vencer su
saciedad por medio de la variedad. A tu celo le corresponde sólo aplicar el
discernimiento y equiparar la gloria de tus cuadras con la de las ajenas, pues cuando
se aborda un asunto de un amigo también debes considerar propio lo que eliges.
…” 3325. En su búsqueda de la excelencia, Símaco, contrató a reputados cocheros
sicilianos que no llegaron a Roma; y, para prevenir contrariedades con los caballos,
contactó con aurigas italianos y pidió a un amigo de Arlés que alojara durante el
invierno, si el estado del mar impedía la navegación, a sus caballos españoles 3326.
Simaco también escribe a Eufrasio para rogarle que se comporte con benignidad
con unos sirios que le han pedido recomendación, sabedores de su amistad con el
criador hispano y de la excelencia de los caballos del mismo: “… No sólo está en boca
de muchos nuestra amistad, sino que la gloria de tus caballos se ha extendido en una
gran distancia. De aquí surge que todo magistrado, siguiendo la fama de tus manadas,
reclame para su patria el apoyo de mi recomendación. Por eso los notables de
Antioquía, enviados a adquirir cuadrigas, han querido ayudarse ante ti captándote con
nuestras palabras. Te ruego que otorgues a quienes han viajado desde lejos tu justa
benignidad en la elección y en el precio que confirme que unos hombres que han
seguido una opinión halagadora sobre tu celo y mi valía, habían albergado una
esperanza cierta. …” 3327.
3324
Ibídem. Pág. 334 y 335.
3325
Ibídem. Págs. 337 y 338.
3326
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág.159.
3327
Simaco. 2000. Opus cit. Págs. 336 y 337.
562
Conocidos la estructura del circo, los aurigas y los caballos, pasemos a hablar
del espectáculo. Los juegos se abrían con un desfile triunfal que se iniciaba en el
Capitolio y pasaba por el Velabro y el foro Boario, para terminar en el circo. El desfile
lo formaban lujosos carros, tirados por cuadrigas de caballos, en los que se
transportaban las estatuas de los dioses hasta el circo; una vez que concluían los
actos religiosos daban comienzos las competiciones 3328. Sigamos la descripción que
Dionisio de Halicarnaso hace de este desfile: “…Antes de empezar los juegos, las
máximas autoridades conducían una procesión a los dioses desde el Capitolio hasta el
Circo Máximo a través del Foro. Encabezaban la procesión, en primer lugar, los hijos
de las autoridades. […] Seguían a éstos unos aurigas que llevaban, unos, cuatro
caballos uncidos, otros dos, y otros caballos sin uncir. Detrás de ellos marchaban los
participantes en las competiciones…” 3329. Continúa relatando que detrás desfilaban los
flautistas y citaristas y al final de todos, desfilaban las imágenes de los dioses, llevadas
sobre las espaldas de los hombres; terminaba el desfile con el sacrificio de los bueyes,
por parte de los cónsules y los sacerdotes 3330. En el cumplimiento estricto de estos
ritos se apoyaba el cumplimiento de la tradición, por ejemplo los niños no podían
perder las riendas ni tocarlas con la mano izquierda, ni podía caer ningún caballo
durante la procesión 3331. Cuando los juegos habían sido prometidos como votos por
una batalla, se celebraban tras la ceremonia triunfal, “…marchando el general
victorioso en procesión (pompa) desde el Capitolio hasta el Circo Máximo. De este
modo la pompa circensis se convertiría en una continuación de la pompa triunphalis –
una empieza donde acaba la otra, en el Capitolio-. Ambas forman parte de la
ceremonia del triunfo, con el que los ludi estarían relacionados. …” 3332.
Terminado el cortejo ritual, las cuadrigas ocupaban las cárceres según el orden
que se había establecido, mediante un sorteo celebrado ante funcionarios y ante
representantes de las cuatro facciones; la orden para el comienzo de la carrera la
daba el magistrado que presidía los juegos, dejando caer un paño blanco; los carros
salían de los puestos de salida cuando las cárceres se abrían, probablemente, por
medio de un sistema de cuerdas 3333. La práctica de dar la salida con el pañuelo blanco
la atribuye Casiodoro a Nerón que, ante el desagrado de la plebe prolongaba en
exceso su desayuno; una vez que terminó “…Nerón habría dejado caer desde lo alto
de su palco (pulvinar) su servilleta […] de mesa para dar a entender que las carreras
3328
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 128.
3329
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 112.
3330
Ibídem. Págs. 112 y 113.
3331
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 137.
3332
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Págs 20 y 21.
3333
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 19.
563
podían reanudarse. Desde los comienzos del Imperio en todo caso, el editor se
encuentra en una tribuna emplazada encima y en el centro de la línea de las
carceres(el ritual detallado de los hermanos Arvales lo explica claramente): los aurigas
no lo ven pues, porque están dentro de las cuadras, y podemos pensar que son
prevenidos por un golpe de trompeta previo. …” 3334.
Para determinar qué carcer ocupaba cada tiro se efectuaba un sorteo. En la urna
se ponían las bolas de los distintos colores, y al ser volteada ésta, quedaban
depositadas en unas ranuras que determinaban la posición a ocupar por cada color en
la salida 3335. Los tiros, compuestos generalmente de 4 caballos, pero cuyo número
podía oscilar entre 2 ó 10, se colocaban en la posición que les había correspondido en
el sorteo, donde los caballos, piafando y coceando de impaciencia, esperaban el
comienzo de la prueba 3336.
En caso de que corrieran cuadrigas, de los carros tiraban 4 caballos, 2
enganchados a la lanza y 2 laterales, caballos exteriores a los que se llamaban
funales; estos últimos eran los que debían soportar el mayor esfuerzo en la carrera,
sobre todo el caballo de la izquierda que tenía la difícil misión de girar al final de la
espina, próximo a ésta pero evitando rozarla para escapar al naufragio 3337. Los
caballos que se uncían al yugo se llamaban iugales; o sea los que en una cuadriga
ocupaban la posición central 3338.
Con frecuencia, como sabemos, los carros podían ser arrastrados por un número
mayor de caballos, lo que requería mayor habilidad en los conductores; conocemos el
caso del auriga M. Aurelio Polinice que condujo un carro tirado por ocho o nueve
caballos 3339. Cuando se uncían 2 caballos al carro, el tiro se llamaba biga; triga, si eran
3 los animales; seyugas, si eran 6; y decemiuges, si eran 10 los caballos del tiro 3340.
Pero los caballos enganchados al carro podían llegar, según una intaille 3341
conservada en la Biblioteca Nacional de Francia, hasta los 20, lo que parece ser una
pura fantasía que no atestigua ningún otro documento, ni epigráfico ni
arqueológico 3342.
3334
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 105.
3335
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 138.
3336
Ibídem. Pág. 138.
3337
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 19.
3338
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 81.
3339
Mancioli, D. 1987. Opus cit. Pág. 19.
3340
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 222.
3341
Piedra preciosa grabada en hueco (Diccionario Word [Link]. Online
LanguajeDictonaires).
3342
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 103.
564
Tiene ventaja el carro que corre pegado a la spina porque el trayecto es más
corto, pero es difícil mantener la primera posición ya que los adversarios tratarán de
ocupar la misma. En los primeros momentos de la carrera “…para moderar el ardor de
sus caballos, los cocheros conducían con el cuerpo ligeramente echado hacia atrás;
sujetaban con la mano izquierda las riendas que llevan atadas alrededor de la cintura,
[…] Su preocupación consistía menos en ir aprisa que en situarse bien, pues el arte
del cochero estriba en molestar al rival, sin dejarse molestar por él. …” 3343. Táctica
que, la mayoría de las veces, desembocaba en pura violencia, ya que los cocheros
trataban de molestar al adversario, o intentaban volcarlo, empujándolo con su carro, o
trataban de arrancarle el eje del vehículo, o de inutilizarlo, lanzando sus propios
caballos contra él, desde atrás [Link] la prueba, un heraldo se encargaba de
proclamar vencedor al auriga de la facción que había rebasado en primer lugar la
meta; para ello levantaba una tira con su color y mencionaba el nombre del caballo
funalis 3345.
Entre el premio que se otorgaba a los aurigas vencedores estaba la palma
Horacio en sus Odas y Epodos canta a los caballos y a los púgiles que la obtienen:
3343
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 139.
3344
Ibídem. Pág. 141.
3345
Fernández, J. Mª (Editor). 2004. Opus cit. Pág. 84.
3346
Horacio: Odas y Epodos. Ed. Cátedra. Madrid. 1990. Pág. 325.
3347
Decker, W. etThuillier J. P. 2004. Opus cit. Pág. 218.
3348
Segura Munguía, S. 2005. Opus cit. Pág. 143.
3349
Thuillier, J. P. 1996. Opus cit. Pág. 109.
565
11. 4. 1. El naufragio.
3350
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág.141.
3351
Ibídem. Pág. 142.
3352
Ibídem. Pág. 142.
3353
Ibídem. Pág. 142.
3354
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 122.
566
de superarse, los peligros que tenía que evitar, las proezas a las que se había visto
obligado el vencedor, las vicisitudes imprevistas de cada una de las pruebas,
subrayada por la poderosa belleza de los caballos, la riqueza de sus arneses, la
perfección de su adiestramiento y, sobre todo, la habilidad y valentía de los
conductores de carros y jinetes. …” 3355.
A estos atractivos espectáculos, celebrados con singular esplendor, acudían no
sólo la gente de Roma, sino también grandes masas de extranjeros, que venían de
todas partes. Sabemos que en los juegos triunfales que organizó César, los
extranjeros se alojaron en barracas y tiendas de campaña levantadas en la calle;
Marcial, en su descripción de la inauguración del Coliseo dice que “…no había ningún
pueblo extranjero y bárbaro que no hubiese enviado sus representantes a aquellas
fiestas. Veíanse allí el agricultor que labraba la tierra al pie de los Balcanes, el sármata
que se alimentaba de leche de yegua, el habitante de las tierras situadas en las
fuentes del Nilo… .” 3356. Semejante masa humana hacía necesaria unas bien
planificadas medidas de seguridad; y de éstas, durante la celebración de los juegos,
se encargaban las cohortes urbanas, al mando del prefecto de la ciudad, que solía ser
un senador 3357.
Juvenal escribe que la mayor contrariedad para un romano era no poder
presenciar los juegos circenses: “…El único dolor y la única tristeza de los que salen
de la patria es el carecer por un sólo año de los juegos circenses. …” 3358. Pero no
todos los romanos estaban de acuerdo con él ni frecuentaban el circo; sabemos que
Tiberio no lo hacía 3359; como tampoco debía hacerlo el emperador pagano Juliano al
que se ridiculizó en Antioquia, durante las Saturnales y las celebraciones del Año
Nuevo por su barba, su vida ascética, su desinterés por el teatro y el circo, y por la
gran cantidad de animales que sacrificaba 3360. Al propio Juvenal tampoco debían de
agradarle los espectáculos, como parece dejar entrever en este texto suyo: “…hoy el
circo encierra a Roma entera, el estruendo hiere mis oídos y por él deduzco la victoria
del equipo de los verdes. Si hubiera sido vencido, verías a esta ciudad triste y aturdida,
como si hubieran derrotado a los cónsules en una batalla. …” 3361. A los que tenían
voluntad de prescindir de los juegos del circo, les aconsejaba arrendar una casa
confortable en Sora, en Fabratería o en Frusino, por mucho menos de lo que costaba
3355
Carcopino, J. 1993. Opus cit. Pág. 272.
3356
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 515.
3357
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 79.
3358
Citado. Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 368.
3359
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 284.
3360
Toner, J. 2012. Opus cit. Pág. 140.
3361
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 42.
567
en Roma un cuartucho miserable 3362. Parece que también los ciudadanos de a pie
tenían ciertos prejuicios contra los obsesionados por las carreras; por ejemplo
sabemos que los soldados de Otón y Vitelio se insultaban llamándose, unos a otros,
cobardes, perezosos y corrompidos por el circo 3363. Plinio el Joven se muestra
abiertamente contrario a esta diversión: “…son un espectáculo que no me seduce de
ninguna forma […] y me extraño de que tantos miles de hombres se vean atraídos,
como niños grandes, por el deseo de ver a los caballos lanzados a la carrera y a los
cocheros de pie sobre los carros. Si todavía el interés radicase en la rapidez de los
caballos, o en la habilidad de los cocheros, este gusto podría explicarse, pero es el
color el que se aplaude, es el color el que se ama y si, en plena carrera y en el fragor
de la lucha, el primer color pasase al segundo auriga y el segundo al primero, las
voces y los aplausos cambiarán de bando y de repente los famosos conductores, los
famosos caballos a los que se está habituado a reconocer a distancia, cuyos nombres
no se deja de aclamar, serán abandonados. Tal es el favor, tal la importancia que se
concede a una miserable túnica. Y no digo que no sea comprensible en la chusma
más miserable, pero en ciertos hombres serios. […] Cuando pienso lo que es esta
diversión fútil, boba, monótona, que les clava a su asiento, jamás saciados, yo gozo de
verdadera alegría por no compartirla…” 3364.
El circo eraun buen escenario para establecer relaciones amorosas. Allí se
enamoró Sila de su última amante. En efecto, después de su triunfo (en el 81 a. C),
murió su mujer; poco después de abdicar había conocido a Valeria en las gradas del
circo, adonde tal vez ambos habían acudido por su afición a los caballos 3365. Valeria
quitó un pelo que Sila tenía en su toga, diciéndole que, con esa acción, ella también
quería participar, aunque fuese por un pelo, de su suerte 3366. Nació una historia de
amor y aquel general felix parece que fue feliz de veras, ya que “…pasó los últimos
dos años de su vida haciendo el amor con Valeria, cazando, discurriendo de filosofía
con los amigos y escribiendo sus Memorias, que nos han llegado sólo a trozos. …” 3367.
Lugar que es también citado por Ovidio como inmejorable para la intriga amorosa:
“…No olvides la competición de caballos. El circo, tan concurrido, ofrece muchas
ocasiones….Siéntate junto a ella, que nadie te lo impedirá, arrima tu costado a su
costado tanto como puedas; además te obligará a arrimarte el escaso espacio de tu
localidad…Procura preguntar con interés de quién son los caballos que llegan y, sin
3362
Juvenal. 1973. Opus cit. Pág. 30.
3363
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Pág. 119.
3364
[Link]ía Romero, F. y Hernández García, B.2005. Opus cit. Págs. 56 y 57.
3365
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 203.
3366
Ibídem. Pág. 203.
3367
Ibídem. Pág. 203.
568
demora, concede tu favor a su caballo favorito, sea cual sea […] Estos inicios de un
nuevo amor también el circo te los proporcionará. …” 3368. En sus gradas uno terminaba
charlando con el vecino; por Plinio el Joven conocemos la conversación que Tácito
mantuvo con el suyo y que el mismo escritor contó a Plinio, que dice: “…Me contaba él
que en los juegos circenses que acaban de celebrase se sentó a su lado un caballero
romano y que, después de una variada y erudita conversación, le preguntó: “¿Eres
itálico o provincial?”; y él le contestó: “Tú me conoces, y por mis escritos, por cierto”; a
ésto le dijo el otro: “¿Eres Tácito o Plinio?”. …” 3369.
3368
Citado. García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 44 y 45.
3369
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit.Pág. 21.
3370
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 117.
3371
Ibídem. Pág. 117.
3372
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 270.
3373
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 11.
569
En ello veo la prueba de su ceguera: no son capaces de ver la salida. Piensan que es
un mappa (pañuelo), pero en realidad es la imagen del diablo lo que se agita. A partir
de este instante se desencadena la locura, las pasiones, los enfrentamientos y todo lo
que no está permitido a los sacerdotes de la paz. Se lanzan maldiciones e injurias sin
que nada justifique el odio, gritos de apoyo sin nada que recuerde el amor. …” 3374.
Critica este autor a la gente que se aflige o alegra por algo que en realidad no le atañe
y, puesto que el público llega a odiar sin motivo, “…nuestro autor plantea otra razón
para evitar absolutamente el circo: Dios prohíbe odiar incluso con motivo para ello.
…” 3375.
También Juan Crisóstomo, a finales del siglo IV, critica con dureza los juegos y
como San Agustín se queja de que por causa de la celebración de carreras y por una
sesión teatral, tanto el Viernes como el Sábado Santo, la iglesia se quedó vacía 3376. Y
Lactancio se pregunta “…¿Qué contiene el circo, salvo frivolidad, vanidad y locura?
…” 3377 y tanto la legislación civil en el Codex Theodosianuscomo la religiosa en el
canon 52 del Concilio de Elvira, hacían incompatible la profesión de auriga con la
práctica del cristianismo 3378. Pero los cristianos trataban de disculpar su afición
alegando que el profeta Elias había subido al cielo en carro 3379.
Cuenta San Agustín 3380 que su amigo Atilio amaba perdidamente el circo, con
afición ciega y apasionada; pero que un día éste, ante la burla de Agustín hacia las
personas a las que esclavizaba tal locura, “…sacudió enérgico el ánimo para salir de
ese abismo en que con tanto gusto se sumergía, y no volvió a poner los pies en el
circo. …” 3381. Agustín pide en sus sermones a sus feligreses que no acudan a los
espectáculos porque pueden dañar su moral cristiana 3382.
Ya conocemos la definición que de los espectáculos hizo Isidoro. Este autor
relaciona los juegos con el mal, convirtiéndolos en un culto a los demonios. “…Su raíz
3374
Citado. Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 53.
3375
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 280.
3376
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 226.
3377
[Link], J. 2012. Opus cit. Pág. 230.
3378
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 117.
3379
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 180.
3380
San Agustín, “…nace el 13 de noviembre del año 354 en la ciudad de Tagaste; su madre
es cristiana, su padre se convierte más tarde a una profesión de cristianismo más externo.
Estudia en las escuelas de Tagaste, Madaura y Cartago. El alma inquieta de san Agustín no se
siente satisfecha con la literatura ni con el maniqueismo de Fausto. El Hortensius de Cicerón le
saca de su mundana implicación sensual y le marca el horizonte de lo eterno, de lo intuitivo, de
lo verdadero. El año 383 se traslada a Roma, y al año siguiente es ya profesor de retórica en
Milán por elección de Símaco. San Ambrosio le enseña la posibilidad de una comprensión
espiritual de la Biblia. …”(Buchner, K. [Link] cit. Pág. 457).
3381
Briceño Jáuregui, M: Los Gladiadores de Roma. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá 1986. Pág.
19.
3382
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 226.
570
es la idolatría […] Por este motivo hay que considerar la maldad de su origen para que
no vayas a dar por bueno lo que tuvo su origen en el mal. …” 3383. Así explica los
juegos este autor hispano: “…Los juegos circenses fueron instituidos por motivos
religiosos y para celebración de los dioses paganos. Por eso, los que asisten a ellos
como espectadores se considera que con su presencia sirven al culto de los
demonios. En efecto, antaño, el ejercicio ecuestre era estimado como algo sencillo, y
siendo de uso común, no se veía en él malicia alguna; pero cuando su práctica natural
se trasladó a los juegos, se convirtió en culto a los demonios. …” 3384.
Denuncias de la Iglesia que parece que no cayeron en saco roto, como nos
demuestra el hecho de que Teodosio I promulgara, el 17 de abril del 392. d. C., en
Constantinopla, una ley que dirigió al prefecto de la ciudad, prohibiendo las
competiciones circenses el domingo, con el pretexto de que ningún espectáculo debía
apartar a los hombres de los misterios de la ley cristiana; prohibición que demuestra la
influencia que las denuncias de los Padres de la Iglesia tuvieron en esta legislación.
…” 3385.
Ni siquiera el Estado veía con buenos ojos la obsesión por los juegos. De los
numerosos estudiantes que había en Roma se preocupó Valentiniano I, que en el año
370 d C., promulgó un edicto, según el cual el estudiante debería “…estar provisto de
una tarjeta de identidad, firmada por el magistrado de la Provincia de donde venga,
consignando el lugar de su nacimiento, edad, educación anterior, debe presentarse al
magíster census y manifestarle qué estudios piensa hacer y el lugar en que se
hospedará. El magistrado se informará si asiste a clase con regularidad, si no va, con
demasiada frecuencia al teatro y a los juegos, y si no vuelve a casa demasiado tarde.
…” 3386.
Claro que si en Occidente algunos emperadores cristianos lucharon contra el
paganismo, la astrología y la superstición, lo mismo que la Iglesia; en Oriente, y a
pesar de la misma oposición eclesiástica, durante la Antigüedad Tardía, el panorama
era muy diferente y “…los espectáculos, lejos de estar en decadencia, muestran un
vigor sorprendente, reflejado en las constantes reconstrucciones que tienen lugar tras
los terremotos que asolan esta parte del imperio. También destaca la importancia que
tiene la legislación, siempre preocupada por el favorecimiento de los espectáculos.
…” 3387. En Constantinopla, ciudad cristiana contrapuesta a la Roma pagana, las
3383
Citado. Ibídem. Pág. 225.
3384
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Págs. 151 y 152.
3385
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 319.
3386
Guillén, J. 1977. Opus cit. Págs. 263 y 264.
3387
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 227.
571
carreras tuvieron un arraigo mayor que en la misma capital occidental; lo mismo
podemos decir de otras ciudades del Imperio como Cartago, en donde sus habitantes
indolentes asistían a las carreras circenses mientras los vándalos de Genserico
asediaban su ciudad; o en Hispania, donde una epístola del Papa Inocencio I
recordaba que muchos obispos españoles accedían a ese honor tras haber ofrecido,
antes de su consagración, espectáculos profanos al pueblo 3388.
Y es que los ludi circenses y los monumentos conmemorativos permitían al
pueblo contemplar la grandeza de Roma y estar en contacto con sus dioses vivientes,
por lo que las críticas, más o menos encubiertas de los pensadores, estoicos o
epicúreos, contra los abusos de los espectáculos, no llegaba a las masas, mucho más
atentas a la grandiosidad de los mismos que a la cultura 3389. A pesar de todo, y a la
vista de los hallazgos arqueológicos, musivarios y literarios, parece que algunas
carreras siguieron celebrándose hasta fecha bien tardía, como parece mostrar el
interés de la aristocracia hispana por adornar sus villas con motivos ecuestres; buenos
ejemplos de los cuales son los mosaicos emeritenses con representaciones de
aurigas, el de la carrera de circo aparecido en Itálica o los de Gerona o Alcalá de
Henares; todos los cuales muestran el gusto de aquellos hombres por las
celebraciones circenses 3390. Al menos en Hispania los circos seguían en activo en el
siglo IV y V; de ello dan fe la ya citada inscripción del 337-340, que conmemora la
restauración del circo de Mérida, las monedas que parecen probar la utilización del de
Toledo en fechas tardías del siglo IV, o la noticia de que en 504 todavía se celebró una
carrera en Zaragoza 3391.
Pero parece que, finalmente, el efecto de las misivas de la Iglesia contra los ludi
circenses cayeron en saco roto, como nos lo confirma la sepultura de nuestro ya
conocido Sabiniano en la Basílica emeritense de Casa Herrera, cuyo epígrafe
“…indica hasta qué punto se cumplían a rajatabla las prohibiciones de admitir en la
comunidad cristiana a los aurigas en ejercicio. Prohibición que precisamente se
recuerda en el conocido Concilio de Elvira de principio del siglo IV. Tal vez nuestro
Sabiniano era demasiado popular como para que se le prohibiera ese honor de ser
enterrado ad Santos, incluso aunque quisiera recordar con orgullo su nefanda
profesión. …” 3392.
3388
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 118.
3389
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 50.
3390
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 13.
3391
Ibídem. Pág. 14.
3392
Ibídem.Pág. 14.
572
Sabemos que el ocio está indisolublemente unido a la existencia humana, pero
es en la Antigüedad cuando ese ocio se convirtió, para el pueblo, en una auténtica
filosofía de vida, que levanta la crítica de Juvenal: “…Desde que no puede vender sus
votos, él, que antaño llevaba por el mundo su poder, su emblema y sus legiones, se ha
convertido en un pueblo degenerado que ya sólo desea, con una ansiedad codiciosa,
dos cosas: pan y juegos. …” 3393. Y los días de juegos fueron aumentando a lo largo de
la vida de la Urbe, ya que si al final de la República había 66 días de juegos, en
tiempos del emperador Marco Aurelio, éstos llegaron a 135 3394. De la crítica del
historiador Amiano Marcelino no escapa ninguna de las clases sociales de Roma,
cuando éste llegó a la Urbe y se percató de la realidad; entre ellas despreció a la
plebe, “…a la que califica de otiosa, y la acusa de permanecer todo el día boquiabierta,
examinando los defectos y virtudes de aurigas y caballos, con una avidez que la
llevaba a vivir únicamente pendiente de los resultados de las carreras de carros.
…” 3395.
Los juegos, en Roma, no murieron con el Imperio, sino que sobrevivieron a la
agonía del Occidente y subsistieron en el seno de los reinos germánicos 3396. La última
carrera de carros documentada en Italia tuvo lugar en el año 549 y, tal vez, la organizó
el monarca ostrogodo Totila; desaparición de los juegos circenses en Occidente,
motivada, posiblemente, por la profunda crisis del siglo V, a la que agravaron las
invasiones bárbaras y la guerra con Bizancio, en el siglo VI 3397.
3393
Ibídem.Pág. 221.
3394
Whetstone Johnston, H.2010. Opus cit. Pág. 237.
3395
Jiménez Sánchez, J. A. 2010. Opus cit. Pág. 370.
3396
Ibídem. Pág. 331.
3397
Ibídem. Págs. 334 y 335.
573
574
12. EL EJÉRCITO ROMANO. LA CABALLERÍA.
De L. Sisinio Dentado “…. Se dice que tomó parte en ciento veinte batallas, jamás
recibió una herida por la espalda, habiendo sido herido de frente cuarenta y
cinco veces, fue condecorado con ocho coronas de oro, una de asedio, tres
murales, catorce cívicas, ochenta y tres collares, más de ciento sesenta
brazaletes, fue premiado con dieciocho lanzas, obsequiado con arneses para el
caballo quince veces: participó de muchos despojos óptimos. Lo llevaron en su
triunfo sus generales hasta nueve veces….” 3398.
(Aulo Gelio).
3398
Citado. Guillén, J. 1994. Opus cit. Págs. 484 y 485.
575
servicio que se basaba en la lealtad personal 3399. Si la excepción parecían constituirla
los griegos, que habían invadido el sur de Italia con sus falanges hoplíticas, ahora se
piensa que la falange es posterior a este período, por lo que creemos que “…griegos,
etruscos y romanos lucharon con armas variadas en bandas mezcladas, mayores o
menores, dependiendo de la importancia de la ocasión y el prestigio de los jefes
implicados. …” 3400. En Roma, esta situación comenzó a cambiar en el siglo VI a. C.
cuando el rey Servio Tulio estableció un nuevo ejército, que reclutó entre los
ciudadanos; y el posterior dinamismo de la conquista romana se concretó en su
ejército, al que podríamos definir como el pueblo de Roma en armas; ejército que era
el pilar básico en el que se apoyó la Urbe para la conquista del Mediterráneo 3401.
Según Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso, en época del rey Servio Tulio (c.
578-534 a. C.), se llevaron a cabo importantes reformas en la estructura del ejército,
que perdurarían durante siglos 3402. Se dividió el pueblo de Roma en dos grandes
grupos, los adsidui, que podían costearse su propio armamento; y los capite censi,
posteriores proletarios, que al no poder costeárselo, no tenían deberes militares pero
tampoco derechos políticos 3403. Aunque la opinión generalizada es que en los albores
de Roma, las armas las aportaba al ejército cada individuo, por Dionisio de
Halicarnaso sabemos que, por ejemplo, los reyes de Roma armaron a sus súbditos en
las últimas décadas del siglo IV a. C 3404. El rey Tarquinio el Soberbio formó un ejército
con hombres a los que consideraba leales y a los que parece que él mismo les entregó
sus panoplias 3405. Avanzado el tiempo, ya en los días de la República, el tribuno Cayo,
el hermano de Tiberio Craco, se ganaría a los soldados prescribiendo que a partir de
su tribunado los soldados estarían equipados a expensas del Estado 3406.
Durante los primeros siglos republicanos, el soldado romano era un campesino
ligado a la tierra, que tenía la obligación de defender la misma y extenderla 3407. En
tiempos republicanos, negarse a prestar servicio militar, estaba penado con la muerte;
más adelante este castigo desapareció, siendo el servicio, salvo puntuales y
excepcionales reclutamientos forzosos, voluntario. 3408.
3399
Souza de, P (Editor). 2008. Opus cit. Pág. 139.
3400
Ibídem. Pág. 139.
3401
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 40.
3402
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 169.
3403
Ibídem. Págs. 169 y 170.
3404
Ibídem. Pág. 173.
3405
Ibídem. Pág. 173.
3406
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 184.
3407
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 60.
3408
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 568.
576
El ejército de la República y el del Imperio eran bien diferentes; al primero ya los
hemos definido como los ciudadanos en armas, mientras que al segundo podríamos
hacerlo como una fuerza asalariada de profesionales que portaban sobre sus espaldas
largas carreras y la mayoría de los cuales eran profesionales bárbaros 3409. Si el
ejército bajo la República se componía de dos elementos principales: la legión, que
estaba formada por ciudadanos romanos; y los auxiliares de infantería y caballería,
que formaban no ciudadanos; Augusto conservó estos dos elementos y añadió uno
más, su guardia de corps, que confió a auxiliares de naturaleza especial 3410.
Transformó el ejército en una fuerza profesional permanente, quedándose de los
inmensos contingentes que tuvo después de Accio, 25 legiones, que convirtió en
unidades permanentes y algunas de las cuales sobrevivió hasta el siglo VI d. C. El
reclutamiento era voluntario, servían durante dieciséis años y, más tarde, veinte; y al
licenciarlos se les entregaba una parcela de tierra o bien se les daba dinero contante y
sonante 3411. En los primeros años del Imperio se calcula que serían necesarios seis mil
reclutas anuales para atender las necesidades del ejército [Link]én convirtió en
permanentes las unidades provinciales de infantería (cohortes) y las de caballería,
(alae), que hasta ese momento habían sido ocasionales. Según Balsdon, en época de
Augusto, los legionarios cobraban 900 sestercios al año y al licenciarse recibían una
gratificación de 12.000 sestercios 3413.
La guerra, en época romana, tenía su ciclo natural que se alargaba desde la
primavera hasta el otoño, cuyo comienzo y final estaba sometido a un conjunto de ritos
y ceremonias que debían cumplir sacerdotes especializados, los salios, que eran los
responsables de la purificación de las armas (armilustrium), de los caballos y de las
trompetas 3414. Parece evidente que los ejércitos debían desplazarse hasta los lugares
en los que se debían llevar a cabo los enfrentamientos bélicos; y la velocidad de sus
movimientos estaría condicionada por la disponibilidad de vías apropiadas y por la
capacidad de desplazamiento de las distintas unidades militares. Llegados al
escenario de la contienda, las tropas se alojaban en los campamentos. Éstos tenían
calles rectas y delante de la tienda de campaña del jefe se encontraba el foro, que era
el centro del campamento; había terreno suficiente entre las filas de tiendas para que
los soldados pudieran formar sus unidades y recoger el ganado cuando caía la
3409
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág.226.
3410
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 498.
3411
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1966. Opus cit. Pág. 82.
3412
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 568.
3413
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 80.
3414
Roldán Hervás, J. M: El ejército de la República romana. Ed. Arco Libros. Madrid. 2008.
Pág. 18.
577
tarde 3415. Un importante campamento romano es el excavado cerca de Cáceres; “…fue
levantado por Metelo en el año 79 antes de la Era. Cubría veinticuatro hectáreas de
terreno y fue esmeradamente construido con el fin de poder servirse de él en el
invierno. Por ello las barracas para los soldados tenían piso de baldosas de arcilla y
estaban cubiertas con un verdadero tejado de teja. Algunos templos pequeños,
incluso, se cerraron con cubiertas de plomo. ...” 3416.
Los soldados que sobresalían en el servicio eran condecorados. La más alta
condecoración que se otorgaba a un guerrero era la corona cívica, cuando salvaba a
un compañero de la muerte. Conocemos por Aulo Gelio 3417 al que, con seguridad,
sería uno de los romanos más condecorados: “… L. Sisinio Dentado, tribuno de la
plebe en el consulado de Sp. Tapeyo y A. Alternio (hacia el 300 a. C.), un gran
batallador, al que se le dio el sobrenombre del Aquiles Romano. Se dice que tomó
parte en ciento veinte batallas, jamás recibió una herida por la espalda, habiendo sido
herido de frente cuarenta y cinco veces, fue condecorado con ocho coronas de oro,
una de asedio, tres murales, catorce cívicas, ochenta y tres collares, más de ciento
sesenta brazaletes, fue premiado con dieciocho lanzas, obsequiado con arneses para
el caballo quince veces: participó de muchos despojos óptimos. Lo llevaron en su
triunfo sus generales hasta nueve veces. ….” 3418.
12. 1. 1. La legión.
3415
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 11.
3416
Ibídem. Pág. 12.
3417
Aulo Gelio (c. 130-180 d. C.) Escritor latino, nacido en Roma. Marchó a Atenas para
profundizar en sus estudios. Su obra principal es Noches áticas, compuesta con el propósito
inicial de educar y entretener a sus hijos. La obra, una colección de notas y aforismos sobre
literatura, debe su título a que el autor comenzó la recopilación de material para la misma
durante las noches de invierno que pasó en Atenas (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 191).
3418
Guillén, J. 1994. Opus cit. Págs. 484 y 485.
3419
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 202.
578
el Capitolio para proceder a su enrolamiento; los jóvenes de las distintas tribus se
agrupaban, de cuatro en cuatro, atendiendo a su altura y a su edad, con el fin de que,
al elegirlos los tribunos de las distintas legiones, todas ellas terminaran recibiendo
hombres en número y calidad semejantes 3420. Cuando se tenía reclutado el número
necesario de hombres, “…ya sea cuatro mil doscientos infantes por legión o ya sea
cinco mil, en el caso de presentarse un peligro excepcional, […] existía la costumbre
de seleccionar, inmediatamente después, a los caballeros, pero, hoy día se hace
antes, según una selección hecha por el censor en base a sus fortunas, y consiguen
trescientos para cada legión. …” 3421. Petit da para la legión los siguientes efectivos:
una media de 5.000 hombres, 120 caballeros, 60 centuriones, 6 tribunos militares y el
legado de orden senatorial, salvo en Egipto 3422, en donde el legado imperial era de
orden ecuestre.
Según Vegecio, una vez reclutados los nuevos soldados debían prestar su
juramento, pasando luego a la instrucción militar, entre cuyos ejercicios enumera:
“…caminar al paso, correr, saltar; aprendían a nadar, se acostumbraban a luchar
contra un enemigo figurado por una estatua revestida de armas, a golpearla cortando,
pero sobre todo con la punta de la espada, se les enseñaba a lanzar flechas y dardos,
a tirar piedras con la honda, a montar a caballo, a llevar cargas. …” 3423.
A. Los soldados.
Los velites, los más jóvenes y pobres de los legionarios, se arman con puñal,
jabalina y escudo ligero; llevan, también, un casco sin penacho sobre el que colocan
una piel de lobo o de cualquier otra fiera, con el fin de protegerse y de que sus
generales los distingan en el fragor de la batalla 3424.
Los que le siguen en edad, los hastati, portan armadura completa con escudo
confeccionado con piel de buey y reforzado por un esqueleto de hierro; en el muslo
llevan un puñal ibérico y, completan su panoplia con dos jabalinas, dos canilleras y un
3420
Polibio. 1986. Opus cit. Págs. 174 y 175.
3421
Ibídem. Pág. 175.
3422
Petit, P. 1976. Opus cit. Pág. 6.
3423
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 475.
3424
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 176.
579
casco de bronce; portan, además, un penacho de plumas, con tres plumas rojas o
negras, de un codo de altura, que al colocarse sobre su cabeza, hacen que el soldado
parezca doblar su estatura y presente un aspecto bello e imponente ante el
3425
enemigo. .
Los principes y los triarii se arman de la misma forma, con la excepción de que
los segundos llevan lanza en vez de jabalina 3426. Parece, según Polibio, que los
manípulos de los triarii hacían guardia en los escuadrones de caballería, vigilando
“…especialmente los caballos a fin de que no se hagan daño para el servicio,
enredándose en sus ataduras, ni se suelten ni se echen sobre los otros caballos,
causando el desorden y la confusión en el campamento. …” 3427. Así, la legión romana
combatía en manípulos, o sea en tres líneas sucesivas que avanzaban a través de los
huecos que les dejaba la línea anterior, con lo cual se presentaban ante el enemigo en
tres oleadas sucesivas de combatientes de refresco; era una unidad más potente que
la falange helenística 3428.
3425
Ibídem. Pág. 178.
3426
Ibídem. Pág. 178.
3427
Ibídem. Pág. 187.
3428
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 19.
580
Si al principio los soldados eran originarios de Italia, con el tiempo serían las
provincias las que aportarían el mayor contingente para las legiones y, especialmente
las más romanizadas, como la Galia Narbonense, la Bética, África o Macedonia; ya
que los itálicos preferían servir en las cohortes pretorianas y urbanas donde a unos
salarios más elevados se sumaban los atractivos de la ciudad 3429. El destino, para los
que debían abandonar la Urbe, lo constituía cualquier provincia imperial,
especialmente las menos romanizadas y, por tanto, más problemáticas. Por ejemplo,
en Hispania encontramos soldados procedentes de Italia y de la Galia, que decaen
poco a poco, al mismo tiempo que van apareciendo, tímidamente, en los siglos II y III,
los africanos 3430.
B. Los auxilia.
Pero llegó el tiempo en que, debido a la extensión del Imperio, los romanos
tuvieron que echar mano de soldados aliados para complementar la fuerza de sus
ejércitos; éstos aliados eran conocidos como auxilia, y tenían como misión apoyar a
las fuerzas romanas 3431. Había tres tipos de unidades auxiliares: infantería, caballería y
unidades mixtas; la infantería se organizaba en cohortes; la caballería se organizaba
en unidades quingenarias y miliarias que se denominaban alae; un alae quingenaria la
conformaban 512 jinetes y una miliaria la conformaban 768, y ambas se dividían en
turmae, los primeros en 16 y los segundos en 32 3432. Las unidades mixtas son poco
conocidas, pero parece que, además de con infantes, contaban con 120 o 240
caballeros, según fueran quingenarias o miliarias 3433.
El grueso de los auxilia proporcionaba al ejército tantos efectivos como las
legiones; hombres con un sueldo inferior al de los legionarios, que combatían con su
armamento de origen y que realizaban labores de exploradores o de apoyo a las
legiones 3434. Estos auxilia proveían a los ejércitos imperiales de la mayor parte de su
fuerza de caballería, con hombres que manejaban armas de mayor alcance que las de
los infantes, incluidas unidades de arqueros tanto a pie como a caballo 3435. Para la
formación de estas alas auxiliares de caballería Roma aprovechó la destreza, como
3429
Le Bohee, Y: El ejército romano. Ed. Ariel. Barcelona. 2007. Pág. 109.
3430
Ibídem. Pág. 116.
3431
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 55.
3432
Ibídem. Pág. 57.
3433
Ibídem. Pág. 58.
3434
Petit, P. 1976. Opus cit. Pág. 7.
3435
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 58.
581
jinetes, de galos e hispanos y, más tarde, la de los tracios; así mismo adoptaron las
técnicas de las caballerías bárbaras de los partos y sármatas 3436.
Estos soldados auxiliares servían durante veinticinco años, después de cuyo
período recibían la ciudadanía romana para sí y para sus hijos, que habían de ser de
un único matrimonio 3437. Alas auxiliares procedentes de Hispania tuvo Roma repartidas
por todo el Imperio, como Britania, Hungría, Austria, Siria, Capadocia, Palestina,
Egipto, Argelia o Mauritania; por lo que Lión calcula para tan distintas regiones una
cifra no inferior a 35.000 hispanos, aunque no sería difícil que se superase esta cifra,
ya que el remplazo que aportaban los españoles a Roma alcanzó la cifra anual de
7.000 hombres 3438.
Llegado el reinado de Vespasiano, éste renunció a la política de reclutar a los
auxiliares exclusivamente entre los pueblos que desconocían la vida urbana, con lo
que desapareció gradualmente la diferencia entre las legiones y las tropas auxiliares,
ya que ahora ambas eran reclutadas en las provincias; en ambas unidades
encontramos ciudadanos romanos de nacimiento y en ambas servía un número
relativamente amplio de hombres que, por su nacimiento y su educación, pertenecían
a la parte urbanizada de la población del imperio 3439.
Uno de los auxiliares del ejército que pasaría a la historia por los quebraderos de
cabeza que proporcionó a los romanos fue Espartaco. Era un tracio que estacionado
en el ejército de frontera, había desertado y pasado un tiempo como bandido; después
fue capturado, esclavizado, seleccionado como gladiador y enviado a la escuela de
Capua que dirigía Léntulo Batiato 3440. Cuando se levantó contra el poder de Roma,
luchó para liberarse de la esclavitud, para gozar la ansiada libertad y para permitir a
sus miserables compañeros liberarse, también, del yugo impuesto por los romanos 3441.
A Espartaco se unieron miles de esclavos y los campesinos, que simpatizaban con el
ejército rebelde, les sugirieron que domaran caballos salvajes, para que el ejército de
los gladiadores pudiera contar con una sección de caballería 3442. Voltaire calificaría
esta guerra como la única guerra justa de toda la historia 3443.
C. Los mandos.
3436
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 113.
3437
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 81.
3438
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 232.
3439
Rostovtzeff, M. 1998 (A). Pág. 245.
3440
McLynn, F. 2007. Opus cit. Pág. 17.
3441
Ibídem. Pág. 11.
3442
Ibídem. Pág. 27.
3443
Citado. Ibídem. Pág. 11.
582
Las legiones no eran grupos de hombres indiferenciados; por el contrario, según
las inscripciones, eran múltiples los títulos y las funciones de los mandos, lo mismo
que era extremada su especialización y la aparición incesante de novedades en su
estructura 3444.
Si durante la monarquía el jefe supremo del ejército había sido el rey; durante la
república el mando lo ostentaban los dos cónsules, alternando los días; pero cuando
aumentaron los efectivos a cuatro legiones, cada uno de ellos manda dos legiones,
dos alae de aliados y las turmae de caballería 3445.
En las situaciones críticas, cuando es necesario nombrar un dictador, éste
asume los mandos del ejército 3446. Era un magistrado con poderes supremos y sin
colegas de igual rango; sólo lo auxiliaba un ayudante que recibía el título de Jefe de
Caballería (Magister Equitum), título que puede datarse en los inicios de Roma,
cuando el dictador dirigía la infantería pesada y su auxiliar hacía lo propio con la
caballería 3447. La ley romana prohibía al dictador que cabalgara en campaña, por lo
que el cónsul Fabio, en las guerras romanas contra Aníbal pidió una exención de esa
norma antes de salir de Roma; exención que se le concedió ya que era imposible que
un hombre, a pie, pudiera ejercer un control adecuado y efectivo de un ejército
formado por cuatro legiones 3448. Por esta razón, parece que los mandos del ejército
legionario se servían de los caballos para moverse con rapidez, como demuestra el
hecho de que César, el 17 de marzo del 45 a. C. en Munda, se viese “…obligado a
espolear a sus tropas personalmente, bajando de su caballo e incitándolas a aguantar
con firmeza; …” 3449.
Durante la República, el magister equitum era el correligionario del dictador
aunque su poder era inferior al de éste. Por Tito Livio conocemos al magister Quinto
Máximo Ruliano, que era el auxiliar del dictador Lucio Papirio Cursor durante su guerra
contra los samnitas 3450. Como el dictador tuviera que volver a Roma para consultar los
oráculos, advierte, antes de partir, al magister, que no ataque a los enemigos bajo
ningún motivo; pero Quinto Máximo Ruliano “…en cuanto descubre que los enemigos
están indefensos, inicia la batalla que concluye con una estrepitosa victoria, con veinte
mil enemigos caídos durante la contienda. Cuando la noticia llega a Roma, el dictador
3444
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Pág. 63.
3445
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 519.
3446
Ibídem. Pág. 519.
3447
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 37.
3448
Ibídem. Pág. 37
3449
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 492.
3450
Levi, G. y Schmitt, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 96.
583
considera que a pesar de la victoria, semejante comportamiento viola gravemente
tanto la disciplina militar como la disciplina de los oráculos […] Regresa, pues, a
Samnio, convoca a Quinto Fabio ante su tribunal y frente al ejército alborotado intenta
condenarlo. …” 3451. Quinto tuvo que huir a Roma, donde su padre pidió el apoyo de los
tribunales y el del pueblo; pero al final el magister sólo se salvó gracias al perdón del
dictador 3452. Por episodios como éste podemos percatarnos de la férrea disciplina con
la que se regían los ejércitos de Roma, que determinaban el desarrollo de las tácticas
y que, por supuesto, se apoyaban en la fuerza de sus ejércitos y no en las empresas
extraordinarias o los actos de valor individuales de algunos de sus soldados 3453. En las
provincias es el procónsul el que regenta el mando de los ejércitos y, durante el
Imperio el jefe del ejército es el emperador y, cuando las provincias se dividen en
imperiales y consulares, el mando lo asumen los legados de éste 3454. Pero el del
emperador podría ser un poder efímero si no mimaba a las tropas por las que, muchas
veces, había sido elegido; ya que en no pocas ocasiones, éstos “…deben su poder a
las fuerzas de valor que han dado delante de sus soldados, como Juliano, Valentiniano
I y Teodosio. No delegan el mando supremo, participan en las expediciones,
arriesgando su vida en ellas, y muriendo muchos peleando sobre todo contra los
Partos. Su vida de ordinario es cabalgar de batalla en batalla contra los enemigos de
fuera y de dentro. …” 3455. Y es que, en efecto, una de las características reseñables de
los soldados imperiales fue su poder, que llegó a ser tan infinito, como para poner y
quitar emperadores, según la conveniencia de los mismos; esta lección la había
aprendido muy bien el emperador Septimio Severo, que aconsejaba a sus hijos
“…Tened concordia, enriqueced a los soldados y no os preocupéis de nadie más.
…” 3456. Sabemos que en tiempos de Trajano, la máxima autoridad del ejército, aparte
del propio príncipe, era el legatus, que pertenecía al orden senatorial; los seis tribuni
de cada legión, de orden senatorial o ecuestre, ayudaban al legatus; y a éstos le
seguían en la escala militar los sesenta centuriones de cada legión, al frente de los
que se encontraban los primuspilus 3457.
3451
Ibídem. Pág. 96.
3452
Ibídem. Pág. 96.
3453
Ibídem. Pág. 95.
3454
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 519.
3455
Ibídem. Pág. 522.
3456
Citado. Guillén, J. 1995. Opus cit. Pág. 155.
3457
Blázquez, J. M. 2003. Opus cit. Pág. 105.
584
En la época de Julio César, sus legiones son consideradas, por sus logros, el
mejor ejército de toda la historia; un contingente de hombres que enarbolaron sus
estandartes desde Inglaterra hasta Egipto. Eran menos de quinientos mil soldados que
derrotaron a más de tres millones. Cuando hablamos de dichas legiones lo hacemos
de un ejército cuyos logros, hazañas y proezas parecen más obras de dioses que de
simples mortales 3458. El general había adoptado la táctica germana de mezclar
soldados de infantería con jinetes, para que aquellos atacaran desde el suelo a los
caballeros enemigos; táctica con la que en la batalla de Farsalia detuvo la carga de los
pompeyanos 3459. Parece que, durante la república, la práctica de luchar a pie por parte
de la caballería era común, mezclándose entre los propios velites, para entablar los
duelos cuerpo a cuerpo contra el enemigo 3460.
Lendon se pregunta por qué los romanos gozaron de tanta ventaja militar
durante tantos siglos y frente a tan variados enemigos, para explicarse a sí mismo que
su éxito fue, algunas veces, fruto de la fortuna; y otras, de la genialidad de algunos de
sus generales, como Escipión el Africano 3461. Se enfrentaron a enemigos tan
variopintos como los etruscos, los galos, los latinos, los griegos, los aguerridos
guerreros de las Islas Británicas, los arqueros a caballo de Partia y a todos derrotaron
o lograron contenerlos 3462. Diversos autores, y la lo largo del tiempo, se preguntaron
por la causa del éxito de los ejércitos romanos. Vegecio definió en negativo al romano;
diciendo que “…los romanos eran menos prolíficos que los galos, más bajos que los
germanos, menos fuertes que los españoles, menos ricos y menos astutos que los
africanos e inferiores a los griegos en las técnicas y en la razón aplicada a las cosas
humanas. Con todo este tipo de hombre […] tenía una superioridad decisiva, una
vocación de dominio garantizada por tres factores: el ejercicio de las armas (armorun
exercitio), la disciplina de los campamentos (disciplina castrorum) y el modo de utilizar
el ejército (usus militiae). …” 3463. Para el refinado Cicerón, el factor militar no bastaba
para explicar el dominio romano: “…No hemos vencido a los españoles por nuestro
número, ni a los galos por la fuerza, ni a los cartagineses con la astucia, ni a los
griegos con las técnicas, sino con la escrupulosa observancia de la pietas, de la
religio y de cierta sabiduría teológica propia de los romanos… .” 3464. Desde la obra Arte
della Guerra de Maquiavelo (1521), se ha explicado que Roma debió el éxito del
3458
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 57.
3459
Ibídem. Pág. 68.
3460
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 278.
3461
Ibídem. Pág. 226.
3462
Ibídem. Pág. 226.
3463
Giardina, A. y otros. 1991. Opus cit. Pág. 11.
3464
Ibídem. Pág. 11.
585
ejército a su disciplina; claro que si ésta era la clave de su éxito, no se sabe por qué la
abandonaron 3465, permitiendo el desmoronamiento de ese potente Imperio. Disciplina
enfatizada por diversos autores clásicos como Polibio que, refiriéndose al ejército
republicano, elogia castigos como el diezmo, que consistía en la ejecución de la
décima parte de los soldados de la unidad derrotada en una batalla; o la de los
centinelas negligentes 3466. Diezmar a sus soldados fue lo que hizo Craso, durante su
lucha contra el gladiador Espartaco, por mostrarse reacios a combatir; además
crucificó a lo largo de la vía que conducía a Roma a 6.000 esclavos rebeldes 3467. Al
igual que los castigos, también se utilizaron los premios para los soldados más
aguerridos; por Polibio sabemos que “…al soldado que ha herido a un enemigo, se le
entrega una lanza; al soldado que ha abatido y expoliado a un enemigo, se le entrega
una copa si pertenece a la infantería y ornamentos para el caballo si es un
jinete…” 3468.
12. 1. 1. 3. La soldada.
3465
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 226 y 227.
3466
Ibídem. Pág. 227.
3467
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 440.
3468
Citado. Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 249.
3469
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 67.
3470
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 201.
3471
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 428.
3472
Ibídem. Pág. 476.
586
pagarse su armadura. En efecto, Mario abrió “…las puertas del ejército a los pobres
que nada poseían […], que se atropellaron para alistarse. La paga se aumentó para
permitir que cada soldado comprara al ejército su equipo y armamento, que
empezaron a fabricar en serie y homogeneizados. …” 3473.
Así es como si, hasta entonces, el servicio militar había estado unido al censo o,
lo que es lo mismo, a la clasificación del ciudadano según su posición económica,
Mario logró que se aceptase legalmente, a partir de 107, el enrolamiento de los
proletarios en el ejército 3474. A partir de ese momento, además, se homogeneizaría la
panoplia y todos los soldados llevarían el mismo equipo: casco de bronce de tipo
monfortino, cota de malla de hierro, gladius español, pilum pesado y ligero, y escudo
curvo de forma ovalada 3475. Así fue como el ejército del siglo II a. C., que ya no
respondía a la realidad social ni la las necesidades militares de una Roma que, ahora,
debía controlar un enorme territorio, comenzó la profesionalización que lo
caracterizaría durante los últimos tiempos de la República y el Imperio 3476. Enorme
ejército, como el reclutado en el siglo III a. C. y en los preparativos para la Segunda
Guerra Púnica, cuando se alistaron 325.300 ciudadanos romanos, de ellos 26.100 de
caballería, y 423.000 de aliados, entre los que se contaban 43.000 jinetes; cifras que
nos conducen a deducir la importancia de los soldados aliados en el ejército romano,
que sumaban un 57% del total, tanto por ciento explicable por la superioridad
numérica, en el Imperio, de la población no ciudadana 3477.
Ciudades aliadas que cuando entregaban su tropas, éstas dejaban de depender
de las mismas, salvo en dos aspectos de suma importancia: el pago de los servicios a
los soldados y la conservación del armamento; Roma se hacía cargo de la
alimentación de los hombres y de los caballos 3478. A diferencia de otros pueblos que
dejaban como oficiales superiores de sus aliados y mercenarios a los oficiales
indígenas para asegurarse la fidelidad de sus tropas, en Roma los oficiales de las de
infantería y caballería pertenecían a los cuadros romanos; situación en la que los jefes
indígenas subalternos no tenían posibilidad de ascender.
Discriminaciones contra las tropas itálicas aliadas que llegaban hasta el reparto
del botín de guerra, ya que éstas recibían del mismo una proporción menor que la de
los ciudadanos romanos; bástenos este ejemplo: “…En 177 a. C.; cuando el triunfo de
C. Claudio Pulcher sobre los ligures, cada uno de los soldados que habían participado
3473
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 58.
3474
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 131.
3475
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 58.
3476
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 180.
3477
Homo, L. 1960. Opus cit. Pág. 196.
3478
Ibídem. Pág. 197.
587
en la campaña recibió una cantidad de quince denarios para los soldados romanos y
solamente la mitad para los aliados; Tito Livio nos dice que para manifestar su
descontento siguieron en silencio el carro triunfal. …” 3479. Por citar un ejemplo del
saqueo de las ciudades vencidas, hablemos del de las ciudades del Epiro que habían
apoyado la causa de Perseo; la orden de ejecución fue dictada por el Senado al
general en jefe Paulo Emilio y allí se saquearon setenta ciudades en una hora y se
esclavizaron y vendieron 150.000 hombres; y del producto de ese botín colectivo, cada
jinete recibió cuatrocientos denarios y cada infante, solamente, doscientos 3480. Parece
que esta desproporción entre los infantes y jinetes se da en todos los repartos de
dinero a la tropa; así sabemos que en las distribuciones de las primas en los despojos
triunfales, los centuriones recibían el doble que el soldado raso, y los oficiales de
caballería se hacían con el triple 3481. También los caballeros estaban mejor pagados
que los infantes.
Pero la desidia afectó al reclutamiento de los soldados romanos. Por ejemplo, en
los albores del Imperio, se sabe que la población de Italia se reservaba para cubrir las
vacantes de las tropas que operaban en el propio país, mientras que los provinciales
se destinaban a las tropas legionarias que defendían las fronteras del Imperio o
prestaban sus servicios en las provincias insuficientemente romanizadas 3482. Además,
llegó una época en la que los ciudadanos romanos aptos para las armas no querían
prestar sus servicios en la milicia; esa fue la razón por la que Cayo Mario debió recurrir
a los pobres, a los que atrajo con la realidad de una buena paga, con la promesa de
un sustancioso botín y con el reparto de tierras, después de la victoria 3483.
12. 1. 1. 4. La intendencia.
Parece que las armas con las que combatían los legionarios se fabricaban en
Roma, en talleres artesanales contratados por el Senado o a los que se dirigían
personalmente los ciudadanos, y no en grandes fábricas regentadas por el Estado 3484.
Así parecía suceder en la antigüedad, ya que conocemos casos en los que toda una
ciudad en apuros podía convertirse en un solo taller de fabricación de armas, como
sucedió en Siracusa en 399 a. C., en Éfeso en 396 a. C., o en Cartago durante la III
3479
Ibídem. Pág. 197.
3480
Ibídem. Pág. 225.
3481
Beard, M. 2008. Opus cit. Pág. 434.
3482
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 258.
3483
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 190.
3484
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 175.
588
Guerra Púnica, “…cuando, tras haber entregado sus armas a los generales de Roma,
ante las nuevas e imposibles exigencias de éstos decidieron los cartagineses
rearmarse empleando medidas desesperadas, lo que hicieron en breve plazo con gran
éxito. …” 3485.
Es lógico pensar que en estos mismos talleres artesanales se fabricaran los
arreos de los caballos que debían prestar servicios en los ejércitos, como carros,
bocados, cabezadas, cinchas, espuelas, protecciones, etc. E incluso los caballos
podían ser proporcionados por los contratistas privados, como sabemos que sucedió
en 169 a. C., cuando, mediante subasta, se adjudicó un contrato por 6.000 mantos,
30.000 túnicas y 200 caballos que debían ser enviados a Macedonia 3486. Por Tito Livio
sabemos que Sertorio, en Hispania, durante la guerra que libró contra el Senado,
publicó un edicto en toda la provincia disponiendo que, según los recursos de cada
uno, se fabricasen armas nuevas con las que equipó a los soldados, incluida la
caballería 3487.
La intendencia necesaria para mantener un ejército en campaña debía manejar
cifras astronómicas; estas cifras se multiplicaban cuando, además de a los hombres,
era necesario mantener a los animales que complementaban al guerrero en el arma de
caballería y a los dedicados al trasporte del material. En efecto a los 875 grs de trigo
que fija Polibio para los legionarios y aliados (por ejemplo los 40.000 soldados de la
batalla de Emporion en 195 a. C. se calcula que necesitarían 34.600 kgs diarios de
trigo) 3488 había que sumar, en el caso de la caballería, el mantenimiento de las
monturas. Parece obvio, por tanto, que el desplazamiento de semejante ejército
necesitara un tren de intendencia de grandes proporciones, compuesto por carros y
animales de carga, así como por forrajeadores que consiguieran vituallas a diario para
la tropa [Link] que si sabemos que el Estado romano era el encargado de costear el
avituallamiento de las tropas, en no pocas ocasiones este cargo recaía sobre los
habitantes del escenario en el que se desarrollaba la contienda. Catón en su campaña
en Hispania despidió a los abastecedores del ejército indicándoles que la guerra debía
mantenerse a sí misma; órdenes un tanto temerarias las del cónsul, ya que necesitaba
alimentar a un ejército compuesto por 26.000 hombres a los que había de sumarse la
manutención de las 800 monturas de la caballería, más la de los animales de tiro 3490.
Y calculadas por encima, las necesidades anuales de este ejército se disparaban
3485
Ibídem. Pág. 175.
3486
Ibídem. Pág. 177.
3487
Ibídem. Pág. 184.
3488
Gracia Alonso, F. 2003 (B). Opus cit. Pág. 279.
3489
Ibídem. Pág. 279.
3490
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 145.
589
hasta las más de 15.000 toneladas métricas de trigo y las casi 4.000 de cebada, con
un coste superior a los 6.000.000 millones de sestercios 3491.
3491
Ibídem. Pág. 146.
3492
Schwab, G. 2009. Opus cit. Págs. 875 y 876.
3493
Ibídem. Pág. 907.
3494
Ibídem. Pág. 908.
590
persiguió su caballo y lo atravesó con su espada 3495. Pero Arunte, con su lanza, hirió a
la heroína entre las costillas y “...sus ojos se velaron y se esfumó la púrpura que le
teñía las mejillas. Respirando apenas, dijo a Acca, la predilecta de sus compañeras:
-Vuela, amiga, a comunicar a Turno mis últimas órdenes, pues la noche se
cierne en torno a mí. En adelante, él debe dirigir la lucha y proteger la ciudad contra
los troyanos.
Así diciendo soltó de las manos las riendas y deslizose lentamente del caballo
hasta el suelo, donde, inclinando la cabeza y el cuello, expiró. ...” 3496. Pero la muerte
de tan aguerrida jinete no quedo impune, ya que Diana vengó a su querida cazadora
lanzando contra Arunte una flecha que disparó su mano invisible 3497.
No faltaron los elefantes en los ejércitos romanos. Si, primero, los habían sufrido
como armas de guerras en sus enfrentamientos contra epirotas y púnicos, pronto los
incorporaron a sus propios ejércitos, a pesar de que los paquidermos causaban un
miedo atroz tanto a los soldados, que los desconocían, como a los caballos, que no
soportaban ni su presencia ni su olor. Circunstancia que muy bien pudo comprobar el
rey Perseo, cuando intentó adiestrar a las monturas de su caballería para que se
acostumbraran a la apariencia, al ruido y al olor de aquellas moles, terminando su
tentativa en un fracaso 3498.
El cónsul Quinto Flavio Nobilior utilizó contra los numantinos los 300 jinetes
númidas y los diez elefantes que le envió Masinisa, sufriendo un serio percance
cuando uno de los paquidermos herido asustó al grupo, que desbarató a su propio
ejército 3499. Pese a los desastres que estos animales causaban en sus propias filas,
Cecilio Metelo (142 a C.) y el procónsul Fabio Máximo Serviliano (140-141 a. C.) los
utilizaron en sus enfrentamientos contra los lusitanos 3500. Jinetes, caballos y elefantes
que, con el tiempo, llegaron a concentrarse juntos, como sabemos por Apiano cuando
describe la estructura de las enormes murallas de Cartago en el siglo II a. C: “… La
altura de cada una de estas murallas era de treinta codos [unos 13,5 metros] sin
3495
Ibídem. Pág. 909.
3496
Ibídem.Pág. 910.
3497
Ibídem. Pág. 910.
3498
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 101.
3499
Gracia Alonso, F: Roma, Cartago, Íberos y Celtíberos. Ed. Ariel. Barcelona. 2003 (A). Pág.
179.
3500
Ibídem. Pág. 179.
591
contar las almenas y las torres […]Cada lienzo de muralla estaba dividido en dos
pisos. En la parte inferior, cóncava y estrecha, había establos para trescientos
elefantes y, a lo largo de ellos, estaban los abrevaderos; encima había establos con
capacidad para cuatrocientos caballos y almacenes para el forraje y el grano. También
había cuarteles para veinte mil soldados de infantería y cuatro mil jinetes… .” 3501.
3501
Citado Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 269.
3502
García Castro, J. A. y Antona del Val, V (Comisarios científicos). 1997. Opus cit. Pág. 186.
3503
Ibídem. Pág. 186.
3504
Ibídem. Pág. 188.
3505
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 410.
3506
Ibídem. Pág. 410.
3507
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 196.
3508
Ibídem. Pág. 196.
592
12. 3. LA CABALLERÍA ROMANA.
3515
Ibídem. Págs. 196 y 197.
3516
Ibídem. Pág. 198.
3517
Ibídem. Págs. 198 y 199.
3518
Ibídem. Pág. 199.
3519
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 45.
3520
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 411.
3521
Ibídem. Pág. 411.
3522
Ibídem. Pág. 411.
594
Tarquinio el Viejo, Servio Tulio, Tarquinio el Soberbio y L. Junio Bruto. …” 3523. En
cierta forma el tribunus celerum de los reyes se relaciona con el magíster equitum de
la posterior república, que era el lugarteniente del dictador; pasado el tiempo, al
principio del principado, Augusto recuperará la misión de los céleres cuando crea la
guardia pretoriana 3524.
Si Momigliano defiende que la caballería era un cuerpo especial financiado por
Servio Tulio, que le prestaba servicio de guardia personal, Ampolo propone que la
caballería la integrarían los miembros de las capas sociales más acomodadas 3525; y
para Mangas, en cambio, “…no es imposible pensar en un sistema mixto, pues hay
una observación de Momigliano de mucho peso: la infantería fue siempre el cuerpo
más prestigiado y, además, el que constituía las bases para las decisiones políticas en
la Asamblea Centuriada, lo que no se correspondería bien si la caballería estaba sólo
compuesta por miembros de las capas más acomodadas. …” 3526. Sistema mixto de
financiación de la caballería que no debía ser exclusivo de Roma, ya que sabemos
que, después de finalizar la I Guerra Púnica, los mercenarios al servicio de Cartago
exigieron al Senado cartaginés el pago de los caballos que se habían perdido en la
campaña 3527. Quesada Sanz apunta que en Roma, al igual que en Grecia, los
caballeros recibían el caballo del Estado 3528, pese a pertenecer a las clases sociales
adineradas; así pues parece que la caballería estaba formada inicialmente por equites
equo publico y suplementada por los que se presentaban en el ejército con su propio
caballo, los equites equis suis 3529. Para éste autor, la razón estriba en la elevada tasa
de desgaste de estos delicados animales; por ejemplo conocemos el hecho de que el
Senado reembolsase a Catón el Viejo el valor de cinco caballos que éste había
perdido en campaña 3530. Por el contrario, conocemos las cartas de Dura-Europos (208
d. C.), que escribió el gobernador de Siria a un tribuno de una cohorte auxiliar,
asignando caballos a determinados jinetes, y en la que se mencionan los precios de
3523
Ibídem. Pág. 411.
3524
Ibídem. Pág. 411.
3525
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 4
3526
Ibídem. Pág. 45.
3527
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 72.
3528
“…Entre las centurias que formaban la clase ecuestre, 18 tenían un censo superior y
recibían del Estado el caballo público (equus publicus), es decir, el precio de la compra y
sostén del caballo para servir en la caballería. Estos eran los equites Romani equo publico,
que eran elegidos por los censores, de condición libre, mayores de 18 años y con una renta de
400.000 sestercios […] Frente a ellos, estaban los simples caballeros que se procuraban ellos
mismos el caballo. Después de Adriano, los emperadores concedieron títulos honoríficos de
equites equo publico, como en este caso, que suponía una distinción extraordinaria, aunque no
era una realidad en cuanto al servicio. …” (Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit.
Pág. 110. Nota).
3529
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 185.
3530
Ibídem. Págs. 185 y 186.
595
los animales; lo que, tal vez, signifique que los jinetes debían pagar sus monturas 3531.
En tiempos republicanos sabemos que se crea la institución del equus publicus,
financiamiento de los équidos por parte del Estado, con la finalidad de favorecer el
desarrollo del arma de Caballería 3532; caballeros que, por cierto, podían arriesgarse a
perder sus caballos públicos si cometían adulterio o cualquier otra ignominia, como
sabemos que hizo Calígula, que arrebató sus monturas a los culpables de estos
delitos 3533.
No sabemos si en Roma fueron primero los infantes o los jinetes. Lión está de
acuerdo con Delbrück y su escuela para quienes en Roma fue primero la caballería
que la infantería; teoría que como Madwig tiene numerosos adeptos, para quienes
“…la primitiva fuerza armada de Roma había estado constituida por los patricios a
caballo […] Los patricios acudirían a la guerra con caballo propio, tal vez otro de mano
y acompañados por escuderos. …” 3534. Otros, como Veith, no están de acuerdo con
esta afirmación, ya que creen que tal cosa no se puede concebir en un estado de
agricultores 3535. Claro que algunos cuestionan el origen agricultor de los primeros
romanos, para quienes el origen de los fundadores de Roma, procedentes de las
estepas, no encaja con el tópico de ciudadano agricultor; para ellos “…la realidad es
que los primeros habitantes eran mucho más ganaderos que agricultores y pruebas de
ello son que su primera ofrenda fue de leche y no de vino; que contaban su riqueza en
cabezas de ganado (pecunia) mediante un sistema usual entre los pueblos
indoeuropeos (un buey equivalía a 10 corderos); que una de sus más antiguas
leyendas, relacionada con su fundación (rapto de las sabinas), tiene como escenario la
celebración de unos juegos ecuestres y, por último, que el rito más antiguo de la
ciudad de Roma, el <<Equus bellator>>, no era sino el anual sacrificio de un caballo
cuya cabeza se disputaban a continuación, apasionadamente, los habitantes del
Palatino y de Suburra, los dos primeros barrios de la Urbe. …” 3536.
Parece, pues, que éste y no otro fue el origen del ejército romano; y si
posteriormente las unidades romanas carecieron de una caballería importante, bien
porque se abandonó la cría caballar o porque sólo se importaban los caballos para las
3531
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 114.
3532
Cabrero Piquero, J. 2006. Opus cit. Pág. 87.
3533
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 275.
3534
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 193.
3535
Ibídem. Pág. 193.
3536
Ibídem. Pág. 193.
596
necesidades sociales, como carreras o artículos de lujo; y si finalmente hubieron de
recurrir a la contratación de jinetes aliados o mercenarios, pudo ser debido a que el
pueblo romano fue convirtiéndose gradualmente en un pueblo de soldados
campesinos 3537. Precisamente como campesino estaba trabajando Cincinato cuando
los romanos, en lucha contra los ecuos, recurrieron a él para nombrarlo dictador 3538.
Dejó el arado tras el que caminaba cuando vio a la multitud que se dirigía hacia él, se
puso ropa adecuada y salió a su encuentro; cuando estaba cerca de ellos, los
romanos le proporcionaron caballos magníficamente enjaezados, colocaron ante él las
veinticuatro hachas con las varas y lo adornaron con un vestido purpúreo y las demás
insignias pertenecientes a la dignidad real 3539. En la ciudad dirigió una arenga a la
multitud, reunió a todos los que eran aptos para la lucha, mandó venir a las tropas de
los aliados y nombró como su comandante de caballería a Lucio Tarquinio 3540.
Tal vez la escasa presencia de la caballería en Roma, entre el reinado de los
reyes y las guerras púnicas, se deba a que las condiciones climáticas del suelo itálico
no favorecían el desarrollo de la ganadería equina; por ejemplo la campiña romana y
las tierras bajas de Síbaris y Metaponte tienen un suelo que se encharcaba buena
parte del año y cuya agua, al evaporarse, cargaba el ambiente de miasmas febriles, lo
que convierte el ecosistema en poco apto para la ganadería, por lo que podemos
deducir que los caballos que se criaban en Italia no serían suficientes para cubrir las
necesidades del ejército; además serían, con seguridad, muy inferiores a los criados
en regiones como Tracia o Tesalia 3541. Fue, tal vez, por la falta de caballos suficientes
o porque los generales confiaban en exceso en la invencible y todopoderosa legión por
lo que el papel de la primitiva caballería, en vez de la importante misión de proteger los
flancos de la legión, quedó relegada a luchar entre las tropas auxiliares, a trasladar en
sus grupas a soldados o a labores de reconocimiento 3542. A realizar estas labores
fueron enviados trescientos valientes jinetes por Escipión, cuando se enteró que
Aníbal, dispuesto a invadir Italia, había llegado al paso del Ródano 3543. Labores
idénticas encomendó Aníbal a quinientos jinetes númidas, a los que envió para
conocer el lugar donde estaban los enemigos, cuántos eran y qué andaban
tramando 3544. Ambos grupos de reconocimiento parece que terminaron encontrándose,
3537
Ibídem. Pág. 194.
3538
Dionisio de Halicarnaso. 1988. Opus cit. Pág. 33.
3539
Ibídem. Pág. 44.
3540
Ibídem. Pág. 44.
3541
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 203.
3542
Ibídem. Pág. 103.
3543
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 74.
3544
Ibídem. Pág. 77.
597
entablándose una lucha en la que murieron unos ciento cuarenta jinetes galos y
romanos y más de doscientos númidas 3545.
Pero contra el pobre papel de la caballería en los ejércitos romanos, en el
período que trascurre entre el reinado de los reyes y las guerras púnicas, podemos
reseñar lo transmitido por autores como Dionisio de Halicarnaso, refiriéndose a la
guerra entre Roma y los ecuos, respecto a la que afirma que la caballería acudía en
auxilio de la infantería cuando ésta se hallaba extenuada y, por tanto, en una situación
difícil 3546. Pobre papel de la caballería, tal vez cierto; pero no es menos cierto que,
aunque los romanos basaran su fuerza militar en la infantería, cuando estaba claro
que la caballería era tácticamente indispensable, los romanos recurrían a ella.
Llegados a la I Guerra Púnica, encontramos a Régulo que se disponía a asaltar
Cartago con su invencible legión de 15.000 infantes y 500 caballeros; del lado
cartaginés combatían efectivos similares de infantería, más 4.000 jinetes y 100
elefantes, que atacaron con su caballería los flancos romanos, haciendo desaparecer
los escuadrones legionarios a manos de los jinetes númidas 3547. Aprendida la lección,
Roma se encargaría de revitalizar el papel de la caballería en sus ejércitos; papel que
comenzó entonces a no ser secundario ya que, pasado el tiempo, encontramos al
mismo Régulo, combatiendo ante Cartago con un contingente de 1.100 jinetes 3548. Y
en la batalla de Zama, Escipión no se hubiese impuesto a Aníbal sin el apoyo de una
fuerte caballería 3549.
Serían, pues, los cartagineses los encargados de abrir los ojos a los romanos y
convencerlos de la necesidad de una caballería eficiente. Así si ésta había ido
perdiendo importancia desde sus albores, cuando se percatan que Aníbal conseguía
muchas veces sus victorias por la superioridad de su caballería, Roma se ve en la
necesidad de reforzar la suya con contingentes de aliados, sobre todo los que estaban
más habituados a tratar con caballos, como númidas, moros, etolios, tesalios, y
tracios; formando la caballería auxiliar, que desempeñó un papel decisivo en la época
de César, y que predominará en el ejército durante todo el imperio 3550. Tropas
auxiliares se nombrarán en las batallas del lago Trasimeno y en Cannas, y P. Cornelio
Escipión enroló a los jóvenes celtíberos para luchar contra los cartagineses; además
“…reunió por medio de alianzas o de dinero numerosos caballeros sicilianos,
españoles y númidas, poniendo en ellos demasiada confianza como le demostraron
3545
Ibídem. Pág. 78.
3546
Dionisio de Halicarnaso.1988. Opus cit. Pág. 45.
3547
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 204.
3548
Ibídem. Pág. 204.
3549
Ferril, A. 1998. Opus cit. Pág. 59.
3550
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 433.
598
los hechos frente a las añagazas de Asdrúbal. …” 3551. Cuando este mismo militar
romano llevó la guerra a tierras africanas, sabedor de que era difícil encontrar buena
caballería en Italia, escogió trescientos jóvenes vigorosos y amigos, y, llegado a Sicilia,
escogió otros trescientos caballeros sicilianos a los que les propuso liberarles del
servicio en África si estaban dispuestos a entregar sus armas y sus caballos a los
jóvenes escogidos por él en Italia; aceptada la proposición por los sicilianos, éstos
entregaron sus armas y sus caballos a los italianos y, además, los instruyeron, para
que prestaran, como así fue, una gran servicio a la patria 3552.
Con todo, el tener una infantería y una caballería más numerosa que el enemigo,
no siempre significaba la victoria segura sobre los contrincantes, como demuestra el
enfrentamiento entre Pompeyo y César en Farsalia, durante la guerra civil; el primero
contaba con 50.000 infantes y 7.000 jinetes, mientras que el segundo sólo contaba con
20.000 infantes y 1.000 jinetes; César solo perdió doscientos hombres, en cambio
mató a quince mil y capturó a veinte mil en la batalla que es considerada su obra
maestra 3553.
Así, poco a poco el papel de la caballería va siendo más relevante, tanto como
para que Plutarco nos relate la gesta del cónsul Marcelo, que con 600 jinetes atacó y
mató, con su propia mano, al rey de los galos gesatas, Viridomaro, destrozando su
ejército de tal manera que “…no hay memoria de que tan pocos de a caballo hubiesen
vencido jamás a tanta caballería e infantería juntas. …” 3554.
En tiempos imperiales y convencidos ya los generales romanos de la utilidad de
los caballos, el papel del arma fue cada vez más importante; en su expedición contra
los usipetas y los bructeros, Germánico colocó en la vanguardia de la marcha a la
caballería y un poco después el estratega Onesandros 3555, lo mismo que hizo
Germánico y como aconsejan todos los estrategas, “…en la vanguardia coloca a la
caballería. Además, recuerda que es preciso enviar soldados a forrajear; por su propio
cometido, éstos últimos sirven de exploradores y proporcionan información sobre la
presencia o ausencia de fuerzas enemigas en las proximidades. …” 3556.
3551
Ibídem. Pág. 436.
3552
Ibídem. Pág. 437.
3553
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Págs. 245 y 246.
3554
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 204.
3555
Escritor griego del siglo I d. C. sobre temas militares. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 302).
3556
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Pág. 178.
599
Tal vez, en Roma, lo mismo que, con seguridad, había sucedido en la Grecia
Clásica, la caballería tenía el atractivo de su relación con las leyendas y con la
aristocracia; así si eran los ciudadanos más acomodados los que debían soportar los
mayores gastos invertidos en la defensa nacional, eran también los que se reservaban
para ellos los puestos de combate más prestigiosos. El reclutamiento de los
ciudadanos más ricos tiene su explicación, ya que si la infantería no era un cuerpo
permanente, ya que sus efectivos eran enviados a sus casas cuando se terminaban
las campañas, la caballería permanecía en pie de guerra incluso en tiempos de
paz 3557, por lo que se hacía necesario elegir para estos puestos a los hombres más
ricos, que no necesitaran para vivir de su trabajo diario 3558. En concreto, parece que,
durante la república, los miembros de la aristocracia tenían el exclusivo derecho de
servir como jinetes en la milicia, lo que contribuye a afirmar su predominio político 3559.
Las mujeres solteras, las viudas y los ancianos sin hijos debían equipar a un caballero
no hacendado con dos caballos, forraje, armas, etc., para que sirviera en
caballería 3560. Ciudadanos que, ricos o pobres, debían esmerarse en mantener el tipo,
moderando los excesos de la buena mesa; ya que sabemos que en tiempos de Catón
el Censor, éste retiraba el caballo público a los caballeros demasiado corpulentos o
incapaces de mantenerse en la silla 3561.
Los nobles o notables jóvenes, que pertenecían a familias senatoriales y
ecuestres, se presentaban delante del magistrado que, antes de entregarles el caballo
público, debía verificar si poseían capacidades físicas y si sabían montar a caballo; y
verificar, además, si la fortuna de sus padres superaba los 400.000 sestercios 3562.
Conocemos a un dignatario local de Berito (Beirut), M. Licinio Pemplena Potito Urbano,
que recibió de Adriano el caballo público, o sea, el rango de caballero romano 3563.
Acudían a la cita llevando de la brida sus corceles, distribuyéndose según sus tribus y
centurias; los que habían terminado sus servicios eran licenciados y a los que seguían
en activo se les deba paso, diciéndoles: traduc equum (adelante con tu caballo) 3564. A
los que eran pobres o habían cometido algún delito, se les degradaba, diciéndoles:
uende equum 3565; esto es lo que le pasó, según Gelio a dos caballeros, uno porque se
presentó con un caballo flaco y descuidado, y el otro porque, lo mismo que los
3557
Guillén, J. 1995. Opus cit. Pág. 36.
3558
Guillén, J. 1995. Opus cit. Pág. 36.
3559
Roldán Hervás, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 10.
3560
Guillén, J. 1995. Opus cit. Pág. 36.
3561
Heurgon, J. 1994. Opus cit. Pág. 47.
3562
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 195.
3563
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 295.
3564
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 62.
3565
Ibídem. Pág. 62.
600
caballeros a los que Catón retiraba el caballo público, estaba demasiado gordo como
para que el caballo pudiera moverse con agilidad 3566. Sigamos a Guillén para conocer
con exactitud el primero de los casos: “…Haciendo el censo P. Escipión Násica 3567 y
Marco Popilio vieron que se acercaba a ellos un caballero gordo y lustroso y bien
ataviado, mientras su caballo estaba flaco y desaliñado. ¿Por qué, le preguntan, tú
estás mejor cuidado que tu caballo? -Es que yo me cuido a mí mismo, y al caballo lo
cuida Estacio, un siervo que no tiene arte para nada. La réplica no les pareció y le
impusieron una buena multa. …” 3568.
Sobre la edad a la que entraban los caballeros a servir como jinetes, sabemos,
por Plutarco, que F. Camilo participó en la batalla del lago Régilo con quince años; en
la que, cuando cargaba al galope contra el enemigo, fue herido en un muslo pero no
se detuvo sino que sacándose el dardo continuó peleando hasta obligar al enemigo a
retirarse, por lo que fue premiado tras la batalla 3569. Diecisiete 3570 eran los años que
tenía Escipión cuando, valientemente, salvó la vida de su padre en la batalla en la que
éste se enfrentó a Aníbal. Esta preciosa historia se la contó personalmente Lelio el
Viejo 3571 a Polibio, que nos la transmite a nosotros: “…Tenía entonces, según parece,
diecisiete años y salía por primera vez a campaña. Habiéndolo puesto su padre al
mando de un escuadrón de jinetes de prestigio para su seguridad, al darse cuenta, en
pleno combate, de que su padre estaba cercado por sus enemigos, con sólo dos o tres
jinetes y peligrosamente herido, él intentó primero animar a los suyos a acudir en
ayuda de aquel, pero, como éstos vacilaron un tiempo ante el número de enemigos
que lo cercaban, se lanzó él mismo en persona, según parece, de forma temeraria y
audaz contra los que le acosaban. Como ante este hecho, todos los demás se vieron
en la obligación de atacar también, los enemigos, espantados, se dispersaron,
mientras que Publio, sano y salvo inesperadamente, fue el primero en hablar a su hijo,
saludándolo como salvador a los oídos de todos. …” 3572.
3566
Ibídem. Pág. 62 (Nota).
3567
Tal vez se refiera a Publio Cornelio Escipión Nasica (siglo II a. C). Político y abogado
romano de la familia de los Escipiones. Fue censor en el año 159 a. C. Obtuvo un triunfo por su
campaña en Dalmacia y fue un destacado opositor a la proposición de Catón de destruir
Cartago (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 155 y156).
3568
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 63.
3569
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 200.
3570
Esta, según una ley militar, era la edad mínima cumplida a la que un joven romano podía
ser llamado a filas (Nota del autor).
3571
Lelio el Viejo fue un soldado que acompañó a Escipión en casi todas sus campañas,
sobreviviéndole; en Roma le contó, personalmente, a Polibio esta historia. (Polibio. 1986. Opus
cit. Nota de la página 237)
3572
Ibídem. Pág. 237.
601
Además de tener diecisiete años cumplidos se requerían otros requisitos para
acceder a las filas de la caballería; aquí militaban la más vigorosa flor de la juventud
romana: los más honorables, que si perdían su honorabilidad eran degradados; los
más afortunados, ya que para entrar a servir en la caballería era necesario una
determinada cantidad de bienes; los libres, ya que para formar parte de las unidades
de caballería no se podía ser esclavo; y los que mantenían sus cualidades, ya que los
que las perdían eran descartados 3573. Los generales romanos habían de servirse de
argucias para inducir a los soldados, muchas veces demasiados jóvenes, a luchar; por
Tito Livio sabemos que Postumio, también en la batalla del Regilo, pidió a los jinetes
que desmontasen y luchasen en primera fila para animar a los desfallecidos infantes;
pero L. Anneo Floro 3574 nos cuenta que Postumio tuvo que arrojar al campo enemigo
una de las insignias romanas, para que Coso, el jefe de la caballería, diera a sus
hombres la orden de soltar el freno de sus caballos y caer sobre el enemigo 3575. Otras
veces los generales habían de valerse de las arengas, como la que dirigió el cónsul L.
Valerio a sus jinetes, junto al monte Álgido: “…¡Alerta jóvenes! Por vuestro valor y
nobleza sois superiores a los peones. En el primer choque el enemigo retrocedió ante
vosotros; corred hasta él con toda la rapidez de vuestros caballos y arrojadle del
campo de batalla. No podrá resistir a vuestro empuje quién, ahora mismo, se muestra
más vacilante que con deseos de combatir. …” 3576.
3573
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 415.
3574
Lucio Anneo Floro (mediados siglo II d. C). Historiador romano, autor del Epítome de todas
las guerras durante diecisiete años. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 179).
3575
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 200.
3576
Ibídem. Pág. 200.
3577
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 463.
3578
Ibídem. Pág. 463.
602
publicó una ley municipal que obligaba a todos los que querían acceder a cargos
públicos a haber servido tres años en caballería o seis en infantería; se concedió la
ciudadanía romana a muchos no itálicos; y se asignaron a la caballería misiones
específicas, como la seguridad, las exploraciones y la protección de las retiradas 3579.
Según Guillén, esta caballería de los tiempos cesarianos fue “…muy temible porque
podía cargar cuando menos se esperaba en línea confectis equis, o a rienda suelta
(effusis habenis), y hasta quitado el bocado a sus caballos. No tenían miedo de
penetrar en las filas enemigas o, cuando lo veían necesario, se bajaban de los
caballos y luchaban como un cuerpo de infantería. Repartida generalmente entre las
dos alas, aunque puede juntarse en una sola o detrás de la infantería, comienza
frecuentemente el combate cargando contra el centro del ejército enemigo o contra su
caballería. …” 3580.
3579
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Págs. 242 y 243.
3580
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 575.
3581
Amiano Marcelino (c. 330 d. C.) Historiador griego de Roma, que escribió en latín. Había
nacido en Antioquia y se estableció en Roma en el 378 donde se dedicó a escribir una historia
que es continuación de la de Tácito (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 23 y 24).
3582
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 615.
3583
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 405.
3584
Manio Acilio Aureolo fue un general de origen dacio que durante el reinado de Valeriano fue
nombrado jefe de caballería en el norte de Italia, ayudando a Galieno a vencer a Ingenuo en
603
acantonado en Milán, se proclamó emperador; y cuando éste se dirigía a Italia para
aplacar la rebelión, Aurelio Claudio 3585, otro jefe de su caballería, lo mandó
asesinar 3586. Tan importante llegó a ser este cargo que el emperador L. Domicio
Aureliano (270-275 d. C.) consiguió la púrpura, después de que los soldados
rechazaran a Quintilo 3587, hermano de Claudio II, debido a su prestigio militar, ganado
por haber estado al frente de la caballería. 3588. Este emperador en vez de rechazar a
los bárbaros o concederles la categoría de federados, comenzó a reclutarlos como
tropas complementarias de las legiones; así fue como reforzó con 2.000 jinetes
vándalos su ejército 3589. Magíster equitum, en el Bajo Imperio, fue Flauius Theodosius,
padre del fututo emperador hispano Teodosio, nacido en Coca (Segovia), que parece
que consiguió la púrpura gracias al prestigio de su padre 3590.
Los mandos de la caballería se distribuían de la misma forma que los de la
infantería, asistidos por los correspondiente suboficiales: “….portaestandarte
(uexillarius), responsable de la contraseña (tesserarius) y asistente, forrajeador (pollio)
y palafrenero (mulio). La instrucción queda confiada al maestro de campo de
maniobras (magíster campi), al responsable del entrenamiento (exercitator) y al
instructor (dicens). …”3591. El palafrenero tiene a su cargo el cuidado de los caballos, lo
mismo que el veterinario (pequarius) cuida de la salud de los mismos, y el forrajeador
proporciona la ración para los équidos 3592. Nos encontramos, además, con cargos
conocidos pero de los que no sabemos su misión, es el caso del hastiliarius, y el
sexmenstris, que parece el tribuno que manda a los caballeros legionarios en el
combate 3593.
Panonia. Pero en 268 se rebeló contra Galieno y tomó Milán (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág.
58).
3585
Marco Aurelio Claudio II el Gótico (reinó 268-270 d. C). Soldado profesional ilirio que había
servido bajo las órdenes de Galieno, al que sucedió tras su asesinato. Se trasladó a Milán para
sitiar a Aureolo. Junto al lago de Garda derrotó a los alamanes y en los Balcanes hizo lo mismo
con los godos. Nombró a Aureliano su jefe de caballería. Murió de peste en Sirmio, cerca de
Belgrado (Ibídem. Pág. 106).
3586
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 405.
3587
Hermano menor de Claudio II, al que sus tropas eligieron emperador después de su
hermano. Se quitó la vida cuando sus tropas lo abandonaron por Aureliano (Hazel, J. 2002.
Opus cit. Pág. 355).
3588
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 407
3589
Mangas, J: Historia Universal. Edad Antigua. Roma. Ed. Vicens Vives. Barcelona. 2004.
Págs. 407 y 408.
3590
Teja, R. (editor): La Hispania del siglo IV. Administración, economía, sociedad,
cristianización. Edipuglia. Bari (Italia). 2002. Pág. 80.
3591
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Pág. 66.
3592
Ibídem. Pág. 66.
3593
Ibídem. Págs. 66 y 67.
604
Del entrenamiento de los jinetes se encargaba el magíster campi3594. Los diez
escuadrones o turmae de caballería tienen tres jefes cada uno, que a su vez se
asignan tres optiones, que son los suboficiales de los centuriones y decuriones. “…El
jefe de escuadrón elegido en primer lugar manda el escuadrón, los otros dos hacen la
función de dekadarchoi, y reciben el nombre de <<decuriones>>, unos y otros. En el
caso de ausencia del primero, es el segundo el que hace en su lugar la función de jefe
de escuadrón. …” 3595. Estaban organizadas de tal modo que siempre había oficiales
suficientes, aún en el caso de sufrir grandes pérdidas 3596.
El entrenamiento al que se sometía a los jinetes era más largo y duro que el de
los infantes, aunque en ambos tenían la finalidad de mejorar las condiciones físicas del
soldado y desarrollar el espíritu del cuerpo 3597. El jinete debía ocuparse de su caballo,
de los arneses y de realizar su instrucción, cuya perfección se lograba con un
entrenamiento intenso y haciendo los ejercicios que se le indicaban, que comprendían
paradas, simulacros de guerra y torneos 3598. Además de realizar los mismos ejercicios
de los infantes, practicaban la equitación y volteos sobre un caballo de madera y,
posteriormente, con caballos verdaderos, practicaban los aires propios del caballo:
paso, trote y galope 3599. De la importancia de la instrucción, a lo largo de la historia de
la caballería, nos da fe esta anécdota de Pompeyo, contada por Plutarco:
“…Pompeyo, encontrándose en Oriente, se dedicaba a hacer ejercicios de equitación
durante el sitio de Petra, en un momento en que llegaron los mensajeros con sus
lanzas rodeadas de laurel, señal de que eran portadores de buenas noticias. Pero el
imperator les hizo esperar y continuó sus evoluciones: quería recordar con ello que la
instrucción se hallaba por encima de cualquier otra exigencia; y fue precisa la
insistencia de los soldados para que consintiera en interrumpirla: conoció entonces el
suicidio de Mitrídates y, por tanto, su victoria. …” 3600. Y es que la equitación era uno de
los elementos importantes de la instrucción militar, a la que no sólo deben dedicarse
los jinetes sino, también, los oficiales de los distintos cuerpos del ejército 3601.
3594
Ibídem. Pág. 70.
3595
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 179.
3596
Poulsen, F.1950. Opus cit. Pág. 11.
3597
Blázquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 96.
3598
Ibídem. Págs. 96 y 97.
3599
Guillén, J. 1994. Opus cit. Pág. 527.
3600
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Págs. 145 y 146.
3601
Ibídem. Pág. 148.
605
Se han conservado descripciones sobre el entrenamiento de la caballería
auxiliar, que entrenaba bajo estandartes y serpenteantes banderas, compitiendo en
equitación, realizando cargas, girando sobre sí mismos, rodeando obstáculos,
lanzando de jabalinas sin punta entre sí y lanzas contra dianas 3602. Auxiliares que, en
muchas ocasiones y por falta de tiempo, no habían recibido una instrucción adecuada
y eran propensos a la lucha entusiasta en condiciones poco favorables, por lo que
muchas veces el general debía educarlos para rebajar su desmedido entusiasmo; esto
fue lo que hizo Sertorio con un contingente de guerreros hispanos y utilizando el
caballo como vehículo de instrucción: “…se cuenta que Sertorio hizo traer dos
caballos, uno de ellos sanos y el otro pequeño y en malas condiciones. Ordenó a
continuación a uno de sus hombres más fuertes que tirara para arrancar de un golpe la
cola del caballo pequeño, mientras que, al mismo tiempo, le dijo a un soldado pequeño
que tratara de dejar sin cola al caballo grande, arrancándosela pelo a pelo.
Finalmente, después de realizar un esfuerzo enorme, el soldado más fuerte se vió
obligado a cesar en su empeño, mientras que el pequeño completó poco a poco su
tarea. Sertorio les hizo ver entonces que se podía derrotar incluso al más poderoso
enemigo si gradualmente se le debilitaba mediante escaramuzas de menor fuste, pues
la presión continua es más efectiva que la simple fuerza bruta. …” 3603.
3602
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 330.
3603
Goldsworthy, A. 2008. Opus cit. Pág. 166.
3604
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Pág. 165.
3605
Ibídem. Pág. 168.
606
Los primeros jinetes romanos luchaban en túnica y sin coraza, lo que les
reportaba ligereza para desmontar o saltar al caballo, pero, en cambio, los exponía a
los riesgos del combate, al carecer de protección 3606. Las lanzas eran extremadamente
delgadas y sin guarnición de hierro en sus puntas; por la primera razón, se rompían
muchas veces antes de ser utilizadas por la sacudidas que provocaba el lógico
movimiento de los caballos; y por la segunda razón, sólo podían ser lanzadas una vez,
ya que después de embotadas sus puntas, las lanzas quedaban inutilizadas 3607. Los
escudos no eran de mejor calidad, ya que fabricados con piel de buey, cuando se
mojaban se convertían en ineficaces 3608. Por estas razones cambiaron los jinetes
romanos su panoplia por la griega; cuya lanza “…permite que el primer impacto de la
punta sea certero y eficaz, porque la lanza es, por fabricación, estable y resistente y, al
mismo tiempo, porque el cambio de guarnición de su punta permite que su uso tenga
seguridad y fuerza. …” 3609. Además, los nuevos escudos proporcionan a los jinetes
protección contra los proyectiles y las embestidas de cerca 3610. Cuando los romanos
se percataron de la eficacia del armamento griego y de la ineficacia del propio, los
adoptaron muy pronto, pues, según contaba Polibio, si hay algún pueblo dispuesto a
cambiar sus costumbres e imitar a los demás, ése es el pueblo romano 3611.
En lo que concierne a los atalajes del caballo y en concreto a la montura, ésta
debe ser de tan esmerada factura como para que el jinete se siente con seguridad y, a
la vez, no dañe el lomo del caballo 3612. Parece que la silla de montar era la de cuatro
cuernos, que también habían empleado galos, partos, sármatas, sasánidas y persas; y
que según parece habían inventado los galos y copiaron los romanos 3613. Cuando el
jinete se aposentaba en esta silla, los cuatro cuernos se cerraban sobre sí, sujetando
sus caderas; sujeción que constituía suficiente apoyo para arrojar una lanza, atacar
con ella, o esgrimir una espada con efectividad, incluso inclinándose hacia un lado
para, después, recuperar el equilibrio 3614. A pesar de lo declarado por algunos autores,
sabemos de la utilización de los estribos en la caballería romana desde los albores de
la época republicana por la conversación mantenida, en un debate del Senado, entre
Apio y Marco Horacio Barbado, cónsul junto a Publio Valerio Publícola, tras la
expulsión de los reyes: “…Me obligareis, muy pronto, Apio, a perder los estribos si no
3606
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 179.
3607
Ibídem. Pág. 179.
3608
Ibídem. Págs. 179 y 180.
3609
Ibídem. Pág. 180.
3610
Ibídem. Pág. 180.
3611
Ibídem. Pág. 180.
3612
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 229.
3613
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 140.
3614
Ibídem. Pág. 140
607
os mostráis moderado, sino revestidos de la actitud del Tarquinio aquel, vosotros que
no permitís tomar la palabra a quienes quieren hablar de la salvación del Estado.
…” 3615. El caballo se conduciría con cabezada, riendas y bocado.
El caballo de guerra debía ser de capa oscura, para que no lo viera el enemigo.
Parece que, en la guerra, el arnés del caballo del general podía ser ostentoso.
Al menos, así era el que portaba el caballo de Pompeyo en sus luchas contra el
sedicioso Sertorio, en tierras hispanas; característica de sus arreos que le salvaron la
vida cuando Pompeyo, herido en una pierna, estuvo a punto de caer prisionero;
consiguiendo escapar a pie cuando su perseguidores se distrajeron recogiendo y
disputando entre ellos los riquísimos abalorios que portaba su caballo 3616. Los
caballos, además, se revestían con testeras tachonadas en cuero, que además de
adornarlos, cumplían la misión de protegerlos, como muestra el ejemplar aparecido en
Vindolanda, que tenía rejillas para los ojos que permitían la visión del caballo 3617.
En el equipo de los desfiles y los juegos de la caballería, espectaculares
exhibiciones públicas del esplendor y la habilidad de los jinetes del ejército, tanto los
arreos de las monturas como el equipo de los jinetes, estaban profusamente
3615
Dionisio de Halicarnaso. 1988. Opus cit. Pág. 112.
3616
Goldsworthy, A. 2008. Opus cit. Págs. 170 y 171.
3617
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 140.
608
decorados 3618. Entre estos artículos llama la atención la decoración de los yelmos de
parada, que si en su forma básica eran similares a los de guerra, aquellos, en cambio,
estaban bañados en plata y decorados con profusión; incluyendo una máscara facial,
con apertura ocular para facilitar la visión, en la que se representaba incluso el
cabello 3619. Parece que nadie duda de la vistosidad de todos los eventos en los que los
caballos son los protagonistas, vistosidad que era aprovechada por los generales
romanos para desplegarlas en las exhibiciones que ofrecían las unidades de
caballería. Es Arriano en su obra Arte de Tácticas, el que nos describe el equipo tanto
del caballo como del caballero: “…plumas amarillas, ligeros escudos elaboradamente
pintados, coloristas túnicas, pantalones ajustados y armadura decorada para la cabeza
del caballo. …” 3620. Además de la descripción de Arriano, la arqueología nos ha
proporcionado escudos, armaduras y discos de costado bellamente grabados para el
caballo, y elaboradas corazas y grebas para los jinetes 3621. Y es que parece que, en
las paradas de la caballería, se utilizaban armas de parada, más ligeras y ricamente
decoradas con imágenes de héroes y de dioses de simbología militar. Por ejemplo, los
yelmos estaban decorados con máscaras de metales como el hierro o el bronce, las
cabezas de los caballos se adornaban con frontales de metal o de cuero y anteojeras
de bronce y el pecho de los mismos se cubría con faleras y con máscaras humanas de
carácter apotropaico 3622.
Sabemos que la disciplina militar incluía castigos y premios. A los caballeros que
se distinguían en escaramuzas se les otorgaban condecoraciones al igual que a los
infantes o legionarios; muchos de los combates individuales de los que tenemos
constancia se libraron a caballo, por aristócratas que pertenecían a la caballería 3623.
Elitista arma de los caballeros que no le caía bien a todos los generales; sabemos que
Servilio Cepio, uno de los militares que Roma mandó a Hispania para acabar con
Viriato, “…era una fuente de dolor para sus propios hombres, y éstos, a su vez,
estuvieron a punto de darle muerte. Era severo y cruel con todos ellos, especialmente
con la caballería. En consecuencia, éstos hacían por las noches toda suerte de chistes
groseros sobre él, y cuanto más se enfurecía Cepio, más chistes inventaban para
3618
Ibídem. Pág. 140.
3619
Ibídem. Pág. 140.
3620
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 354.
3621
Ibídem. Pág. 354.
3622
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Págs. 104 y 105.
3623
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 250.
609
provocarlo. Aunque sabía lo que ocurría, Cepio no tenía a nadie a quién pudiera
acusar directamente. Sospechaba de la caballería, pero, sintiéndose incapaz de
acusar a un individuo concreto, castigó a todo el cuerpo. Los 600 soldados de
caballería recibieron la orden de cruzar el río para que, sin más escolta que sus mozos
de cuadra, recogieran leña en la montaña donde Viriato tenía su campamento. Aquello
suponía un peligro tan evidente que los tenientes de Cepio le suplicaron que no
destruyese la caballería. Los jinetes esperaron durante un rato creyendo que Cepio
atendería a razones. Cepio no se conmovió, y ellos no le pidieron perdón pues sabían
que eso era lo que pretendía, y así, prefiriendo morir que pronunciar una sola palabra
respetuosa hacia su comandante, cruzaron el río en compañía de jinetes aliados y
otros voluntarios. Cortaron la madera, regresaron cruzando el río y la apilaron
alrededor del cuartel de su general con la intención de prenderle fuego. Y éste habría
muerto entre las llamas de no haber escapado a tiempo. …” 3624.
3624
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Págs. 68 y 69.
3625
Rostovtzeff, M. 1998 (A). Opus cit. Pág. 126 y ss.
3626
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 258.
3627
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Pág. 37.
3628
Ibídem. Pág. 37.
3629
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 258.
610
Cuando estos jinetes no eran ciudadanos romanos, uno de los mayores
problemas al que se enfrentaba el Estado era asegurar la lealtad de los aliados, para
evitar acciones como la del Señor de Edesa y Carrás. Para la formación de estas alas
de caballería Roma aprovechó la destreza, como jinetes, de galos e hispanos y, más
tarde, la de los tracios; así mismo adoptaron las técnicas de las caballerías bárbaras
de los partos y sármatas 3630. Augusto conoció en Hispania la excelencia de los jinetes
nativos, rápidos y hábiles en el lanzamiento de la jabalina desde sus monturas, como
comenta en su autobiografía 3631. También sorprendieron a Plinio el Viejo, que los
observó en Germania, y escribió un manual sobre sus tácticas, que se conserva en
parte; en latín muchos de los vocablos técnicos relacionados con el arte de la
caballería se basan en palabras hispanas y galas 3632. Eran muchas las regiones
hispanas que tenían a sus hombres entre las cohortes y las alas de caballería
romanas: astures, vetones, arévacos, vascones, cántabros, celtíberos, lusitanos,
etc 3633. De las andanzas de estos jinetes hispanos por el vasto imperio romano nos
dan fe las estelas funerarias que se conservan, como la del museo de Offenburg,
perteneciente a un hispano que alcanzó la ciudadanía romana, llegó a centurión y
murió cuando mandaba una unidad de jinetes tracios, el Ala Thracorum; o la del jinete
desconocido del museo de Worms, que militaba en el Ala I Hispanorum 3634.
Fue en tiempos de César cuando éste sentó los preceptos de una nueva política,
al hacer senadores a sus más fieles colaboradores galos; Regilo y Ego, que eran
alóbroges de Normandía y mandaron su caballería en Farsalia, porque hasta en la
guerra civil hubieron de intervenir los jinetes aliados. Campo de batalla en el que se
encontraba lo más florido de entre los galos y germanos, peleando Deyorato,
Arioborzanes, Tarcondimoto, y Coto, junto a todas las fuerzas de la Tracia, Capadocia,
Cilicia, Macedonia, Grecia, Etolia y todo el Oriente 3635.
A propósito de Germania, de decisivo podemos calificar el papel de la caballería
en las luchas de Germánico contra los germanos y su rey Arminio. Así nos relata
Tácito un combate: “…Germánico, tras perseguir a Arminio 3636 cuando se metió por
3630
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 113.
3631
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 570.
3632
Ibídem. Pág. 570.
3633
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 232.
3634
Ibídem. Pág. 232.
3635
Ibídem. Pág. 244.
3636
Arminio (c. 18 a. C.-21 d. C). Jefe de los queruscos germanos y rival de Roma “…Llevó a
su gente al servicio de Roma, aprendió latín y le fue concedida la ciudadanía romana y el rango
ecuestre. Aun así, Arminio cambió de opinión sobre la dominación romana y pasó a preferir la
libertad. […] En el 16 fue derrotado y herido por Germánico, pero continuó su resistencia, y fue
salvado por la llamada de Tiberio a Germánico en el 17. En el 19, Arminio atacó a Marobaudo,
el rey de los marcomanos, que apoyaba a Roma, Arminio intentó entonces hacerse rey, pero
611
lugares impracticables, tan pronto como tuvo oportunidad mandó cargar a la caballería
y arrebatarle el llano en el que el enemigo estaba asentado. …” 3637. También Cecina
tuvo que vérselas contra los belicosos germanos que luchaban contra las legiones
romanas en las ciénagas en las que ellos estaban acostumbrados a desenvolverse. El
general tuvo un sueño horrible en el que creyó ver a Quintilio Varo 3638 que salía de los
pantanos cubierto de sangre y tendiéndole una mano que él rechazó 3639; Arminio
también pensó en el desastre sufrido por el general de Augusto y al atacar a los
romanos gritó: “…¡Aquí está Varo, y las legiones otra vez encadenadas por el mismo
hado! …” 3640. En el combate los germanos atacaban preferentemente a los caballos,
que, heridos, resbalaban en el cieno y en su sangre y sacudiéndose sus jinetes,
dispersaban a los que se encontraban a su paso y pisoteaban a los caídos. Cecina,
mientras trataba de mantener la formación, cayó de su caballo herido, y estaba a
punto de verse rodeado cuando la primera legión lo defendió 3641. A todo este horror
hubo de sumarse la alarma causada por un caballo que, tras romper las riendas, corrió
desbocado, y asustado por los gritos, arrolló a los hombres que se encontraba en su
carrera; los romanos creyendo que atacaban los germanos emprendieron la huida
pero Cecina, los tribunos y los centuriones lograron detenerlos al hacerles ver lo
infundado de su terror 3642.
Pero, a pesar del importante papel de la caballería en el desarrollo de las
batallas y aunque, cuando llegue el siglo III, el protagonismo de la caballería irá
creciendo, en todo el Alto Imperio es la legión la pieza fundamental en el desarrollo de
las mismas 3643.
se enfrentó a una rebelión armada. Un jefe de sus vecinos, los catios, se ofreció a Tiberio para
envenenarlo, pero el emperador lo rechazó. Arminio fue finalmente asesinado por sus propios
parientes. …” (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 42).
3637
Cornelio Tácito: Anales. Libros I-VI. Ed. Gredos. Madrid. 1979. Pág. 103.
3638
“…En el 9 d. C. el legado Quintilio Varo se vio encerrado con sus tres legiones en el
Teutoburgiensis saltus, que se tiende hoy a localizar entre Bielefeld-Iburg y los montes Wiehen,
en la zona limitada por los ríos Ems y Lippe, en el actual confín de Westfalia con Baja Sajonia.
Los germanos cercaron al ejército romano, que mal podía desenvolverse en un bosque
pantanoso, y lo aniquilaron. Varo se quitó la vida. Fue uno de los peores desastres de la
historia militar romana, y amargó a Augusto sus últimos años. …” (Ibídem. Nota. Pág. 101).
3639
Ibídem. Pág. 105.
3640
Citado. Ibídem. Pág. 105.
3641
Ibídem. Pág. 106.
3642
Ibídem. Págs. 106 y 107.
3643
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Págs. 197 y 198.
612
Aparte de las tropas auxiliares, los ejércitos romanos también contaban con
unidades transitorias, que se contrataban para campañas concretas o eran aportadas
por Estados amigos, para apoyar a los romanos; entre éstas, podemos citar a la
caballería mora, a los arqueros partos o a los sirios 3644. Además, Roma se servía
también de los servicios de los aliados, como el príncipe númida Masinissa, con el que
se alió aprovechando las malas relaciones de éste con Cartago, y cuya excelente
caballería mejoró sustancialmente la eficacia del ejército romano 3645. Y es que hacía
ya tiempo, como venimos recalcando, que los romanos se habían ido percatando de la
importancia del arma de caballería en los ejércitos enemigos con los que habían
combatido, muchas de cuyas aplastantes victorias eran fruto de la intervención de sus
caballerías. Buenos ejemplos de ellas eran las victorias alcanzadas por el general más
admirado de la historia, Alejandro Magno, o las más recientes de Aníbal durante la II
Guerra Púnica.
Llegados a este punto Roma se alió, pues, con Masinisa, formando sus jinetes
junto a los del númida, momento a partir del cual Roma empezó a contar con una
caballería adecuada. Acción de esa nueva caballería romana que comenzó pronto a
dar sus frutos, como en Cinoscéfalos (197 a. C.) cuando Flaminio reforzó sus legiones
con los contingentes apolonios, cretenses y etolios, con lo que su caballería fue muy
superior a la de Filipo; precisamente fue la caballería de Etolia la que sostuvo
valerosamente el combate en las llanuras, dando tiempo a Flaminio para acudir con
sus legiones, lo que le permitió alcanzar la victoria sobre Filipo 3646. Cuando Roma
hubo de combatir al rey Antíoco II, no consideró suficientes a sus tropas de caballería,
por lo que los cónsules Catón y L. V. Flaco incorporaron a sus contingentes a jinetes
númidas y a 5.000 auxiliares no itálicos entre los que, con seguridad, se encontraban
jinetes españoles; y para la batalla de Magnesia (190 a. C.) incorporaron, además, a
3.000 jinetes aqueos y macedonios 3647.
Conseguir buenos jinetes en la Antigüedad, para cualesquiera de las unidades,
no era tarea fácil y conseguidos éstos si, por cualquier causa, se perdían, el desastre
implicaba enormes consecuencias 3648. Cuando los caballeros entraban en combate se
desplegaban en los flancos de la infantería, a un lado la caballería romana y en el otro
la aliada 3649; y siempre que la ocasión lo requería, los jinetes descabalgaban y
3644
Souza de, P (Editor). 2008. Opus cit. Pág. 194.
3645
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 80.
3646
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 215.
3647
Ibídem. Pág. 215.
3648
Barreiro Rubín, V. 2004. Opus cit. Pág. 45.
3649
Ibídem. Pág. 45.
613
continuaban la lucha a pie; probable situación para la que los jinetes iban armados con
lanza y espada 3650.
Aunque el total de los efectivos militares del Imperio fue variando a lo largo del
tiempo, llegados a la época adrianea se seguían manteniendo las 28 legiones de la
época augustea, y el módulo de los 120 jinetes por legión también era el mismo 3651.
Este emperador y su antecesor, Trajano, incrementaron las fuerzas especiales que se
reclutaban en territorios de fuera del Imperio entre los pueblos aliados o contratando
mercenarios; entre los que podemos mencionar a los arqueros de Palmira, a los
jinetes árabes o a los guerreros germanos 3652. Así, Trajano y Adriano infundieron
movilidad y flexibilidad al ejército, adaptándolo a las necesidades concretas del
enemigo que se pretendía combatir. En este sentido es ilustrativo que Trajano
equipara a una parte de su caballería con corazas, los llamados catafractarios, de
modo análogo a los jinetes partos, seculares enemigos de los romanos 3653. Por ello, a
medida que avanzaba el tiempo, fue creciendo el número de soldados mercenarios; y
llegados a los tiempos de Gordiano III (238-244 d. C.), éste desarrolló al máximo la
política de reclutamiento iniciada por Severo Alejandro y seguida por Maximino
ganando los soldados mercenarios posiciones en los cuerpos expedicionarios
romanos bien como guardias personales del emperador o como jinetes del, cada vez
más numeroso, cuerpo de caballería 3654. Con su sucesor, Filipo el Árabe (244-249 d.
C.), la caballería adquiere un gran desarrollo por su papel, debido a su movilidad, en la
defensa de las fronteras frente a las incursiones de los enemigos 3655.
3656
Arroyo de la Fuente, M. A. 1999. Opus cit. Pág. 33.
3657
García Castro, J. A. y Antona del Val, V (Comisarios científicos). 1997. Opus cit. Pág. 186.
3658
Citado. Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Págs. 198 y 199.
3659
Jenofonte. 1984. Opus cit. Pág. 175.
3660
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 311.
615
sólo contaba con tres compañeros, uno de los cuales era su concubina Hypsicrates,
cuyo apodo masculino se lo había ganado por la valentía con que peleó desde su
caballo en la batalla 3661.
Los soldados romanos tenían encomendadas, también, la realización de las
obras públicas, infraestructuras que les permitirían gozar de las comodidades a las
que ellos estaban habituados en su patria. Parece que la infantería proporcionaba la
mano de obra necesaria para la realización de la obra y la caballería se encargaba de
la protección de la misma 3662.
Debían conocer, igualmente, los caballeros todo lo concerniente a los ejercicios
que harían más bellas las procesiones en honor de los dioses, así “…cuanto hay de
original en un caballo montado se mostrará a los dioses y a los hombres. …” 3663; para
lo que los caballos debían estar perfectamente domados. Esta arma era la elegida por
Roma para hacer exhibiciones de poderío; esto fue lo que hizo Arriano 3664, cuando se
exhibió ante los alanos, un pueblo o confederación de pueblos de la Transcaucasia,
estrechamente emparentados con los sármatas, con las fuerzas de este arma;
asignando el peso principal “…a la caballería, en especial a los arqueros montados;
cuatro regimientos de caballería, alae, y los soldados también de caballería de diez
cohortes equitatae integrados en un cuerpo, así como los guardias montados del
gobernador y la caballería de la legión. …” 3665.
Con todo, hay autores que minimizan el papel de la caballería en los combates.
Lago califica de extremadamente débil la caballería de Julio César, y termina
generalizando que el papel de este arma, en las guerras, no era preponderante 3666.
Sigamos sus líneas: “…la caballería tiene una gran importancia táctica, positiva o
negativa, pero esa importancia no es fundamental a la hora de decidir la batalla. La
caballería nunca ha conseguido derrotar a una infantería disciplinada y bien mandada,
aunque sí ha conseguido en muchas ocasiones provocar pánico, hacer que los
infantes rompan las filas y contribuir así a la victoria, pero debemos hacer hincapié en
algo fundamental: que ante una muralla de escudos y lanzas ¿qué puede una carga
de caballería?. …” 3667.
3661
Goldsworthy, A. 2008. Opus cit. Pág. 201.
3662
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Pág. 178.
3663
Jenofonte. 1984. Opus cit. Pág. 173.
3664
Flavio Arriano (86-169 d. C.) había nacido en Nicomedia (Bitinia). Amigo y discípulo de
Epicteto, fue también historiador de Alejandro Magno. Adriano le concedió la ciudadanía
romana y en 133 fue nombrado prefecto de Capadocia, donde rechazó a los alanos. Fue
cónsul y murió bajo el reinado de Marco Aurelio (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 44).
3665
Birley, A. 2003. Opus cit. Págs. 364 y 365.
3666
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 67.
3667
Ibídem. Pág. 39.
616
En cualquier caso, no todo eran ventajas para la caballería, ya que, en caso de
desastre y perdida la cohesión, ésta tenía menos capacidad para reorganizarse que la
infantería; además era un arma más delicada y más cara de mantener, debido a la
fragilidad de los caballos 3668. En efecto, y como constatamos para todas las
sociedades y épocas, el elevado coste de mantener un caballo lo ha convertido, desde
la Antigüedad, en un signo de distinción y nobleza 3669.
Pero, además de los veterinarios, para cuidar de las monturas, el arma tenía
como protectores a los hermanos Castor y Pollux. Estos semihéroes divinos griegos
fueron asimilados como importantes divinidades en la República romana, ya que la
idea de seres semidivinos no cabía en el pensamiento religioso de los romanos de la
época; por lo que fueron asimilados como caballeros protectores de la joven república
y patrones de su caballería 3670. Esto acaeció tras su participación en la batalla del
Lago Regilo (499 ó 496 a. C.), en la que parece que o bien participaron activamente o
anunciaron la victoria; lo cierto es que después de la promesa del dictador Postumio
fueron asimilados al panteón romano de los dioses con el nombre de Castores 3671.
Parece que el culto a estos dioses no entró en Roma a través de Etruria, sino
directamente desde las ciudades de la Magna Grecia, a algunas de las cuales ya
habían auxiliado en la guerra 3672. En efecto, cuando las ciudades magnogriegas de
Locri y Crotona se enfrentaron, la primera pidió ayuda a Esparta, que los remitió a los
Castores. Así lo relata Justino 3673: “…Los locrios, aterrados por este peligro, acuden a
los espartanos suplicándoles su ayuda. Éstos considerando gravosa una expedición
lejos de la patria, los invitan a pedir ayuda a Castor y Pólux.[…] contentos [los
embajadores] como si fueran a llevarse consigo a los mismos dioses, les preparan en
la nave unos almohadones y, partiendo con presagios favorables, llevan a los suyos
consuelo en vez de ayuda. …” 3674. Y parece que la ayuda de los dioses surtió efecto,
ya que en la batalla “…se vio luchar a dos jóvenes con armadura distinta de la de los
3668
García Castro, J. A. y Antona del Val, V (Comisarios científicos). 1997. Opus cit. Pág. 186.
3669
Ibídem. Pág. 187.
3670
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 248.
3671
Ibídem. Pág. 248.
3672
Ibídem. Págs. 248 y 249.
3673
Justino (c. 100-160 d. C). Profesor y apologista cristiano, que se convirtió al cristianismo
hacia el 130 d. C., más por su admiración al valor de los cristianos que por razones
intelectuales. Escribió dos apologías defendiendo esta religión; una la dirigió al emperador
Antonino Pío y la otra a Marco Aurelio (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 227).
3674
Citado. Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 249. (Nota).
617
demás, de extraordinaria estatura, en caballos blancos y con mantos de púrpura, y
aparecieron sólo mientras se luchaba. El prodigio se hizo más grande por la increíble
rapidez con la que se propagó; en efecto, el mismo día que se luchó en Italia, se
anunciaba la victoria en Corinto, Atenas y Lacedemonia. …” 3675.
La presencia de los caballeros en las religiones arcaicas griega y romana parece
evidenciar el trasfondo indoeuropeo de ambas culturas, ya que en varias de éstas
aparece la figura de divinidades gemelas asociadas a los caballos 3676. La diferencia de
funciones entre ambos hermanos gemelos indoeuropeos la encontramos también en
los grecorromanos Castores; así, uno de ellos se asocia a la guerra, a los caballos y a
la potencia mientras que, por el contrario, el otro lo hace a los deberes domésticos, al
ganado y la fertilidad 3677. Si para Píndaro el poderoso Castor es el de aurea carroza,
también nos habla del señor Polideuces y considera al primero fundador de las
carreras de caballos y a su hermano Pollux de las de perro 3678. Esta diferencia entre
ambos hermanos es más acusada en Roma, en la que Castor aparece como un
caballero joven y belicoso, lo que explicaría, que tras la batalla del Regilo fuera
adoptado como patrón por los caballeros romanos. El pacífico y hogareño Pollux, no
era una figura adecuada para tal función, por lo que, poco a poco, fue desapareciendo
de la esfera romana 3679.
3675
Citado. Ibídem. Pág. 249. (Nota).
3676
Ibídem. Pág. 250.
3677
Ibídem. Pág. 250.
3678
Ibídem. Pág. 251.
3679
Ibídem. Pág. 251.
3680
Margueron, J. C. 1996. Opus cit. Pág. 133.
3681
Ibídem. Pág. 133.
618
Plinio el Joven, su alabanza empalagosa a Trajano: “…¡Cuántas veces cambiaste los
caballos, cambiaste las armas, ya fuera de uso! …” 3682.
Los caballos enteros podía dar problemas en el campo de batalla, razón por la
que muchas veces la caballería sólo utilizaba caballos castrados y yeguas, ya que los
caballos enteros no podían estar junto a las yeguas sin excitarse o junto a otros
garañones, sin pelear 3683. Estas yeguas de la caballería no se dedicaban a la
reproducción, ya que no podrían acudir al campo de batalla con el potrillo de rastra.
Respecto a las capas de los animales empleados en los ejércitos, parece lógico
que para la guerra se prefirieran los caballos de capas oscuras (castaño o negro, por
ejemplo), menos visibles sobre el fondo de los variados hábitats en los que se
desarrollaba ésta. Contra esta regla, parece que los generales solían utilizar caballos
de capas bien visibles, tal vez con el objeto de ser fácilmente localizados por sus
tropas, pero con el inconveniente de ser identificados con la misma rapidez por los
enemigos; como le pasó a Sila en la batalla de Porta Colina, cuando cabalgó hacia el
ala izquierda, sobre la que presionaban los enemigos, siendo elegido como objetivo
por dos soldados del ejército contrario. En su intento por controlar la contienda, no
advirtió aquella amenaza, por lo que pudo morir si su mozo de cuadra no hubiera
fustigando el caballo blanco del general para evitar que le alcanzaran las jabalinas
enemigas 3684. Otros, por el contrario, esperaban pasar desapercibidos utilizando
caballos poco atractivos, como Trajano durante el sitio de Hatra, en el desierto
arábigo, en el que cuando su propia guardia personal tomaba parte en los asaltos,
Trajano estuvo a punto de ser alcanzado por un proyectil mientras cabalgaba. Dión
hace notar que el emperador no portaba ningún símbolo de su rango, con lo que
esperaba no sobresalir de los demás oficiales, pero sus sesenta años y su señorío lo
hacían destacar entre los mismos. No lograron alcanzar al emperador, pero un jinete
que iba a su lado cayó muerto 3685.
No sabemos cuál era el número de caballos con el que los caballeros acudían a
la guerra, pero la respuesta parece que la encontramos en la carta que el emperador
Claudio II envió a Aureliano encomendándole la misión de expulsar a los godos de
Tracia: “…Pongo en tus manos todos los ejércitos de Tracia, todos los de Iliria y toda
la frontera. Ea, muéstranos tu coraje habitual. Mi hermano Quintillo, una vez que se
haya presentado a tí, se quedará contigo. Yo, que estoy atareado con otros
menesteres, confío a tu talento la dirección de la guerra. Te he enviado diez caballos,
3682
Citado. Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 375.
3683
Ferril, A. 1998. Opus cit. Pág. 135.
3684
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 181.
3685
Ibídem. Pág. 387.
619
dos corazas y otros utensilios con los que la necesidad obliga a proteger a aquél que
va a la guerra. …” 3686. Claro que esta dotación de diez caballos era para el general que
llevaba la dirección del conflicto.
Tal vez la compra masiva y controlada por el ejército era la forma habitual de
remonta en el ejército romano; complementada con la captura de animales a los
enemigos vencidos (fuente de aprovisionamiento que fue paulatinamente
descendiendo, a medida que se pacificó el Imperio) y con la compra particular de los
propios soldados; y en las provincias, sería el gobernador el encargado de reclutar y
distribuir los caballos en las unidades asentadas en las mismas; y éstos, al fin, podían
provenir de compras, de tributos, ser presa de guerra o el fruto de requisiciones
forzosas 3687. Unas veces estos animales se compraban a marchantes privados y en
otras los ejemplares procedían de las caballerizas imperiales, como la que el Imperio
mantenía en Capadocia 3688. De éstos dice Opiano que, de pequeños, eran débiles
pero que a medida que crecían iban adquiriendo velocidad; y los recomendaba como
“…los caballos que deberías aprestar para la valerosa guerra y contra las feroces
fieras; porque ellos son muy animosos para enfrentarse a las armas y romper la
apretada falange, y luchar contra las belicosas bestias salvajes. …” 3689.
Cuando los ejércitos se encontraban en campaña, en las diferentes provincias,
no faltaban las requisiciones de caballos, como sabemos que sucedió en Moesia 3690;
otras eran la compra privada, la ayuda de los aliados, la confiscación a enemigos
vencidos o la exigencia de monturas como tributo 3691. En el caso de Hispania, pronto
los generales y magistrados romanos, comenzaron a exigir a los indígenas todo tipo
de provisiones de guerra, como mantos de lana, armas de guerra y caballos 3692. Por el
bronce de Alcántara (Cáceres) conocemos la confiscación que Lucio Celso hizo de sus
caballos a los seanocos: “...Lucio Cesio, hijo de Cayo, imperator, después que hubo
aceptado la rendición, preguntó al consejo lo que consideraba adecuado exigirles. De
acuerdo con el dictamen del consejo, les exigió los prisioneros, los caballos y las
3686
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 625.
3687
Biancardi, M. 2004. Opus cit. Pág. 30.
3688
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 193.
3689
Opiano. 1990. Opus cit. Págs. 62 y 63.
3690
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 672.
3691
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 186.
3692
Ibídem. Pág. 186.
620
yeguas que hubieran cogido. Lo tenían que entregar todo…” 3693. En otras ocasiones el
ejército compraba armas y caballos a un precio bajo y uniforme. Tenemos noticias de
que en Dura Europos (Siria) en al menos dos ocasiones, (en 208 y 251 d. C.) se
compraron caballos a 125 denarios por cabeza y sin tener en cuenta edad o el estado
de los animales 3694. Y en un papiro de Egipto se muestra el contrato por el que un
centurión de la Legio XXII Deiotariana vende su caballo a Cayo Valerio Longo un jinete
auxiliar del Ala Apriana, por la elevada suma de 2.700 dracmas 3695.
Llegados al Bajo Imperio, parece que la remonta de caballos para el ejército
había seguido el mismo proceso de descentralización y control que las armas 3696. El
Codex Theodosianus regula la compra y el período de prueba de los caballos y admite
la requisa de los mismos; y el encargado de la adquisición de los animales para la
corte y la caballería, parece que era el tribunus estabulis 3697. En esta época, se sabe
que la caballería tenía ya una gran importancia en los ejércitos romanos,
constituyendo una de sus ventajas sobre los ejércitos enemigos; arma que contaba
con una infraestructura que aseguraba las remontas, la intendencia para los caballos,
y el entrenamiento tanto individual, como de la unidad o del ejército 3698.
Sabemos que el Imperio contaba con una estricta normativa que requería un
examen antes de la adquisición 3699. Un papiro, procedente de Capadocia, es un
documento de venta de un caballo que se compró en el 77 d. C. por 675 denarios
(doble de la paga anual de un legionario de la época); el caballo tuvo que pasar el
preceptivo examen veterinario y como era un animal de carga, se le adiestró para la
realización de diversas tareas 3700. En los campamentos había un hospital para atender
a los heridos y dependencias para hacer lo propio con los animales 3701.
Cualquiera que fuera la forma de conseguirlo, cada caballo llegaba a la unidad
asignado a un jinete concreto, que debía responsabilizarse de su cuidado, ya que un
daño sufrido por el équido, debido a una negligencia del jinete implicaba una
deducción en la paga de éste 3702.
3693
Citado. Montenegro Duque, A. y otros. 1986. Opus cit. Pág. 98.
3694
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Págs. 192 y 193.
3695
Ibídem. Pág. 193.
3696
Ibídem. Pág. 218.
3697
Ibídem. Pág. 218.
3698
Souza de, P (Editor). 2008. Opus cit. Pág. 213.
3699
Ferril, A. 1998. Opus cit. Pág. 133.
3700
Ibídem. Pág. 133.
3701
Le Bohee, Y. 2007. Opus cit. Págs. 182 y 183.
3702
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 193.
621
Si parece evidente que para que un ejército rinda, sus tropas deben estar,
además de bien entrenadas y bien armadas, bien alimentadas; lo mismo podemos
decir respecto a las bajas que debía producir entre las monturas la falta de una
alimentación adecuada, por lo que serían esenciales las labores de forrajeo
desempeñadas la caballería ligera 3703. Necesario forrajeo que, como sabemos,
implicaba pérdida de tiempo y la exposición de los soldados a las emboscadas
enemigas 3704. En época imperial se tienen noticias de que entre los dominios
imperiales se contaban los prata, para el mantenimiento de la caballería; no se sabe la
localización de estos prados aunque parece lógico que estuvieran cerca de los
campamentos militares 3705. El avituallamiento de forraje para las caballerías era
perentorio, como muy bien sabían los ecuos, cuando acampados cerca de las murallas
de Roma y emboscados en los caminos, se apoderaban de los aprovisionamientos y
atacaban a quienes salían a forrajear 3706. Para evitar los contratiempos con los
enemigos, cuando los soldados dedicados al forrajeo se veían obligados a salir al
campo abierto, iban siempre acompañados de una fuerte escolta de caballería e
infantería ligera con la que enfrentarse a los enemigos 3707. Especialmente meticuloso a
este respecto era Escipión que, en su campaña africana siempre llevaba a sus
soldados en perfecto orden y durante el forrajeo, jamás rompía filas sin que antes
rodearan la caballería y los hoplitas la llanura que iba a ser segada; además, él
personalmente, con otros escuadrones de jinetes, la rodeaba continuamente en
círculo, castigando severamente a cualquiera de los segadores que se perdiera o
saliera del círculo trazado 3708. De esta forma evitó los ataques de Fameas, jefe de la
caballería cartaginesa y hombre joven y codicioso de combates, que con caballos
pequeños y rápidos, solía lanzarse repentinamente desde los barrancos en los que se
emboscaba, como un águila, sobre los enemigos desguarnecidos 3709. Este Fameas
terminaría pasándose al ejército romano después de un encuentro con Escipión en el
que el romano le ofreció su salvación, el perdón y el favor de Roma; marchó con
Escipión a la Urbe y allí, el “…senado alabó a Escipión y honró a Fameas con un
manto de púrpura con broches de oro, un caballo con arneses de oro, una armadura
3703
Gracia Alonso, F. 2003. (B). Opus cit. Pág. 276.
3704
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág.170.
3705
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 362.
3706
Dionisio de Halicarnaso. 1988. Opus cit. Pág. 135.
3707
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 38.
3708
Apiano. 1995. Opus cit. Pág. 324.
3709
Ibídem. Págs. 323 y 324.
622
completa y diez mil dracmas de plata. …” 3710. Una emboscada enemiga sufrieron los
soldados de Tito, cuando se hallaban buscando forrajes para las bestias y cuando los
enemigos les robaron los caballos que los romanos habían dejado pastar en libertad;
por tal causa Tito ordenó la ejecución del jinete responsable 3711.
Parece obvio que la disponibilidad de este forraje variaba según la estación del
año, ya que si en tiempos de cosecha se disponía de cereales abundantes, tanto para
los animales como para los soldados, en invierno, se hacía necesario encontrar y
saquear los graneros de la población nativa 3712 o dejar a los caballos invernar en
regiones ricas en heno, como parece que era Tracia 3713.
Durante las batallas, ambos contendientes, sabedores de la necesidad del
forraje para mantener a la caballería, trataban por todos los medios de destruir los
campos, para privar al enemigo del imprescindible alimento para los caballos. Por
ejemplo, durante el sitio de Capua, los romanos no se atrevían a combatir a los
cartagineses por temor a su caballería y los cartagineses durante sus acampadas, no
podían permanecer con la caballería mucho tiempo, porque los romanos habían
destruido el forraje del territorio inmediato, y, además, porque no era posible que
llegara a lomos de mulos, desde tanta distancia, cebada y forraje para los numerosos
caballos y acémilas del ejército cartaginés 3714. Sin avituallamiento para sus caballos
parece, según relata Lucano en su Farsalia, que quedó Antonio frente a las costas del
Adriático: “…El terreno no produce forraje para dar a los caballos, la rubia Ceres no
proporciona ninguna mies; la tropa había despojado de hierbas la llanura y,
desmochada ya la campiña con sus dientes dignos de lástima, había ido arrancando
las secas hierbas del césped del campamento. …” 3715.
Problema, el del forraje para los caballos, que padecían igualmente los enemigos
bárbaros de Roma. Atila, durante los estertores de muerte del Imperio de Occidente,
era consciente de las limitaciones de las llanuras de Hungría para alimentar a su
numerosa caballería, ya que los 42.000 kilómetros cuadrados de la llanura húngara
proporcionarían, en teoría, forraje para 320.000 caballos; pero si tenemos en cuenta
que la habitaban otros herbívoros, la cifra se reduciría a 150.000 caballos 3716. Y es que
es absolutamente necesario, como había relatado Jenofonte al principio de El jefe de
la caballería, que se cuide de que “…los caballos estén bien alimentados, a fin de que
3710
Ibídem. Pág. 332.
3711
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 363.
3712
Ibídem. Pág. 170.
3713
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 571.
3714
Polibio. 1986. Opus cit. Pág. 220.
3715
Lucano. 1978. Opus cit. Pág. 178.
3716
McLynn, F. 2007. Opus cit. Pág. 76.
623
puedan soportar las fatigas, pues los que se dejen vencer por ellas, no podrán dar
alcance ni escapar. …” 3717.
3723
Ibídem. Pág. 160.
3724
Biancardi, M. 2004. Opus cit. Pág. 28.
3725
Ibídem. Pág. 28.
3726
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 113.
3727
Biancardi, M. 2004. Opus cit. Pág. 27.
3728
Ibídem. Pág. 27.
3729
Ibídem. Pág. 27.
3730
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 216.
625
del ejército entre los hombres más cualificados, excluyendo a los ineptos, ese reparto
se efectuaba atendiendo más al nacimiento, por lo que podían servir en caballería,
incluso, senadores de edad avanzada 3731, por lo que la caballería terminó
convirtiéndose en una guardia montada noble y utilizada por la aristocracia como fortín
desde el que imponer su ley a los votantes 3732. Este exclusivismo de la aristocracia fue
el peor enemigo de la caballería en Roma y el causante de que hubieran de
contratarse, primero, mercenarios itálicos; y, después, buscar esos caballeros entre los
pueblos con vocación de jinetes, como galos, españoles, germanos o númidas 3733.
3731
Ibídem. Pág. 216.
3732
Citado. Ibídem. Pág. 216.
3733
Ibídem. Pág. 216.
626
13. EL CABALLO EN LA LITERATURA Y EL ARTE ROMANO.
SIMBOLOGÍA ECUESTRE.
“…Como era natural, en mis años juveniles compuse poemas ligeros que
a nadie causaron daño; pero hoy mis corceles pisan un campo más largo:
lo que canto son las fiestas y sus orígenes, exhumadas en los vetustos
anales, y el ocaso y el orto de los astros. …” 3734.
(Ovidio).
Parece obvio que tan atractivo animal no escapara al punto de mira de los
autores clásicos, cuyo físico y cualidades han plasmado en sus composiciones; como
tampoco escaparan los héroes que cabalgaban sobre ellos, de los que se nos
describieron sus hazañas.
El considerado como el más grande de los poetas romanos, Virgilio 3735 nos relata
en su Eneida el ambiente que se vivía en una carrera de carros: “…los caballos se
precipitan desde las cocheras y vuelan por la pista […], así los aurigas azuzando sus
caballos, agitan las riendas sueltas e inclinan el cuerpo hacia delante con el látigo
preparado en la mano. Entonces, con el estrépito de los aplausos y las voces de los
3734
Ovidio. 1984. Opus cit. Pág. 275.
3735
Publio Virgilio Marón (70-19 a. C). Poeta latino nacido el 15 de octubre en Andes, un
pueblo cercano a Mantua, en la Galia Cisalpina. Su primera obra seria fueron sus Bucólicas. En
el año 29 a. C. Virgilio publicó y leyó a Augusto sus Geórgicas, cuatro largos poemas sobre la
vida rural en Italia. Años después comenzó a escribir la Eneida, que por cierto, en su
testamento quedó escrito que se destruyera. “…Fue el más grande de los poetas de Roma, un
hombre de inmenso talento que compuso poesía de una gran diversidad y maravillosa riqueza
y sutileza de lenguaje. Tenía un fino oído para la musicalidad de las palabras y una profunda
compresión de los modelos griegos, a los que igualó e incluso llegó a superar, especialmente
en el patetismo y en la profundidad de los sentimientos que convergen en su sublime poesía.
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 419 y ss.).
627
que gritan animándolos, todo resuena…” 3736. En el episodio que cierra la narración de
los juegos, Virgilio utiliza la épica para celebrar la religión y la forma de vida tradicional
romana y para glorificar los orígenes de Roma y a la familia Julia; según él el
ludusTroiae era una danza sagrada a caballo que se realizaba en la ciudad de Alba,
desde donde fue trasladada a Roma por Sila y puesta en relación con la gens Iulia por
Julio César, relación que fue consolidada, finalmente, por su sucesor, Augusto 3737.
Retrotrae los inicios de estos juegos a Ascanio, hijo de Eneas y, por tanto antepasado
de César y de Augusto:
3736
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 42.
3737
Ibídem. Pág. 37
3738
Citado. Ibídem. Pág. 137.
3739
Citado. Poulsen, F. 1950. Opus cit. Págs. 151 y 152.
3740
Buchner, K. 1968. Opus cit. Pág. 243.
3741
Ibídem. Págs. 244 y 245.
628
las Bucólicas, sus poemas pastoriles, quiere trasladar a Roma la poesía pastoril de la
musa siciliana de Teócrito 3742.
Tampoco está ausente el caballo en la Farsalia de Lucano 3743; donde el poeta
narra la actitud del mismo ante el combate inminente: “…No buscaron la huída los
cobardes, ni el combate los esforzados, y menos en vista de que el caballo no golpea
piafando la roca, excitado por el toque de los clarines, ni frota la boca que tasca los
rígidos frenos, ni sacude la crinera, ni yergue las orejas y con inquieto agitar las patas
lucha por no estar parado; abatida pende su cerviz, transpiran de sudor sus miembros
y se le seca la boca sedienta con la lengua fuera, resuella el pecho oprimido por
palpitante anhélito, mientras recia sacudida agita fuertemente sus ijares agotados y la
espuma, reseca, se endurece en el bocado sanguinolento. Y ya no dan un paso más ni
al golpe de fusta ni aguijoneados ni picados por repetidos espolonazos; a fuerza de
heridas se aguija a los caballos, pero a nadie le aprovechó el haber superado la
resistencia de su montura, pues no fue aquello ni una carga ni una incursión: tan solo
se ven acercados al enemigo y se ponen al alcance de los dardos ofreciéndoseles
como blanco…” 3744.
Y Ovidio 3745, en sus Fastos, hace a Pegaso presidir el concurso poético que
enfrentó a las hijas de Piero y a las Musas, en cuya ocasión hizo brotar la fuente
Hipocrene. En efecto, durante el concurso, como el monte Helicón, en gozoso éxtasis,
se elevase hasta el cielo, Poseidón ordenó a Pegaso que éste golpeara con sus
cascos la montaña para que recobrase sus proporciones habituales; y en el lugar
golpeado brotó la fuente de los caballos, alrededor de la cual se congregaban las
musas para cantar y danzar. El poeta del amor nos cuenta la historia: “…Cuando las
estrellas tachonen el cerúleo cielo, levanta los ojos; verás el cuello del caballo nacido
de la Gorgona. Se cree que del fecundo cuello de la degollada Medusa saltó éste con
sus crines chorreando sangre, deslizándose sobre las nubes y por debajo de los
astros, como tierra el cielo le servía, las alas como patas. Su boca enfurecida tascaba
3742
Ibídem. Pág. 237.
3743
Marco Anneo Lucano fue un poeta e historiador romano, sobrino del filósofo Séneca. En
Roma estudió filosofía y retórica, antes de viajar a Atenas para continuar sus estudios. Se ganó
el favor de Nerón, gracias a un poema en el que lo alababa; pero al escribir la Farsalia, donde
el poeta mostraba inclinaciones republicanas, perdió el favor del emperador que mandó
asesinarlo tras descubrir la conjura de Pisón, en la que al parecer había participado Lucano
(Speake, G (Ed.). 1999. Opus cit. Pág. 236).
3744
Lucano. 1978. Opus cit. Págs. 191 y 192.
3745
Publio Ovidio Nasón (43 a. C.-17 d. C). el más elegante y prolífico poeta de Roma nació el
20 de marzo en Sulmona. Fue en efecto un prolífico poeta y entre sus obras destacan: Los
Fastos, El arte de amar, Metamorfosis y Cartas desde el Ponto. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs.
305 y ss.).
629
ya un freno que le resultaba nuevo, cuando su ligera pezuña hizo brotar las aguas
Aonias. …” 3746.
En los escritos clásicos son numerosas las alegorías que utilizan las cualidades
del caballo para expresar innumerables conceptos; sírvanos este ejemplo de Ovidio:
“…Como era natural, en mis años juveniles compuse poemas ligeros que a nadie
causaron daño; pero hoy mis corceles pisan un campo más largo: lo que canto son las
fiestas y sus orígenes, exhumadas en los vetustos anales, y el ocaso y el orto de los
astros. …”3747. No menos bella que ésta, es la poética descripción que hace el mismo
autor del amanecer; “…Cuando al día siguiente la sonrosada madre de Memnón
venga a visitar las tierras en sus caballos de color de rosa, el sol se alejará del
conductor del lanoso rebaño… .” 3748.
Pero entre tantos cantos poéticos a los caballos, no dejaban, tampoco, de
reseñarse los inconvenientes del día a día. Como sabemos, uno de los grandes
problemas de los ejércitos antiguos era la intendencia para mantener a los animales,
porque cuando falta el forraje, según Lucano en su Farsalia, “…el belicoso corcel,
agotado en las campiñas peladas, aunque los pesebres le ofrezcan paja importada a
rebosar se desploma moribundo buscando con la boca hierba tierna, y, al fallarle los
jarretes, se para en medio de sus evoluciones. …” 3749.
Plinio el Viejo fue el enciclopedista más importante de la época. Fue jefe de
escuadrón y durante esta jefatura escribió una obra que, desgraciadamente, se ha
perdido: De iaculatione equestri (El arte de disparar a caballo); pero por fortuna su
obra más importante, Naturalis historia, dedicada al emperador Tito, ha llegado hasta
nosotros 3750; es una ingente y atrevida empresa para la época, que nunca se había
llevado a cabo hasta entonces y en la que se redacta todo el saber del mundo greco-
romano 3751. El caballo ocupa un lugar de honor en esta obra.
No faltan en la literatura greco-romana las alusiones a los dioses caballeros, los
Castores. Ovidio nos habla de los hermanos tindáridas, uno jinete y el otro púgil; y
Horacio se refiere a ellos como el buen jinete, uno y el experto en luchas, el otro 3752.
Dioses y seres mitológicos que se conducen como los humanos, por eso gustan
también de tan noble compañía. Caballos y un toro son los protagonistas de la historia
3746
Ovidio. 1984. Opus cit. Págs. 246 y 247.
3747
Ibídem. Pág. 275.
3748
Ibídem. Pág. 316.
3749
Lucano. 1978. Opus cit. Pág. 244.
3750
Buchner, K. 1968. Opus cit. Págs. 385 y 386.
3751
Ibídem. Pág. 386.
3752
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 251.
630
del mitológico Hipólito 3753. El joven es un experto domador de caballos y cazador del
que está enamorada Fedra, la mujer de su padre; amado que para no corresponder a
los deseos de su madrasta debe abandonar su casa, y de camino al exilio conduce su
cuadriga por las costas del golfo Sarónino, entre el Ática y la Argólida. En el trayecto
es sorprendido cuando, de entre las olas del mar, surge una, espumosa y gigantesca,
que se precipita sobre él; de ella sale un toro terrible y salvaje que atrona el aire con
su poderoso mugido. Los caballos, espantados, se lanzan contra las rocas, haciendo
volcar el carro con tan gran impacto que el infortunado auriga muere, mientras los
caballos y el toro desaparecen entre los escollos del mar 3754. Triste final para un joven
desafortunado. Pero conmovido Esculapio, tuvo piedad del joven y lo devolvió a la vida
y Artemis lo trasladó al bosque de Aricia; pero dejemos hablar a Ovidio:
“…Consagrado por una antigua veneración, hay en el valle de Aricia un lago al que
rodea una espesa selva. Es en ella donde se oculta Hipólito, a quien destrozaron las
riendas de sus caballos.…” 3755. Tampoco faltan las loas a los jinetes de carne y hueso
en la literatura romana, por ejemplo Horacio, en sus Odas, ensalza a los jinetes
intrépidos 3756.
3753
“…Hipólito había despreciado el amor de Afrodita, […] Como venganza, la diosa suscitó en
Fedra, madrastra de Hipólito, una desatada pasión hacia el joven, que se niega a satisfacerla.
Despechada, denuncia a Hipólito ante su padre acusándolo de haber querido forzarla. Teseo,
padre de Hipólito, maldice a su hijo y lo expulsa del país. En su marcha, un monstruo surgido
del mar espanta los caballos del carro del joven, que muere arrastrado por ellos. …” (Ovidio.
1984. Opus cit. Pág. 353 (Nota).
3754
Delgado Linacero, C. 2007. Opus cit. Pág. 165.
3755
Ovidio. 1984. Opus cit. Pág. 236.
3756
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 84.
3757
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 138.
3758
Ibídem. Pág. 129.
631
nosotros daremos una pequeña pincelada de las múltiples citas de los historiadores
clásicos, referida a Hispania.
Para los autores antiguos, los hispanos tenían un temperamento especialmente
belicoso y su estrecha relación con sus caballos añadía a su carácter un aurea de
valor y salvajismo; además los autores clásicos presentaban a los hispanos como
“…guerreros de extrañas costumbres, cuyo trato con el caballo va más allá de la
relación militar; …” 3759. Calidad de los hispanos que también fue apreciada por los dos
ejércitos participantes, romanos y cartagineses, en la I Guerra Púnica, como corrobora
el hecho de que a los caballeros hispanos se les reservaran las misiones más duras,
como relata Tito Livio: “…Además, ni siquiera los campamentos de invierno de los
romanos permanecían tranquilos, al vagar por todas partes los jinetes númidas y,
cuando algo les era más difícil a éstos, también los celtíberos y lusitanos. …” 3760.
Asentada Roma en Hispania, el aprecio hacia los aguerridos jinetes indígenas no
decrece, como se desprende del hecho de que la potencia colonizadora exigiese a las
ciudades hispanas vencidas un número determinado de jinetes, para que se
incorporaran a su ejército 3761. Pero llegados a la época imperial, y después del siglo I
d. C. nada parece resaltar en la caballería hispana como para que merezca la atención
de los historiadores 3762, no sabemos si debido a la bajada de su calidad o lo
innecesario de repetir algo que ya era sabido por todos.
Cuando los historiadores hablan de la riqueza de las provincias hispanas no
dejan de mencionar a los caballos, como hacen Mela y Plinio 3763. De ellos, destacan
los autores antiguos, su calidad, avalada por su velocidad, su resistencia y su
temperamento; cualidades acrecentadas, además, por su esmerada doma, que les
permitía ascender a los montes sin dificultad y, si hacía falta, arrodillarse rápidamente
cuando se les ordenaba 3764. Eran especialmente apreciados en Roma, y así lo
corroboran las fuentes, los caballos asturcones. La causa de este aprecio y
popularidad parece estribar en su paso portante o en ambladura, consistente en que el
animal mueve al tiempo y en la misma dirección pie y mano del mismo lado, para
después hacer lo mismo con los miembros del lado opuesto. Es un paso muy cómodo
para el jinete, que convirtió a este caballo hispano en un artículo de lujo en Roma,
digno, incluso, de emperadores como Nerón; así lo recogía ya un contemporáneo de
Cicerón, en sus ataques a la falsa gloria a la que eran adeptos muchos romanos:
3759
Ibídem. Pág. 130
3760
Citado. Ibídem. Pág. Pág. 134.
3761
Ibídem. Pág. 134.
3762
Ibídem. Pág. 135.
3763
Ibídem. Pág. Pág. 130.
3764
Ibídem. Pág. 131.
632
“…Le dice al oído que se extiendan lechos en la casa o que pida a su tío un etíope que
vaya con él a los baños o que se disponga un sitio para un asturcón ante su puerta o
que se prepare algún frágil decorado para su falsa gloria. …” 3765. Por esto, poseer un
asturcón en Roma era un signo de riqueza, e indicio del prestigio de estos animales en
el Imperio es que, para designar a un caballo de calidad, se empelaba el término
asturcón 3766.
Cuando los romanos conquistaron Grecia adoptaron una actitud dual, de dominio
y de integración; se trataba de destruir la actualidad de Grecia, pero al mismo tiempo
de salvar sus rasgos antiguos; y supieron, en fin, apreciar la Grecia clásica que
representaba la gran cultura de la que los romanos se consideraron herederos,
apropiándose de sus obras de arte e imitándolas 3769. Ya, en tiempos de los reyes,
Tarquinio el Soberbio le había encargado a Vulca, un artista de Veyes la cuadriga que
debía coronar el templo de Júpiter Capitolino 3770. Era de tierra cocha, representaba la
cuadriga de Júpiter y se colocó a modo de acrotera en lo alto del frontón 3771.
3765
Ibídem. Pág. 132.
3766
Ibídem. Pág. 132.
3767
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 1.
3768
Petit. P. 1976. Opus cit. Pág. 242.
3769
Plácido Suárez, D. y otros. 1993. Opus cit. Pág. 84.
3770
Heurgon, J. 1971. Opus cit. Pág. 56.
3771
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 21.
633
El arte griego llegó a Roma de la mano de los generales victoriosos.
3772
Ibídem. Pág. 25.
3773
Tito Quintio Flaminio (c. 228-174 a. C) General y estadista filoheleno que fue enviado a
luchar contra Filipo en la II Guerra Macedónica, al que derrotó definitivamente en Cinoscéfalo,
en Tesalia (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 177).
3774
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 42.
3775
Lucio Cornelio Escipión el Asiático (siglo III-II a. C). Hermano menor de Escipión el
Africano, con peores dotes militares que éste, del que fue legado en varias ocasiones. En Asia
Menor derrotó a Antíoco y tras firmar un acuerdo provisional con él, regresó a Roma donde
celebró su triunfo y adoptó su sobrenombre. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 151).
634
procedentes de la colección del rey Pyrrhos 3776. Paulus Aemilius, a su vuelta de
Macedonia (167 a. C.) exhibió en su triunfo 250 carros llenos de estatuas, cuadros e
inmensos tesoros; entre aquellas figuraban obras de Phidias y Lysippos 3777.
El pórtico que Metellus el Macedónico 3778 construyó en Roma tras su triunfo del
147 a. C. era un verdadero museo de esculturas; en su patio rectangular, al que
rodeaban cuatro porches de 300 columnas, se levantaban los templos de Júpiter y
Juno y distribuidas por todos estos ámbitos había numerosas estatuas, entre las que
se encontraban una Aphrodite, de Phidias; el Eros de Thespiaí de Praxisteles; las
Musas de Philiskos de Rodas; y el grupo que representaba a Alejandro en la batalla
del Gránico, obra famosa de Lysippos, que formaban 25 enormes figuras ecuestres
fundidas en bronce y que Metellus trajo de Pella 3779.
En Roma, por todas partes, abundaban las obras de arte, como las citadas
anteriormente, que habían llegado a la Urbe entre el botín de sus generales. En
nuestro conocido Campus Martius, dilatada pradera que se destinaba a los ejercicios
militares, y ubicada en el recodo que describía el Tíber en la parte norte de la Urbe, se
habían construido en los siglos I y II a. C. el Porticus Metelli, el Circus Flaminius, el
Porticus y el Theatrum Pompeii, la Saepta Iulia, etc; y durante el Imperio se siguieron
construyendo otros, como el Pantheón, el Ara Pacis, el Porticus Vipsaniae, Mausoleum
Augusti, o las Termas de Agripa. Espaciosa y llana explanada, el Campo de Marte, en
la que se construyó con un acertado criterio urbanístico que puso a Roma a la altura
de las grandes urbes helenísticas, hasta el punto que, en el 70 a. C., Cicerón la
describiese como una hermosa ciudad 3780.
En el centro del foro de Augusto, parece que se erigía un carro triunfal tirado por
cuatro caballos y conducido con seguridad por el propio Augusto, acompañado por la
imagen de la Victoria 3781. En este monumento programático del régimen augustano se
ensalzaba el triunfo en cada esquina; como en la pintura en la que se mostraba a
Alejandro en su carro triunfal y cuya cara fue retocada por órdenes de Claudio, con el
3776
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 42.
3777
Ibídem. Pág. 42.
3778
Quinto Cecilio Metelo Macedónico (muerto 115 a. C). En el 148 a. C., cuando era pretor,
fue enviado a Macedonia para poner fin a la guerra contra el pretendiente Andrisco. Regresó a
Roma para celebrar su triunfo y adoptar su sobrenombre (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 279).
3779
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 46.
3780
Ibídem. Pág. 79.
3781
Beard, M. 2008. Opus cit. Pág. 64.
635
fin de que representara a Augusto 3782. Antes Julio César había puesto en el centro del
foro que construyó su estatua ecuestre 3783; en la que se le representaba con su amado
caballo, que entonces tenía catorce años; caballero y caballo que habían sido
esculpidos según el modelo de Alejandro Magno y su Bucéfalo 3784.
3782
Ibídem. Pág. 394.
3783
Guillén, J. 1977. Opus cit. Pág. 40.
3784
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 491.
3785
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 338.
3786
Carcopino, J. 1993. Opus cit. Pág. 26.
3787
Citado. Ibídem. Pág. 27.
636
En tiempos republicanos, a Sila, tras su muerte en Puteoli en el 78 a. C.,
después de que su pira mortuoria se extinguiera en el Campo de Marte y tras recibir el
homenaje de caballeros y soldados que danzaron alrededor de su cadáver, se le erigió
una estatua ecuestre de oro 3788. Pero, tal vez, la más hermosa de las estatuas
ecuestres que se conservan sea la de Nonius Balbus, un notable de la ciudad de
Herculano; en ella, elaborada en mármol, lo verdaderamente interesante es el caballo,
“…quizá el más hermoso entre los conocidos del arte romano. Llaman la atención no
sólo su bella estampa, su estudiada anatomía, sino también su brío y su nervio y el
garbo con el que mueve cabeza y manos. …” 3789. Comparado con éste el retrato
ecuestre anónimo de Pompeya, en bronce, resulta de calidad inferior 3790.
Pero la más famosa de las estatuas ecuestres romanas es la que representa a
Marco Aurelio, que hoy podemos admirar en los Museos Capitolinos de Roma (la que
podemos ver en la plaza del Campidoglio es una copia de la original), y que hasta el
1538 estuvo en la plaza del Laterano 3791. Si es la única estatua ecuestre conservada,
entre las muchísimas que debieron de alzarse en la Antigüedad por calles, plazas y
arcos de Roma, su llegada hasta nuestros días puede deberse a que, durante la Edad
Media, época en la se fundieron tantos bronces, se creyó que representaba a
Constantino, el emperador que otorgó la paz a la Iglesia. Se ha perdido la figura del
bárbaro que, vencido, yacía en tierra bajo la mano alzada del caballo 3792. Y es que en
raras ocasiones se representó al emperador en una estatua ecuestre y exenta; como
la que mandó erigir el Senado Romano en el Capitolio, a Marco Aurelio, con motivo de
su épica victoria contra los yacigos, en las heladas aguas del Danubio 3793. Antes de
Marco Aurelio, Domiciano puso en el Foro de Roma una estatua ecuestre suya; y
después de la era de los Antoninos, Constantino, hizo lo propio en la basílica de
Majencio que él hubo de terminar 3794.
Atípica, por representar a una mujer, la heroína Clelia, era la estatua ecuestre
que se alzaba frente al templo de Júpiter Stator, desde cuyo corcel la doncella
contemplaba el ir y el venir de la afeminada juventud que pasaba por uno de los
lugares más concurridos de Roma 3795.
3788
Guillén, J. 2000. Opus cit. Pág. 385.
3789
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 273.
3790
Ibídem. Pág. 273.
3791
Ibídem. Pág. 473.
3792
Ibídem. Págs. 473 y 474,
3793
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 268.
3794
Paoli, U. E. 1981. Opus cit. Pág. 10.
3795
Ibídem. Págs. 194 y 195.
637
Claro que muchos ciudadanos mediocres no se privaban del honor de ser
representados sobre sus corceles, al igual que emperadores, generales victoriosos y
heroínas; Paoli, al hablarnos de los abogados romanos y de su vanidad, nos relata que
“…alguno de ellos llegó hasta el punto de colocar su propia estatua ecuestre en el
vestíbulo de su casa. El cliente, al entrar, veía al causídico a caballo: fiero y
majestuoso causídico; y si tenía que pagar, pagaba con más gusto. …” 3796.
En el resto del Imperio también se podían admirar obras de arte, cuyos
protagonistas principales eran los caballos. Entre Palmira y Homs se encuentra una
estela, perteneciente a los tiempos trajaneos, que representa a dos deidades,
Ginneya, deidad masculina y ecuestre, y una femenina, de nombre desconocido; el
caballero viste al modo palmirano y se toca con melena rizada y dos anillos en las
orejas, y lleva un arco y un carcaj colgando de la grupa del caballo 3797. Tampoco
podemos dejar de mencionar el gran relieve de Ephesos, donde se representa la
apoteosis de Marco Aurelio, que avanza montado en un carro del que tiran dos briosos
corceles y es conducido por una Victoria alada; el mismo Sol ha cedido su carro a
Marco Aurelio, para convertirse en su palafrenero 3798.
La figura del caballo decora también los sarcófagos. Especial mención merece el
que se conserva en los Museos Vaticanos, que representa el rapto de Proserpina por
Plutón, que conduce una briosa cuadriga; el dios rapta “….a Proserpina a la que
sujeta, medio desvanecida ya, en su brazo. Dos amorcillos vuelan, uno sobre los
caballos; otro detrás del carro. Delante presencia la escena Hermes con su caduceo y
Athena con su escudo. Bajo los caballos la personificación de la Tierra Madre, Tellus,
con un buey a su lado y una canasta llena de frutos. …” 3799. En otro sarcófago que se
encuentra en el Baptisterio de Florencia aparecen los Dióscuros con sus monturas; en
la obra se representa a un matrimonio, una dama velada y un militar, y los dioses
jinetes aparecen en los extremos 3800. Para García y Bellido, el sarcófago Ludovisi es,
tal vez, la pieza capital del arte sarcofágico; en él se representa, entre jinetes, al
probable dueño del sarcófago, que cabalga un brioso caballo y exhorta a los suyos,
mientras en la parte inferior se pueden ver, muertos o moribundos, jinetes y
caballos 3801.
Tampoco los mitológicos centauros, seres mitad hombres mitad animales,
dejaron de plasmarse en las obras de arte. Con centauro y centáureas, en la zona
3796
Ibídem. Pág. 270.
3797
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 626.
3798
Ibídem. Pág. 494.
3799
Ibídem. Pág. 444.
3800
Ibídem. Pág. 510.
3801
Ibídem. Págs. 607 y 608.
638
inferior, se adorna el altar de Amemptus, un liberto de Livia, conservado en el Museo
del Louvre, en el que el primero toca la lira y la segunda el doble aulós 3802. En un
sarcófago conservado en el Vaticano, que describe el encuentro de Diónysos con
Ariadne en la isla de Naxos, podemos ver a una pareja de centauros que han tirado
del carro; el macho, ya desuncido del carruaje, lleva en la mano derecha un grueso
thyrsos y un kántaros sobre su hombro y la centauresa, que descansa sobre el suelo,
se dispone a dar de mamar a un encantador centaurillo que, hambriento, alarga su
ávida mano hacia el pecho de su madre 3803. Un mosaico procedente de la Villa
Adriana, en Tívoli, describe la cruenta lucha entre una pareja de centauros y una de
leones. El león yace muerto en un lado, pero la leona, al tiempo que se ceba con la
centauresa muerta en la refriega, se defiende de la grave amenaza del centauro, que
alza en sus manos una enorme piedra 3804.
Por último, en este recorrido por el arte que representa motivos ecuestres no
podemos dejar de mencionar a los dos bellos ejemplares de centauros, que
procedentes de la Villa Adriana en Tívoli, palacio de descanso del polifacético
emperador Adriano, están realizados en mármol de color vinoso amoratado y firmados
por Aristéas y Papías de Aphrodisiás 3805.
El arco del triunfo es una creación exclusiva de Roma, dotado de relieves con
una clara intención propagandística; los dos más antiguos de los que tenemos noticias
los costeó Estercinio con el botín que obtuvo en Hispania, en el 196 a. C., y se
levantaron en el Foro Boario, uno, y, el otro, en el Circo Máximo 3806. También P.
Cornelio Escipión, tras expulsar a los cartagineses de Hispania y derrotar a Aníbal en
Zama, levantó un arco en el clivus capitolinus, que coronó con siete estatuas doradas
y dos caballos 3807. Arcos conmemorativos de todo el Imperio que solían estar
rematados por esculturas de bronce del emperador de truno conduciendo su cuadriga
triunfal3808. Tras el acuerdo firmado por Corbulón 3809 con los partos, tras la humillación
3802
Ibídem. Pág. 184.
3803
Ibídem. Pág. 503.
3804
Ibídem. Pág. 424.
3805
Ibídem. Pág.429.
3806
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 161.
3807
Ibídem. Pág. 161.
3808
Beard, M. 2008. Opus cit. Pág. 394.
3809
Gneo Domicio Corbulón (c. 5-66 d. C). Tras la muerte de Claudio, Nerón lo nombró general
contra los partos, siendo su legado en Capadocia y Galacia. Cuando Cesonio Peto fue enviado,
639
sufrida por el ejército romano al mando de Cesonio Peto 3810, se levantó en el
Campidoglio un arco en el que sobresalía la figura de Nerón, conduciendo un carro
triunfal y ataviado con la toga triunfal y con el cetro, coronado por el águila, en la
mano 3811.
Los monumentos en los que se representaban los ansiados y esplendorosos
triunfos terminaron, al fin, por presidir el paisaje urbano de Roma. Buen ejemplo de
ello es el arco de Tito, en el que se representa al hijo de Vespasiano mientras celebra
su triunfo sobre los judios, tras el saqueo de Jesrusalen (70 d. C.) 3812. El arco de
Septimio Severo también estaba coronado por una imagen del emperador
conduciendo un carro tirado por ocho caballos, y una estatua ecuestre en cada ángulo;
da la entrada al foro por el lado noroeste y fue construido en el 203 d. C. en honor de
Septimio y sus dos hijos, Geta y Caracalla 3813. Parece que sobre el arco de la entrada
principal del Coliseo, obra de los Flavios, también se colocó una cuadriga 3814.
Entre la decoración de los arcos triunfales, debemos hacer mención a los
relieves que decoran los mismos. Detengámonos en uno de los que adornan el Arco
de Tito; en él se representa al emperador sobre el carro del triunfo, coronado por una
Victoria; Dea Roma conduce por las bridas a los caballos; y los lictores aparecen
coronados de laurel y portando las fasces; dando todo el conjunto sensación de
movimiento, tendencia ilusionista que “…se percibe aún mejor en el hecho de que el
carro avanza en dirección del espectador, mientras la cuadriga sigue en la del plano
del relieve, como si se figurase el momento de tomar una curva en una de las calles
romanas. …” 3815.
Las lastras que decoran el Arco de Constantino pertenecen a la época trajanea y
no se sabe de donde las sustrajo el emperador cristiano para decorar su arco. La
primera de las mismas representa la entrada triunfal de Trajano en Roma, coronado
por una Victoria y precedido por Dea Roma; la segunda continúa la escena de la
primera; la tercera representa al príncipe a caballo, seguido de su guardia pretoriana y
entrando “…decidido y triunfal, arrollador, incontenible, por entre las densas filas de los
enemigos, que caídos, despavoridos o suplicantes, se confunden con caballos propios
y ajenos, con amigos y enemigos, en un montón informe y clamoroso, del que parecen
3816
Ibídem. Pág. 374.
3817
Ibídem. Pág. 374.
3818
Ibídem. Págs. 419 y 420.
3819
Ibídem. Pág. 706.
3820
Ibídem.Pág. 706.
3821
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 161.
3822
Beard, M. 2008. Opus cit. Pág. 66.
3823
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 171.
3824
Ibídem. Pág. 175.
3825
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Págs. 560 y 561.
641
13. 2. 2. 2. El caballo en las columnas romanas.
Otro de los tesoros artísticos que alberga Roma es la columna de Trajano. Fue
dedicada el 18 de mayo del 113 d. C. y albergó, en urna de oro, las cenizas del
emperador; estaba coronada por la estatua de bronce del príncipe hispano y tenía una
altura total de 38 metros 3826. Componen su fuste 17 tambores de mármol pario y el
relieve, que avanza en espiral, tiene una anchura de entre 1,20 y 1,40 metros y se
desarrolla a lo largo de 200 metros 3827. En este libro en el que se narran las dos
guerras dácicas, el “…fin único era narrar, contar, referir historia; conmemorar,
perpetuar, eternizar peripecias; lanzar al ilimitado futuro el pasado de los hechos
pretéritos. …”3828. Predominan las escenas de guerras, luchas, sacrificios de
prisioneros, desfiles, etc., para terminar el rollo con la rendición de los supervivientes,
la caída de Sarmizegetusa y el suicidio de Decébalo 3829. La figura conductora de la
obra es Trajano, que aparece representado más de cincuenta veces, viéndosele en
elaboradas escenas, vestido con su traje militar, en adlocutiones, en sacrificios
3826
Ibídem. Pág. 365.
3827
Ibídem. Pág. 365.
3828
Ibídem. Pág. 365.
3829
Ibídem. Págs. 366 y 368.
642
religiosos, en rendiciones de enemigos, y, a veces, en el campo de batalla y en medio
de la refriega 3830. Los caballos están ampliamente representados, debido a su
importante papel en el desarrollo de las guerras. Son caballos sármatas sobre los que
cabalgan los arqueros, que utilizando la ballesta huna, disparan hacia atrás 3831.
En la Piazza Colonna de Roma se levanta la columna de Marco Aurelio que es
una parodia de la de Trajano; narran las guerras marcomanas y las sarmáticas y sus
escenas siguen puntualmente las de la trajana 3832, siendo motivo frecuente el caballo.
Otros bajorrelieves donde se representan gran número de caballos son las
lastras laterales que decoraban los lados menores del pedestal que sustentaba la
columna de Antonino Pío; en ambas caras menores se representan “…las decursiones
fúnebres que solían celebrarse en honor del emperador en las ceremonias oficiales de
su apotheosis. En el centro, las águilas y estandartes acompañados por una guardia
de honor. Alrededor de ellos, la galopada en círculo de los escuadrones de caballería.
…” 3833. Pasado mucho tiempo, Maximiano fue representado, en unos relieves de
Augusta Emerita, montando a caballo mientras arrollaba a un bárbaro 3834.
La representación de los caballos llegó hasta el suelo de las villas. Sabemos que
la caza era una de las ocupaciones favoritas de los romanos, con cuyo ejercicio los
jóvenes se fortalecían para su posterior entrada en el ejército. Pero como esta afición
seguía acompañándoles el resto de sus vidas, hacían decorar el suelo de sus villas
con escenas cinegéticas. En la propia Roma, junto a la iglesia de Santa Bibiana,
aparecieron unos fragmentos de un gran mosaico; en uno de ellos se representa a un
cazador a caballo que da caza a un jabalí, ayudado por un corpulento mastín; por el
atuendo del cazador parece que pertenece a la última época romana 3835. De entre los
bellos mosaicos esparcidos por todo el Imperio, debemos destacar el mosaico de
cuadriga que procede de Roma y que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional
(Madrid), en el que se representa a un auriga con la palma de la victoria en su mano
derecha, el látigo en la izquierda y las riendas atadas a su cintura; por el vestido del
3830
Ibídem. Pág. 366.
3831
Millar, F. 1986. Opus cit. Pág. 267.
3832
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 489.
3833
Ibídem. Págs. 485 y 486.
3834
Arce, J: El último siglo de la España romana. Alianza Editorial. Madrid. 1997. Pág. 22.
3835
Rostovtzeff, M. 1998 (B). Opus cit. (Fig. 257). Págs.1074 y 1075.
643
auriga y los arreos de los caballos sabemos que pertenecía a la facción verde 3836. Otro
mosaico de la misma procedencia y conservado en el mismo museo representa otra
cuadriga en la que los caballos están coronados con palmas; éste presenta la
particularidad de que el iubilator está sobre el carro, aclamando al vencedor y delante
de los caballos se encuentra el sparsor que porta un ánfora y sujeta la cara del caballo
funalis 3837.
No podemos dejar de reseñar a la que, tal vez, sea la primera obra de arte entre
las de su género: el famoso mosaico de Alejandro, que decoraba el suelo de una de
las estancias de la Casa del Fauno en Pompeya, cerca de Roma. Con una extensión
de 5 por 2,70 metros, está construido con teselas de 2 ó 3 mm y se calcula que el
número de las empleadas en su composición ronda el 1.500.000 3838. Su estado de
conservación es bueno, pese a las erupciones del Vesubio y a las deficientes
restauraciones que le siguieron; pero, según García y Bellido “…la sensación que su
vista causa es verdaderamente grandiosa. Es un espectáculo impresionante. El
mosaico se tiene como fiel copia de una de las más célebres pinturas de la
Antigüedad, la “Batalla de Alejandro con Darío”, obra del pintor Philóxenos de Eretria,
pintada entre el 319 y 297 […] El cuadro representa a Alejandro con la cabeza
descubierta, arremetiendo lanza en ristre a un soldado persa que, en pie junto a su
caballo abatido, trata inútilmente de detener la lanzada. Este es el verdadero, el
histórico tema del cuadro, al que sigue la alarma que cunde entre los persas al ver tan
cerca la figura arrolladora del macedón abriéndose camino hacia el rey Darío. La
sacudida de emoción, de pánico, que su proximidad produce entre los persas es
descrita con una fuerza admirable. A los despavoridos rostros, a las violentas
gesticulaciones, a la premura y nerviosismo de los guerreros que forman el séquito de
Darío se unen las revueltas actitudes de los caballos, que contribuyen a acrecentar el
desorden entre las ya deshechas filas de los asiáticos. El paisaje ambiente se halla
aludido por medio de un reseco tronco de árbol recortado por el cielo, por el que
cruzan en sesgo las largas picas de los jinetes. En el suelo se ven armas rotas,
dispersas, caballos derrumbados, soldados heridos y muertos. …” 3839. Parece que el
modelo del mosaico de Alejandro 3840 (300 a. C.) fue una pintura que Filóxeno de
3836
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 213.
3837
Ibídem. Pág. 215.
3838
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 159.
3839
Ibídem. Págs. 159 y 160.
3840
“…El triunfo de Alejandro se narra desde el contraste y mutabilidad de la fortuna,
encarnada en Darío que contempla el desastre sobre su monumental y desbocado carro de
guerra. El movimiento físico, la huida se precipita hacia la derecha. Pero las miradas giran
hacia Alejandro, cuya coraza frontal brilla bajo los destellos del sol que le acompaña. Las
644
Eretria había realizado por encargo del rey de Macedonia, Casandro. Otro mosaico
digno de mención es el de las Termas de Ostia, en el que aparece Neptuno en su
cuadriga, viajando por el mar y rodeado por animales marinos 3841.
Por su importancia y belleza no podemos dejar de hacer mención a los mosaicos
que se reparten por todo el Imperio. Como los que representan a los aurigas
emeritenses, y cuyos nombres ya conocemos: Paulus y Marcianus. El primero,
representado en posición frontal, sostiene en su mano derecha, levantada, el látigo y
en la izquierda, la palma de la victoria, que también corona las cabezas de los
caballos 3842. El segundo, Marcianus, es representado con el mismo tipo de túnica y
lleva en sus manos las bridas y la palma; lo interesante de esta representación “…es
la presencia de un caballo protagonista del tiro, de nombre Inluminator, “el que marca
el camino, el que ilumina”, y la referencia al nombre del dueño de la yeguada a la que
pertenecían, Getulus, en las ancas del potro. …” 3843.
Y es que las carreras de carros debieron gozar de gran aceptación en Hispania
como se desprende del gran número de mosaicos en los que se representa este tema.
El mosaico de Barcelona, fechado a mediados del siglo IV. d. C., se divide en dos
partes; la superior es el euripus, y en la inferior corren cuatro cuadrigas, una de las
cuales ha naufragado, que representan a las cuatro facciones 3844. En el lado derecho
del mosaico se hallan un sparsor y el director del circo agitando la mappa y dando la
victoria al equipo de los verdes; y en la obra aparecen escritos los que pueden ser los
nombres de los caballos o los de los propietarios de los mismos, Concordi y
Nicetus 3845. En el mosaico de la villa de Bel-Lloch se representan, además de las
cuadrigas y la spina, las cárceres y el tribunal. La carrera se divide en dos registros,
cada uno con dos cuadrigas que representan a los cuatro colores, uno de los cuales
ha volcado; se nos muestra que vence la facción verde y en la tribuna el editor muneris
agita la mappa, y aparece el nombre del musivario, Caecilianus 3846. Los mosaicos de
Itálica y Paradas, en Sevilla, muestran sendas bigas corriendo: tienen la particularidad
de que todas las figuras están representadas en negro y con gran realismo 3847. Las
representaciones de carreras de carros son muy numerosas en los mosaicos de todo
el Imperio, de los que son buenos ejemplos los de Lyón, Silin, Piazza Armerina, Gafsa
largas lanzas sesgadas- las pesadas sarisas de la época- resaltan la dirección de las mismas y
la fuga. …”. (Ramírez, J. A. 1996. Opus cit. Pág. 291).
3841
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 524.
3842
Gorges, J-G. y Nogales Barrasate, T. (Coordinadores). 2000. Opus cit. Pág. 196.
3843
Ibídem. Págs. 196 y 197.
3844
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 70.
3845
Ibídem. Pág. 70.
3846
Ibídem. Pág. 70.
3847
Ibídem. Págs. 70 y 71.
645
y Cartago, siendo el de esta última ciudad, fechado a comienzos del siglo III, el más
parecido a los hallados en Hispania 3848.
Dentro de los mosaicos aparecidos en Itálica debemos destacar el de Neptuno,
en el que la figura del dios sobre el carro tirado por caballos marinos, policroma y en el
centro de la composición, está rodeada de figuras marinas (tritones, delfines, peces y
monstruos marinos) que están tratados de forma bícroma 3849. Parecido a los mosaicos
emeritenses es el de Dougga (segunda mitad del siglo IV) en el que aparece el auriga
vencedor, Eros, con la palma de la victoria y el nombre de los caballos Amandus y
Frunitus 3850.
Blázquez califica a la cúpula de Centcelles (Tarragona) como la obra cumbre de
la pintura y los mosaicos en la Hispania del siglo IV d. C. Nosotros nos detendremos,
dentro de la variada temática de la misma, en los mosaicos que representan motivos
ecuestres, en los que se representa una cacería de ciervos a caballo, que se divide en
varios temas: preparación y partida, la cacería propiamente dicha y el retorno 3851. La
batida de los ciervos para dirigirlos hacia las redes muestra un gran realismo; en ella
podemos contemplar a un cazador a caballo que empuja a un grupo de ciervos hacia
la trampa y a un segundo cazador que acorrala a otro grupo contra las redes; en el
fondo aparecen telas brillantes que cuelgan de una cuerda que sostienen dos palos
hincados en el suelo y cuya finalidad sería asustar a los animales y conducirlos hacia
la red 3852. La escena más importante de toda la cacería es la que muestra al señor
rodeado de los personajes importantes; en ella aparece un ayudante que sostiene a
dos caballos ricamente enjaezados 3853. El friso termina con la vuelta de la caza; en ella
se representan unos jinetes que miran hacia atrás y saludan a sus compañeros y unos
caballos que llevan la marca LC, que se suponen las iniciales de Lulius Constans 3854.
Buenos ejemplos del gusto de los romanos por los temas cinegéticos, para el Bajo
Imperio, son el mosaico de Conimbriga, en el que aparecen unos jinetes dando caza a
ciervos y rebecos, auxiliados por perros; o, en la Tarraconense, el mosaico Dulcitius
en el que un jinete alancea una cierva 3855. Y es que las clases altas recurrían, en no
pocas ocasiones, a las representaciones pictóricas o musivas para ponderar su
estatus ante la sociedad; y una de las preferidas parece ser la de los lances
3848
Ibídem. Pág. 71.
3849
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 190.
3850
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 71.
3851
Blázquez, J. M. y otros. 1978. Opus cit. Pág. 751.
3852
Ibídem. Pág. 752.
3853
Ibídem. Pág. 752.
3854
Ibídem. Pág. 752.
3855
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 490.
646
cinegéticos. En la villa romana de Las Tiendas (Mérida) aparecieron dos mosaicos de
cazadores, a pié y a caballo, dando muerte a un feroz jabalí 3856.
Si los caballos eran motivo de representación preferida en los mosaicos, no
ocurría lo mismo con los gladiadores en Hispania, que no son motivo de decoración
musivaria 3857. Por el contrario la lucha con fieras está bien representada en las obras
artísticas, buen ejemplo de los cuales es el mosaico de la casa de los avestruces de
Hadrumentum, en el que cuatro venatores se enfrentan a antílopes, osos y caballos
salvajes 3858. También en las pinturas se recogen escenas de caza de fieras, como la
de Emerita Augusta que representa a un venator que alancea a una leona 3859. Y si
hablamos de composiciones novedosas, no podemos dejar de mencionar el mosaico
emeritense que representa a una victoria llevando por las riendas al caballo
Narciso 3860.
Pasión conjunta por la caza y por los caballos que los romanos hacían
representar igualmente en las paredes de sus estancias, como los frescos de la casa
que podemos admirar en el Museo de Arte Romano de Mérida, en los que aparecen
dos jinetes, uno dando caza a un ciervo y el otro a una liebre. Y es que en Mérida
abundan las representaciones de los espectáculos ecuestres a los que tan aficionados
parecían los habitantes de la antigua colonia. En la década de los sesenta apareció la
citada habitación decorada con pinturas, cuyos frescos cinegéticos acabamos de
mencionar y cuyo protagonista era el caballo, representado en escenas tanto
cinegéticas como circenses. De las escenas que muestran representaciones
circenses, en la una vemos a un auriga vencedor, de la facción verde como muestran
sus ropajes, con una fusta en la mano derecha y la palma de la victoria en la
izquierda 3861. En otra, el auriga de la facción azul es representado, probablemente, en
el momento de doblar la spina 3862.
Pero los caballos no sólo servían de modelos para las grandes representaciones,
pues eran motivo de adorno, también, para las medallas conmemorativas, como la del
famoso medallón del césar Constancio, que lo retrata a caballo, recibiendo el saludo
3856
Gorges, J-G. y Nogales Barrasate, T. (Coordinadores). 2000. Opus cit. Pág. 198.
3857
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 74.
3858
Ibídem. Pág. 77.
3859
Ibídem. Pág. 77.
3860
Ibídem. Pág. 72.
3861
Gorges, J-G. y Nogales Barrasate, T. (Coordinadores). 2000. Opus cit. Pág. 196.
3862
Ibídem. Pág. 196.
647
de una Londres arrodillada a sus pies, y completado con la leyenda “restaurador de la
luz eterna” 3863. Y en cuanto a la monedas se refiere, Adriano conmemoró su viaje a
Egipto acuñando monedas que lo representaban sobre una cuadriga 3864 y Calígula
emitió monedas de bronce en cuyo anverso aparecía su padre conduciendo una
cuadriga triunfal, y en el reverso se veía al mismo Germánico de pie y estrechando un
águila de la legión y cuya leyenda rezaba: “Las enseñas han sido recuperadas de los
germanos vencidos” 3865. Sus hermanos también fueron representados en monedas de
dos ases, cabalgando juntos, con la túnica flotando al viento 3866. Conocemos un áureo
de Trajano, acuñado en Roma en el 115 d. C., en el que aparece el emperador
montado a caballo y al frente de sus legiones, con la leyenda: Augusti profectio 3867.
Las representaciones ecuestres inundaban las casas privadas, llegando incluso,
hasta el dormitorio de los romanos, ya que conocemos adornos de bronce, con bustos
y cabezas de caballos, que decoraban las cabeceras de sus camas 3868; o a sus
vajillas, como la descubierta en Boscoreale, una de cuyas copas muestra a un general
triunfante, con seguridad el futuro emperador Tiberio, orgullosamente erguido en su
carro triunfal y acompañado de su séquito 3869.
Admirados caballos hispanos que se representaban en todo tipo de objetos. Por
ejemplo en las lucernas, como la encontrada en la calle Oviedo de Mérida, en la que
se representa una cuadriga; o la de la casa del Mitreo en la misma ciudad y en la que
el auriga vencedor realiza un paseo victorioso ante una multitud que lo aclama 3870.
También las joyas, a las que tan aficionados eran los romanos, se adornaban con
figuras de caballos; entre las numerosas halladas en Mérida, se encuentra un anillo
(siglo III d. C.) en cuyo sello se representa una biga 3871.
El vidrio también sirvió para plasmar aurigas y caballos. Conocemos el
fragmento de vidrio procedente de la casa de Hippoliytus en Alcalá de Henares, que
representa a un auriga victorioso que lleva de las riendas a un caballo, entre cuya
figura y la del auriga aparece la inscripción Pius, con probabilidad el nombre de uno de
los caballos 3872. Caballos que se plasmaron, también, en las gemas, como la
3863
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 368.
3864
Blazquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 192.
3865
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 179.
3866
Ibídem. Pág. 179.
3867
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 820.
3868
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 838.
3869
Beard, M. 2008. Opus cit. Pág. 66.
3870
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Págs. 207 y 208.
3871
Blázquez, J. M. y otros. 1978. Opus cit. Pág. 734.
3872
Nogales Basarrate, T (Ed.). 2002. Opus cit. Pág. 211.
648
calcedonia que apareció en Itálica, en la que se representa a una cuadriga cuyo auriga
es una Victoria 3873.
Y hasta las telas se utilizaron para plasmar la figura de los atractivos caballos.
Sabemos que en tiempos de Nerón, “…el anfiteatro se cubrió con un velo de
extraordinaria riqueza, color azul cielo, recamado de estrellas de oro, el campo de
púrpura y en el centro la imagen del emperador guiando un carro. ..” 3874.
Tampoco descuidaron los artesanos romanos la decoración de los atalajes con
los que vestían a sus monturas. Sabemos que uno de los aspectos más sobresalientes
de la actividad que realizaron los artesanos romanos bajoimperiales está en relación
con la importancia de la caballería. Se han hallado numerosos arneses de caballo
repartidos por toda la Península Ibérica y en lugares como Caesaraugusta, Castulo,
Cimanes de la Vega, Clunia, Córdoba, Cubillo de Cerratos, Marchena, Mérida, Poyato
de Peñacabra y Villaricos, entre otros; estos hallazgos son más abundantes que en el
resto del Imperio, apareciendo gran cantidad de piezas de bocado, entre las que
destacan las ruedecillas caladas con esmerada decoración, como motivos
geométricos, vegetales, zoomorfos (como animal más representado aparece el
caballo); así como elementos de carros, como el aparecido en Poyato de Peñacabra
(Guadalajara) con la cabeza de Attis 3875.
Respecto al arte latino en general, del que acabamos de mencionar algunos
ejemplos, no podemos dejar de mencionar las palabras de Monsem, que lo califica de
no original y mediano; aunque agrega que “…sentir vivamente las bellezas del arte
extranjero, elegirlas con tacto y saber apropiárselas, es ya una obra meritoria. …” 3876.
3873
Blázquez, J. M. y otros. 1978. Opus cit. Pág. 735.
3874
Guillen, J. 1995. Opus cit. Pág. 382.
3875
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Págs. 508 y 509.
3876
Momsen, T. Historia de Roma. Vol. II. Ed. Turner. Madrid. 1983 (B). Pág. 360.
3877
Bohannan, P. y Glazer, M. 2001. Opus cit. Pág. 347
3878
Ibídem. Pág.347.
649
El caballo junto con el ciervo, el jabalí, el toro ya era un animal sagrado en la
Hispania indoeuropea 3879 y un animal simbólico. El caballo, además de sagrado ha
llegado a ser calificado como una de las bendiciones de la Historia por Myres:
“…cuando Egipto estaba postrado bajo los misteriosos reyes pastores y Caldea bajo
los no menos misteriosos invasores kasitas (es decir, en 1700 a. C.) fue cuando el
mundo civilizado conoció por vez primera una de las más grandes bendiciones de la
Historia: el caballo”. …” 3880.
Si la conquista de Hispania comenzó en el 218 a. C. con la llegada de Escipión a
Ampurias, en el año 206 a. C. terminó el poderío cartaginés y se crearon las nuevas
provincias de Hispania; y entonces se acuñaron monedas de las ciudades sometidas
con una cabeza ibérica en el anverso y un caballo en el reverso; el caballo era uno de
los símbolos de Hispania 3881. Y en concreto en Hispania como en todo el mundo
antiguo, el caballo era el símbolo de la heroización del aristócrata, sobre todo en el
oriente peninsular, donde un total de “…46 estelas muestran la relación conceptual
entre hombre y caballo en el seno de las elites ibéricas bajo cuatro patrones o
esquemas figurativos: jinete desarmado, jinete armado, escenas de caza y asociación
hombre-caballo. …” 3882. La figura del caballo, montado por un jinete, fue utilizada en el
Cipo escultórico de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia), para simbolizar la
victoria sobre estructuras sociales representadas por un ave, una liebre y una cabeza
demoníaca 3883.
Primero presa cazable y, después, aliado en múltiples facetas de la vida del
hombre, el caballo fue, además, uno de los animales preferidos para representarlo en
sus grabados y pinturas; plasmándolo constantemente en sus cuevas, tal vez,
obsesionado por el problema de la conservación de una especie vital para ellos pero
que era diezmada por la caza 3884. Además, para muchos pueblos, como los galos, el
caballo era un animal especial, no sólo como elemento de prestigio y riqueza, sino
también por su valor religioso y ritual 3885.
Sus monturas servían también a los guerreros vencedores para mostrar su
trofeos; ya sabemos que los celtas exhibían, colgadas en el cuello de sus caballos, la
cabeza de sus enemigos derrotados; los tesalios vengaban una muerte arrastrando al
3879
Kruta, W. 1977. Opus cit. Pág. 195.
3880
Citado. Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 4.
3881
Schulten, A. 2004. Opus cit. Págs. 196 y 197.
3882
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 113.
3883
Ibídem. Pág. 112.
3884
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág.13.
3885
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 218.
650
asesino alrededor de la tumba de su víctima, detrás de su caballo 3886; hazaña que
también emuló Alejandro Magno, cuando su amigo Hefestión murió en la campaña
asiática, arrastrando el cuerpo de un líder enemigo detrás de su carro, como había
hecho Aquiles con el cuerpo de Héctor, tras la muerte de Patroclo 3887.
3886
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 141.
3887
Ibídem. Pág. 162.
3888
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Págs. 148 y 149.
3889
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 168.
3890
Apiano. 1995. Opus cit. Pág. 379.
3891
Filóstrato. 1979. Opus cit. Págs. 452 y 453.
3892
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 162.
3893
Citado. Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 97.
651
Maximi que ofreció tras la muerte de su madre, regalar a los espectadores de las
sesiones teatrales dones tan preciosos como caballos, esclavos, animales de tiro, oro,
plata y vestidos 3894.
Pero no todos tenían en tan alta estima la posesión de los bellos caballos, ya
que, para Juvenal, los espíritus excelsos no se preocupan, en exceso, de los ropajes
que visten, ni de los coches, los palacios u otros lujos 3895. No sabemos si el rey persa
Vonones, pertenecía a estos altos espíritus o estaba corrompido por la molicie oriental.
Este príncipe, al que su padre entregó como rehén a Augusto, cuando regresó a su
reino fue despreciado por sus súbditos por su apartamiento de las costumbres de sus
mayores, ya que no cazaba y se preocupaba poco por los caballos 3896. Por su inusual
forma de comportarse fue, finalmente, relegado a Cilicia de donde huyó buscando la
protección del rey de los escitas; “…aparentando ir de caza abandonó la zona
marítima dirigiéndose hacia bosques impracticables; luego, a todo el galope de su
caballo, tiró hacia el río Píramo, cuyos puentes habían roto los lugareños al saber de la
huida del rey, y no existía vado para cruzarlo; en consecuencia fue preso en la ribera
por Vibio Frontón, prefecto de caballería. Al momento Remmio, un reenganchado que
estaba anteriormente a cargo de la custodia del rey, lo atravesó con su espada… .” 3897.
3894
Champlin, E. 2010. Opus cit. Pág. 91.
3895
Juvenal. 1973. Opus cit. Pag. 66.
3896
Cornelio Tácito.1979. Opus cit. Pág. 123.
3897
Ibídem. Pág. 180.
3898
Quinto Tulio Cicerón (C. 67-32 a. C). Hijo del hermano menor de Cicerón, que fue con su
primo, el hijo de Cicerón, a Cilicia mientras Cicerón fue su gobernador (Hazel, J. 2002. Opus
cit. Págs. 1011 y 102).
3899
Marco Tulio Cicerón (nacido en 65 a. C). Único hijo varón de Cicerón y Terencia. Después,
quiso servir en el ejército de César, pero su padre lo envió a estudiar filosofía a Atenas, con
Crápito (Ibídem. Pág. 101).
3900
Bonner, S. F. 1984. Opus cit. Pág. 51.
652
alumnos con los jóvenes potros, con los que tenía la pesada tarea de controlarlos sin
severidad 3901. Y Ennio 3902 uno de los primeros y más grandes poetas de Roma,
protegido por Catón 3903, que escribió sus Anales a edad avanzada se comparó “…al
brioso corcel que muchas veces venció en Olimpia, en la carrera final, y ahora
descansa, abrumado por los años. …” 3904.
También la inteligencia de los senadores romanos era, según Calígula
comparable a la de su caballo Incitato. Calígula había invitado a este caballo a su
mesa, en donde le ofreció granos dorados, le dio de beber en copas de oro y planeó
hacerle cónsul 3905. Hecho con el que Calígula no pretendía otra cosa que parodiar los
contenidos fundamentales de la vida de los aristócratas, a los que ridiculizaba. Cuando
el emperador loco equiparaba a los consulares, poseedores del mayor rango social,
con su amado caballo, manifestaba que el cometido de aquellos podía realizarlo, con
la misma efectividad, su caballo. Aparte de la degradación simbólica de los cónsules
romanos, el nombramiento de este nuevo cónsul, Incitatus, remarcaba el hecho de que
el césar podía hacer cónsul a quien él quisiera 3906.
Es, también, el caballo prototipo de animal soberbio, por su andar altivo y su
relincho altanero, por lo que Esopo compara a los hombres con los caballos
fanfarrones y altaneros 3907. Pero este animal también es dócil, inteligente y noble;
3901
Ibídem. Págs.194 y 195.
3902
“…Quintus Ennius vivió del 239 al 169 a. C… También él procedía de aquella región tan
fértil en frutos del espíritu, en la que distintas lenguas se interferían mutuamente. En Rudias,
Calabria, eran tres las de rango literario (aparte del primitivo mesapio): el griego, el latín y el
osco. Ennio se percata de la singularidad que constituía su trilingüismo, y lo estimaba como
una ventaja. Cuenta Gelio que Ennio solía decir que tenía tres corazones, puesto que sabía
hablar el griego, el latín y el osco; pues el corazón pasaba por ser el asiento de las facultades
intelectuales. Ennio tenía conciencia de que con estas tres lenguas poseía, por así decir, tres
mundos distintos; … .
Ennio fue incorporado al ejército romano, dentro de un contingente de aliados, y luchó
contra Aníbal. En la guerra debió hacerse notar por su bravura. ¡Cómo hubiera podida agradar,
si no, a un hombre como Catón el Viejo! Nada menos que Catón, en efecto, este homo novas
romano hasta los tuetános, puso los ojos sobre él siendo cuestor en Cerdeña, y en el año 204
se lo llevó consigo a Roma. ¡Qué ironías tiene la Historia! ¡El helenófobo Catón llevando a
Roma al poeta que había de abrir de par en par las puertas a la cultura griega! …” (Buchner, K:
Historia de la literatura latina. Ed. Labor. Barcelona. 1968. Págs. 51 y 52).
3903
“…Su lucha contra la helenización no hay que entenderla sólo por motivos personales: en
ella levantaba la voz el viejo y sano campesinado de Italia.
Catón nació en Túsculo, en el año 324 a. J. C. Una vida espartana, trabajando el
pedregoso suelo de las montañas sabinas, fue la suerte de su juventud, hasta que con
prontitud desusada trocó el azadón por la espada y salió todos los veranos en campaña. En el
año 217 lucho contra Aníbal en la batalla del lago Trasimeno.
Cuando la expedición a África, que traería la definitiva derrota de Aníbal, Catón
acompañó a Escipión en calidad de cuestor. …” (Buchner, K. 1968. Opus cit. Pág. 89).
3904
Citado. Ibídem. Pág. 61.
3905
Winterling, A. 2006. Opus cit. Pág. 99.
3906
Ibídem. Pág. 99.
3907
Mariño Ferro, X. R. 1996. Opus cit. Pág. 58.
653
conocemos a los caballos de Alejandro Magno y César, que sólo se dejaban montar
por ellos; el de Antíoco que vengó a su dueño matando al gálata Centoares, al
precipitarse por un barranco; o aquellos señalados por Plinio y Eliano “…que se
dejaron morir de hambre al verse privados de la compañía de sus amos. …” 3908.
La figura del caballo servía para adornar los objetos que simbolizaban el poder
de los dirigentes; es el caso del jinete de la Bastida, al que hoy se considera como un
cetro o insignia 3909. De la necrópolis de Numancia proceden unos báculos de distinción
o signa equitum, adornados con prótomos de caballos y que parecían ser símbolos de
pertenencia a la clase de los equites 3910. Esta asociación de caballo-poder no decayó
en absoluto a lo largo de la historia; así encontramos en Roma a un abogado que,
según Juvenal, “…tiene en su vestíbulo un carro de bronce, una cuadriga soberbia, y
él mismo montado en un brioso corcel, amenaza blandiendo una jabalina arqueada.
…” 3911. Parece que la cuantía de los honorarios que cobraba este abogado, del que
nosotros ya hemos hablado, derivaba de la autopropaganda que se hacía en su propia
casa, ya que era consciente de la necesidad de presentarse ante los clientes que
solicitan sus servicios como un vencedor 3912.
Es indudable el carácter aristocrático del caballo durante toda la historia. Así era,
por ejemplo, en la Edad del Hierro en Hispania y en todo el Mediterráneo, debido al
alto coste de su mantenimiento y al aura de superioridad que proporciona a los jinetes;
aire aristocrático que los orfebres y los numismáticos reflejarían en sus obras, como la
fíbula de plata de Cañete de las Torres (Córdoba), en la que se representa una escena
de caza 3913.
No podemos dejar de hablar del simbolismo del carro, ya que su utilización en
las sociedades complejas jerarquizadas era símbolo del estatus y del poder de los
dirigentes de la comunidad, que en función de su origen y de su poder, bien político o
económico, podían utilizarlo como elemento de reafirmación de su prestigio y posición
dentro de la estructura social. Ya, la utilización del carro, como un elemento de
prestigio, está documentada en los textos homéricos, en los que los héroes troyanos y
3908
Ibídem. Pág. 58.
3909
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Pág. 160.
3910
Almagro-Gorbea, M. 2009. Opus cit. Pág. 69.
3911
Citado. Fernández Vega, P. A. 2003. Opus cit. Pág. 87.
3912
Citado. Ibídem. Pág. 87.
3913
Quesada Sanz, F. 2009. Opus cit. Págs. 162 y163.
654
aqueos se dirigen al combate conduciendo estos vehículos y rodeados de sus
guerreros. Aunque es, con seguridad, en las tumbas principescas del Hallstatt
centroeuropeo donde la relación entre carro de prestigio y el desempeño de jefatura se
interrelaciona de forma más clara 3914. La prestancia del jinete sobre su montura se
tornaría, no pocas veces, en orgullo:
3914
Gracia Alonso, F. y Munilla, G. 2004. Opus cit. Pág. 346.
3915
Horacio. 1990. Opus cit. Pág. 433.
3916
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 341.
3917
Ibídem. Pág. 364.
3918
Ibídem. Pág. 364.
655
preteridas para atribuir a Alejandro honores inmerecidos. …” 3919. Además Clito tuvo la
osadía de recordar al rey que él lo había salvado de una muerte segura a manos de la
caballería persa, durante la mencionada batalla 3920. Alejandro se abalanzó sobre Clito,
que se salvó gracias a la intervención de la guardia personal del rey; Clito fue
expulsado de la tienda, pero regresó al poco tiempo para recordar al rey los versos de
la Andrómaca de Eurípides, en los que se relata que el éxito de las campañas no es
sólo de los generales sino, también, de los hombres que han luchado con ellos 3921.
Excitado, Alejandro, arrebató una lanza o una espada a uno de la guardia y mató a su
amigo Clito 3922; lo que prueba que el general macedonio debía estar de acuerdo con
aquellos aduladores que comparaban sus hazañas con las de los domadores de
caballos, Cástor y Pólux.
También sirvió la figura del caballo para marcar a los más desgraciados y menos
poderosos. Con ella se marcó a los prisioneros que fueron capturados tras el fracaso
de la expedición de Nicias contra Siracusa a finales del siglo V a. C 3923. Y sirvió
también como animal totémico para hacer propaganda del poderío romano, decorando
con ella los estandartes de sus legiones. Eran cinco los animales representados en los
mismos: águila, jabalí, lobo, minotauro y el caballo 3924.
No estaba ausente el caballo en el último viaje que debían realizar las elites de
todos los tiempos, como por ejemplo las ibéricas o las etruscas. Pero también podía
ser el medio de transporte que utilizaba la muerte traicionera para llamar a sus brazos
a los elegidos, o ser el instrumento del que se servía la misma para que se cumpliese
su voluntad. Algunos, a causa de un fatal accidente, perdieron la vida a caballo.
Conocemos el caso de Druso, el hermano de Tiberio, que murió tras la caída de su
caballo y de una posible gangrena. Conocemos, también, que Teodosio cayó de su
caballo, en julio del 450 d. C., y murió a causa de las heridas 3925; lo mismo que
Teodorico, cuando en su lucha contra Atila, cayó de su montura y fue arrastrado hasta
morir 3926.
3919
Guzmán Guerra, A. y Gómez Espelosín, J. 1997. Opus cit. Pág. 51.
3920
Ibídem. Pág. 52.
3921
Ibídem. Pág. 52.
3922
Ibídem. Pág. 52.
3923
Gracia Alonso, F. 2003 (A). Opus cit. Pág. 152.
3924
Roldán Hervás, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 50.
3925
McLynn, F. 2007. Opus cit. Pág. 98.
3926
Ibídem. Pág. 109.
656
Otras veces, el caballo fue el medio de transporte para ofrecerse uno mismo en
sacrificio a los dioses. Durante las luchas entre celtas y romanos se abrió en el foro
romano una grieta de profundidad abismal; consultados los libros sibilinos 3927, se llegó
a la conclusión de que la tierra se cerraría una vez que recibiera lo más valioso para el
pueblo romano, recibido lo cual se cerraría y, en lo sucesivo, produciría gran
abundancia de todo tipo de bienes para el tiempo restante 3928. Se lanzaron por la
grieta primicias de los bienes considerados más valiosos para el pueblo; pero un
joven, Marco Curcio, uno de los primeros jóvenes de Roma en cuanto a sensatez y
arte para la guerra, pidió audiencia al Senado para manifestarles que lo más hermoso
y necesario para la ciudad de Roma era el valor de sus hombres; “…y si la tierra
recibiera también una primicia de él y surgiera voluntariamente el que debía ofrecer su
valor a la patria, la tierra produciría muchos hombres buenos. Después de decir esto y
prometer que no cedería a ningún otro honor, se ciñó sus armas y montó su caballo de
guerra. Se reunió la multitud de la ciudad para contemplar el espectáculo y entonces él
rogó primero a los dioses que llevasen a término los oráculos y que concediesen a la
ciudad de Roma que nacieran muchos hombres como él; a continuación, dándole
rienda al caballo y aplicando las espuelas, se arrojó él mismo por la grieta. …” 3929.
En otras ocasiones, el caballo, sirvió para cometer parricidios, como es el caso
de Tulia, hija de Servio Tulio; aquella se había casado con su cuñado después de que
su esposo y la esposa de éste, murieran; Tulia instigó a su marido a que arrebatara el
trono a su padre, y el marido determinó apoderarse del trono de su suegro por la
fuerza; Lucio Tarquinio terminó lanzando al anciano por las escaleras y como su
esposa regresara en carro desde el foro y el cochero detuviera el carro ante el cadáver
ensangrentado del viejo rey 3930, ella misma hizo pasar el vehículo por encima del
cuerpo moribundo de su padre, llevando parte de la sangre de su progenitor, en el
carro manchado de rojo y en las salpicaduras que la alcanzaron a ella misma, hasta
sus lares y los de su marido; debido a la cólera de estos penates, al mal comienzo de
aquel reinado iba a suceder pronto igual final 3931.
3927
Libros Sibilinos: Según la tradición, fue la Sibila de Cumas la que le ofreció al rey Tarquinio
el Soberbio los nueve libros de profecía, los Libros Sibilinos, por los que le exigía un precio
altísimo. Pero el rey se negó a pagarlo; entonces la Sibila quemó tres y le ofreció los seis
restantes por el mismo precio; Tarquinio volvió a negarse y la Sibila quemó otros tres; Tarquinio
tuvo finalmente que comprar los tres que quedaban por el mismo precio que no había querido
pagar por los nueve (March, J. 2002. Opus cit. Pág. 402).
3928
Dionisio de Halicarnaso. 1988. Opus cit. Pág. 225.
3929
Ibídem. Págs. 225 y 226.
3930
Arroyo de la Fuente, M. A. 1999. Opus cit. Pág. 28.
3931
Citado. Ibídem. Pág. 28.
657
13. 3. 5. El caballo, un regalo caro para los dioses.
Pero el caballo no sólo gustaba a los humanos sino que también era unos de los
animales preferidos de los dioses. Conocemos ya el rito del October Equus, ceremonia
religiosa en la que los romanos sacrificaban un caballo de guerra para agradecer a
Marte la recogida feliz de las mieses 3932. Festo especifica que se le ofrece un caballo
porque éste es un animal caro al dios de la guerra y Plutarco explica: “…¿O es por ser
el caballo un animal valiente, marcial y belicoso? A los dioses les sacrifican
especialmente aquello que les resulta más conveniente y grato. ...” 3933. Pero otras
veces, en los sacrificios de las grandes fiestas, no se inmolaban los caballos, sino que
participaban en las carreras que presidía el sacrificante 3934.
Claro que este tipo de sacrificio no era exclusivo de la religión romana, sino que
estaba presente en varias de las culturas indoeuropeas, como nos relata Polibio;
según éste, los bárbaros “…siempre que han de iniciar una guerra o han de
arriesgarse contra alguien, jugándose el todo por el todo sacrifican un caballo y
conjeturan el futuro por el modo como se desploma la bestia. …” 3935. Por diversas
fuentes antiguas sabemos que entre los pueblos que sacrificaban caballos se
encontraban los lacedemonios, los rodios, los tracios, los ilirios, los eslavos, los baltos,
los germanos y algunos pueblos de la Península Ibérica, como los lusitanos y los
cántabros 3936. Y es que el caballo aparecía ya como ofrenda funeraria en los lejanos
tiempos del Calcolítico Inicial en la región del Volga Medio (Cultura de Samara), hacia
el 4.800- 4.400 a C. donde se han hallado ofrendas cárnicas de extremidades de
caballos en diez enterramientos de la necrópolis de Khavallynk 3937.
Detengámonos en la más espectacular de las ceremonias hindúes antiguas, el
asvamedha. Bajo la dirección del rey se elegía un semental al que, acompañado de
cien caballos castrados o viejos, se dejaba vagabundear durante un año; para que
nadie interrumpiera su marcha, ni para que tuviera contacto con yeguas o se
sumergiera completamente en el agua, cuidaba de ellos una escolta de 400
guerreros 3938. Durante el año que duraba este vagabundeo, se celebraban una serie
de ceremonias, cuyo final era el sacrificio del caballo, que duraba tres días y que el rey
3932
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 242.
3933
Citado. Ibídem. Págs. 242 y 243.
3934
Giardina, A. y otros. 1991. Opus cit. Pág. 91.
3935
Citado. Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 243.
3936
Ibídem. Pág. 244.
3937
Almagro-Gorbea, M. 2009. Opus cit. Pág. 42.
3938
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 245.
658
dedicaba a los dioses de la guerra 3939. El acto central de la ceremonia era la
sofocación ritual del caballo y el hecho de que la esposa favorita del monarca, la
mahisi, simulase tener relaciones sexuales con el mismo bajo una sábana 3940.
Seguidamente el caballo era desmembrado en tres porciones que se ofrecían a
diferentes divinidades 3941,
Para Irlanda, Puhvel 3942, establece la existencia de un antiguo ritual en el que se
producía el apareamiento entre un miembro de la realeza y un caballo 3943 y en Persia,
según Herodoto se sacrificaba un caballo a Hiperión 3944. Lo que explica relatando que
“…los masagetas sacrificaban en honor del más veloz de los dioses al más veloz de
los seres mortales. …” 3945.
Otras veces no se ofrecía el caballo a los dioses, sino sólo su sangre. Esto
ocurría en Roma durante las Parilia, una fiesta de la primavera que se celebraba en
abril, relacionada con los trabajos del campo, durante la que se purificaban las casas y
los establos, se ofrecían sacrificios a Ceres y a Tellus y se les pedía fecundidad para
los rebaños; entre los elementos purificadores estaban la sangre del caballo, la ceniza
del ternero y los tallos de las habas 3946. También los íberos, en Hispania, bebían la
sangre de los caballos, lo que seguramente tenía relación con el sacrificio de estos
animales 3947.
El comportamiento de los caballos, en determinadas situaciones, se interpretaba
como augurio; así sucedió cuando Nerón envió a Peto para combatir a los persas y
yendo las legiones IV, mandada por Funisulano Vettoniano y la XII, mandada por
Calavio Sabino, a cruzar por un puente el Eufrates, el caballo cuyo jinete portaba las
enseñas consulares se espantó sin causa alguna, volviendo grupas y huyendo 3948.
También era propio de otros pueblos, como es el caso de los germanos, recurrir a los
presagios y admoniciones de los caballos, que cuidaban a expensas públicas en
3939
Ibídem. Pág. 245.
3940
Ibídem. Pág. 245.
3941
Ibídem. Pág. 245.
3942
Puhvel se basa, entre otras, para establecer la existencia de este ritual, en la descripción
del historiador normando Geraldus Cambrensis, que en su Topographia Hibernica relata, sobre
una tribu del Ulster, el ritual de inauguración real, “…mediante el cual el candidato elegido
actuaba como si fuera un semental ante una yegua que era después sacrificada y
desmembrada, como en la India. …(Ibídem. Pág. 245).
3943
Ibídem. Pág. 245.
3944
Hiperión: Uno de los Titanes, hijo de Urano y Gea. Se casó con su hermana, la titánide Tía,
con la que tuvo a Helios (el Sol), Selene (la Luna) y Eos (la Aurora). (March, J. 2002. Opus cit.
Pág. 249).
3945
Ovidio. 1984. Opus cit. Pág. 126 (Nota).
3946
Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 120.
3947
Schulten, A. 2004. Opus cit. Pág. 167.
3948
Cornelio Tácito.1986. Opus cit. Pág. 215.
659
bosques y arboledas y cuyos sacerdotes y reyes, tras uncirlos a un carro sagrado
observaban, sus relinchos y su piafar 3949.
Tanto gustaba el caballo a los dioses que el carro con el que el dios Helios
alumbraba la tierra era arrastrado por briosos corceles; luz que, a veces, llegaba con
retraso a los humanos, como aquella ocasión que relata Homero, en la que Atenea
“…contuvo a la noche en el otro extremo al tiempo que la prolongaba, y a Eos, de
trono de oro, la empujó de nuevo hacia Océano y no permitía que unciera sus caballos
de veloces pies, los que llevan la luz a los hombres, Lampo y Faetonte, los potros que
conducen a Eos. …” 3950.
Pero si el ardor de los caballos es irrefrenable, las yeguas no les van a la zaga,
porque:
“…No hay furia amorosa que supere
la de las yeguas. Fue la misma Venus
quien se la dio, para vengar a Glauco
por su cuadriga atarazado en Potnias.
Amor es quien las lanza desbocadas
3949
Cornelio Tácito. 1981. Opus cit. Pág. 120.
3950
Homero. 1983. Opus cit. Pág. 402.
3951
Opiano. 1990. Opus cit. Pág. 102.
3952
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 269.
660
tras las cumbres del Gárgara o las olas
del resonante Ascanio; engavian montes,
pasan ríos a nado. En cuanto prende
en sus ávidas médulas la llama,
en primavera sobre todo, el tiempo
en que más el amor las compenetra,
véselas en las peñas, vueltas todas
la boca hacia los céfiros, bebiendo
sus leves auras; y ¡portento raro!,
sin más ayuntamiento muchas veces,
del solo viento fecundadas vuelan
por riscos y peñascos y hondos valles,
no hacia el orto del sol ni hacia el del Euro,
sino al Boreas y al Cauro y hacia el punto
de donde ensombrecido sopla el Austro
y el cielo atrista con heladas lluvias. …” 3953.
Relatado el ardor de las yeguas por Virgilio en sus Geórgicas, podemos entender
que, en la Antigüedad, a la mujer que no refrenaba su propio ardor sexual se la
comparase con las yeguas. Así lo había hecho Aristóteles, que nos cuenta que a la
mujer viciosa se la llamaba yegua: “…Las yeguas se vuelven locas por los caballos, de
donde viene que sea éste el único animal cuyo nombre se utiliza en sentido ofensivo
contra las mujeres que se pierden por los placeres sexuales. …” 3954. Ovidio en su Ars
Amatoria, aconseja al hombre no suplicar a ninguna mujer, sino que sea ella la que,
como la yegua que llama al caballo con sus relinchos, suplique al hombre 3955. Y es que
“…se agitan en furioso celo las yeguas y se desplazan lejos por los lugares y siguen a
los caballos separados por un río. …” 3956.
No escapa la práctica sexual a la simbología del caballo. En efecto la postura
ecuestre, de claro control femenino, en la que la mujer “cabalga” sobre el hombre, es
abundantemente representada tanto en Grecia como en Roma. En el mundo clásico
se creía que las vírgenes eran potrillas salvajes, ardientes y libertinas a las que había
que domar: “…Potra tracia, ¿por qué me huyes sin piedad mientras me miras de
través con tus ojos y crees que no sé ninguna cosa sabia? Sábelo bien, bien te
3953
Ibídem. Pág. 271.
3954
Mariño Ferro, X. R. 1996. Opus cit. Pág. 58.
3955
Ovidio. 2000. Opus cit. Pág. 30.
3956
Ibídem. Pág. 104.
661
echaría yo el freno y sujetando las riendas te haría girar en torno de la meta del
hipódromo. Pero ahora te apacientas en los prados y juegas saltando ligera porque no
tienes un hábil jinete experto en caballos. …” 3957. Para dominar a la mujer salvaje,
fierecilla indómita, el hombre, que debe esforzarse en someterla, debe convertirse en
un domador de caballos 3958.
Equus eroticus que en Roma estaba valorado, porque la mujer que se colocaba
sobre su patrono, cómodamente echado en el lecho, estaba al servicio del placer de
éste; las pinturas de Pompeya muestran que esta postura era el “no va más” del
amor 3959. Pero en tiempos de Séneca el equus eroticus está mal visto, “…porque la
condición de la mujer se ha emancipado; ya no está al servicio del placer masculino,
no debe, por lo tanto, colocarse encima; por el contrario es al hombre a quien
corresponde ser activo, demostrar quién es, procurarse a sí mismo gratificación; si la
mujer lo cabalga, será sospechosa de abusar de su cualidad de persona por creerse
igual al hombre: Séneca se encolerizó cuando supo que el vicio había llegado a tal
extremo, que eran las mujeres las que se cepillaban a los hombres (viras ineunt);
…” 3960. Por lo visto Séneca no estaba de acuerdo con Ovidio que aconsejaba a la
mujer pequeña adoptar la postura de un jinete; práctica, en cambio, poco apropiada
para las altas como Andrómana, la esposa de Héctor, que nunca “ …se puso sobre su
marido como sobre un caballo. …” 3961.
El caballo es, también símbolo de velocidad: Virgilio los compara con las veloces
golondrinas:
3957
Citado. Celestino Pérez, S (Editor): La imagen del sexo en la Antigüedad. Tusquets. Ed.
Barcelona. 2007. Págs. 217 y 218.
3958
Ibídem. Pág. 218.
3959
Veyne, P. 1990. Opus cit. Pág. 196.
3960
Ibídem. Pág. 196.
3961
Ovidio. 2000. Opus cit. Pág. 178.
662
o con vuelo rasante en torno suena
de los húmedos lagos; tal Juturna
lanza sus potros a galope en medio
de las huestes, y todo lo recorre
su carro volador. …” 3962.
Alas de las aves que las convierten en animales absolutamente veloces, como
las que se dotaron para acrecentar la velocidad del caballo alado Pegaso, el hijo de
Poseidón, que cuando sopla el viento sobre su reino, el mar, avanza sobre sus olas
con la cadencia del galopar de un caballo 3963. Precisamente, por su rapidez, unció
Helios los caballos a su carro, para que desplazaran el sol; era la solución mitológica
más adecuada para explicar el rápido e inexplicable movimiento del sol en el
firmamento 3964.
3962
Virgilio. 2003. Opus cit. Pág. 977.
3963
Mariño Ferro, X. R. 1996. Opus cit. Pág. 58.
3964
Ibídem. Pág. 59.
3965
“…Espartaco, originario de Tracia y que según algunos autores era de sangre real,
pertenecía a la palestra de un tal Léntulo de Capua. Con algunas decenas de gladiadores se
sublevó en el año 73 a. C. Este movimiento pudo propagarse rápidamente por la participación
de los esclavos, que estaban sometidos a un trato extraordinariamente duro y que a menudo
habían llegado a esta situación sin culpa alguna. Pasó por Campania con su grupo de
partidarios que aumentaba continuamente y venció a los ejércitos enviados por Roma y que
estaban bajo el mando de los dos cónsules, Léntulo y Gelio. El ejército de esclavos pasó por
toda Italia e incluso se alió con los galos en la llanura del Po.
Los grandes éxitos desembocaron en una mayor debilidad, a pesar de las advertencias
de Espartaco contra el ansia de botín y la relajación de las disciplina. Por fin, el pretor Craso
(posteriormente miembro del triunvirato con César y Pompeyo) pudo alcanzar la victoria en el
año 71 a C. cerca de Petelia en el sur de Italia. Según la mayoría de los autores, Espartaco
pereció en esta batalla; los colaboradores supervivientes fueron crucificados a lo largo del
camino entre Brindisi y Roma. …” (Moormann, E. M. y Uitterhoeve, W: De Adriano a Zenobia.
Temas de la historia clásica en la literatura, la música, las artes plásticas y el teatro. Ed. Akal.
Madrid. 1998. Pág. 151).
663
o moriría en compañía de sus soldados. …” 3966. Y murió en el desarrollo de una feroz
batalla, en la que el ex gladiador se lanzó sobre Craso, al que terminó por perder de
vista, pero matando a dos centuriones que le atacaron a la vez. Finalmente, cuando
todos los hombres que había a su alrededor cayeron, también él encontró allí la
muerte 3967.
3966
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 113.
3967
Citado. Ibídem. Pág. 113.
664
14. EL CABALLO Y LOS EMPERADORES ROMANOS
HASTA EL AÑO 69.
(Subrio Flavio).
14. 1. INTRODUCCIÓN.
Para cuando se fundó Roma, en plena Edad del Hierro, el uso del caballo
montado ya se había difundido desde las estepas euroasiáticas. Desde ese mismo
instante, la propia enculturación de las distintas generaciones de romanos transmitió
su uso a las generaciones que les siguieron; así su utilización en escenarios como las
batallas, la vida cotidiana y los juegos circenses, era corriente. No obstante no
debemos olvidar, como hemos relatado, que en todas las sociedades antiguas el
caballo era un elemento de prestigio, debido a su alto coste y a lo caro de su
mantenimiento, y, por, tanto, sólo al alcance de los más favorecidos; integrantes de las
clases altas.
Y los emperadores romanos pertenecían, por lógica, a ese grupo de gente. Y
todas las clases difieren, unas de otras, tanto en el poder que detenta cada individuo
como en su forma de pensar y en sus estilos de vida 3969. Además, difieren también en
el modo en que se establece la pertenencia de los individuos a la misma y el ritmo al
que cambia el acceso a ella. En el caso de los sucesivos emperadores romanos la
pertenencia a la clase o el ascenso a la púrpura imperial se producía por adscripción
3968
Citado. Cornelio Tácito. 1986. Opus cit. Págs. 263 y 264.
3969
Harris, M. 1983. Opus cit. Pág. 348.
665
hereditaria, bien por hijos biológicos o adoptados o por familiares designados por los
emperadores reinantes 3970; con la consiguiente excepción de aquellos aguerridos
miembros de la aristocracia o excelsos soldados que la consiguieron mediante la
usurpación. De tal forma que la clase cerrada de la casa imperial se transmitía entre
ella una herencia ingente en dinero, propiedades y, sobre todo, un poder omnímodo.
Todas las clases cerradas suelen ser endógamas, porque entre estos grupos la
endogamia actúa como el medio más eficiente para impedir la dispersión del poder.
Las alianzas matrimoniales constituyen, en estos grupos, una forma de control sobre
las fuentes naturales y culturales del poder 3971, y el matrimonio entre los miembros de
las familias aristocráticas romanas era la norma. Por otra parte, todas las clases tienen
sus propias subculturas, que integran pautas laborales, arquitectónicas, mobiliarias,
artísticas, religiosas, ideológicas, de vestuario, y de relaciones sexuales y
apareamientos 3972. Y entre la subcultura de la clase alta romana, de la que formaba
parte la familia imperial, el dominio de los ejercicios ecuestres, incluidos la equitación y
la conducción de carros, sobresalía en importancia; por lo que parece lógico que todos
los emperadores fueran diestros, tal vez con la excepción del tullido Claudio, en el arte
de manejar caballos.
Dentro de cada sociedad y de cada clase en particular no debemos de dejar de
hacer mención al estatus que cada individuo ocupa en su grupo. Estatus que, en
abstracto, podemos definirlo como la posición ocupada por cada uno en un modelo
particular de sociedad. El estatus que cada uno ocupa en la red social es la suma de
todos los estatus que desempeña dentro del grupo al que pertenece; así, por ejemplo,
el estatus de un emperador romano sería la suma de su posición como hijo de su
padre, como ciudadano, como padre, como marido, como príncipe más o menos
educado, como hombre habilidoso en determinados campos, etc. La presencia, en los
grupos, de estos modelos de conductas recíprocas entre individuos es tan importante
que sin su presencia las sociedades no funcionan 3973.
Según Linton, un estatus es “…una colección de deberes y derechos. …” 3974. Y
cuando cada uno efectúa los derechos y deberes propios de su estatus, está
desempeñando un rol; por lo que podríamos definir el rol como la materialización
dinámica del estatus 3975. Ambos sirven para reducir los modelos ideales del grupo
3970
Ibídem. Pág. 349.
3971
Ibídem. Pág. 349.
3972
Ibídem. Pág. 349.
3973
Bohannan, P. y Glazer, M. 2001. Opus cit. Pág. 191.
3974
Ibídem. Pág. 191.
3975
Ibídem. Pág. 191.
666
social a términos individuales; y cuanto más se ajusten los miembros de la sociedad a
su estatus y a su rol, más suavemente funcionará la misma. La formación de hábitos y
actitudes comienza en el ser humano desde el mismo momento del nacimiento; por
ello cuanto antes comience la preparación para el desempeño de un determinado
estatus, más exitosa será. Parece que los seres humanos son tan variables que
cualquier persona normal puede ser preparada para desempeñar cualquier rol, ya que
la mayor parte de los mismos pueden desempeñarse bajo la base del hábito y sin
necesidad de mucha inteligencia o de dones especiales 3976. Calígula y Nerón
desempeñaron sus roles de emperadores sin mucha capacidad para el gobierno del
Imperio.
Las sociedades han desarrollado dos tipos de estatus: el atribuido y el logrado.
El primero es el que se le atribuye a los individuos sin tener en cuenta sus habilidades
(Nerón heredó el trono simplemente por ser hijo de la esposa de Claudio, sin mostrar
habilidades para el cargo). El estatus logrado es el que se obtiene mediante las
habilidades especiales (el estatus adquirido por el cochero Diocles se basaba en su
habilidad para manejar carros). Los vacíos reservados para los estatus logrados no
son ocupados por los individuos desde el nacimiento sino que se dejan libres para que
los ocupen los sujetos más competitivos y esforzados 3977.
Pero la mayoría de los estatus son de tipo atribuido, seleccionándose ciertos
aspectos para la asignación del mismo. El sexo es el más simple y el más
universalmente utilizado por la mayoría de las sociedades, que establecen actitudes y
actividades distintas para los individuos de ambos sexos. (Marco Aurelio legó el trono
a su hijo, aun sabiendo que su hija estaba más capacitada para ejercer funciones de
gobierno); así el modelo de atribución de estatus mediante el sexo es constante,
habiendo muy pocas sociedades en las que las actividades importantes no se asignen
a hombres o a mujeres. Las relaciones familiares son otro de los aspectos
contemplados a la hora de atribuir estatus (César nombró heredero a su sobrino
Augusto, hijo de su hermana Octavia). También se tiene en cuenta el grupo al que
pertenece el individuo (Nerva nombró heredero a Trajano, perteneciente a la
aristocracia romana) 3978, porque los miembros de una clase favorecida socialmente
tienden a legar sus ventajas a su descendencia al mismo tiempo que impiden la
entrada en su grupo a los individuos de las clases más bajas 3979. La edad como punto
de referencia para la asignación del estatus es tan universal como el sexo, aunque los
3976
Ibídem. Pág. 192.
3977
Ibídem. Pág. 192.
3978
Ibídem. Págs. 192 y 193.
3979
Ibídem. Pág. 200.
667
factores biológicos parecen ser secundarios respecto a los culturales; sino no se
explicaría que Claudio nombrara para dirigir el Imperio a un adolescente de 16
años 3980.
En Roma todos los nobles poseían un caballo, haciendo así honor a la tradición
de la nobleza 3981, a lo largo de toda la historia y a lo ancho de todas las culturas
conocidas. Por ejemplo, según Plutarco, César “…tenía una habilidad innata para
montar a caballo. …” 3982 y se ejercitaba colocando las manos en sus espaldas y
guiando al animal con la rodillas 3983. Aptitud que también recoge Suetonio, que
destaca su excelencia en la utilización de toda clase de armas y su gran resistencia
física, como demuestra el hecho de que cuando “…marchaba con sus tropas, iba al
frente de ellas, normalmente a pie, algunas veces a caballo, y con la cabeza
descubierta ya hiciese sol o lloviera. Realizaba larguísimos itinerarios con increíble
rapidez, sin bagaje, en carros de alquiler, recorriendo cien mil pasos cada día; si le
detenía un río, lo atravesaba a nado o con la ayuda de odres inflados, de modo que,
muy frecuentemente, llegaba antes él que los emisarios que había enviado. …” 3984.
Si bien Julio César no es considerado verdadero emperador, sí fue el que sentó
los cimientos del nuevo régimen gobernativo. Cuando era joven había llorado
pensando que a su edad, Alejandro de Macedonia ya había conquistado el mundo,
cuando él aún no había hecho nada 3985. Claro que tanto a Alejandro como a Aníbal,
otro de los generales admirados por César, sus padres le habían dejado un potente
ejército en herencia, en los que ambos habían destacado como excelentes soldados
de caballería 3986.
3980
Ibídem. Págs.194 y 195.
3981
Conde Guerri, E. 1979. Opus cit. Pág. 249.
3982
Citado. Goldsworthy, A: César. Ed. La Esfera de los libros. Madrid 2008 (B). Pág.62.
3983
Ibídem. Pág. 62.
3984
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 98 y 99.
3985
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 508.
3986
Lago, J. I. 2003. Opus cit. Pág. 29.
668
Augusto. (Museos vaticanos).
3987
Boardman, J. y otros. 1988. Opus cit. Pág. 566.
3988
Plinio. 2002. Opus cit. Pág. 120.
3989
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 100.
669
conspiración senatorial 3990. Murió en los idus de marzo, como le había vaticinado el
arúspice Espurina y el presagio de su muerte parece que lo lloraron hasta los caballos,
porque los que había consagrado al Rubicón, a su paso, dejándolos en libertad y sin
vigilancia, “…se negaban obstinadamente a comer y derramaban abundante lágrimas.
…” 3991.
Era un hombre sumamente hábil para manejar acontecimientos y tornar a su
favor los mismos, por ejemplo cuando prodigaba juegos al pueblo con un colega,
subvencionados a medias, supo ganarse él sólo el favor de la plebe, por lo que su
colega Marco Bíbulo 3992 no se recató en declarar “…que le había sucedido a él lo
mismo que a Pólux; pues, del mismo modo que habiéndose levantado en el foro un
templo en honor de los dos hermanos gemelos solamente recibía el nombre de
<<templo de Cástor>>, de la misma manera se decía que era exclusivamente de
César la munificencia de ambos ediles. …” 3993.
Augusto (27 a. C.- 14 d. C.) nació y vivió en la exclusiva zona del Palatino, que
acabaría, durante la época imperial, siendo un conjunto de grandes palacios
residenciales de los emperadores 3994. Con su llegada al poder, el futuro de la Urbe, el
del imperio y el de la práctica totalidad del mundo occidental dependía de un hombre
de treinta y dos años que no gozaba de buena salud, que no era un buen soldado,
pero que sería un político extraordinariamente inteligente que se mostraría, en el
futuro, como un excelente hombre de Estado 3995. En efecto fue un político magnífico
pero no un buen militar; en noviembre del 42 a. C. Marco Antonio y él se dirigieron a
Oriente, contra los asesinos de César, Bruto y Casio, a los que derrotaron y dieron
muerte en Filipos. Batalla en la que todo el mérito militar le fue atribuido a Marco
Antonio, pues incluso los amigos más íntimos de Octaviano se vieron obligados a
reconocer que éste se había escondido en los pantanos. El propio Augusto tuvo que
admitir que se había mantenido el margen de la batalla, primero porque había tenido
un sueño premonitorio, y luego porque había sufrido una enfermedad 3996.
3990
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 183.
3991
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 113.
3992
Marco Calpurnio Bíbulo (muerto 48 a. C.) Colega de César durante el consulado de 59 a.
C., que la gente llamaba el consulado de Julio y César (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 63).
3993
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 65.
3994
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 79.
3995
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág.68.
3996
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Págs. 516 y 517.
670
Su reinado fue anunciado por múltiples presagios; entre ellos el del sueño que
tuvo su padre, Octavio, la noche que su hijo vino al mundo, cuando soñó ver al mismo,
de un tamaño sobrehumano y portando el rayo, el cetro y el atuendo de Júpiter Óptimo
Máximo y montado en un carro ornado con laureles y arrastrado por un tiro de seis
caballos blancos como la nieve 3997. Hasta los dioses parece que estuvieron de acuerdo
en su acceso al poder, ya que Venus, antepasada de la familia julia, impaciente
porque Augusto tomara el poder “…precipitó en el mar los caballos del sol lanzados a
todo galope para que el joven Augusto pudiera recibir al día siguiente cuanto antes el
título de imperator por sus victoriosas empresas militares. …” 3998.
Cuando su tío Julio César celebró su triunfo por su victoria africana, en 47 a. C.,
con la posible intención de promocionarlo como su sucesor, le permitió desfilar detrás
de él en su propio carro 3999. Pasado el tiempo Augusto celebraría su propio triunfo
sobre Iliria, que le fue concedido en el 35 a. C. pero cuya celebración él postergó hasta
el 29 a. C 4000.
Creó una guardia personal, acuartelada en Italia y que después de su muerte
acampaba en el Esquilino, integrada por 500 hombres a los que mandaban dos
prefectos del pretorio ecuestre. Eran su guardia personal en la ciudad y cuando
viajaba, y también recurría a ella para suprimir de raíz el tipo de tumultos populares
que habían ensangrentado la vida cotidiana de los ciudadanos romanos 4001.
El divino emperador erigió un túmulo para su caballo, sobre el que había un
poema del polifacético Germánico. Pero parece que, aunque según declara en su Res
Getae, gastó enormes sumas de dinero en sufragar toda clase de juegos, no le
entusiasmaban las carreras circenses; pero asistía con regularidad a las mismas y no
se dedicaba a otra cosa mientras los caballos estaban en la pista, probablemente
huyendo de las críticas vertidas contra su padre, Julio César, por escribir y leer
mientras se desarrollaban las competiciones 4002. Durante unos juegos troyanos, regaló
un collar de oro a Nonio Asprenate, que tuvo una caída de caballo por la que quedó
lisiado 4003. Terminó con la costumbre de que hombres y mujeres se sentaran juntos en
los juegos, obligando a éstas, con excepción de las vestales, a que los presenciaran
desde los asientos superiores 4004.
3997
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 193.
3998
Ovidio. 1984. Opus cit. Pág. 314.
3999
Barrett, A. A: Livia. Ed. Espasa Calpe. 2004. Madrid 2004. Págs. 34 y 35.
4000
Ibídem. Pág. 62.
4001
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 79.
4002
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 14.
4003
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 157.
4004
Barrett, A. A. 2004. Opus cit. Pág. 178.
671
Enalteció a Claudio Marcelo 4005, al que eligió como su sucesor, hijo de su
hermana Octavia y apenas un muchacho, con el pontificado y la edilidad curul, y a
Marco Agripa 4006, de origen humilde pero excelente soldado y compañero de sus
victorias, con el consulado dos años seguidos, haciéndolo su yerno tras la muerte de
Marcelo, que estaba casado con la única hija de Augusto, Julia 4007. En el otoño del 23
a C. Marcelo enfermó y, a pesar de los esfuerzos del médico del emperador, Antonio
Musa, no se recuperó, falleciendo a la edad de veinte años 4008. A Tiberio Nerón y
Claudio Druso, sus hijastros e hijos de su esposa LIvia, los distinguió con el título de
imperator 4009.
Augusto murió en Nola, el 19 de agosto del 14 a. C 4010 y conocemos su vida,
como las de sus once sucesores, por la Vitae de los Césares que escribió Suetonio.
Había viajado, ese verano, a su amada bahía napolitana, donde dio cenas, disfrutó de
comidas al aire libre y había pasado un día entero presenciando los juegos que se
habían dado en su honor 4011. Roma no había visto nunca un entierro como el de
Augusto; en los terrenos en los que hoy se asienta la Piazza Venezia se instauró la
pira y cuando el humo ascendió a los cielos se soltó un águila como símbolo del alma
4005
Marcelo era “…hijo del primer matrimonio de Octavia. Marcelo era un favorito de su tío;
había cabalgado a la derecha de él en el triunfo del 29. Probablemente Marcelo era el
candidato original a la sucesión; como miembro de la más alta nobleza, con extensas
conexiones por parte de su padre, podía contar con el apoyo de muchos. Ciertamente Augusto
lo educó como al hijo que no había tenido. Su ascenso desagradó a muchos del partido de
César, posiblemente hasta a Agripa. Coincidiendo con el ascenso de Marcelo, Agripa fue
enviado a Oriente a cumplir una misión. Esto podía haber indicado resentimiento. Por otra parte
la misión era importante: una de las versiones de los acontecimientos era que Agripa estaba
contento de aceptar el puesto porque no quería que su brillo eclipsara al muchacho. Pero no
era probable que Agripa hubiera sido considerado en aquel momento como posible heredero:
su origen estaba en contra de él. Al mismo tiempo estaba ya entroncado con la familia imperial
ya que su hija Vipsania estaba prometida al hijastro del Princeps, Tiberio, hijo del primer
matrimonios de Livia. …”(Massie, A: Los Césares. Vida pública y privada de los amos de
Roma. Ed. Edhasa. Barcelona. 1996. Pág. 113).
4006
Marco Vipsanio Agripa (c. 63- c. 12. C). Estadista y general de oscura familia, incondicional
de Augusto. Cuando César fue asesinado, en 44 a. C., estudiaba con Augusto en Apolonia
(Iliria) y fue él quien convenció a Augusto para regresar a Roma a recoger su legado.
Su primera mujer fue Cecilia, hija de Ático el amigo de Cicerón, con la que tuvo a Vipsania
Agripina, que se casó con Tiberio. Con Marcela, una sobrina de Octavio tuvo dos hijos. En el
21 Augusto le impuso el matrimonio con su hija Julia, por razones dinásticas, y con la que tuvo
cinco hijos, de los cuales Gayo César y Lucio César fueron adoptados por Augusto como
herederos. Su hija Agripina se casó con Germánico.
Había heredado una gran fortuna de su suegro Ático que gastó generosamente en el
Estado, construyendo el Panteón, baños públicos, un puente y diversas estructuras para el
abastecimiento de agua de Roma. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 16 y 17).
4007
Cornelio Tácito. 1979. Opus cit. Pág. 46.
4008
Barrett, A. A. 2004. Opus cit. Pág. 68.
4009
Cornelio Tácito. 1979. Opus cit. Pág. 46.
4010
Ibídem. Nota. Pág. 50.
4011
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 120.
672
del Princeps, que subía al cielo 4012. Livia 4013 permaneció al lado de la pira y cuando
ésta se consumió, depositó las cenizas en el mausoleo imperial, en el que ya
descansaban los restos de Octavia, Marcelo, Agripa y los príncipes Cayo y Lucio 4014.
Días después, el Senado decretó que el difunto Princeps se había convertido en un
dios, después de que un ex pretor, Númerio Ático, jurara que lo había visto subir a los
cielos 4015.
14. 2. 2. Tiberio.
A Tiberio (14-37), Marañón lo define como un ser resentido, o sea “…un ser mal
dotado para el amor; y, por lo tanto, un ser de mediocre calidad moral. …” 4016. Según
Massie, había dos clases de hombres Claudios: “…el altivo y digno, y el insensato y
violento; era en realidad la misma actitud, expresada de manera distinta, conforme al
temperamento personal. El emperador Tiberio pertenecía a la primera categoría. Su
orgullo lo hacía taciturno y explicarse a sí mismo le parecía degradante; en
consecuencia la comunicación con los demás era difícil: con frecuencia se le
interpretaba mal y a menudo también se desconfiaba de él. …” 4017.
Sucedió a Augusto porque llegado el momento de la sucesión no sólo era el más
grande de los generales romanos del momento, sino, también, porque era el más
cualificado de los hombres para ser emperador 4018. Sobre el lugar que ocupaba dentro
de la familia de Augusto nos habla el hecho de que en el triunfo de la victoria de Acio
del primer emperador, acompañó el carro de Augusto cabalgando a la izquierda del
4012
Ibídem. Pág. 121.
4013
Livia Drusila (58 a. C-29 d. C). La segunda esposa de Augusto (primero se había casado
con Escribonia, mucho mayor que él) era hija de Livio Druso Claudiano, un miembro de la
prestigiosa familia Claudia, que murió en la batalla de Filipos. Livia se casó con un pariente
suyo, Tiberio Claudio Nerón, del que se divorció para casarse con Augusto. “…Livia sirvió bien
a su marido, no sólo como devota esposa y madre de sus hijos, que finalmente se vieron
incluidos en los planes dinásticos de Augusto, sino también jugando un papel más importante
que ninguna mujer romana anterior. Livia fue una mujer extremadamente inteligente y
perspicaz, y el mejor y más leal consejero de Octavio en todas aquellas cuestiones en las que
tenía experiencia. Apoyó también los deseos de Augusto de volver a una vieja moralidad y crió
a su hijastra Julia, que lógicamente vivía en casa de su padre, quizá con excesiva severidad.
La relación de Livia con su hijo Tiberio fue ambigua. Algunas fuentes la acusan de
promover su ascenso al trono imperial por todos los medios a su alcance, incluidos los
(improbables) asesinatos de algunos de los herederos propuestos por Augusto. …” (Hazel, J.
2002. Opus cit. Págs. 243 y 244).
4014
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág.122.
4015
Ibídem. Pág. 122.
4016
Marañón; G: Tiberio. Ed. Espasa Calpe. Madrid. 2006. Pág. 28.
4017
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 127.
4018
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 87.
673
mismo, mientras su sobrino Marcelo, el hijo de Octavia 4019, lo hacía a la derecha del
carro triunfal 4020. Augusto lo adoptó porque Tiberio era el único descendiente posible
y, al hacerlo, lo obligó a que él mismo adoptara a Germánico, que era hijo de Druso y
de Antonia, sobrina del César, por lo que, Germánico era sobrino de Tiberio 4021. Tuvo
su momento de gloria en el 9 d. C. cuando celebró su triunfo sobre Panonia 4022. Hay
quienes opinan que Augusto sucumbió a los ruegos de Livia, para que nombrase
sucesor a Tiberio, con la esperanza de que el contraste entre su reinado y el de
Tiberio fuera tan extremo como para hacer un gran servicio a su persona 4023.
Ya conocemos la proeza que había realizado en el año 9 a. C., cuando su
hermano Druso se cayó del caballo en Germania; y que Valerio máximo nos describe
así: “…Cuán rápido y pertinaz fue en su viaje, como si fuera llevado por un único
aliento, resulta obvio por el hecho de que tras cruzar los Alpes y el Rin, viajando día y
noche, hasta agotar los caballos de las postas, cubrió todo un trayecto de al menos
doscientas millas a través de un país bárbaro y recién conquistado. …” 4024. Parece que
Druso se había caído del caballo mientras cabalgaba, rompiéndose el fémur, por lo
que enfermó de gravedad 4025. Su delicada situación tras aquella fatídica caída causó
consternación en todo el mundo romano, tanta como para que se afirme que era tan
respetado por el enemigo como para que éste declarara una tregua en los
enfrentamientos, a la espera de su recuperación 4026.
En las tareas militares, Tiberio, mostraba su eficiencia; era, en resumidas
cuentas, un joven en el que Augusto podía confiar 4027. Especialmente grato a Augusto
fue el hecho de que los partos devolvieran, tras la misión diplomática que le
encomendó, los estandartes romanos que habían perdido Craso, en el 55; Decidio
Saxa, en el 40; y Marco Antonio, en el 36 a. C 4028. Tiberio salió a recibirlas insignias a
las riberas del Éufrates. Su éxito, que restauraba el honor de Roma, fue celebrado en
todo el Imperio y Augusto se mostraba satisfecho con la manera en que se iba
formando el hijo de su esposa 4029.
4019
Octavia era la hermana de Augusto, y Marcelo era el sobrino y yerno de Augusto, al que
éste, con seguridad, pensaba dejar el mando del Imperio. (Nota del autor).
4020
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 211.
4021
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 139.
4022
Barrett, A. A. 2004. Opus cit. Pág. 104.
4023
Ibídem. Pág. 95.
4024
Citado. Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 82.
4025
Barrett, A. A. 2004. Opus cit. Pág. 77.
4026
Ibídem. Pág. 77.
4027
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 130.
4028
Ibídem. 130.
4029
Ibídem. Pág. 130.
674
Pero sus relaciones eran tensas y un día, enemistado con Augusto se retiró a
Rodas, desde donde, cuando pretendió volver, el emperador se lo negó
reiteradamente, hasta que asintió con la condición de que no interviniera en ningún
asunto del Estado; cuando se marchó a Rodas abandonó sus ejercicios castrenses y
de equitación y se vistió al modo griego, con manto y sandalias 4030. Tiberio explicó su
retiro alegando que ya había recibido suficientes honores y, además, que se retiraba
para no eclipsar la estrella de los jóvenes príncipes Cayo y Lucio (nietos de Augusto);
pero había quien pensaba que su retiro obedecía al celo que sentía por estos jóvenes,
a los que Augusto mostraba su predilección, y a que Tiberio se sentía desairado,
porque creía que sus servicios no habían recibido elogio suficiente 4031. En aquel
tiempo estaba casado con Julia, hija de Augusto, porque éste lo había obligado a
divorciarse de Vipsania 4032, hija de Agripa, para que esposara a su lasciva hija, que se
había quedado viuda cuando murió Agripa. Julia era “…una mujer que, al vivir para el
placer, encontraba rancios los simples placeres y exigía cada vez estímulos más
intensos, su apetito sexual creció, y se hizo más soez con el paso de los años. No
había encontrado satisfacción en ninguno de sus matrimonios. Marcelo murió cuando
ella tenía sólo dieciséis años. Agripa, veinticuatro años mayor que ella, le había dado
cinco hijos, pero nada más. Estaba a menudo fuera de Roma y en su ausencia, Julia
buscaba placeres más livianos. Esta manera de comportarse se repitió durante su
matrimonio con el austero Tiberio, que tal vez fuera sexualmente tímido o por lo menos
indiferente. Cuando su marido marchó a Rodas, Julia abandonó la poca moderación
que le quedaba. Tomó parte en orgías que tenían lugar en el mismo Foro y hasta
abordaba a los transeúntes como una común prostituta. …” 4033. Julia no había tenido
hijos de su primer matrimonio con su primo Marcelo, que murió joven; pero con Agripa,
su segundo marido, tuvo cinco hijos, que fueron la esperanza sucesoria de Augusto,
pero la diosa Fortuna se los fue arrebatando poco a poco. Sobre su divorcio de
Vispsania no sabemos si Augusto consultó con Tiberio, lo que sí sabemos es que éste
obedeció; tal vez le presentaron la conveniencia de ello por motivos de Estado, pero
de lo que no cabe duda es que Tiberio se arrepintió de haber asentido. Se cuenta que
sólo volvió a ver a Vipsania una vez, después de divorciarse; que se le empañaron los
4030
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 217.
4031
Massie, A. 1996. Opus cit. Págs. 134 y 135.
4032
“…Todas las pruebas sugieren que Vipsania fue una de las pocas personas –y la única
mujer- con la que Tiberio se encontraba a gusto. Para un hombre tan reservado y sigiloso como
él, tan reacio a manifestar, o tal vez a reconocer sus sentimientos, una mujer comprensiva
puede ser más que un placer: puede ofrecer un medio de comunicación que de otra manera le
estaba negado. …” (Ibídem. Pág. 129).
4033
Ibídem. Págs. 116 y 117.
675
ojos de lágrimas mientras la seguía con la mirada por toda la habitación y que desde la
casa imperial se tomaron medidas para que no volviera a repetirse una escena tan
penosa 4034. Lo cierto es que, mientras fue comprendido por Vipasania, Julia se dedicó
a atormentarlo; esta mujer cálida, codiciosa, sensual, borracha y promiscua había
deseado a Tiberio desde que compartían sus juegos de infancia, lo había deseado
mientras estuvo casada con Agripa y como, en aquella época no pudo tenerlo, esa
circunstancia lo hacía más y más atractivo, ya que Tiberio se encontraba en ese
momento en la flor de la vida. Era alto, aunque un poco encorvado, de anchos
hombros, con un cutis lozano que no había ajado la enfermedad de la piel que lo
mortificaría más tarde y con un cabello rojizo que le crecía hasta por encima de la
nuca, una característica familiar. Pero más importante que su impresionante físico era
su reputación, ya que ser el general más famoso de Roma lo convertía en una
celebridad. Pero sus largos silencios suponían un desafío para Julia; además, solía
pasar mucho tiempo fuera, desempañando sus deberes militares en las fronteras y
cualquier mujer casada con él encontraría muchas oportunidades para aventuras
amorosas. Por todo ello, Julia lo deseaba y sus deseos estaban en armonía con la
voluntad de su padre, por lo que el matrimonio tuvo lugar 4035. El año 10 d. C. nació el
único hijo del matrimonio en Aquileya, pero murió poco después, con lo que evitó
complicar aún más la cuestión sucesoria 4036.
En el 4 d C., tras obtener el permiso de Augusto para volver a Roma, los
soldados celebraron el retorno de Tiberio, sabedores de que recuperaban a un
profesional que no pondría sus vidas en peligro por avidez de gloria 4037. A este buen
jinete no le agradaban los espectáculos circenses, ya que, según Suetonio, “…no
ofreció nunca espectáculos y rara vez participó en los ofrecidos por otros. …” 4038.
Parece, pues, que temía, detestaba y huía de las aglomeraciones humanas y que su
desdén por los juegos y espectáculos era del dominio público 4039. El responsable, con
seguridad, de la política antijuegos de Tiberio era Sejano, que le habría aconsejado en
este sentido 4040 y el pueblo no le perdonaba al césar ni su larga ausencia de la corte
ni, por supuesto, la restricción de los espectáculos 4041.
4034
Ibídem. Pág. 133.
4035
Ibídem. 1996. Págs. 133 y 134.
4036
Ibídem. Pág. 134.
4037
Ibídem. Pág. 132.
4038
Citado. Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 14.
4039
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 71.
4040
Ibídem. Pág. 121.
4041
Ibídem.Pág. 151.
676
Durante su retiro en Capri 4042, este lujurioso ser se dedicó a dar rienda suelta a
su lascivia; tenía un ejército de mancebos y niñas que en cada rincón de su palacio
invitaban a hacer el amor; tenía, además, una extensa colección de estatuas y cuadros
que representaban escenas del acto sexual, cuya pieza más valiosa era un Parrasio
que “...reproducía a la heroína de Arcadia, Atalante, en el momento de llevar a
Meleagro al supremo éxtasis sexual con la boca y la lengua. Cuando se saciaba de ver
su colección, Tiberio se entretenía con la obra ilustrada Figurae Veneris de la autora
pornográfica Elefántide, libro que tenía un lugar permanente en su mesa de noche.
...” 4043.
Murió cerca de Misena, justamente donde la imaginación popular había situado
los campos Flegrenos, una de las bocas del infierno 4044. El pueblo gemía cuando oía el
nombre de este emperador que les negaba los juegos, que no celebraba gloriosos
triunfos, que se escondía de ellos y al que Plinio el Viejo llamó “el más triste de todos
los hombres”4045.
14. 2. 3. Germánico.
Germánico 4046 fue un querido príncipe que no llegó nunca a ser emperador
porque la muerte lo sorprendió en Siria. Parece que Martina, una mujer oriental, ayudó
a Plancina 4047, la mujer de Pisón 4048, a acabar con el príncipe más admirado en la
4042
Augusto había comprado un terreno en Capri, en el que se construyó una villa. Le
encantaba visitar la isla y la bahía de Nápoles, aguas en las que disfrutaba navegando (Massie,
A. 1996. Opus cit. Págs. 111 y 112).
4043
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Pág. 39.
4044
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 165.
4045
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 168.
4046
…”Nerón Claudio Germánico (15 a. C:-19 d. C.) hijo de Druso y de la sobrina de Augusto,
Antonia la Mayor, y hermano del que sería más tarde emperador Claudio…Se convirtió en hijo
de Tiberio por adopción. En el año 5 d. C. se casó con una sobrina del emperador Augusto,
Vipsania Agripina […] La adopción y el matrimonio tuvieron lugar a petición de Augusto que vio
en Germánico a su posible sucesor.
Germánico se reveló como un hábil general que consiguió cosechar grandes éxitos
sobre todo en la lucha contra los germanos dirigidos por Arminio. Ala muerte de Augusto luchó
contra los motines que surgieron entre sus soldados, que preferían a su querido general como
emperador antes que a Tiberio. Aun así, Germánico juró inmediatamente el compromiso de
fidelidad a Tiberio y consiguió restablecer el orden….
Germánico fue llamado de vuelta por Tiberio y desempeñó algunos cargos en Roma y
después en Siria, donde acabó teniendo unas relaciones tirantes con el gobernador romano
Calpurnio Pisón. Falleció en el año 19 en Antioquia. En su lecho de enfermo acusó a Pisón y a
su esposa Plancina de haberle envenenado… .” (Moormann, E. M. y Uitterhoeve, W. 1998.
Opus cit. Pág. 159).
4047
Munacia Plancina (muerta 33 d. C). Cuando tras el juicio por la muerte de Germánico,
Pisón fue obligado a quitarse la vida, a Plancina se le respetó la misma gracias a la influencia
de Livia; pero tras la muerte de ésta fue acusada de nuevo y Plancina se quitó la vida (Hazel, J.
2002. Opus cit. Pág. 324).
677
historia de Roma 4049. Plancina era una mujer que se conducía indignamente, ya que
participaba en los ejercicios de caballería y en los desfiles de las cohortes legionarias,
además, lanzaba injurias contra Agripina 4050 y contra su esposo, Germánico 4051. Éste
había ido en un viaje de recreo a visitar Oriente, hecho que disgustó a Tiberio, ya que
viajar por Egipto estaba vedado a la aristocracia. Este viaje acabó de forma súbita y
trágica, ya que “…Germánico enfermó y murió el 10 de octubre del 19, a los 33 años
de edad. Él mismo culpó de haberle envenenado a Cn. Calpurnio Pisón, con el que
había entrado en abierta enemistad, difundiéndose así por todo el mundo un rumor
que pronto salpicaría hasta al emperador Tiberio: éste en persona habría sido el
inductor del asesinato de su hijo adoptivo, que se había convertido en su rival por la
simpatía que tenía entre el pueblo y los soldados. …” 4052. Pero, según Mangas, a
pesar de que los historiadores antiguos hayan querido hacer creer que Tiberio
recelaba de Germánico, diversos hechos relatados por ellos mismos desvelan lo
contrario, pues Germánico había recibido honores del triunfo en los que Tiberio se
gastó sesenta millones de sestercios; todo ello, a pesar de la dudosa campaña militar
llevada a cabo por su hijo adoptivo contra los germanos. Más aun, Germánico tuvo la
osadía de viajar por Egipto sin el permiso del emperador y abrir los graneros a las
capas populares egipcias, a pesar de que ello suponía el riesgo de desabastecer a
Roma 4053.
Era, según Tácito, un joven de talante liberal y de admirable bondad; muy
distinto del arrogante y sombrío Tiberio 4054. Y es que este autor veía en Germánico, y
en su padre Druso, el estereotipo perfecto del príncipe liberal, “…capaz de conciliar las
asperezas autoritarias del Principado con la libertad de conciencia y de expresión. Un
4048
“…Gneo Calpurnio Pisón, cónsul en 7 a. C. Se lo tuvo por causante de la muerte de
Germánico en el 19 d. C., lo que le acarreó la suya en el 20. …”. (Nota en Cornelio Tácito.
1979. Opus cit. Pág. 61).
“…Suetonio sugiere que Germánico fue víctima de un envenenamiento instigado por Pisón,
que tal vez habría actuado por orden de Tiberio. Según Tácito, en todo caso, al enfermo
Germánico se le metió en la cabeza la idea de que Pisón le había administrado un veneno.
Más tarde aumentaron las sospechas contra Pisón y Tiberio, las cuales le costaron finalmente
la vida a Pisón. …”(Moormann, E. M. y Uitterhoeve, W. 1998. Opus cit. Pág. 160).
4049
Conde Guerri, E. Murcia 1979. Opus cit. Pág. 273.
4050
Augusto se casó con Escribonia y tuvo una hija, Julia. Ésta se casó con Marcelo, un
sobrino de Augusto, hijo de su hermana Octavia; pero este murió joven. Entonces Julia se casó
con Marco Vipsanio Agripa, con el que tuvo cinco hijos: Gayo, Lucio, Julia, Agripina, que se
casó con Germánico (hijo de Druso, el hermano de Tiberio) y Agripa Postumo. (Nota del autor).
4051
Cornelio Tácito. 1979. Opus cit. Pág. 169.
4052
Winterling, A. 2006. Opus cit. Pág. 24.
4053
Mangas Manjarrés, J: Séneca o el poder de la cultura. Ed. Debate. Madrid 2001. Págs. 43 y
44.
4054
Cornelio Tácito. 1979. Opus cit. Pág. 78.
678
género de libertad cultural y existencial, mucho más que político. ..” 4055. Para Suetonio
era un hombre apuesto y valeroso, admirado universalmente por su compasión y por
su habilidad para ganarse a la gente 4056. Nada que ver con el taciturno Tiberio que
hasta despreciaba los juegos con los que se divertía el pueblo. A estas diferencias de
caracteres y al desacuerdo en la política gubernamental a seguir, se habrían de sumar
las diferencias familiares, que se encargaban de exteriorizar las mujeres de la familia,
como Agripina, mujer de Germánico que “…era intensamente virtuosa y
orgullosamente consciente de su ascendencia Julia. Ella, al menos, consideraba a la
ya anciana Livia y a Tiberio como enemigos. …” 4057.
En Germania los soldados le ofrecieron el Imperio, pero Germánico rechazó el
ofrecimiento 4058. En el 17 d. C., a su regreso a Roma, celebró su triunfo sobre los
germanos en el que lo acompañaron sus cinco hijos, entre los cuales se encontraba,
con apenas cinco años de edad, Calígula, el futuro emperador de los romanos;
dejemos que sea Tácito quien nos explique el ambiente que se respiraba en las calles
de la Urbe: “…Los espectadores estaban fascinados, por la imponente figura del
propio general y por el carro que ocupaban sus cinco hijos. …” 4059. El día exacto de su
celebración fue el 26 de mayo y entre los prisioneros desfilaba la flor y la nata de
Germania; se exhibieron a Segimonte y a su hermana Thusnelda, que era la mujer de
Arminio y llevaba consigo al niño que había tenido de éste, Tumelico; desfilaban
también Sesitaco y su mujer Ramis, que eran príncipes queruscos, una hija de
Ucromiro, rey de los catos, y el sicambro Deudorix 4060. Este año 17 fue un buen año
para Germánico ya que conoció la noticia de que un tiro de su propiedad, que había
enviado a los juegos olímpicos, había conseguido la victoria 4061. En el 18 d. C.
Germánico fue enviado a Oriente donde la situación de numerosos reinos era
conflictiva; allí tuvo que buscar soluciones compatibles con los intereses de Roma y
entre esas soluciones optó por la anexión del reino de Capadocia; nueva y extensa
provincia con abundantes pastos que podía alimentar a numerosos manadas de
caballos 4062.
Fue representado en un grupo escultórico junto a familiares como su abuela
Livia, Augusto, Tiberio o su hermano Druso, el hijo de Tiberio, en el foro Vetus de
4055
Gallotta, B: Germanico. L´Erma di Bretschneider. Roma. 1987. Pág. 8.
4056
Barrett, A. A. 2004. Opus cit. Pág. 94.
4057
Ibídem. Pág. 145.
4058
Ibídem. Pág. 144.
4059
Winterling, A. 2006. Opus cit. Pág. 23.
4060
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 46.
4061
Ibídem. Pág. 54.
4062
Ibídem. Págs. 60 y 61.
679
Leptis Magna; él y Druso fueron representados sobre carros, junto con sus esposas y
madres 4063.
14. 2. 4. Calígula.
4069
Massie, A. 1996. Opus cit. Págs. 170 y 171.
4070
Citado. Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 172.
4071
Ibídem. Pág. 174.
4072
Ibídem. Pág. 175.
4073
Citado. Ibídem. Págs. 175 y 176.
4074
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 288.
4075
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 313.
4076
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 264.
4077
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 119.
681
Plaza de San Pedro, donde se asentaba el circo de Calígula.
4078
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 278.
4079
Winterling, A. 2006. Opus cit. Pág. 56.
4080
Ibídem. Pág. 79.
4081
Ibídem. Pág. 82.
4082
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 265.
682
que Calígula llegó al circo en un carro tirado por seis caballos, para asistir a unos
juegos troyanos dados en su honor por jóvenes jinetes procedentes de familias
patricias 4083.
En otra ocasión ideó un nuevo espectáculo, al cubrir la distancia marítima entre
Bayas y Puteólos, con un puente de barcos alineados que recubrió de tierra, “…a la
manera de la vía Apia. Por este puente circuló sin parar durante dos días seguidos, en
ambas direcciones; el primer día, cabalgando sobre un caballo enjaezado con faleras y
deslumbrante él mismo con su atavío de emperador, con corona de hojas de encina,
cetro, espada y manto imperial, todo ello de oro; el segundo, con la indumentaria
propia de un auriga de cuadrigas, sobre un carro tirado por dos famosos caballos,
precedido por el joven Darío, uno de los rehenes partos, y escoltado por un
destacamento de pretorianos y por su corte de amigos, que viajaban en carruajes.
…” 4084. Parece que la causa que motivó esta locura fue la predicción del astrólogo
Trasilo, que le comentó a Tiberio, cuando se debatía en el nombramiento de su
sucesor, que la posibilidad de que Cayo llegara a ser emperador no era mayor que la
de que llegara a atravesar, cabalgando, la bahía de Bayas 4085; pero otros afirman que
Calígula cometió este acto para demostrar que podía cabalgar sobre las aguas y
rivalizar con Neptuno; o, quizá, su intención fuera demostrar su poder político
mediante este consumo extravagante y desmedido 4086. Para celebrar su primer
consulado, durante el que escogió como colega a su tío Claudio, ofreció juegos de una
magnificencia desconocida hasta entonces, y en los que pudo verse una cacería de
fieras salvajes en la que murieron 400 osos y otros tantos feroces animales traídos de
Libia, o carreras de carros en donde los jóvenes aristócratas pudieron lucirsey en las
que el propio Calígula condujo un carro triunfal tirado por 6 caballos 4087.
Trató con igual desprecio a los senadores que al pueblo; haciendo correr a
algunos de los primeros, que habían ejercidos las más altas magistraturas, tras su
carroza; y a los ciudadanos que, a media noche pretendían ocupar las localidades
gratuitas del circo los desalojó a bastonazos, pereciendo aplastados caballeros y
damas romanas e innumerable gente del pueblo 4088. A otros senadores los condenó a
trabajar en las minas, en la reparación de las vías o los arrojó a las fieras, y no por
4083
Ibídem. Pág. 189.
4084
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 278 y 279.
4085
Ibídem. Pág. 279.
4086
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 123.
4087
Winterling, A. 2006. Opus cit. Pág. 57.
4088
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 285 y 286.
683
graves delitos sino, simplemente, por haber criticado los juegos que había ofrecido o
no haber jurado nunca por el genio del emperador 4089.
Pero a su desmesurada insolencia, este emperador loco, sumaba un miedo
excesivo. Durante las tormentas cerraba los ojos y se tapaba la cabeza, y, si los
truenos hacían retumbar las estancias, se escondía debajo de los lechos; en un viaje
por Sicilia, estando en Mesina, huyó del lugar porque le daban miedo la humareda y el
estruendo del Etna; y, durante su ficticia campaña por Germania, cuando avanzaba en
carro al otro lado del Rin por un desfiladero y como un soldado comentase que, en
caso de que en ese momento apareciera el enemigo, se produciría una catástrofe para
ellos, “…montó al punto sobre su caballo y regresó al galope hacia los puentes; pero,
al encontrarlos bloqueados por los sirvientes y los bagajes del ejército, no pudiendo
soportar la espera, se hizo trasladar a la otra orilla, de mano en mano, por encima de
las cabezas de los hombres allí concentrados. …” 4090.
Este apasionado practicante de diversas habilidades combatió como gladiador
tracio, compitió como cantante, bailarín y como auriga, allí donde había un circo para
hacerlo 4091. Tenía su propio circo, que nosotros ya conocemos, en la orilla derecha del
Tíber y cerca del Vaticano, el Gaianum, donde se ejercitaba 4092. En el circo seguía a la
facción de los verdes, el equipo del pueblo, fervor que manifestaba cenando muchas
veces en las propias caballerizas y quedándose a dormir con los aurigas 4093. Adoraba
a su caballo Incitato, al que las vísperas de las carreras del circo, facilitaba el sueño,
ordenando a la vecindad que guardarse silencio, asegurándose de que se cumpliera
su orden mediante destacamentos de soldados; cubriéndolo, además, de regalos,
como “…un establo de mármol, un pesebre de marfil, guadralpas de púrpura, arreos
de piedras preciosas, una casa, esclavos y enseres para que los invitados, en nombre
su caballo, fueran recibidos con la máxima suntuosidad. …” 4094. De nada sirvieron,
pues, las exhortaciones de Macro, que le aconsejaba al joven emperador que no
mostrase demasiado entusiasmo en las carreras circenses 4095. Entre sus compañeros
de andanzas y entusiasta de las carreras de carros, se encontraba Aulo Vitelio, el
futuro emperador, que se granjeó la amistad de Calígula, mostrando por los caballos y
las carreras el mismo interés que el emperador 4096.
4089
Ibídem. 2003. Pág. 287.
4090
Ibídem. Págs. 304 y 305.
4091
Ibídem. Págs. 306 y 307.
4092
Nony, D. 1989. Opus cit. Pág. 207.
4093
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 308.
4094
Ibídem. Pág. 308.
4095
Winterling, A. 2006. Opus cit. Pág. 76.
4096
Ibídem. Pág. 76.
684
Tras la conspiración de Getúlico y una vez condenado éste, el Senado, además
de ratificar la condena, decretó una ovatio para el príncipe, que hizo una entrada
solemne en Roma; y también mandó una comisión para que felicitara al príncipe por
haber escapado a peligro tan considerable 4097. Incluso este emperador loco supo
ganarse el afecto de una plebe lo suficientemente necia como para dejarse halagar por
él; cuando murió lo lloró todo el mundo porque se había ganado la voluntad de las
masas ofreciéndole lo que más aman éstas, los espectáculos 4098. Y es que en Roma
nunca había habido un emperador joven que fuera ni más derrochador ni más
apasionado por el circo que Calígula 4099.
14. 2. 5. Claudio.
4106
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 329.
4107
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 370.
4108
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 155.
4109
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 330.
4110
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Pág. 58.
4111
Debe referirse Suetonio al circo que allí había construido Calígula. (Nota del autor).
4112
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 333.
4113
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 160.
686
cohortes y de las alas de caballería de la provincia de Judea; o a Hárpocras, a quien
autorizó a ser transportado en literas por las calles de Roma o a ofrecer juegos
públicos 4114.
Su esposa Agripina, madre del futuro emperador Nerón, organizó el asesinato de
su marido el 13 de octubre del 54 d. C.; supuestamente lo llevó a cabo sirviéndose de
unas setas envenenadas, pero, ante la insuficiencia de la dosis, hubo de repetir la
misma con la ayuda de una pluma 4115.
14. 2. 6. Nerón.
Nerón (54-68) nació en Ancio, dieciocho días antes de las calendas de enero,
justo al nacer el sol, por lo que lo acariciaron sus rayos 4116 y perteneció a la estirpe de
los Domicios; uno de cuyos antepasados, Lucio Domicio, cuando regresaba del campo
recibió la orden de dos gemelos (Los dioses Cástor y Pólux) de extraordinaria belleza,
de anunciar al Senado y al pueblo de Roma una victoria de la que, todavía, no se
sabía nada; dioses que para probar su divinidad “…acariciaron de tal manera sus
mejillas que sus negros cabellos se tornaron de un rojo brillante, semejantes al cobre.
Este rasgo característico permaneció también en sus descendientes, una gran parte
de los cuales lucieron una rojiza barba. …” 4117. El abuelo de Nerón. otro Domicio, fue
famoso en su adolescencia por su habilidad como auriga; y su padre, hijo de éste y de
Antonia la Mayor (hija de Marco Antonio), fue un hombre execrable, como prueban sus
actos: “…en la vía Apia, dentro de un pueblo, azuzó repentinamente a sus caballos,
atropellando y destrozando deliberadamente a un niño; del mismo modo, en pleno foro
romano vació un ojo a un caballero romano que le increpaba sin miramientos, su
perfidia era tan grande que no sólo se negaba a pagar a los banqueros el precio de los
objetos que compraba en las subastas, sino que, siendo pretor, robaba a los aurigas
los premios de sus victorias. …” 4118. Suetonio nos habla de esta familia para hacernos
ver que si Nerón degeneró con respecto a las múltiples virtudes de sus antepasados,
por el contrario retuvo todos los vicios de los mismos, como si unas y otros fueran
hereditarios y congénitos 4119. Claro que si algunos no tenían tan mala opinión de
Nerón, al que Pausanias definió como “…un alma noble, corrompida por una
4114
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 341.
4115
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 603.
4116
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 359.
4117
Ibídem. Pág. 355.
4118
Ibídem. Págs. 357 y 358.
4119
Ibídem. Pág. 356.
687
educación inconveniente. …” 4120; otros, en cambio, no lo apreciaban en exceso, como
Plinio que en su Historia Natural lo vilipendia como destructor de la raza humana 4121.
Lo que, sin duda, parece cierto es que en la personalidad de Nerón destacan dos
rasgos, el de su inseguridad y el del anhelo de fama 4122.
En una de las numerosas ocasiones en que el padre de Nerón discutía con su
esposa, Agripina 4123, y habiendo nacido el hijo de ambos, le hizo la observación de que
cualquier hijo de ambos sólo podía ser un hombre odioso y un peligro para los
demás 4124. Y la verdad es que las previsiones parecieron cumplirse porque madre e
hijo llegaron, incluso, a tener relaciones incestuosas ya que, “…siempre que viajaban
en la misma litera –se decía-, el estado de las vestiduras de Nerón al final del viaje
mostraba con toda claridad lo que habían estado haciendo. …” 4125.
Desde su más tierna infancia torció la vivacidad de su espíritu hacia actividades
como la pintura, el canto o la equitación 4126. Pronto, pues, lo dominó esa apasionada
afición por los caballos y aunque se lo tenían prohibido, sus conversaciones versaban,
casi siempre, sobre el circo; y en cierta ocasión en que lamentaba, junto a sus
condiscípulos, de que un auriga del equipo verde había sido arrastrado por sus
caballos; al ser reprendido por el maestro, fingió que hablaba de Héctor 4127. Alcanzado
el principado, jugaba con cuadrigas de marfil y los días de competiciones, por
insignificantes que fueran las carreras, se desplazaba desde el campo hasta Roma;
primero en secreto pero luego abiertamente, de forma que todo el mundo sabía que
esos días el emperador estaba en la ciudad 4128. Para aumentar el número de
vencedores, multiplicó el número de carreras, prolongando el espectáculo hasta muy
tarde 4129. Y desde niño, también, comenzó a ganarse la estima de los romanos, como
aquella ocasión del 47 d. C. en la que participó junto a Británico en unos juegos
hípicos con motivo del octingentésimo aniversario de la ciudad de Roma, en la que
Nerón recibió una exultante aclamación de la multitud mientras que Británico tuvo que
4120
Citado. Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 180.
4121
Ibídem. Pág. 285.
4122
Ibídem. Pág. 192.
4123
Julia Agripina (15-59 d. C) Nació en Colonia Agrippinensis (Colonia, Alemania). En 28 d. C.
se casó con DomicioAhenobarbo, con quien tuvo al futuro emperador Nerón. En el 48 d. C. se
desposó con Claudio, después de que éste la hiciera retornar del destierro al que la había
condenado su hermano Calígula por su participación en la conspiración de Léntulo. En el 50 d.
C. persuadió a Claudio para que adoptara a Nerón, que al ser mayor que Británico, el hijo de
Claudio, se convirtió en probable sucesor (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 18 y 19).
4124
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 212.
4125
Ibídem. Pág. 213.
4126
Cornelio Tácito. 1986. Opus cit. Págs. 105 y 106.
4127
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 371 y 372.
4128
Ibídem. Pág. 372.
4129
Ibídem. Pág. 372.
688
conformarse con unos tímidos aplausos. 4130 Siendo todavía púber tomó parte con gran
brillantez en unos juegos troyanos y poco después se casó con Octavia, hija de
Claudio, tras cuya ceremonia ofreció unos juegos circenses y una cacería de fieras 4131.
Y como era extraordinariamente extravagante, incluso, organizó una carrera de
cuadrigas en la que los tiros eran camellos 4132; y su filohelenismo lo llevó a crear un
triple certamen, a la usanza griega, de música, de gimnasia e hípico 4133. Esta afición
por los caballos lo llevó a querer conducir cuadrigas, tal vez para emular a su abuelo, y
que la gente lo admirara, por lo que “…concluido su aprendizaje en su jardín entre sus
esclavos y los más sórdidos elementos del pueblo, se mostró a los ojos de la multitud
en el circo Máximo, dejando caer un liberto el pañuelo, desde el lugar donde suelen
hacerlo los magistrados. Y no contento con haber regalado a Roma sus experiencias
en este género de habilidades, desde aquí […] se dirigió a Ática, sumamente
motivado. …” 4134. En Grecia, fueron diversos los lugares que lo vieron actuar como
auriga; por ejemplo, en Olimpia, condujo un carro arrastrado por diez caballos, pero
salió despedido del mismo, se subió de nuevo pero no pudo mantenerse en él, por lo
que desistió de continuar la carrera, a pesar de lo cual no dejó de ser coronado como
vencedor de la misma 4135. Cuando actuaban como cocheros, los emperadores ponían
todo su empeño en identificarse, exactamente, con esas estrellas; por lo que Nerón
cuando competía como auriga se endosaba el casco y el vestido de los cocheros 4136.
Uno de sus caballos preferidos fue un asturcón con el que llegó a soñar 4137. Este
emperador, amante de Grecia, emprendió su viaje por aquellas tierras donde la gente,
según declaraciones del propio emperador, entendía de arte más que en Roma 4138.
Partió de la ciudad, por la vía Appia, rumbo a Brindis, el gran séquito del emperador;
Nerón viajaba en su carro más grande y hermoso que estaba recubierto en oro 4139.
Henchido con sus triunfos, regresó a Italia, entrando en Nápoles en un carro
tirado por cuatro caballos blancos y a través de una brecha en las murallas, como
mandaba la tradición para los vencedores en los juegos sagrados; llegado a Roma
hizo su entrada en el carro en el que Augusto había celebrado su triunfo 4140; pero su
glorioso desfile no acabó en el capitolino templo de Júpiter sino en el de Apolo, en el
4130
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Pág. 60.
4131
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 361.
4132
Ibídem. Pág. 363.
4133
Ibídem. Pág. 365.
4134
Ibídem. Pág. 372.
4135
Ibídem. Pág. 375.
4136
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 184.
4137
Quesada Sanz, F. y Zamora Merchán, M. 2003. Opus cit. Pág. 132.
4138
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 304.
4139
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Pág. 237.
4140
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 375.
689
Palatino, patrón de las artes, ya que lo que Nerón reclamaba era la gloria por sus
actuaciones de canto y sus interpretaciones con la lira 4141.
Pretendió pues, y lo llevó a cabo, competir en el circo como auriga; y rechazó los
consejos de su preceptor, Séneca 4142, cuando pretendió hacerle comprender que no
era propio de un emperador competir en el circo como auriga o actuar en el teatro
como tenor 4143. Acosados por los deseos del príncipe, Séneca y Burro 4144 habían
acordado conceder a Nerón su deseo de conducir caballos, en privado, para evitar que
terminara haciendo eso y cantando en el teatro con la cítara, para lo que adecuaron
una zona en el Valle Vaticano con el fin de que se ejercitara allí conduciendo caballos
sin proporcionar un espectáculo público; lugar al que el príncipe invitaba al pueblo de
Roma, para que lo colmara de alabanzas 4145. Pero Nerón se defendía ante sus
preceptores alegando que las carreras de carros habían sido el pasatiempo favorito de
los reyes, al que se habían dedicado los regidores del Estado Romano desde la más
remota antigüedad; y, efectivamente, así parece quedar atestiguado para la época de
los reyes y la de la república 4146. Por tanto emuló a sus antepasados, reyes y grandes
4141
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 208.
4142
“...Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba el año 4 a. C. Fue conocido como Séneca el
Joven o el Filosófo, para distinguirlo de su padre, Séneca el Viejo o el Retórico, que pertenecía
al orden ecuestre. En torno al 12 d. C. se trasladó a Roma junto con su familia, y allí estudió
retórica, cautivado por la personalidad de Papiro Fabiano, y asistió a varias escuelas de
filosofía en las que tuvo como maestro a Soción, de tendencias neopitagóricas, y a Attalo,
seguidor del estoicismo antes de ejercer la abogacía. […] Personaje contradictorio, su vida
tiene poco que ver son su pensamiento filosófico. Su salud enfermiza le hizo viajar a Egipto con
su tío, el prefecto Cayo Galerio, en el año 29. Dos años después regresó a Roma, y en 33
inició su carrera política como cuestor. Destacado orador, accedió al Senado durante el último
período de mandato de Tiberio. En el año 41, durante la etapa de gobierno de Claudio, fue
acusado de estupro por instigación de Mesalina, al haber mantenido relaciones con Julia Livila,
hermana de Calígula, por lo que permaneció desterrado en Córcega durante siete años.
Nombrado por Agripina preceptor de su hijo Nerón en el año 49, ejerció una influyente labor
como consejero cuando éste fue coronado emperador. De hecho, dirigió con la colaboración de
Burro, prefecto del pretorio, la política imperial. Durante este período amasó una ingente
fortuna y fue acusado de enriquecimiento abusivo. El creciente personalismo y la deriva
dictatorial de Nerón le movieron a solicitar del emperador permiso para abandonar el gobierno
en el año 62. A partir de entonces consagró su vida a la escritura y a la filosofía. Implicado al
parecer en la conspiración de Pisón, que tenía por objeto acabar con la vida de Nerón, fue
condenado por su antiguo discípulo a suicidarse. Ejecutó la sentencia cortándose las venas en
su casa de Roma. …” (Álvarez, V (Ed.). 2004. Opus cit. Págs. 338 y 339.).
4143
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 300.
4144
Lo mismo que Séneca hubo de suicidarse por orden de Nerón; de Burro, su prefecto
del Pretorio, no sabemos si murió de enfermedad o envenenado: “…Lo de la enfermedad se
pensaba por el hecho de que la garganta se le hinchó por dentro poco a poco quitándole el
aliento hasta impedirle respirar. Los más afirmaban que por orden de Nerón se le había untado
el paladar con una pócima nociva, como si se le diera un remedio, y que Burro, percatándose
del crimen, cuando el príncipe fue a visitarlo, volvió la cara para no verlo y le dijo solamente:
<<Yo me encuentro bien>>. …”. (Cornelio Tácito. 1986. Opus cit. Págs. 194 y 195).
4145
Ibídem. Págs. 167 y 168.
4146
Champlin, E. 2010. Opus cit. Pág. 85.
690
hombres de la historia, que habían corrido con los caballos, honrando a los dioses y
siendo celebrado por los poetas 4147.
Aprovechaba, pues, cualquier ocasión para exhibirse como auriga o como
citaredo, difundiendo su imagen como Helios/Auriga y como Apolo citaredo; así,
durante la coronación del rey Tiridates 4148 de Armenia, Nerón cantó, tocó la cítara y,
después, con el atuendo de los aurigas, guió un carro con la divisa de la facción
verde 4149. Gustaba Nerón de representarse como el dios Helios conduciendo el carro
solar; así aparecía en el toldo que cubría el teatro de Pompeyo, durante la ceremonia
de coronación de dicho rey armenio; en él se representaba al césar conduciendo la
cuadriga solar, y rodeado de brillantes estrellas de oro 4150. Como Helios se representó
en diversas monedas; y a este emperador parece representar la estatua acéfala,
proveniente de Caere (Etruria), que representa a un príncipe julio-claudio como el dios
Helios 4151.
Séneca se había encargado de la educación de Nerón desde que éste tenía
once años. Durante el destierro de su madre, Domicio Ahenobarbo (nombre del
príncipe hasta su adopción por Claudio) había pasado su infancia bajo la protección de
su tía Lépida y del marido de ésta, Crispo Pasieno 4152. Los rudimentos de su cultura
debieron de proporcionárselos sus primeros educadores, el griego Berilo y el liberto
Aniceto. Pero sabemos también que le asignaron como maestros a un guardián
especialista en saltos y a un barbero, que tal vez fueran hábiles en sus artes pero, con
seguridad, poco instruidos. Probablemente debió al primero de estos últimos el que,
siendo niño, obtuviera ya sus primeros éxitos cuando participó en los Juegos
Troyanos, competiciones en las que participaban, a caballo, niños y adolescentes
entre los 6 y los 17 años. No cabe duda, pues, que el hispano Séneca, tenía por
delante un arduo trabajo para hacer de semejante adolescente un buen
4153
emperador . Pero no sólo Séneca osaba enfrentarse a Nerón. Durante el
descubrimiento de la conjura de Pisón y en los interrogatorios que la siguieron, se
implicó a Subrio Flavio, un tribuno de la Guardia Pretoriana, que le espetó a Nerón,
cuando éste le preguntó por qué causa había llegado a olvidar su juramento: “….Te
4147
Ibídem. Pág. 146.
4148
Tiridates (mediados siglo I d. C). Nombrado en el 54 d. C. rey de Armenia por su hermano
Vologeses I de Partia, fue desplazado en el 60 por Tigranes V, pero siendo rápidamente
restituido al trono por Vologeses, viajó a Roma para recibir la corona de manos de Nerón (66 d.
C). Finalmente este rey perdió su reino, ante los alanos, en el 72 d. C (Hazel, J. 2002. Opus cit.
Pág. 400).
4149
Champlin, E. 2010. Opus cit. Pág. 152.
4150
Ibídem. Pág. 154.
4151
Ibídem. Págs. 153 y 154.
4152
Mangas Manjarrés, J. 2001. Opus cit. Pág. 71.
4153
Ibídem. Págs. 71 y 72.
691
odiaba; y ninguno de tus soldados te fue más leal mientras mereciste ser amado;
empecé a odiarte cuando te convertiste en asesino de tu madre y de tu esposa, en
auriga y en histrión y en incendiario. …” 4154. Parece que lanzó estos reproches contra
el césar porque sus actuaciones como auriga y como actor, escandalizaban la
sensibilidad de los militares y de la clase gobernante, por mucho que entretuvieran al
pueblo 4155. Efectivamente, tras fallidos intentos, asesinó a su madre, tras lo cual no se
atrevía a regresar a Roma, desde la Campania, por lo que mandó una delegación para
que le allanara el camino; los romanos recibieron al césar con más entusiasmo del que
el príncipe esperaba, ya que Nerón, en su triga, “...se sentía intimidado y respondía
con recelosos movimientos de mano a las ovaciones de su pueblo, pero a medida que
crecía el regocijo se fue afianzando su confianza y la convicción de que el pueblo lo
amaba. ...” 4156.
Sus andanzas como conductor de carros fueron la causa de la muerte de su
esposa Popea 4157, a la que mató de una patada, por haberle reprendido una noche
que Nerón llegó muy tarde del circo, en el que había competido como auriga 4158.
Cuando presidía los juegos, Nerón aparecía en el palco del circo ataviado como Apolo,
como tañedor de cítara o como auriga 4159. Previamente se había divorciado de la casta
Octavia 4160, contra la que declaró el odioso liberto Aniceto, autor material del asesinato
de la madre de Nerón, y entonces jefe de la flota de Miseno, al que se le ordenó que
confesase que tenía relaciones adúlteras con Octavia. Se le dio a entender que, en el
caso poco probable de que se negara a hacerlo, se sacaría a la luz el asuntillo del
triste final de Agripina 4161.
Durante su reinado reprendió muchas prácticas consentidas, por ejemplo
prohibió las bromas de los aurigas, quienes merced a una absoluta permisividad,
tenían derecho a circular por todas partes engañando y robando a los transeúntes, con
4154
Cornelio Tácito. 1986. Opus cit. Págs. 263 y 264.
4155
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 185.
4156
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Pág. 92.
4157
Popea Sabina (muerta 65 d. C) Hija de Tito Ollio, recibió su nombre de su abuelo, Popeo
Sabino. Era natural de Pompeya, ciudad a la que favoreció. Se casó con Rufrio Crispino, con el
que tuvo un hijo que mató Nerón; después de desposó con Otón, el futuro emperador, al que
Nerón nombró gobernador de Lusitania para alejarlo de Roma. En el 62 d. C. se casó con
Nerón, con el que tuvo una hija, Claudia, que vivió poco tiempo (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág.
342).
4158
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 386.
4159
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 326.
4160
Claudia Octavia (40-62 d. C) Hija del emperador Claudio y de su esposa Mesalina. A
instancias de Agripina, madre de Nerón, se casó con éste, que la odiaba. Nerón intentó probar
que había cometido adulterio y como fracasó, se divorció de ella alegando que no había tenido
hijos. La desterró primero a Campania y después a la isla Pandataria, donde la hizo asesinar,
acusada de traición y adulterio (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 300).
4161
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 226.
692
el fin de divertirse 4162. Se interesó por las actividades, como criador de caballos, de
Ofonio Tigelino 4163 llegando a nombrarlo prefecto de la guardia pretoriana 4164. Éste
había nacido de oscuro linaje, siendo un hombre de deshonrosa infancia y de impúdica
vejez. Tras conseguir la Prefectura del pretorio y otros premios a la virtud a través de
los vicios, porque era el camino más rápido para ello, practicó la crueldad y la codicia y
corrompió a Nerón con toda clase de infamias, atreviéndose incluso a iniciarlo en las
pocas que el príncipe ignoraba 4165. Tigelino había sido desterrado, en tiempos de
Calígula, por su relación con Julia Livila, hermana de éste, pero cuando terminó su
proscripción, se dedicó a criar caballos en el sur de Italia; su amistad con Nerón
comenzó cuando aquel le proporcionó al césar nobles animales y el príncipe,
agradecido, lo colmó de honores 4166. Este criador y entrenador de caballos de carrera
tenía fama de ex-prostituto, adúltero, envenenador y farsante 4167.
Durante el famoso incendio de Roma, que algunos autores imputan a Nerón
aunque esto es poco probable, pues el príncipe se hallaba pasando unos días en
Anzio, un jinete llegó a esta pequeña ciudad para anunciar al césar que la Urbe ardía;
tras cuya noticia el emperador dio la orden de que prepararan los caballos y partió
hacia Roma a toda carrera, en medio de una noche de plenilunio y acompañado de su
guardia personal; ciudad que distaba de Anzio cuarenta y cinco kilómetros, por lo que,
a caballo, tardaría en llegar dos horas aproximadamente 4168.
Después de reinar casi catorce años, comenzaron a sublevarse las provincias,
Vindex 4169 en la Galia y Galba en las Hispanias; se vio obligado a huir a la casa de
campo de su liberto Faón, a caballo y con sólo cuatro acompañantes; llegó a la casa
de campo en donde se enteró que el Senado lo había declarado enemigo público y
cuando oyó a los jinetes que se acercaban para aprehenderle 4170, exclamó unos
versos de Horacio:
4162
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 367.
4163
Gayo OfonioTigelino (c. 15-69 d. C). Atractivo siciliano que era hijo de un ciudadano de
Agrigentum. Tigelino, heredero de una gran fortuna, vivió en la sombra hasta que Nerón,
impresionado por su éxito como criador de caballos en Apulia, lo nombró jefe de la policía
urbana de Roma. Debido a las ejecuciones que había ordenado, fue cesado por Galba y,
posteriormente, obligado a quitarse la vida por Otón (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 398 y
399).
4164
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 86.
4165
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Pág. 87.
4166
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Pág. 122.
4167
Champlin, E. 2010. Opus cit. Pág. 228.
4168
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Págs. 177 y 178.
4169
No deja de ser curioso que de todos los insultos que le lanzó el sedicioso Vindex, el que
parece que le molestó más a Nerón, fueron sus burlas como mal tañedor de lira (Barrett, A. A
(Ed.). 2009. Opus cit. Págs. 208 y 209).
4170
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 391 y ss.
693
“…Hiere mis oídos el galope de ágiles caballos. …” 4171.
Cuando todo había acabado, según Tácito, el futuro emperador Galba justificó
su insurrección con estas palabras: “…No fue Víndice, con su provincia desarmada, ni
fui yo con mi única legión quién liberó al pueblo del yugo de Nerón, sino su propia
monstruosidad y su derroche. …” 4172.
Muerto Nerón, muchos esperaban, hasta treinta años después, su regreso; Dión
de Prusa explica la extraordinaria popularidad de este emperador por su liberalidad
dilapidadora, que sabía manifestar, sobre todo, en los juegos grandiosos que organizó
bajo su reinado 4173. Este emperador, matricida y fratricida, histrión y auriga, que nunca
había visitado un ejército y que pasó su vida entre griegos y el populacho de Roma,
tuvo el indigno privilegio de acabar con el prestigio de la dinastía de Augusto 4174. Así
este príncipe que se había igualado a Apolo en el canto y a Helios en la conducción de
cuadrigas, se quedó sin ver cumplido su deseo de imitar las hazañas de Hércules 4175.
Con la llegada de este emperador al poder su puso de manifiesto la
extraordinaria falta de solidez del sistema hereditario, mediante el que hombres sin
carácter y sin experiencia podían alcanzar el poder supremo; era el caso de Nerón,
que nunca tuvo que trabajar, nunca había estado al frente de un ejército, nunca había
desempeñado un cargo en la administración, nunca sintió sobre sus espaldas el peso
de la responsabilidad y nunca antes había ejercido ninguna clase de poder 4176.
14. 3. 1. Galba.
Servio Galba (68-69 d. C.) nació el día 9 de las calendas de enero del año 3 a.
C., en una casa de campo de una colina cercana a Terracina 4177.
Durante su carrera militar fue extraordinariamente severo con los soldados, a los
que exigía una excelente preparación, que él mismo no descuidaba, como demuestra
el hecho de que, durante unas maniobras militares, y después de dirigirlas portando el
4171
Citado. Ibídem. Pág. 400.
4172
Citado. Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 212.
4173
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 498.
4174
Rostovtzeff, M. 1998 (A). Opus cit. Pág. 193.
4175
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 402.
4176
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 218.
4177
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 408.
694
escudo, corriera tras el carruaje del emperador durante, casi, treinta kilómetros 4178.
Conoció a cinco príncipes y fue más feliz con el imperio ajeno que con el suyo. En su
familia había“…nobleza antigua y grandes riquezas. Él tenía una personalidad
mediocre, más carente de vicios que dotada de virtudes. […] Mientras estuvo en edad
vigorosa se distinguió en las Germanias por su gloria militar; como procónsul gobernó
África con moderación, y ya viejo la Hispania Citerior con la misma justicia, pareciendo
superior a un simple ciudadano privado mientras ciudadano privado fue, y, por acuerdo
de todos, capaz para ser emperador, si no hubiera llegado a imperar. …” 4179. Llegado
a emperador siguió mostrando su avaricia y su crueldad; por ejemplo, obligó a los
marinos de la armada, que Nerón había convertido en soldados con todos los
derechos, a tornar a su condición de simples remeros, pero al negarse éstos, no sólo
los dispersó con una carga de caballería, sino que además los diezmó 4180. Cuerpo de
élite del ejército, la caballería, que fue el encargado de acabar con el viejo emperador,
acribillándolo a cuchilladas 4181. Y es que, desde su ascenso al poder, todos los
estamentos estaban sumamente molestos con él, especialmente los soldados, pues
no satisfizo la gratificación que sus generales les habían prometido; comportamiento
del que Galba se jactaba, declarando que él no compraba soldados, sino que los
reclutaba 4182. Fue asesinado en su propia litera, y sobre su muerte hubo informes
contradictorios, ya que si unos dijeron que murió como un valiente, otros afirmaban
que lo hizo como un cobarde; a Pisón, elegido por Galba para sucederle, lo sacaron de
la casa de las vestales, donde se había refugiado, y lo mataron; y a Otón, los
magistrados convocados a la caída de la tarde, le concedieron el poder tribunicio y el
nombre de Augusto 4183. El cuerpo de Galba, largo tiempo abandonado y vejado, fue
enterrado por el mayordomo Argio en sus jardines privados, pero su cabeza,
“…ensartada y desgarrada por manos de cantineros y mozos de cuadra, fue
encontrada al fin al día siguiente ante el túmulo de Patrobio, un liberto de Nerón
castigado por Galba, y unida al cuerpo ya incinerado. ...” 4184.
14. 3. 2. Otón.
4178
Ibídem. Pág. 411.
4179
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Págs. 70 y 71.
4180
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 416.
4181
Ibídem. Pág. 421.
4182
Citado. Ibídem. Pág. 418.
4183
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 245.
4184
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Pág. 70.
695
Otón (69 d. C.) nació el día cuatro de las calendas de mayo del año 32 d. C. y
desde su adolescencia se mostró tan desvergonzado que su padre se vio obligado a
azotarlo con frecuencia 4185. Según Suetonio, era de mediana estatura, tenía los pies
zambos y planos, y se acicalaba femeninamente, depilándose el cuerpo y, debido a la
escasez de su pelo, cubriéndose la cabeza con una peluca que nadie notaba 4186.
Fingió enamorarse de una liberta de Palacio para obtener beneficios a su costa;
en efecto, ésta se lo presentó a Nerón y, al punto y por la similitud del comportamiento
de ambos, según unos, y por las frecuentes relaciones sexuales que mantenían,
según otros, Nerón lo incluyó en su grupo de privilegiados 4187.
Enamorado de Popea Sabina, lo mismo que el emperador, este le asignó el
gobierno de la lejana Lusitania, para alejarlo de Roma y de Popea; por eso, en cuanto
se le presentó la oportunidad de vengarse, se sumó a la causa de Galba, concibiendo
la esperanza de alcanzar él mismo la púrpura, según le había predicho el astrólogo
Seleuco 4188. Como había concebido la esperanza de ser adoptado y heredero de
Galba, cuando aquel prefirió a Pisón 4189, Otón optó por la violencia, ganándose
mediante sumas de dinero a la guardia pretoriana y ordenando, finalmente el
asesinato de Galba 4190. Fue proclamado emperador por un par de docenas de
pretorianos, que lo esperaban en el lugar convenido, después de que Otón
abandonase el templo de Apolo en el que Galba ofrecía un sacrificio. Una vez fuera
del templo, los soldados pretorianos lo aclamaron como emperador y lo llevaron así a
su campamento 4191. Parece que Otón llegó a arrepentirse de conseguir la púrpura,
según se desprende de la frase que pronunció durante el desarrollo de la tormenta que
siguió a una noche en la que le hostigaron los Manes de Galba: “…¿Qué necesidad
tenía yo de flautas tan grandes? …” 4192.
Sublevado Vitelio en las Germanias, de poco le sirvieron a Otón las fuerzas
sármatas en su lucha contra aquel, ya que “…desperdigados por su afán de botín o
cargados con el peso de sus bagajes, y privados de la celeridad de sus caballos por lo
resbaladizo del terreno, se dejaban matar como si estuvieran maniatados. En efecto,
resulta increíble hasta qué punto toda la fuerza de los sármatas reside, por así decirlo,
4185
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 426.
4186
Ibídem. Págs. 434 y 435.
4187
Ibídem. Pág. 426.
4188
Ibídem. Págs. 427 y 428.
4189
Lucio Calpurnio Frugi Liciniano (38-69 d. C). Hijo de Marco Craso Frugi, fue llamado por
Galba para convertirlo en su heredero, adoptándolo en enero del 69; siendo asesinado, junto al
emperador, cinco días después. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 323).
4190
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 428 y ss.
4191
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 243.
4192
Citado. Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 430.
696
fuera de ellos. No hay nadie tan inhábil para el combate a pie; pero cuando llegan en
bandas a caballo, apenas haya formación que pueda resistirles. Sin embargo, en
aquella ocasión, con un día húmedo y el hielo derretido, no le servían de nada las
picas ni los largos sables que con una y otra mano esgrimen, a causa de los
resbalones de los caballos y del peso de las armaduras. …” 4193.
Otón se suicidó, clavándose un puñal bajo su tetilla izquierda, grandeza de
ánimo que no se ajustaba ni a su físico ni a sus costumbres 4194. Dejemos que sea
Massie quien nos describa su muerte: “…Decidió darse muerte con su propia mano.
Lo hizo con serenidad y deliberación, despidiéndose solemnemente de sus amigos,
facilitando los preparativos para todos aquellos que quisieran dejar el ejército y
regresar a sus hogares y hasta acallando a algunos soldados amotinados que estaban
intentando impedir las deserciones. Después releyó su correspondencia para
deshacerse de algunas cartas que pudieran crear a sus remitentes situaciones
comprometedoras con Vitelio. Al caer la tarde bebió un vaso de agua y examinó
después el filo de dos dagas. Se echó en la cama y se durmió. La mañana siguiente
se asestó una puñalada con tanta serenidad que un solo golpe fue suficiente. Su
manera de morir le ganó una reputación de la que no había disfrutado en vida. …” 4195.
14. 3. 3. Vitelio.
Aulo Vitelio (69 d. C.) hijo de Lucio Vitelio nació el ocho de las calendas de
octubre del año 15 d. C. Pasó su infancia y el principio de su adolescencia en Capri,
entre los jóvenes que satisfacían la lascivia de Tiberio, quedando infamado para toda
su vida como uno de los putos del emperador, y con el convencimiento de que la
prostitución de su cuerpo había sido el inicio y la causa del gran auge político de su
padre 4196. Durante los años siguientes, encenagado en toda clase de vicios, adquiría
influencia en palacio; con Calígula como auriga; con Claudio como jugador; y con
Nerón por haberle facilitado su participación en el certamen Neroniano 4197.
Vitelio, uno de los cuatro emperadores que reinaron en el año 69, fue saludado
como emperador, en Colonia Agripina, por el legado Fabio Valente que con las fuerzas
de caballería de la legión y de los auxiliares, saludó a Vitelio como emperador 4198. Este
era el hombre que se había ganado el afecto de Nerón gracias a su común afición al
4193
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Pág. 92.
4194
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 434.
4195
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 249.
4196
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 440.
4197
Ibídem. Pág. 440.
4198
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Pág. 77.
697
vicio; el que había dilapidado grandes cantidades de dinero; y el que, para viajar a la
provincia, se vio obligado a empeñar unos pendientes de su madre; pero, en cambio,
gozaba de cierta reputación y era considerado cordial y generoso 4199. Prefería los
placeres al gobierno, asistía a festines dos o tres veces al día y, generalmente, se
acostaba borracho; comportamiento que no resulta inexplicable ya que “…Vitelio no
había ido nunca en pos del imperio, fueron sus lugartenientes los que le obligaron a
hacerse cargo de él. Nunca pudo hacer frente a lo que el gobierno de un imperio
exigía -probablemente nunca creyó que su suerte le permitiría mantenerlo- y en su
lugar se retiraba al mundo de la bebida, donde uno se puede reír de los desastres y
olvidarlos, o al de la desesperación, que mantenía a raya mediante una nueva botella
de vino. Fue el emperador de la fantasía. …” 4200. Pero si unos piensan que Vitelio no
fue tras el poder, otros aseguran que “…supo explotar la envidia que sentían las
legiones germanas contra los pretorianos- los niños mimados- y los incitó a que le
proclamaran emperador. …” 4201. Cuando se enteró de la muerte de Galba, dividió su
ejército, mandando una parte a luchar contra Otón, pero cuando fue informado sobre
su victoria en la batalla de Bedriaco y de la muerte de Otón, inició un viaje durante el
que atravesaba las diferentes ciudades con el ceremonial propio de un general
triunfador 4202.
Pero Vespasiano repudió la autoridad de Vitelio y avanzó hacia Italia. Valente y
Cecina 4203, generales vitelianos, salieron de Roma para combatirlo en la línea del Po;
Cecina, celoso de la predilección de Valente y sabedor de las pocas posibilidades de
éxito, estableció negociaciones con el enemigo, pero fue descubierto y condenado a
muerte 4204. Valente fue derrotado y a Vitelio se le sugirió que si entregaba el Imperio a
Vespasiano, salvaría su vida y la de su familia; dirigió las negociaciones el hermano
mayor de Vespasiano, Flavio Sabino 4205, y se acordó que se le entregarían a Vitelio un
4199
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 240.
4200
Ibídem. Pág. 253.
4201
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1966. Opus cit. Pág. 86.
4202
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 444.
4203
Aulo Cecina Alienus (muerto 79 d. C) Natural de Vicentia, fue un general muy activo
durante el año de los cuatro emperadores. Cuando Galba cayó, ofreció su lealtad a Vitelio que
lo mandó a combatir a Otón y luego a Vespasiano; pero cuando intentó negociar con los
partidarios de éste, sus tropas lo destituyeron. Después de la batalla de Cremona fue protegido
por Vespasiano, pero Tito lo ejecutó por haber conspirado con Epio Marcelo contra el
emperador (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 86).
4204
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 253.
4205
Flavio Sabino. (c. 6-69 d. C). En diciembre del año 69, Sabino estaba en Roma, como
representante de su hermano, negociando con el emperador Vitelio su abdicación. Pero tropas
leales a éste lo capturaron en el Capitolio y lo asesinaron en presencia de Vitelio, que no pudo
evitarlo (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 363).
698
millón de monedas de oro y una finca en Campania 4206. Claro que Vitelio no había
tenido en cuenta la opinión de sus partidarios que, temiendo perder sus posesiones y
sus vidas, le impidieron llevar a cabo su plan 4207. Antes de salir de Roma para disputar
el imperio a las legiones flavias, tuvo tiempo de enviar a las vestales al campamento
de Vespasiano para pedir una tregua y reemprender las negociaciones, pero había
cometido la torpeza de asaltar el Capitolio y asesinar al hermano de Flavio, Flavio
Sabino, y al cónsul Quintio Ático, con lo que su suerte estaba echada 4208.
Su carrera como hincha y amante de lis caballos se había sucedido entre los
verdes y los azules, y entre las cuadras y la pista. “…Llevaba marcas de ello en su
cuerpo, pues un día había sido envestido por una cuadriga: en efecto, al principio de
su carrera, había sido palafrenero de Calígula; más tarde recibió el cargo de
gobernador de Germania a propuesta de T. Vinio, entonces muy poderoso, con el que
le unía una gran amistad por el hecho de pertenecer ambos a la facción azul. …” 4209.
En una ocasión, hizo matar a unos plebeyos por haber criticado a los tifosi 4210 de los
azules, aduciendo que se habían atrevido a insultar a su facción movidos por el
desprecio hacia la persona del emperador y con la esperanza de un golpe de Estado
que le arrebatara el poder 4211. Según Tácito, Vitelio gozaba con la compañía de sus
deshonrosas amistades: payasos, histriones y cocheros 4212. Suetonio también nos da
cuenta de sus consejeros: “…gobernó una gran parte del Imperio siguiendo tan sólo
los consejos y el criterio de uno cualquiera de los comediantes y aurigas de más baja
estofa y, en especial, de su liberto Asiático. A este joven, con el que, sumidos en una
mutua pasión, mantenía trato carnal, más tarde, por haberse fugado debido al
aburrimiento, lo detuvo Vitelio cuando vendía en Putéolos agua avinagrada y lo
aherrojó con grilletes, aunque lo liberó enseguida y volvió a gozar de él. …” 4213.
Fue a los ocho meses de su reinado cuando se sublevaron las legiones de
Mesia y Panonia, que juraron fidelidad a Vespasiano; él reaccionó ofreciendo grandes
cantidades de dinero a los soldados, pero después de ser vencido y traicionado en
todos los frentes, renunció al Imperio en las escaleras de palacio; luego, al enterarse
de que los enemigos se acercaban, huyó a Campania, pero le quedó tiempo para
volver a Palacio, recoger algunas monedas de oro y esconderse en el cuarto del
4206
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 254.
4207
Ibídem. Pág. 254.
4208
Ibídem. Pág. 255 y 256.
4209
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 148.
4210
Hinchas en italiano (Nota del autor).
4211
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 448.
4212
Cornelio Tácito. 1990. Opus cit. Pág. 161.
4213
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 445 y 446.
699
portero donde lo encontraron los soldados, que “…atadas las manos a la espalda,
sujeto por el cuello con un lazo, desgarrados sus vestidos y semidesnudo, fue
arrastrado a lo largo de toda la vía Sacra hasta el foro, entre grandes ultrajes de
palabra y obra, tirándole la cabeza hacia atrás por el pelo y colocándole también bajo
la levantada barbilla la punta de una espada, como suele hacerse con los criminales,
para que así ofreciese su rostro a la vista de todos, sin poderlo bajar. ..” 4214. La
chusma le arrojaba cieno y estiércol, lo llamaba glotón e incendiario y se mofaban de
sus defectos físicos, como su exagerada estatura, su rostro enrojecido por el vino, su
vientre prominente y su pierna lisiada por un antiguo golpe de una cuadriga, sufrido
cuando se exhibía como ayudante de Cayo, cuando éste participaba como auriga en
las carreras 4215. Murió, junto a su hermano y su hijo, cuando tenía 57 años de edad 4216.
4214
Ibídem. Págs. 450 y 451.
4215
Ibídem. Pág. 451.
4216
Ibídem. Pág. 451.
700
15. EL CABALLO Y LOS EMPERADORES ROMANOS
FLAVIOS Y ANTONINOS.
(Adriano).
15. 1. 1. Vespasiano.
Vespasiano (69-79 d. C.) fue el fundador de la dinastía Flavia. Los Flavios eran
una familia de orígenes oscuros, sin imágenes de antepasados de los que
vanagloriarse, pero de cuyo poder imperial el Estado romano no tuvo que lamentarse,
si exceptuamos la codicia y la crueldad de Domiciano 4218. Vespasiano había nacido en
Falacrina, una aldea cercana a Reate, en el país de los sabinos, la tarde del día 15 de
las calendas de diciembre, cinco años antes de que Augusto muriera 4219. Se educó en
Cosa, una ciudad de la costa etrusca y en casa de su abuela paterna Tertula; lugar
que siendo emperador frecuentaba con asiduidad 4220. De su abuela conservó un gran
afecto y felices recuerdos de su infancia y nunca permitió que se cambiara nada en la
casa de su niñez 4221.
Sirvió como tribuno militar y siguió su cursus honorum como cuestor, edil y
pretor, cargo durante el que trató de ganarse por todos los medios a Calígula, para lo
4217
Citado. Birley, A. 2003. Opus cit. Págs. 191 y 192
4218
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 453.
4219
Ibídem. Págs. 454 y 455.
4220
Ibídem. Pág. 455.
4221
Massie, A.1996. Opus cit. Pág. 262.
701
que reclamó unos juegos extraordinarios que celebrasen su victoria en Germania y
proponiendo, además, que el castigo de los conjurados 4222. Se casó con Flavia
Domitila 4223 y de ella nacieron sus tres hijos: Tito, Domiciano y Domitila; cuando murió
su esposa hizo vida marital con su antigua amante, Cenis, una liberta de Antonia,
mujer de Druso y madre de Germánico y del emperador Claudio, amante a la que
siendo emperador mantuvo a su lado, tratándola como a una esposa legítima 4224.
Consiguió el puesto de gobernador de África, decisión que prueba la baja estima
en la que se le tenía; probablemente se le consideraba un hombre útil, que no era
peligroso 4225. Por sus campañas en Germania, a donde fue enviado por mediación de
Narciso, un liberto de Claudio al que éste encargó de la cancillería, obtuvo los
ornamentos triunfales; después de obtener el consulado fue cuando marchó como
procónsul a la provincia de África, donde, contra la norma no se enriqueció; pobre
hasta tal punto que, cuando regresó a Roma, para poder sobrevivir, tuvo que empeñar
sus propiedades y dedicarse al tráfico de mulas, razón por la que la gente lo llamaba el
mulatero 4226.
Acompañó a Nerón durante la incursión del emperador artista a Acaya, pero se
granjeó su enemistad porque cuando el César cantaba, Vespasiano se marchaba o, si
se quedaba a escucharlo, se dormía 4227. Esta enemistad de Nerón lo obligó a retirarse
a una remota aldea, lleno de miedo; pero cuando Judea se sublevó, asesinando a su
gobernador, se eligió a Vespasiano para sofocar la rebelión porque, además de un
general capaz, no levantaba temor por lo humilde de su linaje 4228. Así, con dos
legiones, ocho alas de caballería y diez cohortes y con su propio hijo mayor, Tito, entre
los jefes de sus legiones, Vespasiano, tan pronto como llegó a Judea se ganó el apoyo
de las provincias limítrofes por haber restablecido de inmediato la disciplina castrense
y por haber combatido con tal intrepidez, que, en el asalto a una plaza, recibió un
impacto de piedra en una rodilla y su escudo detuvo numerosas flechas 4229.
Cuando Otón y Vitelio combatían por la púrpura, Vespasiano seguía soñando
con alcanzarla él mismo, sueño que potenciaban los numerosos presagios que le
4222
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 455.
4223
Flavia Domitila (siglo I d. C). Hija de Flavio Liberalis. Murió antes de que Vespasiano
alcanzara la púrpura (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 140).
4224
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 456.
4225
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 263.
4226
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 456 y 457.
4227
Ibídem. Pág. 457.
4228
Ibídem. Pág. 458
4229
Ibídem. Pág. 458.
702
habían anunciado que llegaría a reinar; entre ellos el del noble judío Flavio Josefo 4230
que, al ser apresado, predijo que pronto lo liberaría el propio Vespasiano, siendo ya
emperador 4231. Entre tanto, cuando venían desde Mesia las legiones que se habían
enviado para socorrer a Otón, éstas se enteraron de la muerte de éste y temerosas de
tornar a su campamento, para no tener que rendir cuentas de los desmanes cometidos
durante la marcha, considerando que no eran menos que otras legiones, decidieron
nombrar a su propio emperador, elección que recayó en Vespasiano; causa a la que
se sumaron otras provincias como Egipto o la propia Judea, tras cuyos
pronunciamientos se inició la guerra civil 4232, que terminó pronto debido a la derrota de
Vitelio cerca de Cremona y a su asesinato en Roma 4233. Vespasiano fue proclamado
emperador el uno de julio en Alejandría y el día tres en Judea 4234 y estaba aún en
Alejandría cuando el Senado lo aceptó como tal 4235.
A su regreso a Roma celebró un triunfo por sus campañas en Judea, oropeles
del poder que no le seducían en absoluto como prueba el hecho de que el día que
celebraba su triunfo, “…agotado por la lentitud y el hastío del cortejo, no se retuvo en
confesar que “le estaba bien empleado por haber ambicionado estúpidamente, siendo
ya viejo, el triunfo, como si fuera algo que se debía a sus antepasados o que él mismo
hubiera nunca esperado”. …” 4236. Durante el desfile, Tito marchaba en un carro, detrás
de Vespasiano, mientras que Domiciano cabalgaba sobre un caballo blanco, que era
la montura tradicional para príncipes en estas ceremonias 4237.
Tras su exitosa confrontación con Vitelio, el senado romano le concedió el título
de Augusto y el título honorífico de Padre de la Patria, el 22 de diciembre del 69 d.
C 4238. Este emperador, al que sólo podemos culpar de avidez de dinero, era también
extremadamente generoso, como prueban los regalos que hacía a sus allegados; por
ejemplo a la hija de su rival, Vitelio, la casó con una generosa dote; y a una mujer que
le confesó morir de amor por él, después de atender a sus requerimientos y antes de
despedirla de la alcoba de palacio, le regaló cuatrocientos mil sestercios, por el placer
4230
Tito (?) Flavio Josefo (37- c. 100 d. C). Historiador judío y apologista de Roma. En la
guerra contra los judíos su actitud fue ambigua. Fue asediado en Jotapata y en el 67 d. C., tras
eludir un pacto de suicidio entre los líderes, fue capturado por los romanos, pero se salvó
porque predijo que Vespasiano llegaría a emperador. Fue el autor de la Guerra de los judíos,
de Contra Apión y de sus Antigüedades (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 218 y 219).
4231
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 458 y ss.
4232
Ibídem. Pág. 460 y ss.
4233
Ibídem. Pág. 462.
4234
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 265.
4235
Ibídem. Págs. 265 y 266.
4236
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 466.
4237
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 289.
4238
Vandenberg, P. 2005. Opus cit. Pág. 279.
703
recibido 4239. Siendo emperador llevaba una vida sencilla, se levantaba temprano,
despachaba sus asuntos antes de la salida del sol, comía frugalmente y era siempre
afable y accesible 4240.
Embelleció Roma con numerosas obras públicas, entre las que destaca el
anfiteatro Flavio, actual Coliseo, emblema, hoy, de la Roma antigua 4241. Pero, sobre
todo resolvió los problemas que encontró, entre los que destacaban un Estado en
ruinas, un ejército que nombraba al emperador, unas arcas del tesoro vacías y una
fronteras a merced de los bárbaros. Se vanaglorió de lo mucho que iba a hacer y lo
hizo todo: restauró el Estado, disciplinó nuevamente al ejército, aseguró la frontera
oriental, cuando resolvió el eterno problema de Armenia, y continuó avanzando en
Britania. Y si como Augusto no podía vanagloriarse de haber encontrado una ciudad
de ladrillo y dejarla de mármol, sí reconstruyó templos, edificó un nuevo foro y nuevas
termas y, sobre todo, inició la construcción del Coliseo que su hijo se encargó de
finalizar 4242.
Estando en la Campania padeció unos ligeros ataques de fiebre, por lo que
regresó a Roma, acercándose hasta el balneario de Cutilias y a su cercana y querida
Reate, donde contrajo una grave afección intestinal; este emperador que cuando tuvo
el primer ataque de su mortal enfermedad comentó que creía que se estaba
convirtiendo en dios, murió de pie, ya que era así, según él, como debía morir un
emperador 4243.
15. 1. 2. Tito.
El emperador Tito Flavio Vespasiano (79-81 d. C.), que fue llamado por todos
“amor y delicia del género humano” había nacido el día tercero de las calendas de
enero del 41 d. C4244., en una mísera casa romana 4245. Se educó en palacio junto a
Británico 4246 y allí, un fisionomista que llevó Narciso para que predijera si Británico iba
a llegar a emperador, predijo que no llegaría nunca a serlo; en cambio de Tito, que
4239
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 467 y ss.
4240
Massie, A.1996. Opus cit. Pág. 274.
4241
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 464.
4242
Massie, A. 1996. Opus cit. Págs. 275 y 276.
4243
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 473.
4244
La fecha exacta de su nacimiento, según Hazel, fue el 30 de diciembre del año 39 d. C.
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 401).
4245
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 475.
4246
Tiberio Claudio Germánico (c. 42-c 56 d. C) Hijo del emperador Claudio y de su tercera
esposa Mesalina. Murió después de que Nerón asumiera el poder. Fue envenenado por orden
de éste, cuando Agripina mostro demasiadas simpatías hacia él. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág.
65).
704
estaba junto al hijo de Claudio, dijo que lo sería con toda probabilidad 4247. Entró en la
corte por influencia de Narciso, donde adquirió los modales suaves y elegantes que lo
caracterizaban 4248. El hijo de Vespasiano, que había sido instruido por los mismos
preceptores de Británico, era “…un muchacho bastante dotado; no solamente era hábil
en las armas y en la equitación, sino que llegó a ser un orador fluido, y era también
bueno en composición poética hasta el punto de que podía improvisar en verso.
…” 4249. Además, cantaba y tocaba el arpa con destreza, era diestro en taquigrafía y en
caligrafía, tanto que podía imitar la letra de los demás, por lo que decía, bromeando,
que hubiera podido ser un buen falsificador 4250. Cuando Nerón envenenó a Británico,
parece que Tito probó parte del veneno, por lo que estuvo gravemente enfermo; pero
fuera de peligro y pasado el tiempo, recordando aquellos tristes sucesos, le erigió a su
amigo de infancia una estatua de oro en palacio y, además, le dedicó otra ecuestre de
marfil que Tito colmó de honores y abría la marcha del cortejo en los juegos
circenses 4251.
Parece que el que más tarde sería emperador era un buen jinete que se
distinguió, sobre todo en la campaña de Galilea. Poseía una figura vivaz, atlética y
elegante y era tan habilidoso montando y manejado las armas como dirigiendo a las
tropas en los campos de batalla 4252. Sabemos que para tomar Tarichea, Tito, al mando
de la caballería, venció a los judíos que la defendían; dirigiendo la carga en persona y
matando a muchos con sus propias manos durante la persecución: puede que fuera
durante esta batalla cuando, según Suetonio, mataron al caballo que montaba por lo
que tuvo que montar en otro 4253. Llegado Vespasiano al poder fue copartícipe del
Imperio y el agradecido hijo supo ser un servidor fiel y humilde de padre tan
indulgente 4254; con su padre celebró el triunfo, desempeñó con él el cargo de censor,
fue su colega en el ejercicio de la potestad tribunicia y en siete consulados, y después
de que le fue transferida la dirección de casi todos los asuntos de Estado, asumió la
jefatura del Pretorio, durante cuyo desempeño parece que se comportó con excesiva
arrogancia y brutalidad, por lo que su posterior acceso al poder estuvo envuelto en una
mala reputación y en un disgusto general. 4255. Además de por su crueldad, se le
aborrecía también por sus excesos, como las orgías que alargaba hasta media noche,
4247
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 475 y 476.
4248
Massie, A. 1996. Opus cit. Págs. 279.
4249
Bonner, S. F. 1984. Opus cit. Pág. 54.
4250
Ibídem. Pág. 54.
4251
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 476.
4252
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 347.
4253
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 311.
4254
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 80.
4255
Suetonio. 2003. Opus cit. Págs. 478 y 479.
705
acompañado por los más degenerados de sus amigos. Se censuraba su lascivia a
causa de los degenerados y eunucos que le rodeaban, así como por su desmedida
pasión por la reina judía Berenice 4256, con la que parece que había prometido casarse.
Pero esta mala fama obró en su favor, pues una vez en el poder, recibió los máximos
elogios hacia su persona, cuando todos sus defectos se transformaron en las más
eximias de las virtudes 4257. Berenice era hija de Agripa, el rey amigo de Claudio, y
cuando llegó a Roma, a mediados de los 70 d. C., fue objeto de las burlas de la plebe,
en el teatro, porque solía sentarse entre los consejeros del emperador, decisión
desacertada que le daría merecida fama de ser una nueva Cleopatra 4258.
En munificencia no le fue a la zaga a ningún emperador y cuando inauguró el
Coliseo, iniciado por su padre, no reparó en gastos para festejarlo con grandes
espectáculos 4259. No dejó pasar ninguna oportunidad para aumentar el afecto ente él y
su pueblo, hasta el punto de dejar entrar a la plebe en sus termas privadas y bañarse
con ellos 4260.
En su reinado tuvieron lugar lamentables y fortuitas desgracias, como un
incendio que asoló la Urbe durante tres días, una peste mortífera, y la más horrible de
las erupciones del Vesubio, que destruyó Pompeya, Estabias y Herculano; pero tras la
catástrofe, nombró por sorteo a unos algunos exconsules para que reconstruyeran la
Campania, y destinó los bienes de las víctimas del Vesubio muertos sin herederos,
para reconstruir las ciudades afectadas 4261.
La crónica negra de su biografía cuenta que era inmoral, que tenía una camarilla
de sodomitas y que se enamoró de la citada reina oriental, que había abandonado a
dos maridos y que vivía incestuosamente con su hermano Agripa II; mujer que por
entonces tenía más de cuarenta años y que “…reanimó el viejo temor romano de
relaciones pecaminosas con Oriente, conjurado por los enredos amorosos de Antonio
con Cleopatra. …” 4262.
Fue un hombre que juró que prefería morir antes que hacer morir a alguien; y
parece que fue consecuente con su juramento, pues a dos patricios que conjuraron en
su contra para hacerse con el trono, los despidió aconsejándoles que desistieran de su
4256
Berenice (nacida 28 d. C). Hija de Agripa I. Tito se enamoró de ella durante su mando en
Judea (del 67 al 70 d. C) y vivió con ella abiertamente en Roma, después de la visita que hizo
con Agripa en el 75. No se sabe cuanto duró la relación, pero sí se sabe que en la segunda
visita, la del 79, Tito la ignoró (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 62 y 63).
4257
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 479.
4258
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 657.
4259
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 480.
4260
Ibídem. Pág. 481.
4261
Ibídem. Pág. 481.
4262
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 281.
706
propósito, porque el trono lo otorgaba el destino 4263. Respecto a su hermano, “…que
no sólo no cesaba de intrigar contra él, sino que soliviantaba casi públicamente al
ejército y planeaba huir, no quiso matarlo ni desterrarlo ni siquiera destituirlo de la alta
posición que ocupaba, antes bien, como había hecho desde el primer día de su
reinado, continuó proclamándolo copartícipe del poder y su futuro sucesor, rogándole
muchas veces en privado, con súplicas y lágrimas, que se decidiera finalmente a
corresponder a su afecto. …” 4264. Pero no todo el mundo pensaba que era la delicia y
el amor del género humano, ya que años después Adriano lo acusó de haber
envenenado a su padre 4265.
Un día, después de salir de un espectáculo se dirigió al país de los sabinos; en
la primera jornada tuvo un ataque de fiebre, sobreviniéndole rápidamente la muerte,
que trajo mayor perjuicio para el pueblo romano que para él mismo 4266. En los idus de
septiembre, a los cuarenta y dos años y en la misma casa de campo en la que murió
su padre, falleció este gran emperador 4267 que una noche, mientras cenaba y
percatándose de que ese día no había hecho un favor a nadie, comentó a sus
comensales: “Amigos míos, hoy he perdido el día” 4268. Durante su reinado el Imperio
disfrutó de una dicha pasajera, y su amado recuerdo sirvió para proteger los vicios de
su hermano y sucesor, Domiciano 4269.
15. 1. 3. Domiciano.
4263
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 482.
4264
Ibídem. Pág. 483.
4265
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 657.
4266
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 483.
4267
Ibídem. Pág. 484.
4268
Ibídem. Pág. 480.
4269
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 81.
4270
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 485.
707
inseguro de sus cualidades y del futuro que lo aguardaba 4271. Acompañaba a su tío
Sabino en el Capitolio cuando se llevaron a cabo las negociaciones con Vitelio, pero al
contrario que su tío, él si pudo escapar de la matanza que perpetraron los soldados
fieles a Vitelio, refugiándose en el templo de Isis 4272. Después se escondió en casa de
un condiscípulo, abandonando su escondite tras la victoria de su padre para ser
vitoreado como césar y ser nombrado pretor urbano; cargo que ejerció con absoluto
despotismo, dando muestras de cómo sería su futuro gobierno 4273.
Era de estatura elevada, con grandes ojos y semblante tímido. Además era bien
parecido y con miembros proporcionados; más tarde lo afeó la calvicie, hecho que lo
mortificaba, porque pensaba que nada había más grato que la belleza, pero tampoco
más efímero 4274. Debido al hecho de poseer unos pies deformados por la cortedad de
sus dedos, no podía caminar sin cansarse, por lo que rara vez caminaba por la ciudad,
ni cabalgaba en las expediciones militares, sino que era transportado en litera 4275.
A la muerte de su padre proclamó que éste lo había dejado como copartícipe del
poder y desde entonces, insidiosa o abiertamente, “…no cesó de intrigar contra su
hermano hasta que, atacado éste por una grave enfermedad, cuando todavía no había
exhalado su último suspiro ordenó abandonarlo como si ya estuviese muerto. Una vez
fallecido, no le tributó ningún otro honor que el de la apoteosis, difamando además
frecuentemente su memoria con ambiguos discursos y edictos. …” 4276.
Al iniciar su reinado, se retiraba a un lugar apartado, durante horas, para cazar
moscas y atravesarlas con un estilete muy fino 4277; lo que nos muestra cuales eran la
personalidad y el sentido de la responsabilidad del nuevo príncipe. En sus propiedades
de las colinas Albanas (parece que la Villa Papal de Castellgandolfo fue propiedad de
su familia) practicó la caza con gran pericia; tanta como para poder pasar su flecha
entre los dedos abiertos de la mano de un esclavo 4278.
Sufrió, durante su reinado, la presión de los dacios y de su líder más carismático,
Decébalo 4279. Preparó una expedición contra ese pueblo, “…pero evitó tomar parte en
4271
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 288.
4272
Ibídem. Pág. 288.
4273
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 486.
4274
Ibídem. Págs. 504 y 505.
4275
Ibídem. Pág. 505.
4276
Ibídem. Pág. 487.
4277
Ibídem. Pág. 487.
4278
Massie, A. 1996. Opus cit. Pág. 289.
4279
Decébalo (siglo I-II d. C). Rey dacio que en el 85 d. C. invadió la provincia romana de
Mesia. Domiciano acordó pagarle un subsidio para que cooperara en la contención de los
germanos y los sármatas del otro lado del Danubio. Contra Trajano, el rey dacio tuvo que
aceptar la condición de rey cliente; y como en el 105 d. C. volviese a invadir Mesia, fue
708
la misma, y prefirió permanecer en las ciudades de Moesia disfrutando de su gusto por
la decadencia. No sólo era físicamente perezoso, con el espíritu de un cobarde, sino
también un seductor promiscuo tanto de mujeres como de muchachos. Envió a otros
para que combatieran en la guerra en su lugar y, en general, hicieron un mal trabajo.
…” 4280. Celebró un doble triunfo sobre los catos y los dacios y, en el conato de guerra
civil promovido por el gobernador de la Germania Superior, Lucio Antonio, debió la
victoria al deshielo del Rin que impidió la llegada de las tropas bárbaras que corrían a
auxiliar a Antonio 4281. No sentía ninguna afición por las armas, excepto por el arco 4282.
Ofreció frecuentemente suntuosos y espléndidos espectáculos, tanto en el
anfiteatro como en el circo, donde, además de las carreras, organizó sendos
combates, uno de infantería y otro de caballería; celebró unos juegos seculares
obviando los celebrados por Claudio en el 47 d. C. y tomando como referentes los que
había celebrado Augusto en el 16 a C.; y, en honor, de Júpiter Capitolino, instituyó un
triple certamen quinquenal de música, de equitación y de atletismo 4283. A las cuatro
facciones ya existentes del circo, añadió otras dos, la dorada y la púrpura 4284.
Encargó a Rabirio, un genio de la arquitectura, un palacio en el Palatino; en él
construyó un hipódromo que era más un elemento de los jardines que una verdadera
instalación hípica para la celebración de carreras 4285. Hizo construir, en los diferentes
distritos de la ciudad, tantos y tan suntuosos pórticos y arcos de triunfos coronados por
cuadrigas, que en uno de ellos apareció, escrito en griego, ¡Basta! Y no permitió que
se colocaran estatuas suyas en el Capitolio sino eran de oro o plata; esa fiebre
constructora y estos grandiosos espectáculos llevaron a las arcas imperiales a la ruina;
situación que él esquivó robando a diestro y siniestro 4286. Trató de reformar la
moralidad, siendo más severo que su padre y su hermano, pero muchos le achacaron
que se dedicaba a las mismas prácticas que trataba de combatir 4287.
Al fin, temido y odiado por todos, fue asesinado mediante una conspiración de su
mujer, sus amigos y libertos; escuchemos al joven esclavo que cuidaba de sus Lares
cubiculares, que presenció el asesinato y dijo: “…que Domiciano, nada más recibir la
primera puñalada, le ordenó que le alargara el puñal que guardaba bajo la almohada y
La futura etapa de oro del Imperio, que comenzará con Trajano y terminará con
Marco Aurelio, estuvo precedida de una de hierro, en la que reinaron los indignos
sucesores de Augusto 4291. Es curioso que sus vicios hayan salvado del olvido a
emperadores como el “…oscuro e implacable Tiberio, el furioso Calígula, el débil
Claudio, el disoluto y cruel Nerón, el bestial Vitelio y el timorato e inhumano
Domiciano… .” 4292.
15. 2. 1. Nerva.
Nerva (96-98 d. C.) fue el primero de los emperadores a los que Edward Gibbon
llamó “los cinco dioses emperadores”, quienes presidieron el imperio en la época de
máximo poder y prosperidad 4293. Marco Coceyo Nerva había nacido c. 30 d. C. en
Narnia (Umbría) y fue elegido emperador por el Senado, en una demostración sin
precedentes de su autoridad, después de la muerte de Domiciano 4294. Parece que
Nerva acabó con la conspiración de Pisón, por lo que Nerón lo agasajó con
4288
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 504.
4289
Massie, A.1996. Opus cit. Pág. 308.
4290
Suetonio. 2003. Opus cit. Pág. 504.
4291
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 85.
4292
Ibídem. Pág. 85.
4293
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 373.
4294
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 294.
710
condecoraciones triunfales 4295. Para ser nombrado príncipe por el Senado tuvo
muchas bazas, ya que era de carácter afable, de origen noble, elocuente y senador
experimentado, aunque, por el contrario, no había gobernado nunca una provincia 4296.
Su salud era mala y no tenía heredero; pero esta circunstancia la salvó adoptando a
Trajano, “…gobernador de la Germania Superior, uno de los generales más
distinguidos del imperio, a quien concedió el título de Germánico e invistió con todos
los poderes imperiales. Trajano tuvo que esperar sólo tres meses para suceder a
Nerva. …” 4297.
15. 2. 2. Trajano.
4295
Ibídem. Pág. 294.
4296
Ibídem. Pág. 295.
4297
Ibídem. Pág. 295.
4298
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 373.
4299
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 133.
4300
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 474.
4301
Ibídem. Pág. 474.
4302
Teja, R. 1996. Opus cit. Pág. 15.
711
Trajano. (Museos vaticanos).
Este príncipe llenó las arcas imperiales gracias a los dacios, ya que confiscó el
tesoro de su rey, Decebalus, cuyo valor se estimaba en unos quinientos millones de
sestercios 4303. La conquista de la Dacia fue un río de dinero para las arcas romanas,
que permitió, entre otras acciones que Trajano, al volver a Roma como vencedor,
celebrase un triunfo sin precedentes en la capital, cuyos juegos duraron 117 días 4304.
Dacia era como una prolongación septentrional de Tracia, más allá del cauce del
Danubio, delimitada al norte y al nordeste por los montes Cárpatos 4305. Parece que los
dacios practicaban una agricultura avanzada, con trigo, mijo, cáñamo y lino entre sus
producciones; en cuanto a la ganadería, estos antepasados de los rumanos, criaban
ganado mayor y menor, sobre todo el ovino 4306. Las numerosas tribus que componían
este pueblo vivían sin organización ni cohesión hasta que Burebista consiguió unificar
bajo su reino a toda la Dacia, que a su muerte se dividió, comenzando los dacios a
atravesar la frontera y a devastar territorios imperiales romanos 4307. Para evitar sus
incursiones, Augusto se vio obligado a colocar en Moesia 4308 una fuerte guarnición;
pero ante la renovación continua de los conflictos, el emperador Trajano la conquistó y
la anexionó al Imperio en el año 106 d. C 4309. Esta fue la repuesta de Trajano a
aquellos pueblos belicosos que habitaban más allá del Danubio y que durante el
4303
Poulsen, F. 1950. Opus cit. Pág. 23.
4304
Blázquez, J. M. 2003 (B). Pág. 113.
4305
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 325.
4306
Grimal, P. 1986. Opus cit. Pág. 261.
4307
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 325.
4308
“…entre la Tracia propiamente dicha y la Dacia, se extendía en la orilla sur del Danubio la
región de Moesia, que durante la mayor parte del Imperio Romano fue tierra de frontera. …”.
(Ibídem. 1996. Pág. 325).
4309
Ibídem. Pág. 325.
712
reinado de Domiciano habían insultado a la majestad de Roma con total impunidad 4310.
Los griegos, a los dacios, los llamaban getas, porque los consideraban un pueblo
tracio septentrional; poseían una cultura con aspectos originales, pero con numerosos
préstamos de la griega y de la celta 4311, por lo que no merecían el apelativo de
bárbaros con el que los romanos denominaban a los pueblos no conquistados que
vivían fuera del Imperio 4312. Si Roma no estaba muy interesada en conquistar a unos
bárbaros que vivían en bosques y ciénagas sin utilidad, el destino acabó por llevar a
los dacios a enfrentarse con los romanos, cuando éstos extendieron sus dominios a
través del Adriático 4313. En uno de estos encontronazos, los dacios, al mando de
Burebista, derrotaron a los romanos cerca de Istria 4314 y fue entonces cuando el líder
comenzó a interesarse por los asuntos de Roma; tanto que apoyó a Pompeyo en su
guerra civil contra César, por lo que éste una vez vencido Pompeyo, invadió la
Dacia 4315.
Pero el más importante de todos los líderes dacios fue Decébalo, citado unos
renglones atrás; ahora nos detendremos en su problemática con Roma: Domiciano
mandó una expedición contra él, pero el general que la mandaba Cornelio Fusco fue
vencido por los dacios, muerto en la batalla y quedando la legión V Alauda seriamente
diezmada 4316. Pero el guerrero sucesor de Domiciano y de Nerva se presentó en la
frontera con diez legiones y construyó un puente sobre el Danubio para acceder al
territorio dacio 4317. Lamentablemente se han perdido los textos en los que autores
clásicos como Apiano, Arriano o Amiano Marcelino relataban la guerra, pero nos
queda la columna trajana, que nos cuenta la historia de la guerra en imágenes; por ella
sabemos que los ejércitos dacios dependían, en gran medida, de la caballería
sármata, unos rivales temibles para los enemigos y que, con el tiempo, acabarían
incorporados a los ejércitos romanos 4318. Al fin, Decébalo intentó negociar con Trajano,
pero al final hubo de rendirse y someterse a un tratado que en cuanto Trajano se alejó,
él se encargó de violar, reclutando soldados y adquiriendo armamento, violando así el
tratado que había firmado ante el emperador 4319. Trajano se vio obligado a retornar a
Dacia, pero estuvo a punto de no llegar ya que Decébalo envió unos espías que, casi,
4310
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 32.
4311
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 207.
4312
Ibídem. Pág. 207.
4313
Ibídem. Pág. 209.
4314
La mayor península del mar Adriático, entre el monte Maggiore y el río Arsia. Sus
habitantes eran famosos como piratas. Speake, G. (Ed). 1999. Opus cit. Pág. 210.
4315
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 209.
4316
Ibídem. Págs. 210 y 211.
4317
Ibídem. Pág. 213.
4318
Ibídem. Págs. 213 y 214.
4319
Ibídem. Pág. 215.
713
consiguen asesinarlo cuando atravesaba Moesia con su ejército; un hecho que, con
seguridad, el emperador nunca le perdonó 4320. Trajano tomó, por fin, Sarmizegethusa y
la destruyó hasta los cimientos; a partir de cuyo instante, lo que antes había sido una
guerra, se convirtió en una cacería, en la que Decébalo era la presa 4321. Los romanos
lo cercaron por fin, pero Decébalo no estaba dispuesto a caer en manos romanas, así
que invitó a los jefes tribales que le quedaban a un banquete y después del mismo se
suicidó, cortándose la garganta 4322. El caballero Claudio Máximo le cortó la cabeza al
rey y se la llevó a Trajano, que la envió a Roma para que fuera arrojada por la
escalinata Gemonia, destino final de los despojos de los enemigos del pueblo
romano 4323. Con la cabeza de Decébalo viajaron a Roma miles de prisioneros, que
terminaron sus días en la arena del circo 4324.
El gran Trajano ansiaba ser famoso “…y mientras la humanidad prodigue sus
aplausos con mayor facilidad a sus destructores que a sus benefactores, la sed de
gloria militar será siempre el vicio de los caracteres más exaltados. …” 4325; y admiraba
al gran Alejandro Magno, cuyas alabanzas, “…transmitidas por una sucesión de
poetas e historiadores, portaron en Trajano un peligroso deseo de emulación. Como
él, el emperador romano emprendió una expedición contra las naciones del este, pero
lamentó con un suspiro que su avanzada edad apenas le dejara esperanzas de igualar
la fama del hijo de Filipo. Sin embargo, el éxito de Trajano, aunque efímero, fue rápido
y especioso. […] Descendió triunfal por el río Tigris, desde las montañas de Armenia
hasta el golfo Pérsico. Disfrutó del honor de ser el primer general romano –y al mismo
tiempo el último- en navegar por aquel mar remoto. Su flota asoló las costas de Arabia,
y Trajano se vanaglorió de estar acercándose a los confines de la India. A diario, el
estupefacto Senado recibía noticias de nuevos nombres y nuevas naciones que
reconocían su dominio. […] Sin embargo, la muerte de Trajano pronto nubló la
espléndida perspectiva, y era justo temer que tantas naciones distantes se sacudieran
el yugo al que no estaban acostumbradas cuando ya no las contuviera la poderosa
mano que se lo había impuesto. …” 4326.
Según autores de época posterior, Trajano pudo morir de un ataque cardíaco;
pero otros se preguntan si murió por causas naturales o fue envenenado junto a su
4320
Ibídem. Pág. 216.
4321
Ibídem. Pág. 217.
4322
Ibídem. Pág. 217.
4323
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 75.
4324
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 218.
4325
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 33.
4326
Ibídem. Pág. 33.
714
mayordomo Fédimo 4327. Un escándalo que estalló posteriormente proclamaba que
Adriano había sobornado a unos libertos de Trajano y que había llegado a mantener
relaciones sexuales con los mancebos favoritos del emperador, con el propósito de
asegurarse la sucesión 4328. El Optimus Princeps, el mejor de todos los emperadores,
pasó a la posteridad rivalizando en prestigio con el propio Augusto; y llegó a ser tan
querido por su pueblo que, incluso, le perdonaron vicios como su desmedida pasión
por los niños y los jovencitos 4329.
Tal vez el hombre llamado a sucederlo hubiese sido el hispano L. Licinio
4330
Sura , hombre fuerte del régimen y, según R. Ettienne, el verdadero vencedor de los
dacios y de su rey Decébalo; era, además, el primero después del emperador y el que,
con seguridad soñaba con ser su sucesor; pero murió a los 54 años en el 108 d. C 4331.
15. 2. 3. Adriano.
4327
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 700.
4328
Ibídem. Pág. 700.
4329
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 386.
4330
Lucio Licinio Sura (muerto c. 112 d. C). General de la época de Trajano que procedía del
noroeste de Hispania. Ya durante la época de Nerva disfrutaba de gran influencia y parece que
fue él quien convenció al emperador para que adoptara a Trajano. Éste lo estimaba mucho,
recompensándolo, a su muerte, con una estatua y un funeral público (Hazel, J. 2002. Opus cit.
Pág. 387).
4331
Blázquez, J. M. 2003 (B). Opus cit. Pág. 201.
4332
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 564.
4333
Historia Augusta: “…la Historia augusta es la pesadilla, al mismo tiempo que la pasión de
los grandes eruditos de hoy en día. Uno de ellos, François Paschoud, planteaba no hace
mucho la auténtica pregunta: ¿Con qué objetivo se realizó este engaño? Sólo en fecha reciente
-añade., sir Ronald Syme nos ha proporcionado una respuesta en verdad satisfactoria, si no
irrefutable, a esta pregunta: la Historia augusta sería” la obra de un erudito que se divertía, sin
otro propósito que divertirse y distraer a sus lectores, en redactar unas biografías donde mezcla
sin cesar lo verdadero y lo falso, unas falsedades no inventadas, sino resultado de diversas
transposiciones (…) y de parodias”. …”(Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 659).
“… su valor como fuente fidedigna ha sido ampliamente discutido, así como su fecha de
redacción, pues algunos investigadores consideran que se escribió a fines del siglo IV o
comienzos del siglo V y que muchos datos son inventados. En cambio, otros investigadores
creen que fue escrita en tiempos de Diocleciano-Constantino, por lo cual son de inapreciable
valor para el análisis del siglo III, considerando que los anacronismos existentes fueron
introducidos en fechas posteriores. …” (Fernández Ubiña, J. 1982. Opus cit. Pág. 28).
4334
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 44.
715
Birley, su nacimiento ocurrió en Roma, el 24 de febrero de 76 4335. De joven y para
congraciarse con Trajano, cometió excesos con el vino y los muchachos, excesos a
los que su pariente emperador se entregaba con pasión 4336.
4335
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 27.
4336
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 264.
4337
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 564.
4338
Lucio Julio Urso Serviano (47-136 d. C) Casado con Elia Domicia Paulina, hermana de
Adriano. En el 136 fue acusado de conspirar para que su nieto Pedanio Fusco, el pariente
716
Trajano; para ello llegó a romper el carro en el que viajaba Adriano; pero no logró su
propósito ya que este llegó antes que su cuñado, haciendo el viaje a pie 4339. Y es que
parece que Adriano era un excelente deportista que cabalgaba, caminaba y se
ejercitaba en el uso de las armas y en el lanzamiento de la jabalina 4340. Adriano debió
ser un buen jinete como prueba su cargo de sevir en la revista anual de los caballeros
romanos, la transvectio equitum, del 15 de julio de, probablemente, el año 94 d. C.;
para pasar ésta, los caballeros se distribuían en seis escuadrones (turmae), cada uno
de los cuales lo encabezaba un joven senador o futuro senador, con el título de sevir, y
que debía ser un buen jinete 4341.
Serviano trató de desprestigiarlo frente a Trajano, acusando a Adriano de
despilfarrador, mientras ejercía su tribunado de la legión XXII Primigenia de
Mogunciaco (Germania); acusación que parece falsa debido a las pocas
oportunidades que tendría cualquiera de entregarse a los placeres en aquellas incultas
orillas del Rin; o tal vez fuera cierta esta acusación si Serviano se refería a sus
probables gastos en caballos y perros caros “…cediendo a su pasión por la caza, pues
era la estación propicia del año. …” 4342. Pero, con seguridad, Serviano tenía razones
que justificaban su comportamiento, ya que era uno de los posibles sucesores de
Trajano; según Dión Casio, durante un banquete, el emperador pidió a sus amigos que
le nombrasen a diez personas capaces de ser emperadores; pero tras un momento
rectificó, diciéndoles: “…Sólo necesito nueve nombres, pues ya tengo uno:
Serviano…” 4343.
Debido a su talante de hombre culto, reformador y de pacíficas inclinaciones,
opuso al expansionismo territorial de Trajano la voluntad de lograr un futuro de paz y
prosperidad para todo el Imperio 4344. Fue el más notable de todos los emperadores
romanos después de Augusto; príncipe romano de la paz, profesaba un profundo
respeto por la ley, un fuerte sentido de la justicia y una profunda simpatía por los
humiliores, el sector más débil de la sociedad 4345. Su curiosidad por conocer los
hechos naturales era insaciable; sabemos que en 125 subió al Etna, para ver su arco
iris; que una noche subió al monte Casio, en la Antioquía siria, para ver el amanecer; y
en el 130 remontó el Nilo hasta Tebas, donde escuchó el canto de los Colosos de
varón más cercano de Adriano, reinara en lugar de Lucio Elio; por ello fue condenado a muerte
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 374).
4339
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Págs. 45 y 46.
4340
Ibídem. Pág. 79.
4341
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 51.
4342
Ibídem. Pág. 59.
4343
Citado. Ibídem. Pág. 75.
4344
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 564.
4345
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 119.
717
Memnón 4346. Su vida fue un viaje permanente y puesto que aunaba en su persona el
talento del soldado, el del hombre de Estado y el del erudito,”….satisfacía su
curiosidad con el cumplimiento de su deber. …” 4347.
Sabina 4348, la mujer de Adriano, era una mujer esculturalmente bella pero fría y
con un carácter desagradable y si su marido no la repudió, según sus declaraciones,
fue debido a su rango. Parece que ella“…se lamentaba, en voz baja, de que su marido
tuviese más tiempo para sus caballos y sus perros que para ella. …” 4349. Aún así, no
podemos achacar a Adriano que descuidara la protección de su esposa, pues
sabemos que despidió al historiador Suetonio 4350, su secretario ab epistulis y a
Septicio Claro, prefecto del Pretorio, “…porque habían tratado a Sabina con más
informalidad de la exigida en la corte imperial. …” 4351. Sabina no tenía mejor concepto
de su marido del que tenía éste de su mujer, ya que se dice que llegó a jactarse de
tomar medidas para no quedar embarazada de él, ya que, según su pensamiento, los
hijos de su marido habrían dañado al género humano 4352.
En realidad, Adriano, parecía un solitario “…que se hallaba más cómodo con sus
perros de caza o sus caballos, o con su joven amante Antinoo, que en la interación
larga y sincera con otras personas, incluida su esposa Sabina. …” 4353. Amaba hasta tal
extremo a sus caballos y a sus perros que construyó sepulcros para ellos 4354. En
efecto, Adriano parece que más que un aficionado a la caza, fue un vicioso de la
misma, en la que se inició a los quince años en su Hispania natal; acosó jabalíes en
Italia y en la Galia, donde en el 121 d. C. perdió a su querido caballo, al que le
compuso un epitafio 4355. Birley señala los alrededores de la ciudad de Apta (norte de
Italia) y el final del otoño o los comienzos del invierno del 122 como el lugar y la fecha
de la muerte de Borístenes y cita los versos que, por su falta de calidad, muchos
4346
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 272.
4347
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 34.
4348
Vibia Sabina (88- c. 137 d. C). Hija de L. Vibio Sabino y de Matidia y sobrina-nieta de
Trajano, cuya esposa, Plotina, la escogió para que fuera la esposa de Adriano (100 d. C). Julia
Balbila grabó un poema en una estatua de Memnón en el que alababa su belleza. No se sabe
la causa de su muerte, pero circularon rumores de que Adriano pudo envenenarla (Hazel, J.
2002. Opus cit. Pág. 363).
4349
Montanelli, I. 2010. Opus cit. Pág. 370.
4350
Gayo Suetonio Tranquilo (c.70-c.130 d. C). Hijo de Suetonio Leto, un caballero romano, no
se sabe si procedía de Numidia (Hippo Regius) o de la Umbría (Pisaurum). Ejerció como
abogado en Roma, donde entabló amistad con Plinio el Joven, al que acompañó en su misión
en Bitinia. Desempeñó tres secretarías oficiales durante los reinados de Trajano y Adriano: de
bibliotecas y archivos y, con Adriano de secretario privado (ab epistulis). Fue despedido c. 122
d. C., después de cuyo hecho se dedicó a escribir (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 3384 y 385).
4351
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 274.
4352
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 545.
4353
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 255.
4354
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 72.
4355
Citado. Segura Munguía, S. y Cuenca Cabeza, M. 2008. Opus cit. Pág. 343.
718
dudan que fueran escritos por Adriano: “…Borístenes, el alano, el caballo de caza de
césar, solía volar por la llanuras y pantanos, por colinas y espesuras, a la caza de
jabalíes de Panonia. Pero ningún verraco de colmillos espumantes se atrevió a dañarlo
cuando lo perseguía ni a mojar la punta de su cola con la saliva de sus fauces (como
suele suceder); sin embargo yace en este terreno, joven y sin tacha, con los miembros
intactos, tras haberse encontrado con su destino. …” 4356. Fue apasionado cazador,
como su admirado Alejandro Magno; hasta el extremo de fundar una ciudad en Asia
Menor, para conmemorar el hecho de haber matado allí una osa salvaje 4357.
Hadrianuteras, que era el nombre de la ciudad de la fértil llanura de Misia, conmemoró
a su fundador con monedas de bronce en las que aparece el emperador a caballo con
la cabeza de la osa en el reverso 4358. Pocos años después los habitantes de esta
ciudad lo honraron como su fundador y le dieron el nombre de Zeus Cazador 4359. Sus
largas jornadas cazando contribuyeron a modelar sus variadas dotes intelectuales, así
como su notable aguante a la hora de montar a caballo hiciera el tiempo que hiciera o
su desmedida afición a la compañía de otros hombres 4360. Se ganó algunos reproches,
debidos a esta afición a la caza que, sin duda, era una de las aficiones favoritas de los
jóvenes de Itálica; ya que Hispania era un país ideal para su práctica, porque en ella
abundaban los venados, los jabalíes y las cabras monteses, así como los conejos, que
por entonces sólo se encontraban en aquella parte occidental del Imperio 4361.
Su afición a los hombres lo impulsó a adoptar a Ceyonio Cómodo Vero, a pesar
de la oposición de sus consejeros, y le llamó Elio Vero César 4362. Con ocasión de su
adopción concedió unos juegos circenses y distribuyó un donativo entre el pueblo y los
soldados. Le honró con la pretura y le impuso inmediatamente al frente de la Panonia,
tras habérsele concedido el consulado y las costas precisas para su ejercicio. Le volvió
a designar cónsul por segunda vez. Y, como veía que tenía poca salud, solía repetir:
“…nos hemos apoyado en una pared caediza y hemos perdido los cuatro millones de
sestercios que hemos distribuido al pueblo y a los soldados por la adopción de
Cómodo. …” 4363. Esta elección había sido fruto del capricho del emperador, que tras
dudar entre diversos hombres, apreciados y odiados al mismo tiempo, adoptó a “…Elio
Vero, un noble vital y voluptuoso cuya principal recomendación, para el amante de
4356
Citado. Birley, A. 2003. Opus cit. Págs. 191 y 192.
4357
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 713.
4358
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 217.
4359
Ibídem. Pág. 219.
4360
Lane Fox, R. 2007. Opus cit. Pág. 713.
4361
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 44.
4362
Probable hijo bastardo de Adriano. (Blazquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 266.).
4363
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Págs. 75 y 76.
719
Antinoo, era su excepcional belleza. …” 4364. Tras la muerte de éste, pronto encontró a
un sustituto; esta vez era un senador de unos cincuenta años, irreprochable en todos
los aspectos y a un joven de unos diecisiete años, que prometía estar lleno de
virtudes; hizo que el primero adoptara al segundo y ambos gobernaron el Imperio
durante más de cuarenta y dos años con gran sabiduría y virtud 4365. Antonino Pío, el
primero, entregó en matrimonio a su hija Faustina al segundo, el joven Marco Aurelio,
y éste “…reverenció a su benefactor, lo quiso como a un padre, lo obedeció como a un
soberano y, cuando él ya no estuvo, gobernó siguiendo el ejemplo y las máximas de
su predecesor. El reinado de ambos posiblemente constituye el único período de la
historia en que la felicidad de un gran pueblo era el único objetivo del gobierno. …”.
Por su amigo Arriano sabemos que Adriano creó cuerpos de caballería que
conservaban las armas típicas de sus países de origen, así como sus métodos de
combate; no en vano con su antecesor y con él se alcanzó la máxima eficacia en los
ejércitos romanos 4366. Adriano no descuidaba las arengas ni los elogios a sus
soldados, como el que pronunció en Lambesis, cuando pasaba revista a sus ejércitos,
en el que el emperador se esforzó en encontrar algo bueno que decir sobre cada uno
de aquellos soldados 4367. Elogió, en su adlocutio a los soldados de la Cohors II
Hispanorum Equitata, de campaña en Lambaesis (Numidia), y a los jinetes que
participaron en el ejercicio ecuestre conocido como cántabricus ímpetus, que era
practicado por los cántabros y que Roma había conocido durante las guerras que
había mantenido con ellos 4368. Era un ejercicio que se realizaba entre dos supuestos
escuadrones enemigos, armados de jabalinas manejables, desprovistas de hierro,
pero no del todo inofensivas 4369. Los jinetes de ambas unidades avanzaban en
dirección contraria, de forma que terminaran formando un círculo; a partir de cuyo
momento los jinetes lanzaban el mayor número de venablos contra el escudo del
caballero que se encontraba frente a él; cuidando de no apuntar al caballo ni al jinete
cuando éste ofrecía su frente o su espalda 4370. Con este ejercicio se estimulaba tanto
la destreza y la rapidez en el lanzamiento de las armas como la habilidad del receptor
para defenderse 4371. Según Arriano “…se considera bueno a quien, habiendo
observado las reglas, arroje quince dardos antes de que el caballo llegue al final del
4364
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 82.
4365
Ibídem. Pág. 83.
4366
Blazquez. J.M. 2008. Opus cit. Págs. 108 y 109.
4367
Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 330.
4368
Lión Valderrábano, R. 1970. Opus cit. Pág. 230.
4369
Ibídem. Pág. 230.
4370
Ibídem. Pág. 230.
4371
Ibídem. Pág. 230.
720
campo y con mayor razón es digno de alabanza el que llega a veinte, pues por encima
de este número nadie puede fácilmente subir. …” 4372. Este ejercicio tenía una
aplicación práctica en el combate real, mediante el que se trataba de desgastar al
enemigo, cuando el jinete cántabro se acercaba galopando al mismo, girando en el
último instante a la derecha, protegiendo su flanco con el caetra mientras le lanzaba
jabalinas y retirándose finalmente por el lado derecho 4373.
En la misma visita que Adriano realizó en el 218 d. C. al norte de África y en la
que contempló los ejercicios desarrollados por la Legio III Augusta y las tropas
auxiliares de la provincia, alaba los ejercicios del Ala I Pannoniorum y la Cohors VI
Commagenorum. Conservamos su elogioso discurso gracias a la inscripción que se
erigió: “…Para la caballería de una cohorte (mixta) es complicado elaborar un
espectáculo agradable, y especialmente difícil no disgustar con un ejercicio
desarrollado por un ala; la última ha ocupado una extensión mayor de terreno, tiene
más jinetes arrojando jabalinas, hace frecuentes giros hacia la derecha, desarrolla el
paso cántabro en formación cerrada y, de acuerdo con su paga más elevada, posee
mejores caballos y equipamientos de mejor calidad. A pesar de todo, vosotros habéis
superado estas dificultades actuando con energía en todo momento, pese a las altas
temperaturas. Además habéis arrojado piedras con honda y habéis combatido con
lanzas, montando con rapidez en todo momento. Es evidente el especial cuidado que
ha tenido mi legado Catullinus…” 4374. Pero las alocuciones de Adriano también
contienen críticas, como la que hizo a la unidad de caballería que realizó una
persecución con demasiada rapidez, por lo que se hizo más vulnerable a un
contraataque 4375. Soldados, de los ejércitos adrianeos, que debían estar altamente
cualificados, como prueba la inscripción que dejó en su tumba uno de los soldados
que sirvieron en los ejércitos imperiales del emperador hispano:
4372
Citado. Ibídem. Pág. 231.
4373
Ibídem. Pág. 231.
4374
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 93.
4375
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 389.
721
ningún parto con su arco, pudo derrotarme.
Aquí reposo. He confiado mis proezas a la memoria de esta piedra.
Aún está por ver si alguien podrá emular mis proezas.
Soy el primero que las hizo: me emulé a mí mismo….” 4376.
4376
Citado. Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 329.
4377
Goldsworthy, A. 2007. Opus cit. Pág. 138.
4378
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 388.
4379
“…Sus aguas medicinales eran muy variadas, pero se empleaban sobre todo las fuentes
sulfurosas que brotaban ardiendo en diversos sitios para tomar baños de vapor en los
establecimientos construidos al lado de los mismos manantiales. En Baia existían grandes
balnearios para el tratamiento de los enfermos y suntuosos edificios para residencia y recreo
de los sanos, todos ellos lujosamente instalados. Los palacios imperiales albergados en esta
ciudad eran muchos y muy suntuosos, pues cada emperador parecía querer eclipsar a sus
predecesores con el esplendor de los suyos. […], una villas se levantaban sobre las colinas
desde las que se disfrutaban amplias vistas y otras directamente a la orilla del mar o
avanzando sobre éste. Generalmente, estaban rodeadas de jardines, la mayoría de los cuales
hallábanse, al parecer, trazados y cuidados con gran gusto artístico y ocupaban gran
extensión, con sus bosques de mirtos y de plátanos y sus avenidas, orladas de macizos
cuidadosamente podados. …” (Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 414).
4380
Ibídem. Pág. 414.
4381
Blazquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 244.
4382
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 288.
4383
Blazquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 17.
722
desvivió por la felicidad de todos sus súbditos y no emprendió guerra alguna sin verse
obligado a ello. …” 4384. Con él murió un servidor del pueblo romano que administró la
República a sabiendas de que el Estado pertenecía al pueblo y no al emperador 4385.
Adriano fue sucedido por Antonino Pío, “…un hombre que, de acuerdo con su
deseo, hubiera sido agricultor. …” 4386. Previamente había sido adoptado por su
antecesor y esa adopción se festejó con espectáculos en el circo Máximo y con
donativos a la plebe y a los soldados 4387 Nació el 13 de las calendas de octubre en la
villa de Lanuvio durante el duodécimo consulado de Flavio Domiciano y el primero de
Cornelio Dolabella, y su linaje paterno procedía de Nimes, en la Galia Transalpina 4388.
Esta es la descripción que la Historia Augusta nos ofrece de él: “…Fue un hombre de
notable belleza, de preclaro talento, de moderadas costumbres, de expresión noble, de
plácido semblante, de carácter singular, de brillante elocuencia, de particular erudición,
sobrio y celoso, aficionado al campo, gentil, generoso y respetuoso con lo ajeno, y
mesurado y sin presunción en todas estas virtudes, loable, en fin, en todo y digno de
ser parangonado con razón con Numa Pompilio a juicio de los hombres de bien.
…” 4389. Si es cierto que pasó a la posteridad con el sobrenombre de Pío, no es menos
cierto que su piedad era manifiesta: “…El senado le dio el nombre de Pío porque, ante
todos los senadores, ayudaba a levantarse a su suegro ya fatigado por la edad,
ofreciéndole su mano […], o porque salvó a aquéllos a los que Adriano había obligado
a darse la muerte cuando ya se hallaba enfermo, o porque decretó que se tributaran a
este emperador, contra la voluntad general, infinitos e inmensos honores después de
su muerte, o porque, cuando Adriano intentó suicidarse, consiguió que no lo llevara a
efecto merced a que le sometió a una vigilancia intensa y meticulosa, o porque fue
realmente clementísimo por naturaleza y no realizó durante su vida ninguna maldad.
…” 4390.
Era severo, laborioso y virtuoso, cualidades debidas a sus muchas
conversaciones eruditas, a sus lecturas y a sus elucubraciones nocturnas; desde los
doce años abrazó el estoicismo, que le enseñó a someter su cuerpo a su mente y sus
4384
Ibídem. Pág. 251.
4385
Birley, A. 2003. Opus cit. Pág. 139.
4386
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 122.
4387
Blazquez, J. M. 2008. Opus cit. Pág. 244.
4388
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Págs 92 y 93.
4389
Ibídem. Pág. 93.
4390
Ibídem. Pág. 93.
723
pasiones a la razón y aprendió a considerar la virtus como el bien único, y el vicio
como el mal 4391. No rehusó los juegos circenses que le dedicaron el día de su natalicio
y cuando, al tercer año de su reinado, murió su esposa Faustina, a la que el Senado
había divinizado, decretó juegos circenses en su honor, le dedicó un templo y le
instituyó un colegio de sacerdotisas, le concedió la erección de estatuas de oro y plata,
y el honor de que su estatua estuviera presente en todos los juegos circenses 4392. Este
emperador que cuando gobernaba trató a sus amigos de la misma manera que
cuando era un ciudadano privado, era aficionado a la pesca, a la caza, a pasear y a
charlar con ellos, con los que pasaba las vendimias como un particular 4393. Y, en
oposición al ansia viajera de Adriano, su serena vida transcurrió en el seno de Italia,
siendo el camino más largo que recorrió, durante los veintitrés años que reinó, el que
separaba el palacio imperial de su villa de Lanuvio 4394.
Marco Aurelio (161-180), Marcus Annius Verus, era miembro de una familia
senatorial de orígenes béticos, pero nació en Roma en 121 d. C., según la Historia
Augusta el 6 de las calendas de mayo, en una quinta del monte Celio 4395. Recibió una
esmerada educación, haciéndose seguidor, desde muy joven, de la filosofía estoica.
Fue pretor en 139 d. C., alcanzando el consulado en 140 y 145 d. C. Por indicación de
Adriano fue adoptado por Antonino Pío, que lo asoció al trono imperial en el 147 d. C.;
a la muerte de éste, accedió a la púrpura en 161 d. C., asoció a su gobierno, con el
título de Augusto, a su hermano adoptivo, Lucio Vero, aunque manteniendo él mismo
la preeminencia gobernativa 4396. Educación esmerada que le debió a Adriano, que a
los seis años lo distinguió con el caballo público y a los ocho nombrándolo miembro
del colegio de los Salios 4397.
Se casó con Ania Faustina, hija de su antecesor, Antonino Pío. Resulta
paradójico que la fortuna deparara para un emperador, que antes de acceder al trono
no había ejercido ningún mando militar, un reinado lleno de conflictos bélicos. Marco
Aurelio era un emperador serio pero no triste y tímido pero no cobarde, al que le
4391
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Págs. 83 y 84.
4392
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 98.
4393
Ibídem. Pág. 104.
4394
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 34.
4395
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 107.
4396
Álvarez. V. (Ed.). 2004. Opus cit. Pág. 610.
4397
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 110.
724
gustaba la pintura y la caza 4398. Pero al que, según parece, no le interesaban en
exceso las carreras de carros, ya que leía durante las mismas, mereciendo el abucheo
de los espectadores 4399. Pero por su condescendencia de carácter cedía muchas
veces a asistir al teatro o a otros juegos; tuvo afición al boxeo, las luchas, las carreras
y, sobre todo, a jugar a la pelota y a salir de caza 4400.
Cuando el senado ofreció el triunfo a Lucio Vero por sus campañas en Siria, éste
“…pidió que Marco obtuviera el triunfo con él y que, además, sus hijos recibieran el
nombre de Césares. Pero Marco fue tan modesto que, aunque había desfilado
triunfalmente con Lucio, solamente después de la muerte de éste se dejó llamar
Germánico, título que había conseguido para sí en esta guerra que no había
compartido con otro. Ahora bien, en la procesión triunfal llevaron consigo a los hijos de
Marco de ambos sexos, incluso a las muchachas aún vírgenes. Asistieron también a
los juegos decretados para honrar el triunfo vistiendo la indumentaria triunfal. …” 4401.
No cesó en la administración del Estado ni tras la muerte de su hijo de siete
años, Vero César, por resultas de un tumor debajo de la oreja; y como Roma
celebraba los juegos de Júpiter Óptimo Máximo, no consintió que los interrumpieran
con luto público, ordenando, solamente, que se limitaran a la erección de estatuas en
honor de su hijo muerto, a que una imagen de oro de su querido hijo fuera paseada en
la procesión de los juegos circenses y a que su nombre se inscribiera en los himnos de
los Salios 4402.
El corregente de Marco Aurelio, Lucio Ceyonio Elio Cómodo Vero Antonino nació
en Roma el día dieciocho de las calendas de enero 4403. No estaba erizado de vicios,
pero tampoco abundó en virtudes y no vivió en un principado propio, sino bajo el
poder, de iguales poderes y dignidades, de Marco, de cuya línea conductual se apartó,
pues su vida era libertina y disoluta 4404. Cuando su padre murió, prematuramente,
Adriano encomendó al joven Vero a la custodia de los Antoninos y cuando Marco
Aurelio ascendió al trono, se le confirió el mismo poder. Parece que este joven poseía
una gran virtud, que no era otra que una reverencia consciente hacia su corregente, al
que reconocía como más capaz y al que abandonaba las arduas tareas del
gobierno 4405. Según la Historia Augusta era “…hermoso de cuerpo, encantador de
4398
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 348.
4399
García Romero, F. y Hernández García, B. 2005. Opus cit. Pág. 174.
4400
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 112.
4401
Ibídem. Págs. 123 y 124.
4402
Ibídem. Pág. 133.
4403
Ibídem. Págs. 144 y 145.
4404
Ibídem. Pág. 144.
4405
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 82.
725
rostro, de barba casi tan larga como la de los bárbaros, alto y con la frente contraída
en las cejas, de forma que inspiraba respeto. Se dice que cuidó tanto sus rubios
cabellos que salpicaba su cabeza con polvillo de oro para que su cabellera, al recibir
más luz, despidiera destellos dorados. […] Vivió siempre entregado al placer y fue otro
Nerón en múltiples aspectos, salvo en la crueldad y en las burlas. Tenía, entre otros
objetos de lujo, un cáliz de cristal que tenía más capacidad de lo que un hombre puede
beber y al que había dado el nombre de Alado, que era el de su caballo favorito.
…” 4406.
Fue aficionado a las cacerías y a los ejercicios gimnásticos, así como a las
aficiones propias de la juventud; en las carreras de caballos tomó partido por los
verdes 4407, la facción del pueblo. Su afición a las carreras de carros fue tan
desmesurada que, estando en provincias remitía y recibía cartas, interesándose por
los resultados 4408. En una ocasión en que asistía a las carreras junto a Marco Aurelio,
tuvo que soportar las injurias de los azules, la facción a la que solía seguir la
aristocracia, porque favorecía con demasiado descaro a los verdes 4409. Y
efectivamente así debía ser, porque “…incluso llevaba consigo una imagen de oro de
un caballo verde llamado Alado; ordenaba que le sirvieran en el pesebre como pienso
uvas pasas y parte de frutos secos en lugar de cebada y que se lo llevaran al palacio
de Tiberio, cubierto de capotes teñidos de púrpura y, cuando murió, hizo erigirle una
tumba en el Vaticano. Fue entonces cuando por primera vez, en atención a este
caballo, comenzaron a pedirse figuras de caballos de oro como premios por la victoria
en los juegos. Y, en este sentido, aquel caballo recibió honores tan grandes, que
frecuentemente la facción de los verdes pedía para él un modio de áureos. …” 4410.
Cuando partió para luchar contra los partos, su hermano Marco lo acompañó
hasta Capua, y como a partir de allí se hartara en grandes comilonas en las fincas de
todo el mundo, se indispuso y cayó enfermo cerca de Canusio, a donde su hermano
acudió a visitarle 4411. A medida que avanzaba su existencia iban poniéndose al
descubierto sus cobardías y ruindades; por ejemplo mientras los sirios devastaban
Oriente, él se dedicaba a cazar en Apulia, a hacer excursiones marítimas cerca de
Corinto y de Atenas, entre orquestas y coros, y a entretenerse recorriendo las
ciudades costeras de Asia y las de Pamfilia y Cilicia, célebres por sus fiestas 4412.
4406
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 155.
4407
Ibídem. Pág. 148.
4408
Ibídem. Pág. 149.
4409
Ibídem. Pág. 150.
4410
Ibídem. Pág. 150.
4411
Ibídem. Pág. 150.
4412
Ibídem. Págs. 150 y 151.
726
Cuando llegó a Antioquía se dedicó a disfrutar de los placeres, mientras sus generales
se encargaban de conseguir para él los títulos de Arménico, Pártico y Médico; y al
regresar a Roma para, celebrar el triunfo, lo hizo contra sus deseos porque no quería
abandonar un país que había sido para él como un reino de su propiedad 4413.
Entre las muchas fatalidades de las que está plagada su existencia se le achaca
que llevara la peste a Roma desde Babilonia, “…cuando se escapó un vaho pestilente
de una arquita de oro del templo de Apolo, en la que un soldado había abierto por
casualidad un resquicio, y que desde allí apestó el reino de los partos y el orbe. …” 4414.
Cuando Marco acudió a luchar contra los germanos, y como no quería dejarlo
sólo en Roma, a causa de sus excesos, marcharon juntos; así mientras Marco Aurelio
preparaba la campaña, Vero se dedicaba a cazar y a banquetear en Aquileya; ciudad
a la que tornaron una vez que terminó la guerra y de donde partieron hacia Roma,
porque Vero echaba en falta los placeres de la ciudad 4415. Pero no lejos de Altino, y y
viajando en un carruaje, tuvo un ataque de apoplejía. Le bajaron del carruaje, le
hicieron una sangría y le condujeron a Altino, donde dejó de existir después de vivir
tres días sin musitar una sola palabra 4416.
Con Marco Aurelio termina, según Gibbon, la etapa más feliz de la humanidad:
“…Si se pidiera a cualquiera que determinara el período de la historia del mundo en
que la condición de la raza humana fue más próspera y feliz, mencionaría sin dudar la
que se extiende entre la muerte de Domiciano hasta el ascenso de Cómodo. …” 4417. Y
la humanidad puede reprochar a este emperador virtuoso que sacrificara el buen
gobierno del Imperio por el amor que sentía por un hijo indigno y que escogiera a su
sucesor en su familia, cuando debería haberlo hecho en la república 4418.
15. 2. 6. Cómodo.
Cómodo (180-193 d C.) nació junto a su hermano gemelo, Antonino, las vísperas
de las calendas de septiembre durante el consulado de su padre, en Lanuvio 4419.
Desde su infancia se mostró impúdico, malvado, cruel, libidinoso, mal hablado y
pervertido; y ya desde aquella tierna edad, un artista en todas aquellas artes que no
eran propias de la dignidad de un futuro emperador; todo ello, hasta el punto, que se
4413
Ibídem. Pág. 151.
4414
Ibídem. Pág. 152.
4415
Ibídem. Pág. 154.
4416
Ibídem. Pág. 154.
4417
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 84.
4418
Ibídem. Pág. 89.
4419
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 173.
727
dedicó a danzar, cantar y a demostrar sus excelentes aptitudes como bufón y
consumado gladiador 4420.
No podía aguantar a sus maestros y, entre sus principales objetivos personales,
se encontraba el de guiar carros con atuendo de auriga 4421. Siguió a los revendedores
ambulantes y les compró caballos de carreras para su uso particular, guió carros
ataviado como los aurigas y convivió con los gladiadores, acciones más propias de
alguien que había nacido para la infamia que de alguien al que la fortuna lo había
elevado hasta su rango 4422. O sea que desde su infancia más tierna mostró aversión a
toda racionalidad y, en cambio, se sintió irremediablemente atraído hacia las
diversiones del populacho, como el circo, el anfiteatro, los gladiadores y la caza de
fieras salvajes 4423. Era un apasionado de la matanza de fieras, llegando a matar cien
osos en un día, pero parece que no lo era menos de las carreras; pero su pudor le
prohibía conducir un carro en público “…excepto tal vez -dice Dión Casio- en las
noches sin luna, ya que a pesar de su deseo de practicar dicho arte ante todos, se
veía reprimido por la vergüenza de que le vieran hacerlo. …” 4424. Cuando conducía
caballos vestía la librea de la facción verde, de la que era forofo 4425. Para que tomen
cuerpo las dudas sobre quién era realmente el progenitor de Cómodo escuchemos
este relato: “…Faustina, hija de Antonino el Piadoso y esposa de Marco Aurelio, al ver
pasar un día a unos gladiadores, experimentó por uno de ellos un violentísimo amor;
enferma de pasión durante mucho tiempo, acabó confesándosela a su esposo. Marco
Aurelio consultó a unos caldeos y éstos le aconsejaron que se matara al gladiador,
que Faustina se bañara en su sangre y que hiciera inmediatamente el amor con su
marido. Se siguió el consejo y, efectivamente, el amor de la emperatriz se extinguió;
pero dio a luz a Cómodo, que fue más bien un gladiador que un príncipe… .” 4426.
Cuando ciñó la corona, cedió a las estipulaciones de los enemigos y abandonó
la guerra que su padre, casi, había terminado; y regresó a Roma para celebrar un
triunfo, en el que colocó tras de sí, en su carro, al actor Saotero, al que, volviendo la
cabeza, besaba públicamente en múltiples ocasiones 4427.
4420
Ibídem. Págs. 173 y 174.
4421
Mangas, J. 2004. Opus cit. Pág. 358.
4422
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 175.
4423
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 95.
4424
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 183.
4425
Ibídem. Pág. 184.
4426
Citado. Ibídem. Págs. 187 y 188.
4427
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 176.
728
Su hermana Lucila 4428, de costumbres tan licenciosas como su madre
Faustina 4429, conspiró contra él, celosa de su segundo puesto y de la emperatriz
reinante; para ello armó a un asesino que lo esperó en la oscuridad mientras
regresaba a palacio, pero el atacante fue reducido por la escolta y confesó; Lucila fue
desterrada y posteriormente asesinada 4430. Su caída final no fue casual, ya que la
clase dirigente estaba decidida a deshacerse de tan degenerado gobernante. A esta
caída contribuyeron los rumores que circulaban acerca de la vida disoluta de Cómodo,
acerca de sus ignominiosos apetitos y de su predilección por gladiadores y aurigas;
rumores que fueron, probablemente, esparcidos por los mismos oficiales que incitaron
a los ejércitos de Britania, Panonia y Siria a participar en el derrocamiento del hijo de
Marco Aurelio 4431. Instigados por su conducta Quinto Emilio Leto y Marcia 4432, su
concubina, le ofrecieron veneno, pero como no fue efectivo se sirvieron para
estrangularle de un atleta con el que entrenaba 4433. Así murió el emperador cuyos más
ardientes deseos habían sido ser gladiador y auriga; juegos públicos a los que acudía
con regularidad, ordenando que se inscribiera en los monumentos públicos las veces
que lo hacía, por lo que sabemos que combatió como gladiador en setecientas treinta
y cinco ocasiones 4434.
4428
Lucila (150-182 d. C). Annia Aurelia Galeria Lucila se casó con Lucio Vero en el 164 d. C.
en Éfeso. Enviudando en el 169, su padre la hizo casarse con Tiberio Claudio Pompeyano. Se
opuso al reinado de su hermano, Cómodo, conspirando contra él en el 162 para colocar en el
trono a su hijastro. Fue arrestada y desterrada a Capri, donde fue ejecutada (Hazel, J. 2002.
Opus cit. Pág. 249).
4429
Annia Galeria Faustina (c. 130-170 d. C). Hija pequeña de Antonino Pío y de Faustina la
Mayor. Adriano quería que se casara con Lucio Vero, pero tras la muerte de aquel fue
prometida por su padre a Marco Aurelio, con quien se casó en el 145 d. C. Le dio a su marido
trece hijos, entre ellos Lucila y Cómodo (Ibídem. Pág. 167).
4430
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág.91.
4431
Rostovtzeff, M. 1998 (B). Opus cit. Pág. 856.
4432
Marcia (muerta 139 d. C) Hija de un liberto que fue la amante de Cómodo, que la trataba
como a su esposa, a pesar de estar casada con Ecleto, su chambelán. Marcia suministró
veneno a Cómodo, en una conspiración en la que participaron su marido y Leto, el prefecto del
pretorio. Esta simpatizante de los cristianos fue ejecutada por el emperador Didio Juliano
(Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 263).
4433
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 192.
4434
Ibídem. Págs.186 y 187.
729
730
16. EL CABALLO Y LOS EMPERADORES ROMANOS DESDE
LA GUERRA CIVIL HASTA EL FIN DE LA CRISIS DEL SIGLO III.
(Alejandro Severo).
Después de la caída de Cómodo fueron varios los generales de las legiones que
se proclamaron emperadores, el primero de los cuales fue Pértinax (193 d. C).
16.1. 1. Pertinax.
4435
Citado. Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 215.
4436
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 197.
4437
Ibídem. Pág. 197.
4438
Ibídem. Págs. 209 y ss.
731
años, siete meses y veintiséis días; y que había sido emperador durante dos meses y
veinticinco días 4439.
Didio Juliano (193 d. C.) fue cónsul con Pértinax, al que sucedió en el
proconsulado de África, por lo que Pertinax lo llamaba colega y sucesor. Como
después de la muerte de Pértinax, la guardia pretoriana subastara el Imperio al mejor
postor, Didio, rico senador, venció prometiendo 25.000 sestercios por hombre 4440;
luego acudió al senado, donde los tribunos Publio Floriano y Vectio Apro lo exhortaron
a que ocupara el trono, pero Juliano les repetía que ya se había nombrado un
emperador, Sulpiciano, suegro de Pértinax 4441. Los pretorianos lo proclamaron, al fin,
emperador, pero el pueblo comenzó a odiarlo porque se difundió que Pértinax había
sido asesinado por orden de Juliano 4442. El pueblo lo hostigaba en las asambleas y le
lanzaba piedras, pero él entró en la Curia y dio gracias al senado por su elección;
cuando salió prometió unas monedas de oro al pueblo y de allí se dirigió a presenciar
unos espectáculos circenses 4443. Allí, y tras ocupar el pueblo, indiscriminadamente los
asientos de los distintos estamentos, redobló los improperios contra él y llamó, para
que defendiera la ciudad, a Pescenio Nigro, que, según parece, ya ejercía el poder 4444.
Didio temía a las legiones de Siria y, en efecto, allí se rebeló Severo, que avanzó hacia
Roma; el senado le arrancó el poder y un simple soldado se encargó de asesinar al
emperador Juliano en palacio 4445. Este fue el fin del rico senador que había comprado
el Imperio, pero que no llegó a pagar el dinero que había ofrecido, por lo que, entre los
soldados que se lo habían asignado en subasta, se hizo impopular 4446. Como Severo
se ganara el apoyo de la guardia pretoriana, marchando hacia Roma, el Senado
condenó a muerte a Didio Juliano, siendo ejecutado el 2 de junio de 193 d. C 4447.
Había vivido cincuenta y seis años y cuatro meses y ostentó el poder supremo durante
dos meses y cinco días 4448.
4439
Ibídem. Pág. 213.
4440
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 134.
4441
Picón, V. y Cascón, A (Editores).1989. Opus cit. Págs. 216 y 217.
4442
Ibídem. Págs. 217 y 218.
4443
Ibídem. Págs. 218 y 219.
4444
Ibídem. Pág. 219.
4445
Ibídem. Pág. 224.
4446
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 134.
4447
Ibídem. Pág. 134.
4448
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 224.
732
16. 2. DINASTÍA DE LOS SEVEROS.
Septimio Severo (193-211 d. C.) nació el seis de los idus de abril en Leptis
(África) y alcanzó el poder imperial tras la muerte de Didio Juliano, después que había
vivido una juventud llena de pasiones y de crímenes 4449. Tuvo que afrontar las
usurpaciones de Pescenio Nigro 4450 que fue nombrado emperador por las legiones de
Siria y tuvo el atrevimiento de pedirle a Severo la repartición del poder entre ambos;
Severo lo mató cerca de Cizico y paseó su cabeza clavada en una pica 4451. Castigó
con crueldad a los hombres que habían seguido a Nigro, ordenando la muerte de los
generales y tribunos que lo habían hecho 4452. A su regreso a Roma, después de
someter a los partos y a los adiabenos, que eran partidarios de Nigro, le ofrecieron los
honores del triunfo, que él rechazó para que los romanos no se pensaran que
celebraba una victoria obtenida contra sus conciudadanos 4453. A mediodía, después de
finalizar sus audiencias, “…cabalgaba durante tanto tiempo como le permitían sus
fuerzas, hacía ejercicio y se bañaba. …” 4454. En Leptis, su patria, construyó unas
instalaciones atléticas modernas, enlazando el moderno circo con el anfiteatro 4455.
Pero cuando terminó con la sedición de Nigro y llegó a Roma, se le anunció que
Clodio Albino 4456 acababa de rebelarse, en la Galia; declaró a éste enemigo público y
partió a luchar contra él, librando múltiples combates; en uno de ellos, cerca de
Tinurcio, afrontó un gran peligro “…al caer de su caballo, de tal forma que llegaron a
creer que había muerto al haber sido alcanzado por el impacto de una bola de plomo
y, como consecuencia de ello, el ejército estuvo a punto de elegir ya a otro emperador.
4449
Ibídem. Pág. 226.
4450
Gayo Pescenio Níger Justo (muerto 194 d. C). Usurpador que tras el asesinato de Pertinax
gobernó en algunas partes del este del Imperio. Siendo gobernador de Siria, sus tropas lo
proclamaron emperador, en oposición a Didio Juliano. Luchó en vano contra Septimio Severo,
enfrentándose a él, por última vez, en Issus, donde fue derrotado. Cuando huía a Partia fue
capturado y ejecutado (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 317 y 318).
4451
Picón, V. y Cascón, A (Editores).1989. Opus cit. Págs. 232 y ss.
4452
Ibídem. Pág. 236.
4453
Ibídem. Pág. 236.
4454
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 327.
4455
Ibídem. Pág. 346.
4456
Décimo Clodio Septimio Albino (muerto 197 d. C). Septimio Severo lo nombró césar y le
prometió la sucesión, pero tras la muerte de Pescenio Nigro, cambió de idea. Albino fue
aclamado emperador por sus tropas de la Galia, pero fue vencido y asesinado por Septimio
Severo cerca de Lyón. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 20).
733
…” 4457. Decapitó el cuerpo de Albino estando aún con vida y envió su cabeza a Roma;
después Severo montó sobre su caballo y “…le hostigó para que saltara por encima
del cadáver de Albino y, al ver que se espantaba, le incitó para que a rienda suelta le
pisoteara sin ningún miramiento. …” 4458.
Este emperador, al que se le consideró excesivamente cruel, debido a sus
múltiples asesinatos, padeció la gota; enfermedad que le obligó a rechazar el triunfo
sobre Partia porque no podía mantenerse erguido en el carro, pero permitió obtener
los honores del triunfo a su hijo, a quien un decreto del Senado le concedió el triunfo
Judaico 4459. Murió en Eboraco (Bretaña) y su cuerpo fue recibido con veneración en
todas las provincias, hasta llegar a Roma 4460 y pasó a la historia por el consejo que dio
a sus hijos en su lecho de muerte: “…Enriqueced a los soldados y no prestéis atención
a nadie más. …” 4461.
Caracalla (211-217 d. C.) debía su nombre a la capa germana con capucha con
la que gustaba vestirse 4462. Alcanzó el poder imperial tras la muerte de su padre. Pero
tornemos a su infancia, que comenzó el día ocho de los idus de abril 4463 y fue
“…lisonjera, ingeniosa, amorosa para sus padres, complaciente para los amigos de
sus padres, bienquista para el pueblo, grata para el senado y apta para granjearse el
amor. No se mostró perezoso en los estudios, ni apático en hacer el bien, ni tacaño en
las liberalidades, ni remiso en la clemencia, al menos en vida de sus padres. En fin, si
alguna vez veía a los condenados expuestos a las fieras, lloraba o apartaba los ojos,
proceder que resultaba al pueblo muy agradable. …” 4464. Pero éste era su
comportamiento de niño, porque cuando creció, “…bien por las advertencias de su
padre, bien por la astucia de su carácter, bien porque consideraba que debía
equipararse a Alejandro el Grande de Macedonia, se volvió más reservado, más
severo e incluso de aspecto más atroz, hasta el punto de que muchos no creían que
era el mismo que habían conocido de niño. Tenía siempre en sus labios a Alejandro
Magno y las hazañas que éste había realizado. […] Fue más orgulloso que su padre y
4457
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Págs. 236 y ss.
4458
Ibídem. Pág. 238.
4459
Ibídem. Pág. 243.
4460
Ibídem. Págs. 246 y ss.
4461
Balsdon, D. R. J. P. V. D. 1970. Opus cit. Pág. 215.
4462
Menéndez Argüín, A. R: Pretorianos: La guardia imperial de la antigua Roma. Almena
Ediciones. Madrid. 2006. Pág. 84.
4463
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 293.
4464
Ibídem. Pág. 286.
734
despreció a su hermano por su gran modestia. …” 4465. Su reinado se caracterizó por
los innumerables crímenes que cometió, incluido el de su hermano Geta, al que
acusaba de asechanzas contra él; lo mandó asesinar en Palacio y después que su
cuerpo fuera quemado 4466.
Lucio Septimio Geta (189-212 d. C), era el hijo menor de Septimio Severo.
Cuando murió su padre, los dos hermanos, que habían sido designados para gobernar
juntos, fueron incapaces de hacerlo, a pesar de los esfuerzos de su madre Julia
Domna. El plan para dividirse el Imperio fracasó y Geta fue asesinado por su hermano
Caracalla 4467.
A Caracalla le gustaba conducir su propia cuadriga, lo que hacía en la pista de
carreras, sin recatarse de nadie y vestido con los colores azules 4468, también cazó
jabalíes con frecuencia e, incluso, hizo frente a un león 4469.
Pero también a él le llegó el momento de que le pagaran con la misma moneda.
Fue entre Edesa y Carras, a donde se había presentado para celebrar la fiesta del dios
Luno, durante las Megalenses, y “…en el momento en que se alejaba a un lugar
apartado para satisfacer sus necesidades naturales fue asesinado en una emboscada
que le tendió el prefecto del Pretorio Macrino 4470, que se apoderó del imperio después
de él. […] Fue asesinado […] cuando bajó de su caballo para orinar y avanzaba entre
los soldados de su escolta, que se habían conjurado también para su asesinato. En
fin, su escudero le atravesó el costado con un puñal, en el momento en que le
ayudaba a subir al caballo. …” 4471. Vivió cuarenta y tres años y reinó durante seis. Dejó
un hijo, Marco Antonino Heliogábalo y fue de costumbres más malas y, todavía, más
cruel que su padre, siendo, además, glotón, borracho, odiado por sus familiares y
aborrecido por todo los soldados, a excepción de los pretorianos 4472.
16. 2. 3. Macrino.
Opilio Macrino (217-218 d C.) se hizo con el poder tras el asesinato de Antonino
Basiano. Este prefecto de la Guardia Pretoriana, de condición humilde y simple
4465
Ibídem. Pág. 287.
4466
Ibídem. Pág. 289.
4467
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 193.
4468
Friedlaender, L. 2005. Opus cit. Pág. 516.
4469
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 292.
4470
Macrino se hizo con el poder siendo prefecto de la guardia pretoriana, en abril del 217 d.
C., cuando conspiró y asesinó a Caracalla en Siria, cuando éste se disponía a atacar a los
partos (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 257).
4471
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 293.
4472
Ibídem. Pág. 295.
735
administrador de sus propiedades particulares, fue aceptado con agrado por el
Senado, cuyos integrantes, en la asamblea, dijeron: “…A cualquiera más que a un
parricida, a cualquiera más que a un incestuoso 4473, a cualquiera más que a un impuro,
a cualquiera más que a un asesino del senado y del pueblo. …” 4474.
De Macrino dice Aurelio Víctor que, durante el reinado de Cómodo, era un liberto
que se prostituía a sí mismo y había ejercido oficios serviles en la mansión del
emperador 4475. Partiendo de tan baja condición llegó a escalar hasta las más altas
dignidades, hasta llegar a prefecto del Pretorio y acabar con la vida de Caracalla,
“…con tanta astucia que no pareció que había sido él el asesino. Porque, después de
haber comprado a su escudero y haber ofrecido una gran perspectiva con la muerte de
Caracalla, se esforzó en que se difundiera la noticia de que había sido asesinado en
un complot militar, porque ya no era grato a causa de su parricidio o de su incesto.
…” 4476. Proclamado emperador marchó enseguida a luchar contra los partos, y en ello
estaba, cuando una sublevación de las legiones lo eliminó, legiones que tras el
asesinato huyeron junto a Vario Heliogábalo 4477. Reino algo más de un año 4478. Y, una
vez más, la crueldad fue la protagonista de otro reinado. De su crueldad baste esta
muestra: “…Hizo atar en la parte inferior de un carro de ruedas a un tribuno, que
permitió que abandonaran un puesto de guardia, y ordenó que le arrastraran así,
primero vivo y luego muerto, durante toda una marcha. Restableció también el suplicio
de Mezencio, y, de acuerdo con sus normas, ataba personas vivas con cadáveres y
las obligaba a morir consumidas por el prolongado contagio. …” 4479.
16. 2. 4. Heliogábalo.
4473
Sobre el incesto cometido por Caracalla, esto es lo que nos relata la Historia Augusta
“…Interesa saber cómo dicen que se celebró el matrimonio con su madrastra Julia. Dicen que
un día que esta bellísima mujer se presentó casi completamente desnuda, simulando que se
trataba de un descuido, y Antonino la dijo: <<Te querría, si fuera lícito>>, ella le replicó
diciendo: <<Si quieres, es lícito>>. O ¿acaso no sabes que tú eres emperador, y que tú das las
leyes y no las recibes?>>. Al oir esto, su pasión desordenada se vio azuzada a cometer el
crimen y celebró unas bodas que él más que nadie debería haber prohibido, si hubiera sido
consciente de que era él a quien le competía legislar. Tomó, pues, como esposa a su madre (a
la que no se le debería llamar con otro nombre) y sumó a su fratricidio un incesto, ya que se
unió en matrimonio a aquella a cuyo hijo había asesinado un poco antes. …” (Ibídem. Pág.
297).
4474
Ibídem. Pág. 309.
4475
Ibídem. Pág. 311.
4476
Ibídem. Págs. 311 y 312.
4477
Ibídem. Pág. 316.
4478
Ibídem. Pág. 316.
4479
Ibídem. Pág. 320.
736
Tras el asesinato de Macrino se confirió el trono a Vario 4480 Heliogábalo (218-222
d. C.). Fue éste un sacerdote del Sol que se había impuesto a sí mismo el nombre de
Antonino, tal vez porque se había dado cuenta de la gran estima de que se hacían
merecedores todos los portadores de ese nombre; el nombre de Heliogábalo provenía
del hecho de haber desempañado el sacerdocio de ese dios, que él importó de Siria y
al que construyó un grandísimo y bellísimo templo en Roma 4481. Heliogábalo pasaba
por ser hijo de Caracalla y en la Historia Augusta se le describe como “…el más
impuro de todos los mortales y de tal calaña que, por un hado desconocido, envileció
el imperio romano. …” 4482.
Estaba totalmente sometido a la voluntad de su madre, sin cuyo asentimiento no
tomaba ninguna decisión de Estado; y ésta no brillaba, precisamente, por su
honestidad, ya que se conducía en palacio como una meretriz, y cuyo acto sublime
como tal fue su adulterio con Caracalla, de donde habría nacido el ilegítimo Vario 4483.
Elio Lampridio se disculpa por haber escrito su vida, y justifica el hecho alegando que
lo hizo porque antes ya había habido emperadores como Calígula o Nerón, diciendo
exactamente: “…pero como la misma tierra produce simultáneamente veneno y trigo u
otros alimentos saludables, serpientes y animales domésticos, el lector atento se
procurará una cierta compensación al leer las vidas de Augusto, Trajano, Vespasiano,
Adriano, Pío, Tito y Marco y contrastarlas con estos tiranos monstruosos. …” 4484.
Pronto los soldados se arrepintieron de la muerte de Macrino y del
nombramiento de Heliogábalo y cambiaron sus deseos a favor de su primo Alejandro
Severo 4485, ya que aquel “…cometía todo tipo de ruindades, dejándose incluso copular
y poniéndose celoso como las mujeres, […] ¿quién podía soportar a un emperador
que absorbía placer por todas las cavidades de su cuerpo, cuando nadie toleraría un
comportamiento similar ni siquiera en una bestia? …” 4486. Vendía por sí mismo, o a
través de sus esclavos o de los ministros, sus placeres, dignidades y poderes;
elevando a los puestos más altos del gobierno a los aurigas del circo, eunucos,
peluqueros, travestidos; e, incluso, pensaba nombrar sucesor suyo a uno de sus
favoritos, un esclavo infame llamado Hierocles 4487. Es Dión Casio quien nos relata
cómo se enamoró Heliogábalo del auriga: “… Hierocles, en los juegos del circo, cayó
4480
Este nombre se lo dieron sus condiscípulos porque pensaban que había sido concebido por
un semen variado, como los hijos de las meretrices. (Ibídem. Pág.337).
4481
Ibídem. Pág. 336.
4482
Ibídem. Pág. 334.
4483
Ibídem. Pág. 337.
4484
Ibídem. Pág. 335.
4485
Ibídem. Pág. 340.
4486
Ibídem. Pág. 340.
4487
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 471.
737
de su carro contra el asiento de Sardanápalo; en su caída se le soltó el casco; el
príncipe al verle –no llevaba barba y poseía una cabellera rubia- ordenó
inmediatamente que fuera puesto a salvo y llevado a palacio. …” 4488. A éste lo amó
tanto que, incluso, besaba sus partes sexuales 4489. A Protogenes y Cordio, otros
aurigas, los tuvo, primero, como socios en las competiciones del circo y luego como
compañeros de sus infames acciones 4490. A Cordio terminó nombrándolo prefecto del
Pretorio 4491.
Abrió los baños de Plauciano, para poder descubrir los cualidades de los
hombres que estaban mejor dotados y ordenó buscar por toda Roma y entre los
marineros a los onobelos (hombres con penes de asnos) 4492. Sacrificó vidas humanas,
buscando por toda Italia a niños nobles y hermosos, cuyos padres vivieran, para que la
muerte de aquellos fuera más dolorosa a éstos 4493. Y se casó con Zótico, un atleta que
hizo traer de Esmirna, que traficaba con su influencia sobre Vario, haciendo promesas
a unos, engañando a otros, y amasando incalculables riquezas 4494.
Pero como los soldados no pudieran soportar esa peste como emperador,
mostraron sus simpatías por Alejandro Severo que había sido nombrado César por el
Senado 4495. Pretendió desposeer a Alejandro de su título de César, ordenando al
Senado que se lo quitara, pero obteniendo de él sólo un profundo silencio, ya que éste
era un joven excelente, como confirmó después durante su gobierno, aunque
lógicamente no era del agrado de su padre por no ser un joven impúdico 4496.
Finalmente mandó que acabaran con él, como mejor les pareciera, en el baño,
envenenándolo o pasándolo por la espada y prometiendo grandes premios a quien
llevara a cabo la vileza y esperó la noticia de la muerte de su primo en unos jardines
en los que preparaba un concurso de aurigas 4497. Avanzaba el tiempo y lo soldados
estuvieron dispuestos a perdonar a este loco si alejaba de su presencia a las personas
deshonestas, como aurigas e histriones, y volvía al camino del bien; así parece que se
hizo, apartando a Hierocles y a Cordio de sus cargos, pero Heliogábalo reclamaba a
Hierocles al mismo tiempo que insistía en sus maquinaciones contra el César 4498. Por
fin los pretorianos se decidieron a acabar con él, deshaciéndose primero de los
4488
Auget, R. 1972. Opus cit. Pág. 188.
4489
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 341.
4490
Ibídem. Pág. 341.
4491
Ibídem. Pág. 348.
4492
Ibídem. Pág. 345.
4493
Ibídem. Pág. 345.
4494
Ibídem. Pág. 346.
4495
Ibídem. Pág. 345.
4496
Ibídem. Págs. 348 y 349.
4497
Ibídem. Págs. 349 y 350.
4498
Ibídem. Págs. 350 y 351.
738
cómplices de sus liviandades y, después, asesinándolo a él en una letrina en la que se
había escondido, después arrastraron su cadáver por la arena del circo y lo tiraron al
Tíber 4499.
Entre sus excentricidades, se cuenta que cubría sus lechos con colchas de oro,
sus triclinios con toda clase de flores, que alimentaba a sus caballos con uvas de
Apamea y que sentía una especial predilección por los leones y los leopardos, de los
que se hacía acompañar durante sus banquetes, para asustar a sus invitados; y, entre
estos convidados distribuía eunucos, cuadrigas, caballos enjaezados, mulos, literas,
carruajes, y monedas de plata y oro4500. Reunió en unos edificios públicos a todas las
meretrices de Roma que deambulaban por el circo y otros lugares; y mientras
desayunaba o comía, organizaba exhibiciones de cuadrigas de las que actuaban en el
circo, obligando a sus ancianos invitados a que las condujeran; uncía a sus carros
perros gigantescos, ciervos y leones, carruajes que estaban cubiertos de piedras
preciosas y oro y despreciaba los fabricados de plata, marfil o bronce 4501. Siendo un
ciudadano simple no viajaba con menos de sesenta carruajes, pero llegado a
emperador, su séquito lo constituían seiscientos, séquito que él justificaba alegando
que el rey de los persas viajaba con diez mil camellos y Nerón lo había hecho con
quinientos carruajes 4502. El camino de los pórticos por los que accedía al caballo o al
carruaje los cubría con limaduras de oro y plata, lamentándose de no poder hacerlo
con ámbar 4503.
Esta fue la alocada existencia de Heliogábalo, un emperador que sabedor de su
vileza, y ante el vaticinio de unos sacerdotes sirios de que moriría de muerte violenta,
“…había preparado cuerdas trenzadas con hilo de seda y de púrpura oscura y
escarlata para hacer con ellas un lazo si era preciso y poner así fin a su vida. Había
preparado igualmente espadas de oro para suicidarse, si le apremiaba alguna fuerza
imprevista. Había preparado también veneno en piedras preciosas, jacintos y
esmeraldas para darse muerte, si le amenazaba algún peligro grave. Y había hecho
levantar una torre muy alta, construida bajo su inspección con tablados incrustados en
oro y pedrería, para precipitarse desde ella, porque decía que también la muerte debía
ser valiosa y como una especie de lujo, hasta el punto de que no se pudiera decir que
nadie había muerto como él. …” 4504. Elio Lampridio vuelve a justificarse, al final de la
vida de Vario y pide perdón “…por haber reseñado aquí estos detalles que he
4499
Ibídem. Págs. 352 y 353.
4500
Ibídem. Págs. 355 y ss.
4501
Ibídem. Págs. 362 y ss.
4502
Ibídem. Pág. 367.
4503
Ibídem. Pág. 368.
4504
Ibídem. Pág. 369.
739
encontrado en distintos autores, habiendo callado, en cambio, muchas acciones
impías y que no se pueden narrar sin experimentar muchísima vergüenza; ahora bien,
todo lo que he expuesto, lo he encubierto en la medida de lo posible utilizando
distintos eufemismos. …” 4505.
4505
Ibídem. Pág. 370.
4506
Ibídem. Pág. 373.
4507
Ibídem. Pág. 373.
4508
Ibídem. Pág. 375.
4509
Ibídem. Pág. 376.
4510
Ibídem. Pág. 386.
4511
Ibídem. Pág. 387.
4512
Ibídem. Pág. 390.
4513
Ibídem. Pág. 397.
4514
Ibídem. Págs. 399 y 400.
740
que cuando prescindía de los servicios de alguien lo despedía, diciéndole: “el Estado
te lo agradece”, remuneraba sus servicios con fincas, bueyes, caballos, herramientas,
dinero para que construyeran una casa, mármol para su decoración y el dinero de los
jornales para alzarla; y, además, honró a los emperadores divinizados levantándoles
imponentes estatuas, en el Foro del divino Nerva, que los representaban, desnudos, a
pie o a caballo 4515. Aunque asistió con frecuencia a los espectáculos, pensaba que a
los aurigas, monteros o actores había que alimentarlos como a esclavos de nuestra
propiedad, sean tales o instrumentos de placer 4516. A los gobernadores provinciales les
entregaba, para que los disfrutaran durante su gobierno, oro, plata, un mulatero, un
cocinero, una concubina, mulas y dos caballos; las mulas y los caballos debían
devolverlos al finalizar su misión, pero lo demás se lo podían quedar si habían
gobernado con rectitud; si no debían devolver el cuádruple de lo que habían
recibido 4517. Permitió a los senadores circular por Roma en carros guarnecidos de
plata, pues ello aumentaba la dignidad de la ciudad 4518. Y obligó a los cuestores
nombrados por él a dar espectáculos al pueblo, corriendo ellos mismos con los gastos;
pero también instituyó los interventores del fisco para que ofrecieran espectáculos al
pueblo, con dinero de éste, aunque éstos debían ser más económicos que los
ofrecidos por aquellos 4519.
Cuando un senador, extremadamente afeminado, de antigua familia, llamado
Ovinio Camilo, intentó usurpar el trono, lo llamó a Palacio para darle las gracias por
querer asumir las riendas del Imperio; luego lo llevó al Senado y lo nombró copartícipe
del trono, para terminar invitándole a partir con él en una expedición contra los
bárbaros, caminando a pie como el emperador; pero como Ovinio “…andaba vacilante
tras haber recorrido cinco millas, le ordenó que se montara en un caballo y después le
subió a un carruaje militar, puesto que tras dos jornadas de camino se había fatigado
de ir a caballo. …” 4520.
También Severo emprendió una expedición contra los partos, llamando la
atención la dignidad con la que equipó a sus ejércitos, que avanzaban “…armados con
distinción y dotados de caballos aparejados con mantas y frenos adecuados, de tal
forma que cualquiera que contemplara el ejército de Alejandro podría descubrir lo que
era el Estado romano. …” 4521. En la expedición contra los persas, venció al poderoso
4515
Ibídem. Págs. 398 y ss.
4516
Ibídem. Pág. 406.
4517
Ibídem. Pág. 414.
4518
Ibídem. Pág. 414.
4519
Ibídem. Pág. 414.
4520
Ibídem. Págs. 418 y 419.
4521
Ibídem. Pág. 420.
741
rey Artajerjes 4522, batalla que él dirigió en persona, animando a cada uno de sus
soldados con sus palabras y dando fuga a un rey que había acudido a luchar contra
Roma con setecientos elefantes, mil ochocientos carros equipados con hoces y
muchos miles de caballos 4523. Vencido Artajerjes, volvió a Roma para celebrar un
hermoso triunfo, pero, antes, fue al senado para explicar las hazañas del ejército
romano: “…Padres conscriptos, hemos vencido a los persas. […] tenían setecientos
elefantes que estaban provistos de torres armadas con arqueros y cargadas de
flechas. Les capturamos trecientos, doscientos yacen muertos, y hemos traído aquí
dieciocho. Tenían mil ochocientos carros cargados con hoces. Pudimos traernos
doscientos carros que iban tirados por animales a los que dimos muerte, pero nos
abstuvimos de hacerlo porque podía fingirse fácilmente este hecho. Hicimos huir a
ciento veinte mil jinetes, dimos muerte durante la guerra a diez mil catafractarios a los
que llaman clibanarios y con sus armas armamos a los nuestros. […] Hemos derrotado
y puesto en fuga a Artajerjes, rey poderosísimo por su prestigio y por sus dominios, de
tal modo que la tierra de los persas contempló su huida y el propio rey tras abandonar
sus enseñas se escapó de aquel lugar por donde en otro tiempo fueron paseadas en
triunfo las enseñas de los nuestros. Padres conscriptos, éstas son nuestras hazañas.
…” 4524. Tras este discurso subió al Capitolio a ofrecer un sacrificio y depositar en el
templo las túnicas de los persas; después prometió un congiario al pueblo y la
celebración de unos juegos circenses pérsicos; congiario que se repartió al día
siguiente, una vez acabadas las carreras 4525.
Este severo emperador que vivió veintinueve años, tres meses y siete días, reinó
durante trece años y ocho días; reinado durante el que siguió los consejos de su
madre, junto a la que fue asesinado por los germanos, que atravesaron su cuerpo con
múltiples golpes y lo decapitaron, tal vez, a causa de su severidad 4526.
16. 3. 1. Maximino.
4522
Artajerjes I (reinó 226-241 d. C). Primer rey sasánida de Persia, hijo de Papak. Después de
hacerse con el poder se embarcó en una guerra contra Roma, a la que le reclamó todos los
territorios que los persas habían dominado en el siglo V a. C. Severo Alejandro lucho contra él
entre el 230 y 232 d. C. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 45 y 46).
4523
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 425.
4524
Ibídem. Págs. 425 y 426.
4525
Ibídem. Págs. 427 y 428.
4526
Ibídem. Págs. 430 y 431.
742
Maximino (235-238 d. C.), nació en una aldea de Tracia, de padres bárbaros,
circunstancia que, llegado a emperador, ocultó, para que no se conociera su origen
bárbaro 4527. El territorio de los tracios, que en las fuentes latinas aparece como
Thracia, se correspondía con los que hoy es Bulgaria, la parte nororiental de Grecia y
la parte europea de Turquía. De condición guerrera típicamente indoeuropea, el modo
de pelear de los tracios era salvaje, por lo que fueron incorporados, primero, a los
ejércitos persa y macedonio y, después, al romano. En concreto la tribu de los getas,
que estaba muy influenciada por sus vecinos escitas, proporcionó a los romanos
hábiles arqueros a caballo 4528. De la utilización del caballo por tracios y getas nos da fe
el tesoro de Graiova, en el que aparecieron jaeces de plata para caballos 4529. Y es que
muchos terratenientes tracios, todavía en el siglo II y III d. C. se hacían enterrar a la
antigua usanza, bajo túmulos y en carros sepulcrales como sabemos por la
arqueología 4530. Los getas llegaron a constituir un peligro para el Imperio Romano,
burlándose de Roma porque se sentían seguros con su arco, su carjac lleno de flechas
y su caballo, capaz de recorrer extensiones inmensas 4531. Avino a ser provincia
romana después de la muerte del rey Roemetalces, hijo de Cotis, que aunque él había
logrado mantener a todos los tracios bajo su cetro, a su muerte, sus herederos
dividieron el reino y emprendieron enconadas luchas, por lo que Roma intervino en sus
disputas, hasta que el emperador Claudio terminó por anexionarla al Imperio como
provincia en el 46 d. C 4532.
Maximino había sido pastor en su adolescencia, defendiendo a sus rebaños de
los ladrones; y cuando ingresó en el ejército, sus primeros años los sirvió en la
caballería 4533, distinguiéndose “…por el tamaño de su cuerpo, sobresalía entre todos
los soldados por su valor, era agradable por su aspecto viril, bravo en sus costumbres,
duro, soberbio, despreciativo, pero casi siempre justo. …” 4534. Todo apunta a que pudo
padecer gigantismo 4535. Lo conoció Septimio Severo el día del nacimiento de Geta,
durante unos juegos que dio el emperador y en los que venció a numerosos
contrincantes, después de cuya hazaña lo incorporó al ejército 4536. Días después,
4527
Ibídem. Pág. 437.
4528
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Págs. 318 y 319.
4529
Grimal, P. 1986. Opus cit. Pág. 255.
4530
Rostovtzeff, M. 1998 (A). Opus cit. Pág. 491.
4531
Grimal, P. 1986. Opus cit. Pág. 265.
4532
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 318.
4533
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 438.
4534
Ibídem. Pág. 438.
4535
El gigantismo es una enfermedad que causa la excesiva secreción, por la hipófisis, de la
hormona del crecimiento, durante la etapa del mismo. Aparece cuando esta secreción no se
detiene a tiempo, porque no se cierra la epífisis del hueso (Nota del autor).
4536
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 438.
743
cuando Septimio paseaba por el campo de batalla, presenció un alboroto que causaba
Maximino y le ordenó a un tribuno que le inculcase la disciplina romana; cuando
Maximino “…comprendió que el emperador había hablado de él y que a pesar de ser
considerado un bárbaro era reconocido por el príncipe y sobresalía entre muchos, se
acercó al estribo del emperador, que estaba montado a caballo. Luego Severo,
queriendo comprobar cuanto podía correr, lanzó a su caballo con grandes rodeos y,
aunque él se esforzó, Maximino no dejó de correr durante un largo espacio de tiempo;
entonces el viejo emperador le dijo: ¿Qué deseas pequeño tracio?, ¿acaso te agrada
luchar después de la carrera? Aquel respondió: Como gustes, emperador. Después de
esto, Severo, bajó del caballo y ordenó que se le enfrentaran los más aguerridos y
fuertes soldados. Entonces, como era normal en él, venció a los siete más fuertes en
un solo combate, y sólo a él le fue concedido por Severo, además de los premios de
plata, un collar de oro; luego se le ordenó situarse siempre en el séquito imperial, entre
los componentes de su guardia personal. A partir de entonces fue alguien distinguido,
famoso entre los soldados: era amado por los tribunos, bien acogido por sus
compañeros, obtenía lo que quería del emperador y, aunque era muy joven, Severo
coadyuvó a sus ascensos en el ejército. Sobresalía entre todos por la altura, tamaño y
hermosura de su cuerpo y por la magnitud de sus ojos y la franqueza que éstos
desprendían. …” 4537. Durante el reinado de Heliogábalo se separó del ejército porque
el emperador bromeó con él acerca de las veces que podía satisfacer a una mujer,
llegando a fingir enfermedades para no saludarlo ni tocar su mano; pero, por el
contrario, Alejandro Severo lo recibió con admirada alegría, confiándole reclutas para
que aprendieran la milicia con sus costumbres 4538. De este Hércules de su tiempo se
decía que era capaz de arrastrar un carro con sus manos, de mover una carreta
cargada, de darle un puñetazo a un caballo y saltarle los dientes o romperle una pata
de una patada, de triturar piedras tobas, o de abatir grandes árboles, por lo que,
además de Hércules, lo llamaban Milón de Crotona (renombrado atleta de la
antigüedad) o Anteo (un enorme gigante que era hijo de Poseidón y la Tierra) 4539.
Fue nombrado Augusto, tras la muerte de Alejandro Severo, por los soldados sin
ser senador y sin que mediara un decreto del Senado; y llegado al poder, este hombre
que estaba acostumbrado a vivir como las fieras, se hizo más severo e inhumano e
incapaz de soportar a su lado a ningún noble, debido a su origen bárbaro 4540. Se creía
inmortal a causa de su fortaleza, pero estuvo a punto de morir en Germania cuando se
4537
Ibídem. Págs. 438 y 439.
4538
Ibídem. Págs. 440 y 441.
4539
Ibídem. Pág. 442.
4540
Ibídem. Págs. 443 y ss.
744
internó en un pantano, quedando su caballo atrapado en las aguas fangosas;
encontrándose rodeado por los germanos, hubiera sido capturado si sus soldados no
lo hubiesen socorrido 4541.
Como los romanos no podían soportar su crueldad, urdieron un plan para
asesinarlo; mientras un ejército de África nombraba emperador, contra su voluntad, al
anciano Gordiano, que fue proclamado Augusto por el senado, junto a su joven hijo
Gordiano; senado que al mismo tiempo declaró enemigo público a Maximino, que
cuando se enteró del decreto senatorial se enfureció como una horrible fiera 4542. Pero
como Gordiano fuera atacado en África por un tal Capeliano y su hijo muriera en la
dura batalla, el viejo augusto se quitó la vida 4543, tal vez temeroso de Maximino. El
senado se vio entonces obligado a nombrar nuevo emperador y nombró a Máximo,
antiguo prefecto de la Ciudad, a Balbino y al pequeño nieto de Gordiano; con los tres
emperadores esperó la furia de Maximino, que llegó a Italia donde encontró cerradas
las puertas de todas las ciudades 4544. Finalmente sus soldados se decidieron a
asesinar a Maximino y a su hijo, cuando se hallaban en su tienda de campaña,
clavaron sus cabezas en picas y, posteriormente, las enviaron a Roma 4545. El regocijo
fue general y hasta “…el mensajero que fue enviado a Roma desde Aquileya, imprimió
a su galopar tal velocidad, cambiando de caballo de vez en cuando, que llegó a Roma
al tercer día de haber dejado a Máximo en Rávena. …” 4546. El senado decretó, para los
nuevos príncipes, estatuas con elefantes, carros triunfales, estatuas ecuestres y
4547
trofeos .
16. 3. 2. Gordiano I.
Gordiano I (238 d. C.). Descendía, por parte de padre, de los Gracos y por parte
de madre, del propio Trajano 4548. Este romano tenía un rostro majestuoso y una
canicie elegante, ligeramente gordo, era tan moderado en sus costumbres que no se
podría decir que hubiera realizado algo de manera anhelosa o excesiva; amó a sus
descendientes de manera excepcional y tuvo tanto respeto a su suegro que se unió a
su familia como un hijo más; fue sobrio con el vino, aficionado al baño y dormilón, por
4541
Ibídem. Pág. 447.
4542
Ibídem. Págs. 448 y ss.
4543
Ibídem. Pág. 453.
4544
Ibídem. Págs. 454 y ss.
4545
Ibídem. Pág. 457.
4546
Ibídem. Pág. 459.
4547
Ibídem. Pág. 460.
4548
Ibídem. Págs. 467 y 468.
745
necesidad natural; un hombre, en fin, de vida venerable que tuvo una muerte que no
merecía 4549. Como sabemos los soldados, durante su proconsulado en África, lo
obligaron a aceptar la púrpura, siendo ya octogenario.
Durante su edilidad, ofreció al pueblo un espectáculo para cada mes, llegando a
ofrecer quinientos pares de gladiadores y en, un sólo día, cien leones y, en otro, mil
osos 4550. En su casa, que antes fue de Gneo Pompeyo se conservaba la pintura de
una cacería, que él había ofrecido, y en la que podían verse, entre otros animales,
doscientos ciervos palmados, treinta caballos salvajes, cien ovejas montaraces, cien
toros de Chipre, treinta onagros, trescientos avestruces de Mauritania, etc. Cuando fue
cónsul, los espectáculos circenses que ofreció superaban a los propios juegos
imperiales y, después de pedir permiso al emperador, distribuyó entre las facciones del
circo cien caballos sicilianos y cien de Capadocia. 4551.
Su hijo Gordiano II (238 d. C.) fue nombrado augusto al mismo tiempo que su
padre. Buen estudiante, tenía una memoria singular y tan buen corazón que no podía
contener el llanto cuando el maestro golpeaba a algún niño en su presencia; tuvo por
maestro a Sereno Samónico, que al morir le regaló la biblioteca, de setenta y dos mil
volúmenes, que había recibido de su padre, lo que “…le llevó a los cielos, pues,
gracias al prestigio de las letras, tras entrar en posesión de una biblioteca de tal
magnitud y esplendor, alcanzó la fama entre los hombres. …” 4552. Le gustaban la vida
regalada, el vino y las mujeres; teniendo asignadas veintidós concubinas de las que
tuvo tres o cuatro hijos con cada una, por lo que en son de burla, unos, lo llamaban
Priamo, como el rey de Troya que tuvo cincuenta hijos, y, otros, Priapo, como el dios
de la fecundidad 4553. Vivió en la molicie de los jardines, los baños y los bosques
placenteros; pero en cuanto a valentía se refiere, estuvo a la altura de los mejores, no
descuidando nunca las cuestiones oficiales, por lo que el pueblo romano puso en él la
esperanza del Estado 4554.
4549
Ibídem. Págs. 471 y 472.
4550
Ibídem. Págs. 468 y 469.
4551
Ibídem. Págs. 469 y 470.
4552
Ibídem. Pág. 482.
4553
Ibídem. Pág. 482.
4554
Ibídem. Pág. 483.
746
Pupieno y Balbino (238 d. C.) fueron nombrados príncipes por el Senado,
después de la muerte de los dos Gordianos en África, para que marcharan contra
Maximino el Tracio; siendo nombrado con ellos Gordiano III 4555. Máximo o Pupieno era
hijo de un individuo de la plebe que, según unos, era herrero y, según otros, era
fabricante de carretas; Balbino, por el contrario, era un noble que ejerció el consulado
por dos veces y que administró diversas provincias; y si al primero le gustaba mucho
comer, muy poco el vino, y poco los asuntos de Venus y era de semblante triste y
huraño, aunque nunca se mostró despiadado; al segundo le gustaban en exceso los
placeres, cuyo disfrute sostenía su inmensa fortuna, el vino y los asuntos
amorosos 4556. Tras su nombramiento como príncipes y después de ser nombrado
césar Gordiano III, se celebraron ritos sagrados además de ofrecerse juegos
escénicos y circenses 4557.
Pero aunque ambos regían el Estado con moderación, surgieron entre ellos las
inevitables rencillas; Balbino despreciaba a Máximo por su origen humilde, y Máximo
despreciaba a Balbino por su debilidad 4558. Ambos fueron asesinados por los soldados,
mientras contemplaban unas representaciones escénicas, tras cuyo acto, el césar
Gordiano fue nombrado Augusto 4559. Final indigno de la vida y de las costumbres de
dos buenos emperadores 4560.
Gordiano III (238-244 d. C.). Unos dicen que era hijo de una hija de Gordiano I,
pero otros aseguran que era hijo de Gordiano II 4561. Gobernó bien gracias a los
consejos de su suegro Timesiteo, cuya hija tomó en matrimonio antes de partir para
una guerra contra los persas, a los que venció, y por cuya victoria el Senado decretó el
triunfo al estilo persa para Gordiano ya que era a ese pueblo a quien había vencido.
Para Timesiteo el Senado decretó una cuadriga de seis caballos con un carro triunfal y
con la siguiente inscripción: “…El senado y el pueblo romano, en justa
correspondencia a Timesiteo, hombre eminente, padre de príncipes, prefecto del
Pretorio, defensor del mundo entero y guardián del Estado. …” 4562. Pero la felicidad no
4555
Ibídem. Pág. 514.
4556
Ibídem. Págs. 502 y ss.
4557
Ibídem. Pág. 505.
4558
Ibídem. Págs. 510 y 511.
4559
Ibídem. Págs. 511 y 512.
4560
Ibídem. Pág. 512.
4561
Ibídem. Pág. 485.
4562
Ibídem. Págs. 486 y ss.
747
duró mucho ya que Tiemesiteo murió pronto; dicen unos que a causa de una
enfermedad y otros que a causa de las malas artes de Filipo, que después de él fue
prefecto del Pretorio y alcanzó, al final, la púrpura imperial 4563. A este príncipe alegre,
hermoso, amable, grato para todos, jovial y sobresaliente en las letras le faltó, para
ejercer el poder, edad 4564.
Filipo el Árabe (244-249 d. C.) fue nombrado prefecto del Pretorio después de
que muriera Timesiteo, “…un individuo de origen humilde pero arrogante, que no se
contentó con su nueva y enorme fortuna, pues enseguida se conjuró por medio de los
soldados contra Gordiano, quien le había llamado para que ocupase el puesto de su
padre. …” 4565. Extendió entre los ejércitos el rumor de que Gordiano era joven y no
podía regir el Imperio, tarea que debía encomendarse a alguien que conociera el
ejército y los asuntos de Estado; así consiguió ser llamado al poder públicamente 4566.
Como el ejército ordenara que Filipo gobernara conjuntamente con Gordiano, y aquel
se comportara con insolencia con el joven emperador, éste se quejó ante un tribunal
militar pero no consiguió apartar a Filipo del poder; por el contrario éste mandó que se
ejecutara a Gordiano, consiguiendo de manera sacrílega y por medios ilegales el
poder imperial 4567.
Una laguna en los textos de la Historia Augusta nos ha privado de conocer, por
ella, la vida de los emperadores Decio, Treboniano Galo y Emiliano (253 d C.). Decio
(249-251 d. C.) fue forzado por las legiones de Mesia, que le platearon la alternativa
de aceptar la púrpura o la muerte, por lo que se vio obligado a aceptarla 4568. Nada más
ascender al poder, se dedicó a la construcción de la paz y a administrar justicia, pero
la invasión de los godos exigió su presencia en el Danubio; es ésta “…la primera
ocasión relevante en que la Historia menciona a este gran pueblo que más tarde
quebrantaría el poder romano, saquearía el Capitolio y reinaría en la Galia, Hispania e
Italia. Tan memorable fue su papel en la subversión del Imperio de Occidente que con
4563
Ibídem. Pág. 491.
4564
Ibídem. Págs. 494 y 495.
4565
Ibídem. Pág. 492.
4566
Ibídem. Pág. 493.
4567
Ibídem. Pág. 493.
4568
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 102.
748
frecuencia el nombre de godos se considera un apelativo general para la barbarie
tosca y peligrosa. …” 4569. Decio acudió y encontró a los godos ante Nicópolis, junto al
Jatro; pero los bárbaros levantaron el sitio y avanzaron hacia Filopópolis, una ciudad
de Tracia, junto al monte Hemo, que había sido fundada por el padre de Alejandro
Magno 4570. Sitió la ciudad y no permitió que los godos, extenuados, se batieran en
retirada; entonces éstos prefiriendo la muerte a la esclavitud, lucharon contra los
romanos en una ciudad de Mesia, llamada Forum Terebronii 4571. Estos eran terrenos
cenagosos y el primero en caer fue el hijo del emperador; pero su desolado padre
advirtió, a las tropas romanas, que la caída de un único soldado importaba poco a la
República 4572. Allí fueron repelidos los ataques de las dos primeras líneas godas, pero
cuando los romanos intentaron cruzar la ciénaga, “... ahí cambió la fortuna del día y se
puso en contra de los romanos: el terreno, lleno de lodo se hundía bajo los que
permanecían en pie y hacía resbalar a los que avanzaban; las armaduras eran
pesadas y las aguas, profundas; en aquella situación incómoda, no podían manejar las
pesadas jabalinas. Por el contrario, los bárbaros estaban acostumbrados a luchar en
terrenos pantanosos, eran altos y llevaban largas lanzas con las que podían herir a
cierta distancia. En el pantano, el ejército romano, tras una lucha inútil, se vio
irremediablemente perdido. No se encontró nunca el cadáver del emperador. Tal fue el
destino de Decio en el quincuagésimo año de su vida tras comportarse como un buen
príncipe, activo en la guerra y afable en la paz; el cual, junto con su hijo, ha merecido
ser comparado, tanto en la vida como en la muerte, con los más destacados ejemplos
de la virtud clásica. …” 4573.
Muerto Decio se confío la púrpura a Hostiliano (251 d. C.), único hijo
superviviente del emperador, pero se concedió un rango similar a Treboniano Galo
(251-253 d. C.) para que, por su experiencia, asesorara al joven príncipe y gobernara
al afligido Imperio 4574. Éste dejó marchar a los godos y, además, prometió pagarles
todos los años con oro para que no llevasen a cabo más incursiones en el territorio
romano; y acto seguido murió Hostiliano, tal vez, de peste, o, tal vez, asesinado por
Galo 4575.
Alentados por el éxito de sus hermanos, nuevas tribus bárbaras invadieron las
tierras de Iliria, llegando a las puertas de Roma; entonces Emiliano (253 d C.),
4569
Ibídem. Págs. 102 y 103.
4570
Ibídem. Pág. 107
4571
Ibídem. Pág. 109.
4572
Ibídem. Pág. 109.
4573
Ibídem. Pág. 109.
4574
Ibídem. Pág. 110.
4575
Ibídem. Pág. 110.
749
gobernador de Panonia, ante el aparente abandono por parte de Galo de sus
obligaciones imperiales, asumió la defensa del Imperio y en el mismo campo de batalla
sus soldados lo nombraron emperador 4576. Galo, con la intención de aplastar al
levantisco Emiliano, salió a su encuentro hasta las llanuras de Spoleto, pero los
soldados compararon la ignominiosa conducta de Galo con la virtud de su rival y
terminaron asesinando al emperador y a su hijo Volusiano, acto con el que finalizó la
guerra civil. Emiliano, un emperador vanidoso venció a Galo, pero cayó bajo el poderío
de un competidor más formidable que él: Valeriano; sus soldados no tuvieron
inconveniente en mancharse las manos con la sangre de un príncipe que ellos mismos
acababan de elegir 4577.
16. 3. 8. Valeriano.
4576
Ibídem. Pág. 111.
4577
Ibídem. Págs. 111 y 112.
4578
Ibídem. Pág. 112.
4579
Sapor I (reinó 240- 272 d. C). Era hijo de Artejerjes I, el fundador de la monarquía sasánida.
Era, como su padre, agresivo con Roma y reclamó las tierras que Persia había perdido ante
griegos y romanos. En su campaña contra Asia Menor capturó a Valeriano (260 d. C.) cerca de
Edessa y en un grabado sobre sus hazañas mostró a Valeriano postrado ante él (Hazel, J.
2002. Opus cit. Pág. 367).
4580
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 233.
750
fuese devuelto. Pues, los romanos son más temibles cuando son vencidos. Por ello,
actúa como conviene al hombre prudente y que la fortuna, que a muchos engañó, no
te envanezca. Valeriano tiene un hijo emperador y un nieto César, ¿y qué me dices de
todo el mundo romano, que unido se levantará contra ti? Deja en libertad, por tanto, a
Valeriano y haz la paz con los romanos, provechosa también para nosotros a causa de
las tribus del Ponto. …” 4581. Artabades, rey de los armenios, pensaba que Sapor había
plantado la semilla de la discordia y, además, los implicaba a ellos: “…A mí me
corresponde una parte de tu gloria, pero me temo que, más que vencer, has plantado
semillas de guerra. Su hijo reclama a Valeriano y su nieto y los generales romanos y
toda la Galia y toda África y toda Hispania y toda Italia y todos los pueblos del Ilírico,
de Oriente y del Ponto, todos los que están de acuerdo con los romanos o sometidos a
su autoridad. Has capturado a un anciano, pero te has hecho enemigo de todos los
pueblos del mundo y quizá lo mismo nos ocurra a nosotros, pues enviamos tropas
auxiliares, somos vuestros vecinos y siempre trabajamos para vosotros, luchando a
vuestro lado. …” 4582.
Velsolo, rey de Reyes, más contundente, le recuerda a Sapor la supremacía
romana y le aconseja dejar libre a Valeriano: “…Si yo supiera que los romanos pueden
ser vencidos de manera definitiva alguna vez, te felicitaría por esa victoria de la que te
jactas. Sin embargo, puesto que, ya sea por la fuerza del destino o por sus propias
virtudes, aquel pueblo es muy poderoso, vigila para que el haber capturado a un
anciano emperador –y esto con ayuda de artimañas- no resulte perjudicial para tí o
para tus sucesores. Recuerda a cuántos pueblos enemigos los romanos han puesto
bajo su yugo, aunque aquellos a menudo resultasen vencedores en muchas batallas.
En efecto, hemos oído que los galos les vencieron e incendiaron aquella gran ciudad:
hoy están sometidos a los romanos. ¿Qué decir de los africanos?, ¿Acaso no les
vencieron? Ahora, sin embargo, están sometidos a los romanos. Nada digo sobre
ejemplos más lejanos y quizá menos importantes. Mitrídates el Póntico dominó toda el
Asia Menor; pues bien, fue vencido y actualmente el Asia Menor es de los romanos. Si
quieres mi consejo, aprovecha la ocasión de paz y devuelve a Valeriano con los suyos.
Yo me alegro de tu buena suerte, pero sólo si sabes servirte de ella. …” 4583. Gibbon
tacha estas cartas de falsificaciones manifiestas, pero tampoco ve natural que un rey
receloso se atreva a denigrar la majestad de otro rey, aunque éste sea su rival 4584.
4581
Citado. Picón, V. y Cascón, A (Editores) 1989. Opus cit. Pág. 518.
4582
Citado. Ibídem. Págs. 518 y 519.
4583
Citado. Ibídem. Págs. 517 y 518.
4584
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 127.
751
Triste destino, en fin, para un emperador que alcanzó la gloria suprema de ser
elegido tal por la unánime opinión de todo el mundo 4585. La derrota de Valeriano se
plasmó en el relieve de Naksh i Rusten, que celebra el triunfo de Sapor I sobre este
emperador; Valeriano, fue hecho prisionero en Edesa durante su campaña contra los
persas sasánidas, en el año 260. Éstos recordaron su resonante triunfo en camafeos,
pinturas y en relieves de gran tamaño; el más importante de los cuales es el citado,
labrado en una pared rocosa de Irán, no lejos de Persépolis. Mide 7 por 15 metros y
en él se representa algo nunca visto, a un emperador romano arrodillado y suplicante
ante un monarca sasánida que, soberbio y arrogante, monta en su caballo,
irguiéndose majestuoso ante su humillado cautivo. En otro relieve similar, en Bishapur,
se repitió la misma escena. Del infeliz Valeriano nunca se supo más, muriendo, tal vez,
cautivo 4586. Cometió idéntico error que Marco Aurelio y, en vez de conceder la
sucesión apoyándose en la valía, lo hizo haciéndolo en el afecto, por lo que invistió
con los honores supremos a su hijo Galieno 4587.
4585
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 520.
4586
García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Págs. 626 y 627.
4587
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág.112.
4588
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 512.
4589
Rostovtzeff, M. 1998 (B). Opus cit. Pág. 978.
752
independencia; golpistas poderosos como Aureolo 4590, jefe de su caballería, al que un
levantamiento proclamó emperador 4591.
De Galieno se dice en la Historia Augusta, que no lo trata precisamente de
valiente, que fue un individuo “…engendrado para comer, beber y disfrutar de los
placeres, perdió sus días y sus noches en el vino y las orgías y provocó que el mundo
entero fuera devastado por la aparición de casi veinte usurpadores, entre los que
había mujeres que gobernaron mejor que él. …” 4592. Ante su indolencia se nombraron
emperadores a Macriano y a sus hijos, que se encargaron de la defensa del Estado, y
cuando éstos cayeron ante Aureolo, creyendo Galieno que su padre había sido
recuperado, se entregó a sus pasatiempos favoritos, el placer y la lujuria, dando
además “…espectáculos circenses, escénicos, gimnásticos, incluso una cacería y
luchas de gladiadores, y convocó al pueblo, como en los días triunfales, para la
celebración y el aplauso. …” 4593. Y como no tenía muchas ganas de recuperar a su
padre, de cuya cautividad se alegraba 4594, de esa misión se encargaban otros; como
Odenato, rey de Palmira, que se convirtió en emperador de todo el Oriente e intentó
vengar la captura de Valeriano, del que su hijo se había olvidado 4595. Pero Galieno
seguía sin conmoverse y sus mayores preocupaciones seguían siendo qué había
mañana para comer o qué representaciones o juegos circenses se habían preparado
para el día siguiente 4596. Y es que, según Gibbon, Galieno, harto de la censura de su
padre, recibió la noticia de su cautiverio con placer secreto e indiferencia, declarando:
“…Sabía que mi padre era mortal, y puesto que ha actuado como un hombre valiente,
me siento satisfecho. …” 4597. Así pues, mientras Roma lamentaba la suerte de su
príncipe, la frialdad de su hijo era interpretada por los cortesanos serviles como el acto
de firmeza que correspondía a un héroe y a un estoico 4598.
Como Galieno esperase diariamente la llegada del usurpador Aureolo, Cecropio,
gobernador de Dalmacia, le anunció la llegada del oriental, y cuando Galieno salió con
sus ejércitos a combatirlo, aprovecharon unos sicarios para darle muerte; aunque
4590
Manio Acilio Aureolo (siglo III d. C). General de origen dacio que durante el reinado de
Valeriano fue nombrado jefe de un nuevo cuerpo de caballería en el norte de Italia. Cansado de
ser leal a diversos emperadores y con el apoyo de Póstumo se rebeló en Milán, donde lo cercó
Galieno, pero cuando éste fue asesinado por miembros de su plana mayor, Aureolo se rindió a
Claudio II. Fue asesinado al poco por sus tropas. (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 58).
4591
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 512.
4592
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 540.
4593
Ibídem. Pág. 527.
4594
Ibídem. Pág. 524.
4595
Ibídem. Págs. 533 y 534.
4596
Ibídem. Pág. 533.
4597
Citado. Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 127.
4598
Ibídem. Pág. 127.
753
también se dice que Galieno fue abatido por la espada de Cecropio 4599. Su muerte nos
privó de contemplar una estatua suya, de doble tamaño que el Coloso, y que pretendió
emplazar en lo más alto del Esquilino, sobre una base muy alta, en la que se
representaría acompañado de caballos y de un carro de un tamaño acorde con el de
su figura 4600.
Tanto Valeriano como Galieno hubieron de enfrentarse a numerosos enemigos,
como los francos, la alamanes, los godos y los persas. Los francos invadieron
Hispania, que fue incapaz de ofrecer resistencia a su entrada, destruyeron Tarraco y
navegaron hasta Mauritania; los alamanes llegaron hasta las proximidades de las
provincias romanas y luchaban sobre todo a caballo ya que poseían una caballería
formidable con la que se mezclaban infantes que, gracias a su entrenamiento, podían
acompañar a los jinetes en las cargas rápidas y en las marchas precipitadas 4601.
Durante su reinado surgieron veinte usurpadores debido al desprecio que
provocaba tan desafortunado emperador, pero sobre ellos “…debemos decir pocas
cosas y narrarlas con brevedad, pues muchos de ellos no merecen que sus nombres
se utilicen para completar un libro, aunque algunos, al parecer, no estaban exentos de
valor y fueron muy provechosos para el Estado. …” 4602.
Tal vez el más breve usurpador fue Mario, un herrero que alcanzó el poder
imperial por espacio de tres días: el primero fue hecho emperador, el segundo intentó
gobernar y el tercero fue asesinado 4603; tenía las manos muy fuertes, hasta el extremo
de poder detener un carro con su dedo índice 4604.
Odenato, rey de Palmira 4605 y esposo de Zenobia, fue famoso en la antigüedad
por sus fantásticas cacerías, a las que desde joven, “…consagró sus esfuerzos, como
4599
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 539.
4600
Ibídem. Pág. 542.
4601
Ibídem. Págs. 113 y ss.
4602
Ibídem. Pág. 545.
4603
Ibídem. Págs. 554 y 555.
4604
Ibídem. Pág. 555.
4605
“…la ciudad del desierto sirio no alcanzó su <<akmé>>, su verdadero relieve histórico, sino
en el siglo III. Enriquecida con el lucrativo comercio con el medio y lejano Oriente. Pálmyra,
como sus hermanas de las avanzadas del desierto (Apámeia, Emesa, Damascos, etc), alcanzó
una prosperidad grande, beneficiándose por igual de su carácter fronterizo y caravanero, que la
hacía intermedia entre dos grandes mercados, Roma y el Oriente asiático. Siempre gozó
Pálmyra de cierta autonomía; pero ésta se fue haciendo tanto mayor cuanto mayor era su
riqueza y menor la potencia de Roma, debilitada en el siglo III por una larga racha de
desgobiernos y anarquías, como es sabido. Pálmyra se convirtió por entonces en un Estado
virtualmente independiente, creándose una especie de Imperio del desierto, de Imperio
caravanero. La reina Zenobia, de tan bellas historias, llegó a hacerse dueña de todo el próximo
Oriente, desde el Nilo hasta Mesopotamia, prescindiendo totalmente de Roma y aun alzándose
frente a ella. Más al subir al trono de los Césares la figura enérgica de Aurelianus, las cosas
cambiaron de repente, y en dos rápidas y brillantes campañas puso fin definitivo a todo el flojo
tinglado sobre el que se irguió el reino de Zenobia. En 272 cayo Pálmyra y con ella, su Reina,
754
es deber de un hombre, a capturar leones, leopardos, osos y demás animales salvajes
y vivió siempre en montes y selvas, soportando el calor, las lluvias y todas las
calamidades que en sí contienen los placeres de la caza. Endurecido por ellas, soportó
el sol y el polvo en las guerras pérsicas; y su esposa, que en opinión de muchos era
más fuerte que su marido, no tenía costumbres diferentes, a pesar de ser la más noble
de todas las mujeres de Oriente y, según afirma Cornelio Capitolino, la más hermosa.
…” 4606. Este rey de Palmira, que tomó ese título cuando el emperador Valeriano fue
capturado por los persas (260 d. C) era aliado de Roma 4607. Se opuso a la invasión de
Asia Menor por Sapor I, al que le infligió una gran derrota 4608. En Siria desenmascaró
la conspiración de Macriano y Balista, dos oficiales romanos, contra Galieno, por lo
que fue recompensado por éste con el título de dux et corrector totius Orientis (general
y gobernador de todo Oriente); reconociéndosele, además, como rey de Palmira. Junto
con su hijo mayor fue asesinado en una disputa familiar (267 d. C) siendo heredado
por su esposa Zenobia 4609.
Trebelio Polión nombra como usurpador a Pisón, uno de aquellos Pisones a los
que Cicerón se unió para aproximarse a la nobleza, casando a su hija Tulia con Gayo
Calpurnio Pisón Frugi; era Pisón amado por todos los emperadores, ya que no hubo
hombre mejor ni más recto, razón por la cual mereció la erección de una estatua, con
un carro y cuatro caballos, entre los generales triunfantes 4610.
Perdido todo el pudor, durante el reinado de Galieno, y mientras éste se
conducía de modo incalificable, llegaron a usurpadoras hasta las mujeres. “…En
efecto, una extranjera, de nombre Zenobia, […], quién se jactaba de proceder del
linaje de las Cleopatras y los Ptolomeos, después de la muerte de su marido Odenato,
cubrió sus hombros con el manto imperial, adornándose con las vestiduras de Dido y
admitiendo incluso la diadema. Ocupó el imperio en nombre de sus hijos, Hereniano y
Timolao, más tiempo del que una persona del sexo femenino podía soportar. Pues
esta orgullosa mujer desempeñó las funciones de un rey, durante el mandato de
Galieno y mientras Claudio se encontraba ocupado en la guerra con los godos, y sólo
cuando con gran dificultad fue vencida por Aureliano y llevada en su triunfo, se
que fue llevada en trofeo a Roma. Pálmyra perdió todo su esplendor para no volverlo a
recuperar nunca, convirtiéndose en un presidio militar, en un simple puesto del limes romano
en Syria. Pero Pálmyra no fue destruida como Doura-Eúropos ni como Pompeya. Se fue
consumiendo como un pabilo, se fue apagando como una pavesa, y así entró en la Edad Media
y ha continuado viviendo en la Moderna. …” (García y Bellido, A. 1979. Opus cit. Pág. 618).
4606
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 568.
4607
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 301.
4608
Ibídem. Pág. 301.
4609
Ibídem. Pág. 301.
4610
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 573.
755
sometió a la ley de Roma. …” 4611. Acción por la que muchos criticaron a Aureliano, que
por supuesto se justificó. Cedámosle la palabra: “…Oigo, padres conscriptos, que se
me acusa de no actuar virilmente por llevar a Zenobia en el paseo triunfal. Aquéllos
que por esto me reprenden no podrían alabarme bastante si supieran qué mujer es
ésta, si conocieran su sabiduría en las decisiones, su firmeza en las disposiciones y su
severidad frente a los soldados; cuan generosa es cuando la necesidad lo requiere, y
cuan rígida cuando la disciplina lo exige. Puedo decir que fue por su intervención por
lo que Odenato venció a los persas y, tras poner en fuga a Sapor, llegó a Ctesifonte.
Puedo asegurar que infundió gran temor entre los pueblos de Oriente y de Egipto que
ni los árabes, ni los sarracenos, ni los armenios se rebelaron contra su autoridad. Y no
hubiera respetado su vida si no supiera que ella fue muy útil al Estado romano, al
retener para sí o para sus hijos el poder imperial en Oriente. Así, pues, que éstos, a
los que nada complace, guarden para sí el veneno de sus propias lenguas. Pues si no
es conveniente vencer y llevar en el triunfo a una mujer, ¿qué opinan de Galieno, para
cuyo menosprecio ésta gobernó sabiamente el imperio?, ¿qué del divino Claudio,
venerable y respetado general, que, según se dice, toleró que ella ejerciese el poder
porque se encontraba ocupado en su expedición contra los godos? Y Claudio hizo
esto calculada y sabiamente, para que, mientras ella guardaba la frontera oriental del
imperio, él pudiera llevar a cabo con mayor seguridad lo que había determinado
realizar. …” 4612. Cuando era necesario mostraba la dureza de los tiranos, pero cuando
lo exigía la indulgencia, sabía mostrar la clemencia de los buenos príncipes 4613. No
utilizaba el confortable coche de las mujeres sino un simple carruaje; montaba con
frecuencia a caballo, cazaba con la pasión de los hispanos y era capaz de caminar con
los soldados durante tres o cuatro millas 4614. Conocida la fortaleza de Zenobia,
conozcamos su aspecto: Era de increíble belleza y espíritu divino, morena, con ojos
negros y unos dientes tan blancos que semejaban perlas 4615.
4611
Ibídem.Pág. 582.
4612
Ibídem. Pág. 583.
4613
Ibídem. Pág. 584.
4614
Ibídem. Pág. 584.
4615
Ibídem. Pág. 584.
756
17. EL CABALLO Y LOS EMPERADORES ROMANOS DESDE
LA DINASTÍA ILIRIA HASTA LA CAÍDA DEL IMPERIO DE
OCCIDENTE.
4616
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 649.
4617
Villar Liébana, F. 1996. Opus cit. Pág. 308.
4618
Ibídem. Pág. 307.
757
A Claudio II (268-270 d. C.) se le reconoció el inestimable mérito de apartar a
Galieno del timón del Estado. Fue el primero de los emperadores ilirios y es que en
efecto, fueron decenas los pueblos que entraron en contacto con Roma y, que en la
mayoría de los casos, fueron anexionados a su imperio. Algunos de esos pueblos, que
terminaron constituyendo provincias romanas, dieron incluso al sistema grandes
emperadores, como la región de la que tratamos, de donde eran naturales Aureliano,
Diocleciano y Constantino el Grande 4619.
El emperador Marco Aurelio Claudio II fue un soldado natural de Iliria que había
servido bajo Galieno; siendo ya emperador sitió al usurpador Aureolo, derrotó a los
alamanes junto al lago de Garda y se ganó el sobrenombre de El Gótico porque
derrotó a los godos 4620. Reunía en su persona “…el valor de Trajano, la piedad de
Antonino, la moderación de Augusto y las buenas cualidades de los grandes príncipes
en un grado tal que no necesitaba el ejemplo de otros, antes al contrario, si aquellos
no hubieran existido, él hubiera dado el ejemplo a seguir por los demás. …” 4621. De
costumbres graves, era insigne por su estilo de vida y su castidad; moderado en el
vino e inclinado al alimento, era de estatura elevada y con unos dedos tan fuertes
como para sacar a los caballos los dientes de un puñetazo 4622.
Cuando finalizó la guerra contra los godos, se originó una grave epidemia que
terminó, también, con la vida de Claudio, que “…se marchó a un cielo que le era ya
familiar por su propias virtudes. Mientras se dirigía hacia los dioses y las estrellas, su
hermano Quintilo [(270 d. C.)], hombre venerable y para decirlo claramente, un
hermano de su hermano, asumió el poder imperial, que le fue entregado con el
consentimiento de todos, no como algo hereditario, sino en atención a sus propias
virtudes; pues hubiese sido nombrado emperador aunque no fuera hermano del
príncipe. …” 4623. Quintilo asumió el cetro cuando recibió la noticia de la muerte de su
hermano Claudio, pero cuando el ejército se enteró de que Aureliano ya era
emperador, abandonó a Quintilo, que había arengado a los soldados en contra de
Aureliano sin ser escuchado, por lo que se cortó las venas, pereciendo a los veinte
días de su proclamación 4624.
17. 1. 2. Aureliano.
4619
Ibídem. Pág. 308.
4620
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 106.
4621
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 592.
4622
Ibídem. Pág. 603 y 604.
4623
Ibídem. Págs. 602 y 603.
4624
Ibídem. Pág. 643.
758
Los autores no se ponen de acuerdo sobre el lugar de nacimiento de Aureliano
(270-275 d. C.), ya que, según Vopisco, unos dicen que nació en Sirmio, otros que en
Dacia y otros que en Mesia 4625. Fue hijo de padres modestos, poseía agudo talento,
fue famoso por su fuerza física y no dejó pasar ni un solo día, incluidos los festivos o
de descanso, sin realizar algún ejercicio con las armas 4626. Era un hombre encantador
y varonil, alto y fuerte, aficionado con mesura a la comida y a la bebida, severo y poco
lujurioso, de extraordinaria formación y presto a desenvainar la espada 4627. Diversos
prodigios anunciaron el destino de este hijo de una sacerdotisa del templo del Sol
invicto, entre los que haremos mención al de su entrada en Antioquía en carruaje, ya
que una herida le impedía cabalgar; como hubiesen extendido en su honor un manto
púrpura, éste se resbaló colocándose sobre sus hombros; además, como pidió
trasladarse a un caballo, porque estaba mal visto circular por las ciudades en
carruajes, le acercaron un caballo del emperador al que montó ante las prisas, pero al
darse cuenta del error, se cambió al suyo propio 4628.
Fue adoptado por Ulpio Crinito a instancias del emperador Valeriano, que
encargó la adopción a aquel a causa de la pobreza de Aureliano 4629. Antes de alcanzar
el Imperio, asumió el mando de la caballería, en tiempos de Claudio II, porque sus
jefes habían ofendido al emperador, al emprender la lucha antes de que el emperador
lo hubiera ordenado 4630. Aconsejó a los mandos del ejército que mantuvieran atadas
las manos de los soldados, para que ninguno robara lo ajeno, obteniendo los víveres
del botín de guerra y no de las lágrimas de los habitantes de las provincias; y en la
misma carta donde daba estos consejos, ordenaba que los soldados mantuvieran
limpias las armas, que no dilapidaran su estipendio en las tabernas, y que cada uno
limpiase su caballo y su acémila y no vendiese el forraje destinado a los animales 4631.
Trató de negociar con la reina Zenobia de Palmira, a la que mandó esta
propuesta: “…De Aureliano, Emperador de Roma y restaurador del Oriente; a Zenobia
y aquellos que combaten a su lado en esta guerra. No has cumplido las órdenes que
te di cuando te escribí la última vez. No obstante, si te rindes, te prometo que vivirás.
Zenobia, tú y tu familia podéis vivir en el palacio que pediré a nuestro reverenciado
senado que os garantice. A cambio, deberás entregar tus joyas, tu plata, tu oro, tus
4625
Ibídem. Pág. 612.
4626
Ibídem. Pág. 613.
4627
Ibídem. Pág. 615.
4628
Ibídem. Pág. 614.
4629
Ibídem. Pág. 624.
4630
Ibídem. Pág. 626.
4631
Ibídem. Págs. 616 y 617.
759
trajes de seda, tus caballos y tus camellos al tesoro de Roma. Los derechos del pueblo
de Palmira serán respetados. ….” 4632.
Pero Zenobia contestó a Aureliano con altanería: “…Zenobia, reina en Oriente, a
Aureliano Augusto. Hasta ahora nadie, salvo tú, es capaz de pedir por carta lo que tú
exiges. La valentía debe ser el motor de cualquier actuación bélica. Pides mi rendición,
como si no supieras que la reina Cleopatra prefirió morir a vivir con cualquier otra
dignidad. A nosotros no nos van a faltar los auxilios de los persas, que ya estamos
esperando, a favor nuestro están los sarracenos, a favor nuestro, también, los
armenios. Aureliano, los ladrones de Siria han derrotado tu ejército. ¿Qué más?
Porque, si llega aquél contingente de tropas que esperamos de todas partes, entonces
depondrás sin duda ese entrecejo arrogante con el que ahora me exiges la rendición,
como si fueras un vencedor universal. …” 4633. Ante semejante insolencia, Aureliano se
irritó, sitió Palmira y, un escuadrón de caballería enviado por él, apresó a Zenobia
cuando huía hacia Persia en dromedarios y la puso a su disposición; pero el
emperador no la castigó con la muerte, algo indigno contra una mujer, sino que la
reservó para su triunfo 4634.
Pacificado Oriente, Aureliano retornó a Europa como vencedor y aquí derrotó a
las tropas de los carpos; pero tuvo que volver a Oriente para apaciguar la nueva
revuelta de los palmiranos y arrasar su ciudad, después de lo cual regresó de nuevo a
Europa 4635. Mientras realizaba magníficas campañas aquí, en Egipto se sublevó un tal
Firmo, al que aplastó, corriendo después a las Galias para combatir a Tétrico; y, una
vez pacificados Oriente, las Galias y las tierras de todo el mundo, marchó a Roma
para celebrar su triunfo sobre Oriente y Occidente 4636. Triunfo que fue brillantísimo,
pues “…hubo en el desfile tres carros reales, uno de los cuales era el de Odenato,
labrado y adornado con plata, oro y piedras preciosas, otro, el que regaló a Aureliano
el rey de los persas, cuya fabricación era similar a la de aquél, y el tercero, el que
había mandado fabricar Zenobia para sí, puesto que esperaba acudir con él a visitar la
ciudad de Roma; y su esperanza no quedó fallida, pues entró en la Ciudad con aquel
carro, pero cautiva y como un rehén triunfal. …” 4637. Del botín de los godos desfilaba
un carro tirado por cuatro ciervos, animales que Aureliano sacrificó a Júpiter Óptimo
Máximo, y diez amazonas, que se habían capturado entre los combatientes de su
4632
Matyszak, P. 2005. Opus cit. Pág. 248.
4633
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 635.
4634
Ibídem. Págs. 636 y 637.
4635
Ibídem. Pág. 639.
4636
Ibídem. Pág. 639.
4637
Ibídem. Pág. 639.
760
ejército 4638. En los días siguientes al desfile se ofrecieron al pueblo espectáculos
teatrales, circenses, cacerías, juegos gladiatorios y naumaquias 4639.
Este emperador al que su pueblo amó y el Senado temió 4640, permitió a los
particulares el uso de carruajes plateados, hasta entonces adornados exclusivamente
con bronces y marfiles 4641. Cuando se encontraba en Roma, no le gustaba residir en
Palacio, prefiriendo los jardines de Domicia o de Salustio; en el pórtico de mil pasos de
estos últimos jardines, que él había mandado adornar, se ejercitaba con sus caballos
hasta el agotamiento 4642, pero, en cambio, no mostraba mucho interés por los
juegos 4643.
Celebrado su espléndido triunfo del 274 d. C. volvió a las provincias para
restaurar la paz en las Galias y preparar una expedición contra los persas; pero
mientras realizaba los preparativos para la expedición fue asesinado por unos
conspiradores en Perinto (Tracia) en el 275 d. C 4644. Muerte que alentó el que había
sido si secretario, Mnesteo; que escribió una lista con los nombres de aquellos con los
que el emperador estaba enemistado, mezclando sus nombres con otros sobre los que
el emperador no pensaba ejercer ninguna violencia; se la fue enseñando a cada uno
de los implicados, diciéndoles que el emperador había pensado acabar con todos e
invitándoles a salvar sus vidas, acabando con la del príncipe; así “…habiéndose
irritado, por temor, los que merecían el castigo, y los inocentes, por dolor de que
Aureliano se mostrase desagradecido a sus servicios y favores, acometiendo
súbitamente al emperador durante su viaje en el lugar reseñado, le dieron muerte.
…” 4645. Después de la muerte del emperador, que extendió la muralla aureliana hasta
más de cincuenta millas, ni el ejército ni el senado se atrevieron a nombrar emperador.
Parece que el imperio estuvo seis meses sin cabeza visible, hasta que, por fin,
fue nombrado emperador Claudio Tácito (275-276 d. C.). Cuando el día siete de las
calendas de enero, el cónsul Cornificio Gordiano habló, en la asamblea, de la
necesidad de nombrar un emperador para que el ejército no estuviera sin mando
4638
Ibídem. Págs. 639 y 640.
4639
Ibídem. Pág. 641.
4640
Ibídem. Pág. 654.
4641
Ibídem. Págs. 650 y 651.
4642
Ibídem. Pág. 653.
4643
Ibídem. Pág. 654.
4644
Rostovtzeff, M. 1998 (B). Opus cit. Pág. 954.
4645
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 642.
761
supremo y como Claudio Tácito era el consular con derecho a hablar el primero,
cuando iba a expresar su opinión, todos los senadores lo aclamaron: “…Tácito
Augusto, que los dioses te protejan. A ti te elegimos, a ti te nombramos emperador, a ti
te confiamos el gobierno de la república y del Orbe. Acepta por mandato del senado el
imperio al que te has hecho acreedor, pues lo merece tu rango, tu conducta y tu
inteligencia. …” 4646. Ante tan unánime aclamación el nuevo Augusto replicó: “…Me
asombra, padres conscriptos, que pretendáis elegir como príncipe a un anciano para
suceder a Aureliano, emperador de gran decisión. Buscad unos miembros que sean
capaces de lanzar la jabalina, de blandir la lanza, de agitar el escudo y de montar
frecuentemente a caballo para dar ejemplo a los soldados. …” 4647. Les advirtió sobre lo
poco recomendable de sacar a un anciano de su dormitorio y de la apacible sombra,
para exponerlo a la escarcha y a los ardores del sol, y sobre la poca probabilidad de
que los soldados aceptaran a un anciano como príncipe; a esto los senadores
contestaron que también otros príncipes habían accedido de ancianos a la púrpura y
que ellos elegían su alma y no su cuerpo 4648. El senador Mecio Faltonio Nicómano, le
pidió a Tácito mesura en su comportamiento, en sus nombramientos y en la
transmisión del poder: “…Hemos elegido como emperador a un anciano y a un hombre
que es capaz de velar por todos como un padre. No hay que temer que él tome alguna
medida intempestiva, apresurada o rigurosa. Hay que presagiar, por el contrario, que
todas sus órdenes serán dignas, enérgicas, y como si fuera la propia república quien
las diera. […] Los dioses no permitan que se elijan como príncipes a niños y como
padres de la patria a impúberes, a los que sus maestros de gramática tengan que
sujetar las manos para firmar y a los que provoquen a conferir consulados los dulces,
los pastelillos o cualquier otro capricho pueril. […] alegrémonos de tener un emperador
anciano y no recordemos aquellos tiempos que fueron más que deplorables para los
que sufrían. Por lo tanto, doy gracias a los dioses y a ellos quedo agradecido en mi
nombre y en el de toda la república, y a ti, Tácito Augusto, acudo en actitud suplicante,
pidiéndote vivamente y reclamándote con toda franqueza, por nuestras leyes y por
nuestra patria común, que no declares herederos del imperio romano a tus hijos, aún
jóvenes, si el destino te sorprendiera más pronto de lo previsto, para que no legues en
testamento la república, los senadores y el pueblo romano, como si se tratara de una
pequeña finca tuya, de tus colonos o de tus esclavos. Sé por tanto circunspecto, imita
a los Nervas, a los Trajanos y a los Adrianos. Amar a la república más que a sus hijos
4646
Ibídem. Pág. 658.
4647
Ibídem. Pág. 659.
4648
Ibídem. Págs. 659 y 660.
762
es la inmensa gloria de un príncipe que está en el trance de la muerte. …” 4649. Reinó
durante seis meses y perdió la vida, según algunos en una conspiración y, según
otros, de una enfermedad 4650.
Floriano (276 d. C.) sucedió en el trono a su hermano Tácito, autoproclamándose
emperador a la muerte de éste; pero sólo reinó durante dos meses, siendo asesinado
en Tarsis por los soldados que habían oído que Probo era el nuevo emperador elegido
por el ejército 4651.
17. 1. 4. Probo.
4649
Ibídem. Págs. 660 y 661.
4650
Ibídem. Pág. 667.
4651
Ibídem. Pág. 667.
4652
Ibídem. Pág. 675.
4653
Ibídem. Pág. 679.
763
segunda vez el nombre de Probo; y, cuando hizo repetir por tres o cuatro veces la
operación, la urna arrojó el nombre de Probo por cuarta vez. Entonces todo el ejército
regaló el caballo al emperador, sumándose a la decisión los cuatro soldados cuyos
nombres habían sido agraciados con la suerte. …” 4654.
Poseía una excelente formación militar, razón por la que fue elegido por el
senado, por los soldados y por el pueblo 4655. Vopisco lo ensalza hasta considerarlo
superior a Aureliano, a Trajano, a Adriano, a los Antoninos, a Alejandro y a Claudio,
“…porque, si bien éstos poseyeron cualidades diversas, todas las más principales se
hallaron reunidas en éste, que fue elegido emperador después de Tácito por decisión
de todos los nobles y gobernó el orbe de la tierra que se mantuvo en profundo
sosiego, después de haber aniquilado a los pueblos bárbaros y de haber eliminado a
muchos tiranos que surgieron en su tiempo… .” 4656. Ofreció al pueblo espectáculos en
los que distribuyó congiarios; celebró un triunfo sobre los germanos y los blemios; y
ofreció una cacería en el circo en la que el pueblo se quedó con los despojos 4657. Y
fue, sobre todo, un soñador idealista. Citemos este pasaje de su Vida: “…”Muy pronto,
decía Probo, no necesitaremos ya soldados“, escribe el biógrafo, y añade: “¿No
equivale esto a decir que no habrá ya soldados romanos? El Estado romano dominará
en todas partes, lo poseerá todo con plena seguridad. El mundo no fabricará más
armas ni estará obligado a suministrar la annona. Los bueyes se emplearán para tirar
del arado y los caballos nacerán para los trabajos de la paz. …” 4658. Esta frase y no
permitir que los soldados permanecieran ociosos le costaron la vida, ya que éstos se
la quitaron mediante una emboscada en tierras de Iliria 4659.
4654
Ibídem. Pág. 680.
4655
Ibídem. Pág. 667.
4656
Ibídem. Págs. 669 y 670.
4657
Ibídem. Pág. 690.
4658
Citado: Rostovtzeff, M. 1998 (B). Opus cit. Pág. 1006.
4659
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Págs. 691 y 692.
4660
Ibídem. Págs. 712 y 713.
764
todos lo consideraron digno del trono 4661. Parece que la opinión del emperador sobre
Caro era excelente. Como muestra la carta que envió al Senado: “…Nuestra patria
sería dichosa, si tuviera en los cargos públicos a muchos como Caro o como la mayor
parte de vosotros. Por ello pienso que, si os parece bien, debe decretarse para un
hombre que observa las costumbres ancestrales una estatua ecuestre, añadiendo la
petición de que se le construya un palacio a expensas públicas, con distintos tipos de
mármol que yo traeré de una cantera. Porque conviene que recompensemos la
integridad de un hombre como éste, …” 4662.
Cuando alcanzó el poder imperial y con el consentimiento del ejército, nombró
Césares a sus hijos, Carino y Numeriano, mandando a aquel a las Galias y llevando
consigo, a la guerra contra los persas, a éste 4663. Allí consiguió de éstos el título de
emperador de Persia y allí murió abatido por una enfermedad o, según otros,
fulminado por un rayo; y es que parece que existía un decreto del destino, que
presagiaba que ningún emperador romano podía pasar más allá de Ctesifonte;
precisamente por ello, Caro fue fulminado por un rayo cuando traspasó aquellos
límites que había sido fijado el propio destino 4664.
Carino (283-285 d. C.) Marco Aurelio Carino era el hijo mayor de Caro y tras la
muerte de su padre se convirtió en emperador junto a su hermano Numeriano 4665. Fue
el más impuro de los hombres, y además de adúltero, y corruptor de la juventud, hizo
mal uso de los placeres de su propio sexo 4666. Tomó a nueve mujeres por esposas y
repudió a la mayor parte de ellas cuando estaban embarazadas y llenó el Palacio de
gente de baja estofa, como actores, pantomimos, alcahuetes y rameras 4667. Cuando se
enteró de que su padre había muerto, de que su hermano había sido asesinado por su
suegro, y de que Diocleciano había sido nombrado emperador, “…exhibió mayores
vicios y cometió delitos más graves, como si la muerte de los suyos le hubiera liberado
de los frenos que le imponía el respeto hacia su familia. …” 4668. Murió luchando contra
Diocleciano, cerca de Margo (Moravia actual) 4669 y lo asesinó uno de sus oficiales 4670.
Lo más sobresaliente del reinado de estos tres gobernantes fue la concesión, al
4661
Ibídem. Pág. 714.
4662
Ibídem. Págs. 714 y 715.
4663
Ibídem. Pág. 715.
4664
Ibídem. Págs. 716 y 717.
4665
Hazel, J, 2002. Opus cit. Pág. 74.
4666
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 721.
4667
Ibídem. Pág. 722.
4668
Ibídem. Pág. 723.
4669
Ibídem. Pág. 723.
4670
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 74.
765
pueblo de Roma, de unos juegos realzados con nuevos espectáculos, que ellos
plasmaron en unas pinturas en el Palacio, cerca del pórtico de las caballerizas 4671.
Numeriano (283-284 d. C.) era el hijo pequeño de Caro. Este César, famoso por
su elocuencia, tras la muerte de su padre en Persia y cuando era transportado en
litera, debido a una enfermedad ocular, fue asesinado por los partidarios de su suegro
Apro, prefecto del Pretorio, que pretendía hacerse con el poder; Diocleciano vengó la
muerte de Numeriano, después de que todos le otorgaran el principado 4672.
17. 2. TETRARQUÍA.
17. 2. 1. Diocleciano.
4671
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Pág. 724.
4672
Ibídem. Pág. 719.
4673
Ibídem. Págs. 723 y 724.
4674
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 134.
4675
Ibídem. Pág. 134.
4676
Ibídem. Pág. 135.
766
caballo cayese e hincase sus babillas en la sangre, detuvo de inmediato la
matanza 4677.
Al igual que había hecho Marco Aurelio con Lucio Vero, Diocleciano compartió el
poder con Maximino; pero mientras aquel, con esa acción, saldaba una deuda
personal, Diocleciano, al compartir el poder con Maximiano, facilitaba la defensa de
Oriente y Occidente 4678. Este emperador prudente llegó a la conclusión que el vasto
Imperio, debido a los continuos ataques de los bárbaros, necesitaba un emperador en
cada costado por lo que agregó al poder a dos generales de mérito demostrado, a los
que dio el nombre de césares; éstos fueron Galerio y Constancio 4679. Para fortalecer
los vínculos políticos con lazos personales, cada uno de los emperadores adoptó a un
césar; Diocleciano a Galerio y Maximiano a Constancio, y ambos los obligaron a
repudiar a sus esposas para concederles una hija propia a cada uno de los
adoptados 4680. A continuación se distribuyeron el vasto Imperio; para Constancio la
Galia, Hispania y Britania; para Galerio, que se situó a orillas del Danubio, las
provincias ilirias; para Maximiano Italia y África; y para Diocleciano Tracia, Egipto y los
ricos países de Asia 4681. De esta forma, “…todos eran soberanos dentro de su
jurisdicción, pero su autoridad unida se extendía sobre toda la monarquía, y cada uno
de ellos estaba dispuesto a ayudar a sus colegas con sus consejos o su presencia.
Los césares, desde su elevado rango, reverenciaban la majestad de los emperadores,
y los tres príncipes más jóvenes reconocieron siempre, con gratitud y obediencia, al
padre común de su fortuna. Entre ellos no existió celos por el poder, y la singular
felicidad de su unión ha sido comparada con la de un coro de música, cuya armonía
regulaba y mantenía la hábil mano del primer artista. …” 4682.
Cuando el rey persa Narsés expulsó a Tirídates del trono de Armenia, los
romanos acudieron en defensa de su protegido. Galerio acudió desde el Danubio a las
orillas de Éufrates, pero allí fue derrotado por los persas ya que la “…infantería de los
romanos, desmayada de calor y sed, no podía aspirar a la victoria si mantenía la
formación, pero tampoco podía romperla sin exponerse al peligro más inminente. En
esta situación, se vio gradualmente acorralada por un número mayor de enemigos,
hostigada por sus rápidas evoluciones y destruida por las flechas de la caballería de
los bárbaros. El rey de Armenia destacó por su valor en la batalla y obtuvo la gloria
entre la desgracia general. Lo persiguieron hasta el Éufrates y, con el caballo herido,
4677
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 370.
4678
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 136.
4679
Ibídem. Pág. 137.
4680
Ibídem. Pág. 137.
4681
ibídem. Pág. 137.
4682
Ibídem. Pág. 137.
767
parecía imposible que escapara al enemigo victorioso. Llegado a tal extremo, Tirídates
se lanzó al único refugio que veía ante él: desmontó y se lanzó al agua. La armadura
era pesada, el río profundo y, en aquel lugar, su anchura superaba los ochocientos
metros; pero era tal su fuerza y su habilidad que llegó sano y salvo a la orilla opuesta.
Ignoramos las circunstancias de la huida del general romano (Galerio), pero cuando
regresó a Antioquia, Diocleciano ya no lo recibió con el afecto de un amigo y
compañero sino con la indignación de un soberano ofendido. …” 4683. Cuando se
reunieron, lo hizo correr un kilómetro y medio tras su cuadriga, lo que se interpreta
como un acto de humillación por parte del enfurecido emperador 4684. Pero Diocleciano
cedió ante las súplicas de su césar y le permitió resarcirse de su derrota; con un nuevo
ejército compuesto por veteranos romanos y tropas auxiliares godas, Galerio presentó
batalla nuevamente, pero esta vez llevó, deliberadamente, la contienda hasta las
montañas de Armenia, un terreno poco apropiado para las evoluciones de la caballería
persa 4685. Además jugó con el factor sorpresa, lo que resultó fatal para los eufóricos
persas, ya que sus caballos reposaban atados y encadenados para impedir que
huyeran y, cuando se producía una alarma, los persas tenían que enjaezar sus
caballos y embridarlos antes de montarlos 4686. Ahora el ataque romano sembró el
desorden y la consternación en el campamento bárbaro; y tras una pequeña
resistencia, tuvo lugar una terrible carnicería, en la que fue herido el monarca Narsés
que dirigía sus ejércitos en persona, viéndose obligado a huir hacia los desiertos de
Media, dejando atrás sus suntuosas tiendas y las de sus sátrapas que supusieron un
inmenso botín para el conquistador. Pero la principal pérdida de Narsés fueron sus
esposas, sus hermanas y sus hijos, que fueron capturados. Aunque el carácter de
Galerio tenía pocas afinidades con el de Alejandro, imitó la conducta amable del
macedonio, comportándose con la familia de Narsés de la misma forma que el
macedonio hizo con la de Darío; de forma que protegió a la familia de Narsés de la
violencia y la rapiña, conduciéndolos a un lugar seguro y tratándolos con todo el
respeto y la afabilidad que su edad, su sexo y su condición real merecían por parte de
un enemigo tan generoso como Alejandro 4687.
4683
Ibídem. Pág. 142.
4684
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 369.
4685
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 143.
4686
Ibídem. Pág. 143.
4687
Ibídem. Pág. 143.
768
Diocleciano antepuso la defensa de las ciudades a otras actividades de las que
se podía prescindir, por lo que ordenó a éstas que no costearan juegos antes de
realizar las reparaciones que fueran necesarias en las murallas defensivas 4688.
En el vigésimo primero año de su reinado tomó la memorable decisión de
abdicar, dando así al Mundo el primer ejemplo de renuncia a una corona; se trasladó a
Nicomedia un invierno frío y lluvioso y en el camino contrajo una enfermedad de la que
trató de recuperarse para celebrar la ceremonia de su abdicación en una amplia
llanura cercana a su capital; allí, desde un trono, comunicó su intención al pueblo y a
los soldados, y cuando se despojó de la púrpura se subió a un carro cubierto y,
atravesando la ciudad, se dirigió a Dalmacia, su país natal 4689. Allí, como las letras no
lo atraían, se dedicó a los placeres más inocentes y naturales, invirtiendo sus horas de
ocio en el cuidado del jardín; así cuando Maximiano le propuso que volviera a tomar
las riendas del gobierno, Diocleciano rechazó su propuesta, contestándole que si
pudiera ver las coles que había plantado en su huerto de Salona, no seguiría
insistiéndole en que renunciara a su felicidad a cambio del poder 4690.
17. 2. 2. Maximiano.
4688
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 383.
4689
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 154.
4690
Ibídem. Págs. 154 y 155.
4691
Ibídem. Pág. 136.
4692
Ibídem. Pág. 136.
4693
Ibídem. Pág. 136.
4694
Ibídem. Pág. 147.
769
magnificencia, extensión y habitantes con Roma, Alejandría o Antioquia 4695. La
creación de cuatro cortes, dos para los augustos y dos para los césares, se acompañó
de una gran desventaja material: era un sistema de gobierno mucho más caro, ya que
en lugar de rodearse de una pequeña cantidad de esclavos y sirvientes, tal y como
hicieron emperadores de la talla de Augusto y Trajano en su sencilla grandeza, se
establecieron cortes magníficas en las distintas partes del Imperio, compitiendo los
monarcas romanos entre sí y con los persas con la intención de superarlos en lujo y
ceremonia. El número de ministros, magistrados, funcionarios y sirvientes que
ocupaban los distintos departamentos del Estado también se multiplicó y “ …(si
podemos tomar prestada la indignada expresión de un contemporáneo) “cuando la
parte de los que recibían superó la parte de los que contribuían, las provincias se
vieron oprimidas por el peso de los tributos”. …” 4696.
Obligado por su juramento tuvo que abdicar cuando lo hizo Diocleciano; cedió
contra su voluntad, debido al ejemplo de su sabio colega, y tras la abdicación se retiró
a una villa situada en Lucania, donde, lógicamente, era imposible que su espíritu
impaciente consiguiera una tranquilidad duradera 4697.
Constancio I (305-306 d. C.) tuvo un nacimiento menos oscuro que sus colegas,
ya que su padre, Eutropio, era un noble de Dardania 4698. Accedió al poder, junto con
Galerio, tan pronto como abdicaron los dos augustos. Constancio tenía un carácter
afable, distinguiéndose por su clemencia, templanza y moderación, y por la
conservación de la modestia propia de un príncipe romano 4699. Su mayor tesoro, según
él, residía en el corazón de su pueblo 4700.
Galerio (305-311 d. C., coemperador con Constacio I). Lo llamaron el Maximiano
joven por la similitud de su carácter con el del augusto, aunque parece que
sobrepasaba a aquel en virtud y habilidad 4701. Tenía un firme carácter y parece que
pudo obligar a Diocleciano, con ingratitud y arrogancia, a abdicar 4702.
4695
Ibídem. Pág. 147.
4696
Ibídem. Pág. 152.
4697
Ibídem. Pág. 154.
4698
Ibídem. Pág. 137.
4699
Ibídem. Pág. 157.
4700
Ibídem. Pág. 157.
4701
Ibídem. Pág. 137.
4702
Ibídem. Pág. 158.
770
Ascendidos los dos césares a augustos se hacía necesario nombrar dos nuevos
césares. Galerio nombró a dos personas dispuestas a servir a los objetivos de su
ambición. El primero era su sobrino Maximino, de modales y lenguaje rústicos y al que
Diocleciano invistió con la púrpura, confiándole el mando de Egipto y Siria; el segundo
fue Severo, que recibió de manos de Maximiano los ornamentos cesarinos y la
posesión de Italia y África; éste debió de reconocer la supremacía del emperador de
Occidente, pero era fielmente devoto a las órdenes de Galerio 4703.
Galerio desempeñó con mayor gloria su cargo de césar que el de augusto. Tras
su retiro de Italia, se dedicó a disfrutar de los placeres de la vida y a ejecutar algunas
obras de pública utilidad; murió de una enfermedad larga y dolorosa que le hinchó el
cuerpo, probablemente debido a su vida inmoderada, que le había hecho alcanzar un
peso excesivo; terminó cubierto de úlceras y devorado por una multitud de insectos;
pero como Galerio había ofendido a un grupo poderoso de sus súbditos, sus
sufrimientos no provocaron compasión sino que se celebraron como los efectos de la
justicia de los dioses 4704.
4703
Ibídem. Págs. 158 y 159.
4704
Ibídem. Pág. 169.
4705
La madre de Constantino, Elena, fue abandonada por Constancio cuando éste se casó con
Teodora, la hijastra de Maximiano (Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 116).
4706
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 159.
4707
Ibídem. Pág. 159.
4708
Ibídem. Pág. 160.
771
Galerio, que retenía al joven como rehén en su corte de Nicomedia 4709, a que
Constantino se uniera a su padre, éste se adelantó a los hombres del augusto,
dirigiéndose a Occidente mediante los caballos de la posta imperial. Cuando llegaba a
una estación de posta seleccionaba el caballo más idóneo y luego mataba o lisiaba a
las demás, para que no pudieran alcanzarlo los perseguidores que le enviaba
Galerio 4710.
La expedición a Britania y la victoria sobre los caledonios fueron las últimas
hazañas de Constancio, que murió en el palacio imperial de York, a los quince meses
de su ascensión a augusto y a los catorce años y medio de ser nombrado césar 4711.
Tras la muerte de su padre ascendió a la púrpura el hijo de Constancio, al que el
pueblo y los soldados habían elegido digno candidato al rango de césar 4712. Galerio
aceptó a regañadientes al hijo de su difunto colega como soberano de las provincias
trasalpinas, y tras concederle únicamente el título de césar, le otorgó el cuarto rango
entre los príncipes romanos, mientras que revestía con el título vacante de augusto a
su favorito, Severo. Así, la armonía aparente del Imperio se mantenía y Constantino,
que había accedido ya al poder, esperaba con paciencia la oportunidad de conseguir
los honores del poder supremo 4713. Y conseguido éste, trasladó la capitalidad del
Imperio a Constantinopla 4714, ciudad que él había fundado en su intento de residir más
cerca de las zonas de fricción.
4709
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág.116.
4710
Barrett, A. A (Ed.). 2009. Opus cit. Pág. 405.
4711
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 160.
4712
Ibídem. Pág. 160.
4713
Ibídem. Pág. 161.
4714
“…Cuando Constantinus se enfrentó con el Senado romano se decidió por la creación de
una <<nueva Roma>>, idea que venía ya alimentando de tiempo atrás, sus ventajas era
muchas: aparte su situación estratégica y sus condiciones defensivas, era el punto equidistante
entre los dos frentes más activos: el del Oriente párthico y el del Occidente danubiano-rhenano.
La fundación de Constantinopolis tuvo repercusiones políticas inmediatas, pero sobre todo, una
enorme transcendencia a larga fecha, por estar destinada a ser la capital del mundo griego,
definitivamente separado del latino, es decir, por convertirse en la cabeza y corazón del Imperio
Byzantino. Constantinopla vino a ser el cruce de las corrientes orientales y occidentales,
helenísticas tardías, cristianas y medievales. Fue siempre para el Occidente el foco cultural
más espléndido y más atrayente, jugando de continuo en su historia un papel definitivo. La
Edad Media occidental no es concebible sin el Imperio Byzantino y, a la postre, el mismo
Renacimiento clásico no se hubiese quizá producido como se produjo, de no haber sido por
Constantinopla.
La ceremonia del trazado de los muros de la nueva ciudad tuvo lugar el 4 de noviembre
del 324. Se eligió un momento preciso y se procedió según ritos y ceremonias que aseguraban
el brillante porvenir de la ciudad. Su recinto murado cuadruplicó en área el de los Severos. En
11 de mayo del 330 se celebró de modo solemne la consagración de los edificios hechos en
esos seis años y se dio nombre a la ciudad. La nueva capital no podía ser menos que Roma, y
no sólo para dignificarla, sino para estimular la afluencia de habitantes y de burócratas, del
mundo oficial en general, se concedieron a sus ciudadanos los mismos derechos y privilegios
que tradicionalmente tenía la ciudad del Tíber como conquistadora del mundo. …” (García y
Bellido, A. 1979. Opus cit. Págs. 676 y 677).
772
17. 3. 2. Majencio.
Majencio (306-312 d. C.) era hijo del emperador Maximiano y había contraído
matrimonio con una hija de Galerio; y aunque su ascendencia y esta alianza hubieran
sido suficientes para su ascensión al trono, “…sus vicios y su incapacidad lo excluían
de la dignidad del cargo de césar, del mismo modo que Constantino la merecía por
una peligrosa superioridad de mérito. …” 4715. Cuando Italia, descontenta con Galerio,
se alzó contra su forma de gobierno, el nombre y la situación de Majencio determinó
que el entusiasmo popular lo eligiera como príncipe, siendo investido con los
ornamentos imperiales y presentándolo como protector de la libertad y de la dignidad
romanas 4716.
Pero para desgracia de este príncipe, que se había hecho construir un circo en
su villa unido a la residencia imperial a través de un pórtico por el que el emperador
podía acceder de modo seguro a su palco 4717, pronto volvió a entrar en escena su
padre, que a petición de su hijo y del Senado, retomó la púrpura; abandonó su retiro
impuesto por la autoridad de Diocleciano y bajo el disfraz del cariño paterno, utilizó su
experiencia al frente de los ejércitos para añadir fuerza y prestigio a la causa de
Majencio 4718. Convenció al augusto Severo para que se rindiera en Rávena y lo llevó
cautivo hasta Roma y, aunque viajó con la promesa de salvar su vida, sólo consiguió
una muerte fácil y un funeral imperial 4719. Después cruzó los Alpes para entrevistarse
con el soberano de la Galia, llevó consigo a su hija Fausta y estableció, con su boda,
una alianza con Constantino, que siendo ya su yerno recibió de manos de Maximiano
el título de augusto 4720.
Galerio, enfurecido marchó contra Roma, pero al no contar con el apoyo de las
ciudades italianas intentó una reconciliación, que los otros no aceptaron; se retiró,
mientras Majencio le pisaba los talones y Constantino permanecía sin mover sus
4715
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 163.
4716
Ibídem. Págs. 163 y 164.
4717
García Moreno, L. y Rascón Marqués, S. (Ed.). 1997. Opus cit. Pág. 121.
4718
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 164.
4719
Ibídem. Pág. 165.
4720
Ibídem. Pág. 165.
773
ejércitos 4721. Al regreso de la expedición nombró augusto a su amigo Licinio, que
ocupó el puesto que había dejado vacante Severo; pero cuando esta noticia llegó a
Oriente no agradó a Maximino, que obtuvo a través de la violencia el título de
augusto 4722. Ahora el mundo romano estaba dirigido por seis soberanos: En Occidente.
Constantino y Majencio simulaban reverencia a Maximiano, padre de éste y suegro de
aquel; en Oriente, Licinio y Maximino honraban con agradecimiento a Galerio, su gran
benefactor 4723.
Pero pronto surgieron las disputas entre Maximiano y su hijo; el primero
declaraba que gracias a él, su impetuoso hijo había conseguido el trono y, Majencio
basaba su ascenso al trono en la elección que habían hecho el pueblo y el Senado de
Roma; al fin Maximiano se retiró a Iliria, pero Galerio, que lo conocía bien, lo obligó a
abandonar su dominios, terminando por recalar en la corte de su yerno
Constantino 4724. Su yerno lo recibió con respeto y su esposa con aparente ternura de
hija; y Maximiano, con el fin de eliminar toda sospecha, renunció de nuevo a la púrpura
imperial y se declaró convencido de lo vano de la grandeza y la ambición, cuando en
realidad, había decidido reinar o morir 4725. Así, aprovechó la partida de Constantino
hacia el Rin para arrebatarle el trono; pero el yerno retornó y pronunció sentencia de
muerte contra el desagradecido usurpador, al que, como había hecho él con Severo,
se le permitió elegir la forma en la que quería morir 4726.
4721
Ibídem. Pág. 166.
4722
Ibídem. Pág. 167.
4723
Ibídem. Pág. 167.
4724
Ibídem. Pág. 167.
4725
Ibídem. Pág. 168.
4726
Ibídem. Pág. 168.
4727
Ibídem. Pág. 170.
774
completa cuyas articulaciones se adaptaban hábilmente al movimiento del cuerpo. El
aspecto de esta caballería era formidable, su peso resultaba casi irresistible y cuando,
como en esta ocasión, los generales la formaban en una columna compacta o en una
cuña de punta afilada, extendida hacia los flancos, se regodeaban pensando que
rompería y arrasaría con facilidad el ejército de Constantino. …” 4728. Pero la habilidad
para evolucionar de las tropas de Constantino desconcertó a la compacta caballería de
Majencio, que huyó en desbandada hacia Turín; ahora todas las ciudades, desde los
Alpes hasta el Po, reconocieron el poder de Constantino y se sumaron a su bando 4729.
En su avance derrotó, cerca de Brescia, a la caballería de Ruricio Pompeyano y luego
sometió a Verona, defendida heroicamente por este general de Majencio 4730. Mientras
tanto Majencio permaneció impasible en Roma, hasta que los veteranos de su padre
se vieron obligados a advertir a su afeminado hijo del peligro que corría, apremiándolo
a que impidiera su ruina, ejerciendo el poder que aún le quedaba 4731. A su vez, el
pueblo lo increpaba, resonando en el circo sus clamores indignados y rodeando
tumultuosamente las puertas del palacio; al mismo tiempo que reprochaban la
indolencia del soberano y celebraban el espíritu heroico de Constantino 4732. Éste temió
que el cobarde soberano de Roma permaneciese encerrado en la ciudad y lo obligase
a destruir la más noble recompensa de su victoria, pero al llegar a Saxa Rubra,
descubrió complacido que las tropas de Majencio estaban prestas a presentar
batalla 4733. Constantino dispuso sus tropas con habilidad y se reservó para él mismo el
lugar de mayor honor y peligro; cargó contra la caballería de Majencio, compuesta por
coraceros y númidas ligeros, que cayó ante el empuje de la caballería gala con la que
contaba Constantino 4734. Derrotó a las dos alas de infantería, que dejaron sin
protección los flancos del ejército de Majencio; entonces los soldados de éste
abandonaron el bando del tirano al que siempre habían odiado y ya no temían. Por el
contrario, los pretorianos, conscientes de que sus ofensas no podían ser perdonadas
por Contantino, luchaban azuzados por la venganza y la desesperación; pero, a pesar
de sus ímprobos esfuerzos, estos valientes no pudieron conseguir la victoria. Murieron
dignamente, cayendo sus cadáveres en el mismo lugar que ocupaban en la formación.
La confusión fue general y las tropas de Majencio, perseguidas por un enemigo
implacable, corrieron despavoridas hacia las profundas y rápidas aguas del Tíber. El
4728
Ibídem. Pág. 171 y ss.
4729
Ibídem. Pág. 174.
4730
Ibídem. Págs. 174 y 175.
4731
Ibídem. Pág. 176.
4732
Ibídem. Pág. 176.
4733
Ibídem. Págs. 176 y 177.
4734
Ibídem. Pág. 177.
775
emperador intentó escapar hacia la ciudad por el puente Milvio, pero la multitud que
ocupaba aquel estrecho paso lo lanzó al río, donde se ahogó debido al gran peso de
su armadura. Al día siguiente, encontraron su cadáver, hundido en el lodo. La cabeza
de Majencio, fue expuesta ante los ojos del pueblo, lo que convenció a los romanos de
su liberación y los exhortó a recibir con leales aclamaciones y con gratitud a
Constantino, que culminaba así, por medio de su valor y habilidad, la mayor empresa
de su azarosa vida 4735. Antes de embarcarse en la lucha contra Majencio había visto
“…una cruz luminosa procedente del sol. Esto lo interpretó como una señal de que el
Dios de la Cruz, a quién él identificó en un principio como el sol, le prometía la victoria.
Antes de la batalla decisiva sobre el puente Milvio mandó a sus soldados pintar el
monograma de Cristo en sus escudos. Su victoria sobre Majencio le convenció del
poder de los cristianos y, desde entonces, empezó a colmar de privilegios a su Iglesia.
…” 4736.
17. 3. 2. 3. Alianza de Constantino y Licinio.
Antes de salir para Italia, Constantino se había aliado con Licinio, emperador de
Iliria, al que le había entregado a su hermana Constancia en matrimonio; pero durante
los festejos del enlace Constantino tuvo que acudir al Rin a combatir una insurrección
de los bárbaros; momentos que aprovechó Maximino para atacar a Licinio, saliendo de
Siria hacia Bitinia en pleno invierno 4737. Pero ese invierno fue crudo y tormentoso, por
lo que gran número de caballos y hombres murieron en la nieve; y, a pesar de su
superioridad numérica fue derrotado por el disciplinado ejército de Licinio 4738.
Maximino murió pocos meses después de su derrota en Tarso, quizá a causa de la
desesperación, del envenenamiento o de la justicia divina, pero como carecía por
completo de capacidad y de virtud, ni el pueblo ni los soldados lamentaron su muerte;
y las provincias de Oriente, liberadas de los terrores de una nueva guerra civil,
reconocieron entusiasmados la autoridad de Licinio 4739.
El imperio quedó ahora dividido entre Licinio, en Oriente, y Constantino, en
Occidente; pero no pasó un año antes de que los augustos se enfrentaran entre sí,
acabando Licinio derrotado y, por mediación de su esposa, hermana de Constantino,
rindiéndose y pidiendo la paz. Habían luchado en distintas batallas, pero la decisiva
fue la de Adrianópolis (324 d. C), en la que Licinio se presentó con una gran flota y con
4735
Ibídem. Pág. 177.
4736
Balsdon, J. P. V. D (Editor).1966. Opus cit. Pág. 100.
4737
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 178.
4738
Ibídem. Pág. 178.
4739
Ibídem. Pág. 179.
776
ciento cincuenta mil soldados de infantería y quince mil de caballería y puesto que ésta
“…procedía en su mayor parte de Frigia y Capadocia, podríamos concebir una opinión
más favorable de la belleza de los caballos que del valor y la agilidad de sus jinetes.
…” 4740. Aquí protagonizó Constantino una de sus numerosas proezas, al atravesar el
río Hebro con, tan sólo, doce jinetes “…y gracias al terror que causaba su brazo
invencible, fragmentó, mató y puso en fuga a una multitud de ciento cincuenta mil
hombres. …” 4741.
Licinio (Valerio Liciniano Licinio, 265-325 d. C) había sido un campesino de
origen dacio que en la conferencia de Carnuto (308 d. C) fue ascendido al rango de
augusto por Galerio, en lugar de Severo 4742. A la muerte de Galerio, en el 311 d. C.,
pretendió sustituirlo como emperador del Este, llegando a un acuerdo con Maximino,
que se quedaría con Asia 4743. En el 313 firmó una alianza con Constantino, para
contrarrestar el poder de Maximino y Majencio, que selló casándose con la
hermanastra de Constantino, Constancia; además, los dos gobernantes redactaron el
Edicto de Milán, por el que se garantizaba la libertad de culto en todo el Imperio, lo que
daba, a los cristianos, derecho para practicar su religión 4744. Pero en la primavera del
313 Maximino invadió Europa, luchando contra Licinio y siendo derrotado por éste en
la batalla de Adrianápolis, tras la que ocupó los territorios de Maximino, declarándose
a sí mismo augusto del Imperio de Oriente 4745. Y como Constantino ya había acabado
con Majencio, era el augusto de Occidente 4746.
Tras deshacerse de Licinio, Constantino era el único dueño del Imperio y tras su
reinado próspero y apacible, legó al mundo, entre otros bienes, una nueva religión y
una nueva capital. Como la nueva ciudad se fundó por orden de Dios, para celebrar la
victoria sobre el pagano, Constantinopla se convirtió en una ciudad cristiana 4747. Entre
los ornamentos de ésta destacaremos el hipódromo, majestuoso edificio de
cuatrocientos pasos de largo por cien de ancho, cuya espina estaba llena de estatuas
4740
Ibídem. Pág. 183.
4741
Ibídem. Pág. 184.
4742
Hazel, J. 2002. Opus cit. Págs. 241 y 242.
4743
Ibídem. Págs. 241 y 242.
4744
Ibídem. Pág. 242.
4745
Ibídem. Pág. 242.
4746
Ibídem. Pág. 242.
4747
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1966. Opus cit. Pág. 102.
777
y obeliscos y que, en tiempos de Gibbon, todavía era usado por los turcos para
ejercitar sus caballos 4748. El palacio imperial, de magnificencia no inferior a las
residencias imperiales romanas, se comunicaba con el palco imperial del hipódromo
por una escalera de caracol y estaba situado entre éste y la iglesia de Santa Sofía 4749.
Este hipódromo era el escenario por el que, cada aniversario de la ciudad,
desfilaba la procesión de la estatua de madera dorada que había mandado tallar
Constantino y que lo representaba sobre un carro triunfal y portando en la mano
derecha una imagen del genio del lugar; ceremonia en la que la guardia “…llevando
velas blancas y vestida con sus más ricos atavíos, acompañaba la solemne procesión
mientras ésta avanzaba por el hipódromo. Cuando llegaban ante el trono del
emperador reinante, éste se levantaba de su asiento y, con una reverencia
agradecida, adoraba la memoria de su predecesor. …” 4750.
Constantino dividió el Imperio entre sus tres hijos. Constancio II (337-361 d. C.)
fue el último superviviente de los tres, y, hacia el final de su reinado nombró césar de
la Galia a Juliano 4751. Pero las tropas amotinadas de Juliano lo nombraron augusto en
París (361 d C) y cuando se disponía a la batalla contra Constancio, éste murió,
quedando Juliano como emperador único 4752. Flavio Julio Constancio (c. 318-361 d. C)
había sido el tercer hijo de Constantino y de su segunda esposa, Fausta; y había sido
nombrado césar por su padre en noviembre del 324 d. C. y en el 337, tras la muerte de
Constantino, se había convertido en gobernante de Oriente 4753.
Flavio Claudio Juliano nació en Constantinopla el año 331 d. C. y era hijo de
Constancio, hermanastro del emperador Constantino, y de su esposa Basilina 4754.
Cuando su padre murió, en el 337, su primo Constancio II lo recluyó, junto a su
hermano Galo, en un remoto castillo de Capadocia, donde fue educado en el
cristianismo; pero como influenciado por su tutor, el eunuco Mardonio, leyese mucha
literatura clásica, acabó adquiriendo una secreta pasión por la antigua religión 4755. Así,
aunque Juliano el Apóstata (361-363 d. C.) se había educado en el cristianismo, fue un
4748
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 239.
4749
Ibídem. Pág. 240.
4750
Ibídem. Págs. 241 y 242.
4751
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1996. Opus cit. Pág. 102.
4752
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 117.
4753
Ibídem. Pág. 116.
4754
Ibídem. Pág. 224.
4755
Ibídem. Pág. 224.
778
devoto adorador de los dioses paganos y “…en cuanto ascendió al trono volvió a abrir
los templos que había cerrado Constantino, les devolvió sus dotaciones, y retiró las
subvenciones imperiales que se pagaban a la Iglesia. …” 4756. Según Gibbon, el trono
de Juliano se asentó en la razón y en la virtud, pero también en la vanidad; era,
además, extremadamente activo y, en un día, concedía audiencias, escribía gran
número de cartas a diferentes destinatarios, escuchaba la lectura de documentos,
examinaba peticiones y “…expresaba sus intenciones más deprisa de lo que podían
apuntar en escritura abreviada los más diligentes secretarios. Poseía tal flexibilidad de
pensamiento y tal capacidad de concentración que podía escribir con la mano,
escuchar con el oído y dictar con la voz simultáneamente, de modo que seguía tres
hilos distintos de pensamiento sin vacilar ni equivocarse. …” 4757. Si los predecesores
de Juliano, su tío, su hermano y su primo, cultivaron el gusto por el circo, con el
pretexto de congraciarse con el pueblo, pasando la mayor parte del día como
espectadores ociosos de las veinticuatro carreras habituales, Juliano al que no le
agradaban estas frívolas diversiones, condescendía a aparecer en el circo, pero tras
echar un vistazo a unas cuantas carreras, se retiraba con la impaciencia del filósofo
que consideraba perdido todo momento que no dedicaba al bien de su pueblo o a
cultivar su espíritu 4758.
Su caballo se llamaba Babilonio. Cuando, recién estrenada la campaña persa,
se preparaba para montarlo, el caballo cayó al suelo retorciéndose por el dolor,
perdiendo sus atalajes de oro y plata. Ante lo que el Apóstata tomó como tan buen
presagio, exclamó: ¡Babilonio ha caído al suelo despojado de sus ornamentos! 4759;
presagio que el emperador leyó de forma inapropiada, como rebelarían los hechos
posteriores.
Reconoció, ante Constancio, que había sido elegido de modo irregular,
admitiendo la supremacía de éste y comprometiéndose “… a regalarle anualmente
unos caballos procedentes de Hispania, a reclutar un número selecto de jóvenes
bárbaros para su ejército y a aceptar como prefecto del pretorio al hombre de
discreción y fidelidad probadas que él determine. …” 4760. Murió durante su campaña
contra Persia. En una de las escaramuzas, Juliano se acercó para dirigir el ataque;
pero no le había dado tiempo de vestir la coraza, por lo que mientras galopaba recibió
4756
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1996. Opus cit. Pág. 102.
4757
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Págs.324 y 325.
4758
Ibídem. Pág. 325.
4759
Citado. Lendon, J. E. 2006. Opus cit. Pág. 379.
4760
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 314.
779
un tiro de jabalina que se alojó en su costado y lo derribó de su caballo 4761. Dice
Libanio que el autor del tiro mortal no fue un enemigo sino un soldado romano,
cristiano, enfurecido por la defensa que el emperador hacía del paganismo; en
cualquier caso, la herida, fue mortal y Juliano murió poco después en su tienda 4762.
Joviano (363-364 d. C.) fue el sucesor que los generales de Juliano eligieron tras
la muerte del mismo. Flavio Joviano nació en Singidunum, (Belgrado) de padres
danubianos y había sido pretor doméstico de Juliano, a quien acompañó en sus
campañas persas, con los que firmó un tratado por el que les devolvía las conquistas
de Diocleciano al este del río Tigris 4763. Joviano era cristiano al igual que su sucesor,
Valentiniano, derogando en favor de los cristianos las disposiciones religiosas de
Juliano 4764. Murió, a los ocho meses de acceder a la púrpura, en circunstancias
misteriosas, cerca de la actual Ankara 4765; exactamente, según Hazel, en Dadastana
(Asia Menor), mientras viajaba hacia Constantinopla 4766.
17. 4. 1. Valentiniano.
4761
Goldsworthy, A. 2008 (A). Opus cit. Pág. 416.
4762
Ibídem. Pág. 416.
4763
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 220.
4764
Ibídem. Pág. 220.
4765
Richardson, J. S. 1988. Opus cit. Pág. 257.
4766
Hazel, J. 2002. Opus cit. Pág. 220.
4767
McLynn, F. 2007. Opus cit. Pág. 122.
780
que mostraban un carácter similar al suyo, como los osos Inocencia y Mica Aurea,
cuyas jaulas “…estaban siempre cerca del dormitorio de Valentiniano, el cual con
frecuencia se recreaba la vista con el placentero espectáculo de verlos desgarrar y
devorar los miembros sangrientos de los malhechores que entregaban a su furia. El
emperador romano se encargaba personalmente de vigilar su alimentación y su
ejercicio, y cuando Inocencia se ganó la libertad tras largo tiempo de servicio meritorio,
devolvieron a la osa fiel a la libertad del bosque donde había nacido. …” 4768.
En 372 Valentiniano dejó la capital de la Galia, Tréveris, para acudir al Ilírico,
con la intención de aplastar a los cuados y a los sármatas que habían traspasado la
frontera danubiana y se dedicaban a saquear las zonas rurales, dejando en la capital a
su hijo Graciano (367-383 d. C.), de dieciséis años, al que hacía ocho había nombrado
coemperador 4769. Durante esta campaña recibió en Brigetio (Panonia) una embajada
de los cuados que lo irritó tanto que sufrió un ataque de apoplejía, a resultas del cual
murió poco después 4770.
17. 4. 2. Valente.
4768
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Pág. 336.
4769
Richardson, J. S. 1988. Opus cit. Pág. 258.
4770
Ibídem. Pág. 258.
4771
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1996. Opus cit. Pág. 103.
4772
Ibídem. Pág. 103.
4773
Ibídem. Pág. 103.
781
estaban perdidos si no salvaban al emperador. Algunas tropas movidas por sus
exhortaciones, avanzaron para socorrerlo, pero encontraron sólo un lugar sangriento,
cubierto con un montón de brazos rotos y cadáveres destrozados y fueron incapaces
de dar con su desafortunado príncipe entre los vivos y los muertos. …” 4774. La
búsqueda de estos fieles generales no podía tener éxito si es verdad lo que contaron
los historiadores sobre la muerte del emperador; según éstos, el príncipe, con la ayuda
de sus asistentes logró escapar y refugiarse en una casita cercana al campo de
batalla, donde intentaron vendarle la herida y proporcionarle seguridad; pero, pronto,
los enemigos se abatieron sobre el refugio y rodearon la casita y después de fracasar
en el intento de forzar la puerta, provocados por las flechas que les llovían desde el
tejado, acabaron prendiendo fuego a un montón de leña cercano a la cabaña y ésta
ardió con el emperador y su guardia en su interior. Valente murió entre las llamas y un
joven, que fue el único en escapar a través de una ventana, dio fe de la triste historia e
informó a los godos del prisionero que acababan de perder debido a su
precipitación 4775.
Según Gibbon, fue durante el reinado de este príncipe cuando se inició el
desastroso período de la caída del Imperio Romano; entonces, eran los tiempos en los
que la felicidad y la seguridad de los habitantes del Imperio se vio atacada por los
bárbaros de Escitia y Germania; que, con su violencia, hicieron desaparecer las artes y
los trabajos de los siglos anteriores. La comentada invasión de los hunos lanzó sobre
las provincias de Occidente al pueblo godo, que en menos de cuarenta años llegó
desde el Danubio al Atlántico; y, con el éxito de sus ejércitos, abrió paso a las
incursiones de otras tribus más hostiles y salvajes que ellos mismos 4776.
4774
Gibbon, E. 2001. Opus cit. Págs. 373 y 374.
4775
Ibídem. Pág. 374.
4776
Ibídem. Pág. 359.
782
hacer lo mismo con los mauros, que hostigaban las ciudades norteafricanas (372 d.
C.) 4777. Murió ejecutado en Cartago por razones que no han sido aclaradas 4778.
Ante la incapacidad de los romanos para controlar la crisis provocada por las
invasiones de pueblos tan numerosos, Graciano (hijo de Valentiniano) hizo acudir
desde Hispania a Teodosio, hijo del magnífico general que sirviera a las órdenes de su
padre 4779. Graciano lo puso al frente de una campaña contra los sármatas, que el
hispano concluyó con rapidez y con éxito, y el 19 de enero del 379 lo nombró augusto
en Sirmium 4780.
Fue un emperador de carácter brutal que parece que ignoraba las medias tintas.
Buen ejemplo de sus métodos es el hecho de que hiciera liquidar a tres mil ciudadanos
en el circo de Tesalónica, después de un motín popular 4781. Este sucesor de Valente
sólo pudo salvar la situación permitiendo a los visigodos establecerse en Tracia como
aliados y con la obligación de proporcionar tropas para reforzar los ejércitos
romanos 4782. La paz quedó asegurada a corto plazo y gracias al empleo de estos
soldados aliados logró vencer al usurpador Máximo en 388 d C., y cuando apareció
otro usurpador, Eugenio (392-394 d. C.), en 394, fueron los godos los encargados de
vencerlo en la batalla de Frígido, enfrentándose a las tropas de francos y alamanes,
que apoyaban el usurpador 4783. Paulatinamente, los mandos supremos de los ejércitos
imperiales fueron pasando a manos de caudillos de estos pueblos aliados; de los que
son buenos ejemplos Arbogastes, general franco que fue el responsable del
derrocamiento de Valentiniano II; o Estilicón, que sirvió como general al lado de
Teodosio y que éste nombró guardián de su hijo Honorio; hasta su muerte en 408,
Estilicón había ostentado, durante veintitrés años, el mando supremo del ejército
romano 4784.
Teodosio se mostró enseguida un decidido antiarriano y “…en 380 publicó un
edicto en la ciudad de Constantinopla declarando que sólo aquellos que se atuvieran a
la fe transmitida por San Pedro y seguida por el papa, Dámaso, y por Pedro, obispo de
Alejandría, podían llamarse cristianos católicos. …” 4785. Si al principio se mostró más
4777
Richardson, J. S. 1988. Opus cit. Pág. 258.
4778
Ibídem. Pág. 259.
4779
Ibídem. Págs. 258 y 259.
4780
Ibídem. Pág. 259.
4781
Jerphagnon, L. 2007. Opus cit. Pág. 640.
4782
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1996. Opus cit. Pág. 103.
4783
Richardson, J. S. 1988. Opus cit. Pág. 259.
4784
Ibídem. Págs. 259 y 260.
4785
Ibídem. Pág. 260.
783
severo con los herejes que con los paganos, terminó también prohibiendo los cultos de
éstos, tal vez, influenciado por el poderoso obispo de Milán, Ambrosio 4786.
Este emperador nunca olvidó sus raíces hispanas, raíces que sus biógrafos,
como el filósofo y orador Temistio, que pronunció un discurso en Constantinopla el 1
de enero de 383, hacen remontar nada menos que hasta el hispano Trajano, “…el
primer emperador oriundo de Hispania y gran augusto, famoso por sus conquistas.
…” 4787. En el 389, Pacato, en un panegírico ante el Senado romano, utilizó el mismo
argumento que reaparecerá luego en la breve biografía de Teodosio, atribuida a Sex.
Aurelio Víctor, que incluye en su probable obra Epitome de Caesaribus 4788. En esta
obra, “…la comparación con Trajano constituye un elemento fundamental de la
descripción de Teodosio que realiza el autor, pues no sólo hace hincapié en que era
descendiente del gran emperador del siglo II, sino que también relata sus semejanzas
físicas y psicológicas. Como la genealogía a la que recurre es completamente
imaginaria, esas semejanzas resultarían tanto más sorprendentes de ser ciertas. La
comparación respondía claramente a las intenciones propagandísticas del propio
Teodosio y siempre habría podido ser una explicación- por lo demás innecesaria- de la
introducción por obra y gracia suya de algunos amigos y parientes originarios de
Hispania en la corte de Constantinopla. …” 4789. Entre los favorecidos se encontraban
Nebridio, sobrino de Flaccila, esposa del emperador, probable hijo del prefecto de la
ciudad de Constantinopla, que se crió en palacio con los hijos del emperador; Materno
Cinegio que llegó a ser nombrado prefecto del pretorio en Oriente y que murió en el
388, cuando compartía consulado con el propio emperador y cuyos restos, su esposa
Acancia, trasladó a pie hasta Hispania, signo inequívoco del origen de ambos; o
Numio Emiliano Dextro originario de Barcelona, que fue procónsul de Asia con
Teodosio, y al que su ciudad natal le erigió una estatua 4790. Cierto es, pues, que
Teodosio se parecía a Trajano, al menos en el hecho de que cuando alcanzó la
púrpura, favoreció sobremanera a los hispanos.
Hasta su muerte, en enero de 395, Teodosio reinó como emperador de Oriente
con Graciano, hasta que éste fue derrocado por Magno Máximo (usurpador, 383-388
d. C.), en el 383 d. C. Y tras derrotar a este último en 388 d C., a raíz de su invasión
de Italia, reinó con sus dos hijos, Arcadio, al que proclamó augusto en 383, y Honorio,
4786
Ibídem. Pág. 260.
4787
Ibídem. Pág. 260
4788
Ibídem. Págs. 260 y 261.
4789
Ibídem. 1988. Pág. 261.
4790
Ibídem. Pág. 261.
784
al que concedió el mismo título a los ocho años en 393 d. C., reinando como único
soberano efectivo de todo el Imperio 4791.
Honorio (395-423 d. C.) sucedió a su padre, Teodosio, y le fue imposible
contener la presión de las tribus germanas sobre la frontera romana, siendo Italia
invadida por las tribus germanas, que llegaban capitaneadas por Radagés;
posteriormente cayó sobre Italia la inundación de los visigodos, bajo las órdenes de
Alarico, que tomó y saqueó Roma en 410 d. C. Al mismo tiempo, en los años 406-407,
los vándalos, alanos, suevos y burgundios avanzaron desde el Rin a través de la Galia
y España. Y en el 429 d C. los vándalos cruzaron el estrecho de Gibraltar, ocupando
África. El Imperio occidental mantuvo la lucha hasta que en el año 476 d C. se
amotinaron las tropas mercenarias germanas al servicio de Roma y proclamaron a su
jefe Odoacro rey de Italia 4792.
Por fin, cayó el telón del Imperio Romano de Occidente cuando reinaba Rómulo
Augústulo (475-476 d. C). Los visigodos fueron, pues, los sucesores de los romanos,
que conservaron muchas de las cosas existentes hasta entonces, pero bajo los
nuevos amos, que eran ellos mismos 4793.
4791
Ibídem. Pág. 259.
4792
Balsdon, J. P. V. D (Editor). 1996. Opus cit. Pág. 103.
4793
Richardson, J. S. 1988. Opus cit. Pág. 269.
4794
Picón, V. y Cascón, A (Editores). 1989. Opus cit. Págs. 648 y 649.
785
jueces que no debería nombrar y aparta de la administración a las personas que
debería mantener en ella. ¿Qué más? Como decía el propio Diocleciano, de esta
manera es traicionado el emperador bueno, el prudente y el más perfecto. …” 4795.
4795
Ibídem. Pág. 649.
786
18. CONCLUSIONES.
Por los datos analizados en este trabajo, que hemos desarrollado a lo largo de
cinco años, podemos concluir que la trayectoria del caballo es inseparable del devenir
humano. Desde la aparición del hombre como especie, la relación Hombre–Caballo se
ha mantenido indeleble; primero como abastecedor de proteínas a las hordas
humanas primitivas y posteriormente como auxiliar en las diversas facetas de la
existencia de los hombres: simbolismo, religión, prestigio, arte, guerra, viajes,
educación y juegos. Esta relación ha sido ininterrumpida.
Los humanos siempre han admirado al animal sometido, cuya atractiva figura
han plasmado a lo largo de milenios en sus obras de arte, revistiéndola, a veces, de un
aura propiciatoria y simbólica, pero otras con la simple intención de proporcionar
placer a aquellos que lo contemplan, por la necesidad imperiosa de los humanos de
contemplar lo bello.
Conocidos sus usos por las evolucionadas culturas de Oriente, todos los
estados se dieron prisa por incorporar el uso del caballo a sus ejércitos, a sus
sociedades como elemento de prestigio, a sus mitos y a su simbolismo. Desde estos
grandes estados prístinos, la cultura del caballo terminó, como otros saberes, por
expandirse a por todo el Oriente y por Occidente.
787
Estamos totalmente de acuerdo con el historiador Myers, que cita Lión
Valderrábano, cuando califica a los caballos como una de las “bendiciones” de la
Humanidad.
788
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Todas las fotografías del trabajo han sido realizadas por el autor del
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