0% encontró este documento útil (0 votos)
109 vistas11 páginas

Poemas de Miguel Hernández

Este resumen contiene 3 oraciones: Miguel Hernández escribió varios poemas que tratan temas como la naturaleza, el amor, y la libertad. Blas de Otero también escribió poemas sobre temas como la humanidad, la paz, y la palabra. Finalmente, los textos de Celá incluyen fragmentos de su novela La familia de Pascual Duarte que describen la psicología y motivaciones de un asesino.

Cargado por

Lucía Pérez
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
109 vistas11 páginas

Poemas de Miguel Hernández

Este resumen contiene 3 oraciones: Miguel Hernández escribió varios poemas que tratan temas como la naturaleza, el amor, y la libertad. Blas de Otero también escribió poemas sobre temas como la humanidad, la paz, y la palabra. Finalmente, los textos de Celá incluyen fragmentos de su novela La familia de Pascual Duarte que describen la psicología y motivaciones de un asesino.

Cargado por

Lucía Pérez
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TEXTOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ

<XXXIV> (HUEVO) (PERITO EN LUNAS)


Coral, canta una noche por un filo,
y por otro su luna siembra para
otra redonda noche: luna clara,
¡la más clara!, con un sol en sigilo.
Dirigible, al partir llevado en vilo,
si a las hirvientes sombras no rodara,
pronto un rejoneador galán de pico
iría sobre el potro en abanico.

Soneto 19 de El rayo que no cesa


Yo sé que ver y oír a un triste enfada
cuando se viene y va de la alegría
como un mar meridiano a una bahía,
a una región esquiva y desolada.

Lo que he sufrido y nada todo es nada


para lo que me queda todavía
que sufrir, el rigor de esta agonía
de andar de este cuchillo a aquella espada.

Me callaré, me apartaré si puedo


con mi constante pena, instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte.

Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,


pero me voy, desierto y sin arena:
adiós, amor, adiós, hasta la muerte.

FRAGMENTO DE LA OBRA VIENTO DEL PUEBLO


Los bueyes mueren vestidos Si me muero, que me muera
de humildad y olor de cuadra: con la cabeza muy alta.
las águilas, los leones Muerto y veinte veces muerto,
y los toros de arrogancia, la boca contra la grama,
y detrás de ellos, el cielo tendré apretados los dientes
ni se enturbia ni se acaba. y decidida la barba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara, Cantando espero a la muerte,
la del animal varón que hay ruiseñores que cantan
toda la creación agranda. encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones


que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos


de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,


ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño


reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

FRAGMENTO NANAS DE LA CEBOLLA POEMA PERTENECIENTE A CANCIONERO Y


ROMANCERO DE AUSENCIAS
La cebolla es escarcha Pero tu sangre,
cerrada y pobre: escarchada de azúcar,
escarcha de tus días cebolla y hambre.
y de mis noches.
Una mujer morena,
Hambre y cebolla:
resuelta en luna,
hielo negro y escarcha
se derrama hilo a hilo
grande y redonda.
sobre la cuna.
En la cuna del hambre Ríete, niño,
mi niño estaba. que te tragas la luna
Con sangre de cebolla cuando es preciso.
se amamantaba.
POEMAS DE BLAS DE OTERO
HOMBRE DE ÁNGEL FIERAMENTE HUMANO
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte


despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.


Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.


Ser y no ser eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

“CANTO PRIMERO”
Definitivamente, cantaré para el hombre.
Algún día —después—, alguna noche,
me oirán. Hoy van —vamos— sin rumbo,
sordos de sed, famélicos de oscuro.

Yo os traigo un alba, hermanos. Surto un agua,


eterna no, parada ante la casa.
Salid a ver. Venid, bebed. Dejadme
que os unja de agua y luz, bajo la carne.

De golpe, han muerto veintitrés millones


de cuerpos. Sobre Dios saltan de golpe
-sorda, sola trinchera de la muerte-
con el alma en la mano, ente los dientes

el ansia. Sin saber por qué, mataban;


muerte son, sólo muerte. Entre alambradas
de infinito, sin sangre. Son hermanos
nuestros. Vengadlos, sin piedad, ¡vengadlos!

Solo está el hombre. ¿Es esto lo que os hace


gemir? Oh si supieseis que es bastante.
Si supieseis bastaros, ensamblaros.
Si supierais ser hombres, sólo humanos.
PIDO LA PAZ Y LA PALABRA
Escribo etcétera.
en defensa del reino Digo
del hombre y su justicia. Pido «del hombre y su justicia»,
la paz «océano pacífico»,
y la palabra. He dicho lo que me dejan.
«silencio», Pido
«sombra», la paz y la palabra.
«vacío»

EN EL PRINCIPIO (PERTENECIENTE A LA OBRA PIDO LA PAZ Y LA PALABRA)


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo


lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro


puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
POEMAS DE JAIME GIL DE BIEDMA
AMOR MÁS PODEROSO QUE LA VIDA

La misma calidad que el sol de tu país,


saliendo entre las nubes: La misma calidad que tu expresión,
alegre y delicado matiz en unas hojas, al cabo de los años,
fulgor de un cristal, modulación esta noche al mirarme:
del apagado brillo de la lluvia. la misma calidad que tu expresión
y la expresión herida de tus labios.
La misma calidad que tu ciudad,
tu ciudad de cristal innumerable Amor que tiene calidad de vida,
idéntica y distinta, cambiada por el amor sin exigencias de futuro,
tiempo: presente del pasado,
calles que desconozco y plaza antigua amor más poderoso que la vida:
de pájaros poblada, perdido y encontrado.
la plaza en que una noche nos Encontrado, perdido...
besamos.

FRAGMENTO JAIME GIL DE BIEDMA


De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares


últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.


Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
TEXTOS DE CELA
La familia de Pascual Duarte (fragmento)

"Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros
tenemos todos los mortales al nacer y, sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino
se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas
diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el
camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos
y de las chumberas. Aquéllos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen
con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el
ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las
carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.

La familia de Pascual Duarte

Se mata sin pensar, bien probado lo tengo; a veces sin querer. Se odia, se odia
intensamente, ferozmente, y se abre la navaja, y con ella, descalzo, hasta la cama donde
duerme el enemigo. Es de noche, pero por la ventana entra el claror de la luna; se ve
bien. Sobre la cama está echado el muerto, el que va a ser el muerto. Uno lo mira, lo oye
respirar; no se mueve, está quieto como si nada fuera a pasar. Como la alcoba es vieja,
los muebles nos asustan con su crujir que puede despertarlo, que a lo mejor había de
precipitar las puñaladas. El enemigo levanta un poco el embozo y se da la vuelta: sigue
dormido. Su cuerpo abulta mucho; la ropa engaña. Uno se acerca cautelosamente; lo
toca con la mano con cuidado. Está dormido, bien dormido; ni se había de enterar…

Pero no se puede matar así; es de asesinos. Y uno piensa volver sobre sus pasos,
desandar lo ya andado... No: no es posible. Todo está muy pensado; en un instante, un
corto instante y después...

Pero tampoco es posible volverse atrás. El día llegará y en el día no podríamos aguantar
su mirada, esa mirada que en nosotros se clavará aun sin creerlo.

Habrá que huir; que huir lejos del pueblo, donde nadie nos conozca, donde podamos
empezar a odiar con odios nuevos. El odio tarda años en incubar: uno ya no es un niño
y cuando el odio crezca y nos ahogue los pulsos, nuestra vida se irá. El corazón no
albergará más hiel y ya estos brazos, sin fuerza, caerán…

FRAGMENTO DE LA COLMENA

Martín Marco se para ante los escaparates de una tienda de lavabos que hay en la calle
de Sagasta. La tienda luce como una joyería o como la peluquería de un gran hotel, y los
lavabos parecen lavabos del otro mundo, lavabos del Paraíso, con sus grifos relucientes,
sus lozas tersas y sus nítidos, purísimos espejos. Hay lavabos blancos, lavabos, de todos
los colores. ¡También es ocurrencia! Hay baños que lucen hermosos como pulseras de
brillantes, bidets con un cuadro de mandos como el de un automóvil, lujosos retretes de
dos tapas y de ventrudas, elegantes cisternas bajas donde seguramente se puede
apoyar el codo, se pueden incluso colocar algunos libros bien seleccionados,
encuadernados con belleza: Hólderlin, Keats, Valéry, para, los casos en que el
estreñimiento precisa de compañía; Rubén, Mallarmé, sobre todo Mallarmé para las
descomposiciones de vientre. ¡Qué porquería!
Martín Marco sonríe, como perdonándose, y se aparta del escaparate.

La vida piensa es todo. Con lo que unos se gastan para hacer sus necesidades a gusto,
otros tendríamos para comer un año. ¡Está bueno! Las guerras deberían hacerse para
que haya menos gentes que hagan sus necesidades a gusto y pueda comer el resto un
poco mejor. Lo malo es que, cualquiera sabe por qué, los intelectuales seguimos
comiendo mal y haciendo nuestras cosas en los Cafés. ¡Vaya por Dios!

A Martín Marco le preocupa el problema social. No tiene ideas muy claras sobre nada,
pero le preocupa el problema social.

Eso de que haya pobres y ricos, dice a veces, está mal; es mejor que seamos todos
iguales, ni muy pobres ni muy ricos, todos un término medio. A la Humanidad hay que
reformarla. Debería nombrarse una comisión de sabios que se encargase de modificar la
Humanidad. Al principio se ocuparían de pequeñas cosas, enseñar el sistema métrico
decimal a la gente, por ejemplo, y después cuando se fuesen calentando, empezarían
con las cosas más importantes y podrían hasta ordenar que se tirara abajo las ciudades
para hacerlas otra vez, todas iguales, con las calles bien rectas y calefacción en todas
las casas. Resultaría un poco caro, pero en los Bancos tiene que haber cuartos de sobra.

Una bocanada de frío cae por la calle de Manuel Silvela y a Martín le asalta la duda de
que va pensando tonterías.

- ¡Caray con los lavabitos!

Al cruzar la calzada un ciclista lo tiene que apartar de un empujón.

- ¡Pasmado, que parece que estás en libertad vigilada!

A Martín le subió la sangre a la cabeza.

- ¡Oiga, oiga!

El ciclista volvió la cabeza y le dijo adiós con la mano.

FRAGMENTO DE TIEMPO DE SILENCIO


Solo aquí, qué bien, me parece que estoy encima de todo. No me puede pasar
nada. Yo soy el que paso. Vivo. Vivo. Fuera de tantas preocupaciones, fuera del
dinero que tenía que ganar, fuera de la mujer con la que me tenía que casar, fuera
de la clientela que tenía que conquistar, fuera de los amigos que me tenían que
estimar, fuera del placer que tenía que perseguir, fuera del alcohol que tenía que
beber. Si estuvieras así. Manténte ahí. Ahí tienes que estar. Tengo que estar aquí,
en esta altura, viendo cómo estoy solo, pero así, en lo alto, mejor que antes, más
tranquilo, mucho más tranquilo. No caigas. No tengo que caer. Estoy así bien,
tranquilo, no me puede pasar nada, porque lo más que me puede para es seguir
así, estando donde quiero estar, tranquilo, viendo todo, tranquilo, estoy bien, estoy
bien, estoy muy bien así, no tengo nada que desear.
Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo la maté. ¿Por qué? ¿Por qué? Tú no la
mataste. Estaba muerta. Yo no la maté. Ya estaba muerta. Yo no la maté. Ya estaba
muerta. Yo no fui. No pensar. No pensar. No pienses. No pienses en nada.
Tranquilo, estoy tranquilo. No me pasa nada. Estoy tranquilo así. Me quedo así
quieto. Estoy esperando. No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy tranquilo,
el tiempo pasa y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de
aprender a no pensar en nada, de fijar la mirada en la pared, de hacer que tú
quieras hacer porque tu libertad sigue existiendo también ahora. Eres un ser libre
para dibujar cualquier dibujo o bien para hacer una raya cada día que vaya
pasando como han hecho otros, y cada siete días una raya más larga, porque eres
libre de hacer las rayas todo lo largas que quieras y nadie te lo puede impedir.

TIEMPO DE SILENCIO (fragmento).


Pedro volvía con las piernas blandas. Asustado de lo que podía quedar atrás. Violentado
por una náusea contenida. Intentando dar olvido a lo que de absurdo tiene la vida.
Repitiendo: Es interesante. Repitiendo: Todo tiene un sentido. Repitiendo: No estoy
borracho. Pensando: Estoy solo. Pensando: Soy un cobarde. Pensando: Mañana estaré
peor. Sintiendo: Hace frío. Sintiendo: Estoy cansado. Sintiendo: Tengo seca la lengua.
Deseando: Haber vivido algo, haber encontrado una mujer, haber sido capaz de
abandonarse como otros se abandonan. Deseando: No estar solo, estar en un calor
humano, ceñido de una carne aterciopelada, deseado por un espíritu próximo.
Temiendo: Mañana será un día vació y estaré pensando, ¿por qué he bebido tanto?
Temiendo: Nunca llegaré a saber vivir, siempre me quedaré al margen. Afirmando: A
pesar de todo no es, a pesar de todo yo quizá, a pesar de todo quién puede desear con
una así. Afirmando: La culpa no es mía. Afirmando: Algo está mal, algo no sólo yo.
Afirmando: El mal está ahí. Interrogando: ¿Quién explica el mal? Reflexivo-recordante:
Aquella mujer que estaba allí y no tenía que estar allí porque era como si no estuviera
porque no servía. Incisivo-perdonador: No tiene nada de ángel porque además de no
tener alas parece que lo único a que aspira es a la aniquilación. El ángel puede volverse
contra su dios, pero este medioángel no se vuelve más que contra su madre. Acusador-
disoluto: Era una vieja horrible, sólo una vieja horrible. Conclusivo: Soy un pobre hombre.

FRAGMENTO DE CINCO HORAS CON MARIO


En teniendo con qué alimentarnos y con qué cubrirnos, estemos con eso
contentos.
Los que quieren enriquecerse caen en tentaciones, en lazos y en muchas
codicias locas y perniciosas que hunden a los hombres en la perdición y en la
ruina, porque la raíz de todos los males es la avaricia, y por eso mismo me será
muy difícil perdonarte, cariño, por mil años que viva, el que me quitases el
capricho de un coche. Comprendo que a poco de casarnos eso era un lujo, pero
hoy un Seiscientos lo tiene todo el mundo, Mario, hasta las porteras si me apuras,
que a la vista está. Nunca lo entenderás, pero a una mujer, no sé cómo decirte,
le humilla que todas sus amigas
vayan en coche y ella a patita. […] Y eso, ¿sabes lo que es, Mario? Egoísmo
puro, para que te enteres, que ya sé que un Catedrático de Instituto no es un
millonario, ojalá, pero hay otras cosas, creo yo, que hoy en día nadie se conforma
con un empleo.
Ya, vas a decirme que tú tenías tus libros y El Correo, pero si yo te digo que tus
libros
y tu periodicucho no nos han dado más que disgustos, a ver si miento, no me
vengas
ahora, hijo, líos con la censura, líos con la gente y, en sustancia, dos pesetas. Y
no es
que me pille de sorpresa, Mario, porque lo que yo digo, ¿quién iba a leer esas
cosas
tristes de gentes muertas de hambre que se revuelcan en el barro como
puercos? […]
Tú mucho con que si la tesis y el impacto y todas esas historias, pero
¿quieres decirme con qué se come eso? A la gente le importan un comino las
tesis e impactos, créeme.
TEXTOS LITERATURA HISPANOAMERICANA (ADEMÁS
DE CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA)

CIEN AÑOS DE SOLEDAD


Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía
había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la
orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas,
blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas
cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos
los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa
cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los
nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y
manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta
demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios
alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y
todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se
caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos
tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo
aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada
turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. "Las cosas tienen vida propia —
pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima."
José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio
de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse
de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra.

RAYUELA
“Habían dormido con las cabezas tocándose y ahí, en esa inmediatez física, en la
coincidencia casi total de las actitudes, las posiciones, el aliento, la misma habitación la
misma almohada, la misma oscuridad, el mismo tictac, los mismos estímulos de la calle
y la ciudad, las mismas radiaciones magnéticas, la misma maraca de café, la misma
conjunción estelar, la misma noche para los dos, ahí estrechamente abrazados, habían
soñados sueños distintos, habían vivido aventuras disímiles, el uno había sonreído
mientras la otra huía aterrada, el uno había vuelto a rendir un examen de álgebra
mientras la otra llegaba a una ciudad de piedras blancas.

TEXTOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ 
<XXXIV> (HUEVO) (PERITO EN LUNAS) 
Coral, canta una noche por un filo, 
y por otro su luna siembr
MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39) 
Para la libertad sangro, lucho, pervivo. 
Para la libertad, mis ojos y mis man
POEMAS DE BLAS DE OTERO 
HOMBRE DE ÁNGEL FIERAMENTE HUMANO 
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte, 
al borde del abismo, e
PIDO LA PAZ Y LA PALABRA 
Escribo 
en defensa del reino 
del hombre y su justicia. Pido 
la paz 
y la palabra. He dicho 
«sil
POEMAS DE JAIME GIL DE BIEDMA 
AMOR MÁS PODEROSO QUE LA VIDA 
 
La misma calidad que el sol de tu país,  
saliendo entre las
resultan truculentos  
cuando se tienen más de treinta años,  
y que tu encantadora  
sonrisa de muchacho soñoliento  
-segur
TEXTOS DE CELA 
La familia de Pascual Duarte (fragmento) 
 
"Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serl
Martín Marco sonríe, como perdonándose, y se aparta del escaparate. 
 La vida piensa es todo. Con lo que unos se gastan para
quieras hacer porque tu libertad sigue existiendo también ahora. Eres un ser libre 
para dibujar cualquier dibujo o bien para
tristes de gentes muertas de hambre que se revuelcan en el barro como 
puercos? […]  
Tú mucho con que si la tesis y el impac

También podría gustarte