0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas79 páginas

Cristo Rey en Semana Santa

El documento habla sobre los ministros de la palabra y de la comunión durante la Semana Santa. Explica que deben tener una vida espiritual sólida para transmitir a Cristo a través de sus acciones y palabras. También deben dar buen testimonio de fe y conocer bien la doctrina para poder enseñar a los demás.

Cargado por

Ricardo Gd
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
24 vistas79 páginas

Cristo Rey en Semana Santa

El documento habla sobre los ministros de la palabra y de la comunión durante la Semana Santa. Explica que deben tener una vida espiritual sólida para transmitir a Cristo a través de sus acciones y palabras. También deben dar buen testimonio de fe y conocer bien la doctrina para poder enseñar a los demás.

Cargado por

Ricardo Gd
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Semana Santa

Celebraciones de la Palabra
SOBRE LOS MINISTROS ORDINARIOS DE LA PALABRA Y EXTRAORDINARIOS DE
LA SAGRADA COMUNIÓN

Espiritualidad a toda prueba


Con la premisa cierta de que “Nadie da lo que no tiene”, los ministros de la palabra y los ministros
extraordinarios de la Sagrada Comunión deben llevar a Cristo en su corazón para poder transmitirlo a
través de la palabra y para ser dignos de suministrar en el Santísimo Sacramento. Es por eso que es
indispensable que los ministros cuenten con una vida espiritual coherente y toda prueba, que sean
constantes en la oración, perseverantes para la ida de gracia permanente y la contemplación de Cristo
y con gran apego a los sacramentos, siendo la Eucaristica un alimento constante de su alma.
Asimismo, el ministro ha de cuidar y fomentar la espiritualidad en el equipo misionero y en toda la
comunidad, mediante la oración, sobre todo el rezo del Santo Rosario, la correcta realización de los
oficios (tomando como base el manual de misiones del movimiento), el reparto de la comunión, el
visiteo y la orientación espiritual hasta donde sus aptitudes se lo permitan y siempre contando con la
gracia y la luz del Espíritu Santo.

Dar testimonio de Cristo


Los ministros son los primeros que deben dar testimonio de Amor y Servicio en Cristo, tanto con el
equipo misionero como con todos los habitante de la comunidad misionada, y son responsables de que
el mensaje evangélico se transmita de forma adecuada, cuidando, junto con la coordinadora del equipo
misionero, que no se falte a la doctrina de la Iglesia.
Mediante su comportamiento, actividades y trato con los demás, el ministro debe reflejar que tiene a
Jesús en su mente y en su corazón en todo momento, sin caer en excesos que impidan una relación
cercana, cordial sencilla con todos los que le rodean. Ha de cuidar que sus palabras, gestos y
expresiones sean coherentes con lo que pretende transmitir, es decir, que sean de un verdadero
caballero de Cristo, anteponiendo siempre el respeto, la humildad y el servicio en todos sus actos.

Conocimientos doctrinales
Los ministros, siendo conscientes de que Dios los ha elegido como instrumentos suyos, han de ser
responsables de su propia formación con la colaboración del Coordinador General de la Misión y de la
Coordinadora del equipo, así como con la ayuda de algún asesor espiritual. La formación de los
ministros debe ocupar un lugar especial en la preparación de misiones.
Los ministros deberán conocer a fondo los aspectos básicos de la doctrina como lo son los
sacramentos, mandamientos, virtudes, pecado, etc. También deberán estar actualizados en lo referente
a los mensajes y guías que la Iglesia marca en la actualidad por medio del Papa reinante. Deberán
también conocer sobre el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, parte fundamental y
guía para la vivencia del sentido de la Semana Santa.
Los ministros extraordinarios de la Eucaristía deberán poner especial cuidado en lo referente al trato y
administración del Santísimo Sacramento, para lo cual deberán recibir la preparación adecuada y
contar con los instrumentos necesarios para esta tarea.

Virtudes
Un misionero, en especial un ministro de la palabra o de la Eucaristía, debe tener virtudes cristianas
que contribuyan al cumplimiento de la tarea que Nuestro Señor le ha encomendado. Entre estas
virtudes es importante destacar la Fe, la Caridad, la Humildad, la Fortaleza y el Temor de Dios; los
ministros han de cultivarlas y perseverar en ellas mediante la oración, los sacramentos y la formación,
para poder transmitirlas y aplicarlas para evangelizar y dar gloria a Dios con cada uno de sus actos y
palabras durante la Misión.
ORACIONES PARA LA MISIÓN

Oración del misionero


Me ha llamado, Padre, continuar la
obra de anunciar el Reino que inauguró
tu Hijo, Jesús.
Con los profetas te quiero gritar: Mira,
Señor, que no soy más que un niño
que no sabe hablar.
Aquí estoy para cumplir tu voluntad y
anunciar a todos que Tú eres el Dios del
amor.
Tú, Señor, conoces bien toda mi vida,
mis dudas, mis fragilidades y mis pasos
vacilantes. No puedo presumir de nada. Sólo
quiero contar a los demás tus maravillas que
has hecho desde siempre,
por nosotros, los hombres. Señor,
haz que en mi comunidad
cristiana tu nombre sea proclamado e
invocado; que los padres ejerzan su
responsabilidad de educadores en la fe;
que los evangelizadores confirmemos en
la fe a nuestros hermanos que Tú, Señor,
pongas en nuestro camino.
Que lo hagamos con profundidad y
con vivencias evangélicas.
Señor, que tu Santo Espíritu haga que
escuchen mi palabra y fecunde sus corazones
con la sencillez de María.
Amén.

Consagración Misionera
Jesucristo:
Te entrego mis manos a Ti Señor, para trabajar con amor;
te entrego mis pies, para seguir tu camino con decisión.
Te entrego mis ojos, para ver Señor las necesidades del mundo.
Te entrego mi lengua para hablar, tus palabras de caridad.
Mi alma es tuya, habítala, que allí crezca siempre tu amor;
DOMINGO DE RAMOS
DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su Misterio
pascual.

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén


Procesión

A la hora señalada se reúnen todos en otro lugar apto fuera de la iglesia a la que se va a ir en
procesión. Los fieles tienen en sus manos los ramos, bendecidos anteriormente por el párroco.
Mientras los ministros llegan al lugar de la reunión, se canta un canto apropiado.
El ministro saluda de la manera acostumbrada
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El pueblo responde
Amén.

Enseguida, el MESC realiza una breve monición, en la que invita a los fieles a participar activa y
conscientemente en la celebración de este día, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos:
Después de haber preparado nuestros corazones
desde el principio de la Cuaresma
con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad,
hoy nos reunimos para iniciar,
unidos con toda la Iglesia,
la celebración anual del Misterio Pascual, es decir,
de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo,
misterios que empezaron
con su entrada en Jerusalén, su ciudad.
Por eso, recordando con toda fe y devoción
esta entrada salvadora, sigamos al Señor,
para que, participando de su cruz,
tengamos parte con él en su resurrección y su vida.

Enseguida, con las manos juntas, invoca la bendición de Dios.

Aumenta, Señor Dios, la fe de los que esperan en ti


y escucha con bondad las súplicas de quienes te invocan,
para que, al presentar hoy nuestros ramos a Cristo victorioso,
demos para ti en él frutos de buenas obras.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.

Enseguida, el MESC realiza la lectura del Evangelio correspondiente a la entrada de Jesús a Jerusalén.

EVANGELIO
Bendito el que viene en nombre del Señor.

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san Mateo.


21, 1-11
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió
Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar,
encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí
que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la
burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente,
muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las
tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: "¡Hosanna! ¡Viva el
Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!" Al entrar
Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: "¿Quién es éste?". Y la gente
respondía: "Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Después del evangelio, se puede hacer una breve reflexión acerca del sentido de conmemorar la
entrada de Jesús a Jerusalén. Antes de comenzar la procesión, el MESC, dice con estas u otras
palabras:

Queridos hermanos:
Imitando a la multitud que aclamaba al Señor, avancemos en paz.

Y comienza la procesión hacia la iglesia donde se realizará la celebración de la palabra. El acólito u


otro ministro que porta la cruz adornada con ramos o palmas según las costumbres del lugar, en medio
de dos ministros con velas encendidas. A continuación, el MESC detrás, los fieles, que llevan los
ramos en las manos. Durante la procesión, se entonan algunos cánticos (Himno a Cristo Rey, Que
Viva Mi Cristo, Tu Reinarás).

El MESC, omitidos los demás ritos iniciales de la celebración y, según la oportunidad, el Señor ten
piedad, dice la oración colecta de la celebración con las manos juntas y continúa como de costumbre.

ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno,
que quisiste que nuestro Salvador
se hiciera hombre y padeciera en la cruz
para dar al género humano ejemplo de humildad,
concédenos, benigno, seguir las enseñanzas de su pasión
y que merezcamos participar de su gloriosa resurrección.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Lectura del libro de Isaías.
50, 4-7

En aquel entonces, dijo Isaías:


"El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,


para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia
ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,


la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,


por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado".

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 21
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Todos los que me ven, de mí se burlan;


me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que Él lo salve;
si de veras lo ama, que lo libre". R.

Los malvados me cercan por doquiera


como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado
y se pueden contar todos mis huesos. R/.

Reparten entre sí mis vestiduras


y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame,
no te quedes de mí tan alejado. R/.

Contaré tu fama a mis hermanos,


en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo;
glorificalo, linaje de Jacob;
témelo, estirpe de Israel. R/.

SEGUNDA LECTURA
Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.
Flp 2,6-11

Cristo siendo Dios,


no consideró que debía aferrarse
a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de siervo,
y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


Flp 2,8-9
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Cristo se humilló por nosotros


y por obediencia aceptó incluso la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS


Mt (26, 14-27,66):

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les
propuso:
S. «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando
ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está
cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
C. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro
S. «¿Soy yo acaso, Señor?».
C. Él respondió:
+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se
va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le
valdría a ese hombre no haber nacido!».
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho».
C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los
discípulos y les dijo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:
+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el
perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día
que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
C. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, por- que está escrito: “Heriré al pastor,
y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
+ «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como
quieres tú».
C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues
el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño.
Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser
entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel
de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El
traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que yo bese, ese es: prendedlo».
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!».
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?».
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con
él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no
puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se
cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me
sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido
para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».
C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se
habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo
sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para
condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que
comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la
derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué
decidís?».
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte».
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú estabas con Jesús el Galileo».
C. Él lo negó delante de todos diciendo:
S. «No sé qué quieres decir».
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Este estaba con Jesús el Nazareno».
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que
cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.
C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para
preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el
gobernador.
C. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las
treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S. «He pecado entregando sangre inocente».
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».
C. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes,
recogiendo las monedas de plata, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de
forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho
por medio del profeta Jeremías:
«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los
hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el
Señor».
C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces
Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta,
el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso,
llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal,
su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la
libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás».
C. Pilato les preguntó:
S. ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».
C. Contestaron todos:
S. «Sea crucificado».
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?».
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Sea crucificado!».
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó
agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
S. «¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!».
C. Todo el pueblo contestó:
S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran.
C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de
él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una
corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y,
doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la
burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a
beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se
repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza
colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
C. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de
Dios, baja de la cruz».
C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también
diciendo:
S. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y
le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios”».
C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona,
Jesús gritó con voz potente:
+ «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S. «Está llamando a Elías».
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola
en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
S. «Déjadlo, a ver si viene Elías a salvarlo».
C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se
resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto
resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se
aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba,
dijeron aterrorizados:
S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios».
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús
desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y
José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de
Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran.
José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro
nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se
marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos
sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días
resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus
discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo:
“Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».
C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Terminada la lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, el MESC realiza una breve reflexión.
A continuación, todos de pie, hacen la proclamación del Credo, terminar se realiza, si se cree
conveniente, la oración universal.

ORACIÓN UNIVERSAL

Imploremos, hermanos, a Jesús, el Sumo Sacerdote de la fe que profesamos, que en la cruz


presentó, con lágrimas en los ojos, oraciones y súplicas al Padre, y oremos también nosotros por
todos los hombres. A cada petición respondemos: Escúchanos, Señor.

1.- Para que el Señor, que en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga
piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la
penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz. Roguemos al Señor.

2.- Para que la sangre de Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con
Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias
pasiones. Roguemos al Señor.

3.-Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se
apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los conforte.
Roguemos al Señor.

4.-Para que el Señor, que recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé
sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte,en su paraíso. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión,
destruyera el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviera la vida y la felicidad,
escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

RITO DE LA COMUNIÓN

Acabada la oración universal, el MESC se acerca al lugar donde se encuentra reservada la Eucaristía,
toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una genuflexión. Los fieles se
ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.

Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

y todos juntos prosiguen:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.

Dense fraternalmente la paz

Nunca canta o decir el “Cordero de Dios”

A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:

Éste es el Cordero de Dios,


que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa,


pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.

Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.


Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.

Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía,
y por medio de la muerte de tu Hijo
nos das la esperanza de alcanzar
lo que la fe nos promete,
concédenos, Señor, llegar,
por medio de su resurrección, a la meta de nuestras esperanzas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.

RITOS CONCLUSIVOS

El MESC, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:


El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:
Amén.

Se puede entonar un canto de salida.


LUNES SANTO

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede entonarse un canto apropiado al tiempo litúrgico.


Terminado el canto, el MESC desde el lugar que le corresponde, sin besar el altar ni sentarse en la
sede, hace la señal de la cruz y saluda a los presentes diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.

Seguidamente, el MESC saluda a la asamblea diciendo:


Hermanos, bendigan al Señor, que nos invita benignamente a la mesa del Cuerpo de Cristo.
El pueblo responde:
Bendito seas por siempre Señor

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, introduciendo con estas o palabras parecidas.


Hermanos:Al comenzar esta celebración,
pidamos a Dios que nos conceda
la conversión de nuestros corazones;
así obtendremos la reconciliación
y se acrecentará nuestra comunión
con Dios y con nuestros hermanos.

Después, hacen todos en común la confesión de los pecados


Yo confieso ante Dios Todopoderoso,
y ante ustedes hermanos
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

El MESC concluye la siguiente plegaria:


Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde
Amén.

A continuación se canta o dice el Señor, ten piedad.

El MESC con las manos juntas se dice la oración colecta del día.

ORACIÓN COLECTA
Te rogamos, Dios todopoderoso,
que quienes desfallecemos a causa de nuestra debilidad,
nos recuperemos gracias a la pasión de tu Unigénito.
El, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.

PRIMERA LECTURA
No gritará ni hará oír su voz en las plazas.
Lectura del libro del profeta Isaías
42, 1-7

Miren a mi siervo, a quien sostengo;


a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu,
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
No gritará ni clamará,
no hará oír su voz en las plazas,
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Proclamará la justicia con firmeza,
no titubeará ni se doblegará,
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.

Esto dice el Señor Dios,


el que creó el cielo y lo extendió,
el que dio firmeza a la tierra, con lo que en ella brota;
el que dio el aliento a la gente que habita la tierra
y la respiración a cuanto se mueve en ella:
“Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación,
te llamé, te tomé de la mano;
te he formado y te he constituido alianza de un pueblo,
luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 26

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,


¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién podrá hacerme temblar? R.

Cuando me asaltan los malvados


para devorarme,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen. R.
Aunque se lance contra mí un ejército,
no temerá mi corazón;
aun cuando hagan la guerra contra mí,
tendré plena confianza en el Señor. R.

La bondad del Señor espero ver


en esta misma vida.
Ármate de valor y fortaleza
y en el Señor confía. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro,
sólo tú has tenido compasión de nuestras faltas.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

El MESC, se dirige al ambón, omite el saludo y dice solamente:

EVANGELIO
Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura.

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san Juan


12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado
de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que
estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy
costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la
fragancia del perfume.
Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por
qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo
dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la
bolsa, robaba lo que echaban en ella.
Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los
pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.
Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por
Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se
separaban y creían en Jesús.
Palabra del Señor.

Al acabar la lectura del Evangelio, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos
bíblicos proclamados.

ORACIÓN UNIVERSAL
En estos días de la pasión del Señor, recordando a Cristo, que en los días de su vida mortal, con
fuertes voces y lágrimas, presentó oraciones y súplicas al Padre, oremos también nosotros por
todos los hombres. A cada petición respondemos: Escúchanos, Señor.

1.-Para que el Redentor del mundo, que se ofreció a la muerte por su rebaño, libre a la Iglesia de
todo mal. Roguemos al Señor.

2.-Para que el Redentor del mundo, que oró con fuertes voces y lágrimas en la cruz, interceda
ante el Padre por todos los hombres. Roguemos al Señor.
3.-Para que el Redentor del mundo, que experimentó en la cruz la angustia y la tristeza, venga
en auxilio de los que se sienten agobiados por las propias culpas y les infunda confianza en su
perdón. Roguemos al Señor.

4.-Para que el Redentor del mundo a nosotros, sus siervos, que recordamos con veneración su
cruz, nos reanime con la fuerza de su resurrección. Roguemos al Señor.

Que llegue a tu presencia, Padre, la oración de los que te invocan, y ya que, en la pasión de tu
Hijo, nos has manifestado tu amor, haz que también lo experimentemos al ver escuchadas
nuestras oraciones. Por Jesucristo nuestro Señor.

RITO DE LA COMUNIÓN

Acabada la oración universal, el ministro se acerca al lugar donde se encuentra reservada la


Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una genuflexión. Los
fieles se ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.

Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Y todos juntos prosiguen:

Padre nuestro, que estás en el cielo,


santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Dense fraternalmente la paz

Nunca cantar o decir el “Cordero de Dios”

A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:

Éste es el Cordero de Dios,


que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa,


pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.

Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.


Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.

Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Visita, Señor, a tu pueblo
y protege con tu constante amor
a quienes has santificado por estos misterios,
para que recibamos de tu misericordia
y conservemos con tu protección,
los auxilios para nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.

RITOS CONCLUSIVOS

El MESC, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:

El Señor nos bendiga,


nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:
Amén.

Se puede entonar un canto de salida.


MARTES SANTO

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede entonarse un canto apropiado al tiempo litúrgico.


Terminado el canto, el MESC desde el lugar que le corresponde, sin besar el altar ni sentarse en la
sede, hace la señal de la cruz y saluda a los presentes diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.

Seguidamente, el MESC saluda a la asamblea diciendo:


Hermanos, bendigan al Señor, que nos invita benignamente a la mesa del Cuerpo de Cristo.
El pueblo responde:
Bendito seas por siempre Señor

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, introduciendo con estas o palabras parecidas.


Hermanos: para participar con fruto en esta celebración,
reconozcamos nuestros pecados.
Después, hacen todos en común la confesión de los pecados
Yo confieso ante Dios Todopoderoso,
y ante ustedes hermanos
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

El MESC concluye la siguiente plegaria:


Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde
Amén.

A continuación se canta o dice el Señor, ten piedad.


A continuación, el MESC con las manos juntas se dice la oración colecta del día.

ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Dios todopoderoso y eterno,
celebrar de tal modo los sacramentos de la pasión del Señor,
que nos hagamos dignos de recibir tu perdón.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.

PRIMERA LECTURA
Te convertiré en luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los últimos rincones de la
tierra.
Lectura del libro del profeta Isaías
49, 1-6
Escúchenme, islas;
pueblos lejanos, atiéndanme.
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre;
cuando aún estaba yo en el seno materno,
él pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada filosa,


me escondió en la sombra de su mano,
me hizo flecha puntiaguda,
me guardó en su aljaba y me dijo:
“Tú eres mi siervo, Israel;
en ti manifestaré mi gloria”.
Entonces yo pensé: “En vano me he cansado,
inútilmente he gastado mis fuerzas;
en realidad mi causa estaba en manos del Señor,
mi recompensa la tenía mi Dios”.

Ahora habla el Señor,


el que me formó desde el seno materno,
para que fuera su servidor,
para hacer que Jacob volviera a él
y congregar a Israel en torno suyo
–tanto así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza–.
Ahora, pues, dice el Señor:
“Es poco que seas mi siervo
sólo para restablecer a las tribus de Jacob
y reunir a los sobrevivientes de Israel;
te voy a convertir en luz de las naciones,
para que mi salvación llegue
hasta los últimos rincones de la tierra”.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 70
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.

Señor, tú eres mi esperanza,


que no quede yo jamás defraudado.
Tú, que eres justo, ayúdame y defiéndeme;
escucha mi oración y ponme a salvo. R.

Sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados. R.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías. R.

Yo proclamaré siempre tu justicia


y a todas horas, tu misericordia.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro, para obedecer al Padre, quisiste ser llevado a la
cruz como manso cordero al sacrificio.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

El MESC, se dirige al ambón, omite el saludo y dice solamente:

EVANGELIO
Uno de ustedes me entregará. No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces.

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san Juan.


13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente
y declaró: “Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Los discípulos se miraron
perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto
amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: “¿De
quién lo dice?” Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”
Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar”. Mojó el pan y se
lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los
comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la
bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha
sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y
pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se
lo digo a ustedes ahora: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden ir’ ”. Simón Pedro le dijo: “Señor,
¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás
más tarde”. Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”.
Jesús le contestó: “¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes
de que me hayas negado tres veces”.
Palabra del Señor.

En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
ORACIÓN UNIVERSAL
Acerquémonos, hermanos, a Jesús, mediador de la Nueva Alianza y signo de propiciación por
nuestros pecados y por los de todo el mundo, y presentémosle con fe las oraciones de su Iglesia.
A cada petición, respondemos: Escúchanos, Señor

1.-Para que Dios Padre, que nos ha envíado a Jesucristo como Pastor y Redentor del mundo,
guarde, proteja e ilumine a la Iglesia, y la fortalezca en la fe y en el amor. Roguemos al Señor.

2.-Para que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob haga brillar su rostro sobre el pueblo de
Israel y les manifieste a Jesús como el Mesías de su esperanza. Roguemos al Señor.

3.-Para que los pueblos del Islam encuentren en la fe y en la caridad de los cristianos una luz
que los encamine al único Señor que perdona y salva. Roguemos al Señor.

4.-Para que Dios todopoderoso y eterno, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad, descubra su rostro a los ateos, libre a los paganos de toda idolatría,
superstición o engaño y les revele la luz de su palabra. Roguemos al Señor.

5.-Para que el Padre de misericordia y Dios de todo consuelo conceda su auxilio a todos los que
lo invocan desde el fondo del corazón y a todos los que dudan, sufren o luchan. Roguemos al
Señor.

Mira, Señor, a tu familia, reunida en el nombre de Jesucristo, y protégela con amor constante;
que los que se esfuerzan por buscar su rostro vean atendidas sus oraciones y experimenten la
ayuda de tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

RITO DE LA COMUNIÓN

Acabada la oración universal, el ministro se acerca al lugar donde se encuentra reservada la


Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una genuflexión. Los
fieles se ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.

Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Y todos juntos prosiguen:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Dense fraternalmente la paz

Nunca canta o decir el “Cordero de Dios”

A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:


Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después el copón, se acerca a los que van a
comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.

Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.


Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.
Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Alimentados por estos dones de salvación,
suplicamos, Señor, tu misericordia,
para que este Sacramento,
que nos nutre en nuestra vida temporal,
nos haga partícipes de la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.

RITOS CONCLUSIVOS

El MESC, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:

El Señor nos bendiga,


nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:
Amén.

Se puede entonar un canto de salida.


MIÉRCOLES SANTO

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede entonarse un canto apropiado al tiempo litúrgico.


Terminado el canto, el MESC desde el lugar que le corresponde, sin besar el altar ni sentarse en la
sede, hace la señal de la cruz y saluda a los presentes diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.

Seguidamente, el MESC saluda a la asamblea diciendo:


Hermanos, bendigan al Señor, que nos invita benignamente a la mesa del Cuerpo de Cristo.
El pueblo responde:
Bendito seas por siempre Señor

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, introduciendo con estas o palabras parecidas.


Hermanos: para participar con fruto en esta celebración,
reconozcamos nuestros pecados.
Después, hacen todos en común la confesión de los pecados
Yo confieso ante Dios Todopoderoso,
y ante ustedes hermanos
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

El MESC concluye la siguiente plegaria:


Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde
Amén.

A continuación se canta o dice el Señor, ten piedad.


El MESC con las manos juntas se dice la oración colecta del día.

ORACIÓN COLECTA
Padre misericordioso,
que para librarnos del poder del enemigo,
quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros
el suplicio de la cruz,
concédenos alcanzar la gracia de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.

PRIMERA LECTURA
No he sustraído mi rostro a los insultos y salivazos.

Del libro del profeta Isaías


50, 4-9

En aquel entonces, dijo Isaías:


"El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,


para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia
ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,


la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,


por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado".
Cercano está de mí el que me hace justicia,
¿quién luchará contra mí?
¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
Que se me enfrente.
El Señor es mi ayuda,
¿quién se atreverá a condenarme?”
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 68

R. Por tu bondad, Señor, socórreme.

Por ti he sufrido injurias


y la vergüenza cubre mi semblante.
Extraño soy y advenedizo,
aun para aquellos de mi propia sangre;
pues me devora el celo de tu casa,
el odio del que te odia, en mí recae. R.

La afrenta me destroza el corazón y desfallezco.


Espero compasión y no la hallo;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R.

En mi cantar exaltaré tu nombre,


proclamaré tu gloria, agradecido.
Se alegrarán al verlo los que sufren,
quienes buscan a Dios tendrán más ánimo,
porque el Señor jamás desoye al pobre,
ni olvida al que se encuentra encadenado. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Señor Jesús, rey nuestro,
para obedecer al Padre, quisiste ser llevado a la cruz
como manso cordero al sacrificio.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

El MESC, se dirige al ambón, omite el saludo y dice solamente:

EVANGELIO
¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado!

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san Mateo


26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les
dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de
plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le
preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a
la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la
Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y
prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que
uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno
por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo,
ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de
aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber
nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le
respondió: “Tú lo has dicho”.
Palabra del Señor.

En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.

ORACIÓN UNIVERSAL

Pongamos, hermanos, nuestra mirada en Jesús, elevado en la cruz para que los que crean en él
tengan vida eterna, y oremos al Señor los unos por los otros. A cada petición, respondemos:
Escúchanos, Señor.

1.-Para que el Señor, que fue entregado a sus enemigos por nosotros, tenga misericordia de
aquellos que,como Judas, lo han traicionado y abandonado. Roguemos al Señor.
2.-Para que el Señor, que con su sangre preciosa limpió los pecados del mundo, se muestre ante
el Padre amigo y defensor de todos los hombres. Roguemos al Señor.

3.-Para que los pobres, los agobiados, los desesperanzados y todos los que con sus sufrimientos
participan de la cruz de Cristo encuentren consuelo en la pasión del Señor. Roguemos al Señor.

4.-Para que cuantos por el bautismo hemos sido sumergidos en la muerte de Cristo participemos
también de su resurrección. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que has querido salvar al mundo con la muerte de tu Hijo, concede
a quienes recordamos con amor su pasión gloriosa obtener los dones que te pedimos. Por
Jesucristo, nuestro Señor.

RITO DE LA COMUNIÓN

Acabada la oración universal, el ministro se acerca al lugar donde se encuentra reservada la


Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una genuflexión. Los
fieles se ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.

Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Y todos juntos prosiguen:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Dense fraternalmente la paz

Nunca canta o decir el “Cordero de Dios”

A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:


Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.
Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.
Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Concédenos, Dios todopoderoso,
creer y sentir profundamente
que, por la muerte temporal de tu Hijo,
proclamada en estos santos misterios,
tú nos has dado la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.

RITOS CONCLUSIVOS

El MESC, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:

El Señor nos bendiga,


nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:
Amén.

Se puede entonar un canto de salida.


JUEVES SANTO
DE LA CENA DEL SEÑOR

Misa vespertina
Por la tarde, en la hora más oportuna, se realiza la celebración de la Cena del Señor, en la que
participa plenamente toda la comunidad local
Adórnese con flores el altar con la moderación conveniente al carácter de este día. El MESC debe
procurar que tenga una cantidad suficiente de hostias en el sagrario para la comunión de hoy, del
viernes santo y la Vigilia Pacual. También debe estar preparado el lugar de la Reserva del Santísimo
Sacramento

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede entonarse un canto apropiado.


Terminado el canto, el MESC desde el lugar que le corresponde, sin besar el altar ni sentarse en la
sede, hace la señal de la cruz y saluda a los presentes diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.

Seguidamente, el MESC saluda a la asamblea diciendo:


Hermanos, bendigan al Señor, que nos invita benignamente a la mesa del Cuerpo de Cristo.
El pueblo responde:
Bendito seas por siempre Señor

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, introduciendo con estas o palabras parecidas.


Hermanos: para participar con fruto en esta celebración, reconozcamos nuestros pecados.
Después, hacen todos en común la confesión de los pecados
Yo confieso ante Dios Todopoderoso,
y ante ustedes hermanos
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

El MESC concluye la siguiente plegaria:


Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde
Amén.

A continuación se canta o dice el Señor, ten piedad.


Se dice Gloria. Mientras se canta el himno, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar
hasta la Vigilia pascual. Así mismo durante este tiempo puede usarse el órgano y otros instrumentos
musicales solo para sostener el canto.
A continuación, el MESC con las manos juntas se dice la oración colecta del día
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, reunidos para celebrar la santísima Cena
en la que tu Hijo unigénito, antes de entregarse a la muerte,
confió a la Iglesia el nuevo y eterno sacrificio
banquete pascual de su amor,
concédenos que, de tan sublime misterio,
brote para nosotros la plenitud del amor y de la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.

PRIMERA LECTURA
Prescripciones sobre la cena pascual

Lectura del libro del Éxodo.


12, 1-8. 11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para
ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de
Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la
familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero
adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin
defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo
inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la
casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán
panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los
pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.
Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto,
desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La
sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré
de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.
Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De
generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua' ".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 115
R. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

¿Cómo le pagaré al Señor


todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación
e invocaré el nombre del Señor. R.

A los ojos del Señor es muy penoso


que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado,
a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. R.

Te ofreceré con gratitud un sacrificio


e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor
ante todo su pueblo. R.

SEGUNDA LECTURA
Cada vez que comen de este pan y beben de este caliz, proclaman la muerte del Señor

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.


11, 23-26

Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en
que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y
dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".

Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se
sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".

Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del
Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


Jn 13, 34
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he
amado.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

El MESC, se dirige al ambón, omite el saludo y dice solamente:

EVANGELIO
Los amó hasta el extremo

Lectura del santo Evangelio según san Juan.


13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo
al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote,
hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus
manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa,
se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a
lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le
replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde".
Pedro le dijo: "Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tendrás
parte conmigo". Entonces le dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino
también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que
los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos". Como sabía
quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios'.
Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo:
"¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen
bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también
ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he
hecho con ustedes, también ustedes lo hagan".
Palabra del Señor.
En este momento, el MESC realiza una reflexión con base en los textos bíblicos proclamados, en los
cuales se comentan los grandes misterios que se celebran: la institución de la sagrada Eucaristía y del
orden sacerdotal, y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna.
Donde se juzgue conveniente se realiza el Lavatorio de pies, si este se omite, al acabar la reflexión se
realiza, si se cree conveniente, el lavatorio de pies

___________________________________________________________________________

Lavatorio de los pies


Terminada la reflexión, se procede al lavatorio de los pies donde lo aconseje el bien pastoral. Los que
han sido designados de entre el pueblo de Dios van a ocupar los asientos preparados para ellos. El
MESC se acerca a cada uno y, con la ayuda de otros misioneros, vierte agua sobre los pies y se los
seca.
Mientras tanto se cantan algunos cantos adecuados. Al terminar el lavatorio de pies, se continúa con la
oración universal.
___________________________________________________________________________

ORACIÓN UNIVERSAL
Oremos a Dios Padre, que en su amor creó al hombre y por su misericordia lo redimió con la
sangre de su Hijo. Pidámosle que escuche nuestras oraciones. Responderemos a cada petición:
Te lo pedimos, Señor.

1.-Para que la Iglesia permanezca en constante adoración de Cristo Eucaristía y así broten
actitudes de servicio en la caridad. Roguemos al Señor.

2.-Para que nuestros gobernantes descubran que en el servicio y en el amor se hace posible la
paz. Roguemos al Señor.

3.-Para que los pobres, enfermos y necesitados encuentren fortaleza en Cristo y también vivan
en el servicio a sus hermanos. Roguemos al Señor.

4.-Para que todos nosotros sigamos el ejemplo del Señor y vivamos profundamente el
mandamiento del amor. Roguemos al Señor.
Asamblea: Te lo pedimos, Señor.

Dios misericordioso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo para que, con su muerte,
destruyese el pecado y la muerte, y, con su resurrección, nos devolviese la vida y la felicidad,
escucha las oraciones de tu Iglesia y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

RITO DE LA COMUNIÓN

Acabada la oración universal, el ministro se acerca al lugar donde se encuentra reservada la


Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una genuflexión. Los
fieles se ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.
Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha
dado, digamos con fe y esperanza:

Y todos juntos prosiguen:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Como hijos de Dios, dense fraternalmente la paz

Nunca canta o decir el “Cordero de Dios”

A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:


Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.

Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.


Terminada la distribución de la comunión, y sí se realizará la Reserva del Santísimo Sacramento en el
Monumento, el MESC coloca el copón sobre el corporal del altar.
Si la Reserva del Santísimo Sacramento no se hará en el Monumento, acabada la comunión, el MESC
reserva el copón en el Sagrario.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.

Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Concédenos, Dios todopoderoso,
que así como somos alimentados en esta vida
con la Cena pascual de tu Hijo,
así también merezcamos ser saciados
en el banquete eterno.
Jesucristo, nuestro Señor.

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.

Traslado del Santísimo Sacramento

Dicha la oración después de la comunión, el MESC, realiza un momento de adoración ante el


Sacramento junto con el pueblo, después se levanta, toma en sus manos el copón. Se organiza la
procesión, en la que, en medio de cirios, se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hasta el lugar
de la reserva, preparada en alguna parte de la iglesia o en alguna capilla convenientemente
ornamentada. Va delante un ministro laico con la cruz, en medio de otros dos con cirios encendidos.
Le siguen otros llevando velas encendidas. Mientras tanto, se canta un canto eucarístico. Cuando la
procesión ha llegado al lugar de la reserva, el MESC deposita el copón en el tabernáculo dejando la
puerta abierta y adoran un momento el Sacramento, después cierra la puerta del sagrario. Después de
un tiempo de adoración en silencio, el MESC se retira en silencio.
__________________________________________________________________________

Si no se realiza la Reserva del Santísimo Sacramento en el Monumento

RITOS CONCLUSIVOS

El MESC, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:

El Señor nos bendiga,


nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:
Amén.

Se puede entonar un canto de salida.


VIERNES SANTO
DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra ningún sacramento ni en este día ni en el
siguiente, excepto el de la Penitencia y Unción de enfermos.
En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la
Pasión del Señor; a los enfermos, que no pueden participar en dicha celebración, se les puede llevar a
cualquier hora del día.
El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candeleros, ni manteles.

Celebración de la Pasión del Señor

Después del mediodía, cerca de las tres, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más tardía,
tiene lugar la celebración de la Pasión del Señor, que consta de tres partes: liturgia de la Palabra,
adoración de la Cruz y sagrada comunión. El MESC se dirige en silencio al altar, y, hecha la
reverencia al mismo, se arrodilla, y ora en silencio durante algún espacio de tiempo. Todos los demás
se ponen de rodillas.

El MESC desde el lugar correspondiente dice alguna de las oraciones siguientes.


Acuérdate, Señor, de tu gran misericordia,
y santifica a tus siervos con tu constante protección,
ya que por ellos Cristo, tu Hijo, derramando su sangre,
instituyó el misterio pascual.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

O bien:

Señor Dios, que por la Pasión de nuestro Señor Jesucristo


nos libraste de la muerte heredada del antiguo pecado,
concédenos asemejarnos a tu Hijo,
y haz que, así como naturalmente
llevamos en nosotros la imagen del hombre terreno,
por la gracia de la santificación,
llevemos también la imagen del hombre celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

Primera parte
LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Lectura del libro de Isaías.


52, 13—53, 12
He aquí que mi siervo prosperará,
será engrandecido y exaltado,
será puesto en alto.
Muchos se horrorizaron al verlo,
porque estaba desfigurado su semblante,
que no tenía ya aspecto de hombre;
pero muchos pueblos se llenaron de asombro.
Ante él los reyes cerrarán la boca,
porque verán lo que nunca se les había contado
y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.
¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado?
¿A quién se le revelará el poder del Señor?
Creció en su presencia como planta débil,
como una raíz en el desierto.
No tenía gracia ni belleza.
No vimos en él ningún aspecto atrayente;
despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, habituado al sufrimiento;
como uno del cual se aparta la mirada,
despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos


y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso,
herido por Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Él soportó el castigo que nos trae la paz.
Por sus llagas hemos sido curados.

Todos andábamos errantes como ovejas,


cada uno siguiendo su camino,
y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca,
como un cordero llevado a degollar;
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.

Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron.


¿Quién se preocupó de su suerte?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo,
le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte,
aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.


Cuando entregue su vida como expiación,
verá a sus descendientes, prolongará sus años
y por medio de él prosperarán los designios del Señor.
Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará;
con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos,
cargando con los crímenes de ellos.

Por eso le daré una parte entre los grandes,


y con los fuertes repartirá despojos,
ya que indefenso se entregó a la muerte
y fue contado entre los malhechores,
cuando tomó sobre sí las culpas de todos
e intercedió por los pecadores.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 30
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo,
que no quede yo nunca defraudado.
En tus manos encomiendo mi espíritu
y tú, mi Dios leal, me librarás. R.

Se burlan de mí mis enemigos,


mis vecinos y parientes de mí se espantan,
los que me ven pasar huyen de mí.
Estoy en el olvido, como un muerto,
como un objeto tirado en la basura. R.

Pero yo, Señor, en ti confío.


Tú eres mi Dios,
y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen. R.
Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón,
ustedes, los que esperan en el Señor. R.

SEGUNDA LECTURA
Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación

Lectura de la carta a los Hebreos.


4, 14-16; 5, 7-9

Hermanos: Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo.
Mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no
sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las
mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos, por tanto, con plena confianza
al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento
oportuno.

Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes
voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A
pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió
en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


Flp 2, 8-9

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús


Cristo se humilló por nosotros
y por obediencia aceptó incluso la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús

La lectura de la Pasión se realiza de la misma manera que fue proclamada el Domingo de Ramos.

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN


18, 1—19, 42
C. En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había
un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque
Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y
guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y
armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo:
✠ "¿A quién buscan?"
C. Le contestaron:
S. "A Jesús, el nazareno".
C. Les dijo Jesús:
✠ "Yo soy".
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles 'Yo soy', retrocedieron y cayeron a
tierra. Jesús les volvió a preguntar:
✠ "¿A quién buscan?"
C. Ellos dijeron:
S. "A Jesús, el nazareno".
C. Jesús contestó:
✠ "Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan".
C. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me diste".
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y
le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
✠ "Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?"
C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo
llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era
el que había dado a los judíos este consejo: 'Conviene que muera un solo hombre por el pueblo'.
Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo
sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera,
junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e
hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
S. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?"
C. Él dijo:
S. "No lo soy".
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban.
También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
✠ "Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el
templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me
interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que
he dicho".
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole:
S. "¿Así contestas al sumo sacerdote?"
C. Jesús le respondió:
✠ "Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por
qué me pegas?"
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie,
calentándose, y le dijeron:
S. ¿No eres tú también uno de sus discípulos?"
C. Él lo negó diciendo:
S. "No lo soy".
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la
oreja, le dijo: "
S. ¿Qué no te vi yo con él en el huerto?"
C. Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al
pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y
poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo:
S. ¿De qué acusan a este hombre?"
C. Le contestaron:
S. "Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído".
C. Pilato les dijo:
S. "Pues llévenselo y júzguenlo según su ley".
C. Los judíos le respondieron:
S. "No estamos autorizados para dar muerte a nadie".
C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez
Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
C. Jesús le contestó:
✠"¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?"
C. Pilato le respondió:
S. "¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que
has hecho?"
C. Jesús le contestó:
✠ "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían
luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí".
C. Pilato le dijo:
S. "¿Conque tú eres rey?"
C. Jesús le contestó:
✠ "Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que
es de la verdad, escucha mi voz".
C. Pilato le dijo:
S. "¿Y qué es la verdad?"
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. "No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en
libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?"
C. Pero todos ellos gritaron:
S. "¡No, a ése no! ¡A Barrabás!"
C. (El tal Barrabás era un bandido). Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los
soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un
manto color púrpura, y acercándose a él, le decían:
S. “Viva el rey de los judíos!",
C. Y le daban de bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. "Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa".
C. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: S.
"Aquí está el hombre".
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:
S. "¡Crucifícalo, crucifícalo!"
C. Pilato les dijo:
S. "Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él".
C. Los judíos le contestaron:
S. "Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de
Dios".
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo
a Jesús:
S. "¿De dónde eres tú?"
C. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:
S. "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para
crucificarte?"
C. Jesús le contestó:
✠ "No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que
me ha entregado a ti tiene un pecado mayor".
C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. "¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser rey, es enemigo
del César".
C. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman "el
Enlosado" (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y
dijo Pilato a los judíos:
S. "Aquí tienen a su rey".
C. Ellos gritaron:
S. "¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!"
C. Pilato les dijo:
S. "¿A su rey voy a crucificar?"
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. "No tenemos más rey que el César".
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús y él, cargando con la cruz,
se dirigió hacia el sitio llamado "la Calavera" (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo
crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un
letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: 'Jesús el nazareno, el rey de los judíos'.
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y
estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a
Pilato:
S. "No escribas: 'El rey de los judíos', sino: 'Este ha dicho: Soy rey de los judíos’”.
C. Pilato les contestó:
S. "Lo escrito, escrito está".
C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para
cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de
arriba a abajo. Por eso se dijeron:
S. "No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca".
C. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica
Y eso hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,
María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto
quería, Jesús dijo a su madre:
✠ "Mujer, ahí está tu hijo".
C. Luego dijo al discípulo:
✠ "Ahí está tu madre".
C. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que
todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
✠ "Tengo sed".
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en
vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo:
✠ "Todo está cumplido",
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa

C. Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de
los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy
solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los
soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con
él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno
de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para
que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le
quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los
judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue
entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo
unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra
enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un
sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de
la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.
Palabra del Señor.

En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
Al terminar se guarda un espacio de tiempo en silencio.
ORACION UNIVERSAL

Con la oración universal concluye la liturgia de la Palabra. Todos se ponen de pie. Las peticiones son
proclamadas por el MESC.

1.- Por la Santa Iglesia de Dios para que el Señor le conceda la paz y la unidad, la proteja en
todo el mundo y nos conceda una vida serena, para alabar a Dios padre todopoderoso.
Roguemos al Señor. R. Te rogamos, Señor.

2.-Por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, para que Dios nuestro Señor que lo eligió entre
los obispos, lo asista y proteja para bien de su Iglesia, como guía y pastor del pueblo santo de
Dios.

3.- Por nuestro obispo Victor y su obispo auxiliar Tomás, por todos los obispos, presbíteros,
diáconos, por todos los que ejercen algún ministerio en la Iglesia y por todo el pueblo de Dios.
Roguemos al Señor.

4.-Por los catecúmenos, para que Dios nuestro Señor los ilumine interiormente y les comunique
su amor; y para que, mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden
incorporados a Cristo nuestro Señor. Roguemos al Señor.

5.- Por todos los que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor les conceda vivir
sinceramente lo que profesan y se digne reunirlos para siempre en un solo rebaño, bajo un solo
pastor. Roguemos al Señor.

6.- Por el pueblo judío, al que Dios se dignó hablar por medio de los profetas para que el Señor
le conceda progresar continuamente en el amor a su Nombre y en la fidelidad a su Alianza.
Roguemos al Señor.

7.- Por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan encontrar
el camino de la salvación. Roguemos al Señor.

8.- Por los que no conocen a Dios, para que obren siempre con bondad y rectitud y puedan
llegar así a conocer a Dios. Roguemos al Señor.

9.- Por los jefes de estado y todos los responsables de los asuntos públicos, para que Dios nuestro
Señor les inspire decisiones que promuevan el bien común, en un ambiente de paz y libertad.
Roguemos al Señor.

10.- Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que
Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las
familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto. Roguemos al Señor.

11.- Para que Dios Padre todopoderoso libre al mundo de todas sus miserias, dé salud a los
enfermos y pan a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los
oprimidos, conceda seguridad a los que viajan, un pronto retorno a los que se encuentran lejos
del hogar y la vida eterna a los moribundos. Roguemos al Señor.

Segunda parte:
ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Acabada la oración universal, tiene lugar la solemne adoración de la santa Cruz. De las dos formas
que se proponen a continuación para mostrar la cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada, según las
exigencias pastorales.

Presentación de la santa Cruz

Primera forma
El MESC, va a la sacristía y, de allí, trae la Cruz procesionalmente por la iglesia, cubierta con un velo
morado, hasta el centro del presbiterio, acompañándolo dos personas con velas encendidas.
El MESC, de pie ante el altar, de cara al pueblo, toma la cruz, descubre un poco su parte superior
izquierda y la eleva, comenzando la invitación: Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavado
Cristo, el Salvador del mundo. Todos responden: Venid y adoremos, y acabado el canto se arrodillan y
adoran en silencio, durante unos momentos la cruz, que el MESC, de pie, mantiene en alto.
Seguidamente el MESC descubre el brazo derecho de la cruz, y de nuevo, elevándola, canta la
invitación todo lo restante como la primera vez.
Finalmente descubre totalmente la cruz y, elevándola, canta por tercera y se hace todo lo restante
como la primera vez.

Segunda forma
El que lleva la cruz se dirige a la puerta de la iglesia donde toma la cruz descubierta; dos personas le
acompañan con velas encendidas, y van procesionalmente por la iglesia hacia el altar.
Cerca de la puerta de la iglesia el que lleva la cruz la eleva y dice o canta la invitación:
Ministro: Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavado Cristo, el Salvador del mundo.
Asamblea: Venid y adoremos.
Terminada la respuesta todos se arrodillan y adoran en silencio por unos momentos la cruz.

Se ponen de pie el ministro y al llegar en medio del templo vuelve a elevar la cruz y a decir como la
primera vez.
Se vuelven a poner de rodillas, adoran en silencio por unos momentos la Cruz.

El MESC se pone de pie, se dirige hasta el presbiterio, donde repite la aclamación por tercera vez. Se
vuelven a poner de rodillas, adoran en silencio por unos momentos la Cruz.

Adoración de la santa Cruz

Seguidamente el MESC, acompañado por dos personas con velas encendidas, lleva la cruz al
comienzo del presbiterio u otro lugar apropiado, y allí la deja o la entrega a otras personas para que la
sostengan, una vez dejadas las velas a ambos lados de la cruz.
Para la adoración de la cruz, primero se acerca el MESC para hacer la adoración de la Cruz. A
continuación, los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz mediante una genuflexión
simple o con algún otro signo de veneración, evitando tocar la Cruz.
Para la adoración sólo debe exponerse una cruz.
Mientras tanto, se cantan himnos y cantos apropiados para la adoración.

Terminada la adoración, la Cruz es llevada a su lugar junto al altar. Las velas encendidas se colocan
cerca del altar, sobre el altar o junto a la Cruz.

Tercera Parte:
SAGRADA COMUNIÓN

Sobre el altar se pone el mantel y sobre el mismo se coloca el corporal. Mientras tanto, el MESC
traslada el Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva al altar, por el camino más corto,
mientras todos permanecen de pie y en silencio. Dos personas con velas encendidas acompañan el
Santísimo Sacramento y dejan luego las velas cerca del altar o sobre el mismo. Después de que el
MESC ha colocado sobre el altar el Santísimo Sacramento y ha destapado el copón, hace una
genuflexión y un momento de adoración.
Después, el MESC, se pone de pie y con voz clara y teniendo las manos juntas, dice:

Fieles a la recomendación del Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

El MESC dice junto con el pueblo:

Padre nuestro, que estás en el cielo,


santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

El MESC hace genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada, sobre el copón, dice:
Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la cena del
Señor.
El pueblo responde:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.

Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.


Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.

Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Dios todopoderoso y eterno,
que nos has redimido con la gloriosa muerte
y resurrección de tu Hijo Jesucristo,
prosigue en nosotros la obra de tu misericordia,
para que, mediante nuestra participación en este misterio,
permanezcamos dedicados a tu servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.


Y el MESC, hecha genuflexión a la cruz, sale en silencio.
Después de la celebración se desnuda el altar, pero dejando sobre él la cruz con algunas velas
encendidas.
SÁBADO SANTO
Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y
muerte, su descenso a los infiernos, y esperando su resurrección en oración y ayuno. La Iglesia se
abstiene del sacrificio de la misa, quedando por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne
Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya
exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR


Vigilia pascual en la noche santa

Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor (Ex12, 42). Los fieles,
tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-37), deben asemejarse a los criados que, con las
lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno de su Señor, para que cuando llegue les
encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.

La Vigilia de esta noche, que es la mayor y más noble de todas las solemnidades, por ello se habrá de
preferir que los fieles todos participen de la celebración del Santo Sacrificio de la Misa. Pero en
aquellos lugares donde no sea posible, se desarrollará la celebración de la Palabra, que se desarrolla de
la siguiente manera: después del lucernario y el pregón pascual (que es la primera parte de la Vigilia),
la santa Iglesia, llena de fe en la palabra y en las promesas del Señor, contempla las maravillas que el
Señor Dios realizó desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la Palabra),
hasta que, al acercarse el día y renovando las promesas bautismales (tercera parte), es invitada a la
mesa que el Señor ha preparado para su pueblo como memorial de su muerte y resurrección hasta que
vuelva (cuarta parte).

Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni
una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya
después del alba del domingo.

Primera parte
LUCERNARIO O SOLEMNE COMIENZO DE LA VIGILIA

Todos se reúnen en el lugar acordado para el inicio de la celebración, el MESC, teniendo cerca el
Cirio que ha sido previamente bendecido por el sacerdote, comienza la celebración de manera
acostumbrada.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.

El monitor o el mismo MESC dirá a la asamblea:


Hermanos:
En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia
invita a todos sus hijos, que están por todo el mundo, a que se reúnan a velar en oración.
Celebremos, pues, juntos la Pascua del Señor, escuchando su palabra con la esperanza cierta de
participar también en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él para siempre junto al Padre.

Terminada la monición el MESC u otro miembro de la comunidad enciende la fogata y va haciendo


conciencia a la comunidad de cómo la luz poco a poco va venciendo a las tinieblas, de cómo Cristo,
de igual manera que la luz, en nuestra vida va disipando las tinieblas del pecado.
Ya que ha prendido bien la fogata dirá entonces, teniendo las manos juntas, las siguientes palabras:
Dios nuestro,
que por medio de tu Hijo
comunicaste el fuego de tu luz,
te pedimos que estas fiestas pascuales
enciendan en nosotros el deseo de las cosas celestiales,
para que podamos llegar con un espíritu renovado
a las fiestas de la eterna claridad.
Por Jesucristo nuestro Señor.

El pueblo responde:
Amén.

El MESC enciende su cirio de la brasa tomada de la fogata diciendo:


Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, aleje las tinieblas de nuestro corazón y nuestro
espíritu.

Encendido el cirio, se organiza la procesión. Va delante el MESC que lleva el cirio pascual. Sigue el
pueblo, llevando todos en la mano las velas apagadas. A la puerta de la iglesia, el MESC, de pie y
levantando el cirio canta: Luz del Cristo. Y todos responden: Demos gracias a Dios.

Después, el MESC continúa hasta el centro de la iglesia y, de pie y elevando el cirio, canta de nuevo.
Al concluir la respuesta del pueblo, el MESC acerca el Cirio a algunos miembros de la comunidad
para que enciendan sus velas y estos a su vez, comuniquen la luz a los demás fieles.

El MESC, al llegar ante el altar, de pie, eleva el cirio y canta por tercera vez la invitación. Al concluir
deposita el Cirio en el lugar designado para él.

En este momento, se encienden las luces de la iglesia, excepto las velas del altar.

Pregón pascual
El MESC o un monitor dirá lo siguiente:
En este momento se proclama el pregón pascual en el que se recuerda el camino de salvación
señalado por Dios al pueblo de Israel, camino que se cumple plena y perfectamente en Cristo y
que ahora la Iglesia celebra y vive llena de fe por la resurrección del Señor.
Un buen lector hará El Pregón Pascual.

Alégrense por fin los coros de los ángeles,


Alégrense las jerarquías del cielo,
y por la victoria de rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,


y que, radiante con el fulgor del rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla, que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,


revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario


aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros


al eterno Padre la deuda de Adán
y, ha borrado con su sangre inmaculada,
la condena del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua


en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto,


a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el Mar Rojo

Esta es la noche en que la columna de fuego


esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche que a todos los que creen en Cristo,


por toda la tierra
los arranca de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
los restituye a la gracia y los agrega a los santos.

Esta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.

¿De qué nos serviría haber nacido


si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,


que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!


Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó del abismo.

Esta es la noche de que estaba escrito:


«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»

Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados,


lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes, expulsa el odio,
trae la concordia, doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia, acepta, Padre Santo,


el sacrificio vespertino de alabanza,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,


ardiendo en llama viva para gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de cera fundida,


que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa


en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor,
que este cirio, consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,


ese lucero que no conoce ocaso
Jesucristo, tu Hijo,
que, volviendo del abismo, brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

La asamblea responde:
Amén.

Segunda parte:
LITURGIA DE LA PALABRA
En esta vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo
Testamento y dos del Nuevo (Epístola y Evangelio), que se han de leer todas donde sea posible, para
salvaguardar la índole de la Vigilia, que requiere larga duración.
Por motivos graves de orden pastoral puede reducirse el número de lecturas del antiguo Testamento;
pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la palabra divina es parte fundamental de esta Vigilia
pascual. Deben leerse: la primera del Génesis 1, 1-2,2, la tercera del Éxodo 14, 15-15,1 y la séptima
de Ezequiel 36, 16-28, deberán hacerse obligatoriamente al igual que la Carta de Pablo y el Evangelio.
Apagadas las velas todos se sientan.
Antes de comenzar las lecturas, el MESC hace una breve monición al pueblo con estas palabras u
otras semejantes:
Hermanos, con la proclamación de la Pascua, hemos comenzado la celebración de la noche santa
de la resurrección del Señor. Escuchemos, pues, con devoción la palabra de Dios, estemos en
oración para que nuestro buen Padre Dios lleve hasta el final la obra de la salvación iniciada con
la muerte y resurrección de Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno

Lectura del libro del Génesis.


1, 1-2, 2
En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían
la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: "Que exista la luz", y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de
las tinieblas. Llamó a la luz "día" y a las tinieblas, "noche". Fue la tarde y la mañana del
primer día. Dijo Dios: "Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras".
E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue.
Llamó Dios a la bóveda "cielo". Fue la tarde y la mañana del segundo día.
Dijo Dios: "Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo
seco". Y así fue. Llamó Dios "tierra" al suelo seco y "mar" a la masa de las aguas. Y vio Dios
que era bueno.
Dijo Dios: "Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según
su especie, sobre la tierra". Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla,
según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que
era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
Dijo Dios: "Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen
las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra. Y así
fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para
regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para
iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas". Y vio Dios que
era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
Dijo Dios: "Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra
las aves, bajo la bóveda del cielo". Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en
el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creó también el mundo de las aves, según sus
especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo: "Sean fecundos y multiplíquense;
llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra". Fue la tarde y la mañana del
quinto día.
Dijo Dios: "Produzca la tierra vivientes, según sus especies: animales domésticos, reptiles y
fieras, según sus especies". Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles,
cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del
mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la
tierra". Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: "Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla;
dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la
tierra".
Y dijo Dios: "He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la
tierra, y todos los árboles que producen frutos y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a
todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los
seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas". Y así fue. Vio Dios todo lo
que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra,
descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho.
Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 103

R. Bendice al Señor, alma mía.

Bendice al Señor, alma mía;


Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.

Sobre bases inconmovibles


asentaste la tierra para siempre.
Con un vestido de mares la cubriste
y las aguas en los montes concentraste. R.

En los valles haces brotar las fuentes,


que van corriendo entre montañas;
junto al arroyo vienen a vivir las aves,
que cantan entre las ramas. R.

Desde tu cielo riegas los montes


y sacias la tierra del fruto de tus manos;
haces brotar hierba para los ganados
y pasto para los que sirven al hombre. R.

¡Qué numerosas son tus obras, Señor,


y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía. R.

El MESC invita a los fieles a ponerse de pie y dice, con las manos juntas, la oración correspondiente.

Dios todopoderoso y eterno,


que en todas las obras de tu amor
te muestras admirable,
concede a quienes has redimido,
comprender que el sacrificio de Cristo, nuestra pascua,
en la plenitud de los tiempos,
es una obra maravillosa todavía
que la misma creación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

TERCERA LECTURA
Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco

Lectura del libro del Éxodo.


14, 15-15, 1a

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas
que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para
que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios
para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus
carros y jinetes.
Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios
sabrán que yo soy el Señor"
El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de
nubes que iba adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el campamento de
los israelitas y el campamento de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para
otros, y así los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte
viento del este, que secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar y no se
mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios
se lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras
ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército de los egipcios y
sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: "Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su
favor contra Egipto.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas
sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes". Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al
amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir, los egipcios se encontraron con
ellas, y el Señor los derribó en medio del mar.
Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del faraón, que se
había metido en el mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas les hacían muralla a
derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los
egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el
pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de
Israel cantaron este cántico al Señor:

No se dice Palabra de Dios, se pasa directamente al Salmo.

SALMO RESPONSORIAL
Éxodo 15

R. Alabemos al Señor por su victoria.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria:


caballos y jinetes arrojó en el mar.
Mi fortaleza y mi canto es el Señor,
él es mi salvación,
él es mi Dios, yo lo alabaré;
es el Dios de mis padres, yo le cantaré. R.

El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor.


Precipitó en el mar los carros del faraón
y a sus guerreros;
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.

Las olas del mar los cubrieron,


cayeron hasta el fondo, como piedras.
Señor, tu diestra brilla por su fuerza,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.

Tú llevas a tu pueblo
para plantarlo en el monte que le diste en herencia,
en el lugar que convertiste en tu morada,
en el santuario que construyeron tus manos.
Tú, Señor, reinarás para siempre. R.

El MESC invita a los fieles a ponerse de pie y dice, con las manos juntas, la oración correspondiente.

Dios nuestro, que manifestaste a la luz


del Nuevo Testamento
el sentido profundo de los prodigios realizados
en los tiempos antiguos,
dejándonos ver el paso del Mar Rojo,
una imagen del bautismo
y en el pueblo liberado de la esclavitud,
un anuncio de los sacramentos del pueblo cristiano,
haz que todos los hombres, mediante la fe,
participen del privilegio del pueblo elegido
y sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
QUINTA LECTURA
Venid a mí, y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua

Lectura del libro de Isaías


55, 1-11

Esto dice el Señor:


"Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua;
y los que no tienen dinero,
vengan, tomen trigo y coman;
tomen vino y leche sin pagar.
¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan
y el salario, en lo que no alimenta?

Escúchenme atentos y comerán bien,


saborearán platillos sustanciosos.
Préstenme atención, vengan a mí,
escúchenme y vivirán.

Sellaré con ustedes una alianza perpetua,


cumpliré las promesas que hice a David.
Como a él lo puse por testigo ante los pueblos,
como príncipe y soberano de las naciones,
así tú reunirás a un pueblo desconocido,
y las naciones que no te conocían acudirán a ti,
por amor del Señor, tu Dios,
por el Santo de Israel, que te ha honrado.

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar,


invóquenlo mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal, sus planes;
que regrese al Señor, y él tendrá piedad;
a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,


sus caminos no son mis caminos.
Porque así como aventajan los cielos a la tierra,
así aventajan mis caminos a los de ustedes
y mis pensamientos a sus pensamientos.
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve
y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer,
así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí sin resultado,
sino que hará mi voluntad
y cumplirá su misión".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Isaías 12

R. El Señor es mi Dios y salvador.


El Señor es mi Dios y salvador:
con él estoy seguro y nada temo.
El Señor es mi protección y mi fuerza,
y ha sido mi salvación.
Sacarán agua con gozo
de la fuente de salvación. R/..

Den gracias al Señor,


invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es sublime. R.

Alaben al Señor por sus proezas,


anúncienlas a toda la tierra.
Griten jubilosos, habitantes de Sión,
porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes. R/.

El MESC invita a los fieles a ponerse de pie y dice, con las manos juntas, la oración correspondiente.
Dios todopoderoso y eterno,
única esperanza del mundo
tú que anunciaste, por voz de los profetas
los misterios que estamos celebrando esta noche,
multiplica en el corazón de tu pueblo,
los santos propósitos
porque no podría ningún santo anhelo alcanzar crecimiento
sin el impulso que procede de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de la última lectura del Antiguo Testamento, con su salmo responsorial y oración, se
encienden los cirios del altar, y el coro entona el himno Gloria a Dios, que todos prosiguen mientras
se hacen sonar las campanas, según las costumbres de cada lugar.
Acabado el himno, el MESC dice la oración colecta, como de costumbre, con las manos juntas.

Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche


con la gloria de la resurrección del Señor,
aviva en tu Iglesia el espíritu de adopción filial,
para que, renovados en cuerpo y alma,
nos entreguemos fielmente a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

EPÍSTOLA
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
6, 3-11

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo,
hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su
muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros llevemos una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también
lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo, para
que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que
ha muerto queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues
sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no
tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar,
vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.

Acabada la lectura de la Epístola de san Pablo, todo el pueblo se pone de pie y junto con el salmista, o
el coro, entonan solemnemente el Aleluya.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


Del salmo 117
R. Aleluya, aleluya. aleluya.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de
Israel: "Su misericordia es eterna". R.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré
viviendo, para contar lo que el Señor ha hecho. R.

La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano
del Señor, es un milagro patente. R.

EVANGELIO

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según San Lucas.


24, 1-10

El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los
perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro
y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos
resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro a tierra, los varones les
dijeron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado.
Recuerden que cuando estaba todavía en Galilea les dijo: 'Es necesario que el Hijo del hombre
sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado y al tercer día resucite' ". Y ellas
recordaron sus palabras.
Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos
los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María (la
madre de Santiago) y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían
desvaríos y no les creían. Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero sólo vio los
lienzos y se regresó a su casa, asombrado por lo sucedido.
Palabra del Señor.

En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.

Tercera parte:
LITURGIA BAUTISMAL

Una vez que todos han encendido sus velas o veladora, y están acomodados en sus lugares, teniendo
las velas o veladoras en sus manos, el MESC dice:

Hermanos: por medio del bautismo hemos participado del misterio pascual de Cristo, es decir,
por medio del bautismo hemos sido enterrados con él en su muerte para resucitar con él a una
vida nueva. Por eso, al terminar la Cuaresma es muy importante que renovamos las promesas
de nuestro bautismo con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras, y nos
comprometimos a servir a Dios, en la Santa Iglesia Católica,
por eso, consiguiente:

El MESC:
¿Renuncian ustedes a Satanás?
Todos:
Sí, renuncio.
El MESC:
¿Renuncian a todas sus obras?
Todos:
Sí, renuncio.
El MESC:
¿Renuncian a todas sus maldades?
Todos:
Sí, renuncio.
Prosigue el MESC:
¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
Todos:
Sí, creo.
El MESC:
¿Creen en Jesucristo, su Hijo único, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue
sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?
Todos:
Sí, creo.
El MESC:
¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el
perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?
Todos:
Sí, creo.

Y concluye el MESC:
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha
hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve en su gracia unidos a Jesucristo
nuestro Señor, hasta la vida eterna.
R/. Amén.

Los fieles apagan sus velas y se hace la oración universal.

ORACION UNIVERSAL
Llenos de gozo por la santa Resurrección del Señor, purificados nuestros sentimientos y
renovado nuestro espíritu, supliquemos con insistencia al Señor, diciendo: Rey vencedor,
escúchanos.

1. A Cristo que ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, pidámosle que todos los
cristianos sean siempre fieles a las promesas del bautismo que han renovado en esta noche
santa. Roguemos al Señor.

2. A Cristo que ha hecho renacer a los nuevos hijos de la Iglesia, engendrándolos por el agua y el
Espíritu Santo, pidámosle que afirme en ellos los dones que les ha concedido. Roguemos al
Señor.

3. A Cristo que ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle
por los que –por no creer en su triunfo– viven sin esperanza. Roguemos al Señor.
4. A Cristo que ha abierto las puertas de su Reino a los que gemían en el abismo y ha otorgado
la vida al hombre mortal, pidámosle por todos los que sufren. Roguemos al Señor.

5. A Cristo que anunció la alegría a las mujeres y a los apóstoles y –por medio de ellos al mundo
entero– pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo. Roguemos al Señor.

Señor Jesucristo, en esta fiesta gloriosa te pedimos que escuches nuestras plegarias y extiendas
tu diestra misericordiosa sobre este pueblo que tiene puesta toda su esperanza en tu
Resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Cuarta parte
RITO DE LA COMUNIÓN

Acabada la renovación de las promesas bautismales, el ministro se acerca al lugar donde se encuentra
reservada la Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una
genuflexión. Los fieles se ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.

Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos
enseñó:

y todos juntos prosiguen:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
En el Espíritu de Cristo resucitado, dense fraternalmente la paz.

Nunca canta o decir el “Cordero de Dios”

A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:


Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de [Link]és toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.

Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.


Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.
Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Infunde, Señor, el espíritu de tu caridad,
para que, saciados con los sacramentos pascuales,
vivamos siempre unidos en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.


RITOS CONCLUSIVOS

El MESC, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:

El Señor nos bendiga,


nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:
Amén.

Posteriormente, compartiendo la alegría Pascual, el MESC despide al pueblo diciendo:


Hermanos: al participar en esta celebración de la Pascua, hemos vivido el gran misterio de
nuestra fe cristiana, el paso de la muerte a la vida de Jesucristo nuestro Señor, paso que también
nos debemos dar diariamente como Iglesia peregrina, por eso, volvamos a nuestras casas
llevando esa luz que es Cristo, para iluminar a nuestra Iglesia como testigos de su resurrección
gloriosa. El Señor que nos llamó a salir de la tiniebla y entrar en la luz maravillosa, vaya con
nosotros a todos nuestros hogares, Aleluya, aleluya.

La asamblea responde:
Asamblea: Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Se puede entonar un canto de salida.


DOMINGO DE PASCUA
RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede entonarse un canto apropiado al tiempo litúrgico.


Terminado el canto, el MESC desde el lugar que le corresponde, sin besar el altar ni sentarse en la
sede, hace la señal de la cruz y saluda a los presentes diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.

Seguidamente, el MESC saluda a la asamblea diciendo:


Hermanos, bendigan al Señor, que nos invita benignamente a la mesa del Cuerpo de Cristo.
El pueblo responde:
Bendito seas por siempre Señor

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, introduciendo con estas o palabras parecidas.


Hermanos:Al comenzar esta celebración,
pidamos a Dios que nos conceda
la conversión de nuestros corazones;
así obtendremos la reconciliación
y se acrecentará nuestra comunión
con Dios y con nuestros hermanos.

Después, hacen todos en común la confesión de los pecados


Yo confieso ante Dios Todopoderoso,
y ante ustedes hermanos
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

El MESC concluye la siguiente plegaria:


Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde
Amén.

A continuación se canta o dice el Señor, ten piedad.


Terminado el Señor, Te piedad, se canta el Gloria.

A continuación, el MESC con las manos juntas se dice la oración colecta del día.

ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que por medio de tu Unigénito,
vencedor de la muerte,
nos has abierto hoy las puertas de la vida eterna,
concede a quienes celebramos
la solemnidad de la resurrección del Señor
resucitar también en la luz de la vida eterna,
por la acción renovadora de tu Espíritu.
Por nuestro Señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA

Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.

PRIMERA LECTURA
Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


10, 34a. 37-43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea,
que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el
poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos
los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la
cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a
los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él
después de que resucitó de entre los muertos.
Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y
muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su
medio, el perdón de los pecados"
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 117

R. Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de
Israel: "Su misericordia es eterna". R.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré
viviendo, para contar lo que el Señor ha hecho. R.

La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano
del Señor, es un milagro patente. R.

SEGUNDA LECTURA
Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.


3, 1-4

Hermanos: Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está
Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de
la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste
Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.
Palabra de Dios.

SECUENCIA
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado


que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte


en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,


María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,


sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua».

Primicia de los muertos,


sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor,
apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


1 Cor 5, 7b-8a
R. Aleluya, Aleluya.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua.
R. Aleluya, Aleluya.

EVANGELIO
Él había de resucitar de entre los muertos

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san Juan.


20, 1-9
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y
vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro
y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no
sabemos dónde lo habrán puesto".
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el
otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los
lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los
lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con
los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el
que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido
las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

En este momento, el MESC realiza una reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
A continuación, todos de pie, hacen la proclamación del Credo, al terminar se realiza, si se cree
conveniente, la oración universal.

ORACIÓN UNIVERSAL

Llenos de gozo por la santa y gloriosa Resurrección del Señor, supliquémosle con insistencia
diciendo: Rey vencedor, escúchanos.

1. A Cristo, que ha sido constituido Cabeza de la Iglesia, pidámosle que conceda gozo y felicidad
a todos los fieles que celebran su triunfo. Roguemos al Señor.

2. A Cristo, que ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han
regresado al camino del bien, perseveren en sus buenos propósitos. Roguemos al Señor.

3. A Cristo, que ha inaugurado la resurrección universal, pidámosle que alegre el corazón de los
hombres que aún desconocen los frutos de su victoria. Roguemos al Señor.

4. A Cristo, que ha colmado de alegría a los pueblos y los ha enriquecido con sus dones,
pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran. Roguemos al Señor.

5. A Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha alegrado al mundo entero, pidámosle que nos
conceda la esperanza firme de compartir su triunfo y de resucitar con Él a una vida nueva.
Roguemos al Señor.

Señor Jesucristo, que en el cielo eres glorificado por los ángeles y los santos y en la tierra eres
enaltecido y adorado por tu Iglesia, te pedimos que extiendas tu diestra misericordiosa sobre
este pueblo que tiene puesta en ti toda su confianza. Tú, que vives y reinas, inmortal y glorioso,
por los siglos de los siglos.

RITO DE LA COMUNIÓN

Acabada la oración universal, el ministro se acerca al lugar donde se encuentra reservada la


Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una genuflexión. Los
fieles se ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.

Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha
dado, digamos con fe y esperanza:
y todos juntos prosiguen:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
En el Espíritu de Cristo resucitado, dense fraternalmente la paz.

A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.
Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.
Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Dios de bondad, protege personalmente
con amor incansable a tu Iglesia,
para que, renovada por los misterios pascuales,
pueda llegar a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Si se considera oportuno, el MESC puede dar los avisos correspondientes.

RITOS CONCLUSIVOS

El MESC, invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:


El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
El pueblo responde:
Amén.

Se puede entonar un canto de salida.


Devociones propias de la Semana Santa

VIERNES SANTO

Vía Crucis
No hay que olvidar que este día, más que ser un día de luto, es un día de guardar de recogimiento en
espera de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es indispensable el ayuno en este día, en señal
de esa reserva que tenemos en nuestro corazón.

Para el Viacrucis el equipo deberá buscar la participación de la gente de la comunidad, especialmente


de los jóvenes, invitándolos a poner su altar a lo largo de las estaciones del viacrucis, además de
representar cada uno de estas con sus personajes principales (Jesús, María, el Cirineo, las mujeres
piadosas, el azotador, etc.), además de una cruz de tamaño real que se utilizará para la adoración
después del vía crucis.

Por ser el Víacrucis una devoción no es necesario que el ministro dirija el Viacrucis, puede dirigirlo
algún otro miembro del equipo.

Si en la comunidad ya se tiene bien organizada esta devoción, el equipo de misioneros solo deberá
integrarse.

Saludo inicial.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén.
Acto de Contrición
Jesucristo, mi Dios y mi Salvador: yo me arrepiento de corazón de todos los pecados que he
cometido, porque con ellos ofendí a un dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar,
confío en que me perdonarás mis culpas y me llevarás a la vida eterna, porque eres bueno.
Asamblea: Amén.

Oración preparatoria
Señor mío Jesucristo que nos invitas a tomar la cruz y seguirte, caminando tú delante para
darnos ejemplo: danos tu luz y tu gracia al meditar en este vía crucis, tus pasos para saber y
querer seguirte. Madre dolorosa: inspíranos los sentimientos de amor conque acompañaste en
este camino de amargura a tu divino Hijo.
Asamblea: Amén.

Se procede a rezar el Vía Crucis como está indicado, u otro Viacrucis adecuado.

1ª ESTACIÓN: JESÚS SENTENCIADO A MUERTE


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del Evangelio según san Marcos 15,12-13.15


Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a
Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Ante Pilato, que ostenta el poder, Jesús debía de haber obtenido justicia. Pilato tenía en efecto el poder
de reconocer la inocencia de Jesús y de liberarlo. Pero el gobernador romano prefiere servir la lógica
de sus intereses personales, y se somete a las presiones políticas y sociales. Condenó a un inocente
para agradar a la gente, sin secundar la verdad. Entregó a Jesús al suplicio de la cruz, aun sabiendo
que era inocente… antes de lavarse las manos.

En nuestro mundo contemporáneo, muchos son los «Pilato» que tienen en las manos los resortes del
poder y los usan al servicio de los más fuertes. Son muchos los que, débiles y viles ante estas
corrientes de poder, ponen su autoridad al servicio de la injusticia y pisotean la dignidad del hombre y
su derecho a la vida.

Señor Jesús, no permitas que seamos contados entre los injustos. No permitas que los fuertes se
complazcan en el mal, en la injusticia y en el despotismo. No permitas que la injusticia lleve a los
inocentes a la desesperación y a la muerte. Confírmales en la esperanza e ilumina la conciencia de
aquellos que tienen autoridad en este mundo, de modo que gobiernen con justicia. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGADO CON LA CRUZ


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del Evangelio según San Marcos 15,20

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.

Jesucristo se encuentra ante unos soldados que creen tener todo el poder sobre él, mientras que él es
aquel por medio del cual «se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho» (Jn 1,3).

En todas las épocas, el hombre ha creído poder sustituir a Dios y determinar por sí mismo el bien y el
mal (cf. Gn 3,5), sin hacer referencia a su Creador y Salvador. Se ha creído omnipotente, capaz de
excluir a Dios de su propia vida y de la de sus semejantes, en nombre de la razón, el poder o el dinero.

También hoy el mundo se somete a realidades que buscan expulsar a Dios de la vida del mundo, como
el laicismo ciego que sofoca los valores de la fe y de la moral en nombre de una presunta defensa del
hombre; o el fundamentalismo violento que toma como pretexto la defensa de los valores religiosos
(cf. Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 29).
Señor Jesús, tú que has asumido la humillación y te has identificado con los débiles, te confiamos a
todos los hombres y a todos los pueblos humillados y que sufren, en especial los del atormentado
Oriente. Concédeles que obtengan de ti la fuerza para poder llevar contigo su cruz de esperanza.
Nosotros ponemos en tus manos todos aquellos que están extraviados, para que, gracias a ti,
encuentren la verdad y el amor. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del profeta Isaías 53,5

Pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo
saludable cayó sobre Él, sus cicatrices nos curaron.

Aquél que tiene las luminarias del cielo en la palma de su mano divina, y ante el cual tiemblan las
potencias celestes, cae por tierra sin protegerse bajo el pesado yugo de la cruz.

Aquél que ha traído la paz al mundo, herido por nuestros pecados, cae bajo el peso de nuestras culpas.

«Mirad, oh fieles, nuestro Salvador que avanza por la vía del Calvario. Oprimido por amargos
sufrimientos, las fuerzas le abandonan. Vamos a ver este increíble evento que sobrepasa nuestra
comprensión y es difícil de describir. Temblaron los fundamentos de la tierra y un miedo terrible se
apoderó de los que estaban allí cuando su Creador y Dios fue aplastado bajo el peso de la cruz y se
dejó conducir a la muerte por amor a toda la humanidad» (Liturgia caldea).

Señor Jesús, levántanos de nuestras caídas, reconduce nuestro espíritu extraviado a tu Verdad. No
permitas que la razón humana, que tú has creado para ti, se conforme con las verdades parciales de la
ciencia y de la tecnología sin intentar siquiera plantearse las preguntas fundamentales sobre el sentido
y la existencia (cf. Carta ap. Porta fidei, 12).

Concédenos, Señor, abrirnos a la acción de tu Santo Espíritu, de modo que nos conduzca a la plenitud
de la verdad. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

4ª ESTACIÓN: ENCUENTRO CON LA VIRGEN


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén
Lector:

Lectura del Evangelio según san Lucas 2,34-35.51b

Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Éste ha sido puesto para que muchos en Israel caigan
y se levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma,
para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». Su madre conservaba
todo esto en su corazón.

Herido y sufriendo, llevando la cruz de todos los hombres, Jesús encuentra a su madre y, en su rostro,
a toda la humanidad.

María, Madre de Dios, ha sido la primera discípula del Maestro. Al acoger la palabra del ángel, ha
encontrado por primera vez al Verbo encarnado y se ha convertido en templo del Dios vivo. Lo ha
encontrado sin comprender cómo el Creador del cielo y de la tierra ha querido elegir a una joven, una
criatura frágil, para encarnarse en este mundo. Lo ha encontrado en una búsqueda constante de su
rostro, en el silencio del corazón y en la meditación de la Palabra. Creía ser ella quien lo buscaba,
pero, en realidad, era él quien la buscaba a ella.

Ahora, mientras lleva la cruz, la encuentra.

Jesús sufre al ver a su madre afligida, y María viendo sufrir a su Hijo. Pero de este común sufrimiento
nace la nueva humanidad. «Paz a ti. Te suplicamos, oh Santa llena de gloria, siempre Virgen, Madre
de Dios, Madre de Cristo. Eleva nuestra oración a la presencia de tu amado Hijo para que perdone
nuestros pecados» (Theotokion del Orologion copto, Al-Aghbia 37).

Señor Jesús, también nosotros sentimos en nuestras familias los sufrimientos que los padres causan a
sus hijos y éstos a sus padres. Señor, haz que en estos tiempos difíciles nuestras familias sean lugar de
tu presencia, de modo que nuestros sufrimientos se transformen en alegría. Sé tú la fuerza de nuestras
familias y haz que sean oasis de amor, paz y serenidad, a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret.
Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

5ª ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA AL SEÑOR A LLEVAR LA CRUZ


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 26

Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le
cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

El encuentro de Jesús con Simón de Cirene es un encuentro silencioso, una lección de vida: Dios no
quiere el sufrimiento y no acepta el mal. Lo mismo vale para el ser humano. Pero el sufrimiento,
acogido con fe, se trasforma en camino de salvación. Entonces lo aceptamos como Jesús, y ayudamos
a llevarlo como Simón de Cirene.

Señor Jesús, tú has hecho que el hombre tomara parte en llevar tu cruz. Nos has invitado a compartir
tu sufrimiento. Simón de Cirene es uno de nosotros, y nos enseña a aceptar la cruz que encontramos
en el camino de la vida.

Señor, siguiendo tu ejemplo, también nosotros llevamos hoy la cruz del sufrimiento y de la
enfermedad, pero la aceptamos porque tú estás con nosotros. Ésta nos puede encadenar a una silla,
pero no impedirnos soñar; puede apagar la mirada, pero no herir la conciencia; puede dejar sordos los
oídos, pero no impedirnos escuchar; atar la lengua, pero no apagar la sed de verdad. Puede adormecer
el alma, pero no robar la libertad.

Señor, queremos ser tus discípulos para llevar tu cruz todos los días; la llevaremos con alegría y con
esperanza para que tú la lleves con nosotros, porque tú has alcanzado para nosotros el triunfo sobre la
muerte.

Te damos gracias, Señor, por cada persona enferma y que sufre, que sabe ser testigo de tu amor, y por
cada «Simón de Cirene» que pones en nuestro camino. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del libro de los Salmos 27,8-9

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro. No


rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi
salvación.

La Verónica te ha buscado en medio de la gente. Te ha buscado, y al final te ha encontrado. Mientras


tu dolor llegaba al extremo, ha querido aliviarlo enjugándote el rostro con un paño. Un pequeño gesto,
que expresaba todo su amor por ti y toda su fe en ti, y que ha quedado impreso en la memoria de
nuestra tradición cristiana.

Señor Jesús, buscamos tu rostro. La Verónica nos recuerda que tú estás presente en cada persona que
sufre y que se dirige al Gólgota. Señor, haz que te encontremos en los pobres, en tus hermanos
pequeños, para enjugar las lágrimas de los que lloran, hacernos cargo de los que sufren y sostener a
los débiles.
Señor, tú nos enseñas que una persona herida y olvidada no pierde ni su valor ni su dignidad, y que
permanece como signo de tu presencia oculta en el mundo. Ayúdanos a lavar de su rostro las marcas
de la pobreza y la injusticia, de modo que tu imagen se revele y resplandezca en ella.

Oremos por todos los que buscan tu rostro y lo encuentran en quienes no tienen hogar, en los pobres,
en los niños expuestos a la violencia y a la explotación. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

7ª ESTACIÓN: SEGUNDA CAÍDA EN EL CAMINO DE LA CRUZ


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del libro de los Salmos 22, 8.12

Al verme se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza. Pero tú, Señor, no te quedes lejos, que el
peligro está cerca y nadie me socorre.

Jesús está solo bajo el peso interior y exterior de la cruz. En la caída es cuando el peso del mal se hace
demasiado grande, y parece que no hay límite para la injusticia y la violencia.

Pero él se levanta de nuevo apoyándose en la confianza que tiene en su Padre. Frente a los hombres
que lo han abandonado a su suerte, la fuerza del Espíritu lo levanta; lo une completamente a la
voluntad del Padre, la del amor que todo lo puede.

Señor Jesús, en tu segunda caída reconocemos tantas situaciones nuestras que parecen no tener salida.
Entre ellas, las causadas por los prejuicios y el odio, que endurece nuestro corazón y lleva a conflictos
religiosos.

Ilumina nuestras conciencias para que reconozcamos que, a pesar de «las divergencias humanas y
religiosas», «un destello de verdad ilumina a todos los hombres», llamados a caminar juntos –
respetando la libertad religiosa – hacia la verdad que sólo está en Dios. Así, las distintas religiones
podrán «unir sus esfuerzos para servir al bien común y contribuir al desarrollo de cada persona y a la
construcción de la sociedad» (Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 27-28).

Ven, Espíritu Santo, a consolar y fortalecer a los cristianos, en particular a los de Oriente Medio, de
modo que unidos a Cristo sean testigos de su amor universal en una tierra lacerada por la injusticia y
los conflictos. Amén.

T.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 27-28

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por
él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y
por vuestros hijos».

En el camino hacia el Calvario, el Señor encuentra a las mujeres de Jerusalén. Ellas lloran por el
sufrimiento del Señor como si se tratase de un sufrimiento sin esperanza. Sólo ven en el madero de la
cruz un signo de maldición (cf. Dt 21,23), mientras que el Señor lo ha querido como medio de
Redención y de Salvación.

En la Pasión y Crucifixión, Jesús da su vida en rescate por muchos. Así dio alivio a los oprimidos bajo
el yugo y consuelo a los afligidos. Enjugó las lágrimas de las mujeres de Jerusalén y abrió sus ojos a
la verdad pascual.

Nuestro mundo está lleno de madres afligidas, de mujeres heridas en su dignidad, violentadas por las
discriminaciones, la injusticia y el sufrimiento (cf. Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 60). Oh
Cristo sufriente, sé su paz y el bálsamo de sus heridas.

Señor Jesús, con tu encarnación en María «bendita entre las mujeres» (Lc 1,42), has elevado la
dignidad de toda mujer. Con la Encarnación has unificado el género humano (cf. Ga 3,26-28).

Señor, que el deseo de nuestro corazón sea el de encontrarnos contigo. Que nuestro camino lleno de
sufrimiento sea siempre un itinerario de esperanza, contigo y hacia ti, que eres el refugio de nuestra
vida y nuestra Salvación. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 5, 14-15

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo
murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por
ellos.

Por tercera vez, Jesús cae bajo la cruz cargado con nuestros pecados, y por tercera vez intenta alzarse
con todas las fuerzas que le quedan, para proseguir el camino hacia el Gólgota, evitando dejarse
aplastar y sucumbir a la tentación.
Desde su encarnación, Jesús lleva la cruz del sufrimiento humano y del pecado. Ha asumido la
naturaleza humana de forma plena y para siempre, mostrando a los hombres que la victoria es posible
y que el camino de la filiación divina está abierto.

Señor Jesús, la Iglesia, nacida de tu costado abierto, está oprimida bajo la cruz de las divisiones que
alejan a los cristianos unos de otros y de la unidad que tú quisiste para ellos; se han desviado de tu
deseo de «que todos sean uno» (Jn 17,21), como tú y el Padre. Esta cruz grava con todo su peso sobre
sus vidas y su testimonio común. Frente a las divisiones a las que nos enfrentamos, concédenos,
Señor, la sabiduría y la humildad, para levantarnos y avanzar por el camino de la unidad, en la verdad
y el amor, sin sucumbir a la tentación de recurrir sólo a los criterios que nacen de intereses personales
o sectarios (cf. Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 11).

Concédenos renunciar a la mentalidad de división «para no hacer ineficaz la cruz de Cristo» (1Co
1,17b). Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro

10ª ESTACIÓN: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del libro de los Salmos 22, 19

Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.

En la plenitud de los tiempos, Señor Jesús, has revestido nuestra humanidad; tú, de quien se dice: «La
orla de su manto llenaba el templo» (Is 6,1); ahora, caminas entre nosotros, y los que tocan la orla de
tus vestidos quedan curados. Pero has sido despojado también de este vestido, Señor. Te hemos
robado el manto, y tú nos has dado también la túnica (cf. Mt 5,40). Has permitido que el velo de tu
carne se rasgase para que fuésemos admitidos de nuevo a la presencia del Padre (cf. Hb 10,19-20).

Creíamos poder realizarnos nosotros mismos, independientemente de ti (cf. Gn 3,4-7). Nos hemos
encontrado desnudos, pero tu amor infinito nos ha revestido de la dignidad de hijos e hijas de Dios y
de tu gracia santificante.

Concede, Señor, a los hijos de las Iglesias orientales – despojados por diversas dificultades, a veces
incluso por la persecución, y debilitados por la emigración – el valor de permanecer en sus países para
anunciar la Buena Noticia.

Oh Jesús, Hijo del hombre, que te has despojado para revelarnos la nueva criatura resucitada de entre
los muertos, arranca en nosotros el velo que nos separa de Dios, y entreteje en nosotros tu presencia
divina.
Concédenos vencer el miedo frente a los sucesos de la vida que nos despojan y nos dejan desnudos, y
revestirnos del hombre nuevo de nuestro bautismo, para anunciar la Buena Noticia, proclamando que
eres el único Dios verdadero, que guía la historia. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

11ª ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del Evangelio según San Juan 19, 16a.19

Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la
cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».

He aquí el Mesías esperado, colgado en el madero de la cruz entre dos malhechores. Las manos que
han bendecido a la humanidad están traspasadas. Los pies que han pisado nuestra tierra para anunciar
la Buena Noticia cuelgan entre el cielo y la tierra. Los ojos llenos de amor que, con una mirada, han
sanado a los enfermos y perdonado nuestros pecados ahora sólo miran al cielo.

Señor Jesús, tú has sido crucificado por nuestras culpas. Tú suplicas al Padre e intercedes por la
humanidad. Cada golpe del martillo resuena como un latido de tu corazón inmolado.

Qué hermosos en el monte Calvario los pies de quien anuncia la Buena Noticia de la Salvación. Tu
amor, Jesús, ha llenado el universo. Tus manos atravesadas son nuestro refugio en la angustia. Nos
acogen cada vez que el abismo del pecado nos amenaza y encontramos en tus llagas la salud y el
perdón.

Oh Jesús, te pedimos por todos los jóvenes que están oprimidos por la desesperación, por los jóvenes
víctimas de la droga, las sectas y las perversiones.

Líbralos de su esclavitud. Que levanten los ojos y acojan el Amor. Que descubran la felicidad en ti, y
sálvalos tú, Salvador nuestro. Amén

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:
Lectura del Evangelio según San Lucas 23,46

Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto,
expiró.

Desde lo alto de la cruz, un grito: grito de abandono en el momento de la muerte, grito de confianza
en medio del sufrimiento, grito del alumbramiento de una vida nueva. Colgado del Árbol de la Vida,
entregas el espíritu en manos del Padre, haciendo brotar la vida en abundancia y modelando la nueva
criatura. También nosotros afrontamos hoy los desafíos de este mundo: sentimos que las olas de las
preocupaciones nos sumergen y hacen vacilar nuestra confianza. Concédenos, Señor, la fuerza de
saber en nuestro interior que ninguna muerte nos vencerá, hasta que reposemos entre tus manos que
nos han formado y nos acompañan.

Y que cada uno de nosotros pueda exclamar:


«Ayer, estaba crucificado con Cristo,
hoy, soy glorificado con él.
Ayer, estaba muerto con él,
hoy, estoy vivo con él.
Ayer, fui sepultado con él,
hoy, he resucitado con él». (Gregorio Nacianceno).

En las tinieblas de nuestras noches, nosotros te contemplamos. Enséñanos a dirigirnos hacia el


Altísimo, tu Padre celestial.

Hoy oramos para que todos aquellos que promueven el aborto tomen conciencia de que el amor sólo
puede ser fuente de vida. También por los defensores de la eutanasia y por aquellos que promueven
técnicas y procedimientos que ponen en peligro la vida humana. Abre sus corazones, para que te
conozcan en la verdad, para que se comprometan en la edificación de la civilización de la vida y del
amor. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

13ª ESTACIÓN: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del Evangelio según San Juan 19,26-27a.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a
tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

Señor Jesús, aquellos que te aman permanecen junto a ti y conservan la fe. Su fe no decae en la hora
de la agonía y de la muerte, cuando el mundo cree que el mal triunfa y que la voz de la verdad y del
amor, de la justicia y de la paz calla.
Oh María, entre tus manos nosotros ponemos nuestra tierra. «Qué triste es ver a esta tierra bendita
sufrir en sus hijos, que se desgarran con saña y mueren» (Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 8).
Parece como si nada pudiera suprimir el mal, el terrorismo, el homicidio y el odio. «Ante la cruz sobre
la que tu hijo extendió sus manos inmaculadas por nuestra salvación, oh Virgen, nos postramos en este
día: concédenos la paz» (Liturgia bizantina).

Oremos por las víctimas de las guerras y la violencia que devastan en nuestro tiempo varios países de
Oriente Medio, así como otras partes del mundo. Oremos para que los refugiados y los emigrantes
forzosos puedan volver lo antes posible a sus casas y sus tierras. Haz, Señor, que la sangre de las
víctimas inocentes sea semilla de un nuevo Oriente más fraterno, pacífico y justo, y que este Oriente
recupere el esplendor de su vocación de ser cuna de la civilización y de los valores espirituales y
humanos.

Estrella de Oriente, indícanos la venida del Alba. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria

14ª ESTACIÓN: EL CADÁVER DE JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO


G.-Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T.- Porque por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Lector:

Lectura del Evangelio según San Juan 19,39-40.

Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura
de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se
acostumbra a enterrar entre los judíos.

Nicodemo recibe el cuerpo de Cristo, se hace cargo de él y lo pone en el sepulcro, en un jardín que
recuerda el de la creación. Jesús se deja enterrar como se dejó crucificar, con el mismo abandono,
completamente «entregado» en las manos de los hombres y «perfectamente unido» a ellos «hasta el
sueño bajo la lápida de la tumba» (S. Gregorio de Narek).

Aceptar las dificultades, los sucesos dolorosos, la muerte, exige una esperanza firme, una fe viva.

La piedra puesta a la entrada de la tumba será removida y una nueva vida surgirá.

En efecto, «por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo
resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida
nueva» (Rm 6,4).

Hemos recibido la libertad de los hijos de Dios para no volver a la esclavitud; se nos ha dado la vida
en abundancia, no podemos conformarnos ya con una vida carente de belleza y significado.
Señor Jesús, haz de nosotros hijos de la luz que no temen las tinieblas. Te pedimos hoy por todos los
que buscan el sentido de la vida y por los que han perdido la esperanza, para que crean en tu victoria
sobre el pecado y la muerte. Amén.

G.-Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.


T.- Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros, que por nosotros padeciste.
Se reza a continuación un Padrenuestro, Ave María y Gloria.

Oración final
Señor, hemos llegado al final de este camino doloroso que tu recorriste. No sabemos, Señor, si
admirar más tus dolores o el grande amor que has tenido por nosotros los hombres. Tu nos conoces,
sabes cómo somos, tú conoces el camino que llevamos recorrido, tú ves nuestros esfuerzos por querer
el bien a pesar de nuestras debilidades, sólo queremos decirte una cosa: En nuestro vía crucis
necesitamos contar contigo, queremos ser fieles a la voluntad de Dios sobre cada uno de nosotros,
aceptamos las alegrías y las cruces que nos ofreces, pero bien sabes que solos nada podemos. Señor,
queremos que tú cuentes con nosotros, pero sobre todas las cosas queremos contar contigo, señor. Y
queremos recordar las palabras de tu evangelio: "no busquen entre los muertos al que está vivo". No
busquemos en el pasado lo que debemos construir para el futuro. Te lo pedimos por los dolores de tu
pasión y muerte.
Asamblea: Amén.

Al terminar el Viacrucis se puede hacer la meditación de las siete palabras de Jesús en la capilla

Viernes Santo: Las siete palabras de Jesús en la Cruz


Al ser esta una devoción, no tiene que desarrollarse precisamente como está marcado a continuación.
Las siete palabras son las últimas frases que pronuncia Jesús antes de morir. Las puede dirigir el
ministro o algún miembro del equipo.

● Primera Palabra: “PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”.


Meditar en silencio y compartir lo que el Señor nos dice. Entonar algún canto apropiado.
● Segunda Palabra: “EN VERDAD TE DIGO, QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL
PARAÍSO”.
Meditar en silencio y compartir lo que el Señor nos dice. Entonar algún canto apropiado.
● Tercera Palabra: JESÚS DIRIGIÉNDOSE A SU MADRE LE DICE: "MUJER, AHÍ
TIENES A TU HIJO" DESPUÉS DICE AL DISCÍPULO: "AHÍ TIENES A TU MADRE".
Meditar en silencio y compartir lo que el Señor nos dice. Entonar algún canto apropiado.
● Cuarta Palabra: “DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?”.
Meditar en silencio y compartir lo que el Señor nos dice. Entonar algún canto apropiado.
● Quinta Palabra: “TENGO SED”.
Meditar en silencio y compartir lo que el Señor nos dice. Entonar algún canto apropiado.
● Sexta Palabra: “TODO ESTÁ CUMPLIDO”.
Meditar en silencio y compartir lo que el Señor nos dice. Entonar algún canto apropiado.
● Séptima Palabra: “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU”.
Meditar en silencio y compartir lo que el Señor nos dice. Entonar algún canto apropiado.

PÉSAME A LA VIRGEN
OPCIÓN 1. ROSARIO
Se reza el Santísimo Rosario como de costumbre, meditando en los misterios Dolorosos, y después de
las Letanías a la Santísima Virgen, se hace la siguiente oración para finalizar el rezo del Santo
Rosario.

ORACIÓN A LA VIRGEN DOLOROSA:

Madre purísima, es inmenso tu dolor, y profunda la pena que nuestros corazones sienten por ello; sin
embargo, yo diría, que aún hallabas algún consuelo, sosteniendo tan tiernamente a tu hijo muerto. ¡Oh
Señora pura y tierna!, quisiera que en estos momentos depositaras espiritualmente a tu tierno Hijo
sobre mis rodillas, para que viéndolo muerto experimente, en cuanto me sea posible, por la meditación
y contemplación, lo que tu sentiste en realidad... Madre purísima, mi alma permanece cerca de ti en la
tristeza y la compasión. En mi contemplación te acompaño con fervor, alabanza y agradecimiento,
cuando vuelves del sepulcro a tu casa, por la puerta de la ciudad santa; asimismo deseo, ¡Oh Madre,
tierna y pura!, que, a mi alma, al partir de este momento, la conduzcas a la patria, segura de su
felicidad eterna.

OPCIÓN 2. PÉSAME A LA VIRGEN CON LAS INSIGNIAS DE LA PASIÓN DE CRISTO


Con una imagen de la virgen enfrente o en medio de todos, se meditará con algunas insignias de la
Pasión de Cristo. Pueden llevarse algunos objetos que puedan ayudar a la meditación.
Se recomienda preparar con anticipación los cantos
INTRODUCCIÓN

Acompañemos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo amado. Ha
presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta
una gran esperanza sostenida por la fe.

CANTO

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para
nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.
Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos del dolor, en los
sufrimientos diarios y pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así
unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella y comprendamos que en el dolor, somos más parecidos
a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.

1. La Cruz
Madre llena de dolor, aquí tienes la cruz de tu Hijo, mírala, se parece a aquel pesebre, allá en Belén.
Ése que quedó guardado en tu corazón. ¿Te acuerdas? Allí reposaba tu divino Hijo, tu pequeño niño,
que cerraba sus ojos vencido por el sueño. Esta cruz acogió a tu Hijo, lo abrazó amorosamente con sus
brazos de madera, en ella cerró sus ojos vencido por la muerte. De sus brazos pasó a los tuyos, como
cuando era niño, allá en Belén. Aquí tienes su cruz... ¡y tu cruz!

2. Las monedas
¿Cuánto cuesta tu Hijo, Señora? Es el Hijo de Dios, Dios Él mismo, su valor es infinito, vale lo que la
tierra toda, vale el sol y la luna. Vale todas las estrellas, vale más que el universo entero. Pero, para ti,
vale más porque es tu Hijo. Aquí están las treinta monedas, la plata pagada a Judas, el precio de Jesús.
Treinta monedas por la sangre de tu Hijo, ¡pagamos demasiado: Él nos la da gratis!
Jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Avemaría

CANTO
3. El gallo
Los amigos de tu Hijo somos tus Hijos, así son ustedes, las mamás: tienen amor de sobra, alcanza para
todos. Pedro es amigo de tu Hijo, es su buena compañía, es un hombre bueno, pero... ¡negó a tu Hijo!,
¡negó a su amigo! Perdónalo, Señora, y perdónanos a nosotros, los amigos de tu Hijo, tus Hijos
también. Perdónanos porque nos avergonzamos de tu Hijo ¡y lo negamos! Tres veces, muchas veces
antes de que cante el gallo.

4. El látigo
Pilatos mandó azotar a tu Hijo. No lo hizo por maldad. Él quería la compasión del pueblo. Quería
salvar a tu Hijo... ¡y lo mandó azotar! Lo cubrió con un manto de sangre y así, con tan regio vestido,
lo presentó a la chusma: ¡Ecce Homo! (Se pronuncia Ecche omo) ¡He aquí el Hombre! Y aquel
hombre era Jesús, aquel hombre era tu Hijo, varón de dolores, Hijo de la Dolorosa. ¿Se condolió la
turba? ¡No! pidieron más, pidieron la muerte, la muerte de tu Hijo.

Jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé mi salvación.


Avemaría

CANTO

5. La corona
Dios te salve, reina y madre... así te decimos tus Hijos. Reina porque eres madre, la madre de Jesús, el
rey del universo. Tú eres la reina madre. Aquí está la corona de tu Hijo. La única corona que lució.
Nosotros se la dimos, nosotros lo coronamos como rey de burlas. Mírala, madre, es la obra maestra de
la crueldad, cuidadosamente trenzada con espinas escogidas. No son rubíes, Señora, no lo son; es la
sangre de tu Hijo que la hace más preciosa. Es su corona y tu corona.

6. La caña
Los humanos somos crueles, hacemos leña del árbol caído. Los soldados romanos no se conformaron
con azotar a Jesús; lo vistieron con un manto púrpura, le pusieron una corona de espinas y le dieron
un cetro: esta caña del campo. La arrebataron de sus manos y con ella golpearon su cabeza. ¡Su
cabeza coronada de espinas! Y reían. Encontraban gracioso el dolor de Cristo y se burlaban de Él:
“¡Salve, rey de los judíos!”. Aquí está el cetro de tu Hijo, madre llena de dolor, es signo de su nobleza
y de nuestra crueldad. Que tu Hijo rey, manso y humilde, nos ayude a comprender el dolor de los
hermanos.

Jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé mi salvación.


Avemaría

CANTO

7. El aguamanil de Pilatos
Pilatos es un hombre justo, pero también es amigo del César, y entre la justicia y la política,
Pilatos escogió la política, ¡y se lavó las manos!. “Soy inocente de la sangre de este justo”, gritó muy
claro, y él así lo creyó: se quedó con las manos limpias y el corazón manchado. También nosotros,
Madre de Jesús, hacemos componendas con la vida para quedar bien parados, aunque sufra el
inocente. No somos inocentes de la sangre de Jesús; que caiga, redentora, sobre nuestras cabezas y las
de nuestros Hijos.

8. El velo de la Verónica
Aquí está la imagen de tu Hijo, ¿lo reconoces?, quedó su rostro impreso en el velo de la Verónica;
pero quedó mejor grabado en su propia alma. Aquí está el lienzo de mi alma, no es un velo blanco y
limpio, en Él han quedado impresos todos mis pecados, todos mis desamores. Pero allí está el rostro
de Jesús, resaltando sobre el pecado, rostro doloroso, tan dolorido como mi alma. ¿Reconoces su
rostro impreso en mi alma?

Jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé mi salvación.


Avemaría

CANTO

9. Los dados
¿Te acuerdas cuando envolvías en blancos pañales a tu Hijo niño, allá en Belén? ¿Te acuerdas cuando
lavabas sus ropas infantiles después de sus juegos?, ¿te acuerdas cuando remendabas su ropa de
hombre gastada por el trabajo? Dicen que tú misma le hacías su ropa. A los soldados les gustó su
ropa, y decidieron no cortar aquella preciosa túnica que tú le hiciste. Se la jugaron a los dados. ¡Qué
suerte la del soldado que la ganó a los dados! También nosotros queremos la túnica blanca de tu Hijo,
pero no necesitamos los dados; nosotros tenemos la suerte de haberla gratis ganado en nuestro
Bautismo. Cuida nuestra gracia, Madre de la Divina Gracia.
10. Los clavos
¿Te acuerdas, Señora? José le enseñó a Jesús a ser un buen carpintero. Carpintero Jesús, Hijo del
carpintero. Dicen los pintores que, ya de niño, labraba pequeñas cruces con sus propias manos. Cómo
ama la Cruz Jesús el carpintero, la ama tanto que se abraza a ella y, para no perderla, se deja clavar a
ella. Estos clavos son el amor de Cristo, amor que salva, redentor amor.

Jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé mi salvación.


Avemaría
CANTO

11. El letrero de la cruz


“Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”, dice este letrero que Pilato mandó poner sobre la cruz de Jesús
y que no quiso cambiar ni por las reclamaciones de los judíos. Les contestó “lo escrito, escrito está”.
Aquí está escrito, por si no lo sabemos, que Jesús es rey; y nosotros añadimos, “rey del universo”.
Aquí está el letrero, María, madre del rey, es proclama oficial de Roma puesta sobre el trono de tu
Hijo. Ahora el rey ha muerto; pero nosotros decimos contigo: “¡viva Cristo rey!”. Queremos ser como
ese letrero que proclama al mundo la realeza de tu Hijo.

12. La esponja
“Tengo Sed”, murmuró Jesús, allá, en lo alto de su cruz. Los soldados ya lo sabían. Los crucificados
siempre tienen sed. Sacaron una esponja, la empaparon en vinagre, la ataron a una caña y la acercaron
a los labios del crucificado. ¿Crueldad?; ¡No! Era tan sólo humanidad. Aquel vinagre calmaba la sed
de Cristo. Bendita esponja, signo de la compasión, alivio de la sed. Tu Hijo, María, tiene sed. Sed de
mí, sed de nosotros. ¡Cómo nos gustaría ser agua fresca, agua limpia y pura, para calmar su divina
sed!

Jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé mi salvación.


Avemaría

CANTO

13. La lanza
Longinos, se llamaba, así nos lo dice la tradición; era el soldado de la lanza, el del golpe de gracia.
Dicen que había perdido un ojo, trofeo de guerra, y que la sangre de Jesús, desde su corazón herido,
salpicó el ojo muerto y, donde había oscuridad, se hizo la luz. ¡Sangre generosa de Jesús que sana a
quien le hiere! Del corazón traspasado brotó sangre y agua. Corazón misericordioso del Señor de la
Misericordia. Aquí está la lanza, Señora, ella no mató a tu Hijo, ya estaba muerto aquel a quien
traspasaron para que nosotros lo miráramos y quedáramos sanados. Santa Madre Dolorosa, perdona
lo que hicimos con tu Hijo; enséñanos a pagar con nuestro amor lo que nuestro desamor hizo.

ORACIÓN
Madre de Jesús y madre nuestra, la noche avanza cubriendo el cuerpo muerto de tu Hijo, negra
mortaja que lo oculta a los ojos de los hombres. La tumba ha sido sellada, ha vuelto al seno de la tierra
el que nos creó de ella. Es noche. La oscuridad cubre la tierra. No hay luz. Pero en tu corazón sí la
hay. En tu corazón es de día porque la luz de tu Hijo lo ilumina. Esa luz brillará gloriosa al amanecer
de su primer día, el día del Señor por excelencia cuando Él vuelva a la vida venciendo a la señora de
la noche. Santa María del Consuelo, consuélanos en nuestra espera.

OPCIÓN 3. Procesión del Silencio:


Es común que en algunos lugares se haga la Procesión del Silencio, que parte desde donde se terminó
el Vía Crucis hasta la capilla o se realice algún recorrido ya establecido.
Para la procesión del silencio es necesario:
1. Un tambor con el que se va a marcar el paso de la procesión.
2. Una imagen de la Virgen Dolorosa.
3. Un crucifijo o una cruz, cubierta con un paño morado o blanco.
4. Velas para la gente.
La procesión lleva al frente la cruz cubierta, le sigue la imagen de la Dolorosa y detrás toda la gente
con las velas encendidas. El tambor debe de marcar un paso firme y colocarse en un lugar desde
donde todos lo puedan escuchar.
Si en la comunidad se realiza de una manera distinta, hay que adaptarse a sus costumbres.
Rito para llevar la eucaristía a los enfermos
Se presenta un breve esquema de celebración con los enfermos, esto no significa que no se pueda usar
otra.
Al llegar a la casa el Ministro coloca el Santísimo sobre una mesa previamente preparada (mantel
blanco, veladora y, si es posible, flores), y lo adora en silencio durante algunos instantes.
M. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
A. Amén.

Puede realizarse un breve acto de contrición. Se continúa con lo que sigue.


M. Hermanos, reconozcamos nuestros pecados, para que podamos participar dignamente de
este momento.
M. Yo confieso ante…

Se continúa con la lectura del evangelio del día


M. Escuchen, hermanos, el Evangelio según San…
Finalizada la lectura del Evangelio:
M. Palabra del Señor.
A. Gloria a Ti, Señor Jesús.
Es recomendable dar una breve reflexión. Terminada la reflexión se continúa con lo que sigue.

M. Ahora hermanos, oremos juntos a Dios nuestro Padre, con la oración que nuestro Señor
Jesucristo nos enseñó:
M. Padre Nuestro, que estás en el cielo…

El ministro hace una genuflexión, y muestra la Eucaristía y dice:


M. Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Felices los invitados a la mesa del
Señor.
A. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El ministro distribuye la comunión a/los enfermos. Una vez terminado esto, el ministro debe consumir
las formas sobrantes, en caso de no sobrar ninguna, el ministro debe consumir las partículas de la
Eucaristía.

M. Oremos: Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Te suplicamos con viva fe, que el
santísimo cuerpo de tu Hijo Jesucristo que nuestro/a hermano/a ha recibido, le sirva para bien
de su alma y de su cuerpo, y como remedio para alcanzar la Vida Eterna. Por Jesucristo nuestro
Señor.
A. Amén.

También podría gustarte