Cristo Rey en Semana Santa
Cristo Rey en Semana Santa
Celebraciones de la Palabra
SOBRE LOS MINISTROS ORDINARIOS DE LA PALABRA Y EXTRAORDINARIOS DE
LA SAGRADA COMUNIÓN
Conocimientos doctrinales
Los ministros, siendo conscientes de que Dios los ha elegido como instrumentos suyos, han de ser
responsables de su propia formación con la colaboración del Coordinador General de la Misión y de la
Coordinadora del equipo, así como con la ayuda de algún asesor espiritual. La formación de los
ministros debe ocupar un lugar especial en la preparación de misiones.
Los ministros deberán conocer a fondo los aspectos básicos de la doctrina como lo son los
sacramentos, mandamientos, virtudes, pecado, etc. También deberán estar actualizados en lo referente
a los mensajes y guías que la Iglesia marca en la actualidad por medio del Papa reinante. Deberán
también conocer sobre el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, parte fundamental y
guía para la vivencia del sentido de la Semana Santa.
Los ministros extraordinarios de la Eucaristía deberán poner especial cuidado en lo referente al trato y
administración del Santísimo Sacramento, para lo cual deberán recibir la preparación adecuada y
contar con los instrumentos necesarios para esta tarea.
Virtudes
Un misionero, en especial un ministro de la palabra o de la Eucaristía, debe tener virtudes cristianas
que contribuyan al cumplimiento de la tarea que Nuestro Señor le ha encomendado. Entre estas
virtudes es importante destacar la Fe, la Caridad, la Humildad, la Fortaleza y el Temor de Dios; los
ministros han de cultivarlas y perseverar en ellas mediante la oración, los sacramentos y la formación,
para poder transmitirlas y aplicarlas para evangelizar y dar gloria a Dios con cada uno de sus actos y
palabras durante la Misión.
ORACIONES PARA LA MISIÓN
Consagración Misionera
Jesucristo:
Te entrego mis manos a Ti Señor, para trabajar con amor;
te entrego mis pies, para seguir tu camino con decisión.
Te entrego mis ojos, para ver Señor las necesidades del mundo.
Te entrego mi lengua para hablar, tus palabras de caridad.
Mi alma es tuya, habítala, que allí crezca siempre tu amor;
DOMINGO DE RAMOS
DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su Misterio
pascual.
A la hora señalada se reúnen todos en otro lugar apto fuera de la iglesia a la que se va a ir en
procesión. Los fieles tienen en sus manos los ramos, bendecidos anteriormente por el párroco.
Mientras los ministros llegan al lugar de la reunión, se canta un canto apropiado.
El ministro saluda de la manera acostumbrada
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El pueblo responde
Amén.
Enseguida, el MESC realiza una breve monición, en la que invita a los fieles a participar activa y
conscientemente en la celebración de este día, con estas palabras u otras semejantes:
Queridos hermanos:
Después de haber preparado nuestros corazones
desde el principio de la Cuaresma
con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad,
hoy nos reunimos para iniciar,
unidos con toda la Iglesia,
la celebración anual del Misterio Pascual, es decir,
de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo,
misterios que empezaron
con su entrada en Jerusalén, su ciudad.
Por eso, recordando con toda fe y devoción
esta entrada salvadora, sigamos al Señor,
para que, participando de su cruz,
tengamos parte con él en su resurrección y su vida.
Enseguida, el MESC realiza la lectura del Evangelio correspondiente a la entrada de Jesús a Jerusalén.
EVANGELIO
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Después del evangelio, se puede hacer una breve reflexión acerca del sentido de conmemorar la
entrada de Jesús a Jerusalén. Antes de comenzar la procesión, el MESC, dice con estas u otras
palabras:
Queridos hermanos:
Imitando a la multitud que aclamaba al Señor, avancemos en paz.
El MESC, omitidos los demás ritos iniciales de la celebración y, según la oportunidad, el Señor ten
piedad, dice la oración colecta de la celebración con las manos juntas y continúa como de costumbre.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno,
que quisiste que nuestro Salvador
se hiciera hombre y padeciera en la cruz
para dar al género humano ejemplo de humildad,
concédenos, benigno, seguir las enseñanzas de su pasión
y que merezcamos participar de su gloriosa resurrección.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Lectura del libro de Isaías.
50, 4-7
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 21
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
SEGUNDA LECTURA
Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.
Flp 2,6-11
Palabra de Dios.
C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les
propuso:
S. «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando
ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está
cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
C. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro
S. «¿Soy yo acaso, Señor?».
C. Él respondió:
+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se
va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le
valdría a ese hombre no haber nacido!».
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho».
C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los
discípulos y les dijo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:
+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el
perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día
que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
C. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, por- que está escrito: “Heriré al pastor,
y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
+ «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como
quieres tú».
C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues
el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño.
Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser
entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel
de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El
traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que yo bese, ese es: prendedlo».
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!».
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?».
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con
él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no
puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se
cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me
sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido
para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».
C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se
habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo
sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para
condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que
comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la
derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué
decidís?».
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte».
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú estabas con Jesús el Galileo».
C. Él lo negó delante de todos diciendo:
S. «No sé qué quieres decir».
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Este estaba con Jesús el Nazareno».
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que
cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.
C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para
preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el
gobernador.
C. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las
treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S. «He pecado entregando sangre inocente».
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».
C. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes,
recogiendo las monedas de plata, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de
forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho
por medio del profeta Jeremías:
«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los
hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el
Señor».
C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces
Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta,
el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso,
llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal,
su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la
libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás».
C. Pilato les preguntó:
S. ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».
C. Contestaron todos:
S. «Sea crucificado».
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?».
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Sea crucificado!».
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó
agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
S. «¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!».
C. Todo el pueblo contestó:
S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran.
C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de
él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una
corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y,
doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la
burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a
beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se
repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza
colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
C. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de
Dios, baja de la cruz».
C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también
diciendo:
S. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y
le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios”».
C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona,
Jesús gritó con voz potente:
+ «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S. «Está llamando a Elías».
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola
en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
S. «Déjadlo, a ver si viene Elías a salvarlo».
C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.
C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se
resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto
resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se
aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba,
dijeron aterrorizados:
S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios».
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús
desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y
José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de
Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran.
José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro
nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se
marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos
sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días
resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus
discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo:
“Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».
C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.
Terminada la lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, el MESC realiza una breve reflexión.
A continuación, todos de pie, hacen la proclamación del Credo, terminar se realiza, si se cree
conveniente, la oración universal.
ORACIÓN UNIVERSAL
1.- Para que el Señor, que en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga
piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la
penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz. Roguemos al Señor.
2.- Para que la sangre de Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con
Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias
pasiones. Roguemos al Señor.
3.-Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se
apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los conforte.
Roguemos al Señor.
4.-Para que el Señor, que recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé
sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte,en su paraíso. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión,
destruyera el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviera la vida y la felicidad,
escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
RITO DE LA COMUNIÓN
Acabada la oración universal, el MESC se acerca al lugar donde se encuentra reservada la Eucaristía,
toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una genuflexión. Los fieles se
ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.
Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
RITOS CONCLUSIVOS
El pueblo responde:
Amén.
RITOS INICIALES
ACTO PENITENCIAL
El MESC con las manos juntas se dice la oración colecta del día.
ORACIÓN COLECTA
Te rogamos, Dios todopoderoso,
que quienes desfallecemos a causa de nuestra debilidad,
nos recuperemos gracias a la pasión de tu Unigénito.
El, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.
PRIMERA LECTURA
No gritará ni hará oír su voz en las plazas.
Lectura del libro del profeta Isaías
42, 1-7
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 26
EVANGELIO
Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura.
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado
de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que
estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy
costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la
fragancia del perfume.
Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por
qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo
dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la
bolsa, robaba lo que echaban en ella.
Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los
pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.
Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por
Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se
separaban y creían en Jesús.
Palabra del Señor.
Al acabar la lectura del Evangelio, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos
bíblicos proclamados.
ORACIÓN UNIVERSAL
En estos días de la pasión del Señor, recordando a Cristo, que en los días de su vida mortal, con
fuertes voces y lágrimas, presentó oraciones y súplicas al Padre, oremos también nosotros por
todos los hombres. A cada petición respondemos: Escúchanos, Señor.
1.-Para que el Redentor del mundo, que se ofreció a la muerte por su rebaño, libre a la Iglesia de
todo mal. Roguemos al Señor.
2.-Para que el Redentor del mundo, que oró con fuertes voces y lágrimas en la cruz, interceda
ante el Padre por todos los hombres. Roguemos al Señor.
3.-Para que el Redentor del mundo, que experimentó en la cruz la angustia y la tristeza, venga
en auxilio de los que se sienten agobiados por las propias culpas y les infunda confianza en su
perdón. Roguemos al Señor.
4.-Para que el Redentor del mundo a nosotros, sus siervos, que recordamos con veneración su
cruz, nos reanime con la fuerza de su resurrección. Roguemos al Señor.
Que llegue a tu presencia, Padre, la oración de los que te invocan, y ya que, en la pasión de tu
Hijo, nos has manifestado tu amor, haz que también lo experimentemos al ver escuchadas
nuestras oraciones. Por Jesucristo nuestro Señor.
RITO DE LA COMUNIÓN
Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Dense fraternalmente la paz
A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
RITOS CONCLUSIVOS
El pueblo responde:
Amén.
RITOS INICIALES
ACTO PENITENCIAL
ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Dios todopoderoso y eterno,
celebrar de tal modo los sacramentos de la pasión del Señor,
que nos hagamos dignos de recibir tu perdón.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.
PRIMERA LECTURA
Te convertiré en luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los últimos rincones de la
tierra.
Lectura del libro del profeta Isaías
49, 1-6
Escúchenme, islas;
pueblos lejanos, atiéndanme.
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre;
cuando aún estaba yo en el seno materno,
él pronunció mi nombre.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 70
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados. R.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías. R.
EVANGELIO
Uno de ustedes me entregará. No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces.
En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente
y declaró: “Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Los discípulos se miraron
perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto
amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: “¿De
quién lo dice?” Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”
Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar”. Mojó el pan y se
lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.
Jesús le dijo entonces a Judas: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los
comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la
bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.
Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha
sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y
pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se
lo digo a ustedes ahora: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden ir’ ”. Simón Pedro le dijo: “Señor,
¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás
más tarde”. Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”.
Jesús le contestó: “¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes
de que me hayas negado tres veces”.
Palabra del Señor.
En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
ORACIÓN UNIVERSAL
Acerquémonos, hermanos, a Jesús, mediador de la Nueva Alianza y signo de propiciación por
nuestros pecados y por los de todo el mundo, y presentémosle con fe las oraciones de su Iglesia.
A cada petición, respondemos: Escúchanos, Señor
1.-Para que Dios Padre, que nos ha envíado a Jesucristo como Pastor y Redentor del mundo,
guarde, proteja e ilumine a la Iglesia, y la fortalezca en la fe y en el amor. Roguemos al Señor.
2.-Para que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob haga brillar su rostro sobre el pueblo de
Israel y les manifieste a Jesús como el Mesías de su esperanza. Roguemos al Señor.
3.-Para que los pueblos del Islam encuentren en la fe y en la caridad de los cristianos una luz
que los encamine al único Señor que perdona y salva. Roguemos al Señor.
4.-Para que Dios todopoderoso y eterno, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad, descubra su rostro a los ateos, libre a los paganos de toda idolatría,
superstición o engaño y les revele la luz de su palabra. Roguemos al Señor.
5.-Para que el Padre de misericordia y Dios de todo consuelo conceda su auxilio a todos los que
lo invocan desde el fondo del corazón y a todos los que dudan, sufren o luchan. Roguemos al
Señor.
Mira, Señor, a tu familia, reunida en el nombre de Jesucristo, y protégela con amor constante;
que los que se esfuerzan por buscar su rostro vean atendidas sus oraciones y experimenten la
ayuda de tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
RITO DE LA COMUNIÓN
Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Dense fraternalmente la paz
A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después el copón, se acerca a los que van a
comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
RITOS CONCLUSIVOS
El pueblo responde:
Amén.
RITOS INICIALES
ACTO PENITENCIAL
ORACIÓN COLECTA
Padre misericordioso,
que para librarnos del poder del enemigo,
quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros
el suplicio de la cruz,
concédenos alcanzar la gracia de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.
PRIMERA LECTURA
No he sustraído mi rostro a los insultos y salivazos.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 68
EVANGELIO
¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado!
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les
dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de
plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le
preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a
la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la
Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y
prepararon la cena de Pascua.
Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que
uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno
por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo,
ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de
aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber
nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le
respondió: “Tú lo has dicho”.
Palabra del Señor.
En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
ORACIÓN UNIVERSAL
Pongamos, hermanos, nuestra mirada en Jesús, elevado en la cruz para que los que crean en él
tengan vida eterna, y oremos al Señor los unos por los otros. A cada petición, respondemos:
Escúchanos, Señor.
1.-Para que el Señor, que fue entregado a sus enemigos por nosotros, tenga misericordia de
aquellos que,como Judas, lo han traicionado y abandonado. Roguemos al Señor.
2.-Para que el Señor, que con su sangre preciosa limpió los pecados del mundo, se muestre ante
el Padre amigo y defensor de todos los hombres. Roguemos al Señor.
3.-Para que los pobres, los agobiados, los desesperanzados y todos los que con sus sufrimientos
participan de la cruz de Cristo encuentren consuelo en la pasión del Señor. Roguemos al Señor.
4.-Para que cuantos por el bautismo hemos sido sumergidos en la muerte de Cristo participemos
también de su resurrección. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que has querido salvar al mundo con la muerte de tu Hijo, concede
a quienes recordamos con amor su pasión gloriosa obtener los dones que te pedimos. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
RITO DE LA COMUNIÓN
Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Dense fraternalmente la paz
A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.
Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.
Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.
RITOS CONCLUSIVOS
El pueblo responde:
Amén.
Misa vespertina
Por la tarde, en la hora más oportuna, se realiza la celebración de la Cena del Señor, en la que
participa plenamente toda la comunidad local
Adórnese con flores el altar con la moderación conveniente al carácter de este día. El MESC debe
procurar que tenga una cantidad suficiente de hostias en el sagrario para la comunión de hoy, del
viernes santo y la Vigilia Pacual. También debe estar preparado el lugar de la Reserva del Santísimo
Sacramento
RITOS INICIALES
ACTO PENITENCIAL
LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.
PRIMERA LECTURA
Prescripciones sobre la cena pascual
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para
ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de
Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la
familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero
adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin
defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo
inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la
casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán
panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los
pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.
Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto,
desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La
sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré
de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.
Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De
generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua' ".
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 115
R. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
SEGUNDA LECTURA
Cada vez que comen de este pan y beben de este caliz, proclaman la muerte del Señor
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en
que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y
dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se
sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del
Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Los amó hasta el extremo
___________________________________________________________________________
ORACIÓN UNIVERSAL
Oremos a Dios Padre, que en su amor creó al hombre y por su misericordia lo redimió con la
sangre de su Hijo. Pidámosle que escuche nuestras oraciones. Responderemos a cada petición:
Te lo pedimos, Señor.
1.-Para que la Iglesia permanezca en constante adoración de Cristo Eucaristía y así broten
actitudes de servicio en la caridad. Roguemos al Señor.
2.-Para que nuestros gobernantes descubran que en el servicio y en el amor se hace posible la
paz. Roguemos al Señor.
3.-Para que los pobres, enfermos y necesitados encuentren fortaleza en Cristo y también vivan
en el servicio a sus hermanos. Roguemos al Señor.
4.-Para que todos nosotros sigamos el ejemplo del Señor y vivamos profundamente el
mandamiento del amor. Roguemos al Señor.
Asamblea: Te lo pedimos, Señor.
Dios misericordioso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo para que, con su muerte,
destruyese el pecado y la muerte, y, con su resurrección, nos devolviese la vida y la felicidad,
escucha las oraciones de tu Iglesia y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
RITO DE LA COMUNIÓN
Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
Como hijos de Dios, dense fraternalmente la paz
A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
RITOS CONCLUSIVOS
El pueblo responde:
Amén.
Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra ningún sacramento ni en este día ni en el
siguiente, excepto el de la Penitencia y Unción de enfermos.
En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la
Pasión del Señor; a los enfermos, que no pueden participar en dicha celebración, se les puede llevar a
cualquier hora del día.
El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candeleros, ni manteles.
Después del mediodía, cerca de las tres, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más tardía,
tiene lugar la celebración de la Pasión del Señor, que consta de tres partes: liturgia de la Palabra,
adoración de la Cruz y sagrada comunión. El MESC se dirige en silencio al altar, y, hecha la
reverencia al mismo, se arrodilla, y ora en silencio durante algún espacio de tiempo. Todos los demás
se ponen de rodillas.
O bien:
Primera parte
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Él fue traspasado por nuestras rebeliones
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 30
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo,
que no quede yo nunca defraudado.
En tus manos encomiendo mi espíritu
y tú, mi Dios leal, me librarás. R.
SEGUNDA LECTURA
Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación
Hermanos: Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo.
Mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no
sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las
mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos, por tanto, con plena confianza
al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento
oportuno.
Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes
voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A
pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió
en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Palabra de Dios.
La lectura de la Pasión se realiza de la misma manera que fue proclamada el Domingo de Ramos.
C. Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de
los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy
solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los
soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con
él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno
de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para
que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le
quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los
judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue
entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo
unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra
enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un
sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de
la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.
Palabra del Señor.
En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
Al terminar se guarda un espacio de tiempo en silencio.
ORACION UNIVERSAL
Con la oración universal concluye la liturgia de la Palabra. Todos se ponen de pie. Las peticiones son
proclamadas por el MESC.
1.- Por la Santa Iglesia de Dios para que el Señor le conceda la paz y la unidad, la proteja en
todo el mundo y nos conceda una vida serena, para alabar a Dios padre todopoderoso.
Roguemos al Señor. R. Te rogamos, Señor.
2.-Por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, para que Dios nuestro Señor que lo eligió entre
los obispos, lo asista y proteja para bien de su Iglesia, como guía y pastor del pueblo santo de
Dios.
3.- Por nuestro obispo Victor y su obispo auxiliar Tomás, por todos los obispos, presbíteros,
diáconos, por todos los que ejercen algún ministerio en la Iglesia y por todo el pueblo de Dios.
Roguemos al Señor.
4.-Por los catecúmenos, para que Dios nuestro Señor los ilumine interiormente y les comunique
su amor; y para que, mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden
incorporados a Cristo nuestro Señor. Roguemos al Señor.
5.- Por todos los que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor les conceda vivir
sinceramente lo que profesan y se digne reunirlos para siempre en un solo rebaño, bajo un solo
pastor. Roguemos al Señor.
6.- Por el pueblo judío, al que Dios se dignó hablar por medio de los profetas para que el Señor
le conceda progresar continuamente en el amor a su Nombre y en la fidelidad a su Alianza.
Roguemos al Señor.
7.- Por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan encontrar
el camino de la salvación. Roguemos al Señor.
8.- Por los que no conocen a Dios, para que obren siempre con bondad y rectitud y puedan
llegar así a conocer a Dios. Roguemos al Señor.
9.- Por los jefes de estado y todos los responsables de los asuntos públicos, para que Dios nuestro
Señor les inspire decisiones que promuevan el bien común, en un ambiente de paz y libertad.
Roguemos al Señor.
10.- Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que
Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las
familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto. Roguemos al Señor.
11.- Para que Dios Padre todopoderoso libre al mundo de todas sus miserias, dé salud a los
enfermos y pan a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los
oprimidos, conceda seguridad a los que viajan, un pronto retorno a los que se encuentran lejos
del hogar y la vida eterna a los moribundos. Roguemos al Señor.
Segunda parte:
ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Acabada la oración universal, tiene lugar la solemne adoración de la santa Cruz. De las dos formas
que se proponen a continuación para mostrar la cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada, según las
exigencias pastorales.
Primera forma
El MESC, va a la sacristía y, de allí, trae la Cruz procesionalmente por la iglesia, cubierta con un velo
morado, hasta el centro del presbiterio, acompañándolo dos personas con velas encendidas.
El MESC, de pie ante el altar, de cara al pueblo, toma la cruz, descubre un poco su parte superior
izquierda y la eleva, comenzando la invitación: Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavado
Cristo, el Salvador del mundo. Todos responden: Venid y adoremos, y acabado el canto se arrodillan y
adoran en silencio, durante unos momentos la cruz, que el MESC, de pie, mantiene en alto.
Seguidamente el MESC descubre el brazo derecho de la cruz, y de nuevo, elevándola, canta la
invitación todo lo restante como la primera vez.
Finalmente descubre totalmente la cruz y, elevándola, canta por tercera y se hace todo lo restante
como la primera vez.
Segunda forma
El que lleva la cruz se dirige a la puerta de la iglesia donde toma la cruz descubierta; dos personas le
acompañan con velas encendidas, y van procesionalmente por la iglesia hacia el altar.
Cerca de la puerta de la iglesia el que lleva la cruz la eleva y dice o canta la invitación:
Ministro: Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavado Cristo, el Salvador del mundo.
Asamblea: Venid y adoremos.
Terminada la respuesta todos se arrodillan y adoran en silencio por unos momentos la cruz.
Se ponen de pie el ministro y al llegar en medio del templo vuelve a elevar la cruz y a decir como la
primera vez.
Se vuelven a poner de rodillas, adoran en silencio por unos momentos la Cruz.
El MESC se pone de pie, se dirige hasta el presbiterio, donde repite la aclamación por tercera vez. Se
vuelven a poner de rodillas, adoran en silencio por unos momentos la Cruz.
Seguidamente el MESC, acompañado por dos personas con velas encendidas, lleva la cruz al
comienzo del presbiterio u otro lugar apropiado, y allí la deja o la entrega a otras personas para que la
sostengan, una vez dejadas las velas a ambos lados de la cruz.
Para la adoración de la cruz, primero se acerca el MESC para hacer la adoración de la Cruz. A
continuación, los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz mediante una genuflexión
simple o con algún otro signo de veneración, evitando tocar la Cruz.
Para la adoración sólo debe exponerse una cruz.
Mientras tanto, se cantan himnos y cantos apropiados para la adoración.
Terminada la adoración, la Cruz es llevada a su lugar junto al altar. Las velas encendidas se colocan
cerca del altar, sobre el altar o junto a la Cruz.
Tercera Parte:
SAGRADA COMUNIÓN
Sobre el altar se pone el mantel y sobre el mismo se coloca el corporal. Mientras tanto, el MESC
traslada el Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva al altar, por el camino más corto,
mientras todos permanecen de pie y en silencio. Dos personas con velas encendidas acompañan el
Santísimo Sacramento y dejan luego las velas cerca del altar o sobre el mismo. Después de que el
MESC ha colocado sobre el altar el Santísimo Sacramento y ha destapado el copón, hace una
genuflexión y un momento de adoración.
Después, el MESC, se pone de pie y con voz clara y teniendo las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
El MESC hace genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada, sobre el copón, dice:
Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la cena del
Señor.
El pueblo responde:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
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Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor (Ex12, 42). Los fieles,
tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-37), deben asemejarse a los criados que, con las
lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno de su Señor, para que cuando llegue les
encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.
La Vigilia de esta noche, que es la mayor y más noble de todas las solemnidades, por ello se habrá de
preferir que los fieles todos participen de la celebración del Santo Sacrificio de la Misa. Pero en
aquellos lugares donde no sea posible, se desarrollará la celebración de la Palabra, que se desarrolla de
la siguiente manera: después del lucernario y el pregón pascual (que es la primera parte de la Vigilia),
la santa Iglesia, llena de fe en la palabra y en las promesas del Señor, contempla las maravillas que el
Señor Dios realizó desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la Palabra),
hasta que, al acercarse el día y renovando las promesas bautismales (tercera parte), es invitada a la
mesa que el Señor ha preparado para su pueblo como memorial de su muerte y resurrección hasta que
vuelva (cuarta parte).
Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni
una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya
después del alba del domingo.
Primera parte
LUCERNARIO O SOLEMNE COMIENZO DE LA VIGILIA
Todos se reúnen en el lugar acordado para el inicio de la celebración, el MESC, teniendo cerca el
Cirio que ha sido previamente bendecido por el sacerdote, comienza la celebración de manera
acostumbrada.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El pueblo responde:
Amén.
El pueblo responde:
Amén.
Encendido el cirio, se organiza la procesión. Va delante el MESC que lleva el cirio pascual. Sigue el
pueblo, llevando todos en la mano las velas apagadas. A la puerta de la iglesia, el MESC, de pie y
levantando el cirio canta: Luz del Cristo. Y todos responden: Demos gracias a Dios.
Después, el MESC continúa hasta el centro de la iglesia y, de pie y elevando el cirio, canta de nuevo.
Al concluir la respuesta del pueblo, el MESC acerca el Cirio a algunos miembros de la comunidad
para que enciendan sus velas y estos a su vez, comuniquen la luz a los demás fieles.
El MESC, al llegar ante el altar, de pie, eleva el cirio y canta por tercera vez la invitación. Al concluir
deposita el Cirio en el lugar designado para él.
En este momento, se encienden las luces de la iglesia, excepto las velas del altar.
Pregón pascual
El MESC o un monitor dirá lo siguiente:
En este momento se proclama el pregón pascual en el que se recuerda el camino de salvación
señalado por Dios al pueblo de Israel, camino que se cumple plena y perfectamente en Cristo y
que ahora la Iglesia celebra y vive llena de fe por la resurrección del Señor.
Un buen lector hará El Pregón Pascual.
Esta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
Te rogamos, Señor,
que este cirio, consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.
La asamblea responde:
Amén.
Segunda parte:
LITURGIA DE LA PALABRA
En esta vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo
Testamento y dos del Nuevo (Epístola y Evangelio), que se han de leer todas donde sea posible, para
salvaguardar la índole de la Vigilia, que requiere larga duración.
Por motivos graves de orden pastoral puede reducirse el número de lecturas del antiguo Testamento;
pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la palabra divina es parte fundamental de esta Vigilia
pascual. Deben leerse: la primera del Génesis 1, 1-2,2, la tercera del Éxodo 14, 15-15,1 y la séptima
de Ezequiel 36, 16-28, deberán hacerse obligatoriamente al igual que la Carta de Pablo y el Evangelio.
Apagadas las velas todos se sientan.
Antes de comenzar las lecturas, el MESC hace una breve monición al pueblo con estas palabras u
otras semejantes:
Hermanos, con la proclamación de la Pascua, hemos comenzado la celebración de la noche santa
de la resurrección del Señor. Escuchemos, pues, con devoción la palabra de Dios, estemos en
oración para que nuestro buen Padre Dios lleve hasta el final la obra de la salvación iniciada con
la muerte y resurrección de Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 103
El MESC invita a los fieles a ponerse de pie y dice, con las manos juntas, la oración correspondiente.
TERCERA LECTURA
Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas
que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para
que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios
para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus
carros y jinetes.
Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios
sabrán que yo soy el Señor"
El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de
nubes que iba adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el campamento de
los israelitas y el campamento de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para
otros, y así los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte
viento del este, que secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar y no se
mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios
se lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras
ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército de los egipcios y
sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: "Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su
favor contra Egipto.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas
sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes". Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al
amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir, los egipcios se encontraron con
ellas, y el Señor los derribó en medio del mar.
Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del faraón, que se
había metido en el mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas les hacían muralla a
derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los
egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el
pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de
Israel cantaron este cántico al Señor:
SALMO RESPONSORIAL
Éxodo 15
Tú llevas a tu pueblo
para plantarlo en el monte que le diste en herencia,
en el lugar que convertiste en tu morada,
en el santuario que construyeron tus manos.
Tú, Señor, reinarás para siempre. R.
El MESC invita a los fieles a ponerse de pie y dice, con las manos juntas, la oración correspondiente.
SALMO RESPONSORIAL
Isaías 12
El MESC invita a los fieles a ponerse de pie y dice, con las manos juntas, la oración correspondiente.
Dios todopoderoso y eterno,
única esperanza del mundo
tú que anunciaste, por voz de los profetas
los misterios que estamos celebrando esta noche,
multiplica en el corazón de tu pueblo,
los santos propósitos
porque no podría ningún santo anhelo alcanzar crecimiento
sin el impulso que procede de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Después de la última lectura del Antiguo Testamento, con su salmo responsorial y oración, se
encienden los cirios del altar, y el coro entona el himno Gloria a Dios, que todos prosiguen mientras
se hacen sonar las campanas, según las costumbres de cada lugar.
Acabado el himno, el MESC dice la oración colecta, como de costumbre, con las manos juntas.
EPÍSTOLA
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
6, 3-11
Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo,
hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su
muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros llevemos una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también
lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo, para
que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que
ha muerto queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues
sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no
tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar,
vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.
Acabada la lectura de la Epístola de san Pablo, todo el pueblo se pone de pie y junto con el salmista, o
el coro, entonan solemnemente el Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de
Israel: "Su misericordia es eterna". R.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré
viviendo, para contar lo que el Señor ha hecho. R.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano
del Señor, es un milagro patente. R.
EVANGELIO
El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los
perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro
y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos
resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro a tierra, los varones les
dijeron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado.
Recuerden que cuando estaba todavía en Galilea les dijo: 'Es necesario que el Hijo del hombre
sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado y al tercer día resucite' ". Y ellas
recordaron sus palabras.
Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos
los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María (la
madre de Santiago) y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían
desvaríos y no les creían. Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero sólo vio los
lienzos y se regresó a su casa, asombrado por lo sucedido.
Palabra del Señor.
En este momento, el MESC realiza una breve reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
Tercera parte:
LITURGIA BAUTISMAL
Una vez que todos han encendido sus velas o veladora, y están acomodados en sus lugares, teniendo
las velas o veladoras en sus manos, el MESC dice:
Hermanos: por medio del bautismo hemos participado del misterio pascual de Cristo, es decir,
por medio del bautismo hemos sido enterrados con él en su muerte para resucitar con él a una
vida nueva. Por eso, al terminar la Cuaresma es muy importante que renovamos las promesas
de nuestro bautismo con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras, y nos
comprometimos a servir a Dios, en la Santa Iglesia Católica,
por eso, consiguiente:
El MESC:
¿Renuncian ustedes a Satanás?
Todos:
Sí, renuncio.
El MESC:
¿Renuncian a todas sus obras?
Todos:
Sí, renuncio.
El MESC:
¿Renuncian a todas sus maldades?
Todos:
Sí, renuncio.
Prosigue el MESC:
¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
Todos:
Sí, creo.
El MESC:
¿Creen en Jesucristo, su Hijo único, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue
sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?
Todos:
Sí, creo.
El MESC:
¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el
perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?
Todos:
Sí, creo.
Y concluye el MESC:
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha
hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve en su gracia unidos a Jesucristo
nuestro Señor, hasta la vida eterna.
R/. Amén.
ORACION UNIVERSAL
Llenos de gozo por la santa Resurrección del Señor, purificados nuestros sentimientos y
renovado nuestro espíritu, supliquemos con insistencia al Señor, diciendo: Rey vencedor,
escúchanos.
1. A Cristo que ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, pidámosle que todos los
cristianos sean siempre fieles a las promesas del bautismo que han renovado en esta noche
santa. Roguemos al Señor.
2. A Cristo que ha hecho renacer a los nuevos hijos de la Iglesia, engendrándolos por el agua y el
Espíritu Santo, pidámosle que afirme en ellos los dones que les ha concedido. Roguemos al
Señor.
3. A Cristo que ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle
por los que –por no creer en su triunfo– viven sin esperanza. Roguemos al Señor.
4. A Cristo que ha abierto las puertas de su Reino a los que gemían en el abismo y ha otorgado
la vida al hombre mortal, pidámosle por todos los que sufren. Roguemos al Señor.
5. A Cristo que anunció la alegría a las mujeres y a los apóstoles y –por medio de ellos al mundo
entero– pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo. Roguemos al Señor.
Señor Jesucristo, en esta fiesta gloriosa te pedimos que escuches nuestras plegarias y extiendas
tu diestra misericordiosa sobre este pueblo que tiene puesta toda su esperanza en tu
Resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Cuarta parte
RITO DE LA COMUNIÓN
Acabada la renovación de las promesas bautismales, el ministro se acerca al lugar donde se encuentra
reservada la Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una
genuflexión. Los fieles se ponen de rodillas y se entona un cántico eucarístico.
Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos
enseñó:
Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
En el Espíritu de Cristo resucitado, dense fraternalmente la paz.
A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de [Link]és toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
El pueblo responde:
Amén.
La asamblea responde:
Asamblea: Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.
ACTO PENITENCIAL
A continuación, el MESC con las manos juntas se dice la oración colecta del día.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que por medio de tu Unigénito,
vencedor de la muerte,
nos has abierto hoy las puertas de la vida eterna,
concede a quienes celebramos
la solemnidad de la resurrección del Señor
resucitar también en la luz de la vida eterna,
por la acción renovadora de tu Espíritu.
Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA DE LA PALABRA
Los lectores, de acuerdo a los textos que les corresponden proclamar, se dirigen al ambón y proclaman
las lecturas, que todos escuchan sentados.
PRIMERA LECTURA
Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 117
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de
Israel: "Su misericordia es eterna". R.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré
viviendo, para contar lo que el Señor ha hecho. R.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano
del Señor, es un milagro patente. R.
SEGUNDA LECTURA
Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo
Hermanos: Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está
Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de
la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste
Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua».
Rey vencedor,
apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
EVANGELIO
Él había de resucitar de entre los muertos
En este momento, el MESC realiza una reflexión con base en los textos bíblicos proclamados.
A continuación, todos de pie, hacen la proclamación del Credo, al terminar se realiza, si se cree
conveniente, la oración universal.
ORACIÓN UNIVERSAL
Llenos de gozo por la santa y gloriosa Resurrección del Señor, supliquémosle con insistencia
diciendo: Rey vencedor, escúchanos.
1. A Cristo, que ha sido constituido Cabeza de la Iglesia, pidámosle que conceda gozo y felicidad
a todos los fieles que celebran su triunfo. Roguemos al Señor.
2. A Cristo, que ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han
regresado al camino del bien, perseveren en sus buenos propósitos. Roguemos al Señor.
3. A Cristo, que ha inaugurado la resurrección universal, pidámosle que alegre el corazón de los
hombres que aún desconocen los frutos de su victoria. Roguemos al Señor.
4. A Cristo, que ha colmado de alegría a los pueblos y los ha enriquecido con sus dones,
pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran. Roguemos al Señor.
5. A Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha alegrado al mundo entero, pidámosle que nos
conceda la esperanza firme de compartir su triunfo y de resucitar con Él a una vida nueva.
Roguemos al Señor.
Señor Jesucristo, que en el cielo eres glorificado por los ángeles y los santos y en la tierra eres
enaltecido y adorado por tu Iglesia, te pedimos que extiendas tu diestra misericordiosa sobre
este pueblo que tiene puesta en ti toda su confianza. Tú, que vives y reinas, inmortal y glorioso,
por los siglos de los siglos.
RITO DE LA COMUNIÓN
Después de realizar un momento de adoración, todos se ponen de pie y el MESC inicia la oración
dominical, con las manos juntas, con estas u otras palabras parecidas:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha
dado, digamos con fe y esperanza:
y todos juntos prosiguen:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Luego, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas o palabras parecidas.
En el Espíritu de Cristo resucitado, dense fraternalmente la paz.
A continuación, el MESC hace una genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevada sobre
el copón, la muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade una vez:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El MESC comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después toma el copón, se acerca a los que
van a comulgar y elevando un poco la hostia, la muestra a cada uno y dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Mientras se distribuye la comunión, se puede entonar algún canto de comunión oportuno.
Terminada la distribución de la comunión, el MESC reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario.
Hace una genuflexión ante el sagrario y regresa a su lugar.
Se puede observar un breve tiempo de silencio.
Entonces, todos se ponen de pie y el MESC dice la oración después de la comunión.
RITOS CONCLUSIVOS
VIERNES SANTO
Vía Crucis
No hay que olvidar que este día, más que ser un día de luto, es un día de guardar de recogimiento en
espera de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es indispensable el ayuno en este día, en señal
de esa reserva que tenemos en nuestro corazón.
Por ser el Víacrucis una devoción no es necesario que el ministro dirija el Viacrucis, puede dirigirlo
algún otro miembro del equipo.
Si en la comunidad ya se tiene bien organizada esta devoción, el equipo de misioneros solo deberá
integrarse.
Saludo inicial.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén.
Acto de Contrición
Jesucristo, mi Dios y mi Salvador: yo me arrepiento de corazón de todos los pecados que he
cometido, porque con ellos ofendí a un dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar,
confío en que me perdonarás mis culpas y me llevarás a la vida eterna, porque eres bueno.
Asamblea: Amén.
Oración preparatoria
Señor mío Jesucristo que nos invitas a tomar la cruz y seguirte, caminando tú delante para
darnos ejemplo: danos tu luz y tu gracia al meditar en este vía crucis, tus pasos para saber y
querer seguirte. Madre dolorosa: inspíranos los sentimientos de amor conque acompañaste en
este camino de amargura a tu divino Hijo.
Asamblea: Amén.
Se procede a rezar el Vía Crucis como está indicado, u otro Viacrucis adecuado.
Lector:
Ante Pilato, que ostenta el poder, Jesús debía de haber obtenido justicia. Pilato tenía en efecto el poder
de reconocer la inocencia de Jesús y de liberarlo. Pero el gobernador romano prefiere servir la lógica
de sus intereses personales, y se somete a las presiones políticas y sociales. Condenó a un inocente
para agradar a la gente, sin secundar la verdad. Entregó a Jesús al suplicio de la cruz, aun sabiendo
que era inocente… antes de lavarse las manos.
En nuestro mundo contemporáneo, muchos son los «Pilato» que tienen en las manos los resortes del
poder y los usan al servicio de los más fuertes. Son muchos los que, débiles y viles ante estas
corrientes de poder, ponen su autoridad al servicio de la injusticia y pisotean la dignidad del hombre y
su derecho a la vida.
Señor Jesús, no permitas que seamos contados entre los injustos. No permitas que los fuertes se
complazcan en el mal, en la injusticia y en el despotismo. No permitas que la injusticia lleve a los
inocentes a la desesperación y a la muerte. Confírmales en la esperanza e ilumina la conciencia de
aquellos que tienen autoridad en este mundo, de modo que gobiernen con justicia. Amén.
Lector:
Jesucristo se encuentra ante unos soldados que creen tener todo el poder sobre él, mientras que él es
aquel por medio del cual «se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho» (Jn 1,3).
En todas las épocas, el hombre ha creído poder sustituir a Dios y determinar por sí mismo el bien y el
mal (cf. Gn 3,5), sin hacer referencia a su Creador y Salvador. Se ha creído omnipotente, capaz de
excluir a Dios de su propia vida y de la de sus semejantes, en nombre de la razón, el poder o el dinero.
También hoy el mundo se somete a realidades que buscan expulsar a Dios de la vida del mundo, como
el laicismo ciego que sofoca los valores de la fe y de la moral en nombre de una presunta defensa del
hombre; o el fundamentalismo violento que toma como pretexto la defensa de los valores religiosos
(cf. Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 29).
Señor Jesús, tú que has asumido la humillación y te has identificado con los débiles, te confiamos a
todos los hombres y a todos los pueblos humillados y que sufren, en especial los del atormentado
Oriente. Concédeles que obtengan de ti la fuerza para poder llevar contigo su cruz de esperanza.
Nosotros ponemos en tus manos todos aquellos que están extraviados, para que, gracias a ti,
encuentren la verdad y el amor. Amén.
Lector:
Pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo
saludable cayó sobre Él, sus cicatrices nos curaron.
Aquél que tiene las luminarias del cielo en la palma de su mano divina, y ante el cual tiemblan las
potencias celestes, cae por tierra sin protegerse bajo el pesado yugo de la cruz.
Aquél que ha traído la paz al mundo, herido por nuestros pecados, cae bajo el peso de nuestras culpas.
«Mirad, oh fieles, nuestro Salvador que avanza por la vía del Calvario. Oprimido por amargos
sufrimientos, las fuerzas le abandonan. Vamos a ver este increíble evento que sobrepasa nuestra
comprensión y es difícil de describir. Temblaron los fundamentos de la tierra y un miedo terrible se
apoderó de los que estaban allí cuando su Creador y Dios fue aplastado bajo el peso de la cruz y se
dejó conducir a la muerte por amor a toda la humanidad» (Liturgia caldea).
Señor Jesús, levántanos de nuestras caídas, reconduce nuestro espíritu extraviado a tu Verdad. No
permitas que la razón humana, que tú has creado para ti, se conforme con las verdades parciales de la
ciencia y de la tecnología sin intentar siquiera plantearse las preguntas fundamentales sobre el sentido
y la existencia (cf. Carta ap. Porta fidei, 12).
Concédenos, Señor, abrirnos a la acción de tu Santo Espíritu, de modo que nos conduzca a la plenitud
de la verdad. Amén.
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Éste ha sido puesto para que muchos en Israel caigan
y se levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma,
para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». Su madre conservaba
todo esto en su corazón.
Herido y sufriendo, llevando la cruz de todos los hombres, Jesús encuentra a su madre y, en su rostro,
a toda la humanidad.
María, Madre de Dios, ha sido la primera discípula del Maestro. Al acoger la palabra del ángel, ha
encontrado por primera vez al Verbo encarnado y se ha convertido en templo del Dios vivo. Lo ha
encontrado sin comprender cómo el Creador del cielo y de la tierra ha querido elegir a una joven, una
criatura frágil, para encarnarse en este mundo. Lo ha encontrado en una búsqueda constante de su
rostro, en el silencio del corazón y en la meditación de la Palabra. Creía ser ella quien lo buscaba,
pero, en realidad, era él quien la buscaba a ella.
Jesús sufre al ver a su madre afligida, y María viendo sufrir a su Hijo. Pero de este común sufrimiento
nace la nueva humanidad. «Paz a ti. Te suplicamos, oh Santa llena de gloria, siempre Virgen, Madre
de Dios, Madre de Cristo. Eleva nuestra oración a la presencia de tu amado Hijo para que perdone
nuestros pecados» (Theotokion del Orologion copto, Al-Aghbia 37).
Señor Jesús, también nosotros sentimos en nuestras familias los sufrimientos que los padres causan a
sus hijos y éstos a sus padres. Señor, haz que en estos tiempos difíciles nuestras familias sean lugar de
tu presencia, de modo que nuestros sufrimientos se transformen en alegría. Sé tú la fuerza de nuestras
familias y haz que sean oasis de amor, paz y serenidad, a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret.
Amén.
Lector:
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le
cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
El encuentro de Jesús con Simón de Cirene es un encuentro silencioso, una lección de vida: Dios no
quiere el sufrimiento y no acepta el mal. Lo mismo vale para el ser humano. Pero el sufrimiento,
acogido con fe, se trasforma en camino de salvación. Entonces lo aceptamos como Jesús, y ayudamos
a llevarlo como Simón de Cirene.
Señor Jesús, tú has hecho que el hombre tomara parte en llevar tu cruz. Nos has invitado a compartir
tu sufrimiento. Simón de Cirene es uno de nosotros, y nos enseña a aceptar la cruz que encontramos
en el camino de la vida.
Señor, siguiendo tu ejemplo, también nosotros llevamos hoy la cruz del sufrimiento y de la
enfermedad, pero la aceptamos porque tú estás con nosotros. Ésta nos puede encadenar a una silla,
pero no impedirnos soñar; puede apagar la mirada, pero no herir la conciencia; puede dejar sordos los
oídos, pero no impedirnos escuchar; atar la lengua, pero no apagar la sed de verdad. Puede adormecer
el alma, pero no robar la libertad.
Señor, queremos ser tus discípulos para llevar tu cruz todos los días; la llevaremos con alegría y con
esperanza para que tú la lleves con nosotros, porque tú has alcanzado para nosotros el triunfo sobre la
muerte.
Te damos gracias, Señor, por cada persona enferma y que sufre, que sabe ser testigo de tu amor, y por
cada «Simón de Cirene» que pones en nuestro camino. Amén.
Lector:
Señor Jesús, buscamos tu rostro. La Verónica nos recuerda que tú estás presente en cada persona que
sufre y que se dirige al Gólgota. Señor, haz que te encontremos en los pobres, en tus hermanos
pequeños, para enjugar las lágrimas de los que lloran, hacernos cargo de los que sufren y sostener a
los débiles.
Señor, tú nos enseñas que una persona herida y olvidada no pierde ni su valor ni su dignidad, y que
permanece como signo de tu presencia oculta en el mundo. Ayúdanos a lavar de su rostro las marcas
de la pobreza y la injusticia, de modo que tu imagen se revele y resplandezca en ella.
Oremos por todos los que buscan tu rostro y lo encuentran en quienes no tienen hogar, en los pobres,
en los niños expuestos a la violencia y a la explotación. Amén.
Lector:
Al verme se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza. Pero tú, Señor, no te quedes lejos, que el
peligro está cerca y nadie me socorre.
Jesús está solo bajo el peso interior y exterior de la cruz. En la caída es cuando el peso del mal se hace
demasiado grande, y parece que no hay límite para la injusticia y la violencia.
Pero él se levanta de nuevo apoyándose en la confianza que tiene en su Padre. Frente a los hombres
que lo han abandonado a su suerte, la fuerza del Espíritu lo levanta; lo une completamente a la
voluntad del Padre, la del amor que todo lo puede.
Señor Jesús, en tu segunda caída reconocemos tantas situaciones nuestras que parecen no tener salida.
Entre ellas, las causadas por los prejuicios y el odio, que endurece nuestro corazón y lleva a conflictos
religiosos.
Ilumina nuestras conciencias para que reconozcamos que, a pesar de «las divergencias humanas y
religiosas», «un destello de verdad ilumina a todos los hombres», llamados a caminar juntos –
respetando la libertad religiosa – hacia la verdad que sólo está en Dios. Así, las distintas religiones
podrán «unir sus esfuerzos para servir al bien común y contribuir al desarrollo de cada persona y a la
construcción de la sociedad» (Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 27-28).
Ven, Espíritu Santo, a consolar y fortalecer a los cristianos, en particular a los de Oriente Medio, de
modo que unidos a Cristo sean testigos de su amor universal en una tierra lacerada por la injusticia y
los conflictos. Amén.
Lector:
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por
él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y
por vuestros hijos».
En el camino hacia el Calvario, el Señor encuentra a las mujeres de Jerusalén. Ellas lloran por el
sufrimiento del Señor como si se tratase de un sufrimiento sin esperanza. Sólo ven en el madero de la
cruz un signo de maldición (cf. Dt 21,23), mientras que el Señor lo ha querido como medio de
Redención y de Salvación.
En la Pasión y Crucifixión, Jesús da su vida en rescate por muchos. Así dio alivio a los oprimidos bajo
el yugo y consuelo a los afligidos. Enjugó las lágrimas de las mujeres de Jerusalén y abrió sus ojos a
la verdad pascual.
Nuestro mundo está lleno de madres afligidas, de mujeres heridas en su dignidad, violentadas por las
discriminaciones, la injusticia y el sufrimiento (cf. Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 60). Oh
Cristo sufriente, sé su paz y el bálsamo de sus heridas.
Señor Jesús, con tu encarnación en María «bendita entre las mujeres» (Lc 1,42), has elevado la
dignidad de toda mujer. Con la Encarnación has unificado el género humano (cf. Ga 3,26-28).
Señor, que el deseo de nuestro corazón sea el de encontrarnos contigo. Que nuestro camino lleno de
sufrimiento sea siempre un itinerario de esperanza, contigo y hacia ti, que eres el refugio de nuestra
vida y nuestra Salvación. Amén.
Lector:
Lectura del la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 5, 14-15
Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo
murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por
ellos.
Por tercera vez, Jesús cae bajo la cruz cargado con nuestros pecados, y por tercera vez intenta alzarse
con todas las fuerzas que le quedan, para proseguir el camino hacia el Gólgota, evitando dejarse
aplastar y sucumbir a la tentación.
Desde su encarnación, Jesús lleva la cruz del sufrimiento humano y del pecado. Ha asumido la
naturaleza humana de forma plena y para siempre, mostrando a los hombres que la victoria es posible
y que el camino de la filiación divina está abierto.
Señor Jesús, la Iglesia, nacida de tu costado abierto, está oprimida bajo la cruz de las divisiones que
alejan a los cristianos unos de otros y de la unidad que tú quisiste para ellos; se han desviado de tu
deseo de «que todos sean uno» (Jn 17,21), como tú y el Padre. Esta cruz grava con todo su peso sobre
sus vidas y su testimonio común. Frente a las divisiones a las que nos enfrentamos, concédenos,
Señor, la sabiduría y la humildad, para levantarnos y avanzar por el camino de la unidad, en la verdad
y el amor, sin sucumbir a la tentación de recurrir sólo a los criterios que nacen de intereses personales
o sectarios (cf. Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 11).
Concédenos renunciar a la mentalidad de división «para no hacer ineficaz la cruz de Cristo» (1Co
1,17b). Amén.
Lector:
En la plenitud de los tiempos, Señor Jesús, has revestido nuestra humanidad; tú, de quien se dice: «La
orla de su manto llenaba el templo» (Is 6,1); ahora, caminas entre nosotros, y los que tocan la orla de
tus vestidos quedan curados. Pero has sido despojado también de este vestido, Señor. Te hemos
robado el manto, y tú nos has dado también la túnica (cf. Mt 5,40). Has permitido que el velo de tu
carne se rasgase para que fuésemos admitidos de nuevo a la presencia del Padre (cf. Hb 10,19-20).
Creíamos poder realizarnos nosotros mismos, independientemente de ti (cf. Gn 3,4-7). Nos hemos
encontrado desnudos, pero tu amor infinito nos ha revestido de la dignidad de hijos e hijas de Dios y
de tu gracia santificante.
Concede, Señor, a los hijos de las Iglesias orientales – despojados por diversas dificultades, a veces
incluso por la persecución, y debilitados por la emigración – el valor de permanecer en sus países para
anunciar la Buena Noticia.
Oh Jesús, Hijo del hombre, que te has despojado para revelarnos la nueva criatura resucitada de entre
los muertos, arranca en nosotros el velo que nos separa de Dios, y entreteje en nosotros tu presencia
divina.
Concédenos vencer el miedo frente a los sucesos de la vida que nos despojan y nos dejan desnudos, y
revestirnos del hombre nuevo de nuestro bautismo, para anunciar la Buena Noticia, proclamando que
eres el único Dios verdadero, que guía la historia. Amén.
Lector:
Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la
cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».
He aquí el Mesías esperado, colgado en el madero de la cruz entre dos malhechores. Las manos que
han bendecido a la humanidad están traspasadas. Los pies que han pisado nuestra tierra para anunciar
la Buena Noticia cuelgan entre el cielo y la tierra. Los ojos llenos de amor que, con una mirada, han
sanado a los enfermos y perdonado nuestros pecados ahora sólo miran al cielo.
Señor Jesús, tú has sido crucificado por nuestras culpas. Tú suplicas al Padre e intercedes por la
humanidad. Cada golpe del martillo resuena como un latido de tu corazón inmolado.
Qué hermosos en el monte Calvario los pies de quien anuncia la Buena Noticia de la Salvación. Tu
amor, Jesús, ha llenado el universo. Tus manos atravesadas son nuestro refugio en la angustia. Nos
acogen cada vez que el abismo del pecado nos amenaza y encontramos en tus llagas la salud y el
perdón.
Oh Jesús, te pedimos por todos los jóvenes que están oprimidos por la desesperación, por los jóvenes
víctimas de la droga, las sectas y las perversiones.
Líbralos de su esclavitud. Que levanten los ojos y acojan el Amor. Que descubran la felicidad en ti, y
sálvalos tú, Salvador nuestro. Amén
Lector:
Lectura del Evangelio según San Lucas 23,46
Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto,
expiró.
Desde lo alto de la cruz, un grito: grito de abandono en el momento de la muerte, grito de confianza
en medio del sufrimiento, grito del alumbramiento de una vida nueva. Colgado del Árbol de la Vida,
entregas el espíritu en manos del Padre, haciendo brotar la vida en abundancia y modelando la nueva
criatura. También nosotros afrontamos hoy los desafíos de este mundo: sentimos que las olas de las
preocupaciones nos sumergen y hacen vacilar nuestra confianza. Concédenos, Señor, la fuerza de
saber en nuestro interior que ninguna muerte nos vencerá, hasta que reposemos entre tus manos que
nos han formado y nos acompañan.
Hoy oramos para que todos aquellos que promueven el aborto tomen conciencia de que el amor sólo
puede ser fuente de vida. También por los defensores de la eutanasia y por aquellos que promueven
técnicas y procedimientos que ponen en peligro la vida humana. Abre sus corazones, para que te
conozcan en la verdad, para que se comprometan en la edificación de la civilización de la vida y del
amor. Amén.
Lector:
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a
tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».
Señor Jesús, aquellos que te aman permanecen junto a ti y conservan la fe. Su fe no decae en la hora
de la agonía y de la muerte, cuando el mundo cree que el mal triunfa y que la voz de la verdad y del
amor, de la justicia y de la paz calla.
Oh María, entre tus manos nosotros ponemos nuestra tierra. «Qué triste es ver a esta tierra bendita
sufrir en sus hijos, que se desgarran con saña y mueren» (Exhort. ap. Ecclesia in Medio Oriente, 8).
Parece como si nada pudiera suprimir el mal, el terrorismo, el homicidio y el odio. «Ante la cruz sobre
la que tu hijo extendió sus manos inmaculadas por nuestra salvación, oh Virgen, nos postramos en este
día: concédenos la paz» (Liturgia bizantina).
Oremos por las víctimas de las guerras y la violencia que devastan en nuestro tiempo varios países de
Oriente Medio, así como otras partes del mundo. Oremos para que los refugiados y los emigrantes
forzosos puedan volver lo antes posible a sus casas y sus tierras. Haz, Señor, que la sangre de las
víctimas inocentes sea semilla de un nuevo Oriente más fraterno, pacífico y justo, y que este Oriente
recupere el esplendor de su vocación de ser cuna de la civilización y de los valores espirituales y
humanos.
Lector:
Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura
de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se
acostumbra a enterrar entre los judíos.
Nicodemo recibe el cuerpo de Cristo, se hace cargo de él y lo pone en el sepulcro, en un jardín que
recuerda el de la creación. Jesús se deja enterrar como se dejó crucificar, con el mismo abandono,
completamente «entregado» en las manos de los hombres y «perfectamente unido» a ellos «hasta el
sueño bajo la lápida de la tumba» (S. Gregorio de Narek).
Aceptar las dificultades, los sucesos dolorosos, la muerte, exige una esperanza firme, una fe viva.
La piedra puesta a la entrada de la tumba será removida y una nueva vida surgirá.
En efecto, «por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo
resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida
nueva» (Rm 6,4).
Hemos recibido la libertad de los hijos de Dios para no volver a la esclavitud; se nos ha dado la vida
en abundancia, no podemos conformarnos ya con una vida carente de belleza y significado.
Señor Jesús, haz de nosotros hijos de la luz que no temen las tinieblas. Te pedimos hoy por todos los
que buscan el sentido de la vida y por los que han perdido la esperanza, para que crean en tu victoria
sobre el pecado y la muerte. Amén.
Oración final
Señor, hemos llegado al final de este camino doloroso que tu recorriste. No sabemos, Señor, si
admirar más tus dolores o el grande amor que has tenido por nosotros los hombres. Tu nos conoces,
sabes cómo somos, tú conoces el camino que llevamos recorrido, tú ves nuestros esfuerzos por querer
el bien a pesar de nuestras debilidades, sólo queremos decirte una cosa: En nuestro vía crucis
necesitamos contar contigo, queremos ser fieles a la voluntad de Dios sobre cada uno de nosotros,
aceptamos las alegrías y las cruces que nos ofreces, pero bien sabes que solos nada podemos. Señor,
queremos que tú cuentes con nosotros, pero sobre todas las cosas queremos contar contigo, señor. Y
queremos recordar las palabras de tu evangelio: "no busquen entre los muertos al que está vivo". No
busquemos en el pasado lo que debemos construir para el futuro. Te lo pedimos por los dolores de tu
pasión y muerte.
Asamblea: Amén.
Al terminar el Viacrucis se puede hacer la meditación de las siete palabras de Jesús en la capilla
PÉSAME A LA VIRGEN
OPCIÓN 1. ROSARIO
Se reza el Santísimo Rosario como de costumbre, meditando en los misterios Dolorosos, y después de
las Letanías a la Santísima Virgen, se hace la siguiente oración para finalizar el rezo del Santo
Rosario.
Madre purísima, es inmenso tu dolor, y profunda la pena que nuestros corazones sienten por ello; sin
embargo, yo diría, que aún hallabas algún consuelo, sosteniendo tan tiernamente a tu hijo muerto. ¡Oh
Señora pura y tierna!, quisiera que en estos momentos depositaras espiritualmente a tu tierno Hijo
sobre mis rodillas, para que viéndolo muerto experimente, en cuanto me sea posible, por la meditación
y contemplación, lo que tu sentiste en realidad... Madre purísima, mi alma permanece cerca de ti en la
tristeza y la compasión. En mi contemplación te acompaño con fervor, alabanza y agradecimiento,
cuando vuelves del sepulcro a tu casa, por la puerta de la ciudad santa; asimismo deseo, ¡Oh Madre,
tierna y pura!, que, a mi alma, al partir de este momento, la conduzcas a la patria, segura de su
felicidad eterna.
Acompañemos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo amado. Ha
presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta
una gran esperanza sostenida por la fe.
CANTO
María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para
nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.
Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos del dolor, en los
sufrimientos diarios y pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así
unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella y comprendamos que en el dolor, somos más parecidos
a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.
1. La Cruz
Madre llena de dolor, aquí tienes la cruz de tu Hijo, mírala, se parece a aquel pesebre, allá en Belén.
Ése que quedó guardado en tu corazón. ¿Te acuerdas? Allí reposaba tu divino Hijo, tu pequeño niño,
que cerraba sus ojos vencido por el sueño. Esta cruz acogió a tu Hijo, lo abrazó amorosamente con sus
brazos de madera, en ella cerró sus ojos vencido por la muerte. De sus brazos pasó a los tuyos, como
cuando era niño, allá en Belén. Aquí tienes su cruz... ¡y tu cruz!
2. Las monedas
¿Cuánto cuesta tu Hijo, Señora? Es el Hijo de Dios, Dios Él mismo, su valor es infinito, vale lo que la
tierra toda, vale el sol y la luna. Vale todas las estrellas, vale más que el universo entero. Pero, para ti,
vale más porque es tu Hijo. Aquí están las treinta monedas, la plata pagada a Judas, el precio de Jesús.
Treinta monedas por la sangre de tu Hijo, ¡pagamos demasiado: Él nos la da gratis!
Jaculatoria: Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Avemaría
CANTO
3. El gallo
Los amigos de tu Hijo somos tus Hijos, así son ustedes, las mamás: tienen amor de sobra, alcanza para
todos. Pedro es amigo de tu Hijo, es su buena compañía, es un hombre bueno, pero... ¡negó a tu Hijo!,
¡negó a su amigo! Perdónalo, Señora, y perdónanos a nosotros, los amigos de tu Hijo, tus Hijos
también. Perdónanos porque nos avergonzamos de tu Hijo ¡y lo negamos! Tres veces, muchas veces
antes de que cante el gallo.
4. El látigo
Pilatos mandó azotar a tu Hijo. No lo hizo por maldad. Él quería la compasión del pueblo. Quería
salvar a tu Hijo... ¡y lo mandó azotar! Lo cubrió con un manto de sangre y así, con tan regio vestido,
lo presentó a la chusma: ¡Ecce Homo! (Se pronuncia Ecche omo) ¡He aquí el Hombre! Y aquel
hombre era Jesús, aquel hombre era tu Hijo, varón de dolores, Hijo de la Dolorosa. ¿Se condolió la
turba? ¡No! pidieron más, pidieron la muerte, la muerte de tu Hijo.
CANTO
5. La corona
Dios te salve, reina y madre... así te decimos tus Hijos. Reina porque eres madre, la madre de Jesús, el
rey del universo. Tú eres la reina madre. Aquí está la corona de tu Hijo. La única corona que lució.
Nosotros se la dimos, nosotros lo coronamos como rey de burlas. Mírala, madre, es la obra maestra de
la crueldad, cuidadosamente trenzada con espinas escogidas. No son rubíes, Señora, no lo son; es la
sangre de tu Hijo que la hace más preciosa. Es su corona y tu corona.
6. La caña
Los humanos somos crueles, hacemos leña del árbol caído. Los soldados romanos no se conformaron
con azotar a Jesús; lo vistieron con un manto púrpura, le pusieron una corona de espinas y le dieron
un cetro: esta caña del campo. La arrebataron de sus manos y con ella golpearon su cabeza. ¡Su
cabeza coronada de espinas! Y reían. Encontraban gracioso el dolor de Cristo y se burlaban de Él:
“¡Salve, rey de los judíos!”. Aquí está el cetro de tu Hijo, madre llena de dolor, es signo de su nobleza
y de nuestra crueldad. Que tu Hijo rey, manso y humilde, nos ayude a comprender el dolor de los
hermanos.
CANTO
7. El aguamanil de Pilatos
Pilatos es un hombre justo, pero también es amigo del César, y entre la justicia y la política,
Pilatos escogió la política, ¡y se lavó las manos!. “Soy inocente de la sangre de este justo”, gritó muy
claro, y él así lo creyó: se quedó con las manos limpias y el corazón manchado. También nosotros,
Madre de Jesús, hacemos componendas con la vida para quedar bien parados, aunque sufra el
inocente. No somos inocentes de la sangre de Jesús; que caiga, redentora, sobre nuestras cabezas y las
de nuestros Hijos.
8. El velo de la Verónica
Aquí está la imagen de tu Hijo, ¿lo reconoces?, quedó su rostro impreso en el velo de la Verónica;
pero quedó mejor grabado en su propia alma. Aquí está el lienzo de mi alma, no es un velo blanco y
limpio, en Él han quedado impresos todos mis pecados, todos mis desamores. Pero allí está el rostro
de Jesús, resaltando sobre el pecado, rostro doloroso, tan dolorido como mi alma. ¿Reconoces su
rostro impreso en mi alma?
CANTO
9. Los dados
¿Te acuerdas cuando envolvías en blancos pañales a tu Hijo niño, allá en Belén? ¿Te acuerdas cuando
lavabas sus ropas infantiles después de sus juegos?, ¿te acuerdas cuando remendabas su ropa de
hombre gastada por el trabajo? Dicen que tú misma le hacías su ropa. A los soldados les gustó su
ropa, y decidieron no cortar aquella preciosa túnica que tú le hiciste. Se la jugaron a los dados. ¡Qué
suerte la del soldado que la ganó a los dados! También nosotros queremos la túnica blanca de tu Hijo,
pero no necesitamos los dados; nosotros tenemos la suerte de haberla gratis ganado en nuestro
Bautismo. Cuida nuestra gracia, Madre de la Divina Gracia.
10. Los clavos
¿Te acuerdas, Señora? José le enseñó a Jesús a ser un buen carpintero. Carpintero Jesús, Hijo del
carpintero. Dicen los pintores que, ya de niño, labraba pequeñas cruces con sus propias manos. Cómo
ama la Cruz Jesús el carpintero, la ama tanto que se abraza a ella y, para no perderla, se deja clavar a
ella. Estos clavos son el amor de Cristo, amor que salva, redentor amor.
12. La esponja
“Tengo Sed”, murmuró Jesús, allá, en lo alto de su cruz. Los soldados ya lo sabían. Los crucificados
siempre tienen sed. Sacaron una esponja, la empaparon en vinagre, la ataron a una caña y la acercaron
a los labios del crucificado. ¿Crueldad?; ¡No! Era tan sólo humanidad. Aquel vinagre calmaba la sed
de Cristo. Bendita esponja, signo de la compasión, alivio de la sed. Tu Hijo, María, tiene sed. Sed de
mí, sed de nosotros. ¡Cómo nos gustaría ser agua fresca, agua limpia y pura, para calmar su divina
sed!
CANTO
13. La lanza
Longinos, se llamaba, así nos lo dice la tradición; era el soldado de la lanza, el del golpe de gracia.
Dicen que había perdido un ojo, trofeo de guerra, y que la sangre de Jesús, desde su corazón herido,
salpicó el ojo muerto y, donde había oscuridad, se hizo la luz. ¡Sangre generosa de Jesús que sana a
quien le hiere! Del corazón traspasado brotó sangre y agua. Corazón misericordioso del Señor de la
Misericordia. Aquí está la lanza, Señora, ella no mató a tu Hijo, ya estaba muerto aquel a quien
traspasaron para que nosotros lo miráramos y quedáramos sanados. Santa Madre Dolorosa, perdona
lo que hicimos con tu Hijo; enséñanos a pagar con nuestro amor lo que nuestro desamor hizo.
ORACIÓN
Madre de Jesús y madre nuestra, la noche avanza cubriendo el cuerpo muerto de tu Hijo, negra
mortaja que lo oculta a los ojos de los hombres. La tumba ha sido sellada, ha vuelto al seno de la tierra
el que nos creó de ella. Es noche. La oscuridad cubre la tierra. No hay luz. Pero en tu corazón sí la
hay. En tu corazón es de día porque la luz de tu Hijo lo ilumina. Esa luz brillará gloriosa al amanecer
de su primer día, el día del Señor por excelencia cuando Él vuelva a la vida venciendo a la señora de
la noche. Santa María del Consuelo, consuélanos en nuestra espera.
M. Ahora hermanos, oremos juntos a Dios nuestro Padre, con la oración que nuestro Señor
Jesucristo nos enseñó:
M. Padre Nuestro, que estás en el cielo…
El ministro distribuye la comunión a/los enfermos. Una vez terminado esto, el ministro debe consumir
las formas sobrantes, en caso de no sobrar ninguna, el ministro debe consumir las partículas de la
Eucaristía.
M. Oremos: Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Te suplicamos con viva fe, que el
santísimo cuerpo de tu Hijo Jesucristo que nuestro/a hermano/a ha recibido, le sirva para bien
de su alma y de su cuerpo, y como remedio para alcanzar la Vida Eterna. Por Jesucristo nuestro
Señor.
A. Amén.