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Construyendo la Identidad en Adolescencia

Este documento discute el concepto de identidad personal y cómo se construye a lo largo de la vida. Explica que la identidad se refiere a cómo nos vemos a nosotros mismos y a qué grupos pertenecemos, y que se basa en valores culturales integrados con nuestras experiencias individuales. También describe la adolescencia como un período crucial para la formación de la identidad, en el que los jóvenes exploran roles para encontrar su lugar en la sociedad. Finalmente, presenta los cuatro estatus de identidad de Marcia en función del grado de expl

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Construyendo la Identidad en Adolescencia

Este documento discute el concepto de identidad personal y cómo se construye a lo largo de la vida. Explica que la identidad se refiere a cómo nos vemos a nosotros mismos y a qué grupos pertenecemos, y que se basa en valores culturales integrados con nuestras experiencias individuales. También describe la adolescencia como un período crucial para la formación de la identidad, en el que los jóvenes exploran roles para encontrar su lugar en la sociedad. Finalmente, presenta los cuatro estatus de identidad de Marcia en función del grado de expl

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“Decir la Verdad y hacer el Bien”

“la vida es un regalo de Dios”


AGRADECE, COMPARTE Y PROYECTA

VIVO MI CULTURA Y SIGO CONSTRUYENDO MI IDENTIDAD


En psicología el concepto de identidad personal se refiere al sentido que damos a nuestro
propio ser único, diferente a los demás y continuo en el tiempo. Es el guion mental que
hacemos cada persona de los valores y comportamientos que nos ha transmitido nuestra
cultura, integrándolos conforme a nuestras características individuales y nuestra experiencia
social. Es decir, la idea que tenemos de nuestra individualidad y de nuestra pertenencia a
ciertos grupos.
La función de la identidad es mantener nuestro equilibrio psíquico mediante dos
acciones: darnos una valoración positiva de nosotros mismos, y adaptarnos al entorno en el
que vivimos. La primera función busca llegar a sentirnos una persona valiosa con capacidad
para actuar ante los diferentes sucesos y elementos. La segunda función permite modificar
ciertos rasgos de nuestra identidad para poder integrarnos en un nuevo entorno.
La identidad como construcción psicológica
Para los filósofos John Locke (1632-1704) y David Hume (1711-1776) la identidad es la relación
entre la memoria y las diferentes vivencias presentes y pasadas. Entonces la identidad no es
un Yo como sustancia real, como propiedad natural, sino una mera construcción de la
memoria.
La psicología actual asume de forma sustancial esta idea cuando habla de crisis de identidad,
cuya consecuencia sería la debilidad o inconsistencia de esa construcción.
Así como el DNI (Documento Nacional de Identidad) define ciertos rasgos específicos del
individuo (sexo, edad, nacionalidad), la identidad la solemos basar en un conjunto de rasgos
individuales (estado civil, empleo, aficiones…) pero también grupales (cultura, religión, normas
sociales).
La noción de identidad (individual y colectiva) alcanzó gran interés a mediados del siglo XX
como resultado de los profundos cambios sociales y culturales. La sociedad occidental ha
evolucionado de una forma de vivir en comunidad (unión de individuos por un interés común)
a otra en la que se centra en el individuo, ocasionando efectos sociales y psicológicos.
Después de la Segunda Guerra Mundial el concepto de identidad cobró importancia gracias al
psicoanalista estadounidense Erik Erikson (1902-1994). En su libro Infancia y sociedad,
publicado en 1950, descubre la importancia que tienen los roles sociales y la pertenencia al
grupo en la formación de la identidad personal.
Según Erikson, cuando logramos acomodar adecuadamente el autoconcepto (concepto de sí
mismo) que cada uno tenemos con los roles sociales que conseguimos realizar, podemos
experimentar un sentimiento íntimo de identidad al interiorizar una progresión continua entre
nuestra infancia superada, nuestro presente realizado y lo que creemos poder alcanzar en el
futuro.
La adolescencia, el período de búsqueda de sí mismo
Entre los estudiosos sobre los cambios que ocurren en el ser humano durante su ciclo vital, hay
un amplio consenso en que la adolescencia es un período clave en el proceso de formación de
la identidad. Esta etapa comienza con la pubertad, donde se desencadena una sucesión de
cambios físicos y hormonales que provocan a su vez transformaciones psicológicas y sociales.
El/la adolescente se verá obligado a adaptarse a su nueva imagen y lograr aceptarla (a veces
con dificultad).
“Decir la Verdad y hacer el Bien”
“la vida es un regalo de Dios”
AGRADECE, COMPARTE Y PROYECTA

La adolescencia es una transición evolutiva, que pasa de una existencia infantil y protegida


hacia la madurez física, sexual y psicosocial de la vida adulta. Es el momento donde el/la joven
necesita situarse en la comunidad en la que vive, cuya tarea primordial es alcanzar una
identidad que le permita llegar a ser una persona relevante para la sociedad. El
adolescente ambiciona ser el mejor en algún ámbito y recibir el aprecio de los demás, es una
etapa donde brota el miedo a no destacar y a hacer el ridículo.
Los estatus de identidad de Marcia
El psicólogo James E. Marcia introduce cuatro estatus de identidad en
función del grado de exploración y compromiso que tenga el adolescente
durante su proceso de construcción de la identidad (Marcia y cols., 1993):
a) Identidad difusa: en este estatus el adolescente no ha explorado
entre diferentes alternativas para encontrar una identidad, ni se ha
comprometido con ninguna ocupación vocacional ni con un sistema
de creencias (ideología).
b) Identidad hipotecada: el adolescente con esta identidad ha asumido un compromiso
sin búsqueda o exploración significativa, adoptando los roles y valores aprendidos
durante su infancia (generalmente de los padres). Es decir, no ha experimentado
ninguna crisis de identidad.
c) Identidad moratoria: en este caso el adolescente explora de forma activa buscando su
identidad, pero sin adquirir compromisos claros. Necesita tiempo para encontrar unos
roles sociales aceptables, así como rebelarse y cuestionar los valores familiares para no
sentir que tiene una identidad hipotecada. Esta fase se caracteriza por continuas crisis
y suele ser previa a la identidad alcanzada.
d) Identidad alcanzada: cuando el adolescente ha superado la fase moratoria con sus
crisis y finalizado el período de exploración, y además asume una serie de
compromisos más o menos firmes y estables, logra una identidad madura, individual y
coherente.
Según diversos autores la identidad no se forma necesariamente mediante una secuencia
temporal de transiciones o etapas fijas, ni tampoco hay una meta final. Parece
que construimos nuestra identidad personal a distintos ritmos en los diferentes contextos: los
‘interpersonales’ (relaciones familiares e íntimas) y los ‘ideológicos’ (política, religión,
profesión…).
Haber desarrollado una identidad profesional muy avanzada no equivale a tener el mismo
desarrollo en las relaciones personales, por ejemplo.
Además, en la sociedad occidental, la superación de la adolescencia no tiene un límite preciso;
se refiere sobre todo al momento en que una persona asume sus propias responsabilidades
sociales, acepta su rol profesional e interactúa de forma madura con sus vecinos.

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