0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas11 páginas

Autoridad y Inspiración de la Biblia

El documento discute la autoridad de las Escrituras según la Biblia. Indica que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento afirman que Dios es la fuente del mensaje bíblico. Jesús y los apóstoles aceptaron la inspiración y autoridad tanto del mensaje oral como del registro escrito en la Biblia. La Biblia misma reclama ser la Palabra autorizada de Dios y la regla suprema para la fe y vida cristiana.

Cargado por

Ruben Santy
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas11 páginas

Autoridad y Inspiración de la Biblia

El documento discute la autoridad de las Escrituras según la Biblia. Indica que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento afirman que Dios es la fuente del mensaje bíblico. Jesús y los apóstoles aceptaron la inspiración y autoridad tanto del mensaje oral como del registro escrito en la Biblia. La Biblia misma reclama ser la Palabra autorizada de Dios y la regla suprema para la fe y vida cristiana.

Cargado por

Ruben Santy
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

LA AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS


(lectura Nuevo Comentario Bíblico, pags. 11-18)

EL TESTIMONIO BÍBLICO
Nuestro pensamiento acerca de la autoridad y la inspiración de las Sagradas Escrituras
debe partir del hecho de que la Biblia misma asume en todas partes, que ella es un mensaje dado
directamente por Dios mismo. En esta primera sección, nuestra tarea principal debe ser la de
substanciar el hecho y comentar sus implicaciones. Pero una pregunta preliminar debe
contestarse primero Cuando aseverarnos la autoridad singular de la Biblia, ¿es legítimo apelar al
propio testimonio de la Biblia en apoyo de esa aseveración? ¿No es acaso una forma muy
afrentosa el hacer que la Biblia misma sea el primer y final arbitro en su propio caso? ¿No
somos culpables de presuponer la cosa misma que se nos pide substanciar?
La respuesta a esta pregunta es, desde luego, que nosotros no vamos a la Biblia en busca
de prueba sirio de información. Se pueden avanzar argumentos racionales a favor de la
autoridad única de las Escrituras, pero, en último análisis, nosotros aceptamos esa autoridad por
fe. La aceptamos únicamente hasta el punto en que la Biblia misma la requiere. En otras
palabras, es únicamente en cuanto a que la inspiración y la autenticidad del registro son una
parte (necesaria) de la revelación, que nosotros confesamos a la Biblia como la regla suprema
de fe y vida. Si la Biblia no hiciera ese reclamo, nosotros no seríamos llamados a creerlo.
Tampoco podríamos tener una confianza general en la enseñanza de las Escrituras. Pero si la
Biblia se presenta ante nosotros como la Palabra autorizada de Dios, la Palabra que de sí misma
reclama autoridad, entonces es como tal que nosotros debemos aceptarla, recibiendo esa Palabra
y la autoridad de esa Palabra, o resistiéndola.
¿Hace la Biblia semejante afirmación de autoridad? Si la hace, ¿qué implica esa
aseveración? En relación con la primera pregunta, la respuesta es tan vasta que nuestra difi -
cultad principal es la comprensión. En el AT como en el NT, el reclamo a una autoridad más
que humana está en todas partes implícito, y en muchos lugares encuentra expresión directa y
abierta. Se afirma, e.g., que Moisés recibió de Dios tanto la ley moral como también
mandamientos más detallados, extendiéndose aun a los arreglos para el Tabernáculo. Los
profetas sostuvieron que ellos no estaban hablando sus propias palabras, sino el mensaje que
Dios mismo les había dado. El Señor Jesucristo habló con autoridad porque era consciente de
que hablaba no meramente como el Maestro histórico, sino como el Hijo eterno. Los apóstoles
no tuvieron duda alguna de la autoridad de sus pronunciamientos, ora estuviesen citando a
nuestro Señor o desarrollando el mensaje cristiano bajo la guía del Espíritu que había sido
derramado sobre ellos.
Pudiera objetarse que en la mayoría de estos casos el reclamo de autoridad se hace
únicamente a favor del mensaje entregado, y no a favor del registro escrito en el cual ese
mensaje nos ha sido transmitido a nosotros. Asi pueden muy bien ser cierto el que los profetas o
Cristo Jesús hablaron cotí autoridad divina, pero algunas veces tenernos sus palabras
únicamente de segunda mano El hecho de que se reclama para ellos inspiración, no significa
que se reclame inspira don para quienes compilaron el registro de su actividad y enseñanza. Si
esto es así, no hay garantía de que lo que está escrito en la Biblia es un relato verbal o exacto del
mensaje que fue realmente entregado.
Contra esta objeción podemos presentar el hecho de que en el NT especialmente, y con
referencia al AT, se reclama autoridad definitiva a favor de la palabra escrita de la Biblia, Este
punto emerge claramente en muchas partes de la enseñanza de nuestro Señor mismo. Asi le
responde él al tentador tres veces con la frase “Asi está escrito”. En el monte de la
transfiguración les dice a sus discípulos que está escrito que el Hijo del hombre debía sufrir
muchas cosas y ser crucificado. A los judíos que escudriñaban las Escrituras les dice que 'ellas
son las que dan testimonio de mí". Después de la resurrección Cristo les interpretó a los
discípulos en todas las Escrituras las cosas concernientes a él, mostrándoles que todas las cosas
debían cumplirse; lo que "está escrito acerca de mí en la ley de Moisés y en los profetas y en los
salmos. Estas y otras declaraciones similares hacen muy claro que Jesús mismo aceptó la
2

inspiración y la autoridad de la Palabra escrita, especialmente en cuanto a que ella daba


testimonio profético de su propia muerte y resurrección. Resulta igualmente claro de versículos
como Jn. 14:26; 16:13, que él esperaba y prometió una inspiración similar en el caso del
testimonio apostólico que todavía estaba por darse.
Cuando venimos a los apóstoles, hallamos que su testimonio acerca de la autoridad
divina de la Biblia es igualmente claro. En todos los Evangelios se pone un énfasis muy grande
sobre las predicciones inspiradas de la obra y la persona de Cristo. El apóstol Pablo cita
extensamente del AT, y su predicación a su propio pueblo es principalmente un intento por
demostrar el mesianismo de Jesús a la luz de la historia y la profecía del AT. La declaración de
2 Ti. 3:16 resume toda la actitud de Pablo Cualquiera sea la traducción que adoptemos, resulta
claro que en el v. 15 el Apóstol tiene el AT en mente, y que piensa en él como peculiarmente
inspirado por Dios. Los otros escritores apostólicos citan con igual frecuencia del AT, y en 2
Pedro se da abiertamente un testimonio a favor de la inspiración de la Biblia, de una manera
muy similar a la que aparece en 2 Timoteo
En 2 Pd 1:21 la palabra protética la rastrea atrás hasta su autor último en Dios, el
Espíritu Santo: "Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos
hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. De nuevo, en 2 Pedro 3:16
parece que hay otra alusión a la Biblia escrita como una palabra autorizada a la cual uno debe
acercarse con reverencia y humildad. El segundo de estos versículos es particularmente
interesante en cuanto a que iguala las epístolas de Pablo con las otras Escrituras, un muy claro
indicio de que los autores apostólicos estaban conscientes de agregar al canon autorizado del
AT y de completarlo.
Repasando la evidencia, podemos conceder que los pasajes que tratan directamente de
la inspiración de las Escrituras son pocos en número, y que no hay aseveración en particular
respecto a la posición o autoridad de cada libro individual. Por el otro lado, podemos notar que,
con excepción de Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares, Abdías, Nahum y Sofonías, en
el NT aparecen citas directas de todos los libros del AT; y cuando tenemos en cuenta la actitud
del NT hacia tales citas, es muy poca la duda que puede haber de que el “Así dice el Señor” de
los profetas, fue tomado para aplicarlo a los registros de la actividad profética, tanto como a las
palabras orales pronunciadas en esta o aquella ocasión específica. Se trató a la palabra escrita
como la forma inspirada y autorizada en la cual el contenido de la revelación divina había sido
expresado y transmitido.
Cuando preguntamos acerca de las implicaciones de este testimonio, varios puntos
importantes emergen. Primero, se puede notar que no se introduce ninguna teoría específica de
inspiración. De los dos textos, Jn, 14:26 y 2 Pedro 1:21, parece que hay una actividad doble: la
del autor humano, por un lado, y la del Espíritu inspirador y dominante por el otro. De cierto
que no hay duda en cuanto a la iniciativa y supremacía finales del Espíritu. Pero tampoco hay
sugerencia de la eliminación de la personalidad e individualidad del autor humano. También
podemos notar que la inspiración se ve particularmente en la intuición de los escritores del AT
de la actividad futura de Dios. A no dudarlo, el profeta era uno que predecía el futuro; pero la
prueba final de su profecía estaba en la corrección de su intuición del futuro divinamente
dirigido, y eso significaba necesariamente predicción. Aun en el AT mismo, el profeta que
predecía incorrectamente era desacreditado, y en el NT el valor principal del AT es el
testimonio profético acerca de Cristo Jesús. Si es cierto que ese testimonio apoya el reclamo
mesiánico de Jesús, también es cierto que la obra mesiánica de Jesús vindica el reclamo
profético del AT. Una proporción muy grande de las citas del AT tiene que ver con las varias
formas de ese testimonio profético.
Un tercer punto es que el marco histórico del AT es aceptado en todas partes como
auténtico. Nuestro Señor, por ejemplo, no pone en tela de juicio la conexión de Moisés con la
Ley, o la paternidad literaria de David respecto del Salmo 110. Los apóstoles aceptan todos los
eventos principales de la historia del AT, desde Adán y la Caída (1 Ti. 2:13, 14) hasta el cruce
del mar Rojo (1 Co. 10:1), los incidentes de Balaam (2 P. 2:16), la caída de Jericó (He. 11:32) y
los milagros de Elías (Stg. 5:17). Frente a este claro testimonio, se ha hecho la sugerencia de
que nuestro Señor y los apóstoles simplemente compartieron las suposiciones de su época e
hicieron uso de los acontecimientos históricos únicamente como ilustración de su teología.
3

Ciertamente que no se puede negar que, en el NT, la creencia en la autoridad del AT abarca una
aceptación de su verdad histórica tanto como de su verdad religiosa o doctrinal. Es de valor
recordar también, que si esa aceptación significa aceptación del dominio y la intervención
sobrenaturales del Dios todopoderoso, en ninguna parte tenernos un ejemplo más claro y
decisivo de semejante intervención y dominio que en los hechos centrales del evangelio
cristiano, la vida, muerte y resurrección de Cristo Jesús.
Algunas veces se llama la atención hacia la libertad aparente, aun arbitrariedad del NT
en sus citas que hace del AT Por un lado, se hace un uso común de la versión griega o
Septuaginta (Versión de los Setenta) y en ocasiones esto envuelve divergencias muy extensas
del hebreo masorético. Por el otro lado, con frecuencia a versículos del AT se les refiere
proféticamente a Cristo, cuando su aplicación original parece ser enteramente diferente La
deducción es que esta libertad sugiere un concepto mucho más elástico de la inspiración, que el
concepto tradicionalmente asociado con la Biblia y sus autores. Pero los siguientes puntos
deben recordarse. En relación con la LXX. es muy posible que en muchos casos la versión
griega dé un relato mas fiel y coherente del original que el texto masorético. También, el
objetivo principal en una traducción es transmitir el sentido verdadero más bien que proveer las
palabras equivalentes con exactitud. En vista de las inevitables diferencias en estructura y
procedencia lingüísticas, esto significa que una traducción más libre, con frecuencia es más
exacta que una traducción literal. En la LXX los autores del NT tuvieron una traducción
cuidadosamente sopesada y de estable posición, con la cual muchos de sus lectores ya estaban
familiarizados. Otro punto es que, en algunos casos, el Espíritu Santo puede haber usado la
LXX para hacer relucir nuevos aspectos de la verdad divina, o para hacer una aplicación más
vigorosa. Por supuesto que donde es necesario, se le podía atribuir importancia aun a los más
pequeños detalles del texto original (cf. Gá 3:16).
El problema de los testimonios protéticos no es menos serio, porque aquí el significado
y la aplicación totales parecen haber cambiado A decir verdad se sugiere que los versículos han
sido ora consciente ora inconscientemente mal aplicados en la búsqueda de pruebas detalladas
de la profecía del mesianismo de Cristo. A primera vista, la sugerencia parece ser
suficientemente razonable, porque en su contexto original muchos de los versículos no parecen
tener ni siquiera la más ligera referencia mesiánica. Pero aun cuando es una colección de
escritos, la Biblia es un solo libro, y eso quiere decir que hay un contexto más grande así como
uno inmediato. Al fin de cuentas, toda la historia de Israel se concentra y se cumple únicamente
en el verdadero israelita, y a través de toda esa historia se pueden observar las mismas normas
de actividad divina. Detrás de la referencia aparentemente artificial a Raquel en Mt. 2, e.g., hay
un movimiento de agresión, muerte y exilio que ocurre constantemente. Tomados meramente
como textos de prueba, las citas pudieran no ser convincentes, pero en el más amplio contexto
del propósito y la actividad divinos, ellos nos introducen a tipos y normas de los cuales la
historia de Cristo Jesús es el verdadero cumplimiento.
Desde luego que debemos tener el cuidado de no leer en la autoatestiguación de las
Escrituras más de lo que hay allí realmente. Con relación a la paternidad literaria y a las fechas,
e.g., la tradición con frecuencia ha sido expresiva en lo que la Biblia misma ha guardado
silencio. La extensión del silencio bíblico es algunas veces más bien asombrosa.

Sabemos muy poco acerca de la compilación de los libros históricos del AT. No se nos
dice de la fecha exacta y de las circunstancias de algunos de los escritos proféticos (e.g.
Malaquías). No sabemos quiénes escribieron muchos de los Salmos o el libro de Job. No se nos
dice que la carta a los Hebreos la haya escrito Pablo. El texto mismo no nos dice que Lucas
escribió el tercer Evangelio y los Hechos, o que el apóstol Juan escribió el cuarto Evangelio,
aun cuando el caso de la paternidad literaria de Lucas y de Juan descansa sobre inferencia sana
y legítima. Es bueno algunas veces recordar que hay esta línea de un directo testimonio bíblico
y una confiable evidencia de la tradición. De otra manera nosotros podemos fácilmente
identificar la autoridad de las Escrituras con las declaraciones históricas que están fuera del
ámbito de las Escrituras mismas.
4

Después de haber dicho todo esto, sin embargo, debe decirse también que la Biblia
establece un serio reclamo de origen, condición y autoridad divinos. Ella claramente afirma que
su mensaje es de Dios. Atribuye su autoridad al través de los escritos humanos al Espíritu Santo.
Acepta lo sobrenatural en los dichos proféticos tanto como en los eventos históricos. No hace
ninguna distinción artificial entre el contenido interno de la Palabra de Dios y su forma exterior
Por su propia autenticación como la Palabra escrita de Dios, la Biblia nos desafía directamente
ora a la fe o a la incredulidad. En nuestro abordamiento de la Biblia puede ser que otras
consideraciones se impongan, pero el desafío básico de cierto que no puede ser ignorado.

LA DOCTRINA REFORMADA
Fue sobre el fundamento del autotestimonio de la Biblia que los Reformadores
edificaron su doctrina de las Sagradas Escrituras Ellos adoptaron este procedimiento porque
primero y por sobre todo, su teología fue una teología de fe, una teología revelada Su punto de
partida fue, de consiguiente, la respuesta de fe al desafío del mensaje bíblico Ellos aceptaron ese
mensaje sobre sus propios términos, y en lealtad a él trataron de entender la Biblia tal como la
Biblia se entendía a sí misma. Tal como ya hemos visto, el método reformado es considerado a
la vez que ilegítimo, fútil por aquellos que piensan que la teología se debiera construir sobre
fundamentos puramente racionales Pero los Reformadores mismos fueron teólogos de fe, quie-
nes hicieron uso de la razón únicamente en respuesta y en obediencia a la revelación divina Esto
significó que ellos fueron teólogos que estaban comprometidos en fe a recibir el testimonio de la
Palabra escrita de Dios, aun en asuntos concernientes a su propia naturaleza y ser.
Los Reformadores creyeron, entonces, que la Biblia fue dada por Dios, y que ella es
inspirada tanto en contenido como también en forma Ellos no adoptaron ningún paso radical
cuando propusieron su punto de vista. La iglesia del medioevo había sostenido un punto de vista
similar. Pero ellos dieron el paso. En todas partes en sus escritos encontramos evidencia de una
aceptación sincera de la inspiración y la autoridad de la Biblia. Esto es así a pesar de los comen-
tarios libres que han conducido a algunos eruditos modernos a considerar a Lutero y a Calvino
como críticos anticipados o, en todo caso, como hombres que distinguieron entre el contenido
vivo de las Escrituras y la fraseología detallada, en contraste con sus supuestamente más
legalistas sucesores. De hecho, sin embargo, tanto Lutero como Calvino exaltaron la autoridad
de la letra también. Sus afirmaciones sobre los problemas menores no deberían cegarnos al
hecho de que para ellos las Escrituras eran el registro divinamente autorizado, sobre el cual toda
teología verdadera debe estar fundada. La actitud especial de Lutero con respecto a Santiago, es
ligada con sus dudas en cuanto a su canonicidad auténtica, de modo que no afecta su
entendimiento general.
La Biblia era inspirada y autorizada, pero era también autosuficiente en asuntos de fe y
conducta. Sería una exageración decir que los Reformadores tomaron la Biblia como la única
autoridad en la iglesia. Pero no es exageración decir que ellos consideraron a la Biblia como la
autoridad suprema de la cual se derivaba toda otra autoridad y a la cual todos ellos estaban
sujetos. Porque ella misma procedía de Dios, la Biblia contenía todo lo necesario tanto para la
salvación como para la vida cristiana. Nada se había de creer o enseñar en la iglesia, a menos
que tuviera la sanción ora del texto claro de las Escrituras, o de las inferencias claras de ella.
Los calvinistas extendieron la regla directa de las Escrituras aun a los detalles del orden y del
culto de la iglesia, y los luteranos y los anglicanos le adjudicaron una autoridad negativa a la
Biblia en estas esferas i.e., ellos no permitían ninguna cosa que las Escrituras excluyeran o que
fuera repugnante a ella.
El énfasis sobre la supremacía y la suficiencia completa de la Biblia estaba claramente
designado para destruir la aseveración medioeval de una autoridad de tradición y de una
autoridad de la iglesia al mismo nivel que el de las Escrituras. Otro paso en la misma dirección
fue la insistencia de que la Biblia debe entenderse únicamente en su sentido pleno y literal, y no
de acuerdo con el esquema cuádruple de la exégesis medioeval Esto no significó que un sentido
simbólico o metafórico no se pudiera aplicar a lo que era claramente símbolo o metáfora. Lo
que significó fue que un sentido más literal no se debía introducir en las declaraciones
ordinarias de las Escrituras, excepto en casos en los que la Biblia misma expresamente lo
5

sanciona e.g. en el entendimiento del cruce del mar Rojo corno un tipo del bautismo, o la
referencia del sacerdocio del AT a Cristo. Se podrían trazar tipos paralelos para el propósito de
edificación espiritual, pero a ellos no se los podía considerar como autorizados para la fe o la
conducta cristiana. En el caso de que surgieran dificultades de interpretación, se les debía
resolver mediante la comparación de Escritura con Escritura, usándose los pasajes más
luminosos y directos para iluminar los más difíciles y obscuros. Estas reglas exegéticas fueron
importantes por dos razones: ellas despejaron mucha de la confusión inevitablemente causada
por el esquema medioeval, haciendo de esa manera posible la erección de una genuina teología
bíblica; y ellas destruyeron la autoridad de los intérpretes oficiales de las Escrituras, quienes
eran los únicos que podían manipular con buen éxito la complicada técnica cuádruple.
El hecho de que exista esa iluminación interior es la garantía final de la autenticidad del
escrito, ora sea en su enseñanza general o en su autoatestiguación. Aun cuando los
Reformadores aceptaron la Biblia en fe, ellos no ignoraban los problemas racionales implicados.
Los problemas tal vez no eran tan agudos entonces como lo son ahora, pero eran lo
suficientemente agudos como para reclamar alguna respuesta general. Los Reformadores
pudieron proponer muchas razones a favor de su aceptación de la Biblia. Ellos podían señalar,
como lo hizo Calvino, aquellas características y cualidades que la distinguen como una
Escritura inspirada: su cualidad literaria, su antigüedad, su combinación de profundidad y
simpatía, su preservación y poder histórico, su exactitud en predecir lo futuro. En último
análisis, sin embargo, la razón verdadera para creer es el conocimiento íntimo de la verdad de
las Escrituras, el cual está necesariamente presente cuando el Espíritu Santo aplica esa verdad al
alma. A la autoatestiguación de la Biblia se agrega el testimonio íntimo del Espíritu Santo. Pero
el argumento es un argumento racional únicamente para el creyente. En otras palabras, no se
puede hacer a la verdad del reclamo de la Biblia un asunto simplemente de debate intelectual o
académico. Como un axioma fundamental se le debe conocer por experiencia. Se le debe
conocer desde adentro. Se le debe conocer por fe. Como la Biblia en sí misma, este
conocimiento es dado por el Espíritu Santo.
Gracias al énfasis que los Reformadores le dieron al señorío del Espíritu Santo, ellos se
previnieron del literalismo muerto y el racionalismo escolástico en su entendimiento de las
Sagradas Escrituras. En su lealtad a la forma dada de la Biblia, ellos no le cedieron nada a nadie.
Ellos tenían una opinión elevada tanto de la Biblia misma como también de su inspiración. Ellos
creyeron que la Biblia en sí misma es la verdad inspirada. Ellos creyeron que ella es la Palabra
escrita, una Palabra dada y aplicada por el Espíritu Santo. Ellos enseñaron que la Palabra debe
ser siempre respetada, recibida y obedecida. Y, no obstante, ellos recordaron siempre que Dios
es el Señor de las Escrituras y que es su voz la que debe ser oída, si es que la Biblia ha de
realizar su obra. La Biblia no es meramente un libro de texto académico de verdad divina, el
Euclides de la fe cristiana. El texto es en verdad dado por Dios, pero él está siempre en las
manos de Dios y es siempre aplicado por Dios La Biblia debe ser respetada, recibida y
obedecida, no porque sea una letra fija y estática, sino porque bajo el Espíritu Santo esa letra es
la Palabra viviente del Dios vivo, tanto para el individuo como para la iglesia.

TENDENCIAS MODERNAS

El punto de vista católico romano


Hay tres amplias escuelas de pensamiento, las cuales en el día de hoy desafían lo que
nosotros creemos es la posición ortodoxa, escritural, apostólica y reformada en relación con la
autoridad y la inspiración de las Sagradas Escrituras. Primera, y no la menos formidable, es la
enseñanza oficial de la iglesia católica romana. En un sentido ésta no es una opinión moderna,
siendo que la posición romana quedó definida en el Concilio de Trento (1545-1563), y con todo
el fermento en el catolicismo romano, ella no ha sido todavía alterada. En otro sentido, sin
embargo, ella es muy moderna, porque los temas relatados son los temas básicos de ésta y de
toda época. La manera en que ellos quedan definidos, tanto adentro como afuera del catolicismo
romano, bien pudiera ser el factor más importante en la configuración del curso futuro de la
teología.
6

Con respecto a las Escrituras como la regla de fe, el católico romano parece adoptar una
posición muy semejante a la posición ortodoxa. Para él, la Palabra de Dios es una regla
absoluta. Ella desplaza a todas las interpretaciones privadas. Ella es inspirada inmediatamente
por Dios. Es completamente digna de confianza, no tan sólo desde el punto de vista histórico
sino también desde el punto de vista doctrinal. No se pone en tela de juicio el valor de los
estudios textuales, siendo que los textos originales corrigen errores en la copia, dan lecturas
correctas, esclarecen los puntos obscuros, y le dan fuerza a las expresiones usadas. La iglesia
católica romana no da su aprobación a la destructiva crítica racional o histórica, si bien es cierto
que paralelamente con la nueva concentración sobre los estudios bíblicos, una mayor libertad se
ha mostrado recientemente sobre este particular.
Hasta aquí, no podría haber una gran disputa con el catolicismo romano, pero ahora
surgen otras tres preguntas La primera es: ¿Qué son las Escrituras? La respuesta romana es que
las Escrituras consisten del Antiguo y del Nuevo Testamentos, con inclusión de los libros
apócrifos del AT. Y es así como escritos que no pueden ser incluidos en la lista de los libros
inspirados y autorizados tienen el mismo peso en discusión doctrinal que los libros
verdaderamente canónicos. Más todavía, en la afirmación de que Jerónimo tuvo acceso a textos
antiguos y más puros, y de que su obra tiene la sanción de siglos de uso, se le adjudica a la
Vulgata el rango de un texto completamente autorizado Esto quiere decir que las doctrinas
pueden estar basadas en el texto latino, aun allí donde obviamente no traduce el original
correctamente.
La segunda pregunta es: ¿Quién debe interpretar las Escrituras? La respuesta romana es
que las Escrituras son demasiado obscuras como para que se interpreten a sí mis mas, y que hay
necesidad de que otra autoridad decida cuál es el sentido correcto. En el AT la ley era
interpretada por Moisés y los sacerdotes. Hoy por hoy la interpretación de la Biblia está en
manos de la iglesia, la cual habla ex cátedra a través de los pronunciamientos del papa las
decisiones de los concilios generales y las declaraciones del magisterio oficial de la iglesia,
juntamente con las exposiciones de los Padres eclesiásticos. Cierto, la Biblia es la autoridad
básica, pero lado a lado con esa autoridad básica está la autoridad interpretativa, la cual todos
los cristianos deben aceptar. El reciente resurgimiento del estudio bíblico ha modificado
grandemente en la práctica esta regla, pero el principio básico es todavía válido: la Biblia oficial
interpretada oficialmente es la única norma legítima, y el papado es la autoridad interpretativa
final.
Hay una tercera pregunta: ¿Es la Biblia, corno regla de fe, suficiente, o hay otra regla
necesaria paralela y suplementaria a la Biblia? La respuesta romana es que la Biblia no es
suficiente. Antes de la Palabra escrita había una tradición oral, y lado a lado con la Palabra
escrita ha\ en el día de hoy una tradición (tanto de enseñanza corno de costumbre) que se deriva
directamente de los apóstoles, y de rango igual al de la Biblia La tradición autoritativa consiste
de las enseñanzas que son aceptadas universalmente (e.g. la virginidad de María), y de las
costumbres practicadas por los católicos romanos (e.g. el bautismo infantil), las manifiesta-
mente antiguas aun cuando no demostrablemente apostólicas (e.g. el ayuno en Cuaresma), las
mantenidas por la mayoría de los doctores y no disputadas por otros (e.g. los ritos bautismales, o
el culto de las imágenes), y las que son conservadas por las iglesias apostólicas, de las cuales
Roma es la única en el tiempo actual (e.g. la doctrina de la Inmaculada Concepción). En efecto,
esto significa que la apelación a las Escrituras es puesta a un lado en áreas totales de vida y
pensamiento, y, aun cuando algunos católicos romanos modernos, tales como Küng, están
preparados para argumentar que las Escrituras son principales, desafortunadamente no hay
evidencia fuerte de que esta opinión haya sido aceptada generalmente por la comunión a la que
ellos pertenecen.
Los efectos devastadores de la enseñanza romana sobre la autoridad de la Biblia son lo
suficientemente claros, tanto en la teoría y más todavía en la experiencia. No se debe olvidar,
sin embargo, que se presentan cuestiones genuinas, las cuales requieren un manejo preciso y
exacto, si es que hemos de enfrentarnos a este entendimiento erróneo de la autoridad bíblica y si
hemos de evitarlo.
Primero está el asunto del canon y del texto. ¿Por qué a los libros canónicos se les debe
dar una autoridad y a los apócrifos otra? ¿Cuál es el texto puro, y hasta qué grado, si hay
7

alguno, se puede decir que las traducciones son inspiradas, o aun hasta qué punto podemos
nosotros confiar respecto de cualquier texto como siendo plenamente inspirado?
Hay la segunda cuestión doctrinal: ¿Cómo ha de establecerse correctamente en la
interpretación de las Escrituras la doctrina del Espíritu Santo, de modo que se eviten los peligros
del monopolio eclesiástico, por un lado, y del individualismo fanático por el otro? ¿En qué
sentido son las Escrituras de interpretación pública? En nuestra lectura de la Biblia, ¿hasta qué
punto debemos tener en cuenta las exposiciones de otros, los Padres, o los Reformadores —
hombres quienes manifiestamente trabajaron con sentido de penetración y oración?
En tercer lugar, hay cuestiones de orden. ¿Hasta qué medida es la tradición permisible,
si no en asuntos de fe, en los de orden? ¿Debe la vida de la iglesia modelarse exclusi vamente
sobre la práctica detallada de las Escrituras, de tal modo que lo que no está en la Biblia sea
necesariamente excluido? o ¿tiene la iglesia el poder de mantener ceremonias y tradiciones
siempre que éstas estén en armonía con los principios escritúrales y sean de valor para la vida
cristiana?
Todas estas preguntas demandan un tratamiento y una respuesta plenos, si es que ha de
mantenerse una doctrina verdadera de la Biblia. Tampoco debiera olvidarse que el error mismo
pudiera tener algo que enseñarnos a nosotros en nuestras respuestas, e.g. el peligro de exaltar
una traducción (Vulgata, o Reina-Valera) como la Palabra infalible, o el valor indudable de
previas exposiciones, por supuesto no como autoridades infalibles pero sí como guías útiles. Por
el otro lado, la tarea principal es indudablemente la tarea positiva de presentar la doctrina
bíblica de la autoridad de las Escrituras como la base de toda teología genuina.

Protestantismo Liberal
Una segunda enseñanza no ortodoxa es la del protestantismo liberal. Este es un
movimiento moderno en todo sentido, porque aun cuando hay casos paralelos históricos, su
desarrollo ha sido principalmente durante el período de la postreforma, y ha provisto una
opinión de la Biblia que, concediendo campo para la variedad de presentación, es todavía la de
muchos teólogos, ministros y laicos protestantes. Roma debilita la autoridad de la Biblia, no por
negar su origen divino y su posición única, sino por agregarle otras autoridades que la despojan
de su poder. El liberalismo histórico no conoce nada de estos métodos sutiles de penetración
pacífica. El ataca a la Biblia de frente, negando lo absoluto o la naturaleza divina de su
autoridad, dispuesto a concederle autoridad —una autoridad limitada y relativa— únicamente
en el nivel humano.
Un análisis completo de este complejo movimiento liberal, en el cual tantísimas formas
diferentes de este contexto. Todo lo que se puede hacer es bosquejar las varias formas de
pensamiento e indicar los puntos en los cuales dichas formas están en conflicto con la doctrina
ortodoxa. Cinco movimientos principales se combinaron, generalmente hablando, para producir
este punto de vista moderno de la Biblia: 1. El racionalismo, el cual hizo dos cosas: tal como
con la neología alemana, se propuso reducir el cristianismo revelado al nivel de una religión de
la razón, y también, al igual que Voltaire, se propuso excluir burlonamente de la corte al
cristianismo, como algo contrario a la razón. 2. El empirismo, o historicismo, que tuvo como su
objetivo principal el estudio del cristianismo y todos sus fenómenos a lo largo de las líneas
estrictas de la observación histórica. 3. La poesía, la cual, tal como con Herder y muchos de los
primeros críticos abordaron la Biblia como un primitivo libro de poesía, en el cual las ver dades
religiosas, en parte emocional, y en parte racional, son expuestas en formas ascéticas. 4. El
pietismo emocional, siendo la contribución de Schleiermacher especial y más importante,
mediante el cual las doctrinas del cristianismo (inclusive la de las Sagradas Escrituras) son
reinterpretadas no en términos de razón, historia o poesía, sino de experiencia religiosa
emocional. 5. El idealismo filosófico, el cual, en su forma final en Hegel, dio una nueva
interpretación racional sobre una diferente base filosófica: una base que tiene como su punto de
arranque el ego pensante individual.
Desde luego que no se debe suponer el que no haya tendencias opuestas en estos
movimientos, o que todos ellos estén necesariamente presentes, o presentes en iguales pro-
porciones en cada teólogo liberal; pero hablando generalmente, y haciendo una plena concesión
8

por los muchos puntos de divergencia, estos son los movimientos los cuales juntos constituyen
el desafío liberal y humanista a la doctrina ortodoxa de la autoridad de la Biblia.
¿En qué consiste ese desafío? Consiste primero en el rechazo de una Deidad
trascendente y de los actos sobrenaturales de Dios. Esto significa que la Biblia tiene que ser
explicada como razón, o historia, o poesía, o religión, pero no como la Palabra de Dios. La
Biblia es reducida al nivel de un libro humano, sobresaliente tal vez en su clase, pero no por
encima de todos los demás libros. La Biblia tiene que ser estudiada comparativamente, con
otros libros de religión, poesía, historia, o verdad racional. Ella es inspirada, pero únicamente de
la misma manera en que todos los otros libros son inspirados, i.e. por el Dios inmanente en
todas las cosas. Ella está sujeta a errores, porque es humana, y todas las cosas humanas están
igualmente sujetas a errores. De este modo la Biblia cesa de ser estudiada como un mensaje
divino, una Palabra de salvación; en vez de eso, ella viene a ser estudiada como un producto del
espíritu humano. En su investigación, puntos de autoridad, fecha, circunstancias, estilo y
desarrollo de pensamiento reemplaza la primera y fundamental cuestión, la que tiene que ver
con el contenido de la revelación del Creador, Señor y Salvador.
El desafío del humanismo liberal al punto de vista ortodoxo de la Biblia consiste
también en la comprensión de la Biblia dentro de un esquema mundial de progreso humano, aun
cuando este esquema es un hecho real muy contrario a la enseñanza de la Biblia misma. No es
nuestro presente empeño el discutir los más amplios y profundos aspectos de la doctrina del
progreso, importantes como son. Nuestro interés es notar que, de acuerdo con esta doctrina, el
pensamiento de la Biblia, la historia que ella registra y la cultura que representa, son todos
abordados desde el punto de vista humano, y empujados dentro del esquema universal huma-
nista.
En dos puntos esto tiene serias consecuencias. Primero: ello significa que la secuencia
de la historia bíblica, tal como la Biblia la da, tiene que ser rechazada porque, desafortuna-
damente, ella no armoniza con la interpretación evolucionista. Los hechos tienen que ser
separados de las llamadas adiciones de fantasía religiosa y elaborados dentro de un nuevo
esquema. Segundo: ello significa que el mensaje de la Biblia tiene similarmente que ser
atendido y enmendado, a fin de que una limpia progresión de pensamiento religioso pueda ser
observada. Aun si se concede que en la enseñanza de Cristo Jesús el punto más alto de todo el
pensamiento religioso se alcanza, esta enseñanza es todavía parte del desarrollo de las
facultades y los instintos religiosos de la raza, y la Biblia no tiene autoridad superior como tal,
únicamente la autoridad del más alto logro humano en la religión. Se verá que esto concuerda
con el rechazo primario de un Dios trascendente y de una Palabra de Dios trascendente.
El desafío del humanismo liberal consiste, de nuevo, en el subjetivismo individualista al
que lo opone con el objetivismo de la doctrina ortodoxa de la Palabra de Dios. La autoridad
externa es lanzada afuera y es reemplazada por la autoridad interna del pensamiento o de la
experiencia individual. Razón aquí, emoción allí, usurpa el lugar de Dios. El pensamiento o la
experiencia es válido y valioso, no porque concuerde con una norma externa de verdad divina,
sino porque es individual, una sola manifestación del espíritu divino inmanente en todas las
cosas y operando al través de todas las cosas. Los pensamientos y los sentimientos de los
grandes personajes bíblicos tienen, desde luego, la misma validez y el mismo valor,
posiblemente el más alto valor, pero únicamente como manifestaciones similares del mismo
espíritu. Esto significa no solamente que la autoridad básica de la Biblia es rechazada, no
solamente que toda religión es abordada comparativamente y juzgada relativamente, sino que
cada individuo viene a ser una ley para sí mismo en asuntos religiosos. Dios es destronado, la
humanidad reina, y en la práctica la humanidad significa un poco más que el hombre individual,
el ser pensante o que siente.
Algunos ejemplos específicos de crítica del AT y del NT pudieran servir como
ilustraciones. En el AT el primero y más persistente tema fue que Moisés no pudo haber sido el
autor del Pentateuco o el fundador (bajo Dios) de las instituciones y las prácticas en él
registradas. En su lugar, se propuso una teoría de gradual desarrollo literario y religioso, la cual,
instituida por Eichhorn, finalmente tomó forma en la hipótesis de Graf-Wellhausen de fines del
siglo diecinueve. El corazón de esta vista es que la religión del AT procede por evolución de
abajo más bien que por revelación de arriba. Los documentos son analizados, separados en par -
9

tes, reagrupados y refechados (J, E, D, y P en el Pentateuco) para proveer la secuencia histórica


de evidencia para esta opinión. Más recientemente la hipótesis documental ha tenido que ser
considerablemente modificada, pero ha sido repuesta por conceptos similares. La Sitz im Leben
o escuela de crítica de la forma (cf. Gunkel) intenta una completa explicación histórica de cada
pasaje del AT para relacionarlo con su marco histórico, conocido o conjeturado. La escuela
escandinava (e.g. Mowinckel), al mismo tiempo que está preparada para dar fechas más
tempranas de muchos pasajes; e.g. en los Salmos, le adjudica gran significado a los antecedentes
de mitos y ritos. De esa manera se invoca un principio de religión comparada para dar cuenta
del desarrollo específico de la religión y de la literatura religiosa en Israel. El movimiento
moderno de estudio de léxico y teología bíblica es en su totalidad más sano, pues su interés
básico es presentar más bien que explicar. Aun aquí, sin embargo, se pudiera presuponer que,
e.g., la doctrina del Dios viviente y autorevelador es solamente un concepto hebreo. La revuelta
documental e histórica puede también ser adaptada como la base de presentación. Así que
inconscientemente la presentación es dominada por creencias extranjeras a aquellas que son de
hecho presentadas, con serios efectos sobre la objetividad sostenida y proyectada.
En el campo del NT el concepto triple Hegeliano del desarrollo histórico, que consideró
al conflicto como la marca de autenticidad y armonía, como la señal de una era postapostólica,
produjo los extravagantes excesos de la escuela Tübingen, de modo que únicamente unas pocas
epístolas de Pablo permanecieron The Life of Jesús (La Vida de Jesús) de Strauss, con su intento
por separar el material genuinamente biográfico, de las adiciones legendarias, trajo una primera
ola de "desmitologización·. No estaba desconectado de esto el Jesús de la escuela de la his toria,
la cual pudiera llevar, por un lado, a la reducción de Harnack del evangelio, a la paternidad
divina v la hermandad humana, y, por el otro lado, a la derivación de Reitzenstein de la
cristología de Pablo, no de revelación sino del mito y del misterio helenistas Schweitzer hizo
una contribución importante temprano en el siglo veinte, con su apreciación del carácter
escatológico de la enseñanza de Jesús, aun cuando él mismo, considerándolo como equivocado,
substituyó un misticismo no muy bíblico, mientras que otros, tales como Dodd, evadieron el
asunto al poner todo el énfasis sobre escatología realizada. El impasse que se alcanzó en la
crítica de fuente sinóptica, se combinó con otros factores para producir la teoría de la crítica de
la forma, de que los Evangelios están hechos de tradiciones orales que se desenvolvieron en la
iglesia de acuerdo con normas fijas y sobre la base de autenticidad extensamente variante. Un
escepticismo histórico todavía más desarrollado reaparece en la "desmitologización de
Bultmann, que presupone una forma mitológica para una kerygma esencialmente existencial.
Estadísticas lingüísticas pudieran parecer como que traen de vuelta una objetividad refrescante
sobre asuntos de paternidad literaria. Desafortunadamente, sin embargo, el uso de computadoras
no es una salvaguarda contra presuposiciones dominantes, al menos en el campo del NT.
Tampoco se puede esperar que investigaciones basadas sobre el rechazo implícito de la
autoridad bíblica, prueben cualquier cosa acerca de esta autoridad, ora de una manera o de otra.
En final de cuentas, el problema está, no en los datos, sino en la respuesta positiva o negativa al
autoentendimiento el cual es en su camino un dato de primera importancia.
Este es, entonces, el desafío liberal protestante a la autoridad de las Sagradas Escrituras.
Aparte del trabajo detallado que él necesita en la teología y la religión bíblicas, levanta también
puntos fundamentales, sobre los cuales se demandan definición, declaración y pensamientos
cuidadosos. Toda la cuestión de una revelación absoluta y autorizada tiene que considerarse; el
asunto de esa revelación en su relación con la historia, con Israel, con Jesucristo, con la Biblia
misma como un producto literario; el asunto de esa revelación en su relación con las religiones
del mundo, o con la religión llamada natural. De nuevo, está la cuestión de la inspiración de la
Biblia; el asunto de esa inspiración en su relación con la ordinaria inspiración poética de la cual
habla la literatura; el asunto de la operación especial del Espíritu Santo de Dios en su relación
con el obrar general en aquellas actividades eme pueden considerarse como productos de gracia
común.
Se ha tratado de estos asuntos en el pasado, pero el nuevo desafío lleva consigo un
llamado, no para el abandono de la vieja doctrina, no para su enmienda, sino para una nueva,
cuidadosa y sólidamente afirmada declaración de él. En un sentido, también, se pudiera
preguntar si no hay alguna cosa por aprender del protestantismo liberal, aun cuando sus
10

presuposiciones son rechazadas sin ninguna vacilación. ¿Acaso no ha presionado más la


doctrina reformada de exégesis liberal e intentado una más completa relación del mensaje de la
Biblia con las circunstancias históricas y aun con la forma literaria? La Biblia es primero que
todo el libro de Dios, así como Cristo Jesús es primero que todo el Hijo de Dios; pero ella es un
libro humano también, el libro de Dios en el mundo, así como Jesús es el Hijo del hombre, la
Palabra hecha carne. Naturalmente, ninguno que- verdaderamente acepta la autoridad de la
Biblia como la Palabra de Dios, querrá estudiar el marco histórico a expensas del mensaje
revelado, pero ¿no querrá investigar el marro histórico como el medio hacia un mejor enten-
dimiento de ese mensaje"1 r;No puede haber una verdadera y reverente crítica —en el sentido
constructivo y no en el sentido destructivo— aun cuando a la crítica hostil y racionalista se le
haga abierta oposición?

 Neoortodoxia
Una tercera enseñanza heterodoxa, la cual ha surgido en años recientes, principalmente
como una reacción contra el humanismo contemporáneo, es la que está asociada con la teología
de Kart Barth. o, en todo caso, con el desarrollo que esa teología ha tenido a manos de muchos
de sus indeterminados discípulos No es fácil hacer pronunciamientos definitivos en relación con
este movimiento, puesto que Barth mismo, en su definitiva Church Dogmatics (La. Dogmática
de la Iglesia), repudia mucho de su escenario dialéctico y difiere también claramente de lo que
ha venido a ser comúnmente llamada la neoortodoxia. A decir verdad, su discusión sobre la
cuestión precisa de la autoridad de las Escrituras le lleva muy cerca de la enseñanza bíblica y
reformada. De aquí que el curso más sabio será tener una vista amplia del movimiento
neoortodoxo, y discutir las tendencias dentro de él, las cuales son obvias desviaciones de la
doctrina ortodoxa de las Santas Escrituras.
Estas desviaciones caen dentro de dos clases distintas, la una relativa a la forma de la
revelación escritural, la Biblia como un libro; la. otra relativa al contenido de la revelación
escritural, la Biblia como la Palabra de Dios. En lo que concierne a la forma, la neoortodoxia se
ve en apuros para recalcar que la Biblia es, externamente considerada, un libro humano entre
otros. Esto significa que se acepta el principio dt errores. Si algunos teólogos, como Barth,
vacilan en dar una lista de errores específicos, otros, como Bultmann, consideran como no digno
de confianza todo el lado científico e histórico de las Escrituras. Dios no es el autor de las
Escrituras en el sentido de que él cargue con la responsabilidad de sus palabras y frases
detalladas o de que respalde su información. La Biblia es verdad sólo en tanto que Dios obra al
través de ella en autorrevelación. Ella no es verdad, sin embargo, en el sentido que todas sus
declaraciones sean ciertas. Si Dios obra únicamente al través de la Biblia, como algunos de
entre los neoortodoxos conceden, es por el escogimiento soberano de Dios, y no porque haya
alguna cosa diferente acerca de la Biblia misma. Si Dios usa un libro falible como el agente de
gracia reveladora, esto no es contradicción; es el poner el tesoro divino en vasos de barro; el
misterio de la gracia divina, que nos fuerza, tal como Bultmann lo expresa, a creer aun cuando
no podemos ver. El misterio legal es así reemplazado por pura irracionalidad, pues si bien a no
dudarlo es un misterio que la verdad eterna es revelada en eventos temporales y pre sentada en
palabras humanas, es completamente falto de razón decir que esta verdad está revelada en y a
través de lo que es erróneo.
La segunda desviación tiene que ver con el contenido de la revelación escritural, la
Biblia como Palabra de Dios. El punto esencial de la neoortodoxia es que la Biblia viene a ser
Palabra de Dios en cuanto a que el Espíritu Santo la ilumina y la aplica al alma individual. La
inspiración es así identificada con lo que los Reformadores llamaron iluminación. La autoridad
de la Biblia es la autoridad, no del texto estable, sino de la voz viviente de las Escrituras en el
aquí y ahora de una situación dada. Revelación en o a través de la Biblia es revelación como el
acto de Dios, el revelar presente que Dios hace de sí mismo, no la realidad objetiva dada de lo
que Dios ya ha dicho y hecho. Es de conformidad con estos pensamientos que Barth hace una
importante distinción entre revelación o inspiración como un presente activo de una parte, y
"revelada" o "inspirada" como un pasado pasivo de la otra parte. Se endosa la primera como el
genuino punto de vista bíblico y reformado, mientras que se rechaza la segunda. Es interesante
el que Barth, en distinción de la mayoría de los neoortodoxos, exhibe un conocimiento de que a
11

la objetiva realidad histórica del testimonio de la Biblia se le debe dar su debido y propio peso.
No obstante ello, él no deduce la distinción fundamental.
Ahora bien, dentro de los límites de que no puede haber Palabra objetiva de Dios sin la
aplicación también a las almas individuales, hay verdad en esta distinción, pero más allá de esos
límites ella conduce en una dirección peligrosa Llevada demasiado lejos, ello significa que la
Biblia puede tener autoridad, no corno una palabra externa, sino únicamente como la Biblia en
el ego individual, como una experiencia interna. Así, aun con la insistencia sobre el hecho de
que el cristianismo descansa sobre eventos históricos singulares, aun con énfasis sobre la
trascendencia de Dios, en último análisis fácilmente nos podemos quedar con una fe que
depende de una experiencia subjetiva, y con la autonomía substancial del ego individual. Es
nada más que un paso del antropocentrismo de Schleirmacher al existencialismo de Bultmann,
lo cual es el complemento de su "desmitologización.
Las preguntas levantadas por esta teología son, por supuesto, las preguntas centrales de
todo el pensamiento sobre la autoridad de las Sagradas Escrituras. Ellas nos traen al corazón
mismo del problema. La neoortodoxia por lo menos ha prestado un servicio al mostrar que las
categorías de una ortodoxia muerta (como opuesta a una ortodoxia viva) sencillamente no dará
resultados. Un objetivismo abstracto, o una concepción mecánica de revelación, está tan lejos de
la verdad, por un lado, como lo está un puro subjetivismo o una vista naturalista de revelación
por el otro lado. Así que, el problema último es el de la relación de la revelación con la historia,
de un lado, y con el individuo creyente, del otro. ¿Debemos pensar que la Biblia es digna de
confianza meramente porque podemos demostrar su exactitud histórica'r1 ¿Debemos pensar en
ella como teniendo autoridad, meramente porque nosotros hemos llegado a conocer la verdad de
su mensaje a través del Espíritu Santo, y sin atención a su confiabilidad histórica? ¿No
debiéramos buscar la autoridad de la Biblia en la relación equilibrada de la historia (la Palabra
objetiva) y la predicación (la Palabra aplicada subjetivamente por el Espíritu Santo) —la
historia como aquello que es predicado, la predicación como la aplicación de esta historia?

UNA COMPARACIÓN CON LA ENCARNACIÓN


Se puede sugerir, para finalizar, que una verdadera doctrina de historia y revelación en
la Biblia será formulada únicamente cuando el problema se estudie a la luz del problema similar
de la encarnación. Cristo, la Palabra revelada, es tanto Dios como hombre, el Hijo eterno
históricamente encarnado, dos naturalezas, una Persona. Si uno niega la deidad o si ignora la
humanidad, no percibe al Cristo verdadero ni cree en él. El hombre Jesús, verdadero hombre, es
conocido, confesado y obedecido como Cristo el Señor, como Dios mismo. Así como no hay
incongruencia en la Persona, pues él fue concebido del espíritu Santo, así no hay irracionalidad
en la confesión, porque ella es hecha y puesta por el Espíritu Santo. Este Hombre tiene la autori-
dad del Señor.
Similarmente la Escritura Sagrada, la Palabra escrita, la cual da testimonio de Cristo, es
las dos cosas: revelación divina y registro humano; el mensaje divino históricamente escrito, de
doble origen y, no obstante, un libro. El ignorar la paternidad literaria divina o la humana, es
pasar por alto la realidad verdadera de la Biblia y el pleno aprovechamiento de su enseñanza y
dirección. Así como no hay incompatibilidad entre la revelación y la escritura humana, por
cuanto ella es inspirada de Dios, así no hay esquizofrenia en leerla y creerla como la Palabra
divina, porque ella es iluminada y autenticada por el Espíritu. Este libro tiene la autoridad de la
Palabra y del testimonio divinos.
No se debe presionar demasiado al paralelismo. Porque Cristo Jesús es Dios, el Creador,
Señor, Revelador y Reconciliador, mientras que las Sagradas Escrituras, aun cuando lo que se
lea en ellas se lea con plena persuasión de su autenticidad y verdad, sigue siendo la hechura y el
instrumento de Dios. A pesar de todo, la analogía de la encarnación, propiamente comprendida
y desarrollada como tal, bien puede ser la mejor guía hacia un entendimiento que es
completamente bíblico y ortodoxo, y que salvaguarda la autoridad y la integridad de las
Escrituras, tanto como mensaje y también como historia.
G. W. Bromiley

Common questions

Con tecnología de IA

En el Nuevo Testamento, la autoridad divina se refiere principalmente a la autoridad de las palabras escritas. Esto es evidente a través de las referencias de Jesucristo al Antiguo Testamento cuando dice 'Así está escrito' y al instruir sobre su cumplimiento en Lucas 24:44-45. Jesús y los apóstoles perciben el Antiguo Testamento no solo como una colección de historias, sino como un testimonio profético que predice la venida de Cristo y su obra mesiánica. Por ejemplo, en 2 Timoteo 3:16, Pablo describe las Escrituras como 'inspiradas por Dios', dando testimonio de su autoridad divina .

En la doctrina reformada, la traducción de las Escrituras está justificada porque se busca transmitir fielmente el sentido y esencia del mensaje divino al pueblo en su propio idioma. La autoridad de las Escrituras no radica exclusivamente en el idioma original hebreo o griego, sino en su contenido y función espiritual como vehículo de revelación divina . Las Reformas promovieron la traducción para asegurar el acceso del público a la Palabra de Dios, argumentando que una traducción que comunique efectivamente el mensaje original es preferible a una traducción literal que no sea inteligible .

La teoría de inspiración tradicional sostiene que la Biblia es inherentemente la Palabra de Dios, con autoridad completa y exactitud en sus afirmaciones. Sin embargo, la neoortodoxia propone que la Biblia llega a ser la Palabra de Dios en el acto de su interpretación e iluminación por el Espíritu Santo en el individuo. Esta visión plantea que la revelación es un acto presente de Dios que debe ser experimentado personalmente, en vez de un registro estático del pasado . Barth y otros neo-ortodoxos argumentan que la autoridad no reside en el texto como tal, sino en la vivencia interna de esta en el creyente. Esto contrasta con una posición tradicional que subraya el texto en su estado objetivo y permanente como expresión de la verdad divina.

El Nuevo Testamento establece una relación integral entre la profecía del Antiguo Testamento y la misión de Cristo. Jesús se presenta a sí mismo como el cumplimiento de las profecías mesiánicas, afirmando que las Escrituras dan testimonio de Él (Lucas 24:25-27, 44-45). Esto implica que las profecías del Antiguo Testamento fueron vistas como prefiguras o anuncios de la obra redentora de Cristo, y su cumplimiento en Él es vital para la validación de su misión como el Mesías prometido . Así, el testimonio profético del Antiguo Testamento confirma el reclamo mesiánico de Jesús.

La neoortodoxia aborda el problema de la historicidad y autoridad de la Biblia haciendo una distinción clara entre la importancia teológica de la Escritura y su precisión histórica o científica. Se acepta que la Biblia sea un texto humano con posibles errores históricos, pero afirma su autoridad basada en su capacidad de actuar como un medio para la revelación divina, a través de la intervención del Espíritu Santo . La autoridad se deriva no de una exactitud literal, sino de cómo Dios elige trabajar por medio de sus palabras para realizar Su revelación y presencia en la vida del creyente.

La teología reformada busca equilibrar entre la autoridad de las Escrituras y la tradición eclesiástica al mantener que las Escrituras son la única regla infalible de fe y práctica, mientras que la tradición actúa como una guía útil pero subordinada. Las tradiciones deben ser valoradas y respetadas solo en la medida de que estén en conformidad con los principios bíblicos y sean de valor para la vida cristiana . Esto significa que la tradición puede informar y enriquecer la comprensión de la Escritura, pero no puede contradecir o agregar a su autoridad. La Escritura tiene la primacía en cuestiones doctrinales y prácticas.

El uso libre del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento implica un concepto más flexible de inspiración. Aunque parece una transgresión de la interpretación tradicional, los autores del Nuevo Testamento a menudo aplican estos textos a nuevas situaciones para revelar verdades espirituales específicas, lo que sugiere que entendían la inspiración como activa e iluminadora, más allá de la mera traducción literal . Este enfoque demuestra que la inspiración permite una adaptación de los textos en contextos nuevos conservando su autoridad y relevancia histórica y teológica.

El liberalismo protestante plantea desafíos significativos hacia la doctrina de la inerrancia bíblica al enfatizar las limitaciones históricas y culturales de la Biblia como un texto humano. Se cuestiona la inerrancia por su enfoque crítico a las contradicciones aparentes y la falta de fiabilidad histórica de algunos textos . Este movimiento sugiere que la autoridad debe basarse en el significado y impacto espiritual de las Escrituras, más que en su infalibilidad literal y verbal. Así, tiende a ver las Escrituras como inspiradoras más que inspiradas, y la validación de su mensaje se sitúa en experiencias personales de fe y contexto histórico.

En la teología reformada, la revelación inspirada se refiere al registro objetivo y autorizado de la Palabra de Dios en las Escrituras, visto como divinamente guiado en su producción. La revelación iluminada, por otro lado, se refiere al proceso mediante el cual el Espíritu Santo aplica esas Escrituras a los corazones de los creyentes, permitiéndoles comprender y aplicar su verdad en sus vidas . La inspiración se refiere al origen divino del contenido bíblico, mientras que la iluminación hace referencia a la obra del Espíritu en hacer efectiva esa verdad revelada para el creyente. Esta distinción enfatiza que mientras la Palabra es fija, la comprensión y aplicación es dinámica.

Para la neoortodoxia, la inclusión del concepto de 'error' en la Escritura plantea un enfoque en el valor relacional y rico del mensaje espiritual sobre la exactitud literal o histórica. El criterio de autoridad se desplaza del texto escrito hacia la acción inspiradora y reveladora de Dios en y a través del texto, lo que implica que los errores percibidos en la forma externa del texto no disminuyen su uso como vehículo de revelación divina . La parte esencial es la autorrevelación de Dios y no la infalibilidad de las palabras individuales, permitiendo que los escritos bíblicos, aunque humanos y falibles, sirvan para la fe revelada por el Espíritu.

También podría gustarte