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Mitos sobre Sexualidad y Creencias

El documento discute los mitos y creencias sexuales, señalando que muchas creencias se forman desde temprana edad por el contexto cultural. Explica que las creencias nucleares dan identidad mientras que las creencias intermediarias son más flexibles. Finalmente, menciona algunos ejemplos históricos de mitos sexuales como las ideas de Aristóteles sobre la reproducción y las creencias de San Agustín sobre el pecado y la prostitución.

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Mitos sobre Sexualidad y Creencias

El documento discute los mitos y creencias sexuales, señalando que muchas creencias se forman desde temprana edad por el contexto cultural. Explica que las creencias nucleares dan identidad mientras que las creencias intermediarias son más flexibles. Finalmente, menciona algunos ejemplos históricos de mitos sexuales como las ideas de Aristóteles sobre la reproducción y las creencias de San Agustín sobre el pecado y la prostitución.

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Mitos Sexuales

Lic. Federico Rinaldi

“Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables,


son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros
confines, nuestra prisión.”
José Ortega y Gasset ,1925

Entre dudas y certezas


Las certezas estructuran el mundo y las dudas muchas veces lo hacen florecer. Creemos
lo que creemos por haber nacido en un punto del globo, que alguien llamó mundo, don-
de el obstetra - que se graduó de medico porque alguien creó la medicina y otro lo creyó,
desarrollándola entre verdades y mentiras – nos presentó a nuestros padres – sujetos que
compraron la idea de que mamá y papá debían acompañarse en esos momentos – quienes
nos pusieron un nombre – elegido entre una cantidad finita de nombres, siempre dentro de
los 200 más populares. Al abrir los ojos, distintos estímulos empezaron a figurarse frente a
nosotros. Estímulos “diseñados” con el paso del tiempo, propios de generaciones previas y
absorbidas por las contemporáneas. Si nace con pene es varón y si nace con vagina es mu-
jer. Si es macho usa celeste, si es hembra usará rosa. Si usa body celeste se hará alharaca de
sus futuras destrezas físicas y su miembro genital será objeto de atención, en tanto que si el
body es rosa, se impondrá el discurso tierno, suave y delicado, y su órgano genital quedará
cerrado con doble candado hasta por lo menos sus veintiún años. Con el paso del tiempo
les compraremos juguetes y les enseñaremos asuntos correspondientes a lo que debería ser
su rol de género. Si el cachorro está fabricado con genitales masculinos habrá pelotas, sol-
daditos y camiones y se le hablará de deporte, hostigándolo y coimeándolo para hacerse fan
del equipo de futbol familiar, y si el sello corporal es la vulva, su habitación estará decorada
con princesas, unicornios y sirenas y se dialogará con ella sobre la importancia del cuidado
del pelo y de ser a futuro una señorita hecha y derecha.
El condicionamiento y contra condicionamiento seguirá in eternum, siendo una inevi-
tabilidad constante en la vida de toda persona. González Ochoa (1986) afirma que “los seres
humanos en tanto seres sociables, nunca estamos frente a lo real”, es decir, que no somos
neutrales ante los hechos, los objetos, ni tampoco los percibimos en su totalidad: sólo tene-
mos acceso a representaciones, a construcciones de lo real.
No se pretende juzgar, ni señalar con el dedo esta forma de proceder, ya que, por un
lado no solemos ser conscientes del mensaje que transmitimos, y por otra parte, si no son
estas, serán otras, también impuestas por el “poder cultural” de turno. La intención de quien

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escribe es despertar el interés en la duda, el cuestionamiento y la normalización de quien


piensa y siente diferente.

Una mirada cognitiva sobre las creencias


A grandes rasgos, la terapia cognitiva hace una aproximación de la construcción
psíquica a través de tres conceptos fundamentales: las estructuras, los procesos y los
resultados cognitivos. Las estructuras cognitivas pueden relacionarse con los esque-
mas y los procesos cognitivos con la atribución de sentido que se da a partir de esos
esquemas. Los resultados cognitivos se relacionan con las creencias, que son el resul-
tado del proceso que se da entre los esquemas y la realidad, dichas creencias a su vez
influyen en el mismo proceso.
Para Beck, los esquemas son patrones cognitivos relativamente estables que constitu-
yen la base de la regularidad de las interpretaciones de la realidad. Todas las personas con-
tamos con una serie de esquemas que nos permiten seleccionar, organizar y categorizar
los estímulos de tal forma que sean accesibles y tengan un sentido para nosotros, a su vez
también nos dan la posibilidad de identificar y seleccionar las estrategias de afrontamiento
que llevaremos a la acción. Se cree que los esquemas provienen en gran medida de expe-
riencias previas de aprendizaje (muchas veces tempranas, pero también puede aparecer por
ejemplo, tras un trauma) y pueden permanecer latentes hasta ser activados por un evento
significativo que interactúa con ellos
Las creencias son los contenidos de los esquemas, son el resultado directo de la relación
entre la realidad y nuestros esquemas. Podemos definir a las creencias como todo aquello
en lo que uno cree, como mapas internos que nos permiten dar sentido al mundo, que se
construyen y generalizan a través de la experiencia. Se suele hablar de creencias nucleares
para definir a aquellas que constituyen el self de la persona, son difíciles de cambiar, dan el
sentido de identidad y son idiosincrásicas. En tanto que las creencias intermedias se rela-
cionan con aspectos más secundarios, son más lábiles y tienen una menor relevancia que
las creencias nucleares.
Un pequeño ejercicio que podemos realizar para clarificar los conceptos, consiste en
responder algunas pocas preguntas:
1 - ¿Cuál es tu nombre y por qué te llamas así?
2 - ¿Cuál es tu edad y por qué dices que tienes esa cantidad de años?
3 - ¿Eres hombre o mujer y por qué das esa respuesta?
4 - ¿De qué nacionalidad eres? ¿Por qué dices que eres de dicha nacionalidad?
5 - ¿Cuál es tu canción favorita? ¿Por qué?
Es bastante probable que las primeras 4 preguntas, las hayas respondido sin que pase ni
un segundo y que la justificación que hayas dado sea muy similar a lo que diría gran parte de
la población occidental. En mi caso partícular me llamo Federico porque fue el nombre que
me otorgaron mis padres, soy Argentino porque nací en Argentina, tengo 34 años porque
me dieron a luz en el año 1984 y me considero varón porque tengo genitales masculinos.
Todas estas respuestas representan nuestras creencias nucleares. Nos dan identidad y no so-

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lemos cuestionar estos asuntos. Mantienen cierta estabilidad y nos permiten tener certezas
sobre las cuales apoyarnos.
La pregunta cinco pretende arrojar luz sobre lo que representa una creencia interme-
dia. Personalmente he tenido muchísimas canciones favoritas conforme pasa el tiempo y en
cada etapa de mi vida puedo encontrarle un sentido distinto incluso a la misma canción.
No implicaría un gran gasto de energía psíquica cuestionarme sobre mis gustos musicales.

Cuestionamientos iniciales
Los errores, las creencias, los mitos, las falacias y las mentiras se vienen sucediendo a
lo largo de toda la historia en torno a la sexualidad. Muchas veces relacionadas con mala
información bien intencionada, dada la falta de “tecnología” para inspeccionar el objeto de
interés en función de la época. Tal es el caso de Aristóteles, quien acertó al observar que
había animales que se reproducían sexualmente y otros de manera asexuada, pero erró al
considerar que toda la información necesaria para engendrar un hijo procedía del semen
masculino y la madre era simplemente un receptáculo que aportaba nutrientes. Por su parte
Platón, profesor de Aristóteles, había popularizado la creencia de que un útero inactivo
causaba histeria femenina. Escribió que cuando el útero, una criatura instalada deseosa de
maternidad, “permanece infecundo por demasiado tiempo después de la pubertad, está
afectado y dolorosamente perturbado, y desviándose en el cuerpo y cortando el paso del
aliento, impide la respiración y lleva a las enfermas a la angustia extrema y además provoca
todo tipo de enfermedades”.
En otros casos, la información provenía directamente de la orden celestial, sin posibili-
dad de cuestionamiento alguno. San Agustín (354-430) había argumentado que la prostitu-
ción era un mal necesario pues así como existían las alcantarillas, debían existir prostitutas
que se llevasen lejos los males del sexo, protegiendo así a las “mujeres buenas”. También
sostuvo que el pecado de Adán y Eva se transmite de padres a hijos a través del acto sexual,
que, en virtud de la lujuria que lo acompaña, es intrínsecamente pecaminoso. Fue sólo a
través del bautismo que la mancha de este pecado original era borrado. El resultado de las
redacciones de San Agustín y otros Padres de la Iglesia fue hacer del Cristianismo occiden-
tal lo que he llamado una cultura negativa del sexo.
Por supuesto que no toda la mala información fue bien intencionada con propó-
sitos de progreso social y cultural, sino en función del sostenimiento de ciertos códigos
éticos morales instaurados por ya saben quien. La estrategia, tal vez inconsciente, era to-
mar datos científicos en favor de una ideología personal. Tal es el caso de Tissot (1728-
1787) quien creía que los cuerpos físicos sufrían una pérdida continua, y a no ser que
esta pérdida se restaurara periódicamente, resultaría la muerte. Aunque gran parte de
los desechos perdidos a través de los procesos naturales como la micción y las evacua-
ciones intestinales podrían restaurarse al ingerir alimentos, incluso con un régimen ali-
menticio adecuado, el cuerpo no podía restaurar completamente los desechos que
resultaban de la pérdida sanguínea, la diarrea, y la actividad sexual. Particularmen-
te peligrosa fue la pérdida de la emisión seminal o los exudados vaginales en la mujer.
El semen, explicó, era extremadamente importante para el bienestar del hombre. Como

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evidencia de ésto, señaló que su apariencia coincidía con el crecimiento de la barba y la con-
sistencia de los músculos, algo que no ocurría si un hombre estaba castrado. Debido a que
el semen era tan importante para el desarrollo del hombre, le parecía obvio que cualquier
pérdida excesiva debilitaría al hombre. Aunque agregó que alguna pérdida era necesaria
para la reproducción del genero humano, el peligro real era la relación sexual en exceso.
Incluso más peligroso era la pérdida de semen causada por el sexo no procreativo o a través
de medios de práctica forzados que llamó onamismo.
Es fácil para los últimos comentaristas del siglo XX burlarse de Tissot y otros quie-
nes escribieron en una forma similar. Una de las razones de por qué los autores anteriores
atribuyeron tantos peligros a la actividad sexual es que las secuelas de las enfermedades
de transmisión sexual, en particular la tercera etapa de la sífilis, se acreditaron a los actos
sexuales en general. No fue hasta el siglo XIX que todas las etapas de la sífilis fueron descu-
biertas y explicadas y pudo haber una explicación más racional de lo que Tissot atribuyó a
la excesiva actividad sexual.
En el siglo XIX algunos personajes formadores de opinión en el ámbito de la salud y
la moral - ambas cuestiones parecían estar en algún punto entrelazadas - aseveraban reali-
dades sin información científica, acompañando el mantenimiento de mitos y prejuicios (y
juicios) que recaían sobre una minoría indefensa, colmada de represiones.
Una creencia popular en el siglo XIX indicaba que las mujeres tenían que ser especial-
mente cuidadosas de no gozar del sexo, porque eran criaturas maternales más que sexuales.
Sólo la mujer enferma tenía una “pasión animal excesiva”. El médico inglés bien conocido
William Acton enseñó que las mujeres no tenían ningún deseo por el sexo en lo más míni-
mo y sólo tenían sexo con sus esposos para tener niños o para mantener a sus esposos lejos
del desvío. Admitió que algunas mujeres bajas y vulgares no solamente podrían gozar del
sexo sino buscar compañeros sexuales, pero esto era algo que ninguna esposa y madre de-
cente haría alguna vez. Para muchos escritores de la época, una mujer que gozaba del sexo
era ya una criatura enferma o de cualquier forma una mujer imperfecta. Curiosamente es
que, muchas mujeres escritoras parecían estar de acuerdo. E. B. Duffy, una mujer casada,
escribió que las mujeres reales deberían considerar a todos los hombres adultos no como
amantes sino como hijastros para quienes ellas tenían una “sensibilidad” de madre. Casi to-
dos los consejos de los escritores del siglo XIX recomendaban que la relación entre una pa-
reja casada cesara cuando las mujeres entraran en la menopausia, porque ésta era la manera
de la naturaleza de poner un “cese” a las funciones sexuales de la mujer. Aquellos hombres
y mujeres que persistieron en ocuparse de las relaciones sexuales después de este estadio se
encontrarían exhaustos y propensos al peligro de las enfermedades.
El consenso social de aquella época respecto a las personas que sentían atracción o se
enamoraban de otras personas de su mismo sexo, era que dichos sujetos eran diferentes de
otros, que la homosexualidad era “poseída” por algunos y no por otros. Esta creencia gozaba
de bastante aceptación. Muchos de estos hombres y mujeres que estaban atraídos por indi-
viduos del mismo sexo acabaron en los tribunales judiciales por una razón u otra, mientras
otros hicieron su aparición en la consulta del médico. En consonancia con esta misma pos-
tura, no hace tantos años, se le había adjudicado una enfermedad exclusiva a la población
gay. Tal es el caso de la peste rosa. La suposición errónea de que el SIDA era principalmente
una enfermedad como resultado del intercambio homosexual, es una prueba irrefutable de

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la magnitud del impacto que trae aparejada una creencia. Este es el inmenso riesgo que se
corre cuando una sociedad no es educada para pensar y cuestionarse. Un daño gratuito e
irreparable, invisibilizado hasta que surja una conveniencia que propicie el cambio.
El discurso acerca de la sexualidad es un reflejo de las inquietudes de la época y de la
sociedad en la cual existe. La investigación misma ha tendido a reflejar esto, con prioridades
sobre lo que es importante dependiendo de qué temas parecen de mayor inquietud en un
momento dado a los segmentos significativos de la población.

Entre verdades y mentiras


A continuación enumeraremos algunas frases con el afán de que el lector indague en
sus propios saberes, sobre la veracidad o falsedad de las mismas.
1. El sexo debe ser natural y espontaneo, sin posibilidad de ser aprendido.
2. Es preferible que el hombre tome la iniciativa
3. El hombre normal siempre logra erecciones y tiene ganas.
4. Una vez que se logra una erección no se debería perder ni disminuir la intensidad
de la misma.
5. Debería saber qué le gusta a mi pareja
6. El buen sexo dura al menos 30 minutos.
7. Las relaciones que mejor funcionan son aquellas que más tiempo pasan en la cama.
8. Siempre que hay sexo debe haber coito.
9. Si no hay orgasmo no se considera sexo
10. Las mujeres tardan más que los hombres en excitarse.
11. Hay fantasías que son inmorales.
12. Lo ideal es tener orgasmo simultáneo.
Todos podemos beneficiarnos de adquirir conocimientos. Saber es poder. Estamos en
un momento de constante cuestionamiento respecto de la sexualidad. Es probable que si
alguien realizaba esta encuesta hace 30 años atrás, la mayoría de las respuestas las hubiese
considerado verdaderas, sin siquiera dudarlo. Sin embargo todas y cada una de estas res-
puestas son falsas, o al menos, no son verdaderas. Las frases antes mencionadas, son un
claro ejemplo de los mitos que han dominado nuestros encuentros sexuales durante los
últimos siglos. Si bien la investigación en sexualidad es bastante escasa, los últimos 70 años
se han hecho progresos jamás imaginados. Tanto desde la ciencia como desde la reflexión
social. A continuación arrojaremos un haz de luz respecto a cada mito planteado.

1 - No hay gloria sin sacrificio.


Si llamamos natural a no esforzarnos, no planificar, no luchar por nuestro sexo, esta-
mos olvidando que una de las bases que nos permiten tener encuentros con otros es jus-
tamente la estrategia de conquista. Pareciera que algunas personas se comparan con otros

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primates y mamíferos solo cuando les es útil para darle fuerza a sus ideas. He escuchado
muchos paciente referirse al tema de lo natural como lo espontaneo que ocurre entre los
animales, basando su información en alguna serie de National Geographic.
Una buena pregunta a realizar ante dicho interrogante es: ¿qué pasó antes de tener el
primer encuentro sexual con mi pareja? Es probable, pero no seguro, que la respuesta se
emparente a una estrategia de ajedrez. ¿Dónde salir?, ¿de qué hablar? ¿Qué le puede intere-
sar? ¿Cómo vestirme? Es probable que nos hayamos bañado, perfumado y lavado los dien-
tes para asistir a ese primer emocionante encuentro. En la era digital incluso el estoqueo
funciona en las redes sociales para chequear intereses en común. Seguramente nos pusimos
nervios@s sobre cuando avanzar un poco, dar el primer beso, las primeras caricias, etc.
Suele ocurrir que las parejas con el paso del tiempo pretenden tener el mismo deseo por el
deseo de los primeros encuentro sexuales, sin embargo, también es frecuente escuchar que
no se esmeran tanto por conseguirlo. La fase más importante de la relación sexual es la que
ocurre antes de desnudarnos.

2 - Hombres y mujeres somos del mismo planeta


Es esperable que alguno de los actores de la pareja tenga el rol de iniciador, e incluso
que de acuerdo al ciclo de la pareja esto se vea modificado. No depende del género, sino del
vínculo.
Tal como pudimos observar en lo referente a la historia de la sexualidad como forma-
dora de mitos, se solía hacer hincapié en que las mujeres no deberían gozar del sexo. Pode-
mos imaginar que si el placer era algo “malo” para las buenas damas, tomar la iniciativa para
dicho fin no sería lo más lógico. Los últimos estudios demuestran que hombres y mujeres
somos más parecidos de lo que nos han enseñado. Nuestras similitudes golean a nuestras
diferencias. El famoso concepto que señala a los varones como predadores en busca de los
órganos sexuales femeninos y a las mujeres como dadoras y cuidadoras del afecto está em-
pezando a ser derrotado. Se decía que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, sin
embargo cada día está más claro que ambos somos de la Tierra.

3 y 4 - Basta de presiones
Durante la adolescencia los varones solemos alcanzar la erección enseguida y en cual-
quier lado, incluso en lugares y momentos indeseados. Estas primeras experiencias suelen
indicarnos que esa es la manera en que nuestro pene debe comportarse. No obstante, la
erección no es un mecanismo sobre el cual tengamos control. No decidimos cuando tenerla.
De hecho uno de los problemas cognitivos que se repite en la inmensa mayoría de pacientes
con disfunción eréctil son los diálogos internos sobre este asunto. Un pene en estado en
flaccidez es un pene tenso, un pene en erección es un pene sin presiones. Si al enfrentarnos
a un encuentro sexual, estamos pendientes de la elevación de nuestro miembro, es probable
que tardemos más en conseguirla. Por otro lado durante el acto sexual, no siempre reali-
zamos lo que más nos excita, de hecho podemos llegar a hacer cosas solo para satisfacer

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Mitos Sexuales 57

a la otra persona. Teniendo en cuenta este dato, es razonable que durante algún lapso del
encuentro disminuya la tensión genital.
Es importante señalar que además de la ansiedad, hay otras cuestiones involucradas
en los tiempos de la erección o la falta de la misma. Debemos tener en cuenta las variables
cronológicas – no es lo mismo a los 18 que a los 50 o los 80 - , la última vez que hemos eya-
culado – la existencia del periodo refractario - y los problemas orgánicos que puedan estar
sucediendo.
Por otra parte, algo que está instaurado en la mente de los hombres y de muchas muje-
res es el dictamen respecto al impedimento en decir que NO. La negativa al sexo por parte
del hombre suele generar una reacción en cadena en la cual el varón se siente poco “hom-
bre” y la mujer suele sentirse rechazada. Es increíble como una respuesta de dos letras pue-
de ocasionar tanto enojo, llanto y desilusión. Este punto es crucial en nuestra vida sexual.
Siempre es válido decir que NO. Podemos estar cansados, estresados, pendientes de algún
problema o simplemente con ganas de hacer otra cosa. Reiteramos…siempre es válido decir
que NO y eso no debería ser un motivo de conflicto en una pareja asertiva.

5 - Sin comunicación no hay paraíso


En este punto es importante destacar y recordar el rol que juega la asertividad sexual en
la satisfacción de la vida erótica de la pareja. Como se ha mencionado en otros capítulos, los
estudios demuestran que aprender a comunicar a nuestra pareja nuestros deseos y adquirir
la habilidad de preguntar por lo que al otr@ le gusta y excita, mejora radicalmente nuestra
sensación de satisfacción.
Cada integrante trae consigo un mapa erótico diagramado durante todo su desarrollo.
Es probable que no sea idéntico el uno del otro, por lo tanto la única forma de descubrir el
mundo de nuestra pareja, es a través de la exploración.
Cuando indagamos por este asunto en la clínica, podemos ver que muchos pacientes
se muestran sorprendidos e incomodos, aunque motivados, ante la consigna del dialogo de
sus preferencias sexuales. Se palpa una herida narcisista.
Descubrir el desconocimiento, abre la posibilidad de profundizar en nuestros placeres.
Eso sí, la asertividad implica que el dialogo nos lleve a la proximidad y no a la intromisión.

6 – Una fantasía global


Aprender todos del mismo libro orienta inevitablemente la mirada universal hacia los
mismos ejes. Nuestros encuentros sexuales se parecen cada día más a una película porno-
gráfica. Las redes digitales son un fiel reflejo de este fenómeno. Cada video que aparece es
una copia del anterior. No hay originalidad. Falta novedad. Sobran expectativas irrealistas.
La duración del encuentro sexual es un claro ejemplo de lo antes dicho. Más del 80%
de los hombres y mujeres del mundo occidental están de acuerdo que el sexo debería durar
idealmente un poco más de 30 minutos, incluyendo el juego previo y la penetración. ¿Cuán-
to dura cada encuentro en una película pornográfica?

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Un dato interesante obtenido de las investigaciones en esta temática, es que el tiempo


de latencia eyaculatoria promedio de hombres sin diagnóstico de eyaculación precoz (desde
que ingresa el pene en la vagina hasta que se produce la eyaculación), es de 7 minutos. Otro
apunte atractivo es que la población general no está tan ansiosa de lograr un juego previo
más duradero, sino de mantenerse por más tiempo penetrando o siendo penetrada. Esto
aplica tanto para hombres como para mujeres. Los hombres deseaban un aumento de un
tiempo reportado de 7,88 minutos en el coito a una longitud esperada de 18,45 minutos; por
su parte las mujeres deseaban un aumento de 7,03 minutos a 14,34 minutos.
Dada la discrepancia entre lo que suele ocurrir y lo que espera gran parte de la pobla-
ción, no es descabellado que una buena cantidad de las consultas en el consultorio sexoló-
gico estén orientadas a este asunto. Cuando el ideal y lo real colisionan, sucumbe nuestra
integridad, dando paso al malestar y la decepción.
Por último, es importante recalcar que el tiempo de latencia eyaculatoria varia de
acuerdo a las diversas circunstancias que estemos atravesando. No es lo mismo tener el
primer encuentro sexual con una persona que aporta novedad a nuestro registro sexual
que una pareja de larga data, como tampoco es igual haber eyaculado más de una vez en la
misma noche, y por supuesto que interceden factores como la edad, la locación, la ansiedad,
las preocupaciones, etc.

7 – Más conexión es más satisfacción


En su discurso de 1954 la American Psychiatric Association Kinsey argumentó que “cuan-
do hay relaciones sexuales satisfactorias los matrimonios se vuelven emocionalmente más ricos
y cuando las relaciones sexuales no involucran suficiente intercambio emocional, entonces los
matrimonio están amenazados ‘’. Cuando se trata de sentimientos de satisfacción conyugal, una
vida sexual satisfactoria y un clima interpersonal cálido parecen importar más que una mayor
frecuencia de relaciones sexuales. Durante mucho tiempo gran parte de la sociedad ha convi-
vido con la idea que sugiere que tener mayor cantidad de relaciones sexuales nos acercaría a la
felicidad, tanto individual como de pareja. A pesar de estas creencias generalizadas, los estudios
demuestran que esto no es cierto. Una encuesta realizada a más de 30.000 personas publicada
en el 2015 en The Journal Social Psychological and Personality Science, señala que en promedio,
las parejas que indican un mayor nivel de bienestar mantienen relaciones una vez a la semana. La
directora del proyecto, Amy Muise, comenta que sus resultados sugieren que tiene mayor relevancia
la conexión emocional que tenga la pareja que la cantidad de encuentros sexuales, asegurando que
la calidad supera en importancia a la cantidad.
Solemos estar sumamente pendientes de los números que rodean a nuestra sexualidad.
Atendemos con mayor énfasis a nuestra métrica sexual que a nuestra satisfacción sexual.
Dejamos la parte subjetiva, inherente y primordial del vínculo para medir nuestra felicidad
conyugal en cifras.
No hay tal cosa como la frecuencia ideal. Como mencionamos antes, el promedio in-
dica una vez por semana en parejas que llevan algún tiempo juntas. Sin embargo, la falta
de conocimientos respecto a la interpretación de las estadísticas genera confusión y malos
entendidos. Que el promedio sea de una vez por semana, no hace más que señalar que gran

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Mitos Sexuales 59

cantidad de gente, pero no toda, tiene x cantidad de encuentros, que pueden ser desarrolla-
dos de manera aleatorias, llevando al número antes mencionado.
Lo ideal es que la cantidad esté condicionada al deseo, al amor y a las circunstancias
personales y vinculares.

8 y 9 – El libre comercio del placer


A diferencia de las anteriores creencias mencionadas, en estos casos no suele haber
siquiera un ligero cuestionamiento al respecto. Se ve a las claras ante la indagación respecto
al primer encuentro sexual. Los pacientes siempre responden a esta consulta en referencia
al primer coito. Pareciera que la masturbación, el sexo oral y las caricias tuvieran un puntaje
menor en la valoración del individuo. Una pregunta que hace dudar al entrevistado en dicha
interrogación, es si podemos considerar el debut sexual sin haber alcanzado el orgasmo.
Permitirnos afrontar nuestra sexualidad de manera flexible nos aportará herramientas
que la harán enriquecer. Si siempre que comienzo el encuentro sé que terminará en coito,
y que el coito necesariamente implica alcanzar el orgasmo, estaré ganando certidumbres,
lo cual tendrá repercusión en el deseo. La duda azuza las ganas de trabajar la relación y de
vivir la pasión pensando que en cualquier momento se te puede escapar de entre los dedos.
Por otra parte, dado que las ganas no afloran en ambos integrantes de la pareja a la par
en todas las ocasiones, hacer “favores” puede servir como un potente afrodisiaco, exponién-
donos además, a aprender a ser únicamente dadores o receptores de placer.

10 – Continúan las similitudes


Una reciente investigación de la Universidad McGill muestra que las mujeres se exci-
tan sexualmente con la misma rapidez que los hombres. La idea no es plantear una carrera
para ver quién gana el gran premio de la excitación, pero esta es una creencia que condicionó
durante mucho tiempo nuestro desempeño sexual y es interesante revisarla con datos empí-
ricos. El profesor de psicología Dr. Irv Binik llevó a cabo un experimento que consistió en
poner a los sujetos a ver gran variedad de videos de todo tipo, desde escenas cómicas hasta
algunas con contenido sexual explícito. Se utilizaron cámaras térmicas que se centraron en
las zonas genitales, tanto de los hombres como de las mujeres y se monitoreó el progreso
de la temperatura. Cuando llegó el turno de los filmes pornográficos, los investigadores se
sorprendieron que, tanto mujeres como hombres, comenzaron a excitarse en un lapso no
mayor a los 30 segundos y alcanzaron la excitación plena en no más de 10 minutos.
A pesar de estos datos, es importante entender que la excitación no siempre es objetiva
y reconocible por algunas personas. La excitación más relevante es la subjetiva. Si lo siento,
lo percibo. Si está presente pero no lo abrigo, es un placer perdido.

11- No somos lo que pensamos


Tanto hombres como mujeres utilizamos la fantasía, ya sea dentro del sexo o fuera de él.
Es una condición y una bendición humana poder contar con esta dote. La imaginación nos

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60 Lic. Federico B. Rinaldi

permite transportarnos a lugares que jamás hemos visitado, desarrollar creaciones únicas,
escaparnos brevemente de situaciones hostiles e incluso tener encuentros únicos con varias
personas estando en solitario.
Nuestras fantasías eróticas no definen nuestra sexualidad, pero pueden tender un
puente hacia la satisfacción. Las fantasías son la mayor y más frecuente técnica mental uti-
lizada para incrementar nuestra excitación. La inmensa mayoría de las personas la utilizan
de tanto en tanto, en solitario o en pareja, aunque raramente la incluya.
La esencia de la fantasía es ser “rara y vergonzante”, a veces incluso ilegal y denigrante.
Hay heterosexuales que fantasean con personas de su mismo sexo, sin ser homosexuales.
Hay obsesivos de la higiene que fantasean con que le esparzan chocolate por todo su cuer-
po, sin desear verdaderamente que esto ocurra. Hay gente que fantasea con ser humillada y
atada. Hay gente que fantasea con ser compartida. Hay gente que fantasea con mirar sin ser
visto. Simplemente hay gente, siendo gente.
Las fantasías están en un plano muy distinto al de la conducta y solo nos puede hacer
daño si somos agresivos con ella.

12- Los ingenieros del sexo


Pretender lograr un orgasmo simultáneo es como querer jugar una carrera de natación
en el fango. Puede ser muy interesante el concepto e inclusive digno de ser probado, pero al
final será un esfuerzo que nos desviará de lo realmente importante, nadar y gozar.
El orgasmo es una experiencia que dura entre tres y diez segundos. Lo más rico del
sexo no es la llegada sino el recorrido. Estar pendiente del final solo servirá para alejarnos
del paisaje que estamos descubriendo. Es como querer usar las anteojeras de los caballos sin
que nos obliguen a hacerlo.
Buscar el orgasmo simultaneo es más una tarea de ingenieros que de amantes. No es
que no se pueda lograr, simplemente no lo vale. Nuestra sugerencia es que las personas
acepten y disfruten del orgasmo, en el momento en que la experiencia lo amerite, recordan-
do que el placer no se encuentra en las tareas cumplidas durante el encuentro, sino en la
satisfacción que nos otorga el fluir.
Estos son solo algunos de los mitos más populares que se acuestan con nosotros y nues-
tras parejas. Plantear y desarrolla en profundidad cada uno de los restantes sería una tarea
bíblica. Estemos atentos al pensamiento que bloquea nuestra sexualidad, para así poder
trabajarlos. No discriminemos entre buenos y malos, pero si hay etiqueta, que sea respecto
a la funcionalidad o disfuncionalidad que genera la creencia a cuestionar.

Bibliografia
Arturo Bados y Eugeni García Grau. La técnica de la reestructuración cognitiva. Univer-
sidad de Barcelona. 2010. En: [Link]
Reestructuraci%C3%[Link].

sexualidad [Link] 60 12/09/2018 16:10:26


Mitos Sexuales 61

Amy Muise, Ulrich Schimmack, Emily A. Impett. Sexual Frequency Predicts Greater Well-


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sexualidad [Link] 61 12/09/2018 16:10:26

Common questions

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La percepción de la conexión emocional en las relaciones ha evolucionado significativamente. En el siglo XIX, se consideraba que las relaciones sexuales debían cesar después de la menopausia, reflejando una visión utilitaria del sexo orientada a la procreación . En contraste, estudios actuales, como los mencionados por Amy Muise, destacan que la conexión emocional real en las relaciones de pareja es más valiosa que la frecuencia de las relaciones sexuales para el bienestar de una pareja . Esto refleja un cambio hacia una valoración del sexo como una forma de enriquecer las relaciones emocionales, no solo una actividad biológica o procreativa.

La representación de la sexualidad en los medios, especialmente en la pornografía, ha creado expectativas poco realistas sobre la duración del acto sexual, idealmente de más de 30 minutos según algunas percepciones . Sin embargo, las investigaciones muestran que el tiempo promedio de latencia eyaculatoria es significativamente menor, en promedio 7 minutos . Estas discrepancias causan malestar en muchas parejas cuyas experiencias reales no coinciden con las expectativas impulsadas por los medios, generando insatisfacción y la búsqueda de ayuda en el ámbito sexológico por no alcanzar estos ideales .

Las creencias erróneas de la antigüedad, como las de Aristóteles y Platón sobre la reproducción y la histeria femenina, respectivamente, han contribuido a formar mitos que persisten en la sociedad. Aristóteles consideraba que toda la información para la procreación provenía del semen masculino, lo cual fue desmentido posteriormente . Asimismo, Platón creía que un útero inactivo causaba histeria, un mito que reflejaba la falta de conocimiento médico y que tardó siglos en ser reconsiderado . Estas creencias han influido en percepciones modernas erradas sobre las funciones biológicas y el rol de género en la reproducción, mostrando que la información incorrecta puede perdurar y afectar las visiones contemporáneas hasta que la ciencia las desmiente.

En la interpretación moderna del debut sexual, se aprecia una apertura hacia una mayor flexibilidad respecto a sus componentes. Históricamente, el primer encuentro sexual solía asociarse exclusivamente al coito. Actualmente, se reconoce la validez de otras formas de intimidad como la masturbación o el sexo oral en la estructura del debut sexual . Esta perspectiva más inclusiva fomenta una percepción menos cerrada de la sexualidad, ampliando la comprensión sobre cómo se manifiesta el deseo y el placer en diferentes contextos. Esta flexibilidad permite a las personas aceptar su sexualidad de manera enriquecedora, enfrentando el miedo al no alcanzar un resultado específico como el orgasmo .

Las investigaciones indican que la satisfacción conyugal está más relacionada con la calidad de la relación sexual que con la frecuencia. Amy Muise en su estudio resalta que parejas con una conexión emocional logran mayor bienestar con encuentros sexuales de calidad, a menudo una vez por semana, en lugar de frecuencias más altas sin intercambio emocional . Esto sugiere que mientras que la frecuencia puede ser menor, la inversión emocional y la calidad de las interacciones tienen un impacto significativo en el bienestar conyugal, desafiando la creencia de que más relaciones sexuales conducen automaticamente a mayor felicidad .

Los escritores del siglo XIX, como William Acton, creían que las mujeres no tenían deseos sexuales, y que el deseo sexual femenino era visto como un signo de una 'pasión animal excesiva', lo que las categorizaba como enfermas o imperfectas si mostraban disfrute sexual . Esta idea se aceptaba socialmente y sugería que las mujeres debían comportarse de acuerdo a roles maternales, más que a deseos sexuales. La influencia de estas creencias afectaba no solo el respeto social hacia las mujeres que disfrutaban del sexo, pero también limitaba su autoexpresión dentro de las relaciones matrimoniales, las cuales eran vistas principalmente como un medio para la procreación .

Históricamente, se han hecho vinculaciones erróneas respecto a la genética y la sexualidad, como el mandato genético erróneo de Aristóteles que asignaba toda la información reproductiva al semen masculino . Con el avance científico, estas percepciones han sido corregidas, proporcionando una comprensión más precisa del rol de ambos géneros en la información genética heredada, reconociendo la contribución igualitaria del óvulo al proceso de reproducción. Esta corrección es producto de un enfoque más equilibrado y basado en evidencias sobre la genética y la reproducción, eliminando supuestos sexistas que anteriormente se atribuían a características exclusivas de uno de los géneros .

En el siglo XVIII, Tissot sostenía que la pérdida continua de fluidos corporales, incluida la emisión de semen, debilitaba al hombre y se relacionaba con diversos problemas de salud . La actividad sexual excesiva era vista como particularmente peligrosa debido a la falta de comprensión médica de enfermedades como la sífilis, cuyas secuelas graves en etapas avanzadas se atribuían al acto sexual en general . Este tipo de creencias vinculaban la moralidad con la medicina, perpetuando miedos sobre la salud física en relación con la actividad sexual no procreativa, fundamentándose en un conocimiento médico limitado.

San Agustín consideraba que la prostitución era un mal necesario, justificando su existencia al igual que el sistema de alcantarillado que se lleva impurezas, para proteger a las 'mujeres buenas' . Este razonamiento estaba arraigado en un contexto histórico en el que predominaba una visión negativa de la sexualidad. Además, San Agustín argumentaba que el pecado original se transmitía a través del acto sexual, imbuido de lujuria y esencialmente pecaminoso, lo cual reforzaba la percepción negativa de las prácticas sexuales y justificaba socialmente la existencia de la prostitución como un supuesto mal necesario .

La falta de educación crítica en la sociedad permite que creencias erróneas y mitos persistan, causando daños a menudo irreparables. Por ejemplo, la percepción errónea de que el SIDA era una enfermedad mayoritariamente homosexual, conocida como 'peste rosa', malinterpretó y estigmatizó injustamente a la comunidad gay . El discurso sobre sexualidad refleja las preocupaciones e ignorancias de la sociedad en cada periodo. No cuestionar estas creencias permite que se mantengan los estigmas y mitos sobre la sexualidad, limitando la comprensión basada en evidencias y perpetuando tabúes dañinos . Esto demuestra la importancia de una educación que fomente la reflexión y el cuestionamiento de creencias establecidas.

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