Semiótica y pragmatismo de Peirce
Semiótica y pragmatismo de Peirce
perspectiva semiótica de
Charles Peirce
Charles Peirce (1839-1914) fue un lógico, un epistemólogo y un gran divulgador de las teorías
científicas de su época. Se lo conoce como uno de los padres del pragmatismo norteamericano
por sus aportes a la teoría del conocimiento, a la lógica y por su teoría del significado. Para el
pragmatismo, el conocimiento se vincula con la experiencia. Ahora bien, la experiencia que
esta perspectiva considera es más una apertura hacia el futuro que algo del pasado. Por eso, el
análisis de la experiencia no implica el cotejo con el inventario del patrimonio acumulado, sino
la previsión o anticipación de los desarrollos o la utilización posible de ese patrimonio. La
previsión de ese uso y la determinación de sus límites son las que definen el significado y, la
verdad misma, para el pragmatismo. En consecuencia, la verdad no es tal por ser cotejable con
los datos de la experiencia pasada, sino por ser susceptible de un uso cualquiera en la
experiencia futura. Así, una hipótesis científica accede al estatuto de un saber y, por lo tanto,
de signo, sobre la base del conocimiento de lo que serían los efectos de ese saber que
permitirían reconocerlo y utilizarlo.
Para Peirce, el representamen es el signo como elemento inicial de toda semiosis. Representa
al objeto, pero lo representa en uno o algunos de sus aspectos. Siendo el representamen la
expresión que muestra alguna cosa, casi siempre es fruto del artificio o de la arbitrariedad de
quienes lo crean Otras veces puede ser un fenómeno natural, como las nubes grises en el cielo
que devienen en una representación o en un signo de tormenta. El representamen es
simplemente el signo en sí mismo, es una realidad teórica y mental con la que representamos
el objeto. El objeto es aquello a lo que alude el representamen. Pero tampoco es una realidad
objetiva, sino que es una construcción semiótica. Recordemos lo que dice Peirce: “el signo (o
representamen) está en lugar de algo: su objeto”. Debemos, entonces, entender por objeto la
denotación formal del signo. Peirce distingue el objeto inmediato, que surge del proceso de
semiosis, respecto del objeto dinámico, que está fuera de ese proceso concreto de semiosis y
puede estar representado por distintos representámenes. Peirce lo explica en estos términos:
Debemos distinguir el objeto inmediato, que es el objeto tal como es representado por el signo
mismo, y que es, dependiente de la representación de él en el signo; y, por otra parte, el
objeto dinámico, que es la realidad que, por algún medio, arbitra la forma de determinar el
signo a su representación.
Hay que tener en cuenta la relación que existe entre la recepción del signo y los hábitos
culturales de los perceptores, sus experiencias previas de los objetos y de las cosas del mundo.
Los individuos, en el momento de “leer” un signo, lo interpretan a partir de lo que ya tienen
formado en su mente, es decir, las ideas, las valoraciones sociales, las visiones de la realidad y
los prejuicios que, por cultura, costumbres o tradición, poseen de antemano. A partir de allí se
van generando nuevas configuraciones. La acción del conocimiento humano, cuya base es la
actividad sígnica, nos coloca dentro de una cadena sin fin de mediaciones que nos remiten de
signo en signo, entrelazando un lenguaje con otro. Como afirma un estudioso: “Puesto que
tanto el objeto como el interpretante de cualquier signo son forzosamente también signos, no
es de sorprender que Peirce afirmara que todo este universo esté sembrado de signos, y se
pregunta si no estará compuesto exclusivamente de signos”
Ícono es el signo que se relaciona con su objeto por razones de semejanza de algún tipo, es un
vínculo de tipo analógico. Posee alguna de las propiedades intrínsecas del objeto al que
representa, independientemente de que ese objeto “exista” en la realidad. El ícono es una
imagen mental, es decir, un representamen que representa su objeto, al cual se le parece de
alguna forma. Exhibe la misma cualidad, o la misma configuración de cualidades, que el objeto
denotado. Una foto, un dibujo, un esquema, también son íconos en el sentido de que
representan al objeto designado imitando, trasladando, algunas de sus c}}aracterísticas.
Índice es el signo conectado directamente con su objeto. Supone una coexistencia en algún
momento con el objeto al que representa. El índice es indicativo remite a alguna cosa al
señalarla, como sucede con el humo, que surge del fuego y al mismo tiempo indica su
presencia a la distancia. También son índices las huellas de una pisada, o los pronombres
personales (yo, vos, elles, etc.) que remiten a personas concretas en cada situación discursiva.
Dos datos pueden extraerse: el primero es que le interesa reflexionar sobre el conocimiento;
el segundo es que afirma la prioridad de lo real. Enigma, problema u obstáculo, la realidad es
aquello con que los seres humanos se enfrentan. Aquello (“hecho”) que aparece como
obstáculo. Sería la segundidad. Si, por ejemplo, nos tropezamos con una piedra, ese
tropezarse, ese encontrarse con un hecho, segundidad en tanto encuentro, nos hará reconocer
su dureza, primeridad, en tanto cualidad específica de ese obstáculo. Pero tanto el
reconocimiento de la cualidad o primeridad del objeto o segundidad, por el encuentro, sólo
pueden conocerse una vez establecida la relación (entre el obstáculo y su cualidad que lo hace
resistente-dureza en este caso). La relación es la terceridad. Cualidad, hecho, ley son las
primeras denominaciones de la semiosis o relación sígnica inherente a todo tipo de
conocimiento (no sólo científico y racional sino vulgar) que le preocupaba a Peirce.
La semiótica.
La semiótica (o semiología) es la ciencia de los signos. Como los signos verbales siempre
representaron un papel muy importante, la reflexión sobre los signos se confundió durante
mucho tiempo con la reflexión sobre el lenguaje. Hay una teoría semiótica que la Antigüedad
nos ha legado: tanto en China como en la India, en Grecia como en Roma. Los modistas de la
Edad Media también formulan ideas sobre el lenguaje que tienen un alcance semiótico. Pero
sólo con Locke surgirá el nombre mismo de “semiótica”. Durante todo este primer período, la
semiótica no se distingue de la teoría general del lenguaje.
La semiótica llega a ser una disciplina independiente con la obra del filósofo norteamericano
La
Charles Sanders Peirce. Para él, es un marco de referencia que incluye todo otro estudio:
“Nunca me ha sido posible emprender un estudio –sea cual fuere su ámbito: las matemáticas,
la moral, la química, la astronomía, los hombres y las mujeres, la economía etc…– sin
concebirlo como un estudio semiótico”. De allí que los textos semióticos de Peirce sean tan
variados como los objetos enumerados.
Nunca dejo algo que resumiera las grandes líneas de su doctrina. Esto provoca cierto
desconocimiento de sus doctrinas, tanto más difíciles de captar puesto que cambiaron de año
en año. La primera originalidad del sistema consiste en su definición del signo. He aquí una de
sus formulaciones: “Un Signo o Representamen, es un Primero que mantiene con un Segundo,
llamado su Objeto, tan verdadera relación tríadica que es capaz de determinar un Tercero,
llamado su Interpretante, para que éste asuma la misma relación tríadica con respecto al
llamado Objeto que la existente entre el Signo y el Objeto".
Para comprenderla debe recordarse que toda la experiencia humana se organiza, en tres
niveles que él llama la primeridad, la segundidad y la terceridad y corresponden, en líneas muy
generales, a las cualidades sentidas, a la experiencia del esfuerzo y a los signos. A su vez, el
signo es una de esas relaciones de tres términos: lo que provoca el proceso de
eslabonamiento, su objeto y el efecto que el signo produce (interpretante). En una acepción
vasta, el interpretante es pues el sentido del signo: en una acepción más estrecha, es la
relación paradigmática entre un signo y otro; así, el interpretante es siempre un signo que
tendrá su interpretante, etc.: hasta el infinito. En el caso de los signos “perfectos”.
Podríamos ilustrar este proceso de conversión entre el signo y el interpretante mediante las
relaciones que mantiene una palabra con los términos “El signo no es un signo si no puede
traducirse en otro signo en el cual se desarrolla con mayor plenitud.” esta concepción es ajena
a todo psicologismo: la conversión del signo en interpretante(s) se produce en el sistema de
signos no en el espíritu de los usuarios (por consiguiente, no deben tomarse en cuenta algunas
fórmulas de Peirce.
Otra distinción conocida; pero con frecuencia mal interpretada, es la de ícono. Índice y
símbolo. Esos tres niveles del signo todavía corresponden a la gradación primeridad,
segundidad, terceridad, y se definen de la siguiente manera: (más arriba está definido). El
símbolo es, por ejemplo, el caso de las palabras de la lengua. El índice es por ejemplo, la
aparición de un síntoma de enfermedad, el descenso del barómetro, la veleta que indica la
dirección del viento, el ademán de señalar. En la lengua, todo lo que proviene de la deixis es un
índice, palabras tales como yo, tú, aquí, ahora, etc. (son, pues, “símbolos indíciales”), el ícono
es por ejemplo, una mancha negra por el color negro; las onomatopeyas; los diagramas que
reproducen relaciones entre propiedades. Peirce esboza una subdivisión de los íconos en
imágenes, diagramas y metáforas. Pero es fácil ver que en ningún caso pueda asimilarse la
relación de ícono a la de parecido entre dos significados (en términos retóricos, el ícono es una
sinécdoque, más que una metáfora: ¿puede decirse que la mancha negra se parece al color
negro?). Es menos posible aun identificar la relación de índice con la contigüidad entre dos
significados (en el índice, la contigüidad existe entre el signo y el referente, no entre dos
entidades de la misma naturaleza). Por lo demás, Peirce llama la atención contra tales
identificaciones.
Objeto
Representamen Interpretante
“Un representamen es el sujeto de una relación triádica con un segundo llamado su objeto,
para un tercero llamado su interpretante. Esta relación triádica es tal que el representamen
determina a su interpretante a establecer la misma relación triádica con el mismo objeto para
algún interpretante. Signo, o representamen, es cualquier cosa que existe para alguien en lugar
de otra cosa, sea cual fuere su acepción o ámbito. El signo va dirigido a alguien y crea en la
mente de esta persona otro signo equivalente, o quizás más desarrollado. El signo que se crea
lo llamamos interpretante del primer signo. Este signo existe por alguna razón, el propio
objeto. Tiene sentido por ese objeto, no en todas sus acepciones, sino enfocado a una clase de
idea particular a la que alguna vez me he referido como el terreno de la representación.”
Recordemos que los tres elementos de la tríada son relaciones o funciones para explicar la
realidad viva de cada semiosis. Esto tiene sus consecuencias en toda la cadena semiótica. La
función de interpretante en un determinado signo puede convertirse en representamen de
otro signo en otra semiosis. Puede suceder que a un signo, por ejemplo, la foto de un
deportista, se le cambie de valor sígnico con la intención de usarla para denotar otra cosa.
Notemos, además, que estos tres aspectos son “lógicos o formales”; solo existen en la mente
del sujeto en el momento concreto de percibir el signo. La distinción o separación de cada
momento es meramente mental, porque en la práctica la tríada no se puede separar:
constituye un mismo proceso.
Podemos darnos cuenta, entonces, que el signo es una categoría mental, una idea mediante la
cual evocamos un objeto, con la finalidad de aprehender el mundo o de comunicarnos. En este
juego se produce la “semiosis”, que es un proceso de inferencia propio de cualquier persona.
La semiótica es la teoría de la práctica semiótica; de allí que el “signo” constituya el núcleo de
ese estudio teórico. Para concluir, digamos que de esta idea de signo se desprende también el
concepto de semiosis infinita. El interpretante de un signo refleja siempre los hábitos mentales
de la persona que entra en contacto con el representamen o, dicho de otra forma, traduce las
reacciones del individuo ante la provocación y el estímulo del signo, denotando sus
comportamientos y experiencias. Se alude aquí a la necesaria relación que existe entre la
recepción del signo y los hábitos culturales de los perceptores, en el momento de leer un
signo, lo interpretan a partir de lo que ya tienen formado en su mente, las ideas, las
valoraciones sociales, las visiones de la realidad y los prejuicios que, por cultura, costumbres o
tradición poseen de antemano. A partir de allí se van generando nuevas configuraciones. Es
este proceso el que da lugar a una “semiosis infinita", es decir, a una continua sucesión de
producción de signos mediante la cual los sujetos van pensando la verdad de las cosas y del
mundo.
“Puesto que tanto el objeto como el interpretante de cualquier signo son forzosamente
también signos, no es de sorprender que Peirce afirmara que todo este universo esté
sembrado de signos, y se pegunta si no estará compuesto exclusivamente de signos”. Es a
partir de aquí que se genera la semiosis infinita. Leamos estas citas de Peirce:
La semiótica
“La lógica, en sentido general, es sólo otro nombre de la semiótica (semiotiké), la doctrina
cuasi-necesaria, o formal, de los signos. Al describir la doctrina como ‘cuasinecesaria’ o formal,
quiero decir que observamos los caracteres de los signos y a partir de tal observación, por un
proceso que no objetaré sea llamado Abstracción, somos llevados a aseveraciones, en extremo
falibles, y por ende en cierto sentido innecesarias, concernientes a lo que deben ser los
caracteres de todos los signos usados por una inteligencia científica, es decir por una
inteligencia capaz de aprender a través de la experiencia.”
“Un signo, o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún
aspecto o carácter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo
equivalente, o tal vez, un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el
interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese
objeto no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces he
llamado el fundamento del representamen. (…) La palabra Signo seré usada para denotar un
Objeto perceptible, o solamente imaginable, o aun inimaginable en un cierto sentido. (…) Un
signo puede tener más de un Objeto.”
“Para que algo sea un signo, debe “representar’, como solemos decir, a otra cosa, llamada su
Objeto, aunque la condición de que el Signo debe ser distinto de su Objeto es, tal vez,
arbitraria.”
“El Signo puede solamente representar al Objeto y aludir a él. No puede dar conocimiento o
reconocimiento del Objeto. Esto es lo que se intenta definir en este trabajo por Objeto de un
Signo, vale decir: Objeto es aquello acerca de lo cual el signo presupone un conocimiento para
que sea posible proveer alguna información adicional sobre el mismo.”
[Link] clasificación del
signo
En la tríada del signo es posible ver también el reflejo de la división triádica fundamental que
citamos arriba: el representamen, siendo el punto de arranque de la semiosis, remite a la
primeridad; el objeto a la secundidad y el interpretante a la terceridad. Desde aquí y enlazando
estas categorías con cada elemento del signo, es posible obtener su división según la siguiente
expresión triádica:
Cualisigno: es el signo en su aspecto de cualidad (por ej., el “color” del caballo, el tono de voz
de un discurso o poesía, el estilo de un grafismo, etc.). Es lo general del signo, pero que le
permite subsistir en cuanto tal, sin ser todavía la totalidad del signo. - Sinsigno: es la presencia
concreta del signo (por ej., la presencia del color del caballo en este signo L concreto). Es lo
particular del signo. - Legisigno: es la norma o modelo sobre el cual se construye un sinsigno
(por ej., lo que establece el diccionario para la definición semántica de la palabra “caballo"). U.
Eco explica con un ejemplo esta división:
“Un billete de banco es un sinsigno cuyo legisigno establece su equivalencia con una cantidad
exacta de oro: pero a partir del momento en que la réplica se estudia como provista de
características cualisígnicas (la filigrana, la numeración), también en un cualisigno y, por lo
tanto, irreproducible como tal. Se objetará que el oro es cualisigno a causa de su rareza, y en
cambio el billete se ha convencionalizado como dotado de valor, por arbitrio legisígnico; pero
es que también el billete es cualisigno a causa de su rareza, y también el oro se ha
convencionalizado como parámetro de valor de una manera arbitraria (podría llegar a ser
abandonado como patrón, y sustituido por el uranio).”
División del signo en relación con su Objeto Esta es una de las clasificaciones más conocidas de
Peirce y que ha suscitado también no pocos debates teóricos. Según el objeto al cual se dirige,
Peirce distingue tres clases de signos:
- Ícono: es el signo que se relaciona con su objeto por razones de semejanza: “... relación de
razón entre el signo y la cosa significada”. Es una imagen mental, o sea, de un representamen
que representa su objeto, al cual se le parece. El ícono de la palabra “frío” es la imagen que se
forma en nuestra mente y que se asemeja a nuestra experiencia del frío. Pero también es un
ícono un cuadro de paisaje, una fotografía o un diagrama.
- Índice: es el signo que conecta directamente con su objeto: las huellas de un caballo sobre
el camino, o bien, el pronombre “tú” para indicar la persona con la que se habla. Es
indicativo, y remite a alguna cosa para señalarla, como el humo para indicar la presencia
del fuego.
- Símbolo: es el signo simplemente arbitrario, como las palabras: ellas, en efecto, tienen
significado por una ley de convención arbitrariamente establecida. La dificultad para
comprender esta clasificación se disipa si recordamos una vez más que, para Peirce, el signo es
una entidad triádica y, por lo tanto, el ícono, el índice y el símbolo no son sino
representámenes (signos con algún soporte) que se relacionan con el objeto desde diferentes
puntos de vista. En cambio, en otra vertiente de problemas, es sobre todo el tema del
iconismo el que sigue provocando polémicas, ya que el pensamiento de Peirce no es del todo
claro al respecto.
Peirce dice que “el único modo de comunicar directamente una idea es por medio de un
ícono”, lo cual equivale a afirmar que todo ícono es una imagen mental, o sea, algo que existe
en el interior de la persona, a manera de imágenes, de esquemas, de formas y colores de las
cosas. El conocimiento humano se genera siempre mediante una relación de signos, de modo
que también un ícono es un producto mental, Es lógico que él considere ícono no sólo una
fotografía, sino también una onomatopeya o un diagrama. Los diagramas son íconos, porque
representan una equivalencia proporcional, un espacio lógico, precisamente aquel que se
forma en la mente acerca del diagrama mismo. Su concepción de iconismo es muy particular y
parece que, en el fondo, Peirce maneja dos conceptos de iconismo.
El primero es el que se caracteriza por ser una percepción mental común a cualquier
elaboración sígnica durante el proceso de conocimiento humano: entonces el cuadro de un
caballo no es un ícono sino un índice que atrae nuestra atención sobre el animal allí
representado, pero por comodidad se suele extender también a la cosa representada.
El segundo más específico de ícono tiene que ver con aquel signo que genera en el individuo
una imagen semejante a las cosas representadas. Sin embargo, lo que produce semejanza no
es el objeto, sino la construcción sígnica convencional. Así, por ejemplo, el caballo del cuadro
se relaciona con su objeto no por una semejanza física entre la imagen y el animal, sino por
una “homología proporcional”, es decir, debido a la similitud de proporciones, en donde cada
punto de la figura está colocado en el mismo orden que corresponde al objeto representado y
cuya convención semiótica aceptamos.
La ciencia de la semiótica
Un signo, o representamen representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se
dirige a alguien, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o un signo aún más
desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo
está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino sólo
con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del
representamen. "Idea" debe entenderse aquí en cierto sentido platónico, muy familiar en el
habla cotidiana; quiero decir, en el mismo sentido en que decimos que cuando un hombre
recuerda lo que estaba pensando anteriormente, recuerda la misma idea, y en que, cuando el
hombre continúa pensando en algo, aun cuando sea por un décimo de segundo, en la medida
en que el pensamiento concuerda consigo mismo durante ese lapso, o sea, continúa teniendo
un contenido similar, es "la misma idea", y no es, en cada instante del intervalo, una idea
nueva.
Como consecuencia del hecho de estar cada representamen relacionado con tres cosas, el
fundamento, el objeto y el interpretante, la ciencia de la semiótica tiene tres ramas. La primera
es […] la gramática pura. Tiene por cometido determinar qué es lo que debe ser cierto del
representamen usado por toda inteligencia científica para que pueda encarnar algún
significado. La segunda rama es la lógica propiamente dicha. Es la ciencia de lo que es cuasi-
necesariamente verdadero de los representámenes de cualquier inteligencia científica para
que puedan ser válidos para algún objeto, esto es, para que puedan ser ciertos. […] La tercera
rama, la llamaré retórica pura, imitando la modalidad de Kant de conservar viejas asociaciones
de palabras al buscar la nomenclatura para las concepciones nuevas. Su cometido consiste en
determinar las leyes mediante las cuales, en cualquier inteligencia científica, un signo da
nacimiento a otro signo y, especialmente, un pensamiento da nacimiento a otro pensamiento.
Un Icono es un signo que se refiere al Objeto al que denota meramente en virtud de caracteres
que le son propios, y que posee igualmente exista o no exista tal Objeto. Es verdad que, a
menos que haya realmente un Objeto tal, el ícono no actúa como signo; pero esto no guarda
relación alguna con su carácter como signo. Cualquier cosa, sea lo que fuere, cualidad,
individuo existente o ley, es un ícono de alguna otra cosa, en la medida en que es como esa
cosa y en que es usada como signo de ella.
Un índice es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de ser realmente afectado
por aquel Objeto. […] En la medida en que el índice es afectado por el Objeto, tiene,
necesariamente, alguna Cualidad en común con el Objeto, y es en relación con ella como se
refiere al Objeto. En consecuencia, un índice implica alguna suerte de Icono, aunque un icono
muy especial; y no es el mero parecido con su Objeto, aun en aquellos aspectos que lo
convierten en signo, sino que se trata de la efectiva modificación del signo por el Objeto.
Un Símbolo es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de una ley, usualmente
una asociación de ideas generales que operan de modo tal que son la causa de que el Símbolo
se interprete como referido a dicho Objeto. Es, en sí mismo, un tipo general o ley. […] En
carácter de tal, actúa a través de una Réplica. No sólo es general en sí mismo; también el
Objeto al que se refiere es de naturaleza general. Ahora bien, aquello que es general tiene su
ser en las instancias que habrá de determinar. Debe necesariamente haber instancias
existentes de lo que el Símbolo denota, aunque acá habremos de entender por "existente",
existente en el universo posiblemente imaginario al cual el Símbolo se refiere. […]
Representar
Estar en lugar de otro, es decir, estar en tal relación con otro que, para ciertos propósitos, se
sea tratado por ciertas mentes como si se fuera ese otro. Consecuentemente, un vocero, un
diputado, un apoderado, un agente, un vicario, un diagrama, un síntoma, un tablero, una
descripción, un concepto, una premisa, un testimonio, todos representan alguna otra cosa, de
diversas maneras, para mentes que así los consideran. Cuando se desea distinguir entre
aquello que representa y el acto o relación de representar, lo primero puede ser llamado el
"representamen" y lo segundo la "representación". […]
Signo
Cualquier cosa que determina a otra cosa (su interpretante) a referirse a un objeto al cual ella
también se refiere (su objeto) de la misma manera, deviniendo el interpretante a su vez un
signo, y así sucesivamente ad infinitum.
Un signo es o bien un ícono, o un índice, o un símbolo. Un ícono es un signo que poseería el
carácter que lo vuelve significativo, aun cuando su objeto no tuviera existencia; tal como un
trazo de lápiz en un papel que representa una línea geométrica. Un índice es un signo que
perdería al instante el carácter que hace de él un signo si su objeto fuera suprimido, pero que
no perdería tal carácter si no hubiera interpretante. Tal es, por ejemplo, un pedazo de tierra
que muestra el agujero de una bala como signo de un disparo; porque sin el disparo no habría
habido agujero; pero hay un agujero ahí, independientemente de que a alguien se le ocurra o
no atribuirlo a un disparo. Un símbolo es un signo que perdería el carácter que lo convierte en
un signo si no hubiera interpretante. Es tal cualquier emisión de habla que significa lo que
significa sólo en virtud de poder ser entendida como poseedora de esa determinada
significación. […]
Índice
Un signo, o representación, que se refiere a su objeto no tanto a causa de cualquier similitud o
analogía con él, ni porque esté asociado con los caracteres generales que dicho objeto pueda
tener, como porque está en conexión dinámica (incluyendo la conexión espacial] con el objeto
individual, por una parte, y con los sentidos o la memoria de la persona para quien sirve como
signo, por la otra. Ninguna aseveración fáctica puede hacerse sin recurrir a algún signo que
sirva como índice. Si A le dice a B "Hay un incendio", B preguntará "¿Dónde?", como
consecuencia de lo cual A deberá forzosamente recurrir a un índice, aun cuando sólo quiera
referirse a algún lugar no definido del universo real, pasado y futuro. De lo contrario, s61o
habrá expresado que hay una idea tal como la de incendio, la cual no daría ninguna
información, porque, salvo que ya fuera conocida, la palabra "incendio" sería ininteligible. Si A
señala con su dedo el fuego, el dedo se conecta dinámicamente con el incendio, tanto como si
una alarma de incendio automática lo hubiera dirigido indicando dicha dirección; y, al mismo
tiempo, promueve que los ojos de B se vuelvan a esa dirección, que su atención se concentre
en el incendio y que su entendimiento reconozca que se ha dado respuesta a su pregunta. Si,
en cambio, la respuesta de A hubiera sido "A mil metros de acá, más o menos", la palabra
"acá" es un índice, dado que tiene exactamente la misma fuerza que si hubiera señalado un
punto preciso del terreno entre A y E. Más aún: la palabra "metros", aunque representa a un
objeto de clase general, es indirectamente indicial, dado que las varas métricas en sí mismas
son signos de una norma oficial […]. Las letras de uso común en álgebra que no presentan
peculiaridades son índices. También lo son las letras A, B, C, etcétera, asignadas a una figura
geométrica. Los abogados y otros profesionales que se ven en la necesidad de expresar algún
asunto complicado con total precisión recurren a letras para distinguir a los entes individuales.
Las letras, cuando son usadas así, no son sino versiones mejoradas de los pronombres
relativos. Mientras que los pronombres demostrativos y personales son, tal como se los usa
generalmente, "índices genuinos", los pronombres relativos son "índices degenerados", dado
que, aunque en forma accidental e indirecta puedan referirse a cosas existentes, ellos en
realidad se refieren en forma directa, y sólo necesitan referirse a las imágenes mentales que
las palabras precedentes hayan creado.
Los índices pueden ser distinguidos de otros signos, o representaciones, por tres rasgos
característicos: primero, que carecen de todo parecido significativo con su objeto; segundo,
que se refieren a entes individuales, unidades individuales, conjuntos unitarios de unidades o
continuidades individuales; tercero, que dirigen la atención a sus objetos por una compulsión
ciega. Pero sería harto difícil, si no imposible, mencionar un índice que fuera absolutamente
puro, o hallar algún signo absolutamente desprovisto de cualidad indicial. Desde el punto de
vista psicológico, la acción de los índices depende de asociaciones por contigüidad, y no de
asociaciones por parecido o de operaciones intelectuales.
Símbolo
Un Signo (como se vio) que está constituido como signo mera o fundamentalmente por el
hecho de que es usado y entendido como tal, sea por el hábito natural o nacido por
convención, y con prescindencia de los motivos que originalmente llevaron a su selección.