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Semiótica y pragmatismo de Peirce

Los 3 componentes del signo según Peirce son el representamen, el objeto y el interpretante. El representamen es el signo en sí, el objeto es lo que el signo representa, y el interpretante es la interpretación que el signo genera en la mente. Peirce ve la semiosis, o actividad sígnica, como la base del conocimiento humano, donde los signos se refieren unos a otros de manera infinita para interpretar la realidad.

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Semiótica y pragmatismo de Peirce

Los 3 componentes del signo según Peirce son el representamen, el objeto y el interpretante. El representamen es el signo en sí, el objeto es lo que el signo representa, y el interpretante es la interpretación que el signo genera en la mente. Peirce ve la semiosis, o actividad sígnica, como la base del conocimiento humano, donde los signos se refieren unos a otros de manera infinita para interpretar la realidad.

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El pragmatismo y la

perspectiva semiótica de
Charles Peirce
Charles Peirce (1839-1914) fue un lógico, un epistemólogo y un gran divulgador de las teorías
científicas de su época. Se lo conoce como uno de los padres del pragmatismo norteamericano
por sus aportes a la teoría del conocimiento, a la lógica y por su teoría del significado. Para el
pragmatismo, el conocimiento se vincula con la experiencia. Ahora bien, la experiencia que
esta perspectiva considera es más una apertura hacia el futuro que algo del pasado. Por eso, el
análisis de la experiencia no implica el cotejo con el inventario del patrimonio acumulado, sino
la previsión o anticipación de los desarrollos o la utilización posible de ese patrimonio. La
previsión de ese uso y la determinación de sus límites son las que definen el significado y, la
verdad misma, para el pragmatismo. En consecuencia, la verdad no es tal por ser cotejable con
los datos de la experiencia pasada, sino por ser susceptible de un uso cualquiera en la
experiencia futura. Así, una hipótesis científica accede al estatuto de un saber y, por lo tanto,
de signo, sobre la base del conocimiento de lo que serían los efectos de ese saber que
permitirían reconocerlo y utilizarlo.

Para diferenciarse de las otras corrientes, prefirió designar a su filosofía como


“pragmaticismo”. Se interesaba por explicar el modo en que conocemos y actuamos. Él
sostiene que conocemos el mundo mediante signos. De ahí que cualquier cosa, si comunica
algo para alguien, es un signo: una palabra, un texto, una imagen, un artefacto del mundo, una
idea, incluso el hombre mismo es un signo. Como veremos, un signo desencadena un proceso
que implica una relación entre tres elementos: el “representamen” (algo presente) remite a
un “objeto” (lo presenta de algún modo) para alguien. El representamen es un “primero” que
remite a un “segundo”, su objeto, pero además desencadena otros signos equivalentes o más
desarrollados (“tercero”). Ese tercer elemento del signo, denominado el “interpretante”,
construye una representación de ese representamen. Busca especialmente dar cuenta del
conocimiento humano, no solo del conocimiento científico, sino también del que proviene del
sentido común, de las manifestaciones estéticas u otras, y busca dar cuenta de las complejas
relaciones que los signos establecen con lo real. Como la experiencia implica siempre una
apertura hacia el futuro, un postulado central es que el signo es una acción, el lugar de una
actividad de producción de nuevas significaciones, que se generan a partir de la experiencia y
de las inferencias que realizamos para interpretar cada signo mediante otros signos. De ahí
que el proceso en el que intervienen los signos, denominado semiosis, sea infinito o ilimitado.
Umberto Eco lo dice: “un signo se explica en su propio significado solamente remitiéndolo a un
interpretante, el cual se refiere a otro interpretante y así sucesivamente hasta lo infinito”
La semiótica de Charles
Peirce
Fue un lógico, un epistemólogo y un gran divulgador de las teorías científicas de su época. Su
filosofía se inscribe en el marco conceptual del pragmatismo norteamericano, que vincula el
conocimiento con la experiencia. Y, justamente, el estudio de los signos que lleva adelante
Peirce busca dar cuenta del modo en que conocemos. Semiótica es el término para designar la
ciencia que estudia los signos, y que algunos autores consideran equivalente al término
Semiología. La semiótica llega a ser una disciplina independiente con la obra Charles Sanders
Peirce. Para él, es un marco de referencia que incluye todo otro estudio: Nunca me ha sido
posible emprender un estudio –sea cual fuere su ámbito: las matemáticas, la moral, la química,
la astronomía, los hombres y las mujeres, la psicología, la economía, la historia de las ciencias,
el vino, la metrología etc...– sin concebirlo como un estudio semiótico

Los 3 componentes del


signo
Para Pierce la función del signo consiste en ser “algo que está en lugar de otra cosa bajo algún
aspecto o capacidad”. El signo es una representación por la cual alguien puede mentalmente
remitirse a un objeto. En este proceso se hacen presentes tres elementos formales
relacionados entre sí: el primero es el “representamen”, relacionado con su “objeto” (lo
segundo) y el tercero, que es el “interpretante”. Un signo, o representamen, es algo que, para
alguien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige a alguien, crea en
la mente de ese interpretante un signo equivalente, o tal vez un signo aún más desarrollado.
Este signo creado es el interpretante del primer signo. La palabra signo será usada para
denotar un objeto perceptible, o solamente imaginable, o aun inimaginable en un cierto
sentido, Un signo puede tener más de un Objeto

Para Peirce, el representamen es el signo como elemento inicial de toda semiosis. Representa
al objeto, pero lo representa en uno o algunos de sus aspectos. Siendo el representamen la
expresión que muestra alguna cosa, casi siempre es fruto del artificio o de la arbitrariedad de
quienes lo crean Otras veces puede ser un fenómeno natural, como las nubes grises en el cielo
que devienen en una representación o en un signo de tormenta. El representamen es
simplemente el signo en sí mismo, es una realidad teórica y mental con la que representamos
el objeto. El objeto es aquello a lo que alude el representamen. Pero tampoco es una realidad
objetiva, sino que es una construcción semiótica. Recordemos lo que dice Peirce: “el signo (o
representamen) está en lugar de algo: su objeto”. Debemos, entonces, entender por objeto la
denotación formal del signo. Peirce distingue el objeto inmediato, que surge del proceso de
semiosis, respecto del objeto dinámico, que está fuera de ese proceso concreto de semiosis y
puede estar representado por distintos representámenes. Peirce lo explica en estos términos:
Debemos distinguir el objeto inmediato, que es el objeto tal como es representado por el signo
mismo, y que es, dependiente de la representación de él en el signo; y, por otra parte, el
objeto dinámico, que es la realidad que, por algún medio, arbitra la forma de determinar el
signo a su representación.

El concepto de objeto dinámico permite pensar que la construcción de la “realidad” es


resultado de varios procesos semióticos de construcción del “objeto”. Entonces esa “realidad
que arbitra”, a la que se refiere Peirce en la cita anterior es que puede incluir otros
significantes conocidos por nuestra mente y que ya forman parte del bagaje de conocimiento
acerca de esa realidad. Por su parte, el interpretante es lo que produce el representamen en la
mente de aquel al que se dirige. Peirce afirma: el signo “se dirige a alguien, crea en la mente
de esa persona un signo equivalente, o un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo
que yo llamo el interpretante del primer signo, significa que el interpretante es la captación del
significado en relación con lo que Saussure llamaría su significante; en definitiva, el
interpretante es siempre otro signo y, por lo tanto, algo le agrega al objeto. La noción de
interpretante, encuadra perfectamente con la actividad mental del ser humano, “El significado
de una representación no puede ser sino otra representación”. Aunque, no hay que imaginar
el interpretante como una persona que interpreta el signo, sino que es la repercusión de dicho
signo en un tercero. Peirce distingue aquí interpretante inmediato de interpretante dinámico,
según la función que desempeñe en el proceso de la semiosis.

El interpretante inmediato es aquel que corresponde al objeto inmediato en determinado


proceso de semiosis. Mientras que el interpretante dinámico son los posibles interpretantes
que pueden surgir de un objeto a partir de interpretarlo desde distintas perspectivas. Así como
distintos representámenes pueden estar en lugar de un mismo objeto, un mismo objeto y un
mismo representamen puede estar vinculado con distintos interpretantes para Peirce, los tres
elementos de la tríada del signo se tratan de relaciones o funciones para explicar la realidad
viva de cada semiosis. Esto tiene sus consecuencias en toda la cadena semiótica. La función de
interpretante en un determinado signo puede a su vez convertirse en representamen de otro
signo en otra semiosis. En esa nueva relación tríadica el anterior interpretante es ahora
representamen en un nuevo signo (que a su vez puede dar lugar a un nuevo interpretante, y
así sucesivamente). Peirce llama a este fenómeno semiosis infinita.

Actividad sígnica como base del


conocimiento humano
El proceso de semiosis que plantea es dinámico, sus funciones se vinculan siempre
dinámicamente. Además, que estos tres aspectos del signo son lógicos o formales, solo existen
en la mente del sujeto en el momento concreto de percibir el signo. La distinción o separación
de cada momento es meramente formal, porque en la práctica la tríada no se puede separar,
constituye un mismo proceso.
Para Peirce, el signo es categoría mental= una idea mediante la cual evocamos un objeto, con
la finalidad de aprehender el mundo o de comunicarnos. En este juego se produce la semiosis,
que es un proceso de inferencia. La semiótica es la teoría de la práctica semiótica, de allí que el
signo constituya el núcleo de ese estudio teórico.

Hay que tener en cuenta la relación que existe entre la recepción del signo y los hábitos
culturales de los perceptores, sus experiencias previas de los objetos y de las cosas del mundo.
Los individuos, en el momento de “leer” un signo, lo interpretan a partir de lo que ya tienen
formado en su mente, es decir, las ideas, las valoraciones sociales, las visiones de la realidad y
los prejuicios que, por cultura, costumbres o tradición, poseen de antemano. A partir de allí se
van generando nuevas configuraciones. La acción del conocimiento humano, cuya base es la
actividad sígnica, nos coloca dentro de una cadena sin fin de mediaciones que nos remiten de
signo en signo, entrelazando un lenguaje con otro. Como afirma un estudioso: “Puesto que
tanto el objeto como el interpretante de cualquier signo son forzosamente también signos, no
es de sorprender que Peirce afirmara que todo este universo esté sembrado de signos, y se
pregunta si no estará compuesto exclusivamente de signos”

Tipos de semiosis. Segunda


tricotomía
Toda la experiencia humana se organiza, en tres niveles que él llama la primeridad, la
segundidad y la terceridad, y corresponden a las cualidades sentidas, a la experiencia del
esfuerzo, y a los signos. El signo es una de esas relaciones de tres términos; primero: lo que
provoca el proceso de eslabonamiento, segundo: su objeto, y tercero: el efecto que el signo
produce (interpretante). Ya advertimos que la cifra tres representa un papel fundamental
(como el dos en Saussure). En su clasificación de las variedades de signos, Peirce reconoce un
total de sesenta y seis tipos.

Segunda tricotomía: el signo en relación con su objeto.


Una de las clasificaciones más conocidas de Peirce para esas variedades de signos. Esta busca
dar cuenta del tipo de vínculo entre el representamen y el objeto al cual se dirige, de ahí que
reciba el nombre de “segunda tricotomía”. Los tres tipos de signos que integran la segunda
tricotomía son el índice, el ícono y el símbolo. Recordemos el signo es una entidad tríadica y,
por lo tanto, los tres tipos de signos (ícono, índice y símbolo) son representámenes que se
relacionan con su objeto desde diferentes puntos de vista y generan cadenas de
interpretantes.

Ícono es el signo que se relaciona con su objeto por razones de semejanza de algún tipo, es un
vínculo de tipo analógico. Posee alguna de las propiedades intrínsecas del objeto al que
representa, independientemente de que ese objeto “exista” en la realidad. El ícono es una
imagen mental, es decir, un representamen que representa su objeto, al cual se le parece de
alguna forma. Exhibe la misma cualidad, o la misma configuración de cualidades, que el objeto
denotado. Una foto, un dibujo, un esquema, también son íconos en el sentido de que
representan al objeto designado imitando, trasladando, algunas de sus c}}aracterísticas.
Índice es el signo conectado directamente con su objeto. Supone una coexistencia en algún
momento con el objeto al que representa. El índice es indicativo remite a alguna cosa al
señalarla, como sucede con el humo, que surge del fuego y al mismo tiempo indica su
presencia a la distancia. También son índices las huellas de una pisada, o los pronombres
personales (yo, vos, elles, etc.) que remiten a personas concretas en cada situación discursiva.

- Símbolo es un signo que es representativo siempre en el marco de cierta ley, acuerdo o


hábito. Es arbitrario en el sentido de que remite a una pauta común, “se refiere a algo por la
fuerza de una ley”. El pañuelo verde ha sido designado por un colectivo de mujeres como
representativo de la lucha por la legalización del aborto (no existe una relación de naturaleza
entre un pañuelo verde y una ley, el vínculo entre objeto y representamen ocurre por un
acuerdo colectivo), las palabras de la lengua o las señales de tránsito también son signos de
naturaleza simbólica.
Charles Sanders Peirce
(1839-1914): el signo y sus
tricotomías
“Siempre que llegamos a conocer un hecho es porque se nos resiste.”

Dos datos pueden extraerse: el primero es que le interesa reflexionar sobre el conocimiento;
el segundo es que afirma la prioridad de lo real. Enigma, problema u obstáculo, la realidad es
aquello con que los seres humanos se enfrentan. Aquello (“hecho”) que aparece como
obstáculo. Sería la segundidad. Si, por ejemplo, nos tropezamos con una piedra, ese
tropezarse, ese encontrarse con un hecho, segundidad en tanto encuentro, nos hará reconocer
su dureza, primeridad, en tanto cualidad específica de ese obstáculo. Pero tanto el
reconocimiento de la cualidad o primeridad del objeto o segundidad, por el encuentro, sólo
pueden conocerse una vez establecida la relación (entre el obstáculo y su cualidad que lo hace
resistente-dureza en este caso). La relación es la terceridad. Cualidad, hecho, ley son las
primeras denominaciones de la semiosis o relación sígnica inherente a todo tipo de
conocimiento (no sólo científico y racional sino vulgar) que le preocupaba a Peirce.

La semiótica.

La semiótica (o semiología) es la ciencia de los signos. Como los signos verbales siempre
representaron un papel muy importante, la reflexión sobre los signos se confundió durante
mucho tiempo con la reflexión sobre el lenguaje. Hay una teoría semiótica que la Antigüedad
nos ha legado: tanto en China como en la India, en Grecia como en Roma. Los modistas de la
Edad Media también formulan ideas sobre el lenguaje que tienen un alcance semiótico. Pero
sólo con Locke surgirá el nombre mismo de “semiótica”. Durante todo este primer período, la
semiótica no se distingue de la teoría general del lenguaje.

La semiótica llega a ser una disciplina independiente con la obra del filósofo norteamericano
La
Charles Sanders Peirce. Para él, es un marco de referencia que incluye todo otro estudio:
“Nunca me ha sido posible emprender un estudio –sea cual fuere su ámbito: las matemáticas,
la moral, la química, la astronomía, los hombres y las mujeres, la economía etc…– sin
concebirlo como un estudio semiótico”. De allí que los textos semióticos de Peirce sean tan
variados como los objetos enumerados.

Nunca dejo algo que resumiera las grandes líneas de su doctrina. Esto provoca cierto
desconocimiento de sus doctrinas, tanto más difíciles de captar puesto que cambiaron de año
en año. La primera originalidad del sistema consiste en su definición del signo. He aquí una de
sus formulaciones: “Un Signo o Representamen, es un Primero que mantiene con un Segundo,
llamado su Objeto, tan verdadera relación tríadica que es capaz de determinar un Tercero,
llamado su Interpretante, para que éste asuma la misma relación tríadica con respecto al
llamado Objeto que la existente entre el Signo y el Objeto".

Para comprenderla debe recordarse que toda la experiencia humana se organiza, en tres
niveles que él llama la primeridad, la segundidad y la terceridad y corresponden, en líneas muy
generales, a las cualidades sentidas, a la experiencia del esfuerzo y a los signos. A su vez, el
signo es una de esas relaciones de tres términos: lo que provoca el proceso de
eslabonamiento, su objeto y el efecto que el signo produce (interpretante). En una acepción
vasta, el interpretante es pues el sentido del signo: en una acepción más estrecha, es la
relación paradigmática entre un signo y otro; así, el interpretante es siempre un signo que
tendrá su interpretante, etc.: hasta el infinito. En el caso de los signos “perfectos”.

Podríamos ilustrar este proceso de conversión entre el signo y el interpretante mediante las
relaciones que mantiene una palabra con los términos “El signo no es un signo si no puede
traducirse en otro signo en el cual se desarrolla con mayor plenitud.” esta concepción es ajena
a todo psicologismo: la conversión del signo en interpretante(s) se produce en el sistema de
signos no en el espíritu de los usuarios (por consiguiente, no deben tomarse en cuenta algunas
fórmulas de Peirce.

El segundo aspecto notable de la actividad semiótica de Peirce es su clasificación de las


variedades de signos el número total de variedades que Peirce distingue es de sesenta y seis.
Algunas de sus distinciones son hoy corrientes, como, por ejemplo, la de signo-tipo y
signoocurrencia

Otra distinción conocida; pero con frecuencia mal interpretada, es la de ícono. Índice y
símbolo. Esos tres niveles del signo todavía corresponden a la gradación primeridad,
segundidad, terceridad, y se definen de la siguiente manera: (más arriba está definido). El
símbolo es, por ejemplo, el caso de las palabras de la lengua. El índice es por ejemplo, la
aparición de un síntoma de enfermedad, el descenso del barómetro, la veleta que indica la
dirección del viento, el ademán de señalar. En la lengua, todo lo que proviene de la deixis es un
índice, palabras tales como yo, tú, aquí, ahora, etc. (son, pues, “símbolos indíciales”), el ícono
es por ejemplo, una mancha negra por el color negro; las onomatopeyas; los diagramas que
reproducen relaciones entre propiedades. Peirce esboza una subdivisión de los íconos en
imágenes, diagramas y metáforas. Pero es fácil ver que en ningún caso pueda asimilarse la
relación de ícono a la de parecido entre dos significados (en términos retóricos, el ícono es una
sinécdoque, más que una metáfora: ¿puede decirse que la mancha negra se parece al color
negro?). Es menos posible aun identificar la relación de índice con la contigüidad entre dos
significados (en el índice, la contigüidad existe entre el signo y el referente, no entre dos
entidades de la misma naturaleza). Por lo demás, Peirce llama la atención contra tales
identificaciones.

La primera publicación en inglés, de Peirce se realizó recién en 1958. En castellano comenzó a


conocérselo en 1974. Dada su fragmentariedad y el hecho de que en diferentes etapas de su
reflexión cambió la terminología, todavía se esté discutiendo y reinterpretando su sistema que
denominó Gramática Especulativa, Lógica o Semiótica, según los textos. A veces lo más claro,
sin embargo, consiste en citar al mismo Peirce.

El signo según Pierce


Uno de los puntos más destacados de la semiótica de Peirce es su peculiar concepción del
signo. Las reflexiones que hace al respecto son bastante complejas, de modo que, para facilitar
su comprensión, nosotros nos esforzaremos en presentarlas de manera simplificada, pero sin
quitarles lo esencial. Peirce aplica al signo la triada lógica que ya había utilizado para indagar el
resto de la realidad.

a. Los tres componentes


del signo
La función del signo es “algo que está en lugar de otra cosa bajo algún aspecto o capacidad. El
signo es una representación por la cual alguien puede mentalmente remitirse a un objeto. En
este proceso se hacen presentes tres: el primero es el “representamen”, relacionado con su
“objeto” (lo segundo) y el tercero, que es el “interpretante”.

- El representamen es simplemente el signo en sí mismo, tomado formalmente en un proceso


concreto de semiosis, pero no debemos considerarlo un objeto, sino una realidad teórica y
mental. - El interpretante es lo que produce el representamen en la mente de la persona. En el
fondo, es la idea del representamen, o sea, del signo mismo. Peirce dice que “un signo es un
representamen que tiene un interpretante mental”.1 Esto significa que el interpretante es la
captación del significado en relación con su significante; en definitiva, el interpretante es
siempre otro signo y, por lo tanto, algo le agrega al objeto del primero. Y como dentro del
modelo triádico la gestación semiósica es continua, el “interpretante” puede estar constituido
por un desarrollo de uno o más signos.

Peirce distingue el “interpretante inmediato” del “interpretante dinámico”. El “interpretante


inmediato” es aquel que corresponde al significado del signo, a lo que él representa; mientras
que el “interpretante dinámico” es el efecto que el interpretante produce en la mente del
sujeto, es la cadena de repercusiones en la mente del sujeto. ejemplo: si digo “Gané la lotería”,
el interpretante inmediato es la idea que él se hace en ese instante de la expresión “ganar la
lotería”; en cambio, el interpretante dinámico es el efecto que produce la frase que escucha.
Como “¡Qué suerte la tuya!”, “Yo nunca me saco nada”, “¿No estará mintiendo?”.
La noción de interpretante encuadra perfectamente con la actividad mental del ser humano,
donde todo pensamiento no es sino la representación de otro: “El significado de una
representación no puede ser sino otra representación”. - El objeto es aquello a lo que alude el
representamen Debemos entonces, entender por objeto la denotación formal del signo en
relación con los otros componentes de este. A este objeto, Peirce lo denomina “objeto
inmediato” porque está dentro de la semiosis: debe distinguirse del “objeto dinámico”, que
está fuera del signo y es el que sostiene el contenido del representamen: “Debemos distinguir
el Objeto Inmediato, que es el Objeto tal como es representado por el signo mismo, y cuyo Ser
es, entonces, dependiente de la Representación de él en el Signo; y, por otra parte, el Objeto
Dinámico, que es la Realidad que, por algún medio, arbitra la forma de determinar el Signo a
su Representación”. Esta “realidad que arbitra” puede incluir otros significantes conocidos por
nuestra mente y que ya forman parte del bagaje cognoscitivo, engrosando de esta manera el
espesor del “objeto”. Sin embargo, no pensemos que el Objeto Dinámico sea fuente de
conocimiento. No lo es, porque la realidad en cuanto tal no dice nada a nuestra mente si ésta
no posee ya algunos otros signos de donde recabar otros conocimientos. La tríada del signo se
puede graficar con un triángulo:

Objeto

Representamen Interpretante

Ejemplo: tomemos el signo de un caballo (figura o palabra): el representamen corresponde a


ese primer signo percibido por alguien; el objeto es el animal aludido; el interpretante es la
relación mental que establece el sujeto entre el representamen y su objeto, o sea, otra idea
del signo. Un texto de Peirce describe:

“Un representamen es el sujeto de una relación triádica con un segundo llamado su objeto,
para un tercero llamado su interpretante. Esta relación triádica es tal que el representamen
determina a su interpretante a establecer la misma relación triádica con el mismo objeto para
algún interpretante. Signo, o representamen, es cualquier cosa que existe para alguien en lugar
de otra cosa, sea cual fuere su acepción o ámbito. El signo va dirigido a alguien y crea en la
mente de esta persona otro signo equivalente, o quizás más desarrollado. El signo que se crea
lo llamamos interpretante del primer signo. Este signo existe por alguna razón, el propio
objeto. Tiene sentido por ese objeto, no en todas sus acepciones, sino enfocado a una clase de
idea particular a la que alguna vez me he referido como el terreno de la representación.”

Recordemos que los tres elementos de la tríada son relaciones o funciones para explicar la
realidad viva de cada semiosis. Esto tiene sus consecuencias en toda la cadena semiótica. La
función de interpretante en un determinado signo puede convertirse en representamen de
otro signo en otra semiosis. Puede suceder que a un signo, por ejemplo, la foto de un
deportista, se le cambie de valor sígnico con la intención de usarla para denotar otra cosa.
Notemos, además, que estos tres aspectos son “lógicos o formales”; solo existen en la mente
del sujeto en el momento concreto de percibir el signo. La distinción o separación de cada
momento es meramente mental, porque en la práctica la tríada no se puede separar:
constituye un mismo proceso.

Podemos darnos cuenta, entonces, que el signo es una categoría mental, una idea mediante la
cual evocamos un objeto, con la finalidad de aprehender el mundo o de comunicarnos. En este
juego se produce la “semiosis”, que es un proceso de inferencia propio de cualquier persona.
La semiótica es la teoría de la práctica semiótica; de allí que el “signo” constituya el núcleo de
ese estudio teórico. Para concluir, digamos que de esta idea de signo se desprende también el
concepto de semiosis infinita. El interpretante de un signo refleja siempre los hábitos mentales
de la persona que entra en contacto con el representamen o, dicho de otra forma, traduce las
reacciones del individuo ante la provocación y el estímulo del signo, denotando sus
comportamientos y experiencias. Se alude aquí a la necesaria relación que existe entre la
recepción del signo y los hábitos culturales de los perceptores, en el momento de leer un
signo, lo interpretan a partir de lo que ya tienen formado en su mente, las ideas, las
valoraciones sociales, las visiones de la realidad y los prejuicios que, por cultura, costumbres o
tradición poseen de antemano. A partir de allí se van generando nuevas configuraciones. Es
este proceso el que da lugar a una “semiosis infinita", es decir, a una continua sucesión de
producción de signos mediante la cual los sujetos van pensando la verdad de las cosas y del
mundo.

“Puesto que tanto el objeto como el interpretante de cualquier signo son forzosamente
también signos, no es de sorprender que Peirce afirmara que todo este universo esté
sembrado de signos, y se pegunta si no estará compuesto exclusivamente de signos”. Es a
partir de aquí que se genera la semiosis infinita. Leamos estas citas de Peirce:

La semiótica

“La lógica, en sentido general, es sólo otro nombre de la semiótica (semiotiké), la doctrina
cuasi-necesaria, o formal, de los signos. Al describir la doctrina como ‘cuasinecesaria’ o formal,
quiero decir que observamos los caracteres de los signos y a partir de tal observación, por un
proceso que no objetaré sea llamado Abstracción, somos llevados a aseveraciones, en extremo
falibles, y por ende en cierto sentido innecesarias, concernientes a lo que deben ser los
caracteres de todos los signos usados por una inteligencia científica, es decir por una
inteligencia capaz de aprender a través de la experiencia.”

Representamen, interpretante, objeto

“Un signo, o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún
aspecto o carácter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo
equivalente, o tal vez, un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el
interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese
objeto no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces he
llamado el fundamento del representamen. (…) La palabra Signo seré usada para denotar un
Objeto perceptible, o solamente imaginable, o aun inimaginable en un cierto sentido. (…) Un
signo puede tener más de un Objeto.”

“Para que algo sea un signo, debe “representar’, como solemos decir, a otra cosa, llamada su
Objeto, aunque la condición de que el Signo debe ser distinto de su Objeto es, tal vez,
arbitraria.”

“El Signo puede solamente representar al Objeto y aludir a él. No puede dar conocimiento o
reconocimiento del Objeto. Esto es lo que se intenta definir en este trabajo por Objeto de un
Signo, vale decir: Objeto es aquello acerca de lo cual el signo presupone un conocimiento para
que sea posible proveer alguna información adicional sobre el mismo.”
[Link] clasificación del
signo
En la tríada del signo es posible ver también el reflejo de la división triádica fundamental que
citamos arriba: el representamen, siendo el punto de arranque de la semiosis, remite a la
primeridad; el objeto a la secundidad y el interpretante a la terceridad. Desde aquí y enlazando
estas categorías con cada elemento del signo, es posible obtener su división según la siguiente
expresión triádica:

Primeridad Secundidad Terceridad


Representamen Cualisigno sinsigno legisigno
Objeto Icono Índice Símbolo
Interpretante Rema Dicisigno argumento
Se trata de una división del signo que toma en cuenta su triple relación: consigo mismo, con el
objeto al cual alude y con el interpretante.

Cualisigno: es el signo en su aspecto de cualidad (por ej., el “color” del caballo, el tono de voz
de un discurso o poesía, el estilo de un grafismo, etc.). Es lo general del signo, pero que le
permite subsistir en cuanto tal, sin ser todavía la totalidad del signo. - Sinsigno: es la presencia
concreta del signo (por ej., la presencia del color del caballo en este signo L concreto). Es lo
particular del signo. - Legisigno: es la norma o modelo sobre el cual se construye un sinsigno
(por ej., lo que establece el diccionario para la definición semántica de la palabra “caballo"). U.
Eco explica con un ejemplo esta división:

“Un billete de banco es un sinsigno cuyo legisigno establece su equivalencia con una cantidad
exacta de oro: pero a partir del momento en que la réplica se estudia como provista de
características cualisígnicas (la filigrana, la numeración), también en un cualisigno y, por lo
tanto, irreproducible como tal. Se objetará que el oro es cualisigno a causa de su rareza, y en
cambio el billete se ha convencionalizado como dotado de valor, por arbitrio legisígnico; pero
es que también el billete es cualisigno a causa de su rareza, y también el oro se ha
convencionalizado como parámetro de valor de una manera arbitraria (podría llegar a ser
abandonado como patrón, y sustituido por el uranio).”

División del signo en relación con su Objeto Esta es una de las clasificaciones más conocidas de
Peirce y que ha suscitado también no pocos debates teóricos. Según el objeto al cual se dirige,
Peirce distingue tres clases de signos:
- Ícono: es el signo que se relaciona con su objeto por razones de semejanza: “... relación de
razón entre el signo y la cosa significada”. Es una imagen mental, o sea, de un representamen
que representa su objeto, al cual se le parece. El ícono de la palabra “frío” es la imagen que se
forma en nuestra mente y que se asemeja a nuestra experiencia del frío. Pero también es un
ícono un cuadro de paisaje, una fotografía o un diagrama.

- Índice: es el signo que conecta directamente con su objeto: las huellas de un caballo sobre
el camino, o bien, el pronombre “tú” para indicar la persona con la que se habla. Es
indicativo, y remite a alguna cosa para señalarla, como el humo para indicar la presencia
del fuego.

- Símbolo: es el signo simplemente arbitrario, como las palabras: ellas, en efecto, tienen
significado por una ley de convención arbitrariamente establecida. La dificultad para
comprender esta clasificación se disipa si recordamos una vez más que, para Peirce, el signo es
una entidad triádica y, por lo tanto, el ícono, el índice y el símbolo no son sino
representámenes (signos con algún soporte) que se relacionan con el objeto desde diferentes
puntos de vista. En cambio, en otra vertiente de problemas, es sobre todo el tema del
iconismo el que sigue provocando polémicas, ya que el pensamiento de Peirce no es del todo
claro al respecto.

Peirce dice que “el único modo de comunicar directamente una idea es por medio de un
ícono”, lo cual equivale a afirmar que todo ícono es una imagen mental, o sea, algo que existe
en el interior de la persona, a manera de imágenes, de esquemas, de formas y colores de las
cosas. El conocimiento humano se genera siempre mediante una relación de signos, de modo
que también un ícono es un producto mental, Es lógico que él considere ícono no sólo una
fotografía, sino también una onomatopeya o un diagrama. Los diagramas son íconos, porque
representan una equivalencia proporcional, un espacio lógico, precisamente aquel que se
forma en la mente acerca del diagrama mismo. Su concepción de iconismo es muy particular y
parece que, en el fondo, Peirce maneja dos conceptos de iconismo.

El primero es el que se caracteriza por ser una percepción mental común a cualquier
elaboración sígnica durante el proceso de conocimiento humano: entonces el cuadro de un
caballo no es un ícono sino un índice que atrae nuestra atención sobre el animal allí
representado, pero por comodidad se suele extender también a la cosa representada.

El segundo más específico de ícono tiene que ver con aquel signo que genera en el individuo
una imagen semejante a las cosas representadas. Sin embargo, lo que produce semejanza no
es el objeto, sino la construcción sígnica convencional. Así, por ejemplo, el caballo del cuadro
se relaciona con su objeto no por una semejanza física entre la imagen y el animal, sino por
una “homología proporcional”, es decir, debido a la similitud de proporciones, en donde cada
punto de la figura está colocado en el mismo orden que corresponde al objeto representado y
cuya convención semiótica aceptamos.

La ciencia de la semiótica
Un signo, o representamen representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se
dirige a alguien, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o un signo aún más
desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo
está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino sólo
con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del
representamen. "Idea" debe entenderse aquí en cierto sentido platónico, muy familiar en el
habla cotidiana; quiero decir, en el mismo sentido en que decimos que cuando un hombre
recuerda lo que estaba pensando anteriormente, recuerda la misma idea, y en que, cuando el
hombre continúa pensando en algo, aun cuando sea por un décimo de segundo, en la medida
en que el pensamiento concuerda consigo mismo durante ese lapso, o sea, continúa teniendo
un contenido similar, es "la misma idea", y no es, en cada instante del intervalo, una idea
nueva.

Como consecuencia del hecho de estar cada representamen relacionado con tres cosas, el
fundamento, el objeto y el interpretante, la ciencia de la semiótica tiene tres ramas. La primera
es […] la gramática pura. Tiene por cometido determinar qué es lo que debe ser cierto del
representamen usado por toda inteligencia científica para que pueda encarnar algún
significado. La segunda rama es la lógica propiamente dicha. Es la ciencia de lo que es cuasi-
necesariamente verdadero de los representámenes de cualquier inteligencia científica para
que puedan ser válidos para algún objeto, esto es, para que puedan ser ciertos. […] La tercera
rama, la llamaré retórica pura, imitando la modalidad de Kant de conservar viejas asociaciones
de palabras al buscar la nomenclatura para las concepciones nuevas. Su cometido consiste en
determinar las leyes mediante las cuales, en cualquier inteligencia científica, un signo da
nacimiento a otro signo y, especialmente, un pensamiento da nacimiento a otro pensamiento.

Una tricotomía de los


signos
Los signos son divisibles según tres tricotomías: primero, según que el signo en sí mismo sea
una mera cualidad, un existente real o una ley general; segundo, según que la relación del
signo con su objeto consista en que el signo tenga algún carácter en sí mismo, o en alguna
relación existencia con ese objeto o en su relación con un interpretante; y tercero, según que
su Interpretante lo represente como un signo de posibilidad, como un signo de hecho o como
un signo de razón.

Una segunda tricotomía de los


signos
Conforme con la segunda tricotomía, un Signo puede ser llamado ícono, índice o símbolo.

Un Icono es un signo que se refiere al Objeto al que denota meramente en virtud de caracteres
que le son propios, y que posee igualmente exista o no exista tal Objeto. Es verdad que, a
menos que haya realmente un Objeto tal, el ícono no actúa como signo; pero esto no guarda
relación alguna con su carácter como signo. Cualquier cosa, sea lo que fuere, cualidad,
individuo existente o ley, es un ícono de alguna otra cosa, en la medida en que es como esa
cosa y en que es usada como signo de ella.

Un índice es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de ser realmente afectado
por aquel Objeto. […] En la medida en que el índice es afectado por el Objeto, tiene,
necesariamente, alguna Cualidad en común con el Objeto, y es en relación con ella como se
refiere al Objeto. En consecuencia, un índice implica alguna suerte de Icono, aunque un icono
muy especial; y no es el mero parecido con su Objeto, aun en aquellos aspectos que lo
convierten en signo, sino que se trata de la efectiva modificación del signo por el Objeto.

Un Símbolo es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de una ley, usualmente
una asociación de ideas generales que operan de modo tal que son la causa de que el Símbolo
se interprete como referido a dicho Objeto. Es, en sí mismo, un tipo general o ley. […] En
carácter de tal, actúa a través de una Réplica. No sólo es general en sí mismo; también el
Objeto al que se refiere es de naturaleza general. Ahora bien, aquello que es general tiene su
ser en las instancias que habrá de determinar. Debe necesariamente haber instancias
existentes de lo que el Símbolo denota, aunque acá habremos de entender por "existente",
existente en el universo posiblemente imaginario al cual el Símbolo se refiere. […]

Representar
Estar en lugar de otro, es decir, estar en tal relación con otro que, para ciertos propósitos, se
sea tratado por ciertas mentes como si se fuera ese otro. Consecuentemente, un vocero, un
diputado, un apoderado, un agente, un vicario, un diagrama, un síntoma, un tablero, una
descripción, un concepto, una premisa, un testimonio, todos representan alguna otra cosa, de
diversas maneras, para mentes que así los consideran. Cuando se desea distinguir entre
aquello que representa y el acto o relación de representar, lo primero puede ser llamado el
"representamen" y lo segundo la "representación". […]

Signo
Cualquier cosa que determina a otra cosa (su interpretante) a referirse a un objeto al cual ella
también se refiere (su objeto) de la misma manera, deviniendo el interpretante a su vez un
signo, y así sucesivamente ad infinitum.
Un signo es o bien un ícono, o un índice, o un símbolo. Un ícono es un signo que poseería el
carácter que lo vuelve significativo, aun cuando su objeto no tuviera existencia; tal como un
trazo de lápiz en un papel que representa una línea geométrica. Un índice es un signo que
perdería al instante el carácter que hace de él un signo si su objeto fuera suprimido, pero que
no perdería tal carácter si no hubiera interpretante. Tal es, por ejemplo, un pedazo de tierra
que muestra el agujero de una bala como signo de un disparo; porque sin el disparo no habría
habido agujero; pero hay un agujero ahí, independientemente de que a alguien se le ocurra o
no atribuirlo a un disparo. Un símbolo es un signo que perdería el carácter que lo convierte en
un signo si no hubiera interpretante. Es tal cualquier emisión de habla que significa lo que
significa sólo en virtud de poder ser entendida como poseedora de esa determinada
significación. […]

Índice
Un signo, o representación, que se refiere a su objeto no tanto a causa de cualquier similitud o
analogía con él, ni porque esté asociado con los caracteres generales que dicho objeto pueda
tener, como porque está en conexión dinámica (incluyendo la conexión espacial] con el objeto
individual, por una parte, y con los sentidos o la memoria de la persona para quien sirve como
signo, por la otra. Ninguna aseveración fáctica puede hacerse sin recurrir a algún signo que
sirva como índice. Si A le dice a B "Hay un incendio", B preguntará "¿Dónde?", como
consecuencia de lo cual A deberá forzosamente recurrir a un índice, aun cuando sólo quiera
referirse a algún lugar no definido del universo real, pasado y futuro. De lo contrario, s61o
habrá expresado que hay una idea tal como la de incendio, la cual no daría ninguna
información, porque, salvo que ya fuera conocida, la palabra "incendio" sería ininteligible. Si A
señala con su dedo el fuego, el dedo se conecta dinámicamente con el incendio, tanto como si
una alarma de incendio automática lo hubiera dirigido indicando dicha dirección; y, al mismo
tiempo, promueve que los ojos de B se vuelvan a esa dirección, que su atención se concentre
en el incendio y que su entendimiento reconozca que se ha dado respuesta a su pregunta. Si,
en cambio, la respuesta de A hubiera sido "A mil metros de acá, más o menos", la palabra
"acá" es un índice, dado que tiene exactamente la misma fuerza que si hubiera señalado un
punto preciso del terreno entre A y E. Más aún: la palabra "metros", aunque representa a un
objeto de clase general, es indirectamente indicial, dado que las varas métricas en sí mismas
son signos de una norma oficial […]. Las letras de uso común en álgebra que no presentan
peculiaridades son índices. También lo son las letras A, B, C, etcétera, asignadas a una figura
geométrica. Los abogados y otros profesionales que se ven en la necesidad de expresar algún
asunto complicado con total precisión recurren a letras para distinguir a los entes individuales.
Las letras, cuando son usadas así, no son sino versiones mejoradas de los pronombres
relativos. Mientras que los pronombres demostrativos y personales son, tal como se los usa
generalmente, "índices genuinos", los pronombres relativos son "índices degenerados", dado
que, aunque en forma accidental e indirecta puedan referirse a cosas existentes, ellos en
realidad se refieren en forma directa, y sólo necesitan referirse a las imágenes mentales que
las palabras precedentes hayan creado.

Los índices pueden ser distinguidos de otros signos, o representaciones, por tres rasgos
característicos: primero, que carecen de todo parecido significativo con su objeto; segundo,
que se refieren a entes individuales, unidades individuales, conjuntos unitarios de unidades o
continuidades individuales; tercero, que dirigen la atención a sus objetos por una compulsión
ciega. Pero sería harto difícil, si no imposible, mencionar un índice que fuera absolutamente
puro, o hallar algún signo absolutamente desprovisto de cualidad indicial. Desde el punto de
vista psicológico, la acción de los índices depende de asociaciones por contigüidad, y no de
asociaciones por parecido o de operaciones intelectuales.

Símbolo
Un Signo (como se vio) que está constituido como signo mera o fundamentalmente por el
hecho de que es usado y entendido como tal, sea por el hábito natural o nacido por
convención, y con prescindencia de los motivos que originalmente llevaron a su selección.

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