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Efectos del divorcio en la identidad personal

Este documento resume los hallazgos de un estudio sobre el divorcio y sus efectos a largo plazo en 60 familias. Aunque el divorcio causa angustia y trastornos psicológicos, también brinda oportunidades para desarrollarse emocionalmente y establecer nuevas relaciones. Superar un divorcio requiere pasar por un proceso de duelo para establecer una nueva identidad. Los cambios en las relaciones personales y familiares son tanto peligrosos como oportunos en el paisaje social cambiante de la modernidad.
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Efectos del divorcio en la identidad personal

Este documento resume los hallazgos de un estudio sobre el divorcio y sus efectos a largo plazo en 60 familias. Aunque el divorcio causa angustia y trastornos psicológicos, también brinda oportunidades para desarrollarse emocionalmente y establecer nuevas relaciones. Superar un divorcio requiere pasar por un proceso de duelo para establecer una nueva identidad. Los cambios en las relaciones personales y familiares son tanto peligrosos como oportunos en el paisaje social cambiante de la modernidad.
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1.

Los contornos de la modernidad reciente

Iniciaré mi análisis exponiendo algunas conclusiones de un estudio sociológico


concreto tomado con cierta arbitrariedad de un área de investigación particular. La
obra Second Chances, de Judith Wallerstein y Sandra Blakeslee, es un estudio
sobre el divorcio y el subsiguiente matrimonio. 1 El libro describe los efectos de
la ruptura matrimonial a lo largo de un periodo de unos diez años en sesenta
conjuntos de padres e hijos. El divorcio, señalan las autoras, es una crisis en la vida
personal de los individuos que daña su seguridad y su sentimiento de bienestar,

OM
pero que también ofrece nuevas oportunidades de desarrollo personal y futura
felicidad, La separación y el divorcio, con todas sus consecuencias, pueden
provocar angustias y trastornos psicológicos duraderos: pero, al mismo tiempo, los
cambios generados por la disolución del matrimonio proporcionan, según indican las

.C
autoras, posibilidades de «desarrollarse emocionalmente», de «establecer nuevas
aptitudes y una nueva suficiencia» y de «consolidar relaciones íntimas más allá de lo
que anteriormente se era capaz».
DD
La separación marital, dicen Wallerstein y Blakeslee, es un hito que «congela
ciertas imágenes que enmarcan la actividad posterior. En la manera como el
matrimonio llegó a separarse arraiga a menudo la cólera, que se alimenta de
LA

aquélla: uno de los miembros de la pareja ha descubierto de pronto que el otro


tiene un asunto con el mejor amigo de ambos; uno deja al otro una nota por la
que le informa, sin previo aviso, que el matrimonio está muerto; uno de los
FI

padres se marcha de repente con los niños sin dejar una dirección...». El matrimonio
roto se deplora, sin importar hasta qué punto sus miembros eran infelices o
estaban desesperados mientras vivían juntos. Cuanto más tiempo hayan convivido


dos personas, tanto más tiende a prolongarse el periodo de duelo. El duelo deriva
de la pérdida de los placeres y experiencias compartidas, además de la renuncia
obligada a las esperanzas puestas en otro tiempo en la relación. Donde no se dé un
proceso de duelo, el resultado suele ser la persistencia prolongada de sentimientos
heridos que llevarán quizá a la desesperación y al hundimiento psicológico.

1 Judith WALLERSTEIN y Sandra BLAKESLEE, Second Chances, Londres, Ban-


tarn, 1989.

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De hecho, para la mayoría de las personas los sentimientos generados por el
divorcio no parecen desaparecer del todo con el paso de los años; ciertos su-
cesos posteriores, como el nuevo matrimonio de la anterior pareja, los apuros
económicos o las disputas sobre la educación de los hijos pueden revivirlos
violentamente. En los casos en que uno de los dos continúa estando muy
implicado emocionalmente con el otro, aunque sea de forma decididamente
desfavorable, el resultado tiende a ser en tales situaciones un rebrote de

OM
amargura.
El paso por una fase de duelo es, según Wallerstein y Blakeslee, la clave
para «recuperarse» tras el divorcio. Todo aquel que se «despareja» de su
anterior esposo o esposa afronta la tarea de establecer un «nuevo sentido del
yo», un «nuevo sentido de identidad». En un matrimonio duradero, el sentido

.C
de identidad de cada uno de sus componentes se vincula al de la otra persona
y, desde luego, al matrimonio mismo. A raíz de la ruptura matrimonial, cada
DD
uno de los dos deberá «remontarse a su experiencia anterior y encontrar otras
imágenes y raíces para su independencia, para ser capaz de vivir sola y
hacerse cargo de la segunda oportunidad que les ofrece el divorcio».
Una persona separada o divorciada necesita coraje moral para intentar
LA

establecer nuevas relaciones y encontrar otros intereses. Mucha gente


pierde en tales circunstancias la confianza en sus propios juicios y
capacidades y puede llegar a sentir que no vale la pena hacer planes para el
futuro. «Advierten que la vida asesta golpes duros y es fundamentalmente
FI

impredecible, llegan a la conclusión de que los planes mejor trazados fracasan y


no se animan a proponerse objetivos a largo ni siquiera a corto plazo y mucho
menos a trabajar para alcanzarlos.» La superación de esos sentimientos


requiere constancia frente a los reveses y voluntad para modificar


características o costumbres personales establecidas. Los hijos de padres
divorciados, que sufren a menudo profundamente por la disolución del hogar
familiar, necesitan también poseer cualidades similares. “Los hijos del divorcio
—dicen Wallerstein y Blakeslee— se enfrentan a una tarea más difícil que los
niños que han de lamentar la muerte de un padre. La muerte es ineludible, pero
el divorcio se da entre personas vivas que pueden cambiar de forma de pensar.

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1 Los contornos de la modernidad reciente

En lo hondo de sus almas, los niños escuchan imaginarias llamadas a la


reconciliación... y puede ser que no logren superar esas fantasías hasta que
ellos mismos se aparten, finalmente, de sus padres y abandonen el hogar.”2

Los problemas personales, los juicios y las crisis personales, las relaciones

OM
personales… ¿Qué nos dicen y qué expresan acerca del paisaje social de la
modernidad? Algunos se sentirán inclinados a mantener que no mucho, pues
no hay duda de que los sentimientos e intereses de las personas son bastante
similares en cualquier tiempo y lugar. Podríamos aceptar que la llegada de la
modernidad produce cambios importantes en el entorno social externo del indi-

.C
viduo y afecta al matrimonio y a la familia así como a otras instituciones: pero
los individuos cargan con su vida personal como siempre lo hicieron,
DD
arreglándose lo mejor que pueden con los cambios sociales en que se ven
envueltos. Pero, ¿no será más bien lo contrario? En efecto, las circunstancias
sociales no están separadas de la vida personal ni constituyen un medio
externo a ella. Al luchar con sus problemas íntimos, los individuos ayudan
LA

activamente a reconstruir el universo de actividad social que los rodea.

El mundo de la modernidad reciente se extiende, sin duda, mucho más allá


del medio de las actividades individuales y de los compromisos personales. Se
FI

trata de un mundo repleto de riesgos y peligros al que se aplica de modo


particular la palabra «crisis», no como una mera interrupción sino como un
estado de cosas más o menos continuo. Pero también se introduce profundamente


en el corazón de la identidad del yo y de los sentimientos personales. El «nuevo


sentimiento de identidad» que Wallerstein y Blakeslee mencionan como algo
necesario tras el divorcio es una versión agudizada de un proceso de
«encontrarse a sí mismo» impuesto a cada uno de nosotros por las condiciones
sociales de la modernidad; un proceso de intervención y transformación activas.

2. 'bid., citas de las pp. 293. 294, 2%, 297 y 308.

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Wallerstein y Blakeslee resumen los resultados de su investigación en un capítulo
titulado «Peligro y oportunidad». Por más trillada que parezca, la frase se aplica no sólo
al matrimonio y sus dificultades sino al mundo de la modernidad en conjunto. El
ámbito de lo que hoy, hemos llegado a denominar «relaciones personales» nos ofrece
oportunidades de intimidad y expresión del yo que faltaban en otros medios mucho
más tradicionales. Al mismo tiempo, esas relaciones resultan ser en cierto sentido

OM
arriesgadas y peligrosas. Los modos de comportamiento y sentimiento asociados a
la vida sexual y marital se han convertido en algo movedizo, inestable y «abierto».
Hay en ellos mucho que ganar: pero también nos encontramos aquí en un territorio
aún por cartografiar y con nuevos peligros que correr.

.C
Pensemos, por ejemplo, en un fenómeno ampliamente analizado por
Wallerstein y Blakeslee: la naturaleza mudable de aquellas familias algunos de cuyos
miembros no son consanguíneos. Muchas personas, mayores y niños, viven hoy
DD
en día en este tipo de familias que, por lo general, no se han formado, como en
épocas anteriores, a consecuencia de la muerte de un cónyuge, sino por la
reestructuración de los lazos matrimoniales tras un divorcio. El niño con un
LA

padrastro o madrastra puede tener dos padres o dos madres, dos series de
hermanos y hermanas, además de otros nexos de parentela complejos. a
consecuencia de los múltiples matrimonios de los padres. La misma terminología
ofrece ya dificultades: ¿debería el niño llamar «madre» a su madrastra o más bien di-
FI

rigirse a ella por su nombre? La dilucidación de estos problemas puede llegar a ser
ardua y suponer un coste psicológico para todas las partes; pero también existe,
desde luego, la oportunidad de nuevas formas de relación satisfactoria. Algo de lo


que podemos estar seguros es que los cambios que esto implica no son sólo exte-
riores al individuo. Los encargados de establecer estas formas nuevas de lazos
familiares extensos deberán ser las mismas personas que se ven directamente
involucradas en ellas.
La angustia es el correlato natural de cualquier tipo de peligro. Está causada por
circunstancias perturbadoras o por la amenaza de que se produzcan, pero ayuda
también a dar respuestas adaptativas y tornar iniciativas nuevas. Las autoras de
Second Chances utilizan repetidamente expresiones como dolor, preocupación y
duelo.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 2-5

Pero también los términos coraje y resolución. La vida crea problemas


personales de manera aparentemente arbitraria y, al verlo así, algunas
personas se refugian en una especie de parálisis resignada. Sin embargo,
muchos son también capaces de atrapar con sentido más práctico las nuevas
oportunidades que se les presentan cuando han caducado los modos de
comportamiento preestablecidos y de cambiarse a sí mismos. ¿Hasta qué

OM
punto son nuevas estas angustias, peligros y oportunidades? ¿En qué
sentido están influidas de manera clara por las instituciones de la modernidad?
Éstas son las cuestiones a las que intentaré responder en las páginas
siguientes.

.C
Second Chances es una obra de sociología, pero no deberían leerla sólo
los sociólogos. Los psicoterapeutas, los consejeros familiares, los asistentes
sociales y otros profesionales interesados volverán probablemente sus páginas.
DD
Es perfectamente posible que el público profano, sobre todo quienes se hayan
divorciado recientemente, lean el libro y relacionen sus ideas y conclusiones
con las circunstancias de sus propias vidas. Las autoras son plenamente
conscientes de esta posibilidad. Aunque el libro está escrito como un estudio
LA

de investigación que presenta una serie limitada de conclusiones, numerosos


pasajes diseminados por el texto proponen respuestas prácticas y líneas de
actuación que pueden seguir los recién separados o divorciados. Es indudable
FI

que sólo unos pocos libros ejercen gran influencia en el comportamiento social
general, Second chances es una pequeña aportación a un vasto flujo más o
menos continuo de escritos técnicos o populares sobre el tema del matrimonio y


las relaciones íntimas. Estas obras forman parte de la reflexividad de la


modernidad: ayudan de maneta continua a organizar y modificar los aspectos de
la vida social que tratan o analizan. Cualquiera que observe el matrimonio en
su forma actual o se enfrente a una situación de ruptura de un matrimonio o
una relación íntima duradera sabe mucho (no siempre en el plano de la
conciencia discursiva) sobre «lo que está ocurriendo» en la palestra social del
matrimonio y el divorcio. Este tipo de conocimiento no es incidental para lo
que realmente ocurre, sino constitutivo (y lo mismo puede decirse de todas
las circunstancias de la vida so¬cial en condiciones de modernidad).

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Pero las cosas no se limitan a esto: todos somos conscientes de la naturaleza
refleja de la actividad social moderna y de las implicaciones que ello tiene para la
vida de cualquier hombre o mujer. La identidad del yo constituye para nosotros una
trayectoria a través de los diferentes marcos institucionales de modernidad a lo
largo de la duración de lo que se suele llamar el «ciclo de vida», expresión que se
ajusta con mucha mayor precisión a los contextos no modernos que a los
modernos. Cada uno de nosotros no sólo «tiene» sino que vive una biografía

OM
reflejamente organizada en función de los flujos de la información social y
psicológica acerca de los posibles modos de vida. La modernidad es un orden
postradicional en el que a la cuestión « ¿cómo he de vivir?», hay que responder con
decisiones tomadas cada día sobre cómo comportarse, qué vestir, qué comer —y
muchas otras cosas--; además, tal cuestión se ha de interpretar en el despliegue

.C
de la identidad del yo en el tiempo.
Pasemos ahora del plano de las vidas personales a otro más institucional.
DD
Para presentar el telón de fondo de este estudio como un todo debemos ofrecer
una caracterización de ese fenómeno turbador y turbulento que es la modernidad.

La modernidad: algunas consideraciones generales


LA

En este libro utilizo la palabra «modernidad» en un sentido muy general para


referirme a las instituciones y modos de comportamiento impuestos primeramente en la
FI

Europa posterior al feudalismo, pero que en el siglo xx han ido adquiriendo por sus
efectos un carácter histórico mundial. El término «modernidad» se puede considerar
equivalente aproximadamente a la expresión «mundo industrializado», mientras se


acepte que la industrialización no se reduce únicamente a su aspecto


institucional.3

3
, En Anthony GIDDÉNS, The Consequences of Modernity, Cambridge, Polity, 1990. Puede
encontrarse una exposición más completa de los principales puntos de las secciones siguientes.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 27

Utilizo la palabra industrialización para referirme a las relaciones sociales que lleva
consigo el empleo generalizado de la fuerza física y la maquinaria en los procesos
de producción. En cuanto tal, es uno de los ejes institucionales de la modernidad,
Otro de sus aspectos es el capitalismo, entendiendo este término corno sistema de
producción de mercancías que comprende tanto a los mercados de productos
competitivos como a la transformación en mercancía de la fuerza del trabajo. Cada

OM
uno de estos aspectos puede distinguirse analíticamente de las instituciones de
vigilancia, fundamento del crecimiento masivo del poder organizativo ligado a la
aparición de la vida social moderna. La vigilancia se refiere al control supervisor de
las poblaciones sometidas, tanto si este control adopta la forma de supervisión
«visible», en el sentido dado por Foucault, corno si se trata del empleo de la

.C
información para coordinar las actividades sociales. Este aspecto puede
distinguirse a su vez del control de los medios de coacción en las condiciones de
DD
la «industrialización de la guerra». La modernidad nos introduce en una era de
«guerra total», en la que el poder destructivo de las armas, al que nos hemos
referido antes al hablar de la existencia del armamento nuclear, es inmenso.
La modernidad genera ciertas formas sociales diferenciadas, la más destacada
LA

de las cuales es el Estado nacional. Una observación trivial, desde luego, hasta
que se cae en la cuenta de la tendencia generalizada de la sociología a centrarse
en la «sociedad» como su materia propia. La «sociedad» de los sociólogos, al
FI

menos en su aplicación al período de la modernidad, es un Estado nacional, pero


esto es una equivalencia más bien implícita que explícitamente tematizada. El Estado
nacional, en cuanto entidad sociopolítica, contrasta fundamentalmente con la mayoría


de los tipos del orden tradicional y nace sólo como parte de un sistema de Estado
nacional más amplio (que en la actualidad tiene carácter mundial), posee formas muy
específicas de territorialidad y capacidad de vigilancia y monopoliza eficazmente el
control sobre los medios de coacción.4 En la literatura especializada sobre relaciones
internacionales, los Estados nacionales se tratan a menudo como «acto-

4. Anthony GIDDENS, The [Link] and Violence, Cambridge. Polity,


1985.

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res» —como «agentes» más bien que como «estructuras»— y existe para ello una neta
justificación. En efecto, los Estados modernos son sistemas reflejamente controlados
que, si bien no «actúan» en el sentido estricto del término, persiguen unos propósitos y
planes coordinados a escala geopolítica. En cuanto tales, son un ejemplo magnífico de
un rasgo más general de la modernidad, el auge de la organización. Lo que distingue a
las organizaciones modernas no es tanto su tamaño o su carácter burocrático, cuanto
el control reflejo concentrado que ambos aspectos permiten e imponen. Quien hable de

OM
modernidad, no hablará de organizaciones sino de organización (del control reglado
de las relaciones sociales a lo largo de extensiones indefinidas de espacio y
tiempo).
Las instituciones modernas no guardan continuidad, en varios aspectos clave, con

.C
la gama de las culturas y modos de vida premodernos. Una de las características más
evidentes que separan la época moderna de cualquier otro periodo precedente es el
extremo dinamismo de la modernidad. El mundo moderno es un «mundo desbocado»:
DD
no sólo el paso al que avanza el cambio social es mucho más rápido que el de todos
los sistemas anteriores; también lo son sus metas y la profundidad con que afecta a
las prácticas sociales y a los modos de comportamiento antes existentes.5
LA

¿Cuál es la explicación del carácter singularmente dinámico de la vida social


moderna? Tres elementos, o conjuntos de elementos principales entran aquí en
consideración, y cada uno de ellos es fundamental para los argumentos expuestos en
este libro. El primero es lo que llamo la separación entre tiempo y espacio. Todas las
FI

culturas han poseído, por supuesto, de una u otra forma modos de calcular el tiempo así
como formas de situarse en el espacio. No existe sociedad cuyos individuos no tengan
un sentido del futuro, el presente y el pasado. Toda cultura posee algún tipo de


marcadores espaciales normalizados que indican una particular conciencia de la


localización. Sin embargo, en condiciones de premodernidad, el tiempo y el espacio
se vinculaban mediante la situación de un lugar.
Las culturas prernodernas de mayor envergadura desarrollaron métodos de cálculo
del tiempo y ordenación del espacio más formales —como calendarios y mapas
rudimentarios (por compara¬ción con las exigencias modernas)—.

5. Véase Anthony GTDDENS, Consequences of Modernity.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 29

En realidad, todo ello eran requisitos para el «distanciamiento» en el tiempo y el


espacio exigido por la aparición de formas más amplias de sistemas sociales. Pero en
las épocas premodernas el tiempo y el espacio siguieron esencialmente trabados
por la localización para la -mayoría d las personas y en la mayor parte de las
actividades ordinarias de la vida cotidiana. Los hitos del «cuándo» no estaban
conectados precisamente con el «dónde» de la conducta social sino con la sustan-

OM
cia de la conducta misma.
La separación de tiempo y espacio supuso, sobre todo, el desarrollo de una
dimensión de tiempo vacía», que fue la palanca principal que apartó también el
espacio de la localización. El invento y difusión del reloj mecánico se suele

.C
considerar acertadamente como la expresión principal de este proceso, pero es
importante no interpretar tal fenómeno de una manera demasiado superficial. La
expansión del uso de los aparatos de medición mecánica del tiempo hizo posibles,
DD
pero también dio por supuestos, cambios estructurales profundos en el tejido de la
vida de cada día (cambios que no podían ser sólo locales sino que,
inevitablemente, tuvieron influencias universalizadoras). Un mundo con un
sistema de dotación universal y con zonas normalizadas para toda la tierra, como lo es
LA

el nuestro, es social y experiencialmente distinto del de todas las épocas anteriores.


El mapamundi, en el que no existe un lugar privilegiado (una proyección universal),
es el correlato simbólico del reloj en el «vaciamiento» del espacio. No es tan sólo un
FI

modo de representar «lo que siempre ha estado ahí» —la geografía de la tierra—,
sino un elemento constitutivo de transformaciones absolutamente fundamentales de
las relaciones sociales.


El vaciamiento del tiempo y el espacio no es en absoluto un proceso unilineal


sino que se desarrolla de manera dialéctica. En las circunstancias sociales
estructuradas por la separación de espacio y tiempo son posibles muchas formas de
«tiempo vivido». Más aún, la disociación entre tiempo y espacio no significa que
desde ese momento ambos se conviertan en aspectos mutuamente extra-nos de la
organización social. Al contrario: esta situación proporciona el fundamento mismo de
su recombinación según métodos que coordinan las actividades sociales sin la
obligada referencia a las particularidades de la localización.

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Las organizaciones y la organización tan características de la modernidad son
inconcebibles sin la reintegración del espacio y el tiempo disociados. La organización
social moderna supone la coordinación precisa de las acciones de muchos seres
humanos físicamente ausentes entre sí; el «cuándo» de estas acciones está
directamente vinculado al «dónde», pero no, como en las épocas premodernas,
por la mediación del lugar.

OM
Todos nosotros podernos advertir hasta qué punto es fundamental la
separación entre tiempo y espacio para el dinamismo pasivo qué la modernidad
introduce en los asuntos sociales humanos. Este fenómeno universaliza el «empleo
de la historia para hacer historia», tan intrínseco a los procesos que liberan la vida
.social moderna de las trabas de la tradición. Esta historicidad se mundializa en

.C
su forma con la creación de un «pasado» normalizado y un «futuro» universalmente
aplicable: una fecha como fa del «ario 2000» se convierte en un hito reconocible para
DD
toda la humanidad.
El proceso de vaciamiento del tiempo y el espacio es fundamental para la
segunda influencia importante que experimenta FI dinamismo de la modernidad, el
desenclave de las instituciones sociales. Elijo la metáfora del desenclave en
LA

contraposición deliberada al concepto de «diferenciación», adoptado a veces por


los sociólogos para oponer los sistemas premodernos a los modernos. La
diferenciación implica imágenes de separación progresiva de fu-n* dones; los modos
de actividad, organizados en las sociedades premodernas de manera difusa, se
FI

hacen más especializados y precisos con el advenimiento de la modernidad. No


hay duda de que esta idea tiene cierta validez, pero no logra captar un elemento
esencial de la naturaleza y del impacto de las instituciones modernas: la «extracción»


de las relaciones sociales de sus circunstancias locales y su rearticulación en


regiones espaciotemporales indefinidas. Esta «extracción» es exactamente lo que
quiero decir con el concepto de desenclave, que explica la tremenda aceleración
del distanciamiento en el tiempo y el espacio introducido por la modernidad.
Los mecanismos de desenclave son de dos tipos que denomino «señales
simbólicas» y «sistemas expertos». Al referirme a ellos en conjunto, hablaré de
sistemas abstractos. Las señales simbólicas son medios de cambio de valor
estándar y, por tanto, intercambiables en una pluralidad de circunstancias.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 31

El ejemplo por excelencia, y el más importante por su omnipresencia, es el


dinero. Aunque .todas las formas principales del sistema social premoderno
desarrollaron el intercambio monetario de una u otra forma, la economía del
dinero se hace muchísimo más compleja y abstracta con la aparición y
maduración de la modernidad. El dinero deja en suspenso el tiempo (pues es un
medio de crédito) y el espacio (ya que el valor normalizado permite transacciones

OM
entre una multiplicidad de individuos que nunca se encuentran físicamente). Los
sistemas expertos dejan en suspenso el tiempo y el espacio al emplear modos de
conocimiento técnico cuya validez no depende de quienes los practican y de
los clientes que los utilizan. Tales sistemas impregnan virtualmente todos los
aspectos de la vida social en condiciones de modernidad (los alimentos que

.C
comemos, las medicinas que tomamos, los edificios que habitamos, las formas
de transporte de que nos servimos y una multiplicidad de otros fenómenos). Los
DD
sistemas expertos no quedan confinados a áreas de pericia tecnológica. Se
extienden a las mismas relaciones sociales y la intimidad del yo. El médico, el
asistente social y el psicoterapeuta son personas clave en los sistemas
expertos de la modernidad, al igual que el científico, el técnico o el ingeniero.
LA

Ambos tipos de sistemas expertos dependen de forma esencial de la


confianza, noción que, según señalamos, tiene una importancia primordial en este
FI

libro. La confianza difiere de aquella forma de fiabilidad que Georg Simmel


denominó «conocimiento inductivo débil» que se da en las transacciones formales.6
Ciertas decisiones de la vida se basan en conclusiones inductivas derivadas de


tendencias previas o de una experiencia anterior y a las que se atribuye en cierto


modo una credibilidad para el presente. Este tipo de viabilidad puede ser un
componente de la confianza, pero no basta por sí misma para definir una relación
confiada. La confianza supone- arrojarse, a la entrega, implica una cualidad de «fe»
irreducible. Se relaciona específicamente con la ausencia en el tiempo y el
espacio, así como con el desconocimiento.

6,
Georg SIMMEL, The Philosopiry of Money. Londres, Routledge, 1978, p.179

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No necesitamos confiar en alguien a quien siempre tenemos ante nuestros ojos y
cuyas actividades pueden ser directamente controladas. Así, por ejemplo, los
trabajos monótonos o ingratos y escasamente pagados, en los cuales es débil la
motivación para realizar la tarea a conciencia, suelen ser posiciones de «baja
confianza». Los puestos de «elevada confianza» son aquellos que se ocupan en gran
medida lejos de la presencia del equipo directivo o supervisor.' De manera similar. no
se requiere confianza cuando un individuo particular conoce más o menos un sistema

OM
técnico. Respecto a los sistemas expertos, la confianza deja en suspenso el
conocimiento técnico limitado que posee la mayoría de la gente sobre la información
codificada que afecta habitualmente a sus vidas.
La confianza, de varios tipos y niveles, sustenta una multitud de decisiones de

.C
cada día tomadas por todos nosotros al orientar nuestras actividades. Pero el hecho
de confiar no es siempre, en absoluto, el resultado de decisiones adoptadas
conscientemente; se trata más a menudo de una actitud mental generalizada que
DD
las fundamenta, algo que hunde sus raíces en la relación entre confianza y
desarrollo de la personalidad. También podernos tornar la determinación de confiar, un
fenómeno cuyo carácter común se debe al tercer elemento que está en la base de
LA

la modernidad (mencionado ya, pero analizado con más detalle en páginas poste-
riores): su reflexividad intrínseca. Sin embargo, la fe que implica la confianza tiende
también a oponerse a esta decisión calculadora.
Las actitudes de confianza en relación con situaciones, personas o
FI

sistemas concretos y en otros niveles más generales, están directamente


vinculadas a la seguridad psicológica de individuos y grupos. Confianza y seguridad,
riesgo y peligro, existen en combinaciones diversas e históricamente singulares en


condiciones de modernidad. Los mecanismos de desenclave, por ejemplo, logran


establecer extensas zonas de relativa seguridad en la actividad social diaria. Las
personas que viven en los países industrializados, y actualmente en cualquier parte,
están por lo general protegidos hasta cierto punto de algunos de los peligros que había
que afrontar habitualmente en épocas premodernas (como los derivados de las
inclemencias de la naturaleza).
7. Alan Fox, Beyond Contract. Londres, Faber, 1974. Uno de los pocos análisis de carácter general sobre la

confianza en los sistemas puede verse en Susan P. SCHAPERO, «The social control of impersonal trust», American

Journal of Sociology, 93, 1978.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 33

Por otro lado, los mismos mecanismos de desenclave generan nuevos riesgos y
peligros que pueden ser locales o mundiales. Las materias alimentarias obtenidas por
medios artificiales pueden tener características tóxicas que no aparecían en los
alimentos más tradicionales; los peligros medioambientales pueden amenazar a
todos los ecosistemas de la tierra.
La modernidad es esencialmente un orden postradicional. La transformación de

OM
tiempo y espacio, unida a los mecanismos de desenclave, liberan la vida social de
la dependencia de los preceptos y prácticas establecidas. Ésta es la circunstancia en
que aparece la reflexividad generalizada, el tercer elemento que influye de manera
importante en el dinamismo de las instituciones modernas. La reflexividad de la
modernidad se ha de distinguir del control reflejo de la acción, inherente a cualquier

.C
actividad humana. La reflexividad de la modernidad se refiere al hecho de que la
mayoría de los aspectos de la actividad social y de las relaciones materiales con la
DD
naturaleza están sometidos a revisión continua a la luz de nuevas informaciones o
conocimientos. Esta información o conocimiento no es algo accesorio en las
instituciones modernas sino constitutivo de ellas (un fenómeno complicado,
debido a las muchas posibilidades de pensar en la reflexividad existentes en las
LA

condiciones sociales de la modernidad). Tal como indicaba el análisis de Second


chances, las ciencias sociales desempeñan un papel fundamental en la reflexividad
de la modernidad, pues no se limitan simplemente a «acumular conocimiento»,
FI

corno lo hacen las ciencias de la naturaleza.

ESQUEMA 1. El dinamismo de la modernidad




Separación de espacio y tiempo: es la condición para la articulación de


las relaciones sociales en ámbitos extensos de tiempo y espacio, hasta llegar
a incluir sistemas universales.

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Mecanismos de desenclave: constan de señales simbólicas y sistemas
expertos (ambos en conjunto = sistemas abstractos). Los mecanismos de
desenclave disocian la interacción de las peculiaridades de lo local.

Reflexividad institucional: utilización regularizada del conocimiento de las


circunstancias de la vida social en cuanto elemento constituyente de su
organización y transformación.

OM
Respecto al conocimiento científico, tanto social como natural, la reflexividad
de la modernidad contradice las expectativas del pensamiento ilustrado (aun
siendo el producto de ese pensamiento). Los primeros padres de la ciencia y la

.C
filosofía modernas creían estar preparando el camino para un conocimiento con fun-
damentos seguros acerca de los mundos natural y social: las pretensiones de razón
DD
eran oportunas para superar los dogmas de la tradición, al ofrecer un sentimiento de
certeza en sustitución del carácter arbitrario de los usos y las costumbres. Pero la
reflexividad de la modernidad mina, en realidad, la certeza del conocimiento,
incluso en los terrenos más nucleares de las ciencias naturales. La ciencia no se
LA

basa en la acumulación inductiva de pruebas, sino en el principio metodológico


de la duda. Cualquier opinión científica es susceptible de revisión —o deberá ser
desechada plenamente— a la luz de nuevas ideas o descubrimientos, sin que
FI

importe lo apreciada que fuera o lo bien establecida que aparentemente estuviera.


La relación plena entre modernidad y duda radical es una cuestión que. una vez
expuesta, no sólo supone un trastorno para los filósofos sino que es existencialmente


turbadora para el individuo común.

Lo local, lo mundial y la transformación de la vida cotidiana.

Las tendencias universalizantes de la modernidad son inherentes a las


influencias dinámicas que acabamos de esbozar. La reorganización del tiempo y el
espacio, los mecanismos de desenclave y la reflexividad de la modernidad
suponen propiedades universalizadoras que explican la naturaleza expansiva e
irradiante de la vida social moderna cuando se topa con prácticas establecidas por la
tradición.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 35

La universalización de la actividad social, que la modernidad ha generado, es de


alguna manera un proceso de desarrollo de nexos genuinamente mundiales (corno
los que implica el sistema de Estados nacionales o la división internacional del
trabajo). Sin embargo, en un sentido general, el concepto de universalización se
entiende mejor si se considera que expresa aspectos fundamentales de
distanciamiento espaciotemporal. La universalización atañe a la intersección de

OM
presencia y ausencia, al entrelazamiento de acontecimientos y relaciones sociales «a
distancia» con los contextos locales. Deberíamos entender la difusión mundial de la
modernidad en función de una relación constante entre distanciamiento y
mutabilidad crónica de circunstancias y compromisos locales. Al igual que cualquiera

.C
de los otros procesos mencionados más arribas la universalización se ha de
entender como un fenómeno dialéctico en el que los sucesos que se producen en
un polo de una relación distante provocan a menudo situaciones divergentes o
DD
incluso contrarias en el otro, La dialéctica de lo local y lo universal es un
encarecimiento de los argumentos utilizados en este libro.
Universalización significa que nadie puede «desentenderse» de las
LA

transformaciones generadas por la modernidad en cuanto a las consecuencias de, al


menos, algunos de los mecanismos de desenclave: así ocurre, por ejemplo, con
los riesgos mundiales de una guerra nuclear o de una catástrofe ecológica.
Muchos otros aspectos de las instituciones modernas, incluidos los que actúan a
FI

pequeña escala, afectan a personas que viven en ámbitos más tradicionales, fuera de
las partes del mundo más decididamente «desarrolladas». No obstante, en esos
sectores desarrollados, la conexión entre lo local y lo universal está vinculada a un


conjunto de cambios profundos en la naturaleza de la vida cotidiana.


Podemos entender estos cambios directamente en función de los efectos de
los mecanismos de desenclave que automatizan muchos aspectos de las
actividades de cada día. Esta automatización, que prescinde de las habilidades del
individuo, no es simplemente un proceso en el que el conocimiento cotidiano
quede en manos de expertos y especialistas técnicos (pues en sus campos
profesio nales se producen con mucha frecuencia imponderables o se dan
aspectos que son objeto de acaloradas discusiones)

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tampoco se trata de un proceso unilateral, pues al ser parte de la reflexividad
de la modernidad, los agentes profanos en la materia se apropian
constantemente, de una u otra manera, de la información especializada. Estas
observaciones valen para los escritos de los sociólogos tanto corno para los de
algunos otros especialistas: ya hemos visto que los datos de libros como Second
Chances son susceptibles de filtrarse a los Medios donde las personas toman

OM
decisiones en materia de relación, matrimonio y divorcio. La confianza en los
mecanismos de desenclave no es sólo cosa de los profanos, pues nadie puede
ser experto más que en una mínima parte de los diversos aspectos de la vida
social moderna, condicionada por sistemas abstractos. Cualquiera que viva en
condiciones de modernidad se verá afectado por una multitud de sistemas

.C
abstractos y sólo podrá obtener, en el mejor de los casos, un conocimiento
superficial de sus tecnicismos.
DD
La conciencia de la fragilidad y los límites de los sistemas abstractos no se
limita a los especialistas técnicos. Son pocas las personas que mantienen una
confianza sin desvíos en los sistemas del conocimiento técnico que les afectan y
todos, consciente o inconscientemente, elegimos entre las diversas
LA

posibilidades de acción que ofrecen esos sistemas (o el desentendimiento de


ellos). A me nudo la confianza se mezcla con una aceptación práctica: se trata
de una especie de «contrato a tarea» que el individuo pacta con las instituciones
FI

de la modernidad. Con una confianza en los otros que se da por supuesta


pueden coexistir diversas actitudes de escepticismo u hostilidad hacia algunos
sistemas abstractos. Una persona puede llegar muy lejos, por ejemplo, en su
propósito de no consumir alimentos con aditivos pero, si no cultiva lo que come,


deberá confiar necesariamente en los proveedores de «alimentos naturales» en


lo referente al suministro de productos de calidad. Una persona puede recurrir a
la medicina holística tras haber sufrido un desencanto con la profesión médica
ortodoxa, pero lo que se da en tal caso es, por supuesto, un cambio de fe. Una
persona enferma puede sentirse tan escéptico frente a las pretensiones de
cualquier forma de pericia psicoterapéutica que evitará entrar en contacto con
cualquier profesional de la medicina, sin que le importe la evolución de su
enfermedad.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 37

Pero, incluso a alguien que se desentienda de manera tan radical, podría resultarle
virtualmente imposible escapar del todo de la influencia de los sistemas medicinales
y de la investigación médica, pues repercuten en muchos aspectos del «entorno de
conocimientos», así como en aspectos concretos de la vida cotidiana. Por
ejemplo, influyen en las normas que regulan la producción de alimentos (tanto si
son de carácter natural como artificial).

OM
La mediación de la experiencia

Prácticamente toda experiencia humana es una experiencia mediada (por la


socialización y, en especial, por la adquisición del lenguaje). El lenguaje y la

.C
memoria están intrínsecamente conectados tanto en la rememoración individual como
en la institucionalización de la experiencia colectiva.8 Para la vida humana el lenguaje
DD
es el medio primordial y original de distanciamiento espaciotemporal, pues eleva la
actividad humana por encima de la inmediatez de la experiencia anima1.9 El
lenguaje, según dice Lévi-Strauss, es una máquina del tiempo que permite la
repetición de las prácticas sociales a lo largo de generaciones, al tiempo que hace
LA

también posible la diferenciación entre pasado, presente y futuro.") La palabra hablada


es un medio, una huella, cuyo desvanecimiento en el tiempo y el espacio es
compatible con la preservación del significado a lo largo del espacio y el tiempo
FI

gracias al dominio humano de las características estructurales del lenguaje. Oralidad


y tradición están íntimamente relacionadas entre sí de forma inevitable. Según señala
Walter Ong en su estudio del lenguaje y la escritura, las culturas orales «se


interesan considerablemente por el pasado, que deja sus huellas en sus


instituciones altamente conservadoras y en [Link] realizaciones verbales y procesos
poéticos, que son de carácter

8 cf Paul COT~TON, How Societies Remember, Cambridge, Cambridge University Press, 1989.

9 Anthony GtDDENS, Central Problems in Social Theory, Londres, MacmiiIlari, 1979.


10
Claude Lévi-STRAUSS, Structural Arithropology, Londres, Allen Lane, 1968.

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38 Modernidad e identidad del yo

formulario, relativamente invariables e ideados para preservar el conocimiento


penosamente obtenido, recogido de la experiencia pasada y que, al no
contar con un registro escrito, podría perderse».' I
Aunque Lévi-Strauss y otros autores han investigado competentemente
la relación entre la escritura y la aparición de sistemas sociales «cálidos»,
dinámicos, sólo Innis y McLuhan, siguiendo los pasos del primero, han teorizado

OM
de forma compleja el impacto de los medios de comunicación en el desarrollo
social y en especial en relación con el advenimiento de la modernidad.'2 Ambos
autores hacen hincapié en los nexos entre tipos dominantes de medios y
transformaciones espacioternporales. El grado en que un medio sirve para
modificar las relaciones espaciotemporales no depende primordialmente del

.C
contenido de los «mensajes» que transmite, sino de su forma y sus modos de
reproducción. Innis señala, por ejemplo, que la introducción del papiro como
DD
soporte de la escritura amplió en gran medida el ámbito de los sistemas
administrativos, pues era mucho más fácil de transportar, almacenar u repro-
ducir que los materiales anteriormente utilizados.
La modernidad es inseparable de sus «propios» medios, el texto impreso
LA

y, más tarde, la señal electrónica. El desarrollo y la expansión de las instituciones


modernas van directamente ligados al enorme incremento de la mediatización
de la experiencia que implican estas formas de comunicación. Cuando los libros
FI

se elaboraban a mano, la lectura era secuencial: el libro debía pasar de una


persona a otra. Los libros y textos de las civilizaciones premodernas estaban
socialmente ligados a la transmisión de las tradiciones y eran casi siempre de


carácter esencialmente «clásico». El material impreso atraviesa el espacio


con la misma facilidad que el tiempo, pues puede ser distribuido a muchos
lectores de manera más o menos simultánea.13 Sólo medio siglo después de
la aparición de la Biblia de Gutenberg brotaron en todas las ciudades de

11 . Waltcr J. Ore, interfaces of the Würd, [Link]., Cornea University Pressi 1977,
12.
Harold Nros. Empire and Communications, Oxford University Pres.,- 1950; Marshall Mclitihan,
Understanding Media. Londres, Si:diere, 1%7.
13.
Christopher SMALL, The Prinied 14....orid, A hcrdeen„Aberdeen Univers Press, 1982,

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1. Los contornos de la modernidad reciente .39

Europa cientos de imprentas. Hoy en día la palabra impresa sigue ocupando el centro
de la modernidad y de sus redes mundiales. Prácticamente todas las lenguas
conocidas de la humanidad han sido puestas por escrito y el material impreso y la
capacidad para 'producirlo e interpretarlo es un medio indispensable de coordinación
administrativa y social, incluso en las sociedades con un bajo nivel de actividad
letrada. Según cálculos, la cantidad de material impreso producido en todo el mundo

OM
se ha ido duplicando cada quince años desde la época de Gutenberg.14
La imprenta significó una de las influencias más importantes que contribuyeron
a la aparición del Estado moderno temprano y otras instituciones precursoras de la
modernidad; pero si contemplamos los orígenes de la modernidad reciente, la
importancia recae en el desarrollo cada vez más interrelacionado entre medios

.C
impresos y comunicación electrónica. De acuerdo con una idea habitualmente admitida,
la aparición de la circulación masiva de materiales impresos pertenece a una época
DD
anterior a la de los mensajes electrónicos. Esta opinión ha sido sostenida en
especial por McLuhan, que contrapone de manera radical unos y otros. Desde el
punto de vista de la pura sucesión cronológica, es cierto que el ejemplo por
excelencia de material impreso masivo —la prensa periódica— inició su existencia
LA

alrededor de un siglo antes del advenimiento de la televisión. Sin embargo, es


completamente equivocado considerar la primera como una simple fase anterior a la
aparición de la segunda: la comunicación electrónica ha sido ya desde muy pronto un
FI

elemento vital para el desarrollo de los medios de comunicación impresos. Aunque la


invención del telégrafo tuvo lugar algo después del primer florecimiento de los
diarios y las revistas, fue esencial para la formación de lo que conocemos corno


publicaciones periódicas e incluso para la idea misma de «noticia». La


comunicación telefónica y por radio amplió aún más estos vínculos.
Los primeros diarios de noticias (y una gran variedad de revistas y
publicaciones periódicas) fueron de importancia principal para llevar a término
la separación entre el espacio y el tiempo, pero este proceso sólo se convirtió
en fenómeno universal por la integración de medios impresos y electrónicos.

«Future mcthods and techniques», en Philip Hills (ed.)„ Future of the


14. J. M. STRAWSON,

Printed 'Word, Londres, Pinter. 1980, p. 15.

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40 Modernidad e identidad del yo
Este hecho queda fácilmente demostrado por el desarrollo de la prensa moderna.
Así, Susan Brooker-Gross ha examinado los cambios en el alcance espaciotemporal
de dicha prensa y descubierto que las muestras típicas de noticias en un periódico
norteamericano de mediados del siglo xix, antes de la difusión del telégrafo, eran
diferentes de las de los primeros años de dicho siglo y de las ofrecidas posterior-
mente. Esas noticias presentaban informaciones sobre ciudades de los Estados

OM
Unidos situadas a cierta distancia, pero dicha información carecía de la inmediatez a
la que está acostumbrado el lector de la prensa actual.15
Brooker-Gross ha demostrado que antes de la aparición del telégrafo las noticias
describían sucesos recientes y al alcance de los lectores; cuanto más alejado

.C
estuviera un acontecimiento particular, tanto más se demoraría su fecha de
aparición. Las noticias provenientes de lugares lejanos llegaban en forma de lo
que esta autora denomina «paquetes geográficos». Los materiales europeos, por
DD
ejemplo, se transportaban literalmente en paquetes por barco y se presentaban en
la forma en que la prensa los encontraba: «Éstas son las noticias traídas por un
barco llegado de Londres.» En otras palabras, los canales de comunicación y la
presión provocada por las diferencias espaciotemporales configuraban
LA

directamente la presentación de las páginas impresas de noticias. Después de la


introducción del telégrafo y, más tarde, del teléfono y otros medios electrónicos, el
factor que determinaría la inclusión de un suceso sería el suceso mismo, más que
FI

el lugar donde hubiera ocurrido. La mayoría de los medios de información


mantienen cierto sentido de «lugar privilegiado» respecto a su propia ubicación —
dando así preferencia a las noticias locales—, pero sólo por contraste con la


preeminencia atribuida al suceso."'


Las imágenes visuales presentadas por la televisión, el cine y

15. Susan R. Bao~R-GRoss, «The chang-ing concept uf place in the news», en jacquelin B-urgess y John R. Goíd.
Geography, the Media and Popular Culture, Londres, Croor► IleIrni 1.985, p. 63,
lb. q E. RELPH, P!ilce and Places. ness, Londres, Pion. 19715. joshua Meyrowitz,Serse of Place, Oxford, Oxford
University Press, 1985.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 41

los videos crean, sin duda, redes de experiencia mediada inalcanzables para la
palabra impresa. Sin embargo, estos medios, aI igual que la prensa, las revistas, las
publicaciones periódicas y otros tipos de material impreso, son tanto medios de
expresión de las tendencias al desenclave y la mundialización de la modernidad como
instrumentos de dichas tendencias. Las semejanzas entre medios impresos y
electrónicos son más importantes que sus diferencias para la formación de las

OM
instituciones modernas. Así ocurre con dos rasgos básicos de la experiencia
mediada en condiciones de modernidad. Uno de ellos es el efecto collage. Una
vez que el suceso ha conseguido imponerse más o menos completamente a la lo-
calización, la presentación que de él hacen los medios adopta la forma de una

.C
yuxtaposición de relatos y materiales que comparten tan sólo su carácter
«cronológico» y secuencial. La página de un periódico y la guía de un programa
de televisión son ejemplos igualmente significativos del efecto collage. ¿Podría
DD
este efecto ser un indicio de la desaparición del relato y. quizá, de la disociación
entre signos y referentes, como han sugerido algunos?" Seguramente no. Un
collage no es, por definición, un relato; pero la coexistencia de diferentes
LA

materiales en los medios de comunicación no constituye un revoltijo caótico de


signos. Las «historias» separadas yuxtapuestas una al lado de otra expresan, más
bien, cienos ordenamientos y una secuencialidad típica de un entorno espacio-
temporal modificado en el que se ha desvanecido en gran medida el predominio
FI

de lo local. No se suman, por supuesto, para constituir un único relato, sino que
dependen de unidades de pensamiento y conciencia y las expresan, en cierto
sentido.


La experiencia mediada de los tiempos modernos se caracteriza por un segundo


rasgo importante: la intromisión de sucesos distantes en la conciencia cotidiana,
organizada, en parte, fundamentalmente en función de la noción que se tenga de
ellos. Así, por ejemplo, ciertas personas pueden sentir corno algo ajeno y remoto
muchos de los sucesos referidos en las noticias; pero muchos otros Penetran
igualmente de manera habitual en la actividad de cada día, La familiaridad
generada por la experiencia mediada puede

17.
En especial Jean Baudrillard. Véase Mark. POSTER, Jean Baudrillard, Cambridge.
Polity. 1989.

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Modernidad e identidad del yo

provocar, quizá, bastante a menudo sentimientos de «inversión de la realidad»: al


tropezamos con ellos, el objeto y el suceso reales, parecen tener una existencia
menos concreta que sus representaciones en los medios de comunicación. Más aún
muchas experiencias que podrían ser raras en la vida cotidiana (como el contacto
directo con la muerte) se nos muestran normalmente en las representaciones de los
medios; sin embargo, el encuentro con esos fenómenos en su realidad misma es

OM
psicológicamente problemático. Más adelante me extenderé en la consideración de
este hecho. Er, resumen, en las condiciones de modernidad, los medios no reflejan
realidades sino que, en cierta medida, las configuran; pero esto no quiere decir que
debamos sacar la conclusión de que los medios han creado un reino autónomo

.C
de «hiperrealidad», donde el signo o la imagen lo son todo.
La afirmación de que la modernidad fragmenta y disocia se ha convertido ya en
un tópico. Algunos autores han supuesto incluso que esta fragmentación señala la
DD
aparición de una nueva fase en e! desarrollo social, más allá de la modernidad
(una era posmoderna). Sin embargo, los rasgos unificadores de las instituciones
modernas son tan esenciales para la modernidad —en especial en la fase de la
modernidad reciente— como los disgregadores. El «vaciamiento» de tiempo y
LA

espacio ha puesto en marcha procesos que han instaurado un «mundo» único


allí donde anteriormente no existía. En la mayoría de las culturas premodernas,
incluida la Europa medieval, tiempo y espacio se fundían con el mundo de los
FI

dioses y los espíritus y con la «prerrogativa dada a la localización».« En general,


los múltiples modos de cultura y conciencia característicos de los «sistemas del
mundo» premodernos formaban un conjunto auténticamente fragmentado de


comunidades sociales humanas. En cambio, la modernidad tardía produce una


situación en la que el género humano se convierte en ciertos aspectos en un
«nosotros» que se enfrenta con problemas y posibilidades donde no existen los
«otros»

18. Yi-Fu TUAN, Topophilia, Englewood Cliffs, Prentice-Hall, 1974; Rober:


ta id S'AM Conceptions of Space in Sociological Thought, Londres. MacinillarL 1980.

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1. Los contornos de la modernidad reciente 43

La modernidad reciente y sus parámetros existenciales

La modernidad reciente se caracteriza por un escepticismo generalizado respecto


a las razones providenciales ligado al reconocimiento de que la ciencia y la tecnología

OM
tiene un doble filo y crean nuevos parámetros de riesgo y peligro., al tiempo que
ofrecen posibilidades beneficiosas para la humanidad. Este escepticismo no se limita
sólo a los escritos y valoraciones de filósofos e intelectuales: va hemos visto que la
conciencia de los parámetros existenciales de la reflexividad forma parte en buena
medida de la reflexividad misma. Vivir en el «mundo» generado por la modernidad

.C
reciente es corno cabalgar a hombros de una divinidad destructora: No se trata sólo
de que se produzcan procesos de cambio más o menos continuos y profundos
DD
sino, más bien, de que el cambio no se ajuste ni a las expectativas humanas ni al
control del hombre. La previsión de que el medio social y natural se vería
crecientemente sometido a un ordenamiento racional no ha resultado válida. La re-
flexividad de la modernidad está vinculada a este fenómeno de manera inmediata.
LA

La inclusión constante del conocimiento en las circunstancias de la acción que analiza


o describe crea una serie de inseguridades que se suman al carácter circular y falible de
las pretensiones de conocimiento postradicionales.
La razón providencial —la idea de que una comprensión de la naturaleza de las
FI

cosas crecientemente secularizada conduciría de manera intrínseca a una existencia


más segura y gratificante para Tus seres humanos— conserva restos de concepciones
fatalistas derivadas de épocas premodernas. Las nociones de destino pueden tener,


por supuesto, un aspecto sombrío, pero siempre implican cierto preordenarniento


de los sucesos. En condiciones de modernidad, las nociones tradicionales de destino
pueden seguir existiendo, pero en su mayoría no concuerdan con unas
perspectivas en las que el riesgo se ha convertido en elemento fundamental.
Aceptar el riesgo en cuanto tal, tendencia que en cierto modo nos ha

19. Anthony [Link], Consequences fModernily, Un importante análisis


que utiliza una metáfora bastante diferente. en James R. Rosenau, Turbuience
ín World Politics, Londres, Flarvester, 1990.

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sido impuesta por los sistemas abstractos de la modernidad, equivale a reconocer que
ningún aspecto de nuestras actividades se atiene a una dirección predeterminada y
que todos son susceptibles de verse afectados por sucesos contingentes. En este
sentido es bastante ajustado calificar a la modernidad, como hace Ulrich Beck, de
«sociedad de riesgo»,20 expresión que se refiere a algo más que al hecho de que la
vida social moderna introduce nuevas formas de peligro que debe afrontar la humanidad.

OM
Vivir en la «sociedad de riesgo» significa vivir con una actitud de cálculo hacia nuestras
posibilidades de acción, tanto favorables como desfavorables, con las que nos
enfrentamos de continuo en nuestra existencia social contemporánea individual y
colectivamente.
Debido a su dinamismo reflejamente activado --aunque intrínsecamente errático—,

.C
la actividad social moderna tiene un carácter esencialmente contrafáctico. En un
universo social postradicional, individuos y colectividades disponen en cualquier
DD
momento de una serie indefinida de actuaciones potenciales (con sus corres-
pondientes riesgos). La elección entre esas alternativas es siempre un asunto de
«como si», un problema de selección entre «mundos posibles». La mejor manera de
entender la vida en circunstancias de modernidad es considerarla materia de apreciación
LA

rutinaria de condicionales contrafácticos y no un mero cambio de rumbo que partiera de


una «orientación hacia el pasado», característica de las culturas tradicionales, y se
dirigiese a una «orientación hacia el futuro».
FI

Dada la extrema reflexividad de la modernidad tardía, el futuro no consiste


simplemente en la expectativa de sucesos por venir. Los «futuros» están
reflejamente organizados en el presente en función del flujo continuo de
conocimiento hacia las circunstancias que lo han generado (el mismo proceso que.


de manera aparentemente paradójica, suele contrariar las expectativas a las que da


forma ese conocimiento). La popularidad de la futurología en el sistema de la modernidad
reciente no es una preocupación de excéntricos, un equivalente contemporáneo de
los antiguos echadores de suenes; indica el reconocimiento de que la atención a
las

20
. UlricFi BECK, Risikogeselischaft Auf dem Weg in eine arzclere Moderrze, Frankfurt,
Suhrkamp, 198E.

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1. Los contornos, de la modernidad reciente 45
posibilidades contra ácticas es intrínseca a la reflexividad en el terreno de la estimación
y evaluación de riesgos. No hay duda de que, en cierto sentido, esta opinión se ha
introducido en las instituciones modernas. Los seguros, por ejemplo, se han vinculado ya
desde muy pronto, no sólo a los riesgos que implican los mercados capitalistas, sino a los
futuros potenciales de un amplio abanico de características individuales y colectivas. El
cálculo de futuros por parte de las compañías de seguros es en sí mismo una

OM
empresa arriesgada, pero es posible delimitar algunos aspectos clave del riesgo de
una forma que no sería posible en la mayoría de las situaciones prácticas de la
acción. El cálculo del riesgo por parte de las compañías de seguros es actuarial y su
actitud típica es la de intentar eliminar aspectos o formas de riesgo que no se ajustan
al cálculo de probabilidades de muestras amplias: es decir, los «actos de Dios»,

.C
DD
LA

La vida ha sido siempre un asunto arriesgado, cargado de peligros. ¿Por qué la


evaluación del riesgo y la tendencia al pensamiento contrafáctico había de ser
especialmente significativa en la vida social moderna por comparación con sistemas
FI

premodernos? Quisiera añadir a esta pregunta una cuestión sobre el conocimiento


especializado: teniendo en cuenta que en las culturas premodernas las personas
consultaban también a expertos, como magos o curanderos, para solucionar sus


problemas, ¿hay en la modernidad algo específico en lo referente a la confianza y los


sistemas abstractos? En cada uno de estos aspectos se dan de hecho diferencias
importantes entre la generalidad de los sistemas premodernos y las instituciones de la
modernidad. En cuanto a la segunda cuestión, las diferencias residen en el
alcance general de los sistemas abstractos, junto con la naturaleza de la relación
entre conocimiento técnico y conocimiento no especializado. En las sociedades
prernodernas había expertos, pero eran pocos los sistemas técnicos, sobre todo
en las sociedades pequeñas; por tanto, los individuos de tales sociedades solían
tener, si así lo deseaban, la posibilidad de vivir sus vidas casi exclusivamente

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en función de su conocimiento local o del de su grupo de parentesco inmediato.
Este desentendimiento no es posible en los tiempos modernos. En cierto sentido,
según he señalado, las cosas son así para cualquier habitante de la tierra, pero
sobre todo para quienes viven en las zonas geográficas del corazón de la
modernidad.
Al comparar los sistemas premodernos y modernos, la diferencia de relaciones
entre conocimiento técnico y profano se refiere a la posibilidad de acceso de los

OM
agentes profanos a la destreza e información de los expertos. El conocimiento
profesional de las culturas premodernas tiende a depender de procedimientos y
formas simbólicas que se oponen a una codificación explícita. En los casos en
que este conocimiento esté codificado, no estará a disposición de individuos no
expertos, pues la instrucción es un monopolio de una minoría celosamente

.C
guardado. La salvaguarda del carácter esotérico del conocimiento especializado,
sobre todo allí donde este aspecto esté desvinculado de la «destreza y el arte»,
DD
es probablemente la base principal de cualquier rango distintivo alcanzado por
los expertos. En los sistemas modernos, los aspectos esotéricos de la
profesionalidad tienen poco o nada que ver con su inefabilidad y dependen de
una combinación de entrenamiento y especialización prolongada (aunque no hay
LA

duda de que algunos expertos --como los sociólogos— suelen muy a menudo
levantar un muro de jerga y ritual para proteger sus pretensiones de
diferenciación técnica). La especialización es en realidad la clave del carácter de
los sistemas modernos abstractos. El conocimiento contenido en las formas de
FI

profesionalización moderna está en principio al alcance de cualquiera, con tal de


que posea los recursos disponibles de tiempo y energía para adquirirlo. El hecho
de que todo cuanto una persona pueda lograr sea convertirse en experto en uno


o dos pequeños ámbitos de los sistemas de conocimiento modernos, significa


que los sistemas abstractos son opacos para la mayoría. Su cualidad de
opacidad --el elemento que fundamenta la expansión de la confianza en el
contexto de los mecanismos de desenclave—proviene de la intensidad misma de
especialización que los sistemas abstractos exigen y, al mismo tiempo,
estimulan.

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La naturaleza especializada de los modernos expertos contribuye directamente al
carácter en-ático y desbocado de la modernidad. La activación de esa pericia moderna,
a diferencia de la mayoría de sus formas premodernas, es de carácter altamente
reflejo y se orienta, por lo general, hacia un perfeccionamiento interno o eficacia
continuos. Los esfuerzos de los expertos en la resolución de

OM
.C
DD
LA
FI


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1, Los contornos de la modernidad reciente 47

problemas tienden a medirse muy a menudo por su capacidad para definir las
cuestiones con gran claridad o precisión (cualidades que a su vez tienen el efecto
de producir una progresiva especialización). Sin embargo, cuanto mayor es la
precisión con que se enfoca un problema, tanto más confusas resultan para los
individuos afectados las zonas de conocimiento que lo rodean y menos probabilidad
hay de que éstos sean capaces de prever las consecuencias de su aportación

OM
más allá de la esfera concreta de su aplicación. Aunque la pericia se organiza en el
seno de sistemas de mayor abstracción, su propio enfoque resulta cada vez más
limitado y puede llegar a provocar resultados no pretendidos, imprevistos e incon-
trolables (a no ser que los expertos desarrollen una pericia aún mayor. repitiendo

.C
asi el mismo fenómeno).2'
Esta combinación de pericia especializada y consecuencias imprevistas
constituye una de las razones principales de por qué el pensamiento contrafáctico,
DD
unido al carácter central del concepto de riesgo, es tan importante en las condiciones
de modernidad. En las culturas premodernas, «pensar de antemano» significa habi-
tualmente utilizar inductivamente la experiencia acumulada o bien consultar a un
vidente. Las cosechas se han de sembrar, por ejemplo, previendo las futuras
LA

necesidades y pensando en el cambio estacional. Para vincular las necesidades


presentes a los resultados futuros se utilizarían métodos de explotación agrícola
tradicionales, acompañados quizá de consejos profesionales de carácter mágico. En
FI

la vida social moderna los individuos pueden ser capaces de salir adelante durante
ciertos períodos de tiempo combinando hábitos establecidos con consultas a
expertos en áreas específicas para «reparaciones generales» y en caso de


accidentes inesperados. Los expertos mismos —que, insisto una vez más, no forman
un estrato claramente distinguible en el seno de la población— pueden actuar en su
trabajo técnico centrándose resueltamente en un área de especialización reducida y
prestando poca atención a las consecuencias o implicaciones de mayor alcance.
En tales circunstancias la evaluación del riesgo queda bastante bien «sepultada»
dentro de formas de hacer las cosas más o menos sólidamente establecidas.
Pero, en cualquier momento, estas prácticas pueden quedar de pronto caducas
o verse sometidas a transformaciones bastante profundas.

21 Sobre esta cuestión. véase Zygmunt BALAIAN, Modernily and Anzbivaience. Cambridge, Polity. 1990.

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El conocimiento de los expertos no crea áreas de carácter inductivo y
estable; el resultado inevitable de la difusión de los sistemas abstractos es la
aparición de ciertas situaciones y sucesos nuevos e intrínsecamente
inconstantes. Hay además peligros generados fuera de los ámbitos de acción
penetrados por la reflexividad (como los procedentes, por ejemplo, de
terremotos o catástrofes naturales), pero la mayoría de ellos pasan por el filtro de
esas esferas de acción o hasta cierto punto están producidos activamente por

OM
ellas. Con frecuencia pensamos en los riesgos en función de parámetros de
probabilidad que pueden ser evaluados con precisión (de forma muy parecida a
los cálculos de las compañías de seguros). Pero, en las condiciones de la
modernidad tardía, muchas formas de riesgo no admiten una evaluación clara
debido al medio mudable de conocimientos que los enmarca; e incluso las 'valora-

.C
ciones del riesgo en situaciones relativamente delimitadas sólo son a menudo
válidas «hasta nuevo aviso».
DD
El porqué de la modernidad y de /a identidad personal

En mi opinión, las transformaciones en la identidad del yo y la mundialización


LA

son los dos polos de la dialéctica de lo local y lo universal en las condiciones de


modernidad reciente. En otras palabras, los cambios en aspectos íntimos de la vida
personal están directamente ligados al establecimiento de vínculos sociales de
alcance muy amplio. No quiero negar con ello la existencia de muchos tipos de
FI

lazos intermedios (por ejemplo, entre entidades locales y organizaciones


estatales). Pero el grado de distanciamiento espacio-temporal introducido por la
modernidad reciente se halla tan extendido que, por primera vez en la historia de


la humanidad, el «yo» y la «sociedad» están interrelacionados en un medio


mundial.
En las circunstancias de la modernidad reciente, son varios los factores que
influyen de manera directa en la relación entre la identidad del yo y las
instituciones modernas. Según hemos subrayado en las páginas anteriores, la
modernidad introduce un dina-

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Los contornos de la modernidad reciente 49

mismo elemental en los asuntos humanos ligado a cambios en los mecanismos de


confianza y en los entornos de riesgo. No creo que sea cierto, como han sugerido
algunos, que la Edad Moderna sea específicamente una época de angustia, por
contraste con épocas anteriores. La angustia y la inseguridad han torturado a
otros periodos además del nuestro y probablemente hay pocos motivos para
suponer, como se ha hecho algunas veces, que la vida en culturas más reducidas y

OM
tradicionales fue más equilibrada que la de hoy'. No hay duda, sin embargo, de
que el contenido y la forma de las angustias dominantes han cambiado.
La reflexividad de la modernidad alcanza al corazón del yo. Dicha de otra
manera, en el contexto de un orden postradicional, el yo se convierte en un

.C
proyecto reflejo. Las transiciones en las vidas individuales han exigido siempre una
reorganización psíquica, algo que en las culturas tradicionales solía quedar
ritualizado erg forma de rifas de paso. Pero en tales culturas, donde las cosas se
DD
mantenían más o menos inmutables generación tras generación en lo colectivo los
cambios en la identidad quedaban claramente marcados (como en el paso del
individuo de la adolescencia a la edad adulta). En cambio, en las circunstancias de
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la modernidad, el yo alterado deberá ser explorado y construido corno parte de un


proceso reflejo para vincular el cambio personal y el social. En el estudio de Wat
lerstein y Blakeslee se insiste claramente en ello y su obra no es sólo un documento
sobre ese proceso sino que constituye también una contribución al mismo. El
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«nuevo sentido del yo» que, como dicen las autoras deben cultivar los individuos
tras la separación marital, se construye como parte de un proceso de introducción
de formas sociales innovadoras, como las que implica la moderna patemalidad


no consanguínea (el mismo término de «parentalidad» [parenting] es una invención


relativamente reciente que ha ayudado a la constitución de lo que ahora describe).
El proceso de «remontarse a las experiencias tempranas de uno mismo»,
analizado por Wailerstein y Blakeslee, forma parte precisamente de una activación
reflexiva de la identidad del yo: no está limitado a los momentos críticos de la vida,
sino que es un rasgo general de la actividad social moderna en relación con la
organización psíquica.
En semejantes circunstancias, los sistemas abstractos intervienen de
manera crucial no sólo en el orden institucional de la mo-

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dernidad sino también en la formación y continuidad del yo. La temprana
socialización de los niños, por ejemplo, tiende a depender cada vez más del consejo
y la instrucción de expertos (pediatras y educadores), más que de la iniciación directa
de una generación por la otra (y ese consejo e instrucción responden a su vez
reflejamente a la investigación continua). La sociología y la psicología están así ligadas
de manera directa, en cuanto disciplinas académicas, a la reflexividad del yo, Pero la
vinculación más distintiva entre los sistemas abstractos y el yo se ha de hallar en la

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aparición de todo tipo de formas de psicoterapia y asesoramiento. Una manera de
interpretar el desarrollo de la psicoterapia es de orden puramente negativo, en cuanto
respuesta a los efectos debilitadores de las instituciones modernas en la experiencia
del yo y en las emociones. Podría decirse que la modernidad quiebra el marco protector

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de la pequeña comunidad y de la tradición, sustituyéndolas por organizaciones más
amplias e impersonales. El individuo se siente despojado y solo en un mundo donde
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carece de los apoyos psicológicos y del sentimiento de seguridad que le
procuraban otros ambientes más tradicionales. El psicoterapeuta ofrece la posibilidad
de tener a alguien a quien dirigirse, una versión secular del confesonario.
No pretendo decir que este punto de vista se deba abandonar por completo,
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pues indudablemente contiene elementos válidos, Pero hay buenas razones para
suponer que en esencia no es adecuado. La identidad del yo se hace problemática en la
modernidad de una manera que contrasta con las relaciones entre yo y sociedad en
circunstancias más tradicionales: sin embargo, no nos hallamos sólo ante una situación de
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pérdida y esto no significa tampoco que lob niveles de angustia hayan de crecer
necesariamente. La psicoterapia no es simplemente un medio de hacer frente a
nuevas angustias, sino una expresión de la reflexividad del yo (fenómeno que tanto en


el plano individual como en las instituciones más amplias de la modernidad, equilibra las
oportunidades y las posibles catástrofes).
En los capitulos siguientes ampliaremos esta afirmación pero, antes de
extendernos en tales cuestiones, habremos de abordar algunos problemas generales
relativos al yo y su identidad. Estas consideraciones, junto con las ideas expuestas hasta
aquí, constituirán un trasfondo conceptual general para el estudio en conjunto.

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