Efectos del divorcio en la identidad personal
Efectos del divorcio en la identidad personal
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pero que también ofrece nuevas oportunidades de desarrollo personal y futura
felicidad, La separación y el divorcio, con todas sus consecuencias, pueden
provocar angustias y trastornos psicológicos duraderos: pero, al mismo tiempo, los
cambios generados por la disolución del matrimonio proporcionan, según indican las
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autoras, posibilidades de «desarrollarse emocionalmente», de «establecer nuevas
aptitudes y una nueva suficiencia» y de «consolidar relaciones íntimas más allá de lo
que anteriormente se era capaz».
DD
La separación marital, dicen Wallerstein y Blakeslee, es un hito que «congela
ciertas imágenes que enmarcan la actividad posterior. En la manera como el
matrimonio llegó a separarse arraiga a menudo la cólera, que se alimenta de
LA
padres se marcha de repente con los niños sin dejar una dirección...». El matrimonio
roto se deplora, sin importar hasta qué punto sus miembros eran infelices o
estaban desesperados mientras vivían juntos. Cuanto más tiempo hayan convivido
dos personas, tanto más tiende a prolongarse el periodo de duelo. El duelo deriva
de la pérdida de los placeres y experiencias compartidas, además de la renuncia
obligada a las esperanzas puestas en otro tiempo en la relación. Donde no se dé un
proceso de duelo, el resultado suele ser la persistencia prolongada de sentimientos
heridos que llevarán quizá a la desesperación y al hundimiento psicológico.
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amargura.
El paso por una fase de duelo es, según Wallerstein y Blakeslee, la clave
para «recuperarse» tras el divorcio. Todo aquel que se «despareja» de su
anterior esposo o esposa afronta la tarea de establecer un «nuevo sentido del
yo», un «nuevo sentido de identidad». En un matrimonio duradero, el sentido
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de identidad de cada uno de sus componentes se vincula al de la otra persona
y, desde luego, al matrimonio mismo. A raíz de la ruptura matrimonial, cada
DD
uno de los dos deberá «remontarse a su experiencia anterior y encontrar otras
imágenes y raíces para su independencia, para ser capaz de vivir sola y
hacerse cargo de la segunda oportunidad que les ofrece el divorcio».
Una persona separada o divorciada necesita coraje moral para intentar
LA
Los problemas personales, los juicios y las crisis personales, las relaciones
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personales… ¿Qué nos dicen y qué expresan acerca del paisaje social de la
modernidad? Algunos se sentirán inclinados a mantener que no mucho, pues
no hay duda de que los sentimientos e intereses de las personas son bastante
similares en cualquier tiempo y lugar. Podríamos aceptar que la llegada de la
modernidad produce cambios importantes en el entorno social externo del indi-
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viduo y afecta al matrimonio y a la familia así como a otras instituciones: pero
los individuos cargan con su vida personal como siempre lo hicieron,
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arreglándose lo mejor que pueden con los cambios sociales en que se ven
envueltos. Pero, ¿no será más bien lo contrario? En efecto, las circunstancias
sociales no están separadas de la vida personal ni constituyen un medio
externo a ella. Al luchar con sus problemas íntimos, los individuos ayudan
LA
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arriesgadas y peligrosas. Los modos de comportamiento y sentimiento asociados a
la vida sexual y marital se han convertido en algo movedizo, inestable y «abierto».
Hay en ellos mucho que ganar: pero también nos encontramos aquí en un territorio
aún por cartografiar y con nuevos peligros que correr.
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Pensemos, por ejemplo, en un fenómeno ampliamente analizado por
Wallerstein y Blakeslee: la naturaleza mudable de aquellas familias algunos de cuyos
miembros no son consanguíneos. Muchas personas, mayores y niños, viven hoy
DD
en día en este tipo de familias que, por lo general, no se han formado, como en
épocas anteriores, a consecuencia de la muerte de un cónyuge, sino por la
reestructuración de los lazos matrimoniales tras un divorcio. El niño con un
LA
padrastro o madrastra puede tener dos padres o dos madres, dos series de
hermanos y hermanas, además de otros nexos de parentela complejos. a
consecuencia de los múltiples matrimonios de los padres. La misma terminología
ofrece ya dificultades: ¿debería el niño llamar «madre» a su madrastra o más bien di-
FI
rigirse a ella por su nombre? La dilucidación de estos problemas puede llegar a ser
ardua y suponer un coste psicológico para todas las partes; pero también existe,
desde luego, la oportunidad de nuevas formas de relación satisfactoria. Algo de lo
que podemos estar seguros es que los cambios que esto implica no son sólo exte-
riores al individuo. Los encargados de establecer estas formas nuevas de lazos
familiares extensos deberán ser las mismas personas que se ven directamente
involucradas en ellas.
La angustia es el correlato natural de cualquier tipo de peligro. Está causada por
circunstancias perturbadoras o por la amenaza de que se produzcan, pero ayuda
también a dar respuestas adaptativas y tornar iniciativas nuevas. Las autoras de
Second Chances utilizan repetidamente expresiones como dolor, preocupación y
duelo.
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punto son nuevas estas angustias, peligros y oportunidades? ¿En qué
sentido están influidas de manera clara por las instituciones de la modernidad?
Éstas son las cuestiones a las que intentaré responder en las páginas
siguientes.
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Second Chances es una obra de sociología, pero no deberían leerla sólo
los sociólogos. Los psicoterapeutas, los consejeros familiares, los asistentes
sociales y otros profesionales interesados volverán probablemente sus páginas.
DD
Es perfectamente posible que el público profano, sobre todo quienes se hayan
divorciado recientemente, lean el libro y relacionen sus ideas y conclusiones
con las circunstancias de sus propias vidas. Las autoras son plenamente
conscientes de esta posibilidad. Aunque el libro está escrito como un estudio
LA
que sólo unos pocos libros ejercen gran influencia en el comportamiento social
general, Second chances es una pequeña aportación a un vasto flujo más o
menos continuo de escritos técnicos o populares sobre el tema del matrimonio y
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reflejamente organizada en función de los flujos de la información social y
psicológica acerca de los posibles modos de vida. La modernidad es un orden
postradicional en el que a la cuestión « ¿cómo he de vivir?», hay que responder con
decisiones tomadas cada día sobre cómo comportarse, qué vestir, qué comer —y
muchas otras cosas--; además, tal cuestión se ha de interpretar en el despliegue
.C
de la identidad del yo en el tiempo.
Pasemos ahora del plano de las vidas personales a otro más institucional.
DD
Para presentar el telón de fondo de este estudio como un todo debemos ofrecer
una caracterización de ese fenómeno turbador y turbulento que es la modernidad.
Europa posterior al feudalismo, pero que en el siglo xx han ido adquiriendo por sus
efectos un carácter histórico mundial. El término «modernidad» se puede considerar
equivalente aproximadamente a la expresión «mundo industrializado», mientras se
3
, En Anthony GIDDÉNS, The Consequences of Modernity, Cambridge, Polity, 1990. Puede
encontrarse una exposición más completa de los principales puntos de las secciones siguientes.
Utilizo la palabra industrialización para referirme a las relaciones sociales que lleva
consigo el empleo generalizado de la fuerza física y la maquinaria en los procesos
de producción. En cuanto tal, es uno de los ejes institucionales de la modernidad,
Otro de sus aspectos es el capitalismo, entendiendo este término corno sistema de
producción de mercancías que comprende tanto a los mercados de productos
competitivos como a la transformación en mercancía de la fuerza del trabajo. Cada
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uno de estos aspectos puede distinguirse analíticamente de las instituciones de
vigilancia, fundamento del crecimiento masivo del poder organizativo ligado a la
aparición de la vida social moderna. La vigilancia se refiere al control supervisor de
las poblaciones sometidas, tanto si este control adopta la forma de supervisión
«visible», en el sentido dado por Foucault, corno si se trata del empleo de la
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información para coordinar las actividades sociales. Este aspecto puede
distinguirse a su vez del control de los medios de coacción en las condiciones de
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la «industrialización de la guerra». La modernidad nos introduce en una era de
«guerra total», en la que el poder destructivo de las armas, al que nos hemos
referido antes al hablar de la existencia del armamento nuclear, es inmenso.
La modernidad genera ciertas formas sociales diferenciadas, la más destacada
LA
de las cuales es el Estado nacional. Una observación trivial, desde luego, hasta
que se cae en la cuenta de la tendencia generalizada de la sociología a centrarse
en la «sociedad» como su materia propia. La «sociedad» de los sociólogos, al
FI
de los tipos del orden tradicional y nace sólo como parte de un sistema de Estado
nacional más amplio (que en la actualidad tiene carácter mundial), posee formas muy
específicas de territorialidad y capacidad de vigilancia y monopoliza eficazmente el
control sobre los medios de coacción.4 En la literatura especializada sobre relaciones
internacionales, los Estados nacionales se tratan a menudo como «acto-
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modernidad, no hablará de organizaciones sino de organización (del control reglado
de las relaciones sociales a lo largo de extensiones indefinidas de espacio y
tiempo).
Las instituciones modernas no guardan continuidad, en varios aspectos clave, con
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la gama de las culturas y modos de vida premodernos. Una de las características más
evidentes que separan la época moderna de cualquier otro periodo precedente es el
extremo dinamismo de la modernidad. El mundo moderno es un «mundo desbocado»:
DD
no sólo el paso al que avanza el cambio social es mucho más rápido que el de todos
los sistemas anteriores; también lo son sus metas y la profundidad con que afecta a
las prácticas sociales y a los modos de comportamiento antes existentes.5
LA
culturas han poseído, por supuesto, de una u otra forma modos de calcular el tiempo así
como formas de situarse en el espacio. No existe sociedad cuyos individuos no tengan
un sentido del futuro, el presente y el pasado. Toda cultura posee algún tipo de
OM
cia de la conducta misma.
La separación de tiempo y espacio supuso, sobre todo, el desarrollo de una
dimensión de tiempo vacía», que fue la palanca principal que apartó también el
espacio de la localización. El invento y difusión del reloj mecánico se suele
.C
considerar acertadamente como la expresión principal de este proceso, pero es
importante no interpretar tal fenómeno de una manera demasiado superficial. La
expansión del uso de los aparatos de medición mecánica del tiempo hizo posibles,
DD
pero también dio por supuestos, cambios estructurales profundos en el tejido de la
vida de cada día (cambios que no podían ser sólo locales sino que,
inevitablemente, tuvieron influencias universalizadoras). Un mundo con un
sistema de dotación universal y con zonas normalizadas para toda la tierra, como lo es
LA
modo de representar «lo que siempre ha estado ahí» —la geografía de la tierra—,
sino un elemento constitutivo de transformaciones absolutamente fundamentales de
las relaciones sociales.
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Todos nosotros podernos advertir hasta qué punto es fundamental la
separación entre tiempo y espacio para el dinamismo pasivo qué la modernidad
introduce en los asuntos sociales humanos. Este fenómeno universaliza el «empleo
de la historia para hacer historia», tan intrínseco a los procesos que liberan la vida
.social moderna de las trabas de la tradición. Esta historicidad se mundializa en
.C
su forma con la creación de un «pasado» normalizado y un «futuro» universalmente
aplicable: una fecha como fa del «ario 2000» se convierte en un hito reconocible para
DD
toda la humanidad.
El proceso de vaciamiento del tiempo y el espacio es fundamental para la
segunda influencia importante que experimenta FI dinamismo de la modernidad, el
desenclave de las instituciones sociales. Elijo la metáfora del desenclave en
LA
OM
entre una multiplicidad de individuos que nunca se encuentran físicamente). Los
sistemas expertos dejan en suspenso el tiempo y el espacio al emplear modos de
conocimiento técnico cuya validez no depende de quienes los practican y de
los clientes que los utilizan. Tales sistemas impregnan virtualmente todos los
aspectos de la vida social en condiciones de modernidad (los alimentos que
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comemos, las medicinas que tomamos, los edificios que habitamos, las formas
de transporte de que nos servimos y una multiplicidad de otros fenómenos). Los
DD
sistemas expertos no quedan confinados a áreas de pericia tecnológica. Se
extienden a las mismas relaciones sociales y la intimidad del yo. El médico, el
asistente social y el psicoterapeuta son personas clave en los sistemas
expertos de la modernidad, al igual que el científico, el técnico o el ingeniero.
LA
6,
Georg SIMMEL, The Philosopiry of Money. Londres, Routledge, 1978, p.179
OM
técnico. Respecto a los sistemas expertos, la confianza deja en suspenso el
conocimiento técnico limitado que posee la mayoría de la gente sobre la información
codificada que afecta habitualmente a sus vidas.
La confianza, de varios tipos y niveles, sustenta una multitud de decisiones de
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cada día tomadas por todos nosotros al orientar nuestras actividades. Pero el hecho
de confiar no es siempre, en absoluto, el resultado de decisiones adoptadas
conscientemente; se trata más a menudo de una actitud mental generalizada que
DD
las fundamenta, algo que hunde sus raíces en la relación entre confianza y
desarrollo de la personalidad. También podernos tornar la determinación de confiar, un
fenómeno cuyo carácter común se debe al tercer elemento que está en la base de
LA
la modernidad (mencionado ya, pero analizado con más detalle en páginas poste-
riores): su reflexividad intrínseca. Sin embargo, la fe que implica la confianza tiende
también a oponerse a esta decisión calculadora.
Las actitudes de confianza en relación con situaciones, personas o
FI
confianza en los sistemas puede verse en Susan P. SCHAPERO, «The social control of impersonal trust», American
Por otro lado, los mismos mecanismos de desenclave generan nuevos riesgos y
peligros que pueden ser locales o mundiales. Las materias alimentarias obtenidas por
medios artificiales pueden tener características tóxicas que no aparecían en los
alimentos más tradicionales; los peligros medioambientales pueden amenazar a
todos los ecosistemas de la tierra.
La modernidad es esencialmente un orden postradicional. La transformación de
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tiempo y espacio, unida a los mecanismos de desenclave, liberan la vida social de
la dependencia de los preceptos y prácticas establecidas. Ésta es la circunstancia en
que aparece la reflexividad generalizada, el tercer elemento que influye de manera
importante en el dinamismo de las instituciones modernas. La reflexividad de la
modernidad se ha de distinguir del control reflejo de la acción, inherente a cualquier
.C
actividad humana. La reflexividad de la modernidad se refiere al hecho de que la
mayoría de los aspectos de la actividad social y de las relaciones materiales con la
DD
naturaleza están sometidos a revisión continua a la luz de nuevas informaciones o
conocimientos. Esta información o conocimiento no es algo accesorio en las
instituciones modernas sino constitutivo de ellas (un fenómeno complicado,
debido a las muchas posibilidades de pensar en la reflexividad existentes en las
LA
OM
Respecto al conocimiento científico, tanto social como natural, la reflexividad
de la modernidad contradice las expectativas del pensamiento ilustrado (aun
siendo el producto de ese pensamiento). Los primeros padres de la ciencia y la
.C
filosofía modernas creían estar preparando el camino para un conocimiento con fun-
damentos seguros acerca de los mundos natural y social: las pretensiones de razón
DD
eran oportunas para superar los dogmas de la tradición, al ofrecer un sentimiento de
certeza en sustitución del carácter arbitrario de los usos y las costumbres. Pero la
reflexividad de la modernidad mina, en realidad, la certeza del conocimiento,
incluso en los terrenos más nucleares de las ciencias naturales. La ciencia no se
LA
OM
presencia y ausencia, al entrelazamiento de acontecimientos y relaciones sociales «a
distancia» con los contextos locales. Deberíamos entender la difusión mundial de la
modernidad en función de una relación constante entre distanciamiento y
mutabilidad crónica de circunstancias y compromisos locales. Al igual que cualquiera
.C
de los otros procesos mencionados más arribas la universalización se ha de
entender como un fenómeno dialéctico en el que los sucesos que se producen en
un polo de una relación distante provocan a menudo situaciones divergentes o
DD
incluso contrarias en el otro, La dialéctica de lo local y lo universal es un
encarecimiento de los argumentos utilizados en este libro.
Universalización significa que nadie puede «desentenderse» de las
LA
pequeña escala, afectan a personas que viven en ámbitos más tradicionales, fuera de
las partes del mundo más decididamente «desarrolladas». No obstante, en esos
sectores desarrollados, la conexión entre lo local y lo universal está vinculada a un
OM
decisiones en materia de relación, matrimonio y divorcio. La confianza en los
mecanismos de desenclave no es sólo cosa de los profanos, pues nadie puede
ser experto más que en una mínima parte de los diversos aspectos de la vida
social moderna, condicionada por sistemas abstractos. Cualquiera que viva en
condiciones de modernidad se verá afectado por una multitud de sistemas
.C
abstractos y sólo podrá obtener, en el mejor de los casos, un conocimiento
superficial de sus tecnicismos.
DD
La conciencia de la fragilidad y los límites de los sistemas abstractos no se
limita a los especialistas técnicos. Son pocas las personas que mantienen una
confianza sin desvíos en los sistemas del conocimiento técnico que les afectan y
todos, consciente o inconscientemente, elegimos entre las diversas
LA
Pero, incluso a alguien que se desentienda de manera tan radical, podría resultarle
virtualmente imposible escapar del todo de la influencia de los sistemas medicinales
y de la investigación médica, pues repercuten en muchos aspectos del «entorno de
conocimientos», así como en aspectos concretos de la vida cotidiana. Por
ejemplo, influyen en las normas que regulan la producción de alimentos (tanto si
son de carácter natural como artificial).
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La mediación de la experiencia
.C
memoria están intrínsecamente conectados tanto en la rememoración individual como
en la institucionalización de la experiencia colectiva.8 Para la vida humana el lenguaje
DD
es el medio primordial y original de distanciamiento espaciotemporal, pues eleva la
actividad humana por encima de la inmediatez de la experiencia anima1.9 El
lenguaje, según dice Lévi-Strauss, es una máquina del tiempo que permite la
repetición de las prácticas sociales a lo largo de generaciones, al tiempo que hace
LA
8 cf Paul COT~TON, How Societies Remember, Cambridge, Cambridge University Press, 1989.
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de forma compleja el impacto de los medios de comunicación en el desarrollo
social y en especial en relación con el advenimiento de la modernidad.'2 Ambos
autores hacen hincapié en los nexos entre tipos dominantes de medios y
transformaciones espacioternporales. El grado en que un medio sirve para
modificar las relaciones espaciotemporales no depende primordialmente del
.C
contenido de los «mensajes» que transmite, sino de su forma y sus modos de
reproducción. Innis señala, por ejemplo, que la introducción del papiro como
DD
soporte de la escritura amplió en gran medida el ámbito de los sistemas
administrativos, pues era mucho más fácil de transportar, almacenar u repro-
ducir que los materiales anteriormente utilizados.
La modernidad es inseparable de sus «propios» medios, el texto impreso
LA
11 . Waltcr J. Ore, interfaces of the Würd, [Link]., Cornea University Pressi 1977,
12.
Harold Nros. Empire and Communications, Oxford University Pres.,- 1950; Marshall Mclitihan,
Understanding Media. Londres, Si:diere, 1%7.
13.
Christopher SMALL, The Prinied 14....orid, A hcrdeen„Aberdeen Univers Press, 1982,
Europa cientos de imprentas. Hoy en día la palabra impresa sigue ocupando el centro
de la modernidad y de sus redes mundiales. Prácticamente todas las lenguas
conocidas de la humanidad han sido puestas por escrito y el material impreso y la
capacidad para 'producirlo e interpretarlo es un medio indispensable de coordinación
administrativa y social, incluso en las sociedades con un bajo nivel de actividad
letrada. Según cálculos, la cantidad de material impreso producido en todo el mundo
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se ha ido duplicando cada quince años desde la época de Gutenberg.14
La imprenta significó una de las influencias más importantes que contribuyeron
a la aparición del Estado moderno temprano y otras instituciones precursoras de la
modernidad; pero si contemplamos los orígenes de la modernidad reciente, la
importancia recae en el desarrollo cada vez más interrelacionado entre medios
.C
impresos y comunicación electrónica. De acuerdo con una idea habitualmente admitida,
la aparición de la circulación masiva de materiales impresos pertenece a una época
DD
anterior a la de los mensajes electrónicos. Esta opinión ha sido sostenida en
especial por McLuhan, que contrapone de manera radical unos y otros. Desde el
punto de vista de la pura sucesión cronológica, es cierto que el ejemplo por
excelencia de material impreso masivo —la prensa periódica— inició su existencia
LA
OM
Unidos situadas a cierta distancia, pero dicha información carecía de la inmediatez a
la que está acostumbrado el lector de la prensa actual.15
Brooker-Gross ha demostrado que antes de la aparición del telégrafo las noticias
describían sucesos recientes y al alcance de los lectores; cuanto más alejado
.C
estuviera un acontecimiento particular, tanto más se demoraría su fecha de
aparición. Las noticias provenientes de lugares lejanos llegaban en forma de lo
que esta autora denomina «paquetes geográficos». Los materiales europeos, por
DD
ejemplo, se transportaban literalmente en paquetes por barco y se presentaban en
la forma en que la prensa los encontraba: «Éstas son las noticias traídas por un
barco llegado de Londres.» En otras palabras, los canales de comunicación y la
presión provocada por las diferencias espaciotemporales configuraban
LA
15. Susan R. Bao~R-GRoss, «The chang-ing concept uf place in the news», en jacquelin B-urgess y John R. Goíd.
Geography, the Media and Popular Culture, Londres, Croor► IleIrni 1.985, p. 63,
lb. q E. RELPH, P!ilce and Places. ness, Londres, Pion. 19715. joshua Meyrowitz,Serse of Place, Oxford, Oxford
University Press, 1985.
los videos crean, sin duda, redes de experiencia mediada inalcanzables para la
palabra impresa. Sin embargo, estos medios, aI igual que la prensa, las revistas, las
publicaciones periódicas y otros tipos de material impreso, son tanto medios de
expresión de las tendencias al desenclave y la mundialización de la modernidad como
instrumentos de dichas tendencias. Las semejanzas entre medios impresos y
electrónicos son más importantes que sus diferencias para la formación de las
OM
instituciones modernas. Así ocurre con dos rasgos básicos de la experiencia
mediada en condiciones de modernidad. Uno de ellos es el efecto collage. Una
vez que el suceso ha conseguido imponerse más o menos completamente a la lo-
calización, la presentación que de él hacen los medios adopta la forma de una
.C
yuxtaposición de relatos y materiales que comparten tan sólo su carácter
«cronológico» y secuencial. La página de un periódico y la guía de un programa
de televisión son ejemplos igualmente significativos del efecto collage. ¿Podría
DD
este efecto ser un indicio de la desaparición del relato y. quizá, de la disociación
entre signos y referentes, como han sugerido algunos?" Seguramente no. Un
collage no es, por definición, un relato; pero la coexistencia de diferentes
LA
de lo local. No se suman, por supuesto, para constituir un único relato, sino que
dependen de unidades de pensamiento y conciencia y las expresan, en cierto
sentido.
17.
En especial Jean Baudrillard. Véase Mark. POSTER, Jean Baudrillard, Cambridge.
Polity. 1989.
OM
psicológicamente problemático. Más adelante me extenderé en la consideración de
este hecho. Er, resumen, en las condiciones de modernidad, los medios no reflejan
realidades sino que, en cierta medida, las configuran; pero esto no quiere decir que
debamos sacar la conclusión de que los medios han creado un reino autónomo
.C
de «hiperrealidad», donde el signo o la imagen lo son todo.
La afirmación de que la modernidad fragmenta y disocia se ha convertido ya en
un tópico. Algunos autores han supuesto incluso que esta fragmentación señala la
DD
aparición de una nueva fase en e! desarrollo social, más allá de la modernidad
(una era posmoderna). Sin embargo, los rasgos unificadores de las instituciones
modernas son tan esenciales para la modernidad —en especial en la fase de la
modernidad reciente— como los disgregadores. El «vaciamiento» de tiempo y
LA
OM
tiene un doble filo y crean nuevos parámetros de riesgo y peligro., al tiempo que
ofrecen posibilidades beneficiosas para la humanidad. Este escepticismo no se limita
sólo a los escritos y valoraciones de filósofos e intelectuales: va hemos visto que la
conciencia de los parámetros existenciales de la reflexividad forma parte en buena
medida de la reflexividad misma. Vivir en el «mundo» generado por la modernidad
.C
reciente es corno cabalgar a hombros de una divinidad destructora: No se trata sólo
de que se produzcan procesos de cambio más o menos continuos y profundos
DD
sino, más bien, de que el cambio no se ajuste ni a las expectativas humanas ni al
control del hombre. La previsión de que el medio social y natural se vería
crecientemente sometido a un ordenamiento racional no ha resultado válida. La re-
flexividad de la modernidad está vinculada a este fenómeno de manera inmediata.
LA
OM
Vivir en la «sociedad de riesgo» significa vivir con una actitud de cálculo hacia nuestras
posibilidades de acción, tanto favorables como desfavorables, con las que nos
enfrentamos de continuo en nuestra existencia social contemporánea individual y
colectivamente.
Debido a su dinamismo reflejamente activado --aunque intrínsecamente errático—,
.C
la actividad social moderna tiene un carácter esencialmente contrafáctico. En un
universo social postradicional, individuos y colectividades disponen en cualquier
DD
momento de una serie indefinida de actuaciones potenciales (con sus corres-
pondientes riesgos). La elección entre esas alternativas es siempre un asunto de
«como si», un problema de selección entre «mundos posibles». La mejor manera de
entender la vida en circunstancias de modernidad es considerarla materia de apreciación
LA
20
. UlricFi BECK, Risikogeselischaft Auf dem Weg in eine arzclere Moderrze, Frankfurt,
Suhrkamp, 198E.
OM
empresa arriesgada, pero es posible delimitar algunos aspectos clave del riesgo de
una forma que no sería posible en la mayoría de las situaciones prácticas de la
acción. El cálculo del riesgo por parte de las compañías de seguros es actuarial y su
actitud típica es la de intentar eliminar aspectos o formas de riesgo que no se ajustan
al cálculo de probabilidades de muestras amplias: es decir, los «actos de Dios»,
.C
DD
LA
OM
agentes profanos a la destreza e información de los expertos. El conocimiento
profesional de las culturas premodernas tiende a depender de procedimientos y
formas simbólicas que se oponen a una codificación explícita. En los casos en
que este conocimiento esté codificado, no estará a disposición de individuos no
expertos, pues la instrucción es un monopolio de una minoría celosamente
.C
guardado. La salvaguarda del carácter esotérico del conocimiento especializado,
sobre todo allí donde este aspecto esté desvinculado de la «destreza y el arte»,
DD
es probablemente la base principal de cualquier rango distintivo alcanzado por
los expertos. En los sistemas modernos, los aspectos esotéricos de la
profesionalidad tienen poco o nada que ver con su inefabilidad y dependen de
una combinación de entrenamiento y especialización prolongada (aunque no hay
LA
duda de que algunos expertos --como los sociólogos— suelen muy a menudo
levantar un muro de jerga y ritual para proteger sus pretensiones de
diferenciación técnica). La especialización es en realidad la clave del carácter de
los sistemas modernos abstractos. El conocimiento contenido en las formas de
FI
OM
.C
DD
LA
FI
problemas tienden a medirse muy a menudo por su capacidad para definir las
cuestiones con gran claridad o precisión (cualidades que a su vez tienen el efecto
de producir una progresiva especialización). Sin embargo, cuanto mayor es la
precisión con que se enfoca un problema, tanto más confusas resultan para los
individuos afectados las zonas de conocimiento que lo rodean y menos probabilidad
hay de que éstos sean capaces de prever las consecuencias de su aportación
OM
más allá de la esfera concreta de su aplicación. Aunque la pericia se organiza en el
seno de sistemas de mayor abstracción, su propio enfoque resulta cada vez más
limitado y puede llegar a provocar resultados no pretendidos, imprevistos e incon-
trolables (a no ser que los expertos desarrollen una pericia aún mayor. repitiendo
.C
asi el mismo fenómeno).2'
Esta combinación de pericia especializada y consecuencias imprevistas
constituye una de las razones principales de por qué el pensamiento contrafáctico,
DD
unido al carácter central del concepto de riesgo, es tan importante en las condiciones
de modernidad. En las culturas premodernas, «pensar de antemano» significa habi-
tualmente utilizar inductivamente la experiencia acumulada o bien consultar a un
vidente. Las cosechas se han de sembrar, por ejemplo, previendo las futuras
LA
la vida social moderna los individuos pueden ser capaces de salir adelante durante
ciertos períodos de tiempo combinando hábitos establecidos con consultas a
expertos en áreas específicas para «reparaciones generales» y en caso de
accidentes inesperados. Los expertos mismos —que, insisto una vez más, no forman
un estrato claramente distinguible en el seno de la población— pueden actuar en su
trabajo técnico centrándose resueltamente en un área de especialización reducida y
prestando poca atención a las consecuencias o implicaciones de mayor alcance.
En tales circunstancias la evaluación del riesgo queda bastante bien «sepultada»
dentro de formas de hacer las cosas más o menos sólidamente establecidas.
Pero, en cualquier momento, estas prácticas pueden quedar de pronto caducas
o verse sometidas a transformaciones bastante profundas.
21 Sobre esta cuestión. véase Zygmunt BALAIAN, Modernily and Anzbivaience. Cambridge, Polity. 1990.
OM
ellas. Con frecuencia pensamos en los riesgos en función de parámetros de
probabilidad que pueden ser evaluados con precisión (de forma muy parecida a
los cálculos de las compañías de seguros). Pero, en las condiciones de la
modernidad tardía, muchas formas de riesgo no admiten una evaluación clara
debido al medio mudable de conocimientos que los enmarca; e incluso las 'valora-
.C
ciones del riesgo en situaciones relativamente delimitadas sólo son a menudo
válidas «hasta nuevo aviso».
DD
El porqué de la modernidad y de /a identidad personal
OM
tradicionales fue más equilibrada que la de hoy'. No hay duda, sin embargo, de
que el contenido y la forma de las angustias dominantes han cambiado.
La reflexividad de la modernidad alcanza al corazón del yo. Dicha de otra
manera, en el contexto de un orden postradicional, el yo se convierte en un
.C
proyecto reflejo. Las transiciones en las vidas individuales han exigido siempre una
reorganización psíquica, algo que en las culturas tradicionales solía quedar
ritualizado erg forma de rifas de paso. Pero en tales culturas, donde las cosas se
DD
mantenían más o menos inmutables generación tras generación en lo colectivo los
cambios en la identidad quedaban claramente marcados (como en el paso del
individuo de la adolescencia a la edad adulta). En cambio, en las circunstancias de
LA
«nuevo sentido del yo» que, como dicen las autoras deben cultivar los individuos
tras la separación marital, se construye como parte de un proceso de introducción
de formas sociales innovadoras, como las que implica la moderna patemalidad
OM
aparición de todo tipo de formas de psicoterapia y asesoramiento. Una manera de
interpretar el desarrollo de la psicoterapia es de orden puramente negativo, en cuanto
respuesta a los efectos debilitadores de las instituciones modernas en la experiencia
del yo y en las emociones. Podría decirse que la modernidad quiebra el marco protector
.C
de la pequeña comunidad y de la tradición, sustituyéndolas por organizaciones más
amplias e impersonales. El individuo se siente despojado y solo en un mundo donde
DD
carece de los apoyos psicológicos y del sentimiento de seguridad que le
procuraban otros ambientes más tradicionales. El psicoterapeuta ofrece la posibilidad
de tener a alguien a quien dirigirse, una versión secular del confesonario.
No pretendo decir que este punto de vista se deba abandonar por completo,
LA
pues indudablemente contiene elementos válidos, Pero hay buenas razones para
suponer que en esencia no es adecuado. La identidad del yo se hace problemática en la
modernidad de una manera que contrasta con las relaciones entre yo y sociedad en
circunstancias más tradicionales: sin embargo, no nos hallamos sólo ante una situación de
FI
pérdida y esto no significa tampoco que lob niveles de angustia hayan de crecer
necesariamente. La psicoterapia no es simplemente un medio de hacer frente a
nuevas angustias, sino una expresión de la reflexividad del yo (fenómeno que tanto en
el plano individual como en las instituciones más amplias de la modernidad, equilibra las
oportunidades y las posibles catástrofes).
En los capitulos siguientes ampliaremos esta afirmación pero, antes de
extendernos en tales cuestiones, habremos de abordar algunos problemas generales
relativos al yo y su identidad. Estas consideraciones, junto con las ideas expuestas hasta
aquí, constituirán un trasfondo conceptual general para el estudio en conjunto.