PREDICADOR: PASTORA ROSMARY DE MONTILLA
TEMA: PROVOCANDO LAS PROMESAS DE DIOS
FECHA: DOMINGO 9 DE AGOSTO DE 2020
2 Corintios 1:20: “porque todas las promesas de Dios son en él
Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”.
Las promesas de Dios son si y amén por medio de nosotros, solo para
gloria de Él, porque él no comparte su gloria con nadie. En este contexto
Dios nos recuerda que él va a cumplir sus promesas. No sé si hace ya
un tiempo tienes una promesa de Dios sobre ti que no se ha cumplido,
pero mi pregunta es ¿qué estás haciendo tú para que esa promesa se
cumpla?
Hay quienes que están esperando la persona con la que se van a casar,
o que Dios les ha dicho que van a ir a las naciones, otros, que van a
tener un negocio grande, pero vuelvo a preguntar ¿qué estamos
haciendo para que esa promesa se cumpla? Hoy quiero decirles algo,
satanás no está preocupado si nosotros somos de los que vamos a la
iglesia a sentarnos y anotar todo el mensaje que da el pastor, o que
vayamos a todos los ministerios, aún tampoco está aterrado si somos de
los que vamos a la iglesia a que nos impongan mano, ¡no!, satanás está
aterrado al ver a un hombre o una mujer arrodillarse para orar por el
cumplimiento de la palabra que recibió, él se aterra cuando nosotros
aferrados al ángel de Dios para que nos bendiga como lo hizo con Jacob.
A nosotros los cristianos nos gusta leer libros donde nos den los pasos
para alcanzar algo, pero el enemigo se nos ríe porque él sabe que los
atajos no son la manera para provocar a Dios. Tenemos que entender
que nos existe, no existió, ni existirá una promesa de Dios sin
condiciones.
Vemos al pueblo de Israel que pasó por el desierto, un tiempo en el que
Dios les dio alimento y vestidura durante cuarenta años, pero luego de
este desierto, vemos que Dios viene y les exige. Algunos se
preguntarán, ¿por qué Dios nos exige? Porque él nos creó, él tiene
derecho sobre nosotros.
Dios le dijo a Moisés: escribe los mandamientos para el cumplimiento
del pacto. Un acuerdo es diferente a un pacto, en un acuerdo, solo una
de las partes está obligada a cumplir con la otra, pero, en un pacto,
ambas partes se comprometen a cumplir con ciertas condiciones.
Deuteronomio 11:8: “Guardad, pues, todos los mandamientos
que yo os prescribo hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y
poseáis la tierra a la cual pasáis para tomarla”.
¿Qué les está diciendo Dios? Guarden los mandamientos… Esto de
guardar es igual a condicionar algo, y en este caso, Dios estaba
condicionando la promesa de la tierra prometida a que el pueblo de
Israel cumpliera con los mandamientos.
Deuteronomio 11:10-15: “Esa tierra, de la que van a tomar
posesión, no es como la de Egipto, de donde salieron; allá
ustedes plantaban sus semillas y tenían que regarlas como se
riega un huerto. En cambio, la tierra que van a poseer es tierra
de montañas y de valles, regada por la lluvia del cielo. El Señor
su Dios es quien la cuida; los ojos del Señor su Dios están sobre
ella todo el año, de principio a fin. »Si ustedes obedecen
fielmente los mandamientos que hoy les doy, y si aman al Señor
su Dios y le sirven con todo el corazón y con toda el alma,
entonces él enviará la lluvia oportuna sobre su tierra, en otoño y
en primavera, para que obtengan el trigo, el vino y el aceite.
También hará que crezca hierba en los campos para su ganado, y
ustedes comerán y quedarán satisfechos”.
Aquél que alguna vez a sembrado, sabe lo arduo el trabajo, porque no
solo es sembrarla, es abonarla, regarla y cuidarla. En cambio, en este
pasaje que acabamos de leer, vemos como Dios les promete que ya
ellos no tendrán que regar la tierra ni cuidarla, sino que él mismo se
encargaría de eso, pero, todo esto condicionado a que el pueblo
cumpliera con los mandamientos. En el versículo 22 también les
recuerda la promesa, pero, también les recuerda las condiciones.
Deuteronomio 11:22-23: “»Si ustedes obedecen todos estos
mandamientos que les doy, y aman al Señor su Dios, y siguen
por todos sus caminos y le son fieles, entonces el Señor…”
No nos pongamos a esperar que Dios lo haga, provoquemos que él
cumpla sus promesas, cumpliendo nosotros con sus mandamientos.
Cuando caminamos hacia la visión, la visión se comienza a cumplir.
Cuando comenzamos a tener intimidad con el Señor, él trae más
relación con nosotros. Nos equivocamos al pensar que Dios nos va a dar
superpoderes si tenemos intimidad con él, ¡no!, la intimidad con él
produce mayor relación. No pensemos que estamos pagando un precio
al tener intimidad con él y por eso Dios está en la obligación de cumplir
lo que nosotros queremos, no es así. Nosotros solo estamos para
cumplir los mandamientos y preceptos de Dios para que él cumpla sus
promesas.
2 Pedro 1:4: “por medio de las cuales nos ha dado preciosas y
grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser
participantes de la naturaleza divina”.
En ninguna parte leemos que dice preciosas y grandísimas respuestas,
no, dice: preciosa y grandísimas promesas. En cambio, dice que, al él
cumplir sus promesas, también llegamos a ser participantes de la
naturaleza divida de él, llegamos a ser como su hijo.
Algo que tenemos que pedirle al Señor es un corazón humilde y
obediente para también abrazar las condiciones. Esto es sencillo, es
depender de las promesas de Dios y obedecerle.
A menudo queremos colocarle a Dios las condiciones y los términos bajo
los cuales él debe cumplir sus promesas. ¿Alguna ves has leído que Dios
le responde una pregunta de queja a un hombre o una mujer de Dios?
Solo con Job lo hizo y lo hizo de una forma irónica. Las promesas de
Dios superan las respuestas temporales que pudieran satisfacerte por un
momento. En lugar de hacerle pregunta a Dios, mejor cumplamos los
mandamientos.
Proverbios 3:5-6: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te
apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus
caminos, Y él enderezará tus veredas.
Cuando tú estás en la búsqueda de Dios, él se te va a aparecer en el
camino, pero debes entender que toda tu confianza debe estar puesta
en el Señor.
Deuteronomio 28:1-6: “Acontecerá que si oyeres atentamente la
voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus
mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios
te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre
ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de
Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el
campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el
fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus
ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito
serás en tu entrar, y bendito en tu salir.
A los que le obedecen Dios ha prometido bendecirlos. Todo lo que llegue
a sus manos, sea alimentos o bienes, ya todo está bendecido porque
viene de la mano de Dios. Dios no bendice a cualquiera, él bendice a los
que le obedecen. Si tú ves a un impío que carga la promesa que Dios te
ha dado, es porque ése impío si obedece a sus deidades, porque él si se
levanta a adorar a sus deidades. Hay alguien que está cargando tu
promesa, pero tienes que levantarte, tienes que pelear la promesa,
caminar hacia la visión, confesar la promesa todos los días.
La palabra de Dios es viva, pero cuando no cumplimos con las
condiciones que Dios nos da, le colocamos mordazas a su promesa. Es
sencillo, si nosotros cumplimos con Dios, él cumple con nosotros.
Tenemos que convertirnos en creyentes que hacen que las cosas
sucedan, que se enfocan en la visión. Es como aquel hombre que un día
vio a una chica, le gustó y se enfocó en conquistarla hasta que hoy es
su esposa.
Lucas 24:31-32, 45: “Entonces les fueron abiertos los ojos, y le
reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el
uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos
hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? v45.
Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las
Escrituras”.
Jesús les abrió los ojos, las escrituras y la mente. Nosotros abrimos los
ojos cuando conocemos y confesamos a Jesús como nuestro Señor y
Salvador. Por otra parte, cuando él nos abre las escrituras comenzamos
a comprender los principios y promesas que él nos ha dado.
Dios puede cambiar de opinión porque su palabra es viva. Lo hizo con el
rey Ezequías cuando le prolongó la vida 15 años más. Dios hace esto
muchas veces para hacernos subir al nivel de sus decisiones para que
podamos compartir con él lo que él quiere hacer con nosotros.
Si ya Dios nos abrió los ojos y las escrituras, ¿qué hacemos encerrados
en cuatro paredes? Debemos salir a las calles a predicar el evangelio.
¿Cómo conocerán a Dios si no hay quien les predique?
No hay nada que le de más esperanza a un hombre que una promesa, el
problema viene cuando le creemos más a la promesa de un hombre que
a la promesa de Dios.
Cuando estamos bajo una promesa de Dios cumpliendo con sus
mandamientos, él hará llover sobre nuestra tierra. No tenemos que
aparentar algo material, si bien es cierto que las promesas de Dios
comienzan dentro de nosotros, en un momento también se manifestarán
en lo material.
Cumplamos con los mandamientos y preceptos de Dios. No negociemos
los principios y valores, en los cuales están intrínsecos los
mandamientos y preceptos de Dios. Si haces esto, verás la gloria de
Dios descender sobre tu vida. Dios no reparte regalos a diestra y
siniestra, ni tampoco lo hace por igual, él da promesas a quienes son
obedientes y a quienes viven bajo preceptos.
Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión
de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”.
Seamos constantes en nuestra confesión de fe. Quien verdaderamente
asume la esperanza como una carrera, tiene la victoria. La esperanza
debemos tenerla viva todos los días del año hasta el día en que nos
vayamos con el Señor. La esperanza es una profesión.
El Dios que te hizo esa promesa es fiel y juró por sí mismo cumplir lo
que te ha dicho, entre tanto, seamos nosotros fieles cumpliendo sus
estatutos y mandamientos, mantengamos viva la llama de la esperanza.
Proverbios 19:16: “El que guarda el mandamiento guarda su
alma; Mas el que menosprecia sus caminos morirá”.
Hay un camino por el cual Dios nos está pasando, no es fácil, pero es el
camino por el cual Dios nos dará la victoria. Es un camino en el cual
tendremos que limpiar las malezas y remover piedras, pero es donde
nosotros sembraremos y Dios enviará la lluvia temprana y tardía para
que todas sus bendiciones y promesas florezcan.