Untitled

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1

MODERADORA
Pimienta

TRADUCTORAS

Pimienta Adaly

Roxywonderland Apolineah17 2
Crazy_mofos168 Martinafab

Whenshewasgood Mae

Rihano Âmenoire

Jenn Cassie Grey Lauuz

Gigi D
CORRECCIÓN [Link]
& RECOPILACIÓN
Nikki Leah Pimienta Nikki Leah

HeythereDelilah1007 Ximena Vergara


DISEÑO
Vanehz Mariandrys Rojas
Aria
Desde el momento en que Lev Leokov ve a la joven mujer
ocultándose detrás de su cabello en medio del club de caballeros,
no puede quitarle los ojos de encima.
Por primera vez en su vida, se siente afectado. Después de
haber escuchado durante toda su vida que no podía procesar o
entender las emociones, lo consideró un gran problema.
Cuando Mina Harris es atrapada in fraganti con una cartera
que no es suya, se hace pedazos. Está cansada, sola y no ha
comido en días.
Lev le ofrece un ultimátum... Una agradable cama calentita,
una comida caliente y un trabajo, o la policía.
Mina toma su oportunidad con Lev. 3
Después de todo, una persona sin nada no tiene nada que perder.
Traducido por Pimienta

Mina

e estaba muriendo. No había estado más segura de nada


en mi vida.
Mientras estaba sentada en el callejón, mirando
la sucia pared de ladrillos manchados con
sustancias que prefería no imaginar, me
pregunté si este era el lugar en el que iba a suceder. 4
Mi estómago dio un fuerte gruñido, pero en lugar de sentir hambre,
era el dolor
lo que consumía. Mis labios temblaron, y me encogí sobre mí
misma, poniendo los brazos alrededor de mis piernas dobladas y
apoyando la frente en mis rodillas. Fue entonces, escondida de
las miradas indiscretas de los espectadores, que lloré.
El calor de las lágrimas que derramaba apenas era un
consuelo para mí. Sin embargo, esto me hacía saber que todavía
sentía algo. Cualquier cosa.
Me estaba muriendo de hambre, literalmente. Hacía días que
no comía nada. La semana pasada había estado tan
desesperada que comí de la basura. Mi desesperación se volvió
arrepentimiento en cuestión de horas. Mi estómago enfermó por
la comida rancia, y vomité hasta que estaba más vacía de lo que
había estado antes. No me arriesgaría de nuevo. No valía la
pena.
Ya ni siquiera sentía desanimo. Sentía desesperación.
No estaba lista para aceptar mi destino. Me di cuenta en
completa calma que me convertiría en nada más que una
estadística si no hacía algo con mi situación actual.
El primer punto en mi lista: Encontrar comida.
Era tarde. Los sonidos de las calles de la ciudad se fueron
calmando, y muchas de las tiendas que veía desde mi posición
habían apagado sus neones. Necesitaba moverme rápidamente
si quería tener alguna posibilidad de encontrar algo para comer.
Saqué el espejo compacto del bolsillo de mi abrigo y me
limpié las manchas de rímel, que llevaba desde hacía tres días,
de debajo de los ojos. No necesitaba ese espejo para saber que
estaba pálida y que mis mejillas estaban hundidas. Me sentía
como un esqueleto andante. Y también parecía uno. Mi clavícula
sobresalía con dureza, mis hombros eran puntiagudos y mis
pómulos parecían lo suficientemente afilados como para cortar.
Podía esconder mi cuerpo debajo del abrigo que me habían dado
en el refugio para mujeres, pero no podía esconder mi rostro.
Cualquiera podía ver que estaba escuálida.
Envolví mis brazos alrededor de mí misma, de mi cuerpo
constantemente frío, y salí del callejón. No tuve que caminar
mucho antes de ver un recipiente de espuma de polietileno en
una de las mesas exteriores de un restaurante que ya había
cerrado. Con los ojos en el premio, mi estómago rugió de
emoción mientras caminaba casualmente hacia él. Cuando
llegué, sentí que alguien me miraba. Levanté la cara para ver a
un muchacho joven, de no más de dieciséis años, mirándome.
Quise llorar tan pronto como me di cuenta de que se parecía
mucho a mí... delgado, sucio y hambriento. Sabía lo que se sentía
tener hambre. Había estado hambrienta desde hacía años. Me
miró un buen rato antes de mover sus ojos al contenedor.
No pude hacerlo. No podría quitárselo. Y podría hacerlo. Soy
rápida corriendo. En cambio, sentí el cosquilleo familiar detrás de 5
los ojos y la nariz cuando sacudí mi barbilla hacia al recipiente y
sonreí.
Se quedó allí, con aspecto cansado, abatido y con arañazos
en sus brazos. Ninguno de los dos se movió. Un momento de
optimismo se disparó a través de mí. Si él no iba a tomarlo, lo
haría yo.
Finalmente, dio un paso hacia adelante, y habló al abrir el recipiente.
—Podemos compartir.
Ambos miramos hacia abajo para ver lo que había dentro y
mi corazón se hundió. Unas patatas fritas rígidas aplastadas en
la parte inferior de la caja, así como bocadillo duro y unas hojas
marchitas de lechuga marrón.
El niño, que parecía enojado consigo mismo por ofrecer parte
de su ridículo premio, sostuvo la caja hacia mí. Y no pude evitar
sonreír. Era curioso cómo las personas que no tenían nada
ofrecerían todo para aquellos que lo necesitan, y como las
personas que tenían todo tipo de comodidades apenas ofrecían
nada a las personas que lo necesitaban.
Mi estómago gruñó enfadado pero sonreí al muchacho.
Podría mentir a través de esta sonrisa.
—No gracias. No tengo hambre.
La inclinación de su frente me dijo que no me creyó, pero se
encogió de hombros y se alejó con la caja, dejándome sola
arrepintiéndome de mi decisión.
Dios, eres estúpida.
Asentí lentamente para mí misma. Ya lo sabía.
Mis pies entumecidos me llevaron tres cuadras más antes de
llegar hasta un bar de sándwich que estaba cerrando. Un hombre
de corto cabello castaño apilaba sillas fuera de la tienda y las
empujaba para cerrar la puerta.
—Espera —llamé, echando a correr.
El hombre frunció el ceño hacia mí, mientras sus ojos oscuros
escudriñaban cada uno de mis movimientos.
—¿Qué? Está cerrado.
Bajé los ojos y hablé en voz baja.
—Lamento molestarlo, señor. Me preguntaba si tendría
cualquier alimento que estuviera a punto de tirar. —Miré hacia
él—. Cualquier cosa. No soy muy delicada.
—¿Tienes hambre? —Él frunció el ceño y su labio se
encrespó—. Consigue un trabajo.
La puerta se movió para cerrarse por segunda vez y entrando
en pánico puse un pie en su camino. Mis ojos se abrieron
sorprendidos por mi movimiento audaz. Esto no era como yo solía
ser. La puerta se detuvo un par de centímetros antes de
cerrarse, y el hombre bajó la mirada hacia mi pie antes de mirar
6
hacia mí y fruncir el ceño.
—¿Debo patearte el culo, chica? Mueve tu pie o te voy a
romper la maldita cosa. Mis labios temblaban mientras mi
visión se ponía borrosa.
—Tengo tanta hambre. Por favor —le supliqué—. Por favor.
Su ceño fruncido desapareció un momento para estudiar mi
cara. Abrió la puerta unos pocos centímetros antes de mirar a
ambos lados de la calle.
—¿Quieres
comida? Asentí
con entusiasmo.
Se inclinó un poco hacia mí y me dijo:
—Chúpame la polla y conseguirás comida.
No creía que fuera posible, pero palidecí aún más. Luego susurré:
—Sólo quiero algo de comer. No tiene que ser mucho. Yo-yo
—tartamudeé—. No quiero hacer eso. Por favor.
Su ceño fruncido regresó, más duro que antes.
—Obviamente no estás lo suficientemente hambrienta. —
Hizo un gesto con la barbilla hacia la calle—. ¡Lárgate de aquí,
perra!
Cuando cerró la puerta, bloqueándola, entré en pánico en
toda regla y mi estómago giró violentamente. Me lancé contra la
puerta de cristal, golpeando mis puños contra ella hasta que mis
nudillos palpitaban dolorosamente. Mi voz se quebró
mientras lloraba silenciosamente, lágrimas de arrepentimiento
deslizándose por mis mejillas.
—¡Por favor! ¡L-lo siento! ¡Lo haré! —Pero el hombre
desapareció al entrar en el cuarto de atrás, apagando las luces
detrás de él.
Mis hombros temblaban mientras sollozaba en
completo silencio. Enfadada conmigo misma, grité
rotamente:
—¡Lo haré, maldita sea!
Y golpeé mi puño contra el cristal.
Pero la puerta permaneció cerrada. Me deslicé por la puerta
de cristal hasta sentarme en el cemento helado de la acera,
llorando débilmente. Mi cabeza latía, estaba hambrienta, abatida,
y humillada. Mis lágrimas se detuvieron de repente cuando cerré
los ojos y me di cuenta de que mi situación era mucho peor de lo
que pensaba.
Estaba oficialmente en un mínimo histórico. Pero no por
mucho tiempo. Estaba desesperada, y la desesperación era un
maldito buen motivador.

7
Traducido por Roxywonderland

Lev

e paré junto a la puerta, mirando a mi hermano


mientras hablaba con el hombre que temblaba en la
silla junto al sólido escritorio de mármol.
No me tomó mucho tiempo darme cuenta que estaba
furioso. Esa familiar mirada de aburrimiento me dijo todo lo que 8
necesitaba saber. No alzó la voz. Nunca alzaba la voz. Ese no
era el estilo de Sasha.
—¿Por cuánto tiempo hemos sido amigos, Paolo? —dijo lenta
pero firmemente.
El hombre no respondió. No había razón para responder.
Sasha no era amigo de nadie. Él simplemente toleraba a la
gente.
Sasha me miró, sus duros ojos marrón claro.
—¿Por cuánto tiempo hemos sido amigos con Paolo, Lev?
Mi mente es rápida para calcular. Respondí inmediatamente.
—Tres años, dos meses y cuatro días.
En el momento que terminé, Sasha repitió:
—Tres años —se levantó desde donde estaba sentado—,
dos meses —dio la vuelta al escritorio y se sentó frente al
hombre bajo y rechoncho—, y cuatro días.
Luego frunció el ceño, bajando su voz a un susurro:
—Eso es mucho tiempo, Paolo. —Hizo una pausa
removiendo sus gemelos y enrollando sus mangas—. Así que
cuando escucho que mis amigos me dejan para trabajar con
Laredo, me empiezo a preguntar si mi amigo era siquiera un
amigo.
Paolo palideció antes de enderezarse.
—¿Quién te dijo eso? —Trató de toser pero acabó siendo un
jadeo—. Esas son tonterías, Sash. Te dije que me estaba
tomando un tiempo libre. A mi Vera no le agradan todas las horas
que estoy haciendo. Sigue diciendo que no paso en casa el
tiempo suficiente. Que estoy perdiéndome ver cómo crecen los
niños y toda esa mierda. —Luego forzó una sonrisa—. Ya sabes
lo que dicen. Esposa feliz, vida feliz.
Sasha cierra los ojos, pasando su mano decorada con
gruesos anillos de plata por su cabello con un suspiro. Su mejilla
se tensó.
—No me gustan los mentirosos, Paolo. Lo sabes. Has visto lo
que le pasa a los mentirosos. —Apretó sus ojos cerrados y giró
su cuello de lado a lado—. ¿Por qué me estás mintiendo?
Entonces hizo algo estúpido. Mintió de nuevo.
—No estoy trabajando con Laredo. Lo juro por Dios. No lo hago.
Negué con mi cabeza. El hombre era un idiota. No le mientes
a Sasha. No le mientes a ningún Leokov.
Los ojos de Sasha se abrieron al segundo. Respiró
profundamente antes de ir al punto.
—Tuviste una reunión esta mañana en El
Beso de Afrodita. Paolo palideció, pero
Sasha continuó:
—Fue en realidad algo gracioso.
Por la manera en que se veía el rostro de Sasha sabía
que no había nada gracioso en aquella situación. 9
—Laredo le dijo a los chicos que yo necesitaba tratar mejor a
mi personal, o sino ellos seguirían tu ejemplo. Dijo que recibiría a
cualquiera con los brazos abiertos. A todos.
El hombre bajito resoplo con fuerza, volviéndose de un rojo
brillante.
—B-bueno. ¡Está hablando pura mierda!
—Me avergonzaste —dijo Sasha con un calmado susurro.
Paolo se levantó cuando se dio cuenta que estaba terminado.
Estaba acabado.
Había sido atrapado.
—Nunca quise esto, Sash. Me obligaste. No puedo seguir
trabajando de esta manera. Eres jodidamente demandante —
jadeó, antes de rogar por comprensión—.
¡Tuve un maldito ataque al corazón el mes pasado! Casi muero.
¡Este trabajo me está matando!
Sasha asintió pensativamente. El gran silencio en la
habitación se sentía tenso con los suaves sonidos de los jadeos
de Paolo. Finalmente, Sasha se levantó y para la completa
incredulidad del hombre bajito, extendió su mano.
—Buena suerte.
Paolo siendo de aquellos que no le mira los dientes a caballo
regalado, sostuvo la mano extendida y la estrechó.
—Lo siento, Sash. De verdad.
Sasha estrecho su mano firmemente y la soltó.
—Yo también —agregó—. Te
extrañaremos por aquí. Caminó de regreso
al otro lado del escritorio.
—Tengo un par de cosas que terminar. Dirígete al bar y nos
tomaremos un trago antes de que te vayas.
Estaba claro que Paolo no podía creer lo que escuchaba, o su
suerte.
—No habrá ningún problema…
Pero fue acallado con firmeza por Sasha.
—Insisto.
Entonces el idiota de Paolo sonrió.
—Está bien. Estaré allí.
Se giró y se movió para marcharse pero yo me quede donde
estaba, mirándolo.
El bajito miró hacia mí. Parecía asustado.
A las personas no les
agradaba. No los
culpaba.
Nos quedamos ahí por otro minuto antes de que Sasha
10
volviera a hablar, gentilmente esta vez.
—Deja que el hombre pase, Lev.
Escuché a mi hermano, aunque no quería. No me
agradaba Paolo. Otro minuto y de nuevo:
—Muévete, Lev.
Me hice a un lado y dejé al idiota pasar. Tan pronto como
traspasó la puerta, la cerré detrás de él y dije lo que necesitaba
ser dicho:
—Es una carga.
Sasha suspiró y se sentó.
—Lo sé.
Tomó el teléfono y después de un breve momento, habló
con el receptor de la llamada.
—Te necesito. —Sin decir más, cortó.
Esperamos en silencio y cuando se escuchó un golpe en la
puerta, la abrí para dejar entrar a un hombre alto y delgado.
Vestía vaqueros, zapatillas y un polo azul de manga corta. Usaba
gafas y perecía sofisticado con su cabello rubio con gel peinado
hacia atrás, pero nada podía ocultar las cicatrices de viruela de
sus mejillas.
—¿Qué pasa?
Sasha asintió hacía la puerta y la cerré detrás de nosotros
asegurándola. El hombre alto sonrió juguetonamente.
—¿Debería estar preocupado? Siento como si hubiera sido
llamado a la oficina del director.
Sasha restregó su cara con sus manos y se detuvo para
apretar el puente de su nariz.
—¿Puedes inducir un ataque al corazón?
Se recostó contra la pared y suspiró dramáticamente.
—Bueno, mierda. Estaba siendo un
buen día. Sasha lo miró.
—¿Es posible,
Pox1? Pox
sonrió.
—Sí, lo es. Puedo tardar un poco en conseguir la dosis
correcta. Toma un poco de esto y un poco de aquello. La mayoría
de la mierda es ilegal o está fuera del mercado. ¿Para cuándo lo
necesitas?
—Quince minutos. Como máximo.
Pox se enderezó y farfulló:
11
—Estas complemente demente. —Sacudió la cabeza con
seriedad—. De ninguna manera, no puedo hacerlo.
Alcé la voz.
—Conozco a un tipo que trafica con farmacéuticos. El precio
será alto pero puede conseguir lo que sea que necesites —
agregue—. Ellos te lo envían.
Pox se giró hacia mí lentamente, parpadeó y luego volvió la mirada
a Sasha.
—Son un par de hijos de puta aterradores. —Su voz estaba
repleta de admiración.
Le di el número y escuché mientras Pox maldecía sobre los
absurdos precios por las cosas que necesitaba.
El repartidor llegó en diez minutos. La mezcla estuvo hecha,
disuelta y puesta dentro de los seis cortos que Paolo bebió. Los
hombres hablaron y rieron mientras Paolo comenzaba a toser.
Sasha sonreía como un zorro antes de llamar a algunas de las
chicas.
El club se volvió un caos desenfrenado cuando Paolo, en
medio de un baile privado, sufrió de un ataque al corazón. Sasha
le realizó RCP2 hasta que la ambulancia llegó. Los testigos le
dijeron a la policía que Sasha había hecho todo lo posible para
salvar a Paolo.

1
Pox: El apodo es alusivo a sus cicatrices de viruela, ya que a la viruela o
varicela
2
se le llama en inglés “Chicken Pox”.
RCP: Reanimación Cardiopulmonar.
Desafortunadamente, no lo logró.

12
Traducido por Crazy_mofos168

Mina

o tenía lo que se diría un plan.


Está bien. No tenía ningún tipo de plan.
Después de pasar otra noche sin frutos en mi 13
callejón, mi cuerpo estaba frío, congelado hasta
los huesos. Sólo quería ir a
algún lugar cálido. Desafortunadamente, era pasada
medianoche, y no había muchas opciones hasta donde podía ver.
Podría entrar en alguna tienda por un rato, pero ellos
esperarían que comprara algo, y dado que no tenía dinero y me
veía como que no tenía dinero, sacarían mi culo de allí antes
de que pudiera incluso decir “bú”.
Estaba el restaurante de comida rápida con el anuncio rojo y
amarillo brillante, pero no creía que pudiera verme envuelta en
olor de hamburguesa y frituras sin estallar en lágrimas de deseo.
Decidí dar la vuelta y caminar en la dirección opuesta, cuando
noté un grupo de hombres dejando un edificio. Estaban riendo y
lucían felizmente ebrios. Ebrios estaba bien. Las personas
hacían cosas extrañas cuando estaban bebiendo.
Mi estómago retumbó y mi decisión estaba hecha.
Encontraría al hombre más borracho del club, y lo seduciría.
Cuando se desmayara, tomaría su billetera y me largaría
felizmente. Podría hacer que una pequeña suma de dinero durara
bastante si tenía que hacerlo.
Necesitaba comer. Me avergonzaba que tuviera que recurrir
a acciones tan bajas, pero estaba harta de ser yo. Mina era
amigable, y honesta, y amable. Ser yo no me estaba llevando a
ninguna parte. Estaba flotando río abajo sin un camino.
En el anuncio blanco sobre la puerta se leía “Bleeding
Hearts”3 en una simple y elegante letra. Preparándome, empujé
una de las gigantescas puertas dobles, y puse un pie dentro.
Un hombre alto y corpulento con un corte de cabello militar y
un impecable traje miró hacia mí. No estaba feliz.
—¿Perdida?
Sacudí mi cabeza antes de tragar fuerte y murmurar:
—Sólo estoy buscando algún lugar en el que beber.
Eso cambió su actitud lo suficientemente rápido. Abrió el
segundo par de puertas y música RnB alta estalló en el
vestíbulo.
—No recibimos a muchas damas por aquí. El bar es a la
izquierda. Ten una buena noche.
Me habían llamado un montón de cosas en mi vida, pero
nunca dama. De repente me arrepentí de estar aquí por la razón
por la que estaba. De todas formas, caminé hacia dentro y me
sentí inmediatamente más calentita. Un escalofrío de gusto me
puso la piel de gallina.
¡Por fin!
Podía haber cantado de la felicidad, pero tenía cosas más 14
importantes en las que pensar. Antes de dirigirme al bar, algo
me hizo girarme a la izquierda.
Dos mujeres con magníficos cuerpos se balanceaban
provocativamente, vestidas con nada más que trozos de tela
cubriendo sus partes privadas.
Ah. Lo supe entonces.
No recibimos a muchas damas aquí abajo.
Mis mejillas se tornaron rosa brillante mientras los hombres
gritaban hacia las bailarinas. Mi estómago se revolvió. El gorila
debió haber pensado que era una pervertida total.
Dejé caer mi cabello sobre mi rostro para esconder mis
flamantes mejillas y encontré un taburete vacío en una esquina
de la habitación, en las sombras. Era el lugar perfecto para
buscar al hombre que me ayudaría a alimentarme.
Mis ojos escanearon el lugar alumbrado con la tenue iluminación del
club.
Había demasiados de ellos. Tendría que acercarme.
Permanecí en mi taburete un tiempo antes de hacer mi
movimiento. Mi corazón corrió cuando la ansiedad me inundó.
Respiré profundo y exhalé lentamente. Enderecé mi espalda.
Encontraría a mi salvador justo aquí, en este mismo cuarto.
Simplemente aún no sabía cómo lucía.

3
Bleeding Hearts: Corazones Sangrantes.
Lev

Fui atraído a ella inmediatamente. La intriga me mantuvo prisionero.


Mi ceja se frunció mientras la miraba. ¿Qué estaba haciendo
ella en un lugar como éste? Estaba claro que no pertenecía aquí.
Por sus ojos supe que no pertenecía a ningún lugar. Era tan
pequeña que su abrigo negro le quedaba al menos tres tallas más
grande, y la manera en la que se cubría el rostro con su largo
cabello oscuro era tan aniñada que me dolió el pecho.
Esto era nuevo. Me sorprendía. No sabía si eso era bueno o
malo, pero me hizo dar un paso hacia ella.
Me las arreglé para ver un ojo inocente observando
abiertamente a través de su cabello a las chicas en el escenario.
Obviamente, no había venido a ver chicas bailando. Por la
conmoción en su rostro, no sabía que Bleeding Hearts era un
lugar de strippers.
Entrando, se movió para cubrir su rostro con su cabello una
vez más antes de bajar su rostro y escurrirse al lado oscuro de la
barra. Me complacía que escogiera ese punto. Era el punto en
el que normalmente me sentaba yo. Calor se expandió a
través de mi cuerpo.
15
El club estaba casi lleno. Mientras las noticias de la muerte
de Paolo corrían, Sasha corrió la voz de que abriría el club a
amigos y familia. Sin coste. Las bebidas estaban a cargo de la
casa. Esto, por supuesto, significaba que mi aguda visión tendría
que ser aún más aguda esta noche. A Sasha no le gustaban
los problemas. Yo evitaba que lo problemas surgieran.
Las chicas detrás de la barra sirvieron a los clientes, sonrisas
pegadas a sus rostros, a pesar de que trabajarían hasta los
huesos. Las propinas compensaban las manos que las tocaban
de más y los ojos que se las comían con la mirada.
Sasha apareció por una puerta. Sus ojos encontraron los
míos casi instantáneamente y sacudió su barbilla hacia mí en
saludo. Se lo devolví.
Cuando era más joven, Sasha me enseñó que era grosero
ignorar un saludo. Nunca fui muy bueno en entender las señales
de otras personas. Las charlas eran dolorosas. No me gustaba
hablar a menos que me hablaran, e incluso entonces, hablaría
poco a menos que me preguntaran algo.
Mi hermano era un tipo duro, pero también era paciente. Y
crecer con él no fue fácil, de eso estaba seguro. Nunca me alzó
la voz, incluso cuando me decía que estaba siendo irracional.
Era amable y comprensivo, y me explicaba las cosas de manera
que pudiera entenderlas.
Tenía seis años cuando mis padres se dieron cuenta de que
había algo mal conmigo. Nuestro perro, Mishka, corrió hacia la
carretera y fue atropellado por un
coche. Cuando mi padre me dijo que no había sobrevivido,
simplemente asentí y corrí a mi cuarto para procesarlo.
Allí fui encontrado, horas después, cubierto de sangre
después de golpear mi cabeza contra la pared, una y otra vez. Mi
padre me llevó a la sala de emergencia. Me había abierto un lado
de la cabeza hasta el hueso. Me cosieron, pero incluso así, no
lloré.
Cuando el doctor preguntó si esto era algo que me sucedía
con regularidad, mi padre se enojó. Dijo que no había nada malo
conmigo y que había sido un accidente. El doctor explicó
calmadamente que él podría brindarnos ayuda, pero mi padre me
agarró y me llevó a casa.
En el coche, se giró hacia mí y dijo:
—Eres mi hijo y te amo. No hay nada malo contigo.
Pero mientras los años pasaban, quedaba claro para
cualquiera que me conociese que algo no estaba bien conmigo.
A pesar de que sonreí en una ocasión, nunca me reí. Era
capaz de recordar casi cada detalle de cada conversación que
había tenido alguna vez. Era inteligente en un sentido poco
normal, y podía hacer grandes cálculos en mi cabeza. No 16
entendía o procesaba las emociones de la manera en la que otros
lo hacían. No lloraba. Y jamás mentía.
Las personas me
llamaban cíborg4. No me
gustaba.
Mi hermana, Nastasia, golpeaba la mierda fuera de los niños
que se atrevían a molestarme. Sasha nunca tuvo que alzar un
dedo. Todo lo que tenía que hacer era lanzarles una mirada y
correrían asustados.
El tiempo pasó, y Sasha me ayudó mientras Nastasia me
amaba incondicionalmente. Sasha me enseñó a responder a las
personas de manera casual, y me ayudó a leer señales. Aún no
era bueno recibiendo indicaciones de otros. Si no me decías lo
que estabas sintiendo, lo más posible es que no lo supiera.
Nastasia me dijo que no había nada malo conmigo. Que no
era mi culpa ser más inteligente que lo demás. Dijo que si el resto
del mundo no tuviera mierda en vez de cerebro, yo no sería tan
especial, así que debería estar agradecido.
La joven se movió entre la multitud de una manera
aparentemente casual, pero noté más en su manera de observar
a los hombres con ojo de halcón.
Tramaba algo. Y descubriría exactamente qué.

Mina

4
Ciborg: Criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos
cibernéticos.
Era más difícil de lo que parecía, escoger a un hombre al qué
seducir.
No ayudaba que la mayoría de los hombres del club
estuvieran a finales de los cuarenta y cincuenta, ni que olieran a
sudor y vodka, y a ese rancio olor a humedad que la gente
conseguía cuando han estado bebiendo mucho. Era gracioso que
me molestara por el olor, cuando yo podría oler igual de mal.
Debería estar agradecida si alguno de estos hombres se fijaba
en mí.
Cuando un hombre agarró mi mano y gritó en mi oído:
—¿Parte del entretenimiento?
Sacudí mi cabeza presa del pánico, retiré mi brazo y corrí
lejos, de vuelta a mi esquina.
Regañándome mentalmente, me recompuse. Pudo haber
sido un buen candidato. Seguro, era viejo y gordo y estaba
quedándose calvo, pero usaba buenos anillos y seguro que
tendría una billetera llena. Cerrando mis ojos, suspiré.
¿Qué estoy haciendo?
Me burlé, sacudiendo mi cabeza antes de ponerme de pie. No
podía acostarme con ninguno de estos hombres; no importaba
cuán hambrienta estuviera. Y era estúpido pensar que lograría 17
llevar a cabo mi ridículo plan.
Enderezándome, me moví para dejar el club. Justo cuando
pasaba a un grupo de hombres alborotados, un atractivo
hombre de mediana edad se inclinó sobre la barra para hablar
con una de las gloriosas camareras.
Me calmé, y todo lo demás desapareció.
La billetera del tipo colgaba unos centímetros fuera de
su bolsillo trasero. No era mucho, pero era suficiente.
Mis pies me llevaron hasta él antes de que incluso decidiera
qué hacer. Realmente no quería robar la billetera de este
hombre. Sólo quería vivir un día más. No era personal. Era mi
vida.
A un metro del hombre, permanecí de pie con mi espalda
hacía él, y con dedos veloces, saqué la billetera suavemente. La
metí en mi abrigo, con el corazón corriendo a kilómetros por hora,
miré a mi alrededor hasta que encontré la luz neón del baño de
señoras.
No me detuve a pensar. Corrí.
Caminando a través del estrecho pasillo, abrí la pesada
puerta. Estaba vacío. Miré a mi alrededor con los ojos bien
abiertos antes de correr a uno de los muchos cubículos vacantes,
me senté en el inodoro con la tapa baja y comprobé cómo me
había ido.
La billetera pesaba. La abrí con dedos temblorosos. Mi
maldición flotó en el aire y entonces me reí mientras sacaba
un montón de billetes de cien dólares. No los
conté todos, pero estaba segura de que había cerca de
setecientos dólares allí. Dejando caer la billetera en el suelo,
metí el dinero en mi bolsillo y me moví para desbloquear la
puerta. Tan rápido como mis dedos tocaron el frío metal, mi
consciencia me dio una mirada.
¿Por qué estaba cargando ese tipo tanto dinero?, me pregunté.
Quizás retiró esa cantidad específica y era para algo importante.
Y yo se lo estaba quitando. Él seguramente trabajó duro por ese
dinero, y allí estaba yo, robándolo.
Saqué el dinero de mi bolsillo, un ceño fruncido estropeaba
mi frente. No necesitaba todo el dinero. Sólo necesitaba
suficiente para sobrevivir algo de tiempo.
Sacando dos de los billetes de cien, coloqué los otros de
nuevo en la billetera. Pero mi conciencia aún no estaba feliz.
Suspirando, tomé otros cien y los coloqué de nuevo en la
billetera, quedándome sólo con uno.
Cien dólares no era nada. Podría hacer que duraran. Me
alimentarían por dos semanas, tres a lo máximo. Me las
arreglaría para conseguir algo más para entonces.
Satisfecha con mi botín, sostuve la billetera, abrí la puerta del
cubículo, y me congelé.
No escuché la puerta abrirse, pero había un hombre alto
recostado contra la pared y claramente había estado allí un rato.
Sus ojos marrones claros estaban directamente sobre mí, sus 18
brazos cruzados sobre su pecho y mirando hacia la evidencia en
mi mano. Sólo dijo una palabra.
—Explícate.
Traducido por Whenshewasgood

Lev

unque no entendía las emociones de otras


personas, entendía las mías muy bien. Y justo
ahora, estaba decepcionado.
—Explícate —ordené.
Su cabello aún cubría la mayor parte de su rostro, pero podía
ver un gran ojo 19
verde mirándome con disimulo. Se veía asustada.
No. Por la manera en que sus manos se sacudían y su
pecho jadeaba, me golpeó que no estaba asustada. Estaba
aterrorizada.
Asintiendo hacia la cartera en su mano, hablé más suave esta vez.
—Eso es de mi hermano.
Sus hombros se desplomaron. Pronunció un quedo pero
arrepentido:
—Lo siento.
Dando un paso adelante, le quité la cartera de la mano y
levanté la otra. Ella renuentemente puso un billete de cien dólares
dentro de ésta y se alejó de mí. Abrí la cartera de Sasha y me
quedé quieto.
Miré hacia la chica. Había bajado su mandíbula para evitar mirarme.
—Hay un montón de
dinero aquí. Ella asintió.
Pregunté:
—¿Por qué no lo cogiste todo?
Cuando levantó la vista hacia mí, sus ojos se llenaban de
lágrimas y susurró un tembloroso:
—Sólo quería algo para comer.
Una onda de emociones corrió a través de mí. Primero,
enojo, luego tristeza, y después algo que no podía explicar. Una
actitud protectora, tal vez.
—Estás hambrienta —una declaración, no
una pregunta. Asintió una vez más y
estaba hecho.
La chica se había convertido inesperadamente en mi
responsabilidad.

***

Mina

Unos dedos amables se posaron debajo de mi barbilla


levantando mi rostro hasta que no pude evitarle más.
Habló en perfecta calma.
—Tienes dos opciones. —Me le quedé mirándolo,
confundida. No me di cuenta de que tenía otra opción—. Puedo
llamar a la policía y hacer que te arresten. —Casi fruncí mi nariz, 20
pero me detuve a tiempo. No me gustaba esa opción—. O puedes
trabajar para el club, hacer dinero y levantarte —agregó—. No
volverás a estar sin comida.
¿Estaba loco este tipo? Mi mente se quedó boquiabierta.
Como si tuviera que pensar en qué opción preferiría.
Luego él agregó una tercera opción, tomando el billete de cien
dólares que yo había robado y sosteniéndolo en lo alto.
—O puedo darte esto, irte y desaparecer en la noche. —Sus
ojos estaban centrados en mí—. Cien dólares te conseguirán
más que una comida caliente.
Mi cabeza voló. Estaba segura de que esto era un truco.
Cien dólares eran suficientes para mantenerme por un rato
pero un trabajo, un lugar donde quedarme y comida. ¿Cómo
podría dejar pasar eso?
Oh, Dios, la comida era importante
para mí. Tragué fuertemente.
—La opción B
suena bien. Él
pareció
complacido.
—Eso pensé. —Extendió una mano—.
Ven por acá. Tirando de mis mangas sobre
mis manos, me alejé de él.
—Espera. ¿Qué clase de trabajo? Yo… —Mi tren de
pensamiento se fue a otra parte y me ruboricé—. ¿Bailando?
¿Como esas chicas de allá?
Sólo una ceja se levantó.
—¿Crees que quiero que te desnudes?
Mi rubor se convirtió en un sonrojo completo y sentí mi cuello
calentarse.
Por supuesto que no quiere que te desnudes. No eres exactamente
Jennifer Lopez.
—No quiero que te quites la ropa. Quiero que te mantengas
vestida. —Se veía indignado de que incluso sugiriera eso—.
Completamente vestida —agregó de forma exasperante, y la
mortificación hizo que mi estómago girara—. Atenderás el bar.
—No sé cómo.
Su mirada era terminante.
—Aprenderás.
Eso no sonaba mal. De hecho, sonaba genial. Él levantó su
mano una vez más y, manteniendo mi mano cubierta con mi
manga, puse la mía en la suya. Cuando su mano caliente
envolvió la mía, me di cuenta de cuán grande era. No me tomó
mucho asimilar el resto de él. Era alto, alrededor de metro
ochenta más o menos, tenía los hombros anchos, caderas
estrechas, piernas largas y un rostro severo. Estaba vestido con 21
un perfecto traje negro hecho a la medida. Tenía que serlo. No
parecía como si este tipo pudiera comprarlos en tiendas
normales. Lancé una mirada a su rostro, y sus ojos café claros
me miraron fijamente.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Su rostro aparentaba ser
severo. Sus pómulos eran altos, su mandíbula era fuerte, su nariz
un poco torcida, y tenía labios generosos. Su piel estaba
ligeramente bronceada y perfecta; no tenía ninguna arruga por
sonreír. Era como si no sonriera nunca.
De repente me golpeó. ¿Por qué un hombre que vestía de
traje y hablaba con tanta clase ayudaría a una chica sin hogar a
la que había atrapado robando?
Quité mi mano de la suya.
—Si esto es un truco…
Mi cabello cubría la mitad de mi cara, pero podía ver la
repentina inclinación de su cabeza y el estrechamiento de sus
cejas. Le dije con honestidad:
—Si quieres llamar a la policía, llámalos. Te prometo que me
quedaré y les diré que robé la cartera.
Bajé mi cara y agregué pensativamente:
—Ellos podrían alimentarme —le lancé una mirada de
nuevo—, pero darle esperanzas y hacer bromas así a alguien
que no tiene nada… es cruel.
Me miró por un largo momento antes de tomar mi mano de
nuevo, sin permiso debo agregar, y declarar:
—No estoy mintiendo.
Dijo esto con tal seguridad, que me hizo inclinarme a
creerlo. Me sacó del baño y me llevó por el pasillo antes de que
le preguntara quedamente:
—¿Por qué me estás ayudando?
Sin mirarme, continuó guiándome y respondió:
—Te ves como si necesitaras ayuda.

Lev

Mientras más tarde se hacía, el bar se volvía más tranquilo.


El recuerdo de Paolo se había celebrado hasta tarde en la noche,
y mientras los clientes decidían que eso era todo por ese día, el
club permanecería abierto hasta las 3 a.m., a pesar de que
estuviera vacío.
Llevé a la chica de regreso a la pista, y no pude dejar de notar
lo pequeñísimas que era su mano. Me gustaba la manera en que
se sentía en la mía. Lo que no me gustaba era lo fría que estaba
su piel. Tendría que comprarle un abrigo más cálido.
La miré. Olvida eso. Tendría que comprarle un abrigo,
cualquier maldito abrigo, de su talla. 22
Al borde del vestíbulo, me incliné sobre el oído de la chica y
ordené: “Quédate aquí”, y luego caminé para encontrar a Anika
detrás del bar. Su rostro se iluminó al verme.
Mi labio se curvó. Me agradaba Anika. Siempre había sido
buena conmigo. Nos conocíamos desde que éramos niños, y su
hermano, Viktor, era algo así como un miembro honorario de la
familia y podías encontrarlo en nuestra casa, comiendo con
nosotros.
—Oye, Lev —dijo empujando gentilmente su largo y ondulado
cabello rojo sobre su hombro. Soltó una exhalación, haciendo
volar un poco de su flequillo sobre su frente—. ¿Qué noche, eh?
Me gustaba la manera en que Anika hablaba. Siempre me
calmaba. Tenía una entonación suave en su voz que en un punto
llegué a creer que era un ángel.
—Hola, Ani. —Le tendí la cartera de Sasha—. ¿Puedes
asegurarte de que mi hermano tenga esto?
Ella sonrió dulcemente.
—Por supuesto. ¿Has terminado por
esta noche? Asentí.
—Que tengas buena noche.
Su sonrisa se disipó con mi despedida apresurada. Habló bajo:
—Tú también, guapo.
Caminando de regreso hacia la chica, casi me sorprendí de
verla aún parada allí, mordiendo nerviosamente su pulgar. Parte
de mí pensaba que desaparecería mientras le daba la espalda.
Pero en su estado lamentable, sabía que lo más probable era que
no tuviera a dónde ir.
Levanté mi mano, y ella puso la suya pequeña en la mía sin
preguntar. Y, maldita sea, eso me satisfizo. Inmensamente.
Caminamos tomados de la mano por el estacionamiento, donde
esperaba mi Chevrolet Camaro. Apreté el botón de mis llaves y
un pitido sonó dos veces, luego abrí la puerta del pasajero para
la chica, ayudándola a sentarse.
—Abróchate el cinturón.
Tal vez debería preocuparme que ni siquiera dudara en
subirse a un coche con un completo extraño. Pero era obvio que
cualquier lugar era mejor que aquí.
Una vez sentado encendí el coche y conduje para salir del
estacionamiento. Sin preguntar, manejé por la calle hasta el bar
de hamburguesas abierto las veinticuatro horas y pasé por el
servicio de ventanilla. Cuando me detuve para pedir, me giré
hacia la chica.
—¿Quieres algo en particular?
Ella leyó el menú, pero negó con la cabeza. Se lamió los labios.23
—No soy exigente.
Le pedí la hamburguesa más grande, tamaño supremo, y una
hamburguesa de queso extra, por si acaso aún tenía hambre
después. Lo dudaba. La chica era positivamente diminuta. Una
vez llegó la comida, se la pasé, y ella sostuvo la bolsa de papel
cerca de su pecho como si estuviera preocupada de que alguien
se la fuera a quitar.
Esperé. Y esperé. Y esperé.
Mis cejas se juntaron cuando estacioné el coche.
—¿No vas a comer?
Sus ojos se movieron de aquí para allá. No dijo nada por un
momento antes de que murmurara incómodamente:
—No quiero ensuciar tu coche.
El gruñido alto de su estómago fue la objeción más clara que he
oído en mi vida.
La alcancé, abrí la bolsa, saqué la hamburguesa, la
desenvolví con cuidado y se la pasé de regreso. La tomó con
manos temblorosas, cerró sus ojos, y tomó un gran bocado,
masticando despacio.
Comió sin hacer ruido. Abrí mi ventana, encendí la radio y
esperé pacientemente. No podía evitar mirarla comer de vez
en cuando. Era tan silenciosa.
Pasaron unos minutos, y me giré para ver cómo le estaba yendo
con su comida, y mi pecho se encogió.
Sus hombros se sacudían con delicadeza mientras lloraba en
completo silencio, comiendo mientras tanto. Debió sentir mis ojos
sobre ella porque se giró hacia la puerta del pasajero, con su
espalda hacia mí, mientras su aliento se trababa silenciosamente
cuando lloraba.
Este era uno de esos momentos que lo hacían para mí.
Estaba oficialmente abrumado. No sabía qué hacer. No tenía ni
idea, y eso hizo que la irritación creciera dentro de mí.
Tomé el pañuelo decorativo del bolsillo de mi pecho y lo
sostuve entre mis dedos, pasándoselo gentilmente. Ella lo tomó,
susurrando un bajo “Gracias”, y luego salí del coche para darle
algo de tiempo para que se recuperara de sus emociones.
Pasaron diez minutos, y miré dentro por la ventana para ver
a la chica sentada en silencio, con sus manos apretando la bolsa
de papel fuertemente. Volviendo a entrar al coche, traté de
agarrar la bolsa pero ella la apartó, fuera de mi alcance.
Mis cejas se levantaron.
Su cabello se estaba convirtiendo en un problema para mí.
Su mejilla visible se ruborizó cuando explicó:
—No me la acabé. Era mucha comida —agregó con 24
vacilación—. Me gustaría llevármela conmigo, si está bien.
¿Quién era yo para objetar? La compré para ella, de todas maneras.
—No es problema. ¿A dónde te llevo? ¿Tienes un
lugar donde quedarte? Ella se detuvo.
—Sí, em, de hecho estoy a sólo unas cuadras de distancia,
así que puedo caminar desde aquí.
Ya estaba negando con mi cabeza.
—Te llevaré.
Ella trató de objetar una segunda vez, pero agregué
inflexiblemente:
—Insisto.
Me miró fijamente un largo momento y luego asintió.
—Está bien. Gira a la izquierda y sigue hasta que veas un Café
Alonzo.
Sabía dónde estaba eso. No era consciente de que hubiera
casas en esa área, pero me moví de todas maneras. Bajando la
velocidad hasta detenerme, miré fuera por la ventana, sin
convencerme que aquí fuera donde ella vivía.
—¿Estás segura de que aquí es
donde vives? Ella sonrió
débilmente.
—Positivo.
Viendo mi ceño fruncido, ella agregó en seguida:
—No es mucho, pero es mi hogar. —Se volteó hacia mí e hizo
algo que había estado anhelando que hiciera desde el momento
en que la vi.
Poniendo sus dedos sobre su mejilla, movió el cabello,
apartándolo de su rostro, metiéndolo gentilmente detrás de su
oreja.
Estaba fascinado.
Era hermosa. Absolutamente deslumbrante.
Su rostro con forma de corazón se veía demasiado delgado,
pero su boca era pequeña, llena y rosada. Sus ojos verdes eran
grandes y expresivos, envueltos bonitamente con pestañas
largas y oscuras. Era pálida, su piel inmaculada. Tenía maquillaje
negro manchado debajo de sus ojos, pero podía ver la belleza
que había tratado de esconder al mundo. La rara belleza que era
ella.
Tenía una expresión suave, esquivaba el contacto con los
ojos y hundió su barbilla al hablar:
—Quiero agradecerte lo amable que has sido conmigo esta
noche. Poca gente hubiera hecho lo que tú hiciste. —Sus labios
rosas se arrugaron en una sonrisa incómoda—. Te debo una.
Más de lo que jamás sabrás.
Sintiéndome medio incómodo con su agradecimiento, apagué
el coche, ignorando su expresión repentinamente ansiosa.
25
—¿Serás capaz de llegar por ti misma al club mañana a las
siete? Si no puedes, haré que alguien te recoja.
Yo la recogería.
Sus cejas se fruncieron cuando mordió su labio inferior, pensando.
—Eso creo. No tengo reloj, pero me aseguraré de estar ahí,
incluso si llego demasiado temprano.
Me subí la manga de mi camisa, abrí el cierre de mi reloj Tag Heuer,
y se lo di.
Ella hizo una mueca.
—¿Qué…? —Cuando no le quité el reloj, sus ojos se abrieron—. No
puedo tomar
esto.
Me esforcé por controlar mi enfado.
Apretando mis dientes, hablé
calmadamente.
—Puedes devolvérmelo
mañana. Su expresión
casi era de pánico.
—¿Sabes qué pasaría si alguien me viera con
eso? ¡Me atracarían! Fruncí el ceño.
Sólo déjalos intentarlo. Los retaba maldita sea.
—Entonces compraré otro.
El cambio en su expresión fue tan repentino que tuve que
parpadear. Ella tomó el reloj con cuidado y murmuró:
—Debe ser lindo tener tanto dinero.
La pena me hizo ruborizar, y mi enojo salió al exterior. Refunfuñe:
—¿Necesitas que te lleven o no?
—No.
Sostuvo la bolsa de comida rápida con fuerza y me miró
antes de esquivar mi mirada inescrutable.
—Soy Mina.
—Mina —lo probé. Se sentía bien en mi
lengua—. Soy Lev. Abrió la puerta y salió,
agachándose entre el espacio abierto.
—Gracias, Lev. Por todo. Trabajaré duro. —Sonrió
cansadamente—. No te arrepentirás.
Mi estómago dio vueltas con su dulce sonrisa.
—Buenas
noches, Mina.
Ella bajó sus
pestañas.
—Buenas noches. 26
La vi caminar por un callejón que se conectaba a una calle
de atrás, esperé hasta que ya no estuviera a la vista, luego
arranqué y conduje dos calles más abajo.
Con un ligero suspiro, estacioné mi coche, apagué las luces y
esperé.
Traducido por Pimienta, Âmenoire y
Mae

Mina

ios mío, ¿Lev era intenso o qué?


El coche se alejó y esperé dos minutos completos
antes de salir del callejón y comenzar la caminata de tres 27
cuadras hasta mi callejón.
Me abaniqué la cara al pensar en él. Dioses
supremos, era simplemente divino.
Me miré a mí misma y mi cara se calentó. Ahí estaba yo,
pensando en mi guapo ángel de la guarda, mientras yo parecía
un extra de la película Swamp Thing5.
Me abracé con mi brazo libre. Aferrando el reloj en mi mano,
decidida a no arriesgarme, me lo puse. Desafortunadamente,
mientras luchaba con el cierre, me di cuenta un poco tarde de
que incluso en la posición más pequeña, me quedaba demasiado
ancho. Aun así, lo empujé hasta mi antebrazo.
Devolvería este reloj, maldita sea. Aunque fuera lo último que
hiciera.
Con la bolsa de comida rápida a mi lado, caminé a toda prisa.
No quería correr el riesgo de llamar cualquier atención no
deseada de esta noche. Así que necesitaba llegar a casa
rápidamente.
Finalmente, llegué a mi destino y, moviéndome detrás del
contenedor de basura, saqué mi bolsa.
Excelente. Toda mi ropa estaba sucia. No es que tuviera
mucho, pero por lo menos podía ponerme mis vaqueros
demasiado grandes y mi camiseta blanca. Levanté las prendas
y de inmediato noté una mancha marrón en la camiseta que una
vez fue blanca.
Tendría que ir mañana a la lavandería. Pero, mierda, todavía no
tenía dinero.

5
Swamp Thing: La cosa del Pantano.
Qué embarazoso. No podía empezar a trabajar con la jodida
ropa sucia. Tendría que mendigar mañana por la mañana,
rezando porque alguien me diera algunas monedas que
necesitaba para una sola carga.
Una voz detrás de mí me sorprendió tanto que salté, chillé y
me caí de culo sobre un charco de barro con olor a orina.
—No es mucho, pero es mi hogar, ¿eh?
Jadeante, me volví hacia Lev y dije con voz cortante:
—¿Qué diablos estás haciendo aquí?
Mi desprecio no lo frenó. No estaba enfadada con él, sólo
mortificada. No podía exactamente saludarle con un "Bienvenido a mi
humilde morada. ¿Agua mineral?
¿Whiskey?”.
Todo lo que podía ofrecer era olor a basura y
charcos cuestionables. Se acercó más, sus ojos
brillando peligrosamente.
—Tenía la sensación de que no estabas siendo completamente
honesta conmigo.
Así que te he seguido.
Sí. No jodas, Sherlock.
Con mi culo en el charco, abrí mis brazos y sonreí burlonamente.
—¿Te gusta? Acabo de hacer las paredes. Creo que el color
se llama mierda 28
marrón. —Olí notablemente—. ¡Oh, no, espera! —El sarcasmo
goteaba de cada palabra—. Eso es una mierda.
Su ceja se levantó, y quise tomar un poco de orina del charco
y lanzársela. En cambio, me puse de pie mientras el líquido frío
del charco goteaba por mis piernas. Mis mejillas se colorearon
antes de bajar el tono.
—Creo que, después de ver el lugar, puedes entender por
qué no quería compañía.
Él no me hizo caso.
—¿Tienes familia en alguna parte?
Empujando mi ropa de nuevo a mi saco de mierda, negué.
—Estoy seguro de que hay refugios por aquí. ¿Por qué no te
quedas en uno? Cerré la cremallera de la bolsa más fuerte
de lo que debería. Él no lo entendería,
incluso si se lo explicara letra a letra.
—Confía en mí cuando te digo que no son
todo lo que parecen. Tiré la bolsa por encima
de mi hombro.
—Si me disculpas, tengo que encontrar una lavandería
frente a la que mendigar mañana por la mañana, para no oler
como un charco de orina.
Se enderezó con las llaves en la mano, y se volvió,
señalando con la barbilla hacia mí.
—Vamos, ratón.
Suspiré. ¿Por qué estaba siendo tan amable?
—No necesito que me lleves. Puedo
encontrar una yo sola. Se detuvo a la
entrada del callejón.
—No voy a llevarte a la maldita lavandería. Te voy a llevar a
casa. —Él inclinó la cabeza ligeramente—. Es decir, a menos que
no quieras una cama caliente para dormir y un lugar para lavar
tu ropa.
No hice caso a su pulla y lo vi caminar de regreso a la calle.
El tiempo pasaba. Ni siquiera conozco a este tipo. Ni siquiera
debería estar considerándolo. Pero cualquier cosa era mejor que
la calle. Empujé mi bolsa más arriba en mi hombro.
Y, al igual que el cachorro perdido que era, seguí a Lev a casa.

***
29
—¿Esto es tu casa? —pregunté con asombro mientras presionaba
un mando a
distancia adjunto al visor solar sobre su cabeza.
Las grandes puertas de acero se abrieron y él gruñó una
respuesta afirmativa. Todavía asombrada, pregunté:
—¿No te pierdes aquí?
Resopló y sonó terriblemente cercano a una risa, pero seriamente
lo dudaba.
—No te engañes. Son de hecho un complejo de tres casas.
Mi hermano y mi hermana también viven aquí.
Eso me sacó de mi admiración instantáneamente. Un
estremecimiento bajó por mi columna mientras el temor me
tomaba por sorpresa.
—Espera, ¿qué? ¿Tu hermano? ¿El mismo hermano al que
le robé la cartera? Asintió silenciosamente y con los ojos
muy abiertos con alarma, grazné:
—¡No puedo quedarme aquí!
—Relájate —dijo él en un tono tan aburrido que sonó como si
le tomara todo el esfuerzo del mundo decirlo—. Está bien.
Todavía no está en casa y mi hermana está fuera de la ciudad de
momento. Tenemos todo el complejo para nosotros. Por ahora.
Mi estómago se apretó de nervios pero me quedé quieta por
el miedo de perder la comida que acababa de comer. Condujo
más lejos por la gran entrada hasta que llegó a un cruce en forma
de T. Giró a la izquierda y vi una de las tres casas.
Aun así era mucho más grande en comparación que las otras
casas y apartamentos regulares que estaba acostumbrada a ver.
La casa de dos pisos estaba hermosamente diseñada desde
afuera y tenía un estilo romántico con pintorescos tonos blancos
y ligeros amarillos arenosos. Las luces estaban encendidas y
repentinamente me pregunté si alguien más vivía con él. El
grueso anillo de plata en su dedo anular lo sugería.
—¿Estás casado?
—No.
Mis tensos hombros se relajaron un poco. Bien, eso era
bueno. No necesitaba una mujer alrededor acusándome de todo
tipo de cosas desagradables. Las mujeres podían ser brutales.
Estacionó afuera de la propiedad, caminó alrededor y me
ayudó a salir del coche, tomando mi bolsa de comida con una
mano y ofreciéndome su codo graciosamente. Lo tomé casi
inmediatamente y me llevó por los escalones frontales, hasta la
puerta gigante de cristal.
Mi vientre rodó agresivamente. No pertenecía aquí para nada.
El interior de la casa era prístino, con brillante mármol blanco
y mobiliario masculino de madera.
La primera cosa que capto mi ojo en el gran recibidor fueron
30
las escaleras a la derecha y a la izquierda, que llevaban al
segundo piso y se encontraban a la mitad.
¿Cómo se llamaba cuando las escaleras hacían eso?
—Es una escalera imperial. Muchas casas reales en Rusia la
tienen.
Me giré hacia él, sin darme cuenta que había hecho la
pregunta en voz alta.
Luego me giré de nuevo hacia las escaleras.
—Es un poco arrogante, ¿no crees? —Lo miré de reojo—.
Compararte con la realeza y todo eso.
Su labio se levantó tan ligeramente que podría haberlo imaginado.
—Eso es un poco presuntuoso, ¿cierto? —Me miró de reojo
de vuelta—. Asumir que no pertenezco a la realeza.
Mis ojos se agrandaron cuando susurré:
—¿Lo haces?
Se giró hacia mí y juró que sus ojos me sonrieron.
—No.
Rodando mis ojos, sacudí mi cabeza mientras caminaba
hacia el lado izquierdo de las escaleras y empezaba a subir.
—Sígueme, Ratón.
¿Ratón? ¿Por qué ratón? ¿Por qué no simplemente me decía lo
que era?
Una rata callejera.
En la cima de las escaleras, pasamos a través de dos pasillos,
uno llevaba hacia la izquierda y el otro hacia la derecha.
Pareció dudar un momento antes de girar a la izquierda y
llevarme hacia la puerta al final de pasillo. Colocó su mano sobre
la elegante manija y la abrió, levantando una mano para encender
las luces.
Era un dormitorio. Definitivamente el dormitorio de un
hombre. Una mujer sería demasiado conservadora para
amueblar una habitación con mobiliario tan llamativo y fuertes
colores reales.
Parecía más como un apartamento, en verdad, al menos
cuatro veces más grande que un dormitorio normal.
Definitivamente no podía quejarme sobre la habitación, si aquí
era donde iba a dormir. Tenía ventanas de tres pisos de alto en
esta sola habitación. Las cortinas eran elegantes, del tipo
fruncidas en un borgoña oscuro con delineado dorado. En la
esquina derecha de la habitación había un gran sofá de ante rojo
granate, que tenía forma de L para encajar perfectamente en la
esquina. La cama estaba colocada en el lado opuesto al sillón,
una cama King size de caoba con mantas rojo oscuro y más
almohadas de las necesarias. No había televisión o ningún tipo
de entretenimiento más que un librero de pared a pared en el lado
izquierdo.
Me paré ahí, con la boca abierta. 31
—Vaya. Esto es tan elegante.
Su siguiente oración me confundió.
—Esta es mi habitación.
—Entonces por qué…
Me tuve dando un paso atrás y alejándome de él. Con mi
voz engañosamente calmada, dije:
—No voy a acostarme contigo.
Me miró de arriba abajo y resopló:
—No quiero tener sexo contigo.
¡Oh, Mina… de nuevo con las suposiciones!
Giré mi cabeza para ocultar el hecho de que mi rostro ahora
estaba color rojo betabel. Me estaba avergonzando. Por
supuesto que no quería dormir conmigo, no cuando
probablemente tenía un flujo eterno de hermosas mujeres
jadeando por él en Bleeding Hearts. Era tan idiota.
—No entiendo.
Lev se adentró más en la habitación antes de girar a la
izquierda y desaparecer en lo que parecía ser un armario
escondido. Cuando regresó, ya no tenía puesta la chaqueta de
su traje y sus mangas estaban enrolladas hacia arriba.
Se detuvo a medio metro de mí, levantó su teléfono y antes
que pudiera decir una palabra, el flash se había apagado.
—Oye —me quejé, arrugando mi nariz.
Se encogió de hombros, colocando el teléfono en su bolsillo.
—Sólo una pequeña póliza de seguro, en caso de que
decidas irte en medio de la noche con alguna de mis cosas. —Él
me miró—. No es nada personal. No te conozco. No sabes nada
acerca de mí tampoco. No me conoces. Pero mientras estés en
mi casa, tú y yo dormiremos en la misma habitación.
Abrí la boca para protestar, pero él levantó una mano y siguió
hablando.
—El sofá se despliega en una cama. Ahí es donde voy a
dormir yo. Puedes tomar la cama. Perdóname por no confiar en
alguien que conozco desde hace menos de tres horas. Sobre
todo en las circunstancias en las que nos encontramos.
Bueno... cuando lo decía así, tal vez estaba siendo
desagradecida por protestar. Bien. Tendría que cambiarme
a mis bragas grandes y lidiar con ello.
Hablando de bragas...
—No tengo nada de ropa limpia. —Levanté mi bolsa—. ¿Hay
algún lugar donde pueda lavar esto?
Me quitó la bolsa y palidecí. 32
—¡No, espera, yo puedo hacerlo! —Salté por ella, pero lo
sostuvo fuera de mi alcance—. ¡Devuélvemela!
—Sólo quiero estar seguro de que no tienes nada peligroso aquí.
—Me observó—.
Mi seguridad siempre vendrá antes de tu orgullo. ¿Entiendes?
Bueno, mierda.
Me tomó cinco segundos ceder.
—Está bien, pero, ¿puedo ser quien la vacíe? —Dudó. Declaré
suavemente—.
Por favor.
Esperó un momento antes de entregarme la bolsa.
—Está bien, pero lo harás justo aquí. Justo en frente de mí.
Maldición. Tendría que tratar de ocultar lo que necesitaba tan
discretamente como pudiera. Uno por uno, saqué las cosas de mi
mochila. Dos camisetas, suéter de hombres andrajosos, que me
servía de mucho en el tiempo más frío, un jeans negro con
agujeros en la parte inferior, un par de calcetines grises, y...
Envolviéndolos rápidamente, traté de deslizarlos en mi
bolsillo, pero una mano agarrando mi muñeca me detuvo. Apretó
y me puse rígida.
—Enséñamelo.
El orgullo me mantuvo quieta. Mis mejillas ardían.
Apretó con fuerza suficiente para hacer moretones e hice una
mueca.
—Enséñamelo.
Las saqué de mi bolsillo y las arrojé sobre la cama.
Consternada, dije en voz baja:
—Bragas. Son sólo bragas.
Echó un vistazo a las bolas negras de tela sobre la cama
antes de poner mi bolsa al revés y agitarla. La pequeña navaja
suiza que me encontré en la calle cayó del bolsillo lateral.
Inmediatamente me defendí al ocultarla.
—No tiene filo.
Con ojos analizadores, la levantó para examinarla.
—Podrías atravesar a alguien si quieres hacerlo. —Él la puso en
su bolsillo—.
No necesitas esto.
Por supuesto que no lo haría. ¿Qué hay de mi alma?
¿Quiere eso también? No es que la necesite.
Estaba agradecida, por supuesto, pero todavía no entendía
los motivos de este hombre.
Tomando mi bolsa, empujó la ropa de nuevo en ella y la tiró sobre
su hombro.
—Ven —ordenó, y obediente como era, lo seguí. Una puerta en el
lado izquierdo 33
de la sala, junto a la estantería de la pared, se abrió, y al ver
un baño, ducha, champú y jabones, un temblor de placer me
recorrió.
—Te puedes lavar aquí. Tómate
tu tiempo. Dio un paso atrás y
añadió:
—Sólo te pido que no bloquees la puerta. No entraré a
menos que lo necesite. Cuando llame, por favor responde, o de
lo contrario voy a creer que necesitas ayuda.
Eso sonaba razonable. Pero aun así, pregunté:
—¿Prometes que no
entrarás? Sus fríos ojos
me traspasaron.
—No estoy buscando una
emoción barata. Ante mi mirada
contundente, pronunció:
—No voy a entrar. No a menos que me lo pidas.
—Confía en mí, no te lo pediré. —Entré y fui a cerrar la
puerta, pero me detuvo antes.
Un ojo color whisky me miró.
—Quítate la ropa y entrégamela a través de la puerta.
Justo cuando estaba a punto de preguntar para qué, en el
tono menos mordaz posible, continuó:
—Voy a ponerla a lavar con las otras.
La puerta se cerró, me quité la ropa y envolví una toalla
suave y esponjosa color burdeos a mi alrededor, di la vuelta a la
perilla, tiré la ropa, y grité:
—Gracias.
Un momento de silencio, y luego:
—De nada.
Lev me dejó en paz y tranquilidad mientras llenaba la bañera
con agua caliente y gel de baño perfumado de hombre. Miré a
la bañera antes de mirarme en el espejo.
Estaba sucia. Mugrienta.
Por mucho que quisiera deslizarme en la bañera, decidí
ducharme primero, y desde el momento en que el agua
demasiado caliente me golpeó, recorriendo mi cuerpo desnudo,
calentando el frío en mí, algo entre una risa y un sollozo se me
escapó. Levantando la cara, me dejé ser consumida por el
sentimiento de éxtasis cuando extendí la mano y masajeé
champú en mi cabello. E hice esto sonriendo, a pesar de que me
tambaleaba.
Continué lavando cuatro meses de suciedad. Decir que “se 34
sentía bien” habría sido el eufemismo del siglo.
Se sentía divino.
Duchándome lo más rápido que pude, salí y me acerqué a la
bañera, metiéndome con cuidado en el agua casi abrasadora y
bañando noches solitarias en un callejón frío.
Y fiel a su palabra, Lev no irrumpió.
Traducido por Jenn Cassie Grey

Mina

os espejos no mentían. Podían alzar el ego, pero


podían fácilmente ser crueles y castigadores.
El espejo del baño de Lev estaba siendo una malvada
perra. 35
Mostraba cada moretón, cada línea, y cada hueso que
sobresalía de una forma que me dejó sorprendida.
Pero mi cabello estaba limpio, y probablemente olía como
hombre, pero al menos no olía mal. Me acaricié la cara limpia, y
aunque mi cara estaba de un agradable color rosa, no tenía
maquillaje de tres días acumulado ni adherido en mis pestañas,
lo que era genial.
Llegó el momento de dejar el baño, y rápidamente me di
cuenta que no tenía ropa. Abrí la puerta un centímetro y me
asomé dejando que el vapor saliera alrededor de mí.
—¿Lev?
Entró en la habitación e, incómoda por mi estado de
desnudez, cerré la puerta. Tocó ligeramente.
—¿Mina?
—Oye… ―comencé, miré hacia la puerta, rodando mis
dedos—. Hola. —Rodé mis ojos ante mi confusa mente y tomé
una profunda inspiración—. Me acabo de dar cuenta que no
tengo ropa y… —tragué duro, pasando el aprensivo nudo de mi
garganta, y terminé suavemente—. Necesito ropas.
No respondió por un largo momento y entonces tocó de nuevo.
—No tengo ropa de mujer, pero esto funcionará para la noche.
Abrí la puerta, escondiéndome detrás de ella, y su larga mano
apareció dentro. Estaba sosteniendo una camiseta blanca.
Agradeciéndoselo, la tomé. Me la puse y abroché los botones.
Me entristecía la forma en que nadaba en ella.
Hubo una vez, en la que tenía curvas que habrían llenado
esta camisa agradablemente. Se veía más como una maldita
sábana sobre mí. Miré hacia mis piernas y me pregunté por qué
me quejaba del peso extra que solía tener. Era decepcionante ver
largas y nudosas rodillas a través de la delgada y pálida piel de
mis piernas.
Me sentí fea.
Dejé salir un largo suspiro y me enderecé, casi tragándome
la lengua. Mis pequeños pechos eran altos y mis pezones visibles
a través del delgado material de la camisa.
Oh, diablos no.
Miré hacia abajo para ver al oscuro parche entre mis muslos
notándose también.
Um… doble diablos no.
Me acerqué a la puerta y llamé suavemente.
—Disculpa, ¿Lev?
36
Estaba ahí en un segundo.
—¿Algún problema?
—Me estaba preguntando ¿Tienes una camisa más
oscura que pueda usar? Hizo una pausa un momento y
después preguntó con desagrado.
—¿Tienes una preferencia de color?
Esta noche lo hacía, maldita sea.
Me di cuenta que sonaba necesitada, pero no quería que él me
viera así.
—Lo siento. Está bien. Haré que funcione —añadí
arrepentida—. Lo siento. Colocando mi cabeza entre mis
manos, me di ánimo mentalmente.
Este hombre ha sido extremadamente amable contigo esta noche
Mina. En unas cuantas miserables horas te estará dando cosas con las
que sólo podías haber soñado. No seas desagradecida.
Un ligero golpe en la puerta y está se abrió unos centímetros. Su
mano apareció sosteniendo algo oscuro. Lo tomé y la puerta se cerró.
Lo alcé.
Era una camisa negra.
La tensión que no sabía que estaba ahí desapareció
mientras el alivio me hizo reír suavemente. Grité:
—Gracias.
Respondió suavemente.
—De nada, Ratón.
Me volví a vestir, sosteniendo la camisa blanca en mi mano
mientras salía del baño. Las luces estaban apagadas, pero Lev
había encendido dos lámparas altas, una a un lado del sofá, el
cual ahora estaba extendido para ser una cama, y una a un
lado de la mesita de noche, a un lado de la cama.
Mis ojos se ampliaron cuando vi a Lev de
espaldas a mí. Con su espalda desnuda.
Oh, cielos. Su musculosa espalda desnuda.
Se giró ante mi ligero jadeo. Incluso aunque aún estaba
usando sus pantalones de vestir, se había quitado sus zapatos
y calcetines, dejando libres sus largos pies. Bajando mi cara
caliente, me apresuré a la cama y me lancé sobre ella,
cubriéndome hasta el pecho con las pesadas sábanas.
Me miró atentamente, analizando mi cara. Sus ojos me
desentrañaban parte por parte y era molesto.
La incomodidad me obligó a evitar sus ojos. El silencio nos
rodeaba y entonces dijo en voz baja:
—No te gusta que las personas te vean. 37
Mis ojos se encontraron con él.
—¿Disculpa?
Sus ojos recorrieron mi cara limpia.
—No te puedes esconder detrás de maquillaje. Puedes
intentarlo, pero no lo lograrás. No conmigo.
Hizo una pausa y entonces dijo:
—Te veo.
No era algo que una persona normal habría dicho. Era
implacable y calculado e iba al grano, casi como si no supiera la
incomodidad que sus palabras causaban en mí. Casi como si no
le importara.
Pero vi que sí le importaba. Dijo las palabras de una manera
gentil como para no asustarme. Dijo lo que veía, y fue todo.
Escogí mis palabras cuidadosamente y hablé lentamente.
—Cualquier máscara en la calle es una buena máscara.
Se sentó en el sofá cama, haciéndose hacia atrás hasta que
sus piernas estaban estiradas frente a él. Cruzó sus brazos sobre
su amplio pecho.
—Las máscaras no le quedan bien a personas con tu cara.
—¿Mi cara? —pregunté entrecerrando la mirada. Sabía que
no era hermosa, pero no pensé que fuera fea.
Se aclaró la garganta, y mi corazón se saltó un latido.
—Una cara como la tuya hace que los hombres tropiecen. —
Inclinó su cabeza para mirarme desde un nuevo ángulo—. Caras
como la tuya son talladas en estatuas, inmortalizadas en piedra
para que el mundo la vea a lo largo de los años.
Tomó una profunda inspiración y entonces exhaló lentamente:
—Eres… arte.
Mi piel se puso de gallina mientras el sonrojo subía por mi
cuello. Mis labios se abrieron y mis orejas quemaban.
¿Qué diablos acababa de decir?
—Quiero saber más sobre ti, Mina, pero ya es tarde y tengo
una cita por la mañana.
Me pregunté si me dejaría sola en la casa o si me llevaría con él.
Se metió bajo las sábanas y apagó su lámpara. Lo escuché
removerse y me di cuenta que esperó hasta estar cubierto antes
de quitarse sus pantalones, los cuales aterrizaron en el suelo con
38
un golpe sordo. Estaba segura que era más por mi propio
beneficio que el suyo. Después de todo, no tenía problemas
quitándose su camisa frente a mí.
Aprecié el pequeño gesto. Algo de la tensión restante se
deslizó fuera de mí. Realmente parecía un chico agradable. Pero
aun así, no conocía a este hombre, y después de todo lo que
había hecho por mí, mi mente me advirtió de estar alerta con él.
Después de todo, nadie era así de considerado.
Encontrando el interruptor, apagué la lámpara de la cama y
me hundí en las sábanas. Estaba tan cálido y acogedor que podía
haber llorado. No había tenido una cama en meses.
Mis ojos se volvieron pesados y parpadeé lentamente. Fue
entonces cuando las palabras se me escaparon sin permiso.
—¿Lev? —Gruñó adormilado en respuesta—. Si tratas de
colarte en esta cama esta noche, gritaré “sangriento asesino” y
grito fuerte.
Sonó divertido cuando respondió:
—Ah, pero Mina… —hizo una pausa para dar efecto—,
¿quién estará alrededor para escucharte?

***

La mañana llegó y casi como todos los días me desperté con el


sol.
No había dormido tan bien desde… bueno… nunca. Me sentí
descansada y renovada. Parecía que no podía encontrar la
fuerza para dejar las cálidas sábanas de la cama, pero el baño
me llamaba de una semi urgente manera. Pensé despertar a
Lev para preguntarle dónde estaba el baño dado que no había
uno en su suite, pero decidí no hacerlo. No quería ser una
molestia.
Quitado las sábanas, me deslicé fuera de la cama y caminé
de puntillas hasta la puerta. Tiré de la manija, pero se atrancó.
Frunciendo el ceño, miré abajo para ver una llave dentro de la
cerradura.
¿Por qué esta puerta se cerraba desde dentro?
No tenía tiempo de pensar en ello. Suavemente la giré y
escuché el seguro abrirse, y afortunadamente la puerta cedió sin
ningún chirrido. Me deslicé a través de ella, sin ser detectada.
Caminé delicadamente por el corredor, abriendo puertas
mientras caminaba. Las primeras dos estaban cerradas. Tuve
suerte con la tercera. Era exactamente lo que necesitaba y me
tomé mi tiempo, agradecida por tener un momento para mí.
Mi tiempo en las calles significaba que estaba acostumbrada
a mi propia compañía. Se sentía extraño estar alrededor de
gente. Suponía que era algo con lo que tendría que estar
cómoda rápidamente, viendo que iba a trabajar sirviendo bebidas
a la gente. Se esperaba que los camareros fueran sociables, y
mentalmente
juré hacer lo mejor para no ser torpe. 39
Me levanté del baño, lavé mis manos, abrí la puerta y grité. Alto.
Lev estaba de pie ahí, vestido sólo con un par de bóxers
grises, inclinado contra la pared, parpadeando con sus ojos
adormilados.
Apretando mi acelerado pecho, jadeé.
—Necesitaba usar el baño.
Su voz pesada por el sueño, murmuró:
—Ya lo veo.
Mis mejillas comenzaron a quemar.
—No me enseñaste donde estaba el baño
la otra noche. Parpadeó de nuevo.
—Me di cuenta de eso.
Mis palmas comenzaron a sudar. Con los ojos muy abiertos, solté
ansiosamente:
—No estaba robando nada.
Sus ojos recorrieron mi cuerpo vestido sólo con una camisa.
—No, no se ve como que lo estés
haciendo. Entonces sentí la
necesidad de recordarle.
—Dejé tu reloj en el mostrador del baño.
Hizo un gesto con mi barbilla hacia abajo señalando a su
muñeca… donde el reloj estaba, asegurado apretadamente.
—Está bien —susurré con alivio. Tragué fuerte asintiendo—. Bien
entonces.
Alejándose de la pared, se estiró lánguidamente de una forma
felina. Espié los músculos de su abdomen apretándose de la
forma más deliciosa. Mis ojos fueron atraídos al camino de vello
que llevaba debajo de su ombligo hacia abajo.
Entonces fue cuando me di cuenta que estaba mirando
directamente a su polla cubierta. Con un pequeño jadeo, levanté
la cabeza y miré su pecho.
Se rascó ligeramente la barba de su mandíbula de acero.
—Deberíamos vestirnos para desayunar.
¡Sí!, gritó mi mente. ¡Las ropas son buenas!
Lo seguí hacia la habitación y vi mi ropa doblada
ordenadamente en la mesita de noche. Debió de haberlas
sacado de la secadora en la mitad de la noche.
La pila era pequeña. Revolví entre ella, mis cejas frunciéndose en
confusión.
—¿Dónde está el resto de mi ropa?
Caminando hacia el armario, respondió fríamente.
—Donde pertenecen. En la basura.
40
La furia se encendió a través de mí, pero hablé calmadamente.
—Esa era toda la ropa que tenía.
—Lo sé.
Claramente molesta, me puse mí único par de bragas limpias
debajo de la larga camisa. Mis pantalones negros les siguieron,
y poniéndome de espaldas al armario, me saqué la camiseta
negra y la remplacé por mi camiseta blanca. Miré hacia abajo y
maldije en voz baja.
Mis pezones habían salido a decir hola.
—¿Dónde está mi sostén?
Él salió del armario, aún en bóxers, y haciendo sus cosas sin
mirarme murmuró:
—Te lo dije. En la basura.
Alzando la camisa negra para que cubriera mis
protuberancias femeninas, jadeé en sorpresa antes de espetar.
—¡Era el único que tenía!
—Estaba roto.
—Hacía su trabajo —respondí, cayendo en la histeria.
Escuchando mi molestia, giró su cara para mirarme y
después le dio una mirada a mi pecho antes de alzar una ceja.
—No necesitas un sostén.
Mi cara ardía. Coloqué mis brazos a mi alrededor tan fuerte
como pude sin doblarme sobre mí misma.
Bueno, eso fue grosero. Simplemente debió haberme dicho
que mis tetas eran pequeñas y que uno necesitaba bajar mis
pantalones para asegurarse de que era, de hecho, una chica.
Hombre, este chico estaba haciendo maravillas con mi autoestima.
—Necesito ducharme —anunció—. Y tú esperarás justo aquí.
Mi hosca respuesta de “Señor, sí, señor” fue cortada mientras
la puerta del baño se cerraba detrás de él.
Genial. Simplemente genial.
Esperé obedientemente en el borde de la cama y
silenciosamente me pregunté sobre mi decisión de tener fe en
este hombre.
No sabía que era una terriblemente buena idea.

41
Traducido por Gigi D

Mina
ev, recién bañado y vestido con un traje gris de tres
piezas sobre una camisa blanca impecable, me llevó
por la puerta trasera de su casa, pasando por un camino
hacia una casa aún más grande.
Caminamos en completo silencio, pero mientras nos acercábamos
a la puerta,
me ordenó en voz baja: 42
—No hables.
Acomodando el enorme suéter de cachemira que me prestó,
asentí, permitiéndole llevarme de la mano por un vestíbulo
idéntico al suyo y a la derecha, hacia un enorme comedor. Había
una bandeja con fruta en el centro de la mesa con un jarrón
decorativo a cada lado. Había un hombre sentado a la mesa
leyendo el periódico, un tobillo apoyado sobre su rodilla.
También llevaba un traje, pero a diferencia de Lev, tenía aspecto
intimidante.
Lo reconocí de inmediato. A este hombre le había robado la
billetera anoche. Era el hermano de Lev.
—Sasha —dijo Lev a modo de saludo mientras entrábamos
en el cuarto. Intenté quitar mi mano de la suya, pero la sostuvo
con firmeza. Tiré un par de veces más y finalmente, por
compromiso, apoyó mi mano en su codo.
El hombre, Sasha, no levantó la vista del periódico.
—Buenos días.
Levantó su taza de café y bebió. Aún leyendo, su ceño se frunció.
—¿Adónde desapareciste anoche? ¿Y dónde encontraste
mi billetera? No me di cuenta de que la había perdido hasta que
Anika me la devolvió.
—No la perdiste —respondió Lev—.
Mina la robó. Y mi corazón se
detuvo.
¿Qué mierda, Lev?
Oh Dios. Estaba en problemas.
—¿Y quién mierda es Mina? —murmuró Sasha
mientras levantaba el rostro. Al verme, me observó de
arriba abajo antes de volverse hacia Lev.
—¿Hay algún motivo por el cual estemos discutiendo esto
frente a… quien sea que sea ella?
Lev aclaró:
—Esta es Mina.
Mis palmas comenzaron a sudar. Casi me desmayé en ese
instante, pero clavé mis uñas en el brazo de Lev para
estabilizarme.
—Ah. Ya veo. —Sasha volvió a beber su café antes de
mirarme—. Siéntate. Por favor.
Su “por favor” no sonó como un pedido, sino como una
orden, pero aun así, habló suavemente.
Mi estómago se sintió chistoso de repente. Miré a Lev con
ojos como platos y susurré:
—¿Es una trampa?
43
Mirándome, palmeó la mano en su codo, sacó una silla y me
ayudó a sentarme.
—Relájate. Sólo estamos charlando.
Sasha dobló el periódico y lo apoyó en la mesa frente a él.
—Entonces, Mina, ¿robar billeteras es un hábito tuyo?
—No —respondí suavemente por el dolor
de mi garganta. Entonces Lev habló.
—Tenías setecientos dólares en
tu billetera. Sasha miró a su
hermano.
—Soy consciente de eso.
Lev se estiró hacia la bandeja de fruta, tomó con cuidado
un puñado de frutas, y se metió una en la boca. Masticando,
gesticuló hacia mí.
—Sólo tomó cien. —Se metió otra uva en la boca—. El resto lo
dejó.
Sasha alzó las cejas de una forma similar a como había
visto hacerlo a Lev. Me miró con dureza.
—No eres una buena
ladrona. Lev giró la
cabeza para mirarme.
—Eso es porque no es una ladrona.
—Ya veo —murmuró Sasha mientras se rascaba la barbilla—
. De acuerdo. ¿Y por qué está aquí?
Fruncí el ceño. No me gustaba que hablaran de mí como si no
estuviera.
—Se quedará conmigo hasta que recupere su camino. La
contraté. Es la nueva chica del bar. Y con su historial, estoy
seguro que podrá detener los problemas antes de que
comiencen. Me asistirá a mí.
Lev miró a su hermano y dijo llanamente:
—Mina no tiene hogar. Robó el dinero porque estaba hambrienta.
—Ya veo. —Pero Sasha no parecía verlo. Además, me
miraba como si fuera una cucaracha que deseara aplastar.
Habló directamente con Lev:
—Tú serás el responsable si ella la caga. Iré por tu
trasero, hermanito. Lev me miró.
—No la cagará. Tiene mucho que perder.
Quería protestar. Quería explicar que una persona sin nada
no tenía nada que perder. Pero guardé silencio. Esta charla era
sobre mí, no conmigo. Claramente.
Y entonces Sasha se dirigió a mí:
44
—Creo que ya habrás adivinado que mi nombre es Sasha. Y
aunque Lev está a cargo de los pisos en Bleeding Hearts, soy el
jefe. —Tomando un tenedor, me señaló con él—. Aquí no hay
nada de esa mierda de “tres errores y te vas”, pequeña. Una
cagada, y te vas. Sin segundas oportunidades.
No respondí, simplemente porque no quería decirle que se
metiera el tenedor por el trasero. Pero ante el silencio
prolongado, comprendí que era necesaria una respuesta.
—Entiendo.
Sasha sonrió, y pude ver lo apuesto que era.
—Me alegro. Bienvenida a bordo.
Él y Lev eran parecidos, sólo que Lev era más alto, y Sasha
tenía más músculo. Ambos tenían cabello oscuro, peinado
elegantemente. Ambos tenían ojos del color del coñac. Ambos
tenían labios carnosos, y ambos llevaban sus trajes muy bien.
Desde ese momento Sasha me ignoró. Aunque sí habló con Lev.
—Te necesito hoy. ¿Tienes un momento
después del almuerzo? Lev comió otra uva y
se me hizo agua la boca.
—Sí. ¿Has pensado en la idea del curso de primeros auxilios que
propuse?
No había comido fruta fresca hacía mucho. Quería sentir el
jugo dulce para ver si era como lo recordaba.
Sasha respondió:
—Sí. Lo vamos a hacer. Todo el personal de seguridad y de
la barra lo hará. Mientras van rotando pueden elegir un día libre
para hacerlo, y se les reembolsará su tiempo. —Hizo una
pausa—. ¿Y Lev? Alimenta a tu maldita mascota antes de que
colapse.
Mirando a Sasha, salté en defensa de Lev.
—No tengo hambre.
Justo cuando lo decía, mi estómago gruñó de la forma más
escandalosa posible.
Y duró lo que parecieron días.
Me volví a Lev, con las mejillas encendidas.
—Estoy bien, de verdad.
Pero él estaba frunciendo el ceño, pareciendo avergonzado.
Se inclinó hacia mí y habló muy bajito:
—Lo
lamento.
Le
susurré:
—No te disculpes. Has sido muy generoso, Lev. —Me estiré para
apretar su
brazo—. No podré agradecértelo lo suficiente.
Murmuró en voz baja: 45
—Desearía que me hubieras dicho que tenías hambre. No
soy muy bueno leyendo a la gente, Mina.
¿Cómo había cambiado tan rápido la situación? ¿Por qué yo
me sentía culpable? Ante su expresión de tortura, me
disculpé. Obviamente estaba avergonzado.
—Lo siento. Es que has sido tan amable, que no quiero parecer
desconsiderada.
La próxima vez te lo diré, lo prometo.
Asintió mientras una mujer de cabello gris con gafas y vestida
de negro entró sosteniendo un plato de huevos y tocino con setas
salteadas. Olía increíble. Lo apoyó frente a Sasha y le sonrió a
Lev.
—Buenos días señor Leokov. ¿Qué le
gustaría hoy? Lev curvó los labios.
—Buenos días Ada. Me gustaría un omelette. Y Mina quiere…
Los tres me [Link] esperó pacientemente
y Adame sonrió alentadoramente. Sasha me
miró como un halcón.
—Oh —dije—. No soy exigente. Cualquier
cosa estará bien. Ada rió.
—Cualquier cosa no es una comida, cariño. —Sonrió—.
Puedo hacerte huevos y tocino, panqueques, tostadas, waffles,
avena o cereales, o tengo algunas tortitas recién horneadas.
¿Cuál prefieres?
Le sonreí.
—Huevos y tocino suena genial.
Ya estaba salivando al ver el plato de Sasha.
—¿Revueltos?

Claro.
Me
guiñó.
—Volveré enseguida.
No me sorprendo fácilmente, pero lo que sucedió a
continuación me dejó sin habla. Sasha se puso de pie con su
plato, caminó alrededor de la mesa, y lo puso frente a mí. Volvió
a su asiento, se reclinó, y todo sin una sola palabra.
Miré el plato un momento antes de volver a mirarlo a él. Me
miró, sus ojos cortantes, y me pregunté si este hombre era tan
duro como hacía creer.
—Gracias —dije sinceramente, con suavidad.
Rompió el contacto visual, levantó su periódico lo suficiente 46
para no verme, y siguió leyendo.
—De nada.
Comí despacio, saboreando cada bocado de los esponjosos
huevos revueltos, las suaves y condimentadas setas, y el
crocante tocino. Era perfecto, y en secreto deseaba caminar
hasta la cocina y abrazar a Ada.
Lev me vio comer. Lo hizo tan obvio que sin darme la vuelta
ni dejar de comer, lo notaba.
Estaba llevando otro bocado a mi boca cuando oí la puerta
abrirse. Una mujer gritó:
—¡Estoy en casa!
La comida se sintió de repente más pesada en mi estómago.
A las mujeres nunca les gustaba. Encontraban algún problema
conmigo, y nunca podía entender por qué, ya que intentaba ser
amable con todos.
Una morena alta y despampanante con cabello ondulado, una
enorme boca y brillantes dientes blancos entró en el comedor
empujando un carrito con una adorable niñita en él. Llevaba
jeans, tacones altos y un suéter color caramelo. Sus ojos se
posaron inmediatamente sobre mí. Su sonrisa cayó.
—Lo lamento. No sabía que teníamos compañía.
Avanzando, se inclinó para besar a Lev en la mejilla y murmuró:
—Hermano. —Se volvió e hizo lo mismo con Sasha. Ambos
aceptaron con gracia sus besos. Ella no tenía que aclarar que
Sasha y Lev eran sus hermanos. Cualquiera podía ver la relación.
Caminó al asiento más alejado, acercando el cochecito hacia
ella, desabrochando a la niña y sacándola.
—Soy Nastasia —murmuró
distraídamente. Lev respondió
por mí mientras masticaba.
—Esta es Mina, la nueva chica del bar. —Y
entonces hizo lo increíble. Sonrió.
Era una sonrisa amplia y brillante y perfecta. Sus dientes eran
blancos y perfectamente derechos. Tenía un único hoyuelo
marcado en su mejilla, y su rostro se transformaba por él.
Mi Dios.
Mi corazón tembló al notar lo hermoso que era Lev. Quiero
decir, siempre me pareció atractivo, pero ahora era algo increíble.
Delicioso.
La mujer, al ver la sonrisa de Lev, le dio a la niñita y de nuevo,
me sorprendí de que él la aceptara sin quejas, sentándola en su
regazo y abrazándola suavemente antes de besarle la cabecita. 47
Nastasia me miró de nuevo, su sonrisa desvaneciéndose. Me
recibió al igual que Sasha. No estaba segura de mí. Y yo no la
culpaba.
Su pequeña sí que era hermosa. Tenía los ojos claros de la
familia y el cabello oscuro, pero su cabello se elevaba en
hermosos rizos y ahora lo llevaba recogido en dos coletas. Era
difícil mirarla y no sonreír. Era adorablemente regordeta, y tenía
pestañas tan largas que parecía una muñeca de porcelana.
La mirada de Nastasia se volvió dolorosa. Necesitaba hacer algo y
rápido.
Me puse de pie y me detuve a un metro de ella. Me miró, y
alzó una ceja. Estiré mi mano.
—Lo lamento, es que estaba comiendo. No quería ser
descortés. Me llamo Mina. Sus ojos se entrecerraron ante mi
mano y después de un instante, la tomó.
—Llámame Nas. Todos lo hacen.
Ella liberó mi mano y yo me senté, tomando mi tenedor. Miré
a Nas, quien observaba a su hermano y a su hija con ternura. No
pude evitar sonreírle.
—Es preciosa.
—Lo sé. —Nas sonrió suavemente—.
Y ella también. Sasha se puso de pie,
caminando hacia Lev.
—Dame a mi niña.
Lev se la pasó, y Sasha le besó la mejilla con amor, hablando
suavemente en su oído mientras ella le quitaba el pañuelo
decorativo y se lo metía en la boca. De repente me sentí
confundida. ¿De quién era ella?
Ada trajo otro plato y, al ver el que estaba frente a mí, sonrió
y le dio a Sasha el plato. Mientras pasaba frente a Nas se inclinó
y le besó la frente antes de dejar otro plato frente a Lev. Mientras
se dirigía a la puerta le preguntó a Nas:
—¿Quieres algo querida?
Nas de repente parecía cansada.
—No, comí en el avión. Pero
gracias Ada. Lev dijo:
—Me gustaría preguntar por qué llegaron antes, pero siento
que ya sé la respuesta. ¿Cómo estuvo el vuelo? ¿Lidiya molestó
mucho?
Entonces la niña comenzó a hablar.
—Iiya. Iiiiiya.
Iiiiiiiiiya. Miró a
Sasha y dijo:
—Asha. Mi diiiya. Aiiiya. —Miró a Lev y metió una mano en la
boca de Sasha.
Me sorprendió que no ofreciera resistencia y simplemente sonriera—.
Papá. Papá. —Y
luego de Nas—. Iiiiia. Iiiiiia. Mi ia. Ia. 48
Y entonces me miró, parpadeó y se volvió hacia Sasha
murmurando un dudoso:
—heeena.
Sasha sonrió levemente y Lidiya mostró una sonrisa llena de
dientes, sus ojos sonriendo igual que los de Lev.
Me volví hacia Lev y sonreí.
—Se parece a ti.
Se volvió hacia mí, sus ojos divertidos.
—Eso tiene sentido. —Hizo una pausa antes de añadir—, después
de todo, es mi
hija.
Traducido por nikki leah

Mina

astasia condujo en silencio, y yo estaba agradecida


por la canción en la radio por hacer una situación
ridículamente torpe un poco menos torpe.
Después de que Lev me dijo que Lidiya era su hija,
dejándome oficialmente 49
sorprendida, la conversación tomó un giro rápido cuando Lev se quedó
con la niña,
se acercó a su hermana, la besó en la mejilla y le dio las gracias
por traer a Lidiya a casa. Las siguientes palabras que salieron de
la boca de Nas estaban en otro idioma. Aunque habló en voz
baja, las palabras sonaron duras. Sasha se unió a la
conversación, y Lev respondió fácilmente. No podía estar segura,
pero pensé que podrían estar hablando de mí. Cuando los tres
se volvieron para mirarme, se hizo evidente que tenía razón.
¿Muy grosero, chicos?
Lev besó la cabeza de su hija, pero me habló.
—Necesitas algo que ponerte esta noche, y me temo que la ropa
que tienes no es apropiadas. Nastasia te llevará de compras. Compra
lo que necesites.
¿Comprar ropa? ¿Con que? ¿Con amor?
—En caso de que no lo hayas notado, no
tengo nada de dinero. Su frente se arrugó.
—Sé que no tienes. Nastasia tiene mi tarjeta de crédito.
Compra lo que mi hermana piense que necesitas.
La protesta comenzó incluso antes de que hablara.
—No puedo aceptar eso. Ya has hecho demasiado.
Sasha me miró de cerca, buscando en mi rostro un signo de
engaño, pero lo decía en serio. Los duros ojos de Nastasia se
suavizaron, pero sólo ligeramente. Lev me miró fijamente.
—Tiré tu ropa con la intención de reemplazarlas. Por lo
menos, necesitarás vaqueros y una chaqueta de tu talla. —Él
suspiró, irritado—. Ni siquiera tienes ropa interior.
Eso era cierto. Hizo tirar mi ropa, dejándome con poco para
trabajar. Mis hombros cayeron.
—Bien, bueno, ¿qué tal si lo llamamos un préstamo? Puedes
retirar de mi sueldo lo que gaste hoy.
Las caras de los tres adquirieron una mirada
de incredulidad. Nadie habló hasta que Lev
dejó escapar un firme:
—No.
Me puse de pie muy recta, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Voy a devolvértelo, Lev, te guste o no. —Después de
una breve pausa, admití en voz baja—. No me gusta deberle
nada a la gente.
Nastasia puso los ojos en blanco y gimió, tomando mi muñeca y
arrastrándome
hacia la puerta. 50
—No te molestes, niña. Él no va a ceder.
Ahora, mientras nos conducía en silencio, me deslicé más
en mi asiento y suspiré.
—¿Hay alguna posibilidad de que me dejes tomar prestado
algo de ropa tuya y decirle a tu hermano que la compramos?
Ella me miró, y sus ojos cubiertos por las gafas de sol le
daban un aspecto de modelo, ojeó por encima de ellas. No me
perdí la ligera curvatura de su labio.
—Soy todo un metro más alta que tú, y pesas menos que
yo. Además, no les miento a mis hermanos.
—Genial —murmuré.
Unos pocos minutos de silencio y luego ella comenzó:
—Oye, no te conozco, así que no hay delito ni nada, pero
si jodes a mi hermano…
No la dejé terminar. Con mis hombros rígidos la interrumpí:
—No he conocido a tu hermano por más de doce horas, pero
en ese tiempo, él ha sido muy amable conmigo, y preferiría
comerme mi propia lengua que hacer algo para hacerle daño.
Silencio.
—No muchas mujeres tendrían las bolas para hablarme con
tanta audacia, y mucho menos interrumpirme.
Sus labios fruncidos por la sorpresa.
Tal vez era un cumplido, pero todavía estaba enojada por su
suposición.
—Tu hermano parece un hombre inteligente. Y él está
siempre un paso por delante de mí. Me gustaría pensar que sabe
lo que está haciendo, aunque no sé por qué lo está haciendo.
Tu hermano no lo sabe, pero él me salvó la vida.
Se movió por la carretera, indicando a la izquierda, y entrando
en el estacionamiento del centro comercial.
—Voy a golpearte si haces cualquier cosa para que él se arrepienta
de eso.
Colocando mi barbilla en mis nudillos, miré por la ventana del
pasajero y refunfuñé.
—Entendido.

***

La tienda de ropa donde Nas me llevó no se parecía a nada 51


que hubiera visto antes. Al entrar, nos sirvieron champán, que
bebí una vez antes de dejarlo a un lado, porque sabía a mil culos
melosos. La empleada se quedó allí, evaluándome mientras Nas
le decía lo que necesitaba.
Me metí en un vestidor que olía a flores silvestres y era del
tamaño de una habitación individual, con tres atuendos en la
mano. Tan pronto como me desnudé, Nas abrió la puerta y entró.
Chillando, utilicé mi brazo para cubrir mis tetas y susurré:
—¿Qué demonios estás
haciendo? Ella resopló.
—No tienes nada que no haya visto antes, Kulka. —Ante mi
claro pánico, giró los ojos—. Relájate, Max. Sólo quería ver cómo
te quedaba la ropa.
—Date la vuelta —
pedí. Ella me miró
atentamente.
—Jesús. —Finalmente se volvió—. ¿Tan
mojigata? Alcanzando el vestido más
cercano, lo tiré sobre mi cabeza.
—Puedes darte la vuelta ahora. —Me miré en el espejo. El
vestido era negro, apretado, e innegablemente atractivo,
pero…—. Esta no soy yo.
Nas se acercó más, tirando de la prenda, con el ceño fruncido.
—Creo que es una especie de punto, ¿no? —Dio un paso
atrás, evaluando el vestido en mí. Negó con la cabeza—. No, no.
No está bien. Prueba otro.
Se dio la vuelta antes de que pudiera preguntarle y estaba
agradecida. Me quité el vestido negro y me probé uno blanco.
En gran medida el mismo estilo, ajustado y entallado, pero éste
tenía un estilo lápiz en la parte inferior. Me gustó.
Por la forma en que Nas sonrió, le gustaba también.
—Sí. Ponlo en la pila de sí.
Después de probarme en el resto de la ropa, estaba claro que
nada más se veía bien en mí. Nas se quebró bajo la presión,
gruñendo:
—Eres tan jodidamente delgada. Pareces enferma.
Lo dijo con ira, y sabía que no debería habérmelo tomarlo a
pecho, pero lo hice. Volviendo mi espalda hacia ella, escondí mis
ojos brillantes, parpadeando las lágrimas de vergüenza. Sabía
lo que parecía. No necesitaba recordatorios. La forma en que
me veía me ponía enferma. Sabía que parecía enferma. Me
sentía enferma.
¿Pensaba que tenía una opción?
—Oye —pronunció en voz baja y luego añadió con
torpeza—, lo siento. Asentí, todavía de espaldas a
ella. Ella suspiró.
—Me llevaré el que te gustó y probaremos en otro lugar, ¿de
acuerdo? 52 y
El pestillo de la puerta se cerró suavemente detrás de ella,
rápidamente me
cambié a mis jeans demasiado grandes, mi desaliñada camiseta
blanca y el enorme suéter de Lev, deslizándome en mis chanclas.
Desde fuera de la puerta, escuché a Nas hablar con la
empleada.
—Vamos a llevarnos esto. El resto lo pensaremos.
—Muy bien —afirmó la empleada—. Ese será 849 dólares$
¿Cómo va pagar hoy, señorita?
Antes de que Nas pudiera responder, volé fuera del vestuario con
rabia.
—¿Has perdido la cabeza?
La empleada inhaló mientras Nas miraba abiertamente hacia mí.
—¿Cuál es tu jodido problema?
—¡No! —grité.
Mirando directamente al empleado, escupí:
—Ese vestido no vale tanto dinero. ¿Sabes a cuántos niños
que mueren de hambre podrías alimentar con 800 dólares? ¿Lo
sabes? —Con mi voz temblorosa, murmuré—. Qué vergüenza.
Sin esperar una respuesta, salí de la boutique, mis pies
apresurándose para llegar a algún lugar, cualquier lugar lejos de
allí. No llegué muy lejos antes de que Nas viniera corriendo tras
de mí.
—¡Oye! Espera, pequeña tonta.
—Vete a la mierda. —Volví la cabeza, silbando.
Ella me atrapo, gracias a sus ridículamente largas piernas.
—Así que el gatito tiene garras. —Sonrió—. Podríamos
llevarnos bien después de todo.
Caminamos una al lado de la otra, y pacientemente,
dejándome alejar la ira. Se echó a reír y la miré.
—¿Qué?
Parándose, se echó a reír con más fuerza, agarrándose el
estómago y secándose las lágrimas de risa. Cuando consiguió
calmarse, se rió disimuladamente.
—Debiste haber visto la cara de esa perra engreída después de
que te fuiste.
Se enderezó, poniendo una mano en su pecho, e imitó a la
empleada de la tienda:
—¡Bueno, jamás!
No pude evitarlo. Solté un bufido. Me reí suavemente,
luego más fuerte, hasta que estaba carcajeándome con
hilaridad.
—Por lo menos le di algo de qué hablar con sus amigas
engreídas.
53
Nos encontramos un banco y me senté, Nas se sentó a mi lado.
—Entonces —comenzó—, ¿qué vamos a hacer con la
situación de la ropa? —Abrí la boca, pero ella contuvo su palma
hacia arriba para detenerme—. Antes de que te lances, vamos a
tener que hacer un compromiso.
Mordí el interior de mi labio, mientras se me ocurrió una solución
adecuada.
Con un suspiro, levanté mi brazo en la dirección de la boutique.
—No necesito ese tipo de cosas. No gastaría tanto
normalmente. ¿Sabes cuánto tiempo podría haber vivido en las
calles con 800 dólares?
Su rostro se suavizó, al igual que su tono.
—¿Cuánto tiempo llevas viviendo en la calle?
—Desde que tenía diecisiete. —Calculé rápidamente—.
Tengo veinticuatro ahora, así que durante unos siete años.
Ella asintió lentamente.
—¿Nunca solicitaste ayuda o
vivienda? Sacudí mi cabeza.
—¿Por qué? —
preguntó. Eché un
vistazo hacia ella.
—¿Respuesta honesta?
—Nada menos.
—Tardas entre unos dieciocho meses a unos dos años
conseguir que te la den. Era mucho tiempo para mí. —Un
pequeño encogimiento de hombros y luego lo tomé de
profundidad—. Supongo que nunca esperé vivir en la calle tanto
tiempo.
Nas se apartó de mí entonces, manteniendo sus ojos en el
suelo, contemplando algo. Nos quedamos en un cómodo silencio,
disfrutando inmensamente, cuando habló.
—Bueno, ¿dónde vamos después? Tenemos que
conseguirte algo para usar esta noche.
Solté un largo suspiro y luego sonreí.
—¿Algunas tiendas de segunda
mano por aquí? Su ceja se elevó.
—Ni muerta me van a atrapar en una de esas, y mucho
menos usando ropa de alguien más.
Rápidamente añadió:
—Sin ánimo de ofender.
—No me ofendí. —Mi sonrisa se convirtió en una mueca—. Dame
una hora.
Apuesto a que incluso puedo encontrar algo para ti. 54
Ella se burló.
—No es malditamente
probable. Mi sonrisa era
como la de un gato.
—¿Quieres apostar?

***

Nuestro viaje a la tienda de segunda mano duró casi dos


horas, y para el final de ello, Nas hablaba por los codos. Según
lo prometido, encontré algo que incluso ella no podría negar que
era increíble. Me arrebató la recortada chaqueta de cuero
italiano, y cuando la llevé al mostrador, me las arreglé para
regatear el precio a treinta dólares.
Nas miraba con los ojos muy abiertos, claramente
impresionada. Más tarde me dijo que al por menor, una chaqueta
como esa hubiera costado un mínimo de 400
dólares.
Tuve que admitir que lo hice bien bajo las circunstancias.
Algunas de las prendas que elegí eran ligeramente grandes
para mí, pero planeaba engordar un poco y recuperar el peso que
había perdido en el último año. Me decidí por unas camisetas
retro, un par de pantalones de mezclilla, un par de vaqueros
negros, una falda lápiz
negra a rallas, una blusa blanca que olía un poco como el armario
de una abuela pero se veía elegante y femenina, una camisa
negra, un suéter blanquecino (también demasiado grande), y un
par de pijamas amarillo brillante, que aún llevaban las etiquetas.
Después nos fuimos con las bolsas en la mano y Nastasia de
un considerable mejor humor, le pedí que me llevara a un
supermercado local, donde podría conseguir ropa interior,
calcetines, unos cuantos pares de tacones, chanclas y zapatillas
de deporte baratos, y un cepillo de dientes. Nas me ayudó a elegir
sujetadores de mi talla, y después de ver el lamentable estado de
mi cuerpo, ella se comprometió a poner un poco de carne en mis
huesos, asignando a Ada a mantenerme alimentada. Cuando
nos íbamos, pasamos en el mostrador de cosméticos, y Nas me
dijo que eligiera lo básico, preguntándome si sabía cómo hacer
mi propio maquillaje.
Sonreí para mis adentros.
—Había un centro comercial a unas pocas cuadras de mi
callejón. De vez en cuando me gustaba ir. Había una dulce
señora trabajando en cosméticos, y ella debía saber que no tenía
el dinero para gastar, porque se sentaba conmigo y me enseñaba
cómo aplicar mi propio maquillaje, diciéndome que podía venir en
cualquier momento para utilizar los probadores. Así que al final,
aprendí.
Elegir el tono apropiado de la base fue difícil, ya que estaba 55
muy pálida, pero Nas ayudó, escogiendo un ligero rubor,
delineador de ojos negro y máscara de pestañas, una paleta de
sombras de ojos, y un surtido de colores de brillo de labios.
Terminé.
Mientras caminábamos hacia el coche, le
pregunté, con cuidado de no regodearme:
—¿Cuánto gastamos en total?
Nas intentó miró hacia mí de reojo.
—Un poco más de unos ciento ochenta dólares,
culo inteligente. Ciento ochenta dólares.
Lo devolvería. No importaba cuánto tiempo tardara.
Mientras conducíamos, Nas me sorprendió bostezando. Codeó mi
hombro.
—Oye. No te atrevas a quedarte dormida. Hay una parada
más que tenemos que hacer.
A mitad de bostezo, gruñí:
—Estoy tan cansada.
—Puedes tener una siesta cuando vuelvas a la casa. Es
probable que lo necesites. Tu turno probablemente
terminaría alrededor de las dos a.m.
Necesitaría una siesta. No lo haría hasta las dos a.m. sin dormir.
—¿A dónde vamos?
Ella sonrió con picardía.
—Ya lo verás.

56
Traducido por HeythereDelilah1007

Lev

¿
or qué estaban tardando tanto?
Revisé mi reloj. Decía que eran las tres y
treinta y seis de la tarde. No era sorprendente, 57
sólo habían pasado cinco minutos desde la
última vez que miré.
Sacando mi teléfono, toqué sobre el número de Nastasia y
presioné marcar justo en el mismo momento en que su Mercedez
Benz E44 Cabriolet estaba estacionándose en la entrada. El
coche era un regalo reciente de mi parte por su treintavo
cumpleaños. Por la manera en la que lo conducía, podría pensar
que lo odiaba.
Mi mano estaba en la manija de la puerta antes de que
cualquiera de las chicas hubiera abierto una de las suyas. Dudé,
no queriendo que pareciera como si hubiera estado ansioso.
Nastasia abrió su puerta primero, y mis cejas se levantaron con
el sonido de su risa. Mi hermana solo tenía una amiga, Anika. A
Nastasia no le gustaban las mujeres. Verla riéndose
abiertamente con otra mujer me confundía.
Salió Mina, y todo mi aliento me dejó rápidamente. Se veía
hermosa. Usando unos jeans azules ajustados y una blusa
blanca y suelta, desabotonada un poco demasiado, haciendo que
mi mente actuara erráticamente.
Su largo y ondulado cabello acababa de ser cortado y alisado,
brillantemente cayendo en cascada por su espalda. Se había
aplicado rímel ligeramente en sus pestañas, enmarcando sus
grandes ojos verdes. Sus labios brillaron con la luz del sol.
Seguía estando demasiado delgada, pero como le había
dicho la noche anterior, no se podría esconder de mí. Retrocedí
mientras la puerta voló abierta. Nastasia sonrió.
—Hola, hermanito.
Ella se movió a un lado, sus brazos extendidos hacia Mina.
—¡Ta Da! —Esperó. Y esperó. Pero todo lo que yo podía
hacer era mirar fijamente.
Finalmente, mi hermana cedió a la irritación.
—¿Y bien? ¿Simplemente te vas a quedar ahí parado? —
resopló—. ¿Cómo se ve,
Lev?
Mina me miró a través de pestañas bajas, mordiendo el interior de
su labio.
Estrujó sus dedos, y me pregunté cómo se sentiría tener esos
dedos pasándome por el cabello.
¿Cómo se veía?
—Como una obra de arte —le respondí sinceramente.
Mina parpadeó, liberando el interior de su labio. Su boca se abrió
ligeramente.
Esos labios llenos llamándome a probarlos.
Ella dejó escapar:
—Nas me llevó a un salón de belleza elegante. Me
maquillaron y me peinaron. — Sacó sus manos para mostrarme
sus uñas pintadas—. Me hice la manicura y la pedicura, también.
Luego me delinearon las cejas y me depilaron las pier…
Dándose cuenta de que estaba divagando, sus mejillas se
volvieron rosadas y 58
terminó rápidamente con un:
—Pero tú no quieres saber
nada de eso. Y todavía, yo la
miraba fijamente.
Tomando un montón de bolsas, caminó más allá de mí, la
parte superior de su brazo pasando contra mi pecho.
—Llevaré estas arriba. —La miré caminar por las escaleras
en sus tacones. Caminaba como un becerro recién nacido.
Nastasia susurró:
—Estamos trabajando en eso. Dale tiempo. Esto es todo muy
nuevo para ella.
—No he dicho
nada. Mi
hermana se rió.
—No hubo necesidad, Lev. Contigo nunca hay necesidad. —
Sacudió una mano delante de mi cara—. Está todo escrito ahí,
plano y simple, para que el mundo lo vea.
La seguí a la habitación familiar, donde Lidiya estaba jugando con
sus muñecas.
—Deduzco que las cosas fueron bien hoy.
—Al principio no, pero —me sonrió—, me divertí. Fue
divertido. Fuimos de compras, hicimos cosas de chicas, paramos
para comer algo, y luego… —Hizo una pausa—. Está bien,
entonces terminamos lo que estábamos haciendo, y le pedí a
Mina que me mostrara dónde vivía. —Su cara se oscureció—. No
sé cómo alguien pudo haber vivido así durante siete años.
¿Siete años? ¿Había vivido así por siete malditos años?
Eché humo en silencio, queriendo matar a golpes a la
persona que la puso en esta posición, e iba a descubrir quién
era.
—Estábamos por la zona, y de repente gritó “¡Detente!” así
que, por supuesto, me asustó como el demonio y me detuve. Ella
salió del coche con su almuerzo y persiguió a este pequeño
ladrón adolescente. Él era solo un niño, Lev. —Sacudió su
cabeza—. Entonces estaba observando y, finalmente, el niño se
detuvo. Se veía casi dispuesto a aplastar cabezas. Pero
entonces, la reconoció. Hablaron. Ella le pasó su sándwich. Él le
sonrió. Ella saludó con la mano, volvió al coche, se subió, y actuó
como si nada hubiera pasado.
—Ya veo. —Lo vi desde el principio. La chica no era una
ladrona. Tenía razón sobre ella.
Nastasia me miró fijamente a los ojos.
—Me gusta, Lev. Es una buena persona, ¿sabes?
—No. No lo sé. No todavía.
Pero pretendo averiguarlo.
59
Traducido por Vanehz

Mina

—¿
ina? —Oí vagamente.
No estaba interesada. Sin embargo,
me removí más entre las mantas, 60
desesperadamente esperando que se
fundieran conmigo, así no tendría que
irme.
—Es hora de despertar, Ratón.
Sacando mi barbilla del edredón, gemí larga y dolorosamente.
—Cinco minutos más.
—Debes recordar que dijiste lo mismo las últimas tres veces
que traté de despertarte.
Oh. Era cierto.
Todo regresó a mí.
Lev había estado tratando de levantarme por unos veinte
minutos, pero cada vez que juraba que estaba despierta y bien
para que se fuera, caía dormida otra vez.
Espié hacia él. Estaba de pie junto a la cama, luciendo y
oliendo frescamente a limpio. Su mandíbula era oscura por la
barba de tres días, y su ligera colonia olía comestible. Mi
respuesta fue apagada contra la cama.
—Está bien, estoy despierta. Dame cinco minutos.
—Te los daría, pero has probado ser bastante embustera en
ese frente —acusó ligeramente.
Traté de fruncir el ceño, pero mis ojos somnolientos seguían
parpadeando, arruinando el efecto. Sus ojos, del color de la miel
caliente, se contrajeron en las comisuras mientras me miraba.
Sabía que había una sola cosa que hacer. De un solo golpe,
las mantas volaron fuera de mí y me senté, sacudiendo mi
cabeza para aclararla del sueño.
—Está bien. —Me puse en pie—. Síp. Eso lo consiguió. Estoy
despierta. —Pero mientras, mis ojos empezaron a cerrarse otra
vez. Murmuré—: Estoy despierta de alguna forma.
—¿Qué llevas puesto? —preguntó, su disgusto era claro.
—Mi nuevo pijama. —Miré hacia abajo al pijama amarillo
canario y de vuelta a él un poco a la defensiva.
Me miró de arriba abajo y no en buena forma.
—Es horrible.
Mi nariz se arrugó.
—No lo elegí porque fuera bonito. Es cómodo.
No me atrevía a decirle que estaban en oferta a cuatro dólares.
—Nueva, debo añadir.
Mis ojos se habían cerrado otra vez, maldición.
Lev obviamente nunca había tenido un problema en su vida,
porque su larga y
cálida mano estaba repentinamente en mi frente.
61
—¿Estás segura de que estás bien? Pareces
letárgica. Levantando mi mano, empujé la
suya gentilmente y me burlé.
—Estoy bien. Es esta cama. Es mágica. No quiero dejarla
nunca. Si pudiera, comería en esta cama. Es la cama mágica.
Sonreí somnolienta hacia él, pero todo lo que podía enfocar
era su duro ceño. Sacudió su cabeza.
—No, no creo que estés bien para trabajar esta noche.
Quizás la próxima semana.
Me quedé quieta.
—Espera, ¿qué?
Bien, eso tenía el efecto esperado. Me disparé fuera de la cama.
—Estoy bien. Me siento bien. Sólo necesito…
Mi cerebro aún no se había despertado con mi cuerpo.
—No lo sé. Necesito algo.
—Café —
aportó. Podría
haberlo besado.
—Sí. —Esto vino en un largo suspiro.
—Ya está haciéndose. Quizás una ducha
podría ayudar. Estaba en lo cierto, por
supuesto.
Abriendo mis ojos tan amplios como podía, arrastré mis
pies hacia el baño. Habló tras de mí.
—Estaré escaleras abajo.
Mientras cerraba la puerta, me recordó:
—No trabes la puerta, Ratón. Odiaría que te durmieras y te
cayeras ahí.
Fruncí el ceño pero no me molesté en remarcar su descaro.
En vez de ello, rodé mis ojos, até mi nuevo cabello alisado hacia
arriba y salté bajo el cálido rocío, con cuidado de no mojar mi
rostro. Una vez despierta, me enjaboné, me enjuagué y salí.
Esta casa era como un enorme y cálido abrazo.
La cama era cómoda y caliente. La ducha era calentita. Las
luces del baño calentaban mi cuerpo desnudo, secándome
mientras estaba parada ahí, empapándome de pies a cabeza
como la luz del sol. Era como un hotel de cinco estrellas. O así
imaginaba que debía ser. Nunca realmente me quedé en un hotel
antes, mucho menos uno que fuera de cinco estrellas.
Mientras estaba parada ahí, desnuda, pensé en Lev y por qué me
había traído
aquí. Aún tenía que entenderlo. Parecía genuino en su gesto pero mi
historia me 62
había dicho que nunca conseguías nada por nada.
Estaba mentalmente lista para cuando el balón cayera.
Habiendo colocado mis ropas en el baño aquella tarde antes
de mi siesta, me vestí con lo que llevaba cuando regresé de mi
expedición de compras con Nas. Quitando el clip de mi cabello,
lo cepillé suavemente siguiendo las instrucciones de la estilista;
de otra forma, estaba destinada a tener frizz6. Aparentemente.
Lo que sea que significara esa mierda.
Mi maquillaje aún lucía bien. Estaba sorprendida por cuánto
maquillaje habían aplicado a mi rostro para conseguir ese look
“natural”.
Me reí de mí misma. Esto era absurdo.
Mientras dejábamos el salón de belleza y regresábamos al
coche, Nas me había dado una pequeña bolsa. Con mi ceño
fruncido, espié dentro.
Era todo el caro maquillaje que había sido usado en mi rostro
por la especialista en belleza.
—¿Qué…? —boqueé hacia
ella—. ¿Por qué? Se encogió de
hombros.
—Se ve bien en ti, y no vas a ser capaz de conseguir el mismo
efecto con las cosas baratas que compramos antes.

6
Frizz: Encrespamiento, esponjamiento y la manifestación de electricidad
estática en el cabello.
Vio mi obvia incomodidad y trató de calmarme.
—No tienes que usarlo, pero no puedo devolverlo. Me
gustaría que lo usaras. Aún estaba insegura.
Lo intentó por otra ruta y una tentativa mirada aburrida.
—Además, el club tiene una reputación de tener a algunos de
los rostros más hermosos del país. —Me miró de lado—. Traerás
abajo ese estándar con tu maquillaje de mierda.
Sonreí entonces.
—Gracias,
Nastasia. Ella
respondió.
—De nada, Mina.
Sosteniendo mis tacones en una mano, bajé las escaleras y
encontré a Lev sosteniendo a Lidiya en su regazo mientras
servía dos tazas de café.
Ella balbuceó, agarrando su solapa en su diminuto puño, y
él besó la cima de su cabeza.
Aclaré mi garganta en la puerta, no queriendo interrumpir.
—Perdón. 63
—No te disculpes. Mirella estará aquí en
unos minutos. Respondió a mi pregunta no
formulada.
—La nana de Lidiya. La verás
mucho por aquí. Me entregó una de
las tazas de café.
—Lo siento, no sabía cómo lo tomabas.
—Negro y directo de la cafetera —pronuncié, tomando la taza
con una sonrisa de agradecimiento. Lo probé lentamente y
estaba maravilloso.
No podía evitar mirar a la regordeta pequeña niña de largas
pestañas. Mi pecho se apretó con admiración.
—Es adorable, Lev.
Él retrocedió para mirar hacia abajo a su hija. Su suave
respuesta casi me hace desmayarme de debilidad.
—Es mi vida.
La calidez me inundó, dejándome en una neblina de
maravilla. ¿Qué había hecho tan bien en mi vida que tenía que
venir a cruzarme con Lev Leokov? Sea lo que fuere, estaba
agradecida por ello.
La pequeña niña se giró y, finalmente mirándome, parloteó.
—Zhena. Zhena. Zhena.
Mi nariz se arrugó con mi sonrisa.
—¿Qué está
diciendo? Lev me
miró de cerca.
—Ella no sabe tu nombre. Está llamándote en su versión de
“señora” en ruso.
—Oh, ¿entonces eres ruso? —pregunté,
estúpidamente. Pacientemente, Lev respondió y
me elogió no llamándome tonta.
—Sí, por mi padre y mi madre.
—Oh, genial —dije. Y lo que siguió fue un
incómodo silencio. Finalmente, después de lo que
parecieron horas, Lev preguntó:
—¿Dónde está tu
familia, Mina? Mi
respuesta fue corta.
—Muerta. Soy huérfana. No conocí a mi padre y mi madre
murió cuando tenía doce. Mi abuela no me quería, así que fui a
parar a familias adoptivas. Me escapé cuando tenía diecisiete.
Afectado por mi repentino cambio de humor, Lev susurró.
—Está bien.
64
Y sonó apagado. Casi infantil.
La puerta se abrió repentinamente, y una manada de gente
entró a través de ella, conversando audiblemente y
abiertamente.
Nastasia entró primero, rostro rojo, labios apretados,
discutiendo con el hombre junto a ella.
—No doy una mierda por quién era, Vik.
El hombre, quien adivinaba fácilmente que era Viktor, venía
tras ella, sonriendo como el gato de Cheshire.
—Seguro que lo haces,
nena. Nas se giró y su
labio se curvó.
—Era de alguna forma bonita en esa forma de “Espero que
no te importen las enfermedades de transmisión sexual”.
Viktor era alto, musculoso, y llevaba pantalones de vestir, una
camisa blanca enrollada en las mangas para revelar un manojo
de coloridos tatuajes, y tenía un palillo de dientes saliendo por la
comisura de su boca. Sus ojos azules resaltaban en una forma
que me hizo desear mirarlos por días, y no estaba perturbado
para nada por la ira de Nastasia.
—Ya me conoces. Sin barreta, no hay pañuelo.
Una hermosa pelirroja entró tras Viktor. Inmediatamente noté
que tenía los mismos ojos que Viktor. En la forma en que sonreía,
solo tenía ojos para Lev, y cuando me vio, su sonrisa cayó
rápidamente.
Lev le guiñó un ojo, con una mirada tierna.
—Anika.
Mi estómago se apretó violentamente con la forma en que Lev
la miró. No entendía. Quiero decir, entendía. Era bonita en una
forma en la que yo simplemente no podía competir.
—Bien, ahí estás, princesa. —Anika tendió sus manos,
sonriendo una vez más, y Lev le entregó a Lidiya como si fuera
un suceso regular.
Mi estómago se apretó. Otra vez.
¿Qué demonios pasaba aquí? ¡Quieto, estómago!
Meció a Lidiya en su cadera, besando su mejilla. Lidiya no
mostraba signos de incomodidad con la mujer.
Me miró y habló suavemente, con voz melódica.
—Hola. Soy Anika.
Abrí mi boca para responder, ya tendiendo mi mano cuando Lev se
enderezó.
—Esta es Mina. La nueva chica del bar. 65
Le sonreí.
—Sí, lo que él dijo.
Ante su explicación, la tensión decayó visiblemente de
Anika, y se dirigió más cálidamente hacia mí.
Sacudió mi mano ligeramente.
—Oh. Eso es genial. Estaremos trabajando juntas.
Viktor me miró entonces, parecía sorprendido, como si
acabara de notar otra persona en la habitación.
—¿Qué hay? Soy Viktor.
Me miró de arriba abajo apreciativamente antes de girarse
hacia Lev y sonreír ligeramente.
—¿Dónde la encontraste?
Con sus ojos sobre mí, Lev respondió sin emoción.
—Robando la billetera de Sasha.
Mi corazón vaciló antes de empezar a acelerarse. Todos se
quedaron en silencio hasta que Viktor parpadeó hacia mí diez
segundos completos antes de estallar en risas.
Mis mejillas se calentaron, pero mi cuerpo se congeló. Sentía
las miradas de todos en la habitación y la tensión se volvió
demasiado.
Lo entendía. Robé la billetera de su hermano. Era un
movimiento de mierda. Si no estuviera desesperada, no lo habría
hecho. ¿Sería castigada por siempre por eso?
Murmuré bajo:
—Imbécil. —Antes de girarme sobre mis talones y salir
taconeando por la puerta de la cocina.
Casi caí sobre mi trasero con estos malditos tacones, pero Nas me
tenía.
Necesitaba acostumbrarme a caminar es estos.
Diez minutos pasaron, y por el camino, espié a una mujer
mayor con cabello oscuro y ondulado, al igual que sus ojos,
viniendo hacia la casa. Se detuvo cuando me vio, así que
sonreí.
—Usted debe ser Mirella.
—Lo soy —aseguró
cuidadosamente. Tomé un
paso hacia adelante.
—Soy Mina.
Señalé hacia atrás a la casa con mi pulgar.
—Estoy viviendo aquí temporalmente. Lev me dijo que la vería un
montón. 66
Sus ojos se ampliaron y su mandíbula casi cayó.
—¿Estás quedándote… aquí? En la casa… ¿con el señor Lev?
Mi asentimiento fue lento. Parecía más que sorprendida.
Más como atónita. ¿Por qué esa reacción?
Recuperándome, tanteé con una sonrisa, pero era incómodo.
—Un gusto conocerte, Mina —dijo, moviéndose hacia la puerta de
la cocina.
—Lo mismo digo —respondí justo cuando cerraba la puerta tras
ella.
Esperé en la fría brisa por algunos minutos más antes de que
la puerta se abriera y todos menos Mirella y Lidiya, salieron.
Sentí los ojos de Lev en mí, pero no le di la satisfacción de mirar
hacia arriba.
Nas sonrió con simpatía mientras me miraba evitar las
miradas de escrutinio de todos los demás.
—¿Lista para conseguir esa bomba de sangre?
—Seguro. —Suspiré.
Quiero decir, en serio. ¿Cuán malo podía ser?
Lev
—¿Cómo lo está haciendo?
Nastasia sonrió demasiado ampliamente, y su respuesta
fue más como una mueca.
—Sólo ha roto cuatro vasos, como mucho, así que…
El sonido de vidrio rompiéndose fue seguido por la respuesta de
Mina.
—Ah, mierda. ¡Lo siento!
—gritó. Mi hermana
sacudió la cabeza.
—Cinco vasos en dos horas. ¿Está tratando de establecer
alguna clase de récord de mierda?
—Le encontrará el truco. —No sonaba tan confiado como esperaba.
Miré a Mina cuidadosamente mientras escuchaba a Anika.
Estaba concentrada fuertemente, asintiendo en ocasiones. No
podía entender por qué era tan difícil para ella. Sus hombros
parecían tensos con la presión.
—Escucha. —Nas interrumpió mis pensamientos—. Te lo voy
a decir, Lev, decirle a Vik y a Ani que conociste a Mina cuando
robaba la billetera de Sasha… — Hizo una mueca—. Ouch.
Estaba repentinamente confundido.
—¿Qué? 67
Mi hermana siempre había sido paciente conmigo, pero esta noche,
suspiró.
—No es genial, hermano. Solo tienes una oportunidad para
conseguir una buena impresión, y antes, Mina tenía la
oportunidad de hacer eso, y tú se la arrancaste directamente de
debajo de sus pies.
—No entiendo. —Realmente no
lo hacía. Nastasia me niveló con
una mirada dura.
—La presentaste a nuestros amigos más cercanos como una
ladrona.
Oh.
Estaba empezando a comprender lo que había hecho.
—Ya veo.
—No, no lo haces.
Nastasia tomó mi mano en la suya y apretó.
—Eres una persona maravillosa, Lev. Pero no lo ves.
El pánico me llenó por dentro. Bajé mi mirada, ordenando a
mis ojos a mirar mis pies. ¿Qué iba a hacer ahora? No sabía
cómo reaccionar. Me sentía perdido.
Soltando mi mano, Nas me ayudó con mi pregunta no formulada.
—Cuando tengas la oportunidad, discúlpate con Mina.
Mi estómago dolió. Odiaba esto, herir no intencionadamente a las
personas.
Asentí.
Mi hermana besó mi mejilla y aseguró.
—Eres un buen hombre, Lev. Sólo necesitas algo de ayuda
algunas veces. No demasiada.
Pero era un gran problema, para mí más que la mayoría.

Mina

—Mina.
Era infantil, pero lo ignoré.
—Mina, por favor mírame.
Tomé un momento para alistar mi pequeña guía de mano
para mezclas y volví mi rostro hacia él, pero mis ojos cayeron,
enfocándose en su barbilla. Habló suavemente.
—Nastasia me informó que lo que dije frente a Anika y Viktor
fue inapropiado y de alguna forma te avergoncé.
68
Mi ceño se frunció con confusión.
Hablaba sobre ello como si no supiera por qué debería
estar avergonzada. Siguió.
—No fue mi intensión causar tu incomodidad, y ahora
entiendo por qué me llamaste imbécil. Me disculpo.
Decir lo siento era una de las cosas más difíciles de decir a
otra persona, y Lev lo había hecho tan sinceramente que mi
rabia decayó. En su mayor parte.
—¿Supongo que vas a ir por todas partes diciendo a la
gente que soy una ladrona sin hogar?
Levantó su cabeza en esa forma suya y se concentró
fuertemente en buscar en mi rostro.
—No tienes culpa de tu pasado.
Mis ojos bajaron hacia el libro frente a mí y pronuncié en voz baja:
—Hay un estigma tras los vagabundos. Los ven como algo
inferior. Por supuesto que soy culpable de mi pasado.
—Yo no me avergüenzo de lo que eres.
Tenía un don con las palabras. Le concedería eso. Me
preguntaba cómo podía decir algo, esencialmente robándome el
aliento. Parecía disfrutar haciéndolo. Tenía que, de otra forma,
no lo haría tan a menudo.
—Deja de hacer eso —susurré.
Sus ojos color miel se entrecerraron con confusión.
—¿Hacer qué?
—Ser tan lindo conmigo.
Había tenido suficiente. Cerrando de golpe el libro sobre la
barra, busqué en mi interior y dije lo que había estado pensando.
—¿Por qué estoy aquí, Lev? ¿Por qué me trajiste aquí? ¿Aquí,
específicamente?
¿Por qué me estoy quedando en tu casa, en tu cama? —Me
detuve—. Estoy… — Tragué duramente—. Trabajas en un club
de caballeros, rodeado de mujeres preciosas, yo… —Con voz
susurrada, pregunté vacilante—. ¿Me vas a usar como
prostituta?
Un pesado silencio cayó. Entonces.
—No.
Mi corazón saltó, volví mi rostro para mirar en sus maravillosos
ojos.
—Dime, ¿puedo irme en cualquier momento, Lev? 69
Sus ojos se clavaron en mí, pareciendo destellar.
Finalmente bajó su rostro y murmuró.
—Puedes irte en cualquier momento,
Mina. Retrocedió y se alejó de mí.
—Aunque espero que
te quedes. Su rostro se
volvió impasible.
—Mereces más que la infortunada vida que llevabas.
Lo miré caminar alejándose de mí y fui repentinamente
sobrecogida. Mi nariz picó y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Parpadeé para alejarlas, sollozando silenciosamente, agradecida
por su deseo.
Traducido por Mariandrys

Mina

o estaba segura del momento en el que abrí los ojos


por primera vez la mañana siguiente, ni la segunda,
pero cada vez que abría mis ojos, levantaba la cabeza 70
para revisar el sofá cama. Las primeras dos veces,
la silueta de Lev era aparente. La tercera vez que comprobé, las
sábanas habían sido dobladas y descansaban en una esquina
del colchón.
Pestañeé soñolienta a la cama hecha, e independientemente
de cuantas veces traté de volverme a dormir después de eso, el
sueño no me llegaba.
Parpadeando, salí de la cama, acomodando las sábanas, y
arrastrando los pies con cansancio hacia el baño para lavar mi
rostro y cepillar mis dientes con mi nuevo y llamativo cepillo de
dientes rosa fuerte. Cepillé mi cabello y lo coloqué en una coleta
baja. Cuando me consideré presentable, bajé las escaleras,
llamando:
—¿Hola? ¿Alguien en casa?
Respondieron desde la habitación de la parte izquierda.
—Aquí, señorita Mina.
Tan pronto como entré en la cocina, sonreí. Lidiya, vestida
con un vestido en color rosa ligero con mangas de volantes, su
cabello en una coleta enrollada perfectamente en la parte
superior de su cabeza, se sentaba en una silla alta, introduciendo
directamente en su boca lo que parecían ser espagueti.
Mirella, sentada a su lado, me sonrió.
—Buenas tardes, señorita Mina.
Con mi voz todavía áspera por el sueño, gruñí:
—Oh, Dios. Por favor. No tienes que ser
formal conmigo. Mina servirá perfectamente,
ya que intento llamarte Mirella.
La anciana mujer sonrió.
—Puedo hacer eso —Dirigió una mirada de burla a
Lidiya—. Ahora, usted, señorita necesita comer y Mirella
necesita usar el baño.
Miré a Lidiya, quien era la imagen de la calma mientras se
alimentaba a sí misma.
—Puedes ir tranquilamente. Yo estaré
pendiente de ella. Su apariencia era
dudosa.
—¿Alguna vez has cuidado a un bebé de dos años?
Pueden ser un poco agobiantes.
Parpadeé.
—¿Estás planeando pasar todo el
día en el baño? La mujer se echó a
reír.
—No. Sólo unos minutos.
Caminé hacia la cafetera y llené una taza.
—Bueno, está bien.
Tomando la silla que ella acababa de usar, le aseguré:
—Estaremos bien. —Sonreí a la bebecita con pestañas que
harían a una mujer 71
adulta llorar en un berrinche envidioso—. De acuerdo,
pequeña. Tengamos la fiesta en paz. Soy nueva en esto.
Lidiya respondió tomando algo de comida
en su pequeña cuchara y
ofreciéndomela en alto mientras hablaba cosas inentendibles.
Fui tocada por su ofrecimiento. Mi sonrisa se suavizó.
—No, amorcito, ese es tu almuerzo. —Levanté mi café—.
Este es el desayuno de Mina.
Pero ella insistió, sosteniendo su cuchara con más fuerza
que antes. Meneé mi cabeza una vez más.
—Estoy segura de que está delicioso, pero en
verdad, no puedo. Habló más cosas inentendibles
y algo parecido a:
—Yest, Eena.
Yest. Retrocedí,
sorprendida.
—¿Acabas de decir
Mina? Pronunció:
—Eena. Zhena. Eena.
Eeeena. Yest. Mi sonrisa
fue gigante.
—¿Sí dijiste mi nombre, verdad? Eres
muy inteligente. De detrás de mí vino:
—Quiere que comas con ella.
Jadeando sobresaltada, mi cuerpo entero se sacudió en
miedo y, levantando una mano hacia mi pecho, me giré para ver
a Lev inclinado contra el marco de la puerta que conduce a la
lavandería, observándonos a amabas.
—Me asustaste hasta el pupú. ¿Cuánto tiempo has estado de pie
ahí?
Caminó adentrándose en la cocina y casi me tragué mi
lengua. Lev en un traje era delicioso, pero Lev usando
pantalones deportivos en color gris colgándole debajo de las
caderas, su camiseta negra apretada adhiriéndose a su amplio
pecho con sudor, y su cabello castaño oscuro deliciosamente
despeinado era increíble.
—El tiempo suficiente para saber que los niños te asustan.
Estaba a punto de negar ese hecho cuando Nas entró por la
puerta trasera usando una pequeñita camiseta blanca
transparente que mostraba su ombligo, un sostén negro visible
para todos con un par de ojos, unos vaqueros azules y sandalias
de tiras planas del color de la arena. Quitándose sus grandes
gafas de sol, me señaló.
—Tú. Levanta tu culo, báñate, y vístete. Tenemos mierda que hacer.
Miré de ella a Lev y de regreso. 72
—¿En serio?
Asintió.
—Tú y yo, en el club, mezclando bebidas. Puede que
terminemos muy ebrias para trabajar esta noche, pero hey —
lanzó un ligero encogimiento de hombros y luego sonrió
perversamente—, es un riesgo que estoy dispuesta a tomar.
Mordí el interior de mi labio.
—En realidad quería hablar con
ustedes sobre eso. Aclaré mi garganta
y comencé:
—Estoy segura de que me vieron anoche. Traté de hacer un
buen trabajo. De verdad que lo intenté, pero creo que no sirvo
para ello.
Me paré un momento y luego añadí:
—Destrocé tantos vasos que Anika se culpó por los últimos.
Luego fui enviada al final de la barra para “estudiar” la guía de
bebidas. —Resoplé una risa sin humor—. No soy estúpida. Sé
que estaban tratando de sacarme del bar para así poder realizar
algo de trabajo. El cuidarme no es parte del trabajo.
Silencio, después Nas habló.
—Oh, wah wah wah. La pobre Mina está teniendo un
momento difícil sirviendo tragos. Que alguien saque el violín de
una vez.
—Oye —respondí con irritación.
Lev frunció el ceño.
—¿No te gusta el trabajo?
—No puedo hacer el trabajo si estoy dejando caer vasos a
izquierda, derecha, y centro —expliqué, mi voz rogándole que me
entendiese.
Nas sacudió la cabeza, pareciendo ligeramente decepcionada.
—Nunca te tomé por una de esas chicas que se deprimen
sintiendo lástima por ellas mismas.
—¡No lo soy! —disparé.
—Entonces malditamente prepárate, preciosa —pronunció en
completa calma—.
¿Quieres caerte del caballo y dejar que te pisotee? ¿O vas a
montarte de nuevo y demostrarle al caballo quién es el jefe? —
Rabié en silencio, y por la expresión presumida de Nastasia,
disfrutó cada momento de ello. Sonrió—. Haz de ese caballo tu
perra, Mina. Hazlo.
Me puse de pie y salí dando pisadas fuertes de la cocina, casi
derribando a Mirella en el camino.

Mina
73
El club tenía un ambiente diferente durante el día. La música
estaba apagada y un grupo de personas rellenaba los estantes
de la barra, fregando el suelo, y limpiando las mesas y sillas. La
presión era nula. Mis hombros estaban ligeros y la tensión que
había sentido la noche anterior desapareció.
Después de que Nas me gritase, lo cual noté que era algo así
como una fijación suya, subí las escaleras, deje caer mi cabello,
me vestí con un par de vaqueros negros, un par de sandalias
de tiras blancas, una camisa blanca, y mi suéter en tono caramelo
que colgaba de mi hombro. Después de ver la forma en que Nas
vestía, supuse que una apariencia casual era aceptable para el
día.
Mientras caminabas dentro, reconocí a dos personas del
equipo de seguridad, Brick y Tommy. Brick había sido el portero
cuando había venido aquí aquella primera noche. Él era amable
pero riguroso, y yo estaba agradecida de que no me reconociera.
Iba a preguntar por qué lo llamaban Brick, pero era obvio. Su
contextura física era como una casa de ladrillos.
Tommy, por otro lado, cambió de intenso a gracioso en un
segundo. Era alto y no tan musculoso como Brick, pero cuando
fruncía el ceño, podría asustar hasta la muerte a cualquiera.
Tomó mi mano y besó la parte posterior de ella, prolongándose
más de lo debido. Había pasado un tiempo desde que había
recibido algo de atención masculina. Se sintió bien y me reí como
una colegiala, mis mejillas sonrojadas por mi sonrisa.
Nas se rió de mí mientras me abanicaba el rostro,
caminando hacia el bar. Ella me dio un codazo.
—Mejor te acostumbras a los chicos enamorándose de esa
forma. Especialmente con un rostro como el tuyo.
Estaba confundida.
—¿A qué te
refieres? Levantó
una ceja.
—¿Pescando cumplidos?
Pero cuando bajé mi rostro, mi frente fruncida en confusión,
murmuró para sí misma:
—Buen Dios, no lo sabes. —Antes de que pudiera decir otra
palabra, me jaló hacia el vestíbulo con espejos. Gracias a Dios
estaba desierto cuando me colocó justo enfrente de él y se quedó
quieta detrás de mí—. ¿Qué observas cuando te ves en el
espejo?
Odiaba mi reflejo. Era cruel parecerme tanto a la persona que
más extrañaba en el mundo, mi madre. La amé hasta el último
momento de su enfermedad, y cuando murió, mi amor se
convirtió en una indiferencia fingida. Pretendí que no dolió 74
perderla, mi madre, mi mejor amiga, aunque era una agonía.
Cada respiro que tomé por todo el año siguiente fue difícil. Mi vida
nunca sería la misma. Ella era puro sol. La persona que me cuidó
cuando estaba enferma y me hizo reír cuando estaba triste.
Dependía de ella. Ella era mi todo. Y luego sólo desapareció.
Mis ojos se posaron en mi mandíbula, me encogí de hombros.
—No lo sé.
—Mírate. Me refiero a que te veas realmente.
Mis ojos encontraron mi reflejo mientras me preguntaba:
—¿No lo ves? ¿Puedes por lo menos comprender cuán atractiva
eres?
—Me parezco a mi madre —
susurré. Nas sonrió
gentilmente.
—Apuesto a que era hermosa.
Lo era.
—Era preciosa.
—¿Puedes verlo? —Nas sondeó suavemente. Sacudí mi
cabeza. Se estiró alrededor de mí para colocar sus dedos debajo
de mi mandíbula, levantándola, y mi reflejo entró forzadamente
en mi línea de visión—. Mira más detalladamente. —Se movió
para ubicarse a mi lado—. Tienes pómulos elegantes. Tu piel es
impecable y cremosa, como porcelana. Tienes una boca
pequeña y llena, la cual, apostaré, les da a los hombres toda
clase de ideas traviesas. —Mi rubor era intenso—. Tu cabello
es
sedoso y con brillo, y oscuro sin ser negro. Tus grandes ojos
verdes y largas pestañas te hacen parecer exótica y misteriosa.
Estoy suponiendo que cuando consigas ganar algo de peso en
ese pequeño y ajustado cuerpo, vas a tener curvas en todos los
lugares correctos. —Colocó sus manos en mis hombros y apretó
lo suficientemente fuerte para hacer su punto—. Eres letal, Mina.
Y ni siquiera lo sabes.
Su discurso me tuvo realmente dándome un vistazo. Nunca
me vi como hermosa. Siempre me vi como aceptable, pero sólo
eso. Pero mientras ella señalaba todo de mí, pedazo por pedazo,
supuse que estaba ahí.
Por primera vez, pude verlo.
—¿Soy bonita? —pregunté cuidadosamente, inspeccionando mi
reflejo.
—Ahora sí estás pescando cumplidos —gruñó cuando me
empujó hacia un lado, causando que trastabillara y riera—.
Pequeña mierda.
Rió mientras entrabamos al área del bar.
Me estremecí tan pronto como mis ojos se afinaron en las filas
de vasos en el mostrador.
—¿Estás segura de que quieres hacer esto? Las
probabilidades son que deje caer un vaso, abrirme
accidentalmente una muñeca, y morir sobre ti.
Nas inclinó su cabeza hacia arriba pensando.
75
—Hmmm. Sí. Eso podría ser un problema. —Se encogió de
hombros—. De nuevo, es un riesgo que estoy dispuesta a
tomar.
Reunió un montón de vasos diferentes y señaló a cada uno
mientras los nombraba.
—Vaso alto. Copa. Copa balón. Chupito. Cocktail. Martini. Vino.
Flauta.
—¿No hay vasos para cerveza?
Parecía complacida por haberlo notado.
—Somos un establecimiento de clase alta. Sí, servimos
cervezas importadas, pero descubrirás que nuestra clientela
pide mezclas. De lo contrario —metió su mano bajo la barra para
sacar otro vaso alto del refrigerador—, los vasos para cerveza
son mantenidos fríos y servidos con una rodaja de limón, sin
hielo. Estrictamente.
—Fríos. Limón. Sin hielo. —Asentí—. Lo tengo.
Por la mayor parte de dos horas, Nas me enseñó cómo
preparar varias órdenes de bebidas comunes.
Me dijo que estaba bien si se me olvidaba lo que iba en cada
bebida, luego me mostró las cartas de recetas de todas las
bebidas que me enseñó a hacer y más. Con cada bebida
adicional, mi confianza se potenciaba, y rápidamente, estaba
mezclando, combinando y sacudiendo bebidas como si hubiese
nacido para ello.
Cuando finalicé de mezclar mi última bebida del día, Nas
inclinó su cadera en el bar, pareciendo extremadamente
complacida consigo misma, y yo hice una reverencia con
felicidad.
—Gracias. Gracias. Estaré aquí
toda la semana. Una voz con acento
resonó detrás de mí.
—Y con una vista como ésta, quién podría resistirse. —
Cuando dijo “ésta”, salió como ecta.
Me giré para enfrentar al hombre, quien estaba sonriendo
ampliamente a Nastasia sobre mi cabeza. Ella jadeó, corrió, y
luego se lanzó a sus brazos extendidos. Riendo, retrocedió y lo
besó, en la boca. Acunando sus mejillas barbudas, gritó:
—¡Philippe Neige, hijo de perra! Y tan ardiente como
siempre, por lo que veo. Él era ardiente. Como,
humeantemente ardiente.
El hombre sonrió, y las líneas alrededor de sus ojos se
profundizaron. Parecía estar en sus cuarenta, era tan alto como
Sasha, tenía el cabello rubio oscuro, y cándidos ojos verdes.
Entendí que era francés, no sólo por su acento, sino también por
la forma en la que Nas dijo su nombre. Usaba un par de vaqueros
azules. Llevaba su camisa blanca por fuera, y terminó su limpia
apariencia con un par de zapatos marrones.
Besó la mejilla de Nastasia por un largo segundo. 76
—Te extrañé, mi paloma.
De repente, Nas se apartó, su expresión volviéndose ártica.
—Escuché que estás trabajando para Laredo. —Sonó
como una acusación. Su sonrisa decayó y su rostro se
volvió severo. No lo negó.
—Oui.
Se alejó de él, su rostro adolorido tal como su voz.
—¿Cómo pudiste, Philippe? Después de lo que hizo… —Se
convirtió en algo muy fuerte para hablarlo, y estaba sorprendida
por la emoción que ella mostraba.
Nastasia parecía dura como los clavos. Sea lo que sea que
este tipo Laredo haya hecho, debió haber sido bastante malo
para garantizar tal reacción.
Sasha entró al bar por la puerta trasera. Miró de forma implacable a
Philippe.
Luego a la Nas emocionada, a mí y a Philippe otra vez.
—Retrocede, Nas. —Ella miró hacia él, sus ojos encendidos
en fuego. Sasha habló fríamente como siempre—. Philippe vino
porque yo lo necesitaba. No lo molestes. Lo lamentarás.
Aunque sus palabras vinieron en forma de amenaza, la
manera en que su voz cambió, suavizándose ligeramente, sugirió
que Nas no sabía todos los hechos.
Ella pestañeó las lágrimas, luego volvió su rostro hacia
abajo para mirar el suelo, a los pies de Philippe.
—Yo también te extrañé —susurró. Y después se fue,
apresurándose fuera del bar, hacia el pasillo del baño de
damas. Todos la miramos irse.
Un largo silencio siguió.
Sasha dejó escapar un suspiro.
—Te dije que vinieras directo
a mí, Neige. Philippe
respondió miserablemente.
—Nunca dejé de amarla.
Ante mi suave jadeo, todos los ojos se volvieron hacia mí. Me
sonrojé y balbuceé.
—Hol… hola, soy Mina.
Sasha me fulminó con la mirada.
Yo los fulminé con mi mirada de regreso y luego seguí a Nas
dentro del baño de damas. Me senté en el tocador, mirando la
puerta cerrada que nos separaba, esperando pacientemente a
que ella dejara de llorar.
Al estilo de Nas, abrió la puerta de un golpe, su rostro hinchado y
sus ojos
suavemente rojos, y pronunció:
77
—Tiene sentido que todos los hombres tengas pollas ya que
todos son unos cabezas de huevo.
Traducido por Jenn Cassie Grey

Mina

uestra lección de coctelería había terminado con la


llegada de Philippe Neige. Tenía curiosidad por el
hombre que podría hacer llorar a una mujer como
Nas. En el camino a casa, pregunté
cuidadosamente: 78
—Entonces, ¿supongo que Philippe es un exnovio?
Nas trató de ignorarme, pero el silencio era demasiado
espeso como para pasarlo por alto.
—Estuvimos comprometidos por un corto tiempo. Fue un romance
relámpago.
Se terminó antes de empezar.
—¿Qué pasó? —Usé mi tono más
simpático. Suspiró, seria.
—Hizo lo que todos los hombres hacen eventualmente. —
Hizo una pausa para añadir bajo—. Me decepcionó.
—¿Lo amabas?
Nas se quedó callada. Inspiró lentamente y respondió con un
suspiro.
—Solo he amado a un hombre. Y no era Philippe. —
Cambiando rápidamente de tema, preguntó—: ¿Qué hay de ti,
Mina? ¿Has estado enamorada?
—Sí —respondí fácilmente. Le miré de reojo para medir su
reacción—. Me enamoré de mi hermano.
Ella no me decepcionó.
—Ewwwww —salió de su boca antes de que siquiera
terminara—. Por favor dime que estás bromeando. Si no lo estás
voy a estacionarme y vomitar, porque eso es jodidamente
asqueroso.
Me eché hacia atrás en mi asiento, riendo.
—Era mi hermano de acogida. No teníamos relación. —
Sonreí—. Es bueno saber que tienes valores.
Ella sonrió entonces, de mala gana.
—Perra. —Sacudió su cabeza—. Cuéntame sobre el
hermano misterioso entonces.
—Tenía doce cuando me pusieron por primera vez en una
casa de acogida. Fui una de las afortunadas. La primera familia
con la que me colocaron fue con la que me quedé hasta que
me fui a la calle.
Mi ceño se frunció. No había pensado en Maggie y John
Peterson por mucho tiempo.
—Maggie era todo lo que necesitaba en ese momento y lo
perdí todo. Era maravillosa. John su esposo, era igual de bueno.
Me incluía en todo, me hizo sentir como si fuéramos una familia
de verdad. Tenían un par de gemelos, de cinco años que me
adoraban. Ben y Chris. —Sonreí—. Les enseñé a montar en
bicicleta. — Suspiré.
—Uh, oh —comenzó Nas—. Algo grande está llegando. Puedo
sentirlo.
—Cuando tenía dieciséis Maggie entró en mi habitación. Se
veía algo preocupada. Fue entonces cuando explicó que el hijo
79
de su primer matrimonio iba a vivir con nosotros después de que
su padre tuviera un altercado con la ley. No veía cuál era el
problema. Era su hijo. Quiero decir, ¿por qué siquiera me lo
estaba explicando? Le dije que estaba bien. Incluso le dije que
podía tener mi habitación si la necesitaba, que dormiría en el
sofá. —Mi voz se volvió más suave—. Su nombre era James.
Tenía casi dieciocho, una estrella de fútbol y absolutamente
divino.
—Boom. Y ahí está la
mejor parte. Sonreí.
—Era dulce, divertido y un completo coqueto. También era el
primer chico que tuvo las agallas de besarme, justo en el patio
trasero, bajo las narices de Maggie y John. Me enamoré de él sin
esfuerzo. —Reí ante el recuerdo—. Después de un tiempo, nos
robábamos besos por todo el lugar y se escabullía en mi
habitación por la noche después de que todo el mundo se
hubiera dormido.
Suspiré ensoñadoramente.
—Hablábamos toda la noche hasta que la charla se convertía
en una sesión de besos. Y entonces cumplí diecisiete. Una cosa
llevó a la otra, y pronto estuvimos haciendo mucho más que
hablar y besarnos. Si sabes a lo que me refiero.
Nas sonrió.
—Lo hago. Realmente lo hago.
—La historia termina con nosotros siendo descuidados y
siendo atrapados, Maggie culpándome por aprovecharme de su
hijo y llamándome pequeña vagabunda.
Yo dándome cuenta de que no importaba cuánto quisiera a
Maggie, ella no era mi madre. Y me fui al día siguiente.
—¿Ella te llamó vagabunda? —dijo Nas,
horrorizada. Asentí.
—Una pequeña vagabunda.
—Y luego tú desapareciste para ellos.
Nas hizo una pausa y añadió pensativamente:
—Apostaría a que ella ha pensado en ti cada día
desde que te fuiste. Su declaración hizo que mi
corazón tartamudeara.
—¿Tú crees?
—Um, sí. Ella llamó a una chica de diecisiete años por un
nombre horrible estando molesta y esa chica se fue, y nunca
volvieron a verla —resopló—. Diría que ella está pagando cada
día por lo que hizo, sólo recordándote. Se lo merece, perra
estúpida.
No quería creer que Maggie podía haber estado sufriendo por la
culpa todo este
tiempo. Seguro que me llamó por un mal nombre, pero eso no se
comparaba con el hecho de que me había recibido en su casa
y me había hecho parte de su familia por
casi cinco años. Ella merecía algo más que vivir así. 80
Tan pronto como Nas me dejó en casa, busque por la casa a
Lev, encontrándolo en la parte de abajo, sentado en una
mecedora, meciendo a una Lidiya dormida, y diciéndole suaves
palabras en su cabello rizado.
Me paré en el umbral sin ser notada por un largo rato, viendo
a este hombre ser un padre para su hija. Mi garganta se cerró
con emoción. Lev estaba probando ser más de lo que
originalmente pensaba que era.
Aclarando suavemente mi garganta, Lev se giró y encontró
mis ojos. Alcé mi mano con un suave movimiento y él alzó a la
pequeña niña, cargándola a lo largo de la habitación y
recostándola en su cuna. Alzó el monitor de bebé, salió de la
habitación y encendió el aparato. Me alejé de la puerta mientras
la cerraba cuidadosamente.
Mi expresión era tierna cuando se aproximó. Me olvidé
momentáneamente de mi propósito. Colocando mi mano sobre
su brazo, lo apreté gentilmente y susurré.
—Eres un buen padre, Lev.
Viéndose ligeramente avergonzado, ignoró mi cumplido,
pero no se alejó de mi cercanía.
—¿Cómo te fue hoy? Cuando Nastasia está determinada a
conseguir algo, puede ser demasiado susceptible.
Uniendo mi brazo con el suyo, caminamos por el pasillo, juntos.
—Ya sabes, tu hermana puede ser una matona, pero sabe
cómo motivar a una persona. —Le sonreí—. No tiré ni un solo
vaso. Ni uno. Y ahora sé cómo hacer más de diez mezclas
diferentes. Así que estoy lista para esta noche. Que venga.
Se tensó, jalándome hasta detenerme, buscando mi cara.
—Veo que estás en el mejor espíritu hoy.
Estoy agradecido. Mi cara se volvió
desprovista de emoción.
—Hace cuatro días, me sacaste de las calles, me alimentaste,
me diste un lugar donde dormir, y me ofreciste un trabajo.
Lentamente, así no confundía mis intenciones, di un paso
adelante, deslicé mis brazos alrededor de su cintura, y me
presioné contra él, apretándolo gentilmente, colocando mi
cabeza entre sus pectorales.
—Gracias no es la frase correcta para expresar lo agradecida
que estoy de conocerte, Lev Leokov. —Aspiré la colonia
maderosa que usaba—. Me salvaste la vida.
Él no me abrazó de regreso, pero alzó su mano y acarició mi
cabello gentilmente.
—Lo volvería a hacer, Ratón.
Me alejé un centímetro, mis brazos todavía alrededor de él, para
mirarlo a la
cara. 81
—Solo puede ponerse mejor desde aquí, ¿cierto?
Su expresión era melancólica, acunó mi mejilla con una palma
cálida.
—Por supuesto.
Fue entonces cuando recordé la razón inicial para
interrumpirlo. Dando un paso hacia atrás, uní mi brazo con el
suyo una vez más.
—Necesito tu ayuda.
No preguntó qué era, simplemente respondió determinado.
—Lo que sea.
Y sabía, sólo sabía, que no me dejaría.

Mina

Desde el momento en que entré a Bleeding Hearts, sabía que


mi ansiedad había regresado con venganza. No estaba segura
de qué la había traído, pero definitivamente estaba sintiendo la
presión después del cuarto vaso que se había deslizado de mi
mano y se destrozó mientras golpeaba el suelo.
Nastasia me jaló a un lado.
—¿Qué te pasa, amiga? ¡Estabas haciéndolo
muy bien hoy! Respondí molesta.
—¡No lo sé! Jesús.
Anika llegó, viéndose algo simpática.
—Odio ser la que traiga malas noticias, pero tenemos una
despedida de soltero en camino. Estarán aquí en diez minutos y
estoy en su servicio. —Miró a Nas, sus llamativos ojos
preocupados—. ¿Qué vamos a hacer? No creo que deba dejar a
Mina detrás de la barra esta noche, no sin alguien que le ayude.
Golpeé mis manos sobre mi cara.
—Oh Dios, lo siento tanto Nas. No sé qué
pasa conmigo. Anika miró algo en la puerta
y se tensó.
—Maldita sea. —Sonrió malvadamente mientras murmuraba
entre dientes—. Llegaron temprano. Tengo que hacerla de
anfitriona. Nas, quédate con ella por favor.
En un segundo Anika se había ido, mi
estómago se hundió. Nas suspiró.
—Vamos. —Me tomó por los hombros y me sacudió una
vez—. Puedes hacer esto. Yo sé que puedes. Le dije a Lev que 82
te tenía. No me hagas quedar como una mentirosa, poca cosa.
Las charlas motivacionales de Nas eran mitad amenaza, pero
funcionaron.
Moviendo mi cabeza de un lado al otro troné mi cuello.
—Tengo esto.
—Lo tienes —repitió.
—Voy a hacer de este caballo mi
perra —gruñí. Ella sonrió.
—Joder, sí que lo harás. —Me empujó hacia adelante,
golpeando mi trasero para darme valor—. Sal ahí y sirve bebidas,
y maldición no tires ninguna. —La fulminé con la mirada.
Usando sus dedos, dibujó una gran sonrisa en su cara—.
¡Servicio con una sonrisa!
Miré alrededor y cuando estuve segura que nadie estaba
mirando, le alcé el dedo medio.
Se rió y sentí ojos sobre mí. Girándome hacia el final del club,
por el escenario, encontré a Lev mirando directo hacia mí, sin
parpadear. Y sus ojos… estaban llenos de alegría.
Había visto lo que hice. Fui atrapada.
Mi cara ardía. Difícilmente podía ignorarlo. Había visto que lo
miré directamente. Alcé mi mano en un saludo con dos dedos.
Alzó su barbilla en respuesta. Respondí y articulé.
—Lo siento.
No estaba segura, pero pareció que murmuró de regreso.
—Regresa al trabajo.
Me coloqué detrás del bar, tomando órdenes, y sirviendo
bebidas. Hice eso sin ningún otro incidente, y por el transcurso
de la siguiente hora, hice una centena de dólares en propinas.
Un hombre llamado Jeremiah vino a hablar conmigo cuando
me dirigía a tomarme mi descanso de quince minutos. No era tan
alto como los otros hombres con los que trabajaba, pero
definitivamente lo compensaba con su buena apariencia. Tenía
un largo cabello café, colocado hacia atrás, una barba, y tatuajes
corriendo por sus brazos. Usaba pantalones negros apretados,
una apretada camiseta negra y tenía una sonrisa fácil. Tomé la
mano que extendió y estaba sorprendida cuando la alzó a su
boca para presionar un beso en mis nudillos.
Parecía que pasaba mucho por aquí. Mi reacción fue la
misma que cuando Tommy lo había hecho. Reí y cubrí mis
ardientes mejillas con una mano. Jeremiah me mandó lejos para
mi descanso pero fui interceptada. Lev estaba de pie frente a mí,
pero sus ojos estaban clavados en Jeremiah. Y se veía molesto.
No. No molesto. Enojado. Con E mayúscula.
—Oye —le llamé sobre la música, jalando su manga. 83
Cuando miró hacia mí, su cara se suavizó dramáticamente. Se
inclinó y dijo:
—Jeremiah se acuesta con todas.
—Oh —murmuré insegura de porqué necesitaba saber esto.
Lev asintió, una parte de su cabello se soltó y cayó sobre su
frente.
—Le gusta coquetear.
Alzándome, jalé su chaqueta hasta que su cara estaba lo
suficientemente baja para que arreglara su cabello. Lo arreglé,
acomodando su solapa doblada y suavizando su chaleco antes
de cerrar su chaqueta.
—¿Esa es tu manera de advertirme de hombres
desagradables? —Miré de regreso a Jeremiah—. Es algo
guapo, ¿verdad?
Lev habló entre sus dientes apretados.
—No me di cuenta de que era tu tipo.
Se volvió para alejarse, pero lo detuve agarrando su cintura.
Mi ceño se frunció ante su tono helado.
—Realmente no tengo un tipo, Lev. No he tenido a un hombre
mostrando interés en mí desde que tenía dieciséis. —Me encogí
de hombros—. Es agradable sentir que eres deseada. —Me
estiré con mi mano libre y toqué su brazo, arriba de la cintura que
estaba sosteniendo—. Pero gracias por el aviso. Considérame
advertida.
Sus ojos dorados recorrieron mi cara, relajándose inmensamente.
—No quiero que salgas herida.
Mi cuerpo se calentó tiernamente. Dios, era dulce. Sonreí.
—Entonces tenemos algo en común.
Tomó la mano que estaba sobre su brazo y la apretó.
—Los hombres son perros. Dirían cualquier cosa para hacer
que una mujer se acueste con ellos.
No podía verlo a él siendo uno de esos hombres. Murmuré bajo:
—Pero tú no. ¿Cierto?
Sus ojos se cerraron y los apretó mientras asentía. Soltando mi
mano, presionó.
—Sé cuidadosa, Mina. Tu inocencia es más
atractiva de lo que crees. Y entonces se fue.
Pesimista, pensé. Entonces una pequeña sonrisa tembló en mis
labios.
Tan Lev.

84
Traducido por Adaly

Mina

ra viernes y oficialmente había sido empleada de


Bleeding Hearts una semana y media. No podrías quitar
la sonrisa de mi rostro, incluso si lo intentaras. En los 85
últimos cinco días, había conocido a cada uno de los
empleados, tomándome un momento para conocer un poco
sobre ellos sin revelar demasiado acerca de mí. Cuando me
preguntaban de dónde venía, le dije a la mayoría de las
bailarinas que me mudé mucho cuando era niña, ganándome sin
saberlo el apodo de Gypsy7.
Comprendí que las estríper no tenían la mejor reputación,
pero las chicas que conocí eran encantadoras. Todas menos
una, por supuesto.
Una pequeña mujer hispana con grandes ojos marrones, la
piel lisa de color café con leche, y curvas que hacían a los
hombres perder la cabeza, se burlaba de mí. La llamaban
ChaCha. Era difícil ser amable con ChaCha cuando te miraba
como si olieras a mierda.
Las personas escucharon a las chicas llamándome por mi
nuevo apodo, y luego muy pronto, el personal técnico y de
seguridad, los cantineros e incluso algunos clientes me estaban
llamando Gypsy.
No me importaba. En cierto modo me dio un sentido de
pertenecía. Quiero decir, los amigos normalmente te dan apodos,
¿verdad?
Hizo a mi corazón sonreír.
Es decir, hasta que Anika me dijo que los rusos no pensaban
muy bien de los gitanos, y mirándome, con ojos simpáticos,
declaró que les diría a todos que dejaran de llamarme así.

7
Gypsy: Gitana en español.
Poniendo mi más grande sonrisa, le agradecí, pero le dije que
no se molestara, porque me gustaba.
Toma eso, señorita remilgada y correcta.
A medida que mi mente se metió en el trabajo, también lo hizo
mi tensión, y me estaba convirtiendo en la favorita del público.
Las personas querían que Gypsy fuera la anfitriona de sus
despedidas de soltero y pagaban cantidades ridículas para
hacerme trabajar para ellos exclusivamente.
No lo entendía, pero estaba segura de que tenía algo que ver
con lo que Nas me enseñó cuando me llevó a almorzar ayer.
En el momento que nos sentamos, se sentó con la espalda
recta y explicó la situación.
—Tenemos que hablar.
—¿Sí, de qué? —Mi corazón comenzó a latir más rápido.
Parte de mi pensó que estaba siendo despedida y Lev no
tenía las bolas para decírmelo él mismo. Pero lo que dijo a
continuación me desconcertó.
—No te tomes esto como algo personal ni nada, ¿de
acuerdo? Pero pensé que cuando te acomodaras un poco
llegaría de forma natural, y ahora que puedo ver que no va a 86
suceder, voy a tener que enseñarte.
Tomé un sorbo de mi agua de limón, pasando los dedos por
la condensación fuera del vaso.
—¿Enseñarme, qué?
Se quitó las gafas y sonrió.
—A coquetear.
Parpadeé y entonces le resoplé.
—¿Para qué? No es como si estuviera buscando un novio o algo
así.
Suspiró, y se acercó, se frotó las sienes como si estuviera
perdiendo la paciencia.
—Mina, eres una zorra en un club de caballeros. —Se detuvo
un momento—. No quiero tener que poner presión sobre ti, pero
has sido reservada como anfitriona en una despedida de soltero
el sábado en la noche.
Momentáneamente aturdida, jadeé. Entonces farfullé:
—¿Q-qué? ¿Por qué yo? ¿No puede hacerlo Anika?
¡Haz que Anika lo haga! Nas me miró, hablando
lentamente a través de los dientes apretados.
—Ellos no quieren a Anika. Quieren a Gypsy.
Se inclinó sobre la pequeña mesa de café para encararme.
—Y ellos van a obtener a Gypsy, o voy a patear el culo de
Gypsy. ¿Entiendes? Deslizándome por mi silla. Me quejé.
—No quiero. Derramaré las bebidas sobre ellos. Se quejarán
a Sasha, y me despedirá.
—No has dejado caer un vaso desde tu segundo día. Puedes
equilibrar una bandeja. Estás recibiendo más pedidos que
cualquiera de nosotros espera de ti. Y tienes a los hombres
cautivados. —Me sujetó con una mirada sincera—. Lo estás
haciendo genial. Incluso Lev lo piensa.
La quejumbrosa Mina se desvaneció cuando la Mina intrigada
apareció.
—¿De verdad? ¿Dijo eso?
—Sí, lo dijo, esta mañana. —Su ceño se frunció—. Ustedes
dos están viviendo en la misma casa. ¿De qué diablos hablan?
Me encogí de hombros.
—No hablamos mucho. —Incliné la cabeza pensando—. Es
como si cada vez que intento iniciar una conversación, se pusiera
todo raro conmigo.
La expresión de Nas cambió. Habló en voz baja, pero a la defensiva.
—No es su culpa, Mina. Es como es. No espero que lo
entiendas, pero confía en mí, no lo puede evitar. —Siguió con—.
No lo juzgues. No está siendo grosero, simplemente no sabe
cómo ser social.
Parpadeé ante su tono protector. 87
—No lo estoy juzgando, Nas. Simplemente tengo preguntas. Como,
¿por qué no
me habla de sí mismo y por qué nos encierra en su dormitorio por la
noche?
Nas se echó hacia atrás, con la boca abierta.
—¿Estás durmiendo con él?
—¿Qué? —Me sonrojé y casi grité—. ¡No! —Solté una risa
sin inmutarme—. No confía que no le robe, así que me dijo que
mientras me estuviera quedando con él estaríamos durmiendo en
la misma habitación. Duermo en la cama y él duerme en el sofá
cama. —No parecía convencida. Tomé un sorbo de mi agua, mi
boca repentinamente seca—. Juro que no estamos haciéndolo,
Nas. Lo juro.
Una sonrisa adornaba su hermoso rostro.
—Honestamente no me importaría si lo estuvieran haciendo;
es sólo que no deja a nadie… —Se desvaneció, sacudiendo su
cabeza, sonriendo de repente como una loca—. No tienes idea
de la gran cosa que es, Mina. —Se aclaró la garganta, sentada
con la espalda recta—. Bien, entonces, Coqueteo para
principiantes con Nas ha comenzado oficialmente. —Guiñó—.
Toma nota, pequeña Mina. Las mujeres matarían por la
información que estoy a punto de darte.
La Mina quejumbrosa estaba de vuelta.
—Sigo sin entender por qué necesito
saber estas cosas. Entonces Nas dijo las
palabras mágicas:
—Te garantizo que tus propinas se triplicaran. —Bueno, eso captó
mi atención.
Escuché atentamente.
Comenzó:
—Regla uno: Inclinarte. Cierra la brecha. Vas a querer
acercarte a los hombres con los que estas coqueteando. Sonríe
y dales toda tu atención. No olvides hacer contacto visual. —Se
inclinó sobre la mesa y, sonriendo tímidamente, bateó sus
pestañas, tocando mi brazo—. Toques ligeros están bien,
simplemente finge que no puedes oír su orden sobre la música.
Si te hacen un cumplido, baja las pestañas y sonríe tímidamente.
Los hombres aman a las de tipo inocente.
Eso parece sencillo.
—Está bien. No parece muy difícil de recordar.
—Nunca, y quiero decir nunca, des tu nombre en la primera
bebida. Va a hacer que regresen por más y van a pedir una y otra
vez sólo para tener un minuto de tu atención —continuó—. Te
aconsejaría comenzar a presentarte como Gypsy de ahora en
adelante, algo así como un nombre artístico. Hace que los
hombres piensen que eres toda alocada y de espíritu libre.
Puse los ojos en blanco y me regañó:
—Oye, estos hombres están ayudando a pagar tu salario.
Oh, no tenía que decírmelo. Lo sabía, y estaba más que agradecida,
pero como 88
que parecía que estábamos tratando a estos hombres como si fueran
estúpidos.
—Si un tipo te da una propina grande, agradéceselo, dobla el
dinero, y ponlo en tu sujetador enfrente de él. Es como hacer un
pequeño espectáculo para él. Si se siente generoso y te deja
una propina ridícula, inclínate sobre la barra, agarra el frente de
su camisa en un puño apretado, tira de él cerca, y besa su mejilla
muy despacio. Los hombres se vuelven locos por esa mierda. —
No estoy segura de poder hacer eso alguna vez, pero era bueno
saberlo. Escuché con atención mientras explicaba el arte de
coquetear—. Sin embargo, las palabras de precaución son: No
ofrezcas algo que no estás dispuesta a dar. Les das un
centímetro y se toman un kilómetro. Nunca beses a un cliente en
los labios. Lo tomará como una invitación y posiblemente se
ponga toquetón. —Sus cejas se levantaron—. No terminará bien.
Asentí. Sí, podía ver que eso terminaría mal.
Nas terminó justo cuanto llegaron nuestras comidas.
—Y eso concluye nuestras lecciones del día. —Sonrió,
viéndome mirar con ansia mi fettuccini Alfredo con aguacate—.
Come.
Comí con gusto, y rió mientras gemía a través de mi comida.
Cuando terminamos, gemí y agarré mi vientre.
—Oh, Dios. Estoy tan llena. —Entonces reí—. Nunca pensé que
me oiría decir
eso.
Sonrió, señalando con la barbilla hacia mí.
—Te ves mucho mejor.
Me froté la barriga con orgullo.
—Ya he ganado casi dos kilos esta semana. —Sus labios se
fruncieron como si estuviera impresionada— Faltan ocho más
para mi peso normal.
Su afectuosa sonrisa me calentó.
—Ya llegaremos ahí, Mina.
Lo dijo como si fuéramos un equipo. Como si fuera a
ayudarme. Como si fuéramos más que compañeras. Como si
fuéramos amigas.
Se onduló como una explosión en el centro de mi pecho.
Valoraba la amistad, sobretodo porque no la había tenido en
mucho tiempo. Me di cuenta de que ya no estaba sola, y nadie
entendería jamás lo edificante que era esa sensación. La mayoría
lo tomaría por sentado.
Nunca lo haría. Desde el fondo de mi corazón. Me lo prometí.
El sábado llegó y, consciente de que estaría atendiendo a
ocho hombres alborotados a mi alrededor, me vestí acorde a la
situación.
Llevaba mis vaqueros azules ajustados, una blusa gitana
blanca que mostraba una pequeña cantidad de mi vientre y
sandalias blancas de piel con tiras. La blusa era de algodón 89
delgada, de manga larga y decorada con flores bordadas en azul
marino. Nas me había dado una diadema que había comprado,
pero que nunca se había puesto y la cual me informo que era
boho chic.
No sabía lo que era boho chic, pero Nas me juró que
complementaria mi atuendo de gitana.
La diadema pasaba a través del centro de mi frente, y sobre
la corona de mi cráneo. Estaba hecha con una cadena fina, tenía
otra tira arrastrándose por el medio de mi frente, sosteniéndolo,
y tenía unas pequeñas monedas unidas a los lados de mis
cejas. Las monedas tintineaban ligeramente, y era un poco
distractor, pero cuando me miré en el espejo, no se veía tan
ridículo como pensaba que podría hacerlo.
Nas me dio instrucciones de aplicar tres capas de rímel para
alargar mis largas pestañas y terminar con un lápiz labial rojo
brillante que me había dado.
Tomó un montón de intentos hasta tener derecho el lápiz
labial, y sentí la necesidad de pasar la lengua por mis dientes un
poco. El pensamiento de sonreír alegremente con los dientes
manchados de rojo era francamente humillante. Revise mis
dientes diez veces antes de caminar escaleras abajo, abrigo en
mano.
Como predije, Lev estaba abajo en la cocina, sosteniendo a
Lidiya. Solo esta vez. Cuando entré, ella sostuvo sus pequeñas
manos hacia mí, me acerqué, la tomé de Lev, y la abracé con
fuerza.
—Hola pastelito dulce —susurré, presionando mi mejilla en la
parte superior de su cabeza, respirando su dulce aroma. Cerré
los ojos, tomando su calor—. Dios mío, eres una niña grande.
Lev, que estaba cerca, sin una pizca de preocupación
mirándome con su hija, dio un paso más cerca.
—Dame, la tomaré. Sé que está un
poco pesada. Pero la abracé más
cerca.
—¿Pesada? Es adorablemente gordita, eso lo que es. —
Lidiya chupaba su pulgar, apoyando su cabeza en mi hombro.
Una ola de mimos se apodero de mí—. Oh, estas ganando
puntos conmigo señorita. Me tienes envuelta alrededor de tu
dedo meñique.
Cada mañana, cuando Lev se iba a trabajar, me levantaba y
pasaba algo de tiempo con Mirella y Lidiya. Nos íbamos de paseo
alrededor del complejo, jugábamos juntas, teníamos fiestas de té
exclusivas, y en raras ocasiones, hasta dejé que Lidiya me
alimentara.
Una sonriente Mirella me dijo que la malcriaría si seguía
tratándola como una princesa. Le respondí que las niñas no
deben ser tratadas como cualquier cosa más que como
princesas. Algo me decía que había ganado oficialmente a la 90
anciana con el comentario, pero no me importaba. Era como
verdaderamente me sentía.
La puerta trasera se abrió y Viktor entró, seguido por Anika y
Nas. Probablemente fui la única persona que vio el destello en
los ojos de Anika. Nos saludamos, y los recién llegados adoraban
a Lidiya, como de costumbre.
Cuando Anika vino y extendió los brazos hacia Lidiya, la
pequeña niña volvió la cabeza hacia mi cuello y me aferró a mí.
Vi la decepción en los ojos de la belleza pelirroja, y
desfallecimiento corrió a través de mí. Pero le siguió la
vergüenza.
Estaba visiblemente molesta,
después de todo. Traté de hacer
una broma de esto.
—Probablemente piensa que somos de la misma edad, soy
la más cercana a su altura.
Anika parpadeó, sonriéndome. Pero no había calor en esa
sonrisa. Me dio la sensación de que pensó que me estaba
sobrepasando a lo grande.
Mirella bajo después de su ducha y trató de quitarme a Lidiya,
pero la pequeña niña no quería irse. Después de que comenzó a
quejarse, me ofrecí a ponerla en la cama por segunda vez esa
semana. Mirella estaba evidentemente agradecida. Claramente
no quería poner a Lidiya en la cama en un estado de angustia.
No la culpaba.
Subí por las escaleras cuando Lidiya comenzó a dormitar.
Mirella silenciosamente me alcanzo y le entregué la regordeta
princesa. Me despedí en silencio, y Mirella me devolvió la
despedida. Me dirigí a las escaleras y entré en la cocina justo
cuando Anika comentó:
—Así que Mina está aquí mucho.
Ni Lev o Nas sintieron la necesidad de explicarse, y
francamente tampoco lo hice yo. En lugar de decirle que estaba
siendo obvia en una manera horrible, sonreí.
—¿Quién está listo para hacer de esta noche su
perra? Yo sí. Vámonos. Jugar de anfitrión era
interesante.
Nas tenía razón sobre el coqueteo. Los chicos de la
despedida de solteros no podían haber sido más generosos. La
jodí un par de veces, pero tuve la gracia de reírme de mí misma.
Mi excusa para confundir la orden fue:
—Bueno, si ustedes chicos no fueran tan guapos, una chica
podría trabajar sin distracción, ¿saben?
Con excusas comunes como estas, mi fiesta encantadora
aumentó las propinas a un ritmo alarmante, dejando más para
mí de lo que habían gastado en realidad en bebidas.
Mis mejillas dolían de sonreír demasiado, pero valió la pena
cuando me enteré que había ganado un poco más de $400 en
propinas.
Lev mantuvo una estrecha vigilancia sobre mí,
comprobándome de vez en cuando. Me preguntaba qué hacía en
realidad en el club. Según parecía, todo lo que hacía era ver el 91
espectáculo cada noche.
Cuando uno de los chicos agarró mi muñeca y me acercó, me
entró el pánico. Pero cuando me recordé que habían bebido
mucho y ponerse toquetón venía con el territorio, pegué otra
amplia sonrisa en mi rostro, y me incliné cerca, y escuché el
despliegue de elogios que el hombre quería que escuchara.
Después de que fue escuchado, me dejo ir y alivió paso a través
de mí. Parpadeé hacia él a través de mis pestañas bajas, me
eche hacia atrás, y le soplé un beso.
No sé porqué estaba tan en contra de esto. Esta cosa del
coqueteo era fácil. Lo tenía ahora. Caminando hacia atrás,
caminé directo a una pared. Miré hacia atrás para ver a la pared
mirando al hombre que me quería decir que hermosa era. Me
volví y le sonreí.
—¡Estoy arrasando!
Pero Lev, luciendo peligrosamente apuesto en su traje de tres
piezas gris metálico, mantuvo su mirada fija en el hombre.
—Puso sus manos sobre ti.
Campanas de advertencia sonaron en mi cabeza. Mi sonrisa
se desvaneció cuando puse una mano en su pecho.
—Oye, está bien. Sólo están
pasándolo bien. Su mirada se
desvaneció cuando me miró.
—Parecías
asustada. Oh,
¿lo hacía?
Eso significaba que me había estado observando. Ni
siquiera podía pensar en eso ahora. Tenía que calmar a un
Lev pareciendo un asesino.
Sus ojos se posaron en el suelo cuando preguntó de forma
vacilante:
—¿Estabas asustada?
Mi hombro saltó en un pequeño encogimiento.
—No estoy acostumbrada a que la gente me toque, eso es
todo. Me asusté por un momento, pero pensé en ello y estoy
bien. —Sentí la necesidad de defender al hombre toquetón—. No
me lastimó, Lev.
—No me gusta que te toquen.
Esa fue una declaración audaz, si alguna vez escuché una.
Sus ojos, ardiendo, pasaron sobre mi cabeza, de vuelta hacia el
hombre. Mi mano seguía en su pecho, me volví para ver al
grupo de hombres mirando a Lev, todos luciendo tensos e
inquietos.
Lev apretó los puños y se adelantó un paso, hacia los hombres.
No podía creer lo que estaba viendo. ¿El dulce Lev irritándose
por unos chicos al azar? No lo entendía. Este no era el hombre
que había visto la semana pasada. Este era alguien más. Alguien
aterrador.
—¡Oye! —grité sobre la música, empujando mi mano contra 92
su pecho para detenerlo de ir ahí. Me miró, sus ojos
ablandándose, y se quedó quieto. Le sonreí
tranquilizadoramente, palmeando el pecho de su chaqueta—.
Estoy bien. —Reí quedamente—. Está bien, Lev. Puedo
manejarlos.
No parecía muy convencido.
—Voy a mantener un ojo sobre ti.
No quería ponerlo a prueba. No ahora. Lucía como una
bomba programada para explotar al menor contacto.
—Está bien —dije y me dirigí de nuevo al bar, confundida por
la reacción que estos hombres habían disparado en Lev.
El resto de la noche fue espléndidamente, y mi sujetador
estaba lleno hasta el borde con propinas. Mi fiesta se fue
alrededor de las dos de la mañana con amplias sonrisas, pero no
los iba a dejar ir sin llamar para pedir taxis para ellos primero. El
próximo marido besó mi mano y me agradeció por la gran noche.
Se sentía bien ser apreciada.
Cuando los de la limpieza entraron, y todo el mundo estaba a
punto de irse, Sasha salió de la puerta de atrás del bar y dijo que
iba a quedarse atrás un rato. Enganché mi brazo alrededor de
Lev y me despedí de Anika y Viktor.
Anika, mirando hacia el brazo enganchado alrededor de Lev, sonrió
y ofreció:
—Oye, Mina puedo llevarte a casa.
Oh, Dios. Síp. Era obvio. Le había echado el ojo a Lev. Lo
gracioso era que pensaba que yo era competencia. Era
hermosa. No podía competir contra eso.
Lev, luciendo confundido, pronunció:
—Eso no tiene ningún sentido, Anika, Mina está viviendo conmigo.
La pobre se zambulló palideciendo unos tonos. Tragó
saliva fuertemente antes de girarse hacia Nas y acusar:
—Oh. Lo siento. Nadie me lo dijo.
Nas miró a su amiga. Estaba orgullosa de su respuesta.
—Bueno, Ani, es que no es de tu maldita incumbencia.
Un escalofrió de satisfacción me atravesó mientras fui
guiada hacia el coche por Lev en completo silencio.

93
Traducido por Apolineah17

Mina

la mañana siguiente cuando Lev despertó, me


encontré despertándome al mismo tiempo. Estaba
harta de pasar mis días en la cama. Tenía que haber 94
mejores cosas que hacer que dormir todo el
día, de todo modos. Pero si lo había, todavía tenía que encontrar
una actividad tan disfrutable que superara al sueño.
Con la puerta de la habitación abierta, asumí que Lev ya
había salido del dormitorio. Bostecé, deslizándome fuera de la
cama y caminando hacia el baño para lavar mi rostro y cepillar
mis dientes. Justo mientras abría la puerta, la ducha estaba
abierta y me puse rígida ante la vista de la espalda desnuda de
Lev.
Su fuerte y musculosa espalda, y largas y
gruesas piernas. Oh, Jesús.
Mis pequeños pechos se apretaron y mi estómago se hundió
con violencia. De repente, completamente despierta, me aferré a
la manija de la puerta hasta que mis nudillos se pusieron blancos
y parpadeé ante la visión celestial.
Debió haber sentido mis ojos en él, porque de espaldas a mí,
giró la cabeza, atrapando mis ojos debajo de su cintura.
Mierda. Estaba atrapada, con los ojos tan abiertos como
platos y la boca boquiabierta. Levanté mi rostro para mirar el
suyo.
Me acordé de James. Me recordé siendo íntima con James.
Podía describirte cada aspecto de su cuerpo con detalle. Pero la
visión del cuerpo desnudo de Lev me tenía olvidando a cuál sea
su nombre en un segundo plano.
James era un chico.
Lev era todo un hombre.
Su amplia espalda su onduló, y quería frotar esos desnudos
y voluminosos hombros. Quería pasar mis manos sobre todo él,
tener el privilegio de tocar cualquier lugar que me dejaría.
El punto sensible entre mis piernas pulsó ligeramente.
Él me vio observándolo, y su ceja se elevó lentamente en pregunta.
Tragué saliva y mi lengua se sentía como si estuviera hecha
de arena. Mi cuerpo estaba caliente por todas partes. Susurré:
—Sólo quería cepillarme los dientes.
Con sus ojos en mí, se quedó en silencio por un momento.
—Está bien. —Arrastró las palabras mientras se metía en la
ducha, el vapor fluyendo alrededor de nosotros. El vidrio
esmerilado rodeando la ducha no hizo nada para mantener mi
imaginación controlada.
Lev era un borrón, pero en mi mente, podía ver cada borde
fuerte y poderoso de su cuerpo como si el vidrio ni siquiera
estuviera allí. Y qué visión era. Impresionante, fantasía como era.
Parte de mí quería abrir la puerta de la ducha y espiar dentro
para mirar hasta saciarme.
Me pregunté qué reacción tendría Lev a eso. ¿Se ofendería o 95
se sentiría halagado? ¿Su cuerpo respondería a las miradas
descaradas de apreciación? Poniendo mi mano donde más lo
necesitaba, apreté mis piernas juntas, desesperada por encontrar
alivio de la pulsación sorda. Todo lo que realmente conseguí
hacer fue endurecer mis pezones. Cerré los ojos, mordiéndome
el interior del labio, saboreando la cálida corriente apoderándose
de mi cuerpo. Tal vez me tiraría bajo el chorro, tomaría mi boca
en un beso profundo y salvaje; y me tomaría contra la fría pared
de la ducha.
Sí, claro.
Quité la mano de entre mis piernas, caminando hacia el
espejo del baño. Rodando mis ojos ante el loco pensamiento,
limpié el cristal opaco y miré fijamente mi reflejo sonrojado. Era
obvio que nunca descubriría qué reacción habría tenido Lev. No
era tan aventurera. Él probablemente me pediría que me
marchara de esa manera cortés y aburrida que sólo Lev podía
sacar, dejándome humillada.
Ya había tenido suficiente humillación para toda una vida.
Este era mi momento de brillar, y si quería compañía masculina,
tendría que buscarla en otra parte.
Mi corazón punzó dolorosamente. Se estaba volviendo cada
vez más claro que sentía algo por Lev. Pasé los últimos días
tratando de negar ese hecho, pero ya no podía mentirme. ¿Por
qué más los celos tendrían a mi vientre retorciéndose en nudos
cuando Anika estaba alrededor, tocando a Lev y presionándose
contra él?
Lo repasé en mi mente. Me dije que tal vez tenía un profundo
respeto por Lev, porque él resultó ser la persona que me salvó.
Tal vez si Sasha fuera la persona que me había ayudado, me
sentiría de la misma manera hacia él como lo hago por Lev.
Mi nariz se frunció. Entendía que nuestras circunstancias
estaban muy lejos de eso, pero de alguna manera,
verdaderamente dudaba que alguna vez sintiera por Sasha lo
mismo que sentía por Lev.
Era más que una alianza, no exactamente una amistad.
Todavía no, de todos modos.
Después de hablar con Nas la semana anterior, rápidamente
me di cuenta de que a menos que fuera yo quien hiciera el
esfuerzo, Lev y yo permaneceríamos en esta relación casual. Y
yo quería más que eso. Quería hablar con Lev sin sentirme como
si estuviera molestando o entrometiéndome. Quería que Lev se
sintiera cómodo conmigo. Quería una amistad.
Y más que nada, quería hacerlo sonreír. Actualmente, Lidiya
era la única persona que podía forzar una respuesta feliz en él.
Quería cambiar eso.
Maldita sea. Me estaba excediendo. Lo sabía. Pero ahora era
mi misión. Daría cualquier cosa por escucharlo reír. Tenía la
sensación de que sería revolucionario.
Con un suave suspiro, utilicé hilo dental, agarré mi cepillo de
dientes, cepillé mis dientes, los enjuagué con enjuague bucal y
después abandoné el baño para sentarme en la cama y esperar
el regreso de Lev.
Tenía una propuesta para él.
Recostada en la cama, no tuve que esperar mucho tiempo 96
para que la puerta se abriera y ver a Lev saliendo del baño,
vestido con pantalones de chándal negros y una ajustada
camiseta blanca. La condensación en su cuerpo hacía que la
camiseta se pegara, y fácilmente podía distinguir sus planos y
oscuros pezones a través de la fina tela.
—¿Ejercitándote? —casi jadeé mientras me movía para sentarme.
Él dejó escapar un gruñido afirmativo, sentándose en el borde
del sofá para ponerse los calcetines y las zapatillas de deporte.
Entonces levantó la mirada hacia mí, sus ojos color miel
estrechándose en sospecha.
—Estás despierta
temprano. Mi labio se
crispó.
—Lo dices como si tuviera un motivo. —Sonreí y pronuncié
un divertido—: Está bien, bueno, algo así.
La declaración llamó su atención. Con sus codos sobre las
rodillas, sus brazos colgando entre sus piernas abiertas,
preguntó con cautela:
—¿Qué necesitas?
Necesitaba mucho más de lo que él tenía para ofrecer,
preferiblemente esos labios carnosos sobre los míos.
—Necesito —hice una pausa, perforando sus ojos con mi
mirada—, tiempo para llegar a conocerte.
Confusión cruzó su rostro.
—No entiendo.
Eso, está llegando a entender, era una de sus frases
veo favoritas. La otra es “ya
”.
—He vivido aquí durante casi dos semanas. Hemos estado bajo
las narices el
uno del otro trabajando juntos, comiendo juntos, viviendo
juntos, y aun así, no sé nada de ti, Lev. Y me gustaría hacerlo.
Sus cejas bajaron.
—Ya veo.
Y con eso, casi rompí en un ataque de risa. Pero en su
lugar, extendí una sonrisa brillante.
—¿Almorzarás conmigo hoy? Vamos a hablar. Llegar a
conocernos un poco mejor. Cavar más profundo.
Su rostro perdió toda expresión y, por alguna razón, la ansiedad
irradió de él.
No pude soportarlo. Me dirigí hacia él, tomando su mano y
sentándome a su lado. Hablé suavemente:
—¿Por qué te callas cuando te pregunto sobre ti mismo?
Su garganta trabajó, y su respuesta se quedará conmigo para
siempre. Con su 97
voz igualmente suave,
murmuró:
—No sé cómo hablar con las personas, Mina. —Apretó mi mano
ligeramente—.
Estoy preocupado por joderla,
decepcionándote.
Mi respuesta fue tranquila pero
feroz.
—Puedes hablar conmigo sobre cualquier
cosa. No creo que puedas
decepcionarme, incluso si lo intentaras. Sólo quiero una
conversación honesta.
Bajando la mirada hacia nuestras manos, pasó su pulgar
sobre el mío, se enderezó y concedió:
—Está bien. Sí. —Hizo una pausa y luego añadió—: Me
gustaría almorzar contigo, Mina.
Mis hombros se encogieron un momento con mi nariz,
levantando mis brazos en el aire, vitoreé:
—¡Yay!
Él me miró, y cuando me miró como si estuviera loca, incliné
la cabeza hacia atrás y reí, simplemente feliz de estar
compartiendo este momento con él. Me puse de pie, agarrando
algo de ropa y caminando hacia el baño.
—¿A la una en
punto? Inclinó la
cabeza.
—A la una en punto.
Sintiendo en partes iguales alivio y alegría, cerré la puerta
detrás de mí y lavé mi larga noche.

***

La mañana se volvió eterna, principalmente porque Mirella


había llevado a Lidiya a un día de excursión y no conseguí ver al
pequeño encanto antes de que saliéramos. Nas llegó alrededor
de las once y, sin pronunciar una sola sílaba, se sentó en la
mesa de la cocina de Lev, con sus monstruosas gafas cubriendo
sus ojos, y lanzó una bolsa de papel sobre la mesa.
Resoplé una carcajada y le pregunté en un susurro:
—¿No dormiste bien?
Se quitó las gafas, haciendo una mueca cuando la luz tocó
sus ojos rojos, pero sonrió astutamente:
—No dormí en absoluto.
Me tomó un segundo comprenderlo. Y cuando lo hice, me incliné
sobre la mesa y
la empujé. 98
—Pequeña sucia. ¿Era alguien
que conozco? Ella se encogió de
hombros.

Probablement
e. La miré
fijamente.
—¿Y no vas a decírmelo? —Ella negó con la cabeza, una
sonrisa de Mona Lisa apareciendo en sus labios—. Está bien —
dije—. Por lo menos dime si él fue bueno.
—Mmmm —canturreó, cerrando los ojos lentamente—. Fue
exactamente lo que necesitaba. Él fue increíble. Un dios.
Mis labios se fruncieron en un mohín.
—Quiero a alguien increíble. Quiero a un dios. —Parpadeé
hacia ella—. ¿Qué está mal conmigo?
Nas se rió entre dientes.
—Por lo que parece, estás sedienta, muñeca.
—¿Eh?
—Necesitas un enorme vaso de agua.
Estaba empezando a tener un dolor de cabeza. Me froté las
sienes.
—En inglés, Nas. Por favor.
Resopló un suspiro molesto y me lanzó la mirada de apestas.
—Estás cachonda.
—No, no lo estoy —objeté un poco demasiado rápido.
—Es totalmente natural querer la P, Mina. Nada de qué
avergonzarse. Ha pasado un largo tiempo. Acabas de recuperar
tu vida —aseguró—. Tienes veinticuatro años. Está bien querer
sexo.
Parpadeé hacia la mesa, pensando mucho.
—Sabes, probablemente tienes razón. Pero creo que eso no
es lo que quiero en absoluto. Es sólo la idea de ello que es
poderosamente atractiva. —Me reí—. Conociendo mi suerte,
conectaría con el único chico que no sabe cómo tomar a una
mujer. Entonces, por supuesto, fingiría para que él no se sintiera
mal, y terminaría sintiéndome doblemente cachonda, yendo a
casa y masturbándome. —Hice una mueca—. No es lo ideal.
Nas me miró boquiabierta, con los ojos entrecerrados y su labio
curvado.
Finalmente, teorizó:
—Estás malditamente loca.
—Lo sé. —Suspiré.
Abrí la bolsa sobre la mesa para encontrar que Ada había 99
hecho un lote de sus panquecitos de arándanos. A pesar de que
quería conservarlos todos para mí misma, a regañadientes le
ofrecí uno a Nas, quien se rió de mí obvia oferta forzada. Tomó
uno de todos modos. Hablamos por más de una taza de café y
me di cuenta de que el tiempo pasó volando hasta que la puerta
trasera se abrió.
Tanto Nas como yo nos giramos para ver a Lev entrar. Él miró
a su hermana y sus duros ojos se volvieron cálidos.
—Buenos días, Nastasia. ¿Te vas a unir a nosotros para el
almuerzo?
—¿El almuerzo? —Se espabiló. Me di la vuelta y le fruncí el
ceño. Sus cejas se levantaron en sorpresa—. Supongo que no.
—La próxima vez —murmuró él antes de volverse hacia
mí—. Necesito una ducha. Nos iremos en diez minutos.
—Está bien —respiré, mirando directamente hacia su
camiseta cubriendo su amplio pecho.
Cuando se marchó para subir las escaleras, Nas me pellizcó y
susurró/siseó:
—¡Tienes una cosa por Lev!
—¡Ay, eso duele! —Aullé, frotando mi brazo—. Finalmente
conseguí el coraje para pedirle que fuera a almorzar conmigo.
Vamos a llegar a conocernos. —Juré—: No voy a dejar que él
siga evitándome. Vamos a ser amigos.
Nas advirtió:
—Lev no hace amigos.
Miré hacia la puerta de la que salió. Declaré resueltamente:
—Bueno, pues voy a cambiar eso.

***

Nas se fue antes de que Lev terminara de ducharse, dándome —


un momento para aplicar un humectante con color, máscara de Vam
pestañas, y claro brillo labial. Cepillé mi cabello y lo dejé suelto. os a
Ya no era recto, en su lugar caía por mi espalda en ondas sueltas. lleva
r a
Me puse el vestido veraniego color azul marino que había Lidiy
comprado dos días antes, después de hablar con Nas para que a
me llevara a otra tienda de segunda mano, poniéndome una con
chaqueta, estilo de los años ochenta encima y deslizándome en nos
mis zapatos Mary Jane blancos y de tacón bajo. Nas actuó otro
molesta porque la hice venir, pero se fue con un impresionante s.
bolso Glomesh vintage de los años setenta. Llev
Le sonreí. Ella escupió sensiblemente: are
—Oye, ¡estos están nuevamente de moda! mos
una
Cuando nos íbamos, Mirella se detuvo en el camino de la
man
entrada. Bajó a Lidiya, y al momento en que ella vio a su papá,
ta
sus brazos se levantaron hacia él y empezó a balbucear:
de
—¡Otet! ¡Otet! ¡Otet! picni
Él me miró y luego la miró de nuevo a ella, y sabía que lo c,
estaba perdiendo. No había competencia cuando se trataba de algu
Lidiya. Entendía eso. Y para ser honesta, lo respetaba. nos
de
El lugar de perder mi cita para almorzar, coloqué mi mano en
sus
su brazo e insinué:
jugu
—Tal vez Mirella podría tener una etes
tarde libre. Ante su mirada ,
con
confusa, sugerí: seg
uiremos algo para almorzar, y comeremos en el parque.
Él miró de mí hacia Lidiya y luego de nuevo a mí.
—¿Estás segura? Ella es demandante cuando se
trata de mi atención. No la culpaba. Él era bastante
maravilloso. Sonriendo, le aseguré: 100
—Quiero que Lidiya venga. Me encanta.
—Está bien —dijo con un firme asentimiento. Y cuando se
acercó a su hija, sonrió, tomando su regordete cuerpo en sus
brazos, y supe que había hecho lo correcto.

101
Traducido por martinafab

Mina

ev pasó por delante de tres parques antes de esc


encontrar uno que considerara adecuado. Cuando apó,
señalé los dos primeros, bajó sus gafas de sol, se y fui
asomó por mi ventana, sacudió la cabeza y murmuró: a
corr
—Demasiada gente. er
Cuando hacía cosas como esta, me recordaba a mí misma tras
que aunque me pareciera extraño, yo no conocía a este hombre, ella,
de ahí el propósito de hoy. Me quedaría sentada y dejaría que pero
hiciera las cosas a su manera. Tenía todo el tiempo del mundo Lev
para Lev y sus excentricidades. me
Ayudé a Lidiya salir del coche, tomé su manita, y esperé a detu
que Lev sacara la manta y la cesta de picnic y dirigiera el camino. vo
Nos llevó a un corto recorrido desde el coche a un pequeño con
grupo de árboles en las afueras de la vegetación. Cuando Lidiya una
tiró de mi mano, la levanté y la abracé con fuerza, dándole tiempo man
a Lev para que estirara la espesa manta de lana y estableciera o en
la cesta. el
braz
Lidiya se retorció para que la soltara y, de mala gana, la dejé
o.
ir. En el momento que se escapó de mi mano, sus pequeñas
regordetas piernas la alejaron de nosotros a una velocidad —
sorprendente para una con pies tan pequeños. Un jadeo se me E
ll
a está bien. Nunca se va muy lejos.
Él era su padre. La conocía mejor que yo, pero aun así, me
preocupaba. 102
—¿Estás seguro? —le pregunté vacilante mientras mantenía
un ojo en ella. Había encontrado una hoja que era de su agrado.
Sabía esto porque se había quedado embelesada, sonriéndole
como si se tratara de un rubí brillante en el sol. La sostuvo
delicadamente en su desgarbada mano y se volvió, volviendo a
nosotros a la carrera con la mano levantada sobre su cabeza
para mostrarnos su botín.
Mi corazón acelerado se desaceleró. Miré a Lev, que sonreía y
a la niña. gall
etas
—Gracias, Lidi. Es encantadora.
sala
Ella salió corriendo por segunda vez, pero vi que se detuvo das
a la misma distancia de antes, como si conscientemente finísi
supiera que ir más lejos era ir demasiado lejos. mas
Una cálida mano se cerró alrededor de la mía y me di la ,
vuelta. Lev señaló la manta. sán
dwic
—Siéntate.
hes,
Estaba a punto de decirle que no necesitaba ayuda para algu
sentarme, pero cuando me di cuenta de que llevaba puesto un nos
vestido, decidí no hacerlo. No quería enseñarle a Lev mis de
bragas blancas sin marca. Hoy no, de todos modos. los
Con su ayuda, me senté con tanta gracia como me fue posible ridíc
sin mostrar mi ropa interior, y él se sentó tan cerca de mí como ulos
pudo sin llegar a tocarme. Era un día precioso, y con los árboles muff
actuando como sombra, era positivamente encantador. Los dos ins
giramos la cabeza para observar a Lidi mientras jugaba a una de
distancia segura y cercana. Lev abrió la cesta de picnic, comenzó arán
a sacar elementos, y me los entregó a mí. dan
os
Cuando Lev le dijo a Mirella que habíamos planeado robarle
de
su pupila durante la tarde, ella insistió en elaborar una cesta de
Ada,
picnic para nosotros en vez de tener que comprar algo de
y,
comer. A mí me pareció bien. Quiero decir, Mirella me había
por
hecho tostadas en alguna ocasión, y era bastante buena en ello.
últi
Estaba segura de que podía hacer sándwiches con facilidad. A
mo,
los diez minutos, tuvimos una cesta de picnic relativamente llena,
ped
una muñeca y una pelota para que jugara Lidiya si se aburría, su
azo
frazada en caso de que se sintiera con sueño, y botellas de agua
s de
de las que beber.
bro
Mientras Lev me entregaba productos, yo los colocaba wnie
delante de nosotros. Mirella había hecho bien en empacar del
patatas fritas, bolsitas llenas de rodajas de manzana, fresas, tam
palitos de zanahoria, rebanadas de pepino, cuadrados de queso, año
de un bocado. Sacó botellas de agua y me entregó una. La abrí,
sorbiendo lentamente, mirándolo por el rabillo de mi ojo.
Se quitó la chaqueta, colocándola encima de la cesta para
que no tocara el suelo, luego se quitó los gemelos y se enrolló
las mangas de la camisa hasta los codos.
—Tengo mi primera pregunta. —Sonreí para mis adentros—.
¿Siempre vas en traje?
Él inclinó la cabeza.
—Sí, la mayoría del
tiempo. Esperé por 103
una explicación. No
obtuve nada.
Mis ojos se estrecharon, le hice señas con las manos para —
Er
que me dijera más. Sus cejas se levantaron. a
—Eso es. No hay he
rm
más. Me burlé.
os
—Oh, vamos a tener que hacerlo mejor. ¿Por qué llevas a
trajes todo el tiempo? en
¿Tienes algo más que no sea atuendos de negocios? ¿Qué to
hay de un par de vaqueros? nc
Miró a su hija, que había recogido un grupo de hojas, y es
respondió: —
—No sé por qué llevo traje todo el tiempo. Es una pr
costumbre, supongo. Y sí, tengo otras prendas de ropa, on
incluyendo un par de vaqueros. un
ci
Oh mi. ó
Lo que daría por ver ese culo en un par de vaqueros bien Le
ajustados. ¡Gah! v,
—Está bien. —Estaba satisfecha con esas respuestas. ca
Abrí una bolsa, agarré un trozo de queso, y me lo tiré a la si
boca—. Ahora tú me haces una pregunta a mí. pa
ra
Él no respondió durante mucho tiempo, y por un momento,

pensé que no lo haría, pero luego abrió la boca y habló,
mi
clínicamente.
s
—¿Amabas a tu m
madre? Mi ceño o,
y
se frunció. m
¿Qué clase de e
vo
pregunta es esa? Le
lví
respondí con facilidad: a
—Por supuesto que amaba a mi madre. Ella era la mejor. la
Su nombre era Clara, y soy igual que ella. vi
ej
a yo, girando la cabeza para ocultarme detrás de mi cabello.
—Ella era hermosa, ¿pero sabes lo que la hacía
deslumbrante?
—¿Qué?
Me volví hacia él.
—Su sonrisa. —Sonreí—. Era contagiosa. Y cuando reía,
todo su cuerpo se estremecía en un alegre, coreografiado
movimiento. Era como si bailara con su risa. Sonreía todo el
tiempo, incluso cuando era difícil, y también se reía mucho.
Mi garganta se espesaba cuanto más hablaba de ella. 104
Terminé en un susurro:
—Ella era puro sol.
—Y entonces murió. —Fue tan morboso, tan lúgubre que
hice una mueca.
—Y entonces murió —confirmé con un movimiento de
cabeza—. Todo sucedió tan rápido. Fue al médico con
dolores de estómago e hinchazón, y fue mal
diagnosticada al principio. Cuando nos enteramos de que tenía —
cáncer de intestino, ya era demasiado tarde. Nos dijeron que C
duraría tres meses. —Fruncí el ceño ante el recuerdo—. Apenas r
llegó a dos. e
e
—Lo siento. s
Me encogí de hombros justo cuando Lidiya regresaba con e
otro grupo de hojas para agregar a la pequeña colección que n
había reunido. Esta vez, se sentó, justo en mi regazo, y alcanzó e
la bolsa de rodajas de manzana. La abrí para ella y le entregué l
una rodaja, abrazándole su vientre con un brazo y apoyando la a
mejilla en su cabeza. m
o
—¿Qué hay de tus padres, Lev? No los has mencionado.
r
—Están muertos —afirmó él sin d
emoción. Le devolví su e
l
pregunta. v
—¿Los amabas? e
Agarró una brizna de hierba, su ceño juntándose. r
b
—No entiendo el amor —comenzó—. El amor es sólo una o
palabra. .
Mis cejas se levantaron en sorpresa. Podía ver que amaba a N
Lidiya, la amaba con todo lo que tenía dentro de él. Podía ver que o
amaba a Nas, e incluso a Sasha a su manera. No entendía cómo e
una persona rodeada de gente que lo amaba no entendía el n
amor. e
l
—Pero tú amas Lidiya. Amas a Nas y a Sasha. a
—¿Lo hago? —se cuestionó—. Me pondría en peligro para m
verlos felices. Daría mi vida para verlos a salvo. Lo haría. ¿Eso o
es amor? Quizás. —Su cabeza se inclinó hacia un lado—. r
Quizás es más. d
Lidiya comía, balbuceando bajito, y entregándome cosas que e
l
encontraba fascinante, como la tapa de mi botella de agua.
a
Medité sus palabras en silencio, y cuando creí haberlo entendido,
p
hablé con suavidad.
alabra.
Su rostro se volvió y me miró como si se sorprendiera de
que entendiera. Añadí:
—El amor, la acción. No amor, la emoción acuosa.
—Sí —pronunció, asombrado.
Yo podría amarte, Lev Leokov.
El pensamiento me tomó por sorpresa. Me emocionaba y
aterrorizaba al mismo tiempo.
Me mordí el interior del labio.
—Entiendo. 105
Mi concentración estaba puesta en la niña, comiendo su peso
en rodajas de manzana, pero sentía sus ojos puestos en mí.
Girando mis dedos por los dulces rizos de Lidiya, la sostuve más
cerca, usándola como una distracción demasiado linda.
La intensidad de su padre me estaba matando. que
habí
—Antes, cuando tenías un hogar, ¿planeabas ir a la
a
universidad? —Su pregunta me sorprendió.
visto
—Sí. —Sonreí abiertamente—. Iba a ser fotógrafa. Gastar salir
todo mi dinero en una cámara y despegar, tomar fotos de esto y de
aquello. —Sonreí—. Vender mis fotografías por miles de dólares él.
y ser la persona a la que acudir cuando la gente de Vogue No
necesitara inspiración. —Me reí para mis adentros—. Ese era el podí
sueño, de todos modos. a
—¿De qué sacarías fotografías? ente
nder
Lidiya se había puesto el dedo en la boca, agarrado su
lo
frazada, e instalado en mi pecho, apoyando la cabeza en mi
que
hombro. La besé en la frente.
le
—Quería tomar fotos al azar. Imágenes de personas y habí
situaciones que hicieran a las personas mirar dos veces. Quería a
ser temeraria e imprudente, y hacer tomar conciencia de temas hec
que a menudo se olvidaban. —Me encogí de hombros, haciendo ho
que Lidiya saltara accidentalmente—. Oh, lo siento, cariño —le la
susurré—. Quería hacer una diferencia. muj
Lidiya, cansándose de mi charla y movimiento, se levantó por er
sí misma y se arrastró hasta su papá, que ya tenía los brazos para
abiertos para ella. Él los envolvió alrededor de ella, abrazándola, que
y en el momento que ella metió la nariz en el lado de su cuello, la
cerró los ojos y suspiró, dormitando casi de inmediato. odia
ra
Sonreí a la pareja. Pero la visión desencadenó mi siguiente
tant
pregunta.
o.
—¿Dónde está la madre de Lidiya? —pregunté con cautela— Tení
. Sé que vive con ella pero nadie la menciona. a
Sin pensarlo, él respondió a través de un gruñido: que
—La madre de Lidiya es una excusa pobre de un ser humano, preg
y en cuanto se presente la oportunidad, Lidi vivirá conmigo unta
permanentemente. r:

Estuve momentáneamente aturdida. Fue la mayor emoción —


¿
Qué hizo?
Sus labios se hicieron más finos y sus fosas nasales se
movieron, como si estuviera teniendo dificultades para
controlarse a sí mismo.
—Irina pensó que podría extorsionarme por quedar
embarazada. Manipulaba los condones, y nunca pensé en
cuestionarla. Nunca tuve que cuestionar a una mujer antes. Ella
me enseñó cuán astuta podía llegar a ser una mujer. —Negó con
la cabeza—. La mirada de asombro en su rostro cuando le dije
que quería al bebé fue divertida. Después de eso, exigió dinero
para no interrumpir el embarazo. —Besó la cabeza de una Lidiya 106
dormida—. Ella nunca quiso a Lidiya. La desprecia. Mirella no
es sólo la niñera de Lidiya. —Me lanzó una mirada feroz—. Es
su guardaespaldas.
—Oh, Dios mío —susurré con la cara pálida—. ¿Le ha hecho —
daño? Va
mos
—No, no se atrevería. No con Mirella alrededor. —
,
Reacomodó a la niña, manteniéndola cerca—. Es la razón por la
Lev.
que la contraté. Mirella es una marine retirada. Le expliqué
Deb
nuestra necesidad de alguien que pudiera actuar bajo presión.
es
No deja que Lidiya salga de su vista. Nunca.
sab
Mis hombros cayeron del alivio. er
—Espero nunca tener que conocer a esta mujer. Me que
encantaría darle un pedazo de mi cabeza. eres
her
—Vas a tener que ponerte a la cola —pronunció él, y la
mos
confusión se extendió a través de mí, porque sonaba como si
o. Si
hubiera hecho una broma.
tus
Nunca bromeaba. ojos
Trabajé en desenvolver un sándwich y le entregué la mitad. no
Lo tomó sin decir una palabra y comimos en silencio un rato pudi
antes de que pensara en otra pregunta. eran
hipn
—Espero que esto no suene grosero, pero me lo he estado
otiz
preguntando. —Sonreí a través de una mueca, sabiendo que
ar a
sonaría grosero—. ¿Qué es exactamente lo que haces en el
las
club?
muj
Sus ojos se clavaron en los míos, y sonreían. eres
—Por la noche, mantengo un ojo en los clientes. Estoy atento , el
a los problemas. Me aseguro de que la gente esté divirtiéndose. rest
Durante el día, me ocupo de los libros, las transacciones y tal. o lo
—Contable de libros. —Solté un bufido ligeramente—. harí
¿Quién lo hubiera pensado? Cuando pienso en un contador de a
libros, veo a un hombre de mediana edad calvo con un con
abdomen abultado, no a alguien como tú. seg
urid
—¿Como yo? —preguntó, su ad.
perplejidad evidente. Puse los ojos en S
blanco ante su intento de modestia. u
s
cejas se levantaron.
—¿Crees que soy guapo?
Le hubiera dado un golpe con la mano si no fuera por la dulce
niña actualmente usándolo como un colchón. En cambio, agarré
mi botella de agua y tomé un sorbo, manteniendo mis ojos en él.
Parecía sincero en su incredulidad de que lo fuera a encontrar
atractivo.
La vida tenía esta forma de sorprenderte. Estarías sentado
allí, perdido en un momento, cuando de repente, una sensación
de frío se extendería por todo tu abdomen y te preguntarías a ti
mismo si alguna vez habías vivido un día de tu vida. 107
Estar vivo era fácil. Vivir, por otro lado... bueno, eso era un a
poco más difícil. Coraje se levantó de muy dentro de mí, y mi s
corazón latía con fuerza. No tenía nada que perder, así que fui a
por ello. o
—Eres el hombre más guapo que he visto en mi vida, Lev. Sin m
duda alguna. b
Él me miró parpadeando durante un largo rato, y luego volvió r
la cabeza, mirando hacia la vegetación abierta. Su rostro estaba
atrapado en un ceño fruncido. Luego murmuró: o
—Está bien. .
Salió de una manera que casi sonaba como si se estuviera P
tranquilizándose a sí mismo, y me dolió el corazón. Esperé un
o
rato, pero parecía que había acabado de interrogarme. Me
aproveché. d
—Háblame de tu familia. í
Dio un largo suspiro y comenzó a hablar mientras exhalaba. a
—Sasha es un imbécil. Eso es todo lo que quiere que la gente d
sepa de él. Él tenía veintiuno cuando mi padre murió, y se hizo
cargo de todo. Perdió gran parte de su juventud tan de repente e
que no creo que alguna vez se haya recuperado de la pérdida. c
Mi madre se fugó cuando yo tenía ocho años. Nunca la vimos de
i
nuevo. Eso afectó a Nastasia relativamente fuerte. Era la favorita
de mamá. —Un latido sordo trabajaba en mi pecho. Lo sentía por r
esta familia—. Nastasia puede parecer dura, pero es una de las
l
personas más generosas que conozco. Cuando ama, ama tanto
que duele. Y estoy agradecido por ello. o
Sonreí al oírle hablar de su hermana. .
—¿Por qué no tiene novio? M
—Como he dicho, ama tanto que duele. Y Nastasia ha amado e
a Viktor desde que éramos niños.
q
Me incorporé en ese punto con la boca abierta.
u
—¿Qué? ¿Vik Viktor? ¿Ese Viktor?
—El único. —Él estaba disfrutando de mi e
dé de piedra por esta información. Farfullé:
—¡Pero ni siquiera se gustan!
—Por el contrario —reveló Lev—. Viktor ama muchísimo a
Nastasia. De hecho, pasa todas las noches en su cama.
Jadeé de la incredulidad.
—¡De ninguna manera!
Se encogió de hombros, sus ojos encendidos de alegría.

108
—Ella piensa que nadie lo sabe, pero a menudo, cuando no
puedo dormir, camino alrededor del complejo y su coche está
estacionado enfrente de su casa. Cada noche.
Oh, Dios mío. Ese era con quien estaba la noche anterior. El
dios que la mantenía despierta con sus habilidades de la lengua
era Vik. Pero entonces…
—Pero Nas lo hace parecer un mujeriego. —
Estaba desconcertada. Lev asintió.
—Lo es.
Me estaba empezando a doler la cabeza.
—No entiendo. ¿Por qué aguantaría eso? Yo no lo haría.
Estaría de patitas en la calle.
—El amor —aconsejó él suavemente—, es una palabra de
hacer. Y a veces las personas que menos lo merecen son los que
más lo necesitan.
Él tenía razón, por supuesto. Esta conversación que
estábamos teniendo era fácil. Casi demasiado fácil. Estaba
reconociendo que Lev Leokov era un libro abierto. Sólo
necesitaba descubrir el idioma en que estaban escritas sus
páginas.

109
Traducido por Mae

Mina

uestro picnic improvisado llegó a su fin poco sien


después de que Lidiya se quedara dormida. La do
pobre empezó a sudar con el leve calor, por lo que tan
la llevamos a casa para terminar su siesta en la silen
comodidad cios
de su propia cama. a
com
Dejé a Lev hacer lo que fuera que hacía por las tardes, y subí o
a ducharme y cambiarme para ir a trabajar. Decidí comodidad pud
sobre clase y me puse una camiseta negra llana sobre mis e
pantalones de mezclilla, terminando con zapatos negros que mie
serían claramente mi muerte, es decir, si no podía aprender a ntra
caminar en ellos. s
¡Era como caminar sobre zancos, por el amor de Dios! me
Atusé mi largo cabello, ondulado, tomándolo en mis manos y dirig
arrugándolo mientras ligeramente lo rociaba con spray, y luego ía a
me lavé la cara y volví a aplicar maquillaje, espesando el la
delineador de ojos un poco para un efecto dramático de ojo de coci
gato. Coloqué brillo ligeramente con algo que era de color rosa y na.
olía a pastel, y el olor era tan delicioso que quería comerlo. Tení
a
No te preocupes. No lo hice. Lamer tus labios no cuenta.
ham
Con mis pies descalzos, bajé las escaleras de dos en dos, bre
y recordé que había sobras de brownie de nuestro almuerzo. Abrí
la nevera, me aferré a la puerta y miré dentro, inclinándome para
ver más de cerca. 110
Los brownies habían desaparecido.
Hmmm.
Rebusq
ué.
También tenía rodajas de manzana, queso y magdalenas de
Ada.
Fruncí el ceño. No me estaba volviendo loca. Sé que las puse e
allí cuando regresamos a la casa. Incluso escondí los brownies s
detrás del zumo para que nadie los tocara
t
Lo comprobé de nuevo, buscando
r
profundamente en la nevera. Nope. Se habían
a
ido.
t
El frutero se encontraba en el mostrador de la cocina, y
aunque tenía plátanos maduros, manzanas brillantes y peras é
verdes, quería esos malditos brownies. Así que empecé a g
buscarlos.
i
Mientras me encontraba en la planta baja, fui a comprobar a
Lidiya, y sonreí cuando vi a Mirella sentada en la silla junto a su c
cama, leyendo. Me vio y levantó la mano en un saludo. Volví, mis a
ojos recorrieron la pequeña princesa durmiendo profundamente
m
en su cama.
Eso sólo dejaba un lugar. e

Regresé por las escaleras, pero giré a la derecha y caminé n


por el pasillo hacia la oficina de Lev. Me dijo que se fue hasta allí t
para trabajar, pero tuve la sospecha de que él también podría
e
tener otra razón para ir allí.
La puerta se encontraba entreabierta, menos de un e
centímetro, y eché un vistazo. s
¡Lo sabía! c
Abrí puerta y lancé un victorioso:
o
—Te atrapé.
n
Lev hizo una pausa, había un brownie a medio camino de su
boca. d
Mis pies me llevaron a su escritorio, donde su computadora i
se encontraba abierto. Tomé el brownie de su mano, lo metí en d
mi boca, gemí de placer cuando la amarga dulzura golpeó mi
lengua, y luego me enderecé y balbuceé: o
—Oh, lo siento. ¿Ibas comerte ese brownie ?
Sus labios se achicaron y me miró.
—Sí, lo iba a hacer.
Tuve que taparme la boca para no reírme por lo apagada
que sonaba su voz.
—Lo siento. Sé que no debo tomar la comida de alguien. En
las calles, ese tipo de cosas podría matar a una persona.
Su expresión se volvió sombría ante la mención de mi tiempo
sin hogar.
—Está bien.
Sin esperar una invitación, sobre todo porque no creía que 111
fuera a tener una, saqué la silla de invitados y me senté frente a
él. Sé que sólo pasaron unos días desde que le pregunté, pero
quería saber si hizo algún progreso.
—¿Tuviste suerte encontrando a los Peterson ya?
Su mandíbula se apretó, acercó su computadora y comenzó
a escribir.
—No.
Asentí lentamente.
—Bueno. L
a
De repente, cerró la tapa de la computadora y preguntó:
noc
—¿Por qué quieres encontrarlos? Nastasia me dijo lo que te he
hicieron, son la razón por la que te encontraras sin hogar. — com
Hizo una pausa—. No son buenas personas, Mina. enz
Bueno, alguien estaba un poco juzgador hoy. ó
bien
—Ni siquiera los conoces, Lev. Me llevaron con ellos cuando
. Al
tenía doce años, odiaba al mundo, y me dieron un hogar —hice
ente
hincapié—. Un error no deshace todo el bien que hicieron. Y,
rarm
por cierto, no me mandaron a la calle. Lo hice por mi cuenta.
e de
Se inclinó sobre la mesa, sus ojos dorados eran duros. que
—Porque te hicieron sentir insegura. mi
turn
Cierto, pero no lo admitiría. Me encogí de hombros,
sintiéndome impotente. o
detr
—Si no quieres ayudarme a encontrarlos, está bien. Voy a ás
encontrar a alguien más que lo haga. —Me puse de pie, de
volviéndome hacia la puerta. la
Su voz me hizo detenerme a medio paso. barr
—No puedo controlar la información, Mina. Tal vez no sean a
buenas noticias. serí
¿Entiendes eso? a
com
Sosteniendo el marco de la puerta, me quedé de espaldas a parti
él y reiteré: do
—Sólo quiero que sepan que estoy bien. con
No escuché la respuesta. Mis pies me llevaron a nuestra Birdi
habitación, donde pasé el resto de la tarde tumbada de espaldas e, la
en la cama gigante de la que me había enamorado. alta
bell
eza afroamericana que llevaba un loco y hermoso cabello afro,
en lugar de con Anika, me hizo gritar mentalmente y dar
volteretas.
No me importaba Anika, pero no teníamos un interés común...
aparte de Lev, por supuesto. Y tenía la sensación de que no
nos pondríamos de acuerdo en eso.
Los hombres acudieron a la barra para que les sirviéramos, y
aunque estaba lleno, Birdie y yo lo mantuvimos bajo control.
Durante la noche, vi a Birdie servir

112
tragos a hombres y beberlos ella misma. Había hecho esto varias —
veces, y me pregunté cómo no se tambaleaba sobre sus pies. M
La chica tenía aguante. i
e
Por eso, cuando un grupo de hombres compró una ronda de r
tragos y añadieron uno extra para mí, miré a Birdie. Ella sonrió y d
asintió. Así que fui por ello. a
Cogí el vaso, lo llevé a mi boca, y lo vertí, escuchando a los —
hombres vitorear y animar mientras farfullaba y tosía. p
r
Mierda, ardía.
o
Tosiendo a todo pulmón, levanté mis manos e hice una n
mueca a través de una sonrisa, mostrando a todos que estaba u
bien. Gritaron y aplaudieron un poco más y, por suerte, se n
quedaron cerca de mi lado de la barra. c
Sabía que las propinas serían asombrosas esta noche. Los i
hombres tenían dinero para gastar, y con cada ronda, dejaron ó
una agradable suma para mí. B
ir
Mi cuerpo empezó a sentirse caliente por todas partes y mi d
cabeza daba vueltas ligeramente. Y esto fue sólo después de ese i
primer trago. e
Después del quinto, apenas podía estar de pie sin m
i
balancearme de lado a lado. El sexto trago fue el final.
e
Riendo, me aferré a la barra, porque el suelo daba vueltas a n
mi alrededor. Me estaba tragando. t
Tengo decírselo a Lev. Es cuestión de salud y seguridad en r
el trabajo, si alguna vez vi una. a
s
Birdie estaba a mi lado antes de saberlo, estaba tumbada s
en el suelo detrás de la barra. e
—Mina, nena, ¿qué a
l
pasa? Me eché a
e
reír a carcajadas. j
a
—Oh, Dios, Birdie. El suelo no deja de moverse. Detenlo. Me
b
duele el estómago.
a de mí.
Pasó un minuto, o podría haber sido una hora, regresó con
Nas, que se arrodilló a mi lado, tomando mi brazo y ayudándome
a ponerme de pie. Me llevó por la puerta detrás de la barra, a la
trastienda. Me ayudó a sentarme y suspiró:
—Jesús, Mina, ¿qué mierda? No se supone que bebas
cuando estás en tu turno.
Estás en un montón de problemas si Sasha se entera.
¿Qué?
Parpadeé las luces blancas que atacaban mi visión.
113
—Pero, vi a Birdie hacerlo. Cuando la miré buscando el visto
bueno, asintió.
Pensé que estaba bien.
—Espera, ¿qué? —Entonces se echó a reír—. Oh, Dios mío. de
—Su risa se intensificó—. Por favor, ¿dime que Anika te habló de sd
las botellas marcadas que mantenemos detrás de la barra? e
la
En ese momento, Anika entró en la trastienda.
pu
—¿Oye, está bien Mina? Me pareció ert
verla desmayarse. Nas se puso de pie, a
e
conteniendo la risa. hi
—¿Le dijiste a Mina sobre nuestra ce
lo
mezcla especial? Anika frunció el ceño.
ún
—No, creí que lo hiciste tú cuando la trajiste para su lección. ic
Nastasia no pudo contenerlo. Echó la cabeza hacia atrás y o
qu
se echó a reír. Mientras, yo me echaba a llorar.
e
—¿Estoy despedida? po
Anika habló en voz baja para sí misma. dí
—Oh, Dios, no lo sabía. —Luego se cubrió la boca con la a
mano y se rió—. ¡Ella no lo sabía! ha
ce
Se rieron ruidosamente, gritando y doblándose. Y ahí r.
estaba yo, gimiendo mientras las lágrimas bajaban por mis Tir
mejillas. é
—¿Estoy despedida? mi
—No —pronunció Nas a través de una sonrisa—. No, cu
Mina. Fue mi error. lo
Cargaré con la culpa de ello. No estás despedida, te lo prometo. bo
rra
No la creí. Tiré mi cabeza hacia atrás y gemí:
ch
—Pero a Sasha no le importará. o
Tomé una respiración profunda y balbuceé: en
el
—¡Es un idiota!
su
Desde detrás de mí llegó un calmado: el
—Por favor, Mina. No te reprimas. Dime cómo te sientes. o
Me volví para ver a Sasha frunciendo el ceño hacia mí y
lloré un poco más.
Nastasia resopló.
—Me olvidé de hablarle sobre la mezcla
especial. Es mi culpa. Sasha negó con la
cabeza.
—Esto es malo para el negocio. Se tiene que ir.
El rostro de Nas se torció dramáticamente. Se burló de su
hermano.
—¿Por un error? ¿Uno que ni siquiera fue culpa de ella? 114
—No es mi problema, Nas —murmuró, y lloré más fuerte. E
sp
—Oh, Dios —sentada, jadeé—. Por favor no me despidas.
eré
Haré lo que sea. Por favor.
.Y
Anika habló entonces, y estuve sorprendida por su apoyo. es
—Sash. No hagas esto. Ella necesita per
é.
este trabajo. Se detuvo un momento
Y
antes de que murmurara: cu
—Ten corazón. ant
o
Sasha miró a Anika un largo rato antes de girarse para salir. má
—Esta es la primera y única vez. No más. La próxima vez, s
se irá. tie
Mi cara marchada se giró hacia Anika. Parpadeé un segundo mp
antes de susurrar: o
lo
—Gracias.
ha
Para mi mayor sorpresa, me ayudó a levantarme y me sentó cía
en el sofá de cuero. ,
Nas me trajo un vaso de agua y un par de aspirinas. un
—Todavía tenemos una noche completa por delante. Puedes a
descansar y dormir la mona, boozerella. se
La cabeza me daba vueltas, y no necesitaba que me lo dijeran ns
por segunda vez. Y dejé caer mi cabeza justo cuando mi aci
estómago dio un fuerte pellizco de desaprobación ante la ón
elección de mi noche de copas. Gemí: de
frío
—Nunca beberé otra vez.
rec
—Eso es lo que todos dicen —murmuró mientras ambas se orrí
dirigían hacia la puerta, apagaban la luz y me dejaban dormir la a
noche que nunca debería haber ocurrido. mi
es
Lev pal
da.
No pasó mucho tiempo para darme cuenta de que Mina ya U
no trabajaba en el bar. Nas se hizo cargo de ella.
na actitud protectora irracional me atravesó.
Caminé, moviéndome alrededor de las mesas y clientes
acercándose a la barra.
Nas me vio justo cuando me incliné sobre la barra. No quise
hacerlo, pero gruñí:
—¿Dónde está?
Levantó las manos en un gesto conciliador.

115
—No te enojes con ella también. No fue su culpa, ¿de M
acuerdo? Me olvidé de decirle sobre de la mezcla de la casa. — is
Resopló una carcajada—. Tomó un par de aspirinas y está m
durmiendo. an
os
Había pasado cerca de media hora desde que me diera
se
cuenta de su desaparición. Mis ojos se dirigieron
ap
inmediatamente al lado del escenario.
ret
—Mierda —gruñí. Observando a Nas, pregunté en tono ar
acusador—: ¿Cuánto tiempo ha estado Jeremiah fuera de su on
puesto? en
Su rostro palideció. pu
ño
Negué con la cabeza ante la decepción. Atravesé la barra
s,
hacia la puerta, y me dirigí por el largo pasillo, hasta la puerta
y
cerrada a la trastienda. Levantando la mano, traté de girar la
di
perilla, pero sentí resistencia.
un
—Abre la puerta —ordené. so
—Ocupado —respondió con molestia. lo
pa
Mi pecho se empezó a levantar. Respiré fuertemente a través
so
de mi nariz, mi cólera ardía y burbujeaba como un río de lava
atr
fundida en mis entrañas.
ás
—Abre la puerta —pronuncié con los dientes apretados. an
—¡A la mierda! ¡Vete a la mierda! — te
s
gritó Jeremiah. Fue entonces cuando
de
sucedió. co
Todo se apagó. Mi pulso se desaceleró. Las luces se rre
apagaron a mí alrededor. r
Los sonidos se volvieron sordos en mis oídos hasta que no ha
quedó nada. ci
Se hizo el silencio. a
la
Siempre temí que volviera. Lo controlaba bien. No ocurrió
pu
durante años. Así no. Pero no tenía miedo esta vez. Lo ert
abracé y dejé que tomara el control. a
con mi hombro por delante.
La sentí agrietarse bajo mi peso, pero no se rompió.
Mis piernas me llevaron atrás y golpeé mi hombro contra la
puerta de nuevo.
Otro crujido, y la madera se preparó para ceder bajo la más
mínima cantidad de presión.
Nas gritó detrás de mí.
—Lev, ¿qué estás
haciendo? Jeremiah
116
gritó con incredulidad:
—¡Estás loco!
Me aparté, levanté mi pierna, y di una patada tan fuerte
como pude.
La puerta se rompió y la arrojé hacia el interior. Mis ojos —
recorrieron la habitación y me encontré con él de pie junto al sofá Esto
de cuero, metiendo su camiseta en sus pantalones. no
tien
Vi rojo.
e
Nada podría haberme impedido llegar a él entonces. sent
Nada. ido.
Mina se quejó en voz baja y se retorció débilmente en el sofá, No
desmayada, y Nas corrió a arrodillarse a su lado. esta
ba
—¿Qué le hiciste? —pregunté al hombre sorprendido, tan
agarrando su camisa con mi mano. mal
Jeremiah se mantuvo firme. ante
—Nada —dijo detrás de su barba—. No hicimos nada. s. —
Miró
—Lev —habló Nas en voz baja. Me giré hacia ella, mirándola a
correr sus dedos sobre el lado del cuello de Mina—. Tiene un Vikt
chupetón. or—
Justo cuando levantaba mi brazo para matar a golpes a .
Jeremiah, unos brazos rodearon mi estómago y mi pecho. Me Cre
volví para gruñirle a la persona, pero encontré a Viktor allí de o
pie, mirándome a los ojos. que
—Cálmate hermano. Está bien. él
podr
Mi corazón latía con fuerza. Necesitaba aliviar mi rabia. Sin ía
alivio, sólo empeoraría, y luego lastimaría a alguien que me
hab
importaba.
erle
Como la última vez. dad
—No está bien —jadeé—. No o
algo
está bien. Sasha apareció a .
mi lado. U
—Va a estar bien, Lev. Te tengo. Nos encargaremos de ello. n
—Entonces habló a alguien detrás de él—. Cierra. Se acabó la fuert
fiesta. Saca a todo el mundo. e
gruñ
Anika frunció el ceño mientras se inclinaba sobre Mina.
ido
se me escapó. Dio un paso atrás el hombre, sabiendo muy bien
que lo mataría si colocaba mis manos sobre él. Mis manos en
forma de puños fueron a mi cabeza y se estrellaron contra mi
frente.
Sasha tomó mis manos, apartándolas, impidiéndome
hacerme daño.
Viendo rojo, mis fosas nasales se abrieron mientras trataba
de mantener mi respiración bajo control. Jeremiah no parecía tan
seguro ahora. Se veía aterrorizado.
Me alegré. Debía
117
estarlo. Sasha
maldijo en voz baja.
—Nas, lleva a Mina de nuevo a casa de Lev. Llama a L
as
Pox; que la revise. Se volvió a Jeremiah, pero habló muj
con calma. eres
ayu
—¿Qué le diste?
daro
—Nada —dijo a la defensiva—. Está borracha. n a
Sasha se apartó de mi lado y se acercó al sofá. Levantó la Min
mano de Mina y la dejó caer. No se movió ni un centímetro. a
Puso una mano en su frente y frunció el ceño antes de moverse con
hacia Jeremiah. facili
dad,
—Voy a preguntarte una última vez, J. ¿Qué le diste?
debi
Él abrió la boca para responder, pero Sasha lo interrumpió. do
—Tengo a un médico en espera. Él puede hacerse cargo de al
ella de una manera discreta. Si la llevamos al hospital, y hec
encuentran algo dentro de ella que no debería estar allí, irás a la ho
cárcel por asalto, como mínimo. O peor aún, si lo añades a la de
bebida. Si me dices lo que le diste, podrás salir de aquí siendo un que
hombre libre... después de darte una paliza, por supuesto. —Miró era
a Jeremiah—. Un chico guapo como tú en la cárcel... —Inclinó muy
la cabeza—. Serías muy popular. peq
Jeremiah se ruborizó; sus pupilas estaban dilatadas. Era ueñ
alto. Estaba sudando. a.
Miré
—GHB.8 —Tragó saliva—. Le di GHB. con
Los brazos de Vik se aflojaron. Podía oír el rugido imp
procedente de su garganta. oten
Sasha dijo con desprecio, con los ojos cia
bajos, disgustado: que
—Nas, llévala a casa. Ani, necesitará tu su
ayuda. cab
eza
La sangre rugía en mis oídos mientras decía entre dientes: colg
—No le quites la ropa, Nas. aba
Era una advertencia y conociendo a Pox, no se atrevería a ir haci
en mi contra. a un
lado, con los ojos parcialmente abiertos, pero claramente no
viendo nada. Una capa de sudor cubría su frente, y tenía un gran
chupetón en el lado de su cuello.
Mi sangre ardía.
¿Este hombre pensó que tenía derecho a
tocar a mi Ratón? Nadie tenía derecho a
tocar a mi Ratón.
La encontré, y voy a conservarla.
La idea me sorprendió. No supe eso hasta este momento,
hasta que creí que estaba en peligro real. 118

8
GHB: Es una sustancia depresora del Sistema Nervioso Central,
se conoce vulgarmente como: éxtasis líquido, aunque produce un
estado contrario al éxtasis. Utilizado antiguamente como anestésico
general. Consumir alcohol con G.H.B. puede llevar a una sobredosis
aunque la cantidad haya sido relativamente pequeña.
Quería a Mina.
La quería más que a nada, pero era tan frágil en este
momento. Esperaría hasta el momento adecuado.
Ella sería mía.
Le mostraría que la vida conmigo podía ser buena. Le haría
ver más allá de mi parte dañada, la haría ver lo poco bueno que
tenía dentro. No podía darle romance, u ofrecerle matrimonio. No
podía darle más de lo que tenía para dar. Pero se lo daría, lo que
necesitara. Se reiría y sonreiría como la madre que amaba, y
sería feliz conmigo. Lo juré allí mismo.
119
Los tres nos quedamos a solas con Jeremiah, flexioné mis
manos, troné mis nudillos.
Vik sacó algo de su bolsillo y me lo entregó.
—Diviértanse, ustedes dos.
Hizo un gesto a Sasha y, a regañadientes, salió detrás de
Viktor, dejando el destino de Jeremiah en mis manos.
Jeremiah me miró desde su lugar contra la pared, con los ojos
muy abiertos.
—Lo siento.
—No, no lo haces —respondí mientras me ponía las
manoplas en los dedos de la mano derecha—. Cuando haya
terminado contigo, lo harás.
Tomó una hora completa aliviar mi furia. Con cada grito y
gemido que sacaba de la excusa repugnante de hombre, mi rabia
menguaba.
Mientras mi calma llegaba, Jeremiah encontraba el miedo.
Y con cada golpe, patada, y cabezazo, Jeremiah descubrió
cómo se sentía el arrepentimiento.
Traducido por âmenoire

Lev

onduje a casa sin sentir mis manos. El agotamiento —


hacía eso algunas veces. Estaba adormecido y ¿
mientras me dirigía a mi casa, miré por la ventana de mi
C
coche, inseguro de si quería o no entrar a mi propia
casa. ó
Estaba ansioso. No me gustaba eso. m
Lamiendo mis labios secos, salí del coche y caminé hacia la o
puerta del frente. La abrí, escuchado por algunas señas de vida.
f
No escuché nada
u
Mi corazón se saltó un latido.
e
Las luces estaban apagadas. La única habitación que tenía
iluminación era la cocina. Me dirigí directo ahí, y encontré a Nas ?
sentada a la mesa de la cocina, con una taza de café en sus ¿
manos. Estaba ahí sentada, con los ojos cerrados y un
fruncimiento cruzando su bonito rostro. Obviamente no me había T
escuchado entrar. Me aclaré la garganta. o
Sus ojos se abrieron d
rápidamente y se giró. Sonrió a
tristemente. v
ía está vivo? Suspiré,
flexionando mis dedos
120
doloridos.
—Lo suficientemente vivo para sentir mis manos en él
durante mucho tiempo. Sus cejas se elevaron.
—¿Te detuviste? —Dejó salir una respiración—. No pensé
que fueras capaz de hacerlo.
—Casi no lo hago —confesé tranquilamente.
Su ceño se frunció. C
ami
—¿Por qué lo hiciste?

—Mina. haci
El ceño de mi hermana se suavizó y una mirada cálida a
ocupó su lugar. ella,
la
—Ella es algo, ¿eh?
agar
—Es un desastre —le dije—. Los problemas la siguen por ré
todos lados. Me arrincona cuando no quiero hablar. Me sonríe y por
se ríe ante cosas que no son graciosas. Me roba comida justo el
de la mano. —Sacudí mi cabeza—. Y todo eso la hace perfecta. ante
Nastasia me miró como si quisiera llorar. Aclaro mi garganta braz
y pregunto: o y
—¿Todavía está Pox aquí? la
leva
Ella parpadeó rápidamente, tragando fuerte. nté
—Eh, no. Dice que parece que Jeremiah no usó mucho de lo de
que sea que le diera. Probablemente porque estaba muy su
borracha. Dijo que estaría dormida toda la noche y que tal vez silla.
buena parte de la mañana. Tienes que despertarla cada hora y No
revisarla. —Bajó sus ojos—. Para asegurarte de que esté nec
respirando. esit
—¿Qué? —No pensé que fuera tan serio. ó
más
Nas se encogió de hombros y aclaró su garganta, su voz pers
rompiéndose. uasi
—Pox no estaba segura de si Jeremiah realmente le dio lo ón.
que dijo que le dio. Sin saber exactamente qué es, resulta difícil Cay
saber los efectos secundarios que podría tener. Porque es tan ó
pequeña, ¿sabes? Somos afortunados que todo lo que tenga cont
sean chupetones. —Su rostro se desmoronó y bajó su mentón ra
para esconder sus lágrimas—. Es mi culpa —susurró y sus mí,
hombros se sacudieron—. Debí de haber mantenido un ojo en emp
ella. ujan
Han pasado años desde que vi a mi hermana llorar y dolió do
observarlo hoy tanto como lo hizo en ese entonces. su
cabeza en mi pecho y sollozando silenciosamente. Envolví un
brazo alrededor de sus hombros y usé el otro para acariciar su
cabello.
—Está bien.
Ella sacudió su
cabeza. Besé su
cabello.
—Estará bien. Ha sobrevivido durante mucho tiempo sin
nosotros. Mina es fuerte.
121
Nas asintió en acuerdo, luego levantó su rostro lleno de
lágrimas y murmuró:
—Sólo es que me siento responsable.
—No —dije y la apreté para reiterar mi punto—. Tú no hué
hiciste esto. No fue tu culpa. spe
des
Ella rodó los ojos pero sonrió.
? —
—No me mientas, Lev. Son
—Yo no miento —juré. aba
heri
Asintió y respondió tranquilamente.
da.
—Lo sé. —Nos separamos y levantó su bolso—. Está
M
durmiendo en el sofá de la sala de estar.
oví
Cuando levanté una ceja, me dio una mirada de descaro. a
—Oye, soy fuerte y todo, pero no lo suficientemente fuerte Min
como para llevarla escaleras arriba sin romper nuestros a en
cuellos. mis
braz
Levanté mis manos y le di una mirada que decía que no diría
una palabra. os,
lueg
La acompañé afuera, la abracé una vez más y cerré la puerta o
detrás de ella. Caminé hacia la sala de estar, deteniéndome para cam
encender la luz del salón y así poder ver lo que estaba haciendo. iné
Me paré frente al sofá, bajando la mirada hacia la pequeña mujer. alre
Incluso en su estado inconsciente, era hermosa. ded
Inclinándome, la levanté sin esfuerzo y nos llevé a ambos or
escaleras arriba, por el pasillo hasta mi habitación. Encendí la luz de
y me quedé quieto. Anik
a
Anika estaba sentada en el borde de mi cama, esperándome. para
Levantó la mirada y luego miró hacia Mina. Su ceño se frunció apar
en confusión. Miró alrededor de la habitación, parpadeando y tar
empezó a notar las cosas de Mina alrededor del lugar. Se puso las
de pie. man
—No lo entiendo —empezó. tas
en
—¿Qué no entiendes, Ani? el
—¿Ella puede quedarse en tu habitación, una persona que otro
has conocido por un segundo, y yo, una persona que has lado
conocido toda tu vida la envías a dormir a la habitación de de
la cama y bajarla gentilmente.
—Necesito mantener un ojo en ella. —Es todo lo que dije.
No escuché a Anika irse. Estaba ocupado con Mina, quitando
su ropa, dejándola en su top y ropa interior. Jalé las mantas hasta
su barbilla. Su frente estaba caliente al tacto pero estaba
temblando.
Caminando hacia la puerta, la cerré desde adentro, moviendo
la manija para asegurarme que nadie pudiera entrar y luego
apagué la luz. Cuando estuve satisfecho, me quite mi ropa,
saqué el sofá y me acosté. Una sábana cubriéndome.
122
En la oscuridad, escuchaba sus
dientes castañear. Mi mandíbula se
tensó.
No era buena idea. No debería haberlo hecho. Pero lo hice.
Apartando la sábana, caminé hacia la cama, retiré las mantas
y me acosté, acercando a Mina. Una vez que su pequeño cuerpo
estuvo en mis brazos, la arrimé más, sosteniéndola fuerte. Tal
vez demasiado fuerte. Pero pronto, sus dientes dejaron de
castañar y se acomodó contra mí, enterrando su nariz en el
hueco entre mi cuello y hombro.
Durmió en esa posición toda la noche.
Yo también dormí. Mejor de lo que lo había hecho en años.

Mina

Oh, Dios. repe


nte
Mi cabeza latía tuve
jodidamente. El mi
prop
infierno en una
ia
canasta. bols
Cada vez que me movía para levantarla de la almohada, a de
maldiciones salían de mi boca. agu
a
Nunca más. Nunca más.
calie
Pero luego la almohada se movió y se flexionó justo debajo nte
de mi cabeza. Obligando a mis ojos a abrirse, eché un vistazo, en
parpadeando para alejar el sueño y me encontré con unos form
cálidos ojos color whisky. a de
Traté de hablar, pero todo lo que salió fue un largo gruñido. Lev.
Sus brazos se apretaron a mi alrededor y me tiraron más ¿
cerca. Fui voluntariamente. Mi cuerpo estaba todo adolorido y de Q
uién era yo para quejarme?
—¿Cómo te sientes? —gruñó
123
adormecido. Mi nariz estaba en
su garganta, murmuré.
—Nunca voy a beber de nuevo. Tengo resaca.
—Probablemente lo hagas, pero fue más que eso, Mina —
explicó gentilmente—.
Necesitamos hablar sobre lo que sucedió anoche.
Apreté mi nariz más contra él.
—¿Eso explicará por qué estamos juntos en la cama?
—Sí.
Asentí lentamente. E
st
—Está bien. Habla. Pero hazlo suavemente.
ab
Su fuerte brazo me rodeó, sosteniéndome con fuerza y no a
quería pensar en cuán agradable se sentía eso. Debería haber de
estado demasiado distraída por mi dolor de cabeza para notarlo. m
El otro brazo se deslizó por mi cintura, pasando lentamente por as
mi espalda, hasta la base de mi cuello, donde me acunó. ia
—El club estaba lleno. Quité mis ojos de ti por un momento y do
entonces noté que no te había visto en un largo rato. Fui a la so
barra, donde Nas me dijo que habías estado bebiendo y que te rpr
dormiste. —La mano en mi cuello me sujetó ligeramente, como si en
estuviera preocupado por mi reacción, preocupado porque di
huyera—. Ahí fue cuando también me di cuenta que no había da
visto a Jeremiah en un buen rato. pa
ra
Parpadeé.
so
¿Jeremiah? ¿Por qué esto tiene nr
que ver con él? Giró su rostro y oj
ar
sus labios fueron a mi sien. m
—Te drogó, Mina —añadió—. Lo siento. Debí haber e.
To
estado vigilándote. Me alejé para mirarlo y susurré.
da
—¿Qué hizo? ví
Lev me miró intensamente. a
—Nada, creo. Nas notó un chupetón en tu cuello de es
inmediato, pero estoy seguro que lo interrumpimos antes que ta
pudiera hacer algún daño real. Ahora que estás despierta, tal ba
vez puedas decirme si estás dolorida. at
as
—Estoy dolorida por todos lados. Me duele ca
todo el cuerpo. Sacudió su cabeza. da
en
—No, Mina. ¿Puedes decirme si estás dolorida en
qu
cualquier lugar que no deberías? —Me dio una mirada
e
incisiva—. Áreas íntimas.
Je
remiah había intentado usarme como muñeca sexual real.
Enfocándome en el área que había mencionado, sacudí mi
cabeza.
—No, no lo creo. —Luego me enojé—. ¿Dónde está el
idiota? ¿Dónde está Jeremiah?
Levantó su mano y apartó el cabello que había caído sobre
mi frente.
—Ya no va a lastimarte más. Confía en mí.
Confiaba en él. Confiaba en él con cada pieza de mi alma
rota. 124
Si había alguien que me cuidaría, quería que fuera Lev.
Confiaba en él para protegerme, mantenerme a salvo y para
ser honesto conmigo.
Entonces bajé la mirada entre nosotros y mis cejas se
levantaron.
—¿Quién me b
desvistió? No a
hubo vacilación. ñ
—Yo. o
—Ya veo. .
Murmuré y rápidamente me di cuenta que quizás había L
estado pasando demasiado tiempo con Lev cuando daba
e
respuestas como esa. Mis ojos pasaron sobre su bóxer abultado
y mis cejas se levantaron aún más. v
—¿Quieres explicar l
eso? Frunció el ceño u
y se retorció. c
—Creí que se explicaba por sí mismo. —Entonces me i
sonrojé—. Estuviste presionada contra mí toda la noche. Me
ó
dijeron que te revisara cada hora y lo hice. Solo hice lo que
ordenaron los doctores. f
Mi ego se redujo diez veces. r
—Entonces sólo estabas cumpliendo tus obligaciones. u
Su ceño se frunció y me dio un brusco asentimiento. Y el s
recordatorio de mi ego explotó como un globo y fue silbando a
través del aire antes de salir volando por la ventana. t
Luego suspiró como si necesitara sacar algo de su pecho. r
—Es difícil sostener a una hermosa mujer toda la noche y no a
sentirme afectado. Lo siento si eso te ofende, pero no siempre d
tengo control de mi cuerpo y sus reacciones.
o
Mi ego voló de vuelta a través de la ventana y silbó alrededor
del aire antes de regresar a mí, inflándose seis veces más .
grande. —
Era momento de decir algo, de preferencia algo ingenioso. Min
—Necesito ir al a,
aca
bo de decirte que fuiste atacada por un hombre que
probablemente te habría violado y tú todavía no has
reaccionado.
Miré a Lev directamente a los ojos y le dije honestamente:
—No sería la primera vez.
No me esperé para ver su reacción. Me deslicé fuera de la
cama, sostuve mi punzante cabeza y me arrastré hacia el baño,
cerrando la puerta detrás de mí, haciendo un esfuerzo por
cerrarla lo menos ruidosamente posible.
Las lágrimas me llegaron en la ducha. Parecía un lugar
125
apropiado para dejarlas caer.
Sé que actué como si no me molestara, pero cuando me
desvestí y vi los chupetones cubriendo mis pechos, mi orgullo
cayó rápidamente y me golpeó cuán sería había sido la situación.
Levanté mis manos para correrlas a través de las profundas
marcas rojas y sisé cuando mis dedos rozaron mis tiernos
pezones. Su boca había estado ahí y había sido ruda. No me
gustaba eso. Y lo que era peor era que no pudiera recordar algo
de ello.
No era un borrón. No era una memoria difusa. Solo no estaba no
ahí. Y eso no se sentía bien. Era confuso y terrible, y me hacía sa
sentir sucia, independientemente de si fui o no un participante por bí
propia voluntad. a
so
Me duché en silencio y razoné conmigo misma. Nadie vería br
los otros chupetones. Pediría ayuda a Nas para que me ayudara e
a cubrir el de mi cuello lo mejor que pudiéramos. Todo sería qu
olvidado rápidamente, un incidente que empujaría a un lado y é
dejaría en el pasado. Justo como lo hice con las otras cosas es
malas en mi vida. ta
Cuando terminé, me puse mi pijama amarillo para regresar a ba
la cama, y entré de nuevo en el dormitorio. Las cortinas habían ha
sido abiertas, dejando a la luz solar fluir dentro. Mis ojos bl
quemaban, pero estaba demasiado ocupada enfocándome en el an
furioso hombre, paseándose frente a la cama. do
Di un paso más cerca. .
—¿Lev? P
a
Continuó r
paseándose. Otro a
f
paso más cerca. r
—¿Lev? ¿Qué está mal? a
Él se giró para enfrentarme, sus ojos centellantes. s
e
—¿Quién te lastimó? ó
Mi ceño se frunció y me encogí ligeramente, indicando que :
—No sería la primera vez —Su estómago desnudo se
tensó mientras apretaba sus dientes y gruñía—. ¿Quién te
lastimo? Dímelo. Dímelo y los mataré.
¿Estaba mal estar excitada por esta escena?
Algo me dijo que era altamente inapropiado. De alguna
manera, eso no detuvo el flujo de calor pasando a través de mí o
el sentimiento similar al de haber ganado algo grande, como la 126
lotería.
Y Lev era una fina lotería para ganar.
Pero entonces miré más de cerca y ese sentimiento
retrocedió. Estaba angustiado. También lucía como si no supiera
cómo lidiar con eso. Podía sentir el enojo y la frustración saliendo
de él.
Sabiendo que ese enojo no estaba dirigido hacia mí estuve a t
su lado en un segundo. Tomé su mano y lo llevé hacia el sofá, u
sentándome y tirando de él para sentarlo junto a mí. Coloqué su
mano en mi regazo y la cubrí con la mía. d
—Estuve en la calle por mucho tiempo, Lev. —Incliné mi e
cabeza y le di una arrepentida mirada—. Así es la vida. d
—No —dijo, sacudiendo su cabeza—. No lo es. La gente es o
la que hace esas cosas y necesitan ser castigados. Necesitan
sufrir las consecuencias —declaró—. Siempre hay un precio que e
pagar. s
—¿Quieres buscar por las calles hasta encontrar al grupo de t
jóvenes rufianes que trataron de obligarme a tener sexo hace
años? ¿Eso te suena como algo normal que hacer? á
Lev bajó su cabeza y reveló. r
—No soy o
normal. No t
iba a o
mentirle. .
—No, no lo eres. —Luego admití tranquilamente—. Pero A
algunas veces creo que eres mejor que la gente normal.
s
Extraordinario. Único. Insuperable. Galante. —No levantó la
mirada hacia mí. No me gustaba cuando trataba de ocultarse de i
mí. Apreté su mano—. Oye. No tuvieron éxito, sabes. Ese cuchillo n
que me quitaste la primera vez que vine aquí… hizo su trabajo.
t
Cuando corrí mi pulgar sobre sus dedos, hizo un gesto de
dolor. Mi ceño se tensó mientras levantaba mi mano para i
examinar la suya. ó
Mi corazón se detuvo. c
El dedo medio en su mano izquierda estaba hinchando,
o
morado y muy obviamente inclinado en una dirección que no
debería haber estado. m
—Lev, cariño —dije calmadamente—. Creo que o
si eso no fuera algo nuevo para él.
—Estará bien.
—¿Jeremiah? —
pregunté. Gruñó
afirmativamente.
Suspiré.
—Supongo que vas a decirme que no te duele.
—No. —Sacudió su cabeza ligeramente—. Duele
bastante. —Se giró hacia mí, mirándome a los ojos—. Pero la
127
razón detrás de ello vale cada dolor.
Me estoy enamorando de ti, Lev Leokov.
Esta vez, el repentino pensamiento no me sorprendió. Creo
que lo he sabido por un tiempo.
Traducido por lauuz

Mina

engo que tomarme la semana libre en el trabajo ¡Le


obligatoriamente (órdenes del doctor) pero paso cada gust
momento despierta con Mirella y Lidiya, aprendiendo aría
tanto como puedo acerca de los gustos y disgustos mi
de la pequeña niña. mal
dita
Resulta que Lidiya ama sólo a una de sus muñecas. Estaba
muñ
extremadamente apegada a una Cabbage Patch Kid llamada Ivy
eca!
Gail.
Me
No tenía ni idea. Pensaba que le gustaban todas las Cabbage gast
Patch Kid de cualquier forma, figura, o manera. Así que durante e
la semana, cuando Nas y yo fuimos a la plaza, le compré a Lidiya 600
una Cabbage Patch Kid llamada Annabel Cherish, con algo del dóla
dinero de mis propinas. Elegí esta porque lucía un poco como un res
querubín gordito. También compré un pequeño carrito de muñeca en
para que Lidi pudiera pasear con su nueva amiga. esta
Cuando la llevamos a casa, se la mostré a Mirella quien, muñ
haciendo una mueca, me dijo que aunque era muy dulce de mi eca
parte, Lidiya muy probablemente no la querría y que ella era muy anor
especial. mal
Estaba ligeramente devastada. Y me deprimí. y su
mal
¿Por qué no le gustaba mi muñeca? La compré sólo para ella. dito
carro.
Cuando Lidiya despertó de su siesta, le di la muñeca, y me
escabullí escaleras arriba sin querer ver su reacción negativa. Me 128
escondí debajo de las mantas y fui rudamente interrumpida de mi
berrinche cuando Mirella me llamó.
Bajando las cobijas de mi cara, grité:
—¿Sí?
Podía escucharla sonriendo.
—Lidiya está preguntando por ti.
Mis pies se arrastraron hasta abajo, pero cuando entré a la
sala, mi actitud cambió.
Lidiya estaba sentada en medio del suelo con Annabel
Cherish, abrazándola a su lado y murmurando:
—Eana, juga. Mia. —entonces me vio y sonrió—. Eena.
Mira.
Se levantó y se apresuró hacia mí en sus pequeñas
piernas, mostrándome su nueva muñeca. Sonrío de oreja a
oreja. 129
—¿Te gusta? —Alza la muñeca hacia mí y le doy un
pequeño apretón—. Su nombre es Annabel Cherish.
Lidiya toma la muñeca, abrazándola por el cuello.
—Eena.
Niego con la cabeza.
—No angelito —la corrijo—, Annabel.
—Eena —murmura ella mientras gira a la muñeca para
que conozca a su pariente, Ivy Gail.
Mirella suelta una risita.
—No puedo creerlo. Ha tenido otras Cabbage Patch, pero
nunca las toma. Solo a

Ivy
. Le sonreí a la mujer.
—Ahora tiene a Annabel.
Mírela negó con la cabeza ligeramente.
—No —observa—. Ahora tiene a Mina.
Y así es como llegó a ser la pequeña Mina.
Lev bajaba ocasionalmente y desconsideradamente interrumpía mi
tiempo con
su hija, frecuentemente colándose en el almuerzo o comiendo con
nosotras.
Un hombre agradable con cicatrices de viruela en la cara a
quien los chicos llamaban Pox vino cada día de esa semana a
revisarme. Cuando le pregunté si era doctor, todos parecieron
evitar la pregunta.
Él me dijo que no parecía que hubiera ninguna secuela como
resultado de la droga. Estaba feliz de escuchar eso, no es que
estuviera preocupada. Tomé a Lev de la mano lastimada y lo
senté, obligando a Pox a revisar su dedo. Lev trato de discutir,
pero no estaba escuchándolo.
Todos parecieron aturdidos de que Lev permitiera que el
hombre lo revisara, incluyendo Sasha. Pero se sentó en silencio
con mi mano en su hombro y dejó al doctor limpiar y poner cinta
en sus dedos, dejándome satisfecha.
Pedí un momento en privado con el doctor y, reticentemente, estu
Lev me vio acompañarlo a su coche. Tan pronto como estuvimos viste
lejos de oído, me aclaré la garganta. un
poc
—Quiero agradecerle por
o
revisarme esa noche. Él sonrió des
ligeramente. nutri
da
—No fue nada. Pero tengo la sensación de que no me trajiste por
aquí afuera para agradecérmelo. un
—No. —Me reí nerviosamente—. tiem
po.
Supongo que no. Notó mi Per
incomodidad y trató de suavizarla. o
algu
—Mina, lo que sea que me digas será confidencial. Lev podría
nas
golpear la mierda fuera de mí y no se lo diría.
vec
Me reí en serio entonces. es,
—Suena como algo que en
rara
él haría. Su sonrisa
s
cayó. oca
—Mina, cuando Jeremiah… —se detuvo y habló en voz sion
baja—. ¿Te lastimó? es,
las
—¡No! —Di un grito apagado, poniendo una mano en mi muj
pecho—. No de esa forma, no. Pero esto es acerca de eso, de eres
hecho. —Me rasqué el brazo, avergonzada—. No he tenido mi no
periodo desde hace meses. se
Él se apoyó contra su coche. dan
—¿Hay alguna posibilidad de que pudieras estar cue
embarazada? nta
y
—No —murmuré—. ¿Pero y si Jeremiah me lastimó? ¿Pude
pue
haber quedado embarazada?
den
Pox hizo un sonido de hmm. que
—Bueno, estoy suponiendo que dejaste de menstruar porque dars
e embarazadas, así que a pesar de que no me inclino a dar un sí
definitivo, tampoco te diría que no.
Eso golpeaba demasiado cerca de casa.
—No estoy tomando ningún anticonceptivo.
—Ah. —Sonrió—. Así que de eso se trata. —Se enderezó—.
Hay un puñado de opciones. Como sea, si estás un poco
abrumada o trabajas por la noche en un club para caballeros y
es posible que olvides tomar la píldora —me guiño—, te
recomendaría un implante. Hay uno, una pequeña barra, que es
injertada en el brazo después de insensibilizarlo, y dura casi tres
años. Es extremadamente popular en mujeres jóvenes. 130
Ante mi esperanzada mirada, negó con la cabeza.
—No te recomiendo ponértelo hasta que tengas la —
oportunidad de ganar algo más de peso. N
o
Inmediatamente discutí. e
—¡Ya he ganado cinco kilos! s
Bueno, casi. Cuatro con ochocientos, n
a
para ser precisos. Él sonrió d
amablemente. a
.
—Me gustaría verte agregarle otros cinco —ante mi mirada, —
se inclinó—. Tres más, por lo menos. N
Me dio su tarjeta y me dijo que lo llamara cuando estuviera o
lista. Agarré la tarjeta ansiosamente, escondiéndola en mi s
sostén. o
n
Más tarde esa semana, me estaba desvistiendo para
a
ducharme cuando Lev entró. Por la mirada de sorpresa en su b
rostro, dudaba que hubiera sido deliberado. No lo juzgaba. a
También estaba sorprendida. Ser atrapada en nada más que en c
tus bragas blancas te hacía eso. o
Abrí la boca para gritar “¡Sal de aquí!” pero sólo salió un n
chillido. Cuando sus fríos ojos cafés escanearon mi cuerpo, v
levanté los brazos para cubrir mis pechos desnudos, habiéndome i
olvidado momentáneamente de los moretones rojos esparcidos n
por ellos. c
e
Estaba avergonzada. Mis mejillas ardían. Mis pechos eran
n
pequeños. Parecía un niño pequeño más que una joven mujer.
t
Yo nunca, jamás, sería una de esas mujeres que estaban e
cómodas con su cuerpo. Siempre tuve problemas de confianza. .
No han mejorado con la edad. L
Entonces él habló y estaba mortalmente quieto. evan
—Él te hizo daño. —Sonaba como una tó
amb
acusación. Dirigida a mí. Alcanzando la toalla, as
me cubrí con ella. man
os,
cerró los ojos y las paso por encima de su rostro, deslizándolas
hacia atrás para masajear sus sienes.
Parecía listo para explotar.
—Voy a matarlo —murmuró.
Entonces dejo caer las manos, golpeó la puerta con su mano
buena y gruñó:
—¡Voy a matarlo, joder!
—Lev —susurré asustada.
Cuando salió como una tormenta del baño, lo perseguí
sosteniendo la toalla. 131
—¡Lev! —Mis piernas temblaron ante el miedo, pero logré
bajar las escaleras hasta el pasillo para alcanzarlo. Me crucé
en su camino—. ¡Lev detente!
Él trato de moverse a mi alrededor, pero levanté la mano habi
que no sostenía la toalla. taci
ón,
—Por favor, detente.
se
Gruñó con fuerza y retrocedí. Mi voz baja temblaba tanto aco
como mi mano. stó
—Lev, me estás asustando. en
la
Eso pareció golpearlo. Sus ojos recuperaron su enfoque y,
cam
jadeando, miró a mis ojos como platos y a mi cuerpo tembloroso.
a,
Sus puños se aflojaron y en su cara apareció una mirada de dolor.
enfr
—Lo siento. entá
Estaba de ndo
me,
regreso. y
Mi Lev estaba de regreso. sost
Mi corazón se aceleró y me lancé hacia él, envolviendo mis uvo
brazos en su cintura, poniendo mi cabeza contra su enorme mi
pecho. Apreté mis ojos cerrados y lo abracé fuerte. man
o
—No necesito que golpees a cada persona que me hace algo dura
malo, Lev. —Mi mano, en su espalda, sujetó su camisa nte
acercándolo más—. Sólo necesito que seas Lev, ¿está bien? casi
Hablé contra su pecho. una
—Cuando las personas me hagan cosas de mierda, eso es lo hora
que me ayuda. — Levanté la mirada hacia él, mis ojos brillando— .
. Tú ayudas. Solo tú. Y
Bajó la mirada hacia mí, con la confusión llenando su hermosa a
cara. l
g
—No dejaré que nadie te haga ninguna mierda, Mina. o
—No. —Sacudí la cabeza—. No puedes detener a las m
personas de hacer lo que van a hacer, dulzura. —Tragué duro— e
. Pero después, si pudieras sostener mi mano, eso sería lindo. d
e
Él no se apartó.
c
Quitó mi brazo de su alrededor, me llevó de regreso a la í
a que Lev lo necesitaba más que yo.

***

Me estaba aburriendo. Habían pasado cinco días desde que


había estado en el club, y después de horas de incesantes
ruegos, Lev me concedió una alegría, dejándome ir a trabajar con
la condición de que me sentara con él toda la noche.

132
Era mejor que nada. Ni siquiera tuve que pensarlo. Brinqué haci
ante la oportunidad de dejar la casa. Me estaba volviendo loca. end
o.
Usando pantalones negros y una camiseta blanca con un
Esp
elefante dorado impreso al frente, me puse en mis sandalias
ecial
planas de tiras, tomé mi abrigo y me reuní con él en la cocina.
men
Anika y Vik ya estaba ahí esperando a Lev. Vik se acercó y te
me dio un abrazo de oso, su enorme figura comiéndome entera. cua
Por su apariencia, nunca supondrías que Viktor era el necesitado ndo
del grupo, con todos sus tatuajes. Su cuerpo era su propio lienzo sus
para decorar. ojos
Anika, como sea, me miro como si estuviera lista para se
romperme en cualquier momento. fijar
on
—¿Vas a trabajar esta noche? —preguntó ansiosamente.
en
Luego agregó en un tono cauteloso pero condescendiente—.
mi
¿Estás segura de que estás lista?
man
Quería abofetear a o
la perra. En su lugar, sobr
e la
sonreí. cara
—No, no voy a trabajar hoy. Sólo estoy volviéndome loca por de
estar encerrada en esta casa. Así que estaré observando esta Vik.
noche. —Para beneficio de Anika, agregué—: No te preocupes. E
Lev va a cuidarme. ll
Vik sonrió. a
l
—Yo te cuidaré Mina. —Me guiñó—. Sostendré tu mano y
o
todo.
c
Incliné mi cabeza hacia un lado, haciendo un puchero, acuné u
su cara y canturreé. b
—Aww Vik. Ahora, ¿por qué querría que hicieras eso? — ri
Guiñé—. ¿Quién sabe dónde habrá estado esa mano? ó
r
Nas entró por la puerta trasera en ese momento. Y por alguna á
razón, sentí como si me hubieran atrapado haciendo algo. Como p
una niña traviesa haciendo algo que no se supone que esté i
damente, burlándose de Vik como lo hace normalmente.
—Ewww. No toques eso Mina. No sabes dónde ha estado.
Pero Vik claramente no estaba de humor para Nastasia. Supe
esto, porque me tomo por la cintura, llevándome hacia él, y
montando todo un espectáculo poniendo su mano en la parte baja
de mi cadera. Me miró directamente, bajó su cabeza a mi oído y
entonces fingió susurrar:
—No la escuches. Nos escaparemos juntos, follaremos en
cada playa del país, y tendremos hermosos hijos juntos.
Anika casi se ahoga del disgusto: 133
—Jesucristo, Vik. Cuida la mierda que estás hablando. Mi c
boca estaba abierta y todo. u
Nas, parecía herida. No entiendo el porqué. Ella tenía que a
estar acostumbrada a su forma de hablar.
l
Pero Nas era mi amiga, y eso significa ponerme de su
lado, incluso si estaba equivocada. Podría hablarle claro en q
privado, pero con público, cubro su espalda. u
Golpeando mi trasero contra sus muslos, bufé.
i
—He estado en la basura Vik. No soy quisquillosa cuando
e
hablas de comida. — Me volví hacia él y agregué—: Y aun
así no quiero comer tu polla. r
Escuché a Anika romper a reír mientras Nas bufó ante m
eso, y Vik sonrió orgullosamente hacia mí.
a
—Eso es lo que llamamos una quemadura.
n
Desafortunadamente cuando Vik se agachó para besar mi
frente, Lev entró. Hubo un momento de tensión construyéndose e
en la habitación mientras los ojos de Lev se fijaban en las manos r
de Vik en mí. Tenía esa mirada en sus ojos, la que había
conocido hacía unos días, y sabía que tenía que intervenir. De a
otro modo, Lev golpearía a su amigo de la infancia. Era protector .
conmigo. Lo tengo. Lo entiendo. Es lo que hacen los amigos.
S
Tomándome un segundo para controlarme, me alejé de Vik y
lentamente caminé hacia Lev, levantando la mano con palma a
hacia afuera, comunicándome con él en silencio. b
Miró hacia abajo a mi mano y después a mis ojos. Los e
ásperos bordes de su rostro se suavizaron y tomó mi mano sin
una palabra, apretándola. El gesto dijo mucho más de lo que las s
palabras podrían. Yo sería su roca cuando su razón se alejara. l
Y él sería la persona que necesitaba para recordarme que ya no
o
estaba sola en el mundo. Una amistad perfectamente
imperfecta que de algún modo se había formado. Perder a Lev q
no era una opción. u
Él me encontró, y ya sea que lo supiera o no, era suya, de
e
dicen.
Quien lo encuentra se lo queda.

***

El club no estaba muy lleno para una noche de viernes.


Era inusual dado que otros viernes habían sido noches de
hacer el máximo dinero, de acuerdo a Lev. Los hombres que
habían terminado con la semana de trabajo venían a Bleeding
Hearts para distraerse, beber en buena compañía, y complacerse 134
con un baile privado, o cuatro.
Lev y yo nos sentamos en la esquina más alejada de lado S
izquierdo del escenario. Era el lugar perfecto para ver la egur
habitación. Se veía todo y todos. ame
nte.
Miré con curiosidad mientras Lev sacaba algo de su bolsillo y
El
me mostraba un audífono antes de ponérselo. Habló en él.
hom
—¿Estás listo Cam? bre
Desde el lado derecho del escenario, un hombre joven con miró
traje levantó la mano para indicarle a Lev que podía escucharlo. mie
ntra
Lev volvió a sentarse, se giró hacia mí y dijo:
s
—Esta será una buena noche. Anik
¿Estaba tratando de tranquilizarme? Estaba convencida de a le
que el asiento más seguro del lugar era sentada junto al chico sonr
sexy del traje, dando órdenes a través de su auricular. No ió
necesitaba que me tranquilizaran. sed
ucto
Las chicas ocuparon el escenario. Primero Lana, haciendo
ram
una rutina en el tubo, entonces ChaCha con su lento striptease,
ente
entonces Birdie vino con un vaso de soda y un abrazo para mí,
,
diciéndome que había estado muy preocupada.
poni
Una sensación de calidez floreció en mi interior. Sí, estaba end
sentada en un club para caballeros, viendo a mujeres quitarse la o la
ropa por dinero, sabiendo que el hombre a mi lado lastimaría a bebi
cualquiera que me mirara divertido, pero nunca me había sentido da
más en casa, además de en la casa de mi familia, cuando vivía en
con mi madre. su
Lev divisó a un hombre sentado solo, pareciendo desolado. mes
Habló en su audífono. a e
incli
—Cam, mesa doce. Envíale un whisky
nán
cortesía de la casa. Mi frente se arrugó. dos
—Parece muy deprimido. ¿Estás seguro de que quieres e
para
avivarlo con más licor? Lev mantuvo su ojo en el bar, pero sus
inclinó su cabeza hacia mí. urra
—Las cosas gratis hacen felices a las personas. Observa. r
algo en su oído. El solitario hombre sonrió inmediatamente.
Impresionada, pregunté.
—¿Qué le está diciendo?
—Que aprecia su lealtad a
nuestro negocio. Asentí.
—Bien. Correcto. Claramente sabes hacer tu trabajo. Me
inclino ante ti, oh grandioso.

135
Sus ojos sonrieron de esa manera que tanto amo, y casi me —
caigo de mi silla, suspirando soñadoramente. S
Le pregunté a Lev si quería que rellenara su bebida. Dijo que í
no. No creo que se diera cuenta de que quería ir a visitar a Nas
detrás de la barra. Seguí dándole pistas, diciéndole lo sedienta ,
que estaba. Siguió frunciendo el ceño, diciéndome que le hiciera l
señas a Anika.
o
No hay manera de ser discreta con Lev. Es todo o nada.
Finalmente escupí: s
—En verdad quiero hablar é
con Nas. Su frente se .
arrugó: —
—¿Porque no lo dijiste simplemente? F
—Porque estoy cansada —murmuré y me desplomé en mi u
silla. i
Él resopló, y, me gustaría creer que hizo lo que era la
d
versión de Lev de una risa.
Asintió hacia el bar. i
—Puedo verte desde aquí. Quédate a la vista. r
Me enderecé, inclinándome por encima de mi silla y e
mostrando mi entusiasmo.
c
—¿En serio? ¿Prometido? ¿No bromeas?
t
—Ve —murmuró de un modo aburrido, pero sus ojos dejaban
ver que se está riendo. a
—¡Yupi! —animé mientras me apresuraba hacia el bar. a
Quiero joder a Nas, lo he estado planeando durante días. El e
episodio de esta noche con Vik encaja perfectamente con mi
malévolo plan. l
Acercándome al bar, me senté en una esquina oculta y l
esperé. Cuando se acercó, farfulló: o
—Que mierda de noche. Ni siquiera merece tener al equipo

completo para esta pobre multitud.
. Así que, ¿qué puedes decirme de Vik? Ella se dio la
vuelta hacia mí, estrechando sus ojos.
—¿Por qué quieres saber acerca de Vik?
—No lo sé. —Actué despistada—. Es
sexy, sin duda Entonces planté la bomba.
—Y ahí está esa cosa de hoy. No lo sé, pero creo que
tenemos algo de química. — Me incliné hacia adelante y
sonreí—. Creo que le gusto.
Quiero romper a reír por la manera en que la cara de Nas se 136
volvió roja brillante.
Apretó sus dientes y habló a través de ellos.
—Él no es todo lo que aparenta
ser Mina. Me encogí de
hombros.

—¿Quién soy yo para juzgar? —Me apunté a mí misma—. A
Chica sin hogar… s
¡hola! í
e
Sus fosas nasales flamearon. s
l
—Él no es tu tipo. a
v
—¿Quién puede decir cuál es mi tipo? Además, no i
necesitamos ser el tipo del otro para rascar una picazón. —Usé d
a
mi codo para empujarla y le di con un guiño falso—. ¿Sabes lo ,
que quiero decir? q
u
Esa fue la gota que colmó el vaso. e
ri
Nas plantó las manos en la barra, se inclinó hacia mí y d
espetó: a
.
—¡Mantente alejada de Viktor!
Misión completada, rápidamente me salí del personaje,
incliné la cabeza hacia atrás y comencé a reír.
Nas me miró, confundida por un segundo antes de captarlo.
Pareciendo un poco molesta con ella misma, negó con la
cabeza lentamente.
—¿Quién te lo
dijo? Sonreí
victoriosamente.
—No importa quién me dijo. La pregunta es, ¿por qué
no me lo dijiste? Su cara cayó. Parecía triste.
—Es complicado Mina.
—¿Complicado de un modo el hombre que amo duerme con otra
mujer? ¿O el hombre que amo tiene problemas con el compromiso?
—Ninguno de los dos —me calló, sus ojos brillando—. Son
del modo el hombre que amo no me ama.
Mi sonrisa cayó. Eso apestaba.
—Eso apesta —le dije, mi corazón
se rompió. Ella sonrió tristemente.
137
Traducido por lauuz

Mina

a mañana del sábado nos trae una sorpresa a todos. hom


bros
Irina, la madre de Lidiya, la reclamó para que ?
volviera con ella.
Lo que fue sorprendente acerca de esto fue que Lev M
la dejó ir. ientr
as
Yo no quería que se fuera. La idea de ella
me
quedándose con una horrible mujer que ni siquiera la quería me
sien
volvía loca. Rápidamente me golpeó que si esta era la manera en
to
que yo, una extraña, me sentía, Lev ya debería haber cruzado
con
el borde de locuralandia. Escondía su tristeza muy bien, pero no
las
me perdí la manera en que le habló a Sasha cuando su hermano
pier
sugirió hacer que Irina se mudara más cerca para que así Lidiya,
nas
al menos, viviera en el mismo estado que nosotros.
cruz
La horrible mujer ya había reservado los vuelos para Mirella ada
y Lidiya, y salían justo después del mediodía, y su advertencia s en
había sido que si las dos no llegaban a la hora designada, el
tomaría el siguiente vuelo y levantaría el infierno en el club. suel
Francamente, creía que la mujer estaba llena de mierda, y lo o de
dije. Nas me dio una mirada advirtiéndome de que su amenaza la
muy probablemente se cumpliría. Estaba asombrada. ¿Quién era sala
esta mujer que tenía a la familia Leokov mirando sobre sus ,
Lidiy
a se acomodó en mi regazo, jugando con la pequeña Mina, sin
ser consciente de que estaba a punto de ser alejada de nosotros
del modo más grosero. El brazo con el que la sostengo se 138
aprieta. Me encuentro sintiéndome protectora con este pequeño
cacahuate.
Miro en silencio que la cara de Mirella cae un grado. Ella lo
cubre rápidamente, levantándose y dirigiéndose al cuarto de
Lidiya a empacar sus cosas.
—No —murmuré enojada. Me di la vuelta hacia Lev,
abrazando a Lidiya con todo lo que tenía—. ¿Simplemente vas a
sentarte ahí y dejar a esa perra alejarla de nosotros?
Parecía que hubiera envejecido diez años en diez minutos.
Se veía desgastado y demacrado. Habló con calma.
—¿Qué quieres que haga Mina?
Parpadeé hacia él. Esa actitud no iba a llevarnos a ningún lado.
—Lucha por ella, Lev. Dile a Irina que no puede tenerla.
Déjala venir aquí. ¿Qué va a hacer? ¿Mostrarles a todos lo jodida
que esta de la cabeza?
—Voy a perder la custodia parcial y seré acusado de secuestrar a
mi propia hija.
—Me miró, sujetándome con una mirada—. ¿Suena como un buen plan
para ti?
Bueno, no. no lo hacía. Pero tenía que haber algo que pudiéramos
hacer.
Mi corazón comenzó a correr mientras me di cuenta de que nadie
pelearía contra
est
o. —Nas —llamé.
Ella se veía miserable. 139
—Escoge tus batallas, pequeña. No vas
a ganar esta. Mi última opción.
—Sasha —susurré, muy cerca de las lágrimas—. Haz algo.
Él ya estaba sacudiendo la cabeza, se levantó
repentinamente, frunciéndome el

ceño.
—La vida no es justa, niña. —Me miró—. Tú de todas las
personas deberías entenderlo.
Me había quedado sin opciones, sola.
—Lev —imploré—. Por favor. No la dejes ganar. Ella es sólo
una mujer ¿Cuánto poder puede tener?
No estaba preparada para lo que
sucedió después. Lev se levantó.
Entonces me gritó.
A mí.
—¿Qué diablos quieres que diga Mina? ¿Qué caiga de
rodillas por complacer a la madre de mi hija? —Jadeó—. ¡Sí! Lo
hago —Se alejó—. Tengo mis razones, y no le debo
explicaciones a nadie, ciertamente no a ti.
Él dijo “a ti” como si fuera asqueroso. Como una molestia.
Como si no fuera digna de una explicación que incluso yo sabía
que no merecía escuchar.
Eso me trajo de vuelta a la
realidad. Yo no era nada
para Lev Leokov.
Y aun así, él era mi todo.
Un poco después del mediodía, después de que Lidiya y
Mirella se marcharon, me fui arriba con la cola entre las patas.
Debí haber sabido que era un momento difícil para Lev, y lo
empujé demasiado. Estaba segura de que se necesitaba mucho D
para hacer eso, y me sentía como la mierda. esp
Parada cerca de la puerta abierta, me asome. Lev, vestido en ués
de
su usual uniforme de un traje de tres piezas, yacía en la parte
mi
izquierda de la cama, su antebrazo cubriendo sus ojos. Era
desgarrador verlo tan perdido. siest
a,
Caminé hacia él, arrodillándome a su lado y hablando desde me
el costado de la cama. leva
—Oye —comencé gentilmente. nté
Estirándome, alejé la mano que cubría sus ojos. Él lo permitió, y
volviendo la cabeza a un lado para mirarme. Sus cálidos ojos me
color miel estaban llenos de tristeza. Apreté su mano. duc
hé,
—Oh dulzura —lo consolé—. Lo lamento tanto. Soy una prep
idiota. No lo pensé. arán
Él parpadeo hacia mí un momento. Y cuando habló, supe que dom
estaba perdonada por mi descuidado comentario en una e
situación que no lo ameritaba. para
—¿Sostendrías mi mano? la
noc
No necesité que me lo dijera dos veces. En lugar de moverme he
al otro lado de la cama, me levante y trepe encima de él, que
cubriendo su lado derecho, mi pierna derecha por encima de su me
cadera, y tomando su mano izquierda entre la mía, entrelazadas, esp
palma con palma. erab
Su brazo derecho me rodeó, sosteniéndome cerca, y su mano a.
frotaba mi espalda. Un suave suspiro se me escapó mientras Cua
descansaba mi cabeza en su hombro, mis ojos cerrándose con ndo
satisfacción. Nunca había estado más cómoda en toda mi vida. regr
Y esa fue la razón de que me quedara dormida acurrucada esó,
contra Lev Leokov. mi
maq
uillaje estaba listo y mi cabello, recientemente alisado, flotaba en
mi espalda. Iba vestida de punto en blanco y lista para el club,
pero Lev negó con la cabeza. Parecía que no me quería en el
club esta noche. No le ruego. No rogaría. No era la manera en
que hacia las cosas, no normalmente.
En lugar de eso, lo intenté siendo honesta. Caminé hacia él,
metí mis dedos en sus bolsillos delanteros y miré hacia su cara.
—Has tenido un día difícil. Déjame estar ahí para ti esta
noche. Si sientes como que quieres golpear cabezas, todo lo que
tienes que hacer es alcanzarme y tomar mi mano. —Lo sorprendí
un poco. 140
Pensó en ello. Está
en
Su respuesta es queda:
todo
—Está bien. s los
Me gustó esa respuesta. Se lo demuestro estirándome y para
acunando sus mejillas, tirando de su cabeza hacia abajo para bris
poder besar su frente. as.
Rec
Llegamos al club después de las siete. La multitud siempre
ogí
tarda un rato en animarse. Cuanto más anochece, más lleno
todo
se pone.
s los
Esta noche, la multitud escasea como la que
noche anterior. Lev, viendo lo mismo que pud
e
yo, comenta: pero
—Algo está pasando. …
Fruncí el ceño, asintiendo completamente de acuerdo. Algo —
tiene que estar pasando. Nunca había visto el club tan vacío Se
desde que llegué. Comparado con el día que robé la cartera de enc
Sasha, esta multitud era vergonzosa. ogió
de
Fue entonces cuando Birdie se acercó, pareciendo un tanto hom
ansiosa. bros
—¿Puedo hablar contigo? —.
—Por supuesto —respondió Lev. Algu
nas
Su nerviosismo creció mientras juntaba sus manos. pers
—Creo que deberías llamar a Sasha. Nas está en camino. ona
Necesito que todos escuchen esto. s las
Lev hace lo que le pide, saca su teléfono y llama a su tom
hermano fuera de su oficina. Nas llegó y se sentó en el brazo de aron
mi silla. Cuando Sasha llega, habla amablemente a Birdie. ante
s de
—Pequeña ave. ¿Por qué estás tan preocupada? que
Ella buscó en el bolsillo de sus jeans, sacó una pieza de papel pudi
y se la extendió a Sasha. era
—Encontré esto en mi coche cuando salí de mi descanso. quit
arlas.
Sasha desdobló el papel, leyó en silencio, y entonces
maldijo en voz baja. Su mandíbula se apretó, y
extendió la nota hacia Lev.
—Creo que acabamos de descubrir a dónde se han ido
todos nuestros clientes. Nas y yo nos inclinamos por
141
encima de la mesa para leer con Lev.

El beso de Afrodita. Nuevo espectáculo. Nuevas chicas.


Completamente remodelado. Rostros que
detendrán tu corazón.
*Bebida gratis con este volante.

—Eso no es todo. —Birdie parpadeó—. Uno de los matones —


de Laredo se me acercó justo cuando estaba saliendo de mi B
descanso. —Sus ojos pidieron disculpas, miró directamente a
u
Sasha—. Están reclutando gente justo bajo tus narices, nene.
—Jodida mierda —susurró Sasha—. Eso explicaría por qué e
ChaCha renunció el miércoles. n
Mi mandíbula cayó: o
—¡Él no puede hacer eso! ,
Los labios de Lev se estrecharon.
n
—Sí puede; sólo no debería. Es una regla no escrita. Es
o
considerado de mala educación.
Me senté de nuevo en mi silla, sintiéndome derrotada. Me e
volví para mirar a Sasha. s
—¿Por qué te odia tanto? c
Por una vez, Sasha no me miró. Habló en voz baja. u
—Arruiné la cara de su hijo cuando trató de joderme. El niño
l
bonito ya no es bonito. —Suspiró—. A Laredo no le importa un
trasero de rata que su hijo haya traído mierda a mi propiedad. p
Él ve esas cicatrices y quiere acabar conmigo. a
—¿Qué pasó?
d
Nas lo explicó en un tono cortante.
e
—Sasha se acostó con la
S
esposa de Alessio. Sasha saltó a
a
la defensiva.
s
—Dijo que habían terminado. —Pasó una mano por su oscuro
cabello—. ¿Cómo se supone que iba a saber que usaba mi h
polla como un arma en contra de él? — Sonrió ante el recuerdo a
de ella—. Me gustaría decir que ella no valía el problema, pero
era una jodida gata salvaje. q
ue la mujer fuera una zorra —murmuré. Sasha pareció
sorprendido por mi apoyo. Pero, aun así, no dijo nada.
—¿Cuál es su nuevo espectáculo? ¿Qué tienen que nosotros
no? —La frustración ganó—. Ni siquiera puedo enviar a nadie
allá para ver lo que está pasando. A nadie en quien confíe. Él
conoce a todos los que trabajan para nosotros. Conoce nuestros
rostros.
Miré alrededor de todos ellos, a sus caras pensativas.
¿Era la única que tenía la solución a este problema? 142
—Él no me conoce a mi —ofrecí encogiéndome de
hombros—. Yo iré.
Lev ladró:
—No.
Justo al mismo tiempo que Sasha sonreía malévolamente y
siseaba:
—Sí.
Se miraron el uno
al otro. Sasha
habló lentamente.
—¿Quieres que este barco se hunda niño mimado?
—Net —replicó Lev sin entusiasmo.
—No me importa. Es lo menos que puedo hacer —pronuncié
sinceramente.
Sasha me sonrió mientras Lev fruncía el ceño, infeliz. Nas
apretó mi hombro en silencioso apoyo.
Y así, tuvimos un plan.

Mina usar
inter
—Si crees por un segundo que estás en peligro de ser net,
atrapada, voy a entrar — murmuró Lev mientras conducía. Vik y
permanecía en silencio en el asiento trasero. des
carg
Sonreí ante lo protector de su tono.
ar
—Lo tengo. aplic
—Asegúrate de tener tu teléfono cerca todo el tiempo — acio
insistió. nes,
y
Palmeé con una mano encima del bolsillo delantero de mis
prob
jeans por sexta vez desde que comenzamos nuestro viaje.
able
—Aun aquí —le dije. men
Lev me sorprendió esta mañana con un nuevo teléfono móvil. te
Era de esos vistosos con grandes pantallas en los que podías avis
ar cuando estuvieras a punto de ir al baño.
Era sofisticado.
143
Pasó toda la mañana enseñándome a usarlo. Para el final de
esta, sabía más que lo básico. Aun no entendía lo que eran las
aplicaciones, pero dijo que me lo explicaría otro día. Llamar,
responder, y mandar mensajes era lo suficientemente fácil de
recordar. Practiqué enviándole mensajes a Nas.
Yo: ¿Qué obtienes cuando cruzas una oruga con un
papagayo?
Nas: ¿Quién es?
Yo: ¡Un walkie talkie!
Nas: ¿Quién es? revi
Yo: Oye, eso fue divertido. Podrías al menos tener la sar
cortesía de reírte. la
Nas: ¿Quién mierda eres? grab
ació
Lev también se las arregló para conseguirme una
n
identificación, la cual explicaba por qué Nas me había llevado a
hast
sacarme algunas fotos tamaño carnet la última vez que fuimos al
a
centro comercial. No debería de haber estado sorprendida de que
que
tuviera todos mis detalles personales en ella, pero lo estaba.
salg
Sonreí.
as
—¿Cómo obtuviste esto, ganso escurridizo? de
Él se sentó en la mesa de la cocina, pareciendo complacido ahí
con mi reacción. y
este
—Conozco personas. —Eso
mos
estaba muy claro. Parecía tener de
contactos en cada industria. regr
eso
—También tengo una copia de tu certificado de nacimiento, en
tu tarjeta de seguridad social, y tu pasaporte. el
Bajé la mirada a la club
. Si
identificación. Mina
cree
Clarabelle Harris. s
La dirección que aparecía era… la de Lev. que
algu
No me preocupó por el porqué. Estaba segura de que lo hizo ien
porque tenía que dar una dirección que fuera válida, y había se
estado viviendo aquí por las últimas cuatro semanas y media. está
Estacionando a una cuadra, Vik trabajó rápidamente, fijan
poniendo la cámara de vigilancia que parecía un gran botón en el do
ojal de mi chaqueta, debajo de mi abrigo. El gran botón negro en
que apropiadamente dice que te estoy juzgando. ti,
Vik explicó. no
pien
—Esta no es una cámara en directo. No voy a ser capaz de ses;
sólo sal de ahí.
Ante mi nervioso asentimiento, sonrió.
—Simplemente siéntate, pide una bebida, y observa el
espectáculo, como harías con nosotros. No es gran cosa.
Agrego:
—Probablemente ayudaría que perdieras la cara de estoy
fuera de mi zona.
—Cállate Vik. —Golpeé su brazo alejándolo y él se rio.
Estaba lista para irme. Inclinándome por encima del
asiento, tiré de la camiseta de Lev y lo acerqué hacia mí. 144
—Oye, no te preocupes. Estaré de regreso en una hora, ¿de
acuerdo?
Él gruño, sin mirarme. Así que forcé su atención. actri
Acercándome más, presioné mis labios con brillo en su mejilla z.
suavemente. Tení
a a
—Estaré de regreso antes de que te des cuenta.
los
El beso de Afrodita me sorprendió. Por la manera en que los hom
chicos hablaban de él, me esperaba un hoyo, pero esto era bres
impresionante. com
El tema griego estaba estratégicamente colocado con largos iend
pilares blancos con delicadas flores y vides pintadas en ellos, o de
grandes mesas de madera intrincadamente diseñadas y sus
adornadas con dorado, ambos sofás decorados con el típico man
patrón de tela griego (en dorado, por supuesto) y el escenario… os
wow. Lucía como si hubiera sido diseñado en el dramático estilo cubi
de 1900, con cortinas de terciopelo rojo. erta
s de
Estaba impresionada.
brill
Hice lo que Vik me dijo. Pedí una bebida, tomé asiento y os y
encaré el escenario. Media hora después, el espectáculo mira
comenzó. Las luces se atenuaron y las lámparas se enfocaron ndo
en el escenario; las cortinas se abrieron y jadeé. fija
Cuatro hombres, preciosos y con las ropas rasgadas, usando men
pequeños pedazos de tela blanca encima de sus muslos, te a
mostrando la parte de arriba de sus traseros, sosteniendo a una sus
mujer envuelta seductoramente en un pequeño sofá atado a una brill
plataforma. ante
s
Cada hombre tomo una esquina de la plataforma,
pec
moviéndola sin esfuerzo. Era un gran espectáculo. hos.
La mujer, que tenía una máscara de plumas cubriendo su Ter
rostro, se la quito mientras los hombres ponían el sofá en el suelo. min
ó
—Jodan un pato —susurre. cua
Era ChaCha. Estaba vestida como una diosa griega. Ella, por ndo
supuesto, se presentó como Afrodita. Cha
Vi su espectáculo. Era una mezcla de temas, algo de Cha
desnudismo, drama y humor. No quería admitirlo, pero era buena volvi
ó a su cubierta de maquillaje.
Los hombres animaron mientras la cortina caía. Subió el
volumen de la música, y dos mujeres más tomaron el escenario
para presentar una rutina de tubo muy promedio. Había visto
mejores en Bleeding Hearts. Media hora después, otro
espectáculo tuvo lugar.
Estaba comenzando a ver por qué los hombres flotaban hacia
acá. Era diferente. La risa que los espectáculos proveían era
contagiosa y mejoraba la atmosfera del club en general.
No era de mala muerte, y hacía el ambiente más ligero,
145
menos sórdido. Desafortunadamente, estaba
comenzando a ver porqué tenían un ganador.
Había visto suficiente. Poniéndome de pie, me volví para haci
irme, pero casi fui arrollada por un hombre. Di un chillido, a los
estabilizándome antes de caer. El hombre se dio la vuelta. guar
dias
—Mierda, lo siento. —Sonrió
de
con disculpa. Oh, querido Dios. seg
Mi corazón saltó tan profundo que terminó en mi estómago. urid
ad
Los ojos del tipo del bar de sándwiches se estrecharon hacia
que
mí.
ape
—Oye, te conozco —me miró de arriba a abajo—. Eres la nas
chica sin hogar. se
Negué con la cabeza, tratando de parecer enojada porque me habí
estuviera llamando vagabunda. an
—No, creo que tienes a la persona equivocada. Lo lamento. acer
—Me moví para alejarme, pero atrapó mi brazo, haciéndome cad
retroceder. Era obvio que se había tomado algunas copas. Se rió o a
audiblemente. inter
veni
—Oh, vamos. Sé que eres tú, chica. Ningún hombre olvida un r.
rostro como ese. Les
—Se inclinó hacia mí—. Te vez mucho mejor. esp
—Quítame las manos de encima — eté
dije desdeñosa. Él chasqueó la enoj
ada.
lengua.

—Que mal que ya no estés hambrienta. —Sacudió la cabeza
¿
arrepentido—. Demonios, eres bonita. —Se agachó para hablar
directamente en mi oído—. Me estoy arrepintiendo de no haber E
aceptado tu oferta esa noche. Mi polla ruega por tu boca, muñeca s
—agregó—. ¿Qué haría falta para que la oferta estuviera de
vuelta? a
—Que el infierno se congelara, sucio idiota. —Lo hice a un s
lado tan fuerte como pude. Perdió el equilibrio, se cayó y toda la í
atención cayó sobre mí.
c
Cientos de ojos se volvieron hacia mí. Me ruboricé, mirando
omo dejan que los hombres traten a las mujeres en
su club? Entonces cometí un enorme error.
Me alejé, gritando fuerte:
—No, gracias. Llevaré mis asuntos a Bleeding Hearts.

146
Traducido por Mariandrys

Laredo

i boca se abrió por la sorpresa. Observé a la ve


mujer irse, mi corazón latiendo rápido. z,
ver
Alessio vino a mi lado. la
—¿Qué debo hacer, papá? de
Mis ojos se volvieron para enfocarse en el hombre con quien cer
ella discutió. ca,
co
—Prohíbele la entrada.
n
Mi hijo se puso rígido y sentí la sorpresa de Alessio. mi
—¿Qué? ¿Por qué? Tuvieron un encuentro de palabras, eso s
es todo. No es gran cosa. pr
Sacudí mi cabeza. opi
os
—Este es un ambiente seguro, hijo. Él trajo esa mierda a ojo
mi club y mató el humor. No lo toleraré. s.
Había tomado una decisión, repetí mis palabras: Y
—Prohíbele la entrada. s
Alessio se fue para cumplir mi voluntad, pero yo todavía a
estaba enfocado en la salida. Estaba seguro de haber visto a un b
fantasma. í
a
—Clara —susurré para mí mismo. Necesitaba verla otra j
usto donde encontrarla.

147
Traducido por Roxywonderland

Mina

ondujimos de regreso a Bleeding Hearts en silencio. Vik del


captó la mirada de pánico en mis ojos y me arrastró coc
dentro del coche. Lev estaba conduciendo antes de que he,
la puerta del pasajero incluso se cerrase. y sin
quer
—¿Qué pasó? —preguntó Vik mientras Lev mantenía sus erlo,
ojos en la carretera. Desenganche la cámara oculta y se la di me
peg
de regreso.
ué a
—Nada. él,
Era estúpido mentir. Vik vería qué sucedió cuando mirara la env
filmación. Creo que parte de mi esperaba que no lo viera hasta el olvie
final. ndo
No. Esperar era una palabra muy débil. Estaba rogando que mi
no lo viera hasta el final. braz
o
De haber sabido que el tipo de los sándwiches iba a estar en alre
el Beso de Afrodita, nunca me hubiera ofrecido para jugar a la ded
espía. El hombre me había humillado ahora en dos ocasiones. or
Él se iría a dormir esta noche sin darle importancia, y a mí me de
atormentaría por un tiempo venidero. Sabía que le estaba dando su
poder al hacer eso, pero diantres, era difícil detenerme. cint
Mientras llegábamos de nuevo al club, Lev me ayudó a salir ura
y alzando mi mirada, una mirada de súplica en mis ojos, pidiendo
permiso en silencio.
No me decepcionó. Me dio lo que necesitaba, su brazo se 148
apretó a mí alrededor, apretándome contra él.
Un suave suspiro escapo de mí. Cuando Lev me sostenía,
sentía como si nada pudiera tocarme. Interpretaba bien el papel
de protector y a pesar de que luchaba contra el hecho de que lo
necesitaba, me hacía sentir que valía algo y que era más de lo
que había sido en años.
Entramos y bajamos por el largo pasillo hasta la oficina de crep
Sasha. Vik abrió la puerta y Sasha hizo una pausa de medio itan
segundo. Alzó la vista de su estado pensativo y sus ojos se do.
posaron en mí, sus labios se curvaron. —
Estaba comenzando a cansarme de verdad de su mierda. No T
podía descubrir qué tenía en mí contra. Primero, pensé que era e
debido a todo lo que pasó con su billetera, pero mientras el d
tiempo pasaba, veía que era más que eso. Sólo que no podía e
identificar el qué. j
a
Sasha pasó su mirada de mí al brazo de Lev, que estaba r
fuertemente alrededor de mis hombros, luego hacía Vik, a quien é
le preguntó amablemente: a
—¿Lo tienen? q
u
Vik le expendió la cámara-botón, sacudiéndola suavemente
í.
antes de darle la vuelta al escritorio de Sasha para conectarla a
su computadora. Trabajó rápidamente, abriendo el archivo. —
Antes de apretar el botón de reproducir en el reproductor, Vik miró ¿Qu
hacia mí. é?

—Creo que Nas va a querer ver esto.
preg
¿Esto va a ser una reproducción grupal? untó
Mi corazón dio un vuelco, pero tomé la indirecta y encontré a , su
Nas sentada en la esquina oscura de la barra, sorbiendo un ceñ
whiskey sour9. Tan pronto como me vio, su rostro se iluminó. Se o
puso de pie, caminó hacia mí y tomó mi brazo. frun
cido
—Finalmente —murmuró—. Mientras tú has estado fuera dist
pretendiendo ser Maxwell Smart, he estado muriendo de orsi
aburrimiento. ¿Por qué consigues toda la diversión? ona
—¿Quién diablos es Maxwell Smart? —pregunté y ella ahogó ndo
una risa, ignorando mi pregunta. su
Una simple mirada por el lugar y supe lo que quiso decir. No lind
teníamos casi ningún cliente. o
rostr
Encaminé a Nas por el largo pasillo, pero antes de seguirla o—.
dentro, me detuve un momento, retrocediendo. Mis nervios Sién
tate conmigo.
No era una petición. Nas no
preguntaba. Ordenaba.
La indecisión me retuvo hasta que, finalmente, tragué fuerte,
caminé hacia la oficina y cerré la puerta detrás de mí. Lev se
sentó en la silla de invitados, al lado

149

9
Famoso cóctel sour que contiene Bourbon whisky, jugo de limón,
azúcar y, opcionalmente, clara de huevo. Se agita y se sirve
directamente o sobre hielo.
opuesto de Sasha. Vik se quedó de pie, mientras Nas se sentó P
en el brazo de la silla de Lev. ero
nadi
Me acomodé en la parte trasera junto a la puerta, sintiendo
e
frío y abrazándome.
esc
La filmación era superflua hasta que el acto comenzó. Al uch
segundo que ChaCha apareció, Nas escupió una cadena de ó.
escandalosas e imaginativas, maldiciones. Sasha lucía listo Esta
para dispararle a alguien. Llamada ChaCha. ban
Veinticinco minutos de filmación después, salté rápidamente muy
desde mi esquina. caut
—Eso es todo —comencé—. Me levantaré para ivad
os
irme en un minuto. Vik se dirigió hacía Sasha. por
—Es un espectáculo —expresó con un pequeño el
encogimiento de hombros, como si no fuese la gran cosa. alter
cad
Nas comentó sobre ello.
o
—Sí, es un espectáculo —comenzó—. Pero viste cómo suc
reaccionaron los hombres. Era positivo y brillante. No sórdido. Y edie
la manera que arreglaron el lugar —miró a Sasha—, lucía bien. ndo
Sasha asintió como si estuviese respondiendo a una pregunta en
no hecha. la
—Tenemos que mejorar nuestro espectáculo, mejorar pant
nuestra imagen. Vamos a perder más negocios si no les damos alla.
algo de qué hablar. —
Mientras la conversación sucedía. Estaba mirando el Que
reproductor, que aún reproducía el archivo, con mi cuerpo helado mal
por la ansiedad. En la pantalla, me acababa de levantar de la que
mesa en El Beso de Afrodita y estaba yéndome cuando… ya
no
—Oye, te conozco —se escuchó alto y claro—. Eres la esté
chica sin hogar. Toda la conversación se detuvo. Todos s
ham
los ojos se giraron hacía la pantalla.
brie
—Por favor, apágalo —rogué en un susurro, mi voz nta.
temblando. —
Mordí el interior de mi labio, mi corazón se aceleró—. Demonios,
eres bonita —mi garganta se cerró y mis brazos se apretaron
alrededor de mi cuerpo—. Me estoy arrepintiendo de no haber
aceptado tu oferta esa noche. Mi polla ruega por tu boca,
muñeca. —Lagrimas llenaban mis ojos y los cerré fuertemente,
quitándole la satisfacción de hacerme llorar por sus acciones una
vez más—. ¿Qué haría falta para que la oferta estuviera de
vuelta?
—Que el infierno se congelara, sucio idiota.
Escuché el suave sonido de alguien levantándose de su silla.
Sabía que estaba frente a mí incluso antes de que abriera mis 150
ojos. En su lugar, los mantuve cerrado aún más fuerte.
—Lo siento —le dije.
Me escuché en la computadora. —
Es
—¿Es así como dejan que los hombres traten a las mujeres
el
en su club?
due
Me encogí, golpeando mi cara con mis manos, sabiendo lo ño
que venía a continuación. de
—No, gracias. Llevaré mis asuntos a un
bar
Bleeding Hearts. Hablando a través de mis
de
manos, dejé salir un silencioso: sán
—Oh, Dios. dwic
h.
Escuché a alguien reírse quedo. Nas lo golpeó. Le
—¡No es gracioso! —lo acalló antes de que pudiera pedí
com
humillarme aún más. Sasha habló.
ida.
—Sé que no es gracioso. No me estoy riendo porque sea Me
cómico. —Su voz contenía una nota de burla—. Sí, ahí se dijo
van el resto de nuestros clientes. que
—Cállate, Sash —siseó Nas. Su voz se suavizó de gran le
manera cuando preguntó—. Mina, ¿conoces a ese tipo? chu
para
Negué con la cabeza.
la
Cuando Lev habló, sentí su furia. poll
—Dijiste que no había pasado nada. Eso no era nada. a.
Prim
Fue entonces cuando abrí mis ojos y, tristes como estaban,
ero,
se fijaron sobre Lev.
dije
—No quería que escucharas lo que dijo. que
—¿Por qué? —preguntó, bordeado de furia. no,
Mordí el interior de mi labio y hablé a través del nudo en mi pero
garganta …

—Porque lo que dijo… —Oh, Dios, estaba tan esc
avergonzada—. Es verdad apó
Sollocé, la primera de muchas lágrimas deslizándose por mí, de
realmente, roja mejilla. mí
una maltrecha respiración—. Pero estaba tan hambrienta, Lev.
Tan hambrienta —me apresuré—. Y cuando finalmente accedí,
me dijo que era demasiado tarde y me dejó llorando en la calle.
Bajé mi mirada al suelo.
—Él no consiguió su mamada. Y yo no conseguí nada que
comer —mi voz descendió a un susurro—. Ese fue el día antes
de que te conociera. Por eso robé la billetera de Sasha. —Alcé la
vista a través de mi borrosa visión para quedar atrapada por
Sasha. Mi susurro fue quebrado—. Estaba desesperada.
Nadie habló por un rato. No quería que nadie hablara. No
quería miradas de lastima. No quería simpatía. Quería irme a 151
casa.
—Está bien —murmuró Lev suavemente. —
Era casi como si leyese mi mente, porque se dirigió hacia los B
otros en la habitación y dijo: u
—Voy a llevar a Mina a casa. e
Incluso aunque no estaba pidiendo permiso, Sasha se lo dio
n
de la única manera que imaginé que pudiese.
—Sí, lo que sea. No es como si tuviéramos clientes a los que a
servir. s
Condujimos en un largo y cómodo silencio, estrechando ,
nuestras manos sobre la consola central.
c
Cuando llegamos a casa, nos preparamos para irnos a la
cama. Lev se desvistió completamente hasta quedar en bóxer, a
sin temor por deslumbrar mis suaves sensibilidades, y yo me r
vestí con mi “horrible” pijama amarillo. Lev le puso el seguro a
i
la puerta del dormitorio, abrió el sofá, se acostó y apagó su
lámpara. Mi lámpara siguió su ejemplo mientras me subía a la ñ
gigantesca cama tamaño King. o
Me quedé recostada allí un tiempo, incapaz de poder
.
ponerme cómoda o conciliar el sueño.
Tomó una larga y severa charla mental, pero tomé mi —
decisión. M
Me deslicé fuera de la cama, me dirigí hacia el sofá-cama y i
me subí sobre el colchón. No fue ni un poco sorprendente de que
Lev hubiera predicho mi movimiento, y hubiera apartado las s
sabanas para dejarme entrar. Me acurrucó, envolviendo un brazo o
alrededor de mi cintura y jalándome hacia su cálido y fuerte
j
cuerpo.
o
Su esencia era cálida y masculina. Estaba calentito, y su duro
cuerpo rodeo el mío. Me calmó. La comodidad de llego s
inmediatamente y bostecé. s
Sentí los labios de Lev presionados suavemente en la base
e
de mi cuello.
—Buenas noches, Mina. v
olvieron pesados, y rápidamente, caí dormida. Dormimos de
esa manera hasta el amanecer.
A la mañana siguiente, mientras salía del baño vestida con
mis pantalones de yoga negros y mi camiseta de un hombro
caído blanca, me vi obligada a detenerme porque Lev que estaba
sentado al borde de la cama, esperándome.
Cepillando mi cabello húmedo, sonreí suavemente frente a la
visión de él en sus pantalones de ejercicio, camiseta y sudadera.
—Buenos días.
Arqueó su ceja, se puso de pie y caminó hacia mí, con una 152
pequeña caja turquesa en sus manos. Sus pasos eran pesados
y había un decisivo brillo en sus ojos cuando se detuvo a
centímetros de mí. Entonces supe lo que iba a suceder a
continuación.
Lev se inclinó y se acercó, y pude aspirar su cálida y
masculina esencia, cerré mis ojos, esperando el beso que había
deseado toda mi vida.
Me puse de puntillas con mi rostro estirado, lista para recibirlo.
Este beso sería el beso con el que juzgaría a todos los demás.
Lo sentía en lo profundo de mis huesos. Este beso sería decisivo.
Este beso me llevaría al límite y por fin caería enamorada de Lev
Leokov.
Este
beso… 153
Nunca
ocurrió.
Sus manos se deslizaron, ligeramente, anudando algo
detrás de mi cuello. Miré hacia abajo.
Un ancla de plata en una larga y delicada cadena de plata se
encontraba posada sobre el valle entre mis pechos. La decepción
de no ser besada se disipó, pero solo ligeramente.
—No es mi cumpleaños —le dije.
Resultó que no necesitaba un beso decisivo para caer
enamorada de Lev Leokov.
Sabía eso, porque lo que dijo después selló el asunto.
—Esto es por todos los cumpleaños que te has perdido. —Se
acercó para acariciar el colgante de ancla, su dedo rozando,
accidentalmente, la parte superior de mi pecho—. Por los
cumpleaños que no fueron reconocidos como deberían haberlo
sido.

Mis ojos comenzaron a humedecerse.


¡Ugh! No de nuevo.
Me estaba volviendo un desastre lloroso. No quería llorar,
pero este momento era más de lo que jamás hubiese esperado
en toda una vida, y el regalo sincero de Lev me tenía al límite.
El hombre no tenía idea de cuán encantador era, y lo probó
cuando me atrajo contra él, abrazándome y hablando
suavemente.
—Por favor, no llores, Mina. Lo siento. No soy bueno con las
palabras.
Me reí a través de las lágrimas de lo absurdo de su
declaración. Acuné sus mejillas, atraje su rostro hacia abajo y
presioné un suave pero ligero beso en su boca. Me retiré,
notando su falta de asombro pero decidí ignorarlo. Toqueteé el
colgante y dije con alegría.
—Lo adoro, Lev. Gracias. Nunca me lo quitaré.
Más tarde esa noche, después de otra noche en el club con
sólo un puñado de clientes habituales, Lev y yo nos marchamos
un poco después de las dos de la madrugada.
Noté que algo estaba sucediendo.
Durante el viaje en coche a casa, entrelazamos nuestras
manos sobre la consola central, y una vez en casa, nos
desvestimos y nos fuimos a nuestras propias camas. Apagamos
las luces y nos acomodamos.
Quince minutos pasaron y no podía dormirme.
Me mordí el interior de mi labio antes de decir en la
oscuridad:
—¿Lev?
Su inmediato gruñido en respuesta me dijo que no había
caído dormido aún. Y fui por ello, de lleno. 154
—Ya sabes, hay mucho espacio en esta cama para ambos.
Lo siguiente fue un largo silencio y quería golpearme
en la frente. Presioné demasiado.
Justo cuando estaba abriendo mi boca para lanzar un
incómodo buenas noches, escuché el roce de las sábanas. Vi la
sombra de él acercándose a la cama. Dio la vuelta por el lado
izquierdo y se deslizó debajo de las mantas. Mi alivio fue
evidente, me acerqué a él y me acomodé a su lado. Mi cabeza
en su pecho y mi brazo descansando sobre su abdomen.
—¿Esto está bien? —pregunté, sabiendo muy bien
que estaba perfecto. Su fuerte brazo me rodeó y
suspiró.
—Perfecto.
Sonreí sobre el pecho desnudo de Lev, inhalando su cálida
esencia y me dormí esperando poder irme a dormir sonriendo
más a menudo.
Traducido por Gigi D

Mina

ncontrar un momento a solas no fue difícil entre las diez con


y las doce. Esas eran las horas en que Lev esa
desaparecía para hacer ejercicio. Siempre se iba a las dura
diez y volvía a las doce, en punto. No sabía qué le poll
gustaba hacer para ejercitarse. Sí sé que, sea lo que a
sea, lo hacía volver sudando mucho. pres
iona
Me quedó en claro en más de una ocasión que Lev me ndo
parecía atractivo. Era, de lejos, el hombre más apuesto que cont
conocía. Con ojos dorados, las facciones angulosas, cabello ra
oscuro y a la moda, y su alto y esculpido cuerpo, me encontraba mi
preguntándome lo que se sentiría estar debajo de ese cuerpo, tras
desnuda y sudando por otro tipo de ejercicio. ero
Cuando Lev llegaba a casa, con la ropa pegada al cuerpo, mi por
boca se hacía agua y no podía contenerme. terc
Lev era sexy, así de simple. er
día
Con el arreglo para dormir ahora como algo permanente, no
con
me era indiferente que despertaba con una gran erección contra
sec
mi trasero, o mi pierna, o donde terminara apoyada en la mañana.
utiv
Ambos nos portábamos bien, no le prestábamos atención, o,
pero sabíamos que estaba ahí. Era obvio, de una forma dolorosa. actu
Pero esta mañana fue algo distinto. Acababa de despertar, é
inconscientemente en mi estado de vela, arqueé la espalda y
dejé salir un suspiro de felicidad mientras su firmeza se frotaba
contra mí de la forma más deliciosa. 155
Por un momento, creí que Lev era
un sueño. Obviamente, me
equivocaba.
Mi cuerpo, actuando por cuenta propia, se apoyó contra él, —
otra increíble vez, y Lev suspiró de placer. La cavidad oculta entre S
mis piernas tembló suavemente, y de repente sentí calor en todo o
mi cuerpo. Una necesidad se metió en mí, y antes de saberlo, y
quería esa polla dura dentro de mí, llenándome y estirándome. M
i
En ese momento Lev se retiró suavemente y, un segundo n
después, oí la puerta del baño cerrarse. Abrió la ducha, y a
entonces me desperté, comprendiendo lo que había sucedido. —
Mi rostro y cuello ardieron de c
o
vergüenza. Había frotado a m
Lev dormida. e
Eso no es muy amable, Mina. n
c
Pensé en disculparme, pero sabía que sería tan incómodo é
como la situación misma. Entonces hice la segunda mejor opción, .
la que Lev y yo hacíamos bien. M
Fingí dormir, hice como que nunca había sucedido, e
respirando tan pesada y lentamente como pude mientras Lev m
salía del baño. o
r
Oí la ropa moviéndose, se abrió la puerta del dormitorio, y me
d
encontré sola en un cuarto para dos.
í
Me volví para estar sobre mi espalda y suspiré. Mis dedos se e
deslizaron por mi estómago, bajo mi pijama y mis bragas hacia el l
lugar donde más lo necesitaba. Cerrando los ojos, pensé en los l
largos dedos de Lev, sus labios carnosos, y su firme trasero a
mientras me liberaba. Pero no fue tan bueno. b
La satisfacción que necesitaba no llegó. i
o
Esperé a oír la puerta trasera antes de levantarme. Me duché y
rápidamente, abrí las cortinas y me senté en el medio de la cama, l
con las piernas cruzadas. Mi teléfono frente a mí, miré la tarjeta e
de negocios y consideré hacer la llamada. d
Mi estómago se encogió mientras levantaba el aparato y ij
marcaba. Sonó dos veces antes de que respondiera con un e
suave saludo. l
o que necesitaba—.
¿Recuerdas esos anticonceptivos que me decías? Estoy lista
para verlos.
Siguió un silencio, luego me dijo a dónde tenía que ir.
—De acuerdo. —Quería sonreír, pero no pude porque tenía
el corazón en la garganta—. Gracias Pox.
Sin dudar, llamé a Nas y le pedí un favor. Necesitaba que me
llevaran.
La clínica era pequeña pero limpia, y una mujer vestida con
uniforme me llevó a un cuarto vacío. No quería ir sola. Nas estaba
156
en una de las sillas, mirando su teléfono.
Tragué duro.
—Oye —dije, con la lengua pegajosa—. ¿Vienes?
Ella me miró, estudiándome un momento antes de notar el u
miedo en mis ojos. n
Se puso de pie, y suspiré de alivio mientras me seguía a la
consulta. a
Esperamos en silencio total. Después de unos minutos, s
una mujer con un rodete desordenado y pantalón rosado e
entró, sonriente.
m
—¿Mina? —Miró de mí a Nas, insegura de cuál de las dos
era su paciente. a
—Soy Mina —dije, sentándome más derecha y levantando la n
mano como una colegiala. a
Su sonrisa se amplió al sentarse. ?
—Hola Mina. Soy la doctora Henley. Mi hermano me llamó.
C
Me dijo que necesitabas un DIU.
Hizo una pausa y preguntó: o
—¿Puedo saber por qué un DIU y no un n
implante? Esperen… ¿Pox es su l

hermano? a
No se parecían en nada. v
Retorcí mis manos en nerviosismo y le dije: o
—Dura más. z
Asintió comprensivamente y comenzó a escribir en su d
ordenador.
é
—No los tenemos a mano, por supuesto. —Mi rostro cayó,
pero ella prosiguió—. No me preocuparía por eso. Te daré una b
receta y te enviaré al lado. La farmacia tiene muchos. —Suspiró i
alegremente—. Tengo que decirte Mina, no me gusta hacer estas
cosas con prisas. En un escenario normal, haríamos un examen l
completo, un papanicolau, y exámenes de enfermedades ,
sexuales antes de insertar el DIU.
h
Me miró amablemente y preguntó:
a
—¿Supongo que no volverías en
blé.
—Preferiría que no. Los doctores me
ponen nerviosa. Asintió
comprensivamente.
—Entonces de acuerdo.
El rostro compasivo, habló suavemente:
—Pero no puedo hacer mucho sin un chequeo interno.
Sabía que eso vendría. Claro que tendría que mirarme ahí
abajo. Era donde sucedía todo el asunto. 157
La doctora Henley me llevó detrás de una cortina,
indicándome que me quitara los vaqueros y las bragas antes de
poner una sábana sobre mi mitad inferior. Hice lo ordenado con
tranquilidad sabiendo que Nas estaba a un grito de distancia.
El examen fue corto y relativamente indoloro y, satisfecha con S
el resultado, la doctora Henley me dejó vestirme, dejando un vaso o
de agua y dos analgésicos en la mesita. Las tomé, salí, y ella
escribió en un papel que me dio. n

—Ve al lado y pregunta por Marianne. Ella te llenará la orden r


en unos minutos. i
Marianne era una mujer regordeta que parecía no sonreír ó
mucho. Como la doctora dijo, me llenó la orden en unos minutos
y, después, estaba otra vez en una camilla, medio desnuda y con .
una sábana. —
Nas se quedó al otro lado de la cortina. La doctora y yo fuimos O
acompañadas por Jane, la enfermera que me había recibido. h
Jane me sostuvo la mano y me dijo que respirara hondo mientras p
me abrían con un aparato de plástico. La doctora me informó de a
cuándo mi pelvis cedería, haciendo que mi estómago me doliera r
mucho. Fue sincera y abierta, y parecía que sabía de lo que a
hablaba. El dolor no fue muy prolongado. De hecho, el aparato .
fue insertado en cinco minutos, y tan pronto lo sacó todo, el dolor S
a
desapareció.
b
—¿Eso es todo? —pregunté, sorprendida de lo bien que me e
sentía a pesar de tener algo insertado en mi útero. s
La doctora bajó la sábana para cubrirme. q
u
—Eso es todo —confirmó—. No te engañes. Sentirás unos e
dolores fuertes más adelante, cuando el implante se asiente. m
Recomiendo que tomes analgésico cada cuatro horas, incluso si e
crees que no es necesario. Ayudará con la inflamación. a
Ella y Jane me dejaron para vestirme, dándome una m
compresa. Me vestí rápido para reunirme con los demás. a
Nas levantó la mirada. s
.
—¿Ya terminaste cariño? Sabes lo que dicen. Si no hay
S
guante, no hay amor. La miré. í
—Cállate que
la
Nas.
amaba. Se estaba volviendo mi mejor amiga. No importaba que
fuera mi única amiga mujer. Era comprensiva y divertida, y me
escuchaba. Estaba agradecida de su amistad.
La doctora me advirtió.
—Tienes el guante, pero sin amor por una semana, ¿de
acuerdo? No sin condón. Mi rostro se puso rojo.
—Ni siquiera tengo novio. No habrá amor. —Me volví hacia
Nas—. No habrá amor.
La doctora sonrió.
158
—Tendré los resultados de tu pap y test de enfermedades el ret
lunes. Haré que Jane te llame. También, te programaré para or
una revisión en cinco semanas. Espero que mientras tanto cij
mantengas un diario de qué tan seguido tienes pérdidas. ón
,
Abrí la boca para protestar, pero ella se lo esperaba, porque
qu
levantó la mano y me cortó.
e
—Es estándar. Tengo que asegurarme que se haya asentado hi
bien. —Usó su táctica del miedo—. Si no asienta bien, puede zo
infectarse en tu útero y tendremos que sacártelo quirúrgicamente. qu
Ven a la revisión. e
Su táctica funcionó, maldita sea. Accedí. ap
ret
Desde el momento que Nas y yo salimos, me sentí mejor que
ar
en meses, y algo me dijo que todo mejoraría.
a
Debería haber escuchado a la doctora Henley, pero siendo la lo
rebelde que soy, no lo hice. s
El consejo que no seguí volvió a atormentarme cuando me di
doblaba del dolor, una sensación de puñalada aguda en mi en
estómago. Pensé que me iba a desmayar. te
s.
Sosteniéndome a la barandilla de las escaleras, bajé
lentamente, un escalón a la vez. Encontré a Lev en la cocina. É
Apenas me vio, dejó el periódico que estaba leyendo y se puso l
de pie. hi
zo
—¿Qué te pasa Mina?
ca
Gemí, aferrándome a mi estómago. so
—Necesito analgésicos. Ibuprofeno. ,y
Me ayudó a sentarme antes de revisar en la caja de ell
remedios. a
lle
—Sólo tengo acetaminofina —dijo, mientras la traía gó
con un vaso de agua. Sacudí la cabeza. po
—No. Ibuprofeno. Tiene que ser anti-inflamatorio. co
de
—¿Qué te pasa? —repitió, pero lo ignoré. sp
—Llama a Nas. —Hice una mueca mientras surgía otro ué
s sosteniendo una caja blanca de pastillas en una mano.
Sacudió la cabeza.
—¿Conque no escuchar al médico?
—¿Qué medico? —preguntó Lev.
Gemí en agonía, mi frente comenzando a sudar.
—¿Los tienes o
no? Suspiró.
—Sí, sí. Aquí están.

159
Dejó la caja en la mesa. La abrí con manos temblorosas y S
me metí dos en la boca, tragándolas en seco. Nas me a
chasqueó la lengua.
c
—¡Mírate! No haces caso, y ahora estás inutilizada. No
trabajarás hoy. A la cama. u
Pero Lev seguía con: d
—¿Qué médico? i
Nas se apiadó de mí y le mintió. ó
—Es ese momento del mes de Mina. La llevé a una clínica l
a ver si hacían algo con sus dolores.
a
Esperaba que se contentara con eso como la mayoría de los
hombres. No me gustaba mentirle. En cambio, se arrodilló a mi c
lado y apoyó una mano en mi rodilla. a
—¿Y por qué no me lo dijiste? b
—Es vergonzoso. e
Gemí, masajeándome las sienes lentamente como mi madre z
hacía cuando me dolía la cabeza. Nunca se sintió igual cuando
ella se fue. Sólo era eficaz cuando alguien lo hacía por ti. a
Sacudió la cabeza, frunciendo el ceño. .
—No, no lo es. Eres mujer Mina. No puedes evitar —
menstruar. Es lo natural. — Luego me sorprendió aún más—.
L
¿Necesitas que vaya a la farmacia por ti?
Estaba dispuesto a ir a la tienda a comprarme productos de o
higiene femenina como si nada. l
Lev Leokov era la definición de un hombre. Se lo había a
ganado. Ciertamente se comportaba como uno. No como esos
nenitos que se encogían al oír “período”. m

Pero la cosa era, que había usado mi única compresa y e


necesitaba más, dado que las pérdidas han sido profundas. n
Miré a Nas.
t
—¿Tienes
o
compresas?
nena. Soy una chica de tampones.
Miserablemente, me volví hacia Lev y
asentí.
—Necesito
compresas. Su
mirada se
suavizó.
—De acuerdo. —Si no lo conociera, diría que parecía
complacido de que lo dejara ser de ayuda—. Dime cuáles 160
necesitas.
Le describí lo único que necesitaba y Lev me llevó a la cama
antes de irse. Volvió media hora después con una caja. No
parecía incómodo por la situación. En cambio,
sabiendo que lo necesitaba, se sentó a mi lado y me sostuvo la
mano hasta que me quedé dormida.
Más tarde, me desperté lo suficiente para sentir al cuerpo
cálido de Lev a mi lado. Suavemente me acercó más y
metiéndome en el espacio que estaba hecho para mí y sólo para
mí. Apoyó su barbilla en mi cabeza y suspiró suavemente.
Ya sin dolor, y en el lugar que más sentía como mi hogar, me
encontré sonriendo antes de que el sueño volviera a mí.

161
Traducido por Whenshewasgood

Mina

espertando sola pero revitalizada y bien descansada, me


vestí rápidamente y me apresuré a bajar las escaleras
para tomar el desayuno con Lev. Sólo que cuando llegué 162
a la cocina, no había nadie ahí, el periódico estaba
cuidadosamente doblado en el centro de la mesa.
El silencio en esta casa no siempre significaba que estaba
vacía, pero hoy parecía ser así.
Eso me puso triste. Quería despertar cada día saludando a
Lev, poniendo mis abrazos alrededor de él, y tomando calor de
él mientras su forma me envolvía.
El reloj en la estufa leía las ocho y veintitrés. Demasiado
temprano para que Lev se hubiera ido a hacer ejercicio.
¿Dónde estaba?
Yo no sería esa chica.
No le enviaría un mensaje de texto. No señor.
Tomaría mi desayuno con Nas en su lugar, y trataría de
pescar información de

ella.
Era un lindo día. Me hizo bien la caminata, ahora que ya no tenía
dolores de
parto fantasma. El aire era fresco y el sol calentaba. Sonreí hacia el
cielo.
Subí las escaleras, toqué el
timbre y esperé. Y esperé.
Y esperé un poco más.
Levantando mi mano, golpeé la puerta.
—Vamos, Nas. ¡Levántate!
Ella respondió a la puerta, parpadeando para quitarse el
sueño, su cara fruncida y su cabello alborotado en todas
partes, vistiendo un extravagante camisón.
—¿Qué demonios, chica?
Le sonreí, y sin esperar por una invitación, pasé a su lado.
—Estoy hambrienta y necesito café.
Su expresión se enfrió. Me giré hacia ella y la miré, comenzando
lentamente:
—De hecho vine aquí para saber a
dónde se fue. Ella encogió sus
hombros, bostezando.
—No lo sé, no soy su cuidadora.
Mordí la parte de interna de mi labio, mi nariz frunciéndose.
—Sí —balbuceé, sonando desilusionada—
. Yo tampoco. Nas rodó sus ojos.
—Lo que sea. Ve y espera en la cocina. Déjame despedirme de mi
compañía.
Mientras ella caminaba de regreso por las escaleras, grité un poco
demasiado
alt
o: —¡Buenos días, Vik! 163
Encendí la máquina de café y serví dos tazas llenas
cuando Nas regresó a la

cocina, su cabello amarrado en una cola de caballo alta. Se había


vestido en pants de ejercicio y un suéter flojo, con el maquillaje
de anoche aún manchado debajo de sus ojos.
Pasándole una taza, sonreí astutamente.
—¿Te divertiste anoche con tu compañía?
Me miró con furia sobre el borde de su taza ates de levantar su
nariz.
—Ronca.
Justo entonces, una voz gentil y áspera llegó de la puerta abierta.
—Miente. Y sí, nos divertimos. Siempre nos divertimos.
Jugamos a Yahtzee justo hasta antes del amanecer. —Vik sonrió,
sus párpados estaban bajos por el sueño. Llevaba sus
pantalones de vestir y nada más. Estaba demasiado entretenida
para echar un vistazo a su precioso cuerpo tatuado y en forma.
Resoplé, casi atragantándome con mi café.
—¿Así es como lo llaman los niños estos días?
Me guiñó un ojo antes de hacer algo que me sorprendió.
Caminó hasta estar detrás de la silla de Nas, puso sus manos
en sus hombros, se agachó, y presionó sus labios al espacio
justo debajo de su oreja. Ella cerró sus ojos y sonrió con
felicidad. Él susurró algo en el oído de Nastasia y el rostro de
ella se
suavizó. Ella levantó una mano para sujetar su mejilla V
tiernamente antes de girar su cara para presionar un suave beso i
en los labios de él. k
m
Estas no eran las acciones de dos personas que simplemente e
dormían juntos. Estas eran las acciones de dos personas muy p
enamoradas. Mi mente volvió al momento cuando Nas me contó a
que Viktor no la amaba. ¿Estaba loca? Era claro como el cristal, r
estaba todo escrito en su rostro. En su sonrisa. En la manera en p
que la miraba. Viktor Nikulin estaba patas arriba por Nastasia a
Leokov. Y la amaba de una manera que muchas mujeres d
soñarían con ser amadas. e
Mi corazón sonrió por ambos. Ellos tenían algo especial. ó
Incluso si Nas no lo sabía aún. ,
m
Vik se sirvió una taza de café y luego se movió alrededor de ir
la mesa, parándose para besar mi cabeza antes de sentarse a la á
cabeza de la mesa. n
—¿Te sientes mejor, esposita? d
Sonreí por su apodo. Claramente estaba designado a poner o
celosa a Nas, y por la manera en que su nariz se levantó, m
e
estaba funcionando.
c
—Me siento mucho mejor, gracias. Maldito o
virus —mentí. Las cejas de Vik se n
c
levantaron. u
—¿Pensé que era dolor por el periodo? ri
o
Le parpadeé antes de voltearme hacia Nas.
s
—¿Ningún hombre en esta familia es delicado? —Aleteé i
mis pestañas hacia Vik—. Estaba tratando de proteger tus d
delicadas sensibilidades. a
Él tomó un sorbo de su café. d
.
—Esas son demasiadas palabras grandes para ser tan
temprano, Mina. —
—Así que —indagué—. ¿Dónde está Lev? ¿
Por qué te importa?
Mis mejillas se
calentaron.
—Por nada —balbuceé, bajando mi mentón.
Vik sonrió grandemente, el removedor de mierda.
—Bueno, entonces si no es nada para ti, fue a desayunar
con Anika.
—¿Qué? —Mi cabeza se lanzó hacia arriba, ojos
flameantes, sin estar segura de si me estaba mintiendo para
164
tener una reacción mía.
—Oh —musitó Nas, recordando de repente—. Sí, es
verdad. —Sacudió su cabeza, luego se encogió—. Lo siento.
Lo olvidé.
¿Por qué estaba desayunando con Anika? ¿Por qué no
estaba desayunando conmigo? Y más importante, ¿por qué no
me lo dijo?
¡Porque no es asunto tuyo! h
La declaración de mi mente dolió, porque era cierto. Quería a
c
que Lev fuera mi asunto. Quería que pensara en mí cuando
i
tomara decisiones, como la de tomar el desayuno con una
a
pelirroja alta y hermosa, quien claramente lo quería para ella
m
misma. í
Me empequeñecí en mi silla y la sonrisa de Vik cayó. y
—Estás molesta. p
r
—No estoy molesta —mentí descaradamente, mi tonó frío e
delatándome—. Lev puede hacer lo que quiera. No me debe g
explicaciones. u
Nas ladeó su cabeza. n
—¿Qué está pasando entre mi hermano y tú? t
a
Me encogí de hombros, insegura de cómo responder. r
—No lo sé. Un segundo, él es todo protector y cariñoso y me :
está dado collares, y al siguiente, está apagado escondiéndose —
dentro de sí mismo. Pensé que teníamos algo, pero es como si ¿
tuviera miedo de hablarme. Al
Vik se estiró. gu
—Él tiene miedo de hablarte. Bueno, no a ti, sino a la gente na
en general. ve
z
Nas lo silenció, pero yo traté de sacar toda la información te
que pudiera obtener. ha
—¿A qué te refieres? Es tan confidente en el club. — s
Estaba confundida—. ¿Por qué tendría miedo de hablarme? pr
Vik ligeramente empujó el brazo de Nastasia. eg
un
—¿Hablarás con tu chica? Piensa que ella es el problema. ta
Dale un respiro, Nas. Ella miró abajo hacia la mesa y do
po
balbuceó bajo:
r
—No hablamos de eso. qu
Vik sacudió su cabeza antes de inclinarse sobre la mesa é
Lev cierra con llave la puerta de su habitación por la noche?
Asentí entusiasmadamente.
—Todo el tiempo.
Nas habló en voz baja.

Suficiente
. Vik la
ignoró.
—Lo hace para protegerse a sí mismo. No se siente 165
seguro de noche, en la oscuridad. —Sacudió su cabeza con
disgusto—. Tan sólo era un niño pequeño.
—No lo entiendo.
Nas se levantó, caminando hacia el fregadero de la cocina, L
tratando de alejarse de la conversación. e
—Ella solía golpearlo de noche, después de que todos se v
hubieran ido a dormir
—explicó Vik. ?
Mi corazón se rompió, se aceleró, y lloró todo al mismo —
tiempo por Lev, el niño pequeño. Parte de mí quería saber, pero c
la otra arte quería dejar a los perros dormir.
u
—¿Quién le golpeaba?
Nas, mirando fuera de la ventana de la cocina, susurró con r
voz muerta: i
—Mi madre. Ella lo odiaba. o
Vik hizo una mueca desdeñosa. s
—Joder, odiaba a esa perra. Siempre supe que esas
e
sonrisas suyas eran falsas.
—¿Cómo podía? —hablé en voz baja por mi garganta é
gruesa— ¿Cómo podía? — Me volteé hacia Nas—. ¿Por qué? .
Nas bajó su cabeza, sacudiéndola. No podía hablar. Se veía V
a punto de perder la compostura.
i
Vik contó la historia.
k
—Nadie sabe por cuánto tiempo estuvo haciéndolo. La única
razón por la que lo descubrimos fue porque Lev dejó de hablar. s
—Me sujetó con una mirada—. Sólo dejó de hablar, durante todo o
un año. Tenía nueve años. —Suspiró con frustración—. Ahora,
si hubiera sido cualquier otro niño, habrías pensado que era n
extraño, ¿cierto? r
—Sí —acepté inmediatamente. i
—No con Lev. Su padre, Anton, era un buen hombre. Amaba ó
a todos sus niños por igual. Era uno de los chicos buenos. Se
casó con una buena familia, y la madre de Lev, Talya, era una a
mujer linda. Hasta que Lev nació. l
—¿Por qué habría de cambiar eso el tener a p
ensar en su amigo.
—Lev es
diferente. Lo
era.
—Cualquiera con medio cerebro podía ver que él no pensaba
como un niño. Era casi como si hubiera nacido con la mentalidad
de un adulto. Era tan serio. Apenas reía. Era inteligente como un
látigo. No tenía amigos, además de Anika y yo. Podrías haberle
golpeado con un martillo, y no mostraría ningún dolor. Algo en su
mente no funciona de la misma manera que la tuya y la mía. No 166
muestra emociones a menudo, y cuando lo hace, es mayormente
enojo que se ha ido acumulando más allá del punto de ruptura.
Vik tragó con dureza.
—Hubo un incidente. El perro de Lev fue atropellado. Él no fuer
entendía por qué el perro se había ido. Quiero decir, sabía que a de
estaba muerto, pero el crecimiento emocional era demasiado la
para él —Vik me lo explicó, fuertemente—. Lo encontraron en su cam
cuarto, meciéndose de adelante hacia atrás, golpeándose la a
cabeza contra la pared. La pared estaba cubierta de sangre. Él por
estaba cubierto de sangre. Tuvieron que ir a la sala de mi
emergencias para que le cosieran la cabeza. tobill
o. —
—Oh, Dios mío. —Cubrí mi boca con mis manos, mi
Lev
estómago se retorcía.
antó
—Fue después de ese incidente que Talya se puso rara. su
Arrugaba sus labios cada vez que Anton abrazaba a Lev o le man
demostraba algo de atención. Ignoraba a Lev cuando él hablaba. o y
Bañaba toda su atención en Nas, olvidándose de sus hijos. Y Lev tocó
empezó a alejarse. Dejó de mirar a las personas a los ojos. Dejó un
de hablar con la gente. No salía de su cuarto. Esa clase de cosas. punt
La persona que se supone debía amarlo lo trataba como si fuera o en
invisible, así que se volvió invisible. —Vik se volteó hacia Nas—. la
Lo que nadie sabía era que Lev hablaba con Nas. No decía part
mucho, pero ella era la única persona con la que hablaba en ese e de
tiempo. atrá
—¿Él te decía cosas? —Eso era gran cosa—. ¿Qué te decía? s de
—le pregunté cuidadosamente a Nas. su
cab
Ella dejó salir un aliento estremecido.
eza
—Que tenía miedo de la oscuridad. Así que me colé en su —.
habitación una noche y dormí a su lado, abrazándolo. Se Mi
sacudía tanto, Mina. Pensé que estaba teniendo un ataque. cab
Finalmente, se durmió y los estremecimientos se detuvieron. Yo eza
también me dormí. golp
Oh, Dios. Mi estómago se revolvió de nuevo. eó
el
Sabía lo que venía. Nas se volteó para mirarme,
suel
sus ojos brillando. o
con
—En un segundo, estaba durmiendo y al siguiente, las
fuer
sábanas estaban siendo desgarradas y ella me está arrastrando
za. Sucedió tan rápido que no pude pensar… no pude gritar. Todo
lo que pude hacer fue levantar mis manos y cubrirme mientras
ella me sacaba la mierda a golpes con sus puños descubiertos.
Una lágrima cayó de su mejilla y la quitó con fuerza.
—Sólo recuerdo estar tan asustada, y por la primera vez en
mi vida, creí que los monstruos vivían debajo de su cama. —
Aspiró de una manera bonita—. El monstruo era mi madre, por
supuesto, y sólo se detuvo cuando me escuchó llorar. Lev nunca
lloraba, jamás. Cuando Lev encendió las luces, mi madre miró
abajo hacia mí, su rostro conmocionado. Se giró hacia Lev, lo
señaló con un dedo, y le gritó que él había hecho esto. 167
Mi ojos cerrándose, me doblé, mi rostro palideciendo.
—Jesús, Nas.
—Sí. —Asintió cuidadosamente—. No había perfeccionado la —
posición fetal que Lev había hecho, así que tomé más daño del Él
que él tomaba. Sasha debió haberme escuchado llorar, porque era
entró al cuarto de Lev y la vio parada sobre mí. Yo estaba infer
temblando y llorando. Tenía cinco años. Sasha caminó de ior,
regreso a su cuarto, calmado como siempre, y volvió unos en
segundos después, apuntando una 9mm cargada a la cabeza su
de nuestra madre. Él tenía doce. opin
ión.
»Su labio se retorció y dijo: “Tócalos de nuevo y te vuelo tus
No
malditos sesos, perra”. —Nas se rió sin humor—. Saha nunca se
podí
iba por las ramas. Llamó a nuestro padre, fue hacia Lev, y se paró
a
enfrente de él. Me hizo señas y corrí hacia él. Me sostuvo
cree
apretada mientras lloraba. Y Lev… él no hizo nada, porque no
r
podía funcionar. —Rompió en llanto, cubriendo su cara, su voz
que
rompiéndose—. Y finalmente entendí por qué mi hermano era
ella,
de la manera que era.
una
Me levanté tan rápido que mi silla chilló. Envolví mis brazos a muj
su alrededor y ella aceptó lo que estaba ofreciendo. Sus brazos er
delgados se enrollaron a mí alrededor y ella habló calladamente. de
—Mi padre le quitó la camiseta a Lev y lo miró. Tenía alta
moretones en todas partes. clas
—Su respiración se cortó—. Lev habló de nuevo, y sus primeras e,
palabras para mi padre en todo un año fueron “lo siento”. Padre pudi
me limpió, me abrazó fuertemente, y luego nos puso a Sasha y a era
mí de regreso en la cama. Lev durmió al lado de padre, y nunca prod
vimos a nuestra madre de nuevo. ucir
algo
Dios, ella estaba lastimada.
tan
—Lo siento mucho, Nas. Lo siento mucho. dañ
Ella se separó y me miró, alicaída y con ojos llorosos. ado.
Odi
—No. Yo tuve una noche de eso. Lev probablemente sufrió
aba
años de eso. Lamento que no ocurriera antes.
que
La tristeza me envolvió. él
—¿Por qué lo odiaba no
fuer
tanto? Nas explicó:
a normal. Fue tan lejos hasta como para hacer una prueba de
ADN para probar que él no era de ella, que lo habían cambiado
en el hospital. Cuando los resultados volvieron indicando que de
hecho sí era de ella, lo odió aún más. Él era la peor cosa que le
había pasado. —Nas frunció el ceño—. Pero ni siquiera lo
conocía. No quería conocerlo. Él era tan dulce y amable. Y ella lo
rompió.
No. No, eso no estaba bien.
—Él no está roto, Nas —le dije—. Está ahí adentro. Lo veo.
Sólo está… atorado.
—Sí —estuvo de acuerdo y luego suspiró largo y lento—. No 168
te des por vencida con él, Mina. Él no confía fácilmente en la
gente, pero una vez lo logras… estás dentro. Haz el esfuerzo y
serás recompensada —agregó—. Sólo habla con él y sé
paciente si te hace hablar a ti todo el tiempo. Puede que no
responda a mucho, pero escucha cada palabra. Hablará si cree
que algo merece la pena ser dicho.
Me fui poco después, caminando a casa y esperando a Lev.
No entendía todo de él, pero con lo que sabía ahora, lo entendía
mucho mejor.
Una pieza de mi corazón que había escondido hace mucho
tiempo se abrió allí mismo.
Lev era una rotura en mi armadura, una grieta en mi pared, y
simplemente supe que si él realmente lo intentaba, me abriría
para él completamente con la esperanza de que hiciera lo
mismo.
Haría eso por él.
Lo haría, porque él valía la pena.

169
Traducido por Apolineah17

Mina

l sonido de una conversación unilateral se transmitió dirig


mientras la puerta principal se abría. Escuché desde la ía
cocina a medida que volvía a mis asuntos, hacer pan haci
tostado y servirme un vaso de zumo de naranja. a él.
Env
—Lev, todo lo que estoy diciendo es que ella probablemente olví
se siente incómoda aquí —declaró la familiar voz melódica. un
Me quedé inmóvil a medio verter y mi estómago hirvió con braz
caliente rabia líquida. Ella se estaba rebajando o
continuamente. Si Anika tenía un problema conmigo, alre
debería tener las pelotas para decírmelo en mi cara, no ir detrás ded
de mis espaldas e
intentar quitarme del panorama. or
de
Lev suspiró.
su
—Esto no es de tu incumbencia, Ani. —Sonaba cansado. cint
—Está bien —murmuró en derrota—. Sin embargo, no digas ura
que no te lo advertí cuando ella se vaya. y le
di
Lev entró a la cocina, y tan pronto como sus ojos aterrizaron
un
en mí, las líneas en su frente se suavizaron. Eso era suficiente
apre
para mí. Mis celos por su salida de esa mañana me dejaron
tón.
rápidamente.
Él
—Buenos días, cariño —dije con una sonrisa mientras me me
devolvió el abrazo, inclinándose para besar mi cabello.
—Buenos días, Mina.
170
Nos separamos, y Anika entró a la cocina llevando una fácil
pero falsa sonrisa.
—Buenos días, Mina. —Me miró de arriba a abajo—.
Pareces… cómoda. Bajé la mirada hacia mí.
La confusión me atravesó. ¿Qué la ofendió? ¿Mi camiseta E
negra sin mangas, o mis excesivamente largos pantalones n
deportivos grises? Tal vez era el hecho de que no llevaba sostén c
bajo la mencionada camiseta. a
m
Cuando levanté la mirada nuevamente hacia ella y la b
encontré mirando las pequeñas marcas que mis pezones i
estaban haciendo en el material, casi sonreí. Quería decirle que o
estaba bien, porque Lev ya los había visto en persona. Pero no ,
lo hice. En lugar de eso, me encogí de hombros. a
—Claro, supongo. —Sonreí, con dientes relucientes—. Así s
que, ¿cómo estuvo el desayuno? e
n
Anika frunció el ceño.

—¿Cómo supiste que estábamos desayunando? Nosotros ni l
siquiera sabíamos que saldríamos a desayunar. e
Mordí mi pan tostado, luchando contra el impulso de lanzarle n
mi zumo a la cara. t
Mastiqué lentamente y después me encogí de hombros. a
m
—Vik me lo dijo. e
Anika se enderezó, con su rostro palideciendo ligeramente. n
—¿Cuándo has visto a Vik? t
e
Lev se sirvió un vaso de zumo de naranja. Su ceño estaba .
fruncido.

—Sí, ¿cuándo has visto Cl
a Viktor? Oh, Dios mío. ar
o
¿Son celos los que huelo, Lev Leokov?
qu
Claramente parecía eso. Decidí experimentar con eso. Bajé e
mis pestañas. lo
—Esta mañana. Tomamos café. —Sonreí secretamente, sa
mordiendo el inferior de mi labio—. Fue… agradable. be
—¿Nas lo sabe? —fulminó Anika. .

Sí, quería gritar. Porque yo nunca le haría eso a mi amiga, ¡tú, M
pedazo de mierda!
e giré hacia Lev, mordisqueando mi pan tostado—. Por otra
parte… Lev, ¿cómo debería invitar a un chico a salir?
Él tragó en el momento equivocado, atragantándose con su
jugo de naranja.
Tosiendo, su rostro se puso rojo y farfulló con incredulidad:
—¿Quieres tener una cita?
Mi cabeza se inclinó ante el pensamiento.
—Sí. Lo cierto es que sí. Pero, ¿cómo puedo conseguir su
atención?
Mi intención era poner celoso a Lev, pero lo que dijo a 171
continuación hizo que Anika se encogiera.
Él suspiró, pasando una mano por su cabello. —
U
—Mina, si el hombre no te ha notado todavía, no es digno de n
ti. m
La luz se elevó, calentándome desde el interior. Mi sonrojo o
era muy real. Tragué saliva. m
—¿C-cómo le hago saber que me gusta? ¿Que querría tener e
una cita con él? n
t
Se inclinó hacia atrás contra el refrigerador, viéndose o
ligeramente decepcionado. —
Habló de manera uniforme. g
—Supongo que decírselo sería el modo más directo. ri
Cruzó los brazos sobre su pecho, su discurso volviéndose t
un gruñido mientras hablaba con los dientes apretados. ó
.
—Invítalo a salir a cenar.
L
Se enderezó y salió de la cocina, diciendo: uch
—Él no te dirá que no, Mina. No sería é
cont
tan estúpido. Oh, mi Señor.
ra
Él estaba celoso. mi
¡Aleluya! sonr
isa,
Con mis ojos sobre la puerta abierta, escuché la simpatía
pero
melosa de Anika.
mi
—Mina… Vik no saldría sonr
contigo, cariño. La miré antes isa
gan
de levantar mi ceño. ó.
—¿Quién dijo algo sobre Vik? Abri
ó la
Seguí a Lev arriba, permitiendo que Anika encontrara la
puer
puerta por su cuenta como lo había hecho tantas veces antes, y
ta y
me paré de pie en la puerta del baño de nuestra habitación.
salt
Levanté una mano, tocando ligeramente.
é
—¿Lev? haci
a atrás por la fuerza de ésta. Parecía como si se acabara de
echar agua en el rostro, las gotas húmedas aún permanecían en
su mandíbula, y quería lamerlas.
—¿Qué pasa, Mina? Necesito prepararme para salir a correr
—murmuró sin entusiasmo.
Di un paso hacia adelante, extendiendo mi mano. Lev tomó la
mano que ofrecía, sus hombros desplomándose de alivio, y la
agarró como si fuera un salvavidas.
Yo le hice eso.
Yo le hice eso 172
a él. No
Anika.
Yo. S
e
Sonriendo, pasé mi pulgar sobre el suyo, levantando la p
mirada hacia sus fríos ojos color whisky, y pregunté: a
—¿Te gustaría cenar conmigo esta r
é
noche, Lev? Durante un momento,
n
pareció confundido. u
—Cenamos juntos todas las e
s
noches. Asentí. t
—Lo sé. Esperaba que pudiéramos salir a cenar. Juntos, sólo r
nosotros dos. A algún lugar agradable. a
s
Seguí adelante, porque él no parecía entender. Sólo m
continuaba mirándome, con la frente baja. a
—Me pondré algo bonito. Tú te pondrás algo elegante. —Mi n
sonrisa se convirtió en una suave risa y sacudí mi cabeza con o
consternación—. No me lo estás haciendo fácil, cariño. ¿No s
puedes ver que te estoy pidiendo una cita? e
n
Sus cejas se levantaron. No habló durante un tiempo, pero t
luego confirmó.
r
—Me lo estás pidiendo a mí, no a e
Viktor. Parpadeé inocentemente. l
a
—¿Por qué le pediría salir a Vik? No me siento atraída por z
Vik. a
—Te sientes atraída por mí —pronunció, casi para sí mismo, d
como si necesitara una confirmación reiterada. a
s
No me molesté con una respuesta. Ya le había dicho que era y
el hombre más guapo que conocía. No le dije que era sexy como s
el infierno y que me había masturbado con el recuerdo de su o
cuerpo desnudo mientras él entraba a la ducha, pero estaba s
segura de que lo sabría, eventualmente. t
—Sí —respondió en voz baja—. Sería un honor cenar contigo, u
Mina. v
e su palma abierta en mi mejilla.
Mi sonrisa se volvió más amplia a medida que le preguntaba
deliberadamente:
—Lev. —Bajé las pestañas—. ¿Vas a besarme esta
noche?
Él pasó su pulgar sobre mis labios. Con sus ojos en el premio,
preguntó con voz ronca:
—¿Quieres que lo haga?
Aterricé un pequeño beso en la yema de su pulgar y él lo
presionó ligeramente contra mis labios mientras yo susurraba con
173
voz ronca:
—Sí. Mucho.
—Yo también —admitió—. Y sí, creo que lo haré.
Eso era demasiado. Quería chillar de emoción, pero tuve la inexi
repentina sensación de que estaría enferma, así que me lo tomé sten
con calma. Tomando su mano de mi mejilla, presioné un beso te
suave en el centro de su palma. esc
ote.
—No puedo esperar. ¿A qué hora?
A
Por primera vez desde que lo había conocido, a Lev parecían pes
faltarle las palabras. ar
—Um… de
que
—¿A las seis? —indiqué.
esta
—Sí. A las seis. ba
—Genial. —Sonreí y me moví para salir del dormitorio, cerc
deteniéndome en la puerta abierta y girándome—. ¿Lev? a de
mi
Levantó la cabeza para centrarse en mí.
pes
Me apoyé en el marco de la puerta y admití: o
—He estado imaginando cómo te verías en vaqueros. —Me idea
enderecé y le guiñé el ojo—. ¿Quién sabe? Tal vez te pondrás l, no
vaqueros esta noche —bajé la mirada hacia sus largas piernas— tení
, para mí. a
Sin dudarlo. bast
ante
—Está bien. allí
Mi sonrisa se ensanchó, le lancé un beso desde la puerta, me toda
apresuré a bajar las escaleras y corrí todo el camino hacia la vía,
casa de Nastasia. pero
¿Cuál era el proceso antes de salir mis
rodil
en una cita? No tenía ni idea, pero las
sabía que Nas lo haría. ya
no
eran
*** prot
uber
Me puse un vestido negro con una falda de tubo que llegaba ante
a mis rodillas y un cuello alto que no mostraba nada de mi s y
tenía carne donde la carne debería haber estado. Mis pechos
todavía tenían que ponerse al día con el resto de mi cuerpo. Mi
trasero, sin embargo, lo estaba haciendo bien.
Sabiendo cómo caminaba en tacones, Nas me abrochó un
par de sandalias de tiras negras de cuero, y llevaba una chaqueta
blanca encima. Me dejé el cabello suelto ondulado pero
domesticado, fluyendo por mi espalda. Nas me prestó un bolso
para poner mi teléfono y brillo labial, y estaba lista para salir.

174
Esperé hasta las cinco cincuenta antes de caminar de regreso com
a la casa. Utilizando la llave que Lev me había dado, abrí la iénd
puerta principal y entré justo mientras Lev estaba bajando las olas
escaleras. porq
ue
Mi aliento me dejó en un silbido. Tuve la suerte de que me
esta
aferré a la manija de la puerta, o de lo contrario me habría
ba
encontrado tendida en el suelo desmayada.
ham
Lev había encontrado sus brie
vaqueros. Oh, habrase nta
y no
visto. era
Jesucristo, le quedaban como un guante. Su cabello bien muy
peinado, como siempre, no se había afeitado, dejando una exig
agradable barba de un día jugando en su mandíbula. El suéter ente
gris que llevaba, empujado hasta los codos, era ajustado y con .
estilo, y esos vaqueros negros… D
Oh, Dios. Se veía increíble. i
u
Mi corazón latió más rápido y mi lengua comenzó
n
a hincharse. Hacía calor aquí. Luché contra el p
a
impulso de abanicar mi rostro. Sonreí
s
tímidamente. o
—Hola. h
a
Sus ojos me devolvieron la sonrisa. c
—Hola. —En el último escalón, sus ojos recorrieron mi i
cuerpo—. Te ves impresionante, Mina. a
a
—Y tú… —Era sofocante aquí adentro—. En vaqueros. —Mis
d
ojos se ampliaron mientras sonreía y respiraba—. Vaya.
e
Sus mejillas adquirieron un tinte rosado. Se aclaró la garganta l
y preguntó: a
—No estoy mal vestido, ¿verdad? n
t
Dulces mantecadas, si se cambiaba esos vaqueros, lloraría e
durante la cena, derramando lágrimas en mi comida, y
y salí disparada:
—No, en absoluto. Te ves… —sexy como un caramelo—, muy
guapo, Lev — seguí—. No te cambies.
Estaba ligeramente avergonzada cuando dije:
—Me gustas en vaqueros.
Él me encontró en la puerta, estirando su mano. La tomé,
entrelazando nuestros dedos. Me miró.
—¿Lista?
Lev me condujo fuera de la casa y por los escalones de la
entrada. Dejé escapar un suspiro inquieto. 175
—Lista como siempre lo estaré.

***

La cena fue un asunto tranquilo. Lev nos llevó a un pequeño mas


lugar ruso en un callejón en la ciudad. a
herv
Estaba emocionada. Parecía como si él se hubiera esforzado, ida
deseando que experimentara una parte de él, por pequeña que en
fuera. mi
Sostuvimos nuestras manos hasta después de que nos plat
sentamos. Lev hizo preguntas sobre mí, y yo respondí cada una o.
de sus preguntas con entusiasmo, sólo haciéndole las preguntas L
más básicas. No quería asustarlo. Me había enterado que tanto a
su madre como su padre eran inmigrantes rusos, que a Lev le com
gustaba hacer deporte, pero no verlos, que prefería la mermelada í
de moras a las otras, que tenía primos en Nueva York a los que con
adoraba, que le gustaba leer en lugar de ver televisión, y que nad
tenía un título doble en negocios y matemáticas, los cuales a
completó a la edad madura de veintiún años. más
Ordenamos unos cuantos platillos diferentes y los que
compartimos. Lev insistió en que pidiéramos stroganoff, que era una
ligero y cremoso, y la carne estaba cocinada hermosamente sonr
hasta la incitación. Después ordenamos el blini, que eran finas isa,
crepas con una variedad de rellenos, desde salmón ahumado y
hasta queso crema, crema agria y caviar. Por último, pedimos Lev
el pelmeni, y eran deliciosas bolas de masa hervida rellenas de cont
cordero picado, ajo y hierbas. inuo
Acabamos con todos los platillos, incluso aunque ordenamos obs
para seis personas. ervá
Y, maldito Lev, ¡incluso la forma en que comía era sexy! ndo
me,
Lev se estiró por el último pelmeni, pero debió haber visto la
con
mirada triste en mi rostro. Negó con la cabeza, su labio podría
un
haber temblado (o tal vez lo imaginé), y colocó la última bola de
aspecto suave en su rostro. Una vez que terminamos, extendió
la mano a través de la pequeña mesa, y con una sonrisa tímida,
puse mis manos en las suyas.
Las sostuvo en silencio, acariciando sus pulgares
sobre los míos. Oh, chico. Estaba lista para ese
beso.
176
Revisó su reloj.
—¿Deberíamos irnos? Empezamos a trabajar en
cuarenta y cinco minutos. Me puse de pie rápidamente.
—Sí, estoy lista.
¡Lista para que me beses hasta la mierda!
Lev se hizo cargo de la cuenta, envolvió mi mano en la suya,
y luego caminamos hacia el coche.
—Nuestra cita… fue agradable.
—Sí —murmuré en acuerdo—. Deberíamos
hacerlo de nuevo. Él soltó mi mano,
ayudándome a entrar en el coche.
Hmmm.
177
Ningún
beso.
Condujo en silencio, mis dedos jugando con los suyos a
través de la consola central. En poco tiempo, estábamos en el
club y saliendo del coche.
Eso era todo. Podía sentirlo.
Esperé a que él abriera mi puerta, saliendo con gracia, le
sonreí y sus ojos regresaron el sentimiento. Colocó su brazo
alrededor de mis hombros, tirando de mí a su costado.
—Vamos. Tenemos trabajo que hacer.
Entendía eso. No soñaría en ser poco profesional, no cuando
me habían dado esta oportunidad cuando literalmente no tenía
nada. Y, sin embargo, mientras entrábamos al club, la decepción
me llenó, y un pensamiento rodeó mi mente.
¿Dónde está mi maldito beso, Leokov?
Traducido por HeythereDelilah1007

Mina

l servicio era lento esa tarde. Aunque sólo teníamos C


cuatro de las mesas más pequeñas vacías, todos uan
podíamos sentir la falta. ¿Estaban todos los clientes que do
nos había ganado El Beso de Afrodita perdidos para Lev
siempre? y yo
entr
El pensamiento me asustaba como el demonio, siendo que amo
significaba que yo me quedaría sin trabajo. No me podía permitir s en
quedarme sin trabajo. Tenía un tema muy delicado que traer a el
colación con Lev. Ese tema siendo el que yo me mudara de su bar
casa. y
Había estado yendo secretamente a donde Nastia por las nos
mañanas y buscando una casa. Habían unas cuantas buenas sepa
opciones, pero no tenía los ahorros suficientes en solo seis ram
semanas para asegurarme gastar todo mi dinero de una sola. os
Necesitaba al menos otras dos o tres semanas para estar en una para
posición cómoda. No quería estorbarle a Lev. Él no había hecho dirigi
nada distinto que apoyarme desde que me encontró, y estaba rnos
empezando a pensar que me estaba convirtiendo en una a
molestia. nues
¡Maldita sea Anika y sus comentarios de tras
área
esta mañana! Estaban atormentándome. s
designadas, Nas me detuvo antes de que me pusiera detrás del
bar.
—¿Qué le hiciste a mi hermano? —Era una acusación, si 178
había llegado escuchar una alguna vez.
Mi ceja se elevó.
—¿A qué te refieres?
Se giró, moviendo sus brazos en dirección a Lev. Luego se
inclinó hacia mí y susurró-silbó:
—¡Está usando jeans! —Sacudió su cabeza, ojos —
Q
amplios—. ¿Qué demonios? Oh, eso. Puse mis ojos en u
blanco. e
m
—Le pedí que los usara. Nunca lo había visto en jeans. Se ve a
genial en ellos, ¿no te parece? Mucho más accesible. —Me giré l
para mirarlo en el momento exacto en que él se giraba para d
mirarme a mí. Le sonreí y lo salude tímidamente con la mano—. i
Ese trasero, sin embargo. Grrr. g
Lev me guiñó un ojo. a
Malditamente me guiñó n
e
un ojo. Y mi estómago l
se volcó. s
e
—Ewww —murmuró Nas, luego su voz se volvió más gentil— r
. No puedo creer que esté usando jeans. No sé qué es lo que le i
estás haciendo, pero sigue. Se ha relajado muchísimo desde n
que llegaste aquí, kukla. d
Yo estaba demasiado triste para registrar que acababa de i
darme un gran cumplido. En vez, hice un puchero. g
e
—Él dijo que iba a besarme esta noche. —Me giré para n
mirarla—. No me ha besado todavía. Lo quiero tanto que duele. t
Los ojos de Nas se ampliaron. e
—Voy a fingir que no estamos hablando de mi hermano por a
un minuto, y voy a decirte que si quieres algo, vas a tener que l
luchar por ello. —Se inclinó contra el bar—. Esas son las reglas. i
n
Mi boca se abrió sorprendida mientras la miraba fijamente. fi
—¿Hay reglas? ¿Por qué no e
r
sabía esto? Ella se encogió de n
hombros. o
.
—Eras una indigente. No creo que la gente indigente
N
conozca las normas. Chasqué mi lengua y mordí mi pulgar. as
me dio un empujón suave con una risita. Me gustaba cuando
bromeábamos así. Era tranquilizador. Se sentía tan normal el
tener un amigo con el que hacer chistes, y sin embargo era algo
tan extraño para mí.
Me uní a Birdie detrás de la barra y, con un abrazo rápido de
saludo, empezamos a trabajar. No pasó mucho de mi turno antes
de que Vik me dijera que Sasha me quería en su oficina.
Sasha me ponía nerviosa. Siempre parecía que tuviera un
motivo ulterior para actuar. Tal vez estaba oculto para el público
general, pero yo había conocido mucha gente así en las calles y
los podía identificar a kilómetros de distancia. 179
Toqué la puerta antes de entrar.
—¿Querías verme?
Estaba parado junto al escritorio, revisando algo de papeleo.
Estaba vestido con un traje de chaqueta negro, y una camisa
blanca. Sasha era alto, y yo estaba segura de que lo que fuera
que escondiese bajo su traje se acercaba a la perfección que
había visto en Lev. Su cabello castaño oscuro tenía un corte faux
hawk10, sus helados ojos marrones levantaron la mirada hacia
mí.
—Cierra la puerta detrás de ti.
Él sería muy apuesto si tan solo sonriera.
No podía evitarlo. El sarcasmo era la lengua que hablaba 180
con Sasha.
—Sí señor. Capitán señor.
Cerré la puerta y me senté en la silla de invitados.
Sasha rodeó la mesa y se sentó detrás del escritorio,
mirándome a los ojos.
—Han pasado seis
semanas. Asentí.
—Sí, han pasado.
Levantó su cabeza ligeramente y esperó. Cuando se dio
cuenta de que yo no iba a decir nada, levantó sus manos.
—¿No crees que es hora de seguir adelante?
Mi corazón se encogió en tres pedazos. Mi garganta quedó
presa del pánico. No pude hablar por un largo tiempo.
Finalmente, encontré mi voz, tan temblorosa como era.

—No era consciente de que mi posición fuera temporal.


—No lo eras —dijo con completa calma—, pero entre tú y
yo, siempre lo fue. — Sus ojos se clavaron en mí—. Sabias
eso.
Buscó en mi cara, y lo que fuera que encontró ahí no lo hizo
feliz. Suspiró, irritado.
—No sabías
eso. Sacudí mi
cabeza
Sasha se inclinó de vuelta en su silla y esta chirrió bajo su peso.
—A Lev le gustan las chicas bonitas. —Mis ojos salieron
disparados hacia arriba—. Puntos extra si están dañadas —
su labio se curvó—, como tú.
—Yo no estoy dañada —susurré.
Él entonces sonrió, pero era áspero, cruel.
—Eres una chica linda, Mina. Pero las elecciones de Lev en
mujeres no mienten.
Puede que no estés dañada, pero eres mercancía estropeada.

10
faux hawk: Muy corto en los laterales y más largo en la parte superior.
Él estaba siendo innecesariamente insensible. Esto era todo sent
lo que yo conocía de Sasha. Miradas antipáticas y burlas crueles. iría
Me estaba desgarrando emocionalmente. Y eso apestaba, insul
porque finalmente estaba llegando a un buen lugar conmigo tada
misma. s
por
—¿Por qué estás siendo tan malo conmigo?
la
Al ver mi cara, su ceja se frunció con confusión. ofert
—Me malentiendes, Mina. No estoy siendo malo. Estoy a,
siendo honesto. A veces la verdad duele. pero
ten.
Mi autoestima había recibido el golpe más grande. Estaba a

punto de romper a llorar por la humillación.
Me
—Entonces, ¿estoy despedida? entr
—No —espetó sinceramente—. No. No despedida. Pero vas egó
a dejarnos. un
Renunciar. Vas a irte muy lejos y vas a dejar a mi hermano che
tranquilo. que
No. No lo haría. —
Cien
—No. No lo haré.
mil.
Sasha exhaló, larga y lentamente. Dos
—Sé que hay algún tipo de coqueteo entre ustedes. Es tierno. año
Pero tú eres algo que él no necesita en estos momentos. s de
sala
—¿Quién eres tú para decir eso? Tal vez deberías
rio.
preguntarle a él qué es lo que necesita.
Vas
Me hizo una mueca. a
—Escúchame. Irina te va a hacer trizas, chica. Ella no quiere ser
a Lev, pero tampoco quiere que nadie más lo tenga. Su objetivo cap
en la vida es hacerlo miserable. Tan pronto como estés en az
escena, él nunca va a recuperar a Lidiya. Es como ella quiere o de
nada. emp
ezar
—No te creo —le dije, incluso aunque parte
cóm
de mí lo hacía. Sacudió su cabeza hacia mí. oda
—No quiero insultarte. Pareces el tipo de mujeres que se men
te desde cero, encontrar un trabajo nuevo, y un apartamento muy,
muy lejos de aquí.
Sabía que esto estaba por venir. ¿Cómo no? Tomé el cheque
entre mis dedos y lo rompí por la mitad.
Echando humo, me levanté y caminé hacia la puerta,
deteniéndome mientras la abría.
—¿Cómo se siente, Sasha? ¿Cómo se siente que la chica
indigente, la mujer que no tiene nada, no acepte tu dinero?

181
Lo miré de arriba a abajo, sacudiendo mi cabeza con asco. —
¿
—Tu hermano es diez veces más hombre de lo que tú M
podrías llegar a ser, y si quieres que me vaya, vas a tener que i
sacarme en una bolsa para cadáveres. n
Él sonrió, divertido por mi arrebato repentino. a
—Cálmate, víbora. Eso no será ?
M
necesario. Levanté mi nariz.
e
—¿Eso es todo, Sr. g
Leokov? Él me ir
é
despidió con la y
mano. a
r
—Eso sería todo. r
Era difícil concentrarse después de la intervención de Sasha u
sobre mi relación con su hermano. ¿Por qué era cosa suya, de g
todas maneras? Lo que pasara entre Lev y yo debía quedarse u
sólo entre nosotros. No era el asunto de nadie. é
Mientras la noche llegaba a su final, Birdie y yo terminamos m
de cargar los vasos sucios en bandejas y las llevamos a la zona i
n
de atrás para cargarlos en la lavadora industrial. Limpiamos los
a
mostradores y las mesas y levantamos las esteras anti derrame
ri
de los limpiadores, que habían llegado después de que nosotras
z
nos hubiéramos ido. Charlamos y esperamos a que los otros
.
hubieran terminado para poder irnos en grupo.

Anika había desaparecido a la mitad del servicio y yo no había E
vuelto a verla. Mi suposición era que estaba enferma. s
Birdie y yo charlamos. Me reí con algo que me dijo cuando p
escuché: e
—¿Mina? r
a
Lev estaba parado detrás de mí. Le sonreí. u
—Solo un segundo, corazón. n
Birdie continuó con su historia y la escuché intensamente. s
egundo, Lev. La historia ya casi termina.
Birdie me llevó al crescendo de su historia y ambas rompimos
a reír. Luego repentinamente grité mientras me levantaban del
suelo y mi trasero golpeaba el mostrador.
No me tardé mucho en aprender que si Lev quería tu atención,
luchaba por ella.
Parpadeé, cara a cara con lev, sus manos a cada lado de mis
muslos.
—Hola.
Hizo una mueca de dolor.
182
—Hola.
Fue entonces que me di cuenta de que él estaba sintiendo tan
dolor, y mi corazón se arrugó. perf
ecto
—¿Qué está mal?
com
Él sacudió su cabeza pero habló a través de dientes o
apretados. este
—Dolor de cabeza. Me gustaría irme ya. .
—Está bien. —
¿
Levanté mis manos y toqué su cuello ligeramente con una
M
mientras pasaba la otra sobre su frente. Estaba un poco caliente.
e
—Pero antes, ¿puedo intentar algo? —Pasé mis manos por j
su cabello, usando gentilmente mis pulgares para que se o
movieran en círculo contra sus sienes. Gimió en voz alta. r
Cuando pensé que sería capaz de aguantar más presión, ?
presioné con más fuerza. Sus ojos se cerraron y sus labios se É
separaron mientras masajeaba sus sienes.
l
Sin advertencia, caminó más cerca, una arruga sobre su ceja,
encajándose en el espacio entre mis rodillas, enrollando sus g
manos alrededor de mi cintura y descansando su frente en el r
centro de mi pecho, gimiendo mientras yo seguía con mis
ministerios. u
Robaba mi atención con avaricia, y yo amaba cada instante ñ
de ello. Amaba que tomara lo que necesitaba de mí. ó
Lo besé suavemente en la coronilla y me sostuve contra él, m
mis piernas enrolladas contra su cintura. Después de un masaje
de cinco minutos, liberé sus sienes y envolví mis brazos i
alrededor de sus hombros, intentando no pensar en su e
entrepierna estando tan cerca de la mía.
n
Nos quedamos en ese abrazo por un largo tiempo después,
solo saboreando el cálido ardor que habíamos creado el uno en t
el otro. r
Después de un minuto, Lev levantó su cabeza, sus manos a
todavía sosteniéndome. Sus ojos somnolientos y su cabello
despeinado, yo no podía esperar más. No habría un momento s
asentía. Sonreí,
ahuecando sus mejillas.
—Bien.
Luego halé su cara hacia mí, encontrándolo a la mitad del
camino y presionando mis labios a los suyos en un suave beso
profundo.
Los brazos a mi alrededor se apretaron y me halaron más
cerca. Nuestros lugares de deseo se encontraron con toda la
fuerza.
183
Gemí, deslizando mis manos alrededor de su cuello y V
presionándome contra él, necesitando más de él. Mi cabeza ik
estaba nadando. Este era el beso que había estado esperando y lleg
mucho más. Esto era Lev en su forma más pura. ó
apre
Su mano se levantó y agarró mi mentón entre su pulgar y su
surá
índice, levantando mi cara para tomar más de mis labios. Su
ndo
lengua, caliente y suave, se sumergió dentro de mi boca y se
se,
encontró con la mía en un saludo delicioso.
sie
Ahí fue cuando el silbato sonó, seguido por un manojo ruidoso mpr
de gritos y risas. e el
Nos separamos, mirando a nuestro alrededor, encontrando paci
con que casi todos nos estaban mirando por todas partes en la fica
habitación, riéndose de nuestro espectáculo privado. Incluyendo dor,
a Anika. Y ella se veía lista para romper a llorar. sac
and
Mis mejillas flamearon, enterrando mi cara en el cuello de Lev,
o su
gemí con incomodidad. El peso de Lev se sacudió con lo que yo
braz
no creía que pudiera ser una risa silenciosa mientras pasaba sus
o
largas manos calmadamente por mi espalda. Después de todo,
frent
Lev no se reía.
e a
Demonios, él a duras penas sonreía. Sas
—¿Podemos ir a casa ya? —dije amortiguadamente contra su ha.
cuello. —
Manos fuertes agarraron mi cintura y me bajaron hasta el G
suelo. Envolví mi brazo alrededor de la cintura de Lev, todavía u
avergonzada y caminamos hasta el coche, despidiéndonos de la a
gente a nuestro alrededor, cuando alguien salió de entre las r
sombras. d
a
Lev me empujó detrás de él de una manera tan ruda que me e
asustó. s
—Laredo —gruñó. o
Sasha se apresuró hacia adelante, buscando en su bolsillo .
para sacar una pistola. Mis ojos se ampliaron. Sasha ladró: N
o
—Tienes agallas, anciano. v
as a matar a nadie.
Nas se acercó hasta pararse junto a mí. Levantó su nariz al
hombre que se paraba frente al coche de Lev.
—Tío Laredo.
El hombre mayor le sonrió.
—No me has llamado de esa manera en mucho tiempo,
Nastasia. —Se veía triste—. Te he extrañado.
Miró alrededor a Sasha y a Lev.
—A todos ustedes.
184
Espié alrededor de Lev al hombre llamado Laredo, y por la M
manera en que me miró, sentía tanta curiosidad por mí como yo i
la sentía por él. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, e
me volví a esconder detrás de la amplia espalda de Lev antes de r
susurrarle a Nas: d
a
—¿Laredo es tu tío? .
—Por matrimonio —explicó ella—. Laredo se casó con la É
hermana de mi padre, mi tía Alina. Ella murió joven. —Sonrió, l
pero era severa—. Luego tuvo una aventura con mi madre. l
o
Miré más allá de Lev, contemplé atónita, y le hablé al
s
hombre en cuestión.
a
—¿Lo hiciste? ¡Eso no está bien! b
Él se encogió de hombros débilmente. í
a
—Ambos nos sentíamos solos. —Miró a Nas—. Y si bien
.
recuerdas, yo fui el que terminó con todo y le llevó el tema a tu M
padre. e
Sacudió su cabeza. e
—Nunca quise herir a nadie. Nalya estuvo ahí para mí en el s
momento más triste de mi vida. Ambos nos aprovechamos de la ti
atención, y ambos lo lamentamos amargamente. Tu madre r
especialmente. é
y
Salí desde detrás de Lev y me paré a su lado. a
—Ella era una mujer horrible. g
a
Laredo miró a Lev y asintió con compasión.
r
—Sí. Estaba profundamente perturbada. r
Sasha había bajado el arma, pero todavía la tenía en su é
mano. l
a
—Oh, boo estúpidamente hoo. Esta es tu reunión familiar
m
normal —se mofó—.
a
¿Qué quieres?
n
Él levantó su mano y me señaló. o
—Verla. d
e Lev.
—Lo siento. No voy a volver a hacerlo.
Lev, pensando lo mismo que yo, agarró mi mano con fuerza.
—No fue su idea. Nos estás robando los clientes.
Necesitábamos saber contra qué nos enfrentábamos. Si
tienes un problema, resuélvelo conmigo.
Laredo se rió entonces.
—Ya veo. Eso es lo que estabas haciendo en Aphrodite.
Dio un paso más cerca, pero Lev me alejó de él. Laredo
sacudió su cabeza pero sonrió. 185
—Lo siento. Esto es bastante surreal —habló directamente L
hacia mí—. Te ves justo como alguien a quien conocí. e
v
—Yo no te h
conozco. i
z
Suspiró
o
tristemente. l
a
—No, supongo que no.
p
Me miró entonces, realmente me miró, y susurró: r
—Es como ver la cara de un fantasma. e
g
No estaba preparada para cuando sus ojos tomaron una
u
mirada distante mientras susurró: n
—Clara. t
Mis pulmones se a
q
apretaron. Mi madre. u
Él conocía a mi madre. e
y
Nas estaba tan impresionada como yo. o
—Mina, ¿no era ese el nombre de tu madre? q
Asentí, mirando a la cara sorprendida pero llena de u
esperanza de Laredo. e
r
—Sí, Clara era mi madre. í
Laredo dio un paso hacia adelante bajo la luz de la calle, y a
tuve la oportunidad de mirarlo bien. Era de estatura promedio. h
No muy atractivo, pero su sonrisa era encantadora. Tenía ojos a
marrones comunes con un simple cabello marrón cortado de c
modo laboral. Estaba usando un traje lindo, y tenía dientes e
buenos en la parte baja de su sonrisa. r
d
Me miró a los ojos y dijo genuinamente:
e
—Amé mucho a tu madre. Ella era mi mundo. Íbamos a s
casarnos unos cuantos años después de que mi Alina muriera d
pero… —Sacudió su cabeza. e
que mencionaron a mi madre.
—¿Estás diciendo que eres el
padre de Mina? Sasha murmuró
un irritado:
—Imagínenlo.
Laredo se rió entre dientes pero sacudió su cabeza.
—No. —Me miró a los ojos y se veía triste—. Pero quería
serlo. Lo habría dado todo para ser tu padre.
Mi garganta estaba seca. Llena de parches. Lamí mis labios 186
y tartamudeé:
—¿S-sabes quién es mi padre?
Él sonrió y se vio como algo que un chico de escuela travieso —
haría. A
t
—No diré más. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una u
tarjeta de negocios—. h
No diré más hasta que accedas a cenar conmigo. e
Lev gruñó, poniéndome a su costado. r
La ceja de Laredo se alzó mientras me pasaba la tarjeta. La m
alcancé y la tomé ansiosamente. Dijo con una mueca: a
n
—Escogiste al hermano correcto, Mina. Lev es un buen o
muchacho. Sasha… —se encogió de hombros—, no estoy ,
seguro sobre Sasha. Creí que lo estaba, pero… — Miró hacia p
el hermano enojado—. No, no lo sé. Ya no. o
Caminó hasta pararse frente a Nastasia y le sonrió con una r
gracia paternal. s
u
—He extrañado a mi bella boo. ¿Puedo tener un abrazo?
p
Ella se veía como si fuera capaz de dar su brazo derecho u
para lanzarse a su abrazo, pero siendo la chica ruda que era, e
bajó su cara y sacudió su cabeza. s
—¿No? —sonaba decepcionado, pero sonrió a pesar de t
ello—. Tal vez la próxima vez entonces. o
.
Laredo tomó mi mano libre y besó la parte de atrás antes
de caminar por la calle. A la mitad de su recorrido, se giró, S
haciendo chasquear los dedos. atisf
ech
—Espera, lo olvidé. o
Todos esperamos para escuchar lo que tenía que decir, con
sin saber que cambiaría mi vida para siempre. Sonrió mi
felizmente. silen
—Hay alguien a quien tienes que conocer. Espero que cio
cambies de opinión y vengas a vernos. pas
mad
Estaba confundida. o,
—¿Ver a quién? se
Su sonrisa se suavizó. giró
y continuó con su camino, sin ser consciente de que mi mundo
acababa de explotar a mi alrededor, llevándome a un vórtice de
ruido blanco.

187
Traducido por Adaly

Mina

— n hermano, Lev —susurré mientras me quitaba mi


vestido—. Un hermano —De pie en medio de 188
nuestra habitación, usando bragas y un sujetador
herma sin tirantes, no podía ocultar mi alegría—. Tengo
no. un

Lev salió del armario, usando nada más que sus calzoncillos
grises oscuro.
—Hermanos no son siempre buena cosa.
Solté un bufido, a sabiendas que estaba hablando de la
experiencia con su propio hermano.
Se detuvo, mirando descaradamente a
mi cuerpo casi desnudo. Estaba
demasiado contenta sobre el descubrimiento de mi hermano
perdido para notarlo.
—Hace una hora, estaba sola en el mundo.
—Me tenías hace una hora —cortó Lev, sonando un
tanto contrariado. Dios, era dulce. Me estaba matando
con la dulzura.
No podía negarlo, aunque quisiera. Estaba tan enamorada
de Lev Leokov. Caminé hacia él y agarré sus manos.
—Lo sé, cariño. Y me encanta eso. Pero… —Me encogí de
hombros—. Esta es familia. Tengo familia.
Me di cuenta que no estaba seguro de cómo reaccionar con esta
noticia. Le dije:
—Estoy emocionada. ¿Podemos ir y ver a Laredo juntos, por
favor? —Necesitaba que Lev supiera que mis planes lo incluían—
. No iré si no vienes conmigo. —Apreté su mano—. Eres
importante para mí, Lev. Quiero compartir esto contigo. Solo
contigo.
Exhaló a través de su nariz. —
Mi
—Por supuesto que iré contigo. —Llevó mi mano hasta su
mad
boca y presionó un suave beso susurrado en mis nudillos.
re
Sonreí. solí
—Así que, estamos saliendo, a
hac
¿verdad? Asintió.
erm
—Sí, creo que sí. e
—¿Y puedo decir que eres mi novio? —Una sonrisa tonta eso
se extendió a través de mi rostro. cad
a
Su ceja se levantó, pero sus ojos sonrieron.
vez
—Difícilmente soy un niño11. que
Oh, cariño, si lo sabré yo. tení
a
—¿Y ya no tengo que llevar mi pijama a la cama? —
dolo
pregunté inocentemente. Se quedó inmóvil, fingiendo r de
desinterés. cab
eza.
—No, si no Sie
quieres. Suspiré mpr
e
con alivio.
func
—Gracias a Dios. ionó
Me acerqué a la cómoda, saqué una camiseta blanca, la .
deslicé por mi cabeza, y me quité el sujetador, tirando de él a S
través de la manga. ¿Lo bien que se siente quitarse el sujetador? o
—Ugh. Libertad. n
r
Lev cerró con llave la puerta de la habitación y nos metimos
e
en la cama, dejando la lámpara de mi lado de la cama encendida.
í,
Me giré hacia él, apoyando la cabeza en mi mano.
m
—¿Cómo está tu cabeza? o
Se sentó en la cama, su ancha espalda contra la cabecera. v
i
—Mejor. El masaje lo alivió un poco. Gracias. é
ndome para arrodillarme en la cama, acomodándome cerca
de él.
—Y ahora que estás mejor… —Levanté la pierna y
maniobrando, me senté a horcajadas sobre sus muslos. Sus
manos agarraron mis caderas con fuerza—. Me gustaría otra
dosis de ese primer beso, si quieres —solicité, mis manos
descansando sobre sus anchos hombros mientras bajé mi rostro
hacia el suyo.

189

11
Juego de palabras, Mina le dice que si le puede llamar novio: boyfriend.
Boy (niño) friend (amigo).
Besó mi sonrisa hasta que me desvanecí y todo lo que quedó —
era hambre cruda. Gemí bajo en mi garganta cuando sus manos P
en mis caderas me convencieron para que me sentara sobre su o
gruesa erección. Su rastrojo raspó ligeramente mientras sus d
labios carnosos calmaban la quemadura con besos que e
sacudieron los cimientos de mi mundo. m
o
Inconscientemente, mis caderas comenzaron una danza por s
su cuenta, moliendo mi sexo cubierto por las bragas sobre su e
rígida longitud. Gimió en mi boca, y jadeé en la suya. No pasó s
mucho tiempo antes de que usara sus manos para guiarme en p
un ritmo lento que tenía hechas a mis bragas un nudo. e
Quería jugar. r
a
Susurré en su r
boca. .
—Quítate los calzoncillos. L
Las manos en mis caderas se detuvieron y se apartó para e
mirarme. v
a
—Espera. n
—¡No! t
é
Estaba sexualmente frustrada. ¡Necesitaba su polla dentro
m
de mí, ahora!
i
—No, estoy cansada de esperar. He querido esto por r
semanas. —Lo besé, empujando mi pecho en el suyo—. No voy o
a esperar más, Lev. Ahora. s
Me devolvió el beso con todo lo que tenía, entonces beso t
ligeramente mis labios. r
o
—Lamento poner un obstáculo en tus planes, pero… —Su
y
ceja se levantó—. ¿No tienes la regla? l
—Oh. —Bueno eso malditamente apesta. Enterré mi rostro e
en el espacio en donde se reúne el hombro con el cuello y l
fingí un sollozo—. No. a
Pasó las manos por mi espalda con ternura. n
c
é una mirada de incredulidad.
—¿Por una semana? ¿Toda
una semana? Me besó en la
nariz.
—Esperaría diez años si me lo pidieras, Mina. —Sus ojos se
suavizaron—. Siento como que te he estado esperado toda mi
vida. Una semana no es nada en comparación.
Mierda.
Iba a llorar. En serio.
190
Mi garganta se espeso, susurré:
—Mierda.
Su expresión se tornó en pánico al ver mis pestañas
húmedas.
—Lo siento. Te dije que no soy bueno con las palabras. e
l
Envolviendo mis brazos alrededor de su cuello, presioné mis S
labios en los suyos. a
—Eres perfecto, Lev. Tus palabras son honestas y hermosas. h
Me haces sentir cosas que pensé que estaban perdidas para mí. a
Corro el riesgo de perder mi corazón por ti. r
No añadí “y eso me asusta hasta a
.
la muerte”. Apretó mis caderas
E
con sus grandes manos. n las
—Poco a poco. noc
hes
Asentí. Tenía razón. Poco a poco. com
Llegando al otro lado de la cama, apagué la luz y me acosté o
en el centro de la cama, esperando a que Lev tomara su lugar esta
detrás de mí. Ajustó su cuerpo con el mío, haciéndome la ,
cucharita dulcemente, pero la erección en el centro de mi espalda podí
estaba caliente y molesta. Podía sentir su enfado. a
En la oscuridad, susurré: cam
inar
—¿Quieres que me encargue de ese chico malo por ti? hast
El brazo que tenía a mi alrededor se apretó y repitió sus a la
palabras anteriores. coci
—Una semana, Mina. na
en
Ciertamente, una semana. Una semana de infierno.
el
—Está bien —hablé en voz baja—. med
Buenas noches, Lev. Movió mi cabello y io
de
besó la base de mi cuello. la
—Buenas noches, Ratón. noc
he,
o
*** podí
a ir
Necesitaba un vaso de agua. Mi boca estaba más seca que al
baño, abrir el grifo, y pegar mi boca debajo de este.
Elegí la opción fácil, obviamente.
Arrojando las mantas, me deslicé fuera de la cama,
arrastrando los pies hasta el baño, y me di cuenta un poco tarde
que la luz interior estaba encendida.
Abrí la puerta descuidadamente, sin darme que estaba a
punto de entrar en algo privado. Muy privado.
Mis ojos soñolientos se abrieron y mis labios se separaron
cuando atrapé a Lev, apoyado contra el tocador, sin calzoncillos,
con la cabeza echada hacia atrás en éxtasis mientras tiraba de 191
su gruesa polla con mano firme.
Y que polla era. G
r
Un pequeño chillido se me escapó. u
Los ojos de Lev se abrieron de golpe, pero no pude apartar ñ
los ojos de su furiosa erección. Era larga y gruesa, y parecía ó
como si Lev se hubiera depilado. Yo era pequeña. Me quede ahí .
un momento preguntándome cómo en la tierra iba a caber dentro —
de mí. Claramente, tendríamos que tomar las cosas lentamente.
M
—Eso parece doloroso —murmuré adormilada, mi mano
todavía en el picaporte. i
Tardé un momento darme cuenta de que no era un sueño, sin n
tomar en cuenta lo ardiente que era. Di un grito ahogado, a
cubriendo mi rostro con una mano.
,
—¡Diablos, los siento! No sabía que alguien estaba aquí.
Yo… —Me di la vuelta y cerré la puerta detrás de mí—. Te dejaré e
con lo tuyo. s
Me apresuré hacia la cama, pero mi cuerpo estaba caliente y
o
molesto. Cinco minutos o más pasaron, y finalmente, Lev salió
del baño. Se deslizó en la cama y yacimos en un largo silencio. n
Mis mejillas ardían. No lo podía evitar. Teníamos que hablar o
sobre eso o se convertiría en “ese incidente torpe que no puede e
ser nombrado”.
s
—Lo siento.
Se estiró y tomo mi mano en la suya. t
—Está bien. á
—¿Te… —no preguntes. No preguntes. ¡No a
preguntes!—… terminaste? Pasó el pulgar sobre mi y
palma, clara vacilación. u
—Uh, no. d
Mi estómago se enrolló en angustia. a
No terminó, y era mi culpa. Le di pánico escénico. Fue la n
razón por la cual no puedo encargarse de su negocio.
d
o realmente, bebé. Bebé.
Bebé.
Mi corazón suspiró soñadoramente.
Me llamó bebé.
Lo hice callar y lo besé profundamente.
—Déjame ayudarte. —Sin esperar su opinión sobre el
asunto, me di la vuelta y me senté a horcajadas mirando hacia
sus pies, sentada sobre su estómago, mis piernas abiertas y a
cada lado de las suyas.
192
Su voz ronca, graznó: —
S
—No necesitas hacerlo. Está bien. í,
Dios, lo quería tanto. Lo podía oír en su tono. Solo está b
actuando calmado. e
Entendí la necesidad. Hablé con voz ronca. b
—Me he estado muriendo por tocarte, Lev, y ahora que lo he é
visto, no creo que pueda mantener mis manos alejadas de ti. .
E
Esa era la verdad. s
Pasando mis manos por sus muslos, las lleve hacia adelante t
en un ligero masaje. Hice esto una y otra vez hasta que oí a a
Lev suspirar de placer. Deslicé mis manos a cada lado de su n
longitud y las mantuve ahí. Con un delicado cuidado, mis dedos b
rozaron el elástico de sus calzoncillos antes de deslizarse u
completamente dentro. En el momento en que entré en contacto e
con su herramienta caliente y dura, Lev dejó escapar un largo n
gemido, y envolví los dedos de ambas manos a su alrededor. o
No me sorprendió que los dedos de ambas manos no fueran .
posibles de juntarse. Mis manos eran pequeñas, y él era grande. T
a
Lo solté por un segundo para deslizar mis pulgares bajo la n
cintura de sus calzoncillos y, afortunadamente, tomó la indirecta, b
levantando sus caderas, lo que me permitió empujarlos hacia sus u
rodillas. Rápidamente lo tomé en mis manos una vez más, e
trabajándolo lentamente en un movimiento de arriba abajo y n
pregunté: o
—¿Loción? .
—No tengo ninguna —dijo con voz áspera. T
uve
Me deslicé hacia atrás así que mi trasero estaba en el centro
que
de su pecho y me incliné por la cintura, acariciándolo todo el
esta
camino. Quería poner mi boca en él. Probé las aguas al lamer
r de
suavemente alrededor de la cabeza de su eje y fui recompensada
acu
con Lev convulsionando de una manera que casi me quitó de
erdo
encima.
.
Jadeante, agarró mis caderas y empujó. Tení
a un sabor a limpio con un deje de sabor salado, y cada vez que
mi lengua pasaba sobre su hendidura, tuve la delicia de escuchar
los sonidos de su placer.
Abriendo mi boca, lo sostuve recto y gradualmente metí la
cabeza en mi boca, chupando ligeramente, sintiéndome más
audaz y valiente cada segundo.
Bajando, me las arreglé para tomar la mitad de su longitud en
mi boca antes de considerar un riesgo de nauseas. Con mis
labios a su alrededor, empecé un movimiento de arriba hacia
debajo de nuevo y chupándolo tan profundo como pude. Sus
bajos gemidos y jadeos me impulsaban. 193
Sabía tan bien que gemía con él. Quería decir que estaba
disfrutando esto tanto como él lo estaba.
—Tu sabor es tan bueno, bebé.
Eso pareció llevarlo al límite. Sus caderas comenzaron a E
empujar gradualmente, llevándolo más lejos en mi boca. Un ra
gruñido escapó de su garganta y alejó mi boca de él. Sabía que tan
estaba a punto de venirse. edu
cad
Mis manos lo trabajaron en movimientos largos y duros
o,
hasta que finalmente, su estómago se apretó, su cuerpo se puso
inclu
rígido debajo de mí, y gritó su liberación. Lo sentí todo. Su polla
so
palpitaba furiosamente, enviando chorros calientes de semen
en
hacia mis manos.
situ
Me aferré a su polla ablandada, esperando a que su cuerpo acio
se pusiera al día con el éxtasis que su mente estaba nes
experimentando. Estaba caliente como el infierno, y aunque que
podía frotarme muy bien en un éxtasis idéntico al suyo, elegí no no
hacerlo. Me sentí poderosa por lo que acaba de hacer. Estaba en requ
lo alto de la sensación. Eso era suficiente para mí. iere
En el momento en que sentí el cuerpo de Lev fundirse en la n
cama, me alejé de él y me dirigí al baño para lavar mis manos y eso.
mi rostro. Antes de lavarlo, examiné el pegote blanco en mis Era
manos. Lo toqué con un dedo y lo froté entre el pulgar y el dedo. tan
Entonces, cuando Lev entró al baño, desnudo, toqué ese dedo tont
con mi lengua, encontrando su mirada en el espejo. o.
Me
No sabía mal. Era diferente. Un poco amargo y salado, pero
hizo
no era algo que odiara tener en mi boca.
sonr
Me miró con atención, y eso forzó una sonrisa en mí mientras eír.
me lavaba las manos y la boca. Tiré
—Sabes, no tiene mal sabor —le dije—. Tal vez la próxima de
vez no tendrás que sacarlo. su
rostr
Aún, me miraba, su polla suave más grande que cualquiera
o
que jamás hubiera visto. Di un paso hacia él, y ahuequé sus
haci
mejillas.
a el
—¿Mejor? mío
Parpadeó adormilado. para
que
—Mucho. Gracias.
pudi
era besar sus labios.
—De nada, cariño. El placer fue todo mío. —Su ceja se
levantó. Puse los ojos en blanco—. Está bien, tal vez no todo mío,
pero seguro que fue divertido.
Después de que Lev se lavó, se metió en la cama desnudo
como el día que nació y me jaló a su costado, suspirando
satisfecho.
Una cita a cenar, y tantas cosas habían cambiado. Debería
de haber estado asustada, pero no lo estaba. Se sentía como
progresión natural. Podría haberlo parecido, pero no se sentía
apresurado. Se sentía esperado. 194
Me quedé dormida diciéndome que las cosas solo
mejorarían desde aquí. Oh, cuán equivocada estaba.
Traducido por Pimienta y Adaly

Mina

ra obvio para cualquier persona con ojos y cerebro que una


Lev y yo estábamos oficialmente juntos. Si las muestras de
de afecto no eran suficientes, la forma en la que Lev esa
gruñía a cualquier hombre que me tocara, lo hacía. s
noc
Era agradable ser querida y ser objeto del afecto de un hes,
hombre. Por supuesto, era diferente con Lev. Cuando daba su Lev
atención, la daba totalmente. Cuando te escuchaba hablar, con
escuchaba con atención, sin importar lo mundano que lo rodeara. sigui
Cuando hablaba, pensaba cuidadosamente lo que debía decir, ó un
como si sus palabras fueran un don precioso que sólo diera a final
algunos. Y yo era una de los afortunados. feliz.
Cuando me abrazaba, sentía como si el mundo flotara, Dur
dejándonos encerrados en nuestro abrazo y alejándonos de ante
todo. el
Lo amaba más de lo que creía posible. tran
scur
Y así, pasaron cinco días con bastante facilidad. Lev y yo
so
fuimos al banco para abrir una cuenta de ahorro para mí. Le pedí
de
que dejara de pagarme en efectivo, y Lev convino en que era
esa
importante que tuviera una cuenta donde ingresar mis ahorros.
s
Cinco noches de trabajo terminaron en cinco noches de sesi
apasionadas sesiones de caricias antes de irnos a dormir, y sólo one
s, descubrí lo erótico que era desnudarse ante un hombre, lo
mucho que me encantaba pasar mis manos sobre el cuerpo
desnudo de Lev, y cuán serio era esta cosa entre nosotros. Esto 195
no era pasión de una sola noche. Esto era más, mucho más.
Nunca antes me había quitado la ropa delante de nadie, no
completamente de todos modos, hasta anoche. Mi camiseta fue
arrancada sobre mi cabeza en un frenesí de lujuria. Mis pequeños
pechos, apretados por grandes manos. Mis pezones rozados
entre dedos hábiles. Y cuando su cálida boca se cerró sobre un
pico rígido y chupó,
mi espalda se inclinó de tal manera que parecía que estaba mie
siendo electrocutada, y se sentía así, en cierto modo. ntra
s
Lev siempre detenía la diversión, sabiendo que yo era
que
demasiado irresponsable para confiarme esa tarea.
Lev.
El sexo nunca se había sentido así cuando era adolescente. ..
Era torpe, incómodo y poco elegante. Incluso sin tener sexo con
T
Lev las cosas eran fluidas, fáciles y elegantes. Si así era como
enía
me sentía con caricias leves, casi no podía esperar para el evento
el
principal.
puñ
Las cosas no podían haber ido mejor... hasta esa noche. o
La gente del club no había conseguido que las cosas alza
mejoraran mucho, pero algunos de nuestros fieles clientes do,
regresaron después de haber tenido su ración del Beso de una
Afrodita. Estábamos agradecidos. ¿Cómo no estarlo? Tratamos man
a los clientes como si fueran reyes, lanzándoles sonrisas, opla
colmándolos de atención, y coqueteando a una distancia de
segura. lató
n
No estoy segura de qué hora era cuando Anika vino detrás de
colo
mí, se inclinó hacia adelante y me habló al oído, pero la noche
cad
estaba llegando a su fin.
a en
—Sasha te quiere en su oficina. Yo te cubro. sus
Desde que Lev y yo habíamos dado a conocer que éramos ded
una pareja, Anika había sido sorprendentemente agradable. Así os,
que le di las gracias y me fui por el pasillo hasta la oficina. Puse su
mi mano en el picaporte, giré, y entré. rostr
o
—¿Quería verm…?
retor
Mis palabras fueron interrumpidas cuando vi la escena ante cido
mis ojos. y el
Sasha estaba sentado detrás de su escritorio, pareciendo pec
más enojado que un toro en celo sin vacas a la vista. Vik estaba ho
junto a la estantería de antigüedades, apoyando su cadera contra agit
ella y mirando hacia abajo, a la silla de invitados. El hombre ado.
sentado allí estaba gimiendo, bordeando la inconsciencia, la cara Di
ensangrentada e hinchada, con las manos atadas a la espalda, un
grito ahogado, mi mano voló a mi boca. Fue entonces cuando me
vio.
La sangre abandonó mi cara, y me dejó una sensación de frío
y confusión. Mis labios se abrieron por la sorpresa, y mi corazón
empezó a correr.
Las calles no fueron amables conmigo. Había visto cosas que
harían que una persona normal perdiera su almuerzo y esto era
nada comparado con eso. Lo que más me impactó fue que se
trataba de Lev.
El seguro, protector y no mataría a una
196
mosca Lev. Entonces los tres hombres
me miraron.
La frente de Lev se frunció y, bajando su puño hecho una
bola, dio un paso hacia mí.
—Mina… h
No podía mirarlo. Bajando la mirada al suelo, dije: a
—Lo siento. r
Y me fui, cerrando la puerta con un golpe. Me di la vuelta í
para alejarme, pero salté cuando vi a Anika allí de pie, con su
a
rostro impasible. Lamí mis labios secos.
—Sasha no quería verme, ¿verdad? .
Ella levantó la nariz en desafío y cruzó sus brazos sobre el L
pecho. Mi mente era un desastre caótico de perplejidad. ev
inte
—¿Por qué? ¿Por qué hiciste eso?
ntó
—¿Quieres una vida con Lev? Esta es la vida con Lev. — acer
Se veía satisfecha y la odiaba en ese momento—. Quieres. cars
Necesita saber. e a
Su alta figura se enderezó sobre mí y habló, juzgándome por mí
juzgarlos. apro
xim
—Esta vida no es tan bonita ahora,
ada
¿verdad, Mina? Mi corazón se apretó. men
—¿Por qué me odias? te
una
Su rostro se suavizó entonces, pero sólo mínimamente. med
—No te odio. Es sólo que no creo que puedas estar allí para ia
Lev de la forma en la que yo puedo. —Levantando la mano, hora
señaló la puerta de la oficina de Sasha—. más
¿Puedes manejar eso? tard
Sinceramente, no sé si puedo. e,
Ella declaró con confianza: pero
no
—Porque puedo. Y eso no cambia lo que siento por él.
me
Corrí junto a ella, golpeando mi hombro contra su brazo, y atre
mientras lo hacía, gritó: ví a
—¡Vas a darme las gracias resp
ond
por este día! No. No, no lo
er a
sus llamadas. No le hice caso hasta que se acercó físicamente,
pasó detrás de la barra, me tomó de la mano y me llevó a la
esquina oscura y vacía.
—¿Mina? —Aun así, evité su mirada—. Mina, habla
conmigo.
Sus manos ahuecaron mis mejillas y él habló a un suspiro de
mis labios.
—Por favor.
Con voz ronca, respondí:
—¿Podemos hablar de esto más tarde? 197
Pasó sus pulgares ligeramente a través de mis mejillas. mira
rme
—Está bien.
a los
Luego llevó sus labios a los míos y me besó en lo que yo creía ojos
que era un intento de hacer que me olvidara de lo que acababa .
de ver. Volví la cabeza hacia un lado, separando nuestros labios,

con el corazón roto.
E
¿Quién era esa versión de Lev en la n
oficina de Sasha? Ciertamente no era el ti
e
hombre del que me enamoré. n
No conocía a ese hombre, y estaba muerta de miedo de que d
nuestra relación pudiera haber sido construida sobre supuestos o
y mentiras. Me pregunté si conocía a Lev del todo. q
u
Lo descubriría más tarde, esa noche. e
Manejamos en silencio a casa. Lev tiró de mi brazo a través e
de la consola central y sostuvo mi mano, pero mi agarre s
permaneció suelto. t
é
El viaje se sintió más largo que las noches anteriores, en
s
donde habría cantado junto con la radio, ni siquiera
c
medianamente preocupada por mi horrible tono porque estaba o
malditamente feliz con mi vida actual para que me importara un n
carajo. Tenía a Lev, y eso era todo lo que necesitaba. f
Pero después de esta noche, me pregunté, ¿qué pasaba con u
Lev? Había dos de ellos, según había descubierto. n
Necesitaba una explicación. d
i
El silencio era pesado y se hacía más espeso cada segundo. d
Nos dirigimos escaleras arriba, desvistiéndonos, y por a
primera vez en una semana, me vestí con mi pijama amarillo. Lev .
lo notó. La mirada desagradable en sus ojos mientras miraba el M
horrible conjunto lo dijo. Me senté en el medio de la cama, con
las piernas cruzadas. i

De pie frente a la cama, vestido con nada más que sus c


calzoncillos negros, dejó escapar un suave suspiro, incapaz de e
ja se levantó y solté un ligero gruñido de
acuerdo. Su mano se elevó y rascó su
barbilla.
—Hay cosas que no sabes sobre
mí, Mina. Me reí sin humor.
—Puedo ver eso.
—Le debe dinero a
Sasha. Mi sangre
comenzó a hervir. 198

Lev continuó:
—Así es como los negocios se manejan cuando de
la
eres un Leokov. Tragué saliva, mientras la ira cam
hacía que mi estómago cayera. a y
salt
—El hombre que viste esta noche le debe a Sasha cien mil
é de
dólares.
ella.
Eso fue todo. Había escuchado suficiente. Cuando mi boca Ante
se abrió, la ira se expulsó, y algo que no había planeado decir s de
salió. que
—¿A quién le importa si el tipo le debe ese dinero? Él me Lev
ofreció la misma cantidad para dejarte, ¡maldición! —Fruncí el pudi
ceño—. El dinero, claramente, no es un problema para Sasha — era
gruñí su nombre. pen
sar
En el momento en que me di cuenta de lo que acababa de
en
decirle a Lev, mi rostro palideció.
lo
La mandíbula de Lev se afiló y sus mejillas se marcaron. Sus que
manos se cerraron en puños y su estómago se tensó. Su voz era esta
baja y peligrosa. ba
—¿Qué dijiste? pas
No, no, no, no, no, no, nooooooo. and
o,
¿Qué acababa de hacer? La sangre rugía en mis oídos y
mi
escuche mi pulso fuerte y claro. Mi boca se secó, intenté traer
cuer
un poco de humedad en mis labios lamiéndolos. Tiré una
po
almohada sobre mi regazo y la abracé con fuerza.
colis
—Obviamente, no lo tomé. —Mi voz era pequeña. ionó
Diminutiva. en
Sus ojos se estrecharon, y habló de nuevo con los dientes plen
apretados. o
aire
—¿Él, qué?
con
Mierda. ¡Ahora lo has hecho! el
La mirada en su rostro me dijo que estaba a punto de hacer suy
algo temerario. Así que hice lo único que se me ocurrió. o y
Levantándome lo más rápido que pude, di dos pasos al borde env
olvió sus brazos alrededor de mí, sosteniéndome, casi con
demasiada fuerza. Mis brazos fueron alrededor de su cuello y
mis piernas se envolvieron alrededor de su cintura. Lo apreté
fuerte.
Seguía enojado.
—Mina, déjame ir, por favor.
—Nunca —susurré.
Debe haber sido lo correcto que decir en ese momento,
porque sus fuertes brazos se aflojaron a mi alrededor,
sosteniéndome ligeramente, y volvió su cabeza para descansar
199
sus labios en mi sien, una mano moviéndose lentamente para
acunar mi nalga izquierda.
No podía creer lo que estaba a punto de decir.
—Tu hermano te ama, Lev. Podría tener una manera de M
mierda de demostrarlo, pero lo hace. De lo contrario, no se is
molestaría en hacer lo que hizo. —Hice una pausa añadiendo un ojos
apretón—. Mataría por tener una familia que me ame. No te se
enfades con él, cariño. Simplemente está cuidando de ti. cerr
aron
Eso calmó a la bestia furiosa. Me llevó a la cama y, sin
y los
soltarme, se acostó de espaldas, llevándome con él. Levantó la
apre
vista hacia el techo y respiró profundo, pronunciando mientras

exhalaba:
fuert
—Lamento lo que viste. e,
Descansando mi barbilla en su pecho, hablé en voz baja: sost
—¿Eres feliz haciendo cosas como esas? enie
ndo
Lo pensó un momento, su voz era austera cuando las
respondió: lágri
—No siento nada cuando hago cosas como esas. mas
La respuesta fue una tan triste que mi corazón dolió por él. que
Girando mi cabeza hacia un lado, susurré: tant
o
—Me asustaste esta noche.
quer
—Lo siento. ía
Tantas disculpas de este hombre. Me pregunté si lo sentía, o arroj
si era simplemente algo que decir para llenar el vacío. ar.
Mis
Levanté mi rostro una vez más para buscar el suyo y decir en
labi
voz alta:
os
—¿Crees que me lo habrías dicho si no me hubiera enterado baja
en la forma en la que lo hice? ron
Sus intensos ojos se desviaron, negó con la cabeza. Por lo de
menos era honesto. su
—¿Por qué no puedes mirarme, cariño? pec
ho y
Otra negación de cabeza. Sus brazos se apretaron alrededor lo
de mi espalda. Lo que dijo a continuación me rompió el corazón. bes
Con voz tranquila, declaró honestamente: aron
—No sé lo que haría si viera decepción ahí. ahí,
justo sobre su corazón.
No iba a conseguir las respuestas que necesitaba. No esta
noche, y no de Lev.
Tendría que ir a otra parte.

***

200
Despertarse por la mañana con una boca caliente en tu M
pecho, gruñendo contra la suave carne, succionando con fuerza, iró
era de hecho una buena manera de ser despertada. haci
a
Mis buenos días salieron algo así como:
mí,
—Dios, sí, cariño. Chupa más fuerte. teni
Mientras mis brazos se ceñían alrededor de la parte posterior end
de su cabeza, acercándolo más. o
¿A dónde se había ido mi pijama? por
prim
Quitó su boca, moliendo su erección contra mi cadera, y era
preguntó: vez
—¿Se acabó? la
Me quedé en blanco. ¿Se acabó ya? vista
de
Bueno, eso fue
todo
rápido. Cara triste. mi
No pude evitar sentir una punzada de decepción. Pero cuer
entonces preguntó de nuevo, esta vez más claramente: po
des
—Tu periodo, bebé. ¿Se acabó? nud
¡Oh! o.
Eres una idiota. Me
aleg
Casi me eché a reír, pero estaba demasiado ocupada

jadeando y pasando mis dedos por el cabello revuelto de Lev.
de
—Sí, se acabó. que
El ligero sangrado se había terminado hacía tres días, gracias Nas
al Señor. me
Sus pulgares se engancharon a la cinturilla de mis blancas hubi
bragas sedosas. Las bajó de un tirón severo y yo las pateé de era
mis tobillos, mientras él se arrodillaba encima de mí. La luz del habl
sol que entraba por las grietas entre las cortinas me ayudaba a ado
ver la polla de Lev sobresalir hacia arriba por el borde de la de
cintura de su bóxer. la
cera
Él estaba tan listo como yo. la
semana anterior. Aunque me mantenía bien recortada, me
negaba a ir sin vello. Simplemente no me gusta. Y, en este
momento, estaba agradecida por ello. Es lo que me impedía
sentirme excesivamente expuesta mientras los ojos de Lev
recorrían lentamente cada centímetro de mí.
Me estaba poniendo ansiosa. Necesitaba contacto.
Alcanzándolo, pasé suavemente mis manos por sus brazos, y
cuando nuestras manos se rozaron,

201
entrelazó nuestros dedos, llevando mis manos a sus labios y L
presionó besos lentos y precisos en mis nudillos. e
Sus manos soltaron las mías y entonces estaba encima de n
mí, atrapándonos en un abrazo, y besándonos.
t
Estos besos no eran salvajes, pasionales o lujuriosos. Eran
cálidos, amables, gentiles y perezosos. Del tipo peligroso. Del o
tipo que me hacía preguntarme por qué no podíamos seguir y
haciendo esto para siempre. Que fuera así para siempre.
p
Ser el uno del otro para siempre.
r
Tenía la esperanza de que fuera posible.
Sus labios se arrastraron por mi mandíbula hasta mi cuello, e
se detuvieron para acariciar el valle entre mis pechos, y luego mi c
estómago, deteniéndose justo debajo de mi ombligo para respirar i
la cálida carne temblorosa de allí.
s
La punta de su nariz marcó el viaje, y luego sus manos
estaban en mis caderas, apretándolas mientras enterraba su o
nariz en el suave vello de mi sexo. .
Tragué saliva. Mis ojos estaban muy abiertos. Mis mejillas
P
ardían. Jadeé ligeramente.
r
¿Él no iba a…? ¿Iba?
Todo esto era tan repentino. No tuve tiempo para elegir una o
pose sexy. Ni siquiera sabía si estaba lista para esto. Era mucho f
más íntimo que el coito. No había ningún escondite cuando
u
tenías el rostro de alguien en tu guante del amor.
Luego, sus manos estaban en mis rodillas y fue extendiendo n
mis piernas bien abiertas, mirando hacia mi lugar más íntimo. Una d
parte de mí quería ver su reacción, pero mi mente acomplejada,
o
no me lo permitió. Mis ojos se cerraron y mis manos subieron
para cubrir mi cara. y
Dejé escapar un gemido avergonzado. Ese gemido de s
vergüenza se convirtió rápidamente en un gemido de pasión, mis
e
manos se apartaron de mi cara cuando la lengua de Lev se
deslizó firmemente desde mi culo hasta mi clítoris. d
uctor. Húmedo
y cálido.
Su lengua era un arma, y me estaba matando lentamente.
Puso su boca sobre mi botón pulsante y chupó suavemente,
retirándose después. Mis manos se enredaron en las sábanas
mientras un suspiro irregular salía de mi garganta. Lev sabía dar
placer a una mujer. No había nada fingido en mi reacción. Era
cruda, genuina y tan dichosa que bordeaba lo doloroso.
Sus dedos tocaron mi entrada, frotando y amasado, pero
nunca adentrándose donde más lo necesitaba, privándome de la 202
sensación. Y justo cuando pensaba que
iba a volverme loca por la dulce tortura, me dio lo que necesitaba. E
Un dedo se deslizó en mi interior con una lentitud insoportable. n
t
Y mi cuerpo se iluminó como los fuegos artificiales del cuatro o
de julio. n
Ya no tenía control sobre mí misma, mis muslos se apretaron c
alrededor de la cabeza de Lev mientras lloriqueaba de necesidad. e
Estaba tan cerca. s
Colocó besos con la boca abierta en mi coño, lamiéndome y ,
comiéndome. De vez en cuando, su lengua se endurecía y se n
a
introducía en mí. No había delicadeza. Él me hizo exactamente
d
lo que decía su denominación. Me estaba haciendo sexo oral.
a
Bueno no. No exactamente. m
Me estaba follando el coño con su lengua. á
s
El pensamiento me volvía salvaje. El acto me dejaba sin
q
sentido. Combinados, me dejaban fuera de juego. u
Mis muslos se apretaron a ambos lados de su cabeza, mis e
manos agarraron su cabello y mi cabeza salió disparada hacia f
atrás en un éxtasis incontrolable. No pasó mucho tiempo antes e
de que estuviera empujándome contra su inteligente boca. Sus li
manos se deslizaron bajo mi cuerpo, levantando mis caderas de c
la cama. i
d
Me atrajo hacia él, gimiendo y la vibración me hizo cosas
a
maravillosas ahí abajo hasta que no estaba del todo segura de
d
que fuéramos personas distintas.
.
Mi cuerpo se retorcía, apretado y rígido en todos los sentidos.
M
Mis ojos se cerraron por voluntad propia, las luces bailaron detrás
i
de mis párpados cerrados. Su boca envió olas de placer por mi
coñ
columna vertebral hasta el punto de no retorno.
o se
Estaba perdida. Y él lo sabía. estr
—Córrete, Mina. Córrete en mi boca, nena. Dame esa miel — eme
gruñó en la cara interna de mi muslo. Oh, mierda. ció y
se
Una explosión de luz se descargó a través de mí. Mi corazón
apre
se aceleró. Me quedé rígida.
tó, dándole exactamente lo que había pedido. Mis dientes se
apretaron, rechinando y estrujándose, y un largo gemido salió de
mí sin mi permiso mientras mi cuerpo luchaba por recuperar el
control después de la liberación.
Santo infierno. Dulce Jesús. Dulce
niño Jesús. Yo era un fideo blando.
Jadeando suavemente, Lev besó su camino de regreso por
mi cuerpo, apretándose contra mí y sosteniéndome fuerte. Mis
brazos flácidos se aferraron a él lo mejor que pudieron, pero mis
ojos no podían abrirse. Mantuve mi cara en su cuello.
203
—Wow —gruñí—. Eso fue... Mierda.
Su cuerpo se estremeció ligeramente, pero no dijo nada.
Cuando volvió a hablar, lo hizo con franqueza.
—Nunca he probado nada como tú. Estás
deliciosa. Eres ambrosía. Sonreí contra su
clavícula, somnolienta.
—Y toda tuya, bebé.
Me besó en la frente, con labios persistentes. Su mano bajó
para amasar mis nalgas.
—Toda mía, bebé.
El agotamiento me llevó poco después. Recuerdo
vagamente que me limpiara y arropara. Cuando me desperté,
estaba completamente sola, pero saciada y sonriente.

204
Traducido por Adaly y
Roxywonderland

Mina


l brinco en mi paso era una señal segura que a pesar E
de que había tenido una noche anormal y un tanto s
alarmante, había tenido una buena mañana. Una muy o
n
buena mañana. o
e
Me dirigí a la casa de Nastasia alrededor de las diez, estaba s
un noventa por ciento segura de que estaría despierta. Si no, t
simplemente tenía que golpear su puerta. Cuando llegué, levanté á
b
mi mano para golpear la puerta, pero lo pensé mejor. En su lugar, i
saqué mi teléfono del bolsillo y le envié un mensaje. e
n
Yo: ¿Estas despierta? Tengo brownies. ,
p
La puerta se abrió un minuto después. Nas parpadeó e
hacia mí, despierta, vestida y con los ojos bien abiertos. q
u
Sonrió, pero cuando miró hacia abajo a mis manos vacías, e
frunció el ceño. ñ
a
—No hay brownies, .

¿verdad? Entré y solté M
e
una carcajada. v
i
—No. Eso era parte de mi plan cobarde para conseguir o
s
que me dejaras entrar. Sonaba insultada. u
b
ir las escaleras—. Oye, ¿a dónde vas?
—Voy a darle los buenos días a mi maridito. —Sonreí para
mis adentros—. ¿Te importa? 205
Abrí la puerta del cuarto de Nastasia y entré. Las cortinas
estaban abiertas y las ropas arrogadas por toda la habitación. Vik
estaba sentado en la cama con una sábana hasta la cintura, los
brazos cruzados detrás de su cabeza y mirando las noticas en
la televisión que Nas tenía en la pared. En el momento en que
me vio, sonrió.
—Maldita sea, mi esposita. Luces bien hoy. Eres todo brillo y de
esa mierda. — Sonrió con descaro—. Tuviste suerte, ¿verdad? reac
ción
Me encantaba Vik, de hecho, me costaba creer que él y Anika
que
fueran hechos del mismo espermatozoide y ovulo, y que
habr
compartieran ADN. Algunas veces quería darle mis condolencias
ía
por el hecho de que su hermana fuera una idiota gigante.
esp
Hoy, le sonreí. erad
—Iría ahí y te abrazaría si no estuviera totalmente segura de o si
que estás desnudo debajo de esa sábana. hubi
éra
Le dio a sus caderas un ligero empujón para mostrarme que
mos
estaba desnudo bajo la sábana, y llevé una mano sobre mis
teni
ojos, gimiendo.
do
Era un cerdo. Un cerdo adorable. una
Nas entró a la habitación con una bandeja de cafés y tomé cita
uno, dándole a su cintura un ligero apretón. Me conocía y
demasiado bien. Me guiñó, y tomé asiento en el borde más lueg
alejado de la cama, mientras Nas se sentaba con las piernas o
cruzadas cerca de Vik. Le entregó un café, y él se inclinó y le dio trata
un suave beso en la mejilla. Y, Dios, me hizo sonreír. ran
de
Me encantaba lo mucho que él la amaba.
can
—Entonces —comenzó Vik—, ¿cómo te sientes sobre cela
lo que viste anoche? Nas agrupó sus cejas mientras rla,
com
echaba una mirada clínica hacia mí. o si
—¿Qué viste anoche? fuer
Vik se encogió de hombros. a
fácil
—Negocios. Lidiando con el imbécil de Moretti. —Vik me de
lanzó una mirada comprensiva—. Mina vio a Lev haciendo lo ente
suyo. nder
El hombro de Nas se desplomó y suspiró. y
—Oh, Mina. Lo siento. No lo sabía. perd
onar
Actuaban como si fuera un simple malentendido. Era el tipo ,
pero aun así seguía muy confundida. Sostuve ambas manos
alrededor de mi taza de café, calentándolas.
—No sé cómo me siento sobre eso. Lev no me dijo
exactamente mucho cuando nos fuimos a casa anoche. Estoy
muy confundida. Por eso es que estoy aquí.
Nas me alcanzó a través de la cama para poner una mano
sobre mi rodilla.
—Desearía haber podido advertirte. —Parecía decepcionada
consigo misma—. He querido hacerlo durante semanas, pero me
contuve. Entonces comenzaste a salir con Lev y pensé que él te
había hablado sobre eso. —Puso los ojos en blanco—. Sí, como 206
si lo fuera a hacer, ¿verdad?
No lo entendía.

—¿Por qué él no me lo dijo? A
Nas miró a Vik, y él respondió por ella. lt
o
—Ya sabes, Lev no es ajeno a la compañía femenina, Mina. a
h
—¿Por qué necesito escuchar eso? —Le fruncí el ceño. í,
c
Sonrió y continuó rápidamente. o
s
—Pero esas mujeres estaban ahí por una razón, y él se a
aseguró de darle los detalles. Hay algo en ti que hace que te p
e
trate de forma diferente. q
u
—Nunca antes había dejado a una mujer dormir en su e
habitación. Nunca. —Nas me sonrió—. No, hasta ti. ñ
a
Mi corazón sonrió y mi vientre revoloteó, pero mantuve .
L
mi cara de póker. Vik añadió: o
ll
a
—Eres la única persona con la que se ha encerrado en su m
habitación con él desde que tenía diez años. No sé por qué, a
pero te ha incluido en su pequeño círculo de protección. Eres s
u
parte de su santuario. n
a
—Está bien —murmuré, eufórica por la información, pero aún b
confusa—. ¿Qué significa eso? a
n
Nas habló suavemente, detallándolo. d
a
—No te lo dijo porque tiene miedo de y
t
perderte, muñeca. Tomé un sorbo de café, e
p
e
apenas probándolo. g
a
—Está bien, correcto. Eso todavía no explica lo que vi r
anoche. —Miré de Nas a Vik—. ¿Alguno de los dos me quiere á
n
iluminar? u
n
Nas levantó el brazo izquierdo de Vik y señaló un tatuaje ti
que había ahí. Uno grande y osado que decía XAOC. r
o
—Todo comienza aquí, con Chaos. —
e
—¿Qué es eso? ¿Cómo una banda o algo así? — x
p
pregunté con cuidado. Vik rió entre dientes. li
c
ó—.
Se llaman a sí mismos una firma. Éramos una empresa.
Nas se enderezó.
—Vamos a rebobinar veintiún años. —Se aclaró la
garganta—. Bratva era la mafia rusa, la hermandad. Todavía
están alrededor, pero no hacen publicidad, ya sabes. Son un
grupo remoto privado. La única forma de entrar es ser hijo de un
miembro o tener a dos miembros dentro que respondan por ti. No
sucede a menudo. No quieren personas, es decir policías, en sus
negocios, así que comenzaron empresas por todo el mundo
para despistar la esencia de sus negocios. Por lo que los policías
sabían, las empresas no tenían que ver con la Bratva. —Hizo una 207
pausa—. Comenzó mi padre, Anton, y su hermano, Ilia. Ambos
hombres era miembros de
Bratva, como su padre y su abuelo antes que ellos, pero cuando m
se mudaron a los [Link]. desde Rusia, se les pidió que e
comenzaran una empresa, reclutaran algunos de los mejores
criminales ruso-americanos e hicieran lo que las empresas n
hacían. c
Casi no quería preguntar. i
—¿Qué hacían las o
empresas? Vik frunció n
los labios. a
—Lo normal. Narcotráfico, soborno, extorción, tráfico de s
armas, fraude, contrabando. —Se encogió de hombros como si
no fuera gran cosa—. Ya sabes. t
Nas continuó: e
—Así papá se convirtió en el presidente de la empresa. Tío .
Ilia se convirtió en vice-presidente. El papá de Vik, Yuri, estaba a N
cargo de las finanzas. La empresa era hermética. El almacén en
donde se llevaban a cabo las cosas era casi impenetrable. a
Entonces llegó el momento de que los hijos fueran iniciados. s
Está bien, estaba obteniendo respuestas, pero tenía muchas l
más preguntas.
u
—¿Qué significa eso? ¿Por qué
c
necesitaban ser iniciados? Vik sonrió.
í
—Lo dices como si fuera algo malo, pero para nosotros, para
los hijos, era un honor. Éramos ejecutores. Sasha, sus primos, a
Nik, Max, su hermano adoptivo, Asher y yo. Todos nosotros nos t
unimos al mismo tiempo. —Sonrió traviesamente—. Estábamos
fuera de control. Éramos unos malditos maniáticos, querida. r
Teníamos armas, teníamos mujeres. Teníamos dinero. Los i
mejores años de mi vida.
s
¿Qué hay de Lev?
t
Tuve que preguntar:
e
—¿Qué hay de Lev? No lo
.
—Los hombres en la empresa decidieron ir contra Lev.
Votaron no. Dijeron que era muy impredecible. Dijeron que no
podían confiar en él. —Agregó rápidamente—: Lo cual era una
total pila de mierda. Ni siquiera le dieron una oportunidad.
Sonaba jodido sentirme mal porque a Lev no se le hubiese
permitido entrar a un grupo de pandilleros, pero mi corazón se
oprimió dolorosamente. Siempre era extraño ser dejado a un
lado. Odiaba eso.
Nas continuó:
208
—Así que los chicos estaban fuera haciéndose sus tatuajes
de Chaos y dejaron a este tipo, Maxim, para que custodiara solo
por la noche. Ninguno de los chicos sabía que la mierda estaba
a punto de caerles encima. Nadie excepto Lev. —Sorbió de su
café—. El salón de tatuajes que pertenecía a Chaos tenía sus
puertas rotas. Una empresa de italianos había estado sobre
nuestras espaldas por entrar en su
territorio. Uno de sus hombres decidió enviar un mensaje. Le
Entró con las armas levantadas, listo para disparar a quien surg
sea que se atreviese a ponerse en su camino. ía
tan
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
natu
—¿Qué ralm
sucedió? Vik ente
. Él
respondió: podr
—Lev sucedió. Vino por detrás, de entre las sombras, tiró al ía
tipo al suelo y dejó que sus puños hicieran toda la charla. —Vik hab
sonrió—. Estamos hablando de un culo grande de hombre con, erse
no una, sino dos malditas armas, siendo superado por un chico perd
de quince años desarmado, y fue golpeado tan mal que necesitó ido
cirugía para arreglar su feo rostro. aquí

Whoa.
golp
Nas inclinó su cabeza hacía un lado. eó
—Los Italianos eran una desgracia. Fueron motivo de burlas su
después de eso. sien
Chaos estaba complacido. Bueno, puedes imaginar qué pasó —,
después de eso. pero
Déjame adivinar. lo
está
—Querían a Lev en el club.
s
—Síp —confirmó y luego sonrió—. Pero no se unió. Dijo que ayu
protegería a sus hermanos, pero que nunca sería de Chaos. Mi dan
padre estaba decepcionado. Quería que Lev fuese un hermano do a
en todos los sentidos, pero estuvo de acuerdo con que Lev enc
tomara su decisión. Respetaba eso. ontr
—¿Qué pasó después, si ar la
man
no se unió? Vik lo aclaró: era
—Nosotros éramos los ejecutores, pero Lev cuidaba nuestras de
espaldas. Era nuestro músculo. Nosotros hacíamos las salir
recolecciones. Él se encargaba de todas las peleas. —Vaciló de
antes de decirlo—. Era como si hubiese nacido para pelear, Mina. esa
prisión.
Hablé.
—¿Pero está dentro ahora, cierto?
¿Cómo sucedió eso? Nas habló.
—Mi padre se estaba volviendo mayor, también mi tío. Ambos
tenían familia. Querían asentarse, pero no puedes simplemente
dejar el club. Es de por vida. Cuando mi tío Ilia murió
repentinamente de un ataque al corazón, fue duro para mi padre.
Eran cercanos. La salud de mi padre decayó y delegó sus
responsabilidades de Chaos. La Bratva estuvo de acuerdo en 209
que no estaba en condiciones de liderar. — Negó suavemente
con la cabeza—. La versión corta de la historia es que la Bratva
no estaba feliz por la forma en la que las cosas se estaban
manejando por aquí, sin mi padre al mando. Los hombres se
estaban peleando, luchando por el poder. La gente
tomó bandos. La lealtad desapareció. Eventualmente, la Bratva —
forzó a la empresa a disolverse. Cada uno tomo caminos Déja
separados. me
preg
Arrastrando las palabras Vik dijo:
unta
—Puedes sacar al chico del club, pero no puedes sacar el rte
club del chico. ¿Me comprendes? algo,
No lo hacía. Debe haberlo notado, porque se explicó. Mina
. ¿El
—La mayoría de los miembros disueltos formaron sus propios
que
clubes ilícitos. Nosotros no lo hicimos. Optamos por permanecer
Lev
neutrales, comenzar un negocio, ir limpios y rectos, por el buen
hag
camino.
a
Mi ceja se alzó. esto
—No luce de esa manera afect
aa
para mí. Nas alzó una
la
mano. man
—Escucha, los chicos no están haciendo nada demasiado era
loco. Sasha es un prestamista. Presta grandes sumas de dinero en la
a gente, con altos intereses. Cuando ellos no devuelven el que
préstamo según los términos acordados… —Trató de sonreír, te
pero salió como una mueca. trata
?
Hablé por ella.
N
—Consiguen ser golpeados hasta la
o
mierda. Por Lev. Vik tosió.
.
—Bueno, claro que suena mal cuando lo dices
N
de esa manera. Ah, Vik. No pude evitar
o
sonreírle.
l
Hablé suavemente.
—Bueno, eso explica algunas cosas. Aún no sé cómo me o
siento respecto a ello, pero ahora lo sé. h
Nas me detuvo con la mirada. a
cía. Negué con
la cabeza.
Ella tenía otra pregunta.
—¿De verdad quieres saberlo cada vez que destroce a
alguien? Porque yo no. Vik y yo, nosotros no hablamos de ello.
¿O solo estás dolida por haberlo descubierto por accidente?
Estaba dolida por cómo lo descubrí. Todo era
culpa de Anika. Nas agregó:

210
—Sí, machaca a esos perdedores, pero esos idiotas sabían N
exactamente en lo que se estaban metiendo cuando hicieron o
negocios con Sasha. No son tan inocentes. Hay razones por la e
que no pueden ir por las vías legales para obtener dinero. r
a
Entendía eso. Sin embargo, no lo i
hacía mejor. Me encogí de m
p
hombros. o
Pasó su mano sobre la mía y la apretó. r
—Hazte un favor. Aléjalo de tu cabeza. Causara problemas t
donde no los hay — recalcó—. Es un trabajo, Mina. Sólo un a
trabajo. Piensa en ello como en un agente de cobro. n
t
Vik asintió en acuerdo y luego agregó: e
—Puedes juzgar, Mina, pero recuerda —sus ojos se .
suavizaron—, que Lev no te juzgó cuando te atrapó robando la E
billetera de su hermano. Te dio un trabajo, un lugar donde vivir, s
te alimentó y vistió cuando no tenías nada. t
Esa declaración dolió muchísimo, porque era verdad. Lev no a
me juzgó. Seguro, no confiaba en mí al principio, pero no me b
juzgó. Estaba allí para mí cuando estaba sola, sin un amigo en a
el mundo. Y aquí estaba yo cuestionándolo. t
o
Mi corazón se contrajo. Era una
t
persona terrible. Vik gentilmente a
l
siguió:
m
—Esta es la vida con la que tenemos que lidiar. Es todo lo e
que conocemos. Quizás no seamos hombres que van a la iglesia n
temerosos de Dios, pero no somos malas personas, cariño. t
Tenía razón. ¿Quién era yo para juzgar lo que era normal? e
o
Estaba furiosa conmigo misma. Lev era un hombre dulce. Era l
atento conmigo todo el tiempo cuando no lo merecía. Mi mente v
tomó una decisión, fui contra todo lo que había aprendido sobre i
lo que era bueno en el mundo. En lo que a mí respecta, nunca d
había visto lo que Anika planeó para que viese. a
do.

211
Traducido por Âmenoire

p
Mina
r

—¿
omingo divertido? —Fruncí mi nariz con una o
pequeña sonrisa—. ¿Siquiera quiero
preguntar? b
Nas se rió mientras entrábamos en el l
centro comercial, Vik se apresuró detrás de nosotras y puso un e
protector brazo alrededor de nuestras cinturas. Sonrío,
mordiendo la punta de su lengua. m

—En realidad solo es una excusa para ver a nuestras a

mujeres en traje de baño. Hacía calor y todo, pero no era s

clima playero. y
—¿Y dónde es la diversión? t
Nas me lanzó una sonrisa de disculpa. o
—Donde Sasha. Tiene una piscina climatizada en d
el patio trasero. Oh, a la mierda. No estaba o
interesada. .
—Bueno, entonces pásenla bien en su día divertido. .
Nas gruñó, quitándose el brazo de Vik y caminando junto a .
mí. Poniendo su cabeza en mi hombro, lloriqueó:
R
—Mina, vamos, sé que tienen
e
soplé.
—¡Trató de sobornarme para que me mantuviera
alejada de Lev! Sus cejas se levantaron y pinchó
mi brazo ligeramente. 212

—En un intento por deshacerse de una interesada por el


dinero, lo que por cierto, no funcionó, así que todo bien. ¡Pasaste
su prueba! —Ondeó una bandera imaginaria y dejó salir un pobre
intento débil de una porra—. ¡Hurra!
Dejé de caminar y me giré, mirándola. Se estremeció Lev,
pero
ante mi firme mirada. Tenía suerte de que la amara. Sas
Vik se empujó entre nosotras, envolviendo sus brazos a ha
nuestro alrededor. no
—Damas, damas. No necesitan pelear por mí. Hay suficiente me
Vik. Ahora —habló como estableciendo hechos—, esos trajes de lo
baño no se van a probar solitos. per
mite
Miré hacia Nas. .
—¿Por qué está Con
cad
aquí? Ella rodó
a
sus ojos. opor
—Escuchó trajes de baño e insistió en venir —hizo comillas tuni
en el aire—, para protegernos. dad
que
—Ya veo. —Miré a Vik de arriba abajo. Él sonrió, lanzándome tien
un beso. Giré mi cabeza hacia un lado y le mordí su pecho. Brincó e
hacia atrás, sosteniendo su pezón y mirándome. me
—Auch. Eso dolió. Tus actos de violencia física están dice
lastimando el amor que te tengo. —Se movió para levantar su cos
camiseta sobre su pezón y se me acercó—. Ahora mejor bésalo. as
Estallé en carcajadas y corrí para alejarme de él, des
escondiéndome detrás de Nas. Ella nos rodó los ojos a ambos, agra
pero lo hizo sonriendo. Mis amigos son bastante asombrosos. dabl
es o
Enganché mi brazo alrededor del de ella. me
—Está bien, iré, pero si Sasha empieza a mirarme como un lanz
idiota, me voy. a
—Lo que sea —murmuró Nas quedo—. Van a tener que esa
superarlo. Ambos. mira
Sasha ama a Lev. Tú amas a Lev. Ambos necesitan calmarse y da
seguir adelante. aterr
ador
Estuve inmediatamente a la defensiva.
a,
—No es mi culpa. Fácilmente podría superarlo y lo haría, por com
o que soy inferior a él, como que solo soy basura. Por alguna
razón, no creo que dejaras pasar eso si fueras tú, Nas.
Concordó.
—No, no lo haría. Pelearía por eso.
—Oh, sí, me amaría por hacer ello —murmuré.
—No, no lo haría —se detuvo un momento—, pero podría
respetarte por ello.
Somos personas divertidas, Mina.
Entramos en una tienda de lencería y nos dirigimos
directamente a los trajes de baño. Mientras caminamos, Vik nos 213
llamó, sosteniendo un gancho para ropa.
—Creo que este luciría genial en ti, Mina.
Parpadeé hacia el gancho. E
r
—No hay nada a
en él. Él sonrió. u
—Lo sé. n
p
Nas gruñó dolorosamente ante la estúpida broma. Cuando o
levanté una toalla doblada y se la lancé, estalló en carcajadas. c
Nas sacudió su cabeza. o
—Ni siquiera sé por qué desperdicio mi g
r
tiempo contigo. Vik se dirigió hacia ella,
a
como si estuviera en un cateo. c
—Porque soy lo mejor que has tenido alguna vez. i
o
Hundió su cabeza para besar sus labios, mordiéndolos
s
gentilmente. Habló más bajo. a
—Y porque me amas. .
Nas cerró sus ojos y se acercó a él, besándolo de regreso con M
todo lo que tenía. La demostración fue tan atrevida y tan e
caliente, que tuve que girarme para esconder mi sonrojo. Se r
veían tan bien juntos. e
í.
Miraba algunos de los biquinis cuando, desde detrás de mí,
vino un: —
S
—Creo que mejor deberías intentar los de una pieza, querida. í,
—Me giré para ver a una joven como de mi estatura, tal vez s
ligeramente más alta, con largo cabello rubio y brillantes labios u
rosas, sonriéndome. p
No trabajaba en la tienda. Parecía estar o
n
buscando algo Levanté una ceja. g
—¿Eso crees? o
Sus ojos se sobresaltaron. .
—Oh, lo sé. Mira, nosotras las mujeres pequeñas S
necesitamos apoyarnos y estoy siendo honesta... Parecemos i
niñas cuando nos ponemos biquinis. n
permiso, me tomó del brazo y me llevó al estante posterior.
—Esta de aquí es la sección petite. Hay algunos atractivos de
una pieza que puedes probarte, o un combo de biquini unido. Tal
vez un pareo o una bata. — Sacudió su cabeza—. Lo siento. Me
engancho tanto —Extendió su brazo—. Soy Cora.
—Mina —dije y tomé su mano—. Gustó en conocerte —
admití—. Estoy agradecida por la ayuda. No sé mucho de moda.
Nas se aproximó desde atrás.
—Esos son sexys —dijo, mirando con detalle a mi nueva
amiga.
214
Hice las presentaciones. L
u
—Nas, esta es Cora. c
Nas miraba fijamente a la chica y dijo en mortal calma. i
—Sé quién es. r
á
Cora ya no era dulce, no con Nas de cualquier modo, su labio b
curvándose poco amablemente. i
—Solo ayudaba. e
—Corinna. —Nas se hizo hacia adelante—. No nos estás n
siguiendo, ¿cierto? — Bajó su nariz hacia la mujer—. Sabes que e
n
no tengo ningún problema golpeando tu trasero. Y sobre eso —
t
Nas sonrió cruelmente—, veo que tu nariz sanó bien.
i
Oh, oh. .
¿Qué está pasando L
aquí? Cora se u
e
encogió de hombros. g
—Está bien, y tal vez escuché sobre la Gypsy y quise verla o
por mí misma —Me miró y sus labios se presionaron s
pensativamente—. Es linda. e
a
No vi a Vik aproximarse, pero definitivamente lo escuché l
gruñir. e
—¿Estás mal de la cabeza, Corinna? ¿Qué no entiendes j
sobre aléjate jodidamente de nosotros? ¿Sabes lo que hará Lev ó
si te encuentra siquiera mirando a Mina? y
s
Cruzó sus brazos sobre su pecho y sonrió, luciendo
a
satisfecha.
l
—¿Qué? No es como si no hubiera estado siendo amable. i
Cora... o Corina... O quien sea que fuera, me habló ó
directamente y dijo: d
e
—Sin remordimientos. —Quitó un traje de baño y me lo
l
pasó—. Pruébate este.
a
—Sonrió amablemente—.
t
ienda.
Todavía mirando el punto por donde había salido, pregunté:
—¿Quién era
esa? Vik
murmuró:
—Corinna Alkaev.
—Sí —comencé—. No sé quién es ella, chicos.
215
—La hermana de
Irina. Declaró Nas
luego añadió:
—Cora era mi mejor amiga.
Oh Dios.
Drama, drama por todos lados.
Nuestro viaje de compras llegó a un inesperado final y compré
el traje de baño que Cora había elegido para mí. Fuimos a casa
y me dijeron que no dejara la casa hasta que llegara Lev. Estaba
bien para mí. No planeaba irme.
Era el momento de averiguar exactamente quién era la familia
Alkaev.

***

Mientras esperaba que Lev viniera a casa, me senté en la sala M


de estar y miré una repetición de Oprah. El episodio era sobre
i
mujeres pretendiendo a hombres que ya estaban en relaciones.
Hizo que mi labio se curvara con desagrado. Cómo las mujeres m
podían hacer eso estaba fuera de mi entendimiento. Quiero decir, e
entendía que se necesitaban dos para bailar el tango, pero
activamente provocar a un hombre, sabiendo que está con n
alguien, sabiendo que estaba con alguien... no. t
Parecía que el destino me hubiera obligado a mirar ese e
episodio, porque escuché abrirse la puerta frontal y me apresuré
a salir hacia el vestíbulo para saludar a mi guapo hombre, fui e
abordada por otra imagen. s
Anika entró junto a Lev, su codo enlazado a través del suyo t
y su otra mano descansaba sobre su pecho, inclinando su
cabeza sobre su hombro. u
Anika lucía como si estuviera v
en el cielo. Lev lucía o
indiferente, como siempre. d
Maldiciones se posaron en la punta de mi lengua, para e
mandarla a la mierda, pero cuando Lev giró su rostro y sus ojos a
me sonrieron de esa manera que me hacía casi derretirme, mi
corazón me recordó que Lev era mío. c
uerdo. Le sonreí.
—Hola, tú. Me preguntaba cuándo regresarías a casa. —Miré
a Anika, mis cejas se levantaron—. No me di cuenta que tenías
planes.
Dio un paso hacia mí, obligando a que Anika se descolgara 216
de él. Cuando las puntas de los dedos de sus pies tocaron los
míos, me envolvió en un cálido abrazo, estirándose hasta
acariciar mi cabello.
—No tengo planes. —Besó mi sien y mi piel ardió por el
contacto—. Anika se quedó fuera de su apartamento. Me llamó
para que la recogiera. Nas tiene una llave de repuesto y está en
camino.
—Oh —murmuré, mirando fijamente a la actriz sobre el hombro
de Lev—. No es eso solo... —conveniente—… suerte.
Nas abrió la puerta y entró canturreando:
—Toc, toc. —Le dio a Anika una sonrisa—. Es la segunda
vez este mes, Ani. Por suerte para ti, esta vez estaba en casa.
Anika lució un poco cabizbaja.
—Sí, suerte. —Se estaba hundiendo en un agujero—.
Pensé que estaban en el centro comercial.
Sonó como una acusación y por suerte para mí, no fui la única que
lo entendió
as
í. Los ojos de Nas se estrecharon hacia su amiga.
—Estábamos. Algo pasó y regresamos a casa. —Su tono
implicaba que no le
gustaba explicarse, especialmente ante su amiga. preo
Lev regresó su mirada hacia mí. cup
a
—¿Qué pasó? —Ante mi ligero encogimiento de hombros, por
miró a Nas, con los ojos brillando—. ¿Qué pasó? Min
Nas se apoyó contra la pared, cruzando sus piernas. a.
—Corinna quiso conocer a Mina. M
—¿Qué? —siseó, sus brazos apretándose alrededor de mí e
hasta el punto de dolor, entonces hizo algo estúpido. Apuntó s
su enojo por la situación hacia Nas—. o
¿Dónde estabas tú? r
p
Eso no sonaba como una acusación. Era r
acusación, así de simple. El aire de la habitación e
n
se espesó a nuestro alrededor. d
—Oye —lo tranquilicé, colocando una mano i
ó
sobre su pecho. Nas se enderezó, luciendo l
furiosa y luego habló en un susurro: o
q
—Sé que estás molesto y yo también lo estoy, así que voy a
u
dejar que la forma en que me hablaste hace un momento e
simplemente vuele. Pero hazlo de nuevo, Lev y verás qué pasa p
—habló con los dientes apretados—. No eres el único que se a
só después.
Lev me soltó y fue hacia su hermana. Se puso de pie delante
de ella, pareciendo perdido, esperaba su próximo movimiento.
Cuando lo miró a los ojos, su ira se desvaneció tan rápido como
llegó. Ella puso su mano en su brazo y habló tranquilamente no
217
en forma de reprimenda, sino como un recordatorio.
—Cuida tu carácter, pequeño moj.
Él asintió, luciendo aliviado porque ya no estuviera molesta
con él y la jaló para un rápido abrazo con un solo brazo. Lev
realmente amaba a su hermana. Era la única persona que
sinceramente quería a su lado. No lo culpo. Nas era una buena
persona para tener de tu lado.
Bajó la cabeza y habló directamente en su oído. No p
escuché lo que dijo, pero ante su respuesta de “Está bien”, a
supuse que se había disculpado.
s
Anika decidió que entonces era el mejor momento para
hablar. á
—Bueno, será mejor que me vaya ahora. —Miró a Lev, sus n
ojos muy abiertos—. d
¿Me puedes llevar a casa?
o
Lev miró de Anika a mí, decidiendo dónde poner sus
prioridades y me gustó que no le diera un sí inmediato. Pero s
Nas, se hizo cargo de Anika. e
—Vik se está duchando en mi casa. Él te puede llevar a u
casa.
n
Pero Anika miró su reloj para ocultar la mancha de color rosa
de sus mejillas. a
—Oh, bueno, realmente tengo cosas que hacer. Me gustaría m
volver ahora. ¿Lev? Nas no la creyó. Con un tono tranquilo a
pero firme, le dijo: n
—Puedes esperar. —Entonces Nas se inclinó y pronunció—: o
Ani, eres mi amiga y te quiero, pero sé lo que estás haciendo y
p
no me gusta. —Se detuvo un momento y luego advirtió—:
Detente. Vas a terminar lastimada. o
El rostro de Anika se sonrojó hasta el más brillante color rojo. r
Con sus labios delgados, miró a Nas y habló con sus dientes
l
apretados:
a
—Supongo que entonces iré a esperar a tu casa.
Sin esperar una respuesta, se precipitó hacia la puerta y se c
dirigió hacia la casa de Nastasia. a
Resoplé dejando salir un largo suspiro. r
—Está bien, así que no era sólo yo, a
entonces, ¿cierto? Nas suspiró, .
—No, definitivamente no eres sólo tú.
Lev, sin tener ni idea, como siempre, preguntó:
—¿De qué están hablando?
Nas se burló en voz alta mientras yo rodé mis ojos. Establecí
con calma:
—Anika está enamorado de ti, cariño.
—No, no lo está —negó inmediatamente
mi reclamo. Nas asintió.
—Sí, sí lo está, Lev. Siempre 218
lo ha estado. Su frente se
frunció con confusión.
—¿Qué? —Entonces negó con la cabeza—. No,
somos amigos. Sólo amigos. No estaba lista para lo
que Nas diría a continuación. Sonaba molesta.
—¿Ah sí? ¿Entonces por qué te dejó tomar su virginidad?
Mi aliento me dejó en una exhalación repentina. que
te
—¿Disculpa? ¿Te acostaste con Anika? —Mi cabeza giraba vier
con esta nueva información. a
—Sí —respondió Lev con calma y luego se volvió para mirar golp
a su hermana—. No sabía que era virgen. ean
do a
Nas se acercó rápidamente hacia él, levantando su mano y
ese
picándolo en el pecho con su dedo.
idiot
—No te hagas el tonto. Se guardaba para ti. Planearon toda a de
su puta vida juntos, que envejecerían juntos y tendrían sus Mor
lápidas una al lado de la otra. Entonces la follaste y no le diste etti.
nada. Ha estado suspirando por ti desde entonces. —Lo fulminó —Si
con la mirada—. La jodiste. Lo arreglaste. Estoy tan harta de esta se
mierda. aca
bab
El rostro de Lev perdió toda expresión. Parpadeó, atónito.
a,
—¿Me ama? se
Estaba preocupada por la forma en que lo dijo, como si no aca
pudiera creer que Anika pudiera sentir algo por él. Mi corazón bab
empezó a correr. Me dolió conocer los hechos. En general, ella a.
era la mejor opción. Era rusa. Era más bonita que yo. Su familia Mis
había sido una parte de Chaos. Ya me había dicho que podía hom
estar allí para él de una manera que yo no podría y bros
cay
probablemente tenía razón.
eron
¿Qué significa esto para mí? ¿Para nosotros? —.
Lentamente, una grieta comenzó a formarse a través del Te
centro de mi corazón. Esto podría ser todo. Podría perderlo. Y tan ama
poco tiempo después de que finalmente lo conseguí. ,
Lev
Sus hermosos ojos miel se encontraron con los míos. —lo
—Espera. ¿Te ha estado haciendo sus
urré
sentir incómoda? El miedo y la ira me
de
hicieron escupir: una
man
—Solo todo el maldito tiempo maldito. —El pánico me tenía
era
que revelando todo—. Coquetea contigo. Te toca. Se aseguró
que
decía Si la quieres, ahora es tu oportunidad—. Y hará cualquier
cosa para conseguirte.
Lev tendió su mano, esperando. Bajé la mirada hacia ella por
un largo rato luego suspiré con alivio, poniendo mi mano en la
suya. Sus dedos se entrelazaron con los míos y se sentía como
en casa.
Me reprendió gentilmente.
—Te dije que no leo bien a la gente. ¿Por qué no me lo dijiste,
Ratón?
Mi corazón desaceleró su ritmo. La sensación de su cálida
219
piel en la mía me tranquilizaba.
—¿Por qué lo haría? Te habría causado problemas. ¿Qué podrías
haber hecho?
No hubiera importado.
—Tus sentimientos me importan mucho.
Su mano libre se acercó para pellizcar suavemente mi
barbilla. Levantó mi rostro para que notara su feroz mirada.
—Le habría dicho que mis afectos le pertenecen a otra, que
era más feliz con mi Ratón. Que todo lo que puedo y podré
ofrecerle es amistad. —Sacudió mi barbilla ligeramente—. Pero
no me diste la oportunidad de hacerlo. Y ahora estás haciendo
pucheros.
Mis ojos se estrecharon y mis labios se fruncieron.
—No lo hago.
—Lo haces —me dijo. Entonces sus ojos se suavizaron y
besó fuerte mis labios fruncidos—. Para o te besaré hasta dejar
tus labios en carne viva.
Soltó mi barbilla y subió las escaleras, dejándonos a Nas y a
mí solas en el vestíbulo. Después de un momento, llamé por las
escaleras:
—Ahora, ¿eso era una amenaza? ¿O una promesa?
El sonido de arcadas de Nastasia me hizo reír en voz baja.
220
Traducido por Pimienta

Lev M
i


enemos que hablar —dije en el receptor tan l
pronto como él respondió. a
b
Igor Alkaev era un hombre duro. Por i
suerte para él, comprendía a los hombres o
como él. s
Su duro acento ruso me dejó escuchar su desprecio a través e
del teléfono. c
u
—A menos que me estés llamando para concertar tu
r
iniciación en Zakon, no quiero oírlo, Leokov. —Una pequeña
v
pausa—. ¿Qué quieres? ó
—Creo que dejé las cosas claras. Tu familia no tendría .
ningún contacto con la mía. Sin excusas. —
Igor sonaba cansada cuando comenzó con: Sé
—Si esto es sobre Lidiya... qu
e
Por una vez, no se trataba de Lidiya. Lo corté con:
es
—Corinna se acercó a mi mujer hoy. lo
Le oí respirar, pero no habló durante un rato. qu
e
—Así que, ¿es cierto, entonces? —Él suspiró—. Tenía la
qu
esperanza de que Irina y tú superaran sus problemas y se
erí
casaran.
as
, pero te he dicho una y otra vez que Irina y yo nunca nos
casaremos.
Él habló en voz baja, pero era difícil pasar la ira por alto.
—¿Quién es ella, la chica? 221
Mi mano cayó sobre mi escritorio con un áspero golpe que beb
resonó a través de la habitación. Me puse de pie y gruñí al é.
teléfono: N
—No es de tu incumbencia. o
podí
Igor disfrutó de mi repentino arrebato y trató de alimentarlo.
a
—Algunos de mis hombres dicen que se parece a un ángel. deja
Que su belleza es inigualable. Tal vez tendría que conocer a esta r
mujer. que
Gruñí, pero él continuó: eso
—¿Estás seguro de que no prefieres casarte con Irina? —Él suc
podría llegar a ser tan aburrido—. Harías bien en recordar mi edie
promesa, Lev. Sería una lástima que Lidiya desapareciera con ra.
su madre. Ya sabes cómo puede ser Irina. Tan frívola. Lo único Lidiy
que tendría que hacer es ponerla en un avión con su hija y… a
era
Mi furia se levantó y lo interrumpí con un grito: mi
—Es mi hija. Lidiya es mi hija. Irina no fue más que una vasija. mun
—Mi voz temblaba de ira—. Irina no es apta para llamarse a sí do,
misma madre, y voy a esperar el tiempo que sea necesario y si
hasta el día que Lidiya vuelva a su casa, aquí, conmigo. la
Igor chasqueó la lengua. alej
aran
—Ese resentimiento. —Luego suspiró—. Entiendo tu de
preocupación Leokov, pero Irina no es el monstruo que pareces mí,
pensar que es. Puede que no sea muy maternal, pero ama a
no
Lidiya. Todos amamos a Lidiya.
sé lo
Mis ojos se cerraron y tragué saliva. Tuve que recordarme a que
mí mismo que Irina era una buena actriz y podía mentir tan bien harí
que incluso Sasha estuvo sorprendido por el repentino giro en a.
su carácter. Igor no sabía quién era su propia hija.
E
Si él supiera. s
Sabría muy pronto. Todos ellos lo harían. Mirella era buena t
en su trabajo y yo no quería precipitar la situación. Cuando vas a
con prisa, te vuelves descuidado, y si Irina pensara por un c
segundo que tengo un plan, desaparecería en la noche con mi o
nversación me estaba dando un dolor de cabeza.
—Dile a Corinna que se
mantenga alejada. Igor
respondió con un
desinteresado:
—Hablaré con ella. —Luego colgó.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Todos los días lejos
de mi niña eran una muerte dolorosa. La necesitaba. Ella era la
única cosa que había hecho bien en toda mi vida. Ella era la
222
prueba de que incluso la persona más dañada del mundo, podía
producir algo especial.
Espera. Sólo espera.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza. No. Había
terminado con la espera. Pero era demasiado
pronto.
Si sentía que tenía fuerzas para esperar más, lo haría, pero
había pasado demasiado tiempo ya. Necesitaba a mi hija.
Marqué el número y sostuve el teléfono en mi oreja. Mirella
respondió con un
feli
z: —Hola, Sr. Lev. ¿Qué puedo hacer por
usted?
—Te necesito para acelerar las
cosas. Habló en voz baja:
—¿Cuánto tiempo tengo?
223
—Una semana —le respondí. No podía
esperar mucho más. Ella dijo con confianza:
—Considérelo hecho, Sr. Lev.
—Dale a Lidi un beso de mi parte,
¿quieres? Ella susurró su
respuesta.
—En una semana, podrá dárselo usted
mismo.
Traducid por [Link]

Mina

ra la tercera noche consecutiva que Lev y yo íbamos a E


casa temprano por la falta de clientes. Era preocupante. l
Si las cosas seguían del modo como estaban, la mitad mat
del personal del Bleeding Hearts se quedaría sin erial
trabajo. cay
¿Era tan terrible que la única cosa en mi mente fuera sexo? ó y
mis
Lev y yo nos habíamos familiarizado completamente el uno peq
con el cuerpo del otro. No había lugar en su alto y fuerte cuerpo ueñ
que mis labios no hubieran rozado, un lugar que no había os
aspirado, lamido o suspirado con placer. Pero el acto principal… pec
aún tenía que suceder. Por las intensas miradas que Lev me hos
había dado desde el otro lado de la sala durante toda la noche, reac
tenía la sensación de que esa noche sería la noche. cion
Al final resultó que no me equivocaba. aron
¡Hurra! ante
A medida que nos desnudábamos para la cama, vi con su
asombro como Lev se despojaba de todo, su cuerpo musculoso mira
desnudo, paseándose hacia donde yo estaba en nada más que da
un par de bragas y un sujetador blanco. Con ojos entornados, se de
subió encima de mí y desabrochó el gancho delantero de mi ador
sujetador. ació
n,
mis pezones se tensaron con excitación. Su manos acariciaron
mi cintura y luego más arriba, más allá de mis costillas hasta
que me tocó donde necesitaba, pasando sus pulgares sobre mis 224
brotes apretados.
En respuesta a mi pequeño jadeo, su dura polla se sacudió
ligeramente y el húmedo líquido preseminal cubrió toda su
cabeza, pidiendo a gritos ser lamido. Se alzaba sobre mí y me
encantaba la sensación de ser tan pequeña debajo de él, la
sensación de que podía dominarme, pero a sabiendas de que
nunca lo haría.
Era algo muy poderoso, el causar un deseo tan feroz en la unir
persona que amas. se al
prim
Inclinó su cabeza y tomó un sensible pezón en su boca. Era
ero,
algo que hacía a menudo. No estaba segura si era porque sabía
gem
cómo de húmeda me ponía cuando lo hacía, o si era sólo porque
í
le gustaba poner mis pezones en su boca. De cualquier manera,
sua
funcionaba para los dos.
vem
Él fue hacia el centro, pellizcando y luego lamiendo los picos ente
de mis pechos, y haciéndolo una y otra vez hasta que estaba y
gimiendo de necesidad. Mi cuerpo se sentía hueco y rogaba mis
porque lo llenara. rodil
Sus hábiles dedos trabajaron rápidamente para quitar mi ropa las
interior. Un tirón rápido y eran historia, nada más que un pedazo cay
de satén en el suelo de la habitación. eron
haci
—Dobla tus piernas. Las rodillas, nena —ordenó, y yo
a
obedecí, doblando las rodillas y dándole una vista sin
afue
restricciones de mi centro húmedo.
ra,
La mirada de Lev brillaba con calor. Pasó sus grandes manos per
por mis rodillas y acarició con sus manos mis muslos hasta que miti
sus dedos tocaron suavemente mis labios externos. énd
Su dedo del medio se burlaba de mí, recorriendo suavemente ole
mi necesitada entrada, recubriéndose con mi excitación. Mis más
mejillas se tiñeron de color rosa mientras mi corazón latía más esp
fuerte, más rápido. Lo necesitaba. acio
para
—Por favor —susurré.
que
Él concedió mi deseo, la punta de su dedo se deslizó dentro Lev
de mí a un ritmo deliberadamente lento. Poco a poco, se movió trab
dentro de mí. Un gemido se me escapó mientras agarraba las ajar
sábanas, retorciéndolas en mis manos. Mi coño se apretaba con a. Él
avidez, aspirándolo, suplicando más. quit
Su gruñido envió escalofríos por mi cuerpo. ó el
—Eres tan pequeña, nena. Tan apretada. prim
er
Cuando sentí la punta de un segundo dedo que intentaba ded
o de mi cuerpo y me quejé, suplicando que volviera.
Sus ojos se encendieron, mientras hablaba en voz baja.
—¿Más?
—Más —pronuncié con firmeza.
Dos dedos tocaron mis pliegues, corriendo arriba y abajo a
través de mi humedad, preparándose para entrar en mí. Contuve
la respiración mientras se detenía allí mismo. Estos se
empujaron dentro de mí poco a poco hasta que estaba llena.
Era perfecto. Estaba tan encendida. Quería más, pero no
estaba segura de poder tomarlo. 225
Lev declaró: M
i
—Soy más grande que esto, nena. Tengo que probar con
cab
tres, ¿bien? No quiero hacerte daño.
eza
Tres dedos sonaban como uno de más, pero tenía razón. Era cay
grande, y esa gran polla podría hacerme daño si no estaba ó
preparada lo suficientemente bien. Mi voz suave, le dio permiso. sobr
—Está bien. e el
colc
Los dedos se retiraron de nuevo y vino un tercero. Esta vez,
hón,
estaba agradecida por la lentitud con la que le gustaba burlarse
de mí. Los tres dedos dentro de mí eran un poco dolorosos. Hice con
una mueca y gemí en voz alta, y no de una manera atractiva. mis
ojos
Lev sacó los dedos y frotó su pulgar sobre mi clítoris. Mi en
cuerpo reaccionó enseguida. blan
—Está bien —dijo—. Podemos esperar, Ratón. No hay prisa. co, y
¿Estaba jodidamente un
larg
bromeando? Mi cabeza o
se levantó de la cama. gem
ido
—¡No! He terminado de esperar. Te quiero dentro de mí, Lev.
fue
Por favor — susurré, mis ojos suplicando—. Cariño, por favor.
forz
Sacudió la cabeza. ado
—Eres tan pequeña. Te voy a hacer daño. a
salir
No me importaba en ese momento. Yo quería que
de
estuviéramos juntos en todos los sentidos de la palabra. No más
mí.
esperas.
E
—Lev, soy una niña grande. Puedo manejarlo… —Mi protesta
stab
fue cortada cuando su cabeza descendió hacia mi entrepierna,
a
su boca chupando mi clítoris. Sus dedos volvieron a donde yo los
más
necesitaba, dos dedos se empujaban dentro de mí, tirando
húm
ligeramente.
eda
Me estaba follando con los dedos mientras su boca hacía que
cosas deliciosas en mí, y yo estaba en el cielo. nun
ca. Alguien estaría durmiendo en una mancha de humedad esta
noche. Y dado este increíble asalto que estaba soportando, no
me quejaría si fuera yo.
No estaba preparada para que el tercer dedo se uniera, pero
cuando lo empujó dentro de mí, Lev mordisqueó mi clítoris. Y casi
perdí mi mente de deseo.
No me dolió mucho esta vez, y cada vez que se retiraba y
luego empujaba dentro de mí, podía sentirme a mí misma como
aceptaba lo que me daba. Mi cuerpo estaba agradecido.

226
De la nada, comenzó. —
Mis palmas empezaron a sudar. Mis piernas se pusieron N
rígidas. Mis ojos se abrieron, y mis labios se abrieron en un o
gemido silencioso. Susurré:
l
—Oh, Dios. Sí. Más.
o
Lev no necesitaba que preguntara. Me folló con los dedos con
más fuerza, tratando desesperadamente de que entraran más s
allá de sus nudillos. Su lengua salió a jugar, chasqueando é
donde más lo necesitaba y entonces absorbiendo mi palpitante
brote. .
Mi estómago se tensó. Jadeé con dureza y gemí en voz baja. ¿
—Mierda. Oh, mierda. Me vengo, bebé. P
En el momento en que me golpeó, mi espalda se inclinó sobre o
la cama, mi cuerpo convulsionaba, rígido de placer. Era una
d
sobrecarga. Los dedos de Lev no me dejaron, luchando para
mantenerse dentro de mi canal pulsante, mientras su mano e
agarraba mi muslo con fuerza, tirando de mí hacia abajo. m
Mi respiración se atascó a medida que continuaba jadeando.
o
Un último temblor, y mi cuerpo estalló poniéndome la piel de
gallina. Levanté la cabeza para mirar a Lev a los ojos. s
—Te necesito. ?
Algo sobre la forma en que lo dije le debió haber dicho a Lev A
que iba en serio, porque sus dedos se retiraron lentamente y
s
luego se puso encima de mí, sus labios adorando los míos en un
profundo beso húmedo, que sentí hasta en mis pies. Se apartó e
para agarrarse a sí mismo y guiar la cabeza de su polla hacia mi n
coño caliente e hinchado. En el momento en que su punta besó
mi raja anhelante, él se echó hacia atrás para mirarme. t
Alcanzando el otro lado de la cama, abrió el cajón para sacar un í
condón.
.
Lamí mis labios.

—¿Podemos hacerlo a pelo?
P
Se echó hacia atrás, parpadeando hacia mí. o
demos.
Dudó así que lo tranquilicé.
—¿Te acuerdas de cuando tuve esos terribles calambres por
el período? —Él asintió. Me sentí avergonzada al exponer mi
mentira—. No eran calambres por el período. Tenía dolores
porque Nas me llevó a ver a la hermana de Pax. Me puse un
dispositivo de control de natalidad.
Le sonreí suavemente, pasando mis dedos sobre sus labios.

227
—Estoy limpia. No hay bebés para mí. Podemos hacerlo M
sin nada. —Añadí rápidamente—: Si quieres, quiero decir. e
Eso fue lo que dije. Lo que quise decir era: p
si confías en mí. Tiró el paquete de r
condones por la habitación y me sonrió. e
Jodidamente me sonrió. p
Me golpeó con tanta fuerza que me olvidé de que necesitaba a
oxígeno para vivir.
Respiré temblorosamente. r
—Oh vaya. Tu é
sonrisa. Estaba .
abrumada. —
L
Él sonrió. Me sonrió e
a mí. Todo era por n
t
mí.
o
Sonriendo cayó sobre mí y sentí su sonrisa en mis labios y
mientras me besaba. Era todo lo que quería, y ahora lo tenía, me c
hizo darme cuenta de que haría cualquier cosa para mantenerlo. o
n
Se acomodó en mi centro, se levantó sobre sus codos para
s
mirarme, y empujó. La cabeza entró sin problemas, pero pronto
t
me sentí estirada y fue difícil evitar pestañear. Apreté los dientes
a
y cerré los ojos, respirando profundamente.
n
Lev flaqueó, se quedó inmóvil un momento, pero le sonreí, t
asintiendo. e
—Lev, quiero esto. .
Sus manos se deslizaron bajo mi cuerpo para envolverse É
alrededor de la parte baja de mi espalda y me miró a los ojos. l
emp
—Lento y
ujó
constante, bebé. liger
ame
nte y mi cuerpo luchaba por aceptarlo. Estaba mojada, pero su
polla era gruesa y larga, y me pregunté si esto iba a funcionar de
la manera en la que lo había planeado en mi cabeza.
Cerré los ojos y respiré por las embestidas iniciales. Cuanto
más empujaba en mí, más fácil se volvía. Mi cuerpo ya no
luchaba, y la fricción de Lev enviaba chispas por mi espina dorsal.
Abrí los ojos para mirarle y sus caderas se sacudieron
irregularmente.
Habló con los dientes apretados.
—Se siente increíble, Ratón. Sólo un poco más.
228
Mis manos se apoderaron de sus antebrazos, clavando mis
uñas mientras se sumergía en mí, ya no tenía miedo de hacerme
daño. Mantuvo un ritmo durante mucho tiempo antes de que
pusiera mi mano sobre su áspera mejilla y tirara de él hacia abajo
para darle un largo beso.
Me sentía caliente y estirada, y su cálido toque me enviaba en sost
un frenesí. enié
ndol
—Estoy lista.
o
Las palabras traviesas se sentaron en la punta de mi lengua cerc
hasta que finalmente respiré contra sus labios. a
—Fóllame, Lev. mie
ntra
Se hizo evidente que Lev no sería capaz de meter todo lo
s se
largo de él en mí. Esta noche no, de todos modos. Mi suposición
acer
era que tomaría varias sesiones amatorias para llegar allí. Por
cab
suerte para él, estaba lista para el reto.
a a
Agarrando mis caderas, se condujo dentro de mí, empujando su
tan duro y profundo como podía sin hacerme daño. Mi pecho se cres
movía con respiraciones temblorosas. Él me estaba volviendo ta.
loca. Mi coño palpitaba a su alrededor y eché la cabeza hacia Se
atrás, gimiendo. que
Sus brazos se pusieron rígidos con las venas sobresaliendo dó
en ellos, y su ceño se frunció mientras trataba de mantener el inm
control sobre sí mismo, pero yo no quería que Lev estuviera óvil,
controlado. Quería que se sintiera tan indefenso como yo. Quería su
que se perdiera, como yo lo había hecho. Quería a Lev de todas cuer
las maneras en que pudiera tenerlo. po
poni
Le quería de una manera que nadie más lo hubiera tenido.
énd
Mi núcleo convulsionó una vez más y Lev dejó escapar un ose
grito, sus caderas sacudiéndose violentamente. rígid
—Mina. o, y
Ver a Lev encendido de esta manera hacía que luces bailaran su
delante de mis ojos. Mi coño se apretó y apretó. Mis uñas poll
encontraron un hogar en los hombros de Lev. Jadeé con dureza a se
hasta que un suave grito salió de mí, enviando a mi cuerpo a volar sac
mientras mi sexo latía sin control a su alrededor. udió
dent
Los empujes de Lev se volvieron erráticos. Bajó su cabeza, ro
su nariz presionando el lateral de mi cuello, y dejó escapar un de
largo gruñido animal. Mis brazos se envolvieron a su alrededor, mí,
bañándome con un calor húmedo. Su liberación fue dura y
prolongada. Me mordió el cuello mientras se hacía con el control
de su rígido cuerpo. Su aliento calentaba mi cuello, me besó allí
y me sonrió.
Lev era mío ahora en todos los sentidos.
Quería que él supiera que yo era suya en todos los sentidos,
también.
Pasé mis manos por su húmeda espalda mientras su erección
se suavizaba en mi interior. Volviendo mi cara, presioné un
suave beso en su frente y hablé en voz baja.
229
—Te amo, Lev. Mucho.
Dejó de respirar un momento. Su respuesta llegó en forma de
apretar sus brazos fuertes a mi alrededor, tirando de mí aún más
cerca de él. Sonreí, mis ojos cerrándose con satisfacción.
No esperaba que me dijera que me quería de vuelta. Ni
siquiera estaba segura de si lo hacía. Simplemente necesitaba
que él supiera cómo me hacía sentir y cómo lo necesitaba.
Estaba buscando algo a largo plazo, y mi Lev… él me daría
algo a largo plazo. Mi corazón le pertenecía.
Que el Señor ayudara a la persona que tratara de interponerse entre
nosotros.

230
Traducido por HeythereDelilah1007

Mina

i cabeza estaba descansando en el pecho de Lev, y


escuchaba el latido de su corazón. Eran casi las
cuatro de la mañana cuando susurré: 231
—Háblame sobre Irina.
La mano de Lev, entrelazada con la mía sobre su pectoral
derecho, se puso tensa. El pulgar que acariciaba mi mano se
quedó quieto.
—No me gusta hablar sobre ella.
Sabía eso. Había visto como reaccionaba cuando
mencionaban su nombre, pero esto era importante para mí. Tenía
que decírselo de una manera que él pudiera entenderlo.
—Estoy por aquí, Lev. Voy a conocerla algún día. Es tu deber,
como mi hombre, informarme a qué me enfrento. —Dejé que eso
hiciera efecto—. Te amo. Amo a Lidiya. Ahora soy parte de tu
vida y sé que es difícil para ti, pero dame algo, cariño, lo que sea.

Se quedó callado un largo rato, pero escuché que


incrementaba el latido de su corazón. Dejó salir un suspiro largo.
—Ella era muy hermosa.
Auch. No era un muy bien
principio. Continuó.
—Era intocable. Todo el mundo sabía que los Alkaev estaban
fuera de los límites hasta que llegara el momento en que su padre
escogiera con quién debería casarse. Así que cuando Irina se
acercó a mí, fui cauteloso. Nos hicimos algo así como amigos.
Me gustaba escucharla hablar. Pasó un mes y ella me besó.
Le dije que no estaba
buscando una relación; me dijo que ella tampoco y que lo que le
hiciéramos juntos se quedaría en privado, así que su padre no lo dije
sabría. a
Irina
Nada demasiado sórdido hasta ahora. Seguí escuchando.
que
—Imagínate mi sorpresa cuando llegamos a la habitación y quer
descubrí que Irina estaba muy familiarizada con el sexo. Me ía el
aturdió. Ella sabía cosas que ni siquiera yo conocía. Debería beb
haber sido una señal de que algo estaba mal, pero me dije que é
Irina era mi amiga. Tuvimos sexo varias veces durante tres pero
meses, siempre usando protección. —Sonaba abatido—. Ella no
insistía con la protección. Nunca pensé que estuviéramos en el
riego. Nunca pensé que ella sería de las que se pondría a matr
manipular condones. imo
Un pequeño jadeo salió de mí. nio,
su
—¿Estás diciendo que te engañó para dejarla embarazada?
padr
—Sí y no —dijo calmadamente—. Su padre forzó la situación. e
Lo había planeado todo desde el principio. Todo salió a la luz pas
después de que se confirmara el embarazo. Su familia entera se ó al
encontró con Sasha, Nastasia y conmigo en la casa de Sasha. plan
Su padre, el bastardo presumido, me dijo que debía casarme con B.
Irina e ir a trabajar con él, con su firma, Zakon. Nos
Sacudió su cabeza. dijo
que
—No me conocía lo suficientemente bien como para adivinar
Irina
que mi respuesta iba a ser que no. Irina estaba totalmente
tend
sorprendida. Me dijo que nunca se casaría con un retardado
ría
como yo de todas maneras.
que
Un jadeo más fuerte se escapó de mí. term
—¡No lo dijo! —gruñí—. ¡La inar
el
muy perra! Besó mi frente.
emb
—Lo dijo, pero no creo que lo dijera en serio. Solo fue araz
después de que descubrió que no quería casarme con ella que o si
se volvió desagradable. Creo que esperaba que tuviéramos a se
Lidiya, la criáramos juntos, y quedáramos como amigos. Cuando que
daba sin esposo. Les dije que harían eso sobre mi cadáver.
Resopló fuerte.
—Les pagué mucho dinero para evitar que Irina se hiciera un
aborto. Se mudó aquí, contraté a Mirella para que la cuidara, y
para asegurarme de que no maltratara al bebé. Mientras siguió
entrando dinero, el padre de Irina, Igor, estaba feliz con la
situación.
—¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué te quería en su firma?
¿No sabía que te habías negado a ser parte de la firma de tu
propio padre?
232
Asintió.
—Sí, lo sabía. Igor Alkaev era parte de Chaos. Trabajaba
como subordinado de mi padre. Sabía demasiado bien que no
me uniría. Intentó forzarme porque sabía lo mucho que a mi
familia le había beneficiado que yo conociera la bolsa de valores
como la palma de mi mano.
Mis cejas se alzaron.
—¿Tienes acciones? —Luego se fruncieron—. Espera.
¿Como de rico eres? Su cuerpo se sacudió en silencio.
—Lo suficientemente rico para proveer a mi hija. Ella nunca va a
necesitar nada
más.
—Está bien, entonces él te quería porque estaban pasándolo mal
para conseguir
dinero. haci
Se encogió de hombros. end
o.
—Por lo que sé estaban extremadamente bien. Irina
Bastardos. Alka
—Solo eran codiciosos, entonces. ev
era
—Sí, eso me temo. Es como los ricos que se
una
quedan ricos, Ratón. Algunas personas estaban cabr
podridas hasta las entrañas. ona.

—¿Y ahora? —
L
—Les pago dinero que no necesitan, e Irina no desaparece a
con mi hija. —Su voz salió en un gruñido—. Esto me enfada. Se e
mudó a otro estado solo para fastidiarme. Solo para hacer las x
cosas difíciles, para que así no pudiera ver a mi Lidi. t
Habló en voz baja: r
a
—La odio. ñ
No lo culpaba. Tenía razón en odiarla. La historia de que era o
una chica victima de los numeritos crueles de su padre no me lo —
creía. Ella seguía con ello sabiendo muy bien lo que estaba l
e dije, dándome cuenta que no estaba siendo de ayuda—.
Extraño a Lidiya.
Lev no dijo nada, solo pasó su cálida mano arriba y abajo
por mi brazo.
233
—Debería estar en casa, Lev. Pertenece aquí.
Pellizcó ligeramente mi mentón, forzándome a mirarlo a los
ojos.
—¿Confías en mí?
—Sí —susurré inmediatamente, porque confiaba en él.
Plantó un suave beso sobre mis labios, hablando contra
ellos.
—Entonces confía.
Sus palabras hicieron que me
estremeciera. Sonaba como si
tuviera un plan.
Sonaba como una promesa.

234
Traducido por rihano

Lev

ina —susurré en la oscuridad.


Con su espalda en mi pecho, ella encajaba 235
— perfectamente contra mí. Nadie me había
Mi Mina. Mi fascinado como esta pequeña criatura.
Ratón.

Me dijo que me amaba. Parecía sincera.


Quería creerle. Le creía.
Su ligero gruñido me dijo que se estaba quedando
rápidamente dormida. Mis brazos alrededor de su cintura se
apretaron un poco. No quería dejarla ir nunca.
—No sé qué es el amor —empecé tranquilamente—, pero si
pudiera amar a alguien… —presioné un suave beso detrás de su
oreja, acercándola—, te amaría a ti. Mucho.
No sabía cómo ser lo que Mina necesitaba, pero me prometí
intentar con todas mis fuerzas ser un hombre del que ella estaría
orgullosa. El pensamiento de decepcionarla me ponía ansioso.
Ella tenía fe en mí. Creía en
mí. Decepcionar a Mina no
era una opción.
Traducido por [Link]

Mina

is ojos se abrieron y fui recibida por el hermoso —


rostro de Lev. Sonreí, estirándome. Y
—¿Nunca t
ú
duermes? Su e
labio se curvó. r
e
—De vez en cuando. s
Sonrió suavemente y me dio escalofríos. Nunca sería i
insensible a la hermosa sonrisa de Lev. m
p
—Eres hermosa. —Luego frunció el ceño ante su propio
o
cumplido—. Estoy seguro de que te lo dicen mucho.
r
Puse mi mano sobre su áspera mejilla. t
—No del modo en que tú lo dices. —Pasé mi pulgar por sus a
labios—. Nunca de la forma en que tú lo dices. n
t
Él extendió su mano para tomar la mía, mordiendo la yema e
de mi pulgar. p
—Eres importante para mí, Mina. a
Parpadeé. Eso era un poco demasiado profundo para ser la r
primera cosa que decirme por la mañana. a
m
í, cariño.
—Quiero estar contigo cuando conozcas a
236
tu hermano. Todo se detuvo.
Había estado tratando de conseguir durante toda la semana
que Lev hablara conmigo sobre mi hermano. Cada vez que traía
el tema, todo se acababa antes de que empezara siquiera la
conversación. Estaba desesperada por conocer a mi hermano,
pero necesitaba que Lev estuviera bien con ello. Le di tiempo y vide
espacio. Y parecía que mi paciencia había dado sus frutos. s
negr
—¿De verdad?
as y
—De verdad. —Acarició mi hombro, recorriendo mi brazo—. hoja
Vamos a organizar una cena con Laredo. No es como si Sasha s
nos fuera a echar de menos por una noche, no como está yendo dora
el club. das
Era duro pero cierto. que
las
—Está bien. Le llamaré hoy. —Sonreí.
cubr
—No. —Él negó con la cabeza—. Yo le llamaré. No quiero ía, y
que hables con Laredo sin mí. me
Ante mi mirada desafiante, añadió conciliadoramente: sent
é
—No es por ti, Ratón. Él puede ser bastante manipulador.
más
¿Siquiera me importaba? Mmm, no. Ahora no era el momento ergu
para estar indignada. ida
Me iba a encontrar con mi mie
ntra
hermano. Sonreí.
s mi
—Prepáralo. cora
zón
*** dab
a un
vuel
Puse mi cabeza hacia atrás en el asiento pasajero del co.
Camaro, escuchando la radio mientras Lev conducía. Trataba de
no hiperventilar, pero era difícil respirar tranquilamente. Estaba W
en camino para conocer a mi hermano por primera vez. h
e
Tenía tantas preguntas sobre mi madre y sobre mi padre. l
Estaba en deuda con Laredo. Estaba segura que era una p
situación en la que no mucha gente querría encontrarse. …
Fuimos en coche por un largo rato antes de que Lev se n
detuviera en una casa lo suficientemente grande como para o
rivalizar con el complejo Leokov. Llegamos ante unas puertas de p
hierro forjado gigantes, de un intrincado diseño que parecían o
día dar marcha atrás ahora.
Nas me ayudó a vestirme para la ocasión trascendental. Nos
decidimos por algo discreto, un pantalón negro de talle alto y una
holgada camisa blanca remetida. Yo quería llevar tacones, pero
Nas se opuso. Dijo que era inútil usar tacones cuando tu cara
estaría plantada firmemente en el suelo.
La perra.

237
Encontré mis zapatillas de ballet negras y me deslicé en estas —
mientras Nas estiraba mi cabello antes de ponerme maquillaje. ¿
Mis largas pestañas con cuatro capas de rímel, y mis labios L
brillantes, consideré que era suficiente. No quería que pareciera a
que iba a un club. Quería verme como si estuviera yendo a una r
cena informal familiar. e
d
Me las arreglé para convencer a Lev para que llevara sus o
vaqueros (¡Hurra!) con una camiseta blanca bajo su jersey negro v
con cuello de pico de cachemir. Rodó sus mangas hasta sus i
antebrazos y yo estaba lista para terminar la noche, casi v
prefiriendo desnudarlo lentamente y devorar su cuerpo con mi e
brillante boca. Pero mi cerebro me recordó que ya habría tiempo s
para la sexy diversión luego. o
Lev pulsó un botón y su ventana descendió. Se inclinó hacia l
fuera y presionó el botón de la caja del pequeño altavoz. Un fuerte o
zumbido sonó antes de que un hombre hablara por el altavoz. ?
—¿Sí? L
e
—Mina Harris y Lev v
Leokov. El altavoz i
n
sonó de nuevo. c
—Por supuesto señor. Adelante. li
Las puertas se sacudieron antes de separarse por el medio y n
abrirse lentamente, permitiéndonos entrar. Tragué saliva. ó
s
—¿Cómo de rico es Laredo? u
Lev chasqueó la lengua antes de dirigirme una mirada. c
—Más rico que yo. a
b
Bueno, eso era sólo genial. Ahora nunca podría ponerme e
cómoda aquí. z
Nos tomó cinco minutos llegar a la casa. Me pregunté si a
alguna vez llegaríamos allí. Parecía como si Laredo poseyera h
todo el bloque. Me sentía débil. La casa era enorme. Eso me hizo a
preguntarme cómo una persona podía vivir en un lugar tan c
grande. Mi ceño se frunció. i
a un lado.
—No estoy seguro. Cuando éramos niños, siempre tenía
personas que se quedaban con él. Cuando uno se iba, otro venía.
Pero él no tiene a nadie más importante, no.
Lev me ayudó a salir del coche, y mientras caminábamos, la
puerta principal se abrió y salió Laredo sonriendo. Iba seguido
por otros cinco hombres. Y cuatro de esos cinco hombres me
sonrieron. El otro no sonreía, y tenía cicatrices en toda la mitad
derecha de su cara. Inmediatamente supe quién era ese hombre.
Ese hombre tenía que ser Alessio, el hijo de Laredo. El hombre
que perdió a su esposa en la cama de Sasha y después fue 238
obligado a llevar unas cicatrices para toda su vida, todo por
amar a una mujer.
Con el corto cabello negro y suaves ojos verdes, sus pómulos bien
altos y una boca llena, no se necesitaba ver mucho para saber o
que Alessio había sido un hombre atractivo. Tal vez, incluso podr
deslumbrante. Pero todo había cambiado. ía
hab
Mi corazón dolía por él. No lo tomé como algo personal que
er
no quisiera sonreír en señal de saludo. ¿Por qué lo haría? Yo
visto
estaba de parte de su enemigo. Una cosa era evidente. Él
mi
asustaba la mierda fuera de mí.
repe
Cuanto más nos acercábamos, la enorme sonrisa de Laredo ntin
creció. Subimos las escaleras y Laredo tendió la mano hacia Lev. o
Él vaciló sólo un momento antes de tomarla, sacudiéndola. rubo
—Laredo. r.
—Lev. —Suspiró—. Tuve dudas. Me imaginé que esta E
reunión nunca sucedería. l
—Me miro, soltando la mano de Lev y tomando la mía entre prim
las suyas—. Me alegra que hayas cambiado de opinión, er
querida Mina. hom
bre,
Sonreí suavemente.
de
—Yo —entonces espié a Lev—, sólo necesitaba tiempo para cab
asumirlo todo. ello
Gracias por recibirnos. rubi
Su sonrisa cayó mientras sostenía fuertemente mis manos. o y
—Te ves tan parecida a ella. Todavía me da escalofríos. — vesti
Me miró a los ojos por un rato antes de tomar mi mano y ponerla do
en el hueco de su codo—. Ven, conoce a mis chicos. —Bajó la con
voz—: Ellos insistieron en estar aquí esta noche. un
traje
—¿Sus chicos? gris
Más como sus humeantes hombres sexys. clar
Todos eran tan altos como los demás. Las paredes sólidas de o,
sus cuerpos me tenían riendo mentalmente. No, definitivamente con
no eran chicos. Estos hombres sonrientes hacían que mi la
estómago se revolviera de una muy, mala manera. Estaba medio cam
alegre de que Lev no leyera mis señales corporales demasiado iset
a
abierta en el cuello, ya lo había conocido, pero Laredo nos lo
presentó de todos modos.
—Creo que ya has conocido a Philippe Neige.
Philippe tomó mi mano libre, plantando un beso rápido en mis
nudillos. Su acento francés era una delicia.
—Allo, Mina. Qué gusto verte de nuevo.
El siguiente hombre tenía el cabello castaño claro y ojos color
avellana, y una sonrisa que me sorprendió. Era luminosa y
amplia, y cuando habló, su áspero tono me hizo tragar saliva.
239
—¿Howzit, liefie? —Si su acento no era suficiente para para
sorprenderme. El hecho de que no había entendido ni una tom
palabra de lo que dijo seguro que lo hacía. Vestía jeans oscuros, ar
una camiseta blanca con cuello en V y un blazer negro. Sonrió las
con más fuerza—. Esa fue mi lengua materna, Afrikaans. Sólo mía
he dicho “¿Cómo estás, preciosa?”. s.
—Oh —pronuncié, ruborizándome—. Estoy —
muy bien, gracias. Me estrechó la mano como M
un hombre le haría a otro hombre. i
—Nicolas Van Eden. n
—Un placer conocerte, Nicolas. — Él parecía divertido. a
—El placer es todo mío, bokki. —Se inclinó hacia adelante y —
me dijo—: Eso significa cierva. Y con unos ojos como los tuyos,
creo que te voy a estar llamando bokkie, pequeña. f
Me tomó todo lo que tenía para no estallar a carcajadas. Él u
era divertido sin querer serlo, y súper dulce. Me gustó mucho e
Nicolas Van Eden.
t
El tercer hombre empujó a su amigo fuera del camino.
o
—Mi turno. —Tenía el cabello corto y oscuro, y unos
sonrientes ojos verdes. Tomó mi mano, sacudiéndola d
ligeramente—. Mina, hemos escuchado mucho sobre ti. o
—Se veía hermoso en su traje negro hecho a medida. Sólo tenía
un ligero acento, pero era difícil pasarlo por alto—. Roman l
Vlasic, a su servicio. o
—Hola —le dije amablemente mientras le estrechaba la q
mano.
u
El cuarto hombre se paró pacientemente, esperando nuestra
llegada. Tenía la piel de un tono oliva, el cabello oscuro lo e
suficientemente largo como para rizarse detrás de sus orejas, y d
sus ojos verdes enmarcados con oscuras pestañas. El traje gris
metálico que llevaba le sentaba muy bien. Parecía como si i
hubiera hecho un esfuerzo para verse bien. Su sonrisa era j
reservada. Laredo me llevó hasta él, y él tendió ambas manos
o
. Y lo dijo en voz baja, casi con dulzura. Este
hombre, sentí, podría haber sido mi hermano.
Laredo hizo las presentaciones.
—Davi Lobo. Mina Harris.
Davi levantó ambas manos y las sostuvo en su boca,
presionando los más suaves besos en ellas. Soltó mis manos,
me sonrió y saludó a la persona que estaba detrás de mí.
Lev tomó mi mano, entrelazando
nuestros dedos. Oh, cierto.
240
Mi novio estaba aquí, y aunque esta manada de hombres
tenía mi mente hirviendo, el toque de Lev alivió la tensión en mí
de una forma que sólo él podía hacer.
Alessio se quedó en la puerta, sus ojos me buscaban de un
modo que sentí intrusivo. No creo que quisiera hacerlo. Ni
siquiera creo que supiera que lo estaba haciendo. Laredo miró a
su hijo e hizo las presentaciones desde lejos.
—Alessio Scrafó. Mi hijo.
—Hola. —Suspiré, tratando con todas mis fuerzas de no
esconderme detrás de
Le
v. Alessio hizo un gesto con la barbilla hacia mí con indiferencia.
Me di la vuelta para mirar a Davi, quien me quiño un ojo. Sonreí a
cambio. Oh
sí. Tenía un fuerte presentimiento sobre Davi. Él era con quien habl
me sentía más familiarizada. Era un poco extraño. ó
Laredo dio una palmada. prim
ero,
—Vamos. La cena será servida en el comedor en media hora. dirig
Tenemos algo de tiempo para hablar y llegar a conocernos los iénd
unos a los otros. ose
Seguimos a Laredo por el vestíbulo y dos miembros del a
personal esperaron a que nos acercáramos. Al segundo que Ales
estuvimos lo suficientemente cerca, abrieron la puerta doble de sio,
forma simultánea y las mantuvieron abiertas con caras rectas, sin quie
emociones. Laredo barrió su brazo para permitirnos la entrada a n se
Lev y a mí primero. Lev me ayudó a sentarme a la izquierda de sent
la cabecera de la mesa, donde Laredo se sentó, y tomó lugar a ó en
mi lado. el
Davi se sentó frente a mí y me sonrió como una colegiala. otro
Estaba tan cerca de mi hermano. Todo lo que necesitaba era extr
que Laredo confirmara mi sospecha. Quería preguntarle en este emo
mismo segundo, pero me dije que tenía que ser paciente. Todo de
sería revelado a su debido tiempo. la
mes
Por veinticuatro años, no supe que tenía un hermano. ¿Qué a,
era otra hora en comparación con una cuarta parte de toda mi lejos
vida? del
El resto de hombres se sentaron alrededor de la mesa y Lev rest
o de nosotros.
—¿Vamos a tener un problema?
Alessio sonrió cruelmente a mi hombre, con el rostro
distorsionado mientras sus cicatrices se tiraban y estiraban con
el movimiento.
—No lo sé, Leokov. 241
¿Vamos? Las cejas de
Lev se estrecharon.
—No hagas eso. No me hagas responsable por algo que
mi hermano hizo. Laredo levantó una mano.
—Vamos, muchachos. Este no es ni el
momento ni el lugar. Lev negó con la
cabeza.
—No. Tienes razón. Estoy aquí por Mina. Vamos a ser
civilizados. Pero tenemos que sacarnos esto antes de que su hijo
decida atacar al hermano equivocado.
Alessio se inclinó hacia adelante y gruñó:
—¿Civilizados? —Se puso de pie y silbó—: Mira mi puta cara.
¿Esto se ve civilizado para ti? —Sus duros ojos se posaron en
mí—. Tu mujer ni siquiera puede mirarme. Está jodidamente
asustada de mí.
Mis ojos miraron la mesa, mi rostro pálido. Así que se había dado
cuenta de eso,
¿eh? Mierda.
Laredo se levantó lentamente.
—Siéntate,
Alessio. Alessio
gruñó:
—No he terminado todavía, viejo.
Laredo habló en voz baja pero con firmeza:
—Sí, sí lo has hecho. —Sus ojos me miraron con simpatía
antes de volverse hacia su hijo—. Tu cara no es lo que asusta
a Mina, es tu temperamento lo que la molesta. —Entonces acabó
cansadamente—. Siéntate, Alessio. Estás asustando a tu
hermana.
242
Traducido por Roxywonderland

Mina

ué, qué? —

¿ ¿Alessio era mi hermano?


Santa mierda en una galleta.
Mi
quer
ida
Esa no la vi venir. sobr
Mi cuerpo se sobresaltó en mi silla, causando que mis rodillas ina.
golpearan la mesa y el servicio tintineara fuertemente. La mano No
de Lev cubrió la mía en silencioso apoyo, ignorando pue
amablemente la manera en que temblaba. Mi boca se puso do
seca. Me forcé a tomar una respiración profunda. expli
car
Nadie habló. lo
No miré a Alessio cuando pregunté tranquilamente: agra
—Dijiste que no eras mi padre. —Estaba deci
do
confundida. Laredo dejó salir un suave que
suspiro. esto
y de
—Alessio no es mi hijo biológico. Era el hijo de mi que
hermano. Haciéndome tu… Mi ceño se frunció. apar
ecie
—Tío.
ras
Sonrió. en
mi camino. Te agradezco por darme esta noche. Amé mucho a
tu madre.
Oh, mi Dios. Mi cabeza comenzó a palpitar. Alce las manos 243
para masajear mis sienes.
—Quizás deberíamos empezar desde trab
ajab
el inicio. Laredo se rió. a de
—Clara solía hacer lo mismo cuando tenía noc
he?
dolor de cabeza. Mis dedos se congelaron.
M
Abrí mis ojos para mirarlo.
ierd
—Sí, lo hacía. a.
—No parezcas tan sorprendida, Mina. Conocía todo acerca Tení
de ella. a
razó
Dudaba eso. Conocía a mi madre mejor que nadie, muchas n.
gracias. Alessio seguía callado. Estaba agradecida. Necesitaba Nue
tiempo para aclararme. stra
—Está bien —asentí—. Tu hermano es mi padre. El padre de cas
Alessio. ¿Dónde está? a
—Muerto —lanzó Alessio—. Confía en mí, eres afortunada de era
no conocerlo nunca. Le gustaba patear mi trasero cada vez que más
se le antojaba. El diablo sabe qué te hubiese hecho a ti. gran
de
Para mi sorpresa, Laredo estuvo de acuerdo. que
—Sí, Enzo no era un hombre amable. Así que cuando fui tras la
tu madre, era natural que hiciese una competencia de ello. —Se may
encogió de hombros—. Clara bailaba como un sueño. Era un oría
ángel. Después de que mi esposa falleciera, pensé que nunca y
me volvería a enamorar otra vez hasta que ella apareció. nun
Pero me quedé estancada en algo que dijo. ca
nos
—Mi madre trabajaba sirviendo, era camarera. No bailarina.
faltó
Laredo pareció retroceder, como si no supiese cómo nad
decirme algo importante. a.
—Mina —comenzó—, Clara trabajó en mi primer club, Sweet Nun
Blood. Era bailarina, querida. Una de las mejores. ca
tuvi
Frente a mi mirada confusa, agregó:
mos
—¿Nunca te preguntaste cómo una camarera podría prob
permitirse el hogar que tenías? ¿Nunca notaste que solo lem
as de dinero. Nuestras cuentas eran pagadas a tiempo. Tenía lo
mejor de todo. Cada noche, me ponía a dormir y se iba a trabajar.
Llegaba justo antes de que me despertara para prepararme para
la escuela, oliendo a cerveza rancia y…
—Oh, mi Dios —exhalé—. Mi madre era
una stripper. Lev se giró hacia mí y dijo:
—No hay nada de malo en ello. La gente necesita trabajar,
Mina.
—No la estoy juzgando —mentí—. Solo me estoy
preguntando cómo es que nunca lo vi. 244
Laredo sonrió.
—Era tu madre. Era tu mundo. Eras una niña. ¿Cómo
podrías haberlo sabido? Nicolas Van Eden habló entonces.
—Mi madre era prostituta. Vendió su cuerpo a todos los
hombres en nuestro vecindario. Incluso algunos de mis boykie12
estuvieron con ella. —Se encogió de hombros y sonrió
ampliamente—. Aun así amaba a mi madre. Dios tenga su alma
en paz.
Dios, era adorable. T
Roman Vlasic se sumó a la conversación. enía
n
—Mi madre era doctora. —Su mirada se apagó—. Era una razó
persona terrible. Fría y amargada. —Me miró directamente—. n.
Solo porque mi madre tuviera una posición respetable, no la hizo Mi
una buena persona, lutkica13. mad
Davi Lobo habló rapidísimo en un lenguaje que no puede re
entender. Laredo escuchó intensamente, asintiendo antes de era
girarse hacia mí. mar
avill
—Davi entiende un poco de inglés, pero solo habla portugués.
osa.
Bueno, eso explicaría por qué me estaba mirando tan Sup
fijamente. Probablemente no tenía ni pisca de idea de lo que ong
estaba diciendo. o
—Dice que a veces la gente hace cosas que están por que
debajo de ellos para proveer a aquellos que aman. solo
Una sonrisa apareció en mis labios y sostuve la mano de esta
Lev fuertemente, pasando mi pulgar sobre sus dedos. Hablé ba
gentilmente a Davi. heri
da
—Sí, me imagino que a veces lo por
hacen. Philippe sorbió de su copa que
quiz
de cristal con agua.
ás
—No tuve una madre. —Sonrió tristemente—. Mírate como no
alguien afortunada de tener una, una que te amaba. la
conocía tan bien como pensaba. Pero todas las cosas
importantes… esas las conocía. Recuerdos de ella me
devolvieron a mi juventud.
No sé por qué, pero sentía que necesitaba compartirlo.
—Mi madre, Clara, era una mujer dulce. Sonreía todo el
tiempo, y reía casi de igual manera. Era como un rayo de luz, tan 245
bella como se puede ser, y siempre tenía tiempo para mí. —
Sonreí para mí misma. Era lindo hablar sobre ella—. Me cantaba
antes de dormir. Siempre me daba postre. Me ayudaba con mi
tarea. —Miré hacía Lev—. Era inteligente.
Apretó mi mano, sonriéndome gentilmente, y seguí.

12
13
Boykie: Compañeros en Croata.
Lutkica: Muñequita en Croata.
—Cada vez que estaba de mal humor, me llevaba a la tienda deja
y me decía que llenara el carrito de compras con cualquier cosa ría.
que quisiera. Comíamos hasta inducirnos un coma alimenticio. — Que
Me reí—. Siempre contaba los chistes más cursis solo para des
hacerme reír. Estaba en el consejo de padres y maestros. Hacía apar
mis disfraces de Halloween desde cero. Me llevaba a la playa en ecer
los días más helados solo para sentarnos en la arena y sentir la ía.
brisa. Era una gran madre. —Mis ojos se llenaron de culpa. Giré Le
mi rostro hacia Alessio—. Y lamento que te hayas perdido eso. dijo
que
La expresión de Alessio permaneció dura, pero cuando giro
su
para desviar su mirada de la mía, puede ver que estaba afectado.
beb
¿Por qué Alessio no vivió con nosotras? ¿Por qué fue dejado é
con un padre que no lo quería? No lo entendía. nec
Enfrenté a Laredo. esit
aba
—¿Por qué nos separaron?
un
Laredo corrió su lengua por sobre sus dientes. padr
—Porque eso hería a Clara, y a mi hermano le e —
Oh,
gustaba castigarla. Frunció el ceño, casi perdido
Dios
en sus pensamientos. .
Son
—Mi hermano estaba casado. No tenía hijos con su esposa.
aba
Clara no era nada más que un entretenimiento. Traté de razonar
un
con ella tantas veces, pero… — suspiró—, ella amaba a Enzo.
poc
Oh, Jesús. o
Mi corazón dio un vuelco. ¿Era la otra mujer? ¿Quién diablos com
era esta persona? o
—Enzo fue bueno con ella por un tiempo. Tratándola bien. Irina
Ella, por supuesto, amaba sus atenciones. —Alzó su ceja . Mi
mientras aclaraba su punto—. Él era el hermano apuesto. estó
mag
Ahora entiendo.
o
—Clara se quedó embarazada solo un mes después de haber cay
dormido con Enzo. Todo el club sabía quién era el padre. Clara ó.
le pidió que dejara a su esposa. Él se rehusó. Ella le dijo que lo Esta
ba tan avergonzada—. Él le dijo que después de que tuviera al
bebé dejaría a su esposa. Pero sabía que estaba mintiendo. —
Se encogió de hombros—. No fue una sorpresa para mí que
después de que ella tuvo a Alessio, él siguiera con su esposa.
Clara estaba devastada. Planeaba dejar la ciudad. Enzo la atrapó
empacando sus cosas. Se puso como un demente.
Laredo miró a Alessio antes de volverse hacia mí.
—La golpeó hasta la mierda. Dijo que si trataba de irse de
nuevo, mataría al niño. No tenía duda de que lo haría. Ella no era
lo suficientemente estúpida como para volver a intentarlo. Al
menos tenía permitido ver a su hijo. 246
—¿La golpeó? —Mi voz asombrada—. Ella era la persona m
más dulce en todo el mundo, ¿y la golpeó? í.
Laredo me estabilizó con su mirada. —
¿Có
—Enzo usaba cualquier medio para mantenerla a su lado. mo
Cuando Clara se dio cuenta de que había elegido al tipo pue
equivocado, volvió sus sentimientos hacía mí. — Sonrió—. Yo des
era bueno con ella. La amaba. Ella se dio cuenta un poco
esta
demasiado tarde. Pero cuidé de ella tanto como me lo permitió.
r tan
El punto de vista que yo tenía de mi madre se estaba seg
desvaneciendo rápidamente. uro
—Sí, suena como una verdadera dulzura. que
no
—Nos volvimos descuidados. —Laredo ignoró mi sarcástico
eres
comentario y siguió—. No le tomo mucho a Enzo para ponerse a
mi
sospechar. Nos encontró una noche y fui atrapado con la mano
padr
en el jarrón de galletas. Peleé contra mi hermano con dientes y
e?
uñas. La pelea fue tan fuerte que rompí sus huesos, tanto como
Dijis
los míos. Pero Clara… había tenido suficiente de nosotros. Se
te
marchó, dejando a Alessio detrás.
que
Pobre Alessio. fuer
Mi garganta se cerró frente al duro hecho. on
¿Cómo pudo? ínti
mos
—Mi hermano trató de matar a Alessio más tarde esa …
semana. Intentó ahogarlo en la tina. Pero no pudo hacerlo. —Se
giró para mirar a Alessio—. No quería amar al niño, pero lo hacía. P
Un mes después, Enzo fue encontrado muerto en la oficina de su e
casa. Murió de una sobredosis accidental de drogas que presumo r
o
no fue tan accidental. La esposa de Enzo no quería a Alessio.
é
Sabía que era producto de una infidelidad, así que lo adopté. Él
l
debería haber sido mi hijo desde el inicio. Lo amo. Traté de
y
encontrar a Clara, pero se escondió bien, lo más gracioso es que
a
se fue justo bajo nuestras narices. Ni siquiera sabía que había e
fallecido hasta hace dos años. — Me miró—. No sabía que tenía s
una hija. t
La esperanza me golpeó desde algún lugar en lo profundo de a
ba negando con su cabeza.
—No. Lo siento, Mina. No soy tu padre. Nunca llevamos
nuestra aventura más allá. Solo no es posible que seas mía. —
Resopló—. Pero hubiese matado por ser tu padre, dulce niña. Sé
eso.
Lágrimas picaron en mis ojos mientras asentía
solemnemente.
Alessio había oído suficiente. Se burló de mí desde el otro
lado de la mesa.
—Mientras tú estabas recogiendo flores para tu ma, yo estaba
247
escondiendo moretones de mis amigos.
—Lo siento —susurré, mis ojos brillando. p
—¿Qué es lo que sientes? Tuviste una buena infancia y a a
mí me olvidaron. Así es la vida. —Bajé mi mirada hacia la r
mesa pero habló a pesar del silencio—. ¿Qué?
¿Ya no quieres un hermano? —Mi corazón se rompió. ó
Resopló una risa—. Sí, no lo creo. No soy lo suficientemente .
bueno para ti. ¿Lo soy? Justo como tu madre.

Lev apretó mi mano tan fuerte que dolió. ¿Có
—Cierra la boca. mo
Lo dijo al mismo tiempo que Laredo lo calmaba. podí
as
—No hables desde la rabia, hijo. Mejor mantente tranquilo, sab
Alessio. erlo
—No. —Alessio siguió—. ¿Por qué no le decimos acerca de ?
la vez que mi padre me pateó tan fuerte en el pecho que dejé de Vivi
respirar? O acerca de la vez cuando llegó a casa del club, se end
bajó sus pantalones, y orinó sobre mí mientras estaba o tu
durmiendo. jodi
Las lágrimas estaban bajando por mis mejillas. Mi pecho dam
ardía con cada latido de mi corazón. Luché desesperadamente ente
para no sollozar en voz alta. perf
ecta
Lev gruñó. vida
—Te lo estoy advirtiendo, Alessio. en
—Mientras ella tenía arcoíris y paletas de dulces —comenzó tu
a gritar—, yo tenía quemaduras de cigarrillo marcando mis jodi
malditos brazos. dam
ente
Los hombres que me rodeaban habían comenzado a perf
oponerse con furia frente al arrebato de Alessio. Todo lo que ecta
podía hacer era parpadear a través de mis lágrimas y hablar cas
quedamente. a
—No lo con
sabía. tu
mal
Alessio se dita
puta madre —me señaló duramente—. Tuviste la vida que
debería haber tenido yo.
Aplaudió lentamente, humillándome.
—Felicidades, Mina —sus labios se curvaron mientras
susurraba—, lo tuviste todo.
En ese punto, Lev había tenido suficiente. Lanzó su silla hacía
atrás tan rápido que cayó al suelo. Fue rápido, pero anticipé el
ataque antes de que comenzara. Alessio reía cruelmente, sus
brazos abiertos, dando la bienvenida al inminente ataque. Los
hombres se pusieron de pie, Nicolas y Roman se apresuraron
llevando hacía atrás a Alessio mientras Davi y Philippe esperaron 248
a ver qué hacía Lev.
Mis brazos se envolvieron alrededor de su cintura y lo apreté
fuertemente, clavando mis pies en el suelo mientras me
arrastraba.
—Quiero irme ya, cariño. —Algo en la rápida forma que hablé —
debe haber advertido a Lev sobre esta pelea, porque su agitado N
pecho y rechinar de dientes, se calmó en un segundo, girándose o
para envolver sus brazos protectoramente a mi alrededor. a
s
Lev se giró hacía mi hermano y susurró, mortalmente u
calmado: m
—Te vas a arrepentir de tus palabras —hizo una pausa—, a
s
me aseguraré de ello. Alessio abucheó fuertemente.
q
—Oooh. Estoy tan asustado. u
No había manera de endulzarlo. Mi hermano era un idiota. Un e
cruel y asqueroso idiota. No quería conocerlo. Quería fingir que l
esta noche jamás había sucedido. a
c
Me dirigí a Laredo, manteniendo mi mirada en el suelo o
mientras decía: n
—Esta fue una mala idea. Lo lamento por o
c
los problemas. Sonaba miserable.
e
—Mina, por favor no te vayas. s
—Disfruten su cena —respondí mientras Lev me dirigía hacía .
las puertas dobles. Antes de que llegáramos a la salida, Lev se N
detuvo a medio camino y se volvió para enfrentar a Alessio una o
última vez. Lo que dijo me hizo llorar otra vez. s
a
—Mina puede haber tenido una niñez decente, pero ha tenido b
que lidiar con su buena parte de dificultades. Ha estado sin hogar e
durante siete años. Pasó ese tiempo en las calles, durmiendo en s
callejones y comiendo basura para mantenerse viva. n
¿Dónde estabas durmiendo tú hace dos meses, Alessio? —habló a
calmadamente—. Encontré a Mina durmiendo junto a una poza d
de orina, tan escuálida que estaba al borde de la muerte por no a
haber comido en días. a
—Mina —murmuró Laredo, sacudiendo la cabeza con c
tristeza—, cariño. e
r
Lev estabilizó a mi hermano con su mirada, quien alzó su
c
mentón en defensa.
a de ella, saco de mierda.
Lloré sobre la manga de Lev, cansada de que la gente viera
mis lágrimas. Lev frotó mi brazo mientras nos dirigíamos a la
salida. Mientras abría la puerta principal para que saliéramos,
escuché a Nicolas Van Eden hablar, su acento espeso y duro.
—Esa chica es tu hermana. Fue dulce. Y tú… eres
un imbécil, boykie. A lo que Alessio respondió con
un resoplido.
—Cierra la maldita boca, Eden.
249
Traducido por Mae

Mina

nicié el sexo con Lev como una distracción. Era una cosa S
terrible que hacer, pero sentía que lo necesitaba. Lo u
necesitaba. Al principio, peleé contra ello, tratando de man
domar mis besos lujuriosos a los dulces que o
vislumbraban como peligrosos. Me subí sobre él, pellizcando la me
piel tensa en su cuello, chupando su lengua, y apretándome rode
contra su longitud endurecida hasta que mis bragas se ó,
encontraban empapadas. Lo dije antes, no había manera de fingir me
mi reacción a Lev. Aparté mis bragas y me deslicé sobre él, agar
empalándome en su polla gruesa hasta donde pude. Él había ró
perdido esta ronda, y con ella, su control. Con la espalda contra de
la cabecera de la cama, subió más, empujando en mí, sus fuertes la
brazos se envolvieron a mi alrededor, sosteniéndome con muñ
firmeza, y el sexo ya no era una distracción, más bien era un eca,
lugar de refugio para mí. y
Las manos de Lev sobre mi cuerpo me calmaron como una lueg
oración. Había demostrado una y otra vez que era todo lo que o la
necesitaba. dejó
caer
Dios... lo amaba.
entr
Mi cuerpo pedía liberación. Quería mucho no sentirme e
entumecida. Quería sentirlo liberarse dentro de mí. Nada me nue
satisfacía como ese sentimiento.
stros cuerpos unidos.
—Frota tu clítoris, bebé. Lentamente. —Entonces su cabeza
cayó para tomar mi pezón en su boca caliente. Hice lo que me 250
pidió y él me chupó. Dentro de un minuto, mi cuerpo se puso
rígido, mi cabeza cayó hacia atrás, mientras mi coño se apretaba
a su alrededor, y gemí mi orgasmo. Le tomó menos de diez
segundos a Lev seguirme. Soltó mi pezón con un pop y dejó
escapar un largo gemido cuando sus brazos se apretaron
alrededor de mí, sosteniéndome. Su polla palpitó dentro de mí, y
sentí esa maravillosa calidez húmeda gotear hasta mi núcleo.
Me sentí mejor, y parpadeé adormilada sobre él, ahuecando
sus mejillas y tomando su boca en un beso tierno.
—Dios, necesitaba eso.
—Sé que lo hacías —dijo en voz baja mientras me acariciaba la
espalda—.
¿Cómo te sientes? —preguntó, manteniéndonos unidos en
nuestros lugares más íntimos.
Apoyé la frente en su hombro, aceptando su abrazo.
—No tenía un hermano antes. Voy a estar bien sin uno ahora.
—Mina —comenzó—. Debes estar herida.
Me dolió, pero no iba a dejar que me afectara.
—Voy a estar bien, cariño. Te lo prometo. —Pero mi corazón
sufría por Alessio—. Estoy muy triste porque sufriera así en las
manos de nuestro su padre. Ojalá hubiera estado con nosotras.
Ojalá mamá lo hubiese llevado con ella.
—Eres demasiado amable. —Resopló—. Él fue grosero y
obsceno. Fue un imbécil. No debes preocuparte por él en
absoluto. Desde luego, él no se preocupa por ti.
—Sí —murmuré mientras giraba mi cuello para inhalarlo—. M
Sin embargo, no lo culpo por estar enfadado. Pecados del padre i
y toda esa mierda. h
Sus labios aterrizaron en mi sien. Me besó allí y susurró: e
r
—Es normal sentirte herida, Ratón. Está bien. m
El primer sollozo se me escapó tan dolorosamente que sentí a
como si mi pecho se hubiese desgarrado y mi corazón cayera n
pieza por pieza. Más lágrimas siguieron, y mientras soltaba mi o
dolor por haber perdido el hermano que nunca tuve, Lev mantuvo m
sus brazos alrededor de mí y sus labios en mi sien, e
sosteniéndome hasta que no hubo más lágrimas para llorar. o
d
La verdad era que quería un hermano, y ahora que sabía que i
tenía uno y me rechazaba, me dolía más que la agonía que sentí a
cuando mi madre falleció. b
a. 251
No me conocía, pero me odiaba.
El jurado había tomado su
decisión. La vida
simplemente no era justa.
Pasaron dos días, y aunque era poco tiempo, fue suficiente
para que casi todo el mundo en Bleeding Hearts supiera que tenía
un hermano, más sorprendentemente que fuera Alessio
“Caracortada” Scarfo. Sasha lo encontró particularmente
gracioso. Y lo odiaba por ello.
Encontraba cualquier excusa para hablarle a la gente sobre
el hermano que no quería a su hermana, y se regodeaba mientras
yo me encogía.
Me sorprendió que Anika me apartara, y con una mirada de r
simpatía en sus ojos, me abrazara mientras acariciaba mi í
cabello, diciéndome que lo sentía. La despreciaba por eso g
también. Nunca podría averiguar si éramos amigas o no. Ella i
hacía difícil odiarla cuando necesitaba tan desesperadamente el d
consuelo. o
s
Nas me preguntó acerca de Laredo, fingiendo desinterés, y
pero pude ver que quería saber de él. Le sonreí. s
—¿Quieres venir conmigo la próxima vez que lo vea? Es i
nuestro tío, después de todo. s
e
Parpadeó hacia su taza de café y asintió.
a
—Sí, eso podría b
estar bien. a
:
Rápidamente

agregó: ¿
T
—Quiero decir, no te dejaría ir sola de todos modos. No
i
después de que Alessio dijera esa mierda. —Me dio un codazo
e
ligero—. Te cubro la espalda, kukla.
n
—Sé que tuvo un romance con tu madre, pero está bien que e
admitas que lo extrañas —murmuré suavemente. s
—No —dijo con demasiada rapidez. d
e
Ante mi mirada inmóvil, se encogió de hombros y chilló: c
—¡No lo hago! e
Lo dejé pasar. No quería admitirlo, pero sabía la verdad. n
c
El sábado por la mañana llegó, y Lev y yo holgazaneamos en i
la cama, haciendo el amor con dolorosa lentitud, sin prisa para a
salir de nuestra burbuja de amor, cuando el timbre sonó. Lev se ,
levantó de la cama, en toda su gloria desnuda, fue a la pared, y i
levantó el auricular. m
—¿Sí? b
é
Miré a través del cuarto mientras sus hombros se ponían
c
il? —Luego colgó.
Cuando se giró, su mandíbula estaba
tensa y me miró. Un ceño frunció mi
frente.
—¿Qué?
Abrió la boca para hablar, cuando el timbre sonó de nuevo.
Tomó el receptor una vez más y lo acercó a su oído. Lo
mantuvo allí un largo rato y cerró los ojos.
—Tienes cinco minutos. Ni un
252
segundo más. Con un suspiro,
colgó el receptor y me dijo:
—Es posible que desees ducharte. Tienes un invitado.
—¿Quién es?
Se apoyó en la pared y habló en voz baja: —
Hola
—Tu hermano.
. —
Coloqué las sábanas más arriba en mi cuerpo, mis hombros Dio
rígidos. un
—No quiero verlo. pas
o
Lev me observó de cerca.
adel
—¿Estás segura? —No respondí con la suficiente rapidez, ante
por lo que se colocó un par de pantalones de pijama—. Bueno. y
Lo despediré, Ratón. me
Justo cuando se abrió la puerta de la habitación desde el tend
interior, grité: ió la
—Espera. —Si no lo escucho, me estaré siempre otra
preguntando qué es lo que había venido a decirme—. Está man
bien, voy a verlo. Dame un minuto. o.
Lo
Corrí por la habitación hacia el baño y tomé la ducha más hizo
rápida de mi vida. No me molesté con el maquillaje, simplemente tan
cepillé mi cabello mojado, me coloqué un par de vaqueros, un rápi
suéter blanco, y un par de chanclas antes de bajar. do
Lev se quedó en sus pantalones de pijama, con los brazos que
cruzados sobre su pecho, mirando a Alessio en completo di
silencio. En el momento en que oyó mis pasos, habló a mi un
hermano que estaba de pie a unos pocos metros de distancia, pas
con las manos detrás de la espalda. o
—Tienes cinco minutos. Haz que el tiempo valga la pena, atrá
porque nunca tendrás otra oportunidad. s
con
Me besó en la cabeza mientras pasaba, y lo vi caminar hacia un
la cocina. Me detuve de camino a mi hermano. Estaba vestido estr
con un par de pantalones de color caqui marrón, una camiseta eme
blanca y una chaqueta negra. También parecía muy nervioso. cimi
—Hola —murmuré. ento
Levantó la mano en señal de saludo y suspiró mientras . El
hablaba: rostr
o de
Alessio se retorció mientras sostenía un ramo de tulipanes de
color rosa, su mano cayó ligeramente—. Mierda. No voy a
hacerte daño, Mina.
Me abracé a mí misma, mi voz plana.
—Ya lo hiciste.
Sus manos encontraron sus caderas, el ramo de tulipanes
colgando boca abajo.
Bajó la barbilla, asintiendo al suelo.
—Sí —admitió. Cuando levantó la cabeza, habló con
sinceridad—, no debería haber dicho lo que dije. Pensé en
253
algunas de las cosas que te dije, y yo... —sus labios se
tensaron—, no debería haber dicho esas cosas. No fue tu culpa
que él fuera un bastardo cruel, y soy sincero cuando digo que
me alegro de haber pasado por toda
esa mierda de Enzo para que tú nunca tuvieras que hacerlo. Y… d
—se encogió de hombros con torpeza y habló bajo—… lo e
siento. e
ll
Él parecía realmente arrepentido, o al menos actuaba así. o
—Está bien —murmuré en voz baja. .
No sabía qué más decir, así que no dije nada. —
Alessio, se veía más y más incómodo cada segundo, tragó P
saliva. Se movió para colocar el ramo de tulipanes en la mesa de o
la sala junto a la puerta y dio un paso atrás. r
s
—Bueno, bien, eso es todo lo que quería decir, así que u
supongo que te veré por ahí —pensó en eso y luego suspiró—, p
o no. u
Estaba siendo civilizado, y algo me dijo que era un gran e
problema para Alessio Scarfo. s
t
Alessio se movió para irse cuando grité: o
—¿Quieres un café? .
Se quedó quieto, se dio la vuelta, y luego extendió la mano E
para frotar la parte posterior de su cuello. Asintió con inquietud. s
t
—Por supuesto. Un café sería genial. á
Tomamos nuestro café en el salón donde podíamos hablar a b
solas, pero donde no tendríamos que estar lejos de Lev. No i
estaba segura de cómo esto iba a terminar. Parecía que Alessio e
podría ser impredecible cuando se le provoca. n

Mantuve mi primera pregunta sencilla.
d
—¿Cuántos años tienes? ij
—Voy a cumplir treinta este año —me dijo mientras sostenía o
su taza de café más fuerte de lo que debería—. ¿Y tú? —
.
—Veinticuatro.
¿
Siguió un largo silencio. Y
—Y no tenías hogar —agregó en voz baja. e
s
—Sí. —Asentí lentamente—. Realmente no me gusta hablar t
ás trabajando en Bleeding Hearts?
—Sí. Soy camarera en la barra.
—¿Te está gustando? —preguntó
cortésmente. Sonreí en mi taza.
—Me gusta mucho.
Oh, Dios, esta conversación era tan
malditamente dolorosa. Era como comer
tiza. Barato y de mal gusto.
254
Suspiré, pasándome una mano por el cabello húmedo. que
quer
—No tienes que ser tan amable, ¿sabes? Me puedes
ía
hacer preguntas reales. Te prometo que no me voy a asustar.
ver
Él asintió, pero su vacilación era obvia. cóm
—Clara... —se aclaró la garganta—, era muy agradable, o se
¿eh? veía
en
—Lo era —le dije sinceramente.
la
Se mordió el interior de su labio. Al igual que lo hacía vida
cuando estaba nerviosa. Y el acto me hizo sonreír. real,
—¿Tienes alguna foto de ella? ¿s
—No —dije con profundo pesar—. Me dejé mi álbum de fotos ab
con mis padres adoptivos cuando me escapé. Tenía diecisiete es
años y era estúpida. Ni siquiera lo pensé. —Dejé escapar un ?
largo suspiro—. Haría cualquier cosa para recuperarlo. —
Su
Debía tener muchas ganas de ver ese álbum, porque lo la
siguiente que dijo fue: bi
—Soy bueno en buscar personas. Si me das su nombre y o
cualquier otra información que puedas, voy a ver qué puedo te
hacer. m
Le sonreí a continuación, y sonreí aún más. bl
ó
—Lev ya está y
buscándolos. Alessio se atr
ap
encogió de hombros.
ó
—No puede ser malo tener dos personas buscando. —Su mi
labio tembló—.
Muchas manos hacen el trabajo ligero, ¿sabes? mi
ra
La conversación se estaba poniendo fácil. Mi da
corazón se calentó. Pero mi sonrisa cayó. —
.
—¿Nunca has visto una foto de mamá?
Es
—Sí, pero en todas estaba en el club. Laredo tiene una pila as
de ellas. Estaba toda arreglada para el escenario. Supongo fot
os en el club... he visto las tetas de nuestra madre.
Una carcajada salió de mí con tanta fuerza que tuve que
taparme la boca.
—Oh, hombre. Ewww.
Su cuerpo se estremeció de risa silenciosa y las cicatrices
alrededor de su boca se estiraron.
—Sí, no está bien. —Su sonrisa se extendió hasta donde
pudo y se estremeció, extendiendo la mano para frotar la
cicatriz más gruesa en su labio.
Me di cuenta. 255
Se dio cuenta de que me di cuenta, y su sonrisa
desapareció.
Levantó la mano y la pasó delante de su cara llena de esta
cicatrices. ba
seg
—Me gustaría poder cambiar esto. —Se detuvo un
ura
momento antes de añadir—: No siempre me he visto de esta
de
manera.
cóm
Traté de sonreír. o
—No siempre me he visto de esta serí
a mi
manera tampoco. Alessio me inmovilizó
próx
con una mirada. ima
vez
—Sin embargo eres hermosa. —Negó con la cabeza—. No
—.
asustas a los niños con tu cara fea.

Sus palabras eran de dolor, y lastimaba escucharlas, pero que
era mi hermano, y si quería hablar de ello, escucharía con pue
atención, porque necesitaba que lo hiciera. de
—Sé lo que pasó. Sé lo de tu esposa y Sasha. —Me pare
acerqué a poner mi mano sobre la suya, la mano que cer
descansaba sobre su rodilla—. Lo siento. una
Sacudió la cabeza. locu
ra,
—No lo hagas. Era un maldito lunático. Nos casamos en Las pero
Vegas después de una noche de borrachera. Nos conocimos un si
par de horas antes. Ni siquiera la conocía. De seguro, no la tien
amaba. Pero era hermosa. —Se encogió de hombros—. Mi es
propia culpa por pensar con mi polla. algu
Quité mi mano, ruborizándome ante su comentario. na
—Ya veo. foto
de
Miró su reloj de pulsera. Enz
—Mierda. ¿Esa es la hora? Yo... —Me observó, con una o,
mirada vacilante en su rostro—. Me tengo que ir. real
La decepción me llenó. men
te
—Oh. —Me puse de pie y él hizo lo mismo. Forcé una me
sonrisa—. Bueno, fue un placer hablar contigo, Alessio. —No gust
aría verlo. Sé que no puedo llamarlo “mi padre”, pero soy parte
de él. Me gustaría ver cómo era.
Su rostro se iluminó.
—Sí, tengo unas cuantas. Puedo
traerlas un día. Solté un suspiro de
alivio.
—Eso sería
genial. Alessio
sonrió entonces. 256
—Voy a traerlas si me dejas encontrar a tus
padres adoptivos. Entrecerré los ojos en él, pero
lo hice sonriendo.
—¿De verdad quieres ver ese álbum?
Su sonrisa se suavizó. M
e
—Sé que no puedo llamar a Clara mi madre, pero soy parte
ap
de ella.
ret
Sin permiso, me acerqué y tomé su mano, apretando. La solté ó
rápidamente y entré en el salón por una pluma y un pedazo de ha
papel. Volví con los detalles escritos y se lo entregué. st
—Toma. Todos estos son los nombres de los miembros de la a
familia y donde solían vivir. No puedo recordar mucho más que qu
eso. —Señalé el número de teléfono en la esquina de la e
página—. Ese es mi número. al
gu
Alessio miró a los detalles antes de doblarla y deslizarla en su
ie
bolsillo.
n
—Este es un buen comienzo. Te haré saber si encuentro algo. se
—Me miró—. ac
Llamaré. lar
Le tendí la mano y la tomó, sin sacudirla, sólo sosteniéndola. ó
Y me dolía el corazón. El día estuvo bien. No quería que se fuera. la
Quería saber más acerca de él. Quería hablar desde el atardecer ga
hasta el amanecer hasta que no quedara nada más que decir. rg
Con los ojos brillantes, pregunté en un susurro: an
ta.
—¿Te puedo abrazar? N
Él parpadeó hacia mí. Su respuesta llegó en forma de él os
tirando de mi mano, acercándome a él hasta que sus brazos se ap
envolvieron a mi alrededor, y su calidez me cubrió. Acercando las art
manos, me agarré de los lados de su camiseta y apoyé la a
cabeza en su pecho, cerrando los ojos, sólo absorbiendo este m
momento tan especial. os
Era alto y cálido, y se sentía bien. Me sentí segura con mi pa
hermano mayor, tal como debería haberlo hecho. ra
en
Con voz gruesa, habló en voz baja. co
—Lo siento mucho, Mina. ntr
—Está bien, Alessio —lo tranquilicé—. Se ha acabado. ar
Olvidado. Estamos bien. Le
v de pie en la puerta abierta, con una expresión estoica.
—Hora de irse, Alessio.
Miré a Lev antes de pasar a Alessio y suavizar la cara.
—Envíame un mensaje, así tengo tu número,
¿de acuerdo? Aun así, sostuvo mi mano,
casi indispuesto a liberarla.
—Sí, está bien.
Por último, me dejó ir, y lo acompañé hasta la puerta. Cogí
las flores que fueron dejadas allí olvidadas, y sonreí. Me despedí 257
de mi hermano y me quedé allí, observándolo irse.
Brazos rodearon mi cintura, abrazándome con fuerza.
Levanté una mano y la puse sobre el antebrazo de Lev cuando
preguntó:
—¿Cómo fue?
Mi sonrisa era brillante.
—Bien. Muy bien.
Él suspiró suavemente.
—Supongo que vamos a verlo más entonces.
Me volví en sus brazos para mirarlo. Ante mi mirada
confusa, dijo: 258

—No me gusta la forma en la que te habló esa noche. Me


gustaría romperle la nariz.
Acaricié su pecho.
—Se disculpó. Pienso que la reunión lo abrumó. No creo que
lo dijera en serio.
—Gruñó y me sonrió lentamente—. Estoy de repente muy
cansada.
Levantó su frente. Pronuncié:
—Creo que tenemos que volver a la cama.
Él parpadeó y luego sonrió. Y mi corazón tartamudeó.
Chillé cuando me levantó por encima de su hombro y subió
las escaleras de dos en dos. La tarde en la habitación se llenó
con sonidos de mis gemidos y quejidos de Lev de placer.
En serio... ¿qué mejor manera de pasar un sábado?
Traducido por Mariandrys Rojas

Mina

l sábado por la noche en Bleeding Hearts, con la sala de a


nuevo ocupada por escasos hombres, me tuvo d
ofreciéndole consejo a una persona que no lo quería. Tal
e
vez mi opinión era innecesaria. Injustificada. Pero Lev
estaba metido en este club, y verlo caer me mataría. l
Tenía que haber una alternativa. a
Sasha, sentado en su escritorio, me fulminaba con la mirada. n
Estaba comenzando a pensar que no tenía otra forma de
mirarme. t

—Burlesque —repitió, y yo asentí. e


—Sí. Quiero decir, no tendrías que cambiar mucho. Las .
chicas ya saben cómo bailar. La única diferencia sería que —
tendrían que dejarse algo de ropa puesta, pero ser un poco Esc
coquetas con los clientes, provocarlos. Ellas quieren mantener
uch
su trabajo, así que incluso si a alguna no le gusta se nos uniría…
a,
creo. he
Su mirada penetrante no se inmutaba. No sabía cuál era su nav
problema. Estaba claro que las cosas no iban bien. ega
Yo pensaba que era una do
en
buena idea. Di un paso inter
net. Burlesque está de moda. Y no solo les encanta a los
hombres. Los hombres lo encuentran sexy, y las mujeres no lo
encuentran sórdido. Muchas mujeres no quieren ir a un club para 259
caballeros, pero vendrían a una presentación de burlesque. —
Hice una pausa para que entendiera esto—. Podrías duplicar la
audiencia.
—Mina, somos un club de caballeros… —comenzó con ese
tono de yo-sé-más- que-tú.
Lo corté con unas calmadas palabras. S
a
—Un club de caballeros que está s
derrumbándose. Su mandíbula se h
a
marcó. Añadí con tranquilidad:
h
—Podemos cambiar esto. No tenemos que dejar que a
Bleeding Hearts caiga.
b
Sasha tomó un bolígrafo, golpeándolo ligeramente contra su l
escritorio de madera robusta. ó
—¿Por qué te importa si quebramos? .
No tenía que darle ningún tipo de explicación. Estaba —
poniéndome a prueba. Él sabía por qué me importaba. Yo amaba C
a su hermano más que a la vida misma. Simplemente indiqué: r
e
—Me preocupo. o
Mis latidos aumentaron y esperé pacientemente a que me q
echara. Podrías decir que casi me cagué encima cuando Sasha u
abrió el cajón de su escritorio y puso una tarjeta de crédito sobre e
la mesa. e
s
—Tienes un mes para mostrarme que esto puede funcionar.
h
De lo contrario, haré las cosas a mi manera.
o
—¿Cuál es mi presupuesto límite? —pregunté mientras r
tomaba la brillante tarjeta de crédito negra. a
—No hay ningún presupuesto límite —murmuró. Luego d
sonrió—. Pero entiende esto, lo que sea que compres que no e
tenga uso me lo cobraré de tu sueldo. Así que gasta sabiamente. q
u
¿Sabía él con quién estaba hablando? ¡Yo era la reina del e
gasto ahorrativo! Tenía esto bajo control. h
El fracaso no era una opción. a
Después de que el club cerrara esa noche, Sasha llamó a b
todo el mundo alrededor del bar para decirles que haríamos l
e
algunos cambios. Las bailarinas se acercaron con caras largas.
m
No estaba segura, pero era obvio que pensaban que el club iba
o
a cerrar.
s
acerca de hacia dónde se dirige este club.
Uno de los hombros de una de las chicas cayó. Parecía a
punto de ponerse a llorar.
Sasha continuó.
—Las cosas no están saliendo bien por el camino que van. El
Beso de Afrodita nos ha robado a los clientes. Corrieron un riesgo
y les dio frutos. —Hizo una pausa antes de añadir—: Es hora de
que hagamos lo mismo.
Se apoyó en contra de la barra y preguntó:
260
—¿Qué saben sobre el g
burlesque? Birdie a
intervino. n
—Conozco el burlesque. Bailaba burlesque antes de a
mudarme aquí. Traté de encontrar un acto al cual unirme la r
primera vez que vine, pero no pude encontrar nada. —Miró a las
chicas—. Era popular en Chicago. Es más un espectáculo que un t
baile desnudándote. e
—Correcto. —Sasha asintió en acuerdo. Dirigió su mirada u
a sus bailarinas—.
¿Quieren mantener sus trabajos? n

Un murmuro colectivo se levantó. Qué pregunta más s


estúpida. Por supuesto que querían mantener sus trabajos. o
Sasha asintió.
b
—Cerraremos de Lunes a Jueves está semana. Necesito
hacer algunas mierdas. r
Cuando regresen el viernes, quiero ver qué pueden hacer. e
Mi rostro cayó, junto con mi corazón. s
—Sasha, eso no suficiente u
tiempo. Dirigió su dura mirada e
hacia mí y repitió: l
—Viernes. Espero que estés aquí temprano. A las cinco de d
la tarde a lo más tardar. Muéstrame lo que tienes.
o
Mi estómago se hundió. No era tiempo suficiente. Sentí los
ojos de Lev sobre mí. ?
Me giré hacia la izquierda y miré hacia sus cálidos ojos de miel. B
—No es tiempo suficiente —
i
mascullé. Escudriñó mi rostro
r
antes de vociferar:
d
—Birdie. —Y cuando se acercó, dijo—: ¿Quieres i
e sonrió.
—Claro que si, bebé. Tengo dos boquitas en
casa que alimentar. Sus ojos se suavizaron ante
su entusiasmo.
—Mina va a necesitar tu ayuda con las chicas. ¿Puedes
mostrarles cómo se hace? ¿Cómo bailar?
Colocó sus manos en sus caderas y dejó escapar un largo
suspiro.
—Mi suposición es que la mayoría de las muchachas 261
comenzaron con alguna clase de baile.
Dio un paso adelante y gritó:
—Hey, chicas. ¿Quién tiene aquí experiencia en danza?
Para mi sorpresa, casi todas las muchachas levantaron
sus manos. Birdie sonrió.
—Bueno, excelente. Vamos a tener que apretarnos el
cinturón y crear alguna coreografía antes del viernes. ¿Quién
está conmigo?
Las sonrisas en los rostros de las chicas no tenían precio.
Estaban emocionadas, lo cual me emocionaba a mí también,
apaciguando las mariposas revoltosas en mi estómago. Me volví
hacia Anika y Nas.
—Voy a necesitar ayuda con los folletos y la publicidad. — E
Miré sobre mi hombro a Sasha—. ¿Copa gratis con el volante? l
d
Asintió.
o
—De acuerdo. m
Luego frunció el ceño y añadió: i
n
—Uno por cliente. Es mejor que
g
escribas esa mierda. La mano de Lev se o
d
cerró alrededor de la mía y sonreí.
e
—Lo haré. Lo prometo. d
Una mano apretó mi hombro. Birdie habló tranquilamente. i
v
—Mina, no sé si podamos lograrlo, pero voy a esforzarme e
hasta el límite. r
Di un paso hacia adelante y envolví mis brazos alrededor de s
ella, abrazándola fuertemente. i
—Muchísimas gracias por tu ayuda. —Retrocedí, pareciendo ó
cansada—. Tendrás que decirme lo que las chicas van a n
h
necesitar.
a
Las cejas de Birdie subieron mientras pensaba. b
—¿Tienes tiempo para ir al centro í
a
comercial el lunes? Me encogí de ll
hombros. e
g
—Claro. ¿Qué vamos a comprar? a
—La parte más importante. —Sonrió—. Disfraces, nena. d
Oh, por Dios. o
a
¿En qué diablos me he metido?
l
c
omplejo de casas de los Leokov.
Esto significaba que no solo tenía la ocasión de usar mi
nuevo traje de baño, sino que me daría la oportunidad de ver
a Lev en uno.
Quiero decir, lo sé. ¿Cuál es el gran problema? Lo he visto
desnudo. ¿Correcto?
¡Error!

262

Era horriblemente sexy ver a un hombre en ropa que le Y
quedara perfecta, y con el cuerpo que Lev tenía, no estaba m
segura de como algo le podría quedar mal. Me estaba muriendo e
r
por verlo en traje de baño. e
fi
Cuando salí del baño después de vestirme con mi nuevo y e
súper sexy traje de baño de una pieza, mentalmente le agradecí r
a Cora por su asistencia. Era hermoso, con pequeñas aberturas o
a
del material justo en los lugares correctos, a través de las costillas t
y en el centro de mis pechos. Era revelador sin parecer barato. o
d
Me encantaba. o
Con la mano en el mango de la puerta, me detuve, .
parpadeando ante la vista del trasero desnudo de Lev mientras —
se subía su traje de baño. Ni siquiera podían llamarlo así. S
o
Se giró y casi me trago la lengua.
n
Eran diferentes. No como simples pantaloncillos. No como los l
bóxers. Eran más apretados, como los calzoncillos. o
Muy s
ú
europeos. n
Me i
c
gustaba. o
Pero luego recordé que Anika estaría ahí. s
—¿Vas a usar eso? q
u
En algún punto a lo largo de esas líneas, me había e
convertido sin darme cuenta en un hombre alfa. t
Lev frunció el ceño, mirando sus pantaloncillos cortos de e
color azul marino. Alzó su rostro, con las cejas levantadas. n
—Yo… sí. g
o
Crucé mis brazos sobre mi pecho, apretando mis labios. ,
—Son demasiado pequeños, Lev. Se R
a
puede ver todo. Me incliné hacia su
t
cintura y siseé susurrando: ó
n. Tendrán que servir.
Mis labios hicieron un puchero cuando pestañeé hacia su
impresionante polla.
Murmuré:
—Oh, apuesto a que Anika amará eso.
Se puso de pie, con las piernas separadas, y sonrió
maliciosamente.
—¿Es esto celos, mi Ratón?
—No —mentí rápidamente—. No lo son. —Fingí aburrimiento
con un normal encogimiento de hombros—. Solo quería que 263
supieras que todo el mundo va a ver a tu Frank y sus frijoles.
Luego pasó algo milagroso. Me
sost
Lanzó su cabeza hacia atrás y rugió con risa. Y fue precioso.
uvo
Lo observé reír, y mi mente quedó frita por las ásperas com
cortezas de alegría provenientes de él. Sonaba liberador, y yo o si
estaba abrumada. Estaba insegura de cómo reaccionar. no
¿Era apropiado explotar en lágrimas de alegría cuando pes
escuchabas a tu hombre llorar? Pensaba que no. Así que me ara
quedé en silencio, mirándolo, perpetrando este momento al nad
banco de mi memoria. Lo mantendría ahí para un día lluvioso, a.
para cuando lo necesitara más. —
—¿Frank y sus frijoles? —murmuró, muy divertido, ¿
limpiándose las lágrimas de felicidad. Luego se enderezó,
extendiendo una de sus manos—. Mina, ven aquí. Q
Hice pucheros todo el camino hacia él. Su mano envolvió las u
dos mías y se inclinó para mirar mi rostro mientras me sonreía i
suavemente.
é
—Estoy peligrosamente cerca de enamorarme de ti.
n
Echó la cabeza hacia un lado, pensando, antes de agregar:
d
—Si es que no lo
u
estoy ya. Oh, mi
Dios. e
r
¿Acaba de decir eso? ¿En serio
m
acaba de decir eso? Oh, Dios.
e
Levantó una mano y pasó su pulgar a través de mi mejilla.
—¿Crees que me importa lo que piense Anika? —Descansó e
sus manos sobre mis hombros y me atrajo hacia él, besando mis n
impactados labios con un muack—. Ella no eres tú. —Besó mis
labios una vez más—. Ella nunca serás tú. m
Mi corazón latía rápido y fuerte, golpeando en mi pecho. i
Alcé mis brazos para pasarlos alrededor de su cuello. Sus c
brazos me envolvieron y se enderezó, levantándome del suelo.
a
ma por las noches, Ratón? Enterré mi
nariz en su cuello y balbuceé:
—Yo.
—Tú —confirmó—. ¿Y quién
me hace reír? Sonreí contra la
barba de su garganta.
—Yo.
—Exactamente. —Volvió su rostro para besar mi mejilla—.
Nadie más. Eres tú, Mina. Siempre has sido tú —habló con 264
suavidad—. Solo me hacía falta encontrarte. Y ahora que lo he
hecho, no dejaré que te vayas. ¿Está bien?
—Está bien —susurré, sintiendo huir mis celos.
Me depositó en el suelo, se puso la bata, y se calzó las esta
sandalias de cuero antes de deslizar sus gafas de sol sobre sus ban
ojos. Rápidamente me coloqué un vestido blanco antes de de
calzarme unas sandalias baratas en color rosa pálido. Luego pie
caminamos hacia la casa de Sasha. cerc
a
Para el momento en que rodeamos la vivienda hacia la
del
piscina cercada con vidrio, los otros ya estaban ahí en sus trajes
bar,
de baño, hablando, comiendo, y bebiendo cockteles. Me detuve
esp
justo en la puerta, mis amplios ojos mirándolo todo, admirando la
eran
espectacularidad.
do a
Esta casa de piscina era increíble. que
Estaba construida alrededor de la gigantesca y circular el
piscina. Con pedruscos asentados alrededor del exterior de la bart
piscina y plantas selváticas colocadas estratégicamente en el end
contorno del perímetro. Parecía como si estuviéramos al aire er
libre. Mi corazón casi explotó de emoción cuando vi el tobogán. term
Necesitabas subir un tramo de escaleras para llegar ahí, pero inar
necesitaba subirme en esa cosa. Me sentí como una niña de a de
cinco años en el parque acuático. mez
clar
Una mirada a la izquierda me mostró un severo hombre
sus
vestido con una camisa negra, de pie detrás del bar, mezclando
bebi
bebidas.
das.
De acuerdo, tal vez no es un lugar ideal para una niña de Amb
cinco años, pero estaba igual de impresionada. os
Esta casa de piscina era más bien una mansión de piscina, lleva
con sofás, una zona con una mesa elegante para comer, y la ban
televisión más grande que he visto en mi vida ubicada en la pant
pared, un baño completo y funcional, y una ducha al aire libre. alon
Viviría felizmente en este lugar para siempre. es
cort
—Whoa —dije sin aliento.
os
Nas ya estaba dentro de la piscina, usando un bikini negro. negr
Anika yacía reclinada en una silla larga vistiendo un bikini de os
estampado de leopardo con estilo de los 1950 con la parte que
inferior de talle alto, sus ojos cerrados, relajada. Sasha y Vik les
llegaban por encima de las rodillas.
Apodaré a esta casa de piscina La
Casa de los Sexy. Nas nos vio primero,
sonriendo.
—Perversa. Lo lograste. Pensé que nunca
abandonarías tu cama. Me ahogué diciendo:
—Buenísimo, Nas. Realmente buenísimo.
Fingió completa inocencia cuando escuché un ligero “Hola”,
de Anika. 265
Me volví para sonreírle, pero perdí mi sonrisa falsa cuando
sus ojos cayeron en Lev justo cuando él se quitaba su bata.
Quise parecer discreta, así que antes de su
gran revelación del Señor Frank y de los Frijoles Gemelos, me regr
puse delante de él, obstaculizando su vista. Después subí mi eso,
cabeza y sonreí. poni
end
—Hola, Anika. ¿Cómo estás?
o
Observó a Lev de cerca mientras respondía: los
—Estoy bien, gracias. ojos
en
—Ven dentro —llamó Nas—. Te juro que el agua está
exquisita. Como un baño caliente. blan
co.
Quería guardar las partes más sensibles de mi hombre, pero Par
no podía resistir el llamado de la piscina. Con una sonrisa, me ecía
quité el vestido por encima de mi cabeza, corrí lo más rápido que que
pude, y luego salté, cayendo en la cálida agua con un sonoro yo
chapuzón. Una vez que resurgí, nadé ligeramente cerca de Nas. no
—Oh, Dios, esto es maravilloso. era
Lev tomó la silla larga próxima a Anika, se quitó las gafas de la
sol y se recostó. Ella lo miraba con un ojo agudo, inclinándose únic
de medio lado para enfrentarlo. Sonrió y habló tranquilamente. a
Él no se volvió hacia ella cuando le respondía, colocando sus capt
manos detrás de su cabeza y cerrando sus ojos. Ella habló un and
poco más, y no pude evitar percibir como se aguantaba. De o el
medio lado como estaba, su seno estaba peligrosamente cerca a flirte
salirse de su bikini. o de
Anik
Estaba a punto de abrir mi boca, cuando escuché a Sasha
a.
decir:
H
—Ani. Tus tetas están a punto de saludarme.
ubie
Me giré para mirarlo. Con ojos feroces, le entregó un cocktel ra
y dijo: odia
—¿Necesitas algo con lo que do
el
cubrirte? Ella parpadeó,
hac
pareciendo confundida. er
—No. Estoy bien. Gracias. una
esc
Tuve que volverme para sonreírle a Nas. Y ella me sonrió de ena
hoy, pero lo haría totalmente si lo necesitaba. Ella tenía que
estarse tranquila a mi alrededor. Puede que sea pequeña, pero
podía volverme temeraria cuando me molestaban.
Vik estaba sentado al borde de la piscina, entregándonos a
Nas y a mí un cocktel de frutas a cada una. Sonreí en
agradecimiento cuando levantó su cerveza hacia nosotras.
Levantamos nuestras bebidas en salud y bebimos en el relajante
lugar.
Estaba comenzando a pensar que era una gigante estúpida
por no querer venir aquí hoy. Sasha incluso se comportó normal.
Y yo estaba feliz de estar aquí. 266
Nas se volvió hacia mí.
—Así que —comenzó—, ¿hablaste con Alessio?
Sonreí con alegría. —
¿
—Sí. Me envió mensajes ayer para que tuviese su número, y L
hemos estado escribiéndonos desde entonces. —Mi sonrisa se e
suavizó—. En realidad no es un mal hombre. d
Sasha resopló mientras se deslizaba dentro de la piscina. ij
—Sí, claro, nunca lo has visto atacar tu garganta con una i
maldita navaja del tamaño de la polla de King Kong. s
t
Me giré para fruncirle el ceño. e
—Te follaste a su esposa. a
l
Sasha bebió de su cerveza y se encogió de hombros.
g
—Debió mantenerla más cerca u
de sí. Gruñí. n
a
—Dios, eres un cerdo. m
Sonrió en esa manera babosa que odiaba. i
—Eso ya lo sabes, Mina. e
r
—Realmente siento lástima por la chica que termine contigo d
—murmuré mientras negaba con la cabeza en simpatía con la a
pobre chica desconocida que se casaría con Sasha. s
Su rostro cayó, pero tanteó. o
b
—Entonces, Caracortada Scarfo es tu hermano. Está gritando r
esa mierda desde los tejados. —Me observó—. ¿Cómo e
conseguiste que te aceptara? Dijo que no quería a ninguna e
hermana, ahora sí. Tengo curiosidad. ¿Qué tuviste que hacer? l
Él quería que cayera en su trampa. c
l
Quería una pelea. No conseguiría una.
u
Bebí de mi cocktel y me encogí de hombros. b
—Lamentó tratarme de la manera en que lo hizo. Se disculpó ?
y yo lo superé. No voy a discutir asuntos privados contigo, Sasha. M
Todo lo que necesitas saber es que mi hermano y yo estamos i
trabajando en reparar nuestra relación. r
Inclinó su cabeza ligeramente. o
stro se sonrojó. Le he dicho algo, pero nada importante.
—No realmente. Me preguntó por qué estábamos cerrando.
Le dije que se está preparando algo grande. —Sonreí—. Pude
haberle dicho que esperasen a que su competencia volviera con
un golpe.
Los ojos de Sasha me inspeccionaron.

267
—¿Ah, sí? ¿Qué dijo una
Scar
sobre eso? Lo aplasté fo
con una mirada. de
san
—Nos deseó buena suerte. Y lo
gre
dijo en serio. Nas intervino. y
—Eso es algo agradable de su parte —dijo sinceramente—. una
Eso es genial, Mina. Leo
kov
Sonreí. Mi hermano era, de hecho, un hombre decente. de
Hizo que mi corazón se calentara. cora
Vik habló con un tono indiscutible. zón.
—Sí, pero no es como si todavía no quisiera cortar a M
Sasha en pedacitos. Estuve totalmente de acuerdo. e
sent
—No lo hemos hablado mucho, pero estoy segura que sí. — í
Miré a Sasha antes de alejar mi mirada, queriendo hacer mi seg
punto en perfecta calma—. Lo que Sasha le hizo a su rostro lo ura
cambió. Él es la coraza de la persona que solía ser. —Me encogí con
de hombros—. Realmente no lo culpo por querer venganza, si les el
soy honesta. —Un escalofrío me recorrió―. ¿Pueden imaginarse con
como debió sentirse? ¿Que tu esposa te sea infiel no solo con oci
otro hombre, sino con un rival y luego tener que llevar esas mie
cicatrices para siempre, recordándote diariamente algo que nto
preferirías no recordar? de
Silencio se deslizó a través del grupo. que
tení
—Él no puede olvidarlo, no importa cuánto lo intente —hablé
tranquilamente—. a
Lo que Sasha le hizo no lo deja. más
fami
El silencio abarcó al grupo por un corto momento mientras lia
bebíamos nuestras bebidas en quietud. Pero al cabo de un rato, ahor
Vik nos tenía riendo acerca de algo estúpido, y cuando Lev se me a
unió en la piscina, llevándome sobre su espalda, recordé que
rápidamente que este inverosímil grupo de personas significaban con
algo para mí. Puede que no tenga una familia completa, pero era la
que comencé.
Y Lev era mucho más
que eso. Él era mi
hogar.

268
Traducido por Pimienta

Sasha

staba de pie tras la barra con la cabeza hacia abajo, a


oculta a la vista. Su ondulado cabello castaño caía por b
su espalda en suaves ondas. Su alto cuerpo curvilíneo a
era una fantasía viva. Una que hacía que mi vida fuera j
un infierno. o
a
Era hermosa. Exquisita. No como las otras chicas que había m
tenido en mi cama. Anika Nikulin era elegante. i
c
Anika Nikulin era u
impresionante. Era e
r
exquisita. p
Hice un trato con Viktor cuando éramos adolescentes... mi o
hermana por la suya. Él aún tenía que hacer su movimiento con .
Nastasia, pero yo estaba cansado de esperar a Anika. —
Abriéndome paso hasta la barra, me acerqué a ella. ¿
Demasiado cerca. Su cuerpo desnudo, rozando mi parte Q
delantera. u
é
Y, sin embargo, me incliné más cerca, con ganas de sentir e
totalmente el calor de su espalda contra mi pecho. s
Se dio la vuelta con los ojos muy abiertos, mirando hacia t
ás haciendo, Sahs?
No pude evitarlo. Mis manos se acercaron y se posaron a
ambos lados de su pequeña cintura. 269
—Puedo hacer que lo olvides —murmuré. Mi pulgar acarició
la goma elástica de su bikini—. Puedo hacer que olvides que
alguna vez existió, Ani.
Y lo decía en serio. Lev no la quería. Él tenía a Mina. Su
oportunidad para hacer un movimiento había pasado. Lev era
ahora feliz. Ella perdió.
Me miró a través de sus pestañas. Con suave voz melódica, lanzó
un pesaroso:
—Nunca fuiste competencia, Sasha. No a su lado.
Miró por encima de mi hombro, y por la forma en que sus
ojos se suavizaron, jodidamente sabía que lo estaba mirando a
él.
Los celos gritaron a través de mí. Odiaba que lo amara.
Miró de nuevo hacia mí, alzando la mano hasta apretar
suavemente mi antebrazo mientras murmuró:
—Nunca estuviste siquiera cerca.
Cuando ella tomó su copa, volvió a la hamaca y se acostó
en ella, miró discretamente a mi hermano.
Y allí estaba. La mujer que amaba tratando de cazar a mi
hermano. Figúrate.
Pero no importaba. Usaría todas las armas en mi arsenal
para tenerla. Anika sería mía.
Lo prometía, joder.

270
Traducido por nikki leah

Mina

r de compras con Birdie a una tienda de disfraces había prob


sido... bueno... interesante, por no decir menos. A mitad able
de nuestra expedición de compras, yo estaba con los men
ojos abiertos e impresionada de las cosas que te
uno podría encontrar si miraba lo suficiente. des
pedi
¿Quién sabía que las pezoneras estaban disponibles en das.
tiendas de lencería? ¿O que los diminutos trajes de marinero y Las
medias de red eran tan fáciles de obtener? dos
Birdie lo sabía. trata
Salimos del centro comercial con dos carritos de compra ron
llenos de accesorios y Birdie llamó a las chicas para que se la
reunieran con nosotras en el club después de que le pidiera a ame
Sasha permiso para reunirnos allí. Lev estaba ocupado naz
trabajando en los libros, pero me dijo que me encontraría allí más a
tarde. con
una
Llegamos a Bleeding Hearts justo después de las 2 p.m. La
frial
mayoría de las bailarinas ya habían llegado, pero dos de ellas
dad
enviaron mensajes a través de las otras para decir que no
que
podrían venir. Birdie estaba algo enojada con eso. Me advirtió de
me
que Sofía y Martina eran un poco flojas. Advirtió a ambas chicas
atur
que si no podían realizar las nuevas rutinas, estarían
dió.
¿No se daban cuenta que estaban en riesgo de perder sus
trabajos? Me chocó que no pareciera importarles. Sasha
observaba desde una silla mientras abrimos la primera caja de 271
accesorios. Salieron abanicos de plumas, abanicos de seda
vintage, ligas, boas de plumas, sombreros de copa, máscaras de
satén, una gran caja de pezoneras, guantes de satén, sombrillas
retro de punto blanco, plumas de avestruz de todos los colores,
látigos de cuero y bastones delgados. Las chicas se volvieron
locas.
Una pequeña mujer llamada Lilah se adelantó, tocando las —
plumas con una sonrisa en su rostro. ¿
C
—Vaya. Son tan suaves. ó
Una chica de ojos verdes llamada Petra sonrió mientras m
tomaba una liga de encaje. o
—Y tan femenino. p
o
Una mujer alta afroamericana que conocía como Shonda d
envolvió una boa de plumas alrededor de su cuello. e
—¿Has visto esto? Mmmm hmmm. Me están gustando. m
o
El resto de las chicas vinieron para ver los artículos que
s
habíamos sacado, y conté ocho mujeres. Suspiré mentalmente.
p
Puede que fuera suficiente para la apertura, pero algunas de
o
estas chicas trabajaban a tiempo parcial. Si Sofía y Martina no n
se presentaban, íbamos a estar en problemas. e
Birdie llamó. r
—Vengan por aquí, señoras. Tengo algunas cosas para n
ustedes que les va a encantar. Gracias por los mensajes de texto o
con sus medidas; ayudó mucho. —Abrió la segunda caja y corrí s
a ayudarla. Me sonrió y se volvió hacia las chicas—. ¿Quién e
s
quiere ver el genial vestuario que tenemos?
t
Una aclamación recorrió la sala y Lilah chilló: o
—¡Estoy tan emocionada! s
?
Birdie tomó cada traje de la caja uno por uno, entregándolos
a las chicas correspondientes. Cada chica recibió un corsé de B
color diferente con cuerpo de una sola pieza con medias de red irdie
hasta el muslo, y un traje adicional. No eran todos iguales. asist
Algunas chicas consiguieron un traje de marinero pequeñito, ió,
otras uno para ser conejitas y criadas francesas, mujeres policía, dicié
gatitas, e incluso una Caperucita Roja. ndol
e a
La manera en que las chicas charlaban animadamente, hizo
Lila
que me mordiera el labio para aplastar mi sonrisa. Estaba feliz de
h
que fueran felices.
que
Cuando Lilah alzó una pezonera y preguntó:
se quitara la camiseta y el sujetador. Lilah sonrió mientras se
desvestía, y las otras chicas observaban cuidadosamente
mientras Birdie les mostraba cómo aplicar las pezoneras
utilizando el pegamento sobre los pechos desnudos de Lilah.
Mi teléfono vibró en mi bolsillo y sonreí a la pantalla.
—Oye, no he sabido nada de ti en unos días —
contesté alegremente. Alessio sonaba un poco
tímido.

272
—Sí, bueno, estoy tomando bastante de tu tiempo. No —
quiero fastidiarte. Sonreí. G
—¿A qué debo este r
placer? Él hizo un a
ligero gruñido. c
—No estoy seguro de si debería haber llamado o no, pero i
después de hablar con papá, él me dijo que debería hacerlo. — a
Estaba dudando.
s
Mi sonrisa desapareció.
,
—¿Qué es?
A
Alessio
l
suspiró.
e
—Es que tenía aquí a dos de tus chicas
s
pidiendo trabajo. Cerré los ojos.
—Déjame adivinar: Sofía y Martina, ¿correcto? s
—Sí —siguió—, les dijimos que no las i
necesitábamos. Mi ceño se frunció. o
—¿Por qué hiciste eso? Antes tenías personas por los —
alrededores del club para robarnos a nuestros trabajadores. r
Él chasqueó la lengua con fastidio. e
—Sí, bueno, la mierda ha cambiado. Ya no estamos s
haciéndolo —dijo él—. Dile a tus niñas que no son bienvenidas
aquí, ¿de acuerdo? p
Una pequeña sonrisa adornaba mi cara. o
—¿Esta es su manera de decirme que no vas a n
joder mi trabajo? Se quedó en silencio un d
momento antes de decir: í
—Eso es exactamente lo que te estoy diciendo. e
n voz baja. Su respuesta fue tan
tranquila.
—De nada, Mina.
De inmediato me dirigí a la barra y me acerqué a Sasha.
—Así que sólo tenía una llamada interesante
de mi hermano. Las cejas de Sasha subieron.
—¿Por qué coño me lo estás diciendo?
Fruncí mi nariz hacia él, y levantando mi mano, lo golpeé en
el pecho. 273
—¿Sabes? podrías ser más amable conmigo. Tengo
información importante que decirte.
Él suspiró. —
Sie
—Lo que sea. Dispara.
mpr
—Alessio me dijo que Sofía y Martina estaban en El Beso e
de Afrodita justo ahora, solicitando trabajo. tuve
La mandíbula de Sasha se marcó, pero como siempre, una
habló de manera uniforme. cos
a
—Perras de mierda. Están despedidas. Tan pronto como
por
lleguen, diles que vengan a verme a mi oficina.
la
Asentí, perfectamente feliz con el despido de ambas chicas. foto
—Sabes que no podemos trabajar con tan sólo nueve grafí
chicas. Vamos a necesitar por lo menos tres más a tiempo a
completo. y...
—mi
Me fulminó con la mirada.
cara
—¿Cómo diablos sabes eso? enro
Me mordí la lengua, pero realmente quería decirle que se jeció
comiera mil pollas. —, y
—He hecho mi investigación. —Resoplé—. Escucha, yo
probablemente no habría sido capaz de hacer nada de esto sin era
Birdie. Creo que deberías ponerla a cargo de la contratación de bue
las próximas chicas. na
en
Por una vez, no estaba en desacuerdo, mirando hacia la eso.
mujer. Pen
—Ella me sorprendió con toda esta mierda. No me di cuenta sé
de que era material para la administración. Podría haberla usado que
hace unos meses. —Él asintió—. Voy a hablar con ella. si
¡Gracias al Señor por las pequeñas victorias! tuvi
eras
Mientras estaba en buena racha, decidí empujar mi suerte. una
—No tendrías una cámara profesional por ahí, ¿verdad? cám
Su mirada monótona me dijo que no, que no la tenía. Sus ara,
cejas se fruncieron. podr
ía
—¿Para qué necesitas una cámara?
tom
ar fotos de las chicas para los volantes. Tengo algo en mente,
pero sólo necesito las herramientas para hacerlo. —Agité mis
manos despidiendo la idea—. No importa. Lo haré sin ello.
Mientras me alejaba, me di la vuelta y empecé a caminar
hacia atrás mientras le decía a Sasha genuinamente:
—Oye, gracias.
Él frunció el ceño.
—¿Por qué?
Me encogí de hombros.
274
—Por darle a mí idea una oportunidad. Significa mucho. Así —
que gracias. P
o
Volví con las niñas y escuché mientras proyectan sus ideas r
para las rutinas de baile y actuaciones en solitario. Trabajamos t
para que cada acto sea de entre tres y cinco minutos cada una, u
con dos intervalos durante la noche. Me quedé impresionada b
con estas mujeres. Ellas se lo estaban tomando todo con calma i
y contribuyendo. Estaba muy orgullosa de ellas. e
Una hora más tarde, llegó una entrega al club y era dirigida a n
mí. Firmé con la confusión escrita por toda mi cara. Cuando abrí ,
el paquete, di un grito ahogado. e
s
Dentro había una nueva cámara digital profesional Pentax.
p
Mis labios comenzaron a temblar. Sabía quién había hecho esto.
e
Desde detrás de mí llegó un severo: r
—Si lo rompes, lo pagas. o
q
Puse con cuidado la caja en la barra antes de girarme y u
preguntarle: e
—¿Por qué? ¿Por qué me has dado esto? t
Sasha miró al suelo, claramente incómodo. Su respuesta fue e
cortante. n
g
—No lo compré para ti. —Su voz se suavizó—. Lo hice por a
el club. Lo compré para el club. s
Una pequeña sonrisa tiró de mis labios, y pronto estaba r
radiante. a
—Voy a tomar las mejores fotos que z
ó
hayas visto nunca. Sus cejas se elevaron n
por la convicción en mi tono. .
S
—¿Las mejores fotos que haya
a
visto nunca? Sonreí. s
—Las mejores malditas fotos que hayas visto nunca. h
a
Él sonrió entonces, pero fue un poco. Suspiró para sí mismo. L
eokov no sabía con quién estaba trabajando.
No sabía quién era Mina Harris en realidad. Necesitaba
que se lo mostrara, y tenía toda la intención de hacer
precisamente eso.
Lo
conquistarí
a. Lo haría.
Lev llamó justo cinco minutos antes del cierre para decirme
que no iba a venir al club como estaba previsto. Se quedó
atrapado en esos números suyos y perdió totalmente la noción 275
del tiempo. Por suerte para él, había tenido un buen día; de lo
contrario, no lo habría aceptado simplemente.
Después de ver algunas de las fotos que intentaba poner en —
los volantes, Sasha estaba impresionado. No lo demostraba, N
pero sabía que lo estaba. ¿Por qué si no se iba a ofrecer a o
llevarme de vuelta a casa? lo

Sasha y yo éramos ahora como normales mejores amigos.
.
Bueno, en realidad no. Pero él sucumbiría a mi encanto.
Pu
Eventualmente. Estaba segura de ello. ed
Sasha condujo hasta el camino de Lev el tiempo suficiente e
para murmurar: qu
—Joder. e
no
Levanté la cabeza para ver lo que le había sacado una se
maldición y encontré el coche de mi hermano en el camino. a
Y estaba sentado dentro. na
—Gracias por el viaje. Nos vemos más tarde —murmuré da
distraídamente antes de salir, caminando hacia el coche de ,
Alessio y golpeando ligeramente la ventana. pe
ro
Él estaba frunciendo el ceño hacia abajo a un pedazo de …
papel en su regazo, pero tan pronto como levantó la cabeza —
para mirarme, su rostro se suavizó. Abrí la puerta del pasajero y
m
me senté adentro, sonriente, inclinándome sobre el asiento para
e
darle un ligero abrazo.
pa
—Oye. No te esperaba. ¿Qué estás haciendo aquí? só
Y, ¿qué haces fuera? Su brazo llegó a mí alrededor el
tro
para abrazarme de vuelta, y pronunció: zo
—Tengo que hablar contigo. A de
pa
solas. Mierda.
pe
Me aparté. l—
—Eso suena ,
to
serio. Sacudió la
m
cabeza. a,

ralo por ti misma.
Mis dedos trabajaron rápidamente para desplegar el papel.
Cuando leí lo que había en él, mi pecho se apretó.
—Los encontraste —susurré—. Encontraste a los Peterson.
¿Ya? —Sonreí y reí—
. Trabajas rápido.
—Mina, esta es la cosa —comenzó con cautela—. ¿Hace
cuánto tiempo le pediste a Lev que los encontrara?
¿Cuánto tiempo? Recordé.
—Hace unas seis semanas. 276
¿Por qué? Maldijo, pasándose
una mano por la cara.
—No quiero causar ningún problema, pero creo que —
necesitas saber que alguien contactó a los Peterson hace unas Ento
semanas, haciendo todo tipo de preguntas sobre ti. nce
s
Fruncí el ceño. Eso no podría ser cierto. Añadió en voz baja:
quer
—Y creo que fue Lev. ía
—¿Qué? —Me reí sin humor—. No, eso no sab
er
puede ser cierto. Alessio levantó las manos en cóm
un gesto de impotencia. o
esta
—No lo sé a ciencia cierta. No lo sé. Tal vez deberías hablar
bas
con él sobre ello. Si no fue él, no sé quién podría haber estado
y
preguntando por ti. Es una coincidencia espeluznante. —
dón
Continuó—: Y no creo en las coincidencias.
de
Mi corazón se te
retorció. Lev no esta
bas
me haría eso. que
Él no lo haría. dan
Aparté mis pensamientos y seguí adelante. do.
Me
—¿Hablaste con ellos entonces? ¿Con los Peterson? —Él
preg
asintió. De repente me sentí nerviosa—. ¿Qué dijeron?
untó
Alessio habló con calma. si
—Hablé con Maggie. Le dije que era tu hermano. Que no podí
sabíamos el uno del otro hasta hace poco y que estabas a
buscándolos. vert
Mi garganta se apretó. Le pregunté un quedo: e.
No
—¿Qué te dijo? le
Sus ojos se abrieron cómicamente. dije
—Bueno, primero jodidamente lloró como un bebé. don
de
Mi mano se acercó para cubrir mi boca mientras mi rostro se esta
arrugaba. Alessio puso una mano en mi rodilla, acariciando, y ba
continuó: que
dándote, pero le dije que te lo diría y que si querías reunirte con
ella, me llamarías.
Mi voz tembló.
—¿Cómo están? ¿Cómo está
James? Alessio sonrió.
—Ellos están bien. Viven muy cerca de donde solían vivir.
No sé sobre James.
Ella no lo menciono.
—Vaya —murmuré, mirando hacia abajo al papel en mi
regazo. Tragué saliva y luego dejé escapar un largo suspiro—. 277
Gracias. —Me volví hacia él—. Muchas gracias.
Luego dijo algo —
maravilloso. Se V
encogió de hombros. e
—Eres mi hermana. Te ayudaré en lo que pueda. n
Antes de que estallara en lágrimas, me arrojé sobre el e
asiento, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello y s
tirando de él más cerca.
t
—Lo mismo va para ti... hermano —le solté,
a
sonriendo—. Mejor me voy. Miró su reloj y asintió.
s
—Sí yo también. Tengo que estar listo para el trabajo —Su
rostro cambió entonces y chasqueó sus dedos—. Espera, antes e
de que me olvide. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una m
fotografía antigua y luego me la pasó—. Conoce a Enzo Scarfo.
a
El rostro que me miraba era guapo. Muy atractivo. Con altos
pómulos, nariz afilada y cejas bajas, parecía peligroso. Él no n
sonreía en la foto, mientras sus ojos casi negros me miraban. a
Un escalofrío me recorrió.
.
—Era muy
A
guapo. Alessio se
l
burló.
m
—Era un cruel bastardo.
Si las cosas que Alessio había mencionado eran ciertas, o
estaba de acuerdo de todo corazón. r
Así que tomé la fotografía, la agarré con fuerza entre mis z
dedos, la rasgué por la mitad y murmuré:
a
—Ya lo he visto. Mi curiosidad está saciada. Y espero que él
esté ardiendo en el infierno por lo que te hizo. —Rompí la foto en r
trozos, sosteniéndolos apretados en mi mano para poder tirarlos e
todo a la basura.
m
Inclinándome para besar la mejilla de mi hermano, me
despedí. o
s. No dudó en responder
rápidamente.
—Sí, está bien. Llamaré.
—Gracias de nuevo.
—Sonreí. Guiñó un
ojo.
—En cualquier momento.
El momento en que caminé dentro de la casa, supe que algo
andaba mal. Encontré a Lev sentado en la parte baja de las 278
escaleras, con la cabeza entre sus manos.
Dejé todo y corrí hacia él, envolviéndolo en mis brazos.
—¿Lev? ¿Cariño, qué pasó? —pregunté en pánico.
Levantó su cabeza para mirarme a los ojos.
—Irina está muerta.
De todas las cosas que esperaba oír, esta no
era una de ellas. Mi corazón latía con fuerza.
—Oh Dios mío.
Se pasó una mano por su cara y habló en aflicción.
—¿Por qué no podía simplemente rendirse? ¿Por qué tenía
que jodidamente presionar de la forma en que lo hizo? —Me miró
con angustia—. Yo sólo quería a mi hija.
La confusión me superaba.
—¿De qué estás hablando, Lev?
—Es mi culpa que esté muerta —hablaba
entrecortadamente.
Suspiré. Por supuesto que él sentiría que era culpa suya. 279
Quería a su hija tanto que probablemente pensaba que era su
culpa.
—No, cariño. —Sostuve sus manos y hablé en voz baja—
. Esto no es tu culpa. Él asintió con firmeza.
—Sí, lo fue.
Hablé con severidad:
—No, no lo fue.
—Lo fue. —Su rostro se volvió doloroso—. Hice que Mirella
metiera cocaína en su casa. —Cerró sus ojos, angustiado—.
Murió de una sobredosis.
Oh, mierda.
Estábamos en un gran problema.
Traducido por Pimienta

Mina

ue un día triste en la casa Leokov. Después de que Lev E


confesara su participación en la muerte de Irina, s
aunque me doliera el corazón, tranquilamente le pedí o
que me contara la historia completa. n
Lev explicó que había estado planeando algo grande durante o
e
meses. Mirella había estado esperando el momento adecuado
r
para meter las drogas, preferiblemente después de que Irina
a
saliera de juerga toda la noche, lo que ocurrió la noche anterior.
p
Mirella llamó a la policía desde la casa justo después de las siete
a
de la mañana, y cuando llegaron los escoltó a través de la casa
r
hasta la sala de estar, donde Irina supuestamente dormía en el t
sofá. e
Cuando Mirella trató de despertarla, supo que algo andaba d
mal. Su cuerpo estaba rígido e Irina ya estaba fría. e
Un Lev confundido me dijo que nunca había tenido la l
intención de que esto ocurriera. Odiaba a Irina, pero no quería p
l
que muriera. Sólo quería que los servicios sociales le quitaran a
a
Irina la custodia de Lidiya para que pudiera volver a casa.
n
Igor Alkaev llamó a Lev poco después para decirle que Irina .
había fallecido. Igor estaba devastado. Lev estaba realmente
L
sorprendido.
a
policía contactó con Lev, y él les dijo que estaría allí tan pronto
como le fuera posible para recoger Lidiya.
Le pidió a Mirella que se quedara con la niña hasta que él 280
fuera capaz de volar hasta allí, de forma que Lidi no se angustiara
por la situación.
Cuando Lev pidió hablar con Mirella, le dijeron que ella estaba
siendo interrogada y que Lidiya estaba jugando actualmente con
un oficial de los servicios sociales.
Lev entró en pánico. —
Él iba a perder a su hija. L
Lev me pidió que fuera con él para recoger a Lidiya, le dije o
que aunque no me quisiera ahí, habría ido. Cuatro horas más s
tarde, salimos para traer a Lidiya a casa. Eso, o a que Lev fuera
arrestado. i
Mi pecho se sintió apretado todo el camino. Sabía en mi e
corazón que si Lev había sido la causa de la muerte de Irina n
había sido de forma accidental. Lev simplemente no podía fingir
la conmoción plantada por todo su tenso rostro. Planeaba estar t
allí, a su lado, todo el camino. Elegí creer que Lev no tenía nada o
que ver con la muerte de Irina.
.
El pensamiento de lo contrario era demasiado malditamente
doloroso. Y hasta el momento en que la policía tuviera una P
evidencia que sugiriera que él lo había hecho, yo estaría allí, e
sosteniendo su mano.
n
No habló en todo el camino, y se aferraba a mí como a un
salvavidas. Cuando llegamos a la comisaría eran cerca de las 3 s
a.m. Le pidieron a Lev su identificación y, una vez confirmada su é
identidad, una especie de policía nos escoltó.
q
—Siento su pérdida, Sr.
u
Leokov. Lev respondió
e
en voz baja:
y
—La señorita Alkaev y yo no éramos cercanos. Lo único que
teníamos en común era nuestra hija, pero gracias. a

El policía asintió, comprendiendo. e


—Aun así, es muy preocupante cuando alguien se s
quita así la vida. Apreté la mano de Lev con fuerza y t
pregunté, con los ojos muy abiertos. a
—Lo siento. ¿Qué dijiste? r
El policía parpadeó, sorprendido. í
an informados sobre la situación. Lev negó con la
cabeza.
—Me dijeron que murió de una
sobredosis. El hombre asintió
con la cabeza.
—Sí, creemos que lo fue. Encontramos tres contenedores
vacíos de pastillas cerca del cuerpo, así como una nota.
Creemos que fue un suicidio por sobredosis intencional de
medicamentos recetados. Pero la familia ha solicitado una
281
autopsia. Los informes de toxicología tardan normalmente de
entre cuatro a seis semanas, pero la causa de la muerte ha sido
catalogada como suicidio.
Miré a Lev. Él me miró.
Tuvimos una conversación silenciosa utilizando
sólo nuestros ojos. Oh Señor.
Oh, gracias, Dios. M
ir
No tenía nada que ver e
con esto. Lev era ll
a
inocente.
s
Nos llevó a una pequeña habitación donde nos dijeron que a
esperáramos. Lo hicimos en completo silencio, y cuando la c
puerta se abrió, entró Mirella sosteniendo a una Lidiya dormida, u
seguida de una mujer con traje. d
i
Mirella trató de sonreír, pero parecía cansada. Le entregó a
ó
Lidiya a Lev y él sostuvo a su hija dormida con fuerza.
l
La mujer, que se presentó como la detective Maria Palmer, le a
pidió a Lev que le hablara un poco sobre su relación con Irina. c
Lev le dijo que él no tenía ninguna relación con Irina Alkaev. a
Ella asintió en comprensión. Cuando le preguntó si sabía si b
Irina había estado en tratamiento por una depresión, Lev e
respondió que no lo sabía. z
a
La detective Maria Palmer nos dijo que la muerte de Irina no c
sería tratada como sospechosa, ya que tenían razones para creer o
que Irina había estado planeando esto durante un tiempo. n
Cuando la policía buscó en la computadora de Irina, encontraron c
en el historial una búsqueda titulada “maneras más fáciles de a
matarte a ti mismo”. n
Miró a Lidiya y sacudió la cabeza con tristeza. s
a
—Mis más profundas condolencias. Es libre de llevar a su hija n
a casa. No queremos causarle ningún estrés innecesario. Si c
tenemos alguna pregunta más, llamaremos. i
Lev pensó en tomar el siguiente vuelo de vuelta a casa, pero o
le aconsejé que no lo hiciera. En cambio, tomamos una .
habitación en el hotel del aeropuerto, y una vez allí, Lev puso a —
Lidiya en una de las camas dobles, arropándola. Luego se volvió N
hacia Mirella y le preguntó en voz baja: o
—¿Lo hiciste tú? .
—¿Cómo sucedió esto? —cuestionó.
—No lo sé —respondió—. Irina debe de haber estado
planeando esto durante un tiempo. Ella estaba claramente
enferma.
—Entonces, ¿qué pasó con las drogas que metiste en la
casa?
—Confiscadas, junto con todo lo demás. —Mirella lo miró—.
La bolsa estaba intacta, Sr. Lev. Lo juro.
Se sentó en la cama con un suspiro.
—Mierda. Entonces, ¿yo no la maté? ¿Ella realmente se 282
liquidó a sí misma? Mirella habló en voz baja:
—Sí, creo que lo hizo.
Me senté en la cama junto a él, apoyando mi cabeza en su
brazo antes de girar mi cabeza y besar su hombro.
—¿Ahora qué?
Miró de Mirella a Lidiya y luego de nuevo a mí.
—Ahora tenemos a Lidiya en casa y le daremos la vida que
se supone que tendría que haber tenido. —Miró a Mirella—.
¿Vienes?
Mirella sonrió débilmente hacia la niña durmiendo en la cama.
—Dónde Lidiya va, yo la sigo.
A la mañana siguiente, volamos a casa. Lidiya se aferró a
su papá todo el camino.

283
Traducido por martinafab

Mina

as y Sasha nos recibieron en la puerta, esperando a


obtener algo de amor de Lidiya, pero tristemente, se s
había quedado dormida en el coche.
i
Mirella la llevó a su habitación para que durmiera en paz, y
Sasha abrazó a su hermano, dándole unas palmadas en la n
espalda con fuerza. t
—¿Todo i
bien? Lev ó
suspiró. .
—Sí. Creo que sí. —
Nas preguntó suavemente: Sí,
—¿Qué pasó? la
pol
Lev me miró antes de volverse hacia su hermano y su
icí
hermana.
a
—Irina se tragó un puñado de pastillas. —Resopló—. Dejó no
una nota diciendo que lo sentía. est
Nas jadeó suavemente y el ceño de Sasha se frunció. á
—¿Se trat
an
suicidó? Lev
do su muerte como sospechosa, así que supongo que sí, lo
hizo.
Sasha puso manos a la cuestión principal. 284
—¿Y Lidiya?
Lev suspiró con cansancio.
—Ella estará en casa para
siempre. Nas sonrió con
pesar.
—Sabía que la querías en casa, pero estoy segura que no
querías que viniera a casa de esta forma. —Envolvió sus brazos
alrededor de la cintura de Lev—. Lo siento, Lev.
Él le dio un ligero apretón.
b
—Gracias.
Cuando Nas lo soltó, Sasha le apretó el hombro. a
—Te tenemos. Si necesitas algo, nos lo dejas saber.
Con su amable oferta, se fueron, y tomando a Lev de la mano, s
lo llevé arriba a nuestra habitación, cerrando la puerta detrás de
nosotros. Llevé a Lev hacia la cama y él tomó la indirecta, t
acostándose. Me acurruqué a su lado y esperé.
Me acarició durante un rato antes de que susurrara: a
—Creía que la había matado.
n
Besé su pecho cubierto por una camisa y hablé en voz baja:
—No lo hiciste, cariño. t
—Lo sé —soltó en una respiración inestable—, pero creí
haberlo hecho. e
No respondí. Se había torturado a sí mismo lo suficiente
durante las pasadas veinticuatro horas. Le estaba persiguiendo r
la idea de que podría haber sido él la causa de la muerte de
Irina. Necesitaba tiempo para afrontar el hecho de que no a
había hecho nada.
p
Y yo estaría ahí, incluso en silencio, si eso era lo que
necesitaba.
i
**
d
* Pasó una semana con
e
z.
Bajo las circunstancias imprevistas, Sasha decidió cerrar el
club hasta el siguiente jueves y re-abrir el próximo viernes,
dándonos a todos tiempo con nuestra pequeña oso Lidi.
Se había adaptado bien, si las risitas chillonas eran algo con
lo que medirlo. Todos luchábamos por su atención, pero el lugar
en el que parecía más cómoda era en los brazos de Lev, sólo 285
viendo el mundo desde muy arriba.
El cambio en Lev era increíble.
Sonreía más, reía más, y ni siquiera sólo a Lidiya, a todo el
mundo. Mi dulce hombre estaba tratando de ser el papá que
Lidiya merecía, pero Lev, era Lev. Él era especial de esa manera,
y un día, yo sabía que Lidiya lo vería por el hombre que era.
Ramos de flores comenzaron a llegar a la casa. Le siguieron —
cartas de condolencias. Igor Alkaev le pidió educadamente a Lev No
que asistiera al funeral de Irina, pero Lev declinó má.
respetuosamente. Le dijo al hombre: No.
¿As
—Lo siento por su pérdida, Igor, pero no finjamos. Irina hizo
ha
de mi vida un infierno de cualquier forma que pudiera. Siento que
jega
esté muerta, pero no voy a ir a su funeral. Tampoco Lidiya.
com
Fue un momento triste, pero estaba orgullosa de él. igo?
Igor le preguntó a Lev si él y su esposa serían capaces de ver —
a Lidiya en alguna ocasión, y Lev le dijo que tendría que pensar preg
en ello. Hablamos sobre ello largo y tendido, y Lev llamó a Igor untó
para decirle que si querían ver a Lidiya, tendrían que venir a la mie
casa y hacerlo bajo la supervisión de Lev. El anciano se sintió ntra
ofendido por la oferta y le colgó a Lev. s se
Dos horas más tarde, su esposa llamó y aceptó la oferta. leva
ntab
Entendíamos que estaban de duelo, pero después de toda la a y
mierda que habían sacado, tenían suerte de que Lev estuviera corrí
ofreciendo siquiera eso. Igor Alkaev no se merecía ver a Lidiya, a
pero ambos entendíamos que sinceramente amaban a Lidiya, y hast
ella no debía ser castigada porque sus familias no se llevaban a la
bien. El hecho de que Lev les estuviera dando la oportunidad de esq
verla en absoluto era un milagro, en mi opinión. uina
Entré en la sala de estar, sonriendo ampliamente ante el ,
sonido de la risa salvaje de Lidiya. La encontré en el suelo, don
dando patadas de la risa, con Sasha fingiendo ruidosamente de
comerle el vientre. habí
—¡Para, Asha! —gritó a través de su gozo—. a
esta
¡No má! ¡No má! Era muy gracioso ver a un bleci
hombre con traje reducirse a esto. Sasha do
su
levantó la cabeza.
jueg
—¿No más? ¿Estás segura? Porque todavía o de
tengo hambre. Otro repique de risitas. té.
Sasha miró su reloj.
—Cariño, me encantaría jugar contigo, pero tengo que irme.
—Se acercó a ella—.
Ven acá.
Lidiya ya estaba sosteniendo sus brazos hacia arriba. Yo
observé desde la puerta como Sasha la levantó y la abrazó con
fuerza, sosteniendo con una mano la parte posterior de su cabeza
con ternura.
—Te amo —le dijo en voz baja.
Ella se echó hacia atrás, frunciendo sus labios carnosos.
286
—¿Beso?
Sasha sonrió, dándole un sonoro beso en los labios antes de —
ponerla abajo. J
e
—Adiós, princesa. Sé buena. g
Se sentó en la alfombra, moviéndose de esa manera que una a
bebé de casi tres años hacía, de arriba a abajo y súper flexible. c
Le sonreí a Sasha al pasar. Me hizo un gesto con la barbilla y o
salió. m
Entré en la habitación y me senté junto a Mirella. i
g
—¿Cómo lo llevas? —le pregunté o
en voz baja. Ella dejó escapar un ,
E
largo suspiro. e
—Lo llevo bien. —Estaba mintiendo claramente. n
—Necesitas un descanso —le dije con a
.
sinceridad—. Estás agotada. Negó con la
P
cabeza, pero su boca la traicionó por bostezar. ateó
—Estoy bien. sus
Me puse de pie, levantándola por el brazo. peq
ueñ
—Ve. Buu. Duerme un poco. Y no te atrevas a bajar hasta as
mañana por la mañana. Estás fuera de servicio. pier
Ella sonrió, parpadeando con cansancio. nas,
—Si estás segura... trata
ndo
—Estoy segura —pronuncié, empujándola suavemente por la de
puerta—. Ahora lárgate. baja
Mirella fue arrastrando los pies por el pasillo hacia su r.
habitación y cerró la puerta detrás de ella. Era bueno tenerla Me
alrededor, pero la pobre mujer necesitaba un descanso de vez reí y
en cuando. Era natural que estuviera por sucumbir a la fatiga. dejé
Lidiya tiró de mi mano, y sonriendo, me agaché para recoger que
a mi conejita regordeta. sus
pies
—Oye, tú —dije, dándole un beso en la mejilla regordeta—.
toca
¿Quieres jugar conmigo?
ran el suelo. Corrió hacia el juego de té y la seguí. Vertió fingido
té y comimos fingidas galletas, y ella dijo lo mismo que había
estado diciendo durante toda una semana.
—Mama eta dumiendo.
Me rompía el corazón cada maldita vez. Con la expresión
triste, repetí suavemente:
—Sí, cariño. Mamá está durmiendo.
¿Cómo le explicas a una niña de dos años que su madre
estaba muerta?
287
No lo hacías. Ya era suficientemente angustioso que fuera a —
estar separada definitivamente de Irina, e independientemente de V
la cantidad de veces que me habían dicho que Irina era una mala e
madre, estaba segura que Lidiya no lo veía de esa manera. Me n
gustaba creer que Lidiya amaba a su madre. Los niños eran a
divertidos de esa manera. Cuando daban una emoción, lo daban q
todo. Quería creer que incluso Irina no era inmune al amor de su u
hija. í

Lidiya pronto se cansó de jugar y agarró su frazada, l
lanzándose el pulgar a la boca. Se acercó a mí como si no fuera e
gran cosa venir y acurrucarse en mi regazo, sus piernas d
colgando y su cabeza apoyada en mi pecho. ij
Me encantaban estos momentos, en los que sólo éramos Lidi e
y yo, donde daba ese amor tan libremente, casi como si supiera .
que lo necesitaba. Sabía que no era mi hija de sangre, pero ella N
era la hija de mi corazón. o
Diez minutos pasaron, y el pequeño ángel estaba d
definitivamente dormido con todos los miembros colgantes. La u
besé en la frente y la abracé con fuerza. No necesitaba nada más d
ó
que esto.
.
Le susurré en el cabello: Y
—Hubiera dado cualquier cosa por tener una hija como tú, mi o
Lidi. Me alegro de que estés en casa. s
a
Desde detrás de mí, en la puerta abierta, vino:
b
—¿Quieres hijos? í
Volviendo la cabeza, vi a Lev allí de pie, con una expresión a
suave al ver a sus dos chicas favoritas. Sonreí. l
o
—Me encantan los niños. —Añadí rápidamente—: Pensaba q
que estabas trabajando, señor. u
Él inclinó su cuerpo alto contra la pared. e
—Me encuentro distraído. n
e
Entendía. El intento de Lev por enterrarse en los libros de c
Bleeding Hearts no funcionaba. e
sitaba.
Una vez que estuvo sentado a mi lado en el sofá, le pasé
suavemente a Lidiya. La pequeña niña regordeta fue levantada
sin esfuerzo al regazo de Lev. Ella resopló en sueños, pero
rápidamente se acomodó contra su padre. Él dejó escapar un
suspiro de alivio y presionó besos suaves en su cabello.
La amaba condenadamente tanto. Me encontré a mí misma
ahogándome por

288
ell
o. Apoyando la mejilla en su pequeña cabeza, se volvió hacia mí.
—Yo hago buenos niños, si te interesa —terminó con una sonrisa.
Me reí y sacudí la cabeza ante su terrible broma. Mi sonrisa No
vaciló, como si supiera que era el momento de traer a colación trate
algo que había estado temiendo. Lo había estado conteniendo s de
por una semana completa. Se sentía rastrero mencionarlo dete
después de la muerte de Irina. ner
me.
—Lev, cariño —comencé—, tengo que preguntarte algo, y

necesito que no te enojes conmigo, ¿de acuerdo?
Me
Frunció el ceño, meciendo a Lidiya. detu
—De acuerdo. ve
un
Con la boca seca, traté de explicarlo de la manera rápida.
mo
—Alessio encontró a los Peterson por mí. men
Por la forma en que su cuerpo se puso rígido, tuve mi to—
respuesta. Pero tenía que preguntar. .
Esto
—Necesito saber si tú los encontraste primero. Necesito
y
saber si me mentiste. La decepción me inundó cuando enoj
respondió en voz baja: ada
cont
—No estaba preparado para que los vieras. —Continuó—: No igo,
estaba preparado para que me dejaras. cari
Mis ojos se cerraron, pronuncié un suave: ño.
—Te amo, Lev, pero esto... esto no era sobre ti. —Mis ojos se —
llenaron de lágrimas detrás de mis párpados cerrados—. Te No
rogué que los encontraras. Me dijiste que lo harías. Saber que habí
podía haberlos visto hace más de un mes... duele. a
calo
—Lo siento —dijo en ese tono r en
robótico suyo. Mis ojos se mí
dicie
abrieron de golpe.
ndo
—No creo que lo hagas. —Negué con la cabeza—. Creo que eso,
sientes haber sido atrapado. sola
Me levanté y hablé suavemente: men
te
—Voy a verlos esta semana, y voy a llevar a Alessio conmigo. dec
epción.
Él parpadeó hacia mí, casi como si mi declaración tranquila lo
sorprendiera.
Repitió con más sentimiento:
—Lo siento, Mina.
Con mi voz plana, salí de la sala de estar, murmurando:
—Yo también.
Me encontró tirada en la cama una hora más tarde, mirando
hacia el techo.
Mi frustración estaba allí, claro, pero no iba a hacer que Lev 289
se ahogara en ella.
Ese no era mi estilo. Forcé una sonrisa.
—Hola. ¿Dónde está la princesa? r
Sus ojos no se encontraron con los míos. e
—Nas se la llevó. c
Miré la hora en mi teléfono. i
—Va a tener hambre pronto. e
—Sí, Nas se la va a quedar para la cena. Ada hizo n
espaguetis. —Suspiró, entrando en la habitación—. Necesito
que entiendas algo sobre mí. t
Esperé con cuidado. Abrió los brazos y dijo: e
—Soy egoísta. m
Mi ceño se frunció. e
—No, no lo eres. No eres egoísta en absoluto. n
Con la mandíbula apretada, se sentó en el borde de la cama t
y asintió.
e
—Lo soy. Y soy despiadado. Cuando quiero algo, hago lo
que necesite para conseguirlo. .
Eso no sonaba como el Lev que conocía. N
—Estás siendo dramático. o
Sus cálidos ojos se encontraron con los míos. e
—No quiero que veas a los Peterson por dos razones. — n
Levantó un dedo—. Quería castigar a Maggie Peterson por el
conocimiento de que la estabas buscando, pero ella no podía t
encontrarte. Quería que las palabras que te dijo el día que te e
escapaste se pudrieran en su boca como gusanos. Ella te hizo
daño. Quería que sufriera las consecuencias de sus acciones n
ese día. d
Vaya. Eso era un poco cruel. Me aclaré la garganta y le í
pregunté:
a
—¿Y la segunda razón?
.
Bajó la cara y dijo entre dientes:

—El hijo, James, se divorció
¿Qué significa eso?
Su expresión se hizo feroz, afirmó:
—No iba a perderte por un hombre al que una vez
amaste. No iba a suceder. Mi irritación chispeó por eso.
—¿No confías en mí?
Él me inmovilizó con una mirada de complicidad.
—Cuando Anika está alrededor, ¿soy yo en quien no
confías, o en ella?
290
—En ella —chillé con incredulidad porque me preguntara M
eso. Entonces me di cuenta de que había hecho un punto—. e
Está bien. incli

Comencé:
haci
—Entiendo tus razones estúpidas para que no quisieras que a
los viera, por muy inválidas que sean. Pero —suspiré—, las cosas dela
han cambiado. He cambiado. Creo que he dejado claro que te nte
amo. A ti. No a James. lo
Lev extendió la mano para desabotonarse el cuello de la sufic
camisa. ient
—No sabes si al verlo volverán los viejos sentimientos. e
para
—Eso es verdad —admití—. Pero esos sentimientos de los capt
que estás hablando eran los de una chica de dieciséis años que urar
estaba sorprendida de que un chico se fijara en ella, no una mujer sus
de veinticuatro años. —Me extendí para envolver mi mano labi
alrededor de la suya—. No me desmayo por cada tipo que me os
lanza una mirada apreciativa, ¿verdad? en
Suspiró, luchando para aflojarse la corbata con la mano libre, un
tironeando con fuerza. cálid
—Lo amabas. o,
cari
No se equivocaba. Sí que amaba a James. Pero eso fue hace
ños
un siglo.
o
Ese amor se había desvanecido y dado cabida a un amor más bes
grande. Un amor maduro. Un amor real. o.
Tomando su mano, me puse en su regazo mientras trabajaba —
en aflojarle la corbata con suavidad. Hablé en voz baja: ¿
—Te amo a ti. —Deshice el lazo de seda drapeado sobre sus C
hombros—. Te deseo a ti. —Tirando de ambos lados de la seda, o
lo acerqué y me puse justo delante de su rostro—. ¿Me n
entiendes? fí
a
Su mano se acercó para descansar en lo alto de mi cintura y s
él dejó escapar un largo suspiro. e
—No puedo perderte. n
mí?
No había ninguna duda en su respuesta áspera.
—Sí.
Puse una mano en su mejilla sin afeitar y entonces le dije
las mismas palabras que él me había dicho.
—Entonces confía en mí.
Pasamos la tarde en la cama, abrazados y besándonos
como un par de chicos de dieciséis años.

291
Era dócil y exactamente lo que
necesitábamos. Cualquier día que
pasara con Lev era perfecto.
Simplemente perfecto.

292
Traducido por Vanehz

Mina

uando Nas quería algo, jugaba rudo para conseguirlo. —


Alrededor de las seis, Lev caminó hacia su casa E
para recoger a Lidiya, pero vino con las manos ll
vacías y un ceño fruncido en su rostro. o
s
Intenté con fuerza no sonreír. s
—¿Qué pasó? e
Cerró la puerta con más fuerza de la necesaria, gruñendo. r
á
—Aplazado. No se permiten chicos, aparentemente. n
Entonces me reí, caminando hacia él y envolviendo mis m
brazos a su alrededor. i
m
—No eres el único que la echa de
u
menos, ¿sabes? Frunció el ceño hacia e
mí. r
t
—Simplemente la quiero aquí conmigo. —Su rostro se e
suavizó—. Con nosotros.
.
—Solo ha pasado una semana, cariño. Están emocionados.
Les va a tomar algo de tiempo para sacarlo de sus sistemas. M
i
La aman a muerte.
m
Levantó sus manos para desabotonar su camisa. e
nte sonrió. Tenía la distracción perfecta. Apreté su cintura.
—Oye, ¿me puedes dar tu opinión sobre algo? Necesito
293
que seas honesto. Lucía cansado, pero siempre estaba
dispuesto.
—Por supuesto, Ratón.
Iba a remediar ese cansancio. Sonreí inocentemente.
—Genial. Ponte cómodo, y volveré en solo un segundo. —
¿
Me apresuré hacia el baño, agarrando la bolsa negra de A
camino. Cerré la puerta justo a tiempo para ver a Lev lanzarse de s
espaldas a la cama, descansando sus brazos sobre sus ojos. í
Tardé menos de cinco minutos en vestirme, pero cuando abrí q
la puerta, Lev estaba en la misma posición en que lo dejé. u
Caminé lentamente, con cuidado sobre mis tacones, así no me e
avergonzaría a mí misma al caerme de cara. Cuando había dado e
algunos pasos hacia la cama, me aclaré la garganta. s
t
Lev levantó su cabeza con un suspiro, y cuando sus ojos
e
aterrizaron en mí, se abrieron cómicamente. Inconscientemente,
n
mantuvo sus ojos sobre mí pero agarró su miembro, sujetándolo
e
firmemente en su mano. g
Me elevé en toda mi altura, piernas separadas, pura o
expresión. c
—Tu honesta opinión, cariño. i
o
Me giré para él, lentamente, y pregunté seductoramente. d
—¿Es esto más caliente que mostrar pechos y traseros? e
Sus ojos viajaron al minúsculo traje de marinera azul y blanco. l
La falda con bonitos volantes y que, además, no cubría nada, b
dejaba a la vista mis bragas de satén y encaje de marinera. u
La camisa blanca atada justo bajo mis pechos, la llevaba abierta rl
e
pero atada en mi escote. Mi lindo sombrero de marinera en lo alto
s
y a la izquierda de mi coronilla, vi sus ojos viajar por mis piernas
q
con medias de rejilla hasta el muslo y hasta mis tacones blancos
u
peep-toe.
e
Sonriendo, abrí el abanico de plumas y lo moví frente a mi p
rostro. u
—Cariño, necesito tu opinión sincera. e
d
Los labios llenos de Lev se separaron ligeramente y se e
apretó más a sí mismo. f
Murmuró distraídamente. u
—Mucho más caliente que pechos y traseros. n
cionar?
Asintió lentamente antes de levantarse y espiarme
lentamente. Tragué fuerte y di un paso tambaleante hacia
atrás en mis tacones.
—¿Lev?
Chillé cuando se abalanzó sobre mí, derribándome en el
suelo. Gemí cuando me volteó sobre mis rodillas, haciendo a un
lado el satén que cubría mis partes íntimas y se condujo dentro
de mí desde atrás. Jadeé cuando nos corrimos momentos
después. Sonreí somnolientamente mientras me llevaba a la
cama, recostándome con suave comodidad, envolviendo sus 294
brazos alrededor de mí.
Oh, sí.
Este asunto del burlesque realmente funcionaba.
***

—¡Desacelera! —chillé, hiperventilando ligeramente. N


Íbamos a llegar demasiado pronto. No quería llegar antes. o
¿Qué clase de perdedor aparecía antes? quer
ía
Yo. Sí. reír.
Lev se estiró para apretar mi mano. ¿Po
—Vamos por debajo del límite de velocidad, Ratón. No vamos r
a llegar antes. qué
ella
Estábamos en camino a conocer a los Peterson. Era un
me
camino de cuarenta y cinco minutos desde donde vivíamos
hací
actualmente, y con Lidiya en el asiento trasero, cantando para sí
a
misma, había usado cada excusa en el libro para retrasarnos.
reír?
La primera había sido que pensaba que Lidiya tenía frío, pero Deb
cuando Lev revisó el espejo retrovisor, y vio a Lidiya sonriéndole ería
de vuelta, agitando su mano en un ondeo y diciendo dulcemente ser
“¡Holla, papa!” se volvió hacia mí con las cejas levantadas. Me ileg
hundí en mí misma. al
No iba a admitir que estaba nerviosa. De ninguna manera, no ser
había manera. tan
lind
La segunda vez, traté de decirle a Lev que necesitaba hacer
a.
pis. Me dijo que no lo hacía. Le grité que sí. Entonces me
De
sonrió.
verd
El idiota. ad.
La tercera vez, le dije que pensaba que había confundido las M
citas y deberíamos ir a casa a revisar. En ese punto, Lev estaba i
abiertamente ignorando mis histerismos y cambiando las rostr
emisoras de la radio mientras Lidiya miraba a su padre de cerca o se
antes de presionar sus labios juntos como si fuera a silbar, pero sent
haciendo un chillido horrible a través del diminuto agujero que su ía
boca había hecho. calie
nte y respiré profundamente a través del nudo en mi estómago.
Me vestí dulcemente, deseando impresionarles, pero no mucho.
Así que me puse mis jeans negros y una blusa blanca con mi
blazer blanco encima.
Agregué mis zapatillas planas de ballet, apliqué un poco
maquillaje, y entonces até mi cabello en una cola alta.
¿Y ahora? Ahora estaba segura de que iba a estallar en
trozos sobre la tapicería del Camaro.
Llegamos allí poco después de las 2 p.m. y mientras Lev 295
sacaba a Lidiya del coche, esperé dentro, aclarando mi mente.
Después de un minuto para mí misma, Lev abrió la puerta del
pasajero, luciendo maravilloso en sus jeans, camiseta y
chaqueta de vestir, sosteniendo a una adorable Lidi con su bonito seg
vestido rosa, cárdigan blanco y sus rizos en un caótico lío en lo uí
alto de su cabeza. dent
ro,
Con los dos a mi lado, estaba más lista que nunca.
con
Tomé la mano que Lev me ofreció y salí del coche. Lo Lev
aseguró, puso su brazo alrededor de mí, y me condujo hacia una y
casa de apariencia modesta. Entonces repentinamente el nudo Lidi
en mi estómago decayó hasta convertirse en una presión. Un cam
segundo más tarde, se había ido completamente. Otro momento inan
y ya no estaba asustada. Alguna vez había amado mucho a esta do
gente. No había razón para estar asustada. tras
Llegamos a la puerta delantera juntos, y el brazo de Lev se de
apretó alrededor de mis hombros. Avancé y presioné el timbre. mí.
Mie
Un sonoro repique, y menos de diez segundos más tarde, la
ntra
puerta se abrió.
s
La mujer que estaba parada allí, lucía diferente, pero bajo cam
todas las líneas de su rostro y el cabello canoso, encontré a ináb
Maggie Peterson. amo
Sus cejas cayeron y colocó una temblorosa mano sobre su s
boca en incrédulo asombro. por
el
—Mina. ¿Eres tú, cariño?
pasil
Ante mi sonrisa, un jadeo escapó de ella y no pidió permiso. lo, vi
Envolvió sus brazos alrededor de mí y me atrajo para un apretado foto
y cálido abrazo, su cuerpo temblando todo el tiempo. Levanté mis grafí
brazos para abrazarla también y escuché sus susurros sacudidos as
de “Oh, Mina” y “Mi pequeña niña”. de
Tragué a través del nudo en mi garganta y la abracé con nue
fuerza. Cuando se apartó, sus ojos estaban húmedos, pero vos
estaba sonriendo. mie
—¿Dónde están mis modales? —Se dirigió hacia mbr
nosotros—. Por favor entren. os
John y James están atrás. de
la
Sequé una lágrima perdida que no sabía que había caído y la fami
lia de todas las razas y procedencias. Sonreí y pregunté.
—¿Más hijos e hijas?
Sonrió débilmente y se encogió de hombros.
—Ahora solo somos un hogar temporal. No más de
seis meses cada vez. No dijo mucho sobre eso, pero
tenía la sensación de que era mi culpa.
Maggie sostuvo mi mano mientras salíamos al patio trasero.
—John. James. Miren quién está aquí.
Un John con aspecto más rechoncho de lo que recordaba se 296
levantó de su lugar en la mesa. Sonrió ampliamente y no perdió
el tiempo; vino y me envolvió en un abrazo de oso.
—Oh, Mina, Mina. ¿Qué voy a tuvi
era
hacer contigo? Nos separamos y que
sonreí divertida. adivi
nar,
—Te ves bien, John.
diría
Rió y palmeó su abdomen. que
—Sí, seguro que lo hago. Estoy sorprendido de que no hayas su
preguntado cuándo doy a luz. nom
bre
Rió naturalmente.
es
Pero el hombre parado en la silla cercana, mirándome como Thor
si pensara que lo había traicionado de la peor forma posible, .
captó mi atención.
M
—James —susurré.
i
Aún era apuesto de aquella forma americana. Su cabello
castaño arenoso cortado cuidadosamente, sus ojos azul claro, s
su mirada más dura de lo que recordaba. No había sonrisas para o
mí esta tarde.
n
Despreocupadamente dijo:
r
—Mina. Gusto en verte.
i
La forma en que lo dijo indicaba que esta afirmación era
mentira. Una grande y gorda. s
—Sí. a
Mi voz era baja. Ausentemente froté mi antebrazo. r
—También a ti. ¿Dónde están los e
gemelos? John rodó sus ojos pero g
lo hizo sonriendo. r
—En casa de unos amigos. Adolescentes.
e
Hubo un espeso momento de silencio antes de que John se
aclarara la garganta. s
—Bien, ¿vas a presentarnos a este bien parecido colega, o ó
voy a tener que adivinar? —Sonrió ampliamente—. Porque si d
e lleno y con fuerza. John no
había cambiado ni un poco.
Retrocedí, permitiendo a Lev colocar su brazo a mi
alrededor. Levanté la mirada hacia sus cálidos ojos color coñac
y anuncié.
—Este es mi… mi… —Mi sonrisa se suavizó—. Este es mi
Lev.
Su brazo se apretó a mi alrededor. Se inclinó y besó mi
frente. Me incliné hacia él y añadí:
—Y la pequeña princesa en la cadera de Lev es su 297
hija, Lidiya. Maggie se adelantó, dándole una
mirada a Lidiya y rebosando alegría.
—Hola, princesa. ¿Te gustaría una muñeca —
B
con la que jugar? Levantó la mirada hacia Lev i
y explicó. e
n
—Tengo toneladas de juguetes si quiere jugar con algo. ,
Lev miró a Maggie un largo momento antes de colocar a g
Lidiya en el suelo. Mi corazón golpeó fuertemente antes de r
ralentizarse con alivio mientras Lidi tomaba la mano de Maggie y a
parpadeaba hacia ella. c
—¿Gad con muñeca? i
a
Maggie miró hacia abajo a la dulzura que era Lidiya antes de s
anunciar. .
—Por supuesto que puedes jugar con una muñeca. A
Eso era lo bueno de Maggie. Hablaba idioma bebé sent
fluidamente. í. No
Mientras Maggie desaparecía dentro con Lidi, John gesticuló me
hacia la mesa y nos sentamos. preg
untó
—¿Qué deseas, Mina? ¿Y tú, Lev? ¿Puedo sobr
traerles una bebida? Sonreí. e
mí.
—Tomaré un vaso de zumo.
Mi
—Lo mismo — sup
respondió Lev. John osici
ón
dio una palmada. era
—Hecho. Denme un segundo. que
quer
Nos dejó con James y con lo cobarde que era, me negué a
ía
mirarlo a los ojos cuando pregunté.
lanz
—¿Cómo estás, James? arm
Sentí sus ojos sobre mí. Sentí su rabia ante mi corta e
conversación. La verdad era, que no estaba lista para discutir fuer
lo que pasó. Simplemente aún no. a
Después de una larga pausa, respondió en voz baja. de
esta casa y felizmente nunca volverme a ver.
Suponía que esperaba que las cosas fueran embarazosas,
pero no esta rabia hacia mí. Incluso furia. No entendía por qué.
Ambos fuimos culpables por lo que pasó. El sexo no era cosa
de uno. No lo había seducido. Éramos algo. Nos amábamos el
uno al otro. No iba a tomar toda la culpa porque nos descubrieran
haciéndolo.
Maggie abrió la puerta trasera y regresó con Lidiya,
sosteniendo una muñeca Barbie al mismo tiempo que John
regresaba con nuestras bebidas. Colocó los tres vasos de jugo
para Lev, Maggie y para mí, mientras él y James tomaban una 298
cerveza.
Bien… Esto iba a ser divertido. ciert
o.
Tan divertido como que te saquen los dientes, claro.
Apa
—Entonces —empezó Maggie, elevando sus hombros en un rent
ligero encogimiento. Mantuvo una sonrisa firme, pero sus cejas eme
bajaron en lo que podría ser un ceño fruncido. nte,
Preguntó tranquilamente: era
una
—¿Dónde has estado, cariño?
peq
Abrí mi boca para responder, pero nada salió. Me parecía ueñ
bastante a un pescado boqueando. a
En vez de ello, Lev replicó calmadamente. perd
ida.
—Hasta hace tres meses, Mina vivía
M
en las calles. Silencio. Espeso como
a
el concreto. g
g
—¿Qué pasó hace tres meses? —preguntó
i
James, ácidamente. Lev murmuró: e
—Que yo la encontré. r
e
El mensaje estaba implícito. Era suya. Su mano bajó hacia t
mi pierna, apretando ligeramente. r
John conjeturó. o
c
—¿Elegiste ser una vagabunda a vivir con nosotros?
e
—Sonaba herido. Los ojos de Maggie se pusieron d
i
más brillantes.
ó
—Pudimos haber cuidado de ti, cariño. Eras nuestra niña. ,
Era divertido lo que siete años podían hacer en una persona. s
En vez de escuchar toda esta mierda, me encontré a mí misma u
enojada. e
x
Me burlé. p
—¿Ah sí? ¿Creí que no era más que una pequeña zorra, r
Maggie? ¿No fue así como me llamaste? Oh, espera, no. No es e
sión dolida, pero no había cavado.
—Estabas furiosa conmigo. —Me giré hacia un sombrío
John—. Ambos lo estaban. —Miré hacia James. Su mandíbula
estaba apretada con fuerza—. Y tú… — sacudí mi cabeza—, no
dijiste nada. —Mi corazón se apretó—. Dijiste que me amabas,
pero cuando nos atraparon, ¿dónde estabas? Ocultando tu cola
entre tus piernas, ahí estabas.
Sacudí mi cabeza.
—No me digas que tenía un lugar aquí. Los consideraba mis
padres hasta ese día. —Fulminé con la mirada a James—. Y
no era la única que tenía la culpa. 299
John habló tranquilamente. ser
una
—Creo que todos manejamos la situación
carg
pobremente. Maggie sacudió su cabeza. a
—No, yo manejé la situación para
algu
pobremente. Parpadeó para ien
alejar las lágrimas. más
.
—Sé que ahora ya no significa mucho, pero me arrepentí
de decirte esas cosas en el segundo en el que salieron de A
mi boca. n
t
Trató de forzar una risa, pero salió como un sollozo. e
—Ni siquiera sé por qué las dije. Pero me he arrepentido e
de ellas durante siete años. s
o
Su emoción me
,
golpeó fuerte. Me J
a
sentí como una idiota.
m
—No fuiste solo tú, Maggie. Toda la situación estaba fuera e
de control. —Exhalé— s
. No había forma de que dejaras que James y yo estuviéramos s
juntos. Incluso si de alguna forma estuvieras de acuerdo con ello, e
que no lo estabas, los de servicios sociales me hubieran p
colocado en una casa diferente en cuanto lo descubrieran. u
Tenía diecisiete. No quería ir a otra casa. —Mi aliento se atoró y s
salió quebrado—. Este era mi hogar. o
d
Ante mi repentina angustia, Maggie se quebró. Colocó una
e
mano sobre su rostro y lloró silenciosamente. El humor en la
p
mesa había caído en picado. John se sentaba tranquilo mientras
i
James fruncía el ceño a sus manos.
e
Esto fue algo que yo causé. Necesitaba hacer algo, decir algo. r
—Para ser justos, chicos, fueron los mejores. Los amaba, y e
nunca pensé mal de ninguno después de lo que pasó. Solo p
necesitaba irme. Estar por mi cuenta. Me sentía enferma por e
ntinamente.
—Me voy. —No me miró—. Me alegro de que no murieras,
Mina.
Antes de que alguien pudiera responder, se había ido. Me
levanté antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo y lo
seguí. Él no me haría sentir culpable, maldición.
Cuando salí por la puerta delantera, ya estaba abriendo su
coche.
—¿Cuál es tu problema,
James? Abrió la puerta 300
del coche.
—Vuelve adentro, Mina.
Trató de sentarse y cerrarme la puerta, pero la atrapé antes
de que se cerrara, abriéndola.
—No. Vamos a sacarlo. ¿Cuál es tu
enfri
problema? James se burló. arse
—Regresa con tu hombre, Mina. Olvídanos. …
Otra vez. Oooh. Finalmente estábamos
ella
llegando al punto del asunto.
—¿Por qué estás tan enfadado conmigo? esta
ba
Su expresión se volvió viciosa. Salió del coche y se paró a con
un paso de distancia de mí. moc
—¿Por qué estoy enfadado? iona
Parpadeó un momento antes de lanzar sus brazos al cielo y da.
gritar. A
—¡Me p
r
dejaste! Uh…
e
¿Qué? t
Su mandíbula se apretó. é
m
—Ni siquiera dijiste adiós, solo hiciste la maleta y saliste i
corriendo. Me dejaste. s
Nos dejaste —jadeó—. Te amaba. d
Mi corazón se hundió. i
—Yo también te amaba. Pero cuando llegó la presión, no me e
lo mostraste en el momento en que más lo necesitaba. Tu madre n
me dijo cosas horribles, y no dijiste nada. t
e
Hundió su barbilla, sacudiendo su cabeza. s
—Era un niño, Mina. Eras mi chica. Ella es mi madre. Ambos .
sabíamos que lo que estábamos haciendo estaba mal. ¿Por qué —
más lo mantendríamos en secreto? Sabíamos que no Te
deberíamos estar haciéndolo, pero nos amábamos. Nada más nía
importaba. die
Exhaló. cisi
—Sisolo le hubieras dado algo de tiempo para ete

os. Me dijo que era una ramera. Había odio en sus ojos. Y tú…
tú ni siquiera me miraste —le dije la honesta verdad—. Fuiste
un cobarde.
Sus manos fueron a descansar en sus caderas. Asintió
lentamente.
—Sí, quizás lo fui. Pero habría dejado todo por ti. Te amaba
hasta ese punto. Hubiera dejado todo. Mi beca de fútbol, mi
familia, nada de eso importaba. Si tan solo me hubieras pedido
hiciera las maletas, hubiera ido contigo. Podríamos haber estado
juntos —terminó en un susurro.
301

—No sabes lo que estás diciendo —le dije—. Nunca le E
hubiera deseado la vida que tenía a alguien que amaba. Ni s
siquiera la habría deseado para alguien que odiara. o
a
Me apoyé contra su coche y miré hacia la calle. p
e
—Estaba muerta de hambre, James. Literalmente me estaba s
muriendo antes de que Lev me atrapara robando la billetera de t
a
su hermano. No estaba lista para morir, solo quería conseguir .
algo de comida. Robar esa billetera resultó ser la mejor cosa que N
me ha pasado. Cambió mi vida. o
James resopló, apoyado en el auto a mi lado. ,
—Te habría cuidado siempre. Nunca habrías tenido que n
o
pasar hambre si lo hubiéramos hecho juntos. Pero no me diste
a
esa oportunidad.
p
Cambié el asunto. e
—Oí que te estabas divorciando. —Me giré hacia s
t
él—. ¿Qué pasó? Me miró, esos ojos azul bebé a
llenos de tristeza. b
a
—Aún estaba enamorado de otra mujer. Mi esposa se .
resentía por eso, así que me dejó. E
Parpadeó lentamente, estirándose para tomar mi mano. r
—Siempre fuiste solo tú para mí, Mina. Solo tú. a
m
Su mano era cálida sobre la mía y una repentina corriente a
de emoción me golpeó. Apreté su mano y hablé r
tranquilamente. a
—Necesitas seguir adelante, James. v
il
—¿Igual que tú seguiste adelante? —murmuró con
l
severidad mientras soltaba mi mano.
o
Asentí. s
—Seguí adelante hace o
.
siete años. Exhaló un T
largo suspiro. e
nía a Lev.
—Espero que encuentres lo que estás
buscando, James. Tomó mi mano,
sacudiéndola ligeramente.
—Ya lo hice, pero ella ya no me quiere. —Se encogió de
hombros—. Así es la vida, supongo.
Así era, desafortunadamente.
Justo cuando me movía para irme, James me tiró hacia
adelante tan rápido que choqué contra su cuerpo.
302
Sus brazos vinieron alrededor de mí y sus labios bajaron
rudamente sobre los míos.
Con los ojos abiertos y mi cuerpo rígido, mi boca
permaneció laxa mientras él gemía contra mis labios.
Bien, eso ciertamente le daba una nueva definición al dicho “Beso
robado”.

303
Traducido por Ximena Vergara

Mina

l resto de la tarde transcurrió sin problemas. Maggie y S


John se disculparon por la abrupta partida de James. u
Se disculparon más aún por lo que pasó esa noche hace m
siete años. Les dije que estaba olvidado hace a
mucho tiempo y que les deseo lo mejor. Y lo mejor de todo, n
Maggie nos dejó un momento para regresar con el álbum de fotos d
con cubierta de cuero que yo había perdido. Hojeándolo, pude í
ver que aún estaba intacto, aparte de algunas nuevas hojas al b
final donde Maggie había añadido algunas fotos de nosotros u
como familia. No podía esperar para mostrarle las fotos a Alessio. l
Nos marchamos cerca de 17:00, y Maggie me preguntó si a
podíamos reunirnos alguna vez para almorzar. La abrace con s
fuerza y le dije que me encantaría, aunque no estaba tan segura e
de que fuera a suceder. t
e
Mientras nos dirigíamos a casa, Lidi se durmió, lo que me dio n
la oportunidad perfecta para hablar con Lev sin distracciones. s
—¿Qué piensas acerca de ó
.
Maggie y John? Pensó en ello.

—Creo que ellos lamentan causarte dolor. Parecen buena
gente. E
s
—¿Y James?
u
n imbécil.
Estuve de acuerdo en lo último, pero ahora tenía que decirle
la parte difícil. 304
—Me besó hoy. —Me volví a mirarlo. Sus manos habían
apretado el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron
blancos—. Después de salir tras él, discutimos. Estaba enojado
conmigo por marcharme. Me dijo que todavía estaba
enamorado de mí. Que por eso se había divorciado. —Hice una a
pausa antes de dar el gran golpe—. Me pidió que te dejara y que co
me casara con él. nc
ie
En la última parte, Lev se volvió hacia mí, con el rostro
nc
relajado. Recuperándose antes de aclararse la garganta y
ia.
preguntar.
D
—¿Y qué dices
e
a eso? Fingí h
e
indiferencia.
c
—Bueno, después de darle una bofetada por ese beso h
grosero que me había dado, le dije que debería controlarse. Le o
expliqué que yo sólo quería casarme con un hombre, y que ya ,
estaba con ese hombre. m
Dejé escapar un suspiro de frustración. e
b
—Te lo dije, nena y no estaba equivocado. Definitivamente él e
quería una rebanada del pastel de Mina —dijo Lev irritado—. No s
estoy seguro de si debería sacarle la mierda a golpes, o ó
simplemente sentarme aquí y estar agradecido de saber que h
quieres casarte conmigo algún día. a
Sonreí con descaro. s
t
—¿Qué tal un beso de gratitud? a
Él me miró y su duro rostro se suavizó, una pequeña sonrisa q
adornó sus labios. u
Él se inclinó y yo retrocedí. e
—No en mis labios. q
u
Él parecía confundido. e
—¿Entonces dónde? d
Sonreí, girándome para mirar por la ventana. é
a
—Te lo mostraré cuando lleguemos a casa. g
Su bajo gruñido provocó que se me pusiera la piel de o
gallina en mis brazos. Y cuando llegamos a casa, él me beso t
a
da.

***

Era la noche antes de que el club volviera a abrir, Sasha nos


convocó a una reunión para cenar antes del gran acontecimiento.
Se celebró en la casa principal. Ada había preparado un
banquete maravilloso para la celebración, y yo estaba hambrienta
con solo mirar todo.
Nosotros comimos. Hablamos. Reímos. 305
Todo iba bien. Casi demasiado bien, si sabes a lo que me La
refiero. Así que cuando Anika se volvió hacia mí y me dijo lo que mes
había hecho, en absoluto fue una sorpresa. Lo estaba a
esperando. que

—Por lo tanto, Mina, ¿qué está pasando? ¿Todavía estás
en
buscando un lugar propio?
silen
Toda la mesa se quedó en silencio. cio.
—Ani. —Nas la miró fijamente—. Cariño, no lo hagas. Pus
o su
Anika había estado bebiendo desde que llegamos. Ella
vas
estaba actualmente en su cuarta copa de vino y se veía bastante
o en
relajada. Hizo un gesto con la mano a Nas y parpadeó
la
lentamente.
mes
—¿Qué? Aquí todos somos amigos. a—.
¿Lo éramos? Y
ace
Yo no estaba tan segura
pté.
de eso. Me aclaré la ¿
garganta y respondí: Q
u
—Bueno, en realidad, he estado buscando é
departamentos on line. Nas sonó sorprendida. ?
—¿Qué? ¿
Mientras que Lev declaró con firmeza: Q
u
—No. é
Y Sasha... Oh, Sasha. Todo lo que dijo fue: ,
q
—Excelente.
u
Todos hablando al unisonó, deteniéndose para mirarse los e
unos a los otros después de escuchar la respuesta de los demás. ,
Lev se aclaró la garganta, dejando caer su servilleta. q
u
—No es que sea de tú incumbencia, Anika, pero no hay
é
ningún motivo para que Mina se mude. —Levantó su copa de ?
vino y bebió un sorbo—. Mina se me propuso hace dos días. —
¿
Dónde diablos estaba yo cuando esa propuesta estaba
sucediendo?
Me sorprendió que los pantalones de Lev no estuvieran en
llamas, porque él era claramente un mentiroso.
—Um... —empecé cuando todos se
volvieron a mirarme. Pero Lev me ayudó.

306
—¿Recuerdas? En el coche. Me dijiste que habías planeado anill
casarte con un hombre, y que ese hombre sería yo. Estoy de o y
acuerdo contigo. Creo que deberíamos casarnos. pro
met
Me incliné hacia delante, forcé una risa ligera, y entonces le
as
susurré:
que
—Eso no creo que fuera una propuesta, cariño. —Le dije algú
cariño como si fuera algo pegajoso y necesitara sacarlo de mí n
ahora mismo. día
—Seguro que lo era —afirmo—, y yo acepté —Miró alrededor será
de la mesa—. Nos vamos a casar. s mi
Nastasia se rió entre dientes, y esa risa terminó esp
convirtiéndose en una carcajada. Viktor sonrió, y pronto, también osa,
él se reía. Sasha miró a Anika, y Anika parecía como si su mundo voy
se hubiera terminado. Lo odiaba, pero ella necesitaba entender a
que Lev y yo estábamos juntos. Y nos amábamos. Y que yo no ser
iría a ninguna parte. un
hom
Me volví hacia él, con una sonrisa en mis labios, pero lo hice bre
sacudiendo la cabeza. feliz.
Él me guiñó un ojo. S
Saqué mi cara de su hombro, descansando mis labios allí. us
—Sabes, probablemente deberíamos haber hecho labi
os
esto en privado. Besó la punta de mi nariz. baja
—Tonterías. Como dijo Anika, aquí todos ron
a
somos amigos. Sonreí.
bes
—¿Así que nos vamos a casar? ar
Él asintió con la cabeza sonriéndome, su tierna expresión los
suavizó su duro rostro. Y le pregunté en una risa sorprendida: mío
—¿Y cuándo tendrá lugar nuestra boda? s en
un
Él se encogió de hombros, viéndose muy satisfecho de sí bes
mismo. o
—Esa decisión te la dejaré a ti. Mañana, dentro de una lent
semana o un año, no me importa. Siempre y cuando uses mi o y
cálido. Cuando nos separamos, miré alrededor de la mesa y
anuncié con una sonrisa y un encogimiento de hombros.
—Parece que nos vamos a casar. —Terminé poniendo una
mano sobre mi boca y riendo a carcajadas, mi incredulidad fue
evidente.
Fue surrealista.
Hace tres meses, estaba viviendo en un callejón, mi callejón,
y luchando para mantenerme con vida. Hoy me estaba
comprometiendo para casarme con el hombre

307
más guapo, atento y amable del mundo. Un hombre que me
salvó la vida. Un hombre al que amaba con cada latido de mi
adolorido corazón.
Finalmente me estaba
sucediendo. La vida estaba
sucediendo.
Y me encantó.
En este momento, la vida era buena. Y a pesar de que
quería más, no lo necesitaba. Mi felicidad fue devuelta por la fe
de un hombre.
Un hombre imperfectamente perfecto.
Mi sonrisa estallaba al manifestarse, pero me dije a mí
misma que tenía que estar calmada.

***

—¿Birdie? —la llamé. Cuando se volvió, hice un gesto con —


los dedos para que se acercara a mí. Se veía preocupada
¿
cuando le dije—: Sasha quiere verte en su oficina.
—¿Está todo bien? —preguntó lentamente, y C

con cuidado. Forcé un suspiro y le di una ó

mirada grave. m

—En realidad no. Vamos. Hablaremos de ello. o


Al final del pasillo, se detuvo antes de entrar a la oficina. e
—¿He hecho algo? s
Le lancé una sonrisa triste, abrí la puerta, y ella entro. Yo la t
seguí y cerré la puerta detrás de nosotras. Mientras Birdie se
á
movía para sentarse frente a Sasha, yo me quedé junto a la
puerta, ocultando mi mareo. s
Sasha se recostó en su silla. ,
lindo pajarito? Birdie
frunció el ceño.
308
—B-bien, supongo.
—Bien. —Él se inclinó hacia delante—. Me he fijado en tu
desempeño con las niñas. Y después del ensayo de hoy, tengo
que decirte... —hizo una pausa para darle efecto—... me
pregunto por qué nunca me diste la oportunidad de darte el
puesto de director. Porque tengo que decir, Birdie... que te
necesito.
—¿Qué...? —Se dio la vuelta para mirarme antes de
enfrentarse a Sasha—. ¿Qué es esto?
Sasha sonrió entonces.
—Esto es que estás recibiendo un aumento. Un merecido
ascenso, sí lo quieres.
Sus ojos se desorbitaron. de
cos
—¿Estás jugando, bebé? Porque eso no es gracioso.
as.
Tengo dos hijos que alimentar y necesito el dinero. Así que
si... S
a
Sasha deslizó un pedazo de papel. Birdie lo tomó con manos s
temblorosas y le susurró h
—¿Qué es esto? a
Sasha sonrió suavemente. a
s
—Eso es tu salario base. Debajo esta el bono que recibirás i
por las horas extraordinarias de la semana pasada. n
Birdie tartamudeó. ti
—Pero-pero-pero… —entonces, carraspeó—. Pero esto es ó
c
el doble de lo que estoy recibiendo ahora.
o
Sasha la miró con ojos entrecerrados. n
—¿Estás diciendo que no eres digna de eso? Porque l
a
puedo ajustarlo a… Ella lo interrumpió con firmeza: c
—¡No te atrevas! Ahora te a
b
callas. Sasha rió.
e
—¿Significa esto que aceptas z
a
mi oferta? Ella levantó una
.
ceja. —
—Espera un poco, dulzura. No me has dicho qué es lo que Tam
voy a hacer. bién
—¿Qué tal si empiezas con eso? signi
fica
Di un paso adelante, para detenerme en el escritorio de que
Sasha. Le sonreí a mi amiga y le dije tend
—Sasha esperaba que seas directora de escena. Que te rás
pongas a cargo de las chicas, ordenando nuevos trajes, que
ayudando en las coreografías de sus rutinas de baile, la trab
creación de las presentaciones de todas las noches... ese tipo ajar
más horas. No muchas, pero al menos otras cinco horas a la
semana.
Birdie pensó en esto por un largo momento y luego sonrió a
Sasha.
—Voy a hacer que funcione. —Levantó el papel donde Sasha
había garabateado sus salarios de administrador y lo agitó a su
alrededor—. Por esto, voy a hacer que funcione, bebé. Ya tienen
un director de escena.
Chilló emocionada cuando se puso de pies y nos abrazó a
ambos antes de salir, dejándonos a Sasha y a mí un momento a
solas. Sonreí tras ella, aplaudiendo con la 309
sensación que tienes de ver a alguien que te importa tener E
éxito en una manera que nunca creyó posible. l
club
Me senté en la silla que había dejado vacante Birdie y
se
suspiré.
veía
—Eso fue impresionante. con
Los ojos de Sasha estaban más
clas
sobre mí. Mis ojos se
e
abrieron. que
—¿Qué? nun
ca.
Me miró directamente a la cara antes de murmurar: Aun
—¿Quién coño eres tú, Mina Harris? que
Puse los ojos en blanco por su maldito dramatismo. el
esc
—Sabes quién soy, Sasha —murmuré—. Soy enar
sólo una chica. Sacudió la cabeza. io
sigui
—No. No lo eres.
era
No estaba segura de lo que quería decir con eso, pero me sien
lo dijo suavemente, y menos desagradablemente que nunca. do
Junte mis cejas. el
—Oye. ¿Estás bien? mis
mo,
Se pasó una mano por la cara.
habí
—No. En realidad no. a
No estaba preparada para que lo admitiera, ni para que, de pue
repente, me mirara cansado y confesara: sto
—Si esto no funciona, vamos a tener que cerrar. Estamos un
suel
perdiendo demasiado dinero.
o
Ya sabía eso. No lo habíamos mencionado, pero todos nue
nosotros lo sabíamos. Era una de las razones por las que las vo y
chicas estaban trabajando tan duro, y cuando Sasha nos las
sorprendió con un interior totalmente nuevo, nuestro entusiasmo corti
para la noche de apertura se duplicó. nas
de terciopelo rojo, fueron sustituidas por unas pesadas cortinas
negras que parecían elegantes. La mayoría de las mesas fueron
reemplazadas por mesas redondas con asientos de cuero negro
y botones blancos. Los taburetes se intercambiaron por sillas de
respaldo alto. Las paredes estaban pintadas de negro, y Sasha
había pagado a un hombre una cantidad exorbitante de dinero
para tener las fotografías que tomé de las chicas en posiciones
lúdicas y provocativas, pintadas con spray a cada pocos pasos.
Nuestros folletos fueron un éxito. Lev, Vik, Nas, Anika, y yo
fuimos por todas partes colgando carteles en las paredes de los
lugares más populares y repartiendo volantes. Habían sido unos 310
días largos, pero la promoción estaba hecha.
Nuestra página en las redes sociales fue idea de Nas, que
Dios la bendiga, se disparó de la noche a la mañana, con la gente
etiquetando a sus amigos. Mujeres que querían bailar en el club
nos habían contactado por correo electrónico y expresaron lo
emocionante que era tener un local con un acto festivo.
La reacción actual fue positiva. Ahora teníamos que esperar
y ver si nuestro trabajo daba sus frutos.
—Todo va a salir bien —le dije con confianza.
Él alzó la mano para pellizcarse el puente de la nariz,
cerrando los ojos con fuerza.
311
—Si no es así, estamos jodidos. Invertimos
todo en este lugar. Me puse de pie, caminando
hacia la puerta.
—Ugh. El negativismo no está permitido Nancy —volví a
aclamar—. Vamos a hacer que funcione, maldita sea.
Como Dios era mi testigo, íbamos a hacer que funcionara.
Cuando llegué a casa esa noche, le dije a Lev que iría a la
cama en un minuto, con ganas de tener un momento a solas,
antes de tomar mi teléfono y marcar un número.
Tenía que pedir un favor.
Traducido por rihano

Mina

e senté en el sofá, con las piernas dobladas debajo L


de mí, tomando mi café mientras observaba a Lidi a
bailando una de las muchas canciones pegadizas puer
de los Wiggles que estaba sonando en el ta
televisor. Ella puso sus manos en el aire, aplaudió cuando se le prin
solicitaba, pisoteaba con sus pequeños pies regordetes, y cantó, cipal
aunque no estaba muy segura de en qué idioma pensaba Lidi que se
los Wiggles cantaban. Sonaba como que ella estaba con el abri
swahili. ó y
Lev entró con una taza de café en la mano, miró a su niña, y Sas
sonrió, sacudiendo la cabeza. Sonreí, y mis hombros se ha
sacudieron con risa silenciosa. Él estaba preparándose para su entr
entrenamiento, mirando el reloj, en pantalones de chándal y sin ó,
camiseta. Mi vientre se apretó ante la vista de su torso desnudo. aún
vién
Esos amplios hombros sólo esperaban por mí. Y cuando dos
teníamos nuestro tiempo a solas, yo me aferraba a ellos, e
sosteniéndome para la cabalgata como si nadie más importara. ador
La leve marca roja en el hombro izquierdo me hizo enrojecer. mila
Podría haber utilizado ese hombro para sostenerme después de do
mi orgasmo, mordiéndolo y aferrándome a él, mis uñas en
incrustadas en sus brazos mientras gemía mi liberación. sus
vaq
ueros azules y camiseta negra, caminó directo hacia la niña
bailando enfrente de la televisión. No se molestó con los saludos.
Cogió a Lidiya y ella gritó con entusiasmo. 312
—Asha, pone abajo.
Pone abajo. Con su voz
ronca, le dijo:
—Ada hizo panqueques. ¿Quieres panqueques, princesa? — M
Ella dejó de luchar y ciñó sus brazos alrededor de su cuello. Él la i
puso en su cadera y, con un movimiento de su barbilla, se dirigió s
hacia la puerta. o
j
Esto ocurría bastante a menudo. Estaba equivocada cuando o
sugerí que la lucha de Sasha y Nastasia por la atención de Lidiya s
era sólo una fase. La verdad era, que ellos trataban a Lidi como r
si fuera la hija que ninguno tenía, y la amaban a morir. o
Lev miró su reloj de nuevo, y sabía que era hora de que él se d
fuera. Tan pronto como nos despertamos, le hice su avena y se a
la comió en silencio. Quiero decir, r
¿cómo más podrías comer avena que posiblemente sabía a o
cartón? No había mmmm y yam para ser dichos. Vamos a ser n
honestos. Sabía a basura. No estaba segura de cómo él podía u
soportarlo. n
p
Corrección. Yo había comido basura que sabía mejor que o
la avena sin azúcar. Asco. c
o
Él se acercó, sus ojos suaves, y elevó su cuerpo grande ,
sobre el mío, agachándose para agarrar mi barbilla mientras p
plantaba cálidos y suaves besos en mis labios. e
—Me tengo que ir. r
Iba a retroceder pero yo lo agarré, mis dedos hundiéndose en o
m
la cintura de sus pantalones.
e
—Puedes hacer novillos. Podemos volver a la cama y jugar a e
montar la torta — Me mordí el interior de mi mejilla—. Tenemos n
por lo menos media hora antes de que Sasha traiga a Lidi a casa. d
—Pero yo siempre entreno entre las diez e
r
y las doce. Asentí. e
—Lo sé. Pero un día libre no te c
é
matará, ¿verdad? Él parecía r
confundido. á
—Pero yo siempre entreno entre las diez y las doce. p
idamente con una sonrisa.
—Lo sé pero…
Él me interrumpió, su voz tranquila, casi ansiosa.
—Siempre entreno entre las diez y las doce.
Este era uno de esos momentos. Uno de esos momentos
donde tu cabeza te dice que no empujes, pero no estás segura
de si aguantarte. Llegué a darme cuenta muy rápidamente que
jugar con la rutina de Lev era un gran no. Nada ponía a mi hombre
más irritado que alguien jodiendo con su horario.

313
Entendí los asuntos bajo cuerda. Él anhelaba una apariencia —
de normalidad en un mundo donde se sentía diferente. Su V
infancia le había hecho cosas que lo hacían de la forma en que e
era hoy. t
e
¿Eso me frustraba? A veces, sí. .
Lev no podía ser arreglado. Y yo no quería reparar la parte A
rota de él. Era perfectamente imperfecto, y yo era su corazón y h
alma. o
r
Más importante, él era el mío. Y eso era una gran cosa. Lev
a
no se daba a la gente. Ellos simplemente tomaban prestado su
.
tiempo. Y aquí estaba yo, su atención totalmente dada a una
O
persona que probablemente no se lo merecía. Estaba agradecida
t
sin embargo, y muchas veces me recordaba que él había e
comprometido mucho de sí mismo por mí y yo tenía que hacer t
lo mismo. u
Soltando el elástico de sus pantalones, levanté una mano m
para acariciar con los dedos el oscilante colgante de ancla que b
me había comprado y le sonreí suavemente, sabiendo que a
tendría que elegir mis batallas. r
é
—Está bien, dulzura. Diviértete.
a
Sus hombros se hundieron ante el inmenso alivio que me l
imaginaba que sintió ante mi rápida salida. Sus manos subieron s
y las colocó en mis mejillas en señal de gratitud. Cuando sus u
labios descendieron, me encontré inclinándome hacia arriba, e
hacia él, necesitando sus labios sobre mí. Me besó suavemente l
una vez, dos veces, tres veces, y luego susurró contra mis o
labios: .
—Te amo, Mina. S
Era la primera vez que había dicho las palabras. Sentí su us
amor, pero escuchar las palabras… vaya. Fue impresionante. ojos
Había llegado a darme cuenta que el dicho era verdad. La sonr
paciencia era una virtud. iero
n y
Lo besé de nuevo. Y otra vez. Y antes de que pudiera
se
arrastrarlo abajo hacia el sofá conmigo, lo empujé con suavidad.
rió entre dientes ligeramente. Me lanzó un guiño antes de irse.
Me tiré en el sofá y dejé escapar un largo suspiro.
—Ten piedad.
Mi hombre era un caso grave de sexualidad.
La puerta principal se abrió de nuevo, y cuando mi emoción
estalló ante el pensamiento de Lev haciendo caso omiso de su
rutina y pasando la mañana en la cama conmigo, Nas asomó su
cabeza a través de la rendija y gritó:
—Panqueques con Sasha. Mueve tu culo, kukla.
Estoy hambrienta. Me levanté del sofá con un 314
suspiro.
—Sí, sí. Ya voy.
Preferiría haber estado haciendo un tipo f
diferente de venida, pero los panqueques r
todavía eran bastante impresionantes.
u
Nas y yo caminamos lado a lado, tomando el sol de la
mañana. No pude dejar de preguntar: n
—¿Dónde está Vik? c
Nas acomodó sus gigantescas gafas de sol y se encogió de i
hombros.
ó
—No lo sé. No es como que pasamos cada momento
.
despierto el uno con el otro. Fruncí el ceño.

—Ah, sí lo
¿
hacen. Ella se
Q
burló.
u
—No. Nosotros no lo hacemos.
i
Sonaba como si hubiera problemas en el
e
paraíso. Caminamos por un tiempo, y ella
n
preguntó tranquilamente:
d
—Si Lev no estuviera comprometido contigo, pero tú lo
i
amaras, ¿qué harías? Mis caderas se levantaron.
j
—Amablemente le diría que se fuera a la mierda. —Ella
suspiró suavemente y paré de caminar—. ¿Qué está o
pasando, Nas? ¿Qué pasó? e
Ella se detuvo un momento antes de que lanzara los s
brazos hacia arriba y soltara apresurada:
o
— No sé. Tú y Lev van a casarse.
?
Le lancé una mirada que decía “sí, ¿y qué?”, y ella sacudió
su cabeza suavemente. É
—Quiero eso. Y no voy a l
conseguirlo con Vik. Mi ceño se t
e ama, Nas. Cualquiera puede verlo. Te ama. Su
labio tembló.
—No. Él no lo hace —Tomó una respiración profunda y dejó
escapar un largo suspiro—. Él duerme por ahí, ya sabes.
Mi cara debe haber transmitido que no lo sabía, porque sus
ojos se abrieron y asintió.
—Sí. Y entonces viene a mí a las dos, a veces tres de la
mañana, y duerme en mi cama. Porque lo dejo. —Dejó escapar
una risa sin sentido del humor—. Él no me quiere, Mina. Le
encanta que sea toda deseosa, que sea una cosa segura. Eso es 315
todo lo que voy a ser para él. —Sus ojos se humedecieron y
susurró un quebrado—: No puedo hacerlo más. Duele
demasiado.
—Bueno, así que él tiene problemas de compromiso —
comencé, pero ella negó con la cabeza.
—No lo excuses, Mina. Por favor —rogó, entonces
declaró—: Te necesito de mi lado en esto. Necesito un amigo
que lo entienda. ¿Está bien?
Sonaba herida y desesperada. Me encontré ofreciéndole lo que
necesitaba.
—Está bien, Nas —le dije—. Lo entiendo.
Con su rostro abatido, asintió con la cabeza ligeramente.
—Gracias,
pequeñita.
Sonreí.
—En cualquier momento. —Luego entrelacé mi brazo a
través del suyo y la acerqué—. Vamos. Es demasiado temprano
para esta mierda. Necesito panqueques.
Llegamos a casa de Sasha ni un minuto más tarde y
asesinamos a esos increíbles panqueques.

*** grat
ame
nte
La noche de apertura llegó más rápido de lo que cualquiera por
de nosotros esperaba, y miré alrededor de la habitación, uno
disfrutando de las nuevas vistas y familiarizándome con el nuevo s
diseño. Todo era diferente. Era emocionante. taco
Birdie ayudó a las chicas a prepararse, dando instrucciones nes
de último minuto y ayudando con su vestuario, cabello y bajo
maquillaje. Yo estaba un poco sorprendida cuando Sasha s,
instruyó a Nas, a Anika y a mí a cambiarnos cuando llegamos allí. de
Al parecer, había decidido que el personal del bar se vestiría ded
como las bailarinas, pero en un nivel moderado. Cuando avisé os
a Sasha del hecho de que los tacones y yo no éramos amigos, él des
me dijo que Birdie se había ocupado de eso. Fui sorprendida cubi
ertos, que ella tenía para mí.
Nos cambiamos a nuestros nuevos uniformes que consistían 316
en medias de red hasta el muslo, ligas, un verdadero corsé de
una pieza negro y rojo, con adornadas faldas minúsculas. Una de
las chicas me prestó unos largos guantes de satén, sin dedos, y
eran simplemente preciosos. Pensé que me sentiría rara. No fue
así. Me sentía sexy. Me sentía sexy, y me estaba muriendo por
ver lo que Lev pensaba.
Una vez vestidas, Anika, Nas, y yo caminamos saliendo de la
zona del escenario, sólo para ser vitoreadas y silbadas. Cubrí mi
cara con las manos, sonrojándome furiosamente, pero riendo
fuerte. Antes incluso de que tuviera tiempo para
recuperarme, sentí un cálido y duro cuerpo chocar contra el mío.
Envolví mis brazos alrededor de él con un uuf y parpadeé hacia
él.
—¿Lev? ¿Qué pasa, cariño?
Él miró hacia abajo a mis pechos empujados hacia arriba.
—¿Qué demonios estás —
Ten
usando? Una sonrisa se go
formó en mis labios. algu
nas
—¿No recibiste el memo? —Agité mi brazo hacia Anika y
idea
Nas—. Estos son los nuevos uniformes del bar.
s —
Sacudió la cabeza con profusión e hizo pequeños ruidos mur
roncos que decían “no”, entonces un gruñido se le escapó que mur
decía “Oh, demonios no”. é
Puse una mano sobre su camisa que cubría su estómago mie
tenso y razoné con él. ntra
s
—Todo esto es parte del paquete para cambiar las cosas.
mis
Queremos que la experiencia sea genuina. ¿Lo entiendes?
ojos
Con su mandíbula apretada, él gruñó: se
—No me gusta esto. —Resopló un molesto—. Todo el mundo entr
puede ver tus cosas. ecer
Sonreí hacia él. raba
n y
—Y sólo tú conseguirás desenvolverme más tarde. —Me pres
puse de puntillas para mordisquear su barbilla—. ¿No es eso iona
simplemente malvado? ba
Oí a las chicas alejarse y me alegré por ello. Cuando Lev mis
estiró la mano para palmear mi culo a través de mi nuevo traje, él labi
tomó el lóbulo de mi oreja en su boca y lo chupó, luego susurró os
en mi oído: cont
—Eres traviesa. Y las chicas traviesas son castigadas. ra
los
Mis ojos se pusieron en blanco ante la sensación de su lengua suy
en mi lóbulo, pero cuando registré lo que acaba de decir, me os,
aparté, con los ojos abiertos. ama
—¿Castigada cómo? ndo
Oh, Dios, mi voz era ronca. Ronca como, un fumador de la
man
un paquete al día. Su labio tembló. era
—¿Qué voy a hacer contigo, Ratón? en
que su lengua se sumergía para acariciar la mía.
Y entonces él se había ido. Nas, rodando los ojos, me apartó
y gritó:
—Caray. Ponle fin. Tenemos mierda que hacer. Ustedes
pueden follarse visualmente el uno al otro desde el otro lado del
salón, ¿capisce?
Tomé mi lugar en el bar. El DJ que Sasha había contratado
tocaba RnB suave por todo el club hasta que las cosas
empezaran. Sasha se dirigió al bar, sonriendo para sus
adentros, y vino directamente hacia mí.
Parecía emocionado cuando dijo: 317
—La fila ya llega a tres cuadras. —Se rió entre dientes, Las
sacudiendo su cabeza con incredulidad—. Tres putas cuadras. chic
—Señaló con el dedo hacia mí, sonriendo mientras inclina su as
cabeza, y luego se alejó. se
mov
No estaba segura de lo que eso iero
significaba. Sasha era raro. n en
sinc
Media hora más tarde, y todos tomábamos nuestros lugares, roní
la puerta se abrió, y el club comenzó a llenarse. Una vez que a,
llegamos a la capacidad máxima, la puerta se cerró, y Nas, trab
Anika, y yo estábamos corriendo con volantes para bebidas ajan
gratis. Ya no servíamos a la gente en las mesas o cabinas. Si do
querías una bebida, tenías que venir a nosotras. con
Las luces se apagaron. El DJ apagó la música, y luego habló: la
silla,
—Buenas noches, damas y caballeros, y bienvenidos a la
gira
gran apertura del Bleeding Hearts Burlesque.
ndo
La multitud aplaudió y estaba sorprendida por la cantidad cont
de mujeres en la multitud. El DJ esperó a que los aplausos ra
cesaran antes de continuar. ellas
—Esperamos que disfruten de lo que tenemos para , y
ofrecer. Nuestras chicas están muriéndose por conocerlos. silbi
dos
Los focos brillaron al frente, y esperamos con llega
gran expectación. La voz del DJ se profundizó ron
de
roncamente mientras anunciaba: toda
—Damas y caballeros, les presento… —Hizo una pausa para s
el efecto. Las cortinas comenzaron a abrirse—… ¡La Docena de part
Diamantes! es.
Las doce chicas en el escenario parecían muñecas sentadas V
en sillas de madera. Cada una vestida en un color diferente del i a
mismo traje, el mismo traje que las chicas del bar estaban muj
usando. El bajo se disparó mientras “The Hills” de The Weekends eres
comenzó a sonar. Era una canción lenta y sexy que permitía a mirá
las chicas mostrar sus movimientos. Era una canción sobre un ndol
tórrido romance que una mujer estaba teniendo con un adicto. as,
hipnotizadas, y hombres mirando a nuestras chicas con
adoración. Cuando Birdie contrató a las tres nuevas chicas hace
sólo unos días, me preguntaba si estarían listas a tiempo, pero
lo estaban, y eran geniales.
Cuando la canción terminó, las chicas cayeron al suelo, las
caras alzadas, los ojos abiertos, como muñecas que habían
sido hipnotizadas para volver a la vida por la música y cayendo
cuando esta terminó.
Los focos se apagaron y las cortinas 318
se cerraron. Entonces… el silencio.
Mi aliento quedó atrapado en mi garganta.
Oh, no. Mierda, no. ¡Lo odiaban!
Mis mejillas se sonrojaron un momento antes de que la esto.
multitud se volviera loca, poniéndose de pie y aplaudiendo a todo Fue
pulmón. Silbidos y rugidos ansiosos fueron a través del aire un
rodeándonos, y mi corazón se disparó en mi pecho. esfu
Con seguridad podía decir que ese fue el momento más erzo
terrorífico de mi vida. Nas me empujó hacia ella, gritando de
grup
en mi oído y meciéndome de lado a lado.
Una risa quedó atrapada en mi garganta, y luego me eché o.
a reír con fuerza, Tod
aferrándome a ella. Entonces sucedió algo, y sentí lágrimas os
llenando mis ojos. coop
Con mi garganta apretada, parpadee alejándolas. era
Todo iba a estar bien ahora. Lo sentía muy mos.
Tod
dentro de mí. Bleeding Hearts continuaría o el
abierto. mun
do
Cuando la gente se fue, otros tomaron sus lugares. El club se tení
mantuvo a plena capacidad durante toda la noche, y algún tiempo
a un
después de las once, recibí visitas. Tan pronto como los vi,
trab
caminé alrededor del bar, corriendo hacia mi hermano y
ajo y
abrazándolo por la cintura antes de colocar un beso en la mejilla
ellos
de tío Laredo.
lo
—¡Vinieron! cons
Laredo sonrió, envolviendo su brazo a mi alrededor, tirando iguie
de mí a su lado. ron.
—No podía faltar a la gran noche de —
Lo
mi sobrina. Tomé la mano de Alessio
y apreté. hicis
—Estoy tan contenta de que estés aquí. te
Alessio me miró, el orgullo evidente en sus ojos.
bien
—¿Tú hiciste ,
esto? Me burlé
chic
—¡No! —Entonces miré a mi alrededor—. Todos hicimos
a —murmuró Alessio, tomando nota del
nuevo establecimiento.
Fue entonces cuando Sasha llegó por detrás de mí.
—¿Qué cojones piensas que estás haciendo aquí?
Con mis ojos muy abiertos, hablé pero me ahogué con mis
palabras.
—Yo-yo los
invité. Sasha
me miró.
319
—¿Para qué mierda? Ellos tienen que irse.
Me puse entonces entre mi tío y hermano, mirando ceñuda a
Sasha.
—No, ellos no van a ninguna parte.
La mandíbula de Sasha saltó antes de que adquiriera una
expresión razonable.
—Escuchen, muchachos. Tienen su propio club que nad
a. —
manejar. Necesitan irse. Alessio envolvió un brazo Y
alrededor mío. aña
dió
—No, no tenemos. Cerramos por la
—:
noche. Sasha miró de Alessio a Esto
Laredo. y
esp
—Es viernes por la noche. Una de las noches más eran
concurridas de la semana. do
¿Por qué demonios estás cerrando? que
Mi voz quedó atrapada en mi garganta mientras mi lleg
corazón se hundía. Aquí nada se pierde. ues
—Porque yo se lo pedí. tan
alto
La mirada confundida de Sasha no que
había vacilado. Me encogí de hombros te
vas
y me expliqué.
a
—Necesitábamos que la gente viniera esta noche. Era rom
importante, Sash. No quiero perder este lugar. Ninguno de per
nosotros quiere. Así que les pedí que cerraran por la noche — algo
tragué duro—, para darnos una oportunidad de luchar. cua
La expresión de Sasha se despejó. Frunció el ceño antes de ndo
mirar a Laredo, su voz baja. caig
as.
—¿Por qué harías eso? Tú no nos ¿Me
debes nada. Laredo asintió. enti
end
—Lo sé. Pero cuando Mina me habló de lo que habías
es,
planeado, me encontré curioso. —Él se encogió de hombros—.
Leo
Ganar no es divertido cuando no hay competidores dignos
kov
alrededor.
?
Alessio estuvo de acuerdo con una sonrisa menos que
S
amable lanzada en la dirección de Sasha.
a
—Sí. No es divertido tomar mierda de un hombre que no tiene s
ha lo miró fijamente, sin parpadear antes de que soltara una
carcajada.
—Vete a la mierda, cabronazo. —Luego
hizo algo increíble. Le tendió la mano a
Alessio.
Y mi corazón dio un vuelco.
Alessio miró esa mano por un largo tiempo antes de estirar su
mano lentamente, tomando la mano de Sasha y sacudiéndola
con firmeza.
—Bonito lugar el que 320

conseguiste aquí. Sasha


sonrió.
—Lo sé.
Alessio sonrió y esto tiró de sus tensas cicatrices.
—Dios, eres un maldito
idiota. Sasha sonrió
más duro.
—Lo sé.
Oh, mis estrellas. ¿Mis acciones egoístas simplemente
habían reparado la grieta causada por años de odio?
Vi a Sasha liberar la mano de Alessio y extender la misma
mano hacia Laredo. El anciano sonrió suavemente mientras la
tomaba entre las suyas y la sacudía ligeramente.
Um, sí. Mi pequeña sonrisa se ensanchó. Creo que lo hicieron.

321
Traducido por Jenn Cassie Grey

Mina

abía pasado una semana desde la noche de Lev


apertura, y las noticias sobre la nueva parodia en la me
ciudad tenía las lenguas moviéndose. emp
ujó
Nuestra página de internet superó los diez mil a su
seguidores en una sola semana, y aunque nos entristeció a lado
todos, Sasha sabiamente tomó la decisión de no abrir todas las y
noches. Ahora, Bleeding Hearts era un establecimiento tom
estrictamente solo de fin de semana, abriendo viernes, sábados é su
y domingos por la noche. cam
Esto les dio a las chicas tiempo para practicar durante la iset
semana y aprender nuevas rutinas sin la presión de ensayar y a
trabajar durante el mismo día. Rumores sobre chicas hermosas fuert
se esparcieron rápidamente, y pronto la Docena de Diamantes e,
eran las chicas más ardientes de la ciudad. Todo mundo quería sonr
darles una ojeada. Nuestra audiencia de hecho se había iend
duplicado, si no es que triplicado incluso. Sasha reveló eso en o en
nuestro fin de semana de apertura, habíamos ganado más de lo su
que normalmente hacíamos la semana entera, y eso estaba pec
incluyendo todas las bebidas gratis que habíamos dado junto con ho.
los volantes. Tod
El alivio en la habitación era palpable. Los hombros fueron o
palmeados, unos suspiraron fuerte y otros rieron alegremente. habí
a funcionado. Era increíble. Milagroso, incluso.
El siguiente lunes llegó rápidamente, y cuando la campana de
la puerta de la entrada sonó mientras pasaba por la cocina, miré 322
la pequeña pantalla de la cámara y vi un coche con la ventanilla
abajo. La mujer del coche bajó sus lentes de sol, mirando
directamente a la cámara, y sin pensarlo dos veces, la dejé
entrar. Esperé innecesariamente a que la campana sonara, y tan
pronto como lo hizo, abrí.
La pequeña rubia con un largo vestido se quitó sus lentes y
me sonrió gentilmente.
—Hola Mina. muc
ho
—Cora —saludé suavemente—. ¿Qué haces aquí?
lo
Ella bajó su mentón, suspirando. Entonces me miró por un de
largo momento. Irina
—¿Puedo entrar? —Pensé sobre ello. Probablemente no .
debería dejarla entrar, pero algo sobre esta chica gritaba C
“seguro”. Asentí, haciéndome hacia atrás dándole espacio para o
que entrara. r
Entró y sonrió una vez más, pero esta vez era una sonrisa a
cansada. s
e
—Gracias. e
Caminó hasta la sala de estar y esperó a que entrara n
antes de sentarse en el sofá a mi lado. c
—¿Está Lev en casa? o
g
Miré el reloj en la pared. Seguía trabajando. i
—Debería estar en casa en cualquier momento. ó
—Está bien. —Tragó duro—. ¿Te importa si espero hasta d
que llegue? e
h
—Para nada. —Me puse de pie—. ¿Qué o
apeteces? ¿Café? ¿Jugo? Ella sonrió y m
b
entonces suspiró. r
—Café estaría genial, gracias. o
Me fui a la cocina y regresé con dos tazas de café negro. s
.
—No sabía cómo lo tomabas —le dije mientras le tendía la
taza. —
Gra
—Negro está perfecto. —Sopló a su café y preguntó—:
cias.
¿Cómo están las cosas? Mi labio se torció ante su intento Esto
de pequeña charla. y
mej
—Las cosas están bien. —Mi sonrisa cayó—. ¿Cómo estás oran
tú? —Me estiré para poner mi mano en su rodilla—. Lamento do
¿sabes? Mamá me llamó. Me pidió que volara y empacara las
cosas de la casa de Irina, entonces… sí… eso fue… —su
respiración se detuvo—… doloroso.
Miró su café, golpeando su dedo en la cerámica de la taza.
—Irina no era como yo. Ella dejó que papá dictara su vida. Yo
nunca lo hice. Les dije a mis padres que no les debía nada. Ese
fue el porqué me mudé cuando tuve dieciocho.
Sonrió.
—No sé si sabes esto, pero viví con Nastasia durante dos
años antes de que todo se volviera amargo, lo que totalmente 323
fue mi culpa. Pero Irina era la niña de oro,
¿sabes? Yo era la oveja negra.
Frunció el ceño y murmuró: —
—Y mira a dónde la llevó. ¿
Sus ojos se cerraron y admitió con un susurro: A
—Odio a mi padre. Lo odio q
mucho, Mina. No sabía qué u
más decir, aparte de: é
—Lo siento. d
Cuando colocó su mano sobre la mía y la apretó, mi corazón
e
dolió por ella.
—Gracias por dejarme b

entrar hoy. Miré el reloj de o

nuevo. e

—Lev estará en casa en l

cualquier minuto. Ella sonrió, p

pero fue forzado. l


—Solo espero que no me saque a patadas. a
No lo dejaría. Corinna Alkaev tal vez había dicho cosas que c
no quería decir a sus viejos amigos, pero no se merecía ser
e
castigada por ello. Haría que Lev escuchara. No sabía cómo,
pero lo haría. r
Charlamos educadamente por los siguientes cinco minutos ?
antes de que la puerta trasera se abriera, y Cora se tensó. Lev
¿
me miró, con una interrogante expresión en su rostro, y yo le
sonreí animadamente. Parpadeó, entonces se recuperó T
rápidamente, caminando dentro de la habitación. u
—Corinna —murmuró.
s
Ella le sonrió, pero sorprendida.
p
—Hola, Lev.
a
Él estaba sudoroso y con la cara roja, pero se sentó a mi
lado con su ropa de deporte y preguntó calmadamente: d
res te enviaron? Porque les dije… Sacudió la cabeza y
habló, interrumpiéndolo.
—No, ellos no me mandaron. —Casi rodó los ojos—. ¿Desde
cuándo soy su mensajera de cualquier manera? —Bajó la voz—
. No he hablado con ellos después que Irina murió, y no planeo
hablar con ellos de nuevo hasta que puedan admitir que la
cagaron.
Lev se veía ligeramente sorprendido por lo que dijo.
—¿Entonces por qué estás aquí?
Ella dio un profundo y tembloroso suspiro antes de reír 324
ligeramente y encogerse de hombros, colocando sus manos en
su regazo. Susurró un doloroso:
—Extraño a mi sobrina.
Por la manera en que Lev se tensó a mi lado, sabía que no le sep
gustaba esa declaración. Era tan abierta. No le gustaba saber arar
exactamente lo que una persona quería decir. Necesitaba on,
intervenir. Nas
se
—¿Quieres pasar tiempo con Lidi entonces? —le pregunté
sent
gentilmente.
ó
—Solo quiero verla de nuevo. No me importa cómo. Menciona al
la hora y el lugar. Solo… —Miró a Lev suplicando—. Sé que lado
odiabas a Irina, pero ella no fue siempre una cabezota. Y Lidiya de
es todo lo que me queda de mi hermana. Cor
La mandíbula de Lev palpitó. Ella suspiró, bajando su mentón. a,
tom
—Sé que no confías en mí, y es justo, pero haré lo que
and
quieras. Solo quiero algo de tiempo con Lidi.
o su
La puerta delantera se abrió y Nas gritó. man
—¡Tú, pequeña! o y
—Aquí —grité, de pronto ansiosa por la presencia de Cora. sost
enié
Nas entró a la sala de estar y falló un paso, mirando ndol
directamente a su ex mejor amiga. Cora se puso de pie y tragó a
duro. con
—Hola. la
Nas miró a la mujer de arriba a abajo, sus ojos llenándose con suy
lágrimas. Cuando bajó su mentón, las lágrimas cayeron al suelo, a.
Nas se movió, y lo que hizo me sorprendió. Colocó sus brazos Algo
alrededor de Cora justo cuando un sollozo se le escapó. Nas la me
abrazó fuerte, susurrando: dijo
que
—Lo siento. no
Cora se apretó contra ella como si fuera un salvavidas y dejó imp
salir un roto: orta
—No, yo lo siento. Las cosas que te dije… lo
fuert
Nas sacudió su cabeza, apretándola gentilmente. e
—Olvidado. que
Las dos mujeres se abrazaron por un rato, y cuando se Cori
nna Alkaev pensara que fuera, había alcanzado su punto de
ruptura.
Nas me miró.
—Entonces, ¿de qué estamos
hablando? Lev respondió.
—Corinna quiere ver a Lidiya. —Hizo una pausa por un
momento antes de decir—. Lo estoy considerando.
La mirada de alivio en la cara de Cora era evidente, pero la
enmascaró con entusiasmo.
325
—¿En serio? Porque no me importa si nos quedamos aquí abri
todo el tiempo. Podría tener un picnic con ella en el jardín del end
frente y estar bajo tu vigilancia. Prometo no meterme en tu o la
camino ni nada. puer
ta
Lev miró hacia la mano de Nastasia, la cual seguía
para
sosteniendo la de Cora.
enc
—Una vez fuiste como familia, Corinna. ontr
Sus labios temblaron de nuevo y murmuró bajo: ar a
Lev
—Sé que la cagué. Y lo
des
siento mucho. Lev se puso de visti
pie. énd
ose.
—No veo razón del porqué no puedas ver a Lidi cada que Me
quieras. —Miró a la pequeña mujer y le dijo—: Ya no tiene a su miró
madre. Me gustaría que tuviera acceso a alguien que conociera y
a Irina cuando era niña. Alguien que le pueda mostrar el lado ento
bueno de ella. nce
La cara de Cora se entristeció, respondió suavemente: s se
—Puedo hacer eso. Puedo ser bajó
los
esa persona. Lev asintió. bóx
—Sé que puedes. ers,
que
Miró su reloj y murmuró:
dán
—Mirella la llevó al parque. Deberían de estar en casa pronto. dos
Eres bienvenida a esperar. e
Sin decir otra palabra, se giró y se alejó. Mi corazón se des
calentó, y esa calidez se esparció por todo mi cuerpo. Dios, nud
amaba a Lev. Era un buen hombre. o.
Me puse de pie también, mirando a una sorprendida Cora. M
i
—Supongo que ha pasado un tiempo. —Me giré a Nas y
v
sonreí—. Les daré tiempo para que se pongan al día. o
Mis pies subieron las escaleras de dos en dos, no era fácil z
para una chica pequeña, hasta que llegué a nuestra habitación, s
e suavizó, le dije:
—Eres un buen hombre, Lev Leokov. —Entonces comencé a
desvestirme.
Sus ojos cayeron en mi estómago desnudo y me miró hasta
que me deshice de mi sostén. Su voz salió ronca.
—Necesito una ducha, Ratón.
—No —le dije, colocando mis pulgares en mis bragas y
bajándolas. Cayeron en mis tobillos—. Necesitas ensuciarme.
Di un paso fuera de mis bragas y caminé hacia él. Cuando lo
alcancé, miré su cara, la imagen de la inocencia. 326
—Y entonces ambos nos limpiaremos. ¿De acuerdo?
Sus manos se alzaron para descansar en mis caderas y
me apretó ligeramente, sus ojos se oscurecieron con lujuria.
—¿Quién soy para discutir con mi
prometida? Sonreí mientras sus
labios bajaban.
—Lameculos.
Pasamos un largo tiempo en la ducha.
Y cuando terminamos, estábamos demasiado lejos
de estar limpios. Estaba deliciosamente
despeinada.

327
Traducido por âmenoire

Mina

bservé con asombro silencioso como la familia ¿


extendida Leokov se reunía, abrazos, besos y tanto Có
mo
charlas como risas salía de la gente de la izquierda, la
derecha y el centro. Normalmente, en situaciones como no
esta, iba
me habría sentido fuera de lugar, pero de alguna manera este a
increíble grupo de personas me incluyó como si no fuera la gran ser
cosa. sexy
un
No me importaba lo que club
pensaran. Era una gran tem
átic
cosa, para mí.
o de
Habíamos hecho el viaje de media hora para asistir a la Alici
pequeña boda que Lev explicó que se celebraría en el club de su a en
primo, el White Rabbit. Nunca había oído hablar del lugar, pero el
cuando llegamos allí, inmediatamente entendí la apelación. país
Lo entendí. de
las
Sí. Mar
Jodidamente avill
as?
sexy.
Des
de el gigante gato Cheshire de bronce, a la caprichosa pintura
artística en las paredes, mi pecho golpeaba con pesar por no
llevar la cámara buena que Sasha había comprado para 328
Bleeding Hearts. No importaba; saqué mi teléfono y retraté
felizmente casi todo lo que estaba a la vista.
Lev me dijo que teníamos que vestirnos elegantes esta
noche, y cuando me mandó con Nas a comprar un vestido de
noche apropiado, las dos regresamos discutiendo. Todavía no
podía justificar gastar cientos de dólares en algo que sólo me
pondría una o dos veces.
Hicimos un compromiso al final, comprándome un
impresionante vestido negro que costó ciento cincuenta dólares.
Era un vestido estilo cóctel, y aunque no era lo que había sido
enviada a comprar, pude verme usando este pequeño atuendo
una y
otra vez, haciendo valer mi dinero totalmente. Cuando llegué a sab
casa y lo modelé para Lev, estuvo de acuerdo en que era erlo,
encantador. son
ar
Él se puso un traje negro, una fresca camisa blanca de lino y
com
una corbata negra. Mirella vistió a Lidiya en un vestido de color
o
rosa pálido, un lazo rosa pastel sosteniendo sus rizos juntos. Me
una
senté en el asiento trasero con mi pequeño ángel regordete y no
mal
me sorprendió en absoluto cuando se quedó dormida durante el
dita
viaje. Era tan relajante ser un pasajero que sentí que podría
bus
haberme unido a ella.
cad
Podría parecer extraño celebrar una boda en un miércoles por ora
la noche, pero después de que Lev explicara que sólo iba a ser de
un pequeño asunto y que el club probablemente sería abierto al oro.
público durante los fines de semana, tuvo un poco de sentido.
M
Llegamos al club, nos estacionamos y caminamos. Lev me e
llevaba a su lado y sostenía la mano de una soñolienta Lidiya a
cuando entramos en la fiesta. t
Estaba nerviosa por conocer a más de la familia. Pero no r
debería haberlo estado. a
g
El primo de Lev, Nik, nos recibió en la puerta, agarrando a a
Lev y lanzándolo en un gran abrazo de hombre antes de n
retroceder y besarle ambas mejillas. Cuando Nik miró a Lidiya, su t
rostro cambió. Parecía que al tipo le encantaban los niños. Se é
puso de rodillas, sonrió y extendió los brazos hacia Lidi. Lidi, c
reconociendo algo bueno cuando lo veía, no dudó en abrazar al o
hombre, y él la levantó, besando su mejilla. Cuando Lev nos n
presentó, podría haberme desmayado. u
¿Por qué?, n
a
preguntas. Porque
c
fue algo como esto: a
—Ella es Mina. No tenía hogar. La encontré. Me la voy a r
quedar. Me ama. Así que nos vamos a casar. c
a
Y yo morí. La vergüenza se filtraba fuera de mí como baba j
derramándose. Mi hermoso prometido me había hecho, sin
ada.
—Él no quiso decir eso —le dije a Nik, mis mejillas
encendidas.
Nik sonrió, y su único hoyuelo salió a saludar. Lidi lo picó con
un pequeño dedo y Nik lo mordisqueó suavemente.
Oh mi señor. Estos hombres Leokov eran impresionantes,
todos y cada uno de ellos.
Lev frunció el ceño hacia mí.
—Eso es exactamente lo que quise
decir, Ratón. Miré hacia él, me paré 329

de puntillas, y susurré:
—Tal vez pero no exactamente, cariño.
¿Está bien? Gracias. Su rostro se suavizó
un grado.
—No me avergüenzo de ti, Mina. cab
eza
Nik tosió una carcajada antes de venir y envolver su brazo
sobr
libre alrededor de mis hombros, llevándonos dentro.
e el
—Lo que sea, Mina. No te estoy juzgando, cariño. Vengan a hom
conocer a la familia. bro
Vi a Nas y a Sasha hablando con otro hombre que se parecía de
mucho a Nik, y cuando nos acercamos, el hombre me vio, se Nik
separó y vino hacia mí como un toro va hacia un payaso de rodeo, y
solo que felizmente. Él nos alcanzó, se inclinó un poco, envolvió chu
sus brazos alrededor de mí y me levantó en un abrazo de oso pab
gigante. Chillé mientras me sacudía como una muñeca por un a su
momento, me colocó sobre mis pies y se hizo hacia atrás, ded
sonriendo. o.
Chic
—¡Mujer de Lev! Soy Max, el novio, tipo
a
fresco, primo. No pude evitar sonreír. Este inteli
chico estaba loco. gent
e.
Lo miré de arriba abajo. Llevaba un sofisticado traje de tres La
piezas con zapatillas blancas y todavía parecía celestial. Cuando muj
mis ojos llegaron a su rostro y se posaron en su sonrisa, otro er
hoyuelo Leokov salió a jugar y mi estómago se revolvió. Max puso sonr
su brazo alrededor de mí jalándome a su costado, sacudiéndome ió
un poco. sua
—No seas tímida, cosa pequeña. —Sonrió, y juro que sus vem
dientes brillaron—. ente
Somos familia. .
Fue entonces cuando Lev se acercó y Max retrocedió, —
abriendo sus amplios brazos. Lev sonrió, caminando entre sus H
brazos. Más abrazos y besos se intercambiaron entonces un o
grupo de bonitas mujeres apareció, junto con otros dos hombres l
que eran sexys como el infierno, claro está. a
,
¿Qué diablos le ponen al agua aquí?
c
Una morena con una gran sonrisa y ojos verdes se adelantó a
y miró a nuestra hermosa princesita, que ahora descansaba su ri
ño. ¿Y tú quién eres?
—Este pequeño ángel es Lidiya. —Nik hizo un gesto con su
barbilla hacia Lev—.
Lev, esta es mi esposa, Tina. Tina, bebé. Lev, mi primo.
Su rostro se iluminó y su entusiasmo fue completamente
genuino. Se acercó y abrazó a un rígido Lev, frotando una mano
arriba y abajo de su espalda.
—Oh, vaya. ¡Hola!
Ella se echó hacia atrás y sin una presentación, se adelantó
y puso sus brazos alrededor de mí.
330
—¡Soy Tina!
Escondí mi sorpresa lo mejor que pude y le devolví el
abrazo.
—Mina.
Ella rió en voz baja. S
onre
—No. Tina. Con
í,
una T. Le sonreí. emp
Ella era linda. ujan
do
—Lo sé. Quise decir mi haci
nombre es Mina. Jadeó. a
abaj
—¡Mina! —Se señaló—. ¡Y Tina! —Miró a su marido con ojos o el
muy abiertos y habló lentamente—. Mina y Tina. Eso es tan hec
genial. ho
Nik se rió en voz baja y luego se echó a reír, sacudiendo la que
cabeza. Tina envolvió su brazo alrededor de mí. no
—Íbamos a traer a nuestras niñas con nosotros, pero —se tení
encogió—, no conseguimos mucho tiempo a solas. Cuando la a
madre de Nik se ofreció a cuidar a todos los pequeños —resopló dere
una carcajada—, casi se los lancé. cho
a
Su sonrisa se desvaneció, se detuvo a medio paso y su rostro sent
se volvió de dolor. irme
—Eso sonó terrible. —Sus labios se fruncieron—. Soy orgu
una madre horrible. Yo reí. Era adorable. llosa
de
—No, eso suena un poco razonable, en realidad. Lidi.
—¿En serio? —preguntó, —
verdaderamente preocupada. Asentí. L
—También necesitas tiempo para ti. o
Ella me sonrió antes de girarse hacia Nik, quien estaba
s
mirando a su hermano y de mala gana entregándole a Lidi a Max.
Ella se fue de buena gana y Max fingió comer sus mejillas é
regordetas. Dios, estos hombres estaban destruyendo mis
.
ovarios, un dulce acto a la vez. Ella sonrió y se rió a través de la
succión de su pulgar. Tina me dijo: Y
—Dios mío, es hermosa, Mina. c
reo que ella también lo hace.
Tina rodó sus ojos.
—Oh, lo sé. Las niñas saben jugar con sus papás. Y sólo
empeora a medida que crecen, confía en mí.
Mentalmente tomé nota.
Tina me llevó hacia las otras mujeres, quienes me sonrieron.
—Ella es Mina. Es la esposa del primo de Nik.

331
Otra morena habló, pero su cabeza tenía un tinte de rojo conf
en ella y sus ojos verdes eran los más brillantes que jamás undi
hubiera visto. da
deb
—¿Cuál primo?
e
—Lev —le dije, y luego añadí—. Y no estamos casados. hab
No todavía de todos modos. erm
El rostro de Tina se aflojó. e
dela
—¡Oh! Lo siento. Solo lo
tado
asumí. Lo descarté con ,
una sonrisa. porq
ue
—Está bien. De verdad. Lidiya es la sus
hija de Lev. Un hombre de piel ceja
s se
aceitunada pronunció: leva
—Soy Trick. —Jaló a su costado a una mujer bajita con el ntar
cabello castaño chocolate y grandes ojos marrones—. Y esta es on y
mi Lola. sonr
La morena de cabello castaño rojizo sonrió. ió
ante
—Soy Nat. —Ella señaló el alto hombre rubio ceniciento s de
meciendo una sexy sombra—. Y ese es mi esposo, Asher. — expli
Levantó la mano y señaló a la hermosa mujer rubia junto a ella— car
. Ella es Mimi. —Se inclinó hacia delante y simuló susurrar—: Es —.
nuestra lesbiana residente. Está
Me atraganté con una risa cuando Mimi me guiñó un ojo. en
—Hola. Encantada de conocerlos a todos. el
cuar
Ésta era la recepción de una boda, ¿cierto?, pregunté con cautela:
to
—¿Dónde está la de
novia? Nat rodó bañ
o,
los ojos. vom
—Helena, mi hermana. Max la embarazó. Solo tiene algunos itan
meses así que ya sabes. —Solo que no lo sabía. Mi expresión do.
Tina sonrió feliz luego se encogió de hombros.
—Nos sucede hasta a las mejores, ¿cierto?
Max se acercó con Lidi, y todas las chicas hicieron ruidos
cursis mientras él hablaba.
—Dile a Helena que la dejo. —Puso su mejilla en la cabeza
de Lidiya y la niña sonrió alrededor del pulgar que estaba
chupando. Max suspiró luego sonrió—. Hay otra mujer en mi
vida.
Mimi parpadeó a la niña.
—¿Mira esas 332
pestañas? Nat
sonrió.
—¿Y ese cabello rizado? j
Lola se adelantó y pasó sus dedos por la mejilla de Lidi. u
—Oh, Dios mío, es malditamente adorable. —Me miró con n
un gesto arrugado—.
t
Estoy enamorada.
Pero Lidi parpadeó hacia Asher de apariencia dura, o
sonriendo fuertemente. Nat chasqueó su lengua. s
—Por supuesto elige que le guste el más grande hijo de puta .
en el grupo.
L
Probablemente le recuerda a su papá, pensé.
e
Lidi se inclinó hacia adelante, estirando sus brazos hacia
Asher. Entonces él sonrió y su rostro se transformó. Era v
asombrosamente atractivo. Se acercó y la tomó de los brazos de
d
Max. Él se echó hacia atrás para mirarla mientras ella apoyaba la
cabeza en su hombro. Su voz era baja y áspera. i
—Es porque tiene j
buen gusto. Entrecerré o
los ojos hacia ella. u
—No se me ha escapado que solo va con hombres. —Me n
volví hacia Tina—. ¿Solo empeora a medida que crecen? —Tina
d
asintió solemnemente. Resoplé dejando salir un suspiro—.
Mierda. Voy a tener que vigilarla con ojo de halcón. i
Las chicas se rieron mientras los hombres sonrieron y v
entonces alguien envolvió sus brazos alrededor de mí. No tuve
e
que mirar. Me hundí en él y sonreí, colocando una mano sobre
la suya en mi cintura. Tina anunció felizmente: r
—Este es el primo Lev. t
—Hola —murmuró detrás de mí. i
Algunos saludos se intercambiaron antes de que Tina d
suspirara con satisfacción, su rostro volviéndose suave.
o
—Se ven bien
:
—Yo también lo creo. Gracias.
Una joven con largo cabello castaño oscuro y ojos verdes
salió de la nada. Llevaba un elegante vestido de boda con
encaje de color blanco que mostraba su pequeña panza.
—Uf, lo siento, chicos. —Suspiró con cansancio, pero parecía
ridículamente feliz—. Estúpido Max y su poderoso esperma.
Tina se rió entre dientes.
—Helena, estos son Lev y Mina. Lev es
primo de Max. La novia se volvió hacia
nosotros. 333
—Vaya, hola. No conocemos a muchos del otro lado de la u
familia. Es bueno que pudieran estar aquí. —Sonrió n
amablemente mientras Max ponía sus brazos alrededor de ella y t
besaba su cabeza—. Muchas gracias por haber venido. a
n
Max explicó: t
—Mi padre y el padre de Lev eran hermanos. —Le sonrió a o
Lev—. ¿Recuerdas la mierda en la que solíamos meternos? c
Lev negó con la cabeza. r
í
—No. Pero sí recuerdo la mierda en que solían meterse p
y me culpaban a mí. El grupo de personas se echó a reír ti
c
y Max se encogió de hombros. o
—Eso es porque eras un blanco —
.
fácil, hermano. Nik negó con la Nun
cabeza. ca
—Nah. Solo es que tú eras un idiota. se
sabe
—Sí. —Max infló el pecho—. Estúpidamente lo
impresionante. Me reí para mis adentros. que
está
Estos chicos eran geniales. escri
Después de todo el alboroto, no lo admitiría, pero me to en
alegraba de haber venido. las
Fue agradable oír hablar sobre Lev entre los familiares que, estr
obviamente, lo amaban. ellas
.
Sasha y Nas paseaban y Nas me entregó una copa. La tomé
con gratitud y Max hizo un gesto con la barbilla hacia Sasha. N
i
—Lev casándose. Nas tiene a Viktor envuelto alrededor de su
k
dedo meñique. — Estuve segura que fui la única persona que
l
notó que la expresión Nas se volvió amarga, pero Max continuó—
e
. ¿Cuándo vas establecerte, Sash? d
Sasha sonrió con picardía. i
—¿Quién sabe, hombre? —Hizo una pausa antes de añadir o
u
n codazo Sasha.
—Sí. ¿Quién sabe? —Le sonrió a su primo—. Incluso
Sasha podría encontrar a una mujer que aguantara su ancho
culo.
Tina se burló.
—Disculpe, señor, pero recuerdo conocerte y eras el mayor
hijo de puta que hubiera conocido. —Nos miró y lanzó un
sincero—: Casi me meo del miedo. Era tan frío. Me asustaba.
Nik jaló a su esposa hacia él y la apretó con fuerza.
—Sí, bueno, tuve que conocerte para 334
descongelarme, bebé. Nawww.
Eran estúpidamente lindos. Como que los amaba.
Nastasia se aclaró la garganta y forzó una sonrisa.
—No sé sobre el matrimonio. Es tan... final. —Trató de
encogerse, pero vi la tristeza en su demacrado rostro.
Maldito Vik. ¿Qué le estaba haciendo? Iba a retorcerle
el maldito cuello. Nat suspiró.
—Vaya. Suenas como yo. —Jaló a Nas y enlazó su brazo con
el de ella, sonriendo todo el tiempo—. Ven acá. Acabas de
convertirte en mi nueva mejor amiga.
La conversación fluyó sin esfuerzo durante toda la noche y
mis mejillas empezaron a doler de lo mucho que estaba 335
sonriendo y riendo. Me sentía a gusto con esta gente. Eran
buenas personas, mujeres que habían conocido a sus
compañeros, y hombres quienes habían aprendido a amar.
Me aferré a Lev e imaginé dónde estaría si no lo hubiera
conocido. Un fuerte escalofrío bajó por mi espalda y mi estómago
se anudó incómodamente.
La idea era demasiado dolorosa para considerarla.
Llegamos a casa después de la boda de Max y Helena justo
pasada la una de la mañana y lo curioso fue que al final no quería
irme. Me lo estaba pasando genial con las chicas y Tina me había
invitado a su boutique para hacer algunas compras. Prometió que
el noventa por ciento de sus prendas tenía un precio razonable,
con el otro diez por ciento siendo totalmente exorbitante porque
era enviado desde Italia.
Las chicas eran adorables y no podía recordar la última vez
que conecté con un grupo de personas tan pronto como lo había
hecho con ellos. Prometí ir con Nas y echar un vistazo a la
Boutique de Safira.
¿Mañana era demasiado pronto?
Traducido por Gigi D y Ximena
Vergara

Mina

icen que todo lo bueno se termina, y yo estaba g


preocupada de que se acercara el final para lo nuestro. r
Sucedió tres días después, cuando acababa de u
entrar en la casa y oí a Lev soltar un rugido animal desde la
cocina. Mi corazón se aceleró y me apresuré a encontrarlo. ñ
Lo encontré inclinado contra la mesa de la cocina con su ropa ó
deportiva, con aspecto de querer partir algo por la mitad. :
—Cariño —pregunté con cautela—. ¿Qué sucede? —
N
Fue entonces cuando noté un trozo de papel arrugado en su o
mano. Respiraba tan pesado que su pecho se sacudía. Di otro l
paso cauteloso hacia adelante, apoyando una mano en su o
s
espalda. é
,
—¿Bebé? M
Cerró los ojos y escupió: i
n
—Igor Alkaev quiere la custodia de Lidiya. —Suspiró a
,
fuertemente—. Me llevará a los tribunales. m
i
Fruncí el ceño. e
—¿Con qué r
d
pruebas? Lev a
.
¿Cuándo van a dejarme en paz?
Intenté no tomarme de forma personal su enfado. Sabía
que no estaba enojado conmigo, después de todo. 336
—Iré contigo —le dije, sin tono de pregunta.
Lev sacudió la cabeza. mud
a
—No. Iré solo.
muj
No quería ser la voz de la razón, pero si yo no lo hacía, er,
¿entonces quién? Ver
—Cariño, sabes cómo te pones cuando estás enojado. a,
Puedes enloquecer un poco —dije con calma—. Déjame ir. que
No diré nada. Sólo déjame estar ahí para ti. traje
ra
Sí, claro, seamos honestos. Me asustaba que Lev fuera a
café
matar al imbécil.
.
Me paré detrás de él y apoyé mis manos en sus caderas, Ella
inclinándome contra su cuerpo, besando su espalda. se
—Déjame ir, amor. Por favor. Me mantendré al fue
sin
margen, lo prometo. Se volvió en mis brazos y me
deci
miró fijamente. r
—No te quiero al margen. Te quiero aquí, a nad
a e
salvo, con Lidiya. Parpadeé. Igor
—Pero si esto me pasara a mí, ¿me hizo
una
dejarías ir sola? Frunció el ceño. mue
—Por supuesto que no. ca.
—Y por eso es que voy contigo. —
Aunque a Lev no le gustó, accedió, e hicimos una parada A
s
rápida en casa de Nastasia donde Lev llamó a Sasha, y entonces
í
nos dirigimos a la residencia Alkaev.
q
Me daba pena el idiota. u
Igor Alkaev abrió la puerta, y tuve que admitir que no se veía e
como me lo imaginaba. Me imaginaba a un tipo bajo, regordete h
con cabello oscuro, y quizás barba. En realidad era un tipo alto a
y delgado, con cabello gris canoso, una nariz rígida, ojos oscuros s
y fríos, y una expresión de disgusto permanente. r
e
Igor nos hizo pasar sin decir nada y le dijo a su aparentemente c
ibido la carta.
Lev estaba demasiado tenso para sentarse. En cambio, se
quedó de pie a mi lado, y yo me senté en un sofá de cuero.
—Sí. Quiero saber qué diablos estás pensando Igor, porque
no tendrás a mi hija. Pasé dos duros años sin ella, y que se caiga
el cielo antes de que renuncie a ella ahora.
Igor estudió a Lev.
—Has cambiado —dijo—. Hay algo distinto en ti. No puedo
encontrar qué es.
Estás… —frunció el ceño— sereno o algo así.
337
Lev gruñó:
—Dime lo que quieres. —
Observé con cuidado a ambos hombres. Tenía gas pimienta S
en mi bolso y no tenía miedo de usarlo. Yo no era una flor e
delicada cuando se trataba de mis seres queridos.
v
Igor bufó.
e
—No tienes nada que yo quiera,
q
Leokov. Ya no. Lev apretó los
u
dientes.
e
—No vas a conseguir un centavo de
y
mí. Ya no más. El hombre mayor
a
enrojeció.
n
—Mi hija ha muerto, imbécil. La dejaste embarazada y luego
decidiste que no la querías. Ella te amaba. Por supuesto que se o
deprimió. Lidió con tu crueldad durante años antes de terminar t
quitándose la vida.
e
Inspiró hondo y soltó un:
n
—Y es todo tu culpa. —Se enderezó y ajustó tu corbata—.
Eres tóxico. Lidiya estará mejor sin ti. Nosotros la amamos. e
Lev tragó, con la mandíbula dura. m
—Piensa en lo que estás haciendo. Podría ser lo último que o
te pase por la cabeza en tu vida.
s
Igor sonrió malévolamente.
n
—¿Es eso una
a
amenaza, Leokov? Lev
d
respondió con
a
tranquilidad.
—No es una amenaza. Los accidentes ocurren. p
Igor se puso de pie cuando su mujer entró con café en una o
bandeja. r
discutir. Por favor váyanse. Me puse de pie y
tomé la mano de Lev mientras él le decía:
—Nos vemos en los juzgados.
Nos volvimos, y la mano de Lev se aferró a la mía de forma
dolorosa. Justo cuando íbamos a abrir la puerta, se abrió con
violencia y Corina apareció. Parecía estar en una misión y no
tenía tiempo de decir hola. Entró como si fuera la dueña del lugar
y con una sonrisa juguetona, murmuró:
—Madre. —Miró a su padre y no pudo ocultar el disgusto—.
Donante de esperma inconsecuente.
338
Y allí estaba, nuestro diminuto ángel de la venganza. Dicen
que lo bueno viene en envase pequeño. Estábamos a punto de
presenciar lo cierto que hay en ese dicho.
Igor se tensó.
—Te dije que nunca S
u
volvieras. Cora bufó. p
—Como si lo fuera a hacer voluntariamente. Por favor viejo. a
—Sonrió maliciosamente—. Vine por Lev. d
r
Igor movió la cabeza.
e
—Entonces llévatelo. s
Hemos acabado. Miré con e
a
sorpresa que Cora se reía. d
—Realmente eres otra cosa. —Caminó hacia el sofá y se e
sentó—. Tú no quieres a Lydia. Sólo estás molesto porque tu niña l
de oro se ha ido. Y lo entiendo. También la extraño, pero lo que a
estás haciendo, es un asco. n
t
Se sentó derecha y miró a Igor a los ojos. ó
—¿Quieres jugar sucio, papá? —Sonrió como la Mona Lisa— y
. Quizás deberías revisar tus defensas; buscar una palanca. —El p
rostro de Igor se oscureció. a
r
La sonrisa de Cora se desvaneció y fue sustituida por
e
preocupación fingida.
c
—Sin embargo, tu búsqueda será probablemente inútil. — í
Sacudió la cabeza con inquietud—. Ya que muchos ladrones a
están fuera estos días. Es una pena, de verdad. q
La cara de Igor palideció mientras susurraba: u
e
—¿Qué has hecho, e
Corinna? Cora se s
t
puso de pie. a
—Te voy a decir lo que he hecho. He hecho cuatro copias de b
ese libro de contabilidad. —Hizo una pausa momentánea—. a
Puede tener el original de regreso, pero si quieres seguir adelante li
con esta batalla por la custodia de una niña que no quieres —su s
voz bajo una nota—, voy a ventilar todos tus trapos sucios, todos. t
Cada cadena de noticias conocerá los pormenores de Zakon. o
para atacar, pero se contuvo.
—Vas a matarme.
Ella se encogió de hombros.
—Así que vas a ser un mártir de la causa.
No estaba segura de lo que estaba viendo fuera correcto,
pero la frente de Igor comenzó a brillar con sudor mientras se
ahogaba.
—Vas a morir.
Cora cruzó los brazos sobre el pecho.
339
—Sí, ya pensé en eso. Mira, sí me pasa algo, he dado
instrucciones estrictas para entregar una copia del libro al FBI.
Las otras tres copias... —se veía tan satisfecha de sí misma
cuando suspiró—, ¿quién sabe a dónde van a ir a parar?
Igor parecía a punto de gritar.
Cora se inclinó hacia delante y murmuro: c
—Por cierto, ¿mamá sabe que tú eras el que le suministraba a
a Irina la metanfetamina? s
Al oír el grito sofocado de su madre, Cora se volvió hacia
a
nosotros, encogiéndose.
—Mierda. —Ella habló a través de un lado de su boca—. Eso d
es difícil. e
Un espeso silencio nos envolvió. Nos quedamos allí, N
empapados en como Corinna Alkaev simplemente había tratado
a su padre. Finalmente, aplaudió y dijo: a

—Muy bien, así que ahora nosotros nos vamos, y tú nunca s


nos volverás a ver. Nunca. Si incluso tratas de buscar la manera t
de estar con Lidi, voy a aplastarte como el puto insecto que eres,
desgraciado, resentido. a

Su dura expresión vaciló un momento para revelar una s


profunda tristeza. i
—Te amé una vez. —Se volvió hacia su madre—. Tienes que a
dejarlo, ma. Es una locura —advirtió a su mamá—. ¡Sal mientras
puedas! .
Los puños de Igor estaban apretados y pronuncio con los L
dientes comprimidos: e
—Tú, irrespetuosa puta.
v
Cora lo ignoró, sin dejar de mirar a su madre.
n
—Llámame si me necesitas. Te apoyaré en lo que quieras. —
Sonrió ante la tranquila mujer mayor que ahora tenía lágrimas en o
los ojos—. Te quiero mamá. Siempre lo he hecho. Siempre lo s
haré.
e
Giró sobre sus talones y nos indicó con un gesto que nos
fuéramos. d
—Vamos. Vámonos. e
Cora nos llevó a nuestro coche y murmuró: t
—Vayan. Nos encontraremos en u
vo a hacer preguntas.
Subimos al coche y nos dirigimos allí.
Cora y Nas nos estaban esperando cuando nos bajamos del
coche. Extendí mis brazos.
—¿Qué demonios fue eso?
Nas se volvió a Cora y le dio un codazo en el hombro.
—Eso es lo que tú llamas tener
un juego. Lev se acercó con
cautela. 340
—Por favor, dime que no
era un farol. Cora le sonrió.
—No. Nas tiene una copia, y lo mismo ocurre con Sasha. Mi cor
abogado tiene una, y la última copia del libro de contabilidad reo
está en un lugar secreto. —Suspiró—. Papá estará realmente ele
jodido si se mete contigo otra vez. ctr
óni
—¿Por qué? —preguntó—. ¿Por qué me
co
estás ayudando? Cora miró hacia el suelo co
antes de hablar en voz baja. n
un
—Tú dijiste que una vez fuimos como una familia. Y en una a
familia cuidan unos de otros. —Hizo una pausa—. Siempre me co
sentí más en casa aquí que allí. pia
Luego Lev hizo algo extraño. de
Dio un paso adelante, envolvió sus brazos alrededor de los
Corinna, y la abrazó. Y no se trataba de un abrazo corto. Duró do
un minuto entero, por lo menos. Cora se apoyó en él, alcanzando cu
y agarrando su chaqueta con fuerza mientras aceptó la rara me
muestra de afecto de un hombre que rara vez las daba. nto
s
Me paralicé, sonriendo como sól
una loca. Él se echó hacia o
par
atrás y tomó su mejilla.
a
—Gracias, Corinna. Estoy en qu
deuda contigo. Pero ella negó con e
su
la cabeza. pie
—No me debe nada. Sólo deseo que Lidiya sea feliz, ra
qu
y ella es feliz aquí. Eso era ella, un pequeño bebé. e
Me asaltó un pensamiento. no
—¿Estamos seguros de que Igor prestará atención a la est
advertencia? Él es tan arrogante. No parece el tipo que se oy
preocupa de una amenaza. jug
Cora levantó la frente. an
do.
—Oh, la escuchará. —Se rió entre dientes—. Le envié un
—Whoa —declaré—. Cora, eres una maldita bastarda hija
de puta —le sonreí en agradecimiento—, y eso me gusta. Buena
suerte para ti.
Entonces Nas nos interrumpió:
—Cora va a estar aquí por un tiempo, sólo hasta que
vuelva recuperarse. Cora palideció.
—A menos que tú no quieras
que lo haga. Lev respondió con
sinceridad: 341
—Quédate todo el tiempo que quieras. Tenemos
mucho espacio. Nas le dio un codazo a Cora y le
susurró:
—Pregúntale.
Cora arrugó las cejas y negó con la cabeza discretamente.
Nas puso los ojos en blanco. a
—Sólo pregúntale. s
—¿Preguntarme qué? —inquirió Lev. i
Cora negó con la cabeza, mirándolo ligeramente n
avergonzada.
t
—No es importante.
i
Nas suspiró ruidosamente.
ó
—Te das cuenta de que está cortada oficialmente,
¿verdad? —Lev asintió, pero se encogió de hombros. .
Nas murmuró incómodamente: —
E
—Necesita un trabajo, ya s
t
sabes, para vivir. Lev miró a á
b
Cora. i
e
—¿Puedes servir bebidas? n
—No lo sé. Nunca lo he intentado —respondió ella. ,
e
¡Ooh! ¡Ooh! s
t
Levanté la mano como un niño de primer grado, sin á
moléstame en ocultar mi emoción. d
e
—Yo puedo enseñarle. —Miré a Cora con una sonrisa—. Yo c
i
te puedo enseñar. — Me encogí de hombros—. Si yo pude d
aprender, tú también puedes. Yo era terrible cuando empecé. i
d
Nas inclinó la cabeza, medio riéndose ante el recuerdo. o
e
—Realmente lo n
t
eras. Me o
n
indigné. c
e
—¡Oye! s
.
Se volvió hacia Cora y se encogió de hombros. V
—Ella lo era en a
s
realidad. Lev a
t
rabajar en el club.
Los hombros de Cora se desplomaron de alivio y dejó
escapar un sincero "Gracias".
Lev se limitó a responder:
—Somos familia. Cuidamos los unos de los otros.
Oh, hombre, así es como conseguirás una chica esta noche.

342
Traducido por Pimienta

Mina

a primera noche de Cora salió a pedir de boca. Era una sent


natural, y gracias a que teníamos el mismo tamaño, ado
fue capaz de llevar el traje de Caperucita Roja que en
Birdie había comprado para mí. Le dije a Birdie que el
hiciera otro pedido de trajes de mi talla, pero diferentes a los que bar
ya tenía. Birdie me dijo que tardarían un par de días, pero que just
estaba bien. No me importaba compartir con Cora hasta o
entonces. enfr
ente
Cuando fui a hablarle sobre el coqueteo sutil, me di cuenta de de
que ya lo estaba haciendo. mí,
Cuando pensé en hablarle de las botellas con mezcla de la con
casa, llenas de té helado, Cora ya se había dado cuenta. una
Y cuando la vi inclinándose sobre la barra para colocar un liger
beso en la mejilla de un gran gastador, estaba un poco molesta. a
Estaba claro que no era necesario. sonr
isa.
Las chicas en el escenario estaban bailando una canción de
Rihanna "Bitch Better Have My Money", y yo estaba hipnotizada. Chill
Balanceaban sus caderas con delicadeza, sus pechos ocultos é
detrás de pasteles espumosos, y sus expresiones eran sorp
sensuales. Realmente eran bellezas, nuestras Doce Diamantes. rend
ida y
A mitad de la noche, me volví a encontrar a mi hermano
lueg
o me lancé sobre la barra para envolver mis brazos alrededor de
él. Me reí en su oído:
—¿Cuánto tiempo has estado ahí mirándome 343

observar la nada? Él me devolvió el abrazo y


luego me besó en la mejilla.
—Sólo un minuto. —Se retiró y comenzó—: ¿Puedo h…?
Pero se detuvo a media frase, perdiendo su enfoque cuando
su mirada se posó en Cora. Su ceño se frunció.
—¿Quién es? v
Me volví un segundo para ver a Cora y luego me volví hacia i
él. s
—Corinna Alkaev. Es nueva. Comenzó esta noche. Ella es
t
una amiga de la familia.
Pero Alessio estaba perdido en ella. Escondí mi sonrisa. a
Negó con la cabeza ligeramente antes de comenzar de nuevo. h
—¿Puedo hablar contigo un minuto? a
Miré la barra. Había un montón de gente esperando, e incluso c
con Nas, Cora, Anika y yo, la cola no disminuía. Hice una mueca.
i
—¿Hay alguna posibilidad de que puedas esperar cinco
minutos, justo hasta que ayude con esta multitud? a
Alessio me sonrió, y creó haber jurado orgullo allí. é
—Tomate el tiempo que necesites. Puedo esperar. l
Esperó diez minutos sin pestañear, y finalmente, cuando la .
multitud se desvaneció un poco, le hice una seña a Nas para que
supiera que iba a tomarme un descanso. Ella me guiñó un ojo y —
caminé alrededor de la barra, pasando mi brazo a través del de D
Alessio, y dirigiéndonos al único espacio libre en el club.
e
—¿Qué pasa?
b
Vaciló, y cuando empezó a hablar, era cauteloso.
e
—Así que, sabes que Enzo era
r
rico, ¿verdad? Pensé en esto,
í
entonces me encogí de hombros.
a
—No lo sabía, no.
¿Qué tenía eso que ver s

conmigo? Alessio d

asintió. e

—Lo era. Y tengo su t

herencia. Levanté la e
nerla. Sacudió la
cabeza.
—Pero yo no soy su único hijo. Tú también eres su hija. Y
quiero compartirla contigo.
Oh. Entendí. Se sentía en la obligación.
Mi corazón se hinchó y me calentó con felicidad. Le sonreí,
tocando su mejilla con cicatrices.
—Eres dulce, Alessio, pero no. No
la quiero. Me tomó la mano contra
344
su mejilla y la apretó.
—Demasiado tarde, Mina. Ya está en tu Si
de
cuenta bancaria. Me aparté, frunciendo la se
frente. as
do
—¿Qué?
na
Alessio se aferró a mi mano, negándose a dejarla ir. rlo
—Hablé con Lev la semana pasada. Estuvo de acuerdo en ,
que podías usar el dinero, y la libertad que este tipo de dinero ha
trae. Él quiere que te establezcas, y yo también. —Su agarre en zl
mi mano se suavizó—. Él era un padre de mierda, Mina. El dinero o.
no lo es todo, pero por lo menos nos debía eso. —
Bueno. Él quería que yo tuviera el dinero y era inflexible O
acerca de eso. y
—¿De cuánto dinero estamos hablando aquí? —le pregunté e
en voz baja. ,
M
Haciendo señas con los dedos, me indicó que acercara. i
Acerqué mi cabeza y susurró una cifra en mi oído. n
Mis ojos se abrieron, di un salto hacia atrás con un jadeo, a
empujándolo en el pecho. .
—¡No me jodas! —Mi boca estaba abierta y mi cabeza A
daba vueltas—. Oh Dios mío. ¡Cállate! lgui
en
El cuerpo de Alessio se sacudió de risa silenciosa.
habl
—Sí. ó
Mi mente era un desastre. Eso era más dinero del que una detr
persona podría gastar en toda su vida. No podía pensar. Yo ás
era un desastre. de
mí.
Entonces, de repente, dejar escapar:
Me
—¿Qué pasa si quiero donarlo a la caridad? volví
Las cejas de Alessio se alzaron. Estaba claro que no para
esperaba esa pregunta. Lo pensó un momento antes de ver
responder: a
Cor
—Es tu dinero, Mina. Puedes hacer lo que quieras con él.
a
mirando pacientemente hacia Alessio, con los ojos pasando por
las cicatrices de su rostro. No me miró cuando volvió a hablar,
pero mantuvo la mirada fija en el hombre alto y melancólico a mi
lado.
—Lev te está buscando.
—Cora, este es mi hermano Alessio. Alessio, esta es Cora,
nuestra nueva camarera.
Eso sacó a Cora de su estado. Sus cejas se alzaron y sonrió.
—¿Tienes un hermano?
345
Entonces, de repente, fue como si las —
cicatrices de Alessio hubieran desaparecido y ella O
sólo tenía ojos para el hombre detrás de ellas. h
,
Ella se adelantó y tendió la mano. b
—Eres un hombre afortunado de tener una hermana como i
Mina —terminó con un guiño. e
Alessio se quedó mirando el pequeño cohete que era Cora n
y luego, lentamente, con cuidado, le tomó la mano, temblando .
E
ligeramente.
n
—Lo sé. t
Ella arrugó la nariz adorablemente. o
n
—Sin embargo, estoy segura de que tú
c
tampoco estás mal. Añadí con una carcajada: e
s
—No lo está. —Sonreí suavemente hacia Alessio—. Es
,
bastante impresionante. Alessio soltó la mano de Cora y ella ¿
colocó la mano sobre su brazo. q
u
—¿Quieres una bebida? Puedo é
traerte una. Oh mi. h
a
Cora estaba prestándole toda su atención a Alessio, y parecía g
como si él no estuviera seguro de cómo manejarlo. Bajó la mirada o
y meneó la cabeza. a
—Estoy bien. Gracias. h
o
Estaba segura de que había pasado un tiempo desde que r
Alessio consiguió ese tipo de atención, y por la forma en que Cora a
lo miraba, él se había ganado una admiradora. ?
No quería que su conversación unilateral terminara, así que —
hice algo que probablemente no debería haber hecho. S
—Oye, Cora, lo has hecho muy bien esta noche. No quiero i
presionarte demasiado duro. Estás fuera por el resto de la noche. é
n
La frente de Cora se frunció.
t
ate. Toma una bebida. Disfruta del espectáculo —le dije.
—¿Yo sola? —cuestionó, viéndose un poco incómoda.
—No —dije y luego parpadeé inocentemente hacia mi
hermano—. Siéntate con Alessio.
Ambos se quedaron en silencio.
Yo había hecho mi movimiento; ahora les tocaba a ellos.
Alessio habló primero, y me miró mientras lo hacía.
—Yo debería irme.

346
Le lancé un beso de broma. Pero entonces Cora lo miró N
con los ojos muy abiertos. El pesar en ellos era claro. a
—¿Necesitas irte? s
El cuello de Alessio se sonrojó. t
—No necesito irme, pero debo hacerlo.
e
Cora parecía medianamente devastada, pero dejó salir
fríamente: n
—Oh, bien. Claro. —Ella se rió en voz baja, y pronunció con í
gracia—: Tiene mejores cosas que hacer que vigilar al bebé. a
Alessio la miró y parpadeó, frunciendo el ceño en confusión. u
Él preguntó lentamente:
n
—A menos que... ¿quieres que me quede?
a
Los hombros de Cora se relajaron y una verdadera sonrisa
apareció. m
—¿Lo i
harías? Sin r
dudarlo. a
—Joder, sí. d
Y así fue como se hizo, gente. a
Cora sonrió, dando un paso adelante para enlazar su brazo d
con el de Alessio, y los miré caminar para encontrar una mesa.
e
Los observé por el resto de la noche, y cuando Nas preguntó
dónde estaba la Oompa Loompa, señalé a la sala, y las dos los a
vimos reír juntos, sentados muslo a muslo. s
Alessio volvió la cara para hablar directamente en el oído de o
Cora, pero ella se volvió hacia él al mismo tiempo. Se miraron a
los ojos un segundo antes de que Cora cerrara los suyos y se m
inclinó un poco hacia delante. Sus labios conectaron con los de b
Alessio, y después de un momento de incredulidad, cerró los ojos
y dejó que sucediera. Se besaron dulcemente, tan mansamente, r
que mi corazón dio un vuelco. o
en la cara, y la mía secundaba esa expresión. Bueno, eso
fue rápido.
Cora elevó sus manos hasta las mejillas de Alessio y Alessio
retrocedió como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Bajó
la cara y dijo algo antes de ponerse de pie y dejar a Cora sentada
allí sola.
Ella se desplomó en su silla y negó con la cabeza, viéndose
miserable. Alessio era un hombre orgulloso. Tenía que darle
tiempo. Sus cicatrices eran una tragedia para él.
Miré a Nas, y ella me devolvió la mirada triste. Esperaba que 347
Alessio le diera a Cora una oportunidad.
Después de todo, el tiempo cura todas las heridas. O eso es
lo que decían.
Traducido por martinafab

Nastasia

staba de pie junto a la ventana mirando la luna, perdida —


en mis pensamientos. Vestida con el kimono negro y Nec
rojo que Vik me había comprado, mis entrañas se esit
apretaban de los nervios. o
Era la hora. que
te
Me volví hacia donde yacía en mi cama, desnudo como el día vay
en que nació, y extendí la mano para agarrar la cruz de oro as a
colgando de mi cuello —otro regalo de Vik— antes de tragar cas
saliva y hablar en voz baja. a. —
—Vik... cariño... necesito que hagas algo por mí, ¿de Las
acuerdo? No preguntes. prim
Sólo necesito que lo hagas. eras
Su rostro se volvió para mirarme y frunció el ceño. lágri
mas
—¿Por ti, nena?
cay
Cualquier cosa. Y eso eron
también lo decía en e
inha
serio. Maldita sea. lé
Mis labios temblaron. Tomé una respiración profunda antes entr
de exhalar lentamente. ecor
tada
mente—. Necesito que te vayas a casa y que no vuelvas aquí,
¿de acuerdo?
Mi barbilla cayó y mis brazos se apretaron alrededor de mí. 348
—Tienes que ser tú. Tienes que irte. Porque seguiré haciendo
esto. —Aparté mis ojos cuando volví a levantar la mirada—.
Porque seguiré amándote, y ya no puedo hacerlo. —Tragué
saliva con fuerza, limpiándome las lágrimas de mis mejillas, y
traté de lograr calmarme—. Así que tienes que irte.
Cuando él no hizo ademán de marcharse, mi cara se C
derrumbó y supliqué a través de un susurro: o
n
—Por favor. e
Ahí estaba, a descubierto, y estaba sorprendida por cuán l
mierda se sentía. No había alivio, ningún peso fuera de mis r
hombros. En todo caso, el peso se había triplicado. o
Me estaba perdiendo a mí misma. s
t
Él parpadeó hacia mí, sin moverse por un momento, antes de r
incorporarse. o
—¿De qué estás hablando, nena? —Él sostuvo sus brazos i
hacia mí y el corazón me gritó para que me acercara y me m
envolviera en ellos—. Vuelve a la cama — pronunció. p
a
Negué con la cabeza.
s
—No. —Mi voz fue más dura de lo que pretendía que fuera. i
Me acerqué a la cama, sentándome con mi muslo rozando el b
suyo. Lo miré a los ojos y pronuncié las palabras que tanto temía l
decir. e
,
—Dime que me amas, Vik. —Mi mano salió disparada para d
agarrar la suya y casi le supliqué—. Sólo dime que me amas. ij
Su pulgar rozó el mío durante un buen rato antes de que e
murmurara: :
—¿De qué va todo esto? —Ante mi silencio, preguntó—: ¿Es —
en serio, nena? No
¿Vas a dejar que me vaya? ¿Así sin más? —Frunció el ceño pue
confundido. do
Entendía la confusión. Yo nunca había hecho esto antes. No seg
era una reina del drama, y nunca le había exigido nada a Viktor uir
Nikulin. con
esto
Él era mi corazón y alma, y lo amaba con todo lo que tenía, ,
pero estaba oficialmente agotada de nuestra no-relación. Quería Vik.
más. Necesitaba más. No
Era todo o nada. pue
do ser la mujer a la que llames a las tres de la mañana para un
consuelo sexual nocturno. Me merezco algo mejor, como un
hombre que no tenga miedo de amar a una mujer. —Negué con
la cabeza—. No te entiendo. En un momento eres caliente, y al
siguiente, eres frío. —Mi voz tembló—. Tengo casi treinta años.
No puedo esperarte por siempre.
Sus brazos me rodearon. Me acercó y lo dejé. Me levantó a
su regazo, me abrazó con fuerza, y me sostuvo cerca cuando
dijo:
—Quiero que pienses en esto, ¿está bien? No tomes
decisiones apresuradas. Sólo... sólo piensa en esto. Y si esto es 349
lo que realmente quieres por la mañana, me iré. Te dejaré sola.
¿Trato hecho?
Una noche más.
Aferrándome a él, asentí contra su pecho.
Mi corazón se rompió en ese mismo momento.
Cuando la mañana llegara, los dos sabíamos cuál iba a ser mi
decisión.

350
Traducido por Apolineah17

sim
Lev ple

—¿
men
e has decidido? —pregunté mientras me te
acercaba a mi Ratón desde atrás, disfr
observándola desplazarse inquietamente por utan
los sitios web de caridad. do
Con una mano debajo de su barbilla, gruñó: de
—No. —Luego suspiró—. Hay demasiados. No tengo idea de la
cómo decidir cuáles valen lo suficientemente la pena para sen
donarles. saci
ón
Pensé en eso.
de
Sería una decisión difícil que tomar. Di un paso hacia esta
adelante, tiré hacia atrás la silla del escritorio, y la levanté. Me peq
senté en su lugar y la bajé hasta mi regazo. ueñ
—Incluso si sólo das la mitad de tu herencia, hay un montón a
de dinero allí. Por qué no dividirlo en cuatro o seis y donar a criat
múltiples causas. ura
en
Mina se relajó contra mí, apoyando su cabeza en mi pecho,
mis
acurrucándose en mi regazo como un gato.
braz
—Esa no es una mala idea. Podría hacer eso. —Dejó escapar os,
un suspiro de frustración—. Pero eso no hace la decisión más sin
fácil. habl
—Siempre podrías sacarlos de un sombrero —dije, ar
en serio en lo más mínimo.
Me aferraba a ella y el mundo desaparecía. Tranquilizaba mi
mente y mi alma se elevaba cuando estaba cerca de ella. Mina
Harris era la mejor parte de mí, y la mantendría feliz por el resto
351
de mi vida.
Ella se quedó inmóvil y me miró con ojos muy abiertos, con
una expresión que decía “Ahora, ¿por qué no pensé en eso?”
—Esa es una idea genial —susurró.
Una pequeña sonrisa adornó su hermoso rostro y se inclinó
hacia arriba para besarme. Tomé sus labios suavemente,
sumergiéndome para probarla, y ella suspiró suavemente.
—Te amo, Lev.
Había llegado el momento de explicarle algo a Mina, algo acerca de
quién era yo.
—Nunca he pertenecido a nadie, Mina —comencé—.
Siempre he tenido una sensación de soledad dentro de mí, y
nunca la he comprendido, no cuando estoy constantemente
rodeado de gente. Sin embargo, entiendo que difiero de las
masas. En un constante estado de confusión, el malentendido
me incomoda. —Mi ceño se frunció—. Siempre estoy pensando,
“¿qué dije para molestar a Nastasia?” o “¿por qué Sasha me mira
de esa forma?”, “¿por qué mi cerebro no funciona como
debería?”
Me detuve un momento, y Mina escuchaba atentamente.
—Habría dado todo por ser normal. A tu alrededor, me siento
normal. —Puse mi mano contra su barbilla y pasé mi pulgar sobre
la línea de su mandíbula—. Nunca he tenido normalidad. Tú me
diste eso. Planeo pagarte lo que te debo por el resto de mi vida.
Ella se inclinó contra mi mano y cerró los ojos. M
—Nos salvamos el uno al otro. —Abrió los ojos y me miró con e
cariño—. Creo que podemos decirlo abiertamente, cariño. gir
é
Tal vez ella tenía razón. Quizás estábamos destinados a par
encontrarnos. De cualquier manera, haría todo a mi alcance para a
asegurarme de que Mina tuviera una vida plena y feliz. Al igual ver
que ella me la había dado a mí. a
Mi
*** na
ya
Lidi
Mi teléfono sonó y lo saqué de mi bolsillo para leer el mensaje. ,
Nas: Ven aquí. Tenemos que hablar. EN PRIVADO. qui
enes estaban sentadas en el suelo viendo una película infantil 352
en la televisión. Estaban separadas pero tomadas de la mano.
Se me cerró la garganta.
No quería irme, pero Nastasia era mi hermana. Ella era
importante para mí y cuando me llamaba, quería estar allí.
Poniéndome de pie, me tranquilicé cuando Mina se volvió
para mirarme.
—Volveré pronto. Nas me necesita.
Mina me lanzó un beso y lo llevé conmigo mientras salía
por la puerta principal y hacía el corto viaje a la casa de mi
hermana.
Ella me estaba esperando en la puerta principal, B
manteniéndola abierta. Con un movimiento de su brazo, dijo: ajé
el
—Entra.
rostr
Sonaba seria. Nas raramente era cortante conmigo y justo o,
ahora, parecía molesta. Caminé por las escaleras mientras mo
cruzaba el umbral de su casa, dije: men
—Algo está mal. táne
ame
Resopló, caminando a través de su comedor y tomando
nte
asiento.
perd
—Sí, algo está mal, Lev —Sacudió su barbilla, haciéndome ido
un gesto parta que tomara asiento, así que eso hice. en
—¿Qué es? —pregunté cuidadosamente. mis
Nas se recostó en su silla y preguntó en voz baja: pen
sam
—¿Amas a Mina? ient
Mi rostro se volvió severo. Qué pregunta tan estúpida. os, y
—Por supuesto que amo a Mina. cua
ndo
¿De qué se trataba esto?
leva
Mi corazón latía con fuerza. Cuando las cosas se nté
relacionaban con Mina, no perdía el tiempo. mi
—¿Qué está pasando, Nas? cab
eza
Entonces dijo algo que no esperaba. Con ojos tristes,
para
murmuró:
mira
—Estoy un poco decepcionada rla
contigo. Los latidos en mi de
nue
pecho aumentaron. vo,
—¿Por qué? preg
Mi hermana negó con la cabeza. unté
:
—La propuesta pública fue linda, Lev. Estuviste perfecto. —
Sacudió la cabeza—. Pero estaba esperando que dieras un paso —
más arriesgado, te pondrías sobre una rodilla y le haría a Mina la ¿
pregunta de una manera que la haría sentir especial.
Crees que a Mina le gustaría eso? ¿Una
propuesta? Nas me sonrió
amablemente y dijo:
—Toda mujer quiere una propuesta sobre la que pueda
contarle a sus hijos.
¿Hijos? ¿Con
Mina? Me
gustaba esa
idea. Sí. Una 353
propuesta.
Podía hacer eso.
Mi mente se preparó, me incliné ligeramente hacia adelante y
pregunté:
—¿Qué tengo que
hacer? Nas sonrió
entonces.
—Pensé que nunca lo preguntarías.

354
Traducido por Ximena Vergara

Mina

lgo estaba pasando. C


No estaba segura de qué era exactamente, ami
pero Lev estaba actuando distraído y un poco nan
apagado, incluso para ser él. do
con
Cuando le pregunté qué le pasaba, él negó con
mi
la cabeza y murmuró algo acerca de tener demasiado en su
culo
mente. Le dije que podía hablar conmigo y cuando se volvió hacia
ador
mí y me sonrió, dijo que íbamos a hablar cuando fuera necesario.
mec
Confiaba en Lev con cada pedazo de mí y si él me dijo que ido
no me preocupara, me gustaría probar mis fuerzas para no bajé
hacerlo. las
Pero lo amo, lo que significa que iba a seguir adelante y esc
preocuparme de todos modos. aler
as y
Era domingo y después de tener un previsible sábado por la
me
noche en el club, Lev despertó para hacer ejercicio y, aunque
arra
parte de mí quería ser un pájaro mañanero, me quedé acurrucada
stré
en mi cama.
hast
Estaba cansada y por eso dormí de corrido hasta las 11:30, y a la
ahora Lev estaba a punto de llegar de su carrera en cualquier coci
momento. na
para servirme una taza de café. Había tomado el primer sorbo
cuando Lidiya entró en la cocina, con una taza vacía colgando
a punto de caérsele mientras que con la otra se frotaba sus 355
pequeños y cansados ojos. Ella se quejó:
—No siesta. No siesta. —Luego pisoteó con un
pequeño pie. Mirella la siguió.
—Lidi, cariño, estás cansada. Y cuando estás cansada,
necesitas una siesta.
Mirella giró los ojos ligeramente y sonrió de una manera que
se interpretaba: “niños, ¿no?”.
Lidi ya estaba a mi lado, levantando los brazos y sin dudarlo,
la cogí en mis brazos, meciéndola de lado a lado y besándola en
la frente con amor. Sus ojos ya estaban empezando a cerrarse
cuando Lev entró por la puerta trasera. Y cuando él me vio,
sosteniendo a Lidi, poniendo a su auto-mal-humor a dormir, sus
ojos se calentaron.
Se abrió paso hacia delante y la besó en la regordeta mejilla
antes de volverse hacia mí y besar mis labios, suavemente como
pluma. Una Lidiya ahora durmiendo dejó caer la taza al suelo de 356
la cocina que se estrelló contra el suelo con un sonido metálico
que la hizo sacudirse aunque no se despertó.
Lev la sacó de mis brazos, la abrazó y la llevó hasta su
habitación donde podía dormir la siesta cómodamente. Lo seguí
escaleras arriba para que pudiera verlo desnudarse y cuando
llegué a nuestra habitación, él ya estaba saliendo.
—Nos tomaremos la noche
libre —dijo. Mi nariz se
arrugó.
—¿Qué? ¿Por qué?
Lev me miró, con las manos en la cintura de sus pantalones
de chándal.
—Porque lo mereces.
Me gustaba el club. Era mi hogar lejos de casa.
Me divertía allí. Con un ligero encogimiento de
hombros, pronuncié un sincero:
—Está bien, no necesito una noche libre. Me encantan las
noches en el club, además, son sólo tres días a la semana.
Él parpadeó hacia mí, parecía sorprendido de que no
quisiera una noche para

. —Pensé que podríamos ir a cenar. A ese lugar ruso que te gusta.
Ooh.
Blini y Pelmeni. Era increíble, pero era noche de trabajo. Podíamos
ir en
cualquier otro momento.
Él añadió algo que me hizo cambiar de parecer en un segundo.
—Sería como nuestra
primera cita. Mi sonrisa fue
felina y lenta.
—¿Quiere tener una cita
esta noche? Él asintió con
la cabeza.
—Sí. Solo
nosotros dos.
Mierda, eso era
dulce.
¿Cómo puedo decir que no a eso?
—Está bien. —Sonreí genuinamente—. Pero, para que lo
sepas: para ti, soy una cosa segura, bebé. Siempre.
Su labio tembló dejando caer su sudor por su cuerpo
desnudo. Dejé escapar un silbido de apreciación y su cuerpo
temblaba de risa silenciosa. Luego lo seguí hasta el baño para
mirarlo bañarse porque... bueno... podía.

***

Al llegar a nuestro destino para cenar, Lev habló con la mujer C


del mostrador muy rápido en ruso, cada vez más y más frustrado uan
con cada palabra, hasta que dio un golpe con la mano sobre el do
mostrador y se volvió hacia mí. Su rostro estaba rígido, y sus entr
labios apretados. amo
—Tienen reserva para un servicio privado. s en
el
No me molestó que el corto viaje fuera en vano, estaba feliz
coc
de estar allí con Lev.
he y
—Está bien, cariño. Podemos ir a comer Lev
a otro lugar. Él me miró y dijo con los me
preg
dientes apretados: untó
—No, tiene que ser aquí. dón
de
Parpadeé ante su
deb
insólita rabieta. ería
—Bueno, aquí no es posible, así que vamos a ir a otro lugar. mos
—Lo tomé de la mano y lo llevé fuera del restaurante, pasando com
mi pulgar por sus nudillos—. No es para tanto, Lev. Volveremos er,
otro día. fui
brut
Con su mandíbula apretada, él asintió, pero me di cuenta que alm
estaba disgustado, y no entendía por qué. No podía creerlo, era ente
sólo la comida.
honesta con él.
—Cariño, todo lo que quiero hacer es ir a casa, ver unas
películas y comer pizza contigo. Junto con desnudarnos después,
esa sería la mejor cita del mundo.
Él me miró un buen rato antes de que me tomara la mano, la 357
llevara a su boca, me diera un beso suave en la parte posterior
de la mano y suspirara.
—Si eso es lo que deseas, Ratón.
Volvimos a una casa vacía y me quité los zapatos,
sosteniéndolos mientras subimos las escaleras. A medio camino,
chillé cuando Lev me levantó en sus brazos y me llevó el resto
del camino al interior del dormitorio.
Alguien había limpiado el desorden de ropa que había dejado
en el sofá, la cama estaba hecha impecablemente y la luz del
baño estaba encendida, un olor maravillosamente dulce venía de
dentro.
Lev tomó mis manos entre las suyas y me miró, con sus ojos cálidos.
—Quería que esta noche fuera especial. Hasta el momento,
no lo ha sido, pero voy a compensarte. —Me dirigió al baño y
abrió la puerta, revelando qué era el dulce olor.
Había preparado un baño de burbujas con olor a vainilla y blan
pétalos de rosa esparcidos por todo ello. ca.
Cua
Se me cortó la respiración. ndo
—Oh, cariño. Es precioso. salí
Sus manos cayeron sobre mis hombros desde atrás y apoyó del
la barbilla en mi cabeza. cuar
to
—¿Por qué no te das un buen baño? Voy a llamar para pedir
de
una pizza y cuando haya terminado podemos encontrar una
bañ
película para ver.
o
Me volví, obligándolo a que me soltara. Lo miré y le dije con para
fiereza: deci
—Esta es la mejor cita de mi vida. Sé que apenas ha rle a
comenzado, pero sé que lo es. —Me acerqué para apretar su Lev
mano—. Esto es especial. que
Sus ojos se suavizaron aún más y llegó a la manija de la habí
puerta del baño. a
term
—Ve. Relájate con el baño —pronunció, cerrando la puerta inad
detrás de él. o,
Hice lo que me dijo, me desvestí y me deslicé dentro de la silbé
bañera. Me empapé en el agua caliente de la bañera por un con
buen rato, hasta que el agua empezó a ponerse ligeramente fuer
fría. za.
¿De dónde había venido todo este romance? ¿
Parecía como si Lev sintiera la necesidad de probarse a sí P
mismo o algo por el estilo. Tendría que ser franca con él. No o
necesitaba el romance, sólo necesitaba que Lev fuera él mismo r
q
y estaría por siempre feliz.
u
Dejé que el agua me limpiara y luego me vestí con una bata é
?, preguntas.
Porque en medio de la habitación estaba Lev de pie, con las
luces apagadas. Cientos de velas lo iluminaban todo, la
habitación brillaba con la suave iluminación. Dobló las sábanas y
tragó con fuerza, ante mi expresión de sorpresa mientras mi
mirada revoloteaba por la habitación. Aún vestido, Lev cambió su
peso de pie y me tendió la mano.
Dudé solo un segundo antes de acercarme a él, poniendo mi 358
mano en la suya.
—¿Qué es esto? —le pregunté quedamente intimidada.
Dio un paso hacia atrás, lejos de mí y metió la mano en el
bolsillo de su camisa, en su pecho. Cuando la retiró, bajó la
mirada hacia lo que había sacado de su bolsillo
y cuando mis ojos se posaron en la tarjeta con notas que A
sostenía, mi frente se arrugó. bani
cán
Lev se aclaró la garganta, una vez, dos veces y una tercera
dos
vez.
e el
—Mina —leyó—, la forma en que nos encontramos fue rostr
muy inusual y admito que estaba más que aliviado cuando o
me enteré de que no eras una ladrona. con
Mis cejas se alzaron, pero él no lo vio, por lo que continuó. las
tarje
—Y estoy...
tas,
Él miró alrededor de la habitación, sobre la cama y al sofá leva
antes de mirarme y anunciar: ntó
—Me olvidé las flores. Espera. su
Pasó zumbando junto a mí y salió de la habitación, mira
dejándome en el medio de la habitación, con la boca abierta. da
haci
Regresó en menos de un minuto, sosteniendo un hermoso a mí
ramo de flores en la mano. Se aclaró la garganta otra vez y y
continuó. me
—Y estoy agradecido por preg
untó
haberte conocido. Extendió las
:
flores y leyó robóticamente: —
—Aquí en este ramo hay Hiedra, Lila ¿
H
y Camelia. Cambió a otra tarjeta y
a
siguió: c
e
—La Hiedra simboliza la fidelidad. La Lila simboliza el primer
c
amor. Y la Camelia simboliza el agradecimiento y aprecio.
a
Me acercó aún más las flores, así que las tomé. Parecía l
aliviado cuando lo hice. A la luz de las velas, vi el brillo del sudor o
en su frente. Se aflojó la corbata, tragó saliva y leyó: r
—Con este ramo, te hago una promesa. Una promesa de que a
siempre te seré fiel y te adoraré, nunca lo dudes. q
u
í?
Me encogí de hombros, sosteniendo mis flores pero no hablé.
Él estaba en modo presentación. Cambió de tarjeta y habló
mecánicamente, con voz ronca.
—Dicen que los pingüinos se aman para toda la vida —
levantó la mano otra vez y tiró con fuerza de la corbata—, y yo
quiero ser tu pingüino.
Sacudió la corbata más fuerte hasta que la desarmó,
dejándola colgando de su cuello. Rápidamente desabrocho el
botón superior de su camisa. Miró al otro lado de la habitación, a
la mesita de noche y murmuró: 359
—La maldita vela se apagó.
¿Espera? ¿Él quería ser mi pingüino?
¿Eh?
Se movió para ir a encender la vela
pero se lo impedí. Era obvio. Él estaba
angustiado.
Lo tomé su brazo, lo puse frente a mí y le pregunté:
—Cariño, ¿qué es todo esto?
Lev cerró los ojos firmemente. Se sentó en el borde de la
cama y dejó escapar un largo suspiro. Con el antebrazo se secó
el sudor de la frente y metió la mano en el bolsillo de su pantalón.
Sacó una caja de terciopelo negro y la puso sobre su rodilla.
Respiro profundamente, abrió la caja, me miró a los ojos y negó
con la cabeza.
—¿No ves que estoy tratando de no arruinar una propuesta?
Miré hacia abajo y parpadeé hacia el anillo acomodado dentro de
su hermosa
caj
a. —Pero nosotros ya estamos comprometidos. Un poco.
Sostuvo la caja, pasándose una mano por la cara y lanzó un 360
bajo:
—Sólo quería que esto fuera romántico.
Me arrodillé delante de él, arrastrándome entre sus piernas
abiertas, y lo miré

con ternura.
—Oh, cariño. No necesito romance —le dije—. Sólo te
necesito exactamente como eres.
Apretó la mandíbula, ni siquiera podía mirarme. Esto significaba
algo para él.
Así que intenté otra
cosa. Le hablé
en voz baja:
—Lev, este momento es solo entre tú y yo. Aunque tu
presentación fue muy informativa, nunca fui de palabras floridas.
Sólo dame palabras que te salgan del corazón, bebé.
Él me miró, con una triste mueca dibujada en su rostro.
Respiró hondo y cuando abrió la boca, la belleza salió. Soltó
junto con un suspiro:
—Tú lo eres todo para mí.
Mis ojos ya estaban inundados.
—Daría mi vida antes que decepcionarte y le haría daño a
cualquiera que tratara de apartarte de mi lado. Nunca he
conocido a una mujer más amable que tú. Eres maravillosa con
Lidiya. Quiero tener hijos contigo, todos los que tú me dejes, para
que podamos experimentar la paternidad, juntos.
Me mordí el labio, pero las lágrimas no dejaron de caer. Ellas
empañaron mis ojos y se arrastraron por mis mejillas.
—Voy a ser un buen padre para ellos. Rezo para que nuestros
bebés sean como tú, pero si son como yo, no quiero que te
preocupes, porque yo los guiaré y les demostraré que son
amados, incluso si no entienden lo que eso significa. Voy a
enseñarles.
Mis ojos se cerraron dejando salir unos sollozos
entrecortados. Me aferré a la rodilla de Lev en busca de apoyo.
—Voy a pasar mi vida amándote y pasarás una vida feliz
361
convirtiéndome en una mejor persona, como lo has hecho hasta
ahora con tu mera presencia.
Me tendió la caja y susurró un nervioso:
—Voy a ser el hombre que te mereces. No lo he sido, Ratón,
pero estoy trabajando en ello. Cásate conmigo y mi único objetivo
en la vida va a ser el de tomar todas las medidas para que no te
arrepientas jamás.
Él tomó mi mano y con dedos temblorosos, deslizó el anillo
en su lugar. Se ajustaba perfectamente.
—¿Quieres casarte conmigo, Mina?
Me quedé mirando el anillo, brillando a la luz de las velas,
parpadeando con lágrimas cuando una risa entrecortada se me
escapó.
—Sí. —Me reí de nuevo, abrazando a Lev por el cuello y
besando su mejilla sin afeitar—. Mil veces sí.
Y Lev respiró de nuevo. Su pecho se agitó y me rodeó con
sus brazos con fuerza.
Su única respuesta fue susurro:
—¡Oh, gracias a Dios!
Nos reímos, hicimos el amor toda la noche y no podía
recordar un momento en que fuera más feliz.
Traducido por [Link]

Mina

l cumpleaños de Lidiya llegó la semana siguiente, y Lev E


no estaba seguro de si era apropiado hacer nada por l
ello. Yo, sin embargo, no estaba de acuerdo. Mientras hom
que entendía que su madre había muerto bre
recientemente, Lidiya era una niña. Ella no entendía eso. Le inteli
expliqué a Lev que al tener una fiesta, le estábamos dando gent
nuestro amor y mostrándole nuestro apoyo. e
Ella se merecía una fiesta. que
era
Con Nas, Anika y Cora de mi lado, Sasha y Vik nos lo Lev,
ganamos al poco tiempo, y finalmente Lev se hizo a la idea de rápi
hacer algo para hacer a su hija feliz. dam
Honestamente, creo que ser padre era algo natural para Lev, ente
pero ser un papá era una cosa totalmente nueva para él. No se
estaba acostumbrado a tener que ofrecer algo más que un apoyo aco
monetario para Lidiya, y ahora que se había liberado de ese stu
papel, estaba cayéndose en este especie de sueño, mbr
disfrutándolo inmensamente. ó a
Cuando Lidiya metía la pata, corría hacia Lev. Cuando Lidi pon
necesitaba besos, le fruncía los labios a Lev. Y cuando tenía que er a
ir al baño, aunque Mirella estaba cerca, quería que Lev estuviera Lidiy
de pie junto a la puerta para que pudiera cantar con él. a en
la
cama por la noche, cantando sus canciones y leyendo sus
historias. Me pregunté si Mirella era incluso necesaria a tiempo
completo. Una parte de mí estaba segura de que se mantenía 362
alrededor como si fuera la figura de una abuela. Ella era de la
familia, después de todo. Y lo dijo ella misma: dónde Lidi fuera,
ella también lo hacía.
Pasó que tropecé a través de la canción de Lev para que Lidi
durmiera la otra noche. Y cuando digo que tropecé, me refiero
que me deslicé como un maldito acosador para obtener una
visión de cómo lo manejaba. Su versión de “Twinkle, Twinkle,
Little Star” era algo como esto:
Brilla, brilla, pequeña
estrella, Gas quemándose
es lo que eres Por encima
del mundo, tan arriba,
Quemarás gas hasta que
mueras.
Brilla, brilla, pequeña
Estrella, Gas
quemándose es lo que
eres.

Con mi cabeza pensando en el título, me quedé alzó


impresionada. Y me encendió. sus
braz
¿Quién sabía que las canciones infantiles pudieran ser tan
os
informativas? ¿Y sexy?
haci
Envié las invitaciones para el tercer cumpleaños de Lidiya. Fui a él
casi lo suficientemente cruel como para hacer que fuera una y,
fiesta de disfraces, pero decidí ser amable con nuestros invitados vacil
y deseché la idea. Aunque, ver a Lev vestido de cowboy, con ante
chaparreras y llevando un sombrero Stetson, era casi suficiente men
como para hacerme cambiar de opinión te,
Cuando llegó el día, nuestra casa estaba llena de gente. Rara él la
vez teníamos un invitado en un día normal, y era normalmente leva
familia, pero ver la casa llena de caras sonrientes, de globos de ntó
color rosa y de serpentinas purpuras, era reconfortante. sobr
e su
Lidi, vestía como una princesa en un brillante vestido de color
cad
rosa con una tiara de plata dispuesta alrededor de sus rizos.
era.
Estaba como loca de alegría. Cada vez que una persona llegaba,
Ella
ella sonreía, tomaba sus manos, y los llevaba dentro,
emp
murmurando:
ujó
—Gacias po veni. su
Su “Gracias por venir” era un poco apagado, pero era tan mejil
adorable que incluso Alessio estuvo conquistado por ella. Ella la
con cicatrices con sus dedos suaves y miró a su cara con sus
ojos de gacela.
—¿Uwe?
Él se volvió hacia mí, desesperado por una traducción.
Sonreí ante su expresión de “ayúdame”.
—Quiere saber si te 363
duele. Alessio
sacudió su cabeza.
—No Uwe —pronunció, tomando su manita regordeta y
poniéndola contra la carne arrugada de allí—. No me duele,
ángel. Ya no.
Por el rabillo del ojo, vi a Cora de pie contra la pared, con un
vaso, y miraba a Alessio como si fuera el hombre más sexy del
mundo. Tenía los ojos llenos de lujuria, regalándose la vista, y
cuando me atrapó mirando, sonreí.
Cora arrugó la nariz y discretamente me levantó el dedo prec
medio. ipita
Va a pasar, recuerden mis palabras. Yo haría lo que tuviera r
que hacer para que se engancharan. Ella lo quería. Él la quería. eso,
¿Por qué era tan difícil de entender? porq
ue
Dios, la gente era estúpida. nos
Nas miró a Vik desde el otro lado de la habitación, y cuando mer
él sintió sus ojos en él y levantó su cabeza, ella bajó su mirada. ecía
No era la primera vez en las últimas semanas que la veía hacer mos
eso. También no se le escapó la pista a Lev de que Viktor había más
dejado de venir al complejo. No habían hablado aún. que
Algo había pasado entre ellos, y Nas no se estaba abriendo, una
probablemente debido a que aún era demasiado doloroso para bod
hablar. a
apre
Todo lo que sabía era que Nas era miserable y Vik había sura
desarrollado el temperamento de un T-Rex con picazón en las da y
bolas. llen
Las relaciones estaban colapsando a nuestro alrededor, pero a de
Lev y yo éramos más fuertes que nunca. estr
Sonreí para mí y miré hacia mi anillo de compromiso de oro és.
blanco. Era elegante con sólo tres pequeños diamantes, pero lo P
amaba más que a cualquier otra cosa que hubiera poseído en e
toda mi vida. Y además… Lev lo había elegido. r
Lo más difícil que había tenido que hacer fue decirle a Lev o
que había decidido tener un largo noviazgo. No debería haber i
estado preocupada. Él simplemente respondió con un: b
a
—Está bien —y añadió—, pero todavía nos vamos a casar, a
¿no? s
Yo le aseguré enfáticamente que lo haríamos, pero que no u
estaba preparada para eso ahora mismo. Estaban pasando c
tantas cosas, en primer lugar con el club, luego con mi recién e
descubierta herencia, y finalmente con el curso de fotografía que d
estaba haciendo. Cuando estuviera lista para casarme, quería e
ser egoísta y tener todo sobre nosotros como pareja, y no quería r
. Eventualmente.
Eché un vistazo alrededor de la habitación justo a tiempo para
ver a Anika levantar su mano, tirarla hacia atrás, y abofetear la
cara de Sasha con tanta fuerza que hizo eco a través de la
habitación. La alta pelirroja se quedó allí un momento, jadeando,
con sus ojos brillando antes de mirar alrededor de la habitación,
se sonrojó furiosamente, y susurró roncamente:
—Perdonen.
Dejó la habitación, y Sasha, viéndose inafectado con una
ardiente marca roja en su mejilla, se volvió hacia la gente y
frunció el ceño. 364
—¿Qué? ¿Nunca han visto a una mujer abofetear a un
hombre? —Me miró y murmuró—: Creo que es la hora del
pastel.
Lo miré de vuelta.
—No, no lo es.
Ante el feroz ceño de Sasha, mis cejas se levantaron y dije:
—Um, quiero decir, ¡es la hora de pastel gente!
Lidiya, que ahora estaba en manos del tío Laredo, fue traída
a la mesa donde Ada había colocado el pastel de doble capa
rosa con mariposas de chocolate blanco a su alrededor. Un coro
de “Feliz Cumpleaños” comenzó, y Lidi se sentó en el regazo de
Lev, sonriendo, aplaudiendo y cantando, a pesar de que no se
sabía las palabras.
Cuando llegó el momento de apagar las velas, se inclinó hacia 365
adelante y sopló con todas sus fuerzas, apretando sus diminutos
puños por el esfuerzo. Las velas se apagaron y una alegría se
extendió a nuestro alrededor.
Yo estaba sonriendo con tanta fuerza que dolía.
Más aplausos se escucharon después de que Lidi engañó a
Lev para encender las velas de nuevo, para sólo poder
apagarlas.
Nas nos llamó para tomar fotos, y levantando a Lidiya de Lev,
me senté en su regazo y la coloqué a ella sobre el mío. Abracé a
Lidi con fuerza, y Lev envolvió sus brazos alrededor de mi cintura.
Lidi señaló la cámara justo antes de que se tomara la foto y una
risa se me escapó. La foto fue tomada de todos modos, Lev
mirándome con amor mientras yo cerraba los ojos y reía, y Lidi
sonriendo ampliamente, apuntando hacia la cámara.
Esta imagen sería la primera de muchas. Fue ampliada y
enmarcada, y Lev la colgó en la sala de estar para que todos la
vieran. Cualquier persona con un par de ojos podría distinguir lo
que éramos.
Éramos una familia.
í
Traducido por Pimienta

Mina

legamos del club justo pasadas las tres de la mañana,


Lev y yo hicimos nuestra rutina nocturna, quitándonos
nuestra ropa de trabajo, duchándonos, y
preparándonos para ir a la cama. Al pasar a un Lev
muy desnudo, él se giró como una serpiente y me agarró la
mano y tiró de mí hacia él.
Me lo esperaba. Hacía esto cada noche. cajó
n de
Solté una risa ligera, amando la manera en la que se inclinó la
y sus labios conquistaron los míos con nada más que un simple mes
toque. Yo era de todas las maneras, y Lev era mío. ita
Matemáticamente condenados... de
Lev más Mina igual a uno. noc
Un corazón. Un alma he y
dejó
compartida. Un amor. caer
Cuando me soltó, fui hacia la cama y me metí bajo las la
sábanas. Cuando Lev se acercó a la puerta de la habitación, se llave
detuvo, mirando hacia abajo, a la llave dentro de la cerradura. Él dent
bajó la mirada hacia esa llave durante un buen rato, y después ro.
me observó mientras sus dedos la agarraron. Cua
ndo
Mi corazón dio un vuelco cuando la quitó, sosteniéndola en su
mano. cerr
ó el
Tragué saliva, mirándolo mientras caminaba hacia la cama, cajó
con la llave en la mano, y se sentaba con ella. Abrió el primer
n, lo hizo lentamente, con determinación y firmeza. 366
El orgullo corrió a través de mí, y sin otro pensamiento, me
arrastré hacia él, envolviendo mis brazos a su alrededor, y
colocando mi mejilla al costado de su cuello. Volviendo la cabeza,
dejé un rastro de besos ahí y él se inclinó hacia ellos, tomando
todo lo que estuviera dispuesta a ofrecer.
La puerta de nuestra habitación permaneció desbloqueada
la noche siguiente y la siguiente, y todas las noches después
de esa.
Y, finalmente, Lev se sintió como
yo lo hacía. A salvo.
Y, como he hecho muchas noches desde que conocí a Lev

Leokov, me quedé dormida sonriendo.

367
Belle Aurora
Tiene 26 años y nació en Adelaide, Australia
A temprana edad se enamoró de la lectura. Durante un día
aburrido de verano se puso a registrar los estantes de libros de
su casa.
Se topó con Breath of Scandal de Sandra Brown y se 368
enamoró de las novelas románticas.
Habiendo sido criada en una familia fuerte y bulliciosa de
ascendencia Croata, desarrollo un natural amor por el
dramatismo y el amor.
Hace apenas unos años atrás descubrió un nuevo amor: Las
comedias románticas humorísticas.
Las autoras Kristen Ashley y R.L. Mathewson (de quien es
gran admiradora) han abierto un nuevo mundo con sus historias
donde ella pudo sentirse segura y en casa y aunque no había
pensado escribir y no le había interesado en ello, se sintió
inspirada y comenzó a escribir recientemente.
Su primer libro Friend-Zoned comenzó a tomar forma en
febrero de 2013, cuando Belle escribió las palabras 'Chapter
One'... fue cuando ella se enamoró de las palabras, de la
escritura y de la creativa imaginación que ella nunca pensó que
tenía.

Raw (RAW Family, #1)

Dirty (RAW Family, #2)

Untitled (RAW Family, #3)


SerieFriend-Zoned: 369

Friend-Zoned (Friend-Zoned, #1)

Love Thy Neighbour (Friend-Zoned, #2)

Sugar Rush (Friend-Zoned, #3)

How to Marry an Idiot (Friend-Zoned, #4)


(Lola and Trick/Abril 2016)
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