Untitled
MODERADORA
Pimienta
TRADUCTORAS
Pimienta Adaly
Roxywonderland Apolineah17 2
Crazy_mofos168 Martinafab
Whenshewasgood Mae
Rihano Âmenoire
Gigi D
CORRECCIÓN [Link]
& RECOPILACIÓN
Nikki Leah Pimienta Nikki Leah
Mina
7
Traducido por Roxywonderland
Lev
1
Pox: El apodo es alusivo a sus cicatrices de viruela, ya que a la viruela o
varicela
2
se le llama en inglés “Chicken Pox”.
RCP: Reanimación Cardiopulmonar.
Desafortunadamente, no lo logró.
12
Traducido por Crazy_mofos168
Mina
3
Bleeding Hearts: Corazones Sangrantes.
Lev
Mina
4
Ciborg: Criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos
cibernéticos.
Era más difícil de lo que parecía, escoger a un hombre al qué
seducir.
No ayudaba que la mayoría de los hombres del club
estuvieran a finales de los cuarenta y cincuenta, ni que olieran a
sudor y vodka, y a ese rancio olor a humedad que la gente
conseguía cuando han estado bebiendo mucho. Era gracioso que
me molestara por el olor, cuando yo podría oler igual de mal.
Debería estar agradecida si alguno de estos hombres se fijaba
en mí.
Cuando un hombre agarró mi mano y gritó en mi oído:
—¿Parte del entretenimiento?
Sacudí mi cabeza presa del pánico, retiré mi brazo y corrí
lejos, de vuelta a mi esquina.
Regañándome mentalmente, me recompuse. Pudo haber
sido un buen candidato. Seguro, era viejo y gordo y estaba
quedándose calvo, pero usaba buenos anillos y seguro que
tendría una billetera llena. Cerrando mis ojos, suspiré.
¿Qué estoy haciendo?
Me burlé, sacudiendo mi cabeza antes de ponerme de pie. No
podía acostarme con ninguno de estos hombres; no importaba
cuán hambrienta estuviera. Y era estúpido pensar que lograría 17
llevar a cabo mi ridículo plan.
Enderezándome, me moví para dejar el club. Justo cuando
pasaba a un grupo de hombres alborotados, un atractivo
hombre de mediana edad se inclinó sobre la barra para hablar
con una de las gloriosas camareras.
Me calmé, y todo lo demás desapareció.
La billetera del tipo colgaba unos centímetros fuera de
su bolsillo trasero. No era mucho, pero era suficiente.
Mis pies me llevaron hasta él antes de que incluso decidiera
qué hacer. Realmente no quería robar la billetera de este
hombre. Sólo quería vivir un día más. No era personal. Era mi
vida.
A un metro del hombre, permanecí de pie con mi espalda
hacía él, y con dedos veloces, saqué la billetera suavemente. La
metí en mi abrigo, con el corazón corriendo a kilómetros por hora,
miré a mi alrededor hasta que encontré la luz neón del baño de
señoras.
No me detuve a pensar. Corrí.
Caminando a través del estrecho pasillo, abrí la pesada
puerta. Estaba vacío. Miré a mi alrededor con los ojos bien
abiertos antes de correr a uno de los muchos cubículos vacantes,
me senté en el inodoro con la tapa baja y comprobé cómo me
había ido.
La billetera pesaba. La abrí con dedos temblorosos. Mi
maldición flotó en el aire y entonces me reí mientras sacaba
un montón de billetes de cien dólares. No los
conté todos, pero estaba segura de que había cerca de
setecientos dólares allí. Dejando caer la billetera en el suelo,
metí el dinero en mi bolsillo y me moví para desbloquear la
puerta. Tan rápido como mis dedos tocaron el frío metal, mi
consciencia me dio una mirada.
¿Por qué estaba cargando ese tipo tanto dinero?, me pregunté.
Quizás retiró esa cantidad específica y era para algo importante.
Y yo se lo estaba quitando. Él seguramente trabajó duro por ese
dinero, y allí estaba yo, robándolo.
Saqué el dinero de mi bolsillo, un ceño fruncido estropeaba
mi frente. No necesitaba todo el dinero. Sólo necesitaba
suficiente para sobrevivir algo de tiempo.
Sacando dos de los billetes de cien, coloqué los otros de
nuevo en la billetera. Pero mi conciencia aún no estaba feliz.
Suspirando, tomé otros cien y los coloqué de nuevo en la
billetera, quedándome sólo con uno.
Cien dólares no era nada. Podría hacer que duraran. Me
alimentarían por dos semanas, tres a lo máximo. Me las
arreglaría para conseguir algo más para entonces.
Satisfecha con mi botín, sostuve la billetera, abrí la puerta del
cubículo, y me congelé.
No escuché la puerta abrirse, pero había un hombre alto
recostado contra la pared y claramente había estado allí un rato.
Sus ojos marrones claros estaban directamente sobre mí, sus 18
brazos cruzados sobre su pecho y mirando hacia la evidencia en
mi mano. Sólo dijo una palabra.
—Explícate.
Traducido por Whenshewasgood
Lev
***
Mina
Lev
Mina
5
Swamp Thing: La cosa del Pantano.
Qué embarazoso. No podía empezar a trabajar con la jodida
ropa sucia. Tendría que mendigar mañana por la mañana,
rezando porque alguien me diera algunas monedas que
necesitaba para una sola carga.
Una voz detrás de mí me sorprendió tanto que salté, chillé y
me caí de culo sobre un charco de barro con olor a orina.
—No es mucho, pero es mi hogar, ¿eh?
Jadeante, me volví hacia Lev y dije con voz cortante:
—¿Qué diablos estás haciendo aquí?
Mi desprecio no lo frenó. No estaba enfadada con él, sólo
mortificada. No podía exactamente saludarle con un "Bienvenido a mi
humilde morada. ¿Agua mineral?
¿Whiskey?”.
Todo lo que podía ofrecer era olor a basura y
charcos cuestionables. Se acercó más, sus ojos
brillando peligrosamente.
—Tenía la sensación de que no estabas siendo completamente
honesta conmigo.
Así que te he seguido.
Sí. No jodas, Sherlock.
Con mi culo en el charco, abrí mis brazos y sonreí burlonamente.
—¿Te gusta? Acabo de hacer las paredes. Creo que el color
se llama mierda 28
marrón. —Olí notablemente—. ¡Oh, no, espera! —El sarcasmo
goteaba de cada palabra—. Eso es una mierda.
Su ceja se levantó, y quise tomar un poco de orina del charco
y lanzársela. En cambio, me puse de pie mientras el líquido frío
del charco goteaba por mis piernas. Mis mejillas se colorearon
antes de bajar el tono.
—Creo que, después de ver el lugar, puedes entender por
qué no quería compañía.
Él no me hizo caso.
—¿Tienes familia en alguna parte?
Empujando mi ropa de nuevo a mi saco de mierda, negué.
—Estoy seguro de que hay refugios por aquí. ¿Por qué no te
quedas en uno? Cerré la cremallera de la bolsa más fuerte
de lo que debería. Él no lo entendería,
incluso si se lo explicara letra a letra.
—Confía en mí cuando te digo que no son
todo lo que parecen. Tiré la bolsa por encima
de mi hombro.
—Si me disculpas, tengo que encontrar una lavandería
frente a la que mendigar mañana por la mañana, para no oler
como un charco de orina.
Se enderezó con las llaves en la mano, y se volvió,
señalando con la barbilla hacia mí.
—Vamos, ratón.
Suspiré. ¿Por qué estaba siendo tan amable?
—No necesito que me lleves. Puedo
encontrar una yo sola. Se detuvo a la
entrada del callejón.
—No voy a llevarte a la maldita lavandería. Te voy a llevar a
casa. —Él inclinó la cabeza ligeramente—. Es decir, a menos que
no quieras una cama caliente para dormir y un lugar para lavar
tu ropa.
No hice caso a su pulla y lo vi caminar de regreso a la calle.
El tiempo pasaba. Ni siquiera conozco a este tipo. Ni siquiera
debería estar considerándolo. Pero cualquier cosa era mejor que
la calle. Empujé mi bolsa más arriba en mi hombro.
Y, al igual que el cachorro perdido que era, seguí a Lev a casa.
***
29
—¿Esto es tu casa? —pregunté con asombro mientras presionaba
un mando a
distancia adjunto al visor solar sobre su cabeza.
Las grandes puertas de acero se abrieron y él gruñó una
respuesta afirmativa. Todavía asombrada, pregunté:
—¿No te pierdes aquí?
Resopló y sonó terriblemente cercano a una risa, pero seriamente
lo dudaba.
—No te engañes. Son de hecho un complejo de tres casas.
Mi hermano y mi hermana también viven aquí.
Eso me sacó de mi admiración instantáneamente. Un
estremecimiento bajó por mi columna mientras el temor me
tomaba por sorpresa.
—Espera, ¿qué? ¿Tu hermano? ¿El mismo hermano al que
le robé la cartera? Asintió silenciosamente y con los ojos
muy abiertos con alarma, grazné:
—¡No puedo quedarme aquí!
—Relájate —dijo él en un tono tan aburrido que sonó como si
le tomara todo el esfuerzo del mundo decirlo—. Está bien.
Todavía no está en casa y mi hermana está fuera de la ciudad de
momento. Tenemos todo el complejo para nosotros. Por ahora.
Mi estómago se apretó de nervios pero me quedé quieta por
el miedo de perder la comida que acababa de comer. Condujo
más lejos por la gran entrada hasta que llegó a un cruce en forma
de T. Giró a la izquierda y vi una de las tres casas.
Aun así era mucho más grande en comparación que las otras
casas y apartamentos regulares que estaba acostumbrada a ver.
La casa de dos pisos estaba hermosamente diseñada desde
afuera y tenía un estilo romántico con pintorescos tonos blancos
y ligeros amarillos arenosos. Las luces estaban encendidas y
repentinamente me pregunté si alguien más vivía con él. El
grueso anillo de plata en su dedo anular lo sugería.
—¿Estás casado?
—No.
Mis tensos hombros se relajaron un poco. Bien, eso era
bueno. No necesitaba una mujer alrededor acusándome de todo
tipo de cosas desagradables. Las mujeres podían ser brutales.
Estacionó afuera de la propiedad, caminó alrededor y me
ayudó a salir del coche, tomando mi bolsa de comida con una
mano y ofreciéndome su codo graciosamente. Lo tomé casi
inmediatamente y me llevó por los escalones frontales, hasta la
puerta gigante de cristal.
Mi vientre rodó agresivamente. No pertenecía aquí para nada.
El interior de la casa era prístino, con brillante mármol blanco
y mobiliario masculino de madera.
La primera cosa que capto mi ojo en el gran recibidor fueron
30
las escaleras a la derecha y a la izquierda, que llevaban al
segundo piso y se encontraban a la mitad.
¿Cómo se llamaba cuando las escaleras hacían eso?
—Es una escalera imperial. Muchas casas reales en Rusia la
tienen.
Me giré hacia él, sin darme cuenta que había hecho la
pregunta en voz alta.
Luego me giré de nuevo hacia las escaleras.
—Es un poco arrogante, ¿no crees? —Lo miré de reojo—.
Compararte con la realeza y todo eso.
Su labio se levantó tan ligeramente que podría haberlo imaginado.
—Eso es un poco presuntuoso, ¿cierto? —Me miró de reojo
de vuelta—. Asumir que no pertenezco a la realeza.
Mis ojos se agrandaron cuando susurré:
—¿Lo haces?
Se giró hacia mí y juró que sus ojos me sonrieron.
—No.
Rodando mis ojos, sacudí mi cabeza mientras caminaba
hacia el lado izquierdo de las escaleras y empezaba a subir.
—Sígueme, Ratón.
¿Ratón? ¿Por qué ratón? ¿Por qué no simplemente me decía lo
que era?
Una rata callejera.
En la cima de las escaleras, pasamos a través de dos pasillos,
uno llevaba hacia la izquierda y el otro hacia la derecha.
Pareció dudar un momento antes de girar a la izquierda y
llevarme hacia la puerta al final de pasillo. Colocó su mano sobre
la elegante manija y la abrió, levantando una mano para encender
las luces.
Era un dormitorio. Definitivamente el dormitorio de un
hombre. Una mujer sería demasiado conservadora para
amueblar una habitación con mobiliario tan llamativo y fuertes
colores reales.
Parecía más como un apartamento, en verdad, al menos
cuatro veces más grande que un dormitorio normal.
Definitivamente no podía quejarme sobre la habitación, si aquí
era donde iba a dormir. Tenía ventanas de tres pisos de alto en
esta sola habitación. Las cortinas eran elegantes, del tipo
fruncidas en un borgoña oscuro con delineado dorado. En la
esquina derecha de la habitación había un gran sofá de ante rojo
granate, que tenía forma de L para encajar perfectamente en la
esquina. La cama estaba colocada en el lado opuesto al sillón,
una cama King size de caoba con mantas rojo oscuro y más
almohadas de las necesarias. No había televisión o ningún tipo
de entretenimiento más que un librero de pared a pared en el lado
izquierdo.
Me paré ahí, con la boca abierta. 31
—Vaya. Esto es tan elegante.
Su siguiente oración me confundió.
—Esta es mi habitación.
—Entonces por qué…
Me tuve dando un paso atrás y alejándome de él. Con mi
voz engañosamente calmada, dije:
—No voy a acostarme contigo.
Me miró de arriba abajo y resopló:
—No quiero tener sexo contigo.
¡Oh, Mina… de nuevo con las suposiciones!
Giré mi cabeza para ocultar el hecho de que mi rostro ahora
estaba color rojo betabel. Me estaba avergonzando. Por
supuesto que no quería dormir conmigo, no cuando
probablemente tenía un flujo eterno de hermosas mujeres
jadeando por él en Bleeding Hearts. Era tan idiota.
—No entiendo.
Lev se adentró más en la habitación antes de girar a la
izquierda y desaparecer en lo que parecía ser un armario
escondido. Cuando regresó, ya no tenía puesta la chaqueta de
su traje y sus mangas estaban enrolladas hacia arriba.
Se detuvo a medio metro de mí, levantó su teléfono y antes
que pudiera decir una palabra, el flash se había apagado.
—Oye —me quejé, arrugando mi nariz.
Se encogió de hombros, colocando el teléfono en su bolsillo.
—Sólo una pequeña póliza de seguro, en caso de que
decidas irte en medio de la noche con alguna de mis cosas. —Él
me miró—. No es nada personal. No te conozco. No sabes nada
acerca de mí tampoco. No me conoces. Pero mientras estés en
mi casa, tú y yo dormiremos en la misma habitación.
Abrí la boca para protestar, pero él levantó una mano y siguió
hablando.
—El sofá se despliega en una cama. Ahí es donde voy a
dormir yo. Puedes tomar la cama. Perdóname por no confiar en
alguien que conozco desde hace menos de tres horas. Sobre
todo en las circunstancias en las que nos encontramos.
Bueno... cuando lo decía así, tal vez estaba siendo
desagradecida por protestar. Bien. Tendría que cambiarme
a mis bragas grandes y lidiar con ello.
Hablando de bragas...
—No tengo nada de ropa limpia. —Levanté mi bolsa—. ¿Hay
algún lugar donde pueda lavar esto?
Me quitó la bolsa y palidecí. 32
—¡No, espera, yo puedo hacerlo! —Salté por ella, pero lo
sostuvo fuera de mi alcance—. ¡Devuélvemela!
—Sólo quiero estar seguro de que no tienes nada peligroso aquí.
—Me observó—.
Mi seguridad siempre vendrá antes de tu orgullo. ¿Entiendes?
Bueno, mierda.
Me tomó cinco segundos ceder.
—Está bien, pero, ¿puedo ser quien la vacíe? —Dudó. Declaré
suavemente—.
Por favor.
Esperó un momento antes de entregarme la bolsa.
—Está bien, pero lo harás justo aquí. Justo en frente de mí.
Maldición. Tendría que tratar de ocultar lo que necesitaba tan
discretamente como pudiera. Uno por uno, saqué las cosas de mi
mochila. Dos camisetas, suéter de hombres andrajosos, que me
servía de mucho en el tiempo más frío, un jeans negro con
agujeros en la parte inferior, un par de calcetines grises, y...
Envolviéndolos rápidamente, traté de deslizarlos en mi
bolsillo, pero una mano agarrando mi muñeca me detuvo. Apretó
y me puse rígida.
—Enséñamelo.
El orgullo me mantuvo quieta. Mis mejillas ardían.
Apretó con fuerza suficiente para hacer moretones e hice una
mueca.
—Enséñamelo.
Las saqué de mi bolsillo y las arrojé sobre la cama.
Consternada, dije en voz baja:
—Bragas. Son sólo bragas.
Echó un vistazo a las bolas negras de tela sobre la cama
antes de poner mi bolsa al revés y agitarla. La pequeña navaja
suiza que me encontré en la calle cayó del bolsillo lateral.
Inmediatamente me defendí al ocultarla.
—No tiene filo.
Con ojos analizadores, la levantó para examinarla.
—Podrías atravesar a alguien si quieres hacerlo. —Él la puso en
su bolsillo—.
No necesitas esto.
Por supuesto que no lo haría. ¿Qué hay de mi alma?
¿Quiere eso también? No es que la necesite.
Estaba agradecida, por supuesto, pero todavía no entendía
los motivos de este hombre.
Tomando mi bolsa, empujó la ropa de nuevo en ella y la tiró sobre
su hombro.
—Ven —ordenó, y obediente como era, lo seguí. Una puerta en el
lado izquierdo 33
de la sala, junto a la estantería de la pared, se abrió, y al ver
un baño, ducha, champú y jabones, un temblor de placer me
recorrió.
—Te puedes lavar aquí. Tómate
tu tiempo. Dio un paso atrás y
añadió:
—Sólo te pido que no bloquees la puerta. No entraré a
menos que lo necesite. Cuando llame, por favor responde, o de
lo contrario voy a creer que necesitas ayuda.
Eso sonaba razonable. Pero aun así, pregunté:
—¿Prometes que no
entrarás? Sus fríos ojos
me traspasaron.
—No estoy buscando una
emoción barata. Ante mi mirada
contundente, pronunció:
—No voy a entrar. No a menos que me lo pidas.
—Confía en mí, no te lo pediré. —Entré y fui a cerrar la
puerta, pero me detuvo antes.
Un ojo color whisky me miró.
—Quítate la ropa y entrégamela a través de la puerta.
Justo cuando estaba a punto de preguntar para qué, en el
tono menos mordaz posible, continuó:
—Voy a ponerla a lavar con las otras.
La puerta se cerró, me quité la ropa y envolví una toalla
suave y esponjosa color burdeos a mi alrededor, di la vuelta a la
perilla, tiré la ropa, y grité:
—Gracias.
Un momento de silencio, y luego:
—De nada.
Lev me dejó en paz y tranquilidad mientras llenaba la bañera
con agua caliente y gel de baño perfumado de hombre. Miré a
la bañera antes de mirarme en el espejo.
Estaba sucia. Mugrienta.
Por mucho que quisiera deslizarme en la bañera, decidí
ducharme primero, y desde el momento en que el agua
demasiado caliente me golpeó, recorriendo mi cuerpo desnudo,
calentando el frío en mí, algo entre una risa y un sollozo se me
escapó. Levantando la cara, me dejé ser consumida por el
sentimiento de éxtasis cuando extendí la mano y masajeé
champú en mi cabello. E hice esto sonriendo, a pesar de que me
tambaleaba.
Continué lavando cuatro meses de suciedad. Decir que “se 34
sentía bien” habría sido el eufemismo del siglo.
Se sentía divino.
Duchándome lo más rápido que pude, salí y me acerqué a la
bañera, metiéndome con cuidado en el agua casi abrasadora y
bañando noches solitarias en un callejón frío.
Y fiel a su palabra, Lev no irrumpió.
Traducido por Jenn Cassie Grey
Mina
***
41
Traducido por Gigi D
Mina
ev, recién bañado y vestido con un traje gris de tres
piezas sobre una camisa blanca impecable, me llevó
por la puerta trasera de su casa, pasando por un camino
hacia una casa aún más grande.
Caminamos en completo silencio, pero mientras nos acercábamos
a la puerta,
me ordenó en voz baja: 42
—No hables.
Acomodando el enorme suéter de cachemira que me prestó,
asentí, permitiéndole llevarme de la mano por un vestíbulo
idéntico al suyo y a la derecha, hacia un enorme comedor. Había
una bandeja con fruta en el centro de la mesa con un jarrón
decorativo a cada lado. Había un hombre sentado a la mesa
leyendo el periódico, un tobillo apoyado sobre su rodilla.
También llevaba un traje, pero a diferencia de Lev, tenía aspecto
intimidante.
Lo reconocí de inmediato. A este hombre le había robado la
billetera anoche. Era el hermano de Lev.
—Sasha —dijo Lev a modo de saludo mientras entrábamos
en el cuarto. Intenté quitar mi mano de la suya, pero la sostuvo
con firmeza. Tiré un par de veces más y finalmente, por
compromiso, apoyó mi mano en su codo.
El hombre, Sasha, no levantó la vista del periódico.
—Buenos días.
Levantó su taza de café y bebió. Aún leyendo, su ceño se frunció.
—¿Adónde desapareciste anoche? ¿Y dónde encontraste
mi billetera? No me di cuenta de que la había perdido hasta que
Anika me la devolvió.
—No la perdiste —respondió Lev—.
Mina la robó. Y mi corazón se
detuvo.
¿Qué mierda, Lev?
Oh Dios. Estaba en problemas.
—¿Y quién mierda es Mina? —murmuró Sasha
mientras levantaba el rostro. Al verme, me observó de
arriba abajo antes de volverse hacia Lev.
—¿Hay algún motivo por el cual estemos discutiendo esto
frente a… quien sea que sea ella?
Lev aclaró:
—Esta es Mina.
Mis palmas comenzaron a sudar. Casi me desmayé en ese
instante, pero clavé mis uñas en el brazo de Lev para
estabilizarme.
—Ah. Ya veo. —Sasha volvió a beber su café antes de
mirarme—. Siéntate. Por favor.
Su “por favor” no sonó como un pedido, sino como una
orden, pero aun así, habló suavemente.
Mi estómago se sintió chistoso de repente. Miré a Lev con
ojos como platos y susurré:
—¿Es una trampa?
43
Mirándome, palmeó la mano en su codo, sacó una silla y me
ayudó a sentarme.
—Relájate. Sólo estamos charlando.
Sasha dobló el periódico y lo apoyó en la mesa frente a él.
—Entonces, Mina, ¿robar billeteras es un hábito tuyo?
—No —respondí suavemente por el dolor
de mi garganta. Entonces Lev habló.
—Tenías setecientos dólares en
tu billetera. Sasha miró a su
hermano.
—Soy consciente de eso.
Lev se estiró hacia la bandeja de fruta, tomó con cuidado
un puñado de frutas, y se metió una en la boca. Masticando,
gesticuló hacia mí.
—Sólo tomó cien. —Se metió otra uva en la boca—. El resto lo
dejó.
Sasha alzó las cejas de una forma similar a como había
visto hacerlo a Lev. Me miró con dureza.
—No eres una buena
ladrona. Lev giró la
cabeza para mirarme.
—Eso es porque no es una ladrona.
—Ya veo —murmuró Sasha mientras se rascaba la barbilla—
. De acuerdo. ¿Y por qué está aquí?
Fruncí el ceño. No me gustaba que hablaran de mí como si no
estuviera.
—Se quedará conmigo hasta que recupere su camino. La
contraté. Es la nueva chica del bar. Y con su historial, estoy
seguro que podrá detener los problemas antes de que
comiencen. Me asistirá a mí.
Lev miró a su hermano y dijo llanamente:
—Mina no tiene hogar. Robó el dinero porque estaba hambrienta.
—Ya veo. —Pero Sasha no parecía verlo. Además, me
miraba como si fuera una cucaracha que deseara aplastar.
Habló directamente con Lev:
—Tú serás el responsable si ella la caga. Iré por tu
trasero, hermanito. Lev me miró.
—No la cagará. Tiene mucho que perder.
Quería protestar. Quería explicar que una persona sin nada
no tenía nada que perder. Pero guardé silencio. Esta charla era
sobre mí, no conmigo. Claramente.
Y entonces Sasha se dirigió a mí:
44
—Creo que ya habrás adivinado que mi nombre es Sasha. Y
aunque Lev está a cargo de los pisos en Bleeding Hearts, soy el
jefe. —Tomando un tenedor, me señaló con él—. Aquí no hay
nada de esa mierda de “tres errores y te vas”, pequeña. Una
cagada, y te vas. Sin segundas oportunidades.
No respondí, simplemente porque no quería decirle que se
metiera el tenedor por el trasero. Pero ante el silencio
prolongado, comprendí que era necesaria una respuesta.
—Entiendo.
Sasha sonrió, y pude ver lo apuesto que era.
—Me alegro. Bienvenida a bordo.
Él y Lev eran parecidos, sólo que Lev era más alto, y Sasha
tenía más músculo. Ambos tenían cabello oscuro, peinado
elegantemente. Ambos tenían ojos del color del coñac. Ambos
tenían labios carnosos, y ambos llevaban sus trajes muy bien.
Desde ese momento Sasha me ignoró. Aunque sí habló con Lev.
—Te necesito hoy. ¿Tienes un momento
después del almuerzo? Lev comió otra uva y
se me hizo agua la boca.
—Sí. ¿Has pensado en la idea del curso de primeros auxilios que
propuse?
No había comido fruta fresca hacía mucho. Quería sentir el
jugo dulce para ver si era como lo recordaba.
Sasha respondió:
—Sí. Lo vamos a hacer. Todo el personal de seguridad y de
la barra lo hará. Mientras van rotando pueden elegir un día libre
para hacerlo, y se les reembolsará su tiempo. —Hizo una
pausa—. ¿Y Lev? Alimenta a tu maldita mascota antes de que
colapse.
Mirando a Sasha, salté en defensa de Lev.
—No tengo hambre.
Justo cuando lo decía, mi estómago gruñó de la forma más
escandalosa posible.
Y duró lo que parecieron días.
Me volví a Lev, con las mejillas encendidas.
—Estoy bien, de verdad.
Pero él estaba frunciendo el ceño, pareciendo avergonzado.
Se inclinó hacia mí y habló muy bajito:
—Lo
lamento.
Le
susurré:
—No te disculpes. Has sido muy generoso, Lev. —Me estiré para
apretar su
brazo—. No podré agradecértelo lo suficiente.
Murmuró en voz baja: 45
—Desearía que me hubieras dicho que tenías hambre. No
soy muy bueno leyendo a la gente, Mina.
¿Cómo había cambiado tan rápido la situación? ¿Por qué yo
me sentía culpable? Ante su expresión de tortura, me
disculpé. Obviamente estaba avergonzado.
—Lo siento. Es que has sido tan amable, que no quiero parecer
desconsiderada.
La próxima vez te lo diré, lo prometo.
Asintió mientras una mujer de cabello gris con gafas y vestida
de negro entró sosteniendo un plato de huevos y tocino con setas
salteadas. Olía increíble. Lo apoyó frente a Sasha y le sonrió a
Lev.
—Buenos días señor Leokov. ¿Qué le
gustaría hoy? Lev curvó los labios.
—Buenos días Ada. Me gustaría un omelette. Y Mina quiere…
Los tres me [Link] esperó pacientemente
y Adame sonrió alentadoramente. Sasha me
miró como un halcón.
—Oh —dije—. No soy exigente. Cualquier
cosa estará bien. Ada rió.
—Cualquier cosa no es una comida, cariño. —Sonrió—.
Puedo hacerte huevos y tocino, panqueques, tostadas, waffles,
avena o cereales, o tengo algunas tortitas recién horneadas.
¿Cuál prefieres?
Le sonreí.
—Huevos y tocino suena genial.
Ya estaba salivando al ver el plato de Sasha.
—¿Revueltos?
—
Claro.
Me
guiñó.
—Volveré enseguida.
No me sorprendo fácilmente, pero lo que sucedió a
continuación me dejó sin habla. Sasha se puso de pie con su
plato, caminó alrededor de la mesa, y lo puso frente a mí. Volvió
a su asiento, se reclinó, y todo sin una sola palabra.
Miré el plato un momento antes de volver a mirarlo a él. Me
miró, sus ojos cortantes, y me pregunté si este hombre era tan
duro como hacía creer.
—Gracias —dije sinceramente, con suavidad.
Rompió el contacto visual, levantó su periódico lo suficiente 46
para no verme, y siguió leyendo.
—De nada.
Comí despacio, saboreando cada bocado de los esponjosos
huevos revueltos, las suaves y condimentadas setas, y el
crocante tocino. Era perfecto, y en secreto deseaba caminar
hasta la cocina y abrazar a Ada.
Lev me vio comer. Lo hizo tan obvio que sin darme la vuelta
ni dejar de comer, lo notaba.
Estaba llevando otro bocado a mi boca cuando oí la puerta
abrirse. Una mujer gritó:
—¡Estoy en casa!
La comida se sintió de repente más pesada en mi estómago.
A las mujeres nunca les gustaba. Encontraban algún problema
conmigo, y nunca podía entender por qué, ya que intentaba ser
amable con todos.
Una morena alta y despampanante con cabello ondulado, una
enorme boca y brillantes dientes blancos entró en el comedor
empujando un carrito con una adorable niñita en él. Llevaba
jeans, tacones altos y un suéter color caramelo. Sus ojos se
posaron inmediatamente sobre mí. Su sonrisa cayó.
—Lo lamento. No sabía que teníamos compañía.
Avanzando, se inclinó para besar a Lev en la mejilla y murmuró:
—Hermano. —Se volvió e hizo lo mismo con Sasha. Ambos
aceptaron con gracia sus besos. Ella no tenía que aclarar que
Sasha y Lev eran sus hermanos. Cualquiera podía ver la relación.
Caminó al asiento más alejado, acercando el cochecito hacia
ella, desabrochando a la niña y sacándola.
—Soy Nastasia —murmuró
distraídamente. Lev respondió
por mí mientras masticaba.
—Esta es Mina, la nueva chica del bar. —Y
entonces hizo lo increíble. Sonrió.
Era una sonrisa amplia y brillante y perfecta. Sus dientes eran
blancos y perfectamente derechos. Tenía un único hoyuelo
marcado en su mejilla, y su rostro se transformaba por él.
Mi Dios.
Mi corazón tembló al notar lo hermoso que era Lev. Quiero
decir, siempre me pareció atractivo, pero ahora era algo increíble.
Delicioso.
La mujer, al ver la sonrisa de Lev, le dio a la niñita y de nuevo,
me sorprendí de que él la aceptara sin quejas, sentándola en su
regazo y abrazándola suavemente antes de besarle la cabecita. 47
Nastasia me miró de nuevo, su sonrisa desvaneciéndose. Me
recibió al igual que Sasha. No estaba segura de mí. Y yo no la
culpaba.
Su pequeña sí que era hermosa. Tenía los ojos claros de la
familia y el cabello oscuro, pero su cabello se elevaba en
hermosos rizos y ahora lo llevaba recogido en dos coletas. Era
difícil mirarla y no sonreír. Era adorablemente regordeta, y tenía
pestañas tan largas que parecía una muñeca de porcelana.
La mirada de Nastasia se volvió dolorosa. Necesitaba hacer algo y
rápido.
Me puse de pie y me detuve a un metro de ella. Me miró, y
alzó una ceja. Estiré mi mano.
—Lo lamento, es que estaba comiendo. No quería ser
descortés. Me llamo Mina. Sus ojos se entrecerraron ante mi
mano y después de un instante, la tomó.
—Llámame Nas. Todos lo hacen.
Ella liberó mi mano y yo me senté, tomando mi tenedor. Miré
a Nas, quien observaba a su hermano y a su hija con ternura. No
pude evitar sonreírle.
—Es preciosa.
—Lo sé. —Nas sonrió suavemente—.
Y ella también. Sasha se puso de pie,
caminando hacia Lev.
—Dame a mi niña.
Lev se la pasó, y Sasha le besó la mejilla con amor, hablando
suavemente en su oído mientras ella le quitaba el pañuelo
decorativo y se lo metía en la boca. De repente me sentí
confundida. ¿De quién era ella?
Ada trajo otro plato y, al ver el que estaba frente a mí, sonrió
y le dio a Sasha el plato. Mientras pasaba frente a Nas se inclinó
y le besó la frente antes de dejar otro plato frente a Lev. Mientras
se dirigía a la puerta le preguntó a Nas:
—¿Quieres algo querida?
Nas de repente parecía cansada.
—No, comí en el avión. Pero
gracias Ada. Lev dijo:
—Me gustaría preguntar por qué llegaron antes, pero siento
que ya sé la respuesta. ¿Cómo estuvo el vuelo? ¿Lidiya molestó
mucho?
Entonces la niña comenzó a hablar.
—Iiya. Iiiiiya.
Iiiiiiiiiya. Miró a
Sasha y dijo:
—Asha. Mi diiiya. Aiiiya. —Miró a Lev y metió una mano en la
boca de Sasha.
Me sorprendió que no ofreciera resistencia y simplemente sonriera—.
Papá. Papá. —Y
luego de Nas—. Iiiiia. Iiiiiia. Mi ia. Ia. 48
Y entonces me miró, parpadeó y se volvió hacia Sasha
murmurando un dudoso:
—heeena.
Sasha sonrió levemente y Lidiya mostró una sonrisa llena de
dientes, sus ojos sonriendo igual que los de Lev.
Me volví hacia Lev y sonreí.
—Se parece a ti.
Se volvió hacia mí, sus ojos divertidos.
—Eso tiene sentido. —Hizo una pausa antes de añadir—, después
de todo, es mi
hija.
Traducido por nikki leah
Mina
***
***
56
Traducido por HeythereDelilah1007
Lev
¿
or qué estaban tardando tanto?
Revisé mi reloj. Decía que eran las tres y
treinta y seis de la tarde. No era sorprendente, 57
sólo habían pasado cinco minutos desde la
última vez que miré.
Sacando mi teléfono, toqué sobre el número de Nastasia y
presioné marcar justo en el mismo momento en que su Mercedez
Benz E44 Cabriolet estaba estacionándose en la entrada. El
coche era un regalo reciente de mi parte por su treintavo
cumpleaños. Por la manera en la que lo conducía, podría pensar
que lo odiaba.
Mi mano estaba en la manija de la puerta antes de que
cualquiera de las chicas hubiera abierto una de las suyas. Dudé,
no queriendo que pareciera como si hubiera estado ansioso.
Nastasia abrió su puerta primero, y mis cejas se levantaron con
el sonido de su risa. Mi hermana solo tenía una amiga, Anika. A
Nastasia no le gustaban las mujeres. Verla riéndose
abiertamente con otra mujer me confundía.
Salió Mina, y todo mi aliento me dejó rápidamente. Se veía
hermosa. Usando unos jeans azules ajustados y una blusa
blanca y suelta, desabotonada un poco demasiado, haciendo que
mi mente actuara erráticamente.
Su largo y ondulado cabello acababa de ser cortado y alisado,
brillantemente cayendo en cascada por su espalda. Se había
aplicado rímel ligeramente en sus pestañas, enmarcando sus
grandes ojos verdes. Sus labios brillaron con la luz del sol.
Seguía estando demasiado delgada, pero como le había
dicho la noche anterior, no se podría esconder de mí. Retrocedí
mientras la puerta voló abierta. Nastasia sonrió.
—Hola, hermanito.
Ella se movió a un lado, sus brazos extendidos hacia Mina.
—¡Ta Da! —Esperó. Y esperó. Pero todo lo que yo podía
hacer era mirar fijamente.
Finalmente, mi hermana cedió a la irritación.
—¿Y bien? ¿Simplemente te vas a quedar ahí parado? —
resopló—. ¿Cómo se ve,
Lev?
Mina me miró a través de pestañas bajas, mordiendo el interior de
su labio.
Estrujó sus dedos, y me pregunté cómo se sentiría tener esos
dedos pasándome por el cabello.
¿Cómo se veía?
—Como una obra de arte —le respondí sinceramente.
Mina parpadeó, liberando el interior de su labio. Su boca se abrió
ligeramente.
Esos labios llenos llamándome a probarlos.
Ella dejó escapar:
—Nas me llevó a un salón de belleza elegante. Me
maquillaron y me peinaron. — Sacó sus manos para mostrarme
sus uñas pintadas—. Me hice la manicura y la pedicura, también.
Luego me delinearon las cejas y me depilaron las pier…
Dándose cuenta de que estaba divagando, sus mejillas se
volvieron rosadas y 58
terminó rápidamente con un:
—Pero tú no quieres saber
nada de eso. Y todavía, yo la
miraba fijamente.
Tomando un montón de bolsas, caminó más allá de mí, la
parte superior de su brazo pasando contra mi pecho.
—Llevaré estas arriba. —La miré caminar por las escaleras
en sus tacones. Caminaba como un becerro recién nacido.
Nastasia susurró:
—Estamos trabajando en eso. Dale tiempo. Esto es todo muy
nuevo para ella.
—No he dicho
nada. Mi
hermana se rió.
—No hubo necesidad, Lev. Contigo nunca hay necesidad. —
Sacudió una mano delante de mi cara—. Está todo escrito ahí,
plano y simple, para que el mundo lo vea.
La seguí a la habitación familiar, donde Lidiya estaba jugando con
sus muñecas.
—Deduzco que las cosas fueron bien hoy.
—Al principio no, pero —me sonrió—, me divertí. Fue
divertido. Fuimos de compras, hicimos cosas de chicas, paramos
para comer algo, y luego… —Hizo una pausa—. Está bien,
entonces terminamos lo que estábamos haciendo, y le pedí a
Mina que me mostrara dónde vivía. —Su cara se oscureció—. No
sé cómo alguien pudo haber vivido así durante siete años.
¿Siete años? ¿Había vivido así por siete malditos años?
Eché humo en silencio, queriendo matar a golpes a la
persona que la puso en esta posición, e iba a descubrir quién
era.
—Estábamos por la zona, y de repente gritó “¡Detente!” así
que, por supuesto, me asustó como el demonio y me detuve. Ella
salió del coche con su almuerzo y persiguió a este pequeño
ladrón adolescente. Él era solo un niño, Lev. —Sacudió su
cabeza—. Entonces estaba observando y, finalmente, el niño se
detuvo. Se veía casi dispuesto a aplastar cabezas. Pero
entonces, la reconoció. Hablaron. Ella le pasó su sándwich. Él le
sonrió. Ella saludó con la mano, volvió al coche, se subió, y actuó
como si nada hubiera pasado.
—Ya veo. —Lo vi desde el principio. La chica no era una
ladrona. Tenía razón sobre ella.
Nastasia me miró fijamente a los ojos.
—Me gusta, Lev. Es una buena persona, ¿sabes?
—No. No lo sé. No todavía.
Pero pretendo averiguarlo.
59
Traducido por Vanehz
Mina
—¿
ina? —Oí vagamente.
No estaba interesada. Sin embargo,
me removí más entre las mantas, 60
desesperadamente esperando que se
fundieran conmigo, así no tendría que
irme.
—Es hora de despertar, Ratón.
Sacando mi barbilla del edredón, gemí larga y dolorosamente.
—Cinco minutos más.
—Debes recordar que dijiste lo mismo las últimas tres veces
que traté de despertarte.
Oh. Era cierto.
Todo regresó a mí.
Lev había estado tratando de levantarme por unos veinte
minutos, pero cada vez que juraba que estaba despierta y bien
para que se fuera, caía dormida otra vez.
Espié hacia él. Estaba de pie junto a la cama, luciendo y
oliendo frescamente a limpio. Su mandíbula era oscura por la
barba de tres días, y su ligera colonia olía comestible. Mi
respuesta fue apagada contra la cama.
—Está bien, estoy despierta. Dame cinco minutos.
—Te los daría, pero has probado ser bastante embustera en
ese frente —acusó ligeramente.
Traté de fruncir el ceño, pero mis ojos somnolientos seguían
parpadeando, arruinando el efecto. Sus ojos, del color de la miel
caliente, se contrajeron en las comisuras mientras me miraba.
Sabía que había una sola cosa que hacer. De un solo golpe,
las mantas volaron fuera de mí y me senté, sacudiendo mi
cabeza para aclararla del sueño.
—Está bien. —Me puse en pie—. Síp. Eso lo consiguió. Estoy
despierta. —Pero mientras, mis ojos empezaron a cerrarse otra
vez. Murmuré—: Estoy despierta de alguna forma.
—¿Qué llevas puesto? —preguntó, su disgusto era claro.
—Mi nuevo pijama. —Miré hacia abajo al pijama amarillo
canario y de vuelta a él un poco a la defensiva.
Me miró de arriba abajo y no en buena forma.
—Es horrible.
Mi nariz se arrugó.
—No lo elegí porque fuera bonito. Es cómodo.
No me atrevía a decirle que estaban en oferta a cuatro dólares.
—Nueva, debo añadir.
Mis ojos se habían cerrado otra vez, maldición.
Lev obviamente nunca había tenido un problema en su vida,
porque su larga y
cálida mano estaba repentinamente en mi frente.
61
—¿Estás segura de que estás bien? Pareces
letárgica. Levantando mi mano, empujé la
suya gentilmente y me burlé.
—Estoy bien. Es esta cama. Es mágica. No quiero dejarla
nunca. Si pudiera, comería en esta cama. Es la cama mágica.
Sonreí somnolienta hacia él, pero todo lo que podía enfocar
era su duro ceño. Sacudió su cabeza.
—No, no creo que estés bien para trabajar esta noche.
Quizás la próxima semana.
Me quedé quieta.
—Espera, ¿qué?
Bien, eso tenía el efecto esperado. Me disparé fuera de la cama.
—Estoy bien. Me siento bien. Sólo necesito…
Mi cerebro aún no se había despertado con mi cuerpo.
—No lo sé. Necesito algo.
—Café —
aportó. Podría
haberlo besado.
—Sí. —Esto vino en un largo suspiro.
—Ya está haciéndose. Quizás una ducha
podría ayudar. Estaba en lo cierto, por
supuesto.
Abriendo mis ojos tan amplios como podía, arrastré mis
pies hacia el baño. Habló tras de mí.
—Estaré escaleras abajo.
Mientras cerraba la puerta, me recordó:
—No trabes la puerta, Ratón. Odiaría que te durmieras y te
cayeras ahí.
Fruncí el ceño pero no me molesté en remarcar su descaro.
En vez de ello, rodé mis ojos, até mi nuevo cabello alisado hacia
arriba y salté bajo el cálido rocío, con cuidado de no mojar mi
rostro. Una vez despierta, me enjaboné, me enjuagué y salí.
Esta casa era como un enorme y cálido abrazo.
La cama era cómoda y caliente. La ducha era calentita. Las
luces del baño calentaban mi cuerpo desnudo, secándome
mientras estaba parada ahí, empapándome de pies a cabeza
como la luz del sol. Era como un hotel de cinco estrellas. O así
imaginaba que debía ser. Nunca realmente me quedé en un hotel
antes, mucho menos uno que fuera de cinco estrellas.
Mientras estaba parada ahí, desnuda, pensé en Lev y por qué me
había traído
aquí. Aún tenía que entenderlo. Parecía genuino en su gesto pero mi
historia me 62
había dicho que nunca conseguías nada por nada.
Estaba mentalmente lista para cuando el balón cayera.
Habiendo colocado mis ropas en el baño aquella tarde antes
de mi siesta, me vestí con lo que llevaba cuando regresé de mi
expedición de compras con Nas. Quitando el clip de mi cabello,
lo cepillé suavemente siguiendo las instrucciones de la estilista;
de otra forma, estaba destinada a tener frizz6. Aparentemente.
Lo que sea que significara esa mierda.
Mi maquillaje aún lucía bien. Estaba sorprendida por cuánto
maquillaje habían aplicado a mi rostro para conseguir ese look
“natural”.
Me reí de mí misma. Esto era absurdo.
Mientras dejábamos el salón de belleza y regresábamos al
coche, Nas me había dado una pequeña bolsa. Con mi ceño
fruncido, espié dentro.
Era todo el caro maquillaje que había sido usado en mi rostro
por la especialista en belleza.
—¿Qué…? —boqueé hacia
ella—. ¿Por qué? Se encogió de
hombros.
—Se ve bien en ti, y no vas a ser capaz de conseguir el mismo
efecto con las cosas baratas que compramos antes.
6
Frizz: Encrespamiento, esponjamiento y la manifestación de electricidad
estática en el cabello.
Vio mi obvia incomodidad y trató de calmarme.
—No tienes que usarlo, pero no puedo devolverlo. Me
gustaría que lo usaras. Aún estaba insegura.
Lo intentó por otra ruta y una tentativa mirada aburrida.
—Además, el club tiene una reputación de tener a algunos de
los rostros más hermosos del país. —Me miró de lado—. Traerás
abajo ese estándar con tu maquillaje de mierda.
Sonreí entonces.
—Gracias,
Nastasia. Ella
respondió.
—De nada, Mina.
Sosteniendo mis tacones en una mano, bajé las escaleras y
encontré a Lev sosteniendo a Lidiya en su regazo mientras
servía dos tazas de café.
Ella balbuceó, agarrando su solapa en su diminuto puño, y
él besó la cima de su cabeza.
Aclaré mi garganta en la puerta, no queriendo interrumpir.
—Perdón. 63
—No te disculpes. Mirella estará aquí en
unos minutos. Respondió a mi pregunta no
formulada.
—La nana de Lidiya. La verás
mucho por aquí. Me entregó una de
las tazas de café.
—Lo siento, no sabía cómo lo tomabas.
—Negro y directo de la cafetera —pronuncié, tomando la taza
con una sonrisa de agradecimiento. Lo probé lentamente y
estaba maravilloso.
No podía evitar mirar a la regordeta pequeña niña de largas
pestañas. Mi pecho se apretó con admiración.
—Es adorable, Lev.
Él retrocedió para mirar hacia abajo a su hija. Su suave
respuesta casi me hace desmayarme de debilidad.
—Es mi vida.
La calidez me inundó, dejándome en una neblina de
maravilla. ¿Qué había hecho tan bien en mi vida que tenía que
venir a cruzarme con Lev Leokov? Sea lo que fuere, estaba
agradecida por ello.
La pequeña niña se giró y, finalmente mirándome, parloteó.
—Zhena. Zhena. Zhena.
Mi nariz se arrugó con mi sonrisa.
—¿Qué está
diciendo? Lev me
miró de cerca.
—Ella no sabe tu nombre. Está llamándote en su versión de
“señora” en ruso.
—Oh, ¿entonces eres ruso? —pregunté,
estúpidamente. Pacientemente, Lev respondió y
me elogió no llamándome tonta.
—Sí, por mi padre y mi madre.
—Oh, genial —dije. Y lo que siguió fue un
incómodo silencio. Finalmente, después de lo que
parecieron horas, Lev preguntó:
—¿Dónde está tu
familia, Mina? Mi
respuesta fue corta.
—Muerta. Soy huérfana. No conocí a mi padre y mi madre
murió cuando tenía doce. Mi abuela no me quería, así que fui a
parar a familias adoptivas. Me escapé cuando tenía diecisiete.
Afectado por mi repentino cambio de humor, Lev susurró.
—Está bien.
64
Y sonó apagado. Casi infantil.
La puerta se abrió repentinamente, y una manada de gente
entró a través de ella, conversando audiblemente y
abiertamente.
Nastasia entró primero, rostro rojo, labios apretados,
discutiendo con el hombre junto a ella.
—No doy una mierda por quién era, Vik.
El hombre, quien adivinaba fácilmente que era Viktor, venía
tras ella, sonriendo como el gato de Cheshire.
—Seguro que lo haces,
nena. Nas se giró y su
labio se curvó.
—Era de alguna forma bonita en esa forma de “Espero que
no te importen las enfermedades de transmisión sexual”.
Viktor era alto, musculoso, y llevaba pantalones de vestir, una
camisa blanca enrollada en las mangas para revelar un manojo
de coloridos tatuajes, y tenía un palillo de dientes saliendo por la
comisura de su boca. Sus ojos azules resaltaban en una forma
que me hizo desear mirarlos por días, y no estaba perturbado
para nada por la ira de Nastasia.
—Ya me conoces. Sin barreta, no hay pañuelo.
Una hermosa pelirroja entró tras Viktor. Inmediatamente noté
que tenía los mismos ojos que Viktor. En la forma en que sonreía,
solo tenía ojos para Lev, y cuando me vio, su sonrisa cayó
rápidamente.
Lev le guiñó un ojo, con una mirada tierna.
—Anika.
Mi estómago se apretó violentamente con la forma en que Lev
la miró. No entendía. Quiero decir, entendía. Era bonita en una
forma en la que yo simplemente no podía competir.
—Bien, ahí estás, princesa. —Anika tendió sus manos,
sonriendo una vez más, y Lev le entregó a Lidiya como si fuera
un suceso regular.
Mi estómago se apretó. Otra vez.
¿Qué demonios pasaba aquí? ¡Quieto, estómago!
Meció a Lidiya en su cadera, besando su mejilla. Lidiya no
mostraba signos de incomodidad con la mujer.
Me miró y habló suavemente, con voz melódica.
—Hola. Soy Anika.
Abrí mi boca para responder, ya tendiendo mi mano cuando Lev se
enderezó.
—Esta es Mina. La nueva chica del bar. 65
Le sonreí.
—Sí, lo que él dijo.
Ante su explicación, la tensión decayó visiblemente de
Anika, y se dirigió más cálidamente hacia mí.
Sacudió mi mano ligeramente.
—Oh. Eso es genial. Estaremos trabajando juntas.
Viktor me miró entonces, parecía sorprendido, como si
acabara de notar otra persona en la habitación.
—¿Qué hay? Soy Viktor.
Me miró de arriba abajo apreciativamente antes de girarse
hacia Lev y sonreír ligeramente.
—¿Dónde la encontraste?
Con sus ojos sobre mí, Lev respondió sin emoción.
—Robando la billetera de Sasha.
Mi corazón vaciló antes de empezar a acelerarse. Todos se
quedaron en silencio hasta que Viktor parpadeó hacia mí diez
segundos completos antes de estallar en risas.
Mis mejillas se calentaron, pero mi cuerpo se congeló. Sentía
las miradas de todos en la habitación y la tensión se volvió
demasiado.
Lo entendía. Robé la billetera de su hermano. Era un
movimiento de mierda. Si no estuviera desesperada, no lo habría
hecho. ¿Sería castigada por siempre por eso?
Murmuré bajo:
—Imbécil. —Antes de girarme sobre mis talones y salir
taconeando por la puerta de la cocina.
Casi caí sobre mi trasero con estos malditos tacones, pero Nas me
tenía.
Necesitaba acostumbrarme a caminar es estos.
Diez minutos pasaron, y por el camino, espié a una mujer
mayor con cabello oscuro y ondulado, al igual que sus ojos,
viniendo hacia la casa. Se detuvo cuando me vio, así que
sonreí.
—Usted debe ser Mirella.
—Lo soy —aseguró
cuidadosamente. Tomé un
paso hacia adelante.
—Soy Mina.
Señalé hacia atrás a la casa con mi pulgar.
—Estoy viviendo aquí temporalmente. Lev me dijo que la vería un
montón. 66
Sus ojos se ampliaron y su mandíbula casi cayó.
—¿Estás quedándote… aquí? En la casa… ¿con el señor Lev?
Mi asentimiento fue lento. Parecía más que sorprendida.
Más como atónita. ¿Por qué esa reacción?
Recuperándome, tanteé con una sonrisa, pero era incómodo.
—Un gusto conocerte, Mina —dijo, moviéndose hacia la puerta de
la cocina.
—Lo mismo digo —respondí justo cuando cerraba la puerta tras
ella.
Esperé en la fría brisa por algunos minutos más antes de que
la puerta se abriera y todos menos Mirella y Lidiya, salieron.
Sentí los ojos de Lev en mí, pero no le di la satisfacción de mirar
hacia arriba.
Nas sonrió con simpatía mientras me miraba evitar las
miradas de escrutinio de todos los demás.
—¿Lista para conseguir esa bomba de sangre?
—Seguro. —Suspiré.
Quiero decir, en serio. ¿Cuán malo podía ser?
Lev
—¿Cómo lo está haciendo?
Nastasia sonrió demasiado ampliamente, y su respuesta
fue más como una mueca.
—Sólo ha roto cuatro vasos, como mucho, así que…
El sonido de vidrio rompiéndose fue seguido por la respuesta de
Mina.
—Ah, mierda. ¡Lo siento!
—gritó. Mi hermana
sacudió la cabeza.
—Cinco vasos en dos horas. ¿Está tratando de establecer
alguna clase de récord de mierda?
—Le encontrará el truco. —No sonaba tan confiado como esperaba.
Miré a Mina cuidadosamente mientras escuchaba a Anika.
Estaba concentrada fuertemente, asintiendo en ocasiones. No
podía entender por qué era tan difícil para ella. Sus hombros
parecían tensos con la presión.
—Escucha. —Nas interrumpió mis pensamientos—. Te lo voy
a decir, Lev, decirle a Vik y a Ani que conociste a Mina cuando
robaba la billetera de Sasha… — Hizo una mueca—. Ouch.
Estaba repentinamente confundido.
—¿Qué? 67
Mi hermana siempre había sido paciente conmigo, pero esta noche,
suspiró.
—No es genial, hermano. Solo tienes una oportunidad para
conseguir una buena impresión, y antes, Mina tenía la
oportunidad de hacer eso, y tú se la arrancaste directamente de
debajo de sus pies.
—No entiendo. —Realmente no
lo hacía. Nastasia me niveló con
una mirada dura.
—La presentaste a nuestros amigos más cercanos como una
ladrona.
Oh.
Estaba empezando a comprender lo que había hecho.
—Ya veo.
—No, no lo haces.
Nastasia tomó mi mano en la suya y apretó.
—Eres una persona maravillosa, Lev. Pero no lo ves.
El pánico me llenó por dentro. Bajé mi mirada, ordenando a
mis ojos a mirar mis pies. ¿Qué iba a hacer ahora? No sabía
cómo reaccionar. Me sentía perdido.
Soltando mi mano, Nas me ayudó con mi pregunta no formulada.
—Cuando tengas la oportunidad, discúlpate con Mina.
Mi estómago dolió. Odiaba esto, herir no intencionadamente a las
personas.
Asentí.
Mi hermana besó mi mejilla y aseguró.
—Eres un buen hombre, Lev. Sólo necesitas algo de ayuda
algunas veces. No demasiada.
Pero era un gran problema, para mí más que la mayoría.
Mina
—Mina.
Era infantil, pero lo ignoré.
—Mina, por favor mírame.
Tomé un momento para alistar mi pequeña guía de mano
para mezclas y volví mi rostro hacia él, pero mis ojos cayeron,
enfocándose en su barbilla. Habló suavemente.
—Nastasia me informó que lo que dije frente a Anika y Viktor
fue inapropiado y de alguna forma te avergoncé.
68
Mi ceño se frunció con confusión.
Hablaba sobre ello como si no supiera por qué debería
estar avergonzada. Siguió.
—No fue mi intensión causar tu incomodidad, y ahora
entiendo por qué me llamaste imbécil. Me disculpo.
Decir lo siento era una de las cosas más difíciles de decir a
otra persona, y Lev lo había hecho tan sinceramente que mi
rabia decayó. En su mayor parte.
—¿Supongo que vas a ir por todas partes diciendo a la
gente que soy una ladrona sin hogar?
Levantó su cabeza en esa forma suya y se concentró
fuertemente en buscar en mi rostro.
—No tienes culpa de tu pasado.
Mis ojos bajaron hacia el libro frente a mí y pronuncié en voz baja:
—Hay un estigma tras los vagabundos. Los ven como algo
inferior. Por supuesto que soy culpable de mi pasado.
—Yo no me avergüenzo de lo que eres.
Tenía un don con las palabras. Le concedería eso. Me
preguntaba cómo podía decir algo, esencialmente robándome el
aliento. Parecía disfrutar haciéndolo. Tenía que, de otra forma,
no lo haría tan a menudo.
—Deja de hacer eso —susurré.
Sus ojos color miel se entrecerraron con confusión.
—¿Hacer qué?
—Ser tan lindo conmigo.
Había tenido suficiente. Cerrando de golpe el libro sobre la
barra, busqué en mi interior y dije lo que había estado pensando.
—¿Por qué estoy aquí, Lev? ¿Por qué me trajiste aquí? ¿Aquí,
específicamente?
¿Por qué me estoy quedando en tu casa, en tu cama? —Me
detuve—. Estoy… — Tragué duramente—. Trabajas en un club
de caballeros, rodeado de mujeres preciosas, yo… —Con voz
susurrada, pregunté vacilante—. ¿Me vas a usar como
prostituta?
Un pesado silencio cayó. Entonces.
—No.
Mi corazón saltó, volví mi rostro para mirar en sus maravillosos
ojos.
—Dime, ¿puedo irme en cualquier momento, Lev? 69
Sus ojos se clavaron en mí, pareciendo destellar.
Finalmente bajó su rostro y murmuró.
—Puedes irte en cualquier momento,
Mina. Retrocedió y se alejó de mí.
—Aunque espero que
te quedes. Su rostro se
volvió impasible.
—Mereces más que la infortunada vida que llevabas.
Lo miré caminar alejándose de mí y fui repentinamente
sobrecogida. Mi nariz picó y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Parpadeé para alejarlas, sollozando silenciosamente, agradecida
por su deseo.
Traducido por Mariandrys
Mina
Mina
73
El club tenía un ambiente diferente durante el día. La música
estaba apagada y un grupo de personas rellenaba los estantes
de la barra, fregando el suelo, y limpiando las mesas y sillas. La
presión era nula. Mis hombros estaban ligeros y la tensión que
había sentido la noche anterior desapareció.
Después de que Nas me gritase, lo cual noté que era algo así
como una fijación suya, subí las escaleras, deje caer mi cabello,
me vestí con un par de vaqueros negros, un par de sandalias
de tiras blancas, una camisa blanca, y mi suéter en tono caramelo
que colgaba de mi hombro. Después de ver la forma en que Nas
vestía, supuse que una apariencia casual era aceptable para el
día.
Mientras caminabas dentro, reconocí a dos personas del
equipo de seguridad, Brick y Tommy. Brick había sido el portero
cuando había venido aquí aquella primera noche. Él era amable
pero riguroso, y yo estaba agradecida de que no me reconociera.
Iba a preguntar por qué lo llamaban Brick, pero era obvio. Su
contextura física era como una casa de ladrillos.
Tommy, por otro lado, cambió de intenso a gracioso en un
segundo. Era alto y no tan musculoso como Brick, pero cuando
fruncía el ceño, podría asustar hasta la muerte a cualquiera.
Tomó mi mano y besó la parte posterior de ella, prolongándose
más de lo debido. Había pasado un tiempo desde que había
recibido algo de atención masculina. Se sintió bien y me reí como
una colegiala, mis mejillas sonrojadas por mi sonrisa.
Nas se rió de mí mientras me abanicaba el rostro,
caminando hacia el bar. Ella me dio un codazo.
—Mejor te acostumbras a los chicos enamorándose de esa
forma. Especialmente con un rostro como el tuyo.
Estaba confundida.
—¿A qué te
refieres? Levantó
una ceja.
—¿Pescando cumplidos?
Pero cuando bajé mi rostro, mi frente fruncida en confusión,
murmuró para sí misma:
—Buen Dios, no lo sabes. —Antes de que pudiera decir otra
palabra, me jaló hacia el vestíbulo con espejos. Gracias a Dios
estaba desierto cuando me colocó justo enfrente de él y se quedó
quieta detrás de mí—. ¿Qué observas cuando te ves en el
espejo?
Odiaba mi reflejo. Era cruel parecerme tanto a la persona que
más extrañaba en el mundo, mi madre. La amé hasta el último
momento de su enfermedad, y cuando murió, mi amor se
convirtió en una indiferencia fingida. Pretendí que no dolió 74
perderla, mi madre, mi mejor amiga, aunque era una agonía.
Cada respiro que tomé por todo el año siguiente fue difícil. Mi vida
nunca sería la misma. Ella era puro sol. La persona que me cuidó
cuando estaba enferma y me hizo reír cuando estaba triste.
Dependía de ella. Ella era mi todo. Y luego sólo desapareció.
Mis ojos se posaron en mi mandíbula, me encogí de hombros.
—No lo sé.
—Mírate. Me refiero a que te veas realmente.
Mis ojos encontraron mi reflejo mientras me preguntaba:
—¿No lo ves? ¿Puedes por lo menos comprender cuán atractiva
eres?
—Me parezco a mi madre —
susurré. Nas sonrió
gentilmente.
—Apuesto a que era hermosa.
Lo era.
—Era preciosa.
—¿Puedes verlo? —Nas sondeó suavemente. Sacudí mi
cabeza. Se estiró alrededor de mí para colocar sus dedos debajo
de mi mandíbula, levantándola, y mi reflejo entró forzadamente
en mi línea de visión—. Mira más detalladamente. —Se movió
para ubicarse a mi lado—. Tienes pómulos elegantes. Tu piel es
impecable y cremosa, como porcelana. Tienes una boca
pequeña y llena, la cual, apostaré, les da a los hombres toda
clase de ideas traviesas. —Mi rubor era intenso—. Tu cabello
es
sedoso y con brillo, y oscuro sin ser negro. Tus grandes ojos
verdes y largas pestañas te hacen parecer exótica y misteriosa.
Estoy suponiendo que cuando consigas ganar algo de peso en
ese pequeño y ajustado cuerpo, vas a tener curvas en todos los
lugares correctos. —Colocó sus manos en mis hombros y apretó
lo suficientemente fuerte para hacer su punto—. Eres letal, Mina.
Y ni siquiera lo sabes.
Su discurso me tuvo realmente dándome un vistazo. Nunca
me vi como hermosa. Siempre me vi como aceptable, pero sólo
eso. Pero mientras ella señalaba todo de mí, pedazo por pedazo,
supuse que estaba ahí.
Por primera vez, pude verlo.
—¿Soy bonita? —pregunté cuidadosamente, inspeccionando mi
reflejo.
—Ahora sí estás pescando cumplidos —gruñó cuando me
empujó hacia un lado, causando que trastabillara y riera—.
Pequeña mierda.
Rió mientras entrabamos al área del bar.
Me estremecí tan pronto como mis ojos se afinaron en las filas
de vasos en el mostrador.
—¿Estás segura de que quieres hacer esto? Las
probabilidades son que deje caer un vaso, abrirme
accidentalmente una muñeca, y morir sobre ti.
Nas inclinó su cabeza hacia arriba pensando.
75
—Hmmm. Sí. Eso podría ser un problema. —Se encogió de
hombros—. De nuevo, es un riesgo que estoy dispuesta a
tomar.
Reunió un montón de vasos diferentes y señaló a cada uno
mientras los nombraba.
—Vaso alto. Copa. Copa balón. Chupito. Cocktail. Martini. Vino.
Flauta.
—¿No hay vasos para cerveza?
Parecía complacida por haberlo notado.
—Somos un establecimiento de clase alta. Sí, servimos
cervezas importadas, pero descubrirás que nuestra clientela
pide mezclas. De lo contrario —metió su mano bajo la barra para
sacar otro vaso alto del refrigerador—, los vasos para cerveza
son mantenidos fríos y servidos con una rodaja de limón, sin
hielo. Estrictamente.
—Fríos. Limón. Sin hielo. —Asentí—. Lo tengo.
Por la mayor parte de dos horas, Nas me enseñó cómo
preparar varias órdenes de bebidas comunes.
Me dijo que estaba bien si se me olvidaba lo que iba en cada
bebida, luego me mostró las cartas de recetas de todas las
bebidas que me enseñó a hacer y más. Con cada bebida
adicional, mi confianza se potenciaba, y rápidamente, estaba
mezclando, combinando y sacudiendo bebidas como si hubiese
nacido para ello.
Cuando finalicé de mezclar mi última bebida del día, Nas
inclinó su cadera en el bar, pareciendo extremadamente
complacida consigo misma, y yo hice una reverencia con
felicidad.
—Gracias. Gracias. Estaré aquí
toda la semana. Una voz con acento
resonó detrás de mí.
—Y con una vista como ésta, quién podría resistirse. —
Cuando dijo “ésta”, salió como ecta.
Me giré para enfrentar al hombre, quien estaba sonriendo
ampliamente a Nastasia sobre mi cabeza. Ella jadeó, corrió, y
luego se lanzó a sus brazos extendidos. Riendo, retrocedió y lo
besó, en la boca. Acunando sus mejillas barbudas, gritó:
—¡Philippe Neige, hijo de perra! Y tan ardiente como
siempre, por lo que veo. Él era ardiente. Como,
humeantemente ardiente.
El hombre sonrió, y las líneas alrededor de sus ojos se
profundizaron. Parecía estar en sus cuarenta, era tan alto como
Sasha, tenía el cabello rubio oscuro, y cándidos ojos verdes.
Entendí que era francés, no sólo por su acento, sino también por
la forma en la que Nas dijo su nombre. Usaba un par de vaqueros
azules. Llevaba su camisa blanca por fuera, y terminó su limpia
apariencia con un par de zapatos marrones.
Besó la mejilla de Nastasia por un largo segundo. 76
—Te extrañé, mi paloma.
De repente, Nas se apartó, su expresión volviéndose ártica.
—Escuché que estás trabajando para Laredo. —Sonó
como una acusación. Su sonrisa decayó y su rostro se
volvió severo. No lo negó.
—Oui.
Se alejó de él, su rostro adolorido tal como su voz.
—¿Cómo pudiste, Philippe? Después de lo que hizo… —Se
convirtió en algo muy fuerte para hablarlo, y estaba sorprendida
por la emoción que ella mostraba.
Nastasia parecía dura como los clavos. Sea lo que sea que
este tipo Laredo haya hecho, debió haber sido bastante malo
para garantizar tal reacción.
Sasha entró al bar por la puerta trasera. Miró de forma implacable a
Philippe.
Luego a la Nas emocionada, a mí y a Philippe otra vez.
—Retrocede, Nas. —Ella miró hacia él, sus ojos encendidos
en fuego. Sasha habló fríamente como siempre—. Philippe vino
porque yo lo necesitaba. No lo molestes. Lo lamentarás.
Aunque sus palabras vinieron en forma de amenaza, la
manera en que su voz cambió, suavizándose ligeramente, sugirió
que Nas no sabía todos los hechos.
Ella pestañeó las lágrimas, luego volvió su rostro hacia
abajo para mirar el suelo, a los pies de Philippe.
—Yo también te extrañé —susurró. Y después se fue,
apresurándose fuera del bar, hacia el pasillo del baño de
damas. Todos la miramos irse.
Un largo silencio siguió.
Sasha dejó escapar un suspiro.
—Te dije que vinieras directo
a mí, Neige. Philippe
respondió miserablemente.
—Nunca dejé de amarla.
Ante mi suave jadeo, todos los ojos se volvieron hacia mí. Me
sonrojé y balbuceé.
—Hol… hola, soy Mina.
Sasha me fulminó con la mirada.
Yo los fulminé con mi mirada de regreso y luego seguí a Nas
dentro del baño de damas. Me senté en el tocador, mirando la
puerta cerrada que nos separaba, esperando pacientemente a
que ella dejara de llorar.
Al estilo de Nas, abrió la puerta de un golpe, su rostro hinchado y
sus ojos
suavemente rojos, y pronunció:
77
—Tiene sentido que todos los hombres tengas pollas ya que
todos son unos cabezas de huevo.
Traducido por Jenn Cassie Grey
Mina
Mina
84
Traducido por Adaly
Mina
7
Gypsy: Gitana en español.
Poniendo mi más grande sonrisa, le agradecí, pero le dije que
no se molestara, porque me gustaba.
Toma eso, señorita remilgada y correcta.
A medida que mi mente se metió en el trabajo, también lo hizo
mi tensión, y me estaba convirtiendo en la favorita del público.
Las personas querían que Gypsy fuera la anfitriona de sus
despedidas de soltero y pagaban cantidades ridículas para
hacerme trabajar para ellos exclusivamente.
No lo entendía, pero estaba segura de que tenía algo que ver
con lo que Nas me enseñó cuando me llevó a almorzar ayer.
En el momento que nos sentamos, se sentó con la espalda
recta y explicó la situación.
—Tenemos que hablar.
—¿Sí, de qué? —Mi corazón comenzó a latir más rápido.
Parte de mi pensó que estaba siendo despedida y Lev no
tenía las bolas para decírmelo él mismo. Pero lo que dijo a
continuación me desconcertó.
—No te tomes esto como algo personal ni nada, ¿de
acuerdo? Pero pensé que cuando te acomodaras un poco
llegaría de forma natural, y ahora que puedo ver que no va a 86
suceder, voy a tener que enseñarte.
Tomé un sorbo de mi agua de limón, pasando los dedos por
la condensación fuera del vaso.
—¿Enseñarme, qué?
Se quitó las gafas y sonrió.
—A coquetear.
Parpadeé y entonces le resoplé.
—¿Para qué? No es como si estuviera buscando un novio o algo
así.
Suspiró, y se acercó, se frotó las sienes como si estuviera
perdiendo la paciencia.
—Mina, eres una zorra en un club de caballeros. —Se detuvo
un momento—. No quiero tener que poner presión sobre ti, pero
has sido reservada como anfitriona en una despedida de soltero
el sábado en la noche.
Momentáneamente aturdida, jadeé. Entonces farfullé:
—¿Q-qué? ¿Por qué yo? ¿No puede hacerlo Anika?
¡Haz que Anika lo haga! Nas me miró, hablando
lentamente a través de los dientes apretados.
—Ellos no quieren a Anika. Quieren a Gypsy.
Se inclinó sobre la pequeña mesa de café para encararme.
—Y ellos van a obtener a Gypsy, o voy a patear el culo de
Gypsy. ¿Entiendes? Deslizándome por mi silla. Me quejé.
—No quiero. Derramaré las bebidas sobre ellos. Se quejarán
a Sasha, y me despedirá.
—No has dejado caer un vaso desde tu segundo día. Puedes
equilibrar una bandeja. Estás recibiendo más pedidos que
cualquiera de nosotros espera de ti. Y tienes a los hombres
cautivados. —Me sujetó con una mirada sincera—. Lo estás
haciendo genial. Incluso Lev lo piensa.
La quejumbrosa Mina se desvaneció cuando la Mina intrigada
apareció.
—¿De verdad? ¿Dijo eso?
—Sí, lo dijo, esta mañana. —Su ceño se frunció—. Ustedes
dos están viviendo en la misma casa. ¿De qué diablos hablan?
Me encogí de hombros.
—No hablamos mucho. —Incliné la cabeza pensando—. Es
como si cada vez que intento iniciar una conversación, se pusiera
todo raro conmigo.
La expresión de Nas cambió. Habló en voz baja, pero a la defensiva.
—No es su culpa, Mina. Es como es. No espero que lo
entiendas, pero confía en mí, no lo puede evitar. —Siguió con—.
No lo juzgues. No está siendo grosero, simplemente no sabe
cómo ser social.
Parpadeé ante su tono protector. 87
—No lo estoy juzgando, Nas. Simplemente tengo preguntas. Como,
¿por qué no
me habla de sí mismo y por qué nos encierra en su dormitorio por la
noche?
Nas se echó hacia atrás, con la boca abierta.
—¿Estás durmiendo con él?
—¿Qué? —Me sonrojé y casi grité—. ¡No! —Solté una risa
sin inmutarme—. No confía que no le robe, así que me dijo que
mientras me estuviera quedando con él estaríamos durmiendo en
la misma habitación. Duermo en la cama y él duerme en el sofá
cama. —No parecía convencida. Tomé un sorbo de mi agua, mi
boca repentinamente seca—. Juro que no estamos haciéndolo,
Nas. Lo juro.
Una sonrisa adornaba su hermoso rostro.
—Honestamente no me importaría si lo estuvieran haciendo;
es sólo que no deja a nadie… —Se desvaneció, sacudiendo su
cabeza, sonriendo de repente como una loca—. No tienes idea
de la gran cosa que es, Mina. —Se aclaró la garganta, sentada
con la espalda recta—. Bien, entonces, Coqueteo para
principiantes con Nas ha comenzado oficialmente. —Guiñó—.
Toma nota, pequeña Mina. Las mujeres matarían por la
información que estoy a punto de darte.
La Mina quejumbrosa estaba de vuelta.
—Sigo sin entender por qué necesito
saber estas cosas. Entonces Nas dijo las
palabras mágicas:
—Te garantizo que tus propinas se triplicaran. —Bueno, eso captó
mi atención.
Escuché atentamente.
Comenzó:
—Regla uno: Inclinarte. Cierra la brecha. Vas a querer
acercarte a los hombres con los que estas coqueteando. Sonríe
y dales toda tu atención. No olvides hacer contacto visual. —Se
inclinó sobre la mesa y, sonriendo tímidamente, bateó sus
pestañas, tocando mi brazo—. Toques ligeros están bien,
simplemente finge que no puedes oír su orden sobre la música.
Si te hacen un cumplido, baja las pestañas y sonríe tímidamente.
Los hombres aman a las de tipo inocente.
Eso parece sencillo.
—Está bien. No parece muy difícil de recordar.
—Nunca, y quiero decir nunca, des tu nombre en la primera
bebida. Va a hacer que regresen por más y van a pedir una y otra
vez sólo para tener un minuto de tu atención —continuó—. Te
aconsejaría comenzar a presentarte como Gypsy de ahora en
adelante, algo así como un nombre artístico. Hace que los
hombres piensen que eres toda alocada y de espíritu libre.
Puse los ojos en blanco y me regañó:
—Oye, estos hombres están ayudando a pagar tu salario.
Oh, no tenía que decírmelo. Lo sabía, y estaba más que agradecida,
pero como 88
que parecía que estábamos tratando a estos hombres como si fueran
estúpidos.
—Si un tipo te da una propina grande, agradéceselo, dobla el
dinero, y ponlo en tu sujetador enfrente de él. Es como hacer un
pequeño espectáculo para él. Si se siente generoso y te deja
una propina ridícula, inclínate sobre la barra, agarra el frente de
su camisa en un puño apretado, tira de él cerca, y besa su mejilla
muy despacio. Los hombres se vuelven locos por esa mierda. —
No estoy segura de poder hacer eso alguna vez, pero era bueno
saberlo. Escuché con atención mientras explicaba el arte de
coquetear—. Sin embargo, las palabras de precaución son: No
ofrezcas algo que no estás dispuesta a dar. Les das un
centímetro y se toman un kilómetro. Nunca beses a un cliente en
los labios. Lo tomará como una invitación y posiblemente se
ponga toquetón. —Sus cejas se levantaron—. No terminará bien.
Asentí. Sí, podía ver que eso terminaría mal.
Nas terminó justo cuanto llegaron nuestras comidas.
—Y eso concluye nuestras lecciones del día. —Sonrió,
viéndome mirar con ansia mi fettuccini Alfredo con aguacate—.
Come.
Comí con gusto, y rió mientras gemía a través de mi comida.
Cuando terminamos, gemí y agarré mi vientre.
—Oh, Dios. Estoy tan llena. —Entonces reí—. Nunca pensé que
me oiría decir
eso.
Sonrió, señalando con la barbilla hacia mí.
—Te ves mucho mejor.
Me froté la barriga con orgullo.
—Ya he ganado casi dos kilos esta semana. —Sus labios se
fruncieron como si estuviera impresionada— Faltan ocho más
para mi peso normal.
Su afectuosa sonrisa me calentó.
—Ya llegaremos ahí, Mina.
Lo dijo como si fuéramos un equipo. Como si fuera a
ayudarme. Como si fuéramos más que compañeras. Como si
fuéramos amigas.
Se onduló como una explosión en el centro de mi pecho.
Valoraba la amistad, sobretodo porque no la había tenido en
mucho tiempo. Me di cuenta de que ya no estaba sola, y nadie
entendería jamás lo edificante que era esa sensación. La mayoría
lo tomaría por sentado.
Nunca lo haría. Desde el fondo de mi corazón. Me lo prometí.
El sábado llegó y, consciente de que estaría atendiendo a
ocho hombres alborotados a mi alrededor, me vestí acorde a la
situación.
Llevaba mis vaqueros azules ajustados, una blusa gitana
blanca que mostraba una pequeña cantidad de mi vientre y
sandalias blancas de piel con tiras. La blusa era de algodón 89
delgada, de manga larga y decorada con flores bordadas en azul
marino. Nas me había dado una diadema que había comprado,
pero que nunca se había puesto y la cual me informo que era
boho chic.
No sabía lo que era boho chic, pero Nas me juró que
complementaria mi atuendo de gitana.
La diadema pasaba a través del centro de mi frente, y sobre
la corona de mi cráneo. Estaba hecha con una cadena fina, tenía
otra tira arrastrándose por el medio de mi frente, sosteniéndolo,
y tenía unas pequeñas monedas unidas a los lados de mis
cejas. Las monedas tintineaban ligeramente, y era un poco
distractor, pero cuando me miré en el espejo, no se veía tan
ridículo como pensaba que podría hacerlo.
Nas me dio instrucciones de aplicar tres capas de rímel para
alargar mis largas pestañas y terminar con un lápiz labial rojo
brillante que me había dado.
Tomó un montón de intentos hasta tener derecho el lápiz
labial, y sentí la necesidad de pasar la lengua por mis dientes un
poco. El pensamiento de sonreír alegremente con los dientes
manchados de rojo era francamente humillante. Revise mis
dientes diez veces antes de caminar escaleras abajo, abrigo en
mano.
Como predije, Lev estaba abajo en la cocina, sosteniendo a
Lidiya. Solo esta vez. Cuando entré, ella sostuvo sus pequeñas
manos hacia mí, me acerqué, la tomé de Lev, y la abracé con
fuerza.
—Hola pastelito dulce —susurré, presionando mi mejilla en la
parte superior de su cabeza, respirando su dulce aroma. Cerré
los ojos, tomando su calor—. Dios mío, eres una niña grande.
Lev, que estaba cerca, sin una pizca de preocupación
mirándome con su hija, dio un paso más cerca.
—Dame, la tomaré. Sé que está un
poco pesada. Pero la abracé más
cerca.
—¿Pesada? Es adorablemente gordita, eso lo que es. —
Lidiya chupaba su pulgar, apoyando su cabeza en mi hombro.
Una ola de mimos se apodero de mí—. Oh, estas ganando
puntos conmigo señorita. Me tienes envuelta alrededor de tu
dedo meñique.
Cada mañana, cuando Lev se iba a trabajar, me levantaba y
pasaba algo de tiempo con Mirella y Lidiya. Nos íbamos de paseo
alrededor del complejo, jugábamos juntas, teníamos fiestas de té
exclusivas, y en raras ocasiones, hasta dejé que Lidiya me
alimentara.
Una sonriente Mirella me dijo que la malcriaría si seguía
tratándola como una princesa. Le respondí que las niñas no
deben ser tratadas como cualquier cosa más que como
princesas. Algo me decía que había ganado oficialmente a la 90
anciana con el comentario, pero no me importaba. Era como
verdaderamente me sentía.
La puerta trasera se abrió y Viktor entró, seguido por Anika y
Nas. Probablemente fui la única persona que vio el destello en
los ojos de Anika. Nos saludamos, y los recién llegados adoraban
a Lidiya, como de costumbre.
Cuando Anika vino y extendió los brazos hacia Lidiya, la
pequeña niña volvió la cabeza hacia mi cuello y me aferró a mí.
Vi la decepción en los ojos de la belleza pelirroja, y
desfallecimiento corrió a través de mí. Pero le siguió la
vergüenza.
Estaba visiblemente molesta,
después de todo. Traté de hacer
una broma de esto.
—Probablemente piensa que somos de la misma edad, soy
la más cercana a su altura.
Anika parpadeó, sonriéndome. Pero no había calor en esa
sonrisa. Me dio la sensación de que pensó que me estaba
sobrepasando a lo grande.
Mirella bajo después de su ducha y trató de quitarme a Lidiya,
pero la pequeña niña no quería irse. Después de que comenzó a
quejarse, me ofrecí a ponerla en la cama por segunda vez esa
semana. Mirella estaba evidentemente agradecida. Claramente
no quería poner a Lidiya en la cama en un estado de angustia.
No la culpaba.
Subí por las escaleras cuando Lidiya comenzó a dormitar.
Mirella silenciosamente me alcanzo y le entregué la regordeta
princesa. Me despedí en silencio, y Mirella me devolvió la
despedida. Me dirigí a las escaleras y entré en la cocina justo
cuando Anika comentó:
—Así que Mina está aquí mucho.
Ni Lev o Nas sintieron la necesidad de explicarse, y
francamente tampoco lo hice yo. En lugar de decirle que estaba
siendo obvia en una manera horrible, sonreí.
—¿Quién está listo para hacer de esta noche su
perra? Yo sí. Vámonos. Jugar de anfitrión era
interesante.
Nas tenía razón sobre el coqueteo. Los chicos de la
despedida de solteros no podían haber sido más generosos. La
jodí un par de veces, pero tuve la gracia de reírme de mí misma.
Mi excusa para confundir la orden fue:
—Bueno, si ustedes chicos no fueran tan guapos, una chica
podría trabajar sin distracción, ¿saben?
Con excusas comunes como estas, mi fiesta encantadora
aumentó las propinas a un ritmo alarmante, dejando más para
mí de lo que habían gastado en realidad en bebidas.
Mis mejillas dolían de sonreír demasiado, pero valió la pena
cuando me enteré que había ganado un poco más de $400 en
propinas.
Lev mantuvo una estrecha vigilancia sobre mí,
comprobándome de vez en cuando. Me preguntaba qué hacía en
realidad en el club. Según parecía, todo lo que hacía era ver el 91
espectáculo cada noche.
Cuando uno de los chicos agarró mi muñeca y me acercó, me
entró el pánico. Pero cuando me recordé que habían bebido
mucho y ponerse toquetón venía con el territorio, pegué otra
amplia sonrisa en mi rostro, y me incliné cerca, y escuché el
despliegue de elogios que el hombre quería que escuchara.
Después de que fue escuchado, me dejo ir y alivió paso a través
de mí. Parpadeé hacia él a través de mis pestañas bajas, me
eche hacia atrás, y le soplé un beso.
No sé porqué estaba tan en contra de esto. Esta cosa del
coqueteo era fácil. Lo tenía ahora. Caminando hacia atrás,
caminé directo a una pared. Miré hacia atrás para ver a la pared
mirando al hombre que me quería decir que hermosa era. Me
volví y le sonreí.
—¡Estoy arrasando!
Pero Lev, luciendo peligrosamente apuesto en su traje de tres
piezas gris metálico, mantuvo su mirada fija en el hombre.
—Puso sus manos sobre ti.
Campanas de advertencia sonaron en mi cabeza. Mi sonrisa
se desvaneció cuando puse una mano en su pecho.
—Oye, está bien. Sólo están
pasándolo bien. Su mirada se
desvaneció cuando me miró.
—Parecías
asustada. Oh,
¿lo hacía?
Eso significaba que me había estado observando. Ni
siquiera podía pensar en eso ahora. Tenía que calmar a un
Lev pareciendo un asesino.
Sus ojos se posaron en el suelo cuando preguntó de forma
vacilante:
—¿Estabas asustada?
Mi hombro saltó en un pequeño encogimiento.
—No estoy acostumbrada a que la gente me toque, eso es
todo. Me asusté por un momento, pero pensé en ello y estoy
bien. —Sentí la necesidad de defender al hombre toquetón—. No
me lastimó, Lev.
—No me gusta que te toquen.
Esa fue una declaración audaz, si alguna vez escuché una.
Sus ojos, ardiendo, pasaron sobre mi cabeza, de vuelta hacia el
hombre. Mi mano seguía en su pecho, me volví para ver al
grupo de hombres mirando a Lev, todos luciendo tensos e
inquietos.
Lev apretó los puños y se adelantó un paso, hacia los hombres.
No podía creer lo que estaba viendo. ¿El dulce Lev irritándose
por unos chicos al azar? No lo entendía. Este no era el hombre
que había visto la semana pasada. Este era alguien más. Alguien
aterrador.
—¡Oye! —grité sobre la música, empujando mi mano contra 92
su pecho para detenerlo de ir ahí. Me miró, sus ojos
ablandándose, y se quedó quieto. Le sonreí
tranquilizadoramente, palmeando el pecho de su chaqueta—.
Estoy bien. —Reí quedamente—. Está bien, Lev. Puedo
manejarlos.
No parecía muy convencido.
—Voy a mantener un ojo sobre ti.
No quería ponerlo a prueba. No ahora. Lucía como una
bomba programada para explotar al menor contacto.
—Está bien —dije y me dirigí de nuevo al bar, confundida por
la reacción que estos hombres habían disparado en Lev.
El resto de la noche fue espléndidamente, y mi sujetador
estaba lleno hasta el borde con propinas. Mi fiesta se fue
alrededor de las dos de la mañana con amplias sonrisas, pero no
los iba a dejar ir sin llamar para pedir taxis para ellos primero. El
próximo marido besó mi mano y me agradeció por la gran noche.
Se sentía bien ser apreciada.
Cuando los de la limpieza entraron, y todo el mundo estaba a
punto de irse, Sasha salió de la puerta de atrás del bar y dijo que
iba a quedarse atrás un rato. Enganché mi brazo alrededor de
Lev y me despedí de Anika y Viktor.
Anika, mirando hacia el brazo enganchado alrededor de Lev, sonrió
y ofreció:
—Oye, Mina puedo llevarte a casa.
Oh, Dios. Síp. Era obvio. Le había echado el ojo a Lev. Lo
gracioso era que pensaba que yo era competencia. Era
hermosa. No podía competir contra eso.
Lev, luciendo confundido, pronunció:
—Eso no tiene ningún sentido, Anika, Mina está viviendo conmigo.
La pobre se zambulló palideciendo unos tonos. Tragó
saliva fuertemente antes de girarse hacia Nas y acusar:
—Oh. Lo siento. Nadie me lo dijo.
Nas miró a su amiga. Estaba orgullosa de su respuesta.
—Bueno, Ani, es que no es de tu maldita incumbencia.
Un escalofrió de satisfacción me atravesó mientras fui
guiada hacia el coche por Lev en completo silencio.
93
Traducido por Apolineah17
Mina
***
***
101
Traducido por martinafab
Mina
108
—Ella piensa que nadie lo sabe, pero a menudo, cuando no
puedo dormir, camino alrededor del complejo y su coche está
estacionado enfrente de su casa. Cada noche.
Oh, Dios mío. Ese era con quien estaba la noche anterior. El
dios que la mantenía despierta con sus habilidades de la lengua
era Vik. Pero entonces…
—Pero Nas lo hace parecer un mujeriego. —
Estaba desconcertada. Lev asintió.
—Lo es.
Me estaba empezando a doler la cabeza.
—No entiendo. ¿Por qué aguantaría eso? Yo no lo haría.
Estaría de patitas en la calle.
—El amor —aconsejó él suavemente—, es una palabra de
hacer. Y a veces las personas que menos lo merecen son los que
más lo necesitan.
Él tenía razón, por supuesto. Esta conversación que
estábamos teniendo era fácil. Casi demasiado fácil. Estaba
reconociendo que Lev Leokov era un libro abierto. Sólo
necesitaba descubrir el idioma en que estaban escritas sus
páginas.
109
Traducido por Mae
Mina
112
tragos a hombres y beberlos ella misma. Había hecho esto varias —
veces, y me pregunté cómo no se tambaleaba sobre sus pies. M
La chica tenía aguante. i
e
Por eso, cuando un grupo de hombres compró una ronda de r
tragos y añadieron uno extra para mí, miré a Birdie. Ella sonrió y d
asintió. Así que fui por ello. a
Cogí el vaso, lo llevé a mi boca, y lo vertí, escuchando a los —
hombres vitorear y animar mientras farfullaba y tosía. p
r
Mierda, ardía.
o
Tosiendo a todo pulmón, levanté mis manos e hice una n
mueca a través de una sonrisa, mostrando a todos que estaba u
bien. Gritaron y aplaudieron un poco más y, por suerte, se n
quedaron cerca de mi lado de la barra. c
Sabía que las propinas serían asombrosas esta noche. Los i
hombres tenían dinero para gastar, y con cada ronda, dejaron ó
una agradable suma para mí. B
ir
Mi cuerpo empezó a sentirse caliente por todas partes y mi d
cabeza daba vueltas ligeramente. Y esto fue sólo después de ese i
primer trago. e
Después del quinto, apenas podía estar de pie sin m
i
balancearme de lado a lado. El sexto trago fue el final.
e
Riendo, me aferré a la barra, porque el suelo daba vueltas a n
mi alrededor. Me estaba tragando. t
Tengo decírselo a Lev. Es cuestión de salud y seguridad en r
el trabajo, si alguna vez vi una. a
s
Birdie estaba a mi lado antes de saberlo, estaba tumbada s
en el suelo detrás de la barra. e
—Mina, nena, ¿qué a
l
pasa? Me eché a
e
reír a carcajadas. j
a
—Oh, Dios, Birdie. El suelo no deja de moverse. Detenlo. Me
b
duele el estómago.
a de mí.
Pasó un minuto, o podría haber sido una hora, regresó con
Nas, que se arrodilló a mi lado, tomando mi brazo y ayudándome
a ponerme de pie. Me llevó por la puerta detrás de la barra, a la
trastienda. Me ayudó a sentarme y suspiró:
—Jesús, Mina, ¿qué mierda? No se supone que bebas
cuando estás en tu turno.
Estás en un montón de problemas si Sasha se entera.
¿Qué?
Parpadeé las luces blancas que atacaban mi visión.
113
—Pero, vi a Birdie hacerlo. Cuando la miré buscando el visto
bueno, asintió.
Pensé que estaba bien.
—Espera, ¿qué? —Entonces se echó a reír—. Oh, Dios mío. de
—Su risa se intensificó—. Por favor, ¿dime que Anika te habló de sd
las botellas marcadas que mantenemos detrás de la barra? e
la
En ese momento, Anika entró en la trastienda.
pu
—¿Oye, está bien Mina? Me pareció ert
verla desmayarse. Nas se puso de pie, a
e
conteniendo la risa. hi
—¿Le dijiste a Mina sobre nuestra ce
lo
mezcla especial? Anika frunció el ceño.
ún
—No, creí que lo hiciste tú cuando la trajiste para su lección. ic
Nastasia no pudo contenerlo. Echó la cabeza hacia atrás y o
qu
se echó a reír. Mientras, yo me echaba a llorar.
e
—¿Estoy despedida? po
Anika habló en voz baja para sí misma. dí
—Oh, Dios, no lo sabía. —Luego se cubrió la boca con la a
mano y se rió—. ¡Ella no lo sabía! ha
ce
Se rieron ruidosamente, gritando y doblándose. Y ahí r.
estaba yo, gimiendo mientras las lágrimas bajaban por mis Tir
mejillas. é
—¿Estoy despedida? mi
—No —pronunció Nas a través de una sonrisa—. No, cu
Mina. Fue mi error. lo
Cargaré con la culpa de ello. No estás despedida, te lo prometo. bo
rra
No la creí. Tiré mi cabeza hacia atrás y gemí:
ch
—Pero a Sasha no le importará. o
Tomé una respiración profunda y balbuceé: en
el
—¡Es un idiota!
su
Desde detrás de mí llegó un calmado: el
—Por favor, Mina. No te reprimas. Dime cómo te sientes. o
Me volví para ver a Sasha frunciendo el ceño hacia mí y
lloré un poco más.
Nastasia resopló.
—Me olvidé de hablarle sobre la mezcla
especial. Es mi culpa. Sasha negó con la
cabeza.
—Esto es malo para el negocio. Se tiene que ir.
El rostro de Nas se torció dramáticamente. Se burló de su
hermano.
—¿Por un error? ¿Uno que ni siquiera fue culpa de ella? 114
—No es mi problema, Nas —murmuró, y lloré más fuerte. E
sp
—Oh, Dios —sentada, jadeé—. Por favor no me despidas.
eré
Haré lo que sea. Por favor.
.Y
Anika habló entonces, y estuve sorprendida por su apoyo. es
—Sash. No hagas esto. Ella necesita per
é.
este trabajo. Se detuvo un momento
Y
antes de que murmurara: cu
—Ten corazón. ant
o
Sasha miró a Anika un largo rato antes de girarse para salir. má
—Esta es la primera y única vez. No más. La próxima vez, s
se irá. tie
Mi cara marchada se giró hacia Anika. Parpadeé un segundo mp
antes de susurrar: o
lo
—Gracias.
ha
Para mi mayor sorpresa, me ayudó a levantarme y me sentó cía
en el sofá de cuero. ,
Nas me trajo un vaso de agua y un par de aspirinas. un
—Todavía tenemos una noche completa por delante. Puedes a
descansar y dormir la mona, boozerella. se
La cabeza me daba vueltas, y no necesitaba que me lo dijeran ns
por segunda vez. Y dejé caer mi cabeza justo cuando mi aci
estómago dio un fuerte pellizco de desaprobación ante la ón
elección de mi noche de copas. Gemí: de
frío
—Nunca beberé otra vez.
rec
—Eso es lo que todos dicen —murmuró mientras ambas se orrí
dirigían hacia la puerta, apagaban la luz y me dejaban dormir la a
noche que nunca debería haber ocurrido. mi
es
Lev pal
da.
No pasó mucho tiempo para darme cuenta de que Mina ya U
no trabajaba en el bar. Nas se hizo cargo de ella.
na actitud protectora irracional me atravesó.
Caminé, moviéndome alrededor de las mesas y clientes
acercándose a la barra.
Nas me vio justo cuando me incliné sobre la barra. No quise
hacerlo, pero gruñí:
—¿Dónde está?
Levantó las manos en un gesto conciliador.
115
—No te enojes con ella también. No fue su culpa, ¿de M
acuerdo? Me olvidé de decirle sobre de la mezcla de la casa. — is
Resopló una carcajada—. Tomó un par de aspirinas y está m
durmiendo. an
os
Había pasado cerca de media hora desde que me diera
se
cuenta de su desaparición. Mis ojos se dirigieron
ap
inmediatamente al lado del escenario.
ret
—Mierda —gruñí. Observando a Nas, pregunté en tono ar
acusador—: ¿Cuánto tiempo ha estado Jeremiah fuera de su on
puesto? en
Su rostro palideció. pu
ño
Negué con la cabeza ante la decepción. Atravesé la barra
s,
hacia la puerta, y me dirigí por el largo pasillo, hasta la puerta
y
cerrada a la trastienda. Levantando la mano, traté de girar la
di
perilla, pero sentí resistencia.
un
—Abre la puerta —ordené. so
—Ocupado —respondió con molestia. lo
pa
Mi pecho se empezó a levantar. Respiré fuertemente a través
so
de mi nariz, mi cólera ardía y burbujeaba como un río de lava
atr
fundida en mis entrañas.
ás
—Abre la puerta —pronuncié con los dientes apretados. an
—¡A la mierda! ¡Vete a la mierda! — te
s
gritó Jeremiah. Fue entonces cuando
de
sucedió. co
Todo se apagó. Mi pulso se desaceleró. Las luces se rre
apagaron a mí alrededor. r
Los sonidos se volvieron sordos en mis oídos hasta que no ha
quedó nada. ci
Se hizo el silencio. a
la
Siempre temí que volviera. Lo controlaba bien. No ocurrió
pu
durante años. Así no. Pero no tenía miedo esta vez. Lo ert
abracé y dejé que tomara el control. a
con mi hombro por delante.
La sentí agrietarse bajo mi peso, pero no se rompió.
Mis piernas me llevaron atrás y golpeé mi hombro contra la
puerta de nuevo.
Otro crujido, y la madera se preparó para ceder bajo la más
mínima cantidad de presión.
Nas gritó detrás de mí.
—Lev, ¿qué estás
haciendo? Jeremiah
116
gritó con incredulidad:
—¡Estás loco!
Me aparté, levanté mi pierna, y di una patada tan fuerte
como pude.
La puerta se rompió y la arrojé hacia el interior. Mis ojos —
recorrieron la habitación y me encontré con él de pie junto al sofá Esto
de cuero, metiendo su camiseta en sus pantalones. no
tien
Vi rojo.
e
Nada podría haberme impedido llegar a él entonces. sent
Nada. ido.
Mina se quejó en voz baja y se retorció débilmente en el sofá, No
desmayada, y Nas corrió a arrodillarse a su lado. esta
ba
—¿Qué le hiciste? —pregunté al hombre sorprendido, tan
agarrando su camisa con mi mano. mal
Jeremiah se mantuvo firme. ante
—Nada —dijo detrás de su barba—. No hicimos nada. s. —
Miró
—Lev —habló Nas en voz baja. Me giré hacia ella, mirándola a
correr sus dedos sobre el lado del cuello de Mina—. Tiene un Vikt
chupetón. or—
Justo cuando levantaba mi brazo para matar a golpes a .
Jeremiah, unos brazos rodearon mi estómago y mi pecho. Me Cre
volví para gruñirle a la persona, pero encontré a Viktor allí de o
pie, mirándome a los ojos. que
—Cálmate hermano. Está bien. él
podr
Mi corazón latía con fuerza. Necesitaba aliviar mi rabia. Sin ía
alivio, sólo empeoraría, y luego lastimaría a alguien que me
hab
importaba.
erle
Como la última vez. dad
—No está bien —jadeé—. No o
algo
está bien. Sasha apareció a .
mi lado. U
—Va a estar bien, Lev. Te tengo. Nos encargaremos de ello. n
—Entonces habló a alguien detrás de él—. Cierra. Se acabó la fuert
fiesta. Saca a todo el mundo. e
gruñ
Anika frunció el ceño mientras se inclinaba sobre Mina.
ido
se me escapó. Dio un paso atrás el hombre, sabiendo muy bien
que lo mataría si colocaba mis manos sobre él. Mis manos en
forma de puños fueron a mi cabeza y se estrellaron contra mi
frente.
Sasha tomó mis manos, apartándolas, impidiéndome
hacerme daño.
Viendo rojo, mis fosas nasales se abrieron mientras trataba
de mantener mi respiración bajo control. Jeremiah no parecía tan
seguro ahora. Se veía aterrorizado.
Me alegré. Debía
117
estarlo. Sasha
maldijo en voz baja.
—Nas, lleva a Mina de nuevo a casa de Lev. Llama a L
as
Pox; que la revise. Se volvió a Jeremiah, pero habló muj
con calma. eres
ayu
—¿Qué le diste?
daro
—Nada —dijo a la defensiva—. Está borracha. n a
Sasha se apartó de mi lado y se acercó al sofá. Levantó la Min
mano de Mina y la dejó caer. No se movió ni un centímetro. a
Puso una mano en su frente y frunció el ceño antes de moverse con
hacia Jeremiah. facili
dad,
—Voy a preguntarte una última vez, J. ¿Qué le diste?
debi
Él abrió la boca para responder, pero Sasha lo interrumpió. do
—Tengo a un médico en espera. Él puede hacerse cargo de al
ella de una manera discreta. Si la llevamos al hospital, y hec
encuentran algo dentro de ella que no debería estar allí, irás a la ho
cárcel por asalto, como mínimo. O peor aún, si lo añades a la de
bebida. Si me dices lo que le diste, podrás salir de aquí siendo un que
hombre libre... después de darte una paliza, por supuesto. —Miró era
a Jeremiah—. Un chico guapo como tú en la cárcel... —Inclinó muy
la cabeza—. Serías muy popular. peq
Jeremiah se ruborizó; sus pupilas estaban dilatadas. Era ueñ
alto. Estaba sudando. a.
Miré
—GHB.8 —Tragó saliva—. Le di GHB. con
Los brazos de Vik se aflojaron. Podía oír el rugido imp
procedente de su garganta. oten
Sasha dijo con desprecio, con los ojos cia
bajos, disgustado: que
—Nas, llévala a casa. Ani, necesitará tu su
ayuda. cab
eza
La sangre rugía en mis oídos mientras decía entre dientes: colg
—No le quites la ropa, Nas. aba
Era una advertencia y conociendo a Pox, no se atrevería a ir haci
en mi contra. a un
lado, con los ojos parcialmente abiertos, pero claramente no
viendo nada. Una capa de sudor cubría su frente, y tenía un gran
chupetón en el lado de su cuello.
Mi sangre ardía.
¿Este hombre pensó que tenía derecho a
tocar a mi Ratón? Nadie tenía derecho a
tocar a mi Ratón.
La encontré, y voy a conservarla.
La idea me sorprendió. No supe eso hasta este momento,
hasta que creí que estaba en peligro real. 118
8
GHB: Es una sustancia depresora del Sistema Nervioso Central,
se conoce vulgarmente como: éxtasis líquido, aunque produce un
estado contrario al éxtasis. Utilizado antiguamente como anestésico
general. Consumir alcohol con G.H.B. puede llevar a una sobredosis
aunque la cantidad haya sido relativamente pequeña.
Quería a Mina.
La quería más que a nada, pero era tan frágil en este
momento. Esperaría hasta el momento adecuado.
Ella sería mía.
Le mostraría que la vida conmigo podía ser buena. Le haría
ver más allá de mi parte dañada, la haría ver lo poco bueno que
tenía dentro. No podía darle romance, u ofrecerle matrimonio. No
podía darle más de lo que tenía para dar. Pero se lo daría, lo que
necesitara. Se reiría y sonreiría como la madre que amaba, y
sería feliz conmigo. Lo juré allí mismo.
119
Los tres nos quedamos a solas con Jeremiah, flexioné mis
manos, troné mis nudillos.
Vik sacó algo de su bolsillo y me lo entregó.
—Diviértanse, ustedes dos.
Hizo un gesto a Sasha y, a regañadientes, salió detrás de
Viktor, dejando el destino de Jeremiah en mis manos.
Jeremiah me miró desde su lugar contra la pared, con los ojos
muy abiertos.
—Lo siento.
—No, no lo haces —respondí mientras me ponía las
manoplas en los dedos de la mano derecha—. Cuando haya
terminado contigo, lo harás.
Tomó una hora completa aliviar mi furia. Con cada grito y
gemido que sacaba de la excusa repugnante de hombre, mi rabia
menguaba.
Mientras mi calma llegaba, Jeremiah encontraba el miedo.
Y con cada golpe, patada, y cabezazo, Jeremiah descubrió
cómo se sentía el arrepentimiento.
Traducido por âmenoire
Lev
Mina
Mina
Ivy
. Le sonreí a la mujer.
—Ahora tiene a Annabel.
Mírela negó con la cabeza ligeramente.
—No —observa—. Ahora tiene a Mina.
Y así es como llegó a ser la pequeña Mina.
Lev bajaba ocasionalmente y desconsideradamente interrumpía mi
tiempo con
su hija, frecuentemente colándose en el almuerzo o comiendo con
nosotras.
Un hombre agradable con cicatrices de viruela en la cara a
quien los chicos llamaban Pox vino cada día de esa semana a
revisarme. Cuando le pregunté si era doctor, todos parecieron
evitar la pregunta.
Él me dijo que no parecía que hubiera ninguna secuela como
resultado de la droga. Estaba feliz de escuchar eso, no es que
estuviera preocupada. Tomé a Lev de la mano lastimada y lo
senté, obligando a Pox a revisar su dedo. Lev trato de discutir,
pero no estaba escuchándolo.
Todos parecieron aturdidos de que Lev permitiera que el
hombre lo revisara, incluyendo Sasha. Pero se sentó en silencio
con mi mano en su hombro y dejó al doctor limpiar y poner cinta
en sus dedos, dejándome satisfecha.
Pedí un momento en privado con el doctor y, reticentemente, estu
Lev me vio acompañarlo a su coche. Tan pronto como estuvimos viste
lejos de oído, me aclaré la garganta. un
poc
—Quiero agradecerle por
o
revisarme esa noche. Él sonrió des
ligeramente. nutri
da
—No fue nada. Pero tengo la sensación de que no me trajiste por
aquí afuera para agradecérmelo. un
—No. —Me reí nerviosamente—. tiem
po.
Supongo que no. Notó mi Per
incomodidad y trató de suavizarla. o
algu
—Mina, lo que sea que me digas será confidencial. Lev podría
nas
golpear la mierda fuera de mí y no se lo diría.
vec
Me reí en serio entonces. es,
—Suena como algo que en
rara
él haría. Su sonrisa
s
cayó. oca
—Mina, cuando Jeremiah… —se detuvo y habló en voz sion
baja—. ¿Te lastimó? es,
las
—¡No! —Di un grito apagado, poniendo una mano en mi muj
pecho—. No de esa forma, no. Pero esto es acerca de eso, de eres
hecho. —Me rasqué el brazo, avergonzada—. No he tenido mi no
periodo desde hace meses. se
Él se apoyó contra su coche. dan
—¿Hay alguna posibilidad de que pudieras estar cue
embarazada? nta
y
—No —murmuré—. ¿Pero y si Jeremiah me lastimó? ¿Pude
pue
haber quedado embarazada?
den
Pox hizo un sonido de hmm. que
—Bueno, estoy suponiendo que dejaste de menstruar porque dars
e embarazadas, así que a pesar de que no me inclino a dar un sí
definitivo, tampoco te diría que no.
Eso golpeaba demasiado cerca de casa.
—No estoy tomando ningún anticonceptivo.
—Ah. —Sonrió—. Así que de eso se trata. —Se enderezó—.
Hay un puñado de opciones. Como sea, si estás un poco
abrumada o trabajas por la noche en un club para caballeros y
es posible que olvides tomar la píldora —me guiño—, te
recomendaría un implante. Hay uno, una pequeña barra, que es
injertada en el brazo después de insensibilizarlo, y dura casi tres
años. Es extremadamente popular en mujeres jóvenes. 130
Ante mi esperanzada mirada, negó con la cabeza.
—No te recomiendo ponértelo hasta que tengas la —
oportunidad de ganar algo más de peso. N
o
Inmediatamente discutí. e
—¡Ya he ganado cinco kilos! s
Bueno, casi. Cuatro con ochocientos, n
a
para ser precisos. Él sonrió d
amablemente. a
.
—Me gustaría verte agregarle otros cinco —ante mi mirada, —
se inclinó—. Tres más, por lo menos. N
Me dio su tarjeta y me dijo que lo llamara cuando estuviera o
lista. Agarré la tarjeta ansiosamente, escondiéndola en mi s
sostén. o
n
Más tarde esa semana, me estaba desvistiendo para
a
ducharme cuando Lev entró. Por la mirada de sorpresa en su b
rostro, dudaba que hubiera sido deliberado. No lo juzgaba. a
También estaba sorprendida. Ser atrapada en nada más que en c
tus bragas blancas te hacía eso. o
Abrí la boca para gritar “¡Sal de aquí!” pero sólo salió un n
chillido. Cuando sus fríos ojos cafés escanearon mi cuerpo, v
levanté los brazos para cubrir mis pechos desnudos, habiéndome i
olvidado momentáneamente de los moretones rojos esparcidos n
por ellos. c
e
Estaba avergonzada. Mis mejillas ardían. Mis pechos eran
n
pequeños. Parecía un niño pequeño más que una joven mujer.
t
Yo nunca, jamás, sería una de esas mujeres que estaban e
cómodas con su cuerpo. Siempre tuve problemas de confianza. .
No han mejorado con la edad. L
Entonces él habló y estaba mortalmente quieto. evan
—Él te hizo daño. —Sonaba como una tó
amb
acusación. Dirigida a mí. Alcanzando la toalla, as
me cubrí con ella. man
os,
cerró los ojos y las paso por encima de su rostro, deslizándolas
hacia atrás para masajear sus sienes.
Parecía listo para explotar.
—Voy a matarlo —murmuró.
Entonces dejo caer las manos, golpeó la puerta con su mano
buena y gruñó:
—¡Voy a matarlo, joder!
—Lev —susurré asustada.
Cuando salió como una tormenta del baño, lo perseguí
sosteniendo la toalla. 131
—¡Lev! —Mis piernas temblaron ante el miedo, pero logré
bajar las escaleras hasta el pasillo para alcanzarlo. Me crucé
en su camino—. ¡Lev detente!
Él trato de moverse a mi alrededor, pero levanté la mano habi
que no sostenía la toalla. taci
ón,
—Por favor, detente.
se
Gruñó con fuerza y retrocedí. Mi voz baja temblaba tanto aco
como mi mano. stó
—Lev, me estás asustando. en
la
Eso pareció golpearlo. Sus ojos recuperaron su enfoque y,
cam
jadeando, miró a mis ojos como platos y a mi cuerpo tembloroso.
a,
Sus puños se aflojaron y en su cara apareció una mirada de dolor.
enfr
—Lo siento. entá
Estaba de ndo
me,
regreso. y
Mi Lev estaba de regreso. sost
Mi corazón se aceleró y me lancé hacia él, envolviendo mis uvo
brazos en su cintura, poniendo mi cabeza contra su enorme mi
pecho. Apreté mis ojos cerrados y lo abracé fuerte. man
o
—No necesito que golpees a cada persona que me hace algo dura
malo, Lev. —Mi mano, en su espalda, sujetó su camisa nte
acercándolo más—. Sólo necesito que seas Lev, ¿está bien? casi
Hablé contra su pecho. una
—Cuando las personas me hagan cosas de mierda, eso es lo hora
que me ayuda. — Levanté la mirada hacia él, mis ojos brillando— .
. Tú ayudas. Solo tú. Y
Bajó la mirada hacia mí, con la confusión llenando su hermosa a
cara. l
g
—No dejaré que nadie te haga ninguna mierda, Mina. o
—No. —Sacudí la cabeza—. No puedes detener a las m
personas de hacer lo que van a hacer, dulzura. —Tragué duro— e
. Pero después, si pudieras sostener mi mano, eso sería lindo. d
e
Él no se apartó.
c
Quitó mi brazo de su alrededor, me llevó de regreso a la í
a que Lev lo necesitaba más que yo.
***
132
Era mejor que nada. Ni siquiera tuve que pensarlo. Brinqué haci
ante la oportunidad de dejar la casa. Me estaba volviendo loca. end
o.
Usando pantalones negros y una camiseta blanca con un
Esp
elefante dorado impreso al frente, me puse en mis sandalias
ecial
planas de tiras, tomé mi abrigo y me reuní con él en la cocina.
men
Anika y Vik ya estaba ahí esperando a Lev. Vik se acercó y te
me dio un abrazo de oso, su enorme figura comiéndome entera. cua
Por su apariencia, nunca supondrías que Viktor era el necesitado ndo
del grupo, con todos sus tatuajes. Su cuerpo era su propio lienzo sus
para decorar. ojos
Anika, como sea, me miro como si estuviera lista para se
romperme en cualquier momento. fijar
on
—¿Vas a trabajar esta noche? —preguntó ansiosamente.
en
Luego agregó en un tono cauteloso pero condescendiente—.
mi
¿Estás segura de que estás lista?
man
Quería abofetear a o
la perra. En su lugar, sobr
e la
sonreí. cara
—No, no voy a trabajar hoy. Sólo estoy volviéndome loca por de
estar encerrada en esta casa. Así que estaré observando esta Vik.
noche. —Para beneficio de Anika, agregué—: No te preocupes. E
Lev va a cuidarme. ll
Vik sonrió. a
l
—Yo te cuidaré Mina. —Me guiñó—. Sostendré tu mano y
o
todo.
c
Incliné mi cabeza hacia un lado, haciendo un puchero, acuné u
su cara y canturreé. b
—Aww Vik. Ahora, ¿por qué querría que hicieras eso? — ri
Guiñé—. ¿Quién sabe dónde habrá estado esa mano? ó
r
Nas entró por la puerta trasera en ese momento. Y por alguna á
razón, sentí como si me hubieran atrapado haciendo algo. Como p
una niña traviesa haciendo algo que no se supone que esté i
damente, burlándose de Vik como lo hace normalmente.
—Ewww. No toques eso Mina. No sabes dónde ha estado.
Pero Vik claramente no estaba de humor para Nastasia. Supe
esto, porque me tomo por la cintura, llevándome hacia él, y
montando todo un espectáculo poniendo su mano en la parte baja
de mi cadera. Me miró directamente, bajó su cabeza a mi oído y
entonces fingió susurrar:
—No la escuches. Nos escaparemos juntos, follaremos en
cada playa del país, y tendremos hermosos hijos juntos.
Anika casi se ahoga del disgusto: 133
—Jesucristo, Vik. Cuida la mierda que estás hablando. Mi c
boca estaba abierta y todo. u
Nas, parecía herida. No entiendo el porqué. Ella tenía que a
estar acostumbrada a su forma de hablar.
l
Pero Nas era mi amiga, y eso significa ponerme de su
lado, incluso si estaba equivocada. Podría hablarle claro en q
privado, pero con público, cubro su espalda. u
Golpeando mi trasero contra sus muslos, bufé.
i
—He estado en la basura Vik. No soy quisquillosa cuando
e
hablas de comida. — Me volví hacia él y agregué—: Y aun
así no quiero comer tu polla. r
Escuché a Anika romper a reír mientras Nas bufó ante m
eso, y Vik sonrió orgullosamente hacia mí.
a
—Eso es lo que llamamos una quemadura.
n
Desafortunadamente cuando Vik se agachó para besar mi
frente, Lev entró. Hubo un momento de tensión construyéndose e
en la habitación mientras los ojos de Lev se fijaban en las manos r
de Vik en mí. Tenía esa mirada en sus ojos, la que había
conocido hacía unos días, y sabía que tenía que intervenir. De a
otro modo, Lev golpearía a su amigo de la infancia. Era protector .
conmigo. Lo tengo. Lo entiendo. Es lo que hacen los amigos.
S
Tomándome un segundo para controlarme, me alejé de Vik y
lentamente caminé hacia Lev, levantando la mano con palma a
hacia afuera, comunicándome con él en silencio. b
Miró hacia abajo a mi mano y después a mis ojos. Los e
ásperos bordes de su rostro se suavizaron y tomó mi mano sin
una palabra, apretándola. El gesto dijo mucho más de lo que las s
palabras podrían. Yo sería su roca cuando su razón se alejara. l
Y él sería la persona que necesitaba para recordarme que ya no
o
estaba sola en el mundo. Una amistad perfectamente
imperfecta que de algún modo se había formado. Perder a Lev q
no era una opción. u
Él me encontró, y ya sea que lo supiera o no, era suya, de
e
dicen.
Quien lo encuentra se lo queda.
***
135
Sus ojos sonrieron de esa manera que tanto amo, y casi me —
caigo de mi silla, suspirando soñadoramente. S
Le pregunté a Lev si quería que rellenara su bebida. Dijo que í
no. No creo que se diera cuenta de que quería ir a visitar a Nas
detrás de la barra. Seguí dándole pistas, diciéndole lo sedienta ,
que estaba. Siguió frunciendo el ceño, diciéndome que le hiciera l
señas a Anika.
o
No hay manera de ser discreta con Lev. Es todo o nada.
Finalmente escupí: s
—En verdad quiero hablar é
con Nas. Su frente se .
arrugó: —
—¿Porque no lo dijiste simplemente? F
—Porque estoy cansada —murmuré y me desplomé en mi u
silla. i
Él resopló, y, me gustaría creer que hizo lo que era la
d
versión de Lev de una risa.
Asintió hacia el bar. i
—Puedo verte desde aquí. Quédate a la vista. r
Me enderecé, inclinándome por encima de mi silla y e
mostrando mi entusiasmo.
c
—¿En serio? ¿Prometido? ¿No bromeas?
t
—Ve —murmuró de un modo aburrido, pero sus ojos dejaban
ver que se está riendo. a
—¡Yupi! —animé mientras me apresuraba hacia el bar. a
Quiero joder a Nas, lo he estado planeando durante días. El e
episodio de esta noche con Vik encaja perfectamente con mi
malévolo plan. l
Acercándome al bar, me senté en una esquina oculta y l
esperé. Cuando se acercó, farfulló: o
—Que mierda de noche. Ni siquiera merece tener al equipo
—
completo para esta pobre multitud.
. Así que, ¿qué puedes decirme de Vik? Ella se dio la
vuelta hacia mí, estrechando sus ojos.
—¿Por qué quieres saber acerca de Vik?
—No lo sé. —Actué despistada—. Es
sexy, sin duda Entonces planté la bomba.
—Y ahí está esa cosa de hoy. No lo sé, pero creo que
tenemos algo de química. — Me incliné hacia adelante y
sonreí—. Creo que le gusto.
Quiero romper a reír por la manera en que la cara de Nas se 136
volvió roja brillante.
Apretó sus dientes y habló a través de ellos.
—Él no es todo lo que aparenta
ser Mina. Me encogí de
hombros.
—
—¿Quién soy yo para juzgar? —Me apunté a mí misma—. A
Chica sin hogar… s
¡hola! í
e
Sus fosas nasales flamearon. s
l
—Él no es tu tipo. a
v
—¿Quién puede decir cuál es mi tipo? Además, no i
necesitamos ser el tipo del otro para rascar una picazón. —Usé d
a
mi codo para empujarla y le di con un guiño falso—. ¿Sabes lo ,
que quiero decir? q
u
Esa fue la gota que colmó el vaso. e
ri
Nas plantó las manos en la barra, se inclinó hacia mí y d
espetó: a
.
—¡Mantente alejada de Viktor!
Misión completada, rápidamente me salí del personaje,
incliné la cabeza hacia atrás y comencé a reír.
Nas me miró, confundida por un segundo antes de captarlo.
Pareciendo un poco molesta con ella misma, negó con la
cabeza lentamente.
—¿Quién te lo
dijo? Sonreí
victoriosamente.
—No importa quién me dijo. La pregunta es, ¿por qué
no me lo dijiste? Su cara cayó. Parecía triste.
—Es complicado Mina.
—¿Complicado de un modo el hombre que amo duerme con otra
mujer? ¿O el hombre que amo tiene problemas con el compromiso?
—Ninguno de los dos —me calló, sus ojos brillando—. Son
del modo el hombre que amo no me ama.
Mi sonrisa cayó. Eso apestaba.
—Eso apesta —le dije, mi corazón
se rompió. Ella sonrió tristemente.
137
Traducido por lauuz
Mina
ceño.
—La vida no es justa, niña. —Me miró—. Tú de todas las
personas deberías entenderlo.
Me había quedado sin opciones, sola.
—Lev —imploré—. Por favor. No la dejes ganar. Ella es sólo
una mujer ¿Cuánto poder puede tener?
No estaba preparada para lo que
sucedió después. Lev se levantó.
Entonces me gritó.
A mí.
—¿Qué diablos quieres que diga Mina? ¿Qué caiga de
rodillas por complacer a la madre de mi hija? —Jadeó—. ¡Sí! Lo
hago —Se alejó—. Tengo mis razones, y no le debo
explicaciones a nadie, ciertamente no a ti.
Él dijo “a ti” como si fuera asqueroso. Como una molestia.
Como si no fuera digna de una explicación que incluso yo sabía
que no merecía escuchar.
Eso me trajo de vuelta a la
realidad. Yo no era nada
para Lev Leokov.
Y aun así, él era mi todo.
Un poco después del mediodía, después de que Lidiya y
Mirella se marcharon, me fui arriba con la cola entre las patas.
Debí haber sabido que era un momento difícil para Lev, y lo
empujé demasiado. Estaba segura de que se necesitaba mucho D
para hacer eso, y me sentía como la mierda. esp
Parada cerca de la puerta abierta, me asome. Lev, vestido en ués
de
su usual uniforme de un traje de tres piezas, yacía en la parte
mi
izquierda de la cama, su antebrazo cubriendo sus ojos. Era
desgarrador verlo tan perdido. siest
a,
Caminé hacia él, arrodillándome a su lado y hablando desde me
el costado de la cama. leva
—Oye —comencé gentilmente. nté
Estirándome, alejé la mano que cubría sus ojos. Él lo permitió, y
volviendo la cabeza a un lado para mirarme. Sus cálidos ojos me
color miel estaban llenos de tristeza. Apreté su mano. duc
hé,
—Oh dulzura —lo consolé—. Lo lamento tanto. Soy una prep
idiota. No lo pensé. arán
Él parpadeo hacia mí un momento. Y cuando habló, supe que dom
estaba perdonada por mi descuidado comentario en una e
situación que no lo ameritaba. para
—¿Sostendrías mi mano? la
noc
No necesité que me lo dijera dos veces. En lugar de moverme he
al otro lado de la cama, me levante y trepe encima de él, que
cubriendo su lado derecho, mi pierna derecha por encima de su me
cadera, y tomando su mano izquierda entre la mía, entrelazadas, esp
palma con palma. erab
Su brazo derecho me rodeó, sosteniéndome cerca, y su mano a.
frotaba mi espalda. Un suave suspiro se me escapó mientras Cua
descansaba mi cabeza en su hombro, mis ojos cerrándose con ndo
satisfacción. Nunca había estado más cómoda en toda mi vida. regr
Y esa fue la razón de que me quedara dormida acurrucada esó,
contra Lev Leokov. mi
maq
uillaje estaba listo y mi cabello, recientemente alisado, flotaba en
mi espalda. Iba vestida de punto en blanco y lista para el club,
pero Lev negó con la cabeza. Parecía que no me quería en el
club esta noche. No le ruego. No rogaría. No era la manera en
que hacia las cosas, no normalmente.
En lugar de eso, lo intenté siendo honesta. Caminé hacia él,
metí mis dedos en sus bolsillos delanteros y miré hacia su cara.
—Has tenido un día difícil. Déjame estar ahí para ti esta
noche. Si sientes como que quieres golpear cabezas, todo lo que
tienes que hacer es alcanzarme y tomar mi mano. —Lo sorprendí
un poco. 140
Pensó en ello. Está
en
Su respuesta es queda:
todo
—Está bien. s los
Me gustó esa respuesta. Se lo demuestro estirándome y para
acunando sus mejillas, tirando de su cabeza hacia abajo para bris
poder besar su frente. as.
Rec
Llegamos al club después de las siete. La multitud siempre
ogí
tarda un rato en animarse. Cuanto más anochece, más lleno
todo
se pone.
s los
Esta noche, la multitud escasea como la que
noche anterior. Lev, viendo lo mismo que pud
e
yo, comenta: pero
—Algo está pasando. …
Fruncí el ceño, asintiendo completamente de acuerdo. Algo —
tiene que estar pasando. Nunca había visto el club tan vacío Se
desde que llegué. Comparado con el día que robé la cartera de enc
Sasha, esta multitud era vergonzosa. ogió
de
Fue entonces cuando Birdie se acercó, pareciendo un tanto hom
ansiosa. bros
—¿Puedo hablar contigo? —.
—Por supuesto —respondió Lev. Algu
nas
Su nerviosismo creció mientras juntaba sus manos. pers
—Creo que deberías llamar a Sasha. Nas está en camino. ona
Necesito que todos escuchen esto. s las
Lev hace lo que le pide, saca su teléfono y llama a su tom
hermano fuera de su oficina. Nas llegó y se sentó en el brazo de aron
mi silla. Cuando Sasha llega, habla amablemente a Birdie. ante
s de
—Pequeña ave. ¿Por qué estás tan preocupada? que
Ella buscó en el bolsillo de sus jeans, sacó una pieza de papel pudi
y se la extendió a Sasha. era
—Encontré esto en mi coche cuando salí de mi descanso. quit
arlas.
Sasha desdobló el papel, leyó en silencio, y entonces
maldijo en voz baja. Su mandíbula se apretó, y
extendió la nota hacia Lev.
—Creo que acabamos de descubrir a dónde se han ido
todos nuestros clientes. Nas y yo nos inclinamos por
141
encima de la mesa para leer con Lev.
Mina usar
inter
—Si crees por un segundo que estás en peligro de ser net,
atrapada, voy a entrar — murmuró Lev mientras conducía. Vik y
permanecía en silencio en el asiento trasero. des
carg
Sonreí ante lo protector de su tono.
ar
—Lo tengo. aplic
—Asegúrate de tener tu teléfono cerca todo el tiempo — acio
insistió. nes,
y
Palmeé con una mano encima del bolsillo delantero de mis
prob
jeans por sexta vez desde que comenzamos nuestro viaje.
able
—Aun aquí —le dije. men
Lev me sorprendió esta mañana con un nuevo teléfono móvil. te
Era de esos vistosos con grandes pantallas en los que podías avis
ar cuando estuvieras a punto de ir al baño.
Era sofisticado.
143
Pasó toda la mañana enseñándome a usarlo. Para el final de
esta, sabía más que lo básico. Aun no entendía lo que eran las
aplicaciones, pero dijo que me lo explicaría otro día. Llamar,
responder, y mandar mensajes era lo suficientemente fácil de
recordar. Practiqué enviándole mensajes a Nas.
Yo: ¿Qué obtienes cuando cruzas una oruga con un
papagayo?
Nas: ¿Quién es?
Yo: ¡Un walkie talkie!
Nas: ¿Quién es? revi
Yo: Oye, eso fue divertido. Podrías al menos tener la sar
cortesía de reírte. la
Nas: ¿Quién mierda eres? grab
ació
Lev también se las arregló para conseguirme una
n
identificación, la cual explicaba por qué Nas me había llevado a
hast
sacarme algunas fotos tamaño carnet la última vez que fuimos al
a
centro comercial. No debería de haber estado sorprendida de que
que
tuviera todos mis detalles personales en ella, pero lo estaba.
salg
Sonreí.
as
—¿Cómo obtuviste esto, ganso escurridizo? de
Él se sentó en la mesa de la cocina, pareciendo complacido ahí
con mi reacción. y
este
—Conozco personas. —Eso
mos
estaba muy claro. Parecía tener de
contactos en cada industria. regr
eso
—También tengo una copia de tu certificado de nacimiento, en
tu tarjeta de seguridad social, y tu pasaporte. el
Bajé la mirada a la club
. Si
identificación. Mina
cree
Clarabelle Harris. s
La dirección que aparecía era… la de Lev. que
algu
No me preocupó por el porqué. Estaba segura de que lo hizo ien
porque tenía que dar una dirección que fuera válida, y había se
estado viviendo aquí por las últimas cuatro semanas y media. está
Estacionando a una cuadra, Vik trabajó rápidamente, fijan
poniendo la cámara de vigilancia que parecía un gran botón en el do
ojal de mi chaqueta, debajo de mi abrigo. El gran botón negro en
que apropiadamente dice que te estoy juzgando. ti,
Vik explicó. no
pien
—Esta no es una cámara en directo. No voy a ser capaz de ses;
sólo sal de ahí.
Ante mi nervioso asentimiento, sonrió.
—Simplemente siéntate, pide una bebida, y observa el
espectáculo, como harías con nosotros. No es gran cosa.
Agrego:
—Probablemente ayudaría que perdieras la cara de estoy
fuera de mi zona.
—Cállate Vik. —Golpeé su brazo alejándolo y él se rio.
Estaba lista para irme. Inclinándome por encima del
asiento, tiré de la camiseta de Lev y lo acerqué hacia mí. 144
—Oye, no te preocupes. Estaré de regreso en una hora, ¿de
acuerdo?
Él gruño, sin mirarme. Así que forcé su atención. actri
Acercándome más, presioné mis labios con brillo en su mejilla z.
suavemente. Tení
a a
—Estaré de regreso antes de que te des cuenta.
los
El beso de Afrodita me sorprendió. Por la manera en que los hom
chicos hablaban de él, me esperaba un hoyo, pero esto era bres
impresionante. com
El tema griego estaba estratégicamente colocado con largos iend
pilares blancos con delicadas flores y vides pintadas en ellos, o de
grandes mesas de madera intrincadamente diseñadas y sus
adornadas con dorado, ambos sofás decorados con el típico man
patrón de tela griego (en dorado, por supuesto) y el escenario… os
wow. Lucía como si hubiera sido diseñado en el dramático estilo cubi
de 1900, con cortinas de terciopelo rojo. erta
s de
Estaba impresionada.
brill
Hice lo que Vik me dijo. Pedí una bebida, tomé asiento y os y
encaré el escenario. Media hora después, el espectáculo mira
comenzó. Las luces se atenuaron y las lámparas se enfocaron ndo
en el escenario; las cortinas se abrieron y jadeé. fija
Cuatro hombres, preciosos y con las ropas rasgadas, usando men
pequeños pedazos de tela blanca encima de sus muslos, te a
mostrando la parte de arriba de sus traseros, sosteniendo a una sus
mujer envuelta seductoramente en un pequeño sofá atado a una brill
plataforma. ante
s
Cada hombre tomo una esquina de la plataforma,
pec
moviéndola sin esfuerzo. Era un gran espectáculo. hos.
La mujer, que tenía una máscara de plumas cubriendo su Ter
rostro, se la quito mientras los hombres ponían el sofá en el suelo. min
ó
—Jodan un pato —susurre. cua
Era ChaCha. Estaba vestida como una diosa griega. Ella, por ndo
supuesto, se presentó como Afrodita. Cha
Vi su espectáculo. Era una mezcla de temas, algo de Cha
desnudismo, drama y humor. No quería admitirlo, pero era buena volvi
ó a su cubierta de maquillaje.
Los hombres animaron mientras la cortina caía. Subió el
volumen de la música, y dos mujeres más tomaron el escenario
para presentar una rutina de tubo muy promedio. Había visto
mejores en Bleeding Hearts. Media hora después, otro
espectáculo tuvo lugar.
Estaba comenzando a ver por qué los hombres flotaban hacia
acá. Era diferente. La risa que los espectáculos proveían era
contagiosa y mejoraba la atmosfera del club en general.
No era de mala muerte, y hacía el ambiente más ligero,
145
menos sórdido. Desafortunadamente, estaba
comenzando a ver porqué tenían un ganador.
Había visto suficiente. Poniéndome de pie, me volví para haci
irme, pero casi fui arrollada por un hombre. Di un chillido, a los
estabilizándome antes de caer. El hombre se dio la vuelta. guar
dias
—Mierda, lo siento. —Sonrió
de
con disculpa. Oh, querido Dios. seg
Mi corazón saltó tan profundo que terminó en mi estómago. urid
ad
Los ojos del tipo del bar de sándwiches se estrecharon hacia
que
mí.
ape
—Oye, te conozco —me miró de arriba a abajo—. Eres la nas
chica sin hogar. se
Negué con la cabeza, tratando de parecer enojada porque me habí
estuviera llamando vagabunda. an
—No, creo que tienes a la persona equivocada. Lo lamento. acer
—Me moví para alejarme, pero atrapó mi brazo, haciéndome cad
retroceder. Era obvio que se había tomado algunas copas. Se rió o a
audiblemente. inter
veni
—Oh, vamos. Sé que eres tú, chica. Ningún hombre olvida un r.
rostro como ese. Les
—Se inclinó hacia mí—. Te vez mucho mejor. esp
—Quítame las manos de encima — eté
dije desdeñosa. Él chasqueó la enoj
ada.
lengua.
—
—Que mal que ya no estés hambrienta. —Sacudió la cabeza
¿
arrepentido—. Demonios, eres bonita. —Se agachó para hablar
directamente en mi oído—. Me estoy arrepintiendo de no haber E
aceptado tu oferta esa noche. Mi polla ruega por tu boca, muñeca s
—agregó—. ¿Qué haría falta para que la oferta estuviera de
vuelta? a
—Que el infierno se congelara, sucio idiota. —Lo hice a un s
lado tan fuerte como pude. Perdió el equilibrio, se cayó y toda la í
atención cayó sobre mí.
c
Cientos de ojos se volvieron hacia mí. Me ruboricé, mirando
omo dejan que los hombres traten a las mujeres en
su club? Entonces cometí un enorme error.
Me alejé, gritando fuerte:
—No, gracias. Llevaré mis asuntos a Bleeding Hearts.
146
Traducido por Mariandrys
Laredo
147
Traducido por Roxywonderland
Mina
149
9
Famoso cóctel sour que contiene Bourbon whisky, jugo de limón,
azúcar y, opcionalmente, clara de huevo. Se agita y se sirve
directamente o sobre hielo.
opuesto de Sasha. Vik se quedó de pie, mientras Nas se sentó P
en el brazo de la silla de Lev. ero
nadi
Me acomodé en la parte trasera junto a la puerta, sintiendo
e
frío y abrazándome.
esc
La filmación era superflua hasta que el acto comenzó. Al uch
segundo que ChaCha apareció, Nas escupió una cadena de ó.
escandalosas e imaginativas, maldiciones. Sasha lucía listo Esta
para dispararle a alguien. Llamada ChaCha. ban
Veinticinco minutos de filmación después, salté rápidamente muy
desde mi esquina. caut
—Eso es todo —comencé—. Me levantaré para ivad
os
irme en un minuto. Vik se dirigió hacía Sasha. por
—Es un espectáculo —expresó con un pequeño el
encogimiento de hombros, como si no fuese la gran cosa. alter
cad
Nas comentó sobre ello.
o
—Sí, es un espectáculo —comenzó—. Pero viste cómo suc
reaccionaron los hombres. Era positivo y brillante. No sórdido. Y edie
la manera que arreglaron el lugar —miró a Sasha—, lucía bien. ndo
Sasha asintió como si estuviese respondiendo a una pregunta en
no hecha. la
—Tenemos que mejorar nuestro espectáculo, mejorar pant
nuestra imagen. Vamos a perder más negocios si no les damos alla.
algo de qué hablar. —
Mientras la conversación sucedía. Estaba mirando el Que
reproductor, que aún reproducía el archivo, con mi cuerpo helado mal
por la ansiedad. En la pantalla, me acababa de levantar de la que
mesa en El Beso de Afrodita y estaba yéndome cuando… ya
no
—Oye, te conozco —se escuchó alto y claro—. Eres la esté
chica sin hogar. Toda la conversación se detuvo. Todos s
ham
los ojos se giraron hacía la pantalla.
brie
—Por favor, apágalo —rogué en un susurro, mi voz nta.
temblando. —
Mordí el interior de mi labio, mi corazón se aceleró—. Demonios,
eres bonita —mi garganta se cerró y mis brazos se apretaron
alrededor de mi cuerpo—. Me estoy arrepintiendo de no haber
aceptado tu oferta esa noche. Mi polla ruega por tu boca,
muñeca. —Lagrimas llenaban mis ojos y los cerré fuertemente,
quitándole la satisfacción de hacerme llorar por sus acciones una
vez más—. ¿Qué haría falta para que la oferta estuviera de
vuelta?
—Que el infierno se congelara, sucio idiota.
Escuché el suave sonido de alguien levantándose de su silla.
Sabía que estaba frente a mí incluso antes de que abriera mis 150
ojos. En su lugar, los mantuve cerrado aún más fuerte.
—Lo siento —le dije.
Me escuché en la computadora. —
Es
—¿Es así como dejan que los hombres traten a las mujeres
el
en su club?
due
Me encogí, golpeando mi cara con mis manos, sabiendo lo ño
que venía a continuación. de
—No, gracias. Llevaré mis asuntos a un
bar
Bleeding Hearts. Hablando a través de mis
de
manos, dejé salir un silencioso: sán
—Oh, Dios. dwic
h.
Escuché a alguien reírse quedo. Nas lo golpeó. Le
—¡No es gracioso! —lo acalló antes de que pudiera pedí
com
humillarme aún más. Sasha habló.
ida.
—Sé que no es gracioso. No me estoy riendo porque sea Me
cómico. —Su voz contenía una nota de burla—. Sí, ahí se dijo
van el resto de nuestros clientes. que
—Cállate, Sash —siseó Nas. Su voz se suavizó de gran le
manera cuando preguntó—. Mina, ¿conoces a ese tipo? chu
para
Negué con la cabeza.
la
Cuando Lev habló, sentí su furia. poll
—Dijiste que no había pasado nada. Eso no era nada. a.
Prim
Fue entonces cuando abrí mis ojos y, tristes como estaban,
ero,
se fijaron sobre Lev.
dije
—No quería que escucharas lo que dijo. que
—¿Por qué? —preguntó, bordeado de furia. no,
Mordí el interior de mi labio y hablé a través del nudo en mi pero
garganta …
—
—Porque lo que dijo… —Oh, Dios, estaba tan esc
avergonzada—. Es verdad apó
Sollocé, la primera de muchas lágrimas deslizándose por mí, de
realmente, roja mejilla. mí
una maltrecha respiración—. Pero estaba tan hambrienta, Lev.
Tan hambrienta —me apresuré—. Y cuando finalmente accedí,
me dijo que era demasiado tarde y me dejó llorando en la calle.
Bajé mi mirada al suelo.
—Él no consiguió su mamada. Y yo no conseguí nada que
comer —mi voz descendió a un susurro—. Ese fue el día antes
de que te conociera. Por eso robé la billetera de Sasha. —Alcé la
vista a través de mi borrosa visión para quedar atrapada por
Sasha. Mi susurro fue quebrado—. Estaba desesperada.
Nadie habló por un rato. No quería que nadie hablara. No
quería miradas de lastima. No quería simpatía. Quería irme a 151
casa.
—Está bien —murmuró Lev suavemente. —
Era casi como si leyese mi mente, porque se dirigió hacia los B
otros en la habitación y dijo: u
—Voy a llevar a Mina a casa. e
Incluso aunque no estaba pidiendo permiso, Sasha se lo dio
n
de la única manera que imaginé que pudiese.
—Sí, lo que sea. No es como si tuviéramos clientes a los que a
servir. s
Condujimos en un largo y cómodo silencio, estrechando ,
nuestras manos sobre la consola central.
c
Cuando llegamos a casa, nos preparamos para irnos a la
cama. Lev se desvistió completamente hasta quedar en bóxer, a
sin temor por deslumbrar mis suaves sensibilidades, y yo me r
vestí con mi “horrible” pijama amarillo. Lev le puso el seguro a
i
la puerta del dormitorio, abrió el sofá, se acostó y apagó su
lámpara. Mi lámpara siguió su ejemplo mientras me subía a la ñ
gigantesca cama tamaño King. o
Me quedé recostada allí un tiempo, incapaz de poder
.
ponerme cómoda o conciliar el sueño.
Tomó una larga y severa charla mental, pero tomé mi —
decisión. M
Me deslicé fuera de la cama, me dirigí hacia el sofá-cama y i
me subí sobre el colchón. No fue ni un poco sorprendente de que
Lev hubiera predicho mi movimiento, y hubiera apartado las s
sabanas para dejarme entrar. Me acurrucó, envolviendo un brazo o
alrededor de mi cintura y jalándome hacia su cálido y fuerte
j
cuerpo.
o
Su esencia era cálida y masculina. Estaba calentito, y su duro
cuerpo rodeo el mío. Me calmó. La comodidad de llego s
inmediatamente y bostecé. s
Sentí los labios de Lev presionados suavemente en la base
e
de mi cuello.
—Buenas noches, Mina. v
olvieron pesados, y rápidamente, caí dormida. Dormimos de
esa manera hasta el amanecer.
A la mañana siguiente, mientras salía del baño vestida con
mis pantalones de yoga negros y mi camiseta de un hombro
caído blanca, me vi obligada a detenerme porque Lev que estaba
sentado al borde de la cama, esperándome.
Cepillando mi cabello húmedo, sonreí suavemente frente a la
visión de él en sus pantalones de ejercicio, camiseta y sudadera.
—Buenos días.
Arqueó su ceja, se puso de pie y caminó hacia mí, con una 152
pequeña caja turquesa en sus manos. Sus pasos eran pesados
y había un decisivo brillo en sus ojos cuando se detuvo a
centímetros de mí. Entonces supe lo que iba a suceder a
continuación.
Lev se inclinó y se acercó, y pude aspirar su cálida y
masculina esencia, cerré mis ojos, esperando el beso que había
deseado toda mi vida.
Me puse de puntillas con mi rostro estirado, lista para recibirlo.
Este beso sería el beso con el que juzgaría a todos los demás.
Lo sentía en lo profundo de mis huesos. Este beso sería decisivo.
Este beso me llevaría al límite y por fin caería enamorada de Lev
Leokov.
Este
beso… 153
Nunca
ocurrió.
Sus manos se deslizaron, ligeramente, anudando algo
detrás de mi cuello. Miré hacia abajo.
Un ancla de plata en una larga y delicada cadena de plata se
encontraba posada sobre el valle entre mis pechos. La decepción
de no ser besada se disipó, pero solo ligeramente.
—No es mi cumpleaños —le dije.
Resultó que no necesitaba un beso decisivo para caer
enamorada de Lev Leokov.
Sabía eso, porque lo que dijo después selló el asunto.
—Esto es por todos los cumpleaños que te has perdido. —Se
acercó para acariciar el colgante de ancla, su dedo rozando,
accidentalmente, la parte superior de mi pecho—. Por los
cumpleaños que no fueron reconocidos como deberían haberlo
sido.
Mina
hermano? a
No se parecían en nada. v
Retorcí mis manos en nerviosismo y le dije: o
—Dura más. z
Asintió comprensivamente y comenzó a escribir en su d
ordenador.
é
—No los tenemos a mano, por supuesto. —Mi rostro cayó,
pero ella prosiguió—. No me preocuparía por eso. Te daré una b
receta y te enviaré al lado. La farmacia tiene muchos. —Suspiró i
alegremente—. Tengo que decirte Mina, no me gusta hacer estas
cosas con prisas. En un escenario normal, haríamos un examen l
completo, un papanicolau, y exámenes de enfermedades ,
sexuales antes de insertar el DIU.
h
Me miró amablemente y preguntó:
a
—¿Supongo que no volverías en
blé.
—Preferiría que no. Los doctores me
ponen nerviosa. Asintió
comprensivamente.
—Entonces de acuerdo.
El rostro compasivo, habló suavemente:
—Pero no puedo hacer mucho sin un chequeo interno.
Sabía que eso vendría. Claro que tendría que mirarme ahí
abajo. Era donde sucedía todo el asunto. 157
La doctora Henley me llevó detrás de una cortina,
indicándome que me quitara los vaqueros y las bragas antes de
poner una sábana sobre mi mitad inferior. Hice lo ordenado con
tranquilidad sabiendo que Nas estaba a un grito de distancia.
El examen fue corto y relativamente indoloro y, satisfecha con S
el resultado, la doctora Henley me dejó vestirme, dejando un vaso o
de agua y dos analgésicos en la mesita. Las tomé, salí, y ella
escribió en un papel que me dio. n
159
Dejó la caja en la mesa. La abrí con manos temblorosas y S
me metí dos en la boca, tragándolas en seco. Nas me a
chasqueó la lengua.
c
—¡Mírate! No haces caso, y ahora estás inutilizada. No
trabajarás hoy. A la cama. u
Pero Lev seguía con: d
—¿Qué médico? i
Nas se apiadó de mí y le mintió. ó
—Es ese momento del mes de Mina. La llevé a una clínica l
a ver si hacían algo con sus dolores.
a
Esperaba que se contentara con eso como la mayoría de los
hombres. No me gustaba mentirle. En cambio, se arrodilló a mi c
lado y apoyó una mano en mi rodilla. a
—¿Y por qué no me lo dijiste? b
—Es vergonzoso. e
Gemí, masajeándome las sienes lentamente como mi madre z
hacía cuando me dolía la cabeza. Nunca se sintió igual cuando
ella se fue. Sólo era eficaz cuando alguien lo hacía por ti. a
Sacudió la cabeza, frunciendo el ceño. .
—No, no lo es. Eres mujer Mina. No puedes evitar —
menstruar. Es lo natural. — Luego me sorprendió aún más—.
L
¿Necesitas que vaya a la farmacia por ti?
Estaba dispuesto a ir a la tienda a comprarme productos de o
higiene femenina como si nada. l
Lev Leokov era la definición de un hombre. Se lo había a
ganado. Ciertamente se comportaba como uno. No como esos
nenitos que se encogían al oír “período”. m
161
Traducido por Whenshewasgood
Mina
ella.
Era un lindo día. Me hizo bien la caminata, ahora que ya no tenía
dolores de
parto fantasma. El aire era fresco y el sol calentaba. Sonreí hacia el
cielo.
Subí las escaleras, toqué el
timbre y esperé. Y esperé.
Y esperé un poco más.
Levantando mi mano, golpeé la puerta.
—Vamos, Nas. ¡Levántate!
Ella respondió a la puerta, parpadeando para quitarse el
sueño, su cara fruncida y su cabello alborotado en todas
partes, vistiendo un extravagante camisón.
—¿Qué demonios, chica?
Le sonreí, y sin esperar por una invitación, pasé a su lado.
—Estoy hambrienta y necesito café.
Su expresión se enfrió. Me giré hacia ella y la miré, comenzando
lentamente:
—De hecho vine aquí para saber a
dónde se fue. Ella encogió sus
hombros, bostezando.
—No lo sé, no soy su cuidadora.
Mordí la parte de interna de mi labio, mi nariz frunciéndose.
—Sí —balbuceé, sonando desilusionada—
. Yo tampoco. Nas rodó sus ojos.
—Lo que sea. Ve y espera en la cocina. Déjame despedirme de mi
compañía.
Mientras ella caminaba de regreso por las escaleras, grité un poco
demasiado
alt
o: —¡Buenos días, Vik! 163
Encendí la máquina de café y serví dos tazas llenas
cuando Nas regresó a la
169
Traducido por Apolineah17
Mina
174
Esperé hasta las cinco cincuenta antes de caminar de regreso com
a la casa. Utilizando la llave que Lev me había dado, abrí la iénd
puerta principal y entré justo mientras Lev estaba bajando las olas
escaleras. porq
ue
Mi aliento me dejó en un silbido. Tuve la suerte de que me
esta
aferré a la manija de la puerta, o de lo contrario me habría
ba
encontrado tendida en el suelo desmayada.
ham
Lev había encontrado sus brie
vaqueros. Oh, habrase nta
y no
visto. era
Jesucristo, le quedaban como un guante. Su cabello bien muy
peinado, como siempre, no se había afeitado, dejando una exig
agradable barba de un día jugando en su mandíbula. El suéter ente
gris que llevaba, empujado hasta los codos, era ajustado y con .
estilo, y esos vaqueros negros… D
Oh, Dios. Se veía increíble. i
u
Mi corazón latió más rápido y mi lengua comenzó
n
a hincharse. Hacía calor aquí. Luché contra el p
a
impulso de abanicar mi rostro. Sonreí
s
tímidamente. o
—Hola. h
a
Sus ojos me devolvieron la sonrisa. c
—Hola. —En el último escalón, sus ojos recorrieron mi i
cuerpo—. Te ves impresionante, Mina. a
a
—Y tú… —Era sofocante aquí adentro—. En vaqueros. —Mis
d
ojos se ampliaron mientras sonreía y respiraba—. Vaya.
e
Sus mejillas adquirieron un tinte rosado. Se aclaró la garganta l
y preguntó: a
—No estoy mal vestido, ¿verdad? n
t
Dulces mantecadas, si se cambiaba esos vaqueros, lloraría e
durante la cena, derramando lágrimas en mi comida, y
y salí disparada:
—No, en absoluto. Te ves… —sexy como un caramelo—, muy
guapo, Lev — seguí—. No te cambies.
Estaba ligeramente avergonzada cuando dije:
—Me gustas en vaqueros.
Él me encontró en la puerta, estirando su mano. La tomé,
entrelazando nuestros dedos. Me miró.
—¿Lista?
Lev me condujo fuera de la casa y por los escalones de la
entrada. Dejé escapar un suspiro inquieto. 175
—Lista como siempre lo estaré.
***
Mina
10
faux hawk: Muy corto en los laterales y más largo en la parte superior.
Él estaba siendo innecesariamente insensible. Esto era todo sent
lo que yo conocía de Sasha. Miradas antipáticas y burlas crueles. iría
Me estaba desgarrando emocionalmente. Y eso apestaba, insul
porque finalmente estaba llegando a un buen lugar conmigo tada
misma. s
por
—¿Por qué estás siendo tan malo conmigo?
la
Al ver mi cara, su ceja se frunció con confusión. ofert
—Me malentiendes, Mina. No estoy siendo malo. Estoy a,
siendo honesto. A veces la verdad duele. pero
ten.
Mi autoestima había recibido el golpe más grande. Estaba a
—
punto de romper a llorar por la humillación.
Me
—Entonces, ¿estoy despedida? entr
—No —espetó sinceramente—. No. No despedida. Pero vas egó
a dejarnos. un
Renunciar. Vas a irte muy lejos y vas a dejar a mi hermano che
tranquilo. que
No. No lo haría. —
Cien
—No. No lo haré.
mil.
Sasha exhaló, larga y lentamente. Dos
—Sé que hay algún tipo de coqueteo entre ustedes. Es tierno. año
Pero tú eres algo que él no necesita en estos momentos. s de
sala
—¿Quién eres tú para decir eso? Tal vez deberías
rio.
preguntarle a él qué es lo que necesita.
Vas
Me hizo una mueca. a
—Escúchame. Irina te va a hacer trizas, chica. Ella no quiere ser
a Lev, pero tampoco quiere que nadie más lo tenga. Su objetivo cap
en la vida es hacerlo miserable. Tan pronto como estés en az
escena, él nunca va a recuperar a Lidiya. Es como ella quiere o de
nada. emp
ezar
—No te creo —le dije, incluso aunque parte
cóm
de mí lo hacía. Sacudió su cabeza hacia mí. oda
—No quiero insultarte. Pareces el tipo de mujeres que se men
te desde cero, encontrar un trabajo nuevo, y un apartamento muy,
muy lejos de aquí.
Sabía que esto estaba por venir. ¿Cómo no? Tomé el cheque
entre mis dedos y lo rompí por la mitad.
Echando humo, me levanté y caminé hacia la puerta,
deteniéndome mientras la abría.
—¿Cómo se siente, Sasha? ¿Cómo se siente que la chica
indigente, la mujer que no tiene nada, no acepte tu dinero?
181
Lo miré de arriba a abajo, sacudiendo mi cabeza con asco. —
¿
—Tu hermano es diez veces más hombre de lo que tú M
podrías llegar a ser, y si quieres que me vaya, vas a tener que i
sacarme en una bolsa para cadáveres. n
Él sonrió, divertido por mi arrebato repentino. a
—Cálmate, víbora. Eso no será ?
M
necesario. Levanté mi nariz.
e
—¿Eso es todo, Sr. g
Leokov? Él me ir
é
despidió con la y
mano. a
r
—Eso sería todo. r
Era difícil concentrarse después de la intervención de Sasha u
sobre mi relación con su hermano. ¿Por qué era cosa suya, de g
todas maneras? Lo que pasara entre Lev y yo debía quedarse u
sólo entre nosotros. No era el asunto de nadie. é
Mientras la noche llegaba a su final, Birdie y yo terminamos m
de cargar los vasos sucios en bandejas y las llevamos a la zona i
n
de atrás para cargarlos en la lavadora industrial. Limpiamos los
a
mostradores y las mesas y levantamos las esteras anti derrame
ri
de los limpiadores, que habían llegado después de que nosotras
z
nos hubiéramos ido. Charlamos y esperamos a que los otros
.
hubieran terminado para poder irnos en grupo.
—
Anika había desaparecido a la mitad del servicio y yo no había E
vuelto a verla. Mi suposición era que estaba enferma. s
Birdie y yo charlamos. Me reí con algo que me dijo cuando p
escuché: e
—¿Mina? r
a
Lev estaba parado detrás de mí. Le sonreí. u
—Solo un segundo, corazón. n
Birdie continuó con su historia y la escuché intensamente. s
egundo, Lev. La historia ya casi termina.
Birdie me llevó al crescendo de su historia y ambas rompimos
a reír. Luego repentinamente grité mientras me levantaban del
suelo y mi trasero golpeaba el mostrador.
No me tardé mucho en aprender que si Lev quería tu atención,
luchaba por ella.
Parpadeé, cara a cara con lev, sus manos a cada lado de mis
muslos.
—Hola.
Hizo una mueca de dolor.
182
—Hola.
Fue entonces que me di cuenta de que él estaba sintiendo tan
dolor, y mi corazón se arrugó. perf
ecto
—¿Qué está mal?
com
Él sacudió su cabeza pero habló a través de dientes o
apretados. este
—Dolor de cabeza. Me gustaría irme ya. .
—Está bien. —
¿
Levanté mis manos y toqué su cuello ligeramente con una
M
mientras pasaba la otra sobre su frente. Estaba un poco caliente.
e
—Pero antes, ¿puedo intentar algo? —Pasé mis manos por j
su cabello, usando gentilmente mis pulgares para que se o
movieran en círculo contra sus sienes. Gimió en voz alta. r
Cuando pensé que sería capaz de aguantar más presión, ?
presioné con más fuerza. Sus ojos se cerraron y sus labios se É
separaron mientras masajeaba sus sienes.
l
Sin advertencia, caminó más cerca, una arruga sobre su ceja,
encajándose en el espacio entre mis rodillas, enrollando sus g
manos alrededor de mi cintura y descansando su frente en el r
centro de mi pecho, gimiendo mientras yo seguía con mis
ministerios. u
Robaba mi atención con avaricia, y yo amaba cada instante ñ
de ello. Amaba que tomara lo que necesitaba de mí. ó
Lo besé suavemente en la coronilla y me sostuve contra él, m
mis piernas enrolladas contra su cintura. Después de un masaje
de cinco minutos, liberé sus sienes y envolví mis brazos i
alrededor de sus hombros, intentando no pensar en su e
entrepierna estando tan cerca de la mía.
n
Nos quedamos en ese abrazo por un largo tiempo después,
solo saboreando el cálido ardor que habíamos creado el uno en t
el otro. r
Después de un minuto, Lev levantó su cabeza, sus manos a
todavía sosteniéndome. Sus ojos somnolientos y su cabello
despeinado, yo no podía esperar más. No habría un momento s
asentía. Sonreí,
ahuecando sus mejillas.
—Bien.
Luego halé su cara hacia mí, encontrándolo a la mitad del
camino y presionando mis labios a los suyos en un suave beso
profundo.
Los brazos a mi alrededor se apretaron y me halaron más
cerca. Nuestros lugares de deseo se encontraron con toda la
fuerza.
183
Gemí, deslizando mis manos alrededor de su cuello y V
presionándome contra él, necesitando más de él. Mi cabeza ik
estaba nadando. Este era el beso que había estado esperando y lleg
mucho más. Esto era Lev en su forma más pura. ó
apre
Su mano se levantó y agarró mi mentón entre su pulgar y su
surá
índice, levantando mi cara para tomar más de mis labios. Su
ndo
lengua, caliente y suave, se sumergió dentro de mi boca y se
se,
encontró con la mía en un saludo delicioso.
sie
Ahí fue cuando el silbato sonó, seguido por un manojo ruidoso mpr
de gritos y risas. e el
Nos separamos, mirando a nuestro alrededor, encontrando paci
con que casi todos nos estaban mirando por todas partes en la fica
habitación, riéndose de nuestro espectáculo privado. Incluyendo dor,
a Anika. Y ella se veía lista para romper a llorar. sac
and
Mis mejillas flamearon, enterrando mi cara en el cuello de Lev,
o su
gemí con incomodidad. El peso de Lev se sacudió con lo que yo
braz
no creía que pudiera ser una risa silenciosa mientras pasaba sus
o
largas manos calmadamente por mi espalda. Después de todo,
frent
Lev no se reía.
e a
Demonios, él a duras penas sonreía. Sas
—¿Podemos ir a casa ya? —dije amortiguadamente contra su ha.
cuello. —
Manos fuertes agarraron mi cintura y me bajaron hasta el G
suelo. Envolví mi brazo alrededor de la cintura de Lev, todavía u
avergonzada y caminamos hasta el coche, despidiéndonos de la a
gente a nuestro alrededor, cuando alguien salió de entre las r
sombras. d
a
Lev me empujó detrás de él de una manera tan ruda que me e
asustó. s
—Laredo —gruñó. o
Sasha se apresuró hacia adelante, buscando en su bolsillo .
para sacar una pistola. Mis ojos se ampliaron. Sasha ladró: N
o
—Tienes agallas, anciano. v
as a matar a nadie.
Nas se acercó hasta pararse junto a mí. Levantó su nariz al
hombre que se paraba frente al coche de Lev.
—Tío Laredo.
El hombre mayor le sonrió.
—No me has llamado de esa manera en mucho tiempo,
Nastasia. —Se veía triste—. Te he extrañado.
Miró alrededor a Sasha y a Lev.
—A todos ustedes.
184
Espié alrededor de Lev al hombre llamado Laredo, y por la M
manera en que me miró, sentía tanta curiosidad por mí como yo i
la sentía por él. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, e
me volví a esconder detrás de la amplia espalda de Lev antes de r
susurrarle a Nas: d
a
—¿Laredo es tu tío? .
—Por matrimonio —explicó ella—. Laredo se casó con la É
hermana de mi padre, mi tía Alina. Ella murió joven. —Sonrió, l
pero era severa—. Luego tuvo una aventura con mi madre. l
o
Miré más allá de Lev, contemplé atónita, y le hablé al
s
hombre en cuestión.
a
—¿Lo hiciste? ¡Eso no está bien! b
Él se encogió de hombros débilmente. í
a
—Ambos nos sentíamos solos. —Miró a Nas—. Y si bien
.
recuerdas, yo fui el que terminó con todo y le llevó el tema a tu M
padre. e
Sacudió su cabeza. e
—Nunca quise herir a nadie. Nalya estuvo ahí para mí en el s
momento más triste de mi vida. Ambos nos aprovechamos de la ti
atención, y ambos lo lamentamos amargamente. Tu madre r
especialmente. é
y
Salí desde detrás de Lev y me paré a su lado. a
—Ella era una mujer horrible. g
a
Laredo miró a Lev y asintió con compasión.
r
—Sí. Estaba profundamente perturbada. r
Sasha había bajado el arma, pero todavía la tenía en su é
mano. l
a
—Oh, boo estúpidamente hoo. Esta es tu reunión familiar
m
normal —se mofó—.
a
¿Qué quieres?
n
Él levantó su mano y me señaló. o
—Verla. d
e Lev.
—Lo siento. No voy a volver a hacerlo.
Lev, pensando lo mismo que yo, agarró mi mano con fuerza.
—No fue su idea. Nos estás robando los clientes.
Necesitábamos saber contra qué nos enfrentábamos. Si
tienes un problema, resuélvelo conmigo.
Laredo se rió entonces.
—Ya veo. Eso es lo que estabas haciendo en Aphrodite.
Dio un paso más cerca, pero Lev me alejó de él. Laredo
sacudió su cabeza pero sonrió. 185
—Lo siento. Esto es bastante surreal —habló directamente L
hacia mí—. Te ves justo como alguien a quien conocí. e
v
—Yo no te h
conozco. i
z
Suspiró
o
tristemente. l
a
—No, supongo que no.
p
Me miró entonces, realmente me miró, y susurró: r
—Es como ver la cara de un fantasma. e
g
No estaba preparada para cuando sus ojos tomaron una
u
mirada distante mientras susurró: n
—Clara. t
Mis pulmones se a
q
apretaron. Mi madre. u
Él conocía a mi madre. e
y
Nas estaba tan impresionada como yo. o
—Mina, ¿no era ese el nombre de tu madre? q
Asentí, mirando a la cara sorprendida pero llena de u
esperanza de Laredo. e
r
—Sí, Clara era mi madre. í
Laredo dio un paso hacia adelante bajo la luz de la calle, y a
tuve la oportunidad de mirarlo bien. Era de estatura promedio. h
No muy atractivo, pero su sonrisa era encantadora. Tenía ojos a
marrones comunes con un simple cabello marrón cortado de c
modo laboral. Estaba usando un traje lindo, y tenía dientes e
buenos en la parte baja de su sonrisa. r
d
Me miró a los ojos y dijo genuinamente:
e
—Amé mucho a tu madre. Ella era mi mundo. Íbamos a s
casarnos unos cuantos años después de que mi Alina muriera d
pero… —Sacudió su cabeza. e
que mencionaron a mi madre.
—¿Estás diciendo que eres el
padre de Mina? Sasha murmuró
un irritado:
—Imagínenlo.
Laredo se rió entre dientes pero sacudió su cabeza.
—No. —Me miró a los ojos y se veía triste—. Pero quería
serlo. Lo habría dado todo para ser tu padre.
Mi garganta estaba seca. Llena de parches. Lamí mis labios 186
y tartamudeé:
—¿S-sabes quién es mi padre?
Él sonrió y se vio como algo que un chico de escuela travieso —
haría. A
t
—No diré más. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una u
tarjeta de negocios—. h
No diré más hasta que accedas a cenar conmigo. e
Lev gruñó, poniéndome a su costado. r
La ceja de Laredo se alzó mientras me pasaba la tarjeta. La m
alcancé y la tomé ansiosamente. Dijo con una mueca: a
n
—Escogiste al hermano correcto, Mina. Lev es un buen o
muchacho. Sasha… —se encogió de hombros—, no estoy ,
seguro sobre Sasha. Creí que lo estaba, pero… — Miró hacia p
el hermano enojado—. No, no lo sé. Ya no. o
Caminó hasta pararse frente a Nastasia y le sonrió con una r
gracia paternal. s
u
—He extrañado a mi bella boo. ¿Puedo tener un abrazo?
p
Ella se veía como si fuera capaz de dar su brazo derecho u
para lanzarse a su abrazo, pero siendo la chica ruda que era, e
bajó su cara y sacudió su cabeza. s
—¿No? —sonaba decepcionado, pero sonrió a pesar de t
ello—. Tal vez la próxima vez entonces. o
.
Laredo tomó mi mano libre y besó la parte de atrás antes
de caminar por la calle. A la mitad de su recorrido, se giró, S
haciendo chasquear los dedos. atisf
ech
—Espera, lo olvidé. o
Todos esperamos para escuchar lo que tenía que decir, con
sin saber que cambiaría mi vida para siempre. Sonrió mi
felizmente. silen
—Hay alguien a quien tienes que conocer. Espero que cio
cambies de opinión y vengas a vernos. pas
mad
Estaba confundida. o,
—¿Ver a quién? se
Su sonrisa se suavizó. giró
y continuó con su camino, sin ser consciente de que mi mundo
acababa de explotar a mi alrededor, llevándome a un vórtice de
ruido blanco.
187
Traducido por Adaly
Mina
Lev salió del armario, usando nada más que sus calzoncillos
grises oscuro.
—Hermanos no son siempre buena cosa.
Solté un bufido, a sabiendas que estaba hablando de la
experiencia con su propio hermano.
Se detuvo, mirando descaradamente a
mi cuerpo casi desnudo. Estaba
demasiado contenta sobre el descubrimiento de mi hermano
perdido para notarlo.
—Hace una hora, estaba sola en el mundo.
—Me tenías hace una hora —cortó Lev, sonando un
tanto contrariado. Dios, era dulce. Me estaba matando
con la dulzura.
No podía negarlo, aunque quisiera. Estaba tan enamorada
de Lev Leokov. Caminé hacia él y agarré sus manos.
—Lo sé, cariño. Y me encanta eso. Pero… —Me encogí de
hombros—. Esta es familia. Tengo familia.
Me di cuenta que no estaba seguro de cómo reaccionar con esta
noticia. Le dije:
—Estoy emocionada. ¿Podemos ir y ver a Laredo juntos, por
favor? —Necesitaba que Lev supiera que mis planes lo incluían—
. No iré si no vienes conmigo. —Apreté su mano—. Eres
importante para mí, Lev. Quiero compartir esto contigo. Solo
contigo.
Exhaló a través de su nariz. —
Mi
—Por supuesto que iré contigo. —Llevó mi mano hasta su
mad
boca y presionó un suave beso susurrado en mis nudillos.
re
Sonreí. solí
—Así que, estamos saliendo, a
hac
¿verdad? Asintió.
erm
—Sí, creo que sí. e
—¿Y puedo decir que eres mi novio? —Una sonrisa tonta eso
se extendió a través de mi rostro. cad
a
Su ceja se levantó, pero sus ojos sonrieron.
vez
—Difícilmente soy un niño11. que
Oh, cariño, si lo sabré yo. tení
a
—¿Y ya no tengo que llevar mi pijama a la cama? —
dolo
pregunté inocentemente. Se quedó inmóvil, fingiendo r de
desinterés. cab
eza.
—No, si no Sie
quieres. Suspiré mpr
e
con alivio.
func
—Gracias a Dios. ionó
Me acerqué a la cómoda, saqué una camiseta blanca, la .
deslicé por mi cabeza, y me quité el sujetador, tirando de él a S
través de la manga. ¿Lo bien que se siente quitarse el sujetador? o
—Ugh. Libertad. n
r
Lev cerró con llave la puerta de la habitación y nos metimos
e
en la cama, dejando la lámpara de mi lado de la cama encendida.
í,
Me giré hacia él, apoyando la cabeza en mi mano.
m
—¿Cómo está tu cabeza? o
Se sentó en la cama, su ancha espalda contra la cabecera. v
i
—Mejor. El masaje lo alivió un poco. Gracias. é
ndome para arrodillarme en la cama, acomodándome cerca
de él.
—Y ahora que estás mejor… —Levanté la pierna y
maniobrando, me senté a horcajadas sobre sus muslos. Sus
manos agarraron mis caderas con fuerza—. Me gustaría otra
dosis de ese primer beso, si quieres —solicité, mis manos
descansando sobre sus anchos hombros mientras bajé mi rostro
hacia el suyo.
189
11
Juego de palabras, Mina le dice que si le puede llamar novio: boyfriend.
Boy (niño) friend (amigo).
Besó mi sonrisa hasta que me desvanecí y todo lo que quedó —
era hambre cruda. Gemí bajo en mi garganta cuando sus manos P
en mis caderas me convencieron para que me sentara sobre su o
gruesa erección. Su rastrojo raspó ligeramente mientras sus d
labios carnosos calmaban la quemadura con besos que e
sacudieron los cimientos de mi mundo. m
o
Inconscientemente, mis caderas comenzaron una danza por s
su cuenta, moliendo mi sexo cubierto por las bragas sobre su e
rígida longitud. Gimió en mi boca, y jadeé en la suya. No pasó s
mucho tiempo antes de que usara sus manos para guiarme en p
un ritmo lento que tenía hechas a mis bragas un nudo. e
Quería jugar. r
a
Susurré en su r
boca. .
—Quítate los calzoncillos. L
Las manos en mis caderas se detuvieron y se apartó para e
mirarme. v
a
—Espera. n
—¡No! t
é
Estaba sexualmente frustrada. ¡Necesitaba su polla dentro
m
de mí, ahora!
i
—No, estoy cansada de esperar. He querido esto por r
semanas. —Lo besé, empujando mi pecho en el suyo—. No voy o
a esperar más, Lev. Ahora. s
Me devolvió el beso con todo lo que tenía, entonces beso t
ligeramente mis labios. r
o
—Lamento poner un obstáculo en tus planes, pero… —Su
y
ceja se levantó—. ¿No tienes la regla? l
—Oh. —Bueno eso malditamente apesta. Enterré mi rostro e
en el espacio en donde se reúne el hombro con el cuello y l
fingí un sollozo—. No. a
Pasó las manos por mi espalda con ternura. n
c
é una mirada de incredulidad.
—¿Por una semana? ¿Toda
una semana? Me besó en la
nariz.
—Esperaría diez años si me lo pidieras, Mina. —Sus ojos se
suavizaron—. Siento como que te he estado esperado toda mi
vida. Una semana no es nada en comparación.
Mierda.
Iba a llorar. En serio.
190
Mi garganta se espeso, susurré:
—Mierda.
Su expresión se tornó en pánico al ver mis pestañas
húmedas.
—Lo siento. Te dije que no soy bueno con las palabras. e
l
Envolviendo mis brazos alrededor de su cuello, presioné mis S
labios en los suyos. a
—Eres perfecto, Lev. Tus palabras son honestas y hermosas. h
Me haces sentir cosas que pensé que estaban perdidas para mí. a
Corro el riesgo de perder mi corazón por ti. r
No añadí “y eso me asusta hasta a
.
la muerte”. Apretó mis caderas
E
con sus grandes manos. n las
—Poco a poco. noc
hes
Asentí. Tenía razón. Poco a poco. com
Llegando al otro lado de la cama, apagué la luz y me acosté o
en el centro de la cama, esperando a que Lev tomara su lugar esta
detrás de mí. Ajustó su cuerpo con el mío, haciéndome la ,
cucharita dulcemente, pero la erección en el centro de mi espalda podí
estaba caliente y molesta. Podía sentir su enfado. a
En la oscuridad, susurré: cam
inar
—¿Quieres que me encargue de ese chico malo por ti? hast
El brazo que tenía a mi alrededor se apretó y repitió sus a la
palabras anteriores. coci
—Una semana, Mina. na
en
Ciertamente, una semana. Una semana de infierno.
el
—Está bien —hablé en voz baja—. med
Buenas noches, Lev. Movió mi cabello y io
de
besó la base de mi cuello. la
—Buenas noches, Ratón. noc
he,
o
*** podí
a ir
Necesitaba un vaso de agua. Mi boca estaba más seca que al
baño, abrir el grifo, y pegar mi boca debajo de este.
Elegí la opción fácil, obviamente.
Arrojando las mantas, me deslicé fuera de la cama,
arrastrando los pies hasta el baño, y me di cuenta un poco tarde
que la luz interior estaba encendida.
Abrí la puerta descuidadamente, sin darme que estaba a
punto de entrar en algo privado. Muy privado.
Mis ojos soñolientos se abrieron y mis labios se separaron
cuando atrapé a Lev, apoyado contra el tocador, sin calzoncillos,
con la cabeza echada hacia atrás en éxtasis mientras tiraba de 191
su gruesa polla con mano firme.
Y que polla era. G
r
Un pequeño chillido se me escapó. u
Los ojos de Lev se abrieron de golpe, pero no pude apartar ñ
los ojos de su furiosa erección. Era larga y gruesa, y parecía ó
como si Lev se hubiera depilado. Yo era pequeña. Me quede ahí .
un momento preguntándome cómo en la tierra iba a caber dentro —
de mí. Claramente, tendríamos que tomar las cosas lentamente.
M
—Eso parece doloroso —murmuré adormilada, mi mano
todavía en el picaporte. i
Tardé un momento darme cuenta de que no era un sueño, sin n
tomar en cuenta lo ardiente que era. Di un grito ahogado, a
cubriendo mi rostro con una mano.
,
—¡Diablos, los siento! No sabía que alguien estaba aquí.
Yo… —Me di la vuelta y cerré la puerta detrás de mí—. Te dejaré e
con lo tuyo. s
Me apresuré hacia la cama, pero mi cuerpo estaba caliente y
o
molesto. Cinco minutos o más pasaron, y finalmente, Lev salió
del baño. Se deslizó en la cama y yacimos en un largo silencio. n
Mis mejillas ardían. No lo podía evitar. Teníamos que hablar o
sobre eso o se convertiría en “ese incidente torpe que no puede e
ser nombrado”.
s
—Lo siento.
Se estiró y tomo mi mano en la suya. t
—Está bien. á
—¿Te… —no preguntes. No preguntes. ¡No a
preguntes!—… terminaste? Pasó el pulgar sobre mi y
palma, clara vacilación. u
—Uh, no. d
Mi estómago se enrolló en angustia. a
No terminó, y era mi culpa. Le di pánico escénico. Fue la n
razón por la cual no puedo encargarse de su negocio.
d
o realmente, bebé. Bebé.
Bebé.
Mi corazón suspiró soñadoramente.
Me llamó bebé.
Lo hice callar y lo besé profundamente.
—Déjame ayudarte. —Sin esperar su opinión sobre el
asunto, me di la vuelta y me senté a horcajadas mirando hacia
sus pies, sentada sobre su estómago, mis piernas abiertas y a
cada lado de las suyas.
192
Su voz ronca, graznó: —
S
—No necesitas hacerlo. Está bien. í,
Dios, lo quería tanto. Lo podía oír en su tono. Solo está b
actuando calmado. e
Entendí la necesidad. Hablé con voz ronca. b
—Me he estado muriendo por tocarte, Lev, y ahora que lo he é
visto, no creo que pueda mantener mis manos alejadas de ti. .
E
Esa era la verdad. s
Pasando mis manos por sus muslos, las lleve hacia adelante t
en un ligero masaje. Hice esto una y otra vez hasta que oí a a
Lev suspirar de placer. Deslicé mis manos a cada lado de su n
longitud y las mantuve ahí. Con un delicado cuidado, mis dedos b
rozaron el elástico de sus calzoncillos antes de deslizarse u
completamente dentro. En el momento en que entré en contacto e
con su herramienta caliente y dura, Lev dejó escapar un largo n
gemido, y envolví los dedos de ambas manos a su alrededor. o
No me sorprendió que los dedos de ambas manos no fueran .
posibles de juntarse. Mis manos eran pequeñas, y él era grande. T
a
Lo solté por un segundo para deslizar mis pulgares bajo la n
cintura de sus calzoncillos y, afortunadamente, tomó la indirecta, b
levantando sus caderas, lo que me permitió empujarlos hacia sus u
rodillas. Rápidamente lo tomé en mis manos una vez más, e
trabajándolo lentamente en un movimiento de arriba abajo y n
pregunté: o
—¿Loción? .
—No tengo ninguna —dijo con voz áspera. T
uve
Me deslicé hacia atrás así que mi trasero estaba en el centro
que
de su pecho y me incliné por la cintura, acariciándolo todo el
esta
camino. Quería poner mi boca en él. Probé las aguas al lamer
r de
suavemente alrededor de la cabeza de su eje y fui recompensada
acu
con Lev convulsionando de una manera que casi me quitó de
erdo
encima.
.
Jadeante, agarró mis caderas y empujó. Tení
a un sabor a limpio con un deje de sabor salado, y cada vez que
mi lengua pasaba sobre su hendidura, tuve la delicia de escuchar
los sonidos de su placer.
Abriendo mi boca, lo sostuve recto y gradualmente metí la
cabeza en mi boca, chupando ligeramente, sintiéndome más
audaz y valiente cada segundo.
Bajando, me las arreglé para tomar la mitad de su longitud en
mi boca antes de considerar un riesgo de nauseas. Con mis
labios a su alrededor, empecé un movimiento de arriba hacia
debajo de nuevo y chupándolo tan profundo como pude. Sus
bajos gemidos y jadeos me impulsaban. 193
Sabía tan bien que gemía con él. Quería decir que estaba
disfrutando esto tanto como él lo estaba.
—Tu sabor es tan bueno, bebé.
Eso pareció llevarlo al límite. Sus caderas comenzaron a E
empujar gradualmente, llevándolo más lejos en mi boca. Un ra
gruñido escapó de su garganta y alejó mi boca de él. Sabía que tan
estaba a punto de venirse. edu
cad
Mis manos lo trabajaron en movimientos largos y duros
o,
hasta que finalmente, su estómago se apretó, su cuerpo se puso
inclu
rígido debajo de mí, y gritó su liberación. Lo sentí todo. Su polla
so
palpitaba furiosamente, enviando chorros calientes de semen
en
hacia mis manos.
situ
Me aferré a su polla ablandada, esperando a que su cuerpo acio
se pusiera al día con el éxtasis que su mente estaba nes
experimentando. Estaba caliente como el infierno, y aunque que
podía frotarme muy bien en un éxtasis idéntico al suyo, elegí no no
hacerlo. Me sentí poderosa por lo que acaba de hacer. Estaba en requ
lo alto de la sensación. Eso era suficiente para mí. iere
En el momento en que sentí el cuerpo de Lev fundirse en la n
cama, me alejé de él y me dirigí al baño para lavar mis manos y eso.
mi rostro. Antes de lavarlo, examiné el pegote blanco en mis Era
manos. Lo toqué con un dedo y lo froté entre el pulgar y el dedo. tan
Entonces, cuando Lev entró al baño, desnudo, toqué ese dedo tont
con mi lengua, encontrando su mirada en el espejo. o.
Me
No sabía mal. Era diferente. Un poco amargo y salado, pero
hizo
no era algo que odiara tener en mi boca.
sonr
Me miró con atención, y eso forzó una sonrisa en mí mientras eír.
me lavaba las manos y la boca. Tiré
—Sabes, no tiene mal sabor —le dije—. Tal vez la próxima de
vez no tendrás que sacarlo. su
rostr
Aún, me miraba, su polla suave más grande que cualquiera
o
que jamás hubiera visto. Di un paso hacia él, y ahuequé sus
haci
mejillas.
a el
—¿Mejor? mío
Parpadeó adormilado. para
que
—Mucho. Gracias.
pudi
era besar sus labios.
—De nada, cariño. El placer fue todo mío. —Su ceja se
levantó. Puse los ojos en blanco—. Está bien, tal vez no todo mío,
pero seguro que fue divertido.
Después de que Lev se lavó, se metió en la cama desnudo
como el día que nació y me jaló a su costado, suspirando
satisfecho.
Una cita a cenar, y tantas cosas habían cambiado. Debería
de haber estado asustada, pero no lo estaba. Se sentía como
progresión natural. Podría haberlo parecido, pero no se sentía
apresurado. Se sentía esperado. 194
Me quedé dormida diciéndome que las cosas solo
mejorarían desde aquí. Oh, cuán equivocada estaba.
Traducido por Pimienta y Adaly
Mina
Lev continuó:
—Así es como los negocios se manejan cuando de
la
eres un Leokov. Tragué saliva, mientras la ira cam
hacía que mi estómago cayera. a y
salt
—El hombre que viste esta noche le debe a Sasha cien mil
é de
dólares.
ella.
Eso fue todo. Había escuchado suficiente. Cuando mi boca Ante
se abrió, la ira se expulsó, y algo que no había planeado decir s de
salió. que
—¿A quién le importa si el tipo le debe ese dinero? Él me Lev
ofreció la misma cantidad para dejarte, ¡maldición! —Fruncí el pudi
ceño—. El dinero, claramente, no es un problema para Sasha — era
gruñí su nombre. pen
sar
En el momento en que me di cuenta de lo que acababa de
en
decirle a Lev, mi rostro palideció.
lo
La mandíbula de Lev se afiló y sus mejillas se marcaron. Sus que
manos se cerraron en puños y su estómago se tensó. Su voz era esta
baja y peligrosa. ba
—¿Qué dijiste? pas
No, no, no, no, no, no, nooooooo. and
o,
¿Qué acababa de hacer? La sangre rugía en mis oídos y
mi
escuche mi pulso fuerte y claro. Mi boca se secó, intenté traer
cuer
un poco de humedad en mis labios lamiéndolos. Tiré una
po
almohada sobre mi regazo y la abracé con fuerza.
colis
—Obviamente, no lo tomé. —Mi voz era pequeña. ionó
Diminutiva. en
Sus ojos se estrecharon, y habló de nuevo con los dientes plen
apretados. o
aire
—¿Él, qué?
con
Mierda. ¡Ahora lo has hecho! el
La mirada en su rostro me dijo que estaba a punto de hacer suy
algo temerario. Así que hice lo único que se me ocurrió. o y
Levantándome lo más rápido que pude, di dos pasos al borde env
olvió sus brazos alrededor de mí, sosteniéndome, casi con
demasiada fuerza. Mis brazos fueron alrededor de su cuello y
mis piernas se envolvieron alrededor de su cintura. Lo apreté
fuerte.
Seguía enojado.
—Mina, déjame ir, por favor.
—Nunca —susurré.
Debe haber sido lo correcto que decir en ese momento,
porque sus fuertes brazos se aflojaron a mi alrededor,
sosteniéndome ligeramente, y volvió su cabeza para descansar
199
sus labios en mi sien, una mano moviéndose lentamente para
acunar mi nalga izquierda.
No podía creer lo que estaba a punto de decir.
—Tu hermano te ama, Lev. Podría tener una manera de M
mierda de demostrarlo, pero lo hace. De lo contrario, no se is
molestaría en hacer lo que hizo. —Hice una pausa añadiendo un ojos
apretón—. Mataría por tener una familia que me ame. No te se
enfades con él, cariño. Simplemente está cuidando de ti. cerr
aron
Eso calmó a la bestia furiosa. Me llevó a la cama y, sin
y los
soltarme, se acostó de espaldas, llevándome con él. Levantó la
apre
vista hacia el techo y respiró profundo, pronunciando mientras
té
exhalaba:
fuert
—Lamento lo que viste. e,
Descansando mi barbilla en su pecho, hablé en voz baja: sost
—¿Eres feliz haciendo cosas como esas? enie
ndo
Lo pensó un momento, su voz era austera cuando las
respondió: lágri
—No siento nada cuando hago cosas como esas. mas
La respuesta fue una tan triste que mi corazón dolió por él. que
Girando mi cabeza hacia un lado, susurré: tant
o
—Me asustaste esta noche.
quer
—Lo siento. ía
Tantas disculpas de este hombre. Me pregunté si lo sentía, o arroj
si era simplemente algo que decir para llenar el vacío. ar.
Mis
Levanté mi rostro una vez más para buscar el suyo y decir en
labi
voz alta:
os
—¿Crees que me lo habrías dicho si no me hubiera enterado baja
en la forma en la que lo hice? ron
Sus intensos ojos se desviaron, negó con la cabeza. Por lo de
menos era honesto. su
—¿Por qué no puedes mirarme, cariño? pec
ho y
Otra negación de cabeza. Sus brazos se apretaron alrededor lo
de mi espalda. Lo que dijo a continuación me rompió el corazón. bes
Con voz tranquila, declaró honestamente: aron
—No sé lo que haría si viera decepción ahí. ahí,
justo sobre su corazón.
No iba a conseguir las respuestas que necesitaba. No esta
noche, y no de Lev.
Tendría que ir a otra parte.
***
200
Despertarse por la mañana con una boca caliente en tu M
pecho, gruñendo contra la suave carne, succionando con fuerza, iró
era de hecho una buena manera de ser despertada. haci
a
Mis buenos días salieron algo así como:
mí,
—Dios, sí, cariño. Chupa más fuerte. teni
Mientras mis brazos se ceñían alrededor de la parte posterior end
de su cabeza, acercándolo más. o
¿A dónde se había ido mi pijama? por
prim
Quitó su boca, moliendo su erección contra mi cadera, y era
preguntó: vez
—¿Se acabó? la
Me quedé en blanco. ¿Se acabó ya? vista
de
Bueno, eso fue
todo
rápido. Cara triste. mi
No pude evitar sentir una punzada de decepción. Pero cuer
entonces preguntó de nuevo, esta vez más claramente: po
des
—Tu periodo, bebé. ¿Se acabó? nud
¡Oh! o.
Eres una idiota. Me
aleg
Casi me eché a reír, pero estaba demasiado ocupada
ré
jadeando y pasando mis dedos por el cabello revuelto de Lev.
de
—Sí, se acabó. que
El ligero sangrado se había terminado hacía tres días, gracias Nas
al Señor. me
Sus pulgares se engancharon a la cinturilla de mis blancas hubi
bragas sedosas. Las bajó de un tirón severo y yo las pateé de era
mis tobillos, mientras él se arrodillaba encima de mí. La luz del habl
sol que entraba por las grietas entre las cortinas me ayudaba a ado
ver la polla de Lev sobresalir hacia arriba por el borde de la de
cintura de su bóxer. la
cera
Él estaba tan listo como yo. la
semana anterior. Aunque me mantenía bien recortada, me
negaba a ir sin vello. Simplemente no me gusta. Y, en este
momento, estaba agradecida por ello. Es lo que me impedía
sentirme excesivamente expuesta mientras los ojos de Lev
recorrían lentamente cada centímetro de mí.
Me estaba poniendo ansiosa. Necesitaba contacto.
Alcanzándolo, pasé suavemente mis manos por sus brazos, y
cuando nuestras manos se rozaron,
201
entrelazó nuestros dedos, llevando mis manos a sus labios y L
presionó besos lentos y precisos en mis nudillos. e
Sus manos soltaron las mías y entonces estaba encima de n
mí, atrapándonos en un abrazo, y besándonos.
t
Estos besos no eran salvajes, pasionales o lujuriosos. Eran
cálidos, amables, gentiles y perezosos. Del tipo peligroso. Del o
tipo que me hacía preguntarme por qué no podíamos seguir y
haciendo esto para siempre. Que fuera así para siempre.
p
Ser el uno del otro para siempre.
r
Tenía la esperanza de que fuera posible.
Sus labios se arrastraron por mi mandíbula hasta mi cuello, e
se detuvieron para acariciar el valle entre mis pechos, y luego mi c
estómago, deteniéndose justo debajo de mi ombligo para respirar i
la cálida carne temblorosa de allí.
s
La punta de su nariz marcó el viaje, y luego sus manos
estaban en mis caderas, apretándolas mientras enterraba su o
nariz en el suave vello de mi sexo. .
Tragué saliva. Mis ojos estaban muy abiertos. Mis mejillas
P
ardían. Jadeé ligeramente.
r
¿Él no iba a…? ¿Iba?
Todo esto era tan repentino. No tuve tiempo para elegir una o
pose sexy. Ni siquiera sabía si estaba lista para esto. Era mucho f
más íntimo que el coito. No había ningún escondite cuando
u
tenías el rostro de alguien en tu guante del amor.
Luego, sus manos estaban en mis rodillas y fue extendiendo n
mis piernas bien abiertas, mirando hacia mi lugar más íntimo. Una d
parte de mí quería ver su reacción, pero mi mente acomplejada,
o
no me lo permitió. Mis ojos se cerraron y mis manos subieron
para cubrir mi cara. y
Dejé escapar un gemido avergonzado. Ese gemido de s
vergüenza se convirtió rápidamente en un gemido de pasión, mis
e
manos se apartaron de mi cara cuando la lengua de Lev se
deslizó firmemente desde mi culo hasta mi clítoris. d
uctor. Húmedo
y cálido.
Su lengua era un arma, y me estaba matando lentamente.
Puso su boca sobre mi botón pulsante y chupó suavemente,
retirándose después. Mis manos se enredaron en las sábanas
mientras un suspiro irregular salía de mi garganta. Lev sabía dar
placer a una mujer. No había nada fingido en mi reacción. Era
cruda, genuina y tan dichosa que bordeaba lo doloroso.
Sus dedos tocaron mi entrada, frotando y amasado, pero
nunca adentrándose donde más lo necesitaba, privándome de la 202
sensación. Y justo cuando pensaba que
iba a volverme loca por la dulce tortura, me dio lo que necesitaba. E
Un dedo se deslizó en mi interior con una lentitud insoportable. n
t
Y mi cuerpo se iluminó como los fuegos artificiales del cuatro o
de julio. n
Ya no tenía control sobre mí misma, mis muslos se apretaron c
alrededor de la cabeza de Lev mientras lloriqueaba de necesidad. e
Estaba tan cerca. s
Colocó besos con la boca abierta en mi coño, lamiéndome y ,
comiéndome. De vez en cuando, su lengua se endurecía y se n
a
introducía en mí. No había delicadeza. Él me hizo exactamente
d
lo que decía su denominación. Me estaba haciendo sexo oral.
a
Bueno no. No exactamente. m
Me estaba follando el coño con su lengua. á
s
El pensamiento me volvía salvaje. El acto me dejaba sin
q
sentido. Combinados, me dejaban fuera de juego. u
Mis muslos se apretaron a ambos lados de su cabeza, mis e
manos agarraron su cabello y mi cabeza salió disparada hacia f
atrás en un éxtasis incontrolable. No pasó mucho tiempo antes e
de que estuviera empujándome contra su inteligente boca. Sus li
manos se deslizaron bajo mi cuerpo, levantando mis caderas de c
la cama. i
d
Me atrajo hacia él, gimiendo y la vibración me hizo cosas
a
maravillosas ahí abajo hasta que no estaba del todo segura de
d
que fuéramos personas distintas.
.
Mi cuerpo se retorcía, apretado y rígido en todos los sentidos.
M
Mis ojos se cerraron por voluntad propia, las luces bailaron detrás
i
de mis párpados cerrados. Su boca envió olas de placer por mi
coñ
columna vertebral hasta el punto de no retorno.
o se
Estaba perdida. Y él lo sabía. estr
—Córrete, Mina. Córrete en mi boca, nena. Dame esa miel — eme
gruñó en la cara interna de mi muslo. Oh, mierda. ció y
se
Una explosión de luz se descargó a través de mí. Mi corazón
apre
se aceleró. Me quedé rígida.
tó, dándole exactamente lo que había pedido. Mis dientes se
apretaron, rechinando y estrujándose, y un largo gemido salió de
mí sin mi permiso mientras mi cuerpo luchaba por recuperar el
control después de la liberación.
Santo infierno. Dulce Jesús. Dulce
niño Jesús. Yo era un fideo blando.
Jadeando suavemente, Lev besó su camino de regreso por
mi cuerpo, apretándose contra mí y sosteniéndome fuerte. Mis
brazos flácidos se aferraron a él lo mejor que pudieron, pero mis
ojos no podían abrirse. Mantuve mi cara en su cuello.
203
—Wow —gruñí—. Eso fue... Mierda.
Su cuerpo se estremeció ligeramente, pero no dijo nada.
Cuando volvió a hablar, lo hizo con franqueza.
—Nunca he probado nada como tú. Estás
deliciosa. Eres ambrosía. Sonreí contra su
clavícula, somnolienta.
—Y toda tuya, bebé.
Me besó en la frente, con labios persistentes. Su mano bajó
para amasar mis nalgas.
—Toda mía, bebé.
El agotamiento me llevó poco después. Recuerdo
vagamente que me limpiara y arropara. Cuando me desperté,
estaba completamente sola, pero saciada y sonriente.
204
Traducido por Adaly y
Roxywonderland
Mina
—
l brinco en mi paso era una señal segura que a pesar E
de que había tenido una noche anormal y un tanto s
alarmante, había tenido una buena mañana. Una muy o
n
buena mañana. o
e
Me dirigí a la casa de Nastasia alrededor de las diez, estaba s
un noventa por ciento segura de que estaría despierta. Si no, t
simplemente tenía que golpear su puerta. Cuando llegué, levanté á
b
mi mano para golpear la puerta, pero lo pensé mejor. En su lugar, i
saqué mi teléfono del bolsillo y le envié un mensaje. e
n
Yo: ¿Estas despierta? Tengo brownies. ,
p
La puerta se abrió un minuto después. Nas parpadeó e
hacia mí, despierta, vestida y con los ojos bien abiertos. q
u
Sonrió, pero cuando miró hacia abajo a mis manos vacías, e
frunció el ceño. ñ
a
—No hay brownies, .
—
¿verdad? Entré y solté M
e
una carcajada. v
i
—No. Eso era parte de mi plan cobarde para conseguir o
s
que me dejaras entrar. Sonaba insultada. u
b
ir las escaleras—. Oye, ¿a dónde vas?
—Voy a darle los buenos días a mi maridito. —Sonreí para
mis adentros—. ¿Te importa? 205
Abrí la puerta del cuarto de Nastasia y entré. Las cortinas
estaban abiertas y las ropas arrogadas por toda la habitación. Vik
estaba sentado en la cama con una sábana hasta la cintura, los
brazos cruzados detrás de su cabeza y mirando las noticas en
la televisión que Nas tenía en la pared. En el momento en que
me vio, sonrió.
—Maldita sea, mi esposita. Luces bien hoy. Eres todo brillo y de
esa mierda. — Sonrió con descaro—. Tuviste suerte, ¿verdad? reac
ción
Me encantaba Vik, de hecho, me costaba creer que él y Anika
que
fueran hechos del mismo espermatozoide y ovulo, y que
habr
compartieran ADN. Algunas veces quería darle mis condolencias
ía
por el hecho de que su hermana fuera una idiota gigante.
esp
Hoy, le sonreí. erad
—Iría ahí y te abrazaría si no estuviera totalmente segura de o si
que estás desnudo debajo de esa sábana. hubi
éra
Le dio a sus caderas un ligero empujón para mostrarme que
mos
estaba desnudo bajo la sábana, y llevé una mano sobre mis
teni
ojos, gimiendo.
do
Era un cerdo. Un cerdo adorable. una
Nas entró a la habitación con una bandeja de cafés y tomé cita
uno, dándole a su cintura un ligero apretón. Me conocía y
demasiado bien. Me guiñó, y tomé asiento en el borde más lueg
alejado de la cama, mientras Nas se sentaba con las piernas o
cruzadas cerca de Vik. Le entregó un café, y él se inclinó y le dio trata
un suave beso en la mejilla. Y, Dios, me hizo sonreír. ran
de
Me encantaba lo mucho que él la amaba.
can
—Entonces —comenzó Vik—, ¿cómo te sientes sobre cela
lo que viste anoche? Nas agrupó sus cejas mientras rla,
com
echaba una mirada clínica hacia mí. o si
—¿Qué viste anoche? fuer
Vik se encogió de hombros. a
fácil
—Negocios. Lidiando con el imbécil de Moretti. —Vik me de
lanzó una mirada comprensiva—. Mina vio a Lev haciendo lo ente
suyo. nder
El hombro de Nas se desplomó y suspiró. y
—Oh, Mina. Lo siento. No lo sabía. perd
onar
Actuaban como si fuera un simple malentendido. Era el tipo ,
pero aun así seguía muy confundida. Sostuve ambas manos
alrededor de mi taza de café, calentándolas.
—No sé cómo me siento sobre eso. Lev no me dijo
exactamente mucho cuando nos fuimos a casa anoche. Estoy
muy confundida. Por eso es que estoy aquí.
Nas me alcanzó a través de la cama para poner una mano
sobre mi rodilla.
—Desearía haber podido advertirte. —Parecía decepcionada
consigo misma—. He querido hacerlo durante semanas, pero me
contuve. Entonces comenzaste a salir con Lev y pensé que él te
había hablado sobre eso. —Puso los ojos en blanco—. Sí, como 206
si lo fuera a hacer, ¿verdad?
No lo entendía.
—
—¿Por qué él no me lo dijo? A
Nas miró a Vik, y él respondió por ella. lt
o
—Ya sabes, Lev no es ajeno a la compañía femenina, Mina. a
h
—¿Por qué necesito escuchar eso? —Le fruncí el ceño. í,
c
Sonrió y continuó rápidamente. o
s
—Pero esas mujeres estaban ahí por una razón, y él se a
aseguró de darle los detalles. Hay algo en ti que hace que te p
e
trate de forma diferente. q
u
—Nunca antes había dejado a una mujer dormir en su e
habitación. Nunca. —Nas me sonrió—. No, hasta ti. ñ
a
Mi corazón sonrió y mi vientre revoloteó, pero mantuve .
L
mi cara de póker. Vik añadió: o
ll
a
—Eres la única persona con la que se ha encerrado en su m
habitación con él desde que tenía diez años. No sé por qué, a
pero te ha incluido en su pequeño círculo de protección. Eres s
u
parte de su santuario. n
a
—Está bien —murmuré, eufórica por la información, pero aún b
confusa—. ¿Qué significa eso? a
n
Nas habló suavemente, detallándolo. d
a
—No te lo dijo porque tiene miedo de y
t
perderte, muñeca. Tomé un sorbo de café, e
p
e
apenas probándolo. g
a
—Está bien, correcto. Eso todavía no explica lo que vi r
anoche. —Miré de Nas a Vik—. ¿Alguno de los dos me quiere á
n
iluminar? u
n
Nas levantó el brazo izquierdo de Vik y señaló un tatuaje ti
que había ahí. Uno grande y osado que decía XAOC. r
o
—Todo comienza aquí, con Chaos. —
e
—¿Qué es eso? ¿Cómo una banda o algo así? — x
p
pregunté con cuidado. Vik rió entre dientes. li
c
ó—.
Se llaman a sí mismos una firma. Éramos una empresa.
Nas se enderezó.
—Vamos a rebobinar veintiún años. —Se aclaró la
garganta—. Bratva era la mafia rusa, la hermandad. Todavía
están alrededor, pero no hacen publicidad, ya sabes. Son un
grupo remoto privado. La única forma de entrar es ser hijo de un
miembro o tener a dos miembros dentro que respondan por ti. No
sucede a menudo. No quieren personas, es decir policías, en sus
negocios, así que comenzaron empresas por todo el mundo
para despistar la esencia de sus negocios. Por lo que los policías
sabían, las empresas no tenían que ver con la Bratva. —Hizo una 207
pausa—. Comenzó mi padre, Anton, y su hermano, Ilia. Ambos
hombres era miembros de
Bratva, como su padre y su abuelo antes que ellos, pero cuando m
se mudaron a los [Link]. desde Rusia, se les pidió que e
comenzaran una empresa, reclutaran algunos de los mejores
criminales ruso-americanos e hicieran lo que las empresas n
hacían. c
Casi no quería preguntar. i
—¿Qué hacían las o
empresas? Vik frunció n
los labios. a
—Lo normal. Narcotráfico, soborno, extorción, tráfico de s
armas, fraude, contrabando. —Se encogió de hombros como si
no fuera gran cosa—. Ya sabes. t
Nas continuó: e
—Así papá se convirtió en el presidente de la empresa. Tío .
Ilia se convirtió en vice-presidente. El papá de Vik, Yuri, estaba a N
cargo de las finanzas. La empresa era hermética. El almacén en
donde se llevaban a cabo las cosas era casi impenetrable. a
Entonces llegó el momento de que los hijos fueran iniciados. s
Está bien, estaba obteniendo respuestas, pero tenía muchas l
más preguntas.
u
—¿Qué significa eso? ¿Por qué
c
necesitaban ser iniciados? Vik sonrió.
í
—Lo dices como si fuera algo malo, pero para nosotros, para
los hijos, era un honor. Éramos ejecutores. Sasha, sus primos, a
Nik, Max, su hermano adoptivo, Asher y yo. Todos nosotros nos t
unimos al mismo tiempo. —Sonrió traviesamente—. Estábamos
fuera de control. Éramos unos malditos maniáticos, querida. r
Teníamos armas, teníamos mujeres. Teníamos dinero. Los i
mejores años de mi vida.
s
¿Qué hay de Lev?
t
Tuve que preguntar:
e
—¿Qué hay de Lev? No lo
.
—Los hombres en la empresa decidieron ir contra Lev.
Votaron no. Dijeron que era muy impredecible. Dijeron que no
podían confiar en él. —Agregó rápidamente—: Lo cual era una
total pila de mierda. Ni siquiera le dieron una oportunidad.
Sonaba jodido sentirme mal porque a Lev no se le hubiese
permitido entrar a un grupo de pandilleros, pero mi corazón se
oprimió dolorosamente. Siempre era extraño ser dejado a un
lado. Odiaba eso.
Nas continuó:
208
—Así que los chicos estaban fuera haciéndose sus tatuajes
de Chaos y dejaron a este tipo, Maxim, para que custodiara solo
por la noche. Ninguno de los chicos sabía que la mierda estaba
a punto de caerles encima. Nadie excepto Lev. —Sorbió de su
café—. El salón de tatuajes que pertenecía a Chaos tenía sus
puertas rotas. Una empresa de italianos había estado sobre
nuestras espaldas por entrar en su
territorio. Uno de sus hombres decidió enviar un mensaje. Le
Entró con las armas levantadas, listo para disparar a quien surg
sea que se atreviese a ponerse en su camino. ía
tan
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
natu
—¿Qué ralm
sucedió? Vik ente
. Él
respondió: podr
—Lev sucedió. Vino por detrás, de entre las sombras, tiró al ía
tipo al suelo y dejó que sus puños hicieran toda la charla. —Vik hab
sonrió—. Estamos hablando de un culo grande de hombre con, erse
no una, sino dos malditas armas, siendo superado por un chico perd
de quince años desarmado, y fue golpeado tan mal que necesitó ido
cirugía para arreglar su feo rostro. aquí
—
Whoa.
golp
Nas inclinó su cabeza hacía un lado. eó
—Los Italianos eran una desgracia. Fueron motivo de burlas su
después de eso. sien
Chaos estaba complacido. Bueno, puedes imaginar qué pasó —,
después de eso. pero
Déjame adivinar. lo
está
—Querían a Lev en el club.
s
—Síp —confirmó y luego sonrió—. Pero no se unió. Dijo que ayu
protegería a sus hermanos, pero que nunca sería de Chaos. Mi dan
padre estaba decepcionado. Quería que Lev fuese un hermano do a
en todos los sentidos, pero estuvo de acuerdo con que Lev enc
tomara su decisión. Respetaba eso. ontr
—¿Qué pasó después, si ar la
man
no se unió? Vik lo aclaró: era
—Nosotros éramos los ejecutores, pero Lev cuidaba nuestras de
espaldas. Era nuestro músculo. Nosotros hacíamos las salir
recolecciones. Él se encargaba de todas las peleas. —Vaciló de
antes de decirlo—. Era como si hubiese nacido para pelear, Mina. esa
prisión.
Hablé.
—¿Pero está dentro ahora, cierto?
¿Cómo sucedió eso? Nas habló.
—Mi padre se estaba volviendo mayor, también mi tío. Ambos
tenían familia. Querían asentarse, pero no puedes simplemente
dejar el club. Es de por vida. Cuando mi tío Ilia murió
repentinamente de un ataque al corazón, fue duro para mi padre.
Eran cercanos. La salud de mi padre decayó y delegó sus
responsabilidades de Chaos. La Bratva estuvo de acuerdo en 209
que no estaba en condiciones de liderar. — Negó suavemente
con la cabeza—. La versión corta de la historia es que la Bratva
no estaba feliz por la forma en la que las cosas se estaban
manejando por aquí, sin mi padre al mando. Los hombres se
estaban peleando, luchando por el poder. La gente
tomó bandos. La lealtad desapareció. Eventualmente, la Bratva —
forzó a la empresa a disolverse. Cada uno tomo caminos Déja
separados. me
preg
Arrastrando las palabras Vik dijo:
unta
—Puedes sacar al chico del club, pero no puedes sacar el rte
club del chico. ¿Me comprendes? algo,
No lo hacía. Debe haberlo notado, porque se explicó. Mina
. ¿El
—La mayoría de los miembros disueltos formaron sus propios
que
clubes ilícitos. Nosotros no lo hicimos. Optamos por permanecer
Lev
neutrales, comenzar un negocio, ir limpios y rectos, por el buen
hag
camino.
a
Mi ceja se alzó. esto
—No luce de esa manera afect
aa
para mí. Nas alzó una
la
mano. man
—Escucha, los chicos no están haciendo nada demasiado era
loco. Sasha es un prestamista. Presta grandes sumas de dinero en la
a gente, con altos intereses. Cuando ellos no devuelven el que
préstamo según los términos acordados… —Trató de sonreír, te
pero salió como una mueca. trata
?
Hablé por ella.
N
—Consiguen ser golpeados hasta la
o
mierda. Por Lev. Vik tosió.
.
—Bueno, claro que suena mal cuando lo dices
N
de esa manera. Ah, Vik. No pude evitar
o
sonreírle.
l
Hablé suavemente.
—Bueno, eso explica algunas cosas. Aún no sé cómo me o
siento respecto a ello, pero ahora lo sé. h
Nas me detuvo con la mirada. a
cía. Negué con
la cabeza.
Ella tenía otra pregunta.
—¿De verdad quieres saberlo cada vez que destroce a
alguien? Porque yo no. Vik y yo, nosotros no hablamos de ello.
¿O solo estás dolida por haberlo descubierto por accidente?
Estaba dolida por cómo lo descubrí. Todo era
culpa de Anika. Nas agregó:
210
—Sí, machaca a esos perdedores, pero esos idiotas sabían N
exactamente en lo que se estaban metiendo cuando hicieron o
negocios con Sasha. No son tan inocentes. Hay razones por la e
que no pueden ir por las vías legales para obtener dinero. r
a
Entendía eso. Sin embargo, no lo i
hacía mejor. Me encogí de m
p
hombros. o
Pasó su mano sobre la mía y la apretó. r
—Hazte un favor. Aléjalo de tu cabeza. Causara problemas t
donde no los hay — recalcó—. Es un trabajo, Mina. Sólo un a
trabajo. Piensa en ello como en un agente de cobro. n
t
Vik asintió en acuerdo y luego agregó: e
—Puedes juzgar, Mina, pero recuerda —sus ojos se .
suavizaron—, que Lev no te juzgó cuando te atrapó robando la E
billetera de su hermano. Te dio un trabajo, un lugar donde vivir, s
te alimentó y vistió cuando no tenías nada. t
Esa declaración dolió muchísimo, porque era verdad. Lev no a
me juzgó. Seguro, no confiaba en mí al principio, pero no me b
juzgó. Estaba allí para mí cuando estaba sola, sin un amigo en a
el mundo. Y aquí estaba yo cuestionándolo. t
o
Mi corazón se contrajo. Era una
t
persona terrible. Vik gentilmente a
l
siguió:
m
—Esta es la vida con la que tenemos que lidiar. Es todo lo e
que conocemos. Quizás no seamos hombres que van a la iglesia n
temerosos de Dios, pero no somos malas personas, cariño. t
Tenía razón. ¿Quién era yo para juzgar lo que era normal? e
o
Estaba furiosa conmigo misma. Lev era un hombre dulce. Era l
atento conmigo todo el tiempo cuando no lo merecía. Mi mente v
tomó una decisión, fui contra todo lo que había aprendido sobre i
lo que era bueno en el mundo. En lo que a mí respecta, nunca d
había visto lo que Anika planeó para que viese. a
do.
211
Traducido por Âmenoire
p
Mina
r
—¿
omingo divertido? —Fruncí mi nariz con una o
pequeña sonrisa—. ¿Siquiera quiero
preguntar? b
Nas se rió mientras entrábamos en el l
centro comercial, Vik se apresuró detrás de nosotras y puso un e
protector brazo alrededor de nuestras cinturas. Sonrío,
mordiendo la punta de su lengua. m
clima playero. y
—¿Y dónde es la diversión? t
Nas me lanzó una sonrisa de disculpa. o
—Donde Sasha. Tiene una piscina climatizada en d
el patio trasero. Oh, a la mierda. No estaba o
interesada. .
—Bueno, entonces pásenla bien en su día divertido. .
Nas gruñó, quitándose el brazo de Vik y caminando junto a .
mí. Poniendo su cabeza en mi hombro, lloriqueó:
R
—Mina, vamos, sé que tienen
e
soplé.
—¡Trató de sobornarme para que me mantuviera
alejada de Lev! Sus cejas se levantaron y pinchó
mi brazo ligeramente. 212
***
Lev M
i
—
enemos que hablar —dije en el receptor tan l
pronto como él respondió. a
b
Igor Alkaev era un hombre duro. Por i
suerte para él, comprendía a los hombres o
como él. s
Su duro acento ruso me dejó escuchar su desprecio a través e
del teléfono. c
u
—A menos que me estés llamando para concertar tu
r
iniciación en Zakon, no quiero oírlo, Leokov. —Una pequeña
v
pausa—. ¿Qué quieres? ó
—Creo que dejé las cosas claras. Tu familia no tendría .
ningún contacto con la mía. Sin excusas. —
Igor sonaba cansada cuando comenzó con: Sé
—Si esto es sobre Lidiya... qu
e
Por una vez, no se trataba de Lidiya. Lo corté con:
es
—Corinna se acercó a mi mujer hoy. lo
Le oí respirar, pero no habló durante un rato. qu
e
—Así que, ¿es cierto, entonces? —Él suspiró—. Tenía la
qu
esperanza de que Irina y tú superaran sus problemas y se
erí
casaran.
as
, pero te he dicho una y otra vez que Irina y yo nunca nos
casaremos.
Él habló en voz baja, pero era difícil pasar la ira por alto.
—¿Quién es ella, la chica? 221
Mi mano cayó sobre mi escritorio con un áspero golpe que beb
resonó a través de la habitación. Me puse de pie y gruñí al é.
teléfono: N
—No es de tu incumbencia. o
podí
Igor disfrutó de mi repentino arrebato y trató de alimentarlo.
a
—Algunos de mis hombres dicen que se parece a un ángel. deja
Que su belleza es inigualable. Tal vez tendría que conocer a esta r
mujer. que
Gruñí, pero él continuó: eso
—¿Estás seguro de que no prefieres casarte con Irina? —Él suc
podría llegar a ser tan aburrido—. Harías bien en recordar mi edie
promesa, Lev. Sería una lástima que Lidiya desapareciera con ra.
su madre. Ya sabes cómo puede ser Irina. Tan frívola. Lo único Lidiy
que tendría que hacer es ponerla en un avión con su hija y… a
era
Mi furia se levantó y lo interrumpí con un grito: mi
—Es mi hija. Lidiya es mi hija. Irina no fue más que una vasija. mun
—Mi voz temblaba de ira—. Irina no es apta para llamarse a sí do,
misma madre, y voy a esperar el tiempo que sea necesario y si
hasta el día que Lidiya vuelva a su casa, aquí, conmigo. la
Igor chasqueó la lengua. alej
aran
—Ese resentimiento. —Luego suspiró—. Entiendo tu de
preocupación Leokov, pero Irina no es el monstruo que pareces mí,
pensar que es. Puede que no sea muy maternal, pero ama a
no
Lidiya. Todos amamos a Lidiya.
sé lo
Mis ojos se cerraron y tragué saliva. Tuve que recordarme a que
mí mismo que Irina era una buena actriz y podía mentir tan bien harí
que incluso Sasha estuvo sorprendido por el repentino giro en a.
su carácter. Igor no sabía quién era su propia hija.
E
Si él supiera. s
Sabría muy pronto. Todos ellos lo harían. Mirella era buena t
en su trabajo y yo no quería precipitar la situación. Cuando vas a
con prisa, te vuelves descuidado, y si Irina pensara por un c
segundo que tengo un plan, desaparecería en la noche con mi o
nversación me estaba dando un dolor de cabeza.
—Dile a Corinna que se
mantenga alejada. Igor
respondió con un
desinteresado:
—Hablaré con ella. —Luego colgó.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Todos los días lejos
de mi niña eran una muerte dolorosa. La necesitaba. Ella era la
única cosa que había hecho bien en toda mi vida. Ella era la
222
prueba de que incluso la persona más dañada del mundo, podía
producir algo especial.
Espera. Sólo espera.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza. No. Había
terminado con la espera. Pero era demasiado
pronto.
Si sentía que tenía fuerzas para esperar más, lo haría, pero
había pasado demasiado tiempo ya. Necesitaba a mi hija.
Marqué el número y sostuve el teléfono en mi oreja. Mirella
respondió con un
feli
z: —Hola, Sr. Lev. ¿Qué puedo hacer por
usted?
—Te necesito para acelerar las
cosas. Habló en voz baja:
—¿Cuánto tiempo tengo?
223
—Una semana —le respondí. No podía
esperar mucho más. Ella dijo con confianza:
—Considérelo hecho, Sr. Lev.
—Dale a Lidi un beso de mi parte,
¿quieres? Ella susurró su
respuesta.
—En una semana, podrá dárselo usted
mismo.
Traducid por [Link]
Mina
226
De la nada, comenzó. —
Mis palmas empezaron a sudar. Mis piernas se pusieron N
rígidas. Mis ojos se abrieron, y mis labios se abrieron en un o
gemido silencioso. Susurré:
l
—Oh, Dios. Sí. Más.
o
Lev no necesitaba que preguntara. Me folló con los dedos con
más fuerza, tratando desesperadamente de que entraran más s
allá de sus nudillos. Su lengua salió a jugar, chasqueando é
donde más lo necesitaba y entonces absorbiendo mi palpitante
brote. .
Mi estómago se tensó. Jadeé con dureza y gemí en voz baja. ¿
—Mierda. Oh, mierda. Me vengo, bebé. P
En el momento en que me golpeó, mi espalda se inclinó sobre o
la cama, mi cuerpo convulsionaba, rígido de placer. Era una
d
sobrecarga. Los dedos de Lev no me dejaron, luchando para
mantenerse dentro de mi canal pulsante, mientras su mano e
agarraba mi muslo con fuerza, tirando de mí hacia abajo. m
Mi respiración se atascó a medida que continuaba jadeando.
o
Un último temblor, y mi cuerpo estalló poniéndome la piel de
gallina. Levanté la cabeza para mirar a Lev a los ojos. s
—Te necesito. ?
Algo sobre la forma en que lo dije le debió haber dicho a Lev A
que iba en serio, porque sus dedos se retiraron lentamente y
s
luego se puso encima de mí, sus labios adorando los míos en un
profundo beso húmedo, que sentí hasta en mis pies. Se apartó e
para agarrarse a sí mismo y guiar la cabeza de su polla hacia mi n
coño caliente e hinchado. En el momento en que su punta besó
mi raja anhelante, él se echó hacia atrás para mirarme. t
Alcanzando el otro lado de la cama, abrió el cajón para sacar un í
condón.
.
Lamí mis labios.
—
—¿Podemos hacerlo a pelo?
P
Se echó hacia atrás, parpadeando hacia mí. o
demos.
Dudó así que lo tranquilicé.
—¿Te acuerdas de cuando tuve esos terribles calambres por
el período? —Él asintió. Me sentí avergonzada al exponer mi
mentira—. No eran calambres por el período. Tenía dolores
porque Nas me llevó a ver a la hermana de Pax. Me puse un
dispositivo de control de natalidad.
Le sonreí suavemente, pasando mis dedos sobre sus labios.
227
—Estoy limpia. No hay bebés para mí. Podemos hacerlo M
sin nada. —Añadí rápidamente—: Si quieres, quiero decir. e
Eso fue lo que dije. Lo que quise decir era: p
si confías en mí. Tiró el paquete de r
condones por la habitación y me sonrió. e
Jodidamente me sonrió. p
Me golpeó con tanta fuerza que me olvidé de que necesitaba a
oxígeno para vivir.
Respiré temblorosamente. r
—Oh vaya. Tu é
sonrisa. Estaba .
abrumada. —
L
Él sonrió. Me sonrió e
a mí. Todo era por n
t
mí.
o
Sonriendo cayó sobre mí y sentí su sonrisa en mis labios y
mientras me besaba. Era todo lo que quería, y ahora lo tenía, me c
hizo darme cuenta de que haría cualquier cosa para mantenerlo. o
n
Se acomodó en mi centro, se levantó sobre sus codos para
s
mirarme, y empujó. La cabeza entró sin problemas, pero pronto
t
me sentí estirada y fue difícil evitar pestañear. Apreté los dientes
a
y cerré los ojos, respirando profundamente.
n
Lev flaqueó, se quedó inmóvil un momento, pero le sonreí, t
asintiendo. e
—Lev, quiero esto. .
Sus manos se deslizaron bajo mi cuerpo para envolverse É
alrededor de la parte baja de mi espalda y me miró a los ojos. l
emp
—Lento y
ujó
constante, bebé. liger
ame
nte y mi cuerpo luchaba por aceptarlo. Estaba mojada, pero su
polla era gruesa y larga, y me pregunté si esto iba a funcionar de
la manera en la que lo había planeado en mi cabeza.
Cerré los ojos y respiré por las embestidas iniciales. Cuanto
más empujaba en mí, más fácil se volvía. Mi cuerpo ya no
luchaba, y la fricción de Lev enviaba chispas por mi espina dorsal.
Abrí los ojos para mirarle y sus caderas se sacudieron
irregularmente.
Habló con los dientes apretados.
—Se siente increíble, Ratón. Sólo un poco más.
228
Mis manos se apoderaron de sus antebrazos, clavando mis
uñas mientras se sumergía en mí, ya no tenía miedo de hacerme
daño. Mantuvo un ritmo durante mucho tiempo antes de que
pusiera mi mano sobre su áspera mejilla y tirara de él hacia abajo
para darle un largo beso.
Me sentía caliente y estirada, y su cálido toque me enviaba en sost
un frenesí. enié
ndol
—Estoy lista.
o
Las palabras traviesas se sentaron en la punta de mi lengua cerc
hasta que finalmente respiré contra sus labios. a
—Fóllame, Lev. mie
ntra
Se hizo evidente que Lev no sería capaz de meter todo lo
s se
largo de él en mí. Esta noche no, de todos modos. Mi suposición
acer
era que tomaría varias sesiones amatorias para llegar allí. Por
cab
suerte para él, estaba lista para el reto.
a a
Agarrando mis caderas, se condujo dentro de mí, empujando su
tan duro y profundo como podía sin hacerme daño. Mi pecho se cres
movía con respiraciones temblorosas. Él me estaba volviendo ta.
loca. Mi coño palpitaba a su alrededor y eché la cabeza hacia Se
atrás, gimiendo. que
Sus brazos se pusieron rígidos con las venas sobresaliendo dó
en ellos, y su ceño se frunció mientras trataba de mantener el inm
control sobre sí mismo, pero yo no quería que Lev estuviera óvil,
controlado. Quería que se sintiera tan indefenso como yo. Quería su
que se perdiera, como yo lo había hecho. Quería a Lev de todas cuer
las maneras en que pudiera tenerlo. po
poni
Le quería de una manera que nadie más lo hubiera tenido.
énd
Mi núcleo convulsionó una vez más y Lev dejó escapar un ose
grito, sus caderas sacudiéndose violentamente. rígid
—Mina. o, y
Ver a Lev encendido de esta manera hacía que luces bailaran su
delante de mis ojos. Mi coño se apretó y apretó. Mis uñas poll
encontraron un hogar en los hombros de Lev. Jadeé con dureza a se
hasta que un suave grito salió de mí, enviando a mi cuerpo a volar sac
mientras mi sexo latía sin control a su alrededor. udió
dent
Los empujes de Lev se volvieron erráticos. Bajó su cabeza, ro
su nariz presionando el lateral de mi cuello, y dejó escapar un de
largo gruñido animal. Mis brazos se envolvieron a su alrededor, mí,
bañándome con un calor húmedo. Su liberación fue dura y
prolongada. Me mordió el cuello mientras se hacía con el control
de su rígido cuerpo. Su aliento calentaba mi cuello, me besó allí
y me sonrió.
Lev era mío ahora en todos los sentidos.
Quería que él supiera que yo era suya en todos los sentidos,
también.
Pasé mis manos por su húmeda espalda mientras su erección
se suavizaba en mi interior. Volviendo mi cara, presioné un
suave beso en su frente y hablé en voz baja.
229
—Te amo, Lev. Mucho.
Dejó de respirar un momento. Su respuesta llegó en forma de
apretar sus brazos fuertes a mi alrededor, tirando de mí aún más
cerca de él. Sonreí, mis ojos cerrándose con satisfacción.
No esperaba que me dijera que me quería de vuelta. Ni
siquiera estaba segura de si lo hacía. Simplemente necesitaba
que él supiera cómo me hacía sentir y cómo lo necesitaba.
Estaba buscando algo a largo plazo, y mi Lev… él me daría
algo a largo plazo. Mi corazón le pertenecía.
Que el Señor ayudara a la persona que tratara de interponerse entre
nosotros.
230
Traducido por HeythereDelilah1007
Mina
—¿Y ahora? —
L
—Les pago dinero que no necesitan, e Irina no desaparece a
con mi hija. —Su voz salió en un gruñido—. Esto me enfada. Se e
mudó a otro estado solo para fastidiarme. Solo para hacer las x
cosas difíciles, para que así no pudiera ver a mi Lidi. t
Habló en voz baja: r
a
—La odio. ñ
No lo culpaba. Tenía razón en odiarla. La historia de que era o
una chica victima de los numeritos crueles de su padre no me lo —
creía. Ella seguía con ello sabiendo muy bien lo que estaba l
e dije, dándome cuenta que no estaba siendo de ayuda—.
Extraño a Lidiya.
Lev no dijo nada, solo pasó su cálida mano arriba y abajo
por mi brazo.
233
—Debería estar en casa, Lev. Pertenece aquí.
Pellizcó ligeramente mi mentón, forzándome a mirarlo a los
ojos.
—¿Confías en mí?
—Sí —susurré inmediatamente, porque confiaba en él.
Plantó un suave beso sobre mis labios, hablando contra
ellos.
—Entonces confía.
Sus palabras hicieron que me
estremeciera. Sonaba como si
tuviera un plan.
Sonaba como una promesa.
234
Traducido por rihano
Lev
Mina
237
Encontré mis zapatillas de ballet negras y me deslicé en estas —
mientras Nas estiraba mi cabello antes de ponerme maquillaje. ¿
Mis largas pestañas con cuatro capas de rímel, y mis labios L
brillantes, consideré que era suficiente. No quería que pareciera a
que iba a un club. Quería verme como si estuviera yendo a una r
cena informal familiar. e
d
Me las arreglé para convencer a Lev para que llevara sus o
vaqueros (¡Hurra!) con una camiseta blanca bajo su jersey negro v
con cuello de pico de cachemir. Rodó sus mangas hasta sus i
antebrazos y yo estaba lista para terminar la noche, casi v
prefiriendo desnudarlo lentamente y devorar su cuerpo con mi e
brillante boca. Pero mi cerebro me recordó que ya habría tiempo s
para la sexy diversión luego. o
Lev pulsó un botón y su ventana descendió. Se inclinó hacia l
fuera y presionó el botón de la caja del pequeño altavoz. Un fuerte o
zumbido sonó antes de que un hombre hablara por el altavoz. ?
—¿Sí? L
e
—Mina Harris y Lev v
Leokov. El altavoz i
n
sonó de nuevo. c
—Por supuesto señor. Adelante. li
Las puertas se sacudieron antes de separarse por el medio y n
abrirse lentamente, permitiéndonos entrar. Tragué saliva. ó
s
—¿Cómo de rico es Laredo? u
Lev chasqueó la lengua antes de dirigirme una mirada. c
—Más rico que yo. a
b
Bueno, eso era sólo genial. Ahora nunca podría ponerme e
cómoda aquí. z
Nos tomó cinco minutos llegar a la casa. Me pregunté si a
alguna vez llegaríamos allí. Parecía como si Laredo poseyera h
todo el bloque. Me sentía débil. La casa era enorme. Eso me hizo a
preguntarme cómo una persona podía vivir en un lugar tan c
grande. Mi ceño se frunció. i
a un lado.
—No estoy seguro. Cuando éramos niños, siempre tenía
personas que se quedaban con él. Cuando uno se iba, otro venía.
Pero él no tiene a nadie más importante, no.
Lev me ayudó a salir del coche, y mientras caminábamos, la
puerta principal se abrió y salió Laredo sonriendo. Iba seguido
por otros cinco hombres. Y cuatro de esos cinco hombres me
sonrieron. El otro no sonreía, y tenía cicatrices en toda la mitad
derecha de su cara. Inmediatamente supe quién era ese hombre.
Ese hombre tenía que ser Alessio, el hijo de Laredo. El hombre
que perdió a su esposa en la cama de Sasha y después fue 238
obligado a llevar unas cicatrices para toda su vida, todo por
amar a una mujer.
Con el corto cabello negro y suaves ojos verdes, sus pómulos bien
altos y una boca llena, no se necesitaba ver mucho para saber o
que Alessio había sido un hombre atractivo. Tal vez, incluso podr
deslumbrante. Pero todo había cambiado. ía
hab
Mi corazón dolía por él. No lo tomé como algo personal que
er
no quisiera sonreír en señal de saludo. ¿Por qué lo haría? Yo
visto
estaba de parte de su enemigo. Una cosa era evidente. Él
mi
asustaba la mierda fuera de mí.
repe
Cuanto más nos acercábamos, la enorme sonrisa de Laredo ntin
creció. Subimos las escaleras y Laredo tendió la mano hacia Lev. o
Él vaciló sólo un momento antes de tomarla, sacudiéndola. rubo
—Laredo. r.
—Lev. —Suspiró—. Tuve dudas. Me imaginé que esta E
reunión nunca sucedería. l
—Me miro, soltando la mano de Lev y tomando la mía entre prim
las suyas—. Me alegra que hayas cambiado de opinión, er
querida Mina. hom
bre,
Sonreí suavemente.
de
—Yo —entonces espié a Lev—, sólo necesitaba tiempo para cab
asumirlo todo. ello
Gracias por recibirnos. rubi
Su sonrisa cayó mientras sostenía fuertemente mis manos. o y
—Te ves tan parecida a ella. Todavía me da escalofríos. — vesti
Me miró a los ojos por un rato antes de tomar mi mano y ponerla do
en el hueco de su codo—. Ven, conoce a mis chicos. —Bajó la con
voz—: Ellos insistieron en estar aquí esta noche. un
traje
—¿Sus chicos? gris
Más como sus humeantes hombres sexys. clar
Todos eran tan altos como los demás. Las paredes sólidas de o,
sus cuerpos me tenían riendo mentalmente. No, definitivamente con
no eran chicos. Estos hombres sonrientes hacían que mi la
estómago se revolviera de una muy, mala manera. Estaba medio cam
alegre de que Lev no leyera mis señales corporales demasiado iset
a
abierta en el cuello, ya lo había conocido, pero Laredo nos lo
presentó de todos modos.
—Creo que ya has conocido a Philippe Neige.
Philippe tomó mi mano libre, plantando un beso rápido en mis
nudillos. Su acento francés era una delicia.
—Allo, Mina. Qué gusto verte de nuevo.
El siguiente hombre tenía el cabello castaño claro y ojos color
avellana, y una sonrisa que me sorprendió. Era luminosa y
amplia, y cuando habló, su áspero tono me hizo tragar saliva.
239
—¿Howzit, liefie? —Si su acento no era suficiente para para
sorprenderme. El hecho de que no había entendido ni una tom
palabra de lo que dijo seguro que lo hacía. Vestía jeans oscuros, ar
una camiseta blanca con cuello en V y un blazer negro. Sonrió las
con más fuerza—. Esa fue mi lengua materna, Afrikaans. Sólo mía
he dicho “¿Cómo estás, preciosa?”. s.
—Oh —pronuncié, ruborizándome—. Estoy —
muy bien, gracias. Me estrechó la mano como M
un hombre le haría a otro hombre. i
—Nicolas Van Eden. n
—Un placer conocerte, Nicolas. — Él parecía divertido. a
—El placer es todo mío, bokki. —Se inclinó hacia adelante y —
me dijo—: Eso significa cierva. Y con unos ojos como los tuyos,
creo que te voy a estar llamando bokkie, pequeña. f
Me tomó todo lo que tenía para no estallar a carcajadas. Él u
era divertido sin querer serlo, y súper dulce. Me gustó mucho e
Nicolas Van Eden.
t
El tercer hombre empujó a su amigo fuera del camino.
o
—Mi turno. —Tenía el cabello corto y oscuro, y unos
sonrientes ojos verdes. Tomó mi mano, sacudiéndola d
ligeramente—. Mina, hemos escuchado mucho sobre ti. o
—Se veía hermoso en su traje negro hecho a medida. Sólo tenía
un ligero acento, pero era difícil pasarlo por alto—. Roman l
Vlasic, a su servicio. o
—Hola —le dije amablemente mientras le estrechaba la q
mano.
u
El cuarto hombre se paró pacientemente, esperando nuestra
llegada. Tenía la piel de un tono oliva, el cabello oscuro lo e
suficientemente largo como para rizarse detrás de sus orejas, y d
sus ojos verdes enmarcados con oscuras pestañas. El traje gris
metálico que llevaba le sentaba muy bien. Parecía como si i
hubiera hecho un esfuerzo para verse bien. Su sonrisa era j
reservada. Laredo me llevó hasta él, y él tendió ambas manos
o
. Y lo dijo en voz baja, casi con dulzura. Este
hombre, sentí, podría haber sido mi hermano.
Laredo hizo las presentaciones.
—Davi Lobo. Mina Harris.
Davi levantó ambas manos y las sostuvo en su boca,
presionando los más suaves besos en ellas. Soltó mis manos,
me sonrió y saludó a la persona que estaba detrás de mí.
Lev tomó mi mano, entrelazando
nuestros dedos. Oh, cierto.
240
Mi novio estaba aquí, y aunque esta manada de hombres
tenía mi mente hirviendo, el toque de Lev alivió la tensión en mí
de una forma que sólo él podía hacer.
Alessio se quedó en la puerta, sus ojos me buscaban de un
modo que sentí intrusivo. No creo que quisiera hacerlo. Ni
siquiera creo que supiera que lo estaba haciendo. Laredo miró a
su hijo e hizo las presentaciones desde lejos.
—Alessio Scrafó. Mi hijo.
—Hola. —Suspiré, tratando con todas mis fuerzas de no
esconderme detrás de
Le
v. Alessio hizo un gesto con la barbilla hacia mí con indiferencia.
Me di la vuelta para mirar a Davi, quien me quiño un ojo. Sonreí a
cambio. Oh
sí. Tenía un fuerte presentimiento sobre Davi. Él era con quien habl
me sentía más familiarizada. Era un poco extraño. ó
Laredo dio una palmada. prim
ero,
—Vamos. La cena será servida en el comedor en media hora. dirig
Tenemos algo de tiempo para hablar y llegar a conocernos los iénd
unos a los otros. ose
Seguimos a Laredo por el vestíbulo y dos miembros del a
personal esperaron a que nos acercáramos. Al segundo que Ales
estuvimos lo suficientemente cerca, abrieron la puerta doble de sio,
forma simultánea y las mantuvieron abiertas con caras rectas, sin quie
emociones. Laredo barrió su brazo para permitirnos la entrada a n se
Lev y a mí primero. Lev me ayudó a sentarme a la izquierda de sent
la cabecera de la mesa, donde Laredo se sentó, y tomó lugar a ó en
mi lado. el
Davi se sentó frente a mí y me sonrió como una colegiala. otro
Estaba tan cerca de mi hermano. Todo lo que necesitaba era extr
que Laredo confirmara mi sospecha. Quería preguntarle en este emo
mismo segundo, pero me dije que tenía que ser paciente. Todo de
sería revelado a su debido tiempo. la
mes
Por veinticuatro años, no supe que tenía un hermano. ¿Qué a,
era otra hora en comparación con una cuarta parte de toda mi lejos
vida? del
El resto de hombres se sentaron alrededor de la mesa y Lev rest
o de nosotros.
—¿Vamos a tener un problema?
Alessio sonrió cruelmente a mi hombre, con el rostro
distorsionado mientras sus cicatrices se tiraban y estiraban con
el movimiento.
—No lo sé, Leokov. 241
¿Vamos? Las cejas de
Lev se estrecharon.
—No hagas eso. No me hagas responsable por algo que
mi hermano hizo. Laredo levantó una mano.
—Vamos, muchachos. Este no es ni el
momento ni el lugar. Lev negó con la
cabeza.
—No. Tienes razón. Estoy aquí por Mina. Vamos a ser
civilizados. Pero tenemos que sacarnos esto antes de que su hijo
decida atacar al hermano equivocado.
Alessio se inclinó hacia adelante y gruñó:
—¿Civilizados? —Se puso de pie y silbó—: Mira mi puta cara.
¿Esto se ve civilizado para ti? —Sus duros ojos se posaron en
mí—. Tu mujer ni siquiera puede mirarme. Está jodidamente
asustada de mí.
Mis ojos miraron la mesa, mi rostro pálido. Así que se había dado
cuenta de eso,
¿eh? Mierda.
Laredo se levantó lentamente.
—Siéntate,
Alessio. Alessio
gruñó:
—No he terminado todavía, viejo.
Laredo habló en voz baja pero con firmeza:
—Sí, sí lo has hecho. —Sus ojos me miraron con simpatía
antes de volverse hacia su hijo—. Tu cara no es lo que asusta
a Mina, es tu temperamento lo que la molesta. —Entonces acabó
cansadamente—. Siéntate, Alessio. Estás asustando a tu
hermana.
242
Traducido por Roxywonderland
Mina
ué, qué? —
12
13
Boykie: Compañeros en Croata.
Lutkica: Muñequita en Croata.
—Cada vez que estaba de mal humor, me llevaba a la tienda deja
y me decía que llenara el carrito de compras con cualquier cosa ría.
que quisiera. Comíamos hasta inducirnos un coma alimenticio. — Que
Me reí—. Siempre contaba los chistes más cursis solo para des
hacerme reír. Estaba en el consejo de padres y maestros. Hacía apar
mis disfraces de Halloween desde cero. Me llevaba a la playa en ecer
los días más helados solo para sentarnos en la arena y sentir la ía.
brisa. Era una gran madre. —Mis ojos se llenaron de culpa. Giré Le
mi rostro hacia Alessio—. Y lamento que te hayas perdido eso. dijo
que
La expresión de Alessio permaneció dura, pero cuando giro
su
para desviar su mirada de la mía, puede ver que estaba afectado.
beb
¿Por qué Alessio no vivió con nosotras? ¿Por qué fue dejado é
con un padre que no lo quería? No lo entendía. nec
Enfrenté a Laredo. esit
aba
—¿Por qué nos separaron?
un
Laredo corrió su lengua por sobre sus dientes. padr
—Porque eso hería a Clara, y a mi hermano le e —
Oh,
gustaba castigarla. Frunció el ceño, casi perdido
Dios
en sus pensamientos. .
Son
—Mi hermano estaba casado. No tenía hijos con su esposa.
aba
Clara no era nada más que un entretenimiento. Traté de razonar
un
con ella tantas veces, pero… — suspiró—, ella amaba a Enzo.
poc
Oh, Jesús. o
Mi corazón dio un vuelco. ¿Era la otra mujer? ¿Quién diablos com
era esta persona? o
—Enzo fue bueno con ella por un tiempo. Tratándola bien. Irina
Ella, por supuesto, amaba sus atenciones. —Alzó su ceja . Mi
mientras aclaraba su punto—. Él era el hermano apuesto. estó
mag
Ahora entiendo.
o
—Clara se quedó embarazada solo un mes después de haber cay
dormido con Enzo. Todo el club sabía quién era el padre. Clara ó.
le pidió que dejara a su esposa. Él se rehusó. Ella le dijo que lo Esta
ba tan avergonzada—. Él le dijo que después de que tuviera al
bebé dejaría a su esposa. Pero sabía que estaba mintiendo. —
Se encogió de hombros—. No fue una sorpresa para mí que
después de que ella tuvo a Alessio, él siguiera con su esposa.
Clara estaba devastada. Planeaba dejar la ciudad. Enzo la atrapó
empacando sus cosas. Se puso como un demente.
Laredo miró a Alessio antes de volverse hacia mí.
—La golpeó hasta la mierda. Dijo que si trataba de irse de
nuevo, mataría al niño. No tenía duda de que lo haría. Ella no era
lo suficientemente estúpida como para volver a intentarlo. Al
menos tenía permitido ver a su hijo. 246
—¿La golpeó? —Mi voz asombrada—. Ella era la persona m
más dulce en todo el mundo, ¿y la golpeó? í.
Laredo me estabilizó con su mirada. —
¿Có
—Enzo usaba cualquier medio para mantenerla a su lado. mo
Cuando Clara se dio cuenta de que había elegido al tipo pue
equivocado, volvió sus sentimientos hacía mí. — Sonrió—. Yo des
era bueno con ella. La amaba. Ella se dio cuenta un poco
esta
demasiado tarde. Pero cuidé de ella tanto como me lo permitió.
r tan
El punto de vista que yo tenía de mi madre se estaba seg
desvaneciendo rápidamente. uro
—Sí, suena como una verdadera dulzura. que
no
—Nos volvimos descuidados. —Laredo ignoró mi sarcástico
eres
comentario y siguió—. No le tomo mucho a Enzo para ponerse a
mi
sospechar. Nos encontró una noche y fui atrapado con la mano
padr
en el jarrón de galletas. Peleé contra mi hermano con dientes y
e?
uñas. La pelea fue tan fuerte que rompí sus huesos, tanto como
Dijis
los míos. Pero Clara… había tenido suficiente de nosotros. Se
te
marchó, dejando a Alessio detrás.
que
Pobre Alessio. fuer
Mi garganta se cerró frente al duro hecho. on
¿Cómo pudo? ínti
mos
—Mi hermano trató de matar a Alessio más tarde esa …
semana. Intentó ahogarlo en la tina. Pero no pudo hacerlo. —Se
giró para mirar a Alessio—. No quería amar al niño, pero lo hacía. P
Un mes después, Enzo fue encontrado muerto en la oficina de su e
casa. Murió de una sobredosis accidental de drogas que presumo r
o
no fue tan accidental. La esposa de Enzo no quería a Alessio.
é
Sabía que era producto de una infidelidad, así que lo adopté. Él
l
debería haber sido mi hijo desde el inicio. Lo amo. Traté de
y
encontrar a Clara, pero se escondió bien, lo más gracioso es que
a
se fue justo bajo nuestras narices. Ni siquiera sabía que había e
fallecido hasta hace dos años. — Me miró—. No sabía que tenía s
una hija. t
La esperanza me golpeó desde algún lugar en lo profundo de a
ba negando con su cabeza.
—No. Lo siento, Mina. No soy tu padre. Nunca llevamos
nuestra aventura más allá. Solo no es posible que seas mía. —
Resopló—. Pero hubiese matado por ser tu padre, dulce niña. Sé
eso.
Lágrimas picaron en mis ojos mientras asentía
solemnemente.
Alessio había oído suficiente. Se burló de mí desde el otro
lado de la mesa.
—Mientras tú estabas recogiendo flores para tu ma, yo estaba
247
escondiendo moretones de mis amigos.
—Lo siento —susurré, mis ojos brillando. p
—¿Qué es lo que sientes? Tuviste una buena infancia y a a
mí me olvidaron. Así es la vida. —Bajé mi mirada hacia la r
mesa pero habló a pesar del silencio—. ¿Qué?
¿Ya no quieres un hermano? —Mi corazón se rompió. ó
Resopló una risa—. Sí, no lo creo. No soy lo suficientemente .
bueno para ti. ¿Lo soy? Justo como tu madre.
—
Lev apretó mi mano tan fuerte que dolió. ¿Có
—Cierra la boca. mo
Lo dijo al mismo tiempo que Laredo lo calmaba. podí
as
—No hables desde la rabia, hijo. Mejor mantente tranquilo, sab
Alessio. erlo
—No. —Alessio siguió—. ¿Por qué no le decimos acerca de ?
la vez que mi padre me pateó tan fuerte en el pecho que dejé de Vivi
respirar? O acerca de la vez cuando llegó a casa del club, se end
bajó sus pantalones, y orinó sobre mí mientras estaba o tu
durmiendo. jodi
Las lágrimas estaban bajando por mis mejillas. Mi pecho dam
ardía con cada latido de mi corazón. Luché desesperadamente ente
para no sollozar en voz alta. perf
ecta
Lev gruñó. vida
—Te lo estoy advirtiendo, Alessio. en
—Mientras ella tenía arcoíris y paletas de dulces —comenzó tu
a gritar—, yo tenía quemaduras de cigarrillo marcando mis jodi
malditos brazos. dam
ente
Los hombres que me rodeaban habían comenzado a perf
oponerse con furia frente al arrebato de Alessio. Todo lo que ecta
podía hacer era parpadear a través de mis lágrimas y hablar cas
quedamente. a
—No lo con
sabía. tu
mal
Alessio se dita
puta madre —me señaló duramente—. Tuviste la vida que
debería haber tenido yo.
Aplaudió lentamente, humillándome.
—Felicidades, Mina —sus labios se curvaron mientras
susurraba—, lo tuviste todo.
En ese punto, Lev había tenido suficiente. Lanzó su silla hacía
atrás tan rápido que cayó al suelo. Fue rápido, pero anticipé el
ataque antes de que comenzara. Alessio reía cruelmente, sus
brazos abiertos, dando la bienvenida al inminente ataque. Los
hombres se pusieron de pie, Nicolas y Roman se apresuraron
llevando hacía atrás a Alessio mientras Davi y Philippe esperaron 248
a ver qué hacía Lev.
Mis brazos se envolvieron alrededor de su cintura y lo apreté
fuertemente, clavando mis pies en el suelo mientras me
arrastraba.
—Quiero irme ya, cariño. —Algo en la rápida forma que hablé —
debe haber advertido a Lev sobre esta pelea, porque su agitado N
pecho y rechinar de dientes, se calmó en un segundo, girándose o
para envolver sus brazos protectoramente a mi alrededor. a
s
Lev se giró hacía mi hermano y susurró, mortalmente u
calmado: m
—Te vas a arrepentir de tus palabras —hizo una pausa—, a
s
me aseguraré de ello. Alessio abucheó fuertemente.
q
—Oooh. Estoy tan asustado. u
No había manera de endulzarlo. Mi hermano era un idiota. Un e
cruel y asqueroso idiota. No quería conocerlo. Quería fingir que l
esta noche jamás había sucedido. a
c
Me dirigí a Laredo, manteniendo mi mirada en el suelo o
mientras decía: n
—Esta fue una mala idea. Lo lamento por o
c
los problemas. Sonaba miserable.
e
—Mina, por favor no te vayas. s
—Disfruten su cena —respondí mientras Lev me dirigía hacía .
las puertas dobles. Antes de que llegáramos a la salida, Lev se N
detuvo a medio camino y se volvió para enfrentar a Alessio una o
última vez. Lo que dijo me hizo llorar otra vez. s
a
—Mina puede haber tenido una niñez decente, pero ha tenido b
que lidiar con su buena parte de dificultades. Ha estado sin hogar e
durante siete años. Pasó ese tiempo en las calles, durmiendo en s
callejones y comiendo basura para mantenerse viva. n
¿Dónde estabas durmiendo tú hace dos meses, Alessio? —habló a
calmadamente—. Encontré a Mina durmiendo junto a una poza d
de orina, tan escuálida que estaba al borde de la muerte por no a
haber comido en días. a
—Mina —murmuró Laredo, sacudiendo la cabeza con c
tristeza—, cariño. e
r
Lev estabilizó a mi hermano con su mirada, quien alzó su
c
mentón en defensa.
a de ella, saco de mierda.
Lloré sobre la manga de Lev, cansada de que la gente viera
mis lágrimas. Lev frotó mi brazo mientras nos dirigíamos a la
salida. Mientras abría la puerta principal para que saliéramos,
escuché a Nicolas Van Eden hablar, su acento espeso y duro.
—Esa chica es tu hermana. Fue dulce. Y tú… eres
un imbécil, boykie. A lo que Alessio respondió con
un resoplido.
—Cierra la maldita boca, Eden.
249
Traducido por Mae
Mina
nicié el sexo con Lev como una distracción. Era una cosa S
terrible que hacer, pero sentía que lo necesitaba. Lo u
necesitaba. Al principio, peleé contra ello, tratando de man
domar mis besos lujuriosos a los dulces que o
vislumbraban como peligrosos. Me subí sobre él, pellizcando la me
piel tensa en su cuello, chupando su lengua, y apretándome rode
contra su longitud endurecida hasta que mis bragas se ó,
encontraban empapadas. Lo dije antes, no había manera de fingir me
mi reacción a Lev. Aparté mis bragas y me deslicé sobre él, agar
empalándome en su polla gruesa hasta donde pude. Él había ró
perdido esta ronda, y con ella, su control. Con la espalda contra de
la cabecera de la cama, subió más, empujando en mí, sus fuertes la
brazos se envolvieron a mi alrededor, sosteniéndome con muñ
firmeza, y el sexo ya no era una distracción, más bien era un eca,
lugar de refugio para mí. y
Las manos de Lev sobre mi cuerpo me calmaron como una lueg
oración. Había demostrado una y otra vez que era todo lo que o la
necesitaba. dejó
caer
Dios... lo amaba.
entr
Mi cuerpo pedía liberación. Quería mucho no sentirme e
entumecida. Quería sentirlo liberarse dentro de mí. Nada me nue
satisfacía como ese sentimiento.
stros cuerpos unidos.
—Frota tu clítoris, bebé. Lentamente. —Entonces su cabeza
cayó para tomar mi pezón en su boca caliente. Hice lo que me 250
pidió y él me chupó. Dentro de un minuto, mi cuerpo se puso
rígido, mi cabeza cayó hacia atrás, mientras mi coño se apretaba
a su alrededor, y gemí mi orgasmo. Le tomó menos de diez
segundos a Lev seguirme. Soltó mi pezón con un pop y dejó
escapar un largo gemido cuando sus brazos se apretaron
alrededor de mí, sosteniéndome. Su polla palpitó dentro de mí, y
sentí esa maravillosa calidez húmeda gotear hasta mi núcleo.
Me sentí mejor, y parpadeé adormilada sobre él, ahuecando
sus mejillas y tomando su boca en un beso tierno.
—Dios, necesitaba eso.
—Sé que lo hacías —dijo en voz baja mientras me acariciaba la
espalda—.
¿Cómo te sientes? —preguntó, manteniéndonos unidos en
nuestros lugares más íntimos.
Apoyé la frente en su hombro, aceptando su abrazo.
—No tenía un hermano antes. Voy a estar bien sin uno ahora.
—Mina —comenzó—. Debes estar herida.
Me dolió, pero no iba a dejar que me afectara.
—Voy a estar bien, cariño. Te lo prometo. —Pero mi corazón
sufría por Alessio—. Estoy muy triste porque sufriera así en las
manos de nuestro su padre. Ojalá hubiera estado con nosotras.
Ojalá mamá lo hubiese llevado con ella.
—Eres demasiado amable. —Resopló—. Él fue grosero y
obsceno. Fue un imbécil. No debes preocuparte por él en
absoluto. Desde luego, él no se preocupa por ti.
—Sí —murmuré mientras giraba mi cuello para inhalarlo—. M
Sin embargo, no lo culpo por estar enfadado. Pecados del padre i
y toda esa mierda. h
Sus labios aterrizaron en mi sien. Me besó allí y susurró: e
r
—Es normal sentirte herida, Ratón. Está bien. m
El primer sollozo se me escapó tan dolorosamente que sentí a
como si mi pecho se hubiese desgarrado y mi corazón cayera n
pieza por pieza. Más lágrimas siguieron, y mientras soltaba mi o
dolor por haber perdido el hermano que nunca tuve, Lev mantuvo m
sus brazos alrededor de mí y sus labios en mi sien, e
sosteniéndome hasta que no hubo más lágrimas para llorar. o
d
La verdad era que quería un hermano, y ahora que sabía que i
tenía uno y me rechazaba, me dolía más que la agonía que sentí a
cuando mi madre falleció. b
a. 251
No me conocía, pero me odiaba.
El jurado había tomado su
decisión. La vida
simplemente no era justa.
Pasaron dos días, y aunque era poco tiempo, fue suficiente
para que casi todo el mundo en Bleeding Hearts supiera que tenía
un hermano, más sorprendentemente que fuera Alessio
“Caracortada” Scarfo. Sasha lo encontró particularmente
gracioso. Y lo odiaba por ello.
Encontraba cualquier excusa para hablarle a la gente sobre
el hermano que no quería a su hermana, y se regodeaba mientras
yo me encogía.
Me sorprendió que Anika me apartara, y con una mirada de r
simpatía en sus ojos, me abrazara mientras acariciaba mi í
cabello, diciéndome que lo sentía. La despreciaba por eso g
también. Nunca podría averiguar si éramos amigas o no. Ella i
hacía difícil odiarla cuando necesitaba tan desesperadamente el d
consuelo. o
s
Nas me preguntó acerca de Laredo, fingiendo desinterés, y
pero pude ver que quería saber de él. Le sonreí. s
—¿Quieres venir conmigo la próxima vez que lo vea? Es i
nuestro tío, después de todo. s
e
Parpadeó hacia su taza de café y asintió.
a
—Sí, eso podría b
estar bien. a
:
Rápidamente
—
agregó: ¿
T
—Quiero decir, no te dejaría ir sola de todos modos. No
i
después de que Alessio dijera esa mierda. —Me dio un codazo
e
ligero—. Te cubro la espalda, kukla.
n
—Sé que tuvo un romance con tu madre, pero está bien que e
admitas que lo extrañas —murmuré suavemente. s
—No —dijo con demasiada rapidez. d
e
Ante mi mirada inmóvil, se encogió de hombros y chilló: c
—¡No lo hago! e
Lo dejé pasar. No quería admitirlo, pero sabía la verdad. n
c
El sábado por la mañana llegó, y Lev y yo holgazaneamos en i
la cama, haciendo el amor con dolorosa lentitud, sin prisa para a
salir de nuestra burbuja de amor, cuando el timbre sonó. Lev se ,
levantó de la cama, en toda su gloria desnuda, fue a la pared, y i
levantó el auricular. m
—¿Sí? b
é
Miré a través del cuarto mientras sus hombros se ponían
c
il? —Luego colgó.
Cuando se giró, su mandíbula estaba
tensa y me miró. Un ceño frunció mi
frente.
—¿Qué?
Abrió la boca para hablar, cuando el timbre sonó de nuevo.
Tomó el receptor una vez más y lo acercó a su oído. Lo
mantuvo allí un largo rato y cerró los ojos.
—Tienes cinco minutos. Ni un
252
segundo más. Con un suspiro,
colgó el receptor y me dijo:
—Es posible que desees ducharte. Tienes un invitado.
—¿Quién es?
Se apoyó en la pared y habló en voz baja: —
Hola
—Tu hermano.
. —
Coloqué las sábanas más arriba en mi cuerpo, mis hombros Dio
rígidos. un
—No quiero verlo. pas
o
Lev me observó de cerca.
adel
—¿Estás segura? —No respondí con la suficiente rapidez, ante
por lo que se colocó un par de pantalones de pijama—. Bueno. y
Lo despediré, Ratón. me
Justo cuando se abrió la puerta de la habitación desde el tend
interior, grité: ió la
—Espera. —Si no lo escucho, me estaré siempre otra
preguntando qué es lo que había venido a decirme—. Está man
bien, voy a verlo. Dame un minuto. o.
Lo
Corrí por la habitación hacia el baño y tomé la ducha más hizo
rápida de mi vida. No me molesté con el maquillaje, simplemente tan
cepillé mi cabello mojado, me coloqué un par de vaqueros, un rápi
suéter blanco, y un par de chanclas antes de bajar. do
Lev se quedó en sus pantalones de pijama, con los brazos que
cruzados sobre su pecho, mirando a Alessio en completo di
silencio. En el momento en que oyó mis pasos, habló a mi un
hermano que estaba de pie a unos pocos metros de distancia, pas
con las manos detrás de la espalda. o
—Tienes cinco minutos. Haz que el tiempo valga la pena, atrá
porque nunca tendrás otra oportunidad. s
con
Me besó en la cabeza mientras pasaba, y lo vi caminar hacia un
la cocina. Me detuve de camino a mi hermano. Estaba vestido estr
con un par de pantalones de color caqui marrón, una camiseta eme
blanca y una chaqueta negra. También parecía muy nervioso. cimi
—Hola —murmuré. ento
Levantó la mano en señal de saludo y suspiró mientras . El
hablaba: rostr
o de
Alessio se retorció mientras sostenía un ramo de tulipanes de
color rosa, su mano cayó ligeramente—. Mierda. No voy a
hacerte daño, Mina.
Me abracé a mí misma, mi voz plana.
—Ya lo hiciste.
Sus manos encontraron sus caderas, el ramo de tulipanes
colgando boca abajo.
Bajó la barbilla, asintiendo al suelo.
—Sí —admitió. Cuando levantó la cabeza, habló con
sinceridad—, no debería haber dicho lo que dije. Pensé en
253
algunas de las cosas que te dije, y yo... —sus labios se
tensaron—, no debería haber dicho esas cosas. No fue tu culpa
que él fuera un bastardo cruel, y soy sincero cuando digo que
me alegro de haber pasado por toda
esa mierda de Enzo para que tú nunca tuvieras que hacerlo. Y… d
—se encogió de hombros con torpeza y habló bajo—… lo e
siento. e
ll
Él parecía realmente arrepentido, o al menos actuaba así. o
—Está bien —murmuré en voz baja. .
No sabía qué más decir, así que no dije nada. —
Alessio, se veía más y más incómodo cada segundo, tragó P
saliva. Se movió para colocar el ramo de tulipanes en la mesa de o
la sala junto a la puerta y dio un paso atrás. r
s
—Bueno, bien, eso es todo lo que quería decir, así que u
supongo que te veré por ahí —pensó en eso y luego suspiró—, p
o no. u
Estaba siendo civilizado, y algo me dijo que era un gran e
problema para Alessio Scarfo. s
t
Alessio se movió para irse cuando grité: o
—¿Quieres un café? .
Se quedó quieto, se dio la vuelta, y luego extendió la mano E
para frotar la parte posterior de su cuello. Asintió con inquietud. s
t
—Por supuesto. Un café sería genial. á
Tomamos nuestro café en el salón donde podíamos hablar a b
solas, pero donde no tendríamos que estar lejos de Lev. No i
estaba segura de cómo esto iba a terminar. Parecía que Alessio e
podría ser impredecible cuando se le provoca. n
—
Mantuve mi primera pregunta sencilla.
d
—¿Cuántos años tienes? ij
—Voy a cumplir treinta este año —me dijo mientras sostenía o
su taza de café más fuerte de lo que debería—. ¿Y tú? —
.
—Veinticuatro.
¿
Siguió un largo silencio. Y
—Y no tenías hogar —agregó en voz baja. e
s
—Sí. —Asentí lentamente—. Realmente no me gusta hablar t
ás trabajando en Bleeding Hearts?
—Sí. Soy camarera en la barra.
—¿Te está gustando? —preguntó
cortésmente. Sonreí en mi taza.
—Me gusta mucho.
Oh, Dios, esta conversación era tan
malditamente dolorosa. Era como comer
tiza. Barato y de mal gusto.
254
Suspiré, pasándome una mano por el cabello húmedo. que
quer
—No tienes que ser tan amable, ¿sabes? Me puedes
ía
hacer preguntas reales. Te prometo que no me voy a asustar.
ver
Él asintió, pero su vacilación era obvia. cóm
—Clara... —se aclaró la garganta—, era muy agradable, o se
¿eh? veía
en
—Lo era —le dije sinceramente.
la
Se mordió el interior de su labio. Al igual que lo hacía vida
cuando estaba nerviosa. Y el acto me hizo sonreír. real,
—¿Tienes alguna foto de ella? ¿s
—No —dije con profundo pesar—. Me dejé mi álbum de fotos ab
con mis padres adoptivos cuando me escapé. Tenía diecisiete es
años y era estúpida. Ni siquiera lo pensé. —Dejé escapar un ?
largo suspiro—. Haría cualquier cosa para recuperarlo. —
Su
Debía tener muchas ganas de ver ese álbum, porque lo la
siguiente que dijo fue: bi
—Soy bueno en buscar personas. Si me das su nombre y o
cualquier otra información que puedas, voy a ver qué puedo te
hacer. m
Le sonreí a continuación, y sonreí aún más. bl
ó
—Lev ya está y
buscándolos. Alessio se atr
ap
encogió de hombros.
ó
—No puede ser malo tener dos personas buscando. —Su mi
labio tembló—.
Muchas manos hacen el trabajo ligero, ¿sabes? mi
ra
La conversación se estaba poniendo fácil. Mi da
corazón se calentó. Pero mi sonrisa cayó. —
.
—¿Nunca has visto una foto de mamá?
Es
—Sí, pero en todas estaba en el club. Laredo tiene una pila as
de ellas. Estaba toda arreglada para el escenario. Supongo fot
os en el club... he visto las tetas de nuestra madre.
Una carcajada salió de mí con tanta fuerza que tuve que
taparme la boca.
—Oh, hombre. Ewww.
Su cuerpo se estremeció de risa silenciosa y las cicatrices
alrededor de su boca se estiraron.
—Sí, no está bien. —Su sonrisa se extendió hasta donde
pudo y se estremeció, extendiendo la mano para frotar la
cicatriz más gruesa en su labio.
Me di cuenta. 255
Se dio cuenta de que me di cuenta, y su sonrisa
desapareció.
Levantó la mano y la pasó delante de su cara llena de esta
cicatrices. ba
seg
—Me gustaría poder cambiar esto. —Se detuvo un
ura
momento antes de añadir—: No siempre me he visto de esta
de
manera.
cóm
Traté de sonreír. o
—No siempre me he visto de esta serí
a mi
manera tampoco. Alessio me inmovilizó
próx
con una mirada. ima
vez
—Sin embargo eres hermosa. —Negó con la cabeza—. No
—.
asustas a los niños con tu cara fea.
Sé
Sus palabras eran de dolor, y lastimaba escucharlas, pero que
era mi hermano, y si quería hablar de ello, escucharía con pue
atención, porque necesitaba que lo hiciera. de
—Sé lo que pasó. Sé lo de tu esposa y Sasha. —Me pare
acerqué a poner mi mano sobre la suya, la mano que cer
descansaba sobre su rodilla—. Lo siento. una
Sacudió la cabeza. locu
ra,
—No lo hagas. Era un maldito lunático. Nos casamos en Las pero
Vegas después de una noche de borrachera. Nos conocimos un si
par de horas antes. Ni siquiera la conocía. De seguro, no la tien
amaba. Pero era hermosa. —Se encogió de hombros—. Mi es
propia culpa por pensar con mi polla. algu
Quité mi mano, ruborizándome ante su comentario. na
—Ya veo. foto
de
Miró su reloj de pulsera. Enz
—Mierda. ¿Esa es la hora? Yo... —Me observó, con una o,
mirada vacilante en su rostro—. Me tengo que ir. real
La decepción me llenó. men
te
—Oh. —Me puse de pie y él hizo lo mismo. Forcé una me
sonrisa—. Bueno, fue un placer hablar contigo, Alessio. —No gust
aría verlo. Sé que no puedo llamarlo “mi padre”, pero soy parte
de él. Me gustaría ver cómo era.
Su rostro se iluminó.
—Sí, tengo unas cuantas. Puedo
traerlas un día. Solté un suspiro de
alivio.
—Eso sería
genial. Alessio
sonrió entonces. 256
—Voy a traerlas si me dejas encontrar a tus
padres adoptivos. Entrecerré los ojos en él, pero
lo hice sonriendo.
—¿De verdad quieres ver ese álbum?
Su sonrisa se suavizó. M
e
—Sé que no puedo llamar a Clara mi madre, pero soy parte
ap
de ella.
ret
Sin permiso, me acerqué y tomé su mano, apretando. La solté ó
rápidamente y entré en el salón por una pluma y un pedazo de ha
papel. Volví con los detalles escritos y se lo entregué. st
—Toma. Todos estos son los nombres de los miembros de la a
familia y donde solían vivir. No puedo recordar mucho más que qu
eso. —Señalé el número de teléfono en la esquina de la e
página—. Ese es mi número. al
gu
Alessio miró a los detalles antes de doblarla y deslizarla en su
ie
bolsillo.
n
—Este es un buen comienzo. Te haré saber si encuentro algo. se
—Me miró—. ac
Llamaré. lar
Le tendí la mano y la tomó, sin sacudirla, sólo sosteniéndola. ó
Y me dolía el corazón. El día estuvo bien. No quería que se fuera. la
Quería saber más acerca de él. Quería hablar desde el atardecer ga
hasta el amanecer hasta que no quedara nada más que decir. rg
Con los ojos brillantes, pregunté en un susurro: an
ta.
—¿Te puedo abrazar? N
Él parpadeó hacia mí. Su respuesta llegó en forma de él os
tirando de mi mano, acercándome a él hasta que sus brazos se ap
envolvieron a mi alrededor, y su calidez me cubrió. Acercando las art
manos, me agarré de los lados de su camiseta y apoyé la a
cabeza en su pecho, cerrando los ojos, sólo absorbiendo este m
momento tan especial. os
Era alto y cálido, y se sentía bien. Me sentí segura con mi pa
hermano mayor, tal como debería haberlo hecho. ra
en
Con voz gruesa, habló en voz baja. co
—Lo siento mucho, Mina. ntr
—Está bien, Alessio —lo tranquilicé—. Se ha acabado. ar
Olvidado. Estamos bien. Le
v de pie en la puerta abierta, con una expresión estoica.
—Hora de irse, Alessio.
Miré a Lev antes de pasar a Alessio y suavizar la cara.
—Envíame un mensaje, así tengo tu número,
¿de acuerdo? Aun así, sostuvo mi mano,
casi indispuesto a liberarla.
—Sí, está bien.
Por último, me dejó ir, y lo acompañé hasta la puerta. Cogí
las flores que fueron dejadas allí olvidadas, y sonreí. Me despedí 257
de mi hermano y me quedé allí, observándolo irse.
Brazos rodearon mi cintura, abrazándome con fuerza.
Levanté una mano y la puse sobre el antebrazo de Lev cuando
preguntó:
—¿Cómo fue?
Mi sonrisa era brillante.
—Bien. Muy bien.
Él suspiró suavemente.
—Supongo que vamos a verlo más entonces.
Me volví en sus brazos para mirarlo. Ante mi mirada
confusa, dijo: 258
Mina
262
—
Era horriblemente sexy ver a un hombre en ropa que le Y
quedara perfecta, y con el cuerpo que Lev tenía, no estaba m
segura de como algo le podría quedar mal. Me estaba muriendo e
r
por verlo en traje de baño. e
fi
Cuando salí del baño después de vestirme con mi nuevo y e
súper sexy traje de baño de una pieza, mentalmente le agradecí r
a Cora por su asistencia. Era hermoso, con pequeñas aberturas o
a
del material justo en los lugares correctos, a través de las costillas t
y en el centro de mis pechos. Era revelador sin parecer barato. o
d
Me encantaba. o
Con la mano en el mango de la puerta, me detuve, .
parpadeando ante la vista del trasero desnudo de Lev mientras —
se subía su traje de baño. Ni siquiera podían llamarlo así. S
o
Se giró y casi me trago la lengua.
n
Eran diferentes. No como simples pantaloncillos. No como los l
bóxers. Eran más apretados, como los calzoncillos. o
Muy s
ú
europeos. n
Me i
c
gustaba. o
Pero luego recordé que Anika estaría ahí. s
—¿Vas a usar eso? q
u
En algún punto a lo largo de esas líneas, me había e
convertido sin darme cuenta en un hombre alfa. t
Lev frunció el ceño, mirando sus pantaloncillos cortos de e
color azul marino. Alzó su rostro, con las cejas levantadas. n
—Yo… sí. g
o
Crucé mis brazos sobre mi pecho, apretando mis labios. ,
—Son demasiado pequeños, Lev. Se R
a
puede ver todo. Me incliné hacia su
t
cintura y siseé susurrando: ó
n. Tendrán que servir.
Mis labios hicieron un puchero cuando pestañeé hacia su
impresionante polla.
Murmuré:
—Oh, apuesto a que Anika amará eso.
Se puso de pie, con las piernas separadas, y sonrió
maliciosamente.
—¿Es esto celos, mi Ratón?
—No —mentí rápidamente—. No lo son. —Fingí aburrimiento
con un normal encogimiento de hombros—. Solo quería que 263
supieras que todo el mundo va a ver a tu Frank y sus frijoles.
Luego pasó algo milagroso. Me
sost
Lanzó su cabeza hacia atrás y rugió con risa. Y fue precioso.
uvo
Lo observé reír, y mi mente quedó frita por las ásperas com
cortezas de alegría provenientes de él. Sonaba liberador, y yo o si
estaba abrumada. Estaba insegura de cómo reaccionar. no
¿Era apropiado explotar en lágrimas de alegría cuando pes
escuchabas a tu hombre llorar? Pensaba que no. Así que me ara
quedé en silencio, mirándolo, perpetrando este momento al nad
banco de mi memoria. Lo mantendría ahí para un día lluvioso, a.
para cuando lo necesitara más. —
—¿Frank y sus frijoles? —murmuró, muy divertido, ¿
limpiándose las lágrimas de felicidad. Luego se enderezó,
extendiendo una de sus manos—. Mina, ven aquí. Q
Hice pucheros todo el camino hacia él. Su mano envolvió las u
dos mías y se inclinó para mirar mi rostro mientras me sonreía i
suavemente.
é
—Estoy peligrosamente cerca de enamorarme de ti.
n
Echó la cabeza hacia un lado, pensando, antes de agregar:
d
—Si es que no lo
u
estoy ya. Oh, mi
Dios. e
r
¿Acaba de decir eso? ¿En serio
m
acaba de decir eso? Oh, Dios.
e
Levantó una mano y pasó su pulgar a través de mi mejilla.
—¿Crees que me importa lo que piense Anika? —Descansó e
sus manos sobre mis hombros y me atrajo hacia él, besando mis n
impactados labios con un muack—. Ella no eres tú. —Besó mis
labios una vez más—. Ella nunca serás tú. m
Mi corazón latía rápido y fuerte, golpeando en mi pecho. i
Alcé mis brazos para pasarlos alrededor de su cuello. Sus c
brazos me envolvieron y se enderezó, levantándome del suelo.
a
ma por las noches, Ratón? Enterré mi
nariz en su cuello y balbuceé:
—Yo.
—Tú —confirmó—. ¿Y quién
me hace reír? Sonreí contra la
barba de su garganta.
—Yo.
—Exactamente. —Volvió su rostro para besar mi mejilla—.
Nadie más. Eres tú, Mina. Siempre has sido tú —habló con 264
suavidad—. Solo me hacía falta encontrarte. Y ahora que lo he
hecho, no dejaré que te vayas. ¿Está bien?
—Está bien —susurré, sintiendo huir mis celos.
Me depositó en el suelo, se puso la bata, y se calzó las esta
sandalias de cuero antes de deslizar sus gafas de sol sobre sus ban
ojos. Rápidamente me coloqué un vestido blanco antes de de
calzarme unas sandalias baratas en color rosa pálido. Luego pie
caminamos hacia la casa de Sasha. cerc
a
Para el momento en que rodeamos la vivienda hacia la
del
piscina cercada con vidrio, los otros ya estaban ahí en sus trajes
bar,
de baño, hablando, comiendo, y bebiendo cockteles. Me detuve
esp
justo en la puerta, mis amplios ojos mirándolo todo, admirando la
eran
espectacularidad.
do a
Esta casa de piscina era increíble. que
Estaba construida alrededor de la gigantesca y circular el
piscina. Con pedruscos asentados alrededor del exterior de la bart
piscina y plantas selváticas colocadas estratégicamente en el end
contorno del perímetro. Parecía como si estuviéramos al aire er
libre. Mi corazón casi explotó de emoción cuando vi el tobogán. term
Necesitabas subir un tramo de escaleras para llegar ahí, pero inar
necesitaba subirme en esa cosa. Me sentí como una niña de a de
cinco años en el parque acuático. mez
clar
Una mirada a la izquierda me mostró un severo hombre
sus
vestido con una camisa negra, de pie detrás del bar, mezclando
bebi
bebidas.
das.
De acuerdo, tal vez no es un lugar ideal para una niña de Amb
cinco años, pero estaba igual de impresionada. os
Esta casa de piscina era más bien una mansión de piscina, lleva
con sofás, una zona con una mesa elegante para comer, y la ban
televisión más grande que he visto en mi vida ubicada en la pant
pared, un baño completo y funcional, y una ducha al aire libre. alon
Viviría felizmente en este lugar para siempre. es
cort
—Whoa —dije sin aliento.
os
Nas ya estaba dentro de la piscina, usando un bikini negro. negr
Anika yacía reclinada en una silla larga vistiendo un bikini de os
estampado de leopardo con estilo de los 1950 con la parte que
inferior de talle alto, sus ojos cerrados, relajada. Sasha y Vik les
llegaban por encima de las rodillas.
Apodaré a esta casa de piscina La
Casa de los Sexy. Nas nos vio primero,
sonriendo.
—Perversa. Lo lograste. Pensé que nunca
abandonarías tu cama. Me ahogué diciendo:
—Buenísimo, Nas. Realmente buenísimo.
Fingió completa inocencia cuando escuché un ligero “Hola”,
de Anika. 265
Me volví para sonreírle, pero perdí mi sonrisa falsa cuando
sus ojos cayeron en Lev justo cuando él se quitaba su bata.
Quise parecer discreta, así que antes de su
gran revelación del Señor Frank y de los Frijoles Gemelos, me regr
puse delante de él, obstaculizando su vista. Después subí mi eso,
cabeza y sonreí. poni
end
—Hola, Anika. ¿Cómo estás?
o
Observó a Lev de cerca mientras respondía: los
—Estoy bien, gracias. ojos
en
—Ven dentro —llamó Nas—. Te juro que el agua está
exquisita. Como un baño caliente. blan
co.
Quería guardar las partes más sensibles de mi hombre, pero Par
no podía resistir el llamado de la piscina. Con una sonrisa, me ecía
quité el vestido por encima de mi cabeza, corrí lo más rápido que que
pude, y luego salté, cayendo en la cálida agua con un sonoro yo
chapuzón. Una vez que resurgí, nadé ligeramente cerca de Nas. no
—Oh, Dios, esto es maravilloso. era
Lev tomó la silla larga próxima a Anika, se quitó las gafas de la
sol y se recostó. Ella lo miraba con un ojo agudo, inclinándose únic
de medio lado para enfrentarlo. Sonrió y habló tranquilamente. a
Él no se volvió hacia ella cuando le respondía, colocando sus capt
manos detrás de su cabeza y cerrando sus ojos. Ella habló un and
poco más, y no pude evitar percibir como se aguantaba. De o el
medio lado como estaba, su seno estaba peligrosamente cerca a flirte
salirse de su bikini. o de
Anik
Estaba a punto de abrir mi boca, cuando escuché a Sasha
a.
decir:
H
—Ani. Tus tetas están a punto de saludarme.
ubie
Me giré para mirarlo. Con ojos feroces, le entregó un cocktel ra
y dijo: odia
—¿Necesitas algo con lo que do
el
cubrirte? Ella parpadeó,
hac
pareciendo confundida. er
—No. Estoy bien. Gracias. una
esc
Tuve que volverme para sonreírle a Nas. Y ella me sonrió de ena
hoy, pero lo haría totalmente si lo necesitaba. Ella tenía que
estarse tranquila a mi alrededor. Puede que sea pequeña, pero
podía volverme temeraria cuando me molestaban.
Vik estaba sentado al borde de la piscina, entregándonos a
Nas y a mí un cocktel de frutas a cada una. Sonreí en
agradecimiento cuando levantó su cerveza hacia nosotras.
Levantamos nuestras bebidas en salud y bebimos en el relajante
lugar.
Estaba comenzando a pensar que era una gigante estúpida
por no querer venir aquí hoy. Sasha incluso se comportó normal.
Y yo estaba feliz de estar aquí. 266
Nas se volvió hacia mí.
—Así que —comenzó—, ¿hablaste con Alessio?
Sonreí con alegría. —
¿
—Sí. Me envió mensajes ayer para que tuviese su número, y L
hemos estado escribiéndonos desde entonces. —Mi sonrisa se e
suavizó—. En realidad no es un mal hombre. d
Sasha resopló mientras se deslizaba dentro de la piscina. ij
—Sí, claro, nunca lo has visto atacar tu garganta con una i
maldita navaja del tamaño de la polla de King Kong. s
t
Me giré para fruncirle el ceño. e
—Te follaste a su esposa. a
l
Sasha bebió de su cerveza y se encogió de hombros.
g
—Debió mantenerla más cerca u
de sí. Gruñí. n
a
—Dios, eres un cerdo. m
Sonrió en esa manera babosa que odiaba. i
—Eso ya lo sabes, Mina. e
r
—Realmente siento lástima por la chica que termine contigo d
—murmuré mientras negaba con la cabeza en simpatía con la a
pobre chica desconocida que se casaría con Sasha. s
Su rostro cayó, pero tanteó. o
b
—Entonces, Caracortada Scarfo es tu hermano. Está gritando r
esa mierda desde los tejados. —Me observó—. ¿Cómo e
conseguiste que te aceptara? Dijo que no quería a ninguna e
hermana, ahora sí. Tengo curiosidad. ¿Qué tuviste que hacer? l
Él quería que cayera en su trampa. c
l
Quería una pelea. No conseguiría una.
u
Bebí de mi cocktel y me encogí de hombros. b
—Lamentó tratarme de la manera en que lo hizo. Se disculpó ?
y yo lo superé. No voy a discutir asuntos privados contigo, Sasha. M
Todo lo que necesitas saber es que mi hermano y yo estamos i
trabajando en reparar nuestra relación. r
Inclinó su cabeza ligeramente. o
stro se sonrojó. Le he dicho algo, pero nada importante.
—No realmente. Me preguntó por qué estábamos cerrando.
Le dije que se está preparando algo grande. —Sonreí—. Pude
haberle dicho que esperasen a que su competencia volviera con
un golpe.
Los ojos de Sasha me inspeccionaron.
267
—¿Ah, sí? ¿Qué dijo una
Scar
sobre eso? Lo aplasté fo
con una mirada. de
san
—Nos deseó buena suerte. Y lo
gre
dijo en serio. Nas intervino. y
—Eso es algo agradable de su parte —dijo sinceramente—. una
Eso es genial, Mina. Leo
kov
Sonreí. Mi hermano era, de hecho, un hombre decente. de
Hizo que mi corazón se calentara. cora
Vik habló con un tono indiscutible. zón.
—Sí, pero no es como si todavía no quisiera cortar a M
Sasha en pedacitos. Estuve totalmente de acuerdo. e
sent
—No lo hemos hablado mucho, pero estoy segura que sí. — í
Miré a Sasha antes de alejar mi mirada, queriendo hacer mi seg
punto en perfecta calma—. Lo que Sasha le hizo a su rostro lo ura
cambió. Él es la coraza de la persona que solía ser. —Me encogí con
de hombros—. Realmente no lo culpo por querer venganza, si les el
soy honesta. —Un escalofrío me recorrió―. ¿Pueden imaginarse con
como debió sentirse? ¿Que tu esposa te sea infiel no solo con oci
otro hombre, sino con un rival y luego tener que llevar esas mie
cicatrices para siempre, recordándote diariamente algo que nto
preferirías no recordar? de
Silencio se deslizó a través del grupo. que
tení
—Él no puede olvidarlo, no importa cuánto lo intente —hablé
tranquilamente—. a
Lo que Sasha le hizo no lo deja. más
fami
El silencio abarcó al grupo por un corto momento mientras lia
bebíamos nuestras bebidas en quietud. Pero al cabo de un rato, ahor
Vik nos tenía riendo acerca de algo estúpido, y cuando Lev se me a
unió en la piscina, llevándome sobre su espalda, recordé que
rápidamente que este inverosímil grupo de personas significaban con
algo para mí. Puede que no tenga una familia completa, pero era la
que comencé.
Y Lev era mucho más
que eso. Él era mi
hogar.
268
Traducido por Pimienta
Sasha
270
Traducido por nikki leah
Mina
272
—Sí, bueno, estoy tomando bastante de tu tiempo. No —
quiero fastidiarte. Sonreí. G
—¿A qué debo este r
placer? Él hizo un a
ligero gruñido. c
—No estoy seguro de si debería haber llamado o no, pero i
después de hablar con papá, él me dijo que debería hacerlo. — a
Estaba dudando.
s
Mi sonrisa desapareció.
,
—¿Qué es?
A
Alessio
l
suspiró.
e
—Es que tenía aquí a dos de tus chicas
s
pidiendo trabajo. Cerré los ojos.
—Déjame adivinar: Sofía y Martina, ¿correcto? s
—Sí —siguió—, les dijimos que no las i
necesitábamos. Mi ceño se frunció. o
—¿Por qué hiciste eso? Antes tenías personas por los —
alrededores del club para robarnos a nuestros trabajadores. r
Él chasqueó la lengua con fastidio. e
—Sí, bueno, la mierda ha cambiado. Ya no estamos s
haciéndolo —dijo él—. Dile a tus niñas que no son bienvenidas
aquí, ¿de acuerdo? p
Una pequeña sonrisa adornaba mi cara. o
—¿Esta es su manera de decirme que no vas a n
joder mi trabajo? Se quedó en silencio un d
momento antes de decir: í
—Eso es exactamente lo que te estoy diciendo. e
n voz baja. Su respuesta fue tan
tranquila.
—De nada, Mina.
De inmediato me dirigí a la barra y me acerqué a Sasha.
—Así que sólo tenía una llamada interesante
de mi hermano. Las cejas de Sasha subieron.
—¿Por qué coño me lo estás diciendo?
Fruncí mi nariz hacia él, y levantando mi mano, lo golpeé en
el pecho. 273
—¿Sabes? podrías ser más amable conmigo. Tengo
información importante que decirte.
Él suspiró. —
Sie
—Lo que sea. Dispara.
mpr
—Alessio me dijo que Sofía y Martina estaban en El Beso e
de Afrodita justo ahora, solicitando trabajo. tuve
La mandíbula de Sasha se marcó, pero como siempre, una
habló de manera uniforme. cos
a
—Perras de mierda. Están despedidas. Tan pronto como
por
lleguen, diles que vengan a verme a mi oficina.
la
Asentí, perfectamente feliz con el despido de ambas chicas. foto
—Sabes que no podemos trabajar con tan sólo nueve grafí
chicas. Vamos a necesitar por lo menos tres más a tiempo a
completo. y...
—mi
Me fulminó con la mirada.
cara
—¿Cómo diablos sabes eso? enro
Me mordí la lengua, pero realmente quería decirle que se jeció
comiera mil pollas. —, y
—He hecho mi investigación. —Resoplé—. Escucha, yo
probablemente no habría sido capaz de hacer nada de esto sin era
Birdie. Creo que deberías ponerla a cargo de la contratación de bue
las próximas chicas. na
en
Por una vez, no estaba en desacuerdo, mirando hacia la eso.
mujer. Pen
—Ella me sorprendió con toda esta mierda. No me di cuenta sé
de que era material para la administración. Podría haberla usado que
hace unos meses. —Él asintió—. Voy a hablar con ella. si
¡Gracias al Señor por las pequeñas victorias! tuvi
eras
Mientras estaba en buena racha, decidí empujar mi suerte. una
—No tendrías una cámara profesional por ahí, ¿verdad? cám
Su mirada monótona me dijo que no, que no la tenía. Sus ara,
cejas se fruncieron. podr
ía
—¿Para qué necesitas una cámara?
tom
ar fotos de las chicas para los volantes. Tengo algo en mente,
pero sólo necesito las herramientas para hacerlo. —Agité mis
manos despidiendo la idea—. No importa. Lo haré sin ello.
Mientras me alejaba, me di la vuelta y empecé a caminar
hacia atrás mientras le decía a Sasha genuinamente:
—Oye, gracias.
Él frunció el ceño.
—¿Por qué?
Me encogí de hombros.
274
—Por darle a mí idea una oportunidad. Significa mucho. Así —
que gracias. P
o
Volví con las niñas y escuché mientras proyectan sus ideas r
para las rutinas de baile y actuaciones en solitario. Trabajamos t
para que cada acto sea de entre tres y cinco minutos cada una, u
con dos intervalos durante la noche. Me quedé impresionada b
con estas mujeres. Ellas se lo estaban tomando todo con calma i
y contribuyendo. Estaba muy orgullosa de ellas. e
Una hora más tarde, llegó una entrega al club y era dirigida a n
mí. Firmé con la confusión escrita por toda mi cara. Cuando abrí ,
el paquete, di un grito ahogado. e
s
Dentro había una nueva cámara digital profesional Pentax.
p
Mis labios comenzaron a temblar. Sabía quién había hecho esto.
e
Desde detrás de mí llegó un severo: r
—Si lo rompes, lo pagas. o
q
Puse con cuidado la caja en la barra antes de girarme y u
preguntarle: e
—¿Por qué? ¿Por qué me has dado esto? t
Sasha miró al suelo, claramente incómodo. Su respuesta fue e
cortante. n
g
—No lo compré para ti. —Su voz se suavizó—. Lo hice por a
el club. Lo compré para el club. s
Una pequeña sonrisa tiró de mis labios, y pronto estaba r
radiante. a
—Voy a tomar las mejores fotos que z
ó
hayas visto nunca. Sus cejas se elevaron n
por la convicción en mi tono. .
S
—¿Las mejores fotos que haya
a
visto nunca? Sonreí. s
—Las mejores malditas fotos que hayas visto nunca. h
a
Él sonrió entonces, pero fue un poco. Suspiró para sí mismo. L
eokov no sabía con quién estaba trabajando.
No sabía quién era Mina Harris en realidad. Necesitaba
que se lo mostrara, y tenía toda la intención de hacer
precisamente eso.
Lo
conquistarí
a. Lo haría.
Lev llamó justo cinco minutos antes del cierre para decirme
que no iba a venir al club como estaba previsto. Se quedó
atrapado en esos números suyos y perdió totalmente la noción 275
del tiempo. Por suerte para él, había tenido un buen día; de lo
contrario, no lo habría aceptado simplemente.
Después de ver algunas de las fotos que intentaba poner en —
los volantes, Sasha estaba impresionado. No lo demostraba, N
pero sabía que lo estaba. ¿Por qué si no se iba a ofrecer a o
llevarme de vuelta a casa? lo
sé
Sasha y yo éramos ahora como normales mejores amigos.
.
Bueno, en realidad no. Pero él sucumbiría a mi encanto.
Pu
Eventualmente. Estaba segura de ello. ed
Sasha condujo hasta el camino de Lev el tiempo suficiente e
para murmurar: qu
—Joder. e
no
Levanté la cabeza para ver lo que le había sacado una se
maldición y encontré el coche de mi hermano en el camino. a
Y estaba sentado dentro. na
—Gracias por el viaje. Nos vemos más tarde —murmuré da
distraídamente antes de salir, caminando hacia el coche de ,
Alessio y golpeando ligeramente la ventana. pe
ro
Él estaba frunciendo el ceño hacia abajo a un pedazo de …
papel en su regazo, pero tan pronto como levantó la cabeza —
para mirarme, su rostro se suavizó. Abrí la puerta del pasajero y
m
me senté adentro, sonriente, inclinándome sobre el asiento para
e
darle un ligero abrazo.
pa
—Oye. No te esperaba. ¿Qué estás haciendo aquí? só
Y, ¿qué haces fuera? Su brazo llegó a mí alrededor el
tro
para abrazarme de vuelta, y pronunció: zo
—Tengo que hablar contigo. A de
pa
solas. Mierda.
pe
Me aparté. l—
—Eso suena ,
to
serio. Sacudió la
m
cabeza. a,
mí
ralo por ti misma.
Mis dedos trabajaron rápidamente para desplegar el papel.
Cuando leí lo que había en él, mi pecho se apretó.
—Los encontraste —susurré—. Encontraste a los Peterson.
¿Ya? —Sonreí y reí—
. Trabajas rápido.
—Mina, esta es la cosa —comenzó con cautela—. ¿Hace
cuánto tiempo le pediste a Lev que los encontrara?
¿Cuánto tiempo? Recordé.
—Hace unas seis semanas. 276
¿Por qué? Maldijo, pasándose
una mano por la cara.
—No quiero causar ningún problema, pero creo que —
necesitas saber que alguien contactó a los Peterson hace unas Ento
semanas, haciendo todo tipo de preguntas sobre ti. nce
s
Fruncí el ceño. Eso no podría ser cierto. Añadió en voz baja:
quer
—Y creo que fue Lev. ía
—¿Qué? —Me reí sin humor—. No, eso no sab
er
puede ser cierto. Alessio levantó las manos en cóm
un gesto de impotencia. o
esta
—No lo sé a ciencia cierta. No lo sé. Tal vez deberías hablar
bas
con él sobre ello. Si no fue él, no sé quién podría haber estado
y
preguntando por ti. Es una coincidencia espeluznante. —
dón
Continuó—: Y no creo en las coincidencias.
de
Mi corazón se te
retorció. Lev no esta
bas
me haría eso. que
Él no lo haría. dan
Aparté mis pensamientos y seguí adelante. do.
Me
—¿Hablaste con ellos entonces? ¿Con los Peterson? —Él
preg
asintió. De repente me sentí nerviosa—. ¿Qué dijeron?
untó
Alessio habló con calma. si
—Hablé con Maggie. Le dije que era tu hermano. Que no podí
sabíamos el uno del otro hasta hace poco y que estabas a
buscándolos. vert
Mi garganta se apretó. Le pregunté un quedo: e.
No
—¿Qué te dijo? le
Sus ojos se abrieron cómicamente. dije
—Bueno, primero jodidamente lloró como un bebé. don
de
Mi mano se acercó para cubrir mi boca mientras mi rostro se esta
arrugaba. Alessio puso una mano en mi rodilla, acariciando, y ba
continuó: que
dándote, pero le dije que te lo diría y que si querías reunirte con
ella, me llamarías.
Mi voz tembló.
—¿Cómo están? ¿Cómo está
James? Alessio sonrió.
—Ellos están bien. Viven muy cerca de donde solían vivir.
No sé sobre James.
Ella no lo menciono.
—Vaya —murmuré, mirando hacia abajo al papel en mi
regazo. Tragué saliva y luego dejé escapar un largo suspiro—. 277
Gracias. —Me volví hacia él—. Muchas gracias.
Luego dijo algo —
maravilloso. Se V
encogió de hombros. e
—Eres mi hermana. Te ayudaré en lo que pueda. n
Antes de que estallara en lágrimas, me arrojé sobre el e
asiento, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello y s
tirando de él más cerca.
t
—Lo mismo va para ti... hermano —le solté,
a
sonriendo—. Mejor me voy. Miró su reloj y asintió.
s
—Sí yo también. Tengo que estar listo para el trabajo —Su
rostro cambió entonces y chasqueó sus dedos—. Espera, antes e
de que me olvide. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una m
fotografía antigua y luego me la pasó—. Conoce a Enzo Scarfo.
a
El rostro que me miraba era guapo. Muy atractivo. Con altos
pómulos, nariz afilada y cejas bajas, parecía peligroso. Él no n
sonreía en la foto, mientras sus ojos casi negros me miraban. a
Un escalofrío me recorrió.
.
—Era muy
A
guapo. Alessio se
l
burló.
m
—Era un cruel bastardo.
Si las cosas que Alessio había mencionado eran ciertas, o
estaba de acuerdo de todo corazón. r
Así que tomé la fotografía, la agarré con fuerza entre mis z
dedos, la rasgué por la mitad y murmuré:
a
—Ya lo he visto. Mi curiosidad está saciada. Y espero que él
esté ardiendo en el infierno por lo que te hizo. —Rompí la foto en r
trozos, sosteniéndolos apretados en mi mano para poder tirarlos e
todo a la basura.
m
Inclinándome para besar la mejilla de mi hermano, me
despedí. o
s. No dudó en responder
rápidamente.
—Sí, está bien. Llamaré.
—Gracias de nuevo.
—Sonreí. Guiñó un
ojo.
—En cualquier momento.
El momento en que caminé dentro de la casa, supe que algo
andaba mal. Encontré a Lev sentado en la parte baja de las 278
escaleras, con la cabeza entre sus manos.
Dejé todo y corrí hacia él, envolviéndolo en mis brazos.
—¿Lev? ¿Cariño, qué pasó? —pregunté en pánico.
Levantó su cabeza para mirarme a los ojos.
—Irina está muerta.
De todas las cosas que esperaba oír, esta no
era una de ellas. Mi corazón latía con fuerza.
—Oh Dios mío.
Se pasó una mano por su cara y habló en aflicción.
—¿Por qué no podía simplemente rendirse? ¿Por qué tenía
que jodidamente presionar de la forma en que lo hizo? —Me miró
con angustia—. Yo sólo quería a mi hija.
La confusión me superaba.
—¿De qué estás hablando, Lev?
—Es mi culpa que esté muerta —hablaba
entrecortadamente.
Suspiré. Por supuesto que él sentiría que era culpa suya. 279
Quería a su hija tanto que probablemente pensaba que era su
culpa.
—No, cariño. —Sostuve sus manos y hablé en voz baja—
. Esto no es tu culpa. Él asintió con firmeza.
—Sí, lo fue.
Hablé con severidad:
—No, no lo fue.
—Lo fue. —Su rostro se volvió doloroso—. Hice que Mirella
metiera cocaína en su casa. —Cerró sus ojos, angustiado—.
Murió de una sobredosis.
Oh, mierda.
Estábamos en un gran problema.
Traducido por Pimienta
Mina
283
Traducido por martinafab
Mina
288
ell
o. Apoyando la mejilla en su pequeña cabeza, se volvió hacia mí.
—Yo hago buenos niños, si te interesa —terminó con una sonrisa.
Me reí y sacudí la cabeza ante su terrible broma. Mi sonrisa No
vaciló, como si supiera que era el momento de traer a colación trate
algo que había estado temiendo. Lo había estado conteniendo s de
por una semana completa. Se sentía rastrero mencionarlo dete
después de la muerte de Irina. ner
me.
—Lev, cariño —comencé—, tengo que preguntarte algo, y
—
necesito que no te enojes conmigo, ¿de acuerdo?
Me
Frunció el ceño, meciendo a Lidiya. detu
—De acuerdo. ve
un
Con la boca seca, traté de explicarlo de la manera rápida.
mo
—Alessio encontró a los Peterson por mí. men
Por la forma en que su cuerpo se puso rígido, tuve mi to—
respuesta. Pero tenía que preguntar. .
Esto
—Necesito saber si tú los encontraste primero. Necesito
y
saber si me mentiste. La decepción me inundó cuando enoj
respondió en voz baja: ada
cont
—No estaba preparado para que los vieras. —Continuó—: No igo,
estaba preparado para que me dejaras. cari
Mis ojos se cerraron, pronuncié un suave: ño.
—Te amo, Lev, pero esto... esto no era sobre ti. —Mis ojos se —
llenaron de lágrimas detrás de mis párpados cerrados—. Te No
rogué que los encontraras. Me dijiste que lo harías. Saber que habí
podía haberlos visto hace más de un mes... duele. a
calo
—Lo siento —dijo en ese tono r en
robótico suyo. Mis ojos se mí
dicie
abrieron de golpe.
ndo
—No creo que lo hagas. —Negué con la cabeza—. Creo que eso,
sientes haber sido atrapado. sola
Me levanté y hablé suavemente: men
te
—Voy a verlos esta semana, y voy a llevar a Alessio conmigo. dec
epción.
Él parpadeó hacia mí, casi como si mi declaración tranquila lo
sorprendiera.
Repitió con más sentimiento:
—Lo siento, Mina.
Con mi voz plana, salí de la sala de estar, murmurando:
—Yo también.
Me encontró tirada en la cama una hora más tarde, mirando
hacia el techo.
Mi frustración estaba allí, claro, pero no iba a hacer que Lev 289
se ahogara en ella.
Ese no era mi estilo. Forcé una sonrisa.
—Hola. ¿Dónde está la princesa? r
Sus ojos no se encontraron con los míos. e
—Nas se la llevó. c
Miré la hora en mi teléfono. i
—Va a tener hambre pronto. e
—Sí, Nas se la va a quedar para la cena. Ada hizo n
espaguetis. —Suspiró, entrando en la habitación—. Necesito
que entiendas algo sobre mí. t
Esperé con cuidado. Abrió los brazos y dijo: e
—Soy egoísta. m
Mi ceño se frunció. e
—No, no lo eres. No eres egoísta en absoluto. n
Con la mandíbula apretada, se sentó en el borde de la cama t
y asintió.
e
—Lo soy. Y soy despiadado. Cuando quiero algo, hago lo
que necesite para conseguirlo. .
Eso no sonaba como el Lev que conocía. N
—Estás siendo dramático. o
Sus cálidos ojos se encontraron con los míos. e
—No quiero que veas a los Peterson por dos razones. — n
Levantó un dedo—. Quería castigar a Maggie Peterson por el
conocimiento de que la estabas buscando, pero ella no podía t
encontrarte. Quería que las palabras que te dijo el día que te e
escapaste se pudrieran en su boca como gusanos. Ella te hizo
daño. Quería que sufriera las consecuencias de sus acciones n
ese día. d
Vaya. Eso era un poco cruel. Me aclaré la garganta y le í
pregunté:
a
—¿Y la segunda razón?
.
Bajó la cara y dijo entre dientes:
—
—El hijo, James, se divorció
¿Qué significa eso?
Su expresión se hizo feroz, afirmó:
—No iba a perderte por un hombre al que una vez
amaste. No iba a suceder. Mi irritación chispeó por eso.
—¿No confías en mí?
Él me inmovilizó con una mirada de complicidad.
—Cuando Anika está alrededor, ¿soy yo en quien no
confías, o en ella?
290
—En ella —chillé con incredulidad porque me preguntara M
eso. Entonces me di cuenta de que había hecho un punto—. e
Está bien. incli
né
Comencé:
haci
—Entiendo tus razones estúpidas para que no quisieras que a
los viera, por muy inválidas que sean. Pero —suspiré—, las cosas dela
han cambiado. He cambiado. Creo que he dejado claro que te nte
amo. A ti. No a James. lo
Lev extendió la mano para desabotonarse el cuello de la sufic
camisa. ient
—No sabes si al verlo volverán los viejos sentimientos. e
para
—Eso es verdad —admití—. Pero esos sentimientos de los capt
que estás hablando eran los de una chica de dieciséis años que urar
estaba sorprendida de que un chico se fijara en ella, no una mujer sus
de veinticuatro años. —Me extendí para envolver mi mano labi
alrededor de la suya—. No me desmayo por cada tipo que me os
lanza una mirada apreciativa, ¿verdad? en
Suspiró, luchando para aflojarse la corbata con la mano libre, un
tironeando con fuerza. cálid
—Lo amabas. o,
cari
No se equivocaba. Sí que amaba a James. Pero eso fue hace
ños
un siglo.
o
Ese amor se había desvanecido y dado cabida a un amor más bes
grande. Un amor maduro. Un amor real. o.
Tomando su mano, me puse en su regazo mientras trabajaba —
en aflojarle la corbata con suavidad. Hablé en voz baja: ¿
—Te amo a ti. —Deshice el lazo de seda drapeado sobre sus C
hombros—. Te deseo a ti. —Tirando de ambos lados de la seda, o
lo acerqué y me puse justo delante de su rostro—. ¿Me n
entiendes? fí
a
Su mano se acercó para descansar en lo alto de mi cintura y s
él dejó escapar un largo suspiro. e
—No puedo perderte. n
mí?
No había ninguna duda en su respuesta áspera.
—Sí.
Puse una mano en su mejilla sin afeitar y entonces le dije
las mismas palabras que él me había dicho.
—Entonces confía en mí.
Pasamos la tarde en la cama, abrazados y besándonos
como un par de chicos de dieciséis años.
291
Era dócil y exactamente lo que
necesitábamos. Cualquier día que
pasara con Lev era perfecto.
Simplemente perfecto.
292
Traducido por Vanehz
Mina
303
Traducido por Ximena Vergara
Mina
***
306
—¿Recuerdas? En el coche. Me dijiste que habías planeado anill
casarte con un hombre, y que ese hombre sería yo. Estoy de o y
acuerdo contigo. Creo que deberíamos casarnos. pro
met
Me incliné hacia delante, forcé una risa ligera, y entonces le
as
susurré:
que
—Eso no creo que fuera una propuesta, cariño. —Le dije algú
cariño como si fuera algo pegajoso y necesitara sacarlo de mí n
ahora mismo. día
—Seguro que lo era —afirmo—, y yo acepté —Miró alrededor será
de la mesa—. Nos vamos a casar. s mi
Nastasia se rió entre dientes, y esa risa terminó esp
convirtiéndose en una carcajada. Viktor sonrió, y pronto, también osa,
él se reía. Sasha miró a Anika, y Anika parecía como si su mundo voy
se hubiera terminado. Lo odiaba, pero ella necesitaba entender a
que Lev y yo estábamos juntos. Y nos amábamos. Y que yo no ser
iría a ninguna parte. un
hom
Me volví hacia él, con una sonrisa en mis labios, pero lo hice bre
sacudiendo la cabeza. feliz.
Él me guiñó un ojo. S
Saqué mi cara de su hombro, descansando mis labios allí. us
—Sabes, probablemente deberíamos haber hecho labi
os
esto en privado. Besó la punta de mi nariz. baja
—Tonterías. Como dijo Anika, aquí todos ron
a
somos amigos. Sonreí.
bes
—¿Así que nos vamos a casar? ar
Él asintió con la cabeza sonriéndome, su tierna expresión los
suavizó su duro rostro. Y le pregunté en una risa sorprendida: mío
—¿Y cuándo tendrá lugar nuestra boda? s en
un
Él se encogió de hombros, viéndose muy satisfecho de sí bes
mismo. o
—Esa decisión te la dejaré a ti. Mañana, dentro de una lent
semana o un año, no me importa. Siempre y cuando uses mi o y
cálido. Cuando nos separamos, miré alrededor de la mesa y
anuncié con una sonrisa y un encogimiento de hombros.
—Parece que nos vamos a casar. —Terminé poniendo una
mano sobre mi boca y riendo a carcajadas, mi incredulidad fue
evidente.
Fue surrealista.
Hace tres meses, estaba viviendo en un callejón, mi callejón,
y luchando para mantenerme con vida. Hoy me estaba
comprometiendo para casarme con el hombre
307
más guapo, atento y amable del mundo. Un hombre que me
salvó la vida. Un hombre al que amaba con cada latido de mi
adolorido corazón.
Finalmente me estaba
sucediendo. La vida estaba
sucediendo.
Y me encantó.
En este momento, la vida era buena. Y a pesar de que
quería más, no lo necesitaba. Mi felicidad fue devuelta por la fe
de un hombre.
Un hombre imperfectamente perfecto.
Mi sonrisa estallaba al manifestarse, pero me dije a mí
misma que tenía que estar calmada.
***
mirada grave. m
Mina
313
Entendí los asuntos bajo cuerda. Él anhelaba una apariencia —
de normalidad en un mundo donde se sentía diferente. Su V
infancia le había hecho cosas que lo hacían de la forma en que e
era hoy. t
e
¿Eso me frustraba? A veces, sí. .
Lev no podía ser arreglado. Y yo no quería reparar la parte A
rota de él. Era perfectamente imperfecto, y yo era su corazón y h
alma. o
r
Más importante, él era el mío. Y eso era una gran cosa. Lev
a
no se daba a la gente. Ellos simplemente tomaban prestado su
.
tiempo. Y aquí estaba yo, su atención totalmente dada a una
O
persona que probablemente no se lo merecía. Estaba agradecida
t
sin embargo, y muchas veces me recordaba que él había e
comprometido mucho de sí mismo por mí y yo tenía que hacer t
lo mismo. u
Soltando el elástico de sus pantalones, levanté una mano m
para acariciar con los dedos el oscilante colgante de ancla que b
me había comprado y le sonreí suavemente, sabiendo que a
tendría que elegir mis batallas. r
é
—Está bien, dulzura. Diviértete.
a
Sus hombros se hundieron ante el inmenso alivio que me l
imaginaba que sintió ante mi rápida salida. Sus manos subieron s
y las colocó en mis mejillas en señal de gratitud. Cuando sus u
labios descendieron, me encontré inclinándome hacia arriba, e
hacia él, necesitando sus labios sobre mí. Me besó suavemente l
una vez, dos veces, tres veces, y luego susurró contra mis o
labios: .
—Te amo, Mina. S
Era la primera vez que había dicho las palabras. Sentí su us
amor, pero escuchar las palabras… vaya. Fue impresionante. ojos
Había llegado a darme cuenta que el dicho era verdad. La sonr
paciencia era una virtud. iero
n y
Lo besé de nuevo. Y otra vez. Y antes de que pudiera
se
arrastrarlo abajo hacia el sofá conmigo, lo empujé con suavidad.
rió entre dientes ligeramente. Me lanzó un guiño antes de irse.
Me tiré en el sofá y dejé escapar un largo suspiro.
—Ten piedad.
Mi hombre era un caso grave de sexualidad.
La puerta principal se abrió de nuevo, y cuando mi emoción
estalló ante el pensamiento de Lev haciendo caso omiso de su
rutina y pasando la mañana en la cama conmigo, Nas asomó su
cabeza a través de la rendija y gritó:
—Panqueques con Sasha. Mueve tu culo, kukla.
Estoy hambrienta. Me levanté del sofá con un 314
suspiro.
—Sí, sí. Ya voy.
Preferiría haber estado haciendo un tipo f
diferente de venida, pero los panqueques r
todavía eran bastante impresionantes.
u
Nas y yo caminamos lado a lado, tomando el sol de la
mañana. No pude dejar de preguntar: n
—¿Dónde está Vik? c
Nas acomodó sus gigantescas gafas de sol y se encogió de i
hombros.
ó
—No lo sé. No es como que pasamos cada momento
.
despierto el uno con el otro. Fruncí el ceño.
—
—Ah, sí lo
¿
hacen. Ella se
Q
burló.
u
—No. Nosotros no lo hacemos.
i
Sonaba como si hubiera problemas en el
e
paraíso. Caminamos por un tiempo, y ella
n
preguntó tranquilamente:
d
—Si Lev no estuviera comprometido contigo, pero tú lo
i
amaras, ¿qué harías? Mis caderas se levantaron.
j
—Amablemente le diría que se fuera a la mierda. —Ella
suspiró suavemente y paré de caminar—. ¿Qué está o
pasando, Nas? ¿Qué pasó? e
Ella se detuvo un momento antes de que lanzara los s
brazos hacia arriba y soltara apresurada:
o
— No sé. Tú y Lev van a casarse.
?
Le lancé una mirada que decía “sí, ¿y qué?”, y ella sacudió
su cabeza suavemente. É
—Quiero eso. Y no voy a l
conseguirlo con Vik. Mi ceño se t
e ama, Nas. Cualquiera puede verlo. Te ama. Su
labio tembló.
—No. Él no lo hace —Tomó una respiración profunda y dejó
escapar un largo suspiro—. Él duerme por ahí, ya sabes.
Mi cara debe haber transmitido que no lo sabía, porque sus
ojos se abrieron y asintió.
—Sí. Y entonces viene a mí a las dos, a veces tres de la
mañana, y duerme en mi cama. Porque lo dejo. —Dejó escapar
una risa sin sentido del humor—. Él no me quiere, Mina. Le
encanta que sea toda deseosa, que sea una cosa segura. Eso es 315
todo lo que voy a ser para él. —Sus ojos se humedecieron y
susurró un quebrado—: No puedo hacerlo más. Duele
demasiado.
—Bueno, así que él tiene problemas de compromiso —
comencé, pero ella negó con la cabeza.
—No lo excuses, Mina. Por favor —rogó, entonces
declaró—: Te necesito de mi lado en esto. Necesito un amigo
que lo entienda. ¿Está bien?
Sonaba herida y desesperada. Me encontré ofreciéndole lo que
necesitaba.
—Está bien, Nas —le dije—. Lo entiendo.
Con su rostro abatido, asintió con la cabeza ligeramente.
—Gracias,
pequeñita.
Sonreí.
—En cualquier momento. —Luego entrelacé mi brazo a
través del suyo y la acerqué—. Vamos. Es demasiado temprano
para esta mierda. Necesito panqueques.
Llegamos a casa de Sasha ni un minuto más tarde y
asesinamos a esos increíbles panqueques.
*** grat
ame
nte
La noche de apertura llegó más rápido de lo que cualquiera por
de nosotros esperaba, y miré alrededor de la habitación, uno
disfrutando de las nuevas vistas y familiarizándome con el nuevo s
diseño. Todo era diferente. Era emocionante. taco
Birdie ayudó a las chicas a prepararse, dando instrucciones nes
de último minuto y ayudando con su vestuario, cabello y bajo
maquillaje. Yo estaba un poco sorprendida cuando Sasha s,
instruyó a Nas, a Anika y a mí a cambiarnos cuando llegamos allí. de
Al parecer, había decidido que el personal del bar se vestiría ded
como las bailarinas, pero en un nivel moderado. Cuando avisé os
a Sasha del hecho de que los tacones y yo no éramos amigos, él des
me dijo que Birdie se había ocupado de eso. Fui sorprendida cubi
ertos, que ella tenía para mí.
Nos cambiamos a nuestros nuevos uniformes que consistían 316
en medias de red hasta el muslo, ligas, un verdadero corsé de
una pieza negro y rojo, con adornadas faldas minúsculas. Una de
las chicas me prestó unos largos guantes de satén, sin dedos, y
eran simplemente preciosos. Pensé que me sentiría rara. No fue
así. Me sentía sexy. Me sentía sexy, y me estaba muriendo por
ver lo que Lev pensaba.
Una vez vestidas, Anika, Nas, y yo caminamos saliendo de la
zona del escenario, sólo para ser vitoreadas y silbadas. Cubrí mi
cara con las manos, sonrojándome furiosamente, pero riendo
fuerte. Antes incluso de que tuviera tiempo para
recuperarme, sentí un cálido y duro cuerpo chocar contra el mío.
Envolví mis brazos alrededor de él con un uuf y parpadeé hacia
él.
—¿Lev? ¿Qué pasa, cariño?
Él miró hacia abajo a mis pechos empujados hacia arriba.
—¿Qué demonios estás —
Ten
usando? Una sonrisa se go
formó en mis labios. algu
nas
—¿No recibiste el memo? —Agité mi brazo hacia Anika y
idea
Nas—. Estos son los nuevos uniformes del bar.
s —
Sacudió la cabeza con profusión e hizo pequeños ruidos mur
roncos que decían “no”, entonces un gruñido se le escapó que mur
decía “Oh, demonios no”. é
Puse una mano sobre su camisa que cubría su estómago mie
tenso y razoné con él. ntra
s
—Todo esto es parte del paquete para cambiar las cosas.
mis
Queremos que la experiencia sea genuina. ¿Lo entiendes?
ojos
Con su mandíbula apretada, él gruñó: se
—No me gusta esto. —Resopló un molesto—. Todo el mundo entr
puede ver tus cosas. ecer
Sonreí hacia él. raba
n y
—Y sólo tú conseguirás desenvolverme más tarde. —Me pres
puse de puntillas para mordisquear su barbilla—. ¿No es eso iona
simplemente malvado? ba
Oí a las chicas alejarse y me alegré por ello. Cuando Lev mis
estiró la mano para palmear mi culo a través de mi nuevo traje, él labi
tomó el lóbulo de mi oreja en su boca y lo chupó, luego susurró os
en mi oído: cont
—Eres traviesa. Y las chicas traviesas son castigadas. ra
los
Mis ojos se pusieron en blanco ante la sensación de su lengua suy
en mi lóbulo, pero cuando registré lo que acaba de decir, me os,
aparté, con los ojos abiertos. ama
—¿Castigada cómo? ndo
Oh, Dios, mi voz era ronca. Ronca como, un fumador de la
man
un paquete al día. Su labio tembló. era
—¿Qué voy a hacer contigo, Ratón? en
que su lengua se sumergía para acariciar la mía.
Y entonces él se había ido. Nas, rodando los ojos, me apartó
y gritó:
—Caray. Ponle fin. Tenemos mierda que hacer. Ustedes
pueden follarse visualmente el uno al otro desde el otro lado del
salón, ¿capisce?
Tomé mi lugar en el bar. El DJ que Sasha había contratado
tocaba RnB suave por todo el club hasta que las cosas
empezaran. Sasha se dirigió al bar, sonriendo para sus
adentros, y vino directamente hacia mí.
Parecía emocionado cuando dijo: 317
—La fila ya llega a tres cuadras. —Se rió entre dientes, Las
sacudiendo su cabeza con incredulidad—. Tres putas cuadras. chic
—Señaló con el dedo hacia mí, sonriendo mientras inclina su as
cabeza, y luego se alejó. se
mov
No estaba segura de lo que eso iero
significaba. Sasha era raro. n en
sinc
Media hora más tarde, y todos tomábamos nuestros lugares, roní
la puerta se abrió, y el club comenzó a llenarse. Una vez que a,
llegamos a la capacidad máxima, la puerta se cerró, y Nas, trab
Anika, y yo estábamos corriendo con volantes para bebidas ajan
gratis. Ya no servíamos a la gente en las mesas o cabinas. Si do
querías una bebida, tenías que venir a nosotras. con
Las luces se apagaron. El DJ apagó la música, y luego habló: la
silla,
—Buenas noches, damas y caballeros, y bienvenidos a la
gira
gran apertura del Bleeding Hearts Burlesque.
ndo
La multitud aplaudió y estaba sorprendida por la cantidad cont
de mujeres en la multitud. El DJ esperó a que los aplausos ra
cesaran antes de continuar. ellas
—Esperamos que disfruten de lo que tenemos para , y
ofrecer. Nuestras chicas están muriéndose por conocerlos. silbi
dos
Los focos brillaron al frente, y esperamos con llega
gran expectación. La voz del DJ se profundizó ron
de
roncamente mientras anunciaba: toda
—Damas y caballeros, les presento… —Hizo una pausa para s
el efecto. Las cortinas comenzaron a abrirse—… ¡La Docena de part
Diamantes! es.
Las doce chicas en el escenario parecían muñecas sentadas V
en sillas de madera. Cada una vestida en un color diferente del i a
mismo traje, el mismo traje que las chicas del bar estaban muj
usando. El bajo se disparó mientras “The Hills” de The Weekends eres
comenzó a sonar. Era una canción lenta y sexy que permitía a mirá
las chicas mostrar sus movimientos. Era una canción sobre un ndol
tórrido romance que una mujer estaba teniendo con un adicto. as,
hipnotizadas, y hombres mirando a nuestras chicas con
adoración. Cuando Birdie contrató a las tres nuevas chicas hace
sólo unos días, me preguntaba si estarían listas a tiempo, pero
lo estaban, y eran geniales.
Cuando la canción terminó, las chicas cayeron al suelo, las
caras alzadas, los ojos abiertos, como muñecas que habían
sido hipnotizadas para volver a la vida por la música y cayendo
cuando esta terminó.
Los focos se apagaron y las cortinas 318
se cerraron. Entonces… el silencio.
Mi aliento quedó atrapado en mi garganta.
Oh, no. Mierda, no. ¡Lo odiaban!
Mis mejillas se sonrojaron un momento antes de que la esto.
multitud se volviera loca, poniéndose de pie y aplaudiendo a todo Fue
pulmón. Silbidos y rugidos ansiosos fueron a través del aire un
rodeándonos, y mi corazón se disparó en mi pecho. esfu
Con seguridad podía decir que ese fue el momento más erzo
terrorífico de mi vida. Nas me empujó hacia ella, gritando de
grup
en mi oído y meciéndome de lado a lado.
Una risa quedó atrapada en mi garganta, y luego me eché o.
a reír con fuerza, Tod
aferrándome a ella. Entonces sucedió algo, y sentí lágrimas os
llenando mis ojos. coop
Con mi garganta apretada, parpadee alejándolas. era
Todo iba a estar bien ahora. Lo sentía muy mos.
Tod
dentro de mí. Bleeding Hearts continuaría o el
abierto. mun
do
Cuando la gente se fue, otros tomaron sus lugares. El club se tení
mantuvo a plena capacidad durante toda la noche, y algún tiempo
a un
después de las once, recibí visitas. Tan pronto como los vi,
trab
caminé alrededor del bar, corriendo hacia mi hermano y
ajo y
abrazándolo por la cintura antes de colocar un beso en la mejilla
ellos
de tío Laredo.
lo
—¡Vinieron! cons
Laredo sonrió, envolviendo su brazo a mi alrededor, tirando iguie
de mí a su lado. ron.
—No podía faltar a la gran noche de —
Lo
mi sobrina. Tomé la mano de Alessio
y apreté. hicis
—Estoy tan contenta de que estés aquí. te
Alessio me miró, el orgullo evidente en sus ojos.
bien
—¿Tú hiciste ,
esto? Me burlé
chic
—¡No! —Entonces miré a mi alrededor—. Todos hicimos
a —murmuró Alessio, tomando nota del
nuevo establecimiento.
Fue entonces cuando Sasha llegó por detrás de mí.
—¿Qué cojones piensas que estás haciendo aquí?
Con mis ojos muy abiertos, hablé pero me ahogué con mis
palabras.
—Yo-yo los
invité. Sasha
me miró.
319
—¿Para qué mierda? Ellos tienen que irse.
Me puse entonces entre mi tío y hermano, mirando ceñuda a
Sasha.
—No, ellos no van a ninguna parte.
La mandíbula de Sasha saltó antes de que adquiriera una
expresión razonable.
—Escuchen, muchachos. Tienen su propio club que nad
a. —
manejar. Necesitan irse. Alessio envolvió un brazo Y
alrededor mío. aña
dió
—No, no tenemos. Cerramos por la
—:
noche. Sasha miró de Alessio a Esto
Laredo. y
esp
—Es viernes por la noche. Una de las noches más eran
concurridas de la semana. do
¿Por qué demonios estás cerrando? que
Mi voz quedó atrapada en mi garganta mientras mi lleg
corazón se hundía. Aquí nada se pierde. ues
—Porque yo se lo pedí. tan
alto
La mirada confundida de Sasha no que
había vacilado. Me encogí de hombros te
vas
y me expliqué.
a
—Necesitábamos que la gente viniera esta noche. Era rom
importante, Sash. No quiero perder este lugar. Ninguno de per
nosotros quiere. Así que les pedí que cerraran por la noche — algo
tragué duro—, para darnos una oportunidad de luchar. cua
La expresión de Sasha se despejó. Frunció el ceño antes de ndo
mirar a Laredo, su voz baja. caig
as.
—¿Por qué harías eso? Tú no nos ¿Me
debes nada. Laredo asintió. enti
end
—Lo sé. Pero cuando Mina me habló de lo que habías
es,
planeado, me encontré curioso. —Él se encogió de hombros—.
Leo
Ganar no es divertido cuando no hay competidores dignos
kov
alrededor.
?
Alessio estuvo de acuerdo con una sonrisa menos que
S
amable lanzada en la dirección de Sasha.
a
—Sí. No es divertido tomar mierda de un hombre que no tiene s
ha lo miró fijamente, sin parpadear antes de que soltara una
carcajada.
—Vete a la mierda, cabronazo. —Luego
hizo algo increíble. Le tendió la mano a
Alessio.
Y mi corazón dio un vuelco.
Alessio miró esa mano por un largo tiempo antes de estirar su
mano lentamente, tomando la mano de Sasha y sacudiéndola
con firmeza.
—Bonito lugar el que 320
321
Traducido por Jenn Cassie Grey
Mina
nuevo. e
327
Traducido por âmenoire
Mina
de puntillas, y susurré:
—Tal vez pero no exactamente, cariño.
¿Está bien? Gracias. Su rostro se suavizó
un grado.
—No me avergüenzo de ti, Mina. cab
eza
Nik tosió una carcajada antes de venir y envolver su brazo
sobr
libre alrededor de mis hombros, llevándonos dentro.
e el
—Lo que sea, Mina. No te estoy juzgando, cariño. Vengan a hom
conocer a la familia. bro
Vi a Nas y a Sasha hablando con otro hombre que se parecía de
mucho a Nik, y cuando nos acercamos, el hombre me vio, se Nik
separó y vino hacia mí como un toro va hacia un payaso de rodeo, y
solo que felizmente. Él nos alcanzó, se inclinó un poco, envolvió chu
sus brazos alrededor de mí y me levantó en un abrazo de oso pab
gigante. Chillé mientras me sacudía como una muñeca por un a su
momento, me colocó sobre mis pies y se hizo hacia atrás, ded
sonriendo. o.
Chic
—¡Mujer de Lev! Soy Max, el novio, tipo
a
fresco, primo. No pude evitar sonreír. Este inteli
chico estaba loco. gent
e.
Lo miré de arriba abajo. Llevaba un sofisticado traje de tres La
piezas con zapatillas blancas y todavía parecía celestial. Cuando muj
mis ojos llegaron a su rostro y se posaron en su sonrisa, otro er
hoyuelo Leokov salió a jugar y mi estómago se revolvió. Max puso sonr
su brazo alrededor de mí jalándome a su costado, sacudiéndome ió
un poco. sua
—No seas tímida, cosa pequeña. —Sonrió, y juro que sus vem
dientes brillaron—. ente
Somos familia. .
Fue entonces cuando Lev se acercó y Max retrocedió, —
abriendo sus amplios brazos. Lev sonrió, caminando entre sus H
brazos. Más abrazos y besos se intercambiaron entonces un o
grupo de bonitas mujeres apareció, junto con otros dos hombres l
que eran sexys como el infierno, claro está. a
,
¿Qué diablos le ponen al agua aquí?
c
Una morena con una gran sonrisa y ojos verdes se adelantó a
y miró a nuestra hermosa princesita, que ahora descansaba su ri
ño. ¿Y tú quién eres?
—Este pequeño ángel es Lidiya. —Nik hizo un gesto con su
barbilla hacia Lev—.
Lev, esta es mi esposa, Tina. Tina, bebé. Lev, mi primo.
Su rostro se iluminó y su entusiasmo fue completamente
genuino. Se acercó y abrazó a un rígido Lev, frotando una mano
arriba y abajo de su espalda.
—Oh, vaya. ¡Hola!
Ella se echó hacia atrás y sin una presentación, se adelantó
y puso sus brazos alrededor de mí.
330
—¡Soy Tina!
Escondí mi sorpresa lo mejor que pude y le devolví el
abrazo.
—Mina.
Ella rió en voz baja. S
onre
—No. Tina. Con
í,
una T. Le sonreí. emp
Ella era linda. ujan
do
—Lo sé. Quise decir mi haci
nombre es Mina. Jadeó. a
abaj
—¡Mina! —Se señaló—. ¡Y Tina! —Miró a su marido con ojos o el
muy abiertos y habló lentamente—. Mina y Tina. Eso es tan hec
genial. ho
Nik se rió en voz baja y luego se echó a reír, sacudiendo la que
cabeza. Tina envolvió su brazo alrededor de mí. no
—Íbamos a traer a nuestras niñas con nosotros, pero —se tení
encogió—, no conseguimos mucho tiempo a solas. Cuando la a
madre de Nik se ofreció a cuidar a todos los pequeños —resopló dere
una carcajada—, casi se los lancé. cho
a
Su sonrisa se desvaneció, se detuvo a medio paso y su rostro sent
se volvió de dolor. irme
—Eso sonó terrible. —Sus labios se fruncieron—. Soy orgu
una madre horrible. Yo reí. Era adorable. llosa
de
—No, eso suena un poco razonable, en realidad. Lidi.
—¿En serio? —preguntó, —
verdaderamente preocupada. Asentí. L
—También necesitas tiempo para ti. o
Ella me sonrió antes de girarse hacia Nik, quien estaba
s
mirando a su hermano y de mala gana entregándole a Lidi a Max.
Ella se fue de buena gana y Max fingió comer sus mejillas é
regordetas. Dios, estos hombres estaban destruyendo mis
.
ovarios, un dulce acto a la vez. Ella sonrió y se rió a través de la
succión de su pulgar. Tina me dijo: Y
—Dios mío, es hermosa, Mina. c
reo que ella también lo hace.
Tina rodó sus ojos.
—Oh, lo sé. Las niñas saben jugar con sus papás. Y sólo
empeora a medida que crecen, confía en mí.
Mentalmente tomé nota.
Tina me llevó hacia las otras mujeres, quienes me sonrieron.
—Ella es Mina. Es la esposa del primo de Nik.
331
Otra morena habló, pero su cabeza tenía un tinte de rojo conf
en ella y sus ojos verdes eran los más brillantes que jamás undi
hubiera visto. da
deb
—¿Cuál primo?
e
—Lev —le dije, y luego añadí—. Y no estamos casados. hab
No todavía de todos modos. erm
El rostro de Tina se aflojó. e
dela
—¡Oh! Lo siento. Solo lo
tado
asumí. Lo descarté con ,
una sonrisa. porq
ue
—Está bien. De verdad. Lidiya es la sus
hija de Lev. Un hombre de piel ceja
s se
aceitunada pronunció: leva
—Soy Trick. —Jaló a su costado a una mujer bajita con el ntar
cabello castaño chocolate y grandes ojos marrones—. Y esta es on y
mi Lola. sonr
La morena de cabello castaño rojizo sonrió. ió
ante
—Soy Nat. —Ella señaló el alto hombre rubio ceniciento s de
meciendo una sexy sombra—. Y ese es mi esposo, Asher. — expli
Levantó la mano y señaló a la hermosa mujer rubia junto a ella— car
. Ella es Mimi. —Se inclinó hacia delante y simuló susurrar—: Es —.
nuestra lesbiana residente. Está
Me atraganté con una risa cuando Mimi me guiñó un ojo. en
—Hola. Encantada de conocerlos a todos. el
cuar
Ésta era la recepción de una boda, ¿cierto?, pregunté con cautela:
to
—¿Dónde está la de
novia? Nat rodó bañ
o,
los ojos. vom
—Helena, mi hermana. Max la embarazó. Solo tiene algunos itan
meses así que ya sabes. —Solo que no lo sabía. Mi expresión do.
Tina sonrió feliz luego se encogió de hombros.
—Nos sucede hasta a las mejores, ¿cierto?
Max se acercó con Lidi, y todas las chicas hicieron ruidos
cursis mientras él hablaba.
—Dile a Helena que la dejo. —Puso su mejilla en la cabeza
de Lidiya y la niña sonrió alrededor del pulgar que estaba
chupando. Max suspiró luego sonrió—. Hay otra mujer en mi
vida.
Mimi parpadeó a la niña.
—¿Mira esas 332
pestañas? Nat
sonrió.
—¿Y ese cabello rizado? j
Lola se adelantó y pasó sus dedos por la mejilla de Lidi. u
—Oh, Dios mío, es malditamente adorable. —Me miró con n
un gesto arrugado—.
t
Estoy enamorada.
Pero Lidi parpadeó hacia Asher de apariencia dura, o
sonriendo fuertemente. Nat chasqueó su lengua. s
—Por supuesto elige que le guste el más grande hijo de puta .
en el grupo.
L
Probablemente le recuerda a su papá, pensé.
e
Lidi se inclinó hacia adelante, estirando sus brazos hacia
Asher. Entonces él sonrió y su rostro se transformó. Era v
asombrosamente atractivo. Se acercó y la tomó de los brazos de
d
Max. Él se echó hacia atrás para mirarla mientras ella apoyaba la
cabeza en su hombro. Su voz era baja y áspera. i
—Es porque tiene j
buen gusto. Entrecerré o
los ojos hacia ella. u
—No se me ha escapado que solo va con hombres. —Me n
volví hacia Tina—. ¿Solo empeora a medida que crecen? —Tina
d
asintió solemnemente. Resoplé dejando salir un suspiro—.
Mierda. Voy a tener que vigilarla con ojo de halcón. i
Las chicas se rieron mientras los hombres sonrieron y v
entonces alguien envolvió sus brazos alrededor de mí. No tuve
e
que mirar. Me hundí en él y sonreí, colocando una mano sobre
la suya en mi cintura. Tina anunció felizmente: r
—Este es el primo Lev. t
—Hola —murmuró detrás de mí. i
Algunos saludos se intercambiaron antes de que Tina d
suspirara con satisfacción, su rostro volviéndose suave.
o
—Se ven bien
:
—Yo también lo creo. Gracias.
Una joven con largo cabello castaño oscuro y ojos verdes
salió de la nada. Llevaba un elegante vestido de boda con
encaje de color blanco que mostraba su pequeña panza.
—Uf, lo siento, chicos. —Suspiró con cansancio, pero parecía
ridículamente feliz—. Estúpido Max y su poderoso esperma.
Tina se rió entre dientes.
—Helena, estos son Lev y Mina. Lev es
primo de Max. La novia se volvió hacia
nosotros. 333
—Vaya, hola. No conocemos a muchos del otro lado de la u
familia. Es bueno que pudieran estar aquí. —Sonrió n
amablemente mientras Max ponía sus brazos alrededor de ella y t
besaba su cabeza—. Muchas gracias por haber venido. a
n
Max explicó: t
—Mi padre y el padre de Lev eran hermanos. —Le sonrió a o
Lev—. ¿Recuerdas la mierda en la que solíamos meternos? c
Lev negó con la cabeza. r
í
—No. Pero sí recuerdo la mierda en que solían meterse p
y me culpaban a mí. El grupo de personas se echó a reír ti
c
y Max se encogió de hombros. o
—Eso es porque eras un blanco —
.
fácil, hermano. Nik negó con la Nun
cabeza. ca
—Nah. Solo es que tú eras un idiota. se
sabe
—Sí. —Max infló el pecho—. Estúpidamente lo
impresionante. Me reí para mis adentros. que
está
Estos chicos eran geniales. escri
Después de todo el alboroto, no lo admitiría, pero me to en
alegraba de haber venido. las
Fue agradable oír hablar sobre Lev entre los familiares que, estr
obviamente, lo amaban. ellas
.
Sasha y Nas paseaban y Nas me entregó una copa. La tomé
con gratitud y Max hizo un gesto con la barbilla hacia Sasha. N
i
—Lev casándose. Nas tiene a Viktor envuelto alrededor de su
k
dedo meñique. — Estuve segura que fui la única persona que
l
notó que la expresión Nas se volvió amarga, pero Max continuó—
e
. ¿Cuándo vas establecerte, Sash? d
Sasha sonrió con picardía. i
—¿Quién sabe, hombre? —Hizo una pausa antes de añadir o
u
n codazo Sasha.
—Sí. ¿Quién sabe? —Le sonrió a su primo—. Incluso
Sasha podría encontrar a una mujer que aguantara su ancho
culo.
Tina se burló.
—Disculpe, señor, pero recuerdo conocerte y eras el mayor
hijo de puta que hubiera conocido. —Nos miró y lanzó un
sincero—: Casi me meo del miedo. Era tan frío. Me asustaba.
Nik jaló a su esposa hacia él y la apretó con fuerza.
—Sí, bueno, tuve que conocerte para 334
descongelarme, bebé. Nawww.
Eran estúpidamente lindos. Como que los amaba.
Nastasia se aclaró la garganta y forzó una sonrisa.
—No sé sobre el matrimonio. Es tan... final. —Trató de
encogerse, pero vi la tristeza en su demacrado rostro.
Maldito Vik. ¿Qué le estaba haciendo? Iba a retorcerle
el maldito cuello. Nat suspiró.
—Vaya. Suenas como yo. —Jaló a Nas y enlazó su brazo con
el de ella, sonriendo todo el tiempo—. Ven acá. Acabas de
convertirte en mi nueva mejor amiga.
La conversación fluyó sin esfuerzo durante toda la noche y
mis mejillas empezaron a doler de lo mucho que estaba 335
sonriendo y riendo. Me sentía a gusto con esta gente. Eran
buenas personas, mujeres que habían conocido a sus
compañeros, y hombres quienes habían aprendido a amar.
Me aferré a Lev e imaginé dónde estaría si no lo hubiera
conocido. Un fuerte escalofrío bajó por mi espalda y mi estómago
se anudó incómodamente.
La idea era demasiado dolorosa para considerarla.
Llegamos a casa después de la boda de Max y Helena justo
pasada la una de la mañana y lo curioso fue que al final no quería
irme. Me lo estaba pasando genial con las chicas y Tina me había
invitado a su boutique para hacer algunas compras. Prometió que
el noventa por ciento de sus prendas tenía un precio razonable,
con el otro diez por ciento siendo totalmente exorbitante porque
era enviado desde Italia.
Las chicas eran adorables y no podía recordar la última vez
que conecté con un grupo de personas tan pronto como lo había
hecho con ellos. Prometí ir con Nas y echar un vistazo a la
Boutique de Safira.
¿Mañana era demasiado pronto?
Traducido por Gigi D y Ximena
Vergara
Mina
342
Traducido por Pimienta
Mina
conmigo? Alessio d
asintió. e
herencia. Levanté la e
nerla. Sacudió la
cabeza.
—Pero yo no soy su único hijo. Tú también eres su hija. Y
quiero compartirla contigo.
Oh. Entendí. Se sentía en la obligación.
Mi corazón se hinchó y me calentó con felicidad. Le sonreí,
tocando su mejilla con cicatrices.
—Eres dulce, Alessio, pero no. No
la quiero. Me tomó la mano contra
344
su mejilla y la apretó.
—Demasiado tarde, Mina. Ya está en tu Si
de
cuenta bancaria. Me aparté, frunciendo la se
frente. as
do
—¿Qué?
na
Alessio se aferró a mi mano, negándose a dejarla ir. rlo
—Hablé con Lev la semana pasada. Estuvo de acuerdo en ,
que podías usar el dinero, y la libertad que este tipo de dinero ha
trae. Él quiere que te establezcas, y yo también. —Su agarre en zl
mi mano se suavizó—. Él era un padre de mierda, Mina. El dinero o.
no lo es todo, pero por lo menos nos debía eso. —
Bueno. Él quería que yo tuviera el dinero y era inflexible O
acerca de eso. y
—¿De cuánto dinero estamos hablando aquí? —le pregunté e
en voz baja. ,
M
Haciendo señas con los dedos, me indicó que acercara. i
Acerqué mi cabeza y susurró una cifra en mi oído. n
Mis ojos se abrieron, di un salto hacia atrás con un jadeo, a
empujándolo en el pecho. .
—¡No me jodas! —Mi boca estaba abierta y mi cabeza A
daba vueltas—. Oh Dios mío. ¡Cállate! lgui
en
El cuerpo de Alessio se sacudió de risa silenciosa.
habl
—Sí. ó
Mi mente era un desastre. Eso era más dinero del que una detr
persona podría gastar en toda su vida. No podía pensar. Yo ás
era un desastre. de
mí.
Entonces, de repente, dejar escapar:
Me
—¿Qué pasa si quiero donarlo a la caridad? volví
Las cejas de Alessio se alzaron. Estaba claro que no para
esperaba esa pregunta. Lo pensó un momento antes de ver
responder: a
Cor
—Es tu dinero, Mina. Puedes hacer lo que quieras con él.
a
mirando pacientemente hacia Alessio, con los ojos pasando por
las cicatrices de su rostro. No me miró cuando volvió a hablar,
pero mantuvo la mirada fija en el hombre alto y melancólico a mi
lado.
—Lev te está buscando.
—Cora, este es mi hermano Alessio. Alessio, esta es Cora,
nuestra nueva camarera.
Eso sacó a Cora de su estado. Sus cejas se alzaron y sonrió.
—¿Tienes un hermano?
345
Entonces, de repente, fue como si las —
cicatrices de Alessio hubieran desaparecido y ella O
sólo tenía ojos para el hombre detrás de ellas. h
,
Ella se adelantó y tendió la mano. b
—Eres un hombre afortunado de tener una hermana como i
Mina —terminó con un guiño. e
Alessio se quedó mirando el pequeño cohete que era Cora n
y luego, lentamente, con cuidado, le tomó la mano, temblando .
E
ligeramente.
n
—Lo sé. t
Ella arrugó la nariz adorablemente. o
n
—Sin embargo, estoy segura de que tú
c
tampoco estás mal. Añadí con una carcajada: e
s
—No lo está. —Sonreí suavemente hacia Alessio—. Es
,
bastante impresionante. Alessio soltó la mano de Cora y ella ¿
colocó la mano sobre su brazo. q
u
—¿Quieres una bebida? Puedo é
traerte una. Oh mi. h
a
Cora estaba prestándole toda su atención a Alessio, y parecía g
como si él no estuviera seguro de cómo manejarlo. Bajó la mirada o
y meneó la cabeza. a
—Estoy bien. Gracias. h
o
Estaba segura de que había pasado un tiempo desde que r
Alessio consiguió ese tipo de atención, y por la forma en que Cora a
lo miraba, él se había ganado una admiradora. ?
No quería que su conversación unilateral terminara, así que —
hice algo que probablemente no debería haber hecho. S
—Oye, Cora, lo has hecho muy bien esta noche. No quiero i
presionarte demasiado duro. Estás fuera por el resto de la noche. é
n
La frente de Cora se frunció.
t
ate. Toma una bebida. Disfruta del espectáculo —le dije.
—¿Yo sola? —cuestionó, viéndose un poco incómoda.
—No —dije y luego parpadeé inocentemente hacia mi
hermano—. Siéntate con Alessio.
Ambos se quedaron en silencio.
Yo había hecho mi movimiento; ahora les tocaba a ellos.
Alessio habló primero, y me miró mientras lo hacía.
—Yo debería irme.
346
Le lancé un beso de broma. Pero entonces Cora lo miró N
con los ojos muy abiertos. El pesar en ellos era claro. a
—¿Necesitas irte? s
El cuello de Alessio se sonrojó. t
—No necesito irme, pero debo hacerlo.
e
Cora parecía medianamente devastada, pero dejó salir
fríamente: n
—Oh, bien. Claro. —Ella se rió en voz baja, y pronunció con í
gracia—: Tiene mejores cosas que hacer que vigilar al bebé. a
Alessio la miró y parpadeó, frunciendo el ceño en confusión. u
Él preguntó lentamente:
n
—A menos que... ¿quieres que me quede?
a
Los hombros de Cora se relajaron y una verdadera sonrisa
apareció. m
—¿Lo i
harías? Sin r
dudarlo. a
—Joder, sí. d
Y así fue como se hizo, gente. a
Cora sonrió, dando un paso adelante para enlazar su brazo d
con el de Alessio, y los miré caminar para encontrar una mesa.
e
Los observé por el resto de la noche, y cuando Nas preguntó
dónde estaba la Oompa Loompa, señalé a la sala, y las dos los a
vimos reír juntos, sentados muslo a muslo. s
Alessio volvió la cara para hablar directamente en el oído de o
Cora, pero ella se volvió hacia él al mismo tiempo. Se miraron a
los ojos un segundo antes de que Cora cerrara los suyos y se m
inclinó un poco hacia delante. Sus labios conectaron con los de b
Alessio, y después de un momento de incredulidad, cerró los ojos
y dejó que sucediera. Se besaron dulcemente, tan mansamente, r
que mi corazón dio un vuelco. o
en la cara, y la mía secundaba esa expresión. Bueno, eso
fue rápido.
Cora elevó sus manos hasta las mejillas de Alessio y Alessio
retrocedió como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Bajó
la cara y dijo algo antes de ponerse de pie y dejar a Cora sentada
allí sola.
Ella se desplomó en su silla y negó con la cabeza, viéndose
miserable. Alessio era un hombre orgulloso. Tenía que darle
tiempo. Sus cicatrices eran una tragedia para él.
Miré a Nas, y ella me devolvió la mirada triste. Esperaba que 347
Alessio le diera a Cora una oportunidad.
Después de todo, el tiempo cura todas las heridas. O eso es
lo que decían.
Traducido por martinafab
Nastasia
350
Traducido por Apolineah17
sim
Lev ple
—¿
men
e has decidido? —pregunté mientras me te
acercaba a mi Ratón desde atrás, disfr
observándola desplazarse inquietamente por utan
los sitios web de caridad. do
Con una mano debajo de su barbilla, gruñó: de
—No. —Luego suspiró—. Hay demasiados. No tengo idea de la
cómo decidir cuáles valen lo suficientemente la pena para sen
donarles. saci
ón
Pensé en eso.
de
Sería una decisión difícil que tomar. Di un paso hacia esta
adelante, tiré hacia atrás la silla del escritorio, y la levanté. Me peq
senté en su lugar y la bajé hasta mi regazo. ueñ
—Incluso si sólo das la mitad de tu herencia, hay un montón a
de dinero allí. Por qué no dividirlo en cuatro o seis y donar a criat
múltiples causas. ura
en
Mina se relajó contra mí, apoyando su cabeza en mi pecho,
mis
acurrucándose en mi regazo como un gato.
braz
—Esa no es una mala idea. Podría hacer eso. —Dejó escapar os,
un suspiro de frustración—. Pero eso no hace la decisión más sin
fácil. habl
—Siempre podrías sacarlos de un sombrero —dije, ar
en serio en lo más mínimo.
Me aferraba a ella y el mundo desaparecía. Tranquilizaba mi
mente y mi alma se elevaba cuando estaba cerca de ella. Mina
Harris era la mejor parte de mí, y la mantendría feliz por el resto
351
de mi vida.
Ella se quedó inmóvil y me miró con ojos muy abiertos, con
una expresión que decía “Ahora, ¿por qué no pensé en eso?”
—Esa es una idea genial —susurró.
Una pequeña sonrisa adornó su hermoso rostro y se inclinó
hacia arriba para besarme. Tomé sus labios suavemente,
sumergiéndome para probarla, y ella suspiró suavemente.
—Te amo, Lev.
Había llegado el momento de explicarle algo a Mina, algo acerca de
quién era yo.
—Nunca he pertenecido a nadie, Mina —comencé—.
Siempre he tenido una sensación de soledad dentro de mí, y
nunca la he comprendido, no cuando estoy constantemente
rodeado de gente. Sin embargo, entiendo que difiero de las
masas. En un constante estado de confusión, el malentendido
me incomoda. —Mi ceño se frunció—. Siempre estoy pensando,
“¿qué dije para molestar a Nastasia?” o “¿por qué Sasha me mira
de esa forma?”, “¿por qué mi cerebro no funciona como
debería?”
Me detuve un momento, y Mina escuchaba atentamente.
—Habría dado todo por ser normal. A tu alrededor, me siento
normal. —Puse mi mano contra su barbilla y pasé mi pulgar sobre
la línea de su mandíbula—. Nunca he tenido normalidad. Tú me
diste eso. Planeo pagarte lo que te debo por el resto de mi vida.
Ella se inclinó contra mi mano y cerró los ojos. M
—Nos salvamos el uno al otro. —Abrió los ojos y me miró con e
cariño—. Creo que podemos decirlo abiertamente, cariño. gir
é
Tal vez ella tenía razón. Quizás estábamos destinados a par
encontrarnos. De cualquier manera, haría todo a mi alcance para a
asegurarme de que Mina tuviera una vida plena y feliz. Al igual ver
que ella me la había dado a mí. a
Mi
*** na
ya
Lidi
Mi teléfono sonó y lo saqué de mi bolsillo para leer el mensaje. ,
Nas: Ven aquí. Tenemos que hablar. EN PRIVADO. qui
enes estaban sentadas en el suelo viendo una película infantil 352
en la televisión. Estaban separadas pero tomadas de la mano.
Se me cerró la garganta.
No quería irme, pero Nastasia era mi hermana. Ella era
importante para mí y cuando me llamaba, quería estar allí.
Poniéndome de pie, me tranquilicé cuando Mina se volvió
para mirarme.
—Volveré pronto. Nas me necesita.
Mina me lanzó un beso y lo llevé conmigo mientras salía
por la puerta principal y hacía el corto viaje a la casa de mi
hermana.
Ella me estaba esperando en la puerta principal, B
manteniéndola abierta. Con un movimiento de su brazo, dijo: ajé
el
—Entra.
rostr
Sonaba seria. Nas raramente era cortante conmigo y justo o,
ahora, parecía molesta. Caminé por las escaleras mientras mo
cruzaba el umbral de su casa, dije: men
—Algo está mal. táne
ame
Resopló, caminando a través de su comedor y tomando
nte
asiento.
perd
—Sí, algo está mal, Lev —Sacudió su barbilla, haciéndome ido
un gesto parta que tomara asiento, así que eso hice. en
—¿Qué es? —pregunté cuidadosamente. mis
Nas se recostó en su silla y preguntó en voz baja: pen
sam
—¿Amas a Mina? ient
Mi rostro se volvió severo. Qué pregunta tan estúpida. os, y
—Por supuesto que amo a Mina. cua
ndo
¿De qué se trataba esto?
leva
Mi corazón latía con fuerza. Cuando las cosas se nté
relacionaban con Mina, no perdía el tiempo. mi
—¿Qué está pasando, Nas? cab
eza
Entonces dijo algo que no esperaba. Con ojos tristes,
para
murmuró:
mira
—Estoy un poco decepcionada rla
contigo. Los latidos en mi de
nue
pecho aumentaron. vo,
—¿Por qué? preg
Mi hermana negó con la cabeza. unté
:
—La propuesta pública fue linda, Lev. Estuviste perfecto. —
Sacudió la cabeza—. Pero estaba esperando que dieras un paso —
más arriesgado, te pondrías sobre una rodilla y le haría a Mina la ¿
pregunta de una manera que la haría sentir especial.
Crees que a Mina le gustaría eso? ¿Una
propuesta? Nas me sonrió
amablemente y dijo:
—Toda mujer quiere una propuesta sobre la que pueda
contarle a sus hijos.
¿Hijos? ¿Con
Mina? Me
gustaba esa
idea. Sí. Una 353
propuesta.
Podía hacer eso.
Mi mente se preparó, me incliné ligeramente hacia adelante y
pregunté:
—¿Qué tengo que
hacer? Nas sonrió
entonces.
—Pensé que nunca lo preguntarías.
354
Traducido por Ximena Vergara
Mina
***
con ternura.
—Oh, cariño. No necesito romance —le dije—. Sólo te
necesito exactamente como eres.
Apretó la mandíbula, ni siquiera podía mirarme. Esto significaba
algo para él.
Así que intenté otra
cosa. Le hablé
en voz baja:
—Lev, este momento es solo entre tú y yo. Aunque tu
presentación fue muy informativa, nunca fui de palabras floridas.
Sólo dame palabras que te salgan del corazón, bebé.
Él me miró, con una triste mueca dibujada en su rostro.
Respiró hondo y cuando abrió la boca, la belleza salió. Soltó
junto con un suspiro:
—Tú lo eres todo para mí.
Mis ojos ya estaban inundados.
—Daría mi vida antes que decepcionarte y le haría daño a
cualquiera que tratara de apartarte de mi lado. Nunca he
conocido a una mujer más amable que tú. Eres maravillosa con
Lidiya. Quiero tener hijos contigo, todos los que tú me dejes, para
que podamos experimentar la paternidad, juntos.
Me mordí el labio, pero las lágrimas no dejaron de caer. Ellas
empañaron mis ojos y se arrastraron por mis mejillas.
—Voy a ser un buen padre para ellos. Rezo para que nuestros
bebés sean como tú, pero si son como yo, no quiero que te
preocupes, porque yo los guiaré y les demostraré que son
amados, incluso si no entienden lo que eso significa. Voy a
enseñarles.
Mis ojos se cerraron dejando salir unos sollozos
entrecortados. Me aferré a la rodilla de Lev en busca de apoyo.
—Voy a pasar mi vida amándote y pasarás una vida feliz
361
convirtiéndome en una mejor persona, como lo has hecho hasta
ahora con tu mera presencia.
Me tendió la caja y susurró un nervioso:
—Voy a ser el hombre que te mereces. No lo he sido, Ratón,
pero estoy trabajando en ello. Cásate conmigo y mi único objetivo
en la vida va a ser el de tomar todas las medidas para que no te
arrepientas jamás.
Él tomó mi mano y con dedos temblorosos, deslizó el anillo
en su lugar. Se ajustaba perfectamente.
—¿Quieres casarte conmigo, Mina?
Me quedé mirando el anillo, brillando a la luz de las velas,
parpadeando con lágrimas cuando una risa entrecortada se me
escapó.
—Sí. —Me reí de nuevo, abrazando a Lev por el cuello y
besando su mejilla sin afeitar—. Mil veces sí.
Y Lev respiró de nuevo. Su pecho se agitó y me rodeó con
sus brazos con fuerza.
Su única respuesta fue susurro:
—¡Oh, gracias a Dios!
Nos reímos, hicimos el amor toda la noche y no podía
recordar un momento en que fuera más feliz.
Traducido por [Link]
Mina
Mina
367
Belle Aurora
Tiene 26 años y nació en Adelaide, Australia
A temprana edad se enamoró de la lectura. Durante un día
aburrido de verano se puso a registrar los estantes de libros de
su casa.
Se topó con Breath of Scandal de Sandra Brown y se 368
enamoró de las novelas románticas.
Habiendo sido criada en una familia fuerte y bulliciosa de
ascendencia Croata, desarrollo un natural amor por el
dramatismo y el amor.
Hace apenas unos años atrás descubrió un nuevo amor: Las
comedias románticas humorísticas.
Las autoras Kristen Ashley y R.L. Mathewson (de quien es
gran admiradora) han abierto un nuevo mundo con sus historias
donde ella pudo sentirse segura y en casa y aunque no había
pensado escribir y no le había interesado en ello, se sintió
inspirada y comenzó a escribir recientemente.
Su primer libro Friend-Zoned comenzó a tomar forma en
febrero de 2013, cuando Belle escribió las palabras 'Chapter
One'... fue cuando ella se enamoró de las palabras, de la
escritura y de la creativa imaginación que ella nunca pensó que
tenía.
…