El Mundo de las Ideas en Platón
El Mundo de las Ideas en Platón
PLATON
CAPÍTULO V
Platón nació en Atenas en 429 ó 427, y murió en la misma ciudad en 348 ó 347 a.C.
Después de dedicarse a la poesía, pronto se consagró a los estudios filosóficos, siguiendo
las enseñanzas de Cratilo, secuaz de Heráclito. A los veinte años entró en contacto con
Sócrates, que determinaría decisivamente su pensamiento, y en cuya boca puso la mayor
parte de sus propias doctrinas -máximo homenaje del gran discípulo al maestro. Hacia el
año 385 estableció su escuela, la Academia, así llamada por encontrarse en un parque y
gimnasio consagrado al héroe Academo. Esta escuela y centro de investigación, donde se
cultivaron no sólo la filosofía sino todas las ciencias, ejerció incomparable influencia hasta
que fue cerrada, y sus bienes confiscados, por el emperador Justiniano, en 529 d.C; de
manera que duró más de 900 años (más de lo que haya durado hasta el momento
cualquier universidad existente).
Sus obras, afortunadamente, nos han llegado completas. Constan de unos
veinticinco diálogos (además de otros sospechosos o seguramente apócrifos), la Apología
(o Defensa) de Sócrates, y trece cartas (algunas probablemente auténticas, como la
Séptima, otras apócrifas). Entre los diálogos deben citarse (en orden cronológico
probable) Laques, Ion, Protágoras, Eutifrón, Critón, Gorgias, Menón, Cratilo, Banquete,
Fedón, República (quizás su obra maestra), Parménides, Teétetos, Fedro, Sofista, Timeo
y Leyes.
Platón no fue sólo filósofo, o, mejor, porque lo fue de modo tan eminente, su
poderosa personalidad abarca todos los intereses humanos. Matemáticas y astronomía,
física, política y sociología, teoría psicológica y la más notable capacidad de comprensión
anímica, las dominó su potente genio; y esa multiplicidad de intereses hace que sus obras
no puedan ser ignoradas por ninguna persona culta. Pero si se debiera señalar otra
actividad en la cual alcanza idéntica genialidad a la que logra en el campo filosófico, es
preciso decir en seguida que Platón fue uno de los más grandes artistas de la palabra,
uno de los escritores más grandes de todos los tiempos, un genio literario con el que muy
pocos pueden compararse; de modo tal que en definitiva no se sabe qué admirar más, si
al filósofo o al artista, por la riqueza imaginativa, la multiplicidad de recursos a que echa
mano, el dominio de la lengua y la capacidad soberana para alcanzar las máximas
posibilidades expresivas le la belleza y flexibilidad de la prosa griega.
Se ha dicho que la grandeza del arte griego reside en haber sabido armonizar de
manera perfecta la claridad, la racionalidad y la seriedad, por un lado, con la imaginación,
la pasión y el brillo, por el otro. En este sentido, Platón es el artista griego por excelencia;
su estilo es perfecta combinación de prosa y poesía, con infinita variedad de modos, que
van de lo gracioso a lo suntuoso, del humor a la solemnidad, de lo cotidiano al entusiasmo
más noble y al fervor religioso, del rigor lógico más exigente a las metáforas y alegorías
más poéticas e imaginativas. Maravillosa armonía de broma con seriedad, de lógica con
misticismo, de parodia o sátira con alegoría o exhortación moral, de poesía con filosofía,
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de mito y ciencia, de intuición y erudición, nadie ha sabido hermanarlos como él. "Nadie
ha pensado en igual estado de gracia ni llegó hasta profundidades tan pavorosas
iluminado por la luz solar de la belleza" (E. Martínez Estrada). Su estilo:
continuo devenir, según enseñó Heráclito (cf. Cap. II, § 2), a quien en este sentido sigue
Platón. Si nuestro saber se edificase sobre las cosas sensibles, la consecuencia entonces
sería el relativismo, consecuencia que justamente sacó Protágoras: "el hombre es la
medida de todas las cosas" (cf. Cap. IV, § 2).
Ahora bien. el verdadero conocimiento deberá ser de especie totalmente diferente
del que proporcionan los sentidos; no vacilante y contradictorio, como el que la percepción
suministra, sino constante, riguroso y permanente, como cuando, por ejemplo, se afirma
que "2 más 2 es igual a 4": porque esto no es verdad meramente ahora o en una cierta
relación, sino siempre y absolutamente. La ciencia, pues, el verdadero conocimiento,
habrá de referirse a lo que realmente es (según había sostenido Parménides respecto del
ente, cf. Cap. II, § 4, y Sócrates respecto de los conceptos). El objeto de la ciencia,
entonces, no puede ser lo sensible, siempre vacilante y cambiante, s-no lo uniforme y
permanente, que es lo único que puede realizar la exigencia de la ciencia. Precisamente,
Sócrates lo convenció de que hay conocimiento objetivo, válido para todos: el
conocimiento que nos dan los conceptos, las definiciones, las esencias. Frente al cambio
y a lo relativo, tras de lo cambiante y aparente, Platón busca lo inmutable y absoluto, lo
verdaderamente real, única manera, a su juicio, de hacer posible la ciencia y la moral.
La palabra "idea" (en griego [eidos], [idea]) proviene del verbo
(eido), que significa "ver"; literalmente, "idea" sería lo "visto", el "aspecto" que algo ofrece
a la mirada , la "figura" de algo, su "semblante", por ejemplo, el aspecto o figura que
presenta esto que está aquí, esta silla. En Platón, la palabra alude, no al aspecto sensible,
sino al "aspecto" intelectual o conceptual con que algo se presenta; por ejemplo, en
nuestro caso, el aspecto, no de ser cómoda o incómoda, roja o verde, sino el aspecto de
ser "silla" -lo cual, es preciso observarlo bien, no es nada que se vea con los ojos del
cuerpo, ni con ningún otro sentido (no hay, en efecto, ninguna sensación de "silla", sino
sólo de color, o sabor, o sonido, etc.), sino solamente con la inteligencia: por eso se dice
que se trata del aspecto "inteligible", es decir, de la "esencia". (Conviene por tanto, al
estudiar a Platón, prescindir de todo lo que sugiere corrientemente la palabra "idea" en el
lenguaje actual, que nos hace pensar en algo
psíquico, mientras que[para Platón las ideas son
algo real, cosas, más todavía, las cosas 1
verdaderas, metafísicamente reales, más reales
que montañas, casas o planetas).
Para aclarar mejor la índole de las "ideas" y 2
su diferente modo de ser respecto de las cosas
sensibles, conviene hacer referencia a un pasaje
del Fedón,3 que el lector hará bien en estudiar 3
atentamente. Allí Platón establece la diferencia
entre las cosas iguales, de una parte, y la idea de
lo igual (lo igual en sí o la igualdad misma), de la 4
otra. En síntesis, el texto dice lo siguiente.
3
Fedón 74 a - 75 a, 78 c - 79 a; cf. República 479 a - b, 523 c - 524 d.
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Supóngase un leño (1) igual a otro (2), menor que un tercero (3) y mayor que un cuarto
(4). a) En primer lugar, obsérvese que el leño 1 es igual al 2, menor que el 3 y mayor que
el 4, es decir, que el leño 1 es a la vez, igual y no-igual, pues es menor y mayor, esto es,
que es contradictorio. Pero la igualdad, o, como también dice Platón, "lo igual en sí", la
idea de igualdad, no es igualdad en cierto respecto y en otros no, no se convierte en la
idea de la desigualdad (si esto sucediera, no podríamos pensar), sino que es siempre la
igualdad, perfectamente idéntica a sí misma. b) En segundo lugar, se puede cortar en dos
el leño 1, y entonces el leño, que era igual al 2, se habrá convertido en menor, habrá
dejado de ser igual, habrá desaparecido como igual; y desaparecerá absolutamente si se
lo quema.
Pero la igualdad misma no se la puede cortar y convertirla en lo menor, ni se la
puede destruir, c) En tercer lugar, las cosas iguales, como los leños, son sólo
imperfectamente iguales, tanto por todo lo que se acaba de decir, cuanto por la
circunstancia de que, observados con mayor precisión -con una lupa, v. gr.-, revelarían
diferencias. Las cosas iguales, pues, "aspiran" a ser como la igualdad en sí, pero en el
fondo siempre les falta algo para serlo plena o perfectamente, son insuficiente o
imperfectamente iguales, deficientemente iguales. En general, las cosas sensibles no son
plenamente, sino que constituyen una mezcla de ser y no-ser. -Quizás pueda lograrse una
noción aproximada de lo que se va diciendo si se piensa en la relación que hay entre el
triángulo del que se ocupa el matemático, y la figura que dibuja en la pizarra; el dibujo se
parece o imita al triángulo -al triángulo en sí, o, si se prefiere decirlo de otra manera, a la
triangularidad-, pero evidentemente no son lo mismo. Cuando el geómetra dice que "la
suma de los ángulos interiores del triángulo es igual a dos rectos", piensa en el triángulo
en general, en la triangularidad, y no en ese o aquel triángulo particular, o, mejor dicho, en
esa figura aproximadamente triangular que ha dibujado en la pizarra: ésta tendrá que ser
o equilátera, o isósceles, o escaleno, y el triángulo a que se refiere el teorema es
cualquiera de los tres; si además nos refiriésemos sólo a los triángulos equiláteros,
tampoco saldríamos del paso, porque el triángulo dibujado tiene ciertas dimensiones
determinadas, en tanto que el equilátero en que piensa el geómetra se refiere a
cualquiera, tenga las dimensiones que tuviere; por último, observada con detención, toda
figura triangular resulta ser imperfecta (por ejemplo, porque con una lupa se vería que el
segmento que constituye uno de sus lados no es perfectamente rectilíneo, sino irregular).
Por tanto, no es lo mismo el triángulo en sí -la idea "triángulo"- que las cosas o figuras
sensibles triangulares.
Se desprende entonces de todo lo anterior que las cosas iguales (o las cosas
triangulares) -y, generalizando, las cosas sensibles- son contradictorias, cambiantes e
imperfectas, en tanto que la igualdad (o la triangularidad) -y, en general, todas las ideas-
son idénticas, inmutables y perfectas. Por ende, cosas sensibles e ideas representan dos
órdenes de cosas, dos modos de ser, totalmente diferentes. La belleza es siempre la
belleza; en cambio las cosas o personas bellas, por más hermosas que sean, llega un
momento en que dejan de serlo, o simplemente desaparecen. Por ello es también
diferente nuestro modo de conocerlas; las cosas iguales se las conoce mediante los
sentidos (y por ello cosas de este género se llaman cosas sensibles), en tanto que la
igualdad no se la ve, ni se la toca ni oye, ni la capta ninguno de los otros sentidos, sino
que se la conoce mediante la razón, mediante la inteligencia (por ello de la igualdad, de la
belleza, la justicia, etc., se dice que son entes inteligibles).
Pero si bien cosas sensibles e ideas representan dos órdenes diferentes del ser, con
todo hay entre ambos una relación, que Platón dice es una relación de semejanza o copia
o imitación; relación que, al ver las cosas iguales, nos permite pensar en la igualdad, a la
manera como, al ver el retrato de un amigo, nos acordamos del amigo, justamente porque
hay similitud entre el retrato y él. Del mismo modo, las cosas bellas se asemejan a la
belleza, las cosas buenas al bien, las cosas justas a la justicia, etc.
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Mas para que al ver el retrato de Pedro yo me acuerde de Pedro o reconozca que es
retrato de Pedro, es preciso que antes haya conocido a Pedro; de otra manera, no lo
reconocería. Del mismo modo, si al ver dos leños iguales reconocemos allí la igualdad,
aunque la igualdad misma no la "vemos", esto supone que de alguna manera ya
conocíamos la igualdad; no podríamos pensar que dos cosas sensibles son iguales, si no
supiésemos ya de alguna manera qué es la igualdad, así como no podemos decir que un
objeto es hermoso sin tener previamente el conocimiento de la idea de belleza, o decir
que tal figura es triangular sin saber qué es el triángulo; la igualdad, la belleza, la
triangularidad son, respectivamente, el "modelo" que cada una de estas cosas "imita", y
sólo su conocimiento "previo" permite reconocerlas como iguales, bellas o triangulares -de
modo semejante como en el caso del retrato de Pedro. Y como en este mundo sensible
no se percibe la igualdad, la belleza ni la triangularidad (sino sólo se ven cosas singulares
iguales, bellas, triangulares), es preciso que el conocimiento de las ideas lo hayamos
adquirido "antes" de venir a este mundo.
Así, al menos, se expresa Platón. Antes de nacer, el alma del hombre habitó el
mundo de las ideas, donde las contempló y conoció en su totalidad y pureza. Al venir a
este mundo y a este cuerpo, atraviesa un río, el Leteo, el río del Olvido, y ese saber suyo
de las ideas se olvida, si bien queda latente, de manera que ahora, con ocasión de las
cosas sensibles que ve, lo va recordando más o menos oscuramente: al ver leños iguales,
"recordamos" la igualdad, al ver cosas bellas recordamos la Belleza, etc. "Aprender no es
sino recordar" (Fedón 72 e; Menón 81 a ss; cf. Cap. IV, § 7). No obstante, conviene tener
claramente presente que tales referencias a una vida anterior, el Leteo, etc., en parte no
son propiamente "explicaciones", sino "mitos", es decir, "relatos" donde lo predominante
es lo poético o figurativo, y no lo conceptual; se trata de alegorías, de símbolos, que no es
preciso, naturalmente, tomar al pie de la letra. Quizá Platón no encontró una explicación
conceptual que le pareciese verdaderamente suficiente, y entonces recurrió al mito; o
quizá considerase que en este terreno cualquier conceptualización sería fatalmente
insuficiente, en tanto que el mito permite una amplitud de interpretaciones que lo hace
singularmente apto para tales temas. El hecho es que recurrió a este expediente de la
pre-existencia del alma.
4. El conocimiento a priori
Según Platón, entonces, resulta haber dos mundos o dos órdenes del ser: el mundo
sensible, de un lado, el mundo de las ideas o mundo inteligible, del otro; y
consiguientemente hay dos modos principales de conocimiento, la doxa u opinión, y la
episteme ( el conocimiento propiamente dicho o "ciencia". 4 Todo esto recuerda
a Parménides, quien también separaba el mundo sensible y la opinión, del ente único,
inmutable, inmóvil, cognoscible mediante la razón (cf. Cap. II, §§ 4 y 5). Sin embargo,
para Parménides se trataba, en el fondo, de la diferencia entre el ente y el no-ente, de
manera que el mundo sensible equivalía a la nada, de la cual no puede haber
conocimiento ninguno, sino sólo ignorancia; en tanto que con Platón el problema está
planteado de manera más matizada, en términos menos extremos. En efecto, el mundo
sensible no es para él pura nada, sino que tiene un ser intermedio, imperfecto; pero, de
todos modos, algo de ser; no es el verdadero ser, inmutable, permanente, que
corresponde a las ideas, sino que se trata de una mezcla de ser y no-ser, y por eso todo
allí es imperfecto y está sometido al devenir; y lo que tiene de" ser, lo tiene en la medida
en que copia o imita -siempre imperfectamente- a las ideas. De manera que entre el ser
4
"Ciencia" en el sentido de conocimiento absoluto, no en el sentido de lo que hoy se llaman "ciencias".
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON
pleno -las ideas- y el no-ser absoluto, se intercala el mundo del devenir, el de las cosas
sensibles, que son y no son, que participan, copian, dependen de las ideas.
Sintéticamente, podríamos trazar el siguiente cuadro de los caracteres respectivos de los
dos mundos:
Por último podría decirse que las ideas son "trascendentes" respecto del mundo
sensible, es decir, que constituyen una realidad que está más allá de este5
6. La alegoría de la caverna
Platón se vale de una alegoría para dar forma plástica, digamos, a las teorías que se
acaban de esbozar, y al mismo tiempo para expresar "dramáticamente" la condición y el
destino del hombre -ya que, al fin de cuentas, no es la filosofía otra cosa sino la plena
asunción de este destino y condición (cf. más adelante, Cap. XIV, §§ 17 y 20 y Cap. XV, §
2). Se trata de la alegoría de la caverna
(República, VII, 514 a - 521 b), uno de los pasajes más famosos -quizás el más
famoso de todos- de la literatura filosófica, y al par un trozo de antología literaria.
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON
Para comprender mejor lo que Platón dice, conviene valerse del esquema
precedente.34
Supongamos la ladera de una montaña, sobre la cual se abre la entrada de una
caverna, de la que el dibujo ofrece un corte longitudinal. Dentro de la caverna hay
hombres que están sentados y encadenados, de tal manera que no pueden ni siquiera
girar sus cabezas o inclinarlas, sino que se ven obligados a mirar solamente la pared que
tienen a su frente, en el fondo de la caverna. A sus espaldas, y hacia arriba, subiendo la
pendiente de la caverna, hay una especie de tapia o paredilla, detrás de la cual corre un
camino por el que marchan hombres llevando sobre sus cabezas objetos artificiales que
sobresalen por encima de la tapia. Todavía más atrás y más arriba hay una hoguera, que
lanza su luz sobre estos objetos, los cuales a su vez proyectan sus sombras sobre la
pared del fondo de la caverna y a la cual miran los prisioneros. Aun más arriba, siguiendo
34
El dibujo está tomado de J. GAOS. Antología filosófica. La filosofía griega (México. La Casa de España en
México, 1940), p. 262.
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la pendiente, se termina por salir al mundo exterior, donde están los árboles, los animales,
los cuerpos celestes y en definitiva el sol.
Pues bien, la caverna representa nuestro mundo, el mundo sensible; y el exterior de
la caverna representa el mundo real, es decir, el mundo de las ideas, cuya forma más
alta, el Bien, está simbolizada por el sol.
El mundo sensible, entonces, resulta ser un mundo de sombras de apariencias. Se
ha observado que si Platón hubiera vivido en nuestro tiempo, quizás hubiese reemplazado
la caverna por un cinematógrafo. Pero, de todos modos, la idea de que el mundo sensible
es comparable a una caverna, aparece en la filosofía y la religión de su época, como, por
ejemplo, en Empédocles (hacia 450 a.C); y en las llamadas religiones de misterios, 35 se
celebraban ceremonias en especie de antros subterráneos, que representaban los
Infiernos (el Hades): allí se llevaba a los candidatos para la iniciación y se les revelaban
ciertos objetos sagrados a la luz de una antorcha. Los hombres que viven en la caverna
son, según Platón, prisioneros; y tal idea de que el alma del hombre está como prisionera
en este mundo. Platón la toma del orfismo. 36
Todo esto apunta hacia lo que podría llamarse la "religiosidad" o el misticismo de
Platón, rasgo muy característico de su pensamiento; también podría hablarse de cierto
"pesimismo" en su juicio acerca del mundo sensible en general, y del cuerpo en particular.
En otro lugar37 dirá, recordando una doctrina pitagórica y órfica, y haciendo un juego de
palabras, que "el cuerpo ( [sooma]) es una tumba ( [seema]) para el alma",
una especie de castigo para el alma, que está condenada a vivir en este mundo por
culpas pasadas. Lo corporal es en definitiva la fuente y raíz de todo mal, por tanto de todo
pecado. Sin embargo es preciso observar que esta valoración negativa de lo corporal no
es uniforme en la obra de Platón; en algunos diálogos, corro en este pasaje que
consideramos, o, sobre todo, en el Fedón, aparece más acentuada, en tanto que en otros,
como en el Banquete, se atenúa.
Sea como fuere, si se quiere interpretar el sentido de esta vida en la caverna de
manera más "neutral", digamos -es decir, sin intervención de factores religiosos, místicos,
etc.-, podría enfocarse el asunto de la siguiente manera -que, por lo demás, no es
incompatible con la anterior, sino que en el fondo no es más que otro aspecto de la misma
cuestión. Los prisioneros de la caverna -es decir, nosotros mismos, en este mundo
sensible- no tenemos ni libertad ni verdadero conocimiento, casi como le ocurre al animal,
en la medida en que es pura sensibilidad y carece de la posibilidad de conocer las ideas,
puesto que no posee razón. El hombre, en primera instancia, está confinado al
conocimiento sensible, y en tal sentido somos "prisioneros de las apariencias", de los
fenómenos, de los que sólo el conocimiento propiamente dicho, es decir, en definitiva, la
filosofía, nos puede librar. Como el "drama" de la alegoría consiste en "liberar" al
prisionero para llevarlo hacia lo alto y terminar por sacarlo de la caverna, la ficción narra el
proceso de des-animalización del hombre, el proceso de su humanización o educación
hasta llegar a su realización plena.
La alegoría, que ahora estamos en condiciones de leer y comentar, tiene
propiamente tres partes: I. La primera describe la caverna, los prisioneros y la vida que
éstos llevan; II. La segunda nos habla de la liberación y ascenso de un prisionero; III. La
tercera, de su regreso al antro.
35
Así llamadas porque se trataba de cultos secretos, no públicos, para ser admitido a cuyas ceremonias se
requería cierta iniciación. Estaban en relación, sobre todo, con Démeter y Diónisos. Los misterios más
famosos fueron los de Eleusis.
36
El orfismo era una secta de misterios cuya fundación se atribuía a Orfeo. Entre sus creencias figuraba la
transmigración de las almas.
37
Gorgias 493 a.
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON
7. La vida en la caverna
Habla Sócrates:
Tal como aquí se dice, la alegoría pretende ante todo representar simbólicamente
nuestra naturaleza, nuestro ser-hombres, según que esta naturaleza nuestra se encuentre
en estado de plenitud o no. El texto griego emplea la palabra paídeia (), que se
puede traducir por "educación", pero en el sentido de "formación" (lo que en alemán se
llama Bildung), es decir, en el sentido del proceso mediante el cual se "forma" el hombre a
partir de su animalidad, el proceso consistente en el despliegue de las posibilidades del
hombre. Ese despliegue está determinado y presidido por un modelo (
[parádeigma]) previo, por un "aspecto" (idea) determinante que lo guía, y que no es sino la
idea misma de hombre como ideal que toda persona debiera esforzarse por desarrollar en
sí, el ideal que está como dormido en forma de posibilidades o potencialidades, y que
justamente se trata de despertar.
La situación en que encuentran los prisioneros es la situación con que comienza
nuestra humana existencia: comenzamos estando como "dormidos", es decir, "olvidados"
(cf. el río Leteo, más arriba, § 3) de lo que en realidad somos -el olvido, para Platón, de
que nuestro verdadero ser no es el ser físico, sensible, corporal, sino nuestra alma. Pero
si estos términos de "alma" y "cuerpo" -sobre todo entendidos como entidades
diametralmente opuestas- parecen expresiones poco adaptadas a los problemas y al
contexto de nuestro mundo contemporáneo (mundo que, entre otras cosas, se caracteriza
por un profundo desconocimiento de todo lo que tenga sabor a cosa religiosa, porque el
hombre contemporáneo carece de sentido para lo sagrado, lo cual, entiéndase bien, no
implica necesariamente ninguna "fe" determinada), puede expresarse lo que dice Platón
con ayuda de otra terminología. Con expresiones de la filosofía de la existencia, se dirá
entonces que, en primera instancia, y ante todo, vivimos en el anonimato, en el olvido de
nosotros mismos, porque en nuestra vida diaria somos, no nosotros mismos como
auténticas personalidades libres, sino que nos encontramos sometidos al poder de un
tirano impersonal, que en términos sociológicos puede denominarse "la gente", y que en
términos filosóficos llama Heidegger el "se" o el "uno" (cf. Cap. XIV, § 10). En efecto, en la
mayor parte de nuestros actos no nos comportamos como personas autónomas que
libremente deciden hacer esto o lo otro, sino que hacemos lo que la "gente" hace;
compramos un aparato de televisión o nos cortamos el cabello de cierta manera, porque
"la gente" ve televisión, porque "se" usa tal corte de cabello, "uno" compra tal semanario
presuntamente intelectual porque es lo que "se" lee. Se trata entonces de actitudes,
inclusive de "ideas", que se adoptan por una especie de imposición del medio social en
que se vive; y en todos esos casos es el "se", el "uno", el impersonal, el que decide, y no
nosotros mismos; y esa tiranía o dominación impide entonces que llevemos una
existencia auténtica, nos impide descubrirnos en lo que nosotros mismos somos, y oculta
nuestra verdadera realidad con la especie de máscara que nos impone. Y es preciso no
perder de vista que el impersonal no sólo dicta las modas en materia de ropas o peinados,
sino que también hay modas en el campo de las ideas, esto es, ideas impuestas por "la
gente": son muchos, en efecto, los que participan de determinadas ideas políticas porque
son las ideas políticas de moda, lo que "queda bien", lo que ahora "se" piensa -como si el
38
República 514, a (trad. A. Camarero, versión que se utiliza también en los pasajes siguientes).
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON
-Y ante todo, ¿crees tú que en esa situación puedan ver, de sí mismos y de los
que están a su lado, alguna otra cosa fuera de las sombras que se proyectan, al
resplandor del fuego, sobre el fondo de la caverna expuesto a sus mirada?
-No -contestó-, porque están obligados a tener inmóvil la cabeza durante toda su
40
vida.
De manera que los prisioneros no ven más que las sombras que se proyectan en el
fondo de la caverna, y como éstas son lo único que conocen, las toman por la realidad.
-Y en cuanto a los objetos que transportan sobre sus espaldas [quienes caminan
detrás de la tapia], ¿podrán ver otra cosa que no sean sus sombras?
39
515 a.
40
515 a - b; trad. retocada.
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON
41
-¿Qué más pueden ver? Las sombras que ven los prisioneros, y que toman por
la realidad, no son sólo las sombras de sí mismos, sino también las sombras de los
objetos artificiales que sobresalen por encima de la tapia.
-Y si pudieran hablar entre sí, ¿no juzgas que considerarían objetos reales las
sombras que vieran?
42
-Necesariamente.
Los prisioneros hablan, y si hablan naturalmente tendrán que hablar de algo; pero
como no conocen otra cosa sino las sombras, tendrán que hablar sobre ellas,
considerándolas, no como lo que son -es decir, sombras-, sino como la realidad.
-¿Y qué pensarían si en el fondo de la prisión hubiera un eco que repitiera las
palabras de los que pasan? ¿Creerían oír otra cosa que la voz de la sombra que desfila
ante sus ojos?
43
-¡No, por Zeus! -exclamó.
En el fondo de la caverna hay un eco, de modo tal que la voz de los que caminan
detrás de la tapia parece brotar de las sombras; por tanto, los prisioneros creerán que el
eco no es sino la voz de las sombras mismas. En una palabra, entonces,
-Es indudable -proseguí- que no tendrán por verdadera otra cosa que no sea la
44
sombra de esos objetos artificiales.
Un poco más adelante se agrega todavía algo sobre la vida de los prisioneros:
Los prisioneros se honran y alaban y tienen poder según su capacidad para ver las
sombras, recordarlas mejor y predecir lo que ha de suceder. Platón alude, probablemente,
a los políticos corrientes, meros empíricos en el sentido más limitado de la palabra,
dotados tan sólo de habilidad o maña para recordar lo que sucede usualmente, y obrar en
consecuencia.46
Si se resume este primer momento de la alegoría, diremos entonces que los
prisioneros se encuentran en el estado de espíritu que se llamó (cf. § 5) eikasía o
imaginación, que es el inferior en la escala del "saber": de tal manera los prisioneros, es
decir, los hombres en su vida corriente, se encuentran en la forma inferior de existencia
posible, "prisioneros" de las apariencias o fenómenos, según se ha dicho. "En otras
palabras, el modo de ver de los hombres en general, en lo que se refiere a sí mismos y al
mundo que los rodea, es un modo de ver deformado por medios falsificadores, por sus
propias pasiones y prejuicios, y por las pasiones y prejuicios de las otras gentes, tal como
se les trasmiten mediante el lenguaje y la retórica", 47 la prensa y la televisión, la
propaganda y la política. En estas condiciones, pues, los hombres ni tienen libertad ni
verdadero conocimiento (e ignoran que no los poseen).
41
515 b.
42
loc. cit.
43
loc. cit
44
515 b - c.
45
516 c - d.
46
'F. Me CORNFORD, [Link]., p. 225 nota I. remite al Gorgias 501 a.
47
[Link], [Link]., p. 260.
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON
El prisionero echa ahora su mirada, no sobre las sombras, sino sobre las cosas
cuyas sombras antes veía; pero en realidad no puede decirse, por el momento, que "vea"
estas cosas, porque como su vista no está acostumbrada sino a la oscuridad, el exceso
de luz que ahora experimenta le deslumbra y no puede distinguir los objetos con que se
enfrenta.
Es obvio que estará convencido de que las sombras eran más reales que los objetos
que ahora ve, porque las sombras las discernía perfectamente bien, eran para él algo
claro, puesto que su ojo estaba adaptado a ellas.
Supongamos, también, que al señalarle cada uno de los objetos que pasan, se le
obligara, a fuerza de preguntas, a responder qué eran; ¿no piensas que quedaría
perplejo, y que aquello que antes veía habría de parecerle más verdadero que lo que
51
ahora se le muestra? -Mucho más verdadero- dijo.
48
República 515 c.
49
515 c-d.
50
515d.
51
loc. cit.
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON
acerca del movimiento, cf. Cap. III, § 6) resultan extrañas y sorprendentes para el "sentido
común".
-Y si se le obligara a mirar la luz misma del fuego, ¿no herirá ésta sus ojos? ¿No
habrá de desviarlos para volverlos a las sombras, que puede contemplar sin dolor? ¿No
las juzgará más nítidas que los objetos que se le muestran?
52
-Así es- dijo.
Evidentemente su vista se turbará aun más, y sus ojos sufrirán todavía más, si se le
obliga a fijarlos en la luz de la hoguera; e intentará volver la cabeza para recobrar la visión
de las sombras, que está convencido son más reales.
luego sus imágenes reflejadas, más tarde las cosas mismas, más adelante los cuerpos
celestes de noche, luego de día, y finalmente el sol.
Esta es una de las enseñanzas de la alegoría: la necesidad de proceder
gradualmente en el orden de la educación. Es imposible ir de golpe a la metafísica -
imagínese qué ocurriría si a un niño de diez o doce años se le leyese el trozo del Fedón
sobre los iguales. Platón sostiene, de esta manera, que antes de penetrar en el estudio de
las ideas superiores es preciso un aprendizaje preparatorio: el estudio de las matemáticas
(cf. más arriba, § 8 ). En cierto sentido -viene a decir entre líneas- aquí se encuentra una
de las fallas de los sofistas: haber cometido el error de discutir con cualquiera los temas
morales, políticos o metafísicos, sin la necesaria preparación para ello -como quien
quisiera hablar de física atómica con quienes desconocen el álgebra elemental. Y lo que
Platón dice de los sofistas quizá podría aplicarse hoy día a las cuestiones políticas, que
por suponer temas éticos y metafísicos sólo podrían abordar adecuadamente quienes
tuvieran la necesaria preparación filosófica.
El sol es la causa de todas las cosas, y a la vez lo que las gobierna (la palabra
"principio", "fundamento", tiene en griego estos dos matices, según se señaló, Cap.
II, § 3). El sol, con su luz y calor, es la causa de todas las cosas del mundo exterior, y a la
vez, indirectamente, de las del mundo interior a la caverna, porque no podría haber fuego
sin el calor del sol. El sol representa la idea suprema, la Idea del Bien.
-Si recordara entonces su antigua morada y el saber que allí se tiene, y pensara
en sus compañeros de esclavitud, ¿no crees que se consideraría dichoso con el
cambio y se compadecería de ellos?
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-Seguramente.
Recuerda su vida anterior y siente alegría por haberla dejado, a pesar de que en un
primer momento aborrecía la nueva morada. Y a la vez experimenta cierto desdén y
compasión por sus compañeros que aún viven en las sombras; porque el "saber" que allí
se tiene no es verdadero saber, sino el grado inferior de la opinión (dóxa), a saber, la
imaginación o conjetura (eikasía). Y continúa Sócrates:
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516b-c
56
516 c
57
516 d - e.
PRINCIPIOS DE FILOSOFIA EL MUNDO DE LAS IDEAS. PLATON