GENERACIÓN DEL 50 EN ANDALUCÍA:
PILAR PAZ PASAMAR
Literatura en Andalucía
3º Filología Hispánica, UMA
Ruiz Fernández, Trinidad
Pilar Paz Pasamar: una historia en dos ciudades
Pilar Paz Pasamar, nacida en Jerez de la Frontera, Cádiz, en 1933, es una de las grandes
autoras andaluzas de los cincuenta, una de esas autoras que arrancó su andadura literaria
cuando la opción de que una mujer escribiera poesía en un plano profesional seguía
considerándose socialmente una anomalía. La propia autora reconoce la dificultad que
suponía ser una mujer poeta en aquellos años, no solo en los 50, sino que también en los
años sucesivos, pues a la pregunta que le hace Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier al
respecto en una entrevista que tiene con Pilar Paz, esta contesta lo siguiente:
Bueno: en los 50, en los 60, en los 70, y hasta en los 80. Mira, solo te contaré una cosa.
Después de Mara me presenté a un concurso de poesía local, la Flor de la Vendimia de
Jerez, porque me animaron. Lo cierto es que de alguna manera el jurado se enteró y hasta
salieron alusiones en la prensa. Al final, me llamó un miembro del jurado para decirme que
me iban a dar un premio muy especial. Yo estaba ilusionada -era mi primer premio-, pero
me sonaba raro lo de “muy especial”. Luego me contaron que al abrir la plica del poema
que escogieron salió mi nombre, y al jurado no le parecía bien que ganara una muchacha
tan joven. Además, era una cuestión de protocolo de las fiestas: cómo iba a llevar la reina
de la Vendimia a otra mujer del brazo para recibir el galardón. Total, que le dieron el premio
a otro y, a mí, cinco mil pesetas de las de entonces… Recuerdo que Pepe Caballero me
escribió una carta muy cariñosa, consolándome. Pero ya te puedes figurar cómo era el
ambiente1.
María del Pilar Paz Pasamar nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, el 13 de febrero de
1933, hija del coronel jerezano Arturo Paz Varela y de la maña Pilar Pasamar Mingote.
Sus padres protagonizaron una historia de amor propia del siglo XIX que marcará la vida
de Pilar: la madre era una cantante de arias de ópera y zarzuela, amante del teatro y con
un prometedor porvenir en la música, que, por cierta reticencia familiar y por conocer a
quien sería su marido, abandonó su carrera de cantante.
Otro hecho fundamental vendría a marcar su historia, como la de todo el país: el estallido
de la Guerra Civil en 1936. La madre, según recuerda la autora, incapaz de soportar la
ausencia del marido, se acerca hasta el frente en un coche con ella y su hermana, en medio
de un bombardeo. Era el año 1939, y la atrocidad de la guerra quedó grabada en sus
recuerdos, así como el amor incondicional de sus padres.
1
Entrevista de Pilar Paz Pasamar por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Revista Atlántica
1
En la posguerra, Pilar Paz Pasamar cursa estudios de bachillerato en Madrid, en el colegio
del Sagrado Corazón de las monjas carmelitas. Sus vínculos con el sur, con Jerez y Cádiz,
seguirán vivos debido a las frecuentes visitas durante las vacaciones. Sus primeras
publicaciones aparecen en periódicos, como en el diario jerezano Ayer, donde a los doce
años ya tiene un espacio fijo de opinión. En Madrid, prosigue su formación académica en
la universidad, donde cursa estudios de Filosofía y Letras. Entre sus profesores se
encuentran Gerardo Diego, Dámaso Alonso y el maestro Joaquín Rodrigo, a cuyas clases
asistía como oyente. Son años de tertulias en el café Gijón, frecuentado también por
Miguel Delibes, Carmen Laforet y Ana María Matute, entre otros.
La propia poeta habla en la ya comentada entrevista con Ana Sofía Pérez-Bustamante
Mourier de sus orígenes como poeta, afirmando lo siguiente:
Descubrí la poesía por el oído: por versos que escuchaba en la radio, sobre todo. Luego, mi
madre me dio mis primeras y únicas lecciones de recitado. Lo primero que compuse, en el
44, fue una seguiriya muy trágica, a tono con el ambiente que se respiraba en la posguerra
y del cante jondo: “Llevó la cajita hasta el cementerio. / Yo no sé cómo pudo aquel hombre
/ llevar tanto peso”. Estos poemas los escribía en Madrid, en mi colegio de las Carmelitas
de la calle Fortuny. Por consejo de mi tío Luis los mandaba al diario Ayer de Jerez, donde
tenía un “Rincón poético”. Hoy me da vergüenza acordarme de aquello…2
Esta joven andaluza educada en Madrid publicará sus primeras obras en la capital, tarea
que la consagró como una genial autora, pues dejó deslumbrado a Juan Ramón Jiménez,
quien la calificó de «niña genial», y le escribió «usted habla con las sienes, lo más sentido
del cuerpo y lo más puro del alma», y fue amadrinada por Carmen Conde. Estas primeras
obras publicadas en Madrid fueron Mara (1951), Los buenos días (1954), Ablativo amor
(1955) y Del abreviado mar (1957). El mismo año de la publicación de Del abreviado
mar, Paz Pasamar, por una razón de amor, decidió casarse con Carlos Redondo Huerto,
lo que le hizo abandonar Madrid y fijar su residencia, junto con su esposo, en Cádiz, su
tierra natal. Esta marcha supondrá un antes y un después en su producción, llegando
incluso a afirmar la propia autora que su obra está dividida en dos tramos: los libros de
Madrid y los libros de Cádiz, como si la suya fuera una historia en dos ciudades.
La poesía de Pilar Paz Pasamar, por tanto, no termina en Madrid, sino que su producción
se completará con los siguientes títulos: La soledad, contigo (1960), Violencia inmóvil
2
Entrevista de Pilar Paz Pasamar por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Revista Atlántica
2
(1967), La torre de Babel y otros asuntos (1982), Textos lapidarios (1990), Philomena
(1994), Sophía (2003) y Los niños interiores (2008). Con esto, vemos cómo a pesar de
que su retiro de Madrid no fue comprendido por muchos de sus compañeros de generación
ni por algunos de sus maestros, Pilar Paz no abandonó la creación literaria a pesar de
abandonar su exitosa carrera en la capital.
En Ave de mí, palabra fugitiva, una recopilación de la obra completa de Pilar Paz Pasamar
realizada por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, profesora de la Universidad de Cádiz
que ha estudiado en profundidad a Pilar Paz, esta define la producción poética de nuestra
autora de la manera que sigue:
Esto no es un libro: tocarlo es tocar a una mujer. Un largo cuerpo de música es el de Pilar
Paz Pasamar (Jerez de la Fra.,13 de febrero de 1933), que ha ido sonando en las voces de
Mara (1951), Los buenos días (1954), Ablativo amor (1955), Del abreviado mar (1957),
La soledad, contigo (1960), Violencia inmóvil (1967), La torre de Babel y otros asuntos
(1982), Textos lapidarios (1990), Philomena (1994), Sophía (2003) y Los niños interiores
(2008). Un largo cuerpo de música siempre en movimiento y a la vez fiel a un eje interior
por el que circulan siglos de poesía: la tradición romántica que, pasando por Bécquer, llega
a Antonio Machado y Juan Ramón para alcanzar a la generación del 27 y sus herederos del
50; la tradición andaluza donde se dan la mano los cantares y romances tradicionales, el
flamenco y la lírica culta clásica; y la tradición bíblica de carácter lírico y sapiencial 3.
La producción poética de Pilar Paz Pasamar en Madrid
De su producción madrileña se desprende un cante al descubrimiento juvenil del yo, del
mundo y del amor en una línea poética que viene del simbolismo intimista, se mezcla con
el neoclasicismo y el neopopularismo de pre y posguerra, añade una sensualidad y una
ternura para las cosas pequeñas que son muy meridionales (Góngora, García Lorca) y una
gracia aérea que se asocia particularmente a Alberti.
Su primer libro, Mara (1951), escrito con poemas compuestos por Paz Pasamar entre los
quince y los dieciocho años, y prologado por Carmen Conde, se dispone en cinco
secciones de temas y formas variadas de carácter existencial, con influencias modernistas
y juanramonianas. Pilar Paz define este libro como «el libro del despertar de la conciencia
3
Pilar Paz Pasamar (2013): Ave de mí, palabra fugitiva (poesía 1951 -2008), edición de Ana Sofía Pérez-
Bustamante Mourier
3
a la vida, es como abrir el abanico a todas las sensaciones». En este poemario se mezcla
la mística con el elemento sensorial, y Pilar Paz lo explica de la siguiente manera:
La gente creo que no entiende bien eso de la mística. Somos cuerpo, y materia, y todo lo
vivimos con y desde la materia que somos. El sentimiento de Dios, que también está en
Mara, yo lo definiría como un sentimiento de calor que emana de tu materia. La mística es
amor, calor, carne. No eso que piensan algunos de una poesía etérea con los ojos vueltos
hacia arriba, no4.
Para ejemplificar esto, no hay mejor forma de hacerlo que a través de la selección de uno
de los poemas que forman este poemario:
Hoy el viejo recuerdo me visita
en un poniente azul que a yodo sabe.
Por mi mar se desliza ya la nave
de la pasión, porque el recuerdo incita.
Voy cruzando mi anchura. Necesitan
mis ojos lo infinito de la tarde
para que tu figura, inmensa, encuadre
en este atardecer, en esta cita.
Internándome en mí, más pura fluye
tu palabra de ausencia y tu caricia
se desdobla más pura en mi desvelo.
Quiero llegar al fin, hasta la nube,
por los surcos del alma, sin sonrisa,
y mi pecho desnudo frente al cielo.
«Viaje»5
Ya en 1954, con Los buenos días, surge en ella una rebeldía existencial que aumentará su
rebeldía específicamente femenina en relación con otras autoras como Carmen Conde,
Ángela Figuera y Gloria Fuertes. Este poemario le vale el accésit del Premio Adonáis a
la vez que lo ganó Claudio Rodríguez con Don de la ebriedad.
Además de continuar con temas propios de la autora como el amor, la ternura, el diálogo
introspectivo con Dios, etc., este libro destaca por la presencia de poemas cívicos,
4
Entrevista de Pilar Paz Pasamar por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Revista Atlántica
5
Paz Pasamar, Pilar (1951): Mara, Imprenta Altamira: Madrid
4
testimoniales. En este sentido, hemos de destacar «Cancioncita para las manos de
Antonia», poema que dejó asombrado a Juan Ramón Jiménez:
Déjame que las tenga,
que las huela. Tú tienes que tener a
Dios en ellas.
Déjame que las vea.
Besarlas no.
No queda
sitio para la pena,
para la vida sí, para la buena
luz, para el agua,
para la yerbabuena,
para lo que no quema. Déjame que las mire y las retenga. Antonia, ¿tanta vida no te pesa?
Cada instante te pueblas
como la enredadera. ¡Doce hijos y aún tienes
corazón de verbena,
ni se te cae del pecho
como fruta deshecha! Déjame que las mire,
que las huela,
que las escuche… hay tanta
música por tus venas…
Tiene que estar en ellas.
«Cancioncita para las manos de Antonia»6
Ablativo amor (1955) se caracterizará por un aumento de la pasión en líneas con el
descubrimiento de Miguel Hernández, por lo que, en este libro, que se trata en realidad
de un cancionero amoroso formado por dieciocho sonetos, se establece un diálogo con
los clásicos y con el recién descubierto Miguel Hernández. Este poemario es un recorrido
amoroso que pasa por diversas fases hasta proclamar el gozo final en el soneto XVIII que
anuncia el regreso del Amor.
Como ejemplo de este genial cancionero de Pilar Paz Pasamar, hemos de citar el soneto
XV, en el que el se puede apreciar la absoluta entrega del yo poético al Amor:
6
Paz Pasamar, Pilar (1954): Los buenos días, Ediciones Rialp: Madrid
5
Sabes mi corazón como un camino
que hayas cruzado una y cien mil veces,
como el oficiador sabe sus preces.
Haces costumbre del Amor mi trino.
Te sabes de memoria mi destino,
y en su tierra te hundes o te creces,
cosa que no has ganado ni mereces
pero que quiero darte como un vino.
Sabes tanto que sabes que no puedo
llegarme a otra fuente que tu boca
y que no tengo libre la mirada.
Sabes que te prefiero y que concedo
todo lo que tu dulce mano invoca.
Que en ti está todo, y lo demás es nada.
«Soneto XV»7, Ablativo amor
Del abreviado mar (1957) es un libro en el que la madurez se impone a la arrebatada
juventud, dando ya conciencia de la dificultad de la toma de decisiones que la llevará a
casarse y a abandonar Madrid para volver a su tierra de origen. Del abreviado mar quiso
ser, en palabras de la autora, «un cancionero feliz de reencuentro con la tierra natal».
Este libro, en honor a Góngora, presenta una estructura circular: la primera parte incluye
poemas de carácter introspectivo; la segunda y la tercera, canciones; y, al final de la
tercera, hay dos poemas que enlazan con el hilo introspectivo de la primera.
De este poemario se destacará el primero de sus poemas, adscrito a Góngora, en el que se
cuenta la aventura de aquel que se dispone a cruzar el mar, como muestra del regreso de
la autora a su tierra natal:
Al mar pequeño se va
cantando y no
se vuelve más.
Mar abreviado, mar mío,
interno, dulce y amargo,
donde la nave del sueño
7
Paz Pasamar, Pilar (1955): Ablativo amor, Cuadernos de Atzavara: Barcelona
6
tuerce la espuma del cántico.
Al mar pequeño se va
cantando y no
se vuelve más.
Hay en cada corazón
un pequeño y dulce mar.
El que navega en sus sueños
lleva su propio compás.
No hay brisa más limpia y nunca
sabe tan buena la sal
como en esta travesía
de la propia soledad.
Al mar pequeño se va
cantando y no
se vuelve más.
«Del abreviado mar (I)»8
En esta primera etapa, la poeta gozó de gran fortuna: tuvo el visto bueno inicial de José
María Pemán, el cariño y la tutela de José Manuel Caballero Bonald, el acogimiento en
la familia lírica femenina por parte de Carmen Conde, además del apoyo de Juan Ramón
Jiménez que la consideraba un prodigio de calidad y madurez poética. Por si fuera poco,
con Los buenos días, de 1964, obtiene el accésit del Premio Adonáis y publica en la
revista Platero junto a Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonald y otros autores
de gran renombre en la época.
De esto se desprende la gran amistad que mantuvieron Caballero Bonald y Pilar Paz
Pasamar, que nuestra autora define con gran ternura y agradecimiento de la siguiente
manera:
Para mí fue un hermano mayor. Nuestras familias se conocían de Jerez, y fue él quien me
introdujo en los círculos literarios de Madrid. Gracias a él fui a las reuniones en casa de
Juanita Mordeau, la pintora galerista (llevaba a gente muy buena, como Manuel Viola). Yo
era muy tímida, y para mí era increíble estar allí, en esa casa cerca de la Castellana, junto
a Dámaso Alonso y Carlos Bousoño (mis profesores en la Facultad), Gerardo Diego,
8
Paz Pasamar, Pilar (1957): Del abreviado mar, Ediciones Ágora: Madrid
7
Vicente Aleixandre, un Eugenio D’Ors ya mayor y rodeado de admiradores… También
conocí a Leopoldo Panero, a Luis Rosales…9
De todos estos logros, y de muchos más que no se citan aquí, se aleja Paz Pasamar en
1957 cuando, como si de un paralelismo se tratara con la historia sus padres, abandona su
exitosa carrera literaria en Madrid, para entregarse a la vida de pareja en Cádiz. Esta
renuncia al mundo literario en Madrid no fue aceptada por muchos de sus compañeros y
amigos. Pilar Paz explica esta renuncia de la siguiente manera:
Me enamoré de Carlos. Tenía dónde elegir, pero Carlos se me había metido en la cabeza.
Antonio Gala se lo tomó muy mal (aunque con mucho humor), lo mismo que Carmen
Conde. No ya que me casara, sino que dejara la carrera de Filosofía y Letras sin terminar y
me alejara de Madrid. Una vez me escribió que le haría mucha ilusión que yo dedicase mi
tesis a su poesía. Para ella que yo me retirase fue una desilusión: te hablo de unos años en
que Carmen no tenía la fama que tiene hoy, el prestigio que tuvo desde que entró en la
RAE. Nuestra relación se enfrió mucho a raíz de mi boda, aunque fui yo quien la presentó
cuando vino a Cádiz a dar una conferencia sobre Rubén Darío al colegio Beato Diego,
donde también leyó algo de su libro Jaguar puro inmarchito. Al final todo pasa, y creo que
de alguna manera se reconcilió conmigo cuando publiqué en la revista Torre Tavira unas
soleares y ella me contestó con unas “cartageneras” dedicadas… Lo interpreté como una
señal amistosa10.
La producción poética de Pilar Paz Pasamar en Cádiz
A partir de su marcha de Madrid y su nueva ubicación en Cádiz, aparecen tintes líricos
distintos en sus obras. En La soledad, contigo (1960), Pilar explora el amor y el cuerpo
en su dimensión maternal, conyugal y doméstico.
El poemario, compuesto por 26 poemas, se distribuye en tres secciones: la primera de
ellas es un romancero y cancionero de la maternidad, desde la concepción a la crianza,
pasando por el alumbramiento; la segunda parte está formada por ocho sonetos en los que
se aúna el canto a las pequeñas cosas cotidianas con hilos de reflexión sobre el quehacer
poético; por último, nos encontramos con los ocho últimos poemas, que la crítica ha
catalogado de “la versión femenina del Diario de un poeta recién casado”.
9
Entrevista de Pilar Paz Pasamar por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Revista Atlántica
10
Entrevista de Pilar Paz Pasamar por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Revista Atlántica
8
De este poemario, destacaremos «Promesa de vida», de la primera pare, en el que se
ofrece una imagen que pretende definir la creación literaria a partir de un proceso
biológico netamente femenino como es la maternidad:
Ya estás, hijo, en mi sangre
anclado y bien sujeto,
fino temblor que enhebra
todos mis pensamientos.
Ya estás en mi esperanza
proclamándote, haciéndote
la mínima estrella
de mis cielos internos.
Ya estás en mi certeza,
ya te tengo por dentro,
en las aguas más limpias,
en la arena del sueño,
en los ríos solemnes
de la sangre, en el beso
que me doy a mí misma.
Ya estás cautivo, preso,
quieto bajo la cumbre
nevada de mi pecho.
Solo la luz esperas;
yo nada espero, siento
colmadas estaciones,
citas, fechas, acuerdos.
Sé que he venido al mundo
tan solo para esto:
para hablarte en mí misma,
para saberme techo,
alimento, sustancia
de amor, redoma y cuenco,
para llevarte oculto
por todos mis secretos
mientras tú me descubres
e inauguras el tiempo.
Para hacerte del mismo
9
sabor con que me crezco,
para guardarte y darte
enramado de versos.
Hijo de mi esperanza,
hijo mío, hijo nuestro:
hijo, llave inaudita
para abrir el desierto
corazón de las tardes,
las cancelas del sueño.
Ya te tengo, ya estás:
puedo decir que empiezo.
«Promesa de vida»11
En Violencia inmóvil (1967) el eje central será la relación entre poesía y conocimiento,
caracterizado por el aumento del componente espiritual y religioso que dotará a esta
composición de tintes místicos en recuerdo a San Juan de la Cruz. Es en Violencia inmóvil
cuando surge en Pilar Paz una voz poética creyente que no solo canta certezas o dudas
sino, sobre todo, su necesidad infinita de arraigo en Dios, su sed urgente, metafísica, pero
también cálida, corporal, tal y como se muestra en el siguiente poema:
−SEÑOR: ¿me echas en falta
cuando no estoy contigo?
¿Oyes como un crujido
de tallos cercenados?
¿Buscas entre los pliegues
del universo y notas
que no estoy, que me he ido?
Tal vez el mar no sienta
la ausencia de una gota,
de un alga, de unos gramos
de sal, de un pez… pero ella
no eres Tú… Di: ¿me sientes
cuando no estoy contigo?
«SEÑOR»12
11
Paz Pasamar, Pilar (1960): La soledad contigo, Ed. Jerez Industrial: Cádiz
12
Paz Pasamar, Pilar (1967): Violencia inmóvil, Ediciones Ágora: Madrid
10
A esta publicación de 1967 le sigue un silencio de quince años en los que Pilar Paz se
dedica a encontrarse a sí misma, a su búsqueda interior, además de a desarrollar tareas de
carácter social en favor de las mujeres y de los más desfavorecidos. Tras este silencio,
aparece en 1982 La torre de Babel, un libro inquietante, extraño, no muy bien entendido
por la crítica y, sin embargo, fundamental para explicar su retiro de los ambientes
literarios y su posterior locuacidad creativa, en el que esa crisis estética y espiritual abre
paso a un lenguaje más amplio.
Pilar Paz dirá sobre este poemario: «Babel es el caos, la sensación de vivir incomunicada,
el sentimiento de éxodo del que hablan muchos poemas… Es el fruto de una fase dura de
mi vida, una época de crisis y depresión»13
En este poemario volvemos a encontrar múltiples referencias a la mística, a la poesía de
San Juan, como podemos apreciar con claridad en «Aprendizaje», poema en el que copia
un verso de este autor místico:
Mis ojos aprendieron a mirarte,
soltaron sus escamas.
Mis brazos aprendieron a abrazarte:
soltaron sus amarras.
Mi miedo abandonó la casa un día
“estando ya la casa sosegada”.
Mi falsa paz quedó sin apellido,
tuviste que nombrarla.
Mi paso perdió el rumbo y me encontré
golpeando tu aldaba.
Me amenazaron vientos y ciclones…
¡Y yo, como si nada!
«Aprendizaje»14, La torre de Babel
A partir de 1990 podríamos decir que nos encontramos con una tercera etapa de la autora,
también en Cádiz, que nos ofrece una obra de madurez y de superación que coincide con
13
Pilar Paz Pasamar (2013): Ave de mí, palabra fugitiva (poesía 1951 -2008), edición de Ana Sofía
Pérez-Bustamante Mourier, p. 33
14
Paz Pasamar, Pilar (1982): La torre de Babel, Imprenta Ingrasa: Cádiz
11
la normalización de la escritura femenina en un período histórico distinto, democrático.
Hay críticos que consideran que esta es, sin duda, la mejor Pilar Paz Pasamar: una voz
indiscutible dentro de su generación.
Textos lapidarios (1990), que se abre con un relato, «La Dama de Cádiz», es novedoso
en su combinación de poemas líricos y narrativos. Resulta muy interesante observar
cómo, al hilo del lapidario, lo que va a salir es un libro de amor a la tierra natal, a la
historia y la geografía sobre todo de Andalucía, en una serie de poemas inextricablemente
unidos a la memoria personal de la autora.
En este poemario, la tierra, la naturaleza, adquiere un gran protagonismo. En este sentido,
destaca la sensualidad con que se despliega la comunión con la naturaleza:
Como una descarada sibila en su embriaguez
senil, la tierra levantó sus faldas
arenosas, el bulto de su sexo ancestral
y las concavidades de su boca. Riente
enseña sus secretos sabiamente guardados:
los círculos, los lares precavidos,
los senos pedregales, con los que amamantara
a las tribus citanas.
Textos lapidarios15
En Philomena (1994) vuelven a aparecer tintes juanramonianos junto al carácter místico
de San Juan, dando lugar a una poesía de tono metafísico en la que se aprecia un momento
de gran serenidad en la vida de la poeta. De este poemario dice Pilar Paz lo siguiente:
«Este poemario lo escribí ya en una época muy distinta, de sosiego. Philomena es como
el Renacimiento llamaba al ruiseñor y San Juan al alma. Philomena es el alma. El
cántico»16. Este poemario, perfectamente estructurado en la sucesión de un día: desde el
alba, pasando por el mediodía y la tarde, hasta la noche, fue premio de poesía mística
“Fernando Rielo”. Sobre su obra comenta Pilar Paz:
Philomena es la palabra como oración, la escritura poética como oración, como medio que
tiene el poeta para fundirse con todo lo creado. Pero junto a la espiritualidad también tiene
su parte de experiencia humana y directa. Yo me acuesto temprano y suelo madrugar. Me
15
Paz Pasamar, Pilar (1990): Textos lapidarios, Fundación Municipal de Cultura-Cátedra “Adolfo de
Castro”: Cádiz
16
Entrevista de Pilar Paz Pasamar por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Revista Atlántica
12
siento en esta mesa camilla, frente a la ventana, con la alegría de la luz y de este árbol que
veo aquí sentada… Y eso también es parte de Philomena: el trabajo gustoso y diario frente
a la luz17.
Esta fusión entre escritura y creación, entre poesía y mística, se aprecia a la perfección en
poemas como «Génesis»:
Anterior al inicio, es decir, desde siempre,
fue tu aleteo.
Aleteabas, girabas en graciosas posturas,
anterior al principio.
Intemporal, sin fecha,
desde siempre volabas.
Más que volar llevabas en tus alas el aire que orea el universo.
Cuando ya estuvo Todo y el Todo estaba en todo,
tú estabas y cabías,
y del Todo surgiste engendrada en la azul transparencia total.
¡Eterna y transparente revoloteabas, ibas
cantadora y exacta!
Y aunque no le faltara ni un acento a la música
que añadir, fue tu trino
quien sonó gratamente y aportó a la Armonía
de la Creación el verso.
«Génesis»18
La muerte de su marido en 1997 va a ser retratada en Sophía (2003), que es un poemario
en el que se refleja la enorme sabiduría adquirida a causa del dolor. La autora describirá
este poemario como «La sabiduría, el conocimiento, la experiencia. Algo menos
exultante, que coincide con la pérdida del ser que más amas».
Pilar Paz dedicará, de esta manera, los siguientes versos a su difunto esposo:
Ahora te sé, pues te recuerdo.
-Saber es recordar según el griego-.
Ahora sé más de ti que cuando estabas.
Ahora puedo medir lo que me deshabitas.
17
Entrevista de Pilar Paz Pasamar por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Revista Atlántica
18
Paz Pasamar, Pilar (1994): Philomena, Fundación el Monte: Sevilla
13
Ahora sé más de ti por lo que falta.
Te digo más, porque el silencio impera.
–Más resuena la bóveda
cuando más solitaria está la nave–.
Tus gestos sin soporte son tus gestos,
sin cejilla que ajuste los sonidos
suenas mejor a ti. Ahora te siento.
Desanudo el cordón del embalaje
a ver si hay algo más que nada dentro.
Las cosas distraían; las ideas,
los mundos, el sonido. Interferían
sombras que te alejaban, me alejaban.
Ellas sobrevolaban, tú me sobreentendías.
Quizás no como entonces, así estamos:
tú en mi memoria, acaso yo en la tuya.
Ahora te sé, por cuanto te recuerdo.
«Ahora te sé, pues te recuerdo»19
Su último poemario, Los niños interiores (2008), es el colofón a su carrera literaria en el
que Pilar Paz introduce una síntesis de poemas reflexivos en torno a la metafísica
amorosa, corporal y sensorial para hacer un recorrido por su vida, que va desde una
infancia imborrable a un bellísimo poema final en prosa, «El día de mañana», como
reflejo del goce del final de la existencia, ausente de melancolía.
En este poema en prosa de Pilar Paz se reflexiona sobre la vejez como edad abierta al
disfrute total del puro presente, sin las constricciones de la educación pasada, sin la
angustia de metas, deseos y objetivos que han quedado atrás, en otras fases de la vida. De
esta manera, dirá: «Tomas conciencia de que el día de mañana ya no existe. De pronto, al
darte cuenta, sobreviene la holgura, el absoluto ensanchamiento, como el de un mar en
expansión que hubiese atravesado las lindes de todas las orillas» («El día de mañana»)20
Finalmente fallecida en marzo de 2019, a los 86 años, Pilar Paz Pasamar, poeta gaditana
de la generación del 50, es un reflejo más de la calidad literaria andaluza y, sobre todo,
19
Paz Paamar, Pilar (2003): Sophía, Ed. Distrito del Sur: Sevilla
20
Paz Pasamar, Pilar (2008): Los niños interiores, Calambur: Madrid
14
de la calidad poética de aquellas mujeres talentosas que en los años cincuenta hicieron
frente a una sociedad que las invisibilizaba para dedicarse a su pasión y dejarnos, a
nosotros los lectores, un legado maravilloso para la posteridad.
Como dice Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier: «Pasa la vida, sí, pero queda, en la
brecha del tiempo, la canción y la palabra: el ave de Pilar Paz Pasamar»21.
BIBLIOGRAFÍA
PAZ PASAMAR, Pilar (1951): Mara, Imprenta Altamira: Madrid
PAZ PASAMAR, Pilar (1954): Los buenos días, Ediciones Rialp: Madrid
PAZ PASAMAR, Pilar (1955): Ablativo amor, Cuadernos de Atzavara: Barcelona
PAZ PASAMAR, Pilar (1957): Del abreviado mar, Ediciones Ágora: Madrid
PAZ PASAMAR, Pilar (1960): La soledad contigo, Ed. Jerez Industrial: Cádiz
PAZ PASAMAR, Pilar (1967): Violencia inmóvil, Ediciones Ágora: Madrid
PAZ PASAMAR, Pilar (1982): La torre de Babel, Imprenta Ingrasa: Cádiz
PAZ PASAMAR, Pilar (1990): Textos lapidarios, Fundación Municipal de Cultura-
Cátedra “Adolfo de Castro”: Cádiz
PAZ PASAMAR, Pilar (1994): Philomena, Fundación el Monte: Sevilla
PAZ PAAMAR, Pilar (2003): Sophía, Ed. Distrito del Sur: Sevilla
PAZ PASAMAR, Pilar (2008): Los niños interiores, Calambur: Madrid
PILAR PAZ Pasamar (2013): Ave de mí, palabra fugitiva (poesía 1951 -2008), edición
de Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Diputación de Cádiz: Cádiz
PÉREZ-BUSTAMANTE MOURIER, Ana Sofía (2013): La corriente infinita. Una vida
con Pilar Paz Pasamar (entrevista), Revista Atlántica
21
Pilar Paz Pasamar (2013): Ave de mí, palabra fugitiva (poesía 1951 -2008), edición de Ana Sofía
Pérez-Bustamante Mourier, p. 51
15