Terminología en Traducción Dramática
Terminología en Traducción Dramática
:
maremágnum terminológico en el ámbito
de la traducción dramática
JORGE BRAGA RIERA
RESUMEN
La doble naturaleza del texto dramático, que se erige en texto literario y guión teatral para
su puesta en escena, hace que, elementos lingüísticos aparte, entren en juego factores no ver-
bales con un peso específico en el proceso traductor. Esta singularidad ha propiciado el
empleo de términos tales como “traducción”, “adaptación” o “versión” para referirse preci-
samente al particular trasvase lingüístico, cultural y escénico que supone la traducción de
obras de teatro. Sin ánimo de plantear dónde debe trazarse la frontera de lo que constituye o
no “traducción”, este artículo pretende dejar constancia de la utilización de estos y otros con-
ceptos semejantes en el ámbito dramático, así como plantear el debate sobre la necesidad de
unificar criterios terminológicos dentro de los llamados Estudios de Traducción Teatral.
Palabras clave: Estudios de traducción, traducción dramática, adaptación, versión.
ABSTRACT
The double nature of the play text as both a literary text and a play script whose ultimate aim
is its mise en scène conveys a series of linguistic and extralinguistic factors that have a say
in the translation process. This singularity has brought about the use of different terms
–”translation”, “adaptation”, “version”– precisely to refer to the particular linguistic, cultu-
ral and stage rendering that is inherent to play translation. Far from trying to fix the limits of
what “translation” should be in theatre, this article aims to show the use of these and other
similar concepts in the field in an attempt to invite discussion about the need to standardize
terminological criteria within the so-called Drama Translation Studies.
Key words: Translation Studies, drama translation, adaptation, version.
1. Introducción
1
[Link] Las representaciones continuaron hasta el 21 de marzo de ese mismo
año. Véanse los estudios de Castilla (2003) y Quintero (2009) sobre este montaje.
2
[Link]
3
El teatro Fígaro-Adolfo Marsillach fue el espacio elegido para acoger esta pieza, que permaneció en
cartel durante los primeros meses de 2010: [Link]
teatro-figaro-adolfo-marsillach.
4
[Link]
5
La compañía Residui Teatro fue la encargada de montar la obra, que pudo verse en el Teatro Arenal
(Madrid) en abril de 2010: [Link]
6
[Link]
mad_12/Tes.
7
Teatro Lara de Madrid, enero-marzo de 2010. La adaptación al español de la pieza original, Stones in
his Pockets, corrió a cargo de Juan Cavestany.
60 Estudios de Traducción
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
8
El País, 8-1-1982: [Link]
LEVISIoN_ESPAnOLA_/RTVE/Hamlet/version/Terenci/Moix/elpepirtv/19820108elpepirtv_2/Tes/.
9
O único proceso, según el traductor Ben Gunter (2008), para reproducir una pieza teatral en otro lugar
y tiempo.
10
Vocablo este propuesto por Zuber-Skerritt (1984: 8) como sinónimo de traducción para la escena.
11
“Término empleado por directores y estudiosos que trabajan desde un discurso postcolonial o inter-
cultural […] para aludir a una nueva reescritura del texto realizada con una perspectiva no occidental” (Per-
teghella 2004: 18; mi traducción).
12
Para una información más extensa sobre el alcance de la retraducción, véase Zaro 2007.
13
Santoyo (1989b: 75) tilda de “crímenes” prácticas tales como una mala versión lingüística, la ausen-
cia de riqueza verbal, la eliminación de líneas o el desplazamiento de diálogos (todas ellas, dicho sea de paso,
bastante habituales en la práctica traductora pensada para las tablas).
14
Algunas de estas palabras se emplean también para referirse al proceso de adecuación de un texto tea-
tral destinado a producir una versión diferente en la misma lengua original. Así, Ruano de la Haza especifi-
ca diferentes técnicas de auto-reescritura (refundición, reelaboración, reconstrucción, adaptación, reutiliza-
ción), mientras que Profeti habla de intertextualidad, paratextualidad, collage e interdiscursividad en el texto
literario del teatro áureo (en Urzáiz 2002b: 378). Urzáiz Tortajada (2001) distingue, además, entre “reelabo-
ración” y “autoplagio”, o calco textual. Héctor Brioso (2007: 11) opta por el sustantivo “distorsión”, y no
adaptación, al calificar algunas de las representaciones actuales del teatro áureo en nuestro país.
Estudios de Traducción 61
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
En uno de los últimos libros publicados en nuestro país –quizás el más reciente–
dedicado íntegramente a la traducción dramática (Teatro y traducción: Aproxima-
ción interdisciplinaria desde la obra de Shakespeare), su autora, Pilar Ezpeleta, tras
recoger las opiniones más relevantes vertidas sobre los intríngulis de la traducción
teatral, detalla algunas de las preocupaciones actuales en este campo. Entre ellas,
apunta tanto “la necesidad de delimitar y definir claramente qué entendemos por tea-
tro y drama” como la querencia por “perfilar adecuadamente el papel y la responsa-
bilidad del traductor, tanto respecto del texto dramático de partida como del texto
meta” (2007: 159-160). El presente artículo se enmarca, pues, en esta línea y abor-
da la ardua tarea de arrojar luz sobre el alcance de los términos “traducción”, “adap-
tación” y versión” en el ámbito dramático, recurriendo para ello al análisis de las
opiniones vertidas por algunos estudiosos en la materia. Con todo, no se pretende
aquí ofrecer pautas prescriptivas al respecto, sino dejar constancia del –nada bala-
dí– caos terminológico que rodea la denominación de las traducciones pensadas para
la escena.
15
Entendida esta no solo como modo de vida y costumbres, sino también como “cultura dramática”, en
cuanto afecta a la tradición y usos teatrales del país de acogida. Curiosamente Mona Baker (1996: 145) ya
alertaba, hace más de una década, del riesgo que entrañaba la palabra “cultura” en los estudios de traducción,
pues en muchos casos sirve como justificación de falta de rigor y coherencia.
16
Aaltonen (2000: 4) distingue entre el teatro pensado para su posterior representación (theatre trans-
lation) y aquel que tan solo forma parte del canon literario como texto escrito (drama translation).
62 Estudios de Traducción
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
17
Un claro ejemplo es la traducción de El alcalde de Zalamea de Adrian Mitchell, montada por el
National Theatre en Londres en 1981-1982, a la que se dio el título de The Mayor of Zalamea; or the Best
Garrotting Ever Done. El propio Mitchell reconoce que cuando aceptó el encargo de preparar la versión
inglesa no sabía casi nada de la lengua española, por lo que basó su trabajo en una traducción previa reali-
zada por alguien que sí dominaba el idioma (Smith 1993: 129-130). Ahora bien, estas primeras traducciones,
si no son muy adecuadas, pueden provocar el efecto contrario y contribuir a hacer más profundas las diver-
gencias con el original (véase Dixon 1991 para ilustrar este aspecto). De ahí que muchos apelen a lo que
Mountjoy denomina “devised translation” (en Smith 2008: 106), o colaboración estrecha entre el primer tra-
ductor y el encargado de llevar el texto al escenario, o, incluso, los actores.
18
Algunos traductores tienen en su haber, incluso, dos versiones distintas de la misma obra: una de
ellas, de corte más académico, suele venir acompañada de un estudio introductorio y notas, mientras que la
otra está pensada exclusivamente para la representación. Sirva de ejemplo el estadounidense Dakin Matthews
y sus dobles traducciones al inglés de La verdad sospechosa y Las paredes oyen, ambas originales del novo-
hispano Juan Ruiz de Alarcón.
19
Ewbank ha traducido a Ibsen y a Strindberg, entre otros autores.
20
Sáenz señala el respeto, la confianza y la libertad como los tres principios teóricos fundamentales a
la hora de traducir a los clásicos. No obstante, alerta de los peligros de “confundir libertad con libertinaje”
(2001: 1).
Estudios de Traducción 63
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
quien comentaba lo siguiente: “Lo más preocupante es que las versiones hechas por
Mitchell son frecuentemente aclamadas por los críticos ingleses, quienes las elogian
por su energía y vivacidad, y lo que es una parodia del original es aceptada por el
público inglés como el trabajo de Calderón o de Lope de Vega” (1989: 37). No anda
errado Edwards si a esto añadimos lo pintoresco de muchas de las puestas en esce-
na de nuestros autores áureos en el mundo anglosajón hoy día. En Sueño…, el tono
hispano que impregnaba la representación se vio acentuado aún más por la presen-
cia escénica de un guitarrista que acompañaba la acción a ritmo de flamenco, y algu-
nos personajes –incluso– se arrancaron a bailar a golpe de castañuelas21. Phyllis
Zatlin (2005: 69) da fe, precisamente, de la imagen andaluza que emana de muchas
de las obras españolas que viajan a Estados Unidos, aun cuando los textos fuente
vengan enmarcados por los paisajes gallegos de Ramón de Valle-Inclán o por la
arquitectura madrileña de Paloma Pedrero (esta última sustituida por un póster de un
cortijo para una producción neoyorquina)22. Y es que, aun cuando el proceso de tra-
ducción teatral pueda siempre verse alterado por la última palabra del director o de
los actores, también es cierto, como denuncia Fischer, que “este proceso no sancio-
na la tergiversación del texto” (2005: 176, mi traducción). De ahí que el reputado
Lawrence Boswell, en calidad de director artístico del célebre Festival de Teatro
Clásico Español organizado por la Royal Shakespeare Company en 2004, dejara
claro que, en un deseo de no infravalorar al público, todos los textos elegidos para
ese festival serían “traducciones exactas, no adaptaciones” (en Mountjoy 2007: 75,
mi traducción)23. Pese a estas declaraciones, los textos acabaron sufrieron cambios
sustanciales antes del estreno.
¿Cómo esclarecer, por tanto, qué está permitido, y qué no, en el trasvase de un
texto dramático de una lengua y cultura determinadas a otras completamente dife-
rentes para que el producto se considere traducción? ¿Acaso debemos utilizar diver-
sas etiquetas dependiendo del grado de fidelidad o “lealtad” (Nord 2002) con res-
pecto del texto origen? Y de ser así, ¿qué entendemos por estos dos conceptos? La
lengua inglesa lo tiene igual de complicado en este sentido, pues, como bien ha
observado Bassnett (1998: 94-95), la palabra translation alude en ciertas ocasiones
21
[Link] No en vano el flamenco sigue siendo el punto de contacto más
prominente con lo español. Podemos citar a este respecto la producción de El perro del hortelano de la Royal
Shakespeare Company (2004), que contaba con un experto en flamenco entre el equipo técnico (Delgado
2007: 121), o el montaje de Friendship Betrayed (La traición de la amistad, de María de Zayas) en Holly-
wood (1996), donde flamenco y guitarra española alternaban con canciones country (Mujica 2008: 252).
22
La obra en cuestión era Parting Gestures, representada en la Universidad de Pace en 1991. También
los rasgos fonológicos de la lengua de llegada pueden provocar alteraciones, por ejemplo en el nombre de
los personajes: en su traducción al inglés de Hay que deshacer la casa (Packing Up the Past), Ana Mengual
optó porque uno de los personajes, Jorge, pasara a llamarse Carlos, pues la pronunciación del nombre origi-
nal en esa lengua (hor-hay) podía producir un efecto cómico poco pertinente. Otro tanto hizo Zatlin (2005:
73-74) al sustituir Jaimito por Pepito en su versión al inglés de Bajarse al moro, dadas las connotaciones judí-
as derivadas de la fonética del primero (ibid: 74).
23
Esta temporada consiguió la puesta en escena por toda Inglaterra de nuevas traducciones de El perro
del hortelano, Pedro de Urdemalas, La venganza de Tamar y Los empeños de una casa. El público madrile-
ño tuvo también la oportunidad de disfrutar de las representaciones (esta vez con sobretítulos en castellano),
concretamente en el Teatro Español de Madrid dentro de la programación del Festival de Otoño de 2004.
64 Estudios de Traducción
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
Acabamos de ver cómo la traducción teatral conlleva toda una serie de exigen-
cias que no se dan en otro tipo de textos literarios, por lo que el traductor, a veces,
toma decisiones susceptibles de ser criticadas por su “infidelidad” con respecto del
original. Como consecuencia, prefiere en ocasiones utilizar los términos de “ver-
sión” o “adaptación” para, así, salir al paso de los ataques más ortodoxos sin que ello
suponga avergonzarse de su producto (Dixon 1991: 95), o bien lo hace porque estos
términos serían “mejor vistos” en el mundo del teatro, acostumbrado como está este
a equiparar “traducción” con un texto poco natural no apto para ponerlo en boca de
los actores (Mateo 2002: 55-56). Otras veces, la elección de la nomenclatura viene
condicionada por razones de taquilla, cuando el “adaptador” es alguien conocido
dentro del mundo de las letras, el espectáculo o los medios de comunicación, caso
en el contexto español de Josep María Flotats o el propio Moix, entre otros; se pro-
duce, así, un proceso de “apropiación” en el que autor de la pieza original puede lle-
gar a desaparecer (Mateo 2002)24. No obstante, y pese a que la denominación de
“traducción” pudiera implicar una mayor cercanía al original, hay ocasiones en las
que, aun alterándose formas y estilos, los textos meta aparecen igualmente descritos
como “traducciones”. Del mismo modo, se tildan de “traductores” personas rele-
vantes dentro de la dramaturgia que llegan a poner su nombre a obras sin ni tan
siquiera conocer el idioma del texto del que parten25.
El crítico y autor Enrique Llovet entiende por “adaptación” (o “versión”, que
utiliza con el mismo significado) un proceso de reescritura del original que aco-
mete
24
Merino (2001: 362) menciona el caso de la pieza estadounidense Mulatto, de Langston Hughes, dada
a conocer en nuestro país en 1967 gracias a la fama de su traductor al español, el polémico Alfonso Sastre.
25
Aaltonen (2000: 32) utiliza en estos casos el término surrogate translators, esto es, “traductores sus-
titutos” que, normalmente, crean una versión escénica a partir de una traducción literal realizada por una per-
sona anónima. Esta práctica, que responde generalmente a intereses comerciales, es muy habitual en algunos
países en la actualidad, como Gran Bretaña, si bien cuenta con el rechazo de otras culturas teatrales (Mateo
2002: 52).
Estudios de Traducción 65
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
mejorada y ajustada a los conceptos y a las normas sociales de un país, una época
y una audiencia específicas.
(Llovet 1988: 3)
Llovet defiende este tipo de operación por ser necesaria en muchas ocasiones,
debido a factores como la censura, dificultades económicas, problemas de reparto, así
como los escollos lingüísticos generales y específicos, y los sociológicos, esto es, los
que relacionan el texto con una época y una población teatral determinadas. Se trata,
por tanto, de una operación intermedia entre el hecho literario y el escénico.
Esta noción de adaptación concebida como una adecuada reescritura del drama,
que alcanza así en la nueva audiencia los objetivos efectivos que el original persi-
gue, coincide en ciertos aspectos con la noción que Lefevere tiene de refraction, y
que el estudioso belga detalla así:
It denotes the rewriting of texts [...] in order to make them acceptable for a new
audience. In the process virtually every feature of the original may be changed, or
else very little may be changed. Changes will usually fall under three categories:
a change of the language in which the original is written, with its concomitant
socio-cultural context, a change of the ideology of the original (i.e., its ‘world
view’ in the widest, not just the political sense of the world) and a change of the
poetics of the original (i.e., the presuppositions as to what it is, or is not, literatu-
re) that can be seen to have guided the author of the original, whether he/she
follows them or rebels against them. (en Zuber-Skerritt 1984: 192)
Naturalizar teatro en una nueva cultura meta […]; acomodar, adecuar y ajustar
particulares a las expectativas de un colectivo distinto, separado del primero por
un amplio gap sociocultural de tiempo o espacio, o de ambos a la vez. El adapta-
dor salva este distanciamiento y reduce el handicap previsible de recepción en la
audiencia meta [...] Adaptación, pues, pero a un nuevo código cultural: nunca rifa-
cimento. Cuanto se haga al otro lado de esta frontera transgrede por fuerza los
derechos del autor y de los espectadores, y (lo que es peor) traiciona radicalmen-
te la idiosincrasia del original. Cuanto se haga más allá de esta demarcación ha de
reconocerse como tal y responde mejor a consideraciones posteriores sobre la
reescritura o adaptación libre. (Santoyo 1989a: 104)
moderna, un remake. El adaptador “se desvincula del texto, forma y parámetros cul-
turales para, sin soltar del todo las amarras que lo unen a él, proceder a tales modi-
ficaciones que bajo muchos aspectos el producto resultante no equivale ya a aquel
del que deriva” (1989b: 195).
También Manuel Ángel Conejero opta por “reescritura” o rewriting (si bien en
un sentido más positivo que el otorgado por Santoyo) cuando “we are referring to
the translation not of words, but of styles and the world of sounds, and this is how
theatre can truly be translated, written into another language” (1991: 57). El mismo
término, rewriting, es igualmente empleado por Lefevere (1992: 14-15) para definir
un proceso en virtud del cual “texts are manipulated to suit the constraints that the
system imposes on foreign objects which enter it”. Estas constraints, o “restriccio-
nes”, vienen impuestas fundamentalmente por dos facciones distintas: la primera, la
formada por estudiosos, traductores, editores, etc., más pendientes de la “estética”
del texto extranjero; la segunda viene marcada por lo que Lefevere denomina patro-
nage (“mecenazgo, patrocinio”), esto es, quién decide qué y cómo se traduce en vir-
tud de la ideología preponderante o de unos intereses comerciales determinados.
El problema estriba en definir la estrecha frontera que media entre la mera adap-
tación y la llamada adaptación libre. De nuevo, Llovet hace una división tripartita
de tipos de adaptaciones, una de las cuales califica, precisamente, de “libre”26. Bajo
esta denominación se enmarcan aquellas traducciones en las que se usa “el texto ori-
ginal como un sencillo pretexto para decir lo que viene en gana al director y al adap-
tador” (1988: 9). Pero muchas veces el traductor va más allá y lleva a cabo remakes
que pudieran carecer de toda justificación; añade, trastoca y modifica sin ningún
tipo de rigor, aprovechándose incluso –como hemos visto– de la labor de un autor
extranjero asumiéndola como propia: en estos casos, podríamos ya estar hablando
de “plagio”.
El traductor teatral Gitlitz expresa su repulsa total al plagio, pues “no responde a
método ni a proceso alguno de transferencia intertextual, semiológica o interlingüísti-
ca. No obstante, el plagiario hace uso del resultado de tales procesos en beneficio pro-
pio y con más frecuencia de lo deseable [...], ampara su vocación de fotocopia bajo
apelativos más nobles como el traductor, adaptador, etc.” (1989: 108). A su vez, Gitlitz
distingue entre el plagio propiamente dicho, es decir, “la reproducción parcial o total,
bajo nueva firma, de traducciones y adaptaciones dramáticas previas” y lo que él deno-
mina “recomposición”, que no es más que un “plagio múltiple de quien, incapaz de
traducir, fagocita en provecho propio fragmentos de versiones ajenas para construir
con ellos su propia versión/traducción, que evidentemente no es suya, ni propia, ni res-
ponde siquiera a un proceso traductor” (ibid.: 109)27.
Plagios aparte, resulta necesario concretar cuándo un texto traducido en el sen-
tido general de la palabra responde a la concepción de adaptación o adaptación libre,
26
Las otras dos serían las llamadas “limpiadora” y “moderna”.
27
Mateo (2002: 54) apunta incluso casos de denuncias por parte de traductores que han visto cómo su
trabajo era plagiado por conocidos escritores para, posteriormente, ser montado en importantes compañías
teatrales españolas, sin que en ningún momento constara quién es el autor de esa traducción.
Estudios de Traducción 67
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
An adaptation may thus reactualise the foreign source by translating only parts of
it, while other parts vanish or are changed. It may reactualise the foreign source
text spatially and/or temporally, but in all these cases the adaptation still claims to
represent the source text in the target system. Finally, and as subcategory of adap-
tation, an imitation borrows an idea or theme from the foreign source text and wri-
tes a new play around it. (Aaltonen 2000: 64)
Por otro lado, y del mismo modo que el traspase de un texto teatral de una len-
gua a otra es descrito de las más diversas formas, la persona encargada de llevarlo a
efecto adquiere, como no podía ser de otra manera, multitud de calificativos en el
contexto dramático: “traductor”, “adaptador”, “versionista”, e, incluso “creador
escénico”. El dramaturgo Domingo Miras diferencia, curiosamente, entre adaptador
y versionista, pues, según él, este último “quiere manifestarse; el adaptador, no” (en
Oliva 1995: 429). Un estudio realizado por Jänis (1996: 352) añade a la lista inter-
preter (“intérprete”), deputy (“suplente”), servant (“sirviente”) y surrogate (“susti-
tuto”). Finalmente, Aaltonen (1996: 90) recurre a los vocablos mediator y creator
para referirse al traductor teatral. No obstante, establece una diferencia entre ellos:
aquellos traductores cuya única relación con la obra se basa en el mismo texto, y
carecen de poder fuera de éste, entrarían más en la categoría de mediators; aquellos
cuyo poder de trabajo llega hasta el escenario, bien por ser escenógrafos, directores
de escena, bien por trabajar en íntima relación con ellos, estarían más cerca del con-
cepto de creator, ya que pueden realizar ajustes a su antojo y deducir diversas inter-
pretaciones de acuerdo con las necesidades del momento. Nos encontramos, en fin,
ante multitud de posibilidades para designar una figura que, en palabras de Dixon
(1991: 110), debería aunar, nada más y nada menos, la condición de historiador, crí-
tico, lingüista, poeta, director y actor.
4. Conclusiones
Referencias bibliográficas
Estudios de Traducción 69
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
70 Estudios de Traducción
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
Mateo, M., «La ‘representabilidad’ como eje de las discusiones sobre la traducción teatral»,
conferencia plenaria presentada en las IV Jornades de traducció a Vic: traducció teatral,
Universidad de Vic, 6 de abril de 2000.
—, «Power Relations in Drama Translation», Current Writing 14, 2 (2002), 45-63.
Merino Álvarez, R., Traducción, tradición y manipulación: teatro inglés en España, 1950-
1990. León: Universidad 1994.
—, «Drama Translation Strategies: English-Spanish (1950-1990)», Babel 46, 4 (2001), 357-
365.
Mountjoy, K., «Literal and Performance Text», en: Boyle, C. y D. Johnston (eds.), The Spa-
nish Golden Age in English. Londres: Oberon Books 2007, 75-99.
Mujica, B., «María de Zayas’s Friendship Betrayed à la Hollywood: Translation, Transcul-
turation, and Production», en Paun de García, S. y D. R. Larson (eds.), The Comedia in
English. Translation and Performance. Woodbridge: Tamesis Books 2008, 240-253.
Nord, C., «Manipulation and Loyalty in Functional Translation», Current Writing 14, 2
(2002), 32-44.
Oliva, C., «Adaptar a los clásicos, he ahí la cuestión», en: Canavaggio, J. (ed.), La comedia.
Madrid: Colección de la Casa de Velázquez 1995, 425-434.
Perteghella, M., «A Descriptive-Anthropological Model of Theatre Translation», en: Klein,
H. y S. Coelsch-Foisner (eds.), Drama Translation and Theatre Practice. Berna: Peter
Lang 2004, 3-23.
Quintero, M. C., «Dreaming a Post-Colonial Calderón: José Rivera’s Sueño», Bulletin of the
Comediantes 61, 1 (2009), 129-142.
Sáenz, M., «Respeto, confianza y libertad (II)», El trujamán, 21 de septiembre de 2001.
Santoyo, J. C., «Traducciones y adaptaciones teatrales: ensayo de tipología», Cuadernos de
Teatro Clásico 4 (1989a), 95-112.
—, El delito de traducir. León: Universidad 1989b.
Smith, D. L., «Calderón en Madrid y Londres», en: Stoll, A. K. (ed.), Vidas paralelas. El tea-
tro español y el teatro isabelino: 1580-1680. Madrid y Londres: Tamesis Books 1993,
125-135.
—, «Transformation and Fluidity in the Translation of Classical Texts for Performance: The
Case of Cervantes’s Entremeses», en: Paun de García, S. y D. R. Larson (eds.), The
Comedia in English. Translation and Performance. Woodbridge: Tamesis Books 2008,
95-107.
Torres, R., «Los Amestoy: una nueva saga teatral», en: El Paí[Link] (29-IV-2010),
[Link]
pmad/20100418elpmad_12/Tes.
Urzáiz Tortajada, H., «Las técnicas de reescritura en el auto La orden de Melquisedech:
¿autoplagio o reelaboración?», en: Calderón: sistema dramático y técnicas escénicas.
Actas de las XXIII Jornadas de Teatro Clásico. Almagro: Universidad de Castilla La
Mancha 2001, 335-362.
—, «Más sobre reescritura teatral: El golfo de las sirenas, de Calderón ¿y Funes?», en: Are-
llano, I. (ed.), Calderón 2000. Actas del Congreso Internacional IV Centenario del naci-
miento de Calderón. Kassel: Reichenberger 2002, 369-382.
Zaro, J. J., «En torno al concepto de retraducción», en: Zaro Vera, J. J. y F. Ruiz Noguera
(eds.), Retraducir: una nueva mirada. Málaga: Miguel Gómez Ediciones 2007, 21-34.
Zatlin, P., Theatrical Translation and Film Adaptation. Clevedon: Multilingual Matters
2005.
Zuber-Skerritt, O. (ed.), Page to Stage. Theatre as Translation. Ámsterdam y Atlanta: Rodo-
pi 1984.
Estudios de Traducción 71
2011, vol. 1, 59-72
Jorge Braga Riera ¿Traducción, adaptación o versión?
[Link]
[Link]
[Link]
marsillach.
[Link]
[Link]
[Link]
pmad/20100418elpmad_12/Tes.
[Link]
SIoN_ESPAnOLA_/RTVE/Hamlet/version/Terenci/Moix/elpepirtv/19820108elpe-
pirtv_2/Tes/
[Link]
72 Estudios de Traducción
2011, vol. 1, 59-72